Archivos de etiquetas: crueldad

70 INICIO DE LA PERSECUCIÓN


70 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

En el interior del Templo. Jesús está con los suyos, muy cerca del Lugar Santo, a donde sólo pueden entrar los sacerdotes.

Es un hermoso Patio, en donde oran los israelitas y donde solo los hombres pueden entrar. 

La tarde desciende a la hora temprana de un día nublado de Noviembre.

Entonces se oye un estrepitoso vocerío en que se escucha la voz estentórea y preocupada de un hombre que en latín dice blasfemias, mezclada con las altas y chillonas de los hebreos.

Es como la confusión de una lucha.

Y en el instante se oye una voz femenina que grita:

–     ¡Oh! ¡Dejadlo que pase! ¡Él dice que lo salvará!

El recogimiento del suntuoso Santuario, se interrumpe.

Hacia el lugar de donde provienen los gritos, muchas cabezas voltean.  Y también Judas de Keriot que está con los discípulos, la vuelve.

Como es muy alto; ve y dice:

–  ¡Es un soldado romano que lucha por entrar! ¡Está violando el lugar sagrado! ¡Horror!

Y muchos le hacen eco.

El romano grita:

–    ¡Dejadme pasar, perros judíos!

Aquí está Jesús. ¡Lo sé! ¡Lo quiero a Él! ¡No sé qué hacer con vuestras estúpidas piedras! El niño está muriendo y Él lo salvará. ¡Apartaos, bestias hipócritas! ¡Hienas!

Jesús, tan pronto como comprende que lo buscan a Él; al punto se dirige al Pórtico bajo el cual se oye el alboroto.  

Cuando llega a él, grita:

–     ¡Paz y respeto al lugar y a la hora de la Oferta!

Es el militar con el que habló en una ocasión, en la Puerta  de los Peces.

Y al ver Jesús le dice::

–      ¡Oh! ¡Jesús, salve! Soy Alejandro. ¡Largo de aquí perros!

Y Jesús, con voz tranquila dice:

–      Haceos a un lado. Llevaré a otra parte al pagano que no sabe lo que significa para nosotros este lugar.

El círculo se abre y Jesús llega a donde está el soldado que tiene la coraza ensangrentada.

 

Jesús, al verlo le dice:

–     ¿Estás herido? Ven. Aquí no podemos estar.

Y lo conduce a través de los pórticos, hasta el Patio de los Gentiles. 

Alejandro le explica:

–                 Yo no estoy herido. Es un niño…

Mi caballo cerca de la Torre Antonia, no obedeció el freno y lo atropelló. Le abrió la cabeza de una patada.

Prócoro, nuestro médico dijo: ‘No hay nada que hacer’. Yo no tengo la culpa. Pero me sucedió a mí y su madre está desesperada…

Como te vi pasar y sabía que venías aquí… pensé…’Prócoro no puede. Pero Él, sí’ y le dije: ‘Vamos mujer. Jesús lo curará.’

Pero me detuvieron estos locos. Y tal vez el niño ya está muerto.

Jesús pregunta:

–     ¿Dónde está?

–      Debajo de aquel pórtico. En los brazos de su madre.

–     Vamos.

Y Jesús casi corre, seguido por los suyos y por la gente curiosa.

En las gradas que dividen el pórtico; apoyada en una columna está una mujer deshecha, que llora por su hijo que está boqueando.

El niño tiene el color ceniciento. Los labios morados, semiabiertos, cosa característica en los que han recibido un golpe en el cerebro.

Tiene una venda en la cabeza. Sangre por la nuca y por la frente.

Alejandro advierte:

–     La cabeza está abierta por delante y por detrás.

Se ve el cerebro. A esta edad es tierno y el caballo, además de fuerte; tiene herraduras nuevas.

Jesús está cerca de la mujer que no dice una palabra; aturdida por el dolor, ante su hijo que está agonizando. Le pone la mano sobre la cabeza,

Y le dice con infinita dulzura:

–    No llores, mujer. Ten fe. Dame a tu hijo.

La mujer  mira atontada, la multitud maldice a los romanos y compadece al niño y a la madre.

Alejandro se encuentra atrapado entre la ira por las acusaciones injustas, la piedad y la esperanza.

Jesús se sienta junto a la mujer que es obvio que no reacciona.

Se inclina, toma entre sus manos la cabeza herida. Se inclina sobre la carita color de cera. Le da respiración de boca a boca. Pasa un momento…

Después se ve una sonrisa, que se percibe entre los cabellos que le han caído por delante. Se endereza.

El niño abre los ojitos e intenta sentarse.

La madre teme, pensando que sea el último estertor y grita aterrorizada, estrechándolo contra su corazón.

Jesús le indica:

–     Déjalo que camine, mujer. –extiende sus brazos con una sonrisa e invita- Niño, ven a Mí.

El niño, sin miedo alguno, se arroja en ellos y llora, no como si algo le doliera; sino por el miedo al recuerdo de algo acaecido.

Jesús le asegura:

–    Ya no está el caballo. No está. ¿Ves? Ya pasó todo. ¿Todavía te duele aquí?

El niño se abraza a Él y grita:

–   ¡No! ¡Pero tengo miedo! ¡Tengo miedo!

Jesús dice con calma:

–   ¿Lo ves, mujer? ¡No es más que miedo! Ya pasará. 

Mirando a los presentes, dice:

–     Traedme agua. La sangre y las vendas lo impresionan.

Luego ordena a su Predilecto:

–     Juan, dame una manzana. –después de recibirla, agrega- Toma, pequeñuelo. Come. Está sabrosa.

El niño la muerde con deleite.

El soldado Alejandro trae agua en el yelmo y al ver que Jesús trata de quitar la venda… grita:

–     ¡No! ¡Volverá a sangrar!…

La madre exclama al mismo tiempo:

–    ¡La cabeza está abierta!

Jesús sonríe y quita la venda. Una, dos, tres; ocho vueltas. Retira los hilos ensangrentados.

Desde la mitad de la frente hasta la nuca. En la parte derecha no hay más que un solo coágulo de sangre fresca en la cabellera del niño.

Jesús moja una venda y lava.

Alejandro insiste:

–     Pero debajo está la herida. Si quitas el coágulo; volverá a sangrar.

La madre se tapa los ojos para no ver.

Jesús lava, lava y lava. El coágulo se deshace. Ahora aparecen los cabellos limpios. Están húmedos, pero ya no hay herida.

También la frente está bien. Tan sólo queda la señal roja de la cicatriz.

La gente grita de admiración.

La mujer se atreve a mirar. Y cuando ve… no se detiene más. Se arroja sobre Jesús y lo abraza junto con el niño, llorando de alegría y de agradecimiento.

Jesús tolera esas expansiones y esas lágrimas.

Alejandro dice:

–     Te agradezco, Jesús. Me dolía haber matado a un inocente.

Jesús contesta:

–    Tuviste bondad y confianza. Adiós, Alejandro. Regresa a tu puesto.

Alejandro está para irse; cuando llegan como un ciclón, oficiales del Templo y sacerdotes.

El sacerdote que dirige le dice a Jesús:

–     El Sumo Sacerdote te intima a Ti y al pagano profanador por nuestro medio, para que pronto salgas del Templo.

Habéis turbado la Oferta del Incienso. Éste entró en el lugar de Israel. No es la primera vez que por tu causa hay confusión en el Templo.

El Sumo Sacerdote y con él, los ancianos de turno, te ordenan que no vuelvas a poner los pies aquí dentro. ¡Vete! Y quédate con tus paganos.

Alejandro; herido por el desprecio con el que los sacerdotes han dicho: ‘Paganos’,

responde:

–     Nosotros no somos perros.

Él dice que hay un solo Dios, Creador de los judíos y de los romanos. Si ésta es su Casa y Él me creó; puedo entrar también yo.

Mientras tanto Jesús que ha besado y entregado el niño a su madre.

Se pone de pie y dice:

–    ¡Calla, Alejandro! Yo hablo.

Y agrega mirando al que lo arroja:

–     Nadie puede prohibir a un fiel. A un verdadero israelita al que de ningún modo se le puede acusar de pecado, de orar junto al Santo.

El sacerdote encargado le increpa:

–     Pero de explicar en el Templo la Ley, sí.

Te has arrogado un derecho y ni siquiera lo has pedido. ¿Quién Eres? ¡Quién Eres! ¿Quién te conoce? ¿Cómo te atreves a usurpar un nombre y un puesto que no es tuyo?

  ¡Jesús los mira con unos ojos!…

Luego dice:

–    ¡Judas de Keriot! ¡Ven aquí!

A Judas no parece gustarle que lo llame.

Había tratado de eclipsarse en cuanto llegaron los sacerdotes y los oficiales del Templo.

Más tiene que obedecer, porque Pedro y Tadeo, lo empujan hacia delante.

Jesús dice:

–    Responde, Judas.

Y vosotros miradlo. ¿Le conocéis?… es del Templo… ¿Le conocéis?

A su pesar, tienen que reconocer que sí.

Jesús mira fijamente a Judas y le dice:

–    Judas, ¿Qué te pedí que hicieses, cuando hablé aquí por primera vez?

Y di también de qué te extrañaste y qué cosa dije al ver tu admiración. Habla y sé franco.

Judas está como cortado y habla con timidez:

–    Me dijo: ‘Llama al oficial de turno para que pueda pedirle permiso de enseñar’

Y dio su Nombre y prueba de su personalidad y de su tribu… y me admiré de ello, como de una formalidad inútil, porque se dice el Mesías.

Y Él me dijo: ‘Es necesario. Y cuando llegue mi hora recuerda que no he faltado al respeto al Templo; ni a sus oficiales.’

Ciertamente así dijo. Y debo decirlo por honor a la verdad.

Después de la segunda frase; con uno de esos gestos bruscos tan suyos y desconcertantes; ha tomado confianza y la última frase la dice con cierta arrogancia.

Un sacerdote le reprocha:

–     Me causa admiración que lo defiendas. Has traicionado la confianza que depositamos en ti.

Judas exclama iracundo:

–     ¡No he traicionado a nadie! ¡Cuántos de vosotros sois del Bautista!… Y… ¿Por eso sois traidores? Yo soy del Mesías y eso es todo.

Otro sacerdote replica con desprecio:

–     Con todo y eso. Éste no debe hablar aquí. Que venga como fiel. Es mucho para uno que se hace amigo de paganos; meretrices y publicanos…

Jesús interviene enérgica pero tranquilamente:

–     Respondedme a Mí entonces. ¿Quiénes son los ancianos de turno?

–     Doras y Félix, judíos. Joaquín de Cafarnaúm y José Itureo.

–     Entiendo. Vámonos.

Decid a los tres acusadores; porque el Itureo no ha podido acusar; que el Templo no es todo Israel e Israel no es todo el mundo.

Que la baba de los reptiles aunque sea mucha y venenosísima; no aplastará la Voz de Dios. Ni su veneno paralizará mi caminar entre los hombres, hasta que no sea la Hora.

Jesús se pone sobre los hombros su manto oscuro y sale en medio de los suyos.

Afuera del recinto del Templo; Alejandro, que ha sido testigo de la disputa; cuando llegan cerca de la Torre Antonia, le dice:

–     Lo lamento mucho. Que te vaya bien, Maestro. Y te pido perdón por haber sido la causa del pleito contra Ti.

Jesús le contesta tranquilo:

–     ¡Oh, no te preocupes! Buscaban un pretexto y lo encontraron.

Si no eras tú; hubiera sido otro… Vosotros en Roma, celebráis juegos en el Circo, con fieras y serpientes. ¿No es verdad?

Alejandro asiente con la cabeza y sin palabras.

–     Pues bien… Te digo que no hay fiera más cruel y engañosa, que el hombre que quiere matar a otro.

–     Y yo te digo que al servicio del César, he recorrido todas las regiones de Roma.

Pero entre los miles y miles de súbditos suyos; jamás he encontrado uno más Divino que Tú. ¡Ni siquiera nuestros dioses son divinos como Tú!

Vengativos, crueles, pendencieros, mentirosos… Tú Eres Bueno. Tú verdaderamente Eres el Hombre. Que te conserves bien, Maestro.

–     Adiós Alejandro. Prosigue en la Luz.

Alejandro se queda en la Torre Antonia y Jesús y los suyos siguen su camino…

65 EL PRIMER APÓSTOL MÁRTIR


65 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Atraviesan el manzanar y los viñedos y siguen caminando hasta que se distingue la casa del fariseo.

Es una casa bien construida en medio de un huerto de árboles frutales, ya sin fruta.

Es una casa campirana rica y cómoda.

Pedro con Simón, van por delante para avisar.

aparece la casa del fariseo: ancha, baja, bien construida, entre árboles ya despojados de sus frutos. una casa de campo, pero rica y cómoda.

Pedro y Simón se adelantan para avisar.

Sale Doras.

Es un viejo con perfil duro y rapaz. Ojos irónicos y boca de sierpe que gesticula con una sonrisa falsa, entre la barba que es más blanca que negra.

Saluda familiarmente y con manifiesta condescendencia:

–    Salud Jesús.

Jesús responde sin darle la paz:

–   Tenla igualmente. 

–   Entra. La casa te acoge. Has sido puntual como un rey.

Jesús puntualiza:

–    Como hombre honrado.

Doras ríe con sorna.

Jesús se vuelve hacia sus discípulos que no han sido invitados:

–    Entrad. –y mirando al fariseo, agrega- Son mis amigos.

–    Que entren. Pero, ¿Aquel no es el alcabalero; el hijo de Alfeo?

Jesús, poniendo su mano sobre el hombro de Mateo, contesta con un tono glacial y majestuoso:

–    Este es Mateo; el discípulo del Mesías.

El fariseo entiende y ríe con más sorna que antes.

Doras querría aplastar al ‘pobre maestro galileo’ bajo la opulencia de su casa que por dentro es fastuosa. Grandiosa y fría.

Los siervos parecen esclavos, caminan inclinados, rápidos y temerosos siempre de ser castigados al menor pretexto.

La casa da la impresión de que en ella reina la crueldad y el odio. 

Doras dice con soberbia:

–    Mi suegro, Caifás; no creyó que vendrías.

Jesús no se deja aplastar con la ostentación de las riquezas, ni con recordarle la posición y el parentesco.

Y Doras que comprende la indiferencia del Maestro, lo lleva consigo por el jardín, en donde hay más árboles.

Le muestra plantas raras y le ofrece frutos de ellas, que los siervos han traído en palanganas y en copas de oro.

Jesús prueba y alaba la exquisitez de las frutas, algunas conservadas como en jalea y adornadas con duraznos bellísimos. Otras parecen peras de un tamaño raro.

Doras no pierde la oportunidad de manifestar:

–    Soy el único en Palestina que tengo estas frutas y creo que ni siquiera las hay en toda la península.

Las mandé traer de Persia y de lugares más lejanos todavía. La caravana me costó casi un talento. Pero ni siquiera los tetrarcas tienen estas frutas.

Probablemente ni el mismo César. Cuento las frutas y recojo todas las semillas. Las peras, sólo se comen en mi mesa, porque no quiero que se roben ni una semilla.

Le envío a Annás, pero tan solo cocidas, porque así ya son estériles.

Jesús dice:

–     Y sin embargo son plantas de Dios. Y los hombres, todos son iguales.

Doras se escandaliza:

–    ¿Iguales? ¡Nooooo! ¿Yo igual a… a tus galileos?

–     El alma viene de Dios y las crea iguales.

El ministro del Templo se esponja como un pavo real y parece erguirse lleno de soberbia cuando dice con manifiesta superioridad:

–           Pero yo soy Doras el fiel Fariseo…

Y continúa con una larga perorata de la supremacía de la clase sacerdotal del pueblo hebreo sobre todos los demás pobres humanos que habitan la tierra. 

Jesús lo atraviesa con sus ojos de zafiro que se encienden cada vez más; señal precursora en Él, de un acto de piedad o de rigor.

Jesús, de vestido purpúreo; es mucho más alto que Doras y domina imponente a este pequeño y encorvado fariseo, embutido en su vestido amplísimo y con una impresionante abundancia de franjas.

Doras, después de un tiempo de auto admiración de sí mismo, exclama:

–     Pero Jesús, ¿Por qué enviar a la casa de Doras el Fariseo puro; a Lázaro, hermano de una prostituta?

¿Lázaro es tu amigo? ¡No debe serlo! ¿No sabes que está en el Anatema, porque su hermana María es una prostituta también de los romanos?

–     El único Lázaro que conozco, es el de sus acciones honradas.

–    Pero el mundo recuerda el pecado de esa casa.

Y ve que su mancha se extiende también sobre los amigos. ¡No vayas! ¿Por qué no eres Fariseo? Si quieres… yo soy poderoso.

Puedo hacer que te acepten en el Sanedrín, no obstante que tú seas Galileo.

En el Sanedrín puedo todo. Annás está en mis manos, como este pedazo de paño en mi manto. Serás poderoso y temido.

–    Yo solo quiero ser amado.

–    Yo te amaré. Ve cuanto te amo, que te cedo atendiendo a tu deseo a Jonás.

–    Lo he pagado.

–    Es verdad. Y me sorprendió que pudieras disponer de tal cantidad.  

–    No fui Yo. Sino un amigo que lo hizo por Mí.

–    Bien, bien no indago. Digo: ve que te amo y quiero hacerte feliz.

Tendrás a Jonás, después de la comida. Sólo por Ti hago este sacrificio. – y su sonrisa destella con inaudita crueldad.

Jesús lo mira cada vez con mayor rigor. Con los brazos cruzados sobre el pecho.

Están todavía en el huerto del jardín, en espera de la comida.

Con ansiedad mal disimulada, Doras dice:

–    Me debes hacer un favor. Alegría por alegría. Te doy mi mejor siervo.

Me privo por tanto de una utilidad futura. Supe que viniste al principio del verano y tu bendición este año, me dio cosechas que hicieron célebres mis posesiones.

Bendice ahora mis ganados y mis campos.

Para el año próximo extrañaré a Jonás. Y mientras encuentro a otro igual a él; ven. Bendice. Dame la alegría de que se hable de mí por toda Palestina.

Y de tener rediles y graneros que revienten de abundancia. ¡Ven!     

Lo toma por el brazo y lo jala, tratando de llevarlo a la fuerza; empujado por la avaricia y la ambición de su desenfrenada sed por el oro.

Jesús se opone:

–    ¿Dónde está Jonás? –pregunta con energía.

Doras contesta evasivo:

–    En los arados. Ha querido seguir trabajando en agradecimiento a su buen patrón.

Pero vendrá antes de que termine la comida. Mientras tanto, ven a bendecir los ganados y los campos.  Los árboles frutales, las viñas y los olivares.

¡Todo! ¡Todo! ¡Oh! ¡Qué fértiles serán el año entrante! Ven, pues.

Jesús dice con un tono mucho más fuerte:

–    ¿Dónde está Jonás?

–    ¡Ya te lo dije! Al frente de los arados. Es el capataz y no trabaja: preside.

–    ¡Mentiroso!

–    ¿Yo? ¡Lo juro por Yeové!

–     ¡Perjuro!

–    ¿Yo? ¿Yo, perjuro? Yo soy el fiel más fiel. ¡Ten cuidado cómo me hablas!

–     ¡ASESINO!

Jesús ha ido levantando cada vez más fuerte la voz y la última palabra RETUMBA como si fuera un trueno.

Los discípulos se acercan a Él.

Los siervos se asoman por las puertas,  temerosos.

El Rostro de Jesús es formidable en su severidad. Parece como si sus ojos lancen rayos fosforescentes.

A Doras, por un momento lo sobrecoge el miedo.

Se hace más pequeñito, en su montón de tela finísima, junto a la majestuosa persona de Jesús; vestido con su túnica de lana pesada en un tono púrpura.

Más de pronto la soberbia se apodera de él otra vez y grita con voz chillona, como una zorra furiosa:

–  ¡En mi casa sólo yo doy órdenes! ¡Sal de aquí, vil galileo!

–  ¡Saldré después de haberte maldecido a ti, a tus campos, ganados y viñas; para este año y para los que vengan!

Doras chilla como fiera malherida:

–    ¡Nooo! ¡Esto no!

Sí, es verdad. Jonás está enfermo. Pero se ha curado. Se ha recuperado. ¡Retira tu maldición!

Jesús insiste:

–   ¿Dónde está Jonás? –y ordena implacable- ¡Que un siervo me conduzca a él, al punto! Yo lo pagué.

Y puesto que tú lo consideras como una mercancía. Como una máquina; como a tal lo tomo. Y como lo he comprado, lo quiero.

Doras saca un silbato de oro de entre su pecho y silba tres veces.

Acuden corriendo muchos siervos de la casa y del campo, ante su temido dueño.

Éste ordena:

–   ¡Llevad a éste a donde está Jonás y entregádselo! ¿A dónde vas?

Jesús ni siquiera responde.

Camina detrás de los siervos que se han precipitado más allá del jardín; hacia donde están las casuchas de los campesinos.

Entran en la paupérrima choza de Jonás.

Él, literalmente es un esqueleto semidesnudo que respira fatigosamente por la fiebre, sobre un lecho de cañas.

En el que sirve de colchón un vestido remendado. Y de cobija, un manto todavía más roto. Una joven lo cuida como puede.  

Jesús dice con infinita ternura:

–   ¡Jonás, amigo mío! ¡He venido a llevarte!

–   ¿Tú? ¡Señor, mío! ¡Me muero! ¡Pero soy muy feliz por tenerte aquí!

–    Fiel amigo, eres libre desde ahora. Y no morirás aquí. Te llevo a mi casa.

–    ¿Libre? ¿Por qué? ¿A tu casa? ¡Ah, sí! Habías prometido que vería a tu Madre.

Jesús es todo amor. Se inclina sobre el miserable lecho del infeliz pastor.

Y dice:

–     Pedro, tú eres fuerte. Levanta a Jonás.

Y vosotros, dadle el manto. Este lecho es demasiado duro para cualquiera en estas condiciones.

Los discípulos rápidamente se quitan los mantos.

Los doblan varias veces y le improvisan una camilla.

Pedro coloca su carga de huesos y Jesús lo cubre con su propio manto.

Cuando está listo Jesús pregunta:

–    Pedro, ¿Tienes dinero?

–   Sí, Maestro. Tengo cuarenta denarios.

–    Está bien. Vámonos.

Ánimo Jonás. Todavía un poco de molestia. Y después, habrá mucha paz en mi casa, cerca de María.

–     María. ¡Sí! ¡Oh! –en medio de su agotamiento, Jonás no hace más que llorar.

Jesús dice a la joven:

–     Adiós, mujer. El Señor te bendecirá por tu misericordia.

–    Adiós, Señor. Adiós Jonás. Ruega. Rogad, por mí. – y la joven llora.

Cuando están por salir, aparece Doras.

Jonás por un momento se llena de terror y se tapa la cara.

 Jesús le pone una mano sobre la cabeza y sale a su lado; más severo que un Juez.  

El miserable cortejo sale al patio y toma el camino del jardín.

Doras, en el colmo de la vileza, exclama:

–    ¡Este lecho es mío! ¡Te vendí el siervo, no el lecho!

Jesús le arroja a los pies la bolsa sin hablar.

Doras la toma. La vacía y cuenta…

–    Cuarenta denarios y cinco dracmas. ¡Es poco!

Jesús mira al avariento y repugnante hombre en tal forma, que es imposible describirla. No dice nada.

Doras insiste:

–   Dime al menos que retiras el anatema.

Jesús lo fulmina con una nueva mirada y una nueva frase:

–     Te pongo en manos del Dios del Sinaí.

Y pasa muy erguido al lado de la rústica camilla que llevan pedro y Andrés.

Doras, al ver que todo es inútil. Que su condena es segura,

Grita:

–    ¡Nos veremos, Jesús! ¡Oh! ¡Te atraparé! ¡Te haré guerra a muerte!

Llévate a esa piltrafa de hombre. Ya no me sirve. Me ahorraré el entierro. ¡Vete! ¡Vete! ¡Satanás maldito!

¡Pondré contra Tí a todo el Sanedrín! ¡Satanás! ¡Satanás!

Jesús aparenta no oír.

Los discípulos están consternados.

Jesús se preocupa sólo de Jonás. Busca los caminos más planos.

Pero desde el Esdrelón hasta Nazareth, el camino es largo y no se puede avanzar ligeros con la piadosa carga.

Continúan en silencio por el camino principal.

Jonás parece que duerme, pero no suelta la mano de Jesús.

Al atardecer son alcanzados por un carro militar romano.

Jesús levanta el brazo y dice:

–   En el Nombre de Dios, deteneos.

Los soldados se detienen. Del carro se asoma la cabeza de un tribuno militar.

Éste pregunta a Jesús:

–   ¿Qué quieres?

–   Tengo un amigo que se está muriendo. Os pido para él, un lugar en el carro.

–   No debería. Pero sube. Tampoco somos perros.

Suben la camilla.

El tribuno pregunta:

–     Tú amigo… ¿Quién eres?

–     Jesús de Nazareth. 

El oficial lo mira curioso y dice:

–     ¡Oh! ¿Tú? ¡Entonces sí eres tú!

Subid cuantos podáis. Basta con que no os asoméis. Así son las órdenes.

Pero sobre las órdenes está el ser humano. ¿O no? ¡Y Tú eres Bueno, lo sé! ¡Eh! Nosotros los soldados, todo lo sabemos. 7

¿Cómo lo sé? Hasta las piedras hablan en bien y en mal. Nosotros tenemos orejas para oír y servir al César.

Tú no eres un falso Mesías como los anteriores, sediciosos y rebeldes. Tú eres bueno. Roma lo sabe.

Observa mejor a Jonás y exclama:

–    Oye, pero… ¡Este hombre está muy enfermo!

Jesús responde:

–    Por eso lo llevo a casa de mi Madre.

–   ¡Ummm! ¡Poco tendrá que cuidarlo! Dale un poco de vino de esa cantimplora.

¡Áquila! –Llama al conductor y ordena-  Arrea los caballos.

–   ¡Quinto! Tú dame dos raciones de pan, de miel y mantequilla de las mías.

Y explica a Jesús:   

–    Es todo lo que tengo, pero le hará bien. Para la tos que trae, la miel le aliviará.

–    Eres bueno.

–    No. Soy menos malo que muchos. Estoy contento de tenerte conmigo.

Acuérdate de Publio Quintiliano de la Itálica. Estoy en Cesárea, pero ahora voy a Ptolemaida. Estoy en inspección de orden.

–    No me tratas como a enemigo.

–    ¿Yo? Soy enemigo de los malos. Jamás de los buenos. Yo también quisiera ser bueno. Dime, ¿Qué doctrina predicas, para nosotros los hombres de armas?

–   La doctrina es única para todos los hombres. Justicia, honradez, continencia, piedad. Ejercer el propio oficio sin abusos.

Aún en los duros momentos de la guerra, no olvidar al ser humano.

Buscar de conocer la Verdad; o sea, a Dios Uno y Eterno, sin cuyo conocimiento cualquier acción está privada de la Gracia y por lo tanto del premio eterno.

–   Y cuando esté muerto, ¿Qué me interesa el bien hecho?

–    Quién se acerca al Dios Verdadero, encuentra ese bien en la otra vida.

–   ¿Volveré a nacer? ¿Acaso seré emperador?

–    No. Te haces igual a Dios, al unirte con Él en la eterna beatitud del Cielo.

–    ¿Cómo? ¿Yo en el Olimpo? ¿Entre los dioses?

–    No existen los dioses. Existe el Dios Verdadero.

El que Yo predico. El que te oye y pone una señal en tu bondad y en tu deseo de conocer el bien.

–   ¡Esto me basta! No sabía que Dios se pudiese ocupar de un pobre soldado pagano.

–   Él te creó, Publio. Por eso te ama y quiere que estés con Él.

–   ¡Eh! ¿Por qué no? Pero nadie nos habla de Dios, jamás.

–   Vendré a Cesárea y me escucharás.

El romano extiende el brazo y afirma:

    ¡Oh, sí! ¡Iré a oírte! Allá está Nazareth. Quisiera llevarte hasta allá. Pero si me ven…  

–    Desciendo y te bendigo por tu buen corazón.

–    Salve, Maestro.

–    El Señor se os muestre. ¡Adiós, soldados!

Descienden y vuelven a caminar.

Jesús dice alentando al enfermo:

–    Jonás, en breve vas a descansar.

Jonás sonríe. Conforme la tarde avanza, está más seguro de estar más lejos de Doras. Y más tranquilo se muestra.

Juan con su hermano Santiago, corren adelante para avisar a María.

Y cuando el pequeño cortejo llega a Nazareth, que está casi desierto en la noche que cae; María está afuera, esperando a su Hijo.

Cuando se encuentran, Jesús dice:

–    Aquí está Jonás. Bajo tu dulzura comenzará a gustar de su paraíso. ¡Feliz Jonás!

–   ¡Feliz! ¡Feliz! –murmura el extenuado pastor, como en un éxtasis.

Entran en la casita y se le lleva a la habitación en donde murió José.

Jesús dice:

–    Estás en el lecho de mi padre. Aquí estamos mi Mamá y Yo, ¿Ves?

Nazareth se convierte en Belén y tú ahora eres el pequeño Jesús, entre dos que te aman.

Ellos son los que veneran en ti al siervo fiel. No ves los ángeles, pero revolotean a tu alrededor, con alas de luz y cantan las palabras del canto navideño.

Jesús derrama su dulzura sobre el pobre Jonás, que poco a poco va debilitándose.

Parece que hubiera aguantado tanto, solo para morir aquí. Pero es feliz.

Sonríe y trata de besar la mano de Jesús; la de María y decir… decir…

Pero la falta de aliento se lo impide.

María, cual madre lo conforta.

Jonás repite con un hilo de voz:

–   Sí. Sí. –con una sonrisa en su cara de esqueleto.

Los discípulos miran  conmovidos desde la puerta del huerto.

Jesús le dice:

–    Dios ha escuchado tu gran deseo.

La estrella de tu larga noche, se convierte ahora en la estrella de tu eterno amanecer. ¿Sabes su nombre?

El agonizante responde

–   Jesús. El tuyo, ¡Oh! ¡Jesús! Los ángeles…

¿Quién está cantándome el himno angelical. Mi alma lo oye. Pero también mis orejas lo quieren oír. ¿Quién lo canta para hacerme feliz?… tengo mucho sueño.

Estoy tan cansado. ¡Muchas lágrimas! Muchos insultos… ¡Doras!… yo lo perdono.

Pero no quiero oír su voz y la oigo. Es como la voz de Satanás que no quiere dejarme en paz.

¡Oh! ¿Quién me cubre esa voz, con palabras venidas del Paraíso?

Es María; que vuelve a cantar en voz baja y en el mismo tono, el cántico con el que arrullaba a Jesús Niño…

Y lo repite porque ve que Jonás se tranquiliza al oírla.  

Después de unos minutos, Jonás dice:

–           ¡Doras ya no habla más! Sólo los ángeles… era un Niño en un pesebre… entre un buey y un asno… Y era el Mesías… Y yo lo adoré… y con Él estaban José y María…  -la voz se apaga en un breve murmullo. Y sigue el silencio…

Jesús dice:

–           ¡Paz en el Cielo al hombre de buena voluntad! ¡Ha muerto! Lo pondremos en nuestro pobre sepulcro. Merece esperar la resurrección de los muertos, junto a  mi justo padre.  

43.- EL AMOR ENTRE EL SUFRIMIENTO


88 – 43 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Por un senderillo entre campos quemados – sólo rastrojos y grillos – Jesús camina entre Leví y Juan.

Detrás, en grupo, van José, Judas y Simón.

Es de noche y sin embargo, no se siente refrigerio. La tierra es fuego que continúa ardiendo incluso después del incendio del día.

El rocío no puede nada contra este bochorno: tan fuerte es la llamarada que sale de los surcos y de las grietas del suelo, que se seca incluso antes de tocar el suelo.

Todos caminan en silencio, fatigados y acalorados.

Jesús sonríe y pregunta a Leví:

–    ¿Lo encontraremos?

El pastor contesta:

–     Ciertamente. Por este campo guarda la mies y todavía no ha empezado la recolección de frutas.

Los campesinos por eso están ocupados en vigilar los viñedos y los árboles frutales, protegiéndolos de los ladrones. Sobre todo cuando los amos son aborrecidos, como el que tiene Jonás.

Samaría está cercana y cuando ellos pueden… ¡Oh! Con gusto a nosotros los de Israel, nos causan daño. Aunque saben que luego a los criados se les apalea. Pero como nos odian tanto.

–    No tengas rencor, Leví.

–    No. Pero Tú mismo verás como por culpa suya, Jonás fue golpeado hace como cinco años. 

Desde entonces pasa la noche en guardia. El flagelo es un suplicio cruel…

 

–    ¿Todavía nos falta mucho para llegar?

–    No, Maestro.

¿Ves allá donde terminan estos campos y empieza aquel monte oscuro? Allá están las arboledas de Doras, el duro fariseo.

Si me permites, me adelanto para que me oiga Jonás.

–     Ve.

Juan pregunta a Jesús:

–    Pero Señor mío. ¿Así son todos los fariseos? ¡Oh! ¡Yo jamás querría estar a su servicio! Prefiero la barca.

Jesús, un poco serio, pregunta a su vez:

–    ¿Es la barca tu predilecta?

Juan se apresura a contestar:

–    No. ¡Eres Tú! La barca lo era cuando ignoraba que el Amor estaba en la tierra.

Jesús ríe de su vehemencia y dice bromeando:

–    ¿No sabías que en la tierra estaba el Amor? Entonces ¿Cómo naciste, si tu padre no amaba a tu madre?

–     Ese amor es hermoso, pero no me seduce. Tú eres mi amor. Tú eres el Amor sobre la tierra para el pobre Juan.

Jesús lo estrecha contra sí y dice:

–    Deseaba oírtelo decir.

El Amor está ansioso de amor y el hombre da y dará siempre a su avidez imperceptibles gotas, como estas que caen del cielo, tan insignificantes que se consumen, mientras caen, en la ola de calor estival.

Como también las gotas de amor de los hombres se consumirán a mitad de camino, eliminadas por llamaradas de demasiadas cosas.

El corazón seguirá destilándolas, pero los intereses, los amores, los negocios, la avidez… muchas, muchas cosas humanas las harán evaporarse. Y, ¿Qué subirá a Jesús?

¡Oh, demasiado poco! Los restos. De entre todos los latidos humanos, los que queden, los latidos interesados de los humanos para pedir, pedir, pedir mientras la necesidad urge.

Amarme por amor sin mezcla de otra cosa será propiedad de pocos: de los Juanes… Observa una espiga renacida. Es, quizás, una semilla caída durante la cosecha.

Ha sabido nacer, resistir el sol, la sequía, crecer, desarrollar los primeros brotes, echar espiga… Mira: ya está formada. Sólo ella vive en estos campos asolados.

Dentro de poco los granos maduros caerán al suelo rompiendo la lisa cascarilla que los tiene ligados al tallo, y serán caridad para los pajaritos, o, dando el ciento por uno, volverán a nacer una vez más.

Y antes de que el invierno vuelva a traer el arado a los terrones, estarán de nuevo maduros y darán de comer a muchos pájaros, oprimidos por el hambre de las estaciones más tristes…

¿Ves, Juan mío, lo que puede hacer una semilla intrépida? Así serán los pocos que me amen por amor.

Uno sólo servirá para el hambre de muchos, bastará uno para embellecer la zona en que lo único que hay – había – es la fealdad de la nada, uno sólo bastará para crear vida donde antes había muerte.

A él se acercarán los hambrientos, comerán un grano de su laborioso amor y luego, egoístas y disipados, volarán.

Pero incluso sin saberlo ellos ese grano depositará gérmenes vitales en su sangre, en su espíritu… y volverán… Y hoy, y mañana, y al otro, como decía Isaac, los corazones crecerán en el conocimiento del Amor.

El tallo, desnudo, ya no será nada, un hilo de paja quemado, pero su sacrificio ¡Cuánto bien producirá!, su sacrificio ¡Cuánto será premiado!

Jesús – que se había detenido un instante ante una frágil espiga nacida al borde del sendero, en una cuneta que en tiempos de lluvias quizás era una acequia, prosigue su camino.

Juan mientras, lo escucha embelesado.

Los otros, que van hablando entre sí, no se dan cuenta del dulce coloquio.

Llegan al huerto, se detienen, y se reúnen todos.

El calor es tal, que sudan a pesar de no llevar manto. Callan y esperan.

Del follaje espeso apenas iluminado por la luna, emergen dos figuras: destaca la silueta clara de Leví y detrás, otra sombra más oscura.

Leví anuncia:

–      Maestro, aquí está Jonás.

Jesús saluda desde aquí:

–      ¡Recibe mi paz! – aún cuando aún Jonás no ha llegado donde Él.

Pero Jonás no responde, corre a su encuentro y llorando, se arroja a sus pies y los besa.

Cuando puede hablar dice:

–      ¡Cuánto te he esperado! ¡Cuánto!

¡Qué desconsuelo sentir la vida pasar, venir la muerte, y deber decir: “¡Y no lo he visto!“! Y sin embargo, no, no toda la esperanza moría, ni siquiera una vez que estuve a las puertas de la muerte.

Decía: Ella lo dijo: `Vosotros aún le serviréis‘ y Ella no puede haber dicho nada que no sea verdad. Es la Madre del Emmanuel;

por tanto, ninguna tiene consigo a Dios más que Ella, y quien a Dios tiene conoce las cosas de Dios.

Jesús contesta:

–       Levántate. Ella te saluda. Cerca de ti la has tenido y la tienes cerca. Reside en Nazaret.

–      ¡Tú! ¡Ella! ¿En Nazaret? ¡Oh, si lo hubiera sabido…!

De noche, en los fríos meses del hielo, cuando duermen los campos y los malintencionados no pueden perjudicar a los cultivadores, habría ido corriendo a besaros los pies.

Y me habría regresado con mi tesoro de certeza. ¿Por qué no te has manifestado, Señor?

–      Porque no era la hora. Ahora sí. Hay que saber esperar.

Tú lo has dicho: “En los meses del hielo, cuando los campos duermen” y ya han sido sembrados, ¿No es cierto? 

Pues bien, Yo era también como el grano sembrado. Tú me habías visto en el momento de la siembra.

Luego había desaparecido sepultado bajo un silencio obligatorio, para crecer y llegar al tiempo de la cosecha y resplandecer ante los ojos de quien me había visto Recién Nacido.

Y también ante los ojos del mundo. Ese tiempo ha llegado. Ahora el Recién Nacido preparado para ser Pan del mundo.

Y en primer lugar busco a mis fieles, y les digo: “Venid. Saciad vuestra hambre conmigo”.

El hombre lo escucha sonriendo dichoso, mientras dice como para sí, « ¡Oh! ¡Es verdad, vives! ¡Eres Tú, es verdad!

Jesús pregunta:

–    ¿Has estado a punto de morir? ¿Cuándo?

–    Cuando me azotaron a muerte, porque a dos parras mías les habían robado.

¡Mira cuantos cardenales!…

Se baja la túnica y muestra los hombros del todo marcados con heridas estriadas y la espalda, que es como una pintura de cicatrices caprichosas.

Y agrega:

–     Me pegó con un cordel de hierro. Contó los racimos que se habían llevado y revisó donde las uvas fueron arrancadas. Y por cada una, me dio un golpe más… hasta que quedé medio muerto.

Me socorrió María, la joven esposa de un compañero mío. Siempre me ha estimado. Su padre era el encargado antes de mí. Cuando vine aquí le tomé cariño a la niña porque se llamaba María. 

Me cuidó y me curé, aunque hicieron falta meses porque las llagas con el calor habían tomado un aspecto malísimo y daban fiebre fuerte.

Dije al Dios de Israel: “No importa. Permíteme volver a ver a tu Mesías y no me importará este mal; tómalo como sacrificio.

No puedo ofrecerte un sacrificio nunca. Soy siervo de un hombre cruel, Tú lo sabes. Ni siquiera durante la Pascua me permite ir a tu altar. Tómame a mí como hostia. ¡Pero, dame a Jesús!

Jesús le dice.

–      Y el Altísimo ha satisfecho tu deseo. Jonás, ¿Me quieres servir, como ya lo hacen tus compañeros?

–      ¡Oh!, Y ¿Cómo podré hacerlo?

–      Como lo hacen ellos. Leví sabe cómo. Te dirá lo simple que es servirme a mí. Quiero sólo tu buena voluntad.

–      La buena voluntad te la he ofrecido incluso cuando, recién nacido llorabas.

Por ella he superado todo, tanto los momentos de desolación como los odios. Es… que aquí se puede hablar poco.

El patrón una vez me dio de patadas, porque yo insistía diciendo que Tú existías.

Pero cuando él estaba lejos, y con quien podía fiarme, yo narraba el prodigio de aquella noche.

–      Pues entonces ahora narra el prodigio del encuentro conmigo.

Os he encontrado a casi todos… Y todos fieles. ¿No es esto un prodigio? Por el simple hecho de haberme contemplado con Fe y amor os habéis hecho justos ante Dios y ante los hombres.

–      ¡Oh, ahora sí que voy a tener un valor…, un valor…! Ahora sé que vives y puedo decir: “Está allí. ¡Id a Él!…”. Pero ¿Dónde, Señor mío?

–       Por todo Israel.

Hasta Septiembre estaré en Galilea; frecuentemente en Nazaret o Cafarnaúm, allí se me podrá encontrar.

Luego… estaré por todas partes; he venido a reunir a las ovejas de Israel.

–      ¡Ay, Señor mío, te encontrarás muchas cabras! ¡Desconfía de los poderosos de Israel!

–      Si no es la hora, ningún mal me harán. Tú, a los muertos, a los que duermen, a los vivos, diles: “El Mesías está entre nosotros”

–      ¿A los muertos, Señor?

–       A los muertos del espíritu.

Los otros, los justos muertos en el Señor, ya exultan de gozo por la liberación del Limbo, que ya está cercana.

Diles a los muertos que soy la Vida, diles a los que duermen que soy el Sol que sale y saca del sueño, diles a los vivos que soy la Verdad que ellos buscan.

–     ¿Curas también a los enfermos? Leví me ha hablado de Isaac. ¿Sólo para él el milagro, porque es tu pastor, o para todos?

–     A los buenos, el milagro como justo premio; a los menos buenos, para impulsarlos a la verdadera bondad.

A los malvados, también en alguna ocasión, para removerlos de su estado y persuadirlos de que Yo soy y de que Dios está conmigo.

El milagro es un don. El don es para los buenos. Pero, Aquel que es Misericordia y que ve la pesantez humana, no removible sino por un hecho extraordinario,

recurre a esto también para poder decir: “He hecho todo con vosotros y de nada ha servido. Decid entonces vosotros mismos qué más os debo hacer”.

–     Señor, ¿No te da asco entrar en mi casa?

Si me aseguras que no vienen los ladrones a la propiedad, quisiera hospedarte y llamar a los pocos que te conocen a través de mi palabra para reunirlos en torno a Tí.

El patrón nos ha doblegado y quebrado como a tallos despreciables. Sólo nos queda la esperanza de un premio eterno.

Pero si Tú te manifiestas a los corazones oprimidos tendrán nuevo vigor.

–    Voy. No temas por los árboles ni por las viñas. ¿Puedes creer que los ángeles vigilarán fielmente en lugar de ti?

–    ¡Oh! ¡Señor! Yo he visto a tus siervos celestes. Creo. Voy seguro contigo.

¡Benditos estos árboles y estas cepas que poseen viento y canción de alas y voces angélicas! ¡Bendito este sueño que santificas con tu pie! ¡Ven, Señor Jesús!

¡Oíd, árboles y vides, oíd, terrones levantados por el arado: Aquel Nombre que os confié para paz mía, ahora se lo dirijo a Él! ¡Jesús está aquí!

¡Escuchad! ¡Por ramas y sarmientos discurra a borbotones la savia, el Mesías está con nosotros!

Jonás está exultante de alegría. Y los lleva hacia su pobre choza.

Todo termina con estas palabras gozosas.

26 RECEPCIÓN EN BELÉN


26 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Más tarde…

La noche cubre la tierra. La luna ilumina con su claridad.

Los ruiseñores cantan entre las ramas de los olivos. Un río cercano es como una cinta de plata melodiosa.

De los prados segados se levanta el olor del heno. Algún mugido. Algún balido…

Y estrellas… estrellas y más estrellas.

En campo lleno de estrellas en el manto del cielo, que parece una sombrilla de piedras preciosas, sobre las colinas de Belén.

Siguen caminando hasta…

Judas dice:

–        Pero aquí son ruinas… ¿A dónde nos llevas? La ciudad está más allá.

Jesús contesta:

–        Lo sé. Ven. Sigue el río, detrás de Mí. Unos pocos pasos más y después…

Después te ofreceré la habitación del Rey de Israel.

Judas encoge los hombros y calla.

Llegan a un montón de casas en ruinas. Restos de habitaciones.

Una cueva entre dos hendiduras de una gran muralla.

Jesús pregunta:

–    ¿Tenéis yesca?

Simón saca de su alforja una lamparita y se la da.

Jesús avanza hasta la entrada y levantando la lamparita,

Dice:

–      Entrad. Ésta es la alcoba en donde nació el Rey de Israel.

Judas está espantado…

Y pregunta:

–      ¿Juegas, Maestro? Esta es una cueva.

De veras que yo aquí no me quedo. Me repugna. Está húmeda, fría, apestosa, llena de escorpiones, tal vez de serpientes…

Jesús dice:

–      Y con todo, amigos. Aquí, el veinticinco de las Encenias. De la Virgen nació Jesús, el Emmanuel; el Verbo de Dios hecho carne por amor del hombre.

Yo que les estoy hablando. Entonces como ahora, el mundo fue sordo a las voces del Cielo que le hablaban al corazón. Y rechazó a mi Madre. Y aquí…

No, Judas. No apartes con disgusto tus ojos de esos murciélagos que andan revoloteando.

De esas lagartijas, de esas telarañas. No levantes con desdén tu hermosa y recamada vestidura, para que no roce el suelo cubierto por el  excremento de animales.

Esos murciélagos descienden de los que fueron los primeros juguetes que miraban los ojos del Niño a quién cantaban los ángeles el ‘Gloria’,

Que escucharon los pastores que estaban ebrios solamente de alegría extática; de la verdadera alegría.

Esas lagartijas color esmeralda, fueron los primeros colores que hirieron mi pupila, junto con el blanco vestido y el rostro de mi Madre.

Esas telarañas fueron el baldaquín de mi cuna real. Ese suelo…

¡Oh! Lo santificaron los pies de Ella; la santa, la gran santa, la Pura, la inviolada,

La Doncella Deípara, la que tenía que dar a  Luz.

La que por obra de Dios dio a luz sin intervención humana.

Ella, la sin Mancha; ha hollado este suelo.

Tú puedes pisarlo y a través de las plantas de tus pies, quiera Dios que suba a tu corazón, la Pureza que Ella derramó…

Simón se ha arrodillado.

Juan va derecho al pesebre y apoyando la cabeza sobre la madera, llora.

Judas está aterrado…piensa…

Recuerda las Profecías…

Reflexiona…

Finalmente se deja vencer por la emoción…

Y olvidando su hermosa vestidura. Se arroja al suelo.

Toma la orla de la túnica de Jesús, la besa y se golpea el pecho diciendo:

–       Maestro Bueno, ¡Ten misericordia de la ceguera de tu siervo! Mi soberbia cae…

Te veo cual Eres. No el rey que yo pensaba. Sino el Príncipe Eterno, el Padre del Siglo Futuro. El Rey de la Paz.

¡Piedad, Señor mío y Dios mío! ¡Piedad!

Jesús lo mira con infinita compasión y dice:

–        Sí. ¡Toda mi piedad! Ahora dormiremos en donde durmieron el Infante y la Virgen.

Allí donde Juan ha tomado el lugar de mi Madre en adoración…

Aquí, en donde Simón parece mi padre adoptivo.

O si os parece, os platicaré de aquella noche…

Judas exclama:

–       ¡Oh! ¡Sí, Maestro! Háblanos de tu florecimiento a la vida.

Simón confirma:

–        Para que sea perla de luz en nuestros corazones y para que lo podamos contar al mundo.

Juan dice sonriendo y llorando:

–        Y venerar a tu Madre, no solo porque es tu madre, sino por ser…

¡Oh! ¡La Virgen!

Jesús los invita:

–        Venid al heno. Escuchad.

Y Jesús empieza a hablar de la Noche de su Nacimiento…

–        Cuando ya mi Madre estaba próxima a dar a luz, llegó por orden de César Augusto, el bando que publicó su delegado imperial Publio Sulpicio Quirino.

En Palestina el gobernador era Senzio Saturnino. El bando era para hacer el censo de todos los habitantes del imperio.

Los súbditos tenían que ir a su lugar de origen para inscribirse en los registros del imperio.

José, el esposo de mi Madre y Ella, obedecieron.

Salieron de Nazareth, para venir a Belén, cuna de la estirpe real.

Era invierno y estaba haciendo mucho frío…

Todos escuchan muy atentos.

La mañana siguiente al amanecer…

Son las primeras horas de una luminosa mañana de verano.

El cielo toma unas pinceladas de rosa en algunas finas nubecitas que parecen deshiladuras de gasa perdidas en una alfombra de raso turquino.

Hay todo un cantar de pájaros, ya ebrios de luz: gorriones, mirlos, petirrojos silban, gorjean, riñen por un tallito, por una larva, por una ramita que llevarse al nido, por una larva para llenar el buche.

Por una ramita que les sirva como dormitorio.

Las golondrinas se lanzan como saetas, desde el cielo al pequeño riachuelo para mojarse el pecho de nieve, coloreado en su ápice de óxido.

Y tomada la frescura de la ola, atrapada la mosquita que aún duerme colgada de un tierno tallo, se vuelven hacia arriba con un rapidísimo zigzag, como el destello de una hoja bruñida, chillando alegres.

Dos aguzanieves, vestidas de seda cenicienta, pasean graciosas como dos damiselas a lo largo de la orilla del riachuelo,

manteniendo bien alta la larga cola adornada de velludillos negros; se miran en el agua, se ven hermosas.

Continúan su paseo mientras un mirlo, verdadero pilluelo del bosque, les hace burla y los silba por detrás con su largo pico amarillo.

Dentro de un tupido manzano silvestre, que se yergue solitario junto a las ruinas, una ruiseñora llama insistentemente a su compañero.

Y se calla sólo cuando lo ve llegar con una larga larva que se retuerce oprimida por el fino pico.

Dos palomas zuranas, que probablemente huyeron de algún palomar ciudadano y que han elegido vivir libremente entre las grietas del torreón derruido,

se entregan canturreando a sus manifestaciones de afecto: él seductor, pudorosa ella.

Jesús, con los brazos cruzados, contempla a todos estos los pajarillos que cantan, charlan, pelean, vuelan, se cortejan.

Alimentan a sus polluelos, se bañan, juegan…

Y sonríe al ver a sus criaturas tan alegres.

Simón pregunta detrás de Él:

–      ¿Tan temprano, Maestro?

Jesús contesta:

–       Sí. ¿Todavía están durmiendo los otros?

–       Todavía.

–       Son jóvenes. Yo me bañé en el río. El agua está fresca y despeja la mente.

–       Ahora sigo yo.

Mientras Simón se baña y luego se viste;

asoman la cabeza Judas y Juan.

Los dos saludan y preguntan:

–        Dios te guarde, Maestro.

–        ¿Estamos retrasados?

Jesús les contesta amoroso:

–        No. Apenas amanece. Pero apresurémonos, porque ya nos vamos.

Los dos se asean y se visten.

Cuando están listos, Jesús arranca unas florecillas que han brotado entre las piedras.

Las guarda en una cajita de madera mientras dice:

–    Se las llevaré a mi Madre. Le gustarán. ¡Vámonos!

Judas pregunta:

–       ¿A dónde, Maestro?

–        A Belén.

–       ¿De veras? A mí me parece que no nos sopla buen aire…

–        No importa. Iremos a donde bajaron los Magos y donde me encontraron a Mí.

–        Si es así, Maestro. Perdona y permite que organice yo. En Belén en el albergue, seré yo el que hable y pregunte.

En Judea no hay mucho cariño para los galileos y mucho menos aquí. Tú y Juan parecéis galileos por los vestidos tan sencillos y luego… ¡Esos cabellos!

¿Por qué os gusta tenerlos tan largos?… Simón y yo os daremos nuestro manto y vosotros nos daréis el vuestro.

Simón, dale el tuyo a Juan.

Y yo al Maestro. –mientras habla, hace lo que dice- Así… así… ¿Ves?

Al punto parecéis un poco más judíos.

Ahora, esto…- lo cubre con el capucho.

Se lo acomoda en las mejillas, para ocultar sus largos cabellos rubios.

Luego hace lo mismo con Juan.

Judas admira su obra:

–       ¡Ah! ¡Ahora está mejor! ¡Tengo el sentido práctico!

Jesús recomienda:

–        Sí. Es cierto, Judas. Tienes el sentido práctico, no hay duda. Pero procura que no exceda al otro sentido.

–       ¿A cuál, Maestro?

–        Al sentido espiritual.

–        Lo haré. Pero en ciertos casos es mejor comportarse como políticos, más que como diplomáticos.

Jesús pregunta perplejo:

–        ¿Qué quieres decir con eso?

Judas explica conciliador:

–        Escucha. No te enojes. Es por tu bien. No me desmientas si digo algunas cosas que no son tan verdaderas.

–        ¿Qué quieres dar a entender? ¿Por qué mentir? Yo Soy la Verdad y no amo la mentira. Ni en Mí, ni en los míos.

–        Pero… es que sólo diré medias mentiras ‘convenientes’. O más bien, verdades a medias.

Por otra parte, seré yo el que hable. En el fondo, habrá un poco de verdad.

Mentira más, mentira menos…

–         Pero, Judas. ¿Por qué engañar?

–         No te preocupes, Maestro. El mundo se gobierna con mentiras. Algunas veces son necesarias.

Bueno, para contentarte, diré que venimos de lejos y que somos judíos. Esto es verdad en un 75%

Y tú, Juan. ¡No abras para nada la boca! Nos delatarías.

Juan dice:

–         No diré nada.

Judas advierte:

–         Si las cosas salen bien… aunque no estoy tan seguro; diremos lo que falta.

No lo espero. Soy astuto y las tomo al vuelo.

Jesús advierte:

–         Ya lo veo, Judas. Y me gustaría que fueras más sencillo.

Judas toma una actitud despreocupada y dice:

–         Ser así,  sirve para muy poco. En tu grupo seré yo el que tome las misiones difíciles. Déjame que yo me las arregle.

Jesús no lo desea mucho, pero cede.

Empiezan a caminar y rodean las ruinas. 

Encuentran un grupo de camellos y dromedarios.

Entran en Belén.

Van a la plaza. Es día de mercado y está llena de gente.

Y llegan al albergue.

Por el portón abierto sale una hilera de asnos cargados con mercancías.

Judas es el primero en entrar.

Adopta una pose arrogante y mira altanero a su alrededor.

Agarra a un mozo bajito, sucio, andrajoso.

Y le grita:

–      ¡Mozo! ¡El patrón! ¡Pronto!

¡Muévete rápido que no estoy acostumbrado a esperar!

El muchacho por ir rápido, tira la escoba.

Jesús exclama:

–      ¡Pero, Judas! ¡Qué modales!

Judas responde sin abandonar su postura:

–      Por favor, Maestro. No digas nada. Déjame que yo me las entienda. Nos deben creer ricos y de ciudad.

El patrón viene corriendo y se deshace en inclinaciones delante de Judas que se ve muy majestuoso con su rica vestidura de color oro pálido.

Con rayas y franjas de diferentes colores y el manto rojo acerino de Jesús.

Judas habla con altivez:

–      Nosotros venimos de lejos. Somos judíos de la comunidad asiática.

Señala a Jesús y agrega:

–     Este betlemita de nacimiento busca a sus queridos amigos de aquí.

Y nosotros junto con Él venimos desde Jerusalén, donde hemos adorado al Altísimo en su Casa. ¿Puedes darnos informes?

El hombre contesta obsequioso:

–     Señor, estoy para servirte. Ordena.

–     Necesitamos noticias de muchos. Buscamos a Anna, la mujer que habitaba aquí frente al albergue.

–     ¡Oh! ¡Desgraciada! No encontrarás a Anna sino en el Seno de Abraham y a sus hijos con ella.

–     ¿Muerta? ¿Por qué?

–     ¿No sabéis nada de la masacre de Herodes?

¡Todo el mundo habló de él y hasta César lo declaró: ‘Cerdo que se alimenta de sangre’ ¡Bah!

¡Oh, qué he dicho! ¡No me denuncies! ¿Eres en realidad judío?

–      He aquí la señal de mi tribu.

Le muestra un símbolo bordado en su vestido….

Y continúa:

–       Así pues, habla.

–       A Anna la mataron los soldados de Herodes, con todos sus hijos, menos una.

–      ¿Pero por qué?… ¡Era muy buena!

–      ¿La conociste?

Judas apenas tiene 23 años de edad y se le notan.

Pero no se desconcierta en lo más mínimo.

Y miente descaradamente:

–       ¡Vamos que sí!

El hombre hace un gesto evadiendo.

Y responde:

–      La mataron porque dio hospitalidad a los que se decían ser padre y madre del Mesías… pero mejor vayamos a aquella habitación.

Las paredes tienen oídos. Y hablar de ciertas cosas, es peligroso.

Los pasa a una habitación pequeña y se sientan sobre un diván.

El hombre continúa:

–      ¡Ea! ¡He tenido buen olfato! No por nada soy hospedero. Tengo la malicia en la sangre. En este negocio hay que usarla porque conoces mucha gente.

Yo no los quise. Hubiera podido encontrarles un rincón. Pero sólo eran unos galileos pobres y desconocidos. ¡He! ¡A Ezequias no se le engaña!

Luego, luego se notaba que eran diferentes. Aquella mujer tenía algo que me hacía rechazarla.

Anna era más inocente que una ovejilla. Y los hospedó un tiempo, ya con el niño.

Decían que era el Mesías. ¡Oh! ¡Cuánto dinero gané en aquellos días! ¡Qué censo, ni qué nada! Venían aún aquellos que no tenían nada a qué venir.

Durante meses vinieron muchos de tierras lejanas. ¡Qué ganancias tuve!

Finalmente vinieron tres reyes poderosos.

Tres Magos… ¡Qué sé yo! Tenían un cortejo que no acababa nunca.

Me rentaron todas las habitaciones y me compraron con oro tanto heno, como para todo un mes.

Y al día siguiente se fueron, dejándolo todo.

¡Oh! Yo solo puedo hablar bien del Mesías verdadero o falso que haya sido. Me permitió ganar dinero por montones.

Yo no he tenido ningún desastre. Ni siquiera muertos, porque apenas me había casado. ¡Pero a los demás!…

–     Queremos ver los lugares de la matanza.

–    ¿Los lugares?… pero eso ocurrió en todas las casas. Fueron muchísimos muertos. Venid conmigo.

Suben por una escalera hasta una gran terraza.

Desde lo alto se ven grandes terrenos y toda Belén extendida como un abanico abierto sobre sus colinas.

–     ¿Veis aquellas ruinas?

Allí ardieron también las casas, porque los padres defendieron a sus hijos con las armas.

¿Veis aquello que parece un pozo cubierto de hierba?…

Son los restos de la sinagoga. Fue quemada junto con el arquisinagogo que aseguraba que aquel era el Mesías.

La quemaron los que enloquecieron por el dolor en la masacre de sus hijos.

Allá…

¿Veis aquellos sepulcros? Son los de las víctimas.

Todos eran unos niños inocentes.

También los padres y las madres de ellos.

¿Veis aquel tanque de agua?

El agua se volvió roja, después de que los sicarios lavaron sus armas y sus manos en ella.

Allá está el río.

También enrojeció con la sangre que recogía de las cloacas.

Y allí, exactamente frente a mí. Está lo único que queda de Anna.

Jesús está llorando.

El hospedero le pregunta:

–      ¿La conocías mucho?

Judas le responde:

–       Era como una hermana para su Madre.

se vuelve hacia Jesús y le pregunta:

–      ¿O no es así, amigo mío?

Jesús contesta:

–       Sí.

El hospedero dice:

–       Lo comprendo.

Y se queda pensativo.

Jesús se acerca a Judas y le dice algo en voz queda.

Judas dice al hospedero:

–     Mi amigo quiere ir a aquellas ruinas.

–     ¡Que vaya! ¡Pertenecen a todos!

Se van y el hospedero queda desilusionado, pues no le piden hospedaje.

Atraviesan la plaza y suben por la escalera, que es lo único que está en pie.

Al subir, Jesús dice:

–     Por aquí, mi Madre me hizo saludar a los Magos y por aquí bajamos para ir a Egipto.

Hay gente que los mira a los cuatro en las ruinas y uno pregunta:

–     ¿Parientes de la muerta?

El hospedero contesta:

–      Amigos.

Una mujer grita:

–       Por lo menos vosotros no hagáis daño a la muerta, como lo hicieron sus enemigos mientras vivía y después escaparon ilesos.

Jesús está de pie sobre el balconcillo, de espaldas al pequeño muro.

Detrás de Él no hay nada.

Esto hace que el sol al iluminarlo, resalta más su vestidura de lino blanquísimo, con el manto multicolor de Judas, cayéndole por la espalda.

Atrás, al fondo de lo que fuera el jardín de Anna y que ahora es una ruina llena de arbustos.

Jesús extiende los brazos…

Y Judas que ve el gesto, dice con angustia:

–     ¡Oh, no!… ¡No hables! ¡Sé prudente!

Pero Jesús llena la plaza con su potente voz:

–      ¡Hombres de Judá y de Belén, escuchadme! ¡Oídme vosotras, mujeres de la sagrada tierra de Belén!

¡Oíd a uno que viene de David. Que ha sufrido persecuciones. Que se honra con hablaros y lo hace para darles luz y consuelo!

¡Escuchadme!

La multitud deja de hablar, de pelear, de comprar y se amontona.

Dicen varios al mismo tiempo:

–         Es un rabí.

–         Ciertamente que viene de Jerusalén.

–       ¿Quién es?

–        ¡Qué hermoso es!

–        ¡Qué voz tiene!

–        ¡Qué ademanes!

–        ¡Y es de descendencia de David!

–        ¡Entonces es nuestro!

–        ¡Oigamos! ¡Oigamos!

Y todos se acercan a la escalera que ahora sirve de púlpito.

Jesús dice:

–        De lejanas tierras he venido a  venerar la tumba de Raquel.

He escuchado el bramido de dolor de Jacob, en el dolor de los esposos viudos que están sin mujer porque el dolor las mató…

Lloro junto con vosotros. Pero oíd, hermanos de la tierra mía.

Belén, tierra bendita, la más pequeña entre las ciudades de Judá, pero la mayor ante los ojos de Dios y del linaje humano…

Al principio todos quedan admirados con su sabiduría.

Pero a lo largo del discurso, al mencionar al Salvador y después a las profecías y a la Madre de Él,

Empiezan a dar indicios de agitación.

Judas suplica:

–       ¡Calla, Maestro! ¡Por favor, vámonos!

Pero Jesús no le hace caso y continúa:

–        …al Mesías que salvó la Gracia de Dios Padre de los tiranos, para conservarlo para el pueblo, para la salvación del mismo y…

Lo interrumpe una que mujer grita.

Se abre el vestido y  mostrando una teta mutilada sin el pezón,

dice:

–       ¡Aquí! ¡Aquí en esta teta me degollaron a mi primogénito!

¡La espada le partió la cara, junto con mi pezón! ¡Oh! ¡Eliseo, mío!

El último grito es histérico.

Y empieza la gritería y el tumulto.

–     ¿Y yo?…

–     ¿Y yo? He ahí mi palacio: tres tumbas en una que el padre vigila. Marido e hijos juntos.

–      Si existe el Salvador que me devuelva a mis hijos, a mi esposo y que me salve de la desesperación.

–      ¡Qué me salve Belcebú!

–      ¡A nuestros hijos! ¡A nuestros hijos!

–      ¡A nuestros maridos y padres!

–      ¡Qué nos los devuelva si existe!

Jesús agita los brazos para imponer silencio.

Luego dice:

–      Hermanos de la misma tierra. Gustoso devolvería también la carne, es decir, los hijos.

Pero Yo os digo: sed buenos. Resignaos. Perdonad. Esperad y alegraos con la esperanza.

Regocijaos con la seguridad de que pronto volveréis a tener a vuestros hijos; ángeles en el Cielo, porque el Mesías va a abrir pronto la Puerta del Cielo.

Y si fuereis justos, la muerte será vida que viene y amor que regresa…

Un hombre grita:

–       ¡Ah!… ¡Así que Tú eres el Mesías!…

–       ¡En el Nombre de Dios! ¡Dilo!

Jesús baja los brazos con un ademán dulce y calmado, que parece un abrazo,

Y contesta:

–       Lo Soy.

Esto es como un detonante.

–      ¡Lárgate!

–      ¡Lárgate!…

–       Entonces…

–       ¡Tú tienes la culpa!

Vuela una piedra entre silbidos e insultos.

Judas tiene un bello gesto…

¡Si así hubiera sido siempre!

Se interpone ante el Maestro, con el manto desplegado.

Enfrenta a la multitud enfurecida.

Y sin miedo alguno recibe todas las pedradas.

La sangre le corre por las heridas… pero él parece no advertirlo.

Y dice a Juan y a Simón:

–      ¡Llevaos a Jesús a aquel bosque! ¡Yo iré después! ¡Id, en nombre del Cielo!

Se vuelve hacia la multitud y les grita:

–      ¡Perros rabiosos! ¡Soy sacerdote del Templo! ¡Y al Templo y a Roma os denunciaré!

Todos se paralizan por un momento, por el miedo.

Pero luego retoman las piedras.

¡Y se las arrojan sin ninguna compasión!

Judas las recibe impávido…

Es imposible no pensar:

¡Qué formidable apóstol hubiera sido, si siempre se hubiera mantenido así!

¡Y con injurias responde a las maldiciones que le lanzan!

Aún más. Coge al vuelo una piedra y la revierte contra la cabeza de un viejillo que grazna como garza desplumada.

Y como tratan de atacar la escalerilla.

Rápido toma una rama seca que está tirada en el suelo y le da vueltas sin piedad, azotando espaldas cabezas y manos,

hasta que los soldados acuden y se abren paso con  sus lanzas.

Uno de ellos le pregunta:

–        ¿Quién eres y porqué esta riña?

Judas se sacude la tierra y dice con displicencia:

–        Un judío asaltado por estos plebeyos.

Estaba conmigo un rabí a quién los sacerdotes conocen. ÉL hablaba a estos perros. Pero se han desencadenado y nos atacaron.

–        ¿Quién eres?

–        Judas de Keriot. Pertenecía al Templo, pero ahora soy discípulo del Rabí, Jesús de Galilea.

Soy amigo de Simón el fariseo; de Yocana el saduceo; de Sadoc, el gran escriba; de José de Arimatea, consejero del Sanedrín.

Y todo esto puedes comprobarlo con Eleazar ben Annás, el gran amigo del Procónsul.

–       Lo verificaré. ¿A dónde  vas?

–       Con mi amigo a Keriot y después a Jerusalén.

–       Vete tranquilo. Te cuidaremos la espalda.

Judas da al soldado unas monedas.

Debe ser cosa ilícita pero usual, porque el soldado las toma, saluda y sonríe.

Judas salta…

Y se va brincando y corriendo a campo traviesa, hasta llegar a donde están sus compañeros.

Jesús le pregunta preocupado:

–       ¿Estás muy herido?

Judas contesta alegremente:

–       No es gran cosa, Maestro. Y… ¡Fue por Ti!

Pero también yo me defendí. Aunque creo que estoy todo manchado.

Juan dice:

–        Aquí hay un arroyito.

Y moja un pedazo de tela y limpia la mejilla de Judas al tiempo que le dice:

–        Tienes sangre en la cara.

Jesús agrega:

–        Me desagrada, Judas… Pero mira que decir también a ellos que era judío, según tu sentido práctico…

–        Pero eres judío por nacimiento…  Son unos brutos.

Espero que te habrás convencido Maestro y que no insistirás…

–       ¡Oh, no! No por miedo. Sino porque ahora es inútil. Cuando no se nos quiere, no se maldice y lo mejor es retirarse; rogando por las multitudes que mueren de hambre y que no ven el Pan.

Vámonos por este camino retirado…

Creo que por aquí se puede llegar a Hebrón…

Pastores sí que encontraremos…

Judas se sobresalta y pregunta:

–        ¿Para qué nos den otra apedreada?

–         ¡No! Para decirles “Yo Soy”

Judas levanta los brazos y exclama:

–        ¡Ah! Está perfecto. ¡Diles que eres Dios!

Entonces sí nos irá peor y ahora sí que nos darán de palos. ¡Hace treinta años que padecen por causa tuya!…

Jesús sencillamente dice:

–        Veremos…

25 CONSECUENCIAS EN BELEN


25 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús encabeza el pequeño grupo que camina en fila india por un sendero pedregoso polvoriento, que el sol del estío ha quemado.

Y está bordeado por la hierba que crece bajo la sombra de los grandes olivos, cargados de aceitunas.

Zelote, Juan y Judas de Keriot, le siguen bajo la sombra de los árboles.

El suelo está cubierto con las florecillas del olivo que cayeron después de la fecundación.

Exactamente en donde el camino da una vuelta en ángulo recto, hay una construcción de forma cúbica, sobre la que está una pequeña cúpula.

Está cerrada como si estuviese abandonada.

Más allá se ve un pequeño poblado con numerosas casitas esparcidas.

Simón exclama:

      ¡Allí está el sepulcro de Raquel!

Judas pregunta:

–      Entonces ya casi llegamos. ¿Entramos en la ciudad?

Jesús dice:

       No, Judas. Primero os enseñaré un lugar…Después entraremos en la ciudad.

Y como todavía hay sol y será una noche con luna casi llena, podremos hablar a la población.

     ¿Querrán oírnos?

Han llegado al antiguo sepulcro pintado de blanco.

Jesús se detiene a beber agua, en un pozo cercano.

Una mujer que ha venido a sacar agua, le ofrece,

y Jesús le pregunta:

–      ¿Eres de Belén?

La mujer contesta:

–      Sí. Pero ahora en tiempo de cosecha, estoy con mi marido en este lugar, para cuidar del huerto y los frutos que han nacido. ¿Tú eres Galileo?

–     Nací en Belén; pero vivo en Nazareth de Galilea.

–    ¿También Tú eres perseguido? La familia.

    Pero ¿Por qué dices “tú también”? ¿Hay muchos perseguidos entre los betlemitas?

–    ¿No lo sabes? ¿Cuántos años tienes?

–     Treinta.

–     Si es así…Naciste exactamente cuándo… ¡Oh! ¡Qué desgracia! Pero, ¿Por qué nació Él aquí?

–    ¿Quién?

–     Aquel que era llamado el Salvador. ¡Maldición a esos estúpidos borrachos de cerveza que vieron ángeles en las nubes!

Oyeron voces celestiales en los balidos y rebuznos.

Y en medio de su embriaguez, confundieron a tres miserables con los más santos de la tierra.

¡Malditos sean ellos!… y ¡Quién les creyó!

–      Pero con todas tus maldiciones no explicas lo que sucedió. ¿Por qué maldices?

–      Porque… Óyeme, primero dime: ¿A dónde vas?

–     A Belén. Debo saludar a viejos amigos y llevarles el saludo de mi Madre.

Pero antes necesito saber muchas cosas; porque nosotros los de la familia, hace muchos años que estamos ausentes.

Dejamos la ciudad cuando Yo tenía unos cuantos meses…

–     Antes de la desgracia. Si no te repugna la casa de un campesino, ven con nosotros a compartir el pan y la sal, Tú y tus compañeros.

Hablaremos durante la cena y os daré hospedaje hasta mañana.

Tengo una casa muy pequeña, pero en el pajar hay mucho heno amontonado.

La noche es cálida y serena, creo que podrás dormir.

–      Que el Señor de Israel pague tu hospitalidad. Con gusto voy a tu casa.

–      El peregrino siempre trae bendiciones consigo, vamos.

Pero antes todavía debo echar seis cántaros de agua en las verduras que acaban de nacer.

–      Yo te ayudo.

–      No. Tú eres un señor. Lo dice tu modo de obrar.

      Soy un obrero, mujer,-señala a Juan- y éste es pescador.

Éstos son judíos, hombres de una casta superior. Yo no

Y al decir esto toma el cántaro que estaba junto al brocal del pozo y lo baja.

Los demás preguntan a la mujer:

–       Decidnos donde está la hortaliza.

–       Muéstranosla y la regaremos.

Ella los mira con agradecimiento:

–       Dios os bendiga. Tengo los riñones destrozados con tanto trabajo. Venid…

Y mientras Jesús llena su cántaro.

Los otros tres se van con ella.

Después regresan con dos cántaros vacíos. Los llenan y se van.

Y así lo hacen unas diez veces.

Judas está sonriente y feliz.

Su bello rostro se ilumina al decir:

–      No termina de bendecirnos. Hemos arrojado tanta agua en la hortaliza, que por lo menos dos días, la tierra estará húmeda, Maestro.

Pero… ¿Sabes?… creo que no somos gratos.

Jesús lo mira y pregunta:

–      ¿Por qué lo dices, Judas?

–       Porque se la trae contra el Mesías.

Le dije: “No blasfemes. ¿Acaso no sabes que el Mesías es la mayor gracia para el pueblo de Dios?

Yeové lo prometió a Israel y ¿Tú lo odias?”

Y ella me respondió: “No lo odio a Él.

Sino al que los pastores borrachos y los malditos Magos de Oriente, llamaron Mesías”

Y… puesto que Eres Tú…

–      No importa. Sé que he sido puesto para prueba y contradicción de muchos. ¿Le dijiste Quién Soy Yo?

–      No. No soy un tonto. Quise librar tu espalda y la nuestra.

–      Hiciste bien.

No por las espaldas, sino porque Yo deseo manifestarMe cuando lo considere conveniente. Continuemos…

Después de otros tres cántaros, la mujer los guía hasta una casa que está en medio de la huerta y donde su esposo la está esperando.

Jesús saluda:

–       La paz sea en esta casa.

El hombre responde:

–      Quienquiera que Tú seas, la bendición sea contigo y con los tuyos. Entra.

Y les lleva un lavamanos para que los cuatro se refresquen y se limpien.

Después se sientan a la mesa.

El anfitrión dice:

–      Os agradezco lo que hicieron a nombre de mi mujer. Nunca había tratado a los galileos. Me habían dicho que eran vulgares y buscapleitos.

Pero vosotros habéis sido gentiles y buenos. ¡Estabais ya cansados y trabajasteis tanto! ¿Habéis venido de muy lejos?

Jesús contesta:

–      De Jerusalén.

El hombre se vuelve hacia su esposa y le dice:

–      Mujer. Trae la comida.

Mirando a sus invitados agrega:

–      No tengo más que pan y verduras. Aceitunas y queso. Sólo soy un campesino.

Jesús, sonriendo con dulzura responde:

–      Yo tampoco soy un señor. Soy un carpintero.

–     ¿Tú? ¿Con esos modales?

La mujer interviene:

–      El huésped es de Belén, te lo dije.

Y si los suyos son perseguidos, tal vez habrán sido ricos e instruidos; como Josué de Ur y los otros… ¡Pobres desgraciados!

Jesús interroga:

–      ¿Eran familias betlemitas?

El campesino se asombra:

–      ¿Cómo?… si eres de Belén, ¿No sabes quiénes eran?

La mujer contesta:

–      Se fue antes de la matanza.

El hombre dice:

–      ¡Ah! Comprendo.

De otro modo, nadie hubiera quedado. ¿No has regresado allá?

–      No.

–      ¡Qué desgracia! Encontrarás a muy pocos de los que quieres saludar. Muchos fueron asesinados.

Muchos huyeron. Muchos fueron dispersos y muchos desaparecieron.

Y no se sabe si en el desierto o fueron arrojados a la cárcel, para castigarlos por su rebelión. Más…

¿Quién hubiera podido permanecer inerte; cuando fueron degollados tantos inocentes? ¡No!

¡No es justo que sigan viviendo David y Elías! ¡Mientras tantos inocentes fueron asesinados!

Jesús indaga:

–      ¿Quiénes son esos dos? ¿Y qué fue lo que hicieron?

Massacre of the Innocents, the gothic sculpture in Chartres cathedral

–       En la matanza que hizo Herodes, más de treinta infantes en la ciudad y otros tantos en la campiña; fueron asesinados. Y casi todos eran varones.

Porque en medio de la furia, de la oscuridad, de la confusión; esos crueles hombres arrancaron de las cunas, de los lechos maternos y de las casa que asaltaron, hasta a las niñitas…

Y  las mataron como los arqueros matan a las gacelas que están mamando la leche de su madre. Y bien… ¿Todo esto por qué?…

Porque un grupo de pastores que para no helarse de frío en lo más crudo del invierno; habían bebido mucha cerveza.

Empezaron a delirar diciendo que habían visto ángeles; habían oído cantos celestiales y recibido de ellos indicaciones para encontrar al Mesías…

Y nos dijeron a todos nosotros los de Belén: “Venid y adorad al Mesías, que acaba de nacer” ¡Imagínate! ¡El Mesías en una cueva!

Pero debo reconocer que en realidad todos estábamos ebrios. Hasta yo que en ese entonces era sólo un jovencillo y mi mujer era una niña.

Porque todos creímos y fuimos a ver en una pobre mujer galilea, a la Virgen que da a luz; la misma de la que hablaron los Profetas.

Pero ¡Si estaba con un vulgar galileo, que ciertamente era su marido! Entonces…

¿Cómo podía ser la Virgen?

 

En resumidas cuentas, ¡Creímos!…

Regalos, adoraciones. Los hogares se abrían para hospedarlos…

¡Oh! ¡Pobre Anna! Perdió los bienes, la vida y también a los hijos de su hija mayor; que fue la única que se salvó, porque estaba en Jerusalén.

Perdieron los bienes, porque la casa la quemaron y todo el sembradío fue destruido por órdenes de Herodes.

 

Hasta hoy es un campo desierto, en el que pacen los animales.

Jesús pregunta:

–     ¿Toda la culpa es de los pastores?

El campesino contesta:

–     ¡No! También de tres brujos que vinieron del reino de Satanás. tal vez eran compadres de los otros tres…

¡Y nosotros tan estúpidos que nos sentimos tan honrados!

¡Y el Arquisinagogo! Lo matamos porque juró que las profecías se cumplían exactamente con las palabras de los pastores y  de los Magos.

–     Entonces, ¿Toda la culpa fue de los pastores y de los Magos?

–     No, Galileo. También fue culpa nuestra, nuestra credulidad. ¡Tanto que esperábamos al Mesías! Siglos de espera.

Muchas desilusiones sufridas en los últimos tiempos a causa de los falsos Mesías. Uno era galileo como Tú. Otro se llamaba Teoda.

¡Mentirosos! ¡Ellos Mesías! ¡No eran más que aventureros rapaces en busca de fortuna!

Debía de habernos servido la lección, para que abriésemos los ojos. Por el contrario…

–     Y entonces, ¿Por qué maldecís solamente a los pastores y a los Magos?

Si también vosotros os juzgáis tontos; deberíais de maldeciros a vosotros mismos. La maldición no la permite el mandamiento del amor.

¿Estáis seguros de estar en lo justo? ¡No podría haber sido cierto que los pastores y los Magos hubiesen dicho la verdad que Dios Mismo les reveló!

¿Por qué debe pensarse que fuesen mentirosos?

–     Porque no se habían cumplido los años de la Profecía.

Después lo reflexionamos.

Después que la sangre que enrojeció los tanques de agua y los ríos, nos abrió los ojos del discernimiento.

Con una gran paz, Jesús dice:

–      Y el Altísimo; llevado por un gran amor por su Pueblo; ¿No habría podido anticipar la venida del Salvador?

¿En qué apoyaron los Magos su dicho? Me has dicho que vinieron del Oriente…

–      En sus cálculos sobre una nueva estrella.

–     ¿Y acaso no está dicho: Una estrella nacerá de Jacob y una vara se alzará de Israel?

¿No es Jacob el gran patriarca que vivió en esta tierra de Belén, a la que quiso como a la pupila de sus ojos, porque en ella murió su amada Raquel?…

Y no acaso por boca del profeta, Dios dijo: Brotará un retoño de la raíz de Jesé y saldrá una flor de esta raíz. Isaí, padre de David, nació acá.

El retoño que está en el tronco fue cortado a raíz, con la usurpación de los tiranos. ¿No es acaso la “Virgen” que dará a luz a un niñito sin intervención de hombre, de otro modo no sería virgen, sino por la Voluntad Divina? 

¿Y por esto será el Emmanuel; el Hijo de Dios que será Dios y llevará a Dios al Pueblo como su Nombre lo dice?

¿Y acaso la Profecía no dice que será anunciada a los pueblos de las tinieblas?

¿Esto es a los paganos, con una luz grande; como la estrella que vieron los Magos; la gran luz de las dos profecías: la de Balam y de Isaías?

Hasta la misma matanza que hizo Herodes, ¿Acaso no está profetizada?:

Se ha oído un gran lamento allá arriba…Es Raquel que llora a sus hijos.”

Jesús continúa:

–     Estaba indicado que los huesos de Raquel llorarían lágrimas en su sepulcro de Efratá; cuando a causa del Salvador, hubiera venido la recompensa al Pueblo Santo.

Lágrimas que después se cambiarían en sonrisa celestial, como el arco iris que se forma con las últimas gotas del temporal y que parece decir: ¡Ea! ¡Ahora todo está sereno!

El campesino, no muy convencido, cuestiona:

–    Eres muy docto. ¿Eres Rabí?

–    ¡Sí!

–    Lo creo. Hay luz y verdad en tus palabras.

Sin embargo… todavía hay muchas heridas que manan sangre en esta tierra de Belén, a causa del verdadero o falso Mesías. Nunca le aconsejaría a Él que viniese para acá.

La tierra lo rechazaría como se rechaza a un bastardo, por el que mueren los hijos verdaderos.

Pero, si era Él… murió con los otros degollados.

–     ¿Dónde viven ahora Leví y Elías?

El hombre se pone en guardia y sospecha:

–     ¿Los conoces?

–     No conozco su rostro. Pero… son unos desgraciados y siempre tengo compasión por los infelices.

Quiero ir a verlos.

–     ¡Humm! Serás el primero después de seis lustros.

Aún son pastores y están al servicio de un rico herodiano de Jerusalén que se apoderó de muchos bienes de los que murieron. ¡Siempre hay alguien que gana!

Los encontrarás con los ganados que cuidan, por las vertientes que van a Hebrón.

Pero, te daré un consejo: que los betlemitas no te vean hablar con ellos. Te iría muy mal.

Los soportamos, porque está el herodiano. Si no fuera por eso…

–     Sí. Está el odio. ¿Por qué odiar?

–     Porque es justo. Porque nos hicieron mucho daño.

–     Ellos creyeron hacer un bien.

–     Pero hicieron daño. Y el daño lo tenemos.

Debimos haberlos matado, como ellos mataron con su torpeza. Pero todos estábamos como intoxicados.

Ahora mismo los mataríamos si no estuviera en medio su patrón.

–     Hombre, Yo te lo digo. No hay que odiar. No hay que desear el mal. Aquí no hay culpa. Dilo a los betlemitas:

‘Cuando haya caído el odio de vuestros corazones, veréis al Mesías.

Entonces lo conoceréis porque Él vive. Él ya no estaba cuando sucedió la matanza.

Yo te lo digo: no fue culpa de los pastores, ni de los Magos el que haya sucedido esa desgracia.

Fue Satanás. El Mesías ha nacido aquí.

Ha venido a traer la Luz a la tierra de sus padres. Hijo de Madre Virgen de la estirpe de David, en las ruinas de la Casa de David.

Ha abierto al mundo el torrente de gracias eternas. Ha mostrado la vida al hombre…

El campesino se levanta y señalando la puerta, grita:

–    ¡Largo! ¡Largo de aquí! ¡Sal de aquí Tú, secuaz del falso Mesías! ¡Tú lo defiendes!…

Judas se pone de pie, violento e iracundo.

Toma del brazo al campesino y lo sacude,

al tiempo que dice amenazante:

–     Cálmate, hombre. Soy judío y tengo amigos poderosos. Puedo hacer que te arrepientas del insulto. 

El hombre se atemoriza.

Pero insiste:

–     ¡No! ¡No! ¡Fuera de aquí! No quiero pleitos con los betlemitas. Ni con Roma. Ni con Herodes. ¡Idos de aquí, malditos!…

Jesús siente su corazón destrozado.

Interviene diciendo:

–     Vámonos, Judas. No reacciones. Dejémosle con su rencor. Dios no entra donde hay ira. ¡Vámonos!

Judas amenaza:

–     Sí. Vámonos. Pero me las pagarán.

–     No digas nada. Están ciegos… Y habrá tantos a lo largo de mi camino…

Salen detrás de Simón.

Afuera, detrás de la esquina del pajar, encuentran a la mujer,

que toda contrita les dice:

–      Perdona a mi marido, Señor. –le da unos huevos- Mira, ten. Están frescos. Es lo único que tengo.

Perdónanos. ¿Dónde dormirás hoy?

Jesús los toma y la tranquiliza:

–       No te preocupes. Sé a dónde ir. Tranquilízate en tu buen corazón. Adiós.

Caminan unos metros en silencio.

Después, Judas explota:

–       ¡Es el colmo! ¡Pero Tú…no hacerte adorar! ¿Por qué no hiciste que ese puerco blasfemo besara el lodo?…

¡A tierra! ¡Arrojado al polvo por haberte faltado a Ti! ¡Al Mesías!… ¡Oh! ¡Yo lo hubiera hecho!

¡Los rebeldes tienen  que ser castigados con fuego milagroso! ¡Eso es lo único que los persuade!

–       ¡Oh! ¡Cuántas veces habré de oír lo mismo! ¡Si debiese convertir en cenizas a todo el que me ofenda!… No, Judas. He venido para crear; no para destruir.

–                     Lo que Tú digas. Pero mientras tanto, otros te destruyen.

Jesús no contesta.

Judas está tan furioso, que no comprende en absoluto lo que considera una pasividad inexplicable, pero que es la mansedumbre característica del Hombre-Dios.

Y siguen avanzando en silencio, por el camino bordeado de huertos y olivos cargados de aceitunas.

Más tarde, Simón pregunta:

–     ¿A dónde vamos ahora, Maestro?

–     Venid conmigo. Conozco un lugar…

Judas lo interrumpe todavía más irritado:

–      Pero si nunca has estado aquí desde que huiste. ¿Cómo es que lo conoces?

–      Lo conozco. No es hermoso. Pero estuve una vez ahí.

No es en Belén. Es afuera. Un poco, nada más… Vamos por acá…

Jesús toma la delantera.

Le siguen Simón, Judas y por último, Juan.

En el silencio interrumpido por el roce de las sandalias contra las piedrecillas del camino, se percibe un llanto.

Jesús pregunta volteándose:

–      ¿Quién llora?

Judas contesta:

–       Es Juan. Está atemorizado.

Juan protesta:

–       No. No tengo miedo. Ya tenía la mano en el cuchillo que pende de mi cintura…

Pero me acordé de tu ‘no matar’. Perdona, siempre lo dices.

Judas le pregunta:

–       Entonces ¿Por qué lloras?

–       Porque sufro al ver que el mundo no ama a Jesús. No lo reconoce y no quiere reconocerlo.

¡Oh, qué dolor! Es algo así como si con espinas de fuego me restregasen el corazón. Como si hubiera visto pisoteada mi madre y escupida la cara de mi padre. Todavía peor.

Como si hubiera visto a los caballos romanos profanar el Templo y comer en el Arca Santa y descansar en el lugar donde está el Santo de los Santos.

Jesús lo consuela:

–      No llores, Juan mío. Repetirás lo mismo una y otra vez: Él era la Luz que vino a brillar en las tinieblas, pero las tinieblas no lo comprendieron.

Vino al mundo que Él había hecho, pero el mundo no lo conoció. Vino a su ciudad, a su casa; pero los suyos no lo recibieron.

Juan redobla su llanto.

Y Jesús le pide:   

–        ¡Oh! ¡No llores así!

Juan obedece y suspira:

–        Esto no sucede en Galilea.

Judas, confirma:

–        Pero… ni siquiera en Judea. Jerusalén es la capital y hace tres días que te lanzaban hosannas a Ti, el Mesías.

Aquí, lugar de pastores burdos, campesinos y hortelanos; no se puede tomar como punto de partida.

Los Galileos…

Jesús ordena:

–      Basta, Judas. No conviene perder la calma. Estoy tranquilo. También estadlo vosotros.

Judas, ven aquí. Debo hablarte…

Judas va hacia donde está Jesús,

que le dice:

–     Toma la bolsa. Te encargarás de los gastos de mañana.

Judas pregunta:

–     ¿Y ahora en donde nos albergaremos?

Jesús sonríe y calla.

Dando media vuelta empieza a caminar y todos lo siguen.

24 RECEPCIÓN EN BELÉN


24 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Más tarde…

La noche cubre la tierra. La luna ilumina con su claridad.

Los ruiseñores cantan entre las ramas de los olivos. Un río cercano es como una cinta de plata melodiosa.

De los prados segados se levanta el olor del heno. Algún mugido. Algún balido…

Y estrellas… estrellas y más estrellas.

En campo lleno de estrellas en el manto del cielo, que parece una sombrilla de piedras preciosas, sobre las colinas de Belén.

Siguen caminando hasta…

Judas dice:

–        Pero aquí son ruinas… ¿A dónde nos llevas? La ciudad está más allá.

Jesús contesta:

–        Lo sé. Ven. Sigue el río, detrás de Mí. Unos pocos pasos más y después…

Después te ofreceré la habitación del Rey de Israel.

Judas encoge los hombros y calla.

Llegan a un montón de casas en ruinas. Restos de habitaciones.

Una cueva entre dos hendiduras de una gran muralla.

Jesús pregunta:

–    ¿Tenéis yesca?

Simón saca de su alforja una lamparita y se la da.

Jesús avanza hasta la entrada y levantando la lamparita,

Dice:

–      Entrad. Ésta es la alcoba en donde nació el Rey de Israel.

Judas está espantado…

Y pregunta:

–      ¿Juegas, Maestro? Esta es una cueva.

De veras que yo aquí no me quedo. Me repugna. Está húmeda, fría, apestosa, llena de escorpiones, tal vez de serpientes…

Jesús dice:

–      Y con todo, amigos. Aquí, el veinticinco de las Encenias. De la Virgen nació Jesús, el Emmanuel; el Verbo de Dios hecho carne por amor del hombre.

Yo que les estoy hablando. Entonces como ahora, el mundo fue sordo a las voces del Cielo que le hablaban al corazón. Y rechazó a mi Madre. Y aquí…

No, Judas. No apartes con disgusto tus ojos de esos murciélagos que andan revoloteando.

De esas lagartijas, de esas telarañas. No levantes con desdén tu hermosa y recamada vestidura, para que no roce el suelo cubierto por el  excremento de animales.

Esos murciélagos descienden de los que fueron los primeros juguetes que miraban los ojos del Niño a quién cantaban los ángeles el ‘Gloria’,

Que escucharon los pastores que estaban ebrios solamente de alegría extática; de la verdadera alegría.

Esas lagartijas color esmeralda, fueron los primeros colores que hirieron mi pupila, junto con el blanco vestido y el rostro de mi Madre.

Esas telarañas fueron el baldaquín de mi cuna real. Ese suelo…

¡Oh! Lo santificaron los pies de Ella; la santa, la gran santa, la Pura, la inviolada,

La Doncella Deípara, la que tenía que dar a  Luz.

La que por obra de Dios dio a luz sin intervención humana.

Ella, la sin Mancha; ha hollado este suelo.

Tú puedes pisarlo y a través de las plantas de tus pies, quiera Dios que suba a tu corazón, la Pureza que Ella derramó…

Simón se ha arrodillado.

Juan va derecho al pesebre y apoyando la cabeza sobre la madera, llora.

Judas está aterrado…piensa…

Recuerda las Profecías…

Reflexiona…

Finalmente se deja vencer por la emoción…

Y olvidando su hermosa vestidura. Se arroja al suelo.

Toma la orla de la túnica de Jesús, la besa y se golpea el pecho diciendo:

–       Maestro Bueno, ¡Ten misericordia de la ceguera de tu siervo! Mi soberbia cae…

Te veo cual Eres. No el rey que yo pensaba. Sino el Príncipe Eterno, el Padre del Siglo Futuro. El Rey de la Paz.

¡Piedad, Señor mío y Dios mío! ¡Piedad!

Jesús lo mira con infinita compasión y dice:

–        Sí. ¡Toda mi piedad! Ahora dormiremos en donde durmieron el Infante y la Virgen.

Allí donde Juan ha tomado el lugar de mi Madre en adoración…

Aquí, en donde Simón parece mi padre adoptivo.

O si os parece, os platicaré de aquella noche…

Judas exclama:

–       ¡Oh! ¡Sí, Maestro! Háblanos de tu florecimiento a la vida.

Simón confirma:

–        Para que sea perla de luz en nuestros corazones y para que lo podamos contar al mundo.

Juan dice sonriendo y llorando:

–        Y venerar a tu Madre, no solo porque es tu madre, sino por ser…

¡Oh! ¡La Virgen!

Jesús los invita:

–        Venid al heno. Escuchad.

Y Jesús empieza a hablar de la Noche de su Nacimiento…

–        Cuando ya mi Madre estaba próxima a dar a luz, llegó por orden de César Augusto, el bando que publicó su delegado imperial Publio Sulpicio Quirino.

En Palestina el gobernador era Senzio Saturnino. El bando era para hacer el censo de todos los habitantes del imperio.

Los súbditos tenían que ir a su lugar de origen para inscribirse en los registros del imperio.

José, el esposo de mi Madre y Ella, obedecieron.

Salieron de Nazareth, para venir a Belén, cuna de la estirpe real.

Era invierno y estaba haciendo mucho frío…

Todos escuchan muy atentos.

La mañana siguiente al amanecer…

Son las primeras horas de una luminosa mañana de verano.

El cielo toma unas pinceladas de rosa en algunas finas nubecitas que parecen deshiladuras de gasa perdidas en una alfombra de raso turquino.

Hay todo un cantar de pájaros, ya ebrios de luz: gorriones, mirlos, petirrojos silban, gorjean, riñen por un tallito, por una larva, por una ramita que llevarse al nido, por una larva para llenar el buche.

Por una ramita que les sirva como dormitorio.

Las golondrinas se lanzan como saetas, desde el cielo al pequeño riachuelo para mojarse el pecho de nieve, coloreado en su ápice de óxido.

Y tomada la frescura de la ola, atrapada la mosquita que aún duerme colgada de un tierno tallo, se vuelven hacia arriba con un rapidísimo zigzag, como el destello de una hoja bruñida, chillando alegres.

Dos aguzanieves, vestidas de seda cenicienta, pasean graciosas como dos damiselas a lo largo de la orilla del riachuelo,

manteniendo bien alta la larga cola adornada de velludillos negros; se miran en el agua, se ven hermosas.

Continúan su paseo mientras un mirlo, verdadero pilluelo del bosque, les hace burla y los silba por detrás con su largo pico amarillo.

Dentro de un tupido manzano silvestre, que se yergue solitario junto a las ruinas, una ruiseñora llama insistentemente a su compañero.

Y se calla sólo cuando lo ve llegar con una larga larva que se retuerce oprimida por el fino pico.

Dos palomas zuranas, que probablemente huyeron de algún palomar ciudadano y que han elegido vivir libremente entre las grietas del torreón derruido,

se entregan canturreando a sus manifestaciones de afecto: él seductor, pudorosa ella.

Jesús, con los brazos cruzados, contempla a todos estos los pajarillos que cantan, charlan, pelean, vuelan, se cortejan.

Alimentan a sus polluelos, se bañan, juegan…

Y sonríe al ver a sus criaturas tan alegres.

Simón pregunta detrás de Él:

–      ¿Tan temprano, Maestro?

Jesús contesta:

–       Sí. ¿Todavía están durmiendo los otros?

–       Todavía.

–       Son jóvenes. Yo me bañé en el río. El agua está fresca y despeja la mente.

–       Ahora sigo yo.

Mientras Simón se baña y luego se viste;

asoman la cabeza Judas y Juan.

Los dos saludan y preguntan:

–        Dios te guarde, Maestro.

–        ¿Estamos retrasados?

Jesús les contesta amoroso:

–        No. Apenas amanece. Pero apresurémonos, porque ya nos vamos.

Los dos se asean y se visten.

Cuando están listos, Jesús arranca unas florecillas que han brotado entre las piedras.

Las guarda en una cajita de madera mientras dice:

–    Se las llevaré a mi Madre. Le gustarán. ¡Vámonos!

Judas pregunta:

–       ¿A dónde, Maestro?

–        A Belén.

–       ¿De veras? A mí me parece que no nos sopla buen aire…

–        No importa. Iremos a donde bajaron los Magos y donde me encontraron a Mí.

–        Si es así, Maestro. Perdona y permite que organice yo. En Belén en el albergue, seré yo el que hable y pregunte.

En Judea no hay mucho cariño para los galileos y mucho menos aquí. Tú y Juan parecéis galileos por los vestidos tan sencillos y luego… ¡Esos cabellos!

¿Por qué os gusta tenerlos tan largos?… Simón y yo os daremos nuestro manto y vosotros nos daréis el vuestro.

Simón, dale el tuyo a Juan.

Y yo al Maestro. –mientras habla, hace lo que dice- Así… así… ¿Ves?

Al punto parecéis un poco más judíos.

Ahora, esto…- lo cubre con el capucho.

Se lo acomoda en las mejillas, para ocultar sus largos cabellos rubios.

Luego hace lo mismo con Juan.

Judas admira su obra:

–       ¡Ah! ¡Ahora está mejor! ¡Tengo el sentido práctico!

Jesús recomienda:

–        Sí. Es cierto, Judas. Tienes el sentido práctico, no hay duda. Pero procura que no exceda al otro sentido.

–       ¿A cuál, Maestro?

–        Al sentido espiritual.

–        Lo haré. Pero en ciertos casos es mejor comportarse como políticos, más que como diplomáticos.

Jesús pregunta perplejo:

–        ¿Qué quieres decir con eso?

Judas explica conciliador:

–        Escucha. No te enojes. Es por tu bien. No me desmientas si digo algunas cosas que no son tan verdaderas.

–        ¿Qué quieres dar a entender? ¿Por qué mentir? Yo Soy la Verdad y no amo la mentira. Ni en Mí, ni en los míos.

–        Pero… es que sólo diré medias mentiras ‘convenientes’. O más bien, verdades a medias.

Por otra parte, seré yo el que hable. En el fondo, habrá un poco de verdad.

Mentira más, mentira menos…

–         Pero, Judas. ¿Por qué engañar?

–         No te preocupes, Maestro. El mundo se gobierna con mentiras. Algunas veces son necesarias.

Bueno, para contentarte, diré que venimos de lejos y que somos judíos. Esto es verdad en un 75%

Y tú, Juan. ¡No abras para nada la boca! Nos delatarías.

Juan dice:

–         No diré nada.

Judas advierte:

–         Si las cosas salen bien… aunque no estoy tan seguro; diremos lo que falta.

No lo espero. Soy astuto y las tomo al vuelo.

Jesús advierte:

–         Ya lo veo, Judas. Y me gustaría que fueras más sencillo.

Judas toma una actitud despreocupada y dice:

–         Ser así,  sirve para muy poco. En tu grupo seré yo el que tome las misiones difíciles. Déjame que yo me las arregle.

Jesús no lo desea mucho, pero cede.

Empiezan a caminar y rodean las ruinas. 

Encuentran un grupo de camellos y dromedarios.

Entran en Belén.

Van a la plaza. Es día de mercado y está llena de gente.

Y llegan al albergue.

Por el portón abierto sale una hilera de asnos cargados con mercancías.

Judas es el primero en entrar.

Adopta una pose arrogante y mira altanero a su alrededor.

Agarra a un mozo bajito, sucio, andrajoso.

Y le grita:

–      ¡Mozo! ¡El patrón! ¡Pronto!

¡Muévete rápido que no estoy acostumbrado a esperar!

El muchacho por ir rápido, tira la escoba.

Jesús exclama:

–      ¡Pero, Judas! ¡Qué modales!

Judas responde sin abandonar su postura:

–      Por favor, Maestro. No digas nada. Déjame que yo me las entienda. Nos deben creer ricos y de ciudad.

El patrón viene corriendo y se deshace en inclinaciones delante de Judas que se ve muy majestuoso con su rica vestidura de color oro pálido.

Con rayas y franjas de diferentes colores y el manto rojo acerino de Jesús.

Judas habla con altivez:

–      Nosotros venimos de lejos. Somos judíos de la comunidad asiática.

Señala a Jesús y agrega:

–     Este betlemita de nacimiento busca a sus queridos amigos de aquí.

Y nosotros junto con Él venimos desde Jerusalén, donde hemos adorado al Altísimo en su Casa. ¿Puedes darnos informes?

El hombre contesta obsequioso:

–     Señor, estoy para servirte. Ordena.

–     Necesitamos noticias de muchos. Buscamos a Anna, la mujer que habitaba aquí frente al albergue.

–     ¡Oh! ¡Desgraciada! No encontrarás a Anna sino en el Seno de Abraham y a sus hijos con ella.

–     ¿Muerta? ¿Por qué?

–     ¿No sabéis nada de la masacre de Herodes?

¡Todo el mundo habló de él y hasta César lo declaró: ‘Cerdo que se alimenta de sangre’ ¡Bah!

¡Oh, qué he dicho! ¡No me denuncies! ¿Eres en realidad judío?

–      He aquí la señal de mi tribu.

Le muestra un símbolo bordado en su vestido….

Y continúa:

–       Así pues, habla.

–       A Anna la mataron los soldados de Herodes, con todos sus hijos, menos una.

–      ¿Pero por qué?… ¡Era muy buena!

–      ¿La conociste?

Judas apenas tiene 23 años de edad y se le notan.

Pero no se desconcierta en lo más mínimo.

Y miente descaradamente:

–       ¡Vamos que sí!

El hombre hace un gesto evadiendo.

Y responde:

–      La mataron porque dio hospitalidad a los que se decían ser padre y madre del Mesías… pero mejor vayamos a aquella habitación.

Las paredes tienen oídos. Y hablar de ciertas cosas, es peligroso.

Los pasa a una habitación pequeña y se sientan sobre un diván.

El hombre continúa:

–      ¡Ea! ¡He tenido buen olfato! No por nada soy hospedero. Tengo la malicia en la sangre. En este negocio hay que usarla porque conoces mucha gente.

Yo no los quise. Hubiera podido encontrarles un rincón. Pero sólo eran unos galileos pobres y desconocidos. ¡He! ¡A Ezequias no se le engaña!

Luego, luego se notaba que eran diferentes. Aquella mujer tenía algo que me hacía rechazarla.

Anna era más inocente que una ovejilla. Y los hospedó un tiempo, ya con el niño.

Decían que era el Mesías. ¡Oh! ¡Cuánto dinero gané en aquellos días! ¡Qué censo, ni qué nada! Venían aún aquellos que no tenían nada a qué venir.

Durante meses vinieron muchos de tierras lejanas. ¡Qué ganancias tuve!

Finalmente vinieron tres reyes poderosos.

Tres Magos… ¡Qué sé yo! Tenían un cortejo que no acababa nunca.

Me rentaron todas las habitaciones y me compraron con oro tanto heno, como para todo un mes.

Y al día siguiente se fueron, dejándolo todo.

¡Oh! Yo solo puedo hablar bien del Mesías verdadero o falso que haya sido. Me permitió ganar dinero por montones.

Yo no he tenido ningún desastre. Ni siquiera muertos, porque apenas me había casado. ¡Pero a los demás!…

–     Queremos ver los lugares de la matanza.

–    ¿Los lugares?… pero eso ocurrió en todas las casas. Fueron muchísimos muertos. Venid conmigo.

Suben por una escalera hasta una gran terraza.

Desde lo alto se ven grandes terrenos y toda Belén extendida como un abanico abierto sobre sus colinas.

–     ¿Veis aquellas ruinas?

Allí ardieron también las casas, porque los padres defendieron a sus hijos con las armas.

¿Veis aquello que parece un pozo cubierto de hierba?…

Son los restos de la sinagoga. Fue quemada junto con el arquisinagogo que aseguraba que aquel era el Mesías.

La quemaron los que enloquecieron por el dolor en la masacre de sus hijos.

Allá…

¿Veis aquellos sepulcros? Son los de las víctimas.

Todos eran unos niños inocentes.

También los padres y las madres de ellos.

¿Veis aquel tanque de agua?

El agua se volvió roja, después de que los sicarios lavaron sus armas y sus manos en ella.

Allá está el río.

También enrojeció con la sangre que recogía de las cloacas.

Y allí, exactamente frente a mí. Está lo único que queda de Anna.

Jesús está llorando.

El hospedero le pregunta:

–      ¿La conocías mucho?

Judas le responde:

–       Era como una hermana para su Madre.

se vuelve hacia Jesús y le pregunta:

–      ¿O no es así, amigo mío?

Jesús contesta:

–       Sí.

El hospedero dice:

–       Lo comprendo.

Y se queda pensativo.

Jesús se acerca a Judas y le dice algo en voz queda.

Judas dice al hospedero:

–     Mi amigo quiere ir a aquellas ruinas.

–     ¡Que vaya! ¡Pertenecen a todos!

Se van y el hospedero queda desilusionado, pues no le piden hospedaje.

Atraviesan la plaza y suben por la escalera, que es lo único que está en pie.

Al subir, Jesús dice:

–     Por aquí, mi Madre me hizo saludar a los Magos y por aquí bajamos para ir a Egipto.

Hay gente que los mira a los cuatro en las ruinas y uno pregunta:

–     ¿Parientes de la muerta?

El hospedero contesta:

–      Amigos.

Una mujer grita:

–       Por lo menos vosotros no hagáis daño a la muerta, como lo hicieron sus enemigos mientras vivía y después escaparon ilesos.

Jesús está de pie sobre el balconcillo, de espaldas al pequeño muro.

Detrás de Él no hay nada.

Esto hace que el sol al iluminarlo, resalta más su vestidura de lino blanquísimo, con el manto multicolor de Judas, cayéndole por la espalda.

Atrás, al fondo de lo que fuera el jardín de Anna y que ahora es una ruina llena de arbustos.

Jesús extiende los brazos…

Y Judas que ve el gesto, dice con angustia:

–     ¡Oh, no!… ¡No hables! ¡Sé prudente!

Pero Jesús llena la plaza con su potente voz:

–      ¡Hombres de Judá y de Belén, escuchadme! ¡Oídme vosotras, mujeres de la sagrada tierra de Belén!

¡Oíd a uno que viene de David. Que ha sufrido persecuciones. Que se honra con hablaros y lo hace para darles luz y consuelo!

¡Escuchadme!

La multitud deja de hablar, de pelear, de comprar y se amontona.

Dicen varios al mismo tiempo:

–         Es un rabí.

–         Ciertamente que viene de Jerusalén.

–       ¿Quién es?

–        ¡Qué hermoso es!

–        ¡Qué voz tiene!

–        ¡Qué ademanes!

–        ¡Y es de descendencia de David!

–        ¡Entonces es nuestro!

–        ¡Oigamos! ¡Oigamos!

Y todos se acercan a la escalera que ahora sirve de púlpito.

Jesús dice:

–        De lejanas tierras he venido a  venerar la tumba de Raquel.

He escuchado el bramido de dolor de Jacob, en el dolor de los esposos viudos que están sin mujer porque el dolor las mató…

Lloro junto con vosotros. Pero oíd, hermanos de la tierra mía.

Belén, tierra bendita, la más pequeña entre las ciudades de Judá, pero la mayor ante los ojos de Dios y del linaje humano…

Al principio todos quedan admirados con su sabiduría.

Pero a lo largo del discurso, al mencionar al Salvador y después a las profecías y a la Madre de Él,

Empiezan a dar indicios de agitación.

Judas suplica:

–       ¡Calla, Maestro! ¡Por favor, vámonos!

Pero Jesús no le hace caso y continúa:

–        …al Mesías que salvó la Gracia de Dios Padre de los tiranos, para conservarlo para el pueblo, para la salvación del mismo y…

Lo interrumpe una que mujer grita.

Se abre el vestido y  mostrando una teta mutilada sin el pezón,

dice:

–       ¡Aquí! ¡Aquí en esta teta me degollaron a mi primogénito!

¡La espada le partió la cara, junto con mi pezón! ¡Oh! ¡Eliseo, mío!

El último grito es histérico.

Y empieza la gritería y el tumulto.

–     ¿Y yo?…

–     ¿Y yo? He ahí mi palacio: tres tumbas en una que el padre vigila. Marido e hijos juntos.

–      Si existe el Salvador que me devuelva a mis hijos, a mi esposo y que me salve de la desesperación.

–      ¡Qué me salve Belcebú!

–      ¡A nuestros hijos! ¡A nuestros hijos!

–      ¡A nuestros maridos y padres!

–      ¡Qué nos los devuelva si existe!

Jesús agita los brazos para imponer silencio.

Luego dice:

–      Hermanos de la misma tierra. Gustoso devolvería también la carne, es decir, los hijos.

Pero Yo os digo: sed buenos. Resignaos. Perdonad. Esperad y alegraos con la esperanza.

Regocijaos con la seguridad de que pronto volveréis a tener a vuestros hijos; ángeles en el Cielo, porque el Mesías va a abrir pronto la Puerta del Cielo.

Y si fuereis justos, la muerte será vida que viene y amor que regresa…

Un hombre grita:

–       ¡Ah!… ¡Así que Tú eres el Mesías!…

–       ¡En el Nombre de Dios! ¡Dilo!

Jesús baja los brazos con un ademán dulce y calmado, que parece un abrazo,

Y contesta:

–       Lo Soy.

Esto es como un detonante.

–      ¡Lárgate!

–      ¡Lárgate!…

–       Entonces…

–       ¡Tú tienes la culpa!

Vuela una piedra entre silbidos e insultos.

Judas tiene un bello gesto…

¡Si así hubiera sido siempre!

Se interpone ante el Maestro, con el manto desplegado.

Enfrenta a la multitud enfurecida.

Y sin miedo alguno recibe todas las pedradas.

La sangre le corre por las heridas… pero él parece no advertirlo.

Y dice a Juan y a Simón:

–      ¡Llevaos a Jesús a aquel bosque! ¡Yo iré después! ¡Id, en nombre del Cielo!

Se vuelve hacia la multitud y les grita:

–      ¡Perros rabiosos! ¡Soy sacerdote del Templo! ¡Y al Templo y a Roma os denunciaré!

Todos se paralizan por un momento, por el miedo.

Pero luego retoman las piedras.

¡Y se las arrojan sin ninguna compasión!

Judas las recibe impávido…

Es imposible no pensar:

¡Qué formidable apóstol hubiera sido, si siempre se hubiera mantenido así!

¡Y con injurias responde a las maldiciones que le lanzan!

Aún más. Coge al vuelo una piedra y la revierte contra la cabeza de un viejillo que grazna como garza desplumada.

Y como tratan de atacar la escalerilla.

Rápido toma una rama seca que está tirada en el suelo y le da vueltas sin piedad, azotando espaldas cabezas y manos,

hasta que los soldados acuden y se abren paso con  sus lanzas.

Uno de ellos le pregunta:

–        ¿Quién eres y porqué esta riña?

Judas se sacude la tierra y dice con displicencia:

–        Un judío asaltado por estos plebeyos.

Estaba conmigo un rabí a quién los sacerdotes conocen. ÉL hablaba a estos perros. Pero se han desencadenado y nos atacaron.

–        ¿Quién eres?

–        Judas de Keriot. Pertenecía al Templo, pero ahora soy discípulo del Rabí, Jesús de Galilea.

Soy amigo de Simón el fariseo; de Yocana el saduceo; de Sadoc, el gran escriba; de José de Arimatea, consejero del Sanedrín.

Y todo esto puedes comprobarlo con Eleazar ben Annás, el gran amigo del Procónsul.

–       Lo verificaré. ¿A dónde  vas?

–       Con mi amigo a Keriot y después a Jerusalén.

–       Vete tranquilo. Te cuidaremos la espalda.

Judas da al soldado unas monedas.

Debe ser cosa ilícita pero usual, porque el soldado las toma, saluda y sonríe.

Judas salta…

Y se va brincando y corriendo a campo traviesa, hasta llegar a donde están sus compañeros.

Jesús le pregunta preocupado:

–       ¿Estás muy herido?

Judas contesta alegremente:

–       No es gran cosa, Maestro. Y… ¡Fue por Ti!

Pero también yo me defendí. Aunque creo que estoy todo manchado.

Juan dice:

–        Aquí hay un arroyito.

Y moja un pedazo de tela y limpia la mejilla de Judas al tiempo que le dice:

–        Tienes sangre en la cara.

Jesús agrega:

–        Me desagrada, Judas… Pero mira que decir también a ellos que era judío, según tu sentido práctico…

–        Pero eres judío por nacimiento…  Son unos brutos.

Espero que te habrás convencido Maestro y que no insistirás…

–       ¡Oh, no! No por miedo. Sino porque ahora es inútil. Cuando no se nos quiere, no se maldice y lo mejor es retirarse; rogando por las multitudes que mueren de hambre y que no ven el Pan.

Vámonos por este camino retirado…

Creo que por aquí se puede llegar a Hebrón…

Pastores sí que encontraremos…

Judas se sobresalta y pregunta:

–        ¿Para qué nos den otra apedreada?

–         ¡No! Para decirles “Yo Soy”

Judas levanta los brazos y exclama:

–        ¡Ah! Está perfecto. ¡Diles que eres Dios!

Entonces sí nos irá peor y ahora sí que nos darán de palos. ¡Hace treinta años que padecen por causa tuya!…

Jesús sencillamente dice:

–        Veremos…

23 CONSECUENCIAS EN BELEN


22 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús encabeza el pequeño grupo que camina en fila india por un sendero pedregoso polvoriento, que el sol del estío ha quemado.

Y está bordeado por la hierba que crece bajo la sombra de los grandes olivos, cargados de aceitunas.

Zelote, Juan y Judas de Keriot, le siguen bajo la sombra de los árboles.

El suelo está cubierto con las florecillas del olivo que cayeron después de la fecundación.

Exactamente en donde el camino da una vuelta en ángulo recto, hay una construcción de forma cúbica, sobre la que está una pequeña cúpula.

Está cerrada como si estuviese abandonada.

Más allá se ve un pequeño poblado con numerosas casitas esparcidas.

Simón exclama:

      ¡Allí está el sepulcro de Raquel!

Judas pregunta:

–      Entonces ya casi llegamos. ¿Entramos en la ciudad?

Jesús dice:

       No, Judas. Primero os enseñaré un lugar…Después entraremos en la ciudad.

Y como todavía hay sol y será una noche con luna casi llena, podremos hablar a la población.

     ¿Querrán oírnos?

Han llegado al antiguo sepulcro pintado de blanco.

Jesús se detiene a beber agua, en un pozo cercano.

Una mujer que ha venido a sacar agua, le ofrece,

y Jesús le pregunta:

–      ¿Eres de Belén?

La mujer contesta:

–      Sí. Pero ahora en tiempo de cosecha, estoy con mi marido en este lugar, para cuidar del huerto y los frutos que han nacido. ¿Tú eres Galileo?

–     Nací en Belén; pero vivo en Nazareth de Galilea.

–    ¿También Tú eres perseguido? La familia.

    Pero ¿Por qué dices “tú también”? ¿Hay muchos perseguidos entre los betlemitas?

–    ¿No lo sabes? ¿Cuántos años tienes?

–     Treinta.

–     Si es así…Naciste exactamente cuándo… ¡Oh! ¡Qué desgracia! Pero, ¿Por qué nació Él aquí?

–    ¿Quién?

–     Aquel que era llamado el Salvador. ¡Maldición a esos estúpidos borrachos de cerveza que vieron ángeles en las nubes!

Oyeron voces celestiales en los balidos y rebuznos.

Y en medio de su embriaguez, confundieron a tres miserables con los más santos de la tierra.

¡Malditos sean ellos!… y ¡Quién les creyó!

–      Pero con todas tus maldiciones no explicas lo que sucedió. ¿Por qué maldices?

–      Porque… Óyeme, primero dime: ¿A dónde vas?

–     A Belén. Debo saludar a viejos amigos y llevarles el saludo de mi Madre.

Pero antes necesito saber muchas cosas; porque nosotros los de la familia, hace muchos años que estamos ausentes.

Dejamos la ciudad cuando Yo tenía unos cuantos meses…

–     Antes de la desgracia. Si no te repugna la casa de un campesino, ven con nosotros a compartir el pan y la sal, Tú y tus compañeros.

Hablaremos durante la cena y os daré hospedaje hasta mañana.

Tengo una casa muy pequeña, pero en el pajar hay mucho heno amontonado.

La noche es cálida y serena, creo que podrás dormir.

–      Que el Señor de Israel pague tu hospitalidad. Con gusto voy a tu casa.

–      El peregrino siempre trae bendiciones consigo, vamos.

Pero antes todavía debo echar seis cántaros de agua en las verduras que acaban de nacer.

–      Yo te ayudo.

–      No. Tú eres un señor. Lo dice tu modo de obrar.

      Soy un obrero, mujer,-señala a Juan- y éste es pescador.

Éstos son judíos, hombres de una casta superior. Yo no

Y al decir esto toma el cántaro que estaba junto al brocal del pozo y lo baja.

Los demás preguntan a la mujer:

–       Decidnos donde está la hortaliza.

–       Muéstranosla y la regaremos.

Ella los mira con agradecimiento:

–       Dios os bendiga. Tengo los riñones destrozados con tanto trabajo. Venid…

Y mientras Jesús llena su cántaro.

Los otros tres se van con ella.

Después regresan con dos cántaros vacíos. Los llenan y se van.

Y así lo hacen unas diez veces.

Judas está sonriente y feliz.

Su bello rostro se ilumina al decir:

–      No termina de bendecirnos. Hemos arrojado tanta agua en la hortaliza, que por lo menos dos días, la tierra estará húmeda, Maestro.

Pero… ¿Sabes?… creo que no somos gratos.

Jesús lo mira y pregunta:

–      ¿Por qué lo dices, Judas?

–       Porque se la trae contra el Mesías.

Le dije: “No blasfemes. ¿Acaso no sabes que el Mesías es la mayor gracia para el pueblo de Dios?

Yeové lo prometió a Israel y ¿Tú lo odias?”

Y ella me respondió: “No lo odio a Él.

Sino al que los pastores borrachos y los malditos Magos de Oriente, llamaron Mesías”

Y… puesto que Eres Tú…

–      No importa. Sé que he sido puesto para prueba y contradicción de muchos. ¿Le dijiste Quién Soy Yo?

–      No. No soy un tonto. Quise librar tu espalda y la nuestra.

–      Hiciste bien.

No por las espaldas, sino porque Yo deseo manifestarMe cuando lo considere conveniente. Continuemos…

Después de otros tres cántaros, la mujer los guía hasta una casa que está en medio de la huerta y donde su esposo la está esperando.

Jesús saluda:

–       La paz sea en esta casa.

El hombre responde:

–      Quienquiera que Tú seas, la bendición sea contigo y con los tuyos. Entra.

Y les lleva un lavamanos para que los cuatro se refresquen y se limpien.

Después se sientan a la mesa.

El anfitrión dice:

–      Os agradezco lo que hicieron a nombre de mi mujer. Nunca había tratado a los galileos. Me habían dicho que eran vulgares y buscapleitos.

Pero vosotros habéis sido gentiles y buenos. ¡Estabais ya cansados y trabajasteis tanto! ¿Habéis venido de muy lejos?

Jesús contesta:

–      De Jerusalén.

El hombre se vuelve hacia su esposa y le dice:

–      Mujer. Trae la comida.

Mirando a sus invitados agrega:

–      No tengo más que pan y verduras. Aceitunas y queso. Sólo soy un campesino.

Jesús, sonriendo con dulzura responde:

–      Yo tampoco soy un señor. Soy un carpintero.

–     ¿Tú? ¿Con esos modales?

La mujer interviene:

–      El huésped es de Belén, te lo dije.

Y si los suyos son perseguidos, tal vez habrán sido ricos e instruidos; como Josué de Ur y los otros… ¡Pobres desgraciados!

Jesús interroga:

–      ¿Eran familias betlemitas?

El campesino se asombra:

–      ¿Cómo?… si eres de Belén, ¿No sabes quiénes eran?

La mujer contesta:

–      Se fue antes de la matanza.

El hombre dice:

–      ¡Ah! Comprendo.

De otro modo, nadie hubiera quedado. ¿No has regresado allá?

–      No.

–      ¡Qué desgracia! Encontrarás a muy pocos de los que quieres saludar. Muchos fueron asesinados.

Muchos huyeron. Muchos fueron dispersos y muchos desaparecieron.

Y no se sabe si en el desierto o fueron arrojados a la cárcel, para castigarlos por su rebelión. Más…

¿Quién hubiera podido permanecer inerte; cuando fueron degollados tantos inocentes? ¡No!

¡No es justo que sigan viviendo David y Elías! ¡Mientras tantos inocentes fueron asesinados!

Jesús indaga:

–      ¿Quiénes son esos dos? ¿Y qué fue lo que hicieron?

Massacre of the Innocents, the gothic sculpture in Chartres cathedral

–       En la matanza que hizo Herodes, más de treinta infantes en la ciudad y otros tantos en la campiña; fueron asesinados. Y casi todos eran varones.

Porque en medio de la furia, de la oscuridad, de la confusión; esos crueles hombres arrancaron de las cunas, de los lechos maternos y de las casa que asaltaron, hasta a las niñitas…

Y  las mataron como los arqueros matan a las gacelas que están mamando la leche de su madre. Y bien… ¿Todo esto por qué?…

Porque un grupo de pastores que para no helarse de frío en lo más crudo del invierno; habían bebido mucha cerveza.

Empezaron a delirar diciendo que habían visto ángeles; habían oído cantos celestiales y recibido de ellos indicaciones para encontrar al Mesías…

Y nos dijeron a todos nosotros los de Belén: “Venid y adorad al Mesías, que acaba de nacer” ¡Imagínate! ¡El Mesías en una cueva!

Pero debo reconocer que en realidad todos estábamos ebrios. Hasta yo que en ese entonces era sólo un jovencillo y mi mujer era una niña.

Porque todos creímos y fuimos a ver en una pobre mujer galilea, a la Virgen que da a luz; la misma de la que hablaron los Profetas.

Pero ¡Si estaba con un vulgar galileo, que ciertamente era su marido! Entonces…

¿Cómo podía ser la Virgen?

 

En resumidas cuentas, ¡Creímos!…

Regalos, adoraciones. Los hogares se abrían para hospedarlos…

¡Oh! ¡Pobre Anna! Perdió los bienes, la vida y también a los hijos de su hija mayor; que fue la única que se salvó, porque estaba en Jerusalén.

Perdieron los bienes, porque la casa la quemaron y todo el sembradío fue destruido por órdenes de Herodes.

 

Hasta hoy es un campo desierto, en el que pacen los animales.

Jesús pregunta:

–     ¿Toda la culpa es de los pastores?

El campesino contesta:

–     ¡No! También de tres brujos que vinieron del reino de Satanás. tal vez eran compadres de los otros tres…

¡Y nosotros tan estúpidos que nos sentimos tan honrados!

¡Y el Arquisinagogo! Lo matamos porque juró que las profecías se cumplían exactamente con las palabras de los pastores y  de los Magos.

–     Entonces, ¿Toda la culpa fue de los pastores y de los Magos?

–     No, Galileo. También fue culpa nuestra, nuestra credulidad. ¡Tanto que esperábamos al Mesías! Siglos de espera.

Muchas desilusiones sufridas en los últimos tiempos a causa de los falsos Mesías. Uno era galileo como Tú. Otro se llamaba Teoda.

¡Mentirosos! ¡Ellos Mesías! ¡No eran más que aventureros rapaces en busca de fortuna!

Debía de habernos servido la lección, para que abriésemos los ojos. Por el contrario…

–     Y entonces, ¿Por qué maldecís solamente a los pastores y a los Magos?

Si también vosotros os juzgáis tontos; deberíais de maldeciros a vosotros mismos. La maldición no la permite el mandamiento del amor.

¿Estáis seguros de estar en lo justo? ¡No podría haber sido cierto que los pastores y los Magos hubiesen dicho la verdad que Dios Mismo les reveló!

¿Por qué debe pensarse que fuesen mentirosos?

–     Porque no se habían cumplido los años de la Profecía.

Después lo reflexionamos.

Después que la sangre que enrojeció los tanques de agua y los ríos, nos abrió los ojos del discernimiento.

Con una gran paz, Jesús dice:

–      Y el Altísimo; llevado por un gran amor por su Pueblo; ¿No habría podido anticipar la venida del Salvador?

¿En qué apoyaron los Magos su dicho? Me has dicho que vinieron del Oriente…

–      En sus cálculos sobre una nueva estrella.

–     ¿Y acaso no está dicho: Una estrella nacerá de Jacob y una vara se alzará de Israel?

¿No es Jacob el gran patriarca que vivió en esta tierra de Belén, a la que quiso como a la pupila de sus ojos, porque en ella murió su amada Raquel?…

Y no acaso por boca del profeta, Dios dijo: Brotará un retoño de la raíz de Jesé y saldrá una flor de esta raíz. Isaí, padre de David, nació acá.

El retoño que está en el tronco fue cortado a raíz, con la usurpación de los tiranos. ¿No es acaso la “Virgen” que dará a luz a un niñito sin intervención de hombre, de otro modo no sería virgen, sino por la Voluntad Divina? 

¿Y por esto será el Emmanuel; el Hijo de Dios que será Dios y llevará a Dios al Pueblo como su Nombre lo dice?

¿Y acaso la Profecía no dice que será anunciada a los pueblos de las tinieblas?

¿Esto es a los paganos, con una luz grande; como la estrella que vieron los Magos; la gran luz de las dos profecías: la de Balam y de Isaías?

Hasta la misma matanza que hizo Herodes, ¿Acaso no está profetizada?:

Se ha oído un gran lamento allá arriba…Es Raquel que llora a sus hijos.”

Jesús continúa:

–     Estaba indicado que los huesos de Raquel llorarían lágrimas en su sepulcro de Efratá; cuando a causa del Salvador, hubiera venido la recompensa al Pueblo Santo.

Lágrimas que después se cambiarían en sonrisa celestial, como el arco iris que se forma con las últimas gotas del temporal y que parece decir: ¡Ea! ¡Ahora todo está sereno!

El campesino, no muy convencido, cuestiona:

–    Eres muy docto. ¿Eres Rabí?

–    ¡Sí!

–    Lo creo. Hay luz y verdad en tus palabras.

Sin embargo… todavía hay muchas heridas que manan sangre en esta tierra de Belén, a causa del verdadero o falso Mesías. Nunca le aconsejaría a Él que viniese para acá.

La tierra lo rechazaría como se rechaza a un bastardo, por el que mueren los hijos verdaderos.

Pero, si era Él… murió con los otros degollados.

–     ¿Dónde viven ahora Leví y Elías?

El hombre se pone en guardia y sospecha:

–     ¿Los conoces?

–     No conozco su rostro. Pero… son unos desgraciados y siempre tengo compasión por los infelices.

Quiero ir a verlos.

–     ¡Humm! Serás el primero después de seis lustros.

Aún son pastores y están al servicio de un rico herodiano de Jerusalén que se apoderó de muchos bienes de los que murieron. ¡Siempre hay alguien que gana!

Los encontrarás con los ganados que cuidan, por las vertientes que van a Hebrón.

Pero, te daré un consejo: que los betlemitas no te vean hablar con ellos. Te iría muy mal.

Los soportamos, porque está el herodiano. Si no fuera por eso…

–     Sí. Está el odio. ¿Por qué odiar?

–     Porque es justo. Porque nos hicieron mucho daño.

–     Ellos creyeron hacer un bien.

–     Pero hicieron daño. Y el daño lo tenemos.

Debimos haberlos matado, como ellos mataron con su torpeza. Pero todos estábamos como intoxicados.

Ahora mismo los mataríamos si no estuviera en medio su patrón.

–     Hombre, Yo te lo digo. No hay que odiar. No hay que desear el mal. Aquí no hay culpa. Dilo a los betlemitas:

‘Cuando haya caído el odio de vuestros corazones, veréis al Mesías.

Entonces lo conoceréis porque Él vive. Él ya no estaba cuando sucedió la matanza.

Yo te lo digo: no fue culpa de los pastores, ni de los Magos el que haya sucedido esa desgracia.

Fue Satanás. El Mesías ha nacido aquí.

Ha venido a traer la Luz a la tierra de sus padres. Hijo de Madre Virgen de la estirpe de David, en las ruinas de la Casa de David.

Ha abierto al mundo el torrente de gracias eternas. Ha mostrado la vida al hombre…

El campesino se levanta y señalando la puerta, grita:

–    ¡Largo! ¡Largo de aquí! ¡Sal de aquí Tú, secuaz del falso Mesías! ¡Tú lo defiendes!…

Judas se pone de pie, violento e iracundo.

Toma del brazo al campesino y lo sacude,

al tiempo que dice amenazante:

–     Cálmate, hombre. Soy judío y tengo amigos poderosos. Puedo hacer que te arrepientas del insulto. 

El hombre se atemoriza.

Pero insiste:

–     ¡No! ¡No! ¡Fuera de aquí! No quiero pleitos con los betlemitas. Ni con Roma. Ni con Herodes. ¡Idos de aquí, malditos!…

Jesús siente su corazón destrozado.

Interviene diciendo:

–     Vámonos, Judas. No reacciones. Dejémosle con su rencor. Dios no entra donde hay ira. ¡Vámonos!

Judas amenaza:

–     Sí. Vámonos. Pero me las pagarán.

–     No digas nada. Están ciegos… Y habrá tantos a lo largo de mi camino…

Salen detrás de Simón.

Afuera, detrás de la esquina del pajar, encuentran a la mujer,

que toda contrita les dice:

–      Perdona a mi marido, Señor. –le da unos huevos- Mira, ten. Están frescos. Es lo único que tengo.

Perdónanos. ¿Dónde dormirás hoy?

Jesús los toma y la tranquiliza:

–       No te preocupes. Sé a dónde ir. Tranquilízate en tu buen corazón. Adiós.

Caminan unos metros en silencio.

Después, Judas explota:

–       ¡Es el colmo! ¡Pero Tú…no hacerte adorar! ¿Por qué no hiciste que ese puerco blasfemo besara el lodo?…

¡A tierra! ¡Arrojado al polvo por haberte faltado a Ti! ¡Al Mesías!… ¡Oh! ¡Yo lo hubiera hecho!

¡Los rebeldes tienen  que ser castigados con fuego milagroso! ¡Eso es lo único que los persuade!

–       ¡Oh! ¡Cuántas veces habré de oír lo mismo! ¡Si debiese convertir en cenizas a todo el que me ofenda!… No, Judas. He venido para crear; no para destruir.

–                     Lo que Tú digas. Pero mientras tanto, otros te destruyen.

Jesús no contesta.

Judas está tan furioso, que no comprende en absoluto lo que considera una pasividad inexplicable, pero que es la mansedumbre característica del Hombre-Dios.

Y siguen avanzando en silencio, por el camino bordeado de huertos y olivos cargados de aceitunas.

Más tarde, Simón pregunta:

–     ¿A dónde vamos ahora, Maestro?

–     Venid conmigo. Conozco un lugar…

Judas lo interrumpe todavía más irritado:

–      Pero si nunca has estado aquí desde que huiste. ¿Cómo es que lo conoces?

–      Lo conozco. No es hermoso. Pero estuve una vez ahí.

No es en Belén. Es afuera. Un poco, nada más… Vamos por acá…

Jesús toma la delantera.

Le siguen Simón, Judas y por último, Juan.

En el silencio interrumpido por el roce de las sandalias contra las piedrecillas del camino, se percibe un llanto.

Jesús pregunta volteándose:

–      ¿Quién llora?

Judas contesta:

–       Es Juan. Está atemorizado.

Juan protesta:

–       No. No tengo miedo. Ya tenía la mano en el cuchillo que pende de mi cintura…

Pero me acordé de tu ‘no matar’. Perdona, siempre lo dices.

Judas le pregunta:

–       Entonces ¿Por qué lloras?

–       Porque sufro al ver que el mundo no ama a Jesús. No lo reconoce y no quiere reconocerlo.

¡Oh, qué dolor! Es algo así como si con espinas de fuego me restregasen el corazón. Como si hubiera visto pisoteada mi madre y escupida la cara de mi padre. Todavía peor.

Como si hubiera visto a los caballos romanos profanar el Templo y comer en el Arca Santa y descansar en el lugar donde está el Santo de los Santos.

Jesús lo consuela:

–      No llores, Juan mío. Repetirás lo mismo una y otra vez: Él era la Luz que vino a brillar en las tinieblas, pero las tinieblas no lo comprendieron.

Vino al mundo que Él había hecho, pero el mundo no lo conoció. Vino a su ciudad, a su casa; pero los suyos no lo recibieron.

Juan redobla su llanto.

Y Jesús le pide:   

–        ¡Oh! ¡No llores así!

Juan obedece y suspira:

–        Esto no sucede en Galilea.

Judas, confirma:

–        Pero… ni siquiera en Judea. Jerusalén es la capital y hace tres días que te lanzaban hosannas a Ti, el Mesías.

Aquí, lugar de pastores burdos, campesinos y hortelanos; no se puede tomar como punto de partida.

Los Galileos…

Jesús ordena:

–      Basta, Judas. No conviene perder la calma. Estoy tranquilo. También estadlo vosotros.

Judas, ven aquí. Debo hablarte…

Judas va hacia donde está Jesús,

que le dice:

–     Toma la bolsa. Te encargarás de los gastos de mañana.

Judas pregunta:

–     ¿Y ahora en donde nos albergaremos?

Jesús sonríe y calla.

Dando media vuelta empieza a caminar y todos lo siguen.

EL CARISMA DE SANACIÓN 1


IMITAR AL MAESTRO, ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la casa de Cafarnaúm, se preparan para el Sábado.

Mateo, que cojea todavía, recibe a los compañeros.

Les brinda agua y frutas frescas. Les pregunta sobre las misiones.

Pedro arruga la nariz al ver que hay fariseos vagabundeando cerca de la casa.

Y dice:

–        Tienen ganas de amargarnos el Sábado. Quisiera ir al encuentro del Maestro y decirle que se vaya a Betsaida, para que éstos se queden con un palmo de narices.

Andrés le pregunta:

–      ¿Y crees que el Maestro lo haría?

Y Mateo observa:

–       Además… En la habitación de abajo está el pobre infeliz que lo espera.

Pedro insiste:

–       Podríamos llevarlo en la barca a Betsaida y yo o cualquier otro ir al encuentro del Maestro, que hoy regresa de Corozaím.

Como Felipe tiene a su familia en Betsaida y nada le daría más gusto, dice entusiasmado:

–      Pues vamos…

Pedro agrega:

–       ¡Tanto más que estáis viendo cómo han reforzado la guardia con escribas! Vamos sin perder tiempo. Vosotros con el enfermo, pasáis por el huerto y salís por atrás de la casa.

Yo llevo la barca hasta el pozo de la higuera y Santiago hará lo mismo. Simón Zelote y los hermanos de Jesús, irán al encuentro del Maestro.

Judas de Keriot grita:

–        ¡Yo no voy con el endemoniado!

–       ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que se te pegue el demonio?

–        No me hagas enojar, Simón de Jonás. Dije que no voy y no voy.

–        Ve con los primos al encuentro de Jesús.

–         No.

–         ¡Uf! Ven en la barca.

–         No.

–         En resumidas cuentas… ¿Qué es lo que quieres? Eres siempre el de los obstáculos…

–        Quiero quedarme en donde estoy. No temo a nadie y no me escapo. Por otra parte, el Maestro no estaría contento con ello.

Sería causa para otro sermón de reproche y no me lo quiero merecer por vuestra culpa. Id vosotros. Yo me quedaré a informar…

Pedro grita:

–        ¡Así no! Todos o nadie.

Zelote, que estaba mirando hacia el camino, dice muy serio:

–        Entonces nadie. Porque el Maestro ya está aquí. Vedlo que se acerca.

Pedro disgustado, rezonga entre la barba y va a encontrar a Jesús con los demás.

Y después de los saludos le dicen del endemoniado ciego y mudo que con los familiares le esperan desde hace mucho tiempo.

Mateo explica:

–          Está como inerte. Se echó sobre unos sacos vacíos y de allí no se ha movido. Los familiares tienen confianza en Ti. Ven a tomar algo y luego lo curarás.

Jesús objeta:

–          No. Voy al punto donde está él. ¿En dónde?

–          En la habitación de abajo, cerca del horno. Allí lo puse junto con sus familiares. Porque hay muchos fariseos y también escribas que parecen estar al asecho.

Pedro refunfuña:

–         Es cierto. Y sería mejor no darles gusto.

Jesús pregunta:

–        ¿No está Judas de Simón?

Pedro vuelve a rezongar:

–         Se quedó en casa. Siempre hace lo que otros no hacen.

Jesús lo mira pero no reprende.

Se apresura a ir a la casa. Saluda a Judas, que parece muy ocupado en acomodar los trastes.

Jesús dice:

–          Sacad al enfermo.

Un fariseo extraño a Cafarnaúm, replica:

–        No es un enfermo. Es un endemoniado.

–        Es siempre una enfermedad del espíritu…

–        Le ha impedido el ver y el hablar.

–        La posesión es siempre una enfermedad del espíritu, que se extiende a los miembros y a los órganos. Si me hubieses dejado terminar; hubieras sabido que me refería a esto.

También la fiebre está en la sangre cuando uno se enferma. Y luego, a través de la sangre, ataca las diferentes partes del cuerpo. 

Por eso para usar del Carisma de Sanación con éxito, debemos averiguar DÓNDE está el problema.

Ahora hay muchos enfermos, con la POSESIÓN DIABÓLICA PERFECTA, como la de Judas. 

El fariseo no puede replicar más y se calla.

Llevan al endemoniado ante Jesús.

Se ve inerte y aniquilado.

La gente se agolpa, junto con los notables de Cafarnaúm, los fariseos, escribas, Jairo y un centurión romano, con otros gentiles.

Cuando “vemos” cuales son los demonios autores del tormento y con el Don de ciencia infusa, también conocemos cómo entraron…

Haciendo el ademán de imperio, Jesús ordena:

–        ¡En Nombre de Dios, deja las pupilas y la lengua de éste! Lo quiero. Sal de ésta criatura. Ya no te es lícito tenerla. ¡Largo!

El milagro se desenvuelve con un grito de rabia del demonio…

Y termina con uno de alegría del liberado que exclama:

–        ¡Hijo de David! ¡Hijo de  David! ¡Santo Rey!

Jesús comisiona a los apóstoles
14. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.
15. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.
16. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
17. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
18. agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
La ascensión
19. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
20. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Un escriba pregunta:

–       ¿Cómo supo que fue Él quien lo curó?

Otro fariseo contesta:

–       ¡Si todo es una comedia!

–       ¡Esta gente ha sido pagada para representarla! –contesta uno más alzando los hombros.

Jairo el sinagogo replica:

–      ¿Quién le pagó? ¿Se puede saber?

–       Tú también.

–       ¿Con qué fin?

–       Para hacer célebre Cafarnaúm.

–       No envilezcas tu inteligencia, diciendo estupideces. Y tu lengua, ensuciándola con mentiras. Sabes que no es verdad. Y deberías comprender que estás repitiendo una sandez.

Lo que sucedió aquí, ha sucedido en muchas partes de Israel. ¿Habrá siempre quién pague?

Yo no sabía que la plebe fuese tan rica, pues es la única que ama al Maestro.

–        Tú eres el sinagogo y lo amas.

–        Allí está Mannaém, el hermano de Herodes. En Bethania está Lázaro, el hijo de Teófilo.

–       Ellos no pertenecen a la plebe.

–       Pero ellos y yo somos honestos. No engañamos a nadie y menos en asuntos de creencia. No nos lo permitimos, pues tememos a Dios y a Él le agrada la honestidad.

Los fariseos le dan la espalda a Jairo y atacan a los familiares del curado:

–        ¿Quién os dijo que viniesen aquí?

–         Muchos que fueron sanados.

–         ¿Qué os dieron?

–        ¿Darnos? La seguridad de que Él lo sanaría.

–        ¿Pero de veras estaba enfermo?

–         ¡Oh, cabezas fraudulentas! ¿Pensáis que todo esto fue una pantomima? Si no nos creéis vayan a Gadara y preguntad por la desgracia de Anna de Ismael.

Se arma una discusión entre los que creen y  los que no creen.

Un escriba dice desdeñoso:

–       Pero no aumentéis el fanatismo del pueblo con vuestras afirmaciones.

–       ¿Y qué es entonces, según vosotros?

–       ¡Un Belzebú!

Varios gritan al mismo tiempo:

–       ¡Lenguas de víboras!

–       ¡Queréis quitarnos la alegría del Mesías!

–       ¡Blasfemos!

–       ¡Usureros!

–       ¡Ruina nuestra!…

Y se enciende más la disputa.

Jesús que había ido a la casa a beber un poco de agua, se asoma al umbral a tiempo para oír la necia acusación farisea:

–        Este es un Belcebú, porque los demonios lo obedecen. 

–        El gran Belcebú, su padre le ayuda y es con su poder que arroja a los demonios.

Jesús se acerca derecho y severo; pero tranquilo. Se detiene frente al grupo de escribas y fariseos.

Los mira agudamente y les dice:

–         Aún en la tierra vemos que un reino dividido en partidos contrarios, se debilita internamente…

Y en un larguísimo discurso habla de la astucia y la maldad de Satanás que vive para ‘robar, dañar, mentir, ofender, meter confusión, destruir…’

Del pecado contra el Espíritu Santo y de la posesión diabólica. 

NUESTRA MISIÓN ESTÁ PRIMERO

Casi ha terminado cuando dicen a Jesús:

–         Maestro, están tu Mamá y tus hermanos.

–         Da orden de que se aleje la gente, para que puedan acercarse a Ti, pues tienen una razón importante que los obligó a venir a buscarte.

21. Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» 22. Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.» MATEO 8

Jesús levanta su cabeza y ve el rostro angustiado de María que lucha por no llorar, mientras que José de Alfeo, le habla irritado con gestos enérgicos.

Y la cara de Simón, claramente afligida y disgustada…

Pero Jesús no sonríe y no da ninguna orden.

Deja a la Afligida en su dolor y a sus primos, donde están.

Mira a la multitud y responde a los apóstoles que están cerca y que tratan de hacer valer la sangre sobre el deber.

Solamente dice:

–       ¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos?

Gira los ojos. Hay severidad en su rostro, que palidece por la violencia que debe hacerse a Sí Mismo, para colocar el deber sobre el afecto y la sangre.

Y lograr negar su unión con su Madre, para servir al Padre.

Señala con un largo ademán a la multitud que se aprieta a su alrededor.

–      He aquí mi madre. He aquí a mis hermanos. Los que hacen la voluntad de Dios, son mis hermanos y hermanas, son mi madre. No tengo otros.

Los míos serán esto si cumplen la Voluntad Divina y con mayor perfección que cualquier otro;

en hacer la voluntad de Dios hasta el sacrificio total de cualquier otro querer o voz de sangre y de afectos.

La multitud ruge como un mar agitado por el viento.

Estaban al acecho por si curaba en Sábado.

Los escribas son los primeros en huir diciendo:

–        ¡Es un demonio! ¡Reniega hasta de su sangre!

Los parientes, hermanos de Judas Tadeo y Santiago de Alfeo, se adelantan:

–        ¡Es un loco!

–        ¡Tortura hasta a su madre!

Los apóstoles:

–       En verdad que en esta palabra concentra todo el heroísmo.

La multitud dice:

–       ¡Cómo nos ama!

A duras penas, María con José y Simón, se abren paso.

María toda dulzura. José, todo rabia. Simón, todo turbado.

Llegan hasta Jesús.

José al punto lo ataca:

–        Eres un loco. Ofendes a todos. No respetas ni siquiera a tu Madre. Pero ahora estoy aquí y te lo impediré. ¿Es verdad que vas de acá para allá como trabajador?

Si es verdad, ¿Por qué no trabajas en tu carpintería, para alimentar a tu Madre?

¿Por qué mientes diciendo que tu trabajo es la predicación? Ocioso e ingrato que eres; si luego vas a buscar en casa ajena un trabajo remunerado. ¡Responde!

Jesús se vuelve.

Toma de la mano al niño, lo levanta sosteniéndolo por las axilas y dice:

–        Mi trabajo fue para dar de comer a este inocente y a su familia. Y persuadirles de que Dios es Bueno. Se predicó a Corozaím la humildad y la caridad.

Y no sólo a Corozaím, sino también a ti José, hermano injusto. Te perdono porque sé que la sierpe te mordió. 

Con el Don de DISCERNIMIENTO, Jesús SABE lo que Satanás hizo a través de Judas y ahora TAMBIÉN TRATA DE IMPEDIR  que realice su MISIÓN.

Te perdono a ti también, Simón inconstante. A mi Madre no tengo nada que perdonar, ni Ella a Mí, porque juzga con justicia. Que el mundo haga lo que quiera.

Yo hago lo que Dios quiere. Y con la bendición del Padre y mi Madre soy más feliz; que si todo mundo me aclamase como Rey suyo.

Satanás siempre NOS ATACA o nos obstaculiza con lo que más amamos.

Ven Madre, no llores. Ellos no saben lo que hacen. Perdónalos.

María dice:

–        ¡Oh, Hijo! ¡Yo sé! Tú sabes. No hay nada que decir…

–         No hay otra cosa qué decir, más que: ‘Idos en paz.’

Jesús bendice a la multitud y tomando de la mano a María, sube la escalera…

 

EL VERDADERO TEMPLO


1jardin imperial

Jesús está con sus apóstoles y sus discípulos, después de haber descansado en este arduo miércoles de Pascua.

Mannaém llega y se excusa porque no puede estar con Él y que al día siguiente no podrá ir al Templo y estar a su lado, porque tiene que estar en su palacio y arreglar unos asuntos muy importantes que tiene pendientes.

Y al decirlo mira fijamente a Pedro y a Simón.

Pedro hace una casi imperceptible señal con la cabeza, como diciendo: ‘Comprendido’

Salen del jardín real. El sol declina hacia su crepúsculo, pero todavía hace calor. Matías, el discípulo pastor, se acerca al Maestro y…

Matías le pregunta:

–      Señor y Maestro mío, mis compañeros y yo hemos meditado mucho en tus palabras y si hemos entendido bien, predices que muchas cosas cambiarán aunque la Ley quede inmutable. Que se deberá edificar un nuevo Templo con nuevos profetas, doctores y escribas, contra el que se trabarán batallas y no morirá. Mientras que éste, si es que entendemos bien; está destinado a desaparecer…

Jesús responde:

–      Lo está. Recuerda la profecía de Daniel…(cap. 9)

–      Dijiste ayer que cuando crean haber destruido al verdadero Templo… ¿Y éste no es el verdadero? Entonces subirá triunfante a la Nueva Jerusalén… ¿Dónde está? Hay  mucha confusión entre nosotros.

–      Lo comprendo. Que los enemigos destruyan si quieren el verdadero Templo y en tres días volveré a edificarlo. Y no volverá a ser objeto de asechanzas, porque subirá a donde el hombre no puede hacerle daño.

Respecto al Reino de Dios, él está en vosotros y donde hay hombres que crean en mí. Se extenderá por la tierra con el correr de los siglos y después será eterno, unido y perfecto en el Cielo.

En el Reino de Dios, será edificado el Nuevo Templo; esto es, donde hay espíritus que acepten mi Doctrina y pongan en práctica sus preceptos. La unión de todos los que tengan a Dios en sí, constituirán el gran Reino de Dios sobre la tierra, la Nueva Jerusalén que llegará a extenderse por todos los confines del mundo.

Vosotros sólo le tendréis que dar vuestra buena voluntad, que consiste en permanecer en Mí, estar unidos y vivir mi Doctrina. Unidos a Mí, hasta formar un solo cuerpo. El Templo Nuevo mi Iglesia, surgirá sólo cuando vuestro corazón hospede a Dios. Él con vosotros piedras vivientes, edificará su Iglesia.

Yo soy la Cabeza Mística. Y Pedro es su cabeza visible. Porque Yo regreso al Padre y os dejo la Vida, la Luz, la Gracia; por medio de mi Palabra. Por medio de mis padecimientos. Por medio del Paráclito que será Amigo de los que han sido fieles. Yo Soy una sola cosa con mi Iglesia, mi cuerpo espiritual, de quién Soy Cabeza.

En la cabeza están el cerebro y la mente. La mente es el asiento del saber. El cerebro es el que dirige los movimientos de los miembros con sus órdenes que no son materiales y son capaces de hacerlos que se muevan, más que cualquier otro estímulo.

Un cadáver, aunque tenga cerebro, no se mueve. Necesita estar vivo. Un hombre idiota está vivo; pero es incapaz de realizar los movimientos instintivos y rudimentarios de un animal inferior. Ved a un hombre al que la parálisis ha roto el contacto del cerebro, con uno o varios de sus miembros: no hay movimiento.

Si la mente dirige con sus órdenes inmateriales, hay otros sentidos cuyos órganos comunican sus sensaciones  a la mente. Y hay otras partes del cuerpo que ejecutan y hacen ejecutar lo que la mente, a la que le han avisado los órganos materiales y visibles, ordena.

La mente tiene necesidad de los órganos y de los miembros, para obrar lo que ella quiere. De igual forma en mi cuerpo espiritual que es mi Iglesia, Yo seré la Inteligencia.

Y en la cabeza que es su asiento, Pedro y sus colaboradores serán los que vean las reacciones, perciban las sensaciones y las transmitan a la mente; para que ilumine y ordene todo lo que hay que practicar, para el bien de todo el Cuerpo.

Y ellos iluminados y dirigidos por orden mía, hablen y guíen a las otras partes del cuerpo, para que alcancen un bien y una ganancia espirituales. 

Mi Iglesia ya existe, porque tiene su Cabeza sobrenatural. Su Cabeza Divina. Y posee sus miembros: los discípulos.

Es pequeña todavía. Es una semilla que se está formando. Perfecta únicamente en su Cabeza. Además, necesita tiempo para crecer. En verdad os digo que la Iglesia ya existe y ya es Santa por su Cabeza y por la buena voluntad de los justos que la componen.

Santa e invencible. Contra Ella lanzará batalla una y mil veces y de todas las formas posibles, el Infierno compuesto de Demonios y de hombres-demonios…  Pero no prevalecerán. El edificio no se derrumbará. Porque Yo Mismo lo edifico, con la piedra viva de mi Carne Inmolada. Uno sus partes con la mezcla hecha de sudor y de sangre.

Cuando esté en mi trono cubierto de una púrpura viva, coronado con una nueva corona… Los que estén lejos me verán. Trabajarán en mi Templo y alrededor de él. Yo Soy el cimiento y la cúspide.

Yo Mismo labraré mis piedras y elegiré a mis albañiles. Así como el Padre, el Amor, el hombre y el Odio, me han desbastado.

Y cuando en un solo día la Iniquidad haya sido quitada de la Tierra, sobre la piedra del Sacerdote ‘in-aeternum’ Vendrán los siete ojos a ver a Dios y las siete fuentes arrojarán agua, para apagar el fuego de Satanás.

Mi Iglesia, antes de que haya terminado la Hora del Mundo, tendrá su fúlgido triunfo. En nada se diferencia la vida del Cuerpo Místico, de lo que fue la Vida de Cristo.

Se dará el ‘Hosanna’ en la víspera de la Pasión, cuando los pueblos prendidos por la fascinación de la Divinidad, doblen sus rodillas ante el Señor.

Sobrevendrá después la Pasión de mi Iglesia militante y por último, la gloria de la Resurrección Eterna en el Cielo.

¡Oh, día venturoso aquel en que habrán terminado para siempre las insidias, las venganzas, las luchas de esta tierra, las de Satanás y las de la carne! Mi Iglesia entonces se hallará compuesta de verdaderos cristianos.

Esto será así en el penúltimo día. Serán pocos como al principio. Su final, como lo fue en su comienzo, será en santidad. 

Jesús calla pensativo.

Luego mira a su alrededor y ordena:

–      Sentémonos aquí a descansar un poco.

Se sientan sobre una pendiente del Monte de los Olivos, frente al Templo que ilumina el sol poniente.

Jesús mira fijamente ese lugar, con infinita tristeza.

Los demás se enorgullecen de su belleza, pero sienten una vaga inquietud por las palabras del Maestro… ¿Toda esa grandiosa belleza tiene que desaparecer?…

Pedro y Juan hablan entre sí.

Luego Pedro se dirige al Maestro:

–       Señor. Explícanos cuando sucederá tu profecía de la destrucción del Templo. Daniel habla de ella. Pero si fuese como él y Tú decís, pocas horas le quedan al Templo. Explícanoslo, para que podamos saberlo…

Jesús anuncia su regreso al Fin de los Tiempos, la destrucción de Jerusalén y el Fin del mudo. Y de todas las señales que acompañarán estos acontecimientos. (Mateo 24)

Y finaliza diciendo:

–         Esto es lo que sucederá. Ahora idos. Que no haya divisiones entre vosotros. Me llevo a Juan. Estará con vosotros a la mitad de la primera vigilia, para la cena y para ir después a vuestras instrucciones.

Judas se lamenta:

–        ¿También esta noche? ¿Vamos a hacer lo mismo cada día? Me siento mal con la intemperie. ¿No sería mejor ir a alguna casa amiga? ¡Estar siempre bajo las tiendas! Siempre en vela y en las noches que son frías y húmedas…

Jesús contesta:

–         Es la última noche. Mañana… será diferente.

–        ¡Ah! Pensaba que querías ir al Getsemaní todas las noches. Pero es la última…

–         No he insinuado esto, Judas. Dije que será la última noche que pasemos juntos en el Campo de los Galileos. Mañana prepararemos la Pascua y comeremos el cordero. Después iré Yo solo a orar al Getsemaní y podréis hacer lo que mejor os parezca.

 

Pedro dice:

–         ¡Vendremos contigo, Señor! ¡Nunca tenemos ganas de dejarte!

Iscariote está contento de poder acusarlos y replica:

–         Tú cállate que no tienes derecho a hablar. Tú y Zelote no hacéis más que revolotear de aquí para allá, en cuanto no os ve el Maestro. No os pierdo de vista… En el Templo… Durante el día… En las tiendas de allá arriba…

Jesús exclama:

–         ¡Basta! Si lo hacen, hacen bien. Pero no me dejéis solo… Os lo ruego…

Zelote protesta:

–          Señor, no hicimos nada malo. Créelo. Dios conoce nuestras intenciones y nuestras acciones. Y sus ojos no se apartan de ellas con disgusto.

–          Lo sé. Pero es inútil. Lo que es inútil, puede causar daño. Estad unidos lo más posible. ¡Velad! Tened listo vuestro espíritu. La paz se quede con vosotros…

Toma a Juan de la mano y se aleja con él hacia la ciudad.

Los demás se van al Campo de los Galileos.

Por la noche, después de su regreso y de haber cenado…

Jesús dice a sus apóstoles:

–         Confiar un secreto es prueba de amor, de la estima que se tiene en quien se confía. Sé que habéis hecho llover preguntas y más preguntas sobre Juan, para saber que le dije cuando estuvimos solos. Y no habéis creído cuando afirmé que no le dije nada, sino que tan solo estuvo conmigo. Tiene razón. Fue suficiente que tuviese a alguien cerca de Mí.

Judas pregunta con cierta altanería:

–       ¿Y porqué él y no otro?

Pedro, Tomás y Felipe reiteran:

–        Tiene razón.

–        ¿Por qué lo escogiste a él y no a otros?

Jesús responde a Iscariote:

–        ¿Hubieras querido ser tú? ¿Te atreves a pedirlo?  -y volviéndose a todos, agrega-  Os diré porqué él.

Era una fresca mañana de Adar. Yo era un desconocido que caminaba por el camino cercano al río. Regresaba del desierto; cansado, polvoriento, pálido por el ayuno, la barba crecida, las sandalias rotas. Parecía Yo un mendigo por los caminos del mundo…

Y él me vio. Me reconoció como Aquel sobre el que había bajado la Paloma del Fuego Eterno. Los ojos que había abierto la penitencia del Bautista y que la pureza conservó angelicales, vieron lo que otros no. Y conservaron aquella visión…

Cuando dos meses después encontró al caminante empolvado, sus ojos se abrieron y su alma me reconoció. Me amaba. Y una boca que temblaba de emoción me dijo: “Te saludo, Cordero de Dios”

¡Oh, Fe de los puros que eres tan grande! No conocía mi Nombre. No sabía Quién era Yo, de dónde venía, ni que hacía. Si era rico o pobre. Le creyó a Juan y se separó de él. Vino al Mesías en la constelación del Cordero.

1aries

Y desde aquel momento han pasado tres años. Se ha mantenido fiel y fijo a Mí, como una estrella de luz pura, junto a su polar. Dejadme que mire su luz. Dos serán las luces durante las tinieblas del Mesías: María y Juan.

Pero será tanto el dolor que apenas si los podré ver. Dejad que imprima en mi pupila esos cuatro ojos que son pedazos de Cielo entre pestañas rubias, para llevar conmigo un recuerdo de pureza.

¡Todo el Pecado! Todo sobre la espalda del Hombre… ¡Oh, gota de pureza!… ¡Mi Madre! ¡Juan! ¡Y Yo!… Tres náufragos que salen del naufragio de una humanidad, en el Mar del Pecado…

Y Jesús sigue con las profecías que describen al Hombre de Dolores; al Redentor…

Finalizando con el Salmo veintiuno:

–       ¡Y todavía no hay compasión! Una jauría de perros me ataca. En mis heridas se clavan sus mordidas y sobre éstas los golpes. No queda en Mí un solo lugar en que no haya mordeduras. Mis huesos suenan porque se les ha estirado cruelmente.

No sé donde apoyar mi cuerpo. La dolorosa corona es un círculo de fuego, que penetra los huesos de mi cabeza. Estoy colgando de las manos y mis pies están atravesados. Elevado muestro al mundo y todos pueden contar mis huesos… 

1jcespinas

Juan dice entre sollozos:

–       ¡Cállate! ¡Cállate!

Los primos de Jesús suplican:

–        ¡No digas más! ¡Nos haces morir!

Andrés no habla, pero tiene la cabeza entre las rodillas y llora en silencio. Simón está pálido. Pedro y Santiago de Zebedeo, parecen dos torturados.  Felipe, Tomás y Bartolomé parecen tres estatuas de piedra, reflejando lo que es la angustia.

Judas de Keriot es una máscara macabra, demoníaca. Semeja un condenado que finalmente se da cuenta de lo que hizo.

Con la boca abierta parece que quiere lanzar un aullido que sale espontáneo, pero que no deja escapar. Está mudo, con los ojos dilatados, espantados; como los de un loco.

Con las mejillas cenizas bajo el velo oscuro de su barba rasurada. Con los cabellos despeinados porque se los descompuso con la mano. Está sudando frío y parece próximo a perder el sentido.

Mateo que ha levantado su cara aterrorizada, lo ve y grita:

–       ¡Judas! ¡Te sientes mal!… ¡Maestro! ¡Judas está mal!

Jesús responde:

–       También Yo. Pero Yo sufro en paz. Haceos espíritus para soportar la Hora. Uno que sea ‘carne’ no podrá vivirla sin enloquecer.

Mateo repite su pregunta:

–        Judas, ¿Te sientes mal?

El Apóstol Traidor inclina la cabeza

Aspira profundo y cuando vuelve a levantarla, todo rastro de tormento ha desaparecido. Sus ojos están vacíos de cualquier expresión. Su mirada se ha oscurecido por completo.

Y  Judas contesta serenamente:

–        Está bien. Ya pasó. Fue solo un malestar pasajero.

Jesús continúa con su exposición del Salmo 21…

Y finaliza diciendo:

–       Todo ha merecido porque todo lo dio. Todo se le entregará porque entregó su vida a la muerte y fue contado entre los malhechores. Él, que no había cometido ningún pecado. Él, que no hizo más que amar perfectamente, con una bondad infinita.

Dos culpas que el mundo no perdona: su amor y su bondad. Dos motivos que lo impelieron a tomar sobre Sí, los pecados de todo el Mundo y a rogar por los pecadores. Por todos los pecadores, aún por aquellos que lo condenaron a muerte.

He terminado. No tengo más que agregar. Todo cuanto tenía que deciros sobre las profecías mesiánicas, os lo he dicho. Todo lo que habla desde mi nacimiento hasta mi muerte, os lo he ilustrado para que me conozcáis y no tengáis dudas. Y para que no aleguéis excusa de vuestro pecado…

Ahora oremos juntos. En esta última noche, podemos hacerlo así, cual granos de uva en el racimo.

Venid. Oremos. “Padre Nuestro que estás en los Cielos, Santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino. Hágase tu Voluntad en la Tierra como en los Cielos. Danos hoy nuestro pan. Perdónanos nuestras ofensas, como perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes que entremos en la tentación y líbranos del Mal. Así sea.”

“Sea santificado tu Nombre” Padre Yo lo he santificado. Ten piedad de tu Retoño.

“Venga tu Reino” Muero para fundarlo. Ten piedad de Mí.

“Hágase tu Voluntad” Ayuda a mi debilidad. Tú que creaste el cuerpo del hombre y con él revestiste a tu Verbo; para que aquí abajo te obedeciera como te he obedecido en el Cielo. Ten piedad del Hijo del Hombre.

“Danos el Pan.” Un pan para el alma. Un pan que no es e esta tierra. No lo pido para Mí. No tengo necesidad sino de tu consuelo espiritual. Yo cual mendigo, extiendo mi mano por ellos. Dentro de poco será atravesada y enclavada y no podrá dar muestras de amor.

Padre, concédeme darles el Pan que diariamente fortifique la debilidad de los pobre hijos de Adán. Son débiles, Padre. No pueden hacer nada porque no tienen el Pan que es fuerza. El Pan angelical que espiritualiza al hombre y hace que en nosotros se divinice.

“Perdónanos nuestras ofensas”…

Jesús, que ha estado de pie y con los brazos abiertos, se arrodilla. Levanta al Cielo un rostro pálido por el esfuerzo de la súplica, bañado de lágrimas que los rayos de la luna besan e iluminan…

 Y continúa:

–        Perdona a tu Hijo, ¡Oh Padre! Si en algo te faltó. A tu perfección puede parecer todavía imperfecto; Yo tu Mesías, sobre quién pesa la carne. A los hombres… no parecerá. Mi inteligencia me asegura que hice todo por ellos. Perdona a tu Jesús…

Yo también perdono; para que me perdones como Yo perdono. ¡Cuánto debo perdonar! ¡Cuánto!… Y con todo, lo hago. Perdono a éstos que están aquí presentes, a los discípulos ausentes, a los sordos de corazón. A mis enemigos;  a los que se burlarán de Mí, a los traidores, asesinos, deicidas…

En una palabra, perdono a todo el linaje humano. Por lo que a Mí toca padre, perdono toda ofensa que el hombre haya cometido contra Mí. Muero para dar  todos tu Reino. No quiero que se tenga en cuenta como señal de condenación, que se haya ofendido al Verbo Encarnado. ¿No? ¿Dices que no?…

¡Oh! ¡Me duele!  Este ‘No’ derrama en mi corazón las primeras gotas del amargo cáliz. Padre a quién siempre he obedecido, te digo: “Hágase como Tú quieres” 

“No nos dejes caer en la tentación” ¡Si quieres puedes alejar de nosotros al Demonio! Él es la Tentación que incita la carne, la mente, el corazón. Él es el Seductor. ¡Aléjalo Padre!

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

¡Que esté a nuestro lado tu Arcángel, que aparte lo que nos puede hacer mal desde el momento en que se nace, hasta el de la muerte!… ¡Oh, Padre Santo, ten piedad de tus hijos!

“Líbranos del mal” Tú lo puedes. Nosotros lloramos aquí… Es muy hermoso el Cielo y tenemos miedo de perderlo. Tú dices: ‘Mi Sangre no puede perderlo’ Pero Yo quiero que veas en Mí al Hombre, al Primogénito de los hombres.

Soy su hermano, ruego por ellos y con ellos. ¡Padre, ten piedad! Sí, ¡Piedad!…

Jesús se inclina hasta la tierra.

 

Luego se levanta y dice:

–                       Vámonos. Despidámonos esta noche. Mañana a esta hora, no lo podremos hacer. Estaremos muy aturdidos… Y no hay amor donde hay turbación. Démonos el ósculo de paz.

Mañana… Mañana cada uno dependerá de sí mismo…

Los besa uno por uno, comenzando por Pedro; luego Mateo, Simón, Tomás, Felipe, Bartolomé, Judas de Keriot, Tadeo y Santiago; Santiago de Zebedeo, Andrés y Juan; sobre el que se apoya mientras salen del Getsemaní…

1getsemani

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

D95 CRIMEN DE ODIO 4


CUMPLIMIENTO

El papa Francisco critica a los países que generan conflictos bélicos y después rechazan recibir a los refugiados

Publicado: 3 jul 2019 18:50 GMT

En el vídeo publicado este miércoles por el Vaticano el Papa denunció a los países que fabrican armas e insistió en que nadie debe permanecer excluido del mundo.

El papa Francisco critica a los países que generan conflictos bélicos y después rechazan recibir a los refugiados

El Papa Francisco hablando durante una reunión con los niños en el Vaticano, el 8 de junio de 2019.
Remo Casilli / Reuters

En un videomensaje especial emitido por el Vaticano con motivo de la próxima celebración de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el papa Francisco reprueba a los países que generan las guerras y no quieren hacerse cargo de sus consecuencias.

El pontífice critica el mundo actual, enfatizando que “cada día es más elitista y cada día es más cruel con los excluidos”, especificando que no solo se refiere a los “migrantes” y que él aboga por “no excluir a nadie”.

El papa continúa afirmando que “los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados”.

“Las guerras afectan solo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no requieren hacerse cargo de los refugiados, no quieren, no aceptan a esos refugiados que dichos conflictos bélicos generan”, lamenta el jefe de la Iglesia católica.

A continuación el papa pregunta: “Muchas veces se habla de paz pero se venden armas. ¿Podemos hablar de una hipocresía en este lenguaje?”.

“Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja solo las ‘migajas’ del banquete”, agrega.

Al final de su alocución hace hincapié en que “el desarrollo exclusivista hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres”, mientras que “el auténtico desarrollo es inclusivo, es uno que pretende incluir a todos los hombres y mujeres del mundo, promoviendo su crecimiento integral y preocupándose también por las generaciones futuras.

El verdadero desarrollo es inclusivo y fecundo, lanzado hacia el futuro”.

El lema ‘No se trata solo de migrantes’ fue elegido por el papa para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 29 de septiembre de 2019.

México: “Hacemos lo que nunca se había hecho: damos trabajo a los migrantes para que la migración sea opcional, no forzada”

Publicado: 6 jul 2019 02:54 GMT | Última actualización: 6 jul 2019 05:54 GMT

El mandatario mexicano se pronunció acerca del plan de desarrollo para Centroamérica y destacó avances de su país al respecto.

México: "Hacemos lo que nunca se había hecho: damos trabajo a los migrantes para que la migración sea opcional, no forzada"

El presidente Andrés Manuel López Obrador en conferencia en Palacio Nacional, el 7 de junio de 2019.
Edgard Garrido / Reuters

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, aseguró este viernes que su Gobierno está ordenando el flujo migratorio, como “nunca se había llevado a cabo” en ninguna parte del mundo, a través del plan de desarrollo para Centroamérica.

A casi un mes de que los Gobiernos de Donald Trump y de López Obrador alcanzaran un acuerdo que deja en suspensión la imposición de aranceles a los productos provenientes de México, a cambio de controlar el flujo migratorio hacia EE.UU., el mandatario aseguró que se están respetando los derechos humanos de los migrantes.

“Se están dando opciones de trabajo a los migrantes con el propósito de que la migración sea opcional, no forzada”, algo que “no se había hecho nunca en ninguna parte del mundo” porque “solo se pensaba en el uso de la fuerza, en medidas coercitivas”, señaló López Obrador a su llegada a Tapachula, en el estado de Chiapas.

El mandatario mexicano señaló que se está respetando la ley y que se le están dando oportunidades a los migrantes, como parte del Plan de Desarrollo para Centroamérica con una inversión conjunta de 10.000 millones de dólares, uno de los pilares de su Administración.

Reconocimiento de Trump

El lunes, Trump descartó temporalmente la imposición de aranceles a México debido a que su homólogo está haciendo un “gran trabajo” en contener los flujos migratorios.

Para cumplir con la demanda de Washington, el Gobierno de López Obrador autorizó el despliegue de 6.000 elementos de la Guardia Nacional en 23 cruces fronterizos al sur de la nación latinoamericana.

Del 29 de enero al 30 de junio de 2019, EE.UU. ha enviado a México 16.714 migrantes procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador que desean obtener asilo en territorio estadounidense, según datos del Instituto Nacional de Migración (INM).

Un informe alerta sobre las condiciones infrahumanas en centros de detención de migrantes

Publicado: 3 jul 2019 01:29 GMT | Última actualización: 3 jul 2019 09:34 GMT

El documento llama la atención sobre el crecimiento en un 124 % del número de personas que permanecen en esas instalaciones desde el año pasado.

Un informe de auditores del Gobierno de EE.UU., difundido este martes, da cuenta de impactantes imágenes que exhiben un “serio hacinamiento” de personas en las instalaciones de la Patrulla Fronteriza, incluida la de un hombre que muestra por la ventanilla de una celda un pedazo de cartón con la palabra “auxilio“.

Con este documento, se insta al Departamento de Seguridad Nacional a tomar medidas en cuanto a las condiciones en los centros de detención de las personas migrantes sin documentos.

Entre otros datos, el reporte que lleva por nombre ‘Alerta de gestión‘ llama la atención sobre el crecimiento en un 124 % del número de migrantes que permanecen en estas instalaciones desde el año pasado; algunos de ellos sin tomar un ducha en un mes, aunque los estándares de estos sitios indican que no deben pasar más de 72 horas para ello.

El informe exhorta a solucionar los peligros de hacinamiento de niños y adultos, particularmente en las instalaciones de Valle del Río Grande, en el sur de Texas, EE.UU., donde la situación es “grave” y requiere “atención inmediata”.

El reporte se presenta en medio de una jornada de protestas en distintos puntos de EE.UU. que denuncian la situación de los migrantes y demandan protección, sobre todo a menores de edad, en lo que muchos llaman auténticos “campos de concentración“.

En una fotografía puede verse a mujeres y niños durmiendo en el piso tapados sólo con mantas térmicas. En una más se observa a 88 hombres que estaban en una celda con capacidad para 41.

“Trump ve a los inmigrantes como el enemigo”

Para el periodista y escritor Roberto Quesada, gran parte de la responsabilidad de esta situación recae en el mandatario estadounidense, Donald Trump, por dar el mensaje constante de que el inmigrante es la causa “del mal” en EE.UU.

“(Este mensaje) hace que el patrullero vea al inmigrante como el enemigo“, insistió Quesada, quien además acusa a Washington de haber promovido la migración masiva de hondureños al apoyar el cuestionado Gobierno de Juan Orlando Hernández.

“Si Trump no impone, por ejemplo en Honduras, a un tipo que no ganó las elecciones como Juan Orlando Hernández, no habría esa inmigración masiva”, sostuvo en entrevista con RT.

EE.UU. desviará más de 40 millones de dólares de ayuda humanitaria a Honduras y Guatemala para apoyar a Guaidó

Publicado: 17 jul 2019 12:24 GMT | Última actualización: 18 jul 2019 08:57 GMT

El dinero irá destinado a propaganda, pagar los salarios de los opositores venezolanos, a “asistencia técnica para celebrar elecciones y a otros proyectos para ‘la consolidación de la democracia'”, asegura el diario Los Angeles Times.

EE.UU. planea desviar fondos destinados a la ayuda humanitaria a Honduras y Guatemala para apoyar la oposición en Venezuela, según señaló este 16 de julio el diario Los Angeles Times, basándose en un documento oficial y fuentes propias.

El memorándum, con fecha del pasado 11 de julio, contiene una notificación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) al Congreso que informa sobre el desvío de 41,9 millones de dólares.

La agencia afirma que el paso es “necesario debido a los acontecimientos imprevistos y las circunstancias excepcionales”.

“Todo este dinero [que] se desvía irá a Guaidó y su facción, reza la nota, a pagar sus salarios, billetes de avión, entrenamiento para la ‘buena gobernanza’, propaganda, asistencia técnica para celebrar las elecciones y otros proyectos para ‘la consolidación de la democracia'”, reporta el periódico.

“Lo que están haciendo es esencialmente tomar el dinero para ayudar a niños pobres centroamericanos y pagar con él los salarios de Guaidó y sus oficiales y empleados”, afirmó en condiciones de anonimato un ayudante de un congresista familiarizado con el asunto.

La Administración estadounidense adopta la medida como consecuencia de “un acontecimiento significativo, exigente, en el interés nacional de EE.UU., de manera específica una crisis que evoluciona rápidamente en Venezuela y de la necesidad de apoyar” a la oposición, explica Los Angeles Times.

El periodista y analista político, Roberto Quesada ha sostenido que mientras la oposición venezolana participa en los diálogos con el Gobierno, se prepara en silencio para una guerra con el apoyo de EE.UU.

Cese de la ayuda financiera al ‘Triángulo Norte de Centroamérica’

En marzo, el presidente de EE.UU., Donald Trump, decidió dejar de brindar apoyo financiero al llamado ‘Triángulo Norte de Centroamérica’, formado por Guatemala, Honduras y El Salvador.

“He dejado de pagar a Guatemala, Honduras y El Salvador. Ningún dinero será ya destinado allí“, señaló. Trump precisó que los países en cuestión recibieron ”

enormes cantidades de dinero“. “No les pagaremos más porque no han hecho nada por nosotros”, subrayó.

Dichos países constituyen los principales lugares de origen de los inmigrantes que llegan a territorio estadounidense. Sin embargo, Washington les asignaba dinero para estabilizar la situación en su territorio con la idea de detener el flujo humano hacia EE.UU.

Niños migrantes denuncian maltratos y agresiones sexuales por parte de la Patrulla Fronteriza de EE.UU.

Publicado: 10 jul 2019 16:37 GMT | Última actualización: 10 jul 2019 16:44 GMT

Una niña de 15 años relató que un oficial “grande y barbudo” la tocó dentro del sujetador y bajó su ropa interior para hacerle lo que se suponía un control de rutina.

Maltratos a niños migrantes y tocamientos indebidos por parte de la Patrulla Fronteriza de EE.UU. se dieron a conocer esta mañana en relatos obtenidos de menores por el canal NBC News.

Los últimos escándalos revelados en esta ocasión se extienden más allá de Texas, esta vez en Arizona.

Como un oficial “barbudo y grande” describió una niña de 15 años al hombre que la tocó dentro del sujetador y bajó su ropa interior para hacerle lo que se suponía un control de rutina.

La menor proveniente de Honduras mencionó sentirse “avergonzada” mientras el hombre que la revisaba comentaba con otros oficiales en inglés y se reía.

El Departamento de Seguridad Nacional después de recibir el informe en el que la niña alega haber sido agredida sexualmente por un agente, aseguró que investigará el caso.

“La acusación de agresión sexual ya está siendo investigada por la Oficina del Inspector General”, escribió la agencia en un comunicado al medio.

Otro adolescente de 17 años del mismo país reveló que cuando los niños se acercaban a una ventanilla a veces los oficiales los llamaban “putos”, mientras les daban órdenes.

De igual manera, un menor de 16 años proveniente de Guatemala, comentó que los agentes lo obligaron a él y a otros en su celda a dormir sobre el piso de concreto después de que reclamaran por el sabor del agua y la comida que recibieron.

¿Relatos falsos y exagerados?

Pocos días antes, Donald Trump había calificado las historias que los medios de comunicación entregaban sobre los centros de detención como “relatos falsos y exagerados”, y ofreció abrir algunos de ellos a la prensa para que constaten la situación.

Varios medios relataron días atrás las condiciones infrahumanas e insalubres a las que se exponían niños y otros migrantes.

De la misma manera, investigadores de la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional habían detallado en informes anteriores las terribles condiciones a las que se enfrentan migrantes en estaciones fronterizas superpobladas, señala NBC News.

Respecto a la lucha que lleva a cabo Trump contra la migración, el politólogo Javier Buenrostro sostuvo en una entrevista con RT que el presidente estadounidense utiliza las amenazas contra la migración como una “guerra psicológica” y con el fin de obtener una “ventaja electoral“.

Para el experto, los centros de detención se parecen más a “campos de concentración”, y Trump estaría poniendo el problema de la migración al mismo nivel que el “terrorismo”.

Publican informe sobre condiciones de vida en los centros de detención de migrantes en EE.UU.

Publicado: 7 jul 2019 17:22 GMT | Última actualización: 8 jul 2019 09:33 GMT

En el estado norteamericano de Arizona, un indocumentado nicaragüense falleció estando bajo custodia de los agentes fronterizos.

El caso se suma a otras 11 muertes de migrantes registradas en los centros desde septiembre del año pasado. Los auditores gubernamentales han dado la voz de alarma sobre las condiciones en estas instalaciones.

Congresistas denuncian condiciones de vida en centros de migrantes en EE.UU.

Publicado: 2 jul 2019 22:40 GMT | Última actualización: 3 jul 2019 09:51 GMT

Más de un centenar de personas marcharon en contra de la política migratoria de Donald Trump en la ciudad de Houston, denunciando las condiciones inhumanas en los centros para migrantes en EE.UU.

Los congresistas fueron a comprobar los reclamos de los activistas, después de varias negativas de las autoridades de permitirles el acceso a los centros.

Según la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, hubo mucha resistencia y disconformidad de los agentes por la visita.

Colombia otorga nacionalidad a 24.000 niños venezolanos en “riesgo de apatridia”

Publicado: 5 ago 2019 18:51 GMT

El Gobierno de ese país informó que la medida entrará en vigencia a partir del 20 de agosto de este año.

Colombia otorga nacionalidad a 24.000 niños venezolanos en "riesgo de apatridia"

Mujer carga a su hijo en Cúcuta, Colombia, el 26 de febrero de 2019.
Edgard Garrido / Reuters

El presidente de Colombia, Iván Duque, firmó este lunes la ‘Resolución para el otorgamiento de la nacionalidad a los niños y niñas nacidos en Colombia con padres venezolanos’, que entrará en vigor a partir del 20 de agosto de este año.

Esta resolución contempla que los niños de padres venezolanos, nacidos en Colombia entre el 19 de agosto de 2015 y hasta el 20 de agosto de 2021, tendrán derecho a la nacionalidad de ese país.

El documento fue consignado además por el canciller, Carlos Holmes Trujillo; el defensor del pueblo, Carlos Negret; el procurador general, Fernando Carrillo; y el registrador general, Juan Carlos Galindo.

Colombia basa esta decisión en lo acordado en la Convención Interamericana de Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención para Reducir los Casos de Apatridia.

El procurador expresó que la medida se extenderá hasta 2021 o “hasta que cesen las circunstancias que llevaron a tomar estas decisiones“, con referencia al cierre de los consulados venezolanos en ese país.

Caracas anunció la ruptura total de sus relaciones con Bogotá el pasado 23 de febrero, día pautado por el diputado opositor Juan Guaidó para el fallido ingreso de “ayuda humanitaria”, procedente de EE.UU., que se encontraba en Cúcuta (Norte de Santander), ciudad fronteriza con Venezuela.

Riesgo de “apatridia”

El mandatario colombiano aseguró que esta resolución beneficiará a 24.000 niños que se encuentran en situación irregular o “apatridia”.

Por su parte, Holmes Trujillo aseveró que se constató que, en la mayoría de los casos, los padres venezolanos no cumplen con el requisito de domicilio que se exige en la Constitución de ese país “para registrar como colombianos” a los hijos de venezolanos nacidos en ese territorio.

El canciller sostiene que esta medida se toma debido a que “la legislación venezolana establece el derecho a la nacionalidad para los hijos de venezolanos que hayan nacido en el exterior”, pero el Ministerio de Relaciones Exteriores colombiano “constató que no pueden ser registrados como venezolanos“.

Holmes aduce que su Gobierno contempló el “riesgo real de apatridia” de los infantes venezolanos, por lo que decidió implementar la “medida administrativa de carácter urgente, excepcional y temporal”.

Los padres no contarán con algún beneficio, ni los niños de otras nacionalidades gozarán de esta medida, aclaró.

Fondos para la nacionalidad

El máximo representante de la diplomacia colombiana informó que para la implementación de esta resolución se recibieron 950.000 dólares del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Migración Colombia sitúa en 1.400.000 el número de venezolanos que se han desplazado a ese país “huyendo de la dictadura” y como consecuencia de la “crisis humanitaria”.

Venezuela, que hasta ahora no se ha pronunciado, ha afirmado que el número de sus connacionales presentado por Bogotá no corresponde a la realidad, si se toma en cuenta que la línea fronteriza entre ambos países es de las más activas de América Latina:

a diario transitan miles de personas que realizan actividades laborales, académicas y comerciales.

El mandatario venezolano, Nicolás Maduro, sostiene que su homólogo colombiano utiliza el tema de la migración para forzar su salida de la presidencia.

Un grupo de gobiernos de la región y algunos organismos internacionales ha catalogado a los venezolanos como “refugiados”, sin embargo, la propia Acnur ha aclarado que no poseen este estatus y que son “migrantes económicos”.

En el país suramericano, el acceso a alimentos y medicinas para la población más vulnerable se ha dificultado debido a la imposibilidad del Estado de realizar su importación, ante la congelación de sus cuentas en el exterior, como parte de las medidas alentadas por la oposición al presidente Nicolás Maduro.

Además, existe una economía especulativa caracterizada por una alta inflación que, entre diciembre de 2017 y diciembre de 2018, alcanzó el 130.060,2 %.

Recuperan 62 cadáveres de migrantes que naufragaron frente a las costas de Libia

Publicado: 26 jul 2019 17:36 GMT | Última actualización: 26 jul 2019 18:51 GMT

Los cuerpos sin vida de 62 migrantes que naufragaron esta semana frente a las costas de Libia han sido recuperados este viernes, informaron los equipos de rescate a AFP.

Este jueves, día del accidente, fueron rescatadas con vida 134 personas por los guardacostas locales y pescadores, pero al menos otras 115 se encontraban desaparecidas, según dijo un funcionario de la marina libia a Reuters.

Más de 100 migrantes podrían haber muerto en un naufragio cerca de Libia

Publicado: 25 jul 2019 16:59 GMT | Última actualización: 25 jul 2019 17:08 GMT

Más de un centenar de migrantes podrían haberse ahogado en un naufragio en aguas del Mediterráneo cerca de las costas de Libia, según la agencia de refugiados de Naciones Unidas. Unas 140 personas pudieron ser rescatadas.

El alto comisionado de la ONU para asuntos migratorios ha calificado el suceso como la peor tragedia en lo que va del año.

La Comisión Europea lleva a Hungría ante la Justicia por criminalizar el apoyo a los solicitantes de asilo

Publicado: 25 jul 2019 10:56 GMT | Última actualización: 25 jul 2019 17:56 GMT

Según el organismo, la legislación húngara restringe el derecho a solicitar asilo en este país.

La Comisión Europea lleva a Hungría ante la Justicia por criminalizar el apoyo a los solicitantes de asilo

Cartel gubernamental en una calle de Budapest con la frase ‘La ONU quiere que aceptemos migrantes de forma continua. Hungría decide, no la ONU’.
Bernadett Szabo / Reuters

La Comisión Europea ha anunciado este jueves que remitirá a Hungría al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, alegando que el país penaliza las actividades de apoyo a los solicitantes de asilo y limita el derecho a solicitarlo.

La denuncia de la institución europea aparece en un comunicado subido en su sitio web oficial.

En particular, se trata de un ley, conocida como ‘Stop Soros’, que endurece la regulación de la actividad de las organizaciones no gubernamentales y criminaliza a los abogados y activistas que asistan a los solicitantes de asilo.

La legislación, aprobada en junio del año pasado, ha sido condenada tanto por grupos de derechos humanos como por el Parlamento Europeo y la ONU.

Bruselas alega que dicha ley es incompatible con la legislación de la Unión Europea e infringe la Directiva sobre Procedimientos de Asilo, así como la Directiva sobre las Condiciones de Acogida.

Según una nota de la Comisión, en julio pasado el organismo envió al Gobierno húngaro una carta de aviso formal con respecto a sus preocupaciones sobre la nueva norma.

No obstante, las autoridades del país no respondieron satisfactoriamente, por lo que el Ejecutivo comunitario pasó a la segunda fase del procedimiento sancionador y en enero de 2019 envió un dictamen motivado.

Este aviso daba a Bucarest dos meses para tomar medidas y arreglar las irregularidades. La llegada del caso al tribunal europeo marca la última fase de este proceso.

Malta acepta un barco con migrantes que no recibió el permiso para atracar en Italia

Publicado: 8 jul 2019 14:11 GMT | Última actualización: 8 jul 2019 14:17 GMT

65 migrantes rescatados en el Mediterráneo llegaron a Malta. Las autoridades cedieron tras llegar a un acuerdo con la Comisión Europea y Alemania, gracias al cual estas personas serán reubicadas en otros países del bloque comunitario.

Anteriormente, Italia había denegado a la embarcación el permiso para atracar en sus puertos.

Un barco con inmigrantes llega a Italia, pese al veto del Gobierno

Publicado: 7 jul 2019 00:54 GMT | Última actualización: 8 jul 2019 09:39 GMT

Este sábado llegó al puerto italiano de Lampedusa un barco con 41 inmigrantes a bordo, violando la prohibición del ministro del Interior del país, Matteo Salvini, de atracar en los puertos de la nación.

Sin embargo, ni el capitán ni los ocupantes han recibido permiso para salir de la embarcación.

Previamente, Malta ofreció su puerto, pero el capitán lo rechazó por las condiciones de salud de las personas a bordo.

Italia deja desembarcar a varios migrantes tras las presiones de la ONU y la Comisión Europea

Publicado: 28 jun 2019 14:41 GMT | Última actualización: 28 jun 2019 14:48 GMT

La ONU y la Comisión Europea presionan a Italia para que encuentre una solución inmediata para el barco de una ONG alemana.

Hasta la fecha, Italia había permitido por motivos sanitarios el desembarco de 11 migrantes, todos ellos rescatados cerca de las costas de Libia.

El Ministro del Interior, Matteo Salvini, criticó a las autoridades encargadas del caso. En lo que va de año, han perdido la vida en la zona central del Mediterráneo más de 340 migrantes y refugiados.

La Justicia italiana ordena la liberación de la capitana naval que rescató a migrantes en el Mediterráneo

Publicado: 3 jul 2019 12:51 GMT | Última actualización: 3 jul 2019 13:01 GMT

La Justicia italiana ha dado la orden de liberar a Carola Rackete, capitana del barco de rescate de migrantes Sea-Watch 3.

La jueza encargada del caso consideró que no violó la ley, ya que tenía el deber de salvar vidas humanas.

Rackete fue arrestada el pasado 29 de junio por infringir la prohibición de las autoridades italianas de atracar en su territorio a pesar del grave estado de salud en el que se encontraba un ocupante del buque.

Detienen en Italia a la capitana naval alemana que rescató a migrantes en el Mediterráneo

Publicado: 29 jun 2019 09:34 GMT | Última actualización: 29 jun 2019 14:29 GMT

La Policía italiana ha arrestado este sábado a la capitana del barco de rescate de migrantes Sea-Watch 3, la alemana Carola Rackete, que atracó en el puerto de la isla de Lampedusa, en el sur de Italia, tras pasar más de dos semanas con 40 migrantes africanos a bordo esperando una invitación de algún país europeo en aguas internacionales.

Los agentes acusaron a Rackete de “oponer resistencia a un buque de guerra”, delito que implica una pena de hasta diez años de prisión. Mientras tanto, los migrantes permanecen en el barco.

Carola Rackete, el 27 de junio de 2019. / Matteo Guidelli / AP

Italia prohibe la entrada de un barco de refugiados con cuatro mujeres embarazadas a bordo

Publicado: 5 jul 2019 20:44 GMT | Última actualización: 5 jul 2019 20:47 GMT

El ministro del Interior, Matteo Salvini, ha reforzado la protección de las fronteras marítimas italianas para impedir la llegada de migrantes a Europa.

Italia prohibe la entrada de un barco de refugiados con cuatro mujeres embarazadas a bordo

El barco de rescate Sea-Watch 3 parte del puerto de Lampedusa, Italia, el 29 de junio de 2019.
Guglielmo Mangiapane / Reuters

El Gobierno italiano rechazó acoger a 54 migrantes que viajaban a bordo de un barco que navegaba por aguas internacionales frente a Libia, y en el que viajaban cuatro mujeres embarazadas y ocho niños.

El jueves, la organización Mediterránea salvó del naufragio a una embarcación que transportaba a 32 hombres y 22 mujeres.

En una imagen difundida en redes sociales. se observa la felicidad de algunos tripulantes después de ser rescatados.

Ver imagen en Twitter
Este viernes, los 54 migrantes rescatados, que viajaban en un barco llamado Alex, llegaron al límite de las aguas territoriales italianas, a 12 millas de Lampedusa,
Pero un decreto de los ministros del Interior, Defensa y Transporte les prohibió la entrada, informó la organización Mediterránea en su cuenta de Twitter.

La estación de metro de Passeig de Gràcia ha exhibido hasta hace unos días ‘The List’ (‘La Lista’), de la artista turca Banu Cennetoglu que forma parte del proyecto socioartístico Umbral, impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona

«para contribuir al debate sobre el fenómeno migratorio y su llegada a la ciudad» y «combatir el discurso del odio», en palabras de la alcaldesa, Ada Colau.

Fenómeno contemporáneo

«Umbral reflexiona sobre la inmigración como fenómeno contemporáneo», resume su comisaria, Imma Prieto, que eligió a los creadores por su prestigio y compromiso social. En el caso de Banu Cennetoglu,  comenta: «Ella inició ‘The List’ hace 16 años y, desde entonces, la ha llevado a una docena de ciudades, actualizándola cada vez con nuevas cifras y nombres de migrantes muertos».

Documento

La lista de los 35.597 migrantes muertosLa lista de los 35.597 migrantes muertos

VER PDF

Las señales que envía este trabajo son reveladoras: a pesar de que el 80% de las muertes ocurren en el mar, más de 400 personas se han suicidado y 600 han muerto violentamente, ya sea en acciones policiales o incluso terroristas.

A partir del 2014, en plena crisis siria, se percibe cómo crecen los ahogamientos y se detecta cómo cambian las muertes de costa cuando la UE ‘exporta’ la cuestión migratoria a África:

Los decesos en Europa se reducen a la mitad y se doblan los registrados en aguas africanas.

Contra la xenofobia

Ámsterdam fue la primera ciudad en la que se vio ‘The List’, en el 2007, y Barcelona, la última, por ahora.

Prieto apunta que uno de los objetivos de Umbral, y por tanto de ‘The List’ como una de sus partes, es la denuncia de la intolerancia y la xenofobia.

Y, en este sentido, recuerda que, durante la Bienal de Liverpool, el proyecto de Cennetoglu «fue vandalizado por grupos de ultraderecha».

En Barcelona, no ha sido atacado, pero sí lo fueron, en la estación de Urquinaona, imágenes del diálogo entre Yto Barrada y Leila Alaoui (fotógrafa fallecida en el 2016 a los 33 años en un atentado terrorista en Burkina Faso).

Decenas de muertos y heridos tras un ataque aéreo contra un centro de detención de inmigrantes en Trípoli

Publicado: 2 jul 2019 23:47 GMT | Última actualización: 4 jul 2019 08:23 GMT

En Libia actualmente se está desarrollando un conflicto civil entre las fuerzas del mariscal de campo Jalifa Haftar y las del Gobierno de Acuerdo Nacional.

Un ataque aéreo contra un centro de detención para inmigrantes en situación irregular en un suburbio de Trípoli ha causado al menos 44 muertos y más de 130 heridosha confirmado la Agencia de Refugiados de la ONU.

Medios locales han publicado imágenes que muestran a inmigrantes africanos, afectados por el ataque, atendidos en un hospital después del bombardeo.

Los representantes del centro, ubicado en el suburbio de Tajura, han declarado a la agencia AFP que los responsables del ataque son las fuerzas del Ejército Nacional de Libia (LNA, por sus siglas en inglés), leales al mariscal de campo Khalifa Haftar.

Este lunes, estas fuerzas, lideradas por Haftar, anunciaron que empezaban a lanzar ataques aéreos contra objetivos en Trípoli, luego de un intento fallido de retomar la capital.

Посмотреть изображение в Твиттере

Conflicto interno

En Libia actualmente se está desarrollando un conflicto civil entre las fuerzas del mariscal de campo Jalifa Haftar y las del Gobierno de Acuerdo Nacional.

Haftar, que controla el este de Libia gracias a la lealtad del Ejército Nacional Libio, lanzó el pasado 4 de abril una ofensiva para recuperar el control de Trípoli, que se encuentra bajo control del Gobierno de Acuerdo Nacional, respaldado por la ONU.

Tres días más tarde, el GAN anunció una contraofensiva bautizada ‘Volcán de Ira’. Según Haftar, él busca liberar Trípoli de “milicias y terroristas”. Asimismo, se comprometió a proteger a los extranjeros y civiles, garantizando la seguridad a los que depongan las armas ante sus tropas.

No obstante, la Cancillería turca denunció este domingo en un comunicado que 6 de sus ciudadanos están retenidos por las fuerzas leales a Haftar.

Anteriormente, las fuerzas del Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia hallaron potentes misiles de fabricación estadounidense que normalmente se venden solo a los aliados de Washington,

en una ciudad recapturada de manos del Ejército Nacional Libio, encabezado por Haftar, que controla más del 70 % del territorio nacional.

Armas confiscadas en Garian Ismail Zitouny / Reuters

Juez de EE.UU. dictamina que la política de asilo de Trump es ilegal

Publicado: 3 ago 2019 02:08 GMT | Última actualización: 3 ago 2019 11:28 GMT

Las medidas del actual mandatario en ese campo contradicen la letra de la Constitución estadounidense, estima Randolph Moss, juez federal.

Un juez federal de Washington, DC, dictaminó este viernes que es contraria a la ley la política establecida por el gobierno de Donald Trump, que solo permite solicitar asilo a aquellos extranjeros que tengan previa entrada legal al territorio estadounidense, lo que consideró “inconsistente” con la Ley de Inmigración y Nacionalidad, reporta The Hill.

El letrado Randolph Moss, designado en el cargo por Barack Obama, calificó esa política como “incompatible” con la mencionada ley.

“Los extranjeros tienen el derecho legal de solicitar asilo, independientemente de si ingresan a Estados Unidos por un puerto de entrada prestablecido”,

y no puede “extinguirse ese derecho legal por regulación o proclamación”, sentenció Moss en la corte, recogen medios locales.

La medida implementada por la Casa Blanca ya había sido bloqueada por un juez federal de San Francisco, en el 2018, y ahora está siendo debatida en la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito.

La Administración Trump había argumentado que su política no bloquea a los migrantes que ingresan a los EE.UU. de manera legal, y que de otra forma no serían sujetos elegibles de asilo.

Moss no estuvo de acuerdo y apuntó que hay poca diferencia entre las dos interpretaciones, particularmente para los inmigrantes que se ven afectados por tal causa, refiere el medio especializado.

“Como una cuestión de sentido común, nadie establecería una distinción significativa, por ejemplo, entre una regla que estipule que los niños no pueden solicitar una licencia de conducir y una que dicte que los niños no son elegibles para recibir una licencia de conducir”, dado que ambas cosas “significan lo mismo”, expuso el juez.

De acuerdo con una nueva regla publicada en el Registro Federal el 15 de julio pasado, los solicitantes de asilo que pasen por otro país antes de llegar a territorio estadounidense no serán elegibles para tales fines.

Esa norma se promulgó apenas un día después de que el Gobierno de EE.UU. iniciara su operativo de redadas masivas contra migrantes en situación irregular.

“Envíala de vuelta”: Seguidores de Trump piden que deporte a congresista de origen somalí

Publicado: 19 jul 2019 17:31 GMT | Última actualización: 19 jul 2019 17:31 GMT

Seguidores de Donald Trump vociferaron su apoyo al presidente estadounidense durante un mitin en Carolina del Norte y le pidieron tomar acciones contra las congresistas demócratas que en los últimos días han sido objeto de ataques verbales por parte del inquilino de la Casa Blanca.

Seguidores de Donald Trump vociferaron su apoyo al presidente estadounidense durante un mitin en Carolina del Norte y le pidieron tomar acciones contra las congresistas demócratas que en los últimos días han sido objeto de ataques verbales por parte del inquilino de la Casa Blanca.

En concreto, Trump mencionó en su discurso a Ilhan Omar, representante de origen somalí refugiada y naturalizada en el país norteamericano y abierta crítica del mandatario y sus políticas.

En ese momento, la multitud comenzó a corear la frase “envíala de vuelta” sin que el presidente hiciera nada para acallarla.

Omar reaccionó al suceso a través de su cuenta personal de Twitter y en su mensaje citó a Maya Angelou, escritora y activista por los derechos civiles estadounidense.

“Puedes dispararme con tus palabras, puedes cortarme con tus ojos, puedes matarme con tu odio, pero aún, como el aire, me alzaré“, publicó la congresista.

Trump pide a víctima de la esclavitud sexual explicar por qué ganó un Nobel y “dónde está ahora” su familia asesinada por el Estado Islámico

Publicado: 20 jul 2019 01:27 GMT | Última actualización: 20 jul 2019 11:25 GMT

El presidente protagonizó un bochornoso momento ante unos supervivientes de persecución religiosa, entre ellos Nadia Murad, defensora de derechos humanos de origen yazidí, galardonada con el Premio Nobel de la Paz.

Trump pide a víctima de la esclavitud sexual explicar por qué ganó un Nobel y "dónde está ahora" su familia asesinada por el Estado Islámico

Nadia Murad habla con Donald Trump en el Despacho Oval, el 17 de julio de 2019.
Alex Brandon / AP

Un encuentro en la Casa Blanca entre Donald Trump y unos sobrevivientes de persecución religiosa ha dado de qué hablar por las incómodas preguntas del presidente de EE.UU. a una exesclava sexual yazidí, víctima del Estado Islámico (EI),

que fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz por luchar por sus “esfuerzos para acabar con el uso de la violencia sexual como un arma de guerra”.

Rodeado por estos invitados el miércoles en el Despacho Oval, el mandatario permaneció sentado tras su escritorio mientras la activista yazidí Nadia Murad, torturada por el EI durante meses, le relataba sobre la cautividad y el terror de su pueblo a causa de ese grupo terrorista.

“Ellos asesinaron a mi mamá, a mis seis hermanos…”, señaló la defensora de derechos humanos de 25 años cuando el presidente la interrumpió con una pregunta que la dejó aparentemente anonadada.

“¿Dónde están ahora?”, indagó el inquilino de la Casa Blanca.

Murad, que perdió a 18 miembros de su familia a manos del EI, guardó una breve pausa antes de responder: “Los mataron”, reiteró, precisando que “están en fosas comunes en Sinyar”, en Irak.

Con un “por favor, haga algo”, la activista retornó a su objetivo de solicitar ayuda a Trump para facilitar que los yazidíes desplazados regresen de forma segura a su tierra, actualmente bajo disputa entre las autoridades kurdas e iraquíes.

Murad le informó que 3.000 mujeres y niños de su comunidad permanecen desaparecidos, y el presidente, manteniendo el mínimo contacto visual, le prometió que mirará a profundidad el asunto.

Sin embargo, seguidamente le hizo una pregunta que al parecer también la desconcertó.

“¿Y tú tienes el Premio Nobel?”, preguntó Trump, a lo que Nadia contestó afirmativamente.

Es increíble“, reaccionó el mandatario. “¿Y por qué razón te lo dieron? ¿Puedes explicarlo?”, indagó el inquilino de la Casa Blanca.

“¿Por qué razón?”, hizo eco la activista, galardonada con el Nobel de la Paz en el 2018. “Porque después de todo lo que me pasó no me rendí. Dejé claro a todos que el EI violó a miles de mujeres yazidíes. Fue la primera vez que una mujer de Irak habló de lo que le pasó”, relató Nadia al presidente.

¿Oh, en serio? ¿Es verdad? ¿La primera vez?”, se sorprendió Trump.

“La primera vez”, confirmó la nobel.

“Entonces, ¿escapaste?”, continuó preguntando el líder de EE.UU.

Escapé, pero no soy libre aún. Porque no hemos visto al EI ante un tribunal.

No sabemos si los mataron a todos, si están en prisión. Pero sabemos que hay 3.000 mujeres y niños yazidíes, incluyendo a mi sobrina, mi sobrino, mi cuñada… hace tres años nos llamó y dijo: “Estoy en Siria”. Y ahora no sabemos nada de ella”, resumió Nadia.

“Déjeme ver. Veremos, ¿de acuerdo?”, prometió Trump antes de concluir su conversación con la defensora de los derechos humanos.

El presidente de EE.UU. y sobrevivientes de persecución religiosa en el Despacho Oval, el 17 de julio de 2019. / Leah Millis / Reuters

Cabe mencionar que este no fue el único momento bochornoso de dicha reunión.

En detalle, un invitado que se presentó como “un rohinyá de un campo de refugiados de Bangladés” preguntó a Trump sobre la existencia de algún plan para ayudar a su gente,

A lo que el mandatario respondió: “¿Y dónde está eso exactamente?”.

Historia de Nadia Murad

Nadia Murad, de 25 años, es una activista de los derechos humanos de origen yazidí, y sobreviviente de la esclavitud sexual a manos del grupo yihadista Estado Islámico en Irak.

Ha utilizado su experiencia traumática, tras ser secuestrada, esclavizada y violada por combatientes del EI en Mosul en 2014, para convertirse en defensora del pueblo yazidí y de temas más amplios, como los derechos de los refugiados y las mujeres.

En 2018, recibió el Premio Nobel de la Paz por sus “esfuerzos para acabar con el uso de la violencia sexual como un arma de guerra”.

Murad fue tomada cautiva por miembros del EI en el 2014, cuando los terroristas irrumpieron en su aldea natal, en la región montañosa de Sinyar (al norte de Irak), cerca de la frontera con Siria.

Los combatientes del EI mataron a los hombres, se llevaron a los niños para entrenarlos como soldados y condenaron a miles de mujeres a una vida de trabajo forzado y esclavitud sexual.

Al igual que miles de yazidíes, Murad fue vendida en un mercado de esclavos, organizado por el EI, y se casó por la fuerza con un líder yihadista.

La obligaron a cambiar su religión, la mantuvieron cautiva y en repetidas ocasiones fue torturada, golpeada y violada en grupo, experiencia que luego relató ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el 2015.

“Las violaciones fueron llevadas a cabo para destruir a las mujeres y a las niñas y garantizar que nunca lleguen a vivir una vida normal de nuevo […]

El Estado Islámico convirtió a las mujeres yazidíes en carne para la trata”, contó la joven, que luego logró escapar de su cautiverio con la ayuda de una familia musulmana de Mosul hacia el Kurdistán iraquí, uniéndose a multitudes de otros yazidíes desplazados en los campos.

Mujeres yazidíes asisten a una manifestación en un campamento / Sertac Kayar / Reuters

Allí supo que seis de sus hermanos y su madre habían sido asesinados. Con la ayuda de una organización que asiste a los yazidíes, se unió a su hermana en Alemania.

Murad se ha convertido ahora en una voz global, usando su terrible experiencia para hacer campaña por la justicia para su pueblo y para que los actos cometidos por los yihadistas sean reconocidos internacionalmente como genocidio.

Nuestro presidente racista: Trump y la política de la crueldad

Publicado: 1 ago 2019 18:11 GMT | Última actualización: 1 ago 2019 18:13 GMT

“¡Regrésala! ¡Regrésala!”. Así gritaron con furia durante un evento de campaña del presidente Donald Trump a mediados de julio en el estado Virginia.

Era una multitud de sus seguidores, la mayoría de piel blanca. Sus gritos feroces de “regrésala” eran dirigidos en relación a la congresista demócrata Ilhan Omar, de la ciudad de Minneapolis, en el estado Minnesota.

Horas antes, Trump había tuiteado acerca de ella y sus colegas congresistas, Alexandria Ocasio-Cortéz (demócrata de Nueva York), Rashida Talib (demócrata de Detroit, Michigan) y Ayanna Pressley (demócrata de Massachusetts), escribiendo:

“Originalmente vienen de países cuyos gobiernos son totalmente catastróficos, los peores, más corruptos e ineptos que cualquier parte del mundo (si tienen un gobierno funcional)”.

Trump les reclamó por intentar “decirle a la gente de los Estados Unidos, la mejor y más poderosa nación del mundo, cómo nuestro gobierno debería funcionar”.

Y les conminó, en su tuit, a que “regresen a ayudar a reparar los lugares destruidos e infestados de crimen de donde vinieron”.

El comentario fue condenando ampliamente por muchos sectores. Alexandria Ocasio-Cortéz nació en Nueva York; Rashida Talib, en Michigan; y Ayanna Pressley es oriunda de Massachusetts.

Ilhan Omar nació en Somalia, entró como refugiada a Estados Unidos a los 12 años y luego obtuvo su ciudadanía por la vía legal. Ha vivido la mayoría de su vida en Estados Unidos.

Todas son estadounidenses. Todas fueron electas al Congreso de Estados Unidos por amplias mayorías en sus regiones. Todas son mujeres no blancas. Y todas son blanco de Trump.

La frase “regrésate de donde viniste” ha sido utilizada durante la historia en Estados Unidos por racistas, principalmente dirigida a los afroestadounidenses, los latinos y los asiáticos.

Pero también fue usada contra los italianos, los irlandeses y cualquier otra minoría étnica desde la fundación de esta nación, que es una mezcla de inmigrantes de todas partes del mundo.

Es una frase y una idea completamente racista, xenófoba y cruel. Y más aún cuando se utiliza contra personas nacidas en Estados Unidos que no son blancas o que hablan otros idiomas.

El ataque de Trump en Twitter contra las congresistas insinuaba que, como ellas son personas de color, no pueden representar a los Estados Unidos.

La historia racista de Trump no comenzó con su presidencia. Durante toda su campaña electoral, Trump empleó un lenguaje racista y xenófobo llamando a los mexicanos “criminales y violadores”,

prometiendo una prohibición a los musulmanes de ingresar a Estados Unidos, y cuestionando la capacidad de jueces por su origen étnico.

Desde el 2011, Trump promovía una grave mentira sobre el presidente Barack Obama. Puso en duda su lugar de nacimiento y hasta llegó a decir que no había nacido en Estados Unidos sino en África.

Trump dio una plataforma masiva a esa mentira racista, conocida como el ‘birtherism’. Instó a Obama a producir su partida de nacimiento ‘verdadera’ e intentó deslegitimarlo como mandatario, llamándolo el “peor presidente de la historia”.

Hasta sugirió que Obama no era suficiente inteligente para asistir a las universidades de Harvard y Columbia e insinuó que había mentido sobre su educación.

Demandó a Obama publicar las transcripciones (notas) de la universidad. “Oí que Obama era un estudiante terrible. Terrible. ¿Cómo un estudiante terrible puede ir a Columbia y Harvard?”, dijo Trump.

No era coincidencia que Obama fue el primer presidente afroestadounidense de este país y fue blanco constante de los ataques de Trump.

Cuando habla de los afroamericanos y gente no blanca, el lenguaje de Trump se llena de palabras como ‘asqueroso’, ‘inepto’, ‘criminal’, ‘infestado’, ‘grosero’ y ‘terrible’.

Como presidente, Trump llamó a Estados africanos, y a naciones como Haití y El Salvador, “países de mierda”.

Hace días Trump explotó otra vez en Twitter sobre la ciudad de Baltimore y el congresista Elija Cummings, quien encabeza el comité encargado de revisar la actuación de su Gobierno y asegurar que cumple con las leyes.

De nuevo, Trump utilizó palabras y frases como ‘infestado’, ‘sucio’, ‘asqueroso’, ‘lleno de ratas’ y ‘destruido’ para referirse a una ciudad con una gran población afroestadounidense.

Acusó al congresista Cummings de ser un ‘inepto’. Dijo que “ningún ser humano viviría en Baltimore”, aunque la ciudad tiene una población de más de 600.000 personas.

Para Trump, ellos no son seres humanos porque la mayoría son afroestadounidenses (más del 62 %).

Trump ha llamado al periodista Don Lemon, de CNN, “el hombre más estúpido del mundo”. Lemon es afroestadounidense.

Durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, en febrero 2017, Trump pidió a una periodista afroestadounidense coordinar una reunión entre él y los congresistas afroestadounidenses en el Congreso, aunque ella no tenía nada que ver con el Congreso.

A otra reportera afroestadounidense, Trump la respondió una vez que su pregunta era ‘asquerosa’ y que ella era ‘grosera’.

Sin embargo, Trump ha insistido públicamente que es “la persona menos racista del mundo”, una frase que solo diría una persona racista.

Trump refirió a un grupo de neonazis y supremacistas blancos que mataron a una joven mujer que protestaba en su contra en Charlottesville, Virginia, en agosto 2017, como “gente buena” y dijo que la culpa era de “ambos lados”, sugiriendo que los supremacistas blancos eran moralmente equivalentes a los que protestaban contra su racismo.

Trump también ha hecho múltiples comentarios ofensivos y racistas contra una Senadora demócrata del estado Massachusetts, Elizabeth Warren, quien tiene orígenes indígenas en Estados Unidos.

La ha llamado ‘Pocahontas’, nombre de una famosa indígena norteamericana, para burlarse de ella.

Ha escrito en su Twitter que la verá “en el Camino de las Lágrimas”, haciendo referencia a una brutal masacre genocida de indígenas a manos de los colonizadores en el siglo XIX, donde murieron miles de personas.

El 1973, el Departamento de Justicia de Estados Unidos demandó la empresa de Trump y su padre, Trump Management Corporation, por violar la ley en contra de la discriminación en la vivienda.

El gobierno había encontrado evidencias de que Trump se había negado a alquilar sus apartamentos a afroestadounidenses durante años.

Eva Golinger, abogada y periodista
“Trump escupe sus palabras de odio sin consecuencia para él, y sin importar las consecuencias para los demás. Lo hace por crueldad. Para insultar. Para hacer daño a sus críticos y a la gente más vulnerable que él. Así es un ‘bully’. Un cobarde”Eva Golinger, abogada y periodista

Desde el inicio de su gestión presidencial, los delitos de odio se han incrementado en al menos 30 ciudades en Estados Unidos.

El 2018 fue el peor año de la historia para los asesinatos antisemitas en Estados Unidos, incluyendo masacres en sinagogas y ataques contra comunidades judías por toda la nación.

Según una investigación de la Liga Anti-Difamación (ADL), los delitos de odio se incrementaron en 226 % en los condados que fueron anfitriones de un evento de campaña de Trump en 2016.

El ‘efecto Trump’ y su discurso de odio ha fomentado la violencia y extremismo de la ultraderecha hasta un nivel sumamente alarmante.

El propio director del FBI nombrado por Trump, Christopher Wray, reveló en un testimonio ante el Congreso en julio que la mayoría de la violencia extremista en Estados Unidos actualmente proviene de grupos e individuos identificados con los supremacistas blancos.

Esta semana, un grupo de líderes religiosos de la prestigiosa Catedral Nacional de Washington, una de las instituciones religiosas más importantes y distinguidas de la nación, salió públicamente para denunciar el discurso de odio de Trump.

“Que no se equivoquen, las palabras importan. Y, las palabras del señor Trump son peligrosas”, escribieron. “Cuando palabras tan violentas y deshumanizares provienen del Presidente de los Estados Unidos, son un llamado a la acción

Y dan protección a los supremacistas blancos que consideran a las personas de color ‘una infestación’ subhumana en América.

Sirven como un llamado a la acción para esa gente a sacudir a América de esa infestación. Las palabras violentas terminan en acciones violentas“.

En su declaración preguntaron: ¿cuándo el silencio se convierte en complicidad? ¿Qué hace falta para que todos digamos, con una sola voz, ‘ya basta’?

Trump escupe sus palabras de odio sin consecuencia para él, y sin importar las consecuencias para los demás. Lo hace por crueldad. Para insultar. Para hacer daño a sus críticos y a la gente más vulnerable que él.

Así es un ‘bully’. Un cobarde. Y él es presidente de los Estados Unidos de América; el país más poderoso del mundo.

Quienes pagan las consecuencias de sus palabras y acciones somos nosotros y nuestros niños, que ven a un jefe de Estado insultando y ofendiendo a sus ciudadanos, burlándose sin pena.

La mayoría de las sociedades avanzan, progresan, evolucionan. En Estados Unidos, con Trump al mando, parece ocurrir lo contrario. Estamos en una caída libre hacia el salvajismo y la crueldad.

Patera este año frente a España triplican las del 2017

Más de 56.000 simpapeles han llegado por mar este año frente a las 20.000 del anterior

Catalunya ha acogido este 2018 a 2.200 refugiados, que representan el 22% de los de todo el Estado. / EFE/ROMAN RIOS. VIDEO: EFE

Un total de 769 personas han perdido la vida en el mar tratando de alcanzar las costas españolas hasta el 19 de diciembre, un 344 % más que en todo el 2017, cuando se contabilizaron 223 muertes de migrantes, según las últimas cifras publicadas por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

De acuerdo con el último informe de este organismo de la ONU para la migración en este ejercicio llegaron a las costas españolas 56.480 migrantes en pateras a través de la ruta del Mediterráneo occidental, un 281% más que los 20.043 del 2017.

Bajada en Italia e incremento en Grecia y Chipre

Según los datos de la OIM, las llegadas de inmigrantes a través de la vía marítima se redujeron de forma drástica en Italia este año -de los 118.914 de 2017 a 23.126- y se incrementaron en Grecia -de 28.800 a 31.310 este año- y Chipre -de 501 a 1.035-.

La OIM apunta que las llegadas a España hasta el 19 de diciembre supone casi la mitad -49,93 %- de todas las llegadas irregulares a través del Mediterráneo a la región conformada por España, Italia, Grecia, Chipre y Malta. El organismo calcula que el ejercicio, con una media de 160 personas por día, es posible que en 2018 se superen las 58.000 llegadas.

Sin derechos humanos

En uno de sus últimos informes, la OIM remarca que en la ruta del Mediterráneo occidental, que emplean grupos de migrantes que parten de Marruecos y Argelia, existen “notables dificultades” en materia de protección y graves violaciones de derechos humanos.

Entre ellas destacan, además de las muertes en el mar, el desierto y otros lugares de tránsito, las desapariciones de migrantes, situaciones de explotación y abuso físico y emocional, trata de personas, tráfico de migrantes, violencia sexual y de género, detenciones arbitrarias, trabajos forzosos, peticiones de rescate y extorsiones.

2.200 refugiados en Catalunya

En relación también con la inmigración, Catalunya ha pasado de acoger el 1% de los refugiados en todo el Estado a atender el 22% en los últimos dos años y medio, tras el inicio de la crisis europea de las migraciones,

y según el Govern, la comunidad catalana ha hecho “un esfuerzo diferencial” pasando de tener 28 refugiados a cerrar 2018 con unos 2.200 beneficiarios de asilo.

En una entrevista de Europa Press, el secretario de Igualtat, Migracions i Ciutadania de la Generalitat, Oriol Amorós, ha observado que 2.200 personas son pocas en relación a la necesidad humanitaria que hay en el mundo,

pero “en relación a lo que se ha hecho en el conjunto del Estado –que pasó de 2.300 a 8.600 en el mismo periodo–, Catalunya ha hecho un esfuerzo diferencial claro”.

Sin permiso de trabajo

Entre estas mejoras, el Govern modificó en junio de 2017 la ley de la renta garantizada de ciudadanía (RGC) para que puedan acceder los que no logran inserción laboral al acabar el programa de refugio, y hasta finales de 2018 ha recibido 120 solicitudes, de las que se han aprobado 60 titulares –entre los que puede haber personas solas o familias–.

La mitad se denegó porque no estaban bien presentadas o se consideró que no cumplían los requisitos: “Estamos estudiando las causas de denegación para ver qué ha ocurrido.

Que haya una denegación alta, a priori no significa nada, porque tal como está establecida la ley, todas las personas refugiadas que han pasado un programa de refugio, si están en situación de vulnerabilidad, tienen que poder acceder”.