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N139 SACRIFICIO Y DONACION


padre y rey del UniversoHijitos Míos, debéis buscar la Caridad en vuestra vida, en vuestros actos, en vuestras palabras y en vuestros pensamientos.

Mis pequeños, Mi Hijo os enseñó cómo debe ser vuestra vida aquí en la Tierra. Vivir en Caridad, es vivir entendiendo al hermano, es vivir ayudándolo a crecer, es vivir Conmigo en él, verMe a Mí en cada uno de vuestros hermanos.

Mis pequeños, os he dicho que sois muy dados a la crítica, a señalar a vuestros hermanos cuando vosotros mismos no podéis lanzar la primera piedra. Es algo con lo que debéis luchar continuamente, Mis pequeños, la crítica destroza vuestro corazón y al de vuestros hermanos.

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No podéis ser dignos hijos Míos, si realmente estáis atacando a vuestros hermanos en peligro. Sí, ciertamente los estáis poniendo en peligro de rechazo de vuestros demás hermanos.

El hombre no tiende a edificar, sino a destrozar; estáis en el mundo y el Príncipe de éste mundo os lleva a eso. Desgraciadamente el hombre se deja llevar más por lo malo, hace más caso a lo malo y no busca tanto lo bueno, que es a donde Yo os quiero llevar.

Aún a pesar de que buscáis el bienestar de vuestro cuerpo, no buscáis el bienestar de vuestra alma.

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Debiera ser primero el buscar el bienestar de vuestra alma, porque de ahí se van a derivar todas vuestras acciones. Si vosotros actuáis en el bien, es porque tenéis el Bien en vuestro interior. Es así como vais percibiendo la vida interior que tienen vuestros hermanos, según su actuar.

Debéis dar buen ejemplo, debéis regresar bien por mal.

Sabéis y se os ha dicho, que si vais a seguir la Vida de Mi Hijo sobre la Tierra, seguramente tendréis ataques. Sí, siempre tendréis ataques del Enemigo, porque él no quiere que vosotros sembréis cosas buenas.

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Éste es su reino, él ha sembrado Maldad en la gran mayoría de los corazones. Vosotros tenéis que luchar contra ella, por eso vuestra obligación es primeramente limpiar vuestro interior, hacerlo crecer, purificarlo, edificarlo.

Alimentarlo correctamente, para que vaya adquiriendo una Fuerza Poderosa. Y esa fuerza poderosa, solamente os la puedo dar Yo, vuestro Dios.

Al momento que contáis con ésa Fuerza Poderosa, que es la Fuerza Divina, ya Satanás no podrá venceros. Los ataques seguirán, pero vosotros vais a poder vencerlo fácilmente, porque ya viviréis en Gracia.

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Buscaréis solamente el crecimiento espiritual, no os detendréis en la tentación.

Al principio cuando estáis creciendo, en la Tentación os detenéis y os recreáis… Y es ahí en donde os vais causando el mal interior. Pero cuando estáis ya en el camino de la Gracia, ciertamente tendréis los ataques satánicos, pero ya no harán mella en vuestro corazón.

 Porque ya estáis buscando algo más sublime. Ya no estaréis buscando los placeres de la carne, ya no estaréis buscando lo material que os ofrece Satanás, si os vais con él.

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Cuando aprendéis a buscar las riquezas sublimes del Cielo, ya no os detenéis. Sabéis que eso es secundario, sabéis que eso os va a detener el alcanzar los tesoros infinitos que Yo os regalo.

Aprended a tomarMe de la Mano, a crecer. Porque Yo os voy a llevar por esos caminos que aún no conocéis, caminos bellos y santos a donde tienen que ir todas las almas.

Pero que no todas se dejan tomar de la mano, ni se dejan guiar por estar tan entretenidos en las cosas del mundo. Debéis luchar fuertemente contra el Mundo y que seáis ejemplo ante vuestros hermanos de que sí se puede vencer al Mundo, porque estáis Conmigo, con vuestro Dios.

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Enseñadles que aún a pesar de que en algún tiempo hayáis estado caídos u os hayáis entretenido con el Mundo, pudisteis darle la espalda y ahora escogisteis Mis Caminos. Sed ejemplo Mis pequeños, para que vosotros arrastréis almas hacia su salvación.

Porque Satanás es muy sutil para sus seducciones. Nunca os va a atacar de frente, asustándoos como muchos creéis. Él siempre tocará vuestras debilidades… Os conoce perfectamente. No conoce vuestro interior, pero sabe cómo reaccionáis…

 Y conoce vuestras debilidades: ya sean de carácter, de lujos, de amoríos, de tantas cosas en las que el hombre puede fallar. Todos aquellos defectos, que en lugar de luchar contra ellos, muchas veces los estáis avivando.

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Mis pequeños, luchar contra un defecto cuesta mucho y a veces duele mucho. Pero hacen tanto daño ésos defectos. Hacéis daño a vuestros padres, a vuestros hermanos, a vuestros hijos, a vuestros esposos, a los vecinos. Tantos y tantos de vuestros hermanos que pueden ser afectados por vuestros defectos…

 Y esto os lo digo también por aquellos que son guías de pueblos, directores de empresas, aquellos que tienen gente bajo ellos. Vuestros defectos personales, si no los sabéis dominar, pueden causar mucho daño.

Os he dicho que para todos aquellos que tengan algún mando, deben pedir la ayuda del Espíritu Santo, Él Vive en vuestro interior, Él os conoce y Él es el encargado de guiaros, de guiaros por caminos de Bien.

AMOR Y SERVIR

Si vosotros no lucháis contra vuestros defectos, causáis muchos problemas con aquella gente que se relaciona con vosotros. No lleváis la Paz que Yo he pedido que llevéis a vuestros hermanos.

No lleváis conocimiento santo, porque no estáis dando primeramente el ejemplo y no podéis enseñar una cosa si realmente no la estáis viviendo.

Cuando vosotros vivís en el error, eso es lo que estáis dando a vuestros hermanos. Y lo peor de todo, es que si enseñáis ése error y empiezan a practicarlo vuestros hermanos, ya sean empleados, hijos, parientes; si ellos por vuestros errores, después de haberlos tomado como propios los están secundando, vosotros mismos también seréis juzgados por ello.

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La maldad que ellos provoquen, en parte será la vuestra; porque no disteis virtud, no disteis ejemplo santo, destruisteis almas en vez de hacerlas crecer.

Esto ya os lo había dicho cuando hablaba de la educación, que es muy importante que vosotros eduquéis correctamente a los vuestros; pero siempre con el ejemplo, siempre con la virtud, siempre con el amor. Si os estáis apartando de ello, Mis pequeños, vais por caminos errados.

Os vuelvo a repetir, seréis juzgados por también del mal que vuestros hermanos provoquen si vosotros disteis ése mal ejemplo y ellos lo aprendieron de vosotros. Por eso es necesario que viváis muy pendientes y siempre guiados por la Luz del Espíritu Santo, por las cosas que digáis o del cómo obréis.

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 El ser ejemplo debe dejar cosas buenas a vuestros hermanos, nunca causar escándalo; nunca dejar una mala impresión, porque sois Mis hijos. Sois hijos de todo un Dios, sois hijos del Rey y vosotros tenéis un compromiso muy grande con ello.

 Si Yo os he dado ésa dignidad, respetadla, Mis pequeños. Respetad vuestra posición y dad un buen ejemplo a vuestros hermanos.

 Cuando se os ha pedido que seáis verdaderos hijos Míos, esto os provoca una lucha tremenda en vosotros mismos. Una lucha interior, porque entra la autodefensa y la duda… Principalmente porque al estar Conmigo, os deberéis negar a vosotros mismos… Y esto es negar todo aquello que os está separando de las Virtudes y de Mi Amor. 

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Ciertamente es una lucha interior, en la cual os estaréis preguntando que si realmente estaréis recibiendo un llamado Mío o son invenciones de vuestra menteTened en cuenta Mis pequeños antes que nada, que Yo Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios y vuestro Creador.

El padre y la madre en un hogar, siempre están velando por el bienestar de los hijos, los están llevando a lo mejor que ellos pueden dar. El sacrificio de los padres a veces llega a actos heroicos, en donde ellos mismos dejan alimentos, placeres, gustos; por darle a los hijos lo que ellos necesiten.

 O tan solo para producirles nada más un gusto, aun a pesar de que quizá la misma economía esté mal en el hogar.  Los padres, los buenos padres, van madurando a lo largo de la vida.

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Si en un principio el joven está buscando los bienes del mundo, placeres, riquezas, que se le alabe en el físico, que se le alabe en lo intelectual, cuando se va creciendo y sobre todo, cuando llegan a casarse, es cuando realmente empieza la vida de donación.

No quiero hablar tanto del sacrificio, pero cuando verdaderamente se ama al ser querido no se toma como sacrificio, es donación Mis pequeños, es amor.

 Amor puro, amor salido de lo profundo del corazón hacia el hijo, porque se le ama; porque se le quiere dar lo mejor, porque uno ya ha vivido, ha sufrido y le quiere ahorrar camino de sufrimiento al hijo… Y ahí es donde viene el sacrificio, pero dado por amor.

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Cuando llegáis a ésa madurez espiritual, es cuando realmente habéis crecido ya en la virtud y es cuando estáis preparándoos realmente para entrar al Reino de los Cielos. Vuestra vida es ese cambio…

El cambio que tenéis de la soberbia de la juventud, el sentiros autosuficientes que hasta llegáis a separaros de Mí, porque no creéis necesitar de Mí, según vosotros. Os sentís fuertes, os sentís que podéis lograr todo con vuestras capacidades y vuestras fuerzas.

La economía, cuando vais menguando de esa fuerza de esa soberbia que teníais, es cuando vais entrando en razón. Es cuando os vais acercando a Mí y es cuando vais viendo la Verdad de Mi Fuerza, Fuerza Poderosa, pero Fuerza de Amor, Mis pequeños.

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Mi Fuerza, no es de soberbia, no es para haceros a vosotros pequeños y Yo burlarMe de vosotros. En Mí todo es Amor, en Mí todo es ayuda para vuestro crecimiento espiritual, para que podáis tener vida. La Vida que Yo os entregué desde el Principio del Tiempo, pero que el Pecado Original afectó.

Vosotros habéis sido llamados para cosas grandes, porque cuando fuisteis creados en la presencia de vuestros Padres, Adán y Eva, os di inmensidad de regalos. A eso estáis llamados Mis pequeños, a ser consentidos por Mi Amor.

Así pues, cuando os pido que Me sigáis y cuando os pido que os venzáis a vosotros mismos, que os neguéis, es precisamente para que maduréis más rápido. Porque al madurar más rápido, empezaréis a gozar de Mis Bienes Celestiales, aún aquí desde la Tierra.

SAN MARTIN DE PORRES

Apurad vuestro paso. Dejad  todo aquello que detenga vuestro paso en el crecimiento de vuestro interior y dejadMe que Yo os guíe, que os proteja, que os levante, que os perfeccione; para que podáis gozar como verdaderos hijos Míos

Ciertamente seguiréis viviendo en el Mundo, pero le daréis su verdadero lugar a las cosas del mundo. Están ahí para vuestra ayuda, pero no deben de ser vuestra meta definitiva.

 Vuestra meta definitiva Soy Yo y Mi Reino. Y debéis dejar como consecuencia, todo aquello que os impida llegar hasta Mí. Debéis ser camino de salvación para muchos y os premiaré vuestro ejemplo y la vida que hayáis dejado también en vuestros hermanos.

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Os he pedido que aumentéis vuestro tiempo de oración, que mejoréis en vuestra vida de penitencia y ayuno. Os lo pido de corazón Mis pequeños; porque son tantas y tantas las almas alrededor del mundo que necesitan de salvación y no hay suficiente Oración ni donación por su salvación.

Ciertamente, el Sacrificio de Mi Hijo abarca a todas las generaciones y a todos los tiempos. Pero vosotros sois corredentores con Mi Hijo y ésta en una Gracia especial que os doy para que vosotros también podáis gozar fuertemente en el Reino de los Cielos por el bien que vosotros hacéis a vuestros hermanos.

Mis pequeños, si vosotros pudierais ver cuántas almas sufren por los ataques satánicos. Satanás ha desplegado sus alas, está yendo por todos lados del mundo destruyendo almas. Cada vez veis más su fuerza, su poderío, su grosería, su Maldad.

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Estáis viendo cómo va corrompiendo corazones desde la niñez, quitándole la inocencia a vuestros hijos, llevando a vuestros jóvenes todavía pequeños, a pecados graves. Causándoles daños irreparables, como desde tener hijos a temprana edad y que ellos a su vez, no les darán soporte espiritual…

 Porque estos mismos jóvenes pequeños, no tienen la madurez necesaria como para transmitir valores. Esto les creará un resentimiento muy fuerte, porque le echarán la culpa a ése bebé que llegó desde muy temprano a su vida..

Y ese resentimiento le causará también un daño al bebé… Y así es como va causando daños en cadena.

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Estáis viendo como Satanás está atacando a todos niveles de la vida del hombre y vosotros no estáis contrarrestando casi nada de todo el poder maligno que se ha desatado sobre la Tierra.

Esto ya estaba profetizado en las Escrituras, pero muchos de vosotros, una gran mayoría en el mundo, no le interesa saber ya más de Mí, vuestro Dios.

Hacen caso omiso de Mis Leyes y Decretos, hacen caso omiso de Mis Verdades y Mis Consejos. En las Sagradas Escrituras tenéis la Verdadera Vida, tenéis el camino correcto, tenéis los consejos para llegar a la santidad.

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 Tenéis todo Mis pequeños, para que se os llame verdaderos hijos de Dios. Pero el hombre prefiere darle vuelo a sus carnalidad, a su concupiscencia. 

Creen muchos de ellos, que tendrán después el tiempo suficiente para su conversión, el regreso a Mí. Pero ciertamente esas almas quedan llenas de resentimiento y de maldad por haberse ido por caminos de perdición.

Satanás en su astucia los va desviando de los caminos del Bien y al llenarlos de Mal, las mismas almas sienten que ya no tienen perdón… Y así va haciendo que se pierdan en esa desesperación, se dan por perdidas, porque sienten un peso muy grave de pecados que han cometido.

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 Creen ya no poder tener salvación, ni perdón Míos y no es así, Mis pequeños. Os he dicho que Satanás sí tiene más poder sobre vosotros, pero nunca tendrá el Poder que tengo Yo, porque él está muy por debajo de Mí.

Venid a Mí con confianza, Mis pequeños. Venid y buscad Mi Misericordia Infinita. Pero os debéis dar cuenta que vuestro cambio debe ser inminente y total. Si es posible, dejar todo ése camino de mal que habíais llevado a lo largo de vuestra vida y cambiarlo en virtud y en amor verdaderos.

Satanás os lleva a amoríos pecaminosos, que solamente os van a dejar cargas tremendas y a veces, aparentemente insalvables. ¿Por qué buscar el Mal, Mis pequeños, cuando podéis tener Mi Bien y vuestra vida podría ser más agradable y verdadera?

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Cuando vosotros transmitís el Bien, se os abren las puertas de todos lados. Solamente quedarán cerradas aquellas puertas en las cuales, Satanás está atrás de ellas.

Ésas almas, ya satanizadas por el pecado, no os abrirán sus puertas. Pero aparte de ésas, tendréis todas las puertas abiertas, porque estaréis llevando Mi Presencia ante vuestros hermanos…

 Y aquellas almas que os acepten, Me están aceptando a Mí y recibirán Mis Bendiciones, porque os aceptaron a vosotros. Lo que hagáis con vuestros hermanos, Me lo haréis a Mí, os ha dicho Mi Hijo y es Verdad, Mis pequeños.

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 LlevadMe a Mí y gozaréis Mi Amor también en aquellas almas que os están cuidando, abriéndoos sus puertas; pero sobre todo, abriendo su corazón a vuestras enseñanzas, vosotros recibiréis. Y al recibir, tendréis la obligación de dar también y así, se va dando ésa cadena de Amor…

 Lo que vosotros habéis hecho con vuestros hermanos, más tarde lo recibiréis también y hasta con creces. Y al final, la puerta final también se abrirá para vosotros: la Puerta del Reino de los Cielos, en donde con gusto os recibiré.

Recibiréis el Amor en pleno, porque buscasteis el Amor, disteis el Amor y tendréis en premio al Amor, que Soy Yo, vuestro Dios.

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Cuando estudiáis vuestros primeros años en la escuela, se hace un resumen muy breve de lo que pudiera ser la vida del hombre. Según ellos, según los científicos, es el nacer, crecer reproducirse y morir.

Ciertamente esto no cabe para vosotros, Mis pequeños hijos Míos, eso más bien es para el mundo animalVosotros, que tenéis un alma, vuestra responsabilidad es mayor. Tenéis otro tipo de vida que la animal, tenéis frutos diferentes que recibís y que dais.

 Nacéis, pero vuestro nacimiento va siempre cuidado por Mí, por vuestro Dios. Nacéis sí, a la vida del mundo. Pero con el Sacramento del Bautismo, vuestra alma nace también.

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Vais creciendo, pero vuestro crecimiento no es el que tienen los animales, que ellos se van guiando por instinto que Yo he impuesto en cada género de vida animal; ellos tienen que seguir ése patrón de vida, de acuerdo a su especie; vosotros no Mis pequeños.

Vais creciendo, vais recibiendo educación, pero no estáis obligados por un instinto, porque además tenéis el libre albedrío. Podéis tomar o podéis negar la educación que se os está dando. Vais creciendo y vais  también creciendo un vuestro interior, no solamente creceréis en cuerpo, sino debéis crecer en alma.

Vuestros mismos padres, deben seguir dándoos ese alimento de vida, porque ellos mismos deben ya de haber crecido y madurado en Mis Leyes de vida y en Mi Amor, deben ser maestros en Mis Enseñanzas, en las Enseñanzas que os dejó Mi Hijo.

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Vais creciendo, vais teniendo ataques de Satanás, pero sí tuvisteis un buen alimento, podéis ir venciendo éstos ataques, éstas tentaciones. Ciertamente caeréis, pero siempre vosotros teniendo en vuestro interior esa búsqueda, la de la perfección espiritual, que es la Mía.

Os levantaréis, vuestras caídas no durarán mucho tiempo ni afectarán tremendamente vuestra alma. Os levantaréis, porque estaréis constantemente viéndoMe a Mí, vuestro Dios.

Si llegáis al Sacramento del Matrimonio, entonces daréis fruto. Es fruto verdadero el que dais, porque así como un árbol frutal da éstas exquisiteces para vuestro paladar; en su interior en la semilla al ser sembrado, se producirá un árbol o un arbusto igual de aquél que tomasteis ese fruto.

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Vuestros hijos son el fruto, son Mi deleite. Porque esos pequeñitos a los cuales les estáis enseñando acerca de Mí y que están llenándose de Mi Amor y lo están dando; ése amor infantil, ése amor pequeñito, ese amor honesto, Me deleita Mis pequeños, como el fruto jugoso de ésos árboles o de ésos arbustos.

Ese pequeñito que también crecerá, estará guiado por vosotros y vosotros, siempre buscando también la perfección en ellos, a la vez darán fruto y así haréis una familia, que se irá llenando de Mí, de Mis Bienes y de Mi Amor.

Crecerán vuestros hijos, seguiréis creciendo vosotros. Os seguiré llenando de Mí, de Mi Amor, de Mis Virtudes, de Mis Enseñanzas. Si Me amáis realmente, gozaréis de todo aquello que es espiritual, que os da vida interior ya no solamente enseñaréis a los vuestros; sino ese Amor que os va llenando, lo transmitís a vuestros hermanos, porque esa es la Ley del Amor.

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Os he dicho que el Amor es dinámico y la Ley del Amor es que llegue a todos vuestros hermanos, que rodee al mundo entero, que os perfeccione. Ciertamente también  tendréis un final, pero no será el final como el de los animales. Todavía vuestro final tiene poder de salvación, tiene poder de vida para otro…

 Aún vuestros últimos momentos de sufrimiento o si tenéis enfermedades largas, que son para ofrecimiento, para rectificación de vuestro camino o para ayuda espiritual de muchos, todavía tenéis un poder grande de salvación cuando os unís a los Méritos de Mi Hijo.

Y así podéis ver que la vida del hombre no es estéril, no es la vida de un animal que se ha dejado llevar por su instintoSi vosotros os dejáis llevar por Mi Voluntad, haréis una vida muy fructífera de gran salvación para las almas y también será un regalo tremendo para vuestra propia alma.

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 Y así entraréis al final de vuestros días sobre la Tierra a Mi Reino, que será una Vida Eterna, llena de Bendiciones. Y allí es donde Yo os consentiré grandemente por el poco tiempo que vosotros pasasteis sobre la Tierra,  tendréis una eternidad bellísima.

Vosotros os donasteis a Mí, cuando teníais el libre albedrío, Yo Me donaré a vosotros cuando estáis en vuestro Hogar de regreso, en el Reino de los Cielos.

Por eso os pido que pongáis todo vuestro empeño en buscar la santidad de vuestros actos y esto es principalmente, dando amor a los vuestros. Ésa es la principal finalidad de vuestra vida sobre la Tierra, enseñar a vuestros hijos, a vuestros hermanos, a todos aquellos que entren en contacto con vosotros a amarMe y al tenerMe a Mí, tendrán todo. 

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Confiad en Mí, hijitos Míos, Yo no Me separaré de vosotros en ningún momento. Os daré fuerza física y espiritual para vencer en ésta prueba. Prueba que os hará alcanzar vida de Amor en ésta Nueva Era de Mi Santo Espíritu por venir.

Confiad, que Yo estoy a vuestro lado, para guiaros y en vuestro corazón para amaros y daros fuerza, fuerza que ha de vencer a las fuerzas del Mal. Yo os Bendigo, Mis pequeños. Os llevo en Mi Corazón.

Amaos los unos a los otros, os lo pidió Mi Hijo. Bendecid estos momentos en vuestra vida y agradecedMelos… Son momentos de Gloria.

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Os amo, os amo, Mis pequeños. Y dejadMe ser vuestro Dios en vuestra vida, en total libertad. Os amo, Mis pequeños y os Bendigo en Mi Santísima Trinidad.

Yo os amo y os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo y en el del Amor de Mi Santo Espíritu por venir.

¡Llamadlo, hijitos Míos, llamadlo!

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16.- EL LLAMADO DEL AMOR


Días después…

En una mañana de mercado en Cafarnaúm. Hay tianguis. La plaza está llena de vendedores de toda clase de mercancía. A ella llega Jesús, viniendo del lago y ve que vienen a su encuentro, sus primos: Judas y Santiago.

Él se apresura y después de abrazarlos con cariño, pregunta ansioso:

–           ¿Vuestro padre? ¿Qué pasó?

Judas Tadeo responde:

–           Nada nuevo en lo que respecta a su salud.

Jesús dice:

–           ¿Entonces a qué viniste? Te dije que te quedaras.

Tadeo baja la cabeza y calla.

Pero el que se expansiona es Santiago y dice:

–           Por mi culpa, él no te obedeció. Sí. Por culpa mía. Pero no puede soportar más. ¡Todos en contra! Y ¿Por qué? ¿Acaso hago mal en amarte? ¿Lo hacemos acaso? Hasta aquí, un escrúpulo del Mal, me había detenido. Pero ahora que sé. Ahora que has dicho que sobre Dios no hay nadie, ni el padre. Ya no lo pude soportar. ¡Oh! Judas trató de ser respetuoso. De hacer entender razones. De corregir ideas. Dijo: ‘¿Por qué me combatís? Si Él es el Profeta. Si es el Mesías. ¿Por qué queréis que el mundo diga: ‘Su familia no lo quería? Cuando todos lo seguían, ella no lo hizo.’ Y yo declaré:Porque si fuera el infeliz que vosotros decís. ¿No debemos nosotros, los de su familia; estar cerca de su demencia; para impedirle que se dañe o nos dañe?

¡Oh, Jesús! De este modo hablaba yo para discutir humanamente, como ellos razonaban. Pero Tú sabes bien que Judas y yo no creemos que Tú estés loco. Tú sabes que en Ti vemos al Santo de Dios. Que te consideramos como nuestra estrella mayor. Pero no nos han querido comprender. Ni siquiera nos han querido escuchar. Y me vine. Acosados entre la elección de Jesús y la familia, te he escogido a Ti. Aquí estoy si me quieres. Si no, seré entonces el hombre más infeliz, porque no tendré nada. Ni tu amistad, ni el amor de la familia.

Jesús dice:

–           ¿Resuelto? ¡Oh, Santiago mío! ¡Mi pobre Santiago! ¡No hubiera querido verte sufrir así, porque te amo! Pero si el Jesús-Hombre llora contigo, ¡El Jesús Verbo se regocija por ti! ¡Ven! Estoy cierto de que la alegría de ser portador de Dios entre los hombres, aumentará de día en día tu gozo; hasta llegar al éxtasis completo, en la última hora de la Tierra y en la eterna del Cielo.

Jesús se vuelve y llama a sus discípulos, que prudentemente se habían mantenido retirados unos cuantos metros.

–           Venid, amigos. Mi primo Santiago desde ahora es de mis amigos y por esto, amigo vuestro. ¡Cuánto he deseado esta hora! Este día, para él; mi amigo perfecto de la infancia. Mi buen hermano de juventud.

Los discípulos, alegres dan la bienvenida a Santiago y a Judas Tadeo, al que hacía tiempo no veían.

Tadeo dice:

–           Te buscamos en casa. Pero estabas en el lago.

Jesús contesta:

–           Sí. Estuve en el lago por dos días, con Pedro y los demás. Pedro ha tenido buena pesca. ¿Verdad?

Pedro responde:

–           Sí. Y ahora esto me desagrada porque deberé entregar más dracmas a aquel ladrón… -y señala al alcabalero Mateo, cuyo banco está rodeado de gente que paga por la tierra o por los frutos.

Jesús dice:

–           Será todo en proporción: más pescados, más pagas; pero también más ganancias.

Pedro objeta:

–           No, Maestro. Más pesco, más gano. Pero si hago cálculos, ese de allá me hace pagar no el doble, sino el cuádruplo. ¡Chacal!

Jesús exclama con un tono:

–           ¡Pedro!… Acerquémonos a él. Quiero hablar. Siempre hay gente cerca del banco de la alcábala.

Pedro refunfuña:

–           ¡Ya lo creo! Gente y maldiciones.

Jesús mueve la cabeza y responde:

–           Pues bien. Yo iré a introducir bendiciones. Tal vez entre un poco de honradez en el alcabalero.

–           ¡Puedes estar tranquilo! Tu palabra no entrará es esa piel de cocodrilo.

–           ¡Veremos!

–           ¿Qué le vas a decir?

–           Directamente nada. Pero hablaré de tal forma, que sirva también para él.

–           ¿Dirás que es un ladrón tan grande igual al que asalta por las calles? Porque es como quien despelleja a los pobres que trabajan por tener pan. No por mujeres, ni ebriedades…

–           Pedro, ¿Quieres hablar tú por Mí?

–           No, Maestro. No sabría hacerlo bien.

–           Y con el vinagre que traes adentro, te haría mal a ti y a él.

Cuando llegan cerca del banco de la alcábala, Pedro intenta pagar cuando Jesús lo detiene y le dice:

–           Dame las monedas. Hoy pago Yo.

Pedro lo mira sorprendido y le entrega una bolsa de cuero con dinero.

Jesús espera su turno y cuando está enfrente del alcabalero, le dice:

–           Pago por ocho canastos de Simón de Jonás. Allá están los canastos, a los pies de los trabajadores. Verifica si quieres. Pero entre honrados basta solo la palabra. Y creo que me tienes por tal. ¿Cuánto es la tasa?

Mateo, que estaba sentado en su banco, en el momento en que Jesús dijo: ‘Creo que como a tal me tienes’, se pone de pie.

No es un hombre alto y parece ser de la misma edad que Pedro. En su cara se ve el cansancio de mundanas alegrías y una vergüenza completa. Al principio, tiene la cabeza inclinada. Luego la levanta y mira a Jesús, que también lo mira atenta y serenamente, como dominándole con su imponente estatura.

Jesús vuelve a preguntar:

–           ¿Cuánto?

Mateo responde:

–           No hay tasa para el discípulo del Maestro. –y añade en voz muy baja- Ruega por mi alma.

–           La llevo conmigo porque recojo la de los pecadores. Pero tú… ¿Por qué no la curas?

Después de decir esto, inmediatamente se vuelve y le da la espalda para ir hacia Pedro, que está con los ojos como platos y boquiabierto por la admiración.

También los otros lo están. Hablan en voz baja o lo hacen con los ojos.

Jesús se dirige hacia un árbol y se recarga en él. Está a unos diez metros de donde está Mateo, empieza a hablar:

“El mundo se puede comparar con una gran familia, cuyos miembros desempeñan quehaceres diversos y todos son necesarios. Hay agricultores, pastores, viñadores, carpinteros, pescadores, albañiles, herreros, escribanos, soldados oficiales. Soldados destinados a diversas funciones, médicos, sacerdotes; de todo hay. El mundo no podría componerse de una sola clase. Todas las profesiones son necesarias. Todas santas, si todas hacen lo que deben con honradez y con justicia. ¿Cómo se puede llegar a esto, si Satanás tienta por todas partes? Si se piensa en Dios, en que todo lo ve; aún las obras ocultas. Y en su Ley que dice: ‘Ama a tu prójimo, como te amas tú mismo. No hagas a otro lo que no quieras que te hagan. No debes robar de ningún modo.’

Decidme vosotros que me estáis escuchando: ¿Cuándo uno muere, se lleva acaso su dinero? Y cuando alguien fuese tan necio de querer tenerlo en el sepulcro, ¿Puede usarlo en la otra vida? ¡No! El dinero se convierte en metal mohoso al contacto de la corrupción de un cuerpo descompuesto. Y su alma estaría en otra parte desnuda, más pobre que el desventurado Job. Sin tener siquiera un céntimo, aun cuando aquí o en la tumba hubiere dejado millones y millones. Antes bien.

¡Escuchad! ¡Escuchad!

En verdad os digo que difícilmente se conquista el Cielo con riquezas. Sino más bien y casi siempre; se pierde con ellas. Aun cuando fueran riquezas que se hubieran adquirido honestamente; bien por herencia, bien por ganancia. Porque pocos son los ricos que saben usar justamente de ellas. Entonces, ¿Qué se necesita para tener este cielo bendito? ¿Este descansar en el seno del Padre? Es necesario no tener sed de riquezas.

En el sentido de no querer tenerlas a cualquier precio, aun faltando a la honradez y al amor. En el sentido de que si se tienen, no se las ame más que al Cielo y que al prójimo. Y se niegue la caridad al que tiene necesidad. No tener sed en el sentido de que pueden proporcionar mujeres, placeres, banquetes. Vestiduras suntuosas que son una bofetada para el que tiene frío y hambre. Existe una moneda que cambia el dinero injusto, en valores que son reconocidos en el Reino de los Cielos.

En la santa astucia de hacer de las riquezas humanas frecuentemente injustas o causa de injusticia, riquezas eternas. En otras palabras, ganar con honradez. Devolver lo que se obtuvo injustamente. Usar de los bienes con parsimonia y despego. Saberse separar de ellas, porque antes o después, ellas nos dejan. Y pensar por otra parte, que el bien llevado a cabo, jamás nos abandona.

A todos nos gustaría ser justos y como a tales ser tenidos. Y que Dios nos premie como a tales. Pero, ¿Puede Dios premiar a quien solo tiene el nombre de justo, pero no las obras? ¿Cómo puede decir: ‘Te perdono’;  si ve que el arrepentimiento es tan solo de palabra y que no va acompañado de un verdadero cambio de espíritu? No hay arrepentimiento mientras dure el deseo por el objeto por el que pecamos. Pero cuando uno se humilla. Cuando uno se corta la parte moral por una mala pasión, sea mujer u oro.

Y uno dice: ‘Por Ti Señor y no por esto’ entonces es cuando se está realmente arrepentido. Y Dios lo recoge con estas palabras: ‘Ven. Te quiero como a un inocente y como a un héroe.’

Jesús ha terminado. Se va sin siquiera voltear a donde está Mateo, que se acercó al círculo de oyentes, desde las primeras palabras.

Cuando está por llegar a la casa de Pedro, su mujer corre al encuentro de su marido para decirle algo. Luego Pedro hace señas a Jesús de que se acerque y le dice:

–           Llegó la madre de Judas y de Santiago. Quiere hablar contigo, pero no quiere que la vean. ¿Cómo le hacemos?

–           Bien. Yo entro en casa como si fuera a descansar y vosotros vayan  a distribuir las limosnas entre los pobres. Ten también el dinero de la tasa que no quiso. Vete.

Jesús hace señal a todos de que se vayan. Mientras Pedro los llama para  que se vengan juntos.

Jesús pregunta a Porfiria, la mujer de Pedro:

–           ¿Dónde está la mamá, mujer?

Porfiria le contesta:

–           En la terraza, Maestro. Allá hay sombra  y está fresco. Sube Tú también. Allí se está mejor que en cualquier otra parte de la casa.

Jesús sube por la escalera. En un ángulo, bajo el viñedo; sentada en un banquillo junto a la baranda; vestida toda de oscuro, con el velo en la cara, está María de Alfeo.  Llora sin hacer ruido.

Jesús la llama:

–           ¡María! ¡Amada, tía!

Ella levanta su pobre cara angustiada y extiende las manos, mientras exclama:

–           ¡Jesús! ¡Traigo un dolor en el corazón!

Jesús ha llegado junto a ella y la hace que siga sentada. Él permanece de pie, con su manto sobre el hombro. Pone una mano en la espalda de su tía y con la otra cubre sus manos y le pregunta:

–           ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras tanto?

María de Alfeo contesta:

–           ¡Oh, Jesús! Escapé de casa diciendo: ‘Voy a Caná a buscar vino y huevos para el enfermo’ en casa se quedó tu Madre que cuida como sólo Ella sabe hacerlo y por eso estoy tranquila. Pero lo que en realidad quería, era venir aquí. He caminado durante dos noches para llegar aquí lo más pronto posible. Y ya no puedo más… pero el cansancio no me importa.

¡Es el dolor de mi corazón lo que me hace mal! ¡Mi Alfeo! ¡Mis hijos! ¡Oh! ¿Por qué en la misma sangre hay tanta diferencia? ¿Por qué ésta es, como dos piedras en una máquina que muelen el corazón de una madre? ¿Están contigo Judas y Santiago? ¿Sí?…

Jesús asiente con la cabeza.

Ella continúa:

–           Mi Alfeo. ¿Por qué no comprende? ¿Por qué se muere? ¿Por qué quiere morir así? ¿Y Simón y José? ¿Por qué? ¿Por qué están contra Ti y no contigo?

–           No llores, María. No les guardo rencor. Se lo dije también a Judas. Los entiendo y los compadezco. Si por esto lloras, no llores.

–           Lloro, sí. Porque te ofenden. Y también porque no quiero que mi esposo muera como un enemigo tuyo. Dios no lo perdonará. Y yo… ¡Oh! ¡No lo tendré para siempre en la otra vida! –María está tan angustiada, que gruesas lágrimas caen sobre su mano izquierda, que Jesús le ha soltado.

Él, objeta:

–           No. No digas eso. Perdono. Y si perdono Yo…

–           ¡Oh! ¡Ven Jesús! Ven a salvarle el alma y el cuerpo. Ven. Empiezan a decir, también para acusarte… ya empezaron a decir que has quitado los hijos a un padre que muere y lo dicen por todo Nazareth. ¿Entiendes?…  Y añaden: ‘Por todas partes hace milagros; pero en su casa no puede hacerlos’ Y como yo te defiendo diciendo: ‘¿Qué cosa puede hacer si lo habéis arrojado con vuestros reproches y no creéis?’ Y no me dejaron en paz.

–           Dijiste bien: ‘Si no creéis’ ¿Qué puedo hacer donde no se cree?

–           ¡Oh! ¡Tú lo puedes todo! ¡Yo creo por todos! Ven. Haz un milagro para tu pobre tía…

–           No puedo. –Jesús al decir esto, está tristísimo. De pie y apretando contra su pecho a la que está llorando.

Entonces ella llora mucho más fuerte.

Jesús prosigue:

–           Escucha, María. Sé buena. Yo te juro que si pudiese; si conviniese hacerlo, lo haría. ¡Oh! Obtendría del Padre esta gracia, por ti. Por mi pobre Madre. Por Judas y Santiago. Y también… ¡Sí! También por Alfeo, José y Simón. Pero, ¡No puedo! Un gran dolor oprime tu corazón y no puedes entender la justicia del Poder mío. Te lo puedo decir, pero no lo comprenderías. Cuando llegó la hora del tránsito de mi padre… Y tú sabes si era un justo y si mi Madre lo amaba… no lo devolví a la vida. No es razonable que la familia donde vive un santo; esté libre de las desventuras inevitables de la vida.

Si no fuese así, Yo debería ser eterno en la tierra. Y sin embargo pronto moriré. Ni María, mi santa Madre, podrá arrebatarme de la muerte. No puedo…

Lo que puedo es esto y lo haré. –Jesús se ha sentado junto a ella. Toma entre sus manos la cabeza de su tía y agrega- haré esto. Por este dolor tuyo, te prometo la paz a tu Alfeo. No estarás separada de él, en la otra vida. Te doy mi palabra de que nuestra familia estará reunida en el Cielo: junta por toda la eternidad. No llores más. Ve en paz. Fuerte, resignada y santa. Mi Madre ha sido viuda antes que tú y te consolará, como sólo Ella sabe hacerlo. No quiero que partas sola, bajo este sol. Pedro te acompañará en la barca hasta el Jordán. Y te irás de allí a Nazareth en un borriquillo. Cálmate.

–           Bendíceme, Jesús. Tú dame fuerzas.

–           Sí. Te bendigo y te beso, buena tía.

Y la besa tiernamente, hasta que ella se serena.

Días después…

Jesús está en Betsaida. Habla de pie, en la barca que está anclada en la orilla. Y hay mucha gente sentada, formando un círculo a su alrededor.

–           … por esto también comprendo a todos vosotros que me amáis y me habéis seguido dejando negocios y las comodidades, para oír la Palabra que os hace doctos. Sé muy bien que más que el descuido de vuestros negocios, que es merma en vuestra bolsa, os trae burlas y hasta daño social. Tengo muchos que hoy me son contrarios y mañana serán mis enemigos declarados. Y os digo, porque a nadie quiero engañar. Ni a vosotros, mis leales amigos, que para dañarme a Mí. Para causarme dolor. Para vencerme al aislarme…  Ellos, los poderosos de Cafarnaúm, emplearán todos los medios: Insinuaciones, amenazas, burlas sin igual y calumnias.

El Enemigo está haciendo uso de todo para arrebatar almas al Mesías y convertirlas en su presa. Os digo: quien persevera se salvará. Pero también os digo: quien ama más su vida y el bienestar que a la salvación eterna, puede irse; dejarme; ocuparse de la vida insignificante y del transitorio bienestar. Yo no detengo a nadie. El hombre debe ser libre. He venido para liberarlo del Pecado y fortalecer su espíritu, liberándolo de las cadenas de una religión deformada; opresora. Con la Palabra de Dios, que es neta, breve, luminosa, fácil, santa, perfecta. Mi venida es un cedazo de las conciencias…

Durante siglos hubo un desafío entre el Eterno y Satanás, que enorgullecido por su primera victoria sobre el hombre, dijo a Dios:

–                 Tus criaturas para siempre serán mías. Ninguna cosa; ni el castigo, ni siquiera la Ley que les quieres dar; los harán capaces de ganarse el Cielo. Y este lugar tuyo del que me has arrojado a Mí, el único inteligente entre tus criaturas; quedará vacío, inútil y triste, como todas las cosas inútiles.

Y el Eterno respondió al Maldito:

–                 Podrás hacer todavía esto, mientras tu veneno sea el único que reine en el hombre. Pero mandaré Yo a mi Verbo y su Palabra lo neutralizará. Él sanará los corazones. Curará la locura con la que los has satanizado y… ellos volverán a mi redil. Y el Cielo se poblará. Lo he hecho para ellos. Tú rechinarás tus horridos dientes, con impotente rabia; allá en tu tétrico reino que es prisión y lugar maldito. Y sobre ti los ángeles colocarán la Piedra de Dios y la sellarán contigo y los tuyos. Tan sólo habrá tinieblas y odio; entretanto que la Luz y el Amor; el canto y la beatitud. La libertad infinita, eterna, sublime; pertenecerán a los míos.

Y Mammón con una risa burlona, dijo:

–                 Y yo te juro que cuando llegue la hora, vendré. Estaré junto a todos los evangelizadores y veremos cuál de los dos, es el vencedor.

Así es. Satanás os pone asechanzas para heriros. Y también Yo os rodeo por lo mismo. Los competidores somos dos: Yo y él. Vosotros estáis en medio. El Duelo del Amor con el Odio. De la Sabiduría con la Ignorancia. De la bondad con el Mal. Es por causa vuestra y alrededor vuestro. Yo me basto para apartar de vosotros los golpes del Malvado. Me interpongo entre las almas de Satanás y vuestro ser. Y acepto que se me hiera, en lugar vuestro, porque os amo. Pero los golpes en vuestro interior… esos debéis retirarlos con vuestra voluntad. Viniendo a Mí. Poniéndoos en mi camino, que es Verdad y Vida. Quién no tenga ganas del Cielo; jamás lo tendrá. Quién es Enemigo del Mesías, es semilla mala que renacerá en el Reino Satánico.

Sé por qué habéis venido, vosotros de Cafarnaúm. Tengo conciencia pura, del pecado del que se me culpa. Y en nombre de un pecado que no existe; se murmura detrás de Mí y se insinúa que oírme y seguirme, es haceros cómplices con el pecador.

Entre vosotros, ciudadanos de Betsaida, hay personas que recuerdan a la Bella de Corozaím. Hay hombres que pecaron con ella. Hay mujeres que por causa de ella gimieron y después se alegraron cuando supieron que la podredumbre había salido fuera de sus entrañas impuras; al exterior de su magnífico cuerpo.

Esa corrupción era la figura de aquella mucho más dura, que había roído su alma adúltera, homicida y prostituta. Setenta veces siete, adúltera; con cualquier hombre que tuviera dinero. Homicida siete veces siete, por sus concepciones bastardas. Prostituta por el vicio y ni siquiera por necesidad. ¡Oh! ¡Comprendo, esposas traicionadas! Comprendo vuestro júbilo, cuando supisteis que las carnes de la Bella tenían el hedor y estaban deshechas como una carroña llena de gusanos. Pero Yo os digo: Sabed Perdonar. Dios os ha vengado. Y luego Él, ha perdonado. Perdonad también vosotras que me habéis saludado con el grito: ¡Bendito el Cordero de Dios! Sí, Soy el Cordero. Y vosotras debéis ser ovejas mansas. Yo la he perdonado y también deben hacerlo las que traen un dolor profundo de esposas traicionadas y que con instinto de fiera, defendieron su nido. No podría Yo que soy el Cordero, permanecer entre vosotras, si sois tigresas y hienas.

El que ha venido en el Nombre Santísimo de Dios a recoger a justos y pecadores para llevarlos al Cielo; fue también a ver a la arrepentida y le dijo: ‘Queda limpia. Vete y expía’. Esto lo hice en sábado. Y de esto se me acusa. Acusación Oficial. La segunda, es la de haberme acercado a una prostituta. A una que lo FUE. Y que entonces sólo era un alma que lloraba sobre sus pecados. Era un alma enferma. Y los enfermos son los que tienen necesidad del médico.

Pues bien. Yo digo: lo hice y lo haré. Traedme el Libro de la Escritura. Escudriñadlo, estudiadlo, desentrañadlo. No encontraréis jamás un punto sonde se prohíba al médico, que cure a un enfermo. Al levita, que se ocupe del altar. Y al sacerdote, que no escuche a un fiel; tan sólo porque es sábado. Ella era un altar profanado y tenía necesidad de un levita que lo limpiase. Era una fiel que lloraba ante el Templo Verdadero de Dios y tenía necesidad del sacerdote que la presentase. En verdad os digo que si no cumplo con mi deber y que si pierdo una sola alma de las que sienten el acicate de la salvación; Dios Padre me pedirá cuenta de ella y me castigará por esa alma perdida.

Este es mi pecado, según los poderosos de Cafarnaúm. Podría haber esperado al día siguiente al sábado, para hacerlo. Pero en aquel corazón había humildad verdadera; sinceridad clara; dolor perfecto. ¿Por qué esperar a que un corazón contrito, se ponga en paz con Dios? La lepra todavía estaba sobre su cuerpo; pero su corazón ya estaba curado por el bálsamo de años de arrepentimiento; de lágrimas; de expiación. Salió limpia del lago, también en su cuerpo. Pero mucho más en su corazón. ¡Oh! ¡Cuántos de los que entraron en las aguas del Jordán, para obedecer la orden del Precursor; no salieron de él limpios!  Porque su bautismo no era un acto sincero de un espíritu que quisiese prepararse a mi llegada. Sino tan solo una forma de aparentar ser perfectos en santidad a los ojos del mundo.

Y era por esto, hipocresía y soberbia. Dos culpas que aumentaban el cúmulo de las que ya existían en sus corazones. El bautismo de Juan no era más que un símbolo que quería decir: ‘Limpiaos de la soberbia, humillándoos hasta confesaros pecadores. De la lujuria; lavándoos de su escoria.’ Es el alma, la que se bautiza por voluntad vuestra, para estar limpia a la invitación de Dios.

No hay culpa tan grande que no pueda lavarse primero con el arrepentimiento; después, con la Gracia; a fin de que la pueda lavar el SalvadorNo hay pecador tan grande, que no pueda levantar su cara estropeada y sonreír con una esperanza de Redención.  Basta con que tal acto sea completo al renunciar a la culpa. Heroico, al resistir a la tentación. Sincero, en la voluntad de renacer.

Os digo una verdad que a mis enemigos les parecerá blasfema; pero vosotros sois mis amigos. Hablo especialmente a vosotros, mis discípulos y elegidos. Y luego, a todos quienes me escucháis. Os digo: Los ángeles, espíritus puros y perfectos; que viven en la Luz de la Santísima Trinidad y en ella se gozan; reconocen que la perfección que tienen, es inferior a la vuestra. ¡Oh, hombres lejanos del Cielo! Son inferiores porque no tienen poder para sacrificarse. De sufrir para cooperar en la Redención del Hombre.

Y qué os parece? Dios no toma a un ángel para decirle: ‘Sé el Redentor del Género Humano.’ Sino que toma a su Hijo y sabiendo que por más que sea incalculable e infinito su poder; todavía falta. Y es una muestra de su Bondad Paternal que no quiere hacer diferencia entre el Hijo de su Amor  y los hijos de su Poder; al conjunto de los méritos que se pondrán a los de los pecados de cada momento, que el género humano va acumulando. Por esto no toma a los ángeles. Para completar la medida. Y  no les dice: ‘Sufrid para imitar al Mesías.’ Sino que lo dice a vosotros, hombres. Os dice: ‘Sufrid. Sacrificaos. Sed semejantes a mi Cordero. Sed Corredentores…’

¡Oh! Yo veo cohortes de ángeles que dicen: ‘¡Benditos vosotros que podéis sufrir con el Mesías y por el Dios Eterno; que es nuestro y vuestro!’

Muchos no lograrán comprender esta grandeza. Está muy por arriba del hombre. Pero cuando la Hostia sea Inmolada. Cuando el Grano eterno, Resucite para no morir más… entonces comprenderéis que no he blasfemado. Sino que os he anunciado la dignidad más alta del hombre: ‘La de ser corredentores, aun cuando antes se era sólo un pecador.’ Entretanto preparaos para ello con una pureza de corazón y de propósitos. Cuanto más puros seáis, tanto mejor comprenderéis…

Porque la impureza, cualquiera que sea; es siempre humo que oscurece y apesanta la vista y la inteligencia. Sed puros. Empezad por los cinco sentidos, para pasar a las siete pasiones. Empezad por la vista. Por el sentido que es rey y que abre el camino al hambre más voraz y complicada: los ojos ven la carne de la mujer y desean la carne. Los ojos ven la riqueza de los ricos y desean el oro. Los ojos ven el poder del gobernante y desean el poder. Cuanto más puros sean vuestros ojos; más puro será vuestro corazón. Sed castos en las miradas; si queréis ser castos en el cuerpo. Si tuvieseis castidad en la carne; tendréis castidad en las riquezas y en el poder. Tendréis toda castidad y seréis amigos de Dios.

No tengáis miedo de que se os haga burla, porque sois castos. En verdad os digo que Dios ha dejado el matrimonio para elevaros en la procreación y para que cooperéis con Él, para poblar los Cielos. Pero hay un estado mucho más alto; ante el cual se inclinan los ángeles porque ven su sublimidad, sin poder imitarla. Un estado que no excluye a los que ya no son vírgenes y que voluntariamente destruyen su fecundidad ya sea femenina o masculina; anulando su virilidad animal, para ser fecundos tan solo en el espíritu. El eunuquismo más alto; el que tiene como instrumento amputador la voluntad de pertenecer solo a Dios y conservar para Él; casto el cuerpo y el corazón; para que brillen siempre con el esplendor que ama el Cordero.

He hablado al pueblo y a los elegidos de entre el pueblo; antes de entrar a partir el pan y compartir la sal, en la casa de Felipe. Os bendigo a todos. A los buenos como premio y a los pecadores, para infundirles valor de acercarse al que vino a perdonar. La paz sea con vosotros.

Jesús desciende de la barca y pasa entre la multitud que se agolpa alrededor. En la esquina de una casa todavía está Mateo que ha escuchado desde allí al Maestro, pero no se atrevió a más. Cuando llega Jesús y pasa junto a él, se detiene. Y como si bendijese a todos, bendice una vez más y mira a Mateo. Luego continúa caminando entre el grupo de los suyos, seguido por el pueblo. Y entra en una casa…

Mateo se va para la suya reflexionando, mientras una esperanza se agiganta en su corazón. Prepara todo y sale de viaje a Jerusalén. Entra en el recinto del Templo y se dirige sin vacilar hacia el Patio de los Israelitas. Luego, entra al lugar donde los varones de Israel, pueden presentar sus oraciones ante el Santo de los santos. Y concentrado en una oración profunda llora y dice al Altísimo:

‘Bendito y alabado seas Yheové Sebaoth. Creo en la Palabra de tu Mesías. Sé que ni siquiera debiera estar pisando en este lugar sagrado. Él dijo que tu perdón puede hacer del peor de los pecadores, un discípulo santo a los pies de tu Ungido. Yo soy el peor de los pecadores. Pero le creo a Él. Te suplico que me perdones.  Muéstrame tu misericordia ante mi arrepentimiento. Soy tuyo, Adonaí…

 

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA