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46.- LA FE VERDADERA Y SOBRENATURAL I


cabecera diosesSéneca no podía disimular lo divertido que estaba.

Ni Marcial la admiración que le despertaron los cristianos.

Tanto Ethan como Acacio, no solo son sabios, sino ingeniosos. Y esa combinación les encantó a los demás.

Todos se quedaron reflexionando, en lo que acaban de escuchar con el debate.

Minutos después, Trhaseas dijo:

–         A mí me gustaría saber cómo se construye una fe. Si nuestras creencias son vanas, entonces nos quedamos sin nada

Lucano confirmó:

–           Yo quisiera creer igual que ustedes.

Y el poeta Marcial, preguntó a todos y a ninguno:

–           ¿Cómo se puede llegar a tener Fe?

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Leonardo se levanta como impulsado por un resorte y dice con alegría:

–           Tomemos el ejemplo de los templos. Esos edificios sagrados verdaderamente bellos que tienen un solo defecto y es que están dedicados a la nada.

Dios estaba presente en el genio del hombre que hizo y que decoró el Partenón. Porque Él está dondequiera que hay vida o manifestación de ella. Ya sea mineral, vegetal o animal.

Él, el Creador del Universo y de todos los hombres, aunque no lo reconozcan, ni lo amen. Está en los astros, en los mares, en los vientos. En los vuelos de las águilas, en los zumbidos del mosquito. En todo está el Altísimo Creador. Dios Único y Trino.

padre creador

Si la Fe se construye como se construyen los Templos, hay que buscar el espacio para que quede libre y en alto. Esto se hace, queriendo creer.

Cuando nuestra voluntad está inclinada a querer creer, el siguiente paso es muy simple: la Fe es una virtud que Dios nos regala como un don; para que podamos creer en Él y amarlo.

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Cuando Dios se vislumbra y se desea conocerlo. ¡Simplemente hay que decirlo!:  ‘Señor, enséñame a conocerte y a amarte.’

Y Él se encargará de traer nuestras almas a la Luz, por medio de la Fe.

La voz de Leonardo, está llena de emoción al continuar:

ESCUDO DE LA FE

¿QUÉ ES LA FE?

El hombre experimenta una necesidad instintiva por buscar la Verdad.

Esta necesidad es un acicate del alma que vive y está presente en todos los hombres aunque sean paganos; pero sufre en ellos, porque tiene hambre en su nostalgia del Dios Verdadero.

El alma lo recuerda en el cuerpo que habita y al que gobierna una mente pagana. Pues el hombre no es solo carne y el cuerpo perecedero, está unido al alma que es inmortal.

LA NECESIDAD DE CREER ES MÁS IMPERIOSA, QUE LA DE RESPIRAR.

Aún quién dice que no cree en nada. En alguna cosa cree.

Tan solo el hecho de decir: ‘No creo en Dios’ presupone otra Fe. Tal vez en sí mismo o en su inteligencia soberbia.

Aunque el hombre se niegue a reconocerlo, el alma sufre porque recuerda a Dios.

Su inteligencia desea al Dios Verdadero de quién viene y tiene hambre de Él. Y trata de acercarse a Él cuando lo percibe.

LA FE ES LA QUE CONSAGRA EL ALTAR DEL CORAZÓN A DIOS.

LA Fe Verdadera y las virtudes, hacen del hombre un hijo de Dios al deificar el alma.

Y por eso hay que buscar la ciencia que no yerra y que está contenida en la Doctrina Cristiana.

Ella es la que nos guía y nos vuelve capaces de conquistar el Cielo.

La Fe, es el fundamento de la santidad. Una luz especial del Cielo con la que el alma ‘ve a Dios’ en este mundo.

Es un rayo de luz que hiriendo el rostro de Dios, lo hace visible para el alma.

Es la Vida y Fortaleza del espíritu. Es el sol que lo calienta y lo ilumina, haciéndolo crecer siempre más en perfección y santidad.

La Fe es Fruto del Espíritu Santo.

Es una luz oscura que arrastra al hombre hacia Dios por medio de la humildad y es indispensable para la salvación.

La Fe, es la Prueba que Dios exige a la soberbia y a la inteligencia del hombre, el cual para caminar por ella, debe postrar su orgullo y su propio juicio.

La Fe es el farol luminoso que alumbra el camino oscuro del espíritu y es un Caos donde el soberbio se hunde y el orgulloso se estrella…

LA FE Y LA LUZ

LA FE ES EL PRECIO DEL CIELO

Desata las manos del Omnipotente. Aplaca la Justicia Divina. Arranca gracias al Eterno. La Fe santifica y salva. Da valor a los actos más sencillos y los lleva sobrenaturalizados a Dios.

La Fe es la confianza ciega y el lazo de luz que une al Cielo con la Tierra, porque es un lazo de comunicación que une al hombre con el Cielo y con Dios.

Solamente con ella, el hombre puede caminar firme en medio de los escollos y las espinas de la vida de perfección. Consiste esta luz en traspasarlo todo, fijando la mirada en un solo punto: Dios.

Y jamás separarse de Él en ninguna circunstancia de la vida, ni de la muerte.

La Fe sana el cuerpo, el alma y el corazón, porque el espíritu se acerca a Dios y deja de odiar para aprender a amar.

El alma nace de nuevo y la paz y el gozo la acompañan siempre.

Son necesarias la Fe y la humildad, para reconocer a Dios.

La Fortaleza da el poder para conservar la Fe que lo ha encontrado. La Fortaleza impide que las asechanzas del Demonio aplasten la Fe. Quién se instruye en la Verdad encuentra a Dios y la Fe llena de vigor a la Perseverancia, que es indispensable para NO decaer en el Camino de la Cruz.

Ahora podemos tener el Reino de Dios, porque Jesús lo consiguió con su muerte.

Él nos ha comprado con sus Dolores y NADIE debe pisotear la Gracia que es el Precio de la Vida y la Sangre de Dios.

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Solo el que ama como un niño, cree y espera como un niño.

Los párvulos aman sencilla y escuetamente. Dios ama a los niños porque tienen aquella Fe, fidelidad y confianza propia de ellos, que cree con tenacidad. Cree sin titubear. Creen a pesar de las pruebas tremendas, porque aman con la mente, con el corazón, con todas las fuerzas, al Señor su Dios.

Los niños eran la alegría del Hombre-Dios. Para el Maestro que tenía en ellos su alivio alegre sobre la Tierra, tan llena de amargura para Él.

Eran las flores llenas de pureza, amorosos y sin malicia.

El Reino de los Cielos es para quién sabe tener el alma de niño y acoger la Verdad, con la confianza y la presteza de los niños.

Creen con simplicidad, porque tienen su alma virgen de racionalismo, de desconfianza y de soberbia de la mente. Los niños tienen la virginidad del espíritu.

Creer no quiere decir ser crédulos. Creer es aceptar y comprender, siguiendo la luz de la inteligencia, cuanto ha sido dicho por los patriarcas y los santos de Dios.

Creer es entender a la luz de la Gracia, cuanto todavía queda oscuro a la inteligencia. Creer es amar.

La credulidad es estupidez. El creer es santo, porque es tener el espíritu obediente a los misterios del Señor.

La fe Verdadera es la que hace resurgir como hijos del Altísimo.

EL PODER DE LA FE

La belleza, la potencia, la fuerza de la Fe, son tales; que la plenitud de la misma, solo podrá ser entendida en el Cielo.

Aquí no es más que un pálido reflejo, aún en las almas más penetradas de Fe. Pero este reflejo es tan poderoso, que basta para dar orientación a toda una vida y conducirla directo hacia Dios.

¿Qué aseguraba la fe de los antiguos antepasados? La llegada del Mesías.

Hecho que bastaba por sí solo para tener la seguridad en un Dios, Padre del Género Humano.

Aseguraba la Vida Eterna a todos aquellos que mueren en el Señor. Y anunciaba el eterno castigo a los trasgresores a su Ley.

Aseguraba la Trinidad de Dios. Aseguraba la existencia del Espíritu Santo, del cual vienen todas las luces espiritualmente sobrenaturales.

¿Qué asegura la Fe de los cristianos?

LAS MISMAS COSAS. 

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Jesús no modificó la Fe. Al contrario. La ha confirmado y la ha construido alrededor de una roca fuerte: su Iglesia, depositaria de la Verdad por Jesús Mismo.

Para los que dicen que el mundo evoluciona y debe cambiar, debiera ser más fácil creer; porque la Ciencia está comprobando las verdades aseveradas por Dios.

La alegría más grande de Dios, se la damos cuando lo dejamos salvar nuestra alma a través de la Fe.

Y el dolor más grande es cuando el hombre quiere perder su alma, al rechazar su Don de Salvación.

La Fe verdadera se encuentra en la Doctrina Cristiana, tal y como Jesús la ha dado.

La Fe no es solamente esperanza de cosas creídas. LA FE ES REALIDAD DE VIDA. Vida que comienza aquí, en esta quimera de la vida humana y terrenal y que se completa en el más allá. En el vivir eterno que nos está esperando.

El hombre quiere hacerlo todo por sí mismo. Le cuesta mucho depender de Dios y por eso es hombre de poca fe.

Porque el que cree de verdad, se abandona sin cuestionarse nada más. No hay que desconfiar de Dios.

No hay que tener miedo del mañana. Dios siempre provee lo necesario.

La gente del Mundo siempre se afana por atesorar objetos de los que no puede gozar.

La única preocupación debe ser siempre el Reino de Dios y su Justicia.

Las añadiduras las provee el Padre Celestial que ama a sus hijos y NO los desampara nunca.

Muchos rechazan creer. ¡Y no quieren creer porque tienen pavor de hacerlo!

Implica un cambio radical que NO están dispuestos a hacer.

No hay que olvidar que Dios mira las obras de los hombres y no sus palabras. El que rehúsa aceptar a Jesús como Salvador, deberá aceptarlo forzosamente como Juez.

Hay que consumir el viejo ‘yo’ en el fuego del Dolor, para que la Fe pueda ser traducida, concretada y actuada en la vida diaria.

La Fe debe bañar todas nuestras acciones y sólo entonces se vuelve práctica.

La Fe sin obras es vana y las obras sin Fe, NO sirven para nada.

La verdadera Fe, cree ciegamente que Jesús es Dios, el Salvador. Que su Palabra dice la verdad y AMA OBECIÉNDOLA.

Cree firmemente en la esperanza de alcanzar la vida Eterna y ama a Dios a través de los velos de la Fe.

Dios regala esta virtud a las almas y es de una fuerza tal, que el hombre no puede arrancarla de su corazón.

Muchas almas la enlodan, la ensucian, la pisan, la desprecian; pero en el fondo se convierte en un tormento para los malos y les repite que hay un Dios justo.

Y nunca pueden callar esta voz dulce para los buenos y terrible para los pecadores obstinados.

Vivir sin creer es imposible. Quién NO cree en Dios, en el Dios Verdadero; creerá por fuerza en otros dioses.

Quién NO CREE EN NINGÚN DIOS, creerá en los ídolos: los placeres, el dinero o la fuerza de las armas. Pero sin creer en NADA, NO pueden estar.

Peor que la Oscuridad que envuelve al ciego, es la Oscuridad del Alma que NO TIENE FE en ninguna cosa humana o sobrehumana. No les queda más que matar al alma y al cuerpo con la muerte violenta.

DESESPERACIÓN

Cuando Judas dejó de creer en Jesús, en la satisfacción del dinero, en la ambición del poder y en la protección humana, se suicidó.

No fue por el remordimiento de su delito. Después de su Traición, todo quedó claro ante sus ojos y se dio cuenta de que NADA de esto lo hacía feliz.

De la oscuridad de su desesperación que lo tenía en la nada, se arrojó en la oscuridad del Infierno.

EL ABSOLUTISMO DE LA FE

SE CREE O NO SE CREE… 

Porque NO es posible creer a medias. La esencia de la Fe es un círculo maravilloso que NO conoce interrupción y ciñe con un abrazo vital.

Creer es aceptar con simplicidad de párvulos, lo que la Bondad Divina dice que hay que creer. Por eso es necesaria la Fe Absoluta.

Pues basta rechazar una parte de la Verdad, para hacer un caos en el alma. Basta con acoger una verdad de menos en la Doctrina Cristiana, para hacer tambalear todo el edificio de la Fe.

Se cree TODO o NO SE CREE EN NADA.  Se acepta TODO o NO se acepta nada.

Jesús lo dijo más conciso:el que NO está conmigo, está contra Mí. Por eso es necesario ser fieles, aceptando su Palabra sin quererla censurar.

Y en donde nuestra debilidad NO pueda entenderla, ¡Hay que preguntarle al Maestro que las dijo!

Él es la Luz del Mundo y ama Enseñar al que con humildad y amor le pide ser aceptado como discípulo. Él NO quiere nuestra ruina, sino nuestra salvación.

Un ejemplo de fe limitada y las consecuencias de esto, lo tenemos en Pedro.

Pedro en su pesantez humana, NO tenía todavía al Espíritu Santo con la plenitud de Pentecostés.

Era un hombre bueno que NO quería aceptar totalmente la Palabra de Jesús, en lo que era inconcebible para él: la Pasión de su Maestro.

Su mismo gran amor por Jesús, lo lleva a rechazar aquella verdad sangrienta que Él anunciaba que le estaba reservada. ‘Señor, que esto NO suceda nunca.’ Había dicho una vez.

Y después de la reprensión de Jesús, NO lo volvió a repetir.

Pero en el interior de su corazón se rebelaba ante la idea de que a su Señor le esperaba una suerte tan horrenda.

Juan por el contrario, aceptaba todo.

Su corazón de niño se trituraba con las palabras que oía decir a quién amaba y sabía que era la Verdad Absoluta.

Juan, el puro y amoroso creyente, permaneció FIEL  al pie de la Cruz.

Pedro, que quiso acoger de la Verdad, aquellas verdades que lo seducían... LO RENEGÓ…

Y su culpa de aquella hora, fue una falta de valor; pero más que nada, una falta de Fe.

Si hubiera creído en Jesús con absoluta fidelidad, hubiera entendido que Jesús nunca fue más Rey, Maestro y Señor, que en aquella hora en que parecía un vulgar Delincuente.

Fue precisamente en aquel momento, en que las Enseñanzas del Maestro DEJARON DE SER UNA TEORÍA

 Para convertirse en hechos verdaderos.

Fue entonces cuando Jesús afirmó el Reino para todos aquellos que habían de compartirlo, asumiendo con Él la Púrpura y la Corona, que más espléndidos NO podían ser.

Porque la primera, era dada por la Sangre de un Dios y la segunda era el Testimonio de la Potencia que alcanza el Amor de Dios por los hombres…

De un Dios que sufrió la Muerte con el Martirio, para elevar mártires eternos de entre los hombres…  

Ha sido entonces cuando Jesús ha recuperado plena y completa, su Vestidura de Señor del Cielo y de la Tierra.

Los que tienen una fe limitada, pretenden de Dios bienes de Bienestar terreno que Jesús NUNCA prometió dar, porque Él dirige hacia el Cielo y NO a las cosas del Mundo.

Todo lo que Él da de felicidad terrena es algo extra, que NO merecemos y NO podemos exigir…  

Cuando se tiene una Fe Absoluta, NO SE TIENTA A DIOSpidiéndole ‘Pruebas’ para creer…

Los Tomases se procuran los Tormentos de Tomás, que Sufrió más días que los demás…

Por NO creer en la Resurrección desde el primer momento…

Y después sufrió más días, por NO haber creído a los que lo habían constatado…

Y su Arrepentimiento y su Dolor aumentaron, ante Aquel Dios que le tomó la mano, para introducirlas en sus heridas…

 

LA FE DE ABRAHAM

Abraham fue el Padre de todos los creyentes.

O sea, de TODOS  los que sienten  resonar en su espíritu, la Voz Espiritual del Dios Altísimo.

Y saben comprender las Palabras que esta Voz inefable les dice: “Y Creen y le Obedecen a sus Mandatos.”

Pero Abraham era hombre que amaba al Dios Verdadero, su razón NO era soberbia y reconocía a Dios en todas las cosas. Se sentía su creatura.

Doblegaba su pensamiento en reverencial sujeción delante del Altísimo, cuyas manifestaciones veía en toda su Creación.

Y su espíritu era justo; conservándolo puro de toda suerte de idolatrías.

Justo era también su cuerpo, obediente a los mandatos que Dios había dado a Adán.

Trabajaba el campo para arrancarle su alimento. Y le era preciosa la fatiga que encontraba gusto en el trabajo, por más que le fuese penoso.

Le parecía justo que su pan tuviese como condimento la sal de su sudor y justa también la muerte que convertiría su carne en polvo.

Humilde delante del Altísimo, se consideraba un granillo de polvo.

Polvo. Polvo frente al Inmenso, el Infinito, el Potentísimo.

Y como un grano de polvo, se dejaba transportar por la Voluntad del Señor, sin adherirse a cosa alguna por preciosa que fuera, considerándolas transitorias solamente.

Creyente en Dios. Confiado en la Bondad de Dios. Obediente a Dios. Tenía todos los requisitos para sentir resonar en su espíritu, la Voz de Dios. Y comprender sus palabras. Y obedecer lo que Dios le ordenaba.

Abraham creyó y esperó contra toda Esperanza. Cuando ya tenía la certeza de que Saray NO tendría descendencia y andaba prófugo fuera de su Tierra y lejos de su parentela.

En las condiciones menos favorables para creer que el Señor haría de él una gran nación y que a su estirpe le sería dada aquella Tierra, que después fue la Palestina y con una descendencia que Dios multiplicaría como el polvo de la tierra.

¿Cómo puede haber posteridad y multiplicación?

Abraham NO tenía la Semilla: el heredero.

En el regazo estéril de Saray, NO florecía semilla de posteridad. Y aún así…  

NO obstante todo, Abraham CREYÓ QUE DIOS LE CONCEDERÍA EL HEREDERO… 

Recibió la promesa y pasaron los años. Su Fe se afianzaba con el pasar del tiempo, sin que tuviera cumplimiento la promesa de Dios.

Abraham seguía esperando y confiando en Él…

Por fin, cuando tenía cien años y ya ni su cuerpo, ni el de su esposa podían ya dar vida, Dios da el plazo de un año para que tuviera cumplimiento lo que le había prometido.

Este anuncio hizo que su Fe cobrara más vigor.

Después, cuando fue padre de Isaac, le es pedido el hijo para sacrificarlo.

En lugar de sentirse traicionado en su Fe, amó más a Dios que a su hijo y NO se lo negó.

Su amor y su lealtad fueron premiados…

 Y Dios tomó en cuenta esa Fe para hacerlo santo.

santidad

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

P19 ¡URGENTÌSIMO! ¡ORANDO POR LA PAZ!


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¡EL PODER DE LA ORACIÓN EN CADENA DERRIBA FORTALEZAS Y CAMBIA PROFECÍAS!

18 DE ABRIL DE 2013 – 8:50 A.M.

LLAMADO DE JESÚS DE NAZARETH AL MUNDO CATÓLICO

(Y TAMBIÉN A TODOS LOS CRISTIANOS, VER MENSAJE DE VASSULA, AL FINAL DE ESTE MENSAJE)

Hijos míos, paz a vosotros.

Orad para que la guerra sea detenida, porque la paz está a punto de desestabilizarse.

MISILES NUCLEARES

Si Rusia no es consagrada lo más pronto posible al Corazón Inmaculado de mi Madre, os aseguro que traerá muchas desgracias y propagará su doctrina herética al mundo entero, haciendo que todos los acontecimientos se den antes del tiempo señalado por la voluntad divina.

Hijos míos, escuchad: Mi Padre respeta vuestro libre albedrío y no os impone nada; acordaos que estáis en el no tiempo, debéis de orar, ayunar y hacer penitencia, para detener el curso de los acontecimientos que están por desatarse.

El poder de la oración en cadena derriba fortalezas y cambia profecías.

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Por vuestras oraciones, ayunos, súplicas y penitencias, os envié un Papa que hará la voluntad de Dios, siempre y cuando el mundo católico no lo abandone en la oración.

Si oráis por el Papa Francisco, él hará la voluntad de mi Padre,

más si descuidáis la oración por él, mi adversario y sus instrumentos infiltrados en la sede de Pedro, lo llevarán a cometer errores en contra de la fe, el evangelio y doctrina de mi Iglesia.

Hijos míos, os digo todo esto para que despertéis espiritualmente y comencéis a hacer de la oración vuestra mayor prioridad.

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Acordaos que estáis en tiempos de batalla espiritual y no podéis descuidaros con la oración, ayuno y penitencia, ya que estas son vuestras fortalezas y armas espirituales que os protegerán de los ataques de mi adversario y sus huestes del mal.

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La voluntad de mi Padre es que yo no pierda a ninguno de los que él me ha dado, sino que los resucite en el último día. (Juan 6, 39).

Hijos míos, no es voluntad de Dios que la humanidad sufra, es vuestro libre albedrío quien elige el camino.

Cuando la humanidad se aparta de Dios y sus preceptos de vida, cae en el desamor y la injusticia; es el hombre apartado de Dios quien sojuzga a su propio hermano y lo esclaviza y esto no hace parte de la voluntad divina.

Aprended de los habitantes de Ninive que estaban apartados de Dios, pero por la predicación de Jonás se convirtieron y Dios se arrepintió del castigo.

Jonas-foi-a-Ninive

Haced lo mismo en estos tiempos para que vuestra purificación os sea más llevadera. Porque en verdad os digo: Si no os arrepentís, todos pereceréis.

Mi paz os dejo, mi paz os doy. Arrepentíos y convertíos, porque el Reino de Dios está cerca. Vuestro Maestro y Pastor. Jesús de Nazareth.

Dad a conocer mis mensajes a toda la humanidad

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org

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VASSULA

APRENDAN EL SANTO ROSARIO
SEÑALES DEL FIN DE LOS TIEMPOS

LLAMADO URGENTE A ¡TODOS LOS CRISTIANOS!

SANTO ROSARIO

SANTO ROSARIO

02.06.88
Era ya el tercer día que rezaba el Rosario completo, así como las tres oraciones que el Señor desea que recemos.
– ¿Señor?
Yo Soy. Vassula mía, la perseverancia 1 debilita al demonio, disminuye el mal. Aprendan el Santo Rosario. Embellece Mi Iglesia.
El Señor quiere decir que los Ortodoxos, los Protestantes, así como otras Iglesias, que no rezan el Santo Rosario, deberían aprenderlo, enriqueciendo así a la Santa Iglesia, alejando al demonio y aplastándolo.

BATALHA

De este modo, disminuirán la herejía y la apostasía que se han infiltrado en la Iglesia, a causa de la infidelidad y la desobediencia.

– Sí, Vassula, el Amor aumentará y el mal disminuirá.                        

Y para aquellos que sostienen que esto no ha sido dicho por Mí 2 les haré ver cuán faltos de sentido son sus argumentos, cómo su celo está desviado y cómo no parecen ver claramente Mi Rectitud.

Ellos afirman únicamente sus propias ideas y estarían dispuestos a desconocerme. 3 Sorprendidos por el pobre instrumento que Yo escogí para manifestarme, te rechazarán como enviada por Mí. Han olvidado lo que dicen las Escrituras. 4

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Las Escrituras dicen: “Me he dejado encontrar por los que no me buscaban, y Me he revelado a aquellos que no preguntaban por Mí”.                        

Así, Yo, El Señor, les digo: ¡Abran sus corazones, no sus mentes!
Vassula de Mi Sagrado Corazón, tú Me has oído susurrar en tu oído 5 . Yo quiero mostrarte en Timoteo 1 y 2, todo lo que ha sido predicho para los últimos días de tu era.

Mi Creación se ha degenerado y ha caído mas bajo que los Sodomitas.

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Las Tinieblas han caído sobre ella como un velo mortal enviado por Satanás. Satanás ha enviado a muchos falsos maestros y falsos profetas, que se presentan hoy en día como filósofos, enseñando dogmas que no proceden de Mí, tu Señor. Mis hijos, cegados por su ignorancia, caen en estas trampas tendidas por Satanás.
Deseo que estos pasajes de Timoteo se lean públicamente como advertencia:
1 Timoteo 4, 1-16; y 6, 20-21 y 2 Timoteo 2, 14-26 — estas profecías fueron especialmente dichas para tus tiempos.
                       

Luego en 2 Timoteo 3, 1-17, el pasaje predice el estado de tu era, tal como se encuentra en la actualidad, porque estos son los últimos días antes del Fin de los Tiempos.

Solemnemente, les pido a todos, que redoblen sus oraciones para Mi “Retorno”. Mi Sagrado Corazón está abierto a toda alma que se arrepienta y quiera volver a Mí.

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Flor, busca siempre el Espíritu de Verdad y de Discernimiento, antes de escribir Conmigo.

El Amor te ama y te guiará.                        

Ven, descansa en Mi Sagrado Corazón. Yo no te abandonaré jamás. ¿Nosotros?
– Sí, Señor. Sí, Santa Madre. 

1 Esforzándome por agradar a Nuestra Señora y a Jesús, rezando el Santo Rosario, obedeciendo Su Santa Voluntad
2 Rezar el Rosario

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3 Al afirmar que estos Escritos no vienen de Dios, porque muchas cosas escritas por Dios aquí, no se ajustan a sus conveniencias
4 Isaías 65,1-2
5 Hace dos noches, Jesús susurró en mi oído que tenía que leer en la Biblia la 1ª y 2ª epístolas a Timoteo

VASSULA

21.- LA ORACIÓN II


EL HOMBRE QUE HACIA MILAGROS - (película completa) (1)

¿PORQUÉ HAY QUE ORAR?

“Estén despiertos y orando, para que no caigan en tentación: el espíritu es animoso pero la carne es débil.” Cuando el cuerpo no se alimenta las fuerzas disminuyen y el cuerpo debilitado no puede reaccionar contra los enemigos que lo agreden y que de una u

otra manera lo matan.

Una planta que no es alimentada muere. Una lámpara sin combustible se apaga. Cuando la lámpara de la Fe no es alimentada, se apaga y en el alma se hace la oscuridad. El combustible que alimenta la luz de la Fe es la Oración. El oxígeno del alma es la Oración. Un alma que no ora no puede vivir y muere. Los que se rehúsan a orar no pueden imputarle a Dios el que haya apagado en ellos toda la energía espiritual y la Fé.

El alma del cristiano sin Fe es la cosa más frágil y vulnerable que existe. Sumergida en la oscuridad se pierde y es inexorablemente arrollada por la concupiscencia del espíritu y la de los sentidos. Es el ángel hecho prisionero por Satanás, con la impureza de los sentidos y del espíritu, en el error y la herejía.

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El alma en crisis de Fe por falta de vida espiritual, es un títere y un juguete en el que Satanás desahoga su odio y sus celos, haciéndola su esclava y llenándola de porquería, para envilecerla y arrojarle su degradación al Rostro de Dios, con sarcasmo lleno de desprecio, de odio y de burla:

–           ¿Éste es tu hijo por el que diste tu Sangre? ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¿A él le interesa siquiera tu Ley y tu Amor? ¡Mira como lo tengo! ¿Ves lo que está haciendo? ¿Un hombre? ¡Ni siquiera es capaz de razonar como una bestia! Y ES MÍO. ¡Mío porque su voluntad me pertenece! ¡A Ti ni siquiera te reconoce! Dije que te vencería y aquí tienes la prueba. ¡Mira cuántos son igual que él! ¡YO SOY MÁS GRANDE QUE TÚ!

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Las almas que se rehúsan a orar se parecen a un náufrago que entre las olas tempestuosas de un mar embravecido, de un mundo que no es de Dios, se niega rotundamente a nadar. ¿Cómo podrá salvarse?

Por eso hay que invocar el Nombre de Jesús con Fe, esperanza y caridad intrépidas. Y caerán todos los flagelos con los que Satanás atormenta a la Humanidad. Hay que permanecer en Dios y no debe haber miedo de pedir, porque Dios todo puede dar. Hay que pedir para uno y para los demás.

Jesús lo enseñó. Hay que pedir por los presentes y por los ausentes; los pasados, los presentes y los futuros. Por la jornada terrena y la Eterna. Y también por las de los que amamos. Hay que pedir por todos y para todos. Por los buenos para que Dios los bendiga. Por los malos para que Dios los convierta.

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Hay que unir las oraciones a Jesús y por sus méritos. Y a María por sus lágrimas y a través de su Corazón Inmaculado. Hay que pedir la salud, la paz en la familia, la paz en el mundo, la paz para la eternidad. Hay que pedir la santidad: Dios es Santo y es Padre. Y la santidad se pide y la vida se mantiene a través de la fuerza que viene de Él.

Hay que pedir el pan cotidiano y la bendición cotidiana, para el cuerpo y para el espíritu. Y por todo lo que se pida, será dado. No hay que tener miedo de pedir demasiado. Jesús para nosotros ha pedido la misma gloria, porque los cristianos somos hijos de Dios.

El Intercesor pide y obtiene de Dios, las gracias necesarias para la Redención Humana y el alivio del dolor ajeno. La oración intercesora es el amor de rodillas.

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En la historia de Sodoma y Gomorra, sus habitantes habían llegado a tal nivel de corrupción, que para impedir que éste cáncer se expandiera, Dios decidió destruirlos. ¿No le comunicaré a Abraham lo que voy a hacer? En este cuestionamiento que Dios se hace a Sí Mismo, lo que en realidad está diciendo es: “Si Abraham y Yo somos amigos, no está bien que Yo destruya Sodoma y Gomorra sin que él lo sepa.” ¡Dios es un Amigo Sublime!

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¡Qué maravilloso es llegar a este grado de intimidad con El que nos ha creado! De que Abraham lo conocía bien, lo revela el magnífico regateo que sucedió a continuación y que comienza con: “Sé que Tú estás lejos de proceder así…”

En el epílogo de tal entrevista, aprendemos el valor de la Oración Comunitaria, pues basta con la Oración de Diez justos generosos; reunidos para pedir piedad. Dios no rechaza la Oración. Y es posible conseguir que Dios cambie de opinión y se vuelva una bendición su decreto de destrucción.

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También Moisés, ¡Suplicó, exigió y consiguió!: “Yeové renunció a destruir a su Pueblo, como  lo había anunciado.” Moisés puso en peligro su propia vida eterna y su oración salvó a toda la nación de Israel.

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Al no querer nada para sí, él solo logró doblegar la Voluntad Divina. Dios tenía toda la razón y también sus sentimientos cuentan. Sin embargo ante la audacia de Moisés, Él también sacrificó su Justicia ante su Misericordia.

LA ORACIÓN INTERCESORA PUEDE CAMBIAR EL CURSO DE LA HISTORIA.

Cuando estamos totalmente unidos a Cristo y crucificados con Él, nuestra intercesión es muy poderosa, porque es Jesús Mismo el que ora al Padre en nuestra Oración.

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Hay que agradecer a Dios ahora que estamos padeciendo por Él. Entre los muros de esta cárcel terrena podemos hacer una intercesión poderosa por los que más amamos y más alejados están de Dios. Nuestro sacrificio y nuestra sangre, obtienen de Dios los milagros más portentosos.

Hay que orar mucho por:

LOS SACERDOTES.

Hay que orar siempre por ellos, porque son los máximos responsables de la vida espiritual de los cristianos.

ALABANZA Y REPARACIÓN A DIOS.

Blasfemado por tantos.

LAS ALMAS DEL PURGATORIO.

Es la mejor obra de Misericordia. Obteniéndoles refrigerio en su padecer por alcanzar la Gloria.

LOS PECADORES.

Muchas almas se condenan porque faltan intercesores que les obtengan de Dios la Gracia para que se arrepientan, se conviertan y se salven.

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LOS CAUTIVOS DE SATANÁS.

Todos los hombres son atormentados con saña inaudita por el Eterno Odiador de Dios y del Hombre. La intercesión por los atormentados por la violencia y el Odio, permite que Dios intervenga para impedir más delitos, especialmente contra los inocentes. Y para sanar los corazones de los que están siendo arrastrados por la desesperación.

LOS QUE SUFREN.

Porque el sufrimiento se convierta en escalera para el Cielo. Y no sea fuente de duda y de desesperación que los lleve a renegar de Dios y a precipitarse en las trampas que Satanás les tiende para destruirlos.

POR NOSOTROS.

Hay que pedir las ayudas sobrenaturales que más necesitamos y que nos permiten elevarnos para alcanzar aquella perfección que es indispensable para agradar a Dios, porque Él nos quiere santos y reunidos con Él. La santidad sólo puede alcanzarse a través de la Oración.

LA ORACIÓN DEBE SER ESPECÍFICA.

Una de las tácticas de Satanás y que usa como un último recurso, cuando no consigue apartarnos de Dios, es estorbarnos la Oración e impedir que nos fijemos objetivos concretos que él no puede detener.

Cuando Jesús levantó a Lázaro de entre los muertos, lo llamó por su nombre. Si Jesús no hubiera hecho una Oración muy específica

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¡Todos los muertos se hubieran levantado! Por eso cuando a Jesús le llevaron al ciego Bartimeo, Jesús le preguntó: ‘¿Qué quieres que te haga?’ El ciego respondió: ‘Maestro, que yo vea’ Entonces Jesús le dijo: ‘Puedes irte, tu fe te ha salvado’. Y al instante vio y se puso a caminar con Jesús.

¿Por qué Jesús le hizo una pregunta tan obvia a Bartimeo?

Desde la perspectiva de Dios, Bartimeo tenía muchas necesidades. Si Bartimeo le hubiese pedido: ‘Jesús, ten misericordia de mí.’ Hubiese hecho una petición generalizada. Y al pedir específicamente la vista de los ojos físicos, Dios le dio además la salvación, al ejercer su fe. Por eso le pidió que concretara su petición…

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Satanás no quiere que seamos concretos al orar por dos motivos:

1.- Neutralizar completamente la Oración… Pues al no especificar, él queda en libertad de obstaculizar.

2.-  Al orar específicamente estamos poniendo a  prueba la Fe. Esto la fortalece, al ver las específicas respuestas de Dios. La Duda es el arma favorita de Satanás para tratar de destruir nuestras oraciones específicas. Y esta es otra razón para ser perseverantes en la obtención de los milagros.

Cuando todo se hace en la forma correcta, se acaban las coincidencias y vemos las respuestas concretas de un Amor Infinito. Nuestro corazón se extasía en adoración al ver como Dios colma y rebasa nuestras esperanzas.

La Oración Perseverante abre el Cielo y la Fe salva al alma, por medio de la plegaria. Y el alma se fortalece, crece y se vuelve adulta. Y aprende a vivir muriendo y a morir amando.

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Sólo a través de la Oración es posible este aprendizaje. Y el Espíritu Santo trabaja con el Amor, para hacer santos a los espíritus y que alcancen la perfección con el amor de Coparticipación.

A la entrega total, Dios corresponde con el sonido audible de su voz maravillosa. Cuando el alma está lista, Él se convierte en nuestro mejor Amigo. Y ÉL nos guía y nos educa, como enseñó a sus apóstoles a comprender mejor sus enseñanzas.

Y de esta manera, la Oración se convierte en el centro de nuestra existencia. y convertimos nuestro corazón en el sagrario que custodia al Dios Vivo y Resucitado.

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LA MEDITACIÓN

Cuando nos disponemos a orar es indispensable el silencio, tanto exterior como interior, para poder escuchar la voz de Jesús y las ternuras de su Corazón amantísimo. La Meditación es la puerta que conduce a la santidad y la primera escala de la Oración. El alma que medita se salva, porque la Meditación nace de la Alabanza, ya sea de gratitud, de admiración o de adoración.

La Meditación es el alimento de la Fe y arrastra al hombre a la práctica de la vida cristiana recta y ordenada.

Cuando se llega a dominarla, es posible meditar en medio de la más febril actividad; ya que prepara y vigoriza el alma para deificarla, porque en ella está la fuente de las enseñanzas divinas.

La Meditación rasga el velo de los Misterios Divinos y conduce al hombre con paso firme al profundo conocimiento de su miseria, preparándolo para contemplar la Grandeza de Dios.

Quita de su camino los tropiezos del Pecado. Le señala el propósito de su vida. Lo prepara para el fin que fue creado. Le da claridad a sus dificultades y responde la solución de sus conflictos. Refrena sus vicios y sus pasiones. Endereza en su espíritu lo que está torcido. Protege de infinitos males y prepara el alma para la perfección.

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La Meditación es la escoba que barre la basura de nuestro interior.

Nos da la contrición y el arrepentimiento. Es la luz que ilumina las tinieblas que envuelven el camino del hombre sobre la tierra. Nos hace aborrecer el pecado al penetrarnos de la importancia de todas las verdades divinas y con ella se descubren las trampas de Satanás. Y nos señala el camino para librarnos de ellas.

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La Meditación es el taller donde se trabajan las virtudes. Es el alimento, el descanso y la perfección de un tesoro escondido que hace rico y poderoso a quién lo posee. Es como una lupa que descubre al espíritu con claridad asombrosa los secretos divinos y encamina el alma a la purificación y a la pureza.

Un alma que no medita, no puede emprender el camino espiritual porque es como si careciera de brújula para hacerlo y la desorientación es completa.

La Meditación y la Oración tienen la propiedad de adaptarse a las características particulares de cada alma, para facilitarle el conocimiento de Dios. La Meditación en la Pasión de Jesucristo enciende en las almas el fuego del amor y el sacrificio.

Y debe ser una tarea cotidiana. Es la pista para levantar el vuelo hacia la unión con el Espíritu Santo y el principio de la preparación a la crucifixión espiritual.

Todo lo creado puede ser un lugar de Oración, si aprendemos a levantar nuestro espíritu al Padre, despegándolo de la tierra y de las cosas de la tierra. Meditar orando es hablar con el espíritu elevado a Dios, olvidando a los hombres y a sus debilidades, pensando solo en Dios nuestro Padre. En Él que es tan bueno con todos los que lo buscan y lo aman con buena voluntad.

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La Oración es el descanso del alma turbada con tantas cosas. El tiempo dedicado a meditar orando, hace que las fuerzas se recuperen para reconstruir lo que el mundo y los ataques de Satanás debilitan, al tratar de impedir que el alma vaya hacia Dios.

Orar es hablar con Dios. Quien cree con pureza e inteligencia, escucha la voz de Dios y la atiende. Después habla de las cosas que Dios le ha enseñado.

Dentro de un corazón perturbado Dios no habla. Cuando un alma vive en la caridad su corazón está tranquilo, oye la Voz de Dios y la comprende. Medita en su Presencia y crece espiritualmente.

“Yo estoy con ustedes todos lo días, hasta que se termine este mundo…”

Entonces es cuando se reflexiona y se contemplan las perfecciones de Dios, la miseria humana y la fragilidad del hombre. Y se suscitan actos de una voluntad amorosa y reparadora y pronta siempre para adorar.

Quién se separa de Jesús y no se mantiene en contacto con Él por medio de la Oración, cae en el sopor y vuelve a ser apresado. La Oración y el Espíritu Santo crean un corazón y una inteligencia sobrenaturales. El hombre ya no piensa en sí mismo. Vive y piensa todo a través de Dios. Quién trabaja para Él, no pecará. Y quién lo da a conocer, tiene la Vida Eterna.

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El coloquio amoroso de la Oración favorece la intimidad con Dios. En ésta, el corazón se abre y Dios se derrama con abundancia. El alma dice: ‘¿Pero qué me ha hecho el Señor?’

El alma ha sido redimida de la esclavitud del pecado y las virtudes se multiplican y se perfeccionan en más alto grado. Todo es preparado espiritualmente para seguir a Dios por medio del sacrificio heroico y el alma es lanzada por el camino de la perfección.

LA FUSIÓN CON DIOS.

La Oración de Unión. Para que esta comunicación sea clara y precisa, es indispensable la más diáfana pureza: en la mente, en el corazón y en el cuerpo. Porque Dios se revela a los puros en toda su plenitud, por la delicia que encuentra en el alma que lo refleja a Él, el Purísimo.

No debe existir la más leve mancha de lujuria y Él las compensa con creces por los sacrificios que hacen por amor suyo. El virgen e ignorante del apetito carnal, puede conocer lo que es el Amor Perfecto, ya que no está contaminado por experiencias que lo perturban. En lo más íntimo de nuestro ser están las pasiones. La voluntad del alma enamorada de Dios, las dirige a una sola meta: la santidad.

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Satanás vigila y ataca con malas pasiones, para impedir que se construya el Reino de Dios. Si el hombre vive unido a Dios por medio de la Oración y la Gracia, Dios está en él y nada malo puede ocurrirle. La unión con Dios es el arma que nadie puede vencer y la victoria es segura.

El que persevera en el Amor de Jesús y en pertenecerle, vive para siempre y deifica su alma. Y se convierte en ‘dios’ participante de la Divinidad que Jesús le comunica a través de la Eucaristía y la Oración de Unión.

El alma pura y amorosa pide y confía ciegamente en su Señor. Se pliega dócilmente a la Voluntad Divina y ama siempre la respuesta, sea cual fuere.

El alma orante pasa de la Meditación a la acción, derramando el amor del que se ha nutrido en sus encuentros con Dios; con la misericordia y la compasión en deber de gratitud y de amor. Deber de imitación a Jesús. Amar a Dios por Sí Mismo y amarlo en el prójimo, eso es perfección.

            Y se perfeccionan los sentidos espirituales. El contacto con Dios es una continua metamorfosis que hace del hombre un ángel. Y con los ojos del espíritu vivo, ‘ven’ y con los oídos ‘oyen’ los secretos de Dios y el futuro del hombre. Y dicen en su Nombre lo que el Espíritu pone en sus labios purificados por el amor y santificados por el dolor.

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La Cruz es el poder para vencer. Hay que usarla con veneración y esculpirla en el pensamiento y en el corazón. Con la conversión queda grabada en la frente y en la mano de los espíritus vivos. Y ella debe esplender con la luz del Espíritu Santo, haciendo huir a Satanás, porque él no soporta la Cruz, ni la presencia santísima de María, la Virgen de Dios.

Y el Nombre Santísimo de Jesús, que es fuerza y defensa en el corazón que lo pronuncia con amor, Fe y esperanza. Todo esto es lo que forma el equipo que es mortífero para aniquilar a las legiones de Lucifer, que atormentan a todos los cristianos. El poder de la Oración y de la Cruz, vuelven invencible al alma que tiene una Fe viva y activa, que operan infinitos milagros, éstos se consiguen cuando se sabe usar a la perfección: LA ORACIÓN.

LA CONTEMPLACIÓN

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Para orar, no hay necesidad de pronunciar muchas palabras. Basta con mirar las cosas creadas y la admiración se abre paso al contemplar la Grandeza de Dios. Y nuestro corazón se eleva a la más alta Oración, desligada de las cosas del mundo, envuelto en un místico mar, arrebatado y endiosado por el Fuego del Amor Divino. Así es como se desarrolla una conversación en los Cielos.

La contemplación es el último peldaño de la Oración y se da cuando el alma alcanza el Amor de Fusión. El alma entra de lleno en el Cielo que existe desde la Tierra…

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La separación entre Dios y el alma crucificada y que ya es un atleta en el espíritu, es un tenue velo que se rasgará solo con la muerte y que está puesto porque nadie puede ver a Dios tal como Es, sin morir de Amor, de alegría, de anhelo; pues la Presencia de Dios tal cual Es, es fulminante. La muerte conducirá a tomar posesión de la Vida, que en el mundo vislumbraron a través de la Contemplación.

La contemplación tiene unos crisoles muy finos. Con frecuencia  se esconde el Amado y esa ausencia es tan penosa y dolorosísima, cuanto el alma ha aumentado su capacidad de amar, hasta alcanzar el límite insoportable de la desesperación.

Se le esconde el que es su vida y se siente morir. Se oscurece el que es su sol y se queda en tinieblas, como un niñito perdido que no sabe a donde voltear. Dios es su razón de vivir y cuando se ve apartada de Él, es un estado de tal sufrimiento y cruelísimo dolor, que si Dios no la sostuviera con su Gracia, sucumbiría.

De este crisol salen aquilatadas con un valor que solo Dios puede apreciar.

El alma crece en perfección; pero de la misma forma que aumentan el brillo de las virtudes, aquilatándose dentro de esa fuente de oro líquido que es la Contemplación; crecen también en intensidad y dolor, las pruebas alambicadas por las que el alma debe pasar, para purificarse siempre más.

Estas numerosas pruebas, tanto exteriores como interiores, cada una superior a la otra en despiadada crueldad. Unas purifican la voluntad directamente, desatando tempestades devastadoras sobre el corazón y sobre la mente. Hay otras purificaciones internas en la sustancia misma del alma, que no se diferencian de las penas del Infierno, más que en la duración.

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En este trance el cuerpo queda sin fuerzas y es incapaz de moverse; pero plenamente consciente, sufriendo aquella atroz agonía del alma. Sin poderse mover, ni quejar, ni luchar, sino tiene que dejarse desgarrar y quemar interiormente en el espíritu. Para llegar a este punto es necesario nunca dejar de orar y por lo tanto, nunca dejar de recibir gracias, creciendo en santidad y en perfección, en los crisoles divinos.

Sumergíos en el vórtice de la contemplación. Esforzaos en olvidar que sois hombres y en transformaros en serafines. Lanzaos al horno, a las llamas de la contemplación. La contemplación de Dios es semejante a chispa que salta del choque de la piedra contra el eslabón y produce fuego y luz. Es purificación el fuego que consume la materia opaca y siempre impura y la transforma en llama luminosa y pura.

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No tendréis el Reino de Dios en vosotros si no tenéis el amor. Porque el Reino de Dios es el Amor y aparece con el Amor. Y por el Amor se instaura en vuestros corazones en medio de los resplandores de una luz inmensa que penetra y fecunda, disuelve la ignorancia, comunica la sabiduría, devora al hombre y crea al dios, al hijo de Dios, a mi hermano, al rey del trono que Dios ha preparado para aquellos que se dan a Dios para tener a Dios, a Dios, a Dios, a Dios sólo.

Sed, pues, puros y santos por la oración ardiente que santifica al hombre porque le sumerge en el fuego de Dios, que es la caridad. Vosotros debéis ser santos. No en el sentido relativo que esta palabra ha tenido hasta ahora, sino en el sentido absoluto que Yo le he dado proponiéndoos la santidad del Señor como ejemplo y límite. O sea, la santidad perfecta. Nosotros llamamos santo al Templo, santo al lugar donde está el altar, Santo de los Santos al lugar velado donde está el arca y el propiciatorio. Pero, en verdad os digo que los que poseen la Gracia y viven en santidad por amor al Señor son más santos que el Santo de los Santos, porque Dios no se limita a colocarse sobre ellos como sobre el propiciatorio del Templo, para dar sus órdenes; sino que mora en ellos, para darles sus amores.

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Hacemos Oración cuando en silencio contemplamos la Verdad y a Dios en su Bondad, cantando salmos de Alabanza, por la alegría que invade nuestro ser. Dios pone al alcance los tesoros de su Sabiduría y el alma es como un niño que va recogiendo y engarzando las Divinas Palabras, formando así joyas maravillosas y bellísimas…

Y el alma está lista para los Esponsales Divinos.

LA ORACIÓN EN EL ESPÍRITU

“Pero Llega la hora y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores, adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Son esos adoradores los que busca el Padre. Dios es Espíritu, por lo tanto los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad.”

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La Oración es la elevación del alma a Dios. La obediencia a las inspiraciones del Espíritu Santo, dan la perfección del abandono en Dios y el alejamiento de las cosas del mundo. Cuando se ofrece a Dios todo y todo nos es quitado, a veces falta la serenidad por la pérdida de ciertas cosas. Y al volver la vista a lo que hemos dejado, sentimos que es un retroceso. Mientras el llanto baña el rostro, la voluntad de pertenecer más a Dios, se mantiene firme, pero nuestra incapacidad nos quebranta y nos sentimos como aplastados por un tremendo dolor. Se añoran…y se quisiera volver a tenerlas…

Tenemos que dar a Jesús la cosa más preciosa. Es entonces que la debemos dar. Más preciosa de la vida. Más cara de los afectos. Más amada de la casa. No se puede matar el recuerdo… y no se puede impedir la nostalgia. Pero basta con tener recuerdos y nostalgia llenos de resignación. Entonces no son imperfecciones, son méritos a los ojos de Dios. Espinas que estrechan el corazón, para que se llene de gemas, de lágrimas y de sangre, que se convierten en joyas que ofrecer ante el Trono  Divino.

El compendio de la perfección está en saberse desprender del propio modo de pensar humano. Es un trabajo de toda la vida y que se presenta innumerables veces a lo largo de la existencia. Porque ¿El pensar humano de qué está compuesto? Por cincuenta por ciento de resentimientos. Veinticinco por ciento de excesiva sensibilidad y otro veinticinco por ciento de egoísmo. ¡El prójimo hiere con el pétalo de una flor o con una pluma!

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Para el sensibilísimo ‘yo’ humano, son latigazos o estocadas que afirman el corazón en un modo de pensar. El egoísmo se dispara: ‘Yo soy rey y no quiero ofensas de ninguna clase. Yo domino y no quiero resistencia a mi querer’ Y he aquí que entre la sensibilidad excesiva y el egoísmo despiadado, nacen los resentimientos que no ceden y los apegos a las propias ideas.

Por eso hay que entregar a Dios nuestro propio pensamiento y obedecerlo para que Él pueda sanarnos. Con el alma vacía, estamos preparados para que el Espíritu Santo pueda descender y obrar libremente en un corazón. Para eso es necesario cultivar en sí mismos la Caridad, la fidelidad, la Pureza, la Oración y la Humildad.

Los apóstoles se prepararon a su venida con estas virtudes unidas a un intenso recogimiento y tomaron como modelo a María. De ella aprendieron que a pesar de las ocupaciones de la vida, Ella sabía vivir recogida en Dios y su más grande alegría era aislarse en la Contemplación, en el silencio, en la soledad.

Dios habla dondequiera. Pero su Palabra llega a nosotros los mortales y que tenemos una capacidad de recepción limitada, mucho mejor cuando estamos en el aislamiento.

Doble mérito y doble gracia es aprender a oírlo en medio del tumulto. Pero también es triple fatiga.

AMOR AL PROJIMO

Pues la caridad está primero y no podemos hacer a un lado al prójimo, que muchas veces y con motivos triviales, interrumpen estos coloquios. Entonces es necesario saber dejar sin alterarse, la Meditación de la Oración y ocuparse del prójimo sin perder de vista a Dios y con infinito tacto, nunca dar a entender que hemos sido perturbados; recibiéndolos con una sonrisa y buena voluntad.

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Cuando se prepara la venida del Paráclito y se desea su permanencia, hay que tener mucho cuidado en no tomar poses que no son más que soberbia amamantada de humildad  hipócrita. La simplicidad es la mejor cualidad, para que el Espíritu descienda a nosotros con placer. Y después hay que saber retenerlo con todos los requisitos necesarios para la Oración. Hay que tener triple pureza, porque Él se retira de la impureza. Y una gran fidelidad a sus inspiraciones.

Él Es el Apóstol Eterno que predica incansablemente a las almas, la Doctrina de Cristo, que la ilumina y la explica. Pero si es mal acogido, se va otros corazones que no le ponen diques. Si es recibido con Ira, Él se retira y nosotros perdemos su Paz y lo perdemos a Él.

Dios no se impone más que en casos muy especiales. Él está pronto siempre a intervenir en nuestra ayuda, pero quiere de nosotros el deseo de recibirlo, el coraje de seguirlo, la generosidad de confesarlo.

Entonces es cuando Él nos abraza, nos penetra, nos levanta, nos enciende, nos deifica. Y como un águila nos eleva para volar en las alturas, en los Reinos de la Luz. En climas de Pureza nos acerca al Sol de la Caridad y en Él nos inflama, hasta que abre las puertas de su Reino, por una eternidad de beatitud.

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EL ESPÍRITU SANTO NOS AYUDA A ORAR.

Además, el Espíritu nos viene a socorrer en nuestra debilidad, porque no sabemos pedir de la manera que se debe. Pero el propio Espíritu intercede por nosotros, con gemidos que no se pueden expresar. Y Aquel que penetra los secretos más íntimos, conoce los anhelos del Espíritu, cuando ruega por los santos, según la manera de Dios.

El Espíritu Santo tiene maneras de ayudar a nuestra debilidad, dándose a nosotros con su inmensidad de Luz y de Potencia. Nos penetra y nos ilumina hasta los fondos más abisales de nuestro espíritu. Y todo lo fecunda haciendo  prosperar la Gracia y las otras virtudes. Haciéndonos conocer al Padre, al Hijo y a su recíproco Amor, o sea,  Él Mismo, cual ningún libro y ninguna palabra de sabiduría humana, pueden alcanzar a hacerlo.

Porque en la inmensidad  de su Sabiduría, Dios es siempre luminoso y simple. Sus instrucciones son un toque divino que enciende luces, que iluminan los Misterios y son una caricia que despierta el amor en nosotros.

Es un beso que hace gustar el sabor de Dios, de aquel Padre que su amor Providente es como una leche que nutre.

De aquel Dios Hijo que nos alimenta con su Carne y con su Sangre.

De aquel Dios Espíritu Santo que de sus mieles sapienciales hace alimento para los deseosos de Dios, como las abejas lo están del jugo de las flores.

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Dios es como una espléndida y salutífera flor que atrae con su perfume a los más simples e ignorantes. A los niños inocentes y curiosos. Porque atrae, alegra y da testimonio de la existencia de Dios y de su providencia hasta para las más pequeñas creaturas de la Creación.

De una manera simple, su Voz resonante en el silencio atento del alma. El Espíritu la instruye, la educa, la aconseja, la guía a un más amplio conocimiento de Dios, generando un más alto amor hacia Él y convirtiéndola en hija de Dios.

Esta transformación se vuelve total, cuanto más el alma se despoja de cuanto puede serle un impedimento para obedecer las inspiraciones del Espíritu Santo. y gusta anticipadamente por breves instantes, del gozo eterno de poseer a Dios en la Fusión de la Oración y oferta cotidiana y el éxtasis de la Contemplación. La Inmolación cumplida en lo más íntimo del ‘yo’ imitando al Maestro; siguiendo el Camino de la Salvación y ascendiendo hacia la Perfección, hasta sumir el ‘Yo’ perfecto de Jesús y poder decir con verdad: “No vivo yo, es Cristo el que vive en mí”

Y es cuando las acciones serán hechas siguiendo el Espíritu de Cristo. Sus oraciones y sus sufrimientos, completarán los de Cristo, para el mismo objetivo: la santificación de los hombres. Y obtendrán el mismo fin: la exaltación gloriosa y eterna, después de la humillación y el martirio de la inmolación.

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Y el Espíritu en nosotros sostiene nuestra debilidad y nos ayuda con su Oración Perfecta. Él, siendo Dios, sabe lo que se debe orar y en ‘sonidos inefables’ Él intercede por nosotros ejercitando la santificación que se inicia en la Tierra y se corona en el Cielo.

LOS GEMIDOS DEL ESPÍRITU SANTO.

EL Don de Lenguas es un don de Oración. Éste acompaña el Bautismo del Espíritu Santo. Hablar en lenguas es la Oración con y en el Espíritu: es nuestro espíritu hablando a Dios, inspirado por el Espíritu Santo. La Oración se eleva a Dios en libertad. El Espíritu Santo es el que la dirige y por lo tanto es una Oración Perfecta y es lo que la hace más efectiva.

A Dios le encanta manifestar su Presencia con magistral magnificencia y para que no quede ningún género de duda. Y este maravilloso Don del Espíritu Santo, es la experiencia más gloriosa que puede vivir un ser humano, los adultos en el espíritu saben que esta es la única manera de caminar, avanzar y perfeccionarse. El espíritu es el rey y él maneja todo con orden y obteniendo el provecho óptimo. El Don está sujeto al que lo posee y esa es la mayor responsabilidad.

Puede que hablar en lenguas emocione de la misma manera que agudiza el intelecto, pero no es necesario provocar un estado emocional, para hablar en lenguas. Cuando se habla en lenguas por primera vez, la Presencia de Dios es tan emocionante, que a veces las almas pierden un poco el control. A los apóstoles los acusaron de estar borrachos. Pero emoción es una respuesta, no una causa.

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No hay nada malo con expresar la emoción. Tenemos que aprender a expresar nuestras emociones y disfrutar de ellas, especialmente en nuestra relación con Dios. por eso la Oración en el Espíritu debe hacerse en la intimidad, porque es un Don principalmente útil, para el que lo experimenta.

El canto en lenguas es la Alabanza Perfecta, Dios nos ayuda a expresar con ‘gemidos inefables’ lo que de otra manera seríamos incapaces de decir. El Espíritu sabe lo que estamos necesitando y Él nos ayuda a pedirlo. A través de esta Oración recibimos gozo,

Consuelo, fortaleza y somos sanados de lo que está lastimando nuestro espíritu. El alma es llenada de las virtudes que necesita.

No entramos en ninguna rara disposición cuando oramos en lenguas. No hay ninguna relación con lo misterioso y con lo oculto. No se trata de histeria, ni de ninguna forma de sugestión. No entramos en trance, ni ponemos nuestras mentes en blanco. Mientras oramos en lenguas, nuestra mente debe estar activa, adorando al Señor. Tampoco es una compulsión. Es una inspiración que siempre está sujeta a nuestra voluntad. El que dice que no puede controlarlo, lo más probable es que lo que experimenta, nada tenga que ver con el Espíritu Santo.

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El emocionalismo es una de las cosas que le desagradan al Espíritu Santo. LA ADORACIÓN, ES EL OBJETIVO PRINCIPAL DE ESTE DON.

Los adoradores del Espíritu Santo lo adoran en espíritu y en verdad, todos los días de su vida.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

46.- LA FE VERDADERA Y SOBRENATURAL I


Séneca no podía disimular lo divertido que estaba. Ni marcial la admiración que le despertaron los cristianos. Tanto Ethan como Acacio, no solo son sabios, sino ingeniosos. Y esa combinación les encantó a los demás. Todos se quedaron reflexionando, en lo que acaban de escuchar con el debate.

Minutos después, Trhaseas dijo:

–         A mí me gustaría saber cómo se construye una fe. Si nuestras creencias son vanas, entonces nos quedamos sin nada

            Lucano confirmó:

            –           Yo quisiera creer igual que ustedes.

            Y el poeta Marcial, preguntó a todos y a ninguno:

–           ¿Cómo se puede llegar a tener Fe?

Leonardo se levanta como impulsado por un resorte y dice con alegría:

–           Tomemos el ejemplo de los templos. Esos edificios sagrados verdaderamente bellos que tienen un solo defecto y es que están dedicados a la nada. Dios estaba presente en el genio del hombre que hizo y que decoró el Partenón. Porque Él está dondequiera que hay vida o manifestación de ella. Ya sea mineral, vegetal o animal.

Él, el Creador del Universo y de todos los hombres, aunque no lo reconozcan, ni lo amen. Está en los astros, en los mares, en los vientos. En los vuelos de las águilas, en los zumbidos del mosquito. En todo está el Altísimo Creador. Dios Único y Trino.

Si la Fe se construye como se construyen los Templos, hay que buscar el espacio para que quede libre y en alto. Esto se hace, queriendo creer.

Cuando nuestra voluntad está inclinada a querer creer, el siguiente paso es muy simple: la Fe es una virtud que Dios nos regala como un don; para que podamos creer en Él y amarlo.

Cuando Dios se vislumbra y se desea conocerlo. ¡Simplemente hay que decirlo!:  ‘Señor, enséñame a conocerte y a amarte.’ Y Él se encargará de traer nuestras almas a la Luz, por medio de la Fe.

La voz de Leonardo, está llena de emoción al continuar:

¿QUÉ ES LA FE?

El hombre experimenta una necesidad instintiva por buscar la Verdad. Esta necesidad es un acicate del alma que vive y está presente en todos los hombres aunque sean paganos; pero sufre en ellos, porque tiene hambre en su nostalgia del Dios Verdadero. El alma lo recuerda en el cuerpo que habita y al que gobierna una mente pagana. Pues el hombre no es solo carne y el cuerpo perecedero, está unido al alma que es inmortal.

LA NECESIDAD DE CREER ES MÁS IMPERIOSA, QUE LA DE RESPIRAR. Aún quién dice que no cree en nada. En alguna cosa cree. Tan solo el hecho de decir: ‘No creo en Dios’ presupone otra Fe. Tal vez en sí mismo o en su inteligencia soberbia.

Aunque el hombre se niegue a reconocerlo, el alma sufre porque recuerda a Dios. Su inteligencia desea al Dios Verdadero de quién viene y tiene hambre de Él. Y trata de acercarse a Él cuando lo percibe.

LA FE ES LA QUE CONSAGRA EL ALTAR DEL CORAZÓN A DIOS.

LA Fe Verdadera y las virtudes, hacen del hombre un hijo de Dios al deificar el alma. Y por eso hay que buscar la ciencia que no yerra y que está contenida en la Doctrina Cristiana. Ella es la que nos guía y nos vuelve capaces de conquistar el Cielo.

La Fe, es el fundamento de la santidad. Una luz especial del Cielo con la que el alma ‘ve a Dios’ en este mundo. Es un rayo de luz que hiriendo el rostro de Dios, lo hace visible para el alma. Es la vida y fortaleza del espíritu. Es el sol que lo calienta y lo ilumina, haciéndolo crecer siempre más en perfección y santidad.

La Fe es fruto del Espíritu Santo. Es una luz oscura que arrastra al hombre hacia Dios por medio de la humildad y es indispensable para la salvación. La Fe, es la prueba que Dios exige a la soberbia y a la inteligencia del hombre, el cual para caminar por ella, debe postrar su orgullo y su propio juicio.

La Fe es el farol luminoso que alumbra el camino oscuro del espíritu y es un caos donde el soberbio se hunde y el orgulloso se estrella…

LA FE ES EL PRECIO DEL CIELO. Desata las manos del Omnipotente. Aplaca la Justicia Divina. Arranca gracias al Eterno. La Fe santifica y salva. Da valor a los actos más sencillos y los lleva sobrenaturalizados a Dios. La Fe es la confianza ciega y el lazo de luz que une al Cielo con la Tierra, porque es un lazo de comunicación que une al hombre con el Cielo y con Dios.

Solamente con ella, el hombre puede caminar firme en medio de los escollos y las espinas de la vida de perfección. Consiste esta luz, en traspasarlo todo, fijando la mirada en un solo punto: Dios. Y jamás separarse de Él en ninguna circunstancia de la vida, ni de la muerte.

La Fe sana el cuerpo, el alma y el corazón, porque el espíritu se acerca a Dios y deja de odiar para aprender a amar. El alma nace de nuevo y la paz y el gozo la acompañan siempre. Son necesarias la Fe y la humildad, para reconocer a Dios. La fortaleza da el poder para conservar la Fe que lo ha encontrado. La fortaleza impide que las asechanzas del demonio aplasten la Fe. Quién se instruye en la Verdad encuentra a Dios y la fe llena de vigor a la perseverancia que es indispensable para no decaer en el camino de la Cruz.

Ahora podemos tener el Reino de Dios, porque Jesús lo consiguió con su muerte. Él nos ha comprado con sus dolores y nadie debe pisotear la Gracia que es el Precio de la Vida y la Sangre de Dios.

Solo el que ama como un niño, cree y espera como un niño. Los párvulos aman sencilla y escuetamente. Dios ama a los niños porque tienen aquella Fe, fidelidad y confianza propia de ellos, que cree con tenacidad. Cree sin titubear. Creen a pesar de las pruebas tremendas, porque aman con la mente, con el corazón, con todas las fuerzas, al Señor su Dios. Los niños eran la alegría del Hombre-Dios. Para el Maestro que tenía en ellos su alivio alegre sobre la Tierra, tan llena de amargura para Él.

Eran las flores llenas de pureza, amorosos y sin malicia. El Reino de los Cielos es para quién sabe tener el alma de niño y acoger la Verdad, con la confianza y la presteza de los niños. Creen con simplicidad, porque tienen su alma virgen de racionalismo, de desconfianza y de soberbia de la mente. Los niños tienen la virginidad del espíritu.

Creer no quiere decir ser crédulos. Creer es aceptar y comprender, siguiendo la luz de la inteligencia, cuanto ha sido dicho por los patriarcas y los santos de Dios. Creer es entender a la luz de la Gracia, cuanto todavía queda oscuro a la inteligencia. Creer es amar. La credulidad es estupidez. El creer es santo, porque es tener el espíritu obediente a los misterios del Señor. La fe Verdadera es la que hace resurgir como hijos del Altísimo.

EL PODER DE LA FE.

La belleza, la potencia, la fuerza de la Fe, son tales; que la plenitud de la misma, solo podrá ser entendida en el Cielo. Aquí no es más que un pálido reflejo, aún en las almas más penetradas de Fe. Pero este reflejo es tan poderoso, que basta para dar orientación a toda una vida y conducirla directo hacia Dios.

¿Qué aseguraba la fe de los antiguos antepasados? La llegada del Mesías.

Hecho que bastaba por sí solo para tener la seguridad en un Dios, Padre del Género Humano. Aseguraba la Vida Eterna a todos aquellos que mueren en el Señor. Y anunciaba el eterno castigo a los trasgresores a su Ley. Aseguraba la Trinidad de Dios. Aseguraba la existencia del Espíritu Santo, del cual vienen todas las luces espiritualmente sobrenaturales.

¿Qué asegura la Fe de los cristianos? Las mismas cosas.

Jesús no modificó la Fe. Al contrario. La ha confirmado y la ha construido alrededor de una roca fuerte: su Iglesia, depositaria de la Verdad por Jesús Mismo. Para los que dicen que el mundo evoluciona y debe cambiar, debiera ser más fácil creer; porque la ciencia está comprobando las verdades aseveradas por Dios.

La alegría más grande de Dios, se la damos cuando lo dejamos salvar nuestra alma a través de la Fe. Y el dolor más grande es cuando el hombre quiere perder su alma, al rechazar su Don de Salvación. La Fe verdadera se encuentra en la Doctrina Cristiana, tal y como Jesús la ha dado. La Fe no es solamente esperanza de cosas creídas. La fe es realidad de vida. Vida que comienza aquí, en esta quimera de la vida humana y terrenal y que se completa en el más allá. En el vivir eterno que nos está esperando.

El hombre quiere hacerlo todo por sí mismo. Le cuesta mucho depender de Dios y por eso es hombre de poca fe. Porque el que cree de verdad, se abandona sin cuestionarse nada más. No hay que desconfiar de Dios. No hay que tener miedo del mañana. Dios siempre provee lo necesario. La gente del mundo siempre se afana por atesorar objetos de los que no puede gozar. La única preocupación debe ser siempre el Reino de Dios y su Justicia. Las añadiduras las provee el Padre Celestial que ama a sus hijos y no los desampara nunca.

Muchos rechazan creer. ¡Y no quieren creer porque tienen pavor de hacerlo!Implica un cambio radical que no están dispuestos a hacer. No hay que olvidar que Dios mira las obras de los hombres y no sus palabras. El que rehúsa aceptar a Jesús como Salvador, deberá aceptarlo forzosamente como Juez.

Hay que consumir el viejo ‘yo’ en el fuego del Dolor, para que la Fe pueda ser traducida, concretada y actuada en la vida diaria. La Fe debe bañar todas nuestras acciones y solo entonces se vuelve práctica. La Fe sin obras es vana y las obras sin Fe, no sirven para nada. La verdadera Fe, cree ciegamente que Jesús es Dios, el Salvador. Que su Palabra dice la verdad y ama obedeciéndola.

Cree firmemente en la esperanza de alcanzar la vida Eterna y ama a Dios a través de los velos de la Fe. Dios regala esta virtud a las almas y es de una fuerza tal, que el hombre no puede arrancarla de su corazón. Muchas almas la enlodan, la ensucian, la pisan, la desprecian; pero en el fondo se convierte en un tormento para los malos y les repite que hay un Dios justo. Y nunca pueden callar esta voz dulce para los buenos y terrible para los pecadores obstinados.

Vivir sin creer es imposible. Quién no cree en Dios, en el Dios Verdadero; creerá por fuerza en otros dioses.  Quién no cree en ningún dios, creerá en los ídolos: los placeres, el dinero o la fuerza de las armas. Pero sin creer en nada, no pueden estar. Peor que la oscuridad que envuelve al ciego, es la oscuridad del alma que no tiene fe en ninguna cosa humana o sobrehumana. No les queda más que matar al alma y al cuerpo con la muerte violenta.

Cuando Judas dejó de creer en Jesús, en la satisfacción del dinero, en la ambición del poder y en la protección humana, se suicidó. No fue por el remordimiento de su delito. Después de su traición, todo quedó claro ante sus ojos y se dio cuenta de que nada de esto lo hacía feliz. De la oscuridad de su desesperación que lo tenía en la nada, se arrojó en la oscuridad del Infierno.

EL ABSOLUTISMO DE LA FE.

Se cree o no se cree.

Porque no es posible creer a medias. La esencia de la Fe es un círculo maravilloso que no conoce interrupción y ciñe con un abrazo vital. Creer es aceptar con simplicidad de párvulos, lo que la bondad divina dice que hay que creer. Por eso es necesaria la Fe Absoluta, pues basta rechazar una parte de la Verdad, para hacer un caos en el alma. Basta con acoger una verdad de menos en la Doctrina Cristiana, para hacer tambalear todo el edificio de la Fe.

Se cree todo o no se cree nada. Se acepta todo o no se acepta nada. Jesús lo dijo más conciso:el que no está conmigo, está contra Mí. Por eso es necesario ser fieles, aceptando su Palabra sin quererla censurar. Y en donde nuestra debilidad no pueda entenderla, ¡Hay que preguntarle al Maestro que las dijo! Él es la Luz del Mundo y ama enseñar al que con humildad y amor le pide ser aceptado como discípulo. Él no quiere nuestra ruina, sino nuestra salvación.

Un ejemplo de fe limitada y las consecuencias de esto, lo tenemos en Pedro. Pedro en su pesantez humana, no tenía todavía al Espíritu Santo con la plenitud de Pentecostés. Era un hombre bueno que no quería aceptar totalmente la Palabra de Jesús, en lo que era inconcebible para él: la Pasión de su Maestro. Su mismo gran amor por Jesús, lo lleva a rechazar aquella verdad sangrienta que Él anunciaba que le estaba reservada. ‘Señor, que esto no suceda nunca.’ Había dicho una vez. Y después de la reprensión de Jesús, no lo volvió a repetir.

Pero en el interior de su corazón se rebelaba ante la idea de que a su Señor le esperaba una suerte tan horrenda.

Juan por el contrario, aceptaba todo. Su corazón de niño se trituraba con las palabras que oía decir a quién amaba y sabía que era la Verdad Absoluta. Juan, el puro y amoroso creyente, permaneció fiel al pie de la Cruz. Pedro, que quiso acoger de la Verdad, aquellas verdades que lo seducían… lo renegó…

Y su culpa de aquella hora, fue una falta de valor; pero más que nada, una falta de Fe. Si hubiera creído en Jesús con absoluta fidelidad, hubiera entendido que Jesús nunca fue más Rey, Maestro y Señor, que en aquella hora en que parecía un vulgar delincuente.

Fue precisamente en aquel momento, en que las enseñanzas del Maestro dejaron de ser una teoría, para convertirse en hechos verdaderos.

Fue entonces cuando Jesús afirmó el Reino para todos aquellos que habían de compartirlo, asumiendo con Él la púrpura y la corona, que más espléndidos no podían ser. Porque la primera era dada por la sangre de un Dios y la segunda era el testimonio de la potencia que alcanza el amor de Dios por los hombres. De un Dios que sufrió la Muerte con el Martirio, para elevar mártires eternos de entre los hombres…  Ha sido entonces cuando Jesús ha recuperado plena y completa, su Vestidura de Señor del Cielo y de la Tierra.

Los que tienen una fe limitada, pretenden de Dios, bienes de bienestar terreno que Jesús nunca prometió dar, porque Él dirige hacia el Cielo y no a las cosas del mundo. Todo lo que Él da de felicidad terrena, es algo extra que no merecemos y no podemos exigir… Cuando se tiene una Fe Absoluta, no se tienta a Dios, pidiéndole pruebas para creer…

Los Tomases se procuran los tormentos de Tomás, que sufrió más días que los demás; por no creer en la Resurrección desde el primer momento. Y después sufrió más días, por no haber creído a los que lo habían constatado. Y su arrepentimiento y su dolor aumentaron ante Aquel Dios que le tomó la mano, para introducirlas en sus heridas…

 

LA FE DE ABRAHAM

Abraham fue el Padre de todos los creyentes. O sea, de todos los que sienten  resonar en su espíritu, la voz espiritual del Dios Altísimo. Y saben comprender las palabras que esta voz inefable les dice: y creen y le obedecen a sus mandatos. Pero Abraham era hombre que amaba al Dios Verdadero, su razón no era soberbia y reconocía a Dios en todas las cosas. Se sentía su creatura. Doblegaba su pensamiento en reverencial sujeción delante del Altísimo, cuyas manifestaciones veía en toda su Creación. Y su espíritu era justo; conservándolo puro de toda suerte de idolatrías.

Justo era también su cuerpo, obediente a los mandatos que Dios había dado a Adán. Trabajaba el campo para arrancarle su alimento. Y le era preciosa la fatiga que encontraba gusto en el trabajo, por más que le fuese penoso. Le parecía justo que su pan tuviese como condimento la sal de su sudor y justa también la muerte que convertiría su carne en polvo. Humilde delante del Altísimo, se consideraba un granillo de polvo. Polvo. Polvo frente al Inmenso, el Infinito, el Potentísimo. Y como un grano de polvo, se dejaba transportar por la Voluntad del Señor, sin adherirse a cosa alguna por preciosa que fuera, considerándolas transitorias solamente.

Creyente en Dios. Confiado en la Bondad de Dios. Obediente a Dios. Tenía todos los requisitos para sentir resonar en su espíritu, la Voz de Dios. Y comprender sus palabras. Y obedecer lo que Dios le ordenaba. Abraham creyó y esperó contra toda esperanza. Cuando ya tenía la certeza de que Saray no tendría descendencia y andaba prófugo fuera de su Tierra y lejos de su parentela. En las condiciones menos favorables para creer que el Señor haría de él una gran nación y que a su estirpe le sería dada aquella tierra, que después fue la Palestina y con una descendencia que Dios multiplicaría como el polvo de la tierra.

¿Cómo puede haber posteridad y multiplicación? Abraham no tenía la semilla: el heredero.

En el regazo estéril de Saray, no florecía semilla de posteridad. Y aún así…  no obstante todo, Abraham creyó que Dios le concedería el heredero.

Recibió la promesa y pasaron los años. Su Fe se afianzaba con el pasar del tiempo, sin que tuviera cumplimiento la promesa de Dios. Abraham seguía esperando y confiando en Él. Por fin, cuando tenía cien años y ya ni su cuerpo, ni el de su esposa podían ya dar vida, Dios da el plazo de un año para que tuviera cumplimiento lo que le había prometido.

Este anuncio hizo que su Fe cobrara más vigor. Después, cuando fue padre de Isaac, le es pedido el hijo para sacrificarlo. En lugar de sentirse traicionado en su Fe, amó más a Dios que a su hijo y no se lo negó. Su amor y su lealtad fueron premiados…

 Y Dios tomó en cuenta esa Fe para hacerlo santo.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA