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1.- APÓSTOLES DE LOS ULTIMOS TIEMPOS


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Los apóstoles están reunidos en el Cenáculo, alrededor de la mesa donde se celebró la Pascua. Están sentados alrededor de Jesús igual que la noche del Jueves, cuando instituyó la Eucaristía. La única diferencia es que ahora es Tomás el que está sentado enseguida de Juan.

Jesús dice:

–           Comed amigos.

Pero nadie tiene hambre. Rebosan de alegría… La alegría de contemplarlo…

Jesús distribuye los quesos, la miel y los alimentos ofreciendo, dando gracias y bendiciendo; como lo ha hecho siempre. Echa vino en las copas y lo da a sus amigos. Y cena con ellos, comiendo y bebiendo parcamente, como es su costumbre…

Juan, como lo hace siempre; apoya su cabeza sobre la espalda de Jesús.

El Maestro lo atrae sobre su pecho y en esta posición, empieza a hablar:

–           Vosotros habéis estado conmigo en mis pruebas… Y lo estaréis también en mi gloria. No bajéis la cabeza. La noche del Domingo, cuando me aparecí a vosotros por vez primera después de mi Resurrección, os he infundido el Espíritu santo… –Mirando a Tomás, agrega- Que también sobre ti que no estabas presente, descienda…

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Y mirándolos a todos continúa:

–           ¿No sabéis que la infusión del Espíritu Santo es como un bautismo de fuego, porque el Espíritu es Amor y el amor borra las culpas? El pecado que cometisteis cuando me abandonasteis, os está perdonado.

Y al decir esto, Jesús besa la cabeza de Juan que no lo abandonó.

Juan llora de alegría.

Jesús prosigue:

–           Os he dado el poder para perdonar los pecados; pero no se puede dar lo que no se tiene. Debéis convenceros de que este poder lo tengo completo y lo empleo en favor vuestro, que debéis estar limpios en tal forma; que podáis limpiar a quién sucio del pecado, venga a vosotros… Amigos, pensad en vuestra dignidad de sacerdotes.

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Yo estuve entre los hombres para juzgar y perdonar. Ahora regreso donde el Padre. Regreso a mi Reino. La facultad de juzgar la tengo en mis manos, pues el Padre me la ha conferido. Todos los hombres, cuando hayan abandonado su cuerpo mortal vendrán a Mí y Yo los juzgaré por primera vez en su juicio particular… Después, habrá el Juicio Universal y la raza humana retomará su vestido de carne, para separarse en dos partes: Los corderos con su Pastor y los machos cabríos, con el que los atormentará eternamente…

Pero, ¿Cuántos hombres habría con su Pastor si después del Bautismo no haya quién los perdonase en mi Nombre? Por esto he creado sacerdotes: para salvar a los que salvé por mi Sangre, que es salvadora. Los hombres siguen cayendo en la muerte, una y otra vez y es necesario que con vuestra potestad, los lavéis siempre en mi Sangre, setenta veces siete; para que no sean presa de la muerte. Vosotros y vuestros sucesores lo haréis, por esto os absuelvo de todos vuestros pecados… El vuestro es un gran ministerio: juzgar y absolver en mi Nombre.

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Cuando consagraréis para vosotros el pan y el vino y hagáis que se conviertan en mi Cuerpo y en mi Sangre, realizaréis una cosa sublime y sobrenatural. Para realizarla dignamente debéis ser puros; porque tocaréis a Aquel que es  la Pureza y os alimentaréis de la Carne de un Dios.

Puros de corazón, de inteligencia, de cuerpo y de lengua debéis ser. Porque con el corazón amaréis la Eucaristía y no deben mezclarse con este amor celestial, amores profanos que sería un sacrilegio.

Puros de mente, porque debéis creer y comprender este Misterio de Amor y la impureza de pensamiento, mata la Fe y la inteligencia. Puros de cuerpo, porque a vuestro pecho bajará el Verbo, así como descendió al seno de María por obra del Amor. Tenéis ante vosotros el ejemplo vivo de como debe ser el pecho que acoge al Verbo que se hace carne. El ejemplo es la Mujer sin la culpa de origen y sin culpa personal…

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¡Oh, amados míos! Amigos que mando sobre los caminos del mundo, para continuar la obra que he empezado y que continuará mientras permanezcan los siglos… Recordad estas palabras mías. Os las digo para que las repitáis a los que consagraréis al ministerio, para el que os he consagrado.

Veo… Miro en los siglos. El tiempo y las multitudes infinitas de hombres que están ante Mí… Veo calamidades, guerras, paces mentirosas y hecatombes humanas. Odio, robos, sensualidad y orgullo. De vez en cuando un oasis: un período en que se vuelve a la cruz. Como un obelisco que señala una senda entre la seca arena del desierto.

Mi Cruz será levantada con amor, después que el veneno del Mal haya inyectado a los hombres con su rabia… Veo a hombres, mujeres, ancianos, niños, guerreros, estudiosos, doctores, campesinos… Todos vienen y pasan con su fardo de esperanzas y dolores. Veo que muchos vacilan, porque el dolor es demasiado y la esperanza ha sido la primera en caer hecha pedazos, al dar contra el suelo… Al sentirse pisoteados y abandonados… Al sentirse morir, porque la caridad se ha enfriado y es demasiada la maldad, llegan a odiar y maldecir…

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Pobres hijos! Entre todos éstos heridos por la vida y que caen abrumados por la desolación más dolorosa;  mi amor esparcirá intencionalmente samaritanos piadosos, que serán cómo faros en la noche, para que los débiles encuentren ayuda y consuelo. Mis profetas benditos cuya luz hará que se vuelva a oir la Voz que dice: ‘Espera. No estás solo. Sobre ti está Dios. Contigo está Jesús que está Vivo y Resucitado…’

ENOCH

ENOCH

¡Mis Apóstoles de los Últimos Tiempos!…

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¡Mis profetas benditos que serán lapidados por la Jerarquía de la Iglesia, que con el Racionalismo habrá perdido la Fe!

Conchiglia de la Santísima Trinidad

Conchiglia de la Santísima Trinidad

Pero que aunque sean tratados como Jerusalén trató a sus antecesores y a Mí, serán antorchas ardientes de amor, de fuego y de luz…

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

Continuadores vuestros que serán caridades activas, para que mis pobres hijos no mueran en sus almas y continúen creyendo en Mí que soy Caridad, al ver en mis ministros mi reflejo.

Pero, ¡Oh Dolor que hace que vuelva a sangrar la herida de mi Corazón, cómo cuando fue abierto en el Gólgotha! ¿Qué están viendo mis ojos divinos?…  ¿No hay acaso sacerdotes entre las multitudes infinitas y mi divina invitación ya no resuena en los corazones? ¿Ya no es capaz el corazón humano de oírla?

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En el correr de los siglos habrá seminarios y en ellos levitas. De ellos saldrán sacerdotes, porque en su adolescencia mi invitación se hará oir con una voz celestial, en muchos corazones y ellos la seguirán. Pero con la juventud y la maduréz, oirán otras voces… Y la mía no se escuchará más.

Mi Voz que habla a través de los siglos a sus ministros, para que sean lo que vosotros sois ahora: Los apóstoles en la escuela de Jesús. El vestido lo siguen teniendo… Pero el sacerdote, ha muerto…

Durante el correr de los siglos, a muchos sucederá esto: Sombras inútiles y borrosas no serán fermento de masa; cuerda que jale; fuente que quite la sed; trigo que sacie el hambre; corazón que sepa compadecer; luz en las tinieblas; voz que repita lo que el Maestro le ordena… Sino que serán para la pobre raza humana un peso de escándalo, parásitos, putrefacción igual a los sepulcros blanqueados del Templo que Dios ha abandonado…

¡Horror! ¡En el futuro los más grandes Judas, los tendré entre mis sacerdotes!…

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A Jesús se le ha demudado el semblante, demostrando que aun siendo Verdadero Dios, continúa siendo Verdadero Hombre… Sus bellísimos ojos color zafiro, se inundan de lágrimas que bañan sus pálidas mejillas…

Los apóstoles lo miran pasmados y no saben que decir. Su corazón se angustia y no pueden consolarlo.

Jesús explica:

–           Amigos… Estoy en la Gloria y sin embargo lloro. Tengo compasión de estas multitudes infinitas… Greyes sin pastores… O con demasiado pocos. Siento una piedad infinita. Pues bien: Lo juro por mi Divinidad que les daré pan, agua, luz, voces, que los elegidos a esta Obra no quieren hacer. Repetiré en el correr de los siglos el milagro de los panes y los peces. Con unas pocas almas humildes y laicas, daré de comer a muchos y se saciarán.

LUZ DE MARIA

LUZ DE MARIA

Y habrá para todos, porque tengo compasión de este pueblo y no quiero que perezca.

                        Benditos los que merecerán ser tales; porque lo habrán merecido con su amor y su sacrificio.

PADRE WILSON SALAZAR

PADRE WILSON SALAZAR

Y tres veces benditos los sacerdotes que permanecerán apóstoles: pan, agua, luz, voz, descanso y medicina de mis pobres hijos. Resplandecerán en el Cielo con una luz muy especial. Os lo juro Yo, que soy la Verdad.

PADRE KELLY

PADRE KELLY

Levantémonos amigos y venid conmigo para que os enseñe una vez más, cómo orar. La Oración es la que alimenta las fuerzas del apóstol, porque lo une con Dios.

Jesús se pone de pie y se dirige a la escalerilla que está a la puerta del Cenáculo…

Los apóstoles se ponen sus mantos y preguntan perplejos:

–        ¿A dónde vamos Señor?

Pero cuando llegan al corredor que hace de vestíbulo, Jesús ha desaparecido…

La casa está silenciosa y desierta y todas las puertas están cerradas.

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Salen hacia la calle. La mayoría de los habitantes de Jerusalén están reunidos en sus casas para la cena y la ciudad muestra sus calles vacías. Todos los forasteros se han ido, aterrorizados con los terremotos… Unos con el del Viernes y los valientes que se quedaron, con el del amanecer del Domingo.

La tarde está cayendo y pronto anochecerá. Se alejan mientras comentan…

Andrés dice:

–        Estoy pensando en los enfermos. ¿Recuerdan a la mujer de ayer, que estaba desesperada?

Todos se miran mutuamente y dicen:

–        Si… Ninguno de nosotros se sintió capáz de imponerle las manos.

Tomás dice a Juan:

–        Tú podías haberlo hecho. Tú no huiste ni lo negaste. Y tampoco has sido incrédulo…

Juan inclina la rubia cabeza y confiesa:

–        También yo pequé contra el amor, igual que ustedes. Cerca del arco de la casa de Josué, aprisioné por el cuello a Elquías y estuve a punto de estrangularlo, porque ofendió a la Virgen. Y también… He odiado y maldecido a Judas de Keriot…

Pedro contesta aterrorizado:

–        ¡Cállate! No pronuncies ese nombre. Es de un demonio y me parece que lo estuviéramos invocando… Que no estuviera en el Infierno y que ande entre nosotros, para hacernos pecar otra vez.

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Andrés dice:

–        ¡Oh! Con todo lo que ha pasado, él está refundido en los Infiernos… Pero aunque estuviese aquí, su poder ya se acabó. Tuvo todo para haber podido ser un ángel y eligió ser un demonio. Y Jesús ha vencido a Satanás.

–        Así será… Pero es mejor no nombrarlo. Tengo miedo. Ahora comprendo cuán débil soy. Pero tú Juan, no te sientas culpable. Todos los hombres maldecirán al que entregó al Maestro… –Y Pedro se estremece.

Tadeo que jamás pudo aceptar a Iscariote, exclama:

–        ¡Y con mucha razón!

Juan dice:

–        No. María ha dicho que le basta el juicio de Dios y que debemos fomentar un solo sentimiento: el de agradecimiento de no haber sido nosotros los traidores. Y si Ella no maldice… Ella, la Madre que vio los tormentos de su Hijo, ¿Debemos hacerlo nosotros? Mejor olvidémoslo…

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Santiago su hermano contesta:

–        ¡Seríamos unos tontos!

–        Y sin embargo es la palabra del Maestro, por los pecados de Judas… –Juan dice esto, se calla y suspira…

Varios le dicen al mismo tiempo:

–        ¿Qué cosa?

–        ¿Hay otros?

–        Tú sabes…

–        ¡Habla!…

Juan dice:

–        He prometido olvidar y me esfuerzo en hacerlo. Respecto a Elquías, lo que hice no estuvo bien… Pero aquel día cada uno de nosotros tenía su ángel y su demonio… Y no siempre escuché al ángel de la luz…

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Zelote informa:

–        ¿Sabéis que Nahúm está paralítico y que su hijo Annás fue aplastado por una pared de su palacio, que se derrumbó con el terremoto y el deslave del monte? Lo encontraron porque ya apestaba… Nahúm estaba con otros de su calaña y fue golpeado con una piedra que se desprendió y le pegó en el cuello. Sólo tiene una mano sana y con ella agarró por la garganta a Caifás, cuando fue a visitarlo y le gritaba: ‘¡Por tu culpa! ¡Por tu culpa!’  Tampoco comprende nada y parece una bestia… Babea, aulla y se la pasa maldiciendo. Si no hubieran acudido los siervos, quién sabe que hubiera sido del Pontífice…

Los demás lo miran asombrados y preguntan:

–        ¿Y tú cómo lo supiste, Simón?

Zelote responde lacónico:

–        Ayer vi a José de Arimatea.

Han llegado al puentecillo del Hebrón? y se detienen…

Pensativos, miran el suelo y las casas.

Andrés palidece y señala una casa que en lo blanco de la pared, tiene una gran mancha rojiza…

El apóstol más tímido, exclama:

–           ¡Es sangre! Sangre del Maestro tal vez… ¿Había empezado aquí a perder sangre? ¡Oh! Por favor decídmelo…

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Santiago de Alfeo responde desconsolado:

–           Y ¿Qué quieres que te digamos, si ninguno de nosotros lo siguió?

Santiago de Zebedeo responde:

–           No inmediatamente. Mi hermano Juan me ha dicho que lo siguieron desde  la casa de Malaquías… Aquí no estuvo ninguno de nosotros…

Todos miran la mancha como si estuvieran hipnotizados.

Tomás observa:

–           Ni siquiera la lluvia la ha lavado. Tampoco el granizo que cayó tan fuerte en estos días, la ha arrancado… Si estuviese seguro de que es sangre suya, la quitaría de allí…

Mateo propone:

–           Preguntémosle a los de la casa… Tal vez ellos sepan.

–           No. Nos podrían reconocer por sus apóstoles. Pueden ser enemigos del Mesías y…

Santiago de Alfeo da un gran suspiro y dice:

–           Nosotros todavía somos unos cobardes…

Todos estan mirando fijamente, la pared que los acusa…

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Y pasa una mujer que viene de la fuente con sus cántaros…

Los mira atentamente y les grita:

–           ¿Estáis viendo esa mancha sobre la pared? ¿Sois discipulos del Maestro? Me parece que lo sois… porque el miedo se dibuja en vuestras caras. Aunque no os vi detrás del Señor cuando pasó por aquí… Cuando lo llevaban a la muerte… Lo que me hace pensar que un discípulo que sigue al Maestro cuando todo va bien y que se gloría de ello… Que está dispuesto a dejar todo por seguir al Maestro… Debe también seguirlo cuando le va mal… Yo no os ví…  ¡NO!…

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Y si no os vi, señal es de que yo; una mujer de Sidón… Fui detrás de Aquel a Quien sus discípulos no siguieron… Él me hizo un gran favor… Vosotros… ¿Vosotros no recibisteis nada de Él? Me extraña. Porque hacía el bien a gentiles y samaritanos. A pecadores y aún a ladrones, al darles la Vida Eterna. ¿No os amaba acaso?…

Entonces es señal de que sois peores que los escorpiones y que las hienas apestosas; aún cuando creo verdaderamente que Él fue capáz de amar a las víboras y a los chacales, no por lo que son sino porque su Padre los creó…

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Lo que estáis viendo es sangre. Sangre de una mujer de la costa del gran mar. Una vez fueron tierras filisteas, cuyos habitantes son despreciados todavía por los hebreos… Y con todo, ella supo defender al Maestro, hasta que el marido la mató… Arrojándola con tanta fuerza, después de haberla golpeado, que hasta le abrió la cabeza… Se le salieron los sesos y quedó estampada con su sangre, sobre la pared de su casa donde ahora lloran sus hijos huérfanos… Pero había recibido un beneficio del Maestro… Le había sanado a su marido que moría de una enfermedad inmunda.

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Sí… La mató el mismo marido que recibió el milagro del Maestro. Por este beneficio, amaba al Mesías. Y lo amó hasta morir por su causa…Cuando lo vió pasar torturado, cuando lo llevaban a la casa de Caifás. Lo precedió en el seno de Abraham…

También otra mujer que era madre, lavó el camino con la sangre de su vientre, que su perverso hijo le abrió por defender al Maestro. Y allá… –señala otra casa distante unos cincuenta metros- Una anciana murió de dolor cuando lo vió pasar herido a Él, que le había devuelto la vista a su hijo.

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También un anciano mendigo que salió en su defensa, murió porque recibió en su cabeza, la pedrada que estaba destinada a la cabeza herida de vuestro Señor.

Porque así lo considerabais, ¿No es verdad? Los valientes de un rey, mueren a su alrededor; pero ninguno de vosotros murió por Él. Estabais lejos de los que lo golpeaban…

¡AH! ¡Uno murió! Pero no de dolor, ni por haber defendido al Maestro. Primero lo vendió, luego lo señaló con un beso y finalmente se suicidó. Ya no le quedaba otra cosa que hacer para aumentar su iniquidad. Estaba completa como la de Belzebú. El mundo lo habría lapidado, para que la tierra se viese libre de él. Él lo sabía, Dios permitió su último crimen contra sí mismo, para que el mundo NO se manchase las manos con su sangre. Quiso que no hubiera verdugos que vengasen al Inocente…

Conforme habla, los ha estado mirando con un desprecio que va en aumento, Sus grandes ojos negros tienen la mirada como afilados cuchillos de obsidiana, con una dureza implacable, que deja al grupo congelado e incapaz de reaccionar.

Entre dientes, gruñe y escupe la última palabra:

–           ¡Bastardos!

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Recoge sus cántaros y se va. Satisfecha de haber vomitado su desprecio contra los discípulos que abandonaron al Maestro…

Los apóstoles se quedan aniquilados. Con la cabeza agachada, los brazos caídos y sin fuerza… La verdad los aplasta. Meditan sobre la consecuencia de su cobardía. No articulan palabra. No se atreven a mirarse.

Ni siquiera Juan y Zelote, que fueron los únicos que no fueron cobardes y que comparten el dolor que sienten, al verse impotentes para curar la herida producida por las palabras de la airada mujer, en el corazón de sus compañeros.

La oscuridad los rodea. Una luna menguante ilumina apenas la noche y el silencio, es absoluto. Solo se escucha el murmullo del cercano Cedrón fluyendo con sus aguas cantarinas. Todos se sobresaltan cuando de repente…

Se escucha la dulce voz de Jesús que pregunta:

–           ¿Qué estáis haciendo aquí? Os estaba esperando a la entrada del Huerto de los Olivos…

Nadie contesta.

Jesús añade:

–           ¿Por qué estáis mirando cosas muertas, cuando os espera la Vida?

Jesús, que ha venido del Getsemaní en su busca se detiene a su lado y mira la mancha que mantiene como hipnotizados a los apóstoles y dice:

–           Esa mujer ya está en paz. Ha olvidado el dolor. ¿Qué no piensa en sus hijos? No. Lo hace mucho mejor. Los santificará, porque no pide otra cosa a Dios.

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Jesús empieza a caminar y los apóstoles lo siguen en silencio. Después de caminar algunos metros, Jesús se vuelve y pregunta:

–           ¿Por qué decís dentro de vuestros corazones: “¿Por qué no pide que se convierta su marido? No es santa si lo odia…”  Yo os digo que no lo odia. Lo perdonó cuando la mataba. Alma que entra en el Reino de la Luz, ve con sabiduría y justicia. Y ella ve que su marido, ni se convertirá, ni será perdonado. Rechazará la salvación y Dios respetará su decisión. Vuelve ahora su plegaria en favor de quién puede conseguir el bien. Esa no es mi Sangre. Y sin embargo perdí mucha por este camino. Las pisadas de mis enemigos la han borrado, al mezclarse con el polvo y la suciedad. La lluvia la ha hecho desaparecer, pero hay algo que todavía puede verse… Porque manó tanto, que ni los pasos ni el agua la han borrado del todo. Caminaremos juntos y veréis mi Sangre derramada por vosotros…

Los apóstoles se preguntan mentalmente a sí mismos:

–           ¿A dónde?

–           ¿A dónde quiere ir?

–           ¿Al lugar donde oró?

–           ¿Al Pretorio?

–           ¿Al lugar donde la hierba está bañada con su Sangre?

Los apóstoles no han dicho una palabra…

Jesús que camina adelante como siempre, se voltea y dice:

–           Al Gólgota. Hay tanta, que el polvo se ha endurecido como si fuesen piedras. Y hay quienes ya se les han adelantado…

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Bartolomé exclama alarmado:

–           ¡Es un lugar inmundo!

Jesús lo mira con una sonrisa compasiva y responde:

–           Cualquier lugar de Jerusalén después del horrible pecado, es ahora inmundo. Y sin embargo no os preocupáis de otra cosa, fuera del miedo que sentís por la gente…

–           Es que ahí siempre han muerto ladrones…

Jesús puntualiza:

–           He muerto Yo. Y para siempre lo he santificado En verdad te digo que hasta el fín de los siglos, no habrá lugar más Santo que ese… Y que a él vendrán de toda la tierra a besar su polvo. Y hay alguien que os ha precedido, sin temer las burlas y las amenazas. Sin temer a contaminarse. Y quién os precedió, tenía doble motivo para temer.

Pedro le pega levemente con el codo en las costillas a Juan… Y la reconocida señal es interpretada…

Juan pregunta:

–           ¿Quién fue Señor?

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Jesús contesta:

–           Magdalena. Así como recogió las flores que hollaron mis pies el domingo de Ramos y las repartió como un recuerdo de júbilo entre sus compañeras discípulas; asi subio ahora al Calvario y con sus manos ha excavado la tierra que se endureció con mi Sangre y la ha depositado en las manos de mi Madre.

No ha tenido miedo. Era conocida como la ‘pecadora’ y como la discípula. No tuvo miedo de contaminarse, porque adora esa Sangre que la ha redimido. Mi Sangre ha borrado todo. Santo es el suelo donde cayó. Mañana, antes de la hora sexta subiréis al Gólgota. Os alcanzaré. Pero quién quiera ver mi Sangre, ahí la tiene.-Y señala un balaustre del puente agregando- Aquí mi boca pegó y brotó sangre… De ella no habían brotado más que palabras santas y palabras de amor… ¿Por qué entonces fue golpeada? ¿Y no hubo nadie que la hubiera curado con un beso.

Los apóstoles se sienten aplastados.

Y Jesús los conduce hasta un portón nuevo que impide la entrada al huerto de los Olivos y que forma parte de una fuerte empalizada con estacas agudas, alta y con su nueva cerradura.

Jesús trae una llave de metal, nueva y resplandeciente…

Felipe le alumbra la noche cerrada, con una antorcha que ha encendido y el Maestro abre el cerrojo.

Los apóstoles miran sorprendidos la nueva construcción que impide la entrada al huerto…

Y comentan:

–           No estaba antes, ¿Por qué ahora?

–           Ciertamente Lázaro ya no quiere a nadie aquí.

–           Mira allá. Piedras, ladrillos y cal.

–           Ahora es de leños, mañana será una pared.

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Jesús dice:

–           Venid. No os ocupéis de cosas muertas, os lo digo… Ved. Aquí estuvisteis… Aquí me rodearon y aprehendieron. –Extiende su brazo y señala- De allí huisteis… Si hubiera estado esta valla entonces, no hubierais podido huir con tanta rapidez. Pero ¿Cómo iba a pensar Lázaro, que se moría de ansias por seguirme, qué ibais a huir? ¿Os hago sufrir? Primero sufrí Yo. Quiero borrar aquel dolor… ¡Bésame Pedro!

Pedro grita espantado:

–           ¡No Señor, no! ¿Repetir lo que hizo Judas aquí, a la misma hora? ¡No!

Jesús insiste:

–           Bésame. Tengo necesidad de qué hagáis con amor sincero, lo que Judas no hizo. Después seréis felices. Acércate Pedro. Bésame.

Pedro no solo lo besa. Con sus lágrimas lava la mejilla del Señor. Se retira cubriéndose la cara con sus manos temblorosas y se sienta en el suelo para llorar.

Los demás, uno tras otro lo besan en el mismo lugar. Y todos terminan llorando de dolor y arrepentimiento.

Luego Jesús dice:

–           Os retiré de Mí aquella noche, después de que os robustecí con mi Cuerpo y con mi Sangre y pocas horas después caísteis. Recordad siempre cuán débiles fuisteis y que sin la ayuda de Dios no podríais permanecer en la justicia, ni siquiera una hora.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

204.- SATANÁS ENCARNADO


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Jesús, con la cabeza inclinada, maquinalmente acaricia los cabellos rubios de Juan. Se estremece. Sacude la cabeza, la levanta, mira a su alrededor, sonríe a sus apóstoles como para consolarlos… Luego…

Jesús dice:

–                       Levantémonos y sentemos juntos, como los hijos se sientan alrededor de su padre.

Toman los lechos que están detrás de la mesa y los llevan al otro lado.

Jesús se sienta en su lecho entre Santiago y Juan, como antes. Pero cuando ve que Andrés va a sentarse en el lugar que dejó Iscariote…

Jesús no puede contenerse y grita:

–                       ¡No! ¡Allí, no!

Un grito impulsivo que su inmensa prudencia no logra controlar.

Luego busca de darle una explicación diciendo:

–                       No es necesario dejar tanto lugar. Estos asientos son suficientes. Quiero que estéis muy cerca de Mí.

Andrés deja el asiento vacío y sin moverlo. Y busca acomodarse en otro lugar.

Jesús está en el centro.

Santiago de Zebedeo llama a Pedro y le dice:

–                       Siéntate aquí. Yo me siento en este banco, a los pies de Jesús.  –y le deja su lugar junto a Jesús.

Pedro suspira feliz:

–                       ¡Qué Dios te bendiga, Santiago! ¡Tenía tantas ganas!

Jesús sonríe:

–                       Veo que empieza a surtir efecto lo que antes os dije.  Los buenos hermanos se aman entre sí. Y en cuanto a ti, Santiago, te digo: ‘Dios te bendiga’ Esta acción tuya, jamás será olvidada. Y la hallarás premiada allá arriba. Todo lo que pido lo alcanzo. Lo habéis visto. Bastó un deseo mío para que el Padre concediese a su Hijo darse en comida al hombre.

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El Hijo del hombre ha sido glorificado ahora, con todo lo ocurrido. Porque el milagro es prueba de poder y solo es posible que sea realizado, por los amigos de Dios. Cuanto más grande es el milagro, tanto más segura y profunda es la amistad divina.

Esto es un milagro que por su forma, duración, naturaleza y por sus límites; no puede ser mayor…  Yo os lo aseguro: es tan poderoso, sobrenatural e inconcebible a los ojos del hombre soberbio, que muy pocos lo comprenderán como debe ser.

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Y muchos lo negarán. ¿Qué diré entonces? ¿Que se les condene? ¡No! ¡Que se les tenga piedad! Cuanto mayor es el milagro, tanto mayor es la gloria que recibe el que lo hizo. Ha sido Dios Mismo Quien dice: “Este amado mío lo quiso, lo alcanzó. Se lo concedí porque lo amo”

     Alégrate tú que regresas a tu Trono, ¡Oh Esencia espiritual de la Segunda Persona! ¡Alégrate! ¡Oh, carne que vuelves a subir, después de un largo destierro en el fango! No es el paraíso de Adán, sino el del Padre, que será el lugar donde vivirás.

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Si por órdenes de Dios un hombre detuvo el sol con admiración de todos, ¿Qué no sucederá en los astros, cuando vean el prodigio de que el Cuerpo del Hombre perfectamente Glorificado, sube y se sienta a la derecha del Padre?

Hijitos míos, todavía estaré un poco con vosotros. Luego me buscaréis, pero donde Yo esté, no podréis ir.

Pensad en mi Madre… Ni siquiera Ella podrá ir a donde Yo voy.

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Y sin embargo Yo dejé al Padre para venir a Ella y hacerme Jesús en su vientre inmaculado. Nací de Ella, de la Inviolable, en un éxtasis luminoso. Me alimenté de su amor convertido en leche.

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Tuve pureza y amor, porque me alimentó con su virginidad, que fecundó el Amor Perfecto, que vive en el Cielo. Yo crecí con sus fatigas y sus lágrimas… Y sin embargo le pido un heroísmo que nunca se ha realizado y que no tiene comparación.  Y con todo, nadie le iguala en amarme. Y pese a todo esto la dejo y me voy a donde Ella no irá, sino después de mucho tiempo.

En Ella reside toda clase de gracias y de santidad. Es el ser que todo lo ha tenido y que todo lo ha dado. Nada se le puede agregar, nada quitar. Es el testimonio santísimo de lo que puede Dios.

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Para estar seguro de que seréis capaces de llegar a donde Yo esté, de olvidar el dolor de la pérdida de vuestro Jesús. Os doy un mandamiento nuevo: Que os améis los unos a los otros, así como os he amado. Y de este modo se conocerá que sois mis discípulos.

Cuando un padre tiene muchos hijos, ¿Cómo se sabe que lo son? Por el amor común que los une. Aún cuando muera el padre, la familia buena no se dispersa,  porque la sangre es una, la que el padre comunicó. Y liga en tal forma que ni siquiera la muerte destruye tal unión. Porque el Amor es más fuerte que la muerte.

Ahora, si vosotros os amáis, después de que os haya dejado; todos reconocerán que sois mis hijos y por lo tanto mis discípulos. Y verán que todos sois hermanos, porque tenéis un solo Padre.

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Pedro pregunta:

–                       ¿Señor, pero a dónde te vas?

Jesús contesta:

–                       Me voy a donde por ahora no puedes seguirme. Más tarde lo harás.

–                       ¿Y por qué no ahora? Te he seguido siempre, desde que me dijiste: ‘Sígueme’ Sin pena alguna he dejado todo. Ahora, no es justo de tu parte irte sin tu pobre Simón, dejándome sin Tí.  Tú que eres todo para mí. Por quién dejé lo poco que antes tenía… ¿Vas a la muerte? Está bien. también yo voy. Iremos juntos al otro mundo, pero antes te defenderé. Estoy dispuesto a morir por Ti.

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–                       ¿Qué morirás por Mí? ¿Ahora? Ahora no. En verdad, en verdad te aseguro que no habrá cantado el gallo, antes de que me hayas negado tres veces. Estamos en la primera vigilia. Luego vendrá la segunda… y después la tercera. Antes de que lance su qui-qui-ri-quí el gallo, tres veces habrás negado a tu Señor.

–                       ¡Imposible, Maestro! Creo lo que dices, pero no esto. Estoy seguro.

–                       En estos momentos lo estás, porque estoy contigo. Tienes a Dios contigo. Dentro de poco el Dios Encarnado será apresado y no lo tendréis más. Satanás después de haberos engañado, os llenará de espanto.

Tu misma confianza es un ardid suyo, una treta para engañaros.  Os insinuará: ‘Dios no existe. Yo sí existo.’ Y aún cuando el miedo os haya hecho incapaces de reaccionar; sin embargo lograréis comprender que cuando Satanás sea el dueño de la Hora, el Bien habrá muerto y el Mal estará a sus anchas. 

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El espíritu habrá sido abatido y lo terreno triunfante. Entonces quedaréis como soldados sin jefe, perseguidos por el enemigo. Y atemorizados doblaréis cual vencidos, vuestra espalda ante el vencedor.

Y para que no se os mate,  renegaréis del héroe caído. Pero os pido una cosa y es que vuestro corazón no pierda su control. Creed en Dios. Creed también en Mí. Creed en Mí, contra todas las apariencias.

Tanto el que queda como el que huye, crea en mi Misericordia y en la del Padre.  Tanto el que calle, como el que abre su boca para decir: ‘No lo conozco’ De igual modo crea en mi Perdón.

Creed que como fuesen vuestras acciones en lo porvenir, dentro del Bien, de mi Doctrina y por lo tanto de mi Iglesia, os dará un  lugar en el Cielo.

51_tierra_nueva

En la Casa de mi Padre hay muchas moradas. Si no fuese así os lo habría dicho, porque no me adelantaría a preparaos un lugar. Ahora me voy, cuando haya preparado a cada uno su lugar en la Jerusalén Celestial, regresaré y os llevaré conmigo, para que estéis donde Yo estoy.

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Donde no habrá muerte, lutos, llantos, gritos, hambre, dolor, tinieblas, sequía. Sino luz, paz, felicidad, cánticos… Quiero que estéis donde estaré Yo. Sabéis a donde voy y conocéis el camino.

Tomás pregunta:

–                       ¡Pero Señor! No sabemos nada. Nos debes decir a donde vas. ¿Cómo podemos saber el camino que debemos tomar para ir a Ti y abreviar la espera?

1jesus-el-unico-camino-al-cielo

–                       Yo Soy el Camino, la Verdad, la Vida. Muchas veces os lo he dicho y os lo he explicado. En verdad os digo que algunos que ni siquiera sabían que existe Dios, os han tomado ya la delantera, dirigiéndose por mi Camino.

Yo soy el Camino

Los apóstoles preguntan:

–                       ¿Quién?

–                        ¿De quién hablas?

–                        ¿De María la hermana de Lázaro?

–                       Está allá con tu Madre.

–                       ¿Quieres que la llamemos?

–                       ¿O quieres a Juana?

–                       Debe estar en su Palacio.

–                       ¿Quieres que vayamos a llamarla?

Jesús contesta:

–                       No. No me refiero a ellas.  Pienso en Fotinaí y Aglae. Ellas me encontraron. No se han separado de mi Camino… A una le señalé al Padre como al Dios Verdadero y al espíritu cual levita en esta adoración individual.

1NOVIA-ETERNA

A la otra, que ni siquiera sabía que tenía alma, le dije: ‘Mi Nombre es Salvador. Salvo a quien tiene buena voluntad de salvarse. Soy quien busca a los extraviados. Soy quien da la Vida, la Verdad y la Pureza. Quien me busca, me halla.’ Y ambas encontraron a Dios.

¡Os bendigo débiles Evas que os habéis convertido en seres más fuertes que Judith!… Voy donde estáis… Vosotras me consoláis… ¡Sed benditas!… ¡Oh!  Nadie viene al Padre, sino por Mí. Si me conocen a Mí, también conocerán al Padre.

ENCUENTRO

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

QUINTO MISTERIO LUMINOSO III


JESÚS INSTITUYE LA EUCARISTÍA

Jesús, con la cabeza inclinada, maquinalmente acaricia los cabellos rubios de Juan. Se estremece. Sacude la cabeza, la levanta, mira a su alrededor, sonríe a sus apóstoles como para consolarlos y dice:

–                       Levantémonos y sentemos juntos, como los hijos se sientan alrededor de su padre.

Toman los lechos que están detrás de la mesa y los llevan al otro lado.

Jesús se sienta en su lecho, entre Santiago y Juan, como antes. Pero cuando ve que Andrés va a sentarse en el lugar que dejó Iscariote, grita:

–                       ¡No! ¡Allí, no!

Un grito impulsivo que su inmensa prudencia no logra controlar. Luego busca de darle una explicación diciendo:

–                       No es necesario dejar tanto lugar. Estos asientos son suficientes. Quiero que estéis muy cerca de Mí.

Andrés deja el asiento vacío y sin moverlo. Y busca acomodarse en otro lugar.

Jesús está en el centro.

Santiago de Zebedeo llama a Pedro y le dice:

–                       Siéntate aquí. Yo me siento en este banco, a los pies de Jesús.  –y le deja su lugar junto a Jesús.

Pedro suspira feliz:

–                       ¡Qué Dios te bendiga, Santiago! ¡Tenía tantas ganas!

Jesús sonríe:

–                       Veo que empieza a surtir efecto lo que antes os dije.  Los buenos hermanos se aman entre sí. Y en cuanto a ti, Santiago, te digo: ‘Dios te bendiga’ Esta acción tuya, jamás será olvidada. Y la hallarás premiada allá arriba.

Todo lo que pido lo alcanzo. Lo habéis visto. Bastó un deseo mío para que el Padre concediese a su Hijo darse en comida al hombre. El Hijo del hombre ha sido glorificado ahora, con todo lo ocurrido. Porque el milagro es prueba de poder y solo es posible que sea realizado, por los amigos de Dios. Cuanto más grande es el milagro, tanto más segura y profunda es la amistad divina. Esto es un milagro que por su forma, duración, naturaleza, por sus límites; no puede ser mayor. Yo os lo aseguro: es tan poderoso, sobrenatural e inconcebible a los ojos del hombre a los ojos del hombre soberbio; que muy pocos lo comprenderán como debe ser. Y muchos lo negarán. ¿Qué diré entonces? ¿Qué se les condene? ¡No! ¡Que se les tenga piedad! Cuanto mayor es el milagro, tanto mayor es la gloria que recibe el que lo hizo. Ha sido Dios Mismo Quien dice: “Este amado mío lo quiso, lo alcanzó. Se lo concedí porque lo amo”

Alégrate tú que regresas a tu Trono, ¡Oh Esencia espiritual dela SegundaPersona! ¡Alégrate! ¡Oh, carne que vuelves a subir, después de un largo destierro en el fango! No es el paraíso de Adán, sino el del Padre, que será el lugar donde vivirás. Si por órdenes de Dios un hombre detuvo el sol con admiración de todos, ¿Qué no sucederá en los astros, cuando vean el prodigio de que el Cuerpo del Hombre perfectamente Glorificado, sube y se sienta a la derecha del Padre? Hijitos míos, todavía estaré un poco con vosotros. Luego me buscaréis, pero donde Yo esté, no podréis ir.

Pensad en mi Madre… Ni siquiera Ella podrá ir a donde Yo voy. Y sin embargo Yo dejé al Padre para venir a Ella y hacerme Jesús en su vientre inmaculado. Nací de Ella, de la Inviolable, en un éxtasis luminoso. Me alimenté de su amor convertido en leche. Tuve pureza y amor, porque me alimentó con su virginidad, que fecundó el Amor Perfecto, que vive en el Cielo. Yo crecí con sus fatigas y sus lágrimas… Y sin embargo le pido un heroísmo que nunca se ha realizado y que no tiene comparación.  Y con todo, nadie le iguala en amarme. Y pese a todo esto la dejo y me voy a donde Ella no irá, sino después de mucho tiempo. En Ella reside toda clase de gracias y de santidad. Es el ser que todo lo ha tenido y que todo lo ha dado. Nada se le puede agregar, nada quitar. Es el testimonio santísimo de lo que puede Dios.

Para estar seguro de que seréis capaces de llegar a donde Yo esté; de olvidar el dolor de la pérdida de vuestro Jesús. Os doy un mandamiento nuevo: Que os améis los unos a los otros, así como os he amado. Y de este modo se conocerá que sois mis discípulos. Cuando un padre tiene muchos hijos, ¿Cómo se sabe que lo son? Por el amor común que los une. Aun cuando muera el padre, la familia buena no se dispersa,  porque la sangre es una, la que el padre comunicó. Y liga en tal forma que ni siquiera la muerte destruye tal unión. Porque el Amor es más fuerte que la muerte. Ahora, si vosotros os amáis, después de que os haya dejado; todos reconocerán que sois mis hijos y por lo tanto mis discípulos. Y verán que todos sois hermanos, porque tenéis un solo Padre.

Pedro pregunta:

–                       ¿Señor, pero a dónde te vas?

Jesús contesta:

–                       Me voy a donde por ahora no puedes seguirme. Más tarde lo harás.

–                       ¿Y por qué no ahora? Te he seguido siempre, desde que me dijiste: ‘Sígueme’ Sin pena alguna he dejado todo. ahora, no es justo de tu parte irte sin tu pobre Simón, dejándome sin Tí.  Tú que eres todo para mí. Por quién dejé lo poco que antes tenía… ¿Vas a la muerte? Está bien. también yo voy. Iremos juntos al otro mundo, pero antes te defenderé. Estoy dispuesto a morir por Ti.

–                       ¿Qué morirás por Mí? ¿Ahora? Ahora no. En verdad, en verdad te aseguro que no habrá cantado el gallo, antes de que me hayas negado tres veces. Estamos en la primera vigilia. Luego vendrá la segunda… y después la tercera. Antes de que lance su qui-qui-ri-quí el gallo, tres veces habrás negado a tu Señor.

–                       ¡Imposible, Maestro! Creo lo que dices, pero no esto. Estoy seguro.

–                       En estos momentos lo estás, porque estoy contigo. Tienes a Dios contigo. Dentro de poco el Dios Encarnado será apresado y no lo tendréis más. Satanás después de haberos engañado, os llenará de espanto. Tú misma confianza es un ardid suyo, una treta para engañaros.  Os insinuará: ‘Dios no existe. Yo sí existo.’ Y aun cuando el miedo os haya hecho incapaces de reaccionar; sin embargo lograréis comprender que cuando Satanás sea el dueño dela Hora, el Bien habrá muerto y el Mal estará a sus anchas. El espíritu habrá sido abatido y lo terreno triunfante. Entonces quedaréis como soldados sin jefe, perseguidos por el enemigo. Y atemorizados doblaréis cual vencidos, vuestra espalda ante el vencedor. Y para que no se os mate,  renegaréis del héroe caído. Pero os pido una cosa y es que vuestro corazón no pierda su control. Creed en Dios. Creed también en Mí. Creed en Mí, contra todas las apariencias. Tanto el que queda como el que huye; crea en mi Misericordia y en la del Padre.  Tanto el que calle, como el que abre su boca para decir: ‘No lo conozco’ De igual modo crea en mi Perdón.  Creed que como fuesen vuestras acciones en lo porvenir, dentro del Bien, de mi Doctrina y por lo tanto de mi Iglesia, os dará un  lugar en el Cielo. Enla Casade mi Padre hay muchas moradas. Si no fuese así os lo habría dicho, porque no me adelantaría a preparaos un lugar. Ahora me voy, cuando haya preparado a cada uno su lugar enla JerusalénCelestial, regresaré y os llevaré conmigo, para que estéis donde Yo estoy. Donde no habrá muerte, lutos, llantos, gritos, hambre, dolor, tinieblas, sequía. Sino luz, paz, felicidad, cánticos… Quiero que estéis donde estaré Yo. Sabéis a donde voy y conocéis el camino.

Tomás pregunta:

–                       ¡Pero Señor! No sabemos nada. Nos debes decir a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino que debemos tomar para ir a Ti y abreviar la espera?

–                       Yo Soy el Camino,la Verdad,la Vida.Muchasveces os lo he dicho y os lo he explicado. En verdad os digo que algunos que ni siquiera sabían que existe Dios, os han tomado ya la delantera, dirigiéndose por mi Camino. ¡Oh! ¿Dónde estás tú, oveja extraviada de Dios a quién volví a traer al rebaño? ¿Dónde estás tú, que resucitaste en el alma?…

Los apóstoles preguntan:

–                       ¿Quién? ¿De quién hablas? ¿De María la hermana de Lázaro? Está allá con tu Madre. ¿Quieres que la llamemos? ¿O quieres a Juana? Debe estar en su Palacio. ¿Quieres que vayamos a llamarla?

–                       No. No me refiero a ellas.  Pienso en Fotinaí y Aglae. Ellas me encontraron. No se han separado de mi Camino… A una le señalé al Padre como al Dios Verdadero y al espíritu cual levita en esta adoración individual.  A la otra, que ni siquiera sabía que tenía alma, le dije: ‘Mi Nombre es Salvador. Salvo a quien tiene buena voluntad de salvarse. Soy quien busca a los extraviados. Soy quien dala Vida,la Verdadyla Pureza.Quienme busca, me halla.’ Y ambas encontraron a Dios.  ¡Os bendigo débiles Evas que os habéis convertido en seres más fuertes que Judith!… Voy donde estáis… Vosotras me consoláis… ¡Sed benditas!… ¡Oh!  Nadie viene al Padre, sino por Mí. Si me conocen a Mí, también conocerán al Padre.

Felipe dice:

–                       Señor, muéstranos al Padre, seremos como ellas y eso nos basta.

–                       Hace tiempo que estoy con vosotros y tú Felipe, ¿Todavía no me has conocido? Quién me ve a Mí, ve a mi Padre. ¿Cómo puedes decir muéstrame al Padre? ¿No logras creer que Yo estoy en mi Padre y el Padre en Mí? Las palabras que os digo, no las digo por Mí. El Padre que mora en Mí, lleva a cabo cada obra mía. Os lo digo y os lo afirmo: Quien cree en Mí, realizará las obras que Yo hago y hará mucho mayores; porque me voy donde el Padre. Y todo cuanto pidiereis al Padre en mi Nombre, lo haré Yo, para que el Padre sea glorificado en su Hijo. Haré todo lo que me pidiereis en mi Nombre. En virtud de este Nombre, todo es posible. Quien piensa en mi Nombre me ama y me alcanza.

Pero no basta amar. Hay que observar mis órdenes, para alcanzar el verdadero Amor.  Las obras son las que dan testimonio de los sentimientos. Si ustedes me aman, guardarán mis Mandamientos y Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador que permanecerá siempre con vosotros. A quién Satanás y el Mundo no podrán hacer daño alguno. Este es el Espíritu de Verdad que el mundo no puede recibir, que no puede hacerle mal,  porque no lo ve y no lo conoce. Se burlará de Él. Pero Él está muy por arriba, de tal modo que la befa no le llegará. Mientras que Misericordiosísimo sobre toda medida, estará siempre con quien lo amare; aun cuando sea pobre y débil. Vosotros lo conoceréis; porque está ya viviendo con vosotros y pronto estará en vosotros. Y permanecerá siempre con vosotros. No os dejaré huérfanos. Regresaré a vosotros. Dentro de poco el Mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque Yo vivo y vosotros vivís. Porque viviré y vosotros también. En ese día conoceréis que estoy en mi Padre y vosotros en Mí y Yo en vosotros. El que ama, es el que acepta mis preceptos y los observa. El que me ama será amado por mi Padre y poseerá a Dios, porque Dios es Caridad. Y quién ama tiene a Dios en sí. Yo lo amaré porque veré en él a Dios y me manifestaré haciéndome conocer en los secretos de mi Amor; de mi sabiduría; de mi Divinidad Encarnada. Estos serán los modos como regresaré entre los hombres a quienes amo. Aunque sean débiles, aunque sean mis enemigos. Éstos serán sólo débiles. Los robusteceré. Diré: ‘¡Levántate!’, gritaré: ‘¡Sal fuera!’, ordenaré: ‘¡Sígueme!’, Mandaré: ‘¡Oye!’, avasallaré: ‘¡Escribe!’… y entre éstos estáis vosotros.

Tadeo pregunta:

¿Por qué Señor, te manifestarás a nosotros y no al mundo?

Jesús responde:

–                       Porque me amáis y observáis mis palabras. Quien hiciere así, mi Padre lo amará. Vendremos a él y haremos en él nuestra mansión. El que no me ama no guarda mis palabras y obra según la carne y el mundo. Cuando venga a vosotros el Consolador. El Espíritu Santo que el Padre mandará en mi Nombre, entonces comprenderéis y Él os enseñará todo y os traerá a la memoria cuanto os he dicho.

Os dejo mi Paz. Os doy mi paz. Os la doy, no como la da el mundo. La paz que os doy es más profunda. Yo me comunico a Mí Mismo, en este adiós a vosotros. Os comunico mi Espíritu de Paz, como os he entregado mi Cuerpo y mi Sangre; para que en vosotros exista una gran fuerza, en la batalla que se acerca. Satanás y el Mundo han declaradola Guerracontra vuestro Jesús. Es su Hora. Conservad en vosotrosla Paz, mi Espíritu, que es espíritu de Paz, porque Yo Soy el Rey de la paz. Tenedla para que no os encontréis muy abandonados. Quién sufre tiendola Pazde Dios en sí; sufre, pero no blasfema, ni se desespera.

No lloréis. Si me amaseis más allá de lo que veis en Mí, os alegraríais inmensamente, porque regreso al Padre, después de un largo destierro. Voy a donde está El que es Mayor que Yo y que me ama. Os lo digo ahora… Antes de que se realice. Así como os he contado los sufrimientos del Redentor antes de salir a su encuentro; para que cuando todo se cumpla, creáis más en Mí. ¡No os conturbéis de este modo! ¡No perdáis los ánimos! Vuestro corazón tiene necesidad de control… ¡Hay tantas cosas que quisiera deciros!… Llegado al término de mi evangelización, me parece que falta mucho por hacerse. ¿Acaso no he cumplido con mi oficio? ¿Dudaré? ¡No! Pongo mi confianza en Dios y a Él os confío, amados amigos. Él completarála Obrade su Verbo. No soy como un padre que está por morir y a quién no le queda otra luz, más que la humana. Yo tengo mi esperanza en Dios. Y me dirijo tranquilo a mi destino. Sé que está por bajar otra lluvia sobre las semillas arrojadas en vosotros, que hará que germinen todas. Luego vendrá el sol del Paráclito y se convertirán en un poderoso árbol…

El Príncipe de este Mundo está por venir. Aquel con quien no tengo nada que ver. No podría nada sobre Mí, si no fuese por la razón de querer redimiros. Esto sucede porque quiero que el mundo conozca que amo al Padre. Y lo amo hasta obedecerlo enla Muerte.Yde este modo cumplo lo que me ha mandado.

Es hora de irnos. Oíd las últimas palabras. Yo soyla Vidverdadera. El Padre, es el agricultor. A todo sarmiento que no produce fruto, Él lo corta. Y poda al que produce, para que produzca más.  Os habéis ya purificado con mi Palabra. Permaneced en Mí y Yo estaré en vosotros, para que lo sigáis estando. El sarmiento que ha sido separado dela Vid, no puede producir fruto. De igual modo vosotros si no permanecéis en Mí. Yo soyla Vidy vosotros los sarmientos. El que permanece unido a Mí, produce muchos frutos. Pero si uno se separa, se convierte en rama seca, que se arroja al fuego, para que se queme. Permaneced pues en Mí y que mis palabras queden en vosotros. Luego, pedid cuanto queráis, que se os dará. Mi Padre será cada vez más glorificado, cuanto más produzcáis frutos y seáis mis discípulos.

Como el Padre me ha amado, así también Yo a vosotros. Permaneced en mi Amor que salva. Si me amáis, seréis obedientes y la obediencia aumenta el amor recíproco. No digáis que estoy repitiendo lo mismo. Conozco vuestra debilidad. Quiero que os salvéis. Os digo esto para que la alegría que os quise comunicar, exista en vosotros y sea perfecta. ¡Amaos! ¡Amaos! ¡Este es mi nuevo mandamiento! Amaos mutuamente, más de lo que cada uno se ama a sí mismo. El amor del que da su vida por sus amigos, es mayor que cualquier otro. Vosotros sois mis amigos y doy mi vida por vosotros. Haced lo que os he enseñado y mandado. No digo que sois mis siervos;  porque el siervo no sabe lo que hace su dueño. Entretanto que vosotros sabéis lo que hago. Todo lo sabéis respecto a Mí. Y fui quién os eligió y lo hice para que vayáis entre los pueblos y produzcáis frutos en vosotros y en los corazones de los evangelizados; vuestro fruto permanezca y el Padre os conceda lo que pidáis en mi Nombre.

No digáis: “Si Tú nos has escogido, porqué escogiste a un traidor. Si todo lo sabes, ¿Por qué lo hiciste? ” No preguntéis ni siquiera quién sea ese tal. No es un hombre. Es Satanás. Lo dije a mi fiel amigo y permití que lo dijese. Es Satanás. Si Satanás el Eterno Comediante, no se hubiera encarnado en un cuerpo mortal; este hombre poseído no habría podido escapar a mi poder. He dicho ‘poseído’. No. Es algo mucho más: es un entregado a Satanás.

Santiago de Alfeo pregunta:

–                       ¿Por qué Tú que has arrojado demonios, no lo libraste de él?

Jesús contesta:

–                       ¿Me lo preguntas porque amándome tienes miedo de ser tú? No temas.

Varios preguntan al mismo tiempo:

–                       Entonces, ¿Yo?

–                       ¿Yo?

–                       ¿Yo?

Jesús ordena:

–                       Callaos. No diré su nombre. Tengo misericordia. Tenedla también vosotros.

Tomás pregunta:

–                       ¿Pero por qué no lo venciste? ¿No pudiste?

–                       Podía. Pero si hubiera impedido a Satanás que se encarnara para matarme, habría tenido que exterminar a la raza humana, antes de su Redención. Y entonces, ¿Qué habría redimido?

Pedro se arrodilla y sacude frenéticamente a Jesús, como si estuviese bajo el influjo de un delirio:

–                       Dímelo, Señor. Dímelo. ¿Soy yo? ¿Soy yo? Me examino… No me parece. Pero Tú dijiste que te negaré… Yo tiemblo de miedo… ¡Oh, qué horror que sea yo!…

Jesús niega:

–                       No Pedro. No eres tú.

–                       ¿Entonces quién?

Tadeo grita sin poder contenerse más:

–                       ¡Quién otro, sino Judas de Keriot! ¿No lo has comprendido?

Pedro grita:

–                       ¿Por qué no lo dijiste antes? ¿Por qué?

Jesús ordena:

–                       Silencio. Es Satanás. No tiene otro nombre. ¿A dónde vas, Pedro?

–                       A buscarlo.

–                       Deja inmediatamente tu manto y esa espada. ¿O quieres que te arroje de Mí y te maldiga?

–                       ¡No, no! ¡Oh, Señor mío! Pero yo… pero yo… ¿Deliro acaso? ¡Oh! ¡Oh!…

Pedro se ha postrado en tierra y llora a los pies de Jesús.

Jesús dice terminante:

–                       Os ordeno que os améis. Que perdonéis. ¿Habéis comprendido? Si en el mundo existe el Odio, en vosotros sólo debe existir el Amor. Un amor para todos. ¡Cuántos traidores encontraréis por vuestro camino! Pero no deberéis odiarlos y devolverles mal por mal. De otro modo el Padre os odiará. Antes que vosotros he sido objeto de odio y se me ha traicionado. Y sin embargo lo estáis viendo, no odio. El mundo no puede amar lo que no es como él. Por esto no os amará. Si fueseis suyos os amaría. Pero no lo sois, porque os tomé de en medio de él y éste es el motivo por el cual os odia.

Os he dicho: el siervo no es más que el patrón. Si me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Si me hubieran escuchado, también a vosotros os escucharían. Pero todo lo harán por causa de mi Nombre; porque no conocen y no quieren conocer, al que me ha enviado. Si Yo no hubiera venido y no les hubiese hablado, n serían culpables. Pero ahora su pecado no tiene excusa. Han visto mis obras, oído mis palabras… Con todo, me han odiado y además a mi Padre, porque Yo y el Padre somos una sola unidad con el Amor. Está escrito: ‘Me odiaron sin motivo alguno’

Pero cuando venga el Consolador, el Espíritu de Verdad que procede del Padre, dará testimonio de Mí y también vosotros, porque desde el principio habéis estado conmigo.

Esto os lo he dicho para que cuando llegue la hora; no quedéis acobardados, ni escandalizados. Pronto va a llegar el tiempo en que os arrojarán de las sinagogas y cuando el que os matare, pensará dar culto a Dios con lo que hace. No han conocido, ni al Padre, ni a Mí. Esa es la única razón que puede excusarlos. Antes no os lo había dicho tan claro, porque erais como niños recién nacidos. Ahora vuestra madre os deja. Me voy. Debéis acostumbraros a otra clase de alimento. Quiero que lo conozcáis.

Ninguno me pregunta de nuevo ¿A dónde vas? La tristeza os ha vuelto mudos. Y con todo es bueno que me vaya, de otro modo el Consolador no vendrá. Os lo mandaré. Y cuando venga, por medio de la sabiduría y de la palabra; de las obras y del heroísmo que os infundirá; convencerá al mundo de su pecado deicida y de mi verdadera santidad. El mundo se dividirá claramente en dos partes: la de los réprobos, enemigos de Dios y en la de los creyentes. Estos serán más o menos santos según su voluntad. Pero se juzgará al Príncipe del Mundo y a sus secuaces. No puedo deciros más, porque por ahora no lo podéis comprender. Cuando venga el Paráclito os lo dirá.

Todavía nos veremos un poco. Después no me veréis más. Y poco  después, de nuevo me veréis.

Dentro de vosotros mismos estáis dialogando. Oíd una parábola. La última que os dice vuestro Maestro: cuando una mujer está encinta y llega la hora del parto, se encuentra en medio de una gran aflicción, sufre y llora. Pero cuando nace el pequeño, lo estrecha contra su corazón. Todo dolor desaparece. Su tristeza se cambia en alegría, porque ha venido al mundo, un nuevo ser.

Así también vosotros. Lloraréis y el mundo se reirá de vosotros. Pero después vuestra tristeza se cambiará en alegría, una alegría que el mundo jamás conocerá. Ahora estáis tristes, pero cuando me volváis a ver, vuestro corazón se llenará de una alegría tal, que nadie podrá arrebatárosla. Una alegría tan completa que no tendréis necesidad de pedir para la mente, el corazón y el cuerpo. Os alimentaréis solo con verme, olvidando cualquier otra cosa. Pero por esto mismo podréis pedir todo en mi Nombre y el Padre os lo dará, para que vuestra alegría sea siempre mayor. Pedid. Pedid y recibiréis.

Ya llega la hora en que os podré hablar abiertamente del Padre.  Porque permaneceréis fieles en la prueba y todo será superado. Vuestro amor será perfecto porque os habrá ayudado en la prueba. Y lo que os faltare lo daré al tomarlo de mi inmenso tesoro, diciendo: “Padre, mira. Estos me han amado creyendo que vine de Ti” Bajé al Mundo, ahora lo dejo. Voy al Padre y rogaré por vosotros.

Los apóstoles exclaman:

–                       ¡Oh! ¡Ahora te explicas! Ahora comprendemos lo que quieres decir y entendemos que sabes todo y que respondes sin que nadie te haya preguntado. ¡Verdaderamente has venido de Dios!

–                       ¿Creéis ahora? ¿En los últimos momentos? ¡Hace tres años que os estoy hablando! Pero ya ha empezado a obrar en vosotros el Pan que es Dios y el Vino que es Sangre, que no ha brotado de algún hombre y os causa el primer estremecimiento de ser divinos. Llegaréis a ser dioses si perseveráis en mi amor y en ser míos. No como lo dijo Satanás a Adán y a Eva. Sino como Yo os digo. Es el verdadero fruto del Árbol del Bien y dela Vida. Quién se alimenta de él, vence al Mal yla Muerte no tiene poder. Quien coma de él, vivirá para siempre y se convertirá en ‘dios’ en el Reino Divino.  Vosotros seréis dioses si permanecéis en Mí.

Y sin embargo… aun cuando tenéis en vosotros este Pan y esta Sangre, está llegando la hora en qué seréis dispersos. Os iréis por vuestra cuenta y me dejaréis solo… NO.  No lo estoy. Tengo al Padre conmigo. ¡Padre! ¡Padre, no me abandones! Os he dicho todo… para que tengáis paz… Mi Paz. Una vez más os veréis atribulados. Pero tened confianza que Yo he vencido al Mundo.

Jesús abre los brazos en forma de cruz y recita al Padre con el rostro radiante, la sublime plegaria:

Padre, ha llegadola Hora.¡Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te de Gloria a Ti!

Tú le diste poder sobre todos los mortales y quieres que comunique la VidaEternaa todos aquellos que le encomendaste. Y esta es la VidaEterna.Conocerte a Ti, único Dios Verdadero y al que Tú has enviado, Jesús el Cristo. 

Yo te he glorificado enla Tierray he terminadola Obraque me habías encomendado. Ahora Padre, dame junto a Ti la misma Gloria que tenía a tu lado antes de que comenzara el Mundo.

He manifestado tu Nombre a los hombres. Hablo de los que me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos y Tú me los diste y han guardado tu Palabra. Ahora reconocen que todo aquello que me has dado, viene de Ti. El mensaje que recibí, se los he entregado y ellos lo han recibido. Y reconocen de verdad que Yo he salido de Ti y creen que Tú me has enviado.

Yo ruego por ellos, no ruego por el Mundo. Sino por los que son tuyos y que tú me diste.  Pues todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo ya he sido glorificado a través de ellos.

Yo ya no estoy en el Mundo. Pero ellos se quedan en el Mundo; mientras Yo vuelvo a Ti. Padre Santo, guárdalos en ese Nombre tuyo que a Mí me diste, para que sean uno como nosotros.

Cuando estaba con ellos Yo los cuidaba en tu Nombre. Pues Tú me los habías encomendado y ninguno de ellos se perdió; excepto el que llevaba   en sí la perdición. Pues en esto debía de cumplirse l Escritura. Pero ahora que voy a Ti y estando todavía en el mundo, digo estas cosas para que tengan en ellos la plenitud de mi alegría.

Yo les he dado tu mensaje y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo. Como tampoco Yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo.

Conságralos mediantela Verdad: Tu Palabra es Verdad. Así como Tú me has enviado al mundo. Así también los envío al mundo. Por ellos ofrezco el Sacrificio, para que también ellos sean consagrados enla Verdad.

No ruego solo por éstos, sino también por todos aquellos que creerán en Mí por su palabra. Que todos sean uno, como Tú Padre estás en Mí y Yo en Ti. Que ellos también sean uno en nosotros; para que el mundo crea que Tú me has enviado.

Yo les he dadola Gloriaque Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos Uno. Yo en ellos y Tú en Mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad y el Mundo conocerá que Tú me has enviado y que Yo los he amado a ellos, como Tú me amas a Mí.

Padre, ya que me los has dado, quiero que estén conmigo, donde Yo estoy y que contemplenla Gloriaque Tú ya me das; porque me amabas antes de que comenzara el Mundo.

Padre Justo, el mundo no te ha conocido. Pero Yo te conocía y éstos a su vez han conocido que Tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se los seguiré dando a conocer; para que el amor con que Tú me amas esté en ellos y también Yo esté en ellos. +

Se oyen los sollozos de todos los apóstoles. Cantan un himno.

Jesús los bendice y luego dice:

–                       Tomemos los mantos y vámonos. Andrés, di al dueño de la casa, que deje todo así, porque es mi voluntad. Mañana os dará júbilo volver a ver este lugar.

Jesús mira lentamente a su alrededor. Parece bendecirlo todo.

Este Cenáculo será, la primera Iglesia Cristiana…  Luego se echa encima el manto y sale seguido de sus discípulos.

A su lado va Juan, sobre el que se apoya… éste le pregunta:

–                       ¿No te despides de tu Madre?

Jesús contesta:

–                       No. Ya lo hice. Ahora no hagáis ruido.

Simón, con la antorcha que ha encendido, ilumina el ancho corredor que lleva hasta la puerta. Pedro abre con cuidado el portón, salen todos a la calle. Y con la llave la cierra por fuera.

Se ponen en camino y atraviesan por el puentecillo el torrente del Cedrón…

*******

Oración:

Amado Padre Celestial: toma nuestro corazón y con tu infinita misericordia, lávalo de nuestros pecados en la Sangre Preciosa de tu amadísimo Hijo Jesucristo. Resucita nuestro espíritu y danos un corazón nuevo y despierto, para que también nosotros podamos adorarte. Abre nuestros oídos y nuestros ojos, para que ya no seamos más ciegos y sordos a tu Palabra. Amen

PADRE NUESTRO…

DIEZ AVE MARÍA…

GLORIA…

INVOCACIÓN DE FÁTIMA…

CANTO DE ALABANZA…

 

SEGUNDO MISTERIO LUMINOSO


JESÚS EN LAS BODAS DE CANÁ

En la campiña de Caná, hay una hermosa casa situada en medio de huertos de higueras y manzanos. Los campos están cubiertos con espigas sin madurar y sobre las terrazas están las vides llenas de sarmientos. Dos mujeres se acercan a la entrada. Una es anciana como de 50años y la otra parece tener unos treinta y cinco. Su vestido es color amarillo pálido y su manto azul. Es muy bella, esbelta y tiene un aire majestuoso, aunque es muy gentil. Su piel es muy blanca, sus cabellos rubios y sus ojos azules como el cielo despejado que está sobre ellas. Cuando sonríe, se ilumina la cara de la Virgen María.

Cuando están a punto de entrar, salen a recibirlas muchos hombres y mujeres con trajes de fiesta y le rinden muchos homenajes.

El anciano anfitrión las acompaña y las dirige por la amplia escalinata exterior hasta el piso superior donde entran a un salón muy grande que está adornado con esteras, mesas, guirnaldas y vajillas,  para la recepción de una boda. En el centro hay una mesa bien provista con jarras, viandas, manjares y platos llenos de frutas. Platones con quesos, tortas con miel y variados dulces. En el suelo cerca de la pared, hay seis grandes tinajas con asas de metal.

María escucha atenta todo lo que le dicen y luego se quita el manto y ayuda a terminar de preparar la presentación de la mesa principal.

Se oye el rumor de instrumentos musicales y todos menos María corren a recibir al cortejo nupcial. Rodeados por sus padres y amigos, entran los novios lujosamente ataviados y con una alegre algarabía general se distribuyen a lo largo y ancho del amplio salón.

Mientras tanto en el camino que lleva al poblado, Jesús vestido con una túnica blanca y un manto azul marino, está conversando con Juan y su primo, Judas Tadeo. Al oír la música, Jesús amplía su sonrisa y les dice a sus compañeros:

–           Vamos a hacer feliz a mi Madre.

Y se dirige a través de los campos hacia la casa donde se encuentra María.

Cuando llegan, los anfitriones y el novio, junto con María; bajan a recibir a Jesús y lo saludan muy respetuosos. María pone su pequeña mano blanca en la espalda de su Hijo y le compone acariciándole por detrás su cabellera rubia. Es una caricia de enamorada pudorosa.

Jesús sube al lado de su Madre, seguido por sus discípulos y los demás que acudieron a recibirlo. Y entra en la sala del banquete, donde las mujeres se apresuran a poner asientos y platos en la mesa principal para los recién llegados.

Jesús saluda con su voz sonora y llena de majestad:

–           La paz sea en esta casa y la bendición de Dios con todos vosotros.

Domina a todos con su presencia  y con su estatura, pareciera el rey del banquete, a pesar de su humildad y su mansedumbre. Jesús se sienta junto a los novios y María frente a ÉL. Los discípulos quedan junto a María.

Jesús tiene a su espalda la pared donde están los enormes jarrones y la alacena y no ve el afanarse del mayordomo, ni los siervos que llevan los platones con la carne y que les son entregados a través de una puerta que está junto a la alacena.

Fuera de las respectivas madres de los novios y de María que está junto a la novia y frente a Jesús, ninguna otra mujer está sentada en la mesa principal. Las mujeres están todas reunidas en otra mesa aparte y se les sirve después que han sido atendidos los invitados de la mesa principal y los huéspedes de honor.

Empieza el banquete y los únicos que comen y beben poco, son Jesús y su Madre, que también habla muy poco. Jesús aunque es parco en el hablar, es muy cortés. Si le hablan, muestra interés, expone su parecer y siempre es gentil y sonriente.

Más tarde, María se da cuenta que los siervos discuten con el mayordomo y que éste se siente muy molesto. Comprendiendo la situación, se inclina sobre la mesa y llama la atención de Jesús diciéndole despacio:

–           Hijo, no tienen más vino.

Jesús sonríe aún con más dulzura y dice:

–           Mujer, ¿Qué más hay entre tú y Yo? –y deja entrever en esta frase una intención, un secreto de alegría que todos los demás ignoran. Y que María ha comprendido en el asentimiento  de sus ojos sonrientes.

María ordena a los sirvientes:

–           Haced lo que Él os diga.

Jesús ordena:

–           Llenad de agua los jarrones.

Los siervos obedecen. Corren al pozo y con el cubo los llenan lo más rápido que pueden.

Jesús observa todo con atención, mientras ora mentalmente. Cuando las tinajas están llenas, desde su asiento Jesús hace una imperceptible señal de bendición con la mano derecha sobre las tinajas y mueve ligeramente su cabeza, dando un asentimiento al mayordomo. Este se acerca al primer jarrón y mira pasmado lo que hay en la tinaja. Enseguida mira en las otras cinco y su asombro crece…

Luego el sorprendido mayordomo,  revuelve un poco de aquel líquido y lo prueba… Todavía más impactado, lo saborea y habla con el dueño de la casa y con el novio que estaban cerca.

María mira a su Hijo y sonríe. Después, correspondida con una amorosísima sonrisa de Él, baja la cabeza con un ligero sonrojo. Es feliz. Por la sala corre un murmullo y todas las cabezas se vuelven hacia Jesús y María. Algunos se levantan para ver mejor, otros van a los jarrones y después de un asombrado silencio, en coro alaban a Jesús.

Él se levanta y dice:

–           Agradeced a María.

Y se retira del banquete. Los discípulos lo siguen. En el umbral se detiene y se vuelve repitiendo:

–           La Paz sea en esta casa y la bendición de Dios con vosotros. –Y añade-  Madre, te saludo.

Dice Jesús:

Aquel ‘más’ que muchos traductores omiten, es la clave de la frase y le da su verdadero significado. Yo era el Hijo sujeto a la Madre hasta el momento en que la voluntad del Padre me indicó que había llegado la hora de ser el Maestro. Desde el momento en que mi misión comenzó, ya no era el Hijo sujeto a la Madre, sino el Siervo de Dios. Rotas las ligaduras morales hacia la que me había engendrado, se transformaron en otras más altas, se refugiaron todas en el espíritu, el cual llamaba siempre “Mamá” a María, mi Santa. El amor no conoció detenciones, ni enfriamiento, más bien habría que decir que jamás fue tan perfecto como cuando, separado de Ella como por una segunda filiación, Ella me dio al mundo para el mundo, como Mesías, como Evangelizador. Y su tercera sublime y mística maternidad se realizó en el patíbulo del Gólgota al darme a la Cruz, haciéndome Redentor del Mundo.

¿Qué más hay entre tú y Yo? Antes era tuyo, únicamente tuyo. Tú me mandabas y yo te obedecía. Te estaba sometido. Ahora pertenezco a la Misión. ¿No lo he dicho? “Quién pone la mano en el arado y vuelve atrás, a ver lo que queda, no es apto para el Reino de los Cielos.”  Yo había puesto la mano en el arado para abrir con la reja, no terrones sino corazones y sembrar entre los hombres la Palabra de Dios. Quité de allí la mano, tan sólo cuando me la quitaron para enclavármela en la Cruz y abrir el Corazón de mi Padre, con el clavo que me atormentaba, haciendo salir de Él el perdón para el género humano.

Aquel ‘más’ que muchos olvidan, quería decir esto: Tú has sido todo para Mí Madre, mientras que fui tan solo Jesús el de María de Nazareth y eres todo para mi alma; pero desde el momento en que Soy el Mesías Esperado, pertenezco a mi Padre. Espera un poco más y terminada mi misión, seré nuevamente todo tuyo; me tendrás nuevamente entre los brazos, como cuando era pequeño y nadie te disputará este Hijo tuyo, considerado un oprobio del género humano, que te arrojará sus despojos para cubrirte de oprobio por haber sido la madre de un criminal. Y después me volverás a tener para siempre triunfante, en el Cielo. Pero ahora pertenezco a todos los hombres. Pertenezco al Padre que me ha enviado a ellos.

Ahí tenéis lo que quiere decir ese pequeño más.

Cuando dije a los discípulos: “Vayamos a hacer feliz a mi Madre” había dado a mis palabras un sentido más alto que el que parecían tener. No se trataba de la felicidad de verme, sino de ser Ella la iniciadora de mi actividad de milagros y la primera benefactora del género humano. No lo olviden nunca. Mi primer milagro se hizo por María.

El primero como prueba de que María es la Llave del Milagro. Yo no niego nada a mi Madre y por su plegaria anticipo también el tiempo de la Gracia. Conozco a mi Madre, cuya Bondad sólo Dios supera. Sé que el haceros un bien, es lo mismo que hacerla feliz, porque Ella es todo amor. Por esto dije: “Vayamos a hacer feliz a mi Madre.”

Por otra parte, quise manifestar al mundo su poder junto con su deseo y el mío. Destinada para estar unida conmigo en la carne, pues fuimos una carne; Yo en Ella y Ella en torno mío… Como pétalos de un lirio, alrededor del pistilo perfumado y lleno de vida. Unida a Mí por el Dolor, porque los dos estuvimos en la Cruz, Yo en Carne y Ella en el alma; así como el Lirio perfuma con su corola y con la esencia que de ella se saca,  era justo que también estuviese unida a Mí en el Poder…

Digo a vosotros lo que dije a los convidados: “Agradeced a María…”

Por Ella habéis recibido al Dueño del Milagro. Por Ella tenéis mi gracia y sobre todo, la de mi Perdón…

Quedaos en mi Paz. Estoy con vosotros….

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Oración:

Amado Padre Celestial: Así como realizaste el Primer milagro en las Bodas de Caná, para hacer feliz a Maria; sigue realizando los milagros que necesitamos para hacerla feliz a Ella y a Ti; para nostros poder alcanzar la felicidad eterna que Eres Tú y recupera todos los hijos perdidos para que TODOS  podamos ser felices, unidos a Ti en el Cielo, adorándote por los infinitos siglos de los siglos. Amen

PADRE NUESTRO…

DIEZ AVE MARÍA…

GLORIA…

INVOCACIÓN DE FÁTIMA…

CANTO DE ALABANZA…