Archivos de etiquetas: del maestro

165.- EL ODIO DEL SANEDRIN


004ab

Es un nuevo día glorioso… En Bethania, los apóstoles se congratulan entre sí, convencidos del triunfo de Jesús, ya que acabó con todos sus enemigos…

Y piensan que su misión continuará adelante ya sin obstáculos, pues tendrá que ser reconocido como Mesías aún por los más obstinados…

Hablan entusiasmados… Fortalecidos por la felicidad que sienten. Forjando proyectos para el futuro, sueñan…

El más exaltado por su carácter que lo empuja siempre a los extremos, es Judas de Keriot. Se congratula de haber sabido esperar y de haber sido sagaz al obrar. Se congratula de haber creído siempre en el triunfo del Maestro y de haber desafiado las amenazas del Sanedrín.

Está tan exaltado que termina revelando lo que tan tenazmente había ocultado, sin preocuparse de la sorpresa de sus compañeros…

Judas declara:

–                       Querían comprarme. Seducirme con sus lisonjas… Y al ver que no daban resultado, me amenazaron. ¡Si supierais!…  Pero yo les he devuelto la moneda. Fingí que los estimaba… Los adulé como ellos me adularon y los traicioné, como ellos lo hicieron… Para eso me querían. Querían hacerme creer que probaban al Maestro con buena intención, para poder proclamarlo solemnemente el Santo de Dios.

2-Pharisees

¡Pero yo los conozco! Los conozco. En todo lo que me decían que hiciese, me comportaba de modo que apareciese la santidad de Jesús, cual sol meridiano en un cielo sin nubes… ¡Mi juego era peligroso! ¡Si lo hubieran comprendido!…  Pero estaba preparado para todo. Aún a morir, con tal de ser útil a Dios en mí Maestro.

Y de este modo me informaba de todo. ¡Eh! Algunas veces me tomasteis por loco, por malo, por intratable. ¡Si supierais todo! Solo yo conozco las largas noches… Los cuidados que tenía que tomar para que nadie se diera cuenta. Sospechaban de mí. Lo sé. Pero no os guardo rencor.

Mi modo de obrar… sí… pudo ser sospechoso. Pero el fin era bueno. Y solo eso era lo que me importaba. Jesús no sabe nada de esto. Creo que hasta Él sospecha de mí. Pero procuraré guardar silencio sin pedirle alabanzas. También vosotros guardáis silencio.

De recién que llegué con Él, un día me reprendió, porque me gloriaba de tener sentido práctico. Desde entonces he tenido que disimular esta cualidad…

Pero he seguido usándola para bien suyo. Me he comportado como se comporta una madre con su hijo inexperto, quitándole todos los obstáculos del camino. Le baja la rama que no tiene espinas. Y levanta la que puede herirle…

O con acciones perspicaces le invita a hacer lo que no debe hacer. Como también a evitar lo que puede causarle daño. Y esto sin que el niño se dé cuenta. De igual modo me he comportado con el Maestro…

Porque no basta la santidad en el mundo de los hombres y de Satanás. Es necesario combatir con iguales armas, al menos como hombres… Y algunas veces no está mal introducir un poquitín de astucia diabólica. Esta es mi idea…

1lucifer

Pero Él no quiere escucharla. Es demasiado bueno. ¡Bien! comprendo todo y a todos. Y a todos vosotros os perdono por los malos pensamientos que tuvieron contra mí. Ahora lo sabéis. Ahora podemos amarnos como buenos compañeros… Y todo por amor a Él. Por su gloria…

Y señala a Jesús que pasea por la explanada bañada de sol, conversando con Lázaro, que lo escucha con una sonrisa en su rostro extasiado.

Los apóstoles se van a la casa de Simón…

Lázaro dice A Jesús:

–                       Había comprendido que para un gran fin me dejabas morir. Y que era un acto de Bondad. Pensé que era porque querías liberarme de las persecuciones que te hacen. Sabes que digo la verdad. Yo estaba contento de morir, para no verlas. Me desesperan. Me turban.

Mira Maestro… He perdonado muchas cosas a los que son jefes de nuestro pueblo. Tuve que perdonar hasta los últimos días… Elquías… Pero la muerte y la resurrección han borrado lo que hubo antes.

RESSUR~1

Jesús responde:

–                       Y ¿Para qué quieres recordar? Tienes ante tu vista el futuro. El pasado se quedó en la tumba. Más bien… fue quemado junto con las vendas. Porque la paz da misericordia. Perdona también a los jefes del Sanedrín que me persiguen. Yo los perdono. Tú debes perdonarlos si quieres ser semejante a Mí.

–                       ¡Oh! ¡Semejante a Ti, no puedo! Soy solo un hombre cualquiera.

–                       El hombre se quedó allá abajo…  Cuando el alma es recreada, se hace semejante a la de un niño. Es nueva. El pasado no existe más. Cuando cae la culpa original, el alma sin mancha, es supercreada y digna del Paraíso. Yo llamé a tu alma que ya había sido recreada, porque amaba el bien; por la expiación de los sufrimientos y la muerte; por tu perfecto arrepentimiento y tu perfecto amor, que se prolongaron después de la muerte.

Tú tienes el alma completamente inocente, de un recién nacido. ¿Porqué poner sobre esta infancia espiritual, los pesados vestidos del hombre adulto? Los infantes tienen alas, no cadenas para su espíritu alegre. Me imitan fácilmente porque no tienen una personalidad determinada. Se hacen como Yo Soy porque se puede imprimir en ellos mi imagen y mi doctrina.

JESS_Y~1

Tú has vuelto para servirme. Solo, para esto. Y debes ser como Yo Soy, más que todos. Mírame bien. Fíjate en Mí, como en un espejo. Dos espejos que se miran para reflejar mutuamente, la presencia de lo que aman. Tú eres un adulto y un infante. Adulto por la edad. Infante por la limpieza de corazón.

Superas a los infantes, porque conoces el Bien y el Mal. Y porque supiste escoger el Bien aún antes del Bautismo en las llamas del amor. Pues bien, Yo te digo a ti que te has purificado: “Sed perfecto como lo es nuestro Padre Celestial y como lo Soy Yo.

Sed perfectos. Esto es, semejante a Mí que te amé en tal forma, que hice a un lado las leyes de la vida y de la muerte. Del Cielo y de la Tierra. Para volver a tener en la tierra a un siervo de Dios, a un verdadero amigo mío. Y en el Cielo a un bienaventurado, a una gran bienaventurado.

Lo digo a todos: ‘Sed Perfectos.’ Y te puedo pedir a ti que no guardes rencor contra los que te ofendieron y me han ofendido. Perdona. Perdona, Lázaro. Fuiste sumergido en las llamas del Amor. Debes ser amor para que no tengas otra cosa, más que el abrazo de Dios.

–                       ¿Y si hago así, habré cumplido la misión para la que me resucitaste?

–                       La habrás realizado.

–                       Mi ideal es servirte. Es lo único que quiero. Lo único que pido. ¡Sé bendito Jesús, Señor y Maestro mío! Y que también lo sea Quien te envió…

–                       Bendito sea el Señor, Dios Omnipotente.

yahveh-sebaod

Se dirigen hacia la casa.

Maximino llega y dice:

–                       Maestro. Hay un niño que te busca. No quiere hablar sino contigo.

Jesús contesta.

–                       Bien. Tráemelo. Estaré bajo el emparrado de los jazmines. ¡Vamos Lázaro!

Y se van caminando y conversando hacia el lugar indicado.

María llega llevando de la mano a un niño como de cuatro años. Lo deja con ellos y se retira.

Jesús lo reconoce:

–                       ¿Marcial, tú? La paz sea contigo. ¿A qué has venido?

El pequeñín romano lo mira y dice titubeante:

–                       Me mandaron a decirte una cosa…   -y mira a Lázaro, que comprende y trata de irse.

Jesús dice:

–                       Quédate, Lázaro. –y volviéndose al niño-  Este es mi amigo Lázaro. Puedes hablar delante de él. Porque no tengo otro amigo más fiel.

El niño se tranquiliza y dice:

–                       Me manda José el Anciano. Porque ahora vivo con él… A decirte que vayas cuanto antes a Betfagé, cerca de la casa de Cleonte… Tiene algo que comunicarte. Pero ve pronto…  Dijo que fueras solo, porque tiene que decirte algo en secreto.

marcial (2)

Lázaro pregunta espantado.

–                       Maestro, ¿Qué pasa?

–                       No sé, Lázaro. No hay más que ir. Ven conmigo.

–                       Con mucho gusto Señor. ¿Podemos ir con el niño?

Marcial dice:

–                       No Señor. Me voy solo. Me lo ordenó José. Me dijo. ‘Si lo haces tú solo y bien, te querré como un padre.’ Y yo deseo que José me quiera como un hijo. Me voy inmediatamente corriendo. Tú puedes venir detrás. Salve, Señor. Salve, Lázaro.

Lázaro está pasmado…

Jesús contesta:

–                       La paz sea contigo, Marcial.

El niño desaparece como una golondrina.

Jesús dice:

–                       Vamos Lázaro. Tráeme el manto. Voy a adelantarme porque como ves, el niño es muy pequeño y no puede abrir el cancel. Y como no quiere llamar a nadie.

Jesús va ligero al cancel y Lázaro al interior de la casa.

Jesús recorre los cerrojos y el niño escapa veloz.

Lázaro trae el manto a Jesús y camina a su lado hacia Betfagé.

8Siemiradzki

Jesús explica:

–                       El niño es hijo de dos romanos, libertos de un romano que vivía en Cesárea Marítima. Perdió a sus padres y el romano lo tuvo consigo mientras vivió allí. Pero al irse no pensó más en él y el niño quedó solo. Los hebreos no lo recogieron y los romanos… Andaba pidiendo  limosna…

Lázaro pregunta.

–                       ¿Qué se le ofrecerá a José, para haber enviado con tanto secreto a un niño?…

Jesús responde:

–                       Un niño no llama la atención de nadie.

–                       Crees que… Sospechas que… ¿Crees que estás en peligro, Señor?…

–                       Estoy seguro.

–                       ¿Cómo? ¿Ahora? Una prueba mayor no hubieras podido darles…

–                       El Odio crece bajo el aguijón de la realidad.

Lázaro afirma angustiado:

–                       ¡Oh! Entonces yo soy la causa. Te he hecho daño. Esto es un dolor mío sin igual…

–                       No por tu causa. No te aflijas sin motivo. Has sido el medio, ¿Comprendes? El medio para dar al Mundo la prueba de mi Naturaleza Divina. Pero la causa ha sido la necesidad. Si no hubieras sido tú, otro lo hubiera sido. Porque debía demostrar al Mundo que como Dios que Soy, puedo todo lo que quiero. Volver  a la vida a un muerto que días antes estaba corrompido, sólo puede ser obra de Dios.

800px-Ribera-lazaro

Caminan ligeros. La distancia entre Bethania y Betfagé es corta y llegan pronto.

José de Arimatea va y viene a la entrada del poblado.  Está de espaldas, cuando Jesús y Lázaro salen de un atajo oculto tras una cerca.

Lázaro lo llama y José se acerca diciendo:

–                       ¡Oh! La paz sea con vosotros. Ven, Maestro. Te estuve esperando aquí para salir pronto a tu encuentro. Pero vamos al olivar. No quiero que nos vean…

Los lleva por detrás de las casas hasta un espeso olivar.

José explica:

–                       Maestro. Mandé al niño porque es despabilado y obediente. Me quiere mucho. No quería que alguien me viera. Atravesé el Cedrón para venir aquí. Maestro, debes irte de aquí, inmediatamente. El Sanedrín ha decretado tu aprehensión y el bando se leerá mañana en las sinagogas. Cualquiera que sepa donde estás, tiene la obligación de avisarlo.

No es necesario que te diga Lázaro, que tu casa será la primera que estará bajo vigilancia. Salí a la hora sexta del Templo. Mientras ellos hablaban elaboré mi plan. Y en cuanto salí, tomé al niño. Salí a caballo por la Puerta de Herodes. Como si fuera a dejar la ciudad. Atravesé el Cedrón y dejé mi cabalgadura en Getsemaní.

Mandé al niño, que conoce el camino, porque fue conmigo a Bethania. Vete lo más pronto posible, Maestro a un lugar seguro. ¿Conoces alguno? ¿Sabes a donde ir?

Lázaro pregunta:

–                       ¿No es suficiente si se aleja de Judea?

3

–                       No es suficiente Lázaro. Están que se mueren de rabia. Tiene que irse a donde ellos no van…

Lázaro replica intranquilo:

–                       Por todas partes van. No querrás que el Maestro abandone Palestina.

–                       Bueno, ¿Qué quieres que te diga? El Sanedrín lo quiere…

–                       Por mi causa, ¿No es verdad? Dilo.

–                       Bue… Bueno… Por tu causa. Esto es, porque todos se convierten a Él y a ellos… Eso no les gusta.

–                       ¡Es un crimen! ¡Un Sacrilegio!… Es…

Jesús, pálido pero tranquilo; levanta su mano para imponer silencio.

Jesús dice:

–                       Cállate Lázaro. Cada quien tiene su oficio. Todo está escrito. Te lo agradezco, José. Te aseguro que me voy. Vete, vete, José. Que no vayan a notar tu ausencia. Que Dios te bendiga. Te haré saber por medio de Lázaro, en donde estoy. Vete. Te bendigo a ti, a Nicodemo y a todos los de buen corazón.

Lo besa. Se separan.

Jesús regresa con Lázaro. Atraviesan el olivar y toman el camino a Bethania.

José se dirige a la ciudad.

Lázaro pregunta angustiado:

–                       ¿Qué vas a hacer, Maestro?

Jesús contesta:

–                       No lo sé. Dentro de pocos días llegan las discípulas con mi Madre. Tenía que esperarlas…

–                       ¿A dónde irías, Maestro?

–                       A Efraim.

–                       ¿A Samaría?

–                       Los samaritanos me aman. Efraim está en los confines.

–                       ¡Oh! Y para mostrar su desprecio a los judíos te honrarán y te defenderán. Pero… ¡Espera! Tu Madre solo puede venir por el camino de Samaría o el Jordán. Yo tomaré un camino y Maximino el otro. Él o yo la encontraremos.

No volveremos, si no es con ellas. Bien sabes que nadie de la casa de Lázaro te puede traicionar. Entretanto Tú ve a Efraim. Y pronto.

1alázaro

Ahora estoy sano y puedo hacer lo que quiera. Haré creer que me dirijo a Ptolemaide, para embarcarme hacia Antioquia… Todos saben que allá tengo tierras… Mis hermanas se quedaran en Bethania. Voy a preparar ahora dos carros. Que os llevarán a Ti y a tus apóstoles a Jericó.

Mañana al amanecer seguiréis el camino a pie. ¡Ah! Estaba escrito que no pudiera alegrarme de estar contigo. ¡Oh, Maestro mío!… ¡Sálvate! ¡Sálvate!

Lázaro llora de tristeza.

Jesús suspira y no dice nada. ¿Qué puede decir?…

Han llegado a la casa de Simón. Se separan.

Jesús entra en la casa y ordena:

–                       Tomad  vuestros vestidos. Preparad las alforjas. Partimos inmediatamente. Hacedlo de prisa. Reúnanse conmigo en casa de Lázaro.

Tomás pregunta:

–                       ¿También os vestidos mojados? ¿No podemos tomarlos al regreso?

–                       No regresaremos. Tomad todo.

Los apóstoles obedecen sorprendidos y hablándose con la mirada.

Jesús toma sus cosas que están en la casa de Lázaro y se despide de las consternadas hermanas.

Los carros están listos. Son carros grandes, cubiertos y tirados por hermosos y fuertes caballos.

Jesús se despide de Lázaro, de Maximino y de todos los siervos. Suben a los carros. Los conductores levantan los látigos y empiezan el viaje por el mismo camino que Jesús recorriera unos días antes, cuando llegó para resucitar a Lázaro…

Al día siguiente al amanecer. Apenas empieza a rayar el alba…

738C48E0A

 En la casa de Nique en Jericó, ésta provee que no falte nada a los que están por partir. Despide primero a los dos siervos de Lázaro. Que se quedaron toda la noche a descansar, antes de emprender el regreso a Bethania.

Está terminando de arreglar el último envoltorio, cuando entra Jesús a la cocina y saluda a todos.

Nique contesta.

–                       Maestro, la paz sea contigo. ¿Tan pronto te levantaste?

Jesús dice:

–                       Debería haberlo hecho antes. Pero estaban tan cansados mis apóstoles que los he dejado dormir hasta ahora. ¿Qué estás haciendo, Nique?

–                       Preparo… No pesan, ¿Ves? Doce envoltorios. He tomado en cuenta las fuerzas de los que los van a cargar.

–                       ¿Y Yo?

–                       ¡Oh, Maestro! Tú tienes ya tu peso…  -y en los ojos de Nique, se ve un brillo de lágrimas.

–                       Ven conmigo. Vamos a conversar en paz.

Salen al huerto.

Nique dice.

–                       Mi corazón llora, Maestro.

Jesús contesta:

–                       Lo sé. Pero hay que ser fuertes.

–                       Lo que me dijiste que hiciera está muy bien. Estaré aquí hasta que se convenzan de que no estás aquí. Pero después… iré a donde estás.

–                       Es un camino largo y difícil para una mujer. Además de que no está vigilado.

–                       ¡Oh! ¡No tengo miedo! Soy demasiado vieja para agradar como mujer y no llevo tesoros para que puedan robarme. Los ladrones son mejores que muchos que se creen santos; pero que en realidad son unos bandidos que te quieren robar la paz y la libertad.

–                       No los odies, Nique.

–                       Por amor a Ti, trataré de no odiar… Toda la noche he llorado, Señor…

–                       Te oí que ibas y venías por la cocina, como una abeja. Y me pareció ver en ti a una madre afligida por su hijo perseguido. No llores. Los culpables son los que deben llorar, no tú. Dios es bueno con su Mesías. En la horas más tristes, me permite encontrar un corazón maternal que esté junto a Mí.

nique

–                       ¿Tus apóstoles lo saben?

–                       Todavía no. Se los diré cuando estemos lejos…

–                       Y yo te contaré cuando vaya, lo que suceda aquí y en Jerusalén.

Regresan a la cocina donde ya se han reunido los apóstoles.

Nique dice:

–                       Venid hermanos. Tomad un buen bocado antes de partir. Todo está listo.

Jesús los invita:

–                       Por cuidarnos, Nique no ha dormido en toda la noche. Dad las gracias a la buena discípula.

Y se acercan todos a la mesa larga sobre la que ya están servidos los tazones con leche caliente y hogazas recién horneadas, untadas con mantequilla y miel.

Comen mientras Nique termina de preparar los envoltorios y cada quien toma el suyo, al terminar de comer. Es la hora de partir.

Jesús se despide y bendice.

Los campos están todavía desiertos. El camino pasa por campos de trigo que va naciendo. Por viñedos sin hojas.

campo-verde-

No se ven pastores. El sol calienta el aire matinal. Las primeras florecillas en los bordes brillan como piedras preciosas, bajo el rocío que el sol ilumina. Los pajarillos llenan el aire con sus trinos, anunciando que ya está próxima la primavera. Todo se llena de vida y belleza. Todo despierta al amor…

Y Jesús va al destierro que precede la muerte, que el odio le depara…

JESUS CON UN PAISAJE

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

136.- MAREA DE ODIO


1TEMPLO

La entrada de Jesús al Templo de Jerusalén, que está pletórico de gente que ha venido a la Fiesta de los Tabernáculos, no pasa desapercibida. Se levanta un murmullo como una colmena inquieta y sobrepuja las voces de los doctores que están enseñando en el Patio de los Gentiles. La lección se suspende como por encanto.

Y los alumnos de los escribas corren en todas direcciones a llevar la noticia de la llegada de Jesús; de modo que cuando Él entra en al Patio de los Israelitas, diversos Fariseos, escribas y sacerdotes están de pie en las escalinatas para observarlo. No le dicen nada mientras que ora y ni siquiera se le acercan. Tan solo vigilan.

Jesús regresa al Pórtico de los Gentiles y todos se van detrás de Él.

El murmullo se esparce entre la gente. Se oyen aquí y allá, voces aisladas que gritan:

–                       ¡Veis como ha venido!

–                       Es un hombre justo.

–                        No podía faltar a la Fiesta.

–                       ¿Qué ha venido a hacer?

–                       ¿A perturbar más al pueblo?

–                       ¿Estáis contentos ahora?

–                       Ya veis donde está.

–                       ¡Tanto que lo buscasteis!

Voces irónicas. Voces envueltas en veneno que escupen los enemigos… Y luego se apaciguan porque tienen miedo de la gente. Y ésta, después de una prueba clara en favor del Maestro, teme las represalias de los poderosos. Es el reino del miedo recíproco…

El único que no tiene miedo es Jesús.

yosoy

Camina despacio, con majestad, al lugar a donde se dirige. Parece un poco absorto en Sí. Pero acaricia a los niños y sonríe a los ancianos, que lo saludan bendiciéndolo.

En el Pórtico de los Gentiles, de pie entre un grupo de alumnos, está Gamaliel. Éste levanta su cara y sus profundos ojos de pensador, se fijan por un instante en el rostro tranquilo de Jesús. Una mirada escudriñadora. Atormentada…

Jesús la siente y se vuelve. Lo mira.

Las miradas se encuentran…

200912_master_jesus (2)

Los ojos de zafiro de Jesús, con su mirada franca, dulce. Que deja que se le escudriñe.

Los ojos negrísimos de Gamaliel, con su mirada impenetrable; ansia por conocer y descubrir el misterio que para él, es el Rabí Galileo. Fue solo un instante…

Jesús continúa su camino y el rabí Gamaliel, reclina su cabeza sobre el pecho, sordo a las preguntas de sus discípulos. Se sumerge en sus pensamientos y con sus brazos cruzados sobre el pecho, parece ausente a lo que lo rodea.

Jesús va al lugar que ha escogido. Con una columna a su espalda. De pié en la grada más alta en el fondo del Pórtico. El lugar menos buscado.

Y se pone a predicar… Su discurso es el eco amplificado del que dijera veinte años atrás, cuando rodeado de doctores, el Niño Jesús convenciera de que Él era el Mesías a Hillel  y a un Gamaliel más joven…

HILLEL (1)

Habla de la venida del Reino de Dios y de la preparación a este Reino. De la Profecía de Daniel. Del Precursor que predijeron los Profetas. Recuerda la estrella de los Sabios. La Matanza de los Inocentes en Belén. Las señales de que el Mesías ha llegado a la Tierra. La muerte del Precursor. Y los milagros que confirman que Dios está con su Mesías.

gz05

Jamás ataca a sus contrarios. Parece como si no los viera. Habla para confirmar en la Fe a sus seguidores e iluminar a los que sin culpa, todavía no lo ven.

Sus enemigos le hacen preguntas capciosas y maliciosas tratando de interrumpirlo, pero Él continúa como si no los oyera.

Un Fariseo le dice:

–                       Tú, Maestro. ¿No desciendes acaso de David y naciste en Belén?

Jesús responde lacónicamente:

–                       Tú lo has dicho.

–                       Entonces satisface nuestras esperanzas. Comprendes que callar no es cosa buena porque favorece las nubes de duda que hay en los corazones.

1JES

–                       No de duda. De soberbia, que es mucho más grave.

–                       ¿Cómo? ¿Dudar de Ti es menos grave que ser soberbios?

–                       Sí. Porque la soberbia es lujuria de la mente. Y es el pecado mayor. Es el mismo Pecado de Lucifer. Dios perdona muchas cosas. Su luz resplandece amorosa para iluminar las ignorancias y ahuyentar las dudas. Pero no perdona la soberbia que se burla, creyéndose superior a Él.

_lucifer_d21

Varios gritan:

–                       ¿Quién dice entre nosotros, que Dios sea más pequeño que nosotros?

–                       No blasfemamos…

Jesús levanta su Voz majestuosa:

–                       No lo decís con los labios, pero lo confirmáis con vuestras acciones. Queréis decir a Dios: “No es posible que el Mesías sea un Galileo. Un hombre de pueblo. No es posible que sea éste.”  Yo pregunto: ¿Qué cosa hay imposible para Dios?…

La Voz de Jesús parece un trueno. Si antes estaba un poco como decaído, apoyado como un hombre cansado sobre la columna…  Ahora se yergue. Se separa de ella. Levanta majestuoso la cabeza y atraviesa a la multitud con sus ojos fulgurantes. Todavía está sobre la grada, pero su aspecto se ha vuelto grandioso, como un Rey Poderoso.

La gente retrocede espantada. Y nadie responde a la última pregunta.

Luego, un rabino pregunta con una risa falsa y solapada:

–                       La lujuria se realiza entre dos. ¿Con quién la realiza la mente? No es corpórea. ¿Cómo puede pecar lujuriosamente? ¿Siendo incorpórea, con quién se junta para pecar?

asmodeo1

–                       ¿Con quién? Con Satanás. La mente del soberbio fornica con Satanás, contra Dios y contra el amor.

Pero los Fariseos apenas han empezado. Acribillan a Jesús con preguntas que Él contesta con Divina Sabiduría, dejándolos furiosos y derrotados…

Un murmullo corre entre la gente.

Gamaliel levanta la cabeza y mira fijamente a Jesús. Una mirada que ya no se aparta de Él y que sigue la escaramuza con los Fariseos con mucha atención. Después de una larga y rabínica disputa…

1jesus-fariseos

Jesús concluye:

–                       … Pero vosotros no comprendéis estas cosas porque no queréis. Vámonos.

Vuelve la espalda a todos y se dirige a la salida. Lo siguen sus apóstoles y sus discípulos que lo miran con tristeza.

Y sus enemigos lo ven marcharse con enojo y mucho odio. Una marea de odio feroz, que crece siempre más…

Él, pálido y sonriendo les dice:

–                       No estéis tristes. Sois mis amigos. Y hacéis bien en serlo, porque mi tiempo se acerca a su fin…

Al día siguiente…

El Templo está más lleno de gente, que el día anterior. Y todos miran constantemente hacia la puerta. Los doctores bajo los portales se esfuerzan en levantar su voz para llamar la atención y lucir su elocuencia. Pero la gente no les hace caso. Y ellos se dirigen entonces a sus alumnos.

gamaliel2

Gamaliel está en su sitio, pero no habla. Pasea de un lado a otro sobre la rica alfombra, con los brazos cruzados. La cabeza inclinada, meditando. Su vestido blanquísimo, es largo y mucho más el manto, que lleva suelto. Retenido a la espalda por fíbulas de plata y  que empuja con el pie cuando da vuelta.

Sus discípulos, apoyados contra el muro, lo miran en silencio reverentes. Respetando los pensamientos en que está absorto su maestro.

Los Fariseos y sacerdotes van y vienen.

Varios gritan:

–                       ¡Allá viene! ¡Por la Puerta Dorada!

–                       ¡Vamos a su encuentro!

–                       Yo me quedo aquí.

–                       Va a venir a hablar y no pierdo mi lugar.

Jesús se acerca lentamente. Pasa cerca de Gamaliel que no levanta su cabeza y va al mismo lugar de ayer.

Cuando Jesús empieza a hablar se forma una confusión.

Los enemigos se adelantan para aprehenderlo y pegarle…

Los apóstoles, los discípulos, la gente, los prosélitos y los gentiles, reaccionan para defenderlo.

ETEMP1

Acuden otros en ayuda de los primeros y tal vez lo hubieran logrado, si Gamaliel que parecía no poner atención, sale de su alfombra y va hacia donde está Jesús que es empujado hacia el Pórtico, por quien lo quiere defender.

Gamaliel, el que es considerado el más grande Doctor de Israel, grita:

–                       Dejadlo en paz. Quiero oír lo que dice.

La voz de Gamaliel logra más que el pelotón de legionarios, que han acudido a calmar el tumulto…  Que se apaga cómo nació y la gritería se transforma en un ruido confuso. Los legionarios por prudencia, se quedan cerca de la valla exterior.

ETEMPLO1

Gamaliel ordena a Jesús:

–                       Habla. Responde a quien te acusa. –el tono es imperioso.

Pero sin acento de burla.

gamaliel (2)

Jesús se adelanta hacia el Patio… Tranquilo, vuelve a tomar la palabra.

Gamaliel se queda dónde está y sus discípulos se apresuran a llevarle la alfombra y el banquillo, para que esté más cómodo. Se para en ella con los brazos cruzados, la cabeza inclinada, los ojos cerrados, atento solo a escuchar.

Jesús empieza a hablar y Gamaliel hace que le traigan una tablilla y pergaminos. Y se sienta a escribir…

Jesús empieza un largo discurso:

–                       … Vosotros, lo sé. No veis en Mí, sino un hombre semejante a vosotros. Inferior a vosotros… Y os parece imposible que un hombre pueda ser el Mesías…

Jesús habla de su filiación con el Padre. De su Divinidad Encarnada. De Misión de Redentor… Del Dios que se inmola a sí Mismo para la salvación del hombre. De que es su alegría Hacer la Voluntad del Padre.

Gamaliel escribe sin parar durante el larguísimo discurso.

Jesús concluye:

–                       … ¡Padre, Padre mío! ¡Heme aquí para hacer tu Voluntad! Y te lo repetiré hasta que tu Voluntad sea cumplida.

Jesús, que al decir estas palabras había levantado sus brazos hacia el Cielo, los baja ahora y los recoge sobre su pecho. Inclina la cabeza, cierra los ojos y se absorbe en una oración secreta.

jesus_orando

La gente cuchichea. No todos han comprendido, pero intuyen que ha anunciado grandes cosas y se callan admirados.

Los malos que no han comprendido o no han querido comprender, se ríen con sarcasmo y dicen:

–                       ¡Delira!  -pero no se atreven a decir más.

Y se van moviendo la cabeza. Esta prudencia es el resultado de las lanzas romanas que brillan al sol, en la muralla del fondo.

Gamaliel se abre paso entre los que han quedado. Llega hasta donde está Jesús absorto en Oración, lejano de la multitud y del lugar y lo llama con ansiedad…

Gamaliel dice:

–                       ¡Rabbí Jesús!

Jesús levanta su cabeza con los ojos todavía absortos en una visión interna y pregunta:

–                       ¿Qué se te ofrece, rabí Gamaliel?

–                       Una explicación tuya.

–                       Habla.

–                       ¡Retiraos todos!   -ordena Gamaliel con tal tono…

gamaliel (3)

Que apóstoles, discípulos, seguidores, curiosos y hasta sus propios discípulos, rápidamente se separan.

Quedan solo ambos frente a frente. Se miran. Jesús siempre manso y dulce. El otro, autoritario por costumbre y soberbio en apariencia… Cosas que le han venido por los tantos años en que ha sido reverenciado hasta la exageración.

Gamaliel dice:

–                       Maestro… Me han referido las palabras que dijiste en el banquete donde  pretendieron hacerte rey. Que desaprobé porque no era sincero. Combato o no combato, pero siempre abiertamente. He meditado en esas palabras. Las he confrontado con las que viven en mi memoria… Te he esperado aquí. Para preguntarte algo sobre ellas. Primero quise oírte hablar. Ellos no comprendieron. Espero haberlo podido yo. Escribí tus palabras, según la dijiste. Para meditarlas y no para hacerte ningún mal. ¿Me crees?

Jesús responde:

–                       Te creo. Y quiera el Altísimo hacerlas resplandecer en tu espíritu.

–                       Así sea. Oye, ¿Las piedras que deben estremecerse, son acaso las de nuestros corazones?

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Jesús rechaza:

–                       No rabí. Estas. -Y señala las murallas del Templo siguiendo su configuración- ¿Por qué lo preguntas?

–                       Porque mi corazón se ha estremecido cuando me refirieron tus palabras del banquete. Y tus respuestas a los que te tentaron… Creí que aquel estremecimiento fuese la señal…

–                       No rabí. Es muy poco el estremecimiento de tu corazón y el de otros pocos, para ser la señal que no deje dudas… Aun cuando tú con un gesto de humilde reconocimiento de ti mismo, llamas piedra a tu corazón. –Jesús mira con amor infinito al doctor y pregunta- Rabí Gamaliel, ¿De veras no puedes hacer de tu corazón hecho piedra, un altar luminoso que acoja a Dios? No porque Yo reciba algo útil, rabí. Sino para que tu modo de obrar sea perfecto…

Jesús observa dulcemente al viejo maestro que se coge la barba, se pasa los dedos por la frente, con una agonía interior llena de angustia… Finalmente murmurando con la cabeza inclinada…

Gamaliel dice despacio:

–                       No puedo. Todavía no puedo…  Más espero… ¿Darás de todos modos esa señal?

–                       La daré.

–                       Adiós Rabí Jesús.

–                       El Señor venga a Ti, rabí Gamaliel.

Jesus y Fariseos

Se separan.

Jesús hace una señal a los suyos y sale con ellos del Templo.

Escribas, Fariseos, sacerdotes, discípulos de los rabinos, se precipitan como otros tantos buitres en torno a Gamaliel, que está metiendo dentro de la cintura, los pergaminos escritos.

Todos dicen al mismo tiempo:

–                       ¿Y bien?

–                        ¿Qué te parece?

–                       ¿Un loco?

–                       Hiciste bien en haber escrito sus delirios.

–                       Nos servirán.

–                        ¿Estás decidido?

–                       ¿Persuadido? Ayer…

–                       Hoy…

–                       Hay más que suficiente para persuadirte.

_Conspiracy_of_the_Jews__James_Tissot

Todos hablan al mismo tiempo.

Gamaliel se calla mientras se arregla la cintura. Tapa el tintero que tiene colgando. Entrega a su discípulo la tablilla, sobre la que se había apoyado para escribir sus pergaminos.

–                       ¿No respondes?  Desde ayer no hablas… -insiste un colega suyo.

Gamaliel contesta:

–                       Escucho. No a vosotros. A Él…  Y trato de reconocer en sus palabras de ahora. Las palabras que un día me habló. Aquí… En este mismo lugar… Era el Mesías Encarnado en un niño y yo lo supe entonces…

JESS_A~1

Varios se ríen y preguntan:

–                       ¿Y acaso las encuentras?

–                       Es algo así como un trueno que tiene diverso rumor, según está más cerca o más lejos. Pero siempre es un rumor de trueno.

Alguien dice con tono de burla:

–                       Luego, a ninguna conclusión llegan.

Gamaliel reprende:

–                       No está bien, Leví. Aún en el trueno puede estar la Voz de Dios. Y nosotros somos tan necios que la tomemos como un rumor de nubes que se rompen. Tampoco te rías tú, Elquías; ni tú, Simón Boetos, no sea que el trueno se cambie en rayos, os fulmine y os haga cenizas…

Los aludidos cuestionan:

–                       ¿Entonces tú?

–                       ¿Cómo qué quieres insinuar que el Galileo es aquel Niño que tú y Hillel tomasteis por profeta?

–                        ¿Y qué ese niño, esto es, Este Hombre, es el Mesías?…

-elders-judging-church-

Preguntan con burla solapada, porque Gamaliel se impone aun sobre estos ‘grandes’ y se hace respetar…

–                       Yo no afirmo nada… Digo que el rumor de trueno, es siempre rumor de trueno.

–                       ¿Más cercano o más lejano?

–                       ¡Ay de mí! Las palabras son más fuertes, como la edad las supone. Los veinte años que han pasado, han cerrado veinte veces más mi inteligencia al Tesoro que posee. Y el sonido penetra cada vez más débil…

Gamaliel deja caer su cabeza, pensativo…

Todos se echan a reír y dicen:

–                       ¡Ah, ah, ah!

–                       ¡Te estás haciendo viejo y tonto Gamaliel!

–                       Tomas los fantasmas por cosa real.

–                       ¡Ah, ah, ah!

Gamaliel desdeñosamente levanta sus hombros y recoge su amplísimo manto, que le caía por detrás. Se envuelve en él y se va sin agregar palabra. Dándoles despectivo la espalda con su silencio.

Al día siguiente…

James_Tissot_Jesus_Goes_Out_To_Bethany_I

Jesús camina con sus primos al sur de Jerusalén.

Tadeo pregunta:

–                       ¿A dónde vamos Jesús?

Jesús contesta:

–                       A saludar a los galileos que están en el olivar.

Cuando llegan:

–                       La paz sea con vosotros. –dice Jesús saludándolos, mientras acaricia a los niños, que son sus amiguitos de Galilea.

Jesús pregunta a Jairo si la viuda de Afeq, se ha establecido en Cafarnaúm y si tiene al huérfano de Giscala.

Jairo dice:

–                       No lo sé, Maestro. Ya había partido…

Un coro de voces infantiles informa:

–                       Sí. Sí. Llegó una mujer que da mucha miel y reparte caricias a los niños.

–                       Hace tortas.

–                       Van a comer siempre a su casa los niños que iban a la tuya.

–                       El último día nos mostró a un pequeñín.

–                       Compró ya dos cabras para que le den leche.

–                       Nos dijo que el niño es hijo del Cielo y del Señor.

–                       No vino a la Fiesta como deseaba, porque no podía traer consigo al niño.

–                       Pero nos dijo que te dijésemos, que lo amará mucho y que te bendice.

children_come_to_jesus

Los niños de Cafarnaúm forman un enjambre de vocecillas alrededor de Jesús, orgullosos de saber ellos, lo que ni siquiera el arquisinagogo sabe. Y de ser portadores de noticias que el Maestro escucha atentamente…

Jesús responde:

–                       Vosotros le diréis que también Yo la bendigo. Y que ame por Mí a los niños. Vosotros amadla mucho. No os aprovechéis de que sea buena. No la queráis solo por su miel y sus tortas. Sino porque es buena. Tanto que ha comprendido que quien ama a un niño en mi Nombre, me hace feliz. Imitadla todos.

Niños y adultos, pensando siempre que el que acoge a un pequeñín en mi Nombre, tiene un lugar asegurado en el Cielo; porque la misericordia siempre tiene su premio.

Pero la que se tiene con los pequeñuelos, salvándolos no solo del hambre, sed, frío… Sino de la corrupción del mundo, recibe un premio infinitamente mayor… vine a bendeciros antes de que partáis.

Jesús bendice también la comida y los niños comen a su alrededor. Los corazones saborean y tranquilidad y amistad. Y pasan un rato de tranquilidad junto al Maestro al que aman.

jesusninos

Cuando la comida termina, Jesús se pone de pie, bendice a todos y se despide. El pequeño Benjamín de Mágdala, le tira del vestido para que se incline a escucharlo.

–                       ¿Tienes todavía contigo a aquel hombre malo?

Jesús le dice sonriendo:

–                       ¿Cuál malo? Conmigo no hay malos…

–                       ¡Sí que los hay! Aquel hombre alto y joven, que se reía… ¿Recuerdas? Aquel a quién le dije que era hermoso por fuera, pero muy feo por dentro… ¡Ése es malo!

Tadeo, que está detrás de Jesús, dice:

–                       Se refiere a Judas.

–                       Lo sé. –responde Jesús volviéndose.

jm_600_GIA.pd-P9.tiff

Y luego dice a Benjamín:

–                       Ese hombre está conmigo. Es un apóstol mío. Ahora es muy bueno… ¿Por qué sacudes la cabeza? No se debe pensar mal del prójimo, sobre todo de aquel que no se conoce.

El niño baja la cabeza y se calla.

–                       ¿No me respondes?

–                       A Ti no te gusta que se digan mentiras… y yo te prometí no decirlas. Y he cumplido mi promesa. Pero si ahora te dijese que sí. Que creo que es bueno, diría una cosa que es falsa… Porque pienso que es muy malo. Puedo tener callada la boca para agradarte, pero no puedo evitar que mi cabeza piense en ello.

1JNIÑOS

El razonamiento es tan claro y lógico en su sencillez infantil, que todos los que lo escuchan, se echan a reír.

Menos Jesús, que suspira y dice:

–                       Bueno. Tú debes hacer una cosa: Rogar para que sea bueno, si es que piensas que es malo… Debes ser su ángel, ¿Lo harás? Si se hace, mejor. Yo me alegraré mucho. Así pues, si ruegas por él, ruegas para que Yo esté contento.

–                       Lo haré. Pero si él es malo y no se hace bueno estando contigo, de nada servirá que yo ruegue.

Jesús trunca la discusión deteniéndose e inclinándose a besar a los niños, una última vez antes de irse…

jesus-com-crianca

Cuando se encuentran solos, Jesús y sus dos primos.

Tadeo dice concluyendo un pensamiento interno:

–                       ¡Tiene razón! ¡Tiene toda la razón! Yo también pienso como él.

Santiago, que iba absorto en otra cosa; le pregunta:

–                       ¿De qué hablas?

–                       De Benjamín. Lo que dijo… ¡Pero Tú no quieres escucharlo! Y también yo te digo que Judas es… Más bien, ¡No es un verdadero apóstol!… No es sincero. No te ama. No…

Jesús dice:

–                       ¡Judas! ¡Judas! ¿Por qué me causas esta aflicción?

Tadeo responde:

–                       Hermano mío, porque te amo. Tengo mucho miedo de Iscariote. Más miedo que de una cobra…

WizardSnake2

–                       Eres injusto. Tal vez Yo ya hubiera sido capturado, si él no me hubiese ayudado.

Santiago interviene:

–                       Jesús tiene razón. Judas ha hecho mucho. Se atrajo odios y burlas sin cuento. Trabajó y trabaja por Jesús.

Tadeo afirma:

–                       Yo no puedo convencerme de que Tú seas un tonto. Que tú mientas… me pregunto por qué sostienes a Judas. No hablo por celos, ni por odio. Hablo porque creo que por dentro, él es malo. Que no es sincero… Lo que puedo admitir por amor a Ti, es que está loco… es un pobre loco que hoy delira de un modo y mañana de otro.

demonio-soberbia

Pero que sea bueno, ¡No lo es! ¡Desconfía de él, Jesús! ¡Desconfía!… Ninguno de nosotros somos buenos. Pero míranos. Nuestros ojos son francos. Nuestra conducta no es voluble, es igual. ¿No te dice nada el hecho, de que los Fariseos no le hagan pagar las burlas que les hace?

Pablo-Fariseos-Saduceos

¿No significa nada para Ti que los del templo, no reaccionen contra sus palabras? ¿Tampoco que tenga siempre amigos entre aquellos a quienes aparentemente ofende? ¿Ni que siempre traiga mucho dinero? No me refiero a nosotros dos… Pero ni siquiera a Nathanael que es rico y a Tomás a quien no le faltan los medios, tienen solo lo necesario… Pero él… él… ¡Oh!…

jesus-y-el-joven-rico

Jesús no dice nada…

Santiago confirma:

–                       En parte mi hermano tiene razón, Maestro. Es cierto que Judas siempre encuentra el modo de… estar solo. De ir solo… de… Pero no quiero murmurar ni juzgar. Tú lo sabes…

Jesús dice:

–                       Sí. Lo sé. Y por eso he dicho que no quiero juicios. Cuando estéis en el mundo en mi lugar, encontraréis gente más rara que Judas. ¿Qué apóstoles vais a ser si las evitáis porque son raras? ¿Y cómo las convertiréis?…

Lo interrumpe un joven que sube hacia el Getsemaní:

–                       La paz sea contigo Maestro. ¿No me conoces?

–                       ¿Tú? ¡Tú eres el levita que estuvo con nosotros el año pasado, junto con el sacerdote Juan!

Sumo-sacerdo-8

–                       Exacto. Soy yo. ¿Cómo me has reconocido, Tú que tienes un mundo a tu alrededor?

–                       Jamás olvido las características de las caras y de las almas.

–                       ¿Cuál es la de mi alma?

–                       Buena. Pero insatisfecha. Estás cansado de lo que te rodea. Tu espíritu tiende a cosas mejores. Quieres la Luz. Sientes que es la hora de decidirse por un bien Eterno.

Moses8Aaron

El joven cae de rodillas ante Jesús:

–                       Maestro, lo has dicho. Es verdad. Lo traigo en el corazón. Y no sabía decidirme. El viejo sacerdote Jonathás, creyó y luego murió. Era viejo. Yo soy joven. Te oí hablar en el Templo… No me rechaces Señor. porque no todos los de ahí, te odian. Y yo soy de los que te aman. Dime qué debo hacer siendo levita…

LEVITA

–                       Cumplir con tu deber hasta la   Nueva Era. Piensa que al venir a Mí, no sales al encuentro de una gloria terrena, sino al del dolor. Si perseveras tendrás gloria en el Cielo. Instrúyete en mi Doctrina. Confírmate en Ella…

–                       ¿Con qué?

levitas

–                       El Cielo mismo te confirmará con sus señales. Procura conocer y practicar lo que he enseñado. Haz esto y conseguirás la Vida Eterna.

–                       Lo haré Señor. pero, ¿Puedo seguir sirviendo en el Templo?

–                       Te lo acabo de decir… Hasta la   Nueva Era.

–                       Bendíceme, Maestro. Será mi nueva consagración.

arca-alianza-portada

Jesús lo bendice y lo besa. Se separan.

Cuando queda nuevamente solo con sus apóstoles les dice:

–                       ¿Veis? Así es la vida de los operarios del Señor. Hace un año que es ese corazón vacío cayó la semilla y no pareció que hubiera sido victoria, porque no brotó al punto. Después de un año, ved lo que sucede. Y que esto sirva para confirmar lo que hace poco os venía diciendo…

1JP

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA

98.- LAS DERROTAS DEL MESÍAS


Jesús y los apóstoles salen hacia la campiña… Y luego caminan por una región montañosa. Van en silencio, por el fondo de un valle.

Santiago de Zebedeo suspira y dice, como terminando un razonamiento:

–                     ¡Derrotas y más derrotas! Parece como si estuviéramos malditos…

Jesús le pone la mano en el hombro:

–                     ¿No sabes que es la suerte de los mejores?

–                     ¡Bah! Lo sé desde que estoy contigo. Pero de vez en cuando, es necesario cambiar. Antes lo teníamos. Para aliviar el corazón. Para sostener la fe.

La voz del Maestro es trémula al responder:

–                     ¿Dudas de Mí, Santiago?

–                     ¡No! –el ‘no’ es rotundo.

–                     Si no dudas de Mí, ¿De qué entonces? ¿No me amas como antes? ¿Te ha arrebatado el amor el verme arrojado? ¿Qué se burlen de Mí o que no me tomen en consideración en estos lugares fenicios?

Aun cuando no se ve una lágrima en los ojos de Jesús. Su voz es tan triste. Es su alma la que llora.

–                     Eso no, Señor mío! Antes bien, mi amor aumenta cuanto más veo que no se te comprende. Que no se te ama. Cuanto más te veo afligido. Humillado. Por no verte así. Para poder cambiar el corazón de los hombres, estaría dispuesto a dar mi vida. Créemelo.

Todos los apóstoles apoyan las palabras de Santiago y Él con un rostro luminoso de amor, los estrecha diciendo:

–                     ¿No sabéis que si no tuviese otra cosa, más que la alegría de hacer la Voluntad de mi Padre y vuestro amor; aun cuando todos me abofeteasen, sería feliz? Me siento triste, no por Mí, ni por mis derrotas, como las llamáis. Sino por compasión a las almas que rechazan la vida. Bueno. ¡Niños grandulones! ¡Ánimo! Id a pedir en Nombre de Dios, un poco de leche a aquellos pastores que ordeñan sus cabras.

Al ver la expresión desolada de sus apóstoles, agrega:

–                     No tengáis miedo. Obedeced con fe. Os darán leche y no pedradas. Aun cuando se trate de un fenicio.

Van. Jesús se queda en el camino, orando. Está triste… regresan los apóstoles con una jarrita de leche y dicen:

–                     Dijo aquel hombre que vayas allá; porque tiene algo que decirte. Pero que no puede dejar sus cabras a los pequeños pastores.

Van todos al lugar escarpado donde andan las cabras.

Jesús dice:

–                     Muchas gracias por la leche. ¿Qué se te ofrece?

–                     ¿Eres el Nazareno, verdad? ¿El que hace milagros?

–                     Soy el que predica la salvación eterna. Soy el Camino para ir al Dios Verdadero. La Verdad que se entrega. La Vida que da salud. No soy un hechicero que haga milagros. Éstos son manifestación de mi bondad y de vuestra debilidad, que necesita pruebas para creer. ¿Qué se te ofrece?

–                     ¿Fue hace dos días que estuviste en Alejandroscene?

–                     Sí. ¿Por qué?

–                     También estaba yo con mis cabras. Y cuando vi que se armaba la trifulca, me escapé. Porque es costumbre provocarlas para robar en el mercado. Yo soy prosélito y por la tarde, al salir de la ciudad, me encontré con una mujer que lloraba, llevando una niña entre sus brazos. Había caminado mucho para ir a verte. Le pregunté qué le pasaba. Es una prosélita que oyó hablar de Ti y la esperanza brotó en su corazón. Pero Tú comprendes que cuando se carga algo, se camina despacio. Y cuando llegó; Tú ya no estabas. Y supo que te habían arrojado. Como yo también soy padre, le dije que yo estaría en el crucero por donde pasarías; ya sea que fueras a Tiro o regresaras a Galilea. Le prometí decírtelo y te lo he contado.

–                     Que Dios te lo pague. Iré a donde está la mujer.

–                     Voy para Aczib. Podemos caminar juntos si no sientes desprecio hacia un pastor.

–                     No desdeño a nadie. ¿Por qué vas a Aczib?

–                     Porque tengo allá unos corderos… A no ser que ya no los tenga.

–                     ¿Por qué?

–                     Porque hay como una peste. No sé si sea brujería… mi ganado se enfermó. Y por eso me traje a estas cabras que todavía están sanas, para que no estén con las ovejas. Las dejaré con mis hijos y yo voy para allá a ver morir… a mis hermosas ovejas lanudas. –y el hombre lanza un suspiro. Mira a Jesús y agrega- Hablarte a ti de estas cosas cuando estás tan afligido por la manera en que te tratan. Pero las ovejas son cariño y también dinero. ¿Comprendes? Y nosotros…

–                     Comprendo. Se curarán.

–                     Los que saben me han dicho: ‘Mátalas y vende sus pieles. No hay otra cosa que hacer’ Hasta me han amenazado para que no las saque. Tienen miedo de que las suyas se les contaminen. Las tengo encerradas y cada vez mueren más. ¿Nada más éstos son tus discípulos?

–                     Tengo otros.

–                     ¿Te abandonaron?

–                     Ningún discípulo lo ha hecho.

–                     Me habían dicho que Tú… Que los Fariseos… En una palabra, que los discípulos te habían abandonado por miedo y porque eres un…

–                     Demonio. Dilo. Lo sé. Doble mérito hay en ti que pese a esto, crees.

–                     Y por este mérito, ¿No podrías…? Tal vez te pida una cosa sacrílega.

–                     Dila. Si es mala, te lo digo.

El pastor dice con ansiedad:

–                     ¿No podrías al pasar, bendecir mi ganado?

–                     Bendeciré tu ganado. Éste… -levanta la mano bendiciéndolas- y también tus ovejas. ¿Crees que mi bendición las cure?

–                     Como curas a los hombres de sus enfermedades, así podrás salvar a mis animales. Dicen que eres hijo de Dios. Y Dios creó las ovejas. Y por eso también son suyas. Yo no sabía si era respetuoso pedírtelo. Pero si se puede hazlo, Señor. Y yo llevaré al Templo, muchas ofrendas de alabanza. ¡Mejor no! Te daré a Ti algo para tus pobres y será mejor.

Jesús sonríe, pero no dice nada. Siguen caminando. Y se hospedan por la noche en la casa de Jonás, un campesino amigo del pastor. Un verdadero israelita.

Al día siguiente, al amanecer, Jonás pregunta a Tadeo:

–                     ¿Está el Maestro contigo?

–                     Habrá ido a orar. Sale frecuentemente con el alba, para estar solo. Regresará dentro de poco. ¿Para qué lo quieres?

–                     Hay una mujer con mi esposa. Es una fenicia. No sé cómo supo que el Maestro está aquí y quiere hablarle.

–                     Está bien. Él  espera a una mujer con su hija enferma. Tal vez sea ella.

–                     No. Está sola. No trae a nadie. La conozco porque nuestros poblados están cercanos y el valle es de todos. Yo pienso que no hay que ser duros con los vecinos, aunque sean fenicios y se sirva al Señor. tal vez me equivoque…

–                     El Maestro enseña siempre que hay que ser compasivos con todos.

–                     Él lo es. ¿No es así?

–                     Sí.

–                     Me contó Annás el pastor que lo han tratado mal. ¡Mal, siempre mal!… ¡En Judea como en Galilea! ¡Por todas partes! ¿Por qué Israel es tan malo con su Mesías? Quiero decir, los grandes entre nosotros, porque el pueblo si lo ama.

–                     ¿Cómo sabes estas cosas?

–                     ¡Oh! Vivo aquí, lejos. Pero soy  un fiel israelita. Basta ir a las fiestas de precepto al Templo, para saber todo el bien y todo el mal. El bien se sabe menos que el mal. Porque el bien es humilde y por sí mismo no se alaba. Deberían ser los que reciben favores de Él, quienes deberían alabarlo; pero pocos son los agradecidos. El hombre acepta el favor y luego se olvida de él…

El mal por el contrario, hace sonar fuerte sus trompetas. Hace oír sus palabras aún a los que no quieren oírlas. Vosotros que sois sus discípulos, ¿No sabéis cuanto se habla y se acusa en el Templo al Mesías? Las lecciones de los escribas solo tratan de esto. Creo que se han convertido en un librillo de acusaciones y de pruebas contra Él. Es necesario tener la conciencia muy recta y firme; libre,  para poder resistir y juzgar cuerdamente. ¿Él conoce estas intrigas?

–                     Lo sabe todo. También nosotros, más o menos las sabemos. Pero Él no se preocupa. Continúa su obra. Discípulos y fieles, aumentan cada día.

–                     Dios quiera que lo sean  hasta el fin. El hombre es de pensamiento voluble, débil…

Jesús llega. Jonás dice:

–                     Entra Maestro. El aire es frío esta mañana y en el bosque mucho más. Hay leche caliente para todos.

Desayunan leche con pan.

Y Jesús dice:

–                     Tenemos que irnos pronto para llegar al monte Aczib, antes de que oscurezca. Esta tarde empieza el sábado.

Annás el pastor dice:

¿Y mis ovejas?

Jesús sonríe y responde:

–                     Estarán curadas después de ser bendecidas.

–                     Pero yo vivo al oriente del monte y Tú vas en dirección contraria, para encontrarte con la mujer.

–                     Deja todo en manos de Dios. Él proveerá.

Terminan su desayuno, toman sus alforjas y se disponen a salir.

–                     Maestro. ¿No quisieras hablar con esa mujer que está allí?

–                     No tengo tiempo, Jonás. El camino es largo y por lo demás, vine para las ovejas de Israel. Adiós Jonás. Que Dios premie tu caridad. Mi bendición sea sobre ti y tu familia. ¡Vámonos!

Salen y empiezan a caminar.

La mujer se adelanta llorando, agachada, alcanza al grupo y grita:

–                     ¡Ten piedad de mí! ¡Oh, Señor! ¡Hijo de David! mi hija está muy atormentada por el demonio, que la hace cometer cosas vergonzosas. Ten piedad porque sufro mucho y todos se burlan de mí por ello. Como si mi hija fuera responsable de lo que hace… ¡Ten piedad, Señor! ¡Tú todo lo puedes! Levanta tu voz y tu mano y mándale al espíritu inmundo que salga de Palma. Solo la tengo a ella. Soy viuda… ¡Oh, no te vayas! ¡Ten piedad!…

Jesús camina sin hacerle caso y ella sigue suplicando:

–                     Yo te oí ayer cuando pasabas el arroyo. Y oí que te llamaban ‘Maestro’ Te seguí entre los matorrales. Oí lo que estos hablaron. Comprendí que Eres Dios… Y esta mañana me vine aquí, cuando todavía estaba oscuro. Me quedé en el dintel como una perrita, hasta que se levantó Sara y me dejó entrar. ¡Oh, Señor! ¡Ten piedad y compasión de una madre y de una niña!

Pero Jesús se va ligero sin escuchar a la viuda.

Jonás le dice:

–                     Resígnate. No quiere escucharte. Ha dicho que vino para los de Israel…

Pero ella se levanta desolada y al mismo tiempo llena de Fe. Y responde:

–                     ¡No! Le suplicaré tanto que me escuchará.

Y sigue al Maestro repitiendo sus súplicas, que hacen que la gente se asome a sus puertas. Y se une a ella la familia de Jonás; que quiere ver en que terminan las cosas.

Los apóstoles se miran sorprendidos y en voz baja comentan:

–                     ¿Cómo es posible que haga esto? ¡Jamás lo había hecho!…

Juan dice:

–                     En Alejandroscene curó a aquellos dos…

Tadeo replica:

–                     ¡Eran prosélitos!

–                     Y ésta, ¿A quién quiere curar?

El pastor Annás contesta:

–                     También es prosélita.

–                     ¡Oh! Pero cuantas veces ha curado a gentiles o  paganos. ¿Y la niña romana?… –dice Andrés preocupado, porque no puede comprender la dureza de Jesús para con la mujer cananea.

Santiago de Zebedeo dice:

–                     Yo os diré la razón. El Maestro está airado. Su paciencia se acaba con tantos golpes de la ingratitud humana. ¿No veis cómo ha cambiado? Tiene razón. De hoy en adelante se dedicará sólo a quién conozca bien y según yo; creo que será lo mejor.

Mateo refunfuña:

–                     Así será. Pero entretanto, ésta viene gritando y un buen grupo de gente la sigue. Si quería pasar inadvertido, ha encontrado el mejor modo para llamar la atención aún de las plantas.

Tadeo dice secamente:

–                     Vamos a decirle que la despida… ¿Ya vieron el cortejo que nos viene siguiendo? ¿Y cuando lleguemos a la vía consular?… ¡Vamos a traer a todo el poblado detrás de nosotros!

Santiago de Zebedeo le grita:

–                     ¡Cállate y vete!

Y varios apóstoles hacen lo mismo. Pero la mujer no hace caso ni a las amenazas, ni a las órdenes.

Y sigue suplicando.

Mateo dice:

–                     Vamos a decirle al Maestro que la despida si no quiere escucharla. Esto no puede continuar así.

Andrés dice:

–                     ¡Pobrecilla!

Juan está desconcertado:

–                     ¡No comprendo!…  ¡No comprendo!

Acelerando el paso, alcanzan al Maestro, que camina tan ligero como si lo persiguieran…

Y le dicen:

–                     ¡Maestro, dile a esa mujer que se vaya! ¡Es un escándalo! Viene gritando detrás de nosotros. La gente aumenta cada vez más… Muchos vienen detrás de ella, ¡Dile que se vaya!

–                     Decídselo vosotros. Yo ya le respondí.

–                     No nos hace caso. Mira, díselo Tú. Y con severidad.

Jesús se detiene y se voltea. La mujer cree que es señal de que va a recibir el favor. Acelera el paso, levanta más la voz.

Jesús le ordena:

–                     ¡Cállate mujer! Regresa a tu casa. Ya lo he dicho: ‘He venido para la ovejas de Israel’ Para curar a las enfermas y buscar a las que anden perdidas. Tú no eres de Israel.

Pero la mujer se arroja a sus pies. Se los besa, adorándolo. Se abraza a sus rodillas como un náufrago que ha encontrado un pedazo de madera y gime:

–                     ¡Señor ayúdame! ¡Tú lo puedes! ¡Tú Eres Dios! Ordena al demonio. Tú que eres Santo… ¡Señor! ¡Señor! ¡Tú eres el Dueño de todo! tanto de la gracia como del mundo. Todo te está sujeto, Señor. Lo sé. Toma tu poder y empléalo en favor de mi hija.

–                     No está bien tomar el pan de los hijos de la casa y arrojarlo a los perros del camino.

–                     Yo creo en Ti. Al creer me he convertido de perra de la calle, en perra de la casa. Te lo dije. Llegué antes del alba a acurrucarme en el dintel de la casa donde estuviste. Y si hubieras salido te habrías tropezado conmigo. Pero Tú saliste por la otra parte y no me viste. No viste a esta perra destrozada. Hambrienta de tu favor. Que esperaba poder entrar arrastrándose hasta dónde estabas, para besarte los pies pidiéndote que no me arrojaras…

Jesús repite:

–                     No está bien arrojar el pan de los hijos, a los perros.

La mujer replica:

–                     Pero los perros entran en donde está su dueño comiendo con sus hijos. Y comen de lo que cae de la mesa o de los desperdicios que les dan de lo que no sirve. No te pido que me trates como hija y que me sientes a la mesa. Dame al menos las migajas…

El rostro de Jesús se transfigura con una sonrisa de júbilo, ¡Una sonrisa llena de amor! Todos lo miran admirados, presintiendo que algo va a pasar…

Y Jesús le responde:

–                     ¡Oh, mujer! ¡Grande es tu Fe! Con ella consuelas mi corazón. Vete y hágase cómo quieres. El demonio ha salido desde este momento de tu hija. Vete en paz y si como perra callejera has sabido convertirte en perra de la casa. De igual modo en el futuro, sé hija y siéntate a la mesa del Padre. ¡Adiós!

–                     ¡Oh, Señor! ¡Señor! quisiera correr para ir a ver a mi amada Palma… ¡Quisiera estar contigo y seguirte! ¡Bendito! ¡Santo!

Y se nota su angustia pues desea las dos cosas con igual fervor.

Jesús le dice:

–                     Vete, mujer. Vete en paz.

Jesús emprende su camino, mientras que la cananea corre veloz, seguida por la gente que curiosa, quiere ver el milagro.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–                     Maestro, ¿Para qué la hiciste suplicar tanto, para después hacer lo que te pedía?

–                     Por causa tuya y de todos vosotros. Esto no es una derrota, Santiago. Aquí no me arrojaron fuera, ni se burlaron de Mí, ni me maldijeron… Que esto levante vuestro corazón abatido. He gustado de una comida sabrosísima. Bendigo a Dios por ello. Ahora  vamos a donde está la otra; que sabe creer y que espera con fe segura.

–                     ¿Y mis ovejas Señor? Dentro de poco nuestros caminos se separan. Y yo tengo que ir a mi aprisco.

Jesús sonríe pero no responde.

Caminan todos ligeros y alegres con una nueva sonrisa en el rostro. Cuando llegan al crucero, Annás dice un poco avergonzado:

–                     Aquí debo dejarte… También yo tengo fe y soy prosélito. ¿Me prometes que vendrás después del sábado, para curar a mis ovejas?

–                     ¡Oh, Annás! ¿No has comprendido todavía que tus ovejas están curadas, desde que bendije a las otras? Vete tú también a ver el milagro y a bendecir al Señor.

El pastor palidece. Se queda paralizado y luego se arrodilla diciendo:

–                     ¡Bendito seas! ¡Eres Bueno! ¡Eres santo! Te prometí mucho dinero y aquí no traigo… ven a mi casa.

–                     Iré pero no por el dinero. Sino para bendecirte una vez más. ¡Hasta pronto Annás! ¡La paz sea contigo!

Se separan. Jesús dice a los apóstoles:

–                     ¡Y también esto no es una derrota, amigos míos! Tampoco aquí se han burlado de Mí, ni me han insultado o arrojado… ¡Ea! ¡Vamos rápidos! Hay una madre que hace días que está esperando…

Continúan la marcha. Después de un reposo breve junto a un arroyo; comen un poco de pan, queso y beben agua. El sol está en su cenit, cuando llegan a una bifurcación del camino.

Mateo exclama:

–                     ¡Allá está la escalera de Tiro! – feliz al pensar que han recorrido más de la mitad del camino.

Reclinada sobre la mojonera romana, hay una mujer con una niña de siete años de edad.

Andrés pregunta:

–                     ¡Ahí está la mujer! ¿En dónde habrá dormido estos días?

La mujer levanta sus ojos y mira la sonrisa de Jesús. Se inclina. Toma en brazos a su niña y la trae como si fuera una ofrenda a Dios. Llega hasta los pies de Jesús y se arrodilla, alzando o más que puede a la niña, que extática mira el bellísimo rostro de Jesús. La mujer no dice ni una palabra, ¿Qué puede decir cuando toda su actitud es ya una súplica?

Jesús pronuncia solo una palabra breve; pero llena de alegría, mientras pone su mano sobre el pecho de la niña:

–                     Sí.

–                     ¡Mamá! –grita la niña feliz.

Se sienta inmediatamente. Se pone de pie y abraza a su madre que está a punto de caer; por el contraste de los sentimientos que la embargan. Por el cansancio que ha soportado. Por el esfuerzo que ha soportado su corazón.

Jesús la ayuda mientras lágrimas de agradecimiento bajan por su cara cansada y dichosa al mismo tiempo.

–                     ¡Gracias, Señor mío! Gracias y bendiciones. Mi esperanza se ha visto colmada… ¡Tanto te había esperado!…

Y se arrodilla y adora a Jesús…

Después de unos momentos dice.

–                     Hace dos años que empezó a secársele un hueso en la espina dorsal. La había paralizado y ya la llevaba a la muerte, con grandes dolores. La vieron los médicos de Antioquia, Tiro, Sidón, Cesárea, Panéades… para curarla, vendimos casi todas las propiedades, ¡Y nada! Me enteré de lo que haces en otras partes. Te vi y tuve esperanzas de que me ayudarías… Y lo he conseguido. Ahora regreso pronto a mi casa y daré esta alegría a mis esposo.

Jesús acaricia sus cabellos y dice:

–                     Idos y sed siempre fieles al Señor. Que Él esté con vosotras. Os doy mi paz.

Ellas se van dichosas y Jesús continúa caminando por la senda que va a Ptolemaide.

–                     Y también esto no es una derrota amigos. Tampoco aquí me arrojaron fuera, ni se burlaron de Mí, ni me maldijeron.

Llegan a una casa.

El herrero los saluda.

Y Jesús le dice:

–                     ¿Me permites que me esté aquí un ratito, para comer mi pan?

–                     Sí, Rabí. Mi mujer, Esther. Es hebrea. Yo soy romano. Ella deseaba conocerte. Te vi en Alejandroscenne…

–                     Llámala pues.

Una mujer de unos cuarenta años, un poco avergonzada, sale y se acerca.

Jesús está sentado en la banca que está contra a la pared; mientras Santiago de Zebedeo distribuye pan y queso.

Jesús la saluda:

–                     La paz sea contigo Esther. ¿Tenías deseos de conocerme? ¿Por qué?

–                     Por lo que dijiste… Los rabinos nos desprecian a las casadas con un romano. Pero yo he llevado a todos mis hijos al Templo. Y todos mis varoncitos están circuncisos. Lo dije de antemano a Tito cuando me pretendía. Es bueno… Me deja que haga lo que quiera con mis hijos. Aquí todas las costumbres son hebreas. Lo mismo que los ritos. Pero los rabinos, los arquisinagogos, nos maldicen. En cambio tú no. Tú compadeciste…

¡Oh! ¿Sabes lo que significa esto? Es como volver a poner el pie en la casa abandonada y no sentirse extraña en ella. Tito es bueno. Cuando se celebran nuestras fiestas, cierra la herrería con mucha pérdida de dinero. Y me acompaña con los niños al Templo, porque dice que sin religión no se puede vivir. Él dice que la suya es la familia y el  trabajo; como antes lo era el ser soldado.

Pero yo Señor, quiero decirte una cosa… Tú dijiste que los seguidores del Verdadero Dios, deben quitar un poco del fermento santo y ponerlo en la harina buena para que fermente santamente. Lo he hecho con mi esposo. Durante veinte años hemos estado juntos. He procurado trabajarle su alma que es buena, con el fermento de Israel, pero él nunca se decide. Ya está viejo y yo quiero tenerlo conmigo en la otra vida… Unidos en la Fe, como lo estamos en el amor. No te pido riquezas, bienestar, salud. Con lo que tenemos es suficiente, ¡Bendito sea Dios! Pero quisiera esto… Ruega por mi esposo, para que pertenezca al Dios Verdadero.

–                     Lo será. Puedes estar segura. Pides una cosa santa y la alcanzarás. Has comprendido los deberes de la esposa para con Dios y para con el marido. ¡Si así fueran todas las casadas! Te digo que muchas deberían imitarte. Sigue este mismo camino y tendrás la alegría de tener a Tito a tu lado en la Oración y en el Cielo. Enséñame a tus hijos.

La mujer llama a los niños:

–                     Santiago, Judas, Leví, María, Juan, Ana, Elisa, Marcos. –Entra a la casa y sale con otros dos, uno que apenas puede caminar y otro de tres meses de edad- Éste es Isaac y la pequeñuela Judith. –dice presentándolos a todos.

Santiago de Zebedeo comenta sonriente:

–                      ¡Demasiados!

Tadeo exclama:

–                     ¡Seis varones y todos circuncisos!

Bartolomé y Felipe :

–                     ¡Y con nombres judíos!

–                     ¡Eres brava mujer!

La mujer se siente feliz. Hace elogios de Santiago, Judas y Leví, que ayudan a su padre todos los días, menos el sábado. Día en que Tito trabaja solo, poniendo las herraduras hechas. Elogia a María y a Ana que son el auxilio de la mamá. Pero no deja de alabar a los cuatro más pequeños, que son buenos y nada de caprichudos.

–                     Tito me ayuda a educarlos. Él que fue un soldado valiente y disciplinado. –dice mirando con ojos cariñosos a su marido. Que apoyado sobre el dintel ha escuchado todo lo que ha dicho su mujer con una gran sonrisa en su cara. Y se pone colorado al oír que recuerdan sus méritos como soldado.

Jesús dice:

–                     Muy bien. La disciplina militar no es contraria a Dios, cuando el soldado cumple su deber como se debe. Lo que conviene es obrar siempre honestamente en cualquier cosa y así ser virtuosos. Esta disciplina tuya que trasmites a tus hijos; debe prepararte para entrar en un servicio superior: en el de Dios. Ya es hora de despedirnos. Apenas tengo tiempo para llegar a Aczib antes de la puesta de sol. La paz sea contigo Esther y con toda tu casa. Lo más pronto procurad pertenecer al Señor.

Todos se arrodillan mientras Jesús levanta su mano para bendecir.

Y Tito hace algo sorprendente: ¡Mirando a Jesús; como si fuera aún un soldado de Roma, hace el saludo militar ante su emperador!

van. Después de avanzar algunos metros, Jesús pone la mano sobre el hombro de Santiago:

–                     Esta es la cuarta vez del día que te lo hago notar. No se trata de una derrota. No me arrojaron fuera. No me maldijeron, ni se burlaron de Mí… ¿Qué dices ahora?

–                     Que soy un tonto, Señor.

–                     No es eso. Tú como todos vosotros, sois todavía muy humanos. Tenéis el modo de pensar humano. El espíritu cuando es soberano, no se altera por cualquier soplo de viento, que no puede ser siempre una brisa perfumada… Podrá sufrir, pero no se altera.

Yo ruego siempre para qué lleguéis a esta independencia del espíritu. Pero debéis ayudarme con vuestros esfuerzos. Pues bien, el viaje ha terminado. He sembrado en él, todo lo que era necesario para prepararos, para cuando vosotros seáis los evangelizadores. Ahora podemos tomar el descanso sabático, con la conciencia de haber cumplido nuestro deber.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA