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62.- LA ORGÍA INOLVIDABLE…


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El emperador Tiberio, fue muy aficionado al dinero y difícilmente se le arrancaba. Con el tiempo, su avaricia le llevó a la rapiña y el lema que rigió su gobierno fue: ‘Que me odien con tal dé que me teman’.

Cuando comenzó su vida militar, antes de que fuera César, sus compañeros le  conocieron por su afición al vino hasta tal grado, que los soldados le apodaron: ‘Biberius Caldus Mero’ (todas estas palabras aluden al vino de diversas maneras)

Su crueldad y su hipocresía eran tales, que cuando Augusto lo nombró su sucesor, las palabras que pronunció en su lecho de muerte, fueron: ‘Desgraciado pueblo romano que va a ser presa de tan lentas mandíbulas’

También era un hombre extremadamente lujurioso. En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos alrededor….

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Y allí, un grupo elegido de jóvenes disolutos reunidos de todas partes y algunos que inventaron ‘monstruosos placeres’, a los que llamó ‘spintrias’(sus maestros de voluptuosidad)

Formaban entre sí una triple cadena y entrelazados de esta manera, se prostituían en su presencia para estimular sus lánguidos deseos; pues al final de su vida, solo era un anciano impotente.

Como gran adicto al sexo, en el palacio de Roma que se ha salvado del incendio, también tenía todo un sector destinado a lo mismo.

Además de esa habitación especial, hay diferentes salones arreglados especialmente para estos placeres, adornados con cuadros y bajorrelieves lascivos y llenos de libros de Elephanditis (Pornografía gráfica), para tener en la acción modelos que imitar.

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Sus jardines han sido diseñados como bosques y selvas consagrados a Venus Afrodita y están decorados con grutas excavadas en la roca y en las cuales hay hermosas y artísticas estatuas que parecen casi vivas.

En las cuales se ven jóvenes de ambos sexos, mezclados en actitudes voluptuosas y posiciones obscenas y sugerentes, con trajes de ninfas y faunos.

Hay también un baño con una piscina especialmente diseñada, en la cual enseñó a niños de tierna edad a los que llamaba sus ‘pececillos’ a que jueguen entre sus piernas, excitándole con la lengua y con los dientes.

Y a los más grandecitos que estaban en lactancia aún, les ofrecía los genitales para que le diesen el género de placer al que sus tendencias y su edad le inclinaban de una manera especial.

Recibió un legado de uno de sus amigos que le daba a elegir entre un cuadro de Parrasio en el que Atalante prostituye su boca a Meleagro o un millón de sestercios…

Tiberio prefirió el cuadro y lo colocó como un objeto sagrado en su alcoba…

Y este cuadro adorna ahora el salón principal de la casa de Tiberio en Roma, justo encima de donde se encuentra el triclinio imperial.

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Aminio Rebio y Vitelio en su infancia, fueron ‘pececillos’ de Tiberio y desde su juventud, han sido marcados con el afrentoso nombre de ‘Spintria’.

Y por su gran experiencia en estos oficios, Vitelio ahora es el intendente de placeres de Nerón…

Aminio Rebio, Faonte el liberto del César y dos enviados de Tigelino; fueron a las cárceles para elegir doncellas y jóvenes cristianos… Para recreación del César y de sus invitados…

La fiesta en el palacio de Tiberio en el Esquilino, está en todo su apogeo…

Cientos de lámparas brillan sobre las mesas y penden de las murallas.

Los acordes de la música, invaden el ambiente.

El aroma de las flores y los perfumes de Arabia, son aspirados con deleite por los invitados lujosamente ataviados y que reclinados en sus triclinios, disfrutan de los deliciosos manjares y los exquisitos vinos que aumentan la euforia general.

Y las rosas siguen cayendo…

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Nerón está muy contento…

Y Popea regia y magnífica, luce su belleza con una sonrisa congelada que no llega a sus ojos, ni ilumina la expresión sombría que encubre su dolor, después del asesinato de su hijo Rufio Crispino.

Nerón ya cantó su Troyada y una atronadora tempestad de aplausos y aclamaciones le alimentan su insaciable vanidad de artista.

Algunos que levantaron sus manos como enajenados por su prodigioso talento, le han dejado sumamente satisfecho.

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De vez en cuando mira con una sonrisa de maligna crueldad a Marco Aurelio y a Petronio, a los que tiene como invitados de honor, muy cerca de él…

Petronio, ingenioso y elegante como siempre, hizo destellar su inteligencia y exquisita agudeza a lo largo del banquete…

Sacando a Marco Aurelio de varias sutilezas engañosas por parte de los demás augustanos…

Y luchando él mismo en aquellas arenas movedizas que son las intrigas de la corte imperial, saliendo adelante con donaire y su gallardía habitual.

Marco Aurelio está tranquilo y se porta tan distinguido como su tío, con una innata elegancia y sobriedad en todos sus ademanes.

Popea mira disimuladamente a Marco Aurelio…

Pues que lo único que la alienta en este banquete, es la alegría anticipada de su venganza sobre el tribuno.

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Se siente un poco mareada por el vino y el humo del incienso.

Finge que disfruta de los espectáculos que han sido preparados para la fiesta…

Nuevamente se da lectura a versos y se escuchan diálogos en los cuales la extravagancia, ocupa el lugar del ingenio.

Después Paris el célebre mimo, hace una representación magistral en lo que parecen escenas llenas de encantamiento.

Pues con los movimientos de sus manos y del cuerpo, tiene una increíble habilidad para expresar cosas que parecen imposibles de hacer patentes en una danza…

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Sus manos parecen oscurecer el aire creando una nube animada, sugerente, voluptuosa, que circunda las formas de una doncella agitada por un inefable desmayo…

Es una verdadera pintura, no una danza…

Una pintura expresiva en la que se revelan los secretos del amor, embelesante a la par que impúdico.

Y al finalizar da principio una danza báquica, llena de gritos desenfrenados y licenciosos desbordes.

Acompañados del son de cítaras, tambores, laúdes y címbalos, en una música incitante a dar rienda suelta a la pasión.

Marco Aurelio mantiene en todo momento una actitud tranquila, digna y un tanto seria.

Su carácter reservado y su calma intrigan a todos los augustanos, pero especialmente al César y a Popea…

Tanto Marco Aurelio como Petronio participan del banquete y beben vino, pero sin perder la sobriedad.

Se mantienen sonrientes y ecuánimes.

Entrada la noche Faonte, el liberto del César se acercó y murmura unas palabras a su oído.

El César hace un gesto de asentimiento…

Están en el salón que Nerón llama su ‘Paraíso de deleites’ y que forma parte del sector de la casa de Tiberio que fue construida para sus placeres.

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Los esclavos siguen trayendo más viandas y licores que sirven en la espléndida vajilla ribeteada en oro y las ricas copas artísticamente diseñadas y decoradas con escenas voluptuosas y acordes a la ocasión.

Los manjares y las bebidas han sido especialmente preparados con afrodisíacos.

Entonces Tigelino se acercó a Nerón y a Popea, diciéndoles algo en voz tan baja que…

Petronio que está al lado del César, lo único que pudo captar fue la respuesta del emperador:

–           No importa. Aún nos queda el Circo. Entonces será un espectáculo digno de la multitud.

Lo que Tigelino les ha comunicado, es que por la enfermedad de Alexandra, no ha sido posible sacarla de la prisión y no participará de la fiesta de esa noche.

Popea no logró ocultar su desencanto y su frustración.

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Después de un tiempo prudencial le solicitó a Nerón permiso para retirarse, pues se siente indispuesta.

Y no pudo evitar mirar al tribuno con rencoroso desprecio y a Petronio con una ominosa mirada, que acompañó con su eterna y congelada sonrisa.

El César se levantó para escoltar a Popea que se despidió de los presentes y a los que Nerón les dice que regresará pronto.

Y efectivamente, un poco más tarde volvió al salón, para disfrutar de la sorpresa preparada por Vitelio.

Entre los asistentes al banquete está el joven Aulo Plaucio, un hombre lleno de belleza y gallardía que es amante de Nerón y que tiene una gran voz de barítono.

Nerón había dicho siempre y le ha hecho creer que lo ama y que lo nombrará su heredero al trono del imperio.

En todos los banquetes, después que Popea se retira; él hace las delicias del emperador.

Entre los acordes de la música, el aroma del incienso y las bromas con que el César está demostrando su gran satisfacción en esta noche en particular…

Nadie se percata de la señal que Tigelino le hace a Nerón.

Enseguida éste llamó a Faonte, a Doríforo y a Aulo Plaucio.

Cuando llegaron ante él, ordenó a los libertos que lo sujetaran y ante la sorpresa general; éstos lo tiraron sobre el lecho imperial y lo inmovilizaron…

Mientras el César, haciendo derroche de violencia, lo violó.

Después de esta infamia, Nerón se levantó como si nada hubiera sucedido…

Y declaró:

–           Que mi madre bese ahora a mi sucesor.

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A continuación,  lo acusó de conspiración y ordenó que lo torturaran.

Recomendando que los verdugos lo hieran de manera que se sienta morir y que su muerte sea lenta en el suplicio.

Y luego, envanecido por hacer todo siempre impunemente, se volvió hacia Petronio, lo miró con crueldad y advertencia…

Y dijo con displicencia:

–           Ningún Príncipe ha sabido cuanto puede hacerse desde el poder.

Enseguida miró a Vitelio, agregando:

–       Veamos querido amigo, lo que has preparado para nuestro deleite.

Después de que los libertos se llevaron a Aulo Plaucio, que se había desmayado de terror.

Vitelio se levantó, hizo una reverencia a Nerón y se acercó a Aminio Rebio, que a su vez descorrió una cortina casi transparente que había en un extremo del salón.

Detrás de ella, está un grupo de varones y doncellas que evidentemente han presenciado todo lo  sucedido.

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Y todo esto fue hecho a propósito, para quebrantarles el espíritu…

Y mostrarles lo que les espera, al que tenga la osadía de no someterse.

Tigelino les da una orden y ellos avanzan formando una larga fila de un extremo a otro del enorme salón.

Para que el emperador y sus invitados, puedan verlos y examinarlos bien a todos.

Son veinticuatro mujeres y veintidós hombres, cuyas edades oscilan entre los quince y los veinticinco años.

Todos están totalmente desnudos y llevan una corona de rosas en la cabeza.

Han quedado de pie, frente al César y sus convidados.

Lo más sorprendente es que mantienen una dignidad majestuosa…

A pesar de la humillación que debe significarles el no llevar ninguna prenda de vestir que los cubra…

Marco Aurelio reconoció a varios y sintió una gran opresión.

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Cuando vio a Margarita, la hermana de Alexandra, un profundo dolor se le clavó en el pecho.

Inclinando la cabeza, cerró los ojos y oró…

Petronio permaneció imperturbable. Conoce a Nerón.

Y con su elegancia característica, ni un solo músculo de su rostro, delató sus verdaderos pensamientos y sentimientos…

Séneca, movió la cabeza casi imperceptiblemente y la inclinó para esconder la expresión de su rostro…

Trhaseas frunció el entrecejo y una fugaz sombra de desaprobación nubló su semblante. Y se sumió en sus reflexiones…

Lucano pareció sorprenderse, pero asumió su actitud de siempre.

Plinio solo miró, pero no demostró nada.

Marcial levantó una ceja y no manifestó lo que pensaba. Mantuvo una actitud expectante…

Todos los demás miraron a los jóvenes con una mezcla de admiración, curiosidad morbosa, intensa avidez, lujuria y lascivia.

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Nerón los observó atenta y detenidamente a cada uno de ellos…

Y con una sonrisa, dirigió una mirada de aprobación a Vitelio, Tigelino y Aminio Rebio, que han esperado expectantes su dictamen.

Ellos los seleccionaron.

Y están seguros de que ni siquiera el exigente y perfeccionista Petronio, podrá poner una sola objeción a aquel estupendo grupo de jóvenes…

Que son una muestra excelente de juventud y belleza:

Cuerpos y rostros perfectos. Portes regios y de gran dignidad, sin llegar a la altivez.

Esta promete ser una gran orgía y una noche de placeres incomparables…

Vitelio le prometió que ha preparado con ellos una serie de fantasiosas representaciones, en las cuales él podrá elegir a los que más le agraden, para su placer personal.

Están por gustar de un deleite nuevo y bastante raro… Porque a pesar de su edad, todos son vírgenes…

Lo único que molestó a Nerón y mucho; fue que ninguno al mirarlos él a la cara, bajase la mirada, ni el rostro.

No fueron retadores ni altivos.

Sólo le miraron ellos a su vez con tranquilidad y sin hacer ninguna inclinación. Sin el menor rastro de temor o servilismo.

Sin ninguna turbación o nerviosismo.

¡Y nadie le hizo una reverencia!

Y esto último, lo consideró un gran insulto a su megalomanía.

Petronio también notó esto.

Y conociendo al César, aumentó su admiración y su respeto por los cristianos.

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Y también su preocupación por lo que sucedería a continuación…

Nerón dio la espalda a sus prisioneros y por unos instantes permaneció así.

Su rostro regordete toma una expresión concentrada y terrible…

Mientras parece reflexionar, con su mano izquierda se toca su corona de laurel.

Y tomando la orla de su manto cuajado de estrellas de oro y perlas, con un ademán regio lo levantó con su mano derecha y dándose vuelta, lo soltó hacia atrás.

Enseguida,  miró a los jóvenes cristianos. Caminó lentamente frente a ellos…

Los fue recorriendo uno a uno con lentitud y una expresión maligna y cruel en sus ojos azules, que hizo estremecer a quienes lo conocen muy bien.

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Luego dijo con voz muy pausada:

–           Estas hermosas cabezas, caerán en cuanto yo lo ordene.

Sorpresivamente, una voz muy serena y varonil, respondió:

–           El poder que Dios te ha concedido tiene un límite.

Nerón se volvió con rapidez, buscando entre los hombres al que habló…

Y que al parecer NO está enterado de que a nadie le está permitido hablar, a menos que el emperador lo haya interrogado primero.

Y con una voz contenida y terrible, preguntó:

–            ¿Quién dijo eso?

Da un paso al frente un joven que hubiera podido ser el modelo con el cual Miguel Ángel esculpió su ‘David’ y…

Que con su armoniosa voz, confirmó:

–           Yo…

Y ante la mirada interrogante del César, agregó:

–       Mi nombre es Oliver y soy cristiano.

Cierto es que tienes poder sobre nosotros.

Eres nuestro emperador y como a tal te respetamos.

Pero no puedes ir más allá de lo que te ha sido concedido.

A tu pesar, también tú obedeces los Designios misteriosos del Dios Único y Verdadero.

Nerón amenazó con voz glacial:

–           Puedo hacer contigo lo que acabo de hacer con Aulo Plaucio.

Inesperadamente, una voz dulce entre las vírgenes, se elevó con impresionante firmeza…

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Y dijo:

–           ¡NO! Porque somos Templos vivos del Dios Único y Verdadero. Y NO puedes profanarlos a tu placer.

Nerón se volteó rápidamente, para conocer a la que se ha atrevido a hablarle de ese modo.

Y vio a la más jovencita entre las doncellas que están ahí.

–           ¿Quién eres tú? –preguntó con un tono vibrante de ira.

Ella se irguió aún más.

Y su voz continuó tranquila declarando:

–           Fátima. Soy cristiana. Y te repito: Somos Templos Vivos del Espíritu Santo.

Y estamos aquí, NO PARA TU DELEITE, sino para dar testimonio del Dios Altísimo.

Nerón la fulmina con la mirada, antes de decir con voz escalofriante:

–           ¿Sabes que puedo enviarte para que te deshonren los gladiadores y se diviertan contigo hasta que se cansen?…

Otra voz dulce y femenina lo interrumpió:

–           Puedes. Claro que puedes ¡Si Dios te lo permite!… 

Y sin que nadie se lo ordenase, da un paso al frente identificándose:

–       Soy Margarita y soy cristiana…

Y tú eres esclavo del amo al que perteneces: Satanás.

Y es él a través de ti, el que verdaderamente nos quiere destruir.

Tú solamente eres su miserable instrumento…

La joven virgen se yergue imponente y mira severamente a Nerón…

Su actitud es tan digna que parece una Reyna más majestuosa que la misma Popea.

Y tan solemne que parece una diosa, pues irradia la misma Presencia que un día dejara pasmado a Marco Aurelio…

Cuando Alexandra dijo que el herido permaneciera entre los cristianos…

Petronio la admira literalmente con la boca abierta…

Todos están paralizados por el asombro, pues nadie le ha censurado jamás nada al emperador y esta actitud es inaudita…

Esta virgen bellísima parece una deidad airada y sus palabras manifiestan su severidad implacable…

Trhaseas se cubre la boca tratando de cubrir la exclamación que se le escapa admirado:

–           ¡Athena Parthenos!

Definitivamente las cosas para el César, no están resultando como las esperaba…

Entonces dijo con tono lastimero:

–           ¿Qué clase de religión impera en vosotros que os hace hablar así? Soy tu emperador.

El tono grave de otra voz masculina, rasga el aire:

–           ¿Acaso ignoras que no hay religión si es violenta y oprime a los que no quieren?

Da un paso al frente mientras agrega:

–      Soy Sergio y soy cristiano.

Nerón exclama con desprecio:

–           ¡Cristiano! ¿Cómo se llama tu Dios?

–            El Altísimo Señor del Universo: Yeové, el Padre Eterno. Jesucristo su Hijo y el Espíritu Santo.

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Nerón pregunta perplejo:

–           ¿Son tres dioses?

Otra voz masculina le responde:

–           NO.

Y el que habló dio un paso al frente mientras continua:

–      Son Tres Personas Distintas y un solo Dios Verdadero.

Todopoderoso. Creador, Dueño y Señor de todo el Universo.

Los que le adoramos somos cristianos. Mi nombre es Joshua.

Nerón suelta una carcajada y se burla:

–       ¡Todopoderoso!

Y con gran sarcasmo agrega:

–      ¿No es acaso ese hebreo que fue crucificado con los malhechores en el principado de Tiberio y murió en la Palestina?

Una joven que todavía no cumple los 18 años, se adelanta y proclama:

–         Sí. Murió en la Cruz para salvarnos. Su nombre es Jesús.

Dios lo resucitó y Reina Glorioso desde el Cielo. Y Gobierna todo el Universo y el mundo espiritual e invisible.

Agrega con voz  muy dulce, identificándose:

–         Mi nombre es Jade y soy cristiana.

El César la mira fijamente por un momento demasiado largo…

Enseguida se dibuja en su rostro una sonrisa escalofriante y pregunta suavemente:

–           Si es como dices. ¿Por qué ha dejado que cayerais en mis manos?

En este momento yo soy vuestro dios.

Y os enseñaré a comportaros ante vuestro emperador.

Yo voy a demostraros cuál es el verdadero poder. –Estas palabras las declara Nerón con el rostro oscurecido por una expresión despiadada e inhumana.

En el silencio que sigue, solo se oye el chisporroteo de las lámparas de aceite…

porque hasta los músicos se han quedado paralizados, viendo el contraste total entre la cara de los aterrorizados comensales…

Y el semblante tranquilo de todos los jóvenes.

Después de un momento se oye como una campana, otra voz resonante y firmemente armoniosa:

–           Mi nombre es Daniel y soy cristiano.

¡Y te aclaro que NO haremos lo que esperas de nosotros, según lo que estamos concluyendo!– Dice mientras recorre con una mirada significativa…

Las pinturas y las estatuas que adornan el salón.

Y finaliza con tono solemne, como si fuera un maestro, ante un alumno díscolo:

–       En este lugar al que nos has traído…

Nerón lo mira colérico…

Sin decir una sola palabra, va hacia su pretoriano más próximo y le saca la espada de su vaina.

Con gesto feroz mira al que habló al último y camina hacia él…

Mientras sentencia airado e implacable:

–           ¡Doblegaré tu locura!

El joven lo mira impasible y declara:

–           Puedes aplicarme las torturas más crueles, pero NO me perjudicarás.

Tú en cambio, estás preparando tu alma, para tormentos eternos.

Y los que me inflijas serán dulces, comparados con los que te esperan a ti.

Y te los infligirá el que ahora te induce a atormentarnos.

Nerón se acerca furioso y lo atraviesa con la espada de tal forma…-espada-sangrienta-

Que la punta de la misma sale por la espalda del infortunado, goteando sangre…

Cuando la saca con un movimiento violento; la espada ensangrentada salpica sus vestiduras de color amatista y antes de que pueda decir nada…

La voz del joven que está al lado del que ha sido herido, se oye con acento triunfal:

–           Yo soy Iván y también soy cristiano…

Y debes saber que los que temen a Dios, no pueden ser perjudicados, ni doblegados por los tormentos.

Los suplicios resultan ser sus ganancias para la Vida Eterna, porque todo lo sufren por Cristo.

Es el mayor de todos.

Un  joven como de unos veinticinco años. De rubios cabellos oscuros y ensortijados. Y con unos bellos ojos verdes como el mar.

–           ¡¡¡Aaaahhh!!!

Esta exclamación de sorpresa y admiración, que brota de todas las gargantas, impide una respuesta al insolente.

Nerón voltea y se queda mudo y boquiabierto…

El joven que acaba de herir en forma tan atroz, en lugar de derrumbarse, se ha erguido aún más.

Y su herida ha sanado instantáneamente de forma impresionante, ante los ojos de todos los asistentes a este drama tan singular…

El César está impactado, pero su ferocidad es más fuerte y su crueldad prevaleció.

Dirige una mirada significativa hacia Aminio Rebio: hombre infame, afeminado y cruel.

Y éste se acerca al insolente, obedeciendo la orden silenciosa del emperador…

Con su mano derecha acaricia con lascivia, el cuerpo perfecto de Iván…

Y éste le dice con tono tranquilo:

–           No lo hagas. ¡Detente o lo lamentarás!…El Ángel del Señor está conmigo y no te permitirá lo que pretendes…

Aminio Rebio no lo escucha y mucho menos le hace caso.

Excitado por la lujuria ante la hermosura llena de gallardía de aquel cuerpo perfecto y musculoso…

Lo manosea con sumo deleite, lleno de lascivia…

Pero de repente se aparta como si hubiese sido herido por un rayo.

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Y grita con inmenso dolor:

–           ¡No veo! ¡No veo! El ángel me ha herido en los ojos y no puedo ver nada.

¡Piedad! ¡Piedad! –y se hace para atrás trastabillando, como hacen los ciegos cuando no tienen quién los guié.

Fátima grita con júbilo:

–           ¡Dios resguarda su santuario! Y ¡Ay de vosotros que pretendéis profanarlo!…

Todos los que antes los miraran con lujuria, han perdido la avidez y ven cómo se está arruinando su grandioso festín sexual…

Nerón está estupefacto y aterrado…

Pero arrebatado por la ira como si fuera una fiera herida.

Ordena a sus libertos que los cristianos sean conducidos a la tortura y que los verdugos desplieguen contra ellos toda su violencia…

Concluye diciendo:

–           Yo mismo supervisaré los tormentos. ¡Llévenselos!

Y volviéndose a los invitados del frustrado banquete, les dice:

–        ¡Vamos! La fiesta apenas comienza…

Todos lo miran pasmados, entre admirados y aterrorizados…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

18.- LA ORGIA Y EL DESENGAÑO


0-orgia-banquete-romano-l-7378vyVitelio por su parte, también se pone de pie. Y con total descaro, se despoja de su vestimenta.

Ante el asombro general, exhibe su miembro erecto y cubierto con un enorme falo de oro. Parece un dios Príapo bastante obeso y ridículo.priapo0

Como en una representación teatral, se dirige hacia el bello Esporo y pone en práctica su experiencia como spintrias. (Maestro del placer)

Epafrodito y Pitágoras, se unen y complementan el otro cuarteto.

Todos se acarician con la urgencia que hace desaparecer todas las inhibiciones y revelan el frenesí  animal, imposible de negar.

El Clímax del Banquete está listo… 

Nerón observa al pequeño grupo con los ojos semi-cerrados.

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Vuelve su mirada hacia el joven Aulo Plaucio que está sentado junto a él, en el lugar que poco antes ocupara Popea Sabina…

–         ¡Por Júpiter! ¡Qué hermoso es!

Sintió una febril excitación mientras su mente se llena de los más voluptuosos pensamientos. Saber que pronto va a estar acariciándolo y ser acariciado por él, lo hace sentir que se derrite por dentro.

Lo desea tanto y le proporciona tanto placer, que le ha prometido que lo adoptará y lo nombrará su heredero… ¡Oh!…

Con su lengua se humedece los labios y extiende su mano gorda y grande, temblorosa por el deseo, hacia él.

Por ahora, él y solamente EL, es el centro de todos sus anhelos.

Con un suspiro de deleite anticipado, el César se inclinó y lo besó apasionadamente en la boca.

Aulo Plaucio corresponde ardientemente al beso del emperador y…

Esto es una señal, que como el repique de una campana se extiende rápidamente y llega hasta el último rincón del Gran Triclinium…

Todos los invitados contienen el aliento…

Y en seguida en todas las mesas empiezan a repetirse escenas parecidas…

Cuando la Maldad y la Depravación solo se imaginan, se puede vivir con ellas

Pero cuando se revelan ante tus ojos en toda su crudeza y magnitud, la reacción es inmediata…

Alexandra está al mismo tiempo: asombrada, asqueada, fascinada y asustada.

Las rosas siguen cayendo y el cada vez más ebrio Marco Aurelio, le dice:

–           Te vi en la casa de Publio en la fuente. Clareaba la aurora y tú creíste que nadie te miraba, pero yo te vi. Y te veo así ahora, aunque ocultes tu cuerpo bellísimo con el peplo.

Ponlo a un lado, como lo ha hecho Julia Mesalina. Mira como hombres y mujeres buscan y piden amor. Nada hay en el mundo como el amor. Reclina sobre mi pecho tu cabeza y cierra los ojos.

El pulso de Alexandra late acelerado.

Le parece que sus sienes van a estallar. Se siente al borde de un abismo… Y es precisamente Marco Aurelio el que hasta hace poco pareciera su protector y tan digno de su confianza, el que en vez de salvarla de ese abismo, empieza a arrastrarla junto con él.

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Y lo lamentó profundamente por él.

Un asco profundo se apoderó de ella.  Se estremeció… 

Empezó de nuevo a tener miedo…

De la fiesta, de su compañero, de sí misma. Aunque siente que ya es demasiado tarde, pues la llama que los había envuelto a los dos, ha desaparecido…

 La desilusión la tiene paralizada y por momentos siente que va a desmayarse…

Y no quiere que esto suceda pues sabe que lo lamentará irreparablemente…

También sabe que a nadie le está permitido levantarse antes que el César.

Y aunque ella desea huir, tampoco le quedan fuerzas para moverse…

Y lo peor…

Todavía falta mucho para que termine la fiesta.

Los esclavos siguen trayendo nuevas viandas y llenando incesantemente las copas.

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La música sigue llenando el ambiente con sus melodías.

Siguieron luego otros espectáculos a los que ya casi nadie les presta atención, pues el vino ha comenzado a producir sus efectos en la mayoría de los invitados y el banquete se ha convertido en una colosal borrachera y licenciosa orgía.

La música sigue sonando.

El aire se vuelve sofocante. Las lámparas languidecen, con una luz cada vez más tenue.

Las guirnaldas de rosas que coronaban las cabezas, ya no están en su lugar y los semblantes se han vuelto pálidos y sudorosos.

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Vitelio ha rodado bajo la mesa.

Lucrecia totalmente desnuda, descansa mareada sobre el pecho de Tigelino; quién igual de ebrio, le sopla el polvo de oro de la cabeza de su compañera y alza luego la vista como enajenado de inmenso placer.

Babilo, con la majadería del borracho; narra por décima vez lo de la carta del procónsul.

Haloto saciado en su lujuria con Aminio Rebio y Galba, además de Lucila. Ahora sigue mofándose de los dioses, en un monólogo que nadie escucha.

Petronio no está borracho pues su inteligencia NO le permite perder la sobriedad, en el peligroso mundo en el que se desenvuelve su vida.

Pero Nerón que había bebido poco al principio, en consideración a ‘su voz divina’; después empezó a vaciar copa tras copa hasta quedar bastante embriagado.

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En ese estado, quiso cantar más versos suyos… Pero se le olvidaron.

Luego comenzó a admirar fascinado la belleza de Pitágoras y empezó a besarle extasiado las manos, mientras decía:

–           Solo una vez he visto manos tan hermosas… ¿Cuáles fueron? – y llevándose la palma de la mano a la frente, le pareció recordar… Y se llenó de terror- ¡Ah, sí! ¡Las manos de mi madre!..

¡Agripina! – Y luego, como si hablara consigo mismo- Dicen que ella vaga errante a la luz de la luna, sobre el mar, en los alrededores de Baias. Pero el pescador sobre el que ella fija la mirada, muere.

Petronio contestó con displicencia:

–           No es mal tema para una composición.

Nerón habla con su lengua torpe y trata de justificarse:

–          Este es el quinto año… tuve que condenarla porque envió asesinos contra mí y si no me hubiese adelantado a ella, no estaría yo aquí, esta noche…- y continuó divagando, tratando de defenderse y arrancar de algún modo, su tremendo sentimiento de culpa.

Y César siguió bebiendo.

Marco Aurelio también está igual de embriagado que los demás.

Por añadidura, su sangre arde por el deseo que siente por Alexandra y que se ha acrecentado de manera insoportable, pues ella lo ha esquivado hábilmente toda la noche. Se siente frustrado y tiene ganas de pelear. Su rostro ha palidecido. Y con su lengua torpe, dijo en voz alta e imperiosa:

–           ¡Alexandra, ya no me rechaces y dame tu amor! Hoy o mañana,  es igual. ¡Basta ya! ¡El César te hizo salir de la casa de Publio, para entregarte a mí! ¿Entiendes?

El César, antes de sacarte de tu casa, me prometió que serías mía. ¡Y tendrás que ser mía! ¡No te resistas más, no quiero esperar hasta mañana! ¡Ven y ámame!

Y se adelantó a abrazarla.

Pero ella se negó y se escudó detrás de la griega.

Actea empezó a defenderla y le imploró que tuviera piedad, intentando arrancarla de la vigorosa presión de los brazos de Marco Aurelio, que trata de besarla.

Alexandra siente en su rostro el aliento alcoholizado del que ya no es el hombre amante al que ella conociera y del que se había enamorado.  Ahora es un desconocido.

Un sátiro ebrio y protervo, que la llena de repulsión y de pavor. Pero se está quedando sin fuerzas y no consigue zafarse.

Cada vez le cuesta más trabajo esquivar el rostro para escapar de sus besos ardientes, pues Marco Aurelio se ha puesto de pie, la abraza con fuerza y ha comenzado a besarla apasionadamente.

Pero en ese preciso instante; una fuerza poderosa apartó los brazos de Marco Aurelio del cuerpo de la joven con tanta facilidad, como si hubiesen sido los brazos de un niño y lo hizo a un lado como si fuera un muñeco.

Por la fuerza del impulso, el tribuno cayó sobre el triclinio.

Marco Aurelio se pasó la mano por el rostro y miró con ojos atónitos la gigantesca figura de Bernabé, el sirviente de la casa de Publio.

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Bernabé está parado frente a él, sereno. Pero hay en sus ojos azules fijos en Marco Aurelio, una mirada que hiela la sangre en las venas del joven del patricio.

Enseguida, el gigante tomó a su reina entre sus brazos y salió del triclinium, con paso mesurado y tranquilo.

Actea le siguió.

Marco Aurelio quedó petrificado por un momento… y luego, corrió gritando:

–           ¡Alexandra! ¡Alexandra!

Pero al llegar a la puerta, la frustración, el asombro por la sorpresa, la ira, el vino y el aire frío, le hicieron sentir vértigo. Tambaleante, caminó unos pasos y finalmente, cayó al piso.

Dentro del Gran Triclinium,  casi la totalidad de los participantes al banquete, evidencia sus excesos de una u otra forma. Y no queda rastro alguno de la dignidad y la elegancia con la que habían llegado.

En el exterior clarea ya el alba…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

P26.- LECCIÓN DE AMOR Y DE PERDÓN


Santísima Trinidad

Posted on 28/06/2013 by Y María del Getsemaní

(HABLA DIOS PADRE)

Mis Niños,

Hace aproximadamente cien  años, Mis hijos eran educados en las enseñanzas de Mi Hijo y muchos de vosotros así fueron aprendiendo…

Pero éstas tristemente, no iban cargadas de amor y respeto por vosotros como niños, como debió ser… Sino que eran dadas por siervos Míos que muchas veces tenían más rencor y frustración, que amor.

 Y esto Mis Pequeños, ha dañado a muchos de Mis niños y los ha alejado de Mí.

Lo sé, porque veo que es más miedo y temor que amor, lo que Me tenéis…

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Y no Mis Niños, no es así.

Mi Corazón de Padre Amorosísimo se entristece grandemente, al comprobar que no estáis Conmigo porque las enseñanzas que os fueron dadas, no se hicieron como Mi Amadísimo Hijo Jesucristo os enseñó.

¿Acaso Mi Amadísimo Hijo os enseñó cuando párvulos,

con golpes, insultos y falta de respeto a vuestra integridad?

No, Mis niños.

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Mi Hijo Dice “Dejad que los niños vengan a Mí”,

porque no son una “molestia” como os hicieron creer a vosotros –los que fuisteis educados en las sagrada doctrina con golpes y amenazas-,

sino que era atraer a los niños con mimos, con amor.

Que los pequeños quisieran estar cerca de su Padre Celestial 

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donde se sentirían resguardados, protegidos, amados y libres.

¡Sí! ¡Y libres!

Porque no os creé para que estuviereis a Mi lado forzados y obligados por golpes y mantenidos bajo el régimen de miedo,

Lo que Yo anhelaba era que tuviesen una vida  en la tierra en la que aprendiesen a Amarme y Amarse unos a otros;  

a gozar de Mi magnifica y maravillosa creación para que después compartierais Mi Eternidad en perpetua felicidad en el Cielo.

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Pero Mis Pequeños Siervos en su afán de salvaros os han alejado de Mí, de Su Padre…

Espero que hayáis perdonado estos métodos que no son los que Mi Hijo os enseñó…

 Y si bien algunos se mantuvieron lejos del mal, aunque sea por miedo; fueron muchos los que tuvieron pavor de Mí, Su Amado Padre… Y se refugiaron en otras cosas que a la postre los destruyeron.

Si vosotros sois ahora adultos de estos pequeños…

De estos infantes que fueron educados en la Santa Palabra y en la Doctrina Católica, pero no con amor, con paciencia, con tolerancia, con respeto:

Por favor Mis Pequeños, dad al cielo la oportunidad de volveros a educar… Dad la oportunidad  a María Santísima de que repare vuestros corazones tan lastimados por siervos de Mi Hijo. 

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No los juzguéis, eso no os compete ni os corresponde

Pero acercaos nuevamente y veréis como se os resuelven vuestras dudas, se os sanan vuestras heridas  y se os lleva con infinito amor.

Mis Pequeños,

todo lo celestial al tocar los conceptos y manejos del hombre se mancha, no permanece impoluto, como lo es el cielo…

 Así ha sido vuestra instrucción.

Pero debéis soltar, olvidar y perdonar a Mis Siervos.

 Y volveos a acercar con confianza y dad al Cielo la oportunidad de volver a acercarse a vosotros.

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Mis niños, no hay tiempo de rencores ni desconfianza por lo que habéis pasado con Mis Siervos…  Si es que es vuestro caso y situación.

Volved a confiar ahora y poneos en las Santas Manos de Mi Amadísima Hija

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Creed que nadie está exento de las insinuaciones, tentaciones y trampas

que el Maligno ha puesto en este reino del mal en el que vivís…

 Y Mis Hijos Predilectos, Mis Siervos Fieles, han caído en trampas como vosotros mismos…

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 Por eso os decimos que no los juzguéis y que busquéis en vuestro generoso y comprensivo corazón, perdonar si es que daño se os ha hecho. 

Mil veces más tienta el diablo a uno de Mis Sacerdotes que a un laico…

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Y es por ver caer a un general y con él tirar por el suelo a un batallón de fieles.

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Vosotros habláis con soltura de Mis Siervos cuando han caído,

pero ignoráis con gran indiferencia a todos aquellos que se mantienen en pie de lucha.

Os gusta regocijaros en la tragedia de Mis Siervos que han caído,

pero quien esté libre de pecados que tire la primera piedra. 

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Perdonad y seréis perdonados, juzgad y condenad duramente…

Y de la misma manera seréis tratados.

Debéis perdonaros unos a otros porque estáis llenos de pecado…

 Y con él Me Habéis ofendido grandemente en incontables ocasiones a lo largo de vuestra vida y os habéis golpeado duramente unos a otros… 

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Mis pequeños,

no van a poder andar tras Mi Divino Hijo si no viajáis ligeros…

 Y esto es:

Dejad rencores y venganzas a un lado

Porque os rezagareis en el Camino, al seguir a Mi Amadísimo Hijo Jesucristo

¿Lo podéis comprender?…

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Viajad ligeros de alma:

sin rencor, sin cargar con vanidades, sin posesiones, sin anhelos de las cosas del mundo.

Viajad ligeros en este último tramo del camino que os falta…

¿Me comprendéis? ¿Haréis como os lo solicito?

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¿Seréis misericordiosos con Mis siervos, como Yo lo he sido con vosotros perdonándoos a cada paso?

 ¿O los condenareis y los juzgareis duramente? Como el siervo al que el rey le perdonó la deuda y al salir él mismo no perdonó a un consiervo (*Mt 18: 23-35)

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¿Qué haréis vosotros?

Recordad este pasaje y tenedlo muy presente ahora que os pido que perdonéis la deuda de Mis siervos si os han fallado…  

Perdonadlos en vuestro corazón y más allá,

Orad por ellos…  

Que si hacéis así, bendiciones lloverán sobre vosotros…

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Pero si los juzgáis, los criticáis y habláis mal de ellos, estáis hablando contra vosotros mismos, acarreándoos un duro juicio.

Guardad con discreción vuestras palabras que es ahora cuando más cuidado debéis tener

 Porque Mis Hijos están a la intemperie y los estoy invitando a entrar…

Pero si vosotros los espantáis y no entran a resguardo y algo malo les ocurre ¿Quién será responsable de que no hayan querido retornar?

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No os echéis en vuestro costal responsabilidad tan grande.

Si vais a hablar mal, mejor quedaos en silencio

que la prudencia al hablar de mucho os valdrá.

¿Entendéis esta lección de perdón y disculpa tan grande que os solicito?

¿Podéis ver que si no volvéis a Confiar, es inútil seguir?

¿Que si no perdonáis,

vuestra carga es tan pesada, que desistiréis

y no llegareis al final del camino? 

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Viajad ligeros y seguid las huellas de Mi Amadísimo Hijo rumbo al Gólgota…

 y encontraréis detrás LA GLORIA.

Os lo solicito, os lo pido Mis Hijitos

Vuestro Padre Amorosísimo,

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(HABLA UN SANTO DEL CIELO)

Todos mis niños que han sido victimas de consiervos mío que no os trataron con el Amor que Nuestro Señor Jesucristo hubiera deseado: Por favor no tenéis más que perdonar y para ello pedir la ayuda del Padre Celestial y Nuestro.

Y Vuestro Señor Jesucristo que os dará la capacidad del perdón  y borrará el daño recibido (Es un Santo del Cielo, pero no se quien es, alguien que fue Sacerdote aquí en la tierra).  

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Lo más preciado al Padre, lo más digno de amor:

 son los niños y muchos habéis sido víctimas de falta de amor

e incluso el Maligno infiltrado y disfrazado,

ha hecho el más grande daño a la Iglesia del Señor,

 instigando a consiervos Míos hasta la locura de cometer actos de maldad

que no son hechos por seres humanos; por hombres, sino por demonios.

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No hay hombre que en posesión de su alma sea capaz de ultrajar a un pequeño, no lo hay;

cuanto menos un siervo del  Señor.

Han sido los mismos demonios infiltrados a las filas de la Iglesia 

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posesionándose de consiervos míos; quienes han cometidos los actos que más daño han causado en la Santa Sede, 

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en la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo en su totalidad.

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El dolor que esto ha causado en la Iglesia de Jesucristo y el daño inflijido, no tiene comparación con nada que haya sucedido. 

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Creed Mis Niños, que el castigo a quien aleje a uno solo de Mis Hijos es inconmensurable…

 pero no seáis víctimas dos veces.

No seáis víctimas del mal y por eso os alejéis y arriesguéis vuestra alma.

Debéis regresar, que no hay misericordia más grande del cielo; que quien regresa a pesar de haber sido rota su niñez.

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No podemos explicaros más ahora,

pero buscad en vuestro corazón el perdón,

porque es la única manera de eliminar el daño tan terrible que esto ha causado en las filas de la Iglesia. 

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Confiad en que el amor por vosotros es el más grande que hay en el cielo.

Volved que María Santísima os cuidará como a niños de pecho. 

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Volved que ya no hay tiempo.

Volved vosotros que habéis sido alejados por las instigaciones del Maligno dentro de la misma Iglesia.

Esta será renovada y vosotros los que respondéis a esta amante y rogante suplica

seréis los primeros en el Reino, si hacéis así.

Volved, volved, volved.

Dejad la Justicia al Padre Eterno.

CASTIGO DE SODOMA

CASTIGO DE SODOMA

HDDH

(Junio 23)

Año del Señor 2013

Y María del Getsemaní

http://tambienestuya.com/

maria del getsemani

NOTA: Esta oración es muy efectiva para sanar las heridas del corazón: “A tu Corazón Inmaculado Madrecita, entrego todo lo que siento… Y dale mi sufrimiento a Jesús, para que salve almas… Dame tu amor para amar y para perdonar. Te amo. Amén.” 

MADRE NUESTRA

Sentiréis el consuelo y el dolor se mitigará…

62.- LA ORGÍA INOLVIDABLE…


El emperador Tiberio, fue muy aficionado al dinero y difícilmente se le arrancaba. Con el tiempo, su avaricia le llevó a la rapiña y el lema que rigió su gobierno fue: ‘Que me odien con tal dé que me teman’.

Cuando comenzó su vida militar, antes de que fue César, sus compañeros le  conocieron por su afición al vino hasta tal grado, que los soldados le apodaron: ‘Biberius Caldus Mero’ (todas estas palabras aluden al vino de diversas maneras)

Su crueldad y su hipocresía eran tales, que cuando Augusto lo nombró su sucesor, las palabras que pronunció en su lecho de muerte, fueron: ‘Desgraciado pueblo romano que va a ser presa de tan lentas mandíbulas’

También era un hombre extremadamente lujurioso. En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos alrededor….

Y allí, un grupo elegido de jóvenes disolutos reunidos de todas partes y algunos que inventaron ‘monstruosos placeres’, a los que llamó ‘spintrias’(sus maestros de voluptuosidad) formaban entre sí una triple cadena y entrelazados de esta manera, se prostituían en su presencia para estimular sus lánguidos deseos; pues al final de su vida, solo era un anciano impotente.

Como gran adicto al sexo, en el palacio de Roma que se ha salvado del incendio, también tenía todo un sector destinado a lo mismo. Además de esa habitación especial, hay diferentes salones arreglados especialmente para estos placeres; adornados con cuadros y bajorrelieves lascivos y llenos de libros de Elephanditis (Pornografía gráfica), para tener en la acción modelos que imitar.

Sus jardines han sido diseñados como bosques y selvas consagrados a Venus Afrodita y están decorados con grutas excavadas en la roca y en las cuales hay hermosas y artísticas estatuas que parecen casi vivas. En las cuales se ven jóvenes de ambos sexos, mezclados en actitudes voluptuosas y posiciones obscenas y sugerentes, con trajes de ninfas y faunos.

Hay también un baño con una piscina especialmente diseñada, en la cual enseñó a niños de tierna edad a los que llamaba sus ‘pececillos’ a que jueguen entre sus piernas, excitándole con la lengua y con los dientes. Y a los más grandecitos que estaban en lactancia aún, les ofrecía los genitales para que le diesen el género de placer al que sus tendencias y su edad le inclinaban de una manera especial.

Recibió un legado de uno de sus amigos que le daba a elegir entre un cuadro de Parrasio en el que Atalante prostituye su boca a Meleagro o un millón de sestercios…  Tiberio prefirió el cuadro y lo colocó como un objeto sagrado en su alcoba…  Y este cuadro adorna ahora el salón principal de la casa de Tiberio en Roma, justo encima de donde se encuentra el triclinio imperial.

Aminio Rebio y Vitelio en su infancia, fueron ‘pececillos’ de Tiberio y desde su juventud, han sido marcados con el afrentoso nombre de ‘Spintria’. Y por su gran experiencia en estos oficios, Vitelio ahora es el intendente de placeres de Nerón…  

Aminio Rebio, Faonte el liberto del César y dos enviados de Tigelino; fueron a las cárceles para elegir doncellas y jóvenes cristianos… Para recreación del César y de sus invitados…

La fiesta en el palacio de Tiberio en el Esquilino, está en todo su apogeo…

Cientos de lámparas brillan sobre las mesas y penden de las murallas. Los acordes de la música, invaden el ambiente. El aroma de las flores y los perfumes de Arabia, son aspirados con deleite por los invitados lujosamente ataviados y que reclinados en sus triclinios, disfrutan de los deliciosos manjares y los exquisitos vinos que aumentan la euforia general. Y las rosas siguen cayendo…

Nerón está muy contento…

Y Popea regia y magnífica, luce su belleza con una sonrisa congelada que no llega a sus ojos, ni ilumina la expresión sombría que encubre su dolor, después del asesinato de su hijo Rufio Crispino.

Nerón ya cantó su Troyada y una atronadora tempestad de aplausos y aclamaciones le alimentan su insaciable vanidad de artista. Algunos que levantaron sus manos como enajenados por su prodigioso talento, le han dejado sumamente satisfecho.

De vez en cuando mira con una sonrisa de maligna crueldad a Marco Aurelio y a Petronio, a los que tiene como invitados de honor, muy cerca de él…

Petronio, ingenioso y elegante como siempre, hizo destellar su inteligencia y exquisita agudeza a lo largo del banquete, sacando a Marco Aurelio de varias sutilezas engañosas por parte de los demás augustanos y luchando él mismo en aquellas arenas movedizas que son las intrigas de la corte imperial; saliendo adelante con donaire y su gallardía habitual.

Marco Aurelio está tranquilo y se porta tan distinguido como su tío, con una innata elegancia y sobriedad en todos sus ademanes.

Popea mira disimuladamente a Marco Aurelio… Pues que lo único que la alienta en este banquete, es la alegría anticipada de su venganza sobre el tribuno. Se siente un poco mareada por el vino y el humo del incienso. Finge que disfruta de los espectáculos que han sido preparados para la fiesta…

Nuevamente se da lectura a versos y se escuchan diálogos en los cuales la extravagancia, ocupa el lugar del ingenio.

Después Paris el célebre mimo, hace una representación magistral en lo que parecen escenas llenas de encantamiento, pues con los movimientos de sus manos y del cuerpo, tiene una increíble habilidad para expresar cosas que parecen imposibles de hacer patentes en una danza… Sus manos parecen oscurecer el aire creando una nube animada, sugerente, voluptuosa, que circunda las formas de una doncella agitada por un inefable desmayo…

Es una verdadera pintura, no una danza…

Una pintura expresiva en la que se revelan los secretos del amor, embelesante a la par que impúdico. Y al finalizar da principio una danza báquica, llena de gritos desenfrenados y licenciosos desbordes acompañados del son de cítaras, tambores, laúdes y címbalos, en una música incitante a dar rienda suelta a la pasión.

Marco Aurelio mantiene en todo momento una actitud tranquila, digna y un tanto seria. Su carácter reservado y su calma intrigan a todos los augustanos, pero especialmente al César y a Popea…

Tanto Marco Aurelio como Petronio participan del banquete y beben vino, pero sin perder la sobriedad. Se mantienen sonrientes y ecuánimes.

Entrada la noche Faonte, el liberto del César se acercó y murmura unas palabras a su oído. El César hace un gesto de asentimiento…

Están en el salón que Nerón llama su ‘Paraíso de deleites’ y que forma parte del sector de la casa de Tiberio que fue construida para sus placeres.

Los esclavos siguen trayendo más viandas y licores que sirven en la espléndida vajilla ribeteada en oro y las ricas copas artísticamente diseñadas y decoradas con escenas voluptuosas y acordes a la ocasión. Los manjares y las bebidas han sido especialmente preparados con afrodisíacos.

Entonces Tigelino se acercó a Nerón y a Popea, diciéndoles algo en voz tan baja, que Petronio que está al lado del César, lo único que pudo captar fue la respuesta del emperador:

–           No importa. Aún nos queda el Circo. Entonces será un espectáculo digno de la multitud.

Lo que Tigelino les ha comunicado, es que por la enfermedad de Alexandra, no ha sido posible sacarla de la prisión y no participará de la fiesta de esa noche.

Popea no logró ocultar su desencanto y su frustración.

Después de un tiempo prudencial le solicitó a Nerón permiso para retirarse, pues se siente indispuesta. Y no pudo evitar mirar al tribuno con rencoroso desprecio y a Petronio con una ominosa mirada, que acompañó con su eterna y congelada sonrisa.

El César se levantó para escoltar a Popea que se despidió de los presentes y a los que Nerón les dice que regresará pronto. Y efectivamente, un poco más tarde volvió al salón, para disfrutar de la sorpresa preparada por Vitelio.

Entre los asistentes al banquete está el joven Aulo Plaucio, un hombre lleno de belleza y gallardía que es amante de Nerón y que tiene una gran voz de barítono. Nerón había dicho siempre y le ha hecho creer que lo ama y que lo nombrará su heredero al trono del imperio. En todos los banquetes, después que Popea se retira; él hace las delicias del emperador.

Entre los acordes de la música, el aroma del incienso y las bromas con que el César está demostrando su gran satisfacción en esta noche en particular, nadie se percata de la señal que Tigelino le hace a Nerón. Enseguida éste llamó a Faonte, a Doríforo y a Aulo Plaucio.

Cuando llegaron ante él, ordenó a los libertos que lo sujetaran y ante la sorpresa general; éstos lo tiraron sobre el lecho imperial y lo inmovilizaron; mientras el César, haciendo derroche de violencia, lo violó.

Después de esta infamia, Nerón se levantó como si nada hubiera sucedido y declaró:

–           Que mi madre bese ahora a mi sucesor.

A continuación,  lo acusó de conspiración y ordenó que lo torturaran, recomendando que los verdugos lo hieran de manera que se sienta morir y que su muerte sea lenta en el suplicio.

Y luego, envanecido por hacer todo siempre impunemente, se volvió hacia Petronio, lo miró y dijo con displicencia:

–           Ningún Príncipe ha sabido cuanto puede hacerse desde el poder. –Enseguida miró a Vitelio, agregando- Veamos querido amigo, lo que has preparado para nuestro deleite.

Después de que los libertos se llevaron a Aulo Plaucio, que se había desmayado de terror; Vitelio se levantó, hizo una reverencia a Nerón y se acercó a Aminio Rebio; que a su vez descorrió una cortina casi transparente que había en un extremo del salón.

Detrás de ella está un grupo de varones y doncellas que evidentemente han presenciado todo lo  sucedido. Y todo esto fue hecho a propósito, para quebrantarles el espíritu y mostrarles lo que les espera, al que tenga la osadía de no someterse…

Tigelino les da una orden y ellos avanzan formando una larga fila de un extremo a otro del enorme salón, para que el emperador y sus invitados, puedan verlos y examinarlos bien a todos.

Son veinticuatro mujeres y veintidós hombres, cuyas edades oscilan entre los quince y los veinticinco años. Todos están totalmente desnudos y llevan una corona de rosas en la cabeza. Han quedado de pie, frente al César y sus convidados.

Lo más sorprendente es que mantienen una dignidad majestuosa a pesar de la humillación que debe significarles el no llevar ninguna prenda de vestir, que los cubra…

Marco Aurelio reconoció a varios y sintió una gran opresión. Cuando vio a Margarita, la hermana de Alexandra, un profundo dolor se le clavó en el pecho… Inclinando la cabeza, cerró los ojos y oró…

Petronio permaneció imperturbable. Conoce a Nerón. Y con su elegancia característica, ni un solo músculo de su rostro, delató sus verdaderos pensamientos y sentimientos…

Séneca, movió la cabeza casi imperceptiblemente y la inclinó para esconder la expresión de su rostro…

Trhaseas frunció el entrecejo y una fugaz sombra de desaprobación nubló su semblante. Y se sumió en sus reflexiones…

Lucano pareció sorprenderse, pero asumió su actitud de siempre.

Plinio solo miró, pero no demostró nada.

Marcial levantó una ceja y no manifestó lo que pensaba. Mantuvo una actitud expectante…

Todos los demás miraron a los jóvenes con una mezcla de admiración, curiosidad morbosa, intensa avidez, lujuria y lascivia.

Nerón los observó atenta y detenidamente a cada uno de ellos y con una sonrisa, dirigió una mirada de aprobación a Vitelio, Tigelino y Aminio Rebio, que han esperado expectantes su dictamen.

Ellos los seleccionaron y están seguros de que ni siquiera el exigente y perfeccionista Petronio, podrá poner una sola objeción a aquel estupendo grupo de jóvenes que son una muestra excelente de juventud y belleza: cuerpos y rostros perfectos portes regios y de gran dignidad, sin llegar a la altivez.

Esta promete ser una gran orgía y una noche de placeres incomparables…

Vitelio le prometió que ha preparado con ellos una serie de fantasiosas representaciones en las cuales, él podrá elegir a los que más le agraden, para su placer personal.

Están por gustar de un deleite nuevo y bastante raro… Porque a pesar de su edad, todos son vírgenes…

Lo único que molestó a Nerón y mucho; fue que ninguno al mirarlos él a la cara, bajase la mirada, ni el rostro. No fueron retadores ni altivos, solo le miraron ellos a su vez con tranquilidad y sin hacer ninguna inclinación. Sin el menor rastro de temor o servilismo. Sin ninguna turbación o nerviosismo. ¡Y nadie le hizo una reverencia! Y esto último, lo consideró un gran insulto a su megalomanía.

Petronio también notó esto. Y conociendo al César, aumentó su admiración y su respeto por los cristianos. Y también su preocupación por lo que sucedería a continuación…

Nerón dio la espalda a sus prisioneros y por unos instantes permaneció así. Su rostro regordete toma una expresión concentrada y terrible… Mientras parece reflexionar, con su mano izquierda se toca su corona de laurel. Y tomando la orla de su manto cuajado de estrellas de oro y perlas, con un ademán regio lo levantó con su mano derecha y dándose vuelta, lo soltó hacia atrás.

Enseguida,  miró a los jóvenes cristianos. Caminó lentamente frente a ellos… Los fue recorriendo uno a uno con lentitud y una expresión maligna y cruel en sus ojos azules, que hizo estremecer a quienes lo conocen muy bien.

Luego dijo con voz muy pausada:

–           Estas hermosas cabezas, caerán en cuanto yo lo ordene.

Sorpresivamente, una voz muy serena y varonil, respondió:

–           El poder que Dios te ha concedido tiene un límite.

Nerón se volvió con rapidez, buscando entre los hombres al que habló y que al parecer no está enterado de que a nadie le está permitido hablar, a menos que el emperador lo haya interrogado primero.

–            ¿Quién dijo eso? –preguntó con voz contenida y terrible.

Da un paso al frente un joven que hubiera podido ser el modelo con el cual Miguel Ángel esculpió su ‘David’ y que con su armoniosa voz, confirmó:

–           Yo… -Y ante la mirada interrogante del César, agregó- Mi nombre es Oliver y soy cristiano. Cierto es que tienes poder sobre nosotros. Eres nuestro emperador y como a tal te respetamos. Pero no puedes ir más allá de lo que te ha sido concedido. A tu pesar, también tú obedeces los designios misteriosos del Dios Único y Verdadero.

Nerón amenazó con voz glacial:

–           Puedo hacer contigo lo que acabo de hacer con Aulo Plaucio.

Inesperadamente, una voz dulce entre las vírgenes, se elevó con impresionante firmeza:

–           No. Porque somos Templos vivos del Dios Único y Verdadero y no puedes profanarlos a tu placer.

Nerón se volteó rápidamente, para conocer a la que se ha atrevido a hablarle de ese modo. Y vio a la más jovencita entre las doncellas que están ahí.

–           ¿Quién eres tú? –preguntó con un tono vibrante de ira.

–           Fátima. Soy cristiana. Y te repito: Somos Templos Vivos del Espíritu Santo. Y estamos aquí, no para tu deleite; sino para dar testimonio del Dios Altísimo.

Nerón la fulmina con la mirada, antes de decir con voz escalofriante:

–           ¿Sabes que puedo enviarte para que te deshonren los gladiadores y se diviertan contigo hasta que se cansen?…

–           Puedes. Claro que puedes ¡Si Dios te lo permite!… -dijo otra voz dulce y femenina. Y sin que nadie se lo ordenase, da un paso al frente identificándose- Soy Margarita y soy cristiana… Y tú eres esclavo del amo al que perteneces: Satanás. Y es él a través de ti, el que verdaderamente nos quiere destruir. Tú solamente eres su miserable instrumento…

La joven virgen se yergue imponente y mira severamente a Nerón… Su actitud es tan digna que parece una Reyna más majestuosa que la misma Popea y tan solemne que parece una diosa, pues irradia la misma Presencia que un día dejara pasmado a Marco Aurelio, cuando Alexandra dijo que el herido permaneciera entre los cristianos…

Petronio la admira literalmente con la boca abierta…

Todos están paralizados por el asombro, pues nadie le ha censurado jamás nada al emperador y esta actitud es inaudita… Esta virgen bellísima parece una deidad airada y sus palabras manifiestan su severidad implacable…

Trhaseas se cubre la boca tratando de cubrir la exclamación que se le escapa admirado:

–           ¡Athena Parthenos!

Definitivamente las cosas para el César, no están resultando como las esperaba… Entonces dijo con tono lastimero:

–           ¿Qué clase de religión impera en vosotros que os hace hablar así? Soy tu emperador.

El tono grave de otra voz masculina, rasga el aire:

–           ¿Acaso ignoras que no hay religión si es violenta y oprime a los que no quieren?-da un paso al frente mientras agrega- Soy Sergio y soy cristiano.

Nerón exclama con desprecio:

–           ¡Cristiano! ¿Cómo se llama tu Dios?

–                      El Altísimo Señor del Universo: Yeové, el Padre Eterno. Jesucristo su Hijo y el Espíritu Santo.

–           ¿Son tres dioses? –pregunta Nerón perplejo.

–           No. –dijo otra voz masculina. Y el que habló dio un paso al frente mientras continua- Son Tres Personas Distintas y un solo Dios Verdadero. Todopoderoso. Creador, Dueño y Señor de todo el Universo. Los que le adoramos somos cristianos. Mi nombre es Joshua.

Nerón suelta una carcajada y se burla:

–                      ¡Todopoderoso! –Y con gran sarcasmo agrega- ¿No es acaso ese hebreo que fue crucificado con los malhechores en el principado de Tiberio y murió en la Palestina?

Una joven que todavía no cumple los 18 años, se adelanta y proclama:

–                      Sí. Murió en la Cruz para salvarnos. Su nombre es Jesús. Dios lo resucitó y Reina Glorioso desde el Cielo. Y gobierna todo el Universo y el mundo espiritual e invisible.-dice con voz  muy dulce, identificándose- Mi nombre es Jade y soy cristiana.

El César la mira fijamente por un momento demasiado largo…  Enseguida se dibuja en su rostro una sonrisa escalofriante y pregunta suavemente:

–           Si es como dices. ¿Por qué ha dejado que cayerais en mis manos? En este momento yo soy vuestro dios. Y os enseñaré a comportaros ante vuestro emperador. Yo voy a demostraros cuál es el verdadero poder. –Estas palabras las declara Nerón con el rostro oscurecido por una expresión despiadada e inhumana.

En el silencio que sigue, solo se oye el chisporroteo de las lámparas de aceite, porque hasta los músicos se han quedado paralizados; viendo el contraste total entre la cara de los aterrorizados comensales y el semblante tranquilo de todos los jóvenes.

Después de un momento se oye como una campana, otra voz resonante y firmemente armoniosa:

–           Mi nombre es Daniel y soy cristiano. Y te aclaro que no haremos lo que esperas de nosotros, según lo que estamos concluyendo.- Dice mientras recorre con una mirada significativa, las pinturas y las estatuas que adornan el salón- En este lugar al que nos has traído…

Nerón lo mira colérico…

Sin decir una sola palabra, va hacia su pretoriano más próximo y le saca la espada de su vaina. Con gesto feroz mira al que habló al último y camina hacia él, mientras sentencia airado e implacable:

–           ¡Doblegaré tu locura!

El joven lo mira impasible y declara:

–           Puedes aplicarme las torturas más crueles, pero no me perjudicarás. Tú en cambio, estás preparando tu alma, para tormentos eternos. Y los que me inflijas serán dulces, comparados con los que te esperan a ti. Y te los infligirá el que ahora te induce a atormentarnos.

Nerón se acerca furioso y lo atraviesa con la espada de tal forma… Que la punta de la misma sale por la espalda del infortunado, goteando sangre…

Cuando la saca con un movimiento violento; la espada ensangrentada salpica sus vestiduras de color amatista y antes de que pueda decir nada…

Y la voz del joven que está al lado del que ha sido herido, se oye con acento triunfal:

–           Yo soy Iván y también soy cristiano… Y debes saber que los que temen a Dios, no pueden ser perjudicados, ni doblegados por los tormentos. Los suplicios resultan ser sus ganancias para la Vida Eterna, porque todo lo sufren por Cristo.

Es el mayor de todos. Un  joven como de unos veinticinco años. De rubios cabellos oscuros y ensortijados. Y con unos bellos ojos verdes como el mar.

–           ¡¡¡Aaaahhh!!!

Esta exclamación de sorpresa y admiración, que brota de todas las gargantas, impide una respuesta al insolente.

Nerón voltea y se queda mudo y boquiabierto…

El joven que acaba de herir en forma tan atroz; en lugar de derrumbarse, se ha erguido aún más. Y su herida ha sanado instantáneamente de forma impresionante, ante los ojos de todos los asistentes a este drama tan singular…

El César está impactado, pero su ferocidad es más fuerte y su crueldad prevaleció. Dirige una mirada significativa hacia Aminio Rebio: hombre infame, afeminado y cruel.

Y éste se acerca al insolente, obedeciendo la orden silenciosa del emperador…

Con su mano derecha acaricia con lascivia, el cuerpo perfecto de Iván y éste le dice con tono tranquilo:

–           No lo hagas. ¡Detente o lo lamentarás!…El Ángel del Señor está conmigo y no te permitirá lo que pretendes…

Aminio Rebio no lo escucha y mucho menos le hace caso. Excitado por la lujuria ante la hermosura llena de gallardía de aquel cuerpo perfecto y musculoso, lo manosea con sumo deleite, lleno de lascivia…

Pero de repente se aparta como si hubiese sido herido por un rayo. Y grita con inmenso dolor:

–           ¡No veo! ¡No veo! El ángel me ha herido en los ojos y no puedo ver nada. ¡Piedad! ¡Piedad! –y se hace para atrás trastabillando, como hacen los ciegos cuando no tienen quién los guié.

Fátima grita con júbilo:

–           ¡Dios resguarda su santuario! Y ¡Ay de vosotros que pretendéis profanarlo!…

Todos los que antes los miraran con lujuria, han perdido la avidez y ven cómo se está arruinando su grandioso festín sexual…

Nerón está estupefacto y aterrado…

Pero arrebatado por la ira como si fuera una fiera herida, ordena a sus libertos que los cristianos sean conducidos a la tortura y que los verdugos desplieguen contra ellos toda su violencia…

Concluye diciendo:

–           Yo mismo supervisaré los tormentos. ¡Llévenselos! –Y volviéndose a los invitados del frustrado banquete, les dice- ¡Vamos! La fiesta apenas comienza…

Todos lo miran pasmados, entre admirados y aterrorizados…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

18.- LA ORGIA Y EL DESENGAÑO III


ILUSIONES DESTROZADAS

Vitelio por su parte, también se pone de pie. Y con total descaro, se despoja de su vestimenta.

Ante el asombro general, exhibe su miembro erecto y cubierto con un enorme falo de oro. Parece un dios Príapo bastante obeso y ridículo.

Como en una representación teatral, se dirige hacia el bello Esporo y pone en práctica su experiencia como spintrias. (Maestro del placer)

Epafrodito y Pitágoras, se unen y complementan el otro cuarteto.

Todos se acarician con la urgencia que hace desaparecer todas las inhibiciones y revelan el frenesí  animal, imposible de negar.

El clímax del banquete está listo…

Nerón observa al pequeño grupo con los ojos semicerrados.

Vuelve su mirada hacia el joven Aulo Plaucio que está sentado junto a él, en el lugar que poco antes ocupara Popea Sabina…

¡Por Júpiter! ¡Qué hermoso es!

Sintió una febril excitación mientras su mente se llena de los más voluptuosos pensamientos. Saber que pronto va a estar acariciándolo y ser acariciado por él, lo hace sentir que se derrite por dentro.

Lo desea tanto y le proporciona tanto placer, que le ha prometido que lo adoptará y lo nombrará su heredero… ¡Oh!…

Con su lengua se humedece los labios y extiende su mano gorda y grande, temblorosa por el deseo, hacia él.

Por ahora, él y solamente EL, es el centro de todos sus anhelos.

Con un suspiro de deleite anticipado, el César se inclinó y lo besó apasionadamente en la boca.

Aulo Plaucio corresponde ardientemente al beso del emperador y…

Esto es una señal, que como el repique de una campana se extiende rápidamente y llega hasta el último rincón del Gran Triclinio…

Todos los invitados contienen el aliento…

Y en seguida en todas las mesas empiezan a repetirse escenas parecidas…

Cuando la maldad y la depravación solo se imaginan, se puede vivir con ellas. Pero cuando se revelan ante tus ojos en toda su crudeza y magnitud, la reacción es inmediata…

Alexandra está al mismo tiempo: asombrada, asqueada, fascinada y asustada.

Las rosas siguen cayendo y el cada vez más ebrio Marco Aurelio, le dice:

–           Te vi en la casa de Publio en la fuente. Clareaba la aurora y tú creíste que nadie te miraba, pero yo te vi. Y te veo así ahora, aunque ocultes tu cuerpo bellísimo con el peplo. Ponlo a un lado, como lo ha hecho Julia Mesalina. Mira como hombres y mujeres buscan y piden amor. Nada hay en el mundo como el amor. Reclina sobre mi pecho tu cabeza y cierra los ojos.

El pulso de Alexandra late acelerado.

Le parece que sus sienes van a estallar. Se siente al borde de un abismo y es precisamente Marco Aurelio; el que hasta hace poco pareciera su protector y tan digno de su confianza; el que en vez de salvarla de ese abismo, empieza a arrastrarla junto con él.

Y lo lamentó profundamente por él.

Un asco profundo se apoderó de ella.  Se estremeció… 

Empezó de nuevo a tener miedo…

De la fiesta, de su compañero, de sí misma. Aunque siente que ya es demasiado tarde, pues la llama que los había envuelto a los dos, ha desaparecido…

 La desilusión la tiene paralizada y por momentos siente que va a desmayarse…

Y no quiere que esto suceda pues sabe que lo lamentará irreparablemente…

También sabe que a nadie le está permitido levantarse antes que el César.

Y aunque ella desea huir, tampoco le quedan fuerzas para moverse…

Y lo peor…

Todavía falta mucho para que termine la fiesta.

Los esclavos siguen trayendo nuevas viandas y llenando incesantemente las copas.

La música sigue llenando el ambiente con sus melodías.

Siguieron luego otros espectáculos a los que ya casi nadie les presta atención, pues el vino ha comenzado a producir sus efectos en la mayoría de los invitados y el banquete se ha convertido en una colosal borrachera y licenciosa orgía.

La música sigue sonando.

El aire se vuelve sofocante. Las lámparas languidecen, con una luz cada vez más tenue.

Las guirnaldas de rosas que coronaban las cabezas, ya no están en su lugar y los semblantes se han vuelto pálidos y sudorosos.

Vitelio ha rodado bajo la mesa.

Lucrecia, totalmente desnuda, descansa mareada sobre el pecho de Tigelino, quién igual de ebrio, le sopla el polvo de oro de la cabeza de su compañera y alza luego la vista como enajenado de inmenso placer.

Babilo, con la majadería del borracho; narra por décima vez lo de la carta del procónsul.

Haloto saciado en su lujuria con Aminio Rebio y Galba, además de Lucila. Ahora sigue mofándose de los dioses, en un monólogo que nadie escucha.

Petronio no está borracho pues su inteligencia no le permite perder la sobriedad, en el peligroso mundo en el que se desenvuelve su vida.

Pero Nerón que había bebido poco al principio, en consideración a ‘su voz divina’; después empezó a vaciar copa tras copa hasta quedar bastante embriagado.

En ese estado, quiso cantar más versos suyos… pero se le olvidaron.

Luego comenzó a admirar fascinado la belleza de Pitágoras y empezó a besarle extasiado las manos, mientras decía:

–           Solo una vez he visto manos tan hermosas… ¿Cuáles fueron? – y llevándose la palma de la mano a la frente, le pareció recordar… Y se llenó de terror- ¡Ah, sí! ¡Las manos de mi madre!… ¡Agripina! – Y luego, como si hablara consigo mismo- Dicen que ella vaga errante a la luz de la luna, sobre el mar, en los alrededores de Baias. Pero el pescador sobre el que ella fija la mirada, muere.

Petronio contestó con displicencia:

–           No es mal tema para una composición.

Nerón habla con su lengua torpe y trata de justificarse:

–          Este es el quinto año… tuve que condenarla porque envió asesinos contra mí y si no me hubiese adelantado a ella, no estaría yo aquí, esta noche…- y continuó divagando, tratando de defenderse y arrancar de algún modo, su tremendo sentimiento de culpa.

Y César siguió bebiendo.

Marco Aurelio también está igual de embriagado que los demás.

Por añadidura, su sangre arde por el deseo que siente por Alexandra y que se ha acrecentado de manera insoportable, pues ella lo ha esquivado hábilmente toda la noche. Se siente frustrado y tiene ganas de pelear. Su rostro ha palidecido. Y con su lengua torpe, dijo en voz alta e imperiosa:

–           ¡Alexandra, ya no me rechaces y dame tu amor! Hoy o mañana,  es igual. ¡Basta ya! ¡El César te hizo salir de la casa de Publio, para entregarte a mí! ¿Entiendes? El César, antes de sacarte de tu casa, me prometió que serías mía. ¡Y tendrás que ser mía! ¡No te resistas más, no quiero esperar hasta mañana! ¡Ven y ámame!

Y se adelantó a abrazarla.

Pero ella se negó y se escudó detrás de la griega.

Actea empezó a defenderla y le imploró que tuviera piedad, intentando arrancarla de la vigorosa presión de los brazos de Marco Aurelio, que trata de besarla.

Alexandra siente en su rostro el aliento alcoholizado del que ya no es el hombre amante al que ella conociera y del que se había enamorado.  Ahora es un desconocido.

Un sátiro ebrio y protervo, que la llena de repulsión y de pavor. Pero se está quedando sin fuerzas y no consigue zafarse. Cada vez le cuesta más trabajo esquivar el rostro para escapar de sus besos ardientes; pues Marco Aurelio se ha puesto de pie, la abraza con fuerza y ha comenzado a besarla apasionadamente.

Pero en ese preciso instante; una fuerza poderosa apartó los brazos de Marco Aurelio del cuerpo de la joven con tanta facilidad, como si hubiesen sido los brazos de un niño y lo hizo a un lado como si fuera un muñeco.

Por la fuerza del impulso, el tribuno cayó sobre el triclinio.

Marco Aurelio se pasó la mano por el rostro y miró con ojos atónitos la gigantesca figura de Bernabé, el sirviente de la casa de Publio.

Bernabé está parado frente a él, sereno. Pero hay en sus ojos azules fijos en Marco Aurelio, una mirada que hiela la sangre en las venas del joven del patricio. Enseguida, el gigante tomó a su reina entre sus brazos y salió del triclinium, con paso mesurado y tranquilo.

Actea le siguió.

Marco Aurelio quedó petrificado por un momento… y luego, corrió gritando:

–           ¡Alexandra! ¡Alexandra!

Pero al llegar a la puerta, la frustración, el asombro por la sorpresa, la ira, el vino y el aire frío, le hicieron sentir vértigo. Tambaleante, caminó unos pasos y finalmente, cayó al piso.

Dentro del Gran Triclinium,  casi la totalidad de los participantes al banquete, evidencia sus excesos de una u otra forma. Y no queda rastro alguno de la dignidad y la elegancia con la que habían llegado.

En el exterior clarea ya el alba…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA