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166 EXAMEN Y REVELACIÓN


166 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Al día siguiente, por la ruta cada vez más atestada de Jerusalén, un fuerte aguacero que cayó por la noche, ha dejado los caminos lodosos;

pero en cambio se ha llevado el polvo y el aire está muy limpio.

Los campos parecen jardines muy bien cuidados.

En la comitiva apostolica todos andan aprisa porque están muy descansados y porque el niño con sus sandalias nuevas, puede caminar mejor.

Y ahora que ya ha cobrado confianza, platica con todos y es conmovedor ver cómo este grupo de hombres, la mayoría sin hijos,

muestran un cariño paternal y lleno de cuidados, por el discípulo más pequeño de Jesús.

El hombre de Endor hace beber un huevo crudo al niño y le corta ramitas de hierbas silvestres.

Y se las da para calmarle la sed y que no tenga necesidad de beber mucha agua.

También le hace ver y contemplar los panoramas, para que no piense en el cansancio.

El antiguo pedagogo de Cintium, al que arruinó la maldad humana; vuelve a la vida por este niño que es una miseria como él.

Los amigos de la desgracia y de la amargura, se hinchan con una sonrisa de bondad.

Yabé no tiene ya el aspecto lastimero; trae sus sandalias nuevas y en su cara hay menos tristeza.

Ya le quitaron el aspecto salvaje de la vida de bestezuela, que por tantos meses llevó.

Y se ve muy limpiecito en medio de su pobreza.

También Juan de Endor es otro.

Su cara ha perdido la dureza y ahora es seria, pero sin infundir miedo.

Y estas dos piltrafas humanas que volvieron a la vida por la Bondad de Jesús, corresponden con amor por Él. 

Como un río que se va enriqueciendo cada vez más por nuevos afluentes, así la vía que conduce de Siquem a Jerusalén se va haciendo cada vez más espesa de gente,

en la medida en que los distintos pueblos, van aportando por los caminos secundarios, los fieles que van hacia la Ciudad santa;

ello ayuda bastante a Pedro a tener distraído al niño, que pasa sin darse cuenta, muy cerca de las colinas de su tierra natal,

bajo  cuyo terraplen deslizado, están sepultados sus padres. 

Los viajeros han dejado a su izquierda a Silo, enhiesta en la cumbre de su monte.

Tras largo camino interrumpen ahora su marcha, para descansar y comer.

Se detienen en un vasto y verde valle, que tiene un arroyo con murmullo de aguas puras y cristalinas.

Luego reanudan la marcha.

Atraviesan un monte calcáreo bastante pelado, sobre el cual incide sin misericordia el sol.

Luego empiezan a bajar  a través de una serie de viñedos que festonean las escarpadas de estos montes calcáreos soleados en sus cimas.

Pedro sonríe con perspicacia y hace una seña a Jesús, que también sonríe.

El niño no se da cuenta de nada, centrado como está en escuchar a Juan de Endor, que le está hablando de otras tierras que ha visto, en las que se dan uvas muy dulces;

las cuales, a pesar de serlo, no sirven tanto para vino, cuanto para dulces mejores que las tortas de miel.

Entonces llegan a una nueva subida, muy empinada…

La comitiva ha dejado el camino principal, polvoriento y lleno de gente y prefieren tomar este atajo boscoso.

Llegados a la cima, se ve ya claramente en la lejanía resplandecer un mar luminoso, suspendido sobre una conglomeración blanca:

que son un conjunto de esplendorosas casas encaladas.

Jesús llama a Yabé:

–    Ven. ¿Ves aquel punto de oro?

Es la Casa del Señor.

Allí vas a jurar obediencia a la Ley. ¿Pero la conoces bien?

Yabé contesta:

–   Mi mamá me hablaba de ella y mi padre me enseñaba los Mandamientos.

Sé leer. Y…

Tú dices que abrirás las Puertas de los Cielos.

¿No están cerradas por el Gran Pecado?

Mi mamá me decía que nadie podía entrar, hasta que no hubiese llegado el Perdón…

Y que los justos lo esperaban en el Limbo.  

–    Así es.

Pero luego iré al Padre, después de haber predicado la Palabra de Dios y… de haber obtenido el Perdón.

Entonces bajaré a llamar a todos los justos.

–   ¿Y estará mi mamá con ellos?

–   Claro. Ella y tu padre.

–   ¡Oh! ¡Cuánto te quiero!

Y el niño lo abraza y lo besa emocionado.  

Jesús agrega

–   Ahora prosigamos a la Ciudad Santa a donde llegaremos mañana por la tarde.

¿Por qué tanta prisa? ¿Me lo puedes decir?

¿No sería lo mismo llegar pasado mañana?

–  No.

No sería lo mismo.

Porque mañana es la preparación de la Pascua y después del crepúsculo no se puede caminar más de 1,200 metros, porque ha empezado el sábado su descanso.

–   Luego, ¿Debemos de estar ociosos el sábado?

–   No. 

Se ruega al Altísimo Señor.

–  ¿Cómo se llama?

–  Adonai.

Pero sólo los santos pueden decir su Nombre.

–  También los niños buenos.

Dímelo si lo sabes.

–   Yeové.

–   ¡Ah, sí!

¿Y qué mandó?

–   Mandó santificar el sábado:

‘Trabajarás durante seis días, pero descansarás el séptimo.

2. y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. 3. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho. Génesis 2

Y descansarás porque así lo hice Yo, después de la Creación.’

–  ¿Cómo?

¿Descansó el Señor? ¿Se había cansado de Crear? ¿Y propiamente creó Él?

¿Cómo lo sabes?

Yo sé que Dios nunca se cansa.

–   No se había cansado porque Dios no camina y no mueve los brazos.

Pero lo hizo para enseñar a Adán y a nosotros.

Y para tener un día en que pensemos en Él.

Él creó todo. Es verdad. Lo dice el Libro del Señor. 

–    ¿Escribió Él el Libro?

–   No.

Pero es la verdad.

Y hay que creerlo para no ir con el Demonio.

–   Me dijiste que Dios no camina.

Que no mueve los brazos. ¿Entonces cómo creó? ¿Cómo Es? ¿Una estatua?

–   NO, No es un ídolo.

Es Dios. Y Dios es… Dios es… Déjame pensar y acordarme cómo me decía mi mamá

Y mejor que ella: aquel hombre que iba en tu Nombre a encontrar a los pobres de Esdrelón…

Mi mamá me decía, para hacerme entender a Dios:

‘Dios es como mi amor por ti. No tiene cuerpo y con todo existe.’

Y aquel hombre, con una sonrisa dulce, decía:

“Dios es un Espíritu Eterno. Uno y Trino. Y la Segunda Persona ha tomado carne, por amor nuestro; por nosotros los pobres…

Y su Nombre… ¡Oh, Señor mío!… Ahora que me acuerdo…

 ¡ERES TÚ!

Y el niño sorprendido; se arroja en tierra y adora a Jesús…

Todos corren, creyendo que se ha caído..

Pero Jesús les hace una seña con su dedo en los labios.

Y luego dice:

–   Levántate Yabé.

Los niños no deben tener miedo de Mí.

El niño levanta con veneración profunda su cabeza y mira a Jesús con otros ojos.

Un poco atemorizado.

Jesús le sonríe…

Y le tiende la mano diciendo:

–   Eres un sabio, pequeño israelita.

Continuemos nuestra investigación. Ahora que me has reconocido, ¿Sabes si se habla de Mí en el Libro?

–   ¡Oh! ¡Claro, Señor!

Desde el principio hasta ahora. Él habla sólo de Ti. Tú Eres el Salvador Prometido.

Ahora entiendo por qué abrirás las Puertas del Limbo.

¡Oh, Señor! ¡Señor! ¿Y me quieres mucho?

–   Sí, Yabé.

–   Ya no me digas Yabé.

Dame un nombre que quiera decir que me amas; que me has salvado…

–    Escogeré el nombre junto con mi Madre.

¿Está bien

–   Pero que quiera significar esto.

Y me llamaré así desde el día en que me convierta en hijo de la Ley.

–   Desde aquel día así te llamarás.

Se detienen en un valle pequeño, fresco y abundante en aguas, para tomar sus alimentos.

Yabé ha quedado medio atolondrado con la revelación y come en silencio.

Con respeto profundo, acepta cualquier pedazo de pan que le ofrece Jesús.

Pero poco a poco, vuelve a su antigua manera de ser.

Sobre todo, después de haber jugado con Juan; mientras los demás descansan en la verde hierba.

Regresa a Jesús, junto con Juan que es todo sonrisas y los tres forman un círculo.

Jesús dice:

–    No me dijiste quién habla de Mí, en el Libro.   

–    Los profetas, Señor.

¡Oh!… me decía mi papá que eras el Cordero… ¡Oh!… Ahora comprendo.

El Cordero de Moisés… ¡Tú Eres la Pascua!…

Pero… el Mesías… ¡Será inmolado!… 

Su voz se quiebra y cuando está a punto de llorar.   

Jesús le pregunta:

–   Por ahora basta.

Oye… ¿Sabes los Mandamientos?

–   Sí, Señor.

Creo que los sé. Los repetía en el bosque, para no olvidarlos y para oír las palabras de mi mamá y de mi papá.

Pero no lloro más; porque ahora te tengo.

Juan se abraza a Jesús sonriendo:

–   ¡Son mis mismas palabras!

–   Todos los niños de corazón, hablan igual.

Sí, porque sus palabras provienen de una única sabiduría.

Bien, tenemos que ponernos en camino para llegar muy pronto a Berot. 

Juan llama a los compañeros y se reanuda la marcha hasta Berot, a través de una llanura no muy cultivada,

aunque tampoco completamente yerma como estaba el montecillo que salvaron después de Silo.  

La gente aumenta y el tiempo se pone amenazador.  

Jesús dice:

–     Aligeremos el paso, hay demasiados peregrinos… 

Tomarán al asalto los alojamientos y no quiero que caigáis enfermos.

Más tarde, antes de llegar a Jerusalén, el cielo está lluvioso…

Y Pedro lleva al niño sobre su espalda, cubierto con su manto.

A Pedro le gusta chapotear en las charcas.

Judas está nervioso y refunfuña:

–   ¿Podrías dejar de hacer eso?

Está nervioso por el agua que viene del cielo y rebota contra el suelo salpicando los vestidos.

Y esto lo ha dejado totalmente empapado, arruinando su cuidadosa apariencia y el agua le escurre por todas partes.

Juan de Endor clava su único ojo en el hermoso, gallardo y remilgado Judas,

y responde:

–   ¡Eh!

¡Hay tantas cosas que no se deberían de hacer!

–   ¿Qué quieres decir?

–   Quiero decir que es inútil desear que los elementos nos respeten y sean delicados con nosotros…

Cuando nosotros no lo somos con nuestros semejantes.

Y en cosas que no son dos gotas de agua o salpicaduras de lodo.

–     Cierto.

Pero a mí me gusta andar bien presentado y entrar en la ciudad bien vestido y limpio.

Tengo muchas amistades y además de alta categoría.

–     Pues estáte atento a no caer.

–   ¿Me estás provocando?

–   ¡No, no! ¡Oh, nooo!

Pero es que soy veterano, como maestro… y como alumno.

Llevo toda mi vida aprendiendo.

Primero aprendí a vegetar, luego observé la vida, después conocí la amargura de la vida.

Ejercité una justicia inútil, la del «solo» contra Dios y contra la sociedad:

Dios me castigó con el remordimiento; la sociedad, con las cadenas.

Con lo cual, el ajusticiado, en el fondo, fui yo.

Finalmente ahora he aprendido, estoy aprendiendo a «vivir».

Así que por mi condición de maestro y de alumno…

Comprendes que naturalmente me vienen ganas de repetir las lecciones

–   Pero yo soy el apóstol.

–   Y yo soy un desgraciado.

Ya lo sé y no debería atrevermea enseñarte a ti.

Pero mira, nunca se sabe lo que puede uno ser el día de mañana.

Tenía la idea de que moriría como un hombre honrado y un maestro respetado en Chipre.

Y me convertí en un homicida y un presidiario condenado a cadena perpetua.

Cuando levanté el puñal para vengarme, cuando arrastraba las cadenas odiando al universo;

si me hubieran dicho que sería discípulo del Santo, habría pensado que no estaban bien de la cabeza.

pues habría dudado de su estado mental.

Por eso quién sabe, a lo mejor puedo darte alguna lección buena a ti que eres apóstol.

Por mi experiencia no por santidad, que esto último ni siquiera me pasa por la mente.

Y sin embargo… lo ves.

–     Tiene razón ese romano al llamarte Diógenes.

–     Bien… sí.

Pero Diógenes buscaba al hombre y no lo encontró.

Yo sin embargo más afortunado que él, encontré sí, primero una serpiente donde creía que estaba la mujer…

Y un cuco donde veía al hombre que creí un amigo.  

Pero luego tras haber vagado muchos años, ya enloquecido por este conocimiento, he encontrado al Hombre, al Santo.

–     Yo no conozco otra sabiduría sino la de Israel.

–     Si es así, ya tienes con qué salvarte.

Pero ahora tienes también la ciencia o mejor, la sabiduría de Dios.

–     Es lo mismo.

–     ¡No, no!

Sería como comparar un día neblinoso con uno lleno de sol.

–     En definitiva, ¿Quieres darme lecciones?

Pues yo no me siento con ganas de ello.

–     ¡Déjame hablar!

Al principio, hablaba a los niños: se distraían.

Luego a los espectros: me maldecían.

Después a los pollos: eran mucho mejores que los dos primeros grupos, mucho mejores.

Ahora hablo conmigo mismo, porque todavía no puedo hablar con Dios.

¿Por qué quieres impedírmelo?

Tengo la vista reducida a la mitad, la vida quebrada por el esfuerzo hecho en las mina.

El corazón enfermo desde hace muchos años:

Deja al menos, que mi mente no se vuelva estéril.

–     Jesús es Dios.

–     Lo sé.

Lo creo más que tú, porque yo he renacido por obra suya, tú no.

Pero, aunque Él sea el Bueno, es siempre Él, o sea, Dios.

Y ese pobre desgraciado que soy yo no se atreve a tratarlo con la familiaridad con que tú lo tratas.

Le habla mi alma, pero los labios no se atreven…

El alma… y creo que Él siente cómo llora de amor agradecido y penitente. 

El alma que me imagino que la oye gritar de gratitud y de amor penitente.

Jesús interviene:

–   Es verdad, Juan.

Yo oigo tu alma. 

Judas enrojece de vergüenza.

El hombre de Endor de alegría.

Jesús agrega:

–    Oigo tu alma, es verdad.

Escucho el trabajo de tu inteligencia. Has hablado bien.

Cuando en Mí llegues a formarte, te ayudará mucho el haber sido maestro y alumno estudioso. Habla.

Habla también contigo mismo.

Judas advierte con aspereza:

–    Maestro, hace poco me dijiste que era malo hablar con el propio ‘yo’

–    Es verdad que lo dije.

Pero la razón es que tú, murmurabas con tu propio ‘yo’.

Este hombre no murmura, medita. Y con un fin bueno. Eso no hace daño.

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

Judas replica de mal humor:

–    En resumidas cuentas, ¡Siempre estoy equivocado!

Jesús dice con calma:

–    No.

Lo que tienes es tedio y desasosiego en el corazón.

Considera que no siempre puede haber cielo sereno. Los campesinos desean la lluvia y también es caridad orar para que llueva.

También ella es caridad.

Pero mira, se ve un bonito arco iris, que describe su curva desde Atarot hasta Ramá.

Hemos sobrepasado Atarot, la triste hoz ha quedado atrás.

Aquí ya todo está cultivado y ríe bajoeste sol que rasga las nubes.

Cuando lleguemos a Rama estaremos a treinta y seis estadios de Jerusalén.  

Los esclavos de la Lujuria, SON ADORADORES DE ASMODEO…

Aparecerá de nuevo ante nuestra vista tras ese collado, que señala el lugar del horrendo acto de lujuria cometido por los guibeítas.

Tremenda cosa es que la carne haga presa…

No siempre puedes estar tranquilo. Cuando la carne muerde, es cosa horrible Judas…  

Con el carisma de la lectura de los corazones, Jesús le está diciendo lo que lo atormenta y el por qué de su ansiedad… 

Judas no responde.

Se retira chapoteando con coraje en los charcos.

Bartolomé pregunta:

–   ¿Qué le pasa hoy a ése?

–    Cállate.

Que Simón de Jonás no te oiga. Evitemos altercados y no envenenemos a Simón.

Está tan contento con su niño.

–     Es verdad, Maestro.

Pero no está bien. Se lo diré.

–   Es joven, Nathanael.

También tú lo fuiste…

–    Sí.

Pero no debe faltarte al respeto.

Sin querer ha levantado la voz,

y Pedro oye:

–    ¿Qué pasó?

¿Quién te faltó al respeto? ¿El nuevo discípulo?

Y mira a Juan de Endor que discretamente se había retirado al comprender que Jesús corregía al apóstol…

Y  ahora está hablando con Santiago de Alfeo y Simón Zelote.

Jesús niega:

–   ¡Ni pensarlo!

Es respetuoso como una doncella.

–   ¡Ah, bien! Porque si no…

¡Eh! Su único ojo estaba en peligro.  Entonces…

Pedro mueve la cabeza afirmando:

–   ¡Entonces fue Judas! ¿Verdad?…

Jesús dice:

–   Oye Simón,

¿No podrías mejor ocuparte de tu pequeño?

Me lo quitaste y ahora quieres intervenir en una conversación amigable entre Bartolomé y yo.

¿No te parece que quieres hacer muchas cosas?

Jesús, con una sonrisa tranquila mira a Pedro que queda dudoso sobre lo que tiene que hacer…  

La tranquilidad con que sonríe Jesús es tanta, que Pedro siente vacilar su juicio.

Pedro mira a Bartolomé.

Pero éste levanta su cara aquilina hacia el cielo.

Y Pedro comprende que no hay nada que hacer y siente que se desvanece su sospecha.

La vista de la Ciudad ya cercana, visible en toda la belleza de sus colinas, olivares, casas…

Y especialmente del Templo.

Esta vista, que debía ser siempre fuente de emoción y de orgullo para los israelitas, acaba de distraerlo del todo.

Cuando llegan a la ciudad…

Todos, en un arroyuelo cercano se asean y se componen los vestidos.

Bajan las túnicas, pues las habían abolsado, se lavan los pies llenos de barro en un riachuelo de aguas claras.

Se arreglan el pelo, se cubren con sus mantos.

Y lo mismo hace Jesús.

La entrada en Jerusalén es lo más importante en la vida hebrea.

Presentarse ante estos muros en tiempo de fiesta era como presentarse ante un soberano.

La Ciudad santa era la «verdadera» reina de los israelitas; esto aparece con claridad este año que en esta vía consular, lo manifiestan las turbas y su comportamiento:

Los componentes de las distintas familias se disponen según un orden.

Las mujeres por su parte solas, los hombres en otro grupo, los niños entre ambos.

Pero todos serios y al mismo tiempo, tranquilos.

Algunos doblan el manto más usado y sacan otro nuevo de los fardos de viaje, se cambian las sandalias y  el paso se hace solemne, ya hierático. 

En cada grupo hay un solista que da el tono, se cantan himnos: los antiguos, gloriosos himnos de David…

Y la gente se mira con más bondad en los ojos, como más tiernos ahora que han visto la Casa de Dios.

Mirando a esta Casa santa, enorme cubo de mármol coronado por las cúpulas de oro, colocado como una perla en el centro del recinto majestuoso del Templo.

La comitiva apostólica se forma así:

Delante con el niño en medio, Jesús y Pedro.

Detrás de ellos Simón, Judas de Keriot y Juan; luego Andrés con Santiago de Zebedeo.

Y  entre ellos obligado por Andrés, Juan de Endor.

En la cuarta fila, los dos primos del Señor con Mateo.

Los últimos: Tomás, Felipe y Bartolomé.

Aquí es Jesús quien entona el canto.

Y lo hace con esa potente y preciosa Voz suya,

con un ligero tono de barítono que se armoniza con las vibraciones de tenor para hacerlas aún más preciosas.

Responden Judas tenor puro; Juan, de voz límpida propia de su muy joven edad.

Y las dos voces de barítono de los primos de Jesús,

Tomás  es muy bajo: un barítono tan profundo, que casi no se le puede catalogar como tal.

Los demás, dotados de voces menos hermosas acompañan entonados, pero en forma menos perceptible al coro lleno de los más virtuosos.

Los salmos son los ya conocidos, llamados graduales.

El pequeño Yabés – voz de ángel entre las recias de los hombres – canta muy bien porque lo conoce el salmo 122:

«Estoy alegre porque me han dicho: «Iremos a la casa lel Señor»».

Y verdaderamente su carita, tan triste pocos días antes, es todo un esplendor de alegría.

Ya están cerca de los muros, ya se ve la Puerta de los Peces y las calles están desbordantes de personas jubilosas.

Enseguida entrtan al Templo, para una primera oración.

Luego, la paz en la paz del Getsemaní, la cena y el descanso.

El viaje hacia Jerusalén ha terminado.

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90.- EL SACRIFICIO PERPETUO II


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9. EL OFERTORIO.

En este momento se canta la antífona de ofertorio.

Al comienzo de la liturgia eucarística se llevan al altar los dones que se convertirán en el Cuerpo y Sangre de Cristo.

En primer lugar, se prepara el altar o mesa del Señor, que es el centro de toda la liturgia eucarística y colocando sobre él el corporal, el purificador, el misal y el cáliz.

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Se traen a continuación las ofrendas: es de alabar que el pan y el vino lo presenten los mismos fieles. El sacerdote o el diácono los recibirá en un lugar oportuno para llevarlo al altar.

Acompaña a esta procesión en que se llevan las ofrendas el canto del ofertorio, que se alarga por lo menos hasta que los dones han sido depositados sobre el altar.

El sacerdote  inciensa las ofrendas colocadas sobre el altar y después la cruz y el mismo altar, para significar que la oblación de la Iglesia y su oración suben ante el trono de Dios como el incienso.

Después son incensados, el sacerdote en razón de su sagrado ministerio y el pueblo, en razón de su dignidad bautismal.

El sacerdote pone el pan y el vino sobre el altar mientras dice las fórmulas establecidas.

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Las especies eucarísticas (pan y vino) son ofrecidas a Dios  por el sacerdote, quién además se purifica mediante el lavado de manos.

Un momento después llegó el Ofertorio y Uriel dijo a Maximiliano:

–                     Reza conmigo así:

Señor, te ofrezco todo lo que soy, lo que tengo, lo que puedo, todo lo pongo en Tus manos. Edifica Tú, Señor con lo poco que soy. Por los méritos de Tu Hijo, transfórmame, Dios Altísimo.

Te pido por mi familia, por mis bienhechores, por cada miembro de nuestro Apostolado, por todas las personas que nos combaten, por aquellos que se encomiendan a mis pobres oraciones…

Enséñame a poner mi corazón en el suelo para que su caminar sea menos duro…  

Y Maximiliano contempló asombrado como de pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto antes. Era como si del lado de cada persona que estaba en la iglesia, saliera otra persona.

Y aquello se llenó de unos personajes jóvenes, hermosos. Iban vestidos con túnicas muy blancas y fueron saliendo hasta el pasillo central dirigiéndose hacia el Altar.

Uriel dijo:

Observa, son los Ángeles de la Guarda de cada una de las personas que está aquí.

Es el momento en que su Ángel de la Guarda lleva sus ofrendas y peticiones ante el Altar del Señor.

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En aquel momento, estaba completamente asombrado, porque esos seres tienen rostros tan hermosos, tan radiantes que no es posible describirlos con palabras…

Lucen una belleza sobrenatural tan portentosa, que parecen casi femeninos; sin embargo la complexión de su cuerpo, sus manos, su estatura es la de un hombre.

Los pies desnudos no pisan el suelo, sino que iban como deslizándose, como resbalando. Aquella procesión es impresionante.

Algunos de ellos tenían como una fuente de oro con algo que brillaba mucho con una luz blanca-dorada.

Uriel dijo:

–          Son los Ángeles de la Guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa Misa por muchas intenciones, aquellas personas que están conscientes de lo que significa esta celebración, aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor…”

“Ofrezcan en este momento…, ofrezcan sus penas, sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus peticiones. Recuerden que la Misa tiene un valor infinito por lo tanto, sean generosos en ofrecer y en pedir.”

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Detrás de los primeros Ángeles venían otros que no tenían nada en las manos, las llevaban vacías.

Uriel dijo:

 -“Son los Ángeles de las personas que estando aquí, no ofrecen nunca nada, que no tienen interés en vivir cada momento litúrgico de la Misa y no tienen ofrecimientos que llevar ante el Altar del Señor.”

En último lugar iban otros Ángeles que estaban medio tristones, con las manos juntas en oración pero con la mirada baja.

 –“Son los Ángeles de la Guarda de las personas que estando aquí, no están, es decir de las personas que han venido forzadas, que han venido por compromiso, pero sin ningún deseo de participar de la Santa Misa y los Ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el Altar, salvo sus propias oraciones”.

“No entristezcan a su Ángel de la Guarda…. Pidan mucho, pidan por la conversión de los pecadores, por la paz del mundo, por sus familiares, sus vecinos, por quienes se encomiendan a sus oraciones. Pidan, pidan mucho, pero no sólo por ustedes, sino por los demás.”

“Recuerden que el ofrecimiento que más agrada al Señor es cuando se ofrecen ustedes mismos como holocausto.

Para que Jesús al bajar, los transforme por Sus propios méritos. ¿Qué tienen que ofrecer al Padre por sí mismos? La nada y el pecado. Pero al ofrecerse unidos a los méritos de Jesús, aquel Ofrecimiento es grato al Padre.”

Aquel espectáculo, aquella procesión era tan hermosa que no es posible compararla con ninguna  otra. Todas aquellas criaturas celestiales haciendo una reverencia ante el Altar, unas dejando su ofrenda en el suelo, otras postrándose de rodillas con la frente casi en el suelo y luego que llegaban allá desaparecían a su vista.

Oración sobre las Ofrendas

Terminada la colocación de las ofrendas y los ritos que la acompañan, se concluye la preparación de los dones con la invitación a orar juntamente con el sacerdote, que dice: «oren hermanos para que este sacrificio mío y de ustedes sea agradable a Dios, Padre Todo poderoso»

A lo que el pueblo responde: «el Señor reciba de tus manos, este sacrificio para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia» y a continuación la oración sobre las ofrendas y así todo queda preparado para la Plegaria Eucarística.

ofertorio

En la Misa se dice una sola oración sobre los dones, que termina breve: Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Ahora empieza el centro y la cumbre de toda la celebración. La Plegaria Eucarística es una plegaria de acción de gracias y de consagración.

El sacerdote invita al pueblo a elevar el corazón hacia Dios, en oración y acción de gracias y lo asocia a su oración que él dirige en nombre de toda la comunidad, por Jesucristo en el Espíritu Santo, a Dios Padre.

El sentido de esta oración es que toda la congregación de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio.

El Prefacio

Es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta «Hora».

Plegaria Eucarística

Como Iglesia, unidos en una misma fe, en un mismo corazón, presentamos ahora la sencilla ofrenda que Dios mismo transformará en el cuerpo y la sangre de su Hijo Jesucristo:

Pan y vino son fruto de nuestro trabajo personal y comunitario y simbolizan las dimensiones más sencillas de nuestra vida diaria: nuestro trabajo, nuestro sustento y nuestra alegría.

Con el pan y el vino va incluida la ofrenda de nuestra vida, de nuestro trabajo y de nuestro amor. Nuestras penas, fatigas y alegrías van a ser recibidas por Dios de las manos del sacerdote…

Y como el pan y el vino, nuestro propio ser (cuerpo y alma) será también santificado y transformado con la Presencia Viva y Real de Jesucristo Eucaristía.

En este momento unámonos al sacerdote, entregándole a Dios nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra oración, nuestras penas y alegrías. Nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra mente con todos sus pensamientos.

Nuestro corazón con todos sus sentimientos y deseos, nuestros labios y todas nuestras palabras, nuestros amigos y seres queridos, incluso los que NO nos aman…

En fin, toda la realidad humana material y espiritual de la que somos parte, para que toda esa realidad sea transformada por Cristo, sea santificada, sea cristificada.

Para que todos seamos hostias vivas.

Sagrarios de la Presencia del Espíritu Santo…

Y para que el Mundo entero sea un Altar para la Gloria de Cristo Jesús.

Prefacio.

Es un himno, que empieza con un diálogo entre el sacerdote y los fieles.

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Resume la alabanza y la acción de gracias propia de la fiesta que se celebra.

En esta acción de gracias, el sacerdote, en nombre de todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da las gracias por toda la obra de salvación.

10. CANTO DEL SANTO:

Hemos hecho ofrenda del pan y del vino, de nosotros mismos y del Mundo entero.

Ahora esta ofrenda va a ser consagrada: la hostia se transformará en el cuerpo de Cristo y el vino en su Sangre.

Por esa Consagración, nosotros mismos seremos santificados y el Mundo entero también.

Nos unimos a los santos y a los ángeles, que contemplan y gozan ya del fruto de estos misterios, cantando a Dios: “Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo, llenos están los cielos y la tierra de su gloria. ¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”

El Cielo (los que ya gozan de la gloria de Dios) y la Tierra (los que estamos de camino hacia la gloria) cantan la santidad de Dios, pues Él es el único verdaderamente santo y fuete de toda santidad.

Sanctus («Santo»). Los fieles junto con el sacerdote cantan o rezan, el Sanctus:

Sanctus, sanctus, sanctus Dominus Deus sabaoth. Pleni sunt caeli et terrae gloria tua. Hossana in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hossana in excelsis («Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el Cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el Cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el Cielo»).

EL CIELO ENTERO CANTA EL SANCTUS

Maximiliano estaba extasiado contemplando la Gloria de Dios cuando llegó el momento final del Prefacio…

 Y cuando la asamblea decía: “Santo, Santo, Santo” de pronto, todo lo que estaba detrás de los celebrantes desapareció.

Del lado izquierdo del señor Arzobispo hacia atrás en forma diagonal aparecieron miles de Ángeles, pequeños, Ángeles grandes, Ángeles con alas inmensas, Ángeles con alas pequeñas, Ángeles sin alas, como los anteriores.

Todos vestidos con unas túnicas como las albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos. Todos se arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia inclinaban la cabeza.

Se escuchaba una música bellísima, como si fueran muchísimos coros con distintas voces y todos decían al unísono junto con el pueblo: Santo, Santo, Santo…

Había llegado el momento de la Consagración, el momento del más maravilloso de los Milagros…

Del lado derecho del Arzobispo hacia atrás en forma también diagonal, una multitud de personas, iban vestidas con la misma túnica pero en colores pastel: rosa, verde, celeste, lila, amarillo; en fin, de distintos colores muy  suaves.

Sus rostros también eran brillantes, llenos de gozo, todos parecían tener la misma edad.

Se podía apreciar que había gente de distintas edades, pero todos parecían igual en las caras, hermosas, jóvenes, sin arrugas, felices.

Todos se arrodillaban también ante el canto de Santo, Santo, Santo, es el Señor…”

Uriel dijo:

Son todos los Santos y Bienaventurados del Cielo y entre ellos, también están las almas de los familiares de ustedes que gozan ya de la Presencia de Dios”

Entonces Maximiliano vio a la Madre de Dios,  justamente  a la derecha del señor Arzobispo…

Un paso detrás del celebrante. Estaba un poco suspendida del suelo, arrodillada sobre unas telas muy finas, transparentes pero a la vez luminosas, como agua cristalina.

La Santísima Virgen con las manos unidas, mirando atenta y respetuosamente al celebrante.

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Y desde allá sin cambiar de posición ni levantar el rostro, su voz llena de dulzura le saludó y le dijo directamente en su corazón:

–      “¿Te llama la atención verme un poco más atrás de Monseñor, verdad? Así debe ser…

Con todo lo que Me ama Mi Hijo, NO Me Ha dado la Dignidad que da a un sacerdote de poder traerlo entre Mis manos diariamente, como lo hacen las manos sacerdotales.

Por ello siento tan profundo respeto por un sacerdote y por todo el Milagro que Dios realiza a través suyo, que me obliga a arrodillarme aquí.”

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LA MADRE DE DIOS, ES LA ÚNICA SACERDOTISA DEL CALVARIO

Maximiliano quedó impactado por tanta gracia que el Señor derrama sobre las almas sacerdotales…

Delante del altar, empezaron a salir unas sombras de personas en color gris que levantaban las manos hacia arriba.

Uriel continuó con su enseñanza:

Son las almas benditas del Purgatorio que están a la espera de las oraciones de ustedes para refrescarse. No dejen de rezar por ellas. Piden por ustedes, pero NO pueden pedir por ellas mismas. Son ustedes quienes tienen que pedir por ellas para ayudarlas a salir para encontrarse con Dios y gozar de Él eternamente.

Maximiliano veía todo lo que se desarrollaba ante sus asombrados ojos con infinito agradecimiento… Y sabedor de que tenía que compartir con todos los demás cristianos todo el conocimiento que le estaba siendo revelado.

La Virgen le dijo:

Hijito mío, di a todos tus hermanos que yo estoy realmente Presente cuando se celebra la Santa Misa desde que comienza, hasta que termina.

Estoy aquí  al pie del Altar donde se celebra la Eucaristía  y siempre Me van a encontrar aquí..  al pie del Sagrario permanezco Yo con los Ángeles Adorando al Señor, porque Estoy siempre con Él.”

Ver ese rostro hermoso de la Madre en aquel momento del “Santo”, al igual que todos ellos, con el rostro resplandeciente, con las manos juntas en espera de aquel milagro que se repite continuamente, era estar en el mismo cielo.

Uriel dijo:  

“Dile al ser humano, que nunca un hombre es más hombre que cuando dobla las rodillas ante Dios”.

Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración:

Nos encontramos con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su Camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén…

Estando todos los asistentes a la Santa Misa real y místicamente presentes en el Viernes Santo…

Que fue el Sacrificio de Expiación.  

Estamos todos los que están participando de la Eucaristía y  todos aquellos por los que pedimos especialmente.

La Consagración, ES místicamente, la Crucifixión del Señor. 

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¿Puede alguien imaginarse eso? Nuestros ojos no lo pueden ver.

Pero todos estamos allá, en el momento en que a Él lo están crucificando.

Y está pidiendo perdón al Padre, NO solamente por quienes lo matan, sino por cada uno de nuestros pecados:

“¡Padre, perdónalos porque NO SABEN lo que hacen!”

En la preparación de las ofrendas se llevan al altar el pan y el vino con el agua.

Es decir, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos.

En la Plegaria Eucarística se dan gracias a Dios por toda la obra de la salvación…

Y las Ofrendas se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora.

Es místicamente, la Crucifixión del Señor, perpetuada a través de sus sacerdotes.

Por esto San Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.

Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz.

Y ofrecemos desde este instante al Padre, el Sacrificio Redentor.

Es el sentido de la Oración Litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.

El «Por Él, con Él y en Él» corresponde al grito de Jesús:

«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

En la Consagración ocurre la “Transubstanciación”, que significa “cambio de substancia” del pan y el vino, a ser verdaderamente la sustancia del Cuerpo y Sangre del Señor.

La Eucaristía aunque tiene la apariencia de pan y vino,  NO ES pan y tampoco vino.  

Cristo está Presente en la Eucaristía verdadera, real y substancialmente con todo su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad.

Esta Presencia se llama “real” porque es “substancial”

Y por ella, Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente Presente.

Cristo está todo entero en cada una de las especies y en cada una de sus partes…

De modo que la Fracción del pan NO divide a Cristo, que está real y permanentemente Presente en la Eucaristía, mientras duren sin corromperse las Especies Eucarísticas.

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11. CONSAGRACIÓN:

Invocación -Epiclesis

El nombre viene del griego: epicaleo, apicalumai; significa invocar, llamar.

Es una invocación del poder divino sobre los dones del pan y vino que han ofrecido los hombres…

Para que se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo.

La Anáfora constituye la parte esencial de la Misa.

Es una palabra griega que indica la acción de elevar, la actitud de levantar la ofrenda con las manos.

CONSAGRACIÓN

El sacerdote relata la institución de la Eucaristía en el Jueves Santo, usando las mismas palabras de Jesús sobre las especies:

Sobre el pan, «Hoc est enim corpus meum (…)» («Esto es mi Cuerpo…») y sobre el vino, «Hic est enim calix sanguinem meam (…)» («Este es el cáliz de mi Sangre…»).

Cuando el sacerdote dice estas palabras sobre el pan de harina de trigo sin levadura y el vino de uva, con la intención de consagrar…

La substancia del pan y del vino desaparecen, siendo reemplazados por el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

En esta parte de la Misa, todos permanecen de rodillas.

En el relato de la Institución y Consagración, con las palabras y gestos de Cristo…

Se realiza el Sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando bajo las especies de pan y vino Ofreció su Cuerpo y su Sangre…

Y se lo dio a los Apóstoles en forma de comida y bebida.

Y les encargó perpetuar ese mismo Misterio.

Después de la Consagración, Jesús está realmente presente en la Eucaristía:

En este momento, por el ministerio (por el encargo y el don) que el sacerdote ha recibido…

El pan y el vino son transformados en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo.

El sacerdote repite las palabras que Jesús pronunció en la Última Cena…

Con las cuales Él mismo dio gracias y bendijo el pan y el vino, haciéndolos su Cuerpo y su Sangre, para Alimentar con su Propio Ser a sus apóstoles.

Y a través de ellos y de la sucesión de sacerdotes a todos los creyentes.

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Cristo, en efecto tomó en sus manos el pan y el cáliz, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

Tomad, comed, bebed; esto es mi Cuerpo; éste es el cáliz de mi Sangre. Haced esto en conmemoración mía.

De ahí que la Iglesia haya ordenado toda la Celebración de la Liturgia Eucarística según estas mismas partes que corresponden a las palabras y gestos de Cristo.

La Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Cristo, es el mayor Regalo que hemos recibido de Dios:

Él se ha quedado para siempre con nosotros en la persona de Cristo.

Él mismo toma nuestra realidad y la transforma en su propio Ser, para alimentar nuestra vida de Fe.

Sin este alimento espiritual. Es decir, sin la Comunión real con su Cuerpo y su Sangre, nuestra vida de Fe sería árida y estéril.

Pura imitación exterior de Cristo, por nuestras propias fuerzas.

Pero como Él nos alimenta con su propia vida en la Eucaristía.

Podemos vivir como Él, ser como Él,

Porque Él Mismo, desde nuestro interior nos va Transformando…  

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NOS VA CONSAGRANDO. 

Va haciendo de nuestra vida una constante Eucaristía.

Sólo si nosotros le entregamos nuestro corazón y dejamos que su Espíritu actúe en nosotros.

Cuando el celebrante dijo las palabras de la “Consagración”.

Ante los ojos de Maximiliano empezaron unos relámpagos en el Cielo y en el fondo.

No había techo de la Iglesia ni paredes. Estaba todo oscuro solamente aquella luz brillante en el Altar.

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De pronto suspendido en el aire vio a Jesús, Crucificado de la cabeza a la parte baja del pecho.

El tronco transversal de la Cruz estaba sostenido por unas manos grandes, fuertes. De en medio de aquel resplandor se desprendió una lucecita como de una paloma muy pequeña muy brillante…

Dio una vuelta velozmente toda la Iglesia y se fue a posar en el hombro izquierdo del señor Arzobispo que seguía siendo Jesús…

Porque podía distinguir su melena y Sus llagas luminosas, Su cuerpo grande, pero NO veía Su Rostro.

Arriba, Jesús Crucificado estaba con el Rostro caído. Sobre el lado derecho del hombro Podía contemplar el Rostro y los brazos golpeados y descarnados.

En el costado derecho tenía una herida en el pecho y salía a borbotones, hacia la izquierda Sangre y hacia la derecha, un Agua, pero tan brillante…

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Que  más bien eran borbotones de luz que iban dirigiéndose hacia los fieles moviéndose a derecha e izquierda.

¡Era una cantidad tan inmensa de Sangre la que fluía hacía el Cáliz!

¡Tanta, qué pensó que iba a rebalsar y manchar todo el Altar, pero NO cayó una sola gota!

San Uriel dijo:

–     Este es el Milagro de los milagros. Te lo He repetido: para el Señor NO existe ni Tiempo NI Distancia.

Y en el momento de la Consagración, toda la asamblea es trasladada al pie del Calvario en el instante de la Crucifixión de Jesús.

Después de la Consagración, Jesús está realmente presente en la Eucaristía:

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONÓCELA

A14 LA BESTIA NEGRA


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  EL NÚMERO DE LA BESTIA 666

Hijos predilectos, comprended ahora el designio de vuestra Madre Celeste, la Mujer vestida del Sol que combate con su ejército, en la gran lucha contra todas las fuerzas del mal; para obtener su victoria, en la perfecta glorificación de la Santísima Trinidad.

Combatid Conmigo pequeños hijos, contra el Dragón que trata de llevar a toda la humanidad contra Dios. Combatid Conmigo pequeños hijos, contra la Bestia Negra: la Masonería, que quiere conducir las almas a la perdición. 2apocalipsis_Capitulo6_contenido_ilust3 Combatid Conmigo pequeños hijos, contra la bestia semejante a un cordero: la Masonería infiltrada dentro de la vida eclesial, para destruir a Cristo y a su iglesia.

Para lograr este objetivo ella quiere construir un nuevo ídolo; es decir, un falso cristo y una falsa Iglesia. La masonería eclesiástica recibe órdenes y poder de las varias logias masónicas y actúa para conducir secretamente a todos a formar parte de estas sectas secretas. 3gárgola Así pues, solicita a los ambiciosos con la perspectiva de fáciles carreras; colma de bienes a los hambrientos de dinero; ayuda a sus miembros a sobresalir y a ocupar los puestos más importantes; mientras de una manera disimulada pero decidida, margina a todos aquellos que se niegan a participar en sus planes.

En efecto, la bestia semejante a un cordero ejercita todo el poder de la primera bestia en su presencia y obliga a la tierra y a sus habitantes, a adorar a la primera bestia. Sin rodeos, la masonería eclesiástica llega hasta construir una estatua en honor de la bestia y obliga a todos a adorar esta estatua.

Pero según el primer mandamiento de la Santa Ley del Señor, sólo DIOS debe ser adorado y a Él sólo se debe tributar toda forma de culto. Entonces se sustituye a DIOS por un Ídolo poderoso, fuerte, dominador. 4jesusmandil Un ídolo tan poderoso como para dar muerte a todos aquellos que no adoren la estatua de la bestia. Un ídolo tan fuerte y dominador que hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, reciban una marca sobre la mano derecha o en la frente; de manera que ninguno pueda comprar o vender sin tener esa marca.

Es decir, el nombre de la bestia o el número de su nombre. Este gran ídolo, construido para ser adorado y servido por todos, como ya os he revelado en el mensaje precedente; es un falso cristo y una falsa iglesia. Pero, ¿Cuál es su nombre? 5Cristo e il falso Messia l'antiCristo En el capítulo 13 del Apocalipsis está escrito: “Aquí se requiere sabiduría. El que tiene inteligencia calcule el número de la bestia; este número representa la cifra de un hombre. Tal cifra es 666 (seiscientos sesenta y seis)”. Con la inteligencia, iluminada por la luz de la Divina Sabiduría, se logra descifrar del número 666 el nombre de un hombre y este nombre, indicado por tal número; es el del Anticristo.

 Lucifer, la Serpiente Antigua, el Diablo o Satanás. El Dragón Rojo se vuelve en estos últimos tiempos, el Anticristo. El Apóstol San Juan ya afirmaba que cualquiera que negara que Jesucristo ES Dios, es el Anticristo. La estatua o el ídolo construido en honor de la bestia para ser adorado por todos los hombres, es el Anticristo. Calculad ahora su número: 666, para comprender cómo indica el nombre de un hombre. 6marca de la bestia El número 333 indica la Divinidad. Lucifer se rebela contra Dios por soberbia; porque quiere ponerse por encima de Dios. El 333 es el número que indica el Misterio de Dios. Aquél que quiere ponerse por encima de Dios lleva el signo de 666; por lo tanto este número indica el nombre de Lucifer, Satanás.

Es decir, de aquel que se opone contra Cristo; del Anticristo. El 333 indicado una vez, es decir por 1; expresa el Misterio de la Unidad de Dios. El 333 indicado dos veces, es decir por 2; indica las dos naturalezas: la divina y la humana, unidas en la Persona Divina de Jesucristo. El 333 indicado por tres veces, es decir por 3, indica el Misterio de las Tres Personas Divinas. O sea, expresa el Misterio de la Santísima Trinidad.

Entonces el número 333 enunciado una, dos o tres veces, expresa los Misterios principales de la Fe Católica, que son: 1º) la Unidad y la Trinidad de Dios.2º) La Encarnación, la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. 7anticristo Si el 333 es el número que indica la Divinidad; aquel que quiere ponerse por encima del mismo Dios es indicado con el número 666. El 666 enunciado una vez; es decir por 1, expresa el año 666 seiscientos sesenta y seis.

En este período histórico el Anticristo se manifiesta a través del fenómeno del Islam, que niega directamente el misterio de la Divina Trinidad y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

El islamismo, con su fuerza militar, se desencadena por doquier, destruyendo todas las antiguas comunidades cristianas, invade Europa y sólo por una intervención Maternal y extraordinaria Mía, solicitada fuertemente por el Santo Padre, no logra destruir completamente la Cristiandad. 8islameca El 666 indicado dos veces, es decir por 2, expresa el año 1332; mil trescientos treinta y dos. En este período de tiempo histórico el Anticristo se manifiesta con un radical ataque a la fe en la Palabra de Dios.

A través de los filósofos, que comenzaron a dar exclusivo valor a la ciencia y luego a la razón; se tiende gradualmente a constituir como único criterio de verdad a la sola inteligencia humana. Y nacen los grandes errores filosóficos que se prolongan a través de los siglos hasta vuestros días.

La importancia exagerada dada a la razón, como criterio exclusivo de verdad; lleva necesariamente a la destrucción de la fe en la Palabra de Dios. En efecto, con la reforma protestante se rechaza la Tradición como fuente de la Divina Revelación y se acepta sólo la Sagrada Escritura. Pero también ésta debe ser interpretada por medio de la razón. 9lutero Y se rechaza obstinadamente el Magisterio auténtico de la Iglesia Jerárquica, a quien Cristo ha confiado la custodia del depósito de la fe. Cada uno es libre para leer y para comprender la Sagrada Escritura, según su personal interpretación.

De esta manera la fe en la Palabra de Dios es destruida. Obra del Anticristo en este período histórico; es la división de la Iglesia, la consiguiente formación de nuevas y numerosas confesiones cristianas, que gradualmente son impulsadas a una pérdida creciente de la verdadera fe en la Palabra de Dios. 10teologia%20de%20la%20liberacion El 666 enunciado 3 veces; es decir por 3, expresa el año 1998, mil novecientos noventa y ocho. En este período histórico, la masonería ayudada por la eclesiástica, logrará su gran objetivo: construir un ídolo para ponerlo en lugar de Cristo y de su Iglesia.

Un falso Cristo y una falsa Iglesia. Por lo tanto, la estatua construida en honor de la primera bestia; para ser adorada por todos los habitantes de la tierra y que marcará con su sello a todos aquellos que quieran comprar o vender, es la del Anticristo. Habréis llegado así al vértice de la purificación, de la Gran Tribulación y de la Apostasía.

La apostasía será entonces generalizada porque casi todos seguirán al falso Cristo y a la falsa Iglesia. ¡Entonces será abierta la puerta para la aparición del hombre IMPOSTOR!  ¡De la persona misma del Anticristo! He aquí hijos predilectos, por qué os he querido iluminar sobre las páginas del Apocalipsis; que se refieren a los tiempos que vivís.

Para prepararos Conmigo a la parte más dolorosa y decisiva de la gran lucha que se está combatiendo entre vuestra Madre Celeste y todas las Fuerzas del Mal que se han desencadenado. 11Apoc-13_1 ¡Valor! Sed fuertes, mis pequeños niños. A vosotros corresponde la misión en estos años difíciles, de permanecer fieles a Cristo y a su Iglesia, soportando hostilidad, luchas y persecuciones. Pero sois parte preciosa de la pequeña grey, que tiene la misión de combatir y de vencer al fin a la poderosa fuerza del Anticristo. Os formo, os defiendo y os bendigo a todos.”

Fuente: Libro a mis Hijos Predilectos.  Mensajes de la Santísima Virgen María al padre Stéfano GOBBI, 1989 12Masonería eclesiastica NCSJB A lo largo de la historia, tres veces Satanás ha manifestado su tremendo poder para destruir a la Iglesia: en el año 666 fue a través del fenómeno del Islam, que niega directamente el Misterio de la Santísima Trinidad y la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo. El Islamismo desencadenó por doquier su fuerza militar; pero aún así no logró destruir la cristiandad, porque los cristianos oraron, actuaron e hicieron lo necesario para impedirlo.

En el año 1332, comenzó el radical ataque a la Fe a través de los filósofos que comenzaron a dar exclusivo valor a la ciencia y a la razón. Fue cuando nacieron los grandes errores filosóficos que se prolongan a lo largo de los siglos hasta nuestros días. 1Darwinismo Y actualmente su fortísimo ataque contra la Fe y contra Dios, con la Teología de la Liberación y por la Masonería  ayudada por la Masonería Eclesiástica; lograrán su gran objetivo: construir un ídolo para ponerlo en lugar de Cristo, el Anticristo; supliéndolo también con la falsa iglesia dentro de la misma Iglesia.

De esta forma han llegado al vértice de la Purificación, de la Gran Tribulación y de la Apostasía. En el año de 1998 se desarrolló totalmente la Estrategia Final de Satanás, con la ‘Cultura de la Muerte’ y fueron lanzados sus ataques en todos los ámbitos de la vida humana. La familia, base de la sociedad, fue desquiciada de manera total con el adulterio, el divorcio, la falta de valores, la egolatría, etc. Y la propuesta de un modelo nuevo, que es la antítesis de la formulada cuando Dios la creó. 14Casal Gay e seus Filhos Todo esto con el objeto de sumergir al hombre en un sufrimiento extremo, para llenarlo de ira y desesperación.

Con la desesperación, las almas son esclavizadas por Satanás y las vuelve capaces de cometer todos los horrores más inimaginables. Hoy debemos prepararnos a la parte más dolorosa y decisiva de la Gran Batalla que se está combatiendo entre la Madre Celestial y todas las Fuerzas del Mal que están completamente desatadas. ¡Hay que tener valor y ser fuertes!

A nosotros nos corresponde la tarea en estos tiempos difíciles, de permanecer fieles a Cristo y a su Iglesia; soportando hostilidades, luchas y persecuciones que son la parte preciosa de la pequeña grey que tiene la misión de combatir y de vencer a la poderosa fuerza del Anticristo. 15FALSO CRISTO - MAITREYA La Masonería Eclesiástica trabaja para oscurecer la Divina Palabra por medio de interpretaciones racionales y con el pretexto de volverla más comprensible, la vacía de todo contenido sobrenatural. Así es como se difunden todos los errores por todas partes, dentro de la misma Iglesia Católica.

A causa de la difusión de estos errores, muchos se alejan de la verdadera Fe y la pérdida de la Fe, es la Apostasía. La masonería Eclesiástica actúa de una manera muy astuta, para conducir a todos a la Apostasía. Y tienen como propósito justificar el pecado, presentarlo ya no como un mal; sino como un valor y un bien. Es así como se aconseja asumirlo como un modo para satisfacer las exigencias de la propia naturaleza, destruyendo las raíces de las que podría nacer el arrepentimiento.

El fruto pernicioso de este maldito cáncer que se ha difundido por toda la Iglesia, es la desaparición de la Confesión Individual. Y de esta forma, Satanás se apodera de las almas, por medio de los pecados no confesados y las esclaviza de manera brutal. 16MM35_PG189a La Masonería Eclesiástica favorece las interpretaciones que dan de Jesús, racionalísticas y naturales de tal manera, que ÉL Mismo queda lacerado en todas sus partes y al final se llega a negar la realidad histórica de los milagros y de la Resurrección. Y se pone en tela de juicio hasta la misma Divinidad de Jesús y su Misión Salvífica.

Después de haber destruido al Cristo Histórico, tratan de destruir al Cristo Místico que es la Iglesia. Con el falso ecumenismo que lleva a la aceptación de todas las iglesias cristianas y después todas las doctrinas, afirmando que cada una de ellas posee una parte de la verdad.

Los ataques son insidiosos: contra la Eucaristía, contra el Papa. Se urden las tramas del rechazo y de la objeción al Papa: se sostiene y premia a aquellos que lo desprecian y lo desobedecen; propaga las críticas y las oposiciones de obispos y teólogos. Y de esta manera destruye el fundamento mismo de su Unidad y así la Iglesia está cada día más dividida y lacerada. 17th2I5EIGS4 La Masonería Eclesiástica recibe órdenes y poder de varias logias masónicas y trabaja para conducir secretamente a todos a formar parte de esas sectas secretas. Así recluta a los ambiciosos con la perspectiva de fáciles carreras; colma de bienes a los hambrientos de dinero; ayuda a los miembros a sobresalir y a ocupar los puestos más importantes, mientras margina a todos aquellos que se niegan a participar de sus designios.

Trata de construir un Ídolo poderoso que debe ser adorado y pone frente a la muerte, a aquellos que no lo adoren. Un Ídolo tan fuerte y dominador que hace que todos, pequeños y grandes; ricos y pobres, libres y esclavos; reciban una marca en la mano derecha o en la frente. La Alta Masonería, desde hace más de un siglo sabe y espera, activamente buscándolo, el Reinado del Anticristo que ya está en función. 18gizeh-mason Todos los escritores masones y no masones, concuerdan en que todos los ritos demoníacos de la actual Alta Masonería, no tienen ninguna diferencia con los ritos egipcios, excepto en su parte nueva: Las Misas Negras que los egipcios no tenían. Pero los símbolos y las vestimentas son totalmente idénticas.

Otro ‘refinamiento’ son las misas negras solemnes, que se celebran con sacrificios humanos, en las mismas celebraciones que son grandes fiestas litúrgicas para la Iglesia Católica. Los llamados ‘días santos’ para la Iglesia de Satanás incluyen además el Día de Acción de Gracias y el Halloween en los Estados Unidos. Nuevo evangelio. Nueva iglesia. Nuevo ‘cristo’. Nuevo altar. Nueva cruz. Nuevo sacrificio. thCAL3Z875 Evangelio, iglesia, altar, cruz, ‘cristo’, sacrificio de hombres. No de Dios. Uno es el Evangelio: el de Jesús. Con todo lo sobrenatural que sólo Él Mismo puede Personalmente enseñar y con el Poder del Espíritu Santo.

Una es la Iglesia: La Católica Romana encabezada por el Papa y con la autoridad de Cristo que él representa. Uno es el Altar: Aquel consagrado por el aceite, el agua y el vino. Aquel que está cimentado sobre los huesos de un mártir y un santo de Dios.

Una es la Cruz: La de Jesús. Aquella de la cual pende el Cuerpo del Hijo de Dios: Jesucristo, el cual fue crucificado hace dos milenios bajo el poder de Roma, en tiempos de Poncio Pilatos. Aquella que repite la figura del Leño que lo ha llevado con infinito amor y con tanta fatiga, hasta la cima del Monte Calvario. No existen otras cruces. SACRIFICIO PERPETUO Uno solo es el Sacrificio: el de Dios que se humilló a Sí Mismo para ser Verdadero Hombre y se ofreció como la Gran Víctima al Padre Eterno, Dios desagraviando a Dios; para recuperarnos a nosotros.

El Sacrificio de un Dios que ama más a sus creaturas que a Sí Mismo y muere con una muerte afrentosa, para pagar sus pecados. Ceremonia real que se repite en cada Misa Cristiana y que se ofrece por todos los presentes a Ella; dándoles la oportunidad de reconciliarse con el Cielo, dejando que todo se pueda cumplir en la palabra ‘Quiero’.

El Poema de Amor que representa la Obediencia de un Dios Todopoderoso a las palabras de un sacerdote totalmente humano y su sometimiento para estar a nuestra disposición en un pequeño Cáliz con el correspondiente riesgo de estar también al alcance de su peor Enemigo. 21Eucaristia1 Y este es el verdadero motivo de que las ‘Estrellas del Apocalipsis’: los consagrados, sean la presa preferida de Satanás.

El Gran Soberbio piensa que en los sacerdotes que ha logrado robar a la Iglesia, para que lo sirvan a él en las ceremonias donde se conjugan la incredulidad de ellos, el Poder que les fue otorgado por el Sacramento del Sacerdocio y lo que considera su Jugada Maestra: en los nuevos ritos instaurados por él, Ha logrado alcanzar a Cristo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad y desahogando su infinito Odio y su Cruel ferocidad, ha conseguido destruir a su peor Enemigo, el Dios Único y Trino… ¡Por fin lo ha conseguido! (Eso piensa) 22eucharist1-400 La burda imitación de las Misas Negras, para él son el símbolo real de la Verdadera Muerte de Cristo, muerte total y completa realizada por sus consagrados robados y por eso su júbilo en el que terminan con una orgía de perversión y demoníaco frenesí de drogas, alcohol y sangre.

Se proclama vencedor, porque sus ingenuos seguidores no saben lo que verdaderamente esconde la obediencia a sus maquiavélicas órdenes y se proclama vencedor mientras los mantiene sometidos por el terror y la mentira.

Se le ha cumplido su sueño: por fin es adorado como un dios, por los verdaderos hijos de Dios. Las ceremonias aztecas en el Templo Mayor y la mayoría de los cultos paganos a través de los siglos, tal vez encuentren explicación y una mayor comprensión, en lo anteriormente expuesto. 24aztec_pyramid_gathering El deseo de ser adorado como Dios, ya lo expresó en las tentaciones con las que trató de someter a Jesús en el desierto. (Mateo 4.1, 1-11)  https://cronicadeunatraicion.wordpress.com/2012/08/20/2-la-primera-confrontacion/

En la actualidad ha envenenado a los hombres con la misma soberbia que lo perdió a él y a los que no controla con los vicios y con el terror; los convierte en adoradores ciegos con la inteligencia oscurecida por sus mentiras, con la misma promesa con la que perdió a Judas: DINERO, PODER, HONORES Y PLACERES.

Y tal como Judas vendió su Primogenitura Sacerdotal, los nuevos Judas de Hoy, venden a Jesús por lo mismo. Destruyen a otros; pero de ninguna manera substituyen al Gran Sacrificio. -666 El de Jesús obtiene gracias y bendiciones. El otro obtiene condena y maldición eterna. Dios siente y ve los gemidos y las torturas de los opresores que los degüellan en el alma y en la mente, más todavía que en el cuerpo.

Ninguno de los satanistas se salva del cuchillo que les mata la libertad, la paz, la serenidad, la Fe y los convierte en retrasados morales; asustados, desesperados y rebeldes. Dios también siente y ve los estertores de los sacrificados y la sangre que baña su altar.  Pobre sangre para la cual Dios tiene una Misericordia que supera toda medida y a la cual perdona también el error. Porque al hombre que ha sufrido esa aterradora experiencia y terrible castigo, Dios no trata con rigor en donde ya se ha expiado.

Pero ¡Ay de los Verdugos! Su juramento divino les procurará el mismo castigo que a Judas el Deicida… Y hace que de aquella sangre y de aquellos gemidos, Él hará su tormento eterno: comerán, regurgitarán, vomitarán sangre; se ahogarán en ella. 26rituales-satanicos Tendrán el alma aturdida hasta enloquecer por aquellos estertores y aquellos gemidos que los seguirán y les gritarán sus millones de delitos y los maldecirán eternamente en el Infierno; donde los espera su padre: el Rey de la Mentira y la Crueldad.

Dejaron de ser estrellas del firmamento cristiano y entonces serán trofeos de la maldad en el Reino de Satanás. Todo tiene un límite y cuando los sacerdotes se apartan de Dios, dejan de tener poder sobre Él. Entonces, ¿En dónde está entre ellos el Pontífice, el Sacerdote ungido para la celebración del rito? Solamente son carniceros y no sacerdotes. 12Card_John O'Connor masón Aquello no es un Altar, es un patíbulo. Aquel no es un Sacrificio, es una Blasfemia. Aquella no es una Fe, es un Sacrilegio.

Más les valdría detenerse y aunque ya están malditos; para que Dios no los fulmine con una muerte horrenda. Se han convertido en dioses infernales y Dios puede consignarlos para la expiación no del espíritu; sino de su cuerpo de fieras y los haga morir entre los ludibrios de la multitud y las sevicias de los seviciados actuales, cuando sea desatada la Persecución del Hijo de Satanás: el Anticristo.

Hay un límite. Y no habrá piedad para quién remeda a Dios y se vuelve igual a Lucifer. Podrán tener otros signos iguales a los jeroglíficos esculpidos en los hipogeos de los faraones o las estelas aztecas. 28px-Tombe_TaousertetSethnakht Signos, nadamás que signos de hombres o de Satanás; pero no cruces. No la Cruz Poderosa. No el símbolo de todo un Poema de Amor, de Redención, de Victoria sobre todas las fuerzas del Mal, cualesquiera que sean.

Cruz Eterna y símbolo de Vida Eterna, señalada en los espíritus de TODOS los hombres. Luminosa en los vivientes por el Espíritu Santo y apagada en los apóstatas; pero señal indeleble de la Redención Divina. Señal por la que serán juzgadas las almas por Jesús, Dios, Juez y Rey de los benditos y bienaventurados creyentes que lo aman y adoran su Signo y su Nombre.

Y Dios, Juez y Rey también de los malditos que parodian; los sacrílegos que han abatido en sí sus templos y de sus conciencias, el Nombre y la Señal de Jesús; substituyéndolas con las de Satanás, con su marca y su satanismo.

Uno es el Cristo: el que Murió en la Cruz bajo el poder de Poncio Pilatos, en el imperio de Tiberio César y Resucitó y Reina para siempre a la diestra de Dios Padre. El Cristo que se manifiesta a todos los que lo invocan con sinceridad, no temen conocerlo y se atreven a seguirlo por el camino de la Cruz. 29Camino_de_cruzNIEGAN A DIOS, NEGANDO QUE LO NIEGAN. Y así dicen que todo lo que existe es Dios y que por lo tanto el hombre tiene la misma Naturaleza y Esencia de Dios. Y que incluso las demás creaciones que vemos, son Dios. No puede darse error soberbio más grande.

El hombre no es de la misma naturaleza y esencia de Dios y menos lo son las cosas creadas. Dios es el Creador y el hombre, el que por Dios fue creado. Si el hombre fuese Dios, no hubiera tenido necesidad de ser creado, puesto que Dios es el Increado.

Si el hombre fuese un todo con Dios, la Tierra sería ya Cielo, porque los hombres tendrían el Gozo del Todo. Ese Gozo que es obtenido tras las luchas y perseverancias heroicas, sostenidas y llevadas a cabo durante el terrible día del exilio terreno. ¿Si todo fuese Dios, cómo estaría el hombre exiliado?

¿Si fuese Dios, cómo habría de pecar? La doctrina herética que asegura que todo es Dios, destruye innumerables verdades de la historia de Dios y del hombre. Destruye las relaciones de Regia y Divina Paternidad y de la filial sujeción. Destruye el reverencial Temor de Dios. Subleva al hombre con soberbia y le hace erguir la frente proterva, lanzando el mismo grito que Satanás: ¡No serviré! ¡Soy igual que Tú!

Cuando el hombre con sus hechos lanza semejante desafío, pierde totalmente la filiación con Dios y se convierte en su enemigo.

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“Yo había dicho vosotros dioses sois, todos vosotros, hijos del Altísimo” (Salmo 82,6)  El hombre es hijo de Dios, por la partícula que Dios puso de Sí Mismo, en el espíritu del hombre. Y ‘dioses’ debemos llegar a ser, por el esfuerzo de desterrar de nosotros mismos la maldad. Dios es todo Bondad y Perfección. Es el Amor Perfectísimo.

Sus Mandamientos nos invitan a divinizarnos mediante el Amor. Y ahí sí debemos esforzarnos por llegar a ser dioses, al convertirnos en reyes y soberanos de lo que sin Dios nos esclaviza y llegar a ser herederos del Reino de Dios. Esa es la verdadera misión del ser humano.

El hombre debe nacer del Agua y del Espíritu. Alimentarse de Dios para ‘recrearse’ por medio de la Gracia que dan los Sacramentos e instruirse por medio del Espíritu Santo, para lograr el crecimiento espiritual que lo convierte en ‘dios’. 31Cristo de Velazquez-Rostro Un pequeño cristo que debe compartir con Él, todo lo que Él enseñó: Amar como Él amó. Vivir como Él vivió. Obedecer como Él obedeció. Perdonar como Él perdonó. Hacer lo que Él hizo, amando lo que Él amó, buscando siempre lo que Él buscó.

Tarea sobrehumana que es imposible sin Él. Cuando el hombre camina siguiendo a Jesús, poniendo sus pies sobre sus Huellas ensangrentadas, empieza a poseer a Dios; esto es, la Sabiduría y la sabiduría lleva inevitablemente al Octavo Sacramento. https://cronicadeunatraicion.wordpress.com/2012/05/24/64-el-octavo-sacramento/

El verdadero cristiano debe imitar a Jesús hasta llegar a decir junto con San Pablo: “Ya no soy yo el que vivo, es Cristo Quién vive en mí” (Gálatas 2,20)  Pero para llegar a este punto es necesario conocer y desarrollar, La Ciencia de la muerte… https://cronicadeunatraicion.wordpress.com/2013/03/14/14-la-ciencia-de-la-muerte-i/ https://cronicadeunatraicion.wordpress.com/2013/03/14/16-ciencia-de-la-muerte-ii/ 32la-muerte MI PUEBLO PERECE POR FALTA DE CONOCIMIENTOS… (Oseas 4, 6)

ADVERTENCIA A AQUELLOS QUE ESTÁN INVOLUCRADOS CON CULTOS SATÁNICOS

Lunes 30 de mayo de 2011 a las 22:00 hrs.

Hija Mía estás haciéndote más fuerte ahora y a través de tu obediencia a Mi Santísima Voluntad, puedes alertar al mundo ahora de lo que está por venir.

Cuando hablo acerca del pecado, no he revelado los pecados infames que son cometidos, los cuales aun los pecadores comunes encontrarían difíciles de comprender. Las enfermizas prácticas llevadas a cabo por las llamadas “sofisticadas sociedades occidentales” tras puertas cerradas; los escandalizarían hasta las entrañas.

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Las atrocidades malignas, en donde los niños son ritualmente asesinados, en deferencia a Satanás, son una realidad en el mundo de hoy. Pero son sólo algunos de los intensos actos malignos que son cometidos por el hombre influenciado por Satanás.

Vayan tan lejos, hijos Míos, y encontrarán difícil volver a Mí. Otros actos que rompen Mi Corazón incluyen el abuso físico, particularmente a inocentes niños pequeños. Déjenme deletrearles la clase de pecados que les causarían gran angustia a muchos de ustedes, si Yo fuera a describirlos en detalle.

Los seguidores de Satanás a través de sus cultos, son salvajes en su trato al ser humano para quien no tienen respeto. Los sacrificios, incluyendo los sacrificios humanos, blasfemias, maldiciones y actos de profanación a Mí, a Mi Padre Eterno y a Mi Amada Madre, son rituales comunes.

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Tan poca vergüenza tienen estos adoradores satánicos que ellos ostentan su falta de respeto en público a través de la música, las películas, la TV y las artes. Aquellos culpables de tales sacrilegios enfrentarán la eterna condenación donde arderán en las llamas del Infierno por la eternidad.

Éste es uno de los últimos avisos que recibirán de Mí, su Salvador Jesucristo. Es también Mi solicitud final a ustedes para que se salven mientras puedan.

Yo, Jesucristo, no hago amenazas vanas. Haré todo por salvarlos. Pero más allá de cierto punto, no hay nada que Yo pueda hacer para detenerlos en su búsqueda del falso consuelo que creen que les será ofrecido por el Maligno.

Desatranquen los grilletes satánicos con los que están atados y huyan hacia Mí, AHORA. Los salvaré. Pero deben pedirme que los perdone mientras están vivos en esta vida.

Recuerden, es su elección. El Cielo o el Infierno.

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Ustedes escogen mientras todavía están vivos en esta Tierra.

Porque no serán capaces de hacerlo cuando pasen a la próxima vida.

Su siempre paciente y amoroso, Jesucristo

Domingo 6 de noviembre de 2011 a las 18:30 hrs.

Mi amadísima hija, la gente no entiende que Yo revivo Mi crucifixión diariamente. El dolor y el sufrimiento que soporto; son causados por los pecados cometidos por las personas cada segundo del día. Soporto momentos de profunda tristeza, cuando veo a esas almas que Me ofenden grandemente a través del pecado del odio.

El odio es instilado en los corazones de muchos y se produce debido a la infestación de Satanás.

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Mucha gente habla acerca de la posesión demoniaca como si esto fuera fácil de identificar. Muchísimos de Mis hijos están poseídos por Satanás. No tienen que ser vistos retorciéndose por una presencia demoniaca para estar poseídos.

Él, el enemigo de la Humanidad, utiliza a sus demonios para atacar a Mis hijos. Aquellos que están en tinieblas llegan a ser presa fácil, porque ellos atraen la presencia maligna.

Una vez poseídos, hijos, es muy difícil dejarlo atrás por uno mismo. Estos desafortunados hijos van, por la astuta y manipulativa infestación del maligno, infectar después a otras almas. Y así esto continúa.

El mal es usualmente presentado como bueno. Será muy difícil de discernirlo, excepto por esto: El comportamiento y las acciones de un alma infectada, nunca serán humildes en su naturaleza. Nunca serán generosos de corazón. Parecerán generosos; pero siempre habrá una trampa. Esta trampa siempre será demandándoles cosas a ustedes, con las cuales ustedes, se sentirán incómodos.

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Manténganse alejados de éste tipo de almas. Recen por ellas, no les permitan que les absorban en el pecado. Estén alerta siempre del engañador, porque él está por todas partes en estos tiempos.

Siempre recen para mantener a esa maldad acorralada. La oración debilitará su alcance y su fuerza… Como también les protegerá a ustedes.

Piensen en Satanás y en sus malvadas obras como una enfermedad infecciosa.

Tomen toda precaución para evitar estar en contacto con aquellos que portan la enfermedad. Debieran de saber que ustedes no tienen elección; entonces ármense con Agua Bendita, Crucifijos Benditos y la Medalla de San Benito. Ellos mantendrán a estos demonios alejados.

39Medalla de San Benito

Estos son los momentos, hijos, en que deben rodearse, a ustedes y a sus casas, con objetos religiosos que estén bendecidos. Muchos se avergüenzan de ser vistos con estas cosas, por miedo a que se burlen. Esto les dará protección en su casa y son un gran consuelo en la oración.

Recuerden que el Demonio no solo vive en el infierno, sino que ha establecido ahora su reino en la Tierra. La oración es la única cosa que lo aterroriza y lo vuelve impotente.

La oración les sostendrá a ustedes, hijos, en los tiempos por venir.

Su amoroso Salvador

Jesucristo

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44.- EXAMEN DOCTRINAL


El pequeño Yabé va prendido de la mano de Jesús, mientras van caminando…

Felipe pregunta:

–           ¿Llegaremos esta tarde a Enganím?

–           Ciertamente. Pero ahora tenemos al niño. ¿Estás cansado Yabé? –Pregunta amorosamente Jesús- Sé sincero como un ángel.

El niño responde:

–           Un poco, Señor. Pero procuraré tener ánimos para seguir caminando.

Juan de Endor dice:

–           Este niño está debilucho.

Pedro exclama:

–           Lo mismo digo yo. Con la vida que tuvo durante varios meses… Ven chiquito, que te llevo en  mis brazos.

El niño contesta:

–           ¡Oh no, señor! no te fatigues. Todavía puedo caminar.

–           Ven. Ven que no estás pesado. Pareces un pajarito mal comido. –Y Pedro se lo hecha sobre su espalda, fuerte y robusta, con sus piernitas flacas que le cuelgan a los lados.

Caminan de prisa y llegan Meggidó. Se paran a descansar a la orilla de un riachuelo. Se respira aire de fiesta y se ven muchos niños alegres, con la ceremonia en la que serán mayores de edad.

Dos muchachitos ricos que se han acercado a jugar junto al manantial, cerca de donde están Yabé y Pedro, le preguntan al niño:

–           ¿Tú también vas para ser hijo de la Ley?

Yabé responde casi escondiéndose detrás de Pedro:

–           Sí.

–           ¿Este es tu padre? ¿Eres pobre, verdad?

–           Sí. Soy pobre.

Los muchachos que parecen ser hijos de fariseos lo escudriñan irónicos y curiosos. Le dicen:

–           Se ve.

Y de hecho, sus vestidos son miserables harapos y demasiado cortos. Sus pequeños pies calzan unas sandalias muy feas, sostenidas con burdas correas, que son una tortura para sus pies.

Y los muchachitos, llevados por un egoísmo cruel propio de muchos niños que no son buenos, dicen:

–           ¡Oh! ¡Entonces no vas a tener vestido nuevo para tu fiesta! ¡Nosotros, mira…! ¿Verdad Joaquín? Mi vestido es rojo y también el manto. El de él es azul. Y tendremos sandalias con hilos de plata. Y un cinturón bordado con oro y un talet sostenido con una lámina de oro y…

–           Y un corazón de piedra, ¡Digo yo! –Grita Pedro que ha terminado de llenar las cantimploras- ¡Sois malos, muchachos! La ceremonia y los vestidos valen un comino, si el corazón no es bueno. Prefiero a mi niño. ¡Largaos orgullosos y presumidos! ¡Idos con los ricos y tened respeto a quién es pobre y honesto! Ven Yabé. El agua es buena para los pies cansados. Ven para que te los lave. Después caminarás mejor. Te llevaré en brazos hasta Enganím. Buscaré uno para que te haga sandalias nuevas.

Y Pedro lava y seca los pequeños pies lastimados, que desde hace tanto tiempo no han sido acariciados.

Yabé va a cumplir doce años, pero parece un niño escuálido de nueve. El niño mira a Pedro, titubea, luego se inclina sobre el hombre que le está acomodando las sandalias, lo rodea con sus bracitos flacos y le dice:

–           ¡Qué bueno eres! –Y lo besa en los cabellos alborotados.

Pedro se conmueve… Se sienta en la tierra mojada y le pide:

–           Ahora dime: ‘padre’…

El cuadro es enternecedor. Jesús se acerca junto con los demás.

Los dos niños, que se habían quedado por curiosidad, dicen:

–           Luego, ¿No es tu padre?

Yabé responde con firmeza:

–           Para mí es padre y madre.

–           Sí querido. Dijiste bien: padre y madre. Y a vosotros señoritos; os aseguro que no irá mal vestido a la ceremonia. Irá como un rey.

Los dos rapazuelos se sorprenden y se van corriendo.

Jesús pregunta con una gran sonrisa:

–           ¿Qué haces ahí sentado en la humedad?

–           ¿En la humedad? ¡Oh, sí! No me había dado cuenta. ¡Ah, Maestro! Debes dejar que me encargue de este pequeño. Luego lo entregaré. Hasta que no sea un verdadero israelita es mío.

–           ¡Pero claro que sí! Tú serás su tutor, como un viejo padre. ¿Está bien? Vámonos. Para llegar al atardecer y para no hacer correr mucho al niño…

–           Yo lo cargo. Pesa más mi red. No puede caminar con estas suelas rotas. Ven, Yabé. –Y Pedro, cargándose a su ‘hijito’, continúa feliz su camino.

Están ya cerca de Enganím y se ve su acueducto; cuando el ruido de un pelotón de soldados, los obliga a hacerse a un lado del camino pavimentado y resuenan los cascos de los caballos.

–           ¡Salve, Maestro! Milagro de verte por aquí. –Grita Publio Quintiliano que bajando del caballo, lo detiene de la brida y se acerca a Jesús con una sonrisa franca.

Sus soldados aflojan el paso, por respeto a su comandante.

Jesús contesta:

–           Voy a Jerusalén para la Pascua.

–           Yo también. Durante las fiestas se refuerzan las guardias, pero también viene Poncio Pilatos a ellas y está Claudia. Somos su estafeta. Son caminos inseguros. Las águilas espantan a los chacales. –Dice el tribuno muy sonriente y mira a Jesús. Después en voz baja agrega- Este año doble guardia para proteger las espaldas del desvergonzado de Antipas. Hay mucho descontento porque arrestó al Profeta.

Descontento en Israel y descontento de remache entre nosotros. Pero… hemos pensado en dar una cadenciosa melodía de flautas al Sumo Sacerdote y a sus compinches. –Y en voz más baja aún- Tú estás seguro. Los de uñas largas no las sacarán. ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! Nos tienen miedo. Basta con aclarar la voz; para que crean que es un rugido. ¿Hablarás en Jerusalén? Ven cerca del Pretorio. Claudia habla de Ti, diciendo que eres un gran filósofo. Eso es bueno para Ti, porque… el verdadero Procónsul es Claudia; es nieta de Augusto.

Mira a su alrededor y ve a Pedro colorado, sudado y cargando al niño.

Pregunta con curiosidad:

–           ¿Y ése?

–           Es un huérfano que tengo conmigo.

–           ¡Pero ese hombre tuyo se cansa mucho! –Le grita al niño- ¡Muchacho! ¿Tienes miedo de venir conmigo en el caballo por unos cuantos metros? Te echaré encima la clámide y cabalgaré despacio. Te devolveré a este hombre cuando lleguemos a la Puerta…

El niño no opone resistencia. Es tan manso como un corderito.

Publio lo pone consigo sobre la silla. Y al ir a dar órdenes a sus soldados, para que caminen  más despacio, ve al hombre de Endor.

Lo mira fijamente y dice:

–           ¿Tú, aquí?

–           Sí. Ya no venderé huevos a los romanos. Pero allá dejé las gallinas. Ahora estoy con el Maestro…

–           Bien para ti. Tendrás más tranquilidad. ¡Adiós! Salve, Maestro. Te espero en aquel montón de árboles. –Y espolea su caballo.

Varios preguntan a Juan de Endor:

–           ¿Lo conoces? ¿Te conoce?

–           Sí. Le vendía pollos. Lo conocí una vez que fui llamado a Naím, para fijar la distribución. Allí estaba él. Desde entonces, cuando iba a Cesárea a comprar libros u otras cosas, siempre me saludaba. Me llama Cíclope o Diógenes. Es un hombre bueno. Y aunque odio a los romanos, no le he ofendido en nada, porque esperaba que me fuera útil.

Pedro dice:

–           ¿Has oído, Maestro? Mis palabras al centurión de Cafarnaúm dieron resultado. Ahora estoy más tranquilo.

Llegan a la sombra de la arboleda a cuya sombra, la patrulla se ha detenido.

El tribuno dice:

–           Bien. Aquí está el niño. ¿Algunas órdenes, Maestro?

–           No, Publio. Que Dios se te muestre.

–           Salve. –Y se sube al caballo.

Lo espolea y los suyos le siguen. Se oyen los cascos de los caballos y se ven brillar las corazas.

Entran a la ciudad y Pedro lleva al niño a comprarle sus sandalias.

Zelote dice:

–           Este hombre se muere por tener un hijo. Tiene razón.

Jesús contesta:

–           Os daré millares. Ahora vamos a buscar refugio para que continuemos mañana al amanecer.

Al día siguiente, por los caminos cada vez más atestados de Jerusalén, un fuerte aguacero que cayó por la noche, ha dejado los caminos lodosos, pero en cambio se ha llevado el polvo y el aire está muy limpio. Los campos parecen jardines muy bien cuidados.

Todos caminan aprisa porque están muy descansados y porque el niño con sus sandalias nuevas, puede caminar mejor. Y ahora que ya ha cobrado confianza, platica con todos y es conmovedor ver cómo este grupo de hombres, la mayoría sin hijos, muestran un cariño paternal y lleno de cuidados, por el discípulo más pequeño de Jesús.

El hombre de Endor hace beber un huevo crudo al niño y le corta ramitas de hierbas silvestres y se las da para calmarle la sed y que no tenga necesidad de beber mucha agua. Le hace ver y contemplar los panoramas, para que no piense en el cansancio.

El antiguo pedagogo de Cintium, al que arruinó la maldad humana; vuelve a la vida por este niño que es una miseria como él. Los amigos de la desgracia y de la amargura, se hinchan con una sonrisa de bondad.

Yabé no tiene ya el aspecto lastimero; trae sus sandalias nuevas y en su cara hay menos tristeza. Ya le quitaron el aspecto salvaje de la vida de bestezuela, que por tantos meses llevó. Y se ve muy limpiecito en medio de su pobreza.

También Juan de Endor es otro. Su cara ha perdido la dureza y ahora es seria, pero sin infundir miedo. Y estas dos piltrafas humanas que volvieron a la vida por la Bondad de Jesús, corresponden con amor por Él.  Cuando llegan a la cima de un monte,

Jesús dice al niño:

–           Yabé, ven aquí. ¿Ves aquel punto dorado? Es la Casa del Señor. Allí vas a jurar obedecer la Ley.  ¿La sabes bien?

Yabé contesta:

–           Mi mamá me hablaba de ella y mi padre me enseñaba los Mandamientos. Sé leer. Y…Tú dices que abrirás las Puertas de los Cielos. ¿No están cerradas por el Gran Pecado? Mi mamá me decía que nadie podía entrar, hasta que no hubiese llegado el Perdón… Y que los justos lo esperaban en el Limbo.

–           así es. Pero luego iré al Padre, después de haber predicado la Palabra de Dios y… de haber obtenido el Perdón. Entonces bajaré a llamar a todos los justos.

–           ¿Y estará mi mamá con ellos?

–           Claro. Ella y tu padre.

–           ¡Oh! ¡Cuánto te quiero! –el niño lo abraza y lo besa emocionado.

–           Ahora prosigamos a la Ciudad Santa. A donde llegaremos mañana por la tarde. ¿Por qué tanta prisa? ¿Me lo puedes decir? ¿No sería lo mismo llegar pasado mañana?

–           No. No sería lo mismo. Porque mañana es la preparación de la Pascua y después del crepúsculo no se puede caminar más de 1,200 metros, porque ha empezado el sábado su descanso.

–           Luego, ¿Debemos de estar ociosos el sábado?

–           No. Se ruega al Altísimo Señor.

–           ¿Cómo se llama?

–           Adonai. Pero sólo los santos pueden decir su Nombre.

–           También los niños buenos. Dímelo si lo sabes.

–           Yeové.

–           ¡Ah, sí! ¿Y qué mandó?

–           Mandó santificar el sábado: ‘Trabajarás durante seis días, pero descansarás el séptimo. Y descansarás porque así lo hice Yo, después de la Creación.’

–           ¿Cómo? ¿Descansó el Señor? ¿Se había cansado de Crear? ¿Y propiamente creó Él? ¿Cómo lo sabes? Yo sé que Dios nunca se cansa.

–           No se había cansado porque Dios no camina y no mueve los brazos. Pero lo hizo para enseñar a Adán y a nosotros. Y para tener un día en que pensemos en Él. Él creó todo. Es verdad. Lo dice el Libro del Señor.

¿Escribió Él el Libro?

–           No. Pero es la verdad. Y hay que creerlo para no ir con el Demonio.

–           Me dijiste que Dios no camina. Que no mueve los brazos. ¿Entonces cómo creó? ¿Cómo Es? ¿Una estatua?

–           No es un ídolo. Es Dios. Y Dios es… Dios es… Déjame pensar y acordarme cómo me decía mi mamá…Y mejor que ella; aquel hombre que iba en tu Nombre a encontrar a los pobres de Esdrelón… Mi mamá me decía, para hacerme entender a Dios: ‘Dios es como mi amor por ti. No tiene cuerpo y con todo existe.’ Y aquel hombre, con una sonrisa dulce, decía: “Dios es un Espíritu Eterno. Uno y Trino. Y la Segunda Persona ha tomado carne, por amor nuestro; por nosotros los pobres… Y su Nombre… ¡Oh, Señor mío!… Ahora que me acuerdo… ¡ERES TÚ!

Y el niño sorprendido; se arroja en tierra y adora a Jesús…

Todos corren, creyendo que se ha caído. Pero Jesús les hace una seña con su dedo en los labios y luego dice:

–           Levántate Yabé. Los niños no deben tener miedo de Mí.

El niño levanta con veneración profunda su cabeza y mira a Jesús con otros ojos. Un poco atemorizado.

Jesús le sonríe y le tiende la mano diciendo:

–           Eres un sabio, pequeño israelita. Continuemos nuestra investigación. Ahora que me has reconocido, ¿Sabes si se habla de Mí en el Libro?

–           ¡Oh! ¡Claro, Señor! Desde el principio hasta ahora. Él habla sólo de Ti. Tú Eres el Salvador Prometido. Ahora entiendo por qué abrirás las Puertas del Limbo. ¡Oh, Señor! ¡Señor! ¿Y me quieres mucho?

–           Sí, Yabé.

–           Ya no me digas Yabé. Dame un nombre que quiera decir que me amas; que me has salvado…

–           Escogeré el nombre junto con mi Madre. ¿Está bien?

–           Pero que quiera significar esto. Y me llamaré así desde el día en que me convierta en hijo de la Ley.

–           Desde aquel día así te llamarás.

Se detienen en un valle pequeño, fresco y abundante en aguas, para tomar sus alimentos.

Yabé ha quedado medio atolondrado con la revelación y come en silencio. Con respeto profundo, acepta cualquier pedazo de pan que le ofrece Jesús. Pero poco a poco, vuelve a su antigua manera de ser. Sobre todo, después de haber jugado con Juan; mientras los demás descansan en la verde hierba. Regresa a Jesús, junto con Juan que es todo sonrisas y los tres forman un círculo.

Jesús dice:

–           No me dijiste quién habla de Mí, en el Libro.

Los profetas, Señor. ¡Oh!… me decía mi papá que eras el Cordero… ¡Oh!… Ahora comprendo. El Cordero de Moisés… ¡Tú Eres la Pascua!… Pero… el Mesías… ¡Será inmolado!… su voz se quiebra y cuando está a punto de llorar.

Jesús le pregunta:

–           Por ahora basta. Oye… ¿Sabes los Mandamientos?

–           Sí, Señor. Creo que los sé. Los repetía en el bosque, para no olvidarlos y para oír las palabras de mi mamá y de mi papá. Pero no lloro más; porque ahora te tengo.

Juan se abraza a Jesús sonriendo:

–           ¡Mis mismas palabras!

–           Todos los niños de corazón, hablan igual.

Más tarde, antes de llegar a Jerusalén, el cielo está lluvioso y Pedro lleva al niño sobre su espalda, cubierto con su manto.

A Pedro le gusta chapotear en las charcas.

–           ¿Podrías dejar de hacer eso? –refunfuña Judas que está nervioso, porque está totalmente empapado y el agua le escurre por todas partes.

Juan de Endor clava su único ojo en el gallardo Judas y responde:

–           ¡Eh! ¡Hay tantas cosas que no se deberían de hacer!

–           ¿Qué quieres decir?

–           Quiero decir que es inútil desear que los elementos nos respeten, cuando nosotros no respetamos a nuestros semejantes y en cosas que no son dos gotas de agua o rociadas de lodo.

–           Es verdad. Pero a mí me gusta andar bien presentado y entrar en la ciudad bien vestido y limpio. Tengo muchos amigos importantes y que están arriba.

–           Entonces trata de no caer.

–           ¿Me estás provocando?

–           ¡Oh, nooo! Soy un viejo maestro… y un viejo estudiante. Aprendo. Desde que vivo, estoy aprendiendo a vivir. Y comprendes que naturalmente me vienen ganas de repetir las lecciones.

–           Pero yo soy apóstol.

–           Y yo soy un desgraciado. Lo sé. Y no debería atreverme a enseñarte. Pero mira, nunca se sabe a lo que puede uno llegar. Esperaba morir como un pedagogo honrado y venerado en Chipre y me convertí en homicida y presidiario. Pero cuando levanté el puñal para vengarme y cuando arrastraba las cadenas odiando a todos, si me hubiesen dicho que llegaría a ser discípulo del Santo, habría pensado que no estaban bien de la cabeza. Y sin embargo… lo ves. Por esto tal vez también yo puedo darte una lección a ti, que eres apóstol. Con mi experiencia; no con mi santidad. Porque ni siquiera en ella pienso.

–           Ese romano que te llama Diógenes; tiene razón.

–           Sí. Pero Diógenes buscaba al hombre y no lo encontró. Yo, más afortunado que él, encontré una víbora en pensaba encontrar a la mujer. Y un cuco donde veía al hombre que creí un amigo. Pero después de haber vagado durante tantos años, sin poder conocer nada, encontré al Hombre; al Santo.

–           Yo no conozco otra sabiduría que la de Israel.

–           Así es. Tienes con qué salvarte. Pero ahora tienes también la Ciencia de Dios.

–           Es la misma cosa.

–           ¡Oh, no! Es como un día nublado y un día lleno de sol…

–           Bueno. ¿Me quieres enseñar? No tengo ganas.

–           Déjame hablar. Antes hablaba a los niños. No me ponían atención. Luego a las sombras: me maldecían. Después a los pollos. Debo decir que eran mucho mejores que los dos primeros. Ahora hablo conmigo mismo, no pudiendo hablar con Dios. ¿Por qué me lo quieres impedir? Tengo un solo ojo. La vida destruida en las minas. El corazón enfermo desde hace muchos años. Permite que al menos mi mente no se haga estéril.

Judas replica con firmeza:

–           No entiendo por qué dices que no puedes hablar con Dios. Jesús es Dios.

–           Lo sé. Lo creo más que tú. Porque he vuelto a nacer por obra suya. Tú no. Pero aunque sea Bueno, es siempre ÉL: DIOS. Y yo el pobre desgraciado que no me atrevo a tratarlo con la familiaridad con que tú lo haces. Le habla mi alma, pues mis labios no se atreven. El alma que me imagino que la oye gritar de gratitud y de amor penitente.

–           Es verdad, Juan. Yo oigo tu alma. –Jesús interviene en la conversación de los dos.

Judas enrojece de vergüenza. El hombre de Endor de alegría.

Jesús agrega:

–                      Oigo tu alma, es verdad. Escucho el trabajo de tu inteligencia. Has hablado bien. Cuando en Mí llegues a formarte, te ayudará mucho el haber sido maestro, alumno estudioso. Habla. Habla también contigo mismo.

Judas advierte con aspereza:

–           Maestro, hace poco me dijiste que era malo hablar con el propio ‘yo’.

–           Es verdad que lo dije. Pero la razón es que tú, murmurabas con tu propio ‘yo’. Este hombre no murmura, medita. Y con un fin bueno. Eso no hace daño.

Judas replica de mal humor:

–           En resumidas cuentas, ¡Siempre estoy equivocado!

Jesús dice con calma:

–           No. Tienes desasosiego en el corazón. No siempre puedes estar tranquilo. Cuando la carne muerde, es cosa horrible Judas…

Judas no responde. Se retira chapoteando con coraje en los charcos.

Bartolomé pregunta:

–           ¿Qué le pasa hoy a ése?

–           Cállate. Que Simón de Jonás no te oiga. Evitemos altercados y no envenenemos a Simón. Está tan contento con su niño.

–           Es verdad, Maestro. Pero no está bien. Se lo diré.

–           Es joven, Nathanael. También tú lo fuiste…

–           Sí. Pero no debe faltarte al respeto.

Sin querer ha levantado la voz y Pedro oye:

–           ¿Qué pasó? ¿Quién te faltó al respeto? ¿El nuevo discípulo? –Y mira a Juan de Endor que discretamente se había retirado al comprender que Jesús corregía al apóstol y se ha puesto a hablar con Zelote.

–           ¡Ni pensarlo! Es respetuoso como una doncella.

–           ¡Ah, bien! Porque si no… ¡Eh! Su único ojo estaba en peligro.  Entonces… -Pedro mueve la cabeza afirmando- ¡Entonces fue Judas! ¿Verdad?…

–           Oye Simón, ¿No podrías mejor ocuparte de tu pequeño? Me lo quitaste y ahora quieres intervenir en una conversación amigable entre Bartolomé y yo. ¿No te parece que quieres hacer muchas cosas?

Jesús, con una sonrisa tranquila mira a Pedro que queda dudoso sobre lo que tiene que hacer… Mira a Bartolomé.

Pero éste levanta su cara aquilina hacia el cielo. Y Pedro comprende que no hay nada que hacer.

Cuando llegan a la ciudad; todos, en un arroyuelo cercano se asean y se componen los vestidos. Se preparan para entrar a la Ciudad Santa…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

90.- EL SACRIFICIO PERPETUO II


9. EL OFERTORIO.

En este momento se canta la antífona de ofertorio.

Al comienzo de la liturgia eucarística se llevan al altar los dones que se convertirán en el Cuerpo y Sangre de Cristo. En primer lugar, se prepara el altar o mesa del Señor, que es el centro de toda la liturgia eucarística y colocando sobre él el corporal, el purificador, el misal y el cáliz. Se traen a continuación las ofrendas: es de alabar que el pan y el vino lo presenten los mismos fieles. El sacerdote o el diácono los recibirá en un lugar oportuno para llevarlo al altar.

Acompaña a esta procesión en que se llevan las ofrendas el canto del ofertorio, que se alarga por lo menos hasta que los dones han sido depositados sobre el altar. El sacerdote  inciensa las ofrendas colocadas sobre el altar y después la cruz y el mismo altar, para significar que la oblación de la Iglesia y su oración suben ante el trono de Dios como el incienso. Después son incensados, el sacerdote en razón de su sagrado ministerio y el pueblo, en razón de su dignidad bautismal.

El sacerdote pone el pan y el vino sobre el altar mientras dice las fórmulas establecidas.

Las especies eucarísticas (pan y vino) son ofrecidas a Dios por el sacerdote, quién además se purifica mediante el lavado de manos.

Un momento después llegó el Ofertorio y Uriel dijo a Maximiliano:

–                     Reza conmigo así:

Señor, te ofrezco todo lo que soy, lo que tengo, lo que puedo, todo lo pongo en Tus manos. Edifica Tú, Señor con lo poco que soy. Por los méritos de Tu Hijo, transfórmame, Dios Altísimo. Te pido por mi familia, por mis bienhechores, por cada miembro de nuestro Apostolado, por todas las personas que nos combaten, por aquellos que se encomiendan a mis pobres oraciones… Enséñame a poner mi corazón en el suelo para que su caminar sea menos duro…  

Y Maximiliano contempló asombrado como de pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto antes. Era como si del lado de cada persona que estaba en la iglesia, saliera otra persona y aquello se llenó de unos personajes jóvenes, hermosos. Iban vestidos con túnicas muy blancas y fueron saliendo hasta el pasillo central dirigiéndose hacia el Altar.

Uriel dijo: Observa, son los Ángeles de la Guarda de cada una de las personas que está aquí. Es el momento en que su Ángel de la Guarda lleva sus ofrendas y peticiones ante el Altar del Señor.

En aquel momento, estaba completamente asombrado, porque esos seres tienen rostros tan hermosos, tan radiantes que no es posible describirlos con palabras… Lucen una belleza sobrenatural tan portentosa, que parecen casi femeninos; sin embargo la complexión de su cuerpo, sus manos, su estatura es la de un hombre. Los pies desnudos no pisan el suelo, sino que iban como deslizándose, como resbalando. Aquella procesión es impresionante. Algunos de ellos tenían como una fuente de oro con algo que brillaba mucho con una luz blanca-dorada.

Uriel dijo:

–          Son los Ángeles de la Guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa Misa por muchas intenciones, aquellas personas que están conscientes de lo que significa esta celebración, aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor…” “Ofrezcan en este momento…, ofrezcan sus penas, sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus peticiones. Recuerden que la Misa tiene un valor infinito por lo tanto, sean generosos en ofrecer y en pedir.”

Detrás de los primeros Ángeles venían otros que no tenían nada en las manos, las llevaban vacías. Uriel dijo:

 -“Son los Ángeles de las personas que estando aquí, no ofrecen nunca nada, que no tienen interés en vivir cada momento litúrgico de la Misa y no tienen ofrecimientos que llevar ante el Altar del Señor.”

En último lugar iban otros Ángeles que estaban medio tristones, con las manos juntas en oración pero con la mirada baja.

 -“Son los Ángeles de la Guarda de las personas que estando aquí, no están, es decir de las personas que han venido forzadas, que han venido por compromiso, pero sin ningún deseo de participar de la Santa Misa y los Ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el Altar, salvo sus propias oraciones”.

“No entristezcan a su Ángel de la Guarda…. Pidan mucho, pidan por la conversión de los pecadores, por la paz del mundo, por sus familiares, sus vecinos, por quienes se encomiendan a sus oraciones. Pidan, pidan mucho, pero no sólo por ustedes, sino por los demás.” “Recuerden que el ofrecimiento que más agrada al Señor es cuando se ofrecen ustedes mismos como holocausto, para que Jesús, al bajar, los transforme por Sus propios méritos. ¿Qué tienen que ofrecer al Padre por sí mismos? La nada y el pecado, pero al ofrecerse unidos a los méritos de Jesús, aquel ofrecimiento es grato al Padre.”

Aquel espectáculo, aquella procesión era tan hermosa que no es posible compararla con ninguna  otra. Todas aquellas criaturas celestiales haciendo una reverencia ante el Altar, unas dejando su ofrenda en el suelo, otras postrándose de rodillas con la frente casi en el suelo y luego que llegaban allá desaparecían a su vista.

Oración sobre las ofrendas

Terminada la colocación de las ofrendas y los ritos que la acompañan, se concluye la preparación de los dones con la invitación a orar juntamente con el sacerdote, que dice: «oren hermanos para que este sacrificio mío y de ustedes sea agradable a Dios, Padre Todo poderoso», a lo que el pueblo responde: «el Señor reciba de tus manos, este sacrificio para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia» y a continuación la oración sobre las ofrendas y así todo queda preparado para la Plegaria eucarística.

En la Misa se dice una sola oración sobre los dones, que termina breve: Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Ahora empieza el centro y la cumbre de toda la celebración. La Plegaria eucarística es una plegaria de acción de gracias y de consagración. El sacerdote invita al pueblo a elevar el corazón hacia Dios, en oración y acción de gracias y lo asocia a su oración que él dirige en nombre de toda la comunidad, por Jesucristo en el Espíritu Santo, a Dios Padre.

El sentido de esta oración es que toda la congregación de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio.

El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta «Hora».

Plegaria eucarística

Como Iglesia, unidos en una misma fe, en un mismo corazón, presentamos ahora la sencilla ofrenda que Dios mismo transformará en el cuerpo y la sangre de su Hijo Jesucristo: Pan y vino son fruto de nuestro trabajo personal y comunitario y simbolizan las dimensiones más sencillas de nuestra vida diaria: nuestro trabajo, nuestro sustento y nuestra alegría.

Con el pan y el vino va incluida la ofrenda de nuestra vida, de nuestro trabajo y de nuestro amor; nuestras penas, fatigas y alegrías van a ser recibidas por Dios de las manos del sacerdote y como el pan y el vino, nuestro propio ser (cuerpo y alma) será también santificado y transformado con la presencia viva y real de Jesucristo Eucaristía.

En este momento unámonos al sacerdote, entregándole a Dios nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra oración, nuestras penas y alegrías, nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra mente con todos sus pensamientos, nuestro corazón con todos sus sentimientos y deseos, nuestros labios y todas nuestras palabras, nuestros amigos y seres queridos, incluso los que no nos aman…

En fin, toda la realidad humana material y espiritual de la que somos parte, para que toda esa realidad sea transformada por Cristo, sea santificada, sea cristificada; para que todos seamos hostias vivas, sagrarios de la presencia del Espíritu Santo y para que el mundo entero sea un altar para la gloria de Cristo Jesús.

Prefacio. Es un himno, que empieza con un diálogo entre el sacerdote y los fieles. Resume la alabanza y la acción de gracias propia de la fiesta que se celebra. En esta acción de gracias, el sacerdote, en nombre de todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da las gracias por toda la obra de salvación.

10. CANTO DEL SANTO:

Hemos hecho ofrenda del pan y del vino, de nosotros mismos y del mundo entero.

Ahora esta ofrenda va a ser consagrada: la hostia se transformará en el cuerpo de Cristo y el vino en su Sangre. Por esa consagración, nosotros mismos seremos santificados y el mundo entero también. Nos unimos a los santos y a los ángeles, que contemplan y gozan ya del fruto de estos misterios, cantando a Dios: “Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo, llenos están los cielos y la tierra de su gloria. ¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”

El cielo (los que ya gozan de la gloria de Dios) y la tierra (los que estamos de camino hacia la gloria) cantan la santidad de Dios, pues Él es el único verdaderamente santo y fuete de toda santidad.

Sanctus («Santo»). Los fieles junto con el sacerdote cantan, o rezan, el Sanctus: Sanctus, sanctus, sanctus Dominus Deus sabaoth. Pleni sunt caeli et terrae gloria tua. Hossana in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hossana in excelsis («Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el Cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el Cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el Cielo»).

Maximiliano estaba extasiado contemplando la Gloria de Dios cuando llegó el momento final del Prefacio y cuando la asamblea decía: “Santo, Santo, Santo” de pronto, todo lo que estaba detrás de los celebrantes desapareció.

Del lado izquierdo del señor Arzobispo hacia atrás en forma diagonal aparecieron miles de Ángeles, pequeños, Ángeles grandes, Ángeles con alas inmensas, Ángeles con alas pequeñas, Ángeles sin alas, como los anteriores; todos vestidos con unas túnicas como las albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos. Todos se arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia inclinaban la cabeza. Se escuchaba una música bellísima, como si fueran muchísimos coros con distintas voces y todos decían al unísono junto con el pueblo: Santo, Santo, Santo…

Había llegado el momento de la Consagración, el momento del más maravilloso de los Milagros… Del lado derecho del Arzobispo hacia atrás en forma también diagonal, una multitud de personas, iban vestidas con la misma túnica pero en colores pastel: rosa, verde, celeste, lila, amarillo; en fin, de distintos colores muy  suaves. Sus rostros también eran brillantes, llenos de gozo, todos parecían tener la misma edad. Se podía apreciar que había gente de distintas edades, pero todos parecían igual en las caras, hermosas, jóvenes, sin arrugas, felices. Todos se arrodillaban también ante el canto de Santo, Santo, Santo, es el Señor…”

Uriel dijo:

Son todos los Santos y Bienaventurados del cielo y entre ellos, también están las almas de los familiares de ustedes que gozan ya de la Presencia de Dios”

Entonces Maximiliano vio a la Madre de Dios,  justamente  a la derecha del señor Arzobispo… un paso detrás del celebrante, estaba un poco suspendida del suelo, arrodillada sobre unas telas muy finas, transparentes pero a la vez luminosas, como agua cristalina. La Santísima Virgen con las manos unidas, mirando atenta y respetuosamente al celebrante.

Y desde allá sin cambiar de posición ni levantar el rostro, su voz llena de dulzura le saludó y le dijo directamente en su corazón:

-“¿Te llama la atención verme un poco más atrás de Monseñor, verdad? Así debe ser… Con todo lo que Me ama Mi Hijo, no Me Ha dado la dignidad que da a un sacerdote de poder traerlo entre Mis manos diariamente, como lo hacen las manos sacerdotales. Por ello siento tan profundo respeto por un sacerdote y por todo el milagro que Dios realiza a través suyo, que me obliga a arrodillarme aquí.”

Maximiliano quedó impactado por tanta gracia que el Señor derrama sobre las almas sacerdotales…

Delante del altar, empezaron a salir unas sombras de personas en color gris que levantaban las manos hacia arriba.

Uriel continuó con su enseñanza:

Son las almas benditas del Purgatorio que están a la espera de las oraciones de ustedes para refrescarse. No dejen de rezar por ellas. Piden por ustedes, pero no pueden pedir por ellas mismas, son ustedes quienes tienen que pedir por ellas para ayudarlas a salir para encontrarse con Dios y gozar de Él eternamente.”

Maximiliano veía todo lo que se desarrollaba ante sus asombrados ojos con infinito agradecimiento y sabedor de que tenía que compartir con todos los demás cristianos todo el conocimiento que le estaba siendo revelado.

La Virgen le dijo:

Hijito mío, di a todos tus hermanos que yo estoy realmente presente cuando se celebra la Santa Misa desde que comienza, hasta que termina.  Estoy aquí  al pie del Altar donde se celebra la Eucaristía  y siempre Me van a encontrar aquí;  al pie del Sagrario permanezco Yo con los Ángeles, Adorando al Señor, porque Estoy siempre con Él.”

Ver ese rostro hermoso de la Madre en aquel momento del “Santo”, al igual que todos ellos, con el rostro resplandeciente, con las manos juntas en espera de aquel milagro que se repite continuamente, era estar en el mismo cielo.

Uriel dijo:  

“Dile al ser humano, que nunca un hombre es más hombre que cuando dobla las rodillas ante Dios”.

Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración: nos encontramos con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén,

estando todos los asistentes a la Santa Misa real y místicamente presentes en el Viernes Santo que fue el Sacrificio de Expiación.  Estamos todos los que están participando de la Eucaristía y  todos aquellos por los que pedimos especialmente.

La Consagración es místicamente, la crucifixión del Señor. 

¿Puede alguien imaginarse eso? Nuestros ojos no lo pueden ver, pero todos estamos allá, en el momento en que a Él lo están crucificando y está pidiendo perdón al Padre, no solamente por quienes lo matan, sino por cada uno de nuestros pecados: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”

En la preparación de las ofrendas se llevan al altar el pan y el vino con el agua; es decir, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos. En la Plegaria eucarística se dan gracias a Dios por toda la obra de la salvación y las ofrendas se convierten en el Cuerpo y Sangre de Cristo.

La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor, perpetuada a través de sus sacerdotes. Por esto San Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.

Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el Sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.

El «Por Él, con Él y en Él» corresponde al grito de Jesús: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

En la consagración ocurre la “transubstanciación”, que significa “cambio de substancia” del pan y el vino, a ser verdaderamente la sustancia del Cuerpo y Sangre del Señor.

La Eucaristía aunque tiene la apariencia de pan y vino,  no es pan y tampoco vino.  

Cristo está presente en la Eucaristía verdadera, real y substancialmente con todo su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. Esta presencia se llama “real” porque es “substancial” y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente.

Cristo está todo entero en cada una de las especies y en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo, que está real y permanentemente presente en la eucaristía mientras duren sin corromperse las especies eucarísticas.

11. CONSAGRACIÓN:

c. Invocación -Epiclesis-,

El nombre viene del griego: epicaleo, apicalumai; significa invocar, llamar.

Es una invocación del poder divino sobre los dones del pan y vino que han ofrecido los hombres, para que se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo.

La Anáfora constituye la parte esencial de la Misa, es una palabra griega que indica la acción de elevar, la actitud de levantar la ofrenda con las manos.

Consagración. El sacerdote relata la institución de la eucaristía en el Jueves Santo, usando las mismas palabras de Jesús sobre las especies: sobre el pan, «Hoc est enim corpus meum (…)» («Esto es mi Cuerpo…») y sobre el vino, «Hic est enim calix sanguinem meam (…)» («Este es el cáliz de mi Sangre…»). Cuando el sacerdote dice estas palabras sobre el pan de harina de trigo sin levadura y el vino de uva, con la intención de consagrar, la substancia del pan y del vino desaparecen siendo reemplazados por el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

En esta parte de la Misa, todos permanecen de rodillas. En el relato de la institución y consagración, con las palabras y gestos de Cristo, se realiza el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando bajo las especies de pan y vino ofreció su Cuerpo y su Sangre y se lo dio a los Apóstoles en forma de comida y bebida y les encargó perpetuar ese mismo misterio.

Después de la consagración, Jesús está realmente presente en la Eucaristía:

En este momento, por el ministerio (por el encargo y el don) que el sacerdote ha recibido; el pan y el vino son transformados en el cuerpo y la sangre de Cristo. El sacerdote repite las palabras que Jesús pronunció en la última cena, con las cuales Él mismo dio gracias y bendijo el pan y el vino, haciéndolos su cuerpo y su sangre, para alimentar con su propio ser a sus apóstoles y a través de ellos y de la sucesión de sacerdotes a todos los creyentes.

Cristo, en efecto tomó en sus manos el pan y el cáliz, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad, comed, bebed; esto es mi Cuerpo; éste es el cáliz de mi Sangre. Haced esto en conmemoración mía.

De ahí que la Iglesia haya ordenado toda la celebración de la liturgia eucarística según estas mismas partes que corresponden a las palabras y gestos de Cristo.

La Eucaristía, cuerpo y sangre de Cristo, es el mayor regalo que hemos recibido de Dios: Él se ha quedado para siempre con nosotros en la persona de Cristo, Él mismo toma nuestra realidad y la transforma en su propio ser, para alimentar nuestra vida de fe.  Sin este alimento espiritual; es decir, sin la comunión real con su cuerpo y su sangre, nuestra vida de fe sería árida y estéril, pura imitación exterior de Cristo, por nuestras propias fuerzas.

Pero como Él nos alimenta con su propia vida en la Eucaristía, podemos vivir como Él, ser como Él, porque Él mismo, desde nuestro interior nos va transformando, nos va consagrando, va haciendo de nuestra vida una constante Eucaristía, sólo si nosotros le entregamos nuestro corazón y dejamos que su Espíritu actúe en nosotros.

Cuando el celebrante dijo las palabras de la “Consagración”. Ante los ojos de Maximiliano empezaron unos relámpagos en el cielo y en el fondo. No había techo de la Iglesia ni paredes, estaba todo oscuro solamente aquella luz brillante en el Altar.

De pronto suspendido en el aire, vio a Jesús, crucificado, de la cabeza a la parte baja del pecho. El tronco transversal de la cruz estaba sostenido por unas manos grandes, fuertes. De en medio de aquel resplandor se desprendió una lucecita como de una paloma muy pequeña muy brillante, dio una vuelta velozmente toda la Iglesia y se fue a posar en el hombro izquierdo del señor Arzobispo que seguía siendo Jesús, porque podía distinguir su melena y Sus llagas luminosas, Su cuerpo grande, pero no veía Su Rostro.

Arriba, Jesús crucificado, estaba con el rostro caído sobre el lado derecho del hombro Podía contemplar el rostro y los brazos golpeados y descarnados. En el costado derecho tenía una herida en el pecho y salía a borbotones, hacia la izquierda sangre y hacia la derecha, un agua pero tan brillante; que  más bien eran borbotones de luz que iban dirigiéndose hacia los fieles moviéndose a derecha e izquierda. ¡Era una cantidad tan inmensa de sangre la que fluía hacía del Cáliz! ¡Qué pensó que iba a rebalsar y manchar todo el Altar, pero no cayó una sola gota!

San Uriel dijo:

–          Este es el milagro de los milagros, te lo He repetido, para el Señor no existe ni tiempo ni distancia y en el momento de la consagración, toda la asamblea es trasladada al pie del Calvario en el instante de la crucifixión de Jesús.

Después de la consagración, Jesús está realmente presente en la Eucaristía:

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA