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208.- DUELO MORTAL


1jsubiendo

Jesús regresa a su peñasco.  Camina más lento, más encorvado, por el sendero del olivar. Su dolor y sufrimiento han aumentado, porque Dios se ha retirado y los amigos duermen. El silbo de Satanás y la voz de la vida ratifican: “Te sacrificas para nada. Los hombres no te amarán por tu sacrificio. Los hombres no entienden”. 

Se arrodilla apoyando los brazos en la roca que no es lisa y en su mitad tiene un hueco, como si se lo hubiesen hecho a propósito. Este hueco está lleno de pequeñas florecillas blancas que son diminutos lirios del valle…

Jesús apoya sus manos cerca de las florecitas que le rozan las mejillas, pues apoya la cabeza entre las manos juntas y ora.

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Pasado un poco de tiempo siente el frescor de las pequeñas y blancas corolas, alza la cabeza…

Las mira, las acaricia y les dice:

–           ¡También estáis vosotras!… Vosotras sois puras. Me dais consuelo. Había también estas flores en el huerto de Mamá… Le  gustan… Ella las quería, porque decía: “Cuando era pequeña, decía mi padre: “Eres una azucena diminuta toda llena de rocío celeste”… ¡Oh, mi Madre! ¡Oh, Mamá!… ¡Madre! ¡Oh, Madre mía!… –Y prorrumpe en llanto.

Con la cabeza reclinada sobre las manos unidas, un poco apoyado en los calcañares, lo estremecen los sollozos  mientras dice con las manos apretadas una contra la otra:

–           También en Belén… Y te las llevé, Mamá. ¿Pero éstas quién te las llevará?…

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Y se sumerge en la meditación…

minutos más tarde… Debe ser muy angustioso lo que medita porque se abate completamente. Luego se sobresalta al oír la risa malvada y escalofriante, tan engañosa como los modales y desplantes soberbios, de la inconfundible figura de Satanás que empieza su segundo y virulento asalto…

Y la tremenda lucha da comienzo. La ponzoña ha sido inoculada. Por eso es necesario luchar contra sus efectos y contra las oleadas que se precipitan, cada vez más vehementes y aceleradas, del nuevo veneno de la palabra satánica que se derrama sobre nosotros.

 Satanás que es experto en controlar todos los sentimientos en los hombres que le pertenecen, tambien intenta hacerlo en los hombres que se le resisten…

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A Jesús, como una gran marejada lo abruman, sus tristezas de hombre

Todas las pasiones del hombre se han levantado como serpientes encolerizadas silbando sus derechos de existir y Él las tiene que sofocar una a una, para subir libremente a su Calvario.

En el sentido filosófico, las pasiones buenas Jesús Hombre las tiene como todos los hombres justos. Pero también las pasiones buenas pueden convertirse en enemigas en determinados momentos, cuando con su voz forman una cadena de durísimo, fortísimo, anudadísimo acero, para impedirnos cumplir la voluntad de Dios.

Y en esto estriba la magistral exposición de lo que sucede a continuación…

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¡La Madre! ¡Oh amor de Madre! ¡Invocado amor inclinado sobre su dolor! ¡Amor que ha rehusado para no hacerla morir con su dolor! ¡Amor de su Madre!

Unidos como están, Él sabe que Ella está sintiendo cada sollozo, porque cada vez que la llama con cada una de sus invocaciones; éstas atraviesan el espacio y penetran espiritualmente hasta el aposento en donde Ella está orando.

Pero en esta noche no hay éxtasis en la Oración de María. Ella también está padeciendo el Abandono del Padre y lo único que tiene es un dolorosísimo tormento en el alma.

Jesús lo sabe porque Él también siente como Ella, el inmenso sufrimiento de su Madre Santísima. Y está luchando por no llamarla, para no hacerle llegar el Lamento de su hijo, que le aumenta su tormento…

¡Oh, Madre Mártir que también inicia su pasión, totalmente solitaria… ¡Al igual como Él está solitario en la noche de este Jueves Pascual!

El hijo que muere entre los brazos de su madre no muere: se adormece acunado por un arrullo de besos que continúan los ángeles, hasta el momento en que la visión de Dios quita de la memoria del hijo el deseo de su madre.

Pero Jesús tiene que morir entre los brazos de los verdugos y en un patíbulo… Y cerrar los ojos y los oídos al griterío de maldiciones y gestos amenazantes que está contemplando en un tiempo futuro, que se ha hecho presente.

Jesús trata de ahogar el grito que brota desde lo más profundo de su corazón, pero no lo consigue y piensa…

“¡Cuánto te amo, Madre mía Benditísima! ¡Cuánto te amo sobre todo en esta hora tan amarga del Getsemaní!

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Todo el amor que te había dado y que me habías dado durante treinta y tres años de vida, están ante Mí y sostienen su causa y me implora que tenga piedad de ellos…

 Recordándome cada uno de tus besos, cada uno de tus cuidados, las gotitas de leche que me habías dado; mis pequeños pies  fríos de niño pobre en el hueco tibio de tus manos, las canciones de tu boca, la ligereza de tus dedos entre mis abundantes rizos, y tus sonrisas…

Y tu mirada, tus palabras, tus silencios, tu paso de paloma que posa sus rosados pies en el suelo y sobre los pétalos de las flores, pero tiene ya las alas entreabiertas, preparadas para el vuelo…

Y ni siquiera hace que se plieguen los tallos, de tan ligero que es su caminar, porque Tú estás en la Tierra para mi alegría, ¡oh Madre! pero siempre tienes las alas trémulas de Cielo, ¡Oh santa, santa, santa y enamorada!

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Todas las lágrimas que ya te había costado y todas las que ahora fluyen de tus ojos y las que manarán en los tres días sucesivos; las oigo caer como lluvia de lamento. ¡Oh las lágrimas de mi Madre!

Pero ¿quién puede ver llorar, oír llorar a su madre y no tener presente mientras le dure la vida, el tormento de aquel llanto? He tenido que anular, sofocar el amor humano por ti Madre y pisotear tu amor y mi amor para caminar por la vía de la Voluntad de Dios.

¡Y empezó a torturarlo la Nostalgia de la tranquila casa santificada por tantas oraciones de los justos, convertida en  Templo por haber acogido los esponsales de Dios! ¡Convertida en Cielo por haber hospedado entre sus paredes a la Trinidad encerrada en el alma del Cristo Dios!

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Y está solo. ¡Solo! ¡Solo! La Tierra y el Cielo no tienen ya habitantes para Él. Es el Hombre cargado con los pecados del mundo y por ello odiado por Dios. Tiene que pagar para redimirse y volver a ser Amado.

Es el Hombre cargado de la Bondad del Cielo y por eso odiado por los hombres a los que la Bondad repugna. Tiene que ser matado como castigo por ser bueno.

Y también las honestas alegrías del trabajo cumplido para obtener el pan de cada día, incluso para Él Mismo antes, para después dar el pan espiritual a los hombres, se han puesto delante de Él para decirle: “¿Por qué nos dejas?”.

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El estruendo crece. Ya no hay sonido de flauta en sordina, ya no quedan caricias ni ungüentos. Es clangor de instrumentos a todo volumen: es un golpe, una puñalada, una llama que ahoga y arde.

Y en la llama, Lucifer haciendo que la vida pase ante su mirada espiritual. Ya había pasado antes con su aspecto resignado de algo sacrificado. Ahora vuelve con vestido de reina prepotente y dice: “¡Adórame! ¡Soy yo quien reina! Éstos son mis dones. Todo lo que tienes es mío. Los dones que te he dado y aún te daré otros más hermosos si me eres fiel”.

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Lucifer continúa:

–                Sé Rey y Dios. ¿No tienes armas? ¿Ni milicias? ¿Ni riquezas? Ya te dije una vez que un resto de amor, el poco que me puede haber quedado del tesoro de amor que era mi vida angélica, hay en mí por Ti que eres bueno. Te amo, mi Señor, y te quiero servir.

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Trató luego de halagarlo y atormentó su alma con el recuerdo de su Madre y sus sufrimientos…Pero vida y afectos no deben volverse enemigos. Nunca. Si tales llegan a ser, hay que romperlos.

Con un esfuerzo supremo, Jesús los ha roto, uno a uno. Ya había roto la agitación humana de desprecio hacia el Traidor. Y un nervio de su Corazón se había lacerado en el esfuerzo…

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Esta meditación se ha convertido en un martirio insoportable…

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Lucifer dice con sarcasmo:

–                       ¿Realmente crees que lo que hiciste hoy, de entregarte como alimento a los hombres, hará que ellos cambien? Así como te recibió el Traidor, así te recibirán tus cristianos en el futuro.

Si piensas que tus Sacramentos serán sagrados, mira lo que harán contigo…  Y le muestra a los cristianos masones, comulgando con la mano…

masones comulgando en la mano

Vas a morir por ellos, ¿Crees que les importará? Llegará un momento en que tu Iglesia será mía. Tus Sacramentos serán míos.  Volverán a venderte tus ministros y tus ‘creyentes’… igual que te vendieron ahora, por comodidades y placeres…

Tus cristianos será a mí a quien rendirán culto en su corazón y yo reinaré porque ellos me obedecerán a mí.

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No les importarás Tú, ni tampoco tus mandamientos; porque serán un estorbo para la vida que quieren tener: Odiarán. Serán malvados y crueles a un grado que ni siquiera los reconocerás.

Todos tus amadísimos ‘hijitos’ Ni siquiera tendrán Fe para aceptarte y adornarán tu vida con sus propias perversiones…

BLASFEMIA TOTAL

Y entonces dime, ¿A quién habrás salvado? 

Ellos renegarán de Ti. Me venderán a mí su alma por nada…

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Porque yo los saciaré de lo que ellos anhelan. Yo haré que se olviden de Ti de tal forma, que su manera de vivir, será un escándalo…  

La Magdalena que me arrebataste, será una cándida paloma en comparación.

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¡Qué pena! ¡Verdaderamente tu muerte será inútil! ¿Qué harás cuando yo me corone Pontífice de tu Iglesia? ¿Qué harás cuando me veas reinar y sea adorado por todos los hombres? Todos tus obispos me servirán a mí…  ¿Qué harás cuando vuelvan a venderte los nuevos Judas que yo te seguiré suscitando?

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Jesús sigue callado y levanta su rostro hacia el Cielo. A la luz de la luna que cae perpendicular sobre su rostro, se le ve cansadísimo y martirizado por un dolor infinito. Su mirada carece de fulgor y su boca tiene un pliegue de tristeza y angustia indescriptibles. Su cara está bañada de llanto…

JESUS Y EL ATORMENTADOR

Se levanta y camina hacia delante y hacia atrás, murmurando una plegaria ardiente y silenciosa. Sufre intensamente. Llora, suplica, levantando sus ojos al Cielo. Gesticula. Pasa sus manos sobre sus ojos, sobre sus mejillas, con movimientos mecánicos y agitados, que muestran que se encuentra en una atroz angustia.

Llama a los apóstoles. Gesticula en dirección a Jerusalén. Vuelve a levantar los ojos hacia el Cielo, como para implorar ayuda.

Se quita el manto, como si tuviese calor. Lo mira… lo besa. Llora… Se lo pone otra vez. Está dentro de un suplicio. Tiene un gran desasosiego físico.

Es una pena muy dolorosa contemplarlo con  el rostro descompuesto…  Ir y venir. Levantar los brazos. Retorcerse las manos, llorar y abatirse… Luego se detiene y sus ojos no miran sino su tortura y todo contribuye a esta tortura, a aumentarla…

Hasta el manto tejido por su Madre…

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Lo besa y dice:

–                       ¡Perdón, Mamá! ¡Perdón!

Parece como si se lo pidiera al paño hilado y tejido por el amor materno… Vuelve a ponérselo. Está lleno de congoja. Quiere orar para superarla. Pero con la oración vuelven los recuerdos, los temores, las dudas, las añoranzas… Es un alud de nombres… ciudades… personas… hechos… en un recuento muy  rápido y entrecortado.

JESUS SUPLICANTE

Quiere orar para vencerlo. Pero con la Oración vuelven los recuerdos, las aprehensiones, las dudas, las lamentaciones…

JESUS IMPLORANTE

Es una avalancha de nombres… de ciudades… de personas… de hechos… de sucesos. Velozmente pasa de una cosa a la otra. Es su vida evangélica que pasa ante su vista…

Y le trae el recuerdo de Judas el Traidor…  Junto con todos los sufrimientos que pasó junto a él en sus tres años de Maestro, tratando de convertirlo y salvarlo… Tratando de proteger el secreto de su vida incorregible del conocimiento de sus demás apóstoles; para que no echase a perder el crecimiento espiritual de sus compañeros y arruinase su trabajo pastoral… Pero todos sus esfuerzos fueron inútiles…

Judas ama desenfrenadamente tres cosas: el dinero, las mujeres y el poder.

Creyó en Jesús como Mesías, pero al sentirse defraudado en lo que esperaba: ser el ministro de un poderoso rey terrenal; volcó sobre Él todo su odio y lo único que deseó fue vengarse.  Por eso lo traicionó.

Jesús ha tenido  que compartir el pan con su Caín y sonreírle como a un amigo, para que los demás no se diesen cuenta y así evitar un crimen.

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Y el puñal de la traición se remolinea en su corazón destrozado…  Es tanta su angustia, que para vencerla grita en voz alta los nombres de Pedro , de Juan y Santiago…

Y dice:

–                       ¡Ahora vendrán! ¡Son muy leales!…

Pero ellos no vienen…

Y Lucifer no concede tregua, al contrario…

Satanás aprovechó el recuerdo y añadió su veneno en la herida:

–          El apóstol que más has amado y todos los que al igual que él, TE TRAICIONARÁN Y ME SERVIRÁN A MÍ. ¡MIRA!

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REDACCIÓN CENTRAL, 07 Dic. 12 / 06:14 pm (ACI).- P. Alfonso Llano, sacerdote jesuita que niega la virginidad de María y la divinidad de Jesús

El P. Llano es director del Centro Nacional de Bioética CENALBE, de la Pontificia Universidad Javeriana, casa de estudios regentada por la Compañía de Jesús, a la que también pertenece el sacerdote jesuita Carlos Novoa, que apoya públicamente al lobby del aborto liderado por la abogada Mónica Roa. ACI Prensa: Existe el caso paralelo de otro sacerdote jesuita, P. Carlos Novoa, que avala y promueve el aborto en Colombia.

Cuando tu Iglesia sea mía, estos serán tus ministros… ¿De qué servirá tu divino sacrificio para ellos?

Los hombres no merecen, ni tu amor ni tu sacrificio… ¿Por qué no reflexionas, accedes y me dices que Sí? Yo te estoy ofreciendo TODO… Todo lo que Adán me entregó, te lo devolveré… ¡Ni siquiera él, que te conocía, supo ser agradecido con tu herencia!

Cuando los conductores de tu nuevo Pueblo Cristiano hayan olvidado el sacrificio, la oracion y la penitencia; me apoderaré de tu Sede de Pedro y Roma perderá la fe…  Y  Tu Sacrificio Perpetuo será profanado por tus propios sacerdotes. Toda tu Jerarquía me pertenecerá… Y yo seré adorado en tu lugar…  Y dime entonces, ¿A quién salvarás?

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NO HAY NECESIDAD DE QUE CONOZCAS LA MUERTE TAN CRUEL QUE VOY A DARTE… ¡Mira, esto es lo que te espera!

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Satanás continúa:

–                       ¿Lo ves? Te han dejado solo. ¿Llamas al Eterno?… ¡Está lejos! Lo que deberías hacer es gozar de la vida, sin ocuparte de hombres ingratos. Eres joven. Puedes vivir rico, feliz, amado…

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Vivir para tu Madre. Para no hacerla sufrir.

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Vivir para llevar a Dios a través de un largo apostolado, a muchísimos hombres.

Los cuales si mueres ahora, pronto te olvidarán. Mientras que si eres un Maestro que enseñes, no por tres años, sino por lustros y lustros; ellos terminarán por absorber completamente tu Doctrina.

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Yo te quiero ayudar. Y mis ángeles en lugar de combatirte, te ayudarán a seducir a los hombres. ¿Acaso no ves que los ángeles de Dios no vienen en tu ayuda?

Después Dios te perdonará, al ver las multitudes de creyentes que le llevarás… Y cuántos hombres se salvarán al creer en ti. Y además, te evitarás sufrir una muerte tan atroz.  

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También en el desierto lo había tentado con poner a Dios a prueba con la imprudencia. 

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Pero Lucifer no ha terminado:

–                       ¿Te niegas a escucharme? Te has cubierto con todos los pecados del Mundo y esto me permite acercarme a Ti y hacer contigo lo que yo quiera… Eres mi Dios, pero ahorita sólo Eres un hombre pecador y yo soy superior a Ti.

Estás dispuesto a Sacrificarte y ¿Para qué?… Mira lo que los hombres harán cuando la Iglesia que vas a fundar con tu sacrificio, también sea mía.

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EL CRIMEN DEL PADRE AMARO

Ellos me adorarán a mí con un sacrificio nuevo sobre el altar de Moloch, que será ejecutado aun por tus mismos sacerdotes y en un número tan colosal que ni los mismos hombres estarán conscientes de su magnitud.

Y a ti te odiarán y rechazarán con el mismo desprecio que el don de la vida. Mira como estarás de afligido, ¡Mira! Te niegas a oírme, pero ¡Mírate, Dios del Sinaí!…

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Jesús no contesta nada.

Es tanta la congoja, que vuelve a gritar los nombres de sus apóstoles para vencerla:

–           ¡Pedro!…  ¡Juan!…  Santiago…

Y se dice:

–          Ahora vendrán. ¡Ellos son muy fieles!

Pero “ellos” no vienen. Y Jesus vuelve a su oración…

Aunque Jesús intenta rechazarla, la voz de Lucifer penetra, perturbando la oración:

–           “Mira…  Aún no has muerto y ya te han abandonado. Mira… Has ayudado y eres odiado. Lo ves. Ni siquiera el mismo Dios te socorre. Si Dios no te ama  y eres su Hijo, ¿Cómo puedes esperar que los hombres te agradezcan tu sacrificio?

¿Sabes lo que se merecen? La Venganza, no el Amor como Tú crees. Véngate, ¡oh Cristo!, de todos estos necios, de todos estos crueles. Véngate. Atácales con un milagro que les fulmine. Muéstrate cómo eres: Dios.

El Dios terrible del Sinaí. El Dios tremendo que me ha fulminado y que arrojó a Adán fuera del Paraíso.

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Hasta ahora has dicho tan sólo palabras de bondad. Tus escasos reproches siempre eran demasiado dulces para estas bestias que tienen la piel más espesa que el cuero del hipopótamo.

Tu mirada curaba, tus palabras salvaban, ¿Pero a quién le interesa escucharlas? Sólo sabes amar.

Odia y reinarás. El odio tiene curvadas las espaldas bajo su azote y pasa triunfante sobre estas filas de bestias serviles. Las aplasta. Y están felices de serlo. No son más que sádicos… Y la tortura es la única caricia que aprecian y que recuerdan.

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Jesús ya no solo está angustiado, parece aterrorizado, porque está viendo algo que no puede soportar… Cierra los ojos. Aspira profundo y…

Luego se vuelve a oír su voz, que aún es firme:

–                       Abbá. Para Ti todo es posible. Aparta de Mí esta copa. Pero no. No se haga lo que Yo quiero; sino lo que quieras Tú.

El espíritu superó la Tentación Moral. El alma venció sus pasiones.

Con la Oración y la voluntad, ha vuelto a vencer.

Su espíritu se sobrepuso a la tentación  moral. Está muy agitado y se va veloz hacia donde están Pedro y los dos hermanos…

Los encuentra profundamente dormidos, alrededor de pequeños tizones que ya están casi por consumirse y dan un chispazo rojizo entre la ceniza de la hoguera.

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Jesús exclama angustiado:

–          ¡Pedro! ¡Os he llamado tres veces! ¿Pero qué hacéis? ¿Dormís todavía? ¡Pero no sentís cuánto sufro! Orad. Que la carne no venza, en ninguno. Que no os venza. El espíritu está pronto, pero la carne es débil. Ayudadme…

Los tres tardan más en despertarse. Al final lo logran con los ojos henchidos, se incorporan lentamente, piden perdón. Y balbucean unas disculpas.  Se levantan.

Pedro dice en tono bajo:

–          ¡Pues fíjate!… ¡No nos ha sucedido nunca esto! Debe haber sido ese vino, sin duda. Era fuerte. Y también este fresco. Nos hemos tapado para no sentirlo (en efecto, se habían tapado hasta la cabeza incluso, con los mantos) y hemos dejado de ver el fuego y hemos dejado de tener frío y bueno, pues el sueño ha venido.

Santiago está muy apenado:

–                       ¿Dices que has llamado? Es curioso, no me parecía dormir tan profundamente… ¡Eh! Juan. Busquemos ramas de árboles. Hay que movernos. Se nos pasará. No te preocupes, Maestro. Que de ahora en adelante… estaremos de pie. –y arrojan hojas secas en las brasas.

Y arroja a las brasas un puñado de hojas secas, soplando hasta que la llama se levanta e  ilumina la pobre faz de Jesús, cubierta con una infinita tristeza…  Toda la luminosidad de ese rostro ha quedado diluida en un cansancio mortal…

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Los tres están tan cargados de sueño que van de un lado a otro con los ojos semicerrados.

Pedro sopla para que la llama prenda otra vez y la alimenta con ramas secas de espino que ha traído Juan y un tronco de enebro que trajo Santiago desde un montón más lejano y lo ha echado al fuego.

Y la llama se levanta alegre, iluminando la cara de Jesús. Una faz tan triste que no es posible mirarlo sin sentir compasión… Y sin llorar con Él.

Ante aquel resplandor, Jesús implora:

–                       Me encuentro en una angustia que me mata. ¡Oh, sí! ¡Mi alma siente una tristeza mortal! ¡Amigos!… ¡Amigos! ¡Amigos!

Y  su aspecto refleja una terrible agonía.

Todos prometen:

–                       Pero ahora vamos a orar en voz alta y no se va a repetir esto.

Jesús ruega:

–           Sí. Orad y velad. También para vosotros, lo necesitáis.

Ya  es el de un moribundo que muere en el más angustioso y desolado de los abandonos. Cada palabra parece brotar con un acceso de llanto…

Pero los tres están somnolientos y se mueven con pasos inciertos; con los ojos semicerrados, tanto que parecen casi ebrios… Y están durmiéndose aun de pie y delante de Él.

Para valorar la amistad,  ha llamado “amigos” a sus apóstoles y ha apreciado tanto este afecto que en la hora del dolor ha pedido a los tres más queridos que estuviesen cerca de Él en el Getsemaní. Les ha rogado que velaran y oraran con Él, por Él…

Y al verles incapaces de hacerlo ha sufrido tanto que se ha debilitado aún más; siendo por ello más susceptible a las seducciones satánicas. Una palabra, si hubiera podido intercambiar al menos una palabra con amigos solícitos y comprensivos de su estado, no habría llegado a desangrarse antes de la tortura, en la lucha titánica por repeler a Satanás.

Jesús los mira… Y comprende…  No los mortifica con reproches. Menea la cabeza, suspira y  regresa hacia su peñasco.

Avanza despacio por el oscuro sendero del olivar muy desconsolado, doliente, envejecido. Sus ojos siguen muy abiertos, pero parecen empañados.  Su boca refleja un rictus de su cansancio. Vuelve a su piedra, aún más lento y encorvado.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

192.- SACRIFICIO DE AMOR


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Es un amanecer glorioso, en el que parece que toda la primavera cantara en los árboles, las flores, los pájaros y los olivos que cubren el monte por el que avanza el grupo apostólico para entrar a Jerusalén.

Llegan a una casa y Jesús entra bendiciendo a sus moradores que lo saludan con alegría. Hay ruido de cascabeles y panderetas.

Isaac entra y se postra ante su Señor y le dice que ya cumplió su encargo.

Jesús sale y señala al asno sobre el que nadie ha montado hasta ahora.

1burro

Los peregrinos ricos extienden sobre el lomo del animal sus ricos mantos y uno dobla su rodilla, para que se apoye el Señor y monte.

Pedro camina del lado del Maestro e Isaac del otro lado, llevando las riendas del aún no domado animal, que sin embargo avanza calmadamente como si estuviera  acostumbrado. No patea, ni se espanta con las flores, ni con las ramas de olivo y las palmas que se agitan a su alrededor. Que se tiran al suelo como alfombra, ni con el alegre sonar de cascabeles y los gritos llenos de alegría…Que son cada vez más fuertes…

Gritos clamorosos de:

–                       ¡Hosanna al Hijo de David!

–                       ¡Bendito sea el que viene en el Nombre del Señor!

–                       ¡Hosanna en lo más alto de los Cielos!

–                       ¡Santo, Santo, Santo es el Señor!

–                       ¡Llenos están el Cielo y la Tierra de su Gloria!

–                       ¡Hosanna en el Cielo!

–                        ¡Bendito es el que viene en el Nombre del Señor!

–                       ¡Hosanna en el Cielo!

1domingo_ de _ramos

Avanzar desde Betfagé, por entre calles estrechas y torcidas, no es fácil. Cuando salen del suburbio, el cortejo se ordena y no falta quién arroja su manto al suelo como si fuera una alfombra y muchos lo imitan. El centro de la calle se convierte una cinta multicolor; llena de ramas floridas de olivos, flores y hojas de palma. Resuenan los gritos en honor al Rey de Israel; del Hijo de David, de su Reino.

En la Puerta de las Ovejas los soldados de la guardia al escuchar el alboroto, salen a ver lo que pasa…

1soldados_rom

No es ninguna sedición. Se apoyan en sus lanzas y se hacen a un lado entre admirados y burlones, ante el extraño cortejo de este Rey que viene montado sobre un asno. Un Rey hermoso como un Dios. Humilde como el más pobre de los hombres. Bueno y cariñoso… A quién rodean mujeres y niños…

Y hombres desarmados que gritan:

–                       ¡Paz! ¡Paz!

Antes de entrar en la ciudad, Jesús se detiene a la altura de los sepulcros de los leprosos de Inón y de Siloán. Se alza y levanta sus brazos gritando en dirección de aquellas pendientes rocosas, donde caras y cuerpos terroríficos, se asoman al oírlo.

Jesús grita:

–                       ¡Quién tenga Fe en Mí, pronuncie mi Nombre y alcance por medio de Él, la salud!

Bendice. Y continúa su camino…

1entrando_jerusalen

Luego dice a Judas de Keriot:

–                       Comprarás alimentos para los leprosos y con Simón, los traerás antes de que anochezca.

El cortejo entra en la ciudad, por la Puerta de Siloán y como un torrente se desparrama por sus calles. Pasa por el barrio de Ofel en el que cada terraza se ha convertido en una pequeña plaza llena de gente que grita hosannas y que arroja flores y perfumes hacia el Maestro.

El grito de la multitud parece aumentar y tomar fuerzas como si saliese de una bocina; porque los numerosos arcos de que está llena Jerusalén, la amplifican en un grito continuo…

Como el bramido del mar que va y viene, se rompe contra los arrecifes y las playas; para ser recogida por otra que lo multiplica…

–                       ¡Scialem, scialem melchitl! (Paz, paz oh Rey)

En un grito continuo, que se repite y sube y baja, como las olas. Es impresionante y aturde…

Un grupo de jóvenes trae copas de cobre con carbones encendidos e incienso de los que suben espirales de humo y ellos echan más incienso y resinas olorosas una y otra vez, mientras el grito continúa…

1incensario

¡Incienso, perfumes, gritos, palmas, flores, vestidos, colores, hosannas!… ¡Alabanzas y más alabanzas!… Es una euforia colectiva y adorante que aturde y pareciera dejar a uno atolondrado… Jesús avanza triunfante, rodeado por un pueblo que lo ama y lo aclama adorándolo como al Mesías: el Dios Encarnado y Rey del Universo…

1entr-triunfal

Por desgracia también están sus acérrimos enemigos y… ¡Esto es excedente para quién ya está demasiado celoso de Dios y de su Mesías!

Los fariseos gritan llenos de ira:

–                       ¡Haz que se callen esos locos!

–                       ¡Sólo a Dios se le lanzan hosannas!

–                       ¡Diles que se callen!

Jesús responde dulcemente:

–                       Aunque Yo se los mandase y me obedecieran, las piedras gritarían los prodigios del Verbo de Dios.

1Domingo de ramos

Se dirigen hacia la casa de Analía. La terraza está adornada con las hojas nuevas de la vid. Analía está en el centro de un grupo de jovencitas vestidas de blanco, coronadas de rosas blancas y ramos de convalarias…

1convallaria_majalis

Que como novias enamoradas, lanzan las blancas flores al paso de Jesús.

1domingo-de_ramos

Por un momento Jesús detiene al asno, levanta su mano para bendecir a las primicias de ese grupo, que lo ama hasta el punto de renunciar a cualquier otro amor terreno.

1-corona-de-rosas-rojas-

Analía arroja una corona y grita:

–                       ¡He contemplado tu triunfo, Señor Mío!

1corona

Toma mi vida para tu glorificación universal. ¡Jesús!…  –es un saludo lleno de amor.

Mary Magdalene leaving the house feasting 1857 by Dante Gabriel Rossetti 1828-1882

Su grito es apagado por el  por el clamor de la gente que no se detiene. Es un río de entusiasmo de un pueblo delirante.

El cortejo sigue en dirección al Templo.

Más adelante se oye el grito de un hombre que trata de abrirse paso:

–                       Dejadme pasar. Una jovencita ha muerto repentinamente. Su madre quiere ver al Maestro. ¡Dejadme pasar! ¡Él ya la había salvado!

1angel_muerte

La gente lo deja pasar y cuando llega hasta Jesús, le dice:

–                       Maestro. La hija de Elisa ha muerto. Te saludó con aquel grito y luego cayó hacia atrás, diciendo: ‘¡Soy feliz’!  Y expiró. Su corazón se rompió de gozo al verte triunfante. Su madre me pidió que te llamara.

Jesús responde:

–                       No ha muerto. Ha caído una flor… Y los ángeles de Dios la recogieron, para llevarla al Seno de Abraham. Pronto el lirio de la tierra se abrirá feliz en el Paraíso, olvidando para siempre el horror del mundo.

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Oye; dí a Elisa que no llore por la suerte de su hija. Dile que es una gran gracia de Dios y que dentro de seis días lo comprenderá. Bienaventurada ella, limpia de cuerpo y de alma, porque pronto verá a Dios. Murió de amor. De éxtasis, de gozo infinito. ¡Dichosa muerte!

Muchos no se han dado cuenta de lo que sucede y el cortejo sigue adelante. Da vuelta  a la muralla y llega hasta el Templo.

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Jesús baja del asno y con su vestido de color púrpura, entra majestuoso. Voltea hacia un grupo de fariseos y de escribas que lo miran desde el portal en el primer patio, donde ruge el acostumbrado griterío de cambistas y de vendedores de palomos y de corderos.

Al ver a Jesús, todos los compradores corren a su encuentro y solo se quedan los mercaderes.

En su bellísimo Rostro aparece la Ira.

Va al centro del Patio y grita:

–                       ¡Largo de la Casa de mi Padre! Este lugar no es para la usura, ni para el mercado. Está escrito: “Mi Casa será llamada, Casa de Oración…” ¿Cuántas veces diré que este lugar no debe tratarse como un lugar de Inmundicia; sino de Oración?

Los vendedores y cambistas recuerdan lo sucedido la última vez… Y se apresuran a obedecerlo.

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Jesús mira a los del Templo, que obedientes a las órdenes del Pontífice, no chistan…

Jesús va hacia los portales donde están reunidos todos los enfermos, que lo invocan a gritos.

Y les dice:

–                       ¿Qué queréis de Mí?

Se desborda un torrente de peticiones de salud y de bendición.

–                       ¡Creemos en Ti, Hijo de Dios!

Jesús responde:

–                       ¡Dios os escuche! Levantaos y dad gracias al Señor.

Jesús extiende sus manos y sana a todos los enfermos.

Se miran… y sanos, prorrumpen en gritos de júbilo que se mezclan con los gritos de los niños…

1curando en el templo

Es un coro glorioso:

–                       ¡Gloria!

–                       ¡Gloria al Hijo de David!

–                       ¡Hosanna a Jesús de Nazareth!

–                       ¡Rey de Reyes y Señor de señores!

Algunos Fariseos, con fingida deferencia, le gritan:

–                       Maestro.

–                       ¿Estás oyendo?…

–                       ¡Estos niños dicen lo que no debe decirse!

–                       ¡Repréndelos!

–                       ¡Diles que se callen!

Jesús contesta:

–                       ¿Y por qué? ¿Acaso el Rey profeta; el rey de mi estirpe no ha dicho: “De la boca de los niños y de los que están mamando; has hecho que brotase una alabanza completa; para llenar de confusión a tus enemigos”?

1 niños_alabanzas

Y se dirige al Atrio de los Israelitas, para orar…

Luego que termina sale y se dirige hacia el Monte de los Olivos.

Los apóstoles están muy contentos.

El triunfo les ha dado confianza y han olvidado el peligro…

El Cedrón arrastra sus aguas con un rumor cantarín, al que une el canto de los pájaros y el de un par de ruiseñores.

La brisa suave, mueve las hojas de los árboles y acaricia los rostros alegres. Están muy sordos al aviso divino. Los hosannas han borrado TODO lo que Jesús les ha dicho de su memoria…

Felipe pregunta:

–                       ¿A dónde vamos ahora?

Jesús responde:

–                       Al campamento de los galileos. Quiero saludarlos.

Tadeo sugiere:

–                       Podrías hacerlo mañana.

–                       Lo mejor es hacer pronto lo que se puede. Vamos a donde están los galileos.

Iscariote pregunta:

–                       ¿Y esta noche? ¿Dónde dormiremos? ¿En la ciudad? ¿En qué lugar? ¿Dónde está tu Madre? ¿O en la casa de Juana?

Jesús contesta incierto:

–                       No sé. Ciertamente no en la ciudad. Tal vez en una tienda galilea…

–                       ¿Por qué?

–                       Porque soy Galileo y amo a mi región. Vamos.

1tiendas_galileos

Y suben hacia dónde están los galileos acampados sobre el Monte de los Olivos, en dirección a Bethania. Sus tiendas brillan bajo el tibio sol de Abril.

Más tarde, en el anochecer del Domingo de Ramos.  Jesús está con los suyos en la quietud el huerto de los olivos. No hace frío. Todos están sentados en el pasto y sobre unos peñascos.

Jesús dice:

–                       Después del triunfo de esta mañana vuestro corazón ha cambiado. ¿Qué puedo decir? A lo humano entrasteis a la ciudad llenos de miedo, por las palabras que os había dicho. Temíais que dentro de los muros pudiesen atacaros y haceros prisioneros.

¿Os he engañado alguna vez? Desde el principio os hablé de persecución y de muerte. Y cuando alguno de vosotros, por exceso de admiración quiso verme como un pobre rey humano, al punto corregí el error y les dije: Yo soy rey del espíritu. Ofrezco privaciones, sacrificios y dolores. No otra cosa. Acá en la tierra no poseo otra cosa. Pero después de mi muerte y de la vuestra, si permaneciereis en mi Fe, os daré un Reino Eterno: el de los Cielos.

¿Os dije acaso algo diferente? Os imaginabais que era fácil seguirme  y os negabais a creer que a quién obraba tan portentosos milagros, al Hijo de Dios, alguien pudiese tocarlo. Tan robusta era vuestra fe humana en mi poder, que llegasteis a no creer en mis palabras diciendo: ‘No puedo creer que sea aprisionado, apresado y matado. El hombre nunca podrá tocarlo. Quien obra milagros, puede hacer otro en su favor.’

1_milagro_mas_ grande

No uno, sino muchos haré todavía; entre los cuales hay dos que sobrepasan a toda imaginación humana. Sólo los que crean en el Señor podrán admitirlos. Los demás…

En los siglos venideros dirán: ¡Imposible! También después de la muerte, seré objeto de contradicción. 

1regreso-al-cielo

     En una dulce mañana de primavera, desde un monte anuncié las Bienaventuranzas y a éstas añado otra: “Bienaventurados los que creen sin ver” ¡Bienaventurados los que creerán sin haber visto con sus ojos corporales! Serán en tal forma santos, que estando aún en la tierra verán ya a Dios. Al Dios escondido en el Misterio del Amor.

Pero después de tres años que estáis conmigo, no habéis llegado todavía a esta Fe. Creéis sólo en lo que veis. Así esta mañana, os dijisteis: ‘Él sigue triunfando y nosotros con Él. Israel lo ama.’ Y como pajarillos a los que les volviesen a nacer las plumas que se les habían caído, habéis levantado el vuelo ebrios de alegría…  Confiados y sin esa preocupación que mis palabras os habían creado en el corazón.

Nos os engañéis por lo que ha pasado esta mañana. Yo soy el Condenado coronado de rosas.

1misterio_rosario

¡Las rosas!… ¿Cuánto duran? ¿Qué queda de ellas cuando se les han caído los pétalos perfumados? Espinas… Espinas.

1rosa-espinas

Isaías lo dijo, Yo seré santificación para vosotros y con vosotros para el mundo. Pero también seré piedra de escándalo, de tropiezo, de lazo y de ruina para Israel y para la tierra.

1cristo

Santificaré a los que tengan buena voluntad. Y haré caer y reduciré a pedazos a los que mala, la tuvieren.

Los ángeles dijeron: “Paz a los hombres de buena voluntad.” Apenas había nacido ¡Oh, tierra! Tu Salvador…  Ahora va a la muerte tu Redentor. Pero para tener paz esto es, santificación y gloria, hay que tener buena voluntad.  Inútil es mi nacimiento. Inútil mi muerte, para los que no tienen esta buena voluntad.

Muchísimos caerán contra Mí, que he sido puesto como columna se sostén y no como trampa. Caerán por estar ebrios de soberbia, de lujuria, de avaricia. Y serán atrapados en las redes de sus pecados y entregados a Satanás.

1Bestia

 Grabad estas palabras en vuestros corazones. Conservadlas cuidadosamente, para los futuros discípulos. Vamos. La Piedra se levanta. Otro paso hacia arriba, hacia adelante. Hacia el Monte… Debe brillar sobre la cima, porque es Sol, Luz. El Verdadero Templo debe ser contemplado por el mundo entero.

1templo-verdadero

Yo mismo lo edifico con la Piedra Viva de mi Carne Inmolada. Yo soy el cimiento y la cúspide…

Satanás… Judas, vámonos. Y acuérdate que no queda mucho tiempo. Y en la noche del Jueves debe ser entregado el Cordero… 

1agnus_dei

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA