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7.- ENTRE LA CRUZ Y LA MAGIA


CRUZ CIELOEn la casa de Adrián, éste está sentado con Diego en una de las bancas del jardín más próximas a su cubículum (dormitorio) Hasta allí se escuchan unos gritos. Una especie de gruñidos, alaridos y rugidos, unidos en una sola y escalofriante mezcla.

Diego muestra preocupación en su mirada mientras pregunta:

–           ¿Sigue igual?

Adrián mueve la cabeza de un lado para otro y contesta con tristeza:

–          No. Está peor. Por eso te mandé llamar. Ningún médico comprende lo que le pasa. Lo único que saben decir es que está loco. Se retuerce, echa espuma, blasfema de los dioses del Olimpo y hemos tenido que encadenarlo porque se ha vuelto más agresivo, desde que lo llevamos al templo de Esculapio.

–          Te veo mal. ¿Estás enfermo?

–          Mi madre llora sin consuelo y nada me ha funcionado con los sortilegios, ni con los consejos de mi espíritu guía y protector.  Y si a esto le agregas el dolor que me abruma a causa de Ariadna. ¿Qué te puedo decir, amigo mío?

Diego suspira y luego comenta:

–           Te comprendo demasiado bien. También yo estoy muy apesadumbrado por causa de ella. Tal parece que cargamos con una maldición.

–          Hemos sido amigos desde niños ¿Por qué teníamos que enamorarnos de la misma mujer?

–           Eros se está divirtiendo con nosotros.

–           Ayer tuve una experiencia muy curiosa. Por la tarde yo estaba en el triclinium del jardín, pensando angustiado en todo lo que me estaba sucediendo. Mi hermano Víctor se puso peor que nunca y yo no sabía cómo consolar a mi pobre madre. Adela mi aya, nos llevó unos refrigerios y tratando de consolarme me dijo: “Amito Adriano, ¿Me permitirías llamar a Miriam? Es la ayudante en la cocina. Ella tiene algo muy importante que deciros, si consientes en escucharla unos momentos. ¿Lo harás?”– y me miró con unos ojos tan suplicantes, que no supe que me pasó y le dije: “Está bien. Que venga.”

Estuve a punto de arrepentirme en consentir hablar con los esclavos. ¡Y menos con una judía! Cuando regresaron las dos, yo seguía allí, sintiéndome cada vez más desgraciado. ¡Fíjate cuán grande sería mi desesperación, que hasta invoqué al Dios Desconocido de los griegos y le prometí una ofrenda si me ayudaba!

Cuando Myriam llegó, le ordené: “Habla”

Al principio con timidez y luego con gran seguridad, me contó esta historia:

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“Cuando el rey de Siria estaba listo para hacer la guerra a Israel, había en su corte un hombre valioso y respetado de nombre Naamán, el cual estaba leproso. Había también una esclava israelita que habían robado los sirios y ésta les dijo: “Si llevasen a mi señor al profeta que hay en Samaría, ciertamente lo limpiaría de la lepra.” Naamán le pidió permiso al rey y siguió el consejo de la joven.

El rey de Israel se enojó mucho y exclamó: ‘¿Soy acaso Dios para que el rey de Siria me mande sus enfermos? Esta es una trampa para que haya guerra.’ Más el profeta Eliseo cuando se enteró, dijo: “Que venga a mi casa el leproso, lo curaré y sabrá que en Israel hay un profeta.” Naamán fue a ver a Eliseo, pero éste no lo recibió; tan solo le mandó  decir: “Lávate siete veces en el río Jordán y quedarás limpio.” Naamán se fastidió y pareciéndole que para nada había venido de tan lejos y caminado tanto, trató de regresar. Sus siervos le dijeron: ‘Solo te pidió que te lavaras siete veces y aunque te hubiese mandado muchas más, deberías hacerlo porque él es el profeta.’

Entonces Naamán reflexionó, se levantó, fue y se lavó. Y quedó curado. Lleno de gozo, fue a casa del siervo de Dios y le dijo: “Ahora sé la verdad. No hay otro Dios sobre la Tierra, sino solo el Dios de Israel.” Y como Eliseo no aceptara dones, le pidió que cuando menos le permitiera llevar tanta tierra como para hacer un altar en el que él  pudiera sacrificar para El Dios Verdadero, sobre tierra de Israel.” Y Miriam calló.

Algo se removió dentro de mí y le pregunté: ¿Qué tratas de decirme?

Y entonces Adela intervino y me contestó:

pedro_pablo_rubens__san_pedro–           Si tú lo quieres, mi amo. Pasado mañana, estará aquí en Roma un profeta más grande que Eliseo, porque es un Apóstol del Dios Único y Verdadero. Y él puede curar a Víctor y hacer que regrese la felicidad a esta casa. 

Yo me sorprendí mucho, pero una luz de esperanza prendió en mi corazón y le contesté:

–          ¡Claro que quiero! Llévame con él.

Adrián hace una pausa y luego pregunta a Diego:

–           Te mandé llamar para invitarte ¿Te gustaría acompañarnos?

–           ¡Claro que sí! Por nada me pierdo semejante portento… -y agregó dubitativo- Oye, ¿Y si no pasa nada?

Adrián dice esperanzado:

–           Algo me dice que no será así. Presiento… no sé… Pero tengo necesidad tanto de comprobarlo, como de que mi hermano se cure.

La tarde declina y pronto será de noche. Los dos amigos se quedan hablando de aquella insólita aventura.

Mientras tanto en otra casa del Vicus Patricius…

En el pórtico que circunda un enorme jardín, en donde se escucha el murmullo del agua que lanzan los surtidores de una bella fuente, Leonardo da largos paseos con las manos unidas a su espalda. Su ceño fruncido, su ira contenida y su furiosa concentración, hablan de un humor que no debe ser perturbado. Sus pisadas son fuertes y enérgicas. Después de hablar con su “espíritu guía”, está más confundido que nunca.

Tres días antes, uno de los informantes que había distribuido en todos los lugares donde puede averiguar algo de Sofía, le avisó que había regresado a su casa. Él fue inmediatamente a buscarla…

Y al recordar la entrevista que tuvieron, su rostro se ensombreció más todavía…

Estaba más bella que nunca. Alta, morena clara, con un cuerpo escultural que se dibujaba a través de los pliegues de su vestido color malva. Sus cabellos negros y ondulados, peinados con una diadema que por detrás tiene un velo como de seda en un tono rosa muy tenue. Su rostro de finas y armoniosas facciones, tiene una mezcla de dulzura a pesar de su severidad.

Están sentados en el atrium y hacen una hermosa pareja. Leonardo tiene una sonrisa forzada que lo hace lucir poco agradable. Pareciera que bajo una capa de benevolencia, late una voluntad turbia y oscura. Él hace grandes protestas de afecto a la joven, declarándose listo para hacer de ella una esposa feliz; reina de su corazón y de su casa.

Pero ella rechaza sus ardientes declaraciones de amor, con serena firmeza.

Leonardo insiste:

–           Pero tú podrías hacer de mí, un santo de tu Dios, Sofía. Porque tú eres cristiana y  yo lo sé. Pero no soy enemigo de los cristianos. Tampoco soy un incrédulo sobre las verdades de ultratumba. Creo en la otra vida y en la existencia del espíritu. También creo que seres espirituales velan sobre nosotros y se manifiestan si los invocamos para ayudarnos. Yo he recibido su guía y su auxilio.

Como puedes ver, creo cuanto tú crees. No podría nunca acusarte, porque sería como acusarme a mí mismo por tu mismo delito. No creo como los demás, que los cristianos sean personas que ejercen una magia malvada. Y estoy convencido de que nosotros dos estando unidos, haríamos grandes cosas.

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Inconmovible, ella responde:

–           Leonardo, por favor no insistas. Yo no discuto tus creencias. Yo también quiero creer que unidos, haremos grandes cosas. Ni siquiera niego que soy cristiana. Y quiero admitir que tú eres amigo de los cristianos. Rogaré a Dios por ti para que tú los llegues a amar a tal punto, que tú te conviertas en un campeón entre nosotros. Entonces si Dios lo quiere, estaremos unidos en una misma suerte.

Pero sería un destino totalmente espiritual. Pues de otro tipo de uniones yo soy esquiva, porque he decidido reservarme a mí misma con todo mi ser, para entregarme al Señor y Dios mío. Voy a conseguir aquella Vida en la cual también dices que crees, alcanzando la amistad de los que tú también admites que están sobre nosotros; protegiéndonos vigilantes y operantes en el Nombre Santísimo del Señor, obrando para nuestro bien.

Leonardo exclama exasperado:

–           ¡Basta, Sofía! Mi espíritu protector es muy poderoso y te doblegará hasta que te sometas a mis deseos.

Sofía replica con firmeza:

–           ¡OH, NO! Si él es un espíritu celestial, sólo querrá lo que la Voluntad de Dios quiera. Dios para mí, quiere la virginidad. Y yo espero el martirio. Y por lo mismo, tu protector no logrará inducirme a hacer ninguna cosa contraria al querer de Dios. Y si es un espíritu que no viene del Cielo, entonces absolutamente nada podrá sobre mí.

Porque sobre él levantaré en mi defensa  el Signo de la Victoria que tengo en la mente, en el corazón en el espíritu, sobre mi cuerpo. Grabado como un tatuaje vivo, que nos vuelve victoriosos sobre cualquier voz que no sea la de mi Señor. Vete en paz hermano y que Dios te ilumine para que conozcas la Verdad. Yo rogaré para que su luz llegue a tu alma.

Leonardo deja la casa refunfuñando amenazas. Y Sofía lo ve partir con lágrimas de compasión.

Sus padres están alarmados y la joven los tranquiliza diciendo:

–           No temáis. Dios nos protegerá y hará nuestro a Leonardo. Orad vosotros también y Tengamos fe en nuestro Señor Jesucristo.

Y Sofía se retira a su cubículum y ora postrada delante de una cruz desnuda, sostenida entre dos ventanas y sobrepuesta en la figura labrada del Cordero Místico.

alma angelesSu oración es ferviente y hay un momento en que sobre ella; suspendida en el aire aparece una luminosidad que poco a poco toma la forma incorpórea de un ser angélico, que la envuelve totalmente con su luz.

Mientras tanto, a la misma hora en la casa de Leonardo. En una estancia privada, en la que hay instrumentos y signos cabalísticos y mágicos; el joven patricio trabaja alrededor de un trípode, sobre el cual lanza sustancias resinosas que hacen que se levanten densas volutas de humo; al mismo tiempo que traza sobre él signos, murmurando palabras que siguen un oscuro ritual.

El ambiente se satura de una niebla azulada que vela el contorno de las cosas y hace que parezca que el cuerpo de Leonardo, está en una lejanía de aguas trémulas. Entonces se forma un punto fosforescente que va creciendo poco a poco, hasta alcanzar la forma y el volumen de un cuerpo humano.

Enseguida los dos establecen un diálogo incomprensible a nadie más. Leonardo se arrodilla y da muestras de veneración, al mismo tiempo que ruega al que parece considerar alguien muy poderoso.

magoLuego, la niebla desaparece lentamente y Leonardo queda nuevamente solo…

Entonces en la estancia de Sofía sucede un cambio. Ella continúa orando. Un punto fosforescente y danzante, como una bola de fuego envuelve a la joven orante. Es la hora de la tentación para Sofía.

familia-romanaY la luz de fuego se transforma en un ángel maligno. El cual con visiones mentales, trata de suscitar sensaciones para hacer caer a la virgen consagrada a Dios y persuadirla a través de los sentidos.

Ella sufre intensamente y cuando está a punto de ser dominada…

amor y sexo

Supera la durísima prueba con el signo de la cruz que ella traza con su mano en el aire, mientras lleva su otra mano hacia su cuello, a otra cruz que cuelga de una fina cadena de oro. La saca de su pecho y la levanta, mientras dice con voz autoritaria:

–           ¡Retírate Satanás! Yo soy de Dios y nada en mí te pertenece.

Pero el Adversario no se da por vencido. Le muestra a Sofía escenas de una vida familiar idílica, con un esposo rendido y apasionado.

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A la tercera vez, la tentación es tan fuerte y el ataque es tan violento; que Sofía se abraza a la gran cruz que está suspendida y agarrada sobre el muro. Ella alza delante de sí la otra pequeña cruz.

Parece un combatiente aislado que se defiende a la espalda con un firme refugio y al frente, con un escudo invencible. La luz fosforescente NO RESISTE aquella doble señal y desaparece.

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Al día siguiente, Leonardo regresa a la casa de la joven que lo tiene obsesionado y trata de convencerla una vez más con sus reiteradas promesas de amor.

–           Te estoy proponiendo que seas mi esposa, Sofía. La reina de mi hogar y la madre de mis hijos. Estoy siendo honesto y no te pido nada indebido. ¿Por qué te sigues negando? –Suplica exasperado- Por favor recapacita y cambia tu decisión.

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Sofía replica inconmovible:

–           No soy yo quién debo cambiar de pensamiento, sino tú el tuyo, Leonardo. Si te liberas de la esclavitud a que te somete ese espíritu malvado, tu alma será salvada. Yo ahora más que nunca, permanezco fiel a Dios en el cual creo. Y a Él todo lo sacrifico por el bien de todos. Y ya verás que el poder de mi Dios es infinitamente superior al de vuestros dioses y al del Maligno que en ellos adoráis.

Leonardo se retira desilusionado una vez más; colérico y decidido a no renunciar a ella. “Tiene que ser mía.” Piensa mientras vuelve a su casa a repetir el ritual del día anterior.

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Y nuevamente una jovencita sola, con una cruz en las manos y otra adosada al muro de su habitación, entabla un combate feroz.

Es una doncella convencida del Poder de la Cruz, que se ha refugiado en ella para vencer.

En su lucha hay un hombre cuyo contubernio con Satanás, lo hace rico de todos los vicios capitales y tiene como aliado al Amo del Infierno, con todo su poder y sus seducciones.

luciferÉste está furioso porque a pesar de haber desencadenado todas las fuerzas del Mal, para destruir y hacer perecer; no solo ha sido vencido por la joven virgen, sino que también es doblegado y obligado por la fuerza invencible de Dios.

De esta forma,  Satanás debe confesar la verdad y perder a su discípulo:

“El Dios Crucificado es más poderoso que todo el Infierno junto. Siempre me vencerá. Quién cree en Él, está a salvo de cualquier insidia. LA FE ES LA CUESTIÓN VITAL.”
La respuesta de su “protector” ha sido la causante de la ira del patricio. Y es lo que más lo abruma en su paseo.

Finalmente se sienta en el triclinio y con su  mentón apoyado sobre su puño izquierdo cerrado, piensa por largo rato. Siguiendo el hilo de sus pensamientos, levanta su mano derecha y traza en el aire, con el dedo una cruz… Y se queda inmóvil por unos segundos.

Luego se refleja en su semblante una firme determinación. Se levanta. El razonamiento que lo ha decidido ha sido éste: “Ya que Jesucristo el Crucificado es el Dios Todopoderoso y nada puede contra Él, me convertiré en  cristiano y voy a adorarlo.

Parece una magnífica estatua. De su semblante desaparece el aire torvo y sombrío. En ese momento llega un esclavo y le avisa que ha llegado un mensajero de la casa de Adriano, con una carta para él. Leonardo la lee…

Y a la mañana siguiente se une a la comitiva que se dirige a la Puerta del Cielo.

Cuando cruzan el atrio de la regia mansión, Leonardo se fija en el Lararium (especie de oratorio donde se adoran los dioses domésticos): lo único que tiene es una enorme cruz desnuda hecha de mármol que parece suspendida con lazos invisibles, con un gran lienzo blanco y plegado que cuelga de uno a otro de sus brazos y un letrero en un pedestal que en latín y en griego dice: “JESÚS ESTA VIVO”

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Al lado izquierdo se lee: “Si quieres alcanzar la perfección, aprende la ciencia de VIVIR MURIENDO Y MORIR AMANDO.”

En el lado derecho está escrito: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu ser, sobre todas las cosas. Y a tu prójimo como a ti mismo…”

Adela, la aya de Adriano, dice unas palabras al que los ha recibido. Este asiente con la cabeza y luego se dirige a todos:

–      Bienvenidos, hermanos. Que la Paz de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros. No temáis. Todo estará bien. Traigan al enfermo.

Cuatro africanos gigantescos llevan al enfermo amarrado como un bulto, hasta un salón anexo al atrium y que en otros tiempos funcionó como taberna para los invitados.

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Luego todos los demás son conducidos al jardín posterior, donde Pedro está hablando en el salón porticado a una gran cantidad de personas reunidas:

“Os hablo una vez más de esta Cena en que antes de ser Inmolado por los hombres, Jesús de Nazaret, llamado el Nazareno, el Hijo de Dios Vivo y Verdadero. Y Salvador nuestro, como hemos creído con todo nuestro corazón e inteligencia. Porque en creerlo está nuestra salvación. Se inmoló por su propia voluntad y por su gran amor, se dio a Sí Mismo en comida y bebida a los hombres, cuando tomó un pan entero y lo puso sobre una copa llena de vino. Los bendijo y los ofreció a Dios Padre.

Luego partió el Pan en trece pedazos y dio uno a cada uno de los apóstoles, reservando uno para su Madre Santísima. Y dijo: “Tomad y comed. Esto es mi Cuerpo. Haced esto en recuerdo de Mí, que me voy”… Después tomó el Cáliz y dijo: “Tomad y bebed. Esto es mi Sangre. Este es el Cáliz del Nuevo Pacto sellado en mi Sangre y por mi Sangre que será derramada por vosotros, para que se os perdonen vuestros pecados y para daros la Vida. Haced esto en recuerdo mío.”Eucaristìa pan vivoY es lo que estamos haciendo. Así como nosotros sus testigos creemos que en el Pan y en el Vino, ofrecidos y bendecidos como Él lo hizo, en memoria suya y por obedecerle, están su Cuerpo Santísimo y su Sangre Preciosa, Poderosa y Adorable. Este Cuerpo y esta Sangre que son del Dios Encarnado, Hijo del dios Altísimo. Sangre que fue derramada y Cuerpo que fue crucificado por amor y para dar Vida a los hombres. Así también a vosotros que habéis entrado a formar parte de la Iglesia verdadera, inmortal, que predijeron los profetas y que fundó Jesús, debéis creerlo.

Creed y bendecid esta señal como perdón suyo. Pues nosotros, si no fuimos sus crucificadores materiales, si lo fuimos moral y espiritualmente, principalmente por nuestros pecados. Por nuestra debilidad en servirlo. Por nuestra ceguera en comprenderlo. Por nuestra cobardía en abandonarlo, huyendo en su hora postrera y ¿Qué puedo deciros de mi personal traición? Pues lo negué por miedo y cobardía.

NEGACIÓN DE PEDRO

Negué que era su discípulo aun cuando me había elegido para ser el primero entre sus siervos.- gruesas lágrimas corren por sus mejillas y bañan todo su rostro- Poco antes de la hora Prima allá, en el patio del Templo.

Creed y bendecid al Señor, todos los que no lo conocieron cuando era el Nazareno y permite que ahora lo conozcan como el Verbo Encarnado. El Cordero que ha sido Inmolado. Rey de Reyes, Sacerdote y Dios, Hijo del Dios Altísimo; Hombre Verdadero y Dios Verdadero. Maestro, Salvador y Redentor nuestro, que murió Crucificado y Resucitó de entre los muertos. Y ahora ha regresado al Cielo, para estar glorioso con el Padre. “Venid y Tomad” Él lo dijo: “Quién come mi Carne y bebe mi sangre, tendrá Vida Eterna.” 

Él creó vuestras almas y las redimió con su Vida y con su Sangre Santísima. Él os está llamando para ser ovejas de su Rebaño. El Buen Pastor está buscando a la oveja perdida. Y os llama para salvaros. Él ha redimido vuestras almas y las espera para darles la Vida Eterna.

Pedro calla.

EL SEÑOR ES MI PASTOR jesus-animated-gif

Después de unos momentos, dice:

–           Vayamos ahora a los enfermos…

Celina se acerca y le dice algo en voz baja. Pedro sonríe y se dirige hacia donde está el grupo de Adriano. Los saluda:

–           Paz a ustedes, hermanos.

–           Salve.- contestan todos.

Y mientras caminan al lugar en que dejaron a Víctor, Adrián dice:

–          Está loco por un mal misterioso. Nadie ha podido curarlo. Es mi hermano, -señalando a la mujer que llora con profundo dolor, agrega.- y ella es mi madre. Hemos venido…

Adrián ya no sabe que decir y baja la cabeza apesadumbrado.

Pedro trata de consolarlo:

–           Ahora se le pasará.

Y Pedro se dirige al hombre que pese a que está amarrado fuertemente, da unos saltos con unos rugidos escalofriantes que aumentan a medida que el apóstol se va acercando.

Todos miran asombrados al enfermo que se agita siempre más.

Adrián advierte:

–           Ten cuidado. Es muy agresivo.

Pedro llega hasta el hombre que a pesar de sus ataduras, pareciera a punto de soltarse;  mientras gruñidos espeluznantes rugen en forma sobrehumana de su garganta.

El apóstol declara tranquilamente:

–           Vosotros le creéis loco. Dices que ningún médico puede curarlo. Es verdad. Ningún médico porque no está loco; sino que uno de los inferiores como ustedes los conocen, ha entrado en él…

Adrián replica:

–           Pero no tiene el espíritu de Pitón. Al contrario. Solo dice incoherencias.

Pedro explica:

–           Nosotros lo llamamos “Demonio” no Pitón. Hay el que habla y el que es mudo. El que engaña con razones aparentes de verdad y suele pasar desapercibido. Es el más peligroso. Y hay el que produce solo un desorden mental. El primero de los dos es el más completo y entre menos se advierte su presencia, más destrucción produce. Tu hermano tiene el segundo, pero ahora saldrá de él.

–           ¿Cómo?

–           Él mismo te lo dirá.

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Entonces, dirigiéndose al enfermo, Pedro ordena:

–           ¡En el Nombre de Jesucristo deja a este hombre y regresa a tu Abismo!

El hombre lanza un alarido escalofriante y grita:

–          ¡Me voy! Contra ti y por Él, mi poder es demasiado débil. Me arrojas y me amordazas. ¿Por qué siempre nos vences?

El espíritu que habló por boca de Víctor, sale con un alarido más fuerte. Y el hombre se desploma como si se hubiera desmayado.

Pedro dice:

–           Está curado. ¡Soltadlo sin miedo!

Varias voces dicen al mismo tiempo:

–           ¿Curado?… ¿Estás seguro?… Pero…

Adrián intenta postrarse, al mismo tiempo que exclama:

–           ¡Yo te adoro!

Pero Pedro lo detiene inmediatamente:

–          ¡No lo hagas! Yo soy solo un hombre como tú. Levanta tu alma. En el Cielo está Dios. A Él adórale. Y dirige tus pasos hacia Él.

–           Entonces permite que te trate como a los sacerdotes de Esculapio. Permite que te oigamos hablar y ver como curas a los enfermos.

–           Hazlo. Y trae a tu hermano.-y dirigiéndose al grupo, los invita – Si queréis, todos podéis pasar.

Mientras tanto, Víctor está sorprendido. Y mirando a todos pregunta:

–           ¿Pero dónde estoy? Esto no es Ostia. ¿Dónde está el mar?

Adrián contesta:

–           ¡Estabas…!

Pedro lo interrumpe al hacer una señal con la que impone silencio y dirigiéndose a Víctor le dice:

–           Tenías una fiebre muy alta y te han traído a Roma. Ahora estás mejor. Ven.

Dócilmente, el hombre se levanta y camina junto al apóstol. Todos los siguen conmovidos, sorprendidos y sin comprender cabalmente lo que ha sucedido.

Adrián no puede contenerse y adelantándose llega hasta Pedro y le pregunta:

–          Dijiste levanta tu alma. ¿Qué cosa es el alma? ¿De quién viene? ¿Dónde está?

–           Seguidme y lo sabréis…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

215.- ECCE HOMO


1JCONDENADO

Es la hora del Odio Satánico.

Multitudes de Demonios hay sobre la tierra para seducir a los corazones, para ayudarlos a decidir su Muerte. Cada sinedrista tiene el suyo, lo mismo que Herodes, Pilatos y todos los judíos que pidieron su Sangre. También los tenían los apóstoles en Getsemaní, para adormecerlos y prepararlos a ser cobardes.

Cuando Jesús salió de la casa de Caifás, lo llevaron al Pretorio. Dice el Evangelio: ·Era de madrugada. Ellos no entraron en el Pretorio para no contaminarse y poder así comer de la Pascua.” La hipocresía no fue prerrogativa de los judíos que lo condenaron. La ley determina que cualquiera que cometa un crimen en la Pascua, debe ser castigado con la muerte…

Pero ellos que eran tan observantes, decidieron pasar por alto también este precepto; porque su Odio contra Él,  es más poderoso que su conciencia y su afán de parecer piadosos ante el mundo, los inclinó a guardar las apariencias en el Pretorio.

Ellos no creyeron poder contaminarse al cometer un crimen y celebrar la Pascua después. Pero sí observaron el rito de no pisar la casa de un gentil y no quisieron entrar a la casa del Gobernador romano.

También ahora muchos en su interior, maquinan el mal y muestran una fachada de piedad y respeto por la religión.

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Pilatos sintió piedad de Jesús, por ser Inocente. Lo conoce a través de todos los relatos de Claudia Prócula… Y trató de salvarlo desde el primer momento… Cómo Roma es la única que tiene el derecho de ejercer justicia contra los malhechores, trata de librarlo diciendo: ‘Juzgadle, según vuestra Ley’.

Nuevamente hipócritas, los judíos no quisieron condenarlo. Y Herodes, que no vaciló en ajusticiar al Bautista, lo devuelve a Poncio Pilatos… Quieren que sea Roma la que lo sentencie… Lo odian y lo temen… No quieren reconocerlo como Mesías, pero decidieron matarlo por sí lo era. Y lo acusaron de alborotapueblos contra el poder romano, para conseguir que Roma lo condenase.

En su interrogatorio, Pilatos no puede comprender en qué consiste su Reino y lo más triste: no pide que se lo explique. Al invitarle a que conozca la Verdad, paganamente responde: ¿Qué cosa es la Verdad?

Con un levantamiento de hombros, vuelve a donde están los judíos y en los umbrales del crimen, trata de salvarlo una vez más.

Cuando Pilatos lo miró, tuvo compasión de Él. Espera que la Plebe también la tenga… Pero ante sus amenazas y su dureza, le faltó valor…

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Su debilidad y su ambición, pues temió perder su puesto, lo llevan a una cruel transacción: LA FLAGELACIÓN.

Cuatro soldados llevan a Jesús al patio enlozado con mármoles de color, más allá del atrio. En medio hay una columna alta semejante a las del pórtico. A unos tres metros del suelo, tiene una varilla de hierro sobresaliente por lo menos un metro, que termina en una argolla.

Hacen que se quite los vestidos y Jesús se queda solamente con los calzoncillos cortos de lino y las sandalias.

Las manos las atan juntas alrededor de las muñecas y se las amarran a la argolla, sobre la cabeza. De modo que aun cuando es muy alto, apenas si toca el suelo con la punta de los pies.

Esta posición en sí, ya es muy dolorosa.

Dos verdugos se colocan, uno delante de Él y otro detrás. Están armados con un flagelo de siete correas de nervios durísimos, unidas a un mango y que terminan en la punta con bolas de plomo.

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La mano que Dios dio al hombre, para distinguirlo de los animales. La mano que Dios enseñó a usar al hombre como instrumento de la inteligencia humana para acariciar, bendecir y trabajar; se convirtió en instrumento de tortura contra el Hijo de Dios: le dio de bofetadas y se convirtió en tenazas para arrancarle los cabellos… Tomó el flagelo y los clavos e hirió a su Dios y Creador…

Alternada y rítmicamente, como si estuvieran haciendo un ejercicio, se ponen a dar golpes. Uno delante, el otro, detrás. De esta forma, el tronco de Jesús queda apretado entre estos instrumentos de dolor.

Los cuatro soldados a quienes se ha entregado al Prisionero, sin preocuparse mayormente del asunto, se ponen a jugar a los dados con otros tres que acaban de llegar.

Las voces de los jugadores se mezclan con el golpe de los flagelos, que silban como serpientes y luego suenan como piedras arrojadas contra la piel tensa de un tambor; azotando el grácil cuerpo de color marfil viejo, que al principio toma el color cebrado vivo de una rosa; luego el violeta llenándose de relieves de color añil, muy hinchados. Y después el rojinegro…  Para terminar rompiéndose y arrojando sangre por todas partes.

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El amor de Jesús por su Padre y por sus hijos, lo llevó a entregar su cuerpo a quien lo golpeaba. A presentar su rostro a quien lo abofeteaba y escupía. Él debía ser quebrantado, para expiar los pecados de la carne.

En su cuerpo no queda un lugar que no haya sido golpeado. Es el siervo del que habla Isaías. Su amor por su  Padre inflamó en Él el deseo de devolverle a los hijos perdidos por el Pecado.

Los hosannas mentirosos del Domingo de Ramos, se convirtieron en el grito de muerte, sediento de sangre y los hombres utilizaron además de su cuerpo creado por Dios para atormentarlo; las cosas creadas por ÉL, para ser instrumento de tortura y hacer más doloroso su Martirio.

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Aunque sus golpes los dirigen sobre todo al tórax y al abdomen, tampoco faltan los golpes en las piernas, los brazos y hasta en la cabeza, para que no quede ningún miembro sin dolor.

¡Cuánto sufrimiento!… ¡Y no se escucha ni un lamento!…

Si la cuerda no lo sostuviera, caería al suelo. Solo la cabeza se le mueve y cae sobre el pecho una y otra vez, entre golpe y golpe…

Sus órganos internos magullados y contusos, tienen grandes sufrimientos. Sofocaciones y tos convulsiva por los pulmones. Y la anemia consecutiva a toda la sangre que ha esparcido desde Getsemaní…

El hígado, el bazo y los riñones, magullados, inflamados y congestionados. Junto con el corazón exangüe y exhausto. Enfermo por la bárbara flagelación y por los dolores morales que le han precedido y que harán más penosas las próximas horas…

Los riñones que casi han sido despedazados por los flagelos, ya han dejado de funcionar. Incapaces de filtrar más, la urea se irá acumulando y se esparcirá por todo su cuerpo, torturando con el sufrimiento de la intoxicación urémica…

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Un soldado grita:

–           ¡Eh! ¡Deteneos que lo matáis! – Y agrega tono de mofa.- Necesita estar vivo, para que puedan matarlo.

Los dos verdugos se paran y se secan el sudor.

Y dicen:

–           ¡No podemos más!

–           Pensé que os habíais olvidado…

–           Pagadnos. Porque nos vamos a saciar la sed con un vaso de vino.

–           La flagelación de los esclavos es más pesada…

–           Deberían pagarnos más…

El decurión les arroja una moneda grande a cada uno, mientras les contesta:

–           ¡A la horca os mandaría! tened…

Dos jugadores comentan:

–           Habéis trabajado a conciencia.

–           Parece un mosaico.

Luego que los verdugos se van.

Un soldado dice a otro:

–           ¡Oye Tito, dinos! ¿No era éste al que amaba Alejandro?

El aludido responde:

–           Sí.

–           Le daremos la noticia para que cumpla el luto.

Tito confirma:

–           Primero hay que desatarlo.

1desmayo

Lo desatan, y Jesús cae al suelo como muerto. Lo dejan ahí.

De vez en cuando lo mueven con el pie calzado con las cáligas, para ver si se lamenta.

Pero Jesús ni siquiera gime.

No meditamos nunca en lo que le costamos y no reflexionamos en las torturas que nos dieron la salvación…

En su Cuerpo no queda un lugar que no haya sido golpeado. Ningún dolor se le perdonó: Ni en la carne, ni en la mente, ni en el corazón, ni en el espíritu. De todos se abrevará hasta morir…

Pasan unos minutos y los soldados comentan:

–           ¿Acaso habrá muerto?

–           Es posible.

–           Es joven y artesano. Eso me han dicho.

–           A mí me dijeron que es como una vestal y parece una delicada doncella…

–           ¡Déjenmelo a mí!

Y el último que habló, va y lo sienta contra la columna.

1flagelado (2)

Donde antes estuviera Jesús tirado, se ven los grumos de sangre…

Mirad la humanidad de nuestro Redentor: de la cabeza a los pies es toda una herida… LA FLAGELACIÓN hace horrorizar a quién la medita y agonizar a quién la prueba. Pero fue tortura de una hora. Los hombres que lo traicionan, le flagelan el corazón y son siglos que lo hacemos…

El soldado, va a una pequeña fuente que gorgotea bajo el pórtico. Llena un cubo de agua y se lo arroja sobre la cabeza y el cuerpo de Jesús.

Mientras dice:

–           ¡Así! ¡A las flores les gusta el agua!

Jesús suspira profundamente. Trata de levantarse. Pero sigue con los ojos cerrados.

Varias voces dicen al mismo tiempo:

–           ¡Eso es!

–           ¡Bien!

–           ¡Arriba, Adonis!

–           ¡Qué te esperan las damas!…

Pero Jesús inútilmente apoya en el suelo los puños intentando erguirse…

Entonces le ordenan:

–           ¡Arriba!

–           ¡Rápido!

–           ¿Te sientes débil?

–           ¡Oye precioso!… ¡Date prisa!

–           ¡Qué te espera alguien!…

El más brutal, con sonrisa mordaz le grita:

–           Con esto te vas a reponer.

Y con el asta de su lanza descarga un golpe en el Rostro de Jesús, dándole entre el pómulo derecho y la nariz, desviándole el tabique y que al punto comienza a sangrar.

1cristo

Jesús abre los ojos y mira a su alrededor. Es una mirada perdida… Mira fijamente al soldado que lo ha golpeado. Se enjuga la sangre con la mano. Y con un gran esfuerzo, se pone de pie.

Los militares se burlan:

–           ¡Vístete!

–           ¡Es una indecencia estar así!

–           ¡Impúdico!

Y todos sueltan la carcajada.

Jesús obedece sin decir nada. Sólo ÉL sabe lo que sufre al inclinarse, por las heridas que tiene, pues al moverse, su piel se abre y la sangre vuelve a brotar…

Pero no hay ninguna piedad y empiezan a jugar con ÉL cruelmente.

1Flagelacion_Murillo

Un soldado da una patada a sus vestidos y los dispersa cada vez que Jesús quiere alcanzarlos, balanceándose penosamente. Otro soldado los arroja al lado contrario. Y cada vez que Jesús tambaleándose llega a donde ha caído su ropa, otro soldado la arroja lejos en otra dirección. Mientras hacen esto le dicen obscenidades y se burlan de él.

Jesús sufriendo agudamente sigue a la ropa, sin decir una palabra.

Finalmente y en silencio todavía, Jesús logra tomar sus vestidos. Antes de ponerse la túnica blanca interior corta, que estaba apartada en un rincón y mojada, se limpia con ella la cara del polvo, la sangre, los escupitajos y los excrementos.

1Cristo_despues_de_la_Flagelacion_

Parece como si quisiera ocultar su vestido rojo que ayer mismo era tan hermoso y ahora está sucio de porquerías y manchado por la sangre que sudó en Getsemaní. Pero termina de vestirse con él. Luego se compone los cabellos y la barba, llevado por un instinto natural, de limpieza y orden en su persona.

Y la pobre y santa faz aparece limpia, sólo marcada por los moretones y las pequeñas heridas.

Y luego se acerca a que le dé el sol, pues está temblando por los escalofríos…

Y al suplicio al que se le sometió, se añadió otro: LA CORONACIÓN DE ESPINAS.

1jesus-cryingg

La fiebre ha comenzado a apoderarse de Él, debido a la pérdida de sangre, al ayuno y a la larga caminata.

Nuevamente le atan las manos. La cuerda vuelve a cortarle en donde hay rozaduras anteriores.

Un soldado dice:

–                       ¿Y ahora qué vamos a hacer? ¡Estoy aburrido y fastidiado!

Otro le contesta:

–                       Espera… Los Judíos quieren un rey… ¡Se los daremos!…

Corre afuera, más allá del patio.

Poco después regresa con un manojo de ramas de zarza que todavía están flexibles porque es primavera, pero que tienen las espinas largas y puntiagudas.

1corona de espinas (2)

 Con la daga les quita las hojas y las florecillas. Las dobla entretejiéndolas de modo que formen una corona y la pone sobre la cabeza, tratando de encajarla alrededor de la frente.

Pero como es demasiado grande, se le va hasta el cuello.

Dos de los soldados dicen:

–                       No le queda.

–                       Debe ser más estrecha.

–                       Quítasela.

Al quitársela, le rasgan las mejillas y parte de los párpados, con peligro de dejarlo ciego. Y con el brusco movimiento, tambien le arrancan  los cabellos que se han enredado entre las zarzas.

1jrey-judios

La estrechan. Pero ahora lo han hecho demasiado y a pesar de forzarla, no le cabe.

De nuevo se la quitan y le arrancan más cabellos.

La vuelven a hacer…  Ahora está bien: por delante hay una hilera triple de espinas y por detrás donde se unen las ramas, hay un verdadero nudo de espinas que se clavan en su nuca.

1cristo2

El soldado que inventó este suplicio, le dice con burla:

–                       ¡Ahora estás mejor! Pareces un bronce natural con rubíes. Mírate, ¡Oh rey! En mi coraza…

Y se acerca mostrándole la lóriga reluciente…

Tito dice:

–                       La corona no basta para representar un rey. Es necesario la púrpura y el cetro. En el establo hay una caña y en la alcantarilla una clámide roja. Ve a traerla Cornelio.

Éste las trae. Le echan encima la sucia clámide roja.

1salve-Rey-de-los-judios

Antes de ponerle la caña entre las manos, lo golpean con ella en la cabeza y lo saludan diciendo:

–                       ¡Salve!

–                       ¡Ave! ¡Rey de los Judíos!

Y se mueren de risa.

Jesús no se opone a nada. Permite que se le siente en el ‘trono’: un artesón boca abajo que usan para dar de beber a los caballos.

Ellos lo siguen golpeando y burlándose de él como ‘Rey de los Judíos’.

1jrey

Jesús no dice una palabra. Tan solo los mira… Una mirada única de dulzura y de dolor tan atroz, que rompe el corazón el contemplarla…

Parece decir:

–                       He venido a salvaros… ¿Por qué no me amáis?…

1jcoronado

Entra en el patio el tribuno Publio Quintiliano…

Los soldados suspenden sus burlas al oír su voz, que ordena que lleven al Reo ante Poncio Pilatos.

Llevan a Jesús al atrio, donde el sol ya alumbra con todo su esplendor. Todavía lleva la corona, la clámide y  la caña.

El Procónsul le dice:

–           Adelante, para que te muestre al pueblo.

Jesús, pese a sentirse muy débil y enfermo, se yergue dignamente… Y… ¡Vaya si parece un Rey! ¡Un Rey muy Majestuoso!…

1jpresentado

Pilatos declara:

–           Escuchad hebreos. Aquí está EL. Lo he mandado castigar. Ahora permitid que lo deje libre.

Los judíos gritan:

–           ¡No!

–           ¡No!

–           ¡Queremos verlo afuera!

–            ¡Que se vea el blasfemo!

El Gobernador ordena:

–           Sacadlo afuera. ¡Pero tened cuidado de que no le echen mano!

1Cristo coronado de espinas

Y mientras Jesús entra en el atrio y aparece en medio de una decuria…

Poncio Pilatos lo señala diciendo:

–           ¡He ahí al Hombre! Ahí lo tenéis. Aquí tenéis a vuestro Rey.  ¿No os basta todavía?

1ecce-homo

Es un día bochornoso. El sol cae directamente sobre todos, pues están entre la hora tercia y la sexta. Los que gritan parecen hienas rabiosas, enseñan sus puños y piden que se le mande a muerte.

El Hombre-Dios que en Sí tenía la perfección de la belleza física, apareció entonces ante los ojos de los que lo miraban, un ser feo, el oprobio de los hombres… Pues lo han convertido en todo una llaga…  En este día es semejante a un leproso, por los golpes y la humillación que recibió.

1ecce-homo2

Ved, ¡OH, hombres, a vuestro Salvador! ¡A vuestro Rey coronado por el Dolor, para que en nuestra cabeza no fermenten tantos pensamientos!

Nosotros que nos sentimos ofendidos por cualquier cosa; mirad a nuestro Rey ofendido… ¡Y es Dios!, ¡Con el manto de púrpura, con la caña cual cetro y la Corona de Espinas!

Corona que desgarró su carne, penetrando por múltiples heridas, para purificar nuestros pensamientos culpables.

Jesús sigue de pie, erguido con majestad.

1jante-pilatos

Nunca había resaltado esta realeza como ahora, ni siquiera cuando hacía milagros…

Es una nobleza dolorosa pero en tal forma divina, que basta verla para señalarlo como Dios.

Jerusalén en este día está habitado por los demonios y dominado por el Infierno. Y ciertamente Satanás debió temblar al contemplarlo…

1crucificale

Pilatos lo ha señalado diciendo:

–           ¡He ahí al Hombre! Ahí lo tenéis. Aquí tenéis a vuestro Rey.  ¿No os basta todavía?

la multitud ruge:

–            ¡No! ¡No!

–            ¡Crucifícalo!

–            ¡A la muerte el Blasfemo!

–            ¡Crucifícalo!

–            ¡Condénalo ya!

Jesús extiende su mirada sobre la turba, busca…

Encuentra en medio de este mar de caras que lo odian, las de sus amigos. ¿Cuántos? Una veintena, entre millares…

Inclina su cabeza abatido ante tal abandono. Le cae una lágrima… Luego otra…después la siguiente.

Ante su llanto no hay compasión; sino solo Odio.

1jesus_coronado

La mentira y la blasfemia lo rodearon… Y de los mismos labios que habían brotado los hosannas, surgió después el crucifige.

Basta con decir la Verdad y ser bueno, para que la gente lo odie a uno, después de pasado el entusiasmo. La Verdad es reproche y consejo. La bondad arranca el látigo y hace que los no buenos, no teman más. De esto surgió el crucifige, después de haber gritado los hosannas. Su vida de Maestro, se vio llena de estos dos gritos. El último fue el de ¡Crucifícalo!

1ecce-homo3

Poncio Pilatos intenta salvarlo una vez más:

–                       ¡Bueno! Dejad que se vaya. Es un acto de justicia.

La multitud ruge:

–                       ¡No!

–                        A la muerte.

–                       ¡Crucifícalo!

Pilatos trata de negociar:

–                       Os entrego a Barrabás.

1cristo-ou-barrabas

La multitud ruge:

–                       ¡No! ¡Al Mesías!

–                       Si es así, tomadlo vosotros. Yo no encuentro ninguna culpa en Él.

Los príncipes de los sacerdotes:

–                       ¡Dijo que es Hijo de Dios!

–                       Nuestra Ley castiga con la muerte al reo de semejante blasfemia.

Pilatos se queda pensativo. Vuelve a entrar. Se sienta sobre su silla. Se ponen una mano en la frente y el codo sobre la rodilla. Mira atentamente a Jesús.

1jpilatos1

Luego le ordena:

–                       Acércate.

Jesús se acerca hasta la tarima.

Pilatos le pregunta:

–                       ¿Es verdad? Respóndeme.

Jesús guarda silencio.

–                       ¿De dónde has venido? ¿Qué es Dios?

1corona de espinas

Jesús contesta con dulzura:

–                       El Todo.

–                       ¿Y luego? ¿Qué quieres decir con el Todo? ¿Qué cosa es el Todo para quién muere? Estás loco… Dios no existe. Yo lo soy. Y yo sí existo.

Jesús no replica ha pronunciado su palabra salvadora y se encierra en el silencio.

El tribuno se acerca y le dice:

–                       Poncio, la liberta de Claudia Prócula te pide permiso para entrar. Trae un recado para ti.

Poncio exclama:

–                       ¡Oh, no! ¡Sólo esto me faltaba!  ¡Ahora las mujeres!… –Hace un gesto de resignación. Y autoriza- Que venga.

Entra la romana. Se arrodilla.

Le presenta al Procónsul una tablilla encerada en la que Claudia le pide a su marido, que no condene a Jesús.

La mujer se retira de espaldas, mientras Pilatos la lee…

1imperator

Luego el Gobernador le dice a Jesús:

–                       Se me aconseja que evite tu muerte. ¿Es verdad que eres más que un arúspice? Me infundes miedo…

Jesús no contesta.

–                       ¿Pero no sabes que tengo poder para dejarte libre o para mandarte a la crucifixión?

Jesús dice:

–                       No tendrías ningún poder, si no se te hubiese concedido de lo alto. Por esto quien me ha puesto en tus manos, es más culpable que tú.

1Poncio-Pilatos-

–                       ¿Quién es? ¿Tu Dios? Tengo miedo…

Jesús no responde.

Pilatos está en ascuas. No sabe qué hacer. Teme al castigo de Dios. Teme al de Roma. Recuerda todas las pláticas que ha tenido con su esposa, respecto a Jesús… Teme al poder de los vengativos judíos…

1pilatos-indeciso

Por un momento gana el temor de Dios y grita:

–                       ¡No es culpable!

Los príncipes de los sacerdotes lo amenazan:

–                     Si lo proclamas eres enemigo de César.

–                      Quien se hace rey es enemigo suyo.

–                       Tú quieres libertar al Nazareno.

–                        Se lo notificaremos a César.

1crucifícalo

Aunque Pilatos intenta salvarlo y lo presenta ante la plebe. Siente mucha compasión por Jesús y espera que la plebe la tenga. Pero ante su dureza, ante sus amenazas, no tiene valor para obrar con rectitud y decir: “Le doy la Libertad porque es Inocente. Vosotros sois los culpables y si no os alejáis, probaréis el látigo de Roma.” Esto es lo que hubiera dicho si hubiera sido justo, sin calcular en el mal que le hubiera sobrevenido. Pero para proclamar esto, es necesario ser un héroe y…

Pilatos es presa del temor humano:

–                       En una palabra. ¿Queréis que le mate?  ¿O no?…  Que se haga. Pero que la sangre de este Justo, no se le busque en mis manos.

1_Pilate_Washes_His_Hands__James_Tissot

Como poseídos por un frenesí, los judíos exclaman:

–                       ¡Qué se le encuentre en las nuestras!

–                       ¡Que caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!

–                       No le tenemos miedo.

–                       ¡A la Cruz!

–                       ¡A la Cruz!

–                       ¡Crucifícalo!

Poncio Pilatos ordena que le traigan una jofaina. Se lava las manos delante del pueblo y luego regresa a su silla.

1pilatos se lava las manos

Llama al centurión Longinos y a un esclavo.

El esclavo le trae una tablilla sobre la que pone un anuncio y ordena que se escriba:

            “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”

Lo muestra al pueblo.

1jesus-condemned-pilate

Los príncipes de los sacerdotes protestan:

–                       ¡No!

–                       ¡No así!

–                       ¡No Rey de los Judíos!

–                       Sino que se dijo que sería rey de los judíos.

Pilatos responde secamente:

–                       Lo que escribí…  Escrito queda.

1crucificale2

Y de pie, con la palma vuelta hacia el frente, ordena a Longinos:

–                       Que vaya a la Cruz, soldado. Ve. Prepara la Cruz.

Y pronuncia la sentencia:

“¡Ibis ad Crucem! I, miles, expedi Crucem.” 

(¡Va a ir a la Cruz!)  (A un soldado la cruz del problema)

1Poncio Pilatos

           Y baja del Pretorio sin voltear a  ver ni a la gente que mete confusión, ni al Hombre que ha condenado. Sale del atrio y se retira al interior de su palacio.

Jesús se queda en medio del atrio de la Torre Antonia bajo la custodia de los soldados, en espera de la Cruz…

Detrás de la columna, Juan se cubre la boca para ahogar un grito de dolor… Es hora de ir por la Madre.

Y se va rápido…

1Dore

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

46.- LA FE VERDADERA Y SOBRENATURAL I


Séneca no podía disimular lo divertido que estaba. Ni marcial la admiración que le despertaron los cristianos. Tanto Ethan como Acacio, no solo son sabios, sino ingeniosos. Y esa combinación les encantó a los demás. Todos se quedaron reflexionando, en lo que acaban de escuchar con el debate.

Minutos después, Trhaseas dijo:

–         A mí me gustaría saber cómo se construye una fe. Si nuestras creencias son vanas, entonces nos quedamos sin nada

            Lucano confirmó:

            –           Yo quisiera creer igual que ustedes.

            Y el poeta Marcial, preguntó a todos y a ninguno:

–           ¿Cómo se puede llegar a tener Fe?

Leonardo se levanta como impulsado por un resorte y dice con alegría:

–           Tomemos el ejemplo de los templos. Esos edificios sagrados verdaderamente bellos que tienen un solo defecto y es que están dedicados a la nada. Dios estaba presente en el genio del hombre que hizo y que decoró el Partenón. Porque Él está dondequiera que hay vida o manifestación de ella. Ya sea mineral, vegetal o animal.

Él, el Creador del Universo y de todos los hombres, aunque no lo reconozcan, ni lo amen. Está en los astros, en los mares, en los vientos. En los vuelos de las águilas, en los zumbidos del mosquito. En todo está el Altísimo Creador. Dios Único y Trino.

Si la Fe se construye como se construyen los Templos, hay que buscar el espacio para que quede libre y en alto. Esto se hace, queriendo creer.

Cuando nuestra voluntad está inclinada a querer creer, el siguiente paso es muy simple: la Fe es una virtud que Dios nos regala como un don; para que podamos creer en Él y amarlo.

Cuando Dios se vislumbra y se desea conocerlo. ¡Simplemente hay que decirlo!:  ‘Señor, enséñame a conocerte y a amarte.’ Y Él se encargará de traer nuestras almas a la Luz, por medio de la Fe.

La voz de Leonardo, está llena de emoción al continuar:

¿QUÉ ES LA FE?

El hombre experimenta una necesidad instintiva por buscar la Verdad. Esta necesidad es un acicate del alma que vive y está presente en todos los hombres aunque sean paganos; pero sufre en ellos, porque tiene hambre en su nostalgia del Dios Verdadero. El alma lo recuerda en el cuerpo que habita y al que gobierna una mente pagana. Pues el hombre no es solo carne y el cuerpo perecedero, está unido al alma que es inmortal.

LA NECESIDAD DE CREER ES MÁS IMPERIOSA, QUE LA DE RESPIRAR. Aún quién dice que no cree en nada. En alguna cosa cree. Tan solo el hecho de decir: ‘No creo en Dios’ presupone otra Fe. Tal vez en sí mismo o en su inteligencia soberbia.

Aunque el hombre se niegue a reconocerlo, el alma sufre porque recuerda a Dios. Su inteligencia desea al Dios Verdadero de quién viene y tiene hambre de Él. Y trata de acercarse a Él cuando lo percibe.

LA FE ES LA QUE CONSAGRA EL ALTAR DEL CORAZÓN A DIOS.

LA Fe Verdadera y las virtudes, hacen del hombre un hijo de Dios al deificar el alma. Y por eso hay que buscar la ciencia que no yerra y que está contenida en la Doctrina Cristiana. Ella es la que nos guía y nos vuelve capaces de conquistar el Cielo.

La Fe, es el fundamento de la santidad. Una luz especial del Cielo con la que el alma ‘ve a Dios’ en este mundo. Es un rayo de luz que hiriendo el rostro de Dios, lo hace visible para el alma. Es la vida y fortaleza del espíritu. Es el sol que lo calienta y lo ilumina, haciéndolo crecer siempre más en perfección y santidad.

La Fe es fruto del Espíritu Santo. Es una luz oscura que arrastra al hombre hacia Dios por medio de la humildad y es indispensable para la salvación. La Fe, es la prueba que Dios exige a la soberbia y a la inteligencia del hombre, el cual para caminar por ella, debe postrar su orgullo y su propio juicio.

La Fe es el farol luminoso que alumbra el camino oscuro del espíritu y es un caos donde el soberbio se hunde y el orgulloso se estrella…

LA FE ES EL PRECIO DEL CIELO. Desata las manos del Omnipotente. Aplaca la Justicia Divina. Arranca gracias al Eterno. La Fe santifica y salva. Da valor a los actos más sencillos y los lleva sobrenaturalizados a Dios. La Fe es la confianza ciega y el lazo de luz que une al Cielo con la Tierra, porque es un lazo de comunicación que une al hombre con el Cielo y con Dios.

Solamente con ella, el hombre puede caminar firme en medio de los escollos y las espinas de la vida de perfección. Consiste esta luz, en traspasarlo todo, fijando la mirada en un solo punto: Dios. Y jamás separarse de Él en ninguna circunstancia de la vida, ni de la muerte.

La Fe sana el cuerpo, el alma y el corazón, porque el espíritu se acerca a Dios y deja de odiar para aprender a amar. El alma nace de nuevo y la paz y el gozo la acompañan siempre. Son necesarias la Fe y la humildad, para reconocer a Dios. La fortaleza da el poder para conservar la Fe que lo ha encontrado. La fortaleza impide que las asechanzas del demonio aplasten la Fe. Quién se instruye en la Verdad encuentra a Dios y la fe llena de vigor a la perseverancia que es indispensable para no decaer en el camino de la Cruz.

Ahora podemos tener el Reino de Dios, porque Jesús lo consiguió con su muerte. Él nos ha comprado con sus dolores y nadie debe pisotear la Gracia que es el Precio de la Vida y la Sangre de Dios.

Solo el que ama como un niño, cree y espera como un niño. Los párvulos aman sencilla y escuetamente. Dios ama a los niños porque tienen aquella Fe, fidelidad y confianza propia de ellos, que cree con tenacidad. Cree sin titubear. Creen a pesar de las pruebas tremendas, porque aman con la mente, con el corazón, con todas las fuerzas, al Señor su Dios. Los niños eran la alegría del Hombre-Dios. Para el Maestro que tenía en ellos su alivio alegre sobre la Tierra, tan llena de amargura para Él.

Eran las flores llenas de pureza, amorosos y sin malicia. El Reino de los Cielos es para quién sabe tener el alma de niño y acoger la Verdad, con la confianza y la presteza de los niños. Creen con simplicidad, porque tienen su alma virgen de racionalismo, de desconfianza y de soberbia de la mente. Los niños tienen la virginidad del espíritu.

Creer no quiere decir ser crédulos. Creer es aceptar y comprender, siguiendo la luz de la inteligencia, cuanto ha sido dicho por los patriarcas y los santos de Dios. Creer es entender a la luz de la Gracia, cuanto todavía queda oscuro a la inteligencia. Creer es amar. La credulidad es estupidez. El creer es santo, porque es tener el espíritu obediente a los misterios del Señor. La fe Verdadera es la que hace resurgir como hijos del Altísimo.

EL PODER DE LA FE.

La belleza, la potencia, la fuerza de la Fe, son tales; que la plenitud de la misma, solo podrá ser entendida en el Cielo. Aquí no es más que un pálido reflejo, aún en las almas más penetradas de Fe. Pero este reflejo es tan poderoso, que basta para dar orientación a toda una vida y conducirla directo hacia Dios.

¿Qué aseguraba la fe de los antiguos antepasados? La llegada del Mesías.

Hecho que bastaba por sí solo para tener la seguridad en un Dios, Padre del Género Humano. Aseguraba la Vida Eterna a todos aquellos que mueren en el Señor. Y anunciaba el eterno castigo a los trasgresores a su Ley. Aseguraba la Trinidad de Dios. Aseguraba la existencia del Espíritu Santo, del cual vienen todas las luces espiritualmente sobrenaturales.

¿Qué asegura la Fe de los cristianos? Las mismas cosas.

Jesús no modificó la Fe. Al contrario. La ha confirmado y la ha construido alrededor de una roca fuerte: su Iglesia, depositaria de la Verdad por Jesús Mismo. Para los que dicen que el mundo evoluciona y debe cambiar, debiera ser más fácil creer; porque la ciencia está comprobando las verdades aseveradas por Dios.

La alegría más grande de Dios, se la damos cuando lo dejamos salvar nuestra alma a través de la Fe. Y el dolor más grande es cuando el hombre quiere perder su alma, al rechazar su Don de Salvación. La Fe verdadera se encuentra en la Doctrina Cristiana, tal y como Jesús la ha dado. La Fe no es solamente esperanza de cosas creídas. La fe es realidad de vida. Vida que comienza aquí, en esta quimera de la vida humana y terrenal y que se completa en el más allá. En el vivir eterno que nos está esperando.

El hombre quiere hacerlo todo por sí mismo. Le cuesta mucho depender de Dios y por eso es hombre de poca fe. Porque el que cree de verdad, se abandona sin cuestionarse nada más. No hay que desconfiar de Dios. No hay que tener miedo del mañana. Dios siempre provee lo necesario. La gente del mundo siempre se afana por atesorar objetos de los que no puede gozar. La única preocupación debe ser siempre el Reino de Dios y su Justicia. Las añadiduras las provee el Padre Celestial que ama a sus hijos y no los desampara nunca.

Muchos rechazan creer. ¡Y no quieren creer porque tienen pavor de hacerlo!Implica un cambio radical que no están dispuestos a hacer. No hay que olvidar que Dios mira las obras de los hombres y no sus palabras. El que rehúsa aceptar a Jesús como Salvador, deberá aceptarlo forzosamente como Juez.

Hay que consumir el viejo ‘yo’ en el fuego del Dolor, para que la Fe pueda ser traducida, concretada y actuada en la vida diaria. La Fe debe bañar todas nuestras acciones y solo entonces se vuelve práctica. La Fe sin obras es vana y las obras sin Fe, no sirven para nada. La verdadera Fe, cree ciegamente que Jesús es Dios, el Salvador. Que su Palabra dice la verdad y ama obedeciéndola.

Cree firmemente en la esperanza de alcanzar la vida Eterna y ama a Dios a través de los velos de la Fe. Dios regala esta virtud a las almas y es de una fuerza tal, que el hombre no puede arrancarla de su corazón. Muchas almas la enlodan, la ensucian, la pisan, la desprecian; pero en el fondo se convierte en un tormento para los malos y les repite que hay un Dios justo. Y nunca pueden callar esta voz dulce para los buenos y terrible para los pecadores obstinados.

Vivir sin creer es imposible. Quién no cree en Dios, en el Dios Verdadero; creerá por fuerza en otros dioses.  Quién no cree en ningún dios, creerá en los ídolos: los placeres, el dinero o la fuerza de las armas. Pero sin creer en nada, no pueden estar. Peor que la oscuridad que envuelve al ciego, es la oscuridad del alma que no tiene fe en ninguna cosa humana o sobrehumana. No les queda más que matar al alma y al cuerpo con la muerte violenta.

Cuando Judas dejó de creer en Jesús, en la satisfacción del dinero, en la ambición del poder y en la protección humana, se suicidó. No fue por el remordimiento de su delito. Después de su traición, todo quedó claro ante sus ojos y se dio cuenta de que nada de esto lo hacía feliz. De la oscuridad de su desesperación que lo tenía en la nada, se arrojó en la oscuridad del Infierno.

EL ABSOLUTISMO DE LA FE.

Se cree o no se cree.

Porque no es posible creer a medias. La esencia de la Fe es un círculo maravilloso que no conoce interrupción y ciñe con un abrazo vital. Creer es aceptar con simplicidad de párvulos, lo que la bondad divina dice que hay que creer. Por eso es necesaria la Fe Absoluta, pues basta rechazar una parte de la Verdad, para hacer un caos en el alma. Basta con acoger una verdad de menos en la Doctrina Cristiana, para hacer tambalear todo el edificio de la Fe.

Se cree todo o no se cree nada. Se acepta todo o no se acepta nada. Jesús lo dijo más conciso:el que no está conmigo, está contra Mí. Por eso es necesario ser fieles, aceptando su Palabra sin quererla censurar. Y en donde nuestra debilidad no pueda entenderla, ¡Hay que preguntarle al Maestro que las dijo! Él es la Luz del Mundo y ama enseñar al que con humildad y amor le pide ser aceptado como discípulo. Él no quiere nuestra ruina, sino nuestra salvación.

Un ejemplo de fe limitada y las consecuencias de esto, lo tenemos en Pedro. Pedro en su pesantez humana, no tenía todavía al Espíritu Santo con la plenitud de Pentecostés. Era un hombre bueno que no quería aceptar totalmente la Palabra de Jesús, en lo que era inconcebible para él: la Pasión de su Maestro. Su mismo gran amor por Jesús, lo lleva a rechazar aquella verdad sangrienta que Él anunciaba que le estaba reservada. ‘Señor, que esto no suceda nunca.’ Había dicho una vez. Y después de la reprensión de Jesús, no lo volvió a repetir.

Pero en el interior de su corazón se rebelaba ante la idea de que a su Señor le esperaba una suerte tan horrenda.

Juan por el contrario, aceptaba todo. Su corazón de niño se trituraba con las palabras que oía decir a quién amaba y sabía que era la Verdad Absoluta. Juan, el puro y amoroso creyente, permaneció fiel al pie de la Cruz. Pedro, que quiso acoger de la Verdad, aquellas verdades que lo seducían… lo renegó…

Y su culpa de aquella hora, fue una falta de valor; pero más que nada, una falta de Fe. Si hubiera creído en Jesús con absoluta fidelidad, hubiera entendido que Jesús nunca fue más Rey, Maestro y Señor, que en aquella hora en que parecía un vulgar delincuente.

Fue precisamente en aquel momento, en que las enseñanzas del Maestro dejaron de ser una teoría, para convertirse en hechos verdaderos.

Fue entonces cuando Jesús afirmó el Reino para todos aquellos que habían de compartirlo, asumiendo con Él la púrpura y la corona, que más espléndidos no podían ser. Porque la primera era dada por la sangre de un Dios y la segunda era el testimonio de la potencia que alcanza el amor de Dios por los hombres. De un Dios que sufrió la Muerte con el Martirio, para elevar mártires eternos de entre los hombres…  Ha sido entonces cuando Jesús ha recuperado plena y completa, su Vestidura de Señor del Cielo y de la Tierra.

Los que tienen una fe limitada, pretenden de Dios, bienes de bienestar terreno que Jesús nunca prometió dar, porque Él dirige hacia el Cielo y no a las cosas del mundo. Todo lo que Él da de felicidad terrena, es algo extra que no merecemos y no podemos exigir… Cuando se tiene una Fe Absoluta, no se tienta a Dios, pidiéndole pruebas para creer…

Los Tomases se procuran los tormentos de Tomás, que sufrió más días que los demás; por no creer en la Resurrección desde el primer momento. Y después sufrió más días, por no haber creído a los que lo habían constatado. Y su arrepentimiento y su dolor aumentaron ante Aquel Dios que le tomó la mano, para introducirlas en sus heridas…

 

LA FE DE ABRAHAM

Abraham fue el Padre de todos los creyentes. O sea, de todos los que sienten  resonar en su espíritu, la voz espiritual del Dios Altísimo. Y saben comprender las palabras que esta voz inefable les dice: y creen y le obedecen a sus mandatos. Pero Abraham era hombre que amaba al Dios Verdadero, su razón no era soberbia y reconocía a Dios en todas las cosas. Se sentía su creatura. Doblegaba su pensamiento en reverencial sujeción delante del Altísimo, cuyas manifestaciones veía en toda su Creación. Y su espíritu era justo; conservándolo puro de toda suerte de idolatrías.

Justo era también su cuerpo, obediente a los mandatos que Dios había dado a Adán. Trabajaba el campo para arrancarle su alimento. Y le era preciosa la fatiga que encontraba gusto en el trabajo, por más que le fuese penoso. Le parecía justo que su pan tuviese como condimento la sal de su sudor y justa también la muerte que convertiría su carne en polvo. Humilde delante del Altísimo, se consideraba un granillo de polvo. Polvo. Polvo frente al Inmenso, el Infinito, el Potentísimo. Y como un grano de polvo, se dejaba transportar por la Voluntad del Señor, sin adherirse a cosa alguna por preciosa que fuera, considerándolas transitorias solamente.

Creyente en Dios. Confiado en la Bondad de Dios. Obediente a Dios. Tenía todos los requisitos para sentir resonar en su espíritu, la Voz de Dios. Y comprender sus palabras. Y obedecer lo que Dios le ordenaba. Abraham creyó y esperó contra toda esperanza. Cuando ya tenía la certeza de que Saray no tendría descendencia y andaba prófugo fuera de su Tierra y lejos de su parentela. En las condiciones menos favorables para creer que el Señor haría de él una gran nación y que a su estirpe le sería dada aquella tierra, que después fue la Palestina y con una descendencia que Dios multiplicaría como el polvo de la tierra.

¿Cómo puede haber posteridad y multiplicación? Abraham no tenía la semilla: el heredero.

En el regazo estéril de Saray, no florecía semilla de posteridad. Y aún así…  no obstante todo, Abraham creyó que Dios le concedería el heredero.

Recibió la promesa y pasaron los años. Su Fe se afianzaba con el pasar del tiempo, sin que tuviera cumplimiento la promesa de Dios. Abraham seguía esperando y confiando en Él. Por fin, cuando tenía cien años y ya ni su cuerpo, ni el de su esposa podían ya dar vida, Dios da el plazo de un año para que tuviera cumplimiento lo que le había prometido.

Este anuncio hizo que su Fe cobrara más vigor. Después, cuando fue padre de Isaac, le es pedido el hijo para sacrificarlo. En lugar de sentirse traicionado en su Fe, amó más a Dios que a su hijo y no se lo negó. Su amor y su lealtad fueron premiados…

 Y Dios tomó en cuenta esa Fe para hacerlo santo.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

QUINTO MISTERIO DE GOZO


JESÚS PERDIDO Y ENCONTRADO EN EL TEMPLO

“Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la Fiesta de Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser. Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran.  Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo ente sus parientes y conocidos, como no lo encontraron volvieron a Jerusalén en su búsqueda. Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: ‘Hijo, ¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.’ ÉL les contestó: ‘¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre? Pero ellos no comprendieron esta respuesta. Jesús entonces regresó con ellos llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres. (Lucas 2, 41-52)

María revela:

“Y ¿POR QUÉ ME BUSCABAN? ¿NO SABEN QUE TENGO QUE ESTAR DONDE MI PADRE?

El Padre permitió mi angustia de madre; pero no me ocultó el profundo significado de las palabras de mi Hijo: sobre el padre y la madre está Dios, el Padre Celestial. Sus intereses y sus afectos están sobre cualquiera y se debe dejar todo para obedecer a Dios; a sus llamadas nunca se pregunta ¿Por qué?

Dice el Evangelio: “Ellos no comprendieron, lo que les acababa de decir.”

Yo ya lo sabía desde antes y entendí las palabras de mi Hijo. Pero guardé silencio para no mortificar a  mi José, que no tenía la plenitud de la Gracia.

Yo era la madre de Dios; pero también debía ser mujer respetuosa para el que para mí, era un compañero amoroso y tierno protector.  Nos amábamos profundamente con un amor santo y nuestra única preocupación era: nuestro Hijo.

En ninguna circunstancia nuestra familia tuvo grietas de ninguna especie. Jesús es modelo de hijos, como José lo es de maridos. Mucho fue el dolor que recibí del mundo; más mi Santo Hijo y mi Justo esposo, no me hicieron derramar otras lágrimas, que las motivadas por su dolor.

Aunque José era padre adoptivo, se hizo pedazos en el trabajo, para que no nos faltara nada.

Jesús aprendió de él, a ser un hombre trabajador y un buen carpintero.

José era la cabeza de nuestro hogar; su autoridad familiar era indiscutible y no obstante ¡Cuánta humildad había en él! Jamás abusó de su poder y me convirtió en su dulce consejera. Yo me tenía por su sierva y le atendía con amor y respeto.

Cuando quedé viuda, sufrí un agudo dolor; porque perdí al compañero al que dediqué seis lustros de una  vida fiel. José fue para mí, padre, esposo, hermano, amigo y protector. Su ausencia me hizo sentir una terrible soledad y fue como si perdiera el muro principal de mi vida. . Me sentí sola, como sarmiento arrancado de la vid y sólo hallé consuelo cuando me abracé de Jesús.  Dios era la fuerza que me sostenía en mis horas de dolor.

El día que fuimos a Jerusalén y al volver advertimos que no venía con nosotros; como todo lo compartíamos con amor, pensando solo en nuestro Hijo; nuestra preocupación y angustia fue muy grande, mientras lo buscábamos.

En este misterio mi Hijo quiso darnos una enseñanza sublime ¿Podríais acaso  suponer que El ignoraba lo que Yo sufría? ¡Todo lo contrario! Porque mis lágrimas, mi búsqueda por haberlo perdido, mi intenso y crudo dolor se repercutía en su corazón…

Y durante aquellas horas tan penosas El sacrificaba a la Divina Voluntad a su propia Mamá, a quien tanto amaba… Para demostrarme que Yo también un día debía SACRIFICAR SU MISMA VIDA AL QUERER SUPREMO.

En esta pena indecible no te olvidé, alma mía y pensando que ella te iba a servir de ejemplo, la puse a tu disposición a fin de que también tú pudieras tener en el momento oportuno la fuerza para sacrificar todas las cosas a la Divina Voluntad.

Cuando lo hallamos en el Templo, la alegría volvió nuevamente a nuestro corazón, al tomarlo nuevamente de la mano, humilde y obediente para volver a Nazaret.

El mundo se desquicia en ruinas porque se insiste en destruir la unidad familiar. Nuestra familia es el modelo que debéis imitar. 

*******

Oración:

Amado Padre Celestial. Con tu bendito amor sana nuestras relaciones familiares. Únenos más en Ti, cada día. Reunifica  a las familias que está separadas. Da el consuelo a los que sienten solos y desamparados. Haz que se sienta tu Presencia en nuestros hogares y que lleguen a ser como en la Sagrada Familia. Llénanos de humildad, de ternura y consideración para los demás. Amen

PADRE NUESTRO…

DIEZ AVE MARÍA…

GLORIA…

INVOCACION DE FÁTIMA…

CANTO DE ALABANZA…

SEGUNDO MISTERIO DE GOZO


MARÍA VISITA A SU PRIMA ISABEL

“Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espiritu Santo y exclamó en alta voz: ‘¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a mí, la Madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!’ María dijo entonces: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador; porque se fijó en su humilde esclava y desde ahora todas la generaciones me llamarán feliz. El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre! Muestra su misericordia siglo tras siglo a todos aquellos que viven en su presencia. Dio un golpe con todo su poder: deshizo a los soberbios y sus planes. Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel su siervo, se acordó de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a sus descendientes para siempre.’ María se quedó unos tres meses con Isabel y después volvió a su casa. (Lucas 1, 39-56)

María revela:

“PORQUE PARA DIOS, NADA ES IMPOSIBLE.”

Esto me dijo el Ángel al referirse al sexto mes de embarazo de mi prima, que había concebido un hijo en su avanzada edad.

Yo solamente comuniqué a José, la necesidad de ir a atender a Isabel en el tiempo que faltaba para el parto y después durante el puerperio.

“Partió apresuradamente…” dice el Evangelio.

Y lo hice porque quería ayudar materialmente a Isabel, mujer valerosa de fe firme y entrega confiada en la Voluntad de Dios; a la que con su don quitó la humillación de la esterilidad; pero a la que al quedar encinta en edad no apropiada, tenía un gran sufrimiento físico.

Dios provee aun en las cosas más pequeñas a quién en ÉL espera.

El don de Dios nos debe hacer siempre mejores y yo no podía ser egoísta. Hice a un lado mis propias labores y me fui a hacer las de Isabel. No me dio miedo no tener tiempo después para preparar la llegada de Jesús. Sabía que Dios es el Dueño del tiempo y que la caridad nunca retrasa; así como también sabía del grave daño que el egoísmo causa a nuestra alma.

Con grande amor y alegría, acudí presurosa a la casa de mi prima. Dios santificó mi intención y pre santificó al Bautista, pues al saludarnos, al mismo tiempo que se quitaron los sufrimientos físicos a Isabel, quedó llena del Espíritu Santo y los movimientos del bebé, fueron el primer discurso del Precursor, ya que hizo comprender a su santa madre, el Misterio que se encerraba en mí.

Apenas se formó mediante la potencia del FIAT Supremo la pequeña humanidad de Jesús en mi seno, el sol del Verbo Eterno se encarnó en Ella. Su Luz se desbordaba fuera e invistiendo Cielo y tierra llegaba a todo corazón.

Y con su toque de luz llamaba a cada criatura y con voces de luz penetrante les decía:”Hijos Míos, denme lugar en vuestro corazón, he descendido del Cielo a la tierra para formar en cada uno de vosotros Mi Vida. Mi madre es el centro donde Yo resido y todos Mis hijos serán la circunferencia donde quiero formar tantas vidas Mías por cuántos hijos son.”

Yo me sentía arder en el deseo de dar un desahogo a las llamas de amor que me consumían y de comunicar mi secreto a Isabel, quien también suspiraba por la venida del Mesías a la tierra.

El secreto es una necesidad del corazón que irresistiblemente se revela a las personas que son capaces de entenderse. ¡Quién podría deciros cuánto bien dejó mi visita a Isabel.

 

A Juan en particular, recibió todas las gracias para prepararse como precursor de mi Hijo, que entonces exultó tan fuertemente de amor y alegría que Isabel se sintió sacudida…

Y llena de gratitud exclamó “¿De dónde a mi tanto honor, que la Madre de mi Señor venga a mi?”

Dios le descubrió nuestro secreto. Y yo di al Señor la Alabanza que era justo darle, porque no podía negar la Gracia que me había sido concedida: ser la Madre de su Verbo:

Magnificat
Magníficat ánima mea Dóminum,
et exsultávit spíritus meus
in Deo salvatóre meo,
quia respéxit humilitátem
ancíllae suae.
Ecce enim ex hoc beátam me dicent
omnes generatiónes,
quia fecit mihi magna,
qui potens est,
et sanctum nomen eius,
et misericórdia eius in progénies
et progénies timéntibus eum.
Fecit poténtiam in bráchio suo,
dispérsit supérbos mente cordis sui;
depósuit poténtes de sede
et exaltávit húmiles,
esuriéntes implévit bonis
et dívites dimísit inánes.
Suscépit Ísrael púerum suum,
recordátus misericórdiae,
sicut locútus est ad patres nostros,
Abraham et sémini
eius in sæcula
Glória Patri, et Filio,
et Spirítui Sancto.
Sicut erat in princípio,
et nunc et semper,
et in sæcula sæculórum. Amen.

Los meses fueron transcurriendo y conversábamos mientras tejíamos. ¡Cuánta paz había en aquella casa! Si no hubiera venido a mi mente el recuerdo de José y el pensamiento de que mi Niño era el Redentor del Mundo, hubiera sido feliz. 

Pero la sombra de la Cruz y el eco fúnebre de las voces de los profetas, me perseguían a través de los siglos y eran un martirio que no se apartaba de mí.

Mi nombre: MARÍA.  (Estrella, pero también Amargura)

Y la amargura se mezclaba en mi corazón, con las dulzuras que Dios vertía en él. Y fue siempre en aumento hasta la muerte de mi Hijo.

*******

Oración,

AMADO PADRE CELESTIAL:

Toma todo nuestro ser y aparta de él todo lo que nos estorba para llegar hasta TÍ. Libéranos de la soberbia y del egoísmo. Llénanos de amor y de verdadero espíritu de servicio para con nuestros hermanos.  Amen

PADRE NUESTRO…

DIEZ AVE MARÍAS…

GLORIA…

INVOCACIÓN DE FÁTIMA…

JACULATORIA…

CANTO DE ALABANZA…

 

7.- ENTRE LA CRUZ Y LA MAGIA


En la casa de Adrián, éste está sentado con Diego en una de las bancas del jardín más próximas a su cubículum (dormitorio) Hasta allí se escuchan unos gritos. Una especie de gruñidos, alaridos y rugidos, unidos en una sola y escalofriante mezcla.

Diego muestra preocupación en su mirada mientras pregunta:

–           ¿Sigue igual?

Adrián mueve la cabeza de un lado para otro y contesta con tristeza:

–          No. Está peor. Por eso te mandé llamar. Ningún médico comprende lo que le pasa. Lo único que saben decir es que está loco. Se retuerce, echa espuma, blasfema de los dioses del Olimpo y hemos tenido que encadenarlo porque se ha vuelto más agresivo, desde que lo llevamos al templo de Esculapio.

–          Te veo mal. ¿Estás enfermo?

–          Mi madre llora sin consuelo y nada me ha funcionado con los sortilegios, ni con los consejos de mi espíritu guía y protector.  Y si a esto le agregas el dolor que me abruma a causa de Ariadna. ¿Qué te puedo decir, amigo mío?

Diego suspira y luego comenta:

–           Te comprendo demasiado bien. También yo estoy muy apesadumbrado por causa de ella. Tal parece que cargamos con una maldición.

Hemos sido amigos desde niños ¿Por qué teníamos que enamorarnos de la misma mujer?

–           Eros se está divirtiendo con nosotros.

–           Ayer tuve una experiencia muy curiosa. Por la tarde yo estaba en el triclinium del jardín, pensando angustiado en todo lo que me estaba sucediendo. Mi hermano Víctor se puso peor que nunca y yo no sabía cómo consolar a mi pobre madre. Adela mi aya, nos llevó unos refrigerios y tratando de consolarme me dijo: “Amito Adriano, ¿Me permitirías llamar a Miriam? Es la ayudante en la cocina. Ella tiene algo muy importante que deciros, si consientes en escucharla unos momentos. ¿Lo harás?”- y me miró con unos ojos tan suplicantes, que no supe que me pasó y le dije “Está bien. Que venga.” Estuve a punto de arrepentirme en consentir hablar con los esclavos. ¡Y menos con una judía! Cuando regresaron las dos, yo seguía allí, sintiéndome cada vez más desgraciado. ¡Fíjate cuán grande sería mi desesperación, que hasta invoqué al Dios Desconocido de los griegos y le prometí una ofrenda si me ayudaba!

Cuando Myriam llegó, le ordené: “Habla”

Al principio con timidez y luego con gran seguridad, me contó esta historia:

“Cuando el rey de Siria estaba listo para hacer la guerra a Israel, había en su corte un hombre valioso y respetado de nombre Naamán, el cual estaba leproso. Había también una esclava israelita que habían robado los sirios y ésta les dijo: “Si llevasen a mi señor al profeta que hay en Samaría, ciertamente lo limpiaría de la lepra.” Naamán le pidió permiso al rey y siguió el consejo de la joven. El rey de Israel se enojó mucho y exclamó: ‘¿Soy acaso Dios para que el rey de Siria me mande sus enfermos? Esta es una trampa para que haya guerra. Más el profeta Eliseo cuando se enteró, dijo: “Que venga a mi casa el leproso, lo curaré y sabrá que en Israel hay un profeta.” Naamán fue a ver a Eliseo, pero éste no lo recibió; tan solo le mandó  decir: “Lávate siete veces en el río Jordán y quedarás limpio.” Naamán se fastidió y pareciéndole que para nada había venido de tan lejos y caminado tanto, trató de regresar. Sus siervos le dijeron: ‘Solo te pidió que te lavaras siete veces y aunque te hubiese mandado muchas más, deberías hacerlo porque él es el profeta.’ Entonces Naamán reflexionó, se levantó, fue y se lavó. Y quedó curado. Lleno de gozo, fue a casa del siervo de Dios y le dijo: “Ahora sé la verdad. No hay otro Dios sobre la Tierra, sino solo el Dios de Israel.” Y como Eliseo no aceptara dones, le pidió que cuando menos le permitiera llevar tanta tierra como para hacer un altar en el que él  pudiera sacrificar para El Dios Verdadero, sobre tierra de Israel.” Y Miriam calló.

Algo se removió dentro de mí y le pregunté: ¿Qué tratas de decirme?

Y entonces Adela me contestó:

–           Si tú lo quieres, mi amo. Pasado mañana, estará aquí en Roma un profeta más grande que Eliseo, porque es un Apóstol del Dios Único y Verdadero. Y él puede curar a Víctor y hacer que regrese la felicidad a esta casa.

–          ¡Claro que quiero! Llévame con él.

Adrián hace una pausa y luego pregunta a Diego:

–           Te mandé llamar para invitarte ¿Te gustaría acompañarnos?

–           ¡Claro que sí! Por nada me pierdo semejante portento… Oye, ¿Y si no pasa nada?

Adrián dice esperanzado:

–           Algo me dice que no será así. Presiento… no sé… Pero tengo necesidad tanto de comprobarlo, como de que mi hermano se cure.

La tarde declina y pronto será de noche. Los dos amigos se quedan hablando de aquella insólita aventura.

Mientras tanto en otra casa del Vicus Patricius…

En el pórtico que circunda un hermoso jardín, en donde se escucha el murmullo del agua que lanzan los surtidores de una bella fuente, Leonardo da largos paseos con las manos unidas a su espalda. Su ceño fruncido, su ira contenida y su furiosa concentración; hablan de un humor que no debe ser perturbado. Sus pisadas son fuertes y enérgicas. Después de hablar con su “espíritu guía”, está más confundido que nunca.

Tres días antes, uno de los informantes que había distribuido en todos los lugares donde puede averiguar algo de Sofía, le avisó que había regresado a su casa. Él fue inmediatamente a buscarla…

Y al recordar la entrevista que tuvieron, su rostro se ensombreció más todavía…

Estaba más bella que nunca. Alta, morena clara, con un cuerpo escultural que se dibujaba a través de los pliegues de su vestido color malva. Sus cabellos negros y ondulados, peinados con una diadema que por detrás tiene un velo como de seda en un tono rosa muy tenue. Su rostro de finas y armoniosas facciones, tiene una mezcla de dulzura a pesar de su severidad. Están sentados en el atrium y hacen una hermosa pareja. Leonardo tiene una sonrisa forzada que lo hace lucir poco agradable. Pareciera que bajo una capa de benevolencia, late una voluntad turbia y oscura. Él hace grandes protestas de afecto a la joven, declarándose listo para hacer de ella una esposa feliz; reina de su corazón y de su casa. Pero ella rechaza sus ardientes declaraciones de amor, con serena firmeza.

Leonardo insiste:

–           Pero tú podrías hacer de mí, un santo de tu Dios, Sofía. Porque tú eres cristiana y  yo lo sé. Pero no soy enemigo de los cristianos. Tampoco soy un incrédulo sobre las verdades de ultratumba. Creo en la otra vida y en la existencia del espíritu. También creo que seres espirituales velan sobre nosotros y se manifiestan si los invocamos para ayudarnos. Yo he recibido su guía y su auxilio. Como puedes ver, creo cuanto tú crees. No podría nunca acusarte, porque sería como acusarme a mí mismo por tu mismo delito. No creo como los demás, que los cristianos sean personas que ejercen una magia malvada. Y estoy convencido de que nosotros dos estando unidos, haríamos grandes cosas.

Inconmovible, ella responde:

–           Leonardo, por favor no insistas. Yo no discuto tus creencias. Yo también quiero creer que unidos, haremos grandes cosas. Ni siquiera niego que soy cristiana. Y quiero admitir que tú eres amigo de los cristianos. Rogaré a Dios por ti para que tú los llegues a amar a tal punto, que tú te conviertas en un campeón entre nosotros. Entonces si Dios lo quiere, estaremos unidos en una misma suerte. Pero sería un destino totalmente espiritual. Pues de otro tipo de uniones yo soy esquiva, porque he decidido reservarme a mí misma con todo mi ser, para entregarme al Señor y Dios mío. Voy a conseguir aquella Vida en la cual también dices que crees, alcanzando la amistad de los que tú también admites que están sobre nosotros; protegiéndonos vigilantes y operantes, en el Nombre Santísimo del Señor, obrando para nuestro bien.

Leonardo exclama exasperado:

–           ¡Basta, Sofía! Mi espíritu protector es muy poderoso y te doblegará hasta que te sometas a mis deseos.

Sofía replica con firmeza:

–           ¡OH, NO! Si él es un espíritu celestial, sólo querrá lo que la Voluntad de Dios quiera. Dios para mí, quiere la virginidad. Y yo espero el martirio. Y por lo mismo, tu protector no logrará inducirme a hacer ninguna cosa contraria al querer de Dios. Y si es un espíritu que no viene del Cielo, entonces absolutamente nada podrá sobre mí. Porque sobre él levantaré en mi defensa  el Signo de la Victoria que tengo en la mente, en el corazón en el espíritu, sobre mi cuerpo. Grabado como un tatuaje vivo, que nos vuelve victoriosos sobre cualquier voz que no sea la de mi Señor. Vete en paz hermano y que Dios te ilumine para que conozcas la Verdad. Yo rogaré para que su luz llegue a tu alma.

Leonardo deja la casa refunfuñando amenazas. Y Sofía lo ve partir con lágrimas de compasión.

Sus padres están alarmados y la joven los tranquiliza diciendo:

–           No temáis. Dios nos protegerá y hará nuestro a Leonardo. Orad vosotros también y Tengamos fe en nuestro Señor Jesucristo.

Y Sofía se retira a su cubículum y ora postrada delante de una cruz desnuda, sostenida entre dos ventanas y sobrepuesta en la figura labrada del Cordero Místico. Su oración es ferviente y hay un momento en que sobre ella; suspendida en el aire aparece una luminosidad que poco a poco toma la forma incorpórea de un ser angélico, que la envuelve totalmente con su luz.

Mientras tanto, a la misma hora en la casa de Leonardo. En una estancia privada, en la que hay instrumentos y signos cabalísticos y mágicos; el joven patricio trabaja alrededor de un trípode, sobre el cual lanza sustancias resinosas que hacen que se levanten densas volutas de humo; al mismo tiempo que traza sobre él signos, murmurando palabras que siguen un oscuro ritual. El ambiente se satura de una niebla azulada que vela el contorno de las cosas y hace que parezca que el cuerpo de Leonardo, está en una lejanía de aguas trémulas. Entonces se forma un punto fosforescente que va creciendo poco a poco, hasta alcanzar la forma y el volumen de un cuerpo humano.

Enseguida los dos establecen un diálogo incomprensible a nadie más. Leonardo se arrodilla y da muestras de veneración, al mismo tiempo que ruega al que parece considerar alguien muy poderoso. Luego, la niebla desaparece lentamente y Leonardo queda nuevamente solo…

Entonces en la estancia de Sofía sucede un cambio. Ella continúa orando. Un punto fosforescente y danzante, como una bola de fuego envuelve a la joven orante. Es la hora de la tentación para Sofía. Y la luz de fuego se transforma en un ángel maligno. El cual con visiones mentales, trata de suscitar sensaciones para hacer caer a la virgen consagrada a Dios y persuadirla a través de los sentidos. Ella sufre intensamente y cuando está a punto de ser dominada, supera la durísima prueba con el signo de la cruz que ella traza con su mano en el aire, mientras lleva su otra mano hacia su cuello, a otra cruz que cuelga de una fina cadena de oro. La saca de su pecho y la levanta, mientras dice con voz autoritaria:

–           ¡Retírate Satanás! Yo soy de Dios y nada en mí te pertenece.

Pero el adversario no se da por vencido. Le muestra a Sofía escenas de una vida familiar idílica, con un esposo rendido y apasionado.

A la tercera vez, la tentación es tan fuerte y el ataque es tan violento; que Sofía se abraza a la gran cruz que está suspendida y agarrada sobre el muro. Ella alza delante de sí la otra pequeña cruz. Parece un combatiente aislado que se defiende a la espalda con un firme refugio y al frente, con un escudo invencible. La luz fosforescente no resiste aquella doble señal y desaparece.

Al día siguiente, Leonardo regresa a la casa de la joven que lo tiene obsesionado y trata de convencerla una vez más con sus reiteradas promesas de amor.

–           Te estoy proponiendo que seas mi esposa, Sofía. La reina de mi hogar y la madre de mis hijos. Estoy siendo honesto y no te pido nada indebido. ¿Por qué te sigues negando? –Suplica exasperado- Por favor recapacita y cambia tu decisión.

Sofía replica inconmovible:

–           No soy yo quién debo cambiar de pensamiento, sino tú el tuyo, Leonardo. Si te liberas de la esclavitud a que te somete ese espíritu malvado, tu alma será salvada. Yo ahora más que nunca, permanezco fiel a Dios en el cual creo. Y a Él todo lo sacrifico por el bien de todos. Y ya verás que el poder de mi Dios es infinitamente superior al de vuestros dioses y al del Maligno que en ellos adoráis.

Leonardo se retira desilusionado una vez más; colérico y decidido a no renunciar a ella. “Tiene que ser mía.” Piensa mientras vuelve a su casa a repetir el ritual del día anterior.

Y nuevamente una jovencita sola, con una cruz en las manos y otra adosada al muro de su habitación, entabla un combate feroz.

Es una doncella convencida del Poder de la Cruz, que se ha refugiado en ella para vencer. En su lucha hay un hombre cuyo contubernio con Satanás, lo hace rico de todos los vicios capitales y tiene como aliado al Amo del Infierno, con todo su poder y sus seducciones.

Éste está furioso porque a pesar de haber desencadenado todas las fuerzas del Mal, para destruir y hacer perecer; no solo ha sido vencido por la joven virgen, sino que también es doblegado y obligado por la fuerza invencible de Dios.

De esta forma,  Satanás debe confesar la verdad y perder a su discípulo:

“El Dios Crucificado es más poderoso que todo el Infierno junto. Siempre me vencerá. Quién cree en Él, está a salvo de cualquier insidia. LA FE ES LA CUESTION VITAL.”

La respuesta de su “protector” ha sido la causante de la ira del patricio. Y es lo que más lo abruma en su paseo.

Finalmente se sienta en el triclinio y con su  mentón apoyado sobre su puño izquierdo cerrado, piensa por largo rato. Siguiendo el hilo de sus pensamientos, levanta su mano derecha y traza en el aire, con el dedo una cruz… Y se queda inmóvil por unos segundos.

Luego se refleja en su semblante una firme determinación. Se levanta. El razonamiento que lo ha decidido ha sido éste: “Ya que Jesucristo el Crucificado es el Dios Todopoderoso y nada puede contra Él, me convertiré en  cristiano y voy a adorarlo.”

Parece una magnífica estatua. De su semblante desaparece el aire torvo y sombrío. En ese momento llega un esclavo y le avisa que ha llegado un mensajero de la casa de Adriano, con una carta para él. Leonardo la lee…

Y a la mañana siguiente se une a la comitiva que se dirige a la Puerta del Cielo.

Cuando cruzan el atrio de la regia mansión, Leonardo se fija en el Lararium (especie de oratorio donde se adoran los dioses domésticos): lo único que tiene es una enorme cruz desnuda hecha de mármol que parece suspendida con lazos invisibles, con un gran lienzo blanco y plegado que cuelga de uno a otro de sus brazos y un letrero en un pedestal que en latín y en griego dice: “JESÚS ESTA VIVO”

Al lado izquierdo se lee: “Si quieres alcanzar la perfección, aprende la ciencia de VIVIR MURIENDO Y MORIR AMANDO.”

En el lado derecho está escrito: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu ser, sobre todas las cosas. Y a tu prójimo como a ti mismo…”

Adela, la aya de Adriano, dice unas palabras al que los ha recibido. Este asiente con la cabeza y luego se dirige a todos:

–      Bienvenidos, hermanos. Que la paz de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros. No temáis. Todo estará bien. Traigan al enfermo.

Cuatro africanos gigantescos llevan al enfermo amarrado como un bulto, hasta un salón anexo al atrium y que en otros tiempos funcionó como taberna para los invitados.

Luego todos los demás son conducidos al jardín posterior, donde Pedro está hablando en el salón porticado a una gran cantidad de personas reunidas:

“Os hablo una vez más de esta Cena en que antes de ser Inmolado por los hombres, Jesús de Nazaret, llamado el Nazareno, el Hijo de Dios Vivo y Verdadero. Y Salvador nuestro, como hemos creído con todo nuestro corazón e inteligencia. Porque en creerlo está nuestra salvación. Se inmoló por su propia voluntad y por su gran amor, se dio a Sí Mismo en comida y bebida a los hombres, cuando tomó un pan entero y lo puso sobre una copa llena de vino. Los bendijo y los ofreció a Dios Padre. Luego partió el Pan en trece pedazos y dio uno a cada uno de los apóstoles, reservando uno para su Madre Santísima. Y dijo: “Tomad y comed. Esto es mi Cuerpo. Haced esto en recuerdo de Mí, que me voy… Después tomó el Cáliz y dijo: “Tomad y bebed. Esto es mi Sangre. Este es el Cáliz del Nuevo Pacto sellado en mi Sangre y por mi Sangre que será derramada por vosotros, para que se os perdonen vuestros pecados y para daros la Vida. Haced esto en recuerdo mío.”

Y es lo que estamos haciendo. Así como nosotros sus testigos creemos que en el Pan y en el Vino, ofrecidos y bendecidos como Él lo hizo, en memoria suya y por obedecerle, están su Cuerpo Santísimo y su Sangre Preciosa, Poderosa y Adorable. Este Cuerpo y esta Sangre que son del Dios Encarnado, Hijo del dios Altísimo. Sangre que fue derramada y Cuerpo que fue crucificado por amor y para dar Vida a los hombres. Así también a vosotros que habéis entrado a formar parte de la Iglesia verdadera, inmortal, que predijeron los profetas y que fundó Jesús, debéis creerlo.

Creed y bendecid esta señal como perdón suyo. Pues nosotros, si no fuimos sus crucificadores materiales, si lo fuimos moral y espiritualmente, principalmente por nuestros pecados. Por nuestra debilidad en servirlo. Por nuestra ceguera en comprenderlo. Por nuestra cobardía en abandonarlo, huyendo en su hora postrera y ¿Qué puedo deciros de mi personal traición? Pues lo negué por miedo y cobardía. Negué que era su discípulo aun cuando me había elegido para ser el primero entre sus siervos.- gruesas lágrimas corren por sus mejillas y bañan todo su rostro- Poco antes de la hora Prima; allá, en el patio del Templo.

Creed y bendecid al Señor, todos los que no lo conocieron cuando era el Nazareno y permite que ahora lo conozcan como el Verbo Encarnado. El Cordero que ha sido Inmolado; Rey de Reyes; Sacerdote y Dios; Hijo del Dios Altísimo; Hombre Verdadero y Dios Verdadero; Maestro, Salvador y Redentor nuestro; que murió Crucificado y Resucitó de entre los muertos. Y ahora ha regresado al Cielo, para estar glorioso con el Padre. “Venid y Tomad” Él lo dijo: “Quién come mi Carne y bebe mi sangre, tendrá Vida Eterna.”

Él creó vuestras almas y las redimió con su Vida y con su Sangre Santísima. Él os está llamando para ser ovejas de su Rebaño. El Buen Pastor está buscando a la oveja perdida. Y os llama para salvaros. Él ha redimido vuestras almas y las espera para darles la Vida Eterna.

Pedro calla.

Después de unos momentos, dice:

–           Vayamos ahora a los enfermos…

Celina se acerca y le dice algo en voz baja. Pedro sonríe y se dirige hacia donde está el grupo de Adriano. Los saluda:

–           Paz a ustedes, hermanos.

–           Salve.- contestan todos.

Y mientras caminan al lugar en que dejaron a Víctor, Adrián dice:

–          Está loco por un mal misterioso. Nadie ha podido curarlo. Es mi hermano, -señalando a la mujer que llora con profundo dolor, agrega.- y ella es mi madre. Hemos venido…

Adrián ya no sabe que decir y baja la cabeza apesadumbrado.

Pedro trata de consolarlo:

–           Ahora se le pasará.

Y Pedro se dirige al hombre que pese a que está amarrado fuertemente, da unos saltos con unos rugidos escalofriantes que aumentan a medida que el apóstol se va acercando.

Todos miran asombrados al enfermo que se agita siempre más.

Adrián advierte:

–           Ten cuidado. Es muy agresivo.

Pedro llega hasta el hombre que a pesar de sus ataduras, pareciera a punto de soltarse;  mientras gruñidos espeluznantes rugen en forma sobrehumana de su garganta. El apóstol declara tranquilamente:

–           Vosotros le creéis loco. Dices que ningún médico puede curarlo. Es verdad. Ningún médico porque no está loco; sino que uno de los inferiores como ustedes los conocen, ha entrado en él…

Adrián replica:

–           Pero no tiene el espíritu de Pitón. Al contrario. Solo dice incoherencias.

Pedro explica:

–           Nosotros lo llamamos “demonio” no Pitón. Hay el que habla y el que es mudo. El que engaña con razones aparentes de verdad y suele pasar desapercibido. Es el más peligroso. Y hay el que produce solo un desorden mental. El primero de los dos es el más completo y entre menos se advierte su presencia, más destrucción produce. Tu hermano tiene el segundo, pero ahora saldrá de él.

–           ¿Cómo?

–           Él mismo te lo dirá.

Entonces, dirigiéndose al enfermo, Pedro ordena:

–           ¡En el Nombre de Jesucristo deja a este hombre y regresa a tu Abismo!

El hombre lanza un alarido escalofriante y grita:

–          ¡Me voy! Contra ti y por Él, mi poder es demasiado débil. Me arrojas y me amordazas. ¿Por qué siempre nos vences?

El espíritu que habló por boca de Víctor, sale con un alarido más fuerte. Y el hombre se desploma como si se hubiera desmayado.

Pedro dice:

–           Está curado. ¡Soltadlo sin miedo!

Varias voces dicen al mismo tiempo:

–           ¿Curado?… ¿Estás seguro?… Pero…

Adrián intenta postrarse, al mismo tiempo que exclama:

–           ¡Yo te adoro!

Pero Pedro lo detiene inmediatamente:

–          ¡No lo hagas! Yo soy solo un hombre como tú. Levanta tu alma. En el Cielo está Dios. A Él adórale. Y dirige tus pasos hacia Él.

–           Entonces permite que te trate como a los sacerdotes de Esculapio. Permite que te oigamos hablar y ver como curas a los enfermos.

–           Hazlo. Y trae a tu hermano.-y dirigiéndose al grupo, los invita – Si queréis, todos podéis pasar.

Mientras tanto, Víctor está sorprendido. Y mirando a todos pregunta:

–           ¿Pero dónde estoy? Esto no es Ostia. ¿Dónde está el mar?

Adrián contesta:

–           ¡Estabas…!

Pedro lo interrumpe al hacer una señal con la que impone silencio y dirigiéndose a Víctor le dice:

–           Tenías una fiebre muy alta y te han traído a Roma. Ahora estás mejor. Ven.

Dócilmente, el hombre se levanta y camina junto al apóstol. Todos los siguen, conmovidos, sorprendidos y sin comprender cabalmente lo que ha sucedido.

Adrián no puede contenerse y adelantándose llega hasta Pedro y le pregunta:

–          Dijiste levanta tu alma. ¿Qué cosa es el alma? ¿De quién viene? ¿Dónde está?

–           Seguidme y lo sabréis…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

6.- ARBITER ELEGANTIARUM


En una villa ancestral  que en su mayor parte está orientada hacia el sur. Hay un pabellón apartado que está rodeado por un patio al que dan sombra muchas palmeras; varios robles, sauces llorones, cedros, fresnos  y cuatro plátanos. En el centro, una fuente derrama su agua en una pila de mármol y salpica suavemente los plátanos que la rodean y las plantas que éstos cobijan. En este pabellón está ubicado un dormitorio que no permite entrar la luz del día, ni escuchar el ruido. A un lado está el triclinium (comedor)

Existe también una habitación sombreada por el verdor del plátano más cercano, decorada con  una espléndida pintura que representa a unos pájaros posados sobre las ramas de unos árboles. Aquí se encuentra una pequeña fuente con una pila rodeada por unos surtidores que emiten un susurro muy agradable.

Es el refugio de un escritor. Y sobre la mesa de trabajo se puede ver un fragmento de su última obra literaria, en la que está desarrollando su talento. Al acercarse se puede leer: “La Cena de Trimalción…”  El autor trabaja en ella por las mañanas, cuando se lo permiten las fiestas de Nerón…

Ahora, después del banquete de la víspera que se prolongó más de lo acostumbrado; Tito Petronio se levantó tarde sintiéndose sumamente  fastidiado…

En  su travesía por los baños recuperó su ingenio y complacido, se sintió rejuvenecer. Rebosante de vida, de energía y de fuerza; cuando estaba sumergido en el agua tibia, le avisaron que su sobrino Marco Aurelio acaba de llegar a visitarlo.

Petronio ordena que lo conduzcan al jardín adyacente para conversar plácidamente y sale del agua poniéndose una bata de lino suave.

Marco Aurelio es hijo su hermano Publio, el mayor y más querido. Y ha estado sirviendo bajo las órdenes de Corbulón en la guerra contra los partos. Es su sobrino predilecto. Un hombre íntegro; que ha heredado de su tío el gusto por el placer, el arte, la belleza y la estética; cualidades que Petronio valora sobre todo lo demás. No por nada le han apodado el “Árbitro de la Elegancia.”

Toma una manzana del platón que está en la mesa más cercana y está a punto de morderla, cuando entró un joven con pasos largos y flexibles exclamando:

–                 ¡Salve Petronio! Que te sean propicios todos los dioses.

Petronio sonríe y contesta:

–          ¡Salve Marco Aurelio! Te doy la bienvenida a Roma. Espero que disfrutes de un  merecido descanso después de las fatigas de la guerra. ¿Qué noticias traes de Armenia?

Mientras el joven se sienta en una banca a su lado, exclama con cierto fastidio:

–           De no ser por Corbulón, esta guerra sería un desastre.

–           ¡Es un verdadero Marte! ¿Sabes que Nerón le teme?

Marco Aurelio lo mira sorprendido y pregunta:

–           ¿Por qué?

–           Porque si quisiera, podría encabezar una revuelta.

–           Corbulón no es ambicioso hasta ese grado.

Petronio sentencia:

–          Si quitáramos la ambición y la vanidad ¿Dónde quedarían los héroes y los patriotas?

–           Lo conozco bien y sé que no debéis temer nada de él. Hablas como Séneca.

–          Se puede apreciar el carácter de un hombre en la forma como recibe la alabanza. Y tienes razón. Séneca es un maestro al que hay muchas cosas que aprenderle. Es uno de los pocos hombres que respeto y admiro.

Petronio cerró los ojos y Marco Aurelio se fijó en el semblante un tanto demacrado de su tío y cambiando el tema, le preguntó por su salud.

El augustano hizo un mohín, antes de replicar:

–           ¿Salud? No lo sé. Mi salud no está como yo quisiera. Trato de ser fuerte y            aparento estar perfectamente. Pero empiezo a sentir un cierto cansancio que… Considerando las circunstancias, creo que estoy bien. ¿Y tú cómo estás?

–           Las flechas de los partos respetaron mi cuerpo, pero… un dardo de amor acaba de  herirme y ha acabado con mi tranquilidad. Estoy aquí para pedirte un consejo.

Petronio lo miró sorprendido y dijo:

–         Te puedes casar o quedarte soltero. Pero te aseguro que te arrepentirás de las dos cosas.- luego lo invitó – Vamos a sumergirnos en el agua tibia y me sigues platicando. ¿Qué te parece?

Marco Aurelio aceptó encantado:

–           Vamos.

Los dos regresan al frigidarium.  Marco Aurelio se desnuda y Petronio contempla el cuerpo vigoroso de su sobrino. Le recuerda las estatuas de Hércules que adornan el camino al Palatino. Es un atleta pleno de vigor juvenil. Y en el armonioso rostro que completa la apolínea belleza masculina, hay un gesto de sufrimiento reprimido. El joven se lanza al agua, salpicando el mosaico que representa a Perseo liberando a Andrómeda.

Petronio admira todo esto con los ojos regocijados del artista embelesado con la auténtica belleza…

Y después de lanzarse al agua, dice:

–          En la actualidad hay demasiados poetas. Es una manía de los tiempos que vivimos. El césar escribe versos y por eso todos lo imitan. Lo único que no está permitido es escribir mejores versos que él… Hace poco hubo un certamen y Nerón leyó una poesía dedicada a las transformaciones de Niobe. Los aplausos de la multitud cubrieron la voz de Nerón; pero en aquellas muestras de forzado entusiasmo faltaba el acento de la espontaneidad que nace del corazón. Luego Lucano declamó otra, celebrando el descenso a los infiernos de Orfeo. Cuando se presentó, el respeto y el temor contenían a los oyentes… Más por uno de esos triunfos del arte que parecen milagrosos, el poeta logró suspender los ánimos; los arrebató y consiguió que se olvidaran de sí y del emperador. Y le decretaron unánimes el laurel de la gloria y el codiciado premio. ¿Te imaginas lo que sucedió después?… Imposible que Nerón consintiese un genio superior a su inspiración. Se salió despechado del certamen y prohibió a Lucano que volviese a leer en público sus versos. Por eso yo escribo en prosa.

–          ¿Para ti no ambicionas la gloria?

–           A nadie ha hecho rico el cultivo del ingenio.

–           ¿Qué estás escribiendo ahora?

–          Una novela de costumbres: las correrías de Encolpio y sus amigos Ascilto y Gitón.  Ya casi la termino. Estoy en el convite ridículo de un nuevo rico. Lo he titulado “La Cena de Trimalción”

–           ¿El libro?

–          No. El capítulo. El libro es una sorpresa. Espera un poco… – se queda pensativo un momento. Y luego añade- Enobarbo ama el canto. En particular el suyo propio. Dime ¿Tú no haces versos?

Marco Aurelio lo mira sorprendido… y luego responde firme:

–           No. Jamás he compuesto ni un hexámetro.

–           ¿Y no tocas el laúd, ni cantas? – insiste Petronio.

–           No. Me gusta oír a los que sí saben hacerlo.

–           ¿Sabes conducir una cuadriga?

–           Lo intenté una vez en Antioquia, pero fui un fracaso.

–          Entonces ya no debo preocuparme por ti. Y ¿A qué partido perteneces en el hipódromo?

–           A los azules; porque los únicos que me entusiasman son Porfirio y Scorpius.

–          Ahora sí ya estoy del todo tranquilo. Porque en la actualidad hacer cualquiera de estas cosas es muy peligroso. Tú eres un joven apuesto y tu único peligro es que Popea llegue a fijarse en ti. Pero no…  Esa mujer tiene demasiada experiencia y le interesan otras cosas. ¿Sabes que ese estúpido de Otón, su ex marido? ¿Todavía la ama con locura? Vaga por la España, borracho y descuidado en su persona.

–           Comprendo perfectamente su situación.- suspiró Marco Aurelio.

Petronio  movió la cabeza. Y siguieron conversando…

Cuando más tarde salieron del Thepidarium, dos bellas esclavas africanas, con sus perfectos cuerpos como si fueran de ébano, los esperan para ungirlos con sus esencias de Arabia…

Al terminar, otras dos doncellas griegas que parecen deidades, los vistieron.

Con movimientos expertos adaptaron los pliegues de sus togas. Marco Aurelio las contempló con admiración y exclamó:

–           ¡Por Júpiter! ¡Qué selecciones haces!

Petronio sentenció:

–           La belleza y la rareza fija el precio de las cosas. Prefiero la calidad óptima. Toda mi “Familia” (Un amo con sus parientes  y sus esclavos) en Roma, ha sido seleccionada con el mismo criterio.

–           Cuerpos y caras más perfectos no posee ni siquiera el mismo Barba de Bronce.- alaba Marco Aurelio mientras aspira los aromas con deleite.

–           Tú eres mi pariente.- aceptó Petronio con cariño. Y agregó- Y yo no soy tan                                 intolerante como Publio Quintiliano.

Marco Aurelio al escuchar este nombre se queda paralizado. Olvidó a las doncellas y preguntó:

–           ¿Por qué has recordado a Publio Quintiliano? ¿Sabías que al venir para acá una serpiente asustó a mi caballo y me derribó?  Pasé varios días en su villa fuera de la ciudad. Un esclavo suyo, el médico frigio Alejandro, me atendió. Precisamente de esto era de lo que quería hablarte.

–           ¿Por qué? ¿Acaso te has enamorado de Fabiola? En ese caso te compadezco. Ella es muy hermosa pero ya no es joven. ¡Y es virtuosa! Imposible imaginar peor combinación. ¡Brrr!.- Y Petronio hace un cómico gesto de horror.

¡De Fabiola, no! ¡Caramba!

–           ¿Entonces de quién?

–          Yo mismo no lo sé. Una vez al rayar el alba la vi bañándose en el estanque del jardín, con los primeros rayos del sol que parecían traspasar su cuerpo bellísimo. Te juro que es más hermosa que Venus Afrodita. Por un momento creí que iba a desvanecerse con la luz del amanecer… Y desde ese momento me enamoré de ella con locura.

–           Si era tan transparente, ¿No sería acaso un fantasma?

–          No me embromes Petronio. Te estoy abriendo mi corazón. Después volví a verla dos veces más. Y desde entonces ya no sé lo que es tranquilidad. Ya no me interesa nada de lo que Roma pueda ofrecerme. Ya no existen para mí otras mujeres… Ni vino, fiestas o diversiones. Me siento enfermo. Traté de indagar de mil maneras sutiles y creo que se llama Alexandra. No estoy muy seguro… Pero solo la quiero a ella. No se aparta de mi mente un solo instante. Te lo digo con sinceridad Petronio, siento por ella un anhelo tan vehemente, que he perdido el apetito. En el día me atormenta la nostalgia y por las noches no puedo dormir. Y cuando consigo hacerlo, solo sueño con ella. Y así transcurre mi vida, con este torturante deseo…

Petronio lo mira con conmiseración… Y luego dice con determinación:

–           Si es una esclava, ¡Cómprala!

Marco Aurelio replica con desaliento:

–           No es una esclava.

–           ¿Es acaso alguna liberta perteneciente a la casa de Quintiliano?

–           No habiendo sido jamás esclava, tampoco puede ser liberta.

–           ¿Quién es entonces?

–          ¡No lo sé!… No pude averiguar mucho. Por favor escúchame. Es la hija de un rey, creo. –Y añade desesperado-  O algo por el estilo…

Petronio lo mira interrogante. Y cuestiona lentamente:

–           Estás despertando mi curiosidad, Marco Aurelio.

Su sobrino lo mira con impotencia y explica:

–          Hace tiempo el rey de Armenia invadió a los partos, mató a su rey y tomó como rehenes a su familia, a algunos principales de su nuevo territorio y los entregó a Roma. El gobernador no sabía qué hacer y el César los recibió junto con el botín de guerra que enviaron como regalo. Luego los entregó a Publio Quintiliano, ya que no pueden considerarse como cautivos y se desconoce el motivo que lo impulsó a entregarlos a él. Pero el tribuno los recibió muy bien. Y en esa casa en la que todos son  virtuosos, la doncella es igual a Fabiola.

–           ¿Y cómo estás tan enterado de todo esto?

–           Publio Quintiliano me lo refirió. Esto pasó hace quince años. Y también te digo que a mi regreso de Asia, pasé por  el templo de Delos a fin de consultar a la sibila. Y Apolo se me apareció…  y me anunció que a influjos del amor, se operaría un cambio trascendental en mi existencia…

¿Y qué quieres hacer?

–          Quiero que Alexandra sea mía. Deseo sentirla entre mis brazos y estrecharla contra    mi corazón. Deseo tenerla en mi casa hasta que mi cabeza sea tan blanca, como las nieves de la montaña. Deseo aspirar su aliento puro y extasiarme mirando sus ojos bellísimos. Si fuera una esclava, pagaría por ella lo que fuera. Pero ¡Ay de mí! No lo es…

–           No es una esclava pero pertenece a la familia de Quintiliano. ¿Por qué no le pides que te la ceda?

–           ¡Cómo si no los conocieras!…Tú sabes que Publio es muy diferente a las demás personas y en ese matrimonio, ambos la tratan como si fuera su verdadera hija.

Petronio se queda reflexivo, se toca la frente y luego dice con impotencia:

–           No sé qué decirte, Marco Aurelio mío. Conozco a Publio Quintiliano, quién aun cuando censura mi sistema de vida; en cierto modo me estima y me respeta más, pues sabe que no soy como la canalla de los íntimos de Enobarbo; exceptuando dos o tres como Séneca y Trhaseas… –levanta las manos con desconcierto y agrega- Si crees que algo puedo hacer acerca de este asunto, estoy a tus órdenes.

–           Creo que sí puedes…  Tienes influencia sobre Publio y además tu ingenio te ofrece inagotables recursos. ¡Si quisieras hacerte cargo de la situación y hablar con él!

–           Tienes una idea exagerada de mi ingenio y de mis recursos. Pero si no deseas más que eso, hablaré con Publio lo más pronto posible. Yo te avisaré…

–           Te estaré esperando.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA