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F89 EL CREDO 8


MUERTO… 

En el Cenáculo hay unos grandes salones anexos al triclinium principal, que es donde se celebra la Eucaristía y en uno de ellos, están reunidas más de trescientas personas que han sido convocadas por el trabajo apostólico de todos los discípulos de Jesucristo. 1la-muerteSon personas de todas las edades, estratos sociales y razas. De hecho, son personas que sólo podrían accesar al Patio de los Gentiles, en el Templo de Jerusalén.

Mannaém, ungido por el Espíritu Santo y ordenado por Pedro de acuerdo a los carismas recibidos, es el maestro elegido por Dios para instruir a los nuevos catecúmenos cristianos.

Muy poco queda del antiguo y regio hermano de Herodes. Ahora es un maestro cristiano, humilde, amoroso y sencillo; al que escuchan con mucha atención los nuevos catecúmenos cristianos, que anhelan recibir las enseñanzas de su nueva religión.

Mannaém ungido por el Espíritu Santo, habla con poder y convicción:

El Misterio de la Muerte.

JINETE DE LA MUERTE

JINETE DE LA MUERTE

Dios creó todo, pero la Muerte, no es obra suya. Dios no creó la Muerte. Ha sido generada por los esponsales humanos con Satanás.

Adán la generó, antes de generar a su hijo, cuando débil ante la debilidad de la Mujer pecó seducido por ella, bajo el silbido de la Serpiente y las lágrimas de los ángeles.

Pero la pequeña muerte no es un gran mal, cuando con ella cae como una hoja que ha terminado su ciclo, la carne. Al contrario, es un bien porque nos regresa a nuestro Origen, en donde un Padre nos Espera…

Y así como no ha hecho la muerte de la carne, Dios tampoco ha hecho la muerte del espíritu. Al contrario, él mandó al Resucitador Eterno, a su Hijo Jesucristo a darnos la Vida, a los que estábamos muertos.

El milagro de Lázaro, del joven de Naím y de la hija de Jairo, fueron milagros de la pequeña muerte. De Magdalena, Zaqueo, Dimas, etc. Todos muertos en el espíritu, Jesús hizo vivos en el Señor.

La muerte da gloria a Dios, cuando es aceptada y sufrida con santidad. La muerte es una voluntad de Dios que se cumple.

También aunque el ejecutor de ella, sea un hombre feroz que se ha vuelto árbitro de los destinos de los demás. Y por su adhesión a Satanás, se convierte en instrumento para atormentar a sus iguales, asesinando a los mismos y siendo maldito por Dios.

Солдат смертиLa muerte es siempre la extrema obediencia a Dios, que amenazó con la muerte al hombre por su pecado. La muerte del cuerpo, es liberación del espíritu.

Nuestra vida en la Tierra no es más que una gestación para nacer a la Luz, a la Vida. Muchos miran con horror la fosa sepulcro oscuro, donde el cuerpo que se ama con idolatría, vuelve a la verdad de su origen: Lodo.

Fango del cual se suelta una flama, una luz: el alma.

Qué es lo que hace valioso al cuerpo con el espíritu, que es manifestación de Dios y ante el cual la carne es una nada despreciable.

El hombre cuida mucho de los derechos de la carne que es perecedera y mortal. Y que solo cuando es tenida como esclava del espíritu y no dueña del espíritu, puede convertirse a su debido tiempo en regia habitante del Reino de los Cielos.

La pequeña muerte es la que nos saca de la tierra y libera nuestro espíritu de la carne. La gran Muerte es la que mata lo inmortal: el espíritu. De la primera se resucita. De la segunda no se resucita en la eternidad. Se estará para siempre separado de la Vida, porque Dios es nuestra vida.

1PEQUEÑA MUERTE

Los animales obedeciendo la orden de los instintos saben regularse en la comida, en los connubios, en el escogerse las madrigueras.

Y el hombre con sus continuas desobediencias en el orden natural y sobrenatural, muchas veces se da la primera y la segunda muerte; con abusos en sus placeres y en sus vicios, matando también su carne; al manejarlos como si fueran armas esgrimidas en un loco frenesí de autodestrucción, matando su alma.

Buscan la muerte con los errores de la vida. Y la perdición con las obras de sus manos.

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Siempre es justa la hora de la muerte, porque es dada por Dios. Él es el Dueño de la vida y de la muerte. Y si no son de Él ciertos medios de muerte usados por el hombre por instigación demoníaca; son siempre de Él, las sentencias de muerte dadas por Él, para quitar a un alma de un tormento terreno demasiado atroz o para impedir mayores culpas a aquella alma.

La muerte es siempre un calvario, grande o pequeño, pero siempre calvario. Aunque las apariencias indiquen lo contrario. Porque es proporcionada por Dios, a las fuerzas de cada uno de sus hijos.

Fuerzas que Dios aumenta a medida que la muerte que ha destinado para su creatura, es cumplida santamente.

Cuando la hora de la reunión con Dios está más próxima, es más necesario aumentar la Fe, porque en la hora de la muerte Satanás nunca se cansa de perturbar con sus trampas: Es astuto, feroz, lisonjero y con sonrisas, con cantos, con engaños, aparentes caricias de sus garras, tratando de hipnotizar con silbidos repentinos con los que siempre ha buscado doblegarnos; aumenta sus operaciones para arrancarnos del Cielo.

Y es precisamente en esta hora cuando debemos abrazarnos de la Cruz, para que las olas del último huracán satánico no nos sumerjan.1cruz

Después viene la Paz Eterna. Hay que tener ánimo.

La Cruz es la fuerza en la hora de la muerte.

El justo no le teme a la muerte, porque sabe que al obrar el bien tiene la sonrisa de Dios.

Para los impíos la muerte es pavorosa. Tienen miedo. Y más miedo todavía cuando sienten que no han actuado bien o lo han hecho mal del todo.

La boca mentirosa del hombre trata de engañarse a sí mismo, para consolarse y engañar a los demás. ‘Yo he actuado bien’ Pero la conciencia, que está como un espejo de dos caras bajo su rostro y el Rostro de Dios; acusa al hombre de no haber obrado bien y de no obrar para nada bien como lo proclama.

Y es entonces cuando un gran miedo los molesta: el miedo del Juicio de Aquel que todo lo conoce. Y aquí la gran pregunta: ¿Por qué si se le teme tanto como a Juez, no evitan el tenerlo como tal?

¿Por qué lo rechazan como salvador y no lo aceptan como Padre? ¿Por qué si lo temen, no actúan obedeciendo sus mandatos y no lo saben escuchar con voz de Padre que guía, hora por hora con mano de amor?

Si al menos lo obedecieran cuando habla con voz de Rey. Sería obediencia menos premiada, porque es menos dulce a su corazón. ¡Pero sería obediencia!

Entonces, ¿Por qué no lo hacen y sin embargo le tienen pavor a la muerte?

La muerte no se evita y son felices los que llegan a ella vestidos de amor, al encuentro de Aquel que los espera.

Temen a la muerte aquellos que no conocen el amor y que no tienen la conciencia tranquila. Éstos, cuando por enfermedad, por edad o por cualquier otro motivo, se sienten amenazados por la muerte; se asustan, se afligen o se rebelan.

Intentan por todos los medios y con todas sus fuerzas, escapar de ella.

1MUERTE

Inútilmente, porque cuando la hora ha sido señalada, ninguna cautela vale para desviar la muerte.

La muerte de los inocentes que mueren sin rencor, es bella como un martirio. Y como no tienen la mancha del odio, también son víctimas que Dios toma como hostias. Son las flores de hoy, cortadas por el Enemigo de Dios que busca destruir a sus hijos.

Y por el Odio desencadenado con todas sus fuerzas en el fragor del Infierno de la violencia en su máximo esplendor.

1elveon

No solamente la muerte del pecador es horrible, sino también su vida. No hay que ilusionarse sobre su aspecto exterior, es un maquillaje. Un barniz para cubrir la verdad.

Porque una hora; solamente una hora de la paz del justo, es incalculablemente más rica en felicidad, que ni la más larga vida de pecado.

Las apariencias indican lo contrario. Y así como a los ojos del mundo no aparecen la riqueza y la alegría de los santos; así también se esconde el abismo de inquietud y de insatisfacción que hay en el corazón del injusto.

Y del que como cráter de un volcán en erupción vomita vapores acres, corrosivos y venenosos; que intoxican  a los desventurados, cada vez más.

Tratan de sofocar la inquietud buscando darse todas las satisfacciones que apetecen en su ánimo extraviado y por lo mismo satisfacciones de maldad, porque están fermentados en ella.

Los pecadores obstinados e impenitentes, llegan a la perfección del mal y su muerte es un horror que los hace estallar en la otra vida, porque los sumerge en un horror mucho más grande.1Guerrero%20de%20la%20Muerte_800

LA GRAN MUERTE.

El alma tiene derecho a la Vida Verdadera.

El alma muere cuando se la mantiene separada de Dios. Hay que nutrirla lo más posible con la Palabra de Dios. Y solo así saturados de Él, todos los días tendremos vitalidad espiritual, para vencer todas las asechanzas y todas las tentaciones.

La muerte del espíritu se puede constatar a la medida que se pierde la noción del Bien y del Mal.

El alma que se ha sumergido en la impenitencia final, es incapaz de sentir ni siquiera remordimientos y se vuelve insensible al daño causado al prójimo.

La falta de remordimiento es la señal de su decadencia espiritual.

1MUERTE DE LA CONCIENCIA

El espíritu está muerto cuando no se tiene la gracia vivificante del Espíritu Santo. Un espíritu muerto, comunica su muerte al alma y de la misma manera que un espíritu vivo, trasmite su vida al alma.

Como la sangre trasmite la vida al cuerpo, así el espíritu proporciona la vida al alma. ¡Hay que vivir! Sólo entonces la muerte no será un fin, sino un principio. Un principio de alegría sin medida.

El espíritu es el señor de nuestro ser y cuando está muerto es un esclavo. Y ésta será la culpa de la que responderemos. El hecho de que el hombre lo atropelle y lo mate, no le cambia su característica de señor de nuestro ser.

El que deja que el Enemigo mate su espíritu se convierte en cómplice del delito de Deicidio. Porque a los ojos de Dios, el espíritu es la parte selecta que Él Mismo dio al hombre y permite a Dios convertirnos en Templos Vivos e hijos suyos.

El espíritu es el que volverá a animar la carne, en la hora del Último Juicio. Resurrección gloriosa del espíritu vivo o tremenda realidad, para merecer la Segunda Muerte.

1SEGUNDA MUERTE

Dios no quiere moradas hechas por mano de hombre. Él quiere los templos que Él hizo con sus propias Manos. Templos de sangre y de alma.

Templos que la Sangre de Jesús ha revestido de Púrpura Inmortal, Purificando sus preciosos altares. Esto es lo que Él quiere para reconciliarse con el hombre.

Las tentaciones son inevitables, pero ellas por sí solas no hacen daño. Son malas cuando cedemos a ellas. Nunca serán más fuertes que nosotros, porque el Padre siempre da fuerzas superiores a quién quiere permanecer en el Bién.

El Mal está, cuando deseamos ceder al mal y es entonces cuando nosotros mismos saboteamos las fuerzas de Dios con una voluntad perversa, al abandonarnos al beso de la Tentación.

Cuando procedemos así, sometemos al alma a un trance de muerte y de un alma enferma o moribunda, salen aquellos sentimientos que causan asombro.

Y no debería. En un cuerpo corrupto están los hedores de la muerte y en las almas corruptas, están las manifestaciones de Pecado.

Por eso hay que ser cristianos verdaderos y no de nombre o de palabra.

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El signo de la Cruz debe ser grabado en las fibras vivas de nuestro corazón, no sobre frontones vacíos. Hay que abrir el corazón al Amor. Para el cristiano, la muerte ha sido destruida con la Muerte de Jesús.

Nuestras culpas han sido anuladas con su Sangre. En anticipo Él nos ha rescatado. Y el espíritu que es impulsado por el Espíritu Santo, debe dar obediencia y agradecimiento a Dios por los dones del Espíritu Santo que auxilian al espíritu vivo en el que Él habita y nos convierte en verdaderos hijos de Dios.

Y por eso hay que imitar en todo a Cristo.

¿Hay sufrimiento? Hay que reflexionar en quién nos hace sufrir. Veremos que es el hombre. Siempre está el nombre de un hombre detrás de la causa de nuestro sufrimiento y solo Dios puede aliviarlo.

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¿Nos sentimos débiles en el espíritu y mortificados por nuestras caídas? Examinémonos bien ¿Somos nosotros los que pusimos los medios y no huimos de nuestros tentadores?

En nuestra alma la culpa ha sido lavada por el Bautismo, pero han quedado los fomes. Por eso debemos rechazar totalmente las tentaciones y buscar siempre la semejanza y la perfección, tal como lo ordenó el mandato de Jesús.

Quién espontánea y premeditadamente mata su alma, termina casi siempre por matar también su cuerpo. Violento contra su alma, se vuelve violento contra su carne.

Y la mata con sus vicios y termina suicidándose como Judas.

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Quién sin premeditación mata su alma con el pecado mortal, pero poseyendo voluntad de vida, arrepentido busca regeneración y confía en la Misericordia, no solo devolverá la vida a su espíritu, sino por la humillación de la caída, disminuirá en soberbia y crecerá en su amor por Dios.

LA CONVERSIÓN ES LA RESURRECCIÓN DEL ESPÍRITU

1RESURRECCION

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

R26 AMAR ES CORREGIR


VIRGEN MARÍA Y EL MUNDO - mundo protegido

En el año de 1998 se desarrolló plenamente la Estrategia Final de Satanás, con la ‘Cultura de la Muerte’ y fueron lanzados sus ataques en todos los ámbitos de la vida humana. La familia, base de la sociedad, fue desquiciada de manera total con el adulterio, el divorcio, la falta de valores, la egolatría, etc. Y la propuesta de un modelo nuevo, que es la antítesis de la formulada cuando Dios la creó, al dar origen al género humano.

Todo esto ha sido con el objeto de sumergir al hombre en un sufrimiento extremo, para llenarlo de ira y desesperación. Con la desesperación, las almas son esclavizadas por Satanás y las vuelve capaces de cometer todos los horrores más inimaginables.

Marzo 11 de 2014 – 8:10 a.m.

LLAMADO DE MARÍA ROSA MÍSTICA A LOS PASTORES DEL HOGAR

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Hijitos, que la paz de Dios esté con todos vosotros.

¡Oh, qué tristeza siente mi corazón al ver la degradación moral, social y espiritual, de esta generación ingrata y pecadora!

¡Padres de familia, vosotros sois los pastores del hogar! ¡Vuestros hijos se están perdiendo por vuestra complacencia y falta de carácter! Cuánto han cambiado los hogares. Ya los hijos son los que mandan en él; porque los padres se olvidaron de ejercer la autoridad con sus familias.

Padres de familia, acordaos que el hogar es la primera sociedad. Es en el hogar donde se deben cimentar las bases del amor, respeto, obediencia, disciplina, honradez y ante todo; el cumplimiento de los preceptos divinos, que son el fundamento para una sana convivencia humana.

iglesiadomestica

¡Oh padres de familia, dad amor; pero no un amor materializado ni condescendiente que se transforme en pérdida de valores! Acordaos que el amor es esencia, es un conjunto de pequeños detalles donde debe prevalecer ante todo el respeto y la obediencia a la autoridad de los padres.

¡Padres de familia, no condicionéis el amor, ni lo confundáis con las cosas materiales!

AMAR ES TAMBIÉN CORREGIR

E INCULCAR VALORES MORALES Y ESPIRITUALES EN VUESTROS HIJOS. 

Domingo 30 Sagrada Familia 1º lectura

Os digo padres de familia: si vuestros hogares están alejados de Dios como baluarte espiritual y sólo son espacios para descansar; si vosotros padres de familia no le enseñáis a vuestros hijos a cumplir los preceptos divinos, ni les inculcáis una sana doctrina moral y espiritual.

Y si fuera de esto no dais buen ejemplo; entonces os pregunto:

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¿Por qué os quejáis y escandalizáis ahora por su comportamiento, cuando ya se os ha salido de vuestras manos su educación?

La falta de diálogo, amor y comprensión en vuestros hogares; son el resultado de estas sociedades decadentes.

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El hogar es la primera base de donde se edificarán las demás sociedades. Si las bases morales y espirituales de vuestros hogares son débiles, las sociedades de familia que formarán vuestros hijos mañana, también lo serán.

El fracaso de vuestros hijos, es vuestro fracaso padres de familia.

Os exhorto a que retoméis cuanto antes el control de vuestros hogares. Os pido de todo corazón que llevéis a Dios a vuestros hogares y retoméis la devoción al rezo de mi Santo Rosario. Dad buen ejemplo a vuestros hijos y no alcahueteéis más. Por vuestra alcahuetería y falta de amor, esta humanidad está como está: en decadencia.

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La falta de amor y diálogo en vuestros hogares padres de familia, está afectando la sana convivencia humana.

Esta humanidad de estos Últimos Tiempos es la más pecadora y decadente de todas las generaciones que han existido

Y ES TAMBIÉN EN LA QUE MÁS ALMAS SE HAN CONDENADO, especialmente jóvenes. 

21alma condenada

¡Despertad padres de familia de vuestro letargo moral y espiritual! ¡Volved a Dios e inculcad valores morales y espirituales en vuestros hogares! ¡Amad a vuestros hijos y retomad de nuevo el control de vuestras familias!

SE ACERCA EL DESPERTAR DE CONCIENCIAS Y VOSOTROS DEBÉIS DE RENDIRLE CUENTAS A MI PADRE POR VUESTROS REBAÑOS.

rebañitoRecapacitad pues, padres de familia; porque vosotros sois los representantes de Dios ante vuestros hijos. No se os olvide que el amor es la base del perdón y la sana convivencia. Sin amor no hay vida.

Vuestra Madre que os ama, María Rosa Mística.

Dad a conocer mis mensajes a toda la humanidad.

http://mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

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En el Libro Crónica de la Magna Traición publicamos una enseñanza de Jesús respecto a este tema y lo reproducimos a continuación, para una mejor reflexión sobre esto….

https://cronicadeunatraicion.wordpress.com/2012/12/11/152-las-rosas-invernales/

LAS ROSAS INVERNALES

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El aire helado de Diciembre se cuela hasta la cocina y a pesar del fogón se siente bastante frío…

Pedro dice enojado:

–                       ¡Ved! ¡Así se cuida! ¡Haciendo todo lo contrario de lo que estábamos diciendo!

Jesús se levanta y antes de salir, pasa detrás de Pedro. Le pone las manos sobre la espalda y se inclina a besar sus cabellos, diciendo:

–                       ¡Bueno, Simón! ¡Quién me ama ayuda a mi cansancio, más que el reposo de la cama!

–                       ¿Cómo sabes si es una de las que te aman?

–                       Simón, la ira te empuja a decir palabras de las que ya te has arrepentido por necias. ¡Bueno, bueno! Una mujer que viene con una criatura inocente, que me trae flores; sólo puede ser una que me ama y que intuye mi necesidad de encontrar un poco de amor y pureza, en medio de tanto odio e inmundicia.

Y sube por la escalera que lleva a la terraza.

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La mujer que lo espera es alta y delgada. Trae un pesado manto gris, con un fino velo de color marfil.

La pequeña, tiene menos de tres años; viene vestida de blanco, con un manto circular del mismo color y con un capucho que le cae detrás de sus cabellos rubio-castaños. Está mirando a su madre, pues ha levantado su carita que emerge entre las flores que tiene en sus bracitos: un hermoso ramo de rosas rojas y de gardenias blancas.

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Apenas Jesús aparece en la terraza, la pequeñita es empujada por su madre…

Y ella corre a su encuentro, diciendo:

–                       ¡Ave, Domine Jesús!

Jesús se inclina y le pone una mano en la cabecita.

Le contesta:

–                       La paz sea contigo.

A la mujer la saluda con una inclinación de cabeza y entra en la habitación. Se sienta en uno de los primeros bancos que encuentra, sin decir nada. Tiene la majestad de un Rey. Sentado sobre el banco de madera sin respaldo, parece estar sentado en un trono; tanta es la dignidad que irradia. Con su vestido azul oscuro y sin adornos, se ve más imponente que si estuviera en el más magnífico de los palacios.

Espera. Su majestad cohíbe a la mujer, que es presa de una admiración respetuosa. También la niña lo mira un poco, como si estuviera asustada…

Pero Jesús sonríe y le dice:

–                       Aquí me tenéis. No tengáis miedo.

Todo temor desaparece.

La mujer dice algo a los oídos de la niña.

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Y ella va hacia Él, y le pone en las rodillas las flores, mientras dice lentamente, como quién no conoce bien una lengua que no es la suya:

–                       Estas son las rosas de Faustina para su Salvador.

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Mientras tanto la mujer se ha arrodillado, echándose el velo para atrás…

Es Valeria y dice:

–                       ¡Salve, Maestro!

Jesús contesta:

–                       Que Dios llegue a ti. ¿Cómo has venido? ¡Y sola!  -y acaricia a la pequeña que busca entre las flores según ella las más hermosas…

Y se las ofrece diciendo:

–                       Tómalas. Son tuyas.

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Jesús las toma. Las huele. Y las vuelve a poner sobre las otras…

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Valeria habla:

–                       Sabemos muchas cosas, Maestro… Las cosas más pequeñas que suceden en la colonia se apilan diariamente sobre la mesa de Pilatos. Muchos informes hablan de Ti y de los hebreos que agitan al país convirtiéndote al mismo tiempo en enseña nacional de rebeldía y causa de odio civil.

Claudia le dice que si en Palestina hay alguien que no le haría mal alguno, eres Tú. Y Pilatos la escucha… hasta ahora quién se impone es Claudia. Pero si mañana otra fuerza dominase a Pilatos…

Cuando lo supe pensé que mi pequeñita Te daría un consuelo…

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Jesús responde:

–                       Tienes un corazón bondadoso y lleno de luz. Que Dios te ilumine y vele ahora y siempre por esta hijita tuya.

–                       Gracias, Señor. Tengo necesidad de Dios.  –y las lágrimas inundan los ojos de Valeria.

–                       Es verdad. Tienes necesidad de Él. En Él encontrarás todo consuelo y además el Guía, para juzgar acertadamente. Para perdonar. Amar otra vez y sobre todo para educar a esta niña, a fin de que tenga la vida dichosa de quienes son hijos del Dios Verdadero. El Dios que tal vez ofendiste con una vida en la que la virtud no se toma en cuenta.

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Este Dios te ha amado mucho. Tanto te amó, para que tuvieses siempre ante tus ojos, su Bondad y su Poder. Y un consuelo en los dolores que pudieras encontrar como mujer casada. Tú mujer pagana amorosa, fiel, has amado a tu esposo… A tu dios terrenal, compañero de placeres. A tu hermoso dios que se dejaba adorar, rebajando tu dignidad al nivel de una esclava.

La mujer debe estar sujeta a su marido, humilde fiel, castamente. El hombre es la cabeza de la familia. Pero cabeza no quiere decir déspota. Cabeza no significa ser un patrón caprichudo que dispone a su antojo no solo del cuerpo, sino de la parte mejor de su esposa.

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Quiénes de vosotras no sois impúdicas, ni desenfrenadas, ¿Cómo podéis estar donde están vuestros esposos? Es inevitable que quién no es una desvergonzada y corrompida, se separe con asco. Que experimente un dolor verdaderamente atroz, como si sus fibras se desgarraran. Que sienta pasmo al derrumbarse todo un culto que tenía por su marido a quién contemplaba como un dios…

Cuando descubre que a quién adoraba como una deidad; es un ser miserable, dominado por el instinto brutal. Y que es licencioso, adúltero, disipado, indiferente, que se burla de los sentimientos y la dignidad de su esposa.

No llores. TODO LO SÉ, sin necesidad de centuriones que me lo informen. No llores mujer. Mejor aprende a amar a tu esposo ordenadamente. Cuando ames a Dios primero que a tu esposo, dejarás de sufrir.

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–                       No puedo amarlo ya. No lo merece. Lo desprecio. No me envileceré imitándolo. No puedo amarlo. Todo ha acabado entre nosotros. Dejé que se fuera…Sin tratar de detenerlo. En el fondo, es la única vez que le agradezco que se haya ido. No volveré a buscarlo. Al caerse la venda de mi adoración por él, ahora puedo recordar y juzgar sus acciones… Nunca fue mi compañero.

Cuando estaba próxima a dar a luz…  él se burlaba con sus amigos de mis lágrimas. De mis náuseas. Advirtiéndome sólo, que no le fuese a ensuciar el vestido. ¿Acaso estuvo a mi lado, cuando me moría de nostalgia por mi patria y por mi madre? No. Él estaba con sus amigos en banquetes donde mi estado no me permitía ir.

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¿Estuvo alguna vez inclinado sobre la cuna de mi recién nacida? Se echó a reír, cuando le mostraron a su hijita y borbotó: ‘Estoy tentado de tirarla al suelo. No me eche el yugo matrimonial, para tener hijas…’

Cuando Fausta agonizaba, ¿Acaso compartió conmigo mis angustias? La noche que precedió a tu llegada, él se pasó en la casa de Valeriano, en un banquete…

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Pero yo lo amaba. Era mi dios, como lo dijiste. Todo me parecía bueno y justo en él. Me permitía que lo amara… Era la más sumisa esclava de sus caprichos. ¿Sabes por qué me ha rechazado?

–                       Lo sé. Porque en tu cuerpo surgió el alma. Y dejaste de ser hembra para ser la esposa.

–                       Es verdad. Quise hacer de mi hogar, un hogar virtuoso… Y él logró obtener del cónsul que se le mandase a Antioquia y me ordenó que no lo siguiese. Pero se llevó a sus esclavas favoritas…  ¡Oh, no iré detrás de él!  Tengo a mi hija. Tengo todo.

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–                       El Todo es Dios. Tú, que no conocías la Vida Eterna, amabas desordenadamente a tu hijita.  Tu hija no debe ser causa de injusticia para con el Todo. Sino al contrario. Por ella y con ella, tienes el deber de ser virtuosa.

–                       Vine a consolarte y eres Tú el que me consuelas. Vine también a preguntarte cómo educarla, para que sea digna de su Salvador. He pensado en hacerme discípula tuya y que ella también lo sea.

–                       ¿Y tu marido?

–                       ¡Oh! ¡Todo ha acabado entre nosotros!

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–                       No. Todo empieza… Eres siempre su mujer. El deber de una mujer buena, es hacer a su consorte bueno.

–                       Dijo que quiere divorciarse y lo hará.  Y por esto…

–                       Y lo hará. Pero todavía no lo ha hecho. Y mientras no lo haga, tú eres su mujer, aún según vuestra ley. Y como tal, tienes la obligación de quedarte en tu lugar como esposa. Tu lugar es el segundo después de tu marido, en tu casa. Aunque él haya dado mal ejemplo, tú debes dar el de la virtud. Sé la columna y luz de tu casa.

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Te amará Dios. Te amará tu hija, te amarán tus siervos. Y aun cuando no fueses la esposa, sino la divorciada. Recuerda, (Jesús se pone de pie) que la separación legal no destruye el deber de la mujer, de que sea fiel a su juramento de esposa.

Quieres entrar en nuestra religión. Uno de sus preceptos divinos es que la mujer es carne de la carne de su esposo y que nada ni nadie, puede separar lo que Dios ha hecho una sola carne. La carne no se separa de la otra, sino por la muerte.

El divorcio es una prostitución legalizada, que pone al hombre y a la mujer en condiciones de cometer pecados de lujuria. La mujer divorciada, difícilmente puede ser viuda fiel de su marido. El hombre divorciado, jamás permanece fiel a su primer matrimonio. Tanto el uno como el otro, al pasar a otras uniones, descienden del nivel de hombres al de animales, que pueden cambiar de hembra según su apetito.

La fornicación legal que es peligrosa para la familia y para la patria, es criminal  para la prole. Los hijos de los divorciados juzgarán a sus padres. ¡Severo es el juicio de los hijos! Por lo menos uno de sus padres recibe la condenación. Y los hijos, por el egoísmo de sus padres, se ven condenados a una vida afectiva mutilada.

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Si a las consecuencias que acarrea el divorcio, por el que los inocentes hijos se ven privados de padre y madre; se añade que uno de los cónyuges vuelva a casarse y con él se quedan los hijos. A la suerte desgraciada de una vida afectiva que mutiló un miembro que no está, se une otra mutilación: la que se perdió definitivamente por el nuevo amor y por nuevos hijos que nacen de una nueva unión.

¡Pobres hijos! Saborear después de la muerte o la destrucción del hogar, la dureza de un padrastro o la de una madrastra.  ¡Y la angustia de ver que la caricias se condividen con otros hijos que no son hermanos! Tú quieres seguirme…

¡NO! En mi religión no existirá el divorcio. Será adúltero y maldito, el pecador que se divorcie civilmente, para contraer nuevo matrimonio. La ley humana no podrá cambiar mi decreto.

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El matrimonio en mi religión no será un contrato civil… Será una unión fuerte, sólida, santamente indisoluble por el poder santificante que le daré, para que se convierta en Sacramento. SERÁ UN RITO SAGRADO. Y este poder o fuerza ayudará a practicar santamente, todos los deberes matrimoniales y que se extenderá al alma de los cónyuges.

Y por tanto se convertirá también en un contrato espiritual, que Dios sancionará por medio de sus ministros. Bien sabes que nada es superior a Dios. Por esto lo que Él hubiere y unido; ninguna autoridad, ley o capricho humano, podrá disolver.

En mi Rito, porque la muerte no es fin, sino separación temporal del esposo y de la esposa, el deber de amar dura aún después de la muerte. Por esto afirmo que los viudos deberían ser castos. Pero el hombre no sabe serlo. Por esto también afirmo que los cónyuges tienen el deber recíproco de mejorar a su compañero.

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No muevas la cabeza. Esta es la obligación que debe cumplirse, si alguien quiere venir en pos de Mí.

Valeria dice:

–                       Hoy estás severo, Maestro.

–                       No. Soy Maestro y tengo ante mí a una creatura que puede crecer en la vida de la Gracia. Si no fueras lo que eres, te impondría menos. Pero tienes una buena disposición. Y el sufrimiento purifica… Templa siempre el metal. Valeria, un día te acordarás de Mí y me bendecirás, por haberme portado como ahora lo hago.

–                       Mi marido no volverá atrás.

–                       Pero tú irás adelante, llevando de la mano a la inocente y caminarás por el sendero de la justicia sin odio, ni venganzas. Y también sin inútiles esperas o reproches por lo que se perdió.

–                    ¡OH!   ¡Sabes que lo tengo perdido!

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–                       Lo sé. Pero no tú. Él te ha perdido a ti… No te merecía. Escucha ahora… Es algo duro. Sí. Me has traído rosas y la inocente sonrisa de tu hijita para consolarme…

–                      Y  Yo… Sólo puedo prepararte a que lleves la corona de espinas, de las esposas abandonadas.

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Pero reflexiona. Si pudiese retroceder el tiempo y llevarte a aquella mañana en que Faustina agonizaba. Y que tu corazón se encontrase en condiciones de escoger entre tu hija o tu marido. Y que debieras perder absolutamente a uno de los dos, ¿A quién habrías escogido?

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Valeria reflexiona. Palidece por lo que sufre. Por las lágrimas que ha derramado. Se inclina sobre la niñita que está sentada en el suelo y que juega poniendo las flores blancas alrededor de los pies de Jesús.

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La toma. La abraza y dice:

–                       Escogería a ésta. Porque a ella puedo darle mi corazón y educarla como he aprendido en la vida. ¡Mi hija! Y no separarnos ni en la otra vida… – la cubre de besos. Luego añade-  Dime. ¡Oh dime, Maestro! ¡Tú que enseñas a vivir como héroes! ¿Cómo debo educarla para que ambas estemos en tu Reino?

Jesús aconseja:

–                       Sé perfecta, para que se refleje tu perfección. Ama a Dios y al prójimo, para que aprenda a amar. Vive en la tierra, con tus cariños en Dios. Ella te imitará. El Padre Celestial proveerá a vuestras necesidades espirituales y creceréis en el amor. Esto es lo que hay que hacer.

En el amor de Dios, encontrarás frenos contra el Mal. En el amor al prójimo, tendrás una ayuda, contra el abatimiento de la soledad. Aprende a perdonar…Y también a ti misma… Y enseña lo mismo a tu hijita. ¿Comprendes lo que quiero decir?…

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–                       Comprendo… Es justo, Maestro. Me voy. Bendice a tu pobre discípula, que es más pobre que la mendiga que tiene un fiel marido…

–                       Hasta pronto, Valeria. Que el Dios Verdadero que buscas con buen corazón, te consuele y te proteja.

Jesús pone la mano sobre la cabeza de la niña y la bendice, al igual que a Valeria. Luego pregunta:

–                       ¿Viniste sola?

–                       No. Con una liberta. Mi carro me espera en el bosque, a la entrada del pueblo.  ¿Nos volveremos a ver Maestro?

–                       Para la Dedicación, estaré en el Templo de Jerusalén.

–                       Iré allá, Maestro. Tengo necesidad de tus palabras en mi nueva vida.

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–                       Vete tranquila. Dios no deja de ayudar a quién lo busca.

–                       Lo creo. ¡Oh, qué triste es nuestro mundo pagano!

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–                       La tristeza está en donde no está La Verdadera Vida en Dios. También en Israel se llora… Y es porque no se vive más en la Ley de Dios. Hasta pronto. La paz sea contigo.

Valeria se inclina y dice algo a la niña.

Ella levanta su carita, le tiende los brazos a Jesús y repite con su vocecita:

–                       ¡Ave Domine Jesús!

Jesús se inclina y recoge el besito que la niña le da. Nuevamente la bendice.

Y Valeria la toma de la mano y se van…

Jesús entra en la habitación y pensativo se sienta junto a las flores esparcidas por el suelo. Pasa el tiempo así y luego alguien llama a la puerta.

Jesús dice:

–                       Entra.

La puerta se abre y entra Pedro.

Jesús dice:

–                       ¿Eres tú? Ven.

Pedro contesta:

–                       No. Tú deberías venir con nosotros. Aquí hace frío… ¡Qué hermosas flores! ¡Y deben valer mucho!

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–                       Sí. Valen. Pero la manera como las ofrecieron, vale más que las flores. Me las trajo la niña de Valeria. La amiga romana de Claudia.

–                       ¡Lo sé!  ¡Lo sé!  ¿Y para qué?

–                       Para consolarme. Saben lo que sufro y Valeria tuvo una buena idea. Pensó que las flores de una inocente podrían consolarme…

Pedro dice admirado:

–                       ¡Una romana!… ¡Y nosotros los de Israel te causamos tanto dolor!… Judas tuvo razón en sospechar. Dijo que había visto un carro esperando y que sin duda era de alguna mujer romana… Y se puso muy nervioso…

La cara de Pedro es toda una interrogación…

Jesús pregunta:

–                       ¿Dónde está Judas?

–                       Afuera. Quiero decir, en el camino cerca del bosque. Quiere enterarse quién vino a verte…

–                       Bajemos.

Judas está ya en la cocina.

Se vuelve al ver a Jesús y dice:

–                       Aunque quisieras negarlo, no podrás menos e decir que esa mujer vino a… ¡Lamentarse alguna cosa! ¿No tienen algo más que decir? No tienen otra ocupación más que espiar y luego ir a contar… Y…

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Jesús dice:

–                       No estoy obligado a responderte, pero lo haré por consideración a todos. Simón Pedro sabe quién fue. Y a todos voy a decir a qué vino. Aún las personas aparentemente más felices, pueden tener necesidad de consuelo y de consejo… Andrés, ve a recoger las flores que me trajo la niña y llévaselas al pequeño Leví.

Andrés pregunta asombrado:

–                       ¿Por qué?

–                       Porque está agonizando.

Bartolomé dice admirado:

–                       ¿Agonizando? ¡Pero si a la hora de tercia lo vi y estaba sano!

–                       Estaba sano. Dentro de poco habrá muerto.

–                       Si está tan mal, poco gozará de las flores.

–                       Las flores que manda el Maestro, dirán una palabra luminosa en ese hogar aterrorizado.

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Jesús se sienta.

Los demás hablan de la fragilidad de la vida.

Elisa se pone el manto diciendo:

–                       Yo también voy con Andrés. ¡Pobre, mujer!

Y los dos se van.

Jesús sigue callado. También Judas. Jesús está silencioso, pero no severo…

Judas lo mira una y otra vez; aguijoneado por el ansia de saber. Por la zozobra atormentadora de quién no tiene paz en la conciencia. Encuentra la solución en llamar aparte a Pedro. Se calma. Luego va a molestar a Mateo, que quieto escribe en un rincón de la mesa.

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Andrés regresa corriendo…

Y dice jadeante:

–                       Maestro. El niño en verdad está agonizando. En la casa parecen locos. Cuando Elisa entró y dijo: ¡Las manda el Señor! Yo creía que entenderían que era para el féretro. Pero sus padres, juntos dijeron: ‘¡Oh! Es verdad. Él lo curará.’

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Jesús se levanta diciendo:

–                       La palabra de la   Fe. Vamos.

Y Jesús sale aprisa, seguido por todos los demás. Cuando llega a la casa y entra dando el saludo de la paz, los padres dejan al niño agonizante y se arrojan a sus pies, implorando piedad.

El niño como de cinco años, es víctima de una peritonitis fulminante y su cuerpo ya está pesado, pues la muerte ha entrado en él.

Jesús se acerca al lecho y dice:

–                       Leví. Ven a Mí.

El pequeño parece sacudirse. Algo así, como si alguien lo hubiese llamado con voz fuerte, mientras dormía. Se sienta sin fatiga. Se restriega los ojos y mira atónito a su alrededor…

Y al ver a Jesús que lo mira sonriente, corre sin vacilar hacia Él.

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El milagro convierte la confusión anterior que estaba llena de angustia y dolor, en una fiesta de alabanza.

Los padres dicen agradecidos:

–                       ¡Lo salvaste! ¡Bendito seas para siempre! ¡Tus flores!..  Pero, ¿Cómo supiste? ¿Por qué no viniste? ¿Tenías miedo de que no te recibiéramos?

Jesús responde:

–                       No. Sabía que me recibiríais con amor. Pero entre los que están aquí, hay alguno que tenía necesidad de convencerse de que no ignoro nada de lo que pasa a los hombres.

Quise también que los demás comprendieran, que Dios responde siempre a quien lo invoca con FE. Quedaos en paz. La paz sea con vosotros.

Cuando regresan a la casa, los apóstoles suspiran.

Por fin Jesús podrá reposar…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA

25.- DESPEDIDA DEL PONTÍFICE


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En la terraza de la casa de Simón iluminada por la Luna llena, están Pedro y Juan. Hablan en voz baja y señalan hacia la casa de Lázaro, que está  del todo cerrada y silenciosa.

Hablan durante largo rato, yendo y viniendo por la terraza. Luego el coloquio se hace más animado y sus voces antes contenidas, aumentan de tono y se hacen muy claras.

Pedro, dando un puñetazo en el parapeto de la terraza exclama:

–           ¡¿Pero no comprendes que se debe hacer así?! Te hablo en nombre de Dios. Escúchame sin obstinarte. Conviene hacer como digo yo. No por cobardía y miedo, sino para impedir el exterminio total de la Iglesia. Todos nuestros pasos son seguidos, estoy convencido. Y Nicodemo me ha confirmado que estoy en lo cierto. ¿Por qué no podemos quedarnos en Betania?

Por este motivo. ¿Por qué ya no es prudente estar en esta casa o en la de Nicodemo; en la de Nique o de Anastática? Por el mismo motivo. Para impedir que la Iglesia muera, por la muerte de sus jefes.

Juan responde:

–           El Maestro nos aseguró muchas veces que ni siquiera el Infierno podrá exterminarla, vencerla y prevalecer sobre ella, nunca.

–           Es verdad. Y el Infierno no prevalecerá, como no lo venció a Él. Pero los hombres sí, como vencieron al Hombre-Dios, que venció a Satanás; pero que no pudo prevalecer sobre los hombres.

–           Porque no quiso vencer. Debía redimir y por tanto, morir. ¡Y con esa muerte!

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¡Pero si hubiera querido vencerlos!… ¡Cuántas veces logró eludir las acechanzas de toda clase que le tendieron!

–           También la Iglesia será insidiada, pero no perecerá totalmente, siempre y cuando tengamos la suficiente prudencia como para impedir el exterminio de los jefes actuales, antes de crear nosotros a muchos sacerdotes de la Iglesia, en sus distintos grados…  Crearlos y formarlos para su ministerio.

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¡No te hagas falsas ilusiones, Juan! Los fariseos, escribas y miembros del Sanedrín harán de todo para matar a los pastores, para conseguir así la dispersión del rebaño…  Del rebaño todavía débil y medroso; sobre todo, este rebaño de Palestina. No debemos dejarlo sin pastores hasta que muchos corderos no hayan pasado a su vez, a ser pastores. Ya has visto a cuántos han matado…

¡Piensa en cuánta parte de mundo nos espera! La orden fue clara: “Id y evangelizad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado”. Y a mí, en la orilla del lago, tres veces me mandó apacentar sus ovejas y corderos, y profetizó que de viejo, pero no antes; seré atado y conducido a confesar a Cristo con mi sangre y mi vida. ¡Y muy lejos de aquí!

Si comprendí bien unas palabras suyas antes de la muerte de Mannaém, yo debo ir a Roma y allí fundar la Iglesia inmortal.

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¿Y no juzgó Él mismo que era bueno retirarse a Efraím, porque todavía no se había cumplido su evangelización? Y sólo en el momento preciso volvió a Judea para ser apresado y crucificado. Imitémoslo.

No se puede decir, no cabe duda de esto, que Lázaro, María y Marta eran personas miedosas. Y, sin embargo ya ves que con todo el dolor de su corazón, se han alejado de aquí para llevar a otros lugares la Palabra divina que aquí habría quedado ahogada por los judíos.

Yo, elegido por Él Pontífice he decidido y conmigo los otros apóstoles y discípulos: nos dispersaremos.

Habrá quien irá a Samaria o hacia el gran mar, o hacia Fenicia, yendo cada vez más allá a Siria, a las islas, a Grecia, al Imperio romano.

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Si aquí en estos lugares la cizaña y el veneno judío hacen estériles los campos y las viñas del Señor, nos vamos a otros lugares y sembramos otras semillas en otros campos y viñas, para que no sólo haya recolección, sino que incluso sea abundante. Si en estos lugares el odio judío envenena las aguas y las corrompe para que ni yo pescador de almas, ni mis hermanos podamos pescar almas para el Señor, nos marchamos a otras aguas.

Hay que ser al mismo tiempo, prudentes y astutos. Créelo, Juan.

–           Tienes razón. Pero si insistía era por María. Yo no puedo, no debo dejarla. Ello nos causaría demasiado dolor a ambos.

–           Y sería una mala acción por parte mía… – le responde Juan.

–           Tú te quedas aquí. Y Ella también, porque separarla de aquí sería una cosa absurda…

–           A la que María nunca prestaría consentimiento. Me uniré a vosotros más adelante, cuando ya Ella no esté en la Tierra.

–           Sí. Te unirás a nosotros. Eres joven… Vivirás todavía mucho.

–           Y María muy poco.

–           ¿Por qué? ¿Es que está enferma? ¿O sufre? ¿O está débil?

–           ¡No! Ni el tiempo ni los sufrimientos han tenido poder sobre Ella. Siempre está joven, de aspecto y de espíritu; serena… yo diría, gozosa.

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¿Y entonces por qué dices…?

–           Porque comprendo que este nuevo florecimiento en belleza y gozo es señal de que Ella siente ya cercano que vuelve a unirse con su Hijo.

Quiero decir unión total, porque la espiritual nunca ha cesado. No descorro el velo de los misterios de Dios, pero estoy seguro de que Ella ve diariamente a su Hijo en su figura gloriosa. De ahí su beatitud. Yo creo que, contemplándolo, su espíritu se ilumina y llega a conocer todo el futuro como lo conoce Dios, incluido el suyo.

Está todavía en la Tierra, con su cuerpo, pero podría casi decir, sin temor a equivocarme, que su espíritu está casi siempre en el Cielo. Tanta es su unión con Dios, que no creo pronunciar palabras sacrílegas si digo que en Ella está Dios como cuando lo llevaba en su seno materno.

Más aún: de la misma manera que el Verbo se unió a Ella para ser Jesucristo, ahora Ella se une de tal manera a Cristo, que es un segundo Cristo que ha asumido una nueva humanidad, la del propio Jesús.

Si esto es herejía, que Dios me dé a conocer el error y que me perdone.

Ella vive en el amor. Este fuego de amor la enciende, la nutre, la ilumina y ese mismo fuego de amor nos la arrebatará, en el momento designado sin dolor para Ella, sin corrupción para su cuerpo… El dolor será sólo nuestro… mío, sobre todo…

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Ya no tendremos a la Maestra, a la Guía, a la Consoladora nuestra… Y yo estaré verdaderamente solo…

Y Juan, cuya voz ya temblaba por un contenido llanto, rompe a llorar con sollozos desgarradores como nunca tuvo, ni siquiera a los pies de la Cruz o en el Sepulcro.

También Pedro, si bien más serenamente, rompe a llorar, y, entre las lágrimas, suplica a Juan que le avise, si puede, para estar presente en el tránsito de María, o, al menos, en su sepultura.

–           Lo haré si tengo aunque lo dudo mucho, la posibilidad de hacerlo. Algo me dice en mi interior que, como sucedió con Elías (2 Reyes 2, 11; Eclesiástico 48, 9), que fue arrebatado por el torbellino celeste en el carro de fuego, así sucederá con Ella: casi antes de que me percate de su inminente tránsito, Ella estará ya con su alma en el Cielo.

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Pero, al menos el cuerpo quedará. ¡Quedó incluso el del Maestro y era Dios!

–           Para Él era necesario que así sucediera, para Ella no. Él debía con la resurrección desmentir las calumnias judías. Con sus apariciones, convencer al mundo que dudaba o incluso negaba, por causa de su muerte de cruz. Pero Ella no tiene necesidad de ello. Pero si puedo te avisaré. Adiós Pedro, Pontífice y hermano mío en Cristo. Vuelvo con Ella que me está esperando.  Dios esté contigo.

–           Y contigo. Y di a María que ore por mí y que me perdone una vez más por mi cobardía durante la noche del Proceso…  Recuerdo que no logro borrar de mi corazón, cosa que no me deja tranquilo… – Y las lágrimas ruedan por las mejillas del Pontífice cristiano….

Pedro finaliza diciendo:

–           Sea Madre para mí. Madre de amor para su desdichado hijo pródigo…

–           No es necesario que se lo diga. Te quiere más que una madre según la carne. Te am como Madre de Dios y cómo solo Ella puede amar. Si estaba dispuesta a perdonar a Judas, cuya culpa no tenía medida…  ¡Imagínate si no te ha perdonado a ti! La paz esté contigo, hermano. Yo me marcho.

–           Y yo te sigo, si me lo concedes. Quiero verla todavía otra vez.

–           Ven. Sé el camino que hay que tomar para entrar en el Getsemaní sin ser vistos.

Se ponen en marcha y andan a buen paso y en silencio, hacia Jerusalén. Pero pasan por el camino alto, que llega hasta el Monte de los Olivos por la parte que está más lejos de la ciudad.

Llegan al rayar del alba.

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Entran en el Getsemaní. Van cuesta abajo hacia la casa.

María que está en la terraza, los ve llegar y emitiendo un grito de alegría, baja a su encuentro.

Pedro se arroja a sus pies, postrado diciéndole:

–           ¡Madre, perdón!

María pregunta sorprendida:

–           ¡¿De qué?! ¿Es que has pecado en algo? El que me revela todas las verdades, no me ha revelado sino que tú eres su digno sucesor en la Fe. Como hombre siempre te he visto justo, aunque algunas veces impulsivo. ¿Qué te debo perdonar, pues?

Pedro llora y calla.

Juan explica:

–           Pedro no logra apaciguarse por lo de haber renegado de Jesús en el patio del Templo.

–           Eso es cosa pasada y borrada, Pedro. ¿Acaso te reprendió Jesús?

–           ¡No, no!

–           ¿Mostró quererte menos que antes?

–           No. La verdad… no. ¡Al contrario!…

–           ¿Y eso no te dice que Él y yo con Él, te hemos comprendido y perdonado?

–           Es verdad. Sigo siendo el mismo necio.

–           Pues ve y permanece en paz. Yo te digo que nos encontraremos todos, yo, tú, los otros apóstoles y diáconos, todos en el Cielo junto al Hombre-Dios.

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Por lo que de mi poder depende, te bendigo….

Y como hizo con Gamaliel, María pone sus manos en la cabeza de Pedro trazando una señal de la cruz.

Pedro se inclina para besarle los pies. Luego se levanta mucho más sereno que antes y acompañado ahora por Juan, regresa al cancel superior, lo cruza y se marcha.

Mientras Juan después de cerrar bien esa entrada, regresa donde María. La Luz del amanecer desplaza la oscuridad…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

15.- CIENCIA DE LA MUERTE I


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En el Cenáculo hay unos grandes salones anexos al triclinium principal, que es donde se celebra la Eucaristía y en uno de ellos, están reunidas más de trescientas personas que han sido convocadas por el trabajo apostólico de todos los discípulos de Jesucristo.

Son personas de todas las edades, estratos sociales y razas. De hecho, son personas que sólo podrían accesar al Patio de los Gentiles, en el Templo de Jerusalén.

Mannaém, ungido por el Espíritu Santo y ordenado por Pedro de acuerdo a los carismas recibidos, es el maestro elegido por Dios para instruir a los nuevos catecúmenos cristianos.

Muy poco queda del antiguo y regio hermano de Herodes. Ahora es un maestro cristiano, humilde, amoroso y sencillo; al que escuchan con mucha atención los nuevos catecúmenos cristianos, que anhelan recibir las enseñanzas de su nueva religión.

Mannaém ungido por el Espíritu Santo, habla con poder y convicción:

El Misterio de la Muerte.

JINETE DE LA MUERTE

JINETE DE LA MUERTE

Dios creó todo, pero la Muerte, no es obra suya. Dios no creó la Muerte. Ha sido generada por los esponsales humanos con Satanás. Adán la generó, antes de generar a su hijo, cuando débil ante la debilidad de la Mujer pecó seducido por ella, bajo el silbido de la Serpiente y las lágrimas de los ángeles.

Pero la pequeña muerte no es un gran mal, cuando con ella cae como una hoja que ha terminado su ciclo, la carne. Al contrario, es un bien porque nos regresa a nuestro Origen, en donde un Padre nos Espera…

Y así como no ha hecho la muerte de la carne, Dios tampoco ha hecho la muerte del espíritu. Al contrario, él mandó al Resucitador Eterno, a su Hijo Jesucristo a darnos la Vida, a los que estábamos muertos. El milagro de Lázaro, del joven de Naím y de la hija de Jairo, fueron milagros de la pequeña muerte. De Magdalena, Zaqueo, Dimas, etc. Todos muertos en el espíritu, Jesús hizo vivos en el Señor.

La muerte da gloria a Dios, cuando es aceptada y sufrida con santidad. La muerte es una voluntad de Dios que se cumple. También aunque el ejecutor de ella, sea un hombre feroz que se ha vuelto árbitro de los destinos de los demás. Y por su adhesión a Satanás, se convierte en instrumento para atormentar a sus iguales, asesinando a los mismos y siendo maldito por Dios.

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La muerte es siempre la extrema obediencia a Dios, que amenazó con la muerte al hombre por su pecado. La muerte del cuerpo, es liberación del espíritu.

Nuestra vida en la Tierra no es más que una gestación para nacer a la Luz, a la Vida. Muchos miran con horror la fosa sepulcro oscuro, donde el cuerpo que se ama con idolatría, vuelve a la verdad de su origen: Lodo.

Fango del cual se suelta una flama, una luz: el alma.

Qué es lo que hace valioso al cuerpo con el espíritu, que es manifestación de Dios y ante el cual la carne es una nada despreciable.

El hombre cuida mucho de los derechos de la carne que es perecedera y mortal. Y que solo cuando es tenida como esclava del espíritu y no dueña del espíritu, puede convertirse a su debido tiempo en regia habitante del Reino de los Cielos.

La pequeña muerte es la que nos saca de la tierra y libera nuestro espíritu de la carne. La gran Muerte es la que mata lo inmortal: el espíritu. De la primera se resucita. De la segunda no se resucita en la eternidad. Se estará para siempre separado de la Vida, porque Dios es nuestra vida.

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Los animales obedeciendo la orden de los instintos saben regularse en la comida, en los connubios, en el escogerse las madrigueras. Y el hombre con sus continuas desobediencias en el orden natural y sobrenatural, muchas veces se da la primera y la segunda muerte; con abusos en sus placeres y en sus vicios, matando también su carne; al manejarlos como si fueran armas esgrimidas en un loco frenesí de autodestrucción, matando su alma.

Buscan la muerte con los errores de la vida. Y la perdición con las obras de sus manos.

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Siempre es justa la hora de la muerte, porque es dada por Dios. Él es el Dueño de la vida y de la muerte. Y si no son de Él ciertos medios de muerte usados por el hombre por instigación demoníaca; son siempre de Él, las sentencias de muerte dadas por Él, para quitar a un alma de un tormento terreno demasiado atroz o para impedir mayores culpas a aquella alma.

La muerte es siempre un calvario, grande o pequeño, pero siempre calvario. Aunque las apariencias indiquen lo contrario. Porque es proporcionada por Dios, a las fuerzas de cada uno de sus hijos.

Fuerzas que Dios aumenta a medida que la muerte que ha destinado para su creatura, es cumplida santamente.

Cuando la hora de la reunión con Dios está más próxima, es más necesario aumentar la Fe, porque en la hora de la muerte Satanás nunca se cansa de perturbar con sus trampas: Es astuto, feroz, lisonjero y con sonrisas, con cantos, con engaños, aparentes caricias de sus garras, tratando de hipnotizar con silbidos repentinos con los que siempre ha buscado doblegarnos; aumenta sus operaciones para arrancarnos del Cielo.

Y es precisamente en esta hora cuando debemos abrazarnos de la Cruz, para que las olas del último huracán satánico no nos sumerjan.

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Después viene la Paz Eterna. Hay que tener ánimo.

La Cruz es la fuerza en la hora de la muerte.

El justo no le teme a la muerte, porque sabe que al obrar el bien tiene la sonrisa de Dios.

Para los impíos la muerte es pavorosa. Tienen miedo. Y más miedo todavía cuando sienten que no han actuado bien o lo han hecho mal del todo.

La boca mentirosa del hombre trata de engañarse a sí mismo, para consolarse y engañar a los demás. ‘Yo he actuado bien’ Pero la conciencia, que está como un espejo de dos caras bajo su rostro y el Rostro de Dios; acusa al hombre de no haber obrado bien y de no obrar para nada bien como lo proclama.

Y es entonces cuando un gran miedo los molesta: el miedo del Juicio de Aquel que todo lo conoce. Y aquí la gran pregunta: ¿Por qué si se le teme tanto como a Juez, no evitan el tenerlo como tal?

¿Por qué lo rechazan como salvador y no lo aceptan como Padre? ¿Por qué si lo temen, no actúan obedeciendo sus mandatos y no lo saben escuchar con voz de Padre que guía, hora por hora con mano de amor?

Si al menos lo obedecieran cuando habla con voz de Rey. Sería obediencia menos premiada, porque es menos dulce a su corazón. ¡Pero sería obediencia!

Entonces, ¿Por qué no lo hacen y sin embargo le tienen pavor a la muerte?

La muerte no se evita y son felices los que llegan a ella vestidos de amor, al encuentro de Aquel que los espera.

Temen a la muerte aquellos que no conocen el amor y que no tienen la conciencia tranquila. Éstos, cuando por enfermedad, por edad o por cualquier otro motivo, se sienten amenazados por la muerte; se asustan, se afligen o se rebelan.

Intentan por todos los medios y con todas sus fuerzas, escapar de ella.

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Inútilmente, porque cuando la hora ha sido señalada, ninguna cautela vale para desviar la muerte.

La muerte de los inocentes que mueren sin rencor, es bella como un martirio. Y como no tienen la mancha del odio, también son víctimas que Dios toma como hostias. Son las flores de hoy, cortadas por el Enemigo de Dios que busca destruir a sus hijos. Y por el Odio desencadenado con todas sus fuerzas en el fragor del Infierno de la violencia en su máximo esplendor.

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No solamente la muerte del pecador es horrible, sino también su vida. No hay que ilusionarse sobre su aspecto exterior, es un maquillaje. Un barniz para cubrir la verdad. Porque una hora; solamente una hora de la paz del justo, es incalculablemente más rica en felicidad, que ni la más larga vida de pecado.

Las apariencias indican lo contrario. Y así como a los ojos del mundo no aparecen la riqueza y la alegría de los santos; así también se esconde el abismo de inquietud y de insatisfacción que hay en el corazón del injusto. Y del que como cráter de un volcán en erupción vomita vapores acres, corrosivos y venenosos; que intoxican  a los desventurados, cada vez más.

Tratan de sofocar la inquietud buscando darse todas las satisfacciones que apetecen en su ánimo extraviado y por lo mismo satisfacciones de maldad, porque están fermentados en ella.

Los pecadores obstinados e impenitentes, llegan a la perfección del mal y su muerte es un horror que los hace estallar en la otra vida, porque los sumerge en un horror mucho más grande.

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LA GRAN MUERTE.

El alma tiene derecho a la Vida Verdadera.

El alma muere cuando se la mantiene separada de Dios. Hay que nutrirla lo más posible con la Palabra de Dios. Y solo así saturados de Él, todos los días tendremos vitalidad espiritual, para vencer todas las asechanzas y todas las tentaciones.

La muerte del espíritu se puede constatar a la medida que se pierde la noción del Bien y del Mal.

El alma que se ha sumergido en la impenitencia final, es incapaz de sentir ni siquiera remordimientos y se vuelve insensible al daño causado al prójimo. La falta de remordimiento es la señal de su decadencia espiritual.

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El espíritu está muerto cuando no se tiene la gracia vivificante del Espíritu Santo. Un espíritu muerto, comunica su muerte al alma y de la misma manera que un espíritu vivo, trasmite su vida al alma. Como la sangre trasmite la vida al cuerpo, así el espíritu proporciona la vida al alma. ¡Hay que vivir! Sólo entonces la muerte no será un fin, sino un principio. Un principio de alegría sin medida.

El espíritu es el señor de nuestro ser y cuando está muerto es un esclavo. Y ésta será la culpa de la que responderemos. El hecho de que el hombre lo atropelle y lo mate, no le cambia su característica de señor de nuestro ser. El que deja que el Enemigo mate su espíritu se convierte en cómplice del delito de Deicidio. Porque a los ojos de Dios, el espíritu es la parte selecta que Él Mismo dio al hombre y permite a Dios convertirnos en Templos Vivos e hijos suyos. El espíritu es el que volverá a animar la carne, en la hora del Último Juicio. Resurrección gloriosa del espíritu vivo o tremenda realidad, para merecer la Segunda Muerte.

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Dios no quiere moradas hechas por mano de hombre. Él quiere los templos que Él hizo con sus propias Manos. Templos de sangre y de alma. Templos que la Sangre de Jesús ha revestido de Púrpura Inmortal, Purificando sus preciosos altares. Esto es lo que Él quiere para reconciliarse con el hombre.

Las tentaciones son inevitables, pero ellas por sí solas no hacen daño. Son malas cuando cedemos a ellas. Nunca serán más fuertes que nosotros, porque el Padre siempre da fuerzas superiores a quién quiere permanecer en el Bién.

El Mal está, cuando deseamos ceder al mal y es entonces cuando nosotros mismos saboteamos las fuerzas de Dios con una voluntad perversa, al abandonarnos al beso de la Tentación. Cuando procedemos así, sometemos al alma a un trance de muerte y de un alma enferma o moribunda, salen aquellos sentimientos que causan asombro.

Y no debería. En un cuerpo corrupto están los hedores de la muerte y en las almas corruptas, están las manifestaciones de Pecado.

Por eso hay que ser cristianos verdaderos y no de nombre o de palabra.

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El signo de la Cruz debe ser grabado en las fibras vivas de nuestro corazón, no sobre frontones vacíos. Hay que abrir el corazón al Amor. Para el cristiano, la muerte ha sido destruida con la Muerte de Jesús.

Nuestras culpas han sido anuladas con su Sangre. En anticipo Él nos ha rescatado. Y el espíritu que es impulsado por el Espíritu Santo, debe dar obediencia y agradecimiento a Dios por los dones del Espíritu Santo que auxilian al espíritu vivo en el que Él habita y nos convierte en verdaderos hijos de Dios. Y por eso hay que imitar en todo a Cristo.

¿Hay sufrimiento? Hay que reflexionar en quién nos hace sufrir. Veremos que es el hombre. Siempre está el nombre de un hombre detrás de la causa de nuestro sufrimiento y solo Dios puede aliviarlo.

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¿Nos sentimos débiles en el espíritu y mortificados por nuestras caídas? Examinémonos bien ¿Somos nosotros los que pusimos los medios y no huimos de nuestros tentadores? En nuestra alma la culpa ha sido lavada por el Bautismo, pero han quedado los fomes. Por eso debemos rechazar totalmente las tentaciones y buscar siempre la semejanza y la perfección, tal como lo ordenó el mandato de Jesús.

Quién espontánea y premeditadamente mata su alma, termina casi siempre por matar también su cuerpo. Violento contra su alma, se vuelve violento contra su carne. Y la mata con sus vicios y termina suicidándose como Judas.

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Quién sin premeditación mata su alma con el pecado mortal, pero poseyendo voluntad de vida, arrepentido busca regeneración y confía en la Misericordia, no solo devolverá la vida a su espíritu, sino por la humillación de la caída, disminuirá en soberbia y crecerá en su amor por Dios.

LA CONVERSIÓN ES LA RESURRECCIÓN DEL ESPÍRITU

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

1.- APÓSTOLES DE LOS ULTIMOS TIEMPOS


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Los apóstoles están reunidos en el Cenáculo, alrededor de la mesa donde se celebró la Pascua. Están sentados alrededor de Jesús igual que la noche del Jueves, cuando instituyó la Eucaristía. La única diferencia es que ahora es Tomás el que está sentado enseguida de Juan.

Jesús dice:

–           Comed amigos.

Pero nadie tiene hambre. Rebosan de alegría… La alegría de contemplarlo…

Jesús distribuye los quesos, la miel y los alimentos ofreciendo, dando gracias y bendiciendo; como lo ha hecho siempre. Echa vino en las copas y lo da a sus amigos. Y cena con ellos, comiendo y bebiendo parcamente, como es su costumbre…

Juan, como lo hace siempre; apoya su cabeza sobre la espalda de Jesús.

El Maestro lo atrae sobre su pecho y en esta posición, empieza a hablar:

–           Vosotros habéis estado conmigo en mis pruebas… Y lo estaréis también en mi gloria. No bajéis la cabeza. La noche del Domingo, cuando me aparecí a vosotros por vez primera después de mi Resurrección, os he infundido el Espíritu santo… –Mirando a Tomás, agrega- Que también sobre ti que no estabas presente, descienda…

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Y mirándolos a todos continúa:

–           ¿No sabéis que la infusión del Espíritu Santo es como un bautismo de fuego, porque el Espíritu es Amor y el amor borra las culpas? El pecado que cometisteis cuando me abandonasteis, os está perdonado.

Y al decir esto, Jesús besa la cabeza de Juan que no lo abandonó.

Juan llora de alegría.

Jesús prosigue:

–           Os he dado el poder para perdonar los pecados; pero no se puede dar lo que no se tiene. Debéis convenceros de que este poder lo tengo completo y lo empleo en favor vuestro, que debéis estar limpios en tal forma; que podáis limpiar a quién sucio del pecado, venga a vosotros… Amigos, pensad en vuestra dignidad de sacerdotes.

penitencia

Yo estuve entre los hombres para juzgar y perdonar. Ahora regreso donde el Padre. Regreso a mi Reino. La facultad de juzgar la tengo en mis manos, pues el Padre me la ha conferido. Todos los hombres, cuando hayan abandonado su cuerpo mortal vendrán a Mí y Yo los juzgaré por primera vez en su juicio particular… Después, habrá el Juicio Universal y la raza humana retomará su vestido de carne, para separarse en dos partes: Los corderos con su Pastor y los machos cabríos, con el que los atormentará eternamente…

Pero, ¿Cuántos hombres habría con su Pastor si después del Bautismo no haya quién los perdonase en mi Nombre? Por esto he creado sacerdotes: para salvar a los que salvé por mi Sangre, que es salvadora. Los hombres siguen cayendo en la muerte, una y otra vez y es necesario que con vuestra potestad, los lavéis siempre en mi Sangre, setenta veces siete; para que no sean presa de la muerte. Vosotros y vuestros sucesores lo haréis, por esto os absuelvo de todos vuestros pecados… El vuestro es un gran ministerio: juzgar y absolver en mi Nombre.

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Cuando consagraréis para vosotros el pan y el vino y hagáis que se conviertan en mi Cuerpo y en mi Sangre, realizaréis una cosa sublime y sobrenatural. Para realizarla dignamente debéis ser puros; porque tocaréis a Aquel que es  la Pureza y os alimentaréis de la Carne de un Dios.

Puros de corazón, de inteligencia, de cuerpo y de lengua debéis ser. Porque con el corazón amaréis la Eucaristía y no deben mezclarse con este amor celestial, amores profanos que sería un sacrilegio.

Puros de mente, porque debéis creer y comprender este Misterio de Amor y la impureza de pensamiento, mata la Fe y la inteligencia. Puros de cuerpo, porque a vuestro pecho bajará el Verbo, así como descendió al seno de María por obra del Amor. Tenéis ante vosotros el ejemplo vivo de como debe ser el pecho que acoge al Verbo que se hace carne. El ejemplo es la Mujer sin la culpa de origen y sin culpa personal…

sacramento

¡Oh, amados míos! Amigos que mando sobre los caminos del mundo, para continuar la obra que he empezado y que continuará mientras permanezcan los siglos… Recordad estas palabras mías. Os las digo para que las repitáis a los que consagraréis al ministerio, para el que os he consagrado.

Veo… Miro en los siglos. El tiempo y las multitudes infinitas de hombres que están ante Mí… Veo calamidades, guerras, paces mentirosas y hecatombes humanas. Odio, robos, sensualidad y orgullo. De vez en cuando un oasis: un período en que se vuelve a la cruz. Como un obelisco que señala una senda entre la seca arena del desierto.

Mi Cruz será levantada con amor, después que el veneno del Mal haya inyectado a los hombres con su rabia… Veo a hombres, mujeres, ancianos, niños, guerreros, estudiosos, doctores, campesinos… Todos vienen y pasan con su fardo de esperanzas y dolores. Veo que muchos vacilan, porque el dolor es demasiado y la esperanza ha sido la primera en caer hecha pedazos, al dar contra el suelo… Al sentirse pisoteados y abandonados… Al sentirse morir, porque la caridad se ha enfriado y es demasiada la maldad, llegan a odiar y maldecir…

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Pobres hijos! Entre todos éstos heridos por la vida y que caen abrumados por la desolación más dolorosa;  mi amor esparcirá intencionalmente samaritanos piadosos, que serán cómo faros en la noche, para que los débiles encuentren ayuda y consuelo. Mis profetas benditos cuya luz hará que se vuelva a oir la Voz que dice: ‘Espera. No estás solo. Sobre ti está Dios. Contigo está Jesús que está Vivo y Resucitado…’

ENOCH

ENOCH

¡Mis Apóstoles de los Últimos Tiempos!…

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¡Mis profetas benditos que serán lapidados por la Jerarquía de la Iglesia, que con el Racionalismo habrá perdido la Fe!

Conchiglia de la Santísima Trinidad

Conchiglia de la Santísima Trinidad

Pero que aunque sean tratados como Jerusalén trató a sus antecesores y a Mí, serán antorchas ardientes de amor, de fuego y de luz…

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

Continuadores vuestros que serán caridades activas, para que mis pobres hijos no mueran en sus almas y continúen creyendo en Mí que soy Caridad, al ver en mis ministros mi reflejo.

Pero, ¡Oh Dolor que hace que vuelva a sangrar la herida de mi Corazón, cómo cuando fue abierto en el Gólgotha! ¿Qué están viendo mis ojos divinos?…  ¿No hay acaso sacerdotes entre las multitudes infinitas y mi divina invitación ya no resuena en los corazones? ¿Ya no es capaz el corazón humano de oírla?

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En el correr de los siglos habrá seminarios y en ellos levitas. De ellos saldrán sacerdotes, porque en su adolescencia mi invitación se hará oir con una voz celestial, en muchos corazones y ellos la seguirán. Pero con la juventud y la maduréz, oirán otras voces… Y la mía no se escuchará más.

Mi Voz que habla a través de los siglos a sus ministros, para que sean lo que vosotros sois ahora: Los apóstoles en la escuela de Jesús. El vestido lo siguen teniendo… Pero el sacerdote, ha muerto…

Durante el correr de los siglos, a muchos sucederá esto: Sombras inútiles y borrosas no serán fermento de masa; cuerda que jale; fuente que quite la sed; trigo que sacie el hambre; corazón que sepa compadecer; luz en las tinieblas; voz que repita lo que el Maestro le ordena… Sino que serán para la pobre raza humana un peso de escándalo, parásitos, putrefacción igual a los sepulcros blanqueados del Templo que Dios ha abandonado…

¡Horror! ¡En el futuro los más grandes Judas, los tendré entre mis sacerdotes!…

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A Jesús se le ha demudado el semblante, demostrando que aun siendo Verdadero Dios, continúa siendo Verdadero Hombre… Sus bellísimos ojos color zafiro, se inundan de lágrimas que bañan sus pálidas mejillas…

Los apóstoles lo miran pasmados y no saben que decir. Su corazón se angustia y no pueden consolarlo.

Jesús explica:

–           Amigos… Estoy en la Gloria y sin embargo lloro. Tengo compasión de estas multitudes infinitas… Greyes sin pastores… O con demasiado pocos. Siento una piedad infinita. Pues bien: Lo juro por mi Divinidad que les daré pan, agua, luz, voces, que los elegidos a esta Obra no quieren hacer. Repetiré en el correr de los siglos el milagro de los panes y los peces. Con unas pocas almas humildes y laicas, daré de comer a muchos y se saciarán.

LUZ DE MARIA

LUZ DE MARIA

Y habrá para todos, porque tengo compasión de este pueblo y no quiero que perezca.

                        Benditos los que merecerán ser tales; porque lo habrán merecido con su amor y su sacrificio.

PADRE WILSON SALAZAR

PADRE WILSON SALAZAR

Y tres veces benditos los sacerdotes que permanecerán apóstoles: pan, agua, luz, voz, descanso y medicina de mis pobres hijos. Resplandecerán en el Cielo con una luz muy especial. Os lo juro Yo, que soy la Verdad.

PADRE KELLY

PADRE KELLY

Levantémonos amigos y venid conmigo para que os enseñe una vez más, cómo orar. La Oración es la que alimenta las fuerzas del apóstol, porque lo une con Dios.

Jesús se pone de pie y se dirige a la escalerilla que está a la puerta del Cenáculo…

Los apóstoles se ponen sus mantos y preguntan perplejos:

–        ¿A dónde vamos Señor?

Pero cuando llegan al corredor que hace de vestíbulo, Jesús ha desaparecido…

La casa está silenciosa y desierta y todas las puertas están cerradas.

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Salen hacia la calle. La mayoría de los habitantes de Jerusalén están reunidos en sus casas para la cena y la ciudad muestra sus calles vacías. Todos los forasteros se han ido, aterrorizados con los terremotos… Unos con el del Viernes y los valientes que se quedaron, con el del amanecer del Domingo.

La tarde está cayendo y pronto anochecerá. Se alejan mientras comentan…

Andrés dice:

–        Estoy pensando en los enfermos. ¿Recuerdan a la mujer de ayer, que estaba desesperada?

Todos se miran mutuamente y dicen:

–        Si… Ninguno de nosotros se sintió capáz de imponerle las manos.

Tomás dice a Juan:

–        Tú podías haberlo hecho. Tú no huiste ni lo negaste. Y tampoco has sido incrédulo…

Juan inclina la rubia cabeza y confiesa:

–        También yo pequé contra el amor, igual que ustedes. Cerca del arco de la casa de Josué, aprisioné por el cuello a Elquías y estuve a punto de estrangularlo, porque ofendió a la Virgen. Y también… He odiado y maldecido a Judas de Keriot…

Pedro contesta aterrorizado:

–        ¡Cállate! No pronuncies ese nombre. Es de un demonio y me parece que lo estuviéramos invocando… Que no estuviera en el Infierno y que ande entre nosotros, para hacernos pecar otra vez.

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Andrés dice:

–        ¡Oh! Con todo lo que ha pasado, él está refundido en los Infiernos… Pero aunque estuviese aquí, su poder ya se acabó. Tuvo todo para haber podido ser un ángel y eligió ser un demonio. Y Jesús ha vencido a Satanás.

–        Así será… Pero es mejor no nombrarlo. Tengo miedo. Ahora comprendo cuán débil soy. Pero tú Juan, no te sientas culpable. Todos los hombres maldecirán al que entregó al Maestro… –Y Pedro se estremece.

Tadeo que jamás pudo aceptar a Iscariote, exclama:

–        ¡Y con mucha razón!

Juan dice:

–        No. María ha dicho que le basta el juicio de Dios y que debemos fomentar un solo sentimiento: el de agradecimiento de no haber sido nosotros los traidores. Y si Ella no maldice… Ella, la Madre que vio los tormentos de su Hijo, ¿Debemos hacerlo nosotros? Mejor olvidémoslo…

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Santiago su hermano contesta:

–        ¡Seríamos unos tontos!

–        Y sin embargo es la palabra del Maestro, por los pecados de Judas… –Juan dice esto, se calla y suspira…

Varios le dicen al mismo tiempo:

–        ¿Qué cosa?

–        ¿Hay otros?

–        Tú sabes…

–        ¡Habla!…

Juan dice:

–        He prometido olvidar y me esfuerzo en hacerlo. Respecto a Elquías, lo que hice no estuvo bien… Pero aquel día cada uno de nosotros tenía su ángel y su demonio… Y no siempre escuché al ángel de la luz…

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Zelote informa:

–        ¿Sabéis que Nahúm está paralítico y que su hijo Annás fue aplastado por una pared de su palacio, que se derrumbó con el terremoto y el deslave del monte? Lo encontraron porque ya apestaba… Nahúm estaba con otros de su calaña y fue golpeado con una piedra que se desprendió y le pegó en el cuello. Sólo tiene una mano sana y con ella agarró por la garganta a Caifás, cuando fue a visitarlo y le gritaba: ‘¡Por tu culpa! ¡Por tu culpa!’  Tampoco comprende nada y parece una bestia… Babea, aulla y se la pasa maldiciendo. Si no hubieran acudido los siervos, quién sabe que hubiera sido del Pontífice…

Los demás lo miran asombrados y preguntan:

–        ¿Y tú cómo lo supiste, Simón?

Zelote responde lacónico:

–        Ayer vi a José de Arimatea.

Han llegado al puentecillo del Hebrón? y se detienen…

Pensativos, miran el suelo y las casas.

Andrés palidece y señala una casa que en lo blanco de la pared, tiene una gran mancha rojiza…

El apóstol más tímido, exclama:

–           ¡Es sangre! Sangre del Maestro tal vez… ¿Había empezado aquí a perder sangre? ¡Oh! Por favor decídmelo…

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Santiago de Alfeo responde desconsolado:

–           Y ¿Qué quieres que te digamos, si ninguno de nosotros lo siguió?

Santiago de Zebedeo responde:

–           No inmediatamente. Mi hermano Juan me ha dicho que lo siguieron desde  la casa de Malaquías… Aquí no estuvo ninguno de nosotros…

Todos miran la mancha como si estuvieran hipnotizados.

Tomás observa:

–           Ni siquiera la lluvia la ha lavado. Tampoco el granizo que cayó tan fuerte en estos días, la ha arrancado… Si estuviese seguro de que es sangre suya, la quitaría de allí…

Mateo propone:

–           Preguntémosle a los de la casa… Tal vez ellos sepan.

–           No. Nos podrían reconocer por sus apóstoles. Pueden ser enemigos del Mesías y…

Santiago de Alfeo da un gran suspiro y dice:

–           Nosotros todavía somos unos cobardes…

Todos estan mirando fijamente, la pared que los acusa…

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Y pasa una mujer que viene de la fuente con sus cántaros…

Los mira atentamente y les grita:

–           ¿Estáis viendo esa mancha sobre la pared? ¿Sois discipulos del Maestro? Me parece que lo sois… porque el miedo se dibuja en vuestras caras. Aunque no os vi detrás del Señor cuando pasó por aquí… Cuando lo llevaban a la muerte… Lo que me hace pensar que un discípulo que sigue al Maestro cuando todo va bien y que se gloría de ello… Que está dispuesto a dejar todo por seguir al Maestro… Debe también seguirlo cuando le va mal… Yo no os ví…  ¡NO!…

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Y si no os vi, señal es de que yo; una mujer de Sidón… Fui detrás de Aquel a Quien sus discípulos no siguieron… Él me hizo un gran favor… Vosotros… ¿Vosotros no recibisteis nada de Él? Me extraña. Porque hacía el bien a gentiles y samaritanos. A pecadores y aún a ladrones, al darles la Vida Eterna. ¿No os amaba acaso?…

Entonces es señal de que sois peores que los escorpiones y que las hienas apestosas; aún cuando creo verdaderamente que Él fue capáz de amar a las víboras y a los chacales, no por lo que son sino porque su Padre los creó…

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Lo que estáis viendo es sangre. Sangre de una mujer de la costa del gran mar. Una vez fueron tierras filisteas, cuyos habitantes son despreciados todavía por los hebreos… Y con todo, ella supo defender al Maestro, hasta que el marido la mató… Arrojándola con tanta fuerza, después de haberla golpeado, que hasta le abrió la cabeza… Se le salieron los sesos y quedó estampada con su sangre, sobre la pared de su casa donde ahora lloran sus hijos huérfanos… Pero había recibido un beneficio del Maestro… Le había sanado a su marido que moría de una enfermedad inmunda.

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Sí… La mató el mismo marido que recibió el milagro del Maestro. Por este beneficio, amaba al Mesías. Y lo amó hasta morir por su causa…Cuando lo vió pasar torturado, cuando lo llevaban a la casa de Caifás. Lo precedió en el seno de Abraham…

También otra mujer que era madre, lavó el camino con la sangre de su vientre, que su perverso hijo le abrió por defender al Maestro. Y allá… –señala otra casa distante unos cincuenta metros- Una anciana murió de dolor cuando lo vió pasar herido a Él, que le había devuelto la vista a su hijo.

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También un anciano mendigo que salió en su defensa, murió porque recibió en su cabeza, la pedrada que estaba destinada a la cabeza herida de vuestro Señor.

Porque así lo considerabais, ¿No es verdad? Los valientes de un rey, mueren a su alrededor; pero ninguno de vosotros murió por Él. Estabais lejos de los que lo golpeaban…

¡AH! ¡Uno murió! Pero no de dolor, ni por haber defendido al Maestro. Primero lo vendió, luego lo señaló con un beso y finalmente se suicidó. Ya no le quedaba otra cosa que hacer para aumentar su iniquidad. Estaba completa como la de Belzebú. El mundo lo habría lapidado, para que la tierra se viese libre de él. Él lo sabía, Dios permitió su último crimen contra sí mismo, para que el mundo NO se manchase las manos con su sangre. Quiso que no hubiera verdugos que vengasen al Inocente…

Conforme habla, los ha estado mirando con un desprecio que va en aumento, Sus grandes ojos negros tienen la mirada como afilados cuchillos de obsidiana, con una dureza implacable, que deja al grupo congelado e incapaz de reaccionar.

Entre dientes, gruñe y escupe la última palabra:

–           ¡Bastardos!

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Recoge sus cántaros y se va. Satisfecha de haber vomitado su desprecio contra los discípulos que abandonaron al Maestro…

Los apóstoles se quedan aniquilados. Con la cabeza agachada, los brazos caídos y sin fuerza… La verdad los aplasta. Meditan sobre la consecuencia de su cobardía. No articulan palabra. No se atreven a mirarse.

Ni siquiera Juan y Zelote, que fueron los únicos que no fueron cobardes y que comparten el dolor que sienten, al verse impotentes para curar la herida producida por las palabras de la airada mujer, en el corazón de sus compañeros.

La oscuridad los rodea. Una luna menguante ilumina apenas la noche y el silencio, es absoluto. Solo se escucha el murmullo del cercano Cedrón fluyendo con sus aguas cantarinas. Todos se sobresaltan cuando de repente…

Se escucha la dulce voz de Jesús que pregunta:

–           ¿Qué estáis haciendo aquí? Os estaba esperando a la entrada del Huerto de los Olivos…

Nadie contesta.

Jesús añade:

–           ¿Por qué estáis mirando cosas muertas, cuando os espera la Vida?

Jesús, que ha venido del Getsemaní en su busca se detiene a su lado y mira la mancha que mantiene como hipnotizados a los apóstoles y dice:

–           Esa mujer ya está en paz. Ha olvidado el dolor. ¿Qué no piensa en sus hijos? No. Lo hace mucho mejor. Los santificará, porque no pide otra cosa a Dios.

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Jesús empieza a caminar y los apóstoles lo siguen en silencio. Después de caminar algunos metros, Jesús se vuelve y pregunta:

–           ¿Por qué decís dentro de vuestros corazones: “¿Por qué no pide que se convierta su marido? No es santa si lo odia…”  Yo os digo que no lo odia. Lo perdonó cuando la mataba. Alma que entra en el Reino de la Luz, ve con sabiduría y justicia. Y ella ve que su marido, ni se convertirá, ni será perdonado. Rechazará la salvación y Dios respetará su decisión. Vuelve ahora su plegaria en favor de quién puede conseguir el bien. Esa no es mi Sangre. Y sin embargo perdí mucha por este camino. Las pisadas de mis enemigos la han borrado, al mezclarse con el polvo y la suciedad. La lluvia la ha hecho desaparecer, pero hay algo que todavía puede verse… Porque manó tanto, que ni los pasos ni el agua la han borrado del todo. Caminaremos juntos y veréis mi Sangre derramada por vosotros…

Los apóstoles se preguntan mentalmente a sí mismos:

–           ¿A dónde?

–           ¿A dónde quiere ir?

–           ¿Al lugar donde oró?

–           ¿Al Pretorio?

–           ¿Al lugar donde la hierba está bañada con su Sangre?

Los apóstoles no han dicho una palabra…

Jesús que camina adelante como siempre, se voltea y dice:

–           Al Gólgota. Hay tanta, que el polvo se ha endurecido como si fuesen piedras. Y hay quienes ya se les han adelantado…

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Bartolomé exclama alarmado:

–           ¡Es un lugar inmundo!

Jesús lo mira con una sonrisa compasiva y responde:

–           Cualquier lugar de Jerusalén después del horrible pecado, es ahora inmundo. Y sin embargo no os preocupáis de otra cosa, fuera del miedo que sentís por la gente…

–           Es que ahí siempre han muerto ladrones…

Jesús puntualiza:

–           He muerto Yo. Y para siempre lo he santificado En verdad te digo que hasta el fín de los siglos, no habrá lugar más Santo que ese… Y que a él vendrán de toda la tierra a besar su polvo. Y hay alguien que os ha precedido, sin temer las burlas y las amenazas. Sin temer a contaminarse. Y quién os precedió, tenía doble motivo para temer.

Pedro le pega levemente con el codo en las costillas a Juan… Y la reconocida señal es interpretada…

Juan pregunta:

–           ¿Quién fue Señor?

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Jesús contesta:

–           Magdalena. Así como recogió las flores que hollaron mis pies el domingo de Ramos y las repartió como un recuerdo de júbilo entre sus compañeras discípulas; asi subio ahora al Calvario y con sus manos ha excavado la tierra que se endureció con mi Sangre y la ha depositado en las manos de mi Madre.

No ha tenido miedo. Era conocida como la ‘pecadora’ y como la discípula. No tuvo miedo de contaminarse, porque adora esa Sangre que la ha redimido. Mi Sangre ha borrado todo. Santo es el suelo donde cayó. Mañana, antes de la hora sexta subiréis al Gólgota. Os alcanzaré. Pero quién quiera ver mi Sangre, ahí la tiene.-Y señala un balaustre del puente agregando- Aquí mi boca pegó y brotó sangre… De ella no habían brotado más que palabras santas y palabras de amor… ¿Por qué entonces fue golpeada? ¿Y no hubo nadie que la hubiera curado con un beso.

Los apóstoles se sienten aplastados.

Y Jesús los conduce hasta un portón nuevo que impide la entrada al huerto de los Olivos y que forma parte de una fuerte empalizada con estacas agudas, alta y con su nueva cerradura.

Jesús trae una llave de metal, nueva y resplandeciente…

Felipe le alumbra la noche cerrada, con una antorcha que ha encendido y el Maestro abre el cerrojo.

Los apóstoles miran sorprendidos la nueva construcción que impide la entrada al huerto…

Y comentan:

–           No estaba antes, ¿Por qué ahora?

–           Ciertamente Lázaro ya no quiere a nadie aquí.

–           Mira allá. Piedras, ladrillos y cal.

–           Ahora es de leños, mañana será una pared.

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Jesús dice:

–           Venid. No os ocupéis de cosas muertas, os lo digo… Ved. Aquí estuvisteis… Aquí me rodearon y aprehendieron. –Extiende su brazo y señala- De allí huisteis… Si hubiera estado esta valla entonces, no hubierais podido huir con tanta rapidez. Pero ¿Cómo iba a pensar Lázaro, que se moría de ansias por seguirme, qué ibais a huir? ¿Os hago sufrir? Primero sufrí Yo. Quiero borrar aquel dolor… ¡Bésame Pedro!

Pedro grita espantado:

–           ¡No Señor, no! ¿Repetir lo que hizo Judas aquí, a la misma hora? ¡No!

Jesús insiste:

–           Bésame. Tengo necesidad de qué hagáis con amor sincero, lo que Judas no hizo. Después seréis felices. Acércate Pedro. Bésame.

Pedro no solo lo besa. Con sus lágrimas lava la mejilla del Señor. Se retira cubriéndose la cara con sus manos temblorosas y se sienta en el suelo para llorar.

Los demás, uno tras otro lo besan en el mismo lugar. Y todos terminan llorando de dolor y arrepentimiento.

Luego Jesús dice:

–           Os retiré de Mí aquella noche, después de que os robustecí con mi Cuerpo y con mi Sangre y pocas horas después caísteis. Recordad siempre cuán débiles fuisteis y que sin la ayuda de Dios no podríais permanecer en la justicia, ni siquiera una hora.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

230.- EL LABERINTO


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Dos días después… El Miércoles de Pascua…

Los Diez están en el patio del Cenáculo y conversan…

Simón Zelote dice:

–                       Estoy muy preocupado porque Tomás no se ha dejado ver. Y no sé dónde encontrarlo.

Juan:

–                       Tampoco yo.

Varios dicen:

–                       No está en la casa de sus padres.

–                       Nadie lo ha visto.

–                       ¿Lo habrán aprehendido?

Juan:

–                       Si así fuera, el Maestro no hubiera dicho: “Diré lo demás cuando llegue el que está ausente.”

Zelote:

–                       Es verdad. Voy a ir otra vez a Bethania. Tal vez ande por los montes y no tiene valor para acercarse.

2tomas

Mateo:

–                       Ve, ve, Simón. A todos nos reuniste y nos salvaste al llevarnos con Lázaro. ¿Os acordáis de lo que el Señor dijo de él?: “Fue el primero que en mi Nombre ha perdonado y guiado.” ¿Por qué no lo pondrá en lugar de Iscariote?

Felipe:

–                       Porque no ha de querer dar a su amigo fidelísimo el lugar del Traidor.

Pedro:

–                       En la mañana, oí… Cuando estaba con los vendedores de pescado en el mercado… Y sé que no fue una habladuría, pues conozco al que lo dijo. Que los del Templo no saben qué hacer con el cuerpo de Judas. Nadie quiere retirarlo…  No saben quién habrá sido; pero encontraron dentro del recinto sagrado su cuerpo totalmente corrompido y con la faja todavía amarrada al cuello. Me imagino que fueron los paganos quienes lo descolgaron y lo arrojaron allí. Quién sabe cómo…

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Santiago de Alfeo:

–                       Pues a mí me dijeron en la fuente, que desde el domingo por la tarde, las entrañas del Traidor, estaban esparcidas desde la casa de Caifás, hasta la de Annás. Ciertamente se trata de paganos; porque ningún hebreo hubiera tocado jamás el cuerpo, después de cinco días…  ¡Quién sabe cuán corrompido estaba ya!

Juan se pone palidísimo, al recordar lo que vio.

Y exclama:

–                       ¡Qué horror! ¡Ya estaba corrompido desde el sábado!

Bartolomé:

–                       ¡Y arrojarlo en el lugar sagrado!… ¡Profanar el Templo de esa manera!…

Andrés:

–                       Pero, ¿Quién podía hacerlo? ¡Si tienen guardias por todos lados!…

Felipe:

–                       A menos que haya sido Satanás…

4demonio

Mateo:

–                       Pero como fue a parar al lugar donde se colgó. ¿Era suyo?

Nathanael:

–                       ¿Y quién supo algo con certeza sobre Judas de Keriot? ¿Os acordáis cuán difícil y complicado era?

Zelote:

–                       Dirías mejor mentiroso, Bartolomé. Jamás fue sincero. Estuvo con nosotros tres años y nunca se nos integró. Y nosotros que siempre estábamos juntos, cuando estábamos con él, parecía como si nos topásemos contra una muralla.

Tadeo:

–                       ¿Una muralla? ¡Oh, Simón! Mejor di un laberinto…

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Juan:

–                       Oídme. Ya no hablemos de él. Me parece como si al recordarlo, lo tuviésemos todavía aquí con nosotros y que volviera a darnos camorra. Quisiera borrar su recuerdo no solo de mí, sino de todo corazón humano, hebreo o gentil. Hebreo, para que no enrojezca de vergüenza, por haber salido de nuestra raza semejante monstruo. Gentil, para que ninguno de ellos llegue a decir: ‘Su Traidor fue uno de Israel’

Soy un muchacho y comprendo que no debería hablar antes que Pedro, que es nuestra cabeza. Pero como quisiera que lo más pronto posible se nombre a alguien para que ocupe su lugar. Uno que sea santo. Porque mientras vea ese lugar vacío en nuestro grupo, veré la boca del Infierno con sus hedores, sobre nosotros. Y tengo miedo de que nos engañe…

Andrés:

–                       ¡Qué no, Juan! Te ha quedado una espantosa impresión de su Crimen y de su cuerpo pendiente del árbol.

Juan objeta:

–                       No, no. También María lo ha dicho: “He visto a Satanás, al ver a Judas de Keriot” ¡Oh, Pedro! ¡Tratemos de buscar a un hombre santo que ocupe su Lugar!

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Pedro:

–                       Escúchame. Yo no escojo a nadie. Si Él que es Dios, escogió a un Iscariote,  ¿Qué voy a escoger el pobre de mí?

Tadeo:

–                       Y con todo, tendrás que hacerlo.

Pedro:

–                       No, querido. Yo no escojo a nadie. Lo preguntaré al Señor… Basta con los pecados que he cometido.

Santiago de Alfeo dice desconsolado:

–                       Tenemos muchas cosas que preguntar. La otra noche nos quedamos como atolondrados. Nos falta aprender muchas cosas… Y cómo vamos a hacer para saber lo que está mal ¿O no lo está? Mira como el Señor se expresa de nosotros, muy diferente de los paganos. Mira cómo encuentra excusa ante una cobardía o negación. Pero no ante la duda sobre su Perdón. ¡Oh! ¡Tengo miedo de equivocarme!

Santiago de Zebedeo lo apoya:

–                       No cabe duda de que nos ha dicho tantas cosas. Pero me parece que no he entendido nada. Desde hace una semana estoy como tonto. Parece que tuviera un agujero en la cabeza…

Todos confiesan sentirse igual.

Sigue un largo silencio que es interrumpido por los toques en la puerta. Todos se quedan callados y esperan. Cuando un siervo va a abrir, todos se quedan sorprendidos y lanzan un ‘¡Oh!’ De emoción al ver que entra en el vestíbulo Elías junto con Tomás…

7_Saint_Thomas_-_James_Tissot

Un Tomás tan cambiado, que está irreconocible.

Todos los rodean con gritos de júbilo:

–                       ¿Sabes que Jesús ha Resucitado y que ha venido?

–                        Espera tu regreso.

Tomás contesta:

–                       Lo sé. Me lo ha dicho también Elías. Pero no lo creo. Creo en lo que mis ojos ven. Y veo que todo ha terminado. Veo que estamos dispersos. Veo que no hay ni un sepulcro, a donde se le pueda ir a llorar… Veo que el Sanedrín se quiere librar de su cómplice… Y por eso ha decretado que se le entierre a los pies del olivo donde se colgó, como si fuese un animal inmundo.

8-suicidio-de-judas-

Y también se quiere liberar de los seguidores del Nazareno. En las Puertas me detuvieron el viernes y me dijeron: ‘¿Eras también uno de los suyos? Está Muerto. No hay nada que hacer. Vuelve a trabajar el oro.’ Y huí…

1templo-jerusalen

Zelote:

–                       ¿A dónde? Si te buscamos por todas partes.

–                       ¿A dónde? Fui a la casa de mi hermana que vive en Rama. Luego no me atreví a entrar, porque no quise que me regañara una mujer… Desde entonces vagué por las montañas de la Judea.

Ayer terminé en Belén. Fui a su Gruta. ¡Cuánto he llorado!… Me dormí entre las ruinas y allí me encontró Elías, que había ido… No sé por qué.

9Birth of Christ - Carl Bloch

Elías contesta:

–                       ¿Por qué? Porque en las horas de alegría o de dolor intensos, se va  dónde se siente más a Dios. En esa gruta mi alma se siente acariciada por el recuerdo de su llanto de pequeñín…

Esta vez yo fui para gritar mi felicidad y tomar lo más que pudiera de Él, porque queremos predicar su Doctrina y esas ruinas nos ayudarán. Un puñado de esa tierra. Una astilla de esos palos que lo vieron Nacer. No somos santos, para tener el atrevimiento de tomar tierra del Calvario…  

10redencion

Pedro:

–                       Tienes razón, Elías. También nosotros lo haremos. ¿Y Tomás?…

–                       Dormía y lloraba. Le dije: ‘Despiértate. No llores más. Ha resucitado’ No quiso creerme. Pero tanto le insistí, que lo convencí. Y aquí está ahora, lo he traído con vosotros. Y yo me retiro. Voy a unirme con mis compañeros que han ido a Galilea. La paz sea con vosotros.

Elías se va.

Y Pedro dice:

–                       Tomás, ¡Ha resucitado! Te lo aseguro. Estuvo con nosotros. Comió. Habló. Nos bendijo. Nos perdonó. Nos ha dado potestad de perdonar… ¡Oh! ¿Por qué no viniste antes?

Tomás no se ve libre de su abatimiento.

Tercamente mueve la cabeza y dice convencido:

–                       Yo no creo. Habéis visto un fantasma. Todos vosotros estáis locos. Sobre todo, las mujeres. Un muerto no resucita por sí mismo.

11

Felipe:

–                       Un hombre no. Pero Él es Dios.

–                       Sí creo que es Dios. Pero porque lo creo, pienso y digo que por más Bueno que sea, no puede regresar a nosotros que tan poco le amamos. Igualmente aseguro que por más Humilde que sea, ya estará harto de haber tomado nuestra carne. No. Seguro que está en el Cielo, cual Vencedor. Y puede ser que se digne aparecer como Espíritu. He dicho: Tal vez… ¡Porque ni siquiera de esto somos dignos! Pero que haya resucitado en carne y huesos… ¡No lo creo!

12tomas

Tadeo:

–                       Si lo hemos besado. Y lo vimos comer. Hemos oído su voz, tocamos su mano y vimos sus heridas.

Aunque así sea, no creo. No puedo. Necesito ver para creer. Si no veo en sus manos el agujero de los clavos y no meto en ellas mi dedo. Si no toco las heridas de sus pies y si no meto mi mano en el agujero que hizo la lanza, no creeré. No soy un niño, ni una mujercilla. Quiero la evidencia. Lo que mi razón no puede aceptar, lo rechazo. Y no puedo aceptar lo que me decís.

13jr

Juan:

–                       Pero, ¡Tomás! ¿Crees que te queremos engañar?

–                       No. Más bien os agradezco que seáis tan buenos, de querer darme la paz que habéis logrado obtener con vuestra ilusión. Pero… No. No creo en su Resurrección.

Bartolomé:

–                       ¿No tienes miedo de que te vaya a castigar? Él sabe y ve todo. Tenlo en cuenta.

–                       Le pido que me convenza. Tengo cabeza y la uso. Que Él, Señor de la Inteligencia humana, enderece la mía si está extraviada.

14_santomasapostol0

Zelote:

–                       Pero la razón como Él lo ha dicho, es libre.

–                       Con mayor razón no puedo sujetarla a una sugestión colectiva. Os quiero. Y quiero mucho al Señor. Le serviré como pueda. Y me quedaré con vosotros. Predicaré su Doctrina. Pero no puedo creer, sino lo que veo. 

15emaus

Todos intervienen para tratar de convencerlo… Pero Tomás es obstinado y no escucha a nadie más que a sí mismo.

Le hablan todos de lo que han visto y de cómo lo han visto.  Le aconsejan que hable con la Virgen.  Pero él mueve su cabeza. Se ha sentado sobre la banca de piedra, que es menos dura que su razón y…

Tercamente repite:

–                       Creeré si lo veo. 

16apostoles

Los apóstoles mueven la cabeza, pero nada pueden hacer. Lo invitan a que pase al comedor, para cenar. Se sientan dónde quieren, alrededor de la mesa donde se celebró la Pascua…  Pero el lugar de Jesús, es considerado sagrado.

Las ventanas están abiertas, al igual que las puertas. La lámpara con dos mechas, esparce una luz débil sobre la mesa. Lo demás en el amplio salón, está sumergido en la penumbra.

Juan tiene a su espalda una alacena. Y está encargado de dar a sus compañeros, lo que deseen comer. El pescado asado, ya está sobre la mesa. Así como el pan, la miel, las aceitunas, las nueces y los higos frescos. Juan está volteado, tomando de la alacena el queso  que su hermano Santiago le pidió. Y ve… Se queda paralizado, con el plato en la mano…

Entonces en la pared que está detrás de los apóstoles como a un metro del suelo, con una luz tenue y fosforescente… Como si saliese de las penumbras en las capas de una niebla luminosa, emerge cada vez más clara la figura de Jesús.

17jesus2

Parece como si su cuerpo, con la luz que llega inmaterial al principio; poco a poco se va materializando más y más, hasta que su Presencia se manifiesta totalmente real.

Está vestido de blanco. Hermosísimo. Amoroso. Sonriente. Con los brazos abiertos y las palmas de sus manos expuestas. Las llagas parecen dos estrellas diamantinas, de las que brotan vivísimos rayos de Luz…

Las llagas que no se ven; porque el vestido las oculta, son los pies y el costado… Y también de allí brota la luz. Al principio parece como si estuviera bañado por la luna. Finalmente aparece su cuerpo concreto. Es Jesús. El Dios-Hombre. Pero más solemne y majestuoso, desde que Resucitó.

18-jesus%20resucitado

Todo esto sucedió en el lapso de unos tres segundos. Nadie más se ha dado cuenta. Hasta que Juan pega un brinco y deja caer sobre la mesa el plato con el queso… Apoya las manos en la orilla y se inclina, como si fuese atraído por un imán y lanza un ¡Oh! Apagado, que todos oyen…

Con el ruido del plato que cayó y el salto de Juan…  Al verlo extasiado, miran en la misma dirección que Él ve…

1jmisericordioso

Y ven a Jesús.

Felices y llenos de entusiasmo, se ponen de pie. Y se dirigen hacia Él.

Jesús, con una sonrisa mucho mayor, avanza hacia ellos. Caminando por el suelo, como cualquier mortal.

Jesús, que antes había mirado solo a Juan, acariciándolo con la mirada.

Los mira a todos y dice:

–                       La paz sea con todos vosotros.

Todos lo rodean jubilosos.

Pedro y Juan de rodillas. Otros de pie, pero inclinados, lo reverencian y lo adoran. El único que se queda como cohibido, es Tomás.

Está arrodillado junto a la mesa. En el mismo lugar donde estaba sentado, pero no se atreve a acercarse…  Y hasta parece como si quisiera hallar, un lugar donde ocultarse.

Jesús extiende sus manos para que se las besen.

Los apóstoles las buscan con ansia sin igual.

20jesus-y-sus-apostoles

Jesús los mira, como si buscase al Undécimo. Claro que Él hace así para dar tiempo a Tomás, a que tenga valor para acercarse… Al ver que el incrédulo apóstol; avergonzado por lo que siente, que no se atreve a hacerlo…

Lo llama:

–                       Tomás. Ven aquí.

El apóstol, totalmente desconcertado… Levanta la cabeza y tiene los ojos llenos de lágrimas… Pero no sabe qué hacer. Baja la cabeza y ya no se mueve…

21jr2

Jesús da unos pasos a donde él está y vuelve a ordenar:

–                       Ven aquí, Tomás.

La voz de Jesús, es más imperiosa que antes.

Tomás se levanta a duras penas y completamente  avergonzado, se dirige lentamente a donde está Jesús.

Jesús exclama:

–                       Ved a quién no cree, si no ve. –y en su voz hay un tono de Perdón.

22Resucitadoapostoles

Tomás lo siente. Mira a Jesús y lo ve sonreír… Toma valor y corre hacia él.

Jesús le dice:

–                       Ven aquí. Acércate. Mira… Mete tu dedo, si no te basta con mirar en las heridas de tu Maestro.

Jesús extiende su mano. Se descubre el pecho y muestra la herida.

23resucito2

Ahora la luz ya no brota de las llagas. Desde el momento en que caminó como cualquier mortal, la luz cesó. Las heridas son reales. Dos agujeros abiertos… Uno en la muñeca derecha y otro en la mano izquierda.

Tomás tiembla. Pero no toca…  Mueve sus labios y no sale ni una palabra.

Jesús ordena con una dulzura infinita:

–                       Dame tu mano, Tomás.

24-santo-tomas

Con su mano derecha toma la del apóstol. Le toma el dedo índice y lo pone dentro de la herida de la mano izquierda, hasta hacerle sentir que está bien atravesada. Después le toma los cuatro dedos y los introduce en la herida del costado.

Y mientras tanto, mira a Tomás… Una mirada dura y dulce al mismo tiempo…

Y le dice:

–                       Ya no quieras ser un hombre incrédulo, sino de Fe.

Tomás por fin se atreve a hablar. Con la mano dentro del Corazón de Jesús, sus palabras brotan entrecortadas por el llanto…

25incredulidad

Y cae de rodillas al pronunciarlas, con los brazos levantados por el arrepentimiento…

Tomás grita:

–                       ¡Señor mío y Dios mío!

No dice más.

26jtomas

Jesús lo perdona. Le pone su mano derecha sobre la cabeza y…

Le responde:

–                       Dignos de alabanza serán los que creerán en Mí, sin haberme visto. ¡Qué premio les daré si tengo en cuenta vuestra fe, que ha necesitado verme para creer!… 

27TOMAS TOCANDO EL COSTADO DE CRISTO

Luego pone su brazo sobre la espalda de Juan… Toma a pedro de la mano y se sientan a la mesa. Jesús ocupa su lugar. Están sentados como en la noche de la Pascua. Pero Jesús quiere que Tomás se siente enseguida de Juan.

Luego dice:

–                       Comed amigos.

Pero nadie tiene hambre. Rebosan de alegría. La alegría de contemplarlo.

Jesús toma todos los alimentos, los ofrece, los bendice y los reparte. Él toma un pedazo de miel, le da a Juan y toma lo demás.

28cena1

Luego dice:

–                       Amigos, no debéis asustaros cuando Yo me aparezco. Soy siempre vuestro Maestro, que ha compartido con vosotros el pan, la sal y el sueño. Que os eligió porque os ha amado. También ahora os sigo amando…

29ascension

Y Jesús continúa hablando. Enseñando. Dando instrucciones…

Finaliza diciendo:

–                       Cuando me amáis hasta vencer todo por Mí; tomo vuestra cabeza y vuestro corazón en mis manos llagadas y con mi Aliento os inspiro mi Poder. Os salvo a vosotros, hijos a quienes amo. Os hacéis hermosos, sanos, libres y felices. Os convertís en los hijos queridos del Señor. Os hago portadores de mi Bondad, entre los pobres hombres; para que los convenzáis de ella y de Mí. Tened fe en mí. amadme. No temáis. Todo lo que he sufrido para salvaros, sea la prenda segura de mi corazón, de vuestro Dios.

Cuando me necesitéis, invocadme… Yo vendré inmediatamente y os daré lo que anhela vuestro corazón. Es tan dulce para Mí, contestar a mis hijos que me llaman… Sobre todo a los que desean conocerme y comprobar el amor infinito que les tengo… Llamadme así: JESÚS. JESÚS. JESÚS. ‘Ven a mí Señor y dame tu Amor …’

30jresucitado (2)

Soy el Primogénito de los Resucitados. Igual será en vosotros. Tanto en la tierra como en el Cielo; SOY YO… VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE; con mi Divinidad, mi Cuerpo, mi Alma, mi Sangre; Infinito cual mi Naturaleza Divina Es. Contenido en un Fragmento de pan, como mi Amor lo Quiso, Real, Omnipresente, Amante, Verdadero Dios,

31Eucaristia1

Verdadero Hombre; Alimento del Hombre hasta la consumación de los siglos. Gozo Verdadero de los elegidos, no para el Tiempo, sino para la Eternidad.

LA EUCARISTIA ES EL ÚLTIMO MILAGRO DEL HOMBRE-DIOS.

32Juan-Jesus-Eucaristia-Pan-Vino-sacrificio-Misa

LA RESURRECCIÓN ES EL PRIMER MILAGRO DEL DIOS-HOMBRE.

Que por Sí Mismo trasmuta su cadáver,  el Viviente Eterno, porque soy el Alfa y el Omega, el Principio y el Fin.

33tomas

Juan canta:

¡Ven Señor Jesús! ¡Ven Amor Eterno! ¡Ven Señor Excelso! ¡Digno Eres de tomar el Libro y de abrir los Sellos! Ya que Tú fuiste degollado y con tu Sangre compraste para Dios, a hombres de toda raza, pueblo y nación. Los hiciste Reino y Sacerdotes para nuestro Dios. Y dominarán toda la Tierra. ¡Digno es el Cordero que ha sido Degollado, de recibir, el Poder y la Riqueza, la Sabiduría, la Fuerza y la Honra! ¡La Gloria y la Alabanza al que está sentado en el Trono y al Cordero! ¡Alabanza, Honor, Gloria y Poder, por los siglos de los siglos! Amén.

34segunda-venida1

Al día siguiente…

Los apóstoles toman sus mantos y preguntan:

–                       ¿A dónde vamos Señor?

Cuando se dirigen a Jesús ya no lo hacen con la familiaridad de antes. Parece como si hablasen con su alma arrodillada. El Maestro que su fe creía ser Dios; pero que estaba junto a sus sentidos, pues era un Hombre…

35cristo20resucito

Ahora es el Señor…  Es Dios. Y lo miran como el verdadero creyente, mira la Hostia Consagrada.

36mir1

El amor los empuja a que sus ojos se claven en el Amado. Pero el temor los hace bajar los ojos.

Y es que aun cuando Jesús sea el mismo, después de su Resurrección ya no es el mismo. Aunque su cuerpo sea verdadero, sin embargo es diferente. Se ha revestido de su majestad de Rey del Universo y su aire de súplica, ya desapareció.

37Christ

Se ha revestido de una majestad divina. El Jesús Resucitado parece todavía más alto y robusto. Libre de todo peso, seguro, victorioso, infinitamente Majestuoso y Divino.

Atrae e infunde temor al mismo tiempo. Ahora habla poco. Y si no responde. No insisten. Todos se han vuelto tímidos en su Presencia.

Y si como ahora, extiende su mano para tomar su manto, ya no corren como antes para ayudarle, cuando los apóstoles se disputaban el honor de hacerlo. Parece como si tuvieran miedo de tocar su vestidura y su cuerpo.

38Christ Blessing the Little Child, 1873

Debe ordenar, como ahora lo hace:

–                       Ven Juan. Ayuda a tu Maestro. Estas heridas son verdaderas heridas. Y las manos heridas no son ágiles como antes…

Juan obedece y ayuda a Jesús a ponerse su amplio manto. Parece como si vistiera a un pontífice, por los gestos majestuosos que asume, procurando no lastimarlo.

39Carl_Bloch_Christ_in_Emmaus_detail_300

Jesús dice:

–                       Vamos al Getsemaní. Debo enseñaros algo… Tenemos que borrar muchas cosas.

En varias caras se dibuja el pavor al preguntar:

–                       ¿Vamos a ir al Templo?

Jesús responde:

–                       No. Lo santificaría con mi Presencia y no se puede. No hay más redención para él. Es un cadáver que rápidamente se descompone, pues no quiso la Vida… Y pronto desaparecerá… 

40-vista-del-muro-de-los-lamentos-y-la-zona-en-frente-de-ella

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

229.- RAZÓN DE LOS PORQUÉ


1Aurora-Borealis-Alaska

Es lunes de Pascua, por la noche en el Cenáculo…

Ha sido un día extraordinario y cargado de emociones… La mayoría de los que vinieron se han retirado felices y exhaustos… Sólo están los diez apóstoles que han terminado de cenar… Sobre los platos quedan los restos de pescado y dan sorbos a las copas de vino, mientras hablan.

Sus palabras son breves, como si monologasen consigo mismos y mutuamente dejan que cada uno siga hablando, sin hacerle caso al otro. Están ansiosos y a la vez temerosos… Pero la conversación gira alrededor de Jesús.

Tadeo afirma:

–                       Longinos dijo que había pensado: ¿Debo pedirle que me cure o que crea? Su  corazón le respondió que pidiese ‘poder creer’ y eso pidió. Y la Voz de Él le dijo: “Ven a Mí”. Y experimentó la voluntad de creer y se sintió curado. Así me lo dijo.

Mateo, que está a su lado, pregunta:

–                       ¿A qué hora dijo Valeria y las romanas que lo habían visto?

Nadie responde.

Andrés:

–                       Mañana voy  a Cafarnaúm.

Silencio.

Bartolomé se felicita:

–                       ¡Qué maravilla! Coincidir exactamente en el momento en que llegó la litera de Claudia.

2claudiaprocula

Juan suspira:

–                       Pedro, hicimos mal en habernos venido inmediatamente… Si nos hubiéramos quedado, lo habríamos visto como Magdalena.

Santiago de Zebedeo:

–                       No comprendo cómo pudo estar en Emaús y en el palacio de Juana al mismo tiempo. Y cómo aquí, dónde está su Madre. Allá dónde estaba Magdalena… Y luego Valeria…

Pedro:

–                       No vendrá. No he llorado lo suficiente para merecerlo… Tiene razón. Pero, ¡Cómo! ¡Cómo pude haber hecho eso!

Zelote:

–                       ¡Qué transfigurado estaba Lázaro! Os aseguro que parecía un sol. Me imagino que le pasó lo mismo que a Moisés, después de que vio a Dios. ¿No es verdad vosotros, que os encontrabais allí?

Nadie lo escucha.

Santiago de Alfeo se vuelve a Juan y le pregunta:

–                       ¿Cómo dijo a los de Emaús? Me parece que nos excusó, ¿No es verdad? ¿No dijo que todo había sucedido porque nosotros los israelitas comprendemos mal la naturaleza de su Reino?

3emaus

Juan no responde.

Y volviéndose a mirar a Felipe,  habla al aire porque a Felipe no se dirige:

–                       A mí me basta saber que ha resucitado. Oraré porque mi amor sea cada vez más grande. Porque si pensáis bien; ha ido en proporción al amor que le tenemos. Primero a su Madre, a María Magdalena, luego los niños, a mi madre y la tuya; luego Lázaro, Martha… Los romanos… ¿Cuándo se apareció a Martha? Estoy seguro que cuando se puso a cantar el Salmo: “El Señor es mi pastor…”

¿Recuerdas cómo nos maravilló con su inesperado canto? ¡Qué bueno que ya encontró nuevamente su camino! Antes andaba como sin saber qué hacer… Pero, ¿Qué habrá querido decir con esponsalicios confirmados?

Felipe, que por un momento lo miró y luego dejó que hablara solo… Da un suspiro y piensa en voz alta…

Felipe monologa:

–                       No sabré qué decirle si viene… Huí… Y me parece que huiré. Antes lo hice por temor a los hombres, ahora será por temor a Él.

Bartolomé se pregunta:

–                       Dicen todos que es hermosísimo. Pero, ¿Puede ser más bello de lo que ya era?

Mateo:

–                        Yo le diré: ‘Me perdonaste sin decir palabra alguna, cuando yo era publicano. Perdóname también ahora con tu silencio; porque mi cobardía no merece que me hables.’

4The_Calling_of_Saint_Matthew_(Vocation_de_Saint_Mathieu)_-_James_Tissot_-

Zelote suspira:

–                       Yo no puedo dejar de pensar en Lázaro que al punto se le premió, después de haber ofrecido su vida… También yo lo he dicho: ‘Mi vida por tu gloria’ Pero no ha venido…

Pedro:

–                       ¿Qué estás diciendo Simón? Tú que eres culto, dime. ¿Qué debo decirle para darle a entender que lo amo y que le pido perdón? Tú Juan. Tú has hablado mucho con su Madre. Ayúdame. ¡No está bien dejar solo al pobre de Pedro!

Juan se compadece de su atribulado compañero y responde:

–                       De mi parte le diría sencillamente: ‘Te Amo’ En el amor está incluido todo el arrepentimiento y también el deseo de ser perdonado. Pero… no sé. Simón, ¿Qué dices tú?

Zelote responde:

–                       Yo pronunciaría el grito que provocaba los milagros: “¡Jesús, ten piedad de mí!” Y basta.

Pedro se angustia:

–                       En esto pienso y es lo que me hace temblar. ¡Oh! Me siento aniquilado por la vergüenza y el arrepentimiento… Aún ésta mañana tenía miedo de verlo. No me atrevo a enfrentarlo y…

Juan le da ánimos:

–                       Y fuiste el primero en entrar. No tengas miedo. Parece que no lo conocieras.

De pronto, la habitación se ilumina como si un relámpago hubiese penetrado en ella.  Los apóstoles se tapan las caras temiendo un rayo. Pero al no oír el estruendo. Levantan la cabeza.

Jesús está en medio de la habitación, junto a la mesa.

Abre los brazos diciendo:

–                       La paz sea con vosotros.

5la_resurreccion_de_jesus_es_para_ti__el_hecho_mas_importante_de_toda_la_historia__427149_t0

Nadie responde.

Todos lo miran asombrados. Quién con la palidez o con la vergüenza, con miedo y con reverencia. Se sienten atraídos y al mismo tiempo deseosos de huir.

Jesús, con una gran sonrisa, da un paso adelante.

Y dice:

–                       No tengáis miedo. Soy Yo. ¿Por qué estáis acobardados? ¿No teníais deseos de verme? ¿No os había dicho que regresaría? ¿No os lo dije hasta la tarde de la Pascua?

Nadie se atreve a hablar. Pedro ha empezado a llorar. Juan sonríe. Los dos primos lo miran con los ojos brillantes y con un intento de decir algo que se queda solo en sus labios. Parecen dos estatuas representando el deseo.

Jesús dice:

–                       ¿Por qué dentro de vuestros corazones, traban lucha la duda y la Fe? ¿El amor y el temor? ¿Por qué queréis seguir siendo carne y no espíritu? Soy Jesús. Vuestro Jesús Resucitado.  –Levanta sus manos mostrando las llagas por ambos lados. Y agrega-  ¡Mirad! Tú que viste mis heridas y vosotros que no las visteis. Porque sabed que esto es muy diferente de lo que Juan vio.

Tú primero. Ven, estás completamente limpio. Tanto que puedes tocarme sin temor. El amor, la obediencia, la fidelidad, te han purificado del todo. Mi Sangre, con la que bañaste cuando me bajaste del patíbulo, completó todo.

6vanmol1

Mira. Son mis propias manos, mis propias heridas. Contempla mis pies. ¿Ves cómo ésta es la señal del clavo?

Sí. Soy Yo. No soy un fantasma. Tocadme. Los espectros no tienen cuerpo. Yo tengo un cuerpo verdadero.  –Pone su mano sobre la cabeza de Juan que se le ha acercado- ¿Sientes? Tiene calor y es pesada. –Le sopla a la cara- Y esto es aliento.

Juan murmura:

–                       ¡Oh, Señor mío!

Jesús dice:

–                       Sí. Vuestro Señor. Juan no llores de miedo, ni de deseo. Ven a Mí. Soy quien siempre te ama. Sentémonos, como siempre, a la mesa. ¿Tenéis algo que comer? Dádmelo entonces.

Andrés y Mateo, caminando como sonámbulos: toman de la alacena pan y pescado asado. Y un tarro con miel apenas abierto, que está a un lado.

Jesús ofrece el alimento y come. Da a cada uno, un pedazo de lo que come. Los mira. Es Bueno; pero tan inmensamente Majestuoso, que están paralizados.

Santiago de Zebedeo es el primero que se atreve a hablar:

–                       ¿Por qué nos miras así?

Jesús contesta:

–                       Porque quiero conoceros.

–                       ¿Todavía no nos conoces?

7jesus-resucitado

–                       Igual que vosotros que no me conocéis. Si me conocierais, sabríais Quién Soy, cuánto os amo y encontraríais palabras para hablarme de vuestro tormento. Estáis callados, como lo estaríais enfrente de un desconocido, cuyo Poder imagináis y por eso teméis. Hace unos momentos hablabais… He venido y ahora os calláis. ¿Estoy tan cambiado que no me parezco? ¿O estáis tan cambiados que ya no me amáis?

Juan, que está cerca de Jesús, reclina su cabeza sobre su pecho, como solía hacerlo antes. Y con voz queda dice: ‘Te amo, Dios mío.’ Pero se estremece por haberse atrevido a recargar su cabeza sobre el resplandor que mana de Jesús, pese a que la carne de su Cuerpo, es semejante a la nuestra.

Jesús lo atrae sobre su corazón y entonces Juan se entrega libremente a un llanto de felicidad.

Esta es la señal para que todos se acerquen.

Pedro se desliza entre la mesa y el asiento y llorando, de rodillas le suplica:

–                       ¡Perdón! ¡Perdón! Sácame de este infierno en el que desde hace tantas horas me debato. Dime que comprendiste que mi error no fue error de mi corazón, sino de mi debilidad humana que se impuso sobre él. Dime que has visto mi arrepentimiento… Que hasta la muerte me durará…

8negacion de pedro

Jesús le dice:

–                       Ven aquí, Simón de Jonás.

–                       Tengo miedo.

–                       Ven aquí. No quieras ser ahora cobarde.

–                       No merezco acercarme a Ti.

–                       Ven aquí. ¿Qué te dijo mi Madre? “Si no lo miras en este Sudario, no tendrás el valor de mirarlo otra vez.” ¡Eres un necio! ¿Con mi rostro, con mi dolorosa mirada, no te decía que te comprendía y que te perdonaba? Regalé ese lienzo para consuelo, para guía, para absolución y bendición…

¿Qué cosa os ha hecho Satanás, para cegaros en tal forma? Ahora Yo te digo: Si no me miras ahora, que sobre Mí he puesto un velo para ponerme al alcance de vuestra debilidad; jamás podrás venir a Mí, tu Señor, sin temor. ¿Y entonces qué cosa te volverá a traer? Pecaste por presunción, ¿Quieres pecar ahora por obstinación? Ven. Te lo mando.

9pedro

Pedro se arrastra sobre sus rodillas, con las manos cubriendo su cara llena de lágrimas. Cuando llega a los pies de Jesús, Él lo detiene poniéndole una mano sobre su cabeza.

Pedro, con lágrimas más abundantes, toma esa mano y se la besa…

Mientras dice sollozando:

–                       ¡Perdón! ¡Perdón! ¡Oh, Dios mío, perdón!

Jesús quita su mano y con ella levanta la cara del apóstol. Lo mira en esos ojos enrojecidos, quemados, destrozados por el arrepentimiento. La mirada de Jesús parece querer llegar hasta el fondo de su alma.

Luego dice:

–                       Vamos. Quítame el oprobio de Judas. Bésame dónde él me besó. Quítame con tu beso, la huella de su Traición.

10The_Kiss_of_Judas__James_Tissot

Pedro levanta su cabeza al mismo tiempo que Jesús se inclina y le besa en la mejilla… después se reclina sobre las rodillas de Jesús y se queda en esta posición. Como un anciano que se comporta cual niño que sabe que ha hecho mal, pero que sabe que ha sido perdonado.

Los demás, al ver la Bondad de Jesús, encuentran fuerzas para acercarse. Los primeros son sus primos. Quisieran decir tantas cosas… Pero no logran decir ni una palabra.

Jesús los acaricia y los anima con su sonrisa.

Luego se acercan Andrés y Mateo.

Mateo dice:

–                       Como en Cafarnaúm…

Y Andrés:

–                       Yo… yo… te amo.

Bartolomé entre lágrimas:

–                       No fui un docto, sino un necio. Éste sí que lo fue.  –y señala a Zelote a quién Jesús sonríe.

Santiago de Zebedeo dice a su hermano, Juan:

–                       Díselo tú…

Jesús se vuelve y dice:

–                       Hace cuatro noches que lo dices y siempre he tenido compasión de ti.

Felipe muy inclinado, es el último en acercarse; pero Jesús le obliga a levantar la cabeza…

Y le dice:

–                       Para predicar al Mesías, se necesita mucho valor.

Ahora todos están alrededor de Jesús. Poco a poco ganan confianza. Vuelve la tranquilidad.

11cena-del-senor-jesus

La Majestad de Jesús es tan grande, que les impone un sumo respeto.

Pero poco a poco, ellos atraviesan el límite que les imponía y empiezan a hablar.

Su primo Santiago se lamenta:

–                       ¿Por qué nos has hecho esto, Señor? Sabías que somos nada y que todo viene de Dios. ¿Por qué no nos diste las fuerzas para estar a tu lado?

Jesús lo mira y sonríe.

Zelote:

–                       Ahora todo se ha cumplido y nada tienes que padecer. Tus sufrimientos los imaginaba y esto acabó con mis fuerzas. Sentía que me ahogaba, pero te obedecí…

Jesús lo mira y sonríe.

Andrés:

–                       Señor. sabes lo que mi corazón anhelaba. Pero después me faltó todo. Como si me lo hubiesen arrebatado, los verdugos que te aprehendieron. Y solo me quedó un agujero en la mente… ¿Por qué has permitido esto, Señor?

Felipe:

–                       Tú hablas del corazón… Yo me sentí como si hubiese perdido la razón, después que me dieran un mazazo en la nuca. De pronto en la noche me encontré en Jericó. ¡Oh, Dios, Dios! Me imagino que así será la posesión. ¡No supe ni cómo había llegado allá!

12apost-espera

Bartolomé:

–                       Felipe tiene razón. Yo miraba hacia atrás. Estaba tan aturdido, que no sabía nada de nada. Miraba a Lázaro cruelmente atormentado, pero muy seguro. Y me decía: ‘¿Por qué él puede estar así y yo no?’

Santiago de Zebedeo:

–                       También yo miraba a Lázaro y decía: ‘Si por lo menos mi corazón fuera así.’ Porque yo solo experimentaba dolor, dolor y más dolor. Lázaro sufría, pero tenía paz.

Jesús los mira a cada uno de los tres y sonríe. Pero no dice nada.

Tadeo:

–                       Traté de ver lo que Lázaro veía. Pero no pude. Por eso me mantenía cerca de él. ¡Su cara parecía un espejo! Un poco antes del terremoto del viernes, la tenía como si estuviera aplastado. Y luego de pronto, cobró un aire de majestad en su dolor.

¿Recordáis cuando dijo: ‘El deber cumplido, produce Paz’? Todos pensamos que era un reproche dirigido contra nosotros. Ahora pienso que lo dijo por Ti. Lázaro fue un faro en nuestras tinieblas. ¡Cuánto le has dado, Señor!

Jesús sonríe y calla.

13resu-lazaro

Andrés confirma:

–                       Sí. La vida. Tal vez con ella le diste un alma diferente. Porque pensándolo bien, ¿En qué se diferencia de nosotros? Y sin embargo no es solo un hombre. Es algo superior. Por lo que fue en el pasado, debía ser menos perfecto en su espíritu. Pero ha logrado serlo. Y nosotros… Señor… mi amor ha sido como una espiga vacía. Sólo produce paja.

Mateo:

–                       No puedo pedir nada, porque ha sido mucho lo que he obtenido con mi conversión. Pero, ¡Sí! Yo hubiera querido lo que tuvo Lázaro. Un corazón entregado a Ti. También yo pienso como Andrés…

Juan:

–                       También Magdalena y Martha fueron como faros. Vosotros no las visteis. Una era piedad y silencio. ¡La otra! ¡Oh! Si estuvimos juntos como un manojo de paja, alrededor de la Virgen, es porque Magdalena lo hizo con el fuego de su amor intrépido. Sí. El amor. Nos han superado en amar… Por esto fueron lo que fueron.

-1en bethania

Jesús continúa sonriendo y sin decir una palabra.

Los apóstoles dicen al mismo tiempo:

–                       Pero han sido grandemente recompensados…

–                       Tú dejaste que te vieran.

–                       Los visitaste primero.

–                       A los pastores y a los discípulos…

–                       A María después de tu Madre…

–                       A Juana, a las romanas y a los militares romanos.

Es indudable que en sus palabras se trasluce el tono de un cierto reproche, por estas personas privilegiadas.

Que se hace más evidente en los que hablan luego, conforme se van atreviendo a más…

Felipe:

–                       Magdalena sabe desde hace muchas horas que has resucitado. Ha transcurrido todo el Domingo…  Y nosotros sólo ahora podemos verte…

Tadeo:

–                       No más dudas en ellos. Pero en nosotros, ¡Cuántas!… Mira. Sólo ahora comprendemos que nada ha terminado. Si todavía nos amas y no nos rechazas… ¿Por qué entonces, solo a ellos; Señor?

Pedro:

–                        Sí. ¿Por qué a las mujeres y sobre todo, a María Magdalena? Le tocaste la frente. Ella asegura que le parece llevar una guirnalda eterna. Y a nosotros tus apóstoles, nada…

15Noli%20me%20tangere_jpg

La sonrisa desaparece del rostro de Jesús.

Mira seriamente a Pedro y dice:

–                        Tenía Yo Doce discípulos. Los amaba con todo mi corazón. Los había elegido. Y como una madre cuidé de que crecieran durante mi vida. No tenía secretos para ellos. Todo les decía, les explicaba, les perdonaba. Tenía discípulos…  Había ricos y pobres. Tenía mujeres discípulas de un pasado turbio y de frágil constitución. Pero mis predilectos eran los apóstoles.

Llegó mi Hora…

16tristeza mortal

Uno me Traicionó y me entregó a los verdugos. Tres se echaron a dormir, mientras Yo sudaba sangre…

1JESUS EL ANGEL Y SUS DICIPULOS DURMIENDO

Todos menos dos, huyeron cual cobardes. Uno me negó por temor, no obstante el ejemplo del otro, joven y fiel…  Y como si no fuera suficiente, entre los Doce he tenido un suicida desesperado y otro que ha dudado de tal forma de mi Perdón, que no quiso creer en la Misericordia de Dios, pese a las palabras de mi Madre.

Si tuviera que ver a mis seguidores con ojos humanos, tendría que asegurar: ‘Fuera de Juan, fiel en el amor y de Simón, fiel en la obediencia, ya no tengo apóstoles.’ Esto debería haber dicho cuándo padecía en el recinto del Templo, en el Pretorio, por las calles de Jerusalén, en la Cruz.

18-Jesus being nailed to the cross - by William Hole

     Había mujeres… Una, la más pecadora en el pasado, fue la llama que soldó las fibras deshechas de los corazones. Esa mujer es María de Mágdala.

Tú me negaste y huiste. Ella desafió la muerte para estar cerca de Mí. Al sentirse insultada se levantó el velo, para recibir los escupitajos  y burlas, pensando que así se asemejaba más a su Rey Crucificado.

19magdalena

En el fondo de los corazones era objeto de burla porque creía en mi resurrección y pese a ello siguió creyendo. Destrozada ha vuelto a reaccionar…  Y por la mañana pese a su Dolor dijo: ‘De todo me despojo, pero dadme a mi Maestro.’ Puedes repetir tu pregunta: ¿Por qué a ella?

20RESURRECCION

Tuve discípulos pobres, que eran los pastores. Pocas veces tuve la oportunidad de estar cerca de ellos y sin embargo no dudaron en proclamar su fidelidad.

21pastores

Tuve discípulas tímidas, como lo son todas las mujeres hebreas. Y con todo, no vacilaron en abandonar sus casas y avanzar en medio de la marea del odio de un pueblo que me blasfemaba, con tal de darme esa ayuda que mis apóstoles me negaron…

Tenía el rostro cubierto de escupitajos y de sangre. Lágrimas y sudor corrían por mis heridas. Suciedad y polvo lo cubrían. ¿Cuál fue la mano que lo limpió?

22compasion

Ninguna de las vuestras. Éste estaba junto a mi madre. Éste juntaba a las ovejas dispersas. ¿Cómo podían ayudarme?

Tú escondiste tu cara por miedo al desprecio del mundo, mientras tu Maestro se cubría con él. A esa delicada mano de mujer, le di el regalo de mi sonrisa.

24veronica

Tuve paganas que admiraban al ‘filósofo.’ Porque eso era para ellas. Y cuando todo un mundo de ingratos me había abandonado… Ellas, las poderosas romanas; no tuvieron empacho en aceptar las costumbres hebreas, para decirme: ‘Somos tus amigas’

23An_Audience

Me moría de sed. La fiebre y el dolor se habían apoderado de Mí. Ya había manado Sangre de Mí, en el Getsemaní por el Dolor de ser Traicionado, abandonado, negado, azotado, sumergido por las culpas infinitas y por el Rigor de Dios. También corría sangre en el Pretorio…

¿Quién quiso dar una gota de agua a mi garganta que ardía de sed? ¿Una mano de Israel? No. Un pagano compasivo. La misma mano que por decreto eterno, me abrió el pecho para mostrar que el corazón tenía ya una herida mortal.

Y era que la falta de amor, la cobardía, la Traición; ya la habían abierto. Fue un pagano. Os lo recuerdo: “Tuve sed y me dio de beber” En todo Israel no hubo Uno, que me hubiese dado un solo consuelo.

25rostro de cristo

O porque no podían, como mi Madre, las mujeres fieles y los pastores. O por mala voluntad.

Y un pagano tuvo para el Desconocido, un gesto de compasión que mi pueblo no me dio. En el Cielo encontrará el sorbo de agua que me dio…

En verdad os digo que sí rechacé todo consuelo, porque cuando se es víctima no conviene templar la suerte. No quise rechazar lo que me ofrecía el pagano; porque en ello probé la miel de todo el amor que los gentiles me brindarán, en recompensa de toda la amargura que me hizo beber Israel.

No me quitó la sed. Pero sí el desconsuelo. Acepté ese sorbo, para atraer hacia Mí, al que ya se inclinaba hacia el Bien. ¡Que el Padre lo bendiga por su compasión!

26longinos

¿No habláis más? ¿Ya no me preguntáis porqué he procedido como lo hice? No os atrevéis ¿Verdad? Os lo diré. Os diré los porqués de esta Hora.

¿Quiénes sois? Mis continuadores. Los sois pese a vuestro extravío. ¿Qué debéis hacer? Convertir al Mundo al Mesías. ¡Convertirlo! Es la cosa más delicada y difícil, amigos míos. Los desprecios, las burlas, el orgullo, el celo exagerado, son cosas que se opondrán al éxito.

Pero como nada, ni nadie os hubiese convencido para que usaseis bondad, condescendencia y caridad;  para con los que están en las Tinieblas. Fue necesario, ¿Comprendéis?…

27Getsemani-oracion-del-huerto-traicion-de-Judas1

Que después de que se hubiera aplastado vuestro orgullo de hebreos, de varones, de apóstoles.  Tuvieseis la Humildad, para comprender la verdadera sabiduría y la grandeza de vuestro ministerio… Y creciese en vosotros la mansedumbre, la paciencia, compasión y el amor sin límites.

¿Veis que aquellos que mirabais con desprecio o con orgullosa compasión, os han superado en la Fe y en el Obrar? Todos. La pecadora de otros tiempos… Lázaro, aficionado a la cultura profana, fue el primero que perdonó y guió. Las mujeres paganas, desafiaron un pueblo enloquecido por el Odio…

28romanas

La débil mujer de Cusa. ¿Débil? En verdad que a todos os supera. Es la primera mártir de mi Fe…  Los soldados de Roma. Los pastores. El herodiano Mannaém y hasta Gamaliel el rabino…  No te estremezcas Juan. ¿Crees que mi espíritu estaba en las Tinieblas?

Y esto os ha sucedido, para que el día de mañana al recordar vuestro error, no cerréis vuestro corazón a quien se acerca a la Cruz. Y sin embargo Yo sé que no lo haréis hasta que la Fuerza del Señor, no os haya revestido con su Fuego.

29Crucifixion-Christ-Cross-Mormon

Pedro. En lugar de estar llorando, tú que debes ser la Piedra de mi Iglesia, grábate ésta verdad en el corazón: La mirra se emplea para preservar de la corrupción, llénate de su amargura. Y cuando quieras cerrar tu corazón y la Iglesia a uno de otra fe, recuerda que no fue Israel…  No Israel, sino Roma; quién me defendió y tuvo piedad…

Acuérdate que no fuiste tú, sino una pecadora, la que tuvo la osadía de estar a los pies de la Cruz y por eso mereció ser la primera en verme.

30magdalena

Y para que no te hagas digno de una reprensión, Imita a tu Dios. Abre tu corazón y la Iglesia diciendo: “Yo el pobre Pedro no puedo despreciar, porque si lo hiciere; Dios me despreciará y mi error tornará cual es, ante sus ojos” ¡Ay de ti si no te hubiera reducido a este estado! Serías un Lobo y no un Pastor. 

Jesús, revestido con toda su imponente majestad se pone de pie…

Hijos míos, os hablaré más veces, mientras esté con vosotros. Entre tanto os absuelvo y os perdono. Después de la Prueba que si  fue cruel y avasalladora… También fue necesaria y saludable.

31Carl_Heinrich_Bloch_-_Consolator

Descienda sobre vosotros la paz del Perdón. Y con ella en el corazón volved a ser mis amigos fieles y fuertes. Mi Padre me envió al Mundo. Yo os mando a él, para que continuéis mi Evangelización.

Miserias de toda clase vendrán a vosotros en demanda de consuelo. Sed buenos, pensando en la miseria vuestra, cuando os quedasteis sin Mí… Llevad con vosotros la   Luz. En las Tinieblas no se puede ver. Sed limpios, para que otros lo sean. Sed amor para amar.

32Josephsaltar_Altarblatt_Pfingstwunder

Luego vendrá El que es Luz, Purificación, Amor. Para prepararos a este Ministerio os comunico el Espíritu Santo. A quienes les perdonareis sus pecados, les serán perdonados. A quienes no, no se les perdonarán. Vuestra experiencia os haga  justos para juzgar.

El Espíritu Santo os haga santos para santificar. Vuestra voluntad sincera de reparar vuestra falta, os haga heroicos para la vida que os aguarda. Lo que todavía no os digo, os lo diré cuándo el que está ausente, haya venido. Rogad por él. Quedaos con mi paz y sin angustia alguna de que no os ame.

Jesús desaparece igual que como entró, dejando entre Pedro y Juan el lugar vacío. Desaparece en medio de un resplandor que hace que los apóstoles cierren sus ojos. Cuando los abren, encuentran que solo la Paz de Jesús ha quedado como una flama que quema y que sana. Que consume las amarguras del pasado en un solo deseo: el  de servir.

33emaus

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

221.- SACRIFICIO DE DIOS


1gran-consejo1

Las principales cabezas del Gran Consejo: Eleazar ben Annás, Sadoc, Nahúm, Elquías, Ismael ben Fabi y Doras…  Llenos de soberbia y engrandecidos porque consiguieron la ejecución de Jesús, han tomado otra gran decisión y…

Con un gran revuelo de vestidos, los seis se adelantan a donde están las mujeres y preguntan con arrogancia:

–                       ¿Dónde está Lázaro?

–                       ¿En su palacio?

Sólo unas cuantas se quedan en su sitio, entre ellas las romanas…  Las otras corren aterrorizadas a refugiarse detrás de los pastores…

Claudia los mira con indignación y su rostro se endurece…

2claudia

Pero guarda silencio. Y hace una imperceptible seña a Octavio, que es el oficial más próximo a ella…

El centurión comprende…

Al mismo tiempo…  María Magdalena da un paso adelante. Se levanta el velo, hallando en su dolor la antigua intrepidez de cuando era pecadora y…

Dice desafiante:

–                       Id. Encontraréis en mi palacio a los soldados de Roma y a quinientos armados de nuestras tierras que os castrarán como a viejos cabrones, destinados para servir de alimento a los esclavos que trabajan en los molinos.

Nahúm y Sadoc exclaman indignados:

–                       ¡Desvergonzada!

–                       ¿Así hablas a los sacerdotes de Jerusalén?

3y elquías

María revienta con Ira:

–                       ¡Sacrílegos! ¡Sucios! ¡Malditos! ¡Volteaos! En vuestras espaldas estoy viendo llamas infernales…

Los cobardes se voltean realmente aterrorizados, pues la afirmación de Magdalena no deja lugar a ninguna duda…

Pero lo que tienen a sus espaldas son las lanzas puntiagudas romanas, porque Longinos ha dado la orden a los soldados que estaban en descanso de entrar en acción y pican las nalgas de los infames y sacrílegos:

Los egregios miembros del Gran Consejo… Que huyen gritando y maldiciendo…

Pero Roma es más fuerte… La media centuria se queda, para cerrar el paso de las dos entradas y para hacer de baluarte a la plazoleta.

4legionromana

Magdalena se baja el velo y regresa con las demás mujeres.

Mientras tanto en el escenario de la crucifixión…

Gestas el ladrón de la izquierda, continúa los insultos desde su cruz. Parece como si compendiase las blasfemias de los demás…

Concluye diciendo:

–                       Sálvate y sálvanos, si quieres que se te crea. ¿Tú el Mesías? ¡Eres un loco! El mundo es de los listos y Dios no existe. Yo existo… Es la verdad. Y para mí todo es lícito. ¿Dios?… Es una locura puesta para manteneros quietos. ¡Viva nuestro yo!…  ¡Solo él es el rey y dios!

5dimasygestas

Dimas el otro ladrón, que casi tiene a sus pies a María a quien mira más que a Jesús, le dice:

–                       ¡Es la Madre! ¡Cállate! ¿No temes a Dios ni siquiera ahora que sufres esto? ¿Por qué insultas a quién es Bueno? Él está en un suplicio mayor que el nuestro; porque Él no ha hecho nada malo…

Pero el otro ladrón sigue con sus imprecaciones.

Jesús sigue callado. Jadeando por el esfuerzo de la posición. Por la fiebre. Por el estado cardiaco y respiratorio, consecuencia de la atroz Flagelación y también por el infinito sufrimiento en el Getsemaní.

6huerto

Trata de encontrar alivio aligerando el peso que cae sobre los pies, colgándose de las manos y haciendo fuerza con los brazos, para evitar el calambre que siente en los pies y que se nota en el estremecimiento muscular.

Se nota el mismo temblor en los brazos helados en sus extremidades, porque están en alto y la sangre no circula por ellos. Llega apenas a las muñecas de donde mana sin llegar a los dedos; sobre todo en la mano derecha, y tienen ya un color cadavérico. No se mueven y se han doblado sobre la palma.

7JesusEnLaCruz

También los dedos de los pies muestran su tormento: los pulgares se mueven para arriba y para abajo… Se abren.

El tronco se cansa sin encontrar alivio…

8_victoria_cristo_dorso2

 Los riñones que fueron casi destruidos  y desde la Flagelación dejaron de funcionar…  Incapaces de filtrar más; han causado que la urea se haya acumulado y esparce por todo su cuerpo una aguda intoxicación urémica, torturándolo con este sufrimiento que se agrega a los demás.

9flagelado

Las feroces contusiones de sus riñones, serán los agentes químicos más poderosos en el milagro del Sudario…

10sudario-turin

 Quien sea médico o haya estado enfermo de uremia, puede comprender cuales sufrimientos le están dando las toxinas urémicas tan abundantes y que serán el reactivo que trasudando su cadáver y mezclándose con los aromas; fijarán la impresión indeleble sobre la tela, haciendo que Dios conceda la prueba irrefutable de la Crucifixión y de las precedentes torturas…

11torturado

Las costillas muy anchas y altas, porque la estructura del Cuerpo de Jesús es perfecta; se han dilatado más de lo imaginable por la posición del cuerpo y por el edema pulmonar.

Y sin embargo no pueden aligerar el esfuerzo de respirar… Tanto es así, que todo el abdomen ayuda con sus movimientos al diafragma, que poco a poco se va paralizando.

La congestión, la asfixia, aumentan minuto a minuto; como lo muestra el color azulado que ya se ve en los labios.

El color rojizo de la fiebre, con matices de un rojo violeta que ya se distingue en el largo cuello, con las yugulares hinchadas. Los rasgos llegan hasta las mejillas, por las orejas y las sienes.

13rcristo

La nariz se ha afilado exangüe. Los ojos se hunden cada vez más, dejando una lividez donde la sangre de la corona no los baña.

Bajo el arco izquierdo costillar, se destaca el golpe con que bate la punta cardiaca. Irregular pero fuerte. Y de vez en cuando, por una convulsión interna, el diafragma tiene un sacudimiento profundo, que se revela por una distensión total de la piel obligada al máximo; en este cuerpo herido y agonizante.

El rostro tiene la nariz torcida y el ojo derecho casi cerrado por la hinchazón. La boca está abierta con su herida en el labio superior, que ya es una costra.

14sudario-turin

Teniendo en cuenta la pérdida de sangre, la fiebre, el sol… Todo esto hace que la sed sea un martirio insoportable. Tanto que Él, maquinalmente, bebe las gotas de su sudor y de su llanto. Y también las de su sangre, que bajan por la frente hasta su bigote y que Él recoge con la lengua…

La corona de espinas le impide apoyarse al tronco de la cruz para poder sostenerse con los brazos y así poder aliviar sus pies. Los riñones y toda la espina se arquea hacia fuera; separando de la Cruz la pelvis, haciendo que cuelgue suspendido, el Cuerpo de Jesús.

15redencion

Los judíos, arrojados más allá de la plazoleta; no dejan de insultar y Gestas el ladrón impenitente se hace eco…

Dimas, el otro condenado que mira con mayor compasión a la Virgen, llora y le reprocha duramente cuando oye que también Ella es insultada soezmente…

Le grita con angustia:

–                       ¡Cállate! Acuérdate que naciste de una mujer. Piensa que nuestras madres han llorado por nosotros. Y fueron lágrimas que la vergüenza les arrancó… Porque somos unos criminales.

Nuestras madres ya murieron… Quisiera pedirle perdón… ¿Lo podré? ¡Era una santa! ¡La maté con los dolores que le ocasioné! Soy un pecador. ¿Quién me perdona?…  –y volviéndose a María implora-  Madre. En Nombre de tu Hijo que agoniza, ruega por mí. Soy Dimas…

16mater-dolorosa

María levanta su rostro desgarrada por el dolor. Mira a este malvado que a través del recuerdo de su madre, se encamina hacia el arrepentimiento…

Y parece como si lo acariciara con su mirada de paloma.

Dimas llora recio, lo que provoca mucho más las befas de la chusma y de su compañero.

Los del Sanedrín:

–                       ¡Bravo, bravo!

–                       Tómatela por Madre.

–                       Así tiene dos hijos criminales.

Y Gestas, el otro ladrón:

–                       Te ama porque eres un retrato de su amado.

Jesús habla por vez primera:

–                       Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…

17redencion

Esta súplica vence los temores que le quedaban a Dimas. Se atreve a mirar a Jesús y proclama su fe…

Le suplica:

–                       Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. Es justo que yo sufra. Compadécete de mí y dame la paz en la otra vida. Te oí hablar una vez y necio, rechacé tus palabras. Ahora me arrepiento de ello y de mis pecados delante de Ti, Hijo del Altísimo.

Creo que has venido de parte de Dios. Creo en tu Poder. En tu Misericordia. Jesús, perdóname en nombre de tu Madre y de Tu Padre  Santísimo…

Jesús se vuelve y lo mira con gran compasión.

18DIMAS

Una sonrisa ilumina su pobre boca herida y responde:

–                       Te digo esto: Hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Dimas, el ladrón arrepentido se tranquiliza y…

Dice como si fuera una jaculatoria:

–                       Jesús Nazareno Rey de los Judíos, ten piedad de mí. Jesús Nazareno, Rey de los Judíos, espero en Ti. Jesús Nazareno Rey de los Judíos, creo en tu Divinidad.

El otro continúa con sus blasfemias.

El cielo se pone más lóbrego. Las nubes se cierran y no se abren para que pase el sol. Se amontonan unas sobre otras con copas plomizas, blanquecinas y verdosas.

19mort_Jesus

El viento las empuja y cabalgan sobre sí. Se enredan y desenredan, según las rachas de un viento frío que a intervalos, atraviesa ruidoso el firmamento y luego baja a la tierra.

Más tarde se calla. Parece ser más siniestro cuando se calla, pesado y muerto; que cuando silba cortante y veloz. La luz que hasta ahora había sido fuerte, está tomando un tinte verdoso bastante extraño, casi como el que se ha visto alguna vez en un eclipse total de sol…

20eclipse-total

Las caras reflejan facciones estrambóticas…

Los soldados, bajo sus yelmos y corazas que antes brillaban; ahora se han empañado en la luz verdosa y bajo un firmamento cenizo, muestran sus perfiles duros y parecen estatuas esculpidas.

Las de los judíos que en su mayoría tienen los cabellos negros, parecen ahogados de color térreo.

Las mujeres parecen estatuas de nieve azulada por la palidez que la luz les va marcando.

21(Eli_Eli_lama_sabactani)_-_James_Tissot

Jesús se pone extremadamente lívido, como si ya hubiera muerto. La cabeza le cuelga sobre el pecho. Ya no tiene fuerzas. Tiembla pese a la fiebre que lo consume.

En su debilidad murmura el nombre que antes solo ha dicho en lo íntimo de su corazón:

–                       ¡Mamá! ¡Mamá!

Lo dice tan bajito que es como un suspiro en su delirio de agonizante.

La Virgen lo escucha con el ansia inmensa, de extender sus brazos y socorrerlo.

22mcruz

La cruel gentuza se ríe de esas contracciones musculares y de quién las sufre.

Los sacerdotes y escribas suben de nuevo hasta la plazoleta donde están los pastores.

Y como los soldados quieren echarlos hacia abajo otra vez…

Ellos protestan:

–                       ¿Están los Galileos?

–                       También nosotros debemos comprobar que se cumple la justicia.

–                       Y desde lejos, en medio de esta extraña luz, no podemos ver bien.

23fariseo

De hecho, muchos empiezan a impresionarse por la luz que va envolviendo todo y empiezan a sentir miedo.

También los soldados señalan el firmamento y una especie de cono color pizarra por lo oscuro; que se levanta como un pino detrás de una cima…

Parece una tromba marina. Se levanta cada vez más y parece como si engendrara nubes cada vez más negras.

24jcruzsol

En medio de esta luz crepuscular pavorosa, Jesús entrega la persona de Juan a María y viceversa. Con la cabeza inclinada; porque su Madre se ha puesto más bajo la Cruz, para verlo mejor…

Jesús, a ambos les dice:

–                       Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo, he ahí a tu Madre.

El rostro de María se desconsuela más después de estas palabras de Jesús que son su testamento…

Jesús no tiene nada más que dejarle, más que a un hombre… El, que por amor al hombre la priva de Sí Mismo… Él, Quién de Ella había nacido…

25calvario

María llora calladamente. Las lágrimas brotan a pesar de sus esfuerzos por contenerlas, aun cuando trata de reflejar en su rostro desconsolado, algo de serenidad a fin de consolar a su Hijo…

Los sufrimientos son cada vez mayores.

En esta luz azul-verdosa que disminuye lentamente, se dejan ver detrás de los judíos, Nicodemo y José de Arimatea…

Que ordenan:

–                       ¡Haceos a un lado!

Los soldados preguntan:

–                       No se puede. ¿Qué queréis?

26nicodemo

Los dos Doctores de la Ley, contestan:

–                       Pasar.

–                       Somos amigos del Mesías.

Los del Sanedrín preguntan desdeñosamente:

–                       ¿Quién es el que atreve a declararse amigo del Rebelde?

José responde con valentía:

–                       Yo. José de Arimatea. El Anciano; noble miembro del Gran Consejo y conmigo Nicodemo…  Jefe de los judíos y Príncipe de los Sacerdotes.

Eleazar ben Annás:

–                       Quien se pone del lado del Rebelde, es un rebelde.

27fariseo1

José declara solemne:

–                       Y quien a favor de los asesinos, un asesino; Eleazar de Annás. He vivido como un justo. Estoy ya viejo y próximo a la muerte. No quiero ser malo cuando ya el Cielo desciende sobre mí. Y con él, el Juez Eterno.

–                       ¿Y tú, Nicodemo? ¡Me maravillo!

Nicodemo contesta con firmeza:

–                       También yo. Una sola cosa me duele y es que Israel se haya corrompido tanto, que no sepa reconocer a Dios.

Eleazar dice con desprecio:

–                       Me causas asco.

–                       Entonces hazte a un lado y déjame pasar. Solo quiero eso.

–                       ¿Para contaminarte mucho más?

28de arimatea

–                       Si no me he contaminado estando cerca de vosotros; ninguna otra cosa me puede contaminar.

José:

–                       Soldado, aquí tiene la bolsa y la contraseña, para que me dejéis pasar.

El decurión más cercano toma la bolsa y la tablilla encerada.

Éste las mira y ordena:

–                       Dejadlos pasar.

José y Nicodemo se acercan hasta donde están los pastores. Los pasan y quedan una veintena de metros adelante de ellos… No se atreven a ir más allá. Se sienten como si estuvieran ante el altar sagrado, ante el Santo de los Santos…

29lugar-santisimo

Ven a Jesús… y lloran abiertamente con un inmenso dolor. Sin importarles la lluvia de injurias e improperios que de parte del Sanedrín, ahora les llueven a ellos…

Los sufrimientos de Jesús se hacen más intensos.

Su Cuerpo experimenta los primeros arqueos tetánicos y cada grito de la chusma debe molestarle muchísimo. La insensibilidad de sus tendones, se extiende desde las extremidades hasta el tronco y respira con mayor dificultad.

30llaga del costado

La contracción del diafragma es cada vez más débil y el movimiento cardiaco se torna irregular. Su rostro pasa del rojo intenso a la palidez verdosa del que muere por desangramiento.

Su boca se mueve con mayor fatiga; porque los nervios del cuello y la cabeza, que sirvieron de palanca a todo el cuerpo y lo dirigían  hacia el travesaño de la Cruz, extienden el calambre hasta las mandíbulas.

31cristo-redentor

La garganta hinchada con las carótidas obstruidas, extiende su edema a la lengua que se ve abultada y que apenas se mueve.

La espina dorsal, aún en los momentos en que las contracciones tetánicas no la arquean completamente desde la nuca hasta las caderas, de dobla hacia delante cada vez más. Porque los miembros se hacen más pesados, a causa de las partes en donde ha empezado ya la muerte.

zpassion_colgado2

La luz tan tenue hace que solo quién está cerca de la Cruz, pueda verlo todo.

Por un momento, Jesús suelta el cuerpo hacia delante y hacia abajo, como si ya estuviese muerto.  No jadea. La cabeza le cae inerte…

La Virgen lanza un trágico grito:

–                       ¡Ha muerto!

Jesús parece realmente muerto.

32cristo-redentor

Las mujeres hacen eco a María y hay una pequeña confusión.

La luz es tan débil que parece que todos estuvieran envueltos en una nube de ceniza volcánica.

Los sacerdotes gritan:

–                       ¡No es posible!

–                       ¡Es un pretexto para que nos vayamos!

–                       Soldado, pícale con la lanza.

–                       Es un buen remedio para devolverle la voz.

Y como los soldados no les hacen caso…

33The_Judgment_of_the_Sanhedrin-_He_is_Guilty!

Una descarga de piedras vuelan hacia la Cruz.

Pegándole a Jesús y cayendo sobre las corazas romanas.

Irónicamente el remedio produce su efecto. Una piedra dio en el blanco y Jesús lanza un gemido doloroso y vuelve en Sí.

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El tórax vuelve a respirar fatigosamente. Con gran esfuerzo, Jesús se apoya una vez más, sobre sus pies torturados; encontrando fuerza solo en su voluntad.

Y se yergue como si estuviese sano. Alza su rostro, mirando con ojos bien abiertos, el Mundo extendido a sus pies… Piensa…

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Una luminosa sonrisa se dibuja en sus labios tan heridos… Cierra los ojos y los vuelve a abrir.

Se queda mirando a lo lejos…

Y murmura con una voz casi inaudible:

+ “Mi mirada se internó a través de los siglos y os vi… Desde aquella hora os bendije… Desde aquellos momentos os he llevado en mi Corazón y cuando sonó el momento de que vinieseis a la tierra… Quise estar presente a vuestra llegada. Regocijándome al pensar que una nueva flor de amor había brotado en el mundo y que viviría para Mí…

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¡Oh benditos míos! ¡Consuelo mío en mi agonía!… Mi Madre, mi apóstol, mis amigos pastores…  Las mujeres piadosas que me acompañaron en mi amargura y mi Infinito Dolor… Todos los que están presentes y me aman, sabiendo que voy a morir… Pero también que estás leyendo esto y a quien mi Madre ha traído hasta aquí…

Mis ojos agonizantes te miraron a través de los tiempos…  junto con el rostro adolorido de mi Madre… Y los cerré gozoso porque habían visto que te salvaríasQue eres digno del Sacrificio de un Dios.”  + 

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

214.- AGNUS DEI


1sanjuanbautista

Juan Bautista había permanecido fiel a Dios y a la Verdad. Arrestado una primera vez por aquel maestro del compromiso que es Herodes Antipas, el cual contemporizaba entre la admiración por el Profeta al que tenía en gran estima, al que consultaba y escuchaba, sabiéndolo justo…  Y el rencor de Herodías su mujer, que odia al Bautista y que lo tiene conquistado con la lujuria y el temor a la ira del pueblo, que veneraba al Profeta.

Había sido puesto en libertad con la consigna de alejarse y callar…  Y Juan había estado en  los confines de Samaría, donde permaneció hasta que fue arrestado por segunda vez.

1juan_bautista_martirio1

Juan era un héroe de la Verdad y la santidad. Herodes, un campeón del fraude y del compromiso. Primero, le defraudó la mujer al hermano e hizo un compromiso con su conciencia, para saciar la carne.

Y luego fue juguete de su propia irreflexión, al dejarse llevar por una complacencia sensual y le juró a Salomé, darle cuanto le pidiese. Y aunque se entristeció…  Una promesa hecha ante toda la corte, debe ser cumplida… Y de esta forma, la cabeza del más santo de los hombres, cayó por un estúpido juramento.

1juanb

¿Cómo pudo hacer esto Herodes?…

Porque no estaba en él la Gracia. Satanás lo controlaba por medio del pecado. Y cuando Satanás tiene controlado a un hombre, éste se hace ciego y sordo a la Luz y a la Voz del Espíritu de Dios.

El espíritu está muerto por el pecado…

Lo mismo les pasa a los sacerdotes del Templo. La Culpa es raíz de la culpa. Una nace sobre la otra y la marea del Mal crece…

Jesús, como un bribón en medio de cien soldados, vuelve a atravesar la ciudad…  Y vuelve a encontrarse con Judas Iscariote…

La misma mirada de compasión amorosa hacia el Traidor… 

1JesusMisericordioso

Ahora es más difícil darle puntapiés o golpearlo, porque va rodeado por la centuria de soldados romanos…  Pero no faltan las piedras y las inmundicias. Si las piedras rebotan sobre los yelmos y las corazas romanas, las inmundicias salpican y manchan la túnica de Jesús, porque el manto lo dejó en el Getsemaní.

Al entrar Jesús en el suntuoso palacio de Herodes, ve a Cusa. Un discípulo que ante el Maestro en desgracia, decide no arriesgar lo que posee en la corte del rey y concluye por desconocerlo y alejarse de Él, después de tanto bien recibido…

Cusa no tiene el valor de mirarlo y se escabulle, tapándose la cabeza con el manto.

A Jesús lo llevan hasta el salón del trono, delante de Herodes. Tras El, los escribas y Fariseos, que sintiéndose a sus anchas; entran como acusadores. Sólo Longinos con cuatro soldados, escoltan a Jesús ante el Tetrarca.

1Herodes (2)

Éste baja de su trono, da vueltas alrededor de Jesús, mientras escucha las acusaciones de sus enemigos. Sonríe y se burla. Luego simula compasión, respeto, que al igual que los insultos, no turban a Jesús.

Herodes dice:

–                       Eres grande. Lo sé. Te he seguido y me he alegrado de que Cusa sea tu amigo y que Mannaém sea tu discípulo. Yo… ocupaciones de estado… pero ¡Qué ganas tenía de decirte que eres grande! ¡De pedirte perdón! La mirad de Juan… su voz… Me acusan y no puedo desprenderme de ellas. Eres el Santo que quitas los pecados del mundo. Absuélveme Mesías.

1j-herodes

Jesús no responde.

Herodes continúa:

–                       He oído que te acusan de rebelarte contra Roma. Pero ¿No eres la vara que azotará a Assur?

Jesús no dice una palabra.

–                       Me han dicho que has profetizado el fin del Templo y de Jerusalén. ¿Acaso no es eterno el Templo como espíritu, pues quién lo quiso Eterno es?

Jesús calla.

–                       ¿Estás loco? ¿Has perdido el poder? ¿Te impide hablar Satanás? ¿Te ha abandonado?

Herodes ríe a carcajadas. Luego da una orden.

Los siervos traen un perro que tiene una pata quebrada y que aúlla lastimosamente. Y a un hombre que parece más bien un aborto, que tiene la cabeza acuosa y deforme, babea y es juguete de los demás.

Los escribas y sacerdotes retroceden precipitadamente, diciendo que es un sacrilegio lo que se hace con el perro.

Herodes, falso y burlón, grita:

–                       Es el preferido de Herodías. Se lo dio Roma. Ayer se rompió la pata y ella llora por él. Mesías, manda que se cure. Haz un milagro.

1j-HERODES (2)

Jesús lo mira con severidad. Sin protestar.

–                       ¡Oh! ¿Te ofendí? Entonces cura a éste. Es un hombre que está peor que un animal. Dale inteligencia. Tú, Inteligencia del Padre. ¿O no dijiste así?  -y ríe con mucho sarcasmo.

Jesús lo mira con mayor severidad.

–                       Este Hombre es muy abstinente y ahora está atontado con tantos desprecios. Traigan vino y mujeres. Desatadlo.

Mientras lo desatan, numerosos siervos traen jarras, copas.

Entran las bailarinas, que lo único que traen es un cendal multicolor, cubriendo sus carnes de la cintura a la rodilla. Y es todo. Bronceadas. Ligeras como gacelas, dan principio a una danza silenciosa y lasciva.

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Jesús rechaza la copa que le presentan y cierra sus ojos sin hablar.

La corte del  Tetrarca se ríe, burlándose del gesto de Jesús.

Herodes invita:

–                       Toma la que quieras. ¡Vive! ¡Aprende a vivir!… –Y hace un gesto a las bailarinas.

Éstas se acercan danzando y bailan alrededor del Reo del Odio.

Jesús parece una estatua. Cruzado de brazos. Los ojos cerrados. Inmóvil; aun cuando las bailarinas lo tocan con sus cuerpos desnudos.

Herodes ordena:

–                       ¡Basta! Te he tratado como a Dios y no te has comportado como tal. Te he tratado como Hombre y tampoco. Eres un loco. Traed un vestido blanco. Ponédselo, para que Poncio Pilatos sepa que el Tetrarca ha tratado a su súbdito como a un loco. Centurión: dirás al Procónsul que Herodes le presenta sus respetos y venera a Roma. Idos…

1juicio

Jesús, nuevamente atado sale llevando sobre su túnica púrpura, la túnica blanca que le llega hasta las rodillas…

Y regresan a la Torre Antonia.

Mannaém no puede contenerse más…

Y en cuanto sale Jesús le reprocha en plena corte a Herodes, su complicidad en el Crimen:

–                       Ya no aguantas los remordimientos por lo de Juan y sabiendo que Él, es el Mesías… ¡Que Él es Dios! También esto te lo he dicho… ¿Cómo te atreves a escarnecerlo así? ¿También eres cómplice de los criminales del Templo?…

1mannaem

Herodes le replica airado:

–                       El que seas mi hermano no te autoriza a faltarme al respeto. -Y volviéndose al comandante de su milicia, ordena- ¡Arréstenlo!…  Por tres días, llévenlo al calabozo, sin comer y sin agua. Y denle veinte azotes por su atrevimiento…

Y mientras Herodes se reclina pensativo,  los soldados herodianos se llevan a Mannaém…

1herodes

El amor prospera en la pureza. En la comitiva que rodea Jesús, está Juan…

Juan, que comparte con María y con Jesús el Dolor. Tuvo un instante de turbación. Una hora de pesadez… Pero cuando superó el sueño con la conmoción de la captura. Y después la conmoción, con el amor.

Se deja llevar por éste y tiene la delicadeza de ir tras el Maestro, arrastrando consigo a Pedro, para que el Rabí tenga un consuelo; viendo a la cabeza y al predilecto de sus apóstoles.

Juan, colmado con el amor de compasión, piensa también en la Madre. Él no sabe que Ella está viviendo los tormentos del Hijo y que mientras los apóstoles dormían, ella velaba y oraba, agonizando junto con Él.

Juan no lo sabe. Su amor lo lleva a seguir a Jesús entre la multitud embriagada de Odio, con sus vestidos que lo delatan como Galileo.

No es cosa fácil. Se está arriesgando a ser lapidado, por ser seguidor del Nazareno. Pero eso no le importa…  El amor lo sostiene y él desafía todo; porque no piensa en sí, sino en los dolores de Jesús y de su Madre.

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Los demás huyeron y están escondidos. La prudencia y el miedo los guían…

A Juan lo guía el amor. Su piedad y su buen sentido lo inducen a esperar y a mantener a María lejos de la multitud y del Pretorio.

Él no sabe qué María comparte con Jesús todo lo que le sucede, padeciéndolo espiritualmente. Es solamente un jovencito inerme que todavía no cumple veinte años; pero que sigue fiel a su Maestro hasta la hora en que será necesario llevarle a María…

Pues Jesús tiene necesidad de la Madre y no está bien que Ella esté separada de su Hijo…

La ciudad ha quedado vacía en los demás lugares y la gente no se ha cansado de esperar ante el palacio proconsular. Ahora, cuando la centuria trata de abrirse paso a duras penas por entre la multitud, pues parece que todos los habitantes de Jerusalén y los peregrinos de la Pascua están reunidos aquí, Jesús descubre a los pastores discípulos…

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 Están todos. Reunidos junto con un reducido grupo de galileos. También ve a Juan, adentro del atrio, semiescondido detrás de una columna y junto a un siervo romano.

Jesús les envía a todos una sonrisa de bendición…Pero, ¿Qué son estos pocos y qué son Juana, Mannaém y las mujeres, en medio de un océano que hierve de odio?

Los que quieren la muerte de Jesús, no creen que Él sea el hijo de Dios. Como máximo lo consideran un profeta. No creen que Él pueda ser el Mesías. Sólo los puros de corazón, los sencillos, los humildes, han visto la verdad bajo las apariencias…

Los grandes están engreídos de soberbia y ésta es humo que esconde la verdad y corrompe el corazón. Por eso no ven y no pueden creer que el Esperado Mesías, sea un pobre Galileo… (Ellos lo sueñan nacido en un palacio)

Un manso que predica  la renuncia. (Ellos lo piensan un grandioso conquistador de pueblos, al estilo de Alejandro Magno)

1alexander

Consideran que Jesús es un peligroso denunciador de sus maldades y lo que quieren es proteger sus intereses…

Jesús como Cordero de Dios, está bajo la Justicia del Padre Celestial.

Pero aunque Él no ha intervenido para ayudarlo, Jesús no pierde la Fe en Él. Tiene resignación con el Dolor. Permanece aferrado al Cielo, aunque en estos momentos el Cielo lo rechace…

Longinos saluda a Poncio Pilatos y le da el parte.

El Gobernador exclama:

–                       ¿Aquí de nuevo? ¡Oooh, no! ¡Maldita raza! Que se acerque la plebe y traed aquí al Acusado. ¡Vamos! ¡Qué fastidio!

1jantepilatos

Camina hasta la mitad del atrio y se dirige a la turba:

–                       Hebreos, escuchad:

Me habéis traído a este Hombre como a un alborotapueblos. Lo he examinado ante vosotros y no he encontrado en Él, ninguno de los delitos de los que lo acusáis. Tampoco Herodes ha encontrado algo y por eso lo remitió. No merece la muerte.

¡Roma ha hablado! Pero para no disgustaros privándoos de vuestra diversión, os daré a cambio a Barrabás. A Él haré que le den cuarenta azotes. ¡Y basta!

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Los judíos furiosos gritan:

–                       ¡No, no!

–                       ¡No, Barrabás!

–                       ¡No, Barrabás!

–                       ¡A Jesús la muerte!

–                       ¡Y muerte de Cruz!

–                       ¡Déjanos a Barrabás y condena al Nazareno!

Pilatos trata de convencerlos:

–                       Pero tened en cuenta que dije fustigación. ¿No basta? Haré que lo flagelen. Es algo atroz. ¿No lo sabéis? ¡Puede morir con ella! ¿Qué mal ha hecho? No encuentro ninguna culpa en Él. ¡Lo libertaré!

Esto enardece a la multitud:

–                       ¡Crucifícalo!

–                       ¡Crucifícalo!

–                       ¡A la muerte!

–                       ¡Eres un protector de criminales!

–                       ¡Pagano!

–                       ¡También tú eres Satanás!

1crucifícale

La plebe se agita. La primera línea de soldados ondea con el golpe, sin poder usar las astas. Pero la segunda fila baja al segundo peldaño; usa las lanzas y ayudan a sus compañeros.

Pilatos es un débil. Como todos los débiles, no se decidió en espera de poder calmar  a los amotinados israelitas. Y fue peor…

Para triunfar en el mundo. Para tener honores y riquezas, hay que saber hacer del sí, un no y del no, un sí. Según lo aconseje el buen sentido ‘humano.’

Para ser veraz hay que ser un héroe. Hacer frente al peligro y a los eventos, con fortaleza de acero y serenidad pronta para que el bien se realice y se esquive el Mal sin ambigüedades. Pero, ¿Dónde están los héroes?…

Este día el Procónsul no lo es.

1rakdos-demonio-

Por medio de sus vicios, también es una marioneta de Satanás y lo manifiesta con su cobarde debilidad…

Ordenando al centurión:

–                       Que se le flagele.

–                       ¿Cuánto?

–                       Cuanto te parezca… ¡No hay más que hacer! Yo estoy aburrido. Ve.

Con esta cruel transacción, Pilatos espera calmar  a la plebe y salvar a Jesús.

Lo único que ha conseguido es hacer mayor su sufrimiento. ¿Acaso no sabe que la plebe se embrutece al beber sangre? Pero Jesús debe ser quebrantado para expiar nuestros pecados…  

1agnus -dei

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

211.- LA MIRADA DEL PERDÓN


1arrestado

Jesús se queda solo y empieza el Camino de Dolor a través de la vereda pedregosa, que de la plazoleta donde ha sido capturado, lleva al Cedrón y luego a la ciudad.

La burla y la crueldad empiezan al punto. Lo han atado de las muñecas y en la cintura, como si fuera un hombre peligroso…

Hombres llenos de odio, tienen en sus manos las puntas de las cuerdas y lo tiran de un lado para otro, como si fuera una piltrafa.

Para causar mayor dolor, lo han atado con dos cuerdas contrarias. Una tira de las muñecas raspándolas y lacerándolas. Y la otra aprieta los codos contra el tórax junto con el abdomen, molestándolo en el hígado y los riñones con un grueso nudo. Le azotan con las puntas de las cuerdas, que terminan en un grueso nudo y…

Gritan:

–                       ¡Arre! ¡Adelante, borrico!

A sus palabras agregan puntapiés detrás de las rodillas, haciéndolo trastabillar…

Y aunque no cae al suelo, si se golpea contra los troncos y contra las paredes de un puente en el Cedrón.  Luego le dan un jalón tan violento, que se golpea en la boca contra un borde y comienza a sangrar…

Jesús levanta sus manos amarradas para limpiarse la sangre que le corre por la barba, pero no dice nada. Es en verdad el Cordero, que no se opone a quién lo atormenta…

2jpreso

Se empieza a juntar la gente que toma piedras y guijarros en el arenal y se los arrojan a la cabeza y a la espalda que no solo lo hieren a Él, sino también a  sus captores. Pero éstos no se dejan…  Y pronto Jesús queda bajo una lluvia de piedras y palos de ambos bandos, que más bien le pegan a Él.

Pasan el puente y toman por una callejuela. El Odio va aumentando… Y el objetivo es la elevada estatura de Jesús.  Es fácil herirlo. Jalarle los cabellos. Obligarle a doblar la cabeza, sobre la que arrojan inmundicias… Y al darle en la cara, le llega a los ojos y  la boca, causándole náuseas y dolor.

Entran en el suburbio de Ofel donde sus habitantes, tanto bien recibieron de Él.

La gente llama a los que están durmiendo para que se asomen.

Las mujeres aterrorizadas; gritan de dolor y huyen al ver lo que sucede.

Los hombres…  Los mismos que recibieron de Él milagros, ayuda y consuelo… Fingen indiferencia o se unen a la turba; al odio, a las carcajadas, a las amenazas, mostrando su crueldad.

Es indudable que Satanás está obrando…

A un hombre casado que quiere seguir a la gente, su mujer le sale al encuentro gritándole:

–                       ¡Cobarde! ¡Si vives es por Él! No lo olvides, ¡Tú; montón de podredumbre!  -el marido, con un fuerte golpe la hace a un lado. Ella cae al suelo. Mientras él corre a juntarse con los que golpean a  Jesús y le lanza una piedra a la cabeza.

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Una mujer ya entrada en años, quiere impedir con todas sus fuerzas que su hijo vaya tras ellos, con la ira de hiena en el corazón y con el palo en las manos.

Ella le grita:

–                       ¡Asesino! ¡Él te salvó! ¡Si no fuera por Él, no vivirías!

Su hijo le da un  puntapié en la ingle.

Ella cae gritando:

–                         ¡Deicida y matricida! ¡Sé maldito, por el seno que rompes otra vez y por el Mesías a quien hieres!

Cuanto más se acercan a la Ciudad, tanto más aumenta la violencia…

Antes de llegar a las murallas; Pedro y Juan, que se adelantaron a la multitud que camina despacio…   Se refugiaron en la oscuridad de un zaguán y están cubiertos con los mantos.

Cuando llega Jesús; Juan se quita el manto y deja ver su juvenil cara, pálida y angustiada a la luz de la luna.

Pedro no se atreve a hacer lo mismo, pero se acerca…

Jesús los mira… Y una sonrisa de Bondad Infinita aparece en su rostro.

Pedro toma conciencia de todo… Y regresa a su rincón.

Juan; valerosamente se queda donde está. Y solo cuando la turba lo ha pasado, se acerca a Pedro, lo toma por el codo y lo lleva detrás de la alborotada multitud.

Las puertas se han abierto y los soldados romanos con las armas en la mano, miran atentamente, dónde y como se desenvuelve el tumulto. Prontos a intervenir, si la gloria de Roma lo requiere…

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Se oyen gritos de estupor, burla y compasión de los soldados romanos. Algunos están enojados, porque los hicieron levantarse por causa de ese ‘estúpido’. Otros se burlan de los judíos, que han sido capaces de aprehender a una mujercilla. Otros tienen compasión de la Víctima, porque siempre ha sido bueno.

Y hay quién dice:

–                       Más me gustaría que me mataran, que verlo en esas manos.

–                       Él vale mucho.

–                       Dos cosas amo en el mundo: A Él y a Roma…

Los oficiales exclaman:

–                       ¡Por Júpiter! Yo no quiero ningún problema.

–                       ¡Estos hebreos apestan!

–                       Son unas sierpes.

–                       Voy a avisar…

Jesús continúa caminando por la calle que forma una especie de arco, al subir al Templo.

En una vuelta se encuentra frente a frente con Judas de Keriot…  

Éste lo mira espantado…

Ve sus vestidos manchados por el sudor de sangre… Jesús tiene dos o tres moretones en las manos y en el rostro, causados por las pedradas y los bastonazos. Y sobre la frente, una línea de sangre desciende de una herida producida, por una pedrada. La boca tiene los labios ligeramente hinchados. Pero todavía es tan bello y majestuoso… ¡Es Dios!

Jesús lo mira con infinita compasión…

1ojos de jesius

Es una mirada dulce. Llena de amor y de un Perdón total…

Una mirada que el Traidor no puede soportar… Y baja la cabeza.

Sus captores lo jalan violentamente…

Y cuando Judas  levanta la vista, los ve que lo llevan hacia la Casa de Annás, que está entre ese laberinto que es el Templo y que ocupa toda la colina Sión. La casa está en las extremidades, cerca de una cadena de muros que colindan con la ciudad. Llegan hasta un portón de hierro. Tocan y cuando abren, entran con Jesús.

Juan, que es conocido por los siervos de Annás, lo dejan pasar y el atribulado jovencito sigue a su Maestro…

Atraviesan el vestíbulo, el corredor, el patio. Otro portal, otro patio. Una enorme galería, hasta llegar a una rica sala, donde espera un hombre anciano vestido de sacerdote.

1annás

El oficial lo saluda:

–                       Que Dios te de sus consuelos, Annás. Aquí tienes al culpable. Lo entrego a tu santidad, para que Israel se vea limpio de toda culpa.

Annás le contesta:

–                       Que Dios te bendiga por tu astucia y fidelidad.

¡Vaya cordura! Hubiera bastado con que Jesús hablase como lo hizo cuando lo capturaron, para que los derribara como en el Getsemaní. Pero no. El Cordero de Dios es manso y humilde. Y se mantiene sereno y callado.

Annás, el sacerdote le pregunta:

–                       ¿Quién eres?

Jesús contesta:

–                       Jesús de Nazareth, el Rabí. El Mesías. Tú me conoces. No he hecho nada en la oscuridad.

–                       En la oscuridad no, pero has hecho que la gente se extravíe con enseñanzas tenebrosas. El Templo tiene derecho y obligación de vigilar por el alma de los hijos de Abraham.

–                       ¡Las almas! Sacerdote de Israel, ¿Puedes afirmar que has sufrido por el alma del más pequeño o del más grande, de este pueblo?

–                       ¡¿Y acaso Tú sí?! ¿Qué has hecho que pueda llamarse sufrimiento?

–                       ¿Que qué he hecho? ¿Por qué me lo preguntas? Todo Israel lo sabe. Tanto las piedras de la ciudad santa, como las del más pobre rancho lo publican. He dado vista a los ciegos: tanto para sus ojos, como para su corazón. He abierto los oídos de los sordos: para que oyesen la voz de los humanos y la Voz del Cielo.

1jsanando

He hecho que caminen los lisiados, los paralíticos: para que dejando la carne; emprendan el camino que lleva a Dios y luego continuasen con el espíritu. He limpiado a los leprosos, de la lepra que señala la Ley Mosaica y la de la que Dios aparta su Rostro: el Pecado. He resucitado muertos. No afirmo que sea una gran cosa, llamar a alguien a la vida; pero sí lo es redimir a un pecador. Cosa que he hecho.

He socorrido a los pobres, enseñando a los ambiciosos y ricos israelitas, el precepto santo del amor al prójimo. Y he permanecido pobre; pese al río de oro que pasó por mis manos. He secado más lágrimas que todos vosotros, dueños de riquezas.

1ChristwithChildren_CarlBloch

He repartido una riqueza que no tiene nombre: el Conocimiento de la ley de Dios. La seguridad de que todos somos iguales. Y que a los ojos del Padre vale tanto el llanto como el delito del que lo hiciere: ya sea el Tetrarca o el Pontífice, el mendigo y el leproso que mueren en el camino. Esto he hecho y no otra cosa.

–                       ¿No comprendes que tú mismo te acusas? Has dicho: ‘Y la lepra de la que Dios aparta su Rostro y que no está señalada en el Libro de Moisés.’ Insultas a éste e insinúas que hay lagunas en su Ley…

1jesus-e-a-lei

–                       No. La Ley no es de Moisés, sino de Dios. Yo afirmo que más que la lepra que cubre la carne y que algún día termina; es mayor la culpa que es desgracia del alma y para siempre…

–                       Has tenido el atrevimiento de afirmar que perdonas los pecados. ¿Cómo puedes hacerlo?

–                       Si con un poco de agua lustral y con sacrificar un carnero es lícito y todos creen que es posible anular una culpa, expiarla y verse limpio. ¿Qué no podrá lograr mi llanto, mi Sangre y mi Voluntad?

–                       Tú no has muerto todavía. ¿Dónde está esa Sangre?

–                       Todavía no he muerto. Pero lo estaré. Porque escrito está. Antes de que Sión existiese. Antes de Moisés, antes de Jacob, de Abraham; desde que el rey del Mal mordió el corazón del hombre y lo envenenó. Y con él, el de sus hijos. Está escrito en la tierra. En los libros donde resuena en la voz de  los profetas. Está escrito en  los corazones. En el tuyo, en el de Caifás; en el de los sinedristas que no me perdonan. ¡No! ¡Tales corazones no pueden perdonarme que haya sido Yo Bueno! He absuelto anticipándome a mi Sangre. Ahora realizo la absolución, con la purificación que Ella proporciona…

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–                       Nos has llamado ambiciosos e ignorantes del Precepto del Amor…

–                       ¿Y acaso no es verdad? ¿Por qué razón me queréis matar? Porque tenéis miedo de que os quite el trono. ¡No tengáis miedo de ello! Mi Reino no es de este mundo. Os permito que sigáis siendo los dueños del poder. El eterno sabrá decir un ‘Basta’ que os hará caer fulminados…

–                       ¿Cómo Doras, acaso?

–                       El murió por la ira que tenía, no por un rayo del Cielo. Dios lo esperaba al otro lado, para fulminarlo.

–                       ¿Y me  lo estás repitiendo? ¿A mí que soy pariente suyo? ¿A esto te atreves?

–                       Yo Soy la Verdad. Yla Verdad nunca es cobarde.

–                       Eres un soberbio y un loco.

–                       No soy sincero. Me acusas de haberos ofendido. ¿Pero acaso no os odiáis mutuamente? Ahora el odio que me tenéis os une. Pero mañana, cuando me hayáis matado, volveréis a odiaros mutuamente y con mayor fiereza. Y viviréis con esta hiena sobre la espalda y con esta serpiente en el corazón. Yo he enseñado el amor por compasión al Mundo. He enseñado a no ser ambiciosos. A tener misericordia. ¿De qué me acusas?

–                       De haber introducido una Doctrina nueva.

1Jesus teaching

–                       ¡Oh, sacerdote de Israel! En Israel pululan las nuevas doctrinas. Los Esenios tienen la suya; como los Sadoquitas, los Fariseos.  Cada uno tiene su doctrina secreta. Para uno se llama placer. Para otro, oro. Para el de más allá, poder. Cada quién tiene su ídolo. No así Yo. He vuelto a tomar la Ley de mi Padre, pisoteada. La Ley del Dios Eterno y he repetido sencillamente los Diez Mandamientos; gastando todas mis fuerzas, para que entrasen en los corazones que ya no los conocían más.

Annás se raga las vestiduras y exclama:

–                       ¡Horror! ¡Blasfemia! ¡¿A mí que soy sacerdote, me dices esto?! ¿No tiene Israel un Templo? ¿Acaso somos como los desterrados de Babilonia? ¡Responde!

1rasgando- vestiduras

–                       Lo sois y peor todavía. Hay un Templo, es verdad. Un edificio. Pero Dios no está ya en él. Ha huido ante la Abominación que ha visto en su Casa. Pero, ¿Para que me preguntas tanto, si mi muerte ya ha sido decidida?

–                       No somos asesinos. Castigamos con la muerte, después de haber probado si la culpa lo merece. Quiero salvarte. Respóndeme a esto y te salvaré. ¿Dónde están tus discípulos? Si me los entregas te dejo en libertad. Dime sus nombres. 1jesus-ante-annás-fdr

Los de todos y especialmente los de los más ocultos. –y agrega con ansiedad mal disimulada-  Dime. ¿Nicodemo es discípulo tuyo? ¿José también? ¿Y Gamaliel? ¿Y Eleazar? Y… Pero de esto lo sé… No es necesario. Habla. Ten en cuenta que te puedo condenar o salvar. Soy poderoso e influyente…

–                       Eres fango. Dejo al fango el trabajo de espía. Yo Soy la Luz.

Lo jalonean y un esbirro le da una bofetada.

1tissot-the-tribunal-of-annas-

Jesús continúa:

–                       Yo soy la   Luz. Luz y Verdad. He hablado públicamente a todos. He enseñado en las sinagogas. En el Templo donde se reúnen los judíos. Y nada he dicho en secreto. Lo repito: ¿Por qué me interrogas a Mí? Interroga a los que oyeron lo que dije. Lo saben.

Otro sicario le da un bofetón, gritándole:

–                       ¿De este modo respondes al Sumo Sacerdote?

Jesús le replica:

–                       Estoy hablando a Annás. El Pontífice es Caifás. Le hablo con el respeto debido a su vejez. Pero si te ha parecido que he respondido mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente. ¿Por qué me golpeas?

Annás dice al oficial:

–                       Déjalo. Voy a dónde está Caifás. Tenedlo aquí, hasta que ordene otra cosa. Impedid que alguien hable con Él.

Jesús no habla ni siquiera con Juan que se ha atrevido a seguirlo, sin temer a la plebe de sicarios y está parado junto a la puerta. Con una mirada triste, Jesús le ordena que se vaya y el joven apóstol se retira.

1juicio-anás

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA