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255 PEDRO EVANGELISTA


255 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Un poco cohibidos al principio, los campesinos paulatinamente se sienten a sus anchas.

Y sobre un gran pan que les sirve de plato, les sirven las porciones de cordero.

Ellos comen gustosos y tranquilos en medio de su sencillez;

calmando toda el hambre que acumularon, mientras cuentan los últimos sucesos.

El fuego ilumina esta reunión.

Terminan de comer y de los dos corderos, solo quedan los huesos descarnados.

Y un fuerte olor a grasa que sigue quemándose sobre la leña, que poco a poco se va apagando.

Y en su lugar, entran los rayos luminosos de la luna.

Es entonces que también vienen y se unen a los otros, los campesinos de Yocaná.

Es la hora de hablar.

Judas con posesión diabólica perfecta, por su soberbia hipócrita y su superioridad llena de egoísmo…

Los ojos azules de Jesús buscan a Judas de Keriot… 

Que recargado en un árbol; se hace el desentendido, ante el mudo llamado del Maestro.

Entonces Jesús lo llama con voz fuerte:

–       ¡Judas!».

Como alumno remolón, Judas se levanta y se acerca.

Jesús dice: 

–       No te apartes.

Te ruego que evangelices por Mí.

Estoy muy cansado.

¡Si no hubiera llegado esta tarde, por supuesto que tendríais que haber hablado vosotros!

–      Maestro…

no sé qué decir…

Al menos, hazme preguntas.

–      No te las tengo que hacer Yo.

Y volviéndose hacia el grupo,

pregunta a los campesinos.

–      Vosotros: ¿Qué deseáis oír?,

¿Qué deseáis que se os explique?

Los hombres se miran unos a otros… dudan…

Por fin un campesino pregunta: 

Hemos conocido el Poder y la Bondad del Señor, pero sabemos poco de su Doctrina.

Ahora que estamos con Yocana, tal vez podamos aprender algo más.

Tenemos muchísimos deseos de conocer cuáles son las cosas indispensables,

que deben hacerse para obtener el Reino que promete el Mesías.

¿Podremos obtenerlo con la nada que podemos hacer?

Judas responde:

–       La verdad es que estáis en condiciones muy penosas.

Todo, en vosotros y a vuestro alrededor, conjura para alejaros del Reino.

La falta de libertad para venir adonde el Maestro cuando quisierais;

La condición de siervos de un patrón que si no es una hiena como Doras; 

pero que por lo que se ve, es un perro guardián que a sus siervos tiene prisioneros.

Los sufrimientos y el estado de degradación en que os encontráis… 

todo esto, son circunstancias desfavorables para que elijáis el Reino.

En vosotros no pueden existir más que odio, resentimientos,

críticas o venganzas contra quienes os tratan tan cruelmente.

La cosa mínima y necesaria es amar a Dios y al prójimo.

Sin esto no hay salvación.

Deberéis vigilar para contener vuestro corazón dentro de una sumisión pasiva

a la Voluntad de Dios, que se manifiesta en vuestro destino;

y, aguantando pacientemente al amo, sin permitir a vuestro pensamiento siquiera la libertad

de un juicio, que está claro que no podría ser benévolo respecto al amo,

ni de gratitud por vuestra… por vuestro…

porque veo en vosotros buena voluntad unida a mansedumbre de ánimo,

lo que se manifiesta en vuestra suerte.

Y soportando pacientemente al patrón; sin permitir siquiera a vuestro pensamiento

la libertad de un juicio que no pueda ser benévolo para con él,

ni de agradecimiento para con vuestro… para con vuestra…

En una palabra: no debéis reflexionar en vuestro estado,

para que no tengáis rebeliones en vuestro corazón.

Rebeliones que matarían el Amor.

Quien no tiene amor, no tiene salvación, porque no obedece al primer precepto.

Yo estoy seguro de que os podréis salvar,

porque veo en vosotros la buena voluntad, junto con una mansedumbre de corazón;

lo cual es un buen augurio para que mantengáis lejos de vosotros el Odio… 

Y el espíritu de venganza.

Por lo demás, la Misericordia de Dios es tan grande,

que os perdonará todo lo que ahora falta a vuestra perfección.

Judas ha terminado.

Sigue un silencio profundo.

Jesús tiene la cabeza muy inclinada y no se puede ver la expresión de su rostro.

Pero las de los demás son claras y elocuentes.

Para nada dichosas. 

Las caras de los campesinos reflejan mucho más su estado de envilecimiento…

Y  expresan más abatimiento que al principio. 

Las de los apóstoles y las de las mujeres, una sorpresa aterrada

Y un estupor que casi es miedo.

El anciano responde humildemente: 

–       Trataremos de no dejar que surja en nosotros ningún pensamiento,

que no sea de paciencia y perdón.

Otro de los campesinos suspira:

–      La verdad es que será difícil llegar a la perfección del amor;

para nosotros… 

¡Que ya es mucho si no hemos acabado siendo asesinos de nuestros verdugos!

El corazón sufre, sufre, sufre…

Y aunque no odie, encuentra mucha dificultad en amar,

como esos niños macilentos que tienen dificultad en crecer…

Pedro dice para consolarlos: 

–       No, no, hombre.

Yo, por el contrario, creo que precisamente por haber sufrido tanto,

sin haceros unos asesinos o personas vengativas;

vuestro corazón es más fuerte que el nuestro en el amor.

Amáis sin percibirlo siquiera. 

Y aquí se da cuenta de que ha hablado…

Y se interrumpe para decir:

–       ¡Oh! ¡Maestro!…

Pero… me has dicho que debía hablar…

Que encontrase el tema incluso en el cordero que iba a asar.

He estado mirando, para buscar palabras buenas que decir a estos hermanos nuestros,

para su caso particular.

Pero, la verdad es que -sin duda alguna, porque soy un necio- no he encontrado nada apropiado.

Y sin saber cómo, me he visto muy lejos, en pensamientos que no sé si llamar extravagantes –

en ese caso serían míos o santos.

Entonces provendrían del Cielo.

Yo los manifiesto, tal y como me han venido…

Tú, Maestro, me los explicarás o me reprenderás por ellos,

Y todos vosotros sabréis ser comprensivos.

Así pues, estaba mirando lo primero:

la llama y me ha venido este pensamiento:

“¿De qué está hecha la llama?

Viene de la leña.

Pero la leña por sí sola no arde;

es más, si no está bien seca, no arde de ninguna manera,

porque el agua la carga e impide que la yesca la encienda.

La leña, cuando está muerta, acaba incluso pudriéndose;

desmenuzándose, por la carcoma; pero, por sí sola, no se enciende.

Ahora bien, si una persona la prepara adecuadamente y le acerca la yesca y el eslabón.

Y hace saltar la chispa.

Y favorece que la chispa prenda soplando en las ramas delgadas, para aumentar la llamita inicial. 

Porque se empieza siempre por las cosas más menudas,

entonces la llama brota, prende fuerte, se hace útil, arremete contra todo,

hasta los troncos más gruesos”.

Y me decía a mí mismo:

“Nosotros somos la leña.

Por nosotros mismos no nos encendemos.

Pero, eso sí, es necesario en nosotros el cuidado de no estar demasiado cargados,

de la pesada agua de la carne y la sangre,

para permitir que la yesca se encienda con su chispa.

Y debemos desear arder; porque, si nos quedamos inertes.

Podemos ser destruidos por la intemperie y la carcoma;

es decir, por la humanidad y el demonio.

Sin embargo, si nos abandonamos al fuego del amor,

éste empezará a quemar las ramitas más finas y las destruirá.

Las ramitas, para mí, eran las imperfecciones;

luego aumentará y arremeterá contra la leña más gorda,

o sea, las pasiones más fuertes.

Nosotros, que somos leña, cosa material, dura, opaca, incluso fea;

vendremos a ser esa cosa hermosa, incorpórea, ágil, espléndida, que es la llama.

Todo esto por habernos prestado al amor, que es el eslabón y la yesca,

que de nuestro mísero ser de hombres pecadores, hacen ángeles del tiempo futuro,

ciudadanos del Reino de los Cielos”.

Éste ha sido un pensamiento.

Jesús ha levantado un poco la cabeza y está escuchando con los ojos cerrados…

Y un asomo de sonrisa en sus labios.

Los demás miran a Pedro, todavía con estupor, pero el miedo ha desaparecido..  

Y la admiración ilumina las miradas…

Él sigue hablando tranquilo:

–      Mirando a los animales que se estaban asando,

me ha venido otro pensamiento.

No digáis que soy pueril en mis pensamientos.

El Maestro me había dicho que los buscara en lo que veía…

He obedecido.

Bien, pues estaba mirando a los corderos, y decía:

“Son dos seres inocentes y mansos.

Nuestra Escritura está llena de dulces alusiones al cordero;

tanto para recordar al Mesías prometido y Salvador…

Ya desde la alusión a Él en el cordero mosaico,

como para decir que Dios tendrá compasión de nosotros.

Lo dicen los profetas.

Viene a congregar a sus ovejas, a socorrer a las heridas,

a cargar sobre Sí a las que tienen algún miembro fracturado.

¡Cuánta bondad!” decía.

“¿Cómo tener miedo de un Dios que promete

tener tanta compasión con nosotros, miserables?

Pero” decía también

“tenemos que ser mansos, al menos mansos, dado que no somos inocentes; mansos.

Y estar deseosos de que el amor nos consuma.

Porque, hasta el más bonito y puro de los corderitos, una vez matado,

¿En qué acaba, si el fuego no lo asa?

Pues en carroña podrida.

Mientras que, si lo envuelve el fuego, viene a ser alimento sano y bendito”.

Y concluía:

“En definitiva, todo el bien lo hace el amor,

que nos aligera de los lastres de nuestra humanidad,;

nos hace resplandecientes y útiles;

nos hace buenos ante los hermanos y gratos a Dios;

sublima nuestras buenas cualidades,

hasta un nivel que recibe su nombre de virtudes sobrenaturales.

Y quien es virtuoso es santo, quien es santo posee el Cielo.

Por tanto, lo que nos abre los caminos de la perfección,

no es la ciencia ni el miedo, sino el amor;

el cual, mucho más que el temor al castigo, nos mantiene alejados del mal,

por el deseo de no entristecer al Señor.

Nos hace sentir compasión de nuestros hermanos y amarlos, porque vienen de Dios.

Por tanto, el amor es la salvación y santificación del hombre”.

En estas cosas pensaba mientras miraba a mi asado,

obedeciendo a mi Jesús.

Perdonad si son sólo éstas, pero a mí me han hecho bien;

os las entrego con la esperanza de que también a vosotros os hagan bien.

Todos miran a Pedro admirados, por el apóstol humilde y obediente. 

Solamente Judas, se ha volteado ligeramente y mira hacia lo alto de la montaña…

Sin que él mismo sepa porqué,

siente su corazón lleno de ira.

Y una mirada de odio satánico enciende sus ojos.

Es como una sombra fugaz que descompone la belleza de su rostro,

llenándolo de una maldad, que lo vuelve demoníaco.

Pero es solo por unos momentos.Cuando vuelve su cara hacia el grupo, todo esto ha desaparecido.

Y solo queda su sonrisa llena de soberbia y la autocomplacencia de sentirse superior.

Cuando Pedro termina, los campesinos están consolados y contentos.

Y dicen que así será muy fácil seguir la Doctrina del Amor.

Judas está amoscado.

Los demás están sorprendidos y miran a Pedro con un nuevo respeto.

Jesús abre los ojos.

Ahora están radiantes.

Alarga un brazo y pone la mano en el hombro de Pedro:

Y le dice: 

–      Verdaderamente has encontrado las palabras que debías. La obediencia y el amor han hecho que las encontraras;

la humildad y el deseo de consolar a tus hermanos harán de ellas,

estrellas en su cielo oscuro.

¡Dios te bendiga, Simón de Jonás!  

Pedro responde

–      ¡Que Dios te bendiga a Ti, Maestro mío!

¿No vas a hablar?

–      Mañana los campesinos entrarán en su nueva condición de dependencia.

Bendeciré su entrada con mi Palabra.

Podéis marcharos en paz.

Que Dios esté con vosotros.

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¡¡¡ UN ATAQUE DEVASTADOR !!!


Cada jueves de 11:00 p.m. hasta las 3:00 a.m. del viernes es la Hora de Getsemaní. Las siguientes oraciones se deben decir durante ese tiempo:  

O cuando se use para tomar fortalezas satánicas, liberación o cualquier otro ataque devastador contra las Huestes del Maligno,

podemos rezarlo cómo deseemos, a la hora que lo necesitemos y con el OBJETIVO que queramos alcanzar.  

El Infierno entero SE ESTREMECE cuando tomamos la ofensiva y huyen como cucarachas en un barco que se hunde… 

¡Sin saber cómo ESCONDERSE de nuestro ataque devastador!

Vamos a tomar el flagelo nuclear como ejemplo para enseñaros…

Armadura continua y en toda circunstancia:

“Sangre Preciosa de mi Señor Jesucristo, cúbreme y protégeme de todo mal… Amén

Señor yo me uno a la Iglesia Triunfante y Purgante, además de la militante que esté orando en la Tierra para… que cubiertos con tu Sangre Preciosa, te entregamos a TODOS los participantes que nos flagelan con el Peligro Nuclear. Amén

El jueves de cada semana, el Padre Eterno pide que nos unamos a Jesús en su pasión entre las horas 11:00 P.M. y hasta mañana a las 3.00 a.m, Meditando en los Misterios Dolorosos de Jesús.

Para acompañar a Jesús en su Dolor Infinito

La Coronilla de la Misericordia es para apaciguar la Cólera de Dios.

El Rosario al Padre Eterno es para consolarlo y para luchar contra el Anticristo

Rosario a la Gloria del Padre Eterno

Postrados en el suelo: ante el Crucifijo: 

Por la Señal de la Santa Cruz…

Persignarse…

El polvo de la tierra te saluda.

El polvo de la tierra te Bendice.

El polvo de la tierra te pide perdón. 

El polvo de la tierra te ama.

El Polvo de la tierra besa el polvo,

de dónde fue sacado y a dónde ha de volver…

para que besando el suelo que pisas…

Escuches la Oración que te presento, a través del Inmaculado Corazón de María Santísima y

por la Sangre Preciosa de Jesús ..

En esta Hora de Getsemaní, como almas víctimas nos unimos a los Sufrimientos Redentores de nuestro Salvador para…

Interceder por todos los involucrados en manejar el Gran Flagelo del la Energía Nuclear, te los entregamos ABBA para que con la Agonía de Jesús en Huerto de Getsemaní…

Sean Bendecidos por Tí y con su arrepentimiento, alcancen tu Misericordia y tu Salvación…

.”Y hágase tu Voluntad en la Tierra, en todo el Universo y en TODA la Creación, como en el Cielo- Amén  

Las Oraciones en Latín son más letales para el Maligno, que todas sus bombas nucleares juntas…

Los Guerreros Celestiales….

NO TIENEN NADA QUE TEMER AL ANTICRISTO.

Ésta hora de intercesión la ofrecemos por TODAS las almas que están siendo llamadas a Tu Presencia por las huestes homicidas del Anticristo…

Y por TODOS los gobernantes responsables de sus países y de las vidas de sus súbditos sojuzgados por ellos, así cómo las de los que sus decisiones

afectan en sus vidas, en sus muertes y en sus destinos, como hermanos creados por el Altísimo. 

Nos entregamos junto a todos ellos, cubiertos y consagrados con la Sangre Preciosa de Jesús. Amén

 crucifijo agonizante

De rodillas ante el Crucifijo Agonizante:

ROSARIUM Signum Crucis

Per signum Crucis de inimicis nostris libera nos, Deus noster. In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

Ave María purísima, sin pecado concebida (3v)

OFRENDA…  

Yo… (nombre y apellido) Yo, Humanidad. Yo, género Humano. Yo, Germen de Adán. Yo, creatura junto con la Creación.

Yo, Polvo de la Tierra…

Me uno en Oración al Corazón Inmaculado de nuestra Señora, Madre y Reina María Santísima; al Sacratísimo Corazón de Jesús; a Sn José, Padre de Nuestro Señor Jesús y Padre nuestro.

A la Milicia Celestial de Arcángeles y ángeles, dirigidas por San Miguel Arcángel; para repeler toda la maldad de los demonios, sus agentes terrenales y huestes del Mal.

A las benditas almas del Purgatorio, para implorar por todas sus intenciones y las de los consagrados recluidos allí.

El polvo de la tierra implora a Jesús, María y José:

‘salvad las almas y llevadlas a la gloria del Cielo. La Victoria es de nuestro Dios, escrito está. 

Yo me Uno con todos los ángeles y santos del Cielo, las pobres almas del Purgatorio y todos los justos de la Tierra; con todas las Misas y oraciones de Alabanza a Dios Uno y Trino que se hayan orado o que se vayan a orar.

Todas las lágrimas, gozos, sacrificios y sufrimientos de cada alma, que alguna vez haya vivido o que vaya a vivir, en la Tierra o en el Universo.

Lo uno todo al Corazón Adolorido de María Santísima a los pies de la Cruz y ofrezco con él a toda la Creación y el Sufrimiento de la Creación a Jesús, por la Conversión de los Pecadores.

Por el Círculo Dorado de la Perfección, la liberación de las almas del Purgatorio, la santificación de los sacerdotes y religiosos,

los Deseos de los Dos Corazones de Jesús y de María, la paz en el Mundo, la regeneración de la Creación, el Universo…

Y mis intenciones…(mencionarlas aquí)  

Señor, te entregamos a todos los Reyes de este Mundo, cubiertos con la Sangre de Jesús…

“Oh bienaventurado Ángel de mi Guarda; os confío el cuidado de mi cuerpo, alma y espíritu; combatid conmigo toda fuerza del Mal.

En la batalla espiritual contra el enemigo de mi alma no me desamparéis; de día y de noche permaneced a mi lado; libra mi cuerpo de venganzas, accidentes, violencia, etc.

Protege mi mente, sentidos, pensamientos y potencias de todo dardo incendiario y guarda mi espíritu de caer en pecado. Tómame de la mano y alláname el camino que me lleva a la Gloria de Dios”. Amén.

ARMADURA ESPIRITUAL

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Señor Jesús, Yo… (nombre y apellidos) te consagro mi mente con sus potencias, sentidos, pensamientos, memoria, consciente, inconsciente y subconsciente, a tu gloriosa sangre derramada por ti, a mi favor.

Me sello y protejo con tu sangre redentora de todo falso pensamiento, de toda sugestión negativa, de toda falsa imaginación, de todo temor, de todo engaño.

Que tu sangre redentora, Señor Jesús, me limpie, purifique, descontamine y libere y me conceda la gracia de poder tener dominio propio en mi integridad física, psíquica, biológica y espiritual. Amén.

Poderosa Sangre de Salvación, combate al enemigo en mi cuerpo, mente, y espíritu (3 veces esta jaculatoria cuando sintáis ataques fuertes del enemigo).

Sangre Preciosísima de mi Señor Jesucristo, cúbrenos y protégenos de todo mal. Fluye sobre nuestro corazón, para que estemos unidos en Dios como uno solo. Amén

REGINA COELI

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  1. Alégrate, Reina del Cielo; aleluya.
  2. R. Porque el que mereciste llevar en Tu Seno; aleluya.
  3. V. Ha resucitado, según predijo; aleluya.
  4. R. Ruega por nosotros a Dios; aleluya.
  5. V. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
  6. R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.

Oración

Oh Dios que por la resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo,

concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el gozo de la Vida Eterna. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

  1. R. Amén.

I SANTO ROSARIO

A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA  Misterios Dolorosos.

En cada Misterio: 

Te entrego ABBA a todos los Reyes de la Tierra cubiertos con la Sangre de Jesús,

para que Tú te hagas cargo de sus demoníacos planes de reducir la población mundial

con el uso de la Energía Nuclear… Amén

Te entregamos también cubiertas con la Sangre Preciosa de Jesús, a TODAS las almas que están siendo llamadas a Tu Presencia,

para que alcancen tu Misericordia y tu Salvación.. Amén

 

II CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA

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Se reza con el rosario común de diez cuentas

Al Salvador misericordioso.

Oh Querido Jesús, te suplico que derrames Tu Misericordia sobre las almas perdidas. Perdónales su rechazo a Ti y utiliza mi oración y sufrimiento para que puedas, a través de Tu Misericordia, derramar sobre ellos las Gracias que necesitan para santificar sus almas.

Te pido el Don de la clemencia por sus almas. Te pido que abras sus corazones para que vayan a Ti y Te pidan que les llenes con el Espíritu Santo, para que ellos puedan aceptar la Verdad de Tu Amor y vivir Contigo y con toda la familia de Dios para siempre. Amén.

“Oh Padre Eterno, os ofrezco la Preciosa Sangre que mana del Costado de vuestro Divino Hijo Jesús, unido a las Misas celebradas hoy alrededor del mundo,

por todas las santas almas del Purgatorio y por la liberación de las que están en el Umbral. Amén”.

ORACIÓN DE LA MISERICORDIA DIVINA

¡Oh Dios de gran misericordia!, bondad infinita, desde el abismo de su abatimiento, toda la humanidad implora hoy Tu misericordia, Tu compasión, ¡Oh Dios!

Y clama con la potente voz de la desdicha. ¡Dios de Benevolencia, no desoigas la oración de este exilio terrenal! ¡Oh Señor!,

Bondad que escapa nuestra comprensión, que conoces nuestra miseria a fondo y sabes que con nuestras fuerzas no podemos elevarnos a Ti,

Te lo imploramos:

Adelante con Tu gracia y continúa aumentando Tu misericordia en nosotros, para que podamos fielmente, cumplir Tu santa voluntad, a lo largo de nuestra vida y a la hora de la muerte.

Que la omnipotencia de tu misericordia nos escude de las flechas que arrojan los enemigos de nuestra salvación, para que con confianza como hijos Tuyos, aguardemos la última Venida (día que Tú solo sabes).

Y esperamos obtener lo que Jesús nos prometió a pesar de nuestra mezquindad.

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Expiraste Jesús, pero Tu muerte hizo brotar un manantial de vida para las almas y el océano de Tu misericordia inundó todo el mundo.

¡Oh! Fuente de Vida, insondable Misericordia Divina, anega el mundo entero derramando sobre nosotros hasta Tu última gota de Sangre.

PATER NOSTER,

qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

Ven Espíritu Santo

Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía Señor tu Espíritu y todo será de nuevo creado y se renovará la faz de la tierra. Amén

AVE MARIA,

gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei et Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.

GLORIA

Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Symbolum Apostolorum  

CREDO

in Deum Patrem omnipotentem, Creatorem caeli et terrae. Et in Iesum Christum, Filium eius unicum, Dominum nostrum, qui conceptus est de Spiritu Sancto,

natus ex Maria Virgine, passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus, et sepultus,

descendit ad inferos, tertia die resurrexit a mortuis, ascendit ad caelos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis, inde venturus est iudicare vivos et mortuos.

Credo in Spiritum Sanctum, sanctam Ecclesiam catholicam, sanctorum communionem, remissionem peccatorum, carnis resurrectionem, vitam aeternam. Amen.

Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo.

Y te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.   

Jesús Crucificado     

LAS CINCO DECENAS

cuenta grande

“Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en expiación de nuestros pecados y los del mundo entero”

Cuenta pequeña se replica 10 veces:

“Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.”    

Jaculatorias      

“Oh, Sangre y Agua que brotasteis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros, confío en Ti

Rezadas las cinco decenas 3 v.:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ¡Misericordia Señor!     Ten piedad de nosotros y del mundo entero.”

“Jesús, confío en ti.”

Oración final

Eterno Dios, en quién la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, Míranos compasivamente y aumenta tu misericordia en nosotros.

Que en los momentos difíciles, no nos desesperemos, ni nos desalentemos, pero con gran confianza, nos sometamos a tu Santa Voluntad, que es el amor y la misericordia en sí misma. Amén.

Lléname ahora, Oh Señor, con el don del Espíritu Santo para llevar Tu Santísima Palabra a los pecadores que debo ayudar a salvar en Tu nombre.

Ayúdame a cubrirles, a través de mis oraciones, con Tu Preciosa Sangre, para que así ellos puedan ser atraídos a Tu Sagrado Corazón.

Dame el don del Espíritu Santo para que así estas pobres almas puedan deleitarse en Tu Nuevo Paraíso.

Jesús toma mi dolor, sáname y toma mi cruz”. Amén

CRUCIFICADO CON CRISTO

Soy alma víctima corredentora y estoy crucificada con Cristo. Señor…

ROSARIO DE LAS LLAGAS DE JESÚS

Se reza con un rosario común

– Oh! Jesús, Redentor Divino, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero.

– Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.

– Perdón y misericordia, Jesús mío cúbrenos de los peligros con tu preciosa Sangre.

– Eterno Padre, ten misericordia de nosotros por la Sangre de Jesucristo, tu único Hijo.

cincollagas I

En las cuentas del Padrenuestro se dice:

Eterno Padre, yo te ofrezco las Llagas de nuestro Señor Jesucristo, para curar las llagas de nuestras almas.

Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de tus Santas Llagas, perdona nuestras ofensas a la Santísima Trinidad.

En las cuentas del Avemaría se dice:

Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de tus Santas Llagas.

Jaculatoria:

Oh sangre y agua que brotásteis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros, yo confío en ti.

Al terminar el rosario se dice tres veces:

Preciosísima Sangre de mi Señor Jesucristo, sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús. Amén (3v)

Sacratísimo Corazón de Jesús,

verdaderamente presente en la Sagrada Eucaristía, Yo consagro mi cuerpo y mi alma para que sea enteramente uno con Tu Corazón que está siendo sacrificado en todos los altares del mundo. 

Y dando alabanza al Padre, rogando por la venida de su Reino, recibe este humilde ofrecimiento de mi ser.

Haz de mi como Tú quieras para la Gloria del Padre y la salvación de las almas. Santísima Madre de Dios, nunca dejes que me separe de tu Divino Hijo.

Defiéndeme y protégeme como hijo(a) tuyo (a). Amén”.   

Consagración  como Almas Víctimas  y  Corredentoras: 

CORONILLA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Mi amada Madre de la Salvación, por favor obtén para todas las almas, el Don de la Salvación Eterna a través de la Misericordia de tu Hijo, Jesucristo.

Mediante tu intercesión, te suplico que tú ores para liberar a todas las almas que están en esclavitud por Satanás.

Por favor, pide a tu Hijo muestre Misericordia y perdón para aquellas almas que Lo rechazan, que Lo lastiman con su indiferencia y que adoran la doctrina falsa y dioses falsos. 

Y que también son engañados por la Bestia.

Te imploramos Madre querida, que pidas por las Gracias para abrir los corazones de las almas que más necesitan de tu ayuda. Amén.

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Corazón de María, Modelo sublime de todas las almas hostias, apelando a la Divina Misericordia, 

Yo… (nombre y apellido)

Te entrego todos mis sufrimientos para que sean benditos al unirlos a los de Jesús.  

Y amparado (a) por tu ternura maternal, también te entrego todo el sufrimiento que nuestros pecados han atraído sobre el mundo entero,

para expiación de nuestros pecados y salvación de todas las almas.

En las cuentas grandes:

Corazón ardiente, Corazón herido en la cruz, Corazón que sangra en la Hostia:

Me ofrezco con todo mi ser, para sufrir contigo y en ti.

Y para consolar al Corazón de Jesús en el sufrimiento de mis hermanos.

En las cuentas pequeñas:

Corazón Inmaculado de María, holocausto perfecto del Divino Amor.

Haz que me hieran las heridas de tu Hijo, que me embriague de su Cruz y de su Sangre y sea crucificado en su Amor.

Jaculatoria:

Corazón de María, morada de la Santísima Trinidad, medianero de todas las gracias, refugio de los perseguidos, esperanza de los pecadores, alegría de los que lloran, fortaleza de los cristianos y alivio de los que sufren;

yo confío en ti.

Al final de la coronilla, repetir 3 veces:

Madre del Corazón doloroso, termina en mi cuerpo lo que falta a la pasión de tu Hijo. Amén

Jesús toma mi dolor, sáname y toma mi cruz”. 

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Santo Rosario a la Preciosísima Sangre/Letanías

En el Rosario, una inclinación de cabeza es suficiente; pero en la Adoración, la frente toca el suelo, si el devoto puede convenientemente hacerlo.

Y si quieren convertir los tremendos rugidos del León Rugiente,  

O los  DESLUMBRANTES gruñidos del Dragón de Siete Cabezas…

en PATÉTICOS  maullidos  lastimeros de gato callejero, 

¡ÓRENLO POSTRADOS ASÍ….!  

Son sólo veinte minutos… 

Cuando le encuentren el gusto de orar así… 

¡Sin cojín, es posición de francotirador de misiles espirituales…!

Orando así,  Satanás NO PUEDE hacer absolutamente  NADA, para estorbarnos y para contraatacar… 

¡Lo dejamos paralizado!…

1 – EL ROSARIO

Este fue enseñado a Bernabé después de haber presenciado toda la Pasión de Nuestro Señor, desde Getsemaní hasta la Resurrección.

Jesús se le apareció y le entregó un Rosario para honrar a Su Preciosa Sangre.

Este rosario estaba confeccionado como los demás rosarios, excepto que en vez de diez cuentas, tenía doce cuentas rojas y las cuentas que las separaban eran blancas.

El rosario consiste en cinco misterios relacionados con las Cinco Llagas de Cristo.

SANTO ROSARIO A LA PRECIOSA SANGRE CRISTO

Con el rosario de doce cuentas…

rosario

En la Cruz:

  1. – En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
  2. – Oración al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor. Envía Tu Espíritu y todo será creado. Y renovarás la faz de la tierra.

OFRENDA:

Yo me Uno con todos los ángeles y santos del Cielo, las pobres almas del Purgatorio y todos los justos de la Tierra; con todas las Misas y oraciones de Alabanza a Dios Uno y Trino que se hayan orado o que se vayan a orar.

Todas las lágrimas, gozos, sacrificios y sufrimientos de cada alma, que alguna vez haya vivido o que vaya a vivir, en la Tierra o en el Universo.

Lo uno todo al Corazón Adolorido de María Santísima a los pies de la Cruz y ofrezco con él a toda la Creación y el Sufrimiento de la Creación a Jesús, por la Conversión de los Pecadores.

Por el Círculo Dorado de la Perfección, la liberación de las almas del Purgatorio, la santificación de los sacerdotes y religiosos, los Deseos de los Dos Corazones de Jesús y de María, la paz en el Mundo y en el Universo…

Y mis intenciones…(mencionarlas aquí)

“Por las almas de los que están siendo llamados a Tu Presencia, para que alcancen tu Misericordia y tu salvación. 

Y por los Reyes de este Mundo y sus planes demoníacos contra la Humanidad, para DESTRUIR tu Creación y desesperarnos con el uso de la energía nuclear…

para que NO LOGREN sus objetivos y SÏ realicen los Tuyos…”

Oremos:

Oh Dios, que instruiste los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre, y gocemos de la dulzura del Bien y de Sus divinos consuelos. Por Cristo Nuestro Señor. Así sea.

CREDO

in Deum Patrem omnipotentem, Creatorem caeli et terrae. Et in Iesum Christum, Filium eius unicum, Dominum nostrum, qui conceptus est de Spiritu Sancto,

natus ex Maria Virgine, passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus, et sepultus,

descendit ad inferos, tertia die resurrexit a mortuis, ascendit ad caelos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis, inde venturus est iudicare vivos et mortuos.

Credo in Spiritum Sanctum, sanctam Ecclesiam catholicam, sanctorum communionem, remissionem peccatorum, carnis resurrectionem, vitam aeternam. Amen.

25rostro de cristo

En la cuenta blanca (inclinando la cabeza)

4.- ¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (3V)

PATER NOSTER,

qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.

Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amén.

SALVE SAN JOSÉ

Amadísimo Patriarca, humilde y santo padre de Jesús y padre nuestro, derrama sobre la humanidad los rayos de La Llama de la Humildad de tu Justo y Casto Corazón, para cegar la soberbia de Satanás.

Que con su Luz nos reconozcamos muy pecadores y con tu ayuda nos convirtamos de corazón a la Santísima Trinidad.

Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

En las tres cuentas rojas:

AVE MARIA,

gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei et Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen. (3 veces)

GLORIA

Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Jaculatoria

“Oh, Sangre y Agua que brotasteis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros, confío en Ti

“Jesús, confío en ti.”

1rostro de cristo

En la cuenta blanca (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

PRIMER MISTERIO:

La Mano derecha de Nuestro Señor Jesús, es clavada.

Oración:

¡Por la Preciosa Llaga de Tu Mano derecha,

y por el dolor causado por el clavo que la atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, salve a los pecadores del mundo entero y convierta muchas almas! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (3V)

13GOTA DE SANGRE

PATER NOSTER,

qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.

Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

Ave María,

gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei et Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.

En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!(12 veces)

GLORIA

Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Jaculatoria

“Oh, Sangre y Agua que brotasteis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros, confío en Ti

“Jesús, confío en ti.”

1rostro de cristo

En la cuenta blanca (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

SEGUNDO MISTERIO:

La Mano izquierda de Nuestro Señor Jesús es clavada.

mano izquierda

Oración:

¡Por la Preciosa Llaga de Tu Mano izquierda, y por el dolor causado por el clavo que la atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, salve almas del purgatorio y proteja a los moribundos de los ataques de los espíritus infernales! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (3V)

SANGRE-DE-jESUS

PATER NOSTER,

es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.

Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

AVE MARIA,

gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei et Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.

En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!(12 veces)

GLORIA

Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Jaculatoria

“Oh, Sangre y Agua que brotasteis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros.

Yo confío en ti

1rostro de cristo

En la cuenta blanca (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

TERCER MISTERIO:

El pie derecho de Nuestro Señor Jesús es clavado.

clavos_pies_cristo

Oración:

¡Por la Preciosa Llaga de Tu Pie derecho y por el dolor causado por el clavo que lo atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, cubra los cimientos de la Iglesia Católica contra los planes del reino oculto y los hombres malignos! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (3V)

13GOTA DE SANGRE

PATER NOSTER,

qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.

Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

Ave María.,

gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei et Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.

En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!(12 veces)

GLORIA

Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Jaculatoria

“Oh, Sangre y Agua que brotasteis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros.

Yo confío en ti

1rostro de cristo

En la cuenta blanca (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

CUARTO MISTERIO:

El Pie izquierdo de Nuestro Señor Jesús es clavado.

0pies

Oración:

¡Por la Preciosa Llaga de Tu Pie izquierdo, y por el dolor causado por el clavo que lo atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella nos proteja en todos nuestros caminos de los planes y ataques de los espíritus malignos y sus agentes! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!(3V)

1SANGRE-DE-jESUS

PATER NOSTER,

qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.

Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

Ave María.,

gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei et Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.

En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!(12 veces)

GLORIA

Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Jaculatoria

“Oh, Sangre y Agua que brotasteis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros, confío en Ti“Jesús, confío en ti.”

En la cuenta blanca (inclinando la cabeza)

1rostro de cristo

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

QUINTO MISTERIO:

El Sagrado Costado de Nuestro Señor Jesús es traspasado.

atravesado por la lanza

Oración:

¡Por la Preciosa Llaga de Tu Sagrado Costado, y por el dolor causado por la lanza que lo traspasó, la Preciosa Sangre y Agua que brotan de ella, sane a los enfermos, resucite a los muertos, solucione nuestros problemas presentes, y nos enseñe el camino hacia Nuestro Dios para la Gloria eterna! Amén

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (3V)

13GOTA DE SANGRE

PATER NOSTER,

qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.

Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

Ave María.

gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei et Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.

En las 12 cuentas rojas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!

R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!(12 veces)

GLORIA

Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Jaculatoria

“Oh, Sangre y Agua que brotasteis del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros, confío en Ti

“Jesús, confío en ti.”

1rostro de cristo

En la cuenta blanca (inclinando la cabeza)

¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! ( 3 veces )

24LA PRECIOSA SANGRE DE CRISTO

Dios te salve

María Santísima, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad… Madre y Reina de toda la Humanidad… Tú que nos alcanzas los dones que nos salvarán…

SALVE, Regina, mater misericordiae, vita, dulcedo, et spes nostra, salve. Ad te clamamus exsules filii Hevae.

Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia, ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte.

Et Iesus, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende. O clemens, O pia, O dulcis Virgo Maria. Amen.

Oremos

Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo, te honramos, te alabamos y te adoramos por Tu obra de eterna alianza que trae paz a la humanidad.

Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús. Consuela al Padre Todopoderoso en Su trono y lava los pecados del mundo entero.

Que todos te reverencien, oh Preciosa Sangre, ten misericordia. Amén.

reino de los corazones unidos

Sacratísimo Corazón de Jesús, Ten misericordia de nosotros

Inmaculado Corazón de María, Ruega por nosotros

San José, esposo de María, Ruega por nosotros

0san jose glorioso

Santos Pedro y Pablo, Rueguen por nosotros

San Juan al pie de la Cruz, Ruega por nosotros

Santa María Magdalena, Ruega por nosotros

Todos los guerreros de oración e intercesores del Cielo, Rueguen por nosotros

Todos los grandes Santos de Nuestro Señor, Rueguen por nosotros

Todas las huestes celestiales Legión Angélica de María, Rueguen por nosotros

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LETANÍAS DE LA PRECIOSA SANGRE DE JESUCRISTO

Señor ten piedad de nosotros – Señor ten piedad de nosotros!

Cristo ten piedad de nosotros – Cristo ten piedad de nosotros!

Señor ten piedad de nosotros – Señor ten piedad de nosotros!

Cristo, escúchanos! – Cristo escúchanos benignamente!

Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros!

1Holy Trinity

Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros!

Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros!

Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros!

L: ¡OH PRECIOSÍSIMA SANGRE DE JESUCRISTO, SANGRE DE SALVACIÓN!

R: SÁLVANOS A NOSOTROS Y AL MUNDO ENTERO!

Océano de la Sangre de Jesucristo, ¡Libéranos!

Sangre de Jesucristo llena de santidad y compasión, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, nuestra fortaleza y poder, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, alianza eterna, ¡Libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, fundamento de la fe cristiana, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, armadura de Dios, ¡Libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Divina caridad, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, flagelo de los demonios, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, auxilio de los que están atados, ¡libéranos!

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Sangre Preciosa de Jesucristo, Sagrado Vino, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Poder de los cristianos, ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, defensora de la fortaleza católica ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, verdadera fe cristiana, ¡libéranos!

SANGRE PRECIOSA DE JESUCRISTO, SANGRE SANADORA, ¡SÁLVANOS!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Sangre ungidora, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, fortaleza de los hijos de Dios, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, comandante de los guerreros cristianos, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Sangre de Resurrección ¡sálvanos!

resurrección de la carne

Sangre Preciosa de Jesucristo, bebida de los Ángeles del Cielo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, consuelo de Dios Padre, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, poder del Espíritu Santo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, circuncisión de los gentiles, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, paz del mundo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, luz del Cielo y de la tierra, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, arcoiris en el Cielo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, esperanza de los niños inocentes, ¡sálvanos!

22

Sangre Preciosa de Jesucristo, Palabra de Dios en nuestros corazones, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, arma celestial, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Divina Sabiduría, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, cimiento del mundo, ¡sálvanos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Misericordia del Padre, ¡sálvanos!

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Lava los pecados del mundo!

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Purifica el mundo!

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!

R: ¡Enséñanos y ayúdanos a consolar a Jesús!

ORACIÓN

Oh Sangre Preciosa, salvación nuestra, creemos, esperamos y confiamos en Ti. Libera a todos los que están en las manos de los espíritus infernales, te suplicamos.

Protege a los moribundos de las obras de los espíritus malignos y acógelos en la gloria eterna. Ten misericordia del mundo entero,

y fortalécenos para adorar y consolar al Sagrado Corazón de Jesús. Te adoramos, oh Preciosa Sangre de misericordia. Amén

¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo, sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (tres veces)

CONSAGRACIÓN A LA SANGRE PRECIOSA DE JESUCRISTO

(Rezar diariamente meditando)

Consciente de mi nada y de Tu Sublimidad, Misericordioso Salvador, me postro a Tus pies, y Te agradezco por la Gracia que has mostrado hacia mí, ingrata creatura.

Te agradezco especialmente por liberarme, mediante Tu Sangre Preciosa, del poder destructor de satanás.

En presencia de mi querida Madre María, mi Ángel Custodio, mi Santo patrono, y de toda la corte celestial, me consagro voluntariamente, con corazón sincero,

oh queridísimo Jesús, a Tu Preciosa Sangre, por la cual has redimido al mundo del pecado, de la muerte y del infierno.

Te prometo, con la ayuda de Tu gracia y con mi mayor empeño, promover y propagar la devoción a Tu Sangre Preciosa, precio de nuestra redención, a fin de que Tu Sangre adorable sea honrada y glorificada por todos.

De esta manera, deseo reparar por mi deslealtad hacia Tu Preciosa Sangre de Amor, y compensarte por las muchas profanaciones que los hombres cometen en contra del Precioso Precio de su salvación.

¡Oh, si mis propios pecados, mi frialdad, y todos los actos irrespetuosos que he cometido contra Ti, oh Santa y Preciosa Sangre, pudieran ser borrados!

He aquí, querido Jesús, que te ofrezco el amor, el honor y la adoración que tu Santísima Madre, tus fieles discípulos y todos los Santos han ofrecido a Tu Preciosa Sangre.

Te pido que olvides mi falta de fe y frialdad del pasado, y que perdones a todos los que te ofenden.

¡Oh Divino Salvador! rocíame a mí y a todos los hombres con Tu Preciosa Sangre, a fin de que te amemos,

¡oh Amor Crucificado, de ahora en adelante con todo nuestro corazón, y que dignamente honremos el Precio de nuestra salvación! Amén

Bajo Tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos de todos los peligros, ¡oh Virgen siempre gloriosa y bendita! 

La Corredentora con cada uno de los pequeños Cristos y corredentores…

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo. Amén

Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí, no apartes. 

Ven conmigo a Todas partes y solo@ nunca me dejes.

Ya que me proteges tanto, como verdadera Madre,

Haz que me Bendiga el Padre +

el Hijo + 

y el Espíritu Santo +  

Amén.

Mediten y revisen la Oración, que acabamos de Hacer y ¡Dénle las condolencias a Satanás!

Porque así es como TRIUNFAMOS los Guerreros Celestiales…

¿Cuántas almas creen que le acabamos de ARREBATAR con esta jornada de Oración…?

130 EL NIÑO DE CRISTO


130 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El aturdimiento de los apóstoles es interrumpido por Simón Zelote,

al responder:

–     No habría arco si no hubiera base en el camino oscuro.

Ésta es matriz de aquél, que sobre ella se yergue y sube a ese azul que anhelas.

No pienses que las piedras hincadas en el suelo, que soportan el peso y no gozan de rayos ni vuelos.

Ignoran la existencia de éstos, pues de vez en cuando una golondrina desciende con su piada hasta el barro y acaricia la base del arco…

desciende también un rayo de sol, o de estrella, para expresar la gran belleza del firmamento.

De la misma forma, en los siglos pasados, de vez en cuando, ha descendido una palabra celeste portadora de promesa…

Un rayo celeste de sabiduría para acariciar las piedras que estaban oprimidas por el enojo divino.

Porque las piedras eran necesarias.

Y no son ni fueron, ni serán jamás inútiles.

Sobre ellas, lentamente, se ha elevado el tiempo y la perfección del conocimiento humano hasta alcanzar la libertad del tiempo presente y la sabiduría del conocimiento sobrehumano.

Veo escrita en tu rostro la objeción:

Es la misma que todos hemos puesto antes de saber comprender que ésta es la Nueva Doctrina…

La Buena Nueva que ahora se predica a los que, por un proceso de retrogradación, en vez de hacerse adultos,

paralelamente a la ascensión de las piedras del saber, se han ido entenebreciendo cada vez más, cual muro que se hunde en un abismo ciego.

Para curarnos de esta enfermedad de oscurecimiento sobrenatural, tenemos que liberar valientemente la piedra basilar de todas las otras que están encima.

No tengáis miedo de demoler ese alto muro que – a pesar de serlo – no porta la savia pura del manantial eterno. a la base, que no debe ser cambiada porque es de Dios y es inmóvil

De todas formas, antes de desechar las piedras, probadlas una a una con el sonido de la Palabra de Dios, porque no todas son desechables e inútiles.

Si su sonido no desentona, conservadlas. Construid de nuevo con ellas.

Mas si es el sonido desacorde de la voz humana o lacerante de la voz satánica…

Y no podéis equivocaros porque si es voz de Dios es sonido de amor, si es voz humana es sonido del sentido, si es satánica es voz de odio… ROMPEDLAS. 

Y digo “rompedlas”, porque es un acto de caridad el no dejar tras uno mismo semillas u objetos portadores de mal, que puedan seducir al viandante e inducirle a usarlos en perjuicio propio.

Romped literalmente toda cosa no buena que haya sido vuestra, en obras, escritos, enseñanzas o actos.

Es mejor quedarse con poco, elevarse apenas un codo, pero con buenas piedras,  que no varios metros con piedras malas.

Los rayos y las golondrinas descienden también hasta las albarradas que apenas sobresalen del suelo.

Y las humildes florecillas de los lindazos con facilidad llegan a acariciar las piedras bajas.

Mientras que las soberbias piedras que, inútiles y ásperas, quieren elevarse, no reciben sino azote de espinos y adhesiva ponzoña.

Demoled para construir, para subir, probando la calidad de vuestras viejas piedras con la voz de Dios.  

Esteban dice:

–     Hablas bien.

¡Pero, subir!… ¿Cómo? Te hemos dicho que somos incluso menos que los niños.

¿Quién nos ayudará a subir a la enhiesta columna? Probaremos las piedras con el sonido de Dios, romperemos las menos buenas…

Pero, ¿Cómo podremos subir? ¿Sólo el hecho de pensarlo ya da vértigo! 

Juan, que ha estado escuchando con la cabeza agachada, sonriendo para sí…   

Levanta su rostro luminoso y toma la palabra:

–     ¡Hermanos!

Da vértigo el solo hecho de pensar en subir. Cierto. Pero ¿Quién ha dicho que debemos afrontar la altura directamente?

Esto no sólo los niños, sino ni siquiera los adultos pueden hacerlo; sólo los ángeles pueden lanzarse a los cielos, pues están libres de todo peso material.

Y de entre los hombres, sólo los héroes de la santidad pueden hacerlo.

Hoy todavía, en este mundo decaído, entre nosotros vive uno que sabe ser héroe de santidad como los antiguos –ornato de Israel -,

cuando los Patriarcas eran amigos de Dios y la palabra del Código era la única, la que toda criatura recta obedecía.

Juan, el Precursor, enseña cómo afrontar la altura directamente. Juan es un hombre. Pero la Gracia que el Fuego de Dios le ha comunicado, purificándolo desde el vientre de su madre… 

De la misma forma que el Serafín purificó el labio del Profeta, para que pudiera preceder al Mesías sin dejar hedor de culpa original por el camino regio del Cristo, ha dado a Juan alas de ángel.

Luego la penitencia las ha hecho crecer, aboliendo al mismo tiempo el peso de humanidad que su naturaleza, propia de los nacidos de mujer, todavía poseía.

Por lo cual, Juan, desde su gruta donde predica la penitencia y desde su cuerpo donde arde el espíritu desposado con la Gracia..

Se lanza, puede lanzarse a sí mismo, al ápice del arco, por encima del cual está Dios, el altísimo Señor Dios nuestro.

Y puede, dominando los siglos pasados, el tiempo presente y el futuro, anunciar con voz de profeta y con ojo de águila capaz de clavar la mirada en el Sol eterno y reconocerlo:

“Éste es el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo”

Y morir tras este canto suyo sublime que será repetido no sólo durante el transcurso del tiempo limitado;

sino también durante el tiempo sin fin, en la Jerusalén sempiterna y para siempre beata; para aclamar a la Segunda Persona,

para invocarla por las miserias humanas, para cantar sus alabanzas entre los fulgores eternos.

Pero el Cordero de Dios, el dulcísimo Cordero que ha dejado su luminosa morada del Cielo en que es Fuego de Dios en abrazo de fuego…

¡Oh, eterna generación del Padre que concibe con el pensamiento ilimitado y santísimo a su Verbo!

¡Y lo atrae hacia Sí produciendo una fusión de amor de que procede el Espíritu de Amor, en que se centran la Potencia y la Sabiduría!

El Cordero de Dios que ha dejado su purísima, incorpórea forma para encerrar dentro de carne mortal su pureza infinita, su santidad, su Naturaleza Divina.

Sabe que no estamos todavía purificados por la Gracia…

Y que no podríamos, – como esa águila que es Juan –lanzarnos a las alturas, a ese ápice en que Dios Uno y Trino se encuentra.

Nosotros somos los pajarillos de tejados y caminos.

Golondrinas que tocan el cielo, pero se alimentan de insectos; calandrias que quieren cantar para imitar a los ángeles y que,

¡Ay! respecto al canto de los ángeles, el suyo no es sino desentonado runrún de cigarra estival.

Esto lo sabe el dulce Cordero de Dios, venido para quitar los pecados del mundo.

Porque, a pesar de no ser ya el Espíritu infinito del Cielo por haberse confinado a Sí Mismo dentro de una carne mortal, su infinitud NO ha quedado disminuida.

Y todo lo sabe, siendo siempre – como lo es – infinita su sabiduría.

Así pues, Él nos enseña su camino, el camino del amor.

Él es el amor que por misericordia hacia nosotros se hace carne.

Y es así que este Amor misericordioso nos crea un camino por el que pueden subir también los pequeñuelos;

y Él mismo – no por propia necesidad sino para enseñárnoslo – es el primero en recorrerlo.

Él no tendría tan siquiera necesidad de abrir las alas para fundirse de nuevo con el Padre.

Su espíritu, os lo juro, está encerrado aquí, dentro de esta mísera tierra, pero está siempre con el Padre, porque Dios todo lo puede..

Y Él es Dios.

Camina dejando tras sí el perfume de su santidad, Y fuego de su amor.

Observad su camino: a pesar de llegar al ápice el arco, ¡Cuán sosegado y seguro es!

No es una recta sino una espiral.

Es más largo, sí; pero precisamente su sacrificio de amor se revela en esta distancia, demorándose por amor a nosotros los débiles,

más largo, pero más adecuado a nuestra miseria.

La subida hacia el Amor, hacia Dios, es simple; como simple es el Amor.

Pero, al mismo tiempo,es profunda, porque Dios es un Abismo – inalcanzable, yo diría si Él no se rebajase y nos diera la posibilidad de alcanzarlo,

para sentir el beso de las almas que lo aman.

Mientras está hablando, Juan llora, aunque su boca sonríe, envuelto en el éxtasis de la revelación que está haciendo de Dios.

Largo es el sencillo camino del Amor, porque Dios es Profundidad sin fondo, en que uno podría adentrarse cuanto quisiera…

Mas la Profundidad admirable llama a la profundidad miserable.

Llama con sus luces y dice:  “¡Venid a mí!”

¡Oh, invitación de Dios!

¡Oh, invitación de Padre! ¡Escuchad! ¡Escuchad!

Del Cielo nos llegan palabras suavísimas de ese Cielo que está abierto porque Cristo ha abierto de par en par sus puertas y ha puesto ante ellas,

para que así las mantengan, a los ángeles de la Misericordia y el Perdón,

a fin de que, en espera de la Gracia, de él broten al menos las luces, perfumes, cantos y quietud, capaces de seducir santamente a los corazones humanos, y sobre éstos se depositen.

Habla la voz de Dios y la voz dice:

“¿Vuestra puericia?… ¡Pero si es vuestra mejor moneda!

Yo quisiera que os hicierais enteramente niños para que poseyerais la humildad, sinceridad y amor de los pequeñuelos, su confidente amor para con su padre.

¿Vuestra incapacidad?… ¡Pero si es mi gloria!

¡Venid! Ni siquiera os pido que seáis vosotros mismos quienes comprobéis el sonido de las piedras buenas o malas.  

¡Dádmelas a mí! Yo las elegiré, vosotros os reconstruiréis.

¿La subida hacia la perfección?… ¡Oh, no, hijos míos!

Poned vuestra mano en la de mi Hijo y Hermano vuestro. Ahora, así, y subid a su lado…”.

¡Subir! ¡Ir a ti, eterno Amor! ¡Adquirir tu semejanza, o sea, el amor!…

¡Amar! ¡Éste es el secreto!… ¡Amar! ¡Darse…!

¡Amar! ¡Abolirse…! ¡Amar! Fundirse…

¿La carne?: nada; ¿el dolor?: nada; ¿el tiempo?: nada. Nada es el pecado mismo, si lo disuelvo en tu fuego, ¡Oh, Dios! Sólo es el Amor.

¡El Amor! El Amor que nos ha dado el Dios Encarnado nos otorgará todo perdón.

Pues bien, amar es un acto que nadie sabe hacer mejor que los niños y nadie es más amado que un niño.

¡Oh, tú, a quien no conozco, pero que quieres conocer el Bien para distinguirlo del Mal, para poseer el azul del cielo, el sol celeste, todo aquello que signifique contento sobrenatural…

Ama y lo tendrás. Ama a Cristo.

Morirás en la vida, pero resucitarás en el espíritu.

Con un nuevo espíritu, sin necesidad ya de usar piedras, serás eternamente un fuego que no muere.

La llama sube, no necesita ni peldaños ni alas para subir.

Libera tu ‘yo’ de toda construcción, pon en el Amor, y resplandecerás.

Deja que ello sea sin restricciones, más, atiza la llama echándole como pasto todo tu pasado de pasiones y conocimientos: 

quedará consumido lo menos bueno, puro se hará el metal ya de por sí noble.

Arrójate, hermano, al amor activo y gozoso de la Trinidad:

Comprenderás lo que ahora te parece incomprensible porque comprenderás a Dios, que es el Comprensible,

pero sólo para quienes se dan sin medida a su fuego sacrificador…

 Quedarás finalmente fijo en Dios, en un abrazo de llama…

Y rogarás por mí, el niño de Cristo que ha osado hablarte del Amor.

Se han quedado todos de piedra:

Apóstoles, discípulos, fieles…

El interlocutor está pálido.

San Esteban, el primer  Mártir

Juan, por el contrario, está de color púrpura, no tanto por el esfuerzo cuanto por el amor.

Entonces Esteban grita:

–     ¡Bendito tú!

Dime: ¿Quién eres?

Y Juan, por su parte – con un gesto que me recuerda mucho a Virgen en el acto de la Anunciación  inclinándose como adorando a Aquel a quien nombra, 

en tono bajo, dice:

–     Soy Juan.

Estás viendo al menor de los siervos del Señor.

–     Pero, ¿Quién ha sido tu maestro antes?

–     Nadie aparte de Dios.

He recibido la leche espiritual de manos de Juan, el presantificado de Dios;

me alimento del pan de Cristo, Verbo de Dios; bebo el fuego de Dios que me viene del Cielo

¡Gloria al Señor!

–     Pues yo ya no me separo de vosotros.

¡Ni de ti, ni de éste, ni ninguno de vosotros! Recibidme.

–     Cuando… Bueno, aquí entre nosotros el jefe es Pedro

Y Juan toma a Pedro, que está atónito…

Y lo proclama así “el primero”.

Pedro reacciona y se pone en el lugar que le corresponde,

diciendo:

–     Hijo, puesto que se trata de una gran misión, es necesaria una severa reflexión.

Éste es nuestro ángel. Él enciende; pero es necesario saber si la llama va a poder durar en nosotros. 

Lapidación de Esteban

Mídete a ti mismo, luego ven al Señor. Nosotros te abriremos nuestro corazón como hermano nuestro queridísimo.

Por el momento, si quieres conocer mejor nuestra vida, quédate; las greyes de Cristo pueden crecer sin medida,

para ser separados – perfectos e imperfectos – los verdaderos corderos de los falsos carneros.

Y con esto termina la primera manifestación apostólica.  

111 EL MARTIRIO 2


111 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

LAS DOS COLUMNAS PRIMARIAS

Nerón, cuando asesinó a Séneca esperaba apoderarse de la fortuna estimada en trescientos millones de sestercios y descubrió que ésta no llegaba ni a la décima parte de esa cantidad.

Con la sentencia de Petronio, se encontró con que lo único que quedaba era su palacio en Roma y la quinta de Cumas; que ya no le pertenecían a él, pues estaban legalizadas a nombre de otro dueño.

Estos dos fiascos le hicieron  decretar que en los testamentos se presentarían en blanco las dos primeras páginas.

Que solamente se escribiría en ellas el nombre del testador y que el que escribiese el testamento de otro, no podría asignarse ningún legado.

Empobrecido y exhausto de recursos hasta el punto de demorar la paga de los soldados y las pensiones de los veteranos, recurrió a las rapiñas y a las falsas acusaciones.

Se apoderó de los bienes y las fortunas que le apetecían con el argumento de que ‘habían sido ingratos con el Príncipe.’

Un día que cantaba en el teatro, vio a una matrona adornada con la prohibida púrpura, la señaló a sus agentes y haciéndola sacar inmediatamente, le confiscó el traje y los bienes.

Y ya no confirió ningún cargo sin añadir:

–   ¿Sabes lo que necesito?

Obremos de tal forma que nadie tenga nada.

Concluyó por despojar a la mayor parte de los templos y fundió todas las estatuas de oro y de plata.

Después de la muerte de Popea quiso casarse con Antonia la hija de Claudio.

Como ella se rehusó, también la acusó de conspiración e hizo que la mataran.

No hubo lazo que no rompiera con el crimen.

Y mientras tanto su red de espías, seguían llenando los tribunales con cristianos.

Pedro fue arrestado por los pretorianos y lo llevaron a la cárcel mamertina, en el calaozo del Tullianum.

Los cristianos lo recibieron con gran reverencia y amor.

Algunos presos que habían sido torturados y que no eran cristianos, le pidieron que los ayudase.

Pedro oró y los sanó el Señor.

El hijo de un verdugo que estaba sordo y mudo, también fue sanado.

Entonces un centurión se acercó…

Y le dijo:

–   Mi nombre es Flavio. 

Tengo un compañero de guerra al que quiero mucho.

En Germania recibió un fuerte golpe en la nuca y está paralizado del cuello hacia abajo.

¿Podrías rogar a tu Dios para que lo cure?

Pedro le contestó:

–   Flavio, ¿Crees que nuestro Señor Jesucristo pueda sanarlo?

–   Sí creo. Creo que Él es Dios y si Él quiere, puede compadecerse de un pagano…

–  Flavio, en el Nombre de Jesucristo, hágase como lo pides.

Y dile a tu amigo que busque la Luz de la Verdad.

Por la tarde de ese mismo día, llegó el otro soldado completamente sano a darle las gracias.

Flavio dice llorando:

–   Cuando seas sentenciado, yo voy a tener que matarte.

Pedro lo mira sonriendo con amor,

Y lo exhorta:

–   Cumple tu deber hijo mío.

Y alégrate. No me darás la muerte. Lo que vas a hacer es abrirme las Puertas del Cielo.

El soldado sanado declara:

–   Anciano, yo soy Leoncio y te doy las gracias a ti y a tu Dios.

Flavio pregunta:

–      Dime cómo podemos agradecerle y adorarlo.

–     Él Mismo los guiará. Venid…

Y Pedro les habla del alma y del Cielo…

Durante todo el tiempo que estuvo en prisión, continuó evangelizando también a sus carceleros,

realizando milagros a todos los que se lo pedían y bautizando sin cesar a los conversos…

Y los rumores de lo sucedido, traspasaron las murallas de la prisión y se expandieron por todos lados.

Entonces Pablo también fue llevado a la cárcel Mamertina.

Y cuando Nerón fue notificado de que los líderes de la Iglesia Perseguida habían sido capturados, decidió divertirse un poco…

Recordó algo que le había platicado Popea cuando era prosélita de la religión hebrea.

Y en complot con Tigelino, urdió un plan…

Para ver lo que haría el Dios de los cristianos, al verse enfrentado con su Padre.

La primera vez que se menciona a Simón el Mago es en el Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde dice que él era un hombre experto en las artes mágicas con las cuales,

“tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje” (Hechos 8, 9).

Y cuando Felipe, uno de los primeros diáconos, llevó el evangelio a esta zona.

Por la gracia de Dios, mucha gente creyó y fue bautizada, incluyendo a Simón el Mago.

Al poco tiempo Pedro y Juan visitaron Samaria, para llevar el sacramento de la confirmación a los nuevos conversos.

El poder de este sacramento, impresionó a Simón el Mago y le ofreció dinero a los apóstoles, a cambio de que le dieran ese poder.

 Los apóstoles se rehusaron a perpetrar ese sacrilegio y la Iglesia hoy llama a ese pecado Simonía,.

 Simón, luego de ser rechazado por los Apóstoles, abandonó la Iglesia Católica y se volvió hacia el gnosticismo, una herejía cristiana temprana, que rechaza la autoridad de los Apóstoles,

en favor del conocimiento secreto que los cristianos afirmaban recibir directamente de Dios.

Al parecer volvió a su magia demoníaca y su conflicto llegó a su punto más alto en Roma; donde  tenía muy impresionada a la gente con sus artes mágicas.

Y por sus prodigios era tenido entre los judíos como un gran personaje que ‘Tenía consigo la Fuerza de Dios’.  

De acuerdo al plan preconcebido por el César, mandó sacar de la cárcel a Pedro y a Pablo.

Y ante una gran muchedumbre reunida en la plaza del Fórum,

Decidió enfrentarlos con Simón el Mago que capitaneaba a los judíos, acérrimos enemigos de los cristianos.

Cuando todos estuvieron frente al César,

éste les dijo, señalando a Simón:

–    Este hombre es sincero y vosotros, los embaucadores.

Y ahora lo veremos.

Acto seguido Simón el Mago, coronado de laurel por Nerón mismo, subió hasta lo más alto del Capitolio,

¡Y empezó a volar!

Pedro al ver aquello, dijo a Pablo:

–    Satanás se disfraza de ángel de Luz…

Pablo le replicó:

–   A mí me corresponde orar…

Y a ti, dar las órdenes debidas.

Pablo se arrodilló y se sumergió en la Oración en el Espíritu.

Pedro levantó la voz y dijo con autoridad:

–     Espíritus de Satanás que lleváis a este hombre por el aire.

En El Nombre Santísimo de Jesús yo os mando que no lo sostengáis más.

Y que lo bajéis sin dañarlo, hasta el suelo.

Los Demonios se encolerizaron tanto, que obedecieron la orden a medias.

Ante el asombro general, Simón aterrizó bastante maltrecho; porque lo soltaron desde una altura considerable y cayó, rompiéndose las piernas. 

Pero Pedro oró y  Dios hizo el milagro.

Y Simón  quedó tan avergonzado, que huyó a esconderse por un año, antes de animarse a comparecer ante el público otra vez.

Nerón se enfureció aún más, al ver el inesperado resultado de su maquinación.

Y antes de retirarse, ordenó que los llevaran al tribunal.

El Prefecto Agripa dijo a Pedro, al tenerlos frente a sí:

–    Así que tú eres el hombre que en tus reuniones aprovechas tu influencia e impides que las mujeres se casen.

Pedro le contestó:

–   Yo soy fiel discípulo de mi Señor Jesucristo.

El Crucificado que Resucitó y Vive y Reina por siempre, a la diestra de Dios Padre.

–    Le seguirás hasta el final.

También tú morirás en la Cruz.

Y a Pablo por ser ciudadano romano, lo condenó a ser decapitado.

Al anciano apóstol se le aplicaron los azotes prescritos por la ley.

Y al día siguiente fue conducido fuera de las puertas de la ciudad.

Hacia el Monte Vaticano, en donde debía cumplirse la sentencia y ser crucificado.

A causa de su avanzada edad, no se le exigió que cargara con la cruz.

Cuando llegaron al sitio designado, Pedro contempló toda la Ciudad Eterna, extendida a sus pies…

Y levantando la mano derecha, bendijo:

pedro

“Aquí donde Nerón gobierna hoy, Cristo gobernará por siempre.”

¡URBI ET ORBI! (a la ciudad y al mundo)

Y su sonrisa se hizo más luminosa y su rostro se volvió radiante, cuando Jesús le permitió extender su mirada a través de los siglos.

Y vio el mismo lugar de su martirio, convertido en una inmensa Basílica, con la grandiosa plaza con su nombre, perpetuado por su donación y entrega a su misión.  

Desde la cual, casi dos mil años después estaría llena de millares de personas, escuchando reverentes a otro Pontífice Mártir y Santo:

San Juan Pablo II.

La Plaza de San Pedro es una de las plazas más bonitas y grandes del mundo. Se encuentra situada en El Vaticano, a los pies de la Basílica de San Pedro.

Las dimensiones de la plaza son espectaculares: 320 metros de longitud y 240 metros de anchura.

En las liturgias y acontecimientos más destacados la Plaza de San Pedro ha llegado a albergar más de 300.000 personas.

Su sucesor 264, quién desde el Vaticano llevaría el mensaje del Evangelio a todas las naciones de la Tierra.

Y desde la Basílica de San Pedro, levantando su blanca mano, bendeciría lleno de bondad y de amor, infinidad de veces…

A través del Pontificado más largo de la Historia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana:

Un papa profundamente mariano: “TOTUS TUUS”

¡URBI ET ORBI!

Flavio, el jefe de los verdugos le indicó a Pedro que debía extenderse sobre la cruz.

Y Pedro le dijo:

–    Cuando crucificaron a mi Señor pusieron su cuerpo sobre la Cruz, con los pies abajo y la cabeza en lo alto, porque mi Señor descendió desde el Cielo a la Tierra.

Os ruego que al clavarme lo hagáis de tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero.

Porque además de que no soy digno de ser crucificado como Él, yo voy a subir de la Tierra al Cielo.

Accedieron a su petición y lo colocaron sobre la Cruz de manera,

que sus pies quedaron clavados separadamente en los extremos del travesaño horizontal superior y las manos en la parte baja del fuste, cerca del suelo.

Cuando Pedro estaba ya crucificado, Dios abrió los ojos espirituales de los espectadores.

Y vieron al apóstol rodeado de ángeles que tenían en sus manos coronas de rosas  y de lirios.

Y a Jesucristo colocado a su vera, mostrándole un Libro abierto…

Pedro lo leyó: “Apocalipsis”

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Y dijo en voz alta:

–           Gracias Dios Mío.

Y se sumergió en la Oración en el espíritu.

Pedro admiró por largas horas, todos los sucesos que le fueron mostrados en la Ciudad del Vaticano.

Y finalmente, con voz llena de júbilo y de adoración,

Exclamó:

–           ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!… –antes de expirar.

Las llaves del Cielo que Jesús le entregara y que habían estado en sus manos, las había entregado a Lino, en la Misa cuando le nombró su sucesor.  

En esa misma tarde, otro destacamento de pretorianos condujo a Pablo de Tarso a lo largo de la Vía Ostiense.

Pasaron por la Puerta Trigémina, hasta un lugar llamado Aqua Salviae.

Mientras avanzan, él mira hacia los Montes Albanos con la magnífica sensación de haber terminado su larga y fatigosa jornada apostólica.

Contempla ya los Cielos abiertos para recibirle y su alma está llena de júbilo,

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Por el inminente encuentro con el Dios por el que ha luchado y sufrido tanto,

Para darlo a conocer y a amar.

Cuando llegaron al sitio designado para el suplicio, se volvió hacia el Oriente y oró.

Luego, se despidió de los cristianos.

El verdugo le dijo:

–           Prepara tu cuello.

Pablo se arrodilló y dijo:

–           ¡Oh, Señor mío Jesucristo, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Y ofreció su cuello al verdugo.

Éste levantó la espada y descargó el golpe…

Con el rostro radiante, Pablo de tarso fue decapitado.

En el mismo instante en que se desprendió su cabeza del tronco,

Exclamó:

–           ¡Jesús!…

Su sangre bañó la lóriga de su verdugo, brilló una luz intensísima.

Y quedó el aire perfumado con una fragancia maravillosa…

La Iglesia Cristiana ha sido confirmada con la sangre de sus Dos Columnas Primarias:

San Pedro y San Pablo Apóstoles…

Su ornamento final lo pondrá su último sucesor y papa mártir…

Y los cristianos que confesarán su glorioso testimonio en la Tercera Gran Persecución realizada en el imperio de terror del Anticristo…

85 ¡NO MATARÁS!


85 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El sinagogo del lugar, junto con muchísimos peregrinos; se han unido a las más de trescientas personas que escuchan atentas a Jesús,

que extensa y minuciosamente explica el Quinto Mandamiento:

–     … Se dijo ‘No matarás’.

Os pregunto: ¿Es solamente un pecado de homicidio? Al matar… ¿Sólo cometéis este único pecado?…

“No matarás”, está escrito. ¿A cuál de los dos grupos de Mandamientos pertenece éste?

¿”Al segundo”, decís? ¿Estáis seguros?

Otra pregunta: ¿Es un pecado que ofende a Dios o a la víctima? ¿Decís: “A la víctima’? ¿Estáis seguros de esto también?

Os hago una tercera pregunta: ¿Es sólo pecado de homicidio?

Al matar, ¿No cometéis más que este único pecado? ¿”Este sólo”, decís? ¿Ninguno tiene duda de ello?

Decid en voz alta vuestras respuestas. Que uno hable por todos vosotros, Yo espero.

Jesús se inclina a acariciar a una niña pequeña que se ha acercado a Él y que lo está mirando extática, olvidándose incluso de seguir mordisqueando la manzana que, para mantenerla quieta, le ha dado su madre.

Se pone en pie un anciano de aspecto grave y dice:

–      Escucha, Maestro.

Yo sirvo a la sinagoga desde hace mucho tiempo y me han dicho que hable en nombre de todos. Hablo pues.

Me parece, nos parece, que hemos respondido según justicia y según cuanto nos han enseñado.

Baso mi certidumbre en el capítulo de la Ley que habla del homicidio y de las agresiones físicas.

Tú sabes, de todas formas, para qué hemos venido: para ser aleccionados, porque reconocemos en ti sabiduría y verdad.

Por tanto, si me equivoco, ilumina mis tinieblas a fin de que el anciano siervo vaya a su Rey vestido de luz.

Y como conmigo, hazlo también con éstos, que son de mi rebaño y que han venido con su pastor a beber las fuentes de la Vida.

Y se inclina, antes de sentarse, con el máximo respeto.  

Jesús pregunta:

–     ¿Quién eres, padre?

–     Cleofás, de Emaús, tu siervo.

–     No mío, sino de Aquel que me ha enviado, porque debe dársele al Padre toda prioridad y todo amor en el Cielo, en la Tierra y en los corazones.

El primero que le tributa este honor es su Verbo, el cual toma y ofrece en la mesa sin defecto los corazones de los buenos como hace el sacerdote con los panes de la proposición.

Mas escucha, Cleofás, para que vayas a Dios enteramente iluminado conforme a tu santo deseo.

Para medir una culpa es necesario pensar en las circunstancias que la preceden, la preparan, la justifican, o la explican.

¿A quién he matado? ¿Qué he matado?, ¿Dónde? ¿Con qué medios? ¿Por qué he matado? ¿Cómo he matado? ¿Cuándo he matado?:

Éstas son las preguntas que debe hacerse quien ha matado, antes de presentarse a Dios para pedirle perdón.

¿A quién he matado? A un hombre. Yo digo: a un hombre.

No pienso ni considero si es rico o si es pobre, si es libre o si es esclavo.

Para Mí no existen esclavos u hombres de poder. Existen sólo hombres creados por un Único; por tanto, todos iguales.

En efecto, frente a la majestad de Dios es polvo hasta el más poderoso monarca de la Tierra

y ante sus ojos y ante los míos no existe sino una esclavitud: la del pecado, por tanto la de estar bajo Satanás.

La Ley antigua distingue entre libres y esclavos y entra en detalles acerca del hecho de matar en el acto o matar dejando sobrevivir un día o dos.

O también acerca de si la mujer encinta muere por el golpe recibido o si pierde la vida sólo su fruto.

Pero esto se dijo cuando estaba aún lejana la luz de la perfección.

Ahora se halla entre vosotros y dice: Quienquiera que mate a un semejante suyo peca.

Y no peca sólo con el hombre, sino también contra Dios. ¿Qué es el hombre?

El hombre es la criatura soberana que Dios ha creado para ser rey en la Creación.

Creado a su Imagen y Semejanza, dándole la semejanza según el espíritu, y la imagen extrayendo de su pensamiento perfecto esta perfecta imagen.

Observad el aire, la tierra y las aguas. ¿Acaso veis animal alguno o planta alguna que por muy hermosos que sean, igualen al hombre?

El animal corre, come, bebe, duerme, genera, trabaja, canta, vuela, se arrastra, trepa… pero no tiene la capacidad de hablar.

El hombre, como el animal, sabe correr y saltar.

Y en el salto es tan ágil que emula al ave. Sabe nadar, y nadando es tan veloz que semeja al pez.

Sabe arrastrarse como lo hace un reptil; sabe trepar asemejándose al simio; sabe cantar…

Y en esto se parece a los pájaros. Sabe engendrar y reproducirse… Pero, además, sabe hablar.

No digáis como objeción:

“Todo animal tiene su lenguaje”. Sí. Uno muge, otro bala, el otro rebuzna, el otro pía o gorjea… pero, desde el primer bovino al último, siempre tendrán al mismo y único mugido.

Y así igualmente el ovino balará hasta el fin del mundo y el burro rebuznará como rebuznó el primero.

Y el gorrión siempre emitirá su breve canto, mientras que la alondra y el ruiseñor cantarán el mismo himno al Sol…

La primera a la noche estrellada, el segundo aunque sea el último día de la Tierra, de la misma manera que saludaron al primer Sol y a la primera noche terrestre.

El hombre, por el contrario, debido a que no tiene sólo la campanilla y la lengua, sino que también tiene un conjunto de nervios centrados en el cerebro, sede del intelecto.

SABE, debido a ello captar las sensaciones nuevas y reflexionar en ellas y darles un nombre.

Adán puso por nombre “perro” a su amigo y llamó “león” a aquel que por su melena tupida y abundante, en una cara ligeramente barbada, se le parecía más.

Llamó “oveja” a la cordera que lo saludaba mansamente y llamó “pájaro” a esa flor de plumas que volaba como la mariposa y que además emitía dulce, un canto que ésta no posee.

Y andando el tiempo a lo largo de los siglos, los hijos de Adán siguieron creando nuevos nombres, a medida que “fueron conociendo” las obras de Dios en las criaturas.

O cuando por la chispa divina que hay en el hombre, engendraron además de otros hijos; cosas útiles o nocivas, para esos mismos hijos.

Si estaban con Dios o contra Dios: están con Dios quienes crean y llevan a cabo cosas buenas; están contra Dios quienes crean cosas que resultan maléficas para el prójimo.

Dios venga a los hijos suyos que han sido torturados por la MALDAD, en el ingenio humano.

El hombre es pues, la criatura predilecta de Dios. Aunque en la presente situación sea culpable, continúa siendo el más querido por Él:

Lo testifica el hecho de que haya enviado a su mismo Verbo, NO a un ángel, un arcángel, querubín o serafín, sino a su Verbo, revistiéndolo de la humana carne, para salvar al hombre.

Y no consideró indigna esta vestidura para hacer capaz de sufrir y expiar a Aquel que, por ser como Él purísimo Espíritu, no habría podido sufrir y expiar la culpa del hombre.

El Padre me dijo:

“Serás hombre: el Hombre.

Yo hice ya un HOMBRE PERFECTO, como todo lo que hago.

Había dispuesto para él una vida dulce, una dulcísima dormición, un beato despertar, una beatísima permanencia eterna en mi celeste Paraíso.

Pero como Tú sabes, en ese Paraíso no puede entrar nada contaminado, porque en él Yo-Nosotros, Dios Uno y Trino, tenemos un Trono.

Y ante este Trono no puede haber sino santidad. Yo Soy el que Soy.

Mi Divina Naturaleza, nuestra misteriosa Esencia, no puede ser conocida sino por aquellos que no tienen mancha.

Al presente, el hombre en Adán y por Adán, está sucio. Ve. Límpialo. Es mi deseo.

Serás Tú de ahora en adelante, el Hombre, el Primogénito. Porque serás el Primero en entrar aquí con carne mortal sin pecado, con alma sin culpa original.

Los que te han precedido sobre la faz de la Tierra, así como los que te seguirán, tendrán vida por tu muerte de Redentor”.

Sólo podía morir quien previamente hubiera nacido… Yo he nacido y moriré.

El hombre es la criatura predilecta de Dios.

Decidme: si un padre tiene muchos hijos y uno de ellos es su predilecto: La pupila de sus ojos y se lo matan…

¿No sufrirá más que si la víctima hubiera sido otro de sus hijos?

No debería ser así, porque el padre debería ser justo con todos sus hijos; pero de hecho así sucede. Y es porque el hombre es imperfecto.

Sin embargo, Dios lo puede hacer con justicia, porque el hombre es la única de las criaturas que tiene en común con el Padre Creador el alma espiritual…

Signo innegable de la Paternidad Divina.

¿Si se le mata un hijo a un padre, se ofende sólo al hijo?

¡NO! También al padre. En la carne al hijo; en el corazón, al padre: ambos son víctimas.

¿Matando a un hombre se ofende sólo al hombre? ¡NO!

También a Dios. En la carne, al hombre; en su  derecho, a Dios: sólo a Dios le corresponde el dar o quitar la vida y la muerte.

Matar es usar violencia contra Dios y contra el hombre.

Matar es penetrar en el dominio de Dios. Matar es faltar contra el Precepto del Amor.

EL QUINTO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS

Quien mata no ama a Dios, porque destruye una obra de sus manos: un hombre.

Quien mata no ama al prójimo, porque le priva al prójimo de aquello que el homicida quiere para sí: la vida.

Ved que así he dado respuesta a las dos primeras preguntas. ¿En dónde he agredido a mi víctima?

Se puede hacer en la calle, en casa de la víctima o atrayéndola a la propia casa. La agresión puede recaer en uno u otro órgano, causando mayor sufrimiento.

Puedo cometer incluso dos homicidios en uno, si la víctima es una mujer que tiene el seno grávido de su fruto.

Se puede matar en la calle sin tener intención de hacerlo. Un animal que se escape a nuestro control puede matar a un transeúnte; pero entonces en nosotros no hay premeditación.

Si por el contrario, uno va armado de puñal bajo las hipócritas vestiduras de lino a la casa de su enemigo.

Y sucede con frecuencia que es enemigo el que ha cometido la equivocación de ser mejor….

O lo invita a su casa, aparentemente por deferencia hacia él, y luego lo degüella y lo echa al pozo; entonces hay premeditación….

Y la culpa es completa en malicia, en crueldad, en violencia.  ¡SÍ! Si matando a la madre, mato también a su fruto.

Entonces Dios me pedirá cuentas de dos, porque el vientre que engendra a un nuevo hombre según el Precepto de Dios es sagrado; como lo es la pequeña vida que en aquél madura, a la que Dios ha dado un alma.

¿Qué medios he utilizado? En vano uno dirá: “No quería matar”, cuando en realidad iba armado con un arma segura.

En un momento de ira incluso las manos se transforman en arma… Y la piedra cogida del suelo o la rama arrancada del árbol.

Mas aquel que observa fríamente el puñal o el hacha y si cree que cortan poco, los afila… Y luego se los ciñe al cuerpo de forma que no se vean pero pueda empuñarlos con facilidad…

Y preparado de tal suerte va adonde su rival, ciertamente no podrá decir: “No había en mí deseo de agredir”.

Y aquel que prepara un veneno cogiendo hierbas y frutos venenosos y haciendo con ellos polvo o bebida, luego lo ofrece a la víctima como especia o como sidra,

ciertamente no podrá decir: “No quería matar”.

Y ahora escuchadme vosotras mujeres, tácitas e impunes asesinas de tantas vidas.

Separar de vuestro seno un fruto que crece en él, por el hecho de que provenga de culpable simiente o porque sea un vástago no deseado; una carga a vuestro lado.

O una carga para vuestra economía, también es matar.

Hay un solo modo de no tener esa carga: permanecer castas.

No unáis homicidio con lujuria, violencia con desobediencia; no creáis que Dios no ve porque el hombre no vea.

Dios ve todo y se acuerda de TODO. Tenedlo presente también vosotras.

¿Por qué he matado?

¡Oh, por cuántos porqués!

Desde el desequilibrio desencadenado en vosotros inesperadamente por una emoción violenta, como veros profanado el tálamo,

encontraros con un ladrón dentro de casa, un inmundo intento de violar a vuestra hija en la flor de la adolescencia…

Hasta el frío y meditado cálculo para liberarse de un testigo peligroso, de alguien que obstaculice el propio camino, de alguien a cuyo puesto se aspira o cuya riqueza se ambiciona:

Éstas y otras muchas parecidas, son las razones.

Pues bien, Dios puede conceder el perdón a quien, febril por el dolor asesina; más no se lo concede a quien lo hace por ambición de poder o para ganarse la estima de los demás.

Obrad siempre bien para no temer ni el ojo ni la palabra de nadie. Contentaos con lo vuestro para no aspirar a lo ajeno, hasta el punto de convertiros en asesinos por conseguir lo que es del prójimo.

¿Cómo he matado?

¿Ensañándome con la víctima aun después de la primera reacción impulsiva?

En algunas ocasiones el hombre no se puede frenar, porque Satanás lo impele al mal del mismo modo que el hondero lanza la piedra.

Pero, ¿Qué diríais de una piedra que habiendo dado en el blanco, volviera por sí misma a la honda para ser lanzada de nuevo y de nuevo golpear en su objetivo?

Diríais: “Está poseída por una fuerza mágica e infernal”.

Así es el hombre que da un segundo, un tercero, un décimo golpe, después del primero, con la misma saña.

Porque la ira desaparece para dar paso a la razón inmediatamente después del primer impulso, si éste obedece a un motivo en cierto modo justificable.

Mientras que por el contrario, la saña aumenta cuantos más golpes recibe la víctima en el verdadero asesino.

O sea, en el Satanás que no tiene ni puede tener piedad del hermano porque siendo un satanás, es ODIO

¿Cuándo he matado? ¿Durante el primer impulso? ¿Una vez que éste ha cesado? ¿Fingiendo haber perdonado, mientras que en realidad ha ido fermentando cada vez más el rencor?

¿O he esperado incluso años para cometer el asesinato, produciendo así un doble dolor al matar al padre a través de los hijos?

Así podéis ver cómo al matar se viola el primero y el segundo grupo de Mandamientos.

En efecto, al hacerlo os arrogáis el derecho de Dios y pisoteáis al prójimo.

Es pecado por tanto, contra Dios y contra el prójimo. Cometéis no sólo un pecado de homicidio, sino también de ira, de violencia, de soberbia, de desobediencia, de sacrilegio.

Y en ocasiones, si matáis para haceros con un puesto o con una bolsa, de codicia.

Y no aludo a ello, os lo explicaré mejor otro día. Y no se peca de homicidio sólo con un arma o con veneno; también calumniando.

Meditad en ello.

Y digo que el amo que da una paliza a un esclavo, pero con la astucia de que no se le muera entre sus manos, es doblemente culpable.

El hombre esclavo no es dinero del amo, es alma de su Dios. ¡Maldito sea, eternamente, quien lo trata peor que a un buey!

El rostro de Jesús está fulgurante y su voz truena.

Todos lo miran sorprendidos, porque antes hablaba con serenidad.

“Maldito sea. La Ley nueva abroga la dureza contra el esclavo, todavía justa cuando en el pueblo de Israel no había hipócritas que se fingían santos y agudizaban el ingenio sólo para sacar el máximo provecho y eludir la Ley de Dios.

Pero al presente, rebosando Israel de estos seres viperinos, que hacen lícito el placer sólo porque ellos son ellos, los miserables poderosos a quienes Dios mira con odio y asco.

Al presente Yo digo: ya no es así.

Caen los esclavos en los surcos o ante las piedras de molino; caen, con los huesos quebrantados, visibles los nervios, a causa del látigo.

Los acusan de falsos delitos para poderlos golpear, para justificar su propio sadismo satánico.

Hasta el milagro se usa como acusación para tener derecho a golpearlos.

Ni el poder de Dios, ni la santidad del esclavo convierte su alma retorcida. NO PUEDE SER CONVERTIDA.

El bien no entra donde hay saturación de mal. Pero Dios ve, y dice: “¡BASTA!”.

Demasiados son los Caínes que matan a los Abeles.

Y ¿Qué os pensáis, inmundos sepulcros blanqueados por fuera, por fuera cubiertos con las palabras de la Ley; mientras que por dentro se pasea el rey Satanás y pulula el satanismo más astuto, qué os pensáis?

¿Que es sólo Abel hijo de Adán? ¿Que el Señor mira benigno sólo a quienes no son esclavos de hombre, mientras que rechaza el único ofrecimiento que puede elevarle el esclavo, el de su honestidad sazonada de llanto?

¡NO! En verdad os digo que todo aquel que es justo es un Abel, aunque esté cargado de grilletes, aunque esté muriendo en la gleba o sangrando por vuestras flagelaciones.

En verdad os digo que son Caínes todos los injustos que le dan a Dios por orgullo, no por verdadero culto, lo que está inquinado con su pecar y manchado de sangre.

Profanadores del milagro. Profanadores del hombre, ¡ASESINOS! ¡SACRÍLEGOS! ¡FUERA!

 ¡Fuera de mi Presencia! ¡Basta! Yo digo: basta. Y puedo decirlo, porque soy la divina Palabra que traduce el Pensamiento divino. ¡FUERA!

Jesús, en pie. Erguido, sobre su tosca tarima, presenta un aspecto tan grave, que verdaderamente asusta.

Su brazo derecho extendido señalando a la puerta de salida; sus ojos, dos fuegos azules: parece fulminar a los pecadores presentes.

La niña pequeña que estaba a sus pies empieza a llorar y corre hacia donde está su mamá.

Los discípulos se miran sorprendidos y tratan de ver a quién va dirigida la invectiva.

La multitud se vuelve también con mirada interrogativa.

Por fin se descubre el enigma.

En el fondo, fuera de la puerta, semioculto tras un grupo de altos aldeanos, se deja ver Doras, aún más seco que antes.

Amarillo, lleno de arrugas, todo él nariz y mentón prominente. Lleva consigo un siervo que le ayuda a moverse, porque parece medio paralítico.

¿Quién podía verle entre la gente que está en el patio?

Osa hablar con su voz ronca:

–     ¿Me dices a mí? ¿Lo dices por mí?

Jesús ordena imperioso:

–     ¡Por ti, sí! ¡Sal de mi casa!

–     Salgo. Pero pronto ajustaremos las cuentas, no lo dudes.

–     ¿Pronto? ¡Enseguida!

 Te dije en su momento que el Dios del Sinaí te espera.

–     También a ti, maléfico, que a mí me has acarreado las enfermedades y a mis tierras los animales dañinos.

Volveremos a vernos, para gozo mío.

–     Sí. Y no te agradará el volver a verme, porque Yo te voy a juzgar.

–     ¡Ja! ¡Ja! mald… – Hace unos aspavientos, gorgotea…

Y cae.

El siervo grita:

–     ¡Ha muerto!

¡Ha muerto el patrón! ¡Bendito seas, Mesías, Vengador nuestro!

–     No Yo. Dios, Señor eterno.

Que ninguno se contamine: que sólo el siervo se ocupe de su patrón. Y sé bueno con su cuerpo. Sed buenos, vosotros todos, sus siervos.

No exultéis de alegría, con resentimiento por el caído, para no merecer condena.

Que Dios y el justo Jonás se os muestren siempre amigos y Yo con ellos. Adiós.

Pedro pregunta:

–     ¿Ha muerto porque Tú así lo has querido?

–     No. Pero el Padre ha entrado en Mí…

Es un misterio que no puedes entender. Sólo has de saber que no es lícito arremeter contra Dios.

Él, sin concurso ajeno, se toma venganza.

–     ¿Y no podrías decirle al Padre tuyo que hiciera morir a todos los que te odian?

–     ¡Calla! ¡Tú no sabes de qué espíritu eres! Yo soy Misericordia, no Venganza.

Se acerca el anciano de la sinagoga:

–     Maestro, has resuelto todos mis interrogantes, la luz está en mí.

Bendito seas. Ven a mi sinagoga. No le niegues a un pobre viejo tu palabra.

–     Iré. Vete en paz. El Señor está contigo.

Mientras la multitud se va yendo lentamente, todo termina.

82 EL PRIMER EXORCISMO


82 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está hoy con los nueve que se han quedado; los otros tres han salido para Jerusalén.

Tomás, siempre alegre, tiene que multiplicarse para atender a sus verduras y también a las otras incumbencias más espirituales.

Mientras que Pedro, Felipe, Bartolomé y Mateo se encargan de los peregrinos; los demás van al río para el bautismo ¡verdaderamente de penitencia, con el frío que hace!.

Jesús está todavía en su rincón, en la cocina.

Tomás trajina, pero guarda silencio para dejar tranquilo al Maestro.

En ese momento entra Andrés y dice:

–      Maestro, hay un enfermo que a mí me parece que convendría curarlo enseguida porque…

dicen que está loco, porque no son israelitas; nosotros diríamos que está poseído. Chilla, vocea, se retuerce… Ven a ver.

–     Ahora mismo. ¿Dónde está?

–     Todavía en el campo. ¿Oyes esos aullidos? Es él.

Parece un animal, pero es él. Debe ser un hombre rico porque el que lo acompaña va bien vestido.

Y al enfermo lo han bajado de un carro de mucho lujo muchos siervos. Debe ser pagano porque blasfema contra los dioses del Olimpo».

–     Vamos.

Tomás tiene curiosidad y dice:

–     Voy también yo a ver. – dejando de lado su preocupación por las verduras.

Salen y en vez de torcer hacia el río, tuercen hacia los campos que separan esta granja de la casa del capataz.

En medio de un prado donde antes pastaban unas ovejas que con el alboroto corrieron despavoridas, se diseminaron en todas las direcciones y los pastores y un perro, en vano las tratan de agrupar de nuevo.

Está un hombre al que tienen atado fuertemente y a pesar de todo, pega unos brincos de loco, gritando terriblemente y cada vez más fuerte a medida que Jesús se acerca.

Pedro, Felipe, Mateo y Natanael están allí cerca, perplejos, junto con muchos hombres, porque las mujeres tienen miedo y se alejaron.

Pedro dice:

–     ¿Has venido, Maestro? ¿Ves qué furia?

–     Ahora se le pasará.

–     Pero… es pagano, ¿Sabes?

–     ¿Y eso qué importancia tiene?

–     ¡Hombre!… ¡Por el alma!…

Jesús sonríe ligeramente y sigue avanzando; llegando hasta el grupo del loco, que cada vez se agita más.

Se separa del grupo uno que por sus vestiduras y por llevar el rostro rasurado manifiesta ser un romano…

Y saluda diciendo:

–      ¡Salve, Maestro! He oído hablar de Tí.

Eres más grande que Hipócrates en el arte de curar y que el simulacro de Esculapio, en obrar milagros con las enfermedades.

Porque sé esto, he venido. Mi hermano ya lo ves, está loco a causa de un misterioso mal. Ningún médico sabe lo que le pasa.

He ido con él al templo de Esculapio y ha salido aún más loco. En Tolemaida tengo un familiar, me envió un mensaje con una galera, decía que aquí había Uno que curaba a todos.

Y lo he traído. ¡Qué viaje más horroroso!

–     Merece premio.

–     Pero, mira, no somos ni siquiera prosélitos. Somos romanos, fieles a los dioses. Vosotros decís “paganos”. Somos de Síbaris, pero ahora estamos en Chipre.

–     Es verdad. Paganos sois.

–     Entonces… ¿Para nosotros nada? O tu Olimpo rechaza al nuestro o el nuestro al tuyo».

–     Mi Dios, Único y Trino reina, único y solo.

El romano muestra su total desconsuelo y dice:

–      He venido en vano.

–     ¿Por qué?

–      Porque yo soy de otro dios.

–     El alma es creada por Uno Solo.

–     ¿El alma?…

Jesús confirma:

–     El alma.

Esa cosa divina que Dios crea para cada uno de los hombres: compañera en la existencia, superviviente más allá de la existencia.

–     ¿Y dónde está?

–      En lo profundo del ‘yo‘.

Pero, a pesar de que esté, como cosa divina, en el interior del más sagrado templo, de ella se puede decir y digo “ella”, no ésta;

porque no es una cosa, sino un ente verdadero y digno de todo respeto, que no está contenida, sino que contiene.

El romano exclama sorprendido:

–     ¡Por Júpiter! ¿Eres filósofo?

–     Soy la Razón unida a Dios.

–     Creía que lo eras, por lo que decías…

–     ¿Y qué es la filosofía, cuando es verdadera y honesta, sino la elevación de la humana razón, hacia la Sabiduría y la Potencia infinitas, o sea, hacia Dios?

–     ¡Dios! ¡Dios!…

Ahí tengo a ese desdichado que me perturba, pero casi me olvido de su estado por escucharte a Tí, divino.

–     No lo soy como tú lo dices.

Tú llamas divino a quien supera lo humano; Yo digo que tal nombre debe darse sólo a Quién procede de Dios.

–     ¿Qué es Dios? ¿Acaso alguien lo ha visto?

–     Está escrito:

“¡A Tí, que nos formaste, salve! Cuando describo la perfección humana, la armonía de nuestro cuerpo, celebro tu gloria”.

Alguien dijo: “Tu bondad refulge en que has distribuido tus dones a todos los que viven para que todo hombre tuviera aquello que necesita.

Y tu sabiduría queda testificada por tus dones, como tu poder al cumplirse tus deseos”. ¿Reconoces estas palabras?

–     Si Minerva me ayuda…

Esas palabras son de Galeno. ¿Cómo es que las sabes? ¡Me maravillo!…

Jesús sonríe y responde:

–      Ven al Dios verdadero y su divino espíritu te hará docto en la “verdadera sabiduría y piedad, que es conocerte a tí mismo y dar culto de adoración a la Verdad”

–     ¡Pero si sigue siendo Galeno!

Ahora estoy seguro. No sólo eres médico y mago, sino también filósofo. ¿Por qué no vienes a Roma?

–      No soy ni médico ni mago ni filósofo, como tú dices.

Sino testimonio de Dios en la Tierra.

Y dirigiéndose a ellos, Jesús ordena a los siervos:   

–     ‘Traedme aquí al enfermo.

Entre gritos y forcejeos lo arrastran hasta allí.

Entonces mirando al romano:

–      ¿Ves? Dices que está loco.

Dices que ningún médico ha podido curarlo.

Es cierto: ningún médico, porque no está loco. Lo que sucede es que un ser infernal, así te hablo porque eres pagano, ha entrado en él.

–     Pero no tiene espíritu pitón.

Es más, dice sólo incoherencias.

–     Nosotros lo llamamos “demonio”, no pitón.

Está el que habla y el mudo, el que engaña con razones con apariencias de verdad y el que sólo crea desorden mental.

El primero de estos dos es el más completo y peligroso. Tu hermano tiene el segundo, pero ahora saldrá de él.

–     ¿Cómo?

–     El mismo te lo dirá.

Y con un imperio pleno de majestad,

Jesús ordena:

–     ¡Deja a este hombre! Vuelve a tu Abismo.

El hombre contesta con una voz gutural espeluznante:

–     Me marcho.

Contra Tí, demasiado débil es mi poder. Me echas y me amordazas. ¿Por qué siempre nos vences?…

El espíritu maligno ha hablado por la boca del hombre, el cual después de ello, se desploma como desmayado.

Jesús manifiesta con su acostumbrada mansedumbre:

–     Está curado. Soltadlo sin miedo.

El romano estaba con la boca abierta, totalmente pasmado. 

Y pregunta: 

–     ¿Curado?

¿Estás seguro? ¡Yo… yo te adoro!

El romano hace ademán de postrarse.

Pero Jesús lo detiene:

–     Levanta el espíritu.

En el Cielo está Dios. Adóralo a Él y ve hacia Él. Adiós.

El patricio objeta:

–     No. Así no.

Al menos toma.- le entrega un bolso, agregando- Permíteme que haga como haría con los sacerdotes de Esculapio.

Permíteme oírte hablar… Permíteme hablar de Tí en mi patria…

Jesús lo invita:

–     Hazlo.

Y ven con tu hermano.

El hombre caído ha dado un profundo suspiro y mira a su alrededor asombrado.,,

Y pregunta:

–     Pero, ¿Dónde estoy?

¡Esto no es Cintium! ¿Dónde está el mar.

Jesús hace un gesto para imponer silencio.

Y le contesta:

–     Sufrías…

Sufrías a causa de una fuerte fiebre y te han traído a otro clima.

Ahora estás mejor. Ven.

Todos van hacia el galerón donde estaba el establo, pero no todos conmovidos de la misma forma:

Porque así como hay quien admira, también hay quien critica la curación del pagano.

Jesús va hacia su púlpito improvisado en el pesebre y tiene en la primera fila de la asamblea a los romanos.

Y empieza a hablar:

–      “No os moleste el que cite un pequeño párrafo de los Reyes. (2 de Reyes 5)

En él se lee que, estando el rey de Siria preparado para la guerra contra Israel, tenía en su corte un hombre que era noble, grande y honrado de nombre Naamán, que estaba leproso.

Se lee igualmente que a este hombre, una jovencita de Israel convertida en esclava suya, porque se habían apoderado de ella los sirios, le dijo:

“Si mi señor hubiera ido al profeta que está en Samaria, sin duda le habría curado de la lepra”.

Enterado de esto, Naamán pidió licencia al rey y siguió el consejo de la joven.

El rey de Israel sin embargo, muy desasosegado, dijo: “¿Acaso soy Dios para que el rey de Siria me envíe a los enfermos? Esto es una trampa para provocar la guerra”.

Pero el profeta Eliseo, al enterarse del hecho, dijo: “Que venga a mí el leproso y yo lo curaré y sabrá que hay un profeta en Israel”.

Naamán fue entonces a donde Eliseo, pero Eliseo no lo recibió; simplemente le envió este mensaje: “Lávate siete veces en el Jordán y quedarás limpio”.

Esto enojó a Naamán, pareciéndole que en balde había hecho tanto camino. E indignado, se preparó para regresarse.

Pero los siervos le dijeron: “No te ha pedido más que lavarte siete veces y aunque te hubiera ordenado mucho más, deberías hacerlo, porque él es el profeta”.

Entonces Naamán cedió.

Fue, se lavó y recuperó la salud.

Jubiloso, retornó a donde el siervo de Dios y le dijo: “Ahora sé la verdad: no hay otro Dios sobre toda la Tierra, sino solamente el Dios de Israel”.

Y dado que Eliseo no quería dones, le pidió poder tomar al menos tanta tierra como para hacer un altar y poder hacer sacrificios sobre tierra de Israel, al Dios verdadero.

Sé que no todos vosotros aprobáis lo que he hecho. Sé también que no estoy obligado a justificarme ante vosotros.

Pero, puesto que os amo con amor verdadero, quiero que comprendáis mi gesto y de él aprendáis…

Y que desaparezca de vuestro ánimo todo sentido de crítica o de escándalo.

Aquí tenemos a dos súbditos de un estado pagano. Uno estaba enfermo. Se les dijo ciertamente por medio de Israel, a través de un pariente:

“Si fuerais al Mesías de Israel, Él sanaría al enfermo”. Y ellos han venido a Mí de muy lejos. Mayor aún su confianza que la de Naamán, porque nada sabían de Israel y del Mesías,

mientras el sirio por la cercanía de las naciones y por el continuo contacto con esclavos de Israel, ya sabía que en Israel estaba Dios, el verdadero Dios.

¿No conviene que ahora un hombre pagano pueda volver a su patria diciendo: “Verdaderamente en Israel hay un hombre de Dios y en Israel adoran al verdadero Dios”?

Yo no he dicho: “Lávate siete veces”. He hablado de Dios y del alma, dos cosas que ellos ignoran.

Y que conllevan, como bocas de manantial inagotable, los siete dones; porque donde existe el concepto de Dios y el de espíritu, y el deseo de llegar a ellos,

nacen los árboles de la Fe, Esperanza, Caridad, Justicia, Templanza, Fortaleza, Prudencia: virtudes que ignoran quienes de sus dioses no pueden copiar, sino las comunes pasiones humanas.

Humanas pero más licenciosas, dado que las cumplen seres supuestamente excelsos. Ahora ellos vuelven a su patria.

Y más que la alegría de haberles sido concedido lo que pedían está la de decir: “Sabemos que no somos bestias; que más allá de la vida hay todavía un futuro.

Sabemos que el verdadero Dios es Bondad y que por tanto, nos ama también a nosotros y nos socorre, para persuadirnos a que vayamos a El”.

–      ¿Acaso creéis, que son los únicos que ignoran la verdad?

Hace un rato, un discípulo mío pensaba que Yo no podía curar al enfermo por tener alma pagana.

Pero, ¿El alma qué es?, ¿De quién viene? El alma es la esencia espiritual del hombre, es la que creada de edad perfecta, reviste, acompaña, vivifica toda la vida de la carne.

Y continúa viviendo una vez desaparecida la carne, siendo como es, inmortal como Aquel que la crea: Dios.

Habiendo un solo Dios, no existen almas de paganos o almas de no paganos creadas por distintos dioses. Hay una sola Fuerza que crea las almas: la del Creador.

La del Dios nuestro, Único, Poderoso, Santo, Bueno que no tiene pasión alguna aparte del Amor. Caridad Perfecta enteramente espiritual.

Para que estos romanos me entiendan, del mismo modo que he dicho “caridad”, digo también “caridad enteramente moral”; porque son párvulos y desconocen por completo las palabras santas, no comprenden el concepto “espíritu”.

¿Que creéis? ¿Que he venido sólo para Israel? Yo Soy quien reunirá a las estirpes bajo un solo báculo: el del Cielo.

En verdad os digo que está cercano el tiempo en que muchos paganos dirán:

“Dejadnos tomar lo necesario para poder celebrar en nuestro suelo pagano, sacrificios al Dios verdadero, al Dios Uno y Trino”. Cuya Palabra Soy Yo.

Ahora ellos se marchan. Y van más convencidos que si Yo por el contrario, los hubiera humillado con mi desdén. Convencidos tanto por el milagro, como en mis palabras; sienten a Dios y esto es lo que dirán en su tierra.

Además os digo: ¿No era justo premiar tanta Fe?

Desorientados por los dictámenes de los médicos, desilusionados por los viajes inútiles a los templos, han sabido no obstante, seguir teniendo Fe para venir al Desconocido.

Al Gran Desconocido del mundo; al escarnecido, al Gran Escarnecido y Calumniado de Israel y decirle:

“Creo que podrás”.

El primer crisma de su nueva mentalidad les viene de este haber sabido creer.

Yo los he sanado no tanto de la enfermedad cuanto de su errada fe, porque he acercado sus labios a un cáliz que cuanto más se bebe de él, hace sentir más sed:

LA SED DE CONOCER AL DIOS VERDADERO.

He terminado.

A vosotros de Israel os digo: sabed tener Fe como han sabido éstos.

El romano se acerca con el hombre que ha sido curado.

Y dice:

–      Ya no me atrevo a decir “por Júpiter”.

Digo esto sí, que por mi honor de ciudadano romano, te juro que tendré esta sed. Ahora debo irme. Pero en adelante ¿Quién me dará de beber?

Jesús les dice:

–     Tu espíritu, el alma VIVA que ahora sabes que tienes; hasta cuando un enviado mío vaya a visitarte.

–     ¿Y Tú no?

–     Yo… Yo no.

Pero no estaré ausente, aun no estando presente.

Y dentro de poco más de dos años, te haré un Regalo mayor que la curación de éste que tú amabas.

Adiós a los dos. Sabed perseverar en este sentimiento de Fe.

El curado contesta:

–     Salve, Maestro; que el Dios verdadero te salve.

Los dos romanos se van y se oye que llaman a los siervos que están con el carro.

Un anciano dice en voz baja:

–     ¡Y ni siquiera sabían que tenían un alma! 

Jesús responde:

–     Sí, padre, y han sabido aceptar mi palabra mejor que muchos en Israel.

Ahora, dado que han ofrecido tanta limosna, favorezcamos a los pobres de Dios con doble y triple medida.

Y que los pobres rueguen por estos benefactores, más pobres que ellos mismos; para que lleguen a la verdadera, única riqueza: conocer a Dios.

La velada llora bajo su velo, que impide ver sus lágrimas, pero no oír sus sollozos.

Pedro dice:

–     Esa mujer está llorando.

Quizás es que no tiene ya dinero. ¿Se lo damos?

Jesús dice:

–     No llora por eso.

Pero, ve y dile esto: “Las patrias pasan, pero el Cielo permanece y es de quien sabe tener Fe. Dios es Bondad y por eso, ama también a los pecadores y te otorga favores para persuadirte de que vayas a Él”.

Ve, dile esto, y luego déjala llorar: es veneno que sale.

Pedro se acerca a la mujer, que ya se había encaminado hacia los campos.

La llama y ella regresa.

Cumplido el encargo, Pedro regresa sorprendido…

Y dice:

–     Se ha echado a llorar más fuerte. Yo creía que la iba a consolar…-

Y mira a Jesús.

El Maestro le responde:

–     Y efectivamente está consolada.

También la alegría provoca llanto.

–     ¡Mmm!… ¡Bueno!…

Mira, yo me quedaré contento cuando le vea el rostro. ¿La veré?».

–     El día del Juicio.

–     ¡Oh, divina Misericordia!

¡Pero para entonces habré muerto! y ¿Qué voy a hacer con saberlo? ¡Para entonces estaré ocupado mirando al Eterno!

–     Hazlo desde este momento; es la única cosa útil.

–     Sí… pero… Maestro, ¿Quién es?

Todos sueltan una carcajada…

Y siguen riendo con la respuesta de Jesús:

–     Si lo vuelves a preguntar, nos vamos de aquí inmediatamente; así te olvidas de ella.

–     No. Maestro. Pero… basta con que Tú te quedes…

Jesús sonríe y agrega:

–     Esa mujer, es una sobra y una primicia.

–     ¿Qué quieres decir? No entiendo.

Pero Jesús lo deja plantado y se marcha hacia el poblado.

Andrés explica:

–     Va a ver a Zacarías.

Tiene a su mujer agonizando. Me ha encargado a mí que se lo diga al Maestro.

Pedro exclama:

–     ¡Tú me sacas de quicio!

Sabes todo, haces todo y no me dices nunca nada. Eres más escurridizo y peor que un pez,

Pedro descarga sobre su hermano el chasco que se ha llevado.

Andrés trata de apaciguarlo:

–      Hermano, no te lo tomes a mal.

Tú hablas también por mí. Vamos a recoger nuestras redes. Ven.

Unos van hacia la derecha, otros hacia la izquierda, y todo termina.

 

78 CONTRA LA CORRIENTE


78 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Al día siguiente, en el amanecer lleno de neblina por el frío invernal, Jesús pasea lentamente arriba y abajo a lo largo de la arboleda que bordea la orilla del río.

La niebla se estanca aún entre los cañizares de las márgenes y no hay nadie hasta donde alcanza la vista en las dos orillas del Jordán.

Sólo nieblecilla baja, runrún de agua entre las cañas, rumor de aguas que por las lluvias de los días precedentes, están turbias.

Y algunos reclamos de pájaros, cortos, tristes, como lo son cuando terminada la estación de los amores, las aves están apagadas por el invierno y la escasez del alimento.

Jesús los escucha y parece interesarse mucho en el reclamo de un pajarito que con regularidad de reloj, vuelve su cabecita hacia el Norte y emite un “^chiruit?” quejumbroso,

Y luego vuelve la cabecita hacia el Sur y repite su interrogativo “¿chiruit?” sin respuesta.

 Al fin el pajarito parece haber recibido una respuesta en el “chip” que viene de la otra orilla y emprende el vuelo y se aleja a través del río, con un pequeño grito de alegría.

Jesús hace un gesto como diciendo: “¡Menos mal!”

Y continúa con su paseo.

Se oye el trinar de los pájaros en busca de comida.

Juan llega corriendo a través de los prados, hasta donde está su Maestro,

y pregunta:

–    ¿Te perturbo, Maestro?

Jesús contesta:

–     No. ¿Qué quieres?

Juan anuncia muy contento:

–    Quería decirte… creo que es una noticia que te puede confortar y he venido enseguida; no sólo por ello, sino también para pedirte consejo.

Estaba barriendo nuestras habitaciones y ha venido Judas de Keriot. Me ha dicho: “Te ayudo”.

Yo me he quedado asombrado porque siempre muestra poca disposición, para hacer las cosas de este tipo que se le mandan…

No obstante, me he limitado a decir: “¡Oh, gracias! Así lo haré antes y mejor”.

Él se ha puesto a barrer y hemos terminado pronto.

Entonces ha dicho: “Vamos al bosque. Siempre traen leña los mayores. No es correcto. Vamos nosotros. No soy un experto, pero si me enseñas…”. Y hemos ido. 

Después, mientras estaba yo atando la leña, me dijo:

–    Juan, te quiero decir una cosa…

–     Habla. –le dije pensando que sería una crítica.

Y fue al contrario. Me dijo:

 “Yo y tú somos los más jóvenes. Tendríamos que estar más unidos. Tú tienes casi miedo de mí, y tienes razón, porque no soy bueno. Pero, créeme… no lo hago adrede.

Hay veces que siento la necesidad de ser malo; quizás porque, habiendo sido único, me han enviciado. Y quisiera hacerme bueno. Los mayores – lo sé – no me ven muy bien.

Los primos de Jesús están enfadados porque… sí, les he faltado mucho, como también a su primo. Pero tú eres bueno y paciente.

Tú quiéreme. Hazte idea de que soy un hermano, un hermano malo, sí, pero un  hermano al que hay que querer aunque sea malo.

El mismo Maestro dice que hay que actuar así. Cuando veas que no actúo correctamente, dímelo. Y otra cosa: no me dejes siempre solo.

Cuando vaya al pueblo, ven también tú; así me ayudarás a no hacer el mal. Ayer sufrí mucho. Jesús me habló y yo lo miré.  

En mi estúpido rencor no me miraba ni a mí mismo ni a los demás.

Ayer miré y vi… Tienen razón al decir que Jesús está sufriendo… y siento que parte de la culpa es mía. No quiero seguir teniendo culpa. Ven conmigo.

¿Vas a venir? ¿Me vas a ayudar a ser menos malo?”. Esto ha dicho, y te confieso que me latía el corazón como le late a un gorrión en manos de un muchacho.

Latía de alegría porque me agrada que él se haga bueno. Por Tí me agrada. Y latía un poco de miedo porque… no quisiera volverme como Judas.

Pero luego me he acordado de cuanto me habías dicho el día que tomaste a Judas y he respondido: “Sí, ciertamente te ayudaré; pero yo tengo que obedecer, y si recibo otras órdenes…”.

Pensaba: ahora se lo digo al Maestro y si Él quiere lo hago; si no quiere, que me dé la orden de no alejarme de la casa.

Jesús mira con infinito amor a su Predilecto y le dice:

–     Oye, Juan. Puedes ir.

Pero debes prometerme que si sientes que alguna cosa te turba, me lo dirás. Me has alegrado con esto. Mira, ahí viene Pedro con su pescado. Puedes irte, Juan.

El jovencito se va y Jesús se dirige a Pedro:

–    ¿Buena pesca?

Pedro mueve la cabeza y responde:

–    ¡Hummm! No muy buena… sólo son pescaditos.

Pero todo sirve. Santiago está renegando porque algún animal rompió el lazo y se perdió una red. Le dije: ‘¿Él no debe comer? Ten compasión de un pobre animalito.’

Pero él no lo toma así… -Y Pedro suelta una carcajada.

Jesús dice muy serio:

–     Es lo que Yo digo de uno que es hermano y eso no lo sabéis hacer.

–    ¿Te refieres a Judas?

–     Me refiero a él. Sufre.

Tiene buenos deseos e inclinación perversa. Pero dime un poco tú; experto pescador.

Cuando quisiese ir en barca por el Jordán, para llegar al lago de Nazareth; ¿Cómo debería hacer? ¿Lo lograría?…

–      ¿Desde aquí?… ¡Eh! ¡Sería un trabajo enorme!

Lo lograrías con lanchas planas. Cuesta trabajo, ¿Sabes? ¡Es lejos! Sería necesario medir siempre el fondo.

Tener ojo en la ribera. En los remolinos, en los bosquecillos flotantes en la corriente. ¡Ufff!

La vela en estos casos, estorba y no sirve. Pero, ¿Quieres regresar al lago siguiendo el río?

Ten en cuenta que no le va a uno bien, ir contra la corriente. Es menester dividirse en muchas cosas, si no…

–     Tú lo has dicho.

Cuando alguien es vicioso, para ir al Bien; debe ir contra la corriente. Y no puede lograrlo por sí solo.

Judas es uno de estos. Y vosotros no lo ayudáis. El pobre rema hacia arriba solo y se pega contra el fondo. Da contra remolinos; se mete en los bosquecillos flotantes y cae en una vorágine.

Si quiere medir el fondo, no puede tener al mismo tiempo, el timón y el remo.

¿Por qué se le echa en cara si no avanza? Tenéis piedad de los extraños y de él; vuestro compañero, ¡¿No?!…

¡No es justo! ¿Ves ahí a Juan y a él, que van al poblado a traer pan y verduras? Él ha pedido que por favor no se le deje ir solo.

Se lo pidió a Juan, porque no es tonto y sabe cómo pensáis los viejos de él.

–   ¿Y Tú lo has mandado? ¿Y si Juan también se echa a perder?

Santiago ha llegado con la red que sacó de las varas y escuchó las últimas palabras.

Pregunta:

–   ¿Quién? ¿Mi hermano? ¿Por qué va a echarse a perder?

Jesús contesta:

–   Porque Judas va con él.

–   ¿Desde cuándo?

–   Desde hoy. Yo le di permiso.

–    Si Tú lo permites… Entonces…

–     Aún más bien. Lo aconsejo a todos.

Lo dejáis muy solo. No seáis sólo sus jueces. No es peor que otros. Está muy mal educado desde su infancia.

Santiago dice:

–    Así será.

Si hubiese tenido por padre y madre a Zebedeo y a Salomé, las cosas no serían así. Mis padres son buenos, pero estrictos. Se acuerdan que tienen un derecho y una obligación sobre sus hijos.

–    Dijiste bien hoy hablaré exactamente sobre esto.

Vámonos. Veo que empieza a parecer gente por los prados…

Pedro dice entre animado y fastidiado:

–    No sé cómo vamos a hacer para vivir.

Ya no hay tiempo para comer, orar, descansar… Y la gente aumenta siempre más.

Jesús responde:

–    ¿Te desagrada? Es señal de que todavía hay quién busca a Dios.

–     Sí, Maestro. Pero Tú sufres.

Ayer te quedaste sin comer y esta noche sin más cobija que tu manto. ¡Si lo supiese tu Madre!

–    ¡Bendeciría a Dios que me trae tantos fieles!

Llegan Felipe y Bartolomé diciendo:

–    ¡Oh! ¡Maestro! ¿Qué hacemos?

–    Es una verdadera peregrinación de enfermos, quejosos y pobres que vienen de lejos, sin medios.

Jesús contesta:

–   Compraremos pan.

Los ricos dan limosnas. Las emplearemos en ellos.

Felipe dice:

–   Los días son breves.

El cobertizo está lleno de gente que parece que va a pernoctar. Las noches son húmedas y frías.

–   Tienes razón, Felipe.

Nos estrecharemos en un solo galerón. Podemos hacerlo y arreglaremos los otros, para quienes no puedan regresar a su casa en la misma tarde.

Pedro refunfuña:

–   ¡Entendido!

Dentro de poco tendremos que pedirles permiso a los huéspedes, para cambiarnos de ropa. Nos invadirán en tal forma, que nos arrojarán.

–    Otras fugas verás, Pedro mío…  ¿Qué tiene esa mujer?

Han llegado a la era y Jesús la ve llorando.

Bartolomé contesta:

–     Ayer también estuvo y también lloraba.

Cuando hablabas con Mannaém intentó acercarse a Ti. Pero después se fue. Debe estar en el poblado, porque ha regresado y no parece enferma.

Al pasar junto a ella, Jesús le dice:

–     La paz sea contigo, mujer.

Ella responde en voz baja:

–     Y contigo.

Son por lo menos trescientas personas.

Bajo el cobertizo hay ciegos, cojos, mudos. Uno que no hace más que temblar.

Un jovencillo claramente hidrocéfalo, tomado de la mano por un hombre; no hace más que bufar, babear y sacudir su cabezota con expresión de estúpido.

Una mujer pregunta:

–   ¿El Maestro, cura también los corazones?

Pedro la oye y dice a Jesús:

–    Tal vez es una mujer traicionada.

Mientras Jesús va a donde están los enfermos, Bartolomé y Felipe van a bautizar a muchos peregrinos.

La mujer llora en un rincón sin moverse.

Jesús no niega nadie el milagro.

Llega ante el jovencito y toma entre sus manos su cabezota y con su aliento le infunde la inteligencia.

Todos se agolpan.

También la mujer velada, que perdida entre la multitud; se atreve a acercarse más y se pone junto a la mujer que llora.

Jesús dice al tonto:

–    Quiero en ti la luz de la inteligencia, para abrir paso a la Luz de Dios. Oye, di conmigo: Jesús. Dilo, lo quiero.

El tonto, que antes mugía como una bestia, masculla fatigosamente:

–     ¡Jesiú!

–     Otra vez. –dice Jesús, que continúa teniendo entre sus manos, la cabeza deforme y lo mira fijamente.

–    ¡Jess-sús!

–     ¡Otra vez!

–     ¡Jesús! –dice finalmente.

En sus ojos ya hay una expresión y en su boca se dibuja una sonrisa diferente.

Jesús dice a su padre:

–    Hombre, tuviste fe. Tu hijo está curado.

Pregúntaselo. El Nombre de Jesús es milagro contra las enfermedades y las pasiones.

El hombre pregunta a su hijo:

–    ¿Quién soy yo?

El muchacho contesta:

–     Mi padre.

El hombre lo estrecha contra su pecho y dice:

–    Así nació. Mi mujer murió en el parto.

Y él tenía impedida la mente y el habla. Ahora ved. Tuve fe, sí. Vengo desde Joppe. ¿Qué debo hacer por Ti, Maestro?

–     Ser bueno. También tu hijo. No más.

–    ¡Y amarte! ¡Oh!

¡Vamos a decírselo a tu abuela! Fue ella la que me persuadió a venir. Que sea bendita.

Los dos se van felices.

Del infortunio pasado no queda rastro. Sólo la cabeza grande del muchacho. La expresión del rostro y el habla son normales.

Varios quieren saber y preguntan a Jesús:

–    ¿Se curó por voluntad tuya o por poder de tu Nombre?

–    Por voluntad del Padre, siempre benigno con su Hijo.

También mi Nombre es salvación. Vosotros sabéis que ‘Jesús’ quiere decir Salvador. La salvación es de las almas y de los cuerpos.

Quién dice el Nombre de Jesús con verdadera devoción y Fe; se levanta de las enfermedades y del Pecado.

Porque en cada enfermedad espiritual y física; está la uña de Satanás; el cual produce las enfermedades físicas, para llevar a la rebelión y a la desesperación; al sentir los dolores de la carne.

Y las morales y espirituales para conducir a la condenación eterna.

–     Entonces según Tú, ¿En todas las cosas que afligen al hombre; no es un extraño Belcebú?

–     No es un extraño.

La enfermedad y la muerte entraron por él. E igualmente la corrupción y el delito.

Cuando veáis algún atormentado por una desgracia; recordad que él también sufre por causa de Satanás.

Cuando veáis que alguien es causa de infortunio; pensad que es un instrumento de Satanás.

–    Pero las enfermedades vienen de Dios.

–    Las enfermedades son un desorden del Orden.

Porque Dios creó al hombre sano y perfecto.

El Desorden introducido por Satanás en el orden puesto por Dios; ha traído consigo la enfermedad en el cuerpo y las consecuencias de la misma.

O sea; la muerte y también las herencias funestas.

El hombre heredó de Adán y Eva, la mancha de Origen. Pero no solo esa. La Mancha se extiende cada vez más; comprendiendo las tres ramas del hombre: la carne siempre más viciosa y por lo tanto débil y enferma.

La parte moral, siempre más soberbia y por lo tanto, corrompida.

El espíritu siempre más incrédulo; o sea, cada vez más idólatra.

Por esto es necesario hacer como hice con el jovencito: enseñar el Nombre que ahuyenta a Satanás. grabarlo en la mente y en el corazón.

Ponerlo sobre el ‘yo’, como un sello de propiedad.

–   Pero, ¿Nos posees Tú? ¿Quién Eres que te crees tan gran cosa?

–   ¡Si fuera así! Pero no lo es.

Si os poseyese estaríais ya salvados. Sería mi derecho porque Soy el Salvador. Salvaré a los que tengan fe en Mí.

Uno de los curados que antes usaba muletas y ahora se mueve ágilmente, dice:

–   Yo vengo de parte de Juan el Bautista.

Me dijo: ‘Ve al que habla y bautiza cerca de Efraín y Jericó.  Él tiene el poder de atar y desatar.

Mientras que yo solo puedo decirte que hagas penitencia para hacer tu alma ágil en conseguir la salvación.

Otro pregunta:

–    ¿No siente el bautista que pierde gente?

Y el que acaba de hablar, responde:

–    ¿Sentirlo? A todos nos dice: ‘Id. Id.”

“Yo soy el astro que se oculta. Él es el astro que sube y se queda fijo en su eterno resplandor.”

Para no permanecer en tinieblas, id a Él; la Luz Verdadera; antes de que se pague mi lamparilla.

–    ¡Los fariseos no dicen así!

Están rabiosos y llenos de odio, porque atraes a las multitudes. ¿Lo sabías?

Jesús responde escueto:

–     Lo sabía.

Se desata una disputa sobre la razón y modo de proceder de los fariseos.

Jesús la trunca con un:

–           ¡No critiquéis!  – que no admite réplica.

76 EL PRIMER MANDAMIENTO


75 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús habla apoyado sobre el pesebre vacío.

Juan y los dos primos, junto con Mateo y Felipe, están a su lado, mientras que Judas, Pedro, Bartolomé, Santiago y Andrés están en la puerta, para que la entrada de los que siguen llegando se efectúe con  orden.

Tomás y Simón, por su parte, se mueven entre la gente, haciendo callarse a los niños, recogiendo los óbolos, escuchando peticiones.

La hermosa Voz de tenor de Jesús, retumba por los aires:

“Está escrito: “No te harás dioses en mi Presencia.

No te harás ninguna escultura, ni representación de lo que hay arriba en el Cielo.

Aquí abajo, en la Tierra o en las aguas que están bajo ella. No adorarás tales cosas, ni les prestarás culto. Yo soy el Señor tu Dios, fuerte y celoso.

Que visita la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me odian… y concede Misericordia hasta la milésima, de aquellos que lo aman y observan sus Mandamientos”.

La voz de Jesús retumba en la amplia estancia, que está llena de gente, dado que está lloviendo y todos se han resguardado en ella.

En primera fila hay cuatro personas enfermas:

Un ciego, guiado por una mujer; un niño enteramente lleno de costras; una mujer amarilla debido a la ictericia o a la malaria.

Y uno al que han llevado en una pequeña camilla.

“No te harás dioses en mi Presencia.”

“NO TENDRÁS DIOSES AJENOS DELANTE DE MÍ”

Habéis oído cómo Dios está en todas partes con su mirada y con su Voz. Verdaderamente siempre estamos en su Presencia.

Guardados dentro de una estancia, o entre el público del Templo, estamos igualmente en su Presencia.

Ya seamos ocultos benefactores que hasta a quien recibe el favor le celamos nuestro rostro, ya seamos asesinos que asaltan y asesinan bárbaramente al viandante en un desfiladero solitario…

Estamos igualmente en su Presencia. En su Presencia está el rey rodeado de su corte, el soldado en el campo de batalla, el levita en el Templo, el sabio encorvado sobre los libros…

El campesino en el surco, el mercader en su banco, la madre inclinada hacia la cuna, la esposa en la cámara nupcial, la virgen en el secreto de la paterna morada…

El niño pequeño estudiando en la escuela, el anciano cuando se echa para morir.

TODOS EN SU PRESENCIA,

TODAS LAS ACCIONES, IGUALMENTE, EN SU PRESENCIA.

EL PRIMER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS

¡Todas las acciones del hombre! ¡Tremenda palabra, pero, al mismo tiempo, consoladora!

Tremenda si las acciones son pecaminosas; consoladora, si son santas.

Saber que Dios ve: impedimento para obrar mal; estímulo para obrar bien. Dios ve que me comporto bien.

Yo sé que Él no olvida lo que ve. Yo creo que Él premia las buenas acciones. Por tanto, estoy seguro de obtener este prem

Y en esta seguridad descanso.

Ella me dará una vida serena y una plácida muerte; porque ya en vida, ya en muerte, mi alma se verá consolada por el rayo estelar de la Amistad de Dios.

Así razona quien obra bien.

Pero, quien obra mal ¿Por qué no piensa que entre las acciones prohibidas se encuentran los cultos idolátricos?

¡Por qué no dice: “Dios ve que mientras finjo un culto santo… adoro a un dios o dioses engañadores a quienes he erigido un altar.

Secreto ante los ojos de los hombres, pero que Dios conoce.

¿Qué dioses, diréis, si ni siquiera en el Templo hay figuras de Dios?

¿Qué rostro tienen estos dioses, si nos ha resultado imposible atribuirle un rostro al verdadero Dios?

¡SÍ! Imposible atribuirle un rostro, porque el Perfecto y el Purísimo no puede ser dignamente representado por el hombre.

Sólo el espíritu vislumbra su incorpórea y sublime belleza, y oye su Voz.

Y saborea su caricia cuanto Él se efunde sobre un santo merecedor de estos contactos divinos.

Mas el ojo, el oído, la mano del hombre no pueden ni ver ni oír, ni representar con el sonido en la cítara, o con el martillo y el cincel en el mármol, lo que es el Señor.

¡Oh, felicidad sin fin cuando, oh espíritus de los justos, veáis a Dios! La primera mirada será la aurora de la beatitud que por los siglos de los siglos será compañera vuestra.

Y, no obstante, lo que no pudimos hacer respecto al verdadero Dios, el hombre lo hace respecto a los dioses engañadores.

Y así uno erige el altar a la mujer; el otro, al oro; el otro, al poder; el otro, a la ciencia; el otro, a los triunfos militares.

Uno adora al hombre que tiene poder, semejante a él por naturaleza, superior sólo en ímpetu avasallador o en dinero.

Otro se adora a sí mismo diciendo: “No hay quien se me iguale”.

Éstos son los dioses de quienes pertenecen al pueblo de Dios.

No os asombréis de los paganos que adoran animales, reptiles y astros. ¡Cuántos reptiles! ¡Cuántos animales! ¡Cuántos astros apagados adoráis en vuestros corazones!

Los labios pronuncian palabras mentirosas para adular, para poseer, para corromper. ¿No son, acaso, éstas las oraciones de los secretos idólatras?

Los corazones nutren pensamientos de venganza, de tráficos ilícitos, de prostitución. ¿Y no son acaso éstos, los cultos a los dioses inmundos del placer, de la codicia, del Mal?

Está escrito: “No adorarás nada que no sea tu Dios verdadero, único, eterno”.

Está escrito: “Yo soy el Dios fuerte y celoso”.

FUERTE: Ninguna otra fuerza es más fuerte que la suya. El hombre es libre de actuar, Satanás es libre de tentar. Pero cuando Dios dice: “¡Basta!”, el hombre no puede ya actuar mal.

Y Satanás ya no puede tentar.

Repelido y arrojado éste a su Infierno, abatido aquél por el uso en su mala conducta, porque ésta tiene un límite más allá del cual Dios no permite que se vaya.

Celoso. ¿De qué? ¿Con qué celos? ¿Los celos mezquinos de los pequeños hombres? ¡NO!

Los santos celos de Dios respecto a sus hijos. Los justos celos. Los amorosos celos. Os ha creado. Os ama. Os desea para Sí.

Sabe lo que os perjudica. Conoce lo que puede separaros de Él. Se siente Celoso de este “Qué” que se mete entre el Padre y los hijos.

Y los desvía del único Amor que es salvación y paz: Dios.

Entendemos estos sublimes celos; no mezquinos, ni crueles ni carceleros, sino Amor Infinito.

Infinita bondad, libertad sin límites, Celos que se ofrecen a la criatura finita que para aspirarla perdurablemente hacia Dios, hacia dentro de Dios,.

Y hacerla copartícipe de su Infinitud. Un padre bueno no quiere gozar solo sus riquezas, sino que quiere que sus hijos las disfruten con él.

En el fondo las ha acumulado más para sus hijos que para Sí, Pues así ES Dios. Pero llevando en este amor y deseo la perfección que reside en toda acción suya.

No defraudéis al Señor. Hay promesa suya de castigo sobre los culpables y sobre los hijos de los hijos culpables.

Y Dios no miente nunca en sus promesas. ¡Pero no se deprima vuestro ánimo, hijos del hombre y de Dios! Oíd la otra promesa y exultad:

“Y concede Misericordia hasta la milésima de aquellos que lo aman y observan sus Mandamientos”.

Hasta la milésima generación de los buenos, y hasta la milésima debilidad de los pobres hijos del hombre, que caen no por malicia, sino por irreflexividad…

Y por las celadas tendidas por Satanás.

Más aún: os digo que Él os abre los brazos, SÍ, con el corazón contrito y el rostro lavado por el llanto, decís:

“Padre, he pecado, lo sé, me humillo por ello y a TÍ me confieso; perdóname. Tu perdón será mi fuerza para volver a `vivir’ la verdadera vida”.

No temáis. Antes de que vosotros pecarais por debilidad, Él sabía que pecaríais.

Mas su Corazón se cierra sólo cuando persistís en el pecado queriendo pecar, haciendo de un pecado en concreto o de muchos pecados, vuestros dioses de horror.

¿Qué nombre tiene lo que ocupa mis pensamientos la mayor parte del tiempo? Es el nombre de mi ídolo…

Abatid todo ídolo, haced sitio al Dios verdadero.

Él descenderá con su gloria a consagrar vuestro corazón, cuando se vea Él solo en vosotros.

DEVOLVEDLE A DIOS SU MORADA, QUE ESTÁ EN LOS CORAZONES DE LOS HOMBRES,

 Y no en los templos de piedra.

Lavad el umbral de su puerta, liberad su interior de todo inútil o culpable dispositivo. Dios sólo. Sólo Él. ¡Todo es Él!

Y en nada es inferior al Paraíso, el corazón de un hombre en que esté Dios, el corazón de un hombre que cante su amor al Huésped Divino.

Haced un Cielo de cada corazón. Empezad a vivir con el Excelso. En vuestro eterno mañana ese vivir con El se perfeccionará en potencia y alegría,

mas aquí tendrá ya tal entidad, que dejará atrás la temblorosa turbación de Abraham, Jacob y Moisés.

No será ya, en efecto, el encuentro incisivo como rayo, y aterrador, con el Poderoso; sino la permanencia con el Padre y el Amigo que descienden para decir:

Mi alegría es estar entre los hombres. Tú me haces feliz. Gracias, hijo“.

Los presentes, que superan el centenar, tardan algo en salir de su estado de encantamiento.

Hay quien se da cuenta de que está llorando o sonriendo por la misma esperanza de gozo.

Finalmente parece que se despiertan, emiten un murmullo, un fuerte suspiro y terminan gritando como sintiéndose liberados:

–     ¡Bendito seas! ¡Tú nos abres la vía de la paz!

Jesús sonríe y responde:

–     La Paz está en vosotros, si seguís desde hoy el Bien.

Luego va a donde los enfermos y pasa la mano sobre el niño enfermo, sobre el ciego y sobre la mujer toda amarilla.

Se inclina hacia el paralítico y dice:

–     Quiero.

El hombre lo mira, y grita:

–     ¡Ha vuelto el calor al cuerpo apagado! 

Y se pone en pie, tal y como está, hasta que le echan encima la manta de la yacija.

La madre, por su parte, levanta al niño, que ya no tiene costras, y el ciego parpadea a causa de su primer contacto con la luz y unas mujeres gritan:

« ¡Dina ya no está amarilla como los ranúnculos silvestres!».

El alboroto llega a su colmo.

Hay quien grita, quien bendice, quien empuja para ver, quien trata de salir para ir al pueblo a decirlo.

Jesús se ve asaltado por todas partes.

Pedro, viendo que casi lo aplastan, grita:

–     ¡Muchachos! ¡Que lo asfixian al Maestro! ¡Vengan, a abrir paso!

Y con una verdadera gimnasia de codos, e incluso alguna patada en las espinillas, los doce logran abrirse paso y liberar a Jesús,

Y lo llevan afuera.

Pedro pregunta:

–     Mañana me ocupo yo de esto. 

Tú en la puerta y los demás en el fondo. ¿Te hicieron daño?

Jesús responde:

–    No.

–    ¡Parecían locos! ¡Qué formas!

–    Déjalos. Se sentían felices…

Y Yo también con ellos. Id a quien pida el bautismo. Yo entro en la casa.

Tú, Judas, con Simón, darás el óbolo a los pobres. Todo. Nosotros tenemos mucho más de lo justo para ser los apóstoles del Señor.

Ve, Pedro, ve. No temas hacer demasiado. Yo te justifico ante el Padre porque te mando Yo. Adiós, amigos.

Y Jesús, cansado y sudoroso, se encierra en la casa, mientras los discípulos hacen cada uno su encargo con los peregrinos.

75 EL PRIMER SEMINARIO


75 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Es un día frío, sereno y nublado y la muchedumbre que espera a Jesús, ha aumentado considerablemente. 

Hay también personas de clases menos comunes. Algunos han venido en burros y ahora están ingiriendo su comida bajo el cobertizo, en cuyos palos han atado sus asnos, en espera del Maestro.

La gente cuchichea; los más doctos dan explicaciones de quién es y por qué el Maestro habla en ese lugar.

En un pequeño grupo, uno pregunta;

–     Pero, ¿Supera a Juan?

–     No. Es distinto. Aquél – yo era de Juan – es el Precursor y es la voz de la justicia; éste es el Mesías, y es la voz de la sabiduría y la misericordia.

Varios se interesan:

–    ¿Cómo lo sabes? 

–     Me lo han dicho tres discípulos del Bautista de los que están siempre con él.

¡Si supierais qué cosas! Ellos lo vieron nacer. Fijaos: nació de la luz. La luz era tan fuerte, que ellos, que eran pastores, abandonaron corriendo el redil, entre el ganado enloquecido de terror. 

Y vieron que toda Belén estaba en llamas.

Luego descendieron del cielo unos ángeles y apagaron el fuego con sus alas y sobre el suelo estaba Él, el Niño nacido de la luz.

Todo el fuego se transformó en una estrella…

Uno objeta:

–     ¡No, hombre, no, no es así!

–     Sí, es así. Me lo ha dicho uno que era mozo de cuadra en Belén cuando yo era niño y que ahora que el Mesías es hombre se gloría de ello.

–     No es así. La estrella vino después.

Vino con aquellos magos de Oriente, aquellos de los que uno era descendiente de Salomón y por tanto, pariente del Mesías, porque Él es de David.

Y David es padre de Salomón y Salomón amó a la reina de Saba porque era hermosa. Y por los regalos que le había traído, tuvo de ella un hijo, que es de Judá a pesar de ser de más allá del Nilo.

Varios contradicen:

–    ¿Pero qué estás diciendo? 

–     ¿Estás loco?

–     No.

–     ¿Pretendes decir que no es cierto que su pariente le trajo los aromas como es costumbre entre reyes, y más aún de esa estirpe?

Otro declara:

–     Yo sé cómo sucedió verdaderamente.

Lo sé porque Isaac es uno de los pastores y es amigo mío, así fue: el Niño nació en un establo de la casa de David. Estaba profetizado…

–    ¿Pero no es de Nazaret?

–    Dejadme hablar.

Nació en Belén porque es de David, y era tiempo de edicto. Los pastores vieron una luz de insuperablebelleza, y el más pequeño, porque era inocente, fue el primero que vio al ángel del Señor,

el cual habló con música de arpa diciendo: “Ha nacido el Salvador. Id y adorad”, y, a continuación, una muchedumbre de ángeles cantó “Gloria a Dios y paz a los hombres buenos”.

Entonces los pastores fueron y vieron a un niñito en un pesebre entre un buey y un asno, y a la Madre y al padre.

Y lo adoraron y luego lo condujeron a casa de una buena mujer. Y el Niño crecía como todos, hermoso, bueno, todo amor.

Luego vinieron los magos del otro lado del Eufrates y más allá  del Nilo, porque habían visto una estrella y reconocido en ella la estrella de Balaam.

Pero el Niño ya podía andar. El rey Herodes ordenó el exterminio por celos de poder. Pero el ángel del Señor había advertido del peligro y los pequeñuelos de Belén murieron, pero no Él, que había huido más allá de Matarea.

Después volvió a Nazaret, a trabajar como carpintero y habiendo llegado a su tiempo, después de haber sido anunciado por el Bautista, primo suyo, ha comenzado la misión y primero ha buscado a sus pastores.

A Isaac lo liberó de una parálisis, después de treinta años de enfermedad.

E Isaac le predica incansablemente. Esto es.

El primero replica disgustado:

–     ¡Pues, no obstante, los tres discípulos del Bautista me han dicho verdaderamente esas palabras!» 

–     Y son verdaderas. Lo que no es verdadero es la descripción del mozo de cuadra.

¿Se gloría? Haría bien en decir a los betlemitas que fueran buenos. Ni en Belén ni en Jerusalén puede predicar.

–     Pero hombre, ¿Cómo piensas que los escribas y fariseos deseen sus palabras?

Esos son víboras y hienas, como los llama el Bautista.

Uno más explica:

–     Yo querría que me curase. ¿Ves?

Tengo una pierna con gangrena. He sufrido lo indecible para venir aquí en burro. Pero lo he buscado en Sión y ya no estaba… 

Otro responde:

–     Lo han amenazado de muerte… 

–     ¡Perros!

–     Sí. ¿De dónde vienes?

–     De Lida.

–     ¡Un largo camino!

Un tercero muy angustiado, confiesa:

–     Yo… yo quisiera expresarle un pecado mío…

Se lo he manifestado al Bautista… pero me ha recriminado de tal modo, que he huido. Creo que ya no podré ser perdonado… 

–     ¿Pues qué es lo que has hecho?

–      Mucho mal. A Él se lo manifestaré.

¿Qué decís? ¿Me maldecirá?

Un anciano de aspecto grave responde:

–      No. Lo he oído hablar en Betsaida.

Casualmente me encontraba allí. ¡Qué palabras! Hablaba de una pecadora.

¡Ah…, casi habría deseado ser ella para merecerlas!… 

En eso gritan muchos:

–     ¡Ahí viene! 

El hombre que se siente culpable, dice:

–     ¡Misericordia! ¡Me da vergüenza! – y trata de huir.  

Al pasar Jesús junto a ellos, dice:

–     ¿A dónde huyes, hijo mío?

¿Tanta negrura tienes en el corazón, que odias la Luz hasta el punto de tener que huir de ella? ¿Has pecado tanto como para tener miedo de mí Perdón?

¿Pero qué pecado puedes haber cometido? Ni aun en el caso de que hubieras matado a Dios deberías tener miedo, si en ti hubiera verdadero arrepentimiento.

¡No llores! O ven, lloremos juntos.

Jesús que, alzando una mano, había hecho que se detuviera el fugitivo, ahora lo tiene estrechado contra sí.

Y dirigiéndose hacia quienes están esperando,

les  dice:

–     Un momento sólo, para aliviar a este corazón. Después estoy con vosotros.

Y se aleja hasta más allá de la casa, chocándo al volver la esquina, contra la mujer velada, que está en su lugar de escucha.

Jesús la mira fijamente un instante, luego continúa una docena de metros más allá y se detiene.

Con mucho amor le pregunta:

–     ¿Qué has hecho, hijo?

El hombre cae de rodillas.

Es un hombre que tiene unos cincuenta años; un rostro quemado por muchas pasiones y devastado por un tormento secreto.

Tiende los brazos y grita:

–     Para gozarme con las mujeres dilapidé toda la herencia paterna, he matado a mi madre y a mi hermano…

Desde entonces no he vuelto a tener paz… Mi alimento… ¡sangre! Mi sueño… ¡pesadillas!… Mi placer…

¡Ah! en el seno de las mujeres, en su gemido de lujuria, sentía el hielo de mi madre muerta y el jadeo agonizante de mi hermano envenenado.

¡Malditas las mujeres de placer! ¡Aspides, medusas, murenas insaciables! ¡Perdición, perdición, mi perdición! 

Jesús dice:

–    No maldigas. Yo no te maldigo…

–    ¿No me maldices?

–    No. ¡Lloro y cargo sobre Mí tu pecado!…

Cuánto pesa! Me quiebra los miembros, pero aun así lo abrazo estrechamente para anularlo por ti…

y a ti te concedo el perdón. Sí. Yo te perdono tu gran pecado.

Extiende Jesús las manos sobre la cabeza del hombre, que está sollozando,

Y ora:

–    Padre, mi Sangre será derramada también por él. Por ahora, llanto y oración. Padre, perdona, porque está arrepentido.

¡Tu Hijo, a cuyo juicio todo ha sido remitido, así lo quiere!…

Permanece así durante unos minutos…

Luego se agacha para levantar al hombre y le dice:

–    La culpa queda perdonada.

Está en ti ahora el expiar, con una vida de penitencia, cuanto queda de tu delito».

–    ¿Dios me ha perdonado?

¿Y mi madre? ¿Y mi hermano?

–    Lo que Dios perdona queda perdonado por todos, quienes sean. Ve y no vuelvas a pecar nunca.

El hombre llora aún con más intensidad y le besa la mano.

Jesús lo deja con su llanto y vuelve hacia la casa.

La mujer velada hace ademán como de ir a su encuentro, mas luego baja la cabeza y no se mueve.

Jesús pasa delante de ella sin mirarla.

Cuando llega al lugar elegido para su magisterio…

Empieza a hablar:

–    Un alma ha vuelto al Señor.

Bendita sea su omnipotencia, que arranca de las circunvoluciones de la serpiente demoníaca a sus almas creadas, y las conduce de nuevo por el camino de los Cielos.

¿Por qué esa alma se había perdido? Porque había perdido de vista la Ley.

Dice el Libro que el Señor se manifestó en la cima del Sinaí con toda su terrible potencia, para, valiéndose también de ella, decir:

“Yo soy Dios. Ésta es mi voluntad. Éstos son los rayos que tengo preparados para aquellos que se muestren rebeldes a la voluntad de Dios”.

Y antes de hablar impuso que nadie del pueblo subiera para contemplar a Aquel que es, y que incluso los sacerdotes se purificasen antes de acercarse al limen de Dios, para no recibir castigo.

Esto fue así porque era tiempo de justicia y de prueba. Los Cielos estaban cerrados como por una losa que cubría el misterio del Cielo y el desdén de Dios.

Y sólo las saetas de la justicia alcanzaban, provenientes de los Cielos, a los hijos culpables.

Mas ahora no es así. Ahora el Justo ha venido a consumar toda justicia y ha llegado el tiempo en que sin rayos y sin límites, la Palabra divina habla al hombre para darle Gracia y Vida.

La primera palabra del Padre y Señor es ésta: “Yo soy el Señor Dios tuyo”.

En todo instante del día la voz de Dios pronuncia esta palabra y su dedo la escribe. ¿Dónde? Por todas partes. Todo lo dice continuamente: desde la hierba a la estrella,

desde el agua al fuego, desde la lana al alimento, desde la luz a las tinieblas, desde el estar sano hasta la enfermedad, desde la riqueza a la pobreza.

Todo dice: “Yo soy el Señor.

Por mí tienes esto. Un pensamiento mío te lo da, otro te lo quita, y no hay fuerza de ejércitos ni de defensas que te pueda preservar de mi voluntad”.

Grita en la voz del viento, canta en la risa del agua, perfuma en la fragancia de la flor, se incide sobre las cúspides de las montañas. Y susurra, habla, llama, grita en las conciencias: “Yo soy el Señor Dios tuyo”.

¡No os olvidéis nunca de ello! No cerréis los ojos, los oídos; no estranguléis la conciencia para no oír esta palabra.

Es inútil, ella es; y llegará el momento en que en la pared de la sala del banquete, o en la agitada ola del mar, o en el labio del niño que ríe,

o en la palidez del anciano que se muere, en la fragante rosa o en la fétida tumba, será escrita por el dedo de fuego de Dios.

Es inútil, llega el momento en que en medio de las embriagueces del vino y del placer, en medio del torbellino de los negocios, durante el descanso de la noche, en un solitario paseo… ella alza su voz y dice: “Yo soy el Señor Dios tuyo”

Y no esta carne que besas ávido, y no este alimento que, glotón, engulles, y no este oro que, avaro, acumulas, y no este lecho sobre el que te solazas.

Y de nada sirve el silencio, o el estar solo, o durmiendo, para hacerla callar.

“Yo soy el Señor Dios tuyo“, el Compañero que no te abandona, el Huésped que no puedes echar. ¿Eres bueno? Pues el huésped y compañero es el Amigo bueno.

¿Eres perverso y culpable? Pues el huésped y compañero pasa a ser el Rey airado, y no concede tregua. Mas no deja, no deja, no deja.

Sólo a los réprobos les es concedido el separarse de Dios. Pero la separación es el tormento insaciable y eterno.

“Yo soy el Señor Dios tuyo”, y añade: “que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud”. ¡Oh, con qué verdad, ahora, realmente lo dice!

¿De qué Egipto, de qué Egipto te saca, hacia la tierra prometida, que no es este lugar, sino el Cielo, el eterno Reino del Señor en que no habrá ya hambre o sed, frío ni muerte, sino que todo rezumará alegría y paz?

¡Y de paz y de alegría, se verá saciado todo espíritu!

De la esclavitud verdadera ahora os saca. He aquí el Libertador. Yo soy. Vengo a romper vuestras cadenas.

Cualquier dominador humano puede conocer la muerte, y por su muerte quedar libres los pueblos esclavos. Pero Satanás no muere. Es eterno.

Y es él el dominador que os ha puesto grilletes para arrastraros hacia donde desea.

El Pecado está en vosotros, y el Pecado es la cadena con que Satanás os tiene cogidos. Yo vengo a romper la cadena.

En nombre del Padre vengo, y por deseo mío. He aquí que por tanto, se cumple la no comprendida promesa: “te saqué de Egipto y de la esclavitud”.

Ahora esto tiene espiritualmente cumplimiento. El Señor Dios vuestro os saca de la tierra del ídolo que sedujo a vuestros progenitores, os arranca de la esclavitud de la Culpa, os reviste de Gracia, os admite en su Reino.

En verdad os digo que quienes vengan a mí podrán, con dulzura de paterna voz, oír al Altísimo decir en su corazón bienaventurado: “Yo soy el Señor Dios tuyo y te traigo hacia mí, libre y feliz”.

Venid. Volved al Señor corazón y rostro, oración y voluntad. La hora de la Gracia ha llegado.

Jesús ha terminado.

Pasa bendiciendo y acariciando a una viejecita y a una niñita morenita y risueña.  

El enfermode gangrena le implora:

–     Cúrame, Maestro. ¡Me aflige un mal grave! 

–     Primero el alma, primero el alma. Haz penitencia…

–     Dame el bautismo como Juan. No puedo ir a él. Estoy enfermo.

–     Ven.

Jesús baja hacia el río que se encuentra después de atravesar dos grandísimos prados y el bosque que lo oculta.

Se descalza, como también lo hace el hombre que hasta allí se ha arrastrado con las muletas.

Descienden a la orilla.

Y Jesús, haciendo copa con las dos manos unidas, esparce el agua sobre la cabeza del hombre, que está dentro del agua hasta la mitad de las espinillas. 

Jesús le ordena:

–     Ahora quítate las vendas.

Mientras vuelve a subir al sendero.

El hombre obedece.

La pierna está curada. La multitud grita su estupor.

Y muchos también gritan:

–     ¡Yo también!

–     ¡Yo también!

–     ¡Yo también el bautismo dado por Ti! 

Jesús, que ya está a medio camino, se vuelve,

y les dice:

–     Mañana. Ahora marchaos y sed buenos. La paz sea con vosotros.

Después de despedirlos, Jesús vuelve a casa, a la cocina que está oscura a pesar de que sean todavía las primeras horas de la tarde.

Los discípulos se aglomeran a su alrededor.

Y Pedro pregunta

–    ¿Ese hombre al que has llevado detrás de la casa, qué tenía?

–     Necesidad de purificación.

–     No ha vuelto, de todas formas, y no estaba entre los que pedían el bautismo.

–     Ha ido a donde lo he mandado.

–    ¿A dónde?

–    A expiar, Pedro.

–    ¿A la cárcel?

–     No. A hacer penitencia por todo el resto.

–    ¿No se purifica entonces con el agua?

–     Es agua también el llanto.

–     Sí, cierto.

Ahora que has hecho el milagro, ¿Qsabe cuántos vendrán!… Eran ya el doble hoy…

–     Sí. Si tuviera Yo que hacer todo, no podría.

Vais a bautizar vosotros. Primero uno cada vez, luego seréis dos, tres, muchos.

Y Yo predicaré y curaré a los enfermos y a los pecadores.

–    ¿Nosotros, bautizar? ¡Oh, yo no soy digno de ello!

¡Quítame, Señor, esta misión! ¡Tengo yo necesidad de ser bautizado!

Pedro se ha puesto de rodillas y está en actitud suplicante.

Pero Jesús se inclina hacia él y dice:

–     Pues tú vas a ser el primero en bautizar. Desde mañana.

–     ¡No, Señor! ¿Cómo puedo hacerlo, si estoy más negro que esa chimenea?

Jesús sonríe ante la sinceridad humilde del apóstol, que se puesto de rodillas contra sus rodillas, sobre las cuales tiene unidas sus gruesas manos de pescador.

Y lo besa en la frente, en el límite de su cabello entrecano que, áspero, se riza:

–     Eso es. Te bautizo con un beso. ¿Estás contento?

–     ¡Cometería inmediatamente otro pecado para recibir otro beso!

–     No, eso no. Nadie se burla de Dios, abusando de sus dones».

Judas dice muy despacio:

–     Y ¿A mí no me das un beso? También yo tengo uno que otro pecado.

Jesús lo mira atentamente.

Su mirada que estaba tan llena de alegría mientras hablaba con Pedro, se nubla con una cansada severidad…

Y dice:

–     Sí… a ti también. Ven.

Yo no actúo injustamente con nadie. Sé bueno, Judas. ¡Si tú quisieras!…

Eres joven. Toda una vida para subir y subir, hasta la perfección de la santidad…»

Y lo besa.

Luego los llama a todos para comunicarles con un beso, el Espíritu Santo:

–    Ahora tú, Simón amigo mío.

Y tú Mateo; mi victoria.

Y tú, sabio Bartolomé. Y tú, Felipe, fiel. Y tú Tomás; el de la pronta voluntad.

Ven. Andrés; el del silencio activo. Y tú, Santiago; el del primer encuentro.

Y ahora tú; alegría de tu Maestro y tú Judas, compañero de infancia y de juventud.

Y tú, Santiago que me recuerdas al Justo; en sus facciones y en su corazón.

Venid todos, todos… Pero, acordaos de que mi amor es mucho, pero es necesaria también vuestra buena voluntad.

Desde mañana daréis un paso más hacia adelante, en vuestra vida de discípulos míos.

Pensad, no obstante, que cada paso hacia adelante es un honra y una obligación.

Pedro dice:

–     Maestro… un día me dijiste a mí, a Juan, a Santiago y a Andrés, que nos enseñarías a orar.

Creo que si orásemos como Tú oras; seremos capaces de ser dignos del trabajo que requieres de nosotros.

–    En aquella ocasión te respondí:

Cuando estéis fuertemente formados, os enseñaré la plegaria sublime; para dejaros mi plegaria.

Pero también ella no tendrá ningún valor, sí se le dice sólo con la boca. Por ahora levantad el alma y la voluntad hacia Dios. La plegaria es un don que Dios concede. Y que el hombre da a Dios.

Judas de Keriot pregnta:

–    ¿Cómo es esto?

¿Todavía no somos dignos de orar? Todo Israel ora… 

–    Sí, Judas.

  Pero puedes ver por sus obras, cómo ora Israel. No quiero hacer de vosotros traidores. Quién ora externamente y por dentro está en contra del Bien; es un Traidor.

Judas piensa…

Y luego dice:

–    ¿Y los milagros? ¿Cuándo nos capacitas para que los hagamos?

Pedro se escandaliza:

–    ¿Milagros? ¿Nosotros?… ¡Misericordia Eterna!… pero muchacho. ¿Estás loco?

Pedro está asustado, fuera de sí y agrega:

–    ¡Y eso que bebemos agua pura! ¿Nosotros, milagros?

Judas reafirma:

–     ¡Él nos lo dijo, en Judea! ¿0 acaso no es verdad?

Jesús responde:

–     Sí, es verdad, lo dije. Y lo haréis.

Pero, mientras en vosotros haya demasiada carne, no tendréis milagros.

Judas declara:

–   ¡Ayunaremos!

–   De nada sirve. Por carne me refiero a las pasiones corrompidas.

La Triple concupiscencia. Y detrás de esta pérfida trinidad, la secuela con sus vicios… iguales a los hijos de una unión lujuriosa bígama.

La soberbia de la inteligencia engendra; con la avidez de la carne y del poder; todo el mal que hay en el hombre y en el mundo.

Judas objeta:

–    Nosotros lo hemos dejado todo por Ti.

–    Pero no a vosotros mismos.

–   ¿Entonces debemos morir? Con tal de estar contigo lo haríamos; yo al menos…

–    No. No pido vuestra muerte material.

Pido que muera en vosotros lo animal y satánico. Y esto no muere, mientras la carne esté satisfecha y haya en vosotros mentira, orgullo, ira, soberbia, gula, avaricia y pereza.

Bartolomé suspira:

–    ¡Somos tan frágiles cerca de Ti que eres tan santo!

El primo Santiago, declara:

–    Y Él siempre fue santo. Lo podemos afirmar.

Juan dice:

–     Él sabe cómo somos. No debemos perder los ánimos.

Lo único que debemos decirle, es: ‘Danos diariamente la fuerza para servirte. Somos débiles y pecadores. Ayúdanos con tu fuerza y tu perdón’.

Dios no nos desilusionará y en su Bondad y Justicia; nos perdonará y purificará de la iniquidad de nuestros pobres corazones.

Jesús se acerca al rincón en donde está el joven apóstol y atrayéndolo hacia Él, dice:

–    Eres bienaventurado, Juan. Porque la verdad habla en tus labios, que tienen perfume de inocencia y sólo besan al adorable Amor – dice Jesús levantándose,

Y atrae hacia su corazón al predilecto, que ha hablado desde el rincón oscuro.

72 RENACER EN EL ESPÍRITU


72 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Hacia el final de la primera vigilia, (20.00hs) es una noche apacible en el olivar y el cielo ostenta su maravilloso esplendor,

con una luna llena que ilumina con su brillo plateado, lo que de otra manera sería una gran oscuridad.

  Jesús y Simón cananeo están  conversando en la cocina, sobre las incidencias que cambiarán su destino en Jerusalén.

Juan los interrumpe al entrar diciendo:

–    ¡Maestro! ¡Aquí está Nicodemo!

Después de los saludos, Simón toma a Juan y salen de la cocina, dejándolos solos a los dos.

Nicodemo dice preocupado:

–    Maestro, perdona si te he querido hablar en secreto. Desconfío, por Tí y por mí, de muchos.

No es sólo cobardía esto mío. También es prudencia y deseo de beneficiarte, más que si te perteneciera abiertamente.

Tú tienes muchos enemigos. Yo soy uno de los pocos que aquí te admiran.

He pedido consejo a Lázaro. Lázaro es poderoso por herencia, temido porque goza de favor ante Roma, justo ante los ojos de Dios;

sabio por maduración de ingenio y cultura, verdadero amigo tuyo y verdadero amigo mío.

Por todo esto he querido hablar con él. Y me siento feliz de que él haya juzgado del mismo modo.

Le he dicho las últimas… discusiones del Sanedrín sobre Tí. 

Jesús corrige con suavidad:

–    Las últimas acusaciones. No tengas reparo en decir las verdades desnudas, como son.

–    Las últimas acusaciones. Sí, Maestro.

Yo estaba ya para decir “Pues bien, yo también soy de los suyos”. Aunque sólo fuera porque en esa asamblea hubiera al menos uno que estuviera a tu favor.

Pero José, que se había acercado a mí, me susurró: “Calla. Mantengamos oculto nuestro pensamiento. Luego te explico”. Y una vez fuera, dijo…

Exactamente dijo: “Así es de mayor provecho. Si saben que somos discípulos, nos mantendrán al margen de cuanto piensan y deciden.

Y pueden dañarle y también perjudicarnos. Como sencillos admiradores de Él; no nos tendrán secretos’

Comprendí que tenía razón. ¡Son muchos!… ¡Y muy malos! También yo tengo mis intereses y mis obligaciones. Lo mismo que José… ¿Comprendes, Maestro?

–    No os reprocho nada. Antes de que tú llegases,estaba diciéndole esto a Simón. 

Y he determinado incluso, alejarme también de Jerusalén.

–     ¡Nos odias porque no te amamos!

–     ¡No! ¡No odio ni siquiera a los enemigos!

–     Tú lo dices. Pero es así. ¡Tienes razón!

Sólo que, ¡Qué dolor para mí y para José! ¿Y Lázaro? ¿Qué dirá Lázaro, que justamente hoy ha decidido proponerte que dejaras este lugar para ir a una de sus propiedades de Sión?

Bueno, ¿Ya sabes que Lázaro tiene poder económico, no? Buena parte de la ciudad es suya, de la misma forma que muchas tierras de Palestina.

Su padre, a su patrimonio y al de Euqueria, de tu tribu y familia, había unido aquello que los romanos dan como recompensa al servidor fiel,

cuando lo mantuvo como regente de Siria y era muy influyente en todos los asuntos que el imperio tenía por acá.

A sus hijos les ha dejado una herencia muy grande y lo que más cuenta: una velada pero potente amistad con Roma.

Sin ésta, ¿Quién habría salvado de la ignominia a toda la casa después de la infamante conducta de María?

¿Su divorcio, conseguido sólo porque se trataba de “ella“, su vida licenciosa en esa ciudad, que es su feudo?

Y en Tiberíades, que es el elegante lupanar donde Roma y Atenas han constituido un lecho de prostitución para tantos del pueblo elegido?

¡Verdaderamente, si Teófilo sirio hubiera sido un prosélito más convencido, no habría dado a los hijos educación helenizante que tanta virtud mata y siembra tanta voluptuosidad!

Y que bebida y expulsada sin consecuencias por Lázaro y especialmente por Marta, ha contagiado a la desenfrenada María.

¡Y ha proliferado en ella, convirtiéndola en el fango de la familia y de Palestina!

No, sin la poderosa sombra del favor de Roma, se les habría aplicado el anatema más que a los leprosos.

Pero, considerando que las cosas están así, aprovéchate de ello. Con Lázaro tendrás también, la protección oculta de Roma.

Jesús rechaza con firmeza:

–     No. Me retiro. Quien quiera verme vendrá a Mí.

–   ¿¡He hecho mal en hablar!? – Nicodemo se siente abatido.

–    No. Espera… ¡Persuádete!

Y Jesús abre una puerta llamando:

–    ¡Simón! ¡Juan! ¡Venid!

Los dos acuden.

Jesús les pregunta:

–   Simón, dile a Nicodemo lo que te estaba diciendo cuando ha entrado él.

–   Que para los humildes es suficiente con los pastores; para los poderosos, Lázaro, Nicodemo, José y Cusa.

Y que Tú te ibas a ir lejos de Jerusalén, aunque sin dejar Judea. Esto estabas diciendo. ¿Por me lo haces decir? ¿Qué ha ocurrido?

–    Nada. Nicodemo temía que yo me fuera a causa de sus palabras. 

Nicodemo interviene diciendo:

–    He dicho al Maestro que el Sanedrín se muestra cada vez más enemigo.

Y que sería buena cosa que se pusiera bajo la protección de Lázaro. Ha protegido tus bienes porque tiene a Roma de su parte y protegería también a Jesús. 

Simón confirma:

–    Es verdad. Es un buen consejo.

A pesar de que mi casta esté mal vista incluso por Roma, una palabra de Teófilo me ha conservado el patrimonio durante la proscripción y la lepra.

Y Lázaro es muy amigo tuyo, Maestro.

Jesús objeta:

–   Lo sé. Pero ya me he pronunciado. Y lo que he dicho Yo lo hago.

–   ¡Entonces, te perdemos!

–   No, Nicodemo.

Hombres de todas las sectas se acercan al Bautista; a Mí podrán venir hombres de todas las sectas y de todos los niveles.

–    Nosotros venimos a ti sabiendo que eres superior a Juan.

–    Podéis seguir viniendo.

Seré un rabí solitario Yo también, como Juan, y hablaré a las turbas deseosas de oír la voz de Dios y capaces de creer que Yo soy esa Voz.

Y los demás me olvidarán… si son, al menos, capaces de tanto.

Nicodemo afirma:

–    Maestro, estás triste y desilusionado.

Tienes razón en estarlo. Todos te escuchan y creen en ti hasta el punto de que obtienen milagros.

Hasta incluso uno de Herodes, uno que por fuerza debería tener corrompida la bondad natural en esa corte incestuosa y ha sido seguidor del Bautista.

También hasta soldados romanos.

Sólo nosotros, los de Sión, somos tan duros… No todos, no obstante. Ya ves…

Maestro, nosotros sabemos que has venido de parte de Dios y que eres su más alto doctor. También Gamaliel lo dice.

Nadie puede hacer los milagros que Tú haces si no tiene a Dios consigo. Esto piensan también los doctos como Gamaliel.

¿Cómo es que entonces no podemos nosotros tener la fe que tienen los pequeños de Israel? ¡Oh! ¡Dímelo! ¡Dímelo!

No te traicionaré, aunque me dijeras: “He mentido para conferir valor a mis palabras de sabiduría con la impresión de un sigilo que nadie puede despreciar”.

¿Eres Tú el Mesías del Señor, el Esperado, la Palabra del Padre encarnada para instruir y redimir a Israel según el Pacto?

–   ¿Lo preguntas porque tú quieres? O ¿Por qué otros te mandaron a que me lo preguntases?

–   Yo lo pregunto, Señor.

Tengo aquí, un tormento. Tengo una gran confusión.

Vientos contrarios y contrarias voces. Hay en mí una borrasca. ¿Por qué no hay en mí, hombre maduro?

Esa pacífica seguridad que tiene, éste casi analfabeto muchacho; en cuya cara le pone esa sonrisa…

En sus ojos, esa luz. Ese sol en su corazón. 

Nicodemo se vuelve hacia Juan, preguntando:

–   ¿De qué modo crees Juan, para estar así; tan seguro?

Enséñame tu secreto, hijo. Ese secreto con el que supiste ver y encontrar al Mesías; en Jesús, el Nazareno.

Juan se pone colorado como un jitomate. Baja la cabeza como si pidiese permiso para decir una cosa muy grande. Y responde con sencillez:

–    Amando.

–   ¡Amando!

Le toca el turno a Simón Zelote y Nicodemo lo mira escrutador.

Luego  lo interroga: 

–    ¿Y tú, Simón, hombre probo y maduro?

Tú, docto que has sido probado hasta el punto de sentirte inducido a temer el engaño en todas partes. Y has sido acrisolado… ¿Cómo has hecho para convencerte?

–   Meditando.

Nicodemo exclama:

–   ¡Amando! ¡Meditando! También yo amo y medito… ¡Y no estoy seguro todavía!

Interviene Jesús diciendo:

–   Yo te diré el verdadero secreto.

Éstos han sabido nacer de nuevo. Con un nuevo espíritu; libre de toda cadena; desligados de todo compromiso; vírgenes de cualquier otra idea.

Y por esto han comprendido a Dios.

Si uno no nace de nuevo; no puede ver el Reino de Dios; ni creer en su Rey.

–   ¿Cómo puede un hombre volver a nacer; si ya es adulto?

Una vez fuera del seno materno, el hombre no puede jamás volver a entrar en él. ¿Aludes tal vez a la Reencarnación, como creen muchos paganos?

No, en ti no es posible esto; además, no se trataría de un volver a entrar en el seno materno, sino de un reencarnarse más allá del tiempo y por tanto, no ahora. ¿Cómo es esto? ¿Cómo? ¿En qué forma?

Jesús con mucha autoridad, como si estuviera en la cátedra del Templo,

Responde:

–    No hay más que una existencia de la carne sobre la Tierra y una eterna vida del espíritu más allá de la Tierra. Sólo hay una existencia de la carne sobre la Tierra. Y una vida eterna.  

Yo no hablo de la carne y de la sangre; sino del espíritu inmortal, que renace a la vida verdadera por dos cosas: Por el agua y por el Espíritu.  Lo más grande es el espíritu; sin el cual, el agua no es más que un símbolo.

Quien se ha lavado por el agua; debe purificarse luego con el espíritu y con Él; encenderse y renacer. Luego el alimentarse hasta llegar a la edad perfecta.

Porque lo que ha sido engendrado por la carne es y seguirá siendo carne, y con ella muere tras haberla servido en sus apetitos y pecados.

Pero lo que ha sido engendrado por el Espíritu es espíritu.

Y vive volviendo al Espíritu Generador después de haber cultivado el propio espíritu hasta la edad perfecta.

El Reino de los Cielos no será habitado sino por seres llegados a la edad espiritual perfecta. No te maravilles, por tanto, si digo: “Es necesario que vosotros nazcáis de nuevo”.

Éstos han sabido renacer. El joven ha matado la carne y ha hecho renacer el espíritu poniendo su ‘yo’ en la hoguera del amor. Enteramente ha sido consumido de toda materia.

Y he aquí que de las cenizas surge su nueva flor espiritual, maravilloso heliotropo que sabe dirigirse hacia el Sol Eterno.

El de edad; puso la guadaña en la meditación honesta a los pies de su viejo modo de pensar.

Y arrancó la vieja planta dejando sólo el retoño de la buena voluntad. Del que hizo nacer su nuevo pensamiento.

Ahora ama a Dios con su espíritu nuevo y lo ve…Lo que nace de la carne, es carne. Lo que nace del espíritu, es espíritu. Cada uno tiene su modo para llegar al puerto.

Cualquier viento es bueno, con tal de que se sepa usar la vela. Vosotros oís que sopla el viento y por su corriente podéis regular y dirigir la maniobra.

Pero no podéis decir de donde viene. Ni llamar al viento que necesitáis.

También el Espíritu llama. Y viene llamando y pasa. Pero sólo el que está atento puede seguirlo.

El Hijo conoce la Voz de su Padre. Y la voz del espíritu; conoce la Voz del Espíritu y Quién lo engendró…

–   ¿Cómo puede suceder esto?

–   Tú, Maestro en Israel; ¿Me lo preguntas?

¿Ignoras estas cosas? Se habla y se da testimonio de lo que sabemos y hemos visto. Pues bien, Yo hablo y doy testimonio de lo que sé.

¿Cómo podrás aceptar las cosas que no has visto; si no aceptas el testimonio que te traigo? ¿Cómo puedes creer en el Espíritu; si no crees en la Palabra Encarnada?…

No bajes la frente, Nicodemo. He venido a salvar. No a destruir. Dios no ha enviado a su Unigénito al mundo para condenar al mundo; sino para que el mundo se salve por medio de Él.

Yo he bajado para volver a subir llevándome conmigo a los que están aquí abajo. Uno sólo ha bajado del Cielo: el Hijo del hombre.

Uno sólo al Cielo subirá con el poder de abrir el Cielo: Yo, Hijo del hombre.

Recuerda a Moisés. Él levantó una serpiente en el desierto para curar las enfermedades de Israel.

Cuando Yo sea levantado en alto, aquellos a quienes la fiebre de la culpa hace ciegos, sordos, mudos o que por ella han perdido el juicio o están leprosos y enfermos, serán curados.

Y quienquiera que crea en Mí tendrá vida eterna.

También quienes en Mí hayan creído tendrán esta vida beata. En el mundo he visto todas las culpas, todas las herejías, todas las idolatrías.

Pero, ¿Puede acaso la golondrina que vuela veloz por encima del polvo ensuciarse el plumaje?

No. Lleva por las tristes vías de la Tierra una coma de azul, un olor de cielo, emite un reclamo para conmover a los hombres y hacerles levantar del fango la mirada y seguir su vuelo que al cielo retorna.

Igualmente Yo. Vengo para llevaros conmigo. ¡Venid!… Bajé para ascender, llevándoos conmigo. ¡Venid!

Quién cree en el Unigénito; no será juzgado. Ya está a salvo. Porque Él; el Hijo del Hombre, ruega al Padre, diciéndole: Éste me ha amado’

Pero el que no cree; es inútil que haga obras santas. Está ya juzgado porque no ha creído en el Hijo Unigénito de Dios.

¿Cuál es mi Nombre, Nicodemo?

–     Jesús. (Jesús en hebreo antiguo, Yeshúa o Ieshúa significa ‘Salvación’) 

–     ¡No! ¡Salvador! Yo Soy Salvación.

Quién no cree en Mí; rechaza su salvación. Y la Justicia Eterna lo ha sentenciado.

Y el juicio es éste:

‘La Luz se envió a ti y al mundo para salvaros. Y tú y los hombres habéis preferido las tinieblas a la Luz…’

Porque preferíais las obras malvadas, que se habían hecho costumbre en vosotros. A las obras buenas, las que Él os señalaba como obras que seguir para ser santos”.

Vosotros habéis odiado la Luz, porque los malhechores aprecian las tinieblas para sus delitos; habéis evitado la Luz para que no proyectara luz sobre vuestros ocultos resentimientos.

No por ti, Nicodemo, pero la verdad es ésta. Y el castigo guardará relación con la condena, por lo que respecta al individuo y por lo que respecta a la colectividad.

Si me refiero a los que me aman y ponen en práctica las verdades que enseño; naciendo en el espíritu por segunda vez, la más verdadera.

Digo que no temen la Luz antes bien, a ella se arriman; porque su luz aumenta aquella con que fueron iluminados: recíproca gloria, que hace dichoso a Dios en sus hijos y a los hijos en el Padre.

No, ciertamente los hijos de la Luz no temen ser iluminados; antes bien, con el corazón y con las obras, dicen: “No he sido yo sino Él, el Padre, Él, el Hijo, Él, el Espíritu, quienes han cumplido en mí el Bien.

A ellos la gloria eternamente.

Y desde el Cielo responde el eterno canto de los Tres que se aman en su perfecta Unidad: “A ti eternamente la bendición, hijo verdadero de nuestra voluntad”. 

Jesús se vuelve hacia su predilecto: 

–     Juan, acuérdate de estas palabras para cuando llegue la hora de escribirlas. 

Y dirigiéndose al magistrado del Sanedrín pregunta:   

–     Nicodemo, ¿Estás convencido?

–    Sí, Maestro. ¿Cuándo podré hablarte otra vez?

–    Lázaro sabrá llevarte. Iré a su casa, antes de alejarme de aquí.

–    Me voy, Maestro. Bendice a tu siervo.

–    Mi paz sea contigo.

Nicodemo sale con Juan.

Jesús se vuelve a Simón:

–    ¿Ves la obra del poder de las Tinieblas?…

Como una araña, tiende su trampa, envuelve y aprisiona a quien no sabe morir para renacer como mariposa… Con una fortaleza capaz de romper la tela tenebrosa y traspasarla.

llevándose como recuerdo de su victoria, jirones de reluciente red en las alas de oro, como oriflamas y lábaros conquistados al enemigo.

Morir para vivir.

Aprendiendo la ciencia de MORIR VIVIENDO y MORIR AMANDO.

Morir para daros la fuerza de morir.

Vete a descansar Simón. Y Dios sea contigo.

El discípulo se retira y Jesús sale al huerto. Se postra a orar…