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UN PLAN DIVINO Y PERFECTO 3


BASILICA DE LA ANUNCIACION EN NAZARETH

Ha pasado casi un año, desde que María está en su hogar paterno.  La casa santa de sus padres que guarda recuerdos tan queridos…

En la siguiente primavera, Ella está en su habitación. Junto a una de las paredes está la cama.

Junto a la otra pared, hay un anaquel con una lámpara de aceite, rollos de pergamino, una exquisita labor de costura que es un recamado muy elaborado, cuidadosamente doblada.

Junto a la puerta, que está abierta y que da al huerto, tiene una cortina que el viento mueve ligeramente.

María está sentada sobre un banco, tejiendo un lino muy blanco y delicado como la seda.

Sus manos trabajan rápidamente con el huso. Su hermoso rostro juvenil, está levemente inclinado y muestra una sonrisa muy dulce.

Un silencio profundo reina en la casita y en el huerto. Se siente mucha paz y hay mucho orden.

Todo está muy bien arreglado. El ambiente humilde por su apariencia y por sus muebles, tiene algo de austero y majestuoso, por su gran limpieza y el cuidado con el que están dispuestas todas las cosas.En el pequeño jarrón que está junto a la lámpara, hay unos ramos de flores, de durazno y de peral, con sus colores blancos, ligeramente teñidos de rosado.

María empieza a cantar en voz baja y luego levanta más la voz. Es una alabanza que vibra dentro de su habitación de doncella y en la que repercute la palabra: ‘Yehové’ con una entonación que rememora los cantos del Templo.

Deja el huso y el hilo y junta sus manos sobre el pecho, sigue cantando con adoración y su rostro se enciende como si estuviera animado con un hermoso fuego.

En sus ojos brillan las lágrimas y una sonrisa celestial se dibuja en sus labios perfectos.  El canto se torna en plegaria:

“Señor Dios Altísimo, no te demores más en mandar a tu Siervo para que traiga la paz a la tierra. Acelera el tiempo propicio y la virgen pura y fecunda para que venga tu Mesías.

Padre, Padre santo, concédele a tu sierva ofrecer su vida a este fin. Concédeme morir tras haber visto tu Luz y tu Justicia en la Tierra, sabiendo que la Redención se ha cumplido.

¡Oh, Padre Santo, manda a la Tierra el Suspiro de los Profetas! Envía el Redentor a la tierra y que pueda servirlo a tu sierva. Que cuando cese mi día se me abra tu Casa por haber sido abiertas sus puertas por tu Cristo para todos aquellos que en ti hayan esperado.

Ven, ven, Espíritu del Señor. Ven a los fieles tuyos que te esperan. ¡Ven, Príncipe de la Paz!…”.

Y la ardiente petición prosigue.

María está cómo absorta en su alabanza…

De pronto la cortina se mueve, como impulsada por el viento y una luz blanca, como de perlas fundidas, ilumina toda la habitación…

Se materializa lentamente una figura radiante y bellísima. Parece un cuerpo humano que tiene unas formidables alas, pero que emana pura luz.En su rostro admirable se dibuja una sonrisa y el ángel se prosterna ante una María que se pone de pie asustada y se pega hacia la pared.

Una voz dulce, con arpegio celestial le dice:

–     Dios te guarde, ¡María llena de Gracia!

María se estremece y baja la mirada.

Su turbación aumenta al ver al portentoso personaje postrado ante ella, como a un metro de distancia, con las manos cruzadas en el pecho y mirándola con una veneración infinita.

María se ruboriza violentamente y luego palidece.

Su rostro expresa sorpresa y un asombro absoluto y aprieta sus manos sobre su pecho.

El Angel dice:

–     No, no temas. María. El Señor está contigo. Eres bendita entre todas las mujeres.

Pero María tiembla involuntariamente, ante el portentoso ser que continúa arrodillado ante Ella.

El Ángel insiste:

–    ¡No tengas miedo María! Yo soy Gabriel el Ángel de Dios. Mi Señor me ha enviado a ti. No tengas miedo, porque el Señor te ama y porque has hallado gracia ante Dios.

Concebirás ahora y darás a luz a un Hijo, a quién pondrás por nombre “Jesús”. Será grande. Será llamado Hijo del Altísimo y realmente lo será.

El Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará para siempre en la Casa de Jacob. Y su reino no tendrá fin jamás.

Comprende, ¡Oh, santa Virgen! A quien ama el Señor; Hija de Él bendecida, llamada a ser Madre de su Hijo.

Comprende qué Hijo vas a engendrar.María contesta con voz trémula:

–    ¿Cómo puede suceder esto si yo no conozco ningún hombre? ¿Acaso el Señor Dios ya no acepta más la oferta de su sierva? ¿Es que ya no quiere que sea virgen por amor a Él?

–    ¡María! Serás madre no por obra de varón. Eres la Virgen Eterna, la santa de Dios. El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el Poder del Altísimo, te cubrirá con su sombra.

Por esto el que nacerá de ti, será llamado Santo e Hijo de Dios. Todo lo puede nuestro Señor Dios.

Isabel la estéril, en su vejez ha concebido un hijo que será el Profeta de tu Hijo, el que le preparará el camino.

El Señor le ha quitado el oprobio y su memoria permanecerá en el pueblo unido a tu nombre, como el nombre de su hijo al de tu Hijo santo hasta el final de los siglos.

Los pueblos os llamarán bienaventuradas, por la Gracia del Señor que llegó a vosotras y a ti especialmente; que por medio de ti, se derramará sobre ellos.

Isabel se encuentra en su sexto mes de haber concebido y su pesantez la llena de alegría. Y más se regocijará cuando conozca la tuya. Para Dios nada es imposible María, tú la llena de Gracia.

¿Qué debo contestar a mi Señor? No te llenen de confusión las ideas que en ti se levantan. Él cuidará de tus intereses, si pones en Él tu confianza.

¡El mundo, el Cielo y Dios Eterno… esperan tu respuesta!

María cruza sus manos sobre su pecho, se inclina profundamente y dice:

–      He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según su palabra.  

El Espíritu de Dios desciende sobre la doncella que inclinada, acaba de dar su respuesta afirmativa.

El Ángel resplandece de alegría…

Y se postra con adoración…

Luego su luz se va diluyendo, hasta que desaparece y se queda la Virgen sola en un éxtasis sublime…

La cortina ya no se mueve y en la habitación se encierra el Misterio santo.

María revela:

    Desde muy pequeña me había consagrado a Dios y el Espíritu Santo me había mostrado la causa del Mal en el mundo.

Me dijo del dolor del Padre cuando Eva pecó. Cuando se envileció, ella, creatura de gracia, al nivel de una creatura inferior.

Decidí ofrecer a Dios mi pureza y mi amor, para consolarle del dolor de aquella herida y tenía intención de conservar mi cuerpo puro, al conservarme yo pura; en mis pensamientos, deseos y contactos humanos.

Sólo para El reservaba yo el palpitar de mi amor; sólo para Él, la razón de mí ser. Pero si no existía en mí el ardor de la concupiscencia, si existía el sacrificio de no ser madre.

Quise borrar de mí las huellas de Satanás. No sabía que yo no tuviera ningún pecado, ¡Cómo podía imaginarlo siquiera! Nunca pensé que yo era la Doncella de Israel.

Sabía que ya se había cumplido el tiempo del que hablaron los profetas y mi oración más ferviente era poder servir a la Virgen Escogida y así poder ser la esclava del Mesías.

Por eso las palabras del Ángel, estremecieron mi alma de júbilo, cuando comprendí la Misión a que Dios me llamaba:

SER LA MADRE DEL REDENTOR.“HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR.    HÁGASE EN MÍ, SEGÚN TU PALABRA”

Al pronunciar aquellas palabras, felicidad y dolor estrecharon mi corazón, cuando se abrió como un lirio, para proporcionar la sangre que alimentaría en mi seno al Germen del Señor.

Dios me había pedido que fuera virgen.  Obedecí.

Al amar la virginidad que me hacía pura, como la primera mujer antes de conocer a Satanás.

Dios me pidió que fuera esposa. Obedecí.

Poniendo el matrimonio en aquel prístino grado de pureza que existió en el pensamiento de Dios, cuando creó a los primeros seres humanos.

Convencida de ser destinada a vivir sola en el matrimonio y a que los demás despreciasen mi esterilidad santa.

Entonces Dios me pidió que fuese Madre. Obedecí.

Creí que era posible y que esa palabra venía de Dios; porque al oírla, la paz se derramaba dentro de mí.

Y me llené de gozo. Gozo de ser Madre. Gozo porque creí poder hacer feliz a Dios, al arrancar la espina que Eva clavó en su Corazón, al llenarlo de dolor y de amargura con su Desobediencia. ¡Por su soberbia, su lujuria y su incredulidad!YO ANULE EL NO DE EVA, CUANDO DIJE “SI”

Sí. Sí. Sí.  SIEMPRE SÍ A LOS QUERERES DE DIOS.

Volví a subir las etapas por las que Eva bajó.

Eva buscó el Placer, el Triunfo, la Libertad.

Yo acepté el Dolor, el Aniquilamiento, la Esclavitud.

Me convertí en la Esclava de Dios, en el cuerpo, en el alma, en el espíritu. Dije sí para los tres, segura de que Dios cumpliría sus promesas y remediaría las humillaciones de los que murmurarían contra mi estado.

Y así desafié la opinión del mundo y el juicio del esposo.

Mi fuerza era Dios y le confié sin vacilar mi vida, mi honor, mi futuro: todo, sin reserva alguna.

Sabía que ÉL socorrería mi dolor de esposa que se ve tratada como culpable y de Madre que engendra un Hijo para el Patíbulo.Y abracé mi destino con una punzada de dolor que fue creciendo de hora en hora, conforme sentía crecer en mi seno a mi Creatura Divina.

¡Oh, felicidad bendita que invadía toda mi alma, al saber que había arrancado del Corazón de Dios, la amargura de la Desobediencia de Eva!

¡Oh, dicha gloriosa de ser el Puente del Perdón y la Paz, entre Dios y el Hombre!

Cuando cesó el éxtasis que me llenaba de inefable alegría y regresé a la tierra, mi corazón estaba envuelto por las rosas del Amor Divino.

Y el primer pensamiento que me punzó el corazón  y se me clavó como la espina de una rosa, fue el pensar en José.

Yo lo amaba, era mi santo y providente custodio desde que lo quiso Dios, por medio de la palabra de su sacerdote. Desde que me convertí en su prometida, pude conocer y apreciar la santidad de este Justo.

Junto a él había sentido como desaparecía mi soledad de huérfana  y dejé de extrañar mi permanencia en el Templo.

Era tan bueno como el padre que había perdido y cerca de José me sentía segura, era como si él también fuese sacerdote.

Toda duda había desaparecido y sabía que no tenía que temer nada, por parte de José. Más segura que un niño en los brazos de su mamá, así estaba mi virginidad confiada a José.

Y ahora, ¿Cómo iba a decirle que ya era yo Madre?

Buscaba las palabras para darle la noticia y no las encontraba.

No quería enorgullecerme del Don de Dios y no podía de ninguna manera,  justificar mi maternidad sin decir: ‘El Señor me ha amado entre todas las mujeres y a mí su sierva, me ha hecho Madre.’

Tampoco podía engañarlo ocultándole mi estado.Yo oraba al señor y el Espíritu del que estaba llena me dijo:

–      “Cálmate. Déjame que Yo te justificaré ante tu esposo”

¿Cuándo? ¿Cómo? No se lo pregunté. Me confié a Él de una manera absoluta. Jamás el Eterno me había dejado sin su ayuda. Su mano me había sostenido, protegido, guiado hasta aquí y sabía que lo haría, una vez más…

Sabía que Él me defendería y haría resplandecer la verdad.

Aquella noche mi confianza humana llegó a la perfección… Podía hacerlo porque Dios estaba en mí. Porque Dios era mío en mi Hijo. ¡Oh, qué alegría! No por gloria mía…

Ser una sola cosa con Dios; poder amarlo con una total unión y así poder decirle: ‘Tú, Tú que estás en mí, ayúdame a hacer todas las cosas con tu divina perfección.’

Si Él no me hubiera dicho: “Cálmate” Me habría atrevido a poner mi rostro en el suelo y decir a José: ‘El Espíritu ha venido a mí y en mí, está el Germen de Dios’

Y José me habría creído. Porque me quería y porque como todos los que no mienten jamás, no hubiera imaginado que yo mintiese.

Pero obedecí el divino mandato y por largos meses a partir de aquel momento, sentí la primera herida que me sangraba el corazón.

El primer dolor de mi suerte de Corredentora.Esa misma tarde al anochecer, María termina de orar. Su rostro está encendido con una luz que parece como si también la transfigurara. La boca sonríe, pero el llanto brilla en la mirada azul de sus ojos.

Luego se levanta y va hasta la cocina. Prepara  un tazón con leche caliente, pan, verduras y una manzana. Es una cena frugal que come muy despacio.

Oye que tocan a la puerta y va a abrir.

Entra José y la saluda. Él se quita el manto y la acompaña hasta la cocina. Le entrega unos huevos y un par de racimos de uvas.

Ella lo invita a cenar y le sirve un tarro de leche, una manzana, aceitunas y queso.

Y los dos se sientan frente a la mesa.

José le cuenta cómo pasó el día. Le habla de sus sobrinos y le pregunta a Ella como está. La trata con mucho amor y un gran respeto. También le promete traerle unas flores nuevas para su jardín, que un centurión romano le va a traer por un trabajo que le hizo.

Y José dice muy contento:

–    Cuando llegue la luna nueva, las trasplantaré aquí. Tienen hermosos colores y un perfume muy grato.  Las vi el verano pasado, porque solo en verano florecen. Te perfumarán toda la casa. Luego las podaré cuando la luna sea propicia.

María sonríe con dulzura:

–    Muchas gracias José. Eres muy bueno conmigo.

–    Es lo menos que puedo hacer, por la esposa más buena, bella y santa.

–    José, también yo tengo algo qué decirte. Hoy recibí la noticia de que nuestra parienta Isabel, la mujer de Zacarías, está por tener un hijo…

José la mira asombrado y pregunta:

–     ¿A esa edad?

María responde sonriente:

–     ¡A esa edad! Todo lo puede el Señor. Ahora ha querido proporcionar a nuestros parientes, esa alegría.

–    ¿Cómo lo sabes? ¿Estás segura de la noticia?

–    Vino un mensajero. Es uno que no dice mentiras. Quisiera ir a su casa para servirle y decirle que me congratulo con ella, si tú me lo permites…

–     María, tú eres la Señora  y yo el siervo. Todo lo que hagas está bien hecho. ¿Cuándo quieres partir?

–     Lo más pronto posible. Estaré ausente por algunos meses.

–     Y yo contaré los días esperándote. Ve tranquila. Cuidaré de la casa, del huerto y del jardín… Yo te acompañaré.

Y me sentiré más tranquilo si no vas sola por el camino. Después me harás saber cuándo regresas y yo iré por ti.

–     Eres muy bueno José. El Señor te lo pague con bendiciones y aleje de ti el dolor. Es lo que siempre le pido.

–     Avísame cuando estés lista para irnos.

–     Así lo haré.

Y los dos castos esposos se sonríen.

José se levanta, se pone su manto y se despide de María.

María lo ve irse con un suspiro de aflicción, levanta los ojos al Cielo y regresa a su habitación para seguir orando…

La semana siguiente…

Al amanecer, José llega con dos borriquillos y los dos emprenden el camino hacia la campiña, para tomar el camino que lleva hacia Belén.

Al atardecer, entran en el poblado y llegan hasta una de las casas más hermosas. Rodeada por árboles frutales y un extenso huerto-jardín.

José se despide:

–     Tú sabes que urge que regrese. Aquí te dejo María y espero con ansia tu llamado.

María responde:

–     Lo sé. Vete con Dios José. Yo daré tus saludos a los parientes.

Y José monta en el borriquillo del que se ha bajado la Virgen y se va.

María se queda con el otro que está cargado con su baúl y se acerca a la puerta de hierro. Ve un extraño objeto que sirve para llamar y tira de la cuerda; pero lo hace con tanta delicadeza que apenas y se oye.

Entonces una vecina que los ha visto llegar, se acerca y tira de la cuerda con  mucha fuerza varias veces, haciendo sonar el acero con estrépito, mientras dice:

–     Así se hace mujer, si no nunca te van a oír. Ten en cuenta que Isabel ya está vieja y Zacarías también. Y ahora, además de sordo está mudo…  ¿Sabes? Los siervos también son viejos…

Aparece el jardinero llevando en la mano un rastrillo y María entra, mientras le da las gracias a la mujer.

Luego dice al siervo:

–    Soy María, hija de Joaquín y de Anna de Nazareth. Prima de vuestros patrones…  El hombre, mientras hace pasar el asno comenta:

–    ¡Gran felicidad y suma desgracia hay en esta casa! El Cielo ha concedido un hijo a la estéril, ¡El Altísimo sea alabado! Pero Zacarías volvió mudo del Templo de Jerusalén hace ya seis meses. Se hace entender por señas o escribiendo.

¿Has tenido noticia de ello? ¡La patrona tanto que te ha deseado en esta alegría y en este dolor! Siempre habla de ti con Sara y dice: ‘¡Si estuviera aquí conmigo mi pequeña María!  ¡Si hubiera estado todavía en el Templo! ¡Hubiera dicho a Zacarías que la trajese!

Pero el Señor quiso que se casase con José de Nazareth. Sólo Ella puede darme consuelo en esta aflicción y ayudarme a pedir a Dios porque Ella es muy buena. En el Templo todos la extrañan.’ ¡Sarah! ¡Sarah!…  Mi mujer está un poco sorda…

En lugar de Sarah se asoma sobre la escalera que está al lado de la casa, la anciana Isabel. Tiene la cara llena de arrugas, el pelo casi blanco… Es un contraste extraño con su notoria vejez, su estado patente de gravidez, a pesar de la ropa amplia que la cubre.

Se lleva la palma de la mano a la frente, para ver mejor y reconoce a María.

Levanta los varazos al Cielo y exclama:

–    ¡Oh! –con admiración y gozo.

Y baja lo más rápido que puede a encontrarse con María, la doncella amada.

Y ésta cuyos movimientos siempre son moderados, corre como un cervatillo y llega al pie de la escalera, al mismo tiempo que Isabel.

Las dos se abrazan llorando de gozo.

Isabel se separa con un ‘¡Ah!’ lleno de admiración y gozo y tal vez un poco de dolor.

Se pone las manos sobre su vientre abultado. Baja la vista, palidece y se sonroja alternativamente.

María y el siervo extienden sus manos para sostenerla, porque vacila cómo si se sintiese mal.

Pasa como un minuto y luego Isabel, cómo si se hubiese rejuvenecido; se inclina profundamente.

Levanta un rostro radiante, mira a María con una sonrisa de gran veneración y exclama:

–   ¡Bendita tú entre todas las mujeres!… ¡Bendito el Fruto de tu vientre!… ¿Cómo es posible que haya sido digna tu sierva, de que vinieras a mí, tú; la Madre de mi Señor?

Sí. Ante el sonido de tu voz, el niño ha saltado en mi seno jubiloso…

¡Y cuando te abracé, el Espíritu del señor reveló cosas altísimas a mi corazón!

Eres Bienaventurada porque creíste que Dios puede hacer lo que la inteligencia humana cree que no es posible.

Bienaventurada tú, que por tu Fe harás que el Señor cumpla las cosas que te prometió y las que predijo a los Profetas, para estos tiempos.

¡Bendita tú, por la salud que engendras para la estirpe de Jacob!

Bienaventurada tú, porque trajiste la santidad a mi hijo que lo siento moverse y saltar como un cabritillo jubiloso, porque se siente liberado del peso de la culpa.

Llamado a ser el Precursor, santificado desde antes por  la Redención del Santo que se está desarrollando en ti.

María, con dos lágrimas que resbalan como perlas, de sus bellos ojos…  Y que ríen a Isabel que está llena de júbilo, con el rostro y los brazos levantados al cielo,

En la misma actitud que tomará tantas veces su Hijo, exclama:

–    Magnificat  ánima mea Dóminum,
et exsultávit spíritus meus
in Deo salvatóre meo,
quia respéxit humilitátem
ancíllae suae.
Ecce enim ex hoc beátam me dicent
omnes generatiónes,
quia fecit mihi magna,
qui potens est,
et sanctum nomen eius,
et misericórdia eius in progénies
et progénies timéntibus eum.
Fecit poténtiam in bráchio suo,
dispérsit supérbos mente cordis sui;
depósuit poténtes de sede
et exaltávit húmiles,
esuriéntes implévit bonis
et dívites dimísit inánes.
Suscépit Ísrael púerum suum,
recordátus misericórdiae,
sicut locútus est ad patres nostros,
Abraham et sémini
eius in sæcula
Glória Patri, et Filio,
et Spirítui Sancto.
Sicut erat in princípio,
et nunc et semper,
et in sæcula sæculórum. Amen.Al final, en el versículo: “Ha socorrido a Israel, su siervo etc.”, recoge las manos sobre el pecho y se arrodilla muy curvada hacia el suelo adorando a Dios.

El siervo, que prudentemente se había alejado cuando comprobó que Isabel no se sentía mal y que siguió hablando con María; regresa del huerto acompañado de un imponente anciano, que tiene la cabeza y la barba totalmente blancas y con grandes gestos y sonidos guturales, saluda desde lejos a María.

Isabel dice:

–     Viene Zacarías. –y toca por la espalda a María que se ha quedado absorta en su plegaria…

Agrega:

–    Mi Zacarías está mudo. Dios lo castigó por no haber creído. Luego te lo contaré. Ahora espero que Dios lo perdone porque viniste, tú, la Llena de Gracia.

María se yergue y va al encuentro de Zacarías. Se inclina ante él, profundamente hasta la tierra… besando la orla de su blanca vestidura.

Zacarías hace los gestos de bienvenida y todos juntos entran a la casa.

Reciben a María con grandes demostraciones de afecto y le ofrecen leche recién ordeñada y panecillos.

Llevan el cofre de María a la habitación de los huéspedes y María responde a todas las preguntas que Zacarías escribe sobre una tableta encerada.

María es cuestionada sobre José y cómo se encuentra, siendo su prometida.

Es evidente que a Zacarías le es negada toda luz sobrenatural acerca de la gravidez de María y de su condición de Madre del Mesías.

Isabel se acerca a su marido y poniéndole con amor  una mano sobre el hombro; le dice:

–    María también es Madre. Alégrate por su felicidad.  

No añade más. Mira a María y la Virgen también guarda silencio. No le invita a que diga nada más.

Isabel comprende y se calla.

Cuando al día siguiente están a solas, Isabel dice a María:

–           En el Templo, todos te echan de menos y están tristes. En la Fiesta pasada, cuando fui con Zacarías por última vez a Jerusalén, para dar gracias a Dios por haberme dado un hijo; oí de tus maestras estas palabras: “Al Templo parecen faltarle los querubines de la Gloria; desde que la voz de María ya no resuena entre estas paredes.”

María se ruboriza y sonríe…

María revela:

“PORQUE PARA DIOS, NADA ES IMPOSIBLE.”

Esto me dijo el Ángel al referirse al sexto mes de embarazo de mi prima, que había concebido un hijo en su avanzada edad.

Yo solamente comuniqué a José, la necesidad de ir a atender a Isabel en el tiempo que faltaba para el parto y después durante el puerperio.

“Partió apresuradamente…” dice el Evangelio.

Y lo hice porque quería ayudar materialmente a Isabel, mujer valerosa de fe firme y entrega confiada en la Voluntad de Dios; a la que con su don quitó la humillación de la esterilidad; pero a la que al quedar encinta en edad no apropiada, tenía un gran sufrimiento físico.

Dios provee aun en las cosas más pequeñas a quién en ÉL espera.

El don de Dios nos debe hacer siempre mejores y yo no podía ser egoísta. Hice a un lado mis propias labores y me fui a hacer las de Isabel. No me dio miedo no tener tiempo después para preparar la llegada de Jesús.

Sabía que Dios es el Dueño del tiempo y que la caridad nunca retrasa; así como también sabía del grave daño que el egoísmo causa a nuestra alma.

Con grande amor y alegría, acudí presurosa a la casa de mi prima. Dios santificó mi intención y pre santificó al Bautista, pues al saludarnos, al mismo tiempo que se quitaron los sufrimientos físicos a Isabel, quedó llena del Espíritu Santo…

Y los movimientos del bebé, fueron el primer discurso del Precursor, ya que hizo comprender a su santa madre, el Misterio que se encerraba en mí.Dios le descubrió nuestro secreto. Y yo di al Señor la Alabanza que era justo darle, porque no podía negar la Gracia que me había sido concedida: ser la Madre de su Verbo.

Los meses fueron transcurriendo y conversábamos mientras tejíamos.

¡Cuánta paz había en aquella casa!

Si no hubiera venido a mi mente el recuerdo de José y el pensamiento de que mi Niño era el Redentor del Mundo, hubiera sido feliz.

Pero la sombra de la Cruz y el eco fúnebre de las voces de los profetas, me perseguían a través de los siglos y eran un martirio que no se apartaba de mí.

Mi nombre: MARÍA.  (Estrella, pero también Amargura)

Y la amargura se mezclaba en mi corazón, con las dulzuras que Dios vertía en él.

Y fue siempre en aumento hasta la muerte de mi Hijo.

N93 LA TORRE DE BABEL


CRISTO REY

Hijitos Míos, Yo Soy el Dios de la Gloria, el Dios de la Unidad, el Dios Vivo y Santo que os ha traído la Palabra del Padre.

Hoy los pueblos viven cada vez más, la desunión. Las luchas ancestrales, los egoísmos, el pecado, la avaricia del querer más sin aceptar lo que se os dio; han provocado que la fraternidad, el amor que debiera uniros como verdaderos hermanos, ya no exista.

La desunión se ve a todos niveles. Las primeras fronteras se construyeron por causa del pecado cometido en la Torre de Babel, porque el hombre quiso pasar por sobre la Voluntad de Mi Padre, no creyó en Su Promesa y “por precaución” se quiso proteger de Su Justicia.

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Ahí la diversidad de lenguas que el Espíritu Santo provocó, crearon comunidades separadas unas de otras. El Pecado Original seguía provocando estragos en los hijos de Mi Padre.

Las luchas fraternas se siguieron dando y los pueblos; los más fuertes, siempre querían más tierras, más posesiones materiales, más cosas de éste Mundo; en lugar de buscar lo que realmente vale, vuestro Dios.

Ahora, cuando ya los pueblos tienen sus fronteras, podéis ver la cultura muy particular que cada uno ha desarrollado. Algunos tratan de mantenerse más en la paz y en la concordia, mientras que otros siguen con guerras.

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INOCENTE ASESINADA EN SIRIA

Pero esto, no es lo más malo; recordad que Yo os dije: “Temed, no tanto al que trate de matar á vuestro cuerpo, sino al que trate de matar vuestra alma”.

El Maligno siempre ha trabajado por causar separación. Primero separó al hombre con su Dios, con Adán y Eva. Luego separó al hombre con el hombre, con Caín y Abel.

Y de ahí en adelante se ha mantenido con la misma táctica: sigue separando al hombre con su Dios, al ofrecerle al hombre mediante su seducción,

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Con culturas religiosas” que os llevan, a una mentalidad adversa a todo lo que Yo os vine a enseñar.

 Y también sigue provocando destrucción entre hermanos, causando luchas fraternas entre pueblos, causando guerras y destrucción masiva.

Pero lo más grave es lo que causa calladamente, a nivel espiritual. Se ha apoderado de la mentalidad de los pueblos más poderosos económicamente, los cuáles se han vuelto erróneamente “ejemplo y guías” a nivel mundial. 

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 A través de sus lacayos; los masones, manipulan la economía, las publicaciones, el comercio, la estabilidad mundial.

Y al manipular los bienes materiales, obliga A TODOS, a hacer su voluntad destructiva. En una palabra, ha comprado a los pueblos… Y ellos, al buscar su comodidad material; le han dado la espalda a Mi Padre, dejándose guiar por la mano destructiva del Mal.

Los pueblos, ahora se derrumban. La inmoralidad está corroyendo las bases fundamentales de la familia, de la sociedad y de Mi Iglesia. La inmoralidad que se vive, prácticamente aceptada por todos; está provocando la condenación de muchísimas almas.

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El Demonio os ha hecho creer que lo material, lo mundano, lo humano, están por encima de lo espiritual. Habéis nuevamente, construido el Becerro de Oro y lo adoráis más que a vuestro Dios.

Es ahora lo material lo que os da “el poder en el Mundo”, lo Mío ya no cuenta y hasta es atacado.

El Becerro de Oro es adorado en vuestro propio hogar, en vuestra sociedad, en el Mundo entero y aún hasta por algunos de Mi Iglesia. El Becerro de Oro, el poder material, es ahora lo que buscáis a toda costa. Sin él no sentís que valgáis. Vuestra ceguera es ahora total.

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La dureza de corazón del pueblo judío antiguo, sigue causando estragos en la actualidad. Mis Leyes, Mis Preceptos, Mi Amor; ya no son reconocidos ni aceptados ni buscados.

Como Moisés, las Tablas de la Ley son nuevamente hechas añicos y ni os importa.

El Becerro de Oro sólo os está llevando a la destrucción en todos sentidos, porque al llenaros de su oro, de su podredumbre, NO RESPETÁIS A NADA, NI A NADIE.

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 La naturaleza del hombre es tan débil; que al sentirse poderoso con algo, se deprava fácilmente. LA POSESION DE LO MATERIAL PROVOCA EL OLVIDO DE LO ESPIRITUAL. El oro os deslumbra y no os deja ver la realidad.

El oro os ciega y no os deja ver la Luz Celestial. Os sentís poderosos con él; cuando en realidad, estáis más débiles y propensos a caer y morir eternamente.

El espejismo que os causa el oro, el poder material de la Tierra; os hace sentir que pertenecéis a una “familia real”.

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Los que se llenan de lo mundano, los que lo buscan en forma enfermiza, los que ponen toda su confianza en él; se sienten los poderosos, los de “sangre azul”. Los que pueden manipular a todos sus hermanos en toda la Tierra.

Es tan grande éste espejismo; que una gran mayoría así lo cree. Aceptan esta supuesta “soberanía” del poderoso material, de los siervos del Becerro de Oro, que se postran ante Ellos.

No disciernen, no escudriñan en su corazón para asegurarse de que si realmente lo que esos “guías poderosos” buscan, es el bienestar personal ó de las naciones; sino el bienestar de la esencia real del hombre, lo espiritual. Os consuelan con un dulce en la boca como a bebés; mientras os quitan lo más valioso que tenéis.

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Os convidan de su pecado. Os lo presentan en bandeja de plata y como ellos “los poderosos” lo viven; lo aceptan, se recrean en ello. Vosotros, los que no tenéis ni oro, ni discernimiento, os dejáis embaucar.

La mente humana en su fragilidad característica, se dice a sí misma: ‘Si ésto hacen los poderosos. Si ésta es su manera de vivir, tiene que ser bueno Y SI LOS IMITO… ¡Puedo llegar a ser como ellos! ¡Cuánta ceguera! ¡Cuánta mentira vivís! ¡Cuánta decepción a lo que os enseñé!

Yo os di ejemplo de nacer pobre, vivir pobre y morir pobre. Pero siempre teniendo en Mi Corazón al Tesoro Infinito, a Mi Padre Dios.

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NINGUNA cantidad de oro, podrá alguna vez hacer los portentos que Yo hice. NINGUNA cantidad de oro podrá alguna vez resucitar a un muerto. NINGUNA cantidad de oro os podrá aliviar de enfermedades mortales. NINGUNA cantidad de oro os podrá dar la Vida Eterna.

Lo que es Mío, lo que viene de Mi Padre, NUNCA se podrá comprar con las cosas del Mundo. Entended que son dos reinos muy diferentes y contrarios, uno del otro.

El del mundo: inmoral, corrupto, lleno de depravación y muerte, falto de toda virtud y lleno de destrucción. En cambio, Mi Reino de los Cielos es de Paz, de Amor, de bellezas inimaginables; de pureza y santidad. Y sobre todo, de Vida Eterna.

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UNO OS PROMETE PLACER EFÍMERO…

Y el Mío, os dá;  ÉXTASIS ETERNO.

Vosotros sois libres en escoger vuestro futuro. Sólo os recuerdo de que no sois del Mundo. No fuisteis creados para ser del Mundo. Pero si lo aceptáis y lo seguísNO blasfeméis en Mi contra, cuando las Llamas eternas os castiguen.

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Yo os amo infinitamente, pero la Decisión es vuestra.

Yo os Bendigo en Nombre de Mi Padre, en Mi Santo Nombre y en el del Amor de Mi Santo Espíritu.

Habla Dios Padre.

Hijitos Míos, todos vosotros como seres humanos, tenéis vuestras preocupaciones, necesidades, gustos, tribulaciones. Todos vosotros vivís en este mundo para servirme y servir a vuestros hermanos.

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Durante vuestra vida, muchas veces ésta se vuelve tediosa; porque está llena de problemas… A veces no tenéis las soluciones para resolver ésos problemas… Y se os hace pesada.

 Pero de vez en cuando tenéis una ilusión y eso os da vida. Esperáis los días con ansia, para llegar a ése momento que os va a dar alegría y quizá hasta os hará olvidar muchos de vuestros problemas; mientras estáis en ésos momentos de alegría.

Mis pequeños; cómo quisiera que ésos momentos de alegría fueran para Mí. Cómo quisiera que al buscarMe, tuvierais ésas alegrías, como cuando tenéis las alegrías del mundo y que las gozáis plenamente.

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Cómo quisiera Mis pequeños; vosotros como creaturas, como niños pequeños que sois; que tuvierais ésas alegráis Conmigo… Porque no os imagináis lo que Yo Soy y debiera Ser para todo el género humano. Soy vuestro Dios y ya el decir “Soy vuestro Dios”, es el estar hablando de una Potencia increíble.

No tengo medida y el estar Conmigo o buscarme, debiera ser una gran alegría para vosotros; porque estáis viniendo a orar, a conversar, a pasar un momento con vuestro Dios y Creador…  Y ya el simple hecho de esperar por tener un momento Conmigo, ya que cuando os apartáis del mundo Me tenéis a Mí; debiera ser una gran alegría para vosotros…

 Y ciertamente, Yo también lo gozo. Porque cuando la creatura se vuelve hacia Mí y Me da aunque sea unos momentitos de su tiempo, Yo gozo ésos momentitos….  Pero más debierais gozarlos vosotros, porque al buscarMe y al orar por algunos momentos o compartirMe vuestros momentos, ya sean de alegría o de tristeza; Me estáis tomando en cuenta a Mí.

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Vuestra alegría debiera ser inmensa, porque entráis en contacto Conmigo. Vosotros os alegráis cuando entráis en contacto con una persona famosa en la Tierra, gozáis ésos momentos y os queda el recuerdo por mucho tiempo.

Yo, vuestro Dios Soy infinitamente más importante que cualquier creatura de la Tierra, por más famosa que sea y no Me dais a Mí Mi lugar, no Me tomáis en cuenta y cuando entráis en oración Conmigo, Me olvidáis rápidamente.

Esa es Mi tristeza con la gran mayoría de los hombres, ésa es la tristeza de Mi Hijo en el Huerto de los Olivos, esa es la tristeza de Mi Hija, la Siempre Virgen María, que poco os acordéis de Nosotros en la Tierra. El Cielo, deseoso está que vosotros alcéis vuestros ojos hacia el Cielo y pongáis vuestro corazón en el Nuestro.

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PedidLe al Espíritu Santo, que habita en vosotros, que os haga gozar ésa realidad, que os haga sentir en todo vuestro ser lo que debéis sentir al estar con Nosotros. Cuando vosotros Me buscáis… Cuando buscáis a vuestro Dios, debierais gozar y todos vosotros debierais gozar, como aquellos que ya Me han encontrado, que se pasan en éxtasis minutos, horas, porque han encontrado a su Dios y han encontrado la realidad de su vida que Soy Yo.

PedidMe, Mis pequeños, que os ayude a gozar de Mi Presencia a lo largo de vuestra vida y cambiaréis infinitamente, porque entonces ya estará vuestro corazón donde debe estar, que es junto al Mío. Ya no os separaréis, porque sabréis que vuestra meta, vuestra finalidad, vuestra misión en la Tierra es que os unáis perfectamente Conmigo y al hacerlo así, transmitiréis el Amor, que encontrasteis, a vuestros hermanos.

Todo cambia y cambiará, porque entonces viviréis realmente el Amor y la felicidad aún estando todavía sobre la Tierra. Este es el tiempo en que la humanidad entera pasará de la obscuridad hacia la Luz. Tendréis todos vosotros la oportunidad de conocer la Luz, aún aquellos que no nacieron dentro de la religión en la que Mi Hijo es el Pastor de todos vosotros.

36Jesús Puerta de las ovejas

Toda la Humanidad se llenará de Mi Luz. Toda la humanidad se verá a sí misma. Toda la humanidad gozará de Mis delicias, de Mi Amor. Toda la humanidad conocerá sus faltas y el daño que Me hicieron. Toda la humanidad tendrá la oportunidad libremente, de venir a Mí o rechazarme, en lo futuro. Para toda la humanidad se abrirán las Puertas de los Cielos de par en par.

Todos tendréis la oportunidad, primeramente, de conocerMe, de conocer Mi Amor y si no, tendréis la libertad de rechazarMe y ya no tendréis la oportunidad de ver la Luz eternamente y las Tinieblas os cubrirán.

Soy un Dios Justo, Soy un Dios de Amor, soy un dios Benévolo, aún con aquellos que Me han atacado, que han atacado todo lo Mío y a los que están Conmigo.

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Toda la humanidad podrá escoger entre un cambio verdadero de vida, para cambiar a éste mundo hacia el Amor. O se podrá mantener en el error, en la maldad, en la destrucción en la que actualmente estáis viviendo.

¡Oh, Mis pequeños! ¡Cuánto mal hay en el corazón del hombre! ¿Por qué permitisteis que el Mal anidara en el corazón, cuando Mi Bien os iba a producir cosas mejores?

Habéis desperdiciado tantas y tantas bendiciones. Se os dio tanto y no todos lo han aprovechado. Mi Hijo abrió Sus Brazos en la Cruz en señal de ése deseo de abrazaros a todos, de perdonaros a todos. Y aún así no habéis querido comprender las Bondades de Mi Corazón y todo lo que se ha hecho por vosotros, para vuestra salvación eterna.

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El Bien está frente a vosotros, en cualquier momento lo podéis tomar. Pero ahí lo dejáis y preferís tomar el Mal, tontamente. Porque el Mal solamente os llevará a vuestra propia destrucción; cuando Mi Bien, os va a dar Vida. Vida plena, tanto en vuestro cuerpo como en vuestra alma.

Ciertamente va a haber una transfiguración para vuestros cuerpos humanos, ya os lo he anunciado, pero poco habéis entendido. El hombre no sabe esperar; sois impacientes, Mis pequeños. Se os han anunciado muchas cosas buenas que sucederán, pero vosotros no queréis que esto ya se dé, porque queréis gozar y no a nivel espiritual.

No queréis sacrificios ni penitencias, simplemente queréis gozar en vuestro cuerpo, en todo aquello que os va a llevar a una destrucción espiritual si os mantenéis con ése deseo de la búsqueda carnal y todo lo que vuestra carnalidad exige.

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Soy vuestro Dios, Mis pequeños. Yo no exijo como vosotros mismos os exigís en vuestra carnalidad de vuestro mundo, de vuestra materialidad. Yo solamente os pido que Me deis vuestra voluntad.

Cuando Me dais vuestra voluntad, ciertamente seguís en el mundo, seguiréis caminando por el mundo, seguiréis haciendo lo que vuestras obligaciones de estado exigen. La diferencia estriba, en que cuando vosotros Me dais vuestra voluntad; vuestros actos se vuelven actos santos, actos Divinos.

 Porque AL INVITARME A VIVIR EN VOSOTROS, Yo camino con vosotros, hablo por vosotros, pienso por vosotros, actúo en general por vosotros y… ¿Quién más que Yo puedo actuar, vivir, hablar en perfección, con Sabiduría? Esa es la gran diferencia de vivir solos y para el mundo, sin pedir Mi ayuda, sin pedir Mis Consejos. Que cuando Me pedís que se haga Mi Voluntad en vuestra vida.

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 Entonces todo lo que haréis, primeramente se santificará, porque Yo estoy actuando en vosotros, como Mi Hijo actuó bajo Mi Voluntad cuando se dio por vosotros en la Tierra.

Ved aquí la diferencia, Mis pequeños. Los santos las almas buenas, las almas que son ejemplo sobre la Tierra; han entendido bien esto y lo han llevado a cabo. El ser santos, podría deciros que es simplemente dejar que Mi Voluntad se haga en vuestra vida.

Vuestros Primeros Padres vivían en ésa santidad: Yo actuaba con ellos. Y a través de ellos Mi Sabiduría, Mi Voluntad, todo estaba en ellos y lo gozaban inmensamente Conmigo, con Mi  Voluntad en ellos. Ellos luego, no quisieron actuar bajo Mi Voluntad y es cuando erraron el camino, el actuar bajo su voluntad echó a perder todo.

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Estos son tiempos Mis pequeños, en que se os dará la oportunidad de volver a ésa vida que llevaban vuestros Primeros Padres, que era el vivir bajo Mi Voluntad.

Y eso es un ofrecimiento de todos vuestros actos. Un pedir permiso a Mí, vuestro Dios; antes de hacer lo que vosotros queráis hacer. (Para lograr esto, en la situación requerida es necesario decir: ‘Padre Santísimo, aquí…  ¿Qué es lo que QUIERES HACER TÚ? ... y ¿Qué es lo que quieres que yo haga? Y actuar en consecuencia)

Y esto es el gozar lo que Yo os doy. Porque cuando el alma se suelta a Mi Voluntad, Yo la consiento y le regalo infinidad de cosas que sé que os darán un gusto inmenso.

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Vosotros cuando os dejáis mover por Mi Voluntad no perdéis nada, ganáis inmensamente.

Ciertamente Me ganáis a Mí y al ganarMe a Mí, ganáis todo, porque Soy el Creador de todo. Comparto con las almas que se han donado a Mi voluntad grandes secretos, grandes dones, grandes bendiciones, grandes alegrías… Porque Soy un Padre que consiente a Sus hijos, Soy un Padre que ama infinitamente a Su creatura y que enseña también a Su creatura a amarMe.

Yo estoy con ésas almitas. Y ésas almitas están plenamente Conmigo. No se separan en ningún momento de Mí y permiten que Mi Voluntad actúe en su vida. Y de esta forma, al estar Yo viviendo por ellas; también las cuidaré de los ataques fuertes del Enemigo.

¡Oh! ¡Si entendierais todo esto y lo siguierais! ¡Cómo gozaríais vuestra estancia en la Tierra! Y todo esto sería una preparación, para vivir eternamente en el Reino de los Cielos. Porque las almas del Cielo viven bajo Mi Divina Voluntad.

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PedidMe, Mis pequeños, que podáis entender todo esto que os he explicado. Porque si lo entendéis y Me pedís que se realice en vuestra vida, no os imagináis lo felices que seréis.  Con la misma felicidad que vuestros Primeros Padres tenían en el Paraíso y era el Paraíso; porque gozaban plenamente en su ser el vivir Conmigo, su Dios y Creador.

Eso es el Paraíso real de todos vosotros: el encontrar el Gran Tesoro que Soy Yo. BuscadMe, Mis pequeños y Me dejaré encontrar. Es Mi Amor el que quiere estar plenamente en vosotros. Ojalá ése deseo también nazca en vuestro corazón.

  Ciertamente por vuestra pequeñez, por vuestra falta de virtud, por vuestra falta de Sabiduría Santa; vosotros tendéis a buscar lo material para protegeros. Buscáis primero proteger vuestro cuerpo y vuestras posesiones… Y muy al final os acordáis de proteger vuestra alma y hacerla crecer. 

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Tenéis el ejemplo de la Torre de Babel. Ciertamente se habían dado en la humanidad de aquél tiempo, grandes desastres como el Diluvio. Pero que todo esto se dio por la falta de espiritualidad del hombre. Seguían viendo solamente lo material: cómo cuidar de lo material, cómo cuidar de su propia vida física; cuando se les llamaba continuamente a un cambio de vida en lo espiritual.

Mi Hijo también se lo dijo a los hombres de ése tiempo: “Vosotros venís tras de Mí, por el alimento que Yo os doy para vuestro cuerpo; pero no queréis hacer un cambio fuerte, definitivo en vuestra alma”.

Y seguís en lo mismo. Se os ha pedido a través de los profetas del Antiguo Testamento. Se os ha pedido a través de Mi Hijo, en el Nuevo Testamento, a través de los profetas de éste tiempo, a través de Mi Hija, la Siempre Virgen María en Sus apariciones.

VIRGEN DE LA SALETTE

VIRGEN DE LA SALETTE

Todo lo que se os dice, todo lo que se os recuerda, es volver hacia Mí vuestro Dios. A engrandecer vuestra alma, con las capacidades que ya debéis tener, empezando con el Amor. Y teniendo el Amor en alto grado, vosotros tendréis infinidad de Virtudes, de capacidades y dones especiales para ayudar a vuestros hermanos y así poder seguir viviendo en el Amor.

Pero preferís seguir cuidando y protegiendo a vuestro cuerpo y vuestras cosas materiales. Habláis de refugios, habláis de protecciones para que los desastres que se puedan venir, no os produzcan ni un solo rasguño en vuestro cuerpo y que podáis proteger vuestras posesiones materiales. 

 ¿De qué os sirve un refugio humano con una construcción blindada y protegida de otros hermanos vuestros; cuando vuestra alma vive en el error, en el pecado, en la falta de amor hacia sus hermanos… Y sobre todo hacia Mí, vuestro Dios?

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BUNKER DE HITLER

Os seguís cubriendo de cosas que os protegen nada más en vuestra materialidad.  Y ¿De qué os servirán si vais a sucumbir y a morir eternamente por vuestra falta de amor hacia Mí y hacia vuestros hermanos?

Entended bien esto, Mis pequeños, porque estáis tergiversando fuertemente vuestra realidad. Aquellos que confían fuertemente en Mí, que confían con una Fe ciega; no necesitan buscar refugios. No necesitan construir una Torre de Babel para retarme, creyendo que estando en vuestra Torre de Babel no os alcanzará Mi Ira, si os la merecéis.

Pero si vosotros os protegéis con una vida de Amor y de Virtudes, profunda… Ésa es vuestra protección real, porque lo que debéis proteger es vuestra alma. Porque es lo que va a trascender después de vuestra muerte.

SOBERBIA

Seguís protegiendo lo que se quedará en el mundo y que polvo se volverá. Vuestra alma es un tesoro y no lo estáis protegiendo como debéis; especialmente por vuestra falta de Fe.

Y vuestra falta de Fe os lleva a que no confiéis en Mí, vuestro Dios y eso Me duele mucho. No confiáis en Mi Amor, no confiáis en Mi Providencia Divina, no confiáis en que Yo os puedo resguardar de todo mal; aún a pesar de que éste se acerque a vosotros en una forma inmensa.

 Que creyendo que os podrá aplastar, NO PODRÁ… porque Yo os estaré cuidando. Nada puede ser más Poderoso que Yo, vuestro Dios, si vosotros estáis Conmigo. Mi Poder Divino os protege de todo Mal. Pero Soy Yo, EL que os está protegiendo. No es vuestra Torre de Babel, ni vuestras construcciones que hagáis para protegeros, las que mantendrán vuestra vida.

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Soy Yo, vuestro Dios, el que os cuidará. Amo grandemente a todas aquellas almas que confían plenamente en Mí, vuestro Dios. Sed como niños, os dijo Mi Hijo y el niño se acerca al padre y a la madre cuando sienten el peligro. Y vosotros, los que estáis construyendo vuestros refugios humanos, no estáis viniendo a ser protegidos por Mi Poder Divino…

 Estáis confiando en vuestra construcción, en vuestras capacidades, en vuestros bienes humanos y ellos no son nada junto a Mi Poder Divino.

Tened cuidado porque Satanás os puede estar engañando y desviando de vuestra verdadera realidad, que es la de cuidar vuestra alma y no tanto vuestro cuerpo.

REINA

Habla la Santísima Virgen María.

Con los dones que se Me otorgaron, especialmente la Sabiduría, pude escoger el cómo vivir para Nuestro Dios. La Sabiduría Me llevó hacia la Humildad; porque Nuestro Dios se merece todo. La creatura está para servir a Nuestro Dios. Aquél que se hace más que Dios, cuando llena de soberbia está; pierde todo lo que podría obtener al vivir en ésa pequeñez, que Nuestro Padre Dios quiere de la creatura.

La creatura es pequeña, la creatura depende de su Creador, la creatura está para darse en plenitud a Aquel que la creó. La creatura con Discernimiento Santo, debe entender que nunca podrá ser más que su Creador y que depende totalmente de Él.

Cuando la creatura se aparta de su Dios y Creador, porque siente que no Le debe nada… Que siente que puede ser autónoma. En ése momento decrece ante los Ojos de Nuestro Dios y no porque no la quiera; sino porque la soberbia está impidiendo la entrada de Su Gracia a todo su ser.

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Nuestro Dios busca a la creatura más necesitada, ya sea por pecado, ya sea por soberbia, ya sea por maldad; por todo aquello que va en contra de lo que es el Amor. Cuando un alma se ha contaminado por la maldad; ésa alma es más buscada por Nuestro Dios y lo visteis con Mi Hijo, que vino a la Tierra.

Él buscaba al enfermo, al que vivía en el pecado, al que actuaba en el error. Muchos de ellos vivían así por ignorancia y otros, porque habían escogido ésa forma de vida. Pero al fin y al cabo, todos enfermos a los Ojos de Nuestro Dios.

Si vosotros os creéis sanos, en ése momento realmente estaréis enfermos… Porque el sentirse sano, es sentirse sin necesidad de buscar a Aquel que lo va a sanar. Se siente sano, pero realmente está enfermo; porque su soberbia lo ciega… y un alma ciega, nunca podrá ir por un buen camino. Tarde o temprano caerá o se desviará por caminos incorrectos, que le podrán llevar a la Muerte Eterna.

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Mis pequeños, en todo momento pedidLe a Mi Esposo el Santo Espíritu de Amor: Sabiduría. Sabiduría Santa, que os va a llevar a una excelsitud de vida espiritual. Porque la Sabiduría os llevará hacia la Verdad.

Hacia la realidad espiritual en la cual os debéis mover como creaturas creadas. Una creatura nunca podrá tener el lugar de Dios, ni podrá tener las capacidades de todo un Dios.

Al no tener Sabiduría, vosotros fácilmente caéis en las mentiras de Satanás y él es el que os desvía y os lleva a imaginaros infinidad de irrealidades en las cuales puede vivir la creatura.

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Como os dije, la Sabiduría os va a llevar a la humildad y os va a enseñar que sois pequeños.

Y vais a conocer que para poder ser grandes ante los Ojos de Nuestro Dios, solamente confiando en Su Poder Divino, lo lograréis.

Pedid pues la Sabiduría Santa, Mis pequeños. Para que podáis entender que solamente en la pequeñez podréis recibir abundantemente las Bendiciones de Nuestro Dios, vuestro Creador…

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P84 EL AMOR DE DIOS


 13 PADRE CELESTIAL

Habla Nuestro Señor Jesucristo.

Hijitos Míos, Mi Resurrección fue para todos vosotros, para todos los hombres, de todas las épocas, pasado, presente, futuro. Mi Donación fue un regalo para todas las almas y seguirá siendo, Mis pequeños. En Mi Resurrección, os doy regalos inmensos. Por Mi Resurrección, podéis tener vuestro regreso al Reino de los Cielos. Gracias a ella tenéis las Puertas abiertas del Reino de los Cielos.

Mi Donación fue para apartaros de las garras de Satanás y para que os llenarais de Mis Gracias y Bendiciones. Os gané nuevamente el Cielo a todos vosotros, a vuestros hermanos del pasado, a vuestros hermanos del futuro; TODOS tenéis derecho a regresar al Reino de los Cielos.

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Porque en Mi Resurrección también os doy Mi Corazón, Mi Amor. ¿Quién os ha dado tanto? ¿Acaso podéis escuchar por ahí que haya alguien mejor que Yo, que haya muerto por todos vosotros? ¿Que aún a pesar de vuestras faltas, de vuestros olvidos, de vuestras traiciones, de todo el mal que cometéis día a día y año tras año; todavía os quiera perdonar y que os ame, como Yo os amo?

No, Mis pequeños. No hay nadie como Yo vuestro Dios-Hombre, que os vine a Enseñar cómo ser santos, cómo ser sensibles a Mis Palabras, a Mis Pedimentos; a todas las Gracias que Yo obtuve para vosotros por Mi Sacrificio, por Mi Donación, por Mi Muerte y Resurrección.

Desde antes de que Yo Naciera, Mis Gracias se derramaban por vosotros. Pero el hombre no Me conocía. No conocía todavía el Amor que en Nuestra Santísima Trinidad, otorgaMos al hombre.

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Me hice patente entre los hombres, viví para cada uno de vosotros.

Sí, Mis pequeños. Viví para salvaros, para salvar a cada uno de vosotros; porque Yo como Dios, tenía presente a todas las almas creadas desde el Principio. Os conozco a todos. A todos os amo, pero muchos Me han traicionado.

Al tener el libre albedrío, tenéis la libertad de venir a Mí, aceptar Mi Amor y ganar el Reino de los Cielos. O podéis traicionarMe, negar y atacar Mi Amor y perderos para siempre.

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Os amo, Mis pequeños. Os amo a pesar de vuestros errores y de vuestra maldad. No hay Amor como el Mío en toda la Tierra ni en el Universo entero. Yo vuestro Dios, en Mi Santísima Trinidad; os he ganado con Mi donación, con Mi Amor, con el derramamiento de Mi Sangre hasta la última gota.

Y cada uno de vosotros, sabéis cómo Me habéis tratado a lo largo de vuestra existencia.

Muchos estáis Conmigo y habéis aceptado lo que os he pedido. Aunque a regañadientes, tratáis de cumplir. Pero ciertamente, mucho os falta para llegar a la perfección en vuestra donación hacia vuestro Dios.

La gran mayoría de vosotros Me habéis traicionado, Me habéis olvidado. Me buscáis cuando os conviene, vuestro corazón no está con el Mío.

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Qué triste es esto Mis pequeños, siendo que Yo Me pasé treinta y tres años en la Tierra y día a día, TODOS VOSOTROS Y DE TODOS LOS TIEMPOS, estabais en Mi Corazón. Se os hace increíble o imposible esto, pero no para vuestro Dios. Yo, que tengo todas las capacidades y el Poder para hacerlo, lo hacía.

¿Hay alguien en la Tierra que os ame como os amo Yo, en todo momento, cada segundo, día a día? No, Mis pequeños. Ni aquél que vosotros creéis que os ama con todo su corazón, os lleva todo el tiempo en su mente y en su corazón.

Difícilmente, hay una alma que piense en otra por más que la quiera y que la tenga en todo momento en su mente y en su corazón.

Os conozco y vuestro amor, no es como el Mío. Tenéis muchas deficiencias en el amar, en el donaros. ¿Cuándo aprenderéis Mis pequeños, a estar más tiempo Conmigo? ¿Cuándo Me daréis verdaderamente, vuestro corazón? ¿Cuándo Me buscaréis, como os busco Yo?

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PedidMe esa Gracia, Mis pequeños, de la unión íntima con vuestro Dios. De la unión de Corazón a corazón. De la donación de vuestra pequeña existencia, de vuestro pequeño ser a Mi Ser.

¿Quién va a salir ganando en ésta unión tan íntima, tan perfecta? Ciertamente que vosotros, una creaturita pequeñita, con tantos defectos, con tantas caídas; ciertamente en una unión íntima de Corazón a corazón, vosotros seréis los que ganareis con ella.

Cuando un alma se dona a Mí y se une a Mí, Yo la acerco todavía más de lo que vosotros imagináis. Vosotros no conocéis lo que pasa con vuestra alma cuando Yo la tomo y la pongo dentro de Mi Corazón.

Simplemente ya con Mi Deseo de unión, debierais tener una gran alegría y vivir en un éxtasis bellísimo.

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Eso es lo que quieren las almas que ya están Conmigo en el Reino de los Cielos, ésa unión íntima, perfecta.

Yo os voy enamorando a lo largo de vuestra existencia. Hay almas que Me encuentran cuando son pequeñitas. Otras, se tardan más y otras, prácticamente al final de su existencia. Pero todas terminan ganando al encontrarMe, porque Yo Me dejo encontrar por aquellas que realmente Me quieren, pero con un corazón abierto.

Mi Corazón, está abierto para todos vosotros. ¿Por qué no venís a Mí? ¿Por qué Me teméis, si Yo solamente os quiero dar lo mejor de Mi Creación y especialmente, lo mejor de Mi Amor? ¿Por qué Me teméis, si Yo Soy el Amor Perfecto?

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Mucho tenéis qué aprender. Venid, pedidMe ésa unión íntima Conmigo, ésa fusión de vuestro corazón a Mi Corazón. Y os aseguro, que no vais a querer separaros nunca más de Mí.

Aquél que desea algo de corazón y lo busca con ahínco sale ganando, encuentra lo que está buscando y luego presume a todos lo que consiguió.

Si tanto lucháis por las cosas que son del Mundo, ¡Cuánto más debierais luchar por tenerMe plenamente en vuestro corazón! Yo Soy la Perla Rara, Yo Soy el Tesoro Escondido. ¿Por qué perdéis el tiempo en otras cosas Mis pequeños, cuando el Gran Tesoro, Soy Yo?

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PedidLe a Mi Santo Espíritu que os conceda la Gracia de entender perfectamente lo que Yo hice por vosotros; para que aprendáis también a reparar vuestros errores. Y principalmente, que aprendáis a agradecer tanto Bien que se os ha concedido, empezando con el Don de la vida.

Aprended a agradecedMe en todo momento, porque en todo momento estáis bajo Mi Mirada y en Mi Corazón. DadMe vuestro pequeño ser, para que Yo lo engrandezca en Mi Perfección. Yo Soy el Perfecto. Si venís a Mí, Yo os llevaré a la Perfección.

Os amo, Mis pequeños. No desperdiciéis éstos regalos que os doy. Estas almas que se den como os pido os deis, dejando que Yo Viva plenamente en vosotros; empezaréis a gozar Mi Reino, ya desde la Tierra.

Encontrad el Tesoro, poned todas vuestras capacidades para buscarMe y veréis que Me dejaré encontrar.

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YO CARGUÉ LA PESADA CRUZ DE VUESTROS PECADOS POR CADA UNO DE VOSOTROS.

No os imagináis Mis pequeños, tanto dolor… Y sobre todo, cargar vuestros pecados. Tanta maldad, podredumbre, asco Me daba. Pero alegría también llevaba al saber que cargando la Cruz, os abría las Puertas del Reino de los Cielos y os daba la oportunidad de vuestra salvación.

Estos son tiempos Mis pequeños, en que carguéis también la cruz de vuestros pecados y aminoréis la Cruz que Yo cargué de los vuestros.

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LA TIERRA SE CONVULSIONA POR VUESTROS PECADOS

Y EL PECADO ORIGINAL.

Lo que estáis provocando al apartaros de Mis Leyes y de Mi Amor, afecta también a todo lo Creado. Nada se rige ya por las Órdenes que le di a la Creación desde un Principio. Todo se ha salido del Orden Creado, por el Pecado. Y vosotros lo estáis padeciendo.

Además de que Satanás y sus secuaces, hermanos vuestros que se han dejado convencer con las mentiras de Satanás; le están ayudando a afectar las Leyes de la Naturaleza para destruiros, con lo que estáis viviendo y viviréis en muy poco tiempo por venir.

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SERÁ ESTA AFECTACIÓN POR EL PECADO, EN DONDE LA NATURALEZA AL CONVULSIONARSE, OS AFECTARÁ INMENSAMENTE.

Muchos países que ahora conocéis, desaparecerán. Nuevas tierras aparecerán. La Purificación producirá mucho dolor, muchas lágrimas. Pero Mi Santo Espíritu al Vivir en vosotros, os ayudará al ir padeciendo y aceptando esta cruz que os purificará.

APRENDERÉIS A OFRECÉRMELA, para aminorar Mis Dolores y también, a ofrecerla por la salvación de todas las almas y especialmente por aquellas que han cerrado su corazón y no quieren crecer espiritualmente y hasta satanizarse están dispuestas a estar.

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Vuestro futuro cercano es tremendo. Por eso os insisto tanto en que os arrepintáis, que cambiéis de vida, que crezcáis en virtudes y en amor.

Os repito y os repito esto Mis pequeños, PORQUE NO OS QUIERO PERDER. Entendedlo, sois Míos. Os Creé en el Amor y os quiero recuperar a pesar de que Me hayáis dado la espalda y que viváis en el pecado y en la maldad.

Sois Míos. Yo he puesto Mi Presencia en vosotros. Vuestra alma Me pertenece. DevolvédMela pura, para que Yo la santifique y viváis Conmigo eternamente. No dejéis que Satanás os engañe y tome posesión de vuestra alma. Me haríais un gran daño. Es como quitarle a un niño, a un niño pobre, el único regalo que tiene.

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Cada uno de vosotros es Mi Mundo, CADA UNO DE VOSOTROS, SOIS MI CONSENTIDO. Os conozco a cada uno en perfección y Me di por cada uno de vosotros para vuestra salvación. Mi Sangre Preciosa que derramé no solamente en la Cruz, sino desde antes en Mi Agonía y en Mi Pasión, fue por vuestra salvación y poco pensáis en ello.

Si Yo no hubiera venido a la Tierra, Mis pequeños. LAS PUERTAS DEL CIELO, ESTARÍAN AÚN CERRADAS y no tendríais posibilidad de entrar al Reino de los Cielos, si no se hubiera dado Mi Donación.

Dejad que Mi Santo Espíritu os enseñe todo esto, para que lo entendáis mejor y apreciéis mejor todo lo que Yo he hecho por vosotros. Precisamente porque no apreciáis, no sabéis agradecer. Creéis que recibisteis poco y que os lo merecéis.

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Y por eso no volteáis hacia Mí, ni Me agradecéis con todo vuestro corazón lo que Yo he hecho por vosotros, aún a pesar de vuestro pecado y de la maldad que existe en los corazones.

Reflexionad, Mis pequeños. Retomad toda vuestra vida. Meditad en los momentos de los pecados que cometisteis. Arrepentíos de corazón de ellos, porque el daño que Me hicisteis, fue muy grave y doloroso.

Grandes Bendiciones aún recibiréis, porque Yo Soy así. Soy el Todo Poderoso y os voy a consentir toda una eternidad y siempre os daré algo nuevo. Soy Infinito y Mis regalos, también son infinitos. No Me cansaré de consentiros, no Me cansaré de amaros.

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Os pido que no Me olvidéis y que vosotros tampoco os canséis de amarMe, porque necesito de vuestro amor.

 Habla Dios Padre.

Hijitos Míos, no os imagináis lo que Yo vuestro Dios gozo, cuando alguno de vosotros Me hace una caricia, Me da un beso, piensa en Mí, Me busca.

Vosotros los que ya tenéis hijos, recordad los momentos cuando vuestro bebé os hacía una caricia, os daba un beso o un abrazo… O cuando simplemente, os miraba y os enviaba una sonrisita. Os deshacía de amor en ése momento… Hasta las gracias Me dabais por la vida de vuestros hijos.

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Yo, también Me derrito con vuestro amor, con vuestra donación, con todas las cosas bellas que salen de vuestro corazón y que llegan al Mío.

Sois Mis pequeñitos, sois Mis creaturitas. Y esto os lo digo porque, sabiendo todas las distracciones que tenéis a vuestro alrededor, todo el mal que tenéis también a vuestro alrededor, los ataques constantes de Satanás, ofreciéndoos el Mundo para que os olvidéis de Mí…

Y aún a pesar de ello y de muchas otras cosas más vosotros volteáis hacia Mí, Me recordáis, Me saludáis, Me sonreís, Me mandáis vuestros besos. ¿Cómo no os voy a querer más? ¿Cómo no Me voy a derretir por vuestros actos?

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Quizá a vosotros se os haga imposible o no creáis en todo esto que os estoy diciendo; pero Soy vuestro Dios. Y Soy Infinitamente más sensible en Mi Corazón de lo que vosotros sois. Yo voy gozando desde que la intención nace en vuestra mente.

Ciertamente, gozo mucho más que lo que vosotros gozáis a vuestros pequeños hijos, a vuestros bebés o aún, a las almas que os aman y que Me aman a Mí.

A Estas almas no les niego nada, porque su amor es sincero, es profundo, es íntimo, Nos conocemos de Corazón a corazón. Cuando lleguéis al Reino de los Cielos, os daréis cuenta de Mi Sensibilidad, de Mi Amor hacia vosotros y de cómo gozo todo lo bello que sale de vuestro corazón hacia Mí.

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Seguid haciendo ésos actos de amor. RecordadMe continuamente. InvitadMe a Vivir plenamente con vosotros minuto a minuto, segundo a segundo, todo el resto de vuestra existencia. Y al momento de vuestra partida de la Tierra, Yo estaré al final de vuestro camino aquí, en el Reino de los Cielos esperándoos.

Y ahí es cuando gozaréis plenamente todo lo que Me disteis, porque Yo también plenamente, os daré Mi Corazón.

En estos momentos Yo no os puedo amar como quisiera amaros, vuestro cuerpo no soportaría tanto Amor, tanta belleza, tanta Vida, que Yo le doy al alma cuando Me ama de corazón. Esperad pues el momento de vuestra llegada, porque ahí estaré Yo para daros el Abrazo de Amor que durará eternamente.

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En las Escrituras se os habla de que no podéis entrar a la fiesta… O sea, al Reino de los Cielos, si no estáis bien arreglados, si vuestras ropas no están limpias y puras. Y por eso he Creado el Purgatorio, para que vosotros seáis purificados en él.

Pero ahí conoceréis todo el daño que Me hicisteis y el que le hicisteis a vuestros hermanos. Tendréis la oportunidad, en el tiempo que Yo decida, para purificaros y para que os ganéis la entrada al Reino de los Cielos.

La estancia para algunos, será muy dolorosa. Otros, vivirán en la esperanza, en la alegría de saber que en cualquier momento, estarán Conmigo para siempre.

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Mis pequeños, poco os acordáis del sufrimiento de las ánimas del Purgatorio. Poco hacéis para aliviar sus penas. Si realmente os amarais como decís que lo hacéis, debierais tener no solamente el alma de vuestros seres queridos, sino también de todos vuestros hermanos de todo el Mundo continuamente en vuestros pensamientos.

Y sobre todo, en los momentos en que podéis lograr para ellos, un alivio a sus dolores y penas.

Habréis escuchado una o varias veces del sufrimiento que tienen las almas allí, en ése lugar de purificación. Para que entendáis un poco esto os quiero decir, que así como vuestra alma cuando está en vuestro cuerpo vivo no puede gozar todo el gozo que Yo le puedo dar, porque vuestro cuerpo no soportaría tanto gozo.

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De igual manera, vuestra alma no podría vivir el sufrimiento de purificación que se sufre en el Purgatorio estando en vuestro cuerpo, porque moriríais inmediatamente. Os estoy hablando a nivel espiritual.

Cuando vuestra alma sale de vuestro cuerpo vuestras potencias cambian, se engrandecen, se vuelven también infinitas. Porque si vosotros salisteis de Mí, si Yo os creé a Imagen y Semejanza Mía, también vuestra alma es infinita y vuestras potencias también.

Por eso no entendéis perfectamente, cuando os hablo de Amor; porque estoy hablando de un Amor a nivel espiritual, con potencias que vuestra mente humana y vuestras capacidades humanas, no pueden ni sentir ni imaginar, porque vuestro cuerpo limita las potencias del alma.

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Esto os lo digo para bien, ya que es Mi Amor el que se debiera manifestar en vosotros. Pero cuando es de purificación, es lo mismo. Vuestra alma está libre ya de vuestro cuerpo y está en el Purgatorio y Las penas, la purificación que tendréis ahí es a nivel alma. O sea, con vuestras potencias ya libres y el Dolor es Inmenso.

Os digo esto para que entendáis la gravedad y el Dolor tan grande que se vive en el Purgatorio, donde hay una esperanza de salir de ahí y que también ésa esperanza ya a ciertos niveles, va minimizando el Dolor del padecimiento de purificación que tenéis.

DE IGUAL MANERA, QUIERO QUE ENTENDÁIS EL DOLOR QUE SE VIVE EN EL INFIERNO. También es infinito.

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Como os dije, ya que vuestra alma es infinita y son dolores que vosotros no imagináis que puedan existir, porque vuestras capacidades se ven minimizadas por vuestro cuerpo. Pero si el alma llega al Cielo, a vuestro Hogar, Mi Reino, también tendréis un gozo que en éstos momentos no os podéis imaginar.

Ciertamente, he dado a conocer estos gozos y estos sufrimientos a almas que escojo; pero ni aún ellas os pueden explicar. Son gozos y dolores tremendos, porque los viven a nivel espiritual y por eso no los entendéis.

Quedaos pues, con esta explicación. De que vuestra alma fuera de vuestro cuerpo, tiene gozos y dolores indecibles, inimaginables para vuestras pobres potencias humanas.

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Amad y haced todo lo posible por vuestros hermanos que sufren indeciblemente en el Purgatorio.

Y uníos también a las alegrías tremendas, inimaginables, que vuestros hermanos están gozando en el Reino de los Cielos. Y pedidles a unos, ayuda para no seguir cayendo en faltas que hagan que vuestra alma tenga que ser purificada más tiempo en el Purgatorio. Y a vuestros hermanos en el Reino de los Cielos, pedidles QUE OS AYUDEN a lograr llegar a donde Yo vuestro Padre y vuestro Dios os espero, para que viváis eternamente Conmigo.

Imaginad un recipiente pequeño y lo llenáis con ese tipo de algodón que se puede compactar. Y con fuerza llenáis ese pequeño bote con ese algodón, ciertamente va a caber. Pero está apretujado en ese recipiente. Ese recipiente es vuestro cuerpo, vuestra alma.

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Para que lo entendáis: sus potencias, están apretujadas dentro del cuerpo.

Cuando vosotros morís, vuestra alma sale del cuerpo, como sale también ese algodón del envase. Y al abrir el envase, todo ese algodón se expande… Y entonces os dais cuenta de la Inmensidad de algodón que estaba adentro de ese pequeño envase… Se vuelve algo grandísimo y no os imagináis cómo podía caber tanto en ese pequeño envase.

Así está vuestra alma. Y así es Mis pequeños, para que entendáis mejor: vuestra alma al liberarse del cuerpo, se expande y al expandirse, tiene más recepción de lo bueno y de lo malo. Llega a Mí y entiende infinidad de cosas que antes no entendía.

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Y por eso también vuestro sufrimiento es mayor, porque es mucha la Naturaleza del Alma. Ya salió del cuerpo. Y así como veis muy grande el volumen de esa masa de algodón ya expandido, así será vuestra alma también.

Esto es para que entendáis, por qué se sufre tanto o porqué se goza tanto cuando vuestra alma ya está fuera de vuestro cuerpo.

 Mi Hijo varias veces os pidió ser como niños, porque el niño se suelta totalmente a los padres y se cubre con sus cuidados amorosos. Ahora esto os lo digo Mis pequeños, porque el niño es curioso, pero no al grado del adulto,

QUE TRATA DE BUSCAR DENTRO DE MIS MISTERIOS.

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Hay tantas cosas Mis pequeños a vuestro alrededor, que no os permito conocer ahora. Y ya os he dicho que no busquéis lo que no entendéis y lo que no quiero que vosotros encontréis en estos momentos de vuestra existencia; porque NO TENÉIS LA SABIDURÍA SANTA para saber manejar Mis Misterios.

Hay muchas cosas que quiero que se mantengan así y que no elucubréis; sino simplemente, dejaos guiar por Mí y por lo que Yo os pido a cada uno de vosotros. Porque la gran mayoría de los que se meten a investigar lo que no entienden, TERMINAN EN TERRENOS DEL ENEMIGO.

Y muchos de ellos pierden hasta la vida por su curiosidad, porque no están preparados ni física ni espiritualmente, para entender lo que os pido, QUE NO CURIOSEÉIS.

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Todo se dará a su tiempo. Y cuando Yo permita que conozcáis aquello de lo que os rodea, Mi Santo Espíritu os habrá preparado ya para que lo entendáis a la Luz Divina y no a vuestra inteligencia humana.

No tratéis os pido, de entrar en ésos campos en los cuales no se os ha dado permiso para investigar. Hay muchas Fuerzas Ocultas con las que no podéis defenderos, ni luchar.

Os pido pues, que seáis como niños. Que respetéis Mis Mandatos como Padre, que Yo os doy. Vuestra alma como os expliqué, todavía está en pañales en conocimiento y en capacidades. Y llegará un tiempo en que tendréis capacidades inmensas; pero vuestra alma deberá crecer primeramente,

MUERTE FISICA

MUERTE FISICA

EN OBEDIENCIA A MÍ

Y SEGUNDO, EN AMOR HACIA MÍ Y HACIA VUESTROS HERMANOS.

Os vuelvo a repetir, no tenéis capacidades para luchar contra el Enemigo. Si os metéis a investigar en ésos campos que no conocéis, caeréis en los terrenos del Enemigo. Quiero que entendáis perfectamente esto.

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Tenéis Sabiduría Excelsa en las Sagradas Escrituras. Guiaos por lo que ahí se os enseña y con ésa Sabiduría que ya se os ha dado, empezaréis a engrandecer vuestra alma. Y si Yo lo quiero, os empezaré a dar el Conocimiento que ahora no deben tener las mayorías. Soy vuestro Dios y os pido respeto a Mis Misterios.

Recordad lo que os he dicho antes, QUE VOSOTROS ESTÁIS OBLIGADOS A PRODUCIR MILAGROS. Y esto os lo dijo Mi Hijo: ‘que todo aquél que Me siga, podrá hacer lo que Yo hice y aún cosas mayores.’ (Jn14,12)

Sois Mis hijos. También sois hijos y sois hermanos de Mi Hijo Jesucristo. Mis Potencias también caen sobre aquellos que son Mis hijos, hermanos de Mi Hijo Jesucristo.

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EL MILAGRO SE PRODUCE CUANDO LO QUE VOSOTROS DESEÁIS PARA OTROS, sale desde lo más profundo de vuestro ser.

Cuando vuestro corazón se inclina hacia el necesitado, cuando vosotros os ponéis en el lugar del hermano que sufre.

Vosotros debéis hacer milagros, empezando con vosotros mismos y esto os lo da la Fe. No podéis hacer un milagro si no hay Fe absoluta en vuestro ser. 

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PedídMe primeramente esto, Mis pequeños. Mi Hijo os dijo ‘que con Fe, del tamaño de un grano de mostaza, podéis hacer cosas muy grandes a ojos humanos, como arrancar de raíz un árbol y volar hacia el mar o mover montañas.’

Esto a ojos humanos es inmenso, pero cosas más grandes que esto veréis todavía.

 Y las harán aquellos que tienen una Fe más crecida, una Fe absoluta, una Fe que ama al hermano, que se da por el hermano, que se deja poseer por Mí, vuestro Dios y QUE YO PUEDA HACER MI OBRA A TRAVÉS DE ESTAS ALMAS DONADAS.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

ORACIÓN + FE = MILAGROS

No busquéis solamente tener Fe del tamaño de un grano de mostaza, pedídMe más… Porque en estos momentos de la Historia, necesitaréis mucho más que eso.

Recordad que la lucha es contra Potencias Angelicales, muy superiores a vuestras capacidades humanas.

Os pido que tengáis la Sabiduría y el total compromiso Conmigo, que serviréis a vuestros hermanos donándoos perfectamente a Mí; para que JUNTOS podamos lograr los milagros que ésta generación necesita para volver a Mí y ganar el Reino de los Cielos.

JESUS ORÓ Y OBTUVO EL MILAGRO

JESUS ORÓ Y OBTUVO EL MILAGRO

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51.- EL MAGNIFICAT


Ha pasado casi un año, desde que María está en su hogar paterno.  La casa santa de sus padres que guarda recuerdos tan queridos… En la siguiente primavera, Ella está en su habitación. Junto a una de las paredes está la cama. Junto a la otra pared, hay un anaquel con una lámpara de aceite, rollos de pergamino, una exquisita labor de costura que es un recamado muy elaborado, cuidadosamente doblada. Junto a la puerta, que está abierta y que da al huerto, tiene una cortina que el viento mueve ligeramente.

María está sentada sobre un banco, tejiendo un lino muy blanco y delicado como la seda. Sus manos trabajan rápidamente con el huso. Su hermoso rostro juvenil, está levemente inclinado y muestra una sonrisa muy dulce.

Un silencio profundo reina en la casita y en el huerto. Se siente mucha paz y hay mucho orden. Todo está muy bien arreglado. El ambiente humilde por su apariencia y por sus muebles, tiene algo de austero y majestuoso, por su gran limpieza y el cuidado con el que están dispuestas todas las cosas.

En el pequeño jarrón que está junto a la lámpara, hay unos ramos de flores, de durazno y de peral, con sus colores blancos, ligeramente teñidos de rosado.

María empieza a cantar en voz baja y luego levanta más la voz. Es una alabanza que vibra dentro de su habitación de doncella y en la que repercute la palabra: ‘Yehové’ con una entonación que rememora los cantos del Templo. Deja el huso y el hilo y junta sus manos sobre el pecho, sigue cantando con adoración y su rostro se enciende como si estuviera animado con un hermoso fuego.

En sus ojos brillan las lágrimas y una sonrisa celestial se dibuja en sus labios perfectos.  El canto se torna en plegaria:

“Señor Dios Altísimo, no te demores más en mandar a tu Siervo para que traiga la paz a la tierra. Acelera el tiempo propicio y la virgen pura y fecunda para que venga tu Mesías. Padre, Padre santo, concédele a tu sierva ofrecer su vida a este fin. Concédeme morir tras haber visto tu Luz y tu Justicia en la Tierra, sabiendo que la Redención se ha cumplido. ¡Oh, Padre Santo, manda a la Tierra el Suspiro de los Profetas!

Envía el Redentor a la tierra y que pueda servirlo a tu sierva. Que cuando cese mi día se me abra tu Casa por haber sido abiertas sus puertas por tu Cristo para todos aquellos que en ti hayan esperado. Ven, ven, Espíritu del Señor. Ven a los fieles tuyos que te esperan. ¡Ven, Príncipe de la Paz!…”.

Y la ardiente petición prosigue. María está cómo absorta en su alabanza…

De pronto la cortina se mueve, como impulsada por el viento y una luz blanca, como de perlas fundidas, ilumina toda la habitación… Se materializa lentamente una figura radiante y bellísima. Parece un cuerpo humano que tiene unas formidables alas, pero que emana pura luz.

En su rostro bellísimo se dibuja una sonrisa y el ángel se prosterna ante una María que se pone de pie asustada y se pega hacia la pared.

Una voz dulce, con arpegio celestial le dice:

–           Dios te guarde, ¡María llena de Gracia!

María se estremece y baja la mirada. Su turbación aumenta al ver al portentoso personaje postrado ante ella, como a un metro de distancia, con las manos cruzadas en el pecho y mirándola con una veneración infinita.

María se ruboriza violentamente y luego palidece. Su rostro expresa sorpresa y un asombro absoluto y aprieta sus manos sobre su pecho.

El Angel dice:

–           No, no temas. María. El Señor está contigo. Eres bendita entre todas las mujeres.

Pero María tiembla involuntariamente, ante el portentoso ser que continúa arrodillado ante Ella.

El Ángel insiste:

–           ¡No tengas miedo María! Yo soy Gabriel el Ángel de Dios. Mi Señor me ha enviado a ti. No tengas miedo, porque el Señor te ama y porque has hallado gracia ante Dios. Concebirás ahora y darás a luz a un Hijo, a quién pondrás por nombre “Jesús”. Será grande. Será llamado Hijo del Altísimo y realmente lo será. El Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará para siempre en la Casa de Jacob. Y su reino no tendrá fin jamás. Comprende, ¡Oh, santa Virgen! A quien ama el Señor; Hija de Él bendecida, llamada a ser Madre de su Hijo. Comprende qué Hijo vas a engendrar.

María contesta con voz trémula:

–           ¿Cómo puede suceder esto si yo no conozco ningún hombre? ¿Acaso el Señor Dios ya no acepta más la oferta de su sierva? ¿Es que ya no quiere que sea virgen por amor a Él?

–           ¡María! Serás madre no por obra de varón. Eres la Virgen Eterna, la santa de Dios. El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el Poder del Altísimo, te cubrirá con su sombra.  Por esto el que nacerá de ti, será llamado Santo e Hijo de Dios. Todo lo puede nuestro Señor Dios. Isabel la estéril, en su vejez ha concebido un hijo que será el Profeta de tu Hijo, el que le preparará el camino.

El Señor le ha quitado el oprobio y su memoria permanecerá en el pueblo unido a tu nombre, como el nombre de su hijo al de tu Hijo santo hasta el final de los siglos. Los pueblos os llamarán bienaventuradas, por la Gracia del Señor que llegó a vosotras y a ti especialmente; que por medio de ti, se derramará sobre ellos. Isabel se encuentra en su sexto mes de haber concebido y su pesantez la llena de alegría. Y más se regocijará cuando conozca la tuya. Para Dios nada es imposible María, tú la llena de Gracia. ¿Qué debo contestar a mi Señor? No te llenen de confusión las ideas que en ti se levantan. Él cuidará de tus intereses, si pones en Él tu confianza.

¡El mundo, el Cielo y Dios Eterno… esperan tu respuesta!

María cruza sus manos sobre su pecho, se inclina profundamente y dice:

–           He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según su palabra.  

El Espíritu de Dios desciende sobre la doncella que inclinada, acaba de dar su respuesta afirmativa.

El Ángel resplandece de alegría… Y se postra con adoración… Luego su luz se va diluyendo, hasta que desaparece y se queda la Virgen sola en un éxtasis sublime…

La cortina ya no se mueve y en la habitación se encierra el Misterio santo.

María revela:

            Desde muy pequeña me había consagrado a Dios y el Espíritu Santo me había mostrado la causa del Mal en el mundo.

Me dijo del dolor del Padre cuando Eva pecó. Cuando se envileció, ella, creatura de gracia, al nivel de una creatura inferior. Decidí ofrecer a Dios mi pureza y mi amor, para consolarle del dolor de aquella herida y tenía intención de conservar mi cuerpo puro, al conservarme yo pura; en mis pensamientos, deseos y contactos humanos.

Sólo para El reservaba yo el palpitar de mi amor; sólo para Él, la razón de mí ser. Pero si no existía en mí el ardor de la concupiscencia, si existía el sacrificio de no ser madre. Quise borrar de mí las huellas de Satanás. No sabía que yo no tuviera ningún pecado, ¡Cómo podía imaginarlo siquiera! Nunca pensé que yo era la Doncella de Israel.

Sabía que ya se había cumplido el tiempo del que hablaron los profetas y mi oración más ferviente era poder servir a la Virgen Escogida y así poder ser la esclava del Mesías.

Por eso las palabras del Ángel, estremecieron mi alma de júbilo, cuando comprendí la Misión a que Dios me llamaba: SER LA MADRE DEL REDENTOR.

“HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR.    HÁGASE EN MÍ, SEGÚN TU PALABRA”

Al pronunciar aquellas palabras, felicidad y dolor estrecharon mi corazón, cuando se abrió como un lirio, para proporcionar la sangre que alimentaría en mi seno al Germen del Señor.

Dios me había pedido que fuera virgen.  Obedecí.

Al amar la virginidad que me hacía pura, como la primera mujer antes de conocer a Satanás.

Dios me pidió que fuera esposa. Obedecí.

Poniendo el matrimonio en aquel prístino grado de pureza que existió en el pensamiento de Dios, cuando creó a los primeros seres humanos.  Convencida de ser destinada a vivir sola en el matrimonio y a que los demás despreciasen mi esterilidad santa.

Entonces Dios me pidió que fuese Madre. Obedecí.

Creí que era posible y que esa palabra venía de Dios; porque al oírla, la paz se derramaba dentro de mí. Y me llené de gozo. Gozo de ser Madre. Gozo porque creí poder hacer feliz a Dios, al arrancar la espina que Eva clavó en su Corazón, al llenarlo de dolor y de amargura con su Desobediencia. ¡Por su soberbia, su lujuria y su incredulidad!

YO ANULE EL NO DE EVA, CUANDO DIJE “SI”

Sí. Sí. Sí.  SIEMPRE SÍ A LOS QUERERES DE DIOS.

Volví a subir las etapas por las que Eva bajó.

Eva buscó el Placer, el Triunfo, la Libertad.

Yo acepté el Dolor, el Aniquilamiento, la Esclavitud.

Me convertí en la Esclava de Dios, en el cuerpo, en el alma, en el espíritu. Dije sí para los tres, segura de que Dios cumpliría sus promesas y remediaría las humillaciones de los que murmurarían contra mi estado. Y así desafié la opinión del mundo y el juicio del esposo. Mi fuerza era Dios y le confié sin vacilar mi vida, mi honor, mi futuro: todo, sin reserva alguna.

Sabía que ÉL socorrería mi dolor de esposa que se ve tratada como culpable y de Madre que engendra un Hijo para el Patíbulo.

Y abracé mi destino con una punzada de dolor que fue creciendo de hora en hora, conforme sentía crecer en mi seno a mi Creatura Divina.

¡Oh, felicidad bendita que invadía toda mi alma, al saber que había arrancado del Corazón de Dios, la amargura de la Desobediencia de Eva!

¡Oh, dicha gloriosa de ser el Puente del Perdón y la Paz, entre Dios y el Hombre!

Cuando cesó el éxtasis que me llenaba de inefable alegría y regresé a la tierra, mi corazón estaba envuelto por las rosas del Amor Divino. Y el primer pensamiento que me punzó el corazón  y se me clavó como la espina de una rosa, fue el pensar en José.

Yo lo amaba, era mi santo y providente custodio desde que lo quiso Dios, por medio de la palabra de su sacerdote. Desde que me convertí en su prometida, pude conocer y apreciar la santidad de este Justo. Junto a él había sentido como desaparecía mi soledad de huérfana  y dejé de extrañar mi permanencia en el Templo.

Era tan bueno como el padre que había perdido y cerca de José me sentía segura, era como si él también fuese sacerdote. Toda duda había desaparecido y sabía que no tenía que temer nada, por parte de José. Más segura que un niño en los brazos de su mamá, así estaba mi virginidad confiada a José.

Y ahora, ¿Cómo iba a decirle que ya era yo Madre?

Buscaba las palabras para darle la noticia y no las encontraba. No quería enorgullecerme del Don de Dios y no podía de ninguna manera,  justificar mi maternidad sin decir: ‘El Señor me ha amado entre todas las mujeres y a mí su sierva, me ha hecho Madre.’ Tampoco podía engañarlo ocultándole mi estado.

Yo oraba al señor y el Espíritu del que estaba llena me dijo: “Cálmate. Déjame que Yo te justificaré ante tu esposo”

¿Cuándo? ¿Cómo? No se lo pregunté. Me confié a Él de una manera absoluta. Jamás el Eterno me había dejado sin su ayuda. Su mano me había sostenido, protegido, guiado hasta aquí y sabía que lo haría, una vez más…  Sabía que Él me defendería y haría resplandecer la verdad.

Aquella noche mi confianza humana llegó a la perfección… Podía hacerlo porque Dios estaba en mí. Porque Dios era mío en mi Hijo. ¡Oh, qué alegría! No por gloria mía… Ser una sola cosa con Dios; poder amarlo con una total unión y así poder decirle: ‘Tú, Tú que estás en mí, ayúdame a hacer todas las cosas con tu divina perfección.’

Si Él no me hubiera dicho: “Cálmate” Me habría atrevido a poner mi rostro en el suelo y decir a José: ‘El Espíritu ha venido a mí y en mí, está el Germen de Dios’

Y José me habría creído. Porque me quería y porque como todos los que no mienten jamás, no hubiera imaginado que yo mintiese. Pero obedecí el divino mandato y por largos meses a partir de aquel momento, sentí la primera herida que me sangraba el corazón.

El primer dolor de mi suerte de Corredentora.

Esa misma tarde al anochecer, María termina de orar. Su rostro está encendido con una luz que parece como si también la transfigurara. La boca sonríe, pero el llanto brilla en la mirada azul de sus ojos. Luego se levanta y va hasta la cocina. Prepara  un tazón con leche caliente, pan, verduras y una manzana. Es una cena frugal que come muy despacio.

Oye que tocan a la puerta y va a abrir.

Entra José y la saluda. Él se quita el manto y la acompaña hasta la cocina. Le entrega unos huevos y un par de racimos de uvas.  Ella lo invita a cenar y le sirve un tarro de leche, una manzana, aceitunas y queso. Y los dos se sientan frente a la mesa.

José le cuenta cómo pasó el día. Le habla de sus sobrinos y le pregunta a Ella como está. La trata con mucho amor y un gran respeto. También le promete traerle unas flores nuevas para su jardín, que un centurión romano le va a traer por un trabajo que le hizo.

Y José dice muy contento:

–           Cuando llegue la luna nueva, las trasplantaré aquí. Tienen hermosos colores y un perfume muy grato.  Las vi el verano pasado, porque solo en verano florecen. Te perfumarán toda la casa. Luego las podaré cuando la luna sea propicia.

María sonríe con dulzura:

–           Muchas gracias José. Eres muy bueno conmigo.

–           Es lo menos que puedo hacer, por la esposa más buena, bella y santa.

–           José, también yo tengo algo qué decirte. Hoy recibí la noticia de que nuestra parienta Isabel, la mujer de Zacarías, está por tener un hijo…

José la mira asombrado y pregunta:

–           ¿A esa edad?

María responde sonriente:

–           ¡A esa edad! Todo lo puede el Señor. Ahora ha querido proporcionar a nuestros parientes, esa alegría.

–           ¿Cómo lo sabes? ¿Estás segura de la noticia?

–           Vino un mensajero. Es uno que no dice mentiras. Quisiera ir a su casa para servirle y decirle que me congratulo con ella, si tú me lo permites…

–           María, tú eres la Señora  y yo el siervo. Todo lo que hagas está bien hecho. ¿Cuándo quieres partir?

–           Lo más pronto posible. Estaré ausente por algunos meses.

–           Y yo contaré los días esperándote. Ve tranquila. Cuidaré de la casa, del huerto y del jardín… Yo te acompañaré. Y me sentiré más tranquilo si no vas sola por el camino. Después me harás saber cuándo regresas y yo iré por ti.

–           Eres muy bueno José. El Señor te lo pague con bendiciones y aleje de ti el dolor. Es lo que siempre le pido.

–           Avísame cuando estés lista para irnos.

–           Así lo haré.

Y los dos castos esposos se sonríen.

José se levanta, se pone su manto y se despide de María.

María lo ve irse con un suspiro de aflicción, levanta los ojos al Cielo y regresa a su habitación para seguir orando…

La semana siguiente…

Al amanecer, José llega con dos borriquillos y los dos emprenden el camino hacia la campiña, para tomar el camino que lleva hacia Belén.

Al atardecer, entran en el poblado y llegan hasta una de las casas más hermosas. Rodeada por árboles frutales y un extenso huerto-jardín.

José se despide:

–           Tú sabes que urge que regrese. Aquí te dejo María y espero con ansia tu llamado.

María responde:

–           Lo sé. Vete con Dios José. Yo daré tus saludos a los parientes.

Y José monta en el borriquillo del que se ha bajado la Virgen y se va.

María se queda con el otro que está cargado con su baúl y se acerca a la puerta de hierro. Ve un extraño objeto que sirve para llamar y tira de la cuerda; pero lo hace con tanta delicadeza que apenas y se oye.

Entonces una vecina que los ha visto llegar, se acerca y tira de la cuerda con  mucha fuerza, varias veces haciendo sonar el acero con estrépito, mientras dice:

–           Así se hace mujer, si no nunca te van a oír. Ten en cuenta que Isabel ya está vieja y Zacarías también. Y ahora, además de sordo está mudo…  ¿Sabes? Los siervos también son viejos…

Aparece el jardinero llevando en la mano un rastrillo y María entra, mientras le da las gracias a la mujer.

Luego dice al siervo:

–           Soy María, hija de Joaquín y de Anna de Nazareth. Prima de vuestros patrones…

El hombre, mientras hace pasar el asno comenta:

–           ¡Gran felicidad y suma desgracia hay en esta casa! El Cielo ha concedido un hijo a la estéril, ¡El Altísimo sea alabado! Pero Zacarías volvió mudo del Templo de Jerusalén hace ya seis meses. Se hace entender por señas o escribiendo. ¿Has tenido noticia de ello? ¡La patrona tanto que te ha deseado en esta alegría y en este dolor! Siempre habla de ti con Sara y dice: ‘¡Si estuviera aquí conmigo mi pequeña María!  ¡Si hubiera estado todavía en el Templo! ¡Hubiera dicho a Zacarías que la trajese! Pero el Señor quiso que se casase con José de Nazareth. Sólo Ella puede darme consuelo en esta aflicción y ayudarme a pedir a Dios porque Ella es muy buena. En el Templo todos la extrañan.’ ¡Sarah! ¡Sarah!…  Mi mujer está un poco sorda…

En lugar de Sarah se asoma sobre la escalera que está al lado de la casa, la anciana Isabel. Tiene la cara llena de arrugas, el pelo casi blanco… Es un contraste extraño con su notoria vejez, su estado patente de gravidez, a pesar de la ropa amplia que la cubre. Se lleva la palma de la mano a la frente, para ver mejor y reconoce a María.

Levanta los varazos al Cielo y exclama:

–           ¡Oh! –con admiración y gozo.

Y baja lo más rápido que puede a encontrarse con María, la doncella amada.

Y ésta cuyos movimientos siempre son moderados, corre como un cervatillo y llega al pie de la escalera, al mismo tiempo que Isabel.

Las dos se abrazan llorando de gozo. Isabel se separa con un ‘¡Ah!’ lleno de admiración y gozo y tal vez un poco de dolor. Se pone las manos sobre su vientre abultado. Baja la vista, palidece y se sonroja alternativamente.

María y el siervo extienden sus manos para sostenerla, porque vacila cómo si se sintiese mal. Pasa como un minuto y luego Isabel, cómo si se hubiese rejuvenecido; se inclina profundamente;  levanta un rostro radiante, mira a María con una sonrisa de gran veneración y exclama:

–           ¡Bendita tú entre todas las mujeres!… ¡Bendito el Fruto de tu vientre!… ¿Cómo es posible que haya sido digna tu sierva, de que vinieras a mí, tú; la Madre de mi Señor? Sí. Ante el sonido de tu voz, el niño ha saltado en mi seno jubiloso…

¡Y cuando te abracé, el Espíritu del señor reveló cosas altísimas a mi corazón! Eres Bienaventurada porque creíste que Dios puede hacer lo que la inteligencia humana cree que no es posible. Bienaventurada tú, que por tu fe harás que el Señor cumpla las cosas que te prometió y las que predijo a los Profetas, para estos tiempos. ¡Bendita tú, por la salud que engendras para la estirpe de Jacob! Bienaventurada tú, porque trajiste la santidad a mi hijo que lo siento moverse y saltar como un cabritillo jubiloso, porque se siente liberado del peso de la culpa. Llamado a ser el Precursor, santificado desde antes por  la Redención del Santo que se está desarrollando en ti.

María, con dos lágrimas que resbalan como perlas, de sus bellísimos ojos…  Y que ríen a Isabel que está llena de júbilo, con el rostro y los brazos levantados al cielo, en la misma actitud que tomará tantas veces su Hijo, exclama:

–           Magnificat  ánima mea Dóminum,
et exsultávit spíritus meus
in Deo salvatóre meo,
quia respéxit humilitátem
ancíllae suae.
Ecce enim ex hoc beátam me dicent
omnes generatiónes,
quia fecit mihi magna,
qui potens est,
et sanctum nomen eius,
et misericórdia eius in progénies
et progénies timéntibus eum.
Fecit poténtiam in bráchio suo,
dispérsit supérbos mente cordis sui;
depósuit poténtes de sede
et exaltávit húmiles,
esuriéntes implévit bonis
et dívites dimísit inánes.
Suscépit Ísrael púerum suum,
recordátus misericórdiae,
sicut locútus est ad patres nostros,
Abraham et sémini
eius in sæcula
Glória Patri, et Filio,
et Spirítui Sancto.
Sicut erat in princípio,
et nunc et semper,
et in sæcula sæculórum. Amen.

Al final, en el versículo: “Ha socorrido a Israel, su siervo etc.”, recoge las manos sobre el pecho y se arrodilla muy curvada hacia el suelo adorando a Dios.

El siervo, que prudentemente se había alejado cuando comprobó que Isabel no se sentía mal y que siguió hablando con María; regresa del huerto acompañado de un imponente anciano, que tiene la cabeza y la barba totalmente blancas y con grandes gestos y sonidos guturales, saluda desde lejos a María.

Isabel dice:

–           Viene Zacarías. –y toca por la espalda a María que se ha quedado absorta en su plegaria… Agrega- Mi Zacarías está mudo. Dios lo castigó por no haber creído. Luego te lo contaré. Ahora espero que Dios lo perdone porque viniste, tú, la Llena de Gracia.

María se yergue y va al encuentro de Zacarías. Se inclina ante él, profundamente hasta la tierra… besando la orla de su blanca vestidura.

Zacarías hace los gestos de bienvenida y todos juntos entran a la casa. Reciben a María con grandes demostraciones de afecto y le ofrecen leche recién ordeñada y panecillos.

Llevan el cofre de María a la habitación de los huéspedes y María responde a todas las preguntas que Zacarías escribe sobre una tableta encerada.

María es cuestionada sobre José y cómo se encuentra, siendo su prometida.

Es evidente que a Zacarías le es negada toda luz sobrenatural acerca de la gravidez de María y de su condición de Madre del Mesías.

Isabel se acerca a su marido y poniéndole con amor  una mano sobre el hombro; le dice:

–           María también es Madre. Alégrate por su felicidad.

No añade más. Mira a María y la Virgen también guarda silencio. No le invita a que diga nada más.

Isabel comprende y se calla.

Cuando al día siguiente están a solas, Isabel dice a María:

–           En el Templo, todos te echan de menos y están tristes. En la Fiesta pasada, cuando fui con Zacarías por última vez a Jerusalén, para dar gracias a Dios por haberme dado un hijo; oí de tus maestras etas palabras: “Al Templo parecen faltarle los querubines de la Gloria; desde que la voz de María ya no resuena entre estas paredes.”

María se ruboriza y sonríe…

María revela:

“PORQUE PARA DIOS, NADA ES IMPOSIBLE.”

Esto me dijo el Ángel al referirse al sexto mes de embarazo de mi prima, que había concebido un hijo en su avanzada edad.

Yo solamente comuniqué a José, la necesidad de ir a atender a Isabel en el tiempo que faltaba para el parto y después durante el puerperio.

“Partió apresuradamente…” dice el Evangelio.

Y lo hice porque quería ayudar materialmente a Isabel, mujer valerosa de fe firme y entrega confiada en la Voluntad de Dios; a la que con su don quitó la humillación de la esterilidad; pero a la que al quedar encinta en edad no apropiada, tenía un gran sufrimiento físico.

Dios provee aun en las cosas más pequeñas a quién en ÉL espera.

El don de Dios nos debe hacer siempre mejores y yo no podía ser egoísta. Hice a un lado mis propias labores y me fui a hacer las de Isabel. No me dio miedo no tener tiempo después para preparar la llegada de Jesús. Sabía que Dios es el Dueño del tiempo y que la caridad nunca retrasa; así como también sabía del grave daño que el egoísmo causa a nuestra alma.

Con grande amor y alegría, acudí presurosa a la casa de mi prima. Dios santificó mi intención y pre santificó al Bautista, pues al saludarnos, al mismo tiempo que se quitaron los sufrimientos físicos a Isabel, quedó llena del Espíritu Santo y los movimientos del bebé, fueron el primer discurso del Precursor, ya que hizo comprender a su santa madre, el Misterio que se encerraba en mí.

Dios le descubrió nuestro secreto. Y yo di al Señor la Alabanza que era justo darle, porque no podía negar la Gracia que me había sido concedida: ser la Madre de su Verbo.

Los meses fueron transcurriendo y conversábamos mientras tejíamos. ¡Cuánta paz había en aquella casa! Si no hubiera venido a mi mente el recuerdo de José y el pensamiento de que mi Niño era el Redentor del Mundo, hubiera sido feliz.

Pero la sombra de la Cruz y el eco fúnebre de las voces de los profetas, me perseguían a través de los siglos y eran un martirio que no se apartaba de mí.

Mi nombre: MARÍA.  (Estrella, pero también Amargura)

Y la amargura se mezclaba en mi corazón, con las dulzuras que Dios vertía en él. Y fue siempre en aumento hasta la muerte de mi Hijo.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA