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175 DIAGNÓSTICO ESPIRITUAL


175 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La ciudad está semidesierta en esta noche serena y clara por la luna llena que resplandece en toda su plenitud.

La Pascua ha sido celebrada y consumida en una de las casas de Lázaro.

En la puerta exterior Jesús, con esa señorial cortesía muy suya, se ha despedido de Juan de Endor, dejándolo como custodio de las mujeres y dándole las gracias por esto mismo.

Le dió un beso a Margziam, que también acudió a la puerta.

Y se encamina con los suyos en el barrio de Bezetha, siguen a lo largo de la muralla y dejan atrás la casa de José de Arimatea.

Avanzan ligeros hacia fuera por la Puerta de Herodes.

Tadeo pregunta:

–     ¿A dónde vamos, Señor?

Jesús responde:

–     Venid conmigo.

Os llevo a coronar la Pascua con una perla anhelada y singular.

Por este motivo he querido estar sólo con vosotros, ¡Mis apóstoles!

Gracias amigos, por el gran amor que me tenéis; si pudierais ver cómo me consuela, os asombraríais.

Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros.

Convenceos de que por Mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar…

Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por Mí.

Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros.

Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en Mí, en todo.

Ya están en el ángulo nordeste de la muralla; vuelven la esquina y van siguiendo la base del monte Moria…

Hasta llegar a un punto en que por un puentecito, pueden cruzar el Cedrón.

Santiago de Alfeo pregunta:

–    ¿Vamos a Getsemaní?

–    Más arriba.

A la cima del monte de los Olivos.

Juan exclama:

–    ¡Oh! ¡Será algo bello!

Pedro susurra:

–    También le habría gustado al niño.

Jesús dice:

–     ¡Tendrá oportunidad de verlo otras muchas veces!

Estaba cansado y además es un niño.

Quiero ofreceros una cosa grande, porque ya es justo que la tengáis.

Suben entre los olivos, dejando Getsemaní a su derecha.

Suben más arriba por el monte, hasta alcanzar la cima, donde los olivos se balancean crugiendo…

Avanzan por entre le olivar, hasta que Jesús se frena y dice:

–     Detengámonos aquí…

Todos se acomodan a su alrrededor, sentándose para escucharlo…

Jesús dice:

“Queridos, muy queridos discípulos míos, continuadores míos en el futuro, acercaos a Mí.

Hace poco tiempo, me habéis dicho:

“Enséñanos a orar como lo haces Tú; enséñanos, como Juan enseñó a los suyos.

Y siempre os respondí:

‘Os enseñaré cuando vea en vosotros un mínimo de preparación suficiente, para que la plegaria no se convierta en una fórmula vacía de palabras humanas.

Sino que sea una verdadera conversación con el Padre.

Ha llegado el tiempo. Hemos obedecido el Precepto Pascual, como verdaderos israelitas y el precepto divino de la caridad; para con Dios y para con el prójimo.

Uno de vosotros ha sufrido mucho en estos días, debido a una acción que no merecía.

Y ha sufrido por el esfuerzo que se ha hecho a sí mismo, para controlar la ira que esa acción había provocado.

Sí, Simón de Jonás, ven aquí.

Ni una palpitación de tu corazón honrado, me ha pasado desapercibida.

Y no ha habido sufrimiento que no haya compartido contigo.

Yo… y tus compañeros.

Pedro dice:

–    Pero Tú Señor, has sido ofendido más que yo.

Y esto era para mí una pena mayor… Que Judas haya desdeñado acompañarme en la fiesta, me molestó mucho como hombre.

Pero al ver que Tú estabas adolorido y ofendido, me molestó de otro modo. Y sufrí el doble…

Yo no quiero gloriarme, ni hacerme el héroe, usando tus palabras. Pero debo decir que he sufrido con mi alma…

Y esto causa mayor dolor.

–    No es soberbia, Simón.

Has sufrido espiritualmente, porque Simón de Jonás, pescador de Galilea; se está convirtiendo en Pedro de Jesús;

Maestro del espíritu; por lo cual también sus discípulos se hacen activos y sabios en el espíritu. Porque has avanzado en la vida del espíritu.

Y porque vosotros también habéis avanzado, quiero enseñaros esta noche la Oración.

¡Cuánto habéis cambiado desde aquel día en que nos detuvimos en un lugar desierto por algunos días!

Bartolomé pregunta un poco incrédulo:

–   ¿Todos, Señor?

–   Comprendo lo que quieres decir.

Yo os hablo a vosotros los once, que estáis aquí, no a otros.

Andrés dice con mucha tristeza:

–   Pero, ¿Qué le pasa a Judas de Simón, Maestro?

Ya no lo comprendemos. Parecía muy cambiado y ahora… desde que dejamos el lago…

Pedro interviene:

–    Cállate hermano.

La llave del misterio la tengo.

Se ha colgado un pedacito de zebú.

Fue a buscarlo a la caverna de Endor, para sorprender a los demás.

Lo tomó del nicho donde estaba el búho.

¡Y se lo tiene merecido!

El Maestro se lo dijo aquel día…

En Gamala, los diablos entraron en los cerdos.

En Endor, los que salieron del desgraciado Juan, entraron en él. Se entiende que…

Se entiende… ¡Déjame decirlo, Maestro!

Lo tengo aquí, en la punta de la lengua y si no lo digo, me muero…

Jesús le pide:

–   Simón. Sé bueno.

–   Sí, Maestro.

Y te aseguro que no le haré ningún desprecio.

La posesión espiritual perfecta se agrava tremendamente por la Lujuria y la maldad de Asmodeo…

Pero digo y pienso que siendo Judas tan vicioso… Y tan mujeriego…

Todo el Templo lo conoce, lo sabe y Todos lo sabemos.

Y está sin protección porque quiere. Se entiende que también los demonios, gustosos cambian de casa.

Es un semejante al cerdo…

Pedro calla.

El  silencio se extiende un largo momento.

Y agrega con un suspiro:

–    Bueno, lo he dicho.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–   ¿Entonces tú piensas que por eso es así?

–   ¿Y qué otra cosa quieres que sea?

No hay ninguna otra razón para que se haya vuelto tan intratable.

Está peor que en Agua Especiosa.

Allí se podía pensar que el humor y la estación  lo pusiesen nervioso.

Pero ahora…

Jesús agrega con calma:

–    Hay otra razón, Simón…

–    Dila, Maestro.

Estoy contento de desengañarme del compañero.

–   Judas está celoso.

Está inquieto por celos.

–   ¿Celoso de quién?

No tiene mujer. Y aunque la tuviese, creo que ninguno de nosotros sería capaz de ofender a un condiscípulo…

–    Está celoso de Mí.

Piensa… Judas ha cambiado desde Endor y luego…  Empeoró en Esdrelón.

Esto es; desde que vio que me ocupaba de Juan y de Marziam.

Pero ahora que Juan nos dejará y que se irá con Isaac, verás que volverá a ser alegre y bueno.

–   Está bien.

Pero no querrás decirme que no es presa de un diablillo…

Y sobre todo; no querrás que diga que se ha compuesto en estos meses en que se ha portado peor.

El año pasado yo también era celoso… ¿No recuerdas que no quería que hubiese nadie más que nosotros seis?

Ahora deja que invoque a Dios como testigo de mi pensamiento. Ahora digo que soy feliz; entre más aumentan los discípulos a tu alrededor.

¡Oh! ¡Cómo quisiera traerte a todos los hombres!

Pero, ¿Por qué he cambiado? Porque me he dejado cambiar por Ti. Él…  él no ha cambiado. Al contrario…

Convéncete, Maestro. Un diablillo se ha apoderado de él…

–    No lo digas, ni lo pienses.

Ruega para que se cure. Los celos son una enfermedad emocional…

Que destrozan el alma.

–    De la que se puede curar si uno quiere.

¡Ah! Lo soportaré por causa tuya… Pero, ¡Qué fatiga!…

Judas Tadeo, dice:

–    Me parece que ya recibió su castigo…

Al no estar con nosotros en esta noche; en que aprenderemos algo tan importante.

Jesús dice:

–     Ha llegado el momento.

Vosotros poseéis cuanto es suficiente para conocer las palabras dignas que se digan a Dios y os las quiero enseñar esta noche en medio de la paz y el amor que existe entre nosotros.

En la paz y el amor de Dios y con Dios…

Escuchad: cuando oréis, decid así:

“Padre Nuestro…”

P18 FALSA IGLESIA


Cristo Rey

13 abr 2013 La Iglesia Católica está ahora a punto de entrar a la peor persecución en su historia

17.04.2013 18:40

Traducción latinoamérica

Sábado 13 de abril 13 de 2013 a las 23:50 hrs.

Mi amadísima hija, deseo dar aliento a todos vosotros que creéis en Mí y en Mis Mensajes contenidos en este Libro: El Libro de la Verdad.

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

Cuando el hombre me sigue y se ofrece a sí mismo a Mí, debe emular todos Mis Rasgos. Esto significa que debe amar a todos en Mi Nombre y tratar a cada hombre como esperaría ser tratado él mismo. Sin embargo, cuando verdaderamente se abandonan a Mi cuidado, sufrirán por esto. Serán tratados con crueldad y se hará todo lo posible por verter desprecio sobre vosotros.

Digo esto a todos los hijos de Dios y a los cristianos, en particular, porque su carga es la más pesada. Convoco a todos aquellos en el mundo quienes creen en Mí, independientemente de que crean o no, que les estoy hablando a través de estos Mensajes.

Los cristianos siempre serán el blanco de aquellos que quieren cambiar las Leyes de Dios para acomodar su pecaminosa búsqueda de placer y deseos egoístas.

La Iglesia Católica está ahora a punto de entrar a la peor persecución en su historia y será trastornada por dentro y por fuera.

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El ataque ha sido planeado por décadas y cuidadosamente construido. Cómo lloran los santos en el Cielo por los eventos catastróficos que ahora se desarrollarán a una velocidad que impactará incluso a aquellos que no creen en estos Mensajes.

Resultará confusión, ya que muchos siervos sagrados serán impotentes puesto que todo lo que valoraban profundamente será cuestionado y entonces abolido. Serán desafiados y acosados en Mi Nombre desde dentro de sus propias filas.

A aquellos de vosotros que sois leales a Mi Iglesia en la Tierra, os insto a estar alerta y defender Mis Enseñanzas si deseais permanecer fieles a Mí. Nunca debéis aceptar nada más que la Verdad que se os ha enseñado.

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Pronto os sentiréis muy solos y mis pobres siervos sagrados se angustiarán porque su lealtad a Mí y a la Iglesia establecida por Pedro les será arrancada debajo de ellos.

A todos aquellos que sois fieles cristianos tradicionales, debéis permanecer firmes y no debéis aceptar ningún intento que os anime a abandonar vuestra fe.

Seréis hechos a un lado y obligados a estar de acuerdo en educar a vuestros hijos en una falsa doctrina, no de Dios.

Estos eventos comenzarán ahora y os advierto de estos con el fin de guiaros.

Cualquiera que me acuse a través de esta misión, de alentar a las almas a abandonar Mi Iglesia en la Tierra, no entiende Mis Instrucciones.

Simplemente os estoy pidiendo que permanezcáis fieles a Mis Enseñanzas cuando encontréis que sois obligados a aceptar una nueva versión de la Iglesia.

Esta nueva versión no será jamás aceptada a los ojos de Dios. 

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Vuestro Jesús

07 abr 2013 Este nuevo templo, les será dicho, es una iglesia, que une a todos porque Dios ama a todos Sus hijos

11.04.2013 15:25

Traducción latinoamérica

Domingo 7 de abril de 2013 a las 18:40 hrs.

Mi amadísima hija, cada una de las Iglesias de Dios en la Tierra que me honran a Mí, el Hijo del Hombre, y quienes prometen lealtad a Mi Padre, pronto estarán divididas.

Muchos, dentro de cada Iglesia, se rebelarán y grandes divisiones surgirán a medida que más equivocados, entre sus rangos, tratarán de introducir leyes que toleran el pecado.

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Las obligaciones morales sentidas por aquellos que aman y conocen la Santa Palabra de Dios serán reprochadas y se les acusará de ser crueles y despiadados.

Su delito será el de oponerse a las leyes pecaminosas, que surgirán a medida que las Iglesias se disuelven durante la persecución del anticristo.

Cuando ellos se dividan y se fraccionen, sus cimientos se sacudirán. Ellos ya no serán capaces de mantenerse firmes frente a la maldad y la injusticia.  

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El tiempo será entonces maduro para muchas almas desconcertadas, que llegarán a estar muy confundidas, al presenciar un templo alternativo de Dios.

Este nuevo templo, les será dicho, es una iglesia, que une a todos porque Dios ama a todos Sus hijos. Y si Dios ama a todos Sus hijos, entonces Él querría que ellos se unan como uno, que deben acogerse unos a otros, cualquiera que sea su credo, su religión, su color de piel, su raza, sus leyes.

Todos serán unidos, se les dirá, en el Rostro de Dios, y a todos ellos se les pedirá que envíen representantes al nuevo templo, que estará ubicado en Roma.

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A ellos se les dirá que esta es la Nueva Jerusalén, profetizada en la Biblia y protegida por el líder escogido de Dios : el falso profeta.

Tantos caerán en esta gran mentira, una parodia de la Santa Palabra de Dios – la cual fue dada a Juan el Evangelista. Cada Palabra dada a este profeta, para los últimos tiempos, se tomará, adaptará y torcerá para adaptarla a la agenda del anticristo.

Los que rehúsen aceptar esta nueva, supuestamente llamada iglesia inclusiva (que incluye a todos juntos), serán considerados como no cristianos.

Ellos serán intimidados y los harán verse como tontos.

Si no fuera por el Espíritu Santo que los guía, serían absorbidos por el falso y obsceno templo, que disfrazará la fea verdad que yace bajo su superficie.

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El anticristo está a punto de hacer su entrada triunfal en el escenario mundial y será él quién; no sólo reinará sobre estas iglesias,

sino quién engañará a la gente haciéndoles creer que posee dones divinos especiales.

Él será honrado por su gran servicio a causas humanitarias.

Él, el anticristo, recibirá premios internacionales por su trabajo de caridad. Y luego dirán que posee el carisma asociado a personas santas.

No pasará mucho tiempo después, cuando los milagros se atribuirán a él, hasta que finalmente, él dirá que él es un profeta en una misión de Dios.

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Muchos caerán en este terrible engaño, porque él será apoyado por las iglesias mundiales y se le dará el sello de aprobación por el falso profeta.

Por último, el mundo creerá que él soy Yo, Jesucristo.

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Mi Palabra caerá en oídos sordos ya que su presencia devora toda la humanidad cuyo aplauso silenciará las voces que proclaman la Verdadera Palabra de Dios.

Pero, a causa de Mi gran Misericordia, con la mano de Mi Padre, intervendré en cada paso del camino.

Mis mensajes nunca cesarán hasta el último día.

Mi Voz nunca morirá.

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Los hijos de Dios, que permanecen fieles a Su Santa Palabra, nunca morirán.

Vuestro Jesús

 

http://www.elgranaviso-mensajes.com/

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

48.- EL HIJO PRÓDIGO


Esa noche después de la cena, Jesús se lleva a los once apóstoles al Huerto de Getsemaní. Cuando salen de la casa y pasan cerca de la Puerta de Herodes.

Tadeo pregunta:

–          ¿A dónde vamos, Señor?

–          Venid conmigo. Los llevo a que coronemos la Pascua con una perla rara y deseada. Por esto he querido estar con vosotros solos. ¡Mis apóstoles! Gracias amigos por el amor que me profesáis. Si pudieseis ver cómo me consuela, os quedaríais estupefactos.

Cuando van caminando sobre un puentecito que atraviesa hacia el Cedrón, Santiago de Alfeo pregunta:

–          ¿Vamos a Getsemaní?

–          Más arriba. Al monte de los Olivos.

Juan exclama:

–          ¡Oh! ¡Será algo bello!

–          Quiero daros una cosa grande, porque ya es justo que la tengáis.

Suben por entre el olivar. Dejan a su derecha Getsemaní. Y suben hasta la cumbre, donde los olivos se balancean crujiendo.

En un determinado lugar, Jesús se detiene y dice:

–          Queridos discípulos míos y mis continuadores en el futuro. Acercaos a Mí. Un día me pedisteis: ‘Enséñanos a orar como Tú oras’ Y siempre os respondí: ‘Os enseñaré cuando vea en vosotros un mínimo de preparación suficiente, para que la plegaria no se convierta en una fórmula vacía de palabras humanas; sino que sea una verdadera conversación con el Padre. Ha llegado el tiempo. Hemos obedecido el Precepto Pascual, como verdaderos israelitas y el precepto divino de la caridad; para con Dios y para con el prójimo.

Uno de vosotros ha sufrido mucho en estos días, debido a una acción que no merecía. Y ha sufrido por el esfuerzo que se ha hecho a sí mismo, para controlar la ira que esa acción había provocado. Sí, Simón de Jonás, ven aquí. Ni una palpitación de tu corazón honrado, me ha pasado desapercibida. Y no ha habido sufrimiento que no haya compartido contigo. Yo… y tus compañeros.

Pedro dice:

–          Pero Tú Señor, has sido ofendido más que yo. Y esto era para mí una pena mayor… Que Judas haya desdeñado acompañarme en la fiesta, me molestó mucho como hombre. Pero al ver que Tú estabas adolorido y ofendido, me molestó de otro modo. Y sufrí el doble… Yo no quiero gloriarme, ni hacerme el héroe, usando tus palabras. Pero debo decir que he sufrido con mi alma… Y esto causa mayor dolor.

–          No es soberbia, Simón. Has sufrido espiritualmente, porque Simón de Jonás, pescador de Galilea; se está convirtiendo en Pedro de Jesús; Maestro del espíritu; por lo cual también sus discípulos se hacen activos y sabios en el espíritu. Porque has avanzado en la vida del espíritu. Y porque vosotros también habéis avanzado, quiero enseñaros esta noche la Oración. ¡Cuánto habéis cambiado desde aquel día en que nos detuvimos en un lugar desierto por algunos días!

Bartolomé pregunta un poco incrédulo:

–          ¿Todos, Señor?

–          Comprendo lo que quieres decir. Yo os hablo a vosotros los once, que estáis aquí, no a otros.

Andrés dice con mucha tristeza:

–          Pero, ¿Qué le pasa a Judas de Simón, Maestro? Ya no lo comprendemos. Parecía muy cambiado y ahora… desde que dejamos el lago…

Pedro interviene:

–          Cállate hermano. La llave del misterio la tengo. Se ha colgado un pedacito de zebú.

Fue a buscarlo a la caverna de Endor, para sorprender a los demás. Lo tomó del nicho donde estaba el búho. ¡Y se lo tiene merecido! El Maestro se lo dijo aquel día…  En Gamala, los diablos entraron en los cerdos. En Endor, los que salieron del desgraciado Juan, entraron en él. Se entiende que… Se entiende… ¡Déjame decirlo, Maestro! Lo tengo aquí, en la punta de la lengua y si no lo digo, me muero…

–          Simón. Sé bueno.

–          Sí, Maestro. Y te aseguro que no le haré ningún desprecio. Pero digo y pienso que siendo Judas tan vicioso… Y tan mujeriego… Todo el Templo lo conoce, lo sabe y Todos lo sabemos. Y está sin protección porque quiere. Se entiende que también los demonios, gustosos cambian de casa.  Es un semejante al cerdo… -Pedro calla. El  silencio se extiende un largo momento. Y agrega con un suspiro-  Bueno, lo he dicho.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–          ¿Entonces tú piensas que por eso es así?

–          ¿Y qué otra cosa quieres que sea? No hay ninguna otra razón para que se haya vuelto tan intratable. Está peor que en Aguas Hermosas. Allí se podía pensar que el humor y la estación  lo pusiesen nervioso. Pero ahora…

Jesús agrega con calma:

–          Hay otra razón, Simón…

–          Dila, Maestro. Estoy contento de desengañarme del compañero.

–          Judas está celoso. Está inquieto por celos.

–          ¿Celoso de quién? No tiene mujer. Y aunque la tuviese, creo que ninguno de nosotros sería capaz de ofender a un condiscípulo…

–          Está celoso de Mí. Piensa… Judas ha cambiado desde Endor y luego…  Empeoró en Esdrelón. Esto es; desde que vio que me ocupaba de Juan y de Marziam. Pero ahora que Juan nos dejará y que se irá con Isaac, verás que volverá a ser alegre y bueno.

–          Está bien. pero no querrás decirme que no es presa de un diablillo… Y sobre todo; no querrás que diga que se ha compuesto en estos meses en que se ha portado peor. El año pasado yo también era celoso… ¿No recuerdas que no quería que hubiese nadie más que nosotros seis? Ahora deja que invoque a Dios como testigo de mi pensamiento. Ahora digo que soy feliz; entre más aumentan los discípulos a tu alrededor. ¡Oh! ¡Cómo quisiera traerte a todos los hombres! Pero, ¿Por qué he cambiado? Porque me he dejado cambiar por Ti. Él…  él no ha cambiado. Al contrario…  Convéncete, Maestro. Un diablillo se ha apoderado de él…

–          No lo digas, ni lo pienses. Ruega para que se cure. Los celos son una enfermedad…

–          De la que se puede curar si uno quiere. ¡Ah! Lo soportaré por causa tuya… Pero, ¡Qué fatiga!…

Judas Tadeo, dice:

–          Me parece que ya recibió su castigo, al no estar con nosotros en esta noche; en que aprenderemos algo tan importante.

Jesús declara:

–          Ha llegado el momento. Vosotros poseéis cuanto es suficiente para conocer las palabras dignas que se digan a Dios y os las quiero enseñar esta noche en medio de la paz y el amor que existe entre nosotros. En la paz y el amor de Dios y con Dios… escuchad: cuando oréis, decid así:

“Padre Nuestro…”

A la semana siguiente, Jesús está en un campo de lino en flor, perteneciente a Lázaro. Está sentado en el borde de un surco, meditando. Casi no hay viento y se oyen unos gritos que lo llaman:

–           ¡Maestro! ¡Jesús!

Jesús se sacude y se levanta. Aunque el lino está ya crecido y es muy alto.  Jesús es más alto y parte de su figura emerge, en el mar verde y azul del lino.

Zelote grita:

–          ¡Allí está Juan!

Y Juan a su vez dice:

–          ¡Madre! El Maestro está aquí en el lino.

Y mientras Jesús se acerca al sendero que lleva a la casa, llega María.

Jesús le dice:

–          ¿Qué quieres, Mamá?

–          Hijo mío, han llegado algunos gentiles con mujeres. Dicen que Juana les dijo que estabas aquí. Dicen también que te han estado esperando estos días, cerca de la Torre Antonia.

–          ¡Ah! Muy bien. Voy al momento. ¿En dónde están?

–          En el jardín de la casa de Lázaro. A él lo quieren los romanos. Les dijo que entrasen con sus carros, para no escandalizar a nadie.

–          Está bien, Madre. Son soldados y damas romanas, lo sé.

–          ¿Y para qué te quieren?

–          Buscan la Luz; más que muchos de Israel.

–          Pero, ¿En qué forma y de qué modo creen en Ti? ¿Acaso como Dios?

–          A su manera de ellos, sí. Les es más fácil aceptar la idea de que un Dios se encarne en un hombre, más que nosotros.

–          ¿Entonces han llegado a creer en tu Fe?

–          Todavía no, Mamá. Primero les destruiré la suya. Por ahora soy a sus ojos un sabio; un filósofo, como ellos dicen. Pero bien se trate de este anhelo de conocer doctrinas filosóficas; bien de su inclinación a creer posible la encarnación de un Dios; las dos cosas me ayudan mucho para llevarlos a la verdadera Fe. Créelo. Son más sencillos en su modo de pensar que muchos en Israel.

–          Serán sinceros. Se dice que el Bautista…

–          No. Si hubiera estado en sus manos, Juan estaría libre y seguro. A quien es rebelde se le deja estar. Aún más, te digo que entre ellos el ser profeta… lo llaman filósofo; porque la elevación de la sabiduría sobrenatural, para ellos es siempre filosofía; es una garantía de que sea uno respetado. No te preocupes Mamá. De este lado no me vendrá ningún mal.

–          Pero los fariseos, si lo saben… ¿Qué dirán también de Lázaro? A él ya lo han injuriado mucho…

–          Pero es intocable. ¡Saben que Roma lo protege!

–          Te dejo Hijo mío. Ahí viene Maximino, (el mayordomo de Lázaro) para llevarte a donde están los gentiles.

Y María se separa rápida, en dirección a la casa de Zelote.

Jesús entra en el huerto y se encuentra con Lázaro, que le dice:

–          Maestro, me permití hospedarlos…

–          Hiciste bien. ¿Dónde están?

–          Entre aquella sombra de bojes y laureles.

Jesús se dirige al lugar señalado.

–          ¡Salve, Maestro! –lo saluda Publio Quintiliano vestido de civil.

Las damas se ponen de pie para saludar. Son Plautina, Valeria, Lidia y Flavia. Están vestidas de una manera sencilla.

Publio agrega:

–          Hemos querido oírte. No viniste nunca. Estaba de guardia cuando llegaste. Pero no te pude ver.

–          Yo tampoco vi a un soldado amigo mío, en la Puerta de los Peces. Se llama Alejandro.

–          ¿Alexandro?… No sé exactamente si haya sido él. Lo que sé es que hace tiempo tuvimos que retirar para calmar a los judíos; a un soldado culpable…  de… haber hablado contigo.  Ahora está en Antioquia. Pero tal vez regresará. ¡Oh! ¡Cómo son fastidiosos esos que quieren mandar todavía, ahora que son súbditos! Es menester contemporizar para no llevar las cosas más lejos. Nos hacen difícil la vida, créelo. Pero Tú eres bueno y sabio. ¿Nos diriges unas palabras? Quiero, antes de dejar Palestina, alguna cosa que me traiga siempre tu recuerdo.

–          Os hablaré, sí. Jamás desilusiono a alguien.  ¿Qué queréis saber?

Quintiliano mira con ojos interrogantes a las mujeres.

Plautina contesta:

–          Querría saber cómo se construye una fe. La tuya por ejemplo. Sobre un terreno que dijiste ser yermo de la fe verdadera. Dijiste que nuestras creencias son vanas. Entonces nos quedamos sin nada. ¿Cómo se puede llegar a tener fe?

A Jesús se le ilumina el rostro y con su encantadora sonrisa, empieza a hablar:

–          Tomaré el ejemplo de una cosa que tenéis: los templos. Esos edificios sagrados vuestros, verdaderamente bellos, que tienen un solo defecto y es que están dedicados a la NADA. Mirad…

Y Publio Quintiliano asiste a su primera lección que lo convertirá en el cristiano;   que formará una familia cristiana y que dará testimonio con su sangre; ante la ferocidad de Nerón…

Cuando Jesús termina:

–          … ¿Habéis entendido? ¿Tenéis alguna otra cosa que preguntarme?

Plautina contesta:

–          No, Maestro. Flavia escribió todo lo que dijiste, porque Claudia lo quiere saber. –y dirigiéndose a Flavia, pregunta- ¿Escribiste todo? ¿No te faltó nada?

–          Al pie de la letra. –dice la mujer, entregando las tablillas enceradas.

–          Las tendremos para poder leerlas. –dice Valeria, la prima de Séneca.

Jesús advierte:

–          Es cera. Se borra. Escribidlas en el corazón y nunca se borrarán.

Plautina dice con un suspiro:

–          Maestro, están llenos de templos vanos. Arrojamos tu palabra contra ellos para destruirlos. Pero es un trabajo largo. –acuérdate de nosotros en tu Cielo…

–          Id seguros de que lo haré. Os dejo. Tened en cuenta que vuestra venida, me ha hecho muy feliz. Adiós, Publio Quintiliano. Acuérdate de Jesús de Nazareth.

Las mujeres saludan y son las primeras en retirarse. Quintiliano las sigue, muy pensativo.

Jesús lo mira que sale acompañado de Maximino, hasta donde están sus carros y sonríe. Lázaro lo ve y pregunta:

–          ¿Qué piensas, Maestro?

–          Estoy viendo a los futuros vencedores de mi Iglesia Niña… ¡Me siento muy feliz!

Lázaro ve alejarse a los romanos y piensa en las palabras de Jesús…

Luego dice:

–          Mira maestro. Las joyas que me diste para que las vendiese, se han convertido en dinero para los pobres. Eran muy valiosas y muy hermosas…

–          Te ruego que guardes secreto completo, en lo que se refiere a esas joyas.

–          Pierde cuidado, Maestro.

Lázaro le entrega una gruesa y gran bolsa, con monedas de oro y se retira.

Jesús se asoma a la entrada de la puerta del patio y dice:

–          Juan de Endor, ven aquí conmigo. Debo hablarte.

El hombre deja al niño, a quién le estaba enseñando algo y acude pronto.

–          ¿Qué se te ofrece, Maestro?

–          Ven conmigo arriba. A la terraza.

Suben y se sientan en donde no da el sol, porque hace mucho calor.

Jesús pasea su mirada sobre los campos cultivados en los que el trigo, día con día, se convierte en espigas doradas y los árboles se hinchan con sus frutos.

Jesús dice:

–          Escúchame Juan. Creo que hoy viene Isaac y me traerá a los campesinos de Yocana antes de que partan. He dicho a Lázaro que preste a Isaac un carro, para que regresen más pronto y no vayan a retardarse; lo que podría ocasionarles un castigo. Tengo algo que pedirte… Tengo aquí una cantidad de dinero que me dio una persona para  los pobres del Señor.

Casi siempre es un apóstol mío el encargado de guardar el dinero y de distribuir las limosnas. Casi siempre es Judas de Keriot, muy rara vez otro. Ahora Judas no está. No quiero que los demás sepan lo que quiero hacer. Esta vez, tampoco Judas lo hubiera sabido. Lo harás en Nombre mío…

–          ¿Yo, Señor? ¿Yo? ¡Oh! ¡No soy digno!

–          Debes acostumbrarte a trabajar en mi Nombre. ¿No viniste para esto?

–          Sí. Pero pensaba que trabajaría en reconstruir mi pobre alma.

–          Y Yo te doy los medios. ¿Contra qué pecaste? Contra la misericordia y el amor. Con el odio has destruido tu alma. Con amor y misericordia la reconstruirás. Te doy material. Te emplearé sobre todo, en las obras de misericordia y de amor. Tú también eres capaz de curar. Eres capaz de hablar. Por este motivo estás preparado para cuidar de la desgracia física y moral. Y tienes capacidad para hacerlo. Empezarás con esta obra. Ten la bolsa. La entregarás a Miqueas y a sus amigos. Distribúyela en partes iguales. Y lo harás cómo te voy a decir: la divides en diez partes. Darás cuatro a Miqueas. Una para él; otra, para Saulo; otra, para Joel y otra más para Isaías. Las otras seis las entregarás a Miqueas, para que las entregue al abuelo de Yabé. Para sí y para sus compañeros. Así podrán tener alguna ayuda.

–          Está bien. ¿Pero qué razón les doy?

–          Les dirás: ‘Esto es para que os acordéis de rogar por un alma que se redime’

–          Pero pensarán que se trata de mí, ¡Y no es justo!

–          ¿Por qué? ¿No te quieres redimir?

–          No es justo que piensen que yo soy el benefactor.

–          No te preocupes y haz cómo te dije.

–          Obedezco. Pero al menos permite que ponga algo de lo mío. Por otra parte por ahora no tengo necesidad de nada. Ya no compraré libros y no tengo gallinas que alimentar. Me contento con muy poco… ten Maestro. Me guardo tan solo para comprar unas sandalias. –Y saca de una bolsa que tenía colgada en la cintura, muchas monedas y las junta con las de Jesús.

–          Dios te bendiga por tu misericordia… Juan, dentro de poco nos separaremos. Porque te irás con Isaac.

–          Lo siento, Maestro. Pero obedezco.

–          También a Mí me duele alejarte. Pero tengo necesidad de discípulos peregrinos. No me doy abasto. Pronto lanzaré a los apóstoles también. Lo harás muy bien. Te reservaré para misiones difíciles… entretanto te formarás con Isaac. Es muy bueno y el espíritu de Dios lo instruyó durante su larga enfermedad. Es el hombre que siempre ha perdonado todo. Nos encontraremos frecuentemente. Ven. Vayamos a aquel manzanar. Los reuniremos a todos y te diré cómo te ama Dios…

Descienden. Se sientan a la sombra de los manzanos y todos escuchan la parábola del Hijo Pródigo…

Cuando termina, los apóstoles junto con María y las mujeres, se dirigen a la casa; precedidos por Marziam que va  saltando entre ellos. De pronto el niño se regresa y toma a María de la mano, diciéndole:

–          Ven conmigo. Te debo decir una cosa, nada más a Ti.

Y María le da gusto.  Dan la vuelta hacia el pozo, que se encuentra en un ángulo del patio, cubierto con un emparrado, que se extiende hasta la terraza en forma de arco. Detrás está Judas de Keriot.

María lo ve y le pregunta:

–          Judas… ¿Qué quieres? Vete Marziam. –el niño se va y María agrega-  Habla.

¿Qué  quieres?

–          Me siento culpable. No me atrevo a ir con el Maestro. Ni a ver a mis compañeros. Ayúdame.

–          Te ayudaré. ¿Pero tienes alguna idea de lo que me afliges? Mi Hijo ha llorado por tu causa. Tus compañeros han sufrido. Pero ve. Nadie te dirá nada. Y si puedes, no vuelvas a cometer las mismas faltas. Es indigno en un hombre y es sacrilegio ante el Verbo de Dios.

–          Y tú, Madre. ¿Me perdonas?

–          ¿Yo? Yo no valgo para ti, que te crees muy grande. Soy la más pequeña de las siervas del Señor. ¿Cómo te puedes preocupar por mí, si no tienes compasión de mi Hijo?

–          Porque también yo tengo una madre. Y si obtengo tu perdón, me parece que obtengo el suyo.

–          Ella no conoce esta falta tuya.

–          Pero ella me hizo jurar que iba a ser bueno con el Maestro. Soy perjuro. Siento en mi alma el reproche de mi madre.

–          ¿Lo sientes? Y el lamento y el reproche del Padre y del Verbo, ¿No los sientes? Eres un desgraciado Judas. Siembras en ti y en quién te ama, el dolor.

María tiene un rostro serio y triste. No habla con brusquedad, sino con mucha gravedad. Judas se pone a llorar.

María le dice:

–          No llores. Procura corregirte. Ven. –lo toma de la mano y lo lleva a la cocina.

La sorpresa y la admiración se pintan en todos los rostros.

María se adelanta piadosa a cualquier palabra que no lo sea y dice:

–          Judas ha regresado. Sed como el primogénito, después de hablar con su padre. (En alusión a la parábola que acaban de escuchar) Juan, ve a avisar a Jesús.

Juan de Zebedeo sale a la carrera. Hay un gran silencio en  la cocina.

Luego Judas  se acerca a Pedro y dice:

–          Perdóname, Simón. Tú primero. Tienes un corazón paternal. Yo también soy huérfano.

–          Sí. Te perdono. Por favor no hablemos más de eso. Seamos hermanos. Y no me gustan esos altibajos de perdones y de recaídas. Envilece a quién los comete y a quién los da. Ahí está Jesús. –señala la casa de Lázaro-  Ve a Él… Y basta.

Judas se va.

Mientras tanto, Pedro se desahoga partiendo leña…

Jesús está despidiendo a los pastores y a los campesinos que regresan a Hebrón.

Juan llega y le dice:

–          Maestro, ya llegó Judas.

–          Sí. Gracias Juan.

Después que los otros se han ido, Jesús regresa a la casa de Simón. Lázaro y Juan van con Él. Entran. Judas está en un rincón semioscuro, apenado. No se atreve a acercarse a Jesús.

Lázaro se congratula con Jesús y dice:

–          ¡Oh! Me desagrada que te vayas. Pero estoy más contento que si te hubiese visto partir anteayer.

–          ¿Por qué Lázaro?

–          Porque tenías un aire triste y cansado. No hablabas. Sonreías poco. Ayer y hoy has vuelto a ser mi Santo y dulce Maestro y esto me causa alegría.

–          Lo estaba, aunque no decía nada.

–          Lo estabas. Pero Tú eres serenidad y palabra. Esto queremos de Ti. Bebemos en estas fuentes nuestra fortaleza. Estas fuentes parecían secas. Teníamos una gran sed. Tu ves que hasta los gentiles se han admirado y vinieron a buscarlas. Lamento que a Alejandro lo mandasen a Antioquia.

–          Sí. Era mi amigo y lo retiraron para calmar a los judíos. Porque los poderosos lo acusaron ante Pilatos, de haber… hablado conmigo.

–          Y de perturbar la paz del Templo. Lo sé. Pero aún así vinieron y te han hablado en mi casa. Aquí puedes citarlos cuando quieras. Nadie te perturbará.

Iscariote, quién se ha acercado a Juan, se atreve a hablar:

–          También a mí me preguntaron, pues estaba muy cerca de la Torre Antonia, esperando verte…

Jesús responde cortante:

–          Sabías donde estaba Yo.

–          Lo sabía. Pero esperaba que no hubieras desilusionado a quien te aguardaba. También los romanos se sintieron desilusionados. No sé por qué obraste así.

–          ¿Y eres tú quien lo pregunta? ¿No estás al corriente de los rumores del Sanedrín, de los fariseos, de los demás, acerca de Mí?

–          ¿Cuáles? ¿Habrías tenido miedo?

–          No. Asco. El año pasado, cuando estaba Yo solo. Yo solo contra todo un mundo que no sabía que Yo era Profeta. Demostré que no tenía miedo. Y tú eres una de las adquisiciones de mi autoridad.

Hice oír mi Voz, contra todo un mundo de gritos. Hice oír la Voz de Dios a un pueblo que la había olvidado. Purifiqué la Casa de Dios de las suciedades materiales que había, sin esperar limpiarla completamente de las suciedades morales que anidan en ella; por el celo de la Casa del Señor Eterno, convertida en una plaza en la que se oían las voces de barateros, usureros, ladrones.

Está pálido como un muerto y se atreve a hablar otra vez;   con una voz tan llena de falsedad, que se oye plañidera y ridícula:

–          Créeme Maestro, que estoy confuso y adolorido. No sé qué decir. Yo no sé       nada. De veras. Y no ví a nadie del Templo. He roto el contacto con todos… pero si Tú lo dices, verdad será…

Jesús lo mira fijamente y le pregunta:

–          Judas… ¿Ni siquiera viste a Sadoc, el escriba?

Judas inclina la cabeza rezongando:

–          Es un amigo. Y como a tal, lo traté… no como a uno del Templo.

Jesús no responde.

Lázaro y los apóstoles están muy tristes. Jesús, con un esfuerzo heroico que solo Dios ve, vuelve a sonreír y se dirige a ellos, mientras abraza a su Madre y acaricia al niño:

–          Y ahora me despido de vosotros que os quedáis, porque mañana al amanecer partiremos. Adiós Lázaro. Gracias por todo. da mi bendición a los demás. Regresaré pronto, Madre. Ve a descansar. La paz sea con todos vosotros.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA