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255 PEDRO EVANGELISTA


255 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Un poco cohibidos al principio, los campesinos paulatinamente se sienten a sus anchas.

Y sobre un gran pan que les sirve de plato, les sirven las porciones de cordero.

Ellos comen gustosos y tranquilos en medio de su sencillez;

calmando toda el hambre que acumularon, mientras cuentan los últimos sucesos.

El fuego ilumina esta reunión.

Terminan de comer y de los dos corderos, solo quedan los huesos descarnados.

Y un fuerte olor a grasa que sigue quemándose sobre la leña, que poco a poco se va apagando.

Y en su lugar, entran los rayos luminosos de la luna.

Es entonces que también vienen y se unen a los otros, los campesinos de Yocaná.

Es la hora de hablar.

Judas con posesión diabólica perfecta, por su soberbia hipócrita y su superioridad llena de egoísmo…

Los ojos azules de Jesús buscan a Judas de Keriot… 

Que recargado en un árbol; se hace el desentendido, ante el mudo llamado del Maestro.

Entonces Jesús lo llama con voz fuerte:

–       ¡Judas!».

Como alumno remolón, Judas se levanta y se acerca.

Jesús dice: 

–       No te apartes.

Te ruego que evangelices por Mí.

Estoy muy cansado.

¡Si no hubiera llegado esta tarde, por supuesto que tendríais que haber hablado vosotros!

–      Maestro…

no sé qué decir…

Al menos, hazme preguntas.

–      No te las tengo que hacer Yo.

Y volviéndose hacia el grupo,

pregunta a los campesinos.

–      Vosotros: ¿Qué deseáis oír?,

¿Qué deseáis que se os explique?

Los hombres se miran unos a otros… dudan…

Por fin un campesino pregunta: 

Hemos conocido el Poder y la Bondad del Señor, pero sabemos poco de su Doctrina.

Ahora que estamos con Yocana, tal vez podamos aprender algo más.

Tenemos muchísimos deseos de conocer cuáles son las cosas indispensables,

que deben hacerse para obtener el Reino que promete el Mesías.

¿Podremos obtenerlo con la nada que podemos hacer?

Judas responde:

–       La verdad es que estáis en condiciones muy penosas.

Todo, en vosotros y a vuestro alrededor, conjura para alejaros del Reino.

La falta de libertad para venir adonde el Maestro cuando quisierais;

La condición de siervos de un patrón que si no es una hiena como Doras; 

pero que por lo que se ve, es un perro guardián que a sus siervos tiene prisioneros.

Los sufrimientos y el estado de degradación en que os encontráis… 

todo esto, son circunstancias desfavorables para que elijáis el Reino.

En vosotros no pueden existir más que odio, resentimientos,

críticas o venganzas contra quienes os tratan tan cruelmente.

La cosa mínima y necesaria es amar a Dios y al prójimo.

Sin esto no hay salvación.

Deberéis vigilar para contener vuestro corazón dentro de una sumisión pasiva

a la Voluntad de Dios, que se manifiesta en vuestro destino;

y, aguantando pacientemente al amo, sin permitir a vuestro pensamiento siquiera la libertad

de un juicio, que está claro que no podría ser benévolo respecto al amo,

ni de gratitud por vuestra… por vuestro…

porque veo en vosotros buena voluntad unida a mansedumbre de ánimo,

lo que se manifiesta en vuestra suerte.

Y soportando pacientemente al patrón; sin permitir siquiera a vuestro pensamiento

la libertad de un juicio que no pueda ser benévolo para con él,

ni de agradecimiento para con vuestro… para con vuestra…

En una palabra: no debéis reflexionar en vuestro estado,

para que no tengáis rebeliones en vuestro corazón.

Rebeliones que matarían el Amor.

Quien no tiene amor, no tiene salvación, porque no obedece al primer precepto.

Yo estoy seguro de que os podréis salvar,

porque veo en vosotros la buena voluntad, junto con una mansedumbre de corazón;

lo cual es un buen augurio para que mantengáis lejos de vosotros el Odio… 

Y el espíritu de venganza.

Por lo demás, la Misericordia de Dios es tan grande,

que os perdonará todo lo que ahora falta a vuestra perfección.

Judas ha terminado.

Sigue un silencio profundo.

Jesús tiene la cabeza muy inclinada y no se puede ver la expresión de su rostro.

Pero las de los demás son claras y elocuentes.

Para nada dichosas. 

Las caras de los campesinos reflejan mucho más su estado de envilecimiento…

Y  expresan más abatimiento que al principio. 

Las de los apóstoles y las de las mujeres, una sorpresa aterrada

Y un estupor que casi es miedo.

El anciano responde humildemente: 

–       Trataremos de no dejar que surja en nosotros ningún pensamiento,

que no sea de paciencia y perdón.

Otro de los campesinos suspira:

–      La verdad es que será difícil llegar a la perfección del amor;

para nosotros… 

¡Que ya es mucho si no hemos acabado siendo asesinos de nuestros verdugos!

El corazón sufre, sufre, sufre…

Y aunque no odie, encuentra mucha dificultad en amar,

como esos niños macilentos que tienen dificultad en crecer…

Pedro dice para consolarlos: 

–       No, no, hombre.

Yo, por el contrario, creo que precisamente por haber sufrido tanto,

sin haceros unos asesinos o personas vengativas;

vuestro corazón es más fuerte que el nuestro en el amor.

Amáis sin percibirlo siquiera. 

Y aquí se da cuenta de que ha hablado…

Y se interrumpe para decir:

–       ¡Oh! ¡Maestro!…

Pero… me has dicho que debía hablar…

Que encontrase el tema incluso en el cordero que iba a asar.

He estado mirando, para buscar palabras buenas que decir a estos hermanos nuestros,

para su caso particular.

Pero, la verdad es que -sin duda alguna, porque soy un necio- no he encontrado nada apropiado.

Y sin saber cómo, me he visto muy lejos, en pensamientos que no sé si llamar extravagantes –

en ese caso serían míos o santos.

Entonces provendrían del Cielo.

Yo los manifiesto, tal y como me han venido…

Tú, Maestro, me los explicarás o me reprenderás por ellos,

Y todos vosotros sabréis ser comprensivos.

Así pues, estaba mirando lo primero:

la llama y me ha venido este pensamiento:

“¿De qué está hecha la llama?

Viene de la leña.

Pero la leña por sí sola no arde;

es más, si no está bien seca, no arde de ninguna manera,

porque el agua la carga e impide que la yesca la encienda.

La leña, cuando está muerta, acaba incluso pudriéndose;

desmenuzándose, por la carcoma; pero, por sí sola, no se enciende.

Ahora bien, si una persona la prepara adecuadamente y le acerca la yesca y el eslabón.

Y hace saltar la chispa.

Y favorece que la chispa prenda soplando en las ramas delgadas, para aumentar la llamita inicial. 

Porque se empieza siempre por las cosas más menudas,

entonces la llama brota, prende fuerte, se hace útil, arremete contra todo,

hasta los troncos más gruesos”.

Y me decía a mí mismo:

“Nosotros somos la leña.

Por nosotros mismos no nos encendemos.

Pero, eso sí, es necesario en nosotros el cuidado de no estar demasiado cargados,

de la pesada agua de la carne y la sangre,

para permitir que la yesca se encienda con su chispa.

Y debemos desear arder; porque, si nos quedamos inertes.

Podemos ser destruidos por la intemperie y la carcoma;

es decir, por la humanidad y el demonio.

Sin embargo, si nos abandonamos al fuego del amor,

éste empezará a quemar las ramitas más finas y las destruirá.

Las ramitas, para mí, eran las imperfecciones;

luego aumentará y arremeterá contra la leña más gorda,

o sea, las pasiones más fuertes.

Nosotros, que somos leña, cosa material, dura, opaca, incluso fea;

vendremos a ser esa cosa hermosa, incorpórea, ágil, espléndida, que es la llama.

Todo esto por habernos prestado al amor, que es el eslabón y la yesca,

que de nuestro mísero ser de hombres pecadores, hacen ángeles del tiempo futuro,

ciudadanos del Reino de los Cielos”.

Éste ha sido un pensamiento.

Jesús ha levantado un poco la cabeza y está escuchando con los ojos cerrados…

Y un asomo de sonrisa en sus labios.

Los demás miran a Pedro, todavía con estupor, pero el miedo ha desaparecido..  

Y la admiración ilumina las miradas…

Él sigue hablando tranquilo:

–      Mirando a los animales que se estaban asando,

me ha venido otro pensamiento.

No digáis que soy pueril en mis pensamientos.

El Maestro me había dicho que los buscara en lo que veía…

He obedecido.

Bien, pues estaba mirando a los corderos, y decía:

“Son dos seres inocentes y mansos.

Nuestra Escritura está llena de dulces alusiones al cordero;

tanto para recordar al Mesías prometido y Salvador…

Ya desde la alusión a Él en el cordero mosaico,

como para decir que Dios tendrá compasión de nosotros.

Lo dicen los profetas.

Viene a congregar a sus ovejas, a socorrer a las heridas,

a cargar sobre Sí a las que tienen algún miembro fracturado.

¡Cuánta bondad!” decía.

“¿Cómo tener miedo de un Dios que promete

tener tanta compasión con nosotros, miserables?

Pero” decía también

“tenemos que ser mansos, al menos mansos, dado que no somos inocentes; mansos.

Y estar deseosos de que el amor nos consuma.

Porque, hasta el más bonito y puro de los corderitos, una vez matado,

¿En qué acaba, si el fuego no lo asa?

Pues en carroña podrida.

Mientras que, si lo envuelve el fuego, viene a ser alimento sano y bendito”.

Y concluía:

“En definitiva, todo el bien lo hace el amor,

que nos aligera de los lastres de nuestra humanidad,;

nos hace resplandecientes y útiles;

nos hace buenos ante los hermanos y gratos a Dios;

sublima nuestras buenas cualidades,

hasta un nivel que recibe su nombre de virtudes sobrenaturales.

Y quien es virtuoso es santo, quien es santo posee el Cielo.

Por tanto, lo que nos abre los caminos de la perfección,

no es la ciencia ni el miedo, sino el amor;

el cual, mucho más que el temor al castigo, nos mantiene alejados del mal,

por el deseo de no entristecer al Señor.

Nos hace sentir compasión de nuestros hermanos y amarlos, porque vienen de Dios.

Por tanto, el amor es la salvación y santificación del hombre”.

En estas cosas pensaba mientras miraba a mi asado,

obedeciendo a mi Jesús.

Perdonad si son sólo éstas, pero a mí me han hecho bien;

os las entrego con la esperanza de que también a vosotros os hagan bien.

Todos miran a Pedro admirados, por el apóstol humilde y obediente. 

Solamente Judas, se ha volteado ligeramente y mira hacia lo alto de la montaña…

Sin que él mismo sepa porqué,

siente su corazón lleno de ira.

Y una mirada de odio satánico enciende sus ojos.

Es como una sombra fugaz que descompone la belleza de su rostro,

llenándolo de una maldad, que lo vuelve demoníaco.

Pero es solo por unos momentos.Cuando vuelve su cara hacia el grupo, todo esto ha desaparecido.

Y solo queda su sonrisa llena de soberbia y la autocomplacencia de sentirse superior.

Cuando Pedro termina, los campesinos están consolados y contentos.

Y dicen que así será muy fácil seguir la Doctrina del Amor.

Judas está amoscado.

Los demás están sorprendidos y miran a Pedro con un nuevo respeto.

Jesús abre los ojos.

Ahora están radiantes.

Alarga un brazo y pone la mano en el hombro de Pedro:

Y le dice: 

–      Verdaderamente has encontrado las palabras que debías. La obediencia y el amor han hecho que las encontraras;

la humildad y el deseo de consolar a tus hermanos harán de ellas,

estrellas en su cielo oscuro.

¡Dios te bendiga, Simón de Jonás!  

Pedro responde

–      ¡Que Dios te bendiga a Ti, Maestro mío!

¿No vas a hablar?

–      Mañana los campesinos entrarán en su nueva condición de dependencia.

Bendeciré su entrada con mi Palabra.

Podéis marcharos en paz.

Que Dios esté con vosotros.

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233 EL SECRETO DE LA FORTALEZA


233 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

247 LA MEDITACION Y la Oración Mental 

Las estrellas todavía iluminaban el firmamento y aún no había movimiento de pobladores;

cuando la comitiva apostólica dejó atrás la tierra de Nazareth.

Conforme avanza la mañana y el sol ilumina el panorama, el grupo se va adelantando cada vez más…

Entran en una cañada entre dos colinas verdes y muy bien cultivada;;

que el rocío las conserva brillantes y frescas, al contacto con el sol.

Luego siguen por unos valles que acometen el monte por caminos difíciles, pedregosos, estrechos.   

Y suben y bajan, perdiendo horizontes, recuperándolos de nuevo, hasta que llegan a un valle profundo;

por una  bajada inclinadísima, por la que como dice Pedro, sólo las cabras se sienten contentas.

A continuación se internan en el bosque para atravesarlo.

Y bajar al valle donde está el camino que los llevará a Judea.

Santiago de Zebedeo pregunta a Jesús:

–       ¿Dónde vamos a detenernos, Señor mío?  

Jesús responde:

–     En Belén de Galilea.

Pero durante las horas más calurosas haremos una pausa en el monte que domina Meraba.

Así tu hermano se sentirá otra vez dichoso al ver el mar.

Y Jesús sonríe al recordar, cómo su discípulo amado se elevó en contemplación;

transformándose en apóstol de la Luz…

luego concluye:

–     Nosotros los hombres podríamos haber avanzado más…

Pero detrás vienen las discípulas.

Aunque jamás se lamentan, no debemos cansarlas en exceso.

Bartolomé admite:

–     Jamás se lamentan, es verdad.

Nosotros somos más propensos a hacerlo.

Pedro comenta:

–    Y sin embargo…

Están menos acostumbradas que nosotros a esta vida.

Tomás interviene:

–    Tal vez por eso lo hacen con más gusto.

Jesús dice:

–     No, Tomás.

Lo hacen de buen grado y por amor.

Mi Madre y todas, son mujeres de hogar.

Ni mi Madre ni las otras mujeres como María de Alfeo, Salomé y Susana, dejan así con gusto la casa;

para ir por los caminos del mundo y con la gente

Ni tampoco Martha y Juana -cuando venga-, porque no están acostumbradas a estas fatigas…

No lo harían gustosas, si el amor no las impulsase.

Respecto a María Magdalena;

Solo un poderoso amor le puede dar fuerzas para soportar este tormento.

Judas replica:

–    ¿Por qué se lo impusiste, si sabes que es tortura?

No es buena cosa, ni para ella ni para nosotros.  

–    Es necesario….

Ninguna otra cosa podría persuadir al mundo de su indudable conversión;

que es una demostración clara.

María quiere convencer al mundo de que ha cambiado.

Su separación del pasado ha sido perfecta.

Es completa.

–     ¡Eso habrá que verlo!

Todavía es pronto para afirmarlo.

Una vez que uno se ha acostumbrado a un tipo de vida…

Difícilmente se separa del todo.

Nos hacen volver a él amistades y nostalgias –

Mateo le pregunta;

–      Entonces,

¿Tú sientes nostalgia de tu vida de antes?

–   ¿Yo?…

¡No! ¡Claro que no!

Soy un hombre que ama al Maestro…

Y tengo en mí, medios que me sirven para perseverar en mi propósito.

Pero, ella es una mujer.

¡Y qué mujer!

Luego, aunque estuviese muy firme;

no es nada agradable tenerla con nosotros.

Si nos encontramos con rabíes o sacerdotes y grandes fariseos;

pensad que no será placentero el momento.

De antemano me siento enrojecer de vergüenza.

Jesús dice:

–    No te contradigas Judas.

Si realmente has roto los puentes con e1 pasado, como pretendes decir,

¿Por qué te duele tanto, el que una pobre alma nos siga para completar su transformación en el Bien?

–    Por amor, Maestro.

Yo también lo hago todo por amor. por Ti.

–     Entonces perfecciónate en este amor tuyo.

Un amor, para serlo verdaderamente, jamás debe ser exclusivista.

Cuando uno sabe amar sólo un objeto y no sabe amar ningún otro, amado por el objeto de su amor;

demuestra que no está en el verdadero amor.

El amor perfecto ama, con las debidas gradaciones, a todo el género humano, a los animales y plantas;

estrellas y agua,

¡A toda la Creación!

Porque todo lo ve en Dios.

Ama a Dios como conviene y ama todo en Dios.

Mira que el exclusivismo en amor, es muchas veces egoísmo.

Sabe por tanto, llegar a amar también a los demás por amor.

Un amor para ser tal, jamás debe ser posesivo, ni exclusivista;

porque eso no es amor, es Odio.

Debes amar a todos los niveles y con todas las fuerzas.

–    Sí, Maestro.

Entretanto, el objeto del contraste de opiniones va con las otras mujeres, al lado de María;

sin pensar que es la causa de todo ese debate.

Llegan a Yafia.

La atraviesan.

La dejan atrás

Ninguno de sus habitantes ha dado muestras de desear seguir al Maestro, ni tratan de detenerlo.  .

Prosiguen…

Los apóstoles inquietos, por la indiferencia del lugar…

Y Jesús tratando de calmarlos.  

El valle se extiende y ellos continúan en dirección oeste.

Al fondo se ve el pueblo de Meraba, dispuesto al pie de otro monte.

Y también aquí, se muestran indiferentes.

Los únicos que se acercan a los apóstoles, mientras sacan agua de una fuente que está pegada a una casa… 

Son unos niños.

Jesús los acaricia y les pregunta cómo se llaman.

Los niños por su parte, también le preguntan su nombre…

Quién es, a dónde va y qué hace.

Se acerca también un mendigo semiciego, viejo, encorvado…

Y alarga la mano para pedir una limosna…

Que efectivamente, la recibe. 

Luego siguen el recorrido de su travesía…

Están al sur del promontorio del Carmelo donde no se ve el mar;

porque la cadena que es más alta que el monte donde están, oculta su visión.

Se reanuda la marcha con la subida de otro monte, el que cierra el valle;

en el que vierte las aguas de sus riachuelos…

Ahora reducidos a un hilo de agua o sólo a piedras resecas por el sol.

Pero el camino es bueno.

Se abre primero entre bosques de olivos, luego bosques de otros árboles; 

que entrelazan sus ramas formando una galería verde por encima.

Llegan a la cima, coronada por un susurrante bosque de fresnos,

buscando un lugar para descansar y alimentarse.

Encuentran un manantial, donde pueden refrescarse…

Y pasar algunas horas en la sombra susurrante del aireado bosque.  El grupo se divide:

Y todos se han entregado a alguna actividad…

Alguien decide dormir y eligen la manera más cómoda para lograrlo.  

Alguien conversar en voz baja, para no perturbar a los demás. 

Alguien decide contemplar un panorama y buscan el lugar apropiado…

Los de más edad se duermen cansados.

Las mujeres se han retirado detrás de una cortina flotante de madreselvas en flor…

Y se refrescan en otro minúsculo manantial, derivado del más grande.

Juan se aleja de sus compañeros y va junto con Simón, al punto más alto posible, para ver mejor el panorama.

Jesús se aparta, adentrándose en una zona frondosa, para orar y meditar. ;

Mientras tanto la virgen María, con Marta y Susana están hablando de su casa, ya lejana.

Y María dice que querría tener esa hermosa mata toda en flor, como revestimiento de su gruta. 

La Magdalena, que se había soltado el pelo porque no podía resistir su peso, se lo recoge de nuevo,

y dice:

–      Voy con Juan…

Ahora que está con Simón, a mirar con ellos el mar.

La Virgen agrega:

–   También yo voy.  

Las dos se levantan.

Martha y Susana se quedan con las otras Marías: 

Salomé y la madre de los primos de Jesús, que están durmiendo.

Para llegar a donde los dos apóstoles, deben pasar cerca de la zarza que Jesús ha elegido para retirarse en oración.  

María en voz baja, dice:

–    Mi Hijo encuentra su descanso en la Oración.

La Magdalena le responde:

–    ¡Oh, ahora entiendo!   

Pienso que será indispensable para Él retirarse para mantener ese maravilloso dominio que tiene.

Y que el mundo somete a dura prueba.

¿Sabes Madre?

Hice lo que me dijiste.

Cada noche me aíslo para poder restablecer dentro de mí, la calma que turban demasiadas cosas.

Y luego me siento mucho más fuerte.

–     Por ahora te sientes fuerte.

Más adelante te sentirás bienaventurada.

Créelo, María: tanto en la alegría corno en el dolor, en la paz como en la lucha;

nuestro espíritu necesita zambullirse enteramente en el océano de la Meditación,

para reconstruir aquello que el mundo y las diversas vicisitudes debilitan y derriban.

Y para crear nuevas fuerzas para subir cada vez más.

En Israel se hace uso y hasta abuso de la oración vocal.

No quiero decir que sea inútil, ni que Dios la deteste;

pero sí digo que siempre es mucho más útil para el espíritu la elevación mental a Dios,

la MEDITACIÓN…

Porque es más útil al corazón elevarse a Dios con la mente, en la Meditación.

En la que se contempla su Divina Perfección y nuestra miseria…

O la de tantas pobres almas; no para murmurar de ellas,

sino para compadecerlas, comprenderlas y amarlas; agradeciendo al Señor que nos ha sostenido para no pecar.

O nos ha perdonado, para no dejarnos caídas.

 Y para mostrarnos gratas con el Señor, llegamos realmente a ORAR.

O sea, a amar.

Porque la oración, para que sea realmente oración, debe ser amor.

Si no, es un farfullar de los labios, en los que el alma está ausente.  

Con la Meditación, nos sumergimos en Dios y en sus Obras de Amor…

Y así llegamos a orar realmente con amor.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Y con nuestro ofrecimiento…

–       ¡No! ¡Eso no!

–       Por qué?

–      Porque me parece que sería un ofrecimiento sacrílego por mi parte ofrecerle mi corazón… 

¡No puedo!…

–    ¿Por qué?

–     ¿Pero es lícito hablar con Dios teniendo los labios todavía sucios de muchas palabras profanas?

Yo, en mis horas de recogimiento, que hago como me has enseñado tú, mi dulcísima apóstol;

hago violencia a mi corazón, que querría decirle a Dios:

“Te amo”…

–      No hagas eso, hija, no lo hagas.

Tu corazón, ante todo, ha sido consagrado de nuevo por el perdón del Hijo,

Y el Padre no ve sino este perdón. 

Pero, aunque Jesús no te hubiera perdonado todavía…

Y tú, en ignorada soledad;

que puede ser tanto material como moral,,

gritaras a Dios:

“Te amo, Padre. Perdona mis miserias, porque me duelen por el pesar que te causan”…

CREE, CREE, cree María, que el Padre Dios por su parte te absolvería…

Y le sería grato tu grito de amor.

Y… abandónate al amor. No le hagas violencia.

Abandónate, abandónate al amor sin oponerle resistencia;

antes al contrario, deja que el amor adquiera la violencia de un fuego devorador.

El fuego consume todo lo material, pero no destruye nada de aire, porque el aire es incorpóreo. 

Al contrario: lo purifica de los detritos minúsculos que en él esparce el viento y lo hace más ligero).

Aún más; permite que en ti se convierta en un incendio devorador.

Así es el amor para el espíritu: consume antes la materia del hombre, si Dios lo permite;

mas no destruye el espíritu, sino que acrecienta su vitalidad.  

El incendio ardiente del amor consume todo lo que es material y tu espíritu aumentará su vitalidad.

Y se hará puro y ágil para subir a Dios.

¿Ves ahí a Juan?

Es realmente muy joven y con todo, es un águila.

Es el más fuerte de todos los apóstoles.

Porque ha comprendido el secreto de la FORTALEZA y la formación espiritual:

La meditación amorosa.  

–       Pero él es puro, yo… 

Él es un muchacho, yo…

–    Mira a Zelote.

No es jovencillo.

Ha vivido su vida y sufrió mucho en el Valle de los leprosos.

Ha luchado, ha odiado; lo confiesa con sinceridad.

Pero APRENDIÓ A ORAR y ha aprendido a Meditar. 

 Y créeme, también él ha llegado muy alto.

¿Ves? Ambos se buscan porque se sienten iguales y se comprenden.

Han alcanzado la misma edad perfecta del espíritu y con el mismo medio: la Oración Mental. 

Por ella, el muchacho se ha hecho viril en el espíritu.

Por ella, el otro ya mayor y cansado, ha vuelto a una fuerte virilidad completa.

Y ¿Sabes de otro que sin ser apóstol, adelantará mucho y se elevará mucho más alto 

por su tendencia natural a la Meditación que ya lo está formando…. ?

¿Y desde que se hizo amigo de Jesús se ha convertido en él, en una grande necesidad espiritual?

Tu hermano Lázaro…

–    ¡Mi hermano Lázaro!…

¿Mi Lázaro?…

¡Oh, Madre, tú que sabes tantas cosas, porque Dios te las muestra,…

Dime cómo me tratará Lázaro la primera vez que me vea?

Antes guardaba silencio con desdén.

Pero lo hacía porque yo no admitía que me hicieran observaciones.

He sido muy cruel con mis hermanos…

Ahora lo comprendo.

Ahora que sabe que puede hablar…

¿Qué me dirá?

Temo una abierta recriminación suya.

Ciertamente me recordará todas las penas que he causado.

Quisiera presentarme ante él inmediatamente.

Pero tengo miedo.

Antes iba y no me inquietaba siquiera el recuerdo de nuestra madre muerta, ni sus lágrimas;

vivas aún sobre los objetos que usó, lágrimas vertidas por mí, por mi culpa.

Mi corazón era cínico, altanero, desvergonzado, cerrado a cualquier voz que no fuera “maldad y pecado”.

Pero ahora yo no tengo ya, la perversa y malvada fuerza del Mal y tiemblo…

¿Qué me hará Lázaro?

¡Oh, Madre! Tengo miedo

Fui muy cruel con mis hermanos.

Dímelo, tú que sabes muchas cosas porque Dios te las muestra, con tu vista espiritual. 

¿Qué me va a hacer Lázaro?

María responde dulcemente:

–     Te abrirá los brazos.

Es como si lo estuviera viendo…

Y te gritará más con el corazón que con  los labios:

‘¡Hermana mía, amada!’

Ha avanzado tanto en Dios, que procederá de este modo.

No tengas miedo.

No te dirá nada del pasado. te está esperando en Bethania…

Está tan formado en Dios…

Y se le hacen muy largos los días de su espera.

Te está esperando a ti, para estrecharte contra su corazón;

para saciar su amor de hermano.  

Para gozarse con la respuesta de sus plegarias…

Si quieres gustar la dulzura de haber nacido del mismo seno, no tienes que hacer nada más, que quererlo como él te quiere.

–      Lo querría aunque me reprendiera.

Me lo merezco.

Lo amaré aunque me eche en cara todo.

Me lo merezco.

–    No. Te amará y nada más.

Sólo te querrá. Sólo esto. 

Han llegado a donde están Simón y Juan.

Además de reposar y comer, también deleitan la vista, porque el panorama es bellísimo.  

Donde hay un nudo de cadenas montañosas y donde la cadena del Carmelo;

en la que se pueden ver las más bellas tonalidades del verde, termina,,; 

Haciendo un incomparable remate frente al oceano.

Allí brilla el mar, abierto, ilimitado, que se extiende con su velo movido por leves olas hacia el norte,

para bañar las orillas que, desde la punta del promontorio formado por el ramal extremo del Carmelo,

suben hasta Tolemaida y las otras ciudades.

Y  se pierde en una ligera niebla hacia la región siro-fenicia. 

Ya han llegado donde Juan y Simón, que están hablando de los futuros viajes.

Ambos se ponen en pie, en signo de reverencia, cuando llega la Madre del Señor.

Y Ella dice:

–     También nosotras venimos a alabar y glorificar al Señor,

por la magnífica belleza en las obras de su Creación.

Simón pregunta:

–      ¿Habías visto antes el mar, Madre?

–      Sí.

Lo he visto.

Y en esa ocasión estaba menos tempestuoso que mi corazón.

Menos salado que mí llanto.

Mientras huía a lo largo del litoral de Gaza, hacia el Mar Rojo.

Con mi Niño entre los brazos y el miedo de Herodes pesando sobre mí, en la espalda.

Yo y José también nos sentimos felices.

De todas formas, la Bondad del Señor, en mil modos;

nos había aligerado el exilio en Matarea.

También lo ví cuando regresamos.

Entonces estaba la primavera en la tierra y en mi corazón.

La primavera del regreso a la patria.

Jesús movía sus manitas, feliz de ver cosas nuevas.

Y María se sumerge en sus recuerdos, para deleite de sus oyentes.

Su conversación sigue mientras a me cesa la capacidad de ver y oír.  

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198 PREDICACIÓN CON ESTILO PROPIO


198 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Los apóstoles, obedientes a las órdenes recibidas; van llegando uno tras otro; en la puerta de la ciudad.

Jesús todavía no está.

Pero pronto aparece por una calle que sigue el trazado de la muralla.

Mateo dice al verlo:

–     Debe haberle ido bien al Maestro…

¡Mirad cómo sonríe!

Van a su encuentro y todos se van juntos.

Salen por la puerta y toman la vía principal.

A ambos lados hay huertas del suburbio.

Jesús les pregunta:

–     ¿Entonces?…

¿Cómo os ha ido? ¿Qué habéis hecho?

Bartolomé dice:

–     Muy mal…  

Tuvimos que huir.

Judas de Keriot: 

–     Es que por poco nos apedrean.

Tuvimos que escapar.

Vámonos de esta ciudad de bárbaros.

Volvamos a donde nos estiman. Yo aquí ya no hablo más.  

Judas está enojado: 

–     De hecho no quería ir.   

Yo no quería hablar…

Pero luego me dejé convencer y Tú no me entretuviste.

Y Tú lo sabes todo…

Jesús lo mira sorprendido,

y pregunta:

–     Pero, ¿Qué te pasó?

–      Me fui con Mateo, Santiago y Andrés.

Hemos ido a la plaza de los Juicios, porque allí hay gente fina, que tiene tiempo que perder escuchando a una persona que hable.

Decidimos dejar que Mateo hablase, porque era el más idóneo para dirigirse a los publicanos y a sus clientes.  

Entonces él empezó dirigiéndose a dos que estaban discutiendo por un campo, en una cuestión poco clara y muy embrollada, de una herencia.  

Mateo les dijo:

“No odiéis por causa de cosas perecederas y que no podéis llevaros a la otra vida.

Amaos, para poder gozar de los bienes eternos que se obtienen, tan solo con sujetar las malas pasiones.

Y de este modo ser vencedores y poseedores del bien”

Así dijiste, ¿No es verdad?

Y continuó mientras otros se acercaron a oírlo:

“Abrid vuestros oídos a la Verdad, que enseña estas cosas al mundo, para que el mundo tenga paz.

Ya veis que se sufre por esto, por este excesivo interés por las cosas perecederas.

Mas la tierra no es todo, está también el Cielo.

Y en el Cielo está Dios; de la misma forma que ahora en la tierra, está el Mesías de Dios.

Que nos envía para anunciaros que ha llegado el tiempo de la Misericordia.

Y que ningún pecador puede decir: “No seré escuchado”.

Pues si uno tiene verdadero arrepentimiento; recibe el perdón, es escuchado y amado.

Y se le ofrece el Reino de Dios”.

A todo esto, ya había una gran muchedumbre reunida. 

Había quien escuchaba con respeto y había quien interrumpía y molestaba a Mateo con preguntas.

Yo ya de hecho no respondo nunca, para no estropear el discurso.

Hablo y respondo en particular al final.

Que mantengan en la memoria lo que quieran decir y que guarden silencio.

¡Pero Mateo quería responder inmediatamente!…

Nos preguntaban también a nosotros.

Y estaban los fastidiosos que se burlaban con risitas sarcásticas y sonrisas maliciosas. 

Pues decían:

–    ¡He aquí a otro loco!

–   ¡Claro que viene de la guarida de Israel.

–   Los judíos son una grama que se extiende a todas partes.

–    ¡He aquí sus eternas fábulas!

–   Ellos tienen como cómplice a Dios.

–     ¡Oídlos!

–     Está en el filo de la espada y en el veneno de su lengua.

–    ¡Oíd! ¡Oíd!

–    Ahora sacan a relucir a su Mesías.

–    Otro frenético que nos atormentará como en siglos anteriores.

–    ¡Que mueran Él y su raza!”

–    ¡Ahí tenemos otra vez sus eternas patrañas!

–     Dios es su protector.

–    ¡Mira, mira, ahora sacan a colación a su Mesías!

–    Algún otro exaltado que como de costumbre, nos va a atormentar.

–    ¡Maldición a Él y a su raza!”.

Entonces perdí la paciencia e hice a un lado a Mateo; que continuaba hablándoles sonriente, como si nada;

Como si estuvieran brindándole honores.

Y empecé a hablar yo, tomando a Jeremías como base de mi discurso:

“He aquí que suben las aguas del Septentrión y se convertirán en un enorme caudal  que inunda…

Hará estrépito como torrentes de agua. Y por su parte habrá armas y habrá soldados de la tierra y honderos celestiales.

Todo bajo las órdenes de los jefes del pueblo de Dios; para castigar vuestra terquedad.

En movimiento todos ellos por orden de los Jefes del Pueblo de Dios, los que se abatirán sobre vosotros como castigo de vuestra obstinación;

A su fragor perderéis toda fuerza. Caerán orgullosos corazones, brazos, cariños, ¡Todo!

¡Seréis exterminados, residuos de la isla del pecado! 

¡Puerta del Infierno!

A su estruendo, el castigo de Dios caerá sobre vosotros, raza perversa.

¿Os habéis hecho orgullosos porque Herodes os ha reconstruido la ciudad?

Pero, ¡Seréis arrasados hasta que os hagáis calvos sin esperanza!

Seréis castigados en vuestras ciudades y poblados; en los valles y en las llanuras.

La profecía no ha muerto todavía…

Y ya no pude continuar… porque nos arrojaron.

Y ya no pude continuar…

Porque se nos hecharon encima y nos arrojaron.

Y solo por una caravana que iba pasando providencialmente por una calle, pudimos salvarnos.

Porque las piedras comenzaron a volar y dieron contra camellos y camelleros.

Se trabó una riña y pudimos huir.

Luego nos quedamos quietos en un patio de los suburbios, fuera de la ciudad.

¡Ah! Pero no vuelvo más por aquí…

Nathanael exclama:

–   ¡Oye!…

Pero perdona… los ofendiste.

¡La culpa es tuya!

¡Ahora comprendo porqué llegaron a tan hostiles medios, para arrojarnos!

Se vuelve hacia Jesús,

y agrega:

–    Escucha, Maestro.

Nosotros, Pedro, Felipe y yo, fuimos en dirección de la torre que da al mar.

Allí había marineros y dueños de naves que cargaban sus mercancías para Chipre, Grecia y hasta lugares más lejanos todavía.

Imprecaban contra el sol, el polvo, el cansancio, el trabajo…

Y proferían maldiciones contra su condición de filisteos.

Esclavos – decían – de los tiranos, pudiendo ser reyes. 

Blasfemaban contra los profetas y el Templo.

Y contra todos nosotros.

Yo quería alejarme de allí, pero Simón no quiso.

Pedro dijo:

–    “¡No’ ¡Todo lo contrario!

¡Son precisamente a estos pecadores a los que debemos acercarnos!

El Maestro lo haría así…

Y así tenemos que hacerlo nosotros”. 

Felipe y yo dijimos: 

–    Habla tú, entonces” 

–     “¿Y si no sé hacerlo?” –contestó Simón Pedro.

–     “Pues te ayudamos nosotros”  

Entonces Simón se acercó sonriente hacia dos hombres que sudorosos… 

Estaban sentados encima de una voluminosa paca que no lograban izar para cargarla en el barco.

y dijo:

–   Está pesado, ¿No es verdad?…

Uno de ellos contestó:

–    Más que pesado, es que estamos cansados.

Debemos terminar pronto la carga, porque el patrón lo ha ordenado.

Quiere zarpar en la hora de la bonanza; porque por la tarde el mar estará bravo.

Y para esa hora tenemos que haber pasado ya los escollos para no correr peligro”.

–   ¿Escollos en el mar?

–    Sí. Allí donde el agua está bullendo.

Son lugares peligrosos.

Los arrecifes…

–     Corrientes… ¿No?

¡Entiendo! El viento del sur da vuelta por la punta y se encuentra con la corriente…

–    ¿Eres marinero?

–    Pescador de agua dulce.

Pero el agua siempre es agua y el viento, viento.

Es un trabajo hermoso, pero duro.

Yo también más de una vez he tragado agua y la carga se me ha ido al fondo varias veces. 

Este oficio nuestro por una parte tiene sus atractivos, pero por otra es fastidioso. De todas formas en todo hay una parte agradable y otra desagradable…

Buena y mala; en ningún sitio todos son malos, como ninguna raza es toda cruel.

En todas las cosas hay siempre su lado bello y su lado feo.

Ningún lugar está hecho solo de malos… ni ninguna raza es toda cruel.

Con un poco de buena voluntad, se pone uno siempre de acuerdo y se encuentra que por todas partes, hay gente buena.

¡Ea! Os quiero ayudar.

Y Simón llamó a Felipe diciendo:

¡Se necesitan fuerzas! Coge tú de allí y yo de acá.

Y esta buena gente nos lleva allá a su nave, a las bodegas.

Los filisteos no querían… pero después consintieron.

Una vez en su sitio el fardo y otros que estaban en el puente…

Puesta en su lugar la carga; Simón se puso a alabar la nave, como solo él sabe hacerlo.

A alabar el mar…

A la ciudad hermosa, vista desde el mar.

Y se interesó por la navegación marina y las ciudades de otras naciones.

Así que todos alrededor, empezaron a darle las gracias y a celebrarlo…

Por fin, uno pregunta:

“Pero, ¿Tú de dónde eres?, ¿Del país del Nilo?”.

“No, del mar de Galilea; pero como veis, no soy ningún tigre”.

–     Es verdad. ¿Buscas trabajo?

–     Sí.

El patrón dice:

–    Yo te contrato, si quieres.

Veo que eres un marinero capaz.

–    Yo al revés.

Te contrato a ti.

–    ¿A mí?…

Pero, ¿No has dicho que andas en busca de trabajo?

–    Es verdad.

Mi trabajo es llevar hombres al Mesías de Dios.

Tú eres un hombre fuerte y por lo tanto, un trabajo mío.

–    Pero… ¡Yo soy filisteo!

–   ¿Y qué?

¿Eso qué significa?

–   Quiere decir que nos odiáis.

Nos perseguís desde tiempos remotos…

Lo han gritado siempre vuestros jefes…

–    Los Profetas… ¿No es así?

Pero ahora los profetas son voces que no gritan más.

Ahora existe sólo el Único,  Grande y Santo Jesús.

Él no grita… Sino que llama con voces de Amigo…

No maldice, sino bendice.

No trae desgracias, las elimina.

No odia y no quiere que se odie.

Antes al contrario, ama a todos y quiere que amemos, incluso a nuestros enemigos.

En su Reino no habrá vencidos y vencedores, libres y esclavos, amigos y enemigos.

No, no habrá estas distinciones que dañan, que provienen de la maldad humana.

Sólo habrá seguidores suyos.

Es decir, personas que viven en el amor, en la libertad; vencedores del peso y del dolor.

Os ruego que prestéis fe a mis palabras y que tengáis deseos del Mesías.

Las profecías están escritas sí; pero El es mayor que los Profetas.

Y para el que lo ama quedan anuladas las profecías.

¿Veis esta bonita ciudad vuestra?

Pues si llegaseis a amar al Señor nuestro, a Jesús, el Cristo de Dios…

Aún más hermosa la volveríais a ver en el Cielo”

Y así estuvo hablando Simón; bonachón e inspirado al mismo tiempo.

Todos le escuchaban con atención y respeto.

Sí, ¡Con respeto!…

Ya casi terminaba, cuando de una calle, salió un grupo de personas armadas con bastones y piedras. 

Que gritaban y vociferaban.

Y cuando nos vieron, nos reconocieron como forasteros…

Y por el vestido… ¡Ahora entiendo!

Como forasteros de tu misma raza, Judas.

Y como a tales nos tomaron….

Y nos han creído gente de tu ralea.

Si no nos hubieran protegido los del navío; no lo estuviéramos contando.

Nos subieron en una lancha y nos llevaron por el mar.

Nos bajaron en la playa, en la zona cercana de los jardines del sur.

Y de allí nos venimos junto con los que cultivan las flores, para los ricos de acá.

Pero tú Judas; echaste a perder todo…

¿Es esa, una nueva manera de decir insolencias? 

Judas responde con altivez:

–    Es la verdad.

Nathanael replica severamente:

–    Hay que saber decirla.

Tampoco Pedro dijo mentira alguna. ¡Pero supo hablar!

Pedro dice con sencillez:

–     ¡Oh, yo!…

Traté de ponerme en el lugar del Maestro, pensando: ‘Él se portaría, así… muy dulce’.  Entonces yo…

Judas dice muy digno:

–    Yo prefiero los modales majestuosos.

Son más propios de reyes..

Judas con posesión diabólica perfecta por la soberbia y por el pecado…

Simón Zelote lo reprende:

–   Tu acostumbrada idea.

Estás equivocado Judas.

Hace un año que el Maestro te está corrigiendo este modo de pensar; pero no le haces caso.

Tú también estás obstinado en el error; como los filisteos contra los que arremetes. 

Judas replica altanero:

–    ¿Acaso alguna vez me ha corregido por esto?

Además, cada uno tiene su modo y lo usa.

Al oír estas palabras, Simón Zelote se estremece,  (parábola del diente de león)

sobresaltado mira a Jesús…

El cual no dice nada…

Pero asiente a la mirada evocadora de Simón con una leve sonrisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL COMBATE ESPIRITUAL 2


6. San Patricio de Irlanda

Era de origen romano-bretón. Su padre Calpurnio era diácono y oficial del ejército romano; su madre era familia de San Martín de Tours; su abuelo había sido sacerdote.

Alrededor del año 403, a la edad de 16 años cayó prisionero de piratas junto con otros jóvenes, para ser vendido como esclavo a un pagano del norte de Irlanda llamado Milcho. (Que era un sacerdote druida)

Lo sirvió cuidando ovejas. Trató de huir varias veces, sin éxito.

La Divina Providencia aprovechó este tiempo de esclavitud, de rudo trabajo y sufrimiento, para espiritualizarlo.

Preparándolo para el futuro, pues en sus propias palabras dice que:

“aún no conocía al verdadero Dios”, queriendo decir que había vivido indiferente ante la religión y se preocupaba más por las cosas del mundo… 

Con familiares santos, educación católica completa y una TIBIEZA espiritual escalofriante… 

No hay qué olvidar que Dios permite las pruebas para nuestro bien y durante ese período, Patricio conoció perfectamente las costumbres y la cultura religiosa de las personas a las que servía… 

Y del pueblo que lo rodeaba… 

En ese período de esclavitud lo más importante, como él lo dice:

“oraba de continuo durante las horas del día…

Y fue así como el amor de Dios y el temor ante su grandeza, crecieron más dentro de mí, al tiempo que se afirmaba mi fe y mi espíritu se conmovía y se inquietaba,

de suerte que me sentía impulsado a hacer hasta cien oraciones en el día y por la noche otras tantas.

Con este fin, permanecía solo en los bosques y en las montañas. Y si acaso me quedaba dormido, desde antes de que despuntara el alba me despertaba para orar.

En tiempos de neviscas y de heladas, de niebla y de lluvias.

Por entonces estaba contento, porque lejos de sentir en mi la tibieza que ahora suele embargarme, el espíritu hervía en mi interior”.

Después de seis años en tierra de Irlanda y de haber rezado mucho a Dios para que le iluminara sobre su futuro;

Una noche soñó que una voz le mandaba salir huyendo y llegar hasta el mar, donde un barco lo iba a recibir.

Huyendo, caminó más de 300 kilómetros para llegar a la costa.

Encontró el barco, pero el capitán se negaba rotundamente a transportarlo. Sus reiteradas peticiones para que le dejasen viajar gratis fueron siempre rechazadas.

Hasta que al fin, después de mucho orar con fervor, el capitán accedió a llevarlo hasta Francia.

La travesía fue aventurada y peligrosa. Después de tres días de tormenta en el mar, tocaron tierra en un lugar deshabitado de la costa.

Caminaron un mes sin encontrar a nadie y hasta las provisiones se agotaron.

Patricio narra esa aventura diciendo:

“llegó el día en que el capitán de la nave, angustiado por nuestra situación, me instaba a pedir el auxilio del cielo.

Y me decía: ‘¿Cómo es que nos sucede esto, cristiano? Dijiste que tu Dios era grande y todopoderoso.

¿Por qué entonces no le diriges una plegaria por nosotros, que estamos amenazados de morir por hambre? Tal vez no volvamos a ver a un ser humano…’

A aquellas súplicas yo respondí francamente:

‘Poned toda vuestra confianza y volved vuestros corazones al Señor mi Dios, para quien nada es imposible, a fin de que en este día os envíe vuestro alimento en abundancia

y también para los siguientes del viaje, hasta que estéis satisfechos puesto que Él tiene de sobra en todas partes’.

Fue entonces cuando vimos cruzar por el camino una piara de cerdos. Mis compañeros los persiguieron y mataron a muchos. Ahí nos quedamos dos noches.

Y cuando todos estuvieron bien satisfechos y hasta los perros que aún sobrevivían quedaron hartos, reanudamos la caminata.

Después de aquella comilona todos mostraban su agradecimiento a Dios y yo me convertí en un ser muy honorable a sus ojos y desde aquel día tuvimos alimento en abundancia.”

Finalmente llegaron a lugar habitado y así Patricio quedó a salvo a la edad de veintidós años y volvió a su casa.

Con el tiempo durante las vigilias de Patricio en los campos, se reanudaron las visiones que había tenido…

Y a menudo, oía “las voces de los que moran más allá del bosque Foclut, más allá del mar del oeste.

Y así gritaban todas al mismo tiempo, como si salieran de una sola boca, estas palabras:

‘Clamamos a ti, oh joven lleno de virtudes, para que vengas entre nosotros nuevamente’ “.

Eternas gracias deben dársele a Dios, porque al cabo de algunos años el Señor les concedió aquello por lo que clamaban.

Porque Patricio pasó varios años en Francia antes de realizar su trabajo de evangelización en Irlanda.

Sostuvo buenas relaciones personales con el obispo San Germán de Auxerre.

Durante este tiempo le ordenaron sacerdote.

Hizo un viaje a Roma y el Papa Celestino I fue quien le envió a Irlanda con una misión especial…

Ya que su primer enviado Paladio nunca logró cumplir, porque a los doce meses de haber partido murió en el norte de Britania.

Para realizar esa misión encomendada por el Pontífice, San Germán de Auxerre consagró obispo a Patricio.

Se afirma que a su arribo a tierras irlandesas, San Patricio permaneció una temporada en Ulster, donde fundó el monasterio de Saúl. 

Y con la energía que lo caracterizaba se propuso la tarea de conquistar el favor del “Gran Rey” Laoghaire, que vivía con su corte en Tara, de la región de Meath.

Utilizaba un lenguaje sencillo al evangelizar.

Por ejemplo, para explicarles acerca de la Santísima Trinidad, les presentaba la hoja del trébol, diciéndoles que así como esas tres hojitas forman una sola verdadera hoja,

así las tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, forman un solo Dios verdadero.

Todos lo escuchaban con gusto, porque el pueblo lo que deseaba era entender.

Trabajó en el norte, en la región de Slemish, con un esfuerzo heroico en las tierras donde había estado cautivo y  donde Patricio cuidaba el ganado y oraba a Dios cuando era un joven esclavo.

Una anécdota relata que cuando el amo se enteró del regreso de Patricio convertido en venerado predicador, se puso tan furioso que prendió fuego a su propia casa, pereciendo en medio de las llamas.

San Patricio y sus enemigos

Sus acérrimos opositores fueron los DRUIDAS, sacerdotes y representantes de los dioses paganos.

También sufrió mucho a manos de los herejes pelagianos, que para arruinar su obra recurrieron inclusive a la calumnia.

Para defenderse, Patricio escribió su Confessio.

Por fortuna poseemos una colección bastante nutrida de esos escritos, que nos muestra algo de él mismo, como sentía y actuaba.

Circulaba entre los paganos un extraño vaticinio, una profecía respecto al santo, que Muirchu su historiador nos transmite textualmente así:

“Cabeza de azuela (referencia a la forma aplanada de la cabeza tonsurada) vendrá con sus seguidores de cabezas chatas.

Y su casa (casulla o casuela, es decir casa pequeña) tendrá un agujero para que saque su cabeza.

Desde su mesa clamará contra la impiedad hacia el oriente de su casa. Y todos sus familiares responderán, Amén, Amén”.

Por lo tanto cuando sucedan todas estas cosas, nuestro reino que es un reinado de idolatría, se derrumbará”.

En la evangelización, San Patricio puso mucha atención en la conversión de los jefes, aunque parece ser que el mismo rey Laoghaire no se convirtió al cristianismo, pero si varios miembros de su familia.

Consiguió el amparo de muchos jefes poderosos, en medio de muchas dificultades y constantes peligros, incluso el riesgo de perder la vida (más de cinco veces) en su trato con aquellos bárbaros.

Pero se notaba que había una intervención milagrosa de Dios que lo libraba de la muerte todas las veces que los enemigos de la religión trataban de matarlo.

En un incidente que ocurrió en misión su cochero Odhran, insistió en reemplazar al santo en el manejo de los caballos que tiraban del coche,

por consiguiente fue Odhram quien recibió el golpe mortal de una lanza que estaba destinada a quitarle la vida a San Patricio.

No obstante los contratiempos, el trabajo de la evangelización de Irlanda, siguieron firmes.

En varios sitios de Irlanda, construyó abadías, que después llegaron a ser famosas y alrededor de ellas nacieron las futuras ciudades.

En Leitrim, al norte de Tara, derribó al ídolo de Crom Cruach y fue uno de los lugares donde edificó una de las iglesias cristianas. En la región de Connaught, realizó cosas notables.

En la población de Tirechan se conservó para la posteridad la historia de la conversión de Ethne y Fedelm, hijas del rey Laoghaire.

También existen las narraciones de las heroicas predicaciones de San Patricio en Ulster, en Leinster y en Munster.

Por su santidad, manifiesta en su carácter su lenguaje sencillo al evangelizar.

Y por el don de hacer milagros, San Patricio logró muchas victorias sobre sus oponentes paganos y hechiceros.

Ese triunfo le sirvió para que los pobladores de Irlanda se abrieran a la predicación del cristianismo.

De hecho hacen referencias en los textos del Senchus Mor (el antiguo código de las leyes irlandesas)

a cierto acuerdo concertado en Tara entre los paganos y el santo y su discípulo San Benigno (Benen).

Dicen esos libros que “Patricio convocó a los hombres del Erin para que se reunieran todos en un sitio a fin de conferenciar con él.

Cuando estuvieron reunidos, se les predicó el Evangelio de Cristo para que todos lo escucharan.

Y sucedió que, en cuanto los hombres del Erin escucharon el Evangelio y conocieron como este daba frutos en el gran poder de Patricio, demostrado desde su arribo…

Y al ver al rey Laoghaire y a sus druidas asombrados por las grandes maravillas y los milagros que obraba, todos se inclinaron para mostrar su obediencia a la voluntad de Dios y a Patricio”.

Hay muchos relatos que en la actualidad han rebajado a SIMPLES LEYEMDAS MÍTICAS Y FANTASÍAS, en el afán de exterminar el cristianismo, para consolidar la religión única del Anticristo…

Sobre las CONFRONTACIONES de San Patricio con los magos druidas…  (ESTO ES MUY IMPORTANTE)

Porque los hijos de las Tinieblas nos confrontarán a los guerreros de la Luz,

sacerdote druida

¡EXACTAMENTE IGUAL Y CON MÁS PODER!  en un duelo mortal, en cuanto se consolide el Imperio del Maligno… 

Dicen que un Sábado Santo, cuando nuestro santo encendió el Fuego Pascual, se lanzaron con toda su furia a apagarlo, pero por más que trataron no lo lograron.

Entonces uno de ellos exclamó:

“El fuego de la religión que Patricio ha encendido, se extenderá por toda la isla”. Y se alejaron.

La frase del mago se ha cumplido; la religión católica se extendió de tal manera por toda Irlanda, que hoy sigue siendo un país católico, iluminado por la luz de la religión de Cristo que a su vez ha dado muchos misioneros a la Iglesia. 

Y al igual que México, ya sprobó leyes impulsadas por los esbirros del Anticristo…

7. San Juan María Bautista Vianney: “Lo hace porque yo convierto muchas almas para el buen Dios”

El Santo Cura de Ars nació en Francia en el año 1786.

Fue un gran predicador, hacía muchas mortificaciones y a veces comía solamente papas, fue un hombre de oración y caridad.

Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas.

No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países.

Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque “las almas le esperaban allí”.

Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario.

Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. 

En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. 

Debido a su fructífera labor pastoral se le nombró patrón de los sacerdotes. 

DONES Y MILAGROS  EXTRAORDINARIOS

En primer lugar, la obtención de dinero para sus limosnas y alimento para sus huérfanos-

En segundo lugar, conocimiento sobrenatural del pasado y del futuro.

En tercer lugar, curación de enfermos, especialmente niños.

El mayor milagro de todos fue su vida.

Practicó la mortificación desde su primera juventud y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes humanamente hablando, para mantener su vida. 

Aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia y buen humor, hasta que tuvo más de setenta y tres años.

Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Ars

San Agustín decía que: “el demonio es como un perro encadenado que no puede morder”. Y  esto lo pudo comprobar el Santo cura de Ars de forma irrefutable…

Sin embargo, aunque la acción del demonio es limitada, algunas veces Dios suelta un poco la cuerda que lo encadena, para dar alguna lección específica, que fortalezca nuestro crecimiento espiritual. 

Muchos Santos fueron testigos de esto, especialmente el santo cura de Ars, San Juan María Bautista Vianney.

Se sabe que él siendo cura de Ars, comenzó a oír ruidos inquietantes en su habitación, por las noches cuando iba a dormir.

En un principio pensó que se trataba de roedores, pero poco a poco se dio cuenta de que era obra del Demonio.

El ruido que salía de la habitación era tal, que muchos se compadecían del sacerdote exclamando:

“Pobre santo hombre, ¡No es posible descansar así!… ¿Cómo puede vivir en medio de este horrendo barullo?”.

Una noche el mismo demonio se presentó desafiante ante Vianney diciendo:

“¡Vianney, Vianney, despierta, dormilón! ¡No eres más que un pobre cura comedor de papas!”

Esto lo decía burlándose de las austeras comidas del sacerdote.

Con la intención de atormentarle más, el demonio cubrió la habitación con una sombra oscura y maloliente, zarandeó su cama y lo tomó de los pies para arrastrarlo varios metros.

Lejos de inmutarse, el santo cura de Ars respondió:

Ya sé que no quieres que duerma porque mañana me espera una larga jornada de confesiones, pero quiero decirte que me das verdadera lástima:

la gran mayoría de los que asistan a la Santa Misa de mañana se arrepentirán de sus pecados mediante el Sacramento de la Reconciliación. 

Y si continúan con su vida de buenos cristianos, se irán al Cielo. En cambio tú me das una gran pena, porque ya estás condenado y no tienes remedio ¡Pobrecillo de ti!”

El demonio se fue furioso dando un sonoro portazo, así que San Juan María Vianney volvió a su cama, rezó tranquilo y se durmó. 

LA RAZÓN POR LA QUE EL SANTO CURA DE ARS

FUE UNO DE LOS SANTOS MÁS ODIADOS POR SATANÁS 

¡Este santo es increíble!

El demonio odia a todos los santos porque muestran que el camino de la salvación es posible para todos los hombres, pero al santo Cura de Ars lo odió especialmente MUCHO más que a otros; PORQUE LO TEMÍA. 

Los ataques del demonio al Cura de Ars

San Juan María Bautista Vianney fue un sacerdote de la parroquia Ars, un poblado cercano a Lyon, en Francia.

Allí llevaba una vida en extremo austera y su alimento principal (al menos por largo tiempo) fueron las patatas.

Son célebres los asaltos con tentaciones y persecuciones que sufría a manos del diablo, para hacerlo renunciar a su actividad pastoral.

Quizás los más conocidos son los ataques nocturnos que sufría para despertarlo y no dejarlo descansar.

Los acosos tomaban diferentes formas.

A veces, el Maligno lo molestaba como una bandada de murciélagos que infestaban la habitación.

Otras como una multitud de ratas que recorrían su cuerpo y cubrían su cama totalmente. 

Muchas veces era jalado por los pies hacia el suelo, dejándolo caer con violencia.

Y padecía todo tipo de ruidos estruendosos y  molestos.

Semejante empeño en desmoralizar a este santo tenía sus razones.

Santo confesor

La principal razón por la que el demonio atacaba al santo Cura de Ars era que, como santo confesor, salvaba cientos de almas para Cristo.

San Juan María Vianney ejerció este Sacramento de modo eminente -pues ocupaba la mayor parte de su actividad pastoral y ejemplar – por el extraordinario don que Dios le concedió para la confesión.

En verdad, el Espíritu Santo obró grandes cosas a través de este humilde párroco de pueblo.

Se dice que varios testigos veían luces sobrenaturales alrededor de su persona, que levitaba y que realizó varios milagros.

Además, recibió un don especial para expulsar demonios de los posesos.

En una ocasión. alguien le dió una bofetada a San Juan María Vianney, él solo dijo por respuesta: “Amigo, la otra mejilla va a tener celos”.

Tan grande fue su vocación por convertir a los hombres, que Dios le ayudaba con el Don de Discernimiento de espíritu y la lectura de los corazones… 

Por esta gracia, el Cura de Ars podía conocer los secretos de las almas y no había pecado que no conociera de quienes acudían a la confesión.

Por este don, además de su inquebrantable voluntad para oír confesiones, hasta los pecadores más tenaces se reconciliaban con Cristo cuando concurrían a su parroquia.

Dios le permitía conocer quienes eran los que más necesitaban el Sacramento y “POR QUÉ” y así él los llamaba a confesarse sin hacer fila.

Hacia el final de su vida, por lo menos los últimos diez años, los peregrinos que buscaban la reconciliación a través del Cura de Ars, debían esperar ¡Hasta sesenta horas!

Lo que más le molestaba el Demonio

En una ocasión el demonio le dijo a través de un poseso:

“Tú me haces sufrir. Si hubiera tres como tú en la tierra, mi reino sería destruido. Tú me has quitado más de 80.000 almas”.

Por esta labor de confesor incansable y las gracias que Dios dispensaba a través de este gran santo, san Juan María Vianney, fue constantemente asediado por el Maligno.

El santo reconocía cómo los ataques estaban vinculados a su trabajo pastoral y menciona lo qué hacía para combatirlos:

“Me vuelvo a Dios, hago la señal de la cruz y digo algunas palabras de desprecio al demonio.

Por lo demás, he advertido que el estruendo es mucho mayor y los asaltos se multiplican, cuando al día siguiente ha de venir algún gran pecador”.

Con cierto humor el santo Cura de Ars decía:

“El Garras es muy torpe, él mismo me anuncia la llegada de grandes pecadores”.

¡Qué importante es el sacramento de la confesión! Ahora ya sabemos porque el santo Cura de Ars es el patrono de los sacerdotes.

ATACADO POR LAS FUERZAS DEL INFIERNO

Era de esperarse que un triunfo tan grande de la misión, así como la santidad del instrumento que Dios usó con este fin, atrajese la furia del Infierno.

El enemigo no podía soportar las innumerables conversiones de los penitentes y resentido de que esas almas fueran arrebatadas de su poder.

Y trató por todos los medios que Dios le permitió, para disuadir a don Juan María Vianney de su extraordinario amor por los pecadores…

Pero su Fe en nuestro Señor lo selló y lo mantuvo firme, como un muro de defensa.

Por un periodo de 35 años el santo Cura de Ars fue asaltado y molestado de una manera física y tangible, por el demonio.

La ocupación ordinaria del demonio permitida por Dios hacia nosotros, es la TENTACIÓN… 

Pero el demonio también puede asechar a las almas de diversas maneras.

Con el ASEDIO:

a) Acción extraordinaria del demonio, cuando busca aterrorizar por medio de apariciones  o por medio de ruidos inexplicables…b)

La Obsesión: va más allá.

Puede ser externa cuando el demonio actúa en los sentidos externos del cuerpo y de forma física.

O interna cuando influencia nuestra alma y acciona nuestro cuerpo espiritual y los sentidos espirituales…

c) Posesión: cuando el demonio toma control de todo el organismo.

El Cura de Ars sufrió de la primera: asedio.

Los ataques del demonio comenzaron en el invierno de 1824.

De 1824 a 1858 por un período de unos treinta y cinco años, el Cura de Ars era presa de obsesiones externas del Maligno.

Las luchas de don Vianney con el diablo ayudaron a hacer más viva y desinteresada su caridad. 

El pobre hombre sentía cada noche que rasgaban la ropa de su cama, para descubrir a la mañana siguiente que efectivamente alguien le había dejado sólo jirones. 

Esta mala broma duró un tiempo y puesto que él no era un tonto, decidió no prestarle apenas prestaba atención a estas cosas extraordinarias.

Ruidos horribles y gritos estrepitosos se oían fuera de la puerta del presbíterio, viniendo aparentemente del pequeño jardín de enfrente.

Al principio el Padre Vianney pensó que eran salteadores que venían a robar.

Y a la siguiente noche le pidió a un señor que se quedase con él.

Después de medianoche se comenzó a escuchar estentóreos ruidos y golpes contra la puerta de enfrente, parecía como si varios carros pesados estuviesen siendo arrastrados por los cuartos.

El señor André buscó su pistola y miró por la ventana; pero no vio nada, solo la luz de la luna.

Decía: “por 15 minutos la casa retembló y mis piernas también”. Y nunca más quiso quedarse en la casa.

Esto sucedía casi todas las noches.

Aún ocurría cuando el santo cura ¡No estaba en el pueblo!

El santo sacerdote pasó su vida en una continua batalla con el pecado a través de su trabajo en el confesionario.

Enmedio del silencio de la noche, podía oir gritando y golpeando a muchos murciélagos en la entrada del patio de la casa parroquial.

También escuchaba como rabiosos rugidos de fieras; de truenos de tormenta; hojas de cuchillos que chirriaban de manera exasperante o como si hubiera el tráfico de muchos carruajes tirados por caballos.   

Estas confrontaciones con el Demonio llegaron a convertirse en una pelea de verdad…

Y para soportarla, el santo no tenía otro recurso que su paciencia y sus oraciones.

Cuando su confesor le preguntó cómo repelía estos ataques, él respondió: 

“A veces apelo al buen Señor, hago la señal de la cruz y dirijo unas palabras de desprecio hacia el diablo.

Por otra parte, me di cuenta de que el ruido era más fuerte y los ataques más insistentes, cuando al día siguiente, debía acercarme a algún gran pecador .

 Confió a Mons. Mermod, uno de sus amigos y penitentes más fieles: 

.    “Al principio, tenía miedo.

Yo no sabía lo que era, pero ahora estoy feliz: porque eso quiere decir que la pesca del día siguiente será siempre excelente.

El diablo me ha molestado mucho esta noche, mañana habrá una gran cantidad de personas y muchas conversiones…

Entonces, me quedaba en mi pobre colchón, tratando de descansar.

Cuando estaba a punto de dormirme, de repente fui sacudido, arrancado de mi sueño por los gritos de recuerdos sombríos, por golpes tremendos.

Era como si un martillo irrumpiera a través de la puerta de la rectoría.

Inmediatamente, sin que se moviera el picaporte de la puerta, el Cura de Ars se daba cuenta con horror, que tenía muy cerca de sí al demonio.

“Yo no le impedia entrar, dijo don Vianney entre broma y molesto, pero él igual entraba»
Sillas volcadas, sacudían la habitación, junto con muebles pesados…

Y me gritaban con voz aterradora: 

 ¡Vianney Vianney! Mangiapatate! Ah! Que no estás muerto todavía! Un día voy a tenerte!

O bien, emitía gritos de animales, imitando a los gruñidos de un oso, el llanto de un perro o gatos en pelea… 

Y se arrojaba en las cubiertas de la cama, agitándolas furiosamente.

También el diablo imitaba el sonido de un martillo sobre unos clavos contra el suelo y atado un barril con aros de hierro; tocaba un tambor en la mesa o la chimenea, cantando con una voz aguda.

Y el Cura en repetidas ocasiones sintió una mano mostruosa y enorme, que le tocó la cara o ratones que corrían por todo su cuerpo.

Una noche oyó un ruido como de un enjambre de abejas;

se levantó, encendió la vela, hizo a un lado las cortinas para ahuyentarlos, pero no vio nada.

Varias veces el diablo lo jaló, para arrojarlo de la cama con mucha fuerza…

En el dormitorio, al sentir el vuelo de los murciélagos que bordeaban las vigas sucias, se agarraba a los cubrecamas.

O en el suelo por horas, podía escuchar el golpeteo continuo y exasperante de un rebaño de ovejas.

En la sala, en el comedor, retumbaba el galope de un caballo que se elevaba hasta el techo y luego hacia abajo, con sus cuatro patas, en el suelo.

Estas farsas del infierno fastidiaban mucho al pobre cura de Ars, pero no pudieron derribarlo.

Alrededor de 1820, don Vianney había llevado desde la iglesia hasta la rectoría un viejo lienzo, que representaba la Anunciación.

El cuadro fue colgado en una pared de la escalera.

Entonces diablo se ventiló en esa imagen cubriendola de suciedad.

Hubo que sacarla de allí.

Margherita Vianney, una noche mientras pasaba por la rectoría, oyó al Cura de Ars salir de la habitación antes que nadie e ir a la iglesia. 

Y dijo: 

“Unos minutos más tarde estalló cerca de mi cama un ruido violento, como si cinco o seis hombres hubieran golpeado con fuertes golpes en la mesa o en el gabinete.

Y sentï mucho miedo.

Me levanté y encendí una lámpara, pero vi que todo estaba perfectamente en orden.  

Por lo tanto regresé a mi lecho, pero tan pronto como yo estuve en la cama, se repetía el mismo ruido.

la humiladad y el santo rosario

Me vestí a toda prisa y me dirigí a la iglesia.

Cuando mi hermano llegó a casa, le dije lo que había sucedido y me dijo que era el Demonio.

“Hija mía, no debes temer: es el gruñón. Él no puede hacerte daño. En cuanto a mí, siempre me atormenta de la manera más desquiciada posible.

A veces me agarra de los pies y me arrastra por el cuarto.

Lo hace porque yo convierto muchas almas para el buen Dios”.

El demonio hacía ruidos durante horas, similares a rompimiento de cristales, silbidos y relinchos.

“Que a veces incluso se oye un viento muy violento.

Otras veces me agarra por los pies y me arrastra por toda la habitación”

Un día en 1838, Dionigi Chaland, Bouligneux, un joven estudiante de filosofía, fue admitido en la cámara del Cura de Ars.

A mediados de la confesión, hubo un levantamiento general que sacudió la habitación, incluso el reclinatorio se sacudió como todo lo demás. Se asustó muchísimo.

El cura lo sujetaba por el brazo tratando de tranquilizarlo y le dijo: “No es nada, dijo, es sólo el diablo.”

Cuerpo incorrupto del santo cura de Ars

Era el 23 de febrero de 1857.

Esa mañana don Vianney había comenzado a confesar.

Unos minutos antes de las siete, las personas que pasaron por la vicaría vieron llamas que salían de la habitación del cura.

Corrieron a avisarle cuando se encontraba por el confesionario para ir a celebrar la misa.

El cura le entregó la llave, para que fueran a apagarlo y respondió con calma:   

–       “El Gruñón está furioso. Al no poder atrapar al pájaro le prende fuego a su jaula”

Las obsesiones diabólicas disminuyen en número e intensidad, más el Santo envejeció.

El espíritu de la oscuridad, incapaz de disminuir el valor del alma heroica, desalentado, renunció a la lucha; o 

O Dios dispuso que esta vida tan hermosa, tan pura, tan tranquila en apariencia, a pesar de la evidencia interna, se llenara de una profunda paz.

Desde 1855 hasta su muerte, don Vianney ya no fue tan atormentado por el diablo durante la noche.

El sueño seguía siendo muy difícil, aunque se detuvieron los ataques, lo cogió una tos persistente, que era suficiente para mantenerlo despierto.

Esto no le impide, sin embargo, su rendimiento sin fin para el ministerio de la confesión.

“Mientras yo pueda dormir una hora o media hora durante el día, dijo, me gustaría comenzar mi trabajo.”

Esta hora o esta media hora, se la pasaba en su habitación, justo después del almuerzo.

Acostado en el colchón, tratando de conciliar el sueño, pero incluso estos breves momentos el demonio aprovechaba, a veces para molestarlo.

Por último, el Maligno nunca regresó, y estaba seguro de que don Vianney veía con pesar un alejamiento “como compañero”

Ni siquiera le preocupaba en su agonía, lo que en cambio hizo con otros Santos.

Incluso antes de terminar su prueba terrenal, el Cura de Ars había infligido una derrota final de Satanás.

10 enseñanzas del cura de Ars tras sus combates con el demonio

Verifique:

  1. No imagine que exista un lugar en la tierra donde podamos escapar de la lucha contra el demonio; si tenemos la gracia de Dios, que nunca nos es negada, podemos siempre triunfar.
  2. Como el buen soldado no tiene miedo del combate, así el buen cristiano no debe tener miedo de la tentación. Todos los soldados son buenos en el campamento, pero es en el campo de batalla que se ve la diferencia entre corajudos y cobardes.
  3. El demonio tienta solamente las almas que quieren salir del pecado y aquellas que están en estado de gracia. Las otras ya le pertenecen, no precisa tentarlas.
  4. Una santa se quejó a Jesús después de la tentación, preguntándole: «¿dónde estabas, mi Jesús adorable, durante esta horrible tempestad?» A lo que Él le respondió: «Yo estaba bien en medio de su corazón, encantado en verla luchar».
  5. Un cristiano debe siempre estar listo para el combate. Como en tiempo de guerra, tiene siempre centinelas aquí y allí para ver si el enemigo se aproxima. De la misma manera, debemos estar atentos para ver si el enemigo no está preparándonos trampas y, si él viene a tomarnos de sorpresa…
  6. Tres cosas son absolutamente necesarias contra la tentación: la oración, para aclararnos; los sacramentos, para fortalecernos; y la vigilancia para preservarnos..
  7. Con nuestros instintos la lucha es raramente de igual a igual: o nuestros instintos nos gobiernan o nosotros gobernamos nuestros instintos.¡Qué triste es dejarse llevar por los instintos! Un cristiano es un noble; él debe, como un gran señor, mandar en sus vasallos.
  8. Nuestro ángel de la guarda está siempre a nuestro lado, con la pluma en la mano, para escribir nuestras victorias. Precisamos decir todas las mañanas: «Vamos, mi alma, trabajemos para ganar el Cielo».
  9. El demonio deja bien tranquilo a los malos cristianos; nadie se preocupa con ellos, mas contra aquellos que hacen el bien él suscita mil calumnias, mil ofensas.
  10. La señal de la cruz es temida por el demonio porque es por la Cruz que escapamos de él. Es preciso hacer la señal de la cruz con mucho respeto. Comenzamos por la cabeza: es el principal, la creación, el Padre; después el corazón: el amor, la vida, la redención, el Hijo; por último, los hombros: la fuerza, el Espíritu Santo. Todo nos recuerda la cruz. Nosotros mismos estamos hechos en forma de cruz.

44 TRÁNSITO DE JOSÉ


44 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

La muerte de José.

Jesús es la paz de quien sufre y de quien muere.

Veo un interior de taller de carpintero.

Dos de sus paredes parecen estar formadas de roca (como si se hubieran aprovechado grutas naturales para hacer habitaciones).

En este caso, para mayor detalle, son de roca los lados norte y oeste; las otras dos paredes, sin embargo, la sur y la este, están enlucidas, como las nuestras.

En el lado norte, un entrante de la roca ha sido adaptado para fogón rudimentario; en él hay una cazuelita con barniz o cola, no lo distingo bien.

La leña quemada desde hace años en ese lugar ha ennegrecido tanto la pared, que parece alquitranada. ¿Y como chimenea para aspirar el humo de la combustión?…

Un agujero en la pared con una especie de teja grande y cóncava en su parte alta.

Pero esta chimenea ha debido cumplir mal su función; en efecto, no sólo esta pared sino también las otras están muy ennegrecidas a causa del humo;

en este momento, incluso, por toda la habitación hay una niebla de humo.

Jesús está trabajando en un banco de carpintero.

Está alisando unas tablas.

Y las va apoyando en la pared que está a sus espaldas.

Luego va a donde tiene una especie de taburete apretado por dos lados en una mordaza.

Lo saca, mira si el trabajo está perfectamente hecho, observa el objeto desde todos los puntos.

Luego se acerca al fogón, coge la cazuelita y remueve dentro con un palito. 

Jesús está vestido de color castaño oscuro, la túnica es más bien corta, está remangado hasta más arriba del codo.

Y delante trae puesto una especie de delantal, en el cual se restriega los dedos que han tocado la cazuelita.

Está solo.

Trabaja sin pausas, pero con sosiego.

No hay en él ningún movimiento desordenado o impaciente.

Trabaja con continuidad y precisión.

No pierde la paciencia por nada: ni por un nudo en la madera, que no se deja alisar; ni por un destornillador — eso al menos me parece — que dos veces se le ha caído del banco.

Ni por el humo del ambiente, que debe estarle entrando en los ojos.

De vez en cuando levanta la cabeza para mirar hacia la pared sur, donde hay una puerta que está cerrada…

Como queriendo escuchar.

Después hay un momento en que abre una puerta que está en la pared este y que da a la calle…

Y se asoma.

Veo un trecho de una callejuela polvorienta.

Parece como si estuviera esperando a alguien.

Luego vuelve a su labor. No está triste, pero sí serio.

Cierra de nuevo la puerta y reanuda su trabajo.

Y mientras está ocupado en fabricar unos componentes — al menos eso me parece — del aro de una rueda…

Entra su Madre.

Entra por una puerta de la pared situada al sur.

Entra con prisa y corre hacia Jesús.

Está vestida de azul oscuro y lleva la cabeza descubierta.

Su vestido es una túnica sencilla ceñida a la cintura con un cordón del mismo color.

Acongojada, apoyada con las dos manos en un brazo de su Hijo, lo llama con un gesto de súplica y dolor.

Jesús la acaricia, le pasa un brazo por encima de los hombros y la consuela.

Luego, dejando inmediatamente el trabajo y quitándose el mandil, va con Ella.

María dice:

–    ¡Oh! ¡Jesús!

 ¡Ven! ¡Está mal!

Han sido pronunciadas estas palabras por labios temblorosos…

Y con un brillo de llanto en sus enrojecidos y cansados ojos.

Jesús únicamente dice:

–   « ¡Mamá!»- más todo está incluido en esa palabra. 

Pasan a la habitación de al lado.

El sol, que entra por una puerta que da a un huertecillo lleno de luz y de verdor en que revolotean unas palomas por entre el ondear de ropa tendida,

hace encantadora esta habitación, que es pobre sí, pero está ordenada.

Hay en ella un lecho bajo, cubierto de colchoncitos (digo colchoncitos porque son unas cosas altas y mullidas, pero no es una cama como las nuestras).

Sobre él, recostado sobre muchos almohadones, está José.

Agoniza. Lo refleja claramente la palidez cárdena de su rostro, la mirada apagada, el pecho jadeante…

Y el completo decaimiento de todo el cuerpo.

María se pone a su izquierda.

Le coge la mano rugosa, cárdena en las uñas.

Y la frota, la acaricia y la besa.

Luego, con un paño de lino, le seca el sudor, que crea surcos brillantes en las sienes hundidas…

Y la lágrima, que en el lagrimal se vuelve vítrea.

Y le humedece los labios con un paño mojado en un líquido que parece vino blanco.

Jesús se pone a la derecha.

Levanta levemente, ligero pero con cuidado, este cuerpo que se está hundiendo.

Le incorpora apoyándolo sobre los almohadones.

Y junto con María, pone en orden éstos.

Acaricia la frente del moribundo, trata de reanimarlo.

María llora quedo… sin hacer ruido, pero llora.

Los lagrimones ruedan hacia abajo por las pálidas mejillas y caen sobre el vestido azul oscuro; parecen zafiros resplandecientes.

José se reanima bastante y mira fijamente a Jesús…

Le da la mano como para decirle algo y para recibir, con el contacto divino, fuerza en la última prueba.

Jesús inclina su cabeza hacia esta mano y la besa.

José sonríe.

Luego se vuelve buscando a María con la mirada…

Y le sonríe también a Ella.

María se arrodilla al lado de la cama tratando de sonreír.

No le sale la sonrisa…

Y entonces agacha la cabeza.

José le pone la mano encima de Ella, con una casta caricia que parece una bendición.

Sólo se oye el revoloteo y el arrullo de las palomas, el frufrú de las hojas, un gorgoritear de agua…

Y en la habitación, el respiro del moribundo.

Jesús pasa al otro lado de la cama, toma un taburete y se lo ofrece a María, para que se siente en él. 

Llamándola una vez más,

y solamente:

–    «Mamá».

Luego vuelve a donde estaba y coge de nuevo entre sus manos la mano de José.

La escena es tan real, que me pongo a llorar a causa del dolor de María.

Y Jesús, inclinándose hacia el moribundo…

Le susurra un salmo.

Sé que es un salmo, pero ahora no sé cuál de ellos.

Empieza así:

«”Protégeme, Señor, porque en ti he puesto mi esperanza… En pro de los santos que en la tierra de él están, ha dado cumplimiento admirablemente a todos mis deseos… Bendeciré al Señor, que me aconseja…

Tengo siempre la presencia del Señor. Él está a mi derecha para que no vacile. Por ello se alegra mi corazón y exulta mi lengua,

y mi cuerpo también descansará en la esperanza. Porque Tú no abandonarás a mi alma en su estancia entre los muertos,

y no permitirás que tu santo vea la corrupción. Me darás a conocer los caminos de la vida, me colmarás de alegría mostrándome tu rostro”».

José se reanima mucho, sonríe a Jesús con una mirada más viva y le aprieta los dedos.

Jesús responde a la sonrisa con otra sonrisa,

Y al gesto de la mano con una caricia.

Y continúa, dulcemente…

inclinado hacia su padre putativo:

–   “¡Cuán grande es el encanto de tus Tabernáculos, Señor! Mi alma se consume en el deseo de los atrios del Señor. El gorrión encuentra una casa, la tortolita un nido para sus criaturas.

Yo deseo tus altares, Señor. ¡Dichosos los que habitan en tu casa!… ¡Dichoso el hombre que encuentra en ti su fuerza! Él tiene en su corazón las veredas para subir del valle de las lágrimas al lugar electo.

¡Oh, Señor, escucha mi oración…! ¡Oh, Dios, vuelve tus ojos y mira el rostro de tu Cristo…!”».

José, visiblemente conmovido, mira a Jesús.

Y hace ademán de querer hablar, como para bendecirlo, pero no puede…

Se ve que entiende, pero no puede hablar.

No obstante, está feliz y mira con vivacidad y confianza a su Jesús.

Jesús continúa:

«”¡Oh, Señor, Tú has sido propicio a tu tierra, has liberado de la esclavitud a Jacob…! Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu Salvador. Quiero oír lo que dice dentro de mí el Señor Dios.

Él, sin duda, hablará de paz a su pueblo para sus santos y para quien de corazón vuelve a Él. Sí, tu salvación está cercana… y la gloria habitará sobre la tierra…

Se han dado encuentro la bondad y la verdad; la justicia y la paz se han besado.  La verdad ha germinado de la tierra, la justicia ha mirado desde el Cielo.

Sí, el Señor se mostrará benigno y nuestra tierra dará su fruto. La justicia caminará en su presencia y dejará imprimidas en el camino sus huellas”.

Jesús añade:

Tú has visto esta hora, padre.

Y por ella has trabajado fatigosamente. Has colaborado en el cumplimiento de esta hora y el Señor te premiará por ello. Yo te lo digo»

Enjugando una lágrima de alegría que desciende lentamente por la mejilla de José.

Y sigue:

«”¡Oh, Señor, acuérdate de David y de toda su benignidad. Acuérdate de que juró al Señor: ‘Yo no entraré en mi casa, no me echaré en el lecho de mi reposo,

no concederé sueño a mis ojos ni descanso a mis párpados ni quietud a mis sienes, mientras no encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Dios de Jacob…’.

¡Levántate, Señor y ven a tu reposo, Tú y el Arca de tu santidad! (María comprende la alusión y rompe a llorar).

Revístanse de justicia tus sacerdotes, regocíjense tus santos. Por amor de David, tu siervo, no nos niegues el rostro de tu Cristo.

El Señor ha jurado a David la promesa y la mantendrá: ‘Pondré en tu trono al fruto de tu seno’.

El Señor la ha elegido como morada… Yo haré florecer la potencia de David preparando una antorcha encendida para mi Cristo”. Gracias, padre mío, por Mí y por mi Madre.

Tú has sido para mí un padre justo.

Y el Eterno te ha puesto como custodio de su Cristo y de su Arca.

Tú fuiste la antorcha encendida para Él. Para con el Fruto del seno santo has tenido entrañas de caridad.

Ve en paz, padre. La Viuda no quedará desamparada. El Señor ya ha provisto a que no se quede sola.

Ve sereno a tu reposo. Yo te lo digo».

María llora con su rostro apoyado contra las cobijas (parecen mantos) que cubren este cuerpo de José que ya se está enfriando.

Jesús se prodiga aún más en confortarle, pues la respiración se ha hecho más fatigosa y la mirada ha vuelto a velarse.

«”¡Dichoso el hombre que teme al Señor y sólo se complace en sus mandamientos!… Su justicia permanecerá por los siglos de los siglos.

En medio de los hombres rectos, se alza luminoso en las tinieblas el misericordioso, el benigno, el justo… El justo será recordado eternamente… Su justicia es eterna, su potencia se elevará hasta la gloria…”.

Y tú tendrás esta gloria, padre. Pronto iré a llevarte, junto con los Patriarcas que te han precedido, a la gloria que te espera.

Exulte tu espíritu con estas palabras mías.

“Quien confía en la ayuda del Altísimo vive bajo la protección del Dios del Cielo”.

Ésa es tu morada, padre mío. “Él me libró del lazo de los cazadores y de las palabras duras. Te cubrirá con sus alas; bajo sus plumas encontrarás amparo.

Su verdad te protegerá como un escudo; no temerás miedos nocturnos… No se acercará a ti el mal… porque ha dado orden a sus ángeles de protegerte en todos tus caminos.

Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en las piedras. Caminarás sobre el áspid y el basilisco; hollarás al dragón y al león. Porque has esperado en el Señor, Él te dice, padre, que te librará y te protegerá.

Puesto que has elevado a Él tu voz, te escuchará; estará contigo en la última tribulación; te glorificará después de esta vida, haciéndote ver ya desde ésta su Salvación”.

Y en la otra haciéndote entrar, por la Salvación que ahora te conforta y que pronto, ¡Oh…, pronto irá, te lo repito, a ceñirte con un abrazo divino y a llevarte consigo,

a la cabeza de todos los Patriarcas, al lugar preparado para morada del Justo de Dios que fue el padre mío bendito!

Precédeme para decirles a los Patriarcas que la Salvación está en el mundo y que el Reino de los Cielos pronto les será abierto.

Ve, padre. Que mi Bendición te acompañe».

Ahora la voz de Jesús es más alta, para que pueda llegar a la mente de José, que está abismándose en las nieblas de la muerte.

El final es inminente.

El anciano respira a duras penas.

María le acaricia.

Jesús se sienta en el borde de la cama y abraza y atrae hacia sí al moribundo, el cual, exhausto, se apaga sin convulsión alguna.

Es una escena llena de paz solemne.

Jesús coloca de nuevo al Patriarca y abraza a María, que, al final, angustiada de dolor; se había acercado a Él.

Dice Jesús:

«Mi lección para todas las mujeres casadas que sienten una pena acongojante es ésta:

Imitar a María de viuda.

Y lo que Ella hizo fue unirse a Jesús.

Se equivocan los que piensan que las penas del corazón no hicieran sufrir a María.

Mi Madre sufrió, sabedlo.

Sufrió, sí, santamente – todo en Ella era santo —, mas no por ello no sufrió intensamente.

Igualmente se equivocan aquellos que piensan que María amó tibiamente a su esposo, fundándose en que José era su esposo de espíritu no de carne. NO.

María amaba intensamente a su José, al cual le había dedicado seis lustros de vida fiel.

Y José había sido para Ella un padre, un esposo, un hermano, un amigo, un protector.

Y Ella ahora se sentía sola, como un sarmiento si le talan el árbol que le servía de apoyo.

Su casa estaba como si la hubiera asestado su golpe el rayo; se dividía.

Primero era una unidad cuyos miembros se sostenían mutuamente; ahora venía a faltar el muro maestro.

Éste fue el primer golpe asestado a esa Familia…

Y fue símbolo del otro abandono, que ya estaba próximo:

el de su amado Jesús.

La voluntad del Eterno había querido que fuera esposa y Madre.

Ahora, por ésta misma voluntad, habría de experimentar la viudez y el que su Hijo la dejara.

Y María responde, entre lágrimas, con uno de esos “síes” sublimes suyos:

“Sí, Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Y ¿Qué hace en esa hora, para tener la necesaria fuerza?: se abraza a Jesús.

María, siempre, en las horas más graves de su vida, se había abrazado a Dios.

Así lo hizo en el Templo, cuando recibió la llamada al matrimonio.

Como en Nazaret, cuando fue llamada a la Maternidad.

O llorando al verse viuda.

O en Nazaret también, cuando tuvo que pasar por el suplicio de verse separada de su Hijo.

Como en el Calvario, bajo la tortura que le supuso el verme morir.

Aprended, vosotros, los que lloráis.

Aprended vosotros, que morís.

Vosotros, que para morir vivís, aprendedlo.

Tratad de merecer las mismas palabras que Yo dije a José.

Ellas serán vuestra paz en medio de la batalla de la muerte.

Aprended, vosotros, que morís, a merecer que Jesús esté a vuestro lado para confortaros.

Mas, aunque NO lo hubierais merecido, tened la osadía, de todas formas, de llamarMe para que vaya a vuestro lado.

Yo iré, llenas mis manos de gracias y consuelo, lleno mi Corazón de perdón y de Amor, llenos mis labios de palabras de absolución y de palabras de aliento.

La muerte, vivida entre mis brazos, pierde toda su parte cruda; creedlo.

Yo no puedo abolir la muerte, pero sí puedo hacérsela dulce a aquel que muere confiando en Mí.

Ya dijo Cristo, en su Cruz, por todos vosotros: “Señor, te confío mi espíritu”.

Lo dijo en su agonía pensando en la de cada uno de vosotros,

pensando en vuestros sentimientos de terror, en vuestros errores, en vuestros temores, en vuestros deseos de perdón.

Lo dijo con el corazón quebrado más que por la lanzada por la congoja, por una congoja más espiritual que física…

Para que la agonía de aquellos que mueren pensando en Él fuera dulcificada por el Señor.

Y para que el espíritu pasara de la muerte a la Vida, del dolor al gozo, para siempre.  

22 NACIMIENTO DEL PROFETA


A view of the Tombs of the Patriarchs in Hebron

22 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

 Nacimiento de Juan el Bautista.

Todo sufrimiento se aplaca sobre el seno de María.

En medio de las cosas repugnantes que nos ofrece el mundo de ahora, baja del Cielo, y no sé cómo puede hacerlo, dado que yo soy como una ramita seca a merced del viento,

en estos continuos choques contra la maldad humana, tan discordante con lo que vive en mí, baja del Cielo, digo, esta visión de paz.

Continúa la casa de Isabel.

Es una hermosa tarde de verano, aún clara con un último sol, y de todas formas ya adornada en el cielo por un arco falcado de luna, que parece una coma de plata en una vasta tela azul intenso de fina seda.

Los rosales huelen fuertemente, y las abejas, gotas de oro zumbadoras, dan sus últimos vuelos en el aire quieto y caliente de la tarde.

De los prados viene un gran olor de heno secado al sol, un olor casi de pan, de pan caliente, recién hecho.

Quizás viene también de los muchos lienzos que están tendidos por todas partes para secarse y que ahora Sara está plegando.

María pasea dándole el brazo a su prima. Muy despacito van y vienen, bajo el emparrado semioscuro.

María está pendiente de todo y, a pesar de estar dedicada a Isabel, se da cuenta de que Sara está atareada en doblar un largo lienzo que ha quitado de un seto. 

Y dice a su parienta:

–     Espérame aquí, sentada.

Y va a ayudar a la anciana sirvienta, estirando la tela para alisarla, y doblándola con cuidado.

Y sonriendo dice:

–     Se siente todavía el sol, están calientes – y, para que se sienta contenta la mujer, añade: – Esta tela después de tu blanqueo ha quedado más bonita que nunca. Nadie tiene tanta maña como tú.

Sara se marcha toda contenta con su carga de fragantes telas.

María vuelve con Isabel y dice:

–     Otros poquitos pasos.

Te vendrán bien – Y, dado que Isabel está cansada y no le apetece moverse, le dice: – Vamos sólo a ver si todas tus palomas están en sus nidos y si el agua de su pilón está limpia. Luego regresaremos a casa.

Las palomas deben ser las predilectas de Isabel.

Llegadas ante la rústica torrecilla donde ya se han recogido todas las palomas (las hembras están en los nidos; los machos, delante de éstos y no se mueven, pero viendo a las dos mujeres las saludan con su arrullo)

Isabel se emociona. La debilidad de su estado la vence y le produce temores que le hacen llorar.

Se los manifiesta a su prima:

–     Si yo muriese…

¡Pobres palomitas mías! Tú no permanecerás aquí.

Si te quedaras en mi casa, no me importaría morirme. He gozado de la máxima alegría que una mujer puede recibir, una alegría que ya me había resignado a no conocer nunca.

Ni de la misma muerte puedo presentarle quejas al Señor, porque Él, ¡Bendito sea!, me ha colmado de su benevolencia. Pero, está Zacarías… y estará el niño:

uno, viejo, que se encontraría como perdido en un desierto sin su mujer; el otro, tan pequeñito, que sería como una flor destinada a morir helada, por no tener a su mamá.

¡Pobre niño, sin las caricias de su madre!…  

María dice:

–     Pero, ¿Por qué estás tan triste?

Dios te ha dado la alegría de ser madre, y no te la va a quitar cuando llega a su plenitud.

El pequeño Juan tendrá todos los besos de su mamá y Zacarías gozará de todos los cuidados de su fiel esposa hasta la más avanzada ancianidad. Sois dos ramas de un mismo árbol.

No morirá uno dejando al otro solo.

–     Tú eres buena y quieres consolarme, pero yo soy muy anciana para tener un hijo…

¡Y ahora que estoy para darlo a luz tengo miedo!

–     ¡Oh, no! ¡Está aquí Jesús!

Donde está Jesús no se debe tener miedo. Mi Niño te quitó el dolor cuando era como un capullo recién formado; tú lo dijiste.

Ahora, que cada vez va desarrollándose más y que vive ya como criatura mía;

ahora, que siento palpitar su corazón en mi garganta y es como si tuviera posado en ella un pajarito de nido, con un corazoncito de suave palpitar, alejará de ti todo peligro. Debes tener fe.

–     La tengo.

Pero, si yo muriese… no dejes a Zacarías inmediatamente. Sé que piensas en tu casa, pero, quédate un poco, para ayudarle a mi marido en el momento del primer dolor.

–     Me quedaré, para complacerme en la alegría de ambos.

Y sólo te dejaré cuando estés fuerte y te sientas aliviada.

Estate tranquila, Isabel; todo irá bien. En tu casa no faltará nada mientras dure tu dolor. Zacarías será servido por la más amorosa de las siervas.

Y tus flores y tus palomas estarán cuidadas y a unas y a otras las encontrarás avivadas y bonitas para recibir cálidamente a la dueña cuando vuelva.

Regresemos a casa ahora, te estás poniendo pálida…

–     Sí, me parece que tengo otra vez dolores.

Quizás haya llegado la hora. María, ora por mí.

–     Te sostendré con la oración hasta que tus dolores se transformen en gozo.

Y las dos mujeres entran despacio en la casa.

Isabel se retira a sus habitaciones.

María, hábil y previsora, da órdenes y prepara todo lo que puede necesitarse y trata de confortar a Zacarías, que está preocupado.

En la casa que vela esta noche, con voces nuevas, de mujeres llamadas para ayudar, María está en pie, vigilante como un faro en una noche de tormenta.

Toda la casa gravita sobre Ella, que dulce y sonriente, provee a todo; y ora.  Cuando no se le llama para esto o aquello, se recoge en oración.

Está en la habitación en que se reunían siempre para las comidas y el trabajo. Con Ella está Zacarías, paseando turbado. Ya han orado juntos.

María luego ha seguido orando; incluso ahora, que el anciano, cansado, se ha sentado en su sillón junto a la mesa y se ha quedado en silencio, soñoliento.  

Cuando ve que está dormido del todo — la cabeza sobre los brazos cruzados apoyados en la mesa —, Ella se desata las sandalias para hacer menos ruido, y camina descalza.

Luego, con menos rumor del que puede hacer una mariposa volando por una habitación, coge el manto de Zacarías y se lo extiende encima al anciano con una suavidad tal,

que éste continúa durmiendo bajo el calorcito de la lana protectora del fresco nocturno, que entra a ondas por la puerta, frecuentemente abierta.

Luego sigue orando; cada vez con más intensidad; de rodillas, con los brazos levantados, cuando el quejido de Isabel, que sufre, se agudiza.

María sale con sus pies descalzos al jardín.

Sara llega y la llama con señas.

Luego dice:

–     La señora la llama.  

María responde:

–     Voy.

María va por el lado externo de la casa, sube la escalera… Parece un ángel blanco moviéndose en la noche quieta llena de astros.

Entra en la habitación de Isabel.  

Su prima está angustiada,

y le dice:

–    ¡Oh! ¡María! ¡María!

¡Cuánto dolor! ¡No puedo más, María! ¡Cuánto dolor hay que padecer para ser madre!.

María la acaricia con amor y la besa.

–     ¡María! ¡María!

¡Deja que ponga mis manos sobre tu vientre!.

María coge esas dos manos rugosas e hinchadas, las pone sobre su abdomen ya algo abultado y las mantiene apretadas con sus manitas lisas y gráciles.

Y ahora, que están las dos solas, habla en tono suave y dice:

–     Jesús está aquí, oyéndote y viéndote.

Ten confianza, Isabel. Su corazón santo late con más fuerza, porque está actuando para bien tuyo. Lo siento latir como si lo tuviera entre una mano y otra. Yo entiendo las palabras de mi Niño hechas de latidos.

Ahora me está diciendo: “Dile a la mujer que no tema. Todavía un poco de dolor. Luego, con el primer sol, entre las tantas rosas que esperan ese rayo matutino para abrir sus pétalos sobre su tallo,

su casa tendrá la rosa más bonita, Juan, mi Precursor”.

Isabel apoya también la cara en el vientre de María y llora silenciosamente.

María está un tiempo así, pues parece que el dolor va pasando a una fase de relajación reparadora. Luego indica a todos que estén tranquilos.

Ella permanece en pie, blanca y hermosa bajo el tenue claror de una lámpara de aceite, como un ángel al lado de quien sufre. Ora. La veo mover los labios.

De todas formas, aun cuando no se los viese mover, comprendería que está orando por la expresión arrobada del rostro. El tiempo pasa.

Le vuelve el dolor a Isabel.

María la besa de nuevo y se retira. Baja rápida a la luz de la luna y corre a ver si el anciano duerme todavía. Duerme, gimiendo en el sueño. María hace un gesto de piedad.

Se pone de nuevo a orar. Pasa el tiempo. El anciano sale bruscamente de su sueño y levanta su rostro, confuso, como de quien no recordase bien por qué estaba ahí.

Luego recuerda, hace un gesto y profiere una exclamación gutural, y escribe: «¿No ha nacido todavía?».

María indica que no,

Y Zacarías: «¡Cuánto dolor! ¡Pobre esposa mía! ¿Lo logrará sin morir a cambio?».

María coge la mano del anciano tratando de infundirle ánimo:

–     Para el alba, dentro de poco, el niño ya habrá nacido.

Todo irá bien. Isabel es fuerte. ¡Qué bonito va a ser este día — pues está cercana la aurora — en que tu niño va a ver la luz!

¡El más bello de tu vida! Grandes gracias te tiene reservadas el Señor, y tu hijo es su anunciador.

Zacarías menea tristemente la cabeza y señala a su boca muda. Quisiera decir muchas cosas, pero no puede.

María se da cuenta de ello y responde:

–     El Señor hará completa tu alegría.

Cree en Él completamente, espera infinitamente, ama totalmente. El Altísimo te escuchará más de lo que pudieras esperar. Él quiere esta Fe tuya total como purificación de tu pasada desconfianza.

Di en tu corazón conmigo: “Creo”. Dilo a cada uno de los latidos de tu corazón. Los tesoros de Dios se abren para quien cree en Él y en su poderosa bondad.

La puerta está entornada y la luz comienza a penetrar por ella. María la abre.

El alba ha puesto toda blanca la tierra aljofarada de rocío. Se percibe un fuerte olor de tierra húmeda y hierba, y los primeros silbos de pájaros se llaman de rama a rama.

El anciano y María salen a la puerta. Están pálidos por la noche pasada en vela; la luz del alba los pone aún más pálidos.

María calza de nuevo sus sandalias y va al pie de la escalera, atenta a ver si se oye algo.

Una mujer se asoma, María hace unos gestos y vuelve. Todavía nada.

Luego va a una habitación y regresa con leche caliente. Se la da a beber al anciano.

Después va donde las palomas, y desaparece de nuevo en esa habitación; quizás es la cocina.

Se mueve aquí y allá, está atenta a todo. Se la ve tan ágil y tan serena, que parece como si hubiera dormido el mejor de los sueños.

Zacarías pasea arriba y abajo nerviosamente por el jardín.

María lo mira con piedad.

Luego entra otra vez en la misma habitación y, arrodillada junto a su telar, ora intensamente, pues la queja de la sufriente se hace más aguda.

Se curva hasta el suelo para suplicarle al Eterno.

Zacarías vuelve, entra y la ve postrada en ese modo; el pobre anciano llora.

María se levanta y le toma de la mano. Es mucho más joven que él, pero parece Ella la madre de esa vejez desolada sobre la que extiende sus consuelos.

Permanecen así, el uno al lado del otro, bajo este sol que pone rosáceo el aire de la mañana. Estando así, llega a sus oídos el jubiloso anuncio:

–     ¡Ha nacido!

¡Ha nacido! ¡Un niño! ¡Oh, padre dichoso! ¡Un niño lozano como una rosa, bonito como el Sol, fuerte y bueno como la madre!

¡Alégrate, padre bendecido por el Señor, que te ha dado un hijo para que lo ofrezcas a su Templo! ¡Gloria a Dios, que ha concedido posteridad a esta casa! ¡Benditos seáis tú y el hijo que te ha nacido!

¡Que su linaje perpetúe tu nombre por los siglos de los siglos, generación tras generación, y permanezca siempre en alianza con el Señor eterno!

María, llorando de alegría, bendice al Señor. 

Luego, los dos acogen al pequeñuelo, que le ha sido traído al padre para que lo bendiga.

Zacarías no va con Isabel; coge al niño, que grita como un desesperado. Pero no va donde su esposa.

María sí que va, llevando amorosa al pequeñuelo, el cual se ha quedado callado nada más que María lo ha cogido en brazos.

La comadre, que va tras Ella, se percata de este hecho. 

Y entrando en la habitación, lo dice:

–     Mujer, tu hijo se ha callado enseguida, cuando Ella lo ha tomado en sus brazos.

¡Mira qué tranquilo duerme! ¡Y bien sabe el Cielo lo inquieto y fuerte que es! ¡Mira, ahora parece un pichoncito!

María deposita a la criatura junto a la madre y acaricia a Isabel, poniendo en orden su pelo gris.

–     La rosa ha nacido — le dice con voz suave — y tú vives. Zacarías está dichoso.  

Isabel pregunta:

–     ¿Habla?

–     Todavía no. 

Pero, espera en el Señor. Ahora descansa. Yo estoy contigo.

Dice María: 

Mi presencia había santificado al Bautista, pero no había cancelado a Isabel la condena proveniente de Eva. “Darás a luz con dolor” había dicho el Eterno.

Sólo yo, sin mancha y sin haber tenido unión matrimonial humana, quedé exenta de engendrar con dolor.

La tristeza y el dolor son los frutos de la culpa. Yo, que era la Inculpable, tuve que conocer también el dolor y la tristeza, porque era la Corredentora.

Pero no conocí el tormento del generar; no, este tormento no lo conocí.

Y, no obstante, créeme, hija, no hubo, ni habrá jamás tormento puerperal semejante al mío… 

de Mártir de una Maternidad espiritual cumplida en el más duro lecho, el de Mi Cruz, al pie del patíbulo del Hijo que se me moría.

¿Qué madre se verá obligada a generar de esa manera? ¿Qué madre se verá obligada a amalgamar el suplicio del desgarro de sus entrañas por los estertores de su Hijo moribundo,   

con el suplicio de sentírsele retorcer las entrañas al tener que superar el horror de deber decir:

“Os amo; venid a mí, que soy Madre vuestra” a los que estaban matando a ese Hijo nacido del más sublime amor, 

que jamás haya visto el Cielo, del amor de un Dios con una virgen, del beso de Fuego, del abrazo de Luz, que se hicieron Carne, y que del vientre de una mujer hicieron el Tabernáculo de Dios?

–    ¡Cuánto dolor para ser madre! – dice Isabel.

–     ¡Mucho! Sí, pero insignificante, comparado con el mío.

–     Déjame poner las manos en tu vientre”.

¡Ah, si cuando sufrís me pidierais siempre esto! Yo soy la eterna Portadora de Jesús.

Él está dentro de mi pecho, como tú lo viste el año pasado, cual Hostia en el ostensorio.

Quien a mí viene, a Él lo encuentra; quien en mí se apoya, a Él lo toca; quien a mi se dirige, con Él habla. Yo soy su vestidura.

Él es el alma mía.

Mi Hijo está ahora más unido a mí que durante los nueve meses de gestación.

A quien a mí viene y apoya su cabeza en mi regazo, todo dolor se le adormece, toda esperanza le florece, toda gracia le fluye.

Yo oro por vosotros. Recordadlo.

La beatitud de estar en el Cielo, viviendo en el esplendor de Dios, no me distrae de mis hijos que padecen en la Tierra. Yo oro. Todo el Cielo ora porque el Cielo ama.

El Cielo es caridad que vive, y la Caridad tiene piedad de vosotros. Pero, aunque sólo estuviera yo, habría suficiente oración para cubrir las necesidades de quien espera en Dios.

Porque no ceso de orar por todos vosotros, santos y malvados, para dar: a los santos, la alegría; a los malvados, el salvífico arrepentimiento.

Venid, venid, hijos de mi dolor. Os espero al pie de la Cruz para distribuir gracias.  

111 EL MARTIRIO 2


111 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

LAS DOS COLUMNAS PRIMARIAS

Nerón, cuando asesinó a Séneca esperaba apoderarse de la fortuna estimada en trescientos millones de sestercios y descubrió que ésta no llegaba ni a la décima parte de esa cantidad.

Con la sentencia de Petronio, se encontró con que lo único que quedaba era su palacio en Roma y la quinta de Cumas; que ya no le pertenecían a él, pues estaban legalizadas a nombre de otro dueño.

Estos dos fiascos le hicieron  decretar que en los testamentos se presentarían en blanco las dos primeras páginas.

Que solamente se escribiría en ellas el nombre del testador y que el que escribiese el testamento de otro, no podría asignarse ningún legado.

Empobrecido y exhausto de recursos hasta el punto de demorar la paga de los soldados y las pensiones de los veteranos, recurrió a las rapiñas y a las falsas acusaciones.

Se apoderó de los bienes y las fortunas que le apetecían con el argumento de que ‘habían sido ingratos con el Príncipe.’

Un día que cantaba en el teatro, vio a una matrona adornada con la prohibida púrpura, la señaló a sus agentes y haciéndola sacar inmediatamente, le confiscó el traje y los bienes.

Y ya no confirió ningún cargo sin añadir:

–   ¿Sabes lo que necesito?

Obremos de tal forma que nadie tenga nada.

Concluyó por despojar a la mayor parte de los templos y fundió todas las estatuas de oro y de plata.

Después de la muerte de Popea quiso casarse con Antonia la hija de Claudio.

Como ella se rehusó, también la acusó de conspiración e hizo que la mataran.

No hubo lazo que no rompiera con el crimen.

Y mientras tanto su red de espías, seguían llenando los tribunales con cristianos.

Pedro fue arrestado por los pretorianos y lo llevaron a la cárcel mamertina, en el calaozo del Tullianum.

Los cristianos lo recibieron con gran reverencia y amor.

Algunos presos que habían sido torturados y que no eran cristianos, le pidieron que los ayudase.

Pedro oró y los sanó el Señor.

El hijo de un verdugo que estaba sordo y mudo, también fue sanado.

Entonces un centurión se acercó…

Y le dijo:

–   Mi nombre es Flavio. 

Tengo un compañero de guerra al que quiero mucho.

En Germania recibió un fuerte golpe en la nuca y está paralizado del cuello hacia abajo.

¿Podrías rogar a tu Dios para que lo cure?

Pedro le contestó:

–   Flavio, ¿Crees que nuestro Señor Jesucristo pueda sanarlo?

–   Sí creo. Creo que Él es Dios y si Él quiere, puede compadecerse de un pagano…

–  Flavio, en el Nombre de Jesucristo, hágase como lo pides.

Y dile a tu amigo que busque la Luz de la Verdad.

Por la tarde de ese mismo día, llegó el otro soldado completamente sano a darle las gracias.

Flavio dice llorando:

–   Cuando seas sentenciado, yo voy a tener que matarte.

Pedro lo mira sonriendo con amor,

Y lo exhorta:

–   Cumple tu deber hijo mío.

Y alégrate. No me darás la muerte. Lo que vas a hacer es abrirme las Puertas del Cielo.

El soldado sanado declara:

–   Anciano, yo soy Leoncio y te doy las gracias a ti y a tu Dios.

Flavio pregunta:

–      Dime cómo podemos agradecerle y adorarlo.

–     Él Mismo los guiará. Venid…

Y Pedro les habla del alma y del Cielo…

Durante todo el tiempo que estuvo en prisión, continuó evangelizando también a sus carceleros,

realizando milagros a todos los que se lo pedían y bautizando sin cesar a los conversos…

Y los rumores de lo sucedido, traspasaron las murallas de la prisión y se expandieron por todos lados.

Entonces Pablo también fue llevado a la cárcel Mamertina.

Y cuando Nerón fue notificado de que los líderes de la Iglesia Perseguida habían sido capturados, decidió divertirse un poco…

Recordó algo que le había platicado Popea cuando era prosélita de la religión hebrea.

Y en complot con Tigelino, urdió un plan…

Para ver lo que haría el Dios de los cristianos, al verse enfrentado con su Padre.

La primera vez que se menciona a Simón el Mago es en el Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde dice que él era un hombre experto en las artes mágicas con las cuales,

“tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje” (Hechos 8, 9).

Y cuando Felipe, uno de los primeros diáconos, llevó el evangelio a esta zona.

Por la gracia de Dios, mucha gente creyó y fue bautizada, incluyendo a Simón el Mago.

Al poco tiempo Pedro y Juan visitaron Samaria, para llevar el sacramento de la confirmación a los nuevos conversos.

El poder de este sacramento, impresionó a Simón el Mago y le ofreció dinero a los apóstoles, a cambio de que le dieran ese poder.

 Los apóstoles se rehusaron a perpetrar ese sacrilegio y la Iglesia hoy llama a ese pecado Simonía,.

 Simón, luego de ser rechazado por los Apóstoles, abandonó la Iglesia Católica y se volvió hacia el gnosticismo, una herejía cristiana temprana, que rechaza la autoridad de los Apóstoles,

en favor del conocimiento secreto que los cristianos afirmaban recibir directamente de Dios.

Al parecer volvió a su magia demoníaca y su conflicto llegó a su punto más alto en Roma; donde  tenía muy impresionada a la gente con sus artes mágicas.

Y por sus prodigios era tenido entre los judíos como un gran personaje que ‘Tenía consigo la Fuerza de Dios’.  

De acuerdo al plan preconcebido por el César, mandó sacar de la cárcel a Pedro y a Pablo.

Y ante una gran muchedumbre reunida en la plaza del Fórum,

Decidió enfrentarlos con Simón el Mago que capitaneaba a los judíos, acérrimos enemigos de los cristianos.

Cuando todos estuvieron frente al César,

éste les dijo, señalando a Simón:

–    Este hombre es sincero y vosotros, los embaucadores.

Y ahora lo veremos.

Acto seguido Simón el Mago, coronado de laurel por Nerón mismo, subió hasta lo más alto del Capitolio,

¡Y empezó a volar!

Pedro al ver aquello, dijo a Pablo:

–    Satanás se disfraza de ángel de Luz…

Pablo le replicó:

–   A mí me corresponde orar…

Y a ti, dar las órdenes debidas.

Pablo se arrodilló y se sumergió en la Oración en el Espíritu.

Pedro levantó la voz y dijo con autoridad:

–     Espíritus de Satanás que lleváis a este hombre por el aire.

En El Nombre Santísimo de Jesús yo os mando que no lo sostengáis más.

Y que lo bajéis sin dañarlo, hasta el suelo.

Los Demonios se encolerizaron tanto, que obedecieron la orden a medias.

Ante el asombro general, Simón aterrizó bastante maltrecho; porque lo soltaron desde una altura considerable y cayó, rompiéndose las piernas. 

Pero Pedro oró y  Dios hizo el milagro.

Y Simón  quedó tan avergonzado, que huyó a esconderse por un año, antes de animarse a comparecer ante el público otra vez.

Nerón se enfureció aún más, al ver el inesperado resultado de su maquinación.

Y antes de retirarse, ordenó que los llevaran al tribunal.

El Prefecto Agripa dijo a Pedro, al tenerlos frente a sí:

–    Así que tú eres el hombre que en tus reuniones aprovechas tu influencia e impides que las mujeres se casen.

Pedro le contestó:

–   Yo soy fiel discípulo de mi Señor Jesucristo.

El Crucificado que Resucitó y Vive y Reina por siempre, a la diestra de Dios Padre.

–    Le seguirás hasta el final.

También tú morirás en la Cruz.

Y a Pablo por ser ciudadano romano, lo condenó a ser decapitado.

Al anciano apóstol se le aplicaron los azotes prescritos por la ley.

Y al día siguiente fue conducido fuera de las puertas de la ciudad.

Hacia el Monte Vaticano, en donde debía cumplirse la sentencia y ser crucificado.

A causa de su avanzada edad, no se le exigió que cargara con la cruz.

Cuando llegaron al sitio designado, Pedro contempló toda la Ciudad Eterna, extendida a sus pies…

Y levantando la mano derecha, bendijo:

pedro

“Aquí donde Nerón gobierna hoy, Cristo gobernará por siempre.”

¡URBI ET ORBI! (a la ciudad y al mundo)

Y su sonrisa se hizo más luminosa y su rostro se volvió radiante, cuando Jesús le permitió extender su mirada a través de los siglos.

Y vio el mismo lugar de su martirio, convertido en una inmensa Basílica, con la grandiosa plaza con su nombre, perpetuado por su donación y entrega a su misión.  

Desde la cual, casi dos mil años después estaría llena de millares de personas, escuchando reverentes a otro Pontífice Mártir y Santo:

San Juan Pablo II.

La Plaza de San Pedro es una de las plazas más bonitas y grandes del mundo. Se encuentra situada en El Vaticano, a los pies de la Basílica de San Pedro.

Las dimensiones de la plaza son espectaculares: 320 metros de longitud y 240 metros de anchura.

En las liturgias y acontecimientos más destacados la Plaza de San Pedro ha llegado a albergar más de 300.000 personas.

Su sucesor 264, quién desde el Vaticano llevaría el mensaje del Evangelio a todas las naciones de la Tierra.

Y desde la Basílica de San Pedro, levantando su blanca mano, bendeciría lleno de bondad y de amor, infinidad de veces…

A través del Pontificado más largo de la Historia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana:

Un papa profundamente mariano: “TOTUS TUUS”

¡URBI ET ORBI!

Flavio, el jefe de los verdugos le indicó a Pedro que debía extenderse sobre la cruz.

Y Pedro le dijo:

–    Cuando crucificaron a mi Señor pusieron su cuerpo sobre la Cruz, con los pies abajo y la cabeza en lo alto, porque mi Señor descendió desde el Cielo a la Tierra.

Os ruego que al clavarme lo hagáis de tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero.

Porque además de que no soy digno de ser crucificado como Él, yo voy a subir de la Tierra al Cielo.

Accedieron a su petición y lo colocaron sobre la Cruz de manera,

que sus pies quedaron clavados separadamente en los extremos del travesaño horizontal superior y las manos en la parte baja del fuste, cerca del suelo.

Cuando Pedro estaba ya crucificado, Dios abrió los ojos espirituales de los espectadores.

Y vieron al apóstol rodeado de ángeles que tenían en sus manos coronas de rosas  y de lirios.

Y a Jesucristo colocado a su vera, mostrándole un Libro abierto…

Pedro lo leyó: “Apocalipsis”

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Y dijo en voz alta:

–           Gracias Dios Mío.

Y se sumergió en la Oración en el espíritu.

Pedro admiró por largas horas, todos los sucesos que le fueron mostrados en la Ciudad del Vaticano.

Y finalmente, con voz llena de júbilo y de adoración,

Exclamó:

–           ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!… –antes de expirar.

Las llaves del Cielo que Jesús le entregara y que habían estado en sus manos, las había entregado a Lino, en la Misa cuando le nombró su sucesor.  

En esa misma tarde, otro destacamento de pretorianos condujo a Pablo de Tarso a lo largo de la Vía Ostiense.

Pasaron por la Puerta Trigémina, hasta un lugar llamado Aqua Salviae.

Mientras avanzan, él mira hacia los Montes Albanos con la magnífica sensación de haber terminado su larga y fatigosa jornada apostólica.

Contempla ya los Cielos abiertos para recibirle y su alma está llena de júbilo,

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Por el inminente encuentro con el Dios por el que ha luchado y sufrido tanto,

Para darlo a conocer y a amar.

Cuando llegaron al sitio designado para el suplicio, se volvió hacia el Oriente y oró.

Luego, se despidió de los cristianos.

El verdugo le dijo:

–           Prepara tu cuello.

Pablo se arrodilló y dijo:

–           ¡Oh, Señor mío Jesucristo, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Y ofreció su cuello al verdugo.

Éste levantó la espada y descargó el golpe…

Con el rostro radiante, Pablo de tarso fue decapitado.

En el mismo instante en que se desprendió su cabeza del tronco,

Exclamó:

–           ¡Jesús!…

Su sangre bañó la lóriga de su verdugo, brilló una luz intensísima.

Y quedó el aire perfumado con una fragancia maravillosa…

La Iglesia Cristiana ha sido confirmada con la sangre de sus Dos Columnas Primarias:

San Pedro y San Pablo Apóstoles…

Su ornamento final lo pondrá su último sucesor y papa mártir…

Y los cristianos que confesarán su glorioso testimonio en la Tercera Gran Persecución realizada en el imperio de terror del Anticristo…

72 RENACER EN EL ESPÍRITU


72 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Hacia el final de la primera vigilia, (20.00hs) es una noche apacible en el olivar y el cielo ostenta su maravilloso esplendor,

con una luna llena que ilumina con su brillo plateado, lo que de otra manera sería una gran oscuridad.

  Jesús y Simón cananeo están  conversando en la cocina, sobre las incidencias que cambiarán su destino en Jerusalén.

Juan los interrumpe al entrar diciendo:

–    ¡Maestro! ¡Aquí está Nicodemo!

Después de los saludos, Simón toma a Juan y salen de la cocina, dejándolos solos a los dos.

Nicodemo dice preocupado:

–    Maestro, perdona si te he querido hablar en secreto. Desconfío, por Tí y por mí, de muchos.

No es sólo cobardía esto mío. También es prudencia y deseo de beneficiarte, más que si te perteneciera abiertamente.

Tú tienes muchos enemigos. Yo soy uno de los pocos que aquí te admiran.

He pedido consejo a Lázaro. Lázaro es poderoso por herencia, temido porque goza de favor ante Roma, justo ante los ojos de Dios;

sabio por maduración de ingenio y cultura, verdadero amigo tuyo y verdadero amigo mío.

Por todo esto he querido hablar con él. Y me siento feliz de que él haya juzgado del mismo modo.

Le he dicho las últimas… discusiones del Sanedrín sobre Tí. 

Jesús corrige con suavidad:

–    Las últimas acusaciones. No tengas reparo en decir las verdades desnudas, como son.

–    Las últimas acusaciones. Sí, Maestro.

Yo estaba ya para decir “Pues bien, yo también soy de los suyos”. Aunque sólo fuera porque en esa asamblea hubiera al menos uno que estuviera a tu favor.

Pero José, que se había acercado a mí, me susurró: “Calla. Mantengamos oculto nuestro pensamiento. Luego te explico”. Y una vez fuera, dijo…

Exactamente dijo: “Así es de mayor provecho. Si saben que somos discípulos, nos mantendrán al margen de cuanto piensan y deciden.

Y pueden dañarle y también perjudicarnos. Como sencillos admiradores de Él; no nos tendrán secretos’

Comprendí que tenía razón. ¡Son muchos!… ¡Y muy malos! También yo tengo mis intereses y mis obligaciones. Lo mismo que José… ¿Comprendes, Maestro?

–    No os reprocho nada. Antes de que tú llegases,estaba diciéndole esto a Simón. 

Y he determinado incluso, alejarme también de Jerusalén.

–     ¡Nos odias porque no te amamos!

–     ¡No! ¡No odio ni siquiera a los enemigos!

–     Tú lo dices. Pero es así. ¡Tienes razón!

Sólo que, ¡Qué dolor para mí y para José! ¿Y Lázaro? ¿Qué dirá Lázaro, que justamente hoy ha decidido proponerte que dejaras este lugar para ir a una de sus propiedades de Sión?

Bueno, ¿Ya sabes que Lázaro tiene poder económico, no? Buena parte de la ciudad es suya, de la misma forma que muchas tierras de Palestina.

Su padre, a su patrimonio y al de Euqueria, de tu tribu y familia, había unido aquello que los romanos dan como recompensa al servidor fiel,

cuando lo mantuvo como regente de Siria y era muy influyente en todos los asuntos que el imperio tenía por acá.

A sus hijos les ha dejado una herencia muy grande y lo que más cuenta: una velada pero potente amistad con Roma.

Sin ésta, ¿Quién habría salvado de la ignominia a toda la casa después de la infamante conducta de María?

¿Su divorcio, conseguido sólo porque se trataba de “ella“, su vida licenciosa en esa ciudad, que es su feudo?

Y en Tiberíades, que es el elegante lupanar donde Roma y Atenas han constituido un lecho de prostitución para tantos del pueblo elegido?

¡Verdaderamente, si Teófilo sirio hubiera sido un prosélito más convencido, no habría dado a los hijos educación helenizante que tanta virtud mata y siembra tanta voluptuosidad!

Y que bebida y expulsada sin consecuencias por Lázaro y especialmente por Marta, ha contagiado a la desenfrenada María.

¡Y ha proliferado en ella, convirtiéndola en el fango de la familia y de Palestina!

No, sin la poderosa sombra del favor de Roma, se les habría aplicado el anatema más que a los leprosos.

Pero, considerando que las cosas están así, aprovéchate de ello. Con Lázaro tendrás también, la protección oculta de Roma.

Jesús rechaza con firmeza:

–     No. Me retiro. Quien quiera verme vendrá a Mí.

–   ¿¡He hecho mal en hablar!? – Nicodemo se siente abatido.

–    No. Espera… ¡Persuádete!

Y Jesús abre una puerta llamando:

–    ¡Simón! ¡Juan! ¡Venid!

Los dos acuden.

Jesús les pregunta:

–   Simón, dile a Nicodemo lo que te estaba diciendo cuando ha entrado él.

–   Que para los humildes es suficiente con los pastores; para los poderosos, Lázaro, Nicodemo, José y Cusa.

Y que Tú te ibas a ir lejos de Jerusalén, aunque sin dejar Judea. Esto estabas diciendo. ¿Por me lo haces decir? ¿Qué ha ocurrido?

–    Nada. Nicodemo temía que yo me fuera a causa de sus palabras. 

Nicodemo interviene diciendo:

–    He dicho al Maestro que el Sanedrín se muestra cada vez más enemigo.

Y que sería buena cosa que se pusiera bajo la protección de Lázaro. Ha protegido tus bienes porque tiene a Roma de su parte y protegería también a Jesús. 

Simón confirma:

–    Es verdad. Es un buen consejo.

A pesar de que mi casta esté mal vista incluso por Roma, una palabra de Teófilo me ha conservado el patrimonio durante la proscripción y la lepra.

Y Lázaro es muy amigo tuyo, Maestro.

Jesús objeta:

–   Lo sé. Pero ya me he pronunciado. Y lo que he dicho Yo lo hago.

–   ¡Entonces, te perdemos!

–   No, Nicodemo.

Hombres de todas las sectas se acercan al Bautista; a Mí podrán venir hombres de todas las sectas y de todos los niveles.

–    Nosotros venimos a ti sabiendo que eres superior a Juan.

–    Podéis seguir viniendo.

Seré un rabí solitario Yo también, como Juan, y hablaré a las turbas deseosas de oír la voz de Dios y capaces de creer que Yo soy esa Voz.

Y los demás me olvidarán… si son, al menos, capaces de tanto.

Nicodemo afirma:

–    Maestro, estás triste y desilusionado.

Tienes razón en estarlo. Todos te escuchan y creen en ti hasta el punto de que obtienen milagros.

Hasta incluso uno de Herodes, uno que por fuerza debería tener corrompida la bondad natural en esa corte incestuosa y ha sido seguidor del Bautista.

También hasta soldados romanos.

Sólo nosotros, los de Sión, somos tan duros… No todos, no obstante. Ya ves…

Maestro, nosotros sabemos que has venido de parte de Dios y que eres su más alto doctor. También Gamaliel lo dice.

Nadie puede hacer los milagros que Tú haces si no tiene a Dios consigo. Esto piensan también los doctos como Gamaliel.

¿Cómo es que entonces no podemos nosotros tener la fe que tienen los pequeños de Israel? ¡Oh! ¡Dímelo! ¡Dímelo!

No te traicionaré, aunque me dijeras: “He mentido para conferir valor a mis palabras de sabiduría con la impresión de un sigilo que nadie puede despreciar”.

¿Eres Tú el Mesías del Señor, el Esperado, la Palabra del Padre encarnada para instruir y redimir a Israel según el Pacto?

–   ¿Lo preguntas porque tú quieres? O ¿Por qué otros te mandaron a que me lo preguntases?

–   Yo lo pregunto, Señor.

Tengo aquí, un tormento. Tengo una gran confusión.

Vientos contrarios y contrarias voces. Hay en mí una borrasca. ¿Por qué no hay en mí, hombre maduro?

Esa pacífica seguridad que tiene, éste casi analfabeto muchacho; en cuya cara le pone esa sonrisa…

En sus ojos, esa luz. Ese sol en su corazón. 

Nicodemo se vuelve hacia Juan, preguntando:

–   ¿De qué modo crees Juan, para estar así; tan seguro?

Enséñame tu secreto, hijo. Ese secreto con el que supiste ver y encontrar al Mesías; en Jesús, el Nazareno.

Juan se pone colorado como un jitomate. Baja la cabeza como si pidiese permiso para decir una cosa muy grande. Y responde con sencillez:

–    Amando.

–   ¡Amando!

Le toca el turno a Simón Zelote y Nicodemo lo mira escrutador.

Luego  lo interroga: 

–    ¿Y tú, Simón, hombre probo y maduro?

Tú, docto que has sido probado hasta el punto de sentirte inducido a temer el engaño en todas partes. Y has sido acrisolado… ¿Cómo has hecho para convencerte?

–   Meditando.

Nicodemo exclama:

–   ¡Amando! ¡Meditando! También yo amo y medito… ¡Y no estoy seguro todavía!

Interviene Jesús diciendo:

–   Yo te diré el verdadero secreto.

Éstos han sabido nacer de nuevo. Con un nuevo espíritu; libre de toda cadena; desligados de todo compromiso; vírgenes de cualquier otra idea.

Y por esto han comprendido a Dios.

Si uno no nace de nuevo; no puede ver el Reino de Dios; ni creer en su Rey.

–   ¿Cómo puede un hombre volver a nacer; si ya es adulto?

Una vez fuera del seno materno, el hombre no puede jamás volver a entrar en él. ¿Aludes tal vez a la Reencarnación, como creen muchos paganos?

No, en ti no es posible esto; además, no se trataría de un volver a entrar en el seno materno, sino de un reencarnarse más allá del tiempo y por tanto, no ahora. ¿Cómo es esto? ¿Cómo? ¿En qué forma?

Jesús con mucha autoridad, como si estuviera en la cátedra del Templo,

Responde:

–    No hay más que una existencia de la carne sobre la Tierra y una eterna vida del espíritu más allá de la Tierra. Sólo hay una existencia de la carne sobre la Tierra. Y una vida eterna.  

Yo no hablo de la carne y de la sangre; sino del espíritu inmortal, que renace a la vida verdadera por dos cosas: Por el agua y por el Espíritu.  Lo más grande es el espíritu; sin el cual, el agua no es más que un símbolo.

Quien se ha lavado por el agua; debe purificarse luego con el espíritu y con Él; encenderse y renacer. Luego el alimentarse hasta llegar a la edad perfecta.

Porque lo que ha sido engendrado por la carne es y seguirá siendo carne, y con ella muere tras haberla servido en sus apetitos y pecados.

Pero lo que ha sido engendrado por el Espíritu es espíritu.

Y vive volviendo al Espíritu Generador después de haber cultivado el propio espíritu hasta la edad perfecta.

El Reino de los Cielos no será habitado sino por seres llegados a la edad espiritual perfecta. No te maravilles, por tanto, si digo: “Es necesario que vosotros nazcáis de nuevo”.

Éstos han sabido renacer. El joven ha matado la carne y ha hecho renacer el espíritu poniendo su ‘yo’ en la hoguera del amor. Enteramente ha sido consumido de toda materia.

Y he aquí que de las cenizas surge su nueva flor espiritual, maravilloso heliotropo que sabe dirigirse hacia el Sol Eterno.

El de edad; puso la guadaña en la meditación honesta a los pies de su viejo modo de pensar.

Y arrancó la vieja planta dejando sólo el retoño de la buena voluntad. Del que hizo nacer su nuevo pensamiento.

Ahora ama a Dios con su espíritu nuevo y lo ve…Lo que nace de la carne, es carne. Lo que nace del espíritu, es espíritu. Cada uno tiene su modo para llegar al puerto.

Cualquier viento es bueno, con tal de que se sepa usar la vela. Vosotros oís que sopla el viento y por su corriente podéis regular y dirigir la maniobra.

Pero no podéis decir de donde viene. Ni llamar al viento que necesitáis.

También el Espíritu llama. Y viene llamando y pasa. Pero sólo el que está atento puede seguirlo.

El Hijo conoce la Voz de su Padre. Y la voz del espíritu; conoce la Voz del Espíritu y Quién lo engendró…

–   ¿Cómo puede suceder esto?

–   Tú, Maestro en Israel; ¿Me lo preguntas?

¿Ignoras estas cosas? Se habla y se da testimonio de lo que sabemos y hemos visto. Pues bien, Yo hablo y doy testimonio de lo que sé.

¿Cómo podrás aceptar las cosas que no has visto; si no aceptas el testimonio que te traigo? ¿Cómo puedes creer en el Espíritu; si no crees en la Palabra Encarnada?…

No bajes la frente, Nicodemo. He venido a salvar. No a destruir. Dios no ha enviado a su Unigénito al mundo para condenar al mundo; sino para que el mundo se salve por medio de Él.

Yo he bajado para volver a subir llevándome conmigo a los que están aquí abajo. Uno sólo ha bajado del Cielo: el Hijo del hombre.

Uno sólo al Cielo subirá con el poder de abrir el Cielo: Yo, Hijo del hombre.

Recuerda a Moisés. Él levantó una serpiente en el desierto para curar las enfermedades de Israel.

Cuando Yo sea levantado en alto, aquellos a quienes la fiebre de la culpa hace ciegos, sordos, mudos o que por ella han perdido el juicio o están leprosos y enfermos, serán curados.

Y quienquiera que crea en Mí tendrá vida eterna.

También quienes en Mí hayan creído tendrán esta vida beata. En el mundo he visto todas las culpas, todas las herejías, todas las idolatrías.

Pero, ¿Puede acaso la golondrina que vuela veloz por encima del polvo ensuciarse el plumaje?

No. Lleva por las tristes vías de la Tierra una coma de azul, un olor de cielo, emite un reclamo para conmover a los hombres y hacerles levantar del fango la mirada y seguir su vuelo que al cielo retorna.

Igualmente Yo. Vengo para llevaros conmigo. ¡Venid!… Bajé para ascender, llevándoos conmigo. ¡Venid!

Quién cree en el Unigénito; no será juzgado. Ya está a salvo. Porque Él; el Hijo del Hombre, ruega al Padre, diciéndole: Éste me ha amado’

Pero el que no cree; es inútil que haga obras santas. Está ya juzgado porque no ha creído en el Hijo Unigénito de Dios.

¿Cuál es mi Nombre, Nicodemo?

–     Jesús. (Jesús en hebreo antiguo, Yeshúa o Ieshúa significa ‘Salvación’) 

–     ¡No! ¡Salvador! Yo Soy Salvación.

Quién no cree en Mí; rechaza su salvación. Y la Justicia Eterna lo ha sentenciado.

Y el juicio es éste:

‘La Luz se envió a ti y al mundo para salvaros. Y tú y los hombres habéis preferido las tinieblas a la Luz…’

Porque preferíais las obras malvadas, que se habían hecho costumbre en vosotros. A las obras buenas, las que Él os señalaba como obras que seguir para ser santos”.

Vosotros habéis odiado la Luz, porque los malhechores aprecian las tinieblas para sus delitos; habéis evitado la Luz para que no proyectara luz sobre vuestros ocultos resentimientos.

No por ti, Nicodemo, pero la verdad es ésta. Y el castigo guardará relación con la condena, por lo que respecta al individuo y por lo que respecta a la colectividad.

Si me refiero a los que me aman y ponen en práctica las verdades que enseño; naciendo en el espíritu por segunda vez, la más verdadera.

Digo que no temen la Luz antes bien, a ella se arriman; porque su luz aumenta aquella con que fueron iluminados: recíproca gloria, que hace dichoso a Dios en sus hijos y a los hijos en el Padre.

No, ciertamente los hijos de la Luz no temen ser iluminados; antes bien, con el corazón y con las obras, dicen: “No he sido yo sino Él, el Padre, Él, el Hijo, Él, el Espíritu, quienes han cumplido en mí el Bien.

A ellos la gloria eternamente.

Y desde el Cielo responde el eterno canto de los Tres que se aman en su perfecta Unidad: “A ti eternamente la bendición, hijo verdadero de nuestra voluntad”. 

Jesús se vuelve hacia su predilecto: 

–     Juan, acuérdate de estas palabras para cuando llegue la hora de escribirlas. 

Y dirigiéndose al magistrado del Sanedrín pregunta:   

–     Nicodemo, ¿Estás convencido?

–    Sí, Maestro. ¿Cuándo podré hablarte otra vez?

–    Lázaro sabrá llevarte. Iré a su casa, antes de alejarme de aquí.

–    Me voy, Maestro. Bendice a tu siervo.

–    Mi paz sea contigo.

Nicodemo sale con Juan.

Jesús se vuelve a Simón:

–    ¿Ves la obra del poder de las Tinieblas?…

Como una araña, tiende su trampa, envuelve y aprisiona a quien no sabe morir para renacer como mariposa… Con una fortaleza capaz de romper la tela tenebrosa y traspasarla.

llevándose como recuerdo de su victoria, jirones de reluciente red en las alas de oro, como oriflamas y lábaros conquistados al enemigo.

Morir para vivir.

Aprendiendo la ciencia de MORIR VIVIENDO y MORIR AMANDO.

Morir para daros la fuerza de morir.

Vete a descansar Simón. Y Dios sea contigo.

El discípulo se retira y Jesús sale al huerto. Se postra a orar…

69 LA SEÑAL PROMETIDA


69 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús camina a través de los montes hacia la fértil llanura.

Arimatea, está en una zona montañosa.

El camino desaparece por los recodos en el horizonte, en medio de una neblina baja que parece una extensión de agua interminable… 

Jesús está con Simón y Tomás. No lleva otros apóstoles consigo.

Pareciera que valora sabiamente los efectos de los tipos de personas con que debe tratar,

Llevando consigo, según los distintos ambientes, a aquellos que pueden ser aceptados sin crear demasiado contraste en el entorno requerido.

Van conversando sobre José de Arimatea.

Tomás parece conocerlo muy bien, porque señala las posesiones vastas y muy ricas que se extienden por la montaña,

especialmente por la parte de Jerusalén, siguiendo el camino que desde la capital viene hacia Arimatea y une después este lugar con Joppe.

También Tomás elogia las tierras que José posee a lo largo de los caminos de la llanura. 

Simón dice:

–      ¡Al menos aquí no se trata como animales a los hombres! ¡Oh…. ese Doras! 

Efectivamente, aquí los trabajadores están bien nutridos y bien vestidos. Y reflejan esa satisfacción, propia de quien se encuentra a gusto.

Los trabajadores lo saludan respetuosamente:

Al parecer, ya se ha corrido la voz del caminante que recorre los campos de Arimatea.

Y saben Quién ES el se acerca hacia la casa de su patrón; saben Quién es ese Hombre alto y apuesto. 

Lo observan y hacen comentarios en voz baja.

En el punto en que ya se ve la casa, hay un siervo de José, que se postra…

Y pregunta:

–     ¿Eres Tú el Rabí esperado?

–     Soy Yo – responde Jesús.

El hombre se despide con profundo respeto y se marcha corriendo para avisar a su patrón.

Luego otro lo conduce a través de un vastísimo jardín, hacia la casa que está circundada por una alta valla de siemprevivas y de árboles que por ahora no tienen mucho follaje.

El Anciano José de Arimatea, con sus amplias vestiduras y cintas, sale al encuentro de Jesús y se inclina profundamente, con los brazos cruzados sobre el pecho. 

No es el saludo humilde de quien reconoce en Jesús el Dios hecho Carne y que hace acto de sumisión postrándose, besando sus pies y la orla de la túnica; no es esto.

Pero, de todas formas, es una demostración de profundo respeto.

Jesús, igualmente, se inclina y da su saludo de paz.

José agrega:

–    Entra, Maestro. Me haces feliz al haber aceptado mi invitación. No esperaba tanta condescendencia de tu parte.

Jesús contesta con sencillez:

–   ¿Por qué? También voy a la casa de Lázaro y…

–    Lázaro es tu amigo. Y yo soy un desconocido.

–    Eres un alma que busca la Verdad. Por eso la Verdad no te rechaza.

–   ¿Eres Tú la Verdad?

–    Soy Camino, Vida y Verdad. Quien me ama y me sigue, tendrá el camino cierto; la vida bienaventurada y conocerá a Dios. Porque Dios, además de ser Amor y Justicia; es Verdad.

–   Eres un gran Doctor. Cada palabra tuya respira sabiduría.

Luego se dirige a Simón: 

–    Estoy contento de que tú también regreses a mi casa, después de tan larga ausencia.

Simón contesta:

–    No lo estuve porque quise. Tú sabes la suerte que tuve y cuán grande llanto hubo en la vida del pequeño Simón, a quién tu padre amaba.

–    Lo sé. Y creo que sabes que jamás dije nada contra ti.

–   Sé todo. Mi fiel siervo me dijo que también a tí te debo el que mis posesiones fueran respetadas. Dios te lo premie.

–   Valía yo algo en el Sanedrín y lo emplee en ayudar según la justicia, a un amigo de mi casa.

El zelote reitera: 

–   Muchos eran amigos de mi casa. Y muchos eran algo, en el Sanedrín. Pero no todos fueron honrados como tú…

José mira al otro discípulo de Jesús e interroga:

–  ¿Y éste quién es? Me parece conocido. No recuerdo dónde…

Él sonríe y contesta complacido:

–  Soy Tomás, apodado Dídimo.

–   ¡Ah! ¡Ya!.. ¿Vive aún tu anciano padre?

–   Vive. Continúa con sus negocios, con mis hermanos. Lo abandoné por el Maestro; pero soy muy feliz por ello.

Simón dice:

–   Su padre es un verdadero israelita.

Y como ha llegado a creer que Jesús de Nazareth es el Mesías; es muy feliz al saber que su hijo es uno de los predilectos.

Conversando de esta forma, han llegado hasta la puerta principal de la casa.

Cuando están a punto de entrar,

José dice:

–    Entretuve a Lázaro. Está en la biblioteca.

Está leyendo un resumen de las últimas juntas del sanedrín. No quería quedarse, porque… sé bien que Tú también lo sabes.

Y no quería quedarse. Pero yo le dije: ‘No es justo que te avergüences así. En mi casa, nadie te ofenderá. Quédate. Quién se aísla, queda solo contra todo un mundo.

Y como en el mundo hay más malos que buenos; el que está solo siempre es derrotado y pisoteado. ¿Dije bien?

Jesús responde:

–    Dijiste bien y has hecho bien.

–   Maestro, hoy estará Nicodemo y… Gamaliel. ¿Te molesta?

–   ¿Cómo quieres que me moleste? Reconozco su saber.

–   Sí. Él también tiene deseos de verte y…

Pero está aferrado a sus ideas, ¿Sabes? Él dice que ya vio una vez al Mesías y que espera la señal que Él le prometió cuando se manifieste.

Pero también reconoce que Tú eres un hombre de Dios. No dice: ‘El Hombre de Dios’.

Sutilezas rabínicas. ¿Verdad? ¿No te ofendes? ¿No es así?

–   Sutilezas. Lo has dicho bien.

No hay que preocuparse. Los mejores se podarán a sí mismos, de todas las ramas inútiles, que no son más que follaje y que no dan ningún fruto. Y vendrán a Mí.

–      He querido referirte sus palabras porque, sin duda, te las repetirá a ti. Es auténtico – hace notar José.

–      Virtud rara y que aprecio mucho. 

–      Sí. Le he dicho también: “Pero, con el Maestro está Lázaro de Betania”.

Se lo he dicho porque…, sí, en suma, por causa de su hermana.

Pero Gamaliel ha respondido: “¿Ella está presente? ¿No? ¿Y entonces? Del vestido que no sigue en el fango el barro se desprende.

Lázaro se lo ha sacudido de sí, y no me contamina la túnica.

Además, juzgo que si a su casa va un hombre de Dios, puedo también tratarlo yo, Doctor de la Ley”.

–     Gamaliel juzga bien. Fariseo y doctor hasta la médula, pero todavía honesto y justo.

–     Me alegra oírtelo decir. Maestro mira, ahi viene Lázaro.

Lázaro se inclina hasta besar el borde de la túnica de Jesús.

Se siente dichoso de estar con Él, pero también se ve claramente que esperando a los convidados, está muy preocupado.

El pobre Lázaro a sus conocidas torturas, conocidas por los hombres por haber sido transmitidas por la historia, ha de añadir ésta desconocida y no meditada por la mayoría:

Su sufrimiento moral de ese tremendo aguijón que supone el pensamiento:

«¿Qué me dirá éste? ¿Qué piensa de mí? ¿Cómo me considera? ¿Me herirá con palabras o mirada de desprecio?».

Aguijón éste que atormenta a todos aquellos que tienen alguna deshonra en su familia y reciben el desprecio y el sarcasmo del ‘qué dirán’.

Han entrado en la grandiosa sala, en donde está la mesa ya preparada y  solo esperan a Gamaliel y a Nicodemo; porque los otros invitados ya han llegado y son presentados como:

Félix, Juan, Simón y Cornelio.

Se arma un alboroto entre los siervos, cuando llegan Nicodemo y Gamaliel.

El siempre imponente Gamaliel. El de espléndido vestido níveo, que lleva con regia majestad.

José se precipita a encontrarlo y el saludo que se dan, es de un pomposo respeto.

También se inclina ante Jesús y Él lo hace igual.

Nicodemo lo saluda:

–    El Señor sea contigo.

Jesús responde:

–   Y su paz siempre te acompañe.

Lázaro a su vez, también los saluda.

Gamaliel ocupa el centro de la mesa, entre Jesús y José.

Junto a Jesús, está Lázaro. Y junto a José, Nicodemo.

Empieza la comida y las preces rituales las recita Gamaliel, .

Luego de un intercambio oriental de cortesías, entre los principales personajes: Jesús, Gamaliel y José.

Gamaliel es un hombre de gran dignidad, pero no orgulloso. Prefiere escuchar que hablar.

Se ve que medita cada una de las palabras de Jesús. Y lo mira frecuentemente con sus negros, profundos y severos ojos.

Cuando Jesús se calla, porque el tema se ha agotado; Gamaliel, con una pregunta oportuna, enciende de nuevo la conversación.

Lázaro, al principio estaba un poco sin saber qué decir. Pero después que ha tomado confianza, participa en la conversación.

Hasta cuando la comida está por terminar, no hacen alusiones directas a la personalidad de Jesús.

Se prende entonces entre Félix y Lázaro, a quién se une a apoyarlo Nicodemo y también el escriba Juan;

una discusión acerca de los milagros y lo que pueden significar a favor o en contra del individuo.

Jesús guarda silencio. Se le nota una sonrisa hasta cierto punto misteriosa, pero no dice nada.

Gamaliel también calla. Tiene un codo apoyado sobre el lecho y mira intensamente a Jesús.

Parece que quisiera descifrar algún enigma sobrenatural escrito en la cara de Jesús o como si quisiera conocer sus pensamientos.

Félix sostiene que la santidad de Juan el Bautista es innegable.

Y de esta santidad de la que nadie discute, ni duda; saca una conclusión desfavorable para Jesús de Nazareth, autor de muchos y muy famosos milagros.

Concluye:

–    El milagro no es prueba de santidad, porque en la vida de Juan no los hay.

Y sin embargo nadie en Israel, lleva una vida igual a la suya. Para él no hay banquetes, ni amistades, ni comodidades.

Para él, los sufrimientos y las prisiones por el honor de la Ley. Para él, la soledad. Aunque sí tiene discípulos, no convive con ellos y encuentra culpas aún en los más honrados.

Y sobre todos truena… mientras… ¡Eh!… mientras el Maestro de Nazareth aquí presente, ha hecho grandes milagros, es verdad. Pero veo que a Él también le gusta lo que la vida ofrece.

No desdeña amistades… y perdona que te lo diga uno de los ancianos del Sanedrín:

Es muy fácil en perdonar en Nombre de Dios y en amar a los pecadores públicos y señalados con anatemas. No lo debería hacer, Jesús.

Jesús sonríe. Pero no habla.

Lázaro responde por Él:

–    Nuestro poderoso Señor es libre de dirigir a sus siervos, cómo y a donde quiera.

A Moisés le concedió el milagro. A Aarón su primer Pontífice, no se lo concedió. Y entonces, ¿Qué concluyes? ¿El uno más santo que el otro?

Félix responde:

–   Ciertamente. Así es.

–   Entonces el más santo es Jesús, que hace milagros.

Todo desorientado, Félix no sabe qué decir. Ya perdió la brújula.

Pero acude a un último subterfugio:

–    A Aarón se le había concedido el Pontificado. Era suficiente.

Nicodemo replica:

–    No amigo. El pontificado es un cargo santo; pero no es más que un cargo.

No siempre y no todos los pontífices de Israel han sido santos. Y sin embargo fueron pontífices, aunque no fuesen santos.

Entonces Félix exclama provocador:

–   ¡No querrás decir que el Sumo Sacerdote sea un hombre privado de Gracia!

El escriba Juan, interviene:

–   Félix. No entremos en el fuego que quema. Yo, tú, Gamaliel, José, Nicodemo… todos sabemos muchas cosas.

Félix se escandaliza:

–  ¡Pero, cómo!… ¡Pero, cómo!… ¡Gamaliel, interviene!

Los tres que la traen contra Félix dicen:

–   Si es justo, dirá la verdad que no quieres oír, ni reconocer.

José el Anciano, interviene y trata de poner paz.

Jesús no dice nada. Lo mismo hacen Tomás, Zelote y el otro Simón, amigo de José.

Gamaliel simula estar jugando con las cintas de su vestido. Pero mira de arriba abajo a Jesús.

Félix grita:

–   ¡Habla pues, Gamaliel!

Los otros tres dicen:

–   ¡Sí!

–   ¡Habla!

–   ¡Habla, Gamaliel!

Gamaliel respira profundamente y responde:

–   Yo digo: las debilidades de la familia se mantienen ocultas.

Félix se encrespa:

–   ¡Esa no es una respuesta! Parece como si confesases que hay culpas en la casa del Pontífice.

Los tres le replican:

–   Es boca de la que sale la verdad.

Gamaliel se corrige y se vuelve hacia Jesús:

–   Aquí está el Maestro que eclipsa a los más doctos. Que sea Él; el que hable sustanciosamente.

Jesús lo mira fijamente y luego dice despacio:

–   ¿Lo quieres? Obedezco.

Yo digo: el hombre es hombre. El cargo o misión está sobre el hombre. Pero el hombre revestido de un cargo, se hace capaz de cumplirlo como superhombre; cuando lleva una vida santa y tiene a Dios como Amigo.

Él es Quién dijo: ‘tú eres sacerdote según el orden que Yo te he dado’ ¿Qué cosa está escrita en el Racional? “Doctrina y Verdad” esto deberían tener los que son pontífices.

A la Doctrina se llega por medio de una meditación constante, dirigida a conocer al Sapientísimo.

A la Verdad, con fidelidad absoluta al bien. El que juega con el Mal, entra en la Mentira y pierde la Verdad.

Gamaliel no puede contenerse y exclama:

–   ¡Has respondido bien! Como un gran Rabí. Yo Gamaliel te lo digo: ¡Me ganas!

Félix estalla:

–   Entonces que Éste aclare porqué Aarón no hizo milagros y Moisés sí.

Jesús al punto responde:

–   Porque Moisés debía imponerse sobre la masa oscura, pesada y hasta contraria de los israelitas.

Y debía llegar a tener sobre ellos un ascendiente, para poder inclinarlos a hacer la Voluntad de Dios. El hombre es el eterno salvaje y el eterno niño se admira con lo que se sale de las reglas.

Eso es lo que es el milagro. Es una luz movida ante las pupilas cerradas. Es un sonido que resuena cerca de las orejas tapadas.

Despierta. Llama. Hasta que se diga: ‘Aquí está Dios’

Félix rebate:

–    Esto lo dices a tu favor.

–   ¿A mi favor? ¿Y en qué me favorece el hacer milagros?

¿Puedo parecer más alto, si pongo una hoja de hierba bajo mis pies? Así es el milagro con respecto a la santidad. Hubo santos que jamás hicieron milagros.

Hay magos y nigromantes que con fuerzas oscuras hacen prodigios, pero no son santos y ellos son unos demonios.

Yo seré Yo, aunque no hiciere más milagros.

Gamaliel aplaude aprobando:

–    ¡Perfectamente bien! ¡Eres grande, Jesús!

Félix pregunta con ansia a Gamaliel:

–   ¿Y quién es según tú, este ‘Grande’?

Gamaliel contesta:

–    El más grande Profeta que yo haya conocido. Tanto en obras como en palabras.

José dice:

–   Es el Mesías. Te lo digo Gamaliel, créelo. Tú eres sabio y justo.

Félix les dice a los dos con sarcasmo:

–   ¡Cómo! ¿Con que tú jefe de los judíos? ¿Tú, el Anciano, gloria nuestra?

¿Has caído en la idolatría por un hombre? ¿Quién te prueba que es el Mesías?

Yo no lo creeré jamás aunque lo vea hacer milagros. Pero ¿Por qué no hace uno delante de nosotros? ¡Díselo tú que lo alabas!

Y ¡También tú que lo defiendes!

José responde seriamente:

–   No lo invité para ser diversión de mis amigos. Y te ruego que recuerdes que eres mi huésped.

Félix, enojado y grosero; se levanta y se va.

Después de unos momentos, Jesús se dirige a Gamaliel:

–   ¿Y tú no me pides el milagro para creer?

El gran doctor le contesta:

–   No serán los milagros de un hombre de Dios, los que me quiten la espina dolorosa que llevo en el corazón, de tres preguntas que siempre han permanecido sin respuesta.

–   ¿Qué preguntas?

–    ¿Está vivo el Mesías? ¿Era Aquel?… ¿Es éste?

José exclama:

–    ¡El Es! Te lo digo, Gamaliel.

¿No lo sientes santo? ¿Diferente? ¿Poderoso? ¿Sí? ¿Entonces qué esperas para creer?

Gamaliel no responde a José y se dirige a Jesús:

–    Una vez… no te desagrade Jesús, si soy tenaz en mis ideas.

Una vez, cuando aún vivía el grande, el sabio Hilell. Yo creí y él conmigo, que el Mesías ya estaba en Israel. ¡Un gran resplandor del Sol Divino en aquel frío día, de un persistente invierno!

Era Pascua. El campesino temblaba por las mieses heladas. Yo dije después de haber oído sus palabras: ‘Israel está a salvo, ¡Desde hoy, abundancia en los campos y bendiciones en los corazones!

‘El Esperado se ha manifestado con su primer fulgor’ Y no me equivoqué.

Todos podéis recordar qué cosechas hubo aquel año de trece meses. Cosa que se repite en este año.

Varios dicen al mismo tiempo:

–   ¿Qué palabras oíste?

–   ¿Quién las dijo?

Gamaliel reponde:

–    Uno que era poco más que un Niño.

Pero Dios resplandecía en su inocente y apacible Rostro. Hace ya diecinueve años que pienso… que recuerdo… y trato de volver a oír aquella Voz.

Que hablaba palabras llenas de sabiduría. ¿En qué parte de la tierra está? Yo pienso que era Dios revestido como un niño para no aterrorizar al hombre.

Y como el rayo que instantáneamente recorre los cielos de oriente a poniente. De norte a sur. Él, el Divino, recorre con su vestidura de hermosa Misericordia,

con Voz y Rostro de Niño y pensamiento divino; la tierra para decir a los hombres: ‘Yo Soy’. Así pienso.

¿Cuándo regresará a Israel? ¿Cuándo? Y me digo: Cuando Israel sea un altar, para los pies de Dios.

Y mi corazón gime al ver la abyección de Israel. Y un dolor me dice que jamás sucederá. ¡Oh! ¡Dura respuesta!

¡Y verdadera! ¿Puede la Santidad descender en su Mesías, mientras exista en nosotros el Abominio?

Jesús responde:

–    Puede y lo hace, porque es Misericordia.

Gamaliel lo mira pensativo y le pregunta:

–    ¿Cuál es tu verdadero Nombre?

Y Jesús imponente, se levanta y con infinita Majestad, declara:

–   Yo Soy Quién Soy.

14. Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.»

El Pensamiento y la Palabra del Padre. Soy el Mesías del Señor.

Gamaliel lo mira con angustia.

Y dice:

–    ¿Tú? No lo puedo creer. Grande es tu santidad.

Pero Aquel Niño en quién creo; cuando estábamos en el Templo, dijo: ‘Yo daré una Señal.

Estas piedras bramarán cuando llegue mi Hora’. Espero esta Señal, para creer. ¿Me la puedes dar Tú, para persuadirme de que Eres el Esperado?

Los dos están de pie. Altos, majestuosos.

Uno con su vestido de lino muy blanco. Otro con el suyo de lana, de color rojo tinto oscuro. Uno de edad. El otro, joven.

Ambos de ojos dominadores y profundos, se miran fijamente; en un mutuo reconocimiento.

Entonces Jesús baja su brazo derecho que tenía sobre el pecho,

Y como si jurase exclama:

–    ¿Ésta señal aguardas? ¡Y la tendrás!

Repito las palabras de aquel día: ‘Las piedras del Templo del Señor, se estremecerán con mis últimas palabras’

Espera esa señal, Doctor de Israel. Hombre justo. Y luego cree, si quieres obtener perdón y salvación.

¡Serías bienaventurado si pudieses creer antes! Pero no puedes.

Siglos de creencias equivocadas de una promesa justa. Y nubes de orgullo, como muro se interponen para llegar a la Verdad y a la Fe.

–    Dices bien. Esperaré esa señal. ¡Adiós! ¡El Señor sea contigo!

–    Adiós, Gamaliel. Que el Espíritu Eterno te ilumine y te guíe.

Todos saludan a Gamaliel, que se va con Nicodemo, Juan y Simón, el sanedrista.

Se quedan Jesús, Lázaro, Tomás, Simón Zelote y Cornelio.

José dice con pesar:

–    ¡No se doblega!

Me gustaría que estuviese entre tus discípulos. Sería un peso decisivo en tu favor y no lo logro.

–    No te aflijas por ello.

. No hay influencia capaz de salvarme de la tempestad que se está preparando. Pero Gamaliel, si no se pliega a favor, tampoco lo hará contra Cristo. Es de los que esperan…

Todo termina.

P LA CRISIS DE FE


8. Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿ENCONTRARÁ LA FE SOBRE LA TIERRA? LUCAS 18»

PROFECÍAS Y REVELACIONES

LOS SANTOS ARCÁNGELES

26.08.2012

Somos Seres de paz, de amor, de bondad, de sensibilidad, tanto que, aunque seamos rechazados y no amados, continuamos nuestra encomienda.

El hombre requiere ser conducido, al acercarse acontecimientos que probarán la Fe y estremecerán las entrañas mediante la injusticia, la impiedad y la ausencia de Amor de parte del Engendro del Mal.

15.01.2014

Permanezcan alerta, y para esto deben mantener una Fe en un constante crecimiento, no pueden detenerse y pensar que la Fe que poseen en este instante es suficiente, ¡NO! 

SAN MIGUEL ARCÁNGEL

2.05.2015

La humanidad decae, la Fe de un verdadero y fiel apóstol debe alimentarse continuamente.

No por mantenerse dentro de la Iglesia son salvos, sino por dar testimonio hasta el último instante de vida.

3.11.2015

Es necesario que el hombre en este instante, para que se mantenga siendo fiel y verdadero a Nuestro Rey,

conozca a Nuestro Rey, no por lo que le comenten otros hermanos, no por lo que escuchen que otros hermanos han experimentado. 

ES NECESARIO QUE CADA UNO TENGA SU EXPERIENCIA PERSONAL CON NUESTRO REY. 

Es necesario ese encuentro de cada creatura con su Creador  para que la Fe sea invencible,

de lo contrario una Fe forjada sobre la experiencia, sobre la vivencia y sobre la Oración de otros, es una fe de arenas movedizas que en cualquier instante caerá y no se levantará más.

20.05.2016

El hombre actual cree expresarse con autoridad, y miente al no poseer ese conocimiento que se logra por medio de la Fe y la convicción,

ESA ADHESIÓN IMPORTANTÍSIMA Y FUSIÓN CON LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

3.07.2016

De sitios lejanos llegarán a Europa, a América principalmente, criaturas inmorales, maliciosas, perversas, que como aves de rapiña se abalanzarán sobre los que confiesen la verdadera Fe en Cristo, nuestro Rey.

 Deseosos de aniquilar todo vestigio que recuerde a Cristo Rey, invadirán los lugares santos y tomarán gran botín, llevando el botín para grandes sacrilegios.

30.09.2018

Amados, la constancia, el esfuerzo, la Perseverancia, la Oración y el cumplimiento de la Ley Divina les da la fortaleza para mantenerse en los instantes difíciles.

La protección en sus hogares deben lograrla mediante la unidad a nuestro Rey y a nuestra Reina y Madre del Cielo.

 LA CONCIENCIA AL RECIBIR EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO REY DEL UNIVERSO

LES DA LA FE Y FORTALEZA ESPIRITUAL

Para que ustedes sean luz en donde se encuentren.

La protección de cada uno es la relación espiritual que mantengan con la Trinidad Sacrosanta y con nuestra Reina y Madre,

los sacramentales les protegen en la medida en que cada uno de ustedes se encuentre en estado de Gracia, en la lucha permanente en contra del mal.

 Amados, algunas creaturas humanas dicen no ver, no sentir a Dios, han olvidado que la Fe se ejercita en la entrega de lo que aún no ven, pero saben que es verdad.

Y que Su Voluntad se manifiesta sobre Su Pueblo para conducirles a la Salvación Eterna.

1 DE SEPTIEMBRE DEL 2020

Solicito que la Bendición de la Trinidad sacrosanta se derrame sobre su pueblo,

REFORZANDO EN CADA UNO DE SUS HIJOS LA FE, SI DESEAN ACOGERLA.

 Llegó el momento en que la obediencia es imprescindible para la conversión; sin conversión la caridad es un monte empinado de gran altura difícil de escalar.

Llegó el momento en que es imprescindible LA FE PARA QUE NO DECAIGAN ni la espera les agobie (Cf. Heb 11,6),

Sino al contrario, disciernan y miren cuanto acontece con claridad.

Los embates naturales no son casualidades, como no son casualidades las pestes que el hombre crea por soberbia.

Todo este conjunto es consecuencia del mal obrar y actuar del hombre, que le señala el momento para que se preparen espiritualmente.

Pueblo de Dios:

Se alimentan para mantener con vida el cuerpo; de igual forma, sin la Oración, el Arrepentimiento y el Alimento Eucarístico no logran encontrar el Camino, la Verdad y la Vida.

Cuando no puedan recibir sacramentalmente a Nuestro Rey y Señor Jesucristo, (1) lo pueden vivir desde ese cofre interior (Cf. II Cor 4,7), en donde atesoran el Alimento Divino y gustarle para que no se debiliten.

Sean cautos, el Demonio con sus legiones se mantiene sobre la Humanidad a sabiendas de que esta oportunidad no la debe perder para arrebatar almas,

y miro a tantos hijos de Dios caer constantemente en las Trampas del Mal, doblegándoles y llevándoles a pensar que cuanto sucede es temporal.

¡La vida no volverá a ser la misma jamás!

La humanidad ha obedecido las directrices de la élite mundial y esta continuará azotando a la humanidad continuamente, dándoles cortos respiros.

El Pueblo de Dios es altanero, la iglesia de nuestro Rey y Señor jesucristo

SE AGOTA SIN SABER VIVIR DEL ESPÍRITU,

NO DISCIERNEN Y ACOGEN CON REGOCIJO LAS FALSAS NOVEDADES(Cf. Gal 1,8-9), despreciando la Voluntad Divina.

Llega el momento de la Purificación, la enfermedad toma otro rumbo y reaparece sobre la piel (*).

La humanidad cae una y otra vez, ES FLAGELADA por la ciencia mal empleada unida al Nuevo Orden Mundial empeñado en llevar a la inercia la espiritualidad que pueda existir en la Humanidad.

Pueblo de Dios:

Esta generación debe mantenerse postrada rostro en tierra ante la Misericordia Divina. El hombre no es digno de tan grande acto divino.

Oren hijos de Dios, oren por quienes son Perseguidos.

Oren Pueblo de Dios, oren para que la conciencia humana despierte y NO se someta al Demonio.

Oren Pueblo de Dios, oren por los que fallecen en estado de pecado, por los que abandonan a Nuestro Rey y Señor Jesucristo.

Pueblo de Dios, la Tierra se estremece como nunca antes y la Humanidad se confunde ante los hallazgos de la ciencia; que sin ser certeros,

los darán a conocer como ciertos,

DERRUMBANDO LA FE DE LOS HIJOS DE DIOS. 

Ustedes NO TEMAN, todas las Legiones Celestiales se encuentran a la espera de la Orden Divina para que se preparen constantemente. 

Como Pueblo de Dios mantienen una especial atención por parte de Dios Padre.

Siempre los fieles van a vencer, aunque sean pocas criaturas humanas, serán los fieles hasta el final de la batalla.

Bajo el mando de Nuestra Reina y Madre llegamos a rescatar al Resto Santo.

¡No teman! No desesperen por desear conocer la Voluntad Divina antes que sus hermanos, pueden caer en trampas.

Reina y Madre de los Últimos Tiempos, ten dentro de Tu Corazón al que te clama.

Con Mi Espada les abro paso hacia la permanencia en el Amor Divino.

 (*) La Santísima Virgen María ha indicado algunas plantas que favorecen el tratamiento de enfermedades de la piel, a saber: caléndula, artemisa, ortiga y geranio.  Leer aquí…

(1) Sobre la Sagrada Eucaristía …

Comentario del Instrumento 

Hermanos:

San Miguel nos alerta: EL CISMA se acerca dentro de la Iglesia de nuestro Rey y Señor Jesucristo. (2)

Los Signos de los Tiempos avanzan inexorablemente, hay que vivir en el Amor Divino para solicitar por adelantado a nuestro amado Cristo, la fuerza necesaria para mantenernos sin renunciar a la Salvación Eterna. 

No es solo saber lo que viene, sino discernirlo…

No es temer, sino mantener el valor que se desprende de la Cruz de nuestro Señor…No es alejarnos y escondernos, sino auxiliar a los hermanos y ser testigos verdaderos de la fortaleza que da el ser discípulo de Cristo. Amén. 

(2) Revelaciones sobre el Cisma de la Iglesia Católica…

5 DE SEPTIEMBRE DEL 2020

Amado Pueblo de Dios:

¡REGOCÍJENSE, FIELES DE DIOS!

¡REGOCÍJENSE, QUIENES SE ARREPIENTAN DE SUS ACTOS INDEBIDOS!

¡REGOCÍJENSE, AQUELLOS QUE SE NIEGUEN A ADENTRARSE EN LA TELARAÑA DEL MAL!

Criaturas religiosas son atrapadas por el Mal, enlodándoles en el fango que ensucia el alma; esto, al no ser espirituales.

Lo prohibido toma posesión del hombre, el que con complacencia camina sobre las densas y nauseabundas Tinieblas del Mal,

para extraviarse en el conjunto de sacrilegios con los que la Humanidad en este momento desprecia lo Divino.

LA CREACIÓN ES OBRA DE DIOS, NO DEL HOMBRE,

POR LO QUE LA MISMA CREACIÓN DESPLIEGA SU FUERZA MÁS TEMIBLE CONTRA EL HOMBRE,

PARA QUE EL HOMBRE VUELVA A DIOS

Y LE RECONOZCA COMO DUEÑO Y SOBERANO DE TODO LO CREADO.

Son el Pueblo de Dios, extraviado y confundido  (1), contaminado por el estiércol del Mal, al coquetear con el Mal…

Y permitirle suplantar lo Divino, renunciando así a ser verdaderos cristianos, celosos defensores de la verdadera doctrina.

¡NO ACEPTEN NOVEDADES!

Viven en medio de grandes eventos de toda índole, las rebeliones aumentan en la medida en que el hombre protesta contra el cautiverio.

Los medios de comunicación masiva son controlados por las grandes élites mundiales, embebidas en la supremacía de los poderosos sobre los débiles.

¡CUÁNTO DOLOR VIENE HACIA LA HUMANIDAD!

UNOS LO PADECERÁN PRIMERO Y OTROS DESPUÉS.

NO HABRÁ TIERRA SIN LAMENTO.

El hambre llegó en su caballo a tocar la Tierra…

Feroces plagas devoran extensiones de cultivos…

El agua inunda los cultivos en algunos lugares para sorpresa del hombre y en otros lugares el sol abrasador no permitirá que crezcan los cultivos…

¡Oh padecer de la Humanidad!

Vuelvan a nuestro Rey y Señor Jesucristo, adoren la Preciosa Sangre de nuestro Rey.

USTEDES, CRIATURAS DE FE, VIVAN CADA MOMENTO COMO SI FUESE EL ÚLTIMO.

EL TESORO DE LA CRISTIANDAD ES RESERVADO Y NEGADO AL PUEBLO DE DIOS.

En medio del caos del hombre ante la caída de la economía global, se impone el dragón con sus cabezas (Cf. Apoc 12,3; 13,1) privando a la cristiandad de lo que no les pueden roer. 

La élite que promueve al orden mundial (2) negocia con los países pequeños para marcarles el paso hacia el gobierno único, antes de que la economía caiga y tenga en sus garras a sus deudores.

Pueblo de Dios:

¿De dónde tan poca Fe en el PODER DIVINO?

TEMEN MORIR DE HAMBRE,

PERO NO TEMEN PERDER LA SALVACIÓN ETERNA

Pueblo de Dios:

La Tierra se estremece fuertemente y el mar se adentra en la tierra (3), permanezcan atentos ante tan devastadores terremotos, despierten no continúen dormidos.

Cuanto acontece es necesario, el hombre debe doblar rodillas y así comprender que debe ser espiritual para gustar de lo Divino, no sientan ser dueños de la Trinidad Sacrosanta,

aspiren a ser espirituales, luchen contra el ego humano mal empleado y sean humildes criaturas de Dios, poseedoras de gran amor y santidad.

Dos fuerzas luchan por las almas: el bien contra el Mal, ¿Quién posee el bien y quién posee el mal?… lo juzgan según lo que guardan en la conciencia.

Oren, reparen el mal cometido, amen al prójimo como a sí mismos, respeten la Ley Divina, sean verdaderos y no se alejen de Nuestra Reina y Madre de Cielos y Tierra.

El hombre sabio da de beber al sediento sin juzgar si es merecedor o no. ¡Hagan el bien que Cristo les depara el bien!

Llegará el Ángel de Paz como llega lo inesperado a la Tierra: sin que le esperen. Con la paz en su boca unirá corazones. (5)

 La humanidad recobrará con mayor fuerza la espiritualidad que ha perdido y se mirará renovada, por ello no le teman a la purificación, oren y mantengan la Fe,

Para que, como el Resto Fiel, sean libres por el Amor Divino y por el Triunfo del Corazón Inmaculado de nuestra Reina y Madre.

Oren, deseen el bien al hermano, sean amor y envíen ese amor hacia sus semejantes, deseen el bien.

La humanidad adúltera se mofa de lo divino adentrando en la Casa de Dios lo profano, este pecado es gravísimo a los Ojos de Dios.

Teman perder la Vida Eterna. 

Son protegidos por las Legiones Celestiales por Orden Divina.

No teman, no teman, no olviden hacer el bien, sean amor, no permitan que la impaciencia los lleve a ser soberbios.

¡NO TEMAN, HIJOS DE DIOS!

¡NO TEMAN!

Continúen en Fe, alimenten la Fe, cumplan la Ley Divina. (Cf. Mt 12,37-39)

Adoren a Dios en espíritu y verdad.

 (1) La gran confusión del hombre …

(2) Nuevo orden mundial …

(3) El gemir de tierra …

(4) El comunismo en el final de los tiempos …

(5) Revelaciones sobre el Ángel de Paz …

13 DE SEPTIEMBRE DEL 2020

Amado Pueblo de Dios:

En unidad, como Pueblo de Dios que camina sin desesperar ni perder la Fe, AVANCEN HACIA LA ETERNA FELICIDAD.

7. Entonces se entabló una batalla en el cielo: = Miguel = y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron,
8. pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos.
9. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él. Apoc. 12

Vengo con mi espada en alto, en señal de que la Purificación de la Humanidad se acelera y es cruenta como el mismo pecado del hombre.

Tienen que vaciar el ego humano de cuanto les mantiene apegados a la necedad y la soberbia, tienen que aplicarse a sí mismos la corrección y vivir, obrar y actuar dentro de la fraternidad y el Amor Divino.

¡CAMBIEN!, NO MAÑANA, ¡SINO HOY!

En este preciso momento para que no vaguen solitarios cuando necesiten de sus hermanos. Todos necesitarán del auxilio de los hermanos ante la Purificación que llega.

LA TIERRA NO SERÁ PURIFICADA CON EL AGUA, SINO CON EL FUEGO,

ESE QUE EMANA DE LA TECNOLOGÍA CREADA PARA DESTRUIR SIN COMPASIÓN.

En este mundo devastado, agitado y agobiado, el hombre dirige su mirada y sus fuerzas mal encauzadas contra lo que representa lo Divino.

Por ello, Pueblo de Dios, mírense en el interior y transformen los constantes reproches que profieren contra Dios en un ¡GRACIAS, PADRE! porque me pules con Tu Amor.

¿Qué sucede en la Tierra en este momento?

Deben aprender a ser caridad, paz interior, amor, fe y esperanza para que reciban lo mismo.

¡Prepárense!, al hombre le es mayormente llevadero cuanto acontece si se mantiene en Dios,

no así quien se mantiene en su yo soy, estas criaturas se saturan con facilidad, no son amor y por su voluntad caminan solas.

Ustedes Pueblo de Dios, ACTÚEN YA EN USTEDES MISMOS,

ALIVIANEN EL CAMINO, PARA QUE ESTE NO SEA MÁS PESADO,

SINO AL CONTRARIO, UN CAMINO BENDECIDO POR LA FE Y EL AMOR A DIOS.

La Iglesia de Nuestro Rey y Señor Jesucristo exhala el Lamento, no se pierdan, no teman,

sean coherentes y tengan la seguridad de la protección de la Reina y Madre que se encuentra con ustedes para guiarles si se lo permiten.

¡CRIATURAS DE DIOS! SEAN CRIATURAS DE FE,

NO DEBEN FORJARSE SOBRE LO QUE DESEAN COMO CRIATURAS HUMANAS,

SINO SOBRE LA VOLUNTAD DIVINA.

¡ESTE ES EL MOMENTO PARA QUE CAMBIEN, SE CONVIERTAN Y SE PREPAREN 

PARA LO QUE SERÁ MÁS FUERTE,

DE ELLO DEPENDE CÓMO CONTINUARÁN VIVIENDO,

EN EL LAMENTO CONTINUO O EN LA VOLUNTAD DIVINA QUE LES DA PAZ.

No desean ser renovados, es más placentero el fango del “EGO” que la conversión basada en el sacrificio.

Me alegra saber que de todos los ególatras, YO SOY el mejor de TODOS

Pueblo de Dios:

La Guerra destila por varias vertientes sin dejar de mirar el centro de la cristiandad como objetivo para que las ovejas sean amedrentadas.

¡FE,  FE,  FE!

Escuchan al Etna rugir, despiertan los colosos y la Humanidad siendo presa de sí misma desespera.

Despierta Pueblo de Dios, despierta, que el hambre espiritual cabalga sobre la Tierra,

el hambre física cabalga (Cf. Apoc 6,2-8) anunciando a la Humanidad lo venidero.

LA FE MANTIENE A LA CRIATURA HUMANA INAMOVIBLE.

¿POSEEN FE?

Comentario deL Instrumento:

Hermanos:

Nuestro amado San Miguel Arcángel, en este llamado a la conversión, nos da un recorrido por diferentes escenarios en los que vive y vivirá la humanidad.

En cuanto avanza el transcurrir de los días, así se acerca el cumplimiento de las Revelaciones. 

LA HAMBRUNA LLEGA ANTE UN HOMBRE QUE RENIEGA DE DIOS Y LE CULPA DE CUANTO ACONTECE.

¿Será que se levantarán contra el Pueblo de Dios y le perseguirán al señalarle culpable de lo acaecido? 

San Miguel Arcángel me permitió mirar a un grupo de personas, todos hombres decidiendo el próximo paso a dar en cuanto al destino de la humanidad.

Una humanidad golpeada en la salud es más vulnerable para llevarle a la desesperación social y al caos.

SOMOS ADVERTIDOS,

NO CAIGAMOS EN LA DESESPERACIÓN.

https://www.revelacionesmarianas.com/FE.htm