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69 LA SEÑAL PROMETIDA


69 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús camina a través de los montes hacia la fértil llanura.

Arimatea, está en una zona montañosa.

El camino desaparece por los recodos en el horizonte, en medio de una neblina baja que parece una extensión de agua interminable… 

Jesús está con Simón y Tomás. No lleva otros apóstoles consigo.

Pareciera que valora sabiamente los efectos de los tipos de personas con que debe tratar,

Llevando consigo, según los distintos ambientes, a aquellos que pueden ser aceptados sin crear demasiado contraste en el entorno requerido.

Van conversando sobre José de Arimatea.

Tomás parece conocerlo muy bien, porque señala las posesiones vastas y muy ricas que se extienden por la montaña,

especialmente por la parte de Jerusalén, siguiendo el camino que desde la capital viene hacia Arimatea y une después este lugar con Joppe.

También Tomás elogia las tierras que José posee a lo largo de los caminos de la llanura. 

Simón dice:

–      ¡Al menos aquí no se trata como animales a los hombres! ¡Oh…. ese Doras! 

Efectivamente, aquí los trabajadores están bien nutridos y bien vestidos. Y reflejan esa satisfacción, propia de quien se encuentra a gusto.

Los trabajadores lo saludan respetuosamente:

Al parecer, ya se ha corrido la voz del caminante que recorre los campos de Arimatea.

Y saben Quién ES el se acerca hacia la casa de su patrón; saben Quién es ese Hombre alto y apuesto. 

Lo observan y hacen comentarios en voz baja.

En el punto en que ya se ve la casa, hay un siervo de José, que se postra…

Y pregunta:

–     ¿Eres Tú el Rabí esperado?

–     Soy Yo – responde Jesús.

El hombre se despide con profundo respeto y se marcha corriendo para avisar a su patrón.

Luego otro lo conduce a través de un vastísimo jardín, hacia la casa que está circundada por una alta valla de siemprevivas y de árboles que por ahora no tienen mucho follaje.

El Anciano José de Arimatea, con sus amplias vestiduras y cintas, sale al encuentro de Jesús y se inclina profundamente, con los brazos cruzados sobre el pecho. 

No es el saludo humilde de quien reconoce en Jesús el Dios hecho Carne y que hace acto de sumisión postrándose, besando sus pies y la orla de la túnica; no es esto.

Pero, de todas formas, es una demostración de profundo respeto.

Jesús, igualmente, se inclina y da su saludo de paz.

José agrega:

–    Entra, Maestro. Me haces feliz al haber aceptado mi invitación. No esperaba tanta condescendencia de tu parte.

Jesús contesta con sencillez:

–   ¿Por qué? También voy a la casa de Lázaro y…

–    Lázaro es tu amigo. Y yo soy un desconocido.

–    Eres un alma que busca la Verdad. Por eso la Verdad no te rechaza.

–   ¿Eres Tú la Verdad?

–    Soy Camino, Vida y Verdad. Quien me ama y me sigue, tendrá el camino cierto; la vida bienaventurada y conocerá a Dios. Porque Dios, además de ser Amor y Justicia; es Verdad.

–   Eres un gran Doctor. Cada palabra tuya respira sabiduría.

Luego se dirige a Simón: 

–    Estoy contento de que tú también regreses a mi casa, después de tan larga ausencia.

Simón contesta:

–    No lo estuve porque quise. Tú sabes la suerte que tuve y cuán grande llanto hubo en la vida del pequeño Simón, a quién tu padre amaba.

–    Lo sé. Y creo que sabes que jamás dije nada contra ti.

–   Sé todo. Mi fiel siervo me dijo que también a tí te debo el que mis posesiones fueran respetadas. Dios te lo premie.

–   Valía yo algo en el Sanedrín y lo emplee en ayudar según la justicia, a un amigo de mi casa.

El zelote reitera: 

–   Muchos eran amigos de mi casa. Y muchos eran algo, en el Sanedrín. Pero no todos fueron honrados como tú…

José mira al otro discípulo de Jesús e interroga:

–  ¿Y éste quién es? Me parece conocido. No recuerdo dónde…

Él sonríe y contesta complacido:

–  Soy Tomás, apodado Dídimo.

–   ¡Ah! ¡Ya!.. ¿Vive aún tu anciano padre?

–   Vive. Continúa con sus negocios, con mis hermanos. Lo abandoné por el Maestro; pero soy muy feliz por ello.

Simón dice:

–   Su padre es un verdadero israelita.

Y como ha llegado a creer que Jesús de Nazareth es el Mesías; es muy feliz al saber que su hijo es uno de los predilectos.

Conversando de esta forma, han llegado hasta la puerta principal de la casa.

Cuando están a punto de entrar,

José dice:

–    Entretuve a Lázaro. Está en la biblioteca.

Está leyendo un resumen de las últimas juntas del sanedrín. No quería quedarse, porque… sé bien que Tú también lo sabes.

Y no quería quedarse. Pero yo le dije: ‘No es justo que te avergüences así. En mi casa, nadie te ofenderá. Quédate. Quién se aísla, queda solo contra todo un mundo.

Y como en el mundo hay más malos que buenos; el que está solo siempre es derrotado y pisoteado. ¿Dije bien?

Jesús responde:

–    Dijiste bien y has hecho bien.

–   Maestro, hoy estará Nicodemo y… Gamaliel. ¿Te molesta?

–   ¿Cómo quieres que me moleste? Reconozco su saber.

–   Sí. Él también tiene deseos de verte y…

Pero está aferrado a sus ideas, ¿Sabes? Él dice que ya vio una vez al Mesías y que espera la señal que Él le prometió cuando se manifieste.

Pero también reconoce que Tú eres un hombre de Dios. No dice: ‘El Hombre de Dios’.

Sutilezas rabínicas. ¿Verdad? ¿No te ofendes? ¿No es así?

–   Sutilezas. Lo has dicho bien.

No hay que preocuparse. Los mejores se podarán a sí mismos, de todas las ramas inútiles, que no son más que follaje y que no dan ningún fruto. Y vendrán a Mí.

–      He querido referirte sus palabras porque, sin duda, te las repetirá a ti. Es auténtico – hace notar José.

–      Virtud rara y que aprecio mucho. 

–      Sí. Le he dicho también: “Pero, con el Maestro está Lázaro de Betania”.

Se lo he dicho porque…, sí, en suma, por causa de su hermana.

Pero Gamaliel ha respondido: “¿Ella está presente? ¿No? ¿Y entonces? Del vestido que no sigue en el fango el barro se desprende.

Lázaro se lo ha sacudido de sí, y no me contamina la túnica.

Además, juzgo que si a su casa va un hombre de Dios, puedo también tratarlo yo, Doctor de la Ley”.

–     Gamaliel juzga bien. Fariseo y doctor hasta la médula, pero todavía honesto y justo.

–     Me alegra oírtelo decir. Maestro mira, ahi viene Lázaro.

Lázaro se inclina hasta besar el borde de la túnica de Jesús.

Se siente dichoso de estar con Él, pero también se ve claramente que esperando a los convidados, está muy preocupado.

El pobre Lázaro a sus conocidas torturas, conocidas por los hombres por haber sido transmitidas por la historia, ha de añadir ésta desconocida y no meditada por la mayoría:

Su sufrimiento moral de ese tremendo aguijón que supone el pensamiento:

«¿Qué me dirá éste? ¿Qué piensa de mí? ¿Cómo me considera? ¿Me herirá con palabras o mirada de desprecio?».

Aguijón éste que atormenta a todos aquellos que tienen alguna deshonra en su familia y reciben el desprecio y el sarcasmo del ‘qué dirán’.

Han entrado en la grandiosa sala, en donde está la mesa ya preparada y  solo esperan a Gamaliel y a Nicodemo; porque los otros invitados ya han llegado y son presentados como:

Félix, Juan, Simón y Cornelio.

Se arma un alboroto entre los siervos, cuando llegan Nicodemo y Gamaliel.

El siempre imponente Gamaliel. El de espléndido vestido níveo, que lleva con regia majestad.

José se precipita a encontrarlo y el saludo que se dan, es de un pomposo respeto.

También se inclina ante Jesús y Él lo hace igual.

Nicodemo lo saluda:

–    El Señor sea contigo.

Jesús responde:

–   Y su paz siempre te acompañe.

Lázaro a su vez, también los saluda.

Gamaliel ocupa el centro de la mesa, entre Jesús y José.

Junto a Jesús, está Lázaro. Y junto a José, Nicodemo.

Empieza la comida y las preces rituales las recita Gamaliel, .

Luego de un intercambio oriental de cortesías, entre los principales personajes: Jesús, Gamaliel y José.

Gamaliel es un hombre de gran dignidad, pero no orgulloso. Prefiere escuchar que hablar.

Se ve que medita cada una de las palabras de Jesús. Y lo mira frecuentemente con sus negros, profundos y severos ojos.

Cuando Jesús se calla, porque el tema se ha agotado; Gamaliel, con una pregunta oportuna, enciende de nuevo la conversación.

Lázaro, al principio estaba un poco sin saber qué decir. Pero después que ha tomado confianza, participa en la conversación.

Hasta cuando la comida está por terminar, no hacen alusiones directas a la personalidad de Jesús.

Se prende entonces entre Félix y Lázaro, a quién se une a apoyarlo Nicodemo y también el escriba Juan;

una discusión acerca de los milagros y lo que pueden significar a favor o en contra del individuo.

Jesús guarda silencio. Se le nota una sonrisa hasta cierto punto misteriosa, pero no dice nada.

Gamaliel también calla. Tiene un codo apoyado sobre el lecho y mira intensamente a Jesús.

Parece que quisiera descifrar algún enigma sobrenatural escrito en la cara de Jesús o como si quisiera conocer sus pensamientos.

Félix sostiene que la santidad de Juan el Bautista es innegable.

Y de esta santidad de la que nadie discute, ni duda; saca una conclusión desfavorable para Jesús de Nazareth, autor de muchos y muy famosos milagros.

Concluye:

–    El milagro no es prueba de santidad, porque en la vida de Juan no los hay.

Y sin embargo nadie en Israel, lleva una vida igual a la suya. Para él no hay banquetes, ni amistades, ni comodidades.

Para él, los sufrimientos y las prisiones por el honor de la Ley. Para él, la soledad. Aunque sí tiene discípulos, no convive con ellos y encuentra culpas aún en los más honrados.

Y sobre todos truena… mientras… ¡Eh!… mientras el Maestro de Nazareth aquí presente, ha hecho grandes milagros, es verdad. Pero veo que a Él también le gusta lo que la vida ofrece.

No desdeña amistades… y perdona que te lo diga uno de los ancianos del Sanedrín:

Es muy fácil en perdonar en Nombre de Dios y en amar a los pecadores públicos y señalados con anatemas. No lo debería hacer, Jesús.

Jesús sonríe. Pero no habla.

Lázaro responde por Él:

–    Nuestro poderoso Señor es libre de dirigir a sus siervos, cómo y a donde quiera.

A Moisés le concedió el milagro. A Aarón su primer Pontífice, no se lo concedió. Y entonces, ¿Qué concluyes? ¿El uno más santo que el otro?

Félix responde:

–   Ciertamente. Así es.

–   Entonces el más santo es Jesús, que hace milagros.

Todo desorientado, Félix no sabe qué decir. Ya perdió la brújula.

Pero acude a un último subterfugio:

–    A Aarón se le había concedido el Pontificado. Era suficiente.

Nicodemo replica:

–    No amigo. El pontificado es un cargo santo; pero no es más que un cargo.

No siempre y no todos los pontífices de Israel han sido santos. Y sin embargo fueron pontífices, aunque no fuesen santos.

Entonces Félix exclama provocador:

–   ¡No querrás decir que el Sumo Sacerdote sea un hombre privado de Gracia!

El escriba Juan, interviene:

–   Félix. No entremos en el fuego que quema. Yo, tú, Gamaliel, José, Nicodemo… todos sabemos muchas cosas.

Félix se escandaliza:

–  ¡Pero, cómo!… ¡Pero, cómo!… ¡Gamaliel, interviene!

Los tres que la traen contra Félix dicen:

–   Si es justo, dirá la verdad que no quieres oír, ni reconocer.

José el Anciano, interviene y trata de poner paz.

Jesús no dice nada. Lo mismo hacen Tomás, Zelote y el otro Simón, amigo de José.

Gamaliel simula estar jugando con las cintas de su vestido. Pero mira de arriba abajo a Jesús.

Félix grita:

–   ¡Habla pues, Gamaliel!

Los otros tres dicen:

–   ¡Sí!

–   ¡Habla!

–   ¡Habla, Gamaliel!

Gamaliel respira profundamente y responde:

–   Yo digo: las debilidades de la familia se mantienen ocultas.

Félix se encrespa:

–   ¡Esa no es una respuesta! Parece como si confesases que hay culpas en la casa del Pontífice.

Los tres le replican:

–   Es boca de la que sale la verdad.

Gamaliel se corrige y se vuelve hacia Jesús:

–   Aquí está el Maestro que eclipsa a los más doctos. Que sea Él; el que hable sustanciosamente.

Jesús lo mira fijamente y luego dice despacio:

–   ¿Lo quieres? Obedezco.

Yo digo: el hombre es hombre. El cargo o misión está sobre el hombre. Pero el hombre revestido de un cargo, se hace capaz de cumplirlo como superhombre; cuando lleva una vida santa y tiene a Dios como Amigo.

Él es Quién dijo: ‘tú eres sacerdote según el orden que Yo te he dado’ ¿Qué cosa está escrita en el Racional? “Doctrina y Verdad” esto deberían tener los que son pontífices.

A la Doctrina se llega por medio de una meditación constante, dirigida a conocer al Sapientísimo.

A la Verdad, con fidelidad absoluta al bien. El que juega con el Mal, entra en la Mentira y pierde la Verdad.

Gamaliel no puede contenerse y exclama:

–   ¡Has respondido bien! Como un gran Rabí. Yo Gamaliel te lo digo: ¡Me ganas!

Félix estalla:

–   Entonces que Éste aclare porqué Aarón no hizo milagros y Moisés sí.

Jesús al punto responde:

–   Porque Moisés debía imponerse sobre la masa oscura, pesada y hasta contraria de los israelitas.

Y debía llegar a tener sobre ellos un ascendiente, para poder inclinarlos a hacer la Voluntad de Dios. El hombre es el eterno salvaje y el eterno niño se admira con lo que se sale de las reglas.

Eso es lo que es el milagro. Es una luz movida ante las pupilas cerradas. Es un sonido que resuena cerca de las orejas tapadas.

Despierta. Llama. Hasta que se diga: ‘Aquí está Dios’

Félix rebate:

–    Esto lo dices a tu favor.

–   ¿A mi favor? ¿Y en qué me favorece el hacer milagros?

¿Puedo parecer más alto, si pongo una hoja de hierba bajo mis pies? Así es el milagro con respecto a la santidad. Hubo santos que jamás hicieron milagros.

Hay magos y nigromantes que con fuerzas oscuras hacen prodigios, pero no son santos y ellos son unos demonios.

Yo seré Yo, aunque no hiciere más milagros.

Gamaliel aplaude aprobando:

–    ¡Perfectamente bien! ¡Eres grande, Jesús!

Félix pregunta con ansia a Gamaliel:

–   ¿Y quién es según tú, este ‘Grande’?

Gamaliel contesta:

–    El más grande Profeta que yo haya conocido. Tanto en obras como en palabras.

José dice:

–   Es el Mesías. Te lo digo Gamaliel, créelo. Tú eres sabio y justo.

Félix les dice a los dos con sarcasmo:

–   ¡Cómo! ¿Con que tú jefe de los judíos? ¿Tú, el Anciano, gloria nuestra?

¿Has caído en la idolatría por un hombre? ¿Quién te prueba que es el Mesías?

Yo no lo creeré jamás aunque lo vea hacer milagros. Pero ¿Por qué no hace uno delante de nosotros? ¡Díselo tú que lo alabas!

Y ¡También tú que lo defiendes!

José responde seriamente:

–   No lo invité para ser diversión de mis amigos. Y te ruego que recuerdes que eres mi huésped.

Félix, enojado y grosero; se levanta y se va.

Después de unos momentos, Jesús se dirige a Gamaliel:

–   ¿Y tú no me pides el milagro para creer?

El gran doctor le contesta:

–   No serán los milagros de un hombre de Dios, los que me quiten la espina dolorosa que llevo en el corazón, de tres preguntas que siempre han permanecido sin respuesta.

–   ¿Qué preguntas?

–    ¿Está vivo el Mesías? ¿Era Aquel?… ¿Es éste?

José exclama:

–    ¡El Es! Te lo digo, Gamaliel.

¿No lo sientes santo? ¿Diferente? ¿Poderoso? ¿Sí? ¿Entonces qué esperas para creer?

Gamaliel no responde a José y se dirige a Jesús:

–    Una vez… no te desagrade Jesús, si soy tenaz en mis ideas.

Una vez, cuando aún vivía el grande, el sabio Hilell. Yo creí y él conmigo, que el Mesías ya estaba en Israel. ¡Un gran resplandor del Sol Divino en aquel frío día, de un persistente invierno!

Era Pascua. El campesino temblaba por las mieses heladas. Yo dije después de haber oído sus palabras: ‘Israel está a salvo, ¡Desde hoy, abundancia en los campos y bendiciones en los corazones!

‘El Esperado se ha manifestado con su primer fulgor’ Y no me equivoqué.

Todos podéis recordar qué cosechas hubo aquel año de trece meses. Cosa que se repite en este año.

Varios dicen al mismo tiempo:

–   ¿Qué palabras oíste?

–   ¿Quién las dijo?

Gamaliel reponde:

–    Uno que era poco más que un Niño.

Pero Dios resplandecía en su inocente y apacible Rostro. Hace ya diecinueve años que pienso… que recuerdo… y trato de volver a oír aquella Voz.

Que hablaba palabras llenas de sabiduría. ¿En qué parte de la tierra está? Yo pienso que era Dios revestido como un niño para no aterrorizar al hombre.

Y como el rayo que instantáneamente recorre los cielos de oriente a poniente. De norte a sur. Él, el Divino, recorre con su vestidura de hermosa Misericordia,

con Voz y Rostro de Niño y pensamiento divino; la tierra para decir a los hombres: ‘Yo Soy’. Así pienso.

¿Cuándo regresará a Israel? ¿Cuándo? Y me digo: Cuando Israel sea un altar, para los pies de Dios.

Y mi corazón gime al ver la abyección de Israel. Y un dolor me dice que jamás sucederá. ¡Oh! ¡Dura respuesta!

¡Y verdadera! ¿Puede la Santidad descender en su Mesías, mientras exista en nosotros el Abominio?

Jesús responde:

–    Puede y lo hace, porque es Misericordia.

Gamaliel lo mira pensativo y le pregunta:

–    ¿Cuál es tu verdadero Nombre?

Y Jesús imponente, se levanta y con infinita Majestad, declara:

–   Yo Soy Quién Soy.

14. Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.»

El Pensamiento y la Palabra del Padre. Soy el Mesías del Señor.

Gamaliel lo mira con angustia.

Y dice:

–    ¿Tú? No lo puedo creer. Grande es tu santidad.

Pero Aquel Niño en quién creo; cuando estábamos en el Templo, dijo: ‘Yo daré una Señal.

Estas piedras bramarán cuando llegue mi Hora’. Espero esta Señal, para creer. ¿Me la puedes dar Tú, para persuadirme de que Eres el Esperado?

Los dos están de pie. Altos, majestuosos.

Uno con su vestido de lino muy blanco. Otro con el suyo de lana, de color rojo tinto oscuro. Uno de edad. El otro, joven.

Ambos de ojos dominadores y profundos, se miran fijamente; en un mutuo reconocimiento.

Entonces Jesús baja su brazo derecho que tenía sobre el pecho,

Y como si jurase exclama:

–    ¿Ésta señal aguardas? ¡Y la tendrás!

Repito las palabras de aquel día: ‘Las piedras del Templo del Señor, se estremecerán con mis últimas palabras’

Espera esa señal, Doctor de Israel. Hombre justo. Y luego cree, si quieres obtener perdón y salvación.

¡Serías bienaventurado si pudieses creer antes! Pero no puedes.

Siglos de creencias equivocadas de una promesa justa. Y nubes de orgullo, como muro se interponen para llegar a la Verdad y a la Fe.

–    Dices bien. Esperaré esa señal. ¡Adiós! ¡El Señor sea contigo!

–    Adiós, Gamaliel. Que el Espíritu Eterno te ilumine y te guíe.

Todos saludan a Gamaliel, que se va con Nicodemo, Juan y Simón, el sanedrista.

Se quedan Jesús, Lázaro, Tomás, Simón Zelote y Cornelio.

José dice con pesar:

–    ¡No se doblega!

Me gustaría que estuviese entre tus discípulos. Sería un peso decisivo en tu favor y no lo logro.

–    No te aflijas por ello.

. No hay influencia capaz de salvarme de la tempestad que se está preparando. Pero Gamaliel, si no se pliega a favor, tampoco lo hará contra Cristo. Es de los que esperan…

Todo termina.

P LA CRISIS DE FE


8. Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿ENCONTRARÁ LA FE SOBRE LA TIERRA? LUCAS 18»

PROFECÍAS Y REVELACIONES

LOS SANTOS ARCÁNGELES

26.08.2012

Somos Seres de paz, de amor, de bondad, de sensibilidad, tanto que, aunque seamos rechazados y no amados, continuamos nuestra encomienda.

El hombre requiere ser conducido, al acercarse acontecimientos que probarán la Fe y estremecerán las entrañas mediante la injusticia, la impiedad y la ausencia de Amor de parte del Engendro del Mal.

15.01.2014

Permanezcan alerta, y para esto deben mantener una Fe en un constante crecimiento, no pueden detenerse y pensar que la Fe que poseen en este instante es suficiente, ¡NO! 

SAN MIGUEL ARCÁNGEL

2.05.2015

La humanidad decae, la Fe de un verdadero y fiel apóstol debe alimentarse continuamente.

No por mantenerse dentro de la Iglesia son salvos, sino por dar testimonio hasta el último instante de vida.

3.11.2015

Es necesario que el hombre en este instante, para que se mantenga siendo fiel y verdadero a Nuestro Rey,

conozca a Nuestro Rey, no por lo que le comenten otros hermanos, no por lo que escuchen que otros hermanos han experimentado. 

ES NECESARIO QUE CADA UNO TENGA SU EXPERIENCIA PERSONAL CON NUESTRO REY. 

Es necesario ese encuentro de cada creatura con su Creador  para que la Fe sea invencible,

de lo contrario una Fe forjada sobre la experiencia, sobre la vivencia y sobre la Oración de otros, es una fe de arenas movedizas que en cualquier instante caerá y no se levantará más.

20.05.2016

El hombre actual cree expresarse con autoridad, y miente al no poseer ese conocimiento que se logra por medio de la Fe y la convicción,

ESA ADHESIÓN IMPORTANTÍSIMA Y FUSIÓN CON LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

3.07.2016

De sitios lejanos llegarán a Europa, a América principalmente, criaturas inmorales, maliciosas, perversas, que como aves de rapiña se abalanzarán sobre los que confiesen la verdadera Fe en Cristo, nuestro Rey.

 Deseosos de aniquilar todo vestigio que recuerde a Cristo Rey, invadirán los lugares santos y tomarán gran botín, llevando el botín para grandes sacrilegios.

30.09.2018

Amados, la constancia, el esfuerzo, la Perseverancia, la Oración y el cumplimiento de la Ley Divina les da la fortaleza para mantenerse en los instantes difíciles.

La protección en sus hogares deben lograrla mediante la unidad a nuestro Rey y a nuestra Reina y Madre del Cielo.

 LA CONCIENCIA AL RECIBIR EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO REY DEL UNIVERSO

LES DA LA FE Y FORTALEZA ESPIRITUAL

Para que ustedes sean luz en donde se encuentren.

La protección de cada uno es la relación espiritual que mantengan con la Trinidad Sacrosanta y con nuestra Reina y Madre,

los sacramentales les protegen en la medida en que cada uno de ustedes se encuentre en estado de Gracia, en la lucha permanente en contra del mal.

 Amados, algunas creaturas humanas dicen no ver, no sentir a Dios, han olvidado que la Fe se ejercita en la entrega de lo que aún no ven, pero saben que es verdad.

Y que Su Voluntad se manifiesta sobre Su Pueblo para conducirles a la Salvación Eterna.

1 DE SEPTIEMBRE DEL 2020

Solicito que la Bendición de la Trinidad sacrosanta se derrame sobre su pueblo,

REFORZANDO EN CADA UNO DE SUS HIJOS LA FE, SI DESEAN ACOGERLA.

 Llegó el momento en que la obediencia es imprescindible para la conversión; sin conversión la caridad es un monte empinado de gran altura difícil de escalar.

Llegó el momento en que es imprescindible LA FE PARA QUE NO DECAIGAN ni la espera les agobie (Cf. Heb 11,6),

Sino al contrario, disciernan y miren cuanto acontece con claridad.

Los embates naturales no son casualidades, como no son casualidades las pestes que el hombre crea por soberbia.

Todo este conjunto es consecuencia del mal obrar y actuar del hombre, que le señala el momento para que se preparen espiritualmente.

Pueblo de Dios:

Se alimentan para mantener con vida el cuerpo; de igual forma, sin la Oración, el Arrepentimiento y el Alimento Eucarístico no logran encontrar el Camino, la Verdad y la Vida.

Cuando no puedan recibir sacramentalmente a Nuestro Rey y Señor Jesucristo, (1) lo pueden vivir desde ese cofre interior (Cf. II Cor 4,7), en donde atesoran el Alimento Divino y gustarle para que no se debiliten.

Sean cautos, el Demonio con sus legiones se mantiene sobre la Humanidad a sabiendas de que esta oportunidad no la debe perder para arrebatar almas,

y miro a tantos hijos de Dios caer constantemente en las Trampas del Mal, doblegándoles y llevándoles a pensar que cuanto sucede es temporal.

¡La vida no volverá a ser la misma jamás!

La humanidad ha obedecido las directrices de la élite mundial y esta continuará azotando a la humanidad continuamente, dándoles cortos respiros.

El Pueblo de Dios es altanero, la iglesia de nuestro Rey y Señor jesucristo

SE AGOTA SIN SABER VIVIR DEL ESPÍRITU,

NO DISCIERNEN Y ACOGEN CON REGOCIJO LAS FALSAS NOVEDADES(Cf. Gal 1,8-9), despreciando la Voluntad Divina.

Llega el momento de la Purificación, la enfermedad toma otro rumbo y reaparece sobre la piel (*).

La humanidad cae una y otra vez, ES FLAGELADA por la ciencia mal empleada unida al Nuevo Orden Mundial empeñado en llevar a la inercia la espiritualidad que pueda existir en la Humanidad.

Pueblo de Dios:

Esta generación debe mantenerse postrada rostro en tierra ante la Misericordia Divina. El hombre no es digno de tan grande acto divino.

Oren hijos de Dios, oren por quienes son Perseguidos.

Oren Pueblo de Dios, oren para que la conciencia humana despierte y NO se someta al Demonio.

Oren Pueblo de Dios, oren por los que fallecen en estado de pecado, por los que abandonan a Nuestro Rey y Señor Jesucristo.

Pueblo de Dios, la Tierra se estremece como nunca antes y la Humanidad se confunde ante los hallazgos de la ciencia; que sin ser certeros,

los darán a conocer como ciertos,

DERRUMBANDO LA FE DE LOS HIJOS DE DIOS. 

Ustedes NO TEMAN, todas las Legiones Celestiales se encuentran a la espera de la Orden Divina para que se preparen constantemente. 

Como Pueblo de Dios mantienen una especial atención por parte de Dios Padre.

Siempre los fieles van a vencer, aunque sean pocas criaturas humanas, serán los fieles hasta el final de la batalla.

Bajo el mando de Nuestra Reina y Madre llegamos a rescatar al Resto Santo.

¡No teman! No desesperen por desear conocer la Voluntad Divina antes que sus hermanos, pueden caer en trampas.

Reina y Madre de los Últimos Tiempos, ten dentro de Tu Corazón al que te clama.

Con Mi Espada les abro paso hacia la permanencia en el Amor Divino.

 (*) La Santísima Virgen María ha indicado algunas plantas que favorecen el tratamiento de enfermedades de la piel, a saber: caléndula, artemisa, ortiga y geranio.  Leer aquí…

(1) Sobre la Sagrada Eucaristía …

Comentario del Instrumento 

Hermanos:

San Miguel nos alerta: EL CISMA se acerca dentro de la Iglesia de nuestro Rey y Señor Jesucristo. (2)

Los Signos de los Tiempos avanzan inexorablemente, hay que vivir en el Amor Divino para solicitar por adelantado a nuestro amado Cristo, la fuerza necesaria para mantenernos sin renunciar a la Salvación Eterna. 

No es solo saber lo que viene, sino discernirlo…

No es temer, sino mantener el valor que se desprende de la Cruz de nuestro Señor…No es alejarnos y escondernos, sino auxiliar a los hermanos y ser testigos verdaderos de la fortaleza que da el ser discípulo de Cristo. Amén. 

(2) Revelaciones sobre el Cisma de la Iglesia Católica…

5 DE SEPTIEMBRE DEL 2020

Amado Pueblo de Dios:

¡REGOCÍJENSE, FIELES DE DIOS!

¡REGOCÍJENSE, QUIENES SE ARREPIENTAN DE SUS ACTOS INDEBIDOS!

¡REGOCÍJENSE, AQUELLOS QUE SE NIEGUEN A ADENTRARSE EN LA TELARAÑA DEL MAL!

Criaturas religiosas son atrapadas por el Mal, enlodándoles en el fango que ensucia el alma; esto, al no ser espirituales.

Lo prohibido toma posesión del hombre, el que con complacencia camina sobre las densas y nauseabundas Tinieblas del Mal,

para extraviarse en el conjunto de sacrilegios con los que la Humanidad en este momento desprecia lo Divino.

LA CREACIÓN ES OBRA DE DIOS, NO DEL HOMBRE,

POR LO QUE LA MISMA CREACIÓN DESPLIEGA SU FUERZA MÁS TEMIBLE CONTRA EL HOMBRE,

PARA QUE EL HOMBRE VUELVA A DIOS

Y LE RECONOZCA COMO DUEÑO Y SOBERANO DE TODO LO CREADO.

Son el Pueblo de Dios, extraviado y confundido  (1), contaminado por el estiércol del Mal, al coquetear con el Mal…

Y permitirle suplantar lo Divino, renunciando así a ser verdaderos cristianos, celosos defensores de la verdadera doctrina.

¡NO ACEPTEN NOVEDADES!

Viven en medio de grandes eventos de toda índole, las rebeliones aumentan en la medida en que el hombre protesta contra el cautiverio.

Los medios de comunicación masiva son controlados por las grandes élites mundiales, embebidas en la supremacía de los poderosos sobre los débiles.

¡CUÁNTO DOLOR VIENE HACIA LA HUMANIDAD!

UNOS LO PADECERÁN PRIMERO Y OTROS DESPUÉS.

NO HABRÁ TIERRA SIN LAMENTO.

El hambre llegó en su caballo a tocar la Tierra…

Feroces plagas devoran extensiones de cultivos…

El agua inunda los cultivos en algunos lugares para sorpresa del hombre y en otros lugares el sol abrasador no permitirá que crezcan los cultivos…

¡Oh padecer de la Humanidad!

Vuelvan a nuestro Rey y Señor Jesucristo, adoren la Preciosa Sangre de nuestro Rey.

USTEDES, CRIATURAS DE FE, VIVAN CADA MOMENTO COMO SI FUESE EL ÚLTIMO.

EL TESORO DE LA CRISTIANDAD ES RESERVADO Y NEGADO AL PUEBLO DE DIOS.

En medio del caos del hombre ante la caída de la economía global, se impone el dragón con sus cabezas (Cf. Apoc 12,3; 13,1) privando a la cristiandad de lo que no les pueden roer. 

La élite que promueve al orden mundial (2) negocia con los países pequeños para marcarles el paso hacia el gobierno único, antes de que la economía caiga y tenga en sus garras a sus deudores.

Pueblo de Dios:

¿De dónde tan poca Fe en el PODER DIVINO?

TEMEN MORIR DE HAMBRE,

PERO NO TEMEN PERDER LA SALVACIÓN ETERNA

Pueblo de Dios:

La Tierra se estremece fuertemente y el mar se adentra en la tierra (3), permanezcan atentos ante tan devastadores terremotos, despierten no continúen dormidos.

Cuanto acontece es necesario, el hombre debe doblar rodillas y así comprender que debe ser espiritual para gustar de lo Divino, no sientan ser dueños de la Trinidad Sacrosanta,

aspiren a ser espirituales, luchen contra el ego humano mal empleado y sean humildes criaturas de Dios, poseedoras de gran amor y santidad.

Dos fuerzas luchan por las almas: el bien contra el Mal, ¿Quién posee el bien y quién posee el mal?… lo juzgan según lo que guardan en la conciencia.

Oren, reparen el mal cometido, amen al prójimo como a sí mismos, respeten la Ley Divina, sean verdaderos y no se alejen de Nuestra Reina y Madre de Cielos y Tierra.

El hombre sabio da de beber al sediento sin juzgar si es merecedor o no. ¡Hagan el bien que Cristo les depara el bien!

Llegará el Ángel de Paz como llega lo inesperado a la Tierra: sin que le esperen. Con la paz en su boca unirá corazones. (5)

 La humanidad recobrará con mayor fuerza la espiritualidad que ha perdido y se mirará renovada, por ello no le teman a la purificación, oren y mantengan la Fe,

Para que, como el Resto Fiel, sean libres por el Amor Divino y por el Triunfo del Corazón Inmaculado de nuestra Reina y Madre.

Oren, deseen el bien al hermano, sean amor y envíen ese amor hacia sus semejantes, deseen el bien.

La humanidad adúltera se mofa de lo divino adentrando en la Casa de Dios lo profano, este pecado es gravísimo a los Ojos de Dios.

Teman perder la Vida Eterna. 

Son protegidos por las Legiones Celestiales por Orden Divina.

No teman, no teman, no olviden hacer el bien, sean amor, no permitan que la impaciencia los lleve a ser soberbios.

¡NO TEMAN, HIJOS DE DIOS!

¡NO TEMAN!

Continúen en Fe, alimenten la Fe, cumplan la Ley Divina. (Cf. Mt 12,37-39)

Adoren a Dios en espíritu y verdad.

 (1) La gran confusión del hombre …

(2) Nuevo orden mundial …

(3) El gemir de tierra …

(4) El comunismo en el final de los tiempos …

(5) Revelaciones sobre el Ángel de Paz …

13 DE SEPTIEMBRE DEL 2020

Amado Pueblo de Dios:

En unidad, como Pueblo de Dios que camina sin desesperar ni perder la Fe, AVANCEN HACIA LA ETERNA FELICIDAD.

7. Entonces se entabló una batalla en el cielo: = Miguel = y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron,
8. pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos.
9. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él. Apoc. 12

Vengo con mi espada en alto, en señal de que la Purificación de la Humanidad se acelera y es cruenta como el mismo pecado del hombre.

Tienen que vaciar el ego humano de cuanto les mantiene apegados a la necedad y la soberbia, tienen que aplicarse a sí mismos la corrección y vivir, obrar y actuar dentro de la fraternidad y el Amor Divino.

¡CAMBIEN!, NO MAÑANA, ¡SINO HOY!

En este preciso momento para que no vaguen solitarios cuando necesiten de sus hermanos. Todos necesitarán del auxilio de los hermanos ante la Purificación que llega.

LA TIERRA NO SERÁ PURIFICADA CON EL AGUA, SINO CON EL FUEGO,

ESE QUE EMANA DE LA TECNOLOGÍA CREADA PARA DESTRUIR SIN COMPASIÓN.

En este mundo devastado, agitado y agobiado, el hombre dirige su mirada y sus fuerzas mal encauzadas contra lo que representa lo Divino.

Por ello, Pueblo de Dios, mírense en el interior y transformen los constantes reproches que profieren contra Dios en un ¡GRACIAS, PADRE! porque me pules con Tu Amor.

¿Qué sucede en la Tierra en este momento?

Deben aprender a ser caridad, paz interior, amor, fe y esperanza para que reciban lo mismo.

¡Prepárense!, al hombre le es mayormente llevadero cuanto acontece si se mantiene en Dios,

no así quien se mantiene en su yo soy, estas criaturas se saturan con facilidad, no son amor y por su voluntad caminan solas.

Ustedes Pueblo de Dios, ACTÚEN YA EN USTEDES MISMOS,

ALIVIANEN EL CAMINO, PARA QUE ESTE NO SEA MÁS PESADO,

SINO AL CONTRARIO, UN CAMINO BENDECIDO POR LA FE Y EL AMOR A DIOS.

La Iglesia de Nuestro Rey y Señor Jesucristo exhala el Lamento, no se pierdan, no teman,

sean coherentes y tengan la seguridad de la protección de la Reina y Madre que se encuentra con ustedes para guiarles si se lo permiten.

¡CRIATURAS DE DIOS! SEAN CRIATURAS DE FE,

NO DEBEN FORJARSE SOBRE LO QUE DESEAN COMO CRIATURAS HUMANAS,

SINO SOBRE LA VOLUNTAD DIVINA.

¡ESTE ES EL MOMENTO PARA QUE CAMBIEN, SE CONVIERTAN Y SE PREPAREN 

PARA LO QUE SERÁ MÁS FUERTE,

DE ELLO DEPENDE CÓMO CONTINUARÁN VIVIENDO,

EN EL LAMENTO CONTINUO O EN LA VOLUNTAD DIVINA QUE LES DA PAZ.

No desean ser renovados, es más placentero el fango del “EGO” que la conversión basada en el sacrificio.

Me alegra saber que de todos los ególatras, YO SOY el mejor de TODOS

Pueblo de Dios:

La Guerra destila por varias vertientes sin dejar de mirar el centro de la cristiandad como objetivo para que las ovejas sean amedrentadas.

¡FE,  FE,  FE!

Escuchan al Etna rugir, despiertan los colosos y la Humanidad siendo presa de sí misma desespera.

Despierta Pueblo de Dios, despierta, que el hambre espiritual cabalga sobre la Tierra,

el hambre física cabalga (Cf. Apoc 6,2-8) anunciando a la Humanidad lo venidero.

LA FE MANTIENE A LA CRIATURA HUMANA INAMOVIBLE.

¿POSEEN FE?

Comentario deL Instrumento:

Hermanos:

Nuestro amado San Miguel Arcángel, en este llamado a la conversión, nos da un recorrido por diferentes escenarios en los que vive y vivirá la humanidad.

En cuanto avanza el transcurrir de los días, así se acerca el cumplimiento de las Revelaciones. 

LA HAMBRUNA LLEGA ANTE UN HOMBRE QUE RENIEGA DE DIOS Y LE CULPA DE CUANTO ACONTECE.

¿Será que se levantarán contra el Pueblo de Dios y le perseguirán al señalarle culpable de lo acaecido? 

San Miguel Arcángel me permitió mirar a un grupo de personas, todos hombres decidiendo el próximo paso a dar en cuanto al destino de la humanidad.

Una humanidad golpeada en la salud es más vulnerable para llevarle a la desesperación social y al caos.

SOMOS ADVERTIDOS,

NO CAIGAMOS EN LA DESESPERACIÓN.

https://www.revelacionesmarianas.com/FE.htm

P EGOLATRÍA DEL ‘YO SOY’


13.09.2020

Hermanos:

Comparto con ustedes los detalles que San Miguel Arcángel me enfatizó durante esta visión.

Terminado el Mensaje del 13 de septiembre, San Miguel colocó frente a mis ojos el globo terráqueo diferente a como lo podemos ver ahora por medio de los satélites, pues los colores eran diferentes.

San Miguel me dice:

Hija, ¿miras que la Tierra no posee el verdor al que estás acostumbrada y los mares han usurpado terreno?

 Yo asombrada asentí con mi cabeza en un movimiento de afirmación.

Seguido me dice:

La humanidad no ha aceptado que esta enfermedad que les aqueja fuertemente es producto de la codicia con la que algunos científicos y quienes gobiernan al mundo,

han utilizado para causar el mal y tomar como rehenes a la humanidad.

En este momento he de repetir lo que Nuestro Rey y Señor Jesucristo y Nuestra Reina y Madre les han repetido sobre el mal uso de la tecnología: este virus es prueba de ello.

El Mal estudió muy astutamente cómo acercar más al Pueblo de Dios hacia la tecnología, ya que será a través de ella que el Anticristo se dará a conocer ante toda la humanidad.

Es la realidad a la que han llevado a los niños, adolescentes y adultos con gran facilidad y sin que les parezca anormal.

Ahora sí se cumple lo que Nuestra Madre les había mencionado hace tantos años atrás: 

LOS HOGARES SE CONVERTIRÁN EN CAMPOS DE CONCENTRACIÓN MASIVOS…

Y eso está viviendo la Humanidad en general.

Esta nueva forma de enseñanza virtual que se ha levantado, ha sido con la aceptación y sumisión de la humanidad, esto produce alteración, violencia por doquier

y la Humanidad lo va viendo como algo normal, casi dicen que la violencia es algo necesario en este momento.

Ese es el peligro: que la muerte se enfrenta con el hombre cada instante en manos del semejante, sin que esto lleve a graves consecuencias.

Luego me mostró cómo la criatura humana se mira vacía, con poca Fe o nada de Fe, también miré parte de la humanidad con una llenura de luz y me dice San Miguel:

Es la llenura espiritual de los que formarán parte del Resto Santo.

Pude mirar largas filas para recoger alimentos de primera necesidad y en familias divididas.

Esto no es fácil, sino al contrario, vi como los ancianos en especial, son abandonados en las largas filas y despreciados por sus familias, ya que no son considerados necesarios.

Lo que realmente pude observar es la ley del más fuerte.

Y se cumple la Palabra de la Sagrada Escritura: Mateo 24, 8-15. 

7. Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambre y terremotos.

8. Todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento.

9. «Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.

10. Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente.

11. Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos.

12. Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará.

13. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

14. «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.

15. «Cuando veáis, pues, = la abominación de la desolación, = anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda),

Me presentó San Miguel a cientos de criaturas humanas claudicando en la Fe, porque no se cumplen las Revelaciones ¡YA!

Luego me presenta esas mismas criaturas en la Tribulación gimiendo y suplicando el Auxilio Divino.

Vi un gran terremoto y vi al mar adentrarse en la tierra y los necios no se iban a los lugares altos, pereciendo ahogados. 

Vi cantidad de personas ahogadas a causa de un volcán que emerge del fondo marino y crea un tsunami.

El Cielo se puso grisáceo y los hombres corrían de un lugar a otro con terror y espanto, pero las criaturas de Fe se hincaban y extendían los brazos adorando a Dios.

Decían:

¡OH TIEMPO ESPERADO, DADNOS FE,

DIOS DE CIELOS Y TIERRA,

DANOS FE PARA LLEGAR HASTA EL FINAL!

A los días los noticieros anuncian que un súper volcán entró en erupción y ha provocado un clima tipo invernadero…
Se paralizan los vuelos y todo medio de transporte entre países…

Los templos se llenan de personas pidiendo confesión…

Y San Miguel me dice:

Hoy solicitan clemencia, ayer blasfemaban de Dios.

El hombre continúa altanero ante Dios, esta generación vive ante dos caminos:  el de la gracia y el de la esclavitud al pecado.

Habrá padecimientos en gran número de países, los habitantes se levantarán en contra de sus gobernantes, quienes dominan a la humanidad,

y no son los presidentes, sino los grandes masones que preparan el gobierno único, quienes gestan el caos en los países…

La guerra se anuncia y se inicia.

Y exclama San Miguel:

Criaturas humanas, no sean obstinadas, ¡CONVIÉRTANSE!, les mantienen cautivos para alejarles de la Trinidad Sacrosanta

y el hombre sin Dios se entrega al Demonio.

NO CONTINÚEN VIVIENDO DEL EGO HUMANO,

 Les mantiene ciegos, no les permite mirar y les lleva a vivir en la soberbia pisoteando a los semejantes.

San Miguel me dice:

Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados.

Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la Tierra.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán Misericordia.

Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados aquellos que han sido Perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí.

Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los Cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes.

San Miguel se aleja y solicita la perseverancia del Pueblo de Dios.

MENSAJE DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

13 DE SEPTIEMBRE DEL 2020

Amado Pueblo de Dios:

Reciban la Paz, el Amor y la Misericordia procedentes de la Trinidad Sacrosanta.

En unidad, como Pueblo de Dios que camina sin desesperar ni perder la Fe, AVANCEN HACIA LA ETERNA FELICIDAD.

En este momento más que en otros, deben tomar determinaciones que les alumbren y les abran el camino espiritual antes de que sea tarde y la costumbre les ciegue totalmente. 

 El Pueblo de Nuestro Rey y Señor Jesucristo es testarudo, hipócrita, presumido, soberbio y desobediente, por ello es que padece.

Les advertimos por Misericordia Divina sobre cuanto los lleva a perder la Vida Eterna y no lo toman para sí mismos, sino para los hermanos.

Vengo con mi Espada en alto,

EN SEÑAL DE QUE LA PURIFICACIÓN DE LA HUMANIDAD SE ACELERA

Y ES CRUENTA como el mismo pecado del hombre.

Tienen que vaciar el ego humano de cuanto les mantiene apegados a la necedad y la soberbia; tienen que aplicarse a sí mismos la corrección y vivir, obrar y actuar dentro de la fraternidad y el Amor Divino.

Dan lectura a estas Palabras, que por Voluntad Divina les dirijo, y creen que son para otros hermanos, he de decir que son para cada uno de los que las leen, son para tí, no para otro,

¡Ególatras de su propio dios! yo soy. 

Debido a ello no comparten el dolor ajeno, no sufren con el que sufre, no se alegran con el que se alegra, viven en una constante batalla con sus semejantes.

¡No! hijos de Dios, el actuar de esa forma les aleja de actuar y obrar a la manera de Nuestro Rey y Señor Jesucristo.

Y les arrastra con la corriente del mundo que ha perdido valores, sobre todo los espirituales, y de ahí, es el Caos en que se encuentran.

25. Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré.
26. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.
27. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas.

¡CAMBIEN!, NO MAÑANA, ¡SINO HOY!

 en este preciso momento para que no vaguen solitarios cuando necesiten de sus hermanos. Todos necesitarán del auxilio de los hermanos ante la Purificación que llega.

Mediten:

LA TIERRA NO SERÁ PURIFICADA CON EL AGUA, SINO CON EL FUEGO,

ese que emana de la tecnología creada para destruir sin compasión.

En este mundo devastado, agitado y agobiado, el hombre dirige su mirada y sus fuerzas mal encauzadas contra lo que representa lo Divino;

por ello, Pueblo de Dios, mírense en el interior y transformen los constantes reproches que profieren contra Dios en un ¡GRACIAS, PADRE! porque me pules con Tu Amor.

¿Qué sucede en la Tierra en este momento?

Deben aprender a ser caridad, paz interior, Amor, Fe y Esperanza para que reciban lo mismo.  

Daniel cantaba esto ¡ADENTRO del horno encendido por los que querían su ruina!

¡PREPÁRENSE!, al hombre le es mayormente llevadero cuanto acontece si se mantiene en Dios.

No así quien se mantiene en su yo soy, estas criaturas se saturan con facilidad, no son amor y por su voluntad caminan solas.

Ustedes Pueblo de Dios, actúen ya en ustedes mismos, alivianen el camino, para que este no sea más pesado, sino al contrario, un camino bendecido por la Fe y el Amor a Dios.

Pueblo de Dios:

La Iglesia de Nuestro Rey y Señor Jesucristo exhala el lamento, no se pierdan, no teman, sean coherentes y tengan la seguridad de la protección de la Reina y Madre que se encuentra con ustedes para guiarles si se lo permiten.

Volcanes serán lamento para los hijos de Dios, no se descuiden, manténganse en alerta.

La Tierra se estremece con fuerza, las criaturas correrán hacia un extremo y hacia otro ante la fuerza de la Naturaleza.

¡Criaturas de Dios!

SEAN CRIATURAS DE FE, no deben forjarse sobre lo que desean como criaturas humanas, sino sobre la Voluntad Divina.

Amado Pueblo de Dios:

Este es el momento para que cambien, se conviertan y se preparen para lo que será más fuerte, de ello depende cómo continuarán viviendo, en el Lamento continuo o en la Voluntad Divina que les da Paz.

Confiar en Dios es tener la CERTEZA, de que Él tiene todo bajo control y que aunque la situación parezca imposible, ¡ÉL ES EL DIOS DE LOS IMPOSIBLES!…

No desean ser renovados, es más placentero el fango del “ego” que la conversión basada en el sacrificio.

Deben continuar Orando con el alma, potencias y sentidos, unificándose para Orar, sin dispersiones.

Las oraciones son necesarias para ustedes como Humanidad.

TENGAN PRESENTE QUE LA SAGRADA ESCRITURA ES FUERZA PARA LOS HIJOS DE DIOS,

LA EUCARISTÍA ES ALIMENTO PARA LOS HIJOS DE DIOS,

ALIMÉNTENSE ANTES DE QUE SE HAGA PRESENTE EL MISTERIO DE LA INIQUIDAD. (Cf. II Tes 2,7)

Pueblo de Dios:

La guerra destila por varias vertientes sin dejar de mirar el centro de la cristiandad como objetivo para que las ovejas sean amedrentadas.

¡FE, FE, FE!

Escuchan al Etna rugir, despiertan los colosos y la humanidad siendo presa de sí misma desespera.

¡CÓMO AÑORARÁN LOS TIEMPOS VIVIDOS!

¡CÓMO LAMENTARÁN TANTA IGNORANCIA EN LA QUE VIVIERON!

Despierta Pueblo de Dios, DESPIERTA, que el hambre espiritual cabalga sobre la Tierra, el hambre física cabalga (Cf. Apoc 6,2-8) anunciando a la Humanidad lo venidero.

LA FE MANTIENE A LA CRIATURA HUMANA INAMOVIBLE.

¿POSEEN FE?

Les bendigo.

¿QUIÉN ES COMO DIOS?
¡NADIE COMO DIOS!

San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Comentario del Instrumento: 

Hermanos:

Nuestro amado San Miguel Arcángel, en este llamado a la conversión, nos da un recorrido por diferentes escenarios en los que vive y vivirá la humanidad.

En cuanto avanza el transcurrir de los días, así se acerca el cumplimiento de las Revelaciones. 

La hambruna llega ante un hombre que reniega de Dios y le culpa de cuanto acontece. ¿Será que se levantarán contra el Pueblo de Dios y le perseguirán al señalarle Culpable de lo acaecido?

San Miguel Arcángel me permitió mirar a un grupo de personas, todos hombres decidiendo el próximo paso a dar en cuanto al destino de la humanidad.

Una humanidad golpeada en la salud es más vulnerable para llevarle a la desesperación social y al caos.

Somos advertidos, NO caigamos en la desesperación.

Alimentémonos del Amor Trinitario y de nuestra Madre Santisima por cada uno de nosotros. Amén.

https://www.revelacionesmarianas.com/

43.- EL AMOR ENTRE EL SUFRIMIENTO


88 – 43 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Por un senderillo entre campos quemados – sólo rastrojos y grillos – Jesús camina entre Leví y Juan.

Detrás, en grupo, van José, Judas y Simón.

Es de noche y sin embargo, no se siente refrigerio. La tierra es fuego que continúa ardiendo incluso después del incendio del día.

El rocío no puede nada contra este bochorno: tan fuerte es la llamarada que sale de los surcos y de las grietas del suelo, que se seca incluso antes de tocar el suelo.

Todos caminan en silencio, fatigados y acalorados.

Jesús sonríe y pregunta a Leví:

–    ¿Lo encontraremos?

El pastor contesta:

–     Ciertamente. Por este campo guarda la mies y todavía no ha empezado la recolección de frutas.

Los campesinos por eso están ocupados en vigilar los viñedos y los árboles frutales, protegiéndolos de los ladrones. Sobre todo cuando los amos son aborrecidos, como el que tiene Jonás.

Samaría está cercana y cuando ellos pueden… ¡Oh! Con gusto a nosotros los de Israel, nos causan daño. Aunque saben que luego a los criados se les apalea. Pero como nos odian tanto.

–    No tengas rencor, Leví.

–    No. Pero Tú mismo verás como por culpa suya, Jonás fue golpeado hace como cinco años. 

Desde entonces pasa la noche en guardia. El flagelo es un suplicio cruel…

 

–    ¿Todavía nos falta mucho para llegar?

–    No, Maestro.

¿Ves allá donde terminan estos campos y empieza aquel monte oscuro? Allá están las arboledas de Doras, el duro fariseo.

Si me permites, me adelanto para que me oiga Jonás.

–     Ve.

Juan pregunta a Jesús:

–    Pero Señor mío. ¿Así son todos los fariseos? ¡Oh! ¡Yo jamás querría estar a su servicio! Prefiero la barca.

Jesús, un poco serio, pregunta a su vez:

–    ¿Es la barca tu predilecta?

Juan se apresura a contestar:

–    No. ¡Eres Tú! La barca lo era cuando ignoraba que el Amor estaba en la tierra.

Jesús ríe de su vehemencia y dice bromeando:

–    ¿No sabías que en la tierra estaba el Amor? Entonces ¿Cómo naciste, si tu padre no amaba a tu madre?

–     Ese amor es hermoso, pero no me seduce. Tú eres mi amor. Tú eres el Amor sobre la tierra para el pobre Juan.

Jesús lo estrecha contra sí y dice:

–    Deseaba oírtelo decir.

El Amor está ansioso de amor y el hombre da y dará siempre a su avidez imperceptibles gotas, como estas que caen del cielo, tan insignificantes que se consumen, mientras caen, en la ola de calor estival.

Como también las gotas de amor de los hombres se consumirán a mitad de camino, eliminadas por llamaradas de demasiadas cosas.

El corazón seguirá destilándolas, pero los intereses, los amores, los negocios, la avidez… muchas, muchas cosas humanas las harán evaporarse. Y, ¿Qué subirá a Jesús?

¡Oh, demasiado poco! Los restos. De entre todos los latidos humanos, los que queden, los latidos interesados de los humanos para pedir, pedir, pedir mientras la necesidad urge.

Amarme por amor sin mezcla de otra cosa será propiedad de pocos: de los Juanes… Observa una espiga renacida. Es, quizás, una semilla caída durante la cosecha.

Ha sabido nacer, resistir el sol, la sequía, crecer, desarrollar los primeros brotes, echar espiga… Mira: ya está formada. Sólo ella vive en estos campos asolados.

Dentro de poco los granos maduros caerán al suelo rompiendo la lisa cascarilla que los tiene ligados al tallo, y serán caridad para los pajaritos, o, dando el ciento por uno, volverán a nacer una vez más.

Y antes de que el invierno vuelva a traer el arado a los terrones, estarán de nuevo maduros y darán de comer a muchos pájaros, oprimidos por el hambre de las estaciones más tristes…

¿Ves, Juan mío, lo que puede hacer una semilla intrépida? Así serán los pocos que me amen por amor.

Uno sólo servirá para el hambre de muchos, bastará uno para embellecer la zona en que lo único que hay – había – es la fealdad de la nada, uno sólo bastará para crear vida donde antes había muerte.

A él se acercarán los hambrientos, comerán un grano de su laborioso amor y luego, egoístas y disipados, volarán.

Pero incluso sin saberlo ellos ese grano depositará gérmenes vitales en su sangre, en su espíritu… y volverán… Y hoy, y mañana, y al otro, como decía Isaac, los corazones crecerán en el conocimiento del Amor.

El tallo, desnudo, ya no será nada, un hilo de paja quemado, pero su sacrificio ¡Cuánto bien producirá!, su sacrificio ¡Cuánto será premiado!

Jesús – que se había detenido un instante ante una frágil espiga nacida al borde del sendero, en una cuneta que en tiempos de lluvias quizás era una acequia, prosigue su camino.

Juan mientras, lo escucha embelesado.

Los otros, que van hablando entre sí, no se dan cuenta del dulce coloquio.

Llegan al huerto, se detienen, y se reúnen todos.

El calor es tal, que sudan a pesar de no llevar manto. Callan y esperan.

Del follaje espeso apenas iluminado por la luna, emergen dos figuras: destaca la silueta clara de Leví y detrás, otra sombra más oscura.

Leví anuncia:

–      Maestro, aquí está Jonás.

Jesús saluda desde aquí:

–      ¡Recibe mi paz! – aún cuando aún Jonás no ha llegado donde Él.

Pero Jonás no responde, corre a su encuentro y llorando, se arroja a sus pies y los besa.

Cuando puede hablar dice:

–      ¡Cuánto te he esperado! ¡Cuánto!

¡Qué desconsuelo sentir la vida pasar, venir la muerte, y deber decir: “¡Y no lo he visto!“! Y sin embargo, no, no toda la esperanza moría, ni siquiera una vez que estuve a las puertas de la muerte.

Decía: Ella lo dijo: `Vosotros aún le serviréis‘ y Ella no puede haber dicho nada que no sea verdad. Es la Madre del Emmanuel;

por tanto, ninguna tiene consigo a Dios más que Ella, y quien a Dios tiene conoce las cosas de Dios.

Jesús contesta:

–       Levántate. Ella te saluda. Cerca de ti la has tenido y la tienes cerca. Reside en Nazaret.

–      ¡Tú! ¡Ella! ¿En Nazaret? ¡Oh, si lo hubiera sabido…!

De noche, en los fríos meses del hielo, cuando duermen los campos y los malintencionados no pueden perjudicar a los cultivadores, habría ido corriendo a besaros los pies.

Y me habría regresado con mi tesoro de certeza. ¿Por qué no te has manifestado, Señor?

–      Porque no era la hora. Ahora sí. Hay que saber esperar.

Tú lo has dicho: “En los meses del hielo, cuando los campos duermen” y ya han sido sembrados, ¿No es cierto? 

Pues bien, Yo era también como el grano sembrado. Tú me habías visto en el momento de la siembra.

Luego había desaparecido sepultado bajo un silencio obligatorio, para crecer y llegar al tiempo de la cosecha y resplandecer ante los ojos de quien me había visto Recién Nacido.

Y también ante los ojos del mundo. Ese tiempo ha llegado. Ahora el Recién Nacido preparado para ser Pan del mundo.

Y en primer lugar busco a mis fieles, y les digo: “Venid. Saciad vuestra hambre conmigo”.

El hombre lo escucha sonriendo dichoso, mientras dice como para sí, « ¡Oh! ¡Es verdad, vives! ¡Eres Tú, es verdad!

Jesús pregunta:

–    ¿Has estado a punto de morir? ¿Cuándo?

–    Cuando me azotaron a muerte, porque a dos parras mías les habían robado.

¡Mira cuantos cardenales!…

Se baja la túnica y muestra los hombros del todo marcados con heridas estriadas y la espalda, que es como una pintura de cicatrices caprichosas.

Y agrega:

–     Me pegó con un cordel de hierro. Contó los racimos que se habían llevado y revisó donde las uvas fueron arrancadas. Y por cada una, me dio un golpe más… hasta que quedé medio muerto.

Me socorrió María, la joven esposa de un compañero mío. Siempre me ha estimado. Su padre era el encargado antes de mí. Cuando vine aquí le tomé cariño a la niña porque se llamaba María. 

Me cuidó y me curé, aunque hicieron falta meses porque las llagas con el calor habían tomado un aspecto malísimo y daban fiebre fuerte.

Dije al Dios de Israel: “No importa. Permíteme volver a ver a tu Mesías y no me importará este mal; tómalo como sacrificio.

No puedo ofrecerte un sacrificio nunca. Soy siervo de un hombre cruel, Tú lo sabes. Ni siquiera durante la Pascua me permite ir a tu altar. Tómame a mí como hostia. ¡Pero, dame a Jesús!

Jesús le dice.

–      Y el Altísimo ha satisfecho tu deseo. Jonás, ¿Me quieres servir, como ya lo hacen tus compañeros?

–      ¡Oh!, Y ¿Cómo podré hacerlo?

–      Como lo hacen ellos. Leví sabe cómo. Te dirá lo simple que es servirme a mí. Quiero sólo tu buena voluntad.

–      La buena voluntad te la he ofrecido incluso cuando, recién nacido llorabas.

Por ella he superado todo, tanto los momentos de desolación como los odios. Es… que aquí se puede hablar poco.

El patrón una vez me dio de patadas, porque yo insistía diciendo que Tú existías.

Pero cuando él estaba lejos, y con quien podía fiarme, yo narraba el prodigio de aquella noche.

–      Pues entonces ahora narra el prodigio del encuentro conmigo.

Os he encontrado a casi todos… Y todos fieles. ¿No es esto un prodigio? Por el simple hecho de haberme contemplado con Fe y amor os habéis hecho justos ante Dios y ante los hombres.

–      ¡Oh, ahora sí que voy a tener un valor…, un valor…! Ahora sé que vives y puedo decir: “Está allí. ¡Id a Él!…”. Pero ¿Dónde, Señor mío?

–       Por todo Israel.

Hasta Septiembre estaré en Galilea; frecuentemente en Nazaret o Cafarnaúm, allí se me podrá encontrar.

Luego… estaré por todas partes; he venido a reunir a las ovejas de Israel.

–      ¡Ay, Señor mío, te encontrarás muchas cabras! ¡Desconfía de los poderosos de Israel!

–      Si no es la hora, ningún mal me harán. Tú, a los muertos, a los que duermen, a los vivos, diles: “El Mesías está entre nosotros”

–      ¿A los muertos, Señor?

–       A los muertos del espíritu.

Los otros, los justos muertos en el Señor, ya exultan de gozo por la liberación del Limbo, que ya está cercana.

Diles a los muertos que soy la Vida, diles a los que duermen que soy el Sol que sale y saca del sueño, diles a los vivos que soy la Verdad que ellos buscan.

–     ¿Curas también a los enfermos? Leví me ha hablado de Isaac. ¿Sólo para él el milagro, porque es tu pastor, o para todos?

–     A los buenos, el milagro como justo premio; a los menos buenos, para impulsarlos a la verdadera bondad.

A los malvados, también en alguna ocasión, para removerlos de su estado y persuadirlos de que Yo soy y de que Dios está conmigo.

El milagro es un don. El don es para los buenos. Pero, Aquel que es Misericordia y que ve la pesantez humana, no removible sino por un hecho extraordinario,

recurre a esto también para poder decir: “He hecho todo con vosotros y de nada ha servido. Decid entonces vosotros mismos qué más os debo hacer”.

–     Señor, ¿No te da asco entrar en mi casa?

Si me aseguras que no vienen los ladrones a la propiedad, quisiera hospedarte y llamar a los pocos que te conocen a través de mi palabra para reunirlos en torno a Tí.

El patrón nos ha doblegado y quebrado como a tallos despreciables. Sólo nos queda la esperanza de un premio eterno.

Pero si Tú te manifiestas a los corazones oprimidos tendrán nuevo vigor.

–    Voy. No temas por los árboles ni por las viñas. ¿Puedes creer que los ángeles vigilarán fielmente en lugar de ti?

–    ¡Oh! ¡Señor! Yo he visto a tus siervos celestes. Creo. Voy seguro contigo.

¡Benditos estos árboles y estas cepas que poseen viento y canción de alas y voces angélicas! ¡Bendito este sueño que santificas con tu pie! ¡Ven, Señor Jesús!

¡Oíd, árboles y vides, oíd, terrones levantados por el arado: Aquel Nombre que os confié para paz mía, ahora se lo dirijo a Él! ¡Jesús está aquí!

¡Escuchad! ¡Por ramas y sarmientos discurra a borbotones la savia, el Mesías está con nosotros!

Jonás está exultante de alegría. Y los lleva hacia su pobre choza.

Todo termina con estas palabras gozosas.

32 LEVADURA DE CONVERSION


32 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Hago un llamado URGENTE a todo el mundo católico para que el próximo 9 de Agosto se lleve a cabo una jornada de ayuno y oración a nivel mundial con el rezo del rosario de mi Preciosísima Sangre y con el rezo del Exorcismo de San Miguel, de 12:00 am a 6:00 pm, pidiéndole al Padre Celestial por la protección de mis Templos, Santuarios y Lugares Santos, que están siendo destruidos y profanados por las fuerzas del Mal en este mundo.

A través del camino montañoso, Jesús va caminando con sus discípulos por una vereda serpenteante que corta la pendiente y sigue el curso del río.

Juan está rojo como la púrpura, cargado como un mozo de cuerda, con una saca grande bien llena.

Judas, por su parte, porta la de Jesús junto con la suya.

Simón lleva sólo la suya y los mantos.

Jesús viste de nuevo su túnica, la madre de Judas debe haber encargado que se la lavaran porque no tiene arrugas. Y calza sus sandalias. 

A pesar del calor y la fatiga, Juan no pierde su buen humor.

Y exclama:

–    ¡Cuánta fruta! ¡Qué hermosos viñedos hay en aquellas colinas! Maestro, ¿Este es el río en cuyas riberas nuestros padres cogieron los racimos milagrosos’

Jesús contesta:

–    No. Es el otro que está más hacia el sur. Pero toda la región es rica en sabrosas frutas.

Simón observa:

–    Ahora ya no es tan fértil aunque siga siendo bella.

Jesús aclara:

–    Muchas guerras han devastado la tierra. Aquí se formó Israel… pero para esto debió fecundarse con su sangre y la de los enemigos.

–   ¿En dónde encontraremos a los pastores?

–    A cinco kilómetros de Hebrón; en las riberas del río que me preguntaba Juan.

–   ¿Entonces es más allá de aquellas colinas?

–    Sí.

–    Hace mucho calor, Maestro. Después ¿A dónde iremos?

–    A un lugar mucho más caliente. Pero os ruego que vengáis.

Caminaremos de noche. Las estrellas son tan claras que no hay oscuridad. Os quiero mostrar un lugar…

Juan pregunta:

–   ¿Una ciudad?

–    No. Un lugar que os hará entender al Maestro; mejor tal vez que sus palabras.

Judas dice:

–    Perdimos varios días por ese incidente sin importancia. Destruyó todo…

Y mi madre que había preparado tantas cosas, ha quedado desilusionada. No sé por qué has querido retirarte hasta la purificación.

Jesús contesta:

–    Judas, ¿Por qué llamas sin importancia un suceso que fue una gracia para un verdadero fiel? ¿No querrías para ti una muerte semejante?

Había esperado toda su vida al Mesías. Cuando era anciano fue por caminos ásperos a adorarlo. Cuando le dijeron: ‘Está en…’ conservó en su corazón por treinta años, las palabras de mi Madre.

El amor y la fe lo revistieron con su fuego en la última hora que Dios le reservó. El corazón se le partió de alegría.

Se le incendió en el fuego de Dios como un holocausto agradable. ¡Qué mejor suerte que ésta!

¿Aguó la fiesta que habías preparado?… Ve en esto una respuesta de Dios.

Que no se mezcle lo que es del hombre con lo que es de Dios. Tu madre, me verá otra vez. todo Keriot puede venir al Mesías; el viejo ya no tenía fuerzas para hacerlo.

He sido feliz de haber estrechado con el corazón, al viejo padre que moría y de haber encontrado su espíritu. Y por lo demás…

¿Para qué dar escándalo con mostrar desprecio a la Ley? ¿Cómo puedo decir que sean fieles, si Yo no lo Soy?

Simón responde:

–     Creo que este es el error de nuestra decadencia. Los rabíes y los fariseos aplastan al pueblo con sus preceptos y después hacen como el que profanó la casa de Juan, que la convirtió en un burdel.

Judas aclara:

–     Es uno de Herodes.

–     Sí, Judas. Pero las mismas culpas cometen las castas que se llaman a sí mismas ‘santas’ ¿Tú qué opinas Maestro?

–     Afirmo que con tal de que haya un poco de verdadero fermento y de verdadero incienso en Israel, se hará el pan y se perfumará el altar.

–     ¿Qué quieres decir?

–     Quiero decir que si hay alguien que con recto corazón venga a la verdad. La Verdad se esparcirá como fermento en la masa de harina y como incienso en todo Israel.

–     ¿Qué fue lo que te dijo esa mujer?

Jesús no responde y se vuelve hacia Juan:

–      Pesa mucho y te cansas. Dámela.

El discípulo más joven contesta:

–     No, Jesús. Estoy acostumbrado a las cargas y luego… me lo aligera al pensar en la alegría que tendrá Isaac.

Al dar vuelta a la colina, a la sombra del bosque se encuentran con las ovejas de Elías, los pastores están bajo la sombra de un árbol, cuidándolas.

Ven a Jesús, se levantan de un salto y corren. Cuando están frente a Él,

Jesús les pregunta:

–     La paz sea con vosotros. ¿Qué hacíais?

Isaac contesta:

–     Estábamos preocupados por Ti. Por el retraso. No sabíamos si ir a tu encuentro u obedecer.

Decidimos venir hasta aquí para obedecerte y al mismo tiempo satisfacer a nuestro amor; pues debías de haber llegado aquí desde hace varios días.

–    Tuvimos que detenernos.

–   ¿Pasó alguna desgracia?

–    Ninguna, amigo. Un fiel murió en mi pecho. Sólo fue eso.

Judas interviene:

–   ¿Qué querías que sucediese pastor? Cuando las cosas están bien organizadas… 

Claro que es menester saber disponerlas y preparar los corazones para recibirlas. Mi ciudad tributó honores al Mesías. ¿Verdad, Maestro?

Jesús responde:

–   Es verdad, Isaac. Al regresar pasamos por la casa de Sara.

También la ciudad de Yuttá, sin ningún otro preparativo que el de su bondad sencilla y la verdad con la que me predicaste, logró entender la esencia de mi doctrina.

Aman con un amor práctico, desinteresado y santo. Isaac, te envían alimentos y vestidos. 

Todos contribuyeron a aumentar los óbolos de tu casa. Tómalos. No tengo dinero. Pero te traje esto que está purificado con la caridad.

–    No, Maestro. Déjalo contigo. Yo estoy acostumbrado a no tener nada.

–    Ahora tienes que ir a lugares a donde te enviaré y lo necesitarás. No es mucho pero sabrás emplearlo.

Ahora se dirige al discípulo más joven:

–     Juan, dale aquella alforja.

Y agrega mirando a Isaac: 

–     Es un regalo que está lleno de amor.

Isaac toma la alforja y va a vestirse detrás de un matorral; pues todavía está descalzo y viste su rara toga improvisada con su cobija.

Elías dice:

–     Maestro, tres días después de que te fuiste, estábamos apacentando los animales en Hebrón.

Y la mujer que estaba en la casa de Juan, nos mandó una criada con esta bolsa diciendo que quería hablar con nosotros.

La primera vez la devolví y le dije: ‘No tengo nada que escuchar’.

Luego la sirvienta regresó y dijo: ‘Ven, en el Nombre de Jesús’. Y fui… esperando que no estuviese su… el hombre que la tiene allí.

Quería saber muchas cosas, pero yo hablé con prudencia. Es una prostituta.

Tuve miedo de que fuese una trampa contra Ti. Me preguntó quién Eres; donde vives; qué es lo que haces; si eres un grande de Israel.

Le dije: ‘Es Jesús de Nazareth. Está por todas partes, porque es un maestro y va enseñando por la Palestina’

También dije que eras un hombre pobre y sencillo. Un obrero a quien ha hecho sabio la Sabiduría… no dije más.

Jesús contesta:

–     Hiciste bien.

Y simultáneamente Judas exclama:

–     ¡Has hecho mal! ¿Por qué no le dijiste que Él es el Mesías? ¡Qué es el Rey del Mundo!

¡Hay que aplastar la soberbia romana bajo el poder de Dios!

Elías explica:

–     No me hubiera entendido. Y luego… todo lo que es de Jesús, es santo

¿Cómo puedo saber lo que ella piensa? No quise poner en peligro a Jesús, hablando de más. Que el mal le venga de cualquier otro, pero no de mí.

Judas se vuelve hacia Juan:

–    Juan, vamos a decirle quién es el Maestro. A explicarle cuál es la Verdad santa.

Juan objeta:

–    Yo no. Iré solo que Jesús me lo ordene.

–   ¿Tienes miedo? ¿Qué puede hacerte? ¿Te causa asco?… El Maestro no le tuvo.

–    No es miedo ni asco. Tengo compasión de ella.

Pero pienso que si Jesús hubiera querido; se hubiera detenido a instruirla. No lo hizo. Entonces no es necesario que lo hagamos nosotros.

Elías muestra la bolsa diciendo:

–     Entonces no había señales de conversión. Pero ahora…

Judas la toma y se sienta sobre la hierba.

Closeup of gold jewelery with precious stones

Extiende su manto y abre la bolsa dejando que caiga sobre él, todo su contenido:

Es un montón de anillos, collares, gargantillas, brazaletes, aretes, pulseras, tiaras… adornadas con piedras preciosas.

Oro brillante que cae sobre el amarillo oro del vestido del apóstol.

Judas, exclama admirado:

–     Maestro, ¡Son puras joyas! ¿Qué hacemos con ellas?

Simón aconseja:

–     Se pueden vender.

Judas responde sin esconder su asombro:

–    Sería un desperdicio.

Elías explica:

–    Yo también le dije cuando las recibí: ‘Tu dueño te pegará’ y ella me respondió: ‘No son suyas. Son mías. Y puedo hacer con ellas lo que se me antoje.

Sé que es oro de pecado… Pero se hará bueno, si se emplea con quien es pobre y santo. Para que se acuerde de mí’…

Y se puso a llorar desconsoladamente.

Judas dice:

–    Ve, Maestro.

Jesús contesta rotundo:

–     No.

–    Manda a Simón.

–    No.

–    Entonces voy yo.

–    ¡No!

Los ‘no’ de Jesús, son cortantes e imperiosos.

Elías ve que Jesús está enojado y pregunta preocupado:

–     Maestro, ¿Hice mal en hablar con ella y en haber tomado el oro?

Jesús contesta:

–     No hiciste mal. Pero no hay nada que hacer.

Judas insiste:

–     Pero tal vez esa mujer quiera redimirse y tenga necesidad de ser instruida.

Jesús suspira y se arma de paciencia. Luego dice:

–    Existen en ella tantas chispas para provocar el incendio en que pueda quemarse su vicio y volver a ser un alma otra vez virgen, por el arrepentimiento.

Hace poco os hablé de la levadura que se esparce en la harina y la hace un pan santo. Oíd esta breve parábola:

Esa mujer es harina. Una harina en quién el Maligno ha mezclado sus polvos de infierno.

Mis palabras y Yo, somos la levadura.

Pero si hay mucho salvado en la harina; piedras, ceniza, arena; ¿Podrá hacerse el pan aunque la levadura sea buena?…

¡No se puede hacer!

Es necesario quitar con paciencia, ese tamo. Las cenizas, las piedritas y la arena.

La misericordia pasa y ofrece ese tamiz. El primero.

El que se compone de verdades breves; pero fundamentales, como son las necesarias para que entienda que está atrapada en la red de la ignorancia completa, del vicio y del gentilismo.

Si el alma lo acepta, empieza la primera purificación. 

La segunda viene con el tamiz del alma misma; que compara su ser con el del Ser que se le ha revelado… Y esto le da horror.

Y aquí empieza su obra.

Por medio de una operación más minuciosa, limpia lo que es harina; pero que aún tiene granitos pesados, para poder obtener un pan óptimo…

Cuando está lista; vuelve otra vez la Misericordia y se introduce en esa harina preparada.

Y también ésta es otra preparación, Judas.  Que la fermenta y la hace pan.

Pero ésta es una operación larga que necesita de la voluntad del alma.

Esa mujer tiene ya en sí, lo mínimo que era justo darle y que puede servirle para terminar su trabajo.

Dejemos que lo haga, si quiere hacerlo. Sin que nada la perturbe.

Cualquier cosa turba a un alma que se elabora: la curiosidad; celo imprudente; las intransigencias; así como las piedades excesivas.

–   ¿Entonces, no vamos?

–   No, Judas. Y para que ninguno tenga tentación, vámonos.

En el bosque aprovecharemos la sombra. Nos detendremos en las márgenes del Valle de Terebinto.

Allí nos separaremos.

Elías volverá a sus pastizales con Leví.

José vendrá conmigo hasta el paso de Jericó.

Después nos volveremos a reunir.

Tú, Isaac; continúa haciendo lo que hacías en Yutta, partiendo de aquí por Arimatea y Lidia, hasta llegar a Docco. Allí nos encontraremos.

Hay que preparar la Judea y tú ya sabes cómo hacerlo

Judas pregunta:

–   ¿Y nosotros?

Jesús contesta:

–    ¿Vosotros? Vendréis conmigo para ver mi preparación. También Yo me preparé para la misión.

–    ¿Fuiste con un rabí?

–    No.

–   ¿Con Juan?

–    De él, sólo recibí el bautismo.

–   ¿Entonces?…

–    Belén ha hablado con las piedras y los corazones.

También allá donde te llevaré Judas… un corazón, el mío. Y también las piedras, hablarán y te darán la respuesta.

Elías trae leche y pan y dice:

–   Tratamos de persuadir a los de Hebrón; pero no creen más que en Juan. Para ellos es su ‘santo’ y no quieren a nadie más.

Jesús dice:

–   Es un pecado común a muchos. Miran al obrero y no al Dueño que lo envió.

¡No importa! El Verbo sufre, pero no guarda rencor… ¡Vámonos!

15 PARENTESCO ESPIRITUAL


15 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Las riberas del Jordán exhiben una majestuosa paz  verde – azul, con rumor de aguas y de frondas de tono dulce como una melodía.

Es una calzada militar bastante amplia, trazada por los romanos para unir las distintas regiones con la capital que sigue a poca distancia el curso del río y está separada de éste por una franja de bosque, que cumple la función de afianzar las márgenes y oponer resistencia a las aguas durante las crecidas.

Al otro lado de la calzada continúa la floresta, de modo que la vía parece una galería natural a la que hacen de techo entrelazadas, las frondosas ramas: benéfico alivio para los viandantes por el sol abrasador.

El río  y  por tanto, la calzada traza un arco muy amplio y la rampa frondosa parece una muralla verde colocada para cerrar una concavidad de aguas quietas.

Parece casi un lago de un parque señorial, aunque el agua discurre lentamente con un suave murmullo, al chocar los primeros cañizares que han crecido en el terreno guijarroso  y la ondulación de las largas cintas de sus hojas, colgando a ras del agua que las mueve.

También un grupo de sauces, de flexibles ramas suspendidas, le han confiado al río el extremo de su verde cabellera. Y éste parece peinarlas acariciándolas, extendiéndolas suavemente  en la dirección de su corriente.

Silencio y paz en la hora matutina.

Sólo cantos y reclamos de aves, susurro de aguas y frondas en un intenso brillar de rocío sobre la hierba verde y alta que está entre los árboles y que el sol estival aún no ha quemado.

Floresta tierna y nueva por haber nacido después de la primaveral efusión de aguas que ha nutrido la tierra en lo profundo, llena de humedad y de substancias buenas.

Tres viandantes están parados en esta curva de la calzada, justamente en un ápice del arco.

Otean la lejanía en sus distintas direcciones: miran hacia arriba y hacia abajo; al Sur, donde está Jerusalén; al Norte, donde está Samaría.

Esperan ansiosos y escrutan entre las columnatas de los árboles para ver si llega alguno esperado.

Son Tomás, Judas Tadeo y el leproso curado.

Hablan entre sí.

Tomás:

–          ¿Ves algo?

Tadeo:

–            Yo no.

Simón Cananeo:

–            Yo tampoco.

Tomás:

–            Y sin embargo, éste es el lugar.

–            ¿Estás seguro?

–             Seguro, Simón. Uno de los seis, mientras el Maestro se alejaba entre las aclamaciones de la muchedumbre después del milagro de un mendigo lisiado, curado en la puerta de los Peces, me dijo:

 “Nosotros ahora nos vamos de Jerusalén. Espéranos a cinco millas entre Jericó y Doco, a la altura de la curva del río, en la calzada flanqueada de árboles”. Ésta.

Dijo también: “Allí estaremos, dentro de tres días, al amanecer”.

Es el tercer día y aquí nos ha encontrado la cuarta vigilia.

Simón:

–          ¿Vendrá? Quizás hubiera sido mejor haberle seguido desde Jerusalén.

Tomás:

–           Todavía no podías ir entre la muchedumbre, Simón.

Tadeo:

–           Si mi primo os dijo que vinierais aquí, aquí vendrá. Siempre mantiene lo que promete. Debemos esperar.

Tomás:

–           ¿Has estado siempre con Él?

Tadeo: 

–           Siempre. Desde que volvió a Nazaret fue conmigo un buen compañero. Siempre juntos. Somos de la misma edad, yo un poco mayor.Y además yo era el preferido de su padre, hermano del mío. También su Madre me quería mucho. He crecido más con Ella que con la mía.

–            Te quería… ¿Ya no te quiere lo mismo?

–            ¡Oh, sí!, pero nos hemos desligado un poco desde que Él se ha hecho profeta. A mi familia no le gusta.

–            ¿Qué familia?

–            Mi padre y los dos mayores. El otro está en duda… Mi padre es muy anciano y no he tenido corazón para llevarle la contraria. Pero ahora… Ya no más.

Ahora yo voy a donde me llevan el corazón y la mente. Voy con Jesús. No creo ofender a la Ley actuando así.

Y… si no fuera justo lo que quiero hacer, Jesús me lo diría. Haré lo que Él dice. ¿Le es lícito a un padre ponerle obstáculos a un hijo en el camino del bien?

Si yo siento salvación en ello, ¿Por qué impedirme conseguirla? ¿Por qué los padres algunas veces nos son enemigos?

Simón suspira como por tristes recuerdos y baja la cabeza, pero no habla.

Sin embargo, Tomás responde:

–            Yo ya he superado la dificultad. Mi padre me ha escuchado y me ha comprendido. Me ha bendecido diciendo: “Ve. Que esta Pascua signifique para ti liberación de la esclavitud de una espera. Dichoso tú que puedes creer.

Yo espero. Más si es Él y lo sabrás siguiéndolo, vuelve a tu anciano padre para decirle: ‘Ven. Israel ya tiene al Esperado”.

–             Eres más afortunado que yo. ¡Y pensar que hemos vivido a su lado!… Y no creemos, ¡Nosotros los de la familia!… ¡Y decimos, o sea, ellos dicen: “Ha perdido el juicio”!….

De repente, Simón exclama:

–             Mirad, mirad un grupo de personas ¡Es Él, es Él! ¡Reconozco su cabeza rubia! ¡Oh! ¡Venid! ¡Corramos!

Se echan a andar velozmente hacia el Sur.

Los árboles, ahora que han llegado al punto culminante del arco, ocultan el resto de la calzada, de manera que los dos grupos se encuentran casi uno frente al otro, cuando menos se lo esperan.

Jesús parece que sube del río, porque está entre los árboles de la orilla.

–          ¡Maestro!

–          ¡Jesús!

–          ¡Señor!

Los tres gritos del discípulo, del primo, del curado, resuenan adoradores y festivos.

Jesús les da la bienvenida:

–          ¡Paz a vosotros!

De nuevo la hermosa, inconfundible voz, llena, sonora, serena, expresiva, neta, viril, dulce e incisiva:   

–          ¿Tú también, Judas, primo mío?

Se abrazan.

Judas llora.

Jesús pregunta:

–          ¿Por qué este llanto?

Tadeo responde entre sollozos:

–           ¡Jesús… yo quiero estar contigo!

–           Te he esperado siempre. ¿Por qué no has venido?

Judas baja la cabeza y calla.

–           ¡No han querido! ¿Y ahora?

–           Jesús, yo… yo no puedo obedecerlos a ellos. Quiero obedecerte sólo a ti.

–           Yo no te he mandado nada.

–           No, Tú no. ¡Pero es tu Misión la que manda! Es Aquel que te ha enviado quien habla aquí, en el centro de mi corazón, y me dice: “Ve a Él”.

Es Aquella que te ha engendrado y que ha sido para mí maestra suave quien, con su mirada de paloma, me dice, sin usar palabras: “¡Sé de Jesús!”.

¿Puedo no tener en cuenta esa voz excelsa que me traspasa el corazón? ¿Esa oración de santa que ciertamente me suplica para mi bien?

 ¿Sólo porque soy primo por parte de José, no debo conocerte por lo que eres, mientras que el Bautista te ha conocido  y no te había visto jamás aquí, en las orillas de este río y te ha proclamado “Cordero de Dios”?

Y yo, yo que he crecido contigo, yo que me he hecho bueno siguiéndote a ti, yo que he venido a ser hijo de la Ley por mérito de tu Madre y que de Ella he aspirado no los seiscientos trece preceptos de los rabíes,

además de la Escritura y las oraciones, sino el espíritu de éstas… ¿Es que no voy a ser capaz de nada?

–            ¿Y tu padre?

–            ¿Mi padre? No le falta pan ni asistencia, y además… Tú me das ejemplo. Tú has pensado en el bien del pueblo más que en el pequeño bien de María. Y Ella está sola.

Dime Tú, Maestro mío, ¿No es lícito, acaso, sin faltarle al respeto, decirle a un padre:

“Padre, yo te quiero. Pero, por encima de ti está Dios, y a Él lo sigo”?

–             Judas, pariente y amigo mío, Yo te lo digo: vas muy adelante en el camino de la Luz. Ven. Sí, es lícito hablarle al padre así cuando es Dios quien llama.

Nada está por encima de Dios. Incluso las leyes de la sangre cesan, o sea, se subliman, porque con nuestras lágrimas los ayudamos más a los padres, a las madres, y por algo más eterno que no lo cotidiano del mundo.

Los llevamos con nosotros al Cielo y, por la misma vía del sacrificio de los afectos, a Dios. Quédate pues, Judas. Te he esperado y me siento contento de volverte a tener, amigo de mi vida nazarena.

Tadeo está conmovido.

Jesús se vuelve hacia Tomás:

–         Has obedecido fielmente. Primera virtud del discípulo.

–         He venido para serte fiel.

–          Y lo serás. Yo te lo digo.

Y volviéndose hacia el sanado, le dice:  

–         Ven, tú que estás como avergonzado en la sombra. No temas.

El ex leproso se postra a los pies de Jesús:

–          ¡Señor mío!

–          Levántate. ¿Tu nombre?

–           Simón.

–          ¿Tu familia?

–          Señor… era poderosa… yo también tenía poder… Pero odios de sectas y… y errores de juventud lesionaron su poder. Mi padre…

¡Oh, debo hablar contra él, que me ha costado lágrimas, no precisamente celestes! ¡Ya lo ves, ya has visto qué regalo me ha dado!

–          ¿Era leproso?

–           No lo era, como tampoco yo. Tenía una enfermedad que se llama de otra forma y que nosotros los de Israel la incluimos en las distintas lepras.

Él, entonces dominaba todavía su casta, vivió y murió como poderoso en su casa. Yo… si no me hubieras salvado, habría muerto en los sepulcros.

–           ¿Estás solo?

–            Solo. Tengo un siervo fiel que cuida de lo que me queda. Le he instruido al respecto.

–            ¿Tu madre?

El hombre parece sentirse violento.

Y responde: 

–            Murió.

Jesús le observa atentamente.

–            Simón, me dijiste: “¿Qué debo hacer por ti?”. Ahora te digo: “¡Sígueme!”.

–            ¡Enseguida, Señor!… Pero… pero yo… déjame que te diga una cosa. Soy, me llamaban “zelote” por la casta, y “cananeo” por madre.

Ya ves que soy oscuro, en mí tengo sangre de esclava. Mi padre no tenía hijos de su mujer y me tuvo de una esclava.

Su mujer, una buena mujer, me crió como a un hijo y me cuidó en infinitas enfermedades, hasta que murió…

–            No hay esclavos o libertos a los ojos de Dios. A sus ojos, una sola es la esclavitud: el pecado. Y Yo he venido a hacerla desaparecer.

Os llamo a todos, porque el Reino es de todos. ¿Eres culto?

–            Soy culto. Tenía incluso un lugar entre los grandes, mientras el mal permaneció velado bajo el vestido. Pero cuando subió al rostro… no daban crédito a sus ojos.

Mis enemigos al ver que podían usarlo para confinarme entre los “muertos”, aunque,  como dijo un médico romano de Cesárea que consulté, la mía no fuera lepra verdadera, sino serpigo hereditario.

 Por lo que era suficiente que no procreara para no propagarlo. ¿Puedo no maldecir a mi padre?

–            Debes no maldecirlo. Te ha hecho todo tipo de mal…

–            ¡Sí! Dilapidador, vicioso, cruel, sin corazón ni afecto. Me ha negado la salud, las caricias, la paz, me ha sellado con un nombre despreciable y con una enfermedad oprobiosa…

De todo se ha adueñado. Incluso del futuro del hijo. Me ha arrebatado todo: incluso la alegría de ser padre.

–            Por eso te digo: “¡Sígueme!”. A mi lado, siguiéndome, encontrarás Padre e hijos. Levanta la mirada, Simón. Allí el verdadero Padre te sonríe.

Observa los espacios de la tierra, los continentes, las regiones. Hay hijos e hijos; hijos del alma para los que no tienen hijos. Te esperan a ti, y muchos como tú esperan.

Bajo mi signo ya nadie será abandonado. En mi signo ya no hay soledades ni diferencias. Es signo de amor y da amor.

Ven, Simón, tú que no has tenido hijos. Ven, Judas, tú que pierdes al padre por mi amor. Os uno en el destino.

Jesús los acerca hacia Sí y poniéndolas manos sobre sus hombros, como para una toma de posesión y para imponer un yugo común.

Luego dice:

–            Os uno. Pero ahora os separo. Tú, Simón, te quedarás aquí con Tomás. Prepararás con él los caminos de mi retorno.

Pronto regresaré y quiero que muchos me estén esperando. Decidles a los enfermos (tú lo puedes decir) que Aquel que cura viene. Decidles a los que esperan que el Mesías está entre su pueblo.

Decidles a los pecadores que hay quien perdona para dar la fuerza necesaria para subir.

–           Pero ¿Seremos capaces?

–           Sí. Sólo tenéis que decir: “Él ha llegado. Os llama. Os espera, Viene para liberaros. Estad aquí preparados para verlo”.

Y a las palabras unid el relato de lo que sabéis.

Y tú primo Judas, ven conmigo y con éstos. Tú de todas formas te quedarás en Nazaret.

–            ¿Por qué, Jesús?

Jesús suspira profundo y dice:

–             Porque debes prepararme mi camino en mi tierra. ¿Consideras pequeña esta misión? En verdad no hay una más grave…

–            ¿Y lo lograré?

–            Sí y no. Pero todo será suficiente para quedar justificados.

–            ¿De qué? ¿Y ante quién?

–            Ante Dios. Ante la propia tierra. Ante la familia. No podrán censurarnos por haber ofrecido el bien.

Y si la patria y la familia lo desdeñan, nosotros no tendremos culpa de su daño.

 

–            ¿Y nosotros?

–            ¿Vosotros, Pedro? Volveréis a las redes.

–            ¿Por qué?

–              Porque pienso instruiros lentamente y tomaros conmigo cuando os vea preparados.

–              Pero, entonces, ¿Te veremos?

–              Claro. Iré frecuentemente. Os avisaré, si no, cuando esté en Cafarnaúm.

Ahora despedíos, amigos y vamos. Os bendigo a vosotros que os quedáis. Mi Paz sea con vosotros.

7 EL “SIGNO” DE LA GUERRA


 7 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Juan llama a la puerta de la casa donde hospedan a Jesús.

Se asoma una mujer y viendo quién es, avisa a Jesús.

Se saludan con un gesto de paz.

Jesús dice:

–        Has venido solícito, Juan.

–        He venido a comunicarte que Simón Pedro te ruega que pases por Betsaida. He hablado de Tí a muchos…

No hemos pescado esta noche; orado sí, como sabemos hacerlo; renunciando con ello al lucro porque… el sábado todavía no había terminado.

Luego esta mañana, hemos ido por las calles hablando de Tí. Hay gente que quisiera oírte… ¿Vienes, Maestro?

Jesús responde:

–        Voy. Aunque debiera ir a Nazaret antes que a Jerusalén.

–        Pedro te llevará desde Betsaida a Tiberíades, con su barca. Llegarás incluso antes.

–        Vamos, entonces.

Jesús coge manto y bolsa. Pero Juan le toma esta última.

Y después de saludar a la dueña de casa, se marchan.

Llegando a la salida del pueblo comienzan el viaje hacia Betsaida, donde los esperan a la entrada, Pedro, Andrés y Santiago y con ellos algunas mujeres.

Jesús los saluda:   

–         La paz sea con vosotros. Aquí me tenéis.

–         Gracias, Maestro, en nombre nuestro y de los que esperan. No es sábado, pero ¿No les vas a hablar a los que esperan tus palabras?

–         Sí, Pedro. Lo haré. En tu casa.

Pedro se muestra jubiloso:

–          Ven entonces: ésta es mi mujer, ésta es la madre de Juan, éstas son amigas de ellas. Pero también te esperan otros parientes y amigos nuestros.

–          Diles que partiré esta noche y que antes les hablaré. Cuando salimos de Cafarnaúm se estaba poniendo el sol, los he visto llegar a Betsaida por la mañana.  

Pedro solicita:

–          Maestro… te ruego que te quedes una noche en mi casa. Es largo el camino hacia Jerusalén, aunque te lo abrevie hasta Tiberíades con mi barca. Mi casa es pobre, pero honesta y amiga. Quédate con nosotros esta noche.

Jesús mira a Pedro y a todos los demás que esperan. Los mira escrutador.

Sonríe y dice:

 –          Sí.

Nueva alegría de Pedro.

Algunos miran desde las puertas y se hacen señas.

Un hombre llama por el nombre a Santiago y le habla en voz baja señalando a Jesús.

Santiago asiente y el hombre va a hablar aparte con otros que están parados en un cruce de caminos.

Entran en la casa de Pedro.

Una cocina amplia y humosa. En un rincón, redes, sogas y cestas para pesca; en medio, el hogar ancho y bajo, por ahora apagado.

Por las dos puertas, una frente a otra, se ve el camino y el huerto pequeño, con la higuera y la vid.

Más allá del camino, el celeste ondear del lago. Más allá del huerto, la pared oscura de otra casa.

Pedro dice:

– Te ofrezco cuanto tengo, Maestro, y de la forma que sé hacerlo…

Jesús responde:

– No podrías ni mejor ni más, porque me lo ofreces con amor.

Le dan a Jesús agua para refrescarse y luego pan y aceitunas.

Jesús come un poco, en realidad para que vean que lo acepta y luego con un gesto de agradecimiento, indica que no quiere más.

Unos niños curiosean desde el huerto y el camino.

Pedro mira severamente a estos niños impetuosos, para que no se acerquen.

Jesús sonríe y dice:

–         Déjalos.

–         Maestro, ¿Quieres descansar? Ahí está mi habitación, allá la de Andrés. Elige. No haremos ruido mientras estés reposando.

–        ¿Tienes una terraza?

–         Sí. Y la vid, aunque esté todavía casi sin hojas, da un poco de sombra.

–         Llévame a la terraza. Prefiero descansar arriba. Pensaré y oraré. 

–         Como quieras. Ven.

Desde el huertecillo, una pequeña escalera sube hasta el tejado, que es una terraza rodeada por una pared baja.

También aquí hay redes y sogas. ¡Cuánta luz de cielo y cuánto azul de lago!

Jesús se sienta en un taburete con la espalda apoyada en el murete.

Pedro trata de ingeniárselas extendiendo una vela por encima y al lado de la vid, para hacer un sitio donde poder uno resguardarse del sol.

Se siente brisa y silencio.

Jesús se deleita en ello.

–         Yo me voy, Maestro.

–         Vete. Tú y Juan id a decir que a la hora de la puesta del Sol hablaré aquí.

Jesús se queda solo y Ora durante mucho tiempo.

 Aparte de dos parejas de palomas que van y vienen desde los nidos y un trinar de gorriones, no hay ruido o ser vivo alrededor de Jesús orante.

Las horas pasan calmas y serenas.

Después Jesús se levanta, da alguna vuelta por la terraza, mira al lago.

Mira y sonríe a unos niños que juegan en la calle y que le sonríen.

Mira a la calle, hacia la placita que está a unos cien metros de la casa. Luego baja.

Se asoma a la cocina:

 –        Mujer, voy a pasear por la orilla.

Sale y efectivamente va a la orilla, con los niños.

Les pregunta:

–        ¿Qué hacéis?

–        Queríamos jugar a la guerra. Pero él no quiere y entonces se juega a la pesca.

El “él” que no quiere es un niño, ya un hombrecito de constitución menuda, pero de rostro muy luminoso.

Quizás sabe que siendo grácil como es, se llevaría palos de los demás haciendo “la guerra” y por ello sostiene la paz.

Pero Jesús aprovecha la ocasión para hablarles a esos niños:

–         Él tiene razón. La guerra es pena impuesta por Dios para castigo de los hombres. Y Signo de que el hombre ha venido a menos en su condición de verdadero hijo de Dios. 

Cuando el Altísimo creó el mundo, hizo todas las cosas:

El Sol, el mar, las estrellas, los ríos, las plantas, los animales, pero no hizo las armas.

Creó al hombre y le dio OJOS para que tuviera miradas de amor; BOCA para pronunciar palabras de amor; OÍDOS para oírlas, MANOS, para socorrer y acariciar; PIÉS para correr con rapidez hacia el hermano necesitado.

Y CORAZÓN CAPAZ DE AMAR.

 Dio al hombre inteligencia, palabra, afectos, gustos. Pero no le dio el Odio. ¿Por qué?

Porque el hombre, criatura de Dios, debía ser amor, como Amor es Dios.

Si el hombre hubiera permanecido TAL como criatura, habría permanecido en el amor. Y la familia humana no habría conocido guerra ni muerte.

El niño, con su lógica infantil, insiste:

–         Pero él no quiere hacer la guerra porque pierde siempre.

Jesús sonríe y dice:

–         No se debe no querer lo que a nosotros nos lesiona porque nos lesione. Se debe no querer una cosa cuando lesiona a todos. Si uno dice: “No quiero esto porque me produce una pérdida“, es egoísta.

 Sin embargo, el buen hijo de Dios dice:

“Hermanos, yo sé que vencería, pero os digo: no hagamos esto porque significaría un daño para vosotros”.

¡Cómo ha comprendido éste el precepto principal!

¿Quién me lo sabe decir?

En coro, las once bocas dicen:

–          Amarás a tu Dios con todo tu ser y a tu prójimo como a tí mismo”.

–          ¡Sois unos niños excelentes! ¿Vais todos al colegio?

–          Sí.

–          ¿Quién es el más listo?

–          Él (es el niño grácil que no quiere jugar a la guerra).

–          ¿Cómo te llamas?

–          Joel.

–          ¡Gran nombre! Joel habla así: “… el débil diga: “¡Soy fuerte!”. Pero ¿Fuerte en qué? En la Ley del Dios verdadero, para estar entre los que Él en el valle de la Decisión juzgará como santos suyos.

Mas el JUICIO está próximo: NO en el valle de la Decisión, sino en el Monte de la Redención.

Allí, entre Sol y Luna oscurecidos de horror y estrellas temblando llanto de piedad, serán discernidos los hijos de la Luz de los hijos de las Tinieblas.

Y todo Israel sabrá que su Dios ha venido.

Dichosos los que lo hayan reconocido:

Recibirán en su corazón miel, leche y aguas claras y las espinas se les transformarán en eternas rosas.

¿Quién de vosotros quiere estar entre aquéllos a los que Dios juzgue santos?.

–           ¡Yo!

–           ¡Yo!

–           ¡Yo!.

–           ¿Amaréis entonces al Mesías?

Y el coro de voces infantiles responde:

–           ¡Sí!

–           ¡Sí!

–           ¡A Tí!

–           ¡A Tí!

–           ¡Te amamos a Tí!

–           ¡Sabemos quién eres!

–           Lo han dicho Simón y Santiago y también nuestras madres.

–          ¡Llévanos contigo!.

–           En verdad os tomaré conmigo si sois buenos. Nunca más, palabras feas. Nunca más, abusos. Nunca más, riñas. Nunca más, malas respuestas a los padres.

Oración, Estudio, Trabajo, Obediencia.

Y Yo os amaré y os acompañaré en vuestro camino. 

 

Los niños están todos en círculo alrededor de Jesús.

Parece una corola policroma ceñida en torno a un largo pistilo azul oscuro.

Un hombre bastante anciano se ha acercado, curioso.

Jesús se vuelve para acariciar a un niño que le está tirando del vestido y lo ve.

La VISIÓN ESPIRITUAL, entra en acción…

Detiene en él intensamente su mirada.

El anciano se limita a saludar ruborizándose.

Jesús lo llama:

 –       Felipe, ¡Ven! ¡Sígueme!

El hombre responde:

– Sí, Maestro.

Jesús bendice a los niños y al lado de Felipe vuelve a casa. Se sientan en el huertecillo.

Jesús le pregunta:

–         ¿Quieres ser mi discípulo?

–         Lo quiero. Y no oso esperar serlo.

–         Yo te he Llamado.

–         Lo soy entonces. Heme aquí.

–         ¿Tenías conocimiento de mí?

–         Me ha hablado de ti Andrés. Me ha dicho: “Aquel por quien tú suspirabas ha venido“. Porque Andrés sabía que yo suspiraba por el Mesías.

–         No queda frustrada tu espera. Él está delante de ti. 

Jesús se transfigura ante el hombre lo ha anhelado tanto.

O sea, que permite que Felipe vislumbre la DIVINIDAD oculta en Él.

Felipe exclama emocionado:

–         ¡Mi Maestro y mi Dios!

–         Eres un israelita de recta intención. Por esto me manifiesto a ti. Otro amigo tuyo como tú, sincero israelita espera.

Ve a decirle: “Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, hijo de José, de la estirpe de David, aquel de quien hablaron Moisés y los profetas”. ¡Ve!   

Jesús se queda solo hasta que vuelve Felipe con Nathanael – Bartolomé.

Jesús lo saluda:

–         He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. La paz sea contigo, Nathanael.

–        ¿Cómo me conoces?

–          Antes de que Felipe fuera a llamarte, te he visto debajo de la higuera.

Usando los ojos con la mirada espiritual.

Nathanael exclama:

–          ¡Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel!

–          ¿Porque he dicho que te he visto pensando debajo de la higuera, crees? Cosas mucho más grandes que éstas verás.

 En verdad os digo que los Cielos están abiertos y vosotros por la Fe, veréis a los ángeles bajar y subir sobre el Hijo del Hombre: Yo, quien te está hablando. 

 –          ¡Maestro! ¡Yo no soy digno de tanto favor!

–           Cree en mí y serás digno del Cielo. ¿Quieres creer?

–           Quiero, Maestro.

Mientras tanto en la terraza, que está llena de gente.  Otras personas están en el huertecillo de Pedro.

Luego Jesús llega.

Y saluda diciendo: 

–      Paz a los hombres de buena voluntad. Paz y bendición a sus casas, mujeres y niños. La Gracia y la Luz de Dios reinen en ellas y en los corazones que las habitan.

Deseabais oírme. La Palabra habla. Habla a los honestos con alegría, habla a los deshonestos con dolor, habla a los santos y a los puros con gozo, habla a los pecadores con piedad. No se niega.

Ha venido para derramarse como río que riega tierras necesitadas de agua y que de él reciben alivio de olas y nutrición de limo.

Vosotros queréis saber qué se requiere para ser discípulos de la Palabra de Dios; del Mesías Verbo del Padre, que viene a reunir a Israel para que oiga una vez más las palabras del Decálogo santo e inmutable, y se santifique en ellas.

Para estar limpio, en la medida en que el hombre puede hacerlo de por sí, para la hora de la Redención y del Reino. Mirad.

Yo digo a los sordos, a los ciegos, a los mudos, a los leprosos, a los paralíticos, a los muertos:

“Levantaos, sanad, resucitad, caminad, ábranse en vosotros los ríos de la luz, de la palabra, del sonido, para que podáis ver, oír, hablar de mí”.

Pero más que a los cuerpos, esto se lo digo a vuestros espíritus.

Hombres de buena voluntad, venid a mí sin temor.

Si el espíritu está lesionado, Yo le devuelvo la salud. Si está enfermo, lo curo; Si muerto, lo resucito. Quiero sólo vuestra buena voluntad.

¿Es difícil esto que os pido? No.

No os impongo los cientos de preceptos de los rabinos. Os digo: seguid el Decálogo. La Ley es una e inmutable.

Muchos siglos han pasado desde la hora en que fue promulgada:

Hermosa, pura, fresca, como criatura recién nacida; como rosa recién abierta en el tallo. Simple, sin mancha, ligera de seguir.

Durante los siglos, las culpas y las inclinaciones la han complicado con leyes y más leyes menores, pesos y restricciones, demasiadas cláusulas penosas.

Yo os conduzco de nuevo a la Ley como ésta era cuando el Altísimo la dio.

Pero, os lo ruego por vuestro bien; recibidla con el corazón sincero de los verdaderos israelitas de entonces.

Vosotros susurráis, más en vuestro corazón que con los labios; que la culpa está arriba.

Más que en vosotros, gente humilde. Lo sé.

En el Deuteronomio está dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario más. 

Pero no juzguéis a quien actuó no para sí, sino para los demás. Vosotros haced lo que Dios dice.

Y sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales.

Si amáis a Dios con todo vuestro ser, NO PECARÉIS. no pecaréis,

PORQUE EL PECADO PRODUCE DOLOR A DIOS

QUIEN AMA NO QUIERE CAUSAR DOLOR.

Si amáis al prójimo como a vosotros mismos;

Sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones.

Sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar sin Envidia de quien posee, sin deseos de Lujuria hacia la mujer del prójimo.

No queriendo hacer a los demás lo que No querríais que se os hiciera a vosotros,

NO robaréis, NO mataréis, NO calumniaréis,

NO entraréis como los cucos en el nido de los demás.

Pero incluso os digo: “Portad a Perfección vuestra Obediencia a los Dos Preceptos de Amor:

Amad también a vuestros Enemigos”.

¡Oh, si sabéis amar como Él, cómo os amará el Altísimo, que ama al hombre transformado en Enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales.

Hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os está hablando, el Mesías, prometido para redimiros de toda culpa!

 

AMAD. El amor sea para vosotros escalera por la cual hechos ángeles, subáis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno:

“Yo seré tu Protector dondequiera que vayas.

Y te traeré de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.

La Paz esté con vosotros.

La gente manifiesta su conmovida aprobación y se va lentamente.

Se quedan Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Felipe y Bartolomé.

Pedro pregunta:

–          ¿Te vas mañana, Maestro?

Jesús replica:

–          Mañana al amanecer, si no te desagrada.

–          Desagradarme el que te vayas sí, pero la hora “NO“; es incluso propicia.

–          ¿Vas a ir a pescar?

–          Esta noche, cuando salga la Luna.

–          Has hecho bien Simón Pedro, en no pescar durante la pasada noche. Todavía no había terminado el sábado.

Nehemías en sus reformas, quiso que en Judá se respetara el Sábado.

Ahora también demasiada gente en sábado, prensa en los lagares.

Transporta haces: carga vino y fruta. 

Y vende y compra pescado y corderos.

Tenéis seis días para esto.

El sábado es del Señor.

Sólo una cosa podéis hacer en sábado:

El bien a vuestro prójimo, pero sin ningún tipo de afán de lucro. Quien viola por lucro el sábado sólo puede obtener de Dios el Castigo.

¿Gana algo?: Lo perderá con creces en los otros seis días. ¿No lo gana?: se ha esforzado en vano el cuerpo, no concediéndole ese reposo que la Inteligencia ha establecido para él,

airándose el espíritu por haber trabajado inútilmente, llegando incluso a proferir imprecaciones.

Sin embargo, el día de Dios debe transcurrirse con el corazón unido a Dios en dulce oración de amor. Hay que ser fieles en todo.

–          Pero… los escribas y doctores, que son tan severos con nosotros… No trabajan durante el sábado. Ni siquiera le dan al prójimo un pan por evitar el trabajo de dárselo…

Y sin embargo, fían préstamos abusivos aun en sábado, ¿Se puede hacer esto en sábado porque no sea trabajo material?

–          No. Nunca. Ni durante el sábado ni durante los otros días. Quien presta abusivamente es deshonesto y cruel.

–          Los escribas y fariseos, entonces…

–          Simón no juzgues. Tú no lo hagas.

–          Pero tengo ojos para ver…

–          ¿Sólo el mal está ante nuestros ojos, Simón?.

–          No, Maestro.

–          Entonces, ¿Por qué mirar sólo el mal?

–          Tienes razón, Maestro.

–          Entonces mañana al amanecer partiré con Juan».

–          Maestro…

–          Simón, ¿Qué te sucede?

–          Maestro… ¿Vas a Jerusalén?

–          Ya lo sabes.

–          Yo también voy a Jerusalén para la Pascua… y también Andrés y Santiago….

–          ¿Y entonces?… Quieres decir que desearías venir conmigo ¿No? ¿Y la pesca? ¿Y la ganancia? Me has dicho que te gusta tener dinero y Yo me ausentaré durante muchos días.

Primero voy donde mi Madre y a Jerusalén a la vuelta. Me quedaré allí predicando. ¿Cómo te las arreglarás?…

Pedro se muestra dudoso, vacilante…

Pero al final se decide:

–          Por mí… voy contigo. ¡Te prefiero a ti antes que al dinero!

Andrés:

–          Yo también voy.

Santiago:

–          También yo.

Bartolomé:

–          Y nosotros también, ¿verdad, Felipe?

Jesús los invita:

–          Venid, pues. Me serviréis de ayuda.

Pedro se emociona ante la idea:

–          ¡Oh!… ¿En qué te podemos ayudar?

–          Os lo diré. Para actuar bien sólo tendréis que hacer cuanto os diga. El obediente siempre actúa bien. Ahora oraremos y luego cada uno irá a realizar sus cometidos.

–          ¿Y Tú, Maestro?

–          Oraré más. Soy la Luz del mundo, pero también soy el Hijo del hombre. Por ello siempre tengo que beber de la Luz para ser el Hombre que redime al hombre. Oremos.

Jesús ora: 

“Quien reposa en la ayuda del Altísimo vivirá bajo la protección del Dios del Cielo. Dirá al Señor: “Tú eres mi protector, mi refugio. Es mi Dios, en Él está mi esperanza. Él me libró del lazo de los cazadores y de las palabras agresivas… (Salmo 91)

6 EL PRIMER APÓSTOL


6 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús camina solo por una vereda que corta dos parcelas de cultivo.

Juan se dirige hacia Él por un sendero completamente distinto que hay entre las tierras; al final le alcanza, pasando por una abertura del seto.

Juan es un jovencito con el color rosáceo de las mejillas lisas, una bella sonrisa en su boca bien dibujada y la mirada pura de sus ojos color turquesa oscuro, donde asoma la limpieza del alma virgen y la inocencia del niño que no ha dejado de ser, aunque empieza a convertirse en un hombre.

Tiene una larga cabellera rubio oscura que ondula al ritmo de su paso, que es tan veloz que parece que corriera.

Llama, cuando está para pasar el seto:

 –       ¡Maestro!

Jesús se detiene y se vuelve sonriendo.

–        ¡Maestro, suspiraba por Tí! Me han dicho en la casa donde estás que habías venido hacia la campiña… Pero no exactamente a dónde. Y temía no verte.

 Juan habla levemente inclinado, con mucho respeto.

Y no obstante, se le ve lleno de confidente afecto en su actitud y en la mirada que levanta hacia Jesús, con la cabeza ligeramente en dirección al hombro.

Jesús responde con ternura:

–        He visto que me buscabas y he venido hacia ti.

–        ¿Me has visto? ¿Dónde estabas, Maestro?

–        Allí – y Jesús indica un grupo de árboles lejanos que  por el color del ramaje, parece que son olivos.

Y agrega sonriente: 

–         Estaba allí, orando y pensando en lo que voy a decir esta tarde en la sinagoga. Pero lo he dejado enseguida, nada más verte.

Fue con la vista espiritual.

–         ¿Y cómo has podido verme si yo apenas distingo ese lugar, escondido detrás de aquel promontorio?

–         Y sin embargo, ya ves que he salido a tu encuentro porque te he visto. Lo que no hace el ojo lo hace el amor».

–          Sí, lo hace el amor. Entonces, me amas, ¿No, Maestro?

–          Y tú, ¿Me amas Juan, hijo de Zebedeo?

–          Mucho, Maestro. Tengo la impresión de haberte amado siempre. Antes de conocerte, mi alma te buscaba. Y cuando te he visto, ella me ha dicho: “He ahí a quien buscas”. Yo creo que te he encontrado porque mi alma te ha sentido.

–          Tú lo dices Juan, y es así. Yo también he venido hacia ti porque mi alma te ha sentido. ¿Durante cuánto tiempo me amarás?

–          Siempre, Maestro. Ya no quiero amar a nadie que no seas Tú.

–          Tienes padre y madre, hermanos, hermanas; tienes la vida y con la vida, la mujer y el amor. ¿Serás capaz de dejarlo todo por Mí?

–          Maestro… no sé… pero me parece si no es soberbia el decirlo, que tu predilección será para mí, padre, madre, hermanos, hermanas e incluso mujer. De todo sí, de todo me consideraré saciado, si Tú me amas.

–          ¿Y si mi amor te comporta sufrimientos y persecuciones?

–           Será como nada, Maestro, si Tú me amas.

–           Y el día que Yo debiera morir…

–           ¡No! Eres joven, Maestro… ¿Por qué morir?

–           Porque el Mesías ha venido para predicar la Ley en su verdad y para llevar a cabo la Redención. Y el mundo aborrece la Ley y no quiere redención. Por eso persigue a los mensajeros de Dios.  

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

–           ¡Oh, que esto no suceda! ¡No le manifiestes este pronóstico de muerte a quien te ama!… Pero, aunque tuvieras que morir, yo te amaría de todas formas. Deja que te ame.

Juan tiene una mirada suplicante.

Más humilde que nunca, camina al lado de Jesús y parece como si mendigara amor.

Jesús se detiene. Lo mira, lo taladra con la mirada de sus ojos profundos.

Y poniéndole la mano sobre su cabeza inclinada, le dice:

–           Quiero que me ames.

–           ¡Oh, Maestro!

Juan se siente feliz. Aunque sus pupilas brillen por el lanto contenido.

Ríe con esa joven boca suya bien dibujada. Toma la mano divina, la besa en el dorso y la aprieta contra su corazón.

Luego, continúan su camino.

–           Has dicho que me buscabas…

–           Sí. Para anunciarte que mis amigos quieren conocerte… Y porque… ¡Oh, qué ganas tenía de estar de nuevo contigo! Te he dejado hace pocas horas… y ya no podía seguir sin ti.

–           Entonces, ¿Has sido un buen anunciador del Verbo?

–           También Santiago Maestro, ha hablado de ti de manera… convincente.

–           De forma que incluso quien desconfiaba…Y no es culpable, porque la prudencia era la causa de su reserva, se ha persuadido. Vamos a confirmarlo del todo.

–           Tenía un poco de miedo…

Jesús detiene el paso y dice:

–           ¡No! ¡No miedo a mí! He venido por los buenos y más aún por quien está en el error. Yo quiero salvar, no condenar.

Con los honestos seré todo Misericordia.

Intercesoramente, Juan interviene

–           ¿Y con los pecadores?

–           También. Por deshonestos entiendo los que lo son espiritualmente, y con hipocresía fingen ser buenos, mientras que realizan obras malvadas.

Y hacen esas cosas y de esa forma, para obtener algún beneficio propio y sacar algún provecho del prójimo. Con éstos seré severo.

–           Simón entonces puede sentirse seguro. Es auténtico como ningún otro.

–           Así me gusta, y así quiero que seáis todos.

–           Simón quiere decirte muchas cosas.

–           Lo escucharé después de hablar en la sinagoga. He dicho que se avise no sólo a los ricos y a los sanos sino también a los pobres y a los enfermos. Todos tienen necesidad de la Buena Nueva.

E1 poblado está cercano. Algunos niños juegan en la calle; uno, corriendo se choca con las piernas de Jesús.

Y se hubiera caído, si Él no lo hubiese aferrado con solicitud.

El niño llora de todas formas, como si se hubiera hecho daño.

 Y Jesús sujetándolo, le dice:

–        ¿Un israelita que llora? ¿Qué habrían debido hacer los miles y miles de niños que se hicieron hombres atravesando el desierto siguiendo a Moisés?

Pues bien, más por ellos que por los otros, porque el Altísimo ama a los inocentes y cuida providentemente de estos angelitos de la Tierra.

De estas avecillas sin alas, como de los pájaros del bosque y de los aleros, justamente por éstos envió tan dulce maná. ¿Te gusta la miel? ¿Sí? Bueno, pues si eres bueno comerás una miel más dulce que la de tus abejas.

–         ¿Dónde? ¿Cuándo?

–         Cuando, después de una vida de fidelidad para con Dios, vayas a Él.

–         Sé que no iré a Él si no viene el Mesías. Mamá me dice que por ahora cada uno de nosotros, israelitas, somos como Moisés y morimos teniendo ante nuestros ojos la Tierra Prometida.

Dice que nos damos a la espera de entrar en ella y que sólo el Mesías hará que entremos.

–        ¡Pero qué israelita tan genial! Pues bien, Yo te digo que cuando mueras entrarás enseguida en el Paraíso, porque el Mesías para entonces, habrá abierto ya las puertas del Cielo. Pero tienes que ser bueno.

Una mujer aparece y el niño grita:

–        ¡Mamá! ¡Mamá! 

El niño se desata de los brazos de Jesús y corre hacia una joven esposa que regresa con un ánfora de cobre.

–        ¡Mamá! El nuevo Rabí me ha dicho que iré inmediatamente al Paraíso cuando muera, y que comeré mucha miel… pero si soy bueno. ¡Seré bueno!

–        ¡Dios lo quiera! Perdona, Maestro, si te ha molestado. ¡Está lleno de vitalidad!

–        La inocencia no molesta, mujer. Dios te bendiga, porque eres una madre que cría a los hijos en el conocimiento de la Ley.

La mujer se sonroja ante esta alabanza y responde:

–        Que Dios te bendiga también a ti – y desaparece con su pequeño.

Juan pregunta:

–       ¿Te gustan los niños, Maestro?

Jesús contesta:

–        Sí, porque son puros y sinceros… y amorosos.

–         ¿Tienes sobrinos, Maestro?

–         No tengo sino una Madre. Pero en Ella están presentes la pureza, la sinceridad, el amor de los niños más santos junto a la sabiduría, justicia y fortaleza de los adultos.

En mi Madre tengo todo, Juan.

–         ¿Y la has dejado?

–         Dios está por encima incluso de la más santa de las madres.

–         ¿La conoceré yo?

–          La conocerás.

–         ¿Y me querrá?

–          Te amará porque Ella ama a quien ama a su Jesús.

–         ¿Entonces no tienes hermanos?

–         Tengo algunos primos por parte del marido de mi Madre. Pero todo hombre es para mí un hermano y para todos he venido. Henos aquí delante de la sinagoga.

Yo entro; tú vendrás después con tus amigos.

Juan se va y Jesús entra en una estancia cuadrada que tiene el típico aparato de luces colocadas en triángulo y de atriles con rollos de pergamino.

Ya hay una multitud que espera y ora.

También Jesús ora.

La multitud bisbisea y hace comentarios detrás de Él.

Jesús se inclina para saludar al jefe de la sinagoga y luego pide un rollo, tomado al azar.

Jesús empieza la lección…

–          El Espíritu me mueve a leer esto para vosotros. Al principio del séptimo libro de Jeremías se lee: “Esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel:

‘Enmendad vuestros hábitos y Vuestros sentimientos, y entonces habitaré con vosotros en este lugar,

No os hagáis falsas ilusiones con esas palabras vanas que repetís: aquí está el Templo del Señor.

Porque si vosotros mejoráis vuestros hábitos y sentimientos, si hacéis justicia entre el hombre y su prójimo, si no oprimís al extranjero, al huérfano y a la viuda,

si no esparcís en este lugar la sangre inocente, si no seguís a los dioses extranjeros, para desventura vuestra, entonces Yo habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre”.

Oíd, vosotros, de Israel. Yo vengo a iluminaros las palabras de luz que vuestra alma ofuscada ya no sabe ni ver ni entender. Oíd. Mucho llanto cae sobre la tierra del pueblo de Dios:

Lloran los ancianos al recordar las antiguas glorias, lloran los adultos bajo el peso del yugo, lloran los niños sin porvenir de gloria.

Mas la gloria de la Tierra no es nada respecto a una gloria que ningún opresor, aparte de Satanás y la mala voluntad, puede arrebatar.

¿Por qué lloráis? ¿Cómo es que el Altísimo que siempre fue bueno para con su pueblo, ahora ha vuelto hacia otro lugar su mirada y niega a sus hijos la visión de su Rostro?

¿Ya no es el Dios que abrió el mar y por él hizo pasar a Israel y por arenas lo condujo y nutrió. Y lo defendió contra los enemigos?

¿Y para que no perdiese la pista del camino del Cielo, como dio a los cuerpos la nube, les dio la Ley a las almas? ¿Ya no es el Dios que dulcificó las aguas y proporcionó el maná a los que estaban extenuados?

¿Ya no es el Dios que quiso estableceros en esta tierra y estrechó con vosotros una alianza de Padre a hijos? Y entonces, ¿Por qué ahora el pueblo extranjero os ha abatido?

Muchos entre vosotros murmuran: “¡Y, sin embargo, aquí está el Templo!”.

No basta tener el Templo e ir a él a rezar a Dios. El primer templo está en el corazón de cada hombre y en él se debe llevar a cabo una santa Oración.

Pero no puede ser santa si antes el corazón no se enmienda. Y con el corazón los hábitos, los afectos, las normas de justicia respecto a los pobres, respecto a los siervos, respecto a los parientes, respecto a Dios.

Mirad. Yo veo ricos de duro corazón que depositan pingües ofrendas en el Templo, pero no saben decirle al pobre: “Hermano, toma un pan y un denario. Acéptalo. De corazón a corazón. Que esta ayuda no te humille a ti, y no me ensoberbezca a mí el dártela”.

Veo que hay quien ora y se lamenta ante Dios de que no lo escucha prontamente. Y después, al mísero en ocasiones, de su propia sangre, que le dice: “Escúchame” y le responde con corazón de piedra: “No”.

Veo que lloráis porque quien os domina desangra vuestra bolsa.

Pero luego vosotros sacáis la sangre a quien odiáis, y no os horroriza el vaciar un cuerpo de sangre y de vida.

¡Oh, israelitas! El tiempo de la Redención ha llegado. Más, preparad sus vías en vosotros con la buena voluntad. Sed honestos, buenos; amaos los unos a los otros.

Ricos, no despreciéis; comerciantes, no cometáis fraudes; pobres, no envidiéis.

Sois todos de una sangre y de un Dios. Todos estáis llamados a un destino. No os cerréis con vuestros pecados el Cielo que el Mesías os va a abrir.

¿Que hasta ahora habéis errado? Ya no más. Caiga todo error.

Simple, buena, fácil es la Ley que vuelve a los Diez Mandamientos iniciales; pero deben estar inmersos en la Luz del Amor.

Venid. Yo os mostraré cuáles son:

Amor, amor, amor. Amor de Dios a vosotros, de vosotros a Dios. Amor entre vosotros. Siempre amor, porque Dios es Amor y son hijos del Padre los que saben vivir el amor.

Yo estoy aquí para todos y para dar a todos la luz de Dios. He aquí la Palabra del Padre que se hace alimento en vosotros. Venid, gustad, cambiad la sangre del espíritu con este alimento.

Todo veneno desaparezca, toda concupiscencia muera. Se os ofrece una gloria nueva, la Eterna. La alcanzarán los que hagan de la Ley de Dios estudio verdadero de su corazón.

Empezad por el amor. No hay nada más grande. CUANDO SEPÁIS AMAR, sabréis ya todo.

Y Dios os amará. Y Amor de Dios quiere decir ayuda contra toda tentación.

La bendición de Dios descienda sobre quien le eleva un corazón lleno de buena voluntad.

Jesús ha terminado de hablar.

ROSTRO MAESTRO

Se oye el bisbiseo de la gente. Después de himnos muy salmodiados, la asamblea se disuelve.

Jesús sale a la placita.

En la puerta están Juan y Santiago con Pedro y Andrés.

Jesús los saluda:

–          La paz esté con vosotros. Éste es el hombre que para ser justo necesita no juzgar sin conocer primero, pero que es honesto reconociendo su equivocación.

Simón, ¿Has querido verme? Aquí me tienes. Y tú, Andrés, ¿Por qué no has venido antes?

Los dos hermanos se miran turbados.

Andrés susurra:

–           No me atrevía…

Pedro está rojo, no habla.

 Pero cuando oye que Jesús le dice al hermano:

–         ¿Hacías algo malo viniendo? Sólo el mal no se debe osar hacer.

Interviene con franqueza:

–          He sido yo. Él quería traerme inmediatamente hacia ti. Pero yo… yo he dicho… Sí, he dicho: “No creo”, y no he querido. ¡Oh, ahora me siento mejor!…

Jesús sonríe y dice:

–          Por tu sinceridad, te manifiesto que te amo.

–          Pero yo… yo no soy bueno… no soy capaz de hacer lo que has dicho en la sinagoga. Soy iracundo y si alguno me ofende… ¡bueno!…

Soy codicioso y me gusta tener dinero. Y al vender el pescado, bueno… no siempre… no siempre he estado limpio de fraude. Y soy ignorante.

Quiero seguirte, tengo poco tiempo y así recibir la luz. ¿Qué puedo hacer? Quisiera ser como Tú dices… Pero… 

Jesús sonríe ampliamente y declara:

–         No es difícil, Simón. ¿Conoces un poco la Escritura? ¿Sí? Pues bien, piensa en el profeta Miqueas.

Dios quiere de ti lo que dice Miqueas. No te pide que te arranques el corazón, ni que sacrifiques los afectos más santos. Por ahora no te lo pide.

Un día tú le darás a Dios, sin que te lo demande, incluso a ti mismo. Pero Él espera a que un sol y un rocío de ti, sutil tallo de hierba, hagan palma robusta y gloriosa.

Por ahora te pide esto: practicar la justicia, amar la misericordia, poner toda la atención en seguir a tu Dios.

Esfuérzate en hacer esto y quedará cancelado el pasado de Simón, y tú serás el hombre nuevo, el amigo de Dios y de su Cristo. No serás ya Simón, sino Cefas, piedra segura en que me apoyaré.

–          ¡Esto me gusta! Esto lo entiendo. La Ley es así… Es así… mira, ¡Yo ya no sé practicarla de la forma que la presentan los rabinos!… Pero esto que Tú dices, sí. Me parece que lo lograré. Tú me vas a ayudar, ¿No? ¿Resides en esta casa?… Conozco al dueño.

–          Estoy aquí. Pero voy a ir a Jerusalén. Y después predicaré por Palestina. Para esto he venido. De todas formas, volveré aquí frecuentemente.

–          Vendré a oírte de nuevo. Quiero ser tu discípulo. Un poco de luz entrará en mi cabeza.

–          En el corazón sobre todo Simón, en el corazón. Y tú, Andrés, ¿No hablas?

Andrés responde:

–          Escucho, Maestro.

Pedro agrega:

–          Mi hermano es tímido.

–          Será un león. Está anocheciendo. Que Dios os bendiga y os conceda buena pesca. Id.

–          La paz sea contigo.

Se van.

Nada más salir, Pedro observa:

–          ¿Qué habrá querido decir antes, con eso de que pescaré con otras redes y otro tipo de peces?

Andrés cuestiona:

–          ¿Por qué no se lo has preguntado? Querías decir muchas cosas, y luego casi ni hablas.

–          Me daba… vergüenza. ¡Es tan distinto de los demás rabinos!

Juan suspira con anhelo y gran nostalgia.

Y dice:

–          Ahora va a Jerusalén… Yo quería pedirle que me dejara ir con Él… pero no me he atrevido…

Pedro responde:

–          Vete a decírselo, muchacho. Nos hemos despedido de Él así, sin más… sin ni siquiera una palabra de afecto… Al menos, que sepa que lo admiramos. Ve, ve. Yo me encargo de comunicárselo a tu padre.

–          ¿Voy, Santiago?

–           Ve.

Juan se echa a correr…

Y también corriendo, vuelve lleno de júbilo:

–            Le he dicho: “¿Quieres que vaya contigo a Jerusalén?”. Me ha respondido: “Ven, amigo”. ¡Ha dicho “amigo”! Mañana a esta hora vendré aquí. ¡Ah! ¡A Jerusalén con Él!…

Y vuelve a partir corriendo.

Jesús dice:

 Quiero que tú y todos os fijéis en la actitud de Juan, en un aspecto que siempre pasa desapercibido.

Lo admiráis porque es puro, amoroso, fiel. Pero no os dais cuenta de que fue grande también en humildad. Él, primer artífice de que Pedro viniera a mí, modestamente calla este detalle.

El apóstol de Pedro y por tanto, el primero de mis apóstoles, fue Juan:

Primero en reconocerme, primero en dirigirme la palabra, primero en seguirme, primero en predicarme. Y, sin embargo, ¿Veis lo que dice?:

“Andrés, hermano de Simón, era uno de los dos que habían oído las palabras de Juan [el Bautista] y habían seguido a Jesús.

El primero con quien se encontró fue su hermano Simón, al cual le dijo: “Hemos encontrado al Mesías’

Y lo condujo a donde estaba Jesús”.

Justo además de bueno, sabe que Andrés se angustia por tener un carácter cerrado y tímido. Sabe que querría hacer muchas cosas pero que no logra hacerlas y desea para él en la posteridad, el reconocimiento de su buena voluntad.

Quiere que aparezca Andrés como el primer Apóstol de Cristo respecto a Simón, a pesar de que la timidez y la dependencia respecto a su hermano, le hubieran creado un sentimiento de derrota en el apostolado.

¿Quiénes, entre los que hacen algo por Mí, saben imitar a Juan y no se autoproclaman insuperables apóstoles, pensando que su éxito proviene de un complejo de cosas; que no son sólo santidad, sino también audacia humana, fortuna?

¿Y la circunstancia de estar junto a otros menos audaces y afortunados, pero quizás más santos que ellos?

Cuando tengáis algún éxito en el campo del bien, no os gloriéis de ello como si fuera mérito sólo vuestro.

Alabad a Dios, señor de los apostólicos obreros.  Y tened ojo limpio y corazón sincero para ver y dar a cada uno la alabanza que le corresponde.

Ojo límpido para discernir a los apóstoles que cumplen holocausto,.

Y que son las primeras, verdaderas palancas en el trabajo de los demás. Sólo Dios los ve a éstos, que tímidos pareciera que no hacen nada.

Y son sin embargo, los que le roban al Cielo el Fuego de que están investidos los audaces.

Corazón sincero en cuanto a decir: “Yo actúo, pero éste ama más que yo, ora mejor que yo, se inmola como yo no sé hacer y como Jesús ha dicho: “

Dentro de la propia habitación con la puerta cerrada para orar en secreto:

Yo, que intuyo su humilde y santa virtud, quiero darla a conocer y decir:

‘Yo soy instrumento activo; éste, fuerza que me imprime movimiento; porque, injertado como está en Dios, me es canal de celeste fuerza”.

Y la bendición del Padre, que desciende para recompensar al humilde que en silencio se inmola para dar fuerza a los apóstoles,

descenderá también sobre el apóstol que sinceramente reconoce la sobrenatural y silenciosa ayuda, que le viene a él del humilde, y el mérito de éste, que la superficialidad de los hombres no nota. Aprended todos.

¿Es mi predilecto? Sí.

Pero, ¿No tiene también esta semejanza conmigo? Puro, amoroso, obediente, mas también humilde. Yo me miraba en él y en él veía mis virtudes.

Lo amaba, por ello, como un segundo Yo. Veía la mirada del Padre depositada en él, reconociéndolo como un pequeño Cristo.

Y mi Madre me decía:

–    “Siento en él un segundo hijo. Me parece verte a ti, reproducido en un hombre”.

¡Oh…, la Llena de Sabiduría cómo te conoció dilecto mío! Los dos azules de vuestros corazones de pureza se fundieron en un único velo para protegerme amorosamente.

Y vinieron a ser un solo amor, antes incluso de que Yo diera a la Madre a Juan y a Juan a la Madre.

Se habían amado porque habían reconocido su mutua similitud:

Hijos y hermanos del Padre y del Hijo.

5 Y LA LUZ VINO AL MUNDO


5 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Una serenísima aurora sobre el Mar de Galilea. Cielo y agua presentan destellos rosáceos, poco diferentes de los que resplandecen tenues entre los muros de los pequeños huertos de la villa lacustre.

Huertos desde los que se alzan y se asoman volcándose casi sobre las calles, las copas de los árboles frutales.

El poblado comienza a despertarse con alguna mujer que va a la fuente o a una pila a lavar y algunos pescadores que descargan las cestas de pescado y con vocerío, contratan con mercaderes venidos de fuera, o llevan pescado a sus casas.

Es un pueblo grande, de gente trabajadora dilatado en su mayor parte a lo largo del lago.

Juan sale de una callejuela y va presuroso hacia el lago.

Santiago le sigue, pero con mucha más calma. Juan mira las barcas que han llegado ya a la orilla, pero no ve la que busca.

Oteando a lo lejos, la descubre a algunos cientos de metros de la orilla, ocupada en las maniobras para regresar y grita fuerte con las manos en la boca un prolongado «¡o-e!», que debe ser el reclamo usado.

Y luego cuando ve que le han oído, agita los brazos con llamativos gestos que indican: « ¡Venid, venid!.

Los hombres de la barca,  agarran los remos amainando la vela para agilizar la operación y la hacen avanzar más de prisa.

Cuando están a unos diez metros de la orilla, Juan no aguarda más.

Se quita el manto y la túnica larga, las arroja al arenal, se quita las sandalias, se arremanga la segunda prenda, casi a la altura de la ingle sujetándola con una mano, se mete en el agua y va al encuentro de los que llegan.

Andrés pregunta:

 –       ¿Por qué no habéis venido, vosotros dos?

Pedro, con gesto de malhumor, no dice nada.

Juan responde cuestionando a su vez: 

–       Y tú, ¿por qué no has venido conmigo y con Santiago? 

–       He ido a pescar. No tengo tiempo que perder. Tú has desaparecido con ese hombre… 

–       Te había sugerido claramente que vinieras. Es Él en persona. ¡Si vieras qué palabras!… Hemos estado con Él todo el día y por la noche hasta tarde. Ahora hemos venido a deciros: “Venid”.

–       ¿Es Él? ¿Estás completamente seguro? Apenas si le vimos entonces, cuando nos lo mostró el Bautista.

–        Es Él. No lo ha negado.

Pedro murmura malhumorado:

–        Cualquiera puede decir lo que le viene bien para imponerse a los crédulos. No es la primera vez… –

Juan se consterna al escucharlo.

Y contesta dolorido:

–       ¡Oh, Simón, no hables así! ¡Es el Mesías! ¡Sabe todo! ¡Te oye!

Pedro se exaspera y exclama:

–       ¡Ya! ¡El Mesías! ¡Y se manifiesta precisamente a ti, a Santiago y a Andrés! ¡Tres pobres ignorantes! ¡Requerirá algo muy distinto el Mesías! ¡Y me oye!

¡Pobre muchacho! Los primeros soles de primavera te han hecho daño. ¡Será mejor que te vengas a trabajar y déjate de fábulas!

Juan intenta convencerlo:

–        Te digo que es el Mesías. Juan decía cosas santas, pero éste habla como Dios. No puede, si no es el Cristo, decir semejantes palabras.

Santiago interviene:

–        Simón, yo no soy un muchacho. Tengo mis años, soy y lo sabes,  reflexivo y de carácter sosegado. He hablado poco, pero he escuchado mucho durante estas horas que hemos estado con el Cordero de Dios.

Y te digo que verdaderamente no puede ser sino el Mesías. ¿Por qué no creer? ¿Por qué no querer creerlo?

 Tú lo puedes hacer porque no lo has escuchado. Pero yo creo. ¿Qué somos pobres e ignorantes?

 Él bien dice que ha venido para anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, del Reino de Paz, a los pobres, a los humildes, a los pequeños, antes que a los grandes.

Ha dicho: “Los grandes tienen ya sus delicias, no envidiables respecto a las que Yo vengo a traer. Los grandes ya tienen la forma de llegar a comprender por la sola eficacia de la cultura. Más Yo vengo a los ‘pequeños’ de Israel y del mundo.

A los que lloran y esperan, a los que buscan la Luz y tienen hambre del verdadero Maná y no reciben de los doctos luz y alimento, sino solamente peso, oscuridad, cadenas y desprecio.

Y llamo a los ‘pequeños’. Yo he venido a invertir el orden del mundo. Porque quitaré valor a lo que ahora se considera grande y se lo daré a lo que ahora se desprecia.

Quien quiera verdad y paz, quien quiera Vida Eterna, venga a Mí. Quien ama la Luz, venga. Yo soy la Luz del mundo”. ¿No se ha expresado así, Juan?

 Santiago ha hablado de forma serena pero conmovida.

 –      Sí. Y ha dicho: “El mundo no me amará. No me amará la alta sociedad, porque está corrompida con vicios e idólatra comercio. El mundo, más aún, no me querrá, porque siendo hijo de la Tiniebla no ama la Luz.

Pero la Tierra no está hecha sólo de alta sociedad.

En ella están también los que, a pesar de encontrarse mezclados con el mundo, no son del mundo, y también algunos que son del mundo porque han quedado apresados en él como peces en la red”

Se ha expresado así porque hablábamos en la orilla del lago y aludía a las redes que arrastraban con peces hasta la orilla.

Ha dicho incluso: “Ved. Ninguno de esos peces quería caer en la red. Asimismo los hombres intencionalmente, no querrían caer en manos de Satanás, ni siquiera los más malvados;

porque éstos, por la soberbia que los ciega, no creen no tener derecho a hacer lo que hacen.

Su verdadero pecado es la soberbia, sobre él nacen todos los demás. Menos aún entonces, quienes no son completamente malvados quisieran ser de Satanás,

pero van a parar a él por ligereza y por un peso (la culpa de Adán) que los arrastra al fondo.

Yo he venido a quitar esa culpa y a dar, en espera de la hora de la Redención, una Fuerza tal a quienes crean en Mí, que será capaz de liberarlos del lazo que los tiene sujetos y de hacerlos libres para seguirme a mí, Luz del mundo”.

Del rostro de Pedro ha desaparecido el gesto adusto y dice con decisión:

–      Entonces, si es eso exactamente lo que ha dicho, hay que ir donde Él enseguida.

Y pone manos a la obra dándose prisa en ultimar las operaciones de descarga, porque entre tanto la barca ha llegado ya a la orilla.

Y los peones casi la han sacado ya a lo seco, descargando redes, cuerdas y velamen.

Luego reclama:

–        Y tú, Andrés, necio, ¿Por qué no has ido con éstos?

Andrés lo mira desconcertado y dice:

–        ¡Pero… Simón! Me has reprendido porque no los había convencido de venir conmigo… Toda la noche has estado refunfuñando y ¡¿Y ahora me echas en cara el no haber ido?!….

Pedro concede:

–        Tienes razón… Pero yo no lo había visto… tú sí… y deberías haberte dado cuenta que no es como nosotros… ¡Algo especial tendrá!….

Juan interviene fascinado:

–        ¡Oh!, sí. ¡Tiene un rostro…, y unos ojos…! ¡¿Verdad, Santiago, qué ojos?! ¡Y una Voz…! ¡Ah, qué Voz! Cuando habla te parece soñar con el Paraíso.

–        ¡Rápido!, ¡rápido!, vamos donde Él. Vosotros — habla a los peones — llevad todo a Zebedeo y decidle que se encargue él de ello. Nosotros volveremos esta noche para pescar.

Se visten de forma adecuada todos y se encaminan.

Pero Pedro, después de algunos metros se detiene, coge a Juan por un brazo,

Y pregunta:

–        Has dicho que sabe todo y que oye todo….

–        Sí. Imagínate que cuando nosotros, viendo la Luna alta, dijimos: “¿Quién sabe lo que estará haciendo Simón?”

Control del sentido de la “vista espiritual”

Él contestó:

“Está echando la red y no sabe resignarse a tener que estar haciéndolo solo, porque vosotros no habéis salido con la barca gemela en una noche tan buena como ésta para pescar…

No sabe que dentro de poco ya no pescará sino con otras redes y no conseguirá sino otros peces”.

Pedro se admira y concluye:

–        ¡Misericordia divina! ¡Es exactamente así! Entonces, habrá oído también… también que lo he llamado poco menos que mentiroso… No puedo ir a Él.

Santiago advierte:

–         ¡Oh!, es muy bueno. Ciertamente sabe que has pensado de esa forma. Ya lo sabía. Efectivamente, cuando lo dejamos, diciendo que veníamos aquí, adonde tú estabas, respondió:

“Id, pero no os dejéis vencer por las primeras palabras de burla.”

Quien quiera venir conmigo debe saber no dejarse avasallar por los escarnios del mundo y por las prohibiciones de los parientes; porque Yo estoy por encima de la sangre y de la sociedad.

Y sobre ellos triunfo. Y quien esté conmigo triunfará eternamente”. Y añadió: “Sabed hablar sin miedo. Quien os va a oír vendrá, porque es hombre de buena voluntad”

Pedro recupera el ánimo:

–         ¿Ha dicho eso? Entonces voy. Habla, habla más de Él mientras vamos. ¿Dónde está?

–         En una casa pobre; deben de ser personas amigas suyas.

–         ¿Pero es pobre?

–         Un obrero de Nazaret. Así dijo.

–         Y ¿cómo vive ahora, si ya no trabaja?

–         No lo hemos preguntado. Quizá le ayudan los parientes.

–         Sería mejor llevar algo de pescado, pan, o fruta…, algo. ¡Vamos a consultar a un rabí, porque es como un rabí, y más que un rabí, con las manos vacías!… Nuestros rabinos no quieren que se actúe así….

–         Pero Él quiere. No teníamos más que veinte denarios entre yo y Santiago y se los ofrecimos, como es costumbre para con los rabinos. No los quería, pero ya que insistíamos, dijo: “Dios os lo pague en bendiciones de los pobres. Venid conmigo”.

Y enseguida los distribuyó entre algunos pobres que Él sabía dónde vivían. Y a nosotros, que preguntábamos: “Y para ti, Maestro, ¿No guardas nada?”, nos respondió: “La alegría de hacer la voluntad de Dios y de servir a su gloria”.

Dijimos también: “Tú nos llamas Maestro, pero nosotros somos todos pobres. ¿Qué debemos traerte?. Respondió con una sonrisa que realmente hace saborear el Paraíso: “Un gran tesoro quiero de vosotros”.

Y nosotros dijimos: “¿Y si no tenemos nada?”

Él Contestó: “Tenéis un tesoro que tiene siete nombres y que incluso el más mísero puede poseer y el rey más rico no. Lo tenéis y lo quiero. Oíd sus nombres: caridad, fe, buena voluntad, recta intención, continencia, sinceridad, espíritu de sacrificio.

Esto quiero Yo de quien me sigue, esto sólo. Y en vosotros existe, duerme como la semilla bajo los terrones invernales, pero el sol de mi primavera la hará nacer como espiga septenaria”

Eso dijo.

Con el Don del Discernimiento, otorgado por el Espíritu santo.

Pedro suspira aliviado, diciendo:

–         ¡Ah!, esto me asegura que es el Rabí verdadero, el Mesías prometido. No es duro para con los pobres, no pide dinero…

Es suficiente para llamarle el Santo de Dios. Vamos con toda confianza.  

P TRES APÓSTOLES DIFERENTES


Julio 16_2020

Habla Nuestro Señor Jesucristo

Hijitos Míos, Yo Soy el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, dichosos aquellos que se acercan a Mí.

Dichosos los que con Fe y en amor se acercan a Mí, limpios de corazón y con deseos de alimentarse con este Alimento Divino, que os dejé en la Última Cena.

Mis pequeños, a través de Mis apóstoles os dejé el Sacramento del perdón de los pecados. Le dije a Pedro: “Lo que ates en la Tierra, atado quedará en el Cielo; lo que desates en la Tierra, desatado quedará también en el Cielo.

Mis pequeños, es un Sacramento que Yo he dejado en los sucesores de Pedro, en los ministros de Mi Iglesia.

Les he dejado el poder de perdonar vuestros pecados, cualquier pecado, porque Yo Soy vuestro Dios.

Menos el pecado contra el Espíritu Santo, que ese no es perdonable porque es cuando dudáis de Mi Palabra, cuando dudáis de Mi Providencia Divina que os puede perdonar todo pecado,

CUANDO DUDÁIS DE QUE YO SOY OMNIPOTENTE

Y QUE PUEDO DAROS TODO,

PERO, POR LA DUDA,

DETENÉIS MI PODER DE PERDÓN.

Dichosos vosotros los que estando en pecado, los que estando en esa situación mortal para vuestra alma, os acercáis a Mí y Me pedís con humildad, el perdón de vuestras faltas,

y Yo, a través de Mis ministros, perdono vuestros pecados.

Yo os dejo nuevamente en posición de poder recibir el Alimento Divino, Mi Cuerpo y Mi Sangre, que os va a dar vida con este otro Sacramento, el Sacramento de la Eucaristía.

Otra Verdad que vosotros tenéis entre vosotros, una gran Verdad, un hecho, un milagro inmenso que ni los Ángeles se imaginaban:

Que pudiera Yo quedarMe entre los hombres, que pudiera Yo seguir alimentando a los hombres como alimenté a Mis apóstoles en la Última Cena, es otro Sacramento de vida.

Yo Soy la Resurrección y la Vida. Me mataron porque no querían conocer la Verdad, querían seguir manteniéndose en la oscuridad.

Pero resucité y os sigo dando vida, tenéis vida en Mí, una plena vida en Mí a través de los Sacramentos, que son Sacramentos de vida.

Mis pequeños, cuando os acercáis a Mí y tenéis esa confianza plena de que, estando conMigo, tendréis todo lo necesario para tener Mi Vida y poderla transmitir, el Reino será vuestro. 

LA FE, LA FE ES IMPRESCINDIBLE PARA OBTENER LOS SACRAMENTOS,

QUE CIERTAMENTE LOS TENÉIS A VUESTRA DISPOSICIÓN,

PERO SI NO CREÉIS, SI NO OS ACERCÁIS A ELLOS,

NO OBTENDRÉIS ESA VIDA QUE TENGO PARA VOSOTROS.

Yo Soy el Cordero, el Cordero que se inmoló para que vosotros tuvierais Vida y que la tuvierais en abundancia, pero se necesita Fe y un gran amor hacia Mí, vuestro Dios, vuestro Redentor.

Yo Soy el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y que os da vida, porque Yo, que Soy la Vida, Me di por todos vosotros.

Venid pues, Mis pequeños, entrad a Mi redil,

entrad para que seáis de las almas escogidas, almas que creéis que Yo Soy vuestro Dios.

Almas que estáis seguras de que Yo, vuestro Dios, os daré Vida Eterna. 

CONFIAD PLENAMENTE EN MÍ, VUESTRO DIOS,

Y ESTARÉIS CONMIGO ETERNAMENTE,

VENCERÉIS FÁCILMENTE A LAS HUESTES DEL MAL.

SATANÁS NO PUEDE CONTRA AQUELLOS QUE ESTÁN LLENOS DE MI VIDA,

AQUELLOS QUE TIENEN UNA FE PLENA EN MÍ,

VUESTRO DIOS Y SALVADOR.

VENCÍ AL MAL, BAJÉ A LOS INFIERNOS

Muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó. de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado. a la derecha de Dios Padre. Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar. a vivos y muertos.

PARA DEMOSTRARLE A SATANÁS QUIEN SOY YO.

Soy un Dios de Vida, él es la Muerte y lo vencí.

Así que Mis pequeños, venid a Mí, NO os quedéis con vuestros pecados, NO DUDÉIS de que Yo os voy a dar vida.

Os repito: Yo vencí al Mal, venid pues a Mí y seréis vencedores y tendréis vida plena conMigo.

Porque ya por el simple hecho de haberMe aceptado vosotros como vuestro Redentor, también estáis invitados a aceptar la cruz,

la cruz que a veces tanto teméis, pero sin que os deis cuenta la lleváis, y para cada quien es diferente, de acuerdo a su misión.

Os he hablado del sacrificio cruento, como el que Yo llevé en muy alto grado, y del sacrificio incruento, que a veces no se ve, pero que se lleva y que no lo podéis evitar.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

 Lleváis una Cruz de acuerdo a vuestra misión y esta cruz conlleva ese sacrificio cruento o incruento, la diferencia la hace el amor. 

Podéis llevar un sacrificio cruento como el Mío, pero ese sacrificio llevaba un Amor Divino que es el que os salvó, es el que os redimió y es el que os ha levantado nuevamente a nivel de hijos de Dios.

Hermanos Míos, Mis pequeños, una Gracia muy especial os concedí estando en la Cruz, pidiéndole a Mi Madre, la Siempre Virgen María que, viendo a Juan, viera a todos vosotros y que os cuidara a todos vosotros. 

COMO OS DIJE, TODOS LLEVÁIS UNA CRUZ,

Y CUANDO LA ACEPTÁIS

Y LA ACEPTÁIS CON AMOR Y COMO OFRENDA,

COMO YO ME OFRENDÉ POR VOSOTROS,

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

ESTARÉIS LLEVANDO A MUCHAS ALMAS, COMO LAS VUESTRAS,

HACIA LA REDENCIÓN Y A SU SALVACIÓN ETERNA.

El sacrificio incruento muchas veces no se nota y es el que padecéis cada uno de vosotros, por lo que hacéis todos los días,

por ejemplo, los que sois padres, el hecho de trabajar para llevar el pan a vuestro hogar y vosotras, como madres, de mantener la paz, el amor, dentro de vuestra familia

y aprovechar lo que el padre lleva al hogar y saberlo administrar, también conlleva a veces un sacrificio, especialmente cuando no alcanza para cubrir con las necesidades que tenéis.

Son sacrificios que os emparentan con la Sagrada Familia que, a pesar de haber sido una Familia muy especial sobre la Tierra,

también padeciMos Mis Padres, María, José y Yo Pequeñito, sufriMos,

Y ESO ES UNA CRUZ INCRUENTA PERO DOLOROSA,

PERO TAMBIÉN OFRECIDA Y ACEPTADA,

PORQUE SE ACEPTABA LA VOLUNTAD DE MI PADRE

EN LO QUE SUCEDÍA EN NUESTRA VIDA

Esa es la gran diferencia entre que vosotros ACEPTÉIS O NO vuestra cruz y el efecto que va a causar, esa negación o esa donación.

Cuando vosotros aceptáis vuestra cruz incruenta, pero con amor, os unís a Mí, vuestro Dios, vuestro Redentor.

Y camináis junto conMigo, levantando almas, especialmente las de vuestro hogar y luego dando buen ejemplo a vuestros hermanos;

Otros tirarán la cruz, tratarán a toda costa de llevar una vida sin problemas, pero aquí cometerán muchos errores, quizá robarán, quizá cometerán pecados mayores con tal de llevar una vida cómoda y regalada,

y lo que pudiera haber sido salvación para uno y para su familia, por otro lado es condenación de esta persona por el abandono de esposa e hijos,

y así se pueden seguir dando ejemplos de cuando uno no acepta Mi Voluntad, como vuestro Dios, para levantaros hacia la santidad.

El libre albedrío y la aceptación a Mi Voluntad cambia todo, Mis pequeños. 

Tenéis a Pedro, a Pablo y a Judas, tres ejemplos diferentes y Apóstoles los tres.

Pedro, un personaje iletrado, pescador, quizá hasta grosero.

Pablo, gente con mucha cultura, con mentalidad fuerte y con respeto a Yahveh, a Mi Padre.

Y buscando que nadie afectara lo que él había aprendido y que amaba con todo su corazón, a su religión.

Y Judas, que estuvo entre Mis Apóstoles, que le di mucho tiempo muy especial para él, para su conversión y no la aceptó; buscaba solamente los bienes del mundo.

Me vio hacer Milagros, tuvo Mi Predicación, como muchos, muchos la hubieran querido tener, estar junto a Mí, vuestro Dios, y él no la aceptó;

tuvo todas las oportunidades para ser santo, para ser un Apóstol Mío y ser una columna de la Iglesia, como lo fueron los otros Apóstoles, y no las aceptó, fue el traidor.

Pedro, hombre rudo pero dócil, amoroso, obediente y se dio plenamente a Mí, se dio plenamente por la Iglesia, se dio plenamente también por vosotros.

Pablo, hombre amante de su ley, de la ley de donde había crecido, de la ley farisaica y no permitía que hubiera algo diferente,

porque amaba de corazón lo que había aprendido desde pequeño, pero le faltaba esa parte que Yo os vine a traer, el Amor.

Hombre rudo pero que tuvo que aprender, con la caída que Yo permití que tuviera, a conocer el Amor, el amor fraterno.

MARTIRIO DE ESTEBAN

Yo os vine a traer una Evangelización de Amor y de libertad, y la de él era de imposición al grado de hasta permitir el asesinato de aquellos que no quisieran tomar el conocimiento que él tenía antes,

y por eso frente a él murió Esteban y no hizo nada por su defensa, porque no pertenecía a lo que él sabía y seguía.

Tres personajes diferentes, dos que se quedaron conMigo y uno el traidor, la diferencia es el amor y por otro lado la soberbia y el no querer darse a los demás.

Pedro y Pablo se dieron en totalidad, mantuvieron su fe hasta el final, se dieron en totalidad en su predicación y se ganaron la palma del triunfo.

Judas quiso mantenerse en el poder humano, vivir para un gusto humano, sin importarle el crecimiento espiritual, ni el propio, ni el de los demás.

Aprended pues de ellos, Mis pequeños. Vosotros tenéis Mi Predicación, vosotros tenéis también el libre albedrío de tomar Mi Amor o despreciarlo;

vosotros podéis escoger entre ver por Mi rebaño, por vuestros hermanos, por su salvación a través de vuestra oración, a través de vuestro ejemplo,

a través de vuestra vida, llevándoMe a Mí en vuestras palabras y obras,

o podéis buscar solamente la vida fácil.

Mis pequeños, la Iglesia está viviendo momentos difíciles, su espiritualidad ha caído, ya no hay Pedros ni Pablos suficientes para que se pueda adornar mi Iglesia con esas almas.

 Parece que satanás va ganando la batalla, pero Mi Promesa persiste, no será vencida por satanás y permanecerá hasta el fin de los siglos.

OS LLAMO A TODOS A TOMAR VUESTRA CRUZ,

OS LLAMO A TODOS PARA ACEPTAR MI VOLUNTAD EN VUESTRA VIDA

Y AYUDARME EN LA CONVERSIÓN DE VUESTROS HERMANOS

Y EN SU SALVACIÓN ETERNA;

OS LLAMO A TODOS A SER CORREDENTORES

A TRAVÉS DEL OFRECIMIENTO

DE VUESTRAS PENAS, DOLORES,

QUE TODOS TENÉIS EN VUESTRA VIDA.

OfrecedMe vuestras pequeñas o grandes cruces, que son vuestros fracasos, vuestros éxitos, vuestros tormentos, vuestros dolores,

pero principalmente vuestro amor, porque os he dicho que nunca podréis separar el dolor del amor y, si estáis trabajando para Mí, vuestro Dios, lo entenderéis fácilmente.

ALMAS VÍCTIMAS CRUCIFICADOS POR EL AMOR

Yo Me di por vosotros y mucho dolor padecí a lo largo de Mi tiempo de Evangelización pero hubo mucho Amor, porque Yo en todo momento pensaba en vuestra salvación.

No despreciéis, pues, lo que tenéis oportunidad para darMe vuestros dolores, vuestras alegrías y vuestra cruz llena de amor.

Hijitos Míos, os he pedido varias veces que acudáis a Mí y Me pidáis el don de Discernimiento y Sabiduría, muy importantes para vuestra vida espiritual.

 El Don de Discernimiento es un escudo contra todo aquello que vosotros escuchéis o lo que veíais,

Satanás es muy astuto y os tratará siempre de llevar por caminos muy contrarios a lo que Yo os he dado.

Con el Discernimiento Santo que Yo os concedo, vosotros podréis conocer la verdad de lo que escuchéis o de lo que veáis.

 Todos vosotros estáis desarmados si no entráis en una vida espiritual profunda; satanás os puede hacer creer que lo que vosotros imagináis sea bueno, y realmente sea malo, todos vosotros sois débiles a su ataque.

Cualquiera de vosotros, no importa el nivel que tengáis social, cultural, Mis mismos sacerdotes, religiosos o aún el mismo Papa, TODOS, todos podéis ser tentados por Satanás.

Yo mismo, vuestro Dios, fui tentado por él en el desierto.

Ciertamente Yo, como Dios, lo rechacé y no pudo contra Mí.

Adán y Eva, vuestros Primeros Padres, tenían un nivel espiritual muchísimo mayor que el que tenéis vosotros actualmente, fueron tentados y cayeron. 

No creáis todo cuanto se os diga, lo que leáis o lo que os imaginéis que debe que ser lo correcto, todo deberá pasar por el filtro que es el Discernimiento Santo.

Ciertamente vosotros no podréis conocer el interior del pensamiento de vuestros hermanos, pero el Discernimiento que Yo os concedo os dará la Verdad de lo que se esté diciendo o de lo que vosotros veáis a vuestro alrededor. 

OS REPITO: NO IMPORTA QUIÉN SEA EL QUE OS DIGA CIERTAS COSAS,

QUE AUNQUE SUENEN ESPIRITUALMENTE CORRECTAS,

ES MENTIRA LO QUE REALMENTE SE OS ESTÁ DANDO;

HAY MUCHA MENTIRA A VUESTRO ALREDEDOR

Y HASTA ESTÁ VINIENDO DE ALTOS GRADOS EN MI MISMA IGLESIA.

Satanás es el Príncipe de la Mentira y él os puede confundir fácilmente.

Y solamente a través del Discernimiento que Yo os concedo, si es que Me lo pedís, es como saldréis airosos de la batalla.

La Sabiduría os dirá qué hacer con el resultado del Discernimiento que vosotros hagáis, del conocimiento verdadero o falso que llegue a vosotros.

La Sabiduría os va a decir por dónde caminar, cómo desenvolveros durante vuestra misión aquí en la Tierra.

 A la Sabiduría la deberéis seguir a ojos cerrados aquí en la Tierra, con total confianza porque viene de Mí.

 La Sabiduría, muy diferente a la inteligencia humana, es la que os va a llevar por caminos rectos, por caminos de santidad.

ESTO OS PIDO, QUE ME LO PIDÁIS A MÍ VUESTRO DIOS,

PARA LA IGLESIA, PARA SUS MINISTROS, SACERDOTES, RELIGIOSAS,

QUE ELLOS TENGAN ESTE DISCERNIMIENTO SANTO Y LA SABIDURÍA DIVINA,

PORQUE AUN LA MISMA IGLESIA HA SIDO INFILTRADA POR EL ENEMIGO. 

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Debéis proteger a Mis sacerdotes y religiosas porque ellos son más fuertemente atacados que vosotros, porque ellos son los que deben guiar a los fieles.

Y si Satanás los lleva al error, ellos, Mis ministros, llevarán al error a infinidad de hermanos vuestros.

Por vuestro propio bien, orad por ellos para que sean protegidos y, sobre todo, para que sean santos, porque ellos son los que os pueden dar los Sacramentos, os pueden administrar la vida que dan los Sacramentos.

 Protegedlos, orad por ellos incesantemente, no os detengáis, el ataque de Satanás es continuo, más para ellos que para vosotros.

Y vosotros mismos también os debéis proteger para que Satanás no os saque de esta tarea tan importante, que es la protección de toda la Humanidad contra sus ataques.

Orad de día y de noche, no os canséis de hacerlo, Mis pequeños, vuestra vida espiritual depende de ello.

Vosotros tenéis una cruz de cada día, que no os podéis apartar de ella ni la podéis negar, porque la Cruz viene por el Pecado que se cometió por vuestros Primeros Padres.

Vosotros debéis padecer vuestra cruz y qué mejor cuando os unís a Mí, vuestro Dios.

Ahora os causa penurias, tenéis dolores, tenéis sufrimientos; pero vendrá el tiempo en que os daréis cuenta de lo que vosotros hicisteis al haber ofrecido vuestra vida junto con la Mía en la Tierra.

Cuando lleguéis al Reino de los Cielos gozaréis inmensamente el haberos ofrecido a Mí y haber unido toda vuestra vida, toda vuestra cruz a la Mía.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes y a tus religiosos, en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes y religiosos. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Gozad pues, desde ahora, Mis pequeños, ésos grandes momentos que tendréis Conmigo cuando lleguéis al Reino de los Cielos.

Y gozad Mi Cruz y agradeced la vuestra, porque muchas almas, muchas almas se van a poder salvar a través de vuestros ofrecimientos y de vuestro amor.

Yo os bendigo en Nombre de Nuestro Padre Dios, en Mi Nombre y en Nombre del Amor del Espíritu Santo. Acudid a Nuestra Madre Santísima, Mi Madre,

para que os lleve de la mano y os aliente a seguir adelante a pesar de que las cosas se vuelvan adversas en vuestra vida terrena.

Viviendo vida espiritual, ésta logra fortaleceros para vencer cualquier obstáculo.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

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