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F89 EL CREDO 8


MUERTO… 

En el Cenáculo hay unos grandes salones anexos al triclinium principal, que es donde se celebra la Eucaristía y en uno de ellos, están reunidas más de trescientas personas que han sido convocadas por el trabajo apostólico de todos los discípulos de Jesucristo. 1la-muerteSon personas de todas las edades, estratos sociales y razas. De hecho, son personas que sólo podrían accesar al Patio de los Gentiles, en el Templo de Jerusalén.

Mannaém, ungido por el Espíritu Santo y ordenado por Pedro de acuerdo a los carismas recibidos, es el maestro elegido por Dios para instruir a los nuevos catecúmenos cristianos.

Muy poco queda del antiguo y regio hermano de Herodes. Ahora es un maestro cristiano, humilde, amoroso y sencillo; al que escuchan con mucha atención los nuevos catecúmenos cristianos, que anhelan recibir las enseñanzas de su nueva religión.

Mannaém ungido por el Espíritu Santo, habla con poder y convicción:

El Misterio de la Muerte.

JINETE DE LA MUERTE

JINETE DE LA MUERTE

Dios creó todo, pero la Muerte, no es obra suya. Dios no creó la Muerte. Ha sido generada por los esponsales humanos con Satanás.

Adán la generó, antes de generar a su hijo, cuando débil ante la debilidad de la Mujer pecó seducido por ella, bajo el silbido de la Serpiente y las lágrimas de los ángeles.

Pero la pequeña muerte no es un gran mal, cuando con ella cae como una hoja que ha terminado su ciclo, la carne. Al contrario, es un bien porque nos regresa a nuestro Origen, en donde un Padre nos Espera…

Y así como no ha hecho la muerte de la carne, Dios tampoco ha hecho la muerte del espíritu. Al contrario, él mandó al Resucitador Eterno, a su Hijo Jesucristo a darnos la Vida, a los que estábamos muertos.

El milagro de Lázaro, del joven de Naím y de la hija de Jairo, fueron milagros de la pequeña muerte. De Magdalena, Zaqueo, Dimas, etc. Todos muertos en el espíritu, Jesús hizo vivos en el Señor.

La muerte da gloria a Dios, cuando es aceptada y sufrida con santidad. La muerte es una voluntad de Dios que se cumple.

También aunque el ejecutor de ella, sea un hombre feroz que se ha vuelto árbitro de los destinos de los demás. Y por su adhesión a Satanás, se convierte en instrumento para atormentar a sus iguales, asesinando a los mismos y siendo maldito por Dios.

Солдат смертиLa muerte es siempre la extrema obediencia a Dios, que amenazó con la muerte al hombre por su pecado. La muerte del cuerpo, es liberación del espíritu.

Nuestra vida en la Tierra no es más que una gestación para nacer a la Luz, a la Vida. Muchos miran con horror la fosa sepulcro oscuro, donde el cuerpo que se ama con idolatría, vuelve a la verdad de su origen: Lodo.

Fango del cual se suelta una flama, una luz: el alma.

Qué es lo que hace valioso al cuerpo con el espíritu, que es manifestación de Dios y ante el cual la carne es una nada despreciable.

El hombre cuida mucho de los derechos de la carne que es perecedera y mortal. Y que solo cuando es tenida como esclava del espíritu y no dueña del espíritu, puede convertirse a su debido tiempo en regia habitante del Reino de los Cielos.

La pequeña muerte es la que nos saca de la tierra y libera nuestro espíritu de la carne. La gran Muerte es la que mata lo inmortal: el espíritu. De la primera se resucita. De la segunda no se resucita en la eternidad. Se estará para siempre separado de la Vida, porque Dios es nuestra vida.

1PEQUEÑA MUERTE

Los animales obedeciendo la orden de los instintos saben regularse en la comida, en los connubios, en el escogerse las madrigueras.

Y el hombre con sus continuas desobediencias en el orden natural y sobrenatural, muchas veces se da la primera y la segunda muerte; con abusos en sus placeres y en sus vicios, matando también su carne; al manejarlos como si fueran armas esgrimidas en un loco frenesí de autodestrucción, matando su alma.

Buscan la muerte con los errores de la vida. Y la perdición con las obras de sus manos.

1Cartas%20de%20la%20Muerte

Siempre es justa la hora de la muerte, porque es dada por Dios. Él es el Dueño de la vida y de la muerte. Y si no son de Él ciertos medios de muerte usados por el hombre por instigación demoníaca; son siempre de Él, las sentencias de muerte dadas por Él, para quitar a un alma de un tormento terreno demasiado atroz o para impedir mayores culpas a aquella alma.

La muerte es siempre un calvario, grande o pequeño, pero siempre calvario. Aunque las apariencias indiquen lo contrario. Porque es proporcionada por Dios, a las fuerzas de cada uno de sus hijos.

Fuerzas que Dios aumenta a medida que la muerte que ha destinado para su creatura, es cumplida santamente.

Cuando la hora de la reunión con Dios está más próxima, es más necesario aumentar la Fe, porque en la hora de la muerte Satanás nunca se cansa de perturbar con sus trampas: Es astuto, feroz, lisonjero y con sonrisas, con cantos, con engaños, aparentes caricias de sus garras, tratando de hipnotizar con silbidos repentinos con los que siempre ha buscado doblegarnos; aumenta sus operaciones para arrancarnos del Cielo.

Y es precisamente en esta hora cuando debemos abrazarnos de la Cruz, para que las olas del último huracán satánico no nos sumerjan.1cruz

Después viene la Paz Eterna. Hay que tener ánimo.

La Cruz es la fuerza en la hora de la muerte.

El justo no le teme a la muerte, porque sabe que al obrar el bien tiene la sonrisa de Dios.

Para los impíos la muerte es pavorosa. Tienen miedo. Y más miedo todavía cuando sienten que no han actuado bien o lo han hecho mal del todo.

La boca mentirosa del hombre trata de engañarse a sí mismo, para consolarse y engañar a los demás. ‘Yo he actuado bien’ Pero la conciencia, que está como un espejo de dos caras bajo su rostro y el Rostro de Dios; acusa al hombre de no haber obrado bien y de no obrar para nada bien como lo proclama.

Y es entonces cuando un gran miedo los molesta: el miedo del Juicio de Aquel que todo lo conoce. Y aquí la gran pregunta: ¿Por qué si se le teme tanto como a Juez, no evitan el tenerlo como tal?

¿Por qué lo rechazan como salvador y no lo aceptan como Padre? ¿Por qué si lo temen, no actúan obedeciendo sus mandatos y no lo saben escuchar con voz de Padre que guía, hora por hora con mano de amor?

Si al menos lo obedecieran cuando habla con voz de Rey. Sería obediencia menos premiada, porque es menos dulce a su corazón. ¡Pero sería obediencia!

Entonces, ¿Por qué no lo hacen y sin embargo le tienen pavor a la muerte?

La muerte no se evita y son felices los que llegan a ella vestidos de amor, al encuentro de Aquel que los espera.

Temen a la muerte aquellos que no conocen el amor y que no tienen la conciencia tranquila. Éstos, cuando por enfermedad, por edad o por cualquier otro motivo, se sienten amenazados por la muerte; se asustan, se afligen o se rebelan.

Intentan por todos los medios y con todas sus fuerzas, escapar de ella.

1MUERTE

Inútilmente, porque cuando la hora ha sido señalada, ninguna cautela vale para desviar la muerte.

La muerte de los inocentes que mueren sin rencor, es bella como un martirio. Y como no tienen la mancha del odio, también son víctimas que Dios toma como hostias. Son las flores de hoy, cortadas por el Enemigo de Dios que busca destruir a sus hijos.

Y por el Odio desencadenado con todas sus fuerzas en el fragor del Infierno de la violencia en su máximo esplendor.

1elveon

No solamente la muerte del pecador es horrible, sino también su vida. No hay que ilusionarse sobre su aspecto exterior, es un maquillaje. Un barniz para cubrir la verdad.

Porque una hora; solamente una hora de la paz del justo, es incalculablemente más rica en felicidad, que ni la más larga vida de pecado.

Las apariencias indican lo contrario. Y así como a los ojos del mundo no aparecen la riqueza y la alegría de los santos; así también se esconde el abismo de inquietud y de insatisfacción que hay en el corazón del injusto.

Y del que como cráter de un volcán en erupción vomita vapores acres, corrosivos y venenosos; que intoxican  a los desventurados, cada vez más.

Tratan de sofocar la inquietud buscando darse todas las satisfacciones que apetecen en su ánimo extraviado y por lo mismo satisfacciones de maldad, porque están fermentados en ella.

Los pecadores obstinados e impenitentes, llegan a la perfección del mal y su muerte es un horror que los hace estallar en la otra vida, porque los sumerge en un horror mucho más grande.1Guerrero%20de%20la%20Muerte_800

LA GRAN MUERTE.

El alma tiene derecho a la Vida Verdadera.

El alma muere cuando se la mantiene separada de Dios. Hay que nutrirla lo más posible con la Palabra de Dios. Y solo así saturados de Él, todos los días tendremos vitalidad espiritual, para vencer todas las asechanzas y todas las tentaciones.

La muerte del espíritu se puede constatar a la medida que se pierde la noción del Bien y del Mal.

El alma que se ha sumergido en la impenitencia final, es incapaz de sentir ni siquiera remordimientos y se vuelve insensible al daño causado al prójimo.

La falta de remordimiento es la señal de su decadencia espiritual.

1MUERTE DE LA CONCIENCIA

El espíritu está muerto cuando no se tiene la gracia vivificante del Espíritu Santo. Un espíritu muerto, comunica su muerte al alma y de la misma manera que un espíritu vivo, trasmite su vida al alma.

Como la sangre trasmite la vida al cuerpo, así el espíritu proporciona la vida al alma. ¡Hay que vivir! Sólo entonces la muerte no será un fin, sino un principio. Un principio de alegría sin medida.

El espíritu es el señor de nuestro ser y cuando está muerto es un esclavo. Y ésta será la culpa de la que responderemos. El hecho de que el hombre lo atropelle y lo mate, no le cambia su característica de señor de nuestro ser.

El que deja que el Enemigo mate su espíritu se convierte en cómplice del delito de Deicidio. Porque a los ojos de Dios, el espíritu es la parte selecta que Él Mismo dio al hombre y permite a Dios convertirnos en Templos Vivos e hijos suyos.

El espíritu es el que volverá a animar la carne, en la hora del Último Juicio. Resurrección gloriosa del espíritu vivo o tremenda realidad, para merecer la Segunda Muerte.

1SEGUNDA MUERTE

Dios no quiere moradas hechas por mano de hombre. Él quiere los templos que Él hizo con sus propias Manos. Templos de sangre y de alma.

Templos que la Sangre de Jesús ha revestido de Púrpura Inmortal, Purificando sus preciosos altares. Esto es lo que Él quiere para reconciliarse con el hombre.

Las tentaciones son inevitables, pero ellas por sí solas no hacen daño. Son malas cuando cedemos a ellas. Nunca serán más fuertes que nosotros, porque el Padre siempre da fuerzas superiores a quién quiere permanecer en el Bién.

El Mal está, cuando deseamos ceder al mal y es entonces cuando nosotros mismos saboteamos las fuerzas de Dios con una voluntad perversa, al abandonarnos al beso de la Tentación.

Cuando procedemos así, sometemos al alma a un trance de muerte y de un alma enferma o moribunda, salen aquellos sentimientos que causan asombro.

Y no debería. En un cuerpo corrupto están los hedores de la muerte y en las almas corruptas, están las manifestaciones de Pecado.

Por eso hay que ser cristianos verdaderos y no de nombre o de palabra.

1Jesus_cruz

El signo de la Cruz debe ser grabado en las fibras vivas de nuestro corazón, no sobre frontones vacíos. Hay que abrir el corazón al Amor. Para el cristiano, la muerte ha sido destruida con la Muerte de Jesús.

Nuestras culpas han sido anuladas con su Sangre. En anticipo Él nos ha rescatado. Y el espíritu que es impulsado por el Espíritu Santo, debe dar obediencia y agradecimiento a Dios por los dones del Espíritu Santo que auxilian al espíritu vivo en el que Él habita y nos convierte en verdaderos hijos de Dios.

Y por eso hay que imitar en todo a Cristo.

¿Hay sufrimiento? Hay que reflexionar en quién nos hace sufrir. Veremos que es el hombre. Siempre está el nombre de un hombre detrás de la causa de nuestro sufrimiento y solo Dios puede aliviarlo.

1asistente_a_esa_charla_en_harvard_a_punto_de-acabar_con_su_sufrimiento

¿Nos sentimos débiles en el espíritu y mortificados por nuestras caídas? Examinémonos bien ¿Somos nosotros los que pusimos los medios y no huimos de nuestros tentadores?

En nuestra alma la culpa ha sido lavada por el Bautismo, pero han quedado los fomes. Por eso debemos rechazar totalmente las tentaciones y buscar siempre la semejanza y la perfección, tal como lo ordenó el mandato de Jesús.

Quién espontánea y premeditadamente mata su alma, termina casi siempre por matar también su cuerpo. Violento contra su alma, se vuelve violento contra su carne.

Y la mata con sus vicios y termina suicidándose como Judas.

1_la_muerte

Quién sin premeditación mata su alma con el pecado mortal, pero poseyendo voluntad de vida, arrepentido busca regeneración y confía en la Misericordia, no solo devolverá la vida a su espíritu, sino por la humillación de la caída, disminuirá en soberbia y crecerá en su amor por Dios.

LA CONVERSIÓN ES LA RESURRECCIÓN DEL ESPÍRITU

1RESURRECCION

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

15.- CIENCIA DE LA MUERTE I


1la-muerte

En el Cenáculo hay unos grandes salones anexos al triclinium principal, que es donde se celebra la Eucaristía y en uno de ellos, están reunidas más de trescientas personas que han sido convocadas por el trabajo apostólico de todos los discípulos de Jesucristo.

Son personas de todas las edades, estratos sociales y razas. De hecho, son personas que sólo podrían accesar al Patio de los Gentiles, en el Templo de Jerusalén.

Mannaém, ungido por el Espíritu Santo y ordenado por Pedro de acuerdo a los carismas recibidos, es el maestro elegido por Dios para instruir a los nuevos catecúmenos cristianos.

Muy poco queda del antiguo y regio hermano de Herodes. Ahora es un maestro cristiano, humilde, amoroso y sencillo; al que escuchan con mucha atención los nuevos catecúmenos cristianos, que anhelan recibir las enseñanzas de su nueva religión.

Mannaém ungido por el Espíritu Santo, habla con poder y convicción:

El Misterio de la Muerte.

JINETE DE LA MUERTE

JINETE DE LA MUERTE

Dios creó todo, pero la Muerte, no es obra suya. Dios no creó la Muerte. Ha sido generada por los esponsales humanos con Satanás. Adán la generó, antes de generar a su hijo, cuando débil ante la debilidad de la Mujer pecó seducido por ella, bajo el silbido de la Serpiente y las lágrimas de los ángeles.

Pero la pequeña muerte no es un gran mal, cuando con ella cae como una hoja que ha terminado su ciclo, la carne. Al contrario, es un bien porque nos regresa a nuestro Origen, en donde un Padre nos Espera…

Y así como no ha hecho la muerte de la carne, Dios tampoco ha hecho la muerte del espíritu. Al contrario, él mandó al Resucitador Eterno, a su Hijo Jesucristo a darnos la Vida, a los que estábamos muertos. El milagro de Lázaro, del joven de Naím y de la hija de Jairo, fueron milagros de la pequeña muerte. De Magdalena, Zaqueo, Dimas, etc. Todos muertos en el espíritu, Jesús hizo vivos en el Señor.

La muerte da gloria a Dios, cuando es aceptada y sufrida con santidad. La muerte es una voluntad de Dios que se cumple. También aunque el ejecutor de ella, sea un hombre feroz que se ha vuelto árbitro de los destinos de los demás. Y por su adhesión a Satanás, se convierte en instrumento para atormentar a sus iguales, asesinando a los mismos y siendo maldito por Dios.

Солдат смерти

La muerte es siempre la extrema obediencia a Dios, que amenazó con la muerte al hombre por su pecado. La muerte del cuerpo, es liberación del espíritu.

Nuestra vida en la Tierra no es más que una gestación para nacer a la Luz, a la Vida. Muchos miran con horror la fosa sepulcro oscuro, donde el cuerpo que se ama con idolatría, vuelve a la verdad de su origen: Lodo.

Fango del cual se suelta una flama, una luz: el alma.

Qué es lo que hace valioso al cuerpo con el espíritu, que es manifestación de Dios y ante el cual la carne es una nada despreciable.

El hombre cuida mucho de los derechos de la carne que es perecedera y mortal. Y que solo cuando es tenida como esclava del espíritu y no dueña del espíritu, puede convertirse a su debido tiempo en regia habitante del Reino de los Cielos.

La pequeña muerte es la que nos saca de la tierra y libera nuestro espíritu de la carne. La gran Muerte es la que mata lo inmortal: el espíritu. De la primera se resucita. De la segunda no se resucita en la eternidad. Se estará para siempre separado de la Vida, porque Dios es nuestra vida.

1PEQUEÑA MUERTE

Los animales obedeciendo la orden de los instintos saben regularse en la comida, en los connubios, en el escogerse las madrigueras. Y el hombre con sus continuas desobediencias en el orden natural y sobrenatural, muchas veces se da la primera y la segunda muerte; con abusos en sus placeres y en sus vicios, matando también su carne; al manejarlos como si fueran armas esgrimidas en un loco frenesí de autodestrucción, matando su alma.

Buscan la muerte con los errores de la vida. Y la perdición con las obras de sus manos.

1Cartas%20de%20la%20Muerte

Siempre es justa la hora de la muerte, porque es dada por Dios. Él es el Dueño de la vida y de la muerte. Y si no son de Él ciertos medios de muerte usados por el hombre por instigación demoníaca; son siempre de Él, las sentencias de muerte dadas por Él, para quitar a un alma de un tormento terreno demasiado atroz o para impedir mayores culpas a aquella alma.

La muerte es siempre un calvario, grande o pequeño, pero siempre calvario. Aunque las apariencias indiquen lo contrario. Porque es proporcionada por Dios, a las fuerzas de cada uno de sus hijos.

Fuerzas que Dios aumenta a medida que la muerte que ha destinado para su creatura, es cumplida santamente.

Cuando la hora de la reunión con Dios está más próxima, es más necesario aumentar la Fe, porque en la hora de la muerte Satanás nunca se cansa de perturbar con sus trampas: Es astuto, feroz, lisonjero y con sonrisas, con cantos, con engaños, aparentes caricias de sus garras, tratando de hipnotizar con silbidos repentinos con los que siempre ha buscado doblegarnos; aumenta sus operaciones para arrancarnos del Cielo.

Y es precisamente en esta hora cuando debemos abrazarnos de la Cruz, para que las olas del último huracán satánico no nos sumerjan.

1cruz

Después viene la Paz Eterna. Hay que tener ánimo.

La Cruz es la fuerza en la hora de la muerte.

El justo no le teme a la muerte, porque sabe que al obrar el bien tiene la sonrisa de Dios.

Para los impíos la muerte es pavorosa. Tienen miedo. Y más miedo todavía cuando sienten que no han actuado bien o lo han hecho mal del todo.

La boca mentirosa del hombre trata de engañarse a sí mismo, para consolarse y engañar a los demás. ‘Yo he actuado bien’ Pero la conciencia, que está como un espejo de dos caras bajo su rostro y el Rostro de Dios; acusa al hombre de no haber obrado bien y de no obrar para nada bien como lo proclama.

Y es entonces cuando un gran miedo los molesta: el miedo del Juicio de Aquel que todo lo conoce. Y aquí la gran pregunta: ¿Por qué si se le teme tanto como a Juez, no evitan el tenerlo como tal?

¿Por qué lo rechazan como salvador y no lo aceptan como Padre? ¿Por qué si lo temen, no actúan obedeciendo sus mandatos y no lo saben escuchar con voz de Padre que guía, hora por hora con mano de amor?

Si al menos lo obedecieran cuando habla con voz de Rey. Sería obediencia menos premiada, porque es menos dulce a su corazón. ¡Pero sería obediencia!

Entonces, ¿Por qué no lo hacen y sin embargo le tienen pavor a la muerte?

La muerte no se evita y son felices los que llegan a ella vestidos de amor, al encuentro de Aquel que los espera.

Temen a la muerte aquellos que no conocen el amor y que no tienen la conciencia tranquila. Éstos, cuando por enfermedad, por edad o por cualquier otro motivo, se sienten amenazados por la muerte; se asustan, se afligen o se rebelan.

Intentan por todos los medios y con todas sus fuerzas, escapar de ella.

1MUERTE

Inútilmente, porque cuando la hora ha sido señalada, ninguna cautela vale para desviar la muerte.

La muerte de los inocentes que mueren sin rencor, es bella como un martirio. Y como no tienen la mancha del odio, también son víctimas que Dios toma como hostias. Son las flores de hoy, cortadas por el Enemigo de Dios que busca destruir a sus hijos. Y por el Odio desencadenado con todas sus fuerzas en el fragor del Infierno de la violencia en su máximo esplendor.

1elveon

No solamente la muerte del pecador es horrible, sino también su vida. No hay que ilusionarse sobre su aspecto exterior, es un maquillaje. Un barniz para cubrir la verdad. Porque una hora; solamente una hora de la paz del justo, es incalculablemente más rica en felicidad, que ni la más larga vida de pecado.

Las apariencias indican lo contrario. Y así como a los ojos del mundo no aparecen la riqueza y la alegría de los santos; así también se esconde el abismo de inquietud y de insatisfacción que hay en el corazón del injusto. Y del que como cráter de un volcán en erupción vomita vapores acres, corrosivos y venenosos; que intoxican  a los desventurados, cada vez más.

Tratan de sofocar la inquietud buscando darse todas las satisfacciones que apetecen en su ánimo extraviado y por lo mismo satisfacciones de maldad, porque están fermentados en ella.

Los pecadores obstinados e impenitentes, llegan a la perfección del mal y su muerte es un horror que los hace estallar en la otra vida, porque los sumerge en un horror mucho más grande.

1Guerrero%20de%20la%20Muerte_800

LA GRAN MUERTE.

El alma tiene derecho a la Vida Verdadera.

El alma muere cuando se la mantiene separada de Dios. Hay que nutrirla lo más posible con la Palabra de Dios. Y solo así saturados de Él, todos los días tendremos vitalidad espiritual, para vencer todas las asechanzas y todas las tentaciones.

La muerte del espíritu se puede constatar a la medida que se pierde la noción del Bien y del Mal.

El alma que se ha sumergido en la impenitencia final, es incapaz de sentir ni siquiera remordimientos y se vuelve insensible al daño causado al prójimo. La falta de remordimiento es la señal de su decadencia espiritual.

1MUERTE DE LA CONCIENCIA

El espíritu está muerto cuando no se tiene la gracia vivificante del Espíritu Santo. Un espíritu muerto, comunica su muerte al alma y de la misma manera que un espíritu vivo, trasmite su vida al alma. Como la sangre trasmite la vida al cuerpo, así el espíritu proporciona la vida al alma. ¡Hay que vivir! Sólo entonces la muerte no será un fin, sino un principio. Un principio de alegría sin medida.

El espíritu es el señor de nuestro ser y cuando está muerto es un esclavo. Y ésta será la culpa de la que responderemos. El hecho de que el hombre lo atropelle y lo mate, no le cambia su característica de señor de nuestro ser. El que deja que el Enemigo mate su espíritu se convierte en cómplice del delito de Deicidio. Porque a los ojos de Dios, el espíritu es la parte selecta que Él Mismo dio al hombre y permite a Dios convertirnos en Templos Vivos e hijos suyos. El espíritu es el que volverá a animar la carne, en la hora del Último Juicio. Resurrección gloriosa del espíritu vivo o tremenda realidad, para merecer la Segunda Muerte.

1SEGUNDA MUERTE

Dios no quiere moradas hechas por mano de hombre. Él quiere los templos que Él hizo con sus propias Manos. Templos de sangre y de alma. Templos que la Sangre de Jesús ha revestido de Púrpura Inmortal, Purificando sus preciosos altares. Esto es lo que Él quiere para reconciliarse con el hombre.

Las tentaciones son inevitables, pero ellas por sí solas no hacen daño. Son malas cuando cedemos a ellas. Nunca serán más fuertes que nosotros, porque el Padre siempre da fuerzas superiores a quién quiere permanecer en el Bién.

El Mal está, cuando deseamos ceder al mal y es entonces cuando nosotros mismos saboteamos las fuerzas de Dios con una voluntad perversa, al abandonarnos al beso de la Tentación. Cuando procedemos así, sometemos al alma a un trance de muerte y de un alma enferma o moribunda, salen aquellos sentimientos que causan asombro.

Y no debería. En un cuerpo corrupto están los hedores de la muerte y en las almas corruptas, están las manifestaciones de Pecado.

Por eso hay que ser cristianos verdaderos y no de nombre o de palabra.

1Jesus_cruz

El signo de la Cruz debe ser grabado en las fibras vivas de nuestro corazón, no sobre frontones vacíos. Hay que abrir el corazón al Amor. Para el cristiano, la muerte ha sido destruida con la Muerte de Jesús.

Nuestras culpas han sido anuladas con su Sangre. En anticipo Él nos ha rescatado. Y el espíritu que es impulsado por el Espíritu Santo, debe dar obediencia y agradecimiento a Dios por los dones del Espíritu Santo que auxilian al espíritu vivo en el que Él habita y nos convierte en verdaderos hijos de Dios. Y por eso hay que imitar en todo a Cristo.

¿Hay sufrimiento? Hay que reflexionar en quién nos hace sufrir. Veremos que es el hombre. Siempre está el nombre de un hombre detrás de la causa de nuestro sufrimiento y solo Dios puede aliviarlo.

1asistente_a_esa_charla_en_harvard_a_punto_de-acabar_con_su_sufrimiento

¿Nos sentimos débiles en el espíritu y mortificados por nuestras caídas? Examinémonos bien ¿Somos nosotros los que pusimos los medios y no huimos de nuestros tentadores? En nuestra alma la culpa ha sido lavada por el Bautismo, pero han quedado los fomes. Por eso debemos rechazar totalmente las tentaciones y buscar siempre la semejanza y la perfección, tal como lo ordenó el mandato de Jesús.

Quién espontánea y premeditadamente mata su alma, termina casi siempre por matar también su cuerpo. Violento contra su alma, se vuelve violento contra su carne. Y la mata con sus vicios y termina suicidándose como Judas.

1_la_muerte

Quién sin premeditación mata su alma con el pecado mortal, pero poseyendo voluntad de vida, arrepentido busca regeneración y confía en la Misericordia, no solo devolverá la vida a su espíritu, sino por la humillación de la caída, disminuirá en soberbia y crecerá en su amor por Dios.

LA CONVERSIÓN ES LA RESURRECCIÓN DEL ESPÍRITU

1RESURRECCION

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

8.-INSTRUCCIONES FINALES


sueno-don-bosco

Jesús continúa instruyendo a su recién nacida Iglesia. En el Monte Carmelo, los discípulos escuchan muy atentos, la enseñanza de su Maestro Resucitado…

Jesús dice a Pedro:

–               Pastor y navegante para los tiempos borrascosos, recoge, guía, levanta alto Mi Evangelio, porque es en él y no en otra ciencia que se encuentra la salvación.

Luego se dirige a todos:

–           Llegarán días en que como nos sucede a los de Israel y peor todavía, el Sacerdocio creerá ser una clase selecta porque conoce lo superfluo y no lo indispensable. O lo conoce como una letra muerta, con que los sacerdotes actuales, conocen la Ley: por su forma exterior, por sus vestidos cargados de franjas y filacterias; pero la desconocen en su espíritu.

Vendrán días en que todos los libros substituirán al Libro, que se le usará como algo que es obligatorio emplear y lo usarán de forma mecánica. Igual como un agricultor ara, siembra, recoge, sin meditar en la maravillosa providencia que hay en esa nueva multiplicación de semillas que sucede todos los años: una semilla arrojada a la tierra removida, que se hace tallo y espiga, luego harina y luego pan por paterno amor de Dios.

-pan-de-trigo-

¿Quién al llevarse a la boca un trozo de pan alza el espíritu hacia Aquel que creó la primera semilla y desde siglos la hace renacer y crecer, distribuyendo con medida las lluvias y el calor para que germine y se alce y madure sin que se ponga lacia o se queme? De igual modo llegará el tiempo en que será enseñado el Evangelio científicamente bien, pero espiritualmente mal.

Porque, ¿Qué es la ciencia a la que falta la sabiduría? Es paja. Paja que hincha, pero que no nutre. Y en verdad os digo que llegará un tiempo en el cual,  demasiados Sacerdotes serán semejantes a hinchados pajares. Soberbios pajares, que se mostrarán arrogantes con su orgullo de estar muy llenos; como si a sí mismos se hubieran proporcionado esas espigas que coronaron las caña y creerán ser todo por tener toda esa paja, en vez del puñado de mies, del verdadero alimento que es el espíritu del Evangelio. Y cosecharán  solo paja… ¡Un montón de paja! Pero ¿Puede ser suficiente sólo la paja?

Ni siquiera para la barriga del asno basta, si el dueño no vigoriza al animal con cereales, forraje fresco y otros alimentos.  El asno que es nutrido sólo con paja, se debilita e incluso muere.

eucaristia

Pues bien, os digo que llegará el momento en que los Sacerdotes, olvidando que con pocas espigas e instruído sus corazones en la Verdad… Y olvidando tambien lo que ha costado a su Señor ese Pan Verdadero del espíritu; que mana sólo de la sabiduría divina, que se llama Palabra Divina, la cual es majestuosa en su estilo doctrinal.

Que al repetirse es siempre nueva y siempre milenaria. Que si se le repite, es para que no se pierdan las verdades.

Palabra que es humilde por la forma en que se presenta, sin oropeles de ciencia humana; sin añadiduras históricas o geográficas.

Esos sacerdotes se preocuparán, no del espíritu de la Palabra, sino sólo del revestimiento con el que puedan ostentar su conocimiento a las multitudes, con el que presumirán cuantas cosas saben. El espíritu del Evangelio desaparecerá bajo la avalancha de una ciencia humana.

Pero, si no lo poseen, ¿Cómo pueden transmitirlo? ¿Qué darán a los fieles estos pajares hinchados? ¡Nada sino paja!  ¿Qué alimento podrán tener los corazones de los fieles? El suficiente para arrastrar una vida lánguida. ¿Qué fruto producirán de esta enseñanza y de este conocimiento imperfecto del Evangelio? Un enfriamiento de los corazones.

Una infiltración de doctrinas heréticas en vez de la Única y verdadera Doctrina. Una preparación del terreno para la Bestia, para su fugaz reino de hielo, tinieblas y horror.

1maitreya001

En verdad os digo que de la misma manera que el Padre y Creador multiplica las estrellas para que el cielo no se quede sin alguna de ellas, cuando han terminado su ciclo de vida y perecen; De igual manera, Yo tendré que evangelizar muchísimas veces a discípulos a los que distribuiré entre los hombres y a lo largo de los siglos.

Y también en verdad os digo que el destino de éstos será como el mío: es decir, la sinagoga y los soberbios los perseguirán como me han perseguido a Mí. Pero tanto Yo como ellos tenemos nuestra recompensa: la de hacer la Voluntad de Dios y la de servirle hasta la muerte de cruz; para que su gloria resplandezca y el conocimiento de Él no se apague.

Pero tú Pontífice y vosotros Pastores, en vosotros y en vuestros sucesores; velad para que no se pierda el espíritu del Evangelio. Rogad sin cesar al espíritu Santo,  para que se renueve en vosotros un constante Pentecostés.

pentecost1

Ahora no sabéis lo que estoy diciendo, pero pronto lo sabréis…  De forma que podáis comprender todos los idiomas y discernir y saber escoger mis voces, de las del Eterno Simio de Dios: Satán. Y no dejéis que caigan en el vacío mis voces futuras. Cada una de ellas es un acto de misericordia mía para ayudaros… Y esas voces, tanto más numerosas serán, cuanto juzgue Yo por razones divinas, que el Cristianismo las necesita para superar  y vencer las borrascas que con el paso de los siglos, más numerosas serán.           

¡Pastor y nauta, Pedro! Pastor y nauta. Llegará el día en que no te bastará con ser pastor, si no eres nauta; ni con ser nauta, si no eres pastor. Ambas cosas deberás ser: para mantener congregados a los corderos.

SUEOS_~1

Esos corderos que tentáculos y garras feroces tratarán de arrebatarte o que falaces melodías de promesas imposibles te seducirán.

Y para llevar adelante la barca, esa barca que será embestida por todos los vientos: de Septentrión y Meridión, de Oriente y Occidente; azotada y sacudida por las fuerzas del abismo; asaeteada por los arqueros de la Bestia; lamida por el aliento de fuego del dragón, que barrerá sus bordes con su cola, de tal forma que los imprudentes sufrirán el fuego y perecerán cayendo a las enfurecidas olas.

Pastor y nauta en los tiempos tremendos… Tu brújula, el Evangelio. En él están la Vida y la Salvación. Y todo está dicho en él. Todos los artículos del Códice Santo, todas las respuestas para los múltiples casos de las almas están en él. Y haz que de él no se separen ni los Sacerdotes ni los fieles. Haz que no vengan dudas sobre él, ni alteraciones a él, ni sustituciones ni sofisticaciones.

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El Evangelio… Soy Yo mismo el Evangelio. Desde Mi nacimiento hasta la muerte. En el Evangelio está Dios. Porque en él aparecen manifiestas las obras del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. El Evangelio es amor. Yo he dicho: “Mi Palabra es Vida”. He dicho “Dios es caridad”. Que conozcan pues, los pueblos mi Palabra y tengan en ellos el amor. O sea, a Dios.

Para tener el Reino de Dios. Porque el que no está en Dios no tiene en sí la Vida. Porque los que no reciban la Palabra del Padre, no podrán ser una sola cosa con el Padre, conmigo y con el Espíritu Santo en el Cielo. Y no podrán pertenecer a ese único Redil que es santo como Yo quiero que lo sea. No serán sarmientos unidos a la Vid, porque quien rechaza en su totalidad o parcialmente mi Palabra es un miembro por el que ya no circula la savia de la Vid.

Mi Palabra es savia que nutre y hace crecer y fructificar.

Todo esto lo haréis en recuerdo de Mí, que os lo he enseñado. Mucho más podría deciros sobre estas cosas. Pero me he limitado a echar la semilla.

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El Espíritu Santo la hará germinar. He querido daros Yo la semilla, porque conozco vuestros corazones y sé cómo titubearíais a causa del miedo, por indicaciones espirituales, inmateriales. El miedo a caer en engaño paralizaría vuestra voluntad. Por eso os he hablado Yo primero de todas las cosas. Luego el Paráclito os recordará mis palabras y os las ampliará detalladamente. Y no temeréis porque recordaréis que la primera semilla os la di Yo.

Dejaos guiar por el Espíritu Santo. Si mi Mano os ha guiado con dulzura, su Luz es dulcísima. Él es el Amor de Dios. Así Yo me marcho contento, porque sé que Él ocupará mi lugar y os guiará al conocimiento de Dios.

ESPRIT~1

Todavía no lo conocéis, a pesar de que os haya hablado mucho de Él. Pero no es culpa vuestra. Vosotros habéis hecho de todo por comprenderme y por eso estáis justificados, a pesar de que hayáis comprendido poco en tres años.

La falta de la Gracia ofuscaba vuestro espíritu. Ahora también comprendéis poco, aunque la Gracia de Dios haya descendido de mi cruz sobre vosotros. Tenéis necesidad del Fuego.

Un día hablé de esto a uno de vosotros, yendo por los caminos de las orillas del Jordán.

La hora ha llegado. Vuelvo a mi Padre, pero no os dejo solos, porque os dejo la Eucaristía, o sea: a vuestro Jesús hecho alimento para los hombres.

Y os dejo al Amigo: al Paráclito. Él os guiará. Paso vuestras almas de mi Luz a su Luz y Él llevará a cabo vuestra formación.

Todos están desolados y dicen:

–           ¿Nos dejas ahora?

–           ¿Aquí?

–           ¿En este monte?

Jesús contesta:

–           No. Todavía no. Pero el tiempo vuela y pronto llegará ese momento.

Isaac extiende sus manos y suplica de rodillas:

–           ¡No me dejes en la Tierra sin ti, Señor! Te he querido desde tu Nacimiento hasta tu Muerte, desde tu Muerte hasta tu Resurrección y siempre. Pero ¡Demasiado triste sería saber que no estuvieras ya entre nosotros! Escuchaste la oración del padre de Eliseo. Has acogido las peticiones de muchos. ¡Acoge la mía, Señor!

–           La vida que todavía podrías tener sería predicación de mí, quizás gloria de martirio. Supiste ser mártir por amor a mí cuando era niño, ¿Temes ahora serlo por amor a mí glorioso?

–           Mi gloria consistiría en seguirte, Señor. Soy pobre e ignorante. Todo lo que podría dar lo he dado con buena voluntad. Ahora lo que querría sería seguirte. Pero hágase como Tú quieres, ahora y siempre.

Jesús pone su mano sobre la cabeza de Isaac y la mantiene haciendo una larga caricia mientras dice a todos los presentes:

–           ¿No tenéis preguntas que hacerme? Son las últimas lecciones. Hablad a vuestro Maestro… ¿Veis como los pequeños tienen confianza conmigo?

En efecto, también hoy Marziam apoya la cabeza en el cuerpo de Jesús, pegándose fuertemente a Él e Isaac tampoco ha mostrado reticencia en exponer su deseo.

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Pedro dice:

–           La verdad… Sí… Tenemos preguntas que hacerte…

–           Os escucho. Preguntad.

–           Sí… Ayer al declinar del día cuando nos dejaste, estuvimos hablando entre nosotros sobre lo que habías dicho. Ahora otras palabras se acumulan en nosotros por lo que acabas de decir. Ayer y también hoy, si lo pensamos bien, has hablado como si fueran a surgir herejías y divisiones y pronto además. Esto nos hace pensar que tendremos que ser muy prudentes con los que quieran incorporarse a nosotros. Porque está claro que en ellos estará la semilla de la herejía y de la división.

–           ¿Lo crees? ¿Y no está dividido ya Israel respecto a venir a mí? Tú quieres decir que el Israel que me ha querido nunca será hereje y nunca estará dividido. ¿No? Pero, ¿Acaso ha estado unido alguna vez desde hace siglos?, ¿Acaso estuvo unido incluso, en los momentos de su antigua formación? ¿Y ha estado unido en seguirme? En verdad os digo que está en él la raíz de la herejía.

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Pero…

–           Pero es idólatra y vive en la herejía desde hace siglos, bajo apariencia externa de fidelidad. Ya conocéis sus ídolos y sus herejías. Los gentiles serán mejores. Por eso, Yo no los he excluido y os digo que hagáis lo que Yo he hecho.

Esta será para vosotros una de las cosas más difíciles. Lo sé. Pero, traed a vuestra memoria a los profetas. Profetizan la vocación de los gentiles y la dureza de los judíos (Isaías 45, 14-17; 49, 5-6; 55, 5; 60: Jeremías 16, 19-21; Miqueas 4, 1-2; Sofonías 3, 9-10; Zacarías 8, 20-23. Y profetizan le dureza de los judíos; por ejemplo, en: Éxodo 32, 7-10; 33, 5; 34, 8; Deuteronomio 9, 1- 14; 31, 24-27; 2 Crónicas 30, 7-8; 36, 14-16; Jeremías 3, 6-25; 4, 1-4; 7, 21-28; Ezequiel 2, 3-8; 3, 4-9; 6, 11-14; 7, 15-27; 8,- 11, 2-12; 20; 22). ¿Qué razón tendríais para cerrar las puertas del Reino a los que me aman y se acercan a la Luz que su alma buscaba?

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¿Los creéis más pecadores que vosotros porque hasta el momento no han conocido a Dios; porque han seguido su religión y la seguirán hasta que no se vean atraídos por la nuestra? No debéis hacerlo. Yo os digo que muchas veces son mejores que vosotros; porque profesando una religión que no es santa, saben ser justos.

No faltan los justos en ninguna nación ni religión. Dios observa las obras de los hombres, no sus palabras.

Y si ve que un gentil por justicia de corazón, hace naturalmente lo que la Ley del Sinaí manda, ¿Por qué debería considerarlo abyecto? ¿No es aún más meritorio el que un hombre que no conoce el mandato de Dios de no hacer esto o aquello, porque está mal; se imponga por sí mismo un imperativo de no hacer lo que su razón le dice que no es bueno y lo siga fielmente?…

¿No es esto mayor respecto al mérito relativo de aquel que, conociendo a Dios, fin del hombre, y conociendo la Ley, que permite conseguir este fin, haga continuos compromisos y cálculos para adecuar el imperativo perfecto a la voluntad corrompida?

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¿Os parece que Dios tenga en cuenta las tretas que Israel ha puesto a la obediencia, para no tener que sacrificar mucho su concupiscencia? ¿Os parece bien que cuando un gentil sale del mundo y aparece justo ante la Presencia de Dios, por haber seguido la ley que su conciencia le dictaba, se le tenga por un demonio?

Os digo que Dios juzgará las acciones de los hombres y YO el Juez de todas las gentes, premiaré a los que sintieron el anhelo en su alma cual ley íntima, para llegar al fin último del hombre, que es reunirse nuevamente con su Creador, con el Dios Desconocido para los paganos; pero que piensan que es el Dios Verdadero y Santo; que vive más allá del escenario en que aparecen los dioses falsos del Olimpo.

Procurad no ser un escándalo para los gentiles. Muchas veces el Nombre de Dios ha sido objeto de befa entre ellos a causa de las obras de los hijos del Pueblo de Dios. No os creáis tesoreros absolutos de mis dones y mis méritos.  He muerto por judíos y gentiles. Mi Reino será para todas las gentes. No abuséis de la paciencia con que Dios os ha tratado hasta este momento diciéndoos a vosotros mismos: “A nosotros todo nos está permitido”.

No. Os lo digo: Ya no existe éste o aquel pueblo.

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Existe mi Pueblo. Y en él tienen el mismo valor los vasos que se han gastado en el servicio del Templo y los que ahora se colocan en las mesas de Dios. Es más, muchos vasos gastados en el servicio del Templo, pero no de Dios serán arrinconados y en vez de ellos; sobre el altar serán colocados los que ahora no conocen ni incienso ni aceite ni vino ni bálsamo, pero están deseosos de llenarse de esto y de ser usados para la gloria de Dios.

No exijáis mucho a los gentiles. Basta con que tengan la fe y con que obedezcan a mi Palabra. Una nueva circuncisión toma el lugar de la antigua. De ahora en adelante, la circuncisión del hombre es la del corazón; la del espíritu…  Mejor aún que la del corazón; porque la sangre de los circuncisos, que significa purificación de aquella concupiscencia que excluyó a Adán de la filiación divina, ha quedado sustituida por mi Sangre purísima; la cual es válida en el circunciso y en el incircunciso en cuanto al cuerpo, con tal de que tenga mi Bautismo y de que renuncie a Satanás, al mundo y a la carne por amor a Mí.

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 No despreciéis a los incircuncisos. Dios no despreció a Abraham, a quien, por su justicia y antes de que la circuncisión mordiera su carne, eligió como jefe de su Pueblo. Si Dios estableció contacto con Abraham (Génesis 12, 1-3.7) para transmitirle sus preceptos cuando era incircunciso vosotros podréis establecer contacto con los incircuncisos para instruirlos en la Ley del Señor. Considerad cuántos pecados han cometido y a qué pecado han llegado los circuncisos. No seáis pues, intransigentes con los gentiles.

–           ¿Pero tenemos que decirles a ellos lo que Tú nos has enseñado? No comprenderán nada, porque no conocen la Ley.

–           Vosotros lo decís. Pero, ¿Acaso ha comprendido Israel, que conocía la Ley y los Profetas?

–           Es verdad.

–           De todas formas, estad atentos. Diréis lo que el Espíritu os sugiera que digáis con toda exactitud; sin miedos, sin querer obrar por propia iniciativa. Y cuando de entre los fieles surjan falsos profetas, los cuales manifestarán sus ideas como si fueran ideas inspiradas y serán los herejes, pues combatid con medios más estables que la palabra sus doctrinas heréticas. Pero no os preocupéis. El Espíritu Santo os guiará. Yo nunca digo nada que no se cumpla.

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¿Y qué vamos a hacer con los herejes?

–           Combatid con todas las fuerzas la herejía en sí misma; pero tratad con todos los medios, de convertir para el Señor a los herejes. No os canséis de buscar las ovejas descarriadas para conducirlas de nuevo al Redil. Orad, sufrid, incitad a orar y a sufrir. Id pidiendo sacrificios y sufrimientos a los puros, a los buenos, a los generosos, porque con estas cosas se convierten los hermanos.

La Pasión de Cristo continúa en los cristianos… No os he excluido de esta gran obra que es la Redención del mundo. Sois todos miembros de un único cuerpo. Ayudaos entre vosotros y quien esté sano y sea fuerte, que trabaje para los más débiles. Y quien esté unido que extienda las manos y llame a los hermanos que están lejos.

–           ¿Pero los habrá, después de haber sido hermanos bajo un mismo techo?

–           Los habrá.

–           ¿Y por qué?

–           Por muchas razones. Llevarán todavía mi Nombre. Es más, se gloriarán de él. Trabajarán por extender el conocimiento de mi Nombre. Contribuirán a que Yo sea conocido hasta en los últimos confines de la Tierra.

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No se lo impidáis, porque os recuerdo que el que no está contra Mí está de mi parte. Pero… ¡Pobres hijos! Su trabajo será siempre parcial; sus méritos, siempre imperfectos. No podrán estar en Mí, si están separados de la Vid. Sus obras serán siempre incompletas.

Vosotros, digo “vosotros” y hablo a los que os sucederán; id a donde estén ellos, no digáis farisaicamente: “No voy para no contaminarme”  o perezosamente: “No voy porque ya hay quien predica al Señor” o temerosamente: “No voy para no ser repelido por ellos”.

Id. Id, os digo. A todas las gentes. Hasta los confines del mundo.  Para que sea conocida toda mi Doctrina y mi única Iglesia. Y las almas tengan la manera de entrar a formar parte de ella.

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¿Y diremos o escribiremos todas tus acciones?

–           Os he dicho que el Espíritu Santo os aconsejará sobre lo que conviene decir o callar según los tiempos. Ya veis que todo lo que he realizado es creído o negado y que algunas veces blandido por manos que me odian, se toma como arma contra Mí.

Me han llamado Belzebú cuando, como Maestro y en presencia de todos, obraba milagros. ¿Qué dirán ahora, cuando sepan que tan sobrenaturalmente he obrado? Seré blasfemado más aún. Y vosotros seríais perseguidos antes de su momento. Por tanto, callad hasta que llegue la hora de hablar.

–           ¿Pero y si esa hora llegara cuando ya nosotros, testigos, hubiéramos muerto?

–           En mi Iglesia habrá siempre sacerdotes, doctores, profetas, exorcistas, confesores, obradores de milagros, inspirados: todo lo que ella requiere para que las gentes reciban de ella lo necesario. El Cielo la Iglesia triunfante, no dejará sola a la Iglesia docente y ésta socorrerá a la Iglesia militante. No son tres cuerpos. Son un solo Cuerpo.

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No hay división entre ellas, sino comunión de amor y de fin: amar la Caridad y gozar de la Caridad en el Cielo, su Reino. Por eso, también la Iglesia militante deberá con amor, aportar sufragios a la parte suya que, destinada ya a la triunfante, todavía se encuentra excluida de ésta por razón de la satisfactoria reparación de las faltas absueltas pero no expiadas enteramente ante la perfecta divina Justicia.

En el Cuerpo Místico todo debe hacerse en el amor y por amor, porque el amor es la sangre que por él circula. Socorred a los hermanos que purgan. De la misma manera que he dicho que las obras de misericordia corporales os conquistan un premio en el Cielo, también he dicho que os lo conquistan las espirituales. Y en verdad os digo que el sufragio para los difuntos, para que entren en la paz, es una gran obra de misericordia, por la cual Dios os bendecirá y os estarán agradecidos los beneficiarios del sufragio.

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Os digo que cuando en el día de la resurrección de la carne, estéis todos congregados ante Cristo Juez, entre aquellos a quienes bendeciré estarán los que tuvieron amor por los hermanos purgantes ofreciendo y orando por su paz.

Ninguna buena acción quedará sin fruto y muchos resplandecerán vivamente en el Cielo sin haber predicado, ni administrado, ni realizado viajes apostólicos, sin haber abrazado especiales estados, sino solamente por haber orado y sufrido por dar paz a los purgantes, por llevar a la conversión a los mortales.

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También estas personas: sacerdotes a quienes el mundo desconoce, apóstoles desconocidos, víctimas que sólo Dios ve, recibirán el premio de los jornaleros del Señor, pues habrán hecho de su vida un perpetuo sacrificio de amor por los hermanos y por la gloria de Dios. En verdad os digo que a la vida eterna se llega por muchos caminos y uno de ellos es éste…  Y muy apreciado por mi Corazón. ¿Tenéis alguna otra cosa que preguntar? Hablad.

–           Señor, ayer y no sólo ayer, pensábamos que habías dicho: “Os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”. Pero ahora somos once…

–           Elegid al duodécimo. Es tarea tuya, Pedro.

–           ¿Mía? ¡Mía no, Señor! Indícalo Tú.

–           Yo elegí a mis Doce una vez y los formé. Luego elegí a su cabeza. Luego les di la Gracia e infundí en ellos el Espíritu Santo. Ahora es tarea suya andar, porque ya no son lactantes incapaces de caminar.

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Pedro pide:

–           Pero dinos, al menos, dónde debemos poner nuestros ojos…

Jesús señala a los setenta y dos que están en círculo alrededor…

Y dice:

–           Mirad, ésta es la parte selecta del rebaño.

Ellos suplican:

–           Nosotros no, Señor.

–           Nosotros no.

–           El puesto del traidor nos da miedo.

–           Tomamos a Lázaro. ¿Quieres, Señor?

Jesús calla.

–          ¿José de Arimatea?

–          ¿Nicodemo?…

Jesús calla.

–           ¡Claro, Lázaro!

Jesús dice:

–           ¿Y al amigo perfecto queréis darle el lugar que vosotros no queréis?

Zelote dice:

–           Señor, quisiera decir algo

–           Habla.

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–           Lázaro, por amor a Ti estoy seguro de ello, tomaría incluso ese lugar y lo ocuparía de una manera tan perfecta, que haría olvidar de quién fue ese puesto. Pero por otros motivos, no me parece conveniente hacerlo. Las virtudes espirituales de Lázaro están en muchos de entre los humildes de tu rebaño.

Y creo que sería mejor dar a éstos la prioridad, para que los fieles no digan que se buscó sólo el poder y las riquezas, cosa de fariseos, en vez de la virtud a secas.

–           Bien has hablado, Simón. Y más aún considerando que has hablado con justicia sin que la amistad con Lázaro te pusiera obstáculos.

–           Pues hacemos a Marziam el apóstol duodécimo. Es ya un jovencito.

Marziam contesta:

–           Yo para borrar ese vacío horrendo, aceptaría; pero no soy digno. ¿Cómo podría hablar yo siendo sólo un jovencito, a un adulto? Señor, di si no tengo razón.

–           Tienes razón. De todas formas, no tengáis prisa. Llegará el momento y os asombraréis entonces de tener todos, un pensamiento común. Orad, mientras tanto Yo me marcho. Retiraos en oración. Me despido de vosotros por ahora. Y esmeraos en estar todos para el decimocuarto de Ziv en Bethania.

Jesús se levanta. Y todos se arrodillan, se postran rostro en tierra, entre la hierba. Los bendice.

Entonces la luz, servidora suya que lo anuncia y precede cuando viene y lo envuelve cuando se marcha, lo abraza y oculta absorbiéndolo una vez más.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

136.- MAREA DE ODIO


1TEMPLO

La entrada de Jesús al Templo de Jerusalén, que está pletórico de gente que ha venido a la Fiesta de los Tabernáculos, no pasa desapercibida. Se levanta un murmullo como una colmena inquieta y sobrepuja las voces de los doctores que están enseñando en el Patio de los Gentiles. La lección se suspende como por encanto.

Y los alumnos de los escribas corren en todas direcciones a llevar la noticia de la llegada de Jesús; de modo que cuando Él entra en al Patio de los Israelitas, diversos Fariseos, escribas y sacerdotes están de pie en las escalinatas para observarlo. No le dicen nada mientras que ora y ni siquiera se le acercan. Tan solo vigilan.

Jesús regresa al Pórtico de los Gentiles y todos se van detrás de Él.

El murmullo se esparce entre la gente. Se oyen aquí y allá, voces aisladas que gritan:

–                       ¡Veis como ha venido!

–                       Es un hombre justo.

–                        No podía faltar a la Fiesta.

–                       ¿Qué ha venido a hacer?

–                       ¿A perturbar más al pueblo?

–                       ¿Estáis contentos ahora?

–                       Ya veis donde está.

–                       ¡Tanto que lo buscasteis!

Voces irónicas. Voces envueltas en veneno que escupen los enemigos… Y luego se apaciguan porque tienen miedo de la gente. Y ésta, después de una prueba clara en favor del Maestro, teme las represalias de los poderosos. Es el reino del miedo recíproco…

El único que no tiene miedo es Jesús.

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Camina despacio, con majestad, al lugar a donde se dirige. Parece un poco absorto en Sí. Pero acaricia a los niños y sonríe a los ancianos, que lo saludan bendiciéndolo.

En el Pórtico de los Gentiles, de pie entre un grupo de alumnos, está Gamaliel. Éste levanta su cara y sus profundos ojos de pensador, se fijan por un instante en el rostro tranquilo de Jesús. Una mirada escudriñadora. Atormentada…

Jesús la siente y se vuelve. Lo mira.

Las miradas se encuentran…

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Los ojos de zafiro de Jesús, con su mirada franca, dulce. Que deja que se le escudriñe.

Los ojos negrísimos de Gamaliel, con su mirada impenetrable; ansia por conocer y descubrir el misterio que para él, es el Rabí Galileo. Fue solo un instante…

Jesús continúa su camino y el rabí Gamaliel, reclina su cabeza sobre el pecho, sordo a las preguntas de sus discípulos. Se sumerge en sus pensamientos y con sus brazos cruzados sobre el pecho, parece ausente a lo que lo rodea.

Jesús va al lugar que ha escogido. Con una columna a su espalda. De pié en la grada más alta en el fondo del Pórtico. El lugar menos buscado.

Y se pone a predicar… Su discurso es el eco amplificado del que dijera veinte años atrás, cuando rodeado de doctores, el Niño Jesús convenciera de que Él era el Mesías a Hillel  y a un Gamaliel más joven…

HILLEL (1)

Habla de la venida del Reino de Dios y de la preparación a este Reino. De la Profecía de Daniel. Del Precursor que predijeron los Profetas. Recuerda la estrella de los Sabios. La Matanza de los Inocentes en Belén. Las señales de que el Mesías ha llegado a la Tierra. La muerte del Precursor. Y los milagros que confirman que Dios está con su Mesías.

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Jamás ataca a sus contrarios. Parece como si no los viera. Habla para confirmar en la Fe a sus seguidores e iluminar a los que sin culpa, todavía no lo ven.

Sus enemigos le hacen preguntas capciosas y maliciosas tratando de interrumpirlo, pero Él continúa como si no los oyera.

Un Fariseo le dice:

–                       Tú, Maestro. ¿No desciendes acaso de David y naciste en Belén?

Jesús responde lacónicamente:

–                       Tú lo has dicho.

–                       Entonces satisface nuestras esperanzas. Comprendes que callar no es cosa buena porque favorece las nubes de duda que hay en los corazones.

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–                       No de duda. De soberbia, que es mucho más grave.

–                       ¿Cómo? ¿Dudar de Ti es menos grave que ser soberbios?

–                       Sí. Porque la soberbia es lujuria de la mente. Y es el pecado mayor. Es el mismo Pecado de Lucifer. Dios perdona muchas cosas. Su luz resplandece amorosa para iluminar las ignorancias y ahuyentar las dudas. Pero no perdona la soberbia que se burla, creyéndose superior a Él.

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Varios gritan:

–                       ¿Quién dice entre nosotros, que Dios sea más pequeño que nosotros?

–                       No blasfemamos…

Jesús levanta su Voz majestuosa:

–                       No lo decís con los labios, pero lo confirmáis con vuestras acciones. Queréis decir a Dios: “No es posible que el Mesías sea un Galileo. Un hombre de pueblo. No es posible que sea éste.”  Yo pregunto: ¿Qué cosa hay imposible para Dios?…

La Voz de Jesús parece un trueno. Si antes estaba un poco como decaído, apoyado como un hombre cansado sobre la columna…  Ahora se yergue. Se separa de ella. Levanta majestuoso la cabeza y atraviesa a la multitud con sus ojos fulgurantes. Todavía está sobre la grada, pero su aspecto se ha vuelto grandioso, como un Rey Poderoso.

La gente retrocede espantada. Y nadie responde a la última pregunta.

Luego, un rabino pregunta con una risa falsa y solapada:

–                       La lujuria se realiza entre dos. ¿Con quién la realiza la mente? No es corpórea. ¿Cómo puede pecar lujuriosamente? ¿Siendo incorpórea, con quién se junta para pecar?

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–                       ¿Con quién? Con Satanás. La mente del soberbio fornica con Satanás, contra Dios y contra el amor.

Pero los Fariseos apenas han empezado. Acribillan a Jesús con preguntas que Él contesta con Divina Sabiduría, dejándolos furiosos y derrotados…

Un murmullo corre entre la gente.

Gamaliel levanta la cabeza y mira fijamente a Jesús. Una mirada que ya no se aparta de Él y que sigue la escaramuza con los Fariseos con mucha atención. Después de una larga y rabínica disputa…

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Jesús concluye:

–                       … Pero vosotros no comprendéis estas cosas porque no queréis. Vámonos.

Vuelve la espalda a todos y se dirige a la salida. Lo siguen sus apóstoles y sus discípulos que lo miran con tristeza.

Y sus enemigos lo ven marcharse con enojo y mucho odio. Una marea de odio feroz, que crece siempre más…

Él, pálido y sonriendo les dice:

–                       No estéis tristes. Sois mis amigos. Y hacéis bien en serlo, porque mi tiempo se acerca a su fin…

Al día siguiente…

El Templo está más lleno de gente, que el día anterior. Y todos miran constantemente hacia la puerta. Los doctores bajo los portales se esfuerzan en levantar su voz para llamar la atención y lucir su elocuencia. Pero la gente no les hace caso. Y ellos se dirigen entonces a sus alumnos.

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Gamaliel está en su sitio, pero no habla. Pasea de un lado a otro sobre la rica alfombra, con los brazos cruzados. La cabeza inclinada, meditando. Su vestido blanquísimo, es largo y mucho más el manto, que lleva suelto. Retenido a la espalda por fíbulas de plata y  que empuja con el pie cuando da vuelta.

Sus discípulos, apoyados contra el muro, lo miran en silencio reverentes. Respetando los pensamientos en que está absorto su maestro.

Los Fariseos y sacerdotes van y vienen.

Varios gritan:

–                       ¡Allá viene! ¡Por la Puerta Dorada!

–                       ¡Vamos a su encuentro!

–                       Yo me quedo aquí.

–                       Va a venir a hablar y no pierdo mi lugar.

Jesús se acerca lentamente. Pasa cerca de Gamaliel que no levanta su cabeza y va al mismo lugar de ayer.

Cuando Jesús empieza a hablar se forma una confusión.

Los enemigos se adelantan para aprehenderlo y pegarle…

Los apóstoles, los discípulos, la gente, los prosélitos y los gentiles, reaccionan para defenderlo.

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Acuden otros en ayuda de los primeros y tal vez lo hubieran logrado, si Gamaliel que parecía no poner atención, sale de su alfombra y va hacia donde está Jesús que es empujado hacia el Pórtico, por quien lo quiere defender.

Gamaliel, el que es considerado el más grande Doctor de Israel, grita:

–                       Dejadlo en paz. Quiero oír lo que dice.

La voz de Gamaliel logra más que el pelotón de legionarios, que han acudido a calmar el tumulto…  Que se apaga cómo nació y la gritería se transforma en un ruido confuso. Los legionarios por prudencia, se quedan cerca de la valla exterior.

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Gamaliel ordena a Jesús:

–                       Habla. Responde a quien te acusa. –el tono es imperioso.

Pero sin acento de burla.

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Jesús se adelanta hacia el Patio… Tranquilo, vuelve a tomar la palabra.

Gamaliel se queda dónde está y sus discípulos se apresuran a llevarle la alfombra y el banquillo, para que esté más cómodo. Se para en ella con los brazos cruzados, la cabeza inclinada, los ojos cerrados, atento solo a escuchar.

Jesús empieza a hablar y Gamaliel hace que le traigan una tablilla y pergaminos. Y se sienta a escribir…

Jesús empieza un largo discurso:

–                       … Vosotros, lo sé. No veis en Mí, sino un hombre semejante a vosotros. Inferior a vosotros… Y os parece imposible que un hombre pueda ser el Mesías…

Jesús habla de su filiación con el Padre. De su Divinidad Encarnada. De Misión de Redentor… Del Dios que se inmola a sí Mismo para la salvación del hombre. De que es su alegría Hacer la Voluntad del Padre.

Gamaliel escribe sin parar durante el larguísimo discurso.

Jesús concluye:

–                       … ¡Padre, Padre mío! ¡Heme aquí para hacer tu Voluntad! Y te lo repetiré hasta que tu Voluntad sea cumplida.

Jesús, que al decir estas palabras había levantado sus brazos hacia el Cielo, los baja ahora y los recoge sobre su pecho. Inclina la cabeza, cierra los ojos y se absorbe en una oración secreta.

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La gente cuchichea. No todos han comprendido, pero intuyen que ha anunciado grandes cosas y se callan admirados.

Los malos que no han comprendido o no han querido comprender, se ríen con sarcasmo y dicen:

–                       ¡Delira!  -pero no se atreven a decir más.

Y se van moviendo la cabeza. Esta prudencia es el resultado de las lanzas romanas que brillan al sol, en la muralla del fondo.

Gamaliel se abre paso entre los que han quedado. Llega hasta donde está Jesús absorto en Oración, lejano de la multitud y del lugar y lo llama con ansiedad…

Gamaliel dice:

–                       ¡Rabbí Jesús!

Jesús levanta su cabeza con los ojos todavía absortos en una visión interna y pregunta:

–                       ¿Qué se te ofrece, rabí Gamaliel?

–                       Una explicación tuya.

–                       Habla.

–                       ¡Retiraos todos!   -ordena Gamaliel con tal tono…

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Que apóstoles, discípulos, seguidores, curiosos y hasta sus propios discípulos, rápidamente se separan.

Quedan solo ambos frente a frente. Se miran. Jesús siempre manso y dulce. El otro, autoritario por costumbre y soberbio en apariencia… Cosas que le han venido por los tantos años en que ha sido reverenciado hasta la exageración.

Gamaliel dice:

–                       Maestro… Me han referido las palabras que dijiste en el banquete donde  pretendieron hacerte rey. Que desaprobé porque no era sincero. Combato o no combato, pero siempre abiertamente. He meditado en esas palabras. Las he confrontado con las que viven en mi memoria… Te he esperado aquí. Para preguntarte algo sobre ellas. Primero quise oírte hablar. Ellos no comprendieron. Espero haberlo podido yo. Escribí tus palabras, según la dijiste. Para meditarlas y no para hacerte ningún mal. ¿Me crees?

Jesús responde:

–                       Te creo. Y quiera el Altísimo hacerlas resplandecer en tu espíritu.

–                       Así sea. Oye, ¿Las piedras que deben estremecerse, son acaso las de nuestros corazones?

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Jesús rechaza:

–                       No rabí. Estas. -Y señala las murallas del Templo siguiendo su configuración- ¿Por qué lo preguntas?

–                       Porque mi corazón se ha estremecido cuando me refirieron tus palabras del banquete. Y tus respuestas a los que te tentaron… Creí que aquel estremecimiento fuese la señal…

–                       No rabí. Es muy poco el estremecimiento de tu corazón y el de otros pocos, para ser la señal que no deje dudas… Aun cuando tú con un gesto de humilde reconocimiento de ti mismo, llamas piedra a tu corazón. –Jesús mira con amor infinito al doctor y pregunta- Rabí Gamaliel, ¿De veras no puedes hacer de tu corazón hecho piedra, un altar luminoso que acoja a Dios? No porque Yo reciba algo útil, rabí. Sino para que tu modo de obrar sea perfecto…

Jesús observa dulcemente al viejo maestro que se coge la barba, se pasa los dedos por la frente, con una agonía interior llena de angustia… Finalmente murmurando con la cabeza inclinada…

Gamaliel dice despacio:

–                       No puedo. Todavía no puedo…  Más espero… ¿Darás de todos modos esa señal?

–                       La daré.

–                       Adiós Rabí Jesús.

–                       El Señor venga a Ti, rabí Gamaliel.

Jesus y Fariseos

Se separan.

Jesús hace una señal a los suyos y sale con ellos del Templo.

Escribas, Fariseos, sacerdotes, discípulos de los rabinos, se precipitan como otros tantos buitres en torno a Gamaliel, que está metiendo dentro de la cintura, los pergaminos escritos.

Todos dicen al mismo tiempo:

–                       ¿Y bien?

–                        ¿Qué te parece?

–                       ¿Un loco?

–                       Hiciste bien en haber escrito sus delirios.

–                       Nos servirán.

–                        ¿Estás decidido?

–                       ¿Persuadido? Ayer…

–                       Hoy…

–                       Hay más que suficiente para persuadirte.

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Todos hablan al mismo tiempo.

Gamaliel se calla mientras se arregla la cintura. Tapa el tintero que tiene colgando. Entrega a su discípulo la tablilla, sobre la que se había apoyado para escribir sus pergaminos.

–                       ¿No respondes?  Desde ayer no hablas… -insiste un colega suyo.

Gamaliel contesta:

–                       Escucho. No a vosotros. A Él…  Y trato de reconocer en sus palabras de ahora. Las palabras que un día me habló. Aquí… En este mismo lugar… Era el Mesías Encarnado en un niño y yo lo supe entonces…

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Varios se ríen y preguntan:

–                       ¿Y acaso las encuentras?

–                       Es algo así como un trueno que tiene diverso rumor, según está más cerca o más lejos. Pero siempre es un rumor de trueno.

Alguien dice con tono de burla:

–                       Luego, a ninguna conclusión llegan.

Gamaliel reprende:

–                       No está bien, Leví. Aún en el trueno puede estar la Voz de Dios. Y nosotros somos tan necios que la tomemos como un rumor de nubes que se rompen. Tampoco te rías tú, Elquías; ni tú, Simón Boetos, no sea que el trueno se cambie en rayos, os fulmine y os haga cenizas…

Los aludidos cuestionan:

–                       ¿Entonces tú?

–                       ¿Cómo qué quieres insinuar que el Galileo es aquel Niño que tú y Hillel tomasteis por profeta?

–                        ¿Y qué ese niño, esto es, Este Hombre, es el Mesías?…

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Preguntan con burla solapada, porque Gamaliel se impone aun sobre estos ‘grandes’ y se hace respetar…

–                       Yo no afirmo nada… Digo que el rumor de trueno, es siempre rumor de trueno.

–                       ¿Más cercano o más lejano?

–                       ¡Ay de mí! Las palabras son más fuertes, como la edad las supone. Los veinte años que han pasado, han cerrado veinte veces más mi inteligencia al Tesoro que posee. Y el sonido penetra cada vez más débil…

Gamaliel deja caer su cabeza, pensativo…

Todos se echan a reír y dicen:

–                       ¡Ah, ah, ah!

–                       ¡Te estás haciendo viejo y tonto Gamaliel!

–                       Tomas los fantasmas por cosa real.

–                       ¡Ah, ah, ah!

Gamaliel desdeñosamente levanta sus hombros y recoge su amplísimo manto, que le caía por detrás. Se envuelve en él y se va sin agregar palabra. Dándoles despectivo la espalda con su silencio.

Al día siguiente…

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Jesús camina con sus primos al sur de Jerusalén.

Tadeo pregunta:

–                       ¿A dónde vamos Jesús?

Jesús contesta:

–                       A saludar a los galileos que están en el olivar.

Cuando llegan:

–                       La paz sea con vosotros. –dice Jesús saludándolos, mientras acaricia a los niños, que son sus amiguitos de Galilea.

Jesús pregunta a Jairo si la viuda de Afeq, se ha establecido en Cafarnaúm y si tiene al huérfano de Giscala.

Jairo dice:

–                       No lo sé, Maestro. Ya había partido…

Un coro de voces infantiles informa:

–                       Sí. Sí. Llegó una mujer que da mucha miel y reparte caricias a los niños.

–                       Hace tortas.

–                       Van a comer siempre a su casa los niños que iban a la tuya.

–                       El último día nos mostró a un pequeñín.

–                       Compró ya dos cabras para que le den leche.

–                       Nos dijo que el niño es hijo del Cielo y del Señor.

–                       No vino a la Fiesta como deseaba, porque no podía traer consigo al niño.

–                       Pero nos dijo que te dijésemos, que lo amará mucho y que te bendice.

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Los niños de Cafarnaúm forman un enjambre de vocecillas alrededor de Jesús, orgullosos de saber ellos, lo que ni siquiera el arquisinagogo sabe. Y de ser portadores de noticias que el Maestro escucha atentamente…

Jesús responde:

–                       Vosotros le diréis que también Yo la bendigo. Y que ame por Mí a los niños. Vosotros amadla mucho. No os aprovechéis de que sea buena. No la queráis solo por su miel y sus tortas. Sino porque es buena. Tanto que ha comprendido que quien ama a un niño en mi Nombre, me hace feliz. Imitadla todos.

Niños y adultos, pensando siempre que el que acoge a un pequeñín en mi Nombre, tiene un lugar asegurado en el Cielo; porque la misericordia siempre tiene su premio.

Pero la que se tiene con los pequeñuelos, salvándolos no solo del hambre, sed, frío… Sino de la corrupción del mundo, recibe un premio infinitamente mayor… vine a bendeciros antes de que partáis.

Jesús bendice también la comida y los niños comen a su alrededor. Los corazones saborean y tranquilidad y amistad. Y pasan un rato de tranquilidad junto al Maestro al que aman.

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Cuando la comida termina, Jesús se pone de pie, bendice a todos y se despide. El pequeño Benjamín de Mágdala, le tira del vestido para que se incline a escucharlo.

–                       ¿Tienes todavía contigo a aquel hombre malo?

Jesús le dice sonriendo:

–                       ¿Cuál malo? Conmigo no hay malos…

–                       ¡Sí que los hay! Aquel hombre alto y joven, que se reía… ¿Recuerdas? Aquel a quién le dije que era hermoso por fuera, pero muy feo por dentro… ¡Ése es malo!

Tadeo, que está detrás de Jesús, dice:

–                       Se refiere a Judas.

–                       Lo sé. –responde Jesús volviéndose.

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Y luego dice a Benjamín:

–                       Ese hombre está conmigo. Es un apóstol mío. Ahora es muy bueno… ¿Por qué sacudes la cabeza? No se debe pensar mal del prójimo, sobre todo de aquel que no se conoce.

El niño baja la cabeza y se calla.

–                       ¿No me respondes?

–                       A Ti no te gusta que se digan mentiras… y yo te prometí no decirlas. Y he cumplido mi promesa. Pero si ahora te dijese que sí. Que creo que es bueno, diría una cosa que es falsa… Porque pienso que es muy malo. Puedo tener callada la boca para agradarte, pero no puedo evitar que mi cabeza piense en ello.

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El razonamiento es tan claro y lógico en su sencillez infantil, que todos los que lo escuchan, se echan a reír.

Menos Jesús, que suspira y dice:

–                       Bueno. Tú debes hacer una cosa: Rogar para que sea bueno, si es que piensas que es malo… Debes ser su ángel, ¿Lo harás? Si se hace, mejor. Yo me alegraré mucho. Así pues, si ruegas por él, ruegas para que Yo esté contento.

–                       Lo haré. Pero si él es malo y no se hace bueno estando contigo, de nada servirá que yo ruegue.

Jesús trunca la discusión deteniéndose e inclinándose a besar a los niños, una última vez antes de irse…

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Cuando se encuentran solos, Jesús y sus dos primos.

Tadeo dice concluyendo un pensamiento interno:

–                       ¡Tiene razón! ¡Tiene toda la razón! Yo también pienso como él.

Santiago, que iba absorto en otra cosa; le pregunta:

–                       ¿De qué hablas?

–                       De Benjamín. Lo que dijo… ¡Pero Tú no quieres escucharlo! Y también yo te digo que Judas es… Más bien, ¡No es un verdadero apóstol!… No es sincero. No te ama. No…

Jesús dice:

–                       ¡Judas! ¡Judas! ¿Por qué me causas esta aflicción?

Tadeo responde:

–                       Hermano mío, porque te amo. Tengo mucho miedo de Iscariote. Más miedo que de una cobra…

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–                       Eres injusto. Tal vez Yo ya hubiera sido capturado, si él no me hubiese ayudado.

Santiago interviene:

–                       Jesús tiene razón. Judas ha hecho mucho. Se atrajo odios y burlas sin cuento. Trabajó y trabaja por Jesús.

Tadeo afirma:

–                       Yo no puedo convencerme de que Tú seas un tonto. Que tú mientas… me pregunto por qué sostienes a Judas. No hablo por celos, ni por odio. Hablo porque creo que por dentro, él es malo. Que no es sincero… Lo que puedo admitir por amor a Ti, es que está loco… es un pobre loco que hoy delira de un modo y mañana de otro.

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Pero que sea bueno, ¡No lo es! ¡Desconfía de él, Jesús! ¡Desconfía!… Ninguno de nosotros somos buenos. Pero míranos. Nuestros ojos son francos. Nuestra conducta no es voluble, es igual. ¿No te dice nada el hecho, de que los Fariseos no le hagan pagar las burlas que les hace?

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¿No significa nada para Ti que los del templo, no reaccionen contra sus palabras? ¿Tampoco que tenga siempre amigos entre aquellos a quienes aparentemente ofende? ¿Ni que siempre traiga mucho dinero? No me refiero a nosotros dos… Pero ni siquiera a Nathanael que es rico y a Tomás a quien no le faltan los medios, tienen solo lo necesario… Pero él… él… ¡Oh!…

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Jesús no dice nada…

Santiago confirma:

–                       En parte mi hermano tiene razón, Maestro. Es cierto que Judas siempre encuentra el modo de… estar solo. De ir solo… de… Pero no quiero murmurar ni juzgar. Tú lo sabes…

Jesús dice:

–                       Sí. Lo sé. Y por eso he dicho que no quiero juicios. Cuando estéis en el mundo en mi lugar, encontraréis gente más rara que Judas. ¿Qué apóstoles vais a ser si las evitáis porque son raras? ¿Y cómo las convertiréis?…

Lo interrumpe un joven que sube hacia el Getsemaní:

–                       La paz sea contigo Maestro. ¿No me conoces?

–                       ¿Tú? ¡Tú eres el levita que estuvo con nosotros el año pasado, junto con el sacerdote Juan!

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–                       Exacto. Soy yo. ¿Cómo me has reconocido, Tú que tienes un mundo a tu alrededor?

–                       Jamás olvido las características de las caras y de las almas.

–                       ¿Cuál es la de mi alma?

–                       Buena. Pero insatisfecha. Estás cansado de lo que te rodea. Tu espíritu tiende a cosas mejores. Quieres la Luz. Sientes que es la hora de decidirse por un bien Eterno.

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El joven cae de rodillas ante Jesús:

–                       Maestro, lo has dicho. Es verdad. Lo traigo en el corazón. Y no sabía decidirme. El viejo sacerdote Jonathás, creyó y luego murió. Era viejo. Yo soy joven. Te oí hablar en el Templo… No me rechaces Señor. porque no todos los de ahí, te odian. Y yo soy de los que te aman. Dime qué debo hacer siendo levita…

LEVITA

–                       Cumplir con tu deber hasta la   Nueva Era. Piensa que al venir a Mí, no sales al encuentro de una gloria terrena, sino al del dolor. Si perseveras tendrás gloria en el Cielo. Instrúyete en mi Doctrina. Confírmate en Ella…

–                       ¿Con qué?

levitas

–                       El Cielo mismo te confirmará con sus señales. Procura conocer y practicar lo que he enseñado. Haz esto y conseguirás la Vida Eterna.

–                       Lo haré Señor. pero, ¿Puedo seguir sirviendo en el Templo?

–                       Te lo acabo de decir… Hasta la   Nueva Era.

–                       Bendíceme, Maestro. Será mi nueva consagración.

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Jesús lo bendice y lo besa. Se separan.

Cuando queda nuevamente solo con sus apóstoles les dice:

–                       ¿Veis? Así es la vida de los operarios del Señor. Hace un año que es ese corazón vacío cayó la semilla y no pareció que hubiera sido victoria, porque no brotó al punto. Después de un año, ved lo que sucede. Y que esto sirva para confirmar lo que hace poco os venía diciendo…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA