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39.- UNA TRAMPA MORTAL


00roma-imperialAl día siguiente de la Fiesta Flotante, Nerón decidió irse a Anzio y declaró que al tercer día se iría sin falta.

Y dio a los augustanos la lista de los invitados.

Petronio está por ir a la casa de Marco Aurelio, cuando le avisan que llegó un cisio y una invitación.

Al leerla frunció el ceño con preocupación y luego dijo a Aurora que se arregle, porque van a ir juntos a un evento muy importante.

En realidad lo único que ella hizo, fue cambiar su túnica por una de gran gala y adornarse con joyas más apropiadas, pues como todo en la casa de Petronio, siempre está preciosa y engalanada como una gran señora.

Cuando llegan a la casa de su sobrino, pocos minutos después llega el carruaje adornado y con la novia.

Marco Aurelio está más elegante que nunca… Y espera a la entrada de la casa, bajo un arco adornado con mirtos y rosas blancas.

Ayudan a bajar a Actea que trae un hermoso vestido color malva y luce llena de joyas en las que resplandecen amatistas y diamantes.

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Luego sigue la novia. Alexandra trae un vestido adornado con una greca recamada con hilos de plata y perlas. Blanco sobre blanco. Sus joyas hacen juego con una diadema cuajada de zafiros y esmeraldas, que realzan aún más su deslumbrante belleza.

Un finísimo velo blanco, bordado en plata y que parece de seda, le pende de la cabeza hasta los pies. Realmente parece una reina.

Marco Aurelio la admira embelesado. Avanza hasta situarse frente a ella y le da la mano.

El cortejo entra en la casa, que ha sido adornada espléndidamente. Adelante los novios. Le siguen Actea y unas doncellas. Enseguida Petronio y Aurora.

Completan el cortejo nupcial, Pedro y Bernabé, Mauro y otros cristianos.

La ceremonia es más bien íntima, porque los invitados no son muchos.

Hay música, cantos, danzas, ceremonia de saludos y aspersiones. Se paran frente al Lararium.

Los dos se dan la mano y dicen la frase ritual: “Donde estés tú Cayo, allí estoy yo, Caya.”

Luego continúan caminando alrededor del atrium y recorren los nichos de los antepasados de Marco Aurelio.

Siguen pasando bajo arcos adornados a lo largo de toda la casa. Marco Aurelio preside como si fuera un sacerdote.

En el umbral ofrecen dones: una roca y un huso que les da Actea.

En el jardín posterior están todos los siervos, que les dan la bienvenida y se inclinan ante ella, en señal de sumisión.

Llegan hasta el triclinium y empieza el banquete.

Alexandra sonríe a su esposo, que le habla y que la mira con amor.

Exquisitas viandas son servidas y escanciados finos licores. Los sirvientes se esmeran en que todos estén cómodos y bien atendidos. Los novios están radiantes.

Marco Aurelio les platica el  incidente que tuvo con sus esclavos el día de su regreso a su casa y finaliza diciendo:

–           Ahora todos son libres. Y algo me ha llamado la atención: el perdón que les otorgué no solo NO los volvió insolentes, sino que ni siquiera perturbó la disciplina.

Y he comprobado una cosa: Que jamás el terror les hizo prestar el servicio más esmerado que ha seguido a la gratitud. Ahora no solo me sirven bien, sino que parecen rivalizar entre ellos para ver quién adivina primero mis deseos.

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Actea y Pedro platican animadamente.

Petronio, contra su costumbre está callado y pensativo…

Marco Aurelio lo nota y le dice:

–           ¿No estás feliz por mi boda? ¿Por qué estás tan preocupado?…

Petronio lo observa con una mirada inescrutable…

–           Te lo diré más tarde. –contesta dándole un trago a su copa de vino.

Hacia el atardecer, los músicos descansan un rato.

Y Marco Aurelio le pide a Petronio que le diga el motivo de su preocupación.

Agrega:

–           Puedes hablar con libertad. Todas las personas presentes aquí, son de mi absoluta confianza.

Petronio le alarga la lista de los invitados al viaje a Anzio…

Y dice:

–           Partiremos mañana muy temprano.

Marco Aurelio se la devuelve diciendo:

–          Mi nombre figura en ella y también el tuyo. Hoy la trajeron también aquí.

–           Si yo no estuviera entre los invitados, eso significaría que llegó mi hora de morir. Pero parece que aún le soy útil a Nerón. Apenas acabamos de llegar a Roma y ya nos vemos obligados a irnos de nuevo, ahora hacia Anzio.

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Actea interviene:

–           Pero es necesario ir. Esa no es una invitación. Es una orden.

Marco Aurelio pregunta con un tono casi desafiante:

–           ¿Y qué pasaría si alguien se negase a obedecer?

Actea concluye lacónica:

–           Se le invitaría a hacer un viaje notablemente más largo y del cual NO hay regreso.

Marco Aurelio lleva sus manos hacia su cabeza, con un gesto de desesperación…

Se siente totalmente derrotado y dice:

–           Tendré que ir a Anzio… ¡Ahora! –Suspira con impotencia- ¡Considerad que tiempos vivimos y cuán viles esclavos somos!

Petronio interviene:

–           ¿Hasta ahora te das cuenta? Yo he dicho en el Palatino que estás enfermo, imposibilitado para salir de casa y sin embargo te están convocando. Esto prueba que en el Palacio alguien no da crédito a mis palabras y está tomando participación directa para solicitarte.

A Nerón le importa muy poco, puesto que solo eres un soldado sin nociones de poesía o de música y con quién a lo sumo, hablaría de las carreras en el circo. Lo más probable es que sea Popea la que ha puesto allí tu nombre. Y eso significa…

Petronio calla con un silencio más que significativo.

Pero Marco Aurelio comprende…

Él para ella, ahora es un capricho y persiste en hacer su conquista.

Moviendo la cabeza de un lado para otro, piensa: “¡Vaya, vaya! ¡Intrépida la Augusta!”…

Actea declara:

–           Significa  que Alexandra está en peligro. Popea es maligna y vengativa.

Marco Aurelio dice preocupado:

–           Yo no puedo arriesgarla.

Pedro aconseja con calma:

–           Ve a ese viaje. No desafíes al César y NO te preocupes por Alexandra. La llevaremos a casa de Acacio, el obispo. Tú NO temas al César, pues en verdad te digo que no ha de caer un solo cabello de tu cabeza.

Marco Aurelio contesta con ansiedad:

–           En Anzio yo tengo una casa de campo. Está muy cerca de la de Nerón. Yo quiero terminar mi instrucción.

Pedro, esa casa está a tu disposición. Ya NO podré ir a la escuela de Apolonio, ni a la Puerta del Cielo. Enviaré la mayor parte de mi ‘familia’ para allá y yo quiero recibir el Bautismo. ¿Cómo le hago?

–           Hay unos obispos que viajarán a Grecia y a Cartago. Te enviaré a Acacio y a Lucano el médico, para que prosigan con tu enseñanza. Todo estará bien. Ya lo verás…

Marco Aurelio mira a Alexandra con absoluto desconsuelo…

Y dice casi con ganas de llorar:

–           ¡Ay, amor mío! Entonces… -Y luego se vuelve hacia Bernabé:

–          Guárdala como la luz de tus ojos, pues ella es mi domina igual que la tuya.

luego toma la mano de su esposa. La besa y le dice:

–      Reina mía, necesito protegerte. Volveré. Volveré para ti, te lo prometo.

Enseguida, llama a Demetrio el mayordomo y le indica:

–        Enviarás a las prisiones rurales, una orden de indulto general. Que caigan los grilletes a los pies de los presos. Les darás suficiente alimento y cuando estén listos, reintégralos al servicio. Hoy es para mí un día de felicidad. Y quiero que vibre la alegría en nuestra casa.

Los llevarás luego al Pretor y les darás a ellos, lo mismo que has recibido. Les dirás también, que es el Regalo de mi esposa y la reina de esta casa.

Más tarde la fiesta termina y los invitados se retiran.

Alexandra y Marco Aurelio se reúnen unos minutos en la biblioteca, para despedirse en la intimidad.

Y cuando salen, la novia aún con su vestido nupcial, se retira en otro carruaje con Pedro, Isabel y Mauro.

Actea regresa al Palatino.

Marco Aurelio, con Petronio y Aurora, se quedan solos en la biblioteca.

Petronio comenta:

–           Barba de Bronce está ronco y maldice a Roma. Está desesperado y reniega de todo lo que le rodea. Ayer se empecinó en igualar a Paris como danzante y se puso a bailar las aventuras de Leda. Durante el baile sudó y luego se resfrió.

¿Puedes imaginar a nuestro Arlequín imperial tratando de ser cisne, con su gran abdomen y sus piernas delgadas y tambaleantes? ¡Y ahora quiere representar en Anzio semejante pantomima!

Marco Aurelio exclama:

–           Ya con haber cantado en público, escandalizó a mucha gente. ¡Pensar que ahora tenemos que aguantar a un César romano actuando como mimo!

–           Querido mío. Roma todo lo soporta. Ya verás como el Senado también aplaudirá al ‘Padre de la Patria’.

–           Y veremos a la plebe engreída, al ver al César convertido en bufón. Petronio dime tú mismo, ¿Acaso es posible llegar a un mayor envilecimiento?

–           Como tú vives en otro mundo, con Alexandra y los cristianos, es evidente que no sabes la última noticia: Nerón se vistió de novia y se unió públicamente en matrimonio con Pitágoras. Esto parecería rebasar los límites de la locura ¿Verdad?

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Pues bien. Llamó a los flamines (sacerdotes), quienes celebraron la ceremonia con toda la solemnidad y Nerón la presidió.  Soy de mucho aguante y estuve presente en ella. Sin embargo pensé que si los dioses existiesen, algo debiera suceder. Pues lo que no prohíben las leyes, lo prohíbe la honestidad.

Pero no, nada sucedió. El César no cree en los dioses; se siente totalmente impune y… pareciera que tiene razón.

Marco Aurelio dijo con una sonrisa llena de ironía:

–           De manera que Nerón es entonces y en la misma persona: sumo sacerdote, dios y ateo.

Petronio soltó la carcajada y dijo riendo:

–           ¡Vaya! Es verdad. No había pensado en eso. Pero es una combinación como no se ha visto otra igual en el mundo.

Siguió un largo momento de silencio.

Luego Petronio agregó:

–           ¿Sabes que es lo más gracioso? Este sumo sacerdote que no cree en los dioses. Y este dios que los desdeña; siendo ateo, les teme.

Marco Aurelio confirmó:

–           Y prueba de ello es lo que sucedió en el Templo de Vesta.

Y Petronio exclamó con asombro:

–           ¡Y aun así profanó a Rubria!

–           Por eso la invitó a la ‘Fiesta Flotante’ y cambió su lugar por el mío…

Éste último comentario, provocó un silencio lleno de remembranzas…

Y los dos llegaron a la misma conclusión.

Luego, el tribuno agregó en voz alta:

–           Es audaz la Augusta.

Petronio responde sumamente preocupado:

–           Lo es realmente. Porque ello puede ser causa de su propia ruina. Sin embargo, espero que Afrodita le inspire cuanto antes otro amor. Pero entre tanto, puesto que la emperatriz te desea, debes actuar con la mayor cautela.

Barba de bronce ha empezado a cansarse de ella: prefiere a Esporo o a Pitágoras. Pero por consideración a sí mismo, bien podría descargar sobre otros, la más terrible de las venganzas.

Marco Aurelio mueve la cabeza con asombro y concluye:

–           Cuando estábamos bajo aquellos árboles, yo no supe quién me hablaba. Pero tú alcanzaste a escuchar nuestra conversación. Yo le dije que amaba a otra y por eso no le podía corresponder.

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–          Si hubieras herido su vanidad, no habría salvación para ti. ¡Por Zeus! Si llegas a ofender a Popea, te puede estar reservada una muerte terrible.

En otro tiempo me era más fácil conversar contigo y convencerte. En esta emergencia ¿Qué puede haber de malo en que le sigas ligeramente el juego a la Augusta?

¿Acaso esta aventura podría ocasionarte alguna clase de pérdida o privarte de seguir amando a Alexandra? Ten presente además, que Popea la vio en el Palatino y ya sabe por quién la rechazaste. Va a ser capaz de buscarla hasta por debajo de las piedras y serás el causante no solo de tu propia destrucción, sino también de la ruina de Alexandra. ¿Entiendes la gravedad de la situación?

Marco Aurelio reflexiona… Comprende… Intenta decir algo…

Está paralizado por el asombro, pero de su boca no sale un sonido…

Luego palidece y se toma la cabeza entre las manos.

Enseguida  dice con angustia:

–           Si acepto a Popea, Nerón me condenará. Si la rechazo, Popea nos arruinará. ¡Oh!…

Está cazado en una trampa mortal.

Y NO hay salida…

Siguió un silencio muy denso que fue interrumpido por Petronio:

–           ¿Sabes por qué estoy doblemente preocupado? Temo que lo de Popea no sea solo un capricho pasajero. Verás… Hace tiempo que Nerón no le hace caso. El secreto mejor guardado del emperador es éste: mandó castrar a Esporo y está intentando cambiarlo en mujer…

Cuando se harta de sus libertinajes, se entrega a su liberto Doríforo, a quién sirve de mujer, tal como Esporo le sirve a él mismo. Y en estos casos imita la voz y los gemidos de una doncella que sufre la violencia de una violación… Es su última fantasía.

Y ahora lo de Rubria… Ese sacrilegio, Vesta lo vengará. Todos esos excesos le van a cobrar factura.

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Marco Aurelio exclama asqueado:

–           ¡Qué sociedad!

Petronio sentencia:

–           A tal sociedad, tal César.

–           Me iré contigo para que mañana salgamos juntos.

–           ¡Vámonos! –confirma Petronio.

Y Marco Aurelio prepara todo para irse con él.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

N45 CONSAGRACIÓN AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS


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SIMPLEMENTE DECIDME:

Publicado el 27/06/2014 por Y María del Getsemaní

En este Aniversario de Mi Sagrado Corazón* y el contiguo, pero unido en matrimonio indisoluble de amor maternal del Inmaculado Corazón de Mi Santísima Madre**, os regalo esta frase que al ser presentada con devoción, entrega y CONFIANZA al comenzar a orar, simplemente y con fe decidme:

“Señor Jesús: hágase según Tu Amor”

Si Me queréis encargar a alguno, simplemente decidme: “En (nombre de la persona)hágase, Señor, Según Tu amor”. En vosotros mismos ya no Me saturéis con  peticiones e intenciones; simplemente con fe perfecta, con la confianza de un pequeño  en  los Santos Brazos de su Madre Amada que no lo dejarán caer,  y quien sabe lo que es mejor para su hijo de pecho, con esa misma entrega decidMe:

 ”Señor Jesús:  (en esta situación) hágase según tu Amor”

Este Regalo infinito y sencillo os lo doy como fruto de Mi Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María Santísima.

“Señor Jesús: Hágase según tu Amor“.

Os Bendigo a Cada uno Según Mi Amor en este día por cada uno de vosotros, Mis Hijitos.

No os olvidéis de este regalo que es  tan poderoso que sólo hasta que lo pongáis en constante practica lo podréis aquilatar. Con él y por él comenzaréis a madurar en el Amor. No lo desaprovechéis.

(Habla Nuestra Santísima Madre “Del Inmaculado Corazón”)

Mis chiquitos que han seguido: Al estar en Mi Inmaculado Corazón han llegado al Sacratísimo Corazón de Mi Hijo Amado. Comenzad por esta fracesita sencilla. Y ya no pidáis más que ello, si queréis madurar en la fe.

Haced en todo como Mi Hijo os dice.

“Hágase Mi Señor Jesús según tu Amor”

P.D.

En cuanto a las intenciones al rezar la Coronilla*** dígase con fe, entrega y devoción:

“Mi Señor Jesús: Hágase según tu Amor”

*Viernes 27 de Junio ” Solemnidad de El Sagrado Corazón de Jesús”

ÉSTE ES EL CORAZÓN QUE HA SANGRADO  POR TI Y POR TODA LA HUMANIDAD

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3.08.2001

La paz esté contigo. Amada Mía, dime estas palabras en Mi Fiesta: 

Atráeme, Amado mío, tras Tus Pasos, que exhalan un dulce perfume de mirra. Condúceme de la mano hasta Tu Cámara1 Rey mío, donde oiré en privado Tu regia Voz. Ilumina mi rostro con Tu sonrisa, oh Amante de la humanidad. Que Tu mirada de tierno amor, una mirada que supera a todas y que transciende todo sentido, se pose sobre mí.

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Si alguna vez Te fallé, o siquiera un solo instante Te hice levantar una ceja a causa de mi fragilidad, imploro a Tu Sacratísimo Corazón que tenga compasión de mí. Tú tienes el poder sobre la vida y la muerte, y ahora vengo a Ti para hallar mi refugio en Tu Sagrado Corazón, donde se encuentra la Vida y el descanso sempiterno”

Mira, éste es el Corazón que ha sangrado por ti y por toda la humanidad.

Éste es el Corazón del consuelo y de la misericordia. Este es el Corazón que te ha favorecido. Quienquiera que adore este Corazón será cubierto con el velo de la Sabiduría, que embellecerá vuestra alma para entrar, así adornada, en la semejanza de Mí Mismo.

¿Puedes decirme, hija, dónde naciste?

Nací en Tu Sagrado Corazón. 2

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¡Sí! Tú naciste en Mi Sagrado Corazón. Todos los que Me pertenecen han nacido en Mi Corazón. 

¿No has leído: Él clamará hacia Mí: ‘¡Tú eres mi Padre, mi Dios, la Roca de mi salvación!’. Así pues, le haré Mi primogénito, el más elevado de los reyes de la tierra”, puesto que su nobleza le vendrá del Rey de reyes y porque vivirá en las alturas entre los que Yo he deificado por Mi Divinidad. Los reyes de la tierra pertenecen a los elementos de la tierra, pero los que han nacido de Mí, tendrán un dominio superior en el cielo. La gente corriente es un mero soplo de viento. La gente importante, una ilusión. Pon juntas a ambas en la balanza y son un soplo de viento. 3

Por lo tanto, decid a vuestra alma Mis bienamados: “Descansa sólo en Dios, pues Él es la única fuente de tu esperanza”.

Que vuestro corazón exulte y vuestra alma se renueve

porque en estos tiempos estoy derramando Mis gracias sobre la humanidad, como nunca antes en la historia. Ic.

1 El Sagrado Corazón 2 El Espíritu del Señor me dio estas palabras… 3 Sal 62, 9

http://www.tlig.org/spmsg/spm692.html

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CONSAGRACIÓN AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS

ACTO DE CONTRICIÓN

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tienes en vuestra Presencia, pidiendo perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, ¡Oh Buen Jesús! haberte ofendido; por ser Vos tan Bueno que no mereces tal ingratitud. Concédenos luz y gracia para meditar tus virtudes y formar según ellas, nuestro pobre corazón. Amén.

DÍA VEINTIOCHO

DEMOS GRACIAS AL SAGRADO CORAZÓN, POR LOS BENEFICIOS RECIBIDOS EN EL ORDEN DE LA NATURALEZA 

 Estos últimos días del mes de Junio los dedicaremos a la acción de gracias. Nada más digno de un corazón noble, que el agradecimiento por los beneficios recibidos y por desgracia nada más olvidado por el común de los cristianos. 

Fijémonos hoy únicamente en lo que debemos a Dios en el orden de la Naturaleza. Dones suyos son esta existencia que tengo y los mil medios con los que su bondad me conserva todos los días y me la embellece. La luz que me alumbra, el pan que me sustenta, el agua que sacia mi sed, el sueño que repara mis fuerzas, la creación entera que me rodea. Todo ha sido puesto a mi disposición para que me sirva, me regale y me ayude a la consecución de mi fin. Si amanece y si anochece, si cambian las estaciones, si da la tierra sus cosechas, si resplandece en el firmamento el sol, si tiene peces el mar, fieras la tierra y aves el aire. Si reinan en todo el orden y la providencia más admirables; por mí lo hizo, por mí lo ordenó Dios en admirable conjunto. 

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¿Hay corazón capaz de entonar al Supremo Hacedor el himno debido a la acción de gracias por tales y tan grandes maravillas? Sí lo hay. En el Sagrado Corazón de Jesús tiene el hombre un medio seguro con que mostrarse agradecido. ¡Oh Supremo Dador de todo bien! ¡Lo que nuestra lengua es incapaz de decirte; lo que nuestro corazón es pequeño para sentir como se debe; por nosotros te lo canta eternamente y te lo satisface con infinito amor e infinitas alabanzas el Sagrado Corazón de Jesús! En Él, por Él… y con Él te seremos eternamente reconocidos. Mira Padre Celestial, el Corazón de tu Hijo. Y mira en Él la satisfacción por todos tus bienes. 

Medítese unos minutos. 

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II 

Los beneficios de Dios no nos han sido hechos una sola vez sino que nos siguen, nos rodean, nos acompañan como luminosa atmósfera de amor en todos los instantes de nuestra vida. No resplandece más fijamente el sol del día cada mañana en el horizonte, de lo que brilla continuamente sobre mí la inefable bondad de Dios. Hasta en los males que en su adorable designio permite su Providencia sobre la tierra, encuentro motivos de agradecimiento. Porque aun dejando de lado el bien último, a cuyo fin todo está infaliblemente ordenado; si con esos males yo me uno, como corresponde a los designios de su soberana voluntad, ¿Cuánta paz y cuánto consuelo derrama su mano sobre cualquiera de mis tribulaciones?

¿No he comprobado muchas veces la verdad de aquélla expresión de que nunca se muestra más Padre Dios que cuando nos flagela la aflicción? Y aun sin eso, ¿No es verdad que la sola consideración de los muchos males de que me libra cada día su bondad, exige de mí un continuo y amoroso reconocimiento? La enfermedad que no tengo, la persecución que no sufro, la privación que no me mortifica, son beneficios negativos, ¿Pero son por eso menos apreciables? ¿Quién sino Dios tiene extendida como un escudo su mano sobre mí para librarme de tantas angustias como aquejan a otros hermanos míos? 

¡Oh Sagrado Corazón! A Ti agradezco tan inestimables beneficios, para que seas ante el Padre Celestial intercesor de este afectuoso agradecimiento mío. Pase por Ti Jesús mío, mi gratitud y adquiera en el encendido fuego de tu Corazón las cualidades que la hagan digna de ser admitida por el Supremo Dispensador de todos los bienes.  

Soy como un niño Dios mío, te digo con un Profeta. Y no sé hablar de Ti como merecen tu bondad y grandeza. Que hablen por mí los armoniosos acentos de gratitud y alabanza que salen eternamente del Corazón de tu Hijo y suplan ellos mi indignidad y cubra mi insuficiencia. 

Medítese, y pídase la gracia particular.

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ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a tus pies, ¡Oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de Amor que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo tu adorabilísimo Corazón; te pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo; para hacerme digno de las gracias y bendiciones que generoso concedes a los que de veras te conocen, aman y sirven. 

   ¡Mira que soy muy pobre, Dulcísimo Jesús! ¡Y necesito de Ti como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mira que soy muy ignorante, ¡Oh Soberano Maestro! ¡Y necesito de tus divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mira que soy muy frágil! ¡Oh Poderosísimo Amparo de los débiles, y caigo a cada paso! ¡Y necesito apoyarme en Ti para no desfallecer! Sé todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, luz de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Ti lo espera todo, mi pobre corazón. Tú lo alentaste y convidaste cuando con tan tiernas palabras, dijiste repetidas veces en tu Evangelio: Venid a Mí,… Aprended de Mí… Pedid, llamad…

A las puertas de tu Corazón vengo pues hoy y llamo, y pido, y espero. Del mío te hago, ¡Oh Señor! firme, formal y decidida entrega. Tómalo, y dame en cambio lo que sabes me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén. 

Rezar tres veces:

PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen

AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei et Dea Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

En recuerdo de las tres insignias: cruz, corona y herida de la lanza; con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

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DÍA VEINTINUEVE

DEMOS HOY GRACIAS AL SAGRADO CORAZÓN, POR LOS BENEFICIOS RECIBIDOS EN EL ORDEN DE LA GRACIA  Si se ha mostrado pródiga conmigo la mano de Dios en el orden natural, no se lo ha mostrado menos en el orden de la gracia o sea, el de los medios sobrenaturales que me ha concedido por mi justificación y para mi salvación eterna. 

En el centro de su Iglesia me ha hecho nacer como un hermoso jardín que riegan caudalosos ríos y fecundan a todas horas abundantes lluvias. El Bautismo con que me inició en la vida sobrenatural, los demás Sacramentos con que ella me robustece y sustenta, los santos ejemplos que para estímulo mío me hace admirar de continuo en derredor, la voz de sus ministros, la enseñanza de los buenos libros, los secretos toques con los que ahora despierta, aviva o quizá hasta resucita mi corazón, ¿Qué son sino ligera historia de los admirables beneficios con que me va conduciendo su mano desde la cuna hasta la eternidad?

Si fijo mi consideración en lo que ha sido hasta aquí mi vida; si me detengo en reflexionar sobre las causas que en cualquier período de ella han influido en mis determinaciones para que fuera hoy lo que soy, ¿No encuentro en todos mis pasos que soy objeto de una tierna y amorosa solicitud de mi buen Dios? Aquella palabra que me hizo buena impresión, aquella página que me hirió el alma,  aquel ejemplo que me alumbró de repente con vivos resplandores, ¿Quién los disponía y hacía aparecer en mitad de mi camino, sino la Providencia admirable de mi Dios que velaba por mí, como madre por el hijo que lleva en brazos? 

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús! A Ti debo el manantial de estas gracias sin medida, que sobre mi mal ha derramado la Divina Misericordia. Tuyas son, porque Tú nos las haz merecido y proporcionado, porque es tuyo el conducto por donde a su vez vuelen al Padre Celestial los afectos de mi pobre corazón. 

Medítese unos minutos. 

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II  

No hay minuto de mi vida en que no tenga algo que agradecer a la infinita bondad y misericordia de mi Dios en orden a la gracia. Más fácil sería contar las estrellas que están el cielo en una noche serena, o las gotas de rocío que caen en una mañana;que contar las ilustraciones superiores con que esclarece Dios constantemente la noche de mi vida, o las gotas de rocío con que ablanda y fecundiza la aridez de mi corazón. La habitual distracción en que vivo y lo limitado de mi inteligencia, no me permiten sondear como quisiera esos misterios de la operación de Dios en mi alma por medio de la gracia multiforme; conocimiento completo de ella no la tendré sino a la luz de la gloria en la eternidad.

Hoy sólo puedo imperfectamente rastrearlos; pero aun así me basta considerar un poco de ellos, para que me confundan su inconmensurable riqueza, su magnífica variedad, su poderosa eficacia. El estudio atento de mí mismo en una sola de mis tentaciones a que haya felizmente resistido, me daría materia para incesantes alabanzas a Dios. ¡Y son tantas en el transcurso del día, del mes, del año, de la vida; son tantas esas crisis por que ha pasado mi salvación eterna, crisis que ha venido a resolver a favor mío una ayuda en quien entonces tal vez ni siquiera pensaba! 

La eternidad misma no me parece bastante para agradecerte dignamente tales muestras de amor de mi buen Dios. Tú puedes, Sagrado Corazón de Jesús, llenar totalmente en mi nombre esta obligación sagrada. A Ti te escojo para que pagues por mí esta deuda de reconocimiento. Toma Tú Jesús mío, los ruegos de mi alma y preséntalos al Eterno Padre en unión del eterno himno de gracias que en gloria suya le canta tu adorable Corazón. 

   Medítese, y pídase la gracia particular.

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ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a tus pies, ¡Oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de Amor que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo tu Adorabilísimo Corazón; te pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo; para hacerme digno de las gracias y bendiciones que generoso concedes a los que de veras te conocen, aman y sirven.

¡Mira que soy muy pobre, Dulcísimo Jesús! ¡Y necesito de Ti como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mira que soy muy ignorante, ¡Oh Soberano Maestro! ¡Y necesito de tus divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mira que soy muy frágil! ¡Oh Poderosísimo Amparo de los débiles, y caigo a cada paso! ¡Y necesito apoyarme en Ti para no desfallecer! Sé todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, luz de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Ti lo espera todo, mi pobre corazón. Tú lo alentaste y convidaste cuando con tan tiernas palabras, dijiste repetidas veces en tu Evangelio: Venid a Mí,… Aprended de Mí… Pedid, llamad…

A las puertas de tu Corazón vengo pues hoy y llamo, y pido, y espero. Del mío te hago, ¡Oh Señor! firme, formal y decidida entrega. Tómalo, y dame en cambio lo que sabes me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

Rezar tres veces:

PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen

AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei et Dea Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

En recuerdo de las tres insignias: cruz, corona y herida de la lanza; con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

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DÍA TREINTA 

DEMOS HOY GRACIAS AL SAGRADO CORAZÓN, POR LOS BENEFICIOS QUE ESPERAMOS RECIBIR EN LA GLORIA 

Las misericordias que dispensa el Señor acá en la tierra a sus criaturas, no son más que una pálida sombra de las inefables que reserva para ellas en la eternidad. El cielo será nuestro estado perfecto y allí será realizado el ideal más perfecto de felicidad que pueda imaginarse siquiera ahora el hombre en sus más optimistas ensueños. Será tal nuestra dicha, que ni en la más pequeña proporción le es dado imaginarla a la fantasía humana. Si una gota sola de sus consuelos que derrame hoy el Señor en nuestro corazón basta para que olvide éste sus mayores tristezas y quebrantos, ¿Qué será colmarlo en aquel mar sin fondo de bienaventuranza y de paz?

Si unos destellos de su perfección y belleza ha querido dejar el Autor de lo creado en algunas de sus criaturas y que el arte inspirado por El reproduce en sus obras maestras, así nos eleva y perfecciona el alma, ¿Qué será ver cara a cara a la suprema Belleza y perfección, que abiertamente y sin velos se comunica a sus elegidos? Allí existe la salud sin el menor riesgo de enfermedad o molestia; allí la vida sin la dolorosa perspectiva de una muerte próxima o lejana; allí el amor sin tibieza ni desfallecimiento; allí la fiesta perpetua del alma sin tregua en el regocijo.

El aleluya glorioso que allí se canta no es como acá, mezclado con los gemidos de la persecución o con las voces del combate. Ni se vence allí con fatigas y sudores, sino que se reina pacíficamente. Vivir con lo que significa de más absoluto la palabra vida; gozar con lo que tiene de más puro y embriagador la palabra goce; amar con la mayor plenitud y alcance que es dado concebir en la palabra amor. He aquí lo que me promete Dios; he aquí lo que me reserva. 

¡Gracias, Corazón de Jesús, gloria de los bienaventurados, sol de la felicísima ciudad de Dios! Gracias por esos dones que por Ti esperamos, y que mediante tu gracia y nuestras buenas obras estamos seguros de poseer. 

Medítese unos minutos. 

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II 

 Alma mía, alza los ojos a ese cielo azul repleto de estrellas por la noche y de día radiante de claridad; álzalos y contempla allí tu patria, el dulce hogar de tu padre, la mansión feliz que en breve va a ser tu patrimonio. Esa región maravillosa de paz, de felicidad y eterna bienaventuranza, con sus Ángeles y Santos, con la Reina gloriosa de ellos, María, con la Humanidad resplandeciente de Cristo, con la augusta majestad de la Trinidad Beatísima, todo, todo es para ti. Ensancha tu corazón, dilata lo más que puedas tu imaginación, sé codiciosa hasta donde pueda creerlo tu más exigente anhelo.

Todo excederá tus esperanzas, todo sobrepujará tu ilusión. No bienes perecederos que la muerte arrebata; no amores inconstantes que la edad marchita y la ausencia entibia; no fortuna incierta y veleidosa que a la menor vicisitud se cambia; nada de eso con que prometiéndote el mundo hacerte feliz te hace profundamente desgraciada, nada de eso será tu recompensa. Contempla la grandeza de tu porvenir, lo magnífico de tus esperanzas. Enciéndete en ardor de poseerlas y dale mil gracias al Corazón Divino, que es quien te las ha de proporcionar. 

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús! No quiero esperar recibir tus grandiosos dones para mostrarme agradecido. El hijo que sabe que su padre le dará parte de su herencia, no espera darle las gracias cuando ya esté en posesión del patrimonio. No, el testamento en que se le promete, equivale ya para él a un título de posesión. Y esta página la has escrito Tú repetidas veces en tu testamento y en ella me has nombrado infinidad de veces a mí, nada y ceniza, como heredero de tu gloria. ¡Gracias, soberano Señor! Te tributamos las gracias, aquí presentes en este día de tu devoto mes y anhelamos todos los que aquí estamos, reunirnos contigo en el cielo para cantar el gran himno de acción de gracias allí en unión del Padre y del Espíritu Santo, a quien sea toda alabanza, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos. Amén. 

Medítese, y pídase la gracia particular.

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ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a tus pies, ¡Oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de Amor que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo tu adorabilísimo Corazón; te pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo; para hacerme digno de las gracias y bendiciones que generoso concedes a los que de veras te conocen, aman y sirven.

¡Mira que soy muy pobre, Dulcísimo Jesús! ¡Y necesito de Ti como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mira que soy muy ignorante, ¡Oh Soberano Maestro! ¡Y necesito de tus divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mira que soy muy frágil! ¡Oh Poderosísimo Amparo de los débiles, y caigo a cada paso! ¡Y necesito apoyarme en Ti para no desfallecer! Sé todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, luz de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Ti lo espera todo, mi pobre corazón. Tú lo alentaste y convidaste cuando con tan tiernas palabras, dijiste repetidas veces en tu Evangelio: Venid a Mí,… Aprended de Mí… Pedid, llamad…

A las puertas de tu Corazón vengo pues hoy y llamo, y pido, y espero. Del mío te hago, ¡Oh Señor! firme, formal y decidida entrega. Tómalo, y dame en cambio lo que sabes me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

Rezar tres veces:

PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen

AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei et Dea Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

En recuerdo de las tres insignias: cruz, corona y herida de la lanza; con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

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1.- CORAZÓN DE JESÚS, EN VOS CONFÍO

Postrado a  vuestros pies humildemente vengo a pediros dulce Jesús mío,

poderos repetir constantemente ¡Sagrado Corazón en vos confío¡

Si la confianza es prueba de ternura

esta prueba de amor daros ansío

aun cuando esté sumida en la amargura

¡Sagrado Corazón en vos confío¡

En las horas más tristes de  la vida cuando todos me dejen ¡Oh Dios mío¡

y el alma está por penas combatida

¡Sagrado Corazón en vos confío¡

Aunque sienta venir la desconfianza y os obligue a mirarme  con desvío

no será confundida  mi esperanza

¡Sagrado Corazón en vos confío¡

Si en el bautismo que hermoseara mi alma yo os permití ser vuestra y vos ser mío,

clamaré siempre en tempestad o en calma

¡Sagrado Corazón en vos confío¡

Yo siento una confianza de tal suerte que sin ningún temor ¡Oh dueño mío¡

espero repetir hasta la muerte

¡Sagrado Corazón en vos confío¡

¡Sagrado Corazón en vos confío¡

¡Sagrado Corazón en vos confío¡

¡Sagrado Corazón en vos confío¡

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2.- SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS DAME TU BENDICIÓN

Salve, Corazón abierto santa y dulce habitación, adiós Jesús de mi vida dame tu bendición.

Salve Corazón cargado con la Cruz de tu Pasión, adiós Jesús de mi vida dame tu bendición.

Salve, Corazón punzado con tu olvido y traición; adiós amante querido, dueño de mi corazón,

adiós Jesús de mi vida, dame tu bendición.

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3.-  CINCO COSAS HOY TE PIDO SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Mi amado y dulce amigo, cinco cosas hoy te pido con mucha necesidad:

1.-  Paciencia para sufrir.

2.-  Fuerzas para trabajar.

3.-  Valor para resistir las penas que han de venir.

4.-  Lucidez para lo que me ha de mortificar.

5.-  Temperamento sereno para resolver las cosas con santa calma y así tener en el alma perfecta tranquilidad.

Esto voy a suplicarte, Oh mi Jesús adorado,

en este día consagrado para servirte y amarte, mi dulce amigo muy amado. 

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4.- LETANÍAS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 R-Señor, misericordia.

Jesucristo, misericordia. R-Señor, misericordia.

Jesucristo, óyenos. R

Jesucristo, escúchanos. R

Dios Padre celestial, Ten piedad de nosotros R

Dios Hijo, Redentor del mundo, R

Dios Espíritu Santo, R

Santísima Trinidad un solo Dios, R

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre, R

Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el Seno de María R

Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo, R

Corazón de Jesús, de Majestad infinita R

Corazón de Jesús, santo Templo de Dios R

Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo R

Corazón de Jesús, Casa de Dios y Puerta del Cielo R

Corazón de Jesús, horno de encendido amor R

Corazón de Jesús, receptáculo de la justicia y amor R

Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor R

Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes R

Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza R

Corazón de Jesús, Rey y centro de toda alabanza R

Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de sabiduría y ciencia R

Corazón de Jesús, en quien habita la plenitud de la Divinidad R

Corazón de Jesús, en quien el Padre se ha complacido R

Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido R

Corazón de Jesús deseo de los collados eternos R

Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia R

Corazón de Jesús, rico para todos los que lo invocan R

Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad R

Corazón de Jesús, propiciación de nuestros pecados R

Corazón de Jesús, saturado de oprobios R

Corazón de Jesús, oprimido por nuestras maldades R

Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte R

Corazón de Jesús, traspasado por la lanza R

Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, R

Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra R

Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra R

Corazón de Jesús, víctima de los pecadores R

Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti R

Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren R

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, R

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, Ten misericordia de nosotros.

V. Jesús Manso y humilde de corazón,

R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, mira al Corazón de tu muy amado Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores; concede benigno el perdón a los que invocamos tu misericordia, en el nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

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5.- LLAVES DE VUESTRO SAGRADO CORAZÓN

Divino Corazón de Jesús que me habéis dado las llaves de Vuestro Sagrado Corazón, llaves de oro para abrir las Puertas de Vuestra Mansión de amor. Dadme la Sabiduría para hacer buen uso de ella.

Con las llaves de oro de Vuestro Sacratísimo Corazón me dais en posesión uno de vuestros aposentos, para llegar allí cuando el cansancio haya agotado mis fuerzas, cuando la melancolía sature mi corazón, cuando mi corazón sea herido por el desprecio. Sé que estando dentro de Vuestro Tabernáculo, la tristeza se tornará en alegría, el desánimo se convertirá en vigor y el dolor se cambiará en dulce paz.

Con Vuestras llaves abriré Vuestras compuertas para atraeros a los ciegos, a los sordos, a los cojos y a los lisiados espirituales para que beban de Vuestra Medicina y sean sanados, para que beban de Vuestra Agua Viva y sean saciados.

Divino Corazón de Jesús, fuente de todas las Gracias, con Vuestras llaves de oro me habéis dado una de las mayores Gracias que sois Vos. Amén.

Sagrados Corazones de Jesús, María y José

(Oración Final para el Mes del Sagrado Corazón)

 ¡Oh Jesús! Yo consagro mi corazón , colocadle en el Vuestro, pues sólo en Él quiero vivir y sólo a Él quiero amar; en vuestro Corazón quiero vivir desconocido del mundo y conocido de Vos solo. En este Corazón beberé los ardores del amor que consumirán el mío; en Él encontraré la fuerza., la luz, el calor y el verdadero consuelo. Cuando el mío esté desfallecido, Él me reanimará, cuando inquieto y turbado, Él me tranquilizará.

¡Oh Corazón de Jesús!, haced que mi corazón sea el altar de vuestro amor; que mi lengua publique vuestra bondad, que mis ojos estén siempre clavados en vuestra Llaga; que mi espíritu medite vuestras adorables perfecciones; que mi memoria conserve siempre el precioso recuerdo de vuestras misericordias; que todo en mí exprese mi amor a vuestro Corazón ¡Oh Jesús!, y que mí corazón esté siempre pronto a sacrificarlo todo por Vos.

¡Oh Corazón de María!, el más amable después del de Jesús, el más compasivo, el más misericordioso de todos los corazones; presentad a vuestro Hijo nuestra consagración, nuestro amor, nuestras resoluciones. Él se enternecerá a la vista de tantas miserias y nos librará de ellas; y después de haber sido nuestro refugio y nuestra protectora sobre la tierra, ¡Oh Madre de Jesús! seréis nuestra Reina en el cielo. Amén.

V: ¡Sagrado Corazón de Jesús!

R: ¡En Vos confío!

V: ¡Oh dulce Corazón de María!

R: ¡Sed la salvación mía!

V: ¡Glorioso Patriarca San José!

R: ¡Rogad por nosotros!

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8.- CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA AL SAGRADO CORAZÓN

Corazón Sagrado de Jesús, que has manifestado a Santa Margarita María el deseo de reinar en las familias cristianas; te pedimos que reines siempre en nuestra familia.

Reina en nuestra inteligencia por la sencillez y la firmeza de nuestra fe; reina en nuestros corazones por el amor, que alimentaremos recibiendo con frecuencia la Sagrada Eucaristía.

Dígnate, Divino Corazón de Jesús, presidir nuestras reuniones, bendecir nuestras empresas espirituales y temporales, santificar nuestro trabajo, ahuyentar nuestros pesares, aliviar nuestras penas y llenarnos de tu alegría y de tu paz.

Si alguno de nosotros tuviera la desgracia de ofenderte, recuérdale que eres Bueno y Misericordioso para el pecador arrepentido.

Y cuando llegue la hora en que la muerte venga a cubrirnos de luto, todos; tanto los que partan como los que queden, estaremos sumisos a tus decretos eternos. Nos consolaremos con el pensamiento de que llegará un día en que toda esta familia que te ama y  te adora, reunida en el Cielo, cantará para siempre tu Gloria y tu Amor infinito hacia nosotros.

Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros y danos tu Amor y tu Paz.

Mi Sagrado Corazón es tu cielo, creación. Mi Sagrado Corazón que tantos de ustedes niegan y rechazan, es su Cielo, su Paraíso, su Reino, su Herencia, su Lugar de Descanso para la Eternidad. Así pues, acérquense a este Corazón que los ama tanto y Yo derramaré, de Mi Corazón a su corazón; incontables bendiciones para volver su alma tan bella como la primavera, para convertir su alma en una torre de marfil, un cielo sólo para Mí. ¿Cómo puede alguien dudar de Mi Amor?  

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39.- UNA TRAMPA MORTAL


Al día siguiente de la Fiesta Flotante, Nerón decidió irse a Anzio y declaró que al tercer día se iría sin falta. Y dio a los augustanos la lista de los invitados.

Petronio está por ir a la casa de Marco Aurelio, cuando le avisan que llegó un cisio y una invitación. Al leerla frunció el ceño con preocupación y luego dijo a Aurora que se arregle, porque van a ir juntos a un evento muy importante.

En realidad lo único que ella hizo, fue cambiar su túnica por una de gran gala y adornarse con joyas más apropiadas, pues como todo en la casa de Petronio, siempre está preciosa y engalanada como una gran señora.

Cuando llegan a la casa de su sobrino, pocos minutos después llega el carruaje adornado y con la novia. Marco Aurelio está más elegante que nunca… Y espera a la entrada de la casa, bajo un arco adornado con mirtos y rosas blancas.

Ayudan a bajar a Actea que trae un hermoso vestido color malva y luce llena de joyas en las que resplandecen amatistas y diamantes.

Luego sigue la novia. Alexandra trae un vestido adornado con una greca recamada con hilos de plata y perlas. Blanco sobre blanco. Sus joyas hacen juego con una diadema cuajada de zafiros y esmeraldas, que realzan aún más su deslumbrante belleza. Un finísimo velo blanco, bordado en plata y que parece de seda, le pende de la cabeza hasta los pies. Realmente parece una reina.

Marco Aurelio la admira embelesado. Avanza hasta situarse frente a ella y le da la mano. El cortejo entra en la casa, que ha sido adornada espléndidamente. Adelante los novios. Le siguen Actea y unas doncellas. Luego Petronio y Aurora. Pedro y Bernabé, Mauro y otros cristianos. La ceremonia es más bien íntima, porque los invitados no son muchos. Hay música, cantos, danzas, ceremonia de saludos y aspersiones. Se paran frente al Lararium.

Los dos se dan la mano y dicen la frase ritual: “Donde estés tú Cayo, allí estoy yo, Caya.” Luego continúan caminando alrededor del atrium y recorren los nichos de los antepasados de Marco Aurelio.

Siguen pasando bajo arcos adornados a lo largo de toda la casa. Marco Aurelio preside como si fuera un sacerdote. En el umbral ofrecen dones: una roca y un huso que les da Actea. En el jardín posterior están todos los siervos, que les dan la bienvenida y se inclinan ante ella, en señal de sumisión. Llegan hasta el triclinium y empieza el banquete.

Alexandra sonríe a su esposo, que le habla y que la mira con amor. Exquisitas viandas son servidas y escanciados finos licores. Los sirvientes se esmeran en que todos estén cómodos y bien atendidos. Los novios están radiantes.

Marco Aurelio les platica el  incidente que tuvo con sus esclavos el día de su regreso a su casa y finaliza diciendo:

–           Ahora todos son libres. Y algo me ha llamado la atención: el perdón que les otorgué no solo no los volvió insolentes, sino que ni siquiera perturbó la disciplina. Y he comprobado una cosa: Que jamás el terror les hizo prestar el servicio más esmerado que ha seguido a la gratitud. Ahora no solo me sirven bien, sino que parecen rivalizar entre ellos para ver quién adivina primero mis deseos.

Actea y Pedro platican animadamente.

Petronio, contra su costumbre está callado y pensativo…

Marco Aurelio lo nota y le dice:

–           ¿No estás feliz por mi boda? ¿Por qué estás tan preocupado?…

Petronio lo observa con una mirada inescrutable…

–           Te lo diré más tarde. –contesta dándole un trago a su copa de vino.

Hacia el atardecer, los músicos descansan un rato.

Y Marco Aurelio le pide a Petronio que le diga el motivo de su preocupación. Agrega:

–           Puedes hablar con libertad. Todas las personas presentes aquí, son de mi absoluta confianza.

Petronio le alarga la lista de los invitados al viaje a Anzio y dice:

–           Partiremos mañana muy temprano.

Marco Aurelio se la devuelve diciendo:

–          Mi nombre figura en ella y también el tuyo. Hoy la trajeron también aquí.

–           Si yo no estuviera entre los invitados, eso significaría que llegó mi hora de morir, pero parece que aún le soy útil a Nerón. Apenas acabamos de llegar a Roma y ya nos vemos obligados a irnos de nuevo, ahora hacia Anzio.

Actea interviene:

–           Pero es necesario ir. Esa no es una invitación. Es una orden.

Marco Aurelio pregunta con un tono casi desafiante:

–           ¿Y qué pasaría si alguien se negase a obedecer?

Actea concluye lacónica:

–           Se le invitaría a hacer un viaje notablemente más largo y del cual no hay regreso.

Marco Aurelio lleva sus manos hacia su cabeza, con un gesto de desesperación y dice:

–           Tendré que ir a Anzio… ¡Ahora! –Suspira con impotencia- ¡Considerad que tiempos vivimos y cuán viles esclavos somos!

Petronio interviene:

–           ¿Hasta ahora te das cuenta? Yo he dicho en el Palatino que estás enfermo, imposibilitado para salir de casa y sin embargo te están convocando. Esto prueba que en el Palacio alguien no da crédito a mis palabras y está tomando participación directa para solicitarte. A Nerón le importa muy poco, puesto que solo eres un soldado sin nociones de poesía o de música y con quién a lo sumo, hablaría de las carreras en el circo. Lo más probable es que sea Popea la que ha puesto allí tu nombre. Y eso significa…

Petronio calla con un silencio más que significativo.

Pero Marco Aurelio comprende… Él para ella ahora es un capricho y persiste en hacer su conquista. Moviendo la cabeza de un lado para otro, piensa: “¡Vaya, vaya! ¡Intrépida la Augusta!”…

Actea declara:

–           Significa  que Alexandra está en peligro. Popea es maligna y vengativa.

Marco Aurelio dice preocupado:

–           Yo no puedo arriesgarla.

Pedro aconseja con calma:

–           Ve a ese viaje. No desafíes al César y no te preocupes por Alexandra. La llevaremos a casa de Acacio, el obispo. Tú no temas al César, pues en verdad te digo, que no ha de caer un solo cabello de tu cabeza.

Marco Aurelio contesta con ansiedad:

–           En Anzio yo tengo una casa de campo. Está muy cerca de la de Nerón. Yo quiero terminar mi instrucción. Pedro, esa casa está a tu disposición. Ya no podré ir a la escuela de Apolonio, ni a la Puerta del Cielo. Enviaré la mayor parte de mi ‘familia’ para allá y yo quiero recibir el Bautismo. ¿Cómo le hago?

–           Hay unos obispos que viajarán a Grecia y a Cartago. Te enviaré a Acacio y a Lucano el médico, para que prosigan con tu enseñanza. Todo estará bien. Ya lo verás…

Marco Aurelio mira a Alexandra con absoluto desconsuelo:

–           ¡Ay, amor mío! Entonces… -Y luego se vuelve hacia Bernabé- Guárdala como la luz de tus ojos, pues ella es mi domina igual que la tuya. – luego toma la mano de su esposa. La besa y le dice.- Reina mía, necesito protegerte. Volveré. Volveré para ti, te lo prometo. -Enseguida, llama a Demetrio, el mayordomo y le dice- Enviarás a las prisiones rurales, una orden de indulto general. Que caigan los grilletes a los pies de los presos. Les darás suficiente alimento y cuando estén listos, reintégralos al servicio. Hoy es para mí un día de felicidad. Y quiero que vibre la alegría en nuestra casa. Los llevarás luego al Pretor y les darás a ellos, lo mismo que has recibido. Les dirás también que es el regalo de mi esposa y la reina de esta casa.

Más tarde la fiesta termina y los invitados se retiran. Alexandra y Marco Aurelio se reúnen unos minutos en la biblioteca, para despedirse en la intimidad. Y cuando salen, la novia aún con su vestido nupcial; se retira en otro carruaje con Pedro, Isabel y Mauro.

Actea regresa al Palatino.

Marco Aurelio, con Petronio y Aurora, se quedan solos en la biblioteca.

Petronio comenta:

–           Barba de Bronce está ronco y maldice a Roma. Está desesperado y reniega de todo lo que le rodea. Ayer se empecinó en igualar a Paris como danzante y se puso a bailar las aventuras de Leda. Durante el baile sudó y luego se resfrió. ¿Puedes imaginar a nuestro Arlequín imperial tratando de ser cisne, con su gran abdomen y sus piernas delgadas y tambaleantes? ¡Y ahora quiere representar en Anzio semejante pantomima!

Marco Aurelio exclama:

–           Ya con haber cantado en público, escandalizó a mucha gente. ¡Pensar que ahora tenemos que aguantar a un César romano actuando como mimo!

–           Querido mío. Roma todo lo soporta. Ya verás como el Senado también aplaudirá al ‘Padre de la Patria’.

–           Y veremos a la plebe engreída, al ver al César convertido en bufón. Petronio                                 dime tú mismo, ¿Acaso es posible llegar a un mayor envilecimiento?

–           Como tú vives en otro mundo, con Alexandra y los cristianos, es evidente que no sabes la última noticia: Nerón se vistió de novia y se unió públicamente en matrimonio con Pitágoras. Esto parecería rebasar los límites de la locura ¿Verdad? Pues bien. Llamó a los flamines (sacerdotes), quienes celebraron la ceremonia con toda la solemnidad y Nerón la presidió.  Soy de mucho aguante y estuve presente en ella. Sin embargo pensé que si los dioses existiesen, algo debiera suceder. Pues lo que no prohíben las leyes, lo prohíbe la honestidad. Pero no, nada sucedió. El César no cree en los dioses; se siente totalmente impune y… pareciera que tiene razón.

Marco Aurelio dijo con una sonrisa llena de ironía:

–           De manera que Nerón es entonces y en la misma persona: sumo sacerdote, dios y ateo.

Petronio soltó la carcajada y dijo riendo:

–           ¡Vaya! Es verdad. No había pensado en eso. Pero es una combinación como no se ha visto otra igual en el mundo.

Siguió un largo momento de silencio.

Luego Petronio agregó:

–           ¿Sabes que es lo más gracioso? Este sumo sacerdote que no cree en los dioses. Y este dios que los desdeña; siendo ateo, les teme.

Marco Aurelio confirmó:

–           Y prueba de ello es lo que sucedió en el Templo de Vesta.

Y Petronio exclamó con asombro:

–           ¡Y aun así profanó a Rubria!

–           Por eso la invitó a la ‘Fiesta Flotante’ y cambió su lugar por el mío…

Éste último comentario, provocó un silencio lleno de remembranzas… y los dos llegaron a la misma conclusión.

Luego, el tribuno agregó en voz alta:

–           Es audaz la Augusta.

Petronio responde sumamente preocupado:

–           Lo es realmente. Porque ello puede ser causa de su propia ruina. Sin embargo, espero que Afrodita le inspire cuanto antes otro amor. Pero entre tanto, puesto que la emperatriz te desea, debes actuar con la mayor cautela. Barba de bronce ha empezado a cansarse de ella: prefiere a Esporo o a Pitágoras. Pero por consideración a sí mismo, bien podría descargar sobre otros, la más terrible de las venganzas.

–           Cuando estábamos bajo aquellos árboles, yo no supe quién me hablaba. Pero tú alcanzaste a escuchar nuestra conversación. Yo le dije que amaba a otra y por eso no le podía corresponder.

Si hubieras herido su vanidad, no habría salvación para ti. ¡Por Zeus! Si llegas a ofender a Popea, te puede estar reservada una muerte terrible. En otro tiempo me era más fácil conversar contigo y convencerte. En esta emergencia ¿Qué puede haber de malo en que le sigas ligeramente el juego a la Augusta? ¿Acaso esta aventura podría ocasionarte alguna clase de pérdida o privarte de seguir amando a Alexandra? Ten presente además, que Popea la vio en el Palatino y ya sabe por quién la rechazaste. Va a ser capaz de buscarla hasta por debajo de las piedras y serás el causante no solo de tu propia destrucción, sino también de la ruina de Alexandra. ¿Entiendes la gravedad de la situación?

Marco Aurelio reflexiona… Comprende… Intenta decir algo… Está paralizado por el asombro, pero de su boca no sale un sonido…

Luego palidece y se toma la cabeza entre las manos.

Enseguida  dice con angustia:

–           Si acepto a Popea, Nerón me condenará. Si la rechazo, Popea nos arruinará. ¡Oh!…

Está cazado en una trampa mortal. Y no hay salida…

Siguió un silencio muy denso que fue interrumpido por Petronio:

–           ¿Sabes por qué estoy doblemente preocupado? Temo que lo de Popea no sea solo un capricho pasajero. Verás… Hace tiempo que Nerón no le hace caso. El secreto mejor guardado del emperador es éste: mandó castrar a Esporo y está intentando cambiarlo en mujer…  Cuando se harta de sus libertinajes, se entrega a su liberto Doríforo, a quién sirve de mujer, tal como Esporo le sirve a él mismo. Y en estos casos imita la voz y los gemidos de una doncella que sufre la violencia de una violación… Es su última fantasía.

Y ahora lo de Rubria… Ese sacrilegio, Vesta lo vengará. Todos esos excesos le van a cobrar factura.

Marco Aurelio exclama asqueado:

–           ¡Qué sociedad!

Petronio sentencia:

–           A tal sociedad, tal César.

–           Me iré contigo para que mañana salgamos juntos.

–           ¡Vámonos! –confirma Petronio.

Y Marco Aurelio prepara todo para irse con él.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA