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213.- REO DEL ODIO


1-caballo

De un palacio sale al galope un jinete. La gualdrapa de color púrpura resalta sobre el color blanco del hermoso caballo árabe. Lo grandioso del jinete, su espada desnuda que golpea de plano sobre las espaldas de la gente y de lomo sobre las cabezas que sangran, le dan el aspecto de un arcángel airado.

En una empinada, el caballo caracolea, corvetea. Sus manos son arma de ataque y el mejor medio para abrir paso al jinete. En esos momentos el velo de púrpura y oro, sostenido por una cinta dorada que lo cubre, se le cae…

Y aparece la varonil cara de Mannaém.

El regio cortesano, grita:

–                       ¡Atrás! ¿Cómo os atrevéis a turbar el descanso del Tetrarca?  -pero esto no es más que un pretexto para justificar lo que hace y su intento de llegar hasta Jesús-  ¡Este Hombre!… ¡Dejádmelo ver!… ¡Apartaos o llamo a los guardias!…

La gente ante los sablazos que recibe, las patadas del caballo, las amenazas del jinete, se abre…

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Y Mannaém llega hasta el grupo donde va Jesús con los guardias y los sacerdotes del Templo.

La sonora voz de Mannaém truena imperiosa:

–                       ¡Largo! El Tetrarca vale más que vosotros, imbéciles. ¡Atrás! Quiero hablar con Él….

La orden del primer ministro y hermano de leche de Herodes, no admite réplica.

Y lo demuestra al conseguir ser obedecido, al embestir con su espada al más encarnizado de los verdugos de Jesús: Doras. Todos los demás se apartan al punto…

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Mannaém llega hasta Jesús. Lo mira…

Y dice con una voz llena de angustia:

–                       ¡Maestro!…

Jesús lo mira con un amor infinito y le ordena:

–                       Gracias. Pero ¡Vete!… ¡Qué Dios te dé fuerzas!  -Jesús con las manos ligadas hace como puede, una señal para bendecirlo.

Mannaém está aniquilado, baja la cabeza totalmente apenado. Y obedece…

La multitud silba desde lejos.  Y apenas ve que Mannaém se retira, se venga con una rociada de piedras e inmundicias sobre Jesús.

Los primeros rayos solares iluminan la calle empinada que lleva a la Torre Antonia, cuya mole se ve desde lejos.

Rasga el aire el grito agudo de una mujer:

–                       ¡Salvador mío, mi vida por la tuya!  ¡Oh, Eterno!

Jesús vuelve la cabeza y ve que desde el pórtico de un palacio, está Juana de Cusa, su familia y sus siervos extendiendo sus brazos al cielo.

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¡Pero el Cielo en este día ha cerrado sus puertas!

Jesús levanta sus manos atadas y les da un postrer adiós.

La gente vocifera:

–                       ¡A la muerte! ¡A la muerte el blasfemo, el corruptor, el amigo del Diablo! ¡Y a la muerte sus amigos!

Silbidos y pedradas llegan hasta la terraza…

Se escucha un grito muy agudo, como si alguien hubiese sido herido y luego el grupo desaparece.

Adelante. Adelante y siempre subiendo… El sol naciente ilumina las casas de Jerusalén, pero están vacías. Porque el Odio les ha quitado a sus moradores y se han unido a los peregrinos de la Pascua, contra Jesús.

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Un regimiento de soldados romanos, sale corriendo de la Antonia con las astas apuntadas contra la plebe que se dispersa aullando.

Quedan en mitad de la calle con Jesús, los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos del Templo.

Un oficial, el centurión Octavio reconoce a Jesús y se alarma en lo íntimo de su corazón.

Pero nada de esto trasluce en su rostro y grita altanero:

–                       ¿Por este Hombre, esta sedición? Responderéis a Roma.

Eleazar de Annás responde:

–                       Es reo de muerte, según nuestra Ley.

Otro centurión y un tribuno romano,  se acercan.

El tribuno es un hombre de cara severa, que en una mejilla tiene una cicatriz que muestra que se la partieron en dos… Y habla con asco, como si hablase a un montón de galeotes piojosos.

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Con inmenso desprecio pregunta:

–                       ¿Desde cuándo se os ha devuelto el Jus Gladii et Sanguinis?

Elquías responde:

–                       Sabemos que no tenemos este derecho. Somos los fieles súbditos de Roma…

El tribuno suelta  la carcajada:

–                       ¡Ja, ja, ja! ¡Óyelos Longinos! ¡Fieles!… ¡Sujetos!… ¡Inmundicias! Las flechas de mis arqueros serían vuestro mejor premio…

Longinos responde con irónica flema:

–                       Morirían como nobles. A lomos de mulos, azotes de arrieros…

Los príncipes de los sacerdotes, escribas y ancianos, sienten que los ahoga el odio. Pero quieren conseguir su objetivo y se callan. Se tragan la ofensa, como si no la hubieran entendido.

E inclinándose profundamente dicen con un servilismo asqueroso:

–                       Noble y sabio tribuno. Hemos traído a este Hombre, para que sea presentado ante Poncio Pilatos. Y que el sabio Procurador juzgue y condene, con la muy recta y honesta justicia de Roma.

El tribuno vuelve a reír:

–                       ¡Ja, ja! ¡Óyelos!… Somos más sabios que Minerva… ¡Entregadlo aquí! Y caminad adelante. Nunca puede uno estar seguro. Sois unos chacales apestosos. Teneros a la espalda es peligroso. ¡Adelante!

Nahúm objeta:

–                       No podemos.

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–                       ¿Por qué? Cuando alguien acusa, debe presentarse ante el juez con el acusado. Esta es la norma de Roma.

Eleazar ben Annás:

–                       La casa de un pagano es inmunda ante nuestros ojos y ya nos purificamos para la Pascua.

–                       ¡Desgraciados! ¡Hipócritas e incongruentes! ¡Se contaminan si entran!… Y matar al único hebreo que vale la pena; que no es chacal, ni reptil como vosotros, ¿No os ensucia?

Está bien. Quedaos donde estáis. Ni un paso adelante o las astas se clavarán en vosotros. Una decuria alrededor del Acusado. Los demás, enfrente de esta gentuza que apesta.

Jesús entra en el Pretorio en medio de diez soldados, con Longinos y el tribuno  al frente. Dejan a Jesús en un amplio vestíbulo, más allá del cual hay un patio, que se ve detrás de una pesada cortina, que el viento apenas si mueve.

Ellos desaparecen tras una puerta y luego regresan acompañados del Gobernador; que viste una toga blanquísima, sobre la que luce un manto de color escarlata.

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Poncio entra indolente, con una sonrisa escéptica en la cara rasurada y frota entre los dedos unas hojitas de  y las huele con placer. Va a un cuadrante solar, regresa después de haberlo mirado. Deposita granos de incienso que hay a los pies de una estatua de Júpiter.

Pide que le traigan agua de limón y hace gárgaras. En un espejo de metal tersísimo, vuelve a mirarse el peinado, que le cae ondulado. Parece como si se hubiera olvidado completamente del Acusado, que espera su aprobación para ser muerto.

Es verdaderamente una actitud indignante…

Como el Pretorio está abierto por delante y elevado tres escalones más que el Atrio, que a su vez lo está varios metros más de la calle misma; los hebreos lo ven todo y se estremecen de ira. Pero no se atreven a rebelarse por miedo a las astas y venablos.

Después de haber dado una y más vueltas alrededor del vasto atrio, Pilatos se dirige a Jesús. Lo mira…

Y pregunta a los oficiales:

–                       ¿Se trata de éste?

El tribuno contesta:

–                       Así es.

–                       Que vengan los acusadores.

Y va a sentarse en una silla que está sobre una tarima.

Sobre la cabeza de Poncio Pilatos, se ven las insignias de Roma: el águila dorada con las alas desplegadas y las poderosas letras S P Q R    S (Senatus) P (Populos) Q (ue) R (Romanus) Que en romance significan: ‘El Senado y el pueblo de Roma’

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El tribuno explica:

–                       No pueden entrar. Se contaminan.

Poncio ríe y dice con desprecio:

–                       ¡Je! ¡Je! ¡Mejor!… Así no tendremos necesidad de ríos de esencias, para limpiar el lugar de su olor caprino. ¡Haz que por lo menos se acerquen allá abajo!  -se dirige a los soldados-  ¡Y vosotros tened cuidado de que no entren, ya que no lo quieren! Este Hombre puede ser un pretexto para alguna sedición.

El centurión Octavio, trasmite las órdenes del Procurador romano.

Inmediatamente los demás se ponen frente al atrio, a distancia regular. Son hermosos como titanes. Y hacen sentir la presencia de Roma. ¡Son los amos del Mundo!…

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Se acercan los del Sanedrín y saludan con inclinaciones serviles. Se detienen en   la plazoleta que está ante el Pretorio, más allá de los tres escalones del vestíbulo.

Pilatos va hacia ellos y manteniéndose dentro de los límites del vestíbulo…

Les dice:

–                       Hablad y sed breves. Os habéis hecho ya sospechosos, por haber turbado el reposo nocturno y haber obligado por la fuerza, a que se os abrieran las puertas. Lo verificaré. Y tanto los que os dieron las órdenes, como los que obedecisteis, responderéis de ello.

Eleazar ben Annás responde:

–                       Hemos venido a someter a Roma, a cuyo divino emperador representas; nuestra sentencia contra Éste.

Poncio replica:

–                       ¿De qué le acusáis? Me parece inofensivo.

Elquías se adelanta:

–                       Si no fuera un malhechor, no te lo hubiésemos traído.

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Y con el ansia de acusar, varios se adelantan unos pasos.

Pilatos ordena:

–                       ¡Rechazad a la plebe! Seis pasos más allá de la plazoleta… ¡Las dos centurias a las armas!

Los soldados obedecen inmediatamente.

Se alinean cien sobre la parte exterior más alta, con las espaldas dando al vestíbulo y cien en la plazoleta que da al Portón, la entrada donde vive Pilatos y que más bien parece un arco triunfal. Porque es un amplio espacio con un enorme cancel, con un corredor que penetra en el atrio elevado.

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Más allá del vestíbulo se distinguen las caras brutales de los judíos que, amenazadores y satánicos, miran hacia el interior… Más allá de los soldados, que codo con codo como si fuese un desfile, presentan doscientas puntas a esos conejos asesinos.

Los hipócritas Judíos no quisieron contaminarse con el polvo de la casa de un gentil. Pero no consideran pecado matar a un Inocente. Y luego, con corazón tranquilo  después de haber cometido su crimen; comer la Pascua.

¡Cuántos en su interior obran mal y en lo exterior muestran respeto a la Religión y aparente amor a Dios!… ¡Fórmulas y no religión verdadera!… ¡Qué Dios abomina y le causan asco y vómito!…

Como los judíos no entraron, salió Pilatos al oír a la plebe que grita. Como tiene experiencia en el gobierno y en el juzgar, ya evaluó la situación…

Sabe que se lo han llevado por Envidia. Y se ha dado cuenta de que Jesús más que nada es reo, pero del pueblo cargado de odio.

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En su primer encuentro ha habido un acercamiento de sus corazones, que los dos han entendido… Los Dos se han juzgado mutuamente, por lo que son…

Jesús tiene piedad de él por ser un hombre débil.

Pilatos la tiene de Jesús, porque sabe que es un Hombre Inocente y está decidido a salvarlo…

Les dice:

–                       Repito. ¿Qué acusación tenéis contra éste?

Eleazar de Annás:

–                       Ha cometido un delito, contra la Ley de nuestros padres.

Pilatos replica fastidiado:

–                       ¿Y para esto, habéis venido a molestarme? Tomadlo vosotros y juzgadlo según vuestras leyes.

Sadoc:

–                       No podemos matar a nadie. No somos doctos. El Derecho Hebreo es una insignificancia, respecto al perfecto Derecho de Roma. Como ignorantes y súbditos de Roma; maestra. Tenemos necesidad de…

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Pilatos lo interrumpe:

–                       ¿De cuándo acá sois miel y mantequilla?… ¡Habéis dicho una verdad! Vosotros, ¡Maestros de la Mentira!… ¡Tenéis necesidad de Roma! Sí. Para desembarazaros de Éste, que os da fastidio. ¡He comprendido!…

Y Pilatos mira hacia el cielo sereno, que se perfila como una laja cuadrada de turquesa oscura, entre las paredes blancas de mármol, del atrio.

Luego se vuelve hacia los judíos y pregunta imperioso:

–                        Decid. ¿Cuál ha sido el delito que cometió contra vuestras leyes?

Calescebona:

–                       Hemos descubierto que introducía el desorden en nuestra nación y que impedía que se  pagase el tributo al César, llamándose el Mesías, Rey de los Judíos.

La hipocresía de los judíos impera en ellos, por eso no quisieron ejecutarlo. Porque cuando se tratará de Esteban, Roma todavía gobierna Jerusalén y sin que les importe eso, lo lapidarán.

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Por lo que toca a Jesús, lo temen y lo odian. La combinación más peligrosa… No quieren reconocerlo como Mesías; pero están decididos a matarlo, porque lo Es.

Lo acusan de Rebelde al poder romano, para conseguir que Roma lo sentencie. En su infame salón, muchas veces durante su ministerio; lo han acusado de blasfemo y falso profeta y por eso ya deberían haberlo lapidado.

Pero ahora para no cometer un Crimen, por el que saben que serían castigados por la Justicia Divina… Buscan que Roma lo realice, acusándolo de malhechor y rebelde, para evadir con mucha astucia el castigo…

No hay nada más fácil cuando la plebe ha sido pervertida y se encuentra bajo jefes diabólicos, que acusar a un inocente. Para desahogar su ansia de crueldad y matar a quién consideran que es obstáculo y juez de sus acciones.

Pilatos se dirige ahora a Jesús,  que está en el centro del Atrio.

Sigue amarrado,  pero sin soldados. La mansedumbre se refleja en su persona. Lo observa por unos momentos… ha oído hablar de Él. Su propia esposa es discípula de Él…

Entre sus oficiales hay quienes repiten su Nombre con gratitud… Con lágrimas en los ojos y sonrisa en el corazón. Lo mencionaron como a un Bienhechor. En sus relaciones con el Pretor le han dicho que la gente va a Él. Que predica una doctrina nueva, en que se habla de un reino extraño, inconcebible para ellos que son paganos…

Que han visto en Él; siempre a un hombre bueno y benigno, que no busca los honores de esta tierra. Y enseña y practica el respeto y obediencia, para con los que tienen autoridad. Han sido más sinceros que los israelitas, en lo que vieron y en la manera de al referirse a Jesús.

El domingo anterior al oír los gritos de la multitud, se había asomado a la ventana en la Torre Antonia…  Y vio a un Hombre que pasaba cabalgando sobre una borriquilla, sin arma alguna. Rodeado de niños y de mujeres; que iba bendiciendo…

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Está seguro de que Jesús no es un peligro para Roma. Pero quiere saber si es Rey.  En medio de su escepticismo pagano, quiere burlarse un poco de esta realeza que cabalga sobre un asno. Que tiene por cortesanos a niños descalzos; mujeres sonrientes, hombres del pueblo… De esta realeza, que desde hace tres años predica no sentir ninguna atracción por las riquezas y el poder. Que no habla de otras conquistas, que las del espíritu y el corazón…

¿Qué es el alma para un pagano? Ni siquiera sus dioses la tienen. ¿Puede poseerla el hombre?… Se acerca a Jesús y repregunta:

–                       ¿Eres Tú el rey de los judíos?

Jesús le responde:

–                       ¿Quieres saberlo tú? O ¿Es por insinuación de otros?

Pilatos replica:

–                       ¿A mí que me va con tu reino? ¿Acaso soy judío? Tu nación y tus jefes te han consignado a mí; para que te juzgue. ¿Qué has hecho? Sé que eres leal. Habla. ¿Es verdad que aspiras al Reino?

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–                       Mi Reino no es de este mundo. Si fuese un Reino del Mundo, mis siervos y mis soldados, hubieran combatido para que los judíos no me hubieran capturado. Mi Reino no es de la tierra. Tú sabes que no aspiro al poder.

–                       Lo sé. Es verdad. Me lo han dicho. Pero no niegas ser Rey.

–                       Tú lo has dicho. Yo soy Rey. Para esto Yo he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Quién es amigo de la verdad, escucha mi Voz.

–                       ¿Qué es la verdad? ¿Eres filósofo? Esto no sirve para nada ante la muerte. Sócrates murió lo mismo…

–                       Pero le sirvió en la vida. Tanto para vivir, como para morir. Y en la otra vida, para no llevar el nombre de traidor a las virtudes cívicas.

Pilatos por unos instantes lo mira sorprendido y exclama:

–                       ¡Por Júpiter!

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Parece reflexionar…Sentado en su silla, mira a Jesús…. Lo escudriña, con detenimiento… Piensa: ‘¿Qué es la Verdad?’… Claudia le ha dicho muchas cosas… Pero no entiende y no está seguro de querer entenderlo…

Con indiferencia, lo considera una cuestión inútil. Luego, levanta los hombros y vuelve a su escepticismo y sarcasmo habituales.

Pilatos le deja donde está, sin preguntarle nada más. Hace como si estuviera cansado. Se levanta, le vuelve la espalda a Jesús y va hacia donde están los judíos.

Y el Gobernador romano, declara:

–                       No encuentro ninguna culpa en él.

Los judíos se alborotan y hacen que la plebe se encabrite.

Temerosos de perder a su presa y el espectáculo de ver a su archienemigo en la Cruz, gritan:

–                       ¡Es un rebelde! ¡Un blasfemo! ¡Empuja al libertinaje! ¡Excita a la rebelión! ¡Niega el respeto al César! ¡A la muerte! ¡Es un alborotador! ¡Subleva al pueblo con su Doctrina, enseñándola por toda la Judea, a la que llegó desde Galilea! ¡A la muerte! ¡A la muerte!

Pilatos murmura:

–                       ¿Es Galileo?…  –y se regresa a donde está Jesús. Lo exhorta- ¿Has oído cómo te acusan? ¡Defiéndete!

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Jesús no responde.

Pilatos piensa… y en los umbrales del crimen, trata de salvarlo.

Conoce bien a Herodes y sabe que es tan astuto que al tratar de contemporizar entre Roma y el pueblo, obrará de modo que no dañe los intereses de Roma, ni ofenda al pueblo hebreo. Piensa: ‘¡Sí! ¡Es lo mejor!’…

Se decide y ordena a su tribuno:

–                       Que una centuria lo lleve con Herodes y que lo juzgue. Es su súbdito. Reconozco el derecho del Tetrarca y de antemano acepto su veredicto. Que se le comunique. Id.

El oficial le obedece de inmediato.

El Gobernador los ve alejarse y se queda pensativo… este Rey sin corona, sin palacio, sin corte, sin soldados. Le repite que su Reino no es de este mundo. Y tan es así, que ningún servidor, ni soldado alguno, se levanta a defenderlo y arrancarlo de las manos de sus enemigos.

Pilatos, sentado en su silla lo ha escudriñado, porque Jesús es un enigma que no logra descifrar…

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 Pero ¿Cómo puede entrar Dios y su Luz, donde no hay lugar para ellos y puertas y ventanas están custodiadas por la soberbia de un cargo, las preocupaciones humanas, los errores del paganismo, la debilidad humana, el vicio, la usura?…  Guardias al servicio de Satanás contra Dios

Pilatos no puede comprender en qué consiste su Reino. Y lo más trágico: no pide que se lo explique. Al invitarle a que conozca la verdad, paganamente responde: ‘¿Qué cosa es la Verdad?’ ¿Dinero? No. ¿Placeres? No. ¿Poder? No. ¿Salud física? No. ¿Gloria humana? No. ¡Entonces no tiene importancia!…

No vale la pena correr detrás de una quimera. Dinero, mujeres, placeres, poder, buena salud, comodidades, honores. Éstas son cosas útiles, que deben amarse y conseguirse a cualquier precio.

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Su materialismo le impidió conocer, lo único verdaderamente valioso que importa conocer, porque es para la eternidad: La Verdad…  ¿Por qué no insistió en preguntar?: ¿¿Qué cosa es la Verdad??

Ella no quiere sino darse a conocer para instruir. Está delante como lo estuvo frente a Pilatos. Nos ve a todos nosotros… Nos mira con ojos suplicantes que dicen: “Pregúntame y te instruiré”

Y como miró a Pilatos nos ve a todos y a cada uno de los seres humanos que ha creado. Nos dice:

–                 “Yo te amo tal como eres en este momento y si tú quieres, te enseñaré a conocerme y amarme…” 

Si con ojos serenos llenos de amor, mira a quién le ama y pide que le hable…

Con ojos de tristeza amorosa mira a quién no le ama, ni le busca, ni le escucha. Pero Amor. Siempre amor. Porque el Amor es su Naturaleza…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

193.- PAZ EN LA GUERRA


1medianoche

Todos duermen. La luz de la luna que poco a poco avanza, baña los árboles y las pendientes del Monte de los Olivos, así como la ciudad que duerme y las tiendas de los Galileos.

De una de ellas, sale Jesús sin hacer ruido y desciende veloz por los escabrosos senderos que llevan a Getsemaní. El Cedrón parece una cinta plateada, Jesús pasa sobre un puentecillo que lo cruza y llega hasta la Puerta Estercolaría o de la Basura, que está cerca del Valle de Inón y es custodiada por los legionarios.

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 Cuatro soldados están sentados sobre grandes piedras y hablan entre sí. Se calientan al calor de la hoguera que ilumina sus corazas y sus yelmos. Uno de ellos descubre la alta figura de Jesús y toma su lanza que tenía apoyada contra el muro.

Toma su actitud militar y grita:

–                       ¿Quién va?  -Y sin dar tiempo a que responda  Jesús agrega- No se puede entrar. ¿No sabes que está por acabarse la segunda vigilia?

Jesús contesta:

–                       Soy Jesús de Nazareth. Mi Madre está en la ciudad y voy a verla.

El legionario se admira:

–                       ¡Oh! ¡El hombre que resucitó al muerto de Bethania!…  ¡Por Júpiter! ¡Hasta que por fin lo veo!

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Se le acerca. Da vueltas a su alrededor como para asegurarse de que es algo real, de que es un hombre como todos.

Y prorrumpe:

–                       ¡O, dioses! ¡Es hermoso como Apolo, pero en lo demás es como nosotros! ¡No trae bastón, ni birrete, ni cosa alguna que demuestre su poder! –y se queda perplejo.

Jesús le mira dulcemente.

Se acerca parte de la decuria que está de guardia y…

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Los otros dicen:

–                       Ojala hubiera estado aquí a la mitad de la primera vigilia, cuando llevaron al sepulcro a la hermosa muchacha que murió esta mañana. ¡La habríamos visto resucitar!…

Jesús repite suavemente:

–                       ¿Puedo ir a ver a mi Madre?

Los cuatro soldados parecen volver en sí.

El de mayor edad responde:

–                       En verdad que la orden es de que no puedes pasar, pero de todos modos lo harías… Quien obliga a que se abran las puertas del Hades, puede abrir las puertas de una ciudad cerrada.

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Tú no eres un hombre que provoque sediciones, por lo tanto, no podemos prohibirte el paso. Solo procura que no te sorprendan las rondas.  –Se vuelve hacia el soldado de la puerta-  Marco Grato abre.

Y agrega diciendo a Jesús:

–     Pasa sin hacer ruido. Somos soldados y debemos obedecer.

–                       No te preocupes. Vuestro bello gesto no recibirá ningún castigo.

El legionario abre cuidadosamente la puertecilla que hay en el gigantesco portón y dice:

–                       Pasa pronto. Dentro de poco termina el turno y nos relevarán otros.

–                       La paz sea con vosotros.

–                       Somos hombres de guerra.

–                       También en la guerra permanece la paz que Yo doy, porque es paz del alma.

Jesús se adentra en la oscuridad del arco abierto a través del muro. Sin hacer ruido pasa ante el cuerpo de guardia y se adentra en la ciudad. Los soldados lo ven alejarse…

El más joven dice:

–                       No se le ve más… ¿Qué habrá querido decir con esas palabras? Me hubiera gustado saberlo…

–                       Se lo hubieras preguntado. No nos desprecia. Es el único hebreo que no nos hace el feo.

–                       No me atreví. Soy un campesino de Benevento. Y ¿Cómo iba a hablar con uno que dicen que es Dios?

–                       ¡Un Dios montado en un asno! Me imagino que ni siquiera bebe el mulsium. ¿No ves que pálido está?

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–                       Y con todo, los hebreos…

–                       Esos sí que beben aunque finjan no hacerlo. Se embriagaron con los vinos de estas tierras. Y con su cerveza han visto a su Dios dentro de un hombre. Créemelo. Los dioses son un cuento. En el Olimpo no hay nadie y la tierra no los conoce.

–                       ¡Si te oyesen!…

–                       ¿Eres tan niño para ser tan inocente? ¿No sabes que el mismo César no cree en los dioses; como tampoco creen los pontífices, los augures, los arúspices, los arvalos y las vestales?

–                       Y entonces ¿Por qué?

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–                       ¿Por qué las ceremonias? Porque le gustan al pueblo. Se sirven de ellas los sacerdotes y el César para que se le obedezca como a un dios terrenal. Tengo mucha experiencia, mis cabellos se van haciendo blancos y mi inteligencia es cada vez más madura. El sentido y la razón, no son suficientes para convencernos de poder conocer la verdad. Y la vida y la muerte tienen el mismo valor porque no sabemos qué cosa sea el vivir; así como ignoramos qué es morir.  –dice con afectación filosófica.

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El otro lo mira sin saber que responder. Piensa…

Luego dice:

–                       Por mi parte creo. Me gustaría saber… Saber de aquel Hombre que acaba de pasar. Él ciertamente sabe la Verdad. Algo extraordinario mana de Él. Algo así como una luz que te penetra…

–                       ¡Qué Esculapio te salve! ¡Estás enfermo! Se comprende. Viniste con la legión de Longinos…  Acabas de llegar y estás delirando… Ven. No hay más que vino caliente y aromas para quitar con el sudor, el veneno de la fiebre Jordánica…

Pero el otro protesta:

–                       No estoy enfermo. No quiero vino caliente y drogado. Quiero seguir vigilando y esperar a ese hombre que se llama Jesús.

–                       Si esperar no te disgusta… Como quieras. Voy a despertar a aquellos para el relevo. Nos vemos luego…

Haciendo ruido entra donde está el cuerpo de guardia y despierta a sus compañeros diciendo:

–                     Ya es hora. Arriba flojos. Despertad… Estoy cansado.  –da un fuerte bostezo y maldice porque dejaron apagar el fuego y se han bebido todo el vino caliente: ‘Tan necesario para secarse del rocío palestinense…’

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El joven legionario, apoyado sobre la muralla que la luna baña con sus luces, espera a que Jesús regrese. Las estrellas le hacen compañía…

Mientras tanto, Jesús ha llegado a la casa que Lázaro tiene en la colina de Sión y llama a la puerta.

Leví sale a abrirle.

–                       Maestro, ¿Tú? ¿Cómo pasaste?

Jesús contesta:

–                       Soy Jesús de Nazareth. Los legionarios me permitieron pasar. Pero no lo digas a otros, Leví.

–                       No lo diré. ¡Son mejores que muchos de nosotros!

–                       Llévame a donde está mi Madre y no despiertes a nadie más.

–                       Como órdenes, Señor. Lázaro nos ha ordenado obedecerte en todo, sin discusión, ni tardanza. Nos lo mandó decir por medio de un siervo a todas las casas suyas. Obedecer y callar. Lo haremos. Nos devolviste a nuestro dueño…

El mayordomo se adelanta por los largos corredores que son como galerías, en el hermoso palacio que Lázaro tiene en la colina de Sión.

La luz de la lámpara que lleva en las manos, dibuja espectrales figuras sobre todo lo que alumbra.

El hombre se detiene ante una puerta cerrada y dice:

–                       Aquí está tu Madre.

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Jesús contesta:

–                       Puedes irte.

–                       ¿No quieres la luz? Yo puedo regresar a oscuras. Conozco bien esta casa. Nací aquí.

–                       Déjala. No quites las llaves de la puerta. Salgo pronto.

–                       Sabes dónde estoy.  Cerraré por precaución; pero te abriré en cuanto te oiga llegar.

Jesús se queda. Llama suavemente. Tan suave, que solo que quién está despierto puede oír.

Adentro se oye el ruido de una silla que es apartada a un lado y se escuchan los pasos suaves.

Una voz femenina pregunta:

–                       ¿Quién es?

Jesús contesta:

–                       Yo, Mamá. Ábreme.

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Al punto se abre la puerta. La luz de la luna ilumina la habitación y el lecho en el que todavía nadie se ha acostado. Hay una silla junto a la ventana abierta…

–                       ¿Aún no te duermes? ¡Ya es tarde!

–                       Estaba orando… Ven Hijo mío. Siéntate aquí.  –y señala la silla.

–                       No puedo quedarme. Vine para que fuéramos a la casa de Elisa en el barrio de Ofel. Analía ha muerto. ¿No lo sabías?

–                       No. ¿Cuándo sucedió?

–                       Después de que pasé.

–                       ¡Después de que pasaste! Fuiste para ella el Ángel Liberador. ¡Para ella la tierra era una prisión! ¡Dichosa! ¡Quisiera estar en su lugar! Murió…

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–                       Murió por el gozo de amor. Lo supe cuando estaba cerca del Templo. Ven conmigo, Mamá. No tenemos miedo de profanarnos al consolar a una madre que tuvo entre sus brazos a su hija muerta, por una alegría sobrenatural…

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Nuestra primera discípula virgen. La que fue a Bethania a buscarme y a pedirme esta alegría… ¡Días lejanos y tranquilos!

–                       El otro día estuvo cantando como una curruca enamorada y me besó  diciendo: ‘¡Soy muy feliz!’

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Y moría de ansias por saber algo de Ti. Cómo se formó Dios. Cómo me eligió.

1anunciacion2

 Mis recuerdos de cuando consagré la virginidad… Ahora comprendo… Estoy pronta, Hijo.

1anunciacion

Mientras hablaba, ha vuelto a recoger sus trenzas, que le caían sobre la espalda y la hacen parecer más joven…

María se pone el velo y el manto. Salen haciendo el menor ruido posible…

Leví está cerca del portón y dice:

–                       Preferí hacer así… Por mi mujer. Las mujeres son curiosas. Me hubiera hecho miles de preguntas. Así está mejor…

Abre la puerta para que ellos salgan.

Jesús le dice:

–                       Dentro de esta misma vigilia traeré otra vez a mi Madre.

–                       Estaré alerta. No te preocupes.

–                       La paz sea contigo.

Caminan por las calles silenciosas, vacías.

1via_dolorosa2

Todavía se ven flores tiradas sobre los escalones de las casas. Llegan a la casa de Analía…

Jesús llama a la puerta. Se oye el ruido de una ventana y una voz que pregunta:

–                       ¿Quién es?

María responde:

–                       María y Jesús de Nazareth.

–                       ¡Oh! ¡Voy al punto!…

1via dolorosa

Esperan  muy poco. Se oyen como corren los cerrojos. Se asoma el rostro triste de Elisa, que apenas logra sostenerse.

Cuando María entra y le abre los brazos, Elisa se echa en ellos sollozando y sin decir nada.

Jesús cierra y espera a que su Madre tranquilice aquella ansiedad. Hay una habitación cerca de la puerta. Entran.

Jesús trae la lámpara que Elisa había dejado sobre el piso, antes de abrir la puerta…

Elisa sigue gimiendo… Entre sollozos roncos habla a María…

Jesús de pie, calla.

Elisa no puede comprender por qué murió su hija de este modo.

1Hija-de-Jefte-sacrificada

Y en medio de su sufrimiento acusa a Samuel de ser el causante, porque la engañó.

Se lamenta:

–                       ¡Se me ha muerto! No sabes lo que significa haber perdido a una hija. Dos veces lo he probado. La lloraba cuando tu hijo me la curó. Pero ahora, ¡Él no volvió! No ha tenido compasión. Mi hija está en la tumba. ¿Sabes lo que significa ver agonizar a un hijo? ¿Saber que debe morir? ¿Verlo muerto cuando se le creía sano y fuerte?

No lo sabes. No puedes hablar sobre esto… Era hermosa como una rosa que abre el primer rayo de sol.

1novia

Quiso ponerse el vestido que le había tejido para sus bodas. Quiso llevar su corona de flores como una novia. Luego deshizo la guirnalda para arrojar las flores a tu Hijo. ¡Cantaba! ¡Cantaba! Su voz llenaba la casa. Era linda como la primavera y quedó blanca como un lirio.

1novia2

Se dobló sobre mi pecho como un tallo cortado… Estaba hermosa como un ángel de Dios pero sin vida. Tú no sabes…

1angeldlamuerte

Tú que estás contenta con el triunfo de tu Hijo, que está sano y fuerte, ¡Qué cosa es mi dolor! ¿Por qué no volvió? ¿Por qué no tuvo piedad de mi plegaria?

María responde:

–                       ¡Elisa! ¡Elisa, no hables así!… El dolor te ciega y te hace sorda… Elisa, no conoces mi sufrir. No conoces el mar profundo en el que se convertirá mi sufrimiento. La viste plácida y bella… Entre tus brazos.

1blessed_mother1

Yo… hace más de seis lustros que contemplo a mi Hijo. Y más allá de su cuerpo que contemplo y acaricio… Veo las llagas del Hombre de Dolores en que se convertirá.

1jazotado

Dices que no sé lo que significa ver a un hijo ser devorado por la muerte dos veces y la segunda que quede en paz. ¿Pero sabes que es para una madre tener ante sus ojos esta visión por tantos años?

1perfil-divino-rostro

¡Mi Hijo! Míralo. Está vestido de rojo, como si hubiese salido de un baño de sangre. Y dentro de poco; cuando todavía la cara de tu hija no se habrá afeado… Lo veré bañado con su Sangre Inocente.

1cristo-agonía

Con la sangre que le di. Si tú tuviste a tu hija contra el pecho; ¿Comprendes cual será mi dolor cuando vea morir a mi Hijo, como un malhechor sobre la Cruz?

Míralo. Es el Salvador de todos. Tanto del cuerpo, como del alma.

1cristo-crucificado-hiperrealista

Porque los cuerpos salvados por Él serán incorruptos y bienaventurados en su Reino. Mírame. Mírame a mí que hora tras hora, acompaño y conduzco ¡Oh, yo no lo detendría ni siquiera un paso! Al Sacrificio.

1cristo-muerto

Puedo comprenderte. ¡Comprendes tú a mi corazón! No te irrites contra mi Hijo. ¡Analía no hubiera soportado ver la agonía de su Señor! Él ha hecho que se fuera feliz en una hora de regocijo.

Al oír estas palabras, Elisa ha dejado de llorar… Mira a María en cuyo rostro de mártir, se ven lágrimas silenciosas. Mira a Jesús que la mira con piedad… Cae a los pies de Él, llorando…

Jesús le dice:

–                       Tu hija vive para siempre, porque creyó en la Vida. Pronto dirás lo que te mandé decir esta mañana: ‘Realmente su muerte, fue una gracia de Dios’ Créelo, Elisa. El horror se va a apoderar de este lugar… Vendrá el día en que las madres que han sufrido una desgracia como la tuya, dirán: ‘Gracias a Dios que libró a nuestros hijos para que no contemplasen estos días.’

Créelo mujer. Cree a mis palabras. No levantes entre ti y Analía la verdadera valla que divide: la de no tener la misma Fe. ¿Ves? Podía Yo no haber venido, tú sabes cuánto me odian y como me rodean sus asechanzas. ¡No te hagas ilusiones de este triunfo momentáneo! Vine a consolarte y a traer a tu alma la paz.

1dramos

Elisa responde:

–                       ¡Oh, gracias Señor! Por dar la paz al corazón de esta madre angustiada… -y llora, pero más suavemente.

Jesús dice:

–                       Así sea. La paz sea contigo.  –le impone las manos bendiciéndola y orando en silencio.

María se arrodilla junto a Elisa y la abraza.

Jesús dice:

–                       Adiós Elisa. Me voy… Vámonos Madre.

María responde:

–                       Hijo mío, si me lo permites, me quedo un poco más con ella. El dolor es como una ola que regresa después de que se alejó el que había dado la paz. Entraré a la hora de prima. No tengo miedo de andar sola. Sabes también que sería capaz de atravesar un ejército enemigo, para ir a consolar a un hermano en Dios.

–                       Haz como quieras. Yo me voy. Dios esté con vosotras.

Y sale sin hacer ruido, cerrando tras de Sí, la puerta de la habitación y luego la de la casa. Se dirige a la muralla. Las calles están envueltas en la penumbra. El cielo está lleno de estrellas…

1Northern_Lights

Y el joven soldado que lo estaba esperando, en cuanto ve a Jesús que se acerca, le sale al encuentro y…

Le dice dudoso:

–                       Salve. Te estaba esperando…

Jesús le contesta:

–                       Habla sin temor. Que se te ofrece.

–                       Quisiera saber. Dijiste: ‘La paz que Yo doy, permanece aún en la guerra, porque es paz del alma’ Quisiera saber que es paz y que es el alma. ¿Cómo puede el hombre que está en guerra, estar en paz? Cuando se abre el templo de Jano, se cierra el de la paz. Ambas cosas no pueden coexistir en el mundo.

1-Janus-Vatican

Jesús sonríe:

–                       Tienes razón. En el mundo no pueden coexistir la paz y la guerra. Una excluye a la otra. Pero en el hombre de guerra, puede haber paz, aun cuando pelee. Puede existir mi paz; porque ella viene del Cielo y no le hace ningún daño el fragor de la guerra y la ferocidad de la batalla. Siendo algo divino, penetra en lo divino que tiene el hombre, lo que se llama alma.

¿Es divina mi alma? Divino es César. Yo soy hijo de campesinos. Soy todavía un legionario sin grado. Si soy valiente, llegaré a ser centurión; pero divino, no.

1jnoche

–                       Hay algo divino en ti: el alma que viene de Dios. Del Dios Verdadero. Por esto es divina. Es una joya preciosa que vive en el hombre, que se alimenta de cosas divinas. Que vive de la Fe, de la Paz, de la Verdad.

La guerra no la turba. La persecución no le hace ningún daño. La muerte, no la mata. Solo el Mal; esto es, hacer lo que no está bien, la hiere o la mata. Y hasta la priva de la paz que Yo le doy. Porque el Mal separa al hombre de Dios.

–                       ¿Y qué es el Mal?

–                       Estar en el paganismo y adorar los ídolos; una vez que la bondad del Dios Verdadero ha dado a conocer que Él existe. No amar a los padres, a los hermanos, al prójimo. Robar, matar. Ser rebelde, lujurioso, falso. He ahí el Mal.

–                       ¡Ah! ¡Entonces yo no puedo tener tu paz! Soy soldado y se me han dado órdenes de matar. Entonces, ¿Para nosotros no hay salvación?

1batalla

–                       Sé justo en la paz, como en la guerra. Cumple tu deber sin crueldad y sin ambición. Mientras combates y conquistas, recuerda que el enemigo es semejante a ti. Que en cada ciudad hay madres e hijas, como tu madre y tus hermanas. Sé valiente, sin ser un hombre desenfrenado. Así no saldrás de los límites de la justicia y de la paz. Y mi paz estará contigo.

–                       ¿Y luego?

–                       ¿Qué quieres decir con luego?

–                       ¿Después de la muerte? ¿Qué pasa con el bien que hice y con mi alma, que dices que no muere si no se hace el Mal?

–                       Seguirá viviendo del bien hecho. En medio de una paz gozosa, mayor que la que disfrutó en la tierra.

–                       Entonces en Palestina, sólo uno hizo el bien. ¡Comprendido!

–                       ¿Quién?

–                       Lázaro de Bethania. ¡Su alma no murió!

–                       Realmente él es un hombre justo. Pero hay muchos semejantes a él, que mueren sin resucitar, pero que su alma vive en el Dios verdadero. Porque el alma tiene una mansión en el Reino de Dios y quién cree en Mí, entrará en ese Reino.

–                       ¿También yo que soy romano?

1jcenturion

–                       También tú, si creyeres en la Verdad.

–                       ¿Qué es la Verdad?

–                       Yo Soy la Verdad; el Camino para llegar a Ella. Soy la Vida y la doy a quién acepta la Verdad. 

El joven soldado piensa… Luego levanta su cara, en sus ojos brilla una mirada límpida y con una sonrisa juvenil y serena dice:

–                       Procuraré no olvidar nunca esto y trataré de saber un poco más. Me gusta… Yo quiero creer en Ti… ¿Cómo le hago?

–                       Invoca mi Nombre… Soy JESÚS de Nazareth… Dios te dará la Luz para aprender mi doctrina. ¿Cómo te llamas?

–                       Vital de Benevento. De la campiña de la ciudad.

–                       Recordaré tu nombre. Haz que tu espíritu sea verdaderamente vital…  Alimentándolo con la Verdad. Adiós. La Puerta va a abrirse. Me voy.

–                       ¡Ave!

Jesús atraviesa ligero la puerta y se va rápido por el camino que lleva al Cedrón, al Getsemaní y de aquí, al Campo de los Galileos.

1jmountain

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

190.- EL SALVADOR DE LA PATRIA


1luna_creciente

Mientras tanto, Judas ha llegado a la casa de Caifás.

La luna creciente le alumbra el camino y sube decidido entre los olivos de la colina. Llega a la puerta y toca con tres golpes, un golpe, dos golpes…

La puerta se abre sin ningún obstáculo.

Judas entra y pregunta:

–                       ¿Están reunidos?

El portero contesta:

–                       Sí, Judas de Keriot. Creo que están todos.

–                       Llévame a donde están. Debo hablar de cosas importantes. ¡Pronto!

El Portero asegura la puerta y lo guía por una largo y semioscuro corredor.

Se detiene ante una puerta y llama.

El tumulto de voces se calla por dentro… Luego se escucha el sonido de la cerradura y la puerta se abre.

Simón Boeto dice:

–                       ¿Eres tú? ¡Entra!

Judas entra en la sala y la puerta vuelve a ser cerrada con llave.

Hay un momento de sorpresa al ver entrar a Judas…

Lo saludan en coro:

–                       La paz sea contigo, Judas de Simón.

Judas contesta:

–                       La paz sea con vosotros, miembros del Santo Sanedrín.

1SESIÓN

Sadoc pregunta:

–                       Acércate. ¿Qué se te ofrece?

–                       Hablaros… Hablaros del Mesías. No es posible que las cosas sigan así. No os puedo ayudar más si no os decidís a tomar las providencias extremas. Él ya sospecha…

Airados lo interrumpen.

Nahúm le grita:

–                       ¿Te has dejado descubrir, necio?

Judas contesta impaciente:

–                       No. Vosotros sois los necios. Por una prisa irrazonable cometisteis errores y más errores. Sabíais bien que podíais disponer de mí… Y sin embargo no os fiasteis.

Elquías, más serpentino que nunca, le apostrofa con ironía:

–                       ¡Tienes mala memoria, Judas de Simón! ¿No te acuerdas cómo nos dejaste la última vez?…  ¿Quién iba a pensar que nos eras fiel a nosotros, cuando dijiste de ese modo que no podías traicionarlo?

El apóstol objeta excitado:

–                       ¿Y creéis que sea fácil engañar a un amigo? ¿Al único que verdaderamente me ama, que es Inocente?…  ¿Creéis que sea cosa fácil decidirse por el Crimen?

Tratan de calmarlo. Lo lisonjean…

1the-sanhedrin

Doras le dice persuasivo:

–                       Lo que vas a hacer, no es ningún crimen. Es una obra santa para con la patria, a la que evitarás represalias de los dominadores, que empiezan a dar señales de intolerancia por estas continuas agitaciones y divisiones de partidos y de la plebe, en la provincia romana.

Sadoc agrega:

–                       ¡Y para con el Género Humano, si es que en realidad él está convencido de su Naturaleza Divina de Mesías y su misión espiritual!

Ismael ben Fabi:

–                       Si es verdad lo que dice… ¡Lejos de nosotros el creerlo! ¿Esto no te convierte acaso en colaborador de la Redención? Tu nombre irá asociado al suyo por los siglos y la patria te contará entre sus héroes.

Nahúm:

–                        Serás honrado con los cargos más altos. Ya tenemos preparado un asiento para ti, entre nosotros. Subirás, Judas. Dictarás leyes a Israel. ¡Oh!…

1sac-doc

Ismael ben Fabi:

–                       ¡Nunca olvidaremos lo que hiciste en bien del Sagrado Templo, del Sagrado Sacerdocio, en defensa de la Ley Santísima, en bien de toda la nación!

1Templo-Salomon_

Eleazar de Annás:

–                       Trata solo de ayudaros y te juramos… Te lo juro en nombre de mi poderoso padre y de Caifás que tiene el Efod, que serás el hombre más grande de Israel. Más que los tetrarcas. Más que mi mismo padre que es un pontífice depuesto.

Se te servirá y se te obedecerá como a un rey; como a un profeta.

1rey-judea

Cananías:

En el caso de que Jesús de Nazareth no fuese sino un falso Mesías, aun cuando no fuese sentenciado a muerte, porque no ha cometido acciones que comete un ladrón; sino que son de un loco. Ten en cuenta que te recordamos las palabras del Sumo Pontífice Caifás…

1Caifas001

Simón Boeto:

Y tú sabes que quién trae el Efod y el Racional, habla por inspiración divina y profetiza el bien y lo que ha de hacerse por el…

Félix:

Caifás dijo: ‘Está bien que un hombre muera por el pueblo y que no perezca toda la nación’ Fue una profecía…

Se eleva un coro de voces simultáneas:

–                       Así fue.

–                       El Altísimo habló por boca del Sumo Sacerdote.

–                       ¡Y que se le obedezca!

El Gran Consejo del Sanedrín, ha hablado.

Judas ha quedado sugestionado. Seducido… Pero un rayo de sentido común, si no de bondad hay todavía en él… Y lo detiene para no pronunciar las palabras fatales.

Todos lo rodean con deferencia. Con simulado cariño.

Todos insisten:

–                       ¿No nos crees a nosotros?

–                       Mira: somos los jefes de las veinticuatro familias sacerdotales.

–                       Los Ancianos del Pueblo. Los Escribas.

–                       Los más grandes Fariseos de Israel.

–                       Los sabios Rabíes.

–                       Los Magistrados del Templo.

1Sanhedrin

Nahúm:

–                       También eres un levita. ¿Tienes veinticinco años?…

Judas:

–                       Sí. Los acabo de cumplir el verano pasado.

–                       Tienes la edad requerida, para entrar a ofrecer al Santuario… Pronto harás tu primer sacrificio… Aquí a tú alrededor está la  Flor de Israel pronta a aclamarte y a una voz te ordena: ¡Hazlo porque es una cosa santa!

1sacerdote-levita

Judas protesta:

–                       ¿Dónde está Gamaliel? ¿Dónde José y Nicodemo? ¿Dónde Eleazar el amigo de José y dónde Juan de Galaad? No los veo.

Elquías contesta:

–                       Gamaliel está en gran penitencia. Juan, junto a su mujer que está encinta y que está sufriendo esta tarde. Eleazar… no sabemos por qué no haya venido. Un mal rato lo puede tener cualquiera. ¿No te parece? En cuanto a José y Nicodemo, no les avisamos de esta reunión secreta.

1joseynicodemo

Todos:

–                       Y eso porque te amamos y nos preocupamos de tu honra…

–                       Porque desgraciadamente si todo fallase, no denunciarán tu nombre al Maestro.

–                       Velamos por tu fama…

–                       Te amamos, Judas.

–                       Nuevo Macabeo.

–                       Salvador de la Patria.

Judas objeta:

–                       El Macabeo peleó bravamente… Yo cometo una traición.

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Cananías dice:

–                       No te detengas en las particularidades de tu acción, sino en la justicia del objetivo. Habla tú Sadoc, Escriba de Oro. Que tu boca vierta palabras preciosas. Si Gamaliel es docto, tú eres sabio, porque en tus palabras está la Sabiduría de Dios. Convence a este que titubea en defender al Templo de la más grave de las amenazas. 

Sadoc se abre paso y dice con ademanes de un orador inspirado, mientras extiende con majestad el brazo derecho:

–                       ¡Escucha, oh, hombre de Dios!

1sadoc

Luego, levantando la cara y los dos brazos en alto, grita:

–                       ¡Yo te lo digo! ¡Te lo digo ante la altísima Presencia de Dios!

Todos se inclinan y se vuelven a enderezar, con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras dicen a coro y con un eco perfecto:

–                       ¡Marán-Atá!

Sadoc continúa:

–                       Yo te lo digo: ¡Está escrito en las páginas de nuestra historia y de nuestro destino! ¡Está escrito en las señales y en las figuras que los siglos dejaron! ¡Está escrito en el rito que no cesa, desde la noche fatal para los egipcios! ¡Está escrito en la figura de Isaac! ¡Está escrito en la figura de Abel! Y lo que está escrito… ¡Que se cumpla!

Todos contestan y siguen el mismo ritual anterior:

–                       ¡Marán-Atá!

Esta insólita ceremonia tiene un tono lúgubre, sugestionante…

el-cordero

Con las caras de nuevo en alto y las lámparas encendidas en los ángulos de la sala, hace que esta reunión de hombres casi todos vestidos de blanco, parezca una reunión de espectros… Alucinante y macabra.

Sadoc continúa:

–                       La Palabra de Dios ha bajado sobre los labios de os profetas para confirmar este decreto: ¡Él debe morir! ¡Está dicho!

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Todos repiten en coro:

–                       ¡Está dicho! ¡Marán-Atá!

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Se vuelven a inclinar y a enderezar con los brazos cruzados sobre el pecho.

Cananías continúa como si fuese un ritual:

–                       ¡Debe morir! ¡Su suerte está echada!

Y todos responden con solemnidad:

–                       ¡Debe morir!

1coro-levitas

–                       ¡Marán-Atá!

–                       Está descrito hasta en sus pormenores, su destino fatal.

–                       ¡Marán-Atá!

–                       ¡Y la fatalidad no tiene remedio!

–                       ¡Marán-Atá!

–                       Hasta el precio simbólico que se hace al que hace de instrumento de Dios para la realización de la promesa, está indicado.

–                       ¡Marán-Atá!

–                       ¡Está señalado!

–                       ¡Marán-Atá!

–                       Sea el Redentor o un falso profeta, ¡Debe morir!

–                       ¡Marán-Atá!

–                       ¡Debe morir!

–                       ¡Marán-Atá!

–                       La Hora ha llegado.

–                       ¡Marán-Atá!

–                       ¡Yeové lo quiere!

–                       ¡Marán-Atá!

En esta increíble y lúgubre ceremonia aparecen de repente en la sala, el Sumo Sacerdote y Annás, que han entrado sin que nadie se percatara de su presencia…

Caiaphas

Caifás interviene y dice:

–                       ¡Oigo su Voz!…  A fuertes gritos ordena: ¡Que se cumpla!

Todos contestan:

–                       ¡Marán-Atá!

Annás:

–                       ¡El Altísimo ha hablado!

Todos:

–                       ¡Marán-Atá!

–                       ¡Que se cumpla!

–                       ¡Que se cumpla!

–                       ¡Marán-Atá!

Anás pone las manos sobre la cabeza de Judas y dice:

–                       Que el Cielo te dé fuerzas, como las dio a Yael y a Judith, que aunque eran mujeres, se comportaron como heroínas.

1judtih

Como las dio a Jefté…

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 Que sacrificó a su misma hija, en aras de la patria…

1Hija-de-Jefte-sacrificada

Como las dio a David contra Goliat y realizó una hazaña que eternizará a Israel en el recuerdo de las naciones.

1David_vs_Goliath

Caifás confirma:

–                      ¡Que el Cielo te dé fuerzas!

Todos:

–                       ¡Marán-Atá!

Caifás:

–                       ¡Sé un vencedor!

1goliat

Annás:  

–                       Sé un Vencedor.

Todos:

–                       ¡Marán-Atá!

La voz cascada de Cananías sube de tono:

–                       ¡El que titubea en cumplir la orden sagrada, está condenado a la deshonra y a la muerte!

Sadoc:

–                       Está sentenciado.

El coro:

–                       ¡Marán-Atá!

Annás y Sadoc:

–                       Si no escuchas la Voz del Señor Dios tuyo y no realizas sus órdenes y lo que por nuestra boca te manda, ¡Qué todas las maldiciones vengan sobre ti! 

–                       Todas las maldiciones.

Todos:

–                       ¡Marán-Atá!

Caifás, Annás y Nahúm:

–                       ¡Qué te castigue el Señor con todas las maldiciones mosaicas!

–                       ¡Qué te haga desaparecer de entre las gentes!

–                       ¡Te castigue y te haga desaparecer!

Todos:

–                        ¡Marán-Atá!

1gran-consejo

Un silencio fatal envuelve esta escena de sugestión…

Parece que nada se moviera dentro de esta atmósfera de miedo glacial. Pasan unos minutos aterradores… Y luego…

Satanás comunica a Judas el Odio mortal que siente contra Jesús…

1lucifer

Vivo y activo dentro del sacerdote apóstata, cierra su garra opresora sobre el corazón del desgraciado e indefenso apóstol…

1satanás

   Y Judas se estremece por esta pasión avasalladora y mortífera…

1satana2

Finalmente la voz de Judas retumba y es difícil reconocerla, por lo cambiada que está… Su bella y grave voz resuena con un timbre escalofriante y mortal…

Es una voz que tiene la resonancia del Infierno:

–                       Sí. Lo haré. La última parte de las maldiciones mosaicas me toca a mí… Y debo irme porque ya estoy retrasado. Me siento enloquecer al no gozar tregua ni descanso. Mi corazón tiembla de pavor… Mis ojos se oscurecen y mi alma se muere de tristeza…  Tiemblo de que se me descubra y de que Él me fulmine, en éste mi juego doble.

1monte sinai

No sé. No comprendo hasta dónde conoce mis intenciones. Veo que mi vida pende de un hilo. Mañana y noche suplico porque acabe esta hora que sumerge mi corazón en el terror: por el horrible crimen que debo realizar.

¡Oh! ¡Daos prisa! ¡Arrancadme de esta angustia que sufro! Que todo se cumpla, ¡Y al punto! ¡Ahora! ¡Qué me vea libre! ¡Vamos!…

Judas se calla. Su voz fue tomando fuerza a medida que hablaba. Sus movimientos, al principio inseguros y automáticos como los de un sonámbulo; poco a poco se hicieron más resueltos. Se endereza cuán alto es…

Y satánicamente bello, grita:

–                       ¡Qué desaparezcan las artimañas de un insensato terror! Me veo libre de una sujeción que infunde pavor… ¡Mesías…! ¡No te tengo miedo y te entrego a tus enemigos!… ¡Vamos!

Es el grito de un demonio victorioso.

1demonio victorioso

Caifás y Anás se miran entre sí y sonríen…

Y mientras ellos desaparecen tras una pesada cortina…  Judas sin esperar más se dirige hacia la puerta.

Los más encarnizados lo alcanzan y lo detienen.

Elquías y Sadoc preguntan:

–                       ¡Despacio! Todavía no terminamos…

–                       Primero respóndenos: ¿Dónde está Jesús de Nazareth?

Judas contesta:

–                       En casa de Lázaro, en Bethania.

Varios objetan:

–                       No podemos entrar en esa casa que defienden siervos muy adictos a su dueño.

–                       Es la casa de un protegido de Roma.

–                       Nos toparíamos con dificultades.

Judas:

–                       Mañana al amanecer vendremos a la ciudad. Poned guardias en el camino a  Betfagé. Armad confusión y prendedlo.

–                       ¿Cómo sabes que viene por ese camino?

–                       Podría seguir otro…

Judas:

–                       No. Ha dicho a sus seguidores que por ese entrará a la ciudad. Por la Puerta de Efraín…  Que lo esperen cerca de En Roguel. Si lo detuvierais antes…

1ismael y samuel

Nahúm dice:

–                       No podemos. Tendríamos que entrar con Él entre los guardias y cada camino que trae a las puertas y cada calle de la ciudad están llenas de gente, desde que amanece hasta que anochece. Sucederá un tumulto y es lo que no queremos.

–                       Subirá al Templo. Llamadlo para interrogarlo en una sala. Llamadlo en nombre del Sumo Sacerdote. Irá, porque os respeta más que a su propia vida. Una vez que esté con vosotros… No os faltará el modo de llevarlo a un lugar seguro y condenarlo cuando llegue su Hora…

Sadoc objeta:

–                       No dejaría de haber tumulto. Deberías tener en cuenta que la plebe es fanática. Y no solo el pueblo, sino los grandes, lo mejor de Israel y también están los romanos…

Todos respaldan:

–                       Claudia y sus amigas parecen serle muy adictas…

1romana

–                       Gamaliel está perdiendo discípulos. Lo mismo Jonathás ben  Uziel y otros más de los nuestros.

–                       Todos nos abandonan al sentirse seducidos.

–                       Hasta los paganos lo veneran o lo temen. Lo cual ya es una forma de veneración. Y están dispuestos a volverse contra nosotros, si le hiciéramos algún mal.

–                       Además, algunos de los ladrones que asalariamos, para que se fingiesen discípulos suyos y provocasen revueltas, fueron arrestados y hablaron esperando alcanzar clemencia.

–                       El Pretor lo sabe…

1_pretor_

–                       Todo el mundo lo sigue y nosotros no logramos hacer nada.

Es necesario obrar con precaución, para que la plebe no se dé cuenta.

Nahúm confirma:

–                       ¡Tenéis razón! ¡Hay que tomar precauciones! Annás también lo recomienda. Nos dijo: “Que no se haga durante la Fiesta, para que la gente fanática no vaya a provocar algún tumulto” éstas son sus órdenes.

Eleazar ben Annás:

–                       Y también ordenó que se le trate reverentemente en el Templo y dondequiera. Que no se le moleste, para poder atraparlo.

Judas dice:

–                       Entonces, ¿Qué queréis hacer? Yo estaba dispuesto para esta noche y vosotros dudáis…

Elquías, Cananías y Doras contestan:

–                       Bueno. Tú deberías llevarnos cuando Él esté solo.

–                       Conoces su modo de obrar. Nos escribiste diciéndonos que te tiene cerca de Sí, más que a los demás.

–                       Debes estar enterado de lo que quiere hacer. Estaremos siempre listos.

–                       Cuando creas que sea el momento oportuno y sepas el lugar, ven e iremos.

Judas ya habla fríamente, como si estuviera haciendo una transacción comercial y declara:

–                       Contrato hecho. ¿Qué me daréis en recompensa?

Cananías responde:

–                       Lo que dijeron los profetas para que seamos fieles a la palabra inspirada: treinta denarios.

1_denario de plata

Judas grita:

–                       ¡Qué! ¿Treinta denarios por matar a un hombre y A Ese Hombre?… ¡Lo que cuesta un vulgar cordero en estos días de fiesta!¡Estáis locos!

1cordero

No es que tenga necesidad de dinero. Tengo buenas provisiones. No vayáis a pensar que me convenceréis con el ansia de dineroEs demasiado poco para compensar el dolor de traicionar al que siempre me ha amado.

Sadoc dice:

–                       Ya te dijimos lo que haremos contigo: ¡Gloria! ¡Honores! Lo que esperabas de Él y no has conseguido.

Nahúm:

–                       Nosotros te ungiremos rey, profeta y Santísimo Doctor de la Ley.

1rey1

–                       Serás más grande y más respetado que Gamaliel…

1sumo-sacerdote

Eleazar ben Anás:

–                       Te ungiremos Patriarca del Templo y serás obedecido por todo el Santo Consejo del Sanedrín. Serás más grande y más poderoso en Israel, que el mismo Herodes…

1Josias-ley

Nahúm:

–                       Sólo el Sumo Sacerdote estará a tu nivel… Pero eso sólo porque lleva el Efod.

1sacrificando

Tú serás el mayor héroe de la Patria y el cargo será vitalicio. Tendrás toda la riqueza y el poder que esto representa…

1ungiendo-sacerdote

Elquías:

–                       Nosotros curaremos tu desilusión. Pero el precio lo fijaron los profetas. ¡Oh! ¡No es más que una formalidad! ¡Un símbolo! ¡No más! Lo demás vendrá después…

Judas:

–                       Y el dinero ¿Cuándo?

Cananías replica:

–                       Si te refieres al pago por la entrega, en el momento en que nos digas: “Venid” No antes. Nadie paga hasta que no tiene la mercancía en las manos. ¿Acaso no te parece justo?

1Judas

–                       Es lo justo. Pero triplicad la suma…

Todos:

–                       No. Así lo dijeron los profetas. ¡Je, je, je!

–                       Así debe hacerse. ¡Je, je, je!

–                       ¡Oh, que si sabemos obedecerlos! ¡Je, je, je!

–                       No dejaremos ni una tilde. ¡Je, je, je!

–                       Para que se cumpla lo que de Él está escrito. ¡Je, je, je!

–                       Somos fieles a la palabra inspirada. ¡Je, je, je!

La figura esquelética de Cananías se estremece con su risa hipócrita y venenosa. Muchos le imitan con sus risotadas lúgubres, llenas de rabia y de Odio.

1Sanhedrin (2)

Elquías dice:

–                       Hemos terminado.

Todos:

–                       Puedes irte. Esperamos el alba para entrar nuevamente en la ciudad por diversos caminos. Adiós.

–                       La paz sea contigo, oveja extraviada que regresas al redil de Abraham.

–                       ¡La paz sea contigo!

–                       ¡La paz sea contigo y con ella la gratitud de todo Israel!

–                       Cuenta con nosotros.

Nahúm:

–                       Cualquier deseo tuyo, es ley para nosotros.

Eleazar:

–                       ¡Qué Dios esté contigo, como lo ha estado con todos los siervos más fieles!

Doras:

–                       ¡Todas las bendiciones caigan sobre ti!

Lo acompañan a la salida con abrazos y protestas de Amor…

Lo ven alejarse por el corredor semioscuro. Oyen el ruido de los aldabones al abrir y cerrar.

1casa-caifas

Llenos de júbilo vuelven a entrar a la sala.

Los menos perversos dicen al mismo tiempo:

–                       ¿Y ahora?

–                       ¿Qué haremos con Judas de Simón?

–                       Sabemos muy bien que fuera de esos miserables treinta denarios, no podemos darle nada…

–                       ¿Qué dirá cuando se vea traicionado?

–                       ¿No habremos cometido un error más grande?

–                       ¿No contará al pueblo lo que hicimos?

–                       Todos sabemos que es un hombre voluble…

Cananías grita:

–                       ¡Sois muy ingenuos y además necios, al pensar en estas cosas y preocuparos por ellas! Ya determinamos lo que haremos con Judas. ¿Lo habéis olvidado?

1cananías (2)

Eleazar:

–                       Y no vamos a cambiar de plan.

Nahúm:

–                       Tan pronto acabemos con el Mesías, Judas morirá. Lo hemos decidido.

Ismael ben Fabi pregunta:

–                       ¿Y si lo revela antes?

Sadoc contesta:

–                       ¿A quién? ¿A los discípulos?…  ¿Al pueblo, para que lo lapiden?

Elquías:

–                       Él no hablará. Su horrible acción es una mordaza.

Simón Boeto advierte:

–                       Podría arrepentirse más adelante. Tener remordimientos y hasta fingirse loco… Porque al darse cuenta, el remordimiento lo puede enloquecer.

Elquías dice lento, pero decidido:

–                       No tendrá tiempo para ello. Pensaremos antes. A cada cosa su hora. Primero el Nazareno y luego eliminaremos al que lo traicionó… 

judasy

Nahúm advierte:

–                       Oíd. Ni una palabra a los que no vinieron. Conocen bastante nuestros planes. No confío en José, ni en Nicodemo. Y muy poco en los otros…

Doras pregunta:

–                       ¿Tienes sospecha de Gamaliel?

Nahúm responde:

–                       Hace meses que ya no viene con nosotros. Si el Pontífice no se lo manda expresamente, no tomará parte en nuestras sesiones.

Cananías:

–                       Dice que está escribiendo una obra con la ayuda de su hijo.

Elquías:

–                       Pero me refiero a Eleazar y a Juan.

Félix exclama con ira:

–                       ¡Esos nunca se han mostrado contrarios!

Cananías replica:

–                       ¡No es así! Se nos han opuesto demasiado poco y por eso conviene vigilarlos. ¡Je, je, je!

Sadoc:

–                       Muchas sierpes se nos han metido en el Sanedrín…

–                       Pero se les echará fuera… ¡Je, je je!…

Y encorvado y tembloroso, apoyado en su bastón, busca lugar en uno de los grandes y largos asientos, cubiertos de gruesos tapices que hay junto a las paredes de la  sala. Contento, se tira sobre uno de ellos y pronto se duerme con la boca abierta, con una sonrisa maléfica, que refleja la maldad que hay en su corazón.

Lo ven los otros y…

Doras, el hijo de Doras, dice:

–                       Él tiene la satisfacción de ver este día. Mi padre lo soñó. Pero no pudo verlo. Pero en mi corazón llevaré este ideal, para que mi padre esté también presente cuando nos venguemos del Nazareno y también pueda alegrarse…

Doras jr

Nahúm:

–                       Recordad que tenemos que turnarnos y que debemos estar siempre en el Templo.

–                       Estaremos.

Elquías:

–                       Debemos dar órdenes de que a cualquier hora que venga Judas de Simón, se le lleve al Sumo Sacerdote.

–                       Así lo haremos.

Sadoc:

–                       Y ahora preparémonos para el Golpe Final.

Todos:

–                       ¡Estamos preparados!

Sanhedrin-pic

–                       ¡Estamos preparados para todo!

–                       Astutamente.

–                       ¡Astutamente!

–                       Con perspicacia.

–                       ¡Con perspicacia!

–                       Para apartar cualquier sospecha.

–                       ¡Para engañar a cualquiera!

–                       Nadie reaccionará contra lo que diga o haga.

–                       ¡Así lo haremos!

–                       Nos vengaremos de una sola vez…

–                       ¡Así lo haremos!

–                       Y nuestra venganza será cruel.

–                       ¡Cabal!

–                       Completa.

–                       ¡Sin compasión!

Se sientan a descansar mientras llega el alba…

1rayandoel alba

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

148.- PRIMER MONASTERIO


01

Jesús ha regresado a Jericó. Lo rodea la gente de toda la ciudad. Zaqueo trata de acercarse y es una empresa casi imposible.

Jesús premia su constancia y grita:

–                       ¡Zaqueo, acércate a Mí! Dejadlo pasar, porque quiero entrar a su casa.

Hay que obedecer. La multitud se apretuja para dejar pasar a Zaqueo.

Jesús, con su hermosa sonrisa le dice:

–                       La paz sea contigo, Zaqueo. Acércate para que te dé el beso de paz. Lo has merecido.

Zaqueo contesta:

–                       ¡Oh, sí Señor! bien que me lo he merecido. ¡Qué difícil es llegar hasta Ti!

Jesús lo besa y dice:

–                            No te premio por esta fatiga; sino por las otras que los demás ignoran y que Yo conozco. Tienes razón. Es difícil llegar a Mí. Pero no es la multitud el único obstáculo. Ni siquiera el más insuperable.

¡Oh, pueblo que me has traído en triunfo! El obstáculo más difícil, el más compacto, el más duro de romperse, es el propio ‘yo’. He visto a un pecador convertido. A uno que fue duro de corazón. Que fue amante de comodidades, soberbio, vanidoso, lujurioso y avaro. Y lo he visto despojarse de su antiguo ‘yo’ aún en las cosas menores. Y tomar modales y afectos como los que lo empujaron a correr a su Salvador, que le dieron ánimos para llegar hasta Él; suplicar humildemente, oír pullas y aceptar los reproches con paciencia. Que sufrió en su cuerpo los golpes de la gente. En el corazón al verse rechazado y arrojado por todos, sin poder conseguir siquiera una mirada mía. Otras cosas vi en él. Cosas que también vosotros conocéis; pero que no queréis contar con ellas, para encontrar consuelo.

2pueblo

Diréis: ‘¿Y cómo las conoces Tú, si no vives entre nosotros?’ Os respondo: porque leo en el corazón de los hombres. Por eso no ignoro sus acciones y sé ser justo en premiar, en proporción del camino hecho para llegar a Mí. Y como no ignoraba las obras de Zaqueo; sus pensamientos, sus fatigas;  así tampoco ignoraba que en muchos de esta ciudad que me habían aclamado, había más bien un amor sensible que espiritual.

Si me hubierais amado rectamente; hubierais sido compasivos con vuestro conciudadano. No lo habríais mortificado recordándole su pasado, que él ha borrado y que Dios ya no recuerda. Porque el perdón no se pierde a no ser que la creatura vuelva a pecar. Y si lo juzga otra vez, es por el nuevo pecado. No por el que ya ha sido perdonado. Ahora os digo y procurad meditarlo en las horas de la noche, que el amarme en verdad no consiste en aclamarme; sino en hacer lo que Yo hago y enseño.

3JesusZaqueoB (1)

En practicar el amor mutuo. En ser humildes y misericordiosos, recordando que sois de un mismo lodo, en lo que se refiere a la parte material. Que el polvo se puede convertir en pantano y el espíritu que no ha conocido derrotas, el día de mañana podría conocerlas en número y alcance peor, que las de aquel viejo pecador que había renacido a la Gracia. Mañana os hablaré. Por ahora basta. Ven Zaqueo.

Zaqueo contesta:

–                       Sí, Señor mío. Ya no tengo más que a un viejo criado. Y yo mismo abro la puerta, con mi corazón emocionado por tu infinita bondad.

Abierto el cancel, hace que pasen Jesús y los apóstoles. Y los guía a las habitaciones, pasando por el jardín que ahora es hortaliza.

La casa está limpia de todo lo superfluo.

Zaqueo prende una lámpara y llama al siervo:

–                       El Maestro está aquí. Cena aquí y dormirá aquí con los suyos. ¿Preparaste todo como te dije?

El siervo contesta:

–                       Sí. Todo está preparado.

–                       Entonces cámbiate de vestido y ve a llamar a los que sabes.

–                       Voy patrón. –se vuelve hacia Jesús y agrega- ¡Bendito seas Maestro, porque ya puedo morir contento!  -y se va.

Zaqueo dice a Jesús:

–                       Es el siervo que tenía mi padre y que se ha quedado conmigo. A todos los demás, los licencié. Lo quiero mucho. Fue la voz que jamás se calló cuando yo pecaba y por eso yo lo maltrataba. Ahora después de Ti, es el que más amo.

copero

Llegan los amigos de Zaqueo y les dice:

–                       Venid amigos, allí hay fuego. Y todo cuanto puede dar descanso a vuestros cansados y helados cuerpos. Tú Maestro, ven.

Lo lleva a su propia habitación. Hecha agua hirviente en una jarra, quita las sandalias a Jesús y le lava los pies. Se los besa y antes de ponerle otra vez las sandalias, se pone el pie desnudo sobre el cuello, diciendo:

–                       ¡Así! ¡Para que arrojes los restos del viejo Zaqueo!

Se levanta y mira a Jesús con una sonrisa humilde y lágrimas en los ojos.

Hace un gesto para señalar todo el ambiente que lo rodea y dice:

–                       He cambiado todo. He dejado que sobreviviese el recuerdo de mi conversión en estas paredes desnudas. En este lecho duro. Lo demás lo vendí porque me quedé sin dinero y quería hacer el bien. siéntate, Maestro…

Jesús se sienta sobre un banco de madera. Y Zaqueo a sus pies. Sentado en el piso…

caridad

Zaqueo continúa hablando:

–                       Tú me enseñaste a amarlos verdaderamente. Antes eran mis cómplices en el vicio, pero no los amaba. Ahora los reprendo y los amo. Porque sé cuán dulce es la paz que proviene del hecho de ser perdonados, redimidos, renovados… esto también lo quise para ellos. Los busqué. ¡Qué fatigas! ¡Al principio fue una cosa muy dura! Los he hospedado hasta que acepten el nuevo yugo. Muchos ya se circuncidaron. Pero yo no los obligo. Extiendo mis brazos al abrazar las miserias; yo, que de ellos no puedo tener asco. Quisiera dar a todos ellos lo que Tú quieres dar: la alegría de no tener remordimientos. La paz de estar sin pecado. Dime ahora Señor mío, si me he atrevido a mucho…

5zaqueo

–                       Has hecho bien, Zaqueo. También les has dado la alegría de ser ciudadanos de mi Reino Celestial. No ignoraba tus obras. Te seguía por el camino arduo, pero glorioso de la Caridad. Porque esto es caridad y muy digna de alabanza. Tú has comprendido la palabra  del Reino. Pocos lo han logrado, porque sobrevive en ellos la antigua concepción y convicción de ser ya santos y doctos. Tú después de haber arrancado de tu corazón el pasado, quedaste vacío y has querido poner dentro de ti las palabras nuevas, lo futuro, lo eterno. Continúa así, Zaqueo…

–                       ¿Apruebas todo, Señor?

–                       Todo, Zaqueo.

entemp

–                       ¿Sabes Señor, que tus enemigos asueldan hasta ladrones, la hez de pueblo, para tener secuaces prontos, para infundir miedo e imponerse sobre los demás?… Lo supe por uno de mis pobres hermanos… ¡Eh! ¡Cuantas veces los verdaderos culpables son los que parece que no cometen ningún mal! Me explicó como y el porqué se había hecho ladrón… Le dije: ‘No robes. Si tienes hambre, pan no te faltará. Te buscaré un trabajo honrado. Como todavía no has cometido ningún homicidio, detente. Sálvate.’

Lo persuadí. Me dijo que se había quedado solo, porque los otros habían sido comprados con mucho dinero, por los que te odian y ahora están listos para fomentar motines, diciendo que son partidarios tuyos, para escandalizar al pueblo. ¿Qué intentan hacer, Señor?

6AY+DE+VOSOTROS+ESCRIBAS+Y+FARISEOS

–                       Josué pudo detener el Sol. Pero éstos a pesar de lo que hagan; no podrán detener jamás la Voluntad de Dios.

–                       ¡Tienen dinero, Señor! El Templo es rico y usan el oro que se ofrece en el Templo, para que triunfen sus empresas.

–                       No tienen nada. ¡La Fuerza es mía! Su edificio caerá, como hojas secas en el Otoño, no tengas miedo, Zaqueo. Tu Jesús será Jesús.

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–                       Dios lo quiera, Señor. Nos llaman. Vamos…

Después de al comida están todos sentados en la sala que había sido muy bella  y lujosa. Y que ahora es solo ancha y austera.

Zaqueo habla de una quinta de labranza, comprada con el dinero con el que todos contribuyeron…

Y dice:

–                       ¡Debíamos hacer algo! La ociosidad no es buena medicina para evitar el pecado. La quinta no es un lugar fértil, porque se le descuidó. Nique nos prestó a sus campesinos, para que nos enseñen como abrir los pozos descuidados; a limpiar los campos;  a podar los árboles que había y a plantar nuevos.

Conocíamos muchas cosas, pero no las santas obras del hombre. En este trabajo que es nuevo para nosotros, encontramos una vida realmente nueva. A nuestro alrededor nada nos recuerda el pasado, tan solo la conciencia; pero está bien, somos pecadores. ¿Quieres venir a verlos?

8huerto-abril

–                       Cuando salgamos para ir al Jordán, me detendré en ese lugar. Me has dicho que está situado, sobre el camino que lleva al río…

–                       Así es, Maestro. Está feo. La casa se está cayendo. No tenemos nada de muebles. No tuvimos dinero para tanto…  Tal vez cuando hayamos reparado nuestros crímenes contra el prójimo. Fuera de Démetes, Valente y Leví, que están demasiado viejos para ciertas privaciones y que duermen aquí, los demás se han acostumbrado a dormir en el heno, Señor.

–                       Muchas veces ni eso tengo. También Yo dormiré en el heno, Zaqueo. Dormí en él mis primeros sueños y fueron dulcísimos, porque el amor los cubrió. Puedo dormir allí y no me molestará; porque estaré en medio de hombres en quienes ha resucitado la buena voluntad.

jesus-christ-sacred-heart

Y Jesús mira con unos ojos que son una caricia a estas primeras flores de redimidos de varios países. Son quince… y ellos lo miran.

No son hombres que lloren fácilmente, ¡Sólo Dios sabe cuantas lágrimas hicieron derramar! Y sin embargo sus caras se iluminan con una luz de esperanza sobrenatural, al oír que el Maestro les dice palabras alentadoras.

may1511

Zaqueo continúa hablando:

–                       ¿Entonces apruebas todo lo que hemos hecho? Mira Maestro, te había dicho ‘te seguiré’ y quería realizarlo. Pero esa misma tarde, Démetes, por uno de esos infames negocios que tenía, vino porque necesitaba dinero. Yo no tenía. Te lo había dado todo. Y le dije: ‘No tengo dinero. Pero tengo algo que vale más que un tesoro.’ Le conté mi conversión. Tus palabras. La paz que tenía yo dentro de mí…

Hablé mucho. Al final, él dio un puñetazo sobre la mesa y exclamó: “Mercurio a perdido un secuaz y los sátiros un compañero. Tómame contigo. Haré lo que hiciste. Quiero oler perfume y no más hedores nauseabundos.”

Mercurio-Hermes

Y se quedó. Y a los que les di la mano en el Mal y que tal vez pecaron por mis consejos, los busqué para ayudarlos para atraerlos al bien. Y así como he restituido a los que hice mal, he buscado reparar con ellos y han hablado conmigo. No todos han sido como Démetes. Algunos huyeron, después de injuriarme. Otros se han andado por las ramas y evadieron comprometerse. Otros se estuvieron un poco de tiempo, pero luego regresaron a su infierno.  Estos se quedaron.

Pienso que debo seguirte de este modo. Que debemos seguirte, luchando contra nosotros mismos; soportando los desprecios del mundo, que no sabe perdonarnos. Cuando vemos que el no nos perdona; lágrimas secretas brotan del corazón. Así como cuando vuelven los recuerdos, muchos de los cuales nos afligen. Algunos de ellos son…

Démetes interviene agregando:

–                       La terrible Némesis que nos echa en cara nuestros crímenes y que nos dice que en ultratumba se vengará de nosotros.

Y empiezan a hablar acusándose, todos los demás:

Leonel:

–                       Las maldiciones de los que convertí en esclavos, después de haberles arrebatado lo que tenían.

_dismas (2)

Anastasio:

–                       Las lágrimas de mi madre, de mi esposa, de mis hijos; muertos de hambre. Mientras yo derrochaba todo en banquetes y mujeres.

Heliodoro:

–                       Las súplicas de las viudas y huérfanos que no podían pagar y a los que secuestré sus últimas cosas, en nombre de la Ley.

Lucio:

–                       Los lamentos de los que ya desvanecidos, golpee para hacerlos trabajar.

Valente:

–                       Las horribles cosas cometidas en los países conquistados y aterrorizados después de la batalla.

Dios es amor

Adriano:

–                     Son nuestros pecados… ¡Oh! ¡Mis crímenes no tienen Nombre! No tengo sangre en las manos, pero disfruté de todas las miserias de las inocentes jovenzuelas de los derrotados. De las huérfanas. De las vendidas como mercancía, por un pedazo de pan. Caminé detrás de los ejércitos buscando doncellas sin protección y las convertí en mercancía infame. Por mis manos pasó la virginidad de las jovencitas. La honra de jóvenes esposas; cuando las ciudades eran conquistadas. Mis lupanares eran célebres… Señor, no me maldigas, ahora que sabes…

mercado esclavas

Los apóstoles se apartan del último que habló.

Jesús se levanta y se le acerca…

Le pone la mano en la espalda y le dice:

–                       Es verdad. Tu crimen ha sido grande. Tienes mucho que reparar. Pero Yo la Misericordia; te aseguro que aunque fueras el mismo demonio y hubieses cometido todos los crímenes de la Tierra; si tú quieres, puedes reparar todo. Y Dios te perdonará, porque es como un Padre.

sacredheartjesus

Si tú quieres, une tu voluntad a la mía. También Yo quiero que seas perdonado. Únete a Mí. Dame tu pobre corazón destruido; plagado de cicatrices y de abatimiento; después de que dejaste el Pecado.  Lo pondré en mi Corazón… donde pongo a los más grandes pecadores  y lo llevaré conmigo al Sacrificio Redentor.

2scLa Sangre más Santa. La que
manará de mi Corazón. Las últimas gotas de Sangre de la Víctima por los hombres;
se esparcirá sobre las peores piltrafas humanas y las regenerará. Ten
esperanza. Una esperanza mucho mayor que tus grandes crímenes; fundada en la
Misericordia de Dios, porque es ilimitada para quien en ella sabe confiar.
sagrado-corazon-lindo

El pecador siente deseos de tomar y besar la mano de Jesús pero no se atreve.

Jesús lo comprende y extiende su mano pálida y ascética.

Y dice:

–                       Bésame la palma. Ese beso me aliviará de una tortura. Mano besada, mano herida. Herida por amor. ¡Oh! ¡Si todos supiesen besar a la Gran Víctima! y que Ella muriera cubierta de llagas, sabiendo que en cada una están los besos y está el amor de todos los hombres redimidos…

sagrado-corazon-de-jesus

Y empuja su mano contra los labios del romano arrepentido. Y la conserva así hasta que el antiguo pecador se separa como saciado de haber bebido la Misericordia, de haber apagado sus remordimientos…

Jesús regresa a su lugar y al pasar pone la mano sobre la cabeza rizada de un joven hebreo que no tiene más de veinte años.

Le pregunta:

–                       ¿Y tú hijo mío, no tienes nada que decir a tu Salvador?

El joven levanta la cabeza y lo mira… es una mirada que revela una historia de dolor, de odio, de arrepentimiento, de amor.

Jesús le mira fijamente y el joven hace lo mismo…

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Jesús lee una historia muda y dice:

–                       Por eso te llamé ‘hijo’. Ya no estás solo. Perdona a todos los de tu raza y a los extranjeros como Dios perdona. Ama el Amor que te ha salvado. Ven un momento conmigo. Quiero decirte una palabra aparte.

El joven se levanta y lo sigue. Cuando están solos…

Jesús le dice:

–                       El Señor te ha amado mucho, aunque a primera vista no lo parezca. La vida te ha probado mucho. Los hombres te han hecho mucho daño. Ambos  habrían podido convertirte en una ruina irreparable. Detrás de ellos estaba Satanás, envidioso de tu alma.

pan110

Dios los contuvo y puso a Zaqueo en tu camino y con él a Mí, que te estoy hablando. Ahora te digo que debes encontrar en este amor, todo lo que no has tenido. Y debes olvidar todo lo que te ha herido. Perdona a tu madre. Perdona al patrón infame. Perdónate a ti mismo. No te odies así, hijo. Odia el tiempo que estuviste cometiendo pecados. Pero no a tu corazón que ha decidido no pecar más. Que tus pensamientos sean buenos amigos de tu corazón y que juntos lleguen a la perfección.

–                       ¿Perfecto yo?

–                       ¿Oíste lo que dije a ese hombre? ¡También él estuvo en el fondo del Abismo! ¡Gracias hijo!…

–                       ¿De qué, Señor mío? ¡Soy yo quién debo darte las gracias!

–                       De que no hayas querido ir con quién compra hombres para traicionarme…_dismas (1)

–                       ¡Oh, Señor! ¿Crees que lo iba a hacer cuando sé que no desprecias ni siquiera a los ladrones? Uno de los que está ahora en poder de los romanos, me refirió tus palabras en un valle cerca de Modín. Pero no he hecho nada que merezca tu gratitud. Tú eres bueno. También yo quiero serlo. Y avisar a un amigo tuyo, ¿Puedo llamar así a Zaqueo?

–                       Puedes. Todos los que me aman son mis amigos. También tú…

–                       ¡Oh! Se lo dije para que te protegiese. Pero esto no vale la pena.

–                       Te repito que te doy las gracias. Porque no te vendiste contra Mí y esto es lo que vale.

–                       ¿Y el haber advertido a Zaqueo no vale?

–                       Hijo mío. Ninguna cosa podrá impedir el Odio,  para que no me ataque. ¿Has visto alguna vez un río desbordado?

–                       Sí.

–                       ¿Algo pudo detener las aguas?

0

–                       No. Todo fue cubierto y destruido. Hasta las casas fueron arrastradas.

–                       Así es el Odio. Pero me revolcará. Seré sumergido, pero no destruido. Y en las horas más amargas, el amor de quién no quiso odiar al Inocente, será mi consuelo. Mi luz en las tinieblas de horas oscurísimas. Mi dulzura en el cáliz del vino mezclado con hiel y mirra.

–                       Hablas de Ti Mismo como si… Para los ladrones que mueren en la cruz, es que está destinada esa copa… ¡Pero Tú no eres un ladrón! ¡Tú no eres criminal! ¡Tú Eres…!

–                       El Redentor. Dame un beso hijo…

Jesús le toma la cabeza entre las manos y lo besa en la frente.

Y se inclina para recibir en la mejilla, el beso tímido del joven que se arroja llorando sobre el pecho de Jesús.

BuenPastor6[1]

Jesús dice con mucha ternura:

–                       No llores, hijo mío. El Amor me sacrifica. Y siempre es un dulce sacrificio aún cuando no le guste a la naturaleza humana.

Lo tiene en sus brazos hasta que el llanto cesa. Y tomándolo de la mano, regresa con él a donde están los demás.

Y torna a hablar:

–                       Mientras comíamos. Uno de vosotros dijo que quería preguntarme algo. Háganlo ahora porque luego nos separaremos.

Démetes dice:

–                       Fui yo. Zaqueo no supo explicarlo nadie de tu religión tampoco. ¿Qué cosa es el alma?

–                       El alma es…

Y Jesús explica de manera magistral La Sinfonía de la Creación…   

cosmos

Y al terminar dice:

–                       Hay algo más que preguntar…

–                       No, Señor. Tenemos que empezar a aprender todo…

–                       Por algunos días os dejaré a Juan y a Andrés. Después les enviaré a discípulos buenos y sabios. Levantaos y vámonos. Tengo que hablar a la gente. Pasad adelante. Y no tengáis miedo. Habéis desafiado al mundo cuando hacíais el mal, no debéis temerlo ahora que os despojasteis de él.

Lo que habéis empleado hasta ahora para dominarlo, la indiferencia al qué dirán. La única arma que hace que el mundo se canse de hablar. Volved a emplearla ahora y no deis importancia a lo que no la tiene.

Más tarde en el rancho donde se juntan los diversos y heterogéneos amigos de Zaqueo que en realidad es muy pobre sobre todo ahora que es invierno y no sirve para que el corazón se alegre.

Hay tres campos arados y negruzcos para el trigo. Un huerto con árboles frutales y con otros que acaban de plantarse. Una hilera de vides y la hortaliza.

vendimia-francia

Un establo con una vaca. Un borrico para la noria. Un gallinero con unas cuantas gallinas, cinco pares de palomos. Seis ovejas. Una casa con su cocina y tres cuartos. Un cobertizo, un tejaban que hace de leñera y un pesebre. Un pozo con su brocal y una cisterna. Es todo…

En los pensamientos de todos, están las palabras que no dicen…

–                       Si resiste la estación…

–                       Si los animales tienen crías…

–                       Si los árboles pegan…

Todo está sujeto al ‘si…’ esperanzas muy precarias.

Andrés se acuerda de que años antes sucedió la cosecha prodigiosa  que tuvo Doras, porque el Maestro bendijo sus terrenos para que fuese humano con sus siervos y dice:

–                       Maestro… si tú bendices este lugar… también Doras era un pecador…

1juvas

Jesús responde:

–                       Tienes razón. Lo hice aún sabiendo que no cambiaría de corazón. Con mayor razón o haré con los que lo han cambiado y me aman.

Jesús abre sus brazos y lo bendice diciendo:

–                       Lo hago inmediatamente porque quiero convenceros de que os amo.

Y continúan su camino hacia el río…

Paisaje-de-montana-invierno

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

128.- FLOR DE HARINA


Pedro dice:

–                       Maestro, debemos llegar al poblado lo más pronto posible.

Los apóstoles preguntan:

–                       ¿Por qué? Todavía falta tiempo para el crepúsculo.

Pedro declara:

–                       No estoy pensando ni en el crepúsculo, ni en el sábado. Pienso en que no pasará ni una hora, antes de que azote una furiosa tempestad. ¿Veis aquellas nubes negras? Y… ¿Estas blancas de acá?… Un viento alto empuja a éstas. Uno inferior a aquellas que están preñadas de granizo… Cuando choquen con las blancas cargadas de rayos, sentiréis la música que tocarán. ¡Ea, pronto!  Soy pescador y leo en los cielos…

Jesús es el primero en obedecer y corren hacia las casas de la llanura…

En el puente encuentran a Judas que grita:

–                       ¡Maestro mío! ¡Cuánto he sufrido sin Ti! ¡Bendito sea Dios que premió mi constancia en esperarte aquí! ¿Qué tal te fue en Cesárea?

–                       La paz sea contigo, Judas.  –responde lacónicamente Jesús.- Hablaremos después. Vente que la tempestad se nos echa encima…

Y después del chaparrón que duró casi toda la noche, al día siguiente la atmósfera está diáfana y la tierra empapada.

Las últimas gotas de agua que quedaron prendidas entre el follaje o suspendidas en los zarcillos que brillan como diamantes puestos al sol. Las frutas lavadas lucen sus colores esplendorosos.

Pedro dice pisando fuerte:

–                       ¡Qué bien se camina hoy!

Tadeo agrega:

–                       ¡Mira qué hermoso está el Cielo!

Zelote añade:

–                       ¡Y esas manzanas! ¡Mira ese racimo que no entiendo cómo no se cae! ¡Parecen cubiertas de cera!

Y alegres caminan contemplando la belleza de la cosas. Hasta que Tadeo al que sigue Tomás y luego los demás; entona un Salmo en el que se celebran las glorias de la Creación.

Jesús sonríe al oírlos cantar contentos. Y une su hermosa voz de tenor al coro. Pero Iscariote, mientras los demás siguen cantando, se le acerca…

Judas dice:

–                       Maestro, mientras van distraídos y ocupados con su canto, dime ¿Qué hiciste en Cesárea? Todavía no me lo has contado… Y es la primera oportunidad que tenemos de hablar juntos. No pude preguntarte antes…

Jesús contesta:

–                       ¿Te interesa mucho?… En Cesárea hice lo que hago siempre: hablar del Reino de Dios y de la Ley…

–                       ¿A quién?

–                       A los ciudadanos. En los mercados…

–                       ¿A los romanos no? ¿Es verdad que no los viste?

–                       Pero, ¿Cómo es posible estar en Cesárea, sede del Procónsul y no ver romanos?

A Judas le es imposible disimular su ansiedad y pregunta:

–                       Lo sé… Quiero decir, ¿Les hablaste a ellos?

–                       Repito: ¿Te interesa mucho?

–                       No, Maestro. Es una simple curiosidad.

–                       Pues bien. Hablé a las romanas.

–                       También a Claudia, ¿Qué te dijo?

–                       Nada, porque no fue. Pero me hizo entender que no desea que se sepa que tiene contacto con nosotros…  

Jesús recalca mucho lo que ha dicho…

Y observa la cara de Judas que por más desvergonzado que sea, cambia de color. Primero se pone rojo y luego cenizo.

Pero se recupera pronto:

–                       ¿No quiere? ¿No piensa más en Ti? ¡Es una loca!

Jesús rebate:

–                       No. No es una loca. Es una mujer equilibrada. Sabe distinguir y reconocer su deber de romana y su deber para consigo misma. Y si a sí misma, a su corazón, procura luz y tranquilidad viniendo a la Luz y a la Pureza; pues es una criatura que instintivamente busca la Verdad y no se conforma con la mentira del paganismo. No quiere por otra parte, causar daño a su patria con ideas nocivas que podrían serlo, si se cree que ella está a favor de un posible competidor de Roma…

–                       ¡Oh! ¡Pero Tú eres rey del espíritu!…

–                       Pero hay entre vosotros quién sabiéndolo, no quiere aceptarlo. ¿Puedes negarlo?

Judas se pone rojo y luego pálido. No puede mentir.

–                       No pero el demasiado amor que…

Jesús puntualiza:

–                       Con mayor razón quién no me conoce. Esto es Roma; puede tener miedo de Mí, como de un competidor. Claudia obra rectamente para con Dios y para con su patria. Yo admiro los espíritus fieles y justos que no son tercos. Querría que mis apóstoles mereciesen la alabanza que tributo a la pagana.

Judas no sabe qué decir. Está por separarse del Maestro, pero la curiosidad lo aguijonea un poco más. Más que curiosidad, el deseo de saber hasta qué punto sabe el Maestro…

–                       ¿Me buscaron?

–                       Ni a ti, ni a ningún apóstol.

–                       ¿Entonces de qué hablaron?

–                       De la vida. De su poeta Virgilio.

–                       Pero, ¿Por qué hablasteis de eso? ¿Qué tenía que ver? Charlas inútiles…

–                       No. Me sirvió para hacerles ver que el hombre casto, tiene una inteligencia luminosa y un corazón honesto. Cosa interesante no solo para ellas…

–                       Tienes razón. No te quito más el tiempo, Maestro.  –y parte a la carrera para alcanzar a los demás…

Jesús camina despacio y se une a ellos. Al divisar un lugar en que hay cuatro caminos, Jesús se detiene y dice:

–                       Separémonos. Vengan conmigo Tomás, Simón y mis hermanos. Los otros vayan al lago y allá espérenme.

Judas dice:

–                       Gracias, maestro. No me atrevía a pedírtelo. Te me has adelantado. Estoy muy cansado y me quedaré en Tiberíades, si Tú me lo permites…

Santiago de Zebedeo añade:

–                       En casa de un amigo…

Judas abre tamaños ojos, pero no protesta nada.

Jesús contesta:

–                       Me basta con que el sábado estés en Cafarnaúm, con tus compañeros. Venid para que os de el beso de despedida a vosotros que no venís conmigo…

Los besa cariñosamente, dando a cada uno un consejo en voz baja…

Jesús los bendice y todos se despiden, tomando cada quién su camino…

Tres días después…

En Nazareth, han llegado a la casa de María. Cuando se abre la puerta y se deja ver el dulce rostro de la Virgen…

Jesús abre sus brazos para estrecharla y exclama:

–                       ¡Mamá!

María contesta dichosísima:

–                       ¡Hijo mío, Bendito! ¡Entra! ¡Y la paz y el amor esté contigo!

–                       ¡Y también con mi Mamá y con la casa y con quién en ella esté!   -dice Jesús entrando con sus cuatro apóstoles.

María de Alfeo y Mirta con Noemí, están haciendo el pan y lavando la ropa.

–                       Allí está vuestra madre.  –dice María a Judas Tadeo y a Santiago, señalándoles a María de Alfeo; después de haber saludado a los apóstoles, que se retiran discretamente, para dejar solos a la Madre y al Hijo.

–                       Heme aquí de nuevo Mamá. Estaremos juntos por un poco de tiempo… ¡Qué dulce es regresar a la casa y sobre todo a dónde estás, después de haber estado entre los hombres!…

–                       Que siempre te conocen más y por haberte conocido, se dividen en dos ramas: la de los que te aman. Y la de los que te odian. Y la rama más gruesa es esta última…

–                       El Mal presiente que va a ser derrotado y está furioso… Y vuelve a otros furiosos. ¿Cómo está la niña?

–                       Un poco mejor. Estuvo a punto de morir. Pero las palabras que repetía en medio de su delirio corresponden en cierta forma, a las que dice ahora que ya no está. Estaríamos mintiendo si asegurásemos que no hemos reconstruido su historia… ¡Infeliz!

–                       Es cierto. Pero la Providencia veló por ella.

–                       ¿Y ahora?

–                       Ahora… Áurea no me pertenece. Su alma es mía… Su cuerpo es de Valeria. Por ahora permanecerá aquí, mientras olvida.

–                       Mirta la quiere.

–                       Lo sé… Pero no tengo el permiso de la romana, para obrar con todo derecho sobre ella. Cuando ella la busque…

–                       Iré en tu lugar, Hijo mío. No está bien que vayas Tú… Deja que lo haga tu Mamá. A nosotras las mujeres; seres de ningún valor en Israel, no se nos observa tanto si hablamos con los gentiles.

Tu Mamá es desconocida para el mundo. Nadie se fijará en la campesina hebrea que envuelta en su manto, va por las calles de Tiberíades y llama a la puerta de una dama romana…

–                       Podrías ir a la casa de Juana y hablar allí con la dama.

–                       Así lo haré Hijo mío y que tu corazón descanse. Estás muy afligido, Jesús mío. Lo comprendo. ¡Y cuánto quisiera hacer por Ti!…

–                       ¡Oh, que si lo haces Mamá! Gracias por todo lo que haces.

–                       ¡Oh! Es muy poco lo que te ayudo, Hijo mío, porque no logro alcanzar que te amen. No logro darte alegría… Cuando se te permite gozar de ella un poco. ¿Yo que soy? Una pobrecita discípula…

–                       ¡Mamá! ¡Mamá! ¡No digas eso! Mis fuerzas nacen de tus oraciones. Mi corazón descansa pensando en ti. Y ahora encuentra consuelo al apoyar mi cabeza sobre tu corazón… ¡Oh, Mamita hermosa!

Jesús está sentado sobre la banca de la pared y atrae a Sí a su Madre. Que le acaricia los cabellos con suavidad…

Después de un momento de filial intimidad, sale con su Madre al huerto. Saluda a las discípulas en el dintel de la habitación donde está Áurea y…

Jesús pregunta:

–                       ¿Está durmiendo la niña?

María de Alfeo contesta:

–                       Sí. La fiebre la consume y la debilita. Si sigue así, morirá. Su cuerpo no puede resistir y su memoria se ve turbada con los recuerdos.

Mirta afirma:

–                       Sí. Y no reacciona. Porque dice que quiere morir, para ya no ver más romanos…

Noemí dice:

–                       Es un dolor para nosotros que ya la amamos…

Jesús dice:

–                       No temáis.

Y dirigiéndose a la habitación,  levanta la cortina. Mira a la niña que delira por la fiebre, en su lecho de enferma.

Con voz llena de piedad, dice:

–            ¡Áurea! ¡Ven! ¡Aquí está tu Salvador!

Áurea se sienta sobre el lecho, lo ve y con un grito baja hacia la puerta, se postra a sus pies diciendo:

–                       ¡Señor! ¡Ahora sí que me has librado!

–                       ¡Está curada! ¿Lo veis? No podía morir, porque antes tenía que conocer la Verdad.  –y a ella le dice- levántate y vive tranquila.

Le pone la mano sobre la cabeza. Áurea está sana y parece un ángel, con sus ojos brillantes y la alegría que irradia…

Jesús dice:

–            ¡Hasta pronto! Os dejamos en vuestros quehaceres…

Y Jesús se retira al taller, seguido por sus cuatro apóstoles.

Más tarde… el brasero del taller está prendido y el olor a cola que hierve en un recipiente se mezcla con la del aserrín y el de las virutas que caen sobre el suelo.

Jesús trabaja con ahínco, sirviéndose de la sierra y del cepillo, para confeccionar patas de silla, cajones y reparar la artesa, uno de los telares de María, dos taburetes, la escalera del huerto, un pequeño baúl y la puerta del horno, que parece que la royeron en su base los ratones. Jesús trabaja en reparar lo que el tiempo y el uso han acabado.

Tomás por su parte, con su equipo de pequeños instrumentos de orfebre. En una mesa, trabaja hábilmente en unas láminas de plata.

El golpe de su martillito sobre el punzón, saca sonidos argentinos y complementa el ruido que hace Jesús al trabajar la madera. Cuando no habla, se pone a chiflar quedito, levanta sus ojos y piensa. Se queda absorto mirando las paredes ahumadas del taller de carpintería.

Jesús lo nota y dice:

–                       ¿Estás sacando inspiración de esa pared negra, Tomás? El largo trabajo de un justo la dejó así. Pero no entiendo que inspiración pueda tener para un orfebre…

Tomás contesta:

–                       El orfebre es un poeta que trasmite al metal, las bellezas de la naturaleza. Pero nuestra obra artística y bella, no se compara con la tuya, humilde y santa. Porque la nuestra sirva para la vanidad de los ricos; mientras que la tuya sirve para la santidad del hogar y utilidad de los pobres.

–                       Dices bien, Tomás.  –dice Zelote, asomándose al dintel de la puerta que da al huerto y trae un bote con pintura en la mano.

Jesús y Tomás lo miran sonrientes.

–                       ¡Claro que digo bien! Pero quiero que por lo menos una vez, el trabajo de un orfebre sirva para adornar algo muy santo…

–                       ¿Cuál? ¿Qué?

–                       Es un secreto… Tanto he amado esta idea, que desde que estuvimos en Roma. Siempre traigo conmigo un pequeño equipo de orfebre, en espera del momento preciso… ¿Y tú trabajo Simón?

–                       ¡Oh! Yo no soy un buen artífice como tú. Es la primera vez que tomo la brocha en la mano y las brochadas no están parejas, aunque pongo toda mi buena voluntad. He dado la primera mano y te aseguro que mi impericia tiene muerta de risa a Áurea… Me siento feliz de que vuelve a nacer a la vida y es lo que se necesita para borrar el pasado. Y que se convierta en un nuevo ser para Ti, Maestro…

Tomás advierte:

–                       Pero tal vez Valeria no quiera cederla.

Zelote exclama:

–                       ¡Qué le importa a ella tenerla o no tenerla! Si la tuviese sería solo para dejarla perdida en el mundo. Y lo mejor es que la niña se salve. Sobre todo en su alma. ¿No es verdad, Maestro?

Jesús contesta:

–                       Así es. Hay que rogar mucho para lograrlo. La criatura es sencilla y buena. Si se le educa en la verdad podría llegar a servir mucho. Instintivamente se dirige a la Luz.

Tomás dice:

–                       Como no tiene consuelos en la tierra, busca los el Cielo. ¡Pobrecita! Si llego a ser digno de predicarte alguna vez, tendré un amor especial por los esclavos. ¡Pobres infelices!…

Jesús confirma:

–                       Lo harás bien, Tomás.

Zelote pregunta:

–                       Está bien. ¿Pero cómo te acercarás a ellos?

–                       ¡Oh! Seré orfebre para las damas… Y maestro para sus esclavos. Un orfebre entra en las casas o a la suya llegan los ricos. Y trabajaré dos metales: el de la tierra para los ricos. El del espíritu para los esclavos.

–                       Dios te bendiga por estas ideas. Persevera en ellas.-dice Jesús.

–                       Sí, Maestro.

Zelote invita:

–                       Ven conmigo, Maestro. A ver mí trabajo.

Jesús dejas sus instrumentos y sale con él. Llegan a la escalera del huerto y enseña a Zelote como debe pintarla para que le quede bien.

–                       ¡Así! ¡Así!  -Jesús, inclinado al pie de la escalera, habla y trabaja al mismo tiempo…

Tomás deja sus punzones y se acerca a escuchar, pues Jesús habla de la parábola de la madera barnizada, comparándola con el alma y las virtudes que la hacen bella…

Al final Zelote exclama:

–                       ¡Qué parábola tan hermosa  nos has dicho! Quiero escribirla para dársela a Marziam.

Áurea reclama con un grito:

–                       ¡Y también para mí!  – hace unos minutos está descalza en el umbral que da al huerto.

Jesús pregunta:

–                       ¡Áurea! ¿Estabas escuchando?

–                       Te escuché. ¡Es muy bello! ¿Hice mal?

–                       No.

–                       Tu Mamá me mandó a decirte que dentro de poco es la hora de comer y ya van a sacar el pan del horno. Aprendí a hacerlo… ¡Qué bello! También he aprendido a blanquear la tela. Y en ambos casos tu Mamá me ha recitado hermosas parábolas.

–                       ¿Ah, sí? ¿Qué dijo?

–                       Que soy como harina todavía con tamiz. Pero tú bondad me limpia y tu Gracia trabaja en mí. Tu apostolado me forma, tu amor me cuece. Y así de una harina sucia, mezclada con otros elementos. Si te dejo que Tú trabajes en mí, terminaré por ser harina de ofrenda y pan de sacrificio, buena para el altar.

Y que en la tela que antes era oscura, llena de aceite y tosca; después de que se le echo tanta hierba borit. Después de restregarse, se ha limpiado y se vuelve suave. El sol enviarás sus rayos y quedará blanca… Y dijo que pasará lo mismo conmigo, si dejo que el sol de Dios con sus rayos y acepto que me limpie. Que me sujete a mortificaciones para llegar a ser digna del Rey de reyes. De ti, mi Señor. ¡Qué cosas tan hermosas estoy aprendiendo! Parece un sueño… ¡Todo es hermoso aquí!… ¡No me despaches, Señor!

–                       ¿No te irías gustosa con Mirtha y Noemí?

–                       Preferiría estar aquí. Pero, también con ellas. Pero no con los romanos. Con los romanos no,  Señor.

–                       Ruega, niña. ¿Has aprendido la Oración?

–                       ¡Oh, sí! Es tan hermoso decir: ‘¡Padre mío…!’ Y pensar en el Cielo. Pero la Voluntad de Dios me causa un poco de miedo. Porque no sé qué es lo que Dios quiere. Y no sé si Dios desea lo que yo quiero…

–                       Dios quiere tu bien…

–                       ¡Ah, sí! Tú lo dices y ya no tengo miedo. Presiento que me quedaré en Israel para conocer siempre más a este Padre mío. Y ser la primera discípula de Galilea. ¡Oh, Señor mío!

–                       Tu fe, porque es buena, será escuchada. Vamos.

La niña se va con María y se oyen sus risas… María le habla con mucha dulzura. Tomás dice:

–                       La niña aprende pronto.

Jesús contesta:

–                       Es buena y tiene voluntad.

Zelote agrega:

–                       Y tu Mamá, ¡Es una Maestra irresistible! Ni siquiera Satanás se atrevería a resistirla…

Jesús suspira y no dice nada.

–                       ¿Por qué suspiras así, Maestro? ¿No estuve en lo cierto?

–                       Sí. Pero hay ciertos hombres que son más resistentes que Satanás; el cual por lo menos huye de la presencia de María. Hay hombres que estando cerca de Ella y aunque Ella les enseña, no cambian su ser en algo bueno.

Y entran en la casa…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA