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N160 PURGATORIO EN LA TIERRA


padre y rey del UniversoHijitos Míos, en general vosotros vivís en el Mundo con una espiritualidad infantil, viéndoos solamente a vosotros mismos. Pidiendo como hacen los niños pequeños a los padres: el dame, dame y dame, en lugar de poneros a Mi disposición y decirMe: ¿En qué os puedo ayudar, Mi Señor y Mi Dios?

Así os pasáis toda vuestra existencia, pidiendo, pidiendo y pidiendo. Que ciertamente eso ya es un acto de Fe y eso es bueno por un lado acudís a Mí, además de que estáis poniendo vuestra Fe y vuestro corazón en vuestra petición.

Y eso os va a ayudar a seguir creciendo en Fe y en confianza en Mí, vuestro Dios. porque ciertamente os ayudo cuando Me lo pedís. Aunque por otro lado, VUESTROS AGRADECIMIENTOS, NO SIEMPRE LLEGAN.

Pero a lo que voy Mis pequeños, es que vosotros debéis buscar ésa espiritualidad adulta. Y esa espiritualidad adulta, os debe llevar a una comprensión también, adulta. Vosotros, a veces ya ni siquiera pedís. EXIGÍS y queréis que Yo os dé lo que Yo sé que NO os va a hacer un bien.

CATEMACO, VERACRUZ, 02MARZO2012.- Durante los primeros minutos de este primer viernes de marzo, decenas de brujos, shamanes y curanderos se reunieron por separado en la ciudad de Catemaco para celebrar su día en donde invocaron a las fuerzas espirituales. Cabe resaltar que los practicantes de la magia negra tuvieron que realizar su celebración de manera clandestina ya que se les prohibió efectuar el ritual a Lucifer y la Santa Muerte. FOTO: FÉLIX MÁRQUEZ/CUARTOSCURO.COM

Y si NO os concedo lo que vosotros exigís, Me tratáis con grosería u os apartáis de Mí. O simplemente, tratáis de olvidarMe y buscáis por otros medios, que NO vienen de Mí, para obtener lo que vosotros en una insistencia infantil y poco espiritual, queréis.

Entended que si Yo NO os quiero dar algo, es por múltiples razones. Primeramente, porque NO os convenga. Vosotros NO conocéis los efectos que puede provocar vuestra petición.

¿Cuántas veces pedís, pero NO para producir un bien a vuestros hermanos? NO buscáis primero el bien hacia vuestros hermanos, sino un bien egoísta. Vosotros, recibisteis el Don de la vida para el bien de vuestros hermanos.

Yo veo por vuestro bien, vosotros debéis ver por el bien de vuestros hermanos. Vuestra posición en la vida nunca debe ser egoísta, siempre debe ser de donación.

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Como Mi Hijo, que se donó por vosotros en totalidad, cuando misionó sobre la Tierra; buscando vuestra Redención y la apertura nuevamente, del Reino de los Cielos.

Cuando vosotros pedís por el bien de vuestros hermanos, si hay amor de corazón, generalmente os lo voy a conceder. Ciertamente podéis pedir porque veis necesidad en ellos, pero también al igual que vosotros, NO recibirán de Mí lo que puede llevarlos a un mal.

O el hecho de que Yo NO se lo dé, también puede ser por males pasados…

Pecados que hayan cometido, errores desde su infancia, adolescencia y que deberán padecer ésas molestias en su estado a veces adulto, por lo que hicieron cuando eran pequeños.

DIOS PERDONA LOS PECADOS, PERO NOS LIBERA DE LAS CONSECUENCIAS

DIOS PERDONA LOS PECADOS, PERO NO LOS DEJA SIN CASTIGO (el Pecado es IMÁN de la Justicia DivinaY TAMPOCO  NOS LIBERA DE LAS CONSECUENCIAS…

El Sacramento del Bautismo contiene un Exorcismo que corta las ataduras ancestrales… Y también lo hacía la frase del Padre Nuestro que Jesús enseñó: “Perdona nuestras DEUDAS, como nosotros perdonamos a nuestros DEUDORES…”

Pero Satanás por medio de sus esbirros infiltrados en el Vaticano, la ‘modificó’ en el Concilio Vaticano II y con la palabra ‘OFENSAS’, ahora solamente se perdonan las personales y actuales.

Por eso ABUNDAN las enfermedades y los defectos congénitos, además de las posesiones diabólicas y la proliferación de delincuentes seriales que asombran por su MALDAD…

Os he dicho que el padecer aquí en la Tierra, es una purificación a vuestros pecados. Esta purificación aquí, va a ser menos fuerte que la que tengáis que padecer en el Purgatorio.

ALMAS PURGATORIO

si Yo NO os concedo ciertas cosas que vosotros queráis y que os están provocando un dolor aquí en la Tierra, sea de índole física o espiritual,

ES PORQUE ESO LO PUEDO ESTAR TOMANDO YO

PARA VUESTRA PURIFICACIÓN AQUÍ EN LA TIERRA

PARA QUE NO PADEZCÁIS DOLORES DE PURIFICACIÓN00purgatorioMÁS FUERTES EN EL PURGATORIO.

Vosotros en general, Me juzgáis mal cuando Yo NO os concedo algo que vosotros aparentemente y ante los hombres, necesitáis para llevar una vida normal. Recordad que lo que Yo os dé o lo que Yo NO os dé, a pesar de vuestras peticiones, a pesar de lo que hagáis, siempre va a ser para vuestro bien. Por eso os he dicho que es muy difícil para el hombre aceptar Mi Voluntad.

Mi Voluntad, siempre os va a producir un bien. Si Yo NO os concedo algo u os lo concedo, es porque atrás de ello hay un bien para vosotros, físico o espiritual. O ambos.

Aprended Mis pequeños a respetar Mi voluntad, dejaos mover como niños pequeños. Dejad que Yo vuestro Dios, decida en vuestra vida y veréis que todo cambiará a vuestro favor.

Os he dicho que los dolores que Yo permita en vuestra vida, siempre van a ser para vuestro bien, si los aceptáis y los unís a los de Mi Hijo.

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Es una Bendición el Sufrimiento que Yo permita en vuestra vida, porque tarde o temprano os dará vuestra purificación que os llevará a vuestra santificación.

Tened confianza en Mí, Mis pequeños. Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios y quiero lo mejor para vosotros. Pero vosotros NO estáis capacitados para entender lo que Yo quiero de vuestra vida y en lo que Me podéis servir mientras tengáis vida sobre la Tierra.

Yo dependo en muchas cosas de vosotros: de vuestra donación, de vuestra oración, de vuestra intercesión. Lo he querido hacer así, para que os unáis a vuestro Hermano: Mi Hijo Jesucristo, en la conversión y salvación de todas las almas.

Y sobre todo, para poder premiaros grandemente por vuestro actuar bajo Mi Voluntad, aquí en la Tierra. Yo os daré regalos inmensos en el Reino de los Cielos y eternamente, por vuestro actuar bueno y vuestra donación total a Mi Voluntad.

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Hijitos Míos, vosotros los que estáis en el Mundo pero tenéis buen corazón, os dais cuenta que debéis proteger a los indefensos, a los débiles, a los enfermos. Esto se ha hecho como una regla general entre los seres humanos.

Y es bueno Mis pequeños, que lo hagáis así. Pero también lo debéis hacer en lo espiritual y os puedo asegurar Mis pequeños, que si en lo humano veis debilidad, enfermedad, pobreza; en lo espiritual estáis peor Mis pequeños.

Hay mucha debilidad espiritual. NO estáis protegidos espiritualmente, Mis pequeños. Os he dicho que todos vosotros estáis enfermos y por eso lo dije así: que Yo vine a sanar a los enfermos, NO a los que se creen sanos.

Pero a lo que voy Mis pequeños. Y os lo quiero repetir, es que es una gran mayoría en el mundo entero, los que estáis muy enfermos, espiritualmente hablando.

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Habéis hecho a un lado de vuestra vida todo lo espiritual. Dais lo menos posible, lo mínimo que podéis dar en lo espiritual, cuando realmente vinisteis a la Tierra a servirMe a Mí, vuestro Dios.

Y vuestra tarea debiera ser de veinticuatro horas de vida espiritual, de ayuda espiritual, de sanación espiritual, tanto para vosotros como para vuestros hermanos.

Y os digo veinticuatro horas, porque aún en la noche podéis seguir orando, si venís a Mí para que Yo os ayude. Pero realmente, ¿Cuánto dais de todo ese tiempo para una intimidad espiritual, para una vida espiritual, para una ayuda espiritual para vuestros hermanos, que están tan necesitados de Mi ayuda?

Yo Soy vuestro Dios y Yo Soy el Único que os puede ayudar a que podáis dar lo que debéis dar, en vuestra misión. Tanto para vuestro crecimiento, como para vuestra ayuda en conversión y salvación para tantas y tantas almas que lo necesitan.

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UN HUMILDE CAMPESINO ORÓ…

Sí Mis pequeños, son muchísimas las almas que necesitan de vuestra Oración, de vuestra Intercesión para que NO se pierdan.

No os podéis imaginar cuántas almas se pierden. Mi Hija la Siempre Virgen María en Fátima lo decía, que eran como las hojas que caen de los árboles en otoño las almas que se condenan. Y vosotros conocéis ésa analogía, porque habéis visto cómo caen las hojas de los árboles en otoño.

Son muchísimas. Y así, van cayendo almas al Infierno y muchas más también al Purgatorio… Y tardan mucho tiempo para salir del Purgatorio también, porque NO hay suficiente Oración de todos vosotros.

Mis pequeños, NO estáis haciendo bien vuestra tarea. Estáis en el Mundo perdiendo el tiempo que Yo os concedí de vida para servirMe. NO estáis actuando como verdaderos enviados Míos. NO sois ejemplo de vida, NO sois ejemplo de Mi Amor.

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Ciertamente también de muchos de vosotros, Me avergüenza vuestra actuación en la Tierra. Tened en cuenta Mis pequeños, que Yo Soy vuestro Padre y Creador…

Que Yo he confiado en vosotros, que os envié a la Tierra y os di todo lo necesario para que cumplierais con vuestra misión. Confié en vosotros y vosotros debierais estar dando en la Tierra un ejemplo santo, un ejemplo de vida en Dios…

 Y ¿Cuántos de vosotros realmente lo estáis haciendo? Tampoco estáis viviendo en familia, ayudándoos los unos a los otros en todo lo que necesitáis. Son tantas las necesidades del hombre y el hombre necesita de otros, más para tener un apoyo espiritual, un apoyo humano, un apoyo económico, un apoyo a veces de compañía y NO lo estáis haciendo, Mis pequeños.

Vivís con temores. Vivís destruyéndoos los unos a los otros, aprovechándoos de vuestros hermanos. Muy POCOS de vosotros realmente vivís una vida de ejemplo espiritual y humano.

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Ciertamente, SI NO lleváis una vida espiritual bella en vuestro interior, vuestras acciones NO serán buenas. Debéis vivir primeramente una vida espiritual santa, para que todos vuestros movimientos, palabras, acciones, sean de ejemplo.

Os lo vuelvo a repetir y no sois ejemplo de vida, NO os estáis ayudando. Entonces ¿Cómo queréis cambiar a éste Mundo de Maldad en un mundo de Bien?

Desgraciadamente os habéis acostumbrado a la Maldad que os rodea. Os enojáis, criticáis, señaláis a aquellos que están obrando en el Mal, pero NO os dais cuenta que vosotros estáis igual.

Si queréis realmente un cambio, debéis empezar por vosotros mismos. Tanto os lo he explicado y pedido Mis pequeños, pero no queréis cambiar. Se os hace tan difícil ése cambio personal.

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 Preferís solamente señalar a los demás criticándoles, hablando mal de vuestros hermanos. Pero vuestras acciones y vuestra forma de ser NO la cambiáis en absoluto.

Debéis poner un “hasta aquí” a todo lo malo que veis a vuestro alrededor y de lo que sale de vosotros mismos; para que éste Mundo vaya cambiando y para que Yo pueda bajar a la Tierra a reinar entre vosotros.

Ese es el gran Regalo que tendréis Mis pequeños. Pero debéis luchar contra vosotros mismos, quitando de vosotros todo aquello que NO Me gusta.

Hijitos Míos Mis pequeños, cuando empezáis a crecer, alguien os regala una alcancía. Y os enseñan a ahorrar, os enseñan a guardar vuestro dinerito; que con ése, iréis acumulando para comprar, cuando necesitéis algo que os guste.

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No importa el tamaño de la moneda o el valor del billete. Vais ahorrando poco a poco y con ello vais llenando ésa alcancía, que en algún momento os sacará de algún aprieto u os dará un gusto tremendo gastarlo, para algo que queráis verdaderamente.

Vuestra vida es así, Mis pequeños. Todos vuestros actos, todo lo que hagáis en el amor son ésas pequeñas o grandes monedas, ésos billetes de poco o de mucho valor, pero vais ahorrando, vais juntando, vais haciendo crecer el valor de vuestra alma ante Mis Ojos.

Son vuestras buenas obras. Es vuestro ejemplo de vida, la que va haciendo que os engrandezcáis y podáis ganar un premio grande en el Reino de los Cielos.

Pero también Mis pequeños, una alcancía NO solamente sirve para vosotros; también sirve para vuestros hermanos, si éstos tienen una necesidad.

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Y así, de ésa misma alcancía tomáis para ayudar a vuestros hermanos cuando están necesitados. Y así vuestras buenas obras, también sirven para la salvación de muchos de vuestros hermanos.

El punto principal que debéis tener presente, es el de ir buscando durante vuestra vida el llenaros de buenas cosas para que podáis tener, para el final de vuestra propia vida y para la de vuestros hermanos.

Yo necesito de vosotros para la salvación de vuestros hermanos, NO importa que sean obras pequeñitas o grandes obras, puede ir desde una pequeña oración a un gran sacrificio, todo es bueno para la economía del Cielo.

Lo importante es que vosotros tengáis presente que sois necesarios para la salvación de vuestros hermanos y para vuestra propia salvación.

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Son vuestros actos los que os van a santificar a todos vosotros, en la Comunión de los Santos. Todos vosotros os vais ayudando unos a otros, a veces sin saber. Muy probablemente una Oración vuestra pueda ayudar a un alma al otro lado del Mundo…

O a un alma del Purgatorio. O a crecer espiritualmente y en gozo más a un alma del Cielo. O a disminuir el sufrimiento de un alma en el Purgatorio o en el Infierno. (CÍRCULO DE LA PERFECCIÓN)

TODO, todo va ayudando al crecimiento espiritual y va ayudando a ésa perfección espiritual de todas las almas, tanto las que están sobre la Tierra todavía trabajando para el Amor; como las que están en el Purgatorio, para que alcancen su salvación o para el mayor gozo de las del Cielo…

Pero TODOS, todos vuestros méritos servirán para que vosotros os acerquéis más a Mí, vuestro Dios.

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Señor te entrego TODO, por mis hermanitos en el Purgatorio y para SALVACIÓN de todas las almas que estás Llamando en la Gran tribulación…

 NO desperdiciéis ni un solo momento, NI una sola ocasión de hacer el bien; porque TODO servirá para vuestros hermanos y para vosotros mismos.

Vivid más en ésa unión íntima Conmigo y veréis que así lo que antes olvidabais, será más presente en vuestra vida. Cosas que antes NO tomabais en cuenta, ahora los tomaréis en cuenta y ése Ofrecimiento es lo que será bueno para todos vosotros.

Manteneos Conmigo, manteneos en ésa intimidad espiritual y así iréis conociendo Mis secretos de Amor, que son para vuestro crecimiento y para vuestro gozo eterno.

Vuestra mayor riqueza  es vuestra alma, empezando porque fue creada a Imagen y Semejanza Mía. Vuestra alma, es parte de Mí, vuestra alma es Creación de Amor, brotó de Mí, de Mis Deseos de Crear a una creatura más, que Me amara, que Me agradeciera Mis cuidados.

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Que trabajara para Mí, en la difusión de Mi Amor entre sus hermanos y para que pudiera regresar al Reino de los Cielos, después de haber cumplido satisfactoriamente y con amor, lo que Yo le pedí a cada uno de vosotros.

Mis pequeños, OS DISTEIS EN DONACIÓN CUANDO YO OS PREGUNTÉ QUIÉN QUERÍA BAJAR A SERVIRME

Y ÉSA DONACIÓN ME LLENÓ DE ALEGRÍA Y POR ESO OS CUIDO TANTO, MIS PEQUEÑOS.

Pero, ¿Qué pasa cuando alguno de vosotros está entre gente enferma, cuando hay una epidemia de gripe o de viruela o algo más grave? Os contagiáis y sufrís, hasta que viene el remedio y sanáis.

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Estáis así todos vosotros en la Tierra y en el Universo entero. Enfermos, por todos los pecados que cometéis. Enfermos, porque NO queréis vivir como se vive en el Cielo, viviendo el Verdadero Amor que os vino a Enseñar Mi Hijo a la Tierra.

Enfermos, con una ceguera total, al hacer a un lado todo lo que os Hemos dado para vuestra salvación. Y vosotros preferís vivir en el Mundo y para el Mundo.

Se os ha dicho que Satanás es muy astuto, él nunca se va a presentar como realmente es; él se va a presentar ante vosotros en su Mentira y lo veis a vuestro alrededor, con los gobernantes que tenéis. Viven en la Mentira, su vida es una mentira.

Os hacen creer a través de promesas, que solucionarán vuestros problemas y pasan los años de su gobierno y os dais cuenta, que os prometieron puras mentiras.

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Vosotros mismos también vivís en la Mentira, prometéis y NO cumplís. Vivís en la mentira, al NO ACEPTAR  las Verdades que os trajo Mi Hijo a la Tierra. Verdades que se viven en el Cielo y que todos debierais tomar, para que os fuerais preparando a vuestro último suspiro, que os va a llevar ante Mi Presencia. 

¿Cuántos de vosotros podréis decir en estos momentos, que estáis preparados para llegar ante Mí y poder pasar vuestro Juicio de la mejor forma y os podáis ganar el Reino de los Cielos, después de que os tengáis que purificar un tiempo en el Purgatorio, por vuestros pecados?

Mis pequeños, estos llamados angustiosos que se os dan; son porque en Mi Santísima Trinidad quereMos que regreséis al Reino de los Cielos. NO fuisteis creados para sufrir. Fuisteis creados para gozar eternamente.

Ciertamente sufrís, porque cada uno de vosotros debéis llevar la cruz de vuestros pecados…

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Y podréis llevar el peso de otras cruces, si estáis ayudando a hermanos vuestros a través de vuestra Oración y Donación en la salvación de sus almas. Que esto es muy loable de parte vuestra y que os dará un nivel más alto de Amor, en el Reino de los Cielos.

¿Cuánto estáis haciendo, Mis pequeños, para que, con Mi Amor, podáis ir erradicando el mal que, primeramente, existe en vuestro interior y luego, erradicar la maldad que llevan todos vuestros hermanos en la Tierra y en el Universo entero?

Ciertamente, no conocéis a todos vuestros hermanos de la Tierra y del Universo, pero vuestra Oración la cual escucho y aprecio, ésa sí puede llegar a todos vuestros hermanos; porque vuestra Oración, unida a los Méritos de Mi Hijo, purifica a infinidad de almas y les alcanza su salvación.

Así que Mis pequeños, vuestros dolores, vuestros sufrimientos, siempre serán escuchados por Mí, vuestro Dios.

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Mucho Amor necesita el Universo, Mis pequeños. Poco amor es el que vosotros Me dais. ¿Cuándo entenderéis, que vuestra salvación solamente se puede dar a través de los actos de amor que vosotros habéis dado a lo largo de vuestra existencia?

HACED UN EXAMEN DE CONCIENCIA, AYUDADOS POR MI SANTO ESPÍRITU

 Y que vosotros os pongáis como jueces de vuestro propio juicio que hagáis, de los pecados cometidos y del bien que en algún momento habéis hecho a lo largo de vuestra existencia. Si sois honestos con vosotros mismos, os daréis cuenta que lo que Me habéis dado de Amor, ha sido lo mínimo en vuestra vida.

Preferís muchas otras cosas más, antes que vivir Conmigo y para Mí. Confundís cuando creéis que Yo os quiero en alguna orden específica o monasterio, para que podáis Orar más por vuestros hermanos.

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Eso es un error, Mis pequeños. Ciertamente que necesito de vuestra Oración, de vuestra Donación; pero vosotros NO entendéis ésta necesidad para salvar a vuestros hermanos y para que os salvéis a vosotros mismos.

Mi Amor ha sido Misericordioso, Mi Amor ha soportado infinidad de pecados, faltas, groserías, abstenciones, ¿Cuánto pudisteis haber hecho y NO hicisteis, Mis pequeños, a lo largo de vuestra vida? ¿Cuánto amor dejasteis de dar a vuestros hermanos y preferisteis vivir en el error y en el pecado?

Pudisteis haber ayudado a muchos a crecer espiritualmente, pero preferíais criticar, maldecir.

¡Cuánto error habéis provocado a lo largo de vuestra vida, Mis pequeños! Pero el mayor error es lo que sí produjisteis en las almas en lugar de dejar ejemplo, vida. Mi Vida en las almas.

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Dejasteis maldad, errores, crítica, muerte. Muerte espiritual. No ayudasteis a crecer a las almas y eso os va a llevar a sufrir un buen tiempo en vuestra Purificación del Purgatorio.

Daos cuenta de que vinisteis a la Tierra a llevar almas hacia la Vida, ya que Satanás, como Príncipe de éste Mundo, se ha dedicado a destruir, a matar almas, a vaciar almas y vosotros hicisteis lo mismo.

Ahora preguntaos, ¿Para quién trabajasteis?… La respuesta la sabéis, NO trabajasteis para Mí, trabajasteis para Satanás. Vaciasteis a las almas, las llenasteis de error, de maldad y de pecado. NO las ayudasteis a crecer y a vivir para que pudieran ellas transmitir vida y pudieran salvarse eternamente.

¿Os dais cuenta ahora cómo habéis pecado? NO os disteis cuenta, pero ahora os muestro vuestra alma. Os muestro vuestro corazón, os enseño vuestros errores y lo hago Mis pequeños, para que os arrepintáis y reparéis todo ese tiempo perdido, con vuestra Oración, con lo poco que os quede de vida.

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Reparad. Orad, para que a todas aquellas almas a las cuales  vaciasteis o NO les disteis Vida, ahora a través de vuestra Oración y reparación, puedan llegar a Mí.

Vuestro pecado es grave, Pecado de Omisión, pecado de muerte, porque matasteis, en lugar de dar Vida.

El tiempo pasa e INFINIDAD DE ALMAS QUE ESTÁN EN EL PURGATORIO, SUFREN y mucho.

Porque NO hacéis nada por ellas. También hay infinidad de almas que necesitan de vuestra Oración, para un crecimiento espiritual aquí en la Tierra, que necesitan de vosotros y que tampoco hacéis gran cosa por ellas.

¡A cuánto error os ha llevado Satanás! ¡Os ha hecho creer que vosotros vinisteis al Mundo a gozar de él, de éste mundo tan corrupto y tan cruel!

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Vosotros tenéis el poder en vuestras manos. SÍ, Mis pequeños, tenéis un poder grande sobre Mí, que es la Oración. A través de la Oración y de la Intercesión por vuestros hermanos, vosotros cuando la hacéis de corazón, las oraciones que os he pedido que hagáis.

Y si vivís en estado de Gracia y produciendo amor, podéis obtener de Mí prácticamente, todo lo que queráis.

Os lo he repetido varias veces y las almas que han entendido este mensaje de amor cuando Me piden de corazón, Yo les he concedido muchas obras buenas, obras santas. Obras que sin Mí, NO se podrían dar.

 Aprovechaos de que Yo vuestro Dios os puedo conceder todo lo que queráis, siempre y cuando sea bueno para vosotros y para vuestros hermanos.

INTERCESION

No desfallezcáis ante la Oración, NO os apartéis de ella. Seguid adelante, Llenaos de Mi Vida, Llenaos de Mi Amor. ¡Os doy tanto, Mis pequeños! Y vosotros desperdiciáis tanto.

Que cuando regreséis al Reino de los Cielos y seáis juzgados, llorareis todos ésos momentos en los cuales vosotros NO Me ofrecisteis lo que pudisteis haber ofrecido, por vuestra propia salvación y la de los vuestros.

Lloraréis los errores. Vergüenza os dará estar ante Mí, viendo cuánto pudisteis haber obtenido de Mí, salvando almas ¡Salvando hasta vuestra propia alma! Y NO quisisteis hacerlo por negligencia, por flojera.

Porque según vuestros propios intereses tenías cosas más importantes que hacer, cuando EN LA REALIDAD, VOSOTROS VINISTEIS A LA TIERRA PARA SERVIRME, PARA SALVAR ALMAS.

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Muchas cosas podéis hacer, podéis salvar infinidad de almas ¡en minutos! PedidMe que Mi Santo Espíritu os guíe y sobre todo, que NO caigáis en la tentación, donde Satanás os hace ver que no todo lo que tenéis a vuestro alrededor es malo o sucio.

Y que lo único que os puede salvar es el vivir como él os aconseja, que os llenéis de cosas materiales, todas las que podáis.  Y así, él os va a distraer de vuestra verdadera función aquí en la Tierra.

Recordad, vinisteis a salvar almas y a producir todo el amor que podáis dar. NO vinisteis a otra cosa. Que NO os siga envenenando vuestra alma Satanás con Mentiras, con falsedades, porque os desvía de vuestra verdadera misión.

RESURRECCION

No Temáis y confiad plenamente en Mi Poder. El mismo Poder que hizo a Mi Hijo Vencer y Levantarse de la Muerte. Y así como El no fue vencido por la Muerte, tampoco lo serán aquellos que en Mí confíen.

Yo Soy el dueño de la vida y de la Muerte y Yo puedo dar la vida y vida en abundancia, a todo aquél que en Mi ponga su confianza.

Yo os bendigo en Mi Santo y Poderoso Nombre, en el de Mi Hijo, ejemplo de Amor y donación a Mi Voluntad y en el de Mi Santo Espíritu, Luz y Vida en Mi Amor

trinidad

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11.- SATYRICÓN


Después que el general se marchara, Marco Aurelio en rápida carrera, se montó otra vez en el caballo y salió como un bólido de la casa. Y a galope tendido, prácticamente voló en dirección a la domus de Petronio, dando a su paso empellones a todo lo que se cruzó por su camino.

Cuando llegó… El portero al verlo, no se atrevió a detenerlo.

Marco Aurelio entró hasta el atrium con la violencia de un huracán.

Y como le dijeron que el amo estaba en la biblioteca, se precipitó hacia allí con el mismo ímpetu.

Encontró a Petronio escribiendo… y furioso se lanzó contra él. Le arrebató el stylus, lo hizo pedazos y lo arrojó al suelo. Barrió con el brazo todo lo que había sobre la mesa de trabajo y temblando por la furia, le clavó los dedos en los hombros a Petronio.

Levantando y acercando su rostro al de su tío, le preguntó con voz ronca:

–           ¿¡Qué has hecho con ella!? ¿Dónde está?…

Aquel flexible y de tan refinado hasta cierto punto ‘delicado’ Petronio, cogió las manos con que el joven guerrero le oprimía los hombros. Y sujetándole las dos con una de las suyas, como si fuera de acero…

Le dijo gélidamente:

–           Solo por las mañanas me encontrarás incapaz. Por la tarde tengo todo mi vigor.- y mirándolo con fijeza, añadió con seriedad- Intenta desprenderte. Algún tejedor debe  haberte enseñado gimnástica y un gladiador modales.

Y su semblante no tenía el menor rastro de enojo… Pero sus ojos destellaban con una energía tan intrépida, como nadie lo hubiera imaginado. Después de un largo momento, dejó caer las manos de Marco Aurelio.

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Éste se encontró ante él, abrumado por la ira y la vergüenza.

Y casi llorando dijo:

–           Tienes unas manos de acero. Pero si me has traicionado, te juro por Marte que he de clavar un puñal en tu pecho, aunque te refugies en las habitaciones del César.

Petronio replicó:

–           No te tengo miedo. Pero hablemos con calma… Como puedes ver, el acero es más fuerte que el hierro, aunque parezca más frágil. Sin embargo te pareces a tu padre y sé muy bien de lo que eres capaz… Por el contrario, no sabes cuánto me apena tu rudeza. Y lo que más me sorprende es tu ingratitud…

–           ¡¿Dónde está Alexandra?!

–           En un prostíbulo.

–           ¡¡¡Petronio!!!

–           Es decir, en la Domus Transitoria.

–           ¡Oh no! ¡Por Pólux! ¡¿Cómo pudiste…?!

–          Cálmate y siéntate.

Marco Aurelio se dejó caer sobre la silla más próxima. De repente se sintió exhausto, estaba sufriendo demasiado…

Y Petronio continuó:

–        He pedido al César dos cosas que ha prometido concederme. Primero: sacar a Alexandra de la casa de Publio. Y segunda: dártela. ¿Traes algún puñal entre los pliegues de tu túnica? Creo que ya es tiempo de que me hieras. Solo que te advierto que esperes siquiera un par de días, porque serías llevado a una prisión… Y mientras tanto tu amada, se fastidiará sola en tu casa.

Se hizo un silencio total.

Marco Aurelio miró a Petronio con ojos atónitos. Y completamente apenado dijo:

–           Perdóname. La amo tanto que me estoy volviendo loco.

Petronio se irguió aún más. Le sonrió y luego se pavoneó ante él:

–          Admírame, Marco Aurelio. Anteayer dije al César: “Marco Aurelio el hijo de mi hermano Cayo, se ha enamorado a tal grado de una escuálida doncella que han criado los Quintiliano, que los suspiros tienen convertida la casa en un baño de vapor.

Ni tú, ¡Oh, César! Ni yo; porque ambos sabemos lo que es la verdadera belleza, daríamos ni siquiera mil sestercios por ella. Pero ese muchacho ha sido siempre obtuso como un trípode, ahora acaba de perder el poco juicio que le quedaba y necesito ayudarlo”.

Casi se le desorbitaron los ojos a Marco Aurelio al exclamar:

–           ¡¡¡Petronio!!!

–          Si no alcanzas a comprender que todo esto lo dije para la mayor seguridad de Alexandra, voy a creer que dije al César la verdad.

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Marco Aurelio inclinó la cabeza y reconoció:

–           ¡Tienes razón! ¡Perdóname!

–          Convencí a Barba de Bronce de que un hombre de su temperamento artístico y estético, NO podría considerar bonita a esa muchachita. Y Nerón, que hasta ahora solo mira las cosas a través de mis ojos, NO encontrará belleza en ella. Y al NO encontrarla, NO la deseará. Era necesario que nos pusiéramos en guardia contra ese monstruo. Ahora no será él quien aprecie la hermosura de tu princesa parta, sino Popea. Y ésta se esforzará por despedirla cuanto antes del palacio.

Además, dije a Enobarbo: “Haz venir a Alexandra y entrégasela a Marco Aurelio. Tú tienes el derecho de hacerlo porque ella es un rehén. Y así, tú la guardarás causando una gran pena a Publio.” Y él convino en esto con mayor satisfacción, pues mi consejo le dio la oportunidad de mortificar a personas honorables.

–           ¡Qué asco de hombre! Pero no voy a hablar mal de él, si gracias a eso me entrega a la mujer de mis sueños.

Petronio agregó con cinismo:

–           Este es el mundo en que vivimos. Quién no aprende a vivir en él, termina siendo devorado. Así pues, te harán custodio oficial de ese rehén en especial y pondrán en tus manos a ese tesoro parto. El César, para salvar las apariencias, la guardará por unos días en su casa y enseguida te la enviará. ¡Hombre afortunado!

Marco Aurelio no puede disimular su inquietud:

–           Entonces ¿Nada la amenaza en el Palatino?

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–           Si tuviera que permanecer allí, Popea emplearía a Locusta, la hechicera que le proporciona a Nerón sus venenos. Pero tratándose tan solo de unos cuantos días, no hay peligro. Moran diez mil individuos en esa casa. El César quizá ni siquiera llegue a verla.

–           ¿Y qué piensas hacer mientras tanto?

–           Enobarbo ha dejado a mi exclusivo arbitrio todo el asunto. Hace un momento estuvo aquí el centurión que acaba de conducirla al palacio y la ha confiado al cuidado de Actea. Es una buena mujer y yo dispuse que le fuera entregada la rehén. Es evidente que Fabiola comparte mi opinión, pues le escribió una carta a Actea recomendándole a Alexandra.

Marco Aurelio no puede contener una exhalación de profundo alivio.

–           ¡¡¡Aaah!!! – Y enseguida pregunta ansioso- ¿Y luego qué vas a hacer? ¿Cuándo podré verla?

Petronio contesta complacido:

–           Mañana habrá fiesta en el Palatino y he pedido para ti, un asiento junto a esa joven.

–           Perdona Tito mi impaciencia. Creía que habías dado orden de llevarla para ti o para el César.

–           Puedo perdonar tu impaciencia, pero me cuesta más trabajo perdonar tus modales groseros, tus exclamaciones vulgares y tus gritos de estibador. Necesitas pulirte. ¿Cómo fuiste capaz de pensar eso de mí?

–           ¡Es que yo no sabía nada! ¡Pensé que tú también te habías enamorado de ella!…

Petronio aspira profundamente, antes de contestar:

–           Debes saber que Tigelino es el encargado de los lenocinios cesáreos y que si yo quisiera a esa joven para mí, ahora mismo y mirándote de frente te diría: “¡Marco Aurelio! Te quito a Alexandra… ¡Y me voy a quedar con ella hasta que me harte!”. -y dijo esto clavando en su sobrino sus ojos grises acerados, con una mirada insolente y fría.

El joven tribuno se anonadó por completo y dijo:

–          La falta es mía. Tú eres bueno y digno. Te lo agradezco con todo mi corazón. Solo dime: ¿Por qué no enviaste a Alexandra directamente a mi casa?

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–           Porque el César desea guardar las apariencias. En toda Roma se hablará de esto y ella permanecerá en palacio hasta que se aplaquen los comentarios. Con todas las cosas que ha hecho Enobarbo, no es conveniente alborotar más a quienes ya lo odian y lo desprecian profundamente. Después la enviaremos sin ruido hasta tu casa y todo habrá terminado.

–           Tienes razón. Todavía hay comentarios por el regalo que hizo a Popea, cuando le mandó la cabeza de Octavia.

–           Barba de bronce es un canalla cobarde. Yo creo que matar a su padre, a su madre, a su hermano y a su esposa, es digno de un reyezuelo asiático como Herodes y no de un emperador romano. Sin embargo él, después de cometer estos asesinatos, se ha tomado el trabajo de escribir al senado cartas de justificación.

–           ¿Por qué? Se considera el Amo del Mundo y nadie se atreve a protestar por sus fechorías.

–           Nerón las ha escrito porque quiere salvar las apariencias.

Marco Aurelio mueve la cabeza con perplejidad:

–           No entiendo. ¿Por qué ese inútil esfuerzo de aparentar justicia en el crimen que se ha cometido y que se sabe que será impune?

Petronio contestó con indiferencia:

–           Yo creo que es porque el crimen es algo feo y repugnante, en tanto que la virtud es siempre noble y bella. El verdadero esteta es por lo tanto, un hombre virtuoso. ¡Admírame!

Pero Marco Aurelio, como hombre realista que es, no quiso filosofar y contestó:

–           ¡Mañana veré a mi Alexandra y lo más pronto posible la tendré en mi casa todos los días junto a mí, hasta la muerte!

Petronio replicó:

–          Tú tendrás a Alexandra para amarla y yo tendré a Publio Quintiliano sobre mi cabeza, como la espada de Damocles… Porque a mí me culpará y será mi enemigo para siempre… Estoy seguro de que él invocará en su auxilio y contra mí, la venganza de todas las divinidades, pidiendo que yo sufra la más espantosa de las muertes…

Marco Aurelio lo interrumpió:

–           Publio estuvo en mi casa. He prometido darle noticias de Alexandra.

–          Le quité Alexandra para dártela, porque te quiero como si fueras mi hijo. Escríbele que el deseo del divino César es la suprema ley y que a tu primer hijo le pondrás por nombre Publio. Es necesario dar algún consuelo a ese pobre hombre.

Y Marco Aurelio se puso a escribir la carta que le hará perder al general, hasta el último resto de su esperanza…

Más tarde cuando estaban en el triclinium, Petronio entregó a Marco Aurelio un hermoso tubo de plata labrada que contiene unos rollos. Y le dijo:

–           He aquí un obsequio para ti.

Marco Aurelio lo toma y lee el título:

–          “SATYRICÓN” (Sátiras). ¡Muchas Gracias Petronio!

Se siente muy feliz  y una sonrisa  luminosa vuelve a dibujarse en su semblante. Luego mira a Petronio con curiosidad y  pregunta:

–           ¿Es una obra nueva?

–           Acabo de terminarla.

Marco Aurelio desenrolla el manuscrito como a la mitad, lo lee un poco y dice:

–          Tú has dicho que no escribes versos. Pero aquí veo que la prosa alterna con ellos.

Petronio le responde:

–           Cuando la leas fija tu atención en la “Fiesta de Trimalquión”. En cuanto a los versos, eran necesarios. Pero me han hastiado desde que he tenido que soportar a Nerón escribiendo un poema épico.

Incapaz de contener su entusiasmo, Marco Aurelio exclama:

–           Lo poco que leí me encantó. Promete ser un libro muy interesante. Pero todo lo que escribes es genial, ya lo sé. Una vez más muchas gracias Petronio, yo también te amo como si fueras mi padre.

Petronio sonrió complacido y dijo:

–           Me alegro mucho que te guste. Y también yo sé que lo disfrutarás.

Marco Aurelio suspiró ruidosamente antes de preguntar:

–          ¿Me ayudarás a preparar todo para recibir a Alexandra en mi casa?

–           ¿Qué quieres hacer?

–           Verás…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

7.- ENTRE LA CRUZ Y LA MAGIA


CRUZ CIELOEn la casa de Adrián, éste está sentado con Diego en una de las bancas del jardín más próximas a su cubículum (dormitorio) Hasta allí se escuchan unos gritos. Una especie de gruñidos, alaridos y rugidos, unidos en una sola y escalofriante mezcla.

Diego muestra preocupación en su mirada mientras pregunta:

–           ¿Sigue igual?

Adrián mueve la cabeza de un lado para otro y contesta con tristeza:

–          No. Está peor. Por eso te mandé llamar. Ningún médico comprende lo que le pasa. Lo único que saben decir es que está loco. Se retuerce, echa espuma, blasfema de los dioses del Olimpo y hemos tenido que encadenarlo porque se ha vuelto más agresivo, desde que lo llevamos al templo de Esculapio.

–          Te veo mal. ¿Estás enfermo?

–          Mi madre llora sin consuelo y nada me ha funcionado con los sortilegios, ni con los consejos de mi espíritu guía y protector.  Y si a esto le agregas el dolor que me abruma a causa de Ariadna. ¿Qué te puedo decir, amigo mío?

Diego suspira y luego comenta:

–           Te comprendo demasiado bien. También yo estoy muy apesadumbrado por causa de ella. Tal parece que cargamos con una maldición.

–          Hemos sido amigos desde niños ¿Por qué teníamos que enamorarnos de la misma mujer?

–           Eros se está divirtiendo con nosotros.

–           Ayer tuve una experiencia muy curiosa. Por la tarde yo estaba en el triclinium del jardín, pensando angustiado en todo lo que me estaba sucediendo. Mi hermano Víctor se puso peor que nunca y yo no sabía cómo consolar a mi pobre madre. Adela mi aya, nos llevó unos refrigerios y tratando de consolarme me dijo: “Amito Adriano, ¿Me permitirías llamar a Miriam? Es la ayudante en la cocina. Ella tiene algo muy importante que deciros, si consientes en escucharla unos momentos. ¿Lo harás?”– y me miró con unos ojos tan suplicantes, que no supe que me pasó y le dije: “Está bien. Que venga.”

Estuve a punto de arrepentirme en consentir hablar con los esclavos. ¡Y menos con una judía! Cuando regresaron las dos, yo seguía allí, sintiéndome cada vez más desgraciado. ¡Fíjate cuán grande sería mi desesperación, que hasta invoqué al Dios Desconocido de los griegos y le prometí una ofrenda si me ayudaba!

Cuando Myriam llegó, le ordené: “Habla”

Al principio con timidez y luego con gran seguridad, me contó esta historia:

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“Cuando el rey de Siria estaba listo para hacer la guerra a Israel, había en su corte un hombre valioso y respetado de nombre Naamán, el cual estaba leproso. Había también una esclava israelita que habían robado los sirios y ésta les dijo: “Si llevasen a mi señor al profeta que hay en Samaría, ciertamente lo limpiaría de la lepra.” Naamán le pidió permiso al rey y siguió el consejo de la joven.

El rey de Israel se enojó mucho y exclamó: ‘¿Soy acaso Dios para que el rey de Siria me mande sus enfermos? Esta es una trampa para que haya guerra.’ Más el profeta Eliseo cuando se enteró, dijo: “Que venga a mi casa el leproso, lo curaré y sabrá que en Israel hay un profeta.” Naamán fue a ver a Eliseo, pero éste no lo recibió; tan solo le mandó  decir: “Lávate siete veces en el río Jordán y quedarás limpio.” Naamán se fastidió y pareciéndole que para nada había venido de tan lejos y caminado tanto, trató de regresar. Sus siervos le dijeron: ‘Solo te pidió que te lavaras siete veces y aunque te hubiese mandado muchas más, deberías hacerlo porque él es el profeta.’

Entonces Naamán reflexionó, se levantó, fue y se lavó. Y quedó curado. Lleno de gozo, fue a casa del siervo de Dios y le dijo: “Ahora sé la verdad. No hay otro Dios sobre la Tierra, sino solo el Dios de Israel.” Y como Eliseo no aceptara dones, le pidió que cuando menos le permitiera llevar tanta tierra como para hacer un altar en el que él  pudiera sacrificar para El Dios Verdadero, sobre tierra de Israel.” Y Miriam calló.

Algo se removió dentro de mí y le pregunté: ¿Qué tratas de decirme?

Y entonces Adela intervino y me contestó:

pedro_pablo_rubens__san_pedro–           Si tú lo quieres, mi amo. Pasado mañana, estará aquí en Roma un profeta más grande que Eliseo, porque es un Apóstol del Dios Único y Verdadero. Y él puede curar a Víctor y hacer que regrese la felicidad a esta casa. 

Yo me sorprendí mucho, pero una luz de esperanza prendió en mi corazón y le contesté:

–          ¡Claro que quiero! Llévame con él.

Adrián hace una pausa y luego pregunta a Diego:

–           Te mandé llamar para invitarte ¿Te gustaría acompañarnos?

–           ¡Claro que sí! Por nada me pierdo semejante portento… -y agregó dubitativo- Oye, ¿Y si no pasa nada?

Adrián dice esperanzado:

–           Algo me dice que no será así. Presiento… no sé… Pero tengo necesidad tanto de comprobarlo, como de que mi hermano se cure.

La tarde declina y pronto será de noche. Los dos amigos se quedan hablando de aquella insólita aventura.

Mientras tanto en otra casa del Vicus Patricius…

En el pórtico que circunda un enorme jardín, en donde se escucha el murmullo del agua que lanzan los surtidores de una bella fuente, Leonardo da largos paseos con las manos unidas a su espalda. Su ceño fruncido, su ira contenida y su furiosa concentración, hablan de un humor que no debe ser perturbado. Sus pisadas son fuertes y enérgicas. Después de hablar con su “espíritu guía”, está más confundido que nunca.

Tres días antes, uno de los informantes que había distribuido en todos los lugares donde puede averiguar algo de Sofía, le avisó que había regresado a su casa. Él fue inmediatamente a buscarla…

Y al recordar la entrevista que tuvieron, su rostro se ensombreció más todavía…

Estaba más bella que nunca. Alta, morena clara, con un cuerpo escultural que se dibujaba a través de los pliegues de su vestido color malva. Sus cabellos negros y ondulados, peinados con una diadema que por detrás tiene un velo como de seda en un tono rosa muy tenue. Su rostro de finas y armoniosas facciones, tiene una mezcla de dulzura a pesar de su severidad.

Están sentados en el atrium y hacen una hermosa pareja. Leonardo tiene una sonrisa forzada que lo hace lucir poco agradable. Pareciera que bajo una capa de benevolencia, late una voluntad turbia y oscura. Él hace grandes protestas de afecto a la joven, declarándose listo para hacer de ella una esposa feliz; reina de su corazón y de su casa.

Pero ella rechaza sus ardientes declaraciones de amor, con serena firmeza.

Leonardo insiste:

–           Pero tú podrías hacer de mí, un santo de tu Dios, Sofía. Porque tú eres cristiana y  yo lo sé. Pero no soy enemigo de los cristianos. Tampoco soy un incrédulo sobre las verdades de ultratumba. Creo en la otra vida y en la existencia del espíritu. También creo que seres espirituales velan sobre nosotros y se manifiestan si los invocamos para ayudarnos. Yo he recibido su guía y su auxilio.

Como puedes ver, creo cuanto tú crees. No podría nunca acusarte, porque sería como acusarme a mí mismo por tu mismo delito. No creo como los demás, que los cristianos sean personas que ejercen una magia malvada. Y estoy convencido de que nosotros dos estando unidos, haríamos grandes cosas.

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Inconmovible, ella responde:

–           Leonardo, por favor no insistas. Yo no discuto tus creencias. Yo también quiero creer que unidos, haremos grandes cosas. Ni siquiera niego que soy cristiana. Y quiero admitir que tú eres amigo de los cristianos. Rogaré a Dios por ti para que tú los llegues a amar a tal punto, que tú te conviertas en un campeón entre nosotros. Entonces si Dios lo quiere, estaremos unidos en una misma suerte.

Pero sería un destino totalmente espiritual. Pues de otro tipo de uniones yo soy esquiva, porque he decidido reservarme a mí misma con todo mi ser, para entregarme al Señor y Dios mío. Voy a conseguir aquella Vida en la cual también dices que crees, alcanzando la amistad de los que tú también admites que están sobre nosotros; protegiéndonos vigilantes y operantes en el Nombre Santísimo del Señor, obrando para nuestro bien.

Leonardo exclama exasperado:

–           ¡Basta, Sofía! Mi espíritu protector es muy poderoso y te doblegará hasta que te sometas a mis deseos.

Sofía replica con firmeza:

–           ¡OH, NO! Si él es un espíritu celestial, sólo querrá lo que la Voluntad de Dios quiera. Dios para mí, quiere la virginidad. Y yo espero el martirio. Y por lo mismo, tu protector no logrará inducirme a hacer ninguna cosa contraria al querer de Dios. Y si es un espíritu que no viene del Cielo, entonces absolutamente nada podrá sobre mí.

Porque sobre él levantaré en mi defensa  el Signo de la Victoria que tengo en la mente, en el corazón en el espíritu, sobre mi cuerpo. Grabado como un tatuaje vivo, que nos vuelve victoriosos sobre cualquier voz que no sea la de mi Señor. Vete en paz hermano y que Dios te ilumine para que conozcas la Verdad. Yo rogaré para que su luz llegue a tu alma.

Leonardo deja la casa refunfuñando amenazas. Y Sofía lo ve partir con lágrimas de compasión.

Sus padres están alarmados y la joven los tranquiliza diciendo:

–           No temáis. Dios nos protegerá y hará nuestro a Leonardo. Orad vosotros también y Tengamos fe en nuestro Señor Jesucristo.

Y Sofía se retira a su cubículum y ora postrada delante de una cruz desnuda, sostenida entre dos ventanas y sobrepuesta en la figura labrada del Cordero Místico.

alma angelesSu oración es ferviente y hay un momento en que sobre ella; suspendida en el aire aparece una luminosidad que poco a poco toma la forma incorpórea de un ser angélico, que la envuelve totalmente con su luz.

Mientras tanto, a la misma hora en la casa de Leonardo. En una estancia privada, en la que hay instrumentos y signos cabalísticos y mágicos; el joven patricio trabaja alrededor de un trípode, sobre el cual lanza sustancias resinosas que hacen que se levanten densas volutas de humo; al mismo tiempo que traza sobre él signos, murmurando palabras que siguen un oscuro ritual.

El ambiente se satura de una niebla azulada que vela el contorno de las cosas y hace que parezca que el cuerpo de Leonardo, está en una lejanía de aguas trémulas. Entonces se forma un punto fosforescente que va creciendo poco a poco, hasta alcanzar la forma y el volumen de un cuerpo humano.

Enseguida los dos establecen un diálogo incomprensible a nadie más. Leonardo se arrodilla y da muestras de veneración, al mismo tiempo que ruega al que parece considerar alguien muy poderoso.

magoLuego, la niebla desaparece lentamente y Leonardo queda nuevamente solo…

Entonces en la estancia de Sofía sucede un cambio. Ella continúa orando. Un punto fosforescente y danzante, como una bola de fuego envuelve a la joven orante. Es la hora de la tentación para Sofía.

familia-romanaY la luz de fuego se transforma en un ángel maligno. El cual con visiones mentales, trata de suscitar sensaciones para hacer caer a la virgen consagrada a Dios y persuadirla a través de los sentidos.

Ella sufre intensamente y cuando está a punto de ser dominada…

amor y sexo

Supera la durísima prueba con el signo de la cruz que ella traza con su mano en el aire, mientras lleva su otra mano hacia su cuello, a otra cruz que cuelga de una fina cadena de oro. La saca de su pecho y la levanta, mientras dice con voz autoritaria:

–           ¡Retírate Satanás! Yo soy de Dios y nada en mí te pertenece.

Pero el Adversario no se da por vencido. Le muestra a Sofía escenas de una vida familiar idílica, con un esposo rendido y apasionado.

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A la tercera vez, la tentación es tan fuerte y el ataque es tan violento; que Sofía se abraza a la gran cruz que está suspendida y agarrada sobre el muro. Ella alza delante de sí la otra pequeña cruz.

Parece un combatiente aislado que se defiende a la espalda con un firme refugio y al frente, con un escudo invencible. La luz fosforescente NO RESISTE aquella doble señal y desaparece.

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Al día siguiente, Leonardo regresa a la casa de la joven que lo tiene obsesionado y trata de convencerla una vez más con sus reiteradas promesas de amor.

–           Te estoy proponiendo que seas mi esposa, Sofía. La reina de mi hogar y la madre de mis hijos. Estoy siendo honesto y no te pido nada indebido. ¿Por qué te sigues negando? –Suplica exasperado- Por favor recapacita y cambia tu decisión.

la tentacion de sofia

Sofía replica inconmovible:

–           No soy yo quién debo cambiar de pensamiento, sino tú el tuyo, Leonardo. Si te liberas de la esclavitud a que te somete ese espíritu malvado, tu alma será salvada. Yo ahora más que nunca, permanezco fiel a Dios en el cual creo. Y a Él todo lo sacrifico por el bien de todos. Y ya verás que el poder de mi Dios es infinitamente superior al de vuestros dioses y al del Maligno que en ellos adoráis.

Leonardo se retira desilusionado una vez más; colérico y decidido a no renunciar a ella. “Tiene que ser mía.” Piensa mientras vuelve a su casa a repetir el ritual del día anterior.

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Y nuevamente una jovencita sola, con una cruz en las manos y otra adosada al muro de su habitación, entabla un combate feroz.

Es una doncella convencida del Poder de la Cruz, que se ha refugiado en ella para vencer.

En su lucha hay un hombre cuyo contubernio con Satanás, lo hace rico de todos los vicios capitales y tiene como aliado al Amo del Infierno, con todo su poder y sus seducciones.

luciferÉste está furioso porque a pesar de haber desencadenado todas las fuerzas del Mal, para destruir y hacer perecer; no solo ha sido vencido por la joven virgen, sino que también es doblegado y obligado por la fuerza invencible de Dios.

De esta forma,  Satanás debe confesar la verdad y perder a su discípulo:

“El Dios Crucificado es más poderoso que todo el Infierno junto. Siempre me vencerá. Quién cree en Él, está a salvo de cualquier insidia. LA FE ES LA CUESTIÓN VITAL.”
La respuesta de su “protector” ha sido la causante de la ira del patricio. Y es lo que más lo abruma en su paseo.

Finalmente se sienta en el triclinio y con su  mentón apoyado sobre su puño izquierdo cerrado, piensa por largo rato. Siguiendo el hilo de sus pensamientos, levanta su mano derecha y traza en el aire, con el dedo una cruz… Y se queda inmóvil por unos segundos.

Luego se refleja en su semblante una firme determinación. Se levanta. El razonamiento que lo ha decidido ha sido éste: “Ya que Jesucristo el Crucificado es el Dios Todopoderoso y nada puede contra Él, me convertiré en  cristiano y voy a adorarlo.

Parece una magnífica estatua. De su semblante desaparece el aire torvo y sombrío. En ese momento llega un esclavo y le avisa que ha llegado un mensajero de la casa de Adriano, con una carta para él. Leonardo la lee…

Y a la mañana siguiente se une a la comitiva que se dirige a la Puerta del Cielo.

Cuando cruzan el atrio de la regia mansión, Leonardo se fija en el Lararium (especie de oratorio donde se adoran los dioses domésticos): lo único que tiene es una enorme cruz desnuda hecha de mármol que parece suspendida con lazos invisibles, con un gran lienzo blanco y plegado que cuelga de uno a otro de sus brazos y un letrero en un pedestal que en latín y en griego dice: “JESÚS ESTA VIVO”

la cruz desnuda

Al lado izquierdo se lee: “Si quieres alcanzar la perfección, aprende la ciencia de VIVIR MURIENDO Y MORIR AMANDO.”

En el lado derecho está escrito: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu ser, sobre todas las cosas. Y a tu prójimo como a ti mismo…”

Adela, la aya de Adriano, dice unas palabras al que los ha recibido. Este asiente con la cabeza y luego se dirige a todos:

–      Bienvenidos, hermanos. Que la Paz de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros. No temáis. Todo estará bien. Traigan al enfermo.

Cuatro africanos gigantescos llevan al enfermo amarrado como un bulto, hasta un salón anexo al atrium y que en otros tiempos funcionó como taberna para los invitados.

pedro

Luego todos los demás son conducidos al jardín posterior, donde Pedro está hablando en el salón porticado a una gran cantidad de personas reunidas:

“Os hablo una vez más de esta Cena en que antes de ser Inmolado por los hombres, Jesús de Nazaret, llamado el Nazareno, el Hijo de Dios Vivo y Verdadero. Y Salvador nuestro, como hemos creído con todo nuestro corazón e inteligencia. Porque en creerlo está nuestra salvación. Se inmoló por su propia voluntad y por su gran amor, se dio a Sí Mismo en comida y bebida a los hombres, cuando tomó un pan entero y lo puso sobre una copa llena de vino. Los bendijo y los ofreció a Dios Padre.

Luego partió el Pan en trece pedazos y dio uno a cada uno de los apóstoles, reservando uno para su Madre Santísima. Y dijo: “Tomad y comed. Esto es mi Cuerpo. Haced esto en recuerdo de Mí, que me voy”… Después tomó el Cáliz y dijo: “Tomad y bebed. Esto es mi Sangre. Este es el Cáliz del Nuevo Pacto sellado en mi Sangre y por mi Sangre que será derramada por vosotros, para que se os perdonen vuestros pecados y para daros la Vida. Haced esto en recuerdo mío.”Eucaristìa pan vivoY es lo que estamos haciendo. Así como nosotros sus testigos creemos que en el Pan y en el Vino, ofrecidos y bendecidos como Él lo hizo, en memoria suya y por obedecerle, están su Cuerpo Santísimo y su Sangre Preciosa, Poderosa y Adorable. Este Cuerpo y esta Sangre que son del Dios Encarnado, Hijo del dios Altísimo. Sangre que fue derramada y Cuerpo que fue crucificado por amor y para dar Vida a los hombres. Así también a vosotros que habéis entrado a formar parte de la Iglesia verdadera, inmortal, que predijeron los profetas y que fundó Jesús, debéis creerlo.

Creed y bendecid esta señal como perdón suyo. Pues nosotros, si no fuimos sus crucificadores materiales, si lo fuimos moral y espiritualmente, principalmente por nuestros pecados. Por nuestra debilidad en servirlo. Por nuestra ceguera en comprenderlo. Por nuestra cobardía en abandonarlo, huyendo en su hora postrera y ¿Qué puedo deciros de mi personal traición? Pues lo negué por miedo y cobardía.

NEGACIÓN DE PEDRO

Negué que era su discípulo aun cuando me había elegido para ser el primero entre sus siervos.- gruesas lágrimas corren por sus mejillas y bañan todo su rostro- Poco antes de la hora Prima allá, en el patio del Templo.

Creed y bendecid al Señor, todos los que no lo conocieron cuando era el Nazareno y permite que ahora lo conozcan como el Verbo Encarnado. El Cordero que ha sido Inmolado. Rey de Reyes, Sacerdote y Dios, Hijo del Dios Altísimo; Hombre Verdadero y Dios Verdadero. Maestro, Salvador y Redentor nuestro, que murió Crucificado y Resucitó de entre los muertos. Y ahora ha regresado al Cielo, para estar glorioso con el Padre. “Venid y Tomad” Él lo dijo: “Quién come mi Carne y bebe mi sangre, tendrá Vida Eterna.” 

Él creó vuestras almas y las redimió con su Vida y con su Sangre Santísima. Él os está llamando para ser ovejas de su Rebaño. El Buen Pastor está buscando a la oveja perdida. Y os llama para salvaros. Él ha redimido vuestras almas y las espera para darles la Vida Eterna.

Pedro calla.

EL SEÑOR ES MI PASTOR jesus-animated-gif

Después de unos momentos, dice:

–           Vayamos ahora a los enfermos…

Celina se acerca y le dice algo en voz baja. Pedro sonríe y se dirige hacia donde está el grupo de Adriano. Los saluda:

–           Paz a ustedes, hermanos.

–           Salve.- contestan todos.

Y mientras caminan al lugar en que dejaron a Víctor, Adrián dice:

–          Está loco por un mal misterioso. Nadie ha podido curarlo. Es mi hermano, -señalando a la mujer que llora con profundo dolor, agrega.- y ella es mi madre. Hemos venido…

Adrián ya no sabe que decir y baja la cabeza apesadumbrado.

Pedro trata de consolarlo:

–           Ahora se le pasará.

Y Pedro se dirige al hombre que pese a que está amarrado fuertemente, da unos saltos con unos rugidos escalofriantes que aumentan a medida que el apóstol se va acercando.

Todos miran asombrados al enfermo que se agita siempre más.

Adrián advierte:

–           Ten cuidado. Es muy agresivo.

Pedro llega hasta el hombre que a pesar de sus ataduras, pareciera a punto de soltarse;  mientras gruñidos espeluznantes rugen en forma sobrehumana de su garganta.

El apóstol declara tranquilamente:

–           Vosotros le creéis loco. Dices que ningún médico puede curarlo. Es verdad. Ningún médico porque no está loco; sino que uno de los inferiores como ustedes los conocen, ha entrado en él…

Adrián replica:

–           Pero no tiene el espíritu de Pitón. Al contrario. Solo dice incoherencias.

Pedro explica:

–           Nosotros lo llamamos “Demonio” no Pitón. Hay el que habla y el que es mudo. El que engaña con razones aparentes de verdad y suele pasar desapercibido. Es el más peligroso. Y hay el que produce solo un desorden mental. El primero de los dos es el más completo y entre menos se advierte su presencia, más destrucción produce. Tu hermano tiene el segundo, pero ahora saldrá de él.

–           ¿Cómo?

–           Él mismo te lo dirá.

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Entonces, dirigiéndose al enfermo, Pedro ordena:

–           ¡En el Nombre de Jesucristo deja a este hombre y regresa a tu Abismo!

El hombre lanza un alarido escalofriante y grita:

–          ¡Me voy! Contra ti y por Él, mi poder es demasiado débil. Me arrojas y me amordazas. ¿Por qué siempre nos vences?

El espíritu que habló por boca de Víctor, sale con un alarido más fuerte. Y el hombre se desploma como si se hubiera desmayado.

Pedro dice:

–           Está curado. ¡Soltadlo sin miedo!

Varias voces dicen al mismo tiempo:

–           ¿Curado?… ¿Estás seguro?… Pero…

Adrián intenta postrarse, al mismo tiempo que exclama:

–           ¡Yo te adoro!

Pero Pedro lo detiene inmediatamente:

–          ¡No lo hagas! Yo soy solo un hombre como tú. Levanta tu alma. En el Cielo está Dios. A Él adórale. Y dirige tus pasos hacia Él.

–           Entonces permite que te trate como a los sacerdotes de Esculapio. Permite que te oigamos hablar y ver como curas a los enfermos.

–           Hazlo. Y trae a tu hermano.-y dirigiéndose al grupo, los invita – Si queréis, todos podéis pasar.

Mientras tanto, Víctor está sorprendido. Y mirando a todos pregunta:

–           ¿Pero dónde estoy? Esto no es Ostia. ¿Dónde está el mar?

Adrián contesta:

–           ¡Estabas…!

Pedro lo interrumpe al hacer una señal con la que impone silencio y dirigiéndose a Víctor le dice:

–           Tenías una fiebre muy alta y te han traído a Roma. Ahora estás mejor. Ven.

Dócilmente, el hombre se levanta y camina junto al apóstol. Todos los siguen conmovidos, sorprendidos y sin comprender cabalmente lo que ha sucedido.

Adrián no puede contenerse y adelantándose llega hasta Pedro y le pregunta:

–          Dijiste levanta tu alma. ¿Qué cosa es el alma? ¿De quién viene? ¿Dónde está?

–           Seguidme y lo sabréis…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

137.- LA MUJER ADÚLTERA


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En cuanto Jesús entra a la casa,  Judas dice:

–                       En la habitación superior hay personas de Nazareth. Vinieron tus hermanos ayer a buscarte. Luego algunos Fariseos. Muchos enfermos y un hombre de Antioquia.

Jesús pregunta:

–                       ¿Ya se fueron?

–                       No. El de Antioquia fue a Tiberíades, pero regresa el sábado. Los enfermos están en diversas casas. Los Fariseos con muchos honores, quisieron que tus hermanos estuviesen con ellos. Todos son huéspedes de Simón el Fariseo.

Pedro refunfuña:

–                       ¡Uhmm!…

Judas le pregunta:

–                       ¿Qué te pasa? ¿No te gusta que honren al Maestro, en la persona de sus familiares?

–                       Sí. Es un verdadero honor y un encuentro útil… Reviento de felicidad. –dice Pedro con sarcasmo.

–                       Desconfiar es juzgar. El Maestro no quiere que juzguemos a otros.

–                       Así es. ¡Bueno! Para estar seguro, esperaré para poder juzgar. De este modo no seré un necio, ni cometeré ninguna falta.

Jesús dice:

–                       Vamos arriba, donde están los Nazarenos. Mañana iremos a donde están los enfermos.

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Iscariote se vuelve a Jesús:

–                       No puedes. Es sábado. ¿Quieres que los Fariseos tengan algo que reprocharte? Si no piensas en tu bien, yo si pienso. No comprendo que ardas en deseos de curar pronto a los que te buscan. Mira, iremos nosotros e impondremos las manos en tu Nombre…

Jesús responde:

–                       No.   –es un ‘No’ terminante que no admite discusión.

–                       ¿No quieres que hagamos algún milagro? ¿Quieres hacerlo Tú? Bueno, iremos a decir que estás aquí y que prometes curarlos. Estarán felices…

–                       No es necesario. Todos saben ya que estoy aquí… Saben que se cura el que tiene Fe en Mí. Y esto se ve por el hecho de que vinieron a buscarme.

Judas no responde; pero en su cara se refleja el descontento que lleva en el corazón.

Más tarde, en el interior del Templo…

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Jesús está hablando en el Patio de los gentiles…

Y un grupo de Fariseos arrastra a una mujer de unos treinta años; despeinada, con sus vestidos desarreglados y se ve que ha sido muy golpeada. Viene llorando… La arrojan a los pies de Jesús, como si fuera un despojo andrajoso. Con la cara apoyada sobre los brazos y contra el suelo.

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El fariseo Samuel, el que fuera esposo de Rosa de Jericó, dice:

–                       Maestro, ésta fue sorprendida en flagrante adulterio. Su marido la amaba. Nada le faltaba. Era la reina de su hogar. Pero lo traicionó porque es una pecadora.

Ismael ben Fabi:

–                       Una viciosa. Una ingrata. Una sacrílega.

Sadoc:

–                       Es una adúltera y como a tal, se le va a lapidar.

Cananías:

–                       Moisés lo prescribió. Manda en su Ley que tales mujeres sean lapidadas, como animales inmundos.

Nahúm:

–                       Porque traicionan la fe y al hombre que las ama y las cuida.

Simón Boetos agrega contundente:

–                       Porque son como tierra que jamás se sacia y están ávidas de lujuria. Son peor que prostitutas, porque sin necesidad se hacen daño a sí mismas para alimentar su impudicia.

Calascebona:

–                       Son unas corrompidas que todo contaminan y por eso son condenadas a muerte.

Sadoc:

–                       Moisés lo mandó y Tú, Maestro, ¿Qué dices a esto?

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Cuando llegaron los fariseos, Jesús los atravesó con su mirada penetrante…

Y luego, bajando sus ojos a la mujer arrojada a sus pies, no dice nada…

De cuclillas se inclina y con un dedo, escribe sobre las piedras del Patio, que el viento ha cubierto de polvo.

Ellos hablan y Él escribe.

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–                       Maestro, te estamos hablando.

–                        Escúchanos.

–                        Respóndenos.

–                       ¿No has entendido?

–                       Esta mujer fue sorprendida en adulterio.

–                       En su casa.

–                       En el lecho de su marido.

–                       Lo ha ensuciado con su pecado.

Jesús continúa escribiendo…

Los fariseos apostrofan:

–                       ¡Qué si es tonto este hombre!

–                        ¿No veis que no comprende nada?

–                       ¡Y está trazando signos en el polvo, como un pobre demente!

–                       Maestro, por tu buen nombre, habla.

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–                       Tu sabiduría que responda a nuestra pregunta.

–                       Te repetimos que a esta mujer nada le faltaba.

–                       Tenía todo y ha traicionado.

Jesús continúa escribiendo…

Y Elquías dice:

–                       Ha faltado a su marido, que tenía confianza en ella. Su boca mentirosa lo saludó al despedirse y con una sonrisa lo acompañó hasta la puerta.

Calascebona:

–                       Con su pecado ha profanado la santidad de su hogar y de nuestro linaje sagrado.

ASMODEO

Samuel:

–                       Y luego abrió la puerta secreta e introdujo a su amante.

Simón Boestos:

–                       Y mientras su marido estaba ausente por el trabajo, que era para ella.

Cananías:

–                       Ésta, como un animal inmundo, se arrojó en brazos de la lujuria.

Sadoc:

–                       Maestro, es una profanadora de la Ley, además del lecho nupcial.

Ismael ben Fabi:

–                       Una rebelde, una sacrílega, una blasfema.

1ma

Jesús continúa escribiendo.

Escribe y borra lo escrito con sus sandalias. Y luego escribe más allá, dando vuelta sobre Sí Mismo, para encontrar espacio.

Parece un niño que estuviese jugando…

Pero lo que escribe no son palabras de juego.

Sucesivamente ha escrito: ‘Usurero’ ‘Falso’ ‘Hijo irrespetuoso’ ‘Fornicador’ ‘Asesino’ ‘Profanador de la Ley’ ‘Libidinoso’ ‘Usurpador’ `Marido y padre indigno’ ‘Blasfemo’ ‘Rebelde ante Dios’ ‘Adúltero’…

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Lo escribe una y otra vez, mientras los acusadores hablan:

–                       ¡Maestro, tu parecer!

–                       La mujer va a ser juzgada.

–                       No puede seguir contaminando la tierra con su presencia.

–                       Su aliento es veneno que perturba los corazones.

Jesús ha estado escuchando en silencio. Lo que más le duele, es la falta de caridad y de sinceridad en los acusadores que no mienten al acusarla.

La mujer es realmente culpable, pero están siendo hipócritas al hacer escándalo de una falta que incontables veces, ellos han cometido. Y que sólo debido a su astucia o a su buena estrella, ha quedado oculta.

Ella, es la primera vez que peca y ha sido menos astuta y menos afortunada. Pero ninguno de los hombres o mujeres que están esperando su veredicto, están exentos de culpa.

2ma

Adúltero es el que llega al acto, apetece el acto y lo desea con todas sus fuerzas. La lujuria existe tanto en el que peca, como en el que desea pecar. No basta no hacer el mal. Es menester no desear hacerlo. Si por un milagro en estos momentos dijera a su sangre que escribiese sobre sus frentes su pecado; entre las muchas acusaciones hubiera prevalecido la de ‘adúlteros’ de hecho y de deseo.

Sin sinceridad y sin caridad. Ni siquiera el ser semejantes a ella por la concupiscencia que los consume, los lleva a tener caridad.

 by Nicholas Colombel

Jesús se levanta. ¡Su rostro despide rayos contra los acusadores!

Su estatura parece aumentar y resplandece su Presencia Divina…

Su serenidad y su imponente y regia majestad, son indescriptibles. El manto se le ha caído de un hombro y forma detrás de Él una especie de cauda. Su sonrisa ha desaparecido por completo…

Sus ojos de zafiro, parecen dos puñales escrutadores y los mira de uno por uno con tal intensidad…

¡Qué les habrá dicho con esa mirada!… que les infunde pavor…  

Muchos de ellos tratan de esconderse entre la multitud. Están ante la Presencia de un Juez Airado…

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Después de una larga pausa… Por fin habla…

Es el Dios-Hombre que sentencia ásperamente:

–                       Quién de vosotros esté sin pecado, arroje sobre la mujer la primera piedra… 

Su voz es un trueno acompañado por el fulgor relampagueante de sus ojos de zafiro. Jesús cruza los brazos sobre su pecho y así continúa. Erguido como un Juez implacable. Su mirada no da paz… Escudriña…Penetra… Acusa…

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Primero uno y luego todos los demás; poco a poco se van retirando, con la cabeza inclinada.

No solo los Escribas y Fariseos; sino todos los que se habían acercado para oír la sentencia y condenación…

También los que entre el pueblo decían insultos a la culpable y pedían su lapidación…

Finalmente, Jesús se queda solo, con Pedro y Juan.

Cuando todo el Patio está vacío y un gran silencio reina en él, a excepción del ruido del viento y de una fuente que hay en un rincón; Jesús levanta su cabeza y mira. Su rostro ya está tranquilo… Un poco triste,…  Pero enojado.

Dirige una mirada a Pedro que está un poco lejos, apoyado sobre una columna… Y a Juan, que muy cerca de Él lo mira con mucho amor.

Su rostro refleja una sonrisa al mirar a Pedro, al enviarle un mensaje mental:

–                        Pedro, tampoco faltes tú a la caridad y a la sinceridad. Recuerda esta hora y juzga como un maestro en el porvenir.

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El apóstol recibe el silencioso mensaje e inclina la cabeza en señal de asentimiento.

A Juan lo mira con una sonrisa todavía más amplia y luminosa:

–                       Tú puedes juzgar y no lo haces, porque tienes mi mismo sentimiento. Gracias porque eres muy semejante a Mí…

El más joven en años y con corazón de niño, entiende la mirada de Jesús, recibe el mensaje mental y sonríe a su vez a su amado Maestro.

Jesús mira a la mujer que sigue postrada en el suelo, llorando.

La contempla largamente. Él siente caridad por aquella mujer humillada… Él, el único que debió haber tenido asco…

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Se compone el manto y hace señal a sus apóstoles de que se dirijan hacia la salida…  Por más que alguien sea culpable, hay que tratarlo con respeto y caridad. No gozarse con su envilecimiento… No encarnizarse en él, ni siquiera con miradas curiosas. ¡Hay que tener piedad para el caído!…

Por eso ha querido que ambos se retiren antes de dirigirse a ella; para no aumentar su pena, con la presencia de testigos…

Cuando se queda solo, dice a la mujer:

–                       Mujer, escúchame. Mírame…

Repite su orden, porque ella no se atreve a levantar la cara.

–                       Mujer, estamos solos. Mírame.

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La desgraciada mujer, levanta una cara que el llanto y el polvo han desfigurado…

Jesús pregunta:

–                       ¿Dónde están mujer, los que te acusaban?

Jesús habla despacio, con misericordia… Se inclina hacia esa miseria humana, con una expresión indulgente en sus ojos. Con una fuerza renovadora.

Jesús insiste con dulzura:

–                       ¿Nadie te condenó?

La mujer, sollozando, responde:

–                       Nadie, Maestro.

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–                       Tampoco Yo te condeno. Vete y no peques más. Ve a tu casa… Procura que te perdone tu marido. Que te perdone Dios… No abuses de la benignidad del Señor. Vete.

La ayuda a incorporarse tomándola de una mano, pero no la bendice y no le da la paz.

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La ve irse con la cabeza inclinada. Caminando vacilante, bajo el peso de la tremenda  vergüenza.

Cuando desaparece…

Jesús se une con sus discípulos.

Ha señalado a la culpable, el camino que tiene que seguir para redimirse: volver a su hogar. Pedir humildemente perdón y obtenerlo con una vida honesta. No ceder más a las tentaciones de la carne. No abusar de la bondad divina y de la bondad humana para no purgar dos o más veces la culpa.

No le dio la paz, ni la bendición, porque no existía en ella la separación del pecado y el arrepentimiento, que son necesarios para obtener el Perdón. Todavía no existía en su carne y en su corazón, la náusea por el  pecado.

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María Magdalena al saborear la Palabra de Jesús, había experimentado disgusto por el Pecado. Y se acercó a Jesús, con la firme decisión de ser otra.

En esta mujer hay un fluctuar de voces, entre la carne y el espíritu. Ni aún con todo lo que ha pasado, había decidido poner el hacha en la raíz de su carne.

Jesús quisiera ser el Salvador de todos…  Pero no todos quieren ser salvados. Y ese es uno de los dolores más atroces de su agonía de Redentor…

Los apóstoles y los discípulos están esperándolo en la pendiente del Monte de los Olivos, cerca de la Fuente de Siloan.

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Cuando ven que a paso largo acompañado de Pedro y de Juan, Jesús viene hacia ellos.

Todos corren a su encuentro.

Jesús ordena:

–                       Subamos por el camino que va a Bethania. Me voy de la ciudad por un poco de tiempo. En el camino os diré lo que debéis hacer.

Varios preguntan:

–                       ¿Te vas de la ciudad?

–                       ¿Te ha pasado algo?

Jesús contesta:

–                       No. Pero hay muchos lugares que me aguardan…

–                       ¿Qué has hecho esta mañana?

–                       He hablado. Los Profetas una vez más… Pero no entienden…

Mateo pregunta:

–                       ¿Ningún milagro Maestro?

–                       Ninguno. Un perdón. Una defensa.

–                       ¿Quién fue? ¿A quien ofendió?

–                       Unos que se creían sin pecado, acusaron a una pecadora. La salvé.

Bartolomé:

–                       Si era pecadora, ellos tenían razón.

–                       En su cuerpo era realmente pecadora. Pero su alma… Muchas cosas podría deciros acerca de las almas. No llamo pecadores solo a aquellos cuya culpa es clara. Son también pecadores los que empujan a otros a pecar. Y su pecado es más astuto. Hacen el papel de la Serpiente y del Pecador.

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Tomás pregunta:

–                       ¿Qué había hecho la mujer?

–                       Había cometido adulterio.

Judas de Keriot exclama:

–                       ¡Adulterio! ¿Y la salvaste? ¡No debiste!

Jesús lo mira detenidamente… luego le pregunta:

–                       ¿Por qué no debí?

–                       Porque… Te puede acarrear algún mal. Sabes bien cuanto te odian y que buscan acusaciones contra Ti. Ciertamente salvar a una adúltera, es ir contra la Ley.

–                       Yo no hice eso. Dije a ellos que el que estuviese sin pecado la lapidase. Ninguno la lapidó, porque ninguno estaba libre de pecado. Así pues, confirmé la Ley que ordena que los adúlteros sean lapidados. Pero también salvé a la mujer, porque no hubo nadie que la lapidase.

–                       Pero Tú…

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–                       ¿Querías que Yo la hubiese lapidado? Habría podido y habría sido un acto de justicia, pero no de misericordia…

–                       ¡Ah, se arrepintió! Te suplicó y Tú…

–                       No. Ni siquiera estaba arrepentida. Tan solo estaba deshecha y temblando de miedo.

–                       Pero entonces… ¿Por qué?… ¡Cada vez te comprendo menos! Antes lograba entender lo que habías hecho con una María de Mágdala, con Juan de Endor. Con muchos pec…

Mateo dice con calma y dignidad:

–                       Dilo claro: con Mateo. No me ofendo… Antes bien te agradezco que me ayudes a recordar mi deuda de reconocimiento, para con mi Maestro.

Judas añade:

–                       Bueno. También con Mateo. Pero ellos estaba arrepentidos de su pecado. De su vida licenciosa. ¡Pero esa!… ¡Te comprendo cada vez menos! Y no soy el único…

Jesús contesta:

–                       Lo sé. No me comprendes… Siempre me has comprendido poco. Y no has sido el único. Pero eso no cambia mi modo de obrar.

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Judas no oculta su disgusto y dice categórico:

–                       Se perdona a quien lo pide.

–                       ¡Oh, si Dios tuviese que perdonar tan solo a quién se lo pide! ¡Y castigar al punto a quién no se arrepiente de su culpa! ¿No te has sentido alguna vez perdonado antes de haberte arrepentido? ¿Puedes con toda verdad afirmar que te arrepentiste y que por esto se te perdonó?

–                       Maestro, yo…

–                       Escuchadme todos. Porque muchos de vosotros pensáis que hice mal y que Judas tiene razón. Aquí están Pedro y Juan. Oyeron lo que dije a la mujer y lo pueden repetir. No fui un necio al perdonar. No dije lo que he dicho a otras almas, a las que perdoné porque estaban del todo arrepentidas…

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Pero he dado manera y tiempo para que esa alma llegue a arrepentirse y sea santa, si ella quiere. Recordadlo para cuando seáis maestros de las almas y que vean en vosotros aun verdadero y santo confidente, en cuyas rodillas no se avergüenzan de llorar. Si las condenareis privándolas de ayuda espiritual, haréis que se enfermen y se debiliten…

Judas, tú que juzgas con severidad, si en este momento te dijese: Te voy a denunciar al Sanedrín por prácticas de magia…”

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Judas se queda paralizado… Su pecado más secreto está al descubierto… Su rostro se vuelve pálido como si fuera de alabastro. Mira a Jesús con los ojos desorbitados…

Y logra balbucir aterrorizado:

–                       ¡Señor, no lo harías! Sería… sería… tú sabes que es…

Jesús, tranquilo y con su mejor tono de Maestro dice:

–                       Sé y no sé…  ¿Pero ves que inmediatamente invocas piedad sobre ti?… Y sabes que ellos no te condenarían porque…

Judas se estremece con un escalofrío de terror e interrumpe a Jesús, muy nervioso:

–                       ¿Qué insinúas Maestro? ¿Por qué dices esto?

Jesús mira a su apóstol- levita… Sus ojos atraviesan el corazón de Judas y al mismo tiempo, para calmar a su apóstol alterado y  sobre quién convergen todas las miradas…

Jesús dice con tono muy apacible:

–                       Porque ellos te aman. Tienes buenos amigos allá adentro, lo has dicho muchas veces.

Judas da un suspiro de alivio y se enjuga un sudor extraño…  ¡En un día en que sopla el viento!

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Y dice:

–                       Es verdad. Viejos amigos. Pero no creo que si pecase…

–                       ¿Y por eso invocas piedad?

–                       Ciertamente. Soy todavía imperfecto y quiero ser perfecto.

–                       Lo has dicho. También aquella mujer es muy imperfecta. Le he dado tiempo para que sea buena, si quiere…

Judas no replica.

Y siguen por el camino que va a Bethania, alejándose de Jerusalén.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA

7.- ENTRE LA CRUZ Y LA MAGIA


En la casa de Adrián, éste está sentado con Diego en una de las bancas del jardín más próximas a su cubículum (dormitorio) Hasta allí se escuchan unos gritos. Una especie de gruñidos, alaridos y rugidos, unidos en una sola y escalofriante mezcla.

Diego muestra preocupación en su mirada mientras pregunta:

–           ¿Sigue igual?

Adrián mueve la cabeza de un lado para otro y contesta con tristeza:

–          No. Está peor. Por eso te mandé llamar. Ningún médico comprende lo que le pasa. Lo único que saben decir es que está loco. Se retuerce, echa espuma, blasfema de los dioses del Olimpo y hemos tenido que encadenarlo porque se ha vuelto más agresivo, desde que lo llevamos al templo de Esculapio.

–          Te veo mal. ¿Estás enfermo?

–          Mi madre llora sin consuelo y nada me ha funcionado con los sortilegios, ni con los consejos de mi espíritu guía y protector.  Y si a esto le agregas el dolor que me abruma a causa de Ariadna. ¿Qué te puedo decir, amigo mío?

Diego suspira y luego comenta:

–           Te comprendo demasiado bien. También yo estoy muy apesadumbrado por causa de ella. Tal parece que cargamos con una maldición.

Hemos sido amigos desde niños ¿Por qué teníamos que enamorarnos de la misma mujer?

–           Eros se está divirtiendo con nosotros.

–           Ayer tuve una experiencia muy curiosa. Por la tarde yo estaba en el triclinium del jardín, pensando angustiado en todo lo que me estaba sucediendo. Mi hermano Víctor se puso peor que nunca y yo no sabía cómo consolar a mi pobre madre. Adela mi aya, nos llevó unos refrigerios y tratando de consolarme me dijo: “Amito Adriano, ¿Me permitirías llamar a Miriam? Es la ayudante en la cocina. Ella tiene algo muy importante que deciros, si consientes en escucharla unos momentos. ¿Lo harás?”- y me miró con unos ojos tan suplicantes, que no supe que me pasó y le dije “Está bien. Que venga.” Estuve a punto de arrepentirme en consentir hablar con los esclavos. ¡Y menos con una judía! Cuando regresaron las dos, yo seguía allí, sintiéndome cada vez más desgraciado. ¡Fíjate cuán grande sería mi desesperación, que hasta invoqué al Dios Desconocido de los griegos y le prometí una ofrenda si me ayudaba!

Cuando Myriam llegó, le ordené: “Habla”

Al principio con timidez y luego con gran seguridad, me contó esta historia:

“Cuando el rey de Siria estaba listo para hacer la guerra a Israel, había en su corte un hombre valioso y respetado de nombre Naamán, el cual estaba leproso. Había también una esclava israelita que habían robado los sirios y ésta les dijo: “Si llevasen a mi señor al profeta que hay en Samaría, ciertamente lo limpiaría de la lepra.” Naamán le pidió permiso al rey y siguió el consejo de la joven. El rey de Israel se enojó mucho y exclamó: ‘¿Soy acaso Dios para que el rey de Siria me mande sus enfermos? Esta es una trampa para que haya guerra. Más el profeta Eliseo cuando se enteró, dijo: “Que venga a mi casa el leproso, lo curaré y sabrá que en Israel hay un profeta.” Naamán fue a ver a Eliseo, pero éste no lo recibió; tan solo le mandó  decir: “Lávate siete veces en el río Jordán y quedarás limpio.” Naamán se fastidió y pareciéndole que para nada había venido de tan lejos y caminado tanto, trató de regresar. Sus siervos le dijeron: ‘Solo te pidió que te lavaras siete veces y aunque te hubiese mandado muchas más, deberías hacerlo porque él es el profeta.’ Entonces Naamán reflexionó, se levantó, fue y se lavó. Y quedó curado. Lleno de gozo, fue a casa del siervo de Dios y le dijo: “Ahora sé la verdad. No hay otro Dios sobre la Tierra, sino solo el Dios de Israel.” Y como Eliseo no aceptara dones, le pidió que cuando menos le permitiera llevar tanta tierra como para hacer un altar en el que él  pudiera sacrificar para El Dios Verdadero, sobre tierra de Israel.” Y Miriam calló.

Algo se removió dentro de mí y le pregunté: ¿Qué tratas de decirme?

Y entonces Adela me contestó:

–           Si tú lo quieres, mi amo. Pasado mañana, estará aquí en Roma un profeta más grande que Eliseo, porque es un Apóstol del Dios Único y Verdadero. Y él puede curar a Víctor y hacer que regrese la felicidad a esta casa.

–          ¡Claro que quiero! Llévame con él.

Adrián hace una pausa y luego pregunta a Diego:

–           Te mandé llamar para invitarte ¿Te gustaría acompañarnos?

–           ¡Claro que sí! Por nada me pierdo semejante portento… Oye, ¿Y si no pasa nada?

Adrián dice esperanzado:

–           Algo me dice que no será así. Presiento… no sé… Pero tengo necesidad tanto de comprobarlo, como de que mi hermano se cure.

La tarde declina y pronto será de noche. Los dos amigos se quedan hablando de aquella insólita aventura.

Mientras tanto en otra casa del Vicus Patricius…

En el pórtico que circunda un hermoso jardín, en donde se escucha el murmullo del agua que lanzan los surtidores de una bella fuente, Leonardo da largos paseos con las manos unidas a su espalda. Su ceño fruncido, su ira contenida y su furiosa concentración; hablan de un humor que no debe ser perturbado. Sus pisadas son fuertes y enérgicas. Después de hablar con su “espíritu guía”, está más confundido que nunca.

Tres días antes, uno de los informantes que había distribuido en todos los lugares donde puede averiguar algo de Sofía, le avisó que había regresado a su casa. Él fue inmediatamente a buscarla…

Y al recordar la entrevista que tuvieron, su rostro se ensombreció más todavía…

Estaba más bella que nunca. Alta, morena clara, con un cuerpo escultural que se dibujaba a través de los pliegues de su vestido color malva. Sus cabellos negros y ondulados, peinados con una diadema que por detrás tiene un velo como de seda en un tono rosa muy tenue. Su rostro de finas y armoniosas facciones, tiene una mezcla de dulzura a pesar de su severidad. Están sentados en el atrium y hacen una hermosa pareja. Leonardo tiene una sonrisa forzada que lo hace lucir poco agradable. Pareciera que bajo una capa de benevolencia, late una voluntad turbia y oscura. Él hace grandes protestas de afecto a la joven, declarándose listo para hacer de ella una esposa feliz; reina de su corazón y de su casa. Pero ella rechaza sus ardientes declaraciones de amor, con serena firmeza.

Leonardo insiste:

–           Pero tú podrías hacer de mí, un santo de tu Dios, Sofía. Porque tú eres cristiana y  yo lo sé. Pero no soy enemigo de los cristianos. Tampoco soy un incrédulo sobre las verdades de ultratumba. Creo en la otra vida y en la existencia del espíritu. También creo que seres espirituales velan sobre nosotros y se manifiestan si los invocamos para ayudarnos. Yo he recibido su guía y su auxilio. Como puedes ver, creo cuanto tú crees. No podría nunca acusarte, porque sería como acusarme a mí mismo por tu mismo delito. No creo como los demás, que los cristianos sean personas que ejercen una magia malvada. Y estoy convencido de que nosotros dos estando unidos, haríamos grandes cosas.

Inconmovible, ella responde:

–           Leonardo, por favor no insistas. Yo no discuto tus creencias. Yo también quiero creer que unidos, haremos grandes cosas. Ni siquiera niego que soy cristiana. Y quiero admitir que tú eres amigo de los cristianos. Rogaré a Dios por ti para que tú los llegues a amar a tal punto, que tú te conviertas en un campeón entre nosotros. Entonces si Dios lo quiere, estaremos unidos en una misma suerte. Pero sería un destino totalmente espiritual. Pues de otro tipo de uniones yo soy esquiva, porque he decidido reservarme a mí misma con todo mi ser, para entregarme al Señor y Dios mío. Voy a conseguir aquella Vida en la cual también dices que crees, alcanzando la amistad de los que tú también admites que están sobre nosotros; protegiéndonos vigilantes y operantes, en el Nombre Santísimo del Señor, obrando para nuestro bien.

Leonardo exclama exasperado:

–           ¡Basta, Sofía! Mi espíritu protector es muy poderoso y te doblegará hasta que te sometas a mis deseos.

Sofía replica con firmeza:

–           ¡OH, NO! Si él es un espíritu celestial, sólo querrá lo que la Voluntad de Dios quiera. Dios para mí, quiere la virginidad. Y yo espero el martirio. Y por lo mismo, tu protector no logrará inducirme a hacer ninguna cosa contraria al querer de Dios. Y si es un espíritu que no viene del Cielo, entonces absolutamente nada podrá sobre mí. Porque sobre él levantaré en mi defensa  el Signo de la Victoria que tengo en la mente, en el corazón en el espíritu, sobre mi cuerpo. Grabado como un tatuaje vivo, que nos vuelve victoriosos sobre cualquier voz que no sea la de mi Señor. Vete en paz hermano y que Dios te ilumine para que conozcas la Verdad. Yo rogaré para que su luz llegue a tu alma.

Leonardo deja la casa refunfuñando amenazas. Y Sofía lo ve partir con lágrimas de compasión.

Sus padres están alarmados y la joven los tranquiliza diciendo:

–           No temáis. Dios nos protegerá y hará nuestro a Leonardo. Orad vosotros también y Tengamos fe en nuestro Señor Jesucristo.

Y Sofía se retira a su cubículum y ora postrada delante de una cruz desnuda, sostenida entre dos ventanas y sobrepuesta en la figura labrada del Cordero Místico. Su oración es ferviente y hay un momento en que sobre ella; suspendida en el aire aparece una luminosidad que poco a poco toma la forma incorpórea de un ser angélico, que la envuelve totalmente con su luz.

Mientras tanto, a la misma hora en la casa de Leonardo. En una estancia privada, en la que hay instrumentos y signos cabalísticos y mágicos; el joven patricio trabaja alrededor de un trípode, sobre el cual lanza sustancias resinosas que hacen que se levanten densas volutas de humo; al mismo tiempo que traza sobre él signos, murmurando palabras que siguen un oscuro ritual. El ambiente se satura de una niebla azulada que vela el contorno de las cosas y hace que parezca que el cuerpo de Leonardo, está en una lejanía de aguas trémulas. Entonces se forma un punto fosforescente que va creciendo poco a poco, hasta alcanzar la forma y el volumen de un cuerpo humano.

Enseguida los dos establecen un diálogo incomprensible a nadie más. Leonardo se arrodilla y da muestras de veneración, al mismo tiempo que ruega al que parece considerar alguien muy poderoso. Luego, la niebla desaparece lentamente y Leonardo queda nuevamente solo…

Entonces en la estancia de Sofía sucede un cambio. Ella continúa orando. Un punto fosforescente y danzante, como una bola de fuego envuelve a la joven orante. Es la hora de la tentación para Sofía. Y la luz de fuego se transforma en un ángel maligno. El cual con visiones mentales, trata de suscitar sensaciones para hacer caer a la virgen consagrada a Dios y persuadirla a través de los sentidos. Ella sufre intensamente y cuando está a punto de ser dominada, supera la durísima prueba con el signo de la cruz que ella traza con su mano en el aire, mientras lleva su otra mano hacia su cuello, a otra cruz que cuelga de una fina cadena de oro. La saca de su pecho y la levanta, mientras dice con voz autoritaria:

–           ¡Retírate Satanás! Yo soy de Dios y nada en mí te pertenece.

Pero el adversario no se da por vencido. Le muestra a Sofía escenas de una vida familiar idílica, con un esposo rendido y apasionado.

A la tercera vez, la tentación es tan fuerte y el ataque es tan violento; que Sofía se abraza a la gran cruz que está suspendida y agarrada sobre el muro. Ella alza delante de sí la otra pequeña cruz. Parece un combatiente aislado que se defiende a la espalda con un firme refugio y al frente, con un escudo invencible. La luz fosforescente no resiste aquella doble señal y desaparece.

Al día siguiente, Leonardo regresa a la casa de la joven que lo tiene obsesionado y trata de convencerla una vez más con sus reiteradas promesas de amor.

–           Te estoy proponiendo que seas mi esposa, Sofía. La reina de mi hogar y la madre de mis hijos. Estoy siendo honesto y no te pido nada indebido. ¿Por qué te sigues negando? –Suplica exasperado- Por favor recapacita y cambia tu decisión.

Sofía replica inconmovible:

–           No soy yo quién debo cambiar de pensamiento, sino tú el tuyo, Leonardo. Si te liberas de la esclavitud a que te somete ese espíritu malvado, tu alma será salvada. Yo ahora más que nunca, permanezco fiel a Dios en el cual creo. Y a Él todo lo sacrifico por el bien de todos. Y ya verás que el poder de mi Dios es infinitamente superior al de vuestros dioses y al del Maligno que en ellos adoráis.

Leonardo se retira desilusionado una vez más; colérico y decidido a no renunciar a ella. “Tiene que ser mía.” Piensa mientras vuelve a su casa a repetir el ritual del día anterior.

Y nuevamente una jovencita sola, con una cruz en las manos y otra adosada al muro de su habitación, entabla un combate feroz.

Es una doncella convencida del Poder de la Cruz, que se ha refugiado en ella para vencer. En su lucha hay un hombre cuyo contubernio con Satanás, lo hace rico de todos los vicios capitales y tiene como aliado al Amo del Infierno, con todo su poder y sus seducciones.

Éste está furioso porque a pesar de haber desencadenado todas las fuerzas del Mal, para destruir y hacer perecer; no solo ha sido vencido por la joven virgen, sino que también es doblegado y obligado por la fuerza invencible de Dios.

De esta forma,  Satanás debe confesar la verdad y perder a su discípulo:

“El Dios Crucificado es más poderoso que todo el Infierno junto. Siempre me vencerá. Quién cree en Él, está a salvo de cualquier insidia. LA FE ES LA CUESTION VITAL.”

La respuesta de su “protector” ha sido la causante de la ira del patricio. Y es lo que más lo abruma en su paseo.

Finalmente se sienta en el triclinio y con su  mentón apoyado sobre su puño izquierdo cerrado, piensa por largo rato. Siguiendo el hilo de sus pensamientos, levanta su mano derecha y traza en el aire, con el dedo una cruz… Y se queda inmóvil por unos segundos.

Luego se refleja en su semblante una firme determinación. Se levanta. El razonamiento que lo ha decidido ha sido éste: “Ya que Jesucristo el Crucificado es el Dios Todopoderoso y nada puede contra Él, me convertiré en  cristiano y voy a adorarlo.”

Parece una magnífica estatua. De su semblante desaparece el aire torvo y sombrío. En ese momento llega un esclavo y le avisa que ha llegado un mensajero de la casa de Adriano, con una carta para él. Leonardo la lee…

Y a la mañana siguiente se une a la comitiva que se dirige a la Puerta del Cielo.

Cuando cruzan el atrio de la regia mansión, Leonardo se fija en el Lararium (especie de oratorio donde se adoran los dioses domésticos): lo único que tiene es una enorme cruz desnuda hecha de mármol que parece suspendida con lazos invisibles, con un gran lienzo blanco y plegado que cuelga de uno a otro de sus brazos y un letrero en un pedestal que en latín y en griego dice: “JESÚS ESTA VIVO”

Al lado izquierdo se lee: “Si quieres alcanzar la perfección, aprende la ciencia de VIVIR MURIENDO Y MORIR AMANDO.”

En el lado derecho está escrito: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu ser, sobre todas las cosas. Y a tu prójimo como a ti mismo…”

Adela, la aya de Adriano, dice unas palabras al que los ha recibido. Este asiente con la cabeza y luego se dirige a todos:

–      Bienvenidos, hermanos. Que la paz de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros. No temáis. Todo estará bien. Traigan al enfermo.

Cuatro africanos gigantescos llevan al enfermo amarrado como un bulto, hasta un salón anexo al atrium y que en otros tiempos funcionó como taberna para los invitados.

Luego todos los demás son conducidos al jardín posterior, donde Pedro está hablando en el salón porticado a una gran cantidad de personas reunidas:

“Os hablo una vez más de esta Cena en que antes de ser Inmolado por los hombres, Jesús de Nazaret, llamado el Nazareno, el Hijo de Dios Vivo y Verdadero. Y Salvador nuestro, como hemos creído con todo nuestro corazón e inteligencia. Porque en creerlo está nuestra salvación. Se inmoló por su propia voluntad y por su gran amor, se dio a Sí Mismo en comida y bebida a los hombres, cuando tomó un pan entero y lo puso sobre una copa llena de vino. Los bendijo y los ofreció a Dios Padre. Luego partió el Pan en trece pedazos y dio uno a cada uno de los apóstoles, reservando uno para su Madre Santísima. Y dijo: “Tomad y comed. Esto es mi Cuerpo. Haced esto en recuerdo de Mí, que me voy… Después tomó el Cáliz y dijo: “Tomad y bebed. Esto es mi Sangre. Este es el Cáliz del Nuevo Pacto sellado en mi Sangre y por mi Sangre que será derramada por vosotros, para que se os perdonen vuestros pecados y para daros la Vida. Haced esto en recuerdo mío.”

Y es lo que estamos haciendo. Así como nosotros sus testigos creemos que en el Pan y en el Vino, ofrecidos y bendecidos como Él lo hizo, en memoria suya y por obedecerle, están su Cuerpo Santísimo y su Sangre Preciosa, Poderosa y Adorable. Este Cuerpo y esta Sangre que son del Dios Encarnado, Hijo del dios Altísimo. Sangre que fue derramada y Cuerpo que fue crucificado por amor y para dar Vida a los hombres. Así también a vosotros que habéis entrado a formar parte de la Iglesia verdadera, inmortal, que predijeron los profetas y que fundó Jesús, debéis creerlo.

Creed y bendecid esta señal como perdón suyo. Pues nosotros, si no fuimos sus crucificadores materiales, si lo fuimos moral y espiritualmente, principalmente por nuestros pecados. Por nuestra debilidad en servirlo. Por nuestra ceguera en comprenderlo. Por nuestra cobardía en abandonarlo, huyendo en su hora postrera y ¿Qué puedo deciros de mi personal traición? Pues lo negué por miedo y cobardía. Negué que era su discípulo aun cuando me había elegido para ser el primero entre sus siervos.- gruesas lágrimas corren por sus mejillas y bañan todo su rostro- Poco antes de la hora Prima; allá, en el patio del Templo.

Creed y bendecid al Señor, todos los que no lo conocieron cuando era el Nazareno y permite que ahora lo conozcan como el Verbo Encarnado. El Cordero que ha sido Inmolado; Rey de Reyes; Sacerdote y Dios; Hijo del Dios Altísimo; Hombre Verdadero y Dios Verdadero; Maestro, Salvador y Redentor nuestro; que murió Crucificado y Resucitó de entre los muertos. Y ahora ha regresado al Cielo, para estar glorioso con el Padre. “Venid y Tomad” Él lo dijo: “Quién come mi Carne y bebe mi sangre, tendrá Vida Eterna.”

Él creó vuestras almas y las redimió con su Vida y con su Sangre Santísima. Él os está llamando para ser ovejas de su Rebaño. El Buen Pastor está buscando a la oveja perdida. Y os llama para salvaros. Él ha redimido vuestras almas y las espera para darles la Vida Eterna.

Pedro calla.

Después de unos momentos, dice:

–           Vayamos ahora a los enfermos…

Celina se acerca y le dice algo en voz baja. Pedro sonríe y se dirige hacia donde está el grupo de Adriano. Los saluda:

–           Paz a ustedes, hermanos.

–           Salve.- contestan todos.

Y mientras caminan al lugar en que dejaron a Víctor, Adrián dice:

–          Está loco por un mal misterioso. Nadie ha podido curarlo. Es mi hermano, -señalando a la mujer que llora con profundo dolor, agrega.- y ella es mi madre. Hemos venido…

Adrián ya no sabe que decir y baja la cabeza apesadumbrado.

Pedro trata de consolarlo:

–           Ahora se le pasará.

Y Pedro se dirige al hombre que pese a que está amarrado fuertemente, da unos saltos con unos rugidos escalofriantes que aumentan a medida que el apóstol se va acercando.

Todos miran asombrados al enfermo que se agita siempre más.

Adrián advierte:

–           Ten cuidado. Es muy agresivo.

Pedro llega hasta el hombre que a pesar de sus ataduras, pareciera a punto de soltarse;  mientras gruñidos espeluznantes rugen en forma sobrehumana de su garganta. El apóstol declara tranquilamente:

–           Vosotros le creéis loco. Dices que ningún médico puede curarlo. Es verdad. Ningún médico porque no está loco; sino que uno de los inferiores como ustedes los conocen, ha entrado en él…

Adrián replica:

–           Pero no tiene el espíritu de Pitón. Al contrario. Solo dice incoherencias.

Pedro explica:

–           Nosotros lo llamamos “demonio” no Pitón. Hay el que habla y el que es mudo. El que engaña con razones aparentes de verdad y suele pasar desapercibido. Es el más peligroso. Y hay el que produce solo un desorden mental. El primero de los dos es el más completo y entre menos se advierte su presencia, más destrucción produce. Tu hermano tiene el segundo, pero ahora saldrá de él.

–           ¿Cómo?

–           Él mismo te lo dirá.

Entonces, dirigiéndose al enfermo, Pedro ordena:

–           ¡En el Nombre de Jesucristo deja a este hombre y regresa a tu Abismo!

El hombre lanza un alarido escalofriante y grita:

–          ¡Me voy! Contra ti y por Él, mi poder es demasiado débil. Me arrojas y me amordazas. ¿Por qué siempre nos vences?

El espíritu que habló por boca de Víctor, sale con un alarido más fuerte. Y el hombre se desploma como si se hubiera desmayado.

Pedro dice:

–           Está curado. ¡Soltadlo sin miedo!

Varias voces dicen al mismo tiempo:

–           ¿Curado?… ¿Estás seguro?… Pero…

Adrián intenta postrarse, al mismo tiempo que exclama:

–           ¡Yo te adoro!

Pero Pedro lo detiene inmediatamente:

–          ¡No lo hagas! Yo soy solo un hombre como tú. Levanta tu alma. En el Cielo está Dios. A Él adórale. Y dirige tus pasos hacia Él.

–           Entonces permite que te trate como a los sacerdotes de Esculapio. Permite que te oigamos hablar y ver como curas a los enfermos.

–           Hazlo. Y trae a tu hermano.-y dirigiéndose al grupo, los invita – Si queréis, todos podéis pasar.

Mientras tanto, Víctor está sorprendido. Y mirando a todos pregunta:

–           ¿Pero dónde estoy? Esto no es Ostia. ¿Dónde está el mar?

Adrián contesta:

–           ¡Estabas…!

Pedro lo interrumpe al hacer una señal con la que impone silencio y dirigiéndose a Víctor le dice:

–           Tenías una fiebre muy alta y te han traído a Roma. Ahora estás mejor. Ven.

Dócilmente, el hombre se levanta y camina junto al apóstol. Todos los siguen, conmovidos, sorprendidos y sin comprender cabalmente lo que ha sucedido.

Adrián no puede contenerse y adelantándose llega hasta Pedro y le pregunta:

–          Dijiste levanta tu alma. ¿Qué cosa es el alma? ¿De quién viene? ¿Dónde está?

–           Seguidme y lo sabréis…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA