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UN PLAN DIVINO Y PERFECTO 4


En un bello atardecer de verano, María pasea despacio bajo el emparrado que cubre la terraza, llevando del brazo a su prima Isabel.

El aire está saturado con el aroma de las rosas y las abejas revolotean sobre las flores del jardín y del huerto.

Las dos conversan, mientras arrojan alimento a los palomos.

María pregunta:

–    ¿Pero por qué estás así tan triste? Dios te ha dado la alegría de ser madre y no te la quitará ahora que rebosas de ella. El pequeño Juan recibirá los besos de su madre y Zacarías tendrá todos los cuidados de su fiel esposa, hasta una edad muy avanzada.

Isabel contesta:

–    Eres buena y me consuelas. Estaba ya demasiado vieja para dar a luz a un hijo… Y ahora qué voy a tenerlo, siento miedo.

–    ¡Oh, no! ¡Aquí está Jesús! No hay que tener miedo en donde está Jesús. Mi Niño te quitó todo sufrimiento. Tú lo dijiste, cuando era tan pequeñito como un botón.

Ahora que tiene tres meses en mi vientre, siento palpitar su corazoncito alegrando el mío. Él te librará de todo peligro. Ten fe.

–    La tengo…  pero si muriera, no vayas a dejar al punto a Zacarías. Sé que piensas en tu casa; pero quédate todavía un poco más, para ayudar a mi marido con su dolor…

–    Me quedaré para congratularme con tu alegría y con la de él. Me iré cuando te sientas con fuerzas y contenta. No te intranquilices Isabel. Todo saldrá bien.

Entran lentamente a la casa e Isabel se retira a sus habitaciones, acompañada por el séquito de mujeres que están listas para ayudar en el parto a Isabel.

María va al comedor, donde Zacarías pasea muy preocupado.

Después de orar juntos, María se retira a su habitación, para seguir orando.

El tiempo pasa y al despuntar el alba del día siguiente, mientras Zacarías pasea nervioso, recorriendo de lado a lado el jardín; los gritos de la parturienta se han hecho más agudos.

María está postrada junto a su telar, suplicando al Eterno… Zacarías entra y la ve de esta manera y empieza a llorar.

Es un llanto que lo estremece con sollozos inarticulados, por el castigo sufrido por su incredulidad y que le impide hablar.

María se levanta y lo toma de la mano. Es la jovencita que con palabras maternales, consuela a aquel anciano desolado…

El sol está despuntando en el horizonte y en ese momento, entra una mujer con el feliz anuncio:

–           ¡Ya nació! ¡Eres el padre dichoso de un varoncito!Los dos alaban al Señor y le traen al bebé para que lo bendiga el padre.

Cuarenta y dos días después…

Zacarías, con sus regias vestiduras sacerdotales, se ve muy majestuoso e imponente. Su cara resplandece con la alegría de ser padre y con el honor de presentar a su varón primogénito al Señor. Parece un patriarca.

En el Templo, los guardias lo reciben con honores, igual hacen los sacerdotes.

La ceremonia de presentación del nuevo israelita y la de purificación de la madre es mucho más pomposa que cualquiera, por dos motivos: hacen fiesta por el hijo de un sacerdote y por el milagro de su nacimiento.

Toda la clase sacerdotal está presente y rodean a las personas que asisten.

Cómo María lleva entre sus brazos al pequeño Juan, mientras se dirigen al lugar de la purificación; algunos curiosos hacen sus comentarios…Una mujer dice:

–    No puede ser.  ¿No véis que está encinta? Lleva al recién nacido y Ella ya está gruesa.

Un hombre le contesta:

–    Y con todo, no puede ser sino la madre. La otra está muy anciana.

Otro comenta:

–     Tal vez sea una parienta, pero ¡Es imposible que sea la madre!

Alguien más dice:

–     Sigámoslos y veamos quién tiene razón.

Y su asombro es muy grande cuando ven que la que cumple con el rito de la Purificación es Isabel.

Ofrece su corderito balante como holocausto y sus palomos por el pecado.

Luego Isabel, radiante y orgullosa; recibe de los brazos de María a Juan y lo llevan hacia el Lugar Santo, donde lo presentarán al Señor. Un anciano comenta:

–    ¿No lo sabéis? Es el hijo del sacerdote Zacarías de la estirpe de Aarón. El que se quedó mudo cuando ofrecía el incienso en el Santuario.

Varios agregan:

–      ¿Será su hijo el Mesías que espera Israel?

–       No nació en Belén.

–       Y tampoco de una Virgen.

–       No puede ser el Mesías.

Y los comentarios siguen…

Mientras tanto, termina la ceremonia y hay una fiesta de felicitaciones sobre los padres.   Cuando salen del Templo para emprender el regreso, encuentran a José; al que María le había avisado, para regresar a Nazareth.

Al verlo, el rostro de María se alegra…

Y José la saluda con respeto:

–      La bendición de Dios esté sobre ti, María.

María contesta sonriente:

–     Y sobre ti, José. ¡Alabado sea el Señor que viniste!…  Mira, Zacarías e Isabel están a punto de partir, para llegar a su casa antes de que anochezca.

–    Tu mensaje llegó a Nazareth, cuando estaba realizando algunos trabajos en Caná. En cuanto me enteré me vine. Perdóname por no llegar a tiempo para la ceremonia.

–    No. Tú perdóname por haber estado tanto tiempo lejos de Nazareth. Ahora Isabel ya está más fuerte y no me necesita más.

–    Hiciste bien, mujer.José saluda y conversa con los primos y los felicita por todo.

Admira al vigoroso niño que cuando lo apartan de la tetapara mostrárselo a José, chilla y patalea a todo pulmón.

Todos ríen de sus protestas y la charla se generaliza.

María mira a José con una mezcla de aflicción y de sondeo.

También él la mira.

Y después de algunos minutos se inclina sobre ella y le pregunta:

–           ¿Estás cansada? ¿O te duele algo? Estás pálida  y triste…

–           Lamento separarme de Juanito. Lo quiero mucho. En cuanto nació lo estreché contra mi corazón…

José no pregunta más.

La hora de despedirse ha llegado.

Entran en el mesón donde dejaron encargado el carruaje y el asnillo con el equipaje de María.Las dos primas se abrazan con cariño y María besa una vez más a Juanito antes despedirse de Zacarías.

Luego le pide su bendición.

Al arrodillarse ante el sacerdote, el manto se le resbala de la espalda y bajo el ardiente sol del estío, queda de manifiesto su cuerpo redondeado por la gravidez.

Luego, cuando van a subir sobre sus borriquillos, José le ayuda a María para que suba a la silla y la observa…

Pero no dice ni una palabra. 

¿Quién podrá describir con exactitud el dolor de José, sus pensamientos, la agitación de su alma?…

Como pequeña barca en medio de la borrasca, se encuentra en el centro de una vorágine de ideas contrarias: en un afluir de reflexiones, la una más punzante y dolorosa que las anteriores.

Es un hombre aparentemente traicionado por su mujer. Ve que se derrumba su buen nombre y la estima que el mundo tiene por él. Creyó ver que se le señala con el dedo y se le compadece en Nazareth…

Y también sintió que su cariño y la estima que tiene por María, se desbaratan ante la cruda evidencia del hecho que tiene ante sí…Pero es un hombre justo y valiente. Guarda un heroico silencio…

Y emprenden el regreso a Nazareth y toman el camino principal que va a Galilea.

Tres días después…

En una radiante mañana, María está tejiendo bajo la sombra de un manzano cargadísimo de fruta.

El rocío de la madrugada, todavía cubre las hojas de las flores en el jardín.

Bajo los párpados se ven las ojeras y sus ojos están hinchados de tanto llorar. Sus lágrimas caen sobre su trabajo y en su aflicción suspira, con una gran pena en su corazón.

En el silencio circundante, tan solo se escucha el murmullo del agua que cae en un estanque en el fondo del huerto.

María se estremece al escuchar un golpe en la puerta de la entrada de la casa.

Deja la rueca y el huso y se levanta para ir a abrir.  Aun cuando su vestido blanco es amplio y lo lleva suelto, no logra esconder lo redondo de su vientre.

Cuando abre la puerta, se encuentra frente a José.

Su cara marfileña palidece aun más y lo mira con ojos interrogadoramente tristes.

José la mira con ojos suplicantes…

Ninguno de los dos dice nada.

Por un largo momento, solo se miran.

Luego, es María la que interroga:

–     ¿A esta hora José? ¿Tienes necesidad de algo? ¿Quieres decirme algo? Ven.

José entra y cierra la puerta. Pero no dice nada.

María pregunta:

–     Habla José. ¿En qué te puedo servir? Una voz ronca y ahogada por el llanto contenido, implora:

–     En que me perdones.

José se inclina para arrodillarse…

Pero María, que es siempre reservada en tocarlo, lo toca en el hombro y se lo impide.

María se ruboriza y palidece alternadamente mientras dice:

–     ¿Mi perdón? No tengo nada qué perdonarte, José.

Sólo tengo que darte las gracias por todo lo que hiciste aquí cuando estuve ausente  y por el amor que me das.

José la mira.

Dos gruesas lágrimas asoman en sus ojos oscuros de mirada noble y profunda y ruedan por sus mejillas hasta su barba.

Y dice con la voz entrecortada:

–     Perdón, María. Desconfié de ti. Ahora lo sé. No soy digno de tener un tesoro tan grande.

Falté a la caridad. Te acusé en mi corazón. Te acusé injustamente, porque no te pregunté la verdad.

Falté a la Ley de Dios, porque no te amé como me habría amado a mí mismo…   María responde gentil:

–     ¡Oh, no! ¡En nada has faltado!

–     Sí, María. Si hubiera sido acusado de un crimen semejante, me habría defendido. Tú…

No quería que te defendieses, porque estaba para tomar mis propias decisiones, sin preguntarte cosa alguna. Falté al haber sospechado de ti.

Aun la sola sospecha es ofensa, María. Por el dolor que he sufrido… Tres días de suplicio… Perdóname María.

–      No tengo nada qué perdonarte. Más bien soy yo quién te pido que me perdones por el dolor que te causé….

–     ¡Oh! ¡Sí que fue un dolor! Mira, hoy mismo me dijeron que en las sienes he encanecido. Y me he demacrado como un viejo.

Estos días han sido para mí, más que diez años de vida.

¿Por qué María has sido tan humilde en callar, en no decir a tu esposo tu gloria y permitir que sospechase de ti?José no está arrodillado, pero está tan inclinado que es como si lo estuviese..

Y María le pone su pequeña mano sobre la cabeza y sonríe.

Parece como si lo absolviera.

Y dice:

–     Si no lo hubiera sido de una manera perfecta, no habría merecido concebir al Esperado que viene a cancelar la Culpa de la Soberbia que destruyó al hombre.

Obedecí… Porque Dios me pidió esta obediencia… Mucho me costó… Por ti, por el dolor que sufrirías…

Pero no tenía más alternativa que obedecer… Soy la esclava de Dios… Y los esclavos no discuten las órdenes que reciben.

Las ejecutan, José; aun cuando hagan llorar sangre. – María llora silenciosamente mientras dice esto.

José, inclinado como está; no lo advierte hasta que una lágrima cae al suelo…

Y levanta su cabeza…

Toma las manos de María entre sus manos morenas y fuertes y besa la punta de sus dedos que sobresalen entre las suyas.

Mientras dice con firmeza:

–           Ahora hay que tomar todas las providencias, porque…

José no agrega más, pero mira el cuerpo de María que se ruboriza toda.   Ella se sienta de golpe para controlar su turbación, en un movimiento instintivo por ocultarse a la mirada masculina.

Y José agrega apresurado:

–     Hay que hacerlo cuanto antes… Vendré a vivir contigo.

Cumpliremos con la ceremonia del matrimonio, la semana entrante… ¿Está bien?

–    Todo lo que haces está bien, José. Eres el jefe de la casa y yo tu sierva.

–     No. Yo soy tu siervo.  Soy el siervo bienaventurado de mi Señor que crece en tu seno. Bendita tú eres entre todas las mujeres de Israel. Esta noche avisaré a mis familiares.

Y luego… Cuando esté aquí, trabajaremos para recibirlo…

¡Oh! ¡Cómo podré recibir en mi casa a Dios? ¿En mis brazos a Dios?

Me moriré de alegría… ¡Jamás me atreveré a tocarlo!

–    Lo podrás… Como lo haré yo también por la Gracia de Dios.

–    Pero tú eres Tú. Yo soy un pobre hombre. ¡El último de los hijos de Dios!…

–    Jesús viene por nosotros los pobres, para hacernos ricos en Dios.

Viene a nosotros dos, porque somos los más pobres y reconocemos serlo.

Alégrate José. La estirpe de David tiene al rey esperado y nuestra casa se hace más fastuosa que el palacio de Salomón.Porque aquí estará el Cielo y nosotros compartiremos con Dios el secreto de la Paz que más tarde los hombres conocerán.

Crecerá entre nosotros y nuestros brazos servirán de cuna al Redentor que crecerá. Y nuestras fatigas lo alimentarán y lo cuidarán…

¡Oh, José! ¡Oiremos la Voz de Dios, llamarnos padre y madre! ¡Oh!…

Y María llora con un llanto pleno de alegría.

José, que se ha arrodillado a sus pies, llora con la cabeza escondida entre los pliegues del amplio vestido blanco de María.

Los días pasan y después de la ceremonia del matrimonio, que levanta una ola de comentarios nada caritativos.

Entre todos los que vieron a una novia con las redondeces de una avanzada gestación…Y que los censuraron por no haberlo celebrado cuando estas humillaciones se hubiesen evitado,

José se fue a vivir a la casita de María.

Tres meses después, en pleno invierno, María está trabajando, haciendo el recamado de una fina tela blanca.

Deja su labor porque ya anochece y la luz que entra del huerto es cada vez más opaca.

Se levanta y su vientre, totalmente abultado, no le impide andar con ligereza majestuosa.

Con el donaire y dignidad de una verdadera reina.

Su sonrisa está llena de dulzura y majestad. Su bellísimo rostro ha cambiado.   Ahora ya es una mujer que ha adquirido la perfección de esa belleza que ilumina a las mujeres que esplenden, con la gloria de la maternidad.

José regresa del poblado y María le envía una sonrisa llena de amor.

José le corresponde, pero no puede ocultar un gesto preocupado.

María lo mira con ojos interrogantes y se levanta para tomar el manto que José se está quitando.

Lo dobla y lo pone sobre el arquibanco, mientras José se sienta junto a la mesa. Apoya su codo en ella, muy pensativo.

Y mientras, con la otra mano; con movimientos nerviosos se acomoda y se desacomoda la barba.

María le pregunta:

–    Tienes algo que te atormenta…  ¿Puedo consolarte?

José contesta:

–   Tú siempre me consuelas, María. Pero esta vez, tengo una gran preocupación… Por tí.

–   ¿Por mí José? ¿De qué se trata?

–    Pusieron un Edicto en la puerta de la sinagoga. Se ordena que todos los palestinenses se empadronen.

Y hay que ir a empadronarse al lugar de origen. Nosotros debemos ir a Belén…  –     ¡Oh! –Interrumpe María poniéndose una mano en vientre… Jesús ha saltado de gozo.

José dice:

–     Te molesta,  ¿Verdad? Es duro lo sé.

–     No, José. No es esto. Creo… Pienso en las Sagradas Escrituras. En Raquel, madre de Benjamín y mujer de Jacob de la que nacerá una Estrella…

José completa:

–     El Salvador…  Raquel fue sepultada en Belén, del que está escrito: “Y tú, Belén de Efratá, eres el más pequeño entre los poblados de Judá; pero de ti saldrá el Dominador…”

José se sobresalta y pregunta:

–      ¿Crees… crees que ya llegó el tiempo? ¡Oh! ¿Cómo haremos?

José está asustado y mira a María con ojos llenos de compasión….

Ella lo ve y sonríe.

Y trata de despejar su preocupación:

–      José, el tiempo está ya muy próximo.  Pero el Señor puede abreviarlo, para quitarte esta preocupación. No tengas miedo…

–      ¡Pero el viaje!… Y si das a luz allá, ¿Qué vamos a hacer? No tenemos casa… No conocemos a nadie…–      No tengas miedo… Todo saldrá bien. Confiemos en Dios. Él nos guía… También el Edicto es su voluntad.

¿Qué cosa es el César?…  ¡Un instrumento de su voluntad!…  Desde que el Padre determinó perdonar al hombre, arregló todos los sucesos para que su Mesías naciese en Belén…

Mira que un poderoso que nos domina desde una nación muy lejos de aquí, ahora quiere conocer el número de sus súbditos y nos ordena que vayamos a Belén, para cumplir las Profecías…

No tengas miedo… Dios sabe cómo nos protegerá… Él está con nosotros.

José la mira sorprendido y recupera su sonrisa.

Luego dice con alegría:

–     ¡Bendita tú, sol de mi espíritu! Ya no perdamos tiempo; pues hay que partir lo antes posible…  Y tenemos que regresar pronto, porque aquí todo está preparado para Él… Para Él…  –     Para nuestro hijo, José. Tal lo debe ser a los ojos del mundo, recuérdalo.

El Padre ha rodeado con el Misterio su venida y nosotros no tenemos el derecho de levantar el velo.

Él, Jesús; lo hará por Sí Mismo, cuando llegue la Hora…

–     Tienes razón como siempre, bendita mía. Voy a prepararlo todo para nuestro viaje.

–      Está bien esposo mío. Partiremos cuando  lo dispongas…

Y José se adelanta a preparar los borriquillos…María revela:

–     También mi José tuvo su pasión. Empezó  en Jerusalén cuando vio mi estado. Y duró varios días, lo mismo para él, que para mí.

Espiritualmente no fue menos dolorosa y tan solo porque mi esposo era un Justo, se mantuvo de una forma tan digna y silenciosa, que los siglos apenas si lo han notado.

¡Oh, nuestra primera pasión! ¡Quién puede describir su íntima y silenciosa intensidad!

¡Quién mi dolor al comprobar que el Cielo no me había escuchado todavía, revelando a José el Misterio!

Comprendí que lo ignoraba al verlo tan respetuoso conmigo, como de costumbre. Si hubiera sabido que llevaba en mi seno al Verbo de Dios, hubiera adorado al Verbo encerrado en mí, con actos sólo dignos para Dios.

¿Quién puede describir mi abatimiento que trataba de vencerme y de persuadirme que había esperado en vano en el Señor?

Pienso que fue la rabia de Satanás. Sentí que LA DUDA se levantaba tras de mi espalda y alargaba sus zarpas heladas para apresarme y hacer que no orase.

LA DUDA, que es tan peligrosa y tan letal al corazón.

Letal porque es el primer microbio de la enfermedad mortal que lleva por nombre: DESESPERACIÓN’. Contra la que se debe reaccionar con todas las fuerzas, para que el alma no se pierda, ni se pierda a Dios.

El Dolor de José.

En este punto su santidad brilla más alta que la mía.

Lo digo con afecto de esposa, porque quiero que améis a mi José. A este sabio y prudente hombre. A este hombre paciente y bueno, que está unido al Misterio de la Redención por un desgarrador e indescriptible sufrimiento.

Él os salvó al Salvador a costa de su sacrificio y de su santidad.  Si hubiese sido menos santo, hubiera obrado humanamente denunciándome como adúltera para que fuese lapidada y el hijo de mi pecado muriese conmigo.

Si hubiera sido menos santo, Dios no le hubiera concedido sus luces como guías en semejante prueba.

Pero José era un santo.

Su espíritu limpio vivía en Dios. Su caridad era grande y fuerte.

Y por su caridad os salvó al Salvador cuando no me acusó ante los ancianos y más tarde, cuando con su obediencia nos llevó hasta Egipto.

Breves en número, pero tremendos por su intensidad; fueron los tres días de la pasión de José y mía.

De mi primera pasión, porque comprendía su sufrimiento y no podía consolarlo, porque tenía que obedecer la orden de Dios que me había dicho: “¡No digas nada!”

Cuando llegamos a Nazareth y vi que se iba después de una lacónica despedida, inclinado como si hubiese envejecido de repente.

Y que no vino por las tardes como solía hacerlo; os aseguro hijos, que mi corazón lloró lágrimas de sangre.  Encerrada en mi casa sola, en donde todo me recordaba la Anunciación y la Encarnación.

Y donde todo me recordaba a José, unido a mí con una castidad intachable.

Tuve que hacer frente al desconsuelo, a las insinuaciones de Satanás y esperar, orar…

Y perdonar las sospechas de José y la agitación de su justo desdén.

Porque es menester esperar, orar y perdonar, para obtener que Dios intervenga a nuestro favor.Cuando vinisteis a servir a vuestro Dios aquí a la Tierra, Él se comprometió con vosotros de cuidaros en todo momento…

Y ese “todo momento” NO tiene descanso Mis pequeños, estáis en todo momento en el Pensamiento y en el Corazón de vuestro Dios.

Así que, antes de que volváis a querer decir que vuestro Dios no se acuerda de vosotros; que ciertamente es un error gravísimo, meditéis y calléis.

Y antes que nada, agradeced que vuestro Dios, vuestro Padre, vuestro Creador, que os está cuidando, está velando por vosotros en todo momento.

Llegará un momento en que Lo conoceréis y Lo veréis Cara a cara. conoceréis Su Amor, os daréis cuenta Quién es vuestro Dios y todo lo que recibisteis de Él, desde el momento de vuestra concepción…

Y por qué se os concedió el Don de la vida.

NO seáis ingratos con vuestro Creador, Él es Puro Amor y si algo sucede en vuestra existencia, Él está velando por vosotros, está viendo por vuestro bien, porque Él es Puro Bien.Aceptad de corazón, lo que venga a vuestra vida, es para vuestro bien.

A veces, tendréis que esperar mucho tiempo, a veces poco; pero el final, será bellísimo y lo agradeceréis infinitamente. Todos vosotros a lo largo de vuestra existencia, tendréis pruebas. Algunas, para que os reforcéis en la Fe y en el Amor.

Otras, para que os acerquéis más fuertemente a Su Corazón. Otras más, para que os deis cuenta de que debéis vivir en humildad y en un sometimiento total a la Voluntad de vuestro Dios y Señor.

Yo Soy el Ejemplo Fiel de lo que os sucede. Yo Misma, también fui probada y fue una Prueba muy fuerte.

Una prueba que en cierto momento, merecería a la muerte…

Porque Me tomó el Santo Espíritu y Me dio la Vida en Mi Vientre, de Aquél que fue vuestro Salvador. Vosotros NO estáis en ese momento fuerte, en el que os estéis jugando vuestra vida.

Deuteronomio 22,23 Muerte a la virgen infiel y traidora

Yo, Me estaba jugando la vida, pero acepté la Voluntad de Nuestro Padre, de Nuestro Dios y ved el Regalo que obtuve al final: al Salvador. El Mesías, se desarrolló en Mi Vientre.

¡Qué Alegría, qué Honor! Y todo eso Me lo concedió Nuestro Dios y Señor, porque acepté Su Voluntad sin ponerLe ninguna restricción. Me di en totalidad por Él, Me di en totalidad por vosotros.

Os digo esto Mis pequeños, para que confiéis plenamente en vuestro Dios.

Si vosotros Lo estáis siguiendo, si vosotros creéis en Él firmemente, si vosotros NO tenéis duda de que vuestro Dios os ve, os guía, os consiente, os prueba; pero sobre todo, OS AMA, NO TEMÁIS.

 Simplemente, dejad que Él se manifieste en vosotros, como se Manifestó plenamente en Mí, Su Sierva.

Amad fuertemente a Nuestro Dios. AmadLo podría decir con locura, porque NO HAY ningún amor en la Tierra, que se pueda parecer al Amor que Nos da Nuestro Dios.  ¡Tanto Amor, tanta Dulzura, tanta Delicadeza! Cada uno de vosotros habréis sentido en algún momento de vuestra vida, Su Presencia.

Su trato siempre delicado, sin que os fuerce en ningún momento. OS DA LA LIBERTAD TOTAL, para que escojáis el seguirLe o el traicionarLo y darLe la espalda. O Le dais alegría o Le dais tristeza.

Vosotros mismos ahora, podréis juzgaros. Si estáis recibiendo solamente bienes de parte de Nuestro Dios, ¿Acaso Él se merece que Le paguéis con males, con traición, con grosería, con pecado?…

¿Verdad que NO, Mis pequeños? Si realmente amáis a vuestro Dios, amadLe. AMADLE con todas vuestras fuerzas, con todo vuestro amor.

Dejad que desde el Cielo os ilumine Mi Señor y Mi Dios. PedidLe a la Comunión de los Santos que os ayuden a entender vuestra misión, que os ayuden a llevarla con la mayor perfección posible, como Nuestro Dios y Señor se merece.

Venid a Mí, Mis pequeños. Soy vuestra Madre, la Siempre Virgen María, que también velo continuamente por vosotros. Yo, como Madre vuestra os instruyo, os aconsejo y os explico tantas cosas tan bellas, que vienen de Nuestro Dios y Señor.Venid a Mí y pedidMe Consejo y Me daréis  gran alegría, porque os podré hablar de Mi Señor y Mi Dios y Me daréis esa alegría de transmitiros las Verdades del Cielo, Sus alegrías y el futuro que os espera, tan bello, tan santo, tan puro.

Es tan bello todo lo viene de Nuestro Dios y cada uno de vosotros está llamado a regresar al Reino de los Cielos. 

Fuisteis creados para producir Amor. 
Hacedlo Mis pequeños.

La humanidad necesita del Amor de Nuestro Dios. Necesita conocer también, Su Perdón.

Venid a Mí Mis pequeños, para que os ayude a apreciar las bellezas que os tiene preparadas Nuestro Dios para toda la Eternidad.

DejadMe Mis pequeños, que os enamore del Amor de Nuestro Dios.

DejadMe Mis pequeños, que os lleve hasta la profundidad del Corazón de Mi Hijo. PermitidMe Mis pequeños, que os llene de Mi Amor, que es el Amor de la Trinidad en Mí.Lo que ahora vivís; por un lado es una prueba para vuestra fidelidad hacia el Amor Infinito de Nuestro Dios. Por otro lado, es para engrandecer el Reino de Nuestro Dios y con eso os ganaréis más Gloria en el Reino de los Cielos.

Mientras más hagáis en la Tierra, por que conozcan el Amor y las Verdades enseñadas por Mi Hijo, más grandes seréis en el Reino de los Cielos.

Os he dicho que Nuestro Padre, Nuestro Dios, vela por cada uno de vosotros en todo momento. NO hay segundo que NO esté con vosotros. Os conoce perfectamente.

Tratad pues Mis pequeños, de complacerLe a Quien con todo Amor os creó. ¡Valéis tanto para Él!

Vosotros NO tenéis idea de lo que valéis para vuestro Dios, vuestro Creador.

Cuando Él crea a un ser, le da capacidades que vosotros NO tenéis idea aún, de lo que podéis hacer. Pero primeramente OS PRUEBA, para ver si sois merecedores de todo lo que Él tiene pensado daros.

Todos esos regalos y más, se os van dando a lo largo de vuestra existencia y se incrementarán cuando hayáis cumplido vuestra misión aquí en la Tierra, cuando vuestra alma se libere de vuestro cuerpo.Vuestras potencias espirituales, también se liberarán y os daréis cuenta de todo lo que hizo vuestro Dios y Creador por vosotros. El cuerpo, afectado por el Pecado Original os limita…

Pero ya liberados, gozaréis infinitamente todo lo que tenéis, todo lo que se os ha otorgado…

Pero especialmente el Amor. Por eso, tanto os lo insistió Mi Hijo. Toda Su Evangelización, se resume en ello: el Amor. 

El Amor primeramente hacia vuestro Creador. Luego, el Amor hacia vuestro Salvador. luego el Amor de Mi Santo Esposo, el Espíritu de Amor, que os da las capacidades para amar, para servirLe a vuestro Dios en Su Santísima Trinidad…

Y os da las Potencias del Alma que cada uno recibe primeramente, para cumplir su misión y posteriormente, como regalo eterno por haber cumplido correctamente con lo que se os pidió.

¡Es tanto el Amor que se derrama sobre cada uno de vosotros, que debierais estar agradeciendo día y noche lo que tenéis…!

 ¡Y que con Fe, debéis aceptar.  Agradeced. AGRADECED en todo momento que vuestro Creador, vuestro Dios, NO aparte de vosotros Su Vista NI Sus Bendiciones, ni por un segundo.

Sois Su Creación, sois Su regalo si vivís para Su Bien, si vivís para Su Voluntad. Si vivís para expandir Su Amor sobre la Tierra.

Amaos los unos a los otros, os pidió Mi Hijo y os lo pido Yo ahora, Mis pequeños.

MOMENTOS DIFÍCILES SE VENDRÁN

TENÉIS QUE PREPARAROS

PARA SER MUY VALIENTES Y TREMENDAMENTE INTRÉPIDOS

MI AMADO ESPOSO, EL SEÑOR SAN JOSÉ Y YO

ACABAMOS DE DAROS EL EJEMPLO

Dejaos pues que el Amor Infinito de la Santísima Trinidad, os colmen plenamente. Os transformen y así podáis entender tanto Amor que recibís de vuestro Dios.

Y de esta forma, también sepáis agradecerLe a vuestro Dios, como Él se merece.

Que la Paz de vuestro Dios en Su Santísima Trinidad quede en cada uno de vosotros.

Yo os bendigo en Nombre de  Mi Padre, en Nombre de Mi Hijo, en Nombre de Mi Esposo, el Santo Espíritu de Dios y en Mi Nombre, María, la Sierva del Señor.

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UN PLAN DIVINO Y PERFECTO 3


BASILICA DE LA ANUNCIACION EN NAZARETH

Ha pasado casi un año, desde que María está en su hogar paterno.  La casa santa de sus padres que guarda recuerdos tan queridos…

En la siguiente primavera, Ella está en su habitación. Junto a una de las paredes está la cama.

Junto a la otra pared, hay un anaquel con una lámpara de aceite, rollos de pergamino, una exquisita labor de costura que es un recamado muy elaborado, cuidadosamente doblada.

Junto a la puerta, que está abierta y que da al huerto, tiene una cortina que el viento mueve ligeramente.

María está sentada sobre un banco, tejiendo un lino muy blanco y delicado como la seda.

Sus manos trabajan rápidamente con el huso. Su hermoso rostro juvenil, está levemente inclinado y muestra una sonrisa muy dulce.

Un silencio profundo reina en la casita y en el huerto. Se siente mucha paz y hay mucho orden.

Todo está muy bien arreglado. El ambiente humilde por su apariencia y por sus muebles, tiene algo de austero y majestuoso, por su gran limpieza y el cuidado con el que están dispuestas todas las cosas.En el pequeño jarrón que está junto a la lámpara, hay unos ramos de flores, de durazno y de peral, con sus colores blancos, ligeramente teñidos de rosado.

María empieza a cantar en voz baja y luego levanta más la voz. Es una alabanza que vibra dentro de su habitación de doncella y en la que repercute la palabra: ‘Yehové’ con una entonación que rememora los cantos del Templo.

Deja el huso y el hilo y junta sus manos sobre el pecho, sigue cantando con adoración y su rostro se enciende como si estuviera animado con un hermoso fuego.

En sus ojos brillan las lágrimas y una sonrisa celestial se dibuja en sus labios perfectos.  El canto se torna en plegaria:

“Señor Dios Altísimo, no te demores más en mandar a tu Siervo para que traiga la paz a la tierra. Acelera el tiempo propicio y la virgen pura y fecunda para que venga tu Mesías.

Padre, Padre santo, concédele a tu sierva ofrecer su vida a este fin. Concédeme morir tras haber visto tu Luz y tu Justicia en la Tierra, sabiendo que la Redención se ha cumplido.

¡Oh, Padre Santo, manda a la Tierra el Suspiro de los Profetas! Envía el Redentor a la tierra y que pueda servirlo a tu sierva. Que cuando cese mi día se me abra tu Casa por haber sido abiertas sus puertas por tu Cristo para todos aquellos que en ti hayan esperado.

Ven, ven, Espíritu del Señor. Ven a los fieles tuyos que te esperan. ¡Ven, Príncipe de la Paz!…”.

Y la ardiente petición prosigue.

María está cómo absorta en su alabanza…

De pronto la cortina se mueve, como impulsada por el viento y una luz blanca, como de perlas fundidas, ilumina toda la habitación…

Se materializa lentamente una figura radiante y bellísima. Parece un cuerpo humano que tiene unas formidables alas, pero que emana pura luz.En su rostro admirable se dibuja una sonrisa y el ángel se prosterna ante una María que se pone de pie asustada y se pega hacia la pared.

Una voz dulce, con arpegio celestial le dice:

–     Dios te guarde, ¡María llena de Gracia!

María se estremece y baja la mirada.

Su turbación aumenta al ver al portentoso personaje postrado ante ella, como a un metro de distancia, con las manos cruzadas en el pecho y mirándola con una veneración infinita.

María se ruboriza violentamente y luego palidece.

Su rostro expresa sorpresa y un asombro absoluto y aprieta sus manos sobre su pecho.

El Angel dice:

–     No, no temas. María. El Señor está contigo. Eres bendita entre todas las mujeres.

Pero María tiembla involuntariamente, ante el portentoso ser que continúa arrodillado ante Ella.

El Ángel insiste:

–    ¡No tengas miedo María! Yo soy Gabriel el Ángel de Dios. Mi Señor me ha enviado a ti. No tengas miedo, porque el Señor te ama y porque has hallado gracia ante Dios.

Concebirás ahora y darás a luz a un Hijo, a quién pondrás por nombre “Jesús”. Será grande. Será llamado Hijo del Altísimo y realmente lo será.

El Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará para siempre en la Casa de Jacob. Y su reino no tendrá fin jamás.

Comprende, ¡Oh, santa Virgen! A quien ama el Señor; Hija de Él bendecida, llamada a ser Madre de su Hijo.

Comprende qué Hijo vas a engendrar.María contesta con voz trémula:

–    ¿Cómo puede suceder esto si yo no conozco ningún hombre? ¿Acaso el Señor Dios ya no acepta más la oferta de su sierva? ¿Es que ya no quiere que sea virgen por amor a Él?

–    ¡María! Serás madre no por obra de varón. Eres la Virgen Eterna, la santa de Dios. El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el Poder del Altísimo, te cubrirá con su sombra.

Por esto el que nacerá de ti, será llamado Santo e Hijo de Dios. Todo lo puede nuestro Señor Dios.

Isabel la estéril, en su vejez ha concebido un hijo que será el Profeta de tu Hijo, el que le preparará el camino.

El Señor le ha quitado el oprobio y su memoria permanecerá en el pueblo unido a tu nombre, como el nombre de su hijo al de tu Hijo santo hasta el final de los siglos.

Los pueblos os llamarán bienaventuradas, por la Gracia del Señor que llegó a vosotras y a ti especialmente; que por medio de ti, se derramará sobre ellos.

Isabel se encuentra en su sexto mes de haber concebido y su pesantez la llena de alegría. Y más se regocijará cuando conozca la tuya. Para Dios nada es imposible María, tú la llena de Gracia.

¿Qué debo contestar a mi Señor? No te llenen de confusión las ideas que en ti se levantan. Él cuidará de tus intereses, si pones en Él tu confianza.

¡El mundo, el Cielo y Dios Eterno… esperan tu respuesta!

María cruza sus manos sobre su pecho, se inclina profundamente y dice:

–      He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según su palabra.  

El Espíritu de Dios desciende sobre la doncella que inclinada, acaba de dar su respuesta afirmativa.

El Ángel resplandece de alegría…

Y se postra con adoración…

Luego su luz se va diluyendo, hasta que desaparece y se queda la Virgen sola en un éxtasis sublime…

La cortina ya no se mueve y en la habitación se encierra el Misterio santo.

María revela:

    Desde muy pequeña me había consagrado a Dios y el Espíritu Santo me había mostrado la causa del Mal en el mundo.

Me dijo del dolor del Padre cuando Eva pecó. Cuando se envileció, ella, creatura de gracia, al nivel de una creatura inferior.

Decidí ofrecer a Dios mi pureza y mi amor, para consolarle del dolor de aquella herida y tenía intención de conservar mi cuerpo puro, al conservarme yo pura; en mis pensamientos, deseos y contactos humanos.

Sólo para El reservaba yo el palpitar de mi amor; sólo para Él, la razón de mí ser. Pero si no existía en mí el ardor de la concupiscencia, si existía el sacrificio de no ser madre.

Quise borrar de mí las huellas de Satanás. No sabía que yo no tuviera ningún pecado, ¡Cómo podía imaginarlo siquiera! Nunca pensé que yo era la Doncella de Israel.

Sabía que ya se había cumplido el tiempo del que hablaron los profetas y mi oración más ferviente era poder servir a la Virgen Escogida y así poder ser la esclava del Mesías.

Por eso las palabras del Ángel, estremecieron mi alma de júbilo, cuando comprendí la Misión a que Dios me llamaba:

SER LA MADRE DEL REDENTOR.“HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR.    HÁGASE EN MÍ, SEGÚN TU PALABRA”

Al pronunciar aquellas palabras, felicidad y dolor estrecharon mi corazón, cuando se abrió como un lirio, para proporcionar la sangre que alimentaría en mi seno al Germen del Señor.

Dios me había pedido que fuera virgen.  Obedecí.

Al amar la virginidad que me hacía pura, como la primera mujer antes de conocer a Satanás.

Dios me pidió que fuera esposa. Obedecí.

Poniendo el matrimonio en aquel prístino grado de pureza que existió en el pensamiento de Dios, cuando creó a los primeros seres humanos.

Convencida de ser destinada a vivir sola en el matrimonio y a que los demás despreciasen mi esterilidad santa.

Entonces Dios me pidió que fuese Madre. Obedecí.

Creí que era posible y que esa palabra venía de Dios; porque al oírla, la paz se derramaba dentro de mí.

Y me llené de gozo. Gozo de ser Madre. Gozo porque creí poder hacer feliz a Dios, al arrancar la espina que Eva clavó en su Corazón, al llenarlo de dolor y de amargura con su Desobediencia. ¡Por su soberbia, su lujuria y su incredulidad!YO ANULE EL NO DE EVA, CUANDO DIJE “SI”

Sí. Sí. Sí.  SIEMPRE SÍ A LOS QUERERES DE DIOS.

Volví a subir las etapas por las que Eva bajó.

Eva buscó el Placer, el Triunfo, la Libertad.

Yo acepté el Dolor, el Aniquilamiento, la Esclavitud.

Me convertí en la Esclava de Dios, en el cuerpo, en el alma, en el espíritu. Dije sí para los tres, segura de que Dios cumpliría sus promesas y remediaría las humillaciones de los que murmurarían contra mi estado.

Y así desafié la opinión del mundo y el juicio del esposo.

Mi fuerza era Dios y le confié sin vacilar mi vida, mi honor, mi futuro: todo, sin reserva alguna.

Sabía que ÉL socorrería mi dolor de esposa que se ve tratada como culpable y de Madre que engendra un Hijo para el Patíbulo.Y abracé mi destino con una punzada de dolor que fue creciendo de hora en hora, conforme sentía crecer en mi seno a mi Creatura Divina.

¡Oh, felicidad bendita que invadía toda mi alma, al saber que había arrancado del Corazón de Dios, la amargura de la Desobediencia de Eva!

¡Oh, dicha gloriosa de ser el Puente del Perdón y la Paz, entre Dios y el Hombre!

Cuando cesó el éxtasis que me llenaba de inefable alegría y regresé a la tierra, mi corazón estaba envuelto por las rosas del Amor Divino.

Y el primer pensamiento que me punzó el corazón  y se me clavó como la espina de una rosa, fue el pensar en José.

Yo lo amaba, era mi santo y providente custodio desde que lo quiso Dios, por medio de la palabra de su sacerdote. Desde que me convertí en su prometida, pude conocer y apreciar la santidad de este Justo.

Junto a él había sentido como desaparecía mi soledad de huérfana  y dejé de extrañar mi permanencia en el Templo.

Era tan bueno como el padre que había perdido y cerca de José me sentía segura, era como si él también fuese sacerdote.

Toda duda había desaparecido y sabía que no tenía que temer nada, por parte de José. Más segura que un niño en los brazos de su mamá, así estaba mi virginidad confiada a José.

Y ahora, ¿Cómo iba a decirle que ya era yo Madre?

Buscaba las palabras para darle la noticia y no las encontraba.

No quería enorgullecerme del Don de Dios y no podía de ninguna manera,  justificar mi maternidad sin decir: ‘El Señor me ha amado entre todas las mujeres y a mí su sierva, me ha hecho Madre.’

Tampoco podía engañarlo ocultándole mi estado.Yo oraba al señor y el Espíritu del que estaba llena me dijo:

–      “Cálmate. Déjame que Yo te justificaré ante tu esposo”

¿Cuándo? ¿Cómo? No se lo pregunté. Me confié a Él de una manera absoluta. Jamás el Eterno me había dejado sin su ayuda. Su mano me había sostenido, protegido, guiado hasta aquí y sabía que lo haría, una vez más…

Sabía que Él me defendería y haría resplandecer la verdad.

Aquella noche mi confianza humana llegó a la perfección… Podía hacerlo porque Dios estaba en mí. Porque Dios era mío en mi Hijo. ¡Oh, qué alegría! No por gloria mía…

Ser una sola cosa con Dios; poder amarlo con una total unión y así poder decirle: ‘Tú, Tú que estás en mí, ayúdame a hacer todas las cosas con tu divina perfección.’

Si Él no me hubiera dicho: “Cálmate” Me habría atrevido a poner mi rostro en el suelo y decir a José: ‘El Espíritu ha venido a mí y en mí, está el Germen de Dios’

Y José me habría creído. Porque me quería y porque como todos los que no mienten jamás, no hubiera imaginado que yo mintiese.

Pero obedecí el divino mandato y por largos meses a partir de aquel momento, sentí la primera herida que me sangraba el corazón.

El primer dolor de mi suerte de Corredentora.Esa misma tarde al anochecer, María termina de orar. Su rostro está encendido con una luz que parece como si también la transfigurara. La boca sonríe, pero el llanto brilla en la mirada azul de sus ojos.

Luego se levanta y va hasta la cocina. Prepara  un tazón con leche caliente, pan, verduras y una manzana. Es una cena frugal que come muy despacio.

Oye que tocan a la puerta y va a abrir.

Entra José y la saluda. Él se quita el manto y la acompaña hasta la cocina. Le entrega unos huevos y un par de racimos de uvas.

Ella lo invita a cenar y le sirve un tarro de leche, una manzana, aceitunas y queso.

Y los dos se sientan frente a la mesa.

José le cuenta cómo pasó el día. Le habla de sus sobrinos y le pregunta a Ella como está. La trata con mucho amor y un gran respeto. También le promete traerle unas flores nuevas para su jardín, que un centurión romano le va a traer por un trabajo que le hizo.

Y José dice muy contento:

–    Cuando llegue la luna nueva, las trasplantaré aquí. Tienen hermosos colores y un perfume muy grato.  Las vi el verano pasado, porque solo en verano florecen. Te perfumarán toda la casa. Luego las podaré cuando la luna sea propicia.

María sonríe con dulzura:

–    Muchas gracias José. Eres muy bueno conmigo.

–    Es lo menos que puedo hacer, por la esposa más buena, bella y santa.

–    José, también yo tengo algo qué decirte. Hoy recibí la noticia de que nuestra parienta Isabel, la mujer de Zacarías, está por tener un hijo…

José la mira asombrado y pregunta:

–     ¿A esa edad?

María responde sonriente:

–     ¡A esa edad! Todo lo puede el Señor. Ahora ha querido proporcionar a nuestros parientes, esa alegría.

–    ¿Cómo lo sabes? ¿Estás segura de la noticia?

–    Vino un mensajero. Es uno que no dice mentiras. Quisiera ir a su casa para servirle y decirle que me congratulo con ella, si tú me lo permites…

–     María, tú eres la Señora  y yo el siervo. Todo lo que hagas está bien hecho. ¿Cuándo quieres partir?

–     Lo más pronto posible. Estaré ausente por algunos meses.

–     Y yo contaré los días esperándote. Ve tranquila. Cuidaré de la casa, del huerto y del jardín… Yo te acompañaré.

Y me sentiré más tranquilo si no vas sola por el camino. Después me harás saber cuándo regresas y yo iré por ti.

–     Eres muy bueno José. El Señor te lo pague con bendiciones y aleje de ti el dolor. Es lo que siempre le pido.

–     Avísame cuando estés lista para irnos.

–     Así lo haré.

Y los dos castos esposos se sonríen.

José se levanta, se pone su manto y se despide de María.

María lo ve irse con un suspiro de aflicción, levanta los ojos al Cielo y regresa a su habitación para seguir orando…

La semana siguiente…

Al amanecer, José llega con dos borriquillos y los dos emprenden el camino hacia la campiña, para tomar el camino que lleva hacia Belén.

Al atardecer, entran en el poblado y llegan hasta una de las casas más hermosas. Rodeada por árboles frutales y un extenso huerto-jardín.

José se despide:

–     Tú sabes que urge que regrese. Aquí te dejo María y espero con ansia tu llamado.

María responde:

–     Lo sé. Vete con Dios José. Yo daré tus saludos a los parientes.

Y José monta en el borriquillo del que se ha bajado la Virgen y se va.

María se queda con el otro que está cargado con su baúl y se acerca a la puerta de hierro. Ve un extraño objeto que sirve para llamar y tira de la cuerda; pero lo hace con tanta delicadeza que apenas y se oye.

Entonces una vecina que los ha visto llegar, se acerca y tira de la cuerda con  mucha fuerza varias veces, haciendo sonar el acero con estrépito, mientras dice:

–     Así se hace mujer, si no nunca te van a oír. Ten en cuenta que Isabel ya está vieja y Zacarías también. Y ahora, además de sordo está mudo…  ¿Sabes? Los siervos también son viejos…

Aparece el jardinero llevando en la mano un rastrillo y María entra, mientras le da las gracias a la mujer.

Luego dice al siervo:

–    Soy María, hija de Joaquín y de Anna de Nazareth. Prima de vuestros patrones…  El hombre, mientras hace pasar el asno comenta:

–    ¡Gran felicidad y suma desgracia hay en esta casa! El Cielo ha concedido un hijo a la estéril, ¡El Altísimo sea alabado! Pero Zacarías volvió mudo del Templo de Jerusalén hace ya seis meses. Se hace entender por señas o escribiendo.

¿Has tenido noticia de ello? ¡La patrona tanto que te ha deseado en esta alegría y en este dolor! Siempre habla de ti con Sara y dice: ‘¡Si estuviera aquí conmigo mi pequeña María!  ¡Si hubiera estado todavía en el Templo! ¡Hubiera dicho a Zacarías que la trajese!

Pero el Señor quiso que se casase con José de Nazareth. Sólo Ella puede darme consuelo en esta aflicción y ayudarme a pedir a Dios porque Ella es muy buena. En el Templo todos la extrañan.’ ¡Sarah! ¡Sarah!…  Mi mujer está un poco sorda…

En lugar de Sarah se asoma sobre la escalera que está al lado de la casa, la anciana Isabel. Tiene la cara llena de arrugas, el pelo casi blanco… Es un contraste extraño con su notoria vejez, su estado patente de gravidez, a pesar de la ropa amplia que la cubre.

Se lleva la palma de la mano a la frente, para ver mejor y reconoce a María.

Levanta los varazos al Cielo y exclama:

–    ¡Oh! –con admiración y gozo.

Y baja lo más rápido que puede a encontrarse con María, la doncella amada.

Y ésta cuyos movimientos siempre son moderados, corre como un cervatillo y llega al pie de la escalera, al mismo tiempo que Isabel.

Las dos se abrazan llorando de gozo.

Isabel se separa con un ‘¡Ah!’ lleno de admiración y gozo y tal vez un poco de dolor.

Se pone las manos sobre su vientre abultado. Baja la vista, palidece y se sonroja alternativamente.

María y el siervo extienden sus manos para sostenerla, porque vacila cómo si se sintiese mal.

Pasa como un minuto y luego Isabel, cómo si se hubiese rejuvenecido; se inclina profundamente.

Levanta un rostro radiante, mira a María con una sonrisa de gran veneración y exclama:

–   ¡Bendita tú entre todas las mujeres!… ¡Bendito el Fruto de tu vientre!… ¿Cómo es posible que haya sido digna tu sierva, de que vinieras a mí, tú; la Madre de mi Señor?

Sí. Ante el sonido de tu voz, el niño ha saltado en mi seno jubiloso…

¡Y cuando te abracé, el Espíritu del señor reveló cosas altísimas a mi corazón!

Eres Bienaventurada porque creíste que Dios puede hacer lo que la inteligencia humana cree que no es posible.

Bienaventurada tú, que por tu Fe harás que el Señor cumpla las cosas que te prometió y las que predijo a los Profetas, para estos tiempos.

¡Bendita tú, por la salud que engendras para la estirpe de Jacob!

Bienaventurada tú, porque trajiste la santidad a mi hijo que lo siento moverse y saltar como un cabritillo jubiloso, porque se siente liberado del peso de la culpa.

Llamado a ser el Precursor, santificado desde antes por  la Redención del Santo que se está desarrollando en ti.

María, con dos lágrimas que resbalan como perlas, de sus bellos ojos…  Y que ríen a Isabel que está llena de júbilo, con el rostro y los brazos levantados al cielo,

En la misma actitud que tomará tantas veces su Hijo, exclama:

–    Magnificat  ánima mea Dóminum,
et exsultávit spíritus meus
in Deo salvatóre meo,
quia respéxit humilitátem
ancíllae suae.
Ecce enim ex hoc beátam me dicent
omnes generatiónes,
quia fecit mihi magna,
qui potens est,
et sanctum nomen eius,
et misericórdia eius in progénies
et progénies timéntibus eum.
Fecit poténtiam in bráchio suo,
dispérsit supérbos mente cordis sui;
depósuit poténtes de sede
et exaltávit húmiles,
esuriéntes implévit bonis
et dívites dimísit inánes.
Suscépit Ísrael púerum suum,
recordátus misericórdiae,
sicut locútus est ad patres nostros,
Abraham et sémini
eius in sæcula
Glória Patri, et Filio,
et Spirítui Sancto.
Sicut erat in princípio,
et nunc et semper,
et in sæcula sæculórum. Amen.Al final, en el versículo: “Ha socorrido a Israel, su siervo etc.”, recoge las manos sobre el pecho y se arrodilla muy curvada hacia el suelo adorando a Dios.

El siervo, que prudentemente se había alejado cuando comprobó que Isabel no se sentía mal y que siguió hablando con María; regresa del huerto acompañado de un imponente anciano, que tiene la cabeza y la barba totalmente blancas y con grandes gestos y sonidos guturales, saluda desde lejos a María.

Isabel dice:

–     Viene Zacarías. –y toca por la espalda a María que se ha quedado absorta en su plegaria…

Agrega:

–    Mi Zacarías está mudo. Dios lo castigó por no haber creído. Luego te lo contaré. Ahora espero que Dios lo perdone porque viniste, tú, la Llena de Gracia.

María se yergue y va al encuentro de Zacarías. Se inclina ante él, profundamente hasta la tierra… besando la orla de su blanca vestidura.

Zacarías hace los gestos de bienvenida y todos juntos entran a la casa.

Reciben a María con grandes demostraciones de afecto y le ofrecen leche recién ordeñada y panecillos.

Llevan el cofre de María a la habitación de los huéspedes y María responde a todas las preguntas que Zacarías escribe sobre una tableta encerada.

María es cuestionada sobre José y cómo se encuentra, siendo su prometida.

Es evidente que a Zacarías le es negada toda luz sobrenatural acerca de la gravidez de María y de su condición de Madre del Mesías.

Isabel se acerca a su marido y poniéndole con amor  una mano sobre el hombro; le dice:

–    María también es Madre. Alégrate por su felicidad.  

No añade más. Mira a María y la Virgen también guarda silencio. No le invita a que diga nada más.

Isabel comprende y se calla.

Cuando al día siguiente están a solas, Isabel dice a María:

–           En el Templo, todos te echan de menos y están tristes. En la Fiesta pasada, cuando fui con Zacarías por última vez a Jerusalén, para dar gracias a Dios por haberme dado un hijo; oí de tus maestras estas palabras: “Al Templo parecen faltarle los querubines de la Gloria; desde que la voz de María ya no resuena entre estas paredes.”

María se ruboriza y sonríe…

María revela:

“PORQUE PARA DIOS, NADA ES IMPOSIBLE.”

Esto me dijo el Ángel al referirse al sexto mes de embarazo de mi prima, que había concebido un hijo en su avanzada edad.

Yo solamente comuniqué a José, la necesidad de ir a atender a Isabel en el tiempo que faltaba para el parto y después durante el puerperio.

“Partió apresuradamente…” dice el Evangelio.

Y lo hice porque quería ayudar materialmente a Isabel, mujer valerosa de fe firme y entrega confiada en la Voluntad de Dios; a la que con su don quitó la humillación de la esterilidad; pero a la que al quedar encinta en edad no apropiada, tenía un gran sufrimiento físico.

Dios provee aun en las cosas más pequeñas a quién en ÉL espera.

El don de Dios nos debe hacer siempre mejores y yo no podía ser egoísta. Hice a un lado mis propias labores y me fui a hacer las de Isabel. No me dio miedo no tener tiempo después para preparar la llegada de Jesús.

Sabía que Dios es el Dueño del tiempo y que la caridad nunca retrasa; así como también sabía del grave daño que el egoísmo causa a nuestra alma.

Con grande amor y alegría, acudí presurosa a la casa de mi prima. Dios santificó mi intención y pre santificó al Bautista, pues al saludarnos, al mismo tiempo que se quitaron los sufrimientos físicos a Isabel, quedó llena del Espíritu Santo…

Y los movimientos del bebé, fueron el primer discurso del Precursor, ya que hizo comprender a su santa madre, el Misterio que se encerraba en mí.Dios le descubrió nuestro secreto. Y yo di al Señor la Alabanza que era justo darle, porque no podía negar la Gracia que me había sido concedida: ser la Madre de su Verbo.

Los meses fueron transcurriendo y conversábamos mientras tejíamos.

¡Cuánta paz había en aquella casa!

Si no hubiera venido a mi mente el recuerdo de José y el pensamiento de que mi Niño era el Redentor del Mundo, hubiera sido feliz.

Pero la sombra de la Cruz y el eco fúnebre de las voces de los profetas, me perseguían a través de los siglos y eran un martirio que no se apartaba de mí.

Mi nombre: MARÍA.  (Estrella, pero también Amargura)

Y la amargura se mezclaba en mi corazón, con las dulzuras que Dios vertía en él.

Y fue siempre en aumento hasta la muerte de mi Hijo.

UN PLAN DIVINO Y PERFECTO 2


Dice Jesús:

Dios Uno y Trino lo sabe todo. Para Él no existe nada que le sea desconocido. La razón por la que perpetuó la raza del linaje humano, aun cuando en la primera prueba se hizo digna de perecer; la razón del Perdón que habéis alcanzado; es porque Él quería tener el consuelo y la alegría de tener a María para que lo amase.

¡Oh! Poseerla a Ella. ¡Vale la pena que el hombre fuese creado, dejar que viviese y decretar su perdón; tan solo para tener a la Virgen Hermosa, a la Virgen santa, a la Virgen Inmaculada, a la Virgen siempre amorosa, a la Hija Amada, a la Madre Purísima, a la Esposa Amante!

Dios quiso poner en el Universo que había creado de la nada, un rey que por naturaleza de la materia, estuviese sobre todas las creaturas hechas como él.

Un rey que por naturaleza del espíritu, fuese poco menos que divino unido por la Gracia, como lo fue al principio de sus inocentes días.

Pero la Mente Suprema que conoce todos los sucesos, sabía que el heredero del Padre cometería contra sí mismo el delito de matarse para la Gracia y el latrocinio de privarse del Cielo.

Judas pregunta:

–      ¿Por qué entonces lo creó?

Jesús contesta:

–      ¿Habríais preferido no existir?

¿Acaso no vale la pena haber vivido aun en medio de esta pobre y desnuda vida que habéis hecho más dura con vuestra maldad, para conocer y admirar la infinita Belleza que la mano de Dios sembró en el Universo?

El cielo y los astros; la tierra  y todas las especies animales y vegetales, el mar y cuanto contiene es para vosotros. Dios los creó para que los gozáceis. Merece la pena vivir, para ver la magnífica obra de Dios y comprender su poder que os la da.

La eterna Bondad de Dios previó los medios para borrar la Culpa antes de crear al hombre. Y la Virgen fue creada en el pensamiento sublime de Dios.

Todas las cosas fueron creadas por Mí, Hijo Predilecto del Padre. Yo debía ser Hombre además de Dios. Hombre para salvar al hombre. Hombre para sublimarlo y llevarlo al Cielo, muchos siglos antes de la hora.

Porque el hombre en quién habita el espíritu, es la obra maestra de Dios y para ella fue hecho el Cielo.

Para ser Hombre tenía necesidad de una Madre. Para ser Dios, tengo necesidad de que el Padre sea Dios. Entonces Dios se creó la Esposa:  Estrella de Perfección.

Al hombre y a la mujer que Satanás corrompió, Dios quiso oponer un Hombre nacido de una Mujer a la que Dios Mismo había sublimado hasta el punto de que pudiese concebir sin conocer mortal alguno.

Flor que engendra una Flor sin necesidad de simiente, sino por el contacto de un solo beso del Sol en el cáliz inviolable del Lirio-María.

¡La Venganza de Dios!

Ruge Satanás mientras Ella nace. ¡Esta pequeñita te ha vencido!

Antes de que fueses el Rebelde, el Tortuoso, el Corruptor; eras ya el Vencido y Ella, tu Vencedora. Miles de ejércitos nada pueden contra tu poder y sin embargo estás vencido.

Su nombre, su mirada, su pureza; son fulgores y lanzas que te traspasan y te encierran en tu cueva del Infierno, ¡Oh, Maldito! Qué quitaste a Dios la alegría de ser padre de TODOS los hombres que creó…

Jesús continúa el relato de sus abuelos…

Joaquín y Anna, junto con Zacarías e Isabel se dirigen hacia el Templo para la ceremonia de la Purificación. Anna lleva en los brazos a la niña María, envuelta en una manta de lana ligera y suave.

Isabel dice:

–           Me recuerdas el día que te casaste. Era yo una jovencilla entonces y te veías muy bella y muy felíz.

Anna contesta:

–           Ahora lo soy más.  Me puse el mismo vestido para este acto. Siempre lo guardé para estos momentos… y ya había perdido las esperanzas de ponérmelo para venir aquí.

–           El Señor te ama mucho… –dice Isabel con un gran suspiro.

–           Por esto le entrego lo que más amo: esta florecita mía.

–           ¿Cómo vas a hacer para arrancártela del corazón, cuando llegue la hora?

–           Recordando que no la tenía y que Dios me la regaló. Seré entonces más feliz que ahora.Cuando esté en el Templo me diré a mí misma: ‘Ora cerca del Tabernáculo. Ora al Dios de Israel y pide también por su mamá.’ Y me sentiré tranquila.

Y todavía  tendré más gozo cuando diga: “Es toda suya. Cuando estos dos viejos felices que la consiguieron no vivan ya, el Eterno será para ella su Padre.” Créeme estoy convencida de que esta pequeñita no es nuestra.

No podía hacer otra cosa… Él me la puso en mi seno; regalo divino para enjugar mi llanto y consolar nuestras  esperanzas y plegarias.

Por esto es suya y nosotros sólo somos sus felices guardianes… ¡Y por esto sea bendito!

Cuando entran en el Templo, Zacarías se separa del grupo y se va a los recintos de los sacerdotes. Desaparece detrás de un arco que conduce a un enorme patio rodeado de pórticos muy bien labrados, de mármol, bronce y oro.

Los demás se van a través de diversas terrazas, hasta la Puerta de Nicanor. Cuando llegan, ya los están esperando Zacarías, una virgen del Templo y otro sacerdote.Entregan las ofrendas: tortas de harina, dos palomos en su jaula de mimbre y grandes monedas de plata.

Anna da a Isabel a la niña, mientras Joaquín entra llevando consigo a un hermoso cordero que bala mientras es entregado para que lo degüellen.

Anna es rociada con el agua lustral y luego es llamada para que se acerque a la ara del sacrificio.

Después del sacrificio, Anna está ya purificada.

Zacarías dice algo a su colega y éste sonriente, asiente con un gesto. Luego se acerca al grupo y se congratula con los padres por su alegría y por su fidelidad a las promesas.

Toma el segundo cordero, la harina y las tortas… Y llama a la mujer que los acompañó…

Luego se acerca al grupo y dice:

–    ¿Esta es la hija consagrada al Señor? La bendición de Él esté con Ella y con vosotros. Esta mujer es Anna de Fanuel, de la tribu de Aser, será una de sus maestras.

Y volviéndose a ella, agrega:

–      Se ofrece esta pequeñita al Templo, como hostia de alabanza. Tú serás su maestra y bajo tu cuidado santo crecerá.  Ana de Fanuel, acaricia a la bebita y Anna dice:

–     Quisiera presentar mi ofrenda e ir a donde ví la Luz el año pasado.

Van hasta el lugar donde oran las mujeres y que está más cercano al Santo de los santos.

Por la puerta abierta, miran al interior semioscuro, del que salen dulces cánticos y brillan lámparas que esparcen su luz sobre todos los lirios, flores y niñas.

María se ha quedado como extasiada y aunque es una bebé, mira y sonríe al oir el canto.

Anna la besa y dice:

–     Dentro de tres años, también estarás aquí Lirio mío.

Anna de Fanuel dice:

–     Parece como si comprendiese. ¡Es una niña muy hermosa! La amaré como si hubiese salido de mi vientre. Te lo prometo Anna. Todos los años que Dios me lo permita.

Zacarías dice:

–     Lo harás mujer. La recibirás entre las niñas consagradas. Yo también estaré aquí. Quiero estar ese día para decirle que ruegue por nosotros desde el primer momento…

Y mira a Isabel que comprende y suspira… Pues tienen el mismo problema de infertilidad.  Tres años después…

La niña María camina en medio de sus padres, que se esfuerzan en sonreir y ocultar sus lágrimas.

Caminan muy despacio, como si quisieran que el Templo estuviese mucho más lejos todavía.

Cuando se encuentran con Isabel y Zacarías…

El sacerdote saluda:

–     A los justos la paz del Señor.

Joaquín dice con voz temblorosa:

–     Sí. Obténnos paz, porque nuestras entrañas tiemblan al hacer la ofrenda; como las de nuestro padre Abraham mientras subía al monte con Isaac.–     Tened valor. Anna la profetisa cuidará de esta flor de David y Aarón. En estos días, es el único lirio que David tenga de su estirpe santa en el Templo y se le cuidará como perla de reyes.

Aun cuando el tiempo ya se acerca y las madres deberían consagrar a sus hijas, porque de una virgen de la estirpe nacerá el Mesías; por un debilitamiento de la fe hay muy pocas vírgenes y de la estirpe real, ninguna.

Es verdad que aun faltan seis lustros… Pero esperemos que María sea la primera de muchas de la estirpe de David, ante el Velo sagrado.

Luego Zacarías los conduce hasta la terraza grande, a los pies del ancho cubo de mármol, coronado con oro.

Cada cúpula, como una media naranja al revés, brilla con la luz del sol que ya está en su zenit. Un sonido de trompetas de plata anuncia al pomposo cortejo que con nubes de incienso, rodean la presencia del Sumo Sacerdote.

Las enormes puertas de bronce y oro se abren y un anciano de aspecto muy majestuoso, con sus riquísimas vestiduras que resplandecen el oro a la luz del sol y que lo hacen más imponente todavía, avanza  hasta el borde de la grandiosa escalinata.

El Sumo Sacerdote mira a la pequeña María y sonríe. Levanta los brazos en forma de plegaria y todos inclinan la cabeza.

Luego hace una señal, llamando a la niña…

María se separa de sus padres y empieza a subir lenta y majestuosamente. Parece como si fuera extasiada, pues lleva en su rostro una sonrisa luminosa…

Cuando llega hasta el Sumo Sacerdote, se arrodilla y éste le pone las manos sobre la cabeza.

La víctima es aceptada.

María se levanta y el Sacerdote le pone la mano derecha sobre su espalda, para conducirla a la puerta donde la esperan un grupo de niñas y sus maestras…

Antes de hacerla entrar le pregunta:

–           María de la estirpe de David, ¿Conoces tu promesa?

Una argentina voz infantil resuena firme:

–           Sí. Dirigir a Dios mi corazón desde el amanecer y estar atenta a lo que quiera el Señor. Orando continuamente ante el Altísimo.–           Entra, pues. Camina en mi presencia y sé perfecta.

Y María entra. La penumbra la absorbe en medio del grupo de las vírgenes, seguida por los levitas.

El Sumo Sacerdote vuelve a entrar seguido de todo su séquito sacerdotal y las puertas se cierran.

En medio de los sonoros ruidos de los goznes, se escucha el sollozo de dos ancianos en un solo grito:

–           ¡María! ¡Hija!

Luego, haciendo fuerza a su corazón desgarrado:

–           Demos gloria la Señor que la recibe en su casa y la conduce por su camino.

Nueve años después…

María está en su estancia, bordando una vestidura sacerdotal y orando…

Llega Anna de Fanuel:

–           María, ¿Nunca te cansas de orar?

–           La oración sería suficiente. Pero yo hablo con Dios. Lo siento dentro de mí. Dentro de la doble cortina está el Santo de los santos.  Y nadie fuera del Sumo Sacerdote, puede entrar al Propiciatorio, donde descansa la Gloria del Señor.

La ley secular de Israel exige de cada joven que sea una esposa y una madre. Pero yo he consagrado a Dios mi virginidad, porque quiero ser sólo para Él. Soy virgen y siempre lo seré…

–           No puedes actuar sobre la Ley.

–            Desde que mis padres murieron, lo único que tengo y que quiero, es a Dios.

Cuando pienso en ellos, pienso que también están esperando junto con los Patriarcas y trato de apresurar con mi sacrificio, la llegada del Mesías, para que les abra las Puertas del Cielo.

La maternidad es una fuerza muy poderosa en mi corazón. Pero por eso mismo la he entregado y deseo que mi amor, encuentre un eco en el Señor.

Cuando llegue la hora, diré a mi esposo mi secreto… Y él lo aceptará…–       Pero María, ¿Qué palabras le dirás para persuadirlo? En cambio del amor de un hombre, tendrás en contra la Ley y la vida.

–       Tendré conmigo a Dios… Dios iluminará el corazón de mi esposo… Al leer a Daniel, comprendí el sentido de las palabras arcanas.

Las setenta semanas serán acortadas por las oraciones de los justos… La hora que oirá llorar al nacido de una Virgen está muy cerca. Yo he pedido a Dios que me diga ¿Dónde está la mujer que dará a luz al Hijo de Dios y al Mesías de su pueblo?

Descalza caminaría por la tierra y nada me impediría llegar hasta Ella para decirle: ‘Tómame como tu esclava y permíteme vivir bajo tu techo. Cuidaré tus ganados; daré vueltas a la piedra de tu molino, ponme donde quieras, haré lo que quieras, pero acógeme.

Lavaré los pañales de tu Hijo y seré tu sierva y la de Él… Pero permíteme escuchar su Voz.  ¡Oh! La Voz del Mesías Niño y el eco de su risa…

–      ¡Vaya que estás enamorada del Mesías! Pero yo he venido a otra cosa… María, el Sumo Sacerdote te llama…

–      ¡Oh! Voy inmediatamente…

Atraviesan varios pórticos y patios y llegan hasta un suntuoso salón donde la esperan.

María hace una profunda inclinación en la entrada…

El sumo sacerdote le dice:

–       Adelante María. No tengas miedo.

María avanza lentamente y con una majestad innata.

El Pontífice la mira atentamente y dice a Zacarías:

–      ¡Cómo se reconoce en ella la estirpe de David!

Se vuelve hacia Ella y añade:

–      Hija, conozco tu carácter y tu bondad. Sé que la Voz de Dios murmura en tu corazón las más dulces palabras. Sé que eres la Flor del Templo de Dios y que un tercer querubín está ante el Tabernáculo, desde que estás aquí.

Quisiera que tu perfume continuase subiendo con el incienso de cada día; pero la Ley dice otra cosa.

Ya no eres una niña, te has convertido en una mujer. Y toda mujer israelita debe casarse, para poder presentar su hijo varón al Señor. Tendrás que seguir la prescripción de la Ley. No tengas miedo. No te sonrojes. No olvido tu realeza.

La Ley te protege, pues prescribe que el varón tome por esposa a una de su estirpe. Pero aunque no lo prescribiese, yo lo haría; para no corromper tu sangre real.

¿Conoces a alguien de tu estirpe María, que pueda ser tu esposo?

María levanta su rostro completamente ruborizado y dice:

–      A nadie.

Zacarías interviene:

–      No puede conocer a nadie, porque entró cuando era muy pequeña. Y la estirpe de David se encuentra muy mal y dispersa, para poder formar de nuevo la palma real.

–      Entonces que Dios escoja.

Las lágrimas que habían sido contenidas, brotan y bañan sus mejillas.   

María manda una mirada suplicante a su maestra.

Anna de Fanuel dice:

–     María se ha prometido al Señor, para gloria de Él y salvación de Israel. No era más que una niñita desde que ya había hecho esta promesa…

El Pontífice pregunta:

–      Y ¿Por esto lloras? O porque no quieres obedecer la Ley.

María contesta:

–     Por esto… no por otra cosa. Yo te obedezco sacerdote de Dios. Pero dime qué debo hacer. Ya no tengo padre, ni madre. Tú eres mi guía.

–     Dios te dará el esposo. Y será un santo porque pones tu confianza en Dios. A él le dirás la promesa que hiciste.

–    ¿Y la aceptará?

–     Así lo espero.  Ruega hija, para que él pueda comprender tu corazón. Vete ahora, qué Dios siempre te acompañe.

María se retira con Anna y Zacarías se queda con el Sumo Sacerdote.

Un mes después…

En un rico salón del Templo, están reunidos muchos hombres elegantemente engalanados, de diversas edades, apariencias y variadas clases sociales.En el ángulo más alejado, está José. Tiene treinta años, cabellos y barba castaños, muy bien arreglados y unos bellos ojos oscuros, amables y alegres como ahora, cuando sonríe al hombre que está junto a él, platicando animadamente.

Entra un grupo de jóvenes levitas y se coloca entre la puerta y una mesa larga que está junto a la pared.

La curiosidad aumenta, cuando una mano separa la cortina y entra un levita que trae en sus manos un manojo de ramas secas, en las que sobresale una que tiene una flor.

El levita las deposita con cuidado sobre la mesa.

Un murmullo recorre  la sala. Todos alargan sus cuellos y tratan de mirar.

José ni siquiera se mueve y cuando su interlocutor le dice algo, hace una señal; como si dijese: “No. Eso es imposible…”

Y luego se oye el sonido de las trompetas de plata.

Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice y todos se inclinan profundamente.

Se dirige hacia la mesa y luego dice:

–           Oídme vosotros de la estirpe de David. Os habéis reunido por orden mía. El Señor ha hablado, ¡Sea Bendito! Un rayo de su gloria ha descendido y como sol de primavera, ha dado vida a un ramo seco, que ha florecido milagrosamente, en el último día de las Encenias.

Mientras que todavía no se disuelve la nieve, Dios ha hablado, haciéndose tutor y padre de la virgen de David. Doncella santa, gloria del Templo y de su estirpe; dando a conocer el nombre del esposo que el Eterno quiere darle.

Este debe ser un hombre muy justo para que el Señor lo haya elegido para cuidar de su Virgen a quién Él ama tanto y esto hace que desaparezca toda preocupación sobre su destino.

Al que Dios señaló, confiamos completamente a la Virgen, sobre la que está la bendición de Dios y nuestra.

El nombre del esposo es José de Jacob betlemita; de la tribu de David; carpintero en Nazareth de Galilea.

José, ven acá. El Sumo sacerdote te lo ordena.

Hay un gran ruido, cabezas que se vuelven, caras llenas de desilusión o de alivio…

José se ha ruborizado y avanza todo turbado.Saluda reverente al Pontífice y éste dice:

–    Acercaos todos y ved el nombre escrito sobre la rama. Tome cada uno la suya, para que esté seguro de que no hay engaño.

Todos obedecen, miran la rama que sostiene el Sumo Sacerdote y cada quien toma la suya propia.

Todos miran a José y el hombre con el que estaba platicando, le dice:

–    Te lo dije José. ¡Quien menos se siente seguro, es quién vence la partida!

El Pontífice entrega a José su rama florecida y poniéndole la mano sobre la espalda le dice:

–     No es rica y lo sabes, la esposa que Dios te entrega.

Pero tiene toda clase de virtudes. Procura hacerte siempre más digno de Ella. No hay flor en Israel, más pura y bella que tu esposa.

Salid todos ahora. Quédate José.

Y tú Zacarías pariente de Ella, tráela.

Cuando se quedan a solas…El Sumo Sacerdote le dice:

–     María tiene que decirte su promesa. Ayuda a su timidez. Sé bueno con Ella que es tan buena.

José responde cortés:

–     Pondré lo que soy a su servicio y nada me pesará si se trata de Ella. Puedes estar seguro.

María entra con Zacarías y Anna de Fanuel.

El Pontífice la llama:

–     Ven María. Mira al esposo que Dios te destina. Es José de Nazareth. Volverás a tu ciudad. Ahora os dejo.

El Señor os guarde y os bendiga; os muestre su Rostro y tenga misericordia de vosotros siempre. Vuelva su Rostro a vosotros y os conceda la paz.

Zacarías sale con el Pontífice. Anna se congratula con José y también sale.

Los dos prometidos quedan uno frente al otro.

María está totalmente ruborizada y con la cabeza inclinada.

José igual; pero se sobrepone y finalmente encuentra las palabras.

Con una gran sonrisa le dice:

–    Te saludo María. Te conocí cuando eras una niña pequeñita… Fui amigo de tu padre y tengo un sobrino de mi hermano Alfeo a quién amaba tu madre… su pequeño amiguito que ahora tiene dieciocho años.

Tú no nos conoces porque te entregaron al Templo muy pequeña, pero en Nazareth todos te quieren mucho y recuerdan que tu nacimiento fue un milagro del Señor, que hizo florecer a una flor estéril…Yo recuerdo la tarde en que naciste, porque hubo un gran aguacero que salvó la campiña y un arcoíris tan bello y magnífico, como no ha vuelto a haber…

Alegraste a tu padre, porque eras la flor que había venido del Cielo y murió hablando de su María, tan hermosa, tan buena y tan llena de sabiduría… Porque desde muy pequeña estabas llena de gracia.

Tu madre, con sus canciones llenaba toda tu casa y parecía una alondra en primavera cuando te llevaba en su vientre y después cuando te arrullaba en sus brazos.

Yo tenía dieciocho años y te hice la cuna. Tenía rosas grabadas, porque tu madre así la quiso. Tal vez todavía esté en tu casa. Eran mis primeros trabajos…

¡Quién me hubiera dicho que ibas a ser mi esposa!.. Enterré a tu padre y le lloré con corazón sincero, porque fue un buen maestro en mi vida…

María ha ido levantando poco a poco el rostro y cobrando confianza al oír que José le habla de este modo.

Y cuando oye lo de la cuna, una leve sonrisa se dibuja en sus labios.

Y cuando José le dice lo de su padre, le extiende la mano y dice con gran timidez:

–     Gracias.

José toma entre sus fuertes manos de carpintero, la pequeña y delicada y la acaricia con afecto.

Al ver que María no dice nada más, él continúa:

–     En tu casa  falta la parte que fue derribada por orden consular, para hacer del sendero una vía por la que pasasen los carros de Roma.

Y el campo que te quedó, está un poco descuidado, porque hace tres años que ya no hay nadie que los cuide. Pero si tú me lo permites, yo me haré cargo de ellos….

–     Muchas gracias, José. Pero tú tienes tus trabajos…

–     Trabajaré en tu huerto en las primeras horas del día y para la primavera espero que todo esté en orden, para que estés contenta. Mira, -le entrega la rama florecida- Esta rama de almendro, es del árbol que está frente a tu casa.Jamás esperé ser yo el elegido, porque soy nazareo, (consagrado a Dios)  Y sólo vine por obedecer las órdenes del sacerdote… Yo no pensaba casarme.

Ahora te digo que ésta es una flor de tu jardín. Tenlo, María. Con él te entrego mi corazón, que cómo este almendro ahora ha florecido para el Señor y para ti, esposa mía.

María toma el ramo. Está conmovida. Mira a José con más seguridad y su mirada se volvió radiante cuando lo escuchó decir: ‘Soy nazareo’

Toma valor y dice:

–     También yo soy toda de Dios, José. No sé si el sumo Sacerdote te lo haya dicho…

–     Sólo me dijo que eres buena y pura. Y que tienes que decirme una promesa tuya y que fuese bueno contigo. Habla María. Tu José quiere hacerte feliz en todo lo que desees.

No te amo con la carne, te amo con mi espíritu, santa doncella que Dios me entrega. Ve en mí a un padre y aun hermano, además de esposo. Y como a padre confíate y como a hermano, tenme confianza. –     Desde mi niñez me consagré al Señor. Sé que esto no se hace en Israel; pero oía en mi corazón una voz que me pedía mi virginidad como sacrificio de amor, para que venga el Mesías. ¡Hace tanto tiempo que Israel lo espera!… ¡Y por esto no es mucho renunciar a la alegría de ser madre!

José la mira detenidamente, como si quisiera leer en su corazón…

Después le toma las dos manitas que sostienen la rama de almendro y dice:

–     Y yo uniré mi sacrificio al tuyo y amaremos mucho al Eterno con nuestra castidad, para que Él envíe lo más pronto posible a la tierra al Salvador y nos permita ver su Luz resplandecer en el mundo.

María, vamos a tu casa y juremos amarnos como los ángeles lo hacen entre sí. ¿Cuándo debo venir por ti?

–     Cuando quieras José.

–     Entonces vendré en cuanto termine de arreglar tu casa, para recibirte. Ven María. Vamos a decirle al Altísimo nuestra promesa y cómo lo Bendecimos.

María se deja conducir dócilmente y los dos van a orar.

Dos meses después, se celebra el contrato de las bodas y el Pontífice sella el compromiso.

Los nuevos comprometidos esposos salen del Templo y José lleva a María a su casa de Nazareth.  Sin levantar el sello de Dios; él, el casto; llevó su castidad hasta el heroísmo angélico, para custodiar el Arca Viva de Dios que ha recibido en tutela y que tendrá que devolver a Dios, pura como la recibió.

Cuando llegan a Nazareth…

Van en un carruaje, acompañados por toda la familia de José y el sacerdote Zacarías con su familia.

José señala con la fusta la casita que está en la falda de la colina y que tiene un extenso huerto y un pequeño olivar.

Y dice:

–      Allá está tu casa, María.

Y cuando llegan al dintel, el carruaje se detiene y toda la comitiva de la familia de José les dan la bienvenida.

Ya tienen todo preparado para finalizar las bodas.María se quita el velo y el manto y José le muestra los arreglos que hizo a la casa, el huerto y el jardín.

Y dice:

–     No hay manantial… Pero espero traer el agua para acá. Trabajaré en las tardes de verano, cuando venga a verte…

Alfeo pregunta muy extrañado:

–    Pero ¡Cómo hermano!…  ¿No vais a casaros ahora?

José responde:

–    No. María quiere hilar telas, lo único que falta a todo el ajuar. Yo la apoyo. Es todavía muy joven y no importa si esperamos uno o dos años; mientras tanto Ella se acostumbra al hogar…

–    ¡Claro! Siempre has sido un poco diferente a los demás y sigues siéndolo. Primero estabas decidido a no casarte y ahora…

No sé quién no tendría prisa por tener a una mujer en la flor de la primavera como lo está María y tú pones de por medio…

José sonríe y dice con elegancia:

–     Alegría largamente esperada; alegría mucho mejor gozada…

Su hermano se encoge de hombros y pregunta:

–    ¿Y entonces cuando pensáis celebrar las bodas?–    Cuando María tenga dieciséis años. Después de la Fiesta de los Tabernáculos. Las tardes de invierno serán agradabilísimas para los nuevos esposos…

Y nuevamente sonríe mirando a María. Es una sonrisa delicada y de inteligencia mutua.

Luego continúa:

–    En este cuarto grande que da al monte si te parece, aquí pondré mi taller cuando venga. Es junto a la casa, pero no dentro de ella.

Así no molestaré a nadie con mis ruidos. Pero María, si piensas de otro modo…

–    No José. Está muy bien así.

Vuelven a entrar en la casa y prenden  las lámparas.

José dice a todos sus parientes:

–    María está cansada. Vámonos todos y dejémosla descansar.

Todos se despiden y José al último, después de hablar con Zacarías.

Dice a María:

–    Tu primo te deja a Isabel por un tiempo. ¿Quieres? De mi parte sí. Para que te ayude a convertirte en una perfecta mujer de hogar.

Vendré por las tardes a acomodarte y a todo lo que tú necesites. Ella te podrá ayudar a comprar lana y todo lo que te haga falta. Yo pagaré todos los gastos. Acuérdate que prometiste recurrir a mí para cualquier cosa.

Adiós María. Duerme la primera noche en tu casa como dueña y señora. Y que el ángel del Señor te guarde. Que el Señor esté siempre contigo. Hasta pronto…

–     Hasta pronto José. Qué también tú estés bajo las alas del Ángel de Dios. En lo que pueda te pagaré tu amor con el mío.

Y José se despide de los primos y se va, conversando alegremente con los suyos…

 

UN PLAN DIVINO Y PERFECTO 1


Salen de Betania a la primera sonrisa de la aurora.

Jesús se dirige a Belén con su Madre, con María de Alfeo y con María Salomé. Les siguen los discípulos.

Marziam encuentra por todas partes motivos para alegrarse: las mariposas que despiertan, los pajaritos que cantan o caminan por el sendero, las flores que resplandecen con las perlas del rocío, la aparición de un rebaño en que hay muchos corderitos que balan.

Pasado el río que está al sur de Betania, que se deshace en espumas, la comitiva se dirige a Belén en medio de dos series de colinas verdes con sus olivares y viñedos, con campos en los que apenas se ven las mieses doradas.

El valle es fresco y el camino bastante bueno.

Simón de Jonás se adelanta, llega al frente grupo y pregunta:

–    ¿De acá se puede ir a Belén? Juan dice que la otra vez fuisteis por otro camino.

Jesús responde:

–   Es verdad. Pero es porque veníamos de Jerusalén. Por acá es más breve. Nos separaremos como habéis decidido, en la tumba de Raquel, que las mujeres quieren ver. Luego nos reuniremos en Betsur donde mi Madre quiere detenerse.

–   Así es… Pero sería muy hermoso que estuviésemos todos… Tu Madre especialmente… Porque finalmente Ella es la Reina de Belén y de la gruta. Y Ella sabe todo muy bien… Si lo oyese de sus labios… sería diferente… Eso es todo.Jesús sonríe al mirar a Simón, que ha insinuado dulcemente su deseo.

Marziam pregunta:

–     ¿Cuál gruta, padre?

Pedro contesta:

–       La gruta en donde nació Jesús.

El niño exclama alborozado:

–       ¡Oh! ¡Qué bien! ¡También yo voy!…

María de Alfeo y Salomé exclaman:

–    ¡Sería muy hermoso en realidad!

–    ¡Oh, sería maravilloso!

María coincide:

–       ¡Muy hermoso! … Sería regresar al pasado… Cuando el mundo te ignoraba, es verdad, pero que no te odiaba todavía… Sería encontrar otra vez el amor de los sencillos que no supieron dudar y amaron con humildad y Fe… Para mí sería lo mismo que quitar este peso de amargura que me taladra el corazón desde que sé que te odian…

Y ponerlo allí, en el lugar en donde naciste… Aun debe quedar ahí la dulzura de tu mirada, de tu respiración, de tu sonrisa vaga, allí… Y me acariciarían el alma que está tan amargada…

María llora quedito, con recuerdos y con tristeza.

Jesús confirma:

–         Si es así iremos, Mamá. Hoy tú eres la Maestra y Yo el niño que aprende.

–         Oh, ¡Hijo! ¡No! Tú siempre eres el Maestro…

–          No, Mamá. Simón de Jonás dijo bien. En la tierra de Belén tú eres la Reina. Es tu primer castillo. María, de la descendencia de David: Guía a este pequeño pueblo a su morada.

Iscariote hace intento de hablar, pero se calla.

Jesús que lo ve y comprende, dice:

–         Si alguien por cansancio o por otra razón no quiere venir, que prosiga hasta Betsur.

Judas piensa y prefiere callarse. No tiene ganas de regresar a ver una cueva llena de estiércol. Pero tampoco desea provocar una disputa.

Y como nadie dice nada, todos prosiguen por el camino del valle que lleva de Jerusalén  a Belén.

Cuando el sol alcanza su cenit, se detienen a la sombra de una arboleda para comer y descansar.

Inmediatamente todos rodean a Jesús y a María y les piden que les relaten la historia de la Encarnación…

Dispuesto a complacer el ansia de sus oyentes,

Dice Jesús:

–      Faltaban tres dias para que finalizara la Fiesta de los Tabernáculos y fuera de los muros de Jerusalén, sobre las colinas y entre los olivos estaban asentadas como siempre, las tiendas de los galileos.

Y una fuerte voz masculina dice:

–     ¡Este mes de octubre es hermoso como pocos lo han sido!

Joaquín, un hombre con su cabeza completamente blanca y unos bondadosos ojos azules como turquesas, asiente con gravedad y agrega :

–     Así es. Parece como si la Naturaleza estuviera dando un anuncio celestial.

De una de las fogatas, regresa Anna…

Es una mujer alta y majestuosa, de cabellos plateados, que tiene alrededor de sesenta años. Sus facciones son armoniosas y sus ojos negros y refulgentes, son muy parecidos a los del Bautista…

Cuando llega junto a Joaquín lo saluda amorosa:

–    Perdona que te haya hecho esperar, Joaquín. Me entretuve con una pobre mujer que tiene seis hijos varones. ¡Figúrate! Y dentro de poco tendrá otro más… – un largo suspiro es el único gesto de su aflicción interior.

También Joaquín suspira…

Trata de consolarla, le pone la mano sobre sus cabellos encanecidos y le dice:

–      Hay que esperar todavía. Dios todo lo puede… Mientras uno viva, el milagro puede suceder; sobre todo cuando se le ama y se nos ama.

Joaquín ha recalcado las últimas palabras.

Anna guarda silencio desconsolada. Y las lágrimas descienden silenciosas a lo largo de sus marfileñas mejillas.

y Joaquín le dice con ternura:

–      ¡No llores Anna! Somos igualmente felices. Al menos yo lo soy, porque te tengo a tì…Anna protesta:

–      También yo lo soy por ti; pero no te he dado ni un hijo… Pienso en qué habré desagradado al Señor, porque me ha secado las entrañas…

–      ¡Oh, mujer! ¿En qué cosa puedes haberlo desagradado, tú que eres tan buena! Vamos a seguir suplicándole al Señor… Puede que te suceda lo que sucedió a Sara… Cómo a Anna, la mujer de Elcana.

Joaquín es un hombre un poco más bajo que su mujer y ve las lágrimas que siguen rodando por las mejillas de su esposa.

Se las enjuga con una caricia llena de ternura y continúa:

–       Sí… Todavía puede suceder así. Por mucho tiempo, Elcana y Anna esperaron y pensaron que Dios ya no los amaba, porque eran estériles. Pero ya ves. En los Cielos de Dios, se preparaba un hijo santo…  Sonríe esposa mía.

Tu llanto me causa más dolor que el que no tengamos hijos… Llevaremos al pequeño Alfeo y haremos que él pida…  Es un inocente de cinco años y Dios aceptará su plegaria junto con la nuestra y nos escuchará…

Anna concede:

–       De acuerdo. Prometeremos al Señor que si nos concede un hijo se lo consagraremos a Él… ¡Oh! Oír qué me llamen ¡Mamá!…Lo vale todo.

La noche está tapizada de estrellas y de antorchas que son cada vez más numerosas en la campiña.  Conforme los peregrinos cenan y se van a dormir, se van apagando poco a poco el murmullo de las conversaciones y algunas luces…

Al día siguiente, Anna arrulla en sus brazos a Alfeo, su pequeño amiguito de la tienda contigua.

Y dice a su esposo:

–      Anoche soñé que el año que viene, vendré a la Ciudad Santa por dos motivos especiales, en vez de por uno…  Uno será la ofrenda al Templo del ser que engendraré… ¡Oh, Joaquín!

Joaquín contesta:

–       Ten paciencia Anna. ¿No oíste algo más?…  ¿No te ha dicho el Señor algo en el corazón?

–       Nadamás…   Fue tan solo un sueño.

–       Mañana es el ultimo dia de Oracion. Se han presentado ya todas las ofrendas. Pero de nuevo las renovaremos y como mejor podamos…  Nos ganaremos a Dios con nuestro amor y fidelidad. Yo siempre pienso que te pasarà como a la mujer de Elcana…

–        Dios te oiga…  Si hubiere alguien que me dijese: “Vete en paz. El Dios de Israel te ha concedido la gracia que le has pedido.”

–        Si. La gracia viene…  Te lo dirà el ser que lata en tu seno, cuando lo sientas vivir. Y serà la voz de un inocente y por lo tanto, la Voz de Dios.

Los justos siempre son sabios, porque son amigos de Dios; viven en su compañía y por lo tanto El los instruye. El que es la Sabiduria infinita. Mis abuelos eran justos y por eso poseían la sabiduría.

Anna la hija de Aaron fue la mujer fuerte de la que habla nuestro abuelo en el libro de los Proverbios. Y Joaquin de la estirpe del rey David, no habia buscado ni la belleza, ni las riquezas, sino la virtud… Y Anna estaba llena de virtudes.

Era la esposa santa  cuyas caricias conservaban el fresco encanto de la primera noche nupcial y envolvían dulcemente su amor. Por esto en su mutua aflicción trataban siempre de consolarse.El Espiritu Santo iluminò estos ‘sueños’ con una promesa de gloria que ni siquiera imaginaban…

La primavera siguiente, los ramos de flores que han sido podados de los arboles del huerto; adornan la casa de una manera muy singular.

Anna está en el telar, tejiendo primores y cantando mientras lleva el compás con su pie… Canta y sonríe.

Con un ritmo alegre y contagioso:

“Gloria al Señor Omnipotente que ha amado a los hijos de David. ¡Gloria al Señor! Su gran bondad desde el cielo me ha visto, la vieja planta ha dado un ramo nuevo ¡Y soy feliz! La esperanza en la Fiesta de las Luces arrojò su semilla y la fragancia de Nisan la ve ahora germinar.

Mi cuerpo cual almendro en primavera, se siente tambien florecer. El siente por las noches que lleva consigo el fruto. En aquella rama hay una rosa. Hay una manzana dulcísima. Hay una estrella brillante. Un pequeñin inocente. Esta la alegria de la casa, del esposo y de la esposa.

Sea alabado mi Dios, mi Señor que tuvo piedad de mi. Su Luz me lo dijo: ‘Una estrella de ti vendrá.’ ¡Gloria! ¡Gloria! ¡El fruto de esta planta, tuyo serà! El Primero y el Ultimo que es santo y puro, cual don recibido del Señor, tuyo sera y por su medio sobre la tierra, vengan la alegria y la paz.

Vuela lanzadera. El hilo es para la tela del ser que nacerà. ¡Nace!…  A Dios llegue gozoso el canto de mi corazòn.

Es un cántico inspirado por el Espiritu Santo, que ha preparado la llegada al mundo de su Esposa Santisima…

La verdadera Arca Viviente de la Nueva Alianza…

Y cuando Anna va a repetir por cuarta vez su cantico, entra Joaquin y dice:

–    ¡Estas contenta Anna! Pareces un pajarillo que se alegra en la primavera. ¡Que clase de canto es ese? Nunca lo habia oído. ¿De donde lo sacaste?

Anna se pone de pie y se dirige hacia su esposo rebosante de alegría. Se ha rejuvenecido y luce mucho más bella.

Ella le contesta amorosísima:

–     De mi corazón, Joaquín.

Joaquín la mira con admiración y adoración mientras le dice:

–       No sabía que fueras poeta.

No parece que sean dos esposos ya muy entrados en la tercera edad. Pues tanto en sus actitudes como en su jovialidad, parecen muy jóvenes.

Joaquín continúa:

–      Desde el huerto te oí cantar y vine a ver. Desde hacía años no escuchaba tu voz de tórtola enamorada. ¿Quieres repetirme ese cántico?

–       Te lo cantaría aunque no me lo pidieses. Los hijos de Israel siempre han puesto en el canto los ímpetus más sinceros de sus esperanzas, de sus alegrías, de sus dolores.  Al canto he encomendado que me diga y que te comunique una gran alegría. Porque nos comunica a los dos algo tan grande, que todavía me parece que es un sueño…

Y empieza nuevamente a cantar…

Y al llegar a las palabras: “Hay una rosa en aquella rama, hay una manzana dulcísima, hay una estrella…” Su hermosa voz de contralto se hace trémula y luego se quiebra.

Con un sollozo de alegría mira a Joaquín y levantando los brazos dice:

–     ¡Soy madre, querido mío!

Joaquín está pasmado y automáticamente abre los brazos y luego los cierra sobre la esposa llena de alegría, que se ha estrechado contra su corazón. En un abrazo casto y lleno de ardiente ternura…

Y un dulce reproche se oye entre los cabellos plateados de Anna:

–     ¿Y por qué no me lo habías dicho?

Brota la dulce confesión:

–     Porque quería estar segura… Pues ya estoy vieja… ¡Soy una anciana y saber qué soy madre!… No podía creer que fuese cierto. Y no quería causarte una desilusión más amarga que todas las demás.

Desde fines de Diciembre, siento que algo se mueve en lo más profundo de mis entrañas y que producen como digo, una nueva rama. Y ahora en esa rama hay un fruto… ¿Comprendes?…

Esta tela que estoy tejiendo, es para el nuevo ser que vendrá…Joaquín pregunta asombrado:

–      ¿No es el hilo que compraste en Jerusalén, en Octubre?

–       ¡Sí! Lo torcí mientras esperaba… Porque el último día mientras oraba en el Templo, lo más cerca que se permite a una mujer acercarse a la Casa de Dios y ya era tarde.

En la sombra que bajaba hasta el Lugar Sagrado, mientras yo imploraba al Señor por su favor; ví que de una de las estrellas preciosas que están a los pies de los querubines, se desprendía una chispa de luz hermosísima, que atravesó el Velo sagrado…

Al mismo tiempo que parecía como si de la otra parte del velo sagrado, de la Gloria misma del Santo de los santos, saliese una llama de fuego dirigida hasta mí.

Y mientras cortaba el aire, cantó con Voz Celestial: “Hágase lo que has pedido…”

Y por esto canto: ‘Una estrella de Tí vendrá’…

–     ¿Qué hijo será el nuestro;  que se muestra como una estrella en el Templo y qué dice: “Yo estoy” en la Fiesta de las Luces?

Joaquín está boquiabierto y no sabe qué contestar.

Anna continúa:

–      ¿Acaso tuviste razón al compararme con Anna de Elcana?  ¡Y cómo llamaremos a nuestro hijo, qué dulce como el canto del arroyo, oigo que me habla en el seno; con su pequeño corazón que palpita como el de una tortolita?

Joaquín recupera la voz:

–       Si es varón lo llamaremos Samuel. Si es mujer, será Estrella. La palabra que ha formado tu canto, para darme esta alegría de que soy padre. Y también la forma que tomó para manifestarse, en medio de la sagrada sombra del Templo…

Anna murmura con una gran alegría:

–       ¡Estrella! Nuestra Estrella porque siento que será una niña. Me parece que caricias tan dulces, no pueden venir sino de una hija amadísima. Porque yo no soy la que la llevo. No me causa ninguna molestia. Es Ella la que me lleva por una senda verde y florida… 

Es como si los santos ángeles me sostuviesen y la tierra estuviese lejos de mí. Es un éxtasis continuo. Las mujeres siempre me han dicho que el perder la virginidad, concebir y el llevar un ser, es doloroso.

Pero yo no siento ningún dolor. Me siento fuerte, joven, lozana. Mucho más que cuando te entregué mi virginidad hace tantos años.

Hija de Dios más que de nosotros, porque nace de un tronco seco. A su madre no causa ninguna molestia; solamente me trae paz y bendición; los frutos de Dios, su verdadero Padre…–      Entonces la llamaremos María. Estrella de nuestro mar, perla, dicha. El nombre de la primera mujer grande de Israel. Pero ésta jamás será infiel al Señor y sólo para Él cantará, porque a Él se le consagra: una hostia desde antes de nacer.

–     Sí. A Él se le consagra. Sea varón o mujer. Después de que haya estado con nosotros tres años, lo entregaremos al Señor. Y también nosotros junto con Ella seremos hostias; para la Gloria de Dios.

Jesús añade:

–      La Sabiduría, después de haberlos iluminado con sueños, descendió… ‘Emanación de la Virtud de Dios. Emanación de la Gloria del Omnipotente’ y se convirtió en Palabra para la estéril.

Yo veía que se acercaba el tiempo para redimir. Yo nieto de Anna, casi cincuenta años después; mediante la palabra obraría milagros en las estériles, en las enfermas, en las poseídas, en las abandonadas…

En todas las miserias de la tierra.

Pero entretanto la alegría de tener una Madre, murmuró palabras arcanas en la sombra del Templo que encerraba las esperanzas de Israel. Del Templo cuya vida tenía las horas contadas…Porque el Nuevo y Verdadero Templo, que no encerraba más las esperanzas de un Pueblo; sino la certeza de un Paraíso, para los pueblos de Toda la Tierra; por los siglos de los siglos, hasta el Fin del Mundo, estaba por venir a la tierra.

Esta Palabra realiza el Milagro de hacer fecundo lo que no era; de darme una Madre que no solo fue lo óptimo, porque nació de dos santos. Qué no tuvo solo un alma buena, como muchos en la Tierra todavía la tienen.

Ni siquiera por haber hecho crecer esta bondad con el poder de su voluntad, ni porque al tener un cuerpo sin mancha; fue la única entre todas las creaturas, que tuvo un espíritu inmaculado.

Cuando Dios proyectó la belleza de esta alma, que sería su Sagrario Viviente y delicia de la Santísima Trinidad. Pensad en cuál sería la belleza con la que adornó a la que creó para ser el alma de la Madre de Dios…Todo el Cielo se alegró cuando el pétalo de rosa empírea, bajó a animar un cuerpo muy diferente de los demás…

Con un Fuego tan poderoso, que la Culpa no pudo contaminarla cuando se encerró en un seno santo.  La Tierra tenía ya su flor, pero no lo sabía.

La flor maravillosa que compendiaba todas las flores. La única y verdadera Flor en la que están todas las virtudes.

La Rosa de Dios estaba desconocida…La más bella de todas las flores, había empezado a florecer para Dios en el secreto del vientre materno; porque mi Madre amó desde que fue concebida.

Pero sólo cuando la vida para ser vino y el olor del mosto azucarado y fuerte, llena las eras y el olfato; perfuma todo en su entorno.

Ella sonrió primero a Dios y luego al mundo, diciendo con una sonrisa plena de inocencia:

Ved que la vid que dará el racimo que será exprimido en la prensa para ser medicina Eterna a vuestros males, ya está entre vosotros…Una calurosa tarde de verano, aunque el huerto está lleno de sombra; el aire quema, ahoga. Las cosechas de trigo ya han sido levantadas y la tierra está reseca por la falta de lluvia.

Joaquín está junto a una hilera de árboles y de olivos cargados de frutos, trabajando con un vigor juvenil junto con otros dos hombres, abriendo pequeñas zanjas en los bordes del campo, para llevar agua la tierra sedienta y a los  grandes sarmientos cargadísimos, donde las abejas rezumban alrededor de las doradas uvas.

Lentamente, Anna llega hasta la sombra del emparrado…

Está en la última etapa de su embarazo.

Joaquín la ve y se apresura a ir a su encuentro:

–     ¡Has venido hasta aquí!

Anna contesta casi sin aliento:

–     La casa está que arde como un horno.

–     Y te hace mal.

–     El único sufrimiento de estas horas antes de que dé a luz, es el sufrimiento de todos: de hombres y de bestias. No te expongas mucho al sol, Joaquín.

–      Desde hace tres días debió haber llovido y los campos se queman. Tenemos suerte de que el manantial esté cercano y hemos abierto zanjas para traer el precioso líquido.

–      Regresemos a casa. Tampoco aquí hay aire fresco y creo que estaremos mejor adentro…

–      ¿Sufres?

–       No. Siento esa gran paz que experimenté en el Templo, cuando se me concedió lo que pedía y que experimenté una vez más, cuando supe que iba a ser madre. Es como un éxtasis.

Un suave adormecimiento del cuerpo, mientras mi alma se alegra. Y no sé por qué, pero desde que tengo esta pacífica alegría, tengo el cántico de Tobías en mi corazón.

Libro de Tobías, cap. 13

No te rías de mí, pero cuando pienso que Dios reedificará en Jerusalén su Tabernáculo y será en lo que está por nacer… No en su Ciudad santa; sino en lo que va a nacer de mí.

Fue una profecía: “Resplandecerás con una Luz brillante. Todos los pueblos de la tierra se postrarán ante ti. Las naciones vendrán trayéndote dones. Adorarán en ti al Señor y tendrán como santa tu tierra; porque dentro de ti invocarán el Gran Nombre.

Serás feliz en tus hijos, porque todos serán benditos y se reunirán junto al Señor, ¡Bienaventurados todos los que te amen y gocen de tu paz!… Y la primera en gozar de Ella soy yo, su madre dichosa…

Anna cambia de color. Se pone colorada como una granada y luego palidece… Lágrimas suaves y dulces, corren por sus mejillas al decir estas palabras.

Luego sonríe llena de alegría y es conducida por un esposo pensativo y silencioso, hasta el umbral de la casa.

Se apresuran a entrar porque un viento fuerte, empuja las nubes a través del firmamento y la llanura se oscurece por un temporal que se acerca…

Un relámpago ha surcado el cielo y el rumor del primer trueno acompaña las primeras gotas que caen sobre la tierra reseca.

Anna se retira a su habitación y Joaquín recibe a los trabajadores que regresan corriendo.De repente se ha desatado una violentísima tempestad, con rayos y nubes preñadas de granizo. Los trabajadores temen por las uvas y las aceitunas.

Y Joaquín por su esposa, que está a punto de dar a luz…

Aunque sus parientas la asisten, él no sabe qué hacer.

Llega el aguacero torrencial, con mucho viento y rayos; pero el granizo se descarga en otras partes. Es verdaderamente una tromba, la que el cielo descarga.

Uno de los trabajadores observa:

–     Parece como si Satanás esté tan furioso, que haya salido del Infierno.

Y los demás comentan:

–      ¡Mira que negras nubes! Miren cómo huele a azufre y cómo se oyen como silbidos que parecen gritos de lamento; gritos que maldicen…–        Si es él; verdaderamente esta noche estará muerto de rabia.

Otro trabajador se ríe y dice:

–       Se le habrá escapado una gran presa o tal vez Miguel le ha arrojado nuevos rayos, que le han quebrado los cuernos y le han cortado la cola.

–       O tal vez un nuevo Fuego lo está haciendo arder de rabia.

Una mujer pasa corriendo con una jofaina y toallas calientes desde la cocina. Y grita:

–        ¡Joaquín! ¡Está por nacer! ¡Todo va bien!  -y desaparece rumbo a la habitación de Anna.

El temporal cesa igual de rápido que cómo empezó.Y después de un relámpago tan fuerte, que arroja contra la pared a los tres hombres… Delante de la casa, en el huerto; queda como recuerdo un hueco negro que despide humo.

Mientras tanto un grito que parece el lamento de una tórtola, se escucha desde la puerta del cuarto de Anna.

En el huerto, un hermoso arcoíris se levanta glorioso y muy ancho, desde la cresta del Hermón, por toda la llanura hasta el horizonte, donde una cordillera impide la vista más allá…

Todos están admirados…

Porque aun cuando el sol todavía no se pone, una estrella brilla como si fuera un gigantesco diamante;  junto a una luna llena que apenas se levanta por el lado contrario. ¡Es un espectáculo increíble!

En ese preciso momento, las mujeres llegan felicísimas a donde está Joaquín, para mostrarle un hermoso bebé color de rosa, envuelto en blancos lienzos.

¡Es María, la Mamá!  ¡La Reina de Belén! Una María pequeñita y con unas facciones tan delicadas, cinceladas por el más portentoso de los artistas: ¡Dios!

Es la Virgen santa e Inmaculada, a la que ningún hombre verá jamás desnuda. Ha heredado de su padre, los ojos azules, los cabellos rubios, la sonrisa, la mirada, los ademanes, el donaire y la estatura.

María no tendrá el aire grandioso de Anna; una palma alta y flexible, que heredará esto a su nieto: Jesús. Así cómo también el tinte marfileño de su piel.

También las mujeres hablan de la tempestad y del prodigio de la luna, de la estrella y del inmenso arcoíris.

Y entran con Joaquín a donde está la madre sonriente y felicísima, para devolverle a su criaturita.

Como los comentarios llegaron hasta la parturienta, Anna sonríe ante sus propios pensamientos y dice:

–       Es la estrella. Su señal está en el cielo…  ¡María. Arco de Paz! ¡María, Estrella mía! ¡María, Luna brillante! ¡María, Perla nuestra!

Una de sus parientas pregunta:

–     ¡¿La llamas María?!

Anna contesta dichosa:

–      ¡Sí! ¡María! Estrella, Perla, Luz, Paz…  

–       Pero también significa “Amargura”… ¿No tienes miedo de pronosticarle desventuras?

–       Dios está con Ella. Es suya desde antes de que existiese. Él la conducirá por sus caminos y toda amargura se cambiará en miel del Paraíso.

Estrecha a la bebita contra su corazón y le dice:

– ¡Ahora eres de tu mamá!… Por un poco de tiempo… ¡Antes de que seas toda de Dios!…

Y Anna se duerme junto con la recién nacida…

MEDITACION SEGUNDA HORA


DUELO MORTAL

Jesús regresa a su peñasco.

Camina más lento, más encorvado, por el sendero del olivar.

Su dolor y sufrimiento han aumentado, porque Dios se ha retirado y los amigos duermen. 

El silbo de Satanás y la voz de la vida ratifican: “Te sacrificas para nada. Los hombres no te amarán por tu sacrificio. Los hombres no entienden”. 

Se arrodilla apoyando los brazos en la roca que no es lisa y en su mitad tiene un hueco, como si se lo hubiesen hecho a propósito.

Este hueco está lleno de pequeñas florecillas blancas que son diminutos lirios del valle…

Jesús apoya sus manos cerca de las florecitas que le rozan las mejillas, pues apoya la cabeza entre las manos juntas y ora.

Pasado un poco de tiempo siente el frescor de las pequeñas y blancas corolas, alza la cabeza…

Las mira, las acaricia y les dice:

–           ¡También estáis vosotras!… Vosotras sois puras. Me dais consuelo. Había también estas flores en el huerto de Mamá… Le  gustan…01 (2)

Ella las quería, porque decía:

“Cuando era pequeña, decía mi padre: “Eres una azucena diminuta toda llena de rocío celeste”…

¡Oh, mi Madre! ¡Oh, Mamá!… ¡Madre! ¡Oh, Madre mía!… –Y prorrumpe en llanto.

Con la cabeza reclinada sobre las manos unidas, un poco apoyado en los calcañares, lo estremecen los sollozos  mientras dice con las manos apretadas una contra la otra:

–           También en Belén… Y te las llevé, Mamá. ¿Pero éstas quién te las llevará?…

Y se sumerge en la meditación…

minutos más tarde… Debe ser muy angustioso lo que medita porque se abate completamente.

Luego se sobresalta al oír la risa malvada y escalofriante, tan engañosa como los modales y desplantes soberbios, de la inconfundible figura de Satanás.

Que empieza su segundo y virulento asalto…

Y la tremenda lucha da comienzo.

La ponzoña ha sido inoculada.

Por eso es necesario luchar contra sus efectos y contra las oleadas que se precipitan, cada vez más vehementes y aceleradas, del nuevo veneno de la palabra satánica que se derrama sobre nosotros.1serpiente-infernalSatanás que es experto en controlar todos los sentimientos en los hombres que le pertenecen, tambien intenta hacerlo en los hombres que se le resisten…

A Jesús, como una gran marejada lo abruman, sus tristezas de hombre

Todas las pasiones del hombre se han levantado como serpientes encolerizadas silbando sus derechos de existir y Él las tiene que sofocar una a una, para subir libremente a su Calvario.

En el sentido filosófico, las pasiones buenas Jesús Hombre las tiene como todos los hombres justos.

Pero también las pasiones buenas pueden convertirse en enemigas en determinados momentos,

Cuando con su voz forman una cadena de durísimo, fortísimo, anudadísimo acero, para impedirnos cumplir la voluntad de Dios.

Y en esto estriba la magistral exposición de lo que sucede a continuación…

¡La Madre! ¡Oh amor de Madre! ¡Invocado amor inclinado sobre su dolor!

¡Amor que ha rehusado para no hacerla morir con su dolor! ¡Amor de su Madre!

Unidos como están, Él sabe que Ella está sintiendo cada sollozo,

Porque cada vez que la llama con cada una de sus invocaciones; éstas atraviesan el espacio y penetran espiritualmente hasta el aposento en donde Ella está orando.Pero en esta noche no hay éxtasis en la Oración de María.

Ella también está padeciendo el Abandono del Padre y lo único que tiene es un dolorosísimo tormento en el alma.

Jesús lo sabe porque Él también siente como Ella, el inmenso sufrimiento de su Madre Santísima.

Y está luchando por no llamarla, para no hacerle llegar el Lamento de su hijo, que le aumenta su tormento…

¡Oh, Madre Mártir que también inicia su pasión, totalmente solitaria…

¡Al igual como Él está solitario en la noche de este Jueves Pascual!

El hijo que muere entre los brazos de su madre no muere: se adormece acunado por un arrullo de besos que continúan los ángeles, hasta el momento en que la visión de Dios quita de la memoria del hijo el deseo de su madre.

Pero Jesús tiene que morir entre los brazos de los verdugos y en un patíbulo…

Y cerrar los ojos y los oídos al griterío de maldiciones y gestos amenazantes que está contemplando en un tiempo futuro, que se ha hecho presente.

Jesús trata de ahogar el grito que brota desde lo más profundo de su corazón, pero no lo consigue y piensa…

ESTE ES UN ATAQUE MENTAL PERFECTAMENTE CALCULADO

Una de las estrategias letales de Lucifer, cuando no hemos discernido su  presencia perversa…

¡Cuánto te amo, Madre mía Benditísima! ¡Cuánto te amo sobre todo en esta Hora tan amarga del Getsemaní!

Todo el amor que te había dado y que me habías dado durante treinta y tres años de vida, están ante Mí y sostienen su causa y me implora que tenga piedad de ellos…

 Recordándome cada uno de tus besos, cada uno de tus cuidados, las gotitas de leche que me habías dado; mis pequeños pies  fríos de niño pobre en el hueco tibio de tus manos,

las canciones de tu boca, la ligereza de tus dedos entre mis abundantes rizos, y tus sonrisas…

Y tu mirada, tus palabras, tus silencios, tu paso de paloma que posa sus rosados pies en el suelo y sobre los pétalos de las flores, pero tiene ya las alas entreabiertas, preparadas para el vuelo…

Y ni siquiera hace que se plieguen los tallos, de tan ligero que es su caminar, porque Tú estás en la Tierra para mi alegría,

¡Oh Madre! pero siempre tienes las alas trémulas de Cielo,

¡Oh santa, santa, santa y enamorada!

Todas las lágrimas que ya te había costado y todas las que ahora fluyen de tus ojos

y las que manarán en los tres días sucesivos; las oigo caer como lluvia de lamento.

¡Oh las lágrimas de mi Madre!

Pero ¿Quién puede ver llorar, oír llorar a su madre y no tener presente mientras le dure la vida, el tormento de aquel llanto?He tenido que anular, sofocar el amor humano por ti Madre y pisotear tu amor y mi amor para caminar por la vía de la Voluntad de Dios.

¡Y empezó a torturarlo la Nostalgia de la tranquila casa santificada por tantas oraciones de los justos, convertida en  Templo por haber acogido los esponsales de Dios!

¡Convertida en Cielo por haber hospedado entre sus paredes a la Trinidad encerrada en el alma del Cristo Dios!

está solo. ¡Solo! ¡Solo! 

La Tierra y el Cielo no tienen ya habitantes para Él. Es el Hombre cargado con los pecados del mundo y por ello odiado por Dios. Tiene que pagar para redimirse y volver a ser Amado.

Es el Hombre cargado de la Bondad del Cielo y por eso odiado por los hombres a los que la Bondad repugna.

Tiene que ser matado como castigo por ser bueno.

Y también las honestas alegrías del trabajo cumplido para obtener el pan de cada día, incluso para Él Mismo antes, para después dar el pan espiritual a los hombres,se han puesto delante de Él para decirle: “¿Por qué nos dejas?”.

El estruendo crece.

Ya no hay sonido de flauta en sordina, ya no quedan caricias ni ungüentos.

Es clangor de instrumentos a todo volumen: es un golpe, una puñalada, una llama que ahoga y arde.

Y en la llama, Lucifer haciendo que la vida pase ante su mirada espiritual.

Ya había pasado antes con su aspecto resignado de algo sacrificado.

Ahora vuelve con vestido de reina prepotente y dice: “¡Adórame! ¡Soy yo quien reina! Éstos son mis dones.

Todo lo que tienes es mío. Los dones que te he dado y aún te daré otros más hermosos si me eres fiel”.

Lucifer continúa:

–    Sé Rey y Dios. ¿No tienes armas? ¿Ni milicias? ¿Ni riquezas?

Ya te dije una vez que un resto de amor, el poco que me puede haber quedado del tesoro de amor que era mi vida angélica, hay en mí por Ti que eres bueno.

Te amo, mi Señor, y te quiero servir.

Trató luego de halagarlo y atormentó su alma con el recuerdo de su Madre y sus sufrimientos…

Pero vida y afectos no deben volverse enemigos. Nunca. Si tales llegan a ser, hay que romperlos.

Con un esfuerzo supremo, Jesús los ha roto, uno a uno.

Ya había roto la agitación humana de desprecio hacia el Traidor.

Y un nervio de su Corazón se había lacerado en el esfuerzo…

Esta meditación se ha convertido en un martirio insoportable…

Lucifer dice con sarcasmo:

–     ¿Realmente crees que lo que hiciste hoy, de entregarte como alimento a los hombres, hará que ellos cambien? Así como te recibió el Traidor, así te recibirán tus cristianos en el futuro.

Si piensas que tus Sacramentos serán sagrados, mira lo que harán contigo…

Y le muestra a los cristianos masones, comulgando con la mano…masones comulgando en la manoVas a morir por ellos, ¿Crees que les importará?

Llegará un momento en que tu Iglesia será mía. Tus Sacramentos serán míos.

Volverán a venderte tus ministros y tus ‘creyentes’…

igual que te vendieron ahora, por comodidades y placeres…

Tus cristianos será a mí a quien rendirán culto en su corazón y yo reinaré porque ellos me obedecerán a mí.

No les importarás Tú, ni tampoco tus mandamientos; porque serán un estorbo para la vida que quieren tener:

Odiarán. Serán malvados y crueles a un grado que ni siquiera los reconocerás.

Todos tus amadísimos ‘hijitos’ Ni siquiera tendrán Fe para aceptarte.

Y adornarán tu vida con sus propias perversiones…

BLASFEMIA TOTAL

Y entonces dime, ¿A quién habrás salvado? 

Ellos renegarán de Ti. Me venderán a mí su alma por nada…

Porque yo los saciaré de lo que ellos anhelan.

Yo haré que se olviden de Ti de tal forma, que su manera de vivir, será un escándalo…  

La Magdalena que me arrebataste, será una cándida paloma en comparación.

¡Qué pena! ¡Verdaderamente tu muerte será inútil!

¿Qué harás cuando yo me corone Pontífice de tu Iglesia?

¿Qué harás cuando me veas reinar y sea adorado por todos los hombres?

Todos tus obispos me servirán a mí…

¿Qué harás cuando vuelvan a venderte los nuevos Judas que yo te seguiré suscitando?

Jesús sigue callado y levanta su rostro hacia el Cielo.

A la luz de la luna que cae perpendicular sobre su rostro, se le ve cansadísimo y martirizado por un dolor infinito.

Su mirada carece de fulgor y su boca tiene un pliegue de tristeza y angustia indescriptibles.

Su cara está bañada de llanto…

Se levanta y camina hacia delante y hacia atrás, murmurando una plegaria ardiente y silenciosa.

Sufre intensamente. Llora, suplica, levantando sus ojos al Cielo.

Gesticula. Pasa sus manos sobre sus ojos, sobre sus mejillas, con movimientos mecánicos y agitados, que muestran que se encuentra en una atroz angustia.

Llama a los apóstoles.

Gesticula en dirección a Jerusalén. Vuelve a levantar los ojos hacia el Cielo, como para implorar ayuda.

Se quita el manto, como si tuviese calor.

Lo mira… lo besa. Llora… Se lo pone otra vez.

Está dentro de un suplicio. Tiene un gran desasosiego físico.

Es una pena muy dolorosa contemplarlo con  el rostro descompuesto…  Ir y venir.

Levantar los brazos. Retorcerse las manos, llorar y abatirse…

 Luego se detiene y sus ojos no miran sino su tortura y todo contribuye a esta tortura, a aumentarla…

Hasta el manto tejido por su Madre…

Lo besa y dice:

–        ¡Perdón, Mamá! ¡Perdón!

Parece como si se lo pidiera al paño hilado y tejido por el amor materno… Vuelve a ponérselo.

Está lleno de congoja. Quiere orar para superarla. Pero con la oración vuelven los recuerdos, los temores, las dudas, las añoranzas…

Es un alud de nombres… ciudades… personas… hechos… en un recuento muy  rápido y entrecortado.

Quiere orar para vencerlo. Pero con la Oración vuelven los recuerdos, las aprehensiones, las dudas, las lamentaciones…

Es una avalancha de nombres… de ciudades… de personas… de hechos… de sucesos. Velozmente pasa de una cosa a la otra.

Es su vida evangélica que pasa ante su vista…

Y le trae el recuerdo de Judas el Traidor…

Junto con todos los sufrimientos que pasó junto a él en sus tres años de Maestro, tratando de convertirlo y salvarlo…

Tratando de proteger el secreto de su vida incorregible del conocimiento de sus demás apóstoles;

para que no echase a perder el crecimiento espiritual de sus compañeros y arruinase su trabajo pastoral…

Pero todos sus esfuerzos fueron inútiles…

Judas ama desenfrenadamente tres cosas: el dinero, las mujeres y el poder.

Creyó en Jesús como Mesías, pero al sentirse defraudado en lo que esperaba: ser el ministro de un poderoso rey terrenal;

POSESION DEMONIACA PERFECTA

Volcó sobre Él todo su odio y lo único que deseó fue vengarse.  Por eso lo traicionó.

Jesús ha tenido  que compartir el pan con su Caín y sonreírle como a un amigo, para que los demás no se diesen cuenta y así evitar un crimen.

Y el puñal de la traición se remolinea en su corazón destrozado…

Es tanta su angustia, que para vencerla grita en voz alta los nombres de Pedro , de Juan y Santiago…

Y dice:

–     ¡Ahora vendrán! ¡Son muy leales!…

Pero ellos NO vienen…

Y Lucifer no concede tregua, al contrario…

Satanás aprovechó el recuerdo y añadió su veneno en la herida:

–          El apóstol que más has amado y todos los que al igual que él, TE TRAICIONARÁN Y ME SERVIRÁN A MÍ. ¡MIRA!

Cuando tu Iglesia sea mía, estos serán tus ministros… ¿De qué servirá tu divino sacrificio para ellos?

Los hombres no merecen, ni tu amor ni tu sacrificio… ¿Por qué no reflexionas, accedes y me dices que Sí?

Yo te estoy ofreciendo TODO…

Todo lo que Adán me entregó, te lo devolveré… ¡Ni siquiera él, que te conocía, supo ser agradecido con tu herencia!

Cuando los conductores de tu nuevo Pueblo Cristiano hayan olvidado el sacrificio, la oracion y la penitencia; me apoderaré de tu Sede de Pedro y Roma perderá la Fe…  

Y  Tu Sacrificio Perpetuo será profanado por tus propios sacerdotes.

Toda tu Jerarquía me pertenecerá…

Y yo seré adorado en tu lugar…  

Y dime entonces, ¿A quién salvarás?

NO HAY NECESIDAD DE QUE CONOZCAS LA MUERTE TAN CRUEL QUE VOY A DARTE…

¡Mira, esto es lo que te espera!

023mirada-agonizante

Satanás continúa:

–     ¿Lo ves? Te han dejado solo. ¿Llamas al Eterno?… ¡Está lejos!

Lo que deberías hacer es gozar de la vida, sin ocuparte de hombres ingratos. Eres joven.

Puedes vivir rico, feliz, amado…

Vivir para tu Madre. Para no hacerla sufrir.

Vivir para llevar a Dios a través de un largo apostolado, a muchísimos hombres.

Los cuales si mueres ahora, pronto te olvidarán.

Mientras que si eres un Maestro que enseñes, no por tres años, sino por lustros y lustros; ellos terminarán por absorber completamente tu Doctrina.

Yo te quiero ayudar. Y mis ángeles en lugar de combatirte, te ayudarán a seducir a los hombres.

¿Acaso no ves que los ángeles de Dios no vienen en tu ayuda?

Después Dios te perdonará, al ver las multitudes de creyentes que le llevarás… Y cuántos hombres se salvarán al creer en ti.

Y además, te evitarás sufrir una muerte tan atroz.  1jcruz

También en el desierto lo había tentado con poner a Dios a prueba con la imprudencia.

Pero Lucifer no ha terminado:

–     ¿Te niegas a escucharme?

Te has cubierto con todos los pecados del Mundo y esto me permite acercarme a Ti y hacer contigo lo que yo quiera…

Eres mi Dios, pero ahorita sólo Eres un hombre pecador y yo soy superior a Ti.

Estás dispuesto a Sacrificarte y ¿Para qué?…

Mira lo que los hombres harán cuando la Iglesia que vas a fundar con tu sacrificio, también sea mía.

Ellos me adorarán a mí con un sacrificio nuevo sobre el altar de Moloch, que será ejecutado aun por tus mismos sacerdotes y en un número tan colosal que ni los mismos hombres estarán conscientes de su magnitud.

Y a ti te odiarán y rechazarán con el mismo desprecio que el Don de la vida.

Mira como estarás de afligido,

¡Mira! Te niegas a oírme, pero ¡Mírate, Dios del Sinaí!…aborto

Jesús no contesta nada.

Es tanta la congoja, que vuelve a gritar los nombres de sus apóstoles para vencerla:

–           ¡Pedro!…  ¡Juan!…  ¡Santiago!…

Y se dice:

–          Ahora vendrán. ¡Ellos son muy fieles!

Pero “ellos” no vienen.

Y Jesus vuelve a su Oración…

Aunque Jesús intenta rechazarla,

La voz de Lucifer penetra, perturbando la Oración:

–       “Mira…  Aún NO has muerto y ya te han abandonado.

Mira… Has ayudado y eres odiado.

Lo ves. Ni siquiera el mismo Dios te socorre.

Si Dios no te ama  y eres su Hijo,

¿Cómo puedes esperar que los hombres te agradezcan tu sacrificio?

¿Sabes lo que se merecen?

La Venganza, no el Amor como Tú crees.

Véngate, ¡Oh Cristo!, de todos estos necios, de todos estos crueles.

Véngate. Atácales con un milagro que les fulmine.

Muéstrate cómo eres: Dios.

El Dios Terrible del Sinaí. 

El Dios tremendo que me ha fulminado y que arrojó a Adán fuera del Paraíso.

Hasta ahora has dicho tan sólo palabras de bondad.

Tus escasos reproches siempre eran demasiado dulces para estas bestias que tienen la piel más espesa que el cuero del hipopótamo.

Tu mirada curaba, tus palabras salvaban, ¿Pero a quién le interesa escucharlas? Sólo sabes amar.

Odia y reinarás. El odio tiene curvadas las espaldas bajo su azote y pasa triunfante sobre estas filas de bestias serviles.

Las aplasta. Y están felices de serlo. No son más que sádicos…

Y la tortura es la única caricia que aprecian y que recuerdan.

Jesús ya no solo está angustiado, parece aterrorizado, porque está viendo algo que no puede soportar…

Cierra los ojos. Aspira profundo y…Luego se vuelve a oír su voz, que aún es firme:

–      Abbá. Para Ti todo es posible. Aparta de Mí esta copa. Pero NO. No se haga lo que Yo quiero; sino lo que quieras Tú.

El espíritu superó la Tentación Moral. El alma venció sus pasiones.

Con la Oración y la voluntad, ha vuelto a vencer.

Su espíritu se sobrepuso a la tentación  moral.

Está muy agitado y se va veloz hacia donde están Pedro y los dos hermanos…

Los encuentra profundamente dormidos, alrededor de pequeños tizones que ya están casi por consumirse y dan un chispazo rojizo entre la ceniza de la hoguera.

Jesús exclama angustiado:

–          ¡Pedro! ¡Os he llamado tres veces! ¿Pero qué hacéis? ¿Dormís todavía? ¡Pero no sentís cuánto sufro!

Orad.

Que la carne no venza, en ninguno. Que no os venza. El espíritu está pronto, pero la carne es débil. Ayudadme…

Los tres tardan más en despertarse.

Al final lo logran con los ojos henchidos, se incorporan lentamente, piden perdón.

Y balbucean unas disculpas.

Se levantan.

Pedro dice en tono bajo:

–      ¡Pues fíjate!… ¡No nos ha sucedido nunca esto! Debe haber sido ese vino, sin duda. Era fuerte.

Y también este fresco. Nos hemos tapado para no sentirlo (en efecto, se habían tapado hasta la cabeza incluso, con los mantos)

Y hemos dejado de ver el fuego y hemos dejado de tener frío y bueno, pues el sueño ha venido.

Santiago está muy apenado:

–      ¿Dices que has llamado? Es curioso, no me parecía dormir tan profundamente… ¡Eh! Juan.

Busquemos ramas de árboles. Hay que movernos. Se nos pasará.

No te preocupes, Maestro. Que de ahora en adelante… estaremos de pie. –y lanzan hojas secas en las brasas.

Y arroja a las brasas un puñado de hojas secas, soplando hasta que la llama se levanta e  ilumina la pobre faz de Jesús, cubierta con una infinita tristeza…

Toda la luminosidad de ese rostro ha quedado diluida en un cansancio mortal…

1fogata-

Los tres están tan cargados de sueño que van de un lado a otro con los ojos semicerrados.

Pedro sopla para que la llama prenda otra vez y la alimenta con ramas secas de espino que ha traído Juan y un tronco de enebro que trajo Santiago desde un montón más lejano y lo ha echado al fuego.

Y la llama se levanta alegre, iluminando la cara de Jesús.

Una faz tan triste que no es posible mirarlo sin sentir compasión…

Y sin llorar con Él.

Ante aquel resplandor, Jesús implora:

–      Me encuentro en una angustia que me mata. ¡Oh, sí! ¡Mi alma siente una tristeza mortal! ¡Amigos!… ¡Amigos! ¡Amigos!

Y  su aspecto refleja una terrible agonía.

Todos prometen:

–       Pero ahora vamos a orar en voz alta y no se va a repetir esto.

Jesús ruega:

–      Sí. Orad y velad. También para vosotros, lo necesitáis.

Ya  es el de un moribundo que muere en el más angustioso y desolado de los abandonos.Cada palabra parece brotar con un acceso de llanto…

Pero los tres están somnolientos y se mueven con pasos inciertos; con los ojos semicerrados, tanto que parecen casi ebrios… Y están durmiéndose aun de pie y delante de Él.

Para valorar la amistad,  ha llamado “amigos” a sus apóstoles y ha apreciado tanto este afecto que en la hora del dolor ha pedido a los tres más queridos que estuviesen cerca de Él en el Getsemaní.

Les ha rogado que velaran y oraran con Él, por Él…

Y al verles incapaces de hacerlo ha sufrido tanto que se ha debilitado aún más; siendo por ello más susceptible a las seducciones satánicas. 

Una palabrasi hubiera podido intercambiar al menos una palabra con amigos solícitos y comprensivos de su estado, NO habría llegado a desangrarse antes de la tortura, en la lucha titánica por repeler a Satanás.

Jesús los mira… Y comprende…  No los mortifica con reproches.

Menea la cabeza, suspira y  regresa hacia su peñasco.

Avanza despacio por el oscuro sendero del olivar muy desconsolado, doliente, envejecido. Sus ojos siguen muy abiertos, pero parecen empañados.  Su boca refleja un rictus de su cansancio.

Vuelve a su piedra, aún más lento y encorvado.

D56 PODEROSA INTERCESORA


Habla la Santísima Trinidad

MARIA, la Palabra más dulce del Universo. La Palabra que encierra el Amor de todo un Dios Encarnado. La Palabra, que en la Humildad de Su Poseedora, se encarna el Verbo de Dios. La Palabra que lleva al Salvador y Redentor del Mundo.

La Palabra que se llena de la Acción del Espíritu Santo para consentir la Obra de la Redención Humana. La Palabra que hace mella sobre el Mal al cumplirse la Promesa de vuestro Dios, de que pisaría la Cabeza de la Serpiente con Su Talón Virginal.

MARIA, Humildad Santísima, Amor Santísimo. Donación total al servicio de Su Dios, de Su Creador. En Ella pusimos todas Nuestras Virtudes y Gracias.

La dotamos de todas las excelsitudes y respondió a todas ellas como solamente una Reina puede responder: con Humildad, con Amor y con Su Donación. Donación interesada sólo en hacer Nuestra Voluntad. Creación Nuestra en excelsitud, porque sólo de una Reina de Su talla, podía nacer el Redentor, quién le había dado la vida, quién le había dado el Amor Supremo.

NO podía nacer Mi Hijo Amado de cualquier mujer, de cualquier creatura llena de defectos por causa del pecado original.

Sólo un Real y Purísimo Tabernáculo Viviente podía llevar a Su Dios en Sus Entrañas Virginales. Entrañas Santificadas por la acción del Espíritu Santo, Quién a Su vez, la hace Su Esposa para toda la Eternidad.

El Santo Espíritu de Dios se manifiesta en Ella y Pedimos Su Permiso para llevar a cabo Nuestra Obra de Salvación.

Y Ella en Su dulzura, humildad y candidez, Nos responde nuevamente con la Realeza con la que fue constituida.Mujer Total, Mujer Santísima, Mujer virginal. Nada se Nos escapó para la Creación de la Reina del Cielo, de todos los Ángeles y de todos los Santos.

Todas las Virtudes están en Ella y nuevamente Su Realeza vuelve a aflorar al dársele la Maternidad Universal al pié de la Cruz.

Maternidad que Ella acepta con dolor y gustosa de alegrar a Su Hijo, a Su Dios, a Su Amor Infinito.

Ella callada, Ella obediente, Ella donada totalmente a la Voluntad Nuestra.

Siempre aceptando Nuestros Designios y así Ella se vuelve, también, Cabeza y Madre de la Iglesia. Ella es la poseedora de la Sabiduría de Su Hijo… Y es ahora la principal Columna en la cuál se apoyará en lo futuro la Iglesia, Poseedora y dispensadora de las Enseñanzas de Su Dios: Jesucristo hecho hombre, con la ayuda de María, Su Madre.

Es a través de María que se logra la principal Intercesión de los hombres, de Sus hijos, para con Nosotros.

Es a través de Ella que se logra la salvación hasta de los pecadores más empedernidos, en donde la Luz de la Verdad y la Luz de la Virtud, casi ya no se les ve…

Y Ella, con Su Amor para con todos vosotros, alcanza, en un acto majestuoso de Amor por Nosotros y de Amor por Vosotros, aplicando todo Su Amor y Sabiduría, alcanzará vuestra salvación.

Ella conoce el contento que da a Nuestro Corazón con la salvación de cada alma y en especial, por las que están prácticamente perdidas. Ella aprovecha y Nos muestra con Su Intercesión, hasta los actos más pequeños e insignificantes de vosotros, con tal de Movernos a la Misericordia y alcanzar la salvación eterna de las almas.

Lucha fuertemente contra Nuestro enemigo y Ella lo puede TODO contra él.

El Maligno la esquiva y no soporta escuchar Su Santo Nombre. Al nombre de MARIA, todos los espíritus del mal desaparecen, porque reconocen en Ella, Su Realeza Celestial; ya que a Ella la hemos dotado de todas Nuestras Potencialidades sobre todo lo creado y esto lo incluye a él.

El Mal nunca podrá contra Ella y Ella siempre protegerá a Sus hijos: a vosotros, contra sus asechanzas.

Vivir bajo Su Amparo, vivir bajo Su Intercesión, vivir bajo Su Amor, es la mayor sabiduría que vosotros podéis tener, al donaros totalmente a Vuestra Madre Celestial. La Pura, la Santa, la Inmaculada, la Sencilla y la Humilde. Es en la Humildad de María en donde se derraman todas Nuestras Bendiciones. Su Humildad Nos vence.

Nada quiere para Ella, todo es para el servicio de Su Dios y de Sus hijos. El Amor a Nosotros es Su finalidad y Su Alimento Espiritual. Es Su Amor el que logra la santificación de las almas. Ella os viste con la túnica preciosa de las virtudes y de los méritos…

Y así os presenta en tal forma arreglados, que alcanza de Nuestra Divina Persona al final de vuestra misión, Gracias de Santificación que en otra forma no se podrían lograr.

Ella se vuelve así, Dispensadora de TODAS las Gracias y Bendiciones, que otorgamos a todas las almas.

Ella siempre está atenta a vuestras humanas y espirituales necesidades, nada se escapa a Su Vista e intercede insistentemente por la salvación de todos vosotros.  Por ello, las Fuerzas del Mal, siempre la atacan y aún la atacarán en éstos tiempos que estáis viviendo, en los cuáles los Traidores a Mi Iglesia y a Mi Hijo, tratarán de evitar todo acto de devoción y respeto a Nuestra María…

Para que al NO recibir vuestras oraciones, plegarias, penitencias, ayunos, Ella NO os pueda ayudar.

Todo aquél que trate de evitar la devoción a Mi Hija, la Siempre Virgen María, es un Traidor a Su Dios, a Ella… Ya que se ha vendido a las Fuerzas del Mal.

Y aunque se luche y os quiten Sus Imágenes de los Templos, siempre llevad Su Imagen en vuestro corazón, en donde realmente habita, junto con Nosotros.

NO os apartéis nunca de Su Providencia Virginal y NO sufriréis la muerte espiritual. Acudid siempre a Su Amparo y Guía, ES Vuestra Madre Celestial.

Ella os guiará siempre a la Pureza de Corazón y a alcanzar todas las Virtudes, las Santas Virtudes que os alcanzarán la Gloria Eterna.

Todo esto lo hará sólo por amor, en Ella no hay intereses superfluos, sólo el interés de que Nosotros nos alegremos con vuestra salvación.

Vivid en Ella como Ella vive en Nosotros, postrados en amor agradeciendo cada momento de vuestra existencia e intercediendo por la salvación de vuestros hermanos, tanto por los de la tierra como por los del Purgatorio.

Las almas devotas al Amparo y Amor de vuestra Madre Celestial, son almas escogidas para una segura salvación.

¡No hay creatura más excelsa en cielos y tierras, que Vuestra Madre Celestial, la Siempre Virgen María!

Os bendecimos en Nuestro Santo Nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que la Paz y el Amor estén siempre con vosotros y los vuestros. Y que la compañía y la veneración a Vuestra Madre Celestial os alcance la Vida Eterna”

Cuando la Santísima Trinidad termina de decir esto, se acerca lentamente ante el Trono del Altísimo la resplandeciente figura de Nuestra Madre Santísima, en su advocación de Nuestra Señora de Fátima.

Y al llegar ante Las Tres Divinas Personas, se arrodilla y se inclina hasta quedar prosternada, con un gesto de profunda adoración….

Y dice:

 “He aquí la Esclava del Señor. Aqui estoy para hacer vuestra Sacratísima Voluntad ”

Luego se incorpora un poco, con sus manos juntas y sin levantar su bellísimo rostro, continúa diciendo con una majestad sublime y reverente:

“Padre Santo, Padre Mío, Esposo Mío, Hijo Mío: ante vuestra Presencia Estoy, Yo la Humilde Sierva arrodillada; implorando vuestro Amor, vuestra Misericordia, para que la derraméis sobre todos Mis hijos”.

“Padre, Mi Creador, ante Ti estoy, deteniendo todavía Tu Brazo, el Brazo de la Justicia Divina. Tu Amor es Grande, Tu Amor es Infinito y a Tu Sierva le concedes todo. Padre, apiádate de Mis hijos, los gané por la Sangre Preciosa de Mi Hijo”.

“Oro por ellos, Lloro por ellos, también derramo Mi Sangre por ellos, Ten Piedad de ellos. Son pequeñitos, velos Padre Santo, NO saben lo que hacen”. “Sí, mucho dolor Te causan, pero déjaMe a Mí recibirlo. DéjaMe a Mí, detener todo ese mal que Te llega, para que NO llegue a Tu Corazón y Yo pueda seguir deteniendo Tu Cólera, Tu Justa Justicia y así, Tu Amor NO quede Ofendido”.

“Esposo Mío, ayúdaMe, AyúdaMe a liberar a Mis hijitos de las Fuerzas del Mal, derrámate sobre ellos, dales nueva Vida, enséñales a amar, llévalos hasta las profundidades de su corazón y que ahí encuentren el Amor”.

“Esposo Mío Te Amo, Te Amo, Tú Me diste una Vida Grande para Mi Vientre, Me has hecho lo que Soy y Yo como Madre del Género Humano, quiero también hacer grandes a Mis hijos”.

“Tú Eres Mi Esposo, y también eres Padre del Género Humano. Y también el Padre vela por los hijos y el Padre nunca abandona a los hijos caídos, Tenemos familia, ésta es Nuestra Familia”. “Hijo Mío, ayúdaMe que Soy Tu Madre. Libéralos, actúa nuevamente en el alma del hombre, que su corazón ya NO dañe al Corazón de Nuestro Dios”.

“AyúdaMe Mi Pequeño, Mi Hijito al que llevé en Mi Vientre, al que Adoro porque es Mi Dios. AyúdaMe Mi Pequeño a levantar a Tus hermanitos, NO saben lo que hacen. Dales Vida con Tu Sangre, dales Vida con Tus Enseñanzas, dales Vida con Tu Amor. AyúdaMe a detener la Cólera Divina”.

“Esposo Mío, Te Amo y Confío en Ti”.

“Padre, Padre del Amor, Padre de la Creación; que pesen sobre Mí Tu Hija, los pecados del Mundo. NO quiero que llegue a Ti, el Dolor que te causan Mis hijos.

DéjaMe ser oprobio ante Tus Ojos y déjaMe a Mí como Madre, recibir el castigo que merecen Mis hijos. NO derrames Tu Justa Cólera sobre ellos, derrámala sobre Mí que Soy Tu Hija”.

YAHVÉH SABAOT la mira envolviéndola con una marejada de Amor Divino, que derrite a todo el que presencie esta escena.

Y dice con una Ternura sublime:

“Mi pequeña, levántate y ven a Mí”. Soy Tu Padre, Soy el Amor. Ven Pequeña Mía, Tu Amor, Tu Donación de Corazón han alcanzado gracia para Tus hijos.

Un tiempo más se les dará para que puedan recapacitar su pecado; pero NO he de quitar todo aquello que les hará entender hacia dónde les ha llevado su Negación a su Dios”.

“Permitiré Grandes Catástrofes, grandes males a la Tierra.

Pero Pequeña Hija Mía, por el Amor que Te tengo, por la donación que acabas de hacer de Corazón, ella servirá para la salvación de infinidad de ellas.

Muchas se iban a perder con éstas PRUEBAS QUE YA ESTÁN SOBRE LA HUMANIDAD.

Tu Donación, Me ha conmovido y Tus hijos saldrán ganando,

Me acabas de Arrebatar el Cielo para infinidad de ellas”.

“Gracias Hija Mía, gracias por Tu Donación hacia Tus hijos”.

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EL OCTAVO SACRAMENTO


En la casa de Nicolás, Fernanda está en el jardín posterior, rodeada por Emiliano su cuñado, otros familiares y su esposo, además de todos los sirvientes de la casa, que escuchan muy atentos a la joven domina, que explica con infinito amor, la lección de ese día…

EL OCTAVO SACRAMENTO ES:

EL DOLOR.

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado.

Los Cielos se estremecieron de admiración. Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios.

El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero no era contraria y mucho menos enemiga. Con un espíritu que no estaba prisionero en ella, porque era su rey…

Y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios. Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre.

Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre. La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio.

Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra. Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna.

Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas. Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador. Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas…

Para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria. ¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres.

No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

El Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre.

Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios. Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre.

Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras. Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana:

De la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo, ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre…

Para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones. Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas; para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal.

Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir.

Pero el Mundo NO sabe amar y NO sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto NO es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación.

¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo! Dios pliega siempre el Mal al Bien.El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta. Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas.

Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias…

Repara los pecados del mundo y es redención por los que NO son justos. Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es Cruz. Siempre.

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él. Las almas que huyen de la Cruz y del Dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la Paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios.

El Dolor aceptado sin rebelión es Expiación.

En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente.

La Justicia de Dios exige la Reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la Tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un Instante en la Eternidad…Que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el Dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también Alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes.

El Dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar. Porque el Amor y el Dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble.

Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el Dolor.

Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los Mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y NO soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida.

Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio. Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno.

Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

LOS TIBIOS.

Los cristianos que viven el evangelio de San Evangelista: un evangelio que NO EXISTE, pero que ellos han acomodado a su manera de vivir. Con la Palabra de Dios que les gusta, DESECHANDO lo que les disgusta….Porque se NIEGAN A OIR LO QUE NO LES CONVIENE.

Huyen del Dolor como de su peor enemigo.

Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos.

Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el Dolor con resignación amorosa.

Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso.

Y que si Él lo PERMITE, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario.

Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él; ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara.

Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para AMAR MÁS A DIOS Y ADORARLO SOBRE TODAS LAS COSAS, (Sobre todo los seres más amados, porque Satanás los usa para hacernos renegar de Dios, con el dolor de la TRAICIÓN más artera)Y aceptar el Dolor y el Sufrimiento, para amarLo  más a ÉL (a la Santísima Trinidad) y para saber sufrir.

Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la Ternura Divina.

Y comprenden la razón de su Sufrir.

Saben que Él las ama tanto, que les DA Y PERMITE dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Alabar enmedio de las lágrimas, produce los más grandiosos milagros y palpamos físicamente, el Infinito Amor del Señor…

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor.

El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores. Se abandona totalmente en Dios y ve en Él al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se Une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo. Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre, (o de una mujer)

Nunca el de Dios. Y en el momento de la Desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

NO más oscuridad de desolación humana. NO más afán de creyente que quiere y NO puede alcanzar la paz en el Dolor. Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último.

Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’. Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir: “Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que NO le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya.

Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor. Sabe que el mundo necesita Sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas.

Y así, uniendo su voluntad a la divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo, hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor.

Porque el Dolor es una gran Absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el Dolor. Y morir por Él, es pasar a la gloria. El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que NO es amado.

Convertirse al Amor es saber soportar el dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la Furia del Enemigo.

En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo.

Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella.

Esta Paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio. Y de lo que darán testimonio, los mártires.

¿Podemos salvar a los insalvables?… ¡Pregúntaselo al Espíritu Santo!…

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO

Y es todavía siempre por el Dolor, el Holocausto con el que el hombre salva.

Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos.

Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, NO solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’ para ser ungidos ‘víctimas’ y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima.

Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.  Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno.

Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad. Pero las victorias sobre el Mal, son la Corona de los elegidos.

Si la Maldad NO pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El Mal glorifica a los justos. La obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y NO nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar.

De nosotros depende convertirnos en Carga o Cireneos…

Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros.  

Y compartimos con Él, la Sublime Misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el Sacrificio… (de nuestra voluntad, a  SU VOLUNTAD)

Al beber del mismo cáliz que Jesús, que también en su Amargura es bello.  Porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor NO es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente.

Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios.

Un gran mérito nacido con el Pecado.

Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor.

A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia.

José Sanchez del Río, mártir de 14 años, durante la Guerra Cristera en méxico…(1926-1929) 

Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor.

Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el Dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios. Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar.

La historia de José Sanchez del Río…

NO debe preocupar el llanto. También Él lloró.

Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO, ES EL SECRETO QUE SALVA

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho. El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo.

Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu;

Se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece.

Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que Redime.

Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado.

El Amor es el holocausto por el sacrificio. Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor.

Dios NO condena las lágrimas, NI la repugnancia del hombre por el Sufrimiento y el Dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la Conversión y la Desesperación en su Misericordia. Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo; si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia.

Siempre hay dolores más fuertes que los propios.

(Cuando analizamos nuestra condición… Y vemos las circunstancias dolorosas de nuestra propia vida, comprobamos como Satanás nos ha pulverizado y casi nos ha destruído...

Y tenemos dos opciones: RENDIRNOS PARA QUE ACABE DE HACERLO… 

Entregándonos con el Espejismo de que SI NO guerreamos, desistirá de atacarnos y abandonará la idea de hacernos sufrir… -(la banderita blanca con él, es una pésima idea)

O hacer de nuestro Dolor un Arma Poderosísima que unida a los Dolores de nuestro Redentor, nos haga pasar de la Retaguardia al Frente...

Haciéndole pagar muy caro, por cada una de LAS LÁGRIMAS DIVINAS y de nuestras propias lágrimas, con la Oración de Intercesión…)

Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios; se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres.

Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo.

Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad.

Lloraron para Redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor.Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del Llanto una moneda para Rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide Sufrir, para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en Paz y Luz, para que puedan salvarse.

El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera.

Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás.

Vivir unidos a Dios, es Alegría también en el Dolor.

LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del Desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa.

Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’.

El Cordero de Expiación, cargó con los Pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos.

Aquel NO solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre.

Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.  Jesús vino a santificar el Dolor.

Sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el Suyo Infinito, dando así mérito al Dolor.

Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor…

NO menos consumante con su ardiente Dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús.

Y nadie como Él, conoció la Soledad, la Incomprensión, el Abandono. Desde los celestes a los humanos.

Nadie padeció los dolores que Él ha padecido.

Dolores de toda especie. Siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo. Nunca acusó al Padre.Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

Él sabía que el Mal, el Dolor, la Soledad, la Angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás.

Y NO podían dar más que Dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana.

Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios.

Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos.

Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado sobrenaturalmente; NO es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino.

LOS INVITADOS AL CALVARIO, TAMBIÉN ESTÁN INVITADOS A LA GLORIA CELESTIAL…

Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’….

Por Coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota…

A la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante.

Yugo que NO hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’…

Si NO a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu.

Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.El Dolor es Holocausto y Participación a la misma suerte de Jesús.

El Dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo.

Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el Sacrificio.

Jesús subió a la Cruz Orando y Sufriendo. La Conversión se obtiene con la Oración y el Dolor.

Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la Luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, GRAN agradecimiento.

La peor de las torturas morales son la Ingratitud y el Desamor. Es peor que la tortura física.

Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas, supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne…

Pero la Indiferencia, la Ingratitud y el Rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu.

En momentos así, NO se deben mirar a las criaturas sino a Dios. NO se debe pensar en la criatura que lastima, sino en Orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta.

No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo Iue debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo.

Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que NO agradecen o que traicionan. Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo…

Debemos Consolarlo con nuestro amor.

Fernanda calla y todos meditan en la enseñanza recibida.

Tan asombrosa y tan perfecta…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA 

F113 EL PRIMER PADRE NUESTRO


Y EL VERBO SE HIZO CARNE…

“Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. Éste fue llamado ‘el primer censo’, siendo Quirino gobernador de Siria.  Todos pues empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. José también que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén; porque era descendiente de David; allí se inscribió con María su esposa que estaba embarazada. 

“HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR, HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA…”

Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa.

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. Se les apareció un Ángel del Señor y la Gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados.

Pero el Ángel les dijo: ‘No tengan miedo pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría, para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. 

Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.’ De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al Ángel y alababan a Dios con estas palabras: ‘¡Gloria a Dios en lo más alto del Cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su Gracia!’

Después que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: ‘Vayamos pues hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer.’

Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre.  Entonces contaron lo que los ángeles habían dicho del Niño. Todos los que escucharon a los pastores quedaron maravillados de lo que decían. María por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior. Después los pastores regresaron alabando y glorificando a Dios, por todo lo que habían visto y oído, tal como los ángeles se lo habían anunciado.

Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el Nombre de Jesús, nombre que había indicado el Ángel antes de que madre quedara embarazada.” (Lucas 2, 1-21)

María revela:

Mi José era un hombre santo.

Desde que Dios le descubrió su secreto y le dio la misión de cuidar a su familia, no hubo un hombre más amoroso y tierno.

¡Con qué diligencia y solicitud, cuidó siempre de Jesús y de mí!

Cuando llegamos a Belén, su mortificación fue muy grande al no encontrar posada.

Y en la fría gruta en la que nos alojamos por fin, trató de hacer acogedor aquel pesebre.

Él se quedó junto a la entrada e hizo una hoguera para atenuar el intenso frío de aquella noche invernal.

Yo me retiré al fondo de la gruta y los dos nos arrodillamos a orar.

La Oración era la reina de nuestras ocupaciones;  nuestras fuerzas, nuestra luz, nuestra esperanza. Si en las horas tristes era consuelo, en las alegres era un cantar.

Era el alimento de nuestra alma, que nos separaba de la tierra,  del destierro; y nos llevaba a lo alto, hacia el Cielo, hacia la Patria Celestial.

Nos sentíamos unidos a Dios cuando orábamos, porque nuestra plegaria era adoración verdadera de todo nuestro ser, que se fundía en Dios adorándolo y que era abrazado por ÉL.Las plegarias son vivas, cuando están alimentadas del verdadero amor y del sacrificio.

La Oración era nuestro alimento, ¡TODO!

Y sumergidos en aquella profunda adoración a nuestro Padre y Creador…

Di a luz al Verbo de Dios.

¡De cuánta riqueza se despojó Eva!

Al ser desconocedora de culpa, tampoco conocí el dolor de dar a luz como las demás mujeres.

Un éxtasis fue la Concepción de mi Hijo.

Y un mayor éxtasis su Nacimiento.

ÉL, que vino para ser la Luz del Mundo, inundó en un mar de luz aquel lugar.

Y fue aquella luminosidad la que percibió José, cuando me vio arrodillada…

Cuando con lágrimas y sonrisas besaba a mi Niño Divino.

Mi José sintió una gran Alegría y un gran Dolor.

Felicidad y Dolor fueron como un puñal en su corazón, al verlo a ÉL…

La Voz del Padre hecha Carne entre mis brazos…

Aniquilándose por amor, hasta la condición de un pequeñín con voz de corderillo.

Un bebé totalmente indefenso…

Felicidad al ver las profecías realizadas.

Dolor al contemplar al Altísimo Padre, Creador del Universo…

En aquella miserable gruta; en medio de la pobreza más extrema…

Y que él sólo podría proteger con su pobre oficio de carpintero…

Yo amaba profundamente a mi esposo de la tierra.

José estaba temblando empavorecido, cuando le ofrecí abrazar a Jesús y murmuraba:

‘¿Yo? ¿Me toca a mí? ¡Oh NO! ¡NO soy digno! ¡Imposible tocar a Dios!’

Sin embargo sus lágrimas también mojaron el rostro infantil de mi Hijo…

Cuando lo estrechó contra su pecho varonil, para protegerlo del frío…

Mientras yo corría por los pañales y los lienzos, con los que cubriría su delicado cuerpecito de bebé, que estaba envuelto en mi velo.

Dimos gracias al Eterno y EL PRIMER PADRE NUESTRO, lo pronuncié yo en aquel momento…

Teniendo levantado entre mis brazos a mi Cordero Divino.

Venido al Mundo para ser sacrificado y dar vida a los muertos en el espíritu.

El ‘HÁGASE TU VOLUNTAD’ brotó de mis labios llorando…

Porque conocía el destino de mi Creatura Divina…

Las Profecías estaban ante nosotros,

Cumpliéndose, también en mí…

EL VARÓN DE DOLORES MENCIONADO POR ISAÍAS,

Estaba frente a nosotros Elevado hacia el Padre Celestial…

Y una oleada de amor atenuó un poco el Dolor de aquella Ofrenda.

Y me sentí arder en el fuego del Amor de Dios.

Superé el amor de creatura al amar con el Corazón de la Madre de Dios.

Dejé de ver a las creaturas con mentalidad de mujer…

Y empecé a verlas como Esposa del Altísimo y Madre del Redentor.

Aquellas creaturas eran mías. Los hombres también eran míos.

Fue entonces que también se inició mi Maternidad Espiritual y me convertí en Vuestra Madre…

¡Oh, hijitos míos tan pequeños y descarriados!…

¡Tan desobedientes y sin embargo tan amados!

¡TAN DOLOROSAMENTE MÍOS!…

Un Pesebre fue la primera cuna de Jesús.

Y envueltos en profunda Adoración sobre esa cuna…

Fue que nos encontraron los pastores que fueron avisados por los ángeles.

María termina de hablar y todos se quedan reflexionando en la enseñanza recibida.

Jesús dice que hay que reanudar la marcha y casi todos lo hacen en silencio.

Quieren guardar las palabras de la Virgen en el corazón.

Y llegan a la tumba de Raquel.

Todos se acercan a orar respetuosamente.

Después María dice:

–                     Aquí nos detuvimos José y yo… Está igual que entonces. Tan solo la estación es diferente.

En aquel tiempo era un día frío de Casleu. Había llovido y los caminos estaban lodosos.

Después sopló un viento helado.Los caminos se endurecieron y mi asnito caminaba con fatiga…

Jesús pregunta con ternura:

–      Tú madre mía, ¿No?

María lo mira con infinita dulzura y dice:

–         ¡Oh! Te tenía a Ti… La noche se acercaba y José estaba muy preocupado…

La gente se dirigía presurosa hacia Belén, chocando unos contra otros.

Y muchos se enojaban contra mi asnito, porque caminaba despacio, buscando donde poner las pezuñas.

Parecía como si supiese que Tú estabas ahí y que dormías la última noche en mi seno.

Hacía frío, pero yo ardía. Sentía que estabas por llegar.

Los Cielos bajaban sobre mí y yo veía sus resplandores.

Veía arder la Divinidad en su gozo, en tu próximo nacimiento. Y esos rayos me penetraban, me encendían, me abstraían de todo.

Frío, viento, gente… ¡De  todo!…

Pero yo sólo veía a Dios.

De vez en cuando sonreía a José que nos guiaba con cuidado y me envolvía en la manta, para que no me fuese a resfriar.

Yo sonreía a mi esposo que estaba muy afligido, para darle ánimos.

También a la gente que ignoraba que ya respiraba en el aire, el Salvador…Nos detuvimos aquí, para descansar un poco al asnito y para comer pan y olivas, nuestras provisiones de pobres.

Yo no tenía hambre; estaba colmada de alegría.

Emprendimos de nuevo el camino y os mostraré en donde encontramos al pastor.

De aquel campo a éste, vino Elías con sus ovejas.

Y José le pidió leche para mí.

Y allí en ese prado nos detuvimos, mientras Elías ordeñaba la leche caliente y restauradora.

Al llegar a la ciudad, era un mar de gente y de animales…  ¡Allí está Belén! ¡Oh! ¡Cómo lo amo! ¡Tierra querida de mis padres, que me dio el primer Beso de mi Hijo!

Te has abierto buena y fragante como el pan cuyo nombre tienes, (Belén significa: Casa del Pan) para dar el Pan Verdadero al Mundo que muere de hambre.

¡Mirad qué hermosa es la primavera! Pero también lo fue entonces, aunque los campos y los viñedos estaban desnudos.

Un ligero velo de escarcha resplandecía en las ramas limpias y parecía cubrirlas de diamantes.

De las casas salía humo. La cena se acercaba.

Todo era limpio y silencioso. Todo estaba en espera de Tí…¡Oh! De Ti hijo.

¡La Tierra presagiaba tu llegada!

Los betlemitas NO eran malos, aunque NO lo creáis; pero NO podían darnos hospedaje…

¡NO TODOS! ¡PERO CUÁNTOS!…

En los hogares buenos y honrados de Belén, se apretaban arrogantes como siempre, sordos y soberbios; los que todavía ahora lo son y que NO podían Sentirte… 

¡Cuántos fariseos, saduceos, herodianos, escribas, esenios, había!

¡Oh! El que ahora NO puedan entender, les viene desde entonces en que su corazón fue duro.Lo cerraron al Amor a aquella hermana suya, en aquella Noche…

Y permanecen en las Tinieblas.

Desde entonces rechazaron a Dios, al rechazarlo de su Amor al Prójimo.

Venid. Vamos a la Gruta. Es inútil entrar en la ciudad. Los mejores amigos de mi Niño ya NO están.

Basta la Naturaleza amiga, con sus piedras, su río, su leña para hacer fuego.

La Naturaleza que sintió la llegada de su Señor… Y la Naturaleza que Reacciona ante su Regreso…

Ved allí están las ruinas de la Torre de David,Oh! ¡Qué la amo más que un palacio! ¡Benditas ruinas! ¡Bendito río! ¡Bendita planta que como por milagro te despojaste con el viento de todas tus ramas, para que encontrásemos leña y pudiéramos encender el fuego!…

María baja rápida a la gruta atraviesa el riachuelo sobre una tabla que hace de puente, corre al lugar despejado en donde están las ruinas y cae de rodillas a sus umbrales. Se inclina y besa el suelo.

La siguen los demás, muy conmovidos.

El niño ha escuchado su maravillosa narración y la contempla absorto.

María se levanta y entra.

Observa todo con inmenso amor y una gran emoción…

Y dice:

–         Todo como entonces… Con excepción de que era de Noche.José hizo fuego en la entrada.

Sólo al bajar del asnito, sentí qué cansada y fría estaba yo.

Nos saludó un buey. Fui a donde estaba para sentir un poco de calor, para apoyarme en el heno.

José, aquí donde estoy, extendió heno para que me sirviese de lecho.

Y lo secó por mí y por Ti, Hijo; con el fuego que encendió en aquel rincón.Porque era bueno como un padre, en su amor de esposo ángel.

Y unidos de la mano, como dos hermanos extraviados en la oscuridad de la noche, comimos pan y queso.

Luego se fue allá para echar leña en la hoguera.

Y se quitó el manto para tapar la abertura.

En realidad, bajó el velo ante la Gloria de Dios que Descendía de los Cielos. Ante Ti, Jesús mío.

Yo me quedé sobre el heno al calor de los dos animales envuelta en mi manto y mi cobija de lana. ¡Querido esposo mío!

En aquella hora en que me encontraba temerosa ante el Misterio de la Maternidad; Hora en que la mujer primeriza ignora del todo y para mí, la hora de mi Única Maternidad.

Me encontraba sumergida ante lo ignoto del Misterio que sería ver al Hijo de Dios salir de mi carne mortal…

Y él, José; fue para mí como una madre, un ángel, mi Consuelo… Siempre.

Luego el Silencio y el Sueño envolvieron a José, para que NO viese lo que para mí era el Beso cotidiano de Dios: el Éxtasis.

Me adentré en un Océano de luz, de Alegría, de Amor, hasta encontrarme sumergida totalmente en Dios.

Entonces se oyó una voz de la tierra, ¡Tan lejana!…

Era un eco, un recuerdo de la tierra:

–                     ¿Duermes, María?

Es tan débil el alma, cuando se eleva en ese Abismo de Fuego, de Felicidad Infinita que es Dios… ¡Oh!…

¿Pero Eres Tú el que naciste de mí? O ¿Soy yo la que nací entre fulgores trinos aquella Noche?…

La Luz despertó a José y Tú, ¡Tú! Estabas sobre mi Corazón…

Sentada aquí, después de haberte adorado de rodillas, te amé.

Finalmente pude amarte sin las barreras de la carne.

Y de aquí me levanté para llevarTe al amor del que como yo, era Digno de amarte entre los primeros.

Y aquí entre estas dos columnas rústicas, te Ofrecí al Padre….

El PRIMER PADRE NUESTRO, brotó de mis labios…

Llorando de Felicidad y de… Dolor…

Y por primera vez estuviste sobre el pecho de José…

Que estaba aterrorizado de poder tocar a Dios.

Y lloraba de emoción…

Luego te envolví entre pañales y juntos te colocamos aquí.

Yo te mecía en mis brazos, mientras José secaba el heno en la hoguera y lo conservaba caliente, metiéndoselo en el pecho.

Después allí, ambos te adoramos. Inclinados sobre Ti, para aspirar tu aliento.

Para ver a qué grado puede conducir el Amor…  Para llorar lágrimas que ciertamente se vierten en el Cielo, al ver la gloria de Dios.

María al recordar aquella noche, ha ido y venido, señalando los lugares, llena de Amor. Con un parpadear de llanto en sus ojos azules.

Y con una sonrisa de alegría se inclina sobre su Jesús, que está sentado en una gran piedra… Y lo besa sobre los cabellos, llorando.

Adorándolo como en aquel entonces…

Ella continúa:

–        Y luego los pastores vinieron a adorarte aquí adentro con su buen corazón. Era el primer suspiro de la tierra que entraba con ellos. Era el Olor de la Humanidad, de rebaños, de heno. Que te adoraban con amor. Que te cantaban con cánticos que jamás repetirá criatura humana.

Que te amaban con el amor de los Cielos, en tu Nacimiento. ¡Oh, Bendito!…

María está arrodillada al lado de su Hijo y llora de emoción, con la cabeza apoyada sobre sus rodillas.

Nadie se atreve a romper el silencio.

Todos se miran entre sí…

Y se vuelve a escuchar la voz de María:

–         Este fue el Nacimiento de mi Hijo. Nacimiento infinitamente sencillo y grande. Lo he referido con mi corazón de mujer, NO con palabras sabias de un maestro. NO hubo nada más, porque fue la cosa más grande de la Tierra, Escondida bajo las apariencias más comunes.

María de Alfeo pregunta:

–                     ¿Y al día siguiente?

María contesta con su mirada evocadora y su dulce sonrisa llena de amor:

–          ¿Al día siguiente? Al día siguiente fui la Madre que amamanta a su Niño. Que lo baña. Que lo envuelve en pañales, como lo hacen todas las madres.

Calentaba el agua que tomaba del río cercano y bañaba a Jesús en una vieja jofaina. Y le ponía pañales limpios que lavaba en el río. Y luego ponía a mi Hijo sobre mi pecho y El bebía mi leche.

Se ponía cada día, más bonito y feliz.

El primer día, en la hora de más calor, fui a sentarme allá afuera, para verlo mamar.

Y a la luz del sol miré al Verbo Encarnado.

La Madre conoció entonces a su Hijo y la Sierva de Dios a su Señor.Y fui Mujer y Adoradora…

Después, la casa de Anna.

Los días que pasaste en la cuna. Tus primeros pasos…Tus primeras palabras…

Y la huída a Egipto…

Y María se sumerge relatando sus recuerdos en Belén…

Y sus oyentes la escuchan absortos.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

F90 EL CREDO 9


Y SEPULTADO.

LA CONVERSION ES LA RESURRECCIÓN DEL ESPÍRITU.  

Jesús llevó su Amor a empurpurarse con su Sangre sobre la cima del Calvario y ahí Esplende, para recordarnos que fuimos hechos para el Cielo.

Y relampaguea para llamarnos a Sí.

Para volver a grabar el Nombre Santo de Jesucristo, sobre el altar de nuestro corazón sin Dios y sobre el templo profanado de nuestra mente. Para consagrarlos al Dios Verdadero con un verdadero Culto a Dios.

Hay que amar, alabar, cantar, invocar, bendecir, CREER en el Nombre Bendito de Jesús.

EL ARREPENTIMIENTO ES EL DOLOR DE HABER CAUSADO DAÑO.

“Yo Soy el Señor Dios Tuyo.” Pareciera que el dedo de Dios haya escrito esta sentencia en todo lo creado.

El pecador trata de ahogar este grito de la conciencia.

Pero siempre llega el momento en que en medio de la ebriedad y del placer. En el ajetreo del trabajo, en el reposo de la noche, en el paseo solitario, en el vacío de Dios, le reprocha:

‘Sufres porque has convertido en dios a esta CARNE que ávido besas; a este ORO que avaro acumulas;  a este ODIO que carcome tu existencia, con el ansia de Venganza.’ Dios es Paz. El que quiere recuperarla, debe escombrar la mente, el corazón, la carne; de todo lo que NO es paz y causa turbación.

El Pecado es una Maldición.

El arrepentimiento quita el Anatema cuando es sincero.

Cada hombre debe examinarse con sinceridad y entonces sabe en dónde ha errado.

De Dios nadie puede hacer Burla. El alma que se acerca a Él con humildad, obtiene su Perdón.

NO HAY ARREPENTIMIENTO

MIENTRAS DURE EL DESEO

POR EL OBJETO POR EL QUE PECAMOS.

1-tentacion

Dios NO perdona a quién NO se arrepiente,…

Porque es necesario limpiar el corazón para obtener gracias…

Y las excusas NO se pueden perdonar.

EL MAL NO BASTA NO HACERLO.

TAMBIÉN ES NECESARIO NO DESEAR HACERLO.

Por eso Jesús dijo: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón.” (El poder de nuestros deseos en el Bién o en el Mal, ES INFINITO)

Porque el Pecado a los ojos de Dios es un delito realizado.

Cuando hay deleite alimentando pensamientos de adulterio, se es adúltero; de homicidio, homicida; de traición, traidor; etc.

1tentacion-

Jesús vino para salvar a los pecadores y cada alma que se arrepiente y se convierte; es una Justificación para la tremenda humillación a que se sometió el Infinito, al tomar forma humana.

Porque en la Llama del arrepentimiento, el alma se ofrece Amando a la Flama del Amor Divino, que la absuelve y la absorbe dentro de Sí Mismo.

El hombre es débil y cuando peca por lo sorpresivo de los ataques de Satanás, Dios le perdona si surge en él un arrepentimiento sincero y la voluntad de no pecar más.

Porque quién es realmente fiel y ama a Dios, NO se doblega a las pasiones, NI lo quema el Fuego de Satanás, ya que el pecado le repugna.

Y cuando amamos a Dios con todo nuestro ser, NO pecamos. Porque el Pecado es un dolor que se da a Dios.

Quién ama verdaderamente NO quiere lastimar jamás al amado, ni con el más mínimo dolor.

Para el pecador Arrepentirse significa abandonar su vida de pecado y volverse hacia Dios por el camino de la Oración y la Penitencia.

Los pecadores SON los muertos del espíritu.

Y cuando el hombre atiende el llamado de Dios y se arrepiente, se verifica el Milagro anunciado por Jesús.

Y los que escuchan y atienden su llamada…

 Se levantan de su tumba espiritual y resucitan a la verdadera Vida.NO hacer el Mal NO es suficiente para escapar del Infierno.

El poder de Dios arranca de la esclavitud del pecado, pero el arrepentimiento debe llevar a la conversión.

Es decir, al deseo continuo de Conocer, Amar y Pertenecer cada vez más a Dios; buscando hacer siempre la Voluntad Divina.

Y el Reino de Dios llega al corazón que acepta la Ley que vino de los Cielos a través del Evangelio de Jesús, porque al practicarla el hombre se convierte en ciudadano del Reino.

LA CONVERSIÓN DEBE VIVIRSE TODOS LOS DIAS

1Last_Supper

Para el cristiano, convertirse significa despertarse cada día, con el deseo ferviente de ser mejor que el día anterior…

De pertenecer más a Dios y amarle cada vez más, limando las imperfecciones. Tratando de conquistar con el heroísmo y la voluntad, estratos más elevados de la perfección.

Conquistando la salvación con todas las potencias y poniendo en juego todos los dones recibidos de la Gracia de Dios.

LA RESURRECCIÓN MORAL Y ESPIRITUAL.1jesushealsLa salvación se encuentra en el Evangelio. Aceptando todas sus verdades espirituales, practicando una auténtica caridad.

NO se puede conciliar el Reino de Dios, con el Reino de Satanás.

NO es posible dar gusto al mismo tiempo a la carne y al espíritu. Es indispensable el escoger.

Él se ha dado a Sí Mismo dejando el Seno del Padre, para hablar a los hombres.

Se ha humillado Él, Dios; a morir como un malhechor, para lavar nuestro corazón y volverlo capaz de acoger a Dios.

Él ha dado el Paráclito para que fuese Maestro en el conocimiento de su Doctrina de Caridad, pureza, bondad, humildad.

1sacredheart

Jesús Llama:

 “¡Venid! Mis brazos están abiertos. Mi boca tiene besos de perdón y mi Corazón tiene Tesoros de Amor. Dejad las riquezas injustas y venid a Mí, Soy la Riqueza Verdadera.

Dejad los goces indignos y venid a Mí, Gozo Verdadero. Yo Soy el Dios de la Paz. Todo Dolor en Mí se calma. Todo peso se vuelve ligero.

Venid. Dejad aquello que mata y que muere. Aquello que hace daño. Aquello que quiere el Mal. Ayudadme a rechazar al infierno en el Infierno y a abriros el Cielo.

Venid a Mí que os amo.

Ayudadme con vuestra voluntad…

La quiero para actuar.

No porque YO la necesite, sino porque es necesaria para vosotros, para merecer el Reino.

YO puedo darles TODO si venís a mi Corazón y NO de manera humana, sino sobrehumana, eterna, inefablemente dulce.

NO les digo que no conoceréis el Dolor,

Lo he conocido Yo que Soy Dios.

Pero les digo:

Tu dolor se volverá suave si lo sufres sobre mi Corazón.  

En MÍ todo Dolor en Mí se calma”

1sacred-heart-of-jesus-2

El llamado a la conversión, es el Llamado a la Vida…

A la Resurrección del espíritu.

Y esto solo puede suceder aquí en la Tierra, en este momento,

Mediante un milagro de gracia.

Solo aquí, en nuestro único día.

La Respuesta la tenemos nosotros con nuestra voluntad.1Dragon%20de%20la%20Muerte_800

El que lo ama de verdad, se libera de las cadenas del Error y del Pecado y le da el ‘Sí’.

Hay que dar el primer paso y decir a Jesús:

Señor Jesús. Vengo a Ti.’

Y a Satanás:

‘Aléjate de mí. Yo NO te pertenezco’.

PREPARACIÓN A LA MUERTE.

La muerte es inevitable. Entró en el mundo como consecuencia inmediata del Pecado.

Nadie ama la muerte, sobretodo sí es dolorosa, sí es prematura e inmerecida. Nadie la ama.

Y sin embargo, todos debemos morir.

Por eso se debe mirar a la muerte con la misma serenidad, con que se mira todo lo que debe terminar.

Si pedimos a Dios poder amarla, avanzaremos velozmente en el camino de la perfección.

Dios desea estar con sus creaturas y las creaturas debieran desear estar con Él.1MUERTE-DESPRENDIMIENTO DEL ALMA

            La Contemplación de la Muerte es Escuela de Vida.

Si vivimos con santidad, la muerte se convierte en esto:

Separación temporal del cuerpo, del espíritu; para después resucitar triunfalmente para siempre, reunidos y felices en Dios.

Todos nacemos desnudos. Todos morimos y somos destinados a la corrupción. Como se nace, reyes o pordioseros, así se muere.

Es solo la envoltura superficial de lo ostentoso, lo que permite una diferencia entre uno y otro.

Pero lo esencial, el ser humano, no deja de ser carne muerta.

Despojos cuyo destino final es la destrucción.

NO es así lo incorruptible: el alma.

1Cerca-de-la-muerte

EN LA HORA DE LA MUERTE

LA Cruz de la Muerte es la última cruz del hombre y tiene dos brazos:

Uno es la Cruz de Jesús y el otro el nombre de María.

Entonces la muerte sucede  en la paz de los liberados también, de la cercanía de Satanás…

Porque estas son las dos cosas que el Maldito NO soporta.

Todos vamos a morir y esto nunca hay que olvidarlo, si queremos salir victoriosos de la extrema Insidia que nos Odia Infinitamente.

El grito que salva porque NUNCA se le invoca inútilmente, es el Nombre de Jesús.  

El vela en espera de ser llamado…

Y acude pronto, pues ante el Nombre de Jesús…

Tiemblan de Alegría los Cielos y de Terror los Abismos.

Y SE OBRAN LOS MILAGROS…

Sólo los hijos desamorados e imprudentes esperan el último momento, para Llamarlo.

Satanás vela para apoderarse de las almas, como un Ladrón que ataca de repente.

El Mundo está lleno de muertes repentinas y es uno de los productos de nuestra manera de existir.

Hemos multiplicado los placeres y la muerte. El saber y la muerte.

Hay que luchar para que el sol quemante de nuestra carnalidad, NO nos vuelva irreconocibles a los ojos de Dios y repelentes ante Él.

Hay que Vencer, pidiéndole a Dios que nos ayude en nuestra voluntad de ser buenos y con un ferviente deseo de complacerlo.

A Él le basta con esto. Quién hace esto, hace todo.

Porque Dios es nuestro Refugio contra Satanás que trata de impedírnoslo.

_1ngel_de_la_muerte__

Por eso hay que arder en el Amor de Dios. El Pecado nos ha enfermado.

Jesús vino por los enfermos y los pecadores. Las fiebres pueden conocer sus caricias. Nuestros sudores, su Sudario. Nuestras agonías, sus brazos para sostenernos. Nuestras angustias, su Palabra.

Y la carne, fiera enloquecida cuando se pierde se encuentra la Vida. Los que están enfermos  por haber traicionado la Ley de Dios y servido a la carne, pueden encontrar alivio, Jesús NO se cansa de salvar.

Él es el Único que sufre y vela con nosotros. Sonríe a nuestras esperanzas y en canto el Padre que lo quiere, las convierte en realidad.

Para los que tienen el decreto de muerte, Él toma a los que tiemblan frente al Misterio de la Muerte y que lo Llaman.

1lamuerte

Él trasforma las Tinieblas en Luz, el Dolor en Alegría y nos toma de la mano.

Él Conoce la Muerte. La ha conocido antes que nosotros.

Él sabe que es solo un instante y que Dios aturde los sentidos sobrenaturalmente, para NO dejar al alma sola en la lucha extrema.

Hay que confiar y mirarlo solo a Él.

Y cuando Él está con nosotros y su Amor y su Sangre nos cubren… YA NO hay miedo para el encuentro con Dios.

Y así se gana el Combate Final.

DRAGON DE LA MUERTE

DRAGON DE LA MUERTE

VIVIR MURIENDO

El que quiere vivir por el espíritu y quiere llevar a otros a que vivan la misma vida, debe posponer la carne; casi matarla, para cuidar solo del espíritu.

El hombre debe pasar por una autogénesis, a una segunda creación.

Volver a crearse y hacer que el espíritu reine hasta llegar a la perfección.

Por eso hay que llorar por las culpas, pero ¡Hay que levantarse!…

No siendo muertos vivos y formar parte en el futuro, de los eternos condenados.

El amor es el factor más potente que Jesús nos da en anticipo, para estimular un cambio. El hombre es como un niño que aprende a hacerse adulto. E independiente de la ayuda de otros, precisamente como lo necesita un incapaz que debe ser ayudado en todo para crecer, nutrirse caminar…

Y lo auxilia el que ya está formado, habiendo alcanzado la edad perfecta en el cuerpo, en el intelecto, en el espíritu.

Y Jesús hace de ‘madre’ para hacer del hombre ‘infante espiritual’, un adulto de la estirpe selecta, un regio sacerdote, una hostia viviente…

Que continuamente se ofrece a Dios como Cristo, con Cristo, por Cristo, a fin de continuar el Sacrificio Perpetuo que se ha iniciado con Cristo y que terminará hasta el Fin de los Siglos.

Y la leche que nos nutre, es su Caridad.

Verdaderamente los hombres han sido redimidos por el Amor, antes que por la Sangre y que la Muerte del Hijo de Dios.

Y es su Amor el que da la madurez necesaria, para que el alma aprenda a ser Vino y Hostia, consagrados a su Amor.

El hombre es un ser que solo delante del holocausto, se rinde. Jesús obtuvo su triunfo, después de la Muerte. Y lo mismo es para sus discípulos.

Para ser harina de hostias, es necesario saberse despojar de todas las impurezas por el Amor. Ninguna otra cosa como el Amor, es absoluta en operar esta depuración de la personalidad, para volverla apta para vivir en el Cielo.

Pero después de tanto dolor, toda la amargura que se vive por amor a nuestro Rey, la encontraremos convertida en dulzura.

Todas las heridas con las que seamos afligidos, serán gemas eternas. ¡Todo el dolor será júbilo! El tiempo pasa y todo instante pasa. Solo queda Dios y con Él, su Eternidad.

Cuando se piensa en esto, se anhela el Dolor como el aire para respirar.

La uva es más dulce, cuanto más madura es y más madura es, cuanto más sol agarra.

El dueño de la viña no cosecha su uva para hacerla vino, si no está bien madurada.

Y para que madure. La poda de modo que el sol pueda descender y circular entre racimo y racimo. Y hacer de los granillos ásperos y verdes, otras tantas perlas de líquido azucarado.

En el otoño, después de tanto sol y tanta podadura, las uvas están bellas y útiles al hombre. Dios es el Sol y las almas-víctimas, la viña donde debe formar el Vino Eterno.

Dios es el Sol y el Viñador. Las circunda y las inunda con sus rayos. Y los mortifica para que sean verdaderos sarmientos cargados de fruta y no vanos zarcillos que no sirven a nadie.

Es necesario que el Sol y el Viñador los trabajen a su completo placer en las almas.Y ellas deben imitar a los racimos que no hacen voces de protesta, ni hacen resistencia al Sol y al Viñador.

Sino al contrario, se dejan abrir para recibir los rayos cálidos.

Se dejan medicar con líquidos apropiados. Se dejan acomodar sin reacción alguna.

Y así se hacen siempre más grandes y dulces. Un verdadero prodigio de jugos y de belleza.

También las almas deben desear el sol y la obra del Eterno Viñador, cuanto más se acerca para ellas la hora de la Divina Vendimia.  NO están destinadas al Místico Lagar los racimos reacios y enfermos que NO han querido volverse maduros, sanos y dulces.

Y que se han escondido, para NO ser curados.

Los que son dignos de la Vendimia, son los racimos que NO han tenido miedo de ser podados y medicados.

Y que dócilmente se han sacrificado en sus gustos por Dios.   Cuando la Vendimia se avecina, las almas-víctimas deben aumentar sus esfuerzos, para absorber cuanto más puedan de Dios. Él los convertirá en Licor de Vida Eterna.

Deben secundar su generosidad, para secundar las Obras de Jesús. Él quiere hacer de ellos, racimos dignos de ser puestos a los pies del Trono de Dios.

ALMAS -VÍCTIMAS 

Los Corredentores tienen el deber de salvar primeramente a sus familias.

Y Jesús tiene con ellos los mismos cuidados que el Viñador tiene con las plantas haraganas.

Aunque ahora NO sepan darnos las gracias, cuando lleguen a la Vida las darán; porque la Luz les ilumina horizontes que su humanidad les vela.Y con éstas promesas no hay que llorar, sino continuar orando, llorando y sufriendo por ellos, en los brazos de Jesús que son más dulces que aquellos de todas las madres.

Jesús nos devolverá los seres que hemos amado, en un Reino donde la triste muerte de la tierra no tiene acceso y donde la horrible muerte del espíritu, ya no es posible.

Las promesas de Jesús secan las lágrimas, cuando desciende esta esperanza que es fe y bendición. La separación es penosa, pero cuando sabemos que no es total, el dolor disminuye.

Vivir muriendo, es morir amando.

Y morir amando es seguir el camino de la Cruz. Es amar el calvario, el dolor, el sacrificio, hasta el martirio Total.

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EL CAMINO DE LA CRUZ

MORIR AMANDO.

Amar Es morir. Amar totalmente, es morir totalmente.

Para el que ama, la muerte deja de ser Destrucción para volverse Construcción.

El que muere construye, reedifica. El que ama se dona totalmente, con una generosidad absoluta, porque lo único que desea, es la felicidad del ser amado y su completo bienestar.

Para el alma-víctima que llega a amar a Dios con un amor total, la muerte es la Ofrenda con la cual agradece todos los dones recibidos de Aquel que murió por ella primero…

Y obtener la sonrisa y el beso de Jesús, es la máxima de las recompensas.

El Amor fue el sacerdote del Calvario.

Porque somos los “otros” CRISTOS…

El Amor es el sacerdote del místico altar donde se realiza la inmolación total, para morir por el Dios Único y Trino, al cual ha llegado a amar de tal forma, que la muerte no solo ha perdido su horror…

Sino que se ha convertido en una imperiosa necesidad, con la cual puede abrazar a su Dios, al probarle de esta manera, como Él es más importante que su propia vida y no puede ahogar el grito de su corazón, que clama jubiloso en una triple oblación.

Morir amando es una gloria que solo puede comprender el que la prueba.

Morir amando es rendir el Verdadero Culto a Dios.

Morir amando solo se puede gozar cuando se ha aprendido la Ciencia de la Muerte y una dulzura inefable envuelve las palabras:

“Sacrifícame Señor mío y Dios mío, porque te adoro sobre todas las cosas…”

El Amor de Dios, el hombre lo rechaza con desprecio y en los tiempos actuales, el Amor Vilipendiado de Dios, por Justicia y Respeto de su Perfección, NO puede soportar más las afrentas.

Dios llama una y otra vez por todos los medios, pidiendo que se abran los corazones a su Amor Intensísimo y que se hagan víctimas, aceptando ser consumidos, para darle alivio al Amor.Advierte que ES la hoguera de un holocausto lo que ofrece; pero que NO huyan de Él, los que no se han vendido a Satanás.

Ninguno, por más pequeño y mezquino que sea por su estado de pecado, debe creerse rechazado por Él. Eso es Misericordia.

Y de las almas más miserables, puede y quiere hacer, estrellas fulgidísimas para su Cielo.

Y repite su amoroso llamado:

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“YO TE AMO TAL COMO ERES, EN ESTE MOMENTO.”

            No importa los pecados que hayas cometido. Ya los he pagado Yo en la Cruz. En Ella y con los brazos abiertos, te estoy diciendo cuanto te amo. Te estoy esperando. Arrepiéntete y conviértete. SOY TU PADRE Y TE AMO.

 Quiero darte consuelo y alivio. Venid a Mí, todos. Pobres, manchados, débiles y los haré reyes. Dadme vuestra miseria, Yo la cubriré con mi Grandeza. Dadme vuestras tinieblas y Yo os daré mi Luz. Vuestras imperfecciones y Yo os daré mi Perfección. Vuestro egoísmo y Yo lo cubriré con mi Bondad.

¡Venid! Entrad en mi Amor y dejadlo entrar en vosotros. Soy el Pastor que se fatiga hasta la muerte por la oveja perdida y por ella Yo he dado mi Sangre.

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¡Oh, mis corderitos! No teman si muchos harapos y manchas hay en vuestros vestidos y heridas en vuestra alma. Abrid solo el corazón y aspirad mi Amor.

Seréis justos para con Dios y para con vosotros mismos, porque daréis consuelo a Dios y a vosotros, salvación.

¡Venid! Generosos que me amáis ya. Arrastrando a los hermanos que titubean todavía.

Si en todos pido que me permitan entrar, es para dar alivio al Amor Rechazado.

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LOS PRIMEROS CORREDENTORES…

A vosotras amadísimas almas-víctimas, pido de daros totalmente a Mí.

Seréis destruidos sobre la Tierra por mi Amor vehemente, pero recreados de una gloria tan alta, como ustedes NO lo pueden concebir.

¡Qué fulgor tendrán las almas que acogieron el Amor de Dios, hasta ser consumidas por Él! Tendrán el Fulgor mismo de mi Amor que quedará en ellas:

Fuego y Gema eterna de Divinísimo Esplendor.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA

E26 VENID AL PESEBRE


25 de Diciembre de 2017

Hijitos Míos, el Amor se ha separado de los hombres. NO es porque Yo deje de enviar Mi Amor, sino porque el mismo hombre ha renunciado a él.

Se ha puesto una coraza que lo cubre y lo protege contra Mi Amor, se os hace ya muy difícil vivir en el Amor. Os pido que viváis en el Amor, pero vosotros mismos NO queréis hacerlo.

Creéis que os impongo Yo Mis Leyes, Mis Decretos y Mi Amor, más os he dado la libertad de actuación, vosotros vivís según vuestra voluntad y NO la Mía.

Cuando vosotros viváis según Mi Voluntad, cuando vosotros os deis cuenta que el vivir fuera de Mi Voluntad os trae Maldad en vuestro corazón; entonces os daréis cuenta de que lo  mejor es vivir Conmigo, con vuestro Dios.

LEY DEL AMOR Y EL PERDÓN

Creéis que es difícil vivir en el Amor y por eso os apartáis de él. Creéis que es más fácil vivir en la Maldad. Pero Mis pequeños estáis en un error; es más fácil vivir en el Amor, porque el corazón del hombre tiende a ello.

Os he dado Mi Vida, os he dado Mi Presencia Divina entre vosotros, os di el ejemplo de vida y vosotros lo rechazáis. Para vivir en la maldad también tenéis que trabajar mucho, quizá hasta más, que para vivir en el Amor,

porque tenéis que maquinar vuestra maldad, especialmente para que vuestros hermanos no os ataquen después de que la cometáis. Vuestro acto va lleno de mentira, va lleno de maldad, va lleno de error. Después de cometer un acto malo, os sentís mal, cosa que no sucede cuando vivís en el Amor.

¿Por qué queréis vivir en la maldad, Mis pequeños? Esa cruda espiritual que os queda y os dura mucho tiempo, ES porque NO queréis acercaros a la Confesión y dejar ahí vuestro pecado ante la presencia de Mis hijos, Mis ministros. Os sentís mal, porque sabéis que cometisteis un error contra el Amor.

¿Por qué queréis seguir viviendo así Mis pequeños, cuando todo podría ser bello, cuando todo podría ser santo; cuando todo lo que os rodea podría cambiar con vuestra actitud en el bien?

Si vosotros os unierais en el Bien, vivierais en el bien. Estaríais viviendo el Paraíso, estaríais viviendo realmente el Amor entre vosotros.

Si os quejáis de que vuestro alrededor es malo, es perverso, os ataca, os destroza; es porque vosotros mismos estáis alentando ésa maldad, porque la TENÉIS en vuestro corazón.

El Malo: Satanás, la Serpiente Antigua, NO PUEDE VIVIR ANTE EL AMOR.

La Mujer Vestida de Sol, PISARÁ LA CABEZA DE LA SERPIENTE, a través de sus hijos: LOS HIJOS DE LA LUZ…

Si vosotros cambiarais y empezarais a vivir según Mi Voluntad que es el Amor, todo cambiaría y el mismo Mal se disiparía de vuestras vidas, de vuestro alrededor, de todo lo que os rodea.

Os estoy dando la pauta Mis pequeños, para que vuestra vida, vuestra sociedad, el Mundo entero; puedan vivir en el Amor.

Todo depende de vosotros, del cambio real que tengáis dentro de vuestro corazón. Un cambio real de vida, de actitud hacia vuestros hermanos: el hacer el bien en todo lo que hacéis. En TODO, Mis pequeños.

Cuando deis un servicio, dadlo con amor; cuando ayudéis a alguien, hacedlo con amor; cuando digáis una palabra, que sea una palabra de aliento, una palabra de vida.Todo lo que hagáis en servicio a vuestros hermanos, que sea Mi presencia en vuestros actos, en vuestros pensamientos, en vuestras palabras, dejadMe nuevamente vivir, os lo pido y os lo repito: DejadMe vivir entre vosotros, a través de vosotros.

Es a través de vosotros, que Yo Cristo Jesús HE de volver a vivir entre vosotros. Ciertamente Vendré en una Segunda Venida en Persona: Triunfante como Dios ante vosotros,

Pero antes Me deberéis hacer vivir en vuestro corazón y ESO es lo que hará que Mi Segunda Venida se dé entre vosotros, cuando ya vosotros sepáis vivirMe.

Hijitos Míos, para que os deis cuenta de qué tan fuerte es el vivir en el Amor o en la Maldad, que esto afecta aún a los bebés en el vientre materno, muchos de vosotros sabéis esto…Que cuando el hijo que viene NO es bien querido, que la misma madre lo rechaza; ése hijo nacerá con problemas emocionales, porque ya desde el vientre materno sentía ése rechazo; ésa AVERSIÓN hacia el Amor de ésta personita…

De ésta almita que se estaba Gestando en el cuerpo de su madre.

Pero cuando el hijo es amado, ES DESEADO; se busca el bien del pequeño, aún desde el vientre materno. Ése bebé, ésa almita crecerá segura, crecerá sana, crecerá llena de amor.

Mis pequeños, los bebés cuando van creciendo en un ambiente de amor, les da seguridad. CRECEN con el Ejemplo de sus padres. VIVEN el Amor, porque lo están viendo en sus padres y eso les ayuda a poder ellos mismos después, transmitir lo que vivieron.Así como Yo le dije a Satanás No sólo de pan vive el hombre, sino de la Palabra que sale de la Boca de Dios”…

 También vosotros Mis pequeños, Sois Boca Divina. Debéis ser ejemplo Divino para vuestros hijos, para con todos aquellos con los que entréis en contacto.

Vosotros debéis ser transmisores de vida Divina. Cuando Yo os he pedido ser otros Cristos, debéis transmitir en ejemplo y en Palabra Mi Vida, Mis acciones, el ejemplo que Yo os di.

Si así como los bebés ven el ejemplo de los padres y eso les va dando su personalidad desde pequeños, si vosotros también desde pequeños vais viendo Mi Vida, que Yo, como Hermano Mayor os he dejado,

TE OBSERVAN TODO EL DÍA….

También debéis tomar de Mí ésa Vida, ése Ejemplo para que vosotros vayáis creciendo con él. Os vayáis alimentando y así seáis otros Cristos que vivís en ésa facilidad del Amor que Yo os he dejado.

Os recuerdo Mis pequeños, que YO NO os impongo nada en lo absoluto, el ejemplo de vida que Yo os di…

Y que vuestros padres os deben de dar debe ser algo sencillo. Algo de todos los días, algo con lo que viváis que sea vuestro ambiente familiar, para que luego éste sea el ambiente social entre todos vosotros.

Ved vuestros hermanos que producen Maldad, que están atrayendo el error a vuestros corazones…

Ved su familia, cómo han vivido. Son almas que NO vivieron en el amor, son almas que sufrieron rechazo, son almas que NO fueron alimentadas con Mi Vida, con Mis enseñanzas, con Mi Amor.Sus padres aceptaron el error de Satanás y eso es lo que transmitieron.

O han nacido en hogares con problemas entre los mismos padres: separación, divorcios, grosería, maldad.

Orad por ellos y orad por vosotros mismos, para que vuestras almas sean llenas de Mi Vida…

De Mi Amor y sobre todo con ésa esperanza de vida que debéis tener siempre, una esperanza de Nueva Vida, que tarde o temprano os llegará.Deseadla, deseadla de corazón y pedídMela, para que Yo interceda ante Mi Padre, para que ya se dé la Vida Nueva entre todos vosotros.

Porque Yo hijitos Míos, el Rey del Universo; Yo hijitos Míos, el Salvador; Yo hijitos Míos, la Voz del Padre; Yo hijitos Míos, el Amor que he venido a salvaros.

¡Oh! pobre Humanidad que se olvida de su Dios,  que se olvida de su Redentor, que se ha olvidado del Amor.

¡Oh! pobre Humanidad que camina a la deriva, que camina por caminos errados, que camina por caminos de perdición.¡Oh! pobre Humanidad, que NO entiende que el Camino seguro es el vivir en Mi Corazón.

Todo Un Dios que se hace Hombre para convivir entre los hombres. Todo Un Dios que Vive, camina, habla, come, hace Milagros entre los hombres; quienes en lugar de encumbrarlo en sus corazones, lo desprecian, lo abofetean y lo matan.

El mayor Regalo que pudo haber hecho Mi Padre a la Humanidad y fue Despreciado.

Pocos corazones acogieron Mi Venida, Mis enseñanzas, Mi Amor. Pocos corazones apreciaron tal Regalo del Cielo.El corazón del hombre es tan duro… el Pecado ha obscurecido sus mentes, cerrado sus oídos, ha hecho de piedra su corazón.

Hijitos Míos, son muy pocas las almas de las cuales Yo recibo agradecimiento o amor.

Se recuerda el Advenimiento de vuestro Dios y ¿Qué hace el hombre? Sólo intercambio de cosas materiales, cuando debieran hacer Gran Fiesta por el recuerdo de la Vida de su Salvador, del Nacimiento de su Salvador aquí en la Tierra.

¡Oh! Mis pequeños, ¡Como se ha endurecido el corazón del hombre!Vivís en lo material, vivís para el Mundo. Vuestro Dios ha quedado a un lado, vuestro Dios ya no Vive en vuestro corazón. De algunos se habla que su dios es el dinero y ya ni eso Mis pequeños, ya ni eso.

Vuestro corazón, vuestra mente, divagan en cosas vacías, necias, malvadas. El corazón del hombre ha sido arrebatado por el Maligno; se vive para la Obscuridad, se vive para la Maldad.

Se le arrebata al que tiene, se destruye al que posee. El delincuente encuentra su reino y es protegido por los grandes,

éstos grandes en su afán de poseer el mundo, aplastan al pequeño; destruyen al que es Mío, manipulan todos los bienes del mundo para aprisionar al débil; vuestra vida se ha vuelto un Caos.  El Amor, Mi Amor que todo lo vence se le ha hecho a un lado. Las potencias del hombre ahora son ensalzadas, el más fuerte es el que vence.

Se le ve débil al que Me ama, ahora el enfermo de “lepra” es aquel que está Conmigo. Se le aparta, se le persigue, se le destruye. Los papeles se han cambiado: el que triunfa es el que tiene más Maldad en su corazón.

Las Tinieblas van obscureciendo al Mundo. Las luces que son los Míos, están siendo apagadas, pero NO vencerán aún. Mi Vida, aunque sea una pequeña flama casi por extinguirse, dará gran Luz en el momento preciso, cuando Yo lo indique… Y así, todo volverá a florecer.

La Luz purificará, las Tinieblas serán vencidas; pero el hombre se tiene que dar cuenta de su Error. Se tiene que dar cuenta de que las Tinieblas lo han llevado a la destrucción espiritual, moral, física.  NO hay vida si Yo NO estoy con el hombre. El hombre ahora quiere permanecer en la muerte y Yo le permito ésta libertad a pesar del Dolor de Mi Corazón. Yo NO puedo detener al hombre a pesar de que lo Amo tanto.

Tengo que esperar su arrepentimiento, tengo que esperar a que escoja Mi Amor.

¡Un Dios que se ha dado por completo al hombre y es Despreciado de ésta manera!

El hombre ha preferido la Maldad, la Obscuridad, el Pecado antes que a su Dios; antes que al Amor, antes que a la Paz que lo va a llevar a producir Cielo en la Tierra. 

Mis pequeños sois Mis hermanos, os invito a hacer familia Conmigo. Os invito a traer el Cielo, como Yo lo traje a la Tierra. Os invito a compartir el Reino que habéis dejado crecer en vuestro corazón y darlo a vuestros hermanos.

Dad, Mis pequeños lo que Yo os he dado. Dad Mis pequeños, ese Amor, esa confianza, esa Vida a vuestros hermanos. Hacedles entender y hacedles vivir el Reino, el Reino de vuestro Dios que Yo os vine a traer por mandato del Padre.

Ayudad a vuestros hermanos a entrar por la Puerta Grande, la Puerta de los hijos de Dios.

Ayudadles a vuestros hermanos a comprender las bellezas de Mi Palabra, de Mis Obras, de Mis Milagros.Todo fue dado para vosotros, para todas las generaciones. Vividlas, para que se gocen vuestros hermanos al veros vivir el Reino de vuestro Dios aquí en la Tierra, que seáis Emisarios del Amor.

Vivid Conmigo éste Tiempo, el Nacimiento de vuestro Dios, la Misericordia Infinita de vuestro Padre hacia los hombres. VIVID, vivid Conmigo ésta alegría de estar nuevamente en el Pesebre, de estar ya con vosotros en la Tierra.

 Apreciad el Regalo de vuestro Dios, que por generaciones y generaciones se venía anunciando por los Profetas y que por fin se daba en ese momento de la Historia. Gozad infinitamente Mi Presencia en esos momentos en los cuales la Promesa se hacía patente en la Tierra. 

Agradeced vosotros mismos y por vuestros hermanos, Mi Venida; la cual anunciaba la Luz nuevamente para el hombre. Que anunciaba el vencimiento del Pecado y de la Maldad de Satanás.

Empezaba YA una época de Amor, de Libertad y de Gloria para la Humanidad.

Dejad que vuestro corazón se llene de ese Gozo Infinito que tuvieron los mismos Ángeles al ir a adorarMe en el Pesebre. Acompañad con vuestra mente, con vuestro corazón a esa gente sencilla; a esos pastores que Yo escogí para que fueran los primeros en ver a su Salvador.

Vosotros a los que he escogido de entre el mundo, a los sencillos, a los obedientes, a los que han dado su “fiat” de amor… Acercaos, VENID AQUÍ ANTE EL PESEBRE y ved ahí la Obra de vuestro Dios: el Regalo Inmenso, Infinito de vuestro Dios, concederos a Su Propio Hijo.

Por fin llegaba la Plenitud de los Tiempos y Yo coronaba esa plenitud: el Regalo de vuestro Dios.Dejad que Mi Santo Espíritu de Amor os haga entender éste Misterio de Amor, éste Regalo Infinito de vuestro Dios.

Apartaos del mundo en éste Tiempo. Vivid los gozos del Cielo como Mi Misma Madre los Vivió en total donación a Mi Padre; cuidando a Su Hijo, a Su Dios y a Su Salvador.

Os pido que seáis Mi padre, os pido que seáis Mi madre en la Tierra, os pido que seáis Mi Familia.

Sois Mis hermanos: cuidadMe, protegedMe, alimentadMe… LlevadMe a todos aquellos que necesiten conocerMe, para que también se arrodillen ante Mí con humildad y sencillez y agradezcan a Mi Padre, vuestro Padre y vuestro Dios Sus Bondades y el Regalo que os dio con Mi presencia en la Tierra.

Enamorad a vuestros hermanos con el amor que debe existir en vuestro corazón, con ese santo agradecimiento de Mi Vida entre vosotros.

GozadMe, adoradMe, agradecedMe, que Yo Me sigo dando por cada uno de vosotros, Yo Me sigo ofreciendo por cada uno de vosotros, Yo os sigo educando, Yo velo por cada uno de vosotros,

Estoy Vivo entre vosotros y en vosotros, NO Me cambiéis por el mundo. NO Me cambiéis por un regalo que solamente será un compromiso ante vuestros hermanos.  NO olvidéis esta Fiesta Santa, por solamente un intercambio material de compromiso con vuestros hermanos, Soy Yo, vuestro Dios Al que debéis recordar,

Soy Yo vuestro Dios el que vine a Salvaros y a daros todos los regalos del Cielo, Soy Yo vuestro Dios el que ahora os da Vida y os la dará eternamente, el compromiso es Conmigo, no con el mundo.

GOZAD os pido nuevamente. Gozad éste Tiempo, así como lo gozaron todos aquellos que sintieron en su corazón por Obra del Espíritu Santo, Quién Es el que Venía en el Vientre de Su Madre, la Siempre Virgen María.

Agradeced a Mi Madre Su Donación, Sus Dolores por vosotros. Dejad que Ella os lleve hasta ese Rinconcito… Un Rinconcito de la Tierra que fue el Trono de vuestro Dios.  Id hacia ese lugar con vuestro corazón, acompañad a Mi Madre, a Mi padre José. Acompañadlos en esa adoración de corazón ante su Dios.

Gozad, gozad y ayudad a vuestros hermanos a entender esta Belleza Celestial. Y me quedo con vosotros Mis pequeños. Quedo con el mundo, quedo con todos aquellos que han abierto el corazón a su Dios.

Hijitos Míos, los escribas y fariseos pedían una señal, Me decían  “danos una señal para creer en Ti”. Su corazón era de piedra, a pesar de que se sabían las Escrituras.

El hombre sigue pidiendo señales para creer…

Y la Tremenda SEÑAL, plasmada en una sencilla tilma de fibra de maguey, que tiene medio milenio de existencia y  QUE FULGURA EN LA BASÍLICA DEL TEPEYAC,..

Y por la señal creer en Mí por el Milagro. Cuando realmente el Milagro vive en vuestro corazón… Os vine a traer el Reino de Mi Padre.

Tenéis el Milagro de la vida, tenéis todos los Milagros de la Naturaleza a vuestro alrededor, tenéis la sonrisa del bebé, tenéis todo Mis pequeños y seguís pidiendo una señal. LA FE ES la Señal, pero NO la queréis ver.

El hombre NO ha acrecentado esa Fe en su corazón, NO Me quiere ver en los acontecimientos que os rodean…

El Amor NO PUEDE venir del Maligno. Todo lo que os rodea, todo lo que se os ha dado, todos los cuidados que se os dan vienen del Amor. De un Padre que os Ama Infinitamente, NO os falta nada.

Si Mi Padre cuida de la Naturaleza, de los animalillos, de las flores, de los Cielos, del mar… Si todo eso camina en orden, en el Orden Universal, ¿Todavía pedís una señal para creer?

¿Por qué los astros se mantienen en ese lugar y no se golpean unos a otros…? O ¿Caen y chocan contra vuestra Tierra? Todos esos son regalos de vuestro Dios y aún así, ¿Pedís una señal?… 

Veis Señales a vuestro alrededor profetizadas: como la maldad del hombre que os está llevando a la destrucción… como al pueblo de Sodoma y Gomorra, éstos pueblos que apartaron también el amor de su corazón…Estáis así ahora Mis pequeños, Destruyendo el Amor y las bondades que se os dieron en vuestro corazón… Y pedís una señal.

La Mayor Señal se os dio ya hace más de Dos Mil años en ese Pesebre…

El Salvador con vosotros. Y la Humanidad lo sigue negando a pesar de los Milagros que se hicieron. A pesar de las Enseñanzas que os DÍ…

Y sigue pidiendo la Humanidad una Señal.

La señal más grande, la señal más bella, tener a vuestro Dios entre vosotros y el hombre la DESPRECIÓ...  Y el hombre la sigue DESPRECIANDO…

Mis pequeños NO busquéis señales, NO os distraigáis en las cosas que tienen que pasar. Tomad para vuestro corazón la Señal que ya se os dio y esa Señal os abrirá todos los caminos…

Será Luz en vuestra vida, vuestro Dios con vosotros, la señal de la Salvación del hombre; ésa es la que debéis apreciar, gozar y agradecer.

Que Mi Padre en Su Infinita Bondad, os Bendiga. Que Mi Santo Espíritu os Guíe por la senda del Abandono confiado y amoroso…

Y Yo os Bendigo y os cubro con Mis Méritos para que alcancéis la Plenitud y la Perfección de vuestra Misión. Yo os Bendigo en Nombre de Mi Santísimo Padre, en Mi Santísimo Nombre y en el Santísimo Nombre de Mi Espíritu de Amor.

Yo, que Soy el Camino, la Verdad, la Vida y la Luz Verdadera. Buscad el refugio de vuestras almas en Mi Santísima Madre, la Siempre Virgen María y acudid a la ayuda amorosa de Mí padre terreno, San José y la de los Santos Ángeles.

Os bendigo en el Nombre de Mí Padre, Dios Único y verdadero, Creador de todo lo bello que véis y de los que NO véis…

En Mí Santo Nombre de Redentor del Género Humano y en Nombre de Mí Santo Espíritu, Dios del Conocimiento y de la Sabiduría Divina y humana… 

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