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319 JUICIO DE LOS HIPÓCRITAS


319 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús regresa solamente a Endor.

Se detiene en la primera casa del pueblo, que es más un aprisco que una casa;

pero, precisamente por serlo, con establos bajos, cerrados, colmados de heno;

puede alojar a los trece peregrinos.

El dueño, un hombre rudo pero bueno;

se apresura a llevar una lámpara, un pequeño cubo de leche espumosa y unos panes muy oscuros.

Luego se retira, con la bendición de Jesús, que se queda sólo con los doce apóstoles.

Jesús ofrece el pan y lo distribuye.

A falta de escudillas o tazas, cada uno moja sus rebanadas de pan en el cubo,

y cuando tiene sed, bebe directamente de él.

Jesús sólo bebe un poco de leche.

Está serio, silencioso…

Tanto que, acabada la comida, saciada el hambre que en los apóstoles nunca falta,

terminan por darse cuenta de su mutismo.

Andrés es el primero que pregunta:

–        ¿Qué te sucede, Maestro?

Te veo triste o cansado…

Jesús responde:

–        No niego que lo esté.  

Pedro dice:

–       ¿Por qué?

¿Por esos fariseos?

Pues si ya deberías estar acostumbrado a ellos…

¡Casi, casi que me he acostumbrado yo que…!

Ya sabes cómo era yo las primeras veces con ellos.

¡Cantan siempre la misma canción!…

La verdad es que las serpientes sólo pueden silbar; 

jamás ninguna logrará imitar el canto del ruiseñor.

Se termina por no hacer caso. 

Pedro, lo dijo parte convencido, parte queriendo liberar de preocupaciones a Jesús.

–        Así es como se pierde el control y se cae en sus roscas mortales.

Os ruego que no os habituéis nunca a las voces del Mal como si fueran voces inocuas.

Mateo agrega:

–        ¡Ah, sí!

Pero no deberías estar triste, si es sólo por eso.

Ya ves cómo te ama el mundo.

Presuroso y lisonjero, pasando un brazo por detrás de Jesús, que está sentado en el heno a su lado.  

Judas de Keriot  pregunta:

–        ¿Pero es sólo por eso por lo que estás triste de esa forma?

Dímelo, Maestro bueno.

¿O es que te han referido mentiras, te han insinuado calumnias, sospechas o qué sé yo…

respecto a nosotros, que te queremos? 

Jesús vuelve la cara en la dirección de Judas.

Sus ojos emanan un relámpago fosfórico a la luz trémula de la lámpara colocada en el suelo,

en medio del círculo de los que están sentados en el heno, dispuesto como bajo asiento en redondel.

Jesús mira muy fijamente a Judas de Keriot.

Y mirándolo, le pregunta:

–        ¿Y me crees tan necio como para recibir como verdaderas las insinuaciones de cualquiera,

hasta el punto de preocuparme por ellas?

Son las realidades, Judas de Simón, las que me preocupan.

Y su mirada no deja ni un momento de hincarse, derecha como un calador,

en la pupila oscura de Judas.

Quién con mucha seguridad,

pregunta:

–        ¿Qué realidades te turban, entonces? 

–        Las que veo en el fondo de los corazones y leo en las frentes destronadas.

Jesús marca mucho esta palabra.

Todos se agitan:

–        ¿Destronadas?

–        ¿Por qué?

–       ¿Qué quieres decir?

–        Un rey pierde el trono cuando es indigno de permanecer en él.

Lo primero que se le quita es la corona que tiene en su frente como en el lugar más noble del hombre,

único animal que siendo animal como materia, pero sobrenatural como ser dotado de alma,

tiene la frente erguida hacia el cielo.

Pero no es necesario ser rey con un trono terreno para poder ser destronados.

Todo hombre es rey por el alma y su trono está en el Cielo.

Pero cuando un hombre prostituye su alma y viene a ser sólo un animal…

Y viene a ser un demonio, entonces pierde el trono.

El mundo está lleno de frentes destronadas, que ya no están erguidas hacia el Cielo,

sino agachadas hacia el Abismo;

gravadas con la palabra que en ellas ha esculpido Satanás.

¿Queréis saber qué palabra es?

Es la que leo en las frentes.

Está escrito en ellas: “¡Vendido!”.

Y, para que no tengáis dudas acerca de quién es el comprador, os digo que es Satanás,

en sí mismo y en los siervos que tiene en el mundo».

Convencido, Pedro dice:

–        ¡Comprendo!

Esos fariseos, por ejemplo, son siervos de un siervo que está por encima de ellos

y que a su vez es siervo de Satanás 

Jesús no rebate.  

Bartolomé observa:

–        Pero, ¿Sabes, Maestro…?

¿Qué esos fariseos, cuando han oído tus palabras, se han marchado escandalizados?

Al salir se

han chocado conmigo y lo decían…

Has estado muy tajante

Y Jesús replica:

–        Pero muy verdadero.

Si se tienen que decir estas cosas, es culpa de ellos, no mía.

Es más, decirlas es un acto de caridad por mi parte.

Toda planta que no haya plantado mi Padre celeste debe ser arrancada;

y plantas no plantadas por Él es el improductivo brezal de parásitas hierbas, sofocantes, espinosas,

que ahogan la semilla de la Verdad santa.

Caridad es extirpar las tradiciones y preceptos que ahogan el Decálogo,

lo enmascaran, hacen de él una cosa ineficaz e imposible de ser observado.

Para las almas honestas, es caridad hacerlo.

Respecto a ésos, a los alteros obstinados, cerrados a toda acción y consejo del Amor,

dejadlos; que los sigan los que por corazón y por tendencias son semejantes a ellos.

Son ciegos, guías de ciegos.

Si un ciego guía a otro ciego, por fuerza caerán los dos en la fosa.

Dejadlos que se nutran de esas cosas contaminadas a las que dan el nombre “pureza”;

Proverbios 11, 3

ya no pueden contaminarlos más, porque lo único que hacen es colocarse bien en la matriz de que provienen.  

Simón Zelote ha estado muy pensativo y con tono reflexivo,

pregunta:

–        Esto que dices ahora empalma con cuanto dijiste en casa de Daniel…

¿No es verdad?

Que no es lo que entra en el hombre lo que contamina, sino lo que sale del hombre.

–        Sí – dice escuetamente Jesús.

Pedro, después de un silencio;

porque la seriedad de Jesús congela hasta el carácter más exuberante,

solicita:

–        Maestro, yo…

Y no sólo yo;

no he comprendido bien la parábola.

Explícanosla un poco.

¿Cómo es que lo que entra no contamina y lo que sale contamina?

Yo, si tomo un ánfora limpia y meto en ella agua sucia, la ensucio.

Por tanto, lo que entra en el ánfora la ensucia.

Pero si de un ánfora llena de agua pura arrojo agua al suelo, no ensucio el ánfora,

porque del ánfora sale agua pura.

¿Y entonces?

Y Jesús explica:

–        Nosotros no somos ánforas, Simón.

No somos ánforas, amigos.

¡Y en el hombre no todo es puro!

¿Entonces también vosotros estáis sin inteligencia?

Reflexionad sobre el caso que esgrimían contra vosotros los fariseos.

Vosotros, decían, os contaminabais porque llevabais alimento a vuestra boca,

con manos polvorientas, sudadas… bueno, sin lavar.

Pero, ¿Esa comida a dónde iba?

De la boca al estómago, de éste al vientre, del vientre a la cloaca.

¿Podrá, pues, portar impureza a todo el cuerpo, y a lo que en él está contenido,

pasando sólo por el canal a ello destinado, cumpliendo su oficio de nutrir a la carne;

sólo a ella, para terminar, como conviene, en una cloaca?

¡No es esto lo que contamina al hombre!

Lo que contamina al hombre es lo que es suyo, únicamente suyo;

aquello que suyo ha engendrado y dado a la luz.

O sea, aquello que tiene en el corazón y del corazón sube a los labios y a la cabeza…

Y corrompe el pensamiento y la palabra y contamina a todo el hombre.

Del corazón vienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones,

los robos, los falsos testimonios y las blasfemias.

Del corazón vienen avaricias, lujurias, soberbias, envidias, iras, apetitos intemperados, ocios pecaminosos.

Del corazón viene el fómite de las distintas acciones;

si el corazón es malo, malas serán éstas como el corazón.

Todas las acciones: desde los actos de idolatría a las murmuraciones insinceras…

Todas estas cosas malas que van del interior hacia afuera contaminan al hombre;

34. Raza de víboras, ¿Cómo podéis vosotros hablar cosas buenas siendo malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. Mateo 12

no el comer sin lavarse las manos.

La ciencia de Dios no es cosa del suelo, lodo para ser pisado por todo pie;

es algo sublime, que habita en las regiones de las estrellas, de donde desciende con rayos de luz

para informar de sí a los justos.

No queráis, vosotros al menos, arrancarla de los cielos para envilecerla en el fango…

Id a descansar ahora.

Yo salgo para orar.

316 EL FALSO CRISTIANISMO


316 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Sigue nublado en un lúgubre día que presagia más lluvia sobre toda la comarca del lago Merón. 

Fango y nubes.

Silencio y calígine.

El horizonte desaparece entre las brumas.

La cadena del Hermón está sepultada bajo la espesa capa de nubes bajas.

Pero desde este lugar – una llanura alta, situada cerca del pequeño lago; 

todo oscuro y amarillento por el fango de mil riachuelos crecidos…

Y el cielo de Noviembre lleno de nubes.

Se aprecia perfectamente este pequeño lago alimentado por el Alto Jordán;

que de él sale luego para ir a alimentar al otro lago; más grande, de Genesaret.

Cae la tarde, cada vez más triste y amenazadora de lluvia…

Cuando Jesús toma el camino que corta el Jordán después del lago de Merón.

Entra luego por una vereda abierta entre los campos, que apenas han recibido la simiente,

Porque la tierra está todavía mullida y oscura como cuando ha sido sembrada recientemente. 

Encuentra a dos niños y su rostro se ilumina con una sonrisa…

Se detiene a acariciarlos…

Son un niño de no más de cuatro años y una niña que tendrá unos ocho.

Deben ser niños muy pobres a juzgar por sus míseros vestiditos descoloridos y rotos.

Y su carita triste y flaca.

Jesús no les pregunta nada.

Se limita a mirarlos fijamente mientras los acaricia.

Luego reanuda ligero su paso, hacia una casa que está en el fondo de la vereda.

Es una casa labriega pero de buen aspecto, con una escalera exterior que sube del suelo

a la terraza, en que hay un emparrado, ahora desnudo de racimos y hojas; 

solamente queda alguna que otra última hoja ya amarilla, que pende y se mueve con el viento

húmedo de un triste día de otoño.

En el murete de la casa unas palomas zurean,

esperando el agua que el cielo gris y todo nublado promete.

Jesús, seguido por los suyos, empuja la tosca cancela de la albarrada que rodea la casa;

entra en un patio – nosotros diríamos una era – con su pozo.

Y en un ángulo, hay también un horno de paredes más oscuras por el humo que incluso ahora sale

y que el viento empuja hacia la tierra.

Al oír el rumor de los pasos, una mujer se asoma a la puerta de esta  edificación.

Al ver a Jesús, lo saluda con alegría y corre a avisar a la casa.

Un hombre maduro  y grueso, sale a la puerta de la casa.

Y va enseguida hacia Jesús.  

Lo saluda diciendo:

–        ¡Qué gran honor verte, Maestro! 

Jesús responde con su saludo:

–       La paz sea contigo. 

 Y añade:

«Está anocheciendo y la lluvia se acerca.

Vengo a pedirte alojamiento y un pan para mí y mis discípulos.

–        Entra, Maestro.

Mi casa es tuya.

La doméstica está para sacar el pan del horno.

Con mucho gusto te lo ofrezco, con el queso de mis ovejas y los productos de mis campos.

Entra…

Entra, que el viento es húmedo y frío…

Y solícito, sujeta la puerta y hace una reverencia cuando pasa Jesús.

Pero inmediatamente cambia de tono dirigiéndose a alguien que ha visto… 

Y dice airado:

–       ¿Todavía estás aquí?

¡Vete! ¡No hay nada para ti!

¡Vete! ¿Entendido?

Aquí no hay sitio para los vagabundos…

Y farfulla entre dientes:

«…Y quizás rateros como tú».

Una vocecita llorosa responde:

–        Piedad, señor.

Al menos un pan para mi hermanito.

Tenemos hambre…

Jesús, que había entrado en la vasta cocina, alegrada e iluminada con un vivo fuego,;s

sale a la puerta.

Su rostro es ya muy distinto.

Severo y triste, pregunta, no al huésped sino en general:

Parece como si se lo preguntara a la era silenciosa, a la desnuda higuera, al oscuro pozo -:

–        ¿Quién tiene hambre?  

–        Yo, Señor.

Yo y mi hermano.

Sólo un pan y nos vamos.

Jesús está ya afuera.

Ha salido al ambiente cada vez más lúgubre por el crepúsculo y la lluvia inminente.  

Y su voz llena de dulzura, dice:

–       Pasa.

–       ¡Tengo miedo, Señor!

–       Ven, te digo.

No tengas miedo de Mí.

De la parte trasera en una arista de la casa sale la pobre niña.

De la mísera tuniquita viene agarrado su hermanito.

Se acercan titubeantes por el susto.

Con una mirada tímida a Jesús;

una de temor  al dueño de la casa, que pone ojos amenazadores,

mientras dice:

–        Son vagabundos, Maestro.

Y ladrones.

Hace poco he encontrado a ésta fisgando cerca de la almazara.

Hace poco he encontrado a ésta fisgando cerca de la almazara.

Está claro que quería entrar a robar.

¡A saber de dónde vendrán! No son del lugar.

Jesús lo escucha…

Si se puede decir que lo escucha.

Mira muy fijamente a la niña de carita demacrada, de trenzas despeinadas…

(son dos coletas a los lados de ambas orejas, atadas al extremo con una cinta de trapo viejo).

El rostro de Jesús no es severo mientras mira a la pobrecita; 

está triste, pero sonríe para animar a la niña: 

le pregunta:

–        ¿Es verdad que querías robar?

Di la verdad.  

La vocecilla infantil, explica:

–       No, Señor.

Había pedido un poco de pan, porque tengo hambre.No me lo han dado.

He visto una corteza de pan untada, allí, en el suelo,

cerca del molino del aceite.

Y había ido a recogerla.

Tengo hambre, Señor.

Ayer he conseguido sólo un pan, pero lo guardé para Matías…

¿Por qué no nos han metido en la tumba con nuestra mamá?

La niña llora desconsoladamente y su hermanito también.

–        No llores.

Jesús la consuela acariciándola y arrimándola a su pecho.

–        Responde: ¿De dónde eres?

–       De la llanura de Esdrelón.

–       ¿Y has venido hasta aquí?

–       Sí, Señor.

–       ¿Hace mucho que ha muerto tu madre?

¿No tienes padre?

–       Mi padre murió por el sol en el tiempo de la cosecha;

mi mamá, la pasada luna…

Ella y el niño que iba a nacer murieron…

Y el llanto aumenta.

–       ¡No tienes ningún pariente?  

       ¡Venimos de muy lejos!

No éramos pobres…

Luego mi padre tuvo que ponerse al servicio de un patrón.

Ahora ha muerto y mi mamá con él.

–       ¿Quién era el patrón?

-El fariseo Ismael.

–       ¡El fariseo Ismael!…

Es intraducible el modo como Jesús repite este nombre.

)-       ¿Saliste de allí por propia voluntad o te echó él?

–        Me echó, Señor.

Dijo: “Los perros hambrientos a la calle”.

Jesús se vuelve hacia el hombre que sería su anfitrión,

y pregunta:

–        ¿Y tú, Jacob?

¿Por qué no has dado un pan a estos niños?

¿Un pan, un poco de leche y un manojo de heno como cama para su cansancio? 

El hombre trata de disculparse:

–       Pero… Señor…

Tengo justo el pan que necesito…

poca leche… y meterlos en casa…

Éstos son como animales vagabundos.

Si se les pone buena cara luego ya no se marchan…

–       ¿Y te falta sitio y alimento para estos dos infelices?

¿Lo puedes decir con verdad, Jacob?

La cosecha abundante, la abundancia de vino, de aceite, de fruta;

que han hecho famosa tu propiedad este año,

¿Por qué te han venido?

¿No te habrás olvidado ya, no?

El año pasado, el granizo había depauperado tus bienes.

Estabas preocupado por tu vida…

Vine y te pedí un pan…

Tú me habías oído hablar un día y me fuiste fiel…

En medio de tu aflicción me abriste tu corazón y tu casa.

Me diste un pan y me alojaste.

¿Qué te dije al salir a la mañana siguiente?

“Jacob, has comprendido la Verdad. Sé siempre misericordioso y obtendrás misericordia.

Por el pan que has dado al Hijo del hombre, estos campos te darán muchos cereales;

Tus olivos estarán llenos de aceitunas, como si soportaran los granos de la arena marina,

tus manzanos, plegados hasta el suelo por su peso”.

Lo has tenido, y eres el más rico de la comarca este año.

¿Y niegas un pan a dos niños!…

–       Pero tú eras el Rabí…

–       Precisamente porque lo era podía hacer de las piedras pan;

éstos, no.

Ahora te digo: verás un nuevo milagro y te producirá aflicción, una gran aflicción…

Cuando llegue ese momento, dándote golpes de pecho, di: “Me lo he merecido”.

Jesús se vuelve a los niños:

–        No lloréis.

Id a ese árbol y coged los frutos.  

La niña objeta:

–       Pero si está vacío, Señor. 

–       Ve.

La niña obedece. 

Va, y vuelve con el vestidito alzado, lleno de manzanas rojas y hermosas.

–       Comed y venid conmigo.

Y mirando a los apóstoles,

agrega:

–       Vamos a llevar a estos dos pequeñuelos a Juana de Cusa.

Ella sabe recordar los beneficios recibidos.

Y es compasiva por amor a Quien usó con ella misericordia.

Vamos.

El hombre, confundido y apesadumbrado, trata de arreglar las cosas,

diciendo:

–       Es de noche, Maestro.

Te puede venir el agua por el camino.

Entra en mi casa.

Mira, la doméstica va a sacar ya el pan del horno…

Te doy también para ellos.

–       No hace falta.

No sería por amor;

lo darías por miedo al castigo prometido.

Y el hombre, señalando a las manzanas que los dos niños hambrientos se están comiendo con avidez,

Que fueron tomadas del árbol antes vacío, 

Balbucea:

—     Entonces no es éste…

¿No es éste, entonces, el milagro?

Jesús se muestra muy enojado, 

al afirmar:

–       No.

–       ¡Oh, Señor!

¡Señor, ten piedad de mí!

¡Entiendo!

¡Tienes intención de castigarme en las mieses!

¡Piedad, Señor!

–       No todos los que me dicen “Señor” me tendrán;

Porque el amor y el respeto no se testifican con la palabra;  sino con obras.

Tendrás la piedad que tú has tenido.

–       Yo te amo, Señor.

–       No es verdad.

Me ama quien ama, porque esto es lo que he enseñado.

Tú sólo te amas a ti mismo.

Cuando me ames como enseño, el Señor volverá.

Ahora me marcho.

Mi techo es hacer el bien, consolar a los afligidos, enjugar las lágrimas de los huérfanos.

Como la gallina extiende sus alas sobre los pollitos indefensos;

así extiendo mi poder sobre los que sufren y viven en el dolor.

Venid, niños.

Pronto tendréis casa y pan.

Adiós, Jacob.

Y no contento con marcharse, indica que cojan en brazos a la niña fatigada.

Andrés la toma y la arropa en su manto.

Y Él toma al niño.

Empiezan a caminar por la vereda ya oscura, con su carga de piedad que ya no llora.

Pedro dice:

–       ¡Maestro!

¡Qué gran suerte para éstos el que hayas llegado en este momento!

¡Pero para Jacob!…

¿Qué vas a hacer, Maestro?

–       Justicia.

No llegará a conocer el hambre, porque tiene todavía muy llenos los graneros,

pero sí que conocerá la estrechez, porque el trigo sembrado no producirá grano.

Y los olivos y manzanos solamente hojas.

Estos inocentes.

No de Mí, sino del Padre, han recibido pan y casa;

porque mi Padre es también Padre de los huérfanos;

sí, Él, que da el nido y el alimento a los pájaros de los bosques.

Éstos pueden decir y con ellos todos los desvalidos;

los desvalidos que saben permanecer “hijos inocentes y amorosos”,

que en sus pequeñas manos Dios ha depositado el alimento…

Y que, con paterna guía, los conduce a una casa hospitalaria.

Y todo termina así. 

Dice Jesús:

“Para todos es la enseñanza de que sé ser el “Señor” con justicia.

A mí no se me engaña, ni se me adula con falaz obsequio.

Quien cierra su corazón a su hermano, lo cierra a Dios, y Dios a él.

¡Oh, hombres,

es el primer mandamiento: Amor y amor.

El que no ama, y se profesa cristiano, miente.

Es inútil frecuentar los sacramentos y los ritos;

inútil la oración, si falta la caridad.

Quedan convertidos en fórmulas, e incluso en sacrilegios.

¿Cómo podéis venir al Pan eterno y saciaros con Él, cuando habéis negado un pan a un hambriento?

¿Vale más, acaso, vuestro pan que el mío?

¿Es más santo? ¡Hipócritas!

Yo me doy a vuestra miseria sin medida.

Y vosotros, que sois miseria, no tenéis piedad de miserias que ante los ojos de Dios,

no son odiosas como lo son las vuestras:

porque aquellas son desventuras, mientras que las vuestras son pecado.

Demasiadas veces me decís: “Señor, Señor” para ganar mi benignidad para vuestros intereses.

Pero no lo decís por amor al prójimo y no hacéis nada por el prójimo en nombre del Señor.

Mirad: colectiva e individualmente,

¿Qué os ha dado vuestra falaz religión y auténtica anti-caridad?

El abandono de Dios.

Y el Señor volverá cuando sepáis amar como Yo he enseñado.

Pero, a vosotros, pequeño rebaño formado por los que sufren siendo buenos, os digo:

“Nunca estáis huérfanos, nunca abandonados.

No existiría Dios, antes que faltarles la Providencia a sus hijos.

Tended la mano:

el Padre os da todo como “padre”, o sea, con amor que no humilla.

Enjugad vuestras lágrimas.

Yo os tomo y os llevo conmigo porque siento piedad de vuestro abatimiento”.

La criatura más amada es el hombre.

¿Vais a poner en duda que el Padre se mostrará más compasivo con el hombre fiel que con los pájaros?,

¿Con el hombre fiel, Él, que es longánimo incluso con el pecador y le da tiempo y manera de ir a Él?

¡Ah, si el mundo comprendiera lo que es Dios!

Dice María (la Virgen

Soy Mamá.

Mi Jesús ha hablado de la infancia del espíritu, requisito necesario para conquistar el Reino.

 Son los detalles los que hacen hermoso el cuadro, los que revelan la capacidad del pintor y la sabiduría del observador.

Quiero que observes la humildad de mi Jesús.

Aquella pobre niña, en su ignorante simplicidad,

no trata de forma distinta al pecador de corazón de piedra y a mi Hijo.

No sabe ni de “Rabí” ni de “Mesías”.

Siendo poco menos que una pequeña salvaje, que ha vivido en los campos,

en una casa donde se despreciaba al Maestro, porque el fariseo Ismael despreciaba a mi Jesús; 

no había oído jamás hablar de Él, no lo había visto.

Su padre y su madre, quebrantados por el trabajo insoportable que el cruel patrón exigía,

no tuvieron tiempo ni modo de levantar la cabeza de la gleba que roturaban.

Habrían oído, quizás, mientras segaban el heno o las mieses

mientras recogían la fruta o los racimos;

mientras trituraban la aceituna en la dura muela,

un clamor de ¡hosanna!

Habrían, incluso, levantado un momento su cansada cabeza.

Mas el miedo y el cansancio habrían vencido enseguida esas cabezas bajo su yugo.

Y murieron pensando que el mundo era sólo odio y dolor;

en cambio, el mundo, desde que lo pisaban los santísimos pies de mi Jesús,

era amor y bien.

Siendo sólo los pobres siervos de un despiadado patrón, murieron sin cruzarse siquiera una vez

con la mirada y la sonrisa de mi Jesús;

sin haber oído su Palabra,

que daba una riqueza al espíritu por la que los indigentes se sentían ricos,

los hambrientos hartos, los enfermos sanos, consolados los que sufrían.

Pues bien, Jesús no dice:

“Yo, que soy el Señor, te digo: haz esto”.

Conserva su anonimato.

Y la pequeñuela, tan simple que no comprendió

ni siquiera al ver el milagro de un manzano, desnudo incluso de hojas,

que carga una rama suya de manzanas para saciar su hambre,

lo sigue llamando “Señor”, como llamaba a su patrón Ismael y al cruel Jacob.

Se siente atraída hacia este Señor bueno

porque la bondad siempre atrae.

Pero nada más.

Le sigue con confianza.

Lo ama inmediatamente, instintivamente,

esta pobre criaturita sola en el mundo,

ignorada voluntariamente por el mundo,

por ese “mundo importante de los poderosos y de los que gozan de la vida”

que quiere mantener en la sombra a los inferiores,

para poderlos torturar más a gusto y explotar más acerbamente.

Más adelante sabrá quién era aquel “Señor” que

– pobre como ella, sin casa ni alimento,

sin madre porque todo lo había dejado por amor al hombre

(también a esa pizquita de ser humano que era ella, pobre criaturita niña)

le había dado milagrosos frutos,

queriéndole quitar de sus labios y su corazón

el amargor de la maldad humana

que crea el odio de los desvalidos contra los poderosos,

con un fruto del Padre,

no con un mendrugo de pan ofrecido tarde

y que para ella habría tenido en todo caso sabor de dureza y llanto.

¡Ah, verdaderamente esas manzanas recordaban el  huerto del Paraíso Terrenal!

Fruto nacido en la rama para el Bien y para el Mal,

determinaría redención de todas las miserias

– la primera la de la ignorancia de Dios -para los dos huerfanitos;

determinaría castigo para aquel que, conociendo ya la Palabra,

había obrado como si no la conociera.

Sabrá más adelante, de boca de la mujer buena que en Nombre de Jesús la acogió,

Quién era Jesús:

para ella Salvador repetidamente: del hambre, de la intemperie,

de los peligros del mundo, del pecado original.

Pero, para ella, Jesús tuvo siempre la luz de aquel día,

bajo esa luz lo vio siempre: el Señor bueno con bondad de cuento infantil,

el Señor que tenía caricias y dones,

el Señor que le había hecho olvidar que no tenía ni padre ni madre, ni casa ni vestidos,

porque había sido para ella bueno como su padre y dulce como su madre. 

Y había ofrecido un nido para el cansancio de los dos,

su pecho y el de otros hombres buenos que estaban con Él,

y abrigo para la desnudez de los dos,

su manto y el de otros hombres buenos que con Él estaban.

Una luz paterna y suave, que no se apagó con el flujo de las lágrimas,

ni siquiera cuando supo que había muerto atormentado en una cruz;

ni siquiera cuando, pequeña fiel de la primera Iglesia,

vio el aspecto del rostro de su “Señor”

con los golpes y las espinas y pensó cómo era El ahora, en el Cielo,

a la derecha del Padre.

Una luz que le sonrió en su última hora de la tierra,

y la condujo sin temor hacia su Salvador.

Una luz que le sonrió una vez más con inefable dulzura en el, fulgor del Paraíso.

Jesús te mira a ti también así.

Míralo siempre como lo veía tu lejana homónima

y siéntete feliz de este amor suyo.

sencilla, humilde, fiel, como la pobre y pequeña María que has conocido.

Ve adónde ha llegado, a pesar de que fuera una pobre ignorantilla de Israel:

al corazón de Dios.

El Amor se le reveló como se ha revelado a ti

y se hizo docta con la verdadera Sabiduría.

Ten fe, vive en la paz.

No existe miseria alguna que mi Hijo no pueda transformar en riqueza;

no hay soledad alguna que no pueda colmar;

como tampoco hay falta alguna que no pueda borrar.

El pasado no existe, cuando el amor lo anula.

Ni siquiera un pasado horrendo.

¿Temerás tú si no temió Dimas el ladrón?

Ama, ama y no tengas miedo de nada.

Mamá te deja con su bendición.

248 LA FLOR DE GRECIA


248 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Mientras esperan, Síntica, que lleva el vestido que ayer tenía la Magdalena;

besa los pies de sus amas como se obstina en llamarlas;

a pesar de que ellas le digan que no es ni su sierva ni su esclava,

sino sólo su huésped en nombre de Jesús.

A una pregunta de Noemí, la nodriza de Magdalena…

la Virgen muestra el precioso taleguillo de la púrpura.

Y pregunta cómo se puede hilar ese mechón cuyos cortísimos filamentos,

no admiten ni humedad ni torsión.

Noemí explica:

–      No se usa así, Mujer.

Se pulveriza y se usa como cualquier otra tintura.

Esto es la bava de la concha, no es una hebra ni un pelo.

¿Ves qué quebradiza es ahora que está seca?

La tienes que reducir a polvo fino, luego la pasas por un tamiz;

para que no quede ningún fragmento largo, que mancharía el hilado o el paño.

Es mejor si tiñes el hilado en madejas.

Una vez segura de que esté completamente pulverizada…

La deslías como se hace con la cochinilla, el azafrán o el polvo de añil.

O con otros polvos de otras cortezas, raíces o frutos, y luego la usas.

Fija el color con vinagre fuerte para el último aclarado.  

La Virgen responde:

–        Gracias, Noemí.  

Seguiré tus indicaciones.

He bordado con hilos teñidos de púrpura, pero me los habían dado ya preparados…

Ya está ahí Jesús.

Llega la hora de despedirnos.

Os bendigo a todas en el nombre del Señor.

Id en paz y llevad la

paz y la alegría a Lázaro.

Adiós, María. Recuerda que lloraste sobre mi pecho tu primer llanto dichoso.

Por eso soy para ti madre, porque una pequeñuela llora su primer llanto sobre el pecho de su mamá.

Soy para ti madre, y lo seré siempre.

Lo que te resulte duro de manifestar incluso a la más dulce hermana…

O a la más amorosa nodriza, ven a decírmelo a mí; te comprenderé siempre.

Si hay algo que, por estar impregnado de una humanidad que en ti Jesús no quiere,

no te atreves a decírselo a Él, ven a decírmelo a mí; me mostraré siempre compasiva contigo.

Y si quieres hablarme también de tus victorias.

Aunque prefiero que se

las presentes a Él, cual fragantes flores, porque El, no yo, es tu Salvador

Exultaré contigo.

Adiós, Marta.

Ahora te marchas feliz y te mantendrás en esta felicidad sobrenatural.

Por tanto, sólo necesitas progresar en la justicia,

en medio de esa paz por nada en ti ya perturbada.

Hazlo por amor a Jesús,

que te ha amado incluso queriendo a ésta que quieres sin reservas.

Adiós, Noemí.

Ve con tu tesoro recuperado.

Tú dabas a María tu leche en alimento.

Nútrete ahora con las palabras que ella y Marta te digan.

Ve en mi Hijo mucho más que un exorcista, que libera a los corazones del Mal.

Adiós, Síntica, flor de Grecia;

que has sabido por ti misma sentir que hay algo más que la carne.

Florece ahora en Dios y sé la primera de las nuevas flores de la Grecia de Cristo.

Me siento muy dichosa de despedirme de vosotras viéndoos unidas así.

Os bendigo con amor.

Ya se oye cercano el rumor de los pasos.

Levantan el tupido toldo y ven a Jesús a dos metros del carro.

Bajan, en medio del sol ardiente que invade el camino.

María de Magdala se arrodilla a los pies de Jesús,

y dice:

–       Te doy gracias por todo.

Muchas gracias por haberme permitido realizar este peregrinaje.

Sólo Tú eres sabio.

Parto despojada de las reliquias de la María del pasado.

Bendíceme, Señor, para fortalecerme más.

Jesús responde:

–       Sí, te bendigo.

Goza de la compañía de tus hermanos; con tus hermanos;

fórmate cada vez más en Mí.

Adiós, María.

Adiós, Marta.

Dile a Lázaro que lo bendigo.

Os confío esta mujer… 

 No os la doy.

Es discípula mía.

Quiero que le deis un mínimo de capacidad de entender mi doctrina.

Luego iré Yo.

Noemí, te bendigo, y también a vosotras dos.

A Marta y María se les humedecen los ojos.

El Zelote las saluda personalmente y les da un escrito para su sirviente.

Los demás las saludan conjuntamente.

Y el carro se pone en movimiento.

Jesús dice a los suyos:

-Vamos a buscar algo de sombra.

Que Dios las acompañe…

Jesús mira a su tía y pregunta:

–       ¿Tanto te entristece, María, el que se hayan marchado? –

Porque María de Alfeo, lora toda en silencio.

Y ella dice:

–      Sí. Eran muy buenas…

–      Las volveremos a ver pronto.

Y, numéricamente, más.

Tendrás muchas hermanas…

O hijas, si lo prefieres.

Amor es tanto el materno como el fraterno – la consuela  Jesús. 

Judas murmura:

–       Con tal de que no cree conflictos…

–      ¿Conflictos amarse?

–      No.

Conflictos el tener a personas de otra raza y de otra proveniencia.

–       Te refieres a Síntica?

–       Sí, Maestro.

A fin de cuentas, era propiedad del romano.

Y no es lícito apoderarse de ella.

Ello lo incitará contra nosotros y nos atraeremos el rigor de Poncio Pilatos.

–      Pero… 

¿Qué le va a importar a Pilatos el que uno de sus subordinados pierda una esclava?

¡Sabrá cómo es!

Si es un poco honesto, como se piensa, al menos en familia,

dirá que esta mujer ha hecho bien en escaparse.

Y si es un deshonesto dirá:

“Te está bien empleado. Así quizás la encuentro yo”.

Los deshonestos no son sensibles a las penas ajenas.

Pedro dice:

–       ¡Y además… pobre Poncio…!

Con la lata que le damos, fíjate tú si no va a tener otra cosa que hacer;

que perder el tiempo con la pataleta de uno que deja que se le escape una esclava!

Y muchos de los presentes le dan la razón, mientras ridiculizan las rabietas del lúbrico romano.

Pero Jesús lleva la cuestión a un nivel más alto.  

Y pregunta:

–       Judas.

¿Conoces el Deuteronomio?

–      Seguro, Maestro.

Y además -lo digo convencido- como pocos.

–      ¿Cómo lo juzgas?

–      Vehículo de la voz de Dios.

–      ¿Vehículo?

Entonces repetidor de la palabra de Dios, ¿No

–      Exactamente.

–      Has juzgado bien.

Entonces, ¿Por qué no juzgas que se deba hacer lo que ordena?

–      No he dicho nunca eso.

Es más, me parece que precisamente nosotros, siguiendo la nueva Ley; 

lo desatendemos demasiado.

–      La nueva Ley es el fruto de la antigua,.

O sea, es la perfección alcanzada por el árbol de la Fe.

Pero ninguno de nosotros lo desatiende, que Yo sepa.

Soy el primero que lo respeta y que impide que otros lo desatiendan.

Jesús es muy incisivo al decir estas palabras.

Y añade:

–       El Deuteronomio es intocable.

Incluso cuando triunfe mi Reino y con mi Reino la nueva Ley. 

Con sus nuevos códigos y disposiciones, seguirá aplicándose en los nuevos dictámenes;

de la misma forma que los sillares de las antiguas construcciones se usan para las nuevas.

Porque son piedras perfectas con que se hacen fuertes murallas.

Pero todavía no ha llegado mi Reino y Yo, como fiel israelita, no ofendo al libro mosaico,

ni lo desatiendo, porque es base de mi modo de actuar y de mi enseñanza.

Sobre la base del Hombre y del Maestro;

el Hijo del Padre edifica la celeste construcción de su Naturaleza y Sabiduría.

En el Deuteronomio está escrito:

“No entregarás a su amo el esclavo que ha buscado refugio en ti. 

Vivirá contigo donde él quiera, estará tranquilo en una de tus ciudades, no lo molestarás”.

Esto en el caso de que uno se vea obligado a huir de una esclavitud inhumana.

En mi caso, en el de Síntica, la fuga no persigue una libertad limitada,

sino la libertad ilimitada del Hijo de Dios.

¿Y pretendes que a esta alondra que ha huido del lazo de los cazadores,

le meta de nuevo el cordel y la devuelva a su prisión para quitarle no sólo la libertad,

sino también la esperanza?

¡No! ¡Jamás!

Bendigo a Dios porque como el viaje a Endor trajo a este hijo al Padre

el viaje a Cesárea ha traído a esta criatura a Mí, para que la lleve al Padre.

En Sicaminón os hablé del poder de la Fe;

hoy os voy a hablar de la luz de la Esperanza.

Mas ahora, a la sombra de este tupido huerto, detengámonos a comer y descansar.

Porque el sol arde como si el infierno estuviera abierto.

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247 PEDRO Y SU PARÁBOLA


247 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Y de nuevo en camino, volviendo hacia el este, en dirección a los campos.

Ahora los apóstoles y los dos discípulos están con María Cleofás (María de Alfeo) y con Susana.

Caminan algunos metros detrás de Jesús;

que va con su Madre y las dos hermanas de Lázaro.

concentrados en una animada conversación…

Los apóstoles por el contrario, avanzan callados y no  hablan: parecen cansados o deprimidos.

No les llama la atención ni siquiera la belleza de los campos, que lucen verdaderamente espléndidos:

con sus leves ondulaciones arrojadas a la llanura,

como si fueran cojines verdes a los pies de un rey gigante;

con sus collados de poca altura, esparcidos acá o allá,

anunciadores de las cadenas del Carmelo y de Samaria.

Tanto en la llanura, la reina del lugar;

como en el decorado de sus pequeñas colinas y ondulaciones,

se ve todo un florecer de hierba y madurar de fruta. 

Pues es la famosa llanura de Sarón, tan celebrada en las Sagradas Escrituras. 

Evidentemente abunda el agua en este lugar, porque a pesar de la región y el período del año,

está demasiado pujante como para no tener copiosidad de agua.

Comprendo ahora por qué la Sagrada Escritura,

menciona tantas veces con entusiasmo la llanura de Sarón.

Pero los apóstoles no comparten de ninguna manera este entusiasmo,

y caminan como si estuvieran un poco malhumorados:

son los únicos de malhumor en este día sereno y en esta hermosa y rica comarca.

Muy bien conservada, la vía consular, con su cinta blanca, corta esta campiña fertilísima.

Y dado que es temprano;

todavía es fácil encontrarse con campesinos cargados de productos del campo,

o viajeros que van a Cesárea.

Uno, que alcanza con una recua de asnos cargados de sacos a los apóstoles.

Y los obliga a apartarse para dejar paso a la caravana asnal;

pregunta con arrogancia:

–      ¿El Kisón está aquí?

Tomás responde secamente: 

–      Más atrás.    

Y barbota entre dientes: « ¡Idiota ignorante!».

Felipe responde:

–      ¡Es un samaritano!

¡Ya está dicho todo! 

Vuelven a sumergirse en el silencio.

Después de avanzar otro trecho, así, como si estuviera terminando una conversación interna,

Pedro dice:

–      ¡Para lo que ha servido!

¡Pues sí que valía la pena recorrer tanto camino!…

Santiago de Zebedeo confirma: 

–       ¡Sí, eso!

¿Para qué hemos ido a Cesárea si luego no ha dicho una palabra?

Yo pensaba que es que quería hacer algún milagro sorprendente, para convencer a los romanos.

Sin embargo… 

Tomás: 

–      Nos ha expuesto en la picota y nada más. 

Y Judas echa leña al fuego:

–      Y nos ha hecho sufrir.

A Él le gustan las ofensas y piensa que nos gustan también a nosotros.  

Simón Zelote con mesura, 

observa: 

–      La verdad…

Es que quien ha sufrido más en este caso, ha sido María de Teófilo.   

Judas responde exasperado: 

–       ¡María! ¡María!

¿Es que ahora es el centro del universo, María?

Sólo sufre ella, sólo ella es heroica, sólo se la debe formar a ella.

¡De haberlo sabido hubiera sido ladrón y homicida!.

Para ser luego objeto de tantas atenciones. 

Santiago de Alfeo: 

–      Verdaderamente la otra vez que vinimos a Cesárea;

que hizo un milagro y evangelizó… 

Lo torturamos con nuestros descontentos por haberlo hecho.  

Juan replica muy serio: 

–      Es que no sabemos lo que queremos…

Hace una cosa y rezongamos;

hace lo contrario y rezongamos. Somos imperfectos. 

Judas de Keriot con sorna, 

dice: 

–       ¡Ya habló el otro sabio!

Una cosa es cierta: hace tiempo que no se hace nada provechoso.  

Tadeo: 

–       ¿Nada, Judas?

¿Y esa griega…! 

¿Hermasteo, Abel y María y…? 

Obsesionado por la idea de un triunfo terreno,

Judas replica fastidiado: 

–       No será con estas nulidades…

Con los que El fundará su Reino

–       Judas…

Te ruego que no juzgues las obras de mi Hermano.

Es una ridícula pretensión.

Un niño que quiere juzgar a su maestro, por no decir:

“Una nulidad que quiere ponerse en alto.”

Judas Tadeo, e1 cual, aunque tiene en común el nombre;

también tiene una indomable antipatía hacia su homónimo.

Judas responde con arrogancia,

y un gran sarcasmo: 

–       Te agradezco que te hayas limitado a llamarme niño.

Verdaderamente, después de haber vivido en el Templo,

creía que se me consideraba al menos mayor de edad. 

 Andrés suspira profundamente,

y dice: 

–      ¡Qué gravosas se hacen estas discusiones! 

Mateo comenta: 

–       ¡Verdaderamente!

En vez de unirnos a medida que vamos viviendo más tiempo juntos… 

Nos separamos.

¡Y pensar que en Sicaminón dijo que teníamos que estar unidos al rebaño!…

¿Cómo lo vamos a estar, si ya entre pastores no lo estamos? –

Judas: 

–       ¿Entonces no se debe hablar?

¿Jamás expresar nuestro pensamiento?

¡No creo que seamos esclavos!…

Zelote dice con severidad: 

–       No, Judas,

No somos esclavos.

Pero sí somos indignos de seguirle, porque no lo comprendemos.   

–       Yo lo comprendo maravillosamente.

-No. No lo comprendes.

Y contigo no lo comprenden en mayor o menor grado todos los que lo critican.

Comprender es obedecer sin discutir;

por estar persuadidos de la santidad de quien va a la cabeza.

–       ¡Ah, te refieres a comprender su santidad…

¡Yo decía sus palabras!

Su santidad no se pone en duda, ni se podría poner…  

Se apresura a decir Judas de Keriot.  

Mateo: 

–      ¿Y puedes separar ésta de aquéllas?

Un santo será siempre posesor de la Sabiduría y sus palabras serán sabias.

–       Eso es verdad.

Pero algunos actos suyos son perjudiciales.

Admito que por exceso de santidad, claro.

Pero el mundo no es santo.

Y E1 se busca complicaciones.

Ahora, por ejemplo, este filisteo y esta griega.

¿Crees que nos van a beneficiar?

Hermasteo dice compungido: 

–       Si voy a causar algún perjuicio, me marcho

Había venido con la idea de darle honor y de hacer algo correcto.

Santiago de Alfeo, le responde: 

–       Si te marcharas por este motivo, le causarías un dolor.

–      Daré a entender que he cambiado de idea.

Voy a saludarlo y…

Me marcho.

Pedro reacciona inmediatamente:

–     ¡No, no!

Tú no te marchas.

No es justo que, por nerviosismos ajenos, el Maestro pierda un discípulo bueno.

Con displicencia evidente,

Judas dice: 

–       Pues si se quiere ir por tan poca cosa…

Es señal de que no está seguro de lo que quiere;

por tanto, déjalo que se marche

Pedro pierde la paciencia:

–       Le prometí…

Cuando me dio a Margziam, que sería paterno con todos.

Y siento faltar a la promesa.

Pero es que me obligas.

Hermasteo está aquí y aquí se quedará.

¿Sabes lo que tengo que decirte?

Que eres tú quien perturba las voluntades de los demás y las hace vacilar.

Divides y creas desorden, eso es lo que haces.

¡Y deberías avergonzarte!

–       ¿Qué eres?

¿El protector de los…?

–       ¡Sí, señor!

Tú lo has dicho.

Sé a lo que te refieres…  

El apasionado Pedro, comienza una diatriba contra Judas, que todos aprueban en silencio-

Y Pedro se lanza sin control: 

“Protector de la Velada, protector de Juan de Endor, protector de Hermasteo; 

protector de aquella esclava, protector de todos los que encuentra Jesús;

aunque no sean los espléndidos ejemplares excelsos del Templo;

los elementos construidos con la sagrada argamasa y las telarañas del Templo.

Los pabilos con olor a cera de las lámparas del Templo.

Los… como tú, en definitiva; para hacer más clara la parábola;

porque, si el Templo es mucho -a menos que yo me haya vuelto imbécil-

el Maestro es más que el Templo y tú le faltas…

Pedro grita tanto,

que Jesús se detiene y se vuelve,

Y hace ademán de dejar a las mujeres y regresar atrás

Juan  se preocupa: 

–       ¡Lo ha oído!

¡Ahora se va a entristecer!

Tomás dice apresurado: 

–       No, Maestro.

No vengas.

Discutíamos… para matar el aburrimiento del camino.

Pero Jesús se detiene y espera a que lleguen donde Él.

Cuando lo alcanzan,

les pregunta: 

–       ¿De qué discutíais?

¿Os voy a tener que decir otra vez, que las mujeres os preceden?

La dulce corrección toca el corazón de todos.

Callan y agachan la cabeza.

Jesús prosigue:

–       ¡Amigos, amigos!

¡No seáis objeto de escándalo para los que están naciendo ahora a la Luz!

¡No sabéis que una imperfección vuestra!

¿Perjudica a la redención de un pagano o de un pecador;

más que todos los errores del paganismo?

Ninguno responde.

Porque no saben qué decir para justificarse o para no acusar.

Y la marcha continúa.

Junto a un puente de un torrente seco, está parado el carro de las hermanas de Lázaro.

Los dos caballos pastan la abundante hierba de las márgenes del torrente…

Que ha estado seco desde hace poco; por tanto, tiene las orillas bien nutridas de hierba.

Maximino el sirviente de Marta y otro hombre que es el conductor del carro,

están en el margen guijarroso.

Y las mujeres dentro del carro, completamente cubierto por un tupido toldo,

hecho con pieles curtidas, que caen, a manera de gruesas cortinas, hasta el suelo del carro.

Las mujeres discípulas aceleran el paso en dirección a él.

Maximino es el primero que las ve, avisa a la nodriza.

El conductor se apresura a llevar los caballos a las varas.

Entretanto, Maximino va corriendo hacia sus señoras..

Y les hace una reverencia muy pronunciada.

La anciana nodriza, una mujer de buen tipo y tez aceitunada, de aspecto agradable;

baja presurosa y se dirige hacia sus amas.

Pero María de Mágdala le dice algo…

Y ella va inmediatamente donde la Virgen,

diciendo:

–       Perdona…

Pero es que siento una alegría tan grande de verla, que sólo la veo a ella.

Ven, bendita

El sol quema.

Dentro del carro hay sombra.

Y suben todas en espera de los hombres, que vienen muy retrasados.

Porque el sol arde como si el infierno estuviera abierto.

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216 EL BANQUETE DE SIMÓN


216 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En Cafarnaúm es la casa de Simón el Fariseo, el hombre que lo invitó al banquete, mostrando que no es su enemigo;

desde el milagro que Jesús realizara cuando la serpiente estuvo a punto de matarle a su único nieto.

Es una enorme sala riquísima, con un gran candil con muchos quemadores que arde en el centro.

Las paredes están cubiertas con preciosos tapices.

Los asientos tienen incrustaciones de marfil y adornos variados, con láminas muy hermosas.

Los muebles son finos y muy bellos.

En el centro hay un cuadrado de mármol que contrasta de color, en donde no hay nada.

El piso reluciente refleja el candelero de aceite.

Alrededor hay triclinios, (lechos asientos) que ocupan los convidados.

Todos son hombres.

En el centro hay una mesa de grandes dimensiones, formada por cuatro tablas unidas en forma de rectángulo.

Muchos sirvientes van y vienen trayendo los manjares y los vinos;

en una preciosa vajilla y en valiosas copas adornadas con oro, en las que sirven diligentemente.

En la parte más retirada de la puerta, está el dueño de la casa, con los invitados más importantes.

Tanto él como los demás comensales, están reclinados en esos lechos-asiento paralelos respecto a la mesa.  

Es un hombre de más de sesenta años y viste una lujosa túnica, con una faja recamada en el cuello;

en las mangas, en los bordes del vestido, con galones bordados con hilos de oro.

En su rostro manifiesta orgulloso, que está muy consciente de su poder y su mirada está llena de soberbia.

La maldad, la crueldad y un frío menos precio, se reflejan en su duro semblante.

En el lado opuesto, frente a él; está Jesús.

Recostado al igual que todos, sobre su codo izquierdo.

Trae su acostumbrado vestido blanco.

Cerca de Jesús está Juan, sentado en el piso, entre la mesa que está frente a ellos

y su codo está a la altura de la ingle de Jesús, de modo que no le estorba para comer.

Y le permite cuando quiere, apoyarse confiadamente sobre el pecho de su maestro.

No hay ninguna mujer.

Todos hablan.

Y de vez en cuando el dueño de la casa se dirige con exagerada condescendencia…

Y una benignidad muy manifiesta, a Jesús.

Es evidente que quiere demostrar a todos los presentes, que ha hecho un gran honor al haberlo invitado a su rica casa;

al pobre profeta de Israel a quien todos consideran un loco…

Jesús responde a todas las cortesías y elegantemente sonríe a quién le pregunta.

Los temas de que hablan los comensales; tratan sobre hechos de actualidad:

Los romanos; la Ley, que encuentra oposición en los romanos; también la misión de Jesús como Maestro de una nueva escuela.

Pero, detrás de la aparente benevolencia, se comprende que son preguntas viciosas y capciosas, para embrollarlo, tendiéndole trampas.

Cosa no fácil, porque Jesús con pocas palabras, da una respuesta precisa y concluyente, a cada una de las cuestiones.

Por ejemplo, a la pregunta sobre cuál fuera en concreto la escuela o secta en que se había formado como nuevo maestro,

respondió sencillamente:

–       De la escuela de Dios.

Es a Él a quien sigo en su santa Ley; de Dios me preocupo, para hacer que estos pequeñuelos…

(Mirando con amor a Juan)

Y Jesús agrega: 

–     Y en Juan a todos los rectos de corazón, la tengan renovada en toda su esencia, tal como era el día en que el Señor la promulgara en el Sinaí.

Devuelvo a los hombres a la Luz de Dios.

A otra pregunta, sobre qué piensa del abuso del César, que se ha hecho dominador de Palestina,

Jesús responde: 

–     César es lo que es, porque así lo quiere Dios.

Recuerda lo que dice el profeta Isaías.

¿No llama, acaso, a Asur, por inspiración divina, “bastón” de su cólera, vara que azota al pueblo de Dios,

que se ha separado demasiado de Él y finge externamente y en su espíritu?

¿Y no dice que, después de usarlo como castigo, lo quebrantará,

porque abusará de su misión siendo demasiado soberbio y cruel?

A quien le pregunta, le sonríe con su leve sonrisa…

Y con excelente amabilidad corresponde a todas las atenciones que le prodigan.

Su sonrisa es luminosa, cuando Juan le habla y lo mira.

De repente se abre la pesada cortina y entra María Magdalena…

Es una estampa magnífica de juventud esplendorosa.

Luce hermosísima, con un lujoso vestido escarlata,

que está sostenido con preciosos broches de esmeraldas y rubíes en la espalda.

Joyas similares que sostienen los pliegues a la altura del pecho y lo realzan con cadenas de filigrana de oro.

Una faja recamada con oro y piedras preciosas, circundan su estrecha cintura…

Y hacen resaltar su figura escultural y su impresionante hermosura.

Está peinada con sumo esmero.

Su cabello rubio es un adorno de mechones, artísticamente entrelazados…

Y su abundante cabellera es tan resplandeciente, que parece como si trajera un yelmo de oro.

De la cabeza le cuelga un fino velo transparente, tan ligero que en realidad no cubre nada.

Y la adorna resaltando aún más su belleza excepcional.

Sus pies están calzados con sandalias de piel roja, adornadas con oro, perlas y amatistas en las correas.

Con broches preciosos, entrelazados en los tobillos.

Todos voltean a verla, menos Jesús.

Juan la mira un instante y luego se vuelve hacia Jesús.

Todos los demás la miran con aparente y maligna complacencia.

Ella no los mira para nada.

Los ignora como si no existiesen.

Y no se preocupa del murmullo que se levantó cuando entró, ni del intercambio de guiños que se hacen todos;

menos Jesús y el discípulo predilecto.

Jesús actúa como si no se diera cuenta de nada y continúa hablando con Simón el fariseo,

totalmente concentrado en la conversación.

María se dirige a Jesús.

Se arrodilla a sus pies.

Deposita en el suelo una jarra muy barriguda, de alabastro blanco.

Se levanta el velo y su belleza deslumbrante, se manifiesta en todo su esplendor.

Como si fuera un ritual, quita la diadema preciosa y se la quita junto con el velo.

Siguen los anillos; los brazaletes, los broches de perlas y rubíes que sostienen el cabello. 

Y las joyas que adornan su vestidura.

También sus sandalias…

Y  pone todo sobre el lecho asiento más próximo.

A continuación, toma entre sus manos los pies de Jesús y le desata las sandalias.

Primero el derecho, luego el izquierdo.

Las pone en el suelo.

Enseguida besa con gran llanto los pies divinos y apoya su frente contra ellos.

Los acaricia, mientras las lágrimas caen como una lluvia torrencial, que brilla al esplendor de la lámpara;

bañándolos completamente…

Jesús, lentamente vuelve la cabeza.

Su mirada azul-zafiro se detiene por un instante en aquella cabeza inclinada.

Una mirada que absuelve.

Luego vuelve a mirar al centro… 

Y la deja que se desahogue libremente…

Pero los fariseos se mofan de ella.

Se miran mutuamente con muchos guiños y sobreentendidos.

Se sonríen con sarcasmo.

Simón se endereza por un momento, para ver mejor.

Y su mirada refleja un deseo; un tormento; una ironía.

Un deseo por la mujer; esto se nota muy claro.

Un tormento; porque entró sin permiso y eso significa que ella frecuenta su casa.

Una ironía para Jesús…

Pero ella no se preocupa por nada.

Continúa llorando con todas sus fuerzas, sin  miedo alguno.

Una cascada de lágrimas silenciosas, que se mezclan con profundos suspiros.

Luego se despeina.

Se quita las peinetas de oro que sostienen el complicado peinado y las pone junto a las otras joyas.

Las guedejas doradas caen sobre su espalda.

Las toma con ambas manos y las pone sobre su pecho.

Enseguida las pasa sobre los pies de Jesús, hasta que los ve secos…

La redimida enamorada, usa los medios humanos para demostrar su amor a Jesús:

Las lágrimas, los cabellos…

No el agua, sino lágrimas.

Gotas del corazón…

Humor no contaminado con gérmenes impuros.

Filtrado por el amor y el arrepentimiento.

Rendido digno de Dios y juzgado precioso por Dios;

porque es la señal de un espíritu que ha comprendido la Verdad.

No linos; sino los cabellos…

Seda viva de la cual la mujer hace una seducción y un culto.

Y que la regenerada por la gracia humilla al hacerlos toalla de las plantas de su Salvador…

Entonces mete los dedos en la jarrita y saca una pomada ligeramente amarilla y olorosísima.

Un aroma de lirios y tuberosas se extiende por toda la sala del banquete.

Ella introduce los dedos una y otra vez, extendiendo el bálsamo;

mientras besa y acaricia los pies divinos…

El perfume: uno de los instrumentos enseñados por Satanás a la mujer.

Y que la mujer convertida a Dios, destruye para hacer bálsamo a su Señor.

Pero nadie comprende esto…

Jesús ve y cuenta aquellas lágrimas que caen contritas.

Aquellas caricias de mechones que no ponen en contacto la carne impura con la Inmaculada,

sino que han puesto un velo entre la una y la otra.

Y que por lo mismo; no puede ser desdeñado por Dios…

Aquellas gotas de nardo, mucho menos perfumado, que el amor de quién las esparce…

Simón el fariseo está escandalizado porque ella lo toca…

Pero ¿Puede escandalizarse uno que es escándalo?…  

De su lóbrego corazón brota la impureza y mancha todo lo que ve con la malicia…

Cada lágrima y cada gota de nardo son una profesión de amor y una confesión de error…

Jesús, de vez en cuando la mira con amorosa piedad.

Juan, que ha volteado sorprendido al oír el llanto; ahora mira a Jesús…

Luego al grupo y enseguida a la mujer.

El fariseo anfitrión ha estado pensativo, diciéndose interiormente:

‘Si este hombre fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer, es la que lo toca:

¡Una pecadora!…

Y su rostro se vuelve más y más ceñudo.

Y mientras la mirada desdeñosa de Simón el Fariseo, al cual hay mucho que reprocharle;

mortifica a la arrepentida con las palabras de una escandalizada e hipócrita reflexión,

sobre ésta voluntaria, valerosa, humilde profesión de fe; de arrepentimiento y de amor…

Jesús toma la palabra y dice:

–      Simón, tengo algo que decirte.

–      Dí, Maestro.

–      Un prestamista tenía dos deudores.

Uno le debía quinientas monedas y el otro, cincuenta.

Cómo no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos.

¿Cual de los dos crees que lo querrá más?

–      Pienso que aquel al que le perdonó más.

–      Juzgaste bien.

Jesús mira a la Magdalena, es una mirada de completa absolución de todo el pasado.

Ha sido lavado con su llanto.

Sus tinieblas han sido vencidas con la luz del Amor.

Y en su corazón que ha sido instrumento del Mal…

En su mismo corazón ha encontrado el camino del Bien.

Y volviéndose a ella; sigue diciendo a Simón:

–     ¿Ves esta mujer?

Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies;

mientras que ella los mojó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.

Tú no me besaste al llegar…

Pero ella desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies con sus besos.

No me echaste aceite en la cabeza…

Y ella en cambio derramó perfume en mis pies.

Por eso te digo que todos sus pecados; sus numerosos pecados;

le quedan perdonados por el mucho amor que demostró.

Pero aquel a quién se le perdona poco, demuestra poco amor.

Jesús lo ha dicho con un tono y una mirada que traspasa a Simón el fariseo.

Una mirada que es todo un discurso… Mental…

Y que llega también a todos los que se han escandalizado al oír las últimas palabras de Jesús;

pues se preguntaron:

‘¿Quién es este hombre que ahora pretende perdonar los pecados?…

Jesús responde más de lo que se le ha preguntado…

Aquel al que nada se le oculta de los pensamientos humanos…

El Espíritu de Jesús, a través de su mirada, ha dicho al Fariseo y a sus compañeros:

–    No hagas insinuaciones perversas…

Para justificarte tú mismo ante tus ojos.

Yo no tengo tu ansia sexual.

Ésta no ha venido a Mí, porque el sexo la haya traído.

No Soy como tú, ni como tus compañeros.

Ha venido porque mis palabras la iluminaron en su alma;

en la que la lujuria había creado tinieblas e incredulidad.

Ha venido porque quiere vencer los sentidos.

Y comprende que siendo una pobre criatura, por sí sola no puede lograrlo.

Ama en Mí al Espíritu de Dios, al cual ha reconocido…

Después de tantos males que recibió de todos vosotros, que habéis disfrutado de su debilidad… 

Y que le habéis pagado con los azotes del desprecio.

Viene a Mí, porque siente haber encontrado al Bien;

la alegría, la paz, que inútilmente buscó entre las pompas del Mundo.

Cúrate de esta lepra tuya que tienes en el alma, fariseo hipócrita.

Aprende a juzgar rectamente las cosas.

Despójate de la soberbia de la inteligencia y de la lujuria de la carne.

Éstas son las lepras más hediondas de vuestras personas.

 Puedo curaros de la lepra del cuerpo, si me lo pedís.

Pero de la lepra del espíritu no, porque no queréis curaros.

Porque os gusta y amáis vuestros vicios.

Esta quiere curarse y mira como la limpio.

Mira cómo le quito las cadenas de su esclavitud.

La pecadora está muerta.

Ha quedado ahí, en aquellos adornos que se avergüenza de ofrecer;

para que Yo los santifique al usarlos en mis necesidades y las de mis discípulos.

Y también en las de los pobres que socorro con lo superfluo de los demás;

porque Yo, el Señor del Universo;

no poseo nada, ahora que Soy el salvador del Hombre.

Ella está ahí, en ese perfume derramado a mis pies;

que ha usado en la parte de mi cuerpo a la que no te dignaste dar un poco de agua fresca,

a pesar de haber caminado tanto, para traerte a ti también, la Luz.

La pecadora está muerta.

Ha renacido María.

Es bella como una niña pudorosa.

Se ha lavado con el llanto.

En verdad te digo, ¡Oh, Fariseo!

Que entre aquella que me ama con su juventud pura y ésta que me ama con su sincera contrición;

de un corazón que ha vuelto a nacer a la Gracia, no hago ninguna diferencia.

Y al que es puro y a la arrepentida, les doy el encargo de comprender mi Pensamiento;

como no lo he hecho con nadie.

Ella se honrará de dar el último tributo de honor a mi Cuerpo y recibirá el primer saludo,

después de mi Madre, en mi Resurrección.

 Este mensaje mental penetró como una saeta ardiente,

en aquellas almas muertas y voraces.

Ellos entendieron su mudo lenguaje, que contiene mayores reproches,

que los que hubiese habido en sus Palabras.

Y el viejo fariseo envidioso, baja la cabeza.

 

Luego Jesús dice a María con infinito Amor:

–     Tus pecados te quedan perdonados.

Tu fe te ha salvado. 

 Vete en paz.

Y Jesús, con un gesto benignísimo; le pone por un momento la mano, sobre la cabeza inclinada.

Ella abandona a sus pies las joyas.

Se echa encima el velo, cubriendo su cabeza despeinada.

Y con los pies descalzos, se retira sin dar la espalda;

adorando al Señor, tal y como se hace en el Templo;

ante el Santo de los santos.

Fue amada porque mucho amó.

Y porque mucho amó; TODO se le perdonó.

Dios perdona todo a quién le ama con todo su ser.

María Magdalena; como los Tres Reyes magos que adoraron a la Divinidad Encarnada de Jesús;

humilló tres dones a los pies divinos:

el corazón a través del llanto.

La carne a través de los cabellos;

la mente a través del perfume.

Así es el que ama con todo.

Da sin retener NADA para sí; ni siquiera el soplo vital. 

Jesús dice:

Lo que le ha hecho bajar la cabeza al fariseo -y también a sus compañeros

Y que no está escrito en el Evangelio,

han sido las palabras que mi espíritu, a través de mi mirada; ha lanzado y clavado en esa alma yerma y ávida.

He respondido mucho más de lo que está escrito, porque ningún pensamiento de los hombres me estaba celado.

Y él ha entendido mi mudo lenguaje, más cargado aún de reproche que cuanto lo estaban mis palabras.

Le he dicho:

“No. No hagas insinuaciones malvadas para justificarte ante ti mismo.

Yo no tengo tu lujuria.

Esta mujer no viene a mí por atracción sensual.

Yo no soy tú, ni soy como tus semejantes.

Viene a mí porque mi mirada y mi palabra, oída por pura coincidencia, le han iluminado el alma;

en que la lujuria había creado tinieblas.

Y viene porque quiere vencer sobre la carne y ha comprendido, ¡pobre criatura!,

Que por sí sola no lo lograría nunca.

Ella ama en Mí el espíritu, nada más que el espíritu, que siente sobrenaturalmente bueno.

Después de tanto mal como ha recibido de todos vosotros, que os habéis aprovechado de su debilidad,

para vuestros vicios;

correspondiéndole luego con los latigazos de vuestro desprecio,

Viene a mí porque percibe que ha encontrado el Bien, la Alegría, la Paz;

que inútilmente ha buscado entre las pompas del mundo.

Procúrate la curación de esta lepra tuya de alma, ¡Oh, fariseo hipócrita!

Y recta visión en las cosas;

depón la soberbia de la mente y la lujuria de la carne.

Estas son lepras mucho más fétidas que las de vuestro cuerpo. 

De las últimas mi toque os puede curar porque por ellas me invocáis;

pero de la lepra del espíritu no, porque no queréis liberaros de ella porque os gusta.

Esta mujer, sin embargo, sí quiere.

Por eso Yo la limpio, por eso la libero de las cadenas de su esclavitud.

La pecadora ha muerto, ha quedado allí, en los adornos que ella se avergüenza de ofrecerme,

para que los santifique usándolos para atender mis necesidades y las de mis discípulos;

para los pobres a quienes socorro con lo que a otros les es superfluo;

porque se da el caso de que Yo, Dueño de1 Universo, ahora que soy el Salvador del hombre, no poseo nada.

Ella está allí, en el perfume con que ha ungido mis pies, disminuido -como sus cabellos-

en esa parte del cuerpo que tú no te has dignado refrescar con el agua de tu pozo;

después de que he recorrido tanto camino para venir a traerte también a ti luz.

La pecadora ha muerto.

Y ha renacido María, que ahora, por su vivo dolor y recto amor;

tiene nuevamente la hermosura de una púdica muchacha.

Ella se ha lavado en su llanto.

En verdad te digo, fariseo, que entre éste, que me ama con su juventud pura,

y ésta, que me ama con la sincera contrición de un corazón renacido a la Gracia, no establezco diferencia,

y que al Puro y a la Arrepentida les confío una misión, respectivamente:

comprender mi pensamiento como nadie y dar a mi Cuerpo los últimos honores y el primer saludo

(no cuento el saludo especial de mi Madre) cuando resucite”.

Esto es cuanto quería decir con mi mirada al fariseo.

Pero a ti te manifiesto otra cosa, para alegría tuya y de muchos.

En Betania, María repitió este gesto que signó el alba de su redención.

Hay gestos personales que se repiten.

Y que denuncian el estilo propio de una persona.

Son gestos inconfundibles.

En Betania, de todas formas -y ello era justo- el gesto fue menos humillante y más confidencial;

dentro de su actitud de reverente adoración.

Mucho había caminado María desde aquel amanecer de su redención. Mucho.

El amor, como viento veloz, la había impulsado consigo hacia arriba y hacia delante;

el amor, como una hoguera, la había devorado y había destruido en ella la carne impura,

y había proclamado señor en ella a un espíritu purificado.

María, distinta por su renacida dignidad de mujer, distinta en su vestido, sencillo como el de mi Madre,. 

Y en su peinado; de mirada sencilla, de actitud sencilla, de palabra sencilla y nueva;

ahora me honraba con el mismo gesto, pero de forma nueva:

cogió el último de sus vasos de perfume, que había reservado para Mí;

me lo esparció sobre los pies, sin llanto; con mirada dichosa, por el amor

y la seguridad de haber sido perdonada.

Y también sobre mi cabeza.

Ahora María podía, sí, ungirme y tocarme la cabeza.

El arrepentimiento y el amor la habían purificado con el fuego de los serafines,

y ella misma era un serafín.

Dítelo a ti misma, María mi pequeña “voz”, díselo a las almas.

Ve, díselo a las almas que no se atreven a venir a Mí porque se sienten culpables.

Mucho, mucho, mucho se le perdona a quien mucho ama, a quien mucho me ama.

¿No sabéis, pobres almas, cómo os ama el Salvador!

No tengáis miedo de Mí.

Venid. Con confianza.

Con coraje.

Que Yo os abro el Corazón y los brazos.

Te debería llamar como a Daniel.

Eres el alma de los deseos, te amo porque deseas intensamente a tu Dios.

Podría seguir diciéndote lo que mi ángel dijo a Daniel:

“No temas, porque desde el primer día en que aplicaste tu corazón a comprender…

Y a afligirte en la presencia de Dios, han sido escuchadas tus oraciones; por ellas he venido”.

Pero no te está hablando el ángel; soy Yo: Jesús.

Siempre que una persona “aplica su corazón a comprender”,

Yo me acerco.

No soy un Dios duro y severo.

Soy Misericordia viva.

Más rápido que el pensamiento me acerco a quien a mí se vuelve.

Y me acerqué veloz con mi espíritu también a la pobre María de Magdala; tan inmersa en su pecar,

En cuanto sentí que surgía en ella el deseo de comprender:

Comprender la luz de Dios y su estado de tinieblas;

Yo me hice Luz para ella.

Hablaba a muchos aquel día, pero verdad es que hablaba para ella sola.

Sólo la veía a ella, que se había acercado movida por un violento repente de su alma;

que se rebelaba contra la carne que la tenía sujeta.

Sólo la veía a ella, con su rostro atormentado;

con su forzada sonrisa, que escondía bajo apariencia de falsa seguridad y alegría,

que no eran sino desafío al mundo y a sí misma, con mucho llanto íntimo.

Sólo la veía a ella, mucho más enredada en las zarzas que la oveja extraviada de la parábola;

a ella, que se anegaba en la náusea de su vida.

Náusea que emergía como esos embates profundos que sacan consigo el agua del fondo.

No dije grandes palabras, ni toqué un tema referido a ella, pecadora bien conocida;

para no humillarla y obligarla a huir, a avergonzarse o a venir.

La dejé tranquila.

Dejé que mi palabra y mi mirada descendieran a su interior y que allí fermentasen;

para hacer de aquel impulso de un momento su glorioso futuro de santa.

Hablé con una de las más dulces parábolas, rayo de luz y bondad emanado exactamente para ella.

“Y aquella noche, mientras ponía pie en casa del rico soberbio en quien mi palabra no podía fermentar;

para transformarse en futura gloria, pues la mataba la soberbia farisaica.

Ya sabía que ella vendría, después de haber llorado mucho en su habitación de vicio;

después de haber decidido, a la luz de ese llanto, su futuro.

Los hombres, devorados por la lujuria, al verla entrar se estremecieron en la carne…

Y acusaron con el pensamiento.

Todos la desearon, excepto los dos “puros” del convite: Yo y Juan.

Todos pensaron que venía por uno de esos fáciles caprichos,

que – verdadera posesión diabólica- la arrojaban a repentinas aventuras.

Pero Satanás ya estaba vencido. 

Y todos con envidia pensaron, viendo que no se dirigía a ellos, que era Yo por quien venía.

El hombre, cuando no es sino hombre de carne y sangre, mancha siempre hasta las cosas más puras.

Sólo los puros ven bien, porque el pecado no les turba el pensamiento.

Pero no debe ser motivo de abatimiento el que el hombre no comprenda.

Dios comprende y es suficiente para el Cielo.

La gloria que viene de los hombres no aumenta ni en un gramo,

la gloria que es destino de los elegidos en el Paraíso.

Recuérdalo siempre.

La pobre María de Magdala fue siempre mal juzgada en sus actos buenos;

no lo había sido en sus malas acciones, porque eran bocados de lujuria,

ofrecidos a la insaciable hambre de los lascivos. 

Fue criticada y juzgada mal en Naím, en casa del fariseo; 

criticada y objeto de reproche en Betania, en su casa.

Pero Juan, diciendo una gran palabra, da la clave de esta última crítica:

“Judas… porque era ladrón”.

Yo digo: “El fariseo y sus amigos porque eran lujuriosos”.

¿Lo véis?

La avidez de la carne, la avidez por el dinero, alzan su voz y critican el acto bueno.

Los buenos no critican.

Nunca.

Comprenden.

Pero, repito, no importa la crítica del mundo; lo que importa es el juicio de Dios.

Recordad siempre esto:

“No establezco diferencia entre aquel que me ama con su pureza íntegra…

Y aquel que me ama en la sincera contrición de un corazón renacido a la Gracia”.

Soy el Salvador.

No lo olvidéis nunca.

Ve en paz. Te bendigo.

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175 DIAGNÓSTICO ESPIRITUAL


175 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La ciudad está semidesierta en esta noche serena y clara por la luna llena que resplandece en toda su plenitud.

La Pascua ha sido celebrada y consumida en una de las casas de Lázaro.

En la puerta exterior Jesús, con esa señorial cortesía muy suya, se ha despedido de Juan de Endor, dejándolo como custodio de las mujeres y dándole las gracias por esto mismo.

Le dió un beso a Margziam, que también acudió a la puerta.

Y se encamina con los suyos en el barrio de Bezetha, siguen a lo largo de la muralla y dejan atrás la casa de José de Arimatea.

Avanzan ligeros hacia fuera por la Puerta de Herodes.

Tadeo pregunta:

–     ¿A dónde vamos, Señor?

Jesús responde:

–     Venid conmigo.

Os llevo a coronar la Pascua con una perla anhelada y singular.

Por este motivo he querido estar sólo con vosotros, ¡Mis apóstoles!

Gracias amigos, por el gran amor que me tenéis; si pudierais ver cómo me consuela, os asombraríais.

Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros.

Convenceos de que por Mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar…

Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por Mí.

Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros.

Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en Mí, en todo.

Ya están en el ángulo nordeste de la muralla; vuelven la esquina y van siguiendo la base del monte Moria…

Hasta llegar a un punto en que por un puentecito, pueden cruzar el Cedrón.

Santiago de Alfeo pregunta:

–    ¿Vamos a Getsemaní?

–    Más arriba.

A la cima del monte de los Olivos.

Juan exclama:

–    ¡Oh! ¡Será algo bello!

Pedro susurra:

–    También le habría gustado al niño.

Jesús dice:

–     ¡Tendrá oportunidad de verlo otras muchas veces!

Estaba cansado y además es un niño.

Quiero ofreceros una cosa grande, porque ya es justo que la tengáis.

Suben entre los olivos, dejando Getsemaní a su derecha.

Suben más arriba por el monte, hasta alcanzar la cima, donde los olivos se balancean crugiendo…

Avanzan por entre le olivar, hasta que Jesús se frena y dice:

–     Detengámonos aquí…

Todos se acomodan a su alrrededor, sentándose para escucharlo…

Jesús dice:

“Queridos, muy queridos discípulos míos, continuadores míos en el futuro, acercaos a Mí.

Hace poco tiempo, me habéis dicho:

“Enséñanos a orar como lo haces Tú; enséñanos, como Juan enseñó a los suyos.

Y siempre os respondí:

‘Os enseñaré cuando vea en vosotros un mínimo de preparación suficiente, para que la plegaria no se convierta en una fórmula vacía de palabras humanas.

Sino que sea una verdadera conversación con el Padre.

Ha llegado el tiempo. Hemos obedecido el Precepto Pascual, como verdaderos israelitas y el precepto divino de la caridad; para con Dios y para con el prójimo.

Uno de vosotros ha sufrido mucho en estos días, debido a una acción que no merecía.

Y ha sufrido por el esfuerzo que se ha hecho a sí mismo, para controlar la ira que esa acción había provocado.

Sí, Simón de Jonás, ven aquí.

Ni una palpitación de tu corazón honrado, me ha pasado desapercibida.

Y no ha habido sufrimiento que no haya compartido contigo.

Yo… y tus compañeros.

Pedro dice:

–    Pero Tú Señor, has sido ofendido más que yo.

Y esto era para mí una pena mayor… Que Judas haya desdeñado acompañarme en la fiesta, me molestó mucho como hombre.

Pero al ver que Tú estabas adolorido y ofendido, me molestó de otro modo. Y sufrí el doble…

Yo no quiero gloriarme, ni hacerme el héroe, usando tus palabras. Pero debo decir que he sufrido con mi alma…

Y esto causa mayor dolor.

–    No es soberbia, Simón.

Has sufrido espiritualmente, porque Simón de Jonás, pescador de Galilea; se está convirtiendo en Pedro de Jesús;

Maestro del espíritu; por lo cual también sus discípulos se hacen activos y sabios en el espíritu. Porque has avanzado en la vida del espíritu.

Y porque vosotros también habéis avanzado, quiero enseñaros esta noche la Oración.

¡Cuánto habéis cambiado desde aquel día en que nos detuvimos en un lugar desierto por algunos días!

Bartolomé pregunta un poco incrédulo:

–   ¿Todos, Señor?

–   Comprendo lo que quieres decir.

Yo os hablo a vosotros los once, que estáis aquí, no a otros.

Andrés dice con mucha tristeza:

–   Pero, ¿Qué le pasa a Judas de Simón, Maestro?

Ya no lo comprendemos. Parecía muy cambiado y ahora… desde que dejamos el lago…

Pedro interviene:

–    Cállate hermano.

La llave del misterio la tengo.

Se ha colgado un pedacito de zebú.

Fue a buscarlo a la caverna de Endor, para sorprender a los demás.

Lo tomó del nicho donde estaba el búho.

¡Y se lo tiene merecido!

El Maestro se lo dijo aquel día…

En Gamala, los diablos entraron en los cerdos.

En Endor, los que salieron del desgraciado Juan, entraron en él. Se entiende que…

Se entiende… ¡Déjame decirlo, Maestro!

Lo tengo aquí, en la punta de la lengua y si no lo digo, me muero…

Jesús le pide:

–   Simón. Sé bueno.

–   Sí, Maestro.

Y te aseguro que no le haré ningún desprecio.

La posesión espiritual perfecta se agrava tremendamente por la Lujuria y la maldad de Asmodeo…

Pero digo y pienso que siendo Judas tan vicioso… Y tan mujeriego…

Todo el Templo lo conoce, lo sabe y Todos lo sabemos.

Y está sin protección porque quiere. Se entiende que también los demonios, gustosos cambian de casa.

Es un semejante al cerdo…

Pedro calla.

El  silencio se extiende un largo momento.

Y agrega con un suspiro:

–    Bueno, lo he dicho.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–   ¿Entonces tú piensas que por eso es así?

–   ¿Y qué otra cosa quieres que sea?

No hay ninguna otra razón para que se haya vuelto tan intratable.

Está peor que en Agua Especiosa.

Allí se podía pensar que el humor y la estación  lo pusiesen nervioso.

Pero ahora…

Jesús agrega con calma:

–    Hay otra razón, Simón…

–    Dila, Maestro.

Estoy contento de desengañarme del compañero.

–   Judas está celoso.

Está inquieto por celos.

–   ¿Celoso de quién?

No tiene mujer. Y aunque la tuviese, creo que ninguno de nosotros sería capaz de ofender a un condiscípulo…

–    Está celoso de Mí.

Piensa… Judas ha cambiado desde Endor y luego…  Empeoró en Esdrelón.

Esto es; desde que vio que me ocupaba de Juan y de Marziam.

Pero ahora que Juan nos dejará y que se irá con Isaac, verás que volverá a ser alegre y bueno.

–   Está bien.

Pero no querrás decirme que no es presa de un diablillo…

Y sobre todo; no querrás que diga que se ha compuesto en estos meses en que se ha portado peor.

El año pasado yo también era celoso… ¿No recuerdas que no quería que hubiese nadie más que nosotros seis?

Ahora deja que invoque a Dios como testigo de mi pensamiento. Ahora digo que soy feliz; entre más aumentan los discípulos a tu alrededor.

¡Oh! ¡Cómo quisiera traerte a todos los hombres!

Pero, ¿Por qué he cambiado? Porque me he dejado cambiar por Ti. Él…  él no ha cambiado. Al contrario…

Convéncete, Maestro. Un diablillo se ha apoderado de él…

–    No lo digas, ni lo pienses.

Ruega para que se cure. Los celos son una enfermedad emocional…

Que destrozan el alma.

–    De la que se puede curar si uno quiere.

¡Ah! Lo soportaré por causa tuya… Pero, ¡Qué fatiga!…

Judas Tadeo, dice:

–    Me parece que ya recibió su castigo…

Al no estar con nosotros en esta noche; en que aprenderemos algo tan importante.

Jesús dice:

–     Ha llegado el momento.

Vosotros poseéis cuanto es suficiente para conocer las palabras dignas que se digan a Dios y os las quiero enseñar esta noche en medio de la paz y el amor que existe entre nosotros.

En la paz y el amor de Dios y con Dios…

Escuchad: cuando oréis, decid así:

“Padre Nuestro…”

174 EL APÓSTOL REBELDE


174 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Es la vigilia de la Pascua, Jesús espera a que regrese Pedro que ha llevado el cordero pascual al sacrificio.

Está Él solo, con los discípulos y Jesús le habla a Margziam de Salomón…

Entonces Judas atraviesa el gran patio, con un grupo de jóvenes de su edad.

Habla con grandes gesto y ademanes de un hombre muy importante.

Su manto se mueve continuamente y se lo compone con presuntuosos movimientos de sabio.

Es tan exagerada su pomposidad, que ni siquiera Cicerón habrá hecho tanto alarde, cuando pronunciaba sus discursos…

Tadeo exclama:

–    ¡Miren! ¡Allá está Judas!…

Felipe observa:

–    Está con un grupo de ‘saforim’ (escribas)

Tomás dice:

–    Voy a oír lo que está diciendo.

Tomás se va; uniendo la acción a la palabra.  

Y lo hace tan rápido, que Jesús no tiene tiempo de decir su acostumbrado ‘No’…

¡Y Jesús!… ¡Ay, el rostro de Jesús!…  

¡Oh! ¡Qué rostro tiene Jesús!…

De verdadero sufrimiento y de juicio muy severo…

Marziam, que lo ha estado mirando atento a Jesús desde el principio, mientras le hablaba del gran rey de Israel, con un tinte de tristeza y su dulzura…

Nota el repentino cambio y se espanta.

Toma la mano de Jesús y la sacude para volver a atraer su atención

Y le dice:

–    ¡No mires!

¡No mi-res!… mírame a mí. Yo sí te quiero mucho.

Tomás logra acercarse a Judas, sin que éste lo vea y lo sigue por algunos metros.

Al oír lo que está diciendo…

Suelta una retumbante exclamación:

–    ¡Bravo rabí!

Que hace voltear a muchos a mirarlo.

La posesión demoníaca perfecta no tolera ninguna crítica, ni acepta sus errores…

Especialmente a Judas que se pone pálido de rabia.

Y Tomás aplaude con burla…

Agregando con sorna:

–    ¡Pero cuántos maestros espléndidos tiene Israel!

¡Te felicito, nueva lumbrera de sabiduría!¡Eres extraordinario para imitar!

Judas aumenta su aire orgulloso, como si fuera un gran doctor de Israel,

Y dice despectivo:

–   No soy una piedra, sino una esponja.

¡Y absorbo! Y cuando lo exige el deseo de los que tienen hambre de sabiduría; entonces me exprimo para darme a todos con los jugos de la vida.

Tomás reprime su deseo de lanzar una carcajada…

Y también el impulso de sorda ira que experimenta por un instante, en su carácter bonachón.

Se limita a decir:

–    Se diría que eres un eco fiel.

Pero el eco, para subsistir, debe estar cerca de la Voz; de otro modo muere, amigo.

Y tú, me parece que te estás alejando de ella.

Él está allí. ¿No vienes?

La posesión demoníaca perfecta se siente superior y merecedor de la pleitesía de los demás…

Judas se pone de todos los colores.

Con esa cara suya rencorosa y repugnante de sus momentos peores…

Por un instante, su cara; como en uno de sus peores momentos; refleja una ira diabólica y es repugnante.

Pero inmediatamente se domina…

Y se despide:

–     Adiós, amigos.

Y volviéndose hacia su compañero apóstol,

declara:

–    Aquí estoy contigo Tomás, querido amigo mío.

Vamos inmediatamente con el Maestro. No sabía que estaba en el Templo.

Si lo hubiera sabido, lo hubiera buscado.

Y pasa el brazo por los hombros a Tomás, como si experimentara por él un cariño muy grande.

La posesión demoníaca perfecta es HIPÓCRITA y manipuladora…

Y empiezan a caminar.

Tomás, complaciente pero nada tonto; no se deja engatusar por estas palabras.

Y con algo de ironía le pregunta:

–    ¿Cómo?

¿No sabes que es Pascua?

¿Crees que el Maestro no sea fiel a la Ley?

Judas dice con altanería:

–   ¡Oh! ¡No se trata de eso!

El año pasado se mostraba. Hablaba… me acuerdo que exactamente en este día, me atrajo precisamente por su energía de Rey.

Ahora parece que se hubiera apagado y hubiera perdido su fuerza…

¿No te parece?

–     A mí no.

Me parece más bien como que alguien perdió crédito.

–     En su misión.

Lo dices bien.

La posesión demoníaca perfecta no reconoce, cualidades superiores en los demás…

–     No.

Entiendes mal.

Ha perdido confianza en los hombres. Y tú eres uno de los que ha contribuido a ello.

¡Deberías avergonzarte!

Tomás está serio y su última frase suena como una bofetada.

Ya no ríe Tomás, está muy serio con una expresión sombría y su última frase suena como una bofetada.

La soberbia de Judas siente su reprensión como un latigazo.

Y responde amenazador:

–     ¡Ten cuidado con lo que dices!

–     ¡Y tú ten cuidado con lo que haces!

Somos dos judíos sin testigos y por eso hablo. Y te repito: ¡Deberías avergonzarte!

Y ahora cállate. No te quieras dar baños de santo, no seas trágico, ni te pongas a lloriquear…

Porque de otro modo, hablo fuerte y delante de todos.

Ahí están el Maestro y los compañeros. ¡Pórtate bién!

Cuando llegan al grupo

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

Judas saluda:

–     Paz a ti, Maestro…

Jesús responde con cortesía y severidad:

–     Paz a ti, Judas de Simón.

–     Es un placer encontrarte aquí…

Tengo algo que decirte…

–     Habla.

Judas mira nervioso a su alrededor…

Y dice titubeante:

–     Mira, es que…

Quería decirte… ¿No puedo decírtelo aparte?

–     Estás entre tus compañeros.

–    Pero yo quisiera hablarte solo a Ti.

–    En Bethania estoy a solas con quién quiere y me busca.

Pero tú no lo haces. Tratas de evitarme.Me huyes.

La posesión demoníaca perfecta es un juez implacable con los demás, NO ADMITE LAS CRÍTICAS y su mayor preocupación es lo que puedan pensar los demás…Viven obsesionados con la imagen…

–    No, Maestro.

No puedes afirmarlo.

El rostro de Jesús aumenta su severidad,

al cuestionar:

–     ¿Por qué ayer has ofendido a Simón?

¿Y con él a Mí? ¿Y con nosotros a José de Arimatea y a los compañeros? ¿Y a mi Madre y a las otras mujeres?

Con cada frase aumenta la dureza y restallan como latigazos.

Judas pone cara de inocencia,

al contestar:

–     ¿Yooo?

¡Pero si no os vi!

–     No quisiste vernos.

¿Por qué no viniste, como habíamos convenido, para bendecir al Señor por un inocente que iba a ser acogido en el seno de la Ley?

¡Responde! ¿No sentiste ni siquiera la necesidad de avisar de que no ibas a venir?

El reclamo es totalmente divino y los que contemplan la escena, realmente no desearían conocer sobre sí, (incluída yo) la faceta de Jesús, como un Juez muy Severo…

A lo lejos se ve a Pedro venir de regreso con su cordero degollado, sin las vísceras y envuelto en su piel

Margziam lo ve y grita:

–     ¡Ahí viene mi padre!

¡Oh! Y con él vienen Miqueas y los demás.

¿Puedo ir a su encuentro para oír lo que dicen de mi anciano padre?

Jesús lo acaricia y le dice con mucha dulzura:

–     Ve, hijo.

Tocando a Juan de Endor en un hombro, le pide:

–    Por favor, acompáñalo y…

Entretenlo un poco».

Su rostro y su voz vuelven al punto en que estaba con Judas.

De nuevo se dirige a él con una gran autoridad en su Voz:

Nosotros con el Don del Discernimiento funcionando en todo su esplendor, comprendemos que…

Es cuando se advierte que El que está cuestionando a través de Jesús… ¡Es el mismísimo Padre Celestial!

Y ABBA está  bastante molesto…

–   ¡Responde, pues!

¡Te estoy esperando!

La posesión demoníaca perfecta es tan egoísta, que no puede ser empática. Tiene tendencias sociópatas y lo que menos le importa es rendir cuentas a nadie de sus actos… La soberbia es su impulso vital. 

Una sombra pasa por la mirada de Judas…

Por un momento Judas se encoge,

y balbucea…

–    Me surgió repentinamente…

Luego aspira profundo, se recupera pronto,

y agrega con descaro:

–     Maestro, un encuentro inesperado…

Que no podía menos que… me pudo mucho… pero…

Jesús lo interrumpe:

–    Pero, ¿No había en todo Jerusalén, alguien que pudiese notificarnos tu excusa…?

¡Admitiendo que la tuvieras!…

Y ya de por sí esto era reprobable.

Te recuerdo que hace poco un hombre dejó de ir a enterrar a su padre por seguirme.

Y que estos hermanos míos dejaron en medio de maldiciones, la casa paterna, por seguirme.

Que Simón, Tomás, Andrés, Santiago, Juan, Felipe y Nathanael, dejaron su familia.

Simón Cananeo su riqueza, para dármela y Mateo su vida pecaminosa, por seguirme.

Así podría enumerarte cien más.

Hay quién abandona su vida, la vida misma, por seguirme en el Reino de los Cielos.

Y podría continuar con otros cien nombres.

Hay quien deja la vida, la misma vida para seguirme hasta el Reino de los Cielos.

Pero ya que no eres generoso; procura ser por lo menos educado y tener elegancia.

No tienes caridad; pero al menos sé caballeroso.

Imita, ya que te gustan tanto; a los fariseos falsos que me traicionan…

Que nos traicionan, pero que lo hacen mostrándose educados.

Tu obligación era no comprometerte para estar con nosotros.

Para no ofender a Pedro, al que ordeno que todos respetéis.

¡Si al menos hubieras avisado!

Por un momento, Judas siente un escalofrío de terror.

La posesión demoníaca perfecta transforma el MIEDO en ODIO y deseo de aplastar lo que le incomoda. Por eso aumenta su crueldad y su desprecio…

Pero una extraña fuerza interna llena de rebeldía, hace que permanezca inmutable…

Y dice con la mayor desfachatez:

–    He faltado.

Pero ahora venía con intenciones de buscarte para decirte, que siempre por la misma razón, mañana no podré venir. ¿Sabes?

Tengo amigos de mi padre y me…   

Jesús lo para en seco:

–    ¡Basta!

Vete con ellos. ¡Adiós!

–   ¡Maestro!

¿Estás enojado conmigo? Me dijiste que serías como mi padre… Soy un joven atolondrado; pero un padre perdona…

–   Te perdono, sí.

Pero vete.

No hagas esperar más a los amigos de tu padre.

Así como Yo no hago esperar a los amigos del santo Jonás.

–    ¿Cuándo partirás de Bethania?

–     Al fin de los Azimos. Adiós.

Jesús le da la espalda y da unos cuantos pasos.

Judas se va, rápido.

22. Pero Samuel dijo: ¿Acaso se complace Yahveh en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la palabra de Yahveh? Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros.
23. Como pecado de hechicería es la rebeldía, crimen de terafim la contumacia.1 Samuel 15

Todos están asombrados…

 Y boquiabiertos…

Acaban de presenciar una confrontación abierta con Satanás, ¡Y Nadike lo percibió!

Jesús se vuelve y va hacia los campesinos, que están encantados ante el cambio que ven en Margziam.

Camina unos pasos, pero se detiene al oír la observación que hace su apóstol….

Tomás exclama:

–    ¡Por Yeové!

Quería verte con la energía de un Rey… ¡Y te ha visto…!

La otra mitad de la frase que Tomás calla es:

‘Con la majestad de Dios’…   

Entonces Jesús les pide:

–     Os ruego que olvidéis todos este incidente…

De la misma forma que Yo me esfuerzo en olvidarlo. Y os ordeno que guardéis silencio ante Simón de Jonás, Juan de Endor y el pequeño.

Por motivos que vuestra inteligencia puede comprender, no conviene causarles a ninguno de los tres, aflicción, ni escándalo.

Y silencio también en Betania ante las mujeres. Que está entre ellas mi Madre, recordadlo.

NO está bien causar y NO vamos a darle dolor ni escándalo a nadie…

Os ordeno que no digáis nada a nadie. 

Todos dicen:

–   ¡Lo haremos!

Puedes estar tranquilo, Maestro», haremos de todo para reparar esto».

Y para consolarte.

–     ¡Gracias!…

Cuando se encuentran los dos grupos,

y Jesús dice:

–    ¡Oh, paz a todos vosotros!

Isaac os ha encontrado Me alegro. Gozad en paz vuestra Pascua.

Cada uno de mis pastores será un buen hermano para vosotros.

Isaac, antes de que se marchen tráemelos. Quiero bendecirlos otra vez.

¿Os habéis fijado, el niño?

–     ¡Maestro, qué bien está!

¡Ya está más lozano! Se lo diremos al anciano. ¡Qué contento se va a poner!

Y señalando a Pedro…

Agrega:

–    Este justo nos ha dicho que ahora Yabés es su hijo…

¡Un hecho providencial! Lo vamos a contar todo, todo.

Margziam dice:

–     También que soy hijo de la Ley.

Que me siento feliz y que me acuerdo siempre de él. Que no llore ni por mí ni por mi mamá, porque la tengo a mi lado.

Y también a él como un ángel…

Y la tendrá siempre y en la hora de la muerte.

Si Jesús ha abierto para entonces las puertas del Cielo…

Pues entonces mi mamá, más linda que un ángel, saldrá al encuentro del anciano padre y lo conducirá a Jesús.

Lo ha dicho Él.

¿Se lo vais a decir? ¿Lo vais a saber decir bien?

–     Sí, Yabés.

–     No. Ahora soy Margziam.

Me ha puesto este nombre la Madre del Señor. Es como si se dijera su nombre. Me quiere mucho.

Me mete Ella en la cama todas las noches y me hace decir las mismas oraciones que hacía decir a su Hijo.

Por las mañanas me despierta con un beso, luego me viste. Me enseña muchas cosas…

¡Él también, eh!…

Entran dentro tan suavemente, que se aprenden sin trabajo. ¡Mi Maestro!

El niño se abraza a Jesús con tal adoración de acto y de expresión que se conmueve todo el que lo ve.

Jesús confirma:

–     Sí.

Diréis todo esto, y también que no pierda la esperanza el anciano: este ángel pide por él y Yo lo bendigo.

También os bendigo a vosotros.

Idos. La paz sea con vosotros.

Los grupos se separan y se van cada uno por su lado.

D UN SUEÑO PROFÉTICO 1


CUMPLIMIENTO

PÉRDIDA DE LA FE

¿Cuáles son los Signos de la Pérdida de Fe en vastos Sectores de la Iglesia?

La idea de muchos católicos es que la Iglesia crecerá indefinidamente hasta la Segunda Venida de Jesucristo.

Sin embargo esto ya ha sido desmentido, porque la época de oro del cristianismo ya fue, fue en lo que se llama la cristiandad en el medioevo.

A partir de lo cual el mundo se ha ido descristianizando y la Iglesia perdiendo pie en occidente, aunque creciendo en otros continentes.

Además, tanto las escrituras como la doctrina de la Iglesia estampada en su Catecismo, dicen que antes de la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo,

la Iglesia pasará por una gran crisis, una gran tribulación.

Lo que está evidenciado en la  frase de Jesús «Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?» (Lc 18: 8).

Y hoy estamos de cara ante esa posibilidad, debido a lo que se escucha, ve, y lee.

A pocos lectores medianamente atentos, se les escapa el desconcierto en la fe que tienen, desde cardenales hasta humildes católicos en los bancos de las parroquias.

Y esto nos lleva a cuestionarnos sobre una apostasía muy importante dentro de la Iglesia.

Muchos católicos en los bancos están como anestesiados.

Otros han dejado de preocuparse, porque piensan que la solución no está en sus manos.

Lo cierto es el la Iglesia Católica Romana está sufriendo una doble pinza.

Por un lado, la sociedad secular persigue a la Iglesia…

argumentando su posición respecto al aborto, la supuesta homofobia y demás pecados que la mayoría de los sacerdotes denuncian.

Pero por otro lado se ha gestado una revolución interna de aceptación creciente de la moral laicista…

Que está desarmando y modificando la doctrina tradicional de la Iglesia.

Esto ya lo previó Nuestro Señor hace 2000 años.

LA PERSECUCIÓN DE LOS CRISTIANOS AL FINAL DE LOS TIEMPOS

Los ataques externos que suceden en el mundo se inscriben dentro lo que Nuestro Señor Jesucristo repetidamente enseñó, que los fieles cristianos serían odiados por todos.

Nuestro Señor Jesucristo repetidamente enseñó que los fieles cristianos serían odiados por todos.

Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.

Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. (Juan 15: 18-19)

¿Y por qué es esto?

Siempre ha habido un conflicto entre el mundo y los fieles discípulos de Jesucristo.

Jesús nos enseñó a rechazar el pecado, y a amarnos unos a otros. El verdadero amor es incompatible con el pecado.

En la medida en que pecas, que has fracasado en el amor.

Pero el mundo ha abrazado el pecado.

Por lo tanto la sociedad secular pecaminosa siempre tendrá algo para oponerse al cristianismo verdadero y a los fieles.

¿Por qué? porque el amor y el pecado son incompatibles.

Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre. (Mateo 24: 9)

Esta oposición entre el mundo y los fieles se incrementa o incrementará durante la tribulación, que incluye un gran martirio de muchos cristianos.

Se ve  un fuerte aumento del odio por las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia, y por todos los que creen y viven de acuerdo con esas enseñanzas.

Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de muchos se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. (Mateo 24: 12-13)

Caridad es una palabra usada para referirse al verdadero amor espiritual, es diametralmente opuesta a iniquidad.

El amor y el pecado se oponen el uno al otro porque el pecado es maldad.

Por lo tanto cuando abunda la iniquidad, la caridad se enfría en muchas personas.

Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. (Marcos 13:13)

No vamos a tener éxito en convencer a todo el mundo para convertirse en fieles discípulos de Cristo.

No podemos ganar la guerra cultural entre la sociedad secular de pecado y la fe cristiana. Sin embargo la Iglesia y los fieles no desaparecerán del mundo.

Podemos y vamos a perseverar hasta el final de la tribulación cuando Cristo regrese.

Y los fieles cristianos serán salvados por su perseverancia en la fe, a pesar de la oposición del mundo.

Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre

17. Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo.

Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. (Lucas 6: 22-23)

Es una bendición ser odiado por la sociedad secular de pecado, si somos odiados por nuestra fidelidad a Cristo.

Con el tiempo, los cristianos serán separados de la sociedad.

Habrá muchas formas en las que los cristianos no podrán participar en la sociedad.

Por ejemplo, con el tiempo, quizás no haya hospitales cristianos, porque todos los hospitales se verán obligados por la ley y la cultura a cometer pecados graves:

Aborto, la anticoncepción abortiva, la eutanasia, los procedimientos de transición de género, la procreación artificial, y otros pecados graves.

Con el tiempo, los cristianos fieles no serán capaces de enseñar en las escuelas públicas y no habrá escuelas privadas cristianas.

Porque todas las escuelas eventualmente serán obligadas por la ley y la cultura a enseñar doctrinas erróneas:

Fomentando un comportamiento ajeno a su moral, como el caso de la homosexualidad y  la ideología de género.

Y lo mismo puede decirse de los otros tipos de participación en la sociedad.

Los cristianos ya son vituperados por la sociedad por sus creencias:

como el rechazo del aborto y la anticoncepción, el matrimonio entre homosexuales, el cambio de sexo, y muchos otros pecados graves.

Y este reproche sólo va a empeorar a medida que la sociedad rechace más la fe en Dios y se haga cada vez más pecaminosa.

También Nuestro Señor dudaba de si encontraría fe cuando volviera en su Segunda Venida:

Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra? (Lc 18:8).

Y eso es una acusación contra la propia Iglesia, que como vemos se irá deteriorando en su capacidad de mantener la fe a su interior.

EL PEOR ATAQUE CONTRA EL CRISTIANISMO VIENE DE ADENTRO DE LA IGLESIA

Los católicos estamos poniendo mucho énfasis en el ataque que estamos sufriendo de parte del mundo occidental laicista que está expulsando a las religiones del área pública.

Pero no tendría el efecto que vemos si el cristianismo estuviera compacto y tuviera la fe que tenían los primeros cristianos.

Aquí nos encontramos ante el dilema del huevo o la gallina, que es primero.

Porque esta actividad y actitud del mundo laicista occidental sólo sería posible en esta magnitud sí el cristianismo no está fuerte.

Sí cristianismo está fuerte y cree realmente en la doctrina, es capaz de salir a evangelizar de nuevo y crear los antídotos ante estos ataques; podría recomponer la cultura que se está perdiendo.

Si hablas con Dios estás rezando… Si Dios te habla, tienes esquizofrenia… 

Por la soberbia de NEGAR LO SOBRENATURAL Y DIVINO dentro de la Iglesia…

(los milagros se acabaron junto con los primeros apóstoles)

El cristianismo está desvaneciéndose dentro de los propios cristianos.

Hay una herejía monumental en nuestro tiempo.

Que supera a la herejía más grande que ha sucedido en el catolicismo, que fue el arrianismo, la cual negaba abiertamente la divinidad de Cristo.

Ahora existe lo que llamamos un arrianismo sigiloso, que no niega abiertamente ni proclama a toda voz desde los púlpitos la no divinidad de Cristo en las palabras.

Sino que la niega en sus acciones.

Durante por lo menos los últimos 50 años los arrianistas sigilosos dentro de la Iglesia Católica ya sean laicos, religiosos o sacerdotes,

han hecho todo lo posible a su alcance para eliminar las cosas que apuntan a la divinidad de Cristo y a la sobrenaturalidad de nuestra fe.

Ejemplo de esto ha sido el despojamiento en las iglesias del arte sagrado, la arquitectura sagrada, la música sagrada e incluso de los elementos sagrados del santo sacrificio de la misa.

Se ha perdido la maravilla.

Y eso es lo que lleva a muchos católicos a presentarse a recibir la Eucaristía vestidos de manera inconvenientes,

tomando la ostia como si estuvieran metiendo la mano en una bolsa de papas fritas y sin asombrarse del milagro.

El terrible SACRILEGIO de la comunión en la mano y dada por los ministros laicos…

Y esto se trasmite a todos a través del clima en el propio templo.

Pensemos en la transubstanciación, que aunque se diga que cristo está con su cuerpo y sangre en la hostia consagrada, en el fondo pocos creen en ello.

En el fondo, lo tratan de una explicación piadosa medieval, de algo simbólico.

Lo más sorprendente es que estos individuos asisten a misa y hasta la celebran.

Porque en realidad no tienen por qué participar en misa, ya que descreen de muchas de las cosas que hacen a la maravilla del regalo que nos hizo Jesucristo de vida eterna.

Estamos siguiendo lo que ha sucedido a muchos judíos.

Al que escribe este artículo le ha sucedido ir invitado a una sinagoga e informarse por los propios concurrentes que no creen en Dios,

que los salmos que cantan son sólo una expresión folklórica de su pueblo, al cual sí aman.

Los últimos hallazgos de las investigaciones sobre los católicos son sombríos porque la gente está dejando en masa la religión, en occidente.

Y esto es porque la iglesia se ha ido convirtiendo en una ONG que realiza obras de caridad y practica el buenismo, con reuniones sociales básicamente los domingos.

El énfasis no se pone en la evangelización sino en la justicia social la ecología, mejorar la vida de los pobres, etc.

En el fondo el problema es el modernismo.

Que es la idea de que lo sobrenatural no es creíble en esta época moderna y ha sido superado por los conocimientos científicos.

Habido una fantástica estrategia de desmitologización de las historia de la Biblia, eliminando los milagros y elementos sobrenaturales de los evangelios.

Lo que ha tenido una influencia muy grande los seminarios, que luego se ha transmitido a los púlpitos en todo el mundo.

El proceso se vendió como un pasaje desde un catolicismo infantil a un catolicismo maduro.

Las historias sobrenaturales tuvieron que ser eliminadas porque no encajaban con el mundo moderno.

Las doctrinas relativas con demonios, ángeles, cielo e infierno fueron extirpadas a través del silencio de los púlpitos.

Porque se consideraban primitivas y medievales y poco creíbles para gente moderna

Y lo peor que esto no partió de los laicistas presionando a la iglesia.

Sino que partió del propio seno de la iglesia, que vació este contenido sobrenatural.

Se llegó a la concepción de que la religión que profesamos es parte de una cultura y por lo tanto hecha por el hombre.

Así que puede ser cambiada su doctrina a los antojos y modas del momento.

Y que en realidad los milagros no ocurren.

De modo que católicos y protestantes por igual han estado creando de la religión cristiana una organización de buenas obras en la tierra.

En lugar de la alimentación de Jesús a los cinco mil que habla la Biblia, desde los púlpitos se ha hablado que el verdadero milagro es el hecho de que todo el mundo comparte la cena.

Y así muchos sacerdotes cuando hablan de la eucaristía se refieren a ella como la Cena del Señor.

Como si fuera un acontecimiento social y no un hecho sobrenatural en el que Cristo se da a nosotros con su sangre y su cuerpo.

Todo ha sido sigilosamente y secretamente reinterpretado por la eliminación de la explicación sobrenatural, dándole a las palabras otro significado que el que originalmente tenían.

Por ejemplo cuando algunos dicen “Aleluya Cristo ha resucitado” quieren decir que de alguna forma,

las maravillosas enseñanzas de Jesús continúan siendo practicadas por sus fieles seguidores.

Y lo mismo puede decirse del rol de María en nuestra historia de salvación, cuando a María se la considera una chica judía silenciosa, que tuvo una crisis de embarazo, y dio a luz a un gran maestro.

Entonces la conclusión lógica es que son innecesarios los sacramentos y una vida de arrepentimiento y de fe.

Porque incluso sostienen que todos se salvan y que si el infierno existe, Dios es tan misericordioso que lo tiene vacío.

Del mismo modo  se han reinterpretado en muchos casos la confesión, que es considerada para personas inseguras.

También el matrimonio, en el que el criterio actual es que se puede ser flexible porque la misericordia es todo.

Y además la sexualidad, porque Dios puede haber creado muchos sexos y no solo dos y todos aceptables.

Pero la gente no es tonta y a la larga se da cuenta. 

Su conclusión es que si la religión que practican se resume a la paz, la justicia y el trabajo social, entonces,

¿Qué sentido tiene levantarse temprano para ir a misa, escuchar himnos mal cantados y tristes, una homilía mal preparada y en bancos incómodos?

¿Por qué no quedarse a dormir o ir a disfrutar del buen día con amigos?

Esto nos lleva a la triste realidad.

De que el adoctrinamiento arrianista sigiloso dentro de la iglesia, que ha llevado al rechazo de lo sobrenatural,

ha sido tan grave, que sólo permanece un remanente en la iglesia que confía en el poder sobrenatural de Dios.

Basta conversar con la persona que tenemos al lado en el banco para darnos cuenta de todo lo que se ha perdido en el campo sobrenatural.

Todo esto nos hace débiles en lugar de guerreros poderosos y fuertes, listos para enfrentarse a los poderes del mundo dominado por el hijo de la mentira.

Precisamente hablando sobre la necesidad de una nueva evangelización, el Papa Benedicto XVI dijo:

“el verdadero problema de nuestro tiempo es la crisis de Dios, la ausencia de Dios disfrazada por una religiosidad vacía”.

Esto termina derrumbándose por completo, por eso la disminución del número de cristianos en occidente.

Y lo que es peor aún, la disminución de la presencia de la fe en los que aún quedan.

Este ataque espiritual ha generado una epidemia de pereza espiritual que amortigua la vida divina que Dios nos da.

2 Timoteo 3 – Biblia de Jerusalen
Carácter de los hombres en los postreros días
1. Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles;
2. los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos,
3. desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien,
4. traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios,
5. que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos.
6. A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones,
7. que siempre están aprendiendo y no son capaces de llegar al pleno conocimiento de la verdad.
8. Del mismo modo que Jannés y Jambrés se enfrentaron a Moisés, así también estos se oponen a la verdad; son hombres de mente corrompida, descalificados en la fe.
9. Pero no progresarán más, porque su insensatez quedará patente a todos, como sucedió con la de aquéllos.

Por eso el camino más seguro para recomponer el cristianismo en occidente es volver a la maravilla de la sobrenaturalidad.

Volver a oír y creer en las maravillosas historias de milagros contadas por la Biblia y sentir y comprender que todo es gracia.

LAS APOSTASÍAS COMIENZAN SIEMPRE DE LO ALTO

La apostasía, o sea la pérdida de la fe o su abandono, es la constante en la historia que narra la Biblia, y por tanto una constante en nuestra historia de salvación.

Dios creó los coros angélicos y a la cabeza estaba Lucifer.

Era el ángel con un intelecto más agudo, el más hermoso y el que tenía la misión de dirigir a los demás.

Pero este ángel que estaba en la cima de todo se rebeló contra Dios y apostató, o sea que perdió la fe en Dios.

Junto con él, un tercio de los ángeles cayeron en la desobediencia.

Y como sabemos San Miguel Arcángel los enfrentó, los venció y luego Dios los envió al infierno.

Luego tenemos que Dios creó al hombre dotándolo de todo lo necesario para su subsistencia y la inmortalidad.

Y también le dio a una mujer como ayudante porque dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo.

Los situó en el Jardín del Edén, un lugar paradisíaco, pero les advirtió qué podían comer de cualquier árbol salvo del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Pero la mujer fue seducida por el Maligno, comió del fruto del árbol, se lo dio de comer a su esposo y esto configuró la rebelión de los primeros humanos hacia Dios.

Y como consecuencia Dios los expulsó del Jardín del Edén y ya no pudieron comer más del árbol de la vida.

Y entró en el mundo la enfermedad, la muerte y la necesidad de trabajar con el sudor de su frente para alimentarse.

Esto obligó a que Dios trazara un plan para recobrar la santidad de la humanidad.

Entonces eligió un pueblo en el que iba a nacer su hijo como Redentor.

En el Antiguo Testamento puede verse como el pueblo judío una y otra vez apostata, pierde la fe en Dios y se rebela contra sus emisarios.

Incluso comienza a adorar un becerro de oro y muchas otras situaciones que marcan su infidelidad constante, lo que Dios permanentemente corrige con intervenciones.

Estas rebeliones eran empujadas por los diferentes líderes judíos del momento.

Hasta que se llega al momento culminante en que ese pueblo elegido no reconoce y rechaza al hijo de Dios, que había sido enviado en misión redentora.

Los propios líderes religiosos del pueblo judío son los que conspiran para crucificar a Jesús.

De modo que tenemos dos comprobaciones en la Biblia.

La primera es que la historia es un camino de pérdidas constantes de la fe en Dios y de intervenciones suyas para recuperarla.

Y en segundo lugar, estas rebeliones que manifiestan la pérdida de fe, parten de la cúpula, o sea de lo más alto de la organización.

Esto sin duda es un patrón, entonces ¿por qué deberíamos descartar que se produzca una pérdida de fe o apostasía masiva en la Iglesia y que se irradie desde la cúpula?

El talante de muchos católicos es descartar esta posibilidad porque hay un pasaje de la escritura en Mateo 16: 18 que dice,

«Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella».

Pero hay otro pasaje de Lucas 18: 8 que dice,

«… sin embargo, cuando el Hijo del hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?»

Si bien Jesucristo promete que la Iglesia no desaparecerá, no promete que la Iglesia tendrá una gran estructura y muchos fieles en un futuro, más bien por el contrario.

Y si nos atenemos a esta promesa y a la historia de la creación y de la salvación, es más probable que haya una pérdida de fe importante en la Iglesia Católica en algún momento,

que venga desde la cúpula, que lo contrario.

Es perfectamente razonable pensar entonces que la gran estructura actual de la Iglesia desaparezca o ella se transforme en una expresión de fe que no apunte a los mandamientos del Señor.

Mientras que subsistiría un pequeño remanente, dentro o fuera de la Iglesia apóstata, que conservaría la verdadera fe.

Pareciera que aún no hemos llegado a esta etapa pero quizás nos estemos acercando,

de acuerdo a declaraciones que estamos leyendo de obispos y cardenales, a homilías que estamos escuchando y a las interpretaciones de la fe que se hacen en los bancos de la Iglesia.

DESDE FÁTIMA SE COMENZÓ A HABLAR INSISTENTEMENTE DE LA APOSTASÍA QUE VENDRÍA DESDE LA CÚPULA

Las últimas décadas ha mostrado un progresivo desvanecimiento de la fe que nos legaron los apóstoles.

Lo cual se aceleró luego del Concilio Vaticano II.

La posibilidad de una apostasía importante proveniente de la cúpula vaticana comenzó a hablarse con más insistencia luego de las apariciones de Fátima.

Todavía hoy se sigue discutiendo el contenido del Tercer secreto de Fátima, en el que los fatimistas aducen que contiene la información de que la Iglesia pasará por una gran apostasía que vendrá desde la cúpula.

Pareciera que efectivamente el Vaticano reveló el contenido que había en la hoja del Tercer Secreto de Fátima en el año 2000.

Pero que había otra hoja que lo complementaba, aunque es discutible si se trata de parte del Tercer secreto o de un cuarto secreto, como se le llama en este momento.

El contenido de esta hoja adicional entregada por su Lucía también al Papa para ser abierta en 1960, hablaría precisamente sobre la apostasía desde la cúpula.

Hay diversos testimonios sobre el contenido del Tercer secreto no revelado o cuarto secreto, como quiera llamársele, que se pueden leer aquí y aquí.

Pero hay algunos aportes de los principales protagonistas que son realmente llamativos sobre el proceso de una apostasía dentro de la Iglesia.

Uno es el contenido del discurso del papa Pablo VI el 13 de octubre de 1977, en el sexagésimo aniversario de las apariciones de Fátima.

El dijo,

«La cola del demonio está actuando para la desintegración del mundo católico.

La oscuridad de Satanás ha entrado y se ha extendido por toda la Iglesia Católica hasta su cumbre.

La apostasía, la pérdida de la fe, se está extendiendo por todo el mundo y en los niveles más altos dentro de la Iglesia.«

Probablemente no sea coincidencia que Pablo VI haya elegido el aniversario de Fátima para revelar lo que contenía esa cuarta hoja lo secretos.

También hay una pista dada por Sor Lucía en una entrevista con el padre Fuentes en 1957.

Lucía le preguntó al padre Fuentes,

«Padre, ¿cuánto tiempo hay antes de que llegue 1960?»

Y luego agregó,

«Será muy triste para todos, ni una sola persona se alegrará si de antemano el mundo no reza y no hace penitencia.

«No puedo dar ningún otro detalle porque todavía es un secreto.»

Esta declaración eso Lucía se produjo en la misma ventana de tiempo en que se estaba planificando el Concilio Vaticano II, que comenzó en el año 1962.

Otra pista la tenemos en el segundo secreto de Fátima donde se lee,

«En Portugal, el dogma de la fe siempre será preservado…»

Frase que entroncaría con el tercer secreto y que supone que habría otros lugares, distintos a Portugal, donde el dogma de la fe no sería preservado.

Hay otro dato importante que fue publicado por el Carmelo de Coímbra en el 2013,

en un libro que habla sobre la biografía de la hermana Lucía (Um Caminho sollozo o Olhar de Maria: Biografía de Irmã Lúcia de Jesús y do Coração Imaculado, OCD).

En este pasaje se habla de la preocupación de Sor Lucía por la pérdida de fe en la Iglesia.

Por lo cual se le apareció Nuestra Señora el 31 de diciembre de 1979, quién le habría dicho según el libro,

«Dios ha escuchado tu oración y me ha enviado para decirte que es necesario intensificar tu oración y tu trabajo para la unión de la Iglesia, de los obispos con el Santo Padre y de los sacerdotes con los obispos,

para guiar al pueblo de Dios en los caminos de la verdad, la fe, la esperanza y el amor, unidos en Cristo su Salvador.»

La preocupación de Sor Lucía y la recomendación de Nuestra Señora permiten pensar que algo no andaba bien en la fe de la Iglesia.

Pero si bien la idea de una apostasía importante proveniente de la cúpula se cataliza en Fátima,

hay otras apariciones marianas y visiones de santos y místicos que hablan sobre una pérdida de fe masiva en la Iglesia Católica.

Nuestra Señora del Buen Suceso

OTRAS VISIONES SOBRE LA APOSTASÍA DENTRO DE LA IGLESIA

Hay varias apariciones marianas que se han referido a un fenómeno de apostasía masiva dentro de la Iglesia.

Unos son los mensajes de Nuestra Señora del Buen Suceso, dados a Sor Mariana de Jesús Torres en Ecuador, entre el siglo XVI y XVII, que dicen,

«Así les hago saber que desde finales del siglo XIX y poco después de la mitad del siglo XX… el espíritu católico decaerá rápidamente; la preciosa luz de la Fe se extinguirá gradualmente…»

Y agregó,

«Varias herejías se propagarán en esta tierra… El pequeño número de almas que, ocultas, preservarán el tesoro de la fe y las virtudes, sufrirán una martirio indescriptiblemente cruel y lento…»

En las apariciones de La Salette en el siglo XIX, aprobadas por la Iglesia, Nuestra Señora le dijo a los videntes,

«Lucifer, con una gran cantidad de demonios, será liberado del infierno. Gradualmente abolirán la fe, incluso entre las personas consagradas a Dios«.

Además especificó,

«La abominación se verá en lugares santos, en conventos, y entonces el demonio se hará rey de corazones».

Y sentenció algo difícil y que ésta relacionado con una apostasía que viene desde la cúpula,

«Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo».

Esto no necesariamente se debiera interpretar literalmente sino como un indicador de la apostasía que vendría desde arriba.

Estos dichos han sido cuestionados por varios cardenales, pero en 1851 el obispo expresó en un escrito,

«[La aparición] tiene en sí todas las características de la verdad, que los fieles están justificados al creer que está más allá de toda duda y con certeza«.

Lo que fue enviado a Roma y recibió la aprobación del Papa Pío IX.

Luego están las apariciones de Fátima, cuyas evaluaciones del supuesto cuarto secreto se pueden leer en detalle aquí y aquí.

San Pío X

Hay otras apariciones marianas que hablan del mismo tema pero no las mencionaremos aquí porque no tienen la categoría de estas otras que manejamos.

También hay una serie de Santos y místicos que han tenido visiones sobre esta apostasía y se puede leer en este otro artículo aquí.

Además de Pablo VI, también hay otros Papas que se han referido a este tema, pero en un lenguaje críptico ante esta eventualidad tan delicada.

El Papa León XIII dijo,

«Estos enemigos astutos [los demonios] han llenado y embriagado de hiel y amargura a la Iglesia, la esposa del Cordero Inmaculado, y han puesto manos impías en Sus posesiones más sagradas.

En el mismo lugar santo, donde se ha establecido la sede del más santo de los santos y la silla de la verdad para la luz del mundo,

han elevado el trono de su abominable impiedad, con el diseño inicuo de que cuando el pastor haya sido golpeado, las ovejas puedan dispersarse».

El Pecado, PECADO ES

El Papa San Pío X manifestó,

«Hay buenas razones para temer que esta gran perversidad sea como un anticipo, y tal vez el comienzo de esos males que están reservados para los últimos días«.

Y el Papa Pío XII declaró,

«Creemos que la hora presente es una fase terrible de los eventos contados por Cristo.

Parece que la oscuridad está por caer sobre el mundo. La humanidad está bajo una crisis suprema».

Fuente: Foros de la Virgen María

138 SOBRE EL JURAMENTO


138 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Sigue el discurso de la Montaña.

El mismo lugar, la misma hora, la misma muchedumbre. 

Aunque quizás haya más gente:

Porque hay muchos incluso donde empiezan los senderos que conducen al valle.

El romano no está.

Jesús habla:

–     Uno de los errores que comete fácilmente el hombre es la falta de honestidad, incluso consigo mismo.

Dado que el hombre difícilmente es sincero y honesto, por propia iniciativa se ha puesto un bocado para sentirse obligado a ir por el camino elegido.

Pero he aquí que él mismo, cual indómito caballo, pronto descoloca el bocado, para hacer lo que más cómodo le resultare,

sin pensar en la reprensión que pudiera recibir de Dios, de los hombres o de su propia conciencia.

Este bocado es el juramento.

Pero entre los hombres honestos no es necesario el juramento.

Y Dios, de por sí, no os lo ha enseñado.

Antes al contrario, ha encargado deciros, sin más: “No pronuncies falso testimonio”.

El hombre debería ser franco. No debería tener necesidad de ninguna otra cosa aparte de la fidelidad a su palabra.

El Deuteronomio, a propósito de los votos – incluso de los votos que provienen de un corazón que se supone fundido con Dios por sentimiento de necesidad o gratitud -, dice:

“Debes mantener la palabra salida una vez de tus labios, cumpliendo lo que has prometido al Señor tu Dios, todo lo que de propia voluntad y con tu propia boca has dicho”.

Siempre se habla de palabra dada, sólo de palabra dada, sólo la palabra.

Pues bien, quien siente necesidad de jurar denota que se siente inseguro de sí mismo y del concepto que el prójimo pueda tener de él.

De la misma forma que quien hace jurar testifica su desconfianza acerca de la sinceridad y honestidad de quien jura. 

Así, como podéis ver, esta costumbre del juramento es una consecuencia de la deshonestidad moral del hombre.

Es, además, una vergüenza para el hombre, doble vergüenza porque el hombre no es ni siquiera fiel al juramento, que ya de por sí es cosa vergonzosa.

Y burlándose de Dios con la misma ligereza con que se burla del prójimo, acaba perjurando con pasmosa ligereza y tranquilidad.

¿Podrá haber criatura más abyecta que el perjuro?

¡Éste, usando a menudo una fórmula sagrada, llamando por tanto a ser cómplice y garante a Dios…

O invocando a los seres más amados (el padre, la madre, la esposa, los hijos, los propios difuntos, la propia vida con sus más preciosos órganos…) 

como apoyo de su falso testimonio, induce a su prójimo a creerle, con lo cual le engaña.

Un hombre así es sacrílego, ladrón, traidor, homicida.

¿De quién? Pues de Dios, porque mezcla la Verdad con la infamia de su mentira y malignamente, se burla de Dios.

Y lo desafía diciendo: “Caiga tu mano sobre mí, desmiénteme, si puedes.

estás allí, yo aquí, y me río”.  

¡Ah!, ¡bien! ¡Reíos, reíos, embusteros, vosotros que os burláis!..

Que día llegará en que no reiréis, cuando Aquel en cuyas manos todo poder ha sido depositado aparezca ante vosotros con terrible majestad y sólo con su aspecto os haga temblar.

Bastarán sus miradas para fulminaros, antes de que su Voz os precipite en vuestro destino eterno marcándoos con su maldición.

Un hombre así es un ladrón, porque se apropia de una estima inmerecida.

El prójimo, impresionado por su juramento, le otorga esta estima.

Y la Serpiente se engalana con ella fingiéndose lo que no es.

Es además un traidor, porque con el juramento está prometiendo algo que no tiene intención de mantener.

Es un homicida, porque mata el honor de un semejante, arrebatándole con el juramento falso la estima del prójimo…

O la propia alma, pues el perjuro es un abyecto pecador ante los ojos de Dios, que ven la verdad aunque ningún otro la viera.  

A Dios no se le engaña ni con falsas palabras ni con hipócritas acciones.

Él ve, no pierde de vista, ni por un instante, a cada uno de los seres humanos,

y no existe fortaleza amurallada o profunda bodega donde no pueda penetrar su mirada.

Incluso en vuestro interior – esa propia fortaleza dentro de la que todo hombre tiene su corazón – entra Dios, y os juzga NO por lo que juráis sino por lo que hacéis.

Por ello sustituyo la orden dada a los antiguos:

“No perjures; antes al contrario, mantén tus juramentos”

(cuando el juramento recibió plena vigencia para poner freno a la mentira y a la facilidad de faltar a la palabra dada).

La sustituyo por otra y os digo: “No juréis nunca”.

No juréis por el Cielo, que es trono de Dios, ni por la Tierra, que es escabel para sus pies,

ni por Jerusalén y su Templo, que son ciudad del gran Rey y la Casa del Señor nuestro Dios.

No juréis ni por las tumbas de los difuntos ni por sus espíritus: las tumbas están llenas de restos de lo que en el hombre es inferior y común con los animales;

en cuanto a los espíritus, dejadlos en su morada.   

Si son espíritus de justos, que ya viven en estado de precognición de Dios, no hagáis que sufran y se horroricen. Aunque sea precognición, o sea, conocimiento parcial

(porque hasta el momento de la Redención no poseerán a Dios en su plenitud de esplendor), no pueden no sufrir al veros pecadores.

Si no son justos, no aumentéis su tormento al recordar su pecado por el vuestro. Dejadlos, dejad a los muertos:

a los santos, en la paz; a los no santos, en sus penas. No arrebatéis nada a los primeros, no añadáis nada a los segundos.

¿Por qué apelar a los difuntos? No pueden hablar: los santos, porque su caridad lo impide – deberían desmentiros demasiadas veces–;

los réprobos, porque el Infierno no abre sus puertas, y ellos no abren sus bocas sino para maldecir, y toda voz suya queda sofocada por el odio de Satanás y de los demonios, pues los réprobos son demonios.

No juréis ni por la cabeza del propio padre, ni de vuestra madre o esposa, ni por la cabeza de vuestros inocentes hijos; no tenéis derecho a hacerlo.

¿Son, acaso, moneda o mercancía; firma sobre papel?

Pues son más y menos que esto.  

Son sangre y carne de tu sangre, ¡Oh, hombre!; pero también son criaturas libres. 

Y no puedes usarlas como esclavas para que avalen un testimonio falso tuyo.

Al mismo tiempo, son menos que una firma tuya, porque tú eres inteligente, libre y adulto,

no una persona bajo interdicto o un niño que no sabe lo que hace y que debe ser representado por sus padres.

Tú eres tú: un hombre dotado de razón, por tanto responsable de tus acciones.    

Y debes actuar autónomamente, poniendo como aval de tus acciones y palabras tu honradez y sinceridad, la estima que tú has sabido suscitar en el prójimo;

no la honestidad y sinceridad de los padres o la estima que ellos han sabido suscitar.

¿Los padres son responsables de los hijos? Sí, pero sólo mientras son menores de edad; después, cada uno es responsable de sí mismo.

No siempre nacen justos de justos, o siempre un hombre santo está casado con una mujer santa.

¿Y entonces, por qué usar como base de garantía la justicia del cónyuge?

Del mismo modo, de un pecador pueden nacer hijos santos.

Mientras son inocentes, son todos santos.

¿Y entonces, por qué invocar a una persona pura para un acto vuestro impuro, cual es el juramento que ya con antelación se piensa violar?  

Ni siquiera por vuestra cabeza juréis, ni por vuestros ojos, o la lengua o las manos.

No tenéis derecho a hacerlo.

Todo cuanto tenéis es de Dios; vosotros no sois sino los custodios temporales de ello, administradores de los tesoros morales o materiales que Dios os ha concedido.

¿Por qué hacer uso, entonces, de lo que no os pertenece?

¿Podéis, acaso, añadir un cabello a vuestra cabeza, o cambiar su color?

¿Por qué, si no podéis hacerlo, usáis la vista, la palabra, la libertad de los miembros, para respaldar un juramento?

No desafiéis a Dios; podría cogeros la palabra y secar vuestros ojos como puede secar también vuestros huertos y arboledas. 

O arrancaros los hijos como puede arrebataros la casa, para recordaros que Él es el Señor y vosotros los súbditos.

Y que incurre en maldición aquel que se idolatra hasta el punto de considerarse a sí mismo más que Dios al desafiarlo mi mintiendo.

Decid: “si’> “SÍ”; “no”, “NO”. Nada más.

Si hay más es que os lo ha sugerido el Maligno; y además para reírse de vosotros, pues no podréis retener todo y caeréis, por tanto, en mentira.

Y seréis objeto de las burlas de los demás y conocidos por embusteros.

Sinceridad, hijos, en la palabra y en la Oración.

118 EL JUEZ DIVINO


118 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Al día siguiente, cerca de los mercaderes, que están situados junto al puerto,

Jesús está esperando con Simón y sus primos a que los otros consigan las provisiones necesarias.

Unos niños miran con curiosidad a Jesús, el cual los acaricia dulcemente mientras habla con sus apóstoles.

Dice Jesús:

–     Me duele este descontento por el hecho de que Yo entable relaciones con los gentiles, pero no puedo hacer sino loque debo y debo ser bueno con todos.

Esforzaos en ser buenos al menos vosotros tres y Juan; los otros os seguirán por imitación.  

Santiago de Alfeo dice:

–     Pero ¿Cómo se puede ser bueno con todos?

A fin de cuentas, ellos nos desprecian y nos oprimen; no nos comprenden, están llenos de vicios…

–     ¿Que cómo puede ser?

¿Tú estás contento de haber nacido de Alfeo y María?

–     Sí, claro. ¿Por qué me preguntas esto?

–     Y si Dios te hubiera preguntado antes de tu concepción, ¿Habrías querido nacer de ellos?

–     Pues claro. No comprendo…

–     Y si en vez de ello hubieras nacido de un pagano, al oírte acusar de haber querido nacer de un pagano, ¿Qué habrías dicho?

–     Habría dicho…

Habría dicho: “No tengo la culpa. He nacido de él, pero podría haber nacido de otro”.

Habría dicho: “Vuestra acusación es injusta; si no obro el mal, ¿Por qué me odiáis?”

–     Tú lo has dicho.

También éstos, que despreciáis por ser paganos, pueden decir lo mismo. No por méritos propios has nacido de Alfeo, que es un verdadero israelita.

Lo que tienes que hacer es agradecérselo al Eterno, nada más, porque te ha otorgado un gran regalo.

Y como signo de gratitud y con humildad, tratar de conducir al Dios verdadero a otros que no tienen este don. Hay que ser bueno.

–     ¡Es difícil amar a quien no se conoce!

–     No. Mira.

Tú, pequeñuelo, ven aquí.

Se acerca un niño de unos ocho años, que estaba jugando en un ángulo con otros dos chiquillos.

Es un niño robusto, de pelo muy negro aunque de tez blanquísima.

–     ¿Quién eres?

–     Soy Lucio.

Cayo Lucio de Cayo Mario, romano, hijo del decurión de guardia, que se quedó aquí después de la herida».

–     ¿Y ésos quiénes son?

–     Isaac y Tobías.

Pero no se debe decir porque no se puede. Les pegarían.

–     ¿Por qué?

–     Porque son hebreos y yo romano.

No se puede.

–     Pero tú vas con ellos…

¿Por qué?

–     Porque somos amigos.

Jugamos siempre a los dados y al saltarel juntos; pero no deben vernos.

–     ¿Y a mí me querríais?

Yo soy también hebreo y no soy un niño. Fíjate, soy un maestro, como si dijéramos un sacerdote.

–     ¡Qué más da!

Si me quieres, te quiero. Y te quiero, porque me quieres.

–     ¿Por qué lo sabes?

–     Porque eres bueno y quien es bueno quiere a los demás.

–     Ved, amigos: el secreto para amar es ser buenos

Si se es bueno se ama, sin pensar si éste es o no de una determinada fe.

Y Jesús, llevando de la mano al pequeño Cayo Lucio, va a donde los niños hebreos, que se habían escondido asustados tras el atrio de una casa, a acariciarlos

Y les dice:

–     Los niños buenos son ángeles.

Los ángeles tienen una sola patria: el Paraíso; una sola religión: la del único Dios; un solo Templo: el corazón de Dios. Quereos como ángeles siempre.

–     Pero, si nos ven nos pegan…

Jesús no responde; se limita a mover la cabeza con un sentimiento de amargura.

Una mujer alta y de bello aspecto llama a Lucio.

El niño deja a Jesús mientras grita:

–     ¡Es mi mamá!

Y a la mujer le grita:

–    ¡Mira el amigo que tengo!

¡Es grande! ¡Es un maestro!…

La mujer no se marcha con su hijo, sino que se acerca a Jesús.

Y le pregunta:

–     ¡Hola!

¿Eres el hombre de Galilea que ayer habló en el puerto?

–     Soy Yo.

–     Espérame aquí entonces.

Tardo poco.

Y se va con su pequeñuelo.

Entretanto han llegado también los otros apóstoles, excepto Mateo y Juan, .

Y preguntan:

–     ¿Quién era?

Simó y los demás responden:

–     Una romana, creo.

–     ¿Y qué quería?

–     Ha dicho que espere aquí.

Lo sabremos.

Entretanto, algunas personas curiosas, se han acercado y se ponen a esperar también.

Vuelve la mujer con otros romanos.

Uno que parece siervo de una casa señorial, pregunta:

–     ¿Entonces eres Tú el Maestro? 

Cuando le ha sido confirmado,

pregunta:

–    ¿Sentirías aversión por curar a una hijita de una amiga de Claudia?

La niña está agonizando. Se ahoga. El médico no sabe de qué se está muriendo.

Ayer tarde estaba sana, esta mañana ya estaba agonizando.

–     Vamos.

Avanzan un poco por una calle que lleva al lugar de ayer.

Llegan al portal de una villa que parece habitada por romanos y que está abierta de par en par.

–     Espera un momento.

El hombre entra rápido.

Casi inmediatamente se asoma de nuevo y dice:

–     Ven.

Pero, sin darle ni siquiera tiempo a Jesús de entrar, sale de la casa una joven de aspecto señorial, aunque con una angustia más que evidente.

Lleva en brazos a una criaturita de pocos meses, como muerta, ya cárdena, como una persona que se esté ahogando.

Está enferma por una difteria mortal y está en los últimos estertores de su vida.

La mujer busca amparo en el pecho de Jesús como un náufrago en un escollo. Su llanto es tan grande, que no es capaz de hablar.

Jesús toma a la criaturita, que manifiesta pequeños movimientos convulsivos en las manitas céreas, con sus uñitas ya violáceas.

La levanta. La cabecita queda colgando hacia atrás sin fuerza.

La madre, perdida su soberbia de romana frente a un hebreo, se ha deslizado hasta los pies de Jesús, al suelo.

Y llora con el rostro levantado, los cabellos medio desgreñados, los brazos extendidos, estrujando la túnica y el manto de Jesús.

Detrás y alrededor mirando, hay romanos de la casa y mujeres hebreas de la ciudad.

Jesús moja en su saliva su dedo índice derecho y lo mete en la boquita jadeante. Lo introduce hacia abajo.

La niña forcejea. Su tez se ennegrece aún más.

La madre grita:

–   ¡No! ¡No!

Y se contorsiona como si hubiese sido traspasada por un puñal.

La gente contiene la respiración…

Pero el dedo de Jesús, sale junto con un amasijo de membranas purulentas.

La niña deja de forcejear.

Luego, emite un tierno gemido de llanto y se calma con inocente sonrisa, manoteando y moviendo los labios como un pajarillo cuando pía y agita las alitas en espera de su alimento.

Jesús le entrega la niña y declara:

–     Toma, mujer.

Dale la leche. Está curada.

La madre está en tal modo turbada, que coge a la pequeñita y así como estaba en el suelo, la besa.

La acaricia toda para sí, le da el pecho enajenada, olvidada de todo lo que no sea su hijita.

Un patricio romano muy elegante,

le pregunta a Jesús:

–     Pero ¿Cómo lo has conseguido?

Soy el médico del Procónsul, soy docto, he tratado de quitar la obstrucción, pero estaba muy abajo, demasiado abajo…

Y Tú… así…

–     Eres docto, pero no tienes contigo al Dios verdadero.

¡Sea Él en esto glorificado! ¡Adiós!

Y Jesús hace ademán de querer marcharse.

Pero he aquí que un pequeño grupo de israelitas siente la necesidad de intervenir.

Y lo increpan:

–     ¿Cómo te has permitido acercarte a extranjeros?

Son impuros, están corrompidos, cualquiera que se acerque a ellos queda contaminado.

Y con el Don de Ciencia Infusa…

Jesús mira fijamente, severamente, a los tres.

Y dice:

–     ¡No eres tú Ageo, el hombre de Azoto que vino aquí el pasado Tisrí para negociar con el mercader que está al pie de los muros del viejo fontanar?

¿Y tú no eres José de Rama, que vino también aquí. Y tú sabes, como Yo, por qué, a la consulta del médico romano?

¿Y entonces? ¿No os sentís vosotros impuros? 

Un médico no es nunca extranjero. Cura el cuerpo, que es igual para todos. A mayor razón lo es el alma.

Pero además, ¿Qué he curado Yo? El cuerpo inocente de un párvulo, medio con que espero curar las almas no inocentes de los extranjeros.

Como médico y Mesías por tanto, puedo tratar con cualquiera.

–     No puedes.

–     ¿No, Ageo?

¿Y tú por qué tratas con el mercader romano?

–     Mi contacto con él es sólo a través de la mercancía y del dinero.

–     Y entonces, dado que no tocas su carne, sino solamente lo que ha tocado su mano, no te parece que te contamines…

¡Oh, ciegos y crueles!

Escuchad todos. Precisamente en el libro del Profeta cuyo nombre lleva éste, está escrito:

“Plantea a los sacerdotes esta cuestión sobre la Ley:

“Si un hombre lleva carne santificada en el vuelo de su túnica y con él toca luego viandas, pan o aceite u otros alimentos, ¿Quedarán estas cosas santificadas?” (Ageo 2, 11 y siguientes).

Y los sacerdotes respondieron: “No”.

Entonces Ageo dijo: `Si uno, impuro a causa de un muerto, toca una de estas cosas, ¿Quedará contaminada?’.

Y los sacerdotes respondieron: `Si”‘.

Por esta subrepticia, engañosa, incoherente manera de actuar, ponéis obstáculo al Bien y lo condenáis y sólo aceptáis lo que os produce algún beneficio.

En ese caso cesan indignación, asco y aversión.

Distinguís, si no os acarrea un perjuicio personal lo impuro, que hace a uno impuro, de lo que no lo es.

¿Cómo sois capaces, bocas mentirosas, de profesar que lo que ha sido santificado por haber tocado carne santa o cosa santa, no santifica lo que toca?

¿Y lo que ha tocado una cosa impura puede convertir en impuro lo que toca?

¿No comprendéis que os contradecís, ministros embusteros de una Ley de Verdad de la que os aprovecháis?

Vosotros la retorcéis como si fuera una soga, según que os lo pida vuestro anhelo de obtener de ella algún provecho.

Fariseos hipócritas, que bajo pretexto religioso dais rienda suelta a vuestra rencorosa envidia humana, enteramente humana;

profanadores de lo que a Dios pertenece; insultadores y enemigos del Mensajero de Dios.

En verdad, en verdad os digo que todo acto vuestro, toda conclusión vuestra, todo movimiento vuestro;

tiene en la base todo un mecanismo astuto constituido por ruedas, resortes, contrapesos, tirantes; que son vuestros egoísmos, pasiones, hipocresía, odios, anhelo de imponerse a los demás, envidias.

¡Deberíais avergonzaros! Codiciosos, cobardes, rencorosos, que vivís en el miedo orgulloso de que alguno, aun no siendo de vuestra casta, os aventaje.

¡Mereced ser como ese que os infunde miedo y os produce ira! Como dice Ageo, de un montón de veinte celemines hacéis uno de diez, y de cincuenta barriles veinte.

Y os quedáis con la diferencia, mientras que, tanto por dar ejemplo a los demás como por el amor debido a Dios, deberíais no quitar;

sino añadir de lo vuestro al conjunto de los celemines y barriles en pro de quien pasa hambre.

Y es así que merecéis que el viento abrasador, la herrumbre y el granizo hagan infecundas toda obra de vuestras manos.

¿Quién de entre vosotros viene a Mí? 

Éstos, estos que para vosotros son estiércol y desecho; éstos supremos ignorantes que ni siquiera saben que existe el verdadero Dios,

vienen a quien lleva en las palabras y en las obras a este Dios. Sin embargo, vosotros…

¡Ah, os habéis hecho un nicho y en él estáis! Secos, fríos como ídolos que esperan incienso y adoración.

Dado que os creéis dioses, os parece inútil pensar en el verdadero Dios en el modo debido.

Y veis peligroso el que otros se propongan, lo que vosotros no os proponéis.

En verdad, no podéis proponéroslo porque sois ídolos, y porque sois siervos del Ídolo.

Pero quien intenta puede, porque no obra él, sino Dios en él.

¡Idos! Referid a quien os ha enviado a pisarme los talones que detesto a los mercaderes que juzgan que el vender mercancías, patria o Templo a quienes les ofrecen dinero no contamina.

Decidles que siento repugnancia por los degenerados cuyo único culto es la propia carne y sangre.

Y juzgan que el trato con el médico extranjero para curación de éstas no contamina.

Decidles que la medida es igual, que no hay dos medidas.

Decidles que Yo, el Mesías, el Justo, el Consejero, el Admirable, aquel sobre quien descenderá el Espíritu del Señor en sus siete dones,

Aquel que no juzgará por lo que se presenta ante los ojos sino por lo secreto de los corazones, aquel que no condenará por lo que oiga con los oídos, sino por las voces espirituales que oiga en el interior de cada hombre,

Aquel que se pondrá de la parte de los humildes y juzgará con justicia a los pobres, aquel que soy Yo, porque esto soy Yo,

ya está juzgando y castigando a los que en este mundo son sólo tierra; el soplo de mi aliento hará morir al impío y devastará su guarida;

mientras que para quienes, deseosos de justicia y fe, vengan a Mi monte santo a saciarse de la Ciencia del Señor, será Vida y Luz, Libertad y Paz.

Esto es Isaías, ¿No es verdad? (11, 1 y siguientes)

¡El pueblo de mi propiedad! Enteramente viene de Adán y Adán viene de mi Padre; todo él es por tanto, obra del Padre.

Y a todos debo reunir en torno al Padre. Yo los conduzco a Tí, Padre Santo, eterno, potente;

conduzco a Ti a los hijos errantes después de congregarlos con la voz del amor, bajo mi cayado pastoral,  semejante al que Moisés levantó contra las serpientes de muerte.

Para que Tú tengas tu Reino y tu Pueblo. Y no hago distinciones, porque en el fondo de todos los vivientes, veo un punto que resplandece más que el fuego: 

el alma, una chispa tuya, eterno Esplendor. ¡Oh, eterno deseo mío! ¡Oh, voluntad incansable mía!

Esto quiero, en esto ardo: una tierra que por entero cante tu Nombre, una humanidad que te llame Padre, una redención que a todos salve,

una voluntad fortalecida que haga a todos obedientes a tu Voluntad, un triunfo eterno que llene el Paraíso de un hosanna sin fin…

¡Oh, multitud de los Cielos!… Sí, veo la sonrisa de Dios… Y es el premio contra toda dureza humana. 

Jesús está inspirado con su Oración…

Mas los tres israelitas ya han huido bajo la granizada de reproches.

Los otros, todos, romanos o hebreos, se han  quedado boquiabiertos.

En cuanto a la mujer romana, con su pequeñita ya satisfecha de leche y durmiendo plácidamente sobre el regazo materno, …

Está allí, en el mismo sitio de antes, casi a los pies de Jesús. Y llora de alegría materna y de emoción espiritual.

Muchos lloran por el arrollador cierre de Jesús, que en este éxtasis parece llamear.

Y Jesús, bajando los ojos y el espíritu del Cielo a la tierra, ve a la gente, ve a la madre…

Y al pasar, tras un gesto de adiós a todos, roza con su mano a la joven romana, como para bendecirla por su Fe.

Y se marcha con los suyos, mientras la gente, todavía estupefacta, permanece en el lugar…