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248 LA FLOR DE GRECIA


248 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Mientras esperan, Síntica, que lleva el vestido que ayer tenía la Magdalena;

besa los pies de sus amas como se obstina en llamarlas;

a pesar de que ellas le digan que no es ni su sierva ni su esclava,

sino sólo su huésped en nombre de Jesús.

A una pregunta de Noemí, la nodriza de Magdalena…

la Virgen muestra el precioso taleguillo de la púrpura.

Y pregunta cómo se puede hilar ese mechón cuyos cortísimos filamentos,

no admiten ni humedad ni torsión.

Noemí explica:

–      No se usa así, Mujer.

Se pulveriza y se usa como cualquier otra tintura.

Esto es la bava de la concha, no es una hebra ni un pelo.

¿Ves qué quebradiza es ahora que está seca?

La tienes que reducir a polvo fino, luego la pasas por un tamiz;

para que no quede ningún fragmento largo, que mancharía el hilado o el paño.

Es mejor si tiñes el hilado en madejas.

Una vez segura de que esté completamente pulverizada…

La deslías como se hace con la cochinilla, el azafrán o el polvo de añil.

O con otros polvos de otras cortezas, raíces o frutos, y luego la usas.

Fija el color con vinagre fuerte para el último aclarado.  

La Virgen responde:

–        Gracias, Noemí.  

Seguiré tus indicaciones.

He bordado con hilos teñidos de púrpura, pero me los habían dado ya preparados…

Ya está ahí Jesús.

Llega la hora de despedirnos.

Os bendigo a todas en el nombre del Señor.

Id en paz y llevad la

paz y la alegría a Lázaro.

Adiós, María. Recuerda que lloraste sobre mi pecho tu primer llanto dichoso.

Por eso soy para ti madre, porque una pequeñuela llora su primer llanto sobre el pecho de su mamá.

Soy para ti madre, y lo seré siempre.

Lo que te resulte duro de manifestar incluso a la más dulce hermana…

O a la más amorosa nodriza, ven a decírmelo a mí; te comprenderé siempre.

Si hay algo que, por estar impregnado de una humanidad que en ti Jesús no quiere,

no te atreves a decírselo a Él, ven a decírmelo a mí; me mostraré siempre compasiva contigo.

Y si quieres hablarme también de tus victorias.

Aunque prefiero que se

las presentes a Él, cual fragantes flores, porque El, no yo, es tu Salvador

Exultaré contigo.

Adiós, Marta.

Ahora te marchas feliz y te mantendrás en esta felicidad sobrenatural.

Por tanto, sólo necesitas progresar en la justicia,

en medio de esa paz por nada en ti ya perturbada.

Hazlo por amor a Jesús,

que te ha amado incluso queriendo a ésta que quieres sin reservas.

Adiós, Noemí.

Ve con tu tesoro recuperado.

Tú dabas a María tu leche en alimento.

Nútrete ahora con las palabras que ella y Marta te digan.

Ve en mi Hijo mucho más que un exorcista, que libera a los corazones del Mal.

Adiós, Síntica, flor de Grecia;

que has sabido por ti misma sentir que hay algo más que la carne.

Florece ahora en Dios y sé la primera de las nuevas flores de la Grecia de Cristo.

Me siento muy dichosa de despedirme de vosotras viéndoos unidas así.

Os bendigo con amor.

Ya se oye cercano el rumor de los pasos.

Levantan el tupido toldo y ven a Jesús a dos metros del carro.

Bajan, en medio del sol ardiente que invade el camino.

María de Magdala se arrodilla a los pies de Jesús,

y dice:

–       Te doy gracias por todo.

Muchas gracias por haberme permitido realizar este peregrinaje.

Sólo Tú eres sabio.

Parto despojada de las reliquias de la María del pasado.

Bendíceme, Señor, para fortalecerme más.

Jesús responde:

–       Sí, te bendigo.

Goza de la compañía de tus hermanos; con tus hermanos;

fórmate cada vez más en Mí.

Adiós, María.

Adiós, Marta.

Dile a Lázaro que lo bendigo.

Os confío esta mujer… 

 No os la doy.

Es discípula mía.

Quiero que le deis un mínimo de capacidad de entender mi doctrina.

Luego iré Yo.

Noemí, te bendigo, y también a vosotras dos.

A Marta y María se les humedecen los ojos.

El Zelote las saluda personalmente y les da un escrito para su sirviente.

Los demás las saludan conjuntamente.

Y el carro se pone en movimiento.

Jesús dice a los suyos:

-Vamos a buscar algo de sombra.

Que Dios las acompañe…

Jesús mira a su tía y pregunta:

–       ¿Tanto te entristece, María, el que se hayan marchado? –

Porque María de Alfeo, lora toda en silencio.

Y ella dice:

–      Sí. Eran muy buenas…

–      Las volveremos a ver pronto.

Y, numéricamente, más.

Tendrás muchas hermanas…

O hijas, si lo prefieres.

Amor es tanto el materno como el fraterno – la consuela  Jesús. 

Judas murmura:

–       Con tal de que no cree conflictos…

–      ¿Conflictos amarse?

–      No.

Conflictos el tener a personas de otra raza y de otra proveniencia.

–       Te refieres a Síntica?

–       Sí, Maestro.

A fin de cuentas, era propiedad del romano.

Y no es lícito apoderarse de ella.

Ello lo incitará contra nosotros y nos atraeremos el rigor de Poncio Pilatos.

–      Pero… 

¿Qué le va a importar a Pilatos el que uno de sus subordinados pierda una esclava?

¡Sabrá cómo es!

Si es un poco honesto, como se piensa, al menos en familia,

dirá que esta mujer ha hecho bien en escaparse.

Y si es un deshonesto dirá:

“Te está bien empleado. Así quizás la encuentro yo”.

Los deshonestos no son sensibles a las penas ajenas.

Pedro dice:

–       ¡Y además… pobre Poncio…!

Con la lata que le damos, fíjate tú si no va a tener otra cosa que hacer;

que perder el tiempo con la pataleta de uno que deja que se le escape una esclava!

Y muchos de los presentes le dan la razón, mientras ridiculizan las rabietas del lúbrico romano.

Pero Jesús lleva la cuestión a un nivel más alto.  

Y pregunta:

–       Judas.

¿Conoces el Deuteronomio?

–      Seguro, Maestro.

Y además -lo digo convencido- como pocos.

–      ¿Cómo lo juzgas?

–      Vehículo de la voz de Dios.

–      ¿Vehículo?

Entonces repetidor de la palabra de Dios, ¿No

–      Exactamente.

–      Has juzgado bien.

Entonces, ¿Por qué no juzgas que se deba hacer lo que ordena?

–      No he dicho nunca eso.

Es más, me parece que precisamente nosotros, siguiendo la nueva Ley; 

lo desatendemos demasiado.

–      La nueva Ley es el fruto de la antigua,.

O sea, es la perfección alcanzada por el árbol de la Fe.

Pero ninguno de nosotros lo desatiende, que Yo sepa.

Soy el primero que lo respeta y que impide que otros lo desatiendan.

Jesús es muy incisivo al decir estas palabras.

Y añade:

–       El Deuteronomio es intocable.

Incluso cuando triunfe mi Reino y con mi Reino la nueva Ley. 

Con sus nuevos códigos y disposiciones, seguirá aplicándose en los nuevos dictámenes;

de la misma forma que los sillares de las antiguas construcciones se usan para las nuevas.

Porque son piedras perfectas con que se hacen fuertes murallas.

Pero todavía no ha llegado mi Reino y Yo, como fiel israelita, no ofendo al libro mosaico,

ni lo desatiendo, porque es base de mi modo de actuar y de mi enseñanza.

Sobre la base del Hombre y del Maestro;

el Hijo del Padre edifica la celeste construcción de su Naturaleza y Sabiduría.

En el Deuteronomio está escrito:

“No entregarás a su amo el esclavo que ha buscado refugio en ti. 

Vivirá contigo donde él quiera, estará tranquilo en una de tus ciudades, no lo molestarás”.

Esto en el caso de que uno se vea obligado a huir de una esclavitud inhumana.

En mi caso, en el de Síntica, la fuga no persigue una libertad limitada,

sino la libertad ilimitada del Hijo de Dios.

¿Y pretendes que a esta alondra que ha huido del lazo de los cazadores,

le meta de nuevo el cordel y la devuelva a su prisión para quitarle no sólo la libertad,

sino también la esperanza?

¡No! ¡Jamás!

Bendigo a Dios porque como el viaje a Endor trajo a este hijo al Padre

el viaje a Cesárea ha traído a esta criatura a Mí, para que la lleve al Padre.

En Sicaminón os hablé del poder de la Fe;

hoy os voy a hablar de la luz de la Esperanza.

Mas ahora, a la sombra de este tupido huerto, detengámonos a comer y descansar.

Porque el sol arde como si el infierno estuviera abierto.

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247 PEDRO Y SU PARÁBOLA


247 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Y de nuevo en camino, volviendo hacia el este, en dirección a los campos.

Ahora los apóstoles y los dos discípulos están con María Cleofás (María de Alfeo) y con Susana.

Caminan algunos metros detrás de Jesús;

que va con su Madre y las dos hermanas de Lázaro.

concentrados en una animada conversación…

Los apóstoles por el contrario, avanzan callados y no  hablan: parecen cansados o deprimidos.

No les llama la atención ni siquiera la belleza de los campos, que lucen verdaderamente espléndidos:

con sus leves ondulaciones arrojadas a la llanura,

como si fueran cojines verdes a los pies de un rey gigante;

con sus collados de poca altura, esparcidos acá o allá,

anunciadores de las cadenas del Carmelo y de Samaria.

Tanto en la llanura, la reina del lugar;

como en el decorado de sus pequeñas colinas y ondulaciones,

se ve todo un florecer de hierba y madurar de fruta. 

Pues es la famosa llanura de Sarón, tan celebrada en las Sagradas Escrituras. 

Evidentemente abunda el agua en este lugar, porque a pesar de la región y el período del año,

está demasiado pujante como para no tener copiosidad de agua.

Comprendo ahora por qué la Sagrada Escritura,

menciona tantas veces con entusiasmo la llanura de Sarón.

Pero los apóstoles no comparten de ninguna manera este entusiasmo,

y caminan como si estuvieran un poco malhumorados:

son los únicos de malhumor en este día sereno y en esta hermosa y rica comarca.

Muy bien conservada, la vía consular, con su cinta blanca, corta esta campiña fertilísima.

Y dado que es temprano;

todavía es fácil encontrarse con campesinos cargados de productos del campo,

o viajeros que van a Cesárea.

Uno, que alcanza con una recua de asnos cargados de sacos a los apóstoles.

Y los obliga a apartarse para dejar paso a la caravana asnal;

pregunta con arrogancia:

–      ¿El Kisón está aquí?

Tomás responde secamente: 

–      Más atrás.    

Y barbota entre dientes: « ¡Idiota ignorante!».

Felipe responde:

–      ¡Es un samaritano!

¡Ya está dicho todo! 

Vuelven a sumergirse en el silencio.

Después de avanzar otro trecho, así, como si estuviera terminando una conversación interna,

Pedro dice:

–      ¡Para lo que ha servido!

¡Pues sí que valía la pena recorrer tanto camino!…

Santiago de Zebedeo confirma: 

–       ¡Sí, eso!

¿Para qué hemos ido a Cesárea si luego no ha dicho una palabra?

Yo pensaba que es que quería hacer algún milagro sorprendente, para convencer a los romanos.

Sin embargo… 

Tomás: 

–      Nos ha expuesto en la picota y nada más. 

Y Judas echa leña al fuego:

–      Y nos ha hecho sufrir.

A Él le gustan las ofensas y piensa que nos gustan también a nosotros.  

Simón Zelote con mesura, 

observa: 

–      La verdad…

Es que quien ha sufrido más en este caso, ha sido María de Teófilo.   

Judas responde exasperado: 

–       ¡María! ¡María!

¿Es que ahora es el centro del universo, María?

Sólo sufre ella, sólo ella es heroica, sólo se la debe formar a ella.

¡De haberlo sabido hubiera sido ladrón y homicida!.

Para ser luego objeto de tantas atenciones. 

Santiago de Alfeo: 

–      Verdaderamente la otra vez que vinimos a Cesárea;

que hizo un milagro y evangelizó… 

Lo torturamos con nuestros descontentos por haberlo hecho.  

Juan replica muy serio: 

–      Es que no sabemos lo que queremos…

Hace una cosa y rezongamos;

hace lo contrario y rezongamos. Somos imperfectos. 

Judas de Keriot con sorna, 

dice: 

–       ¡Ya habló el otro sabio!

Una cosa es cierta: hace tiempo que no se hace nada provechoso.  

Tadeo: 

–       ¿Nada, Judas?

¿Y esa griega…! 

¿Hermasteo, Abel y María y…? 

Obsesionado por la idea de un triunfo terreno,

Judas replica fastidiado: 

–       No será con estas nulidades…

Con los que El fundará su Reino

–       Judas…

Te ruego que no juzgues las obras de mi Hermano.

Es una ridícula pretensión.

Un niño que quiere juzgar a su maestro, por no decir:

“Una nulidad que quiere ponerse en alto.”

Judas Tadeo, e1 cual, aunque tiene en común el nombre;

también tiene una indomable antipatía hacia su homónimo.

Judas responde con arrogancia,

y un gran sarcasmo: 

–       Te agradezco que te hayas limitado a llamarme niño.

Verdaderamente, después de haber vivido en el Templo,

creía que se me consideraba al menos mayor de edad. 

 Andrés suspira profundamente,

y dice: 

–      ¡Qué gravosas se hacen estas discusiones! 

Mateo comenta: 

–       ¡Verdaderamente!

En vez de unirnos a medida que vamos viviendo más tiempo juntos… 

Nos separamos.

¡Y pensar que en Sicaminón dijo que teníamos que estar unidos al rebaño!…

¿Cómo lo vamos a estar, si ya entre pastores no lo estamos? –

Judas: 

–       ¿Entonces no se debe hablar?

¿Jamás expresar nuestro pensamiento?

¡No creo que seamos esclavos!…

Zelote dice con severidad: 

–       No, Judas,

No somos esclavos.

Pero sí somos indignos de seguirle, porque no lo comprendemos.   

–       Yo lo comprendo maravillosamente.

-No. No lo comprendes.

Y contigo no lo comprenden en mayor o menor grado todos los que lo critican.

Comprender es obedecer sin discutir;

por estar persuadidos de la santidad de quien va a la cabeza.

–       ¡Ah, te refieres a comprender su santidad…

¡Yo decía sus palabras!

Su santidad no se pone en duda, ni se podría poner…  

Se apresura a decir Judas de Keriot.  

Mateo: 

–      ¿Y puedes separar ésta de aquéllas?

Un santo será siempre posesor de la Sabiduría y sus palabras serán sabias.

–       Eso es verdad.

Pero algunos actos suyos son perjudiciales.

Admito que por exceso de santidad, claro.

Pero el mundo no es santo.

Y E1 se busca complicaciones.

Ahora, por ejemplo, este filisteo y esta griega.

¿Crees que nos van a beneficiar?

Hermasteo dice compungido: 

–       Si voy a causar algún perjuicio, me marcho

Había venido con la idea de darle honor y de hacer algo correcto.

Santiago de Alfeo, le responde: 

–       Si te marcharas por este motivo, le causarías un dolor.

–      Daré a entender que he cambiado de idea.

Voy a saludarlo y…

Me marcho.

Pedro reacciona inmediatamente:

–     ¡No, no!

Tú no te marchas.

No es justo que, por nerviosismos ajenos, el Maestro pierda un discípulo bueno.

Con displicencia evidente,

Judas dice: 

–       Pues si se quiere ir por tan poca cosa…

Es señal de que no está seguro de lo que quiere;

por tanto, déjalo que se marche

Pedro pierde la paciencia:

–       Le prometí…

Cuando me dio a Margziam, que sería paterno con todos.

Y siento faltar a la promesa.

Pero es que me obligas.

Hermasteo está aquí y aquí se quedará.

¿Sabes lo que tengo que decirte?

Que eres tú quien perturba las voluntades de los demás y las hace vacilar.

Divides y creas desorden, eso es lo que haces.

¡Y deberías avergonzarte!

–       ¿Qué eres?

¿El protector de los…?

–       ¡Sí, señor!

Tú lo has dicho.

Sé a lo que te refieres…  

El apasionado Pedro, comienza una diatriba contra Judas, que todos aprueban en silencio-

Y Pedro se lanza sin control: 

“Protector de la Velada, protector de Juan de Endor, protector de Hermasteo; 

protector de aquella esclava, protector de todos los que encuentra Jesús;

aunque no sean los espléndidos ejemplares excelsos del Templo;

los elementos construidos con la sagrada argamasa y las telarañas del Templo.

Los pabilos con olor a cera de las lámparas del Templo.

Los… como tú, en definitiva; para hacer más clara la parábola;

porque, si el Templo es mucho -a menos que yo me haya vuelto imbécil-

el Maestro es más que el Templo y tú le faltas…

Pedro grita tanto,

que Jesús se detiene y se vuelve,

Y hace ademán de dejar a las mujeres y regresar atrás

Juan  se preocupa: 

–       ¡Lo ha oído!

¡Ahora se va a entristecer!

Tomás dice apresurado: 

–       No, Maestro.

No vengas.

Discutíamos… para matar el aburrimiento del camino.

Pero Jesús se detiene y espera a que lleguen donde Él.

Cuando lo alcanzan,

les pregunta: 

–       ¿De qué discutíais?

¿Os voy a tener que decir otra vez, que las mujeres os preceden?

La dulce corrección toca el corazón de todos.

Callan y agachan la cabeza.

Jesús prosigue:

–       ¡Amigos, amigos!

¡No seáis objeto de escándalo para los que están naciendo ahora a la Luz!

¡No sabéis que una imperfección vuestra!

¿Perjudica a la redención de un pagano o de un pecador;

más que todos los errores del paganismo?

Ninguno responde.

Porque no saben qué decir para justificarse o para no acusar.

Y la marcha continúa.

Junto a un puente de un torrente seco, está parado el carro de las hermanas de Lázaro.

Los dos caballos pastan la abundante hierba de las márgenes del torrente…

Que ha estado seco desde hace poco; por tanto, tiene las orillas bien nutridas de hierba.

Maximino el sirviente de Marta y otro hombre que es el conductor del carro,

están en el margen guijarroso.

Y las mujeres dentro del carro, completamente cubierto por un tupido toldo,

hecho con pieles curtidas, que caen, a manera de gruesas cortinas, hasta el suelo del carro.

Las mujeres discípulas aceleran el paso en dirección a él.

Maximino es el primero que las ve, avisa a la nodriza.

El conductor se apresura a llevar los caballos a las varas.

Entretanto, Maximino va corriendo hacia sus señoras..

Y les hace una reverencia muy pronunciada.

La anciana nodriza, una mujer de buen tipo y tez aceitunada, de aspecto agradable;

baja presurosa y se dirige hacia sus amas.

Pero María de Mágdala le dice algo…

Y ella va inmediatamente donde la Virgen,

diciendo:

–       Perdona…

Pero es que siento una alegría tan grande de verla, que sólo la veo a ella.

Ven, bendita

El sol quema.

Dentro del carro hay sombra.

Y suben todas en espera de los hombres, que vienen muy retrasados.

Porque el sol arde como si el infierno estuviera abierto.

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216 EL BANQUETE DE SIMÓN


216 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En Cafarnaúm es la casa de Simón el Fariseo, el hombre que lo invitó al banquete, mostrando que no es su enemigo;

desde el milagro que Jesús realizara cuando la serpiente estuvo a punto de matarle a su único nieto.

Es una enorme sala riquísima, con un gran candil con muchos quemadores que arde en el centro.

Las paredes están cubiertas con preciosos tapices.

Los asientos tienen incrustaciones de marfil y adornos variados, con láminas muy hermosas.

Los muebles son finos y muy bellos.

En el centro hay un cuadrado de mármol que contrasta de color, en donde no hay nada.

El piso reluciente refleja el candelero de aceite.

Alrededor hay triclinios, (lechos asientos) que ocupan los convidados.

Todos son hombres.

En el centro hay una mesa de grandes dimensiones, formada por cuatro tablas unidas en forma de rectángulo.

Muchos sirvientes van y vienen trayendo los manjares y los vinos;

en una preciosa vajilla y en valiosas copas adornadas con oro, en las que sirven diligentemente.

En la parte más retirada de la puerta, está el dueño de la casa, con los invitados más importantes.

Tanto él como los demás comensales, están reclinados en esos lechos-asiento paralelos respecto a la mesa.  

Es un hombre de más de sesenta años y viste una lujosa túnica, con una faja recamada en el cuello;

en las mangas, en los bordes del vestido, con galones bordados con hilos de oro.

En su rostro manifiesta orgulloso, que está muy consciente de su poder y su mirada está llena de soberbia.

La maldad, la crueldad y un frío menos precio, se reflejan en su duro semblante.

En el lado opuesto, frente a él; está Jesús.

Recostado al igual que todos, sobre su codo izquierdo.

Trae su acostumbrado vestido blanco.

Cerca de Jesús está Juan, sentado en el piso, entre la mesa que está frente a ellos

y su codo está a la altura de la ingle de Jesús, de modo que no le estorba para comer.

Y le permite cuando quiere, apoyarse confiadamente sobre el pecho de su maestro.

No hay ninguna mujer.

Todos hablan.

Y de vez en cuando el dueño de la casa se dirige con exagerada condescendencia…

Y una benignidad muy manifiesta, a Jesús.

Es evidente que quiere demostrar a todos los presentes, que ha hecho un gran honor al haberlo invitado a su rica casa;

al pobre profeta de Israel a quien todos consideran un loco…

Jesús responde a todas las cortesías y elegantemente sonríe a quién le pregunta.

Los temas de que hablan los comensales; tratan sobre hechos de actualidad:

Los romanos; la Ley, que encuentra oposición en los romanos; también la misión de Jesús como Maestro de una nueva escuela.

Pero, detrás de la aparente benevolencia, se comprende que son preguntas viciosas y capciosas, para embrollarlo, tendiéndole trampas.

Cosa no fácil, porque Jesús con pocas palabras, da una respuesta precisa y concluyente, a cada una de las cuestiones.

Por ejemplo, a la pregunta sobre cuál fuera en concreto la escuela o secta en que se había formado como nuevo maestro,

respondió sencillamente:

–       De la escuela de Dios.

Es a Él a quien sigo en su santa Ley; de Dios me preocupo, para hacer que estos pequeñuelos…

(Mirando con amor a Juan)

Y Jesús agrega: 

–     Y en Juan a todos los rectos de corazón, la tengan renovada en toda su esencia, tal como era el día en que el Señor la promulgara en el Sinaí.

Devuelvo a los hombres a la Luz de Dios.

A otra pregunta, sobre qué piensa del abuso del César, que se ha hecho dominador de Palestina,

Jesús responde: 

–     César es lo que es, porque así lo quiere Dios.

Recuerda lo que dice el profeta Isaías.

¿No llama, acaso, a Asur, por inspiración divina, “bastón” de su cólera, vara que azota al pueblo de Dios,

que se ha separado demasiado de Él y finge externamente y en su espíritu?

¿Y no dice que, después de usarlo como castigo, lo quebrantará,

porque abusará de su misión siendo demasiado soberbio y cruel?

A quien le pregunta, le sonríe con su leve sonrisa…

Y con excelente amabilidad corresponde a todas las atenciones que le prodigan.

Su sonrisa es luminosa, cuando Juan le habla y lo mira.

De repente se abre la pesada cortina y entra María Magdalena…

Es una estampa magnífica de juventud esplendorosa.

Luce hermosísima, con un lujoso vestido escarlata,

que está sostenido con preciosos broches de esmeraldas y rubíes en la espalda.

Joyas similares que sostienen los pliegues a la altura del pecho y lo realzan con cadenas de filigrana de oro.

Una faja recamada con oro y piedras preciosas, circundan su estrecha cintura…

Y hacen resaltar su figura escultural y su impresionante hermosura.

Está peinada con sumo esmero.

Su cabello rubio es un adorno de mechones, artísticamente entrelazados…

Y su abundante cabellera es tan resplandeciente, que parece como si trajera un yelmo de oro.

De la cabeza le cuelga un fino velo transparente, tan ligero que en realidad no cubre nada.

Y la adorna resaltando aún más su belleza excepcional.

Sus pies están calzados con sandalias de piel roja, adornadas con oro, perlas y amatistas en las correas.

Con broches preciosos, entrelazados en los tobillos.

Todos voltean a verla, menos Jesús.

Juan la mira un instante y luego se vuelve hacia Jesús.

Todos los demás la miran con aparente y maligna complacencia.

Ella no los mira para nada.

Los ignora como si no existiesen.

Y no se preocupa del murmullo que se levantó cuando entró, ni del intercambio de guiños que se hacen todos;

menos Jesús y el discípulo predilecto.

Jesús actúa como si no se diera cuenta de nada y continúa hablando con Simón el fariseo,

totalmente concentrado en la conversación.

María se dirige a Jesús.

Se arrodilla a sus pies.

Deposita en el suelo una jarra muy barriguda, de alabastro blanco.

Se levanta el velo y su belleza deslumbrante, se manifiesta en todo su esplendor.

Como si fuera un ritual, quita la diadema preciosa y se la quita junto con el velo.

Siguen los anillos; los brazaletes, los broches de perlas y rubíes que sostienen el cabello. 

Y las joyas que adornan su vestidura.

También sus sandalias…

Y  pone todo sobre el lecho asiento más próximo.

A continuación, toma entre sus manos los pies de Jesús y le desata las sandalias.

Primero el derecho, luego el izquierdo.

Las pone en el suelo.

Enseguida besa con gran llanto los pies divinos y apoya su frente contra ellos.

Los acaricia, mientras las lágrimas caen como una lluvia torrencial, que brilla al esplendor de la lámpara;

bañándolos completamente…

Jesús, lentamente vuelve la cabeza.

Su mirada azul-zafiro se detiene por un instante en aquella cabeza inclinada.

Una mirada que absuelve.

Luego vuelve a mirar al centro… 

Y la deja que se desahogue libremente…

Pero los fariseos se mofan de ella.

Se miran mutuamente con muchos guiños y sobreentendidos.

Se sonríen con sarcasmo.

Simón se endereza por un momento, para ver mejor.

Y su mirada refleja un deseo; un tormento; una ironía.

Un deseo por la mujer; esto se nota muy claro.

Un tormento; porque entró sin permiso y eso significa que ella frecuenta su casa.

Una ironía para Jesús…

Pero ella no se preocupa por nada.

Continúa llorando con todas sus fuerzas, sin  miedo alguno.

Una cascada de lágrimas silenciosas, que se mezclan con profundos suspiros.

Luego se despeina.

Se quita las peinetas de oro que sostienen el complicado peinado y las pone junto a las otras joyas.

Las guedejas doradas caen sobre su espalda.

Las toma con ambas manos y las pone sobre su pecho.

Enseguida las pasa sobre los pies de Jesús, hasta que los ve secos…

La redimida enamorada, usa los medios humanos para demostrar su amor a Jesús:

Las lágrimas, los cabellos…

No el agua, sino lágrimas.

Gotas del corazón…

Humor no contaminado con gérmenes impuros.

Filtrado por el amor y el arrepentimiento.

Rendido digno de Dios y juzgado precioso por Dios;

porque es la señal de un espíritu que ha comprendido la Verdad.

No linos; sino los cabellos…

Seda viva de la cual la mujer hace una seducción y un culto.

Y que la regenerada por la gracia humilla al hacerlos toalla de las plantas de su Salvador…

Entonces mete los dedos en la jarrita y saca una pomada ligeramente amarilla y olorosísima.

Un aroma de lirios y tuberosas se extiende por toda la sala del banquete.

Ella introduce los dedos una y otra vez, extendiendo el bálsamo;

mientras besa y acaricia los pies divinos…

El perfume: uno de los instrumentos enseñados por Satanás a la mujer.

Y que la mujer convertida a Dios, destruye para hacer bálsamo a su Señor.

Pero nadie comprende esto…

Jesús ve y cuenta aquellas lágrimas que caen contritas.

Aquellas caricias de mechones que no ponen en contacto la carne impura con la Inmaculada,

sino que han puesto un velo entre la una y la otra.

Y que por lo mismo; no puede ser desdeñado por Dios…

Aquellas gotas de nardo, mucho menos perfumado, que el amor de quién las esparce…

Simón el fariseo está escandalizado porque ella lo toca…

Pero ¿Puede escandalizarse uno que es escándalo?…  

De su lóbrego corazón brota la impureza y mancha todo lo que ve con la malicia…

Cada lágrima y cada gota de nardo son una profesión de amor y una confesión de error…

Jesús, de vez en cuando la mira con amorosa piedad.

Juan, que ha volteado sorprendido al oír el llanto; ahora mira a Jesús…

Luego al grupo y enseguida a la mujer.

El fariseo anfitrión ha estado pensativo, diciéndose interiormente:

‘Si este hombre fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer, es la que lo toca:

¡Una pecadora!…

Y su rostro se vuelve más y más ceñudo.

Y mientras la mirada desdeñosa de Simón el Fariseo, al cual hay mucho que reprocharle;

mortifica a la arrepentida con las palabras de una escandalizada e hipócrita reflexión,

sobre ésta voluntaria, valerosa, humilde profesión de fe; de arrepentimiento y de amor…

Jesús toma la palabra y dice:

–      Simón, tengo algo que decirte.

–      Dí, Maestro.

–      Un prestamista tenía dos deudores.

Uno le debía quinientas monedas y el otro, cincuenta.

Cómo no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos.

¿Cual de los dos crees que lo querrá más?

–      Pienso que aquel al que le perdonó más.

–      Juzgaste bien.

Jesús mira a la Magdalena, es una mirada de completa absolución de todo el pasado.

Ha sido lavado con su llanto.

Sus tinieblas han sido vencidas con la luz del Amor.

Y en su corazón que ha sido instrumento del Mal…

En su mismo corazón ha encontrado el camino del Bien.

Y volviéndose a ella; sigue diciendo a Simón:

–     ¿Ves esta mujer?

Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies;

mientras que ella los mojó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.

Tú no me besaste al llegar…

Pero ella desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies con sus besos.

No me echaste aceite en la cabeza…

Y ella en cambio derramó perfume en mis pies.

Por eso te digo que todos sus pecados; sus numerosos pecados;

le quedan perdonados por el mucho amor que demostró.

Pero aquel a quién se le perdona poco, demuestra poco amor.

Jesús lo ha dicho con un tono y una mirada que traspasa a Simón el fariseo.

Una mirada que es todo un discurso… Mental…

Y que llega también a todos los que se han escandalizado al oír las últimas palabras de Jesús;

pues se preguntaron:

‘¿Quién es este hombre que ahora pretende perdonar los pecados?…

Jesús responde más de lo que se le ha preguntado…

Aquel al que nada se le oculta de los pensamientos humanos…

El Espíritu de Jesús, a través de su mirada, ha dicho al Fariseo y a sus compañeros:

–    No hagas insinuaciones perversas…

Para justificarte tú mismo ante tus ojos.

Yo no tengo tu ansia sexual.

Ésta no ha venido a Mí, porque el sexo la haya traído.

No Soy como tú, ni como tus compañeros.

Ha venido porque mis palabras la iluminaron en su alma;

en la que la lujuria había creado tinieblas e incredulidad.

Ha venido porque quiere vencer los sentidos.

Y comprende que siendo una pobre criatura, por sí sola no puede lograrlo.

Ama en Mí al Espíritu de Dios, al cual ha reconocido…

Después de tantos males que recibió de todos vosotros, que habéis disfrutado de su debilidad… 

Y que le habéis pagado con los azotes del desprecio.

Viene a Mí, porque siente haber encontrado al Bien;

la alegría, la paz, que inútilmente buscó entre las pompas del Mundo.

Cúrate de esta lepra tuya que tienes en el alma, fariseo hipócrita.

Aprende a juzgar rectamente las cosas.

Despójate de la soberbia de la inteligencia y de la lujuria de la carne.

Éstas son las lepras más hediondas de vuestras personas.

 Puedo curaros de la lepra del cuerpo, si me lo pedís.

Pero de la lepra del espíritu no, porque no queréis curaros.

Porque os gusta y amáis vuestros vicios.

Esta quiere curarse y mira como la limpio.

Mira cómo le quito las cadenas de su esclavitud.

La pecadora está muerta.

Ha quedado ahí, en aquellos adornos que se avergüenza de ofrecer;

para que Yo los santifique al usarlos en mis necesidades y las de mis discípulos.

Y también en las de los pobres que socorro con lo superfluo de los demás;

porque Yo, el Señor del Universo;

no poseo nada, ahora que Soy el salvador del Hombre.

Ella está ahí, en ese perfume derramado a mis pies;

que ha usado en la parte de mi cuerpo a la que no te dignaste dar un poco de agua fresca,

a pesar de haber caminado tanto, para traerte a ti también, la Luz.

La pecadora está muerta.

Ha renacido María.

Es bella como una niña pudorosa.

Se ha lavado con el llanto.

En verdad te digo, ¡Oh, Fariseo!

Que entre aquella que me ama con su juventud pura y ésta que me ama con su sincera contrición;

de un corazón que ha vuelto a nacer a la Gracia, no hago ninguna diferencia.

Y al que es puro y a la arrepentida, les doy el encargo de comprender mi Pensamiento;

como no lo he hecho con nadie.

Ella se honrará de dar el último tributo de honor a mi Cuerpo y recibirá el primer saludo,

después de mi Madre, en mi Resurrección.

 Este mensaje mental penetró como una saeta ardiente,

en aquellas almas muertas y voraces.

Ellos entendieron su mudo lenguaje, que contiene mayores reproches,

que los que hubiese habido en sus Palabras.

Y el viejo fariseo envidioso, baja la cabeza.

 

Luego Jesús dice a María con infinito Amor:

–     Tus pecados te quedan perdonados.

Tu fe te ha salvado. 

 Vete en paz.

Y Jesús, con un gesto benignísimo; le pone por un momento la mano, sobre la cabeza inclinada.

Ella abandona a sus pies las joyas.

Se echa encima el velo, cubriendo su cabeza despeinada.

Y con los pies descalzos, se retira sin dar la espalda;

adorando al Señor, tal y como se hace en el Templo;

ante el Santo de los santos.

Fue amada porque mucho amó.

Y porque mucho amó; TODO se le perdonó.

Dios perdona todo a quién le ama con todo su ser.

María Magdalena; como los Tres Reyes magos que adoraron a la Divinidad Encarnada de Jesús;

humilló tres dones a los pies divinos:

el corazón a través del llanto.

La carne a través de los cabellos;

la mente a través del perfume.

Así es el que ama con todo.

Da sin retener NADA para sí; ni siquiera el soplo vital. 

Jesús dice:

Lo que le ha hecho bajar la cabeza al fariseo -y también a sus compañeros

Y que no está escrito en el Evangelio,

han sido las palabras que mi espíritu, a través de mi mirada; ha lanzado y clavado en esa alma yerma y ávida.

He respondido mucho más de lo que está escrito, porque ningún pensamiento de los hombres me estaba celado.

Y él ha entendido mi mudo lenguaje, más cargado aún de reproche que cuanto lo estaban mis palabras.

Le he dicho:

“No. No hagas insinuaciones malvadas para justificarte ante ti mismo.

Yo no tengo tu lujuria.

Esta mujer no viene a mí por atracción sensual.

Yo no soy tú, ni soy como tus semejantes.

Viene a mí porque mi mirada y mi palabra, oída por pura coincidencia, le han iluminado el alma;

en que la lujuria había creado tinieblas.

Y viene porque quiere vencer sobre la carne y ha comprendido, ¡pobre criatura!,

Que por sí sola no lo lograría nunca.

Ella ama en Mí el espíritu, nada más que el espíritu, que siente sobrenaturalmente bueno.

Después de tanto mal como ha recibido de todos vosotros, que os habéis aprovechado de su debilidad,

para vuestros vicios;

correspondiéndole luego con los latigazos de vuestro desprecio,

Viene a mí porque percibe que ha encontrado el Bien, la Alegría, la Paz;

que inútilmente ha buscado entre las pompas del mundo.

Procúrate la curación de esta lepra tuya de alma, ¡Oh, fariseo hipócrita!

Y recta visión en las cosas;

depón la soberbia de la mente y la lujuria de la carne.

Estas son lepras mucho más fétidas que las de vuestro cuerpo. 

De las últimas mi toque os puede curar porque por ellas me invocáis;

pero de la lepra del espíritu no, porque no queréis liberaros de ella porque os gusta.

Esta mujer, sin embargo, sí quiere.

Por eso Yo la limpio, por eso la libero de las cadenas de su esclavitud.

La pecadora ha muerto, ha quedado allí, en los adornos que ella se avergüenza de ofrecerme,

para que los santifique usándolos para atender mis necesidades y las de mis discípulos;

para los pobres a quienes socorro con lo que a otros les es superfluo;

porque se da el caso de que Yo, Dueño de1 Universo, ahora que soy el Salvador del hombre, no poseo nada.

Ella está allí, en el perfume con que ha ungido mis pies, disminuido -como sus cabellos-

en esa parte del cuerpo que tú no te has dignado refrescar con el agua de tu pozo;

después de que he recorrido tanto camino para venir a traerte también a ti luz.

La pecadora ha muerto.

Y ha renacido María, que ahora, por su vivo dolor y recto amor;

tiene nuevamente la hermosura de una púdica muchacha.

Ella se ha lavado en su llanto.

En verdad te digo, fariseo, que entre éste, que me ama con su juventud pura,

y ésta, que me ama con la sincera contrición de un corazón renacido a la Gracia, no establezco diferencia,

y que al Puro y a la Arrepentida les confío una misión, respectivamente:

comprender mi pensamiento como nadie y dar a mi Cuerpo los últimos honores y el primer saludo

(no cuento el saludo especial de mi Madre) cuando resucite”.

Esto es cuanto quería decir con mi mirada al fariseo.

Pero a ti te manifiesto otra cosa, para alegría tuya y de muchos.

En Betania, María repitió este gesto que signó el alba de su redención.

Hay gestos personales que se repiten.

Y que denuncian el estilo propio de una persona.

Son gestos inconfundibles.

En Betania, de todas formas -y ello era justo- el gesto fue menos humillante y más confidencial;

dentro de su actitud de reverente adoración.

Mucho había caminado María desde aquel amanecer de su redención. Mucho.

El amor, como viento veloz, la había impulsado consigo hacia arriba y hacia delante;

el amor, como una hoguera, la había devorado y había destruido en ella la carne impura,

y había proclamado señor en ella a un espíritu purificado.

María, distinta por su renacida dignidad de mujer, distinta en su vestido, sencillo como el de mi Madre,. 

Y en su peinado; de mirada sencilla, de actitud sencilla, de palabra sencilla y nueva;

ahora me honraba con el mismo gesto, pero de forma nueva:

cogió el último de sus vasos de perfume, que había reservado para Mí;

me lo esparció sobre los pies, sin llanto; con mirada dichosa, por el amor

y la seguridad de haber sido perdonada.

Y también sobre mi cabeza.

Ahora María podía, sí, ungirme y tocarme la cabeza.

El arrepentimiento y el amor la habían purificado con el fuego de los serafines,

y ella misma era un serafín.

Dítelo a ti misma, María mi pequeña “voz”, díselo a las almas.

Ve, díselo a las almas que no se atreven a venir a Mí porque se sienten culpables.

Mucho, mucho, mucho se le perdona a quien mucho ama, a quien mucho me ama.

¿No sabéis, pobres almas, cómo os ama el Salvador!

No tengáis miedo de Mí.

Venid. Con confianza.

Con coraje.

Que Yo os abro el Corazón y los brazos.

Te debería llamar como a Daniel.

Eres el alma de los deseos, te amo porque deseas intensamente a tu Dios.

Podría seguir diciéndote lo que mi ángel dijo a Daniel:

“No temas, porque desde el primer día en que aplicaste tu corazón a comprender…

Y a afligirte en la presencia de Dios, han sido escuchadas tus oraciones; por ellas he venido”.

Pero no te está hablando el ángel; soy Yo: Jesús.

Siempre que una persona “aplica su corazón a comprender”,

Yo me acerco.

No soy un Dios duro y severo.

Soy Misericordia viva.

Más rápido que el pensamiento me acerco a quien a mí se vuelve.

Y me acerqué veloz con mi espíritu también a la pobre María de Magdala; tan inmersa en su pecar,

En cuanto sentí que surgía en ella el deseo de comprender:

Comprender la luz de Dios y su estado de tinieblas;

Yo me hice Luz para ella.

Hablaba a muchos aquel día, pero verdad es que hablaba para ella sola.

Sólo la veía a ella, que se había acercado movida por un violento repente de su alma;

que se rebelaba contra la carne que la tenía sujeta.

Sólo la veía a ella, con su rostro atormentado;

con su forzada sonrisa, que escondía bajo apariencia de falsa seguridad y alegría,

que no eran sino desafío al mundo y a sí misma, con mucho llanto íntimo.

Sólo la veía a ella, mucho más enredada en las zarzas que la oveja extraviada de la parábola;

a ella, que se anegaba en la náusea de su vida.

Náusea que emergía como esos embates profundos que sacan consigo el agua del fondo.

No dije grandes palabras, ni toqué un tema referido a ella, pecadora bien conocida;

para no humillarla y obligarla a huir, a avergonzarse o a venir.

La dejé tranquila.

Dejé que mi palabra y mi mirada descendieran a su interior y que allí fermentasen;

para hacer de aquel impulso de un momento su glorioso futuro de santa.

Hablé con una de las más dulces parábolas, rayo de luz y bondad emanado exactamente para ella.

“Y aquella noche, mientras ponía pie en casa del rico soberbio en quien mi palabra no podía fermentar;

para transformarse en futura gloria, pues la mataba la soberbia farisaica.

Ya sabía que ella vendría, después de haber llorado mucho en su habitación de vicio;

después de haber decidido, a la luz de ese llanto, su futuro.

Los hombres, devorados por la lujuria, al verla entrar se estremecieron en la carne…

Y acusaron con el pensamiento.

Todos la desearon, excepto los dos “puros” del convite: Yo y Juan.

Todos pensaron que venía por uno de esos fáciles caprichos,

que – verdadera posesión diabólica- la arrojaban a repentinas aventuras.

Pero Satanás ya estaba vencido. 

Y todos con envidia pensaron, viendo que no se dirigía a ellos, que era Yo por quien venía.

El hombre, cuando no es sino hombre de carne y sangre, mancha siempre hasta las cosas más puras.

Sólo los puros ven bien, porque el pecado no les turba el pensamiento.

Pero no debe ser motivo de abatimiento el que el hombre no comprenda.

Dios comprende y es suficiente para el Cielo.

La gloria que viene de los hombres no aumenta ni en un gramo,

la gloria que es destino de los elegidos en el Paraíso.

Recuérdalo siempre.

La pobre María de Magdala fue siempre mal juzgada en sus actos buenos;

no lo había sido en sus malas acciones, porque eran bocados de lujuria,

ofrecidos a la insaciable hambre de los lascivos. 

Fue criticada y juzgada mal en Naím, en casa del fariseo; 

criticada y objeto de reproche en Betania, en su casa.

Pero Juan, diciendo una gran palabra, da la clave de esta última crítica:

“Judas… porque era ladrón”.

Yo digo: “El fariseo y sus amigos porque eran lujuriosos”.

¿Lo véis?

La avidez de la carne, la avidez por el dinero, alzan su voz y critican el acto bueno.

Los buenos no critican.

Nunca.

Comprenden.

Pero, repito, no importa la crítica del mundo; lo que importa es el juicio de Dios.

Recordad siempre esto:

“No establezco diferencia entre aquel que me ama con su pureza íntegra…

Y aquel que me ama en la sincera contrición de un corazón renacido a la Gracia”.

Soy el Salvador.

No lo olvidéis nunca.

Ve en paz. Te bendigo.

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175 DIAGNÓSTICO ESPIRITUAL


175 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La ciudad está semidesierta en esta noche serena y clara por la luna llena que resplandece en toda su plenitud.

La Pascua ha sido celebrada y consumida en una de las casas de Lázaro.

En la puerta exterior Jesús, con esa señorial cortesía muy suya, se ha despedido de Juan de Endor, dejándolo como custodio de las mujeres y dándole las gracias por esto mismo.

Le dió un beso a Margziam, que también acudió a la puerta.

Y se encamina con los suyos en el barrio de Bezetha, siguen a lo largo de la muralla y dejan atrás la casa de José de Arimatea.

Avanzan ligeros hacia fuera por la Puerta de Herodes.

Tadeo pregunta:

–     ¿A dónde vamos, Señor?

Jesús responde:

–     Venid conmigo.

Os llevo a coronar la Pascua con una perla anhelada y singular.

Por este motivo he querido estar sólo con vosotros, ¡Mis apóstoles!

Gracias amigos, por el gran amor que me tenéis; si pudierais ver cómo me consuela, os asombraríais.

Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros.

Convenceos de que por Mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar…

Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por Mí.

Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros.

Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en Mí, en todo.

Ya están en el ángulo nordeste de la muralla; vuelven la esquina y van siguiendo la base del monte Moria…

Hasta llegar a un punto en que por un puentecito, pueden cruzar el Cedrón.

Santiago de Alfeo pregunta:

–    ¿Vamos a Getsemaní?

–    Más arriba.

A la cima del monte de los Olivos.

Juan exclama:

–    ¡Oh! ¡Será algo bello!

Pedro susurra:

–    También le habría gustado al niño.

Jesús dice:

–     ¡Tendrá oportunidad de verlo otras muchas veces!

Estaba cansado y además es un niño.

Quiero ofreceros una cosa grande, porque ya es justo que la tengáis.

Suben entre los olivos, dejando Getsemaní a su derecha.

Suben más arriba por el monte, hasta alcanzar la cima, donde los olivos se balancean crugiendo…

Avanzan por entre le olivar, hasta que Jesús se frena y dice:

–     Detengámonos aquí…

Todos se acomodan a su alrrededor, sentándose para escucharlo…

Jesús dice:

“Queridos, muy queridos discípulos míos, continuadores míos en el futuro, acercaos a Mí.

Hace poco tiempo, me habéis dicho:

“Enséñanos a orar como lo haces Tú; enséñanos, como Juan enseñó a los suyos.

Y siempre os respondí:

‘Os enseñaré cuando vea en vosotros un mínimo de preparación suficiente, para que la plegaria no se convierta en una fórmula vacía de palabras humanas.

Sino que sea una verdadera conversación con el Padre.

Ha llegado el tiempo. Hemos obedecido el Precepto Pascual, como verdaderos israelitas y el precepto divino de la caridad; para con Dios y para con el prójimo.

Uno de vosotros ha sufrido mucho en estos días, debido a una acción que no merecía.

Y ha sufrido por el esfuerzo que se ha hecho a sí mismo, para controlar la ira que esa acción había provocado.

Sí, Simón de Jonás, ven aquí.

Ni una palpitación de tu corazón honrado, me ha pasado desapercibida.

Y no ha habido sufrimiento que no haya compartido contigo.

Yo… y tus compañeros.

Pedro dice:

–    Pero Tú Señor, has sido ofendido más que yo.

Y esto era para mí una pena mayor… Que Judas haya desdeñado acompañarme en la fiesta, me molestó mucho como hombre.

Pero al ver que Tú estabas adolorido y ofendido, me molestó de otro modo. Y sufrí el doble…

Yo no quiero gloriarme, ni hacerme el héroe, usando tus palabras. Pero debo decir que he sufrido con mi alma…

Y esto causa mayor dolor.

–    No es soberbia, Simón.

Has sufrido espiritualmente, porque Simón de Jonás, pescador de Galilea; se está convirtiendo en Pedro de Jesús;

Maestro del espíritu; por lo cual también sus discípulos se hacen activos y sabios en el espíritu. Porque has avanzado en la vida del espíritu.

Y porque vosotros también habéis avanzado, quiero enseñaros esta noche la Oración.

¡Cuánto habéis cambiado desde aquel día en que nos detuvimos en un lugar desierto por algunos días!

Bartolomé pregunta un poco incrédulo:

–   ¿Todos, Señor?

–   Comprendo lo que quieres decir.

Yo os hablo a vosotros los once, que estáis aquí, no a otros.

Andrés dice con mucha tristeza:

–   Pero, ¿Qué le pasa a Judas de Simón, Maestro?

Ya no lo comprendemos. Parecía muy cambiado y ahora… desde que dejamos el lago…

Pedro interviene:

–    Cállate hermano.

La llave del misterio la tengo.

Se ha colgado un pedacito de zebú.

Fue a buscarlo a la caverna de Endor, para sorprender a los demás.

Lo tomó del nicho donde estaba el búho.

¡Y se lo tiene merecido!

El Maestro se lo dijo aquel día…

En Gamala, los diablos entraron en los cerdos.

En Endor, los que salieron del desgraciado Juan, entraron en él. Se entiende que…

Se entiende… ¡Déjame decirlo, Maestro!

Lo tengo aquí, en la punta de la lengua y si no lo digo, me muero…

Jesús le pide:

–   Simón. Sé bueno.

–   Sí, Maestro.

Y te aseguro que no le haré ningún desprecio.

La posesión espiritual perfecta se agrava tremendamente por la Lujuria y la maldad de Asmodeo…

Pero digo y pienso que siendo Judas tan vicioso… Y tan mujeriego…

Todo el Templo lo conoce, lo sabe y Todos lo sabemos.

Y está sin protección porque quiere. Se entiende que también los demonios, gustosos cambian de casa.

Es un semejante al cerdo…

Pedro calla.

El  silencio se extiende un largo momento.

Y agrega con un suspiro:

–    Bueno, lo he dicho.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–   ¿Entonces tú piensas que por eso es así?

–   ¿Y qué otra cosa quieres que sea?

No hay ninguna otra razón para que se haya vuelto tan intratable.

Está peor que en Agua Especiosa.

Allí se podía pensar que el humor y la estación  lo pusiesen nervioso.

Pero ahora…

Jesús agrega con calma:

–    Hay otra razón, Simón…

–    Dila, Maestro.

Estoy contento de desengañarme del compañero.

–   Judas está celoso.

Está inquieto por celos.

–   ¿Celoso de quién?

No tiene mujer. Y aunque la tuviese, creo que ninguno de nosotros sería capaz de ofender a un condiscípulo…

–    Está celoso de Mí.

Piensa… Judas ha cambiado desde Endor y luego…  Empeoró en Esdrelón.

Esto es; desde que vio que me ocupaba de Juan y de Marziam.

Pero ahora que Juan nos dejará y que se irá con Isaac, verás que volverá a ser alegre y bueno.

–   Está bien.

Pero no querrás decirme que no es presa de un diablillo…

Y sobre todo; no querrás que diga que se ha compuesto en estos meses en que se ha portado peor.

El año pasado yo también era celoso… ¿No recuerdas que no quería que hubiese nadie más que nosotros seis?

Ahora deja que invoque a Dios como testigo de mi pensamiento. Ahora digo que soy feliz; entre más aumentan los discípulos a tu alrededor.

¡Oh! ¡Cómo quisiera traerte a todos los hombres!

Pero, ¿Por qué he cambiado? Porque me he dejado cambiar por Ti. Él…  él no ha cambiado. Al contrario…

Convéncete, Maestro. Un diablillo se ha apoderado de él…

–    No lo digas, ni lo pienses.

Ruega para que se cure. Los celos son una enfermedad emocional…

Que destrozan el alma.

–    De la que se puede curar si uno quiere.

¡Ah! Lo soportaré por causa tuya… Pero, ¡Qué fatiga!…

Judas Tadeo, dice:

–    Me parece que ya recibió su castigo…

Al no estar con nosotros en esta noche; en que aprenderemos algo tan importante.

Jesús dice:

–     Ha llegado el momento.

Vosotros poseéis cuanto es suficiente para conocer las palabras dignas que se digan a Dios y os las quiero enseñar esta noche en medio de la paz y el amor que existe entre nosotros.

En la paz y el amor de Dios y con Dios…

Escuchad: cuando oréis, decid así:

“Padre Nuestro…”

174 EL APÓSTOL REBELDE


174 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Es la vigilia de la Pascua, Jesús espera a que regrese Pedro que ha llevado el cordero pascual al sacrificio.

Está Él solo, con los discípulos y Jesús le habla a Margziam de Salomón…

Entonces Judas atraviesa el gran patio, con un grupo de jóvenes de su edad.

Habla con grandes gesto y ademanes de un hombre muy importante.

Su manto se mueve continuamente y se lo compone con presuntuosos movimientos de sabio.

Es tan exagerada su pomposidad, que ni siquiera Cicerón habrá hecho tanto alarde, cuando pronunciaba sus discursos…

Tadeo exclama:

–    ¡Miren! ¡Allá está Judas!…

Felipe observa:

–    Está con un grupo de ‘saforim’ (escribas)

Tomás dice:

–    Voy a oír lo que está diciendo.

Tomás se va; uniendo la acción a la palabra.  

Y lo hace tan rápido, que Jesús no tiene tiempo de decir su acostumbrado ‘No’…

¡Y Jesús!… ¡Ay, el rostro de Jesús!…  

¡Oh! ¡Qué rostro tiene Jesús!…

De verdadero sufrimiento y de juicio muy severo…

Marziam, que lo ha estado mirando atento a Jesús desde el principio, mientras le hablaba del gran rey de Israel, con un tinte de tristeza y su dulzura…

Nota el repentino cambio y se espanta.

Toma la mano de Jesús y la sacude para volver a atraer su atención

Y le dice:

–    ¡No mires!

¡No mi-res!… mírame a mí. Yo sí te quiero mucho.

Tomás logra acercarse a Judas, sin que éste lo vea y lo sigue por algunos metros.

Al oír lo que está diciendo…

Suelta una retumbante exclamación:

–    ¡Bravo rabí!  

Que hace voltear a muchos a mirarlo.

La posesión demoníaca perfecta no tolera ninguna crítica, ni acepta sus errores…

Especialmente a Judas que se pone pálido de rabia. 

Y Tomás aplaude con burla… 

Agregando con sorna:   

–    ¡Pero cuántos maestros espléndidos tiene Israel!

¡Te felicito, nueva lumbrera de sabiduría!¡Eres extraordinario para imitar!

Judas aumenta su aire orgulloso, como si fuera un gran doctor de Israel,

Y dice despectivo:

–   No soy una piedra, sino una esponja.

¡Y absorbo! Y cuando lo exige el deseo de los que tienen hambre de sabiduría; entonces me exprimo para darme a todos con los jugos de la vida.

Tomás reprime su deseo de lanzar una carcajada…

Y también el impulso de sorda ira que experimenta por un instante, en su carácter bonachón.

Se limita a decir:

–    Se diría que eres un eco fiel.

Pero el eco, para subsistir, debe estar cerca de la Voz; de otro modo muere, amigo.

Y tú, me parece que te estás alejando de ella.

Él está allí. ¿No vienes?

La posesión demoníaca perfecta se siente superior y merecedor de la pleitesía de los demás…

Judas se pone de todos los colores.

Con esa cara suya rencorosa y repugnante de sus momentos peores…

Por un instante, su cara; como en uno de sus peores momentos; refleja una ira diabólica y es repugnante.

Pero inmediatamente se domina… 

Y se despide: 

–     Adiós, amigos.  

Y volviéndose hacia su compañero apóstol, 

declara: 

 –    Aquí estoy contigo Tomás, querido amigo mío.

Vamos inmediatamente con el Maestro. No sabía que estaba en el Templo.

Si lo hubiera sabido, lo hubiera buscado.

Y pasa el brazo por los hombros a Tomás, como si experimentara por él un cariño muy grande.

La posesión demoníaca perfecta es HIPÓCRITA y manipuladora…

Y empiezan a caminar.

Tomás, complaciente pero nada tonto; no se deja engatusar por estas palabras.

Y con algo de ironía le pregunta:

–    ¿Cómo?

¿No sabes que es Pascua?

¿Crees que el Maestro no sea fiel a la Ley?

Judas dice con altanería:

–   ¡Oh! ¡No se trata de eso!

El año pasado se mostraba. Hablaba… me acuerdo que exactamente en este día, me atrajo precisamente por su energía de Rey.

Ahora parece que se hubiera apagado y hubiera perdido su fuerza…

¿No te parece?

–     A mí no.

Me parece más bien como que alguien perdió crédito.

–     En su misión.

Lo dices bien.

La posesión demoníaca perfecta no reconoce, cualidades superiores en los demás…

–     No.

Entiendes mal.

Ha perdido confianza en los hombres. Y tú eres uno de los que ha contribuido a ello.

¡Deberías avergonzarte!

Tomás está serio y su última frase suena como una bofetada.

Ya no ríe Tomás, está muy serio con una expresión sombría y su última frase suena como una bofetada.

La soberbia de Judas siente su reprensión como un latigazo.  

Y responde amenazador: 

–     ¡Ten cuidado con lo que dices! 

–     ¡Y tú ten cuidado con lo que haces!

Somos dos judíos sin testigos y por eso hablo. Y te repito: ¡Deberías avergonzarte!

Y ahora cállate. No te quieras dar baños de santo, no seas trágico, ni te pongas a lloriquear…

Porque de otro modo, hablo fuerte y delante de todos.

Ahí están el Maestro y los compañeros. ¡Pórtate bién!

Cuando llegan al grupo

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

Judas saluda:  

–     Paz a ti, Maestro… 

Jesús responde con cortesía y severidad:  

–     Paz a ti, Judas de Simón.

–     Es un placer encontrarte aquí…

Tengo algo que decirte…

–     Habla.

Judas mira nervioso a su alrededor…

Y dice titubeante:

–     Mira, es que…

Quería decirte… ¿No puedo decírtelo aparte?

–     Estás entre tus compañeros. 

–    Pero yo quisiera hablarte solo a Ti.

–    En Bethania estoy a solas con quién quiere y me busca.

Pero tú no lo haces. Tratas de evitarme.Me huyes.

La posesión demoníaca perfecta es un juez implacable con los demás, NO ADMITE LAS CRÍTICAS y su mayor preocupación es lo que puedan pensar los demás…Viven obsesionados con la imagen…

–    No, Maestro.

No puedes afirmarlo.

El rostro de Jesús aumenta su severidad,

al cuestionar: 

–     ¿Por qué ayer has ofendido a Simón?

¿Y con él a Mí? ¿Y con nosotros a José de Arimatea y a los compañeros? ¿Y a mi Madre y a las otras mujeres?  

Con cada frase aumenta la dureza y restallan como latigazos.  

Judas pone cara de inocencia, 

al contestar: 

–     ¿Yooo?

¡Pero si no os vi!

–     No quisiste vernos.

¿Por qué no viniste, como habíamos convenido, para bendecir al Señor por un inocente que iba a ser acogido en el seno de la Ley?

¡Responde! ¿No sentiste ni siquiera la necesidad de avisar de que no ibas a venir?  

El reclamo es totalmente divino y los que contemplan la escena, realmente no desearían conocer sobre sí, (incluída yo) la faceta de Jesús, como un Juez muy Severo…

A lo lejos se ve a Pedro venir de regreso con su cordero degollado, sin las vísceras y envuelto en su piel  

Margziam lo ve y grita: 

–     ¡Ahí viene mi padre!

¡Oh! Y con él vienen Miqueas y los demás.

¿Puedo ir a su encuentro para oír lo que dicen de mi anciano padre?

Jesús lo acaricia y le dice con mucha dulzura: 

–     Ve, hijo.

Tocando a Juan de Endor en un hombro, le pide: 

–    Por favor, acompáñalo y…

Entretenlo un poco».  

Su rostro y su voz vuelven al punto en que estaba con Judas. 

De nuevo se dirige a él con una gran autoridad en su Voz:

Nosotros con el Don del Discernimiento funcionando en todo su esplendor, comprendemos que…

Es cuando se advierte que El que está cuestionando a través de Jesús… ¡Es el mismísimo Padre Celestial!

Y ABBA está  bastante molesto…

–   ¡Responde, pues!

¡Te estoy esperando!

La posesión demoníaca perfecta es tan egoísta, que no puede ser empática. Tiene tendencias sociópatas y lo que menos le importa es rendir cuentas a nadie de sus actos… La soberbia es su impulso vital. 

Una sombra pasa por la mirada de Judas…

Por un momento Judas se encoge,

y balbucea…

–    Me surgió repentinamente…

Luego aspira profundo, se recupera pronto,

y agrega con descaro:

–     Maestro, un encuentro inesperado…

Que no podía menos que… me pudo mucho… pero…

Jesús lo interrumpe:

–    Pero, ¿No había en todo Jerusalén, alguien que pudiese notificarnos tu excusa…?

¡Admitiendo que la tuvieras!…

Y ya de por sí esto era reprobable.

Te recuerdo que hace poco un hombre dejó de ir a enterrar a su padre por seguirme

Y que estos hermanos míos dejaron en medio de maldiciones, la casa paterna, por seguirme. 

Que Simón, Tomás, Andrés, Santiago, Juan, Felipe y Nathanael, dejaron su familia.

Simón Cananeo su riqueza, para dármela y Mateo su vida pecaminosa, por seguirme.

Así podría enumerarte cien más.

Hay quién abandona su vida, la vida misma, por seguirme en el Reino de los Cielos.

Y podría continuar con otros cien nombres.

Hay quien deja la vida, la misma vida para seguirme hasta el Reino de los Cielos.

Pero ya que no eres generoso; procura ser por lo menos educado y tener elegancia. 

No tienes caridad; pero al menos sé caballeroso.

Imita, ya que te gustan tanto; a los fariseos falsos que me traicionan…

Que nos traicionan, pero que lo hacen mostrándose educados.

Tu obligación era no comprometerte para estar con nosotros.

Para no ofender a Pedro, al que ordeno que todos respetéis.

¡Si al menos hubieras avisado!

Por un momento, Judas siente un escalofrío de terror.

La posesión demoníaca perfecta transforma el MIEDO en ODIO y deseo de aplastar lo que le incomoda. Por eso aumenta su crueldad y su desprecio…

Pero una extraña fuerza interna llena de rebeldía, hace que permanezca inmutable…

Y dice con la mayor desfachatez:

–    He faltado.

Pero ahora venía con intenciones de buscarte para decirte, que siempre por la misma razón, mañana no podré venir. ¿Sabes?

Tengo amigos de mi padre y me…   

Jesús lo para en seco: 

–    ¡Basta!

Vete con ellos. ¡Adiós!

–   ¡Maestro!

¿Estás enojado conmigo? Me dijiste que serías como mi padre… Soy un joven atolondrado; pero un padre perdona…

–   Te perdono, sí.

Pero vete.

No hagas esperar más a los amigos de tu padre.

Así como Yo no hago esperar a los amigos del santo Jonás.

–    ¿Cuándo partirás de Bethania?

–     Al fin de los Azimos. Adiós.

Jesús le da la espalda y da unos cuantos pasos.

Judas se va, rápido.

22. Pero Samuel dijo: ¿Acaso se complace Yahveh en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la palabra de Yahveh? Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros.
23. Como pecado de hechicería es la rebeldía, crimen de terafim la contumacia.1 Samuel 15

Todos están asombrados…

 Y boquiabiertos…

Acaban de presenciar una confrontación abierta con Satanás, ¡Y Nadike lo percibió!

Jesús se vuelve y va hacia los campesinos, que están encantados ante el cambio que ven en Margziam.

Camina unos pasos, pero se detiene al oír la observación que hace su apóstol….

Tomás exclama:

–    ¡Por Yeové!

Quería verte con la energía de un Rey… ¡Y te ha visto…!

La otra mitad de la frase que Tomás calla es:

‘Con la majestad de Dios’…   

Entonces Jesús les pide: 

–     Os ruego que olvidéis todos este incidente…

De la misma forma que Yo me esfuerzo en olvidarlo. Y os ordeno que guardéis silencio ante Simón de Jonás, Juan de Endor y el pequeño.

Por motivos que vuestra inteligencia puede comprender, no conviene causarles a ninguno de los tres, aflicción, ni escándalo.

Y silencio también en Betania ante las mujeres. Que está entre ellas mi Madre, recordadlo. 

NO está bien causar y NO vamos a darle dolor ni escándalo a nadie…

Os ordeno que no digáis nada a nadie. 

Todos dicen:

–   ¡Lo haremos!

Puedes estar tranquilo, Maestro», haremos de todo para reparar esto».

Y para consolarte.   

–     ¡Gracias!…

Cuando se encuentran los dos grupos, 

y Jesús dice:

–    ¡Oh, paz a todos vosotros!

Isaac os ha encontrado Me alegro. Gozad en paz vuestra Pascua.

Cada uno de mis pastores será un buen hermano para vosotros.

Isaac, antes de que se marchen tráemelos. Quiero bendecirlos otra vez.

¿Os habéis fijado, el niño?

–     ¡Maestro, qué bien está!

¡Ya está más lozano! Se lo diremos al anciano. ¡Qué contento se va a poner!

Y señalando a Pedro…

Agrega: 

–    Este justo nos ha dicho que ahora Yabés es su hijo…

¡Un hecho providencial! Lo vamos a contar todo, todo.  

Margziam dice: 

–     También que soy hijo de la Ley.

Que me siento feliz y que me acuerdo siempre de él. Que no llore ni por mí ni por mi mamá, porque la tengo a mi lado.

Y también a él como un ángel…

Y la tendrá siempre y en la hora de la muerte.

Si Jesús ha abierto para entonces las puertas del Cielo…

Pues entonces mi mamá, más linda que un ángel, saldrá al encuentro del anciano padre y lo conducirá a Jesús.

Lo ha dicho Él.

¿Se lo vais a decir? ¿Lo vais a saber decir bien?

–     Sí, Yabés.

–     No. Ahora soy Margziam.

Me ha puesto este nombre la Madre del Señor. Es como si se dijera su nombre. Me quiere mucho.

Me mete Ella en la cama todas las noches y me hace decir las mismas oraciones que hacía decir a su Hijo.

Por las mañanas me despierta con un beso, luego me viste. Me enseña muchas cosas…

¡Él también, eh!…

Entran dentro tan suavemente, que se aprenden sin trabajo. ¡Mi Maestro!

El niño se abraza a Jesús con tal adoración de acto y de expresión que se conmueve todo el que lo ve. 

Jesús confirma:

–     Sí.

Diréis todo esto, y también que no pierda la esperanza el anciano: este ángel pide por él y Yo lo bendigo.

También os bendigo a vosotros.

Idos. La paz sea con vosotros.

Los grupos se separan y se van cada uno por su lado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

D UN SUEÑO PROFÉTICO 1


CUMPLIMIENTO

PÉRDIDA DE LA FE

¿Cuáles son los Signos de la Pérdida de Fe en vastos Sectores de la Iglesia?

La idea de muchos católicos es que la Iglesia crecerá indefinidamente hasta la Segunda Venida de Jesucristo.

Sin embargo esto ya ha sido desmentido, porque la época de oro del cristianismo ya fue, fue en lo que se llama la cristiandad en el medioevo.

A partir de lo cual el mundo se ha ido descristianizando y la Iglesia perdiendo pie en occidente, aunque creciendo en otros continentes.

Además, tanto las escrituras como la doctrina de la Iglesia estampada en su Catecismo, dicen que antes de la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo,

la Iglesia pasará por una gran crisis, una gran tribulación.

Lo que está evidenciado en la  frase de Jesús «Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?» (Lc 18: 8).

Y hoy estamos de cara ante esa posibilidad, debido a lo que se escucha, ve, y lee.

A pocos lectores medianamente atentos, se les escapa el desconcierto en la fe que tienen, desde cardenales hasta humildes católicos en los bancos de las parroquias.

Y esto nos lleva a cuestionarnos sobre una apostasía muy importante dentro de la Iglesia.

Muchos católicos en los bancos están como anestesiados.

Otros han dejado de preocuparse, porque piensan que la solución no está en sus manos.

Lo cierto es el la Iglesia Católica Romana está sufriendo una doble pinza.

Por un lado, la sociedad secular persigue a la Iglesia…

argumentando su posición respecto al aborto, la supuesta homofobia y demás pecados que la mayoría de los sacerdotes denuncian.

Pero por otro lado se ha gestado una revolución interna de aceptación creciente de la moral laicista…

Que está desarmando y modificando la doctrina tradicional de la Iglesia.

Esto ya lo previó Nuestro Señor hace 2000 años.

LA PERSECUCIÓN DE LOS CRISTIANOS AL FINAL DE LOS TIEMPOS

Los ataques externos que suceden en el mundo se inscriben dentro lo que Nuestro Señor Jesucristo repetidamente enseñó, que los fieles cristianos serían odiados por todos.

Nuestro Señor Jesucristo repetidamente enseñó que los fieles cristianos serían odiados por todos.

Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.

Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. (Juan 15: 18-19)

¿Y por qué es esto?

Siempre ha habido un conflicto entre el mundo y los fieles discípulos de Jesucristo.

Jesús nos enseñó a rechazar el pecado, y a amarnos unos a otros. El verdadero amor es incompatible con el pecado.

En la medida en que pecas, que has fracasado en el amor.

Pero el mundo ha abrazado el pecado.

Por lo tanto la sociedad secular pecaminosa siempre tendrá algo para oponerse al cristianismo verdadero y a los fieles.

¿Por qué? porque el amor y el pecado son incompatibles.

Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre. (Mateo 24: 9)

Esta oposición entre el mundo y los fieles se incrementa o incrementará durante la tribulación, que incluye un gran martirio de muchos cristianos.

Se ve  un fuerte aumento del odio por las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia, y por todos los que creen y viven de acuerdo con esas enseñanzas.

Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de muchos se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. (Mateo 24: 12-13)

Caridad es una palabra usada para referirse al verdadero amor espiritual, es diametralmente opuesta a iniquidad.

El amor y el pecado se oponen el uno al otro porque el pecado es maldad.

Por lo tanto cuando abunda la iniquidad, la caridad se enfría en muchas personas.

Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. (Marcos 13:13)

No vamos a tener éxito en convencer a todo el mundo para convertirse en fieles discípulos de Cristo.

No podemos ganar la guerra cultural entre la sociedad secular de pecado y la fe cristiana. Sin embargo la Iglesia y los fieles no desaparecerán del mundo.

Podemos y vamos a perseverar hasta el final de la tribulación cuando Cristo regrese.

Y los fieles cristianos serán salvados por su perseverancia en la fe, a pesar de la oposición del mundo.

Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre

17. Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo.

Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. (Lucas 6: 22-23)

Es una bendición ser odiado por la sociedad secular de pecado, si somos odiados por nuestra fidelidad a Cristo.

Con el tiempo, los cristianos serán separados de la sociedad.

Habrá muchas formas en las que los cristianos no podrán participar en la sociedad.

Por ejemplo, con el tiempo, quizás no haya hospitales cristianos, porque todos los hospitales se verán obligados por la ley y la cultura a cometer pecados graves:

Aborto, la anticoncepción abortiva, la eutanasia, los procedimientos de transición de género, la procreación artificial, y otros pecados graves.

Con el tiempo, los cristianos fieles no serán capaces de enseñar en las escuelas públicas y no habrá escuelas privadas cristianas.

Porque todas las escuelas eventualmente serán obligadas por la ley y la cultura a enseñar doctrinas erróneas:

Fomentando un comportamiento ajeno a su moral, como el caso de la homosexualidad y  la ideología de género.

Y lo mismo puede decirse de los otros tipos de participación en la sociedad.

Los cristianos ya son vituperados por la sociedad por sus creencias:

como el rechazo del aborto y la anticoncepción, el matrimonio entre homosexuales, el cambio de sexo, y muchos otros pecados graves.

Y este reproche sólo va a empeorar a medida que la sociedad rechace más la fe en Dios y se haga cada vez más pecaminosa.

También Nuestro Señor dudaba de si encontraría fe cuando volviera en su Segunda Venida:

Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra? (Lc 18:8).

Y eso es una acusación contra la propia Iglesia, que como vemos se irá deteriorando en su capacidad de mantener la fe a su interior.

EL PEOR ATAQUE CONTRA EL CRISTIANISMO VIENE DE ADENTRO DE LA IGLESIA

Los católicos estamos poniendo mucho énfasis en el ataque que estamos sufriendo de parte del mundo occidental laicista que está expulsando a las religiones del área pública.

Pero no tendría el efecto que vemos si el cristianismo estuviera compacto y tuviera la fe que tenían los primeros cristianos.

Aquí nos encontramos ante el dilema del huevo o la gallina, que es primero.

Porque esta actividad y actitud del mundo laicista occidental sólo sería posible en esta magnitud sí el cristianismo no está fuerte.

Sí cristianismo está fuerte y cree realmente en la doctrina, es capaz de salir a evangelizar de nuevo y crear los antídotos ante estos ataques; podría recomponer la cultura que se está perdiendo.

Si hablas con Dios estás rezando… Si Dios te habla, tienes esquizofrenia… 

Por la soberbia de NEGAR LO SOBRENATURAL Y DIVINO dentro de la Iglesia…

(los milagros se acabaron junto con los primeros apóstoles)

El cristianismo está desvaneciéndose dentro de los propios cristianos.

Hay una herejía monumental en nuestro tiempo.

Que supera a la herejía más grande que ha sucedido en el catolicismo, que fue el arrianismo, la cual negaba abiertamente la divinidad de Cristo.

Ahora existe lo que llamamos un arrianismo sigiloso, que no niega abiertamente ni proclama a toda voz desde los púlpitos la no divinidad de Cristo en las palabras.

Sino que la niega en sus acciones.

Durante por lo menos los últimos 50 años los arrianistas sigilosos dentro de la Iglesia Católica ya sean laicos, religiosos o sacerdotes,

han hecho todo lo posible a su alcance para eliminar las cosas que apuntan a la divinidad de Cristo y a la sobrenaturalidad de nuestra fe.

Ejemplo de esto ha sido el despojamiento en las iglesias del arte sagrado, la arquitectura sagrada, la música sagrada e incluso de los elementos sagrados del santo sacrificio de la misa.

Se ha perdido la maravilla.

Y eso es lo que lleva a muchos católicos a presentarse a recibir la Eucaristía vestidos de manera inconvenientes,

tomando la ostia como si estuvieran metiendo la mano en una bolsa de papas fritas y sin asombrarse del milagro.

El terrible SACRILEGIO de la comunión en la mano y dada por los ministros laicos…

Y esto se trasmite a todos a través del clima en el propio templo.

Pensemos en la transubstanciación, que aunque se diga que cristo está con su cuerpo y sangre en la hostia consagrada, en el fondo pocos creen en ello.

En el fondo, lo tratan de una explicación piadosa medieval, de algo simbólico.

Lo más sorprendente es que estos individuos asisten a misa y hasta la celebran.

Porque en realidad no tienen por qué participar en misa, ya que descreen de muchas de las cosas que hacen a la maravilla del regalo que nos hizo Jesucristo de vida eterna.

Estamos siguiendo lo que ha sucedido a muchos judíos.

Al que escribe este artículo le ha sucedido ir invitado a una sinagoga e informarse por los propios concurrentes que no creen en Dios,

que los salmos que cantan son sólo una expresión folklórica de su pueblo, al cual sí aman.

Los últimos hallazgos de las investigaciones sobre los católicos son sombríos porque la gente está dejando en masa la religión, en occidente.

Y esto es porque la iglesia se ha ido convirtiendo en una ONG que realiza obras de caridad y practica el buenismo, con reuniones sociales básicamente los domingos.

El énfasis no se pone en la evangelización sino en la justicia social la ecología, mejorar la vida de los pobres, etc.

En el fondo el problema es el modernismo.

Que es la idea de que lo sobrenatural no es creíble en esta época moderna y ha sido superado por los conocimientos científicos.

Habido una fantástica estrategia de desmitologización de las historia de la Biblia, eliminando los milagros y elementos sobrenaturales de los evangelios.

Lo que ha tenido una influencia muy grande los seminarios, que luego se ha transmitido a los púlpitos en todo el mundo.

El proceso se vendió como un pasaje desde un catolicismo infantil a un catolicismo maduro.

Las historias sobrenaturales tuvieron que ser eliminadas porque no encajaban con el mundo moderno.

Las doctrinas relativas con demonios, ángeles, cielo e infierno fueron extirpadas a través del silencio de los púlpitos.

Porque se consideraban primitivas y medievales y poco creíbles para gente moderna

Y lo peor que esto no partió de los laicistas presionando a la iglesia.

Sino que partió del propio seno de la iglesia, que vació este contenido sobrenatural.

Se llegó a la concepción de que la religión que profesamos es parte de una cultura y por lo tanto hecha por el hombre.

Así que puede ser cambiada su doctrina a los antojos y modas del momento.

Y que en realidad los milagros no ocurren.

De modo que católicos y protestantes por igual han estado creando de la religión cristiana una organización de buenas obras en la tierra.

En lugar de la alimentación de Jesús a los cinco mil que habla la Biblia, desde los púlpitos se ha hablado que el verdadero milagro es el hecho de que todo el mundo comparte la cena.

Y así muchos sacerdotes cuando hablan de la eucaristía se refieren a ella como la Cena del Señor.

Como si fuera un acontecimiento social y no un hecho sobrenatural en el que Cristo se da a nosotros con su sangre y su cuerpo.

Todo ha sido sigilosamente y secretamente reinterpretado por la eliminación de la explicación sobrenatural, dándole a las palabras otro significado que el que originalmente tenían.

Por ejemplo cuando algunos dicen “Aleluya Cristo ha resucitado” quieren decir que de alguna forma,

las maravillosas enseñanzas de Jesús continúan siendo practicadas por sus fieles seguidores.

Y lo mismo puede decirse del rol de María en nuestra historia de salvación, cuando a María se la considera una chica judía silenciosa, que tuvo una crisis de embarazo, y dio a luz a un gran maestro.

Entonces la conclusión lógica es que son innecesarios los sacramentos y una vida de arrepentimiento y de fe.

Porque incluso sostienen que todos se salvan y que si el infierno existe, Dios es tan misericordioso que lo tiene vacío.

Del mismo modo  se han reinterpretado en muchos casos la confesión, que es considerada para personas inseguras.

También el matrimonio, en el que el criterio actual es que se puede ser flexible porque la misericordia es todo.

Y además la sexualidad, porque Dios puede haber creado muchos sexos y no solo dos y todos aceptables.

Pero la gente no es tonta y a la larga se da cuenta. 

Su conclusión es que si la religión que practican se resume a la paz, la justicia y el trabajo social, entonces,

¿Qué sentido tiene levantarse temprano para ir a misa, escuchar himnos mal cantados y tristes, una homilía mal preparada y en bancos incómodos?

¿Por qué no quedarse a dormir o ir a disfrutar del buen día con amigos?

Esto nos lleva a la triste realidad.

De que el adoctrinamiento arrianista sigiloso dentro de la iglesia, que ha llevado al rechazo de lo sobrenatural,

ha sido tan grave, que sólo permanece un remanente en la iglesia que confía en el poder sobrenatural de Dios.

Basta conversar con la persona que tenemos al lado en el banco para darnos cuenta de todo lo que se ha perdido en el campo sobrenatural.

Todo esto nos hace débiles en lugar de guerreros poderosos y fuertes, listos para enfrentarse a los poderes del mundo dominado por el hijo de la mentira.

Precisamente hablando sobre la necesidad de una nueva evangelización, el Papa Benedicto XVI dijo:

“el verdadero problema de nuestro tiempo es la crisis de Dios, la ausencia de Dios disfrazada por una religiosidad vacía”.

Esto termina derrumbándose por completo, por eso la disminución del número de cristianos en occidente.

Y lo que es peor aún, la disminución de la presencia de la fe en los que aún quedan.

Este ataque espiritual ha generado una epidemia de pereza espiritual que amortigua la vida divina que Dios nos da.

2 Timoteo 3 – Biblia de Jerusalen
Carácter de los hombres en los postreros días
1. Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles;
2. los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos,
3. desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien,
4. traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios,
5. que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos.
6. A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones,
7. que siempre están aprendiendo y no son capaces de llegar al pleno conocimiento de la verdad.
8. Del mismo modo que Jannés y Jambrés se enfrentaron a Moisés, así también estos se oponen a la verdad; son hombres de mente corrompida, descalificados en la fe.
9. Pero no progresarán más, porque su insensatez quedará patente a todos, como sucedió con la de aquéllos.

Por eso el camino más seguro para recomponer el cristianismo en occidente es volver a la maravilla de la sobrenaturalidad.

Volver a oír y creer en las maravillosas historias de milagros contadas por la Biblia y sentir y comprender que todo es gracia.

LAS APOSTASÍAS COMIENZAN SIEMPRE DE LO ALTO

La apostasía, o sea la pérdida de la fe o su abandono, es la constante en la historia que narra la Biblia, y por tanto una constante en nuestra historia de salvación.

Dios creó los coros angélicos y a la cabeza estaba Lucifer.

Era el ángel con un intelecto más agudo, el más hermoso y el que tenía la misión de dirigir a los demás.

Pero este ángel que estaba en la cima de todo se rebeló contra Dios y apostató, o sea que perdió la fe en Dios.

Junto con él, un tercio de los ángeles cayeron en la desobediencia.

Y como sabemos San Miguel Arcángel los enfrentó, los venció y luego Dios los envió al infierno.

Luego tenemos que Dios creó al hombre dotándolo de todo lo necesario para su subsistencia y la inmortalidad.

Y también le dio a una mujer como ayudante porque dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo.

Los situó en el Jardín del Edén, un lugar paradisíaco, pero les advirtió qué podían comer de cualquier árbol salvo del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Pero la mujer fue seducida por el Maligno, comió del fruto del árbol, se lo dio de comer a su esposo y esto configuró la rebelión de los primeros humanos hacia Dios.

Y como consecuencia Dios los expulsó del Jardín del Edén y ya no pudieron comer más del árbol de la vida.

Y entró en el mundo la enfermedad, la muerte y la necesidad de trabajar con el sudor de su frente para alimentarse.

Esto obligó a que Dios trazara un plan para recobrar la santidad de la humanidad.

Entonces eligió un pueblo en el que iba a nacer su hijo como Redentor.

En el Antiguo Testamento puede verse como el pueblo judío una y otra vez apostata, pierde la fe en Dios y se rebela contra sus emisarios.

Incluso comienza a adorar un becerro de oro y muchas otras situaciones que marcan su infidelidad constante, lo que Dios permanentemente corrige con intervenciones.

Estas rebeliones eran empujadas por los diferentes líderes judíos del momento.

Hasta que se llega al momento culminante en que ese pueblo elegido no reconoce y rechaza al hijo de Dios, que había sido enviado en misión redentora.

Los propios líderes religiosos del pueblo judío son los que conspiran para crucificar a Jesús.

De modo que tenemos dos comprobaciones en la Biblia.

La primera es que la historia es un camino de pérdidas constantes de la fe en Dios y de intervenciones suyas para recuperarla.

Y en segundo lugar, estas rebeliones que manifiestan la pérdida de fe, parten de la cúpula, o sea de lo más alto de la organización.

Esto sin duda es un patrón, entonces ¿por qué deberíamos descartar que se produzca una pérdida de fe o apostasía masiva en la Iglesia y que se irradie desde la cúpula?

El talante de muchos católicos es descartar esta posibilidad porque hay un pasaje de la escritura en Mateo 16: 18 que dice,

«Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella».

Pero hay otro pasaje de Lucas 18: 8 que dice,

«… sin embargo, cuando el Hijo del hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?»

Si bien Jesucristo promete que la Iglesia no desaparecerá, no promete que la Iglesia tendrá una gran estructura y muchos fieles en un futuro, más bien por el contrario.

Y si nos atenemos a esta promesa y a la historia de la creación y de la salvación, es más probable que haya una pérdida de fe importante en la Iglesia Católica en algún momento,

que venga desde la cúpula, que lo contrario.

Es perfectamente razonable pensar entonces que la gran estructura actual de la Iglesia desaparezca o ella se transforme en una expresión de fe que no apunte a los mandamientos del Señor.

Mientras que subsistiría un pequeño remanente, dentro o fuera de la Iglesia apóstata, que conservaría la verdadera fe.

Pareciera que aún no hemos llegado a esta etapa pero quizás nos estemos acercando,

de acuerdo a declaraciones que estamos leyendo de obispos y cardenales, a homilías que estamos escuchando y a las interpretaciones de la fe que se hacen en los bancos de la Iglesia.

DESDE FÁTIMA SE COMENZÓ A HABLAR INSISTENTEMENTE DE LA APOSTASÍA QUE VENDRÍA DESDE LA CÚPULA

Las últimas décadas ha mostrado un progresivo desvanecimiento de la fe que nos legaron los apóstoles.

Lo cual se aceleró luego del Concilio Vaticano II.

La posibilidad de una apostasía importante proveniente de la cúpula vaticana comenzó a hablarse con más insistencia luego de las apariciones de Fátima.

Todavía hoy se sigue discutiendo el contenido del Tercer secreto de Fátima, en el que los fatimistas aducen que contiene la información de que la Iglesia pasará por una gran apostasía que vendrá desde la cúpula.

Pareciera que efectivamente el Vaticano reveló el contenido que había en la hoja del Tercer Secreto de Fátima en el año 2000.

Pero que había otra hoja que lo complementaba, aunque es discutible si se trata de parte del Tercer secreto o de un cuarto secreto, como se le llama en este momento.

El contenido de esta hoja adicional entregada por su Lucía también al Papa para ser abierta en 1960, hablaría precisamente sobre la apostasía desde la cúpula.

Hay diversos testimonios sobre el contenido del Tercer secreto no revelado o cuarto secreto, como quiera llamársele, que se pueden leer aquí y aquí.

Pero hay algunos aportes de los principales protagonistas que son realmente llamativos sobre el proceso de una apostasía dentro de la Iglesia.

Uno es el contenido del discurso del papa Pablo VI el 13 de octubre de 1977, en el sexagésimo aniversario de las apariciones de Fátima.

El dijo,

«La cola del demonio está actuando para la desintegración del mundo católico.

La oscuridad de Satanás ha entrado y se ha extendido por toda la Iglesia Católica hasta su cumbre.

La apostasía, la pérdida de la fe, se está extendiendo por todo el mundo y en los niveles más altos dentro de la Iglesia.«

Probablemente no sea coincidencia que Pablo VI haya elegido el aniversario de Fátima para revelar lo que contenía esa cuarta hoja lo secretos.

También hay una pista dada por Sor Lucía en una entrevista con el padre Fuentes en 1957.

Lucía le preguntó al padre Fuentes,

«Padre, ¿cuánto tiempo hay antes de que llegue 1960?»

Y luego agregó,

«Será muy triste para todos, ni una sola persona se alegrará si de antemano el mundo no reza y no hace penitencia.

«No puedo dar ningún otro detalle porque todavía es un secreto.»

Esta declaración eso Lucía se produjo en la misma ventana de tiempo en que se estaba planificando el Concilio Vaticano II, que comenzó en el año 1962.

Otra pista la tenemos en el segundo secreto de Fátima donde se lee,

«En Portugal, el dogma de la fe siempre será preservado…»

Frase que entroncaría con el tercer secreto y que supone que habría otros lugares, distintos a Portugal, donde el dogma de la fe no sería preservado.

Hay otro dato importante que fue publicado por el Carmelo de Coímbra en el 2013,

en un libro que habla sobre la biografía de la hermana Lucía (Um Caminho sollozo o Olhar de Maria: Biografía de Irmã Lúcia de Jesús y do Coração Imaculado, OCD).

En este pasaje se habla de la preocupación de Sor Lucía por la pérdida de fe en la Iglesia.

Por lo cual se le apareció Nuestra Señora el 31 de diciembre de 1979, quién le habría dicho según el libro,

«Dios ha escuchado tu oración y me ha enviado para decirte que es necesario intensificar tu oración y tu trabajo para la unión de la Iglesia, de los obispos con el Santo Padre y de los sacerdotes con los obispos,

para guiar al pueblo de Dios en los caminos de la verdad, la fe, la esperanza y el amor, unidos en Cristo su Salvador.»

La preocupación de Sor Lucía y la recomendación de Nuestra Señora permiten pensar que algo no andaba bien en la fe de la Iglesia.

Pero si bien la idea de una apostasía importante proveniente de la cúpula se cataliza en Fátima,

hay otras apariciones marianas y visiones de santos y místicos que hablan sobre una pérdida de fe masiva en la Iglesia Católica.

Nuestra Señora del Buen Suceso

OTRAS VISIONES SOBRE LA APOSTASÍA DENTRO DE LA IGLESIA

Hay varias apariciones marianas que se han referido a un fenómeno de apostasía masiva dentro de la Iglesia.

Unos son los mensajes de Nuestra Señora del Buen Suceso, dados a Sor Mariana de Jesús Torres en Ecuador, entre el siglo XVI y XVII, que dicen,

«Así les hago saber que desde finales del siglo XIX y poco después de la mitad del siglo XX… el espíritu católico decaerá rápidamente; la preciosa luz de la Fe se extinguirá gradualmente…»

Y agregó,

«Varias herejías se propagarán en esta tierra… El pequeño número de almas que, ocultas, preservarán el tesoro de la fe y las virtudes, sufrirán una martirio indescriptiblemente cruel y lento…»

En las apariciones de La Salette en el siglo XIX, aprobadas por la Iglesia, Nuestra Señora le dijo a los videntes,

«Lucifer, con una gran cantidad de demonios, será liberado del infierno. Gradualmente abolirán la fe, incluso entre las personas consagradas a Dios«.

Además especificó,

«La abominación se verá en lugares santos, en conventos, y entonces el demonio se hará rey de corazones».

Y sentenció algo difícil y que ésta relacionado con una apostasía que viene desde la cúpula,

«Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo».

Esto no necesariamente se debiera interpretar literalmente sino como un indicador de la apostasía que vendría desde arriba.

Estos dichos han sido cuestionados por varios cardenales, pero en 1851 el obispo expresó en un escrito,

«[La aparición] tiene en sí todas las características de la verdad, que los fieles están justificados al creer que está más allá de toda duda y con certeza«.

Lo que fue enviado a Roma y recibió la aprobación del Papa Pío IX.

Luego están las apariciones de Fátima, cuyas evaluaciones del supuesto cuarto secreto se pueden leer en detalle aquí y aquí.

San Pío X

Hay otras apariciones marianas que hablan del mismo tema pero no las mencionaremos aquí porque no tienen la categoría de estas otras que manejamos.

También hay una serie de Santos y místicos que han tenido visiones sobre esta apostasía y se puede leer en este otro artículo aquí.

Además de Pablo VI, también hay otros Papas que se han referido a este tema, pero en un lenguaje críptico ante esta eventualidad tan delicada.

El Papa León XIII dijo,

«Estos enemigos astutos [los demonios] han llenado y embriagado de hiel y amargura a la Iglesia, la esposa del Cordero Inmaculado, y han puesto manos impías en Sus posesiones más sagradas.

En el mismo lugar santo, donde se ha establecido la sede del más santo de los santos y la silla de la verdad para la luz del mundo,

han elevado el trono de su abominable impiedad, con el diseño inicuo de que cuando el pastor haya sido golpeado, las ovejas puedan dispersarse».

El Pecado, PECADO ES

El Papa San Pío X manifestó,

«Hay buenas razones para temer que esta gran perversidad sea como un anticipo, y tal vez el comienzo de esos males que están reservados para los últimos días«.

Y el Papa Pío XII declaró,

«Creemos que la hora presente es una fase terrible de los eventos contados por Cristo.

Parece que la oscuridad está por caer sobre el mundo. La humanidad está bajo una crisis suprema».

Fuente: Foros de la Virgen María

138 SOBRE EL JURAMENTO


138 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Sigue el discurso de la Montaña.

El mismo lugar, la misma hora, la misma muchedumbre. 

Aunque quizás haya más gente:

Porque hay muchos incluso donde empiezan los senderos que conducen al valle.

El romano no está.

Jesús habla:

–     Uno de los errores que comete fácilmente el hombre es la falta de honestidad, incluso consigo mismo.

Dado que el hombre difícilmente es sincero y honesto, por propia iniciativa se ha puesto un bocado para sentirse obligado a ir por el camino elegido.

Pero he aquí que él mismo, cual indómito caballo, pronto descoloca el bocado, para hacer lo que más cómodo le resultare,

sin pensar en la reprensión que pudiera recibir de Dios, de los hombres o de su propia conciencia.

Este bocado es el juramento.

Pero entre los hombres honestos no es necesario el juramento.

Y Dios, de por sí, no os lo ha enseñado.

Antes al contrario, ha encargado deciros, sin más: “No pronuncies falso testimonio”.

El hombre debería ser franco. No debería tener necesidad de ninguna otra cosa aparte de la fidelidad a su palabra.

El Deuteronomio, a propósito de los votos – incluso de los votos que provienen de un corazón que se supone fundido con Dios por sentimiento de necesidad o gratitud -, dice:

“Debes mantener la palabra salida una vez de tus labios, cumpliendo lo que has prometido al Señor tu Dios, todo lo que de propia voluntad y con tu propia boca has dicho”.

Siempre se habla de palabra dada, sólo de palabra dada, sólo la palabra.

Pues bien, quien siente necesidad de jurar denota que se siente inseguro de sí mismo y del concepto que el prójimo pueda tener de él.

De la misma forma que quien hace jurar testifica su desconfianza acerca de la sinceridad y honestidad de quien jura. 

Así, como podéis ver, esta costumbre del juramento es una consecuencia de la deshonestidad moral del hombre.

Es, además, una vergüenza para el hombre, doble vergüenza porque el hombre no es ni siquiera fiel al juramento, que ya de por sí es cosa vergonzosa.

Y burlándose de Dios con la misma ligereza con que se burla del prójimo, acaba perjurando con pasmosa ligereza y tranquilidad.

¿Podrá haber criatura más abyecta que el perjuro?

¡Éste, usando a menudo una fórmula sagrada, llamando por tanto a ser cómplice y garante a Dios…

O invocando a los seres más amados (el padre, la madre, la esposa, los hijos, los propios difuntos, la propia vida con sus más preciosos órganos…) 

como apoyo de su falso testimonio, induce a su prójimo a creerle, con lo cual le engaña.

Un hombre así es sacrílego, ladrón, traidor, homicida.

¿De quién? Pues de Dios, porque mezcla la Verdad con la infamia de su mentira y malignamente, se burla de Dios.

Y lo desafía diciendo: “Caiga tu mano sobre mí, desmiénteme, si puedes.

estás allí, yo aquí, y me río”.  

¡Ah!, ¡bien! ¡Reíos, reíos, embusteros, vosotros que os burláis!..

Que día llegará en que no reiréis, cuando Aquel en cuyas manos todo poder ha sido depositado aparezca ante vosotros con terrible majestad y sólo con su aspecto os haga temblar.

Bastarán sus miradas para fulminaros, antes de que su Voz os precipite en vuestro destino eterno marcándoos con su maldición.

Un hombre así es un ladrón, porque se apropia de una estima inmerecida.

El prójimo, impresionado por su juramento, le otorga esta estima.

Y la Serpiente se engalana con ella fingiéndose lo que no es.

Es además un traidor, porque con el juramento está prometiendo algo que no tiene intención de mantener.

Es un homicida, porque mata el honor de un semejante, arrebatándole con el juramento falso la estima del prójimo…

O la propia alma, pues el perjuro es un abyecto pecador ante los ojos de Dios, que ven la verdad aunque ningún otro la viera.  

A Dios no se le engaña ni con falsas palabras ni con hipócritas acciones.

Él ve, no pierde de vista, ni por un instante, a cada uno de los seres humanos,

y no existe fortaleza amurallada o profunda bodega donde no pueda penetrar su mirada.

Incluso en vuestro interior – esa propia fortaleza dentro de la que todo hombre tiene su corazón – entra Dios, y os juzga NO por lo que juráis sino por lo que hacéis.

Por ello sustituyo la orden dada a los antiguos:

“No perjures; antes al contrario, mantén tus juramentos”

(cuando el juramento recibió plena vigencia para poner freno a la mentira y a la facilidad de faltar a la palabra dada).

La sustituyo por otra y os digo: “No juréis nunca”.

No juréis por el Cielo, que es trono de Dios, ni por la Tierra, que es escabel para sus pies,

ni por Jerusalén y su Templo, que son ciudad del gran Rey y la Casa del Señor nuestro Dios.

No juréis ni por las tumbas de los difuntos ni por sus espíritus: las tumbas están llenas de restos de lo que en el hombre es inferior y común con los animales;

en cuanto a los espíritus, dejadlos en su morada.   

Si son espíritus de justos, que ya viven en estado de precognición de Dios, no hagáis que sufran y se horroricen. Aunque sea precognición, o sea, conocimiento parcial

(porque hasta el momento de la Redención no poseerán a Dios en su plenitud de esplendor), no pueden no sufrir al veros pecadores.

Si no son justos, no aumentéis su tormento al recordar su pecado por el vuestro. Dejadlos, dejad a los muertos:

a los santos, en la paz; a los no santos, en sus penas. No arrebatéis nada a los primeros, no añadáis nada a los segundos.

¿Por qué apelar a los difuntos? No pueden hablar: los santos, porque su caridad lo impide – deberían desmentiros demasiadas veces–;

los réprobos, porque el Infierno no abre sus puertas, y ellos no abren sus bocas sino para maldecir, y toda voz suya queda sofocada por el odio de Satanás y de los demonios, pues los réprobos son demonios.

No juréis ni por la cabeza del propio padre, ni de vuestra madre o esposa, ni por la cabeza de vuestros inocentes hijos; no tenéis derecho a hacerlo.

¿Son, acaso, moneda o mercancía; firma sobre papel?

Pues son más y menos que esto.  

Son sangre y carne de tu sangre, ¡Oh, hombre!; pero también son criaturas libres. 

Y no puedes usarlas como esclavas para que avalen un testimonio falso tuyo.

Al mismo tiempo, son menos que una firma tuya, porque tú eres inteligente, libre y adulto,

no una persona bajo interdicto o un niño que no sabe lo que hace y que debe ser representado por sus padres.

Tú eres tú: un hombre dotado de razón, por tanto responsable de tus acciones.    

Y debes actuar autónomamente, poniendo como aval de tus acciones y palabras tu honradez y sinceridad, la estima que tú has sabido suscitar en el prójimo;

no la honestidad y sinceridad de los padres o la estima que ellos han sabido suscitar.

¿Los padres son responsables de los hijos? Sí, pero sólo mientras son menores de edad; después, cada uno es responsable de sí mismo.

No siempre nacen justos de justos, o siempre un hombre santo está casado con una mujer santa.

¿Y entonces, por qué usar como base de garantía la justicia del cónyuge?

Del mismo modo, de un pecador pueden nacer hijos santos.

Mientras son inocentes, son todos santos.

¿Y entonces, por qué invocar a una persona pura para un acto vuestro impuro, cual es el juramento que ya con antelación se piensa violar?  

Ni siquiera por vuestra cabeza juréis, ni por vuestros ojos, o la lengua o las manos.

No tenéis derecho a hacerlo.

Todo cuanto tenéis es de Dios; vosotros no sois sino los custodios temporales de ello, administradores de los tesoros morales o materiales que Dios os ha concedido.

¿Por qué hacer uso, entonces, de lo que no os pertenece?

¿Podéis, acaso, añadir un cabello a vuestra cabeza, o cambiar su color?

¿Por qué, si no podéis hacerlo, usáis la vista, la palabra, la libertad de los miembros, para respaldar un juramento?

No desafiéis a Dios; podría cogeros la palabra y secar vuestros ojos como puede secar también vuestros huertos y arboledas. 

O arrancaros los hijos como puede arrebataros la casa, para recordaros que Él es el Señor y vosotros los súbditos.

Y que incurre en maldición aquel que se idolatra hasta el punto de considerarse a sí mismo más que Dios al desafiarlo mi mintiendo.

Decid: “si’> “SÍ”; “no”, “NO”. Nada más.

Si hay más es que os lo ha sugerido el Maligno; y además para reírse de vosotros, pues no podréis retener todo y caeréis, por tanto, en mentira.

Y seréis objeto de las burlas de los demás y conocidos por embusteros.

Sinceridad, hijos, en la palabra y en la Oración.

118 EL JUEZ DIVINO


118 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Al día siguiente, cerca de los mercaderes, que están situados junto al puerto,

Jesús está esperando con Simón y sus primos a que los otros consigan las provisiones necesarias.

Unos niños miran con curiosidad a Jesús, el cual los acaricia dulcemente mientras habla con sus apóstoles.

Dice Jesús:

–     Me duele este descontento por el hecho de que Yo entable relaciones con los gentiles, pero no puedo hacer sino loque debo y debo ser bueno con todos.

Esforzaos en ser buenos al menos vosotros tres y Juan; los otros os seguirán por imitación.  

Santiago de Alfeo dice:

–     Pero ¿Cómo se puede ser bueno con todos?

A fin de cuentas, ellos nos desprecian y nos oprimen; no nos comprenden, están llenos de vicios…

–     ¿Que cómo puede ser?

¿Tú estás contento de haber nacido de Alfeo y María?

–     Sí, claro. ¿Por qué me preguntas esto?

–     Y si Dios te hubiera preguntado antes de tu concepción, ¿Habrías querido nacer de ellos?

–     Pues claro. No comprendo…

–     Y si en vez de ello hubieras nacido de un pagano, al oírte acusar de haber querido nacer de un pagano, ¿Qué habrías dicho?

–     Habría dicho…

Habría dicho: “No tengo la culpa. He nacido de él, pero podría haber nacido de otro”.

Habría dicho: “Vuestra acusación es injusta; si no obro el mal, ¿Por qué me odiáis?”

–     Tú lo has dicho.

También éstos, que despreciáis por ser paganos, pueden decir lo mismo. No por méritos propios has nacido de Alfeo, que es un verdadero israelita.

Lo que tienes que hacer es agradecérselo al Eterno, nada más, porque te ha otorgado un gran regalo.

Y como signo de gratitud y con humildad, tratar de conducir al Dios verdadero a otros que no tienen este don. Hay que ser bueno.

–     ¡Es difícil amar a quien no se conoce!

–     No. Mira.

Tú, pequeñuelo, ven aquí.

Se acerca un niño de unos ocho años, que estaba jugando en un ángulo con otros dos chiquillos.

Es un niño robusto, de pelo muy negro aunque de tez blanquísima.

–     ¿Quién eres?

–     Soy Lucio.

Cayo Lucio de Cayo Mario, romano, hijo del decurión de guardia, que se quedó aquí después de la herida».

–     ¿Y ésos quiénes son?

–     Isaac y Tobías.

Pero no se debe decir porque no se puede. Les pegarían.

–     ¿Por qué?

–     Porque son hebreos y yo romano.

No se puede.

–     Pero tú vas con ellos…

¿Por qué?

–     Porque somos amigos.

Jugamos siempre a los dados y al saltarel juntos; pero no deben vernos.

–     ¿Y a mí me querríais?

Yo soy también hebreo y no soy un niño. Fíjate, soy un maestro, como si dijéramos un sacerdote.

–     ¡Qué más da!

Si me quieres, te quiero. Y te quiero, porque me quieres.

–     ¿Por qué lo sabes?

–     Porque eres bueno y quien es bueno quiere a los demás.

–     Ved, amigos: el secreto para amar es ser buenos

Si se es bueno se ama, sin pensar si éste es o no de una determinada fe.

Y Jesús, llevando de la mano al pequeño Cayo Lucio, va a donde los niños hebreos, que se habían escondido asustados tras el atrio de una casa, a acariciarlos

Y les dice:

–     Los niños buenos son ángeles.

Los ángeles tienen una sola patria: el Paraíso; una sola religión: la del único Dios; un solo Templo: el corazón de Dios. Quereos como ángeles siempre.

–     Pero, si nos ven nos pegan…

Jesús no responde; se limita a mover la cabeza con un sentimiento de amargura.

Una mujer alta y de bello aspecto llama a Lucio.

El niño deja a Jesús mientras grita:

–     ¡Es mi mamá!

Y a la mujer le grita:

–    ¡Mira el amigo que tengo!

¡Es grande! ¡Es un maestro!…

La mujer no se marcha con su hijo, sino que se acerca a Jesús.

Y le pregunta:

–     ¡Hola!

¿Eres el hombre de Galilea que ayer habló en el puerto?

–     Soy Yo.

–     Espérame aquí entonces.

Tardo poco.

Y se va con su pequeñuelo.

Entretanto han llegado también los otros apóstoles, excepto Mateo y Juan, .

Y preguntan:

–     ¿Quién era?

Simó y los demás responden:

–     Una romana, creo.

–     ¿Y qué quería?

–     Ha dicho que espere aquí.

Lo sabremos.

Entretanto, algunas personas curiosas, se han acercado y se ponen a esperar también.

Vuelve la mujer con otros romanos.

Uno que parece siervo de una casa señorial, pregunta:

–     ¿Entonces eres Tú el Maestro? 

Cuando le ha sido confirmado,

pregunta:

–    ¿Sentirías aversión por curar a una hijita de una amiga de Claudia?

La niña está agonizando. Se ahoga. El médico no sabe de qué se está muriendo.

Ayer tarde estaba sana, esta mañana ya estaba agonizando.

–     Vamos.

Avanzan un poco por una calle que lleva al lugar de ayer.

Llegan al portal de una villa que parece habitada por romanos y que está abierta de par en par.

–     Espera un momento.

El hombre entra rápido.

Casi inmediatamente se asoma de nuevo y dice:

–     Ven.

Pero, sin darle ni siquiera tiempo a Jesús de entrar, sale de la casa una joven de aspecto señorial, aunque con una angustia más que evidente.

Lleva en brazos a una criaturita de pocos meses, como muerta, ya cárdena, como una persona que se esté ahogando.

Está enferma por una difteria mortal y está en los últimos estertores de su vida.

La mujer busca amparo en el pecho de Jesús como un náufrago en un escollo. Su llanto es tan grande, que no es capaz de hablar.

Jesús toma a la criaturita, que manifiesta pequeños movimientos convulsivos en las manitas céreas, con sus uñitas ya violáceas.

La levanta. La cabecita queda colgando hacia atrás sin fuerza.

La madre, perdida su soberbia de romana frente a un hebreo, se ha deslizado hasta los pies de Jesús, al suelo.

Y llora con el rostro levantado, los cabellos medio desgreñados, los brazos extendidos, estrujando la túnica y el manto de Jesús.

Detrás y alrededor mirando, hay romanos de la casa y mujeres hebreas de la ciudad.

Jesús moja en su saliva su dedo índice derecho y lo mete en la boquita jadeante. Lo introduce hacia abajo.

La niña forcejea. Su tez se ennegrece aún más.

La madre grita:

–   ¡No! ¡No!

Y se contorsiona como si hubiese sido traspasada por un puñal.

La gente contiene la respiración…

Pero el dedo de Jesús, sale junto con un amasijo de membranas purulentas.

La niña deja de forcejear.

Luego, emite un tierno gemido de llanto y se calma con inocente sonrisa, manoteando y moviendo los labios como un pajarillo cuando pía y agita las alitas en espera de su alimento.

Jesús le entrega la niña y declara:

–     Toma, mujer.

Dale la leche. Está curada.

La madre está en tal modo turbada, que coge a la pequeñita y así como estaba en el suelo, la besa.

La acaricia toda para sí, le da el pecho enajenada, olvidada de todo lo que no sea su hijita.

Un patricio romano muy elegante,

le pregunta a Jesús:

–     Pero ¿Cómo lo has conseguido?

Soy el médico del Procónsul, soy docto, he tratado de quitar la obstrucción, pero estaba muy abajo, demasiado abajo…

Y Tú… así…

–     Eres docto, pero no tienes contigo al Dios verdadero.

¡Sea Él en esto glorificado! ¡Adiós!

Y Jesús hace ademán de querer marcharse.

Pero he aquí que un pequeño grupo de israelitas siente la necesidad de intervenir.

Y lo increpan:

–     ¿Cómo te has permitido acercarte a extranjeros?

Son impuros, están corrompidos, cualquiera que se acerque a ellos queda contaminado.

Y con el Don de Ciencia Infusa…

Jesús mira fijamente, severamente, a los tres.

Y dice:

–     ¡No eres tú Ageo, el hombre de Azoto que vino aquí el pasado Tisrí para negociar con el mercader que está al pie de los muros del viejo fontanar?

¿Y tú no eres José de Rama, que vino también aquí. Y tú sabes, como Yo, por qué, a la consulta del médico romano?

¿Y entonces? ¿No os sentís vosotros impuros? 

Un médico no es nunca extranjero. Cura el cuerpo, que es igual para todos. A mayor razón lo es el alma.

Pero además, ¿Qué he curado Yo? El cuerpo inocente de un párvulo, medio con que espero curar las almas no inocentes de los extranjeros.

Como médico y Mesías por tanto, puedo tratar con cualquiera.

–     No puedes.

–     ¿No, Ageo?

¿Y tú por qué tratas con el mercader romano?

–     Mi contacto con él es sólo a través de la mercancía y del dinero.

–     Y entonces, dado que no tocas su carne, sino solamente lo que ha tocado su mano, no te parece que te contamines…

¡Oh, ciegos y crueles!

Escuchad todos. Precisamente en el libro del Profeta cuyo nombre lleva éste, está escrito:

“Plantea a los sacerdotes esta cuestión sobre la Ley:

“Si un hombre lleva carne santificada en el vuelo de su túnica y con él toca luego viandas, pan o aceite u otros alimentos, ¿Quedarán estas cosas santificadas?” (Ageo 2, 11 y siguientes).

Y los sacerdotes respondieron: “No”.

Entonces Ageo dijo: `Si uno, impuro a causa de un muerto, toca una de estas cosas, ¿Quedará contaminada?’.

Y los sacerdotes respondieron: `Si”‘.

Por esta subrepticia, engañosa, incoherente manera de actuar, ponéis obstáculo al Bien y lo condenáis y sólo aceptáis lo que os produce algún beneficio.

En ese caso cesan indignación, asco y aversión.

Distinguís, si no os acarrea un perjuicio personal lo impuro, que hace a uno impuro, de lo que no lo es.

¿Cómo sois capaces, bocas mentirosas, de profesar que lo que ha sido santificado por haber tocado carne santa o cosa santa, no santifica lo que toca?

¿Y lo que ha tocado una cosa impura puede convertir en impuro lo que toca?

¿No comprendéis que os contradecís, ministros embusteros de una Ley de Verdad de la que os aprovecháis?

Vosotros la retorcéis como si fuera una soga, según que os lo pida vuestro anhelo de obtener de ella algún provecho.

Fariseos hipócritas, que bajo pretexto religioso dais rienda suelta a vuestra rencorosa envidia humana, enteramente humana;

profanadores de lo que a Dios pertenece; insultadores y enemigos del Mensajero de Dios.

En verdad, en verdad os digo que todo acto vuestro, toda conclusión vuestra, todo movimiento vuestro;

tiene en la base todo un mecanismo astuto constituido por ruedas, resortes, contrapesos, tirantes; que son vuestros egoísmos, pasiones, hipocresía, odios, anhelo de imponerse a los demás, envidias.

¡Deberíais avergonzaros! Codiciosos, cobardes, rencorosos, que vivís en el miedo orgulloso de que alguno, aun no siendo de vuestra casta, os aventaje.

¡Mereced ser como ese que os infunde miedo y os produce ira! Como dice Ageo, de un montón de veinte celemines hacéis uno de diez, y de cincuenta barriles veinte.

Y os quedáis con la diferencia, mientras que, tanto por dar ejemplo a los demás como por el amor debido a Dios, deberíais no quitar;

sino añadir de lo vuestro al conjunto de los celemines y barriles en pro de quien pasa hambre.

Y es así que merecéis que el viento abrasador, la herrumbre y el granizo hagan infecundas toda obra de vuestras manos.

¿Quién de entre vosotros viene a Mí? 

Éstos, estos que para vosotros son estiércol y desecho; éstos supremos ignorantes que ni siquiera saben que existe el verdadero Dios,

vienen a quien lleva en las palabras y en las obras a este Dios. Sin embargo, vosotros…

¡Ah, os habéis hecho un nicho y en él estáis! Secos, fríos como ídolos que esperan incienso y adoración.

Dado que os creéis dioses, os parece inútil pensar en el verdadero Dios en el modo debido.

Y veis peligroso el que otros se propongan, lo que vosotros no os proponéis.

En verdad, no podéis proponéroslo porque sois ídolos, y porque sois siervos del Ídolo.

Pero quien intenta puede, porque no obra él, sino Dios en él.

¡Idos! Referid a quien os ha enviado a pisarme los talones que detesto a los mercaderes que juzgan que el vender mercancías, patria o Templo a quienes les ofrecen dinero no contamina.

Decidles que siento repugnancia por los degenerados cuyo único culto es la propia carne y sangre.

Y juzgan que el trato con el médico extranjero para curación de éstas no contamina.

Decidles que la medida es igual, que no hay dos medidas.

Decidles que Yo, el Mesías, el Justo, el Consejero, el Admirable, aquel sobre quien descenderá el Espíritu del Señor en sus siete dones,

Aquel que no juzgará por lo que se presenta ante los ojos sino por lo secreto de los corazones, aquel que no condenará por lo que oiga con los oídos, sino por las voces espirituales que oiga en el interior de cada hombre,

Aquel que se pondrá de la parte de los humildes y juzgará con justicia a los pobres, aquel que soy Yo, porque esto soy Yo,

ya está juzgando y castigando a los que en este mundo son sólo tierra; el soplo de mi aliento hará morir al impío y devastará su guarida;

mientras que para quienes, deseosos de justicia y fe, vengan a Mi monte santo a saciarse de la Ciencia del Señor, será Vida y Luz, Libertad y Paz.

Esto es Isaías, ¿No es verdad? (11, 1 y siguientes)

¡El pueblo de mi propiedad! Enteramente viene de Adán y Adán viene de mi Padre; todo él es por tanto, obra del Padre.

Y a todos debo reunir en torno al Padre. Yo los conduzco a Tí, Padre Santo, eterno, potente;

conduzco a Ti a los hijos errantes después de congregarlos con la voz del amor, bajo mi cayado pastoral,  semejante al que Moisés levantó contra las serpientes de muerte.

Para que Tú tengas tu Reino y tu Pueblo. Y no hago distinciones, porque en el fondo de todos los vivientes, veo un punto que resplandece más que el fuego: 

el alma, una chispa tuya, eterno Esplendor. ¡Oh, eterno deseo mío! ¡Oh, voluntad incansable mía!

Esto quiero, en esto ardo: una tierra que por entero cante tu Nombre, una humanidad que te llame Padre, una redención que a todos salve,

una voluntad fortalecida que haga a todos obedientes a tu Voluntad, un triunfo eterno que llene el Paraíso de un hosanna sin fin…

¡Oh, multitud de los Cielos!… Sí, veo la sonrisa de Dios… Y es el premio contra toda dureza humana. 

Jesús está inspirado con su Oración…

Mas los tres israelitas ya han huido bajo la granizada de reproches.

Los otros, todos, romanos o hebreos, se han  quedado boquiabiertos.

En cuanto a la mujer romana, con su pequeñita ya satisfecha de leche y durmiendo plácidamente sobre el regazo materno, …

Está allí, en el mismo sitio de antes, casi a los pies de Jesús. Y llora de alegría materna y de emoción espiritual.

Muchos lloran por el arrollador cierre de Jesús, que en este éxtasis parece llamear.

Y Jesús, bajando los ojos y el espíritu del Cielo a la tierra, ve a la gente, ve a la madre…

Y al pasar, tras un gesto de adiós a todos, roza con su mano a la joven romana, como para bendecirla por su Fe.

Y se marcha con los suyos, mientras la gente, todavía estupefacta, permanece en el lugar…  

A EL IMPERIO DEL MALIGNO 5


CUMPLIMIENTO

UNA RELIGIÓN ÚNICA

Cómo las ideas de la New Age están Infiltrando al Cristianismo

En la carrera para hacer más actual el cristianismo está penetrando el nuevo paganismo de la New Age.

Utilizando las mismas palabras pero cambiando el significado.

Primero se modifica la filosofía y luego vendrá el cambio de los ritos.

El desafío más serio para el cristianismo hoy en día en Occidente, es una vaga religiosidad,

que la mayoría de nosotros pensábamos que estaba muerta: el PAGANISMO.

Pero que está viva en lo que las élites de Occidente predican y creen.

‍El paganismo no es más que el predominio del espíritu humano, la religión en su estado caído.

La palabra “paganismo” viene del latín ‘pagani’, “de los campos” o “país de zonas urbanas precarias”.

‍La gente del campo era la última que se convirtió al cristianismo, en el Imperio Romano,

los últimos en abandonar sus raíces ancestrales de creencias pre -cristianas.

Hoy en día por el contrario, la gente del campo es la última en abandonar el cristianismo.

Hacia el “nuevo” paganismo, que florece en las ciudades, con ropaje cristiano.

Una demostración de la penetración de esta paganismo es la HEREJÍA del “hiper misericordismo”,

28. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. 29. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; = y hallaréis descanso para vuestras almas. = 30. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

que ha crecido en el catolicismo en los últimos años.

Que pregona que Dios es “TAN MISERICORDIOSO”  que nunca habrá ningún castigo para los pecadores,

porque perdona una y otra vez, aun cuando no nos enmendemos.

Esto borra el aspecto de la Justicia de Dios y desconoce la enorme cantidad de pasajes de la Biblia que hablan del castigo, la justicia, la ira, etc., de Dios.

También desconoce lo que la mayoría de videntes han recibido sobre la Justicia de Dios, como por ejemplo Santa Faustina Kowalska.

Y se asimila, en este aspecto, a la tesis de la New Age, de un Dios que no exige una moralidad, y donde todos se salvan.

DIOS DE BARRO

EL HOMBRE COMO NUEVO DIOS

El antiguo paganismo era una cosa mucho más grande que el nuevo.‍

Había por lo menos tres elementos del anterior paganismo que lo hicieron grande.

Y los tres están desaparecidos en el nuevo paganismo.

El primero es el sentido de la piedad (pietas), el instinto religioso natural de respetar algo más grande que uno mismo.

La humildad que se da cuenta instintivamente del lugar subordinado del hombre, en el gran esquema de las cosas.

“Moderación” o “templanza” se fueron junto con esto.

Esta natural modestia y respeto, contrastan fuertemente con la actitud arrogante de los nuevos paganos en el Occidente moderno.

Sólo las sociedades orientales conservan una reverencia tradicional.

El Occidente no entiende esto.

Me alegra saber que de todos los ególatras, YO SOY el mejor de TODOS

Y piensa que es pintoresco en el mejor de los casos.

Y en el peor, que es hipócrita.

‍El nuevo paganismo es la divinización virtual del hombre, la religión del hombre como el nuevo Dios.

Uno de sus lemas populares, que se repite a menudo, es “el infinito valor de la persona humana”.

Su objetivo es la construcción de un cielo en la tierra, una salvación secular.

Otra palabra para el nuevo paganismo es el humanismo: la religión que no levanta la cabeza hacia el cielo, sino que mete el cielo en su cabeza.

Luego vendrán otros aditamentos ‘fantásticos‘ como los que maneja el culto de la New Age.

Para darle una connotación esotérica y mágica.

AUSENCIA DE MORAL OBJETIVA

Un segundo ingrediente del viejo paganismo, que falta en el nuevo; es una moral objetiva.

Lo que CS Lewis llama “el Tao” en su pequeño clásico profético La abolición del hombre”.

Para el hombre premoderno, tanto pagano como cristiano, las reglas morales eran absolutas: inquebrantables e incuestionables.

También eran objetivas:

Descubiertas en lugar de creadas, dadas en la Naturaleza de las cosas.

Todo esto ha cambiado.

El nuevo paganismo es circunstancial y pragmático.

Se dice que somos los creadores de los valores morales.

Ellos no encuentran la ley moral inscrita en el corazón humano.

‍No reconocen ninguna revelación divina, por lo tanto los valores de nadie pueden ser juzgados como equivocados.

El concepto favorito del nuevo paganismo es “NO JUZGAR ”

‍El único juicio es el juicio en contra de juzgar.

‍La única cosa para sentirse culpable son los sentimientos de culpa.

‍Y, puesto que el hombre en lugar de Dios es el origen de los valores, dicen “no impongan sus valores en mí” (otra frase favorita).

Esto es realmente el politeísmo, muchos dioses, muchos bienes, muchas moralidades.

Nadie cree más en Zeus y Apolo y Neptuno.

Sino que el relativismo moral es el equivalente del antiguo politeísmo.

Cada uno de nosotros se ha convertido en un dios o una diosa, un dador de la ley en lugar de receptor.

NO HAY TRASCENDENCIA

Un tercer ingrediente del antiguo paganismo, pero no del nuevo, es el temor a algo trascendente, el sentido de adoración y misterio.

El antiguo culto pagano no diferenciaba casi nada la adoración a Zeus o a las vacas, pero adoraba algo.

En el mundo moderno el sentido de la ADORACIÓN está muriendo,

incluso nuestra propia liturgia católica, suena como si hubiera sido inventada por un Comité para la Abolición de la Poesía.

‍Nuestro sentido religioso se ha secado.

La religión moderna se ha desmitificado, desmilacrizado, desdivinizado.

‍Dios no es el Señor sino el Todo, no es trascendente sino inmanente, no es sobrenatural sino natural.

El panteísmo es cómodo.

La Fuerza de la “Guerra de las Galaxias”, es un dios panteísta.

Y es muy popular, porque es “como un libro en el estante”, como CS Lewis lo explica.

Disponible siempre que lo desee, pero NO MOLESTA cuando no se lo quiere.

Es conveniente pensar que somos burbujas en una espuma divina en lugar de hijos que se apartan de un Padre divino y justo.

‍El panteísmo no tiene sentido del pecado, porque el pecado significa separación, y nadie puede ser separado del todo.

Así, la tercera característica, la no trascendencia, está conectada con la segunda, no hay moralidad absoluta.

El nuevo paganismo es un gran triunfo de la ilusión.

Sin perder la emoción y la pátina de la religión, es removido el terror de la religión.

El nuevo paganismo rechaza rotundamente “el temor de Dios”.

Al barro se le subió el lodo a la cabeza, diciendo que NO EXISTE EL ALFARERO

Casi todos los maestros de religión hoy en día, incluyendo muchos supuestamente católicos,

están de acuerdo en que sobre todo debemos erradicar de las mentes de los jóvenes el temor del Señor.

“El perfecto amor echa fuera el temor”, dice San Juan, pero cuando no hay miedo para echar fuera, el amor perfecto no tiene sus raíces fuertes.

‍Se convierte en una mera compasión, algo bueno, pero aburrido,

O incluso débil, que es precisamente la idea que las personas hoy en día tienen de la religión.

Y a partir de estos tres elementos llegamos al relativismo que impera en occidente como norma moral, y con ello, el aumento de la maldad.

EL ADORMECIMIENTO MORAL QUE PRODUCE EL RELATIVISMO

La cultura occidental glorifica el subjetivismo, que desconoce la ley moral que nos indica lo que está bien y lo que está mal.

Pensando que el placer es el criterio a usar para las decisiones.

i te sientes bien con una cosa, entonces es bueno para tí.

Y como es un juicio personal, no toma en cuenta el efecto que tu decisión puede tener sobre el otro.

Esta manera de orientar las decisiones que prevalece, es la que nos está llevando a una sociedad cada vez más violenta y arbitraria.

A través de la manipulación del lenguaje, los promotores de la cultura de la muerte han realizado con éxito

el adormecimiento del sentido moral de la mayoría de personas en todo el mundo.

Hemos llegado a ser cada vez más indiferentes a la maldad.

La ley moral natural, que nos manda hacer el bien y evitar el mal, ha dado paso a un mero subjetivismo.

‍Que significa que si te se sientes bien acerca de ello, entonces debe ser bueno.

Como dijimos antes, la ausencia de moral objetiva.

Esta mentalidad se ha convertido en omnipresente en la cultura, impulsada por las comunicaciones masivas y dirigidas a socavar la ley moral natural.

A fin de crear una sociedad liberada de toda tradición moral, una sociedad llamada libre, que elige su propio destino.

El resultado es que la gente simplemente no sabe cómo reaccionar, qué decir o cómo responder y defenderse,

de la violencia que se está convirtiendo en algo común.

LO ADVIRTIÓ BENEDICTO XVI

Al abordar esta mentalidad en Spe Salvi, el Papa Benedicto XVI llamó la atención sobre el problema fundamental de Marx y Lenin

y la utopía que proponen para la salvación de la humanidad:

“Él [Lenin] olvidó que el hombre es siempre hombre.

Ha olvidado al hombre y ha olvidado la libertad del hombre.

Ha olvidado que la libertad es siempre libre para el mal.

El hombre, de hecho, no es sólo el producto de las condiciones económicas

y no es posible curarlo sólo desde fuera, creando condiciones económicas favorables.

El hombre necesita una verdad objetiva fuera de sí mismo, que sirva como una brújula y le guíe en su lenguaje y decisiones diarias.

Si los avances sociológicos, políticos, tecnológicos y económicos del hombre no coinciden igualmente con su formación ética y su crecimiento interno,

entonces, “no es un progreso en absoluto, sino una amenaza para el hombre y el mundo”.

EL SUBJETIVISMO EN LA CULTURA DE LA MUERTE

El éxito de la cultura de la muerte depende principalmente de su capacidad para convencer a muchos de que términos como “pro-choice” o “derecho a elegir”

son sólo acerca de la libertad de una persona, sin la vida de nadie más en juego.

Muchos se han negado a la evidencia científica común que da fe definitivamente,

del hecho de que la vida comienza en el momento de la concepción.

Este nuevo ser humano es un individuo con su propio código genético, distinto del de su madre.

‍Una conciencia bien formada permite al hombre escuchar una voz, no sólo la suya, llamándolo a amar y a hacer el bien.

‍Esta voz resuena en su corazón y proporciona las respuestas que busca, lo que ayuda a distinguir el bien del mal.

En última instancia ve y aprecia con gratitud la dignidad y el valor de toda la vida, porque él entiende el valor de la suya.

En libertad, él se enfrenta a sus pasiones y decisiones con una conciencia iluminada por una verdad fuera de sí mismo.

‍Rechaza la voz seductora del mal y elige el camino angosto que lleva a la vida.

‍Por lo tanto, contribuye a la transformación de su mundo y su cultura.

INFILTRACIÓN EN LA IGLESIA

Este nuevo paganismo y su falta de defensa contra el mal, está ganando no por oponerse, sino por la infiltración en la Iglesia.

¿No será la causa de fondo de los abusos sexuales de sacerdotes?

Es más listo que el antiguo paganismo.

JUDAS CON POSESIÓN DIABÓLICA PERFECTA

Sabe que cualquier oposición desde fuera, incluso por una fuerza muy superior, nunca ha funcionado.

‍Porque “la sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”.

Cuando China dio la bienvenida a los misioneros occidentales, hubo 2 millones de conversiones en 60 años,

cuando Mao y el comunismo persiguieron a la Iglesia, hubo 20 millones de conversiones en 20 años.

La Iglesia en Alemania Oriental es inmensamente más fuerte que la Iglesia en Alemania Occidental por la misma razón.

El nuevo paganismo entiende esto, por lo que utiliza la estrategia suave, sugerente de la serpiente.

Susurra, en palabras de estudiosos de las Escrituras, las palabras de la serpiente: “¿Dios realmente ha dicho…?” (Gen. 3:01).

Por ejemplo que debes seguir una determinada moral.

Que debes prohibirte de cosas que te gustan.

Que  hay gente que no se salva y va a al infierno.

EL FIN DE UNA ERA

El nuevo paganismo es una unión de fuerzas de tres de los enemigos del teísmo: el humanismo, el politeísmo y panteísmo.

Las únicas cinco posibilidades de significado y valores últimos son: el ateísmo (sin Dios), el humanismo (el hombre como Dios),

el politeísmo (muchos dioses), el panteísmo (un Dios inmanente), y el teísmo (un Dios trascendente).

La Batalla de los Cinco Reyes en el Valle de Armagedón podría, en nuestra época, estar comenzando.

Las predicciones son siempre prudentes, pero los Signos de los Tiempos, para algunos observadores atentos,

advierten un punto de inflexión fundamental, el fin de una era.

El llamado “Movimiento de la Nueva Era” combina todas las características descritas en el título del nuevo paganismo.

Es un movimiento poco organizado, básicamente un refloración del hippismo de los años 60, antes que una agenda centralizada.

Sin embargo, las estrategias están conectadas en tres lugares.

Es posible que no haya ninguna conspiración en la tierra para unir a los enemigos de la Iglesia,

pero la estrategia del infierno es más que la estrategia de la tierra.

Sólo hay una cosa mayor que la estrategia del infierno: la estrategia de los cielos.

Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, de hecho, Dios usa al diablo para derrotar al diablo.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

‍Así como lo hizo en el Calvario, cuando las fuerzas de los hebreos, griegos y romanos se unieron para crucificar a Cristo,

simbolizado por los tres idiomas en la acusación sobre la cruz.

El mismo triunfo del diablo, la muerte de Dios, fue la derrota del diablo, la redención de la humanidad, el “Viernes Santo”.

Porque Dios, que habló la primera palabra, siempre tiene la última palabra.

PARA QUE TENGAS EN CUENTA:

CONCEPTOS CENTRALES DE LA NEW AGE

David Spangler, considerado uno de los padres de la New Age, resumía con estos adjetivos la Nueva Era:

holística (globalizadora: el todo en las partes y las partes en el todo);

ecológica (la Tierra Gaia; nosotros somos como una neurona del sistema nervioso central de la Tierra);

andrógina (el arco iris y el yin yang son símbolos que tienen que ver con la complementariedad de contrarios);

mística (lo sagrado en todas las partes, incluida la vida cotidiana);

planetaria (las personas enraizadas en su propia cultura, deben abrirse a la cultura universal buscando amor, compasión, paz, y un gobierno mundial).

Y los “puntos teológicos” del New Age son los siguientes:

UNA NUEVA DIVINIDAD

Desdoblada en dos realidades:Una especie de principio de totalidad frente al monoteísmo, que se define como teoría de los lazos,

campos morfogenéticos, autoorganización del Universo, espiritualidad global, etc.

Gaia (Gea) la diosa madre Tierra, entendida como ser planetario, organismo vivo, y cuyo “órgano ejecutor” sería la humanidad.

Todo lo que afecte a la Tierra afectará al hombre.

‍Todo está unificado.

‍Hay que descubrir la dimensión ecología en cada cosa y acontecimiento.

Se sustituye la imagen paterna de Dios por la materna inmanente, cuya energía todo lo sustenta e invade.

La piedad y religiosidad nuevas son matriarcales.

‍Ni la fe en un Dios personal ni Jesús como Dios son ya sostenibles.

Sólo a través de una sintonía e identificación mística con la naturaleza y el universo llegará el hombre a la libertad y encontrará su humilde puesto en el devenir cósmico.

REENCARNACIÓN POSITIVA

El tema de la reencarnación, dentro del New Age, es algo muy popular.

Tratado en forma científica y en forma novelada, es entendida como evolución optimista hacia la perfección total subjetiva y personal,

según los diversos niveles de conciencia adquiridos.

No es la reencarnación clásica oriental (más bien purgativa y purificativa), sino la positiva:

porque en cada vida conseguimos niveles de conciencia cada vez más superiores.

Unido al tema de esta reencarnación en sentido positivo, y para encontrar una base fiable y plausible, se encontraría la creencia en cuerpos energéticos,

entre ellos un “cuerpo astral”, y en la importancia y sentido de los “chakras”.

‍Otra forma de denominar los campos energéticos o el espectro energético es el “aura”, que incluso se afirma, puede ser fotografiada.

UNA NUEVA CRISTOLOGÍA

La base de la Nueva Era se centra en el nuevo regreso de Cristo.

Pero de un Cristo total.

Capaz de unificar las fuerzas espirituales de la humanidad, resumidas en el triángulo Luz, Amor, Poder, capaz de darnos la nueva agua de la Era de Acuario.

‍Y capaz de iniciarnos en nuevas formas de conciencia e iluminación anterior.

‍Cristo es el paradigma de la humanidad, de la religión, y de la unión de las culturas orientales y occidentales.

‍Es la espiritualidad del Cristo-Cósmico, del Cristo-Energía, del Espíritu Crístico-Universal, antes encarnado en grandes personalidades religiosas:

Buda, Krishna, Jesús de Nazaret, Mahoma.De cualquier forma, el Cristo no es sólo uno, único, mediador y salvador.

‍Se aplica a diversos personajes, y finalmente, a cada uno de nosotros.

UNA NUEVA TEOLOGÍA CÓSMICA

Capaz de cubrir el vacío y sin sentido del hombre y la sociedad actuales.

Y abrir a una nueva liberación más integral que la meramente racionalista-ilustrada o práxica.

Es una cosmología inspirada en la visión de Teilhard de Chardin, pero dando un paso más:

es la evolución transformadora de la cosmogénesis a la biogénesis; y de la biogénesis a la antropogénesis.

‍Una vez vivenciada la antropogénesis como conciencia colectiva y vivencia del amor total, se pasará a la noogénesis superior.

Es decir, se pasa de lo natural inerte a lo biológico; de lo biológico a lo humano; de lo humano a la humanidad; y de la humanidad “nueva”,

con conciencia ecológica y holística, o de fusión, a una conciencia superior y perfecta.

Todo ello moviéndonos dentro de un inmanentismo (sólo un mundo: el nuestro) y de un panteísmo (todo es a la vez natural y divino).

EN BÚSQUEDA DEL MAESTRO INTERIOR QUE LLEVAMOS DENTRO

Una espiritualidad experimentada personalmente;

no en las mediaciones institucionales (Iglesias) ni en las mediaciones sacramentales.

La persona humana, según la New Age, es religiosa en el fondo de su existencia, pero no religiosa o religada a un Dios personal.

‍Es religiosa en relación a un sentimiento y percepción originaria de la vida de la naturaleza,

la percepción de sus leyes, la inmersión en la corriente “sobrenatural” de la vida misma.

Es, en resumen, “místicamente ecológica”, o hace de la ecología su mística genuina.

‍En aras de esta nueva mística debemos acabar con lo objetual, lo dogmático, y las concepciones teológicas de las grandes iglesias.

‍La nueva teología y espiritualidad es funcional-dinámica y no objetual-institucional.

UN MÉTODO GNÓSTICO-ESOTÉRICO, DE AUTORREALIZACIÓN

O DEL POTENCIAL HUMANO

Las claves insistentes y subrayadas por la New Age son:

Realización de uno mismo;

Armonía con el cosmos;

Responsabilidad“histórica” para con la nueva humanidad emergente; Visión optimista de la realidad y del futuro;

Ampliación de los niveles de conciencia;

Primado de la experiencia personal.

Se privilegia la experiencia (no tanto creer como experimentar), la ortopraxis individualista frente a ortodoxia,

la autotransformación por “puños y métodos” a la carta.

‍Es una conciencia monista-progresiva del mundo (holismo) frente al dualismo cristiano.

‍Y se aprecia un optimismo y una escatología benévola (todos salvados por la reencarnación).

LA FALACIA DE LA REENCARNACIÓN

‍Se otorga el primado del amor como armonía-comunión, y de la felicidad en forma de bienestar personal, ya aquí y ahora.

Este movimiento del potencial humano es uno de los aspectos más valorados por los networks neperianos.

El Human Potencial Movement se fija entre sus fines principales el desarrollo de las potencialidades latentes en el hombre

en su más amplia disponibilidad para acoger experiencias de integración mente-cuerpo y todas las técnicas de expansión de la conciencia:

“Expandid vuestra conciencia”“Realizad vuestro yo”“Pensad en positivo”“Usad vuestro potencial creativo”, son los gritos de guerra.

Algunos autores hablan de “autosalvación” en dos versiones:

Al no ser Cristo el Salvador, las mediaciones salvíficas son “de métodos de autodesarrollo”.

LA MENTIRA QUE IMPIDE LA BÚSQUEDA DE LA SANTIDAD Y ESPOLEA LA IDEA DE LA IMPUNIDAD ANTE EL CASTIGO.

La misma escatología, en forma de reencarnación, no es más que una “autosalvación”.

En el fondo, un nuevo concepto de religión (y de mística): las religiones como organización carecen de valor desde el punto de vista de la verdad.

Sólo tienen un valor social o histórico.

La fe es una confianza, un dejarnos mover por la verdad confiadamente.

Ninguna importancia tiene que se acepten unas ideas o no.

‍Fuente: Foros de la Virgen María

77 EL SEGUNDO MANDAMIENTO


77 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús no está. Hay un gran desconcierto entre los discípulos. Su agitación es tanta, que parecen un enjambre provocado.

Hablan, miran fuera nerviosamente, hacia todas partes… 

Finalmente toman una decisión respecto a lo que los tiene agitados.

Pedro ordena a Juan:

–    Vete a buscar al Maestro. Está en el bosque junto al río. Dile que venga pronto para que diga lo que debemos hacer.

Juan va a la carrera.

Judas de Keriot, dice:

–    No entiendo por qué tanta confusión y tanta descortesía.

Yo habría ido y lo habría recibido con todos los honores. Es un honor suyo y también para nosotros. Así pues…

Pedro advierte.

–   Yo no sé nada.

Él será diferente a su pariente… pero a quién está con hienas se le pega el olor y el instinto.

Por lo demás, tú querrías que se fuese aquella mujer… ¡Pero ten cuidado! El Maestro no quiere y yo la tengo bajo mi protección.

Si la tocas… ¡Yo no soy el Maestro! Te lo digo para tu conducta futura.

Judas dice con ironía:

–   ¡Hummm! ¿Quién es pues? ¿Tal vez la bella Herodías?

–    ¡No te hagas el gracioso!

–    Si me hago el gracioso es por tí.

Has creado en torno a ella una guardia real, como si se tratara de una reina…

–    El Maestro me dijo: ‘Procura que no se le perturbe y respétala’ Y eso es lo que hago.

Tomás pregunta:

–   ¿Pero quién es? ¿Lo sabes?

Pedro dice:

–    Yo no.

Varios insisten:

–    ¡Ea! ¡Dilo! ¡Tú lo sabes!

–   Os juro que no sé nada. El Maestro lo sabe. Pero yo no.

–   Hay que preguntárselo a Juan. A él le dice todo.

Judas pregunta:

–  ¿Por qué? ¿Qué cosa especial tiene Juan? ¿Es acaso un dios tu hermano?

Santiago de Zebedeo responde:

–   No, Judas. Es el más bueno de nosotros.

Santiago de Alfeo dice:

–   Por mí ni me preocupo.

Ayer mi hermano la vio cuando salía del río con el pescado que le había dado Andrés y se lo preguntó a Jesús.

Él respondió: ‘Tadeo. No tiene cara. Es un espíritu que busca a Dios. Para Mí no se trata de otra cosa y así quiero que sea para todos.’

Y lo dijo en tal forma: ‘Quiero’ que os aconsejo de no insistir.

Judas de Keriot dice:

–   Yo voy a donde está ella.

Pedro se enciende como un gallo de pelea y replica:

–    ¡Haz la prueba! Si eres capaz…

–   ¿La harás de espía para acusarme con Jesús?

–    Dejo ese encargo a los del Templo.

Nosotros los del lago ganamos el pan con el trabajo y no con la delación. No tengas miedo de que Simón de Jonás la haga de espía.

Pero no me provoques y no te atrevas a desobedecer al Maestro, porque yo soy…

–    ¿Y quién eres tú? ¡Un pobre hombre como yo!

–     Sí, señor. al revés.

Más pobre, más ignorante, más vulgar que tú. Y no me avergüenzo. Me avergonzaría si fuese igual a ti en el corazón.

El Maestro me confió este encargo y yo lo hago.

–    ¿Igual a mí en el corazón? Y…

¿Qué cosa hay en mi corazón que te causa asco? ¡Habla! ¡Acusa! ¡Ofende!…

Bartolomé interviene:

–    ¡Judas! ¡Cállate! Respeta las canas de Pedro.

–    Respeto a todos. Pero quiero saber qué cosa hay en mí…

Pedro estalla:

–    Al punto eres servido.

Déjame hablar… hay tanta soberbia que con ella se puede llenar esta cocina. Hay falsedad y hay lujuria.

Judas casi se ahoga:

–   ¿Yo falso?…

Todos se interponen y Judas debe callar.

Simón, con calma dice a Pedro:

–    Perdona amigo, si te digo una cosa.

Él tiene defectos, pero tú también los tienes. Y uno de ellos es el de no compadecer a los jóvenes. ¿Por qué no tomas en cuenta la edad? ¿El nacimiento y… tantas otras cosas?

Mira. Tú obras por amor a Jesús. Pero, ¿No has notado que estas disputas le causan hastío? A él no le digo nada. –señala a Judas- pero a ti, sí.

Porque eres un hombre maduro y muy sincero, te hago esta súplica:

¡Él tiene tantas penas por sus enemigos y dárselas también nosotros! Hay tantas guerras a su alrededor. ¿Por qué provocar otra en su nido?

Tadeo confirma:

–   Es verdad. Jesús está triste y ha adelgazado.

En las noches oigo que da vueltas en su cama y suspira. Hace algunos días, me levanté y ví que lloraba, orando.

Le pregunté: ‘¿Qué te pasa?’ Él me abrazó y me dijo: ‘Quiéreme mucho. ¡Qué fatigoso es ser ‘Redentor’!

Felipe agrega:

–    También yo me di cuenta de que había llorado en el bosque junto al río.

Y a mi mirada interrogante respondió: ‘¿Sabes qué diferencia hay entre el Cielo y la Tierra, además de no ver a Dios?

Es la falta de amor entre los hombres. Me estrangula como una soga.

He venido a darles granos a los pajaritos, para que me amen los seres que se aman.’

amor animal

Escuchar todo esto, resquebraja por un momento el gran egoísmo de Judas.

Siente una oleada de amor por su Maestro y el conocer su sufrimiento, se le clava como un puñal en su corazón.

Y se deja caer, llorando como un niño.

Y en ese preciso momento, entra Jesús con Juan:

–  Pero, ¿Qué sucede? ¿Por qué ese llanto?

Pedro responde:

–  Por mi culpa, Maestro. Cometí un error. Regañé a Judas muy duramente.

Judas replica entre sollozos:

–  No… yo… yo… el culpable soy yo.

Yo soy el que te causa dolor. No soy bueno… Perturbo… Pero, ¡Ayúdame a ser bueno! Porque tengo algo aquí en el corazón…

Algo que no comprendo… que me obliga a hacer cosas que no quiero hacer. Es más fuerte que yo.

Judas con Posesión diabólica perfecta por la MALDAD

Y te causo dolor a Ti, Maestro; al que debería dar gozo. Créelo; no es falsedad.

Jesús dice:

–    Sí, Judas. No lo dudo.

Viniste a Mí, con sinceridad de corazón; con verdadero entusiasmo. Pero eres joven…

Nadie. Ni siquiera tú mismo te conoces como Yo te conozco. ¡Ea! ¡Levántate y ven aquí!

Luego hablaremos los dos solos. Mientras tanto, hablemos de aquello por lo que me mandasteis llamar.

¿Qué hay de malo en que venga Mannaém?

¿No puede un hermano de leche de Herodes, tener sed del Dios Verdadero?

¿Tenéis miedo por Mí? Tened fe en mi palabra. Este hombre ha venido con fines honestos.

Pedro:

–   ¿Entonces por qué no se dio a conocer?

Jesús:

–   Precisamente porque viene como un ‘alma’; no como hermano de Herodes.

Se ha envuelto en el silencio, porque piensa que ante la Palabra de Dios, no existe el parentesco con un rey. Respetaremos su silencio.

Andrés:

–    Pero si por el contrario… ¿Él lo envió?

–   ¿Quién?…  ¿Herodes?… No. No tengáis miedo.

Tadeo:

–   ¿Quién lo manda entonces?

Santiago:

–   ¿Cómo se ha informado de Ti?

–   Es discípulo de mi primo Juan.

Id y sed con él corteses; como con los demás. Id. Yo me quedo con Judas.

Los discípulos se van.

Jesús mira a Judas, que está todavía lloroso y le pregunta:

–      ¿Y? ¿No tienes nada que decirme?

Yo sé todo lo tuyo. Pero quiero saberlo por ti. ¿Por qué ese llanto? Y sobre todo, ¿Por qué ese desequilibrio, que te tiene siempre tan descontento?

Judas con posesión demoníaca perfecta por la SOBERBIA

–     ¡Oh, sí Maestro! Lo dijiste.

Soy celoso por naturaleza. Tú sabes que así es… Y sufro al ver que… Al ver tantas cosas.

Esto me saca de quicio, porque soy injusto. Y me hago malo, aun cuando no quisiera. No…

–     ¡Pero no llores de nuevo!

¿De qué estas celoso? Acostúmbrate a hablar con tu verdadera alma. Hablas mucho. Hasta demasiado…

Pero, ¿Con quién? Con el instinto y con tu mente. Tomas un fatigoso y continuo trabajo, para decir lo que quieres decir: hablo por ti. De tu ‘yo’.

Porque cuando tienes que hablar de otros y a otros, no te pones cortapisas, ni límites. Y lo mismo haces con tu carne.

Ella es un caballo bronco. Pareces un jinete a quien el jefe de las carreras, le hubiese dado dos caballos locos para hacer el paso de la muerte…

Uno es el sentido. Y el otro… ¿Quieres saber cuál es el otro? ¿Sí?…

Judas asiente con la cabeza.

Jesús continúa:

–           Es el error que no quieres domar.

Tú…  Jinete capaz pero imprudente. Te fías de tu capacidad y crees que basta.

Quieres llegar primero… no pierdes tiempo ni siquiera para cambiar de caballo.

Antes bien, los espoleas y pinchas. Quieres ser el ‘vencedor’… quieres aplauso.

¿Acaso no sabes que la victoria es segura cuando se conquista con constante, paciente y prudente trabajo?…

Habla con tu alma. De allí es de donde quiero que salga tu confesión. O, ¿Debo decirte lo que hay dentro?

Cuando se tiene una posesión demoníaca perfecta, Satanás es el Huésped dentro de nuestro corazón y la tragedia más grande de Jesús, es que Él ve con Quién está dialogando y lo tiene que mantener dentro de su círculo íntimo a pesar de ser su más grande Adversario…

Una sombra cruza por la mirada de Judas antes de responder:

–     Veo que también Tú no eres justo. Y no eres firme y esto me hace sufrir.

–    ¿Por qué me acusas? ¿En qué he faltado a tus ojos?

–     Cuando quise llevarte con mis amigos, no te gustó.

Y dijiste: ‘Prefiero estar entre los humildes.’ Luego Simón y Lázaro te dijeron que era bueno que te pusieras bajo la protección de un poderoso y aceptaste.

Tú das preferencia a Pedro, a Simón, a Juan. Tú…

–    ¿Qué otra cosa?

–    Nada más, Jesús.

–    Nubecillas… pompas de espuma.

Me das compasión porque eres un desgraciado  que te torturas, pudiendo alegrarte.

¿Puedes decir que este lugar es de lujo? ¿Puedes decir que no hubo una razón poderosa que me obligó a aceptarlo?…

¿Si Sión no me hubiera arrojado, estaría refugiado en un lugar de asilo?

–    No.

–   ¿Entonces cómo puedes decir que no te trato como a los demás?

¿Puedes decir que he sido duro contigo cuando has faltado? Tú no fuiste sincero… las vides… ¿Qué nombre tenían esas vides?…

No fuiste complaciente con quién sufría y se redimía. Ni siquiera fuiste respetuoso conmigo. Y los otros lo vieron.

Y con todo; una sola voz se levanta incansable en tu defensa: la mía. Los demás tendrían el derecho de estar celosos.

Porque si ha Habido uno que fuera preferido y protegido, eres tú.

Judas, avergonzado y conmovido, llora.

–    Me voy.

Es la hora en que soy de todos. Tú quédate y reflexiona…

–    Perdóname, Maestro.

No podré tener paz, si no tengo tu perdón. No estés triste por mi causa. Soy un muchacho malvado… Amo y atormento…

Así sucedía con mi madre. Así es ahora contigo. Y así será con mi esposa, si algún día me caso… creo que sería mejor que me muriese.

–    Sería mejor que te enmendases.

Estás perdonado. ¡Hasta luego!

Jesús sale.

Afuera está Pedro, que le dice:

–     Ven, Maestro. Ya es tarde.

Hay mucha gente. Dentro de poco se pondrá el sol. Y no has comido. Ese muchacho es causa de todo.

–    ‘Ese muchacho’ Tiene necesidad de todos vosotros para no ser el causante de estas cosas.

Procura recordarlo, Pedro. Si fuese tu hijo, ¿Lo compadecerías?

–    ¡Uhmmm! Sí y no.

Lo compadecería. Pero le enseñaría también algunas cosas. Aunque fuese adulto le enseñaría como a un jovencillo mal educado.

Bueno… si fuese mi hijo, no sería así…

–    ¡Basta!

–    Sí, ¡Basta, Señor mío!

Mira, allí está Mannaém. Es el que tiene el manto rojo muy oscuro, que parece casi negro.

Me dio esto para los pobres. Y me preguntó que si podía quedarse a dormir.

–   ¿Qué respondiste?

–   La verdad. ‘No hay más que para nosotros…’

Jesús no dice nada. Deja a Pedro y va a dónde está Juan y le dice algo en voz baja.

Luego, ya en su puesto, comienza a hablar:

–    La paz esté con todos vosotros, y con ella descienda sobre vosotros luz y santidad.

Está escrito: “No profieras en vano mi Nombre”.

¿Cuándo se le toma en vano? ¿Sólo cuando se le blasfema? No. También cuando uno lo profiere sin ser digno de Dios.

¿Puede un hijo decir: `Amo y honro a mi padre”, si luego, a todo lo que el padre desea de él opone una acción contraria?

No es diciendo: “padre, padre” como se le ama. No es diciendo: “Dios, Dios”, como se ama al Señor.

‘En Israel, que – como he explicado anteayer – tiene tantos ídolos en el secreto de los corazones, existe también un hipócrita alabar a Dios, un alabar que no queda corroborado por las obras de quienes lo hacen.

Hay en Israel también una tendencia: la de descubrir muchos pecados en las cosas externas y no querer encontrarlos donde realmente existen, en las cosas internas.

Tiene también Israel una necia soberbia, un antihumano y antiespiritual hábito: el de estimar blasfemia el Nombre de nuestro Dios pronunciado por labios paganos,

llegando a prohibirles a los gentiles el acercarse al Dios verdadero porque se considera sacrilegio. Así ha sido hasta ahora; cese ya.

El Dios de Israel es el mismo Dios que ha creado a todos los hombres. ¿Por qué impedir que los seres creados sientan la atracción de su Creador?

¿Creéis que los paganos no sienten algo en el fondo dei corazón, una insatisfacción que grita, que se agita, que busca?; ¿A quién?, ¿A qué?:  al Dios desconocido.

¿Y pensáis que si un pagano orienta su propio ser hacia el altar del Dios desconocido, hacia ese altar incorpóreo que es el alma en que siempre hay un recuerdo de su Creador, el alma que espera ser poseída por la gloria de Dios,

como lo fue el Tabernáculo erigido por Moisés según la orden recibida y que llora hasta no quedar poseída, pensáis que Dios rechaza su ofrecimiento como si de una profanación se tratase?

EL SEGUNDO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS

¿Y creéis que es pecado ese acto, suscitado por un honesto deseo del alma que, despertada por celestes llamadas, dice “voy” al Dios que le está diciendo “ven”?

¿Mientras que por el contrario sería santidad el corrompido culto de un Israel que ofrece al Templo lo que tras haber gozado le sobra,

y entra a la presencia de Dios y lo nombra, al Purísimo,  con alma y cuerpo que no son sino toda una gusanera de culpas?

No. En verdad os digo que es en ese israelita, que con alma impura pronuncia en vano el Nombre de Dios, donde se da la perfección del sacrilegio.

Es pronunciarlo en vano cuando – y estúpidos no sois – cuando, por el estado de vuestra alma sabéis que lo pronunciáis inútilmente.

¡Oh, verdaderamente veo el rostro indignado de Dios, volviéndose hacia otra parte con disgusto, cuando un hipócrita lo llama, cuando lo nombra un impenitente!

Y siento terror de ello, Yo que no merezco ese enojo divino.

Leo en más de un corazón este pensamiento:

“Pero entonces, aparte de los niños, ninguno podrá invocar a Dios, dado que en todas partes en el hombre hay impureza y pecado”.

No. No digáis eso. Son los pecadores quienes deben invocar ese Nombre.

Deben invocarlo quienes se sienten estrangulados por Satanás y quieren liberarse del pecado y del Seductor.

Quieren. He aquí lo que transforma el sacrilegio en rito. Querer curarse.

Llamar al Poderoso para ser perdonados y para ser curados. Invocarlo para poner en fuga al Seductor.

Está escrito en el Génesis que la Serpiente tentó a Eva en el momento en que el Señor no paseaba por el Edén.

Si Dios hubiera estado en el Edén, Satanás no habría podido estar. Si Eva hubiera invocado a Dios, Satanás habría huido.

Tened siempre en el corazón este pensamiento. Y llamad con sinceridad al Señor. Ese Nombre es salvación. Muchos de vosotros quieren bajar a purificarse.

Purificaos primero el corazón, incesantemente, escribiendo en él, con el amor, la palabra “Dios”.

No con engañosas oraciones o con prácticas consuetudinarias, sino con el corazón, con el pensamiento, con los actos, con todo vosotros mismos, pronunciad ese Nombre: Dios.

Pronunciadlo para no estar solos, pronunciadlo para ser sostenidos, pronunciadlo para ser perdonados. Comprended el significado de la palabra del Dios del Sinaí:

“En vano” es cuando decir “Dios” no supone una transformación en bien; y entonces, es pecado.

“En vano” no es cuando, como el latido de sangre en el corazón, cada minuto de vuestro día, y toda acción vuestra honesta, toda necesidad, tentación, todo dolor os trae a los labios la filial palabra de amor:”¡Ven, Dios mío!”.

Entonces, en verdad, no pecáis nombrando el Nombre santo de Dios. 

Marchad. La paz sea con vosotros.

No hay ningún enfermo.

Jesús permanece con los brazos cruzados apoyado contra la pared, bajo el techado en que ya descienden las sombras.

Cuando termina, no hay ningún enfermo. Jesús se queda con los brazos cruzados y mira a los que se van yendo, después de que los ha despedido y bendecido.

El hombre vestido de rojo oscuro, parece que no sabe qué hacer.

Jesús no lo pierde de vista, cuando lo ve que se dirige hacia su caballo, lo alcanza y le pregunta:

–    ¡Oye! Espérame. Ya va anochecer. ¿Tienes dónde dormir? ¿Vienes de lejos? ¿Estás solo?

El hombre contesta titubeante:

–    De muy lejos… Y me iré. No sé… si en el poblado encontraré… o hasta Jericó. Allí dejé la escolta en la que no confiaba.

Jesús le dice:

–    No. Te ofrezco mi cama. Ya está lista. ¿Tienes que comer?

–    No tengo nada. Creí que este lugar sería más hospitalario.

–     No falta nada.

–     Nada. Ni siquiera el odio contra Herodes. ¿Sabes quién soy? 

–    Los que me buscan tienen un solo nombre: ‘Hermanos, en el Nombre de Dios’. Ven. Juntos compartiremos el pan. Puedes llevar el caballo a aquel galerón. Yo dormiré allí y te lo cuidaré.

     No. Esto jamás. Yo dormiré ahí. Acepto el pan; pero no más. No pondré mi sucio cuerpo donde Tú pones el tuyo, que es santo.

–     ¿Me crees santo?

–    Sé que eres santo. Juan, Cusa, tus obras… tus palabras.

El palacio real es como una concha que conserva el rumor del mar. Yo iba a donde estaba Juan… Y luego lo perdí.

Él me dijo: ‘Uno que es más santo que yo, te recogerá y te elevará’ no podrías ser otro, sino Tú.

Vine en cuanto supe en dónde estabas.

Zelote regresa del río, después de bautizar y Jesús bendice a los últimos bautizados.

Luego le dice:

–    Esta persona, es el peregrino que busca refugio en el Nombre de Dios. Y en el Nombre de Dios lo saludamos como amigo.

Simón se inclina y el hombre también.

Entran en el galerón y Mannaém amarra el hermosísimo caballo blanco, con gualdrapas de color rojo que penden de la silla, adornadas con plata, en el pesebre.

Juan acude con hierba y un cubo con agua.

Acude Pedro también, con una lámpara de aceite, porque ya está oscuro.

Mannaém dice:

–    Aquí estaré muy bien. Dios os lo pague.

Jesús le pone la mano en el hombro y le dice:

–   Ven amigo mío. Vamos a compartir el pan…

Luego entran todos en la cocina, donde arde una tea y se reúnen para cenar…