Archivos de etiquetas: holocausto

EL OCTAVO SACRAMENTO


En la casa de Nicolás, Fernanda está en el jardín posterior, rodeada por Emiliano su cuñado, otros familiares y su esposo, además de todos los sirvientes de la casa, que escuchan muy atentos a la joven domina, que explica con infinito amor, la lección de ese día…

EL OCTAVO SACRAMENTO ES:

EL DOLOR.

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado.

Los Cielos se estremecieron de admiración. Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios.

El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero no era contraria y mucho menos enemiga. Con un espíritu que no estaba prisionero en ella, porque era su rey…

Y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios. Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre.

Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre. La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio.

Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra. Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna.

Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas. Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador. Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas…

Para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria. ¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres.

No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

El Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre.

Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios. Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre.

Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras. Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana:

De la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo, ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre…

Para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones. Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas; para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal.

Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir.

Pero el Mundo NO sabe amar y NO sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto NO es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación.

¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo! Dios pliega siempre el Mal al Bien.El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta. Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas.

Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias…

Repara los pecados del mundo y es redención por los que NO son justos. Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es Cruz. Siempre.

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él. Las almas que huyen de la Cruz y del Dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la Paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios.

El Dolor aceptado sin rebelión es Expiación.

En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente.

La Justicia de Dios exige la Reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la Tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un Instante en la Eternidad…Que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el Dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también Alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes.

El Dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar. Porque el Amor y el Dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble.

Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el Dolor.

Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los Mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y NO soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida.

Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio. Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno.

Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

LOS TIBIOS.

Los cristianos que viven el evangelio de San Evangelista: un evangelio que NO EXISTE, pero que ellos han acomodado a su manera de vivir. Con la Palabra de Dios que les gusta, DESECHANDO lo que les disgusta….Porque se NIEGAN A OIR LO QUE NO LES CONVIENE.

Huyen del Dolor como de su peor enemigo.

Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos.

Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el Dolor con resignación amorosa.

Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso.

Y que si Él lo PERMITE, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario.

Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él; ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara.

Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para AMAR MÁS A DIOS Y ADORARLO SOBRE TODAS LAS COSAS, (Sobre todo los seres más amados, porque Satanás los usa para hacernos renegar de Dios, con el dolor de la TRAICIÓN más artera)Y aceptar el Dolor y el Sufrimiento, para amarLo  más a ÉL (a la Santísima Trinidad) y para saber sufrir.

Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la Ternura Divina.

Y comprenden la razón de su Sufrir.

Saben que Él las ama tanto, que les DA Y PERMITE dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Alabar enmedio de las lágrimas, produce los más grandiosos milagros y palpamos físicamente, el Infinito Amor del Señor…

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor.

El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores. Se abandona totalmente en Dios y ve en Él al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se Une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo. Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre, (o de una mujer)

Nunca el de Dios. Y en el momento de la Desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

NO más oscuridad de desolación humana. NO más afán de creyente que quiere y NO puede alcanzar la paz en el Dolor. Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último.

Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’. Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir: “Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que NO le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya.

Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor. Sabe que el mundo necesita Sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas.

Y así, uniendo su voluntad a la divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo, hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor.

Porque el Dolor es una gran Absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el Dolor. Y morir por Él, es pasar a la gloria. El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que NO es amado.

Convertirse al Amor es saber soportar el dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la Furia del Enemigo.

En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo.

Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella.

Esta Paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio. Y de lo que darán testimonio, los mártires.

¿Podemos salvar a los insalvables?… ¡Pregúntaselo al Espíritu Santo!…

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO

Y es todavía siempre por el Dolor, el Holocausto con el que el hombre salva.

Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos.

Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, NO solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’ para ser ungidos ‘víctimas’ y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima.

Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.  Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno.

Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad. Pero las victorias sobre el Mal, son la Corona de los elegidos.

Si la Maldad NO pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El Mal glorifica a los justos. La obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y NO nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar.

De nosotros depende convertirnos en Carga o Cireneos…

Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros.  

Y compartimos con Él, la Sublime Misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el Sacrificio… (de nuestra voluntad, a  SU VOLUNTAD)

Al beber del mismo cáliz que Jesús, que también en su Amargura es bello.  Porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor NO es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente.

Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios.

Un gran mérito nacido con el Pecado.

Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor.

A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia.

José Sanchez del Río, mártir de 14 años, durante la Guerra Cristera en méxico…(1926-1929) 

Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor.

Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el Dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios. Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar.

La historia de José Sanchez del Río…

NO debe preocupar el llanto. También Él lloró.

Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO, ES EL SECRETO QUE SALVA

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho. El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo.

Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu;

Se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece.

Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que Redime.

Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado.

El Amor es el holocausto por el sacrificio. Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor.

Dios NO condena las lágrimas, NI la repugnancia del hombre por el Sufrimiento y el Dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la Conversión y la Desesperación en su Misericordia. Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo; si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia.

Siempre hay dolores más fuertes que los propios.

(Cuando analizamos nuestra condición… Y vemos las circunstancias dolorosas de nuestra propia vida, comprobamos como Satanás nos ha pulverizado y casi nos ha destruído...

Y tenemos dos opciones: RENDIRNOS PARA QUE ACABE DE HACERLO… 

Entregándonos con el Espejismo de que SI NO guerreamos, desistirá de atacarnos y abandonará la idea de hacernos sufrir… -(la banderita blanca con él, es una pésima idea)

O hacer de nuestro Dolor un Arma Poderosísima que unida a los Dolores de nuestro Redentor, nos haga pasar de la Retaguardia al Frente...

Haciéndole pagar muy caro, por cada una de LAS LÁGRIMAS DIVINAS y de nuestras propias lágrimas, con la Oración de Intercesión…)

Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios; se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres.

Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo.

Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad.

Lloraron para Redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor.Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del Llanto una moneda para Rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide Sufrir, para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en Paz y Luz, para que puedan salvarse.

El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera.

Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás.

Vivir unidos a Dios, es Alegría también en el Dolor.

LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del Desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa.

Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’.

El Cordero de Expiación, cargó con los Pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos.

Aquel NO solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre.

Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.  Jesús vino a santificar el Dolor.

Sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el Suyo Infinito, dando así mérito al Dolor.

Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor…

NO menos consumante con su ardiente Dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús.

Y nadie como Él, conoció la Soledad, la Incomprensión, el Abandono. Desde los celestes a los humanos.

Nadie padeció los dolores que Él ha padecido.

Dolores de toda especie. Siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo. Nunca acusó al Padre.Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

Él sabía que el Mal, el Dolor, la Soledad, la Angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás.

Y NO podían dar más que Dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana.

Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios.

Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos.

Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado sobrenaturalmente; NO es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino.

LOS INVITADOS AL CALVARIO, TAMBIÉN ESTÁN INVITADOS A LA GLORIA CELESTIAL…

Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’….

Por Coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota…

A la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante.

Yugo que NO hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’…

Si NO a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu.

Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.El Dolor es Holocausto y Participación a la misma suerte de Jesús.

El Dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo.

Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el Sacrificio.

Jesús subió a la Cruz Orando y Sufriendo. La Conversión se obtiene con la Oración y el Dolor.

Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la Luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, GRAN agradecimiento.

La peor de las torturas morales son la Ingratitud y el Desamor. Es peor que la tortura física.

Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas, supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne…

Pero la Indiferencia, la Ingratitud y el Rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu.

En momentos así, NO se deben mirar a las criaturas sino a Dios. NO se debe pensar en la criatura que lastima, sino en Orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta.

No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo Iue debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo.

Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que NO agradecen o que traicionan. Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo…

Debemos Consolarlo con nuestro amor.

Fernanda calla y todos meditan en la enseñanza recibida.

Tan asombrosa y tan perfecta…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA 

70.- LAS PEQUEÑAS HOSTIAS


coliseum-1600-939-wallpaper

Los mártires saludan y se despiden de los que se quedan…

Gael, un jovencito se arrodilla para recibir la bendición de Mía, su madre.

Después ella le dice con un suspiro:

–           Bendito tú que ascenderás con la corona del doble martirio… Bendíceme ahora tú a mí….

Gael se toca una de las heridas producidas por el zarpazo de un tigre y con su sangre hace lo mismo que Emma, una niña como de diez años que con su sangre como si fuera un crisma, marca una crucecita en la frente de Jennifer, su madre. A la que deja para marchar alegremente a la hoguera.

Nathan, abraza a los dos compañeros de armas.

Y les dice:

–           Alegraos conmigo, voy a la conquista de un Reino eterno… Ojalá decidierais uniros a mí en la Fe y conozcáis la verdadera dicha de morir amando.

Jeffrey un anciano, besa a su hija moribunda y se aleja decidido.

Todos antes de salir obtienen la bendición del sacerdote Jonathan.

PASILLO CIRCO COLISEO

Los pasos que van a la muerte se alejan por el corredor…

Los que han sido comisionados para escoltar a los prisioneros, preguntan a los dos soldados:

–           ¿Os quedáis aquí vosotros?

Ellos contestan:

–           Sí.

–        Nos quedamos.

–           ¿Por qué? Es… peligroso.

–           Esta gente corrompe a los ciudadanos fieles.

Ambos soldados se encogen de hombros.

Y los intendentes se van, al mismo tiempo que penetran los fosores con sus camillas para llevar afuera a los muertos.

Se produce un poco de confusión, porque junto con los fosores han entrado también los parientes de los muertos y los moribundos, produciéndose lágrimas y adioses que se cruzan unos y otros.

Los dos soldados aprovechan esta circunstancia para decirle a un niño:

–           ¿Cómo te llamas?

–           Kevin.

–           Fíngete muerto y te pondremos a salvo.

Kevin los mira con una infantil severidad…

Y les dice:

–           ¿Traicionaríais vosotros al emperador poniéndoos a salvo mientras él puso su confianza en vosotros para su gloria?

LEGIONARIOS-romanosLos dos militares contestan al mismo tiempo:

–           ¡Niño!…

–           ¡Ciertamente que no!

–           Pues tampoco traiciono yo a mi Dios, que murió por mí en la Cruz.

Los dos soldados se miran verdaderamente estupefactos…

Y se preguntan:

–           ¿Pero quién les infunde tanta fortaleza?

Y después, con el codo apoyado en la pared para sostenerse la cabeza, continúan observando meditabundos…

Regresan los intendentes con esclavos y camillas…

CIRCO intendente

Uno comenta:

–           Aún son pocos para la hoguera. A ver…

El otro levanta la voz y pregunta:

–    ¿Quienes son los menos heridos que puedan sentarse?

¡Los menos heridos!…

Quién más, quién menos, todos están agonizando y ya no pueden sentarse…

Pero las voces suplican:

–           ¡Yo!

–           ¡Yo!

–           ¡Yo! Con tal de que me llevéis…

Escogen otros once…

Louanne, una joven que fue triturada por la boa, suspira:

–           ¡Dichosos de vosotros!

pantera

Samantha, otra que agoniza después del ataque de una pantera y ve alejarse a otra que estaba junto a ella y con la que una leona solo jugó…

Haciendo un esfuerzo le dice fuerte:

–           ¡Ruega por mí, Rosalía!

Marlon, un jovencito  que fue destrozado por un leopardo y ve que suben a la camilla a otro que perdió brazos y piernas entre las mandíbulas de un tigre y…

Con amor le dice:

–           ¡Adiós, Christopher!

Jerónimo dice, besando a Matilda:

–           ¡Madre, acuérdate de mí!

–           ¡Nos encontraremos en el Cielo!

Y corre jubiloso hacia la salida.

grandesgatos1 LEONES

Mariana se despide de Lorenzo, un joven que agoniza por el ataque de un león:

–           ¡Hijo mío, cuando estés en el Cielo, llama pronto a mi alma!

Carolina le dice a Ian:

–           ¡Esposo mío, que la muerte te sea dulce!…

Y sale feliz al encuentro con el fuego…

Se entrecruzan los saludos y las despedidas.

Y los intendentes se llevan las camillas…

El sacerdote Jonathan, que se encuentra lívido y a punto de morir, hace acopio de todas sus fuerzas para decir:

–           Sostengamos a los mártires con nuestra plegaria y ofrezcamos el doble dolor de los miembros y del corazón que se ve excluido del martirio, por ellos. Pater Noster…

Apenas ha concluido la Oración sublime, cuando llega Mauricio corriendo jadeante…

Y al ver a los dos soldados se para en seco y contiene el grito que ya estaba a punto de salir de sus labios.

LEGIONARIOS dos-soldados

Los dos legionarios le dicen:

–          Puedes hablar, hombre; que no te traicionaremos.

–           Nosotros, soldados de Roma, pretendemos ser soldados de Cristo.

Jonathan exclama:

–           La sangre de los mártires fecunda la gleba.

Y dirigiéndose a Mauricio, le pregunta:

–          ¿Traes los Misterios?

Mauricio responde:

–           Sí. He podido dárselos a los otros, momentos antes de que se los lleven a la hoguera. ¡Helos aquí!

Los soldados contemplan admirados la bolsa púrpura que el otro extrae de su seno.

Jonathan grita:

–           ¡Soldados! Vosotros que os preguntáis dónde encontramos la fortaleza: ¡Aquí la tenéis!

¡Éste es el Pan de los fuertes! ¡Éste es el Dios que entra a vivir en nosotros! Este…

Lo interrumpe el grito de Grace, anhelante ante los espasmos del ahogo final:

–           ¡Pronto! ¡Pronto, padre que me muero!… Dame a Jesús… Y moriré feliz…

Jonathan se apresura a partir el Pan para dárselo a la jovencita, que después de recibirlo se recoge quieta, cerrando los ojos.

Fabio suplica:

–           A mí también… Y después llamad a los criados del Circo. Yo quiero morir en la hoguera... –borbollea un niño como de seis años, que tiene la espalda lacerada y rasgada la mejilla desde la sien hasta el cuello que sangra abundantemente…

Jonathan pregunta:

–           ¿Puedes tragar?

–           ¡Puedo! ¡Puedo!… No me he movido, ni hablado para no morir… Antes de recibir la Eucaristía. La esperaba… Ahora…

El sacerdote le da una miguita del Pan Consagrado, que el niño trata de tragar sin conseguirlo…

primera-comunion

Uno de los soldados se inclina compasivo y le sostiene la cabeza.

Mientras el otro, habiendo encontrado en un rincón un ánfora que contiene todavía un poco de agua, procura ayudarlo a tragar, instilándole el agua en los labios, gota a gota.

Mientras tanto Jonathan parte las Especies que distribuye a los que tiene cerca y después, les suplica a los soldados que lo transporten para distribuir la Eucaristía a los moribundos…

Ellos le llevan con mucho cuidado con todos los que están esperando ansiosos la Eucaristía y observan asombrados, la transformacion en aquellos rostros sufrientes, que se llenan de alegría y de una gran Paz.

Pues reciben las Especies con mucha Reverencia y Adoración. ¡Y esto sucede con todos los mártires, sin excepción!

Por último, el heroíco sacerdote hace que le vuelvan a poner en el lugar donde estaba…

Y con mucho amor y agradecimiento les dice:

–           Que nuestro Señor Jesucristo os recompense por vuestra piedad.

El pequeño Fabio que se esforzaba por tragar las Especies, sufre un ahogo y se agita…

Uno de los soldados lo toma compadecido entre sus brazos.

Más al hacerlo, un borbotón de sangre, brota de la herida del cuello, bañándole la lóriga reluciente.

ninos-cristianos-martires

Niños cristianos, antes de ser quemados vivos por el Estado islámico.

–           ¡Mamá! ¡El Cielo! Señor… Jesús… –el cuerpecito se abandona y el niño expira.

Los soldados exclaman:

–           ¡Ha muerto!

–           ¡Y sonríe!…

–           ¡Paz al pequeño Fabio! –dice Jonathan, que va palideciendo siempre más.

–           ¡Paz! –suspiran los moribundos.

Los dos soldados hablan entre sí…

Después, uno de ellos dice:

–           Sacerdote del Dios Verdadero, termina tu vida admitiéndonos en tu milicia.

Jonathan responde fatigosamente:

–           No en la mía… sino en la de Jesucristo… Más… no es posible… porque antes… hay que ser… catecúmenos.

Ellos objetan:

–           No. Porque sabemos que en caso de muerte, se puede administrar el Bautismo.

El anciano jadea:

–           Vosotros… estáis… sanos…

Los dos replican:

–           Nosotros estamos a punto de morir, porque… Con un Dios como el vuestro, que os hace santos.

–           ¿A qué continuar sirviendo a un hombre corrompido?…  Nosotros queremos la gloria de Dios. Bautízanos.

–           Yo soy Fabio como el pequeño mártir y mi compañero es Nathan, como nuestro glorioso compañero de armas…

Y enseguida volaremos a la hoguera. ¿Qué valor puede tener la vida del Mundo, una vez que hemos comprendido vuestra vida?

El sacerdote suspira y dice:

–           Ya no hay agua… ni líquido alguno… – Jonathan se queda quieto y pensativo, como si oyera una voz interior.

Y luego, formando un hueco con su mano trémula, recoge la sangre que gotea de su atroz herida y ordena:

–          ¡Arrodillaos!… Fabio, yo te bautizo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Nathan, yo te bautizo, en el Nombre del Padre. Del Hijo y del Espíritu Santo… El Señor esté con vosotros… Para la Vida… Eterna… Amén…

papa-bautismo

Al decir estas palabras…  los ha aspergeado con su sangre.

Cuando la Oración termina, el sacerdote también ha terminado su misión de sufrimiento y su vida… Ha muerto.

Los dos soldados lo contemplan…

Luego observan por algún tiempo a los que van muriendo lentamente…

Serenos y sonrientes en medio de su agonía. Arrebatados por el éxtasis Eucarístico.

Luego Nathan el mayor, dice al otro:

–           Vamos Fabio… ¡No esperemos ni un momento más!

Nathan contesta radiante:

–            ¡Con tales ejemplos, es segura la Vida! ¡Vamos a morir por Cristo!

Y marchan veloces por el corredor, al encuentro del martirio y de la gloria.

Cuando llegan a donde están los otros cristianos reunidos para ser conducidos a la hoguera…

También ellos reciben de manos del diácono Máximo, el Pan de los ángeles y experimentan por primera vez, la sensación sublime de tener a Dios dentro de sí.

Nathan oye la confesión de Fe de sus antiguos camaradas y su sonrisa se vuelve más radiante al exclamar:

–           ¡Alabado sea Jesucristo! Los tres vamos a pelear el Combate Final…

En la estancia que acaban de abandonar, los gemidos se van haciendo cada vez más tenues y escasos…

En el circo, todos los espectadores guardan silencio y escuchan atentos porque Nerón está cantando su Troyada…

neron-cantando

Simultáneamente, en otro vasto salón en los subterráneos del Circo, donde la luz entra a duras penas por dos pequeñas aberturas al nivel del suelo y que sirven para que también entre el aire.

Están los prisioneros cristianos que han traído de las cárceles para completar el espectáculo.

Son personas de todas las edades y condiciones sociales. El lenguaje es pronunciado con variación de estilos, según sean patricios o esclavos. Y mezclado al latín vulgar, se oye el griego, español, tracio, etc.

Pero si diferentes son los trajes y los acentos; los espíritus son iguales y están unidos por la Caridad.

Ellos se aman sin distinción de raza o de nación. Se aman y buscan servir y ser de ayuda, unos para otros.

Los patricios de ricos vestidos, cuidan de los pobres, vestidos humildemente. Los más fuertes ceden los puestos más secos o menos incómodos, a los más débiles.

Y los abrigan con sus vestidos y togas, permaneciendo ellos con la túnica corta que cubre el pudor.

Usan togas y mantos para hacer con ellos colchones, almohadas o para cubrir a los enfermos que tiemblan por la fiebre. O están heridos por las torturas.

Los más sanos cuidan a los más enfermos, dándoles de beber con amor un poco de agua o vendando las heridas con pedazos de tela arrancados a sus vestidos… Curando los miembros dislocados y lacerados. Mojando las frentes, ardientes por la fiebre.

Y de vez en cuando, entonan en un canto suave: el Pater Noster y los salmos que hablan de amor y de esperanza…

Un niño gime en la semioscuridad y el canto se suspende…

Dimitry pregunta:

–           ¿Quién llora?

niño romano cástulo

Stanislao,  contesta:

–           Es Cástulo. La fiebre y la quemadura no lo dejan descansar. Tiene sed y no puede beber, porque el agua lastima sus labios quemados por el fuego.

Georgiana, una patricia de aspecto imponente y voz suave, dice:

–           Aquí hay una madre que ya no puede darle la leche a su pequeño.

El sacerdote Pawel ordena:

–           Lleven a Cástulo con  Plautina.

Se levanta Stefan, un fornido hombre moreno y lleva con gran cuidado entre los brazos al niño de siete años, que está vestido con una tuniquita recamada de finas grecas, sucia y manchada de sangre.

Plautina se sienta en una piedra adosada a la muralla, que el anciano Matthew le cede…

Y se acomoda de tal forma que el niño pueda estar cómodo en sus brazos.

Luego dice al portador del pequeño mártir:

–           Dámelo Stefan. Y que Dios te lo recompense.

Cuando Stefan lo deposita con mucho cuidado, queda al descubierto el rostro totalmente quemado del pobre niño martirizado.

cástulo

Cástulo es el hermoso chicuelo que consolara a Marco Aurelio en el Tullianum y después que lo suspendieran sobre las parrillas en el Circo,  ahora se ve monstruoso…

Sólo unos pocos cabellos quedan detrás de la cabeza. Adelante, la piel ha desaparecido por el fuego. No más frente, ni mejillas, ni nariz. Toda la carne es una viva tumefacción. Parece  como si la hubiera corroído un ácido.

En el lugar de los ojos están dos llagas horripilantes y los labios son otra llaga que forma un agujero deforme. Este es el resultado de haberlo tenido inclinado sobre las llamas, únicamente con el rostro; porque la quemadura termina bajo el mentón…

Plautina se abre la túnica y hablando con el amor de una verdadera madre, se exprime su redonda mama llena de leche y hace destilar las gotas sobre los labios del pequeño que no puede sonreír, pero que le acaricia la mano para mostrarle su alivio.

Y luego, después de haberlo saciado; hace caer más leche sobre el pobrecito rostro, para medicarlo como si fuera un bálsamo.  Es sangre de madre convertida en alimento y que da el amor por otra, que ha perdido a su hijo…

Plautina los ha perdido a todos… sus siete hijos y su esposo murieron martirizados en la arena, prácticamente repartidos en todas las formas de suplicio. A ella no la tocaron las fieras, porque ya se habían hartado…

El niño no gime más. Refrescado, calmado su sufrimiento y arrullado por la mujer, se adormece respirando afanosamente.

la piedad

Plautina parece una madre dolorosa, tanto por la postura, como por la expresión. Mira al pequeño como si fuese verdaderamente su criatura y las lágrimas ruedan por sus mejillas.

Gira la cabeza hacia atrás, para impedir que caigan sobre aquella carita que está totalmente quemada.

El canto se reanuda, dulce y melancólico…

Killian, otro sacerdote;  interrumpe en el fondo de aquel lugar…

Y con voz sonora dice:

–           Nos acaban de avisar que Fabio ha muerto. Oremos…

Todos dicen el ‘Pater Noster’…

Cuando terminan;  el anciano Joao exclama:

–           ¡Fabio es feliz!  Él  ya ve a Cristo…

Antonio le contesta:

–           Nosotros también lo veremos Joao e iremos a Él con la doble corona: la de la Fe y la del martirio. Seremos como renacidos sin sombra de mancha, porque los pecados de nuestra vida pasada serán lavados también con nuestra sangre.

Pecamos mucho, nosotros que fuimos paganos por largos años. Y es muy grande que a nosotros venga el júbilo del martirio, para hacernos nuevos y dignos del Reino.

Otra voz muy conocida, retumba:

–           ¡Paz a vosotros, hermanos!

Muchas voces contestan:

–           ¡Pablo! ¡Pablo! ¡Bendito seas!

Mucho movimiento sobreviene entre la multitud. Sólo Plautina se queda inmóvil, con su preciosa carga sobre su regazo.

–           ¡Paz a vosotros! –repite el apóstol.

Y se mete hasta el centro…

Luego dice:

– He venido a vosotros con Artyom y Alexander, para traerles la Vida.

Hugo pregunta:

–           ¿Y el Pontífice?

Pablo contesta:

–           Él les manda su saludo y su bendición. Está vivo por ahora… él quería venir; pero Joaquín, William y Amine, nos avisaron que lo están buscando y es conocido por los guardias. Por eso vengo yo, que soy menos notorio y ciudadano romano.

A él debemos protegerlo en las Catacumbas. Hermanos, ¿Qué nuevas me tenéis?

sao-tarcisio

Adam contesta:

–           Fabio ha muerto.

Noha agrega.

–           Cástulo ha sufrido el primer martirio.

Sienna dice:

–           Jade ha sido conducida a la tortura.

Johanna  informa:

–           A Franco y a Aidan los han transportado con Lars y sus hijos… No sabemos a dónde…

Pablo responde:

–           Oremos por ellos. Vivos o muertos, que Cristo dé a todos su paz…

Y Pablo, con los brazos abiertos en Cruz, ora. Está vestido como un siervo, con una vestidura corta, oscura y con un pequeño manto con capucha, que para orar, se ha echado para atrás.

A su espalda están Artyom y Alexander, vestidos como él. Son muy jóvenes.

Terminada la Oración, Pablo dice:

–           ¿Dónde está Cástulo?

Noha responde:

–           En el regazo de Plautina, allá en el fondo.

Pablo aparta a la multitud y se acerca al grupo. Se inclina y observa…  Bendice al niño y a la mujer.

El niño despertó con los gritos que saludaron al Apóstol y levanta una manita, buscando tocar a Pablo, el cual la toma entre las suyas y le habla con dulzura:

–           Cástulo ¿Me escuchas?

El niño responde con fatiga:

–           Sí.

–           Sé, fuerte, Cástulo. Jesús está contigo.

jesus sacramentado

Cástulo se lamenta:

–           ¡Oh! ¿Por qué no me lo habéis dado? ¡Ahora ya no puedo más! –y una lágrima brota entre aquellas llagas.

Pablo lo consuela:

–           No llores, Cástulo. ¿Puedes ingerir aunque solo sea un pedacito? ¿Sí?… ¡Bien! Te daré el Cuerpo del Señor.

Después iré con tu mamá a decirle que Cástulo es una flor del Cielo. ¿Qué debo decir de tu parte a tu mamá?

–           Que soy feliz. Que he encontrado una mamá que me da su leche. Que los ojos ya no hacen más mal. ¿No es mentira decirlo, verdad? Es para consolar a la mamá. Y porque yo estoy viendo el Paraíso y el lugar suyo y el mío, mejor que si tuviera los ojos todavía vivos.

Dile que el fuego no hace daño, cuando los ángeles están con nosotros. Y que no tenga miedo, ni por ella ni por mí. El Salvador le dará fuerza. ¡Jesús es tan Bueno!

–           ¡Bravo, Cástulo! Le diré a tu mamá tus palabras. Dios ayuda siempre. ¡Oh, hermanos! ¡Y lo veis!

Este es un niño. Tiene la edad en que no se puede soportar un pequeño malestar. Y vosotros lo veis y lo habéis escuchado. Él está en Paz. Él está dispuesto a sufrirlo todo, aún después de haber padecido tanto, para ir hacia Aquel que él ama y que lo ama.

Porque es uno de aquellos que Él amaba: un niño…

jesus_niños

Y éste es un héroe de la Fe. Tomen el coraje de este pequeño, hermanos. Ustedes saben que yo me hago pasar junto con éstos como sepulturero, para poder recoger cuantos más cuerpos podamos y depositarlos en suelo santo.

Por eso vivo junto a los tribunales y veo cómo viven los presos en el Circo y observo todo. Y me consuelo al pensar que yo también en mi hora, cuando Dios la reclame, seré por Él sostenido, como los santos que nos han precedido.

Hoy regresé de llevar al cementerio a Fátima, hija de Florián y de Valeria. No tenía más que catorce años y ustedes saben que estaba débil de salud. Con todo, ayer fue una gigante frente a los tiranos. El despecho de Nerón la torturó de muchas formas: lanzada, suspendida, estirada, desgarrada. Y siempre sanaba por Obra de Dios y siempre resistió a todas las amenazas.

Ahora ella está en la Paz. ¡Valor hermanos! También a ella la nutrí con el Pan Celestial. Y con el sabor de aquel Pan, ella caminó a su último martirio. Ahora os daré también a vosotros aquel Pan, para que sea día de fiesta sobrenatural para vosotros. El Circo os espera…

¡Y NO TEMÁIS! En las fieras y en las serpientes ustedes verán apariencias paradisíacas, porque Dios cumplirá para vosotros este milagro. Las fauces y las roscas les parecerán abrazos de amor. Las llamas, rocío matinal. Los rugidos y los silbidos serán voces celestiales…

Y como Cástulo, veréis el Paraíso, que ya desciende para recogerlos en su felicidad.

Todos los cristianos menos Plautina, se han arrodillado y cantan…

Mientras ellos cantan, han entrado también unos soldados romanos y los carceleros que al mismo tiempo que participan, montan guardia para que no entren personas enemigas.

tribunos

Y el canto se eleva, dulce y armonioso:

Como anhela la cierva

Estar junto al arroyo

Así mi alma desea, señor Jesús

Estar contigo.

Sediento estoy de Dios

Del Dios que me da la Vida

¿Cuándo iré a contemplar

El Rostro de mi Señor?

Lágrimas son mi pan

Noche y día

Cuando oigo que me dicen:

¿Dónde quedó tu Dios?

Yo me acuerdo y mi alma

Dentro de mí, se muere

Por ir hasta tu Templo

A tu casa, mi Señor y  Dios.

¿Qué te abate alma mía?

¿Por qué gimes en mí?

musica

Pon tu confianza en Dios, que aún le cantaré

A Jesús. A mi Dios Salvador.

Pablo se prepara para el Rito y dice a Cástulo:

–           Tú serás nuestro altar ¿Puedes detener el cáliz sobre tu pecho?

–           Sí.

Extiende un lino sobre el cuerpecito del niño y sobre el lino apoya el cáliz y el pan. Y la Misa es celebrada para los mártires, por Pablo y los dos sacerdotes que lo acompañan.

El lino palpita sobre el pecho de Cástulo, el cual por orden de Pablo, tiene entre sus dedos la base del cáliz, para que no se caiga…

Cuando Pablo hace la consagración, un temblor de sonrisa se dibuja sobre el rostro llagado del pequeñín y después la cabeza cae con una pesadez de muerte.

Plautina se estremece pero se domina…

jesus-presente-en-la-eucaristia-scv-1-728

Pablo prosigue como si no notase nada. Pero cuando toma la hostia para darle al pequeño mártir, un fragmento…

Plautina le dice:

–           Está muerto.

Pablo se paraliza por un momento y luego le da a ella, el fragmento destinado al niño que ha permanecido con los deditos cerrados alrededor de la base del cáliz, en la última contracción.

Y ellos le tienen que desprender para poder tomar el cáliz y darlo a los demás.

Después de distribuida la Comunión, la Misa termina.

Pablo se despoja de los vestidos y pone todo lo que ocupó en la Misa, en una bolsa que lleva bajo el manto.

Después declara:

–           Paz al mártir de Cristo. Paz a Cástulo santo.

Y todos responden:

–           Paz.

Pablo dice:

–           Ahora lo llevaré a otro lugar. Denme un manto para envolverlo. Lo llevaré sin esperar la noche. Al anochecer vendremos por Fabio.

Las pequeñas hostias que se consagraron juntas, han partido juntos al cielo también… Pero a éste lo llevaré como a un niño dormido. Adormecido en el Señor.

21Centurion-corona

Jack, uno de los soldados da su clámide y allí depositan a Cástulo.

Lo envuelven y Pablo lo toma en brazos, como si fuera un padre que lleva a otro lugar a su hijito dormido…  Con la cabeza sobre la espalda paterna.

Pablo se despide:

–           Hermanos, la Paz sea con vosotros y acuérdense de mí, cuando estéis en el Reino…

Y se va bendiciendo…

Un poco después, llegan los intendentes del Circo, para llevarlos a completar el espectáculo de aquella noche en que a los ojos del mundo, es el triunfo de la Hora de las Tinieblas…

legionarios tres-soldados

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

64.- EL OCTAVO SACRAMENTO


domus petronia

En la casa de Nicolás, Fernanda está en el jardín posterior, rodeada por Emiliano su cuñado, otros familiares y su esposo, además de todos los sirvientes de la casa, que están recibiendo las enseñanzas de la joven domina.

Ella se ha encargado de darles la Evangelización, para transformarlos en los formidables Guerreros Celestiales que serán cuando estén dispuestos a morir por el Dios que los salvó primero a ellos y que les dará la Gracia y el Poder, una vez que se hayan donado y sean también corredentores.

Cuando reciban el gran honor y el privilegio santo de la invitación del Padre Celestial, para ser colaboradores en La Magna Obra de la Redención y que comienza, al pedir el Sacramento del Bautismo.

Por el momento sólo son catecúmenos ansiosos de Conocer y Amar cada vez más, a este Maravilloso Dios Crucificado que los ha inundado de plenitud y felicidad, conforme avanzan en el Conocimiento de su Poderosa Doctrina.

La lección de hoy también es importantísima.

Y por eso escuchan muy atentos a la joven domina:

EL OCTAVO SACRAMENTO ES: EL DOLOR

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

pesadilla guerra -infierno-en-alepo-parte-i

LA PESADILLA Y EL INFIERNO QUE CAMBIARON ALEPO, SIRIA

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado.

Y los Cielos se estremecieron de admiración.

Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios.

El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero NO era contraria y mucho menos enemiga.

Con un espíritu que NO estaba prisionero en ella, porque era su rey y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios.

Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.

El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre.

Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre.

La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio.

Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra.

Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna.

Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas.

Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador.

Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas, para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria.

¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres.

No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

Y el Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre.

Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios.

Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre.

Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras.

Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana; de la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo…

ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre; para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones. Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.

El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas, para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal.

Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir. Pero el mundo NO sabe amar y NO sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto no es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación. ¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo!

Dios pliega siempre el Mal al Bien.

El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta.

Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas.

Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias; repara los pecados del mundo y es redención por los que no son justos.

Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es cruz. Siempre.

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él.

Las almas que huyen de la cruz y del dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la Paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios.

El Dolor aceptado sin rebelión es expiación. En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente.

La Justicia de Dios exige la reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

En su paso por la Tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir.

Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la Tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un instante en la Eternidad…

ALMAS PURGATORIO

Que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes. El Dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar.

Porque el amor y el dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble.

Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el dolor.

Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

pecado y tibieza

LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y no soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida.

Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio.

Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno.

Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

00BIBLIA-VIDA-TESTIMONIO-TIBIEZA

LOS TIBIOS.

papa tibieza1

Huyen del Dolor como de su peor enemigo.

Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos.

Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

tibieza Cristianos Zero

LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el dolor con resignación amorosa.

Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso.

Y que si Él lo permite, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario.

Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él.

Ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara.

Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para amarlo y para saber sufrir.

jim jesus pastor

Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la ternura divina.

Y comprenden la razón de su sufrir. Saben que Él las ama tanto, que les da dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor. El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores.

Se abandona totalmente en Dios y ve en Él, al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo.

Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre. Nunca el de Dios.

llorar idolor sufrimiento

Y en el momento de la desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

No más oscuridad de desolación humana. No más afán de creyente que quiere y no puede alcanzar la paz en el Dolor.

Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último.

Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’.

Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir:

“Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.

Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que no le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya.

Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor.

Sabe que el mundo necesita sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas.

Y así, uniendo su voluntad a la Divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo…

Hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor.

Porque el dolor es una gran absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el dolor.

Y morir por Él, es pasar a la gloria.

El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que NO es amado.

Convertirse al Amor es saber soportar el Dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la furia del Enemigo.

dolor sufrimiento

Señor, te entrego todo lo que siento. TE AMO. Ayúdame con tu Fortaleza a pasar esta amarga Prueba… 

En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo.

Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella. Esta paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio.

Y de lo que darán testimonio, los mártires.

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO.

con-cristo-estoy-crucificado-1-728

Y es todavía siempre por el Dolor, el holocausto con el que el hombre salva.

Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos.

Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, NO solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’

Para ser ungidos ‘víctimas’ y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima.

Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.

Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno. Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

crucificado-por-el-isis-en-raqqa

El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad.

Pero las victorias sobre el Mal, son la corona de los elegidos.

Si la maldad no pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El Mal glorifica a los justos. La Obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y NO nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar.

Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros.

Y compartimos con Él, la sublime misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el sacrificio…

CALIZ1

Al beber del mismo cáliz que Jesús, que también en su amargura es bello; porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor no es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente.

Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios.

Un gran mérito nacido con el Pecado. Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor.

A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia.

Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.

Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor.

Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios.

Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar.

No debe preocupar el llanto. También Él lloró.

Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO ES EL SECRETO QUE SALVA.

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho.

El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo.

Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu; se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece. Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que redime.

Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado. El Amor es el holocausto por el sacrificio. Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor.

Dios no condena las lágrimas, ni la repugnancia del hombre por el sufrimiento y el dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la Conversión y la Desesperación en su Misericordia.

Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo, si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia.

Siempre hay dolores más fuertes que los propios. Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios, se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.

dolor sufrimiento

Señor, TE DOY GRACIAS POR ESTE SUFRIMIENTO que no comprendo y que te entrego por …¿¿¿???    SÓLO SÉ QUE TE AMO    Y TE BENDIGO POR ESTO… Lléname de tu Amor para seguir adelante… 

El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres.

Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo. Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad. Lloraron para redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor.

Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del llanto una moneda para rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide sufrir, para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en paz y luz, para que puedan salvarse.

El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera. Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás.

Vivir unidos a Dios, es alegría también en el Dolor.

LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa.

CADA DÍA NUESTRO DOLOR Y SUFRIMIENTO SON MAYORES Y MÁS AMARGOS

Cada día nuestro Dolor y Sufrimiento son mayores y más amargos… Convirtamos nuestras lágrimas en diamantes que adornen  LA CORONA DE VENCEDORES, Con la cual  ABBA nos recibirá en la Patria Celestial… 

Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’.

El Cordero de Expiación, cargó con los pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos. Aquel no solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre.

Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.

Jesús vino a santificar el dolor, sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el suyo infinito, dando así mérito al Dolor.

Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor, no menos consumante con su ardiente dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús.

jesus-crucificado

Y nadie como Él, conoció la soledad, la incomprensión, el abandono. Desde los celestes a los humanos.

Nadie padeció los dolores que Él ha padecido. Dolores de toda especie, siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo.

Nunca acusó al Padre. Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos, en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

marionetas

Él sabía que el mal, el dolor, la soledad, la angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás.

Y no podían dar más que dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana.

Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios. Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos.

Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado, sobrenaturalmente; no es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino.

Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’, por coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota, a la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante. Yugo que no hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’, si no a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu.

Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.

El Dolor es Holocausto y participación a la misma suerte de Jesús. El dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo. Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el sacrificio.

Jesús subió a la Cruz Orando y Sufriendo.

La conversión se obtiene con la Oración y el Dolor. Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, gran agradecimiento. La peor de las torturas morales son la ingratitud y el desamor. Es peor que la tortura física.

Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas. Supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne; pero la indiferencia, la ingratitud y el rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu.

dolor sufrimiento

SEÑOR, YO PERDONO A…. POR…. TE ENTREGO TODO, BENDÍCENOS. DALE LA LUZ Y TU GRACIA…. Y A MÍ….. TE AMO.

En momentos así, no se deben mirar a las criaturas sino a Dios.

No se debe pensar en la criatura que lastima, sino en orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta. No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo que debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el Egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo.

Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que no agradecen o que traicionan.

Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo…

Debemos consolarlo con nuestro amor.

Fernanda calla y todos meditan en la enseñanza recibida. Tan asombrosa y…

jesus llora por el mundo

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

F40 LAS PEQUEÑAS HOSTIAS


LA ENTREGA

Los mártires saludan y se despiden de los que se quedan…

Gael, un jovencito se arrodilla para recibir la bendición de Mía, su madre. Después ella le dice con un suspiro:

–           Bendito tú que ascenderás con la corona del doble martirio… Bendíceme ahora tú a mí….

Gael se toca una de las heridas producidas por el zarpazo de un tigre y con su sangre hace lo mismo que Emma, una niña como de diez años que con su sangre como si fuera un crisma, marca una crucecita en la frente de Jennifer, su madre; a la que deja para marchar alegremente a la hoguera.

Nathan, abraza a los dos compañeros de armas. Y les dice:

–           Alegraos conmigo, voy a la conquista de un Reino eterno… Ojalá decidierais uniros a mí en la Fe y conozcáis la verdadera dicha de morir amando.

Jeffrey un anciano, besa a su hija moribunda y se aleja decidido.

Todos antes de salir obtienen la bendición del sacerdote Jonathan.

Los pasos que van a la muerte se alejan por el corredor…

Los que han sido comisionados para escoltar a los prisioneros, preguntan a los dos soldados:

–           ¿Os quedáis aquí vosotros?

Ellos contestan:

–           Sí. Nos quedamos.

–           ¿Por qué? Es… peligroso. Esta gente corrompe a los ciudadanos fieles.

Ambos soldados se encogen de hombros.

Y los intendentes se van, al mismo tiempo que penetran los fosores con sus camillas para llevar afuera a los muertos.

MARTIRIO Y MUERTE DE FABIO Y DE CÁSTULO

Se produce un poco de confusión, porque junto con los fosores, han entrado también los parientes de los muertos y los moribundos, produciéndose lágrimas y adioses que se cruzan unos y otros.

Los dos soldados aprovechan esta circunstancia para decirle a un niño:

–           ¿Cómo te llamas?

–           Kevin.

–           Fíngete muerto y te pondremos a salvo.

Kevin los mira con una infantil severidad y les dice:

–           ¿Traicionaríais vosotros al emperador poniéndoos a salvo mientras él puso su confianza en vosotros para su gloria?

Los dos militares contestan al mismo tiempo:

–           ¡Niño!…

–           Ciertamente que no.

–           Pues tampoco traiciono yo a mi Dios, que murió por mí en la Cruz.

Los dos soldados se miran verdaderamente estupefactos y se preguntan:

–           ¿Pero quién les infunde tanta fortaleza?

Y después, con el codo apoyado en la pared, para sostenerse la cabeza, continúan observando meditabundos…

Regresan los intendentes con esclavos y camillas y dicen:

–           Aún son pocos para la hoguera. A ver… los menos heridos que puedan sentarse.

¡Los menos heridos!…

Quién más, quién menos, todos están agonizando y ya no pueden sentarse, pero las voces suplican:

–           ¡Yo!

–           ¡Yo!

–           ¡Yo! Con tal de que me llevéis…

Escogen otros once…

Louanne, una joven que fue triturada por la boa, suspira:

–           ¡Dichosos de vosotros!

Samantha; otra que agoniza después del ataque de una pantera le dice a otra que estaba junto a ella y con la que una leona solo jugó:

–           ¡Ruega por mí, Rosalía!

Marlon, un jovencito  dice a otro que destrozó un leopardo:

–           ¡Adiós, Christopher!

Jerónimo dice, besando a Matilda:

–           ¡Madre, acuérdate de mí!

–           ¡Nos encontraremos en el Cielo!

Y corre jubiloso hacia la salida.

Mariana se despide de Lorenzo, un joven que agoniza por el ataque de un león:

–           ¡Hijo mío, cuando estés en el Cielo, llama pronto a mi alma!

Carolina le dice a Ian:

–           ¡Esposo mío, que la muerte te sea dulce!…

Y sale feliz al encuentro con el fuego…

Se entrecruzan los saludos y las despedidas.

Y los intendentes se llevan las camillas…

El sacerdote Jonathan, que se encuentra lívido y a punto de morir, hace acopio de todas sus fuerzas para decir:

–           Sostengamos a los mártires con nuestra plegaria y ofrezcamos el doble dolor de los miembros y del corazón que se ve excluido del martirio, por ellos. Pater Noster…

Apenas ha concluido la Oración sublime, cuando llega Mauricio corriendo jadeante y al ver a los dos soldados se para en seco y contiene el grito que ya estaba a punto de salir de sus labios.

Los dos legionarios le dicen:

–          Puedes hablar, hombre; que no te traicionaremos.

–           Nosotros, soldados de Roma, pretendemos ser soldados de Cristo.

Jonathan exclama:

–           La sangre de los mártires fecunda la gleba.-Y dirigiéndose a Mauricio, le pregunta-¿Traes los Misterios?

Mauricio responde:

–           Sí. He podido dárselos a los otros, momentos antes de que se los lleven a la hoguera. ¡Helos aquí!

Los soldados contemplan admirados la bolsa púrpura que el otro extrae de su seno.

Jonathan grita:

–           ¡Soldados! Vosotros que os preguntáis dónde encontramos la fortaleza: ¡Aquí la tenéis! ¡Éste es el Pan de los fuertes! ¡Éste es el Dios que entra a vivir en nosotros! Este…

Lo interrumpe el grito de Grace, anhelante ante los espasmos del ahogo final:

–           ¡Pronto! ¡Pronto, padre que me muero!… Dame a Jesús… Y moriré feliz…

Jonathan se apresura a partir el Pan, para dárselo a la jovencita, que después de recibirlo se recoge quieta, cerrando los ojos.

Fabio suplica:

–           A mí también… Y después llamad a los criados del Circo. Yo quiero morir en la hoguera... –borbollea un niño como de seis años, que tiene la espalda lacerada y rasgada la mejilla desde la sien hasta el cuello que sangra abundantemente…

Jonathan pregunta:

–           ¿Puedes tragar?

–           ¡Puedo! ¡Puedo!… No me he movido, ni hablado para no morir… Antes de recibir la Eucaristía. La esperaba… Ahora…

El sacerdote le da una miguita del Pan Consagrado, que el niño trata de tragar sin conseguirlo…

Uno de los soldados se inclina compasivo y le sostiene la cabeza. Mientras el otro, habiendo encontrado en un rincón un ánfora que contiene todavía un poco de agua, procura ayudarlo a tragar, instilándole el agua en los labios, gota a gota.

Mientras tanto Jonathan parte las Especies que distribuye a los que tiene cerca y después, les suplica a los soldados que lo transporten para distribuir la Eucaristía a los moribundos…

Por último, hace que le vuelvan a poner en el lugar donde estaba y dice:

–           Que nuestro Señor Jesucristo os recompense por vuestra piedad.

El pequeño Fabio que se esforzaba por tragar las Especies, sufre un ahogo y se agita…

Uno de los soldados lo toma compadecido entre sus brazos, más al hacerlo, un borbotón de sangre, brota de la herida del cuello, bañándole la lóriga reluciente.

–           ¡Mamá! ¡El Cielo! Señor… Jesús… –el cuerpecito se abandona y el niño expira.

Los soldados exclaman:

–           ¡Ha muerto!

–           ¡Y sonríe!…

–           ¡Paz al pequeño Fabio! –dice Jonathan, que va palideciendo siempre más.

–           ¡Paz! –suspiran los moribundos.

Los dos soldados hablan entre sí…

Después, uno de ellos dice:

–           Sacerdote del Dios Verdadero, termina tu vida admitiéndonos en tu milicia.

Jonathan responde fatigosamente:

–           No en la mía… sino en la de Jesucristo… Más… no es posible… porque antes… hay que ser… catecúmenos.

Ellos objetan:

–           No. Porque sabemos que en caso de muerte, se puede administrar el Bautismo.

El anciano jadea:

–           Vosotros… estáis… sanos…

Los dos replican:

–           Nosotros estamos a punto de morir, porque… Con un Dios como el vuestro, que os hace santos, ¿A qué continuar sirviendo a un hombre corrompido?…  Nosotros queremos la gloria de Dios. Bautízanos. Yo soy Fabio como el pequeño mártir y mi compañero es Nathan, como nuestro glorioso compañero de armas…  Y enseguida volaremos a la hoguera. ¿Qué valor puede tener la vida del mundo, una vez que hemos comprendido vuestra vida?

El sacerdote suspira y dice:

–           Ya no hay agua… ni líquido alguno… –Jonathan se queda quieto y pensativo, como si oyera una voz interior. Y luego, formando un hueco con su mano trémula, recoge la sangre que gotea de su atroz herida y ordena- ¡Arrodillaos!… Fabio, yo te bautizo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Nathan, yo te bautizo, en el Nombre del Padre. Del Hijo y del Espíritu Santo… El Señor esté con vosotros… Para la Vida… Eterna… Amén…

Al decir estas palabras…  los ha aspergeado con su sangre.

Cuando la Oración termina, el sacerdote también ha terminado su misión de sufrimiento y su vida… Ha muerto.

Los dos soldados lo contemplan… Luego observan por algún tiempo a los que van muriendo lentamente… serenos y sonrientes en medio de su agonía… Arrebatados por el éxtasis Eucarístico.

Luego Nathan el mayor, dice al otro:

–           Vamos Fabio… ¡No esperemos ni un momento más! ¡Con tales ejemplos, es segura la Vida! ¡Vamos a morir por Cristo!

Y marchan veloces por el corredor, al encuentro del martirio y de la gloria.  Cuando llegan a donde están los otros cristianos reunidos para ser conducidos a la hoguera, también ellos reciben de manos del diácono Máximo, el Pan de los ángeles y experimentan por primera vez, la sensación sublime de tener a Dios dentro de sí.

Nathan oye la confesión de Fe de sus antiguos camaradas y su sonrisa se vuelve más radiante al exclamar:

–           ¡Alabado sea Jesucristo! Vamos a pelear el Combate Final…

En la estancia que acaban de abandonar, los gemidos se van haciendo cada vez más tenues y escasos…

En el circo, todos los espectadores guardan silencio y escuchan atentos porque Nerón está cantando su Troyada…

Simultáneamente, en otro vasto salón en los subterráneos del Circo, donde la luz entra a duras penas por dos pequeñas aberturas al nivel del suelo y que sirven para que también entre el aire. Están los prisioneros cristianos que han traído de las cárceles para completar el espectáculo.

Son personas de todas las edades y condiciones sociales. El lenguaje es pronunciado con variación de estilos, según sean patricios o esclavos. Y mezclado al latín vulgar, se oye el griego, español, tracio, etc.

Pero si diferentes son los trajes y los acentos; los espíritus son iguales y están unidos por la Caridad. Ellos se aman sin distinción de raza o de nación. Se aman y buscan servir y ser de ayuda, unos para otros.

Los patricios de ricos vestidos, cuidan de los pobres, vestidos humildemente. Los más fuertes ceden los puestos más secos o menos incómodos, a los más débiles. Y los abrigan con sus vestidos y togas, permaneciendo ellos con la túnica corta que cubre el pudor.  Usan togas y mantos para hacer con ellos colchones, almohadas o para cubrir a los enfermos que tiemblan por la fiebre, o están heridos por las torturas.

Los más sanos cuidan a los más enfermos, dándoles de beber con amor un poco de agua o vendando las heridas con pedazos de tela arrancados a sus vestidos… Curando los miembros dislocados y lacerados. Mojando las frentes, ardientes por la fiebre. Y de vez en cuando, entonan en un canto suave, el Pater Noster y los salmos que hablan de amor y de esperanza…

Un niño gime en la semioscuridad y el canto se suspende…

Dimitry pregunta:

–           ¿Quién llora?

Stanislao,  contesta:

–           Es Cástulo. La fiebre y la quemadura no lo dejan descansar. Tiene sed y no puede beber, porque el agua lastima sus labios quemados por el fuego.

Georgiana, una patricia de aspecto imponente y voz suave, dice:

–           Aquí hay una madre que ya no puede darle la leche a su pequeño.

El sacerdote Pawel ordena:

–           Lleven a Cástulo con  Plautina.

Se levanta Stefan, un fornido hombre moreno y lleva con gran cuidado entre los brazos al niño de siete años, que está vestido con una tuniquita recamada de finas grecas, sucia y manchada de sangre.

Plautina se sienta en una piedra adosada a la muralla, que el anciano Matthew le cede…  Y se acomoda de tal forma que el niño pueda estar cómodo en sus brazos. Luego dice al portador del pequeño mártir:

–           Dámelo Stefan. Y que Dios te lo recompense.

Cuando Stefan lo deposita con mucho cuidado, queda al descubierto el rostro totalmente quemado del pobre niño martirizado. Cástulo es el hermoso chicuelo que consolara a Marco Aurelio en el Tullianum y después que lo suspendieran sobre las parrillas en el Circo,  ahora se ve monstruoso…

Sólo unos pocos cabellos quedan detrás de la cabeza. Adelante, la piel ha desaparecido por el fuego. No más frente, ni mejillas, ni nariz. Toda la carne es una viva tumefacción. Parece  como si la hubiera corroído un ácido. En el lugar de los ojos están dos llagas horripilantes y los labios son otra llaga que forma un agujero deforme. Este es el resultado de haberlo tenido inclinado sobre las llamas, únicamente con el rostro; porque la quemadura termina bajo el mentón…

Plautina se abre la túnica y hablando con el amor de una verdadera madre, se exprime su redonda mama llena de leche y hace destilar las gotas sobre los labios del pequeño que no puede sonreír, pero que le acaricia la mano para mostrarle su alivio.

Y luego, después de haberlo saciado; hace caer más leche sobre el pobrecito rostro, para medicarlo como si fuera un bálsamo.  Es sangre de madre convertida en alimento y que da el amor por otra, que ha perdido a su hijo…

Plautina los ha perdido a todos… sus siete hijos y su esposo murieron martirizados en la arena, prácticamente repartidos en todas las formas de suplicio. A ella no la tocaron las fieras, porque ya se habían hartado…

El niño no gime más. Refrescado, calmado su sufrimiento y arrullado por la mujer, se adormece respirando afanosamente. Plautina parece una madre dolorosa, tanto por la postura, como por la expresión. Mira al pequeño como si fuese verdaderamente su criatura y las lágrimas ruedan por sus mejillas. Gira la cabeza hacia atrás, para impedir que caigan sobre aquella carita que está totalmente quemada.

El canto se reanuda, dulce y melancólico…

La voz de Killian, otro sacerdote;  interrumpe en el fondo de aquel lugar…

–           Nos acaban de avisar que Fabio ha muerto. Oremos…

Todos dicen el ‘Pater Noster’…

Cuando terminan;  el anciano Joao exclama:

–           ¡Fabio es feliz!  Él  ya ve a Cristo…

Antonio le contesta:

–           Nosotros también lo veremos Joao e iremos a Él con la doble corona: la de la Fe y la del martirio. Seremos como renacidos sin sombra de mancha, porque los pecados de nuestra vida pasada serán lavados también con nuestra sangre. Pecamos mucho, nosotros que fuimos paganos por largos años. Y es muy grande que a nosotros venga el júbilo del martirio, para hacernos nuevos y dignos del Reino.

Otra voz muy conocida, retumba:

–           ¡Paz a vosotros, hermanos!

Muchas voces contestan:

–           ¡Pablo! ¡Pablo! ¡Bendito seas!

Mucho movimiento sobreviene entre la multitud. Sólo Plautina se queda inmóvil, con su preciosa carga sobre su regazo.

–           ¡Paz a vosotros! –repite el apóstol. Y se mete hasta el centro- He venido a vosotros con Artyom y Alexander, para traerles la Vida.

Hugo pregunta:

–           ¿Y el Pontífice?

Pablo contesta:

–           Él les manda su saludo y su bendición. Está vivo por ahora… él quería venir; pero Joaquín, William y Amine, nos avisaron que lo están buscando y es conocido por los guardias. Por eso vengo yo, que soy menos notorio y ciudadano romano. A él debemos protegerlo en las Catacumbas. Hermanos, ¿Qué nuevas me tenéis?

Adam contesta:

–           Fabio ha muerto.

Noha agrega.

–           Cástulo ha sufrido el primer martirio.

Sienna dice:

–           Jade ha sido conducida a la tortura.

Johanna  informa:

–           A Franco y a Aidan los han transportado con Lars y sus hijos… No sabemos a dónde…

Pablo responde:

–           Oremos por ellos. Vivos o muertos, que Cristo dé a todos su paz…

Y Pablo, con los brazos abiertos en Cruz, ora. Está vestido como un siervo, con una vestidura corta, oscura y con un pequeño manto con capucha, que para orar, se ha echado para atrás. A su espalda están Artyom y Alexander, vestidos como él. Son muy jóvenes. Terminada la Oración, Pablo dice:

–           ¿Dónde está Cástulo?

Noha responde:

–           En el regazo de Plautina, allá en el fondo.

Pablo aparta a la multitud y se acerca al grupo. Se inclina y observa…  Bendice al niño y a la mujer. El niño despertó con los gritos que saludaron al Apóstol y levanta una manita, buscando tocar a Pablo, el cual la toma entre las suyas y le habla con dulzura:

–           Cástulo ¿Me escuchas?

El niño responde con fatiga:

–           Sí.

–           Sé, fuerte, Cástulo. Jesús está contigo.

Cástulo se lamenta:

–           ¡Oh! ¿Por qué no me lo habéis dado? ¡Ahora ya no puedo más! –y una lágrima brota entre aquellas llagas.

Pablo lo consuela:

–           No llores, Cástulo. ¿Puedes ingerir aunque solo sea un pedacito? ¿Sí?… ¡Bien! Te daré el Cuerpo del Señor. Después iré con tu mamá a decirle que Cástulo es una flor del Cielo. ¿Qué debo decir de tu parte a tu mamá?

–           Que soy feliz. Que he encontrado una mamá que me da su leche. Que los ojos ya no hacen más mal. ¿No es mentira decirlo, verdad? Es para consolar a la mamá. Y que yo estoy viendo el Paraíso y el lugar suyo y el mío, mejor que si tuviera los ojos todavía vivos. Dile que el fuego no hace daño, cuando los ángeles están con nosotros. Y que no tenga miedo, ni por ella ni por mí. El Salvador le dará fuerza. ¡Jesús es tan Bueno!

–           ¡Bravo, Cástulo! Le diré a tu mamá tus palabras. Dios ayuda siempre. ¡Oh, hermanos! ¡Y lo veis! Este es un niño. Tiene la edad en que no se puede soportar un pequeño malestar. Y vosotros lo veis y lo habéis escuchado. Él está en paz. Él está dispuesto a sufrirlo todo, aún después de haber padecido tanto, para ir hacia Aquel que él ama y que lo ama. Porque es uno de aquellos que Él amaba: un niño…

Y éste es un héroe de la Fe. Tomen el coraje de este pequeño, hermanos. Ustedes saben que yo me hago pasar junto con éstos como sepulturero, para poder recoger cuantos más cuerpos podamos y depositarlos en suelo santo. Por eso vivo junto a los tribunales y veo cómo viven los presos en el Circo y observo todo. Y me consuelo al pensar que yo también en mi hora, cuando Dios la reclame, seré por Él sostenido, como los santos que nos han precedido.

Hoy regresé de llevar al cementerio a Fátima, hija de Florián y de Valeria, no tenía más que catorce años y ustedes saben que estaba débil de salud. Con todo, ayer fue una gigante frente a los tiranos. El despecho de Nerón la torturó de muchas formas: lanzada, suspendida, estirada, desgarrada. Y siempre sanaba por Obra de Dios y siempre resistió a todas las amenazas. Ahora ella está en la Paz. ¡Valor hermanos! También a ella la nutrí con el Pan Celestial. Y con el sabor de aquel Pan, ella caminó a su último martirio. Ahora os daré también a vosotros aquel Pan, para que sea día de fiesta sobrenatural para vosotros. El Circo os espera… ¡Y NO TEMÁIS! En las fieras y en las serpientes ustedes verán apariencias paradisíacas, porque Dios cumplirá para vosotros este milagro. Las fauces y las roscas les parecerán abrazos de amor. Las llamas, rocío matinal. Los rugidos y los silbidos serán voces celestiales y como Cástulo, veréis el Paraíso, que ya desciende para recogerlos en su felicidad.

Todos los cristianos menos Plautina, se han arrodillado y cantan…

Mientras ellos cantan, han entrado también unos soldados romanos y los carceleros que al mismo tiempo que participan, montan guardia para que no entren personas enemigas. Y el canto se eleva, dulce y armonioso:

Como anhela la cierva

Estar junto al arroyo

Así mi alma desea, señor Jesús

Estar contigo.

Sediento estoy de Dios

Del Dios que me da la Vida

¿Cuándo iré a contemplar

El Rostro de mi Señor?

Lágrimas son mi pan

Noche y día

Cuando oigo que me dicen:

¿Dónde quedó tu Dios?

Yo me acuerdo y mi alma

Dentro de mí, se muere

Por ir hasta tu Templo

A tu casa, mi Señor y  Dios.

¿Qué te abate alma mía?

¿Por qué gimes en mí?

Pon tu confianza en Dios, que aún le cantaré

A Jesús. A mi Dios Salvador.

Pablo se prepara para el Rito y dice a Cástulo:

–           Tú serás nuestro altar ¿Puedes detener el cáliz sobre tu pecho?

–           Sí.

Extiende un lino sobre el cuerpecito del niño y sobre el lino apoya el cáliz y el pan. Y la Misa es celebrada para los mártires, por Pablo y los dos sacerdotes que lo acompañan. El lino palpita sobre el pecho de Cástulo, el cual por orden de Pablo, tiene entre sus dedos la base del cáliz, para que no se caiga…

Cuando Pablo hace la consagración, un temblor de sonrisa se dibuja sobre el rostro llagado del pequeñín y después la cabeza cae con una pesadez de muerte.

Plautina se estremece pero se domina…

Pablo prosigue como si no notase nada. Pero cuando toma la hostia para darle al pequeño mártir, un fragmento…

Plautina le dice:

–           Está muerto.

Pablo se paraliza por un momento y luego le da a ella, el fragmento destinado al niño que ha permanecido con los deditos cerrados alrededor de la base del cáliz, en la última contracción.

Y ellos le tienen que desprender para poder tomar el cáliz y darlo a los demás. Después de distribuida la Comunión, la Misa termina.

Pablo se despoja de los vestidos y pone todo lo que ocupó en la Misa, en una bolsa que lleva bajo el manto.

Después declara:

–           Paz al mártir de Cristo. Paz a Cástulo santo.

Y todos responden:

–           Paz.

Pablo dice:

–           Ahora lo llevaré a otro lugar. Denme un manto para envolverlo. Lo llevaré sin esperar la noche. Al anochecer vendremos por Fabio. Las pequeñas hostias que se consagraron juntas, han partido juntos al cielo también… Pero a éste lo llevaré como a un niño dormido. Adormecido en el Señor.

Jack, uno de los soldados da su clámide y allí depositan a Cástulo. Lo envuelven y Pablo lo toma en brazos, como si fuera un padre que lleva a otro lugar a su hijito dormido…  Con la cabeza sobre la espalda paterna.

Pablo se despide:

–           Hermanos, la Paz sea con vosotros y acuérdense de mí, cuando estéis en el Reino…

Y se va bendiciendo…

Un poco después, llegan los intendentes del Circo, para llevarlos a completar el espectáculo de aquella noche en que a los ojos del mundo, es el triunfo de la Hora de las Tinieblas…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

F23 EL OCTAVO SACRAMENTO


CONVOCATORIA- PADRECELESTIAL

EL OCTAVO SACRAMENTO ES:

EL DOLOR.

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado. Y los Cielos se estremecieron de admiración. Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios.

bomba

El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero no era contraria y mucho menos enemiga. Con un espíritu que no estaba prisionero en ella, porque era su rey y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios. Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.

El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre. Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre. La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio. Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra. Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna. Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas. Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador. Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas, para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria.

¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres. No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

Y el Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre. Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios. Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre. Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras. Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana; de la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo, ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre; para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones.

Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.

El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas, para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal. Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir. Pero el mundo no sabe amar y no sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto no es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación. ¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo! Porque Dios pliega siempre el Mal al Bien.

El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta. Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas. Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias; repara los pecados del mundo y es redención por los que no son justos. Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es cruz. Siempre…

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él. Las almas que huyen de la cruz y del dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios. El Dolor aceptado sin rebelión es expiación.

En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente. La Justicia de Dios exige la reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

violencia

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un instante en la Eternidad; que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes. El dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar. Porque el amor y el dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble. Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el dolor. Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

orgullo gay

LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y no soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida.

Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio.

Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno. Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

LOS TIBIOS.

Huyen del Dolor como de su peor enemigo. Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos. Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el dolor con resignación amorosa. Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso. Y que si Él lo permite, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario. Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él; ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara. Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para amarlo y para saber sufrir.

Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la ternura divina.

Y comprenden la razón de su sufrir. Saben que Él las ama tanto, que les da dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor. El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores. Se abandona totalmente en Dios y ve en Él, al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo.

adulterio y traición

Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre. Nunca el de Dios.

Y en el momento de la desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

No más oscuridad de desolación humana. No más afán de creyente que quiere y no puede alcanzar la paz en el Dolor. Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último. Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’. Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir: “Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.

Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que no le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya. Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor.

Sabe que el mundo necesita sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas. Y así, uniendo su voluntad a la divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo, hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor.

Porque el dolor es una gran absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

martirio coptos

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el dolor. Y morir por Él, es pasar a la gloria. El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que no es amado.

Convertirse al amor es saber soportar el dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la furia del Enemigo. En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo.

Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella. Esta paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio. Y de lo que darán testimonio, los mártires.

joven cristiana martirizada en irak

JOVEN CRISTIANA MARTIRIZADA EN IRAK

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO. Y es todavía siempre por el Dolor, el holocausto con el que el hombre salva. Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos. Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, no solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’ para ser ungidos ‘víctimas’ 

Y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima. Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.

Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno. Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad. Pero las victorias sobre el Mal, son la corona de los elegidos. Si la maldad no pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El Mal glorifica a los justos. La obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y no nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar.

Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros. Y compartimos con Él, la sublime misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el sacrificio, al beber del mismo cáliz que Jesús; que también en su amargura es bello, porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

agonia_Jesus_huerto_getsemani_Pasion_de_Cristo

LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor no es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente.

Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios. Un gran mérito nacido con el Pecado. Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor.

A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia. Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.

Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor. Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios. Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar. No debe preocupar el llanto. También Él lloró. Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO ES EL SECRETO QUE SALVA.

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho. El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo. Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu; se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece. Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que redime. Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado. El Amor es el holocausto por el sacrificio.

Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor. Dios no condena las lágrimas, ni la repugnancia del hombre por el sufrimiento y el dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la conversión y la desesperación en su Misericordia.

Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo, si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia. Siempre hay dolores más fuertes que los propios. Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios, se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.

TIFÓN ETAU EN JAPÓN

TIFÓN ETAU

El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres. Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo. Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad. Lloraron para redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor. Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del llanto una moneda para rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide sufrir para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en paz y luz, para que puedan salvarse. El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera.

Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás. Vivir unidos a Dios, es alegría también en el Dolor.

3Tentacion-de-Jesus-demonio-diablo-desierto-40-dias-temptation-of-Jesus

LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa. Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’. El Cordero de Expiación, cargó con los pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos.

Aquel no solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre. Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.

Jesús vino a santificar el Dolor, sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el suyo infinito, dando así mérito al Dolor. Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor, no menos consumante con su ardiente dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús. Y nadie como Él, conoció la soledad, la incomprensión, el abandono. Desde los celestes a los humanos. Nadie padeció los dolores que Él ha padecido. Dolores de toda especie, siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo. Nunca acusó al Padre. Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos, en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

Él sabía que el mal, el dolor, la soledad, la angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás.

marionetas

Y no podían dar más que dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana.

Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios. Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos. Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado, sobrenaturalmente; no es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino. Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’, por coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota, a la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante. Yugo que no hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’, si no a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu. Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.

El Dolor es Holocausto y participación a la misma suerte de Jesús. El dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo. Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el sacrificio.

Jesús subió a la Cruz orando y sufriendo. La conversión se obtiene con la Oración y el Dolor. Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, GRAN agradecimiento HACIA DIOS.

9flagelado

La peor de las torturas morales son la ingratitud y el desamor. Es peor que la tortura física. Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas, supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne; pero la indiferencia, la ingratitud y el rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu.

En momentos así, no se deben mirar a las criaturas sino a Dios. No se debe pensar en la criatura que lastima, sino en orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta. No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo que debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo. Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que no agradecen o que traicionan. Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo… Debemos CONSOLARLO con nuestro amor.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

70.- LAS PEQUEÑAS HOSTIAS


Los mártires saludan y se despiden de los que se quedan…

Gael, un jovencito se arrodilla para recibir la bendición de Mía, su madre. Después ella le dice con un suspiro:

–           Bendito tú que ascenderás con la corona del doble martirio… Bendíceme ahora tú a mí….

Gael se toca una de las heridas producidas por el zarpazo de un tigre y con su sangre hace lo mismo que Emma, una niña como de diez años que con su sangre como si fuera un crisma, marca una crucecita en la frente de Jennifer, su madre; a la que deja para marchar alegremente a la hoguera.

Nathan, abraza a los dos compañeros de armas. Y les dice:

–           Alegraos conmigo, voy a la conquista de un Reino eterno… Ojalá decidierais uniros a mí en la Fe y conozcáis la verdadera dicha de morir amando.

Jeffrey un anciano, besa a su hija moribunda y se aleja decidido.

Todos antes de salir obtienen la bendición del sacerdote Jonathan.

Los pasos que van a la muerte se alejan por el corredor…

Los que han sido comisionados para escoltar a los prisioneros, preguntan a los dos soldados:

–           ¿Os quedáis aquí vosotros?

Ellos contestan:

–           Sí. Nos quedamos.

–           ¿Por qué? Es… peligroso. Esta gente corrompe a los ciudadanos fieles.

Ambos soldados se encogen de hombros.

Y los intendentes se van, al mismo tiempo que penetran los fosores con sus camillas para llevar afuera a los muertos.

Se produce un poco de confusión, porque junto con los fosores, han entrado también los parientes de los muertos y los moribundos, produciéndose lágrimas y adioses que se cruzan unos y otros.

Los dos soldados aprovechan esta circunstancia para decirle a un niño:

–           ¿Cómo te llamas?

–           Kevin.

–           Fíngete muerto y te pondremos a salvo.

Kevin los mira con una infantil severidad y les dice:

–           ¿Traicionaríais vosotros al emperador poniéndoos a salvo mientras él puso su confianza en vosotros para su gloria?

Los dos militares contestan al mismo tiempo:

–           ¡Niño!…

–           Ciertamente que no.

–           Pues tampoco traiciono yo a mi Dios, que murió por mí en la Cruz.

Los dos soldados se miran verdaderamente estupefactos y se preguntan:

–           ¿Pero quién les infunde tanta fortaleza?

Y después, con el codo apoyado en la pared, para sostenerse la cabeza, continúan observando meditabundos…

Regresan los intendentes con esclavos y camillas y dicen:

–           Aún son pocos para la hoguera. A ver… los menos heridos que puedan sentarse.

¡Los menos heridos!…

Quién más, quién menos, todos están agonizando y ya no pueden sentarse, pero las voces suplican:

–           ¡Yo!

–           ¡Yo!

–           ¡Yo! Con tal de que me llevéis…

Escogen otros once…

Louanne, una joven que fue triturada por la boa, suspira:

–           ¡Dichosos de vosotros!

Samantha; otra que agoniza después del ataque de una pantera le dice a otra que estaba junto a ella y con la que una leona solo jugó:

–           ¡Ruega por mí, Rosalía!

Marlon, un jovencito  dice a otro que destrozó un leopardo:

–           ¡Adiós, Christopher!

Jerónimo dice, besando a Matilda:

–           ¡Madre, acuérdate de mí!

–           ¡Nos encontraremos en el Cielo!

Y corre jubiloso hacia la salida.

Mariana se despide de Lorenzo, un joven que agoniza por el ataque de un león:

–           ¡Hijo mío, cuando estés en el Cielo, llama pronto a mi alma!

Carolina le dice a Ian:

–           ¡Esposo mío, que la muerte te sea dulce!…

Y sale feliz al encuentro con el fuego…

Se entrecruzan los saludos y las despedidas.

Y los intendentes se llevan las camillas…

El sacerdote Jonathan, que se encuentra lívido y a punto de morir, hace acopio de todas sus fuerzas para decir:

–           Sostengamos a los mártires con nuestra plegaria y ofrezcamos el doble dolor de los miembros y del corazón que se ve excluido del martirio, por ellos. Pater Noster…

Apenas ha concluido la Oración sublime, cuando llega Mauricio corriendo jadeante y al ver a los dos soldados se para en seco y contiene el grito que ya estaba a punto de salir de sus labios.

Los dos legionarios le dicen:

–          Puedes hablar, hombre; que no te traicionaremos.

–           Nosotros, soldados de Roma, pretendemos ser soldados de Cristo.

Jonathan exclama:

–           La sangre de los mártires fecunda la gleba.-Y dirigiéndose a Mauricio, le pregunta-¿Traes los Misterios?

Mauricio responde:

–           Sí. He podido dárselos a los otros, momentos antes de que se los lleven a la hoguera. ¡Helos aquí!

Los soldados contemplan admirados la bolsa púrpura que el otro extrae de su seno.

Jonathan grita:

–           ¡Soldados! Vosotros que os preguntáis dónde encontramos la fortaleza: ¡Aquí la tenéis! ¡Éste es el Pan de los fuertes! ¡Éste es el Dios que entra a vivir en nosotros! Este…

Lo interrumpe el grito de Grace, anhelante ante los espasmos del ahogo final:

–           ¡Pronto! ¡Pronto, padre que me muero!… Dame a Jesús… Y moriré feliz…

Jonathan se apresura a partir el Pan, para dárselo a la jovencita, que después de recibirlo se recoge quieta, cerrando los ojos.

Fabio suplica:

–           A mí también… Y después llamad a los criados del Circo. Yo quiero morir en la hoguera... –borbollea un niño como de seis años, que tiene la espalda lacerada y rasgada la mejilla desde la sien hasta el cuello que sangra abundantemente…

Jonathan pregunta:

–           ¿Puedes tragar?

–           ¡Puedo! ¡Puedo!… No me he movido, ni hablado para no morir… Antes de recibir la Eucaristía. La esperaba… Ahora…

El sacerdote le da una miguita del Pan Consagrado, que el niño trata de tragar sin conseguirlo…

Uno de los soldados se inclina compasivo y le sostiene la cabeza. Mientras el otro, habiendo encontrado en un rincón un ánfora que contiene todavía un poco de agua, procura ayudarlo a tragar, instilándole el agua en los labios, gota a gota.

Mientras tanto Jonathan parte las Especies que distribuye a los que tiene cerca y después, les suplica a los soldados que lo transporten para distribuir la Eucaristía a los moribundos…

Por último, hace que le vuelvan a poner en el lugar donde estaba y dice:

–           Que nuestro Señor Jesucristo os recompense por vuestra piedad.

El pequeño Fabio que se esforzaba por tragar las Especies, sufre un ahogo y se agita…

Uno de los soldados lo toma compadecido entre sus brazos, más al hacerlo, un borbotón de sangre, brota de la herida del cuello, bañándole la lóriga reluciente.

–           ¡Mamá! ¡El Cielo! Señor… Jesús… –el cuerpecito se abandona y el niño expira.

Los soldados exclaman:

–           ¡Ha muerto!

–           ¡Y sonríe!…

–           ¡Paz al pequeño Fabio! –dice Jonathan, que va palideciendo siempre más.

–           ¡Paz! –suspiran los moribundos.

Los dos soldados hablan entre sí…

Después, uno de ellos dice:

–           Sacerdote del Dios Verdadero, termina tu vida admitiéndonos en tu milicia.

Jonathan responde fatigosamente:

–           No en la mía… sino en la de Jesucristo… Más… no es posible… porque antes… hay que ser… catecúmenos.

Ellos objetan:

–           No. Porque sabemos que en caso de muerte, se puede administrar el Bautismo.

El anciano jadea:

–           Vosotros… estáis… sanos…

Los dos replican:

–           Nosotros estamos a punto de morir, porque… Con un Dios como el vuestro, que os hace santos, ¿A qué continuar sirviendo a un hombre corrompido?…  Nosotros queremos la gloria de Dios. Bautízanos. Yo soy Fabio como el pequeño mártir y mi compañero es Nathan, como nuestro glorioso compañero de armas…  Y enseguida volaremos a la hoguera. ¿Qué valor puede tener la vida del mundo, una vez que hemos comprendido vuestra vida?

El sacerdote suspira y dice:

–           Ya no hay agua… ni líquido alguno… –Jonathan se queda quieto y pensativo, como si oyera una voz interior. Y luego, formando un hueco con su mano trémula, recoge la sangre que gotea de su atroz herida y ordena- ¡Arrodillaos!… Fabio, yo te bautizo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Nathan, yo te bautizo, en el Nombre del Padre. Del Hijo y del Espíritu Santo… El Señor esté con vosotros… Para la Vida… Eterna… Amén…

Al decir estas palabras…  los ha aspergeado con su sangre.

Cuando la Oración termina, el sacerdote también ha terminado su misión de sufrimiento y su vida… Ha muerto.

Los dos soldados lo contemplan… Luego observan por algún tiempo a los que van muriendo lentamente… serenos y sonrientes en medio de su agonía… Arrebatados por el éxtasis Eucarístico.

Luego Nathan el mayor, dice al otro:

–           Vamos Fabio… ¡No esperemos ni un momento más! ¡Con tales ejemplos, es segura la Vida! ¡Vamos a morir por Cristo!

Y marchan veloces por el corredor, al encuentro del martirio y de la gloria.  Cuando llegan a donde están los otros cristianos reunidos para ser conducidos a la hoguera, también ellos reciben de manos del diácono Máximo, el Pan de los ángeles y experimentan por primera vez, la sensación sublime de tener a Dios dentro de sí.

Nathan oye la confesión de Fe de sus antiguos camaradas y su sonrisa se vuelve más radiante al exclamar:

–           ¡Alabado sea Jesucristo! Vamos a pelear el Combate Final…

En la estancia que acaban de abandonar, los gemidos se van haciendo cada vez más tenues y escasos…

En el circo, todos los espectadores guardan silencio y escuchan atentos porque Nerón está cantando su Troyada…

Simultáneamente, en otro vasto salón en los subterráneos del Circo, donde la luz entra a duras penas por dos pequeñas aberturas al nivel del suelo y que sirven para que también entre el aire. Están los prisioneros cristianos que han traído de las cárceles para completar el espectáculo.

Son personas de todas las edades y condiciones sociales. El lenguaje es pronunciado con variación de estilos, según sean patricios o esclavos. Y mezclado al latín vulgar, se oye el griego, español, tracio, etc.

Pero si diferentes son los trajes y los acentos; los espíritus son iguales y están unidos por la Caridad. Ellos se aman sin distinción de raza o de nación. Se aman y buscan servir y ser de ayuda, unos para otros.

Los patricios de ricos vestidos, cuidan de los pobres, vestidos humildemente. Los más fuertes ceden los puestos más secos o menos incómodos, a los más débiles. Y los abrigan con sus vestidos y togas, permaneciendo ellos con la túnica corta que cubre el pudor.  Usan togas y mantos para hacer con ellos colchones, almohadas o para cubrir a los enfermos que tiemblan por la fiebre, o están heridos por las torturas.

Los más sanos cuidan a los más enfermos, dándoles de beber con amor un poco de agua o vendando las heridas con pedazos de tela arrancados a sus vestidos… Curando los miembros dislocados y lacerados. Mojando las frentes, ardientes por la fiebre. Y de vez en cuando, entonan en un canto suave, el Pater Noster y los salmos que hablan de amor y de esperanza…

Un niño gime en la semioscuridad y el canto se suspende…

Dimitry pregunta:

–           ¿Quién llora?

Stanislao,  contesta:

–           Es Cástulo. La fiebre y la quemadura no lo dejan descansar. Tiene sed y no puede beber, porque el agua lastima sus labios quemados por el fuego.

Georgiana, una patricia de aspecto imponente y voz suave, dice:

–           Aquí hay una madre que ya no puede darle la leche a su pequeño.

El sacerdote Pawel ordena:

–           Lleven a Cástulo con  Plautina.

Se levanta Stefan, un fornido hombre moreno y lleva con gran cuidado entre los brazos al niño de siete años, que está vestido con una tuniquita recamada de finas grecas, sucia y manchada de sangre.

Plautina se sienta en una piedra adosada a la muralla, que el anciano Matthew le cede…  Y se acomoda de tal forma que el niño pueda estar cómodo en sus brazos. Luego dice al portador del pequeño mártir:

–           Dámelo Stefan. Y que Dios te lo recompense.

Cuando Stefan lo deposita con mucho cuidado, queda al descubierto el rostro totalmente quemado del pobre niño martirizado. Cástulo es el hermoso chicuelo que consolara a Marco Aurelio en el Tullianum y después que lo suspendieran sobre las parrillas en el Circo,  ahora se ve monstruoso…

Sólo unos pocos cabellos quedan detrás de la cabeza. Adelante, la piel ha desaparecido por el fuego. No más frente, ni mejillas, ni nariz. Toda la carne es una viva tumefacción. Parece  como si la hubiera corroído un ácido. En el lugar de los ojos están dos llagas horripilantes y los labios son otra llaga que forma un agujero deforme. Este es el resultado de haberlo tenido inclinado sobre las llamas, únicamente con el rostro; porque la quemadura termina bajo el mentón…

Plautina se abre la túnica y hablando con el amor de una verdadera madre, se exprime su redonda mama llena de leche y hace destilar las gotas sobre los labios del pequeño que no puede sonreír, pero que le acaricia la mano para mostrarle su alivio.

Y luego, después de haberlo saciado; hace caer más leche sobre el pobrecito rostro, para medicarlo como si fuera un bálsamo.  Es sangre de madre convertida en alimento y que da el amor por otra, que ha perdido a su hijo…

Plautina los ha perdido a todos… sus siete hijos y su esposo murieron martirizados en la arena, prácticamente repartidos en todas las formas de suplicio. A ella no la tocaron las fieras, porque ya se habían hartado…

El niño no gime más. Refrescado, calmado su sufrimiento y arrullado por la mujer, se adormece respirando afanosamente. Plautina parece una madre dolorosa, tanto por la postura, como por la expresión. Mira al pequeño como si fuese verdaderamente su criatura y las lágrimas ruedan por sus mejillas. Gira la cabeza hacia atrás, para impedir que caigan sobre aquella carita que está totalmente quemada.

El canto se reanuda, dulce y melancólico…

La voz de Killian, otro sacerdote;  interrumpe en el fondo de aquel lugar…

–           Nos acaban de avisar que Fabio ha muerto. Oremos…

Todos dicen el ‘Pater Noster’…

Cuando terminan;  el anciano Joao exclama:

–           ¡Fabio es feliz!  Él  ya ve a Cristo…

Antonio le contesta:

–           Nosotros también lo veremos Joao e iremos a Él con la doble corona: la de la Fe y la del martirio. Seremos como renacidos sin sombra de mancha, porque los pecados de nuestra vida pasada serán lavados también con nuestra sangre. Pecamos mucho, nosotros que fuimos paganos por largos años. Y es muy grande que a nosotros venga el júbilo del martirio, para hacernos nuevos y dignos del Reino.

Otra voz muy conocida, retumba:

–           ¡Paz a vosotros, hermanos!

Muchas voces contestan:

–           ¡Pablo! ¡Pablo! ¡Bendito seas!

Mucho movimiento sobreviene entre la multitud. Sólo Plautina se queda inmóvil, con su preciosa carga sobre su regazo.

–           ¡Paz a vosotros! –repite el apóstol. Y se mete hasta el centro- He venido a vosotros con Artyom y Alexander, para traerles la Vida.

Hugo pregunta:

–           ¿Y el Pontífice?

Pablo contesta:

–           Él les manda su saludo y su bendición. Está vivo por ahora… él quería venir; pero Joaquín, William y Amine, nos avisaron que lo están buscando y es conocido por los guardias. Por eso vengo yo, que soy menos notorio y ciudadano romano. A él debemos protegerlo en las Catacumbas. Hermanos, ¿Qué nuevas me tenéis?

Adam contesta:

–           Fabio ha muerto.

Noha agrega.

–           Cástulo ha sufrido el primer martirio.

Sienna dice:

–           Jade ha sido conducida a la tortura.

Johanna  informa:

–           A Franco y a Aidan los han transportado con Lars y sus hijos… No sabemos a dónde…

Pablo responde:

–           Oremos por ellos. Vivos o muertos, que Cristo dé a todos su paz…

Y Pablo, con los brazos abiertos en Cruz, ora. Está vestido como un siervo, con una vestidura corta, oscura y con un pequeño manto con capucha, que para orar, se ha echado para atrás. A su espalda están Artyom y Alexander, vestidos como él. Son muy jóvenes. Terminada la Oración, Pablo dice:

–           ¿Dónde está Cástulo?

Noha responde:

–           En el regazo de Plautina, allá en el fondo.

Pablo aparta a la multitud y se acerca al grupo. Se inclina y observa…  Bendice al niño y a la mujer. El niño despertó con los gritos que saludaron al Apóstol y levanta una manita, buscando tocar a Pablo, el cual la toma entre las suyas y le habla con dulzura:

–           Cástulo ¿Me escuchas?

El niño responde con fatiga:

–           Sí.

–           Sé, fuerte, Cástulo. Jesús está contigo.

Cástulo se lamenta:

–           ¡Oh! ¿Por qué no me lo habéis dado? ¡Ahora ya no puedo más! –y una lágrima brota entre aquellas llagas.

Pablo lo consuela:

–           No llores, Cástulo. ¿Puedes ingerir aunque solo sea un pedacito? ¿Sí?… ¡Bien! Te daré el Cuerpo del Señor. Después iré con tu mamá a decirle que Cástulo es una flor del Cielo. ¿Qué debo decir de tu parte a tu mamá?

–           Que soy feliz. Que he encontrado una mamá que me da su leche. Que los ojos ya no hacen más mal. ¿No es mentira decirlo, verdad? Es para consolar a la mamá. Y que yo estoy viendo el Paraíso y el lugar suyo y el mío, mejor que si tuviera los ojos todavía vivos. Dile que el fuego no hace daño, cuando los ángeles están con nosotros. Y que no tenga miedo, ni por ella ni por mí. El Salvador le dará fuerza. ¡Jesús es tan Bueno!

–           ¡Bravo, Cástulo! Le diré a tu mamá tus palabras. Dios ayuda siempre. ¡Oh, hermanos! ¡Y lo veis! Este es un niño. Tiene la edad en que no se puede soportar un pequeño malestar. Y vosotros lo veis y lo habéis escuchado. Él está en paz. Él está dispuesto a sufrirlo todo, aún después de haber padecido tanto, para ir hacia Aquel que él ama y que lo ama. Porque es uno de aquellos que Él amaba: un niño…

Y éste es un héroe de la Fe. Tomen el coraje de este pequeño, hermanos. Ustedes saben que yo me hago pasar junto con éstos como sepulturero, para poder recoger cuantos más cuerpos podamos y depositarlos en suelo santo. Por eso vivo junto a los tribunales y veo cómo viven los presos en el Circo y observo todo. Y me consuelo al pensar que yo también en mi hora, cuando Dios la reclame, seré por Él sostenido, como los santos que nos han precedido.

Hoy regresé de llevar al cementerio a Fátima, hija de Florián y de Valeria, no tenía más que catorce años y ustedes saben que estaba débil de salud. Con todo, ayer fue una gigante frente a los tiranos. El despecho de Nerón la torturó de muchas formas: lanzada, suspendida, estirada, desgarrada. Y siempre sanaba por Obra de Dios y siempre resistió a todas las amenazas. Ahora ella está en la Paz. ¡Valor hermanos! También a ella la nutrí con el Pan Celestial. Y con el sabor de aquel Pan, ella caminó a su último martirio. Ahora os daré también a vosotros aquel Pan, para que sea día de fiesta sobrenatural para vosotros. El Circo os espera… ¡Y NO TEMÁIS! En las fieras y en las serpientes ustedes verán apariencias paradisíacas, porque Dios cumplirá para vosotros este milagro. Las fauces y las roscas les parecerán abrazos de amor. Las llamas, rocío matinal. Los rugidos y los silbidos serán voces celestiales y como Cástulo, veréis el Paraíso, que ya desciende para recogerlos en su felicidad.

Todos los cristianos menos Plautina, se han arrodillado y cantan…

Mientras ellos cantan, han entrado también unos soldados romanos y los carceleros que al mismo tiempo que participan, montan guardia para que no entren personas enemigas. Y el canto se eleva, dulce y armonioso:

Como anhela la cierva

Estar junto al arroyo

Así mi alma desea, señor Jesús

Estar contigo.

Sediento estoy de Dios

Del Dios que me da la Vida

¿Cuándo iré a contemplar

El Rostro de mi Señor?

Lágrimas son mi pan

Noche y día

Cuando oigo que me dicen:

¿Dónde quedó tu Dios?

Yo me acuerdo y mi alma

Dentro de mí, se muere

Por ir hasta tu Templo

A tu casa, mi Señor y  Dios.

¿Qué te abate alma mía?

¿Por qué gimes en mí?

Pon tu confianza en Dios, que aún le cantaré

A Jesús. A mi Dios Salvador.

Pablo se prepara para el Rito y dice a Cástulo:

–           Tú serás nuestro altar ¿Puedes detener el cáliz sobre tu pecho?

–           Sí.

Extiende un lino sobre el cuerpecito del niño y sobre el lino apoya el cáliz y el pan. Y la Misa es celebrada para los mártires, por Pablo y los dos sacerdotes que lo acompañan. El lino palpita sobre el pecho de Cástulo, el cual por orden de Pablo, tiene entre sus dedos la base del cáliz, para que no se caiga…

Cuando Pablo hace la consagración, un temblor de sonrisa se dibuja sobre el rostro llagado del pequeñín y después la cabeza cae con una pesadez de muerte.

Plautina se estremece pero se domina…

Pablo prosigue como si no notase nada. Pero cuando toma la hostia para darle al pequeño mártir, un fragmento…

Plautina le dice:

–           Está muerto.

Pablo se paraliza por un momento y luego le da a ella, el fragmento destinado al niño que ha permanecido con los deditos cerrados alrededor de la base del cáliz, en la última contracción.

Y ellos le tienen que desprender para poder tomar el cáliz y darlo a los demás. Después de distribuida la Comunión, la Misa termina.

Pablo se despoja de los vestidos y pone todo lo que ocupó en la Misa, en una bolsa que lleva bajo el manto.

Después declara:

–           Paz al mártir de Cristo. Paz a Cástulo santo.

Y todos responden:

–           Paz.

Pablo dice:

–           Ahora lo llevaré a otro lugar. Denme un manto para envolverlo. Lo llevaré sin esperar la noche. Al anochecer vendremos por Fabio. Las pequeñas hostias que se consagraron juntas, han partido juntos al cielo también… Pero a éste lo llevaré como a un niño dormido. Adormecido en el Señor.

Jack, uno de los soldados da su clámide y allí depositan a Cástulo. Lo envuelven y Pablo lo toma en brazos, como si fuera un padre que lleva a otro lugar a su hijito dormido…  Con la cabeza sobre la espalda paterna.

Pablo se despide:

–           Hermanos, la Paz sea con vosotros y acuérdense de mí, cuando estéis en el Reino…

Y se va bendiciendo…

Un poco después, llegan los intendentes del Circo, para llevarlos a completar el espectáculo de aquella noche en que a los ojos del mundo, es el triunfo de la Hora de las Tinieblas…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

64.- EL OCTAVO SACRAMENTO


En la casa de Nicolás, Fernanda está en el jardín posterior, rodeada por Emiliano su cuñado, otros familiares y su esposo, además de todos los sirvientes de la casa, que escuchan muy atentos a la joven domina:

EL OCTAVO SACRAMENTO ES: EL DOLOR.

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado. Y los Cielos se estremecieron de admiración. Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios. El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero no era contraria y mucho menos enemiga. Con un espíritu que no estaba prisionero en ella, porque era su rey y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios. Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.

El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre. Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre. La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio. Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra. Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna. Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas. Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador. Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas, para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria. ¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres. No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

Y el Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre. Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios. Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre. Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras. Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana; de la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo, ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre; para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones. Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.

El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas, para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal. Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir. Pero el mundo no sabe amar y no sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto no es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación. ¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo! Dios pliega siempre el Mal al Bien.

El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta. Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas. Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias; repara los pecados del mundo y es redención por los que no son justos. Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es cruz. Siempre.

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él. Las almas que huyen de la cruz y del dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios. El Dolor aceptado sin rebelión es expiación. En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente. La Justicia de Dios exige la reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un instante en la Eternidad; que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes. El dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar. Porque el amor y el dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble. Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el dolor. Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

orgullo gay

LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y no soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida. Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio. Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno. Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

LOS TIBIOS.

Huyen del Dolor como de su peor enemigo. Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos. Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el dolor con resignación amorosa. Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso. Y que si Él lo permite, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario. Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él; ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara. Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para amarlo y para saber sufrir.

Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la ternura divina. Y comprenden la razón de su sufrir. Saben que Él las ama tanto, que les da dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor. El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores. Se abandona totalmente en Dios y ve en Él, al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo. Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre. Nunca el de Dios. Y en el momento de la desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

No más oscuridad de desolación humana. No más afán de creyente que quiere y no puede alcanzar la paz en el Dolor. Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último. Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’. Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir: “Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.

Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que no le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya. Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor. Sabe que el mundo necesita sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas. Y así, uniendo su voluntad a la divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo, hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor. Porque el dolor es una gran absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el dolor. Y morir por Él, es pasar a la gloria. El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que no es amado. Convertirse al amor es saber soportar el dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la furia del Enemigo. En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo. Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella. Esta paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio. Y de lo que darán testimonio, los mártires.

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO. Y es todavía siempre por el Dolor, el holocausto con el que el hombre salva. Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos. Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, no solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’ para ser ungidos ‘víctimas’ y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima.

Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.

Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno. Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad. Pero las victorias sobre el Mal, son la corona de los elegidos. Si la maldad no pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El mal glorifica a los justos. La obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y no nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar. Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros. Y compartimos con Él, la sublime misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el sacrificio, al beber del mismo cáliz que Jesús, que también en su amargura es bello, porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor no es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente. Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios. Un gran mérito nacido con el Pecado. Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor. A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia. Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.

Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor. Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios. Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar. No debe preocupar el llanto. También Él lloró. Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO ES EL SECRETO QUE SALVA.

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho. El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo. Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu; se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece. Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que redime. Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado. El Amor es el holocausto por el sacrificio. Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor. Dios no condena las lágrimas, ni la repugnancia del hombre por el sufrimiento y el dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la conversión y la desesperación en su Misericordia.

Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo, si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia. Siempre hay dolores más fuertes que los propios. Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios, se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.

El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres. Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo. Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad. Lloraron para redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor. Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del llanto una moneda para rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide sufrir para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en paz y luz, para que puedan salvarse. El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera. Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás. Vivir unidos a Dios, es alegría también en el Dolor.

LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa. Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’. El Cordero de Expiación, cargó con los pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos. Aquel no solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre. Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.

Jesús vino a santificar el dolor, sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el suyo infinito, dando así mérito al Dolor. Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor, no menos consumante con su ardiente dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús. Y nadie como Él, conoció la soledad, la incomprensión, el abandono. Desde los celestes a los humanos. Nadie padeció los dolores que Él ha padecido. Dolores de toda especie, siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo. Nunca acusó al Padre. Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos, en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

Él sabía que el mal, el dolor, la soledad, la angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás. Y no podían dar más que dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana. Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios. Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos. Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado, sobrenaturalmente; no es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino. Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’, por coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota, a la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante. Yugo que no hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’, si no a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu. Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.

El Dolor es Holocausto y participación a la misma suerte de Jesús. El dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo. Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el sacrificio.

Jesús subió a la Cruz orando y sufriendo. La conversión se obtiene con la Oración y el Dolor. Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, gran agradecimiento. La peor de las torturas morales son la ingratitud y el desamor. Es peor que la tortura física. Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas. Supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne; pero la indiferencia, la ingratitud y el rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu. En momentos así, no se deben mirar a las criaturas sino a Dios. No se debe pensar en la criatura que lastima, sino en orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta. No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo que debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo. Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que no agradecen o que traicionan. Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo… Debemos consolarlo con nuestro amor.

Fernanda calla y todos meditan en la enseñanza recibida. Tan asombrosa y…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA