Archivos de etiquetas: IMPERIO ROMANO

N272 UN VIAJE INESPERADO 3


“BIENVENIDOS A LA ESCUELA CIBERNÉTICA DEL ESPÍRITU SANTO”

Acostumbrados como estamos a la Presencia de nuestro ABBA, recibimos con infinito agradecimiento la asistencia del Cielo entero, con nuestro sublime RECTOR MAGNIFICUS: EL ESPÍRITU SANTO y su cuerpo de catedráticos celestiales que confoman las autoridades docentes en nuestras aulas.

Así que aquí el Magisterio Celestial será el protagonista de nuestra instrucción religiosa…

Para comprender mejor la estructura del Reino de Dios, abriremos una nueva Página llamada “VIVIR MURIENDO” cuyas publicaciones llevarán la Letra “M” y ésta es la Introducción.

Porque iniciaremos nuestro viaje por el PURGATORIO, con una parada que nos está llevando directo al inicio de la Historia de la Iglesia y veremos cómo los primeros cristianos recibían la instrucción básica en su catecumenado, antes de solicitar voluntaria y libremente su Bautismo y lo que éste significaba.  

Este post es una reproducción del capítulo titulado LA PRUEBA 1 y que pertenece a nuestra página ENFRENTANDO A NERÓN.

Recordemos que la ‘Puerta del Cielo’ era la academia cristiana situada en la domus que Séneca había donado a la Iglesia para que fueran evangelizados los romanos.

En la Puerta del Cielo, en el recinto de las vírgenes; están todas reunidas en uno de los jardines, cuando llegan a avisar a Celina, que hay un mensajero de su casa esperándola en el atrium.

Ella se levanta un tanto intrigada y dice a sus amigas:

–           Enseguida regreso. Voy a ver qué sucede.

Cuando llega al atrium, la saluda un hombre de mediana edad y que la saluda amorosamente:

–          La paz sea contigo amita. Eladio me mandó con esta carta para ti. Espero por la  respuesta.

Celina toma la tablilla y dice:

–           La paz sea contigo, Raymundo. Gracias. -muy sonriente agrega- Cuando Recordarás que ya no soy tu ama. Tú eres mi hermano. Hace quince años que eres libre.

Raymundo le contesta:

–           Tú siempre serás mi amita por el amor.

Celina sonríe y mueve la cabeza. Luego rompe el sello y lee:

Eladio a Celina:

La paz sea contigo, mi niña.

Ha venido varias veces a buscarte, el noble Narciso Haloto. Y ayer uno de los jardineros del Palatino, escuchó una conversación cuando estaba trabajando. El ministro de Nerón, estaba con su liberto de confianza y le estuvo dando instrucciones.

Y de esta manera fue como se enteró del siniestro complot con el que pretende raptarte, para obligarte a que te cases con su hijo. Creyó oportuno avisarme, porque también él sabe que eres una virgen consagrada. Te lo ruego: Durante un buen tiempo no regreses, ni vayas a ningún lugar donde él pueda encontrarte.

Por lo que cuentan sus esclavos, sabemos que es un hombre infame y muy cruel.  Solo a Raymundo con quién te envío esta carta, dile en donde podré encontrarte para enviarte noticias.

Cuídate mucho. Que el poder del Altísimo te siga protegiendo. Adiós.

alex-celina

Celina se queda pensativa… Recuerda todo el trabajo que tienen y dice a Raymundo:

–           Dile que me quedaré aquí. Vete en paz hermano.

El hombre se retira y ella regresa nuevamente al jardín.

Diana al verla llegar, le pregunta:

–           ¿Qué pasó?

Celina les lee la carta…

Ariadna dice:

–           Te quedarás aquí.

Diana apoya:

–           También yo me quedaré contigo.

Celina sonríe con dulzura, como si ningún peligro la amenazara. La conversación se generaliza. Y todas vuelven a su tema preferido: JESÚS.

Mientras tanto en otro jardín de la misma mansión, sentados en una banca de mármol junto al estanque, Leonardo conversa con Sofía.

Sus grandes y expresivos ojos son muy diferentes… Reflejan una dulzura y veneración que antes no existían.

Tomando las manos de Sofía, las lleva a los labios, las besa. La mira conmovido y agradecido…

Luego le suplica:

–           Sofía… Amor mío.  Por favor ¡Perdóname! Ahora comprendo. Quiero que tu Dios, sea mi Dios.

Enséñame a amarlo como lo amas tú. Enséñame a conocerlo, como lo conoces tú. Enséñame sobre todo, a adorarlo y a servirlo como lo haces tú. Yo quiero ser cristiano, como tú.

ENAMORADOS dantea-thisbe

La sonrisa de Sofía se vuelve luminosa y tomándolo de la mano, se levanta y lo lleva hasta el Lararium.

Allí está la enorme cruz desnuda, con el sudario que pende de uno a otro de sus brazos.

Hay un cirio encendido a cada lado. Y hermosos jarrones llenos de lirios y azucenas.

Al frente, una balaustrada de mármol sirve como reclinatorio para arrodillarse.

Sobre el arco superior, están grabadas estas palabras:

DIOS ES AMOR’ 

Bajo el arco de la pared izquierda, hay un letrero tanto en griego como en latín:

‘EN ESTA CASA APRENDERAS A CONOCERLO, A AMARLO, A ADORARLO Y A SERVIRLO.’

cruz-de-madera-resucito

Bajo el arco de la pared derecha, igual se lee:

‘Para ser un verdadero hijo de Dios, aprende esta ciencia:

VIVIR MURIENDO

Y      

MORIR AMANDO

Cuando la domines, alcanzarás la Gloria.

Después de meditar un largo rato en estas palabras, los dos se dirigen a un amplio salón, donde está reunido un grupo de más de doscientas personas.

Leonardo se sienta en un banco junto a la pared de mármol gris.

Y la armoniosa voz de Sofía proclama las palabras de la Segunda Lección para los nuevos cristianos:

LA PRUEBA I

Cuando Dios creó a su Arcángel Predilecto, el Cielo entero enmudeció de admiración. Dios quiso a su lado a este maravilloso arcángel, cuando realizó la Creación del Universo.

El más bello de todos los ángeles, espíritu perfecto inferior solamente a Dios, fue llenado de dones: segundo en belleza de todo cuanto existe, una inteligencia privilegiada y poder.

Fue puesto al mando de la tercera parte de los Ejércitos Celestiales. Dirigía los coros angélicos. Y como intermediario entre Dios y los hombres, le fue dado el título de Dominador de las Naciones.

En las misiones destinadas a los hombres, él hubiera sido el ejecutor del querer divino y por eso se llamó:

LUCIFER = PORTADOR DE LA LUZ.

En los ángeles también hay Libertad de Arbitrio. En el orden perfecto del Universo, Lucifer abusó de su libertad. En su ser luminoso nació un vapor de soberbia, que él no dispersó:

Al verse en Dios. Al verse a sí mismo y compararse con sus compañeros, porque Dios le envolvía con su Luz y se gozaba en el esplendor de su arcángel.

Y porque los ángeles le veneraban como el espejo más acabado de Dios, se maravilló. Debía admirar solamente a Dios.

Más en todas las criaturas, se encuentran presentes todas las fuerzas buenas y malas que luchan entre sí, hasta que una de las dos partes vence para proporcionar bien o mal,

del mismo modo que en la atmósfera se encuentran todos los elementos gaseosos por ser necesarios y es la manera de usarlos la que determina que sean buenos o nocivosLucifer no era santo hasta el punto de ser todo amor. La medida del amor, Lucifer no quiso completarla y no rechazó la complacencia de sí mismo, que ocupaba en él un espacio en el que no podía haber amor.

De haber sido todo amor, no habría habido sitio en él para la soberbia, a la que también es justo llamar: desorden del entendimiento. Vapor de soberbia que él no dispersó.

Al contrario: lo condensó y lo cobijó. Y de esta incubación, nació el Mal.

Lucifer desarrolló la soberbia, la cultivó, la aumentó e hizo de ella, arma y seducción.

Dios había creado a un ministro glorioso y bellísimo. Y la libre voluntad del ángel creó a

SATANAS   =   ADVERSARIO.

La soberbia es la palanca que derriba los espíritus y los arranca de Dios. Lucifer quiso más de lo que era y de lo que tenía.

Él, que ya era tanto; quiso todo.

Y ésta fue la brecha por donde entró ruinosa, su depravación.

Siendo ella la causa de que no pudiera comprender ni aceptar al CRISTO-AMOR, compendio del Infinito, Único y Trino Amor.

Y se negó a servir.

Al conocer las futuras maravillas de Dios, quiso ponerse él en su lugar.

Con su mente turbada se vio a sí mismo al frente de los hombres futuros, adorado por ellos como poder supremo.

Y conociendo el secreto de Dios y sus designios, decidió que él podía terminar lo que Dios había comenzado y apoderarse del Reino que sería la Herencia de Jesús.

Sedujo a los menos reflexivos de entre sus compañeros, distrayéndolos de la contemplación de Dios como Suprema Belleza.

Y se rebeló contra Dios.

Los demás ángeles que estaban bajo su mando y que fueron débiles en el amor y la fidelidad hacia Dios, también se rebelaron.

Y así quedó orquestado el primer Golpe de Estado de la Historia.

Así se consumó, el PECADO DE LOS ÁNGELES.

Y partir de ese momento, fue su nombre: SATÁN.

Nombre dado por Dios, al Adversario. Al Enemigo Implacable en que se convirtió, el que fuera el más grande de todos los ángeles.

Y una Gran Batalla estalló en el Cielo. Batalla de inteligencia y de voluntad, combatida en la Presencia de Dios

y que determinó para la Eternidad, el futuro destino de los ángeles y de los hombres.

Fue un hecho histórico de importancia primaria, que incluyó Cielo y Tierra, pues la Historia de la Humanidad está atada y condicionada, a este acontecimiento.

Y Lucifer y los demás soberbios y desobedientes, fueron arrojados para siempre del Paraíso Celestial, por San Miguel Arcángel y sus ángeles.

Cuando los derrotados fueron castigados, Dios los congeló en su rebeldía y les quitó la capacidad de amar, (Dios se retiró de ellos para siempre) pero NO la necesidad de ser amados.

Y ésta se convirtió en IRA. El amor y la belleza, (atributos de Dios) les fueron quitados y de esta forma quedaron convertidos en demonios horrorosos.

El gran amor que los animaba se convirtió en Odio y fueron precipitados en el Infierno para ser devorados por la concupiscencia del espíritu… 

EN EL FUEGO DEL RIGOR DE DIOS

“Y creó Dios al hombre a su Imagen. A Imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo diciéndoles: ‘Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la Tierra y sométanla.” (Génesis 1, 28)

Dios no les prohibió a los hombres amarse. Solo que Él deseaba que su amor fuera perfecto y sin el desorden perjudicial de las pasiones desordenadas.

El uno y la otra se complementaban a la perfección. Y fueron hechos para amarse. La perfección es amor. El amor es armonía.

La armonía es orden. No hay armonía en donde es turbado el orden. No hay amor en donde es turbada la armonía. No hay perfección en donde falta el amor.

Así sucede en todas las cosas y las obras. En las humanas y sobretodo en las sobrenaturales.

La única limitación al inmenso poseer del hombre, fue la prohibición de coger los frutos del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.

Esto era inútil e injustificado, porque el hombre tenía ya la Ciencia que le era necesaria y en una medida superior a la establecida por Dios, no podía más que causar daño.

LA PRUEBA DE LA OBEDIENCIAEDEN-paraiso-terrenal_  Se había dado Él, Dios Mismo ¿Y prohibía mirar un fruto? Había dado al polvo la Vida, infundiéndole su hálito divino en el hombre, ¿Y prohibía de coger un fruto?

Había hecho al hombre Rey de todas las criaturas. Lo consideraba su propio hijo ¿Y prohibía comer un fruto?

Aunque este episodio pudiera parecer de una obstinación inexplicable, no es así.

El medio: el árbol y la manzana. Dos cosas pequeñas. Insignificantes si se las compara con las inmensas riquezas que Dios había concedido al hombre.

El árbol no era diferente de las otras plantas y como todo lo hecho por Dios, tenía sus frutos buenos, bellos y sabrosos. Pero era planta de Bien y Mal. Esto lo convertía según el comportamiento del hombre, no tanto por la planta, sino por la orden divina.

Obedecer es Bien. Desobedecer es Mal.

La manzana no era solo la realidad: fruto. Era también el símbolo: el símbolo del Derecho Divino y del Deber humano. Dios sabía que sobre aquel fruto andaría Satanás para tentar. Dios todo lo sabe.

El malvado Fruto era la palabra de Satanás, gustada por Eva.

El peligro de acercarse al árbol, estaba en la Desobediencia que haría que los Inocentes cayeran en la Trampa tendida por Satanás.

LA DESOBEDIENCIA

Eva fue al árbol. La curiosidad la arrastra para ver lo que había de especial en él. La imprudencia la empuja a no tener como útil la Orden Divina, puesto que Ella es fuerte y pura.

La Reina del Edén, en donde todas las cosas le obedecen y ninguna puede causarle mal.

La presunción la llevó a la ruina. La presunción es el fermento de la soberbia.

En el Árbol se encuentra al Seductor, el cual canta la Canción de la Mentira a su inexperiencia:

“¿Piensas que aquí hay algo de Mal? NO. Dios te lo prohibió porque os quiere tener como esclavos de su Poder. ¿Creéis ser reyes? No sois ni siquiera libres, como lo es la fiera.

Ella si puede amar de verdad. A ella se le ha permitido ser creadora como Dios. Ella engendrará hijos y los verá crecer y serán una familia feliz.

Pero vosotros, no. A vosotros se os ha negado esta alegría. ¿A qué fin os ha hecho macho y hembra, si debéis vivir de este modo?

¿Sois dioses y no sabéis lo que es ser dos en una sola carne, que crea una tercera y muchas más?

No creáis a las promesas de Dios de que tendréis una posteridad al ver que vuestros hijos procrean nuevas familias y dejan por ellas, padre y madre.

Os dio una apariencia engañosa de la vida: la verdadera vida consiste en conocer las leyes de la vida. Entonces seréis semejantes a dioses y podréis decir a Dios: ¡Somos tus iguales!…

Ven, acércate… Yo te enseñaré…”

Y la seducción continuó porque no había voluntad de rechazarla. Y lo que sí se quería, era conocer lo que no pertenecía al hombre.

Satanás sedujo a los hijos de Dios, con pensamientos de soberbia. Inoculó en los inocentes la sed de ser grandes de todas las grandezas: del Poder, del Saber y del Poseer.

A la ciencia pura que Dios les había dado, Satanás inoculó su malicia impura, que pronto fermentó también en la carne.

Pero antes corrompe el espíritu, haciéndolo rebelde y después el intelecto, haciéndolo astuto.

Y con todo esto lo lleva al pecado contra el Amor: la soberbia de la mente y del corazón, por el cual el hombre inocente se volvió culpable.

El tremendo pecado del ‘yo’ que quiere ser como Dios, cometido por Lucifer;

el mismo con el cual después seduce al hombre, para convertirlo al igual que él, en un Rebelde contra Dios.

Satanás robó la virginidad intelectual al hombre.

Y con su lengua serpentina acarició los miembros y los ojos de Eva, suscitando reflejos y agudezas que antes no había, porque la malicia no los había intoxicado.

Eva quiso conocer lo que de manera tan atractiva le fue presentado.

Lucifer la había seducido y ella deseó ardientemente, lo que solo Dios podía conocer sin peligro:

LA CIENCIA DEL BIEN Y DEL MAL 

Y el Árbol Prohibido fue mortal.

Porque de sus ramas pende el fruto del saber amargo que proviene de Satanás. Eva ‘vio’ y viendo quiso probar. La carne se había excitado.

Su seductor le enseñó con TEORÍA PRACTICADA Y EXPERIMENTO REALIZADO.

Y ‘comprendió’. La malicia bajó a morderle las entrañas.

Vio con nuevos ojos y oyó con nuevos oídos los instintos y las voces de los animales.

Y los anheló con loca ansiedad.

Y la Mujer se convirtió en Hembra.

Se corrompió en maldad y se volvió contra Dios con todos sus sentidos desordenados.

La Creación entera lloró amargamente la Inocencia de su Reina Profanada.

En lugar de arrepentirse y llamar al Señor, que la hubiera perdonado sin duda y le hubiera regenerado su pérdida, ella fue a seducir a su compañero.

Y con el fermento satánico en el corazón, fue a corromper a Adán y le enseñó todo lo que había aprendido.

De criatura se convirtió en creadora y al usar de este don indignamente, nada en el hombre quedó exento de Culpa…

Y todas las partes del ‘yo’ físico y moral, quedaron envenenadas con las tendencias al Mal.

Y con la voluntad cautiva para que fueran instrumentos para seguir pecando, convirtiéndolo así en esclavo de Satanás.

Eva inició sola el pecado. Lo llevó a término con su compañero.

Llegada a este nivel la carne, corrompido lo moral, degradado lo espiritual, conocieron el dolor y la muerte del espíritu privado de la Gracia y de la carne privada de la Inmortalidad.

Y por esto sobre la mujer pesa una condena mayor. Porque por ella el hombre se volvió rebelde a Dios y conoció la lujuria y la muerte.

Y es por causa de ella que el hombre ya no puede dominar sus tres reinos:

El del espíritu, porque permitió que el espíritu desobedeciese a Dios y con el pecado le dio la muerte.

El del alma, porque permitió que las pasiones lo dominaran.

Y el del cuerpo porque lo sometió a las leyes instintivas de los brutos.

A CAUSA DE LA MUJER Y POR SU GRAN PECADO 

DIOS TUVO QUE MORIR

LA REDENCIÓN NO HA TERMINADO…  

(Este es el verdadero motivo, por el cual las mujeres NO PODEMOS ser sacerdotizas y celebrar la Misa en la Iglesia católica)

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

99.- OCASO DE UNA DINASTÍA


roma-imperialDespués de regresar de la Casa de las Gallinas, cayó un rayo en el Palacio de los Césares y cayeron al mismo tiempo las cabezas de todas sus estatuas.

A la de Augusto se le cayó el cetro de las manos.

Babilo y sus astrólogos le pronosticaron a Nerón que lo depondrían.

Y él les contestó:

–           El arte nos hará vivir.

El mundo, después de haber soportado por catorce años a este singular gobernante, por fin se hizo justicia. Dando la señal de sublevación en la Galia, donde mandaba como propretor Julio Vindex.

Fue en Nápoles, en el aniversario de la muerte de Agripina, cuando le avisaron de la rebelión de las Galias.

Y Nerón recibió la noticia con tanta indiferencia, que muchos sospecharon que se alegraba de tener la oportunidad para despojar por derecho de guerra, a las provincias más ricas del imperio.

En el acto se marchó al gimnasio y contempló las luchas de los atletas, mostrando gran interés en sus ejercicios.

neron

Durante la cena le trajeron cartas más inquietantes y fue cuando prorrumpió en imprecaciones y amenazas contra los sublevados.

Durante ocho días no contestó ninguna carta, no dio orden alguna, tampoco instrucción alguna de ningún tipo. No hizo comentarios sobre aquel acontecimiento y se mantuvo en silencio sobre este asunto.

Trató por todos los medios y en todas las circunstancias de mantener su ritmo de vida habitual, conduciéndose como si no pasara nada extraordinario.

Pero el tiempo y el destino siguieron su implacable marcha.

neron-asustado-2

Conforme pasaban los meses, las noticias eran cada vez más inquetantes. 

Turbado finalmente por las injuriosas proclamas de Vindex, escribió al senado para exhortarles a vengar al emperador y a la república.

Y se excusó con una enfermedad de la garganta para no acudir personalmente.

Pero lo que más le ofendió de aquellas proclamas, fue que lo calificaran de pésimo cantante y que en lugar de Nerón, lo llamaran Enobarbo.

En su concepto, lo más falso era la censura que ignoraba un arte que había cultivado con tanto afán y buen éxito.

neron-cantando2

Y les preguntaba a todos:

–           ¿Habéis conocido un artista más grande que yo?

Mientras tanto, se sucedían las noticias alarmantes y sin poder ocultar su temor, regresó a Roma.

Pero cuando supo que Galba y España se habían sublevado, perdió completamente el coraje y dejándose caer, permaneció largo tiempo callado y sin reaccionar; casi como si estuviera muerto.

Luego se levantó, rasgó sus ropas, se golpeó la cabeza.

Y exclamó:

–           Todo ha concluido para mí.

Sus nodrizas le acompañaban.

Y Eglogea queriendo consolarle, le nombró a otros príncipes a los cuales les habían ocurrido desgracias similares.

Y Nerón contestó:

–           Pero las mías son inauditas y sin comparación, pues pierdo el imperio antes que perder la vida.

neron-3

Y continuó con su vida acostumbrada, llena de diversión  en las carreras en el circo…   

Espectáculos variados,  lujos y molicie.

Dio banquetes espléndidos y compuso contra los jefes de la sublevación versos satíricos, que empezó a cantar gesticulando y procuró divulgar en público.

Se hizo llevar secretamente al teatro y mandó decir a un actor que tenía una gran voz y era un gran artista: Que era una gran fortuna para él, que el emperador tuviera otras ocupaciones’.

Concibió muchos proyectos atroces y acordes con su carácter, pero los abandonó ante imposibilidad de ejecutarlos.

Saliendo de un convite, apoyado en los hombros de sus amigos,

Dijo:

–           Iré a las Galias y me presentaré sin armas ante las legiones rebeldes. Me limitaré a llorar ante ellos y un inmediato arrepentimiento me atraerá a los sediciosos.

Y a la mañana siguiente, en medio de la alegría general, entonaré un canto de victoria que ahora mismo voy a componer.

neron-artista

Y su primer cuidado al preparar esta expedición, fue elegir carros para el transporte de sus instrumentos musicales y hacer cortar el cabello como si fueran varones, a todas sus concubinas a las que se propuso llevar vestidas como amazonas.

Entonces llegó la noticia de que los demás ejércitos también se habían sublevado…

Se llenó de cólera y furioso rompió la carta que le habían llevado durante la comida.

Derribó la mesa y estrelló contra el suelo dos vasos que tenía en gran estima y que llamaba ‘homéricos’, porque estaban esculpidos en ellos escenas tomadas de los poemas de Homero.

Enseguida hizo que Locusta le diera un letal veneno y lo guardó en un cofrecito de oro. Y se fue a los jardines de Servilio…

Allí, mientras sus libertos más fieles se iban a Ostia a preparar naves; quiso comprometer a los tribunos y centuriones del Pretorio a que lo acompañaran en su fuga.

13-muerte-de-neron

Pero no sabiendo que Tigelino ya lo había traicionado, unos se excusaron y otros se negaron abiertamente diciéndole:

–           ¿Tanta desgracia es morir?

Más tarde, después que la conjura fue consumada.  Se encontró entre sus papeles un discurso, donde planeaba presentarse públicamente en la tribuna de las arengas con traje de luto y pedir con el acento más lastimero posible, que le perdonasen el pasado.

O al menos, si los corazones permanecían insensibles; que le concediesen la Prefectura de Egipto. ¡Aún mantenía la esperanza de consolidar su absoluto poder!

El único motivo que le impidió pronunciarlo, fue el miedo de que lo despedazaran antes de llegar al Forum. Y dejó para el día siguiente, el tomar una decisión.

Pero se despertó a la medianoche y se dio cuenta de que lo habían abandonado todos sus guardias.

neron-asustado

Saltó del lecho y mandó mensajeros a las casas de todos sus amigos. Al no recibir contestación, fue con poco séquito a pedir refugio a los que consideraba más fieles entre ellos

Pero todas las puertas permanecieron cerradas y nadie le contestó.

Entonces regresó a su palacio y vio que también  los centinelas habían huido, llevándose hasta las ropas de su lecho y la caja de oro en la que había guardado el veneno. 

Luego pidió que lo llevaran con los gladiadores para recibir la muerte, pero no encontró a nadie que quisiera matarlo.

Y exclamó:

–           ¡¿Acaso no tengo amigos, ni enemigos?!

Luego quiso hallar un refugio para meditar…

el-remordimiento-de-neron-despues-del-asesinato-de-su-madre-john-william-waterhouse-oleo-sobre-tela

Y su liberto Faonte le ofreció su casa de campo, situada entre la Vía Salaria y la Nomentana, a seis kilómetros de Roma.

Desesperado, vestido con la túnica y con los pies descalzos, tal como se encontraba; montó a caballo.

Iba envuelto en un manto viejo y descolorido. Llevaba la cabeza cubierta y un pañuelo en el rostro, acompañado de cuatro personas, entre ellos Esporo.

De pronto, sintió temblar la tierra y  vio brillar un relámpago que lo estremeció de terror.

Al pasar cerca del campamento de los pretorianos, oyó los gritos de los soldados que le dirigían imprecaciones y hacían votos por Galba.

Al ver al pequeño grupo,

Un viajero dijo:

–           Esos persiguen a Nerón.

Y otro preguntó:

–           ¿Qué hay de nuevo en Roma en cuanto a Nerón?

NERON Peter_Ustinov_2 (2)

El olor de un cadáver abandonado en el camino, hizo retroceder a su caballo y se le cayó el pañuelo que le ocultaba el rostro, un veterano pretoriano lo reconoció y lo saludó por su nombre. 

Entonces emprendieron el galope hasta llegar a un cruce de caminos y siguieron por una vereda.

Luego dejaron los caballos y penetrando entre abrojos y espinos por un sendero cubierto de zarzas; en el que no podían avanzar más que tendiendo ropas bajo sus pies, llegaron trabajosamente hasta las tapias de la casa de campo.

Allí le aconsejó Faonte que entrase temporalmente en una cantera de la que había sacado arena… 

Pero Nerón estaba aterrorizado…

Balbuceando exclamó:

–           No quiero que me entierren vivo. –refutó.

Y se detuvo para esperar a que le abrieran la entrada secreta de la casa.

neron

Como tenía sed, cogió en la mano agua de una charca y dijo antes de beberla:

–           He aquí los refrescos de Nerón. – Y se puso a arrancar las zarzas que se habían atorado en su manto.

Después de esto se arrastró sobre las manos, por un agujero abierto debajo de la tapia hasta la habitación más próxima, en la que se acostó sobre un jergón cubierto con una vieja manta.

Atormentándolo de vez en cuando el hambre y la sed, rechazó el pan que era de buena calidad; pues Faonte es un hombre muy rico e influyente. Y bebió gran cantidad de agua templada.

En el Senado ya se conocía su huída y deliberaban la forma de castigarle cuando le atrapasen; pues están seguros de que es demasiado cobarde para darse muerte por sí mismo.

Mientras tanto en la villa de Faonte, Nerón está muy abatido, lleno de impotencia y de contrariedad…

Por largas horas se mantuvo abstraído, tratando de evitar una respuesta a las demandas de sus amigos y de una manera inexplicable para él, le llegó una avalancha de recuerdos en los que hacía demasiado tiempo no reflexionaba…

neron niño

Se miró a sí mismo cuando muy jovencito adoraba a su madre y  después, cuando fue coronado emperador…

Cuando se enamoró perdidamente de Popea Sabina y por la cual mató a su esposa Octavia y a su madre Agripina.

A continuación el Incendio de Roma y todos los intentos por aplacar a la plebe; después del escándalo suscitado por la acusación de Prócoro Quironio…

Seguidamente fue la pelea con Popea y cuando la asesinó  con un fuerte puntapié;  junto con su heredero estando muy ebrio, después de las carreras…

neron mata a popea

Todos los que le acompañan están aterrorizados, pues comprenden que ya no hay salida…

 Epafrodito volvió a suplicarle, insistiendo en  que el tiempo se está acabando y el Senado ya debe haber tomado una fatal resolución contra él.

Todos sus compañeros lo instan, a que se sustraiga cuanto antes a los ultrajes que le amenazan.

Nerón los miró angustiado y movió la cabeza negando. Pero luego se rindió y mandó que abrieran una fosa delante de él, a la medida de su cuerpo.

Pidió que le encontraran unos pedazos de mármol y que trajesen agua y leña, para tributar los últimos honores a su cadáver.

Por primera vez en toda su vida, lo que está viviendo no es una escenificación proyectada de antemano.

Su sufrimiento es auténtico. Y se siente verdaderamente desconsolado al contemplar su total abandono y su absoluto desamparo.

NERON Y SU LIRA

Llorando con cada orden que da,

repite sin cesar:

–           ¡Qué gran artista va a perecer conmigo!

Durante estos preparativos llegó un correo a entregarle una carta a Faonte.

Nerón se la arrancó de las manos y leyó que el Senado le ha declarado Enemigo de la Patria.

Y le está buscando para castigarle, según las leyes de los antepasados.

Horrorizado preguntó:

–           ¿En qué consiste este suplicio?

Epafrodito le contestó:

–           En desnudar al criminal. Sujetarle el cuello con una horqueta y azotarlo con varas hasta la muerte.

Aterrorizado,  se cubrió la boca con las manos para ahogar un grito.

NERON ustinovdeathscene

Luego tomó los puñales que había llevado consigo, probó la punta…

Y volvió a envainarlos diciendo:

–           Aún no ha llegado la hora fatal.

Exhortaba a Esporo a lamentarse y a llorar.

Y luego dijo:

–           Mátese uno de vosotros para que me dé valor para morir.

Pero los presentes le miraron estupefactos y abatidos, sin contestar una sola  palabra.

Luego se reprochó a sí mismo su cobardía, diciéndose en voz alta:

–           Arrastro una vida vergonzosa y miserable.

Y añadió en griego:

–       Esto no es propio de Nerón… En momentos así, es necesaria la sangre fría.

neron1

¡Vamos! (Y citando su nombre completo)

NERO·CLAVDIVS·CÆSAR· AVGVSTVS·GERMANICVS  

 ¡Ya!…¡Despierta!

Entonces oyó que se acercaban los jinetes que traían orden de capturarlo vivo y recitó temblando este verso en griego:

–           Oigo el paso animoso de veloces corceles.

Y enseguida se clavó el puñal en la garganta, ayudado por su secretario, Epafrodito.

muerte de neron

Todavía respiraba cuando entró el centurión que quiso vendarle la herida, fingiendo que venía a socorrerle.

Nerón dijo:

–           ¡Es demasiado tarde! ¡Cuánta fidelidad!

Al pronunciar estas palabras expiró con los ojos abiertos.

Dejando espantados y llenos de horror a quienes lo miraban.

Esporo, sollozando  y muy afligido le cerró los ojos.

Y dijo a los demás:

–           Quieran los dioses respetar su último deseo.

Había recomendado mucho a sus compañeros de fuga, que no abandonasen su cabeza a nadie y que le quemasen entero, de la manera que fuese.

Esta autorización la concedió Icelo el liberto de Galba, que acababa de salir del encierro donde lo arrojaron al comenzar la insurrección.

Los funerales de Nerón costaron doscientos mil sestercios. Y emplearon en ellos, tapices blancos bordados de oro.

cadáver de neron

Sus nodrizas Eglogea y Alexandria, junto con Actea; depositaron sus restos en la tumba de los Domicios, que está en el Campo de Marte.

Y así pasó Nerón como un tornado, como un huracán, como un incendio.

Como pasa la guerra y pasa la muerte.

Sin embargo, a pesar del Edicto para el exterminio total de los cristianos.

vaticano

La Basílica de San Pedro gobierna espiritualmente hasta hoy desde las cumbres del Vaticano,  a la ciudad de Roma y al Mundo.

Cerca de la antigua Puerta Capena, en la Ciudad Eterna; existe actualmente una pequeña capilla que lleva esta inscripción algo borrada por el tiempo: ¿Quo Vadis Domine?

Para los primeros cristianos Nerón fue el Primer Anticristo.

Diocleciano

El Segundo sería Dioclesiano.

¿Cuál ES el Tercero?…

Nerón murió a los treinta años y medio de edad.

En el mismo día que en otro tiempo, él personalmente hiciera perecer a Octavia.

Con él se extinguió la familia de los Césares…

julio-cesar-augusto

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

12.- LA PRUEBA I


alex-george-lawrence-bulleid-tuttart-37

En la Puerta del Cielo, en el recinto de las vírgenes; están todas reunidas en uno de los jardines, cuando llegan a avisar a Celina, que hay un mensajero de su casa esperándola en el atrium.

Ella se levanta un tanto intrigada y dice a sus amigas:

–           Enseguida regreso. Voy a ver qué sucede.

Cuando llega al atrium, la saluda un hombre de mediana edad y que la saluda amorosamente:

–          La paz sea contigo amita. Eladio me mandó con esta carta para ti. Espero por la  respuesta.

Celina toma la tablilla y dice:

–           La paz sea contigo, Raymundo. Gracias. Cuando Recordarás que ya no soy tu ama. Tú eres mi hermano. Hace quince años que eres libre.

Raymundo le contesta:

–           Tú siempre serás mi amita por el amor.

Celina sonríe y mueve la cabeza. Luego rompe el sello y lee:

Eladio a Celina:

La paz sea contigo, mi niña.

Ha venido varias veces a buscarte, el noble Narciso Haloto. Y ayer uno de los jardineros del Palatino, escuchó una conversación cuando estaba trabajando. El ministro de Nerón, estaba con su liberto de confianza y le estuvo dando instrucciones.

Y de esta manera fue como se enteró del siniestro complot con el que pretende raptarte, para obligarte a que te cases con su hijo. Creyó oportuno avisarme, porque también él sabe que eres una virgen consagrada. Te lo ruego: Durante un buen tiempo no regreses, ni vayas a ningún lugar donde él pueda encontrarte.

Por lo que cuentan sus esclavos, sabemos que es un hombre infame y muy cruel.  Solo a Raymundo con quién te envío esta carta, dile en donde podré encontrarte para enviarte noticias.

Cuídate mucho. Que el poder del Altísimo te siga protegiendo. Adiós.

alex-celina

Celina se queda pensativa… Recuerda todo el trabajo que tienen y dice a Raymundo:

–           Dile que me quedaré aquí. Vete en paz hermano.

El hombre se retira y ella regresa nuevamente al jardín.

Diana al verla llegar, le pregunta:

–           ¿Qué pasó?

Celina les lee la carta…

Ariadna dice:

–           Te quedarás aquí.

Diana apoya:

–           También yo me quedaré contigo.

Celina sonríe con dulzura, como si ningún peligro la amenazara. La conversación se generaliza. Y todas vuelven a su tema preferido: JESÚS.

Mientras tanto en otro jardín de la misma mansión, sentados en una banca de mármol junto al estanque, Leonardo conversa con Sofía. Sus grandes y expresivos ojos son muy diferentes… Reflejan una dulzura y veneración que antes no existían. Tomando las manos de Sofía, las lleva a los labios, las besa. La mira conmovido y agradecido…

Luego le suplica:

–           Sofía… Amor mío.  Por favor ¡Perdóname! Ahora comprendo. Quiero que tu Dios, sea mi Dios. Enséñame a amarlo como lo amas tú. Enséñame a conocerlo, como lo conoces tú. Enséñame sobre todo, a adorarlo y a servirlo como lo haces tú. Yo quiero ser cristiano, como tú.

ENAMORADOS dantea-thisbe

La sonrisa de Sofía se vuelve luminosa y tomándolo de la mano, se levanta y lo lleva hasta el Lararium.

Allí está la enorme cruz desnuda, con el sudario que pende de uno a otro de sus brazos. Hay un cirio encendido a cada lado. Y hermosos jarrones llenos de lirios y azucenas. Al frente, una balaustrada de mármol sirve como reclinatorio para arrodillarse. Sobre el arco superior, están grabadas estas palabras:

DIOS ES AMOR’ 

Bajo el arco de la pared izquierda, hay un letrero tanto en griego como en latín:

‘EN ESTA CASA APRENDERAS A CONOCERLO, A AMARLO, A ADORARLO Y A SERVIRLO.’

cruz-de-madera-resucito

 

Bajo el arco de la pared derecha, igual se lee:

‘Para ser un verdadero hijo de Dios, aprende esta ciencia:

VIVIR MURIENDO

Y      

MORIR AMANDO

Cuando la domines, alcanzarás la Gloria.

Después de meditar un largo rato en estas palabras, los dos se dirigen a un amplio salón, donde está reunido un grupo de más de doscientas personas.

Leonardo se sienta en un banco junto a la pared de mármol gris.

Y la armoniosa voz de Sofía proclama las palabras de la Segunda Lección para los nuevos cristianos:

LA PRUEBA I

creador amorCuando Dios creó a su Arcángel Predilecto, el Cielo entero enmudeció de admiración. Dios quiso a su lado a este maravilloso arcángel, cuando realizó la Creación del Universo. El más bello de todos los ángeles, espíritu perfecto inferior solamente a Dios, fue llenado de dones: segundo en belleza de todo cuanto existe, una inteligencia privilegiada y poder.

Fue puesto al mando de la tercera parte de los Ejércitos Celestiales. Dirigía los coros angélicos. Y como intermediario entre Dios y los hombres, le fue dado el título de Dominador de las Naciones. En las misiones destinadas a los hombres, él hubiera sido el ejecutor del querer divino y por eso se llamó:

LUCIFER = PORTADOR DE LA LUZ.

En los ángeles también hay Libertad de Arbitrio. En el orden perfecto del Universo, Lucifer abusó de su libertad. En su ser luminoso nació un vapor de soberbia, que él no dispersó: al verse en Dios. Al verse a sí mismo y compararse con sus compañeros, porque Dios le envolvía con su Luz y se gozaba en el esplendor de su arcángel. Y porque los ángeles le veneraban como el espejo más acabado de Dios, se maravilló. Debía admirar solamente a Dios.

Más en todas las criaturas, se encuentran presentes todas las fuerzas buenas y malas que luchan entre sí, hasta que una de las dos partes vence para proporcionar bien o mal, del mismo modo que en la atmósfera se encuentran todos los elementos gaseosos por ser necesarios y es la manera de usarlos la que determina que sean buenos o nocivosLucifer no era santo hasta el punto de ser todo amor. La medida del amor, Lucifer no quiso completarla y no rechazó la complacencia de sí mismo, que ocupaba en él un espacio en el que no podía haber amor. De haber sido todo amor, no habría habido sitio en él para la soberbia, a la que también es justo llamar: desorden del entendimiento. Vapor de soberbia que él no dispersó. Al contrario: lo condensó y lo cobijó. Y de esta incubación, nació el Mal.

Lucifer desarrolló la soberbia, la cultivó, la aumentó e hizo de ella, arma y seducción. Dios había creado a un ministro glorioso y bellísimo. Y la libre voluntad del ángel creó a SATANAS   =   ADVERSARIO.

La soberbia es la palanca que derriba los espíritus y los arranca de Dios. Lucifer quiso más de lo que era y de lo que tenía. Él, que ya era tanto; quiso todo. Y ésta fue la brecha por donde entró ruinosa, su depravación. Siendo ella la causa de que no pudiera comprender ni aceptar al CRISTO-AMOR, compendio del Infinito, Único y Trino Amor.

Y se negó a servir.

Al conocer las futuras maravillas de Dios, quiso ponerse él en su lugar. Con su mente turbada se vio a sí mismo al frente de los hombres futuros, adorado por ellos como poder supremo. Y conociendo el secreto de Dios y sus designios, decidió que él podía terminar lo que Dios había comenzado y apoderarse del Reino que sería la Herencia de Jesús. Sedujo a los menos reflexivos de entre sus compañeros, distrayéndolos de la contemplación de Dios como Suprema Belleza.

Y se rebeló contra Dios.

Los demás ángeles que estaban bajo su mando y que fueron débiles en el amor y la fidelidad hacia Dios, también se rebelaron. Y así quedó orquestado el primer golpe de estado de la Historia.

Así se consumó, el PECADO DE LOS ÁNGELES.

Y partir de ese momento, fue su nombre: SATÁN.

Nombre dado por Dios, al Adversario. Al Enemigo Implacable en que se convirtió, el que fuera el más grande de todos los ángeles.

21Arcangel-MiguelY una Gran Batalla estalló en el Cielo. Batalla de inteligencia y de voluntad, combatida en la Presencia de Dios y que determinó para la Eternidad, el futuro destino de los ángeles y de los hombres. Fue un hecho histórico de importancia primaria, que incluyó Cielo y Tierra, pues la Historia de la Humanidad está atada y condicionada, a este acontecimiento.

Y Lucifer y los demás soberbios y desobedientes, fueron arrojados para siempre del Paraíso Celestial, por San Miguel Arcángel y sus ángeles. Cuando los derrotados fueron castigados, Dios los congeló en su rebeldía y les quitó la capacidad de amar, (Dios se retiró de ellos para siempre) pero NO la necesidad de ser amados. Y ésta se convirtió en IRA. El amor y la belleza, (atributos de Dios) les fueron quitados y de esta forma quedaron convertidos en demonios horrorosos.

El gran amor que los animaba se convirtió en Odio y fueron precipitados en el Infierno para ser devorados por la concupiscencia del espíritu… en el Fuego del Rigor de Dios.

“Y creó Dios al hombre a su Imagen. A Imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo diciéndoles: ‘Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la Tierra y sométanla.” (Génesis 1, 28)

Dios no les prohibió a los hombres amarse. Solo que Él deseaba que su amor fuera perfecto y sin el desorden perjudicial de las pasiones desordenadas. El uno y la otra se complementaban a la perfección. Y fueron hechos para amarse. La perfección es amor. El amor es armonía.

La armonía es orden. No hay armonía en donde es turbado el orden. No hay amor en donde es turbada la armonía. No hay perfección en donde falta el amor. Así sucede en todas las cosas y las obras. En las humanas y sobretodo en las sobrenaturales.

La única limitación al inmenso poseer del hombre, fue la prohibición de coger los frutos del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Esto era inútil e injustificado, porque el hombre tenía ya la Ciencia que le era necesaria y en una medida superior a la establecida por Dios, no podía más que causar daño.

LA PRUEBA DE LA OBEDIENCIAEDEN-paraiso-terrenal_  Se había dado Él, Dios Mismo ¿Y prohibía mirar un fruto? Había dado al polvo la Vida, infundiéndole su hálito divino en el hombre, ¿Y prohibía de coger un fruto? Había hecho al hombre Rey de todas las criaturas. Lo consideraba su propio hijo ¿Y prohibía comer un fruto?

Aunque este episodio pudiera parecer de una obstinación inexplicable, no es así.

El medio: el árbol y la manzana. Dos cosas pequeñas. Insignificantes si se las compara con las inmensas riquezas que Dios había concedido al hombre.

El árbol no era diferente de las otras plantas y como todo lo hecho por Dios, tenía sus frutos buenos, bellos y sabrosos. Pero era planta de Bien y Mal. Esto lo convertía según el comportamiento del hombre, no tanto por la planta, sino por la orden divina.

Obedecer es Bien. Desobedecer es Mal.

La manzana no era solo la realidad: fruto. Era también el símbolo: el símbolo del Derecho Divino y del Deber humano. Dios sabía que sobre aquel fruto andaría Satanás para tentar. Dios todo lo sabe.

El malvado Fruto era la palabra de Satanás, gustada por Eva. El peligro de acercarse al árbol, estaba en la Desobediencia que haría que los Inocentes cayeran en la trampa tendida por Satanás. 

LA DESOBEDIENCIA

Eva fue al árbol. La curiosidad la arrastra para ver lo que había de especial en él. La imprudencia la empuja a no tener como útil la Orden Divina, puesto que Ella es fuerte y pura. La Reina del Edén, en donde todas las cosas le obedecen y ninguna puede causarle mal.

La presunción la llevó a la ruina. La presunción es el fermento de la soberbia. En el Árbol se encuentra al Seductor, el cual canta la Canción de la Mentira a su inexperiencia:

“¿Piensas que aquí hay algo de Mal? No. Dios te lo prohibió porque os quiere tener como esclavos de su Poder. ¿Creéis ser reyes? No sois ni siquiera libres, como lo es la fiera. Ella si puede amar de verdad. A ella se le ha permitido ser creadora como Dios. Ella engendrará hijos y los verá crecer y serán una familia feliz.

Pero vosotros, no. A vosotros se os ha negado esta alegría. ¿A qué fin os ha hecho macho y hembra, si debéis vivir de este modo? ‘¿Sois dioses y no sabéis lo que es ser dos en una sola carne, que crea una tercera y muchas más? No creáis a las promesas de Dios de que tendréis una posteridad al ver que vuestros hijos procrean nuevas familias y dejan por ellas, padre y madre.

Os dio una apariencia engañosa de la vida: la verdadera vida consiste en conocer las leyes de la vida. Entonces seréis semejantes a dioses y podréis decir a Dios: ¡Somos tus iguales!… Ven, acércate… Yo te enseñaré…”

Y la seducción continuó porque no había voluntad de rechazarla. Y lo que sí se quería, era conocer lo que no pertenecía al hombre.

Satanás sedujo a los hijos de Dios, con pensamientos de soberbia. Inoculó en los inocentes la sed de ser grandes de todas las grandezas: del Poder, del Saber y del Poseer.

A la ciencia pura que Dios les había dado, Satanás inoculó su malicia impura, que pronto fermentó también en la carne. Pero antes corrompe el espíritu, haciéndolo rebelde y después el intelecto, haciéndolo astuto. Y con todo esto lo lleva al pecado contra el Amor: la soberbia de la mente y del corazón, por el cual el hombre inocente se volvió culpable.

El tremendo pecado del ‘yo’ que quiere ser como Dios, cometido por Lucifer, el mismo con el cual después seduce al hombre, para convertirlo al igual que él, en un Rebelde contra Dios.

Satanás robó la virginidad intelectual al hombre. Y con su lengua serpentina acarició los miembros y los ojos de Eva, suscitando reflejos y agudezas que antes no había, porque la malicia no los había intoxicado.

Eva quiso conocer lo que de manera tan atractiva le fue presentado. Lucifer la había seducido y ella deseó ardientemente, lo que solo Dios podía conocer sin peligro: La Ciencia del Bien y del Mal.

Y el Árbol Prohibido fue mortal. Porque de sus ramas pende el fruto del saber amargo que proviene de Satanás. Eva ‘vio’ y viendo quiso probar. La carne se había excitado. Y ‘comprendió’. La malicia bajó a morderle las entrañas.

Vio con nuevos ojos y oyó con nuevos oídos los instintos y las voces de los animales. Y los anheló con loca ansiedad. Y la Mujer se convirtió en Hembra. Se corrompió en maldad y se volvió contra Dios con todos sus sentidos desordenados.

La Creación entera lloró amargamente la Inocencia de su Reina Profanada.

En lugar de arrepentirse y llamar al Señor, que la hubiera perdonado sin duda y le hubiera regenerado su pérdida, ella fue a seducir a su compañero. Y con el fermento satánico en el corazón, fue a corromper a Adán y le enseñó todo lo que había aprendido.

De criatura se convirtió en creadora y al usar de este don indignamente, nada en el hombre quedó exento de Culpa y todas las partes del ‘yo’ físico y moral, quedaron envenenadas con las tendencias al Mal. Y con la voluntad cautiva para que fueran instrumentos para seguir pecando, convirtiéndolo así en esclavo de Satanás.

Eva inició sola el pecado. Lo llevó a término con su compañero. Llegada a este nivel la carne, corrompido lo moral, degradado lo espiritual, conocieron el dolor y la muerte del espíritu privado de la Gracia y de la carne privada de la Inmortalidad.

Y por esto sobre la mujer pesa una condena mayor. Porque por ella el hombre se volvió rebelde a Dios y conoció la lujuria y la muerte. Y es por causa de ella que el hombre ya no puede dominar sus tres reinos: el del espíritu, porque permitió que el espíritu desobedeciese a Dios y con el pecado le dio la muerte. El del alma, porque permitió que las pasiones lo dominaran. Y el del cuerpo porque lo sometió a las leyes instintivas de los brutos.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

11.- SATYRICÓN


Después que el general se marchara, Marco Aurelio en rápida carrera, se montó otra vez en el caballo y salió como un bólido de la casa. Y a galope tendido, prácticamente voló en dirección a la domus de Petronio, dando a su paso empellones a todo lo que se cruzó por su camino.

Cuando llegó… El portero al verlo, no se atrevió a detenerlo.

Marco Aurelio entró hasta el atrium con la violencia de un huracán.

Y como le dijeron que el amo estaba en la biblioteca, se precipitó hacia allí con el mismo ímpetu.

Encontró a Petronio escribiendo… y furioso se lanzó contra él. Le arrebató el stylus, lo hizo pedazos y lo arrojó al suelo. Barrió con el brazo todo lo que había sobre la mesa de trabajo y temblando por la furia, le clavó los dedos en los hombros a Petronio.

Levantando y acercando su rostro al de su tío, le preguntó con voz ronca:

–           ¿¡Qué has hecho con ella!? ¿Dónde está?…

Aquel flexible y de tan refinado hasta cierto punto ‘delicado’ Petronio, cogió las manos con que el joven guerrero le oprimía los hombros. Y sujetándole las dos con una de las suyas, como si fuera de acero…

Le dijo gélidamente:

–           Solo por las mañanas me encontrarás incapaz. Por la tarde tengo todo mi vigor.- y mirándolo con fijeza, añadió con seriedad- Intenta desprenderte. Algún tejedor debe  haberte enseñado gimnástica y un gladiador modales.

Y su semblante no tenía el menor rastro de enojo… Pero sus ojos destellaban con una energía tan intrépida, como nadie lo hubiera imaginado. Después de un largo momento, dejó caer las manos de Marco Aurelio.

petronio2

Éste se encontró ante él, abrumado por la ira y la vergüenza.

Y casi llorando dijo:

–           Tienes unas manos de acero. Pero si me has traicionado, te juro por Marte que he de clavar un puñal en tu pecho, aunque te refugies en las habitaciones del César.

Petronio replicó:

–           No te tengo miedo. Pero hablemos con calma… Como puedes ver, el acero es más fuerte que el hierro, aunque parezca más frágil. Sin embargo te pareces a tu padre y sé muy bien de lo que eres capaz… Por el contrario, no sabes cuánto me apena tu rudeza. Y lo que más me sorprende es tu ingratitud…

–           ¡¿Dónde está Alexandra?!

–           En un prostíbulo.

–           ¡¡¡Petronio!!!

–           Es decir, en la Domus Transitoria.

–           ¡Oh no! ¡Por Pólux! ¡¿Cómo pudiste…?!

–          Cálmate y siéntate.

Marco Aurelio se dejó caer sobre la silla más próxima. De repente se sintió exhausto, estaba sufriendo demasiado…

Y Petronio continuó:

–        He pedido al César dos cosas que ha prometido concederme. Primero: sacar a Alexandra de la casa de Publio. Y segunda: dártela. ¿Traes algún puñal entre los pliegues de tu túnica? Creo que ya es tiempo de que me hieras. Solo que te advierto que esperes siquiera un par de días, porque serías llevado a una prisión… Y mientras tanto tu amada, se fastidiará sola en tu casa.

Se hizo un silencio total.

Marco Aurelio miró a Petronio con ojos atónitos. Y completamente apenado dijo:

–           Perdóname. La amo tanto que me estoy volviendo loco.

Petronio se irguió aún más. Le sonrió y luego se pavoneó ante él:

–          Admírame, Marco Aurelio. Anteayer dije al César: “Marco Aurelio el hijo de mi hermano Cayo, se ha enamorado a tal grado de una escuálida doncella que han criado los Quintiliano, que los suspiros tienen convertida la casa en un baño de vapor.

Ni tú, ¡Oh, César! Ni yo; porque ambos sabemos lo que es la verdadera belleza, daríamos ni siquiera mil sestercios por ella. Pero ese muchacho ha sido siempre obtuso como un trípode, ahora acaba de perder el poco juicio que le quedaba y necesito ayudarlo”.

Casi se le desorbitaron los ojos a Marco Aurelio al exclamar:

–           ¡¡¡Petronio!!!

–          Si no alcanzas a comprender que todo esto lo dije para la mayor seguridad de Alexandra, voy a creer que dije al César la verdad.

00alex-dolce-far-niente

Marco Aurelio inclinó la cabeza y reconoció:

–           ¡Tienes razón! ¡Perdóname!

–          Convencí a Barba de Bronce de que un hombre de su temperamento artístico y estético, NO podría considerar bonita a esa muchachita. Y Nerón, que hasta ahora solo mira las cosas a través de mis ojos, NO encontrará belleza en ella. Y al NO encontrarla, NO la deseará. Era necesario que nos pusiéramos en guardia contra ese monstruo. Ahora no será él quien aprecie la hermosura de tu princesa parta, sino Popea. Y ésta se esforzará por despedirla cuanto antes del palacio.

Además, dije a Enobarbo: “Haz venir a Alexandra y entrégasela a Marco Aurelio. Tú tienes el derecho de hacerlo porque ella es un rehén. Y así, tú la guardarás causando una gran pena a Publio.” Y él convino en esto con mayor satisfacción, pues mi consejo le dio la oportunidad de mortificar a personas honorables.

–           ¡Qué asco de hombre! Pero no voy a hablar mal de él, si gracias a eso me entrega a la mujer de mis sueños.

Petronio agregó con cinismo:

–           Este es el mundo en que vivimos. Quién no aprende a vivir en él, termina siendo devorado. Así pues, te harán custodio oficial de ese rehén en especial y pondrán en tus manos a ese tesoro parto. El César, para salvar las apariencias, la guardará por unos días en su casa y enseguida te la enviará. ¡Hombre afortunado!

Marco Aurelio no puede disimular su inquietud:

–           Entonces ¿Nada la amenaza en el Palatino?

alex locusta-2

–           Si tuviera que permanecer allí, Popea emplearía a Locusta, la hechicera que le proporciona a Nerón sus venenos. Pero tratándose tan solo de unos cuantos días, no hay peligro. Moran diez mil individuos en esa casa. El César quizá ni siquiera llegue a verla.

–           ¿Y qué piensas hacer mientras tanto?

–           Enobarbo ha dejado a mi exclusivo arbitrio todo el asunto. Hace un momento estuvo aquí el centurión que acaba de conducirla al palacio y la ha confiado al cuidado de Actea. Es una buena mujer y yo dispuse que le fuera entregada la rehén. Es evidente que Fabiola comparte mi opinión, pues le escribió una carta a Actea recomendándole a Alexandra.

Marco Aurelio no puede contener una exhalación de profundo alivio.

–           ¡¡¡Aaah!!! – Y enseguida pregunta ansioso- ¿Y luego qué vas a hacer? ¿Cuándo podré verla?

Petronio contesta complacido:

–           Mañana habrá fiesta en el Palatino y he pedido para ti, un asiento junto a esa joven.

–           Perdona Tito mi impaciencia. Creía que habías dado orden de llevarla para ti o para el César.

–           Puedo perdonar tu impaciencia, pero me cuesta más trabajo perdonar tus modales groseros, tus exclamaciones vulgares y tus gritos de estibador. Necesitas pulirte. ¿Cómo fuiste capaz de pensar eso de mí?

–           ¡Es que yo no sabía nada! ¡Pensé que tú también te habías enamorado de ella!…

Petronio aspira profundamente, antes de contestar:

–           Debes saber que Tigelino es el encargado de los lenocinios cesáreos y que si yo quisiera a esa joven para mí, ahora mismo y mirándote de frente te diría: “¡Marco Aurelio! Te quito a Alexandra… ¡Y me voy a quedar con ella hasta que me harte!”. -y dijo esto clavando en su sobrino sus ojos grises acerados, con una mirada insolente y fría.

El joven tribuno se anonadó por completo y dijo:

–          La falta es mía. Tú eres bueno y digno. Te lo agradezco con todo mi corazón. Solo dime: ¿Por qué no enviaste a Alexandra directamente a mi casa?

alexandra-2

–           Porque el César desea guardar las apariencias. En toda Roma se hablará de esto y ella permanecerá en palacio hasta que se aplaquen los comentarios. Con todas las cosas que ha hecho Enobarbo, no es conveniente alborotar más a quienes ya lo odian y lo desprecian profundamente. Después la enviaremos sin ruido hasta tu casa y todo habrá terminado.

–           Tienes razón. Todavía hay comentarios por el regalo que hizo a Popea, cuando le mandó la cabeza de Octavia.

–           Barba de bronce es un canalla cobarde. Yo creo que matar a su padre, a su madre, a su hermano y a su esposa, es digno de un reyezuelo asiático como Herodes y no de un emperador romano. Sin embargo él, después de cometer estos asesinatos, se ha tomado el trabajo de escribir al senado cartas de justificación.

–           ¿Por qué? Se considera el Amo del Mundo y nadie se atreve a protestar por sus fechorías.

–           Nerón las ha escrito porque quiere salvar las apariencias.

Marco Aurelio mueve la cabeza con perplejidad:

–           No entiendo. ¿Por qué ese inútil esfuerzo de aparentar justicia en el crimen que se ha cometido y que se sabe que será impune?

Petronio contestó con indiferencia:

–           Yo creo que es porque el crimen es algo feo y repugnante, en tanto que la virtud es siempre noble y bella. El verdadero esteta es por lo tanto, un hombre virtuoso. ¡Admírame!

Pero Marco Aurelio, como hombre realista que es, no quiso filosofar y contestó:

–           ¡Mañana veré a mi Alexandra y lo más pronto posible la tendré en mi casa todos los días junto a mí, hasta la muerte!

Petronio replicó:

–          Tú tendrás a Alexandra para amarla y yo tendré a Publio Quintiliano sobre mi cabeza, como la espada de Damocles… Porque a mí me culpará y será mi enemigo para siempre… Estoy seguro de que él invocará en su auxilio y contra mí, la venganza de todas las divinidades, pidiendo que yo sufra la más espantosa de las muertes…

Marco Aurelio lo interrumpió:

–           Publio estuvo en mi casa. He prometido darle noticias de Alexandra.

–          Le quité Alexandra para dártela, porque te quiero como si fueras mi hijo. Escríbele que el deseo del divino César es la suprema ley y que a tu primer hijo le pondrás por nombre Publio. Es necesario dar algún consuelo a ese pobre hombre.

Y Marco Aurelio se puso a escribir la carta que le hará perder al general, hasta el último resto de su esperanza…

Más tarde cuando estaban en el triclinium, Petronio entregó a Marco Aurelio un hermoso tubo de plata labrada que contiene unos rollos. Y le dijo:

–           He aquí un obsequio para ti.

Marco Aurelio lo toma y lee el título:

–          “SATYRICÓN” (Sátiras). ¡Muchas Gracias Petronio!

Se siente muy feliz  y una sonrisa  luminosa vuelve a dibujarse en su semblante. Luego mira a Petronio con curiosidad y  pregunta:

–           ¿Es una obra nueva?

–           Acabo de terminarla.

Marco Aurelio desenrolla el manuscrito como a la mitad, lo lee un poco y dice:

–          Tú has dicho que no escribes versos. Pero aquí veo que la prosa alterna con ellos.

Petronio le responde:

–           Cuando la leas fija tu atención en la “Fiesta de Trimalquión”. En cuanto a los versos, eran necesarios. Pero me han hastiado desde que he tenido que soportar a Nerón escribiendo un poema épico.

Incapaz de contener su entusiasmo, Marco Aurelio exclama:

–           Lo poco que leí me encantó. Promete ser un libro muy interesante. Pero todo lo que escribes es genial, ya lo sé. Una vez más muchas gracias Petronio, yo también te amo como si fueras mi padre.

Petronio sonrió complacido y dijo:

–           Me alegro mucho que te guste. Y también yo sé que lo disfrutarás.

Marco Aurelio suspiró ruidosamente antes de preguntar:

–          ¿Me ayudarás a preparar todo para recibir a Alexandra en mi casa?

–           ¿Qué quieres hacer?

–           Verás…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

10.- UNA ORDEN IMPERIAL


emperador julius-caesar-1800x2880

Y en efecto, Petronio cumplió su promesa. Al día siguiente se fue al Palatino y tuvo con Nerón una entrevista privada. Y al tercer día se apareció en la casa de Publio, un centurión al frente de una decuria de pretorianos.

En este tiempo de incertidumbre y de terror, los enviados de este género son por lo general, mensajeros de muerte. Cuando el centurión llegó a la casa de Publio Quintiliano y el vigilante del atrium anunció que había soldados allí, el espanto invadió toda la casa. La familia rodeó a su jefe, pues todos creyeron que venían por él.

 Después de unos momentos de pánico, Publio restableció la calma. Acallando el rumor que se había levantado por todas partes, dijo:

–           Déjame marchar Fabiola. Si mi fin ha llegado tendremos tiempo para despedirnos.-   Y la apartó suavemente a un lado.

Fabiola contestó:

–                     Permita Dios, ¡Oh, Publio amado! Que sean uno mismo, tu destino y el mío.

Y empezó a orar con la vehemencia que solo puede infundir el temor que se siente por la suerte del ser más querido.

Publio pasó enseguida al atrium donde lo esperaba el centurión.

Éste era el viejo Máximo, su antiguo y subordinado compañero de armas en Jerusalén.

–           Salve general. –Dijo con respeto, al entregarle la tablilla con el sello imperial- Soy portador de una orden y de un saludo del César.

000centurion

Publio replicó:

–           Presenta mi agradecimiento al César por su saludo. Y en cuanto a la orden, estoy listo para cumplirla. Sé bienvenido Máximo y dime cuál es esa orden de la que eres portador.

–           Publio Quintiliano, el César sabe que en tu casa vive la familia de Vardanes I, rey de Partia. La cual fue entregada como prenda de que las fronteras del imperio, jamás serían violadas por los partos. El divino Nerón te está agradecido, ¡Oh, general! Por la hospitalidad que les has dado estos años; pero hay un rehén que el César desea tomar bajo su custodia y la del senado. Y te ordena que me entregues dicha doncella en sus manos.

Publio es un soldado bastante disciplinado y demasiado veterano para permitirse manifestar ningún sentimiento, ni expresar palabras vanas o quejas, ante una orden tan perentoria. No obstante, una ligera arruga de súbita cólera y de dolor se dibujó en su frente y Máximo se dio cuenta. Pero a la vista de la orden está indefenso.

Permaneció por unos segundos mirando fijamente la tablilla de Nerón y murmurando como para sí mismo, dijo:

–           Conque la hija menor, ¿Heee? –Y agregó con voz firme- Aguarda aquí. En breve te será entregado el rehén.

Después de decir esto se dirigió al otro extremo de la casa y llegó con Fabiola que estaba llena de zozobra y de temor.                       

Carraspeó un poco y aclarándose la voz declaró:

–           La muerte a nadie amenaza. Tampoco el destierro a tierras lejanas. No obstante el mensajero del César, es un heraldo de infortunio. Se trata de Alexandra.

000alex3

Un coro de voces repitió asombrado

–           ¡¡De Alexandra!!

Publio ordenó a la aya:

–           Llámala, Marcela. Y dile que venga inmediatamente.

Fabiola exclamó atónita:

–           Pero ¿Alexandra?

–           Precisamente de ella. –contestó muy serio Publio.

Y volviéndose a la doncella que acaba de llegar, agregó:

–           Alexandra, has sido criada en esta casa como hija nuestra. Y como a tal, te amamos tanto Fabiola como yo. Pero la verdad es que eres un rehén entregado a Roma por tu pueblo y tu custodia corresponde al César. Así pues como propiedad de él, es el mismo César quién te arranca de nuestra casa y debemos obedecerlo. Tus hermanos permanecerán aquí, mientras no sea otra la voluntad del emperador.

El general dijo estas palabras con acento tranquilo, pero con una insólita y extraña inflexión en su voz.

Alexandra lo escuchó petrificada. Como si no comprendiera de lo que se trata.

Fabiola palideció intensamente. Y otro murmullo recorrió nuevamente la casa.

Publio confirmó:

–           La voluntad del César debe ser cumplida.

Fabiola protestó:

–           ¡Oh, no! -Y abrazando a Alexandra, como si quisiera protegerla- ¡Preferible para ella sería la muerte!

Alexandra gritó:

–           ¡Oh no! ¡Madre! ¡Madre!- Y buscó  refugio en Fabiola, estremecida por los sollozos.

De nuevo se dibujaron la ira y el dolor en el semblante de Publio.

Y dijo con impotencia:

–           Hoy mismo veré al César y le imploraré que modifique su mandato. Ignoro sí mi súplica será escuchada. Mientras tanto, adiós Alexandra y debes saber que Fabiola y yo bendecimos el día en que llegaste a ocupar un lugar a nuestro lado, en esta casa.

Y  al decir esto puso una mano en la cabeza de la joven e hizo un gran esfuerzo para conservar su calma habitual.

Pero cuando Alexandra lo miró con sus ojos llenos de lágrimas, tomando su mano la llevó a sus labios para besarla y se quebró la voz del anciano…

Con ternura paternal en una voz llena de dulzura, agregó:

–          ¡Adiós, alegría nuestra! Eres la luz de nuestros ojos. –Y abrazándola, lloró con ella.

Con inmenso dolor, pero con voz serena, Fabiola dijo:

–           La hora ha llegado. La casa del César es un antro de infamia, depravación y crimen. Pero nadie tenemos derecho de levantar la mano sobre nadie; ni siquiera sobre nosotros mismos, disponiendo de nuestra vida. No debemos cometer ninguna tontería.

Alexandra llorando, contestó:

–           Me aflijo por ti, madre. Por mi padre y mis hermanos. Pero sé bien que la resistencia es inútil y que solo conduciría a la destrucción de todos nosotros. ¡Dios cuidará de nosotros! ¡Te amo!

Fabiola replicó afligida:

–           Mientras arreglan tus cosas, vamos a que te despidas de todos. -Y la conduce suavemente a hacer lo que ha dicho.

bernabe

Entonces un hombre muy alto y robusto llamado Bernabé, que había servido en otro tiempo a la reina y madre de Alexandra, se postró a los pies de Fabiola y dijo:

–           ¡Oh, domina! Permíteme que siga a mi ama, la sirva y vele por ella en la casa del César.

Fabiola lo miró con cariño y dijo:

–           Bernabé, tú no eres siervo nuestro, sino de Alexandra. Pero si no te permiten cruzar los umbrales del Palatino ¿Cómo podrás velar por ella?

Bernabé suplicó:

–           No lo sé domina. Pero necesito ir con ella.

Entonces Margarita, la hermana mayor de Alejandra, intervino:

–           Yo también iré con ella.

La angustia palpita en la voz temblorosa de Fabiola al contestar:

–           ¡Dios mío! ¿Acaso también deberé agonizar por ti? Eres una virgen consagrada y tu belleza puede ser tu perdición. ¿No acabas de oír lo que he dicho sobre la Domus Transitoria? ¿Qué puedes hacer tú para proteger a Alexandra de los motivos que han impulsado a esta orden imperial?

Hija mía, sólo eres una doncella tres años más grande que tu hermana… Por favor…  – un sollozo le impide continuar.

alex actea margarita

Margarita replicó serenamente:

–           Lo sé. Pero yo no he sido solicitada y confío ciegamente en que Jesús me defenderá de todo peligro. Yo también pienso que el poder del que se siente el amo del mundo, está sujeto a la Voluntad Divina de nuestro Señor. Además, iré como dama de compañía y creo que eso no me lo pueden impedir.

Fabiola admitió:

–           Es verdad. ¡Sí! La Ley que nos gobierna es otra más grandiosa. Por ahora hay que ofrecer todo a Dios. Hay que esperar y confiar en Él, creyendo que existe un poder superior al de Nerón y una misericordia más grande que su cólera.

Publio intervino:

–           Si han enviado por Alexandra como un rehén reclamado por César, están obligados a aceptar su séquito y el centurión no puede negarse a recibirlos.

Fabiola aceptó:

–           Está bien.  -Y volviéndose hacia la otra joven doncella, agregó- Margarita, prepara tus cosas. Marcela irá con ustedes. – y da las órdenes pertinentes, para que la aya las acompañe.

El general está consternado y preguntó:

–           ¿Qué otra cosa podemos hacer además de orar?

–           Mientras ellas se despiden yo le escribiré a Actea y ella sabrá qué hacer.

–           Es una idea excelente. Yo también veré las opciones que nos quedan.

Y Fabiola enseguida escribió una carta a Actea, colocando a Alexandra bajo su custodia.

La liberta de Nerón es la única persona confiable en aquel palacio…

Cuando  llegó el momento de partir, los pretorianos los condujeron al Palatino.

Mientras tanto, el viejo general dio orden de que le preparen su cisio y dijo a su esposa:

–           Escúchame Fabiola. Iré a ver al César aun cuando sé que mi visita será inútil. Y aunque la palabra de Séneca ya nada significa para Nerón, iré a ver a Séneca. Ahora los que tienen más influencia son Petronio, Tigelino, Haloto y Vitelio. En cuanto al César, ni siquiera creo que le importe Alexandra. Creo que ‘alguien’ ha intervenido para que esto sucediera. Y creo que es fácil adivinar quién es.

publio consul

Fabiola preguntó asombrada:

–           ¿Petronio?…

Publio contestó con voz contenida:

–           ¿Quién más? Él fue. ¿Ves las consecuencias que trae el admitir que gente sin conciencia, ni honor, traspasen el umbral de nuestro hogar? ¡Maldito el día en que Marco Aurelio estuvo en esta casa! Ha sido él quien trajo a Petronio. ¡Pobre Alexandra! ¡Estos hombres no buscan en ella un rehén, sino una concubina!

La voz del general está llena de ira impotente y de dolor, por la pérdida de su hija adoptiva. Con sus puños apretados exclama:

–           ¿Por qué Dios permite que triunfe ese monstruo malvado y protervo llamado Nerón?

Fabiola contestó suavemente:

–           Publio… Nerón es apenas un puñado de fango, ante la infinita majestad de Dios.

Pero Publio se siente muy humillado. Pesa sobre él, el poder de una mano que desprecia profundamente. Y  su impotencia aumenta porque ante esto, él no puede hacer absolutamente nada. Cierra los ojos. Aspira profundo y ora en silencio.

Cuando logra dominar la cólera que lo invade dice:

–           Creo que Petronio no nos la ha arrebatado para llevársela al César, pues estoy seguro que él no querría provocar la ira de Popea. La ha tomado para sí o para Marco Aurelio. Y eso, hoy mismo lo voy a averiguar.

Y dando un beso a Fabiola, salió y se dirigió al Palatino.

No se equivocó al pensar que no sería admitido a la presencia del emperador. Le dijeron que el César estaba ocupado en cantar con Terpnum, su director musical y un virtuoso del laúd. Que no recibe más que a las personas que él mismo ha citado. En otras palabras: que en lo sucesivo ni siquiera debe intentar que el César le de audiencia.

Publio no está dispuesto a rendirse tan fácilmente. Y dio orden al auriga de que lo lleve a la casa de Séneca.

Séneca lo recibió con afecto y al enterarse del motivo de su visita, le dijo:Neron y Seneca

–           A menudo es mejor olvidarse de un insulto, que vengarlo. Ella es sólo un rehén y sabes que es propiedad del emperador. El mejor servicio que puedo ofrecerte Publio, es no dejar que Nerón descubra que mi corazón te compadece. No se te ocurra buscar ayuda con Tigelino, Haloto o Vitelio.  Aunque odian a Petronio y están más que dispuestos a aniquilarlo, pues buscan por todos los medios minar su influencia con Nerón; lo más seguro es que van a ir a contárselo al César. Y cuando él sepa cuánto te importa esa joven, la retendrá con más obstinación.

Publio le preguntó con angustia:

–           ¿Entonces qué hago? ¿Cómo impido que se cometa esta infamia?

Séneca no pudo contener una respuesta llena de ironía:

–           ¿Sabes cuál ha sido tu error? Publio, has permanecido mudo años enteros. Y César no quiere a los que callan. ¿Cómo te has atrevido a no entusiasmarte con su talento, su virtuosismo, su   declamación, su canto, sus versos y su modo de guiar las cuadrigas? Además…  ¡Tampoco lo has glorificado por la muerte de Claudio, de Británico, de Octavia y de Agripina!

–           ¡No entiendo cómo lo soportas! Ese hombre es un monstruo de perversión…

Por unos instantes, el tiempo pareció detenerse. Luego, el filósofo agarró un vaso, lo llenó con agua del implovium… después de refrescar sus labios, mirándolo fijamente a los ojos,  añadió:

–           ¿Ves? Estoy convencido de que esta agua no está envenenada y la bebo con toda confianza. El vino es menos seguro. Si tienes sed, puedes beber de esta agua.  Los acueductos la traen aquí desde la montaña y para envenenarla es preciso envenenar todas las fuentes de Roma.

–           Por lo que veo, ya te has resignado a tu suerte.

–           El primer arte que se aprende en el ejercicio del poder, es la capacidad para soportar el odio; porque incierto es el lugar en donde nos espera la muerte y por eso hay que estar preparados y esperarla en todo lugar.

–           Con un desquiciado gobernándonos, ¿Quién puede estar seguro de nada? ¿Por qué permaneces junto a él?

el-remordimiento-de-neron-despues-del-asesinato-de-su-madre-john-william-waterhouse-oleo-sobre-tela

–           Nerón tiene un corazón agradecido.-ríe con sarcasmo y agrega – Te quiere porque has servido gloriosamente al imperio. A mí me quiere porque fui el maestro de su juventud… Y el amor de Nerón es lo más peligroso de este mundo. Agripina lo sabe mejor que nadie.

–           ¿Cómo puedes vivir así?

–           Vencer sin peligro es ganar sin gloria. Los que jugamos en esta arena no podemos salirnos voluntariamente.

–           Bueno, fue tonto de mi parte preguntarte esto, cuando los militares y los cristianos es para lo primero que nos preparamos. ¿No es verdad? Tú eres un hombre muy sabio y un  experto en política. Yo soy como Vespasiano y no sirvo para la diplomacia.

–           En esta vida he recibido demasiado y ya es hora de retribuir. Yo no le tengo miedo a morir, me he preparado para todo… Lo único que me preocupa, es irme sin haber alcanzado el objetivo principal por el que Dios me tiene todavía aquí. Tú y yo sabemos muy bien cómo se deben administrar nuestros dones.

–           Nerón no vacila para obtener lo que quiere, ni los medios usados para lograrlo. Eres uno de los hombres más ricos del imperio. Me sorprende que su codicia no te haya destruido todavía.

–           Aun así, lo que Nerón no sabe es que he repartido en secreto todas mis riquezas y en su momento esta será una buena broma que no se esperan mis enemigos. ¿Sabías que se las ofrecí para que me dejara retirarme  y las rechazó haciéndome profundas muestras de afecto? ¡Tú sabes lo que en realidad eso significa!… Pero cuando decidan mi muerte, ya no encontrarán nada. Yo estoy como Petronio…

Publio interrumpe estas amargas reflexiones:

–           Precisamente noble  Anneus, el autor de este traslado es Petronio. Dime qué debo hacer. ¿No puedes ayudarme?

SENECA (2)

Séneca lo miró con afecto y respondió:

–           Petronio y yo jugamos en campos opuestos. Yo no conozco nada que puedas usar en contra suya. Y él no cede ante nada. Acaso con toda su depravación es el más digno de todos esos bribones que forman la camarilla de íntimos de Nerón. Pero intentar demostrar que lo que hizo es una mala acción, es perder el tiempo. Creo que lo único que te resta es orar…  Cuando yo lo vea le diré: “Lo que hiciste es propio de delincuentes”. Si eso no logra avergonzarlo, ninguna otra cosa tendrá mayor poder. Espero que te sirva de algo.

Publio lo miró derrotado y una luz de esperanza brilló como una chispa en lo más profundo de sus ojos:

–           Gracias también por eso. –Y se despidió de Séneca.

Enseguida ordenó que le condujeran a la casa de Marco Aurelio.

Lo encontró haciendo ejercicios de equitación.

Publio se estremeció de ira al verlo tan feliz y tranquilo, después de la vileza con que había perpetrado el ataque contra Alexandra.

Y al verlo bajar del caballo y dirigirse despreocupadamente hacia él; esa ira estalló en un amargo torrente de reproches y de injurias.

Marco Aurelio se paralizó por el asombro,  al saber que Alexandra había sido sacada de la casa de Publio y se puso tan pálido y descompuesto, que el general ya no pudo acusarlo de haber participado en la intriga para apoderarse de ella.

La frente del joven tribuno se cubrió de sudor y su rostro se sonrojó violentamente. Pareció como si su semblante tuviera una oleada de fuego. Sus ojos empezaron a despedir chispas y lanzó bruscas interrogantes incoherentes. Sus manos temblaron. Los celos y la cólera lo sacudían como una furiosa tempestad.

En el huracán de sus sentimientos, le pareció que Alexandra una vez traspasados los dinteles de la Domus Transitoria, se hallaba completamente pérdida para él. Y lágrimas de rabia y de angustia descendieron  por sus mejillas, sin poderlas contener.

Cuando Publio mencionó el nombre de Petronio, cruzó como un rayo por la mente de Marco Aurelio, la sospecha de que Petronio se había burlado de él y que intentaba guardarla para sí, porque estaba convencido de que ver a Alexandra y desearla, eran una misma cosa. La impetuosidad de su carácter lo arrastraba como a un potro indómito y estaba perdiendo el control.

marcoCon voz muy alterada le dijo:

–           General. Vuelve a tu casa y espérame. Debes saber que aun cuando Petronio fuera mi padre, en él habría de vengar el agravio hecho a Alexandra. Quédate tranquilo. Ella no será ni de Petronio, ni del César.

Enseguida se dirigió al lararium y  con los puños cerrados, exclamó:

–         ¡Por mis antepasados te juro que primero la mataría y me mato yo mismo que permitirlo!

Fue entonces cuando Publio se dio cuenta cuán enamorado estaba Marco Aurelio de Alexandra y no dudó un segundo de que haría lo que decía.

Y Publio admitió:

–           Ya veo que tú no tuviste que ver nada en esta vileza. Yo también preferiría verla muerta que convertida en juguete de los caprichos del César.

–              Voy a averiguar qué sucedió. Vuelve a tu casa y espérame.  Yo solucionaré esto.

–           Estaré aguardando tu informe.

Cuando el general se marchaba, le repitió de nuevo que lo esperase.

Y Publio regresó a su casa un poco más tranquilo.

Pensó ahora que si Petronio había inducido al César a que reclamara a Alexandra para darla a Marco Aurelio, éste la devolverá a su hogar.

Así pues, tranquilizó a Fabiola y la hizo participar de sus esperanzas. Y ambos se dispusieron a esperar las noticias de Marco Aurelio.

Muy avanzada la tarde, llegó un mensajero con una carta escrita en un pergamino.

El general la recibió con manos temblorosas y la leyó con precipitación…

Inmediatamente se oscureció su semblante y extendiéndola a su esposa la invitó a que la leyera.

Fabiola la recibió y leyó:

Marco Aurelio Petronio      a       Publio Quintiliano:

Salve.

Lo ocurrido ha sido por la voluntad del César. Ante lo cual inclinad vuestras cabezas, tal como Petronio y yo inclinamos las nuestras.

Adiós.

Después de esto, se hizo un dolorosísimo silencio…

carta pergamino

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

9.- EL REHÉN


domus___sanssouci_park_by_pingallery-d3jniwc
         En la casa de Petronio en un extremo del pórtico, hay una habitación muy amplia que da al triclinium. A través de unos ventanales puede verse el jardín. Por otros, el bosque. Y justo debajo de las ventanas frontales, hay un estanque tan agradable a la vista, como al oído es el susurro del agua; que cayendo de la parte superior como en una cascada, vierte su espuma en la piscina de mármol.

Cerca del baño, hay unas escaleras conducen a una galería porticada que lleva a una hermosa terraza con jardín, desde donde se aprecia la pista de equitación.

En el unctorium de los baños, están Petronio y  Marco Aurelio conversando. Y éste dice a su tío:

–           Yo te quiero mucho. Tú has sido siempre bueno conmigo. Voy a ordenar que coloquen tu estatua entre mis lares (dioses domésticos) Mi Lararium se adornará con una tan hermosa como ésta y colocaré una ofrenda ante ella.- y señala una que adorna la entrada y en la cual se ve a Petronio montado sobre un caballo.

Luego exclama-  ¡Por Júpiter! No tienes nada que envidiarle a Apolo. Las mujeres te deben sobrar. Verdaderamente no entiendo cómo es que no te has casado.

Y en esta exclamación hay a la vez tanta sinceridad como elogio, porque Petronio aunque es mayor y de cuerpo menos atlético, es mucho más señorial que el propio Marco Aurelio.  Las mujeres de Roma admiran en él no solo su belleza apolínea; también su ingenio, su aguda inteligencia, su elegancia y su gusto exquisito.

Y esta admiración se trasluce en los ojos de Aurora, una de las doncellas que se ocupa en arreglar los pliegues de su toga y que le ama en silencio. Pero…  ¡Es solamente una esclava y el patricio es tan orgulloso, que ni siquiera se ha fijado en ella!

Petronio se limita a responder:

–           Y también los hombres…  Pero ese es un territorio que no me interesa… Y no he conocido a ninguna mujer que me haya hecho desear el renunciar a mi soltería. Todavía no me enamoro a ese grado.  Me siento muy cómodo así.

Cuando terminan de ataviarse, el tío pone una mano sobre el hombro de su sobrino y  lo conduce al triclinium.

Después del almuerzo dieron un paseo por el pórtico y llegaron hasta el último jardín, que termina donde comienza el pequeño lago.

–          Se me ocurre… –dijo Petronio pensativo- Que si tu diosa incomparable no es una esclava, podrías llevarla a tu casa para colmarla de amor y de riquezas.

Marco Aurelio movió la cabeza negando.

Petronio preguntó:

–           ¿No lo crees? ¿Por qué?

–           Tú no conoces a Alexandra. Ella jamás lo consentiría.

–          Tu relación con ella…  ¿Ha sido solo de vista o le has hablado? ¿Le has confesado tu amor?

Marco Aurelio confiesa:

–           La vi por primera vez en el estanque. Después me la encontré en dos ocasiones. La víspera del día que anuncié mi partida, me encontré con ella en la cena. Pero no le pude decir ni una palabra, porque Publio estuvo hablando de su estancia en Asia con Poncio Pilatos, para reforzar la pacificación de los judíos.

Luego la volví a encontrar en el puentecillo que une el estanque con el jardín… Llevaba en la mano una caña de pescar. ¡Por Pólux!…Te juro que las rodillas no me templaron tanto, cuando las legiones de partos cayeron como nubes sobre nosotros, lanzando terribles aullidos de guerra.

Pero en la cisterna me estremecí de tal forma, que pensé que no podría sostenerme en pie…Y entonces, más confundido que un adolescente, hice lo más tonto de mi vida: me sentí tan turbado… Tanto, que lo único que pude hacer fue implorarle compasión con los ojos, porque me fue imposible decir una sola palabra.

¡Me quedé mudo! ¿Puedes creerlo?…

Petronio le contempló casi con envidia y exclamó:

–           Aunque el mundo y la existencia fueran peores de lo que son ¡Eres dichoso! Pues tienes algo muy bueno: ¡La juventud y el amor!- después de un breve silencio, preguntó.- ¿Y no le hablaste?

–           Cuando logré recuperarme un poco y pude dominar mis emociones, le dije que había regresado del Asia. Que me había dislocado un brazo y había sufrido cruelmente; pero que en el instante de abandonar tan hospitalaria casa, comprendía que el sufrimiento en ella era más deseable, que el placer en otro lugar. Que la enfermedad allí, era preferible a la salud en otra parte.

Confusa, ella a su vez me escuchaba con la cabeza inclinada, mientras que trazaba algo en la arena con la caña de pescar. Después levantó la cara, me miró y enseguida volvió a observar las líneas trazadas en el suelo. Luego volvió a mirarme a los ojos con una mirada interrogante, que no supe cómo interpretar.

Por último huyó de repente, como una ninfa que estuviese delante de un fauno estúpido.

el-dios-fauno-pan

Petronio detuvo el paseo y después de una pausa, dijo:

–           Deben ser muy bellos sus ojos.

Marco Aurelio respondió lacónico:

–          Tienen una mirada profunda y misteriosa como el océano. – un suspiro profundo y agregó- Y como en el mar, me he ahogado en ellos. Créeme Petronio. Enseguida vino el pequeño Publio y me hizo una pregunta. Pero no entiendo por qué, ya no lo oí y menos lo entendí.

Petronio exclamó:

–           ¡Oh, Minerva! Arranca de los ojos de este hombre la venda que Eros ha puesto sobre ellos. Si no, se romperá la cabeza contra las columnas del templo de Venus. – Luego preguntó con interés- Dime Marco Aurelio, ¿Qué fue lo que ella trazó en la arena?

–           Un pescado.

–           ¡¿Qué dijiste?!

–           Lo que oyes. Un pescado. Así:

Uniendo la acción a la palabra, Marco Aurelio lo dibuja a su vez con el dedo, sobre la tierra del jardín donde pasean.

Y luego pregunta:

–           ¿Sabes lo que significa este emblema?

Petronio contestó perplejo:

–          ¿Yo?… ¡Oh, no! Pregúntale a Plinio. Él sabe de pescados, pues le fascina la naturaleza y está escribiendo un tratado sobre eso. Creo que ya es hora de irnos.

Petronio ha mirado que el mayordomo viene hacia ellos y anuncia que el cisio per volare (Carro ligero tirado por un caballo) los espera…

Y Petronio ordena que los lleven a la casa de Publio Quintiliano.

Cuando llegaron a ésta, un joven y fornido portero los recibió y fue a llamar al tribuno. Mientras esperan, un loro encerrado en una jaula les dio una chillona bienvenida, gritando la palabra ‘¡Salve!’.

En el camino al atrium, Marco Aurelio dijo:

–           ¿Has notado que el portero de esta casa no lleva grilletes?

Petronio, mirando a su alrededor con asombro, contestó:

–          Esta es una casa admirable.

Los rayos de sol penetran por el lucernario y se rompen en una miríada de destellos sobre el impluvium (fuente con estatuas) que se encuentra en el centro de una plazoleta rodeada de columnas muy altas, que recibe la lluvia que penetra desde lo alto cuando hace mal tiempo y en cuyo estanque hay una gran cantidad de lirios y anémonas.

Es evidente que los dueños de esta casa sienten una preferencia por los lirios pues hay grandes grupos blancos, rojos y gladiolos azules, cuyas hojas están salpicadas por las gotas de la fuente. Entre el húmedo musgo hay macizos de violetas de diferentes colores y en medio se alzan pequeñas estatuas de bronce que representan niños, delfines y aves acuáticas.

En un extremo, un cervatillo está inclinado como para beber. El pavimento es de mármol gris y rosado. Los muros de mármol rojo y en parte de madera, sobre los cuales hay pinturas de mosaico con aves, peces y escenas familiares, de bellos colores y armoniosos contrastes que atraen la vista y reflejan la hermosura de la naturaleza.

También hay muchos adornos de carey y de marfil. Y a pesar de que no hay derroche, ni ostentación; es una casa hermosa, elegante y extrañamente acogedora; con una atmósfera de paz realmente invitadora.

Y Petronio que vive en una forma mucho más lujosa, se sorprende de que en aquella aparente austeridad, no haya nada que menoscabe su elegante y refinado gusto.

El portero regresó y los llevó al tablinum (sala de recibo) desde el cual pudieron observar por una ventana en el primer peristilo, a una niña que alimentaba las palomas.

Luego oyeron los pasos que se acercaban  y vieron a Publio que venía hacia ellos.

Es un hombre con la cabeza completamente blanca y un rostro sin arrugas todavía joven y enérgico, un tanto serio. Sus ojos tienen una mirada inteligente, que en este momento llenan su semblante con una expresión mezcla tanto de asombro, como de un velado recelo a causa de la inesperada visita del compañero, amigo y consejero de Nerón.

Petronio es demasiado perspicaz para no darse cuenta de ello.

Y por eso, después de las primeras frases de saludo; se apresura a aclarar con toda desenvoltura:

–          El único móvil de nuestra visita, estimado general; es agradecerte los cuidados que prodigaste en esta casa a mi querido sobrino Marco Aurelio.

Publio, respira profundamente y declara con evidente alivio:

–          Tú siempre serás un huésped bienvenido. Fue una alegría ayudar a Marco Aurelio en tan penoso trance y en cuanto a gratitud, yo también me alegro por la oportunidad que me brindas, para manifestarte a mi vez mi profundo agradecimiento; aunque estoy seguro de que tú ni siquiera adivinarías la causa…

publio quintiliano

Petronio lo mira a su vez completamente sorprendido, pues está verdaderamente perplejo y no tiene la menor idea de lo que habla Publio. No recuerda haberle prestado ni el más mínimo servicio, aun ni siquiera involuntariamente.

Publio sonrió y le dijo:

–            Era yo un tribuno muy joven, cuando me enviaron a Palestina con Poncio Pilatos. En Tiberiades te ví y te ganaste mi respeto y mi admiración, por la forma como manejaste el asunto de las estatuas de Calígula en el Templo de Jerusalén.

Petronio abrió asombrado sus grandes ojos gris acero. Y como un relámpago llegó una avalancha de recuerdos…    Suspiró y dijo:

–           ¿Tú estabas allí?

Publio confirmó:

–            Estuve ahí. Comandaba una legión para Pilatos. Además, quiero mucho a mi amigo Vespasiano, cuya vida salvaste cuando tuvo la desgracia de dormirse mientras escuchaba los versos de Nerón.

Petronio soltó una sonora carcajada y luego dijo:

–           Ese incidente estuvo a punto de tener un desenlace fatal. Barba de Bronce había decidido enviarle un centurión portador de una orden para que se abriera las venas.

Publio hizo eco de la risa y luego contestó:

–           Lo sé, conozco bien al César y sé que ese descuido de Tito, pudo haberle costado la vida. Pero tú le hiciste desistir de su empeño, haciendo mofa del asunto. Vespasiano me lo relató: dijiste a Nerón que si Orfeo hacía dormir con su canto a las bestias feroces, el triunfo suyo era igual puesto que había logrado adormecer a Vespasiano.

popea

Petronio contestó reflexivo:

–           A Enobarbo puede censurársele a condición de que a una ligera crítica, se le agregue una gran lisonja. Nuestra graciosa augusta Popea, sabe hacer esto a la perfección.

–           ¡A qué tiempos hemos llegado! Estamos gobernados por un bufón.

Esta sinceridad le dio la medida a Petronio, del respeto que Publio le manifestaba al no considerarlo un delator y por lo mismo era posible hablar con él en la más absoluta seguridad.

Aun así, consideró conveniente cambiar de tema:

–          Tienes una casa muy hermosa. Y aunque aquí también se observa que mantienes tu austeridad militar, la has decorado con elegancia y buen gusto. – y empezó a elogiar los detalles que preponderaban en ella.

El general replicó:

–          Es una domus ancestral en la que no se ha hecho ningún cambio desde que la heredé.

Al oír unas risas juveniles que llegan hasta el atrium, Publio ve la expresión inquisitiva en el rostro de Petronio y dice:

–           Son  mis hijos que están jugando con la pelota. Venid. Os presentaré a mi familia.

Y conversando animadamente, recorren toda la casa hasta llegar al jardín que está bordeado de altísimos árboles que forman un bosquecillo en tres de sus lados.

jardín manantial

Hay también un arroyuelo cuyas orillas están bordeadas por setos de flores diversas;  que desemboca en una hermosa fuente y luego en un pequeño lago de agua cristalina con peces de colores, variadas especies de aves y bordeado por juncos.

En medio del parque, una docena de alegres adolescentes, juegan con una pelota que se lanzan unos a otros.

Cuando ellos llegan, un niño se separa del grupo y corre a saludar a Marco Aurelio con entusiasmo. Como hijo de militar, admira las hazañas de su padre y le encantan las anécdotas del joven tribuno y de su estancia en Armenia.

Pero éste mira absorto a una de las jóvenes que están allí y la saluda con una inclinación de cabeza y casi sin prestar atención a las palabras del niño.

A Petronio, esto no le pasa desapercibido y  le dirige una mirada rápida a una doncella que está de pie, con una pelota en la mano y el cabello negro en completo desorden; anhelante por la agitación del juego y con las mejillas arreboladas.

En el triclinium del jardín, que está en un quiosco sombreado por una vid y madreselvas con hiedras alrededor de las columnas, está sentada Fabiola y se acercan a saludarla.

quiosko

Petronio la conoce porque la ha visto en casa de Séneca y la admira por su bello semblante, dulce y apacible; por la dignidad y la elegancia de su porte y sus ademanes y palabras, siempre suaves y pausadas. Sin saber por qué, ella lo perturba a tal grado, que este hombre corrompido, despreocupado y cínico; en presencia de Fabiola no solo se siente inclinado a estimarla, sino que le trastorna el dominio de sí mismo, que es su cualidad más sobresaliente.

Y esto es lo más incomprensible para Petronio.  Ahora, al agradecerle las atenciones que ha prodigado a Marco Aurelio la llama ‘domina’ (señora) cosa que jamás haría con ninguna otra de las mujeres de la alta sociedad que frecuenta.

Después del intercambio de saludos, Petronio preguntó:

–                Muy raramente se te ve. Ni siquiera en el circo o el anfiteatro. ¿Tampoco visitas ya la casa de Séneca?

Ella pone cariñosamente la mano sobre la de su esposo y contesta:

–           Estamos llegando a viejos y ambos de día en día, nos apegamos más a nuestro reposo doméstico.

Publio agregó:

–           Y cada día nos sentimos más extranjeros en un pueblo que da nombres griegos a nuestras divinidades romanas.

Petronio replica con aire negligente:

–          Desde hace algún tiempo, los dioses han llegado a convertirse en meras figuras de retórica. – Y mirando significativamente a Fabiola, agregó- Cierto es que se envejece rápidamente. Pero hay personas tan privilegiadas que en sus rostros pareciera que Saturno los hubiera relegado al olvido.

Petronio dijo estas palabras con sinceridad; porque Fabiola, aunque es mayor que él; conserva todavía una frescura juvenil en sus facciones delicadas.

Mientras tanto Publio se ha alejado para llamar a los jóvenes.

Todos acuden y son presentados a sus visitantes.

Luego el general les dice amoroso:

–           Vamos hijos míos. Vuelvan a lo que estaban haciendo.

Ellos se retiran; menos Margarita la mayor, que se dirige al interior de la casa, para traer agua fresca y frutas.

Entonces el pequeño Publio que se ha hecho gran amigo de Marco Aurelio, se aproxima al joven tribuno y le pide que juegue con ellos; él se levanta y lo sigue, para integrarse al equipo.

Alexandra también entró en el triclinium detrás de Paulina, la más pequeña de toda la familia. Y bajo la enredadera llena de flores, con los destellos de luz que iluminan su rostro y su figura, a Petronio le parece mucho más hermosa que a primera vista.

Y comprendió porqué su sobrino está locamente enamorado de tan primaveral belleza.

divina alexandra

Como hasta ese momento no le había hablado; se levantó, inclinó ante ella la cabeza y en vez de dirigirle las usuales palabras de cortesía, pronunció éstas que fueron con las que Ulises saludara a Nausica:

–           Te suplico ¡Oh, reina! ¡Que me digas si eres diosa o mortal! Y si eres una de las hijas de los hombres que en la tierra moran, sean tres veces bendecidos tu padre y tu madre.

La exquisita cortesía de este hombre de mundo, es grata aún a la misma Fabiola. En cuanto a Alexandra, se ruborizó intensamente y quedó confundida por un instante, sin atreverse a levantar la mirada. Pero de pronto una sutil sonrisa asomó a sus labios y su rostro delató la lucha entre la timidez y el deseo de dar una respuesta.

Triunfó éste último y mirando a Petronio con sus bellísimos ojos de color verde-azul, que destellan con una aguda inteligencia; le contestó con las mismas palabras de Nausica, repitiéndolas de un tirón y con una entonación encantadora:

–           Extranjero, no pareces ni hombre avieso, ni de juicio escaso.- Se dio la vuelta de repente y corrió veloz como una gacela.

alexandra doncella-romana

Esta vez fue Petronio el que quedó totalmente asombrado, pues no esperaba escuchar versos de Homero en los labios de la doncella. Se volvió con una mirada interrogante a Fabiola.

Pero ésta miraba sonriente a su esposo, en cuyo rostro había una expresión de orgullo, que le fue imposible ocultar.

Su satisfacción era inmensa. Primero porque amaba muchísimo a Alexandra, con un afecto paternal. Y segundo, porque dominar el griego era la cumbre del pulimento social. Y el que la joven respondiera en este idioma a este hombre de tan exquisita cultura, tanto en las letras como en sus modales, le hizo sentir muy complacido.

Y Publio replicó con sencillez:

–           Tenemos en casa un pedagogo griego que da lecciones a nuestros hijos.

Petronio miró a través de las ramas de la madreselva al grupo que estaba jugando…

Marco Aurelio se había quitado la toga, quedando solo con la túnica y le lanzaba la pelota a Alexandra.

Petronio la observó detenidamente y aquilató sus dones…

afrodita arreglo

Es bella como la aurora. No hay nada de vulgar en aquella criatura: su piel es tersa y muy blanca. Sus mejillas sonrosadas y sus labios tan perfectamente dibujados, que parecen reclamar un beso… El incomparable color de sus ojos, su frente lisa y alta, la nariz perfecta.

Su abundante cabellera negra y ondulada; aún despeinada, es un gran marco  para  su rostro perfecto y su cuello es largo sobre su talle flexible. Su alta figura, grácil como una palmera y fascinante como la estatua de una diosa griega; tiene toda la frescura y el esplendor de las flores recién abiertas.

Él aprecia todas estas perfecciones con ojos expertos. Y como adorador de la belleza, vio en aquella virgen incomparable, todos los dones de Afrodita.

Y algo más misterioso, aumenta el encanto de aquella criatura: un alma radiante que destella a través de su cuerpo de rosa en plenitud, como la llama a través del cristal de una lámpara.

–           Marco Aurelio tiene razón.-pensó- Todo lo vale por obtenerla.

Y entonces volviéndose hacia Fabiola y señalando hacia el jardín, dijo:

–          Comprendo ahora domina, porqué tú y tu marido prefieren esta casa al circo y a las fiestas del Palatino.

escena-romana

Fabiola contestó sonriente, mirando con amor hacia donde juegan los jóvenes:

–           Sí. -Este es el mundo que yo amo.

El viejo general comenzó a contar la historia de cómo la familia del rey Vardanes I, había perdido su patria y había llegado finalmente hasta él. Sus seis miembros, con el transcurso del tiempo, se integraron a sus propios hijos y ya no había ninguna diferencia para los amos de la casa.

Los amaban por igual y todos eran parte de su hogar. Dos ya se habían casado y habían formado su propia familia, al igual que tres de sus propios hijos. Quedaban solamente los que estaban en edad casadera y los dos más pequeños: Publio de diez años y Paulina de ocho.

En el jardín, tres jugadores decidieron terminar el juego y se dirigieron hacia el lago; paseando por los senderos  a cuya vera está una muralla de mirtos y cipreses.

Alexandra lleva de la mano a Paulina y los tres se sientan en una banca cercana al estanque. Luego llega el pequeño Publio y los dos niños se ponen a jugar con los peces de colores que nadan en el agua transparente.

enamorados5

Marco Aurelio aprovecha la inesperada privacidad y en voz baja, temblorosa y suave, dice a Alexandra:

–           Sí. Apenas dejé la pretexta (vestidura talar adornada en su parte inferior con una tira púrpura, que llevan en Roma los jóvenes nobles de ambos sexos hasta la edad de diecisiete años) cuando fui enviado a las legiones de Asia. Y con los entrenamientos y la vida complicada por los rebeldes, no hubo mucho tiempo para profundizar en frivolidades.  Sé de memoria un poco de Anacreonte y de Horacio, pero no puedo como Petronio, repetir versos.

Cuando la inteligencia está obnubilada por la admiración, es incapaz de encontrar siquiera las palabras precisas para expresar los sentimientos…

Cuando era niño aprendí que la felicidad consiste en desear y alcanzar lo que los dioses desean y que por lo mismo, ello depende de nuestra voluntad. Creo sin embargo que existe algo mejor que eso. Algo más precioso y de mayor magnitud, que no está subordinado a la voluntad. Que brota desde lo más profundo del corazón, algo que solo el amor puede conquistar. Los dioses mismos persiguen esa felicidad y es algo que yo también anhelo fervientemente.

¡Oh, Alexandra! Hasta hoy yo no había conocido el amor. Y también yo trato de alcanzar lo que ha de darme la verdadera felicidad…

Marco Aurelio calla.

peces-dorados

Por unos momentos solo se escucha el ruido del viento que ulula suave entre los árboles, el canto de las aves y las piedrecillas que los niños arrojan al lago.

Después de un rato, Marco Aurelio dice con voz aún más baja y contenida:

–           Pero tú conoces a Tito, el hijo de Vespasiano ¿Verdad? Dicen que era muy joven cuando se enamoró de Berenice de tal forma que se sentía morir. También yo podría amar así… ¡Oh, Alexandra!

¡La fortuna, la gloria, el poder, son tan solo humo y vanidad! Porque, ¿Quién podría experimentar deleite mayor o mayor felicidad que la del instante en que se puede estrechar contra el pecho y sentir el latido del corazón del ser amado? ¿O beber de sus labios el aliento perfumado, que es más necesario que el aire que da la vida?

Por eso el amor nos hace iguales a los dioses. ¡Oh, Alexandra!…- y su voz se desvanece en un suspiro anhelante y la mira con sus ojos torturados e interrogantes.

Ella lo ha escuchado con asombro y cierta alarma. Al mismo tiempo el sonido de sus palabras, ha sido como una arrobadora armonía que Marco Aurelio ha estado entonando con un canto maravilloso que se infiltraba a través de sus oídos, estremeciendo todo su ser; corriendo por toda su sangre y agitando su corazón en un loco golpeteo que la hace sentir al mismo  tiempo, desmayo y temor.

000enamorados

Es un maravilloso deleite apenas comprensible y que no había experimentado jamás. Le parece que Marco Aurelio le está cantando algo que también existe dentro de ella, pero que no comprende totalmente y al darse cuenta de lo que está despertando en su alma; que como un nebuloso ensueño se le presenta con formas más definidas y maravillosamente encantadoras, la cautiva y la hace estremecer.

El hermoso crepúsculo del atardecer tiñe de rojo el horizonte. Y con los últimos rayos del sol que iluminan todo a su alrededor, el tiempo parece haberse detenido…

Alexandra levanta hacia Marco Aurelio, su bello rostro fascinado. Y él se inclina hacia ella y la mira con una súplica silenciosa.

alex ojos-de-mujer

Ella lo contempla su vez, a través de los reflejos de la tarde y le parece el más perfecto de los hombres. Es más bello que todos los dioses griegos o romanos, cuyas estatuas ha visto en las fachadas de los templos.

Marco Aurelio le oprime ligeramente el brazo. Con los dedos alrededor y más arriba de  la muñeca…

Ansioso, le pregunta:

–           ¿No adivinas lo que te estoy diciendo Alexandra?…

Ella contesta con un murmullo que él apenas alcanza a oír:

–           No.

Marco Aurelio toma la mano de la joven e iba a ponerla sobre su corazón, el cual bajo la influencia de los deseos despertados por aquella doncella de hermosura inigualable, palpita fuertemente como el golpeteo de un martillo.

Y un torrente de frases llenas de fuego para expresarle su apasionado amor, es detenido en ese instante…

Cuando Publio Quintiliano aparece de repente y dice:

–           Se está poniendo el sol. No hay que jugar con Proserpina. (La muerte)

     Y el encanto quedó roto…

–           ¿No tienes frío?

–           No.-contestó Marco Aurelio- Por eso no me he puesto la toga.

Publio dice, señalando hacia el firmamento:

–          Pero mirad… Apenas si se ve ahora la mitad el disco solar tras la colina. Esto me recuerda el suave clima de Sicilia, donde las gentes se reúnen en la plaza al atardecer y se despiden del agonizante Febo con un canto coral.

rossetti_proserpine

Y olvidando que hasta hace un momento, acaba de ponerlos en guardia contra Proserpina; sigue hablando de Sicilia, donde posee extensas propiedades; con campos cultivados por los que siente un gran apego.

Concluye diciendo:

–           Estoy pensando en trasladarme a vivir allá. Para terminar apaciblemente mis días, disfrutando con toda mi familia de la belleza espectacular del paisaje, el mar y la isla.

Marco Aurelio le pregunta súbitamente alarmado:

–           ¿Pronto dejarás Roma?

–          Sí. Desde hace mucho tiempo quiero hacerlo, porque en Sicilia está uno más tranquilo y más seguro. –y de nuevo empezó a elogiar, añorando sus ganados, huertos y hortalizas; sus colmenas y su villa junto al mar con sus bellos jardines, oculta entre el verde de las colinas…

Pero Marco Aurelio ya no le presta la menor atención. Un solo pensamiento le domina y lo tiene aterrorizado: ¡Puede perder a Alexandra! Y con solo imaginarlo, se siente morir. Voltea su rostro hacia donde está su tío. Dirige miradas llenas de ansiedad y de angustia a Petronio, implorándole en silencio una ayuda urgente.

Petronio mientras tanto, sentado cerca de Fabiola; mira alternativamente el espectáculo de la puesta de sol, los jóvenes que juegan y el pequeño grupo que está junto al estanque.

En el firmamento, las postreras luces del atardecer; dan reflejos áureos, purpúreos y violetas, cambiantes como un ópalo.

atardecer-purpura-con-silueta-de-montana

Las siluetas oscuras de los cipreses se van haciendo más pronunciadas cada vez. En las personas, en los árboles, en toda la atmósfera del jardín, hay ahora una dulce calma vespertina.

El augustano se siente impresionado por la paz que reina en esta casa y por algo que sus habitantes irradian y que no sabe cómo definir. Con gran asombro, piensa que podría existir una belleza cuya emanación misteriosa, no había conocido hasta entonces. Y sin poder contenerse dice a Fabiola:

–           Estoy considerando cuán diferente es este mundo vuestro, del mundo que gobierna nuestro Nerón. Hasta el aire que se respira aquí, es diferente.

Ella alzó su bello semblante y contestó con suavidad:

–           No Nerón, sino Dios; es quién gobierna al mundo.

–           ¡Oh! Pero entonces… ¿Tú si crees en los dioses, Fabiola?

–           Creo en Dios. QUE ES UNO, BUENO, SANTO Y TODOPODEROSO.Y desviando la conversación, empieza a hablar de los goces que representa el tener una familia unida y regida por el amor.

Más tarde…

Cuando se encuentran de nuevo en el cisio para el regreso, los dos conversan sobre lo sucedido.

Petronio dice a su sobrino:

–           Ella cree en Dios, que es Uno, Todopoderoso y Justo. –aspira profundamente y agrega con impotencia- Yo me considero en dialéctica, igual que Sócrates. Y en cuanto a las mujeres ¡Es imposible entenderlas! Yo deseaba hablar con ella y con Publio de otro asunto… –Petronio está realmente enojado- ¡Por Zeus! Si les hubiera manifestado abiertamente cuál era el objeto de nuestra visita, estoy seguro de que su virtud hubiera armado un escándalo.

¡Y no me atreví a decírselo! ¿Puedes creerlo? ¡No me atreví, Marco Aurelio! Temí un estallido que hiciera un fiasco con nuestras intenciones. Pero debo hacerte el cumplido elogio de tu elección. Ella es una verdadera manifestación de Venus y realmente no me sorprende tu anhelo. Pero debes saber que te has enamorado de un imposible, porque tanto Fabiola como Publio, te destrozarán antes que dártela.

00alex-john-william-godward-he-loves-me-he-loves-me-not

Sigue un largo silencio, en el que Marco Aurelio se queda con la cabeza inclinada. Y en su mente recuerda la imagen de la doncella amada…

Luego dice apasionado:

–           La deseo ahora, mucho más que nunca. Cuando la tomé del brazo me sentí envuelto en llamas. Es necesario que sea mía. Si yo fuera Júpiter, caería sobre ella convertido en lluvia, como lo hizo con Dánae. ¡Y la besaría en los labios hasta que éstos le dolieran!

¡Cómo quisiera hacerla gemir de pasión entre mis brazos, hasta hacerla desfallecer de amor y tenerla aprisionada contra mi pecho sin soltarla jamás! No podré dormir esta noche ¡Oh! ¡Cómo quisiera hacer desaparecer a Publio y a Fabiola!…

–           ¡Tranquilízate! No has de manifestar tus anhelos como una bestia.

–           ¡Yo quiero que Alexandra sea mía! Te busqué para que me ayudes. Publio la ama  como a una hija ¿Cómo podría yo considerarla como una esclava? Y sin embargo, si no hay otro remedio…  ¡Me casaré con ella!

Petronio lo reprende con ímpetu:

–           ¡Cálmate! ¡Insensato descendiente de cónsules! No traemos a los bárbaros atados detrás de nuestros carros de victoria, para hacer de sus hijas nuestras esposas. Aunque sea la hija de un rey, no olvides que los de su dinastía fueron rehenes de Augusto. No exageres. Agota primero los medios naturales. Dame tiempo para poder hacer lo necesario y lograr nuestro objetivo.

También Silvia me pareció en algún tiempo hija de Venus y sin embargo, no me casé con ella; de la misma forma que Nerón no se casó con Actea, aunque fuera la hija del rey Átalo. ¡Relájate! Piensa que si Alexandra por amor a ti, desea abandonar a Publio, éste no tendrá derecho alguno para retenerla. Además, no solo eres tú el que está ardiendo en el fuego del amor. Eros ha encendido también en ella la amorosa llama.

Yo he visto eso y harás bien en creerme. Ten paciencia, siempre hay una forma para realizar las cosas.  Pero hoy he pensado demasiado y me siento fatigado. Mañana me preocuparé por tu amor y te prometo que descubriré el medio más conveniente para que Alexandra esté contigo.

000alex-when_the_heart_is_young_by_john_william_godward-1

Los dos quedan silenciosos y pensativos por largo rato. Mientras avanzan despacio por las hermosas avenidas de Roma, hacia la casa de Petronio.

Solo se escucha el golpeteo de los cascos del caballo sobre el pavimento. Y solo cuando falta poco para llegar, Petronio dice con aire reflexivo:

–           Me parece que ya tengo un plan y es infalible…

Marco Aurelio se sobresalta y se le enciende una luz de esperanza en su mirada.

Y al punto  dice con anhelo:

–           ¡Oh! Te escucho hombre sabio… ¡Y que los dioses sean pródigos contigo!

Con firme decisión, Petronio declara:

–           Pues bien. Dentro de pocos días tu divina Alexandra compartirá contigo en tu casa, el grano de Deméter. Pero primero tengo que hacer algo…

–           ¡Ay Petronio! ¡Te lo voy a agradecer toda la vida! –replicó Marco Aurelio lleno de entusiasmo.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

6.- ARBITER ELEGANTIARUM


En una villa ancestral  que en su mayor parte está orientada hacia el sur. Hay un pabellón apartado que está rodeado por un patio al que dan sombra muchas palmeras; varios robles, sauces llorones, cedros, fresnos  y cuatro plátanos. En el centro, una fuente derrama su agua en una pila de mármol y salpica suavemente los plátanos que la rodean y las plantas que éstos cobijan. En este pabellón está ubicado un dormitorio que no permite entrar la luz del día, ni escuchar el ruido. A un lado está el triclinium (comedor)

Existe también una habitación sombreada por el verdor del plátano más cercano, decorada con  una espléndida pintura que representa a unos pájaros posados sobre las ramas de unos árboles. Aquí se encuentra una pequeña fuente con una pila rodeada por unos surtidores que emiten un susurro muy agradable.

Es el refugio de un escritor. Y sobre la mesa de trabajo se puede ver un fragmento de su última obra literaria, en la que está desarrollando su talento. Al acercarse se puede leer: “La Cena de Trimalción…”  El autor trabaja en ella por las mañanas, cuando se lo permiten las fiestas de Nerón…

Ahora, después del banquete de la víspera que se prolongó más de lo acostumbrado; Tito Petronio se levantó tarde sintiéndose sumamente  fastidiado…

En  su travesía por los baños recuperó su ingenio y complacido, se sintió rejuvenecer. Rebosante de vida, de energía y de fuerza; cuando estaba sumergido en el agua tibia, le avisaron que su sobrino Marco Aurelio acaba de llegar a visitarlo.

esclavo romano

Petronio ordena que lo conduzcan al jardín adyacente para conversar plácidamente y sale del agua poniéndose una bata de lino suave.

Marco Aurelio es hijo su hermano Publio, el mayor y más querido. Y ha estado sirviendo bajo las órdenes de Corbulón en la guerra contra los partos. Es su sobrino predilecto. Un hombre íntegro; que ha heredado de su tío el gusto por el placer, el arte, la belleza y la estética; cualidades que Petronio valora sobre todo lo demás. No por nada le han apodado el “Árbitro de la Elegancia.”

Toma una manzana del platón que está en la mesa más cercana y está a punto de morderla, cuando entró un joven con pasos largos y flexibles exclamando:

–                 ¡Salve Petronio! Que te sean propicios todos los dioses.

Petronio sonríe y contesta:

–          ¡Salve Marco Aurelio! Te doy la bienvenida a Roma. Espero que disfrutes de un  merecido descanso después de las fatigas de la guerra. ¿Qué noticias traes de Armenia?

Mientras el joven se sienta en una banca a su lado, exclama con cierto fastidio:

–           De no ser por Corbulón, esta guerra sería un desastre.

–           ¡Es un verdadero Marte! ¿Sabes que Nerón le teme?

Marco Aurelio lo mira sorprendido y pregunta:

–           ¿Por qué?

–           Porque si quisiera, podría encabezar una revuelta.

–           Corbulón no es ambicioso hasta ese grado.

Petronio sentencia:

–          Si quitáramos la ambición y la vanidad ¿Dónde quedarían los héroes y los patriotas?

–           Lo conozco bien y sé que no debéis temer nada de él. Hablas como Séneca.

–          Se puede apreciar el carácter de un hombre en la forma como recibe la alabanza. Y tienes razón. Séneca es un maestro al que hay muchas cosas que aprenderle. Es uno de los pocos hombres que respeto y admiro.

Petronio cerró los ojos y Marco Aurelio se fijó en el semblante un tanto demacrado de su tío y cambiando el tema, le preguntó por su salud.

El augustano hizo un mohín, antes de replicar:

–           ¿Salud? No lo sé. Mi salud no está como yo quisiera. Trato de ser fuerte y aparento estar perfectamente. Pero empiezo a sentir un cierto cansancio que… Considerando las circunstancias, creo que estoy bien. ¿Y tú cómo estás?

–           Las flechas de los partos respetaron mi cuerpo, pero… un dardo de amor acaba de  herirme y ha acabado con mi tranquilidad. Estoy aquí para pedirte un consejo.

Petronio lo miró sorprendido y dijo:

–         Te puedes casar o quedarte soltero. Pero te aseguro que te arrepentirás de las dos cosas.- luego lo invitó – Vamos a sumergirnos en el agua tibia y me sigues platicando. ¿Qué te parece?

Marco Aurelio aceptó encantado:

–           Vamos.

Los dos regresan al frigidarium.  Marco Aurelio se desnuda y Petronio contempla el cuerpo vigoroso de su sobrino. Le recuerda las estatuas de Hércules que adornan el camino al Palatino. Es un atleta pleno de vigor juvenil. Y en el armonioso rostro que completa la apolínea belleza masculina, hay un gesto de sufrimiento reprimido. El joven se lanza al agua, salpicando el mosaico que representa a Perseo liberando a Andrómeda.

Petronio admira todo esto con los ojos regocijados del artista embelesado con la auténtica belleza…

Y después de lanzarse al agua, dice:

–          En la actualidad hay demasiados poetas. Es una manía de los tiempos que vivimos. El césar escribe versos y por eso todos lo imitan. Lo único que no está permitido es escribir mejores versos que él… Hace poco hubo un certamen y Nerón leyó una poesía dedicada a las transformaciones de Niobe. Los aplausos de la multitud cubrieron la voz de Nerón; pero en aquellas muestras de forzado entusiasmo faltaba el acento de la espontaneidad que nace del corazón.

Luego Lucano declamó otra, celebrando el descenso a los infiernos de Orfeo. Cuando se presentó, el respeto y el temor contenían a los oyentes… Más por uno de esos triunfos del arte que parecen milagrosos, el poeta logró suspender los ánimos; los arrebató y consiguió que se olvidaran de sí y del emperador. Y le decretaron unánimes el laurel de la gloria y el codiciado premio. ¿Te imaginas lo que sucedió después?…

Imposible que Nerón consintiese un genio superior a su inspiración. Se salió despechado del certamen y prohibió a Lucano que volviese a leer en público sus versos. Por eso yo escribo en prosa.

–          ¿Para ti no ambicionas la gloria?

–           A nadie ha hecho rico el cultivo del ingenio.

–           ¿Qué estás escribiendo ahora?

–          Una novela de costumbres: las correrías de Encolpio y sus amigos Ascilto y Gitón.  Ya casi la termino. Estoy en el convite ridículo de un nuevo rico. Lo he titulado “La Cena de Trimalción”

–           ¿El libro?

–          No. El capítulo. El libro es una sorpresa. Espera un poco… – se queda pensativo un momento. Y luego añade- Enobarbo ama el canto. En particular el suyo propio. Dime ¿Tú no haces versos?

Marco Aurelio lo mira sorprendido… y luego responde firme:

–           No. Jamás he compuesto ni un hexámetro.

–           ¿Y no tocas el laúd, ni cantas? – insiste Petronio.

–           No. Me gusta oír a los que sí saben hacerlo.

–           ¿Sabes conducir una cuadriga?

cuadrigas590

–           Lo intenté una vez en Antioquia, pero fui un fracaso.

–          Entonces ya no debo preocuparme por ti. Y ¿A qué partido perteneces en el hipódromo?

–           A los azules; porque los únicos que me entusiasman son Porfirio y Scorpius.

–          Ahora sí ya estoy del todo tranquilo. Porque en la actualidad hacer cualquiera de estas cosas es muy peligroso. Tú eres un joven apuesto y tu único peligro es que Popea llegue a fijarse en ti. Pero no…  Esa mujer tiene demasiada experiencia y le interesan otras cosas. ¿Sabes que ese estúpido de Otón, su ex marido? ¿Todavía la ama con locura? Vaga por la España, borracho y descuidado en su persona.

–           Comprendo perfectamente su situación.- suspiró Marco Aurelio.

Petronio  movió la cabeza. Y siguieron conversando…

Cuando más tarde salieron del Thepidarium, dos bellas esclavas africanas, con sus perfectos cuerpos como si fueran de ébano, los esperan para ungirlos con sus esencias de Arabia…

Al terminar, otras dos doncellas griegas que parecen deidades, los vistieron.

Con movimientos expertos adaptaron los pliegues de sus togas. Marco Aurelio las contempló con admiración y exclamó:

–           ¡Por Júpiter! ¡Qué selecciones haces!

Petronio sentenció:

–           La belleza y la rareza fija el precio de las cosas. Prefiero la calidad óptima. Toda mi “familia” (Un amo con sus parientes  y sus esclavos) en Roma, ha sido seleccionada con el mismo criterio.

–           Cuerpos y caras más perfectos no posee ni siquiera el mismo Barba de Bronce.- alaba Marco Aurelio mientras aspira los aromas con deleite.

–           Tú eres mi pariente.- aceptó Petronio con cariño. Y agregó- Y yo no soy tan intolerante como Publio Quintiliano.

Marco Aurelio al escuchar este nombre se queda paralizado. Olvidó a las doncellas y preguntó:

–           ¿Por qué has recordado a Publio Quintiliano? ¿Sabías que al venir para acá una serpiente asustó a mi caballo y me derribó?  Pasé varios días en su villa fuera de la ciudad. Un esclavo suyo, el médico frigio Alejandro, me atendió. Precisamente de esto era de lo que quería hablarte.

–           ¿Por qué? ¿Acaso te has enamorado de Fabiola? En ese caso te compadezco. Ella es muy hermosa pero ya no es joven. ¡Y es virtuosa! Imposible imaginar peor combinación. ¡Brrr!.- Y Petronio hace un cómico gesto de horror.

romanos

–           ¡De Fabiola, no! ¡Caramba!

–           ¿Entonces de quién?

–          Yo mismo no lo sé. Una vez al rayar el alba la vi bañándose en el estanque del jardín, con los primeros rayos del sol que parecían traspasar su cuerpo bellísimo. Te juro que es más hermosa que Venus Afrodita. Por un momento creí que iba a desvanecerse con la luz del amanecer… Y desde ese momento me enamoré de ella con locura.

–           Si era tan transparente, ¿No sería acaso un fantasma?

–          No me embromes Petronio. Te estoy abriendo mi corazón. Después volví a verla dos veces más. Y desde entonces ya no sé lo que es tranquilidad. Ya no me interesa nada de lo que Roma pueda ofrecerme. Ya no existen para mí otras mujeres… Ni vino, fiestas o diversiones. Me siento enfermo. Traté de indagar de mil maneras sutiles y creo que se llama Alexandra. No estoy muy seguro… Pero solo la quiero a ella.

No se aparta de mi mente un solo instante. Te lo digo con sinceridad Petronio, siento por ella un anhelo tan vehemente, que he perdido el apetito. En el día me atormenta la nostalgia y por las noches no puedo dormir. Y cuando consigo hacerlo, solo sueño con ella. Y así transcurre mi vida, con este torturante deseo…

Petronio lo mira con conmiseración… Y luego dice con determinación:

–           Si es una esclava, ¡Cómprala!

Marco Aurelio replica con desaliento:

–           No es una esclava.

–           ¿Es acaso alguna liberta perteneciente a la casa de Quintiliano?

–           No habiendo sido jamás esclava, tampoco puede ser liberta.

–           ¿Quién es entonces?

–          ¡No lo sé!… No pude averiguar mucho. Por favor escúchame. Es la hija de un rey, creo. –Y añade desesperado-  O algo por el estilo…

Petronio lo mira interrogante. Y cuestiona lentamente:

–           Estás despertando mi curiosidad, Marco Aurelio.

Su sobrino lo mira con impotencia y explica:

–          Hace tiempo el rey de Armenia invadió a los partos, mató a su rey y tomó como rehenes a su familia, a algunos principales de su nuevo territorio y los entregó a Roma. El gobernador no sabía qué hacer y el César los recibió junto con el botín de guerra que enviaron como regalo. Luego los entregó a Publio Quintiliano, ya que no pueden considerarse como cautivos y se desconoce el motivo que lo impulsó a entregarlos a él. Pero el tribuno los recibió muy bien. Y en esa casa en la que todos son  virtuosos, la doncella es igual a Fabiola.

–           ¿Y cómo estás tan enterado de todo esto?

–           Publio Quintiliano me lo refirió. Esto pasó hace quince años. Y también te digo que a mi regreso de Asia, pasé por  el templo de Delfos a fin de consultar a la sibila. Y Apolo se me apareció…  y me anunció que a influjos del amor, se operaría un cambio trascendental en mi existencia…

Apolo_

 

–          ¿Y qué quieres hacer?

–          Quiero que Alexandra sea mía. Deseo sentirla entre mis brazos y estrecharla contra mi corazón. Deseo tenerla en mi casa hasta que mi cabeza sea tan blanca, como las nieves de la montaña. Deseo aspirar su aliento puro y extasiarme mirando sus ojos bellísimos. Si fuera una esclava, pagaría por ella lo que fuera. Pero ¡Ay de mí! No lo es…

–           No es una esclava pero pertenece a la familia de Quintiliano. ¿Por qué no le pides que te la ceda?

–           ¡Cómo si no los conocieras!…Tú sabes que Publio es muy diferente a las demás personas y en ese matrimonio, ambos la tratan como si fuera su verdadera hija.

Petronio se queda reflexivo, se toca la frente y luego dice con impotencia:

–           No sé qué decirte, Marco Aurelio mío. Conozco a Publio Quintiliano, quién aun cuando censura mi sistema de vida; en cierto modo me estima y me respeta más, pues sabe que no soy como la canalla de los íntimos de Enobarbo; exceptuando dos o tres como Séneca y Trhaseas… –levanta las manos con desconcierto y agrega- Si crees que algo puedo hacer acerca de este asunto, estoy a tus órdenes.

–           Creo que sí puedes…  Tienes influencia sobre Publio y además tu ingenio te ofrece inagotables recursos. ¡Si quisieras hacerte cargo de la situación y hablar con él!

–           Tienes una idea exagerada de mi ingenio y de mis recursos. Pero si no deseas más que eso, hablaré con Publio lo más pronto posible. Yo te avisaré…

–           Te estaré esperando.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA