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77.- MARTIRIO DE UNA MADRE


000colosseum_gladiator(EL DIARIO DE REGINA)

La ausencia de Marco Aurelio, le impidió ver cómo se agravó la enfermedad de Alexandra.

Bernabé velaba su inconsciencia con ardientes plegarias.

Regina, la que en la Puerta del Cielo enseñara a los catecúmenos el tema de ‘La Pobreza de Espíritu’ también fué arrestada.

Y ahora va a dar el más estremecedor testimonio de todo lo que enseñó. 

El tribuno encargado trataba muy duramente a los prisioneros pues temía que se escaparan de la cárcel…

Por arte de un mágico encantamiento.

Regina se lo reclamó:

–           Nosotros no escaparemos. ¿Por qué no nos concedes ningún alivio, a nosotros que somos presos tan distinguidos?

¡Nada menos que del César y hemos de combatir en su Natalicio!

¿No aumentaría tu gloria, si nos presentásemos más gordos y saludables?

El militar se sintió desconcertado y enrojeció de vergüenza.

Luego ordenó que se les tratara más humanamente.

Permitió a los parientes que entraran a la cárcel y se reconfortaran mutuamente, a excepción de Marco Aurelio.

Pues había recibido órdenes terminantes, por parte de Tigelino.

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En el segundo calabozo, Alondra se halla en el octavo mes del embarazo pues fue detenida cuando estaba encinta.

Al aproximarse el día del espectáculo sufre mucha tristeza, temiendo que su martirio fuese postergado a causa de su estado, ya que la ley prohíbe que las mujeres encinta sean expuestas al suplicio.

No quiere quedarse atrás de los cristianos y que más adelante tenga que derramar su sangre inocente, entre los demás criminales.

Y tampoco sus compañeros de martirio quieren dejar atrás a tan excelente compañera.

Tres días antes de los juegos, todos se unieron en una misma súplica al Señor Jesús y  apenas terminaron la Oración, enseguida le vinieron los dolores de parto.

Debido a lo prematuro y por razón natural, ella sufre y gime…

Entonces un carcelero le dijo:

–           Si tanto te quejas ahora… ¿Qué harás cuando seas arrojada a las fieras de las que te burlaste al no querer sacrificar?

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Ella respondió:

–           Ahora soy yo la que sufro. Pero allá en la arena, habrá Otro en mí que padecerá por mí…

Pues yo también padeceré por Él.

Alondra dio a luz una niña a la que una cristiana adoptó como hija.

Entonces un joven llamado Lewis se acercó al grupo donde estaba Regina…

Y les dijo:

–           Acabo de tener una visión: Ya habíamos sufrido el martirio y habíamos salido de nuestro cuerpo. Cuatro ángeles nos transportaban hacia el Oriente, pero sus manos no nos tocaban.

Íbamos trepando por una pendiente suave. Pasado el primer mundo, vimos una luz inmensa y le dije a Regina que venía a mi lado: ‘He aquí lo que el Señor nos prometió y ya recibimos la recompensa’

Mientras éramos llevados por los cuatro ángeles, se abrió ante nuestros ojos una gran llanura que era como un vergel poblado de rosales y de toda clase de flores.

Y sus hojas caían incesantemente.

En el vergel, había cuatro ángeles más resplandecientes que los demás.

Al vernos nos acogieron con grandes honores.

Y dijeron a los otros ángeles con admiración: ‘¡Son ellos! ¡Son ellos!

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Entonces los cuatro ángeles nos dejaron en el suelo.

Y nosotros caminamos la distancia de un estadio, por una ancha avenida.

Allí encontramos a  Daniel, Xavier y Joshua, que habían sido quemados vivos en la misma persecución.

Y a Ramón, que había muerto en la cárcel.

Les preguntamos qué en donde estaban los demás,

Pero los ángeles nos dijeron:

–           Vengan. Antes entren y saluden al Señor.

Llegamos a un palacio cuyas paredes parecen edificadas de pura luz.

Delante de la puerta había cuatro ángeles que antes de entrar, nos vistieron con vestiduras blancas.

Entramos y oímos un coro que repetía sin cesar:

‘Agios, Agios, Agios = Santo, Santo, Santo.’

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En la sala vimos sentado a un anciano canoso, con cabellos de nieve, pero con rostro juvenil.

No vimos sus pies. A su derecha y a su izquierda, había cuatro ancianos.

Y detrás estaban de pie, otros innumerables ancianos.

Avanzamos asombrados y nos detuvimos ante al trono.

Cuatro ángeles nos levantaron en vilo.

Besamos al Señor y él nos acarició la cara con la mano.

Los demás ancianos dijeron:

–           ¡De pie!

Y de pie nos dimos el beso de paz.

Después los ancianos nos dijeron:

–           Vayan y jueguen.

Y yo dije a Regina:

–           Ya tienes lo que anhelabas.

Y ella me contestó:

–           ¡Gracias a Dios! Fui dichosa en el mundo, pero aquí soy más dichosa todavía.

Cuando salimos del Palacio, reconocimos a muchos hermanos que ya habían sufrido también el martirio.

Todos nos sentimos alimentados y saciados por una fragancia inefable.

Entonces me desperté lleno de gozo.

Cuando Lewis terminó su relato…

El sacerdote Damián, dijo:

–           El poder del Espíritu Santo, es idéntico por esto. ¡Qué abran bien los ojos, quienes valoran este Poder!

¡Que fue enviado para distribuir todos los Carismas, en la medida que el Señor los distribuye a cada uno de nosotros, para que se fortalezca nuestra Fe!

Tanto en el carisma del martirio como en el de las revelaciones, Dios cumple siempre sus promesas, para confundir a los incrédulos y sostener a los creyentes…

Tal como está escrito:

En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas. Los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños”…

La voz del sacerdote resuena en las paredes de la prisión.

Cuando termina de hablar, Regina retoma la escritura que tan cuidadosamente está llevando:

“Unos días antes de que fuéramos arrestados, fuimos bautizados y el Espíritu Santo me inspiró estando dentro del agua, que no pidiera otra cosa que poder resistir, el amor paternal.

Cuando nos hallábamos todavía con los guardias, mi padre impulsado por su cariño, deseaba ardientemente alejarme de la Fe con sus discursos y persistía en su empeño de conmoverme.

Yo le dije:

–           Padre ¿Ves ese cántaro que está en el suelo? ¿Esa taza y esa jarra?

–           Lo veo. –me respondió.

–           ¿Acaso se les puede dar un nombre diferente del que tienen?

–           ¡No! –me respondió.

–           Yo tampoco puedo llamarme con un nombre distinto de lo que soy: ¡Cristiana!

Entonces mi padre, exasperado se arrojó sobre mí para sacarme los ojos, pero solo me maltrató.

Después, vencido se retiró con sus argumentos diabólicos. Durante unos días, no volvió.

Por eso di gracias a Dios  y sentí alivio por su ausencia.

Luego fuimos encarcelados.

Yo experimenté pavor, porque jamás me había hallado en tinieblas tan horrorosas ¡Qué día tan terrible!

El calor era insoportable por el amontonamiento de tanta gente. Los soldados nos trataban brutalmente.

Y sobre todo, yo estaba agobiada por la preocupación… ¡Mi hijo está tan pequeño!

MAMA Y BEBE

Leonel y Santiago, benditos diáconos que nos asistían, consiguieron con dinero que se nos permitiera recrearnos por unas horas, en el lugar más confortable de la cárcel.

Saliendo entonces del calabozo, cada uno podía hacer lo que quisiera.

Yo amamantaba a mi hijo casi muerto de hambre.

Preocupada por su suerte, hablaba con mi madre, confortaba a mi hermano y le recomendaba a mi hijo.

Yo me consumía de dolor al verlos a ellos consumirse por causa mía.

Durante muchos días, me sentí abrumada por tales angustias.

Finalmente logré que se quedara conmigo en la cárcel.

Al punto me sentí con nuevas fuerzas y aliviada de la pena y la preocupación por el niño.

MAMA Y BEBE

Desde aquel momento, la cárcel me pareció un palacio y prefería estar en ella más que en cualquier otro lugar.

Un día mi hermano Josué me dijo:

–           Domina hermana, ahora estás elevada a una gran dignidad ante Dios. Tanta que puedes pedir una visión y que se te manifieste si la prisión ha de terminar en martirio o en libertad.

Yo podía hablar familiarmente con el Señor, del que había recibido muchos favores y por eso,

confiadamente le prometí:

–           Mañana te daré la respuesta.

Me puse en Oración y tuve la siguiente visión:

Vi una escalera de bronce tan maravillosamente alta, que parecía tocar el cielo, pero tan estrecha, que solo se podía subir de a uno.

En los brazos de la escalera estaban clavados toda clase de instrumentos de hierro: espadas, lanzas, arpones, puñales, cuchillos…

Si uno subía descuidadamente sin mirar a lo alto, quedaba atravesado y hubiera dejado jirones de carne enganchados en los hierros.

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Al pie de la escalera estaba echado un dragón de extraordinaria grandeza, que tendía asechanzas a los que subían y los asustaba para que no subieran.

Lewis subió primero.

Él nos había edificado en la Fe y al no estar presente cuando fuimos arrestados, se entregó después voluntariamente, por el amor que nos profesaba.

Al llegar a la cumbre de la escalera, se volvió hacia mí

Y me dijo:

–           Regina, te espero pero ten cuidado, para que ese dragón no te muerda.

Yo le contesté:

–           No me hará daño en el nombre de Cristo.

Y el dragón parecía como si me tuviera miedo.

Sacó lentamente la cabeza de debajo de la escalera y yo se la pisé, usándola como si fuera el primer peldaño y subí.

Después vi un inmenso prado, en medio del cual estaba sentado un anciano alto, de rostro juvenil y muy hermoso. Con el cabello completamente cano y en traje de pastor, ocupado en ordeñar sus ovejas.

Muchos miles de personas vestidos de blancos hábitos, lo rodeaban.

Levantó la cabeza, me miró y dijo:

–           ¡Seas bienvenida, hija!

Me llamó y me dio un bocado del queso que estaba preparando.

Yo lo recibí con las manos juntas y comí.

Todos los circunstantes dijeron:

–           ¡Amén!

Sus voces me despertaron mientras yo seguía saboreando algo dulce.

En seguida conté a mi hermano la visión y  los dos comprendimos que nos esperaba el martirio…

Desde aquel momento empezamos a perder toda esperanza en las cosas de esta tierra.

Días después corrió la voz de que seríamos interrogados.

Mi padre, consumido de pena, llegó de prisa a la ciudad, se me acercó con intención de conmoverme…

Y me dijo:

–           Hija mía, apiádate de mis canas. Apiádate de tu padre si es que merezco que me llames padre. Con estas manos te he criado hasta que llegaste a la flor de la edad y te he preferido a todos tus hermanos.

No es para esto que te engendré. Entre todos mis hijos te he amado, alegría y luz de mi casa.

Y ahora tú quieres tu ruina y no te importa destruir también al pobre padre tuyo, que siente morir su corazón por el dolor que le das.

Desde que dijeron que dejarían libres a los que hicieran sacrificios a nuestros dioses.

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Hija; llevo semanas rogándote. Tú has querido resistir y has conocido la cárcel. Tú, nacida y criada entre el lujo y las comodidades.

Y yo le contesté:

–           Es por el amor que siento por ti y por él, que permanezco fiel a mi Señor.

Ninguna gloria de la tierra dará a tu cabello blanco y a este inocente tanto decoro, como el que te dará mi muerte.

Tú llegarás a la Fe y…

¿Qué dirás entonces de mí, si tuviese la bajeza de haber renunciado en un momento de debilidad, a la Fe?

–           ¡Oh, dioses! ¡¡Ayúdenme!! Regina escucha por favor: Inclinando mi espalda ante los poderosos, te he obtenido un arraigo domiciliario, para que puedas estar todavía en tu casa como prisionera.

Le he prometido al juez que te doblegaría con mi autoridad paterna.

Ahora él me escarnece, porque no me haces caso. ¿No es esto lo que debería enseñarte, la doctrina que dices que es perfecta?

¿Cuál Dios es el que sigues  que te inculca de no amar y no respetar, al que te ha engendrado? Porque si me amaras no me darías tanto dolor.

Tu obstinación, que ni siquiera la piedad por tu inocente ha vencido; te ha costado el ser arrancada de la casa y encerrada en esta mazmorra.

Pero ahora ya no se habla más de prisión. Se habla de muerte… Esto es atroz. ¿Por qué? ¿Por Quién? ¿Por quién vas a morir tú?

¿Ese Dios tuyo tiene necesidad de tu sacrificio y del nuestro, el mío y el de tu criatura, que ya no tendrá más madre? ¿Su triunfo tiene necesidad de tu sangre y de mi llanto, para cumplirse?

¿Pero cómo? La fiera ama a sus cachorros… y tanto más los ama cuanto más los ha tenido en el seno.

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Tú no eres una bestia. Has sido la hija más perfecta y una madre ejemplar. Pero ahora no te comprendo. Porque te conozco, por eso te obtuve el que pudieras amamantar a tu niño. Pero tú no cedes.

Y después de haberlo nutrido, de darle calor, de servirle de almohada a su sueño, ahora lo rechazas y lo abandonas sin pesar. ¡Por Júpiter! ¿Qué es lo que te pasa?

No sé qué hacer. ¡Ya no te entiendo! No te ruego por mí, sino por él. No tienes el derecho de hacerlo un huérfano. Ya perdió a su padre en Britania y ahora te perderá a ti también.

No tiene derecho ese Dios tuyo para hacer esto.

¿Cómo puedo creerlo bueno, más que los nuestros, si requiere estos sacrificios tan crueles? Tú me haces que lo odie y lo maldiga siempre más…

–           Mi Dios no tiene necesidad de mi sangre y de tu llanto para triunfar. EL YA TRIUNFÓ. Pero tú sí tienes necesidad de llegar a la Vida Verdadera. Y también este inocente tiene que quedarse para conocerla.

Por la vida que me espera y por la alegría que él me ha dado, yo les obtengo la Vida que es verdadera, eterna, feliz. No. Mi Dios no enseña el desamor por los padres y por los hijos, sino el verdadero amor.

Ahora el dolor te hace delirar, padre. Pero después la luz se hará en ti y me bendecirás. Yo te la mandaré desde el Cielo.

–           ¡LOCA! ¡PERDIDA! Pero ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¿Qué estoy diciendo? ¡Oh, Regina perdona! ¡Perdona a tu viejo padre al que el dolor enloquece! ¿Quieres que ame a tu Dios? Le amaré más que a mí mismo, pero quédate entre nosotros.

Di al magistrado que te doblegas. Después le adoraremos entre los dioses de la tierra. Después harás de tu padre esto que tú eres: seré cristiano. Te lo juro.

No te llamo más hija. Ya no seré tu padre, sino tu siervo y tu esclavo y tú serás mi señora.

Domina, ordena y yo te obedeceré. Pero ¡Piedad! ¡Piedad! ¡Sálvate mientras todavía puedes hacerlo! El tiempo ya se terminó.

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Tu compañera ha dado a luz a su criatura. Yo lo sé y nada más falta la sentencia. Te será arrancado el hijo y no lo verás nunca más. Quizás mañana, quizás hoy mismo.

¡Piedad, hija! ¡Ten piedad de mí y de él, que no sabe hablar todavía! Pero ¿Lo ves cómo te mira y sonríe? ¡Cómo invoca tu amor!

¡Oh! Señora mía. Luz y reina de mi corazón. Luz y alegría de tu bebé, ¡Piedad! ¡Piedad!

Y se arrodilló y besó la orla de mi vestido. Y se abrazó a mis rodillas.

Buscó mi mano y la besaba, bañándola con sus lágrimas.

Y yo tenía la otra sobre mi corazón, mientras oraba y me contenía ante el  más terrible ensañamiento humano.

Esta tortura era más feroz que cualquiera imaginada por el verdugo más brutal y despiadado.

Pero no me doblegué y le dije:

‘A  este inocente no es que yo lo ame menos, ahora que estoy vaciada de sangre para nutrirlo.

Si la ferocidad pagana no se hubiera desatado contra nosotros los cristianos, yo sería para él una madre amantísima y él sería el motivo más precioso de mi vida.

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Pero más que la carne nacida de mí, es más Grande mi Dios.

Y el amor que Él ha dado, ES INFINITAMENTE MÁS GRANDE. Posponer su amor, por el de una criatura… ¡¡¡No!!! ¡No!

Tampoco serás el esclavo de tu hija. Yo para ti soy tu hija y en todo obediente, fuera de esto: de renunciar al Verdadero Dios por ti.

Deja que el querer de los hombres se cumpla.

Y sí me amas, sígueme en la Fe. Y encontrarás a la hija tuya para siempre, porque la verdadera Fe da el Paraíso.

Mi Pastor Santo, ya me ha dado la bienvenida a su Reino.’

Y entonces tomé al niño que había dejado durmiendo sobre mi manto, saciado y contento. Después de besarlo suavemente para no despertarlo, lo consagré a Jesús.

Era mi corderito sacrificado junto conmigo, por la salvación de sus almas.

Y mojando mi dedo con mis lágrimas, también lo bendije, trazando una cruz sobre su frente, sobre sus manitas, sobre su pecho y sus piecitos.

Mi niño me sonrió como si sintiera mi ternura y la dulzura de mis caricias.

Luego se lo di a mi padre.

Entonces él me suplicó llorando:

–           ¡No me hagas ser la vergüenza de los hombres! Piensa en tus hermanos,  piensa en tu madre y en tu tía materna.

Piensa en tu hijito que no podrá sobrevivir sin ti. ¡Cambia tu decisión y no nos arruines a todos! ¡Ninguno de nosotros se atreverá a presentarse en público, si eres condenada!

Así hablaba mi padre, movido por su cariño.

¡Cuánta compasión me inspiraba mi pobre padre! ¡Pues él sería el único de mi familia, que no se alegraría con mi martirio!

Traté de consolarlo diciendo:

–           Allá en el tribunal, sucederá lo que Dios quiera. Has de saber que nosotros no somos dueños de nosotros mismos, sino que pertenecemos a Dios.

Y él se retiró de mí desconsolado.

Otro día mientras estábamos almorzando, nos sacaron de repente para ser interrogados y llegamos al Fórum.

Había un gentío inmenso, subimos al estrado.

Mis compañeros fueron interrogados y confesaron su Fe.

Por fin llegó mi turno.

Bruscamente apareció mi padre con mi hijo en brazos y me arrastró fuera de la escalinata, suplicándome:

–           ¡Compadécete del pequeño!

El procurador Emilio que tenía el Ius Gladii o poder de vida y muerte, insistió:

–           Apiádate de las canas de tu padre y apiádate de la tierna edad del niño. Sacrifica por la salud del emperador.

Yo respondí:

–           No sacrifico.

–           ¿Eres cristiana?

–           Sí. Soy cristiana.

Mi padre se mantenía firme en su intento de conmoverme.

Por eso Emilio dio orden de que lo arrojaran de ahí y hasta le pegaron con una vara.

Sentí los golpes a mi padre, como si me hubieran apaleado a mí…

¡Cuánta compasión me daba su infortunada vejez!

Entonces Emilio pronunció sentencia contra nosotros, condenándonos a las fieras. Y volvimos a la cárcel muy contentos.

Como el niño estaba acostumbrado a tomarme el pecho y a permanecer conmigo en la cárcel, enseguida envié al diácono Antonio a reclamarlo a mi padre. Pero mi padre no se lo quiso entregar. Entonces, gracias al Querer divino, ni mi niño extrañó los pechos, ni éstos me causaron ardor. De esta manera cesaron mis preocupaciones por la criatura y por el ardor de mis pechos.

A los pocos días, mientras estábamos en Oración, súbitamente se me escapó la voz y nombré a Vicente. Me quedé pasmada porque nunca me había venido a la mente, sino hasta ese momento.

Y sentí compasión al recordar cómo había muerto. También comprendí que yo era digna y que debía orar por él. Empecé a hacer mucha Oración por él y a gemir delante del Señor.

Seguidamente aquella misma noche tuve esta visión:

Vi a Vicente salir de un lugar tenebroso, donde también había muchos otros. Venía sofocado por el calor y sediento. Con un vestido sucio y rostro pálido. Llevaba en la cara la herida que tenía cuando murió.

Vicente era mi hermano carnal de siete años de edad. Murió de un cáncer tan terrible en la cara, que daba asco al mundo.

Yo hice Oración por él. Pero entre él y yo había una gran distancia, de tal manera que  era imposible acercarnos el uno al otro.

Además en el mismo lugar en que estaba Vicente, había una piscina llena de agua, pero el borde estaba más alto que la estatura del niño. Vicente se estiraba como si quisiera beber.

Yo me afligía al ver la piscina llena de agua, pero con el borde demasiado alto para que pudiera hacerlo y beber hasta saciarse.

Entonces me desperté y comprendí que mi hermano estaba sufriendo, pero confiaba en que podría aliviar sus sufrimientos.

Por esto, oraba por él todos los días.

Hasta que fuimos trasladados a otra cárcel, porque debíamos combatir en los Juegos Militares, para celebrar el cumpleaños del César.

Y continué orando por él, día y noche, con gemidos y lágrimas para alcanzar la gracia.

El día que estuvimos en el cepo, tuve una nueva visión:

Vi el lugar que había visto antes y a Vicente limpio de cuerpo, bien vestido y lleno de alegría.

Donde antes tenía la llaga, vi solo una cicatriz. El borde de la piscina estaba más bajo y llegaba hasta el ombligo del niño. Sobre el borde había una copa de oro, llena de agua.

Vicente se acercó, bebió, pero la copa no se agotaba nunca.

Saciada su sed, se retiró del agua y se puso a jugar, gozoso, como lo suelen hacer los niños.

En esto me desperté y comprendí que ya no sufría.

Pocos días después James, encargado ayudante de la cárcel, empezó a tenernos gran consideración, por comprender que el Señor nos favorecía con su Gracia y permitió que mucha gente nos visitara, para confortarnos mutuamente.

Mientras tanto se aproximaba el día del espectáculo.

Mi padre consumido de pena, vino a verme y empezó a arrancarse la barba, a arrojarse al suelo y a pegarse en su  rostro.

Maldecía sus años y decía tales palabras, que hubiera podido conmover a cualquiera.

¡Qué compasión sentía por su infortunada vejez! Pero mi Señor me sostuvo. Aumentó su fortaleza…

El día anterior a nuestro combate, tuve otra visión:

El diácono Antonio venía a la puerta de la cárcel y llamaba con fuerza. Yo salí y abrí. Venía vestido con túnica blanca, sin cinturón y llevaba chinelas muy elaboradas con variados colores.

Y me dijo:

–           Regina, te estamos esperando. Ven…

Me tomó de la mano y empezamos a caminar por lugares ásperos y tortuosos. Por fin llegamos jadeantes al Anfiteatro.

Y Antonio me llevó en medio de la arena y me dijo:

–           No tengas miedo. Yo estaré contigo y combatiré a tu lado.

Y se marchó.

Entonces vi a un gentío inmenso, pasmado.

Yo sabía que había sido condenada a las fieras, por eso me sorprendía que no las soltaran contra mí.

Entonces avanzó contra mí, un egipcio de aspecto repugnante, acompañado por sus ayudantes.

Ansioso de luchar conmigo.

Al mismo tiempo se me acercaron unos jóvenes hermosos, mis ayudantes y partidarios.

Me desnudaron y quedé convertida en varón.

Mis ayudantes comenzaron a frotarme con aceite, como se acostumbra en los combates.

Y frente a mí, vi al egipcio que se revolcaba en la arena.

Entonces sobrevino un hombre de extraordinaria grandeza. Tanta, que sobrepasaba la cumbre del Anfiteatro.

Llevaba una túnica flotante con un manto de púrpura, abrochado por dos hebillas en medio del pecho y calzado con chinelas de oro y plata.

Tenía una vara de lanista o entrenador de gladiadores y un ramo verde del  que colgaban manzanas de oro.

Pidió silencio y dijo:

–           Si el egipcio vence a la mujer, la pasará a filo de espada. Pero si ella vence al egipcio, recibirá este ramo.

Y se alejó.

Nos acercamos el uno al otro y empezamos un combate de pugilato.

Él trataba de sujetarme los pies y yo golpeaba su cara a puntapiés.

Entonces fui levantada en el aire y yo comencé a castigarle sin pisar tierra.

Cuando tuve un momento de respiro, junté las manos trenzando los dedos y aferré su cabeza.

Cayó de bruces y yo le aplasté la cabeza.

El pueblo me vitoreó y mis partidarios entonaron un canto.

Yo me acerqué al lanista y recibí el ramo.

Él me besó y me dijo:

–           Hija. La paz sea contigo.

Radiante de gloria, me dirigí a la Puerta de los Vivos.

Entonces me desperté y comprendí que yo debía de combatir,  no contra las fieras; sino contra el Diablo, pero estaba segura de la victoria.

Para este tiempo, Aiden el lugarteniente de la cárcel había abrazado la Fe.

La víspera de los Juegos tuvimos la última cena, llamada también ‘Cena de la Libertad’. Pero la convertimos en ‘Ágape’ o ‘Cena de la Fraternidad’.

Interpelaban a los curiosos con la acostumbrada intrepidez y los intimidaban con el Juicio de Dios.

Proclamaban la dicha de su martirio y se reían de los majaderos.

Lewis les decía:

–           ¿No les basta el día de mañana para contemplar a los que detestan? ¿Hoy amigos, mañana enemigos?

Fíjense cuidadosamente en nuestros rostros para que nos puedan reconocer en el Día del Juicio.

Todos se retiraban de allí confundidos.

Y muchos de ellos se convirtieron…

Regina escribió éstas últimas frases, antes de entregar su escrito a Aiden:

–           Hasta aquí relaté lo que nos sucedió la víspera del combate.

Si alguien quiere escribir el combate mismo, ¡Que lo haga!…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

44.- EL MARTIRIO


martirio-de-cristianosPablo de Tarso y Lucano el médico, han estado coordinando a la jerarquía de los cristianos y comunicando a Pedro todas las novedades. La primera parte de las Obras de las Catacumbas, ha sido terminada.

Y el senador Astirio, los mantiene informados del avance de los trabajos.

Como Nerón emprende a capricho, nuevas y colosales construcciones, a nadie sorprende la construcción de dos nuevos laberintos, en diferentes puntos de la ciudad.

Y que todos piensan que son los cimientos de otros tantos palacios, para el César.

Alternando las enseñanzas en casa por Fernanda y la asistencia a la Escuela de Apolonio, se aceleró la instrucción en el cristianismo de todos los miembros de la ‘familia’ de Nicolás y de su hermano Emiliano.

En la Puerta del Cielo, el salón porticado que es en realidad, la Iglesia de la Santa Cruz, ha sido adornado para un evento muy especial.

En el baptisterio, que es una piscina manantial que está junto al salón más grande, en el inmenso jardín. Todo está listo para recibir a los nuevos cristianos que llegarán allí, después de escuchar la última enseñanza del Catecumenado.

Un mensajero de la casa de Celina, le lleva una carta.

La joven lee la tablilla y su mirada preocupada, nubla su bello semblante. Le contesta a Raymundo que al día siguiente por la tarde, regresará a su casa. Que diga a todos que la esperen.

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Diana la ve y le pregunta:

–           ¿Qué es lo que pasa, hermana mía?

Celina contesta.

–          Te lo diré después que haya terminado con la enseñanza de este día, porque necesito tu apoyo en la Oración.

–           Está bien. Ya sabes que estoy contigo.

Y las dos se dirigen al salón donde las esperan unos trescientos catecúmenos y donde una Fernanda radiante y feliz les da la bienvenida, pues su esposo y su cuñado, están en primera fila.

Celina ora el ‘Pater Noster’ y es seguida por todos.

Y luego comienza la exposición de su tema, así:

–           Hermanos. Después de este tema, ya estaréis listos para pedir el Bautismo, el que de vosotros lo decida. Que la Gracia de nuestro Señor ponga en vuestro ánimo, el heroísmo necesario para una sabia decisión…

EL MARTIRIO

“Antes de conocer a Jesús, ustedes eran paganos demasiado carnales para el Evangelio.

Y sin embargo si estáis bien preparados, sabréis seguir adelante hasta dar el testimonio final…  El Testimonio de la sangre: el Martirio.

Erais lujuriosos, ambiciosos, disolutos, crueles, escépticos, viciosos… Y sabréis arrancar de vosotros mismos todas estas lacras, dejando desnuda el alma. Haciéndola sangrar para arrancar los tentáculos de la vida pagana y venir a Jesús, heridos en el pensamiento, en los afectos, en las costumbres, diciendo:

‘Señor, si Tú quieres, puedes sanarme’.

Y Jesús os ha sanado, cicatrizando todas vuestras heroicas heridas.

Porque es Heroísmo el saber arrancar de sí esto que es un mal, por amor de una Ley aceptada totalmente. Es Heroísmo mutilarse de todo esto que es un tropiezo para seguirlo.

Es el heroísmo que Jesús indicó, dejándolo TODO, para ir a Él.

Regenerarse es hacerse un alma nueva. Despojándose de los compromisos y las ideas del mundo, para abrazarse de la Idea de Dios y VIVIRLA. Vivirla verdadera e integralmente, llevando la civilización del Amor a la Tierra y amando hasta dar la propia vida.

Porque seguir a Jesús: Significa caminar por un camino que cada vez se hace más duro y bañado de lágrimas. Seguir a Jesús, significa imitarlo. Caminar detrás de Él, poniendo nuestros pies sobre sus huellas ensangrentadas, hasta llegar a la Cima del Calvario… 

AMANDO COMO ÉL AMÓ: amando a Dios sobre todas las cosas.

Amarlo hasta ofrecerle a Él nuestra vida, para corresponder al Amor Infinito que la dio por la nuestra.

Al meditar cuidadosamente la Pasión de Nuestro Señor, veremos lo que podemos esperar en la pasión que viviremos, al caminar detrás de Él: Traicionado, Acusado, Vendido, Apresado, Juzgado, Condenado, Negado, Flagelado, Calumniado, Crucificado, Muerto y al parecer, Abandonado también de Dios.

LA PASIÓN DE JESÚS, NOS MUESTRA EL CAMINO DEL MARTIRIO. 

Se necesita valor y heroísmo para seguirlo y la decisión de mirar el sendero señalado, SIN MIEDO. Para dar la Batalla, hasta el último combate, con serenidad y arrojo varoniles.

El que vive y sufre siguiendo el ‘Camino de la Cruz’, el que después de haber participado del Calvario, le toca también la recompensa de Jesús: la Resurrección.

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Porque NO hay resurrección sin crucifixión. Y la gloria de poseer a Dios en una bienaventuranza eterna.

El Sacrificio de Jesús, fue el Sol que iluminó el Mundo. La luz de la Gracia baja a los corazones y la Paz con Dios, los hace fecundos.

Los méritos de su Martirio, consiguieron para los cristianos: la capacidad de ganar el Cielo y poseer a Dios.

San Juan Bautista fue el Precursor de Jesús. Llevó una vida sacrificada que culminó cuando lo decapitaron. Fue el último mártir de Israel y el primer mártir cristiano.

TODOS LOS QUE DECIDIMOS SER CRISTIANOS,

DEBEMOS SER DIGNOS DE LLEVAR LA PALMA DEL MARTIRIO

La voluntad sincera del arrepentimiento, cuando todavía el hombre está sobre la tierra, tiene valor de purificación. El alma se ve libre de las cadenas de la esclavitud del Pecado, comprende lo que es Dios y ve la gravedad de sus errores, a la luz del Espíritu Santo. También ve la alegría de la que ha estado separado por años.

Se despojan de toda inmundicia y contemplan el abismo de su propia degradación. Entre más profundo se ha caído, más dolorosa es la subida. Más penosa la cuesta que debe transformar la animalidad, en angelical belleza.

Llevan una meta en el corazón y se dicen a sí mismos: “Supiste martirizar tu corazón, para que la carne gozara. Aprende ahora a martirizar tu carne, para dar a tu corazón, la Paz Eterna.”

Estas son las almas mártires y dignas de Amor como las vírgenes, con una doble corona: la de su Martirio Terreno y Ultraterreno, contra los vicios y por el amor. Porque amar con todas las fuerzas es ya un verdadero martirio.

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Es entonces cuando se llevan a cabo, las Nupcias Espirituales, en las que la criatura se une a su Creador. El martirio suave y gozoso de tener que caminar sin ver. Fiándose totalmente de la Divina Providencia, que con amorosa solicitud, lleva al alma a una recreación, para ser el espejo acabado y perfecto que refleja a su Creador.

Porque la vida es una Prueba Martirial y son Vencedores, los que la sufren sin poner nunca en duda, la Infinita Bondad del Eterno.

La Cruz que las mata es el holocausto que las hace enloquecer en su espíritu.

Y ellas se confían a Dios. Enfrentan la Prueba y permanecen fieles para elevarse. Solo Dios sabe cuáles batallas deben combatir.

El Tentador les ha prometido la alegría y ellas se estrechan más fuertemente al Dolor, porque la alegría era el Mal y ellas han decidido seguir al Bien.

El sabor del fruto del Bien, es amarguísimo a la carne humana. Sólo en la otra Vida, se convierte en miel paradisíaca.

 Rechazar a Satanás significa atraerse el Odio centuplicado del Mismo y Dios nos da la fortaleza para que NO venga la Muerte antes de que cumplamos nuestra misión.

Embelesados en el Cielo, debemos embelesarnos en el ardor de la Contemplación, para poder sufrir la Pasión SIN doblegarnos. permaneciendo luces del mundo y muriendo, para hacer oír la Voz del Cielo, que habla a través de nosotros.

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Venceremos a Satanás. Y en la hora de la victoria, la Luz de Dios nos hace esplendorosos como soles. Cuando se vive de Fe, se muere con un esplendor de Fe en el corazón y sobre los labios. Cuando se vive de pureza, se convierte sin muchas palabras.

Las obras de la virtud, hacen convertirse al Mundo. NO todos se convierten pero lo hacen los mejores. Y esto es suficiente.

EL COMBATE.

En cada hombre, hay otro que se revela en los momentos de peligro:

Está el CÍNICO. Que siempre se ríe de las víctimas y saca provecho de las desgracias ajenas.

Está el TRAIDOR. Mezcla del cínico y el cobarde, que siempre se inclina hacia el partido más fuerte. NO dejando de quejarse de las fallas del perdedor.

Está el COBARDE.  NO es tan delincuente como el cínico; ni tan asqueroso como el traidor. Pero muestra lo endeble de su formación espiritual.

Está el HÉROE. Que manso y aparentemente insignificante. Se afirma en la hora de la lucha y grita al Enemigo: ‘¡Aquí estoy!’

Está el SANTO, que mientras todos huyen aterrorizados, dice: ‘Yo tomo su lugar.’

No es el ser tentados, lo que ha de causar Temor. Así como tampoco la violencia de la Tentación.

Ni la reiteración de los recios ataques, deben inducir al alma al Abatimiento y al Desaliento para seguir adelante. La Ira de Satanás, siempre se desata contra las presas que se le escapan y son conquistas de Dios.

En una batalla, ¿Dónde concentra el enemigo sus embestidas más fuertes?

Endereza toda la artillería contra las posiciones más fuertes y que son de capital importancia. Cuando se ha conquistado la plaza fuerte; las débiles caen por sí solas.

Sería necio gastar fuerzas y municiones en ataques a las defensas desmoronadas por la falta de iniciativa de sus defensores, QUE SE RINDEN SIN LUCHAR. 

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Satanás es un estratega Inteligentísimo, sagaz y MUY CRUEL

Sabe regular muy bien sus asaltos. Donde aprecia debilidad espiritual y moral. Y donde ve un consentimiento pleno para aceptarle como amigo, usa de halagos.

Y el hombre cae por sí mismo en sus garras.

Sus ataques violentos los reserva, para donde advierte una resistencia y prevé una Derrota. Entonces cambia los halagos por Terror; sin cansarse de atacar una y otra vez.

Usando todos sus efectivos y todos los medios, a fin de conquistar o AL MENOS ATORMENTAR… (Por eso cuando aprendemos a Amar el Sufrimiento, nos convertimos en guerreros LETALES para él) 

La vida es una lucha cotidiana contra el Demonio, el Mundo y la Carne.

Porque Satanás usa de los TRES, para hacer caer en Pecado a la criatura y así privarla de la Gracia, para poder apoderarse de ella.

ASMODEO Súcubo

LA CARNE.

Las debilidades del ‘yo’, siempre presentes mientras el hombre vive y cuya solución solo es aplastada, conforme él ‘yo’ es crucificado.

EL MUNDO.

Los afectos y todo lo que constituye el respeto humano, son las armas predilectas para atormentar.

Usa al hombre contra el hombre. Buscando siempre lastimar en donde más Duele y con quién más se Quiere.

EL DEMONIO.

Conforme avanza el alma en el descubrimiento del mundo espiritual, SE DESCARA COMPLETAMENTE

Y SE ENCARA ABIERTAMENTE:  “Deja a Ese…” “Y te daré…” Y  sigue una enumeración de lo que él considera que puede darle resultado.

Como conoce muy bien a su presa, sabe por dónde llegar. Cuando NO consigue su objetivo, su Furia Homicida lo lleva al ataque físico…

Sn. Juan María Vianney "CÓMO NO PUEDE ATRAPAR AL PÁJARO, VINO A QUEMARLE LA JAULA" (Cuando el Demonio lo arrastró y le inició un incendio en su habitación)

Sn. Juan María Vianney  “CÓMO NO PUEDE ATRAPAR AL PÁJARO, VINO A QUEMARLE LA JAULA” (Cuando el Demonio lo arrastró y le inició un incendio en su habitación)

El santo cura de Ars, cuando Satanás lo atacaba físicamente, dejándolo como un boxeador de peso ligero, vapuleado por un boxeador de peso pesado. En su habitación personal, TODO quedaba hecho un desastre, como si la hubiera arrasado un huracán.

Su cama, era un amasijo de hierros retorcidos y como remate, un día se la incendió.

A las preguntas de sus compañeros sobre lo que había acontecido; el santo cura de Ars, solía responder: “Cómo no pudo atrapar al pájaro, vino a quemarle la jaula.”

Pocas veces consigue alcanzarnos.

El amor de Jesús y de María, protegen siempre y solo causa daños HASTA DONDE SE LO PERMITEN… 

El Testimonio del Padre Pío es más que esclarecedor:

Las Tentaciones de Satanás que quisieron hacer caer al padre Pío, se manifestaron de cada modo: “El Padre Agostino nos confirmó que Satanás apareció bajo las formas más variadas: Bajo forma de jovencitas desnudas que bailaron en forma de crucifijo. Bajo forma de un joven amigo de los frailes. Bajo forma del Padre Espiritual o del Padre Provincial. Del Papa Pío X y del Ángel de la guarda.

De San Francesco. De Maria Santísima… Pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales… A veces NO hubo ninguna aparición… Pero el pobre Padre fue golpeado hasta salirle sangre, atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc.”

Él logró librarse de estas agresiones invocando el Nombre de Jesús…

Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron cuando el Padre Pío liberó a los poseídos.

Más de una vez – el Padre Tarsicio contó de Cervinara – antes de salir del cuerpo de un poseído, el Malvado ha gritado: “Padre Pío nos das más molestias tú que San Michelle”. Y también: “Padre Pío, NO NOS ARRANQUES LAS ALMAS y NO TE MOLESTAREMOS….

purgatorio

La carta a Agostino del 5 de noviembre de 1912:

“Estimado Padre, ésta también es su segunda carta a través de la concesión de Dios y ha seguido el mismo destino de la anterior. Yo estoy seguro de que el Padre Evangelista ya le ha informado sobre la nueva guerra que los apóstatas impuros están haciendo en mí.

Mi padre, ellos no pueden ganar, a su voluntad por mi constancia. Yo le informo sobre sus trampas. Sé que les gustaría inducirme, privándome de sus sugerencias. Yo encuentro en sus cartas mi único consuelo. Pero para glorificar a Dios y para su Confusión yo los llevaré. Yo NO puedo explicarle a usted, cómo ellos están pegándome. A veces yo pienso que me voy a morir.

El sábado yo pensé que ellos realmente quisieron matarme, yo NO hallaba a qué santo pedirle ayuda. Yo me dirigí a mi Ángel de la guarda, suplicándole ayuda, quien me hizo esperar largo tiempo… Y finalmente, él voló alrededor de mí y con su voz angélica cantó los himnos de alabanza a Dios.

Entonces una de esas escenas usuales pasó. Yo le reñí severamente, porque él me había hecho esperar tanto por su ayuda, a pesar de que lo había llamado urgentemente y por castigo, yo no quise mirarlo a la cara.

 Yo quería que él recibiera más que un castigo de mí, yo quise huirle… Pero, él pobre, me localizó llorando; él me tomó hasta que yo lo mirara… yo lo miré fijamente en la cara y vi que él lo sentía.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

pio tentacion y amor

La carta al Padre Agostino del 13 de febrero, de 1913:

“Ahora que veintidós días han pasado, desde que Jesús permitió a los diablos para descargar su enojo sobre mí. Mi Padre, en mi cuerpo todo se machuca de las palizas que yo he recibido en el presente por nuestros enemigos.

En varias oportunidades, ellos me han quitado mi camisa incluso. Y me han golpeado de una manera brutal”…

La carta al Padre Benedetto de fecha 18 de marzo de 1913:

“Estos diablos no dejan de pegarme, mientras que también me tumban de la cama. ¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme! Pero ahora ellos NO me asustan ya. Jesús me ama, Él me alza a menudo y me pone en la cama”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación, con el Padre Pío. Hasta le dice que él era un penitente. Éste es el testimonio del Padre Pío: “Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba. Él era alto, guapo, me vistió con algo de refinamiento y era amable y cortés. Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales. ¡Todos los pecados eran molestos!

Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo. Yo respondí. Yo le traje la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, las morales de los Santos, pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras justificando, con habilidad extrema y cortesía, todo tipo de pecado.

Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacer normal, natural y humanamente comprensible todas sus acciones pecadoras. Y esto NO solamente para los pecados que eran repugnante contra Dios, Nuestra Señora y los Santos; él fue Rotundo sobre la argumentación. Pero, qué pecados morales tan sucios y ásperos.

Las respuestas que él me dio con la delgadez experimentada y malicia me sorprendieron. Yo me pregunté: ¿Quién es él? ¿De qué mundo viene él? Y yo intenté mirarlo bien, leer algo en su cara. Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto que merecían. Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él.

Con autoridad divina yo le dije:

“Diga…….”Viva Jesús por siempre” “Viva María eternamente”

En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos, Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba un hedor insoportable”.

Satanás es el mejor maestro en lo que consiste el conocernos a nosotros mismos. A veces está tan enojado, que descubre las tácticas que usará, al enumerar las debilidades de su víctima. Si el alma usa la inteligencia: de sus aparentes victorias, sacará las conclusiones necesarias, para preparar las defensas.

Y es cuando es indispensable fortalecernos en el Señor y en la Fuerza de su Poder. Hay que revestirnos de las Armas de Dios, para poder resistir las asechanzas del Demonio.

Porque nuestra lucha NO ES CONTRA LA CARNE Y LA SANGRE; sino contra los Principados. Contra las Potestades. Contra los Dominadores de este mundo tenebroso. Contra los espíritus del Mal, autollamados dioses, que están en las alturas.

Por eso hay que tomar las Armas de Dios, para poder resistir en este día malo. Y después de haber vencido todo, mantenerse firmes. La Guerra es contra el Infierno Fortísimo, el cual desencadena directamente las grandes Tormentas de las más poderosas tentaciones; en un postrer esfuerzo de abatir al espíritu gigantesco que se le resiste.

La Tentación es un elemento del Mal, que se puede cambiar en Bien y en gloria, mediante la libre voluntad con que el hombre la rechaza. A veces es tan sorpresivo y violento el ataque, que agarrando al hombre desprevenido, lo hace caer…

¿Qué hacer? ¿Llorar y desesperar, porque estamos derribados mordiendo el polvo? ¿Quedar abatidos y darnos por vencidos, aceptando nuestra mísera realidad? ¿Tirar la toalla y batirnos en retirada, dejando que el Enemigo consuma su victoria y nos destruya por completo?

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¡Claro que NO!

¡Sólo los cobardes se dan por vencidos! Cuando se recibe un golpe bajo, (Los de Satanás, siempre lo son) y nuestro triste barro yace miserable y derrotado; debemos recordar, ¡Qué somos polvo!

El Demonio que se retuerce de risa porque nos hizo caer… No hace más que recordarnos, la miseria que somos y como dependemos de Jesús.

Dependiendo del daño recibido. Debemos serenarnos. Tratar de mirar objetivamente la situación y…

¡Llorar amargamente! Pero NO DE ABATIMIENTO… Sino de arrepentimiento, por el Dolor infligido a Dios por nuestro Pecado.

Postrarse en Tierra y pedir perdón al Señor, equivale a levantarse y seguir adelante.

No debemos olvidar que los tropiezos que pone Satanás son más grandes, cuanto más cerca estamos de Dios.

Levantarse y proseguir con constancia inalterable, decididos a pertenecer más a Dios. ¡Dios sabe distinguir las caídas y es Padre que levanta a los que caen; NO por malicia, sino por debilidad de la criatura y tropiezo de Satanás!

El alma que lo conoce, sabe de la Infinita bondad de Dios. Y confía en que el arrepentimiento sincero, obtiene de Dios el Perdón. Y Él, en su Infinita Misericordia, aumenta las Fuerzas y los recursos que el alma necesita para perseverar y vencer.

El Demonio vencido, se retira con su mezquina victoria, diciéndonos: “De todas maneras, ¿Ya ves que eres un perro? ¡Te hice caer y te hice llorar! ¡Volveré y me las pagarás! ¡Te mataré!” La Burla y la amenaza NO faltan jamás.

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Su función es tratar de amedrentar a como dé lugar. Le encanta hacer una descripción minuciosa de lo que nos hará cuando caigamos en sus manos, cuando llegue nuestra hora…

Tentación rechazada, es mérito adquirido. Lo que NO consiguió con la Tentación, trata de conseguirlo con el Terror. Pero, ¡Si Dios está con nosotros! ¿Quién contra nosotros?

Para esto dejó al hombre su magnífica libertad de QUERER.  Para que a través de ella y por mérito propio, alcance la gloria merecida. Conforme avanza el hombre en el conocimiento de Dios y por lo tanto del Amor; el alma extrae de la Verdad, la fuerza necesaria para remontar el Abismo y colocarse al nivel del Enemigo en la Última Batalla.

Todas las luchas anteriores, tienen como finalidad entrenarnos, para el mortal Combate Final. En ella EL MARTIRIO DE LA HORA DE LA MUERTE ES LA BATALLA DEFINITIVA, que determina el curso de nuestro destino eterno.

No podemos darnos el lujo de cometer el más mínimo error.

Si tomamos en cuenta que como hijos de Dios, somos dioses y que lo que decimos se hace; podemos entender el tremendo drama que se desarrolla con nuestras últimas declaraciones.

Para esto hay que encuadrar el diálogo, en un plano totalmente espiritual.

Y veremos claramente el COMBATE, entre el alma que quiere retornar a Dios y el terrible Adversario que trata de impedirlo.

Este conocimiento es invaluable para el momento en que tengamos que librar, nuestro propio y personal combate. Ya sea en una confrontación abierta, como la que tuvo Jesús con sus acusadores…

O en la paz del lecho de enfermo en la que termina la jornada terrena. Este combate es especialmente doloroso para los ATEOS. Por eso sus agonías son desesperadas y espantosas, cuando NO terminan de manera súbita, con el Homicidio o el SUICIDIO… 

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Pruebas + sufrimiento = Amor Perfecto.

La debilidad humana no es capaz de resignarse al Martirio. Pero los corazones que aman de verdad a Dios y deben dar testimonio de Él…

Él Mismo les infunde una gracia sobrenatural: el Amor Perfecto.

Cuando se llega al Amor Total; NI las torturas, NI las acusaciones, NI las separaciones de los familiares; NI la pérdida de la vida, NI ABSOLUTAMENTE NADA, tiene importancia. TODO se convierte en pedestal para levantarse al Cielo, para aceptarlo TODO, para extender los brazos y el corazón a las torturas, mirando solamente hacia Dios.

El amor, el sacrificio y la confesión heroica de la Fe, es Absolución. La vida es un martirio, cuando el Mundo ha perdido toda atracción y el corazón suspira por el Cielo.

Cuando se vive para enseñar a los demás el Amor; para consolar de sus desilusiones el Corazón de Dios y para perseverar infatigables en darle almas.

Por eso debemos perseverar en cumplir nuestra Misión y el Ministerio recibido de Jesús, de santificar el Mundo y dar testimonio del Evangelio. De ninguna otra cosa nos debemos preocupar.

Si sabemos convertirnos en verdaderos hijos del Padre Celestial; DEBEMOS VIVIR, ACTUAR Y MORIR COMO TALES… 

Nuestra muerte debe ser brecha en los diques del Paganismo, como agua que socava una y otra vez… Y rompe lenta, pero inexorablemente, las más fuertes obras del hombre.

Y nuestra sangre, igual que la de Jesús; brotando por miles de heridas, debe resquebrajar las murallas paganas para que el Mundo pueda ser conquistado por el Amor.

Hay que orar pidiendo la Sabiduría, para poder ser CONFESORES. Cuando la poseemos y amamos verdaderamente a Dios; hacemos de este Amor la razón principal de nuestra vida y es cuando alcanzamos la perfección espiritual: la Santidad. 

Con el Amor de Fusión Perfecto, nuestro espíritu es elevado al Cielo.

 Y podemos gozar de Dios, ENMEDIO DEL MARTIRIO CRUENTO.

NO muertos. NO torturados. NO destruidos. NO desesperados. Así como NO es muerte el trabajo de parto, sino que es vida que genera vida: el Dolor de un instante ofrecido a Dios, NO ES MÁS DOLOR…

 Sino GOZO que se vuelve Eterno, al dejar este mundo. Debemos por tanto, reflejar a Dios en sus cualidades y a Cristo Salvador en su Holocausto. Debemos imitarlo si realmente queremos sobrevivir y reunirnos con nuestro Padre. 

EL QUE ESTÉ DISPUESTO PARA EL MARTIRIO,
ESTÁ LISTO PARA RECIBIR EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO… 

Celina calla…

Después de un momento de reflexión, todos se dirigen a la Iglesia de la Santa Cruz, donde se celebra la Eucaristía y donde los espera un grupo de obispos, para bautizarlos.

Nicolás  dice al saludar al obispo Francesco:

–           Ahora ya que me han dado el conocimiento de esta gloriosa Fe, mientras mi Fernanda me ha dado la dulzura, tú ábreme las puertas de la Gracia. Quiero ser de Cristo para ser igual al ángel que Él me ha dado por esposa y que me ha abierto los caminos celestiales en los que prosigo, olvidando todo el pasado. ¡No tardes más! ¡Oh, obispo! Yo creo y ardo por confesarlo, para la Gloria de Jesucristo, nuestro Señor.

Los cristianos escuchan conmovidos y alegres.

Y sonríen al nuevo hermano y a la feliz Fernanda que lo tiene tomado de la mano, estando entre el esposo y el cuñado.

Al igual que los demás, Nicolás y Emiliano están vestidos de blanco y sin ningún adorno, ni joyas de ningún tipo.

El Obispo Francesco pronuncia la fórmula sacramental del Bautismo, mientras los cristianos van siendo sumergidos uno a uno, por tres veces; en la piscina con el agua lustral.

Nicolás con las gotas de agua todavía escurriendo de sus cabellos, recibe el beso fraterno de los cristianos y sus felicitaciones…

Que le dicen:

–          Serás un campeón entre nosotros.

El joven patricio contesta sonriendo:

–         No soy capaz de tanto. Yo, infeliz pagano envuelto en el Error. Todo el mérito es de esta dulce esposa mía. Su belleza y su gracia, sedujeron en mí al hombre… Pero su Fe y su pureza, han seducido mi espíritu. He querido ser igual a ella, para poderla amar y comprender más, todavía.

De mí, iracundo y sensual; ella ha hecho esto que veis: un manso y un puro. Y espero con ayuda de ella, crecer siempre más en este Camino. Ahora te veo ángel de virginal candor, ángel de la esposa mía. Y a ti también Azharías. A ti te sonrío, porque me sonríes. ¡Ahora te veo, Angélico esplendor!

La alegría de contemplarte es superior a toda la aspereza del Martirio.  

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Fernanda santa, prepárame para eso. Yo quiero entregarme completamente y consagrarme como tú. Quiero ser Sacerdote e inmolarme a mí mismo, a mi Señor Jesucristo. Sobre esta Estola yo quiero escribir con mi sangre, el Nombre Santísimo del Cordero y ofrendar el Verdadero Culto a Dios.

–           Amén. –contestan todos.

Cuando la asamblea termina, los cristianos regresan a sus hogares.

Y en Roma, Celina redacta un documento donde autoriza la venta de sus propiedades y dona todas sus riquezas para que Pedro las distribuya, a los pobres de la Iglesia.

Luego pide a Diana que la acompañe a orar durante toda la noche.

Diana le pregunta:

–           ¿Cuál es la razón para esta decisión?

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Celina contesta:

–          Me enteré,  de que Narciso Haloto con calumnias, ha conseguido de su padre una orden de arresto contra mí. Piensa llevarme a los lupanares del Palatino y entregarme a los spintrias. (Maestros de voluptuosidad)

Quiere retenerme prisionera, hasta que se canse de mí. Después de profanarme, quién sabe cuántas crueldades más tiene planeadas la ruin bajeza del despechado romano. Pues está dispuesto a hacer uso de toda su fuerza y poder, para vengarse de lo que considera: ‘Estúpidos desprecios de una jovencilla orgullosa.’

Diana se queda muda de estupor y solo exclama:

–           ¡Oh!

Las dos se arrodillan ante la cruz, en el cubiculum de Celina.

Y se sumergen en una larga y ardiente Oración…

Cuando llega la mañana, se levantan y preparan un pequeño altar, con linos muy finos y hermosas flores blancas.

Luego entra un hombre joven, elegantemente vestido; con su toga ribeteada de púrpura, parece un senador.

Es Humberto y las dos jóvenes le saludan con gran veneración. Él saca de una bolsa, todo lo necesario para celebrar una Misa. Después se reviste con las vestiduras sacerdotales y se inicia la Eucaristía.

Celina y Diana, oran siempre más fervorosamente.

Humberto consagra las Especies y después las da a las dos jóvenes, que las reciben con profunda adoración.

Pero cuando el sacerdote las bendice al terminar la Misa y desciende del altar, solamente Diana se mueve.

Celina permanece postrada, su compañera la llama y la sacude suavemente.

Humberto también se inclina y entre los dos, la levantan.

Ya la palidez de la muerte, está sobre el rostro de Celina y los ojos están semicerrados por la agonía final. Respira fatigosamente y una alegría incontenible, ilumina su bello rostro.

La colocan con cuidado sobre un largo diván que hay junto a una ventana abierta al atrium, donde se oye el agua del implovium, cuando salpica el hermoso jardín.

Tratan de ayudarla.

Pero ella, haciendo un esfuerzo, levanta una mano y solamente dice dos palabras:

–           Gracias… Jesús…

Y sin ningún espasmo, expira…

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Diana besa la blanca frente de su amiga.

Y lágrimas silenciosas, resbalan por sus mejillas, mientras le dice:

–           Hermana mía, me has precedido. Te lo ruego, ora por mí, cuando llegue mi hora.

Humberto unge el cuerpo con los santos óleos y cruza sobre el pecho, las manos de la doncella; que parece como si durmiera  apaciblemente.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

P85 LA ERA DEL ESPÍRITU SANTO


13 PADRE CELESTIAL

Mayo 01 del 2015

Habla Nuestro Señor Jesucristo.

Hijitos Míos, ciertamente vosotros los que pertenecéis realmente a Mi Cuerpo Místico, sufrís junto Conmigo. Y digo: “los que pertenecéis a Mi Cuerpo Místico”, porque muchos se han alejado de Mí.

Soy vuestro Dios y Salvador y los que estáis Conmigo, al pertenecer a Mi Cuerpo Místico también sufrís; porque Satanás y sus secuaces os tratan también, de eliminar de este Mundo.

Satanás no desea tener almas buenas en la Tierra, porque le quitan almas para la condenación eterna. Vosotros sois de ésas almas que luchan por mantenerse en el Bien. Que aunque caigáis, siempre os levantaréis; porque Me pertenecéis y porque sabéis que Me dais una alegría inmensa cuando os levantáis y regresáis a Mí; pero sobre todo, porque tratáis de permanecer en Mí.

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Vivir Conmigo es una dificultad para el ser humano, porque Satanás lo estará atacando continuamente.

Vivir Mi Vida, vivir la tarea que Me encomendó Nuestro Padre, vivir para el bien morir de muchos de vuestros hermanos, siempre va a ser algo que atacará Satanás; pero que vosotros gozaréis porque sabéis que con eso, Me dais un gusto tremendo.

Yo os veía a todos vosotros en Mi Pasión, aún en la Cruz. En Mis últimos momentos, Mi Donación era por todos vosotros. Y AHORA VOSOTROS SOIS PARTE DE MÍ. También sufrís, pero también gozaréis, porque resucitaréis Conmigo y eso es lo que deberéis tener muy dentro de vuestro corazón y de vuestra mente: que no os perderéis. Especialmente porque también sois corredentores Conmigo, vuestro Dios.

¡ORANDO POR VOSOTROS Y PREPARÁNDONOS PARA LO MISMO!

¡ORANDO POR VOSOTROS Y PREPARÁNDONOS PARA LO MISMO!

En las Sagradas Escrituras se os ha dicho que no hay mejor alegría que el darse por los amigos, pero sois hermanos todos vosotros y os dais por vuestros hermanos.

Estos son los tiempos de Reconstruir Mi Cuerpo Místico, precisamente con almas místicas, con almas buenas, con almas que están Conmigo; almas que comprendieron perfectamente Mi Donación y almas a quienes comprendo Yo, por vuestra donación en estos tiempos.

Somos Uno también en Mi Trinidad, porque vosotros no podéis estar fuera del Amor, porque vosotros os estáis dando por Amor. Todavía tenéis un velo que cubre vuestra mente, que cubre vuestra vista, que cubre vuestro entendimiento. Y es bueno que sea así, para que vosotros actuéis en Fe, en amor, en una donación absoluta y después cuando os quite el velo, gozaréis inmensamente. Porque entonces veréis la realidad de vuestros actos, de vuestra donación, de vuestra intercesión, de vuestros deseos de salvar a vuestros hermanos y de salvaros a vosotros mismos.

1MARTIR

Son tiempos de un cambio espiritual muy fuerte y muy bello. Muchos de vuestros hermanos se han desviado por mentiras de Satanás, orad por ellas y trataré de recuperar a muchas de estas almas. MI SANGRE PRECIOSA LO PUEDE TODO, pero vuestro libre albedrío Me impide salvar a muchas almas, porque vuestro libre albedrío se pone en contra de Mi Divina Voluntad.

¡Qué triste es esto, Mis pequeños! Todo un Dios buscando a Su creatura. Pequeñitos sois y despreciáis a Mi Omnipotencia Infinita.

Vuestro libre albedrío, pequeño, inconstante, falso, impide vuestro gozo. ¡Qué paradoja, que algo tan pequeño impida que Mi Omnipotencia Infinita se derrame sobre vosotros! Soy vuestro Dios y vuestro error impide vuestro gozo.

PedidMe Mis pequeños los que dudáis, los que no queréis estar Conmigo; que Mi Santo Espíritu os haga entender lo que Yo quiero hacer de vosotros, que es llevaros a la perfección en el Amor. No dejéis que os engañe el Enemigo y que os manipule, para que vuestro libre albedrío viva en el Error.

sabiduria

Acercaos a Mí, que Me di por vosotros. Os conozco perfectamente. No quiero que desperdiciéis Mi Donación total por vosotros.

Que no se desperdicie ni una de Mis lágrimas, ni una gota de sudor, ni una gota de Sangre, ni Mi Carne Divina, que también cayó al suelo con los latigazos.

Eso es lo que más Me duele Mis pequeños: que dándoMe completamente por vosotros, vosotros ni os inmutáis, ni agradecéis.

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Porque con lo que os di, podríais ganar fácilmente vuestra santificación y NO LO HACÉIS.

Arrepentíos de corazón, para que Mi Santo Espíritu entre en vosotros y os haga ver vuestra realidad, pero vista con Mis Ojos y no con los vuestros.

Os amo, Mis pequeños. No desperdiciéis lo que Yo os di, lo que todo un Dios dio por Su creatura.

Fra Angelico - Transfiguration of Christ

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, muchos de vosotros os aferráis al Mundo y a la vida que estáis viviendo. Yo os podría decir que lo que estáis viviendo es una caricatura de las bellezas que vivirán aquellos que han luchado por ganarlas.

Mis pequeños, esta palabra la debierais tener muy presente en vuestra vida: “la lucha”. LA LUCHA por vuestros bienes eternos. Aquellos que buscan solamente los bienes de la Tierra luchan por estos bienes terrenos, pero desperdician su tiempo. El tiempo que Yo os concedo de vida, el tiempo con el cual vosotros estaréis ganando el Cielo, el tiempo con el cual vosotros podéis hacer grandes cosas por vuestros hermanos.

El tiempo que necesitáis a lo largo de vuestra existencia para arrepentiros de vuestros pecados, que continuamente cometéis. El tiempo para estar Conmigo, para que vivamos en una vida íntima espiritual, en una vida íntima de amor, una vida que os va a ir preparando para los goces eternos.

hombre-de-dios

Aquellos que han luchado por su salvación, han ido gozando de las mieles del triunfo a lo largo de su existencia y así al momento que llega por fin el dejar la Tierra para regresar a Mi Reino, es un momento deseado; es un momento tan anhelado y que os llena de tanto gozo, que el alma vuela feliz hacia Mí, porque Yo os voy preparando. Vais conociendo lo que tendréis, ciertamente en grado minúsculo, pero ya intuís lo que tendréis en vuestro eterno gozo.

Seguid luchando Mis pequeños, por este triunfo Terreno. Quitándole fuerza a Satanás con vuestras obras, con el amor que debéis hacer crecer en vuestro corazón. Con la ayuda en la salvación de vuestros hermanos, con la difusión de Mi Palabra, de Mis Obras, de Mi Amor entre vuestros hermanos.

La lucha es activa, no pasiva. Debéis estar continuamente creciendo por obtener Mis Bendiciones, por las acciones buenas que estéis haciendo en todo momento con vuestros pensamientos, palabras y obras. No desperdiciéis el tiempo que os he concedido para servirMe en la Tierra. Vuestro triunfo está asegurado, cuando vuestra vida está unida a la Mía.

fusion

Las necesidades de vuestra alma para vuestra salvación, son muchas. Y os lo digo así, para que no os confiéis y solo os mantengáis en lo mínimo necesario para vuestra salvación. Satanás es muy Astuto y os puede hacer caer en cualquier momento, para que vosotros podáis perder en lo que vosotros estáis confiando, en vuestro mínimo necesario.

Recordad Mis pequeños, que las almas para entrar al Reino de los Cielos, tienen que ser santas. Y decir santas, es mucho lo que necesita el alma para llegar a ése grado. Y vosotros no estáis dando mucho para que os ganéis fácilmente la entrada al Reino de los Cielos.

Estos son tiempos en que podréis hacer muchos méritos para la salvación de vuestros hermanos. HAY TANTAS ALMAS QUÉ SALVAR. Por eso os insisto tanto en vuestra donación, en vuestro acercamiento a Mí, para que podáis entender las necesidades de Mi Corazón. Las necesidades de vuestros hermanos para su salvación y vuestras propias necesidades.

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Para entender lo que es la salvación de un alma Mis pequeños. O llevar un alma al Reino de los Cielos, es una tarea difícil o titánica; PORQUE ESTÁIS LUCHANDO CONTRA SU LIBRE ALBEDRÍO y muchas veces este es el principal traidor del alma, porque no busca su salvación. Se queda en el Mundo, se queda con las cosas que no le van a ayudar en su salvación eterna y por eso se tan difícil salvar a un alma. Por su necedad, por su terquedad, por el obscurecimiento de su mente al no querer entender la complejidad de lo que es la salvación del alma.

Os vuelvo a repetir, NO OS CONFIÉIS Mis pequeños en que creáis que con lo poquito que estáis haciendo es suficiente para vuestra salvación y para la de muchos. ¡NO Mis pequeños! La salvación de un alma y empezando por la vuestra; exige mucho trabajo, dolor, privaciones, sacrificios y a veces SANGRE.

Dejad que Mi Santo Espíritu os haga ver la realidad de vuestra salvación y la de los vuestros; de tantos hermanos vuestro alrededor del Mundo que no quieren, ni siquiera buscarMe.

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Vosotros podéis salvar almas, aunque ellas no estén muy dispuestas a ello. VOSOTROS OS DONÁIS POR LAS ALMAS Y YO HAGO EL RESTO. De alguna forma toco el corazón de ésas almas por las cuales os dais vosotros y en algún momento tendrán la Luz Divina y entenderán su distanciamiento de Mí. Y YO les explicaré lo que deberán hacer para su salvación.

Vosotros donaos por vuestros hermanos y haced méritos para vuestra propia alma Y YO ME ENCARGO DEL RESTO, de vuestra salvación eterna.

Muchos hermanos vuestros buscan el oro, buscan los bienes de la Tierra. Ven todas esas piedras preciosas, se dejan impresionar por su fulgor, por su belleza, por su valor y se vuelven locos por atesorar los bienes del Mundo.

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Bienes que ciertamente les dan a ellos una posición social envidiable a ojos humanos. Y así se van confundiendo cada vez más. Y cuanto más atesoran, más pierden la realidad de la vida.

En las Sagradas Escrituras, os dije que era más fácil que pasara un camello por el ojo de una aguja a que un rico se salvara y es que se llenan de espejismos. Se llenan de mentira.

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Aparentan, buscan sobresalir, presumen; pero no alcanzan a ver la realidad futura de su alma.

Ante Mis Ojos, no hay acto que valga de parte de ellos; especialmente porque se vuelven avaros y egoístas. No hay Caridad, no hay amor para el hermano.

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Si al menos compartieran algo de sus bienes, ésos bienes les estarían dando la salvación eterna, estarían comprando su bienestar eterno. Pero no, NO HAY BONDAD EN SU CORAZÓN.

Buscan atesorar cada vez más, ser el rico número uno de la Tierra. Sí, de la Tierra, porque tierra serán nuevamente.

Y su alma, condenada eternamente.

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¡Cuánta ceguera del hombre! ¡Cuánta maldad, por obtener aquellas riquezas que os van a ahogar en el Fuego Eterno! Están atesorando y ganando su condenación eterna.

Porque la gran mayoría de las veces, se obtienen estas riqueza por medios ilícitos, malvados, con la sangre de vuestros hermanos.

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Recapacitad pequeños Míos, los que estáis atesorando lo del Mundo.

Porque os he dicho que el TIEMPO SE HA TERMINADO y estáis a segundos de grandes tribulaciones, en donde os daréis cuenta cómo desaparecen vuestros bienes y ¡Vosotros tan confiados en ellos!

No podréis comprar vuestra salvación con ésos bienes, os los arrebatarán. Lo que tanto os costó reunir, lo perderéis en segundos; porque son bienes de la Tierra, que nunca entrarán al Reino de los Cielos.

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En cambio los bienes espirituales, los que ganasteis por vuestro buen corazón por estar Conmigo, por haber hecho caso de las lecciones que se os dan en las Sagradas Escrituras; estos bienes espirituales bellísimos, marcan vuestra alma.

La engrandecen, la embellecen y al momento de llegar a Mí, Me doy cuenta de todo lo que hicisteis con una sola mirada. Y aún las almas del Cielo, se dan cuenta de los méritos que ganasteis por vuestro buen proceder en la Tierra.

Orad por las almas que viven en el error, que han atesorado mucho de los bienes de la Tierra; para que se den cuenta que no les están ayudando en su bienestar eterno y pueda haber en ellos un cambio, guiado por Mi Santo Espíritu, para que no se pierdan eternamente.

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Os amo a todos Mis pequeños. A TODOS y quiero vuestra salvación eterna. Pero mientras más estáis en el Mundo, más llenos estáis de las cosas del Mundo y más lejos estoy de ésas almas. ¡Pobres almas, supuestamente ricas!

Porque estos tiempos, son tiempos difíciles de salvación. LA LUCHA CONTRA LA MALDAD DE SATANÁS, LA DEBERÉIS INCREMENTAR. Se le ha dicho que su tiempo terminó.

Pero él atacará más, aún a pesar de que se le haya avisado que no tiene tiempo ya. Y mucho mal diseminará por sobre toda la Tierra y en el Universo entero.

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Esto es una realidad Mis pequeños. E iréis viendo poco a poco, cómo la maldad, desastres, asesinatos, muertes por todos lados, se irán incrementando. Y todo porque Satanás dará sus patadas de ahogado sabiendo que no triunfará, pero sí tendrá todavía tiempo de engañar a varias almas, para que éstas se vuelvan flagelo contra vosotros.

Si Mi Hijo os dio la orden de que os tratarais como hermanos y que os dierais los unos por los otros, Satanás os tratará de poner en contra los unos contra los otros. Y si es posible, DESTRUYÉNDOOS LOS UNOS A LOS OTROS.

Manteneos pues, buscando y pidiendo continuamente las Bendiciones de Nuestra Santísima Trinidad, para que os protejamos y también que podáis crecer espiritualmente.

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Toda esta maldad desaparecerá. Pero desaparecerá porque vosotros le debéis dar la espalda. Cuando vosotros tomáis de la maldad y tontamente actuáis así, TRATANDO DE DESTRUIR LA MALDAD CON MÁS MALDAD, la que salga de vuestro corazón y es al contrario, la hacéis crecer.

Por eso os digo que estos son tiempos en que deberéis ejercitar fuertemente las virtudes y Mi Amor en vosotros. PORQUE A LA MALDAD LA DEBERÉIS NULIFICAR CON EL AMOR QUE DEBE BROTAR DE VUESTRO CORAZÓN CONTINUAMENTE.

Los que están Conmigo entienden perfectamente esto; en cambio los que viven en el Mundo, son los que hacen crecer la maldad; porque sus fechorías los hacen solamente pensar en el ojo por ojo y diente por diente. NO SABEN PERDONAR, no saben guiar a las almas hacia el bien eterno, se ahogan en sus mismos errores mundanos.

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¡Cuánta mentira han dejado entrar en su corazón! Ayudadles con vuestro ejemplo y con vuestra Oración, a que la Luz llegue a ellos; Mi Luz, Mi Sabiduría Divina y restauren su camino, para que puedan llegar a Mí.

Hijitos Míos, os he dicho que estáis ya en Tiempo de Justicia. Ciertamente, vuestro libre albedrío escogerá en estos tiempos, de qué lado estáis Mis pequeños. ¿ESTÁIS CONMIGO O ESTÁIS CONTRA MÍ?

Pero ahora, en estos tiempos en que el libertinaje está muchísimo más marcado, que la Maldad ha subido a niveles insospechados, tratando de aniquilar el Bien que muchas almas, todavía guardan en su interior. Es el tiempo en que se va a marcar más esta diferencia: el Bien y el Mal y es vuestro libre albedrío es el que os dará la pauta.

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Vosotros los que estáis Conmigo por las Virtudes y por el amor hacia Mí, DOMINÁIS EL LIBRE ALBEDRÍO que fácilmente se está yendo por caminos de error por todo el mundo. Las mismas autoridades, todo lo que os rodea apoyando este mal están. Por eso os había dicho alguna vez que la santidad de estos tiempos iba a ser más grande que en los antiguos; puesto que el mal de este tiempo, es más fuerte que el anterior.

Así como estáis viendo el mal en altas proporciones, el Bien también está creciendo; porque Yo estoy en los corazones de aquellos que Me están pidiendo a gritos que termine todo esto que estáis viviendo.

Vosotros mismos, los que estáis reunidos y los que leerán después estos Mensajes que estoy dando alrededor del Mundo, estáis deseosos de que este mal sea dominado ya por Mis Fuerzas Divinas.

santidad

Y así será Mis pequeños. Pero también os he dicho que todo esto servirá para vuestra purificación y para asentaros mejor en la santidad que quiero de cada uno de vosotros.

Debéis estar muy conscientes en que los tiempos que se vienen, son tiempos de santidad. Sí Mis pequeños; se vivirá una santidad como no se ha vivido antes sobre la Tierra.

El resto fiel, el que quedará después de esta purificación entrará a ese Nuevo Tiempo, en santidad. La purificación que tendréis, os purificará y aumentará el amor hacia Mí; el respeto a Mis Leyes y a todo lo que Yo os he pedido.

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Mis pequeños, van a ser tiempos bellísimos. Van a ser tiempos de un amor fraternal, como se vive en el Reino de los Cielos.

Gozad desde ahora estas Palabras que os estoy diciendo, que después se harán realidad en una vida en la cual, la mayoría de vosotros viviréis.

Orad y seguid orando por las almas de vuestros hermanos que no creen o que atacan lo que Yo os he dicho. O que no quieren vivir de acuerdo a lo que Yo os doy, porque ya se han satanizado. Orad para que su Dolor no sea tan grande y tan grave, cuando sean juzgados.

El Juicio Particular

Vosotros seguid insistiendo en que Yo venga ya a poner fin a todo esto que estáis padeciendo. Os he pedido que oréis con todo vuestro corazón, por el próximo Retorno de Mi Hijo; para que se dé éste cambio ya. Necesito de vuestra oración. Necesito de ésos gritos que salen del corazón buscando la armonía, la paz y Mi Presencia entre todos vosotros.

Daos cuenta en qué posición estáis, Mis pequeños. Es una posición importantísima. Yo, todo un Dios Poderosísimo, abajándoMe al hombre; pidiéndole al hombre QUE SEÁIS VOSOTROS LOS QUE INICIÉIS EL CAMBIO.

Es vuestra oración, son vuestras peticiones, son vuestras lágrimas, es vuestra humildad, lo que va a hacer que Yo actúe.

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EL ARREPENTIMIENTO DE VUESTRA VIDA PASADA Y UNA PROMESA QUE ME HAGÁIS DE UNA NUEVA VIDA, ESO HARÁ EL CAMBIO, Mis pequeños.

ARREPENTÍOS. PedidMe perdón por los pecados de vuestros hermanos y el Cambio se iniciará. OS NECESITO.

Grandes regalos tengo para todos aquellos que Me buscan, que Me llevan en su corazón, que Me transmiten a sus hermanos. Porque la espiritualidad y la santidad de estos tiempos, va a ser mejor pagada por Mí, por vuestro Dios; pues estáis viviendo tiempos más difíciles que los anteriores. 

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Siempre ha habido persecución, destrucción en Mi Iglesia, destrucción espiritual en los fieles. Mi Iglesia, la de Mi Hijo; siempre ha sufrido desde que fue creada. (Satanás gobierna el mundo)

Pero la Promesa existe y ésta durará hasta el fin del Mundo, para luego pasar y seguir eternamente en el Reino de los Cielos.

Mis pequeños, los grandes regalos que tendréis por haberos mantenido en Mí, en Mi espiritualidad, en Mi Amor, serán inmensos. Vuestra alma está bloqueada por vuestro cuerpo, no está dando su máximo, porque está aprisionada en vuestro cuerpo. Pero vuestro cuerpo fue afectado por el Pecado Original, ya que no estaba así con vuestros Primeros Padres.

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Vuestros Primeros Padres Adán y Eva, cuando no habían padecido todavía el Pecado Original; su alma vivía plenamente, desbordantemente en su cuerpo y gozaban inmensamente Mis Regalos. Yo los consentía por el amor tan grande que Me mostraban.

Realmente el engaño de Satanás, fue fortísimo. Y con esto, os quiero ejemplificar las Potencias angelicales de Satanás.

Si vuestros Primeros Padres gozaban de ésa fuerza espiritual libre; se debía a que sus cuerpos eran de otra constitución a la de los vuestros. Ellos gozaban inmensamente de toda la Creación y de los regalos que les daba.

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Vosotros llegaréis a ésos momentos, después de la Purificación. La magnitud del gozo de vuestra alma no será igual todavía, como a la de vuestros Primeros Padres. Pero se liberará todavía más, porque vuestro cuerpo será transformado poco a poco, hasta prácticamente llegar a las potencias que tenían vuestros Primeros Padres.

Con esto os estoy dando el Conocimiento de lo que se acerca, para los que os mantengáis Conmigo en estos proyectos de cambio que tengo para todos vosotros. Y lo digo así Mis pequeños, porque quiero que todos vosotros gocéis lo que ya existía porque os pertenece, porque Yo os lo regalé, porque fuisteis los Reyes de la Creación; condición que se perdió con el Pecado Original.

Cuando os digo que las potencias angelicales de Satanás son fortísimas, es porque engañaron al alma y al corazón de vuestros Primeros Padres, aun teniendo sus potencias liberadas y no aprisionadas por su cuerpo.

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Y con esto os estoy dando a entender con lo que tendréis que luchar en estos tiempos, cuando sean liberadas infinitamente más, las potencias de Satanás. Porque VOSOTROS MISMOS HABÉIS DEJADO QUE SE LIBEREN, porque ya no oráis lo suficiente. Ya no vivís en virtudes, ya no apreciáis el Amor que os doy, ya no queréis vivir en santidad.

Mi Santo Espíritu os ha pedido ser transfigurados en cuerpo y alma, para que podáis empezar a tener ésas potencias que tenían vuestros Primeros Padres. Os repito, va a ser un proceso y en el cambio que tendréis, llegaréis a niveles muy altos. Pero eso será después de la Purificación.

Antes TENDRÉIS QUE LUCHAR CONTRA LAS POTENCIAS DE SATANÁS AL NIVEL EN EL QUE ESTÁIS, que es un nivel muy pobre. Y por eso debéis estar continuamente Conmigo, con vuestro Dios, unidos a Mis Potencias, unidos a mi Amor, que eso es lo que va a vencer a Satanás: Mi Amor.

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Vosotros tenéis muchos defectos. Vosotros no permanecéis continuamente Conmigo, os distraéis con infinidad de cosas; cosas del Mundo, cosas que no os ayudan a crecer espiritualmente ni a defenderos de todo lo malo que os rodea.

Quiero que entendáis esto perfectamente Mis pequeños, porque el Enemigo contra el que lucharéis, no es un enemigo que esté a vuestro nivel; ES INMENSAMENTE SUPERIOR A VOSOTROS Y SOLAMENTE ESTANDO VOSOTROS CONMIGO, SERÁ VENCIDO.

Vuestras oraciones, vuestra donación, vuestra vida espiritual unida a la de Mi Hijo y a la de Mi Hija, la Siempre Virgen María, son los que os van a ayudar en estos Tiempos.

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Ciertamente, será vencido Satanás. Pero mientras más os acerquéis a Nosotros vuestros dolores, vuestras penas, vuestra lucha, serán menores.

Por favor Mis pequeños, no echéis todo esto en saco roto. Yo veo el Dolor de las almas y lo que se os viene es tremendo, si no entendéis y no queréis llevar a cabo lo que Yo os estoy pidiendo, que va a ser para vuestro bien.

Hijitos Míos los que estáis Conmigo, entendéis Mis Palabras y especialmente cuando os digo que estáis ya rodeados de Obscuridad espiritual. Ciertamente, vuestros ojos humanos ven luz; pero vosotros entendéis lo que os estoy diciendo cuando vivís ya en obscuridad espiritual.

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Vosotros sois Luz en las tinieblas. Ciertamente Satanás, puede ver la Luz que cada uno de vosotros expedís. Vosotros estáis Conmigo, vivís para Mí. Ciertamente tenéis defectos y en momentos estáis Conmigo y en momentos os olvidáis de Mí. Pero Me buscáis. ME TENÉIS COMO ALGO IMPORTANTE EN VUESTRA VIDA y os lo agradezco, Mis pequeños.

A tal grado os lo voy a agradecer que estáis protegidos por Mi Amor, porque veo que Mi Amor crece en vuestro interior. Y además, tenéis deseos de que otros Me tengan también en su corazón.

Es tan importante Mis pequeños tener ésos deseos, que Yo los pago inmensamente. Porque por vuestros deseos, Yo puedo cambiar a las almas, aunque ellas no Me estén buscando.

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Yo las voy enamorando poco a poco, para que Me encuentren y puedan vivir ésa espiritualidad íntima Conmigo. ¿Qué más puede desear un alma Mis pequeños, sino estar con su Creador?

NO HAY NADA EN LA TIERRA NI EN EL UNIVERSO ENTERO, QUE SE PUEDA COMPARAR A MI AMOR.

Yo os voy a proteger y os estoy protegiendo en estos momentos de Obscuridad. Mi Santo Espíritu que Vive en vuestro interior, os conoce. Sabe perfectamente cómo sois cada uno de vosotros. ViviMos en vuestro interior. Y así sabiendo cómo sois, os vamos a ir guiando, para que esta Obscuridad no os dañe y podáis vosotros dar la Luz que debéis dar a vuestros hermanos.

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Esa es la tarea que tienen las almas como las de vosotros en estos tiempos, dar Luz. Ayudadles a encontrar el camino, que no se atemoricen con todo lo que estáis viviendo y que viviréis todavía más fuerte; que es el ataque a Mi Amor, a Mis Leyes, a todo lo que venga de Mí.

Mi Misma Iglesia Me está fallando. La Maldad se ha introducido dentro de ella. Os he explicado esto. Sois hombres y ellos son hombres también. Mis ministros son hombres que se han dejado convencer por Satanás, para buscar las riquezas del Mundo y hacer a un lado todo lo que venga de Mí.

Los Gobiernos también han hecho Pacto con el Enemigo, buscando las riquezas del mundo, que de nada les han de servir. Ellos han buscado todo esto con su inteligencia humana. No han buscado lo Mío con Sabiduría Divina, porque entonces se darían cuenta de que lo que están ellos atesorando del Mundo.

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De nada les ha de servir para su salvación eterna… Y menos para un crecimiento espiritual, que les aseguraría una vida eterna Conmigo.

Cuánto error se vive en la Tierra. Cuánto error se vive alrededor vuestro. Cuánta mentira escondida, como supuesta verdad en todos los ámbitos y niveles de vuestra existencia. Satanás es el padre de la Mentira y os engaña, para que no tengáis ni salud física ni espiritual. Os engaña de múltiples formas. Y vosotros vais cayendo en sus engaños.

Y especialmente porque no estáis Conmigo. NO ORÁIS LO SUFICIENTE, como para pedir y tener el Discernimiento espiritual correcto, para todo de lo que está a vuestro alrededor, de lo que vivís y de lo que vais a vivir.

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Vuestros pensamientos, prácticamente se centran en lo físico, en lo que os rodea. En lo material, en lo económico. Tenéis qué aprender a dar ése salto. Sobrepasar todo lo que es de la Tierra, todo lo que no os ayuda a llegar hacia Mí y tenéis que crecer en lo espiritual.

PedidMe ésa ayuda Mis pequeños. YO OS LA DARÉ. Pero tendréis que cuidar ésa Sabiduría Santa que os daré, para que no la perdáis nuevamente. El hombre la perdió con el Pecado Original.

Vosotros podéis recuperarla, pidiéndola con humildad, con sencillez y sobre todo, con un deseo grandísimo de agradarme.

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Porque Yo amo a las almas sabias, a las almas buenas, a las almas que se donan, a las almas que respetan lo que viene de Mí. A las almas que están Conmigo y que quieren permanecer eternamente Conmigo.

Sed de ésas almas, Mis pequeños. Almas que Me amen, almas que Me quieran dar una gran alegría por su donación total y porque quieren seguir aceptando Mis Leyes, Mi Amor en su vida actual y futura.

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192.- SACRIFICIO DE AMOR


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Es un amanecer glorioso, en el que parece que toda la primavera cantara en los árboles, las flores, los pájaros y los olivos que cubren el monte por el que avanza el grupo apostólico para entrar a Jerusalén.

Llegan a una casa y Jesús entra bendiciendo a sus moradores que lo saludan con alegría. Hay ruido de cascabeles y panderetas.

Isaac entra y se postra ante su Señor y le dice que ya cumplió su encargo.

Jesús sale y señala al asno sobre el que nadie ha montado hasta ahora.

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Los peregrinos ricos extienden sobre el lomo del animal sus ricos mantos y uno dobla su rodilla, para que se apoye el Señor y monte.

Pedro camina del lado del Maestro e Isaac del otro lado, llevando las riendas del aún no domado animal, que sin embargo avanza calmadamente como si estuviera  acostumbrado. No patea, ni se espanta con las flores, ni con las ramas de olivo y las palmas que se agitan a su alrededor. Que se tiran al suelo como alfombra, ni con el alegre sonar de cascabeles y los gritos llenos de alegría…Que son cada vez más fuertes…

Gritos clamorosos de:

–                       ¡Hosanna al Hijo de David!

–                       ¡Bendito sea el que viene en el Nombre del Señor!

–                       ¡Hosanna en lo más alto de los Cielos!

–                       ¡Santo, Santo, Santo es el Señor!

–                       ¡Llenos están el Cielo y la Tierra de su Gloria!

–                       ¡Hosanna en el Cielo!

–                        ¡Bendito es el que viene en el Nombre del Señor!

–                       ¡Hosanna en el Cielo!

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Avanzar desde Betfagé, por entre calles estrechas y torcidas, no es fácil. Cuando salen del suburbio, el cortejo se ordena y no falta quién arroja su manto al suelo como si fuera una alfombra y muchos lo imitan. El centro de la calle se convierte una cinta multicolor; llena de ramas floridas de olivos, flores y hojas de palma. Resuenan los gritos en honor al Rey de Israel; del Hijo de David, de su Reino.

En la Puerta de las Ovejas los soldados de la guardia al escuchar el alboroto, salen a ver lo que pasa…

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No es ninguna sedición. Se apoyan en sus lanzas y se hacen a un lado entre admirados y burlones, ante el extraño cortejo de este Rey que viene montado sobre un asno. Un Rey hermoso como un Dios. Humilde como el más pobre de los hombres. Bueno y cariñoso… A quién rodean mujeres y niños…

Y hombres desarmados que gritan:

–                       ¡Paz! ¡Paz!

Antes de entrar en la ciudad, Jesús se detiene a la altura de los sepulcros de los leprosos de Inón y de Siloán. Se alza y levanta sus brazos gritando en dirección de aquellas pendientes rocosas, donde caras y cuerpos terroríficos, se asoman al oírlo.

Jesús grita:

–                       ¡Quién tenga Fe en Mí, pronuncie mi Nombre y alcance por medio de Él, la salud!

Bendice. Y continúa su camino…

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Luego dice a Judas de Keriot:

–                       Comprarás alimentos para los leprosos y con Simón, los traerás antes de que anochezca.

El cortejo entra en la ciudad, por la Puerta de Siloán y como un torrente se desparrama por sus calles. Pasa por el barrio de Ofel en el que cada terraza se ha convertido en una pequeña plaza llena de gente que grita hosannas y que arroja flores y perfumes hacia el Maestro.

El grito de la multitud parece aumentar y tomar fuerzas como si saliese de una bocina; porque los numerosos arcos de que está llena Jerusalén, la amplifican en un grito continuo…

Como el bramido del mar que va y viene, se rompe contra los arrecifes y las playas; para ser recogida por otra que lo multiplica…

–                       ¡Scialem, scialem melchitl! (Paz, paz oh Rey)

En un grito continuo, que se repite y sube y baja, como las olas. Es impresionante y aturde…

Un grupo de jóvenes trae copas de cobre con carbones encendidos e incienso de los que suben espirales de humo y ellos echan más incienso y resinas olorosas una y otra vez, mientras el grito continúa…

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¡Incienso, perfumes, gritos, palmas, flores, vestidos, colores, hosannas!… ¡Alabanzas y más alabanzas!… Es una euforia colectiva y adorante que aturde y pareciera dejar a uno atolondrado… Jesús avanza triunfante, rodeado por un pueblo que lo ama y lo aclama adorándolo como al Mesías: el Dios Encarnado y Rey del Universo…

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Por desgracia también están sus acérrimos enemigos y… ¡Esto es excedente para quién ya está demasiado celoso de Dios y de su Mesías!

Los fariseos gritan llenos de ira:

–                       ¡Haz que se callen esos locos!

–                       ¡Sólo a Dios se le lanzan hosannas!

–                       ¡Diles que se callen!

Jesús responde dulcemente:

–                       Aunque Yo se los mandase y me obedecieran, las piedras gritarían los prodigios del Verbo de Dios.

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Se dirigen hacia la casa de Analía. La terraza está adornada con las hojas nuevas de la vid. Analía está en el centro de un grupo de jovencitas vestidas de blanco, coronadas de rosas blancas y ramos de convalarias…

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Que como novias enamoradas, lanzan las blancas flores al paso de Jesús.

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Por un momento Jesús detiene al asno, levanta su mano para bendecir a las primicias de ese grupo, que lo ama hasta el punto de renunciar a cualquier otro amor terreno.

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Analía arroja una corona y grita:

–                       ¡He contemplado tu triunfo, Señor Mío!

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Toma mi vida para tu glorificación universal. ¡Jesús!…  –es un saludo lleno de amor.

Mary Magdalene leaving the house feasting 1857 by Dante Gabriel Rossetti 1828-1882

Su grito es apagado por el  por el clamor de la gente que no se detiene. Es un río de entusiasmo de un pueblo delirante.

El cortejo sigue en dirección al Templo.

Más adelante se oye el grito de un hombre que trata de abrirse paso:

–                       Dejadme pasar. Una jovencita ha muerto repentinamente. Su madre quiere ver al Maestro. ¡Dejadme pasar! ¡Él ya la había salvado!

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La gente lo deja pasar y cuando llega hasta Jesús, le dice:

–                       Maestro. La hija de Elisa ha muerto. Te saludó con aquel grito y luego cayó hacia atrás, diciendo: ‘¡Soy feliz’!  Y expiró. Su corazón se rompió de gozo al verte triunfante. Su madre me pidió que te llamara.

Jesús responde:

–                       No ha muerto. Ha caído una flor… Y los ángeles de Dios la recogieron, para llevarla al Seno de Abraham. Pronto el lirio de la tierra se abrirá feliz en el Paraíso, olvidando para siempre el horror del mundo.

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Oye; dí a Elisa que no llore por la suerte de su hija. Dile que es una gran gracia de Dios y que dentro de seis días lo comprenderá. Bienaventurada ella, limpia de cuerpo y de alma, porque pronto verá a Dios. Murió de amor. De éxtasis, de gozo infinito. ¡Dichosa muerte!

Muchos no se han dado cuenta de lo que sucede y el cortejo sigue adelante. Da vuelta  a la muralla y llega hasta el Templo.

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Jesús baja del asno y con su vestido de color púrpura, entra majestuoso. Voltea hacia un grupo de fariseos y de escribas que lo miran desde el portal en el primer patio, donde ruge el acostumbrado griterío de cambistas y de vendedores de palomos y de corderos.

Al ver a Jesús, todos los compradores corren a su encuentro y solo se quedan los mercaderes.

En su bellísimo Rostro aparece la Ira.

Va al centro del Patio y grita:

–                       ¡Largo de la Casa de mi Padre! Este lugar no es para la usura, ni para el mercado. Está escrito: “Mi Casa será llamada, Casa de Oración…” ¿Cuántas veces diré que este lugar no debe tratarse como un lugar de Inmundicia; sino de Oración?

Los vendedores y cambistas recuerdan lo sucedido la última vez… Y se apresuran a obedecerlo.

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Jesús mira a los del Templo, que obedientes a las órdenes del Pontífice, no chistan…

Jesús va hacia los portales donde están reunidos todos los enfermos, que lo invocan a gritos.

Y les dice:

–                       ¿Qué queréis de Mí?

Se desborda un torrente de peticiones de salud y de bendición.

–                       ¡Creemos en Ti, Hijo de Dios!

Jesús responde:

–                       ¡Dios os escuche! Levantaos y dad gracias al Señor.

Jesús extiende sus manos y sana a todos los enfermos.

Se miran… y sanos, prorrumpen en gritos de júbilo que se mezclan con los gritos de los niños…

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Es un coro glorioso:

–                       ¡Gloria!

–                       ¡Gloria al Hijo de David!

–                       ¡Hosanna a Jesús de Nazareth!

–                       ¡Rey de Reyes y Señor de señores!

Algunos Fariseos, con fingida deferencia, le gritan:

–                       Maestro.

–                       ¿Estás oyendo?…

–                       ¡Estos niños dicen lo que no debe decirse!

–                       ¡Repréndelos!

–                       ¡Diles que se callen!

Jesús contesta:

–                       ¿Y por qué? ¿Acaso el Rey profeta; el rey de mi estirpe no ha dicho: “De la boca de los niños y de los que están mamando; has hecho que brotase una alabanza completa; para llenar de confusión a tus enemigos”?

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Y se dirige al Atrio de los Israelitas, para orar…

Luego que termina sale y se dirige hacia el Monte de los Olivos.

Los apóstoles están muy contentos.

El triunfo les ha dado confianza y han olvidado el peligro…

El Cedrón arrastra sus aguas con un rumor cantarín, al que une el canto de los pájaros y el de un par de ruiseñores.

La brisa suave, mueve las hojas de los árboles y acaricia los rostros alegres. Están muy sordos al aviso divino. Los hosannas han borrado TODO lo que Jesús les ha dicho de su memoria…

Felipe pregunta:

–                       ¿A dónde vamos ahora?

Jesús responde:

–                       Al campamento de los galileos. Quiero saludarlos.

Tadeo sugiere:

–                       Podrías hacerlo mañana.

–                       Lo mejor es hacer pronto lo que se puede. Vamos a donde están los galileos.

Iscariote pregunta:

–                       ¿Y esta noche? ¿Dónde dormiremos? ¿En la ciudad? ¿En qué lugar? ¿Dónde está tu Madre? ¿O en la casa de Juana?

Jesús contesta incierto:

–                       No sé. Ciertamente no en la ciudad. Tal vez en una tienda galilea…

–                       ¿Por qué?

–                       Porque soy Galileo y amo a mi región. Vamos.

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Y suben hacia dónde están los galileos acampados sobre el Monte de los Olivos, en dirección a Bethania. Sus tiendas brillan bajo el tibio sol de Abril.

Más tarde, en el anochecer del Domingo de Ramos.  Jesús está con los suyos en la quietud el huerto de los olivos. No hace frío. Todos están sentados en el pasto y sobre unos peñascos.

Jesús dice:

–                       Después del triunfo de esta mañana vuestro corazón ha cambiado. ¿Qué puedo decir? A lo humano entrasteis a la ciudad llenos de miedo, por las palabras que os había dicho. Temíais que dentro de los muros pudiesen atacaros y haceros prisioneros.

¿Os he engañado alguna vez? Desde el principio os hablé de persecución y de muerte. Y cuando alguno de vosotros, por exceso de admiración quiso verme como un pobre rey humano, al punto corregí el error y les dije: Yo soy rey del espíritu. Ofrezco privaciones, sacrificios y dolores. No otra cosa. Acá en la tierra no poseo otra cosa. Pero después de mi muerte y de la vuestra, si permaneciereis en mi Fe, os daré un Reino Eterno: el de los Cielos.

¿Os dije acaso algo diferente? Os imaginabais que era fácil seguirme  y os negabais a creer que a quién obraba tan portentosos milagros, al Hijo de Dios, alguien pudiese tocarlo. Tan robusta era vuestra fe humana en mi poder, que llegasteis a no creer en mis palabras diciendo: ‘No puedo creer que sea aprisionado, apresado y matado. El hombre nunca podrá tocarlo. Quien obra milagros, puede hacer otro en su favor.’

1_milagro_mas_ grande

No uno, sino muchos haré todavía; entre los cuales hay dos que sobrepasan a toda imaginación humana. Sólo los que crean en el Señor podrán admitirlos. Los demás…

En los siglos venideros dirán: ¡Imposible! También después de la muerte, seré objeto de contradicción. 

1regreso-al-cielo

     En una dulce mañana de primavera, desde un monte anuncié las Bienaventuranzas y a éstas añado otra: “Bienaventurados los que creen sin ver” ¡Bienaventurados los que creerán sin haber visto con sus ojos corporales! Serán en tal forma santos, que estando aún en la tierra verán ya a Dios. Al Dios escondido en el Misterio del Amor.

Pero después de tres años que estáis conmigo, no habéis llegado todavía a esta Fe. Creéis sólo en lo que veis. Así esta mañana, os dijisteis: ‘Él sigue triunfando y nosotros con Él. Israel lo ama.’ Y como pajarillos a los que les volviesen a nacer las plumas que se les habían caído, habéis levantado el vuelo ebrios de alegría…  Confiados y sin esa preocupación que mis palabras os habían creado en el corazón.

Nos os engañéis por lo que ha pasado esta mañana. Yo soy el Condenado coronado de rosas.

1misterio_rosario

¡Las rosas!… ¿Cuánto duran? ¿Qué queda de ellas cuando se les han caído los pétalos perfumados? Espinas… Espinas.

1rosa-espinas

Isaías lo dijo, Yo seré santificación para vosotros y con vosotros para el mundo. Pero también seré piedra de escándalo, de tropiezo, de lazo y de ruina para Israel y para la tierra.

1cristo

Santificaré a los que tengan buena voluntad. Y haré caer y reduciré a pedazos a los que mala, la tuvieren.

Los ángeles dijeron: “Paz a los hombres de buena voluntad.” Apenas había nacido ¡Oh, tierra! Tu Salvador…  Ahora va a la muerte tu Redentor. Pero para tener paz esto es, santificación y gloria, hay que tener buena voluntad.  Inútil es mi nacimiento. Inútil mi muerte, para los que no tienen esta buena voluntad.

Muchísimos caerán contra Mí, que he sido puesto como columna se sostén y no como trampa. Caerán por estar ebrios de soberbia, de lujuria, de avaricia. Y serán atrapados en las redes de sus pecados y entregados a Satanás.

1Bestia

 Grabad estas palabras en vuestros corazones. Conservadlas cuidadosamente, para los futuros discípulos. Vamos. La Piedra se levanta. Otro paso hacia arriba, hacia adelante. Hacia el Monte… Debe brillar sobre la cima, porque es Sol, Luz. El Verdadero Templo debe ser contemplado por el mundo entero.

1templo-verdadero

Yo mismo lo edifico con la Piedra Viva de mi Carne Inmolada. Yo soy el cimiento y la cúspide…

Satanás… Judas, vámonos. Y acuérdate que no queda mucho tiempo. Y en la noche del Jueves debe ser entregado el Cordero… 

1agnus_dei

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

77.- MARTIRIO DE UNA MADRE


(EL DIARIO DE REGINA)

La ausencia de Marco Aurelio, le impidió ver cómo se agravó la enfermedad de Alexandra. Bernabé velaba su inconsciencia con ardientes plegarias. El tribuno encargado trataba muy duramente a los prisioneros pues temía que se escaparan de la cárcel, por arte de un mágico encantamiento.

Regina se lo reclamó:

–           Nosotros no escaparemos. ¿Por qué no nos concedes ningún alivio, a nosotros que somos presos tan distinguidos? ¡Nada menos que del César y hemos de combatir en su Natalicio! ¿No aumentaría tu gloria, si nos presentásemos más gordos y saludables?

El militar se sintió desconcertado y enrojeció de vergüenza. Luego ordenó que se les tratara más humanamente. Permitió a los parientes que entraran a la cárcel y se reconfortaran mutuamente, a excepción de Marco Aurelio; pues había recibido órdenes terminantes, por parte de Tigelino.

En el segundo calabozo, Alondra se halla en el octavo mes del embarazo pues fue detenida cuando estaba encinta. Al aproximarse el día del espectáculo sufre mucha tristeza, temiendo que su martirio fuese postergado a causa de su estado, ya que la ley prohíbe que las mujeres encinta sean expuestas al suplicio. No quiere quedarse atrás de los cristianos y que más adelante tenga que derramar su sangre inocente, entre los demás criminales. Y tampoco sus compañeros de martirio quieren dejar atrás a tan excelente compañera.

Tres días antes de los juegos, todos se unieron en una misma súplica al Señor Jesús y  apenas terminaron la Oración, enseguida le vinieron los dolores de parto. Debido a lo prematuro y por razón natural, ella sufre y gime…

Entonces un carcelero le dijo:

–           Si tanto te quejas ahora ¿Qué harás cuando seas arrojada a las fieras de las que te burlaste al no querer sacrificar?

Ella respondió:

–           Ahora soy yo la que sufro. Pero allá en la arena, habrá otro en mí que padecerá por mí, pues yo también padeceré por Él.

Alondra dio a luz una niña a la que una cristiana adoptó como hija.

Entonces un joven llamado Lewis se acercó al grupo donde estaba Regina y les dijo:

–           Acabo de tener una visión: Ya habíamos sufrido el martirio y habíamos salido de nuestro cuerpo. Cuatro ángeles nos transportaban hacia el Oriente, pero sus manos no nos tocaban. Íbamos trepando por una pendiente suave. Pasado el primer mundo, vimos una luz inmensa y le dije a Regina que venía a mi lado: ‘He aquí lo que el Señor nos prometió y ya recibimos la recompensa’ Mientras éramos llevados por los cuatro ángeles, se abrió ante nuestros ojos una gran llanura que era como un vergel poblado de rosales y de toda clase de flores. Y sus hojas caían incesantemente. En el vergel, había cuatro ángeles más resplandecientes que los demás. Al vernos nos acogieron con grandes honores. Y dijeron a los otros ángeles con admiración: ‘¡Son ellos! ¡Son ellos!’

Entonces los cuatro ángeles nos dejaron en el suelo y nosotros caminamos la distancia de un estadio, por una ancha avenida. Allí encontramos a  Daniel, Xavier y Joshua, que habían sido quemados vivos en la misma persecución y a Lucas, que había muerto en la cárcel. Les preguntamos qué en donde estaban los demás, pero los ángeles nos dijeron:

–           Vengan. Antes entren y saluden al Señor.

Llegamos a un palacio cuyas paredes parecen edificadas de pura luz. Delante de la puerta había cuatro ángeles que antes de entrar, nos vistieron con vestiduras blancas. Entramos y oímos un coro que repetía sin cesar: ‘Agios, Agios, Agios = Santo, Santo, Santo.’ En la sala vimos sentado a un anciano canoso, con cabellos de nieve, pero con rostro juvenil. No vimos sus pies. A su derecha y a su izquierda, había cuatro ancianos.

Y detrás estaban de pie, otros innumerables ancianos. Avanzamos asombrados y nos detuvimos ante al trono. Cuatro ángeles nos levantaron en vilo. Besamos al Señor y él nos acarició la cara con la mano. Los demás ancianos dijeron:

–           ¡De pie!

Y de pie nos dimos el beso de paz. Después los ancianos nos dijeron:

–           Vayan y jueguen.

Y yo dije a Regina:

–           Ya tienes lo que anhelabas.

Y ella me contestó:

–           ¡Gracias a Dios! Fui dichosa en el mundo, pero aquí soy más dichosa todavía.

Cuando salimos del Palacio, reconocimos a muchos hermanos que ya habían sufrido también el martirio. Todos nos sentimos alimentados y saciados por una fragancia inefable. Entonces me desperté lleno de gozo.

Cuando Lewis terminó su relato, el sacerdote Damián, dijo:

–           El poder del Espíritu Santo, es idéntico por esto. ¡Qué abran bien los ojos, quienes valoran este Poder! ¡Que fue enviado para distribuir todos los carismas, en la medida que el Señor los distribuye a cada uno de nosotros, para que se fortalezca nuestra Fe! Tanto en el carisma del martirio como en el de las revelaciones; Dios cumple siempre sus promesas, para confundir a los incrédulos y sostener a los creyentes…Tal como está escrito: En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas. Los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños”…

La voz del sacerdote resuena en las paredes de la prisión. Cuando termina de hablar, Regina retoma la escritura que tan cuidadosamente está llevando:

“Unos días antes de que fuéramos arrestados, fuimos bautizados y el Espíritu Santo me inspiró estando dentro del agua, que no pidiera otra cosa que poder resistir, el amor paternal.

Cuando nos hallábamos todavía con los guardias, mi padre impulsado por su cariño, deseaba ardientemente alejarme de la Fe con sus discursos y persistía en su empeño de conmoverme.

Yo le dije:

–           Padre ¿Ves ese cántaro que está en el suelo? ¿Esa taza y esa jarra?

–           Lo veo. –me respondió.

–           ¿Acaso se les puede dar un nombre diferente del que tienen?

–           ¡No! –me respondió.

–           Yo tampoco puedo llamarme con un nombre distinto de lo que soy: ¡Cristiana!

Entonces mi padre, exasperado se arrojó sobre mí para sacarme los ojos, pero solo me maltrató. Después, vencido se retiró con sus argumentos diabólicos. Durante unos días, no volvió. Por eso di gracias a Dios  y sentí alivio por su ausencia.

Luego fuimos encarcelados.

Yo experimenté pavor, porque jamás me había hallado en tinieblas tan horrorosas ¡Qué día tan terrible! El calor era insoportable por el amontonamiento de tanta gente. Los soldados nos trataban brutalmente. Y sobre todo, yo estaba agobiada por la preocupación.

¡Mi hijo está tan pequeño!

Leonel y Santiago, benditos diáconos que nos asistían, consiguieron con dinero que se nos permitiera recrearnos por unas horas, en el lugar más confortable de la cárcel. Saliendo entonces del calabozo, cada uno podía hacer lo que quisiera.

Yo amamantaba a mi hijo casi muerto de hambre. Preocupada por su suerte, hablaba con mi madre, confortaba a mi hermano y le recomendaba a mi hijo. Yo me consumía de dolor al verlos a ellos consumirse por causa mía. Durante muchos días, me sentí abrumada por tales angustias. Finalmente logré que se quedara conmigo en la cárcel. Al punto me sentí con nuevas fuerzas y aliviada de la pena y la preocupación por el niño.

Desde aquel momento, la cárcel me pareció un palacio y prefería estar en ella más que en cualquier otro lugar. Un día mi hermano Josué me dijo:

–           Domina hermana, ahora estás elevada a una gran dignidad ante Dios. Tanta que puedes pedir una visión y que se te manifieste si la prisión ha de terminar en martirio o en libertad.

Yo podía hablar familiarmente con el Señor, del que había recibido muchos favores y por eso, confiadamente le prometí:

–           Mañana te daré la respuesta.

Me puse en Oración y tuve la siguiente visión:

Vi una escalera de bronce tan maravillosamente alta, que parecía tocar el cielo, pero tan estrecha, que solo se podía subir de a uno. En los brazos de la escalera estaban clavados toda clase de instrumentos de hierro: espadas, lanzas, arpones, puñales, cuchillos… si uno subía descuidadamente sin mirar a lo alto, quedaba atravesado y hubiera dejado jirones de carne enganchados en los hierros. Al pie de la escalera estaba echado un dragón de extraordinaria grandeza, que tendía asechanzas a los que subían y los asustaba para que no subieran.

Lewis subió primero. Él nos había edificado en la Fe y al no estar presente cuando fuimos arrestados, se entregó después voluntariamente, por el amor que nos profesaba. Al llegar a la cumbre de la escalera, se volvió hacia mí y me dijo:

–           Regina, te espero pero ten cuidado, para que ese dragón no te muerda.

Yo le contesté:

–           No me hará daño en el nombre de Cristo.

Y el dragón parecía como si me tuviera miedo. Sacó lentamente la cabeza de debajo de la escalera y yo se la pisé, usándola como si fuera el primer peldaño y subí.

Después vi un inmenso prado, en medio del cual estaba sentado un anciano alto, de rostro juvenil y muy hermoso; con el cabello completamente cano y en traje de pastor, ocupado en ordeñar sus ovejas.

Muchos miles de personas vestidos de blancos hábitos, lo rodeaban. Levantó la cabeza, me miró y dijo:

–           ¡Seas bienvenida, hija!

Me llamó y me dio un bocado del queso que estaba preparando. Yo lo recibí con las manos juntas y comí. Todos los circunstantes dijeron:

–           ¡Amén!

Sus voces me despertaron mientras yo seguía saboreando algo dulce.

En seguida conté a mi hermano la visión y  los dos comprendimos que nos esperaba el martirio… Desde aquel momento empezamos a perder toda esperanza en las cosas de esta tierra.

Días después corrió la voz de que seríamos interrogados. Mi padre, consumido de pena, llegó de prisa a la ciudad, se me acercó con intención de conmoverme y me dijo:

–           Hija mía, apiádate de mis canas. Apiádate de tu padre si es que merezco que me llames padre. Con estas manos te he criado hasta que llegaste a la flor de la edad y te he preferido a todos tus hermanos. No es para esto que te engendré. Entre todos mis hijos te he amado, alegría y luz de mi casa. Y ahora tú quieres tu ruina y no te importa destruir también al pobre padre tuyo, que siente morir su corazón por el dolor que le das. Desde que dijeron que dejarían libres a los que hicieran sacrificios a nuestros dioses hija; llevo semanas rogándote. Tú has querido resistir y has conocido la cárcel. Tú, nacida y criada entre el lujo y las comodidades.

Y yo le contesté:

–           Es por el amor que siento por ti y por él, que permanezco fiel a mi Señor. Ninguna gloria de la tierra dará a tu cabello blanco y a este inocente tanto decoro, como el que te dará mi muerte. Tú llegarás a la Fe y… ¿Qué dirás entonces de mí, si tuviese la bajeza de haber renunciado en un momento de debilidad, a la Fe?

–           ¡Oh, dioses! ¡¡Ayúdenme!! Regina escucha por favor: Inclinando mi espalda ante los poderosos, te he obtenido un arraigo domiciliario, para que puedas estar todavía en tu casa como prisionera. Le he prometido al juez que te doblegaría con mi autoridad paterna. Ahora él me escarnece, porque no me haces caso. ¿No es esto lo que debería enseñarte, la doctrina que dices que es perfecta? ¿Cuál Dios es el que sigues  que te inculca de no amar y no respetar, al que te ha engendrado? Porque si me amaras no me darías tanto dolor. Tu obstinación, que ni siquiera la piedad por tu inocente ha vencido; te ha costado el ser arrancada de la casa y encerrada en esta mazmorra. Pero ahora ya no se habla más de prisión. Se habla de muerte… Esto es atroz. ¿Por qué? ¿Por Quién? ¿Por quién vas a morir tú? ¿Ese Dios tuyo tiene necesidad de tu sacrificio y del nuestro, el mío y el de tu criatura, que ya no tendrá más madre? ¿Su triunfo tiene necesidad de tu sangre y de mi llanto, para cumplirse? ¿Pero cómo? La fiera ama a sus cachorros… y tanto más los ama cuanto más los ha tenido en el seno.

Tú no eres una bestia. Has sido la hija más perfecta y una madre ejemplar. Pero ahora no te comprendo. Porque te conozco, por eso te obtuve el que pudieras amamantar a tu niño. Pero tú no cedes. Y después de haberlo nutrido, de darle calor, de servirle de almohada a su sueño, ahora lo rechazas y lo abandonas sin pesar. ¡Por Júpiter! ¿Qué es lo que te pasa?

No sé qué hacer. ¡Ya no te entiendo! No te ruego por mí, sino por él. No tienes el derecho de hacerlo un huérfano. Ya perdió a su padre en Britania y ahora te perderá a ti también. No tiene derecho ese Dios tuyo para hacer esto. ¿Cómo puedo creerlo bueno, más que los nuestros, si requiere estos sacrificios tan crueles? Tú me haces que lo odie y lo maldiga siempre más…

–           Mi Dios no tiene necesidad de mi sangre y de tu llanto para triunfar. EL YA TRIUNFÓ. Pero tú sí tienes necesidad de llegar a la Vida Verdadera. Y también este inocente tiene que quedarse para conocerla. Por la vida que me espera y por la alegría que él me ha dado, yo les obtengo la Vida que es verdadera, eterna, feliz. No. Mi Dios no enseña el desamor por los padres y por los hijos, sino el verdadero amor. Ahora el dolor te hace delirar, padre. Pero después la luz se hará en ti y me bendecirás. Yo te la mandaré desde el Cielo.

–           ¡LOCA! ¡PERDIDA! Pero ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¿Qué estoy diciendo? ¡Oh, Regina perdona! ¡Perdona a tu viejo padre al que el dolor enloquece! ¿Quieres que ame a tu Dios? Le amaré más que a mí mismo, pero quédate entre nosotros. Di al magistrado que te doblegas. Después le adoraremos entre los dioses de la tierra. Después harás de tu padre esto que tú eres: seré cristiano. Te lo juro. No te llamo más hija. Ya no seré tu padre, sino tu siervo y tu esclavo y tú serás mi señora. Domina, ordena y yo te obedeceré. Pero ¡Piedad! ¡Piedad! ¡Sálvate mientras todavía puedes hacerlo! El tiempo ya se terminó.

Tu compañera ha dado a luz a su criatura. Yo lo sé y nada más falta la sentencia. Te será arrancado el hijo y no lo verás nunca más. Quizás mañana, quizás hoy mismo. ¡Piedad, hija! ¡Ten piedad de mí y de él, que no sabe hablar todavía! Pero ¿Lo ves cómo te mira y sonríe? ¡Cómo invoca tu amor! ¡Oh! Señora mía. Luz y reina de mi corazón. Luz y alegría de tu bebé, ¡Piedad! ¡Piedad!

Y se arrodilló y besó la orla de mi vestido. Y se abrazó a mis rodillas. Buscó mi mano y la besaba, bañándola con sus lágrimas.

Y yo tenía la otra sobre mi corazón, mientras oraba y me contenía ante el  más terrible ensañamiento humano. Esta tortura era más feroz que cualquiera imaginada por el verdugo más brutal y despiadado. Pero no me doblegué y le dije:

‘A  este inocente no es que yo lo ame menos, ahora que estoy vaciada de sangre para nutrirlo. Si la ferocidad pagana no se hubiera desatado contra nosotros los cristianos, yo sería para él una madre amantísima y él sería el motivo más precioso de mi vida. Pero más que la carne nacida de mí, es más Grande mi Dios. Y el amor que Él ha dado, ES INFINITAMENTE MÁS GRANDE. Posponer su amor, por el de una criatura… ¡¡¡No!!! ¡No! Tampoco serás el esclavo de tu hija. Yo para ti soy tu hija y en todo obediente, fuera de esto: de renunciar al Verdadero Dios por ti. Deja que el querer de los hombres se cumpla. Y sí me amas, sígueme en la Fe. Y encontrarás a la hija tuya para siempre, porque la verdadera Fe da el Paraíso. Mi Pastor Santo, ya me ha dado la bienvenida a su Reino.’

Y entonces tomé al niño que había dejado durmiendo sobre mi manto, saciado y contento. Después de besarlo suavemente para no despertarlo, lo consagré a Jesús. Era mi corderito sacrificado junto conmigo, por la salvación de sus almas.

Y mojando mi dedo con mis lágrimas, también lo bendije, trazando una cruz sobre su frente, sobre sus manitas, sobre su pecho y sus piecitos. Mi niño me sonrió como si sintiera mi ternura y la dulzura de mis caricias. Luego se lo di a mi padre.

Entonces él me suplicó llorando:

–           ¡No me hagas ser la vergüenza de los hombres! Piensa en tus hermanos,  piensa en tu madre y en tu tía materna. Piensa en tu hijito que no podrá sobrevivir sin ti. ¡Cambia tu decisión y no nos arruines a todos! ¡Ninguno de nosotros se atreverá a presentarse en público, si eres condenada!

Así hablaba mi padre, movido por su cariño. ¡Cuánta compasión me inspiraba mi pobre padre! ¡Pues él sería el único de mi familia, que no se alegraría con mi martirio! Traté de consolarlo diciendo:

–           Allá en el tribunal, sucederá lo que Dios quiera. Has de saber que nosotros no somos dueños de nosotros mismos, sino que pertenecemos a Dios.

Y él se retiró de mí desconsolado.

Otro día mientras estábamos almorzando, nos sacaron de repente para ser interrogados y llegamos al Fórum. Había un gentío inmenso, subimos al estrado. Mis compañeros fueron interrogados y confesaron su Fe. Por fin llegó mi turno. Bruscamente apareció mi padre con mi hijo en brazos y me arrastró fuera de la escalinata, suplicándome:

–           ¡Compadécete del pequeño!

El procurador Emilio que tenía el Ius Gladii o poder de vida y muerte, insistió:

–           Apiádate de las canas de tu padre y apiádate de la tierna edad del niño. Sacrifica por la salud del emperador.

Yo respondí:

–           No sacrifico.

–           ¿Eres cristiana?

–           Sí. Soy cristiana.

Mi padre se mantenía firme en su intento de conmoverme. Por eso Emilio dio orden de que lo arrojaran de ahí y hasta le pegaron con una vara.

Sentí los golpes a mi padre, como si me hubieran apaleado a mí ¡Cuánta compasión me daba su infortunada vejez!

Entonces Emilio pronunció sentencia contra nosotros, condenándonos a las fieras. Y volvimos a la cárcel muy contentos.

Como el niño estaba acostumbrado a tomarme el pecho y a permanecer conmigo en la cárcel, enseguida envié al diácono Antonio a reclamarlo a mi padre. Pero mi padre no se lo quiso entregar. Entonces, gracias al Querer divino, ni mi niño extrañó los pechos, ni éstos me causaron ardor. De esta manera cesaron mis preocupaciones por la criatura y por el ardor de mis pechos.

A los pocos días, mientras estábamos en Oración, súbitamente se me escapó la voz y nombré a Vicente. Me quedé pasmada porque nunca me había venido a la mente, sino hasta ese momento.

Y sentí compasión al recordar cómo había muerto. También comprendí que yo era digna y que debía orar por él. Empecé a hacer mucha Oración por él y a gemir delante del Señor. Seguidamente aquella misma noche tuve esta visión:

Vi a Vicente salir de un lugar tenebroso, donde también había muchos otros. Venía sofocado por el calor y sediento. Con un vestido sucio y rostro pálido. Llevaba en la cara la herida que tenía cuando murió. Vicente era mi hermano carnal de siete años de edad. Murió de un cáncer tan terrible en la cara, que daba asco al mundo.

Yo hice Oración por él. Pero entre él y yo había una gran distancia, de tal manera que  era imposible acercarnos el uno al otro. Además en el mismo lugar en que estaba Vicente, había una piscina llena de agua, pero el borde estaba más alto que la estatura del niño. Vicente se estiraba como si quisiera beber. Yo me afligía al ver la piscina llena de agua, pero con el borde demasiado alto para que pudiera hacerlo y beber hasta saciarse. Entonces me desperté y comprendí que mi hermano estaba sufriendo, pero confiaba en que podría aliviar sus sufrimientos. Por esto, oraba por él todos los días. Hasta que fuimos trasladados a otra cárcel, porque debíamos combatir en los Juegos Militares, para celebrar el cumpleaños del César. Y continué orando por él, día y noche, con gemidos y lágrimas para alcanzar la gracia.

El día que estuvimos en el cepo, tuve una nueva visión:

Vi el lugar que había visto antes y a Vicente limpio de cuerpo, bien vestido y lleno de alegría. Donde antes tenía la llaga, vi solo una cicatriz. El borde de la piscina estaba más bajo y llegaba hasta el ombligo del niño. Sobre el borde había una copa de oro, llena de agua. Vicente se acercó, bebió, pero la copa no se agotaba nunca. Saciada su sed, se retiró del agua y se puso a jugar, gozoso, como lo suelen hacer los niños. En esto me desperté y comprendí que ya no sufría.

Pocos días después, James; encargado ayudante de la cárcel, empezó a tenernos gran consideración, por comprender que el Señor nos favorecía con su Gracia y permitió que mucha gente nos visitara, para confortarnos mutuamente. Mientras tanto se aproximaba el día del espectáculo. Mi padre, consumido de pena, vino a verme y empezó a arrancarse la barba, a arrojarse al suelo y a pegar su faz en el rostro. Maldecía sus años y decía tales palabras, que hubiera podido conmover a cualquiera. ¡Qué compasión sentía por su infortunada vejez!

El día anterior a nuestro combate, tuve otra visión:

El diácono Antonio venía a la puerta de la cárcel y llamaba con fuerza. Yo salí y abrí. Venía vestido con túnica blanca, sin cinturón y llevaba chinelas muy elaboradas con variados colores. Y me dijo:

–           Regina, te estamos esperando. Ven…

Me tomó de la mano y empezamos a caminar por lugares ásperos y tortuosos. Por fin llegamos jadeantes al Anfiteatro.

Y Antonio me llevó en medio de la arena y me dijo:

–           No tengas miedo. Yo estaré contigo y combatiré a tu lado.

Y se marchó.

Entonces vi a un gentío inmenso, pasmado. Yo sabía que había sido condenada a las fieras, por eso me sorprendía que no las soltaran contra mí. Entonces avanzó contra mí, un egipcio de aspecto repugnante, acompañado por sus ayudantes. Ansioso de luchar conmigo. Al mismo tiempo se me acercaron unos jóvenes hermosos, mis ayudantes y partidarios.

Me desnudaron y quedé convertida en varón. Mis ayudantes comenzaron a frotarme con aceite, como se acostumbra en los combates. Y frente a mí, vi al egipcio que se revolcaba en la arena.

Entonces sobrevino un hombre de extraordinaria grandeza. Tanta, que sobrepasaba la cumbre del Anfiteatro. Llevaba una túnica flotante con un manto de púrpura, abrochado por dos hebillas en medio del pecho y calzado con chinelas de oro y plata. Tenía una vara de lanista o entrenador de gladiadores y un ramo verde del  que colgaban manzanas de oro. Pidió silencio y dijo:

–           Si el egipcio vence a la mujer, la pasará a filo de espada. Pero si ella vence al egipcio, recibirá este ramo.

Y se alejó.

Nos acercamos el uno al otro y empezamos un combate de pugilato. Él trataba de sujetarme los pies y yo golpeaba su cara a puntapiés. Entonces fui levantada en el aire y yo comencé a castigarle sin pisar tierra. Cuando tuve un momento de respiro, junté las manos trenzando los dedos y aferré su cabeza. Cayó de bruces y yo le aplasté la cabeza. El pueblo me vitoreó y mis partidarios entonaron un canto. Yo me acerqué al lanista y recibí el ramo. Él me besó y me dijo:

–           Hija. La paz sea contigo.

Radiante de gloria, me dirigí a la Puerta de los Vivos.

Entonces me desperté y comprendí que yo debía de combatir,  no contra las fieras; sino contra el Diablo, pero estaba segura de la victoria.

Para este tiempo, Aiden el lugarteniente de la cárcel había abrazado la Fe. La víspera de los Juegos tuvimos la última cena, llamada también ‘Cena de la Libertad’. Pero la convertimos en ‘Ágape’ o ‘Cena de la Fraternidad’. Interpelaban a los curiosos con la acostumbrada intrepidez y los intimidaban con el Juicio de Dios. Proclamaban la dicha de su martirio y se reían de los majaderos. Lewis les decía:

–           ¿No les basta el día de mañana para contemplar a los que detestan? ¿Hoy amigos, mañana enemigos? Fíjense cuidadosamente en nuestros rostros para que nos puedan reconocer en el Día del Juicio.

Todos se retiraban de allí confundidos. Y muchos de ellos se convirtieron…

Regina escribió éstas últimas frases, antes de entregar su escrito a Aiden:

–           Hasta aquí relaté lo que nos sucedió la víspera del combate. Si alguien quiere escribir el combate mismo, ¡Que lo haga!…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

44.- EL MARTIRIO


Pablo de Tarso y Lucano el médico, han estado coordinando a la jerarquía de los cristianos y comunicando a Pedro todas las novedades. La primera parte de las obras de las Catacumbas, ha sido terminada. Y el senador Astirio, los mantiene informados del avance de los trabajos. Como Nerón emprende a capricho, nuevas y colosales construcciones, a nadie sorprende la construcción de dos nuevos laberintos, en diferentes puntos de la ciudad. Y que todos piensan que son los cimientos de otros tantos palacios, para el César.

Alternando las enseñanzas en casa por Fernanda y la asistencia a la Escuela de Apolonio, se aceleró la instrucción en el cristianismo de todos los miembros de la ‘familia’ de Nicolás y de su hermano Emiliano. En la Puerta del Cielo, el salón porticado que es en realidad, la Iglesia de la Santa Cruz, ha sido adornado para un evento muy especial. En el baptisterio, que es una piscina manantial, que está junto al salón más grande en el inmenso jardín. Todo está listo para recibir a los nuevos cristianos que llegarán allí, después de escuchar la última enseñanza del Catecumenado.

Un mensajero de la casa de Celina, le lleva una carta. La joven lee la tablilla y su mirada preocupada, nubla su bello semblante. Le contesta a Raymundo que al día siguiente por la tarde, regresará a su casa. Que diga a todos que la esperen.

Diana la ve y le pregunta:

–           ¿Qué es lo que pasa, hermana mía?

Celina contesta.

–          Te lo diré después que haya terminado con la enseñanza de este día, porque necesito tu apoyo en la Oración.

–           Está bien. Ya sabes que estoy contigo.

Y las dos se dirigen al salón donde las esperan unos trescientos catecúmenos y donde una Fernanda radiante y feliz, les da la bienvenida, pues su esposo y su cuñado, están en primera fila.

Celina ora el ‘Pater Noster’ y es seguida por todos. Y luego comienza la exposición de su tema, así:

–           Hermanos. Después de este tema, ya estaréis listos para pedir el Bautismo, el que de vosotros lo decida. Que la Gracia de nuestro Señor ponga en vuestro ánimo, el heroísmo necesario para una sabia decisión:

“Antes de conocer a Jesús, ustedes eran paganos demasiado carnales para el Evangelio. Y sin embargo si estáis bien preparados, sabréis seguir adelante hasta dar el testimonio final…  El Testimonio de la sangre: el martirio.

Erais lujuriosos, ambiciosos, disolutos, crueles, escépticos, viciosos y sabréis arrancar de vosotros mismos todas estas lacras, dejando desnuda el alma. Haciéndola sangrar para arrancar los tentáculos de la vida pagana y venir a Jesús, heridos en el pensamiento, en los afectos, en las costumbres, diciendo: ‘Señor, si Tú quieres, puedes sanarme’.

Y Jesús os ha sanado, cicatrizando todas vuestras heroicas heridas.

Porque es heroísmo el saber arrancar de sí, esto que es un mal, por amor de una Ley aceptada totalmente. Es heroísmo mutilarse de todo esto que es un tropiezo para seguirlo.

Es el heroísmo que Jesús indicó, dejándolo TODO, para ir a Él.

Regenerarse es hacerse un alma nueva. Despojándose de los compromisos y las ideas del mundo, para abrazarse de la Idea de Dios y vivirla. Vivirla verdadera e integralmente, llevando la civilización del Amor a la Tierra y amando hasta dar la propia vida. Porque, seguir a Jesús: Significa caminar por un camino que cada vez se hace más duro y bañado de lágrimas. Seguir a Jesús, significa imitarlo. Caminar detrás de Él, poniendo nuestros pies sobre sus huellas ensangrentadas, hasta llegar a la Cima del Calvario; amando como Él amó: amando a Dios sobre todas las cosas.

Amarlo hasta ofrecerle a Él, nuestra vida, para corresponder al Amor Infinito que la dio por la nuestra. Al meditar cuidadosamente la Pasión de Nuestro Señor, veremos lo que podemos esperar en la pasión que viviremos, al caminar detrás de Él: traicionado, acusado, vendido, apresado, juzgado, condenado, negado, flagelado, calumniado, crucificado, muerto y al parecer, abandonado también de Dios. La Pasión de Jesús, nos muestra el camino del martirio.

Se necesita valor y heroísmo para seguirlo y la decisión de mirar el sendero señalado, SIN MIEDO. Para dar la batalla, hasta el último combate, con serenidad y arrojo varoniles. El que vive y sufre siguiendo el ‘Camino de la Cruz’, el que después de haber participado del Calvario, le toca también la recompensa de Jesús: la Resurrección.

Porque no hay resurrección sin crucifixión. Y la gloria de poseer a Dios en una bienaventuranza eterna. El Sacrificio de Jesús, fue el sol que iluminó el Mundo. La luz de la Gracia baja a los corazones y la paz con Dios, los hace fecundos. Los méritos de su martirio, consiguieron para los cristianos, la capacidad de ganar el Cielo y poseer a Dios.

San Juan Bautista fue el Precursor de Jesús. Llevó una vida sacrificada que culminó cuando lo decapitaron. Fue el último mártir de Israel y el primer mártir cristiano. Todos los que decidimos ser cristianos, debemos ser dignos de llevar la palma del martirio.

La voluntad sincera del arrepentimiento, cuando todavía el hombre está sobre la tierra, tiene valor de purificación. El alma se ve libre de las cadenas de la esclavitud del Pecado, comprende lo que es Dios y ve la gravedad de sus errores, a la luz del Espíritu Santo. Ve la alegría de la que ha estado separado por años. Se despojan de toda inmundicia y contemplan el abismo de su propia degradación. Entre más profundo se ha caído, más dolorosa es la subida. Más penosa la cuesta que debe transformar la animalidad, en angelical belleza. Llevan una meta en el corazón y se dicen a sí mismos: “Supiste martirizar tu corazón, para que la carne gozara. Aprende ahora a martirizar tu carne, para dar a tu corazón, la Paz Eterna.” Estas son las almas mártires y dignas de Amor como las vírgenes, con una doble corona: la de su martirio terreno y ultraterreno, contra los vicios y por el amor. Porque amar con todas las fuerzas es ya un verdadero martirio.

Es entonces cuando se llevan a cabo, las Nupcias Espirituales, en las que la criatura se une a su Creador. El martirio suave y gozoso de tener que caminar sin ver. Fiándose totalmente de la Divina Providencia, que con amorosa solicitud, lleva al alma a una recreación, para ser el espejo acabado y perfecto que refleja a su Creador. Porque la vida es una prueba martirial y son vencedores, los que la sufren sin poner nunca en duda, la Infinita Bondad del Eterno.

La Cruz que las mata es el holocausto que las hace enloquecer en su espíritu. Y ellas se confían a Dios. Enfrentan la Prueba y permanecen fieles para elevarse. Solo Dios sabe cuáles batallas deben combatir. El Tentador les ha prometido la alegría y ellas se estrechan más fuertemente al Dolor, porque la alegría era el Mal y ellas han decidido seguir al Bien. El sabor del fruto del Bien, es amarguísimo a la carne humana, solo en la otra Vida, se convierte en miel paradisíaca.

 Rechazar a Satanás significa atraerse el Odio centuplicado del mismo y Dios nos da la fortaleza para que no venga la muerte antes de que cumplamos nuestra misión. Embelesados en el Cielo, debemos embelesarnos en el ardor de la contemplación; para poder sufrir la Pasión sin doblegarnos, permaneciendo luces del mundo y muriendo, para hacer oír la Voz del Cielo, que habla a través de nosotros.

Venceremos a Satanás. Y en la hora de la victoria, la Luz de Dios nos hace esplendorosos como soles. Cuando se vive de Fe, se muere con un esplendor de Fe, en el corazón y sobre los labios. Cuando se vive de pureza, se convierte sin muchas palabras. Las obras de la virtud, hacen convertirse al mundo. No todos se convierten pero lo hacen los mejores. Y esto es suficiente.

EL COMBATE.

En cada hombre, hay otro que se revela en los momentos de peligro.

Está el cínico. Que siempre se ríe de las víctimas y saca provecho de las desgracias ajenas.

Está el traidor. Mezcla del cínico y el cobarde, que siempre se inclina hacia el partido más fuerte, no dejando de quejarse de las fallas del perdedor.

El cobarde, no es tan delincuente como el cínico; ni tan asqueroso como el traidor. Pero muestra lo endeble de su formación espiritual.

Está el héroe. Que manso y aparentemente insignificante. Se afirma en la hora de la lucha y grita al enemigo: ‘¡Aquí estoy!’

Está el santo, que mientras todos huyen aterrorizados, dice: ‘Yo tomo su lugar.’

No es el ser tentados, lo que ha de causar temor. Así como tampoco la violencia de la tentación. Ni la reiteración de los recios ataques, deben inducir al alma al abatimiento y al desaliento para seguir adelante. La ira de Satanás, siempre se desata contra las presas que se le escapan y son conquistas de Dios.

En una batalla, ¿Dónde concentra el enemigo sus embestidas más fuertes? Endereza toda la artillería contra las posiciones más fuertes y que son de capital importancia. Cuando se ha conquistado la plaza fuerte; las débiles caen por sí solas. Sería necio gastar fuerzas y municiones en ataques a las defensas desmoronadas por la falta de iniciativa de sus defensores, que se rinden sin luchar.

Satanás es un estratega inteligentísimo, sagaz y muy cruel. Sabe regular muy bien sus asaltos. Donde aprecia debilidad espiritual y moral. Y donde ve un consentimiento pleno para aceptarle como amigo, usa de halagos. Y el hombre cae por sí mismo en sus garras. Sus ataques violentos los reserva, para donde advierte una resistencia y prevé una derrota. Entonces cambia los halagos por terror; sin cansarse de atacar una y otra vez. Usando todos sus efectivos y todos los medios, a fin de conquistar o al menos atormentar a los hijos de Dios.

La vida es una lucha cotidiana contra el Demonio, el Mundo y la Carne. Porque Satanás usa de los tres para hacer caer en pecado a la criatura y así privarla de la Gracia, para poder apoderarse de ella.

LA CARNE.

Las debilidades del ‘yo’, siempre presentes mientras el hombre vive y cuya solución solo es aplastada, conforme él ‘yo’ es crucificado.

EL MUNDO.

Los afectos y todo lo que constituye el respeto humano, son las armas predilectas para atormentar. Usa al hombre contra el hombre. Buscando siempre lastimar en donde más duele y con quién más se quiere.

EL DEMONIO.

Conforme avanza el alma en el descubrimiento del mundo espiritual, se descara completamente y se encara abiertamente: “Deja a Ese…” “Y te daré…” sigue una enumeración de lo que él considera que puede darle resultado. Como conoce muy bien a su presa, sabe por dónde llegar. Cuando no consigue su objetivo, su furia homicida lo lleva al ataque físico.

El santo cura de Ars, cuando Satanás lo atacaba físicamente, dejándolo como un boxeador de peso ligero, vapuleado por un boxeador de peso pesado. En su recámara, todo quedaba hecho un desastre, como si la hubiera arrasado un huracán. Su cama, era un amasijo de hierros retorcidos y como remate, un da se la incendió. A las preguntas de sus compañeros sobre lo que había acontecido; el santo cura de Ars, solía responder: “Cómo no pudo atrapar al pájaro, vino a quemarle la jaula.”

Pocas veces consigue alcanzarnos. El amor de Jesús y de María, protegen siempre y solo causa daños hasta donde se lo permiten.

El testimonio del Padre Pio es más que esclarecedor:

Las tentaciones de Satanás que quisieron hacer caer al padre Pío, se manifestaron de cada modo. El Padre Agostino nos confirmó que Satanás apareció bajo las formas más variadas: “bajo forma de jovencitas desnudas que bailaron; en forma de crucifijo; bajo forma de un joven amigo de los frailes; bajo forma del Padre Espiritual, o del Padre Provincial; de aquel del Papa Pío X y del Ángel de la guarda; de San Francesco; de Maria Santísima, pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales. A veces no hubo ninguna aparición pero el pobre Padre fue golpeado hasta salirle sangre, atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc. Él logró librarse de estas agresiones invocando el nombre de Jesús.

Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron cuando el Padre Pío liberó a los poseídos. Más de una vez – el Padre Tarsicio contó de Cervinara – antes de salir del cuerpo de un poseído, el Malvado ha gritado: “Padre Pío nos das más molestias tú que San Michelle”. Y también: “Padre Pío, no nos arranques las almas y “no te molestaremos.”

La carta a Agostino del 5 de noviembre de 1912: Estimado Padre”, ésta también es su segunda carta a través de la concesión de Dios, y ha seguido el mismo destino de la anterior. Yo estoy seguro de que el Padre Evangelista ya le ha informado sobre la nueva guerra que los apóstatas impuros están haciendo en mí. Mi padre, ellos no pueden ganar, a su voluntad por mi constancia. Yo le informo sobre sus trampas sé que les gustaría inducirme, privándome de sus sugerencias. Yo encuentro en sus cartas mi único consuelo; pero para glorificar a Dios y para su confusión yo los llevaré. Yo no puedo explicarle, a usted cómo ellos están pegándome. A veces yo pienso que me voy a morir. El sábado yo pensé que ellos realmente quisieron matarme, yo no hallaba a qué santo pedirle ayuda. Yo me dirigí a mi ángel de la guarda, suplicándole ayuda, quien me hizo esperar largo tiempo, y finalmente, él voló alrededor de mí y con su voz angélica cantó los himnos de alabanza a Dios. Entonces una de esas escenas usuales pasó; Yo le reñí severamente, porque él me había hecho esperar tanto por su ayuda, a pesar de que lo había llamado urgentemente y por castigo, yo no quise mirarlo a la cara, yo quería que él recibiera más que un castigo de mí, yo quise huirle pero, él pobre, me localizó llorando, él me tomó, hasta que yo lo mirara, yo lo miré fijamente en la cara y vi que él lo sentía.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

La carta al Padre Agostino del 13 de febrero, de 1913, “Ahora, que veintidós días han pasado, desde que Jesús permitió a los diablos para descargar su enojo sobre mí. Mi Padre, en mi cuerpo todo se machuca de las palizas que yo he recibido en el presente por nuestros enemigos. En varias oportunidades, ellos me han quitado mi camisa incluso, y me han golpeado de una manera brutal”…

La carta al Padre Benedetto de fecha 18 de marzo de 1913, “Estos diablos no dejan de pegarme, mientras que también me tumban de la cama. ¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme! Pero ahora ellos no me asustan ya. Jesús me ama, Él me alza a menudo y me pone en la cama”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación, con el Padre Pío; hasta le dice que él era un penitente. Éste es el testimonio del Padre Pío: “Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba. Él era alto, guapo, me vistió con algo de refinamiento y era amable y cortés. Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales. ¡Todos los pecados eran molestos! Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo, yo respondí. Yo le traje la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, las morales de los Santos, pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras justificando, con habilidad extrema y cortesía, todo tipo de pecado. Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacer normal, natural, y humanamente comprensible todas sus acciones pecadoras. Y esto no solamente para los pecados que eran repugnante contra Dios, Nuestra Señora, y los Santos, él fue Rotundo sobre la argumentación, pero, qué pecados morales tan sucios y ásperos. Las respuestas que él me dio con la delgadez experimentada y malicia me sorprendieron. Yo me pregunté: ¿quién es él? ¿De qué mundo viene él? Y yo intenté mirarlo bien, leer algo en su cara. Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto que merecían. Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él. Con autoridad divina yo le dije: diga…….”Viva Jesús por siempre” “Viva María eternamente” En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos, Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba un hedor insoportable”.

Satanás es el mejor maestro en lo que consiste el conocernos a nosotros mismos. A veces está tan enojado, que descubre las tácticas que usará, al enumerar las debilidades de su víctima. Si el alma usa la inteligencia; de sus aparentes victorias, sacará las conclusiones necesarias, para preparar las defensas. Y es cuando es indispensable fortalecernos en el Señor y en la fuerza de su poder. Hay que revestirnos de las armas de Dios, para poder resistir las asechanzas del Demonio.

Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre; sino contra los Principados. Contra las Potestades. Contra los Dominadores de este mundo tenebroso. Contra los espíritus del Mal, autollamados dioses, que están en las alturas. Por eso hay que tomar las armas de Dios, para poder resistir en este día malo. Y después de haber vencido todo, mantenerse firmes. La Guerra es contra el Infierno fortísimo, el cual desencadena directamente las grandes tormentas, de las más poderosas tentaciones; en un postrer esfuerzo de abatir al espíritu gigantesco que se le resiste.

La Tentación es un elemento del Mal, que se puede cambiar en Bien y en gloria, mediante la libre voluntad con que el hombre la rechaza. A veces es tan sorpresivo y violento el ataque, que agarrando al hombre desprevenido, lo hace caer…  ¿Qué hacer? ¿Llorar y desesperar, porque estamos derribados mordiendo el polvo? ¿Quedar abatidos y darnos por vencidos, aceptando nuestra mísera realidad? ¿Tirar la toalla y batirnos en retirada, dejando que el Enemigo consuma su victoria y nos destruya por completo?

¡Claro que no! ¡Sólo los cobardes se dan por vencidos! Cuando se recibe un golpe bajo, (Los de Satanás, siempre lo son) y nuestro triste barro yace miserable y derrotado; debemos recordar, ¡Qué somos polvo! El Demonio que se retuerce de risa porque nos hizo caer; no hace más que recordarnos, la miseria que somos y como dependemos de Jesús. Dependiendo del daño recibido. Debemos serenarnos. Tratar de mirar objetivamente la situación y ¡Llorar amargamente! Pero no de abatimiento. Sino de arrepentimiento, por el dolor infligido a Dios por nuestro pecado.

Postrarse en Tierra y pedir perdón al señor, equivale a levantarse y seguir adelante. No debemos olvidar que los tropiezos que pone Satanás, son más grandes, cuanto más cerca estamos de Dios. Levantarse y proseguir con constancia inalterable, decididos a pertenecer más a Dios. ¡Dios sabe distinguir las caídas y es Padre que levanta a los que caen; no por malicia, sino por debilidad de la criatura y tropiezo de Satanás! El alma que lo conoce, sabe de la infinita bondad de Dios. Y confía en que el arrepentimiento sincero, obtiene de Dios el Perdón. Y Él, en su Infinita Misericordia, aumenta las fuerzas y los recursos que el alma necesita para perseverar y vencer. El demonio vencido, se retira con su mezquina victoria, diciéndonos: “De todas maneras, ¿Ya ves que eres un perro? ¡Te hice caer y te hice llorar! ¡Volveré y me las pagarás! ¡Te mataré!” La burla y la amenaza no faltan jamás. Su función es tratar de amedrentar a como dé lugar. Le encanta hacer una descripción minuciosa de lo que nos hará cuando caigamos en sus manos, cuando llegue nuestra hora. Tentación rechazada, es mérito adquirido. Lo que no consiguió con la Tentación, trata de conseguirlo con el terror. Pero ¡Si Dios está con nosotros! ¿Quién contra nosotros?

Para esto dejó al hombre su magnífica libertad de querer. Para que a través de ella y por mérito propio, alcance la gloria merecida. Conforme avanza el hombre en el conocimiento de Dios y por lo tanto del Amor; el alma extrae de la Verdad, la fuerza necesaria para remontar el Abismo y colocarse al nivel del enemigo en la Última Batalla.

Todas las luchas anteriores, tienen como finalidad entrenarnos, para el mortal Combate Final. En ella EL MARTIRIO DE LA HORA DE LA MUERTE ES LA BATALLA DEFINITIVA, que determina el curso de nuestro destino eterno. No podemos darnos el lujo de cometer el más mínimo error.

Si tomamos en cuenta que como hijos de Dios, somos dioses y que lo que decimos se hace; podemos entender el tremendo drama que se desarrolla con nuestras últimas declaraciones. Para esto hay que encuadrar el diálogo, en un plano totalmente espiritual. Y veremos claramente el combate, entre el alma que quiere retornar a Dios y el terrible Adversario que trata de impedirlo. Este conocimiento es invaluable para el momento en que tengamos que librar, nuestro propio y personal combate. Ya sea en una confrontación abierta, como la que tuvo Jesús con sus acusadores o en la paz del lecho de enfermo en la que termina la jornada terrena. Este combate es especialmente doloroso para los ateos. Por eso sus agonías son desesperadas y espantosas, cuando no terminan de manera súbita, con el homicidio o el suicidio.

Pruebas + sufrimiento = Amor Perfecto. La debilidad humana no es capaz de resignarse al Martirio. Pero los corazones que aman de verdad a Dios y deben dar testimonio de Él; Él Mismo les infunde una gracia sobrenatural: el Amor Perfecto.

Cuando se llega al Amor Total; ni las torturas, ni las acusaciones, ni las separaciones de los familiares; ni la pérdida de la vida, ni absolutamente nada tiene importancia. Todo se convierte en pedestal para levantarse al Cielo, para aceptarlo todo, para extender los brazos y el corazón a las torturas, mirando solamente hacia Dios.

El amor, el sacrificio y la confesión heroica de la Fe, es absolución. La vida es un martirio, cuando el mundo ha perdido toda atracción y el corazón suspira por el Cielo. Cuando se vive para enseñar a los demás el Amor; para consolar de sus desilusiones el Corazón de Dios y para perseverar infatigables en darle almas. Por eso debemos perseverar en cumplir nuestra misión y el ministerio recibido de Jesús, de santificar el Mundo y dar testimonio del Evangelio. De ninguna otra cosa nos debemos preocupar.

Si sabemos convertirnos en verdaderos hijos del Padre Celestial, debemos vivir, actuar y morir como tales.

Nuestra muerte debe ser brecha en los diques del Paganismo, como agua que socava una y otra vez… Y rompe lenta, pero inexorablemente, las más fuertes obras del hombre. Y nuestra sangre, igual que la de Jesús; brotando por miles de heridas, debe resquebrajar las murallas paganas para que el mundo pueda ser conquistado por el Amor. Hay que orar pidiendo la Sabiduría, para poder ser confesores. Cuando la poseemos y amamos verdaderamente a Dios; hacemos de este amor la razón principal de nuestra vida y es cuando alcanzamos la perfección espiritual: la Santidad. 

Con el Amor de Fusión Perfecto, nuestro espíritu es elevado al Cielo.

 Y podemos gozar de Dios, EN MEDIO DEL MARTIRIO CRUENTO.

No muertos. No torturados. No destruidos. No desesperados. Así como no es muerte el trabajo de parto, sino que es vida que genera vida: el dolor de un instante ofrecido a Dios, no es más dolor; sino gozo que se vuelve eterno, al dejar este mundo. Debemos por tanto, reflejar a Dios en sus cualidades y a Cristo Salvador en su Holocausto. Debemos imitarlo si realmente queremos sobrevivir y reunirnos con nuestro Padre. 

El que esté dispuesto para el Martirio, está listo para recibir el Sacramento del Bautismo. 

Celina calla…

Después de un momento de reflexión, todos se dirigen a la Iglesia de la Santa Cruz, donde se celebra la Eucaristía y donde los espera un grupo de obispos, para bautizarlos.    Nicolás  dice al saludar al obispo Francesco:

–           Ahora ya que me han dado el conocimiento de esta gloriosa Fe, mientras mi Fernanda me ha dado la dulzura, tú ábreme las puertas de la Gracia. Quiero ser de Cristo para ser igual al ángel que Él me ha dado por esposa y que me ha abierto los caminos celestiales en los que prosigo, olvidando todo el pasado. ¡No tardes más! ¡Oh, obispo! Yo creo y ardo por confesarlo, para la Gloria de Jesucristo, nuestro Señor.

Los cristianos escuchan conmovidos y alegres. Y sonríen al nuevo hermano y a la feliz Fernanda que lo tiene tomado de la mano, estando entre el esposo y el cuñado.

Al igual que los demás, Nicolás y Emiliano están vestidos de blanco y sin ningún adorno, ni joyas de ningún tipo. El Obispo Francesco pronuncia la fórmula sacramental del Bautismo, mientras los cristianos van siendo sumergidos uno a uno, por tres veces; en la piscina con el agua lustral.

Nicolás con las gotas de agua todavía escurriendo de sus cabellos, recibe el beso fraterno de los cristianos y sus felicitaciones. Que le dicen:

–          Serás un campeón entre nosotros.

El joven patricio contesta sonriendo:

–         No soy capaz de tanto. Yo, infeliz pagano envuelto en el error. Todo el mérito es de esta dulce esposa mía. Su belleza y su gracia, sedujeron en mí al hombre. Pero su Fe y su pureza, han seducido mi espíritu. He querido ser igual a ella, para poderla amar y comprender más, todavía. De mí, iracundo y sensual; ella ha hecho esto que veis: un manso y un puro. Y espero con ayuda de ella, crecer siempre más en este camino. Ahora te veo ángel de virginal candor, ángel de la esposa mía. Y a ti también Azharías. A ti te sonrío, porque me sonríes. ¡Ahora te veo, Angélico esplendor! La alegría de contemplarte es superior a toda la aspereza del martirio. Fernanda santa, prepárame para eso. Yo quiero entregarme completamente y consagrarme como tú. Quiero ser sacerdote e inmolarme a mi Señor Jesucristo. Sobre esta estola yo quiero escribir con mi sangre, el Nombre Santísimo del Cordero y ofrendar el Verdadero Culto a Dios.

–           Amén. –contestan todos.

Cuando la asamblea termina, los cristianos regresan a sus hogares.

Y en Roma, Celina redacta un documento donde autoriza la venta de sus propiedades y dona todas sus riquezas para que Pedro las distribuya, a los pobres de la Iglesia. Luego pide a Diana que la acompañe a orar durante toda la noche.

Diana le pregunta:

–           ¿Cuál es la razón para esta decisión?

Celina contesta:

–          Me enteré,  de que Narciso Haloto con calumnias, ha conseguido de su padre una orden de arresto contra mí. Piensa llevarme a los lupanares del Palatino y entregarme a los spintrias. (Maestros de voluptuosidad) Quiere retenerme prisionera, hasta que se canse de mí. Después de profanarme, quién sabe cuántas crueldades más tiene planeadas la ruin bajeza del despechado romano; pues está dispuesto a hacer uso de toda su fuerza y poder, para vengarse de lo que considera: ‘Estúpidos desprecios de una jovencilla orgullosa.’

Diana se queda muda de estupor y solo exclama:

–           ¡Oh!

Las dos se arrodillan ante la cruz, en el cubiculum de Celina. Y se sumergen en una larga y ardiente Oración…

Cuando llega la mañana, se levantan y preparan un pequeño altar, con linos muy finos y hermosas flores blancas.

Luego entra un hombre joven, elegantemente vestido; con su toga ribeteada de púrpura, parece un senador. Es Humberto y las dos jóvenes le saludan con gran veneración. Él saca de una bolsa, todo lo necesario para celebrar una Misa. Después se reviste con las vestiduras sacerdotales y se inicia la Eucaristía.

Celina y Diana, oran siempre más fervorosamente. Humberto consagra las Especies y después las da a las dos jóvenes, que las reciben con profunda adoración. Pero cuando el sacerdote las bendice al terminar la Misa y desciende del altar, solamente Diana se mueve.   Celina permanece postrada, su compañera la llama y la sacude suavemente. Humberto también se inclina y entre los dos, la levantan. Ya la palidez de la muerte, está sobre el rostro de Celina y los ojos están semicerrados por la agonía final. Respira fatigosamente y una alegría incontenible, ilumina su bello rostro. La colocan con cuidado sobre un largo diván que hay junto a una ventana abierta al atrium, donde se oye el agua del implovium, cuando salpica el hermoso jardín.

Tratan de ayudarla. Pero ella, haciendo un esfuerzo, levanta una mano y solamente dice dos palabras:

–           Gracias… Jesús…

Y sin ningún espasmo, expira…

Diana besa la blanca frente de su amiga. Y lágrimas silenciosas, resbalan por sus mejillas, mientras le dice:

–           Hermana mía, me has precedido. Te lo ruego, ora por mí, cuando llegue mi hora.

Humberto unge el cuerpo con los santos óleos y cruza sobre el pecho, las manos de la doncella; que parece como si durmiera  apaciblemente.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA