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273 EL LASTRE DE LA RIQUEZA


273 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es en la casa de Cafarnaúm, a la sombra de los árboles en el huerto umbrío,

temprano  por la matutina.

Los apóstoles se fueron a predicar.

Jesús cura a unos enfermos, acompañado de Mannaém.

Que ya no lleva ni el precioso cinturón ni la lámina de oro en la frente:

sujeta su túnica un cordón de lana; una cinta de tela, como la prenda que cubre su cabeza.

Jesús tiene descubierta la cabeza, como siempre cuando está en casa. 

Una vez que ha terminado de curar y de consolar a los enfermos,

sube con Manahén a la habitación alta.

Aunque parece que la canícula ha terminado, el sol todavía calienta implacable…

Se dirigen hacia la parte mas sombreada y fresca.

Y se  sientan los dos en la pequeña terraza de la ventana que mira al mont

Mannaém dice:

–       Dentro de poco empezará la vendimia.

Jesús le contesta:

–       Sí.

Luego vendrá la Fiesta de los Tabernáculos…

Y el invierno estará a las puertas.

¿Cuándo piensas partir?

–       ¡Mmm!…

De mi parte no me iría nunca…

Pero pienso en el Bautista.

Herodes es una persona débil.

Si se le sabe influir

Se le puede sugestionar para que haga el bien y si no se hace bueno;

por lo menos que no sea sanguinario.

Desgraciadamente son pocos los que le aconsejan bien.

¡Y esa mujer!… ¡Esa mujer!…

Yo quisiera estar aquí hasta que regresen tus apóstoles.

Aunque mi ascendencia ha disminuido, desde que saben que sigo los senderos del Bien.

Pero no me importa.

Quisiera tener la verdadera valentía, de saber abandonar todo para seguirte completamente,

como aquellos discípulos que estás esperando.

¿Lo lograré alguna vez?

Nosotros que no pertenecemos a la plebe, somos más obstinados para seguirte.

¿Por qué será?

–      Porque los tentáculos de las míseras riquezas os retienen.

–      Conozco a algunos que no son tan ricos, pero sí son doctos o están en camino de serlo.

Y tampoco vienen. 

–       También están retenidos por los tentáculos de las míseras riquezas.

No se es rico sólo de dinero.

Existe también la riqueza del saber.

Pocos llegan a la confesión de Salomón: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”,

considerada de nuevo y ampliada -no tanto materialmente cuanto en profundidad-

en Qohélet.

¿Lo recuerdas?

La ciencia humana es vanidad, porque aumentar sólo el humano saber

“es afán y aflicción de espíritu. 

Y quien multiplica la ciencia multiplica los afanes”.

En verdad te digo que es así.

Como también digo que no sería así, si la ciencia humana estuviera sostenida y refrenada

por la sabiduría sobrenatural y el santo amor a Dios.

El placer es vanidad, porque no dura;

arde y rápido se desvanece dejando tras sí ceniza y vacío.

Los bienes acumulados con distintas habilidades son vanidad, para el hombre que muere,

porque con los bienes no puede evitar la muerte, y los deja a otros.

La mujer, contemplada como hembra y como tal apetecida, es vanidad.

De lo cual se concluye que lo único que no es vanidad es el santo temor de Dios

y la obediencia a sus Mandamientos.

O sea, la sabiduría del hombre, que no es sólo carne,

sino que posee la segunda naturaleza: la espiritual.

Solo el que logra ver la vanidad de todo lo mundano,

logra liberarse de cualquier tentáculo de pobres posesiones

e ir libre al encuentro del Sol.

–      ¡Quiero recordar estas palabras!

¡Cuánto me has dado en estos días

Ahora puedo ir entre la inmundicia de la corte, que les parece brillante solo a los necios.

Que parece poderosa y libre y es solo miseria, cárcel y oscuridad.

Me llevaré un tesoro que me permitirá vivir allí mejor, a la espera de lo superior.

Pero, ¿Llegaré alguna vez a esta meta sublime, que es pertenecerte totalmente?

–       Lo lograrás.

–       ¿Cuándo?

¿El año próximo?

¿Más adelante todavía?

¿O hasta que la ancianidad me haga prudente y sabio?

–        Lo lograrás.

-Llegarás… alcanzando la madurez de espíritu….

Perfección de voluntad y a una decisión perfecta

En el término de unas cuantas horas.

Y al decir esto, Jesús sonríe de una manera enigmática.  

Pues ha lanzado su mirada hacia el futuro y ve el heroísmo del que será capaz su discípulo.

Mannaém lo mira pensativo y escrutador…

Pero no pregunta nada más.

Después de un largo silencio que interrumpe Jesús,

al preguntar:

–        ¿Has estado alguna vez con Lázaro de Bethania?

–         No, Maestro.

Nos hemos encontrado algunas veces.

Puedo decir que no;

que si hubo algún encuentro, no puede llamarse amistad.

Ya sabes.

.

Yo con  Herodes, Herodes contra él…

Por tanto…

–        Ahora Lázaro te mirará más allá de estas cosas.

Te mirará en Dios…

Procura tratarlo como condiscípulo.

–        Lo haré si Tú así lo quieres…

Se oyen voces llenas de alarma en el huerto, que buscan al Maestro.

Preguntan con angustia:

–        ¡El Maestro!

–       ¡El Maestro!

–       ¿Está aquí?

Responde la voz cantarina de la dueña de la casa:

–        Está en la habitación de arriba.

¿Quiénes sois?

¿Estáis enfermos?

—       No. – 

         Somos discípulos de Juan. 

–       Y  queremos ver a Jesús de Nazaret.

Jesús se asoma por la ventana,

y dice:

—      Paz a vosotros…

Ellos levantan la cabeza  y los reconoce,

invitándoles:

–      ¡Oh!

¿Sois vosotros?

¡Venid! ¡Venid!

Sus  pasos apresurados suben por la escalera.

Son los tres pastores: Juan, Matías y Simeón.

Jesús deja la habitación y va a su encuentro a la terraza.

Manahén lo sigue.

Se encuentran justamente en el punto en que la escalera termina en la soleada terraza.

Los tres se arrodillan y besan el suelo.

Mientras Jesús los saluda.

–       La paz sea con vosotros…

Levantan la cabeza y muestran un rostro lleno de dolor.

Ni siquiera viendo a Jesús se sosiegan.

Su grito ahogado por el llanto:

–       ¡Oh, Maestro!

Juan habla en nombre de los demás:

–      Y ahora recógenos, Señor.

Porque somos tu herencia.

Y las lágrimas se deslizan por la cara del discípulo y de sus compañeros.

Jesús y Mannaém dan un solo grito:

–        ¿¡Juan!?

–        ¡Lo mataron…!

La noticia cae como un rayo que paraliza hasta el aire, en un silencio horrorizado.

Cuyo  enorme fragor cubre todos los ruidos del mundo,

a pesar de que haya sido pronunciada en voz muy baja.

Petrifica a quien la dice y a quien la oye.

Y se produce un rato de silencio tan profundo…

Que parece extenderse en su  profunda inmovilidad también en los animales,

las frondas y el aire,

Porque es como si la Tierra entera, para recoger esta palabra y sentir todo su horror,

suspendiera todo ruido  propio.

Queda suspendido el zureo de las palomas, truncada la flauta de un mirlo,

enmudecido el coro de los pajarillos.

Y como si de golpe se le hubiera roto el artilugio, una cigarra detiene su chirrido al improviso,

mientras se detiene el viento que, haciendo frufrú de seda y crujido de palos,

acariciaba las pámpanas y las hojas.

Jesús palidece.

Sus ojos se agrandan.

Vidrian por el llanto que se asoma.

Abre los brazos.

Su voz es más profunda, por el esfuerzo que hace para que sea firme y tranquila.

Y dice:

–       Paz al Mártir de la Justicia y a mi Precursor.

Cierra los ojos y los brazos sobre su pecho.

Su espíritu ora.

Entrando en contacto con el Espíritu de Dios y el de Juan  Bautista.

Mannaém no dice nada, no hace ningún gesto, ni se atreve ni a moverse.

Al revés de Jesús, se  pone colorado y la ira lo invade.

Se pone rígido y paralizado.

Toda su turbación se manifiesta en el movimiento mecánico de la mano derecha,

que sacude el cordón de la túnica y de la izquierda, que instintivamente busca el puñal

Pero no lo encuentra, porque se le olvidó que está desarmado.

Pues para poder ser discípulo del manso, es requisito para estar cerca del Mesías.

Y mueve la cabeza compadeciéndose de su fragilidad

y de sentirse tan impotente. 

Jesús recupera la Majestad Divina que le es habitual.

Y tan solo le queda una profunda tristeza, dulcificada con paz.

Con voz serena dice:

–       Venid.

Me lo contaréis.

De hoy en adelante me pertenecéis.

EVANGELIO DE SAN MARCOS

Capítulo 6

Muerte de Juan el Bautista

14. Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»

15. Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas.»

16. Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado.»

17. Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado.

18. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.»

19. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía,

20. pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.

21. Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea.

22. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»

23. Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.»

18. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.» 19. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, Marcos 6

24. Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.»

25. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»

26. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.

27. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel

28. y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.

29. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

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175 DIAGNÓSTICO ESPIRITUAL


175 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La ciudad está semidesierta en esta noche serena y clara por la luna llena que resplandece en toda su plenitud.

La Pascua ha sido celebrada y consumida en una de las casas de Lázaro.

En la puerta exterior Jesús, con esa señorial cortesía muy suya, se ha despedido de Juan de Endor, dejándolo como custodio de las mujeres y dándole las gracias por esto mismo.

Le dió un beso a Margziam, que también acudió a la puerta.

Y se encamina con los suyos en el barrio de Bezetha, siguen a lo largo de la muralla y dejan atrás la casa de José de Arimatea.

Avanzan ligeros hacia fuera por la Puerta de Herodes.

Tadeo pregunta:

–     ¿A dónde vamos, Señor?

Jesús responde:

–     Venid conmigo.

Os llevo a coronar la Pascua con una perla anhelada y singular.

Por este motivo he querido estar sólo con vosotros, ¡Mis apóstoles!

Gracias amigos, por el gran amor que me tenéis; si pudierais ver cómo me consuela, os asombraríais.

Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros.

Convenceos de que por Mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar…

Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por Mí.

Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros.

Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en Mí, en todo.

Ya están en el ángulo nordeste de la muralla; vuelven la esquina y van siguiendo la base del monte Moria…

Hasta llegar a un punto en que por un puentecito, pueden cruzar el Cedrón.

Santiago de Alfeo pregunta:

–    ¿Vamos a Getsemaní?

–    Más arriba.

A la cima del monte de los Olivos.

Juan exclama:

–    ¡Oh! ¡Será algo bello!

Pedro susurra:

–    También le habría gustado al niño.

Jesús dice:

–     ¡Tendrá oportunidad de verlo otras muchas veces!

Estaba cansado y además es un niño.

Quiero ofreceros una cosa grande, porque ya es justo que la tengáis.

Suben entre los olivos, dejando Getsemaní a su derecha.

Suben más arriba por el monte, hasta alcanzar la cima, donde los olivos se balancean crugiendo…

Avanzan por entre le olivar, hasta que Jesús se frena y dice:

–     Detengámonos aquí…

Todos se acomodan a su alrrededor, sentándose para escucharlo…

Jesús dice:

“Queridos, muy queridos discípulos míos, continuadores míos en el futuro, acercaos a Mí.

Hace poco tiempo, me habéis dicho:

“Enséñanos a orar como lo haces Tú; enséñanos, como Juan enseñó a los suyos.

Y siempre os respondí:

‘Os enseñaré cuando vea en vosotros un mínimo de preparación suficiente, para que la plegaria no se convierta en una fórmula vacía de palabras humanas.

Sino que sea una verdadera conversación con el Padre.

Ha llegado el tiempo. Hemos obedecido el Precepto Pascual, como verdaderos israelitas y el precepto divino de la caridad; para con Dios y para con el prójimo.

Uno de vosotros ha sufrido mucho en estos días, debido a una acción que no merecía.

Y ha sufrido por el esfuerzo que se ha hecho a sí mismo, para controlar la ira que esa acción había provocado.

Sí, Simón de Jonás, ven aquí.

Ni una palpitación de tu corazón honrado, me ha pasado desapercibida.

Y no ha habido sufrimiento que no haya compartido contigo.

Yo… y tus compañeros.

Pedro dice:

–    Pero Tú Señor, has sido ofendido más que yo.

Y esto era para mí una pena mayor… Que Judas haya desdeñado acompañarme en la fiesta, me molestó mucho como hombre.

Pero al ver que Tú estabas adolorido y ofendido, me molestó de otro modo. Y sufrí el doble…

Yo no quiero gloriarme, ni hacerme el héroe, usando tus palabras. Pero debo decir que he sufrido con mi alma…

Y esto causa mayor dolor.

–    No es soberbia, Simón.

Has sufrido espiritualmente, porque Simón de Jonás, pescador de Galilea; se está convirtiendo en Pedro de Jesús;

Maestro del espíritu; por lo cual también sus discípulos se hacen activos y sabios en el espíritu. Porque has avanzado en la vida del espíritu.

Y porque vosotros también habéis avanzado, quiero enseñaros esta noche la Oración.

¡Cuánto habéis cambiado desde aquel día en que nos detuvimos en un lugar desierto por algunos días!

Bartolomé pregunta un poco incrédulo:

–   ¿Todos, Señor?

–   Comprendo lo que quieres decir.

Yo os hablo a vosotros los once, que estáis aquí, no a otros.

Andrés dice con mucha tristeza:

–   Pero, ¿Qué le pasa a Judas de Simón, Maestro?

Ya no lo comprendemos. Parecía muy cambiado y ahora… desde que dejamos el lago…

Pedro interviene:

–    Cállate hermano.

La llave del misterio la tengo.

Se ha colgado un pedacito de zebú.

Fue a buscarlo a la caverna de Endor, para sorprender a los demás.

Lo tomó del nicho donde estaba el búho.

¡Y se lo tiene merecido!

El Maestro se lo dijo aquel día…

En Gamala, los diablos entraron en los cerdos.

En Endor, los que salieron del desgraciado Juan, entraron en él. Se entiende que…

Se entiende… ¡Déjame decirlo, Maestro!

Lo tengo aquí, en la punta de la lengua y si no lo digo, me muero…

Jesús le pide:

–   Simón. Sé bueno.

–   Sí, Maestro.

Y te aseguro que no le haré ningún desprecio.

La posesión espiritual perfecta se agrava tremendamente por la Lujuria y la maldad de Asmodeo…

Pero digo y pienso que siendo Judas tan vicioso… Y tan mujeriego…

Todo el Templo lo conoce, lo sabe y Todos lo sabemos.

Y está sin protección porque quiere. Se entiende que también los demonios, gustosos cambian de casa.

Es un semejante al cerdo…

Pedro calla.

El  silencio se extiende un largo momento.

Y agrega con un suspiro:

–    Bueno, lo he dicho.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–   ¿Entonces tú piensas que por eso es así?

–   ¿Y qué otra cosa quieres que sea?

No hay ninguna otra razón para que se haya vuelto tan intratable.

Está peor que en Agua Especiosa.

Allí se podía pensar que el humor y la estación  lo pusiesen nervioso.

Pero ahora…

Jesús agrega con calma:

–    Hay otra razón, Simón…

–    Dila, Maestro.

Estoy contento de desengañarme del compañero.

–   Judas está celoso.

Está inquieto por celos.

–   ¿Celoso de quién?

No tiene mujer. Y aunque la tuviese, creo que ninguno de nosotros sería capaz de ofender a un condiscípulo…

–    Está celoso de Mí.

Piensa… Judas ha cambiado desde Endor y luego…  Empeoró en Esdrelón.

Esto es; desde que vio que me ocupaba de Juan y de Marziam.

Pero ahora que Juan nos dejará y que se irá con Isaac, verás que volverá a ser alegre y bueno.

–   Está bien.

Pero no querrás decirme que no es presa de un diablillo…

Y sobre todo; no querrás que diga que se ha compuesto en estos meses en que se ha portado peor.

El año pasado yo también era celoso… ¿No recuerdas que no quería que hubiese nadie más que nosotros seis?

Ahora deja que invoque a Dios como testigo de mi pensamiento. Ahora digo que soy feliz; entre más aumentan los discípulos a tu alrededor.

¡Oh! ¡Cómo quisiera traerte a todos los hombres!

Pero, ¿Por qué he cambiado? Porque me he dejado cambiar por Ti. Él…  él no ha cambiado. Al contrario…

Convéncete, Maestro. Un diablillo se ha apoderado de él…

–    No lo digas, ni lo pienses.

Ruega para que se cure. Los celos son una enfermedad emocional…

Que destrozan el alma.

–    De la que se puede curar si uno quiere.

¡Ah! Lo soportaré por causa tuya… Pero, ¡Qué fatiga!…

Judas Tadeo, dice:

–    Me parece que ya recibió su castigo…

Al no estar con nosotros en esta noche; en que aprenderemos algo tan importante.

Jesús dice:

–     Ha llegado el momento.

Vosotros poseéis cuanto es suficiente para conocer las palabras dignas que se digan a Dios y os las quiero enseñar esta noche en medio de la paz y el amor que existe entre nosotros.

En la paz y el amor de Dios y con Dios…

Escuchad: cuando oréis, decid así:

“Padre Nuestro…”

68 DIAGNÓSTICO DIVINO


68 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es una mañana radiante en la plaza de Jericó; con sus árboles y sus mercaderes que vocean.

En una esquina está el alcabalero Zaqueo, ocupado en sus transacciones legales e ilegales.

También compra y vende cosas preciosas. Pesa e indica el valor de joyas y objetos de metales finos que le venden o le entregan en pago de contribuciones.

Toca el turno a una mujer delgada, que está toda cubierta con un fino manto rojizo y que lleva la cara velada.

Extiende su mano con un brazalete de oro y piedras preciosas. Se ve que es joven.

Sus pies están calzados con finas sandalias que dejan ver unos dedos y tobillos muy blancos y delicados. Entrega la joya sin decir palabra alguna…  

Recibe el dinero sin objetar y se va.

Detrás de ella está Judas de Keriot, que le ha observado atentamente y cuando ella está por irse le dice en voz baja y en griego, un piropo muy audaz.

Pero ella no responde y se va ligera.

Entonces Judas pregunta a Zaqueo:

–     ¿Quién es?

Zaqueo contesta:

–     No pregunto a los clientes su nombre. Sobre todo cuando son buenos como ésa.

–    ¿Es joven, verdad?

–     Así parece.

–     Es judía.

–     ¿Quién puede saberlo? ¡El oro brilla igual en todos los países!

–     Déjame ver el brazalete.

–     ¿Lo quieres comprar?

–      No.

–     Entonces nada. ¿Para qué lo quieres?

–     Quería ver si lograba saber quién es.

–    ¿Tanto te urge? ¿Eres nigromante que adivinas o perro de caza que perciba el olor?

¡Lárgate y cálmate! Viene velada. O es honrada, o infeliz o leprosa. Lo que sea, no hay nada que hacer.

Judas responde con desprecio:

–    ¡No tengo hambre de mujeres!

–    Así será. Pero con esa cara que tienes; no lo creo. ¡Bien! Si no quieres algo más, retírate. Tengo a otros a quién atender.

Judas se va enojado.

Llega con los mercaderes y pregunta a uno que vende pan y al de junto, que vende frutas; si conocen a la mujer que les acaba de comprar su mercancía, si saben en donde vive.

Ellos no lo saben y agregan:

–   Hace tiempo que viene cada dos o tres días. Pero ignoramos donde esté.

Judas está seguro que debe ser una extranjera, porque hay algo en ella que…

Además, aunque está toda cubierta, puede percibir en ella una belleza que lo atrae irresistiblemente.

Como los mercaderes no añaden más…

Judas insiste:

–    ¿Y cómo habla?

Los dos sueltan la carcajada y uno de ellos contesta:

–     Con la lengua.

Judas les increpa enojado:

–     ¡Sois unos imbéciles! –y se va apresurado…

¡A caer justamente en medio del grupo apostólico!

Jesús y los suyos han ido al mercado a comprar los víveres. La sorpresa es mutua… y no muy entusiasta.

Jesús solo murmura:

–      ¿Quién eres?

Y Judas masculla algo entre dientes.

Pedro explota en una clamorosa carcajada y dice:

–  Estoy ciego o incrédulo. No veo las viñas y no creo en el milagro.

Los compañeros le preguntan:

–     ¿Qué dices?

–      Digo la verdad. Aquí hay palmerales no hay viñedos.

Y no puedo creer que Judas vendimie entre este polvo, sólo  porque es discípulo del Rabí.

Judas replica secamente:

–    Hace tiempo que la vendimia terminó.

Pedro concluye:

–   Y Keriot está muy lejos de aquí.

Judas se resiente:

–    Tú siempre me atacas. No me quieres.

–    No es eso. Soy menos tonto de lo que tú querrías.

Jesús interviene:

–    ¡Basta!

Está enojado y se vuelve hacia a Judas:   

–      No esperaba encontrarte aquí. Por lo menos pensé que llegarías a Jerusalén para la fiesta de los Tabernáculos.

Judas contesta apresurado:

–     Mañana me voy. Estaba esperando a un amigo de la familia que…

–    Te ruego. Es suficiente.

–    ¿No me crees, Maestro. Te juro que yo…

–    No te he preguntado nada. Y te ruego que no digas nada.

Estás aquí y basta. Puedes venir con nosotros, o ¿Tienes todavía otros negocios? Responde con franqueza.

–    No. He terminado. Ese tal vez ya no viene. Y yo voy a Jerusalén a la fiesta. Y Tú, ¿A dónde vas?

–    A Jerusalén.

–   ¿Hoy mismo?

–    Esta tarde estaré en Betania.

–    Entonces yo también voy.

–    Llegaremos hasta Betania.

Después, Santiago de Zebedeo y Tomás; irán a Get-Sammi a preparar nuestra llegada para todos nosotros. Y tú irás con ellos.

Jesús marca en tal forma las palabras, que no le deja ninguna alternativa a Judas.

Entonces Pedro pregunta:

–     ¿Y nosotros?

–     Tú, con mis primos y Mateo; iréis a dónde os enviaré, para regresar por la tarde.

Juan, Bartolomé, Simón y Felipe, se quedarán conmigo.

O sea; que irán por Betania a avisar que el Rabí ha llegado y que les hablará a las tres de la tarde.

Más tarde; aprisa por la campiña desierta; sopla el aire anunciador de la tempestad, no en el cielo sereno; sino en los corazones.

Todos lo presienten y avanzan en silencio.

Al llegar a Betania, viniendo de Jericó, la casa de Lázaro es de las primeras. Jesús despide al grupo que debe ir a Jerusalén.

Después manda al otro, que va hacia Belén.

Entretanto, Simón ha llamado en el cancel y los siervos lo abren. Uno de ellos le avisa a Lázaro y éste acude a recibirlos.

Judas de Keriot, que se había distanciado unos cuantos metros, regresa con una excusa y dice a Jesús:

–   Te he desagradado, Maestro. Lo entiendo. Perdóname.

Y mira ansiosamente a través del cancel abierto, por el cual se ve el jardín y la casa.

Jesús, le contesta:

–   Sí. Está bien. ¡Vete, vete! No hagas esperar a los compañeros.

Judas tiene que irse.

Y Pedro, hablando en voz baja dice:

–   Esperaba que hubiese cambio de órdenes. 

–   Esto jamás, Pedro. Sé lo que hago. Pero tú… compadece a este hombre.

–   Trataré. Pero no lo prometo. Adiós, Maestro. Ven, Mateo. Y también vosotros dos. Vámonos ligeritos.

Jesús los despide:

–    Mi Paz sea siempre con vosotros.

Y Jesús entra en la casa, con los cuatro restantes…

 Lázaro llega a recibirlos y Jesús los presenta.

Se dirigen hacia la casa. Bajo el grandioso portal hay una mujer.

Es alta, morena clara. Con un cuerpo armoniosamente grueso. De cabello negro y enormes ojos castaños de mirada dulce.

Su vestido es muy rico y elegante.

Cuando llegan hasta ella, Lázaro dice:

–    Esta es mi hermana, Maestro. Se llama Martha.

Es el consuelo y la honra de la familia. Y la alegría del pobre Lázaro. Antes era mi primera y única alegría. Pero ahora es la segunda; porque la primera eres Tú.

Martha se postra hasta el suelo y besa la orla del vestido de Jesús.

Él dice:

–  Paz a la buena hermana y a la mujer casta. ¡Levántate!

Martha se levanta y entra a la casa a dar órdenes para atender a los invitados.

Todos se quedan en una sala muy grande y lujosamente decorada.

Jesús y Lázaro se dirigen hacia la biblioteca, que parece ser el rincón favorito de Lázaro.

Lázaro dice:

–    Es mi paz… -refiriéndose a Martha.

Que anda supervisando que les sirvan viandas para deleitar a los recién llegados.

Y al decirlo, mira a Jesús.

Es una mirada investigadora que Jesús hace como si no la viera.

Lázaro pregunta:

–    ¿Y Jonás?

Jesús contesta:

–    Ha muerto.

–   ¿Muerto?… ¿Entonces?…

–    Lo tuve al final de su vida. Murió libre y feliz en mi casa, en Nazareth. Entre Yo y mi Madre.

–    ¡Doras te lo acabó antes de entregártelo!

–    Sí. Con cansarlo y también con golpearlo.

–   Es un demonio y te odia. Esa hiena odia a todo el mundo. ¡Y ni siquiera te conoce! ¿No te dijo que te odiaba?

–    Me lo dijo.

–    Desconfía de él, Jesús. Es capaz de todo.

Señor… ¿Qué te dijo Doras? ¿No te previno contra mí diciendo que me evitaras? ¿Puso en mal contigo al pobre Lázaro?

–    Creo que me conoces lo suficiente para comprender que Yo juzgo con justicia.

Y cuando amo; amo sin pensar si ese amor puede beneficiarme o perjudicarme, según los entenderes del mundo.

–   Pero este hombre es cruel y atroz en herir y en dañar.

Me molestó a mí también hace unos días. Vino aquí y me dijo… ¡Oh!… ya tengo bastantes penas para querer arrebatarme también de Ti. 

–     Soy el consuelo de los atormentados y también el compañero de los abandonados.

He venido a ti, también por esto.

–    ¡Ah! Entonces… ¿Sabes?… ¡Oh, vergüenza mía!

–     No. ¿Por qué tuya? Lo sé.

¿Y qué con ello? ¿Acaso te despreciaré porque sufres? Yo soy misericordia, paz, perdón y amor para todos. ¡Cuánto más para los inocentes! Tú no tienes el pecado por el que sufres.

¿Estaría bien que me ensañase contra ti, si tengo piedad también para ella?

–   ¿La has visto?

–    Sí. No llores.

Más Lázaro, con la cabeza reclinada sobre la mesa que también le sirve de escritorio, llora dolorosamente.

Martha se asoma y mira.

Jesús le hace señas de que se esté quieta y ella se retira, con lágrimas que le caen silenciosamente por el rostro.

Lázaro, poco a poco se calma y se humilla por su debilidad.

Jesús lo consuela y como desea retirarse un momento, sale al jardín.

Y pasea entre las veredas que están llenas de rosas purpúreas.

Pero después, Martha lo alcanza.

–    Maestro, ¿Lázaro te ha dicho…?

Jesús contesta:

–    Sí, Martha.

–     Lázaro no puede estar tranquilo desde que se enteró que tú lo sabes y que la viste.

–     ¿Cómo lo supo?

–    Primero, aquel hombre que estaba contigo y que dijo ser tu discípulo: aquel joven alto, de cabello castaño y sin barba.

Luego Doras. Éste abofetea con su desprecio. El otro… sólo dijo que la habías visto en el lago con sus amantes.

Martha llora amargamente.

Jesús dice:

–   ¡Pero no lloréis por esto! ¿Pensáis que ignoraba vuestra herida?

Lo sabía desde que estaba con el Padre… no te aflijas Martha. Levanta tu corazón y la frente.

Martha suplica:

–   Ruega por ella, Maestro.

Yo ruego, pero no sé perdonar completamente. Y tal vez el Eterno rechaza mi oración.

–   Has dicho bien. Es menester perdonar, para ser perdonados y escuchados.

Yo ruego por ella. Pero dame tu perdón y el de Lázaro. Dadme vuestro perdón completo, santo. Y Yo haré lo demás…

–   ¿Perdonar?… No podemos.

Nuestra madre murió de dolor por sus malas acciones. Y eran de poca importancia en comparación con las actuales.

Aún veo los tormentos que sufrió mi madre. Y también veo lo que sufre Lázaro.

–    Está enferma, Martha. Está loca. ¡Perdónala!

–     Está endemoniada, Maestro.

–   Y ¿Qué es la posesión diabólica, sino una enfermedad del espíritu contagiado por Satanás, hasta el punto de convertirse en un ser espiritual diabólico?

De otro modo, ¿Cómo explicarías ciertas perversiones en los humanos? Perversiones que hacen del hombre una bestia peor que cualquiera de ellas.

Más libidinosa que los monos en celo. ¿Que crean un ser híbrido en el que se funden el hombre, el animal y el Demonio?

Esta es la explicación de lo que nos deja estupefactos y es como una monstruosidad inexplicable, en tantas criaturas.

No llores. Perdona. Yo veo. Perdona porque ella está enferma.

Ella exclama angustiada:

–     Entonces, ¡Cúrala!

–     La curaré. Ten fe. Te haré feliz.

Perdona y di a Lázaro que lo haga. Perdónala. Vuélvela a amar.

Acércate a ella. Háblale como si fuese una como tú. Háblale de Mí…

–     ¿Cómo quieres que te entienda a Ti, que eres santo?

–     Parecerá que no comprende. Pero aún sólo mi Nombre es salvación.

Haz que piense en Mí y que me invoque. ¡Oh! ¡Satanás huye cuando en un corazón se piensa en mi Nombre! Sonríe Martha, ante esta esperanza.

En tu casa hay ahora llanto y dolor. Después… después habrá alegría y gloria.

Vete. Dilo a Lázaro. Mientras Yo, en la paz de este jardín, ruego al Padre por María y por vosotros.

Más tarde…

Lázaro dice a Jesús que para darlo a conocer, invitó a varios amigos que le son fieles.

Y a continuación le expone las características morales de cada uno:

–    José de Arimatea es un hombre justo y verdadero israelita.

Espera en Ti: el anunciado por los profetas. Pero no se atreve a decirlo, porque teme al Sanedrín, del que él forma parte.

Él mismo me ha pedido, poder venir a conocerte, para poder juzgar por sí mismo. Pues no le parece justo lo que dicen de Ti, tus enemigos.

Aunque desde Galilea han venido fariseos a acusarte de pecado. Pero José juzgó de este modo:

Quién obra milagros tiene a Dios consigo. Quién tiene a Dios, no puede estar en pecado. Antes bien, no puede ser otro que uno a quien Dios ama.”

Quiere verte en su casa de Arimatea. Me dijo que te lo dijera.

Te lo ruego. Escucha mi petición y la suya.

Jesús responde:

–    He venido para los pobres y para los que sufren en el alma y en el cuerpo; más que para los poderosos que ven en Mí, sólo un objeto de interés.

Iré a la casa de José.

Un discípulo mío; el que por curiosidad y por darse importancia que él mismo se deroga; el que vino aquí sin órdenes mías, es un joven a quien hay que compadecer.

Es testigo de mi respeto por las castas reinantes que se autoproclaman ‘Defensores de la Ley’ y dan a entender: ‘Las sustentadoras del Altísimo’.

¡Oh! Que el Eterno por Sí Solo se sustenta. Ninguno entre los doctores ha tenido igual respeto por los oficiales del Templo como Yo.

–     Lo sé. Y esto lo saben muchos. Lo llaman: ‘Hipocresía’

–     Cada quién da lo que tiene en sí, Lázaro.

–     Es verdad. Pero si vas a la casa de José, él querría que fuese el próximo sábado.

–     Iré. Se lo puedes comunicar.

–    También Nicodemo es bueno. Hasta me dijo… ¿Puedo decirte un juicio sobre uno de tus discípulos?

–    Dilo. Si es justo, justo dirá. Si es injusto, criticará una conversión. Porque el Espíritu da luz al espíritu del alma.

Si es hombre recto, el espíritu del hombre guiado por el Espíritu de Dios, tiene sabiduría sobrehumana y lee la verdad en los corazones.

Lázaro continúa:

–    Nicodemo me dijo: ‘No critico la presencia de los ignorantes, ni la de los publicanos entre los discípulos del Mesías. Pero no creo que sea digno de Él, siendo uno de los suyos

 Uno que no sabe si está a favor o en contra de Él. Parece un camaleón que toma el color del lugar en donde se encuentra…’

–    Es Iscariote. Lo sé.

Pero creedme todos: juventud es vino que fermenta y luego se purifica. Cuando fermenta se esponja y hace espuma.

Y se derrama por todas partes por la exuberancia de su fuerza. Viento de primavera que sopla por doquier y parece un loco, arrancador de hojas.

Pero es al que debemos agradecer que fecunde las flores. Judas es vino y viento. Malvado no lo es.

Su modo de ser desorienta y turba. Hasta molesta y hace sufrir. Pero no es del todo malvado. Es un potro de sangre ardiente.

Jesús se ha callado el juicio de uno de sus discípulos:

Es activo y servicial. Pero lleno de avaricia, de ambición, de envidia. Y no hace nada por combatir estas pasiones’

Lázaro sólo comenta:

–    Tú lo dices. Yo no soy competente para juzgarlo.

De él me ha quedado la amargura de haberme dicho que la habías visto…

–     Pero esa amargura se modera con la miel de ahora. Con mi promesa.

–    Sí. Pero recuerdo aquel momento. El sufrimiento no se olvida, aunque haya cesado.

–     ¡Lázaro! ¡Lázaro! Tú te turbas por muchas cosas. ¡Y tan mezquinas!

Deja que pasen los días. Pompas de aire que se esfuman y que no regresan con sus colores alegres o tristes. Mira el Cielo. No desaparece y es para los justos.

–     Sí, Maestro y amigo. No quiero juzgar porqué Judas está contigo. Ni porqué lo tienes. Rogaré porque no te haga daño.

Jesús sonríe y cambia el tema de la conversación…

52 EL LLAMADO DE MATEO


52 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Está haciendo mucho calor. El mercado ha terminado y en la plaza vacía, hay unos cuantos ociosos y unos niños que juegan.

Jesús, en medio de sus apóstoles, llega del lago a la plaza.

Acaricia a los niños que corren a su encuentro y le platican sus confidencias. Una niña muestra un golpe que le sangra en la frente y de ello acusa al hermanito.

Jesús dice:

–      ¿Por qué has herido así a tu hermanita? ¡No está bien!

El niño se mortifica y contesta:

–      No lo hice a propósito. Quería tumbar aquellos higos y tomé un bastón. Era muy pesado y se me cayó sobre ella. Cogía higos también para ella.

Jesús le pregunta:

–     ¿Es verdad, Juana?

Entre hipos la niña contesta:

–      Es verdad.

–      Entonces puedes ver que tu hermano no te quiso hacer daño.

Quería hacerte feliz. Ahora, al punto haced las paces y daos un beso. Los buenos hermanitos y también los buenos niños, jamás deben saber lo que es el rencor. ¡Ea, pues!

Los dos niños se besan con lágrimas.

Los dos lloran juntos. Ella porque le duele el golpe. Y él porque le pesa haber causado ese dolor.

Jesús sonríe al ver ese beso lleno de lagrimones.

Y dice:

–     ¡Y ahora, porque veo que sois buenos, Yo os cortaré los higos!

Como es muy alto extiende el brazo y sin esfuerzo alguno, los corta y se los da.

Acude una mujer:

–     Juana. Tobías. ¿Para qué molestáis al Maestro? ¡Oh, Señor! Perdona…

Jesús dice:

–     Mujer. Se trataba de hacer las paces.

Y las hice con el objeto mismo que provocó la guerra: los higos. A los niños les gustan los higos dulces y a Mí… me gustan los corazones dulces e inocentes. Me quitan mucha amargura.

La mujer señala a unos fariseos:

–      Maestro, son los señores esos, los que no te aman.

Pero nosotros, el pueblo; te queremos mucho. Ellos son pocos. Y nosotros muchos…

–     Lo sé, mujer. Gracias por tu consuelo. La paz sea contigo.

¡Adiós, Juana! ¡Adiós, Tobías! Sed buenos. No se porten mal. Y ya no se peleen. ¿Lo recordarán?

Los dos niños responden juntos:

–           Sí.

–           Sí, Jesús.

Jesús sonriente, al empezar a caminar, dice a sus discípulos:

–     Ahora que con la ayuda de los higos, los cielos se han despejado de las nubes que había. Vámonos a… ¿A dónde queréis ir?

Ellos no saben y mencionan diferentes lugares.

Pero Jesús mueve la cabeza sonriendo.

Pedro dice:

–     Yo renuncio. A menos que Tú no lo digas… hoy tengo ideas negras.

Tú no viste; pero cuando desembarcamos, estaba ahí Elí, el fariseo. ¡Más verde que lo acostumbrado! ¡Y nos miraba en una forma, que…!

Jesús dice:

–    ¡Dejadlo que mire!

Judas exclama:

–    ¡Eh! No hay remedio. ¡Pero te aseguro Maestro, que para hacer las paces con ese, no bastan los higos!

–    ¿Qué fue lo que dije a la mamá de Tobías? ‘He hecho las paces con el objeto mismo de la guerra’

Y trataré de hacer las paces al volver a ver a los principales de Cafarnaúm, que según ellos les he ofendido. De este modo se contentarán. Probablemente no lo lograré; porque falta en ellos la voluntad de hacer las paces.

Cuando llegan a la plaza, Jesús va directo al banco de la alcabala,…

Y donde Mateo está haciendo sus cuentas y verificando el dinero que subdivide en categorías y lo pone en bolsitas de diversos colores.

Luego las coloca en una caja fuerte de hierro, que dos esclavos transportan a otro lugar.

Apenas si levanta la cabeza para ver al que se había retrasado en pagar.

Mientras tanto, Pedro jala de una manga a Jesús:

–     No tenemos nada que pagar, Maestro. ¿Qué haces?

Jesús no le hace caso.

Mira atentamente a Mateo, que se ha puesto de pie al punto, en actitud reverente.

Le da una segunda mirada que traspasa.

No es la del Juez severo de otras veces.

Es una mirada de llamamiento, de amor, que lo envuelve totalmente.

Mateo se sonroja completamente. No sabe qué hacer, ni qué decir.

Cuando Dios te quiere, TE BUSCA,  te sigue, te persigue y te consigue…

Majestuosamente, Jesús ordena:

–      Mateo, hijo de Alfeo, ha llegado la hora. ¡Ven!… ¡Sígueme!

Totalmente asombrado, Mateo responde:

–    ¿Yo?… ¡Maestro! ¡Señor! ¿Pero sabes quién soy? Lo digo por Ti. No por mí…

–     Ven y sígueme; Mateo, hijo de Alfeo. –repite Jesús con voz más dulce.

–    ¡Oh! ¿Cómo es posible que yo haya alcanzado favor ante Dios?… ¿Yo?… ¿Yo?…

–     Mateo, hijo de Alfeo. He leído en tu corazón. Ven. Sígueme.

La tercera invitación es una caricia….

–           ¡Oh! ¡Al punto, Señor!

Y Mateo, con lágrimas en los ojos…

Sale por detrás del banco sin preocuparse siquiera por recoger las monedas esparcidas sobre él. No pide la caja fuerte, ni le importa nada más.

Camina hacia el Maestro diciendo:

–     ¿A dónde vamos, Señor? ¿A dónde me llevas?

–     A tu casa. ¿Quieres dar hospedaje al Hijo del Hombre?

–     ¡Oh! Pero…pero… ¿Qué dirán los que te odian?

–     Yo escucho lo que se dice en los Cielos y es: ‘¡Gloria a Dios por un pecador que se salva!

Y el Padre dice: ‘Para siempre la Misericordia se levantará en los Cielos y se derramará sobre la Tierra. Porque con un Amor Eterno. Con un Amor Perfecto, te amo. Y por eso, también contigo uso de Misericordia…”

Ven. Y que al venir a tí; además de santificar tu corazón; santifique también tu casa…’

–    La tengo ya purificada por una esperanza que tenía en el alma. ¡Pero cómo podía creer que se convertiría en realidad! ¡Oh! ¡Yo con tus santos!…

Y mira a los discípulos.

–    Sí. Con mis amigos. Venid. Os uno y sed hermanos.

Los discípulos están tan estupefactos, que no saben qué decir.

Detrás de Jesús y de Mateo, caminan por la plaza que está completamente desierta.

Siguen por una calle estrecha que arde bajo un sol abrasador. No hay ser viviente alguno en las calles. Tan solo polvo y sol.

Entran en una casa muy hermosa, con un portón que se abre hacia fuera.

Un hermoso atrio está lleno de sombra y frescura. Llegan a un pórtico ancho que hay en el jardín.

Y Mateo dice:

–    ¡Entra, Maestro mío! –luego ordena a los siervos-  ¡Traed agua y de beber!

Los criados obedecen al instante.

Mateo sale a dar órdenes, mientras Jesús y los suyos se refrescan.

Regresa y dice:

–           Ahora, ven, Maestro. La sala está fresca.

Ahora vendrán mis amigos. ¡Oh! ¡Quiero hacer una gran fiesta! Es mi regeneración. ¡Es tan maravilloso!… ¡Esta es la verdadera circuncisión! Me has circundado el corazón con tu amor. ¡Maestro, será la última fiesta!

Ya no habrá más fiestas para el publicano Mateo. No más fiestas mundanas. Sólo la fiesta interna de haber sido redimido y de servirte a Ti. De ser amado por Ti.

¡Cuánto he llorado! No sabía cómo hacer… Quería ir…pero… ¿Cómo ir a Ti? A Ti, Santo… ¿Con mi alma sucia?

Jesús declara:

–    Tú la lavabas con el arrepentimiento y la caridad. Para Mí y para el prójimo.

Jesús se vuelve hacia sus discípulos y llama…

–     Pedro; ven aquí.

Pedro que todavía no ha hablado, pues sigue tan asombrado, da un paso adelante.

Los dos hombres, casi de la misma edad; de estatura baja y robustos; están frente a frente.

Y Jesús ante ellos, los mira con una gran sonrisa.

Luego dice:

–     Pedro. Me has preguntado muchas veces quién era el desconocido de las bolsas que llevaba Santiago. Míralo. Lo tienes enfrente.

Pedro exclama:

–    ¿Quién? ¡Este, lad…! ¡Oh, perdona Mateo! Pero…

¡Quién lo hubiera pensado! Y exactamente tú. Nuestra desesperación por la usura, ¿Qué fueses capaz de arrancarte cada semana, un pedazo de corazón, al dar ese rico óbolo?

Mateo apenado, inclina la cabeza y dice:

–      Lo sé. Injustamente os tasé.

Pero mirad. Me arrodillo ante todos vosotros y os digo: ¡No me arrojéis! Él me ha acogido. No seáis más severos que Él.

Pedro, que está junto a Mateo; lo levanta de un golpe.

En peso, ruda, pero cariñosamente.

Y dice:

–    ¡Ea! ¡Ea! ¡Ni a mí, ni a todos los demás!

A Él, pídele perdón. A nosotros… ¡Ea! Todos hemos sido ladrones, igual que tú… ¡Oh! ¡Lo dije!  ¡Maldita lengua! Pero soy así.

Lo que pienso, lo digo. Lo que tengo en el corazón; lo tengo en los labios… Y besa a Mateo en las mejillas.

Los otros también lo hacen con más o menos cariño.

Andrés lo hace con reserva, debido a su timidez.

Judas de Keriot se muestra frío. Parece como si abrazara a un montón de serpientes, pues apenas si lo toca.

Se oye un rumor en la entrada y Mateo sale.

Entonces Judas de Keriot se acerca a Jesús.

Está escandalizado  y dice:

–    Pero, Maestro. Me parece que esto no es prudente. Ya te empezaron a acusar los fariseos de aquí.

Y Tú… ¡Un publicano entre los tuyos! ¡Primero una prostituta y luego un publicano! ¿Acaso has determinado arruinarte? Si es así… ¡Dilo, que…!

Pedro interviene irónico:

–    Que nosotros desfilamos. ¿Es así?

Judas le contesta con altanería:

–    ¿Y quién está hablando contigo?

–     Sé que no estás hablando conmigo.

Pero yo por el contrario; hablo con tu alma de refinado señorito. Con tu purísima alma. Con tu sabia alma. Sé que tú, miembro del Templo; sientes el hedor del pecado en nosotros; pobres, que no pertenecemos al Templo.

Sé que tú, judío perfecto; amalgama de fariseo, saduceo y herodiano. Medio escriba y migaja de esenio. ¿Quieres otras palabras nobles?…

Te sientes mal entre nosotros. Como una alosa cualquiera en una red de pescados sin valor. Pero ¿Qué quieres qué hagamos? Él nos tomó y nosotros nos quedamos.

Si te sientes mal, vete tú. Respiraremos mejor todos. También Él.

Cómo puedes ver; está descontento de mí y de ti. De mí; porque falto a la paciencia y también a la caridad. Pero más de ti; que no entiendes nada.

Con todo tu tejido de nobles atributos y que no tienes ni caridad, ni humildad, ni respeto. No tienes nada, muchacho.

Solo un gran humillo… y quiera Dios que ese humo, no sea nocivo.

Jesús, de pie. Disgustado, con los brazos cruzados, la boca cerrada y los ojos duros; ha dejado que hable Pedro.

Después le dice:

–    ¿Ya terminaste, Pedro? ¿También tú has purificado tu corazón de la levadura que había dentro?

Has hecho bien. Hoy es Pascua de Ácimos para un hijo de Abraham. El llamado del Mesías es como la sangre del cordero sobre vuestras almas.

Y donde está, no bajará más la culpa. No bajará si el que la recibe le es  fiel. Mi llamado es liberación. Y se le festeja con diversas clases de levadura.

A Judas, no le dice nada.

Pedro, mortificado; guarda silencio.

Y Jesús agrega:

–    Mateo regresa con amigos.

No les enseñemos otra cosa que no sea virtud. Quien no pueda soportar esto, váyase. No seáis iguales a los fariseos: que oprimen con preceptos y son los primeros en no observarlos.

Mateo vuelve a entrar con dos romanos y empieza el banquete.

Jesús está en medio, entre Pedro y Mateo.

Hablan de muchas cosas. Y Jesús, con paciencia explica a Ticio y a Cayo, lo que desean. Hay muchas quejas contra los fariseos que los desprecian…

Y Jesús responde a todas sus inquietudes.

Dice:

–    Pues bien. Venid a quien no os desprecia. Y luego obrad en tal forma, que al menos los buenos, no os puedan despreciar.

Cayo dice:

–    Tú eres bueno; pero eres solo.

Jesús  objeta, señalando a sus discípulos:

–    No. Estos son como Yo.

Y además, está el Padre, que ama a quien se arrepiente y quiere volver a su amistad.

21. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Si al hombre le faltase todo, pero tuviese al Padre, ¿No sería la alegría del hombre la más completa?

De esta forma se va desarrollando la conversación.

Y el banquete ha llegado a los postres; cuando un criado hace señas al dueño de la casa y luego le dice algo en voz baja.

Entonces Mateo dice a Jesús:

–    Maestro. Elí, Simón y Joaquín, piden permiso para entrar y hablarte. ¿Quieres verlos?

Jesús contesta:

–    ¡Claro que sí!

–     Pero… mis amigos son gentiles.

–      Y ellos vienen a ver exactamente esto.

Que los vean. De nada serviría esconderlo. No serviría para el bien, porque la malicia aumentará el hecho, hasta llegar a decir que también había prostitutas. Que entren.

Mateo inclina la cabeza.

Los tres fariseos entran.

Miran alrededor con una sonrisa proterva y están a punto de hablar.

Pero Jesús, que se ha levantado y va a su encuentro junto con Mateo.

Mientras pone una mano en la espalda de Mateo, les dice:

–    ¡Oh! ¡Hijos verdaderos de Israel! Os saludo y os doy una gran noticia, que ciertamente alegrará vuestros corazones perfectos de israelitas.

Los cuales quieren como él, que todos los corazones observen la Ley, para dar Gloria a Dios. Pues bien; Mateo, hijo de Alfeo; desde hoy no es más el pecador; el escándalo de Cafarnaúm.

Una oveja roñosa de Israel ha sido curada. ¡Alegraos!

Después se curarán otras ovejas pecadoras en vuestra ciudad; de cuya santidad os interesáis mucho y también serán gratas y santas ante…? ¡Eh Señor. Mateo deja todo para servir a Dios.

¡Dad el beso de paz al israelita extraviado que torna al seno de Abraham!

El fariseo Simón, dice con desprecio y sarcasmo:

–    ¿Y torna con los publicanos en estrepitoso banquete?

¡Oh! ¡De verdad que se trata de una conversión favorable! Elí. Mira. Ahí está ese Josías, el procurador de mujeres.

Elí responde:

–    También está Simón; hijo de Isaac el adúltero.

–    Y aquel es Azharías: el cantinero en cuyo casino, los romanos y los judíos juegan a los dados; pelean, se emborrachan y van en busca de mujeres.

El fariseo Joaquín, dice:

–    Pero, Maestro. ¿Sabes al menos quienes son esos?

Jesús contesta amable:

–     Lo sé.

Elí dice:

–     ¿Y vosotros? Vosotros de Cafarnaúm. Vosotros, discípulos. ¿Por qué lo habéis tolerado?

¡Me admiras, Simón de Jonás!

Pedro se queda callado.

Simón inquiere, escandalizado:

–    ¡Tú, Felipe, que aquí todos conocen!

¡Tú, verdadero israelita! ¿Cómo es posible que tú hayas permitido que tu Maestro comparta la comida con publicanos y pecadores?

Felipe los mira sin turbarse, pero también guarda silencio.

Joaquín:

–     ¡Ya no hay más vergüenza en Israel!

Los tres están escandalizadísimos.

Y lo manifiestan con una andanada de frases condenatorias.

Jesús interviene:

–     Dejad en paz a mis discípulos. Solamente Yo lo quise.

Simón dice con sarcasmo:

–    ¡Eh! ¡Bien! Se comprende.

¡Cuando se quiere hacer santos a otros y uno no lo es; se cae pronto en errores que son imperdonables!

–    ¡Y cuando de educa a los discípulos en la falta de respeto!

¡Todavía me está quemando la risa irreverente que me hizo ese judío del Templo! ¡A mí! ¡A Elí el fariseo! No se puede hacer otra cosa que faltar al respeto a la   Ley.

Se enseña lo que se sabe.

Jesús responde con firmeza:

–    Te equivocas Elí. Os equivocáis todos.

Se enseña lo que se sabe, es verdad. Y Yo que sé la Ley, la enseño a quien no la sabe: a los pecadores. Vosotros… os conozco dueños de vuestra alma.

Los pecadores no lo son. Busco y busco su alma. Se las vuelvo a dar, para que a su vez me la traigan. Tal como está: enferma, herida, sucia.

Y Yo la curo y la limpio. Para esto he venido. Los pecadores son los que tienen necesidad del Salvador. Y vengo a salvarlos. Comprendedme. No me odiéis sin razón.

Jesús es dulce, persuasivo, humilde.

Pero ellos son como tres cardos espinosos. Y salen muy enojados.

Judas de Keriot murmura impotente:

–    Se fueron. Ahora nos criticarán por todas partes.

Jesús dice:

–    ¡Dejad que lo hagan!

Procura solo que el Padre, no tenga nada que criticarte. No te apenes, Mateo. Ni vosotros, amigos suyos. La conciencia nos dice: ‘No hagáis el Mal.’ Y eso es más que suficiente.

Y Jesús vuelve a sentarse en su lugar…

25 CONSECUENCIAS EN BELEN


25 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús encabeza el pequeño grupo que camina en fila india por un sendero pedregoso polvoriento, que el sol del estío ha quemado.

Y está bordeado por la hierba que crece bajo la sombra de los grandes olivos, cargados de aceitunas.

Zelote, Juan y Judas de Keriot, le siguen bajo la sombra de los árboles.

El suelo está cubierto con las florecillas del olivo que cayeron después de la fecundación.

Exactamente en donde el camino da una vuelta en ángulo recto, hay una construcción de forma cúbica, sobre la que está una pequeña cúpula.

Está cerrada como si estuviese abandonada.

Más allá se ve un pequeño poblado con numerosas casitas esparcidas.

Simón exclama:

      ¡Allí está el sepulcro de Raquel!

Judas pregunta:

–      Entonces ya casi llegamos. ¿Entramos en la ciudad?

Jesús dice:

       No, Judas. Primero os enseñaré un lugar…Después entraremos en la ciudad.

Y como todavía hay sol y será una noche con luna casi llena, podremos hablar a la población.

     ¿Querrán oírnos?

Han llegado al antiguo sepulcro pintado de blanco.

Jesús se detiene a beber agua, en un pozo cercano.

Una mujer que ha venido a sacar agua, le ofrece,

y Jesús le pregunta:

–      ¿Eres de Belén?

La mujer contesta:

–      Sí. Pero ahora en tiempo de cosecha, estoy con mi marido en este lugar, para cuidar del huerto y los frutos que han nacido. ¿Tú eres Galileo?

–     Nací en Belén; pero vivo en Nazareth de Galilea.

–    ¿También Tú eres perseguido? La familia.

    Pero ¿Por qué dices “tú también”? ¿Hay muchos perseguidos entre los betlemitas?

–    ¿No lo sabes? ¿Cuántos años tienes?

–     Treinta.

–     Si es así…Naciste exactamente cuándo… ¡Oh! ¡Qué desgracia! Pero, ¿Por qué nació Él aquí?

–    ¿Quién?

–     Aquel que era llamado el Salvador. ¡Maldición a esos estúpidos borrachos de cerveza que vieron ángeles en las nubes!

Oyeron voces celestiales en los balidos y rebuznos.

Y en medio de su embriaguez, confundieron a tres miserables con los más santos de la tierra.

¡Malditos sean ellos!… y ¡Quién les creyó!

–      Pero con todas tus maldiciones no explicas lo que sucedió. ¿Por qué maldices?

–      Porque… Óyeme, primero dime: ¿A dónde vas?

–     A Belén. Debo saludar a viejos amigos y llevarles el saludo de mi Madre.

Pero antes necesito saber muchas cosas; porque nosotros los de la familia, hace muchos años que estamos ausentes.

Dejamos la ciudad cuando Yo tenía unos cuantos meses…

–     Antes de la desgracia. Si no te repugna la casa de un campesino, ven con nosotros a compartir el pan y la sal, Tú y tus compañeros.

Hablaremos durante la cena y os daré hospedaje hasta mañana.

Tengo una casa muy pequeña, pero en el pajar hay mucho heno amontonado.

La noche es cálida y serena, creo que podrás dormir.

–      Que el Señor de Israel pague tu hospitalidad. Con gusto voy a tu casa.

–      El peregrino siempre trae bendiciones consigo, vamos.

Pero antes todavía debo echar seis cántaros de agua en las verduras que acaban de nacer.

–      Yo te ayudo.

–      No. Tú eres un señor. Lo dice tu modo de obrar.

      Soy un obrero, mujer,-señala a Juan- y éste es pescador.

Éstos son judíos, hombres de una casta superior. Yo no

Y al decir esto toma el cántaro que estaba junto al brocal del pozo y lo baja.

Los demás preguntan a la mujer:

–       Decidnos donde está la hortaliza.

–       Muéstranosla y la regaremos.

Ella los mira con agradecimiento:

–       Dios os bendiga. Tengo los riñones destrozados con tanto trabajo. Venid…

Y mientras Jesús llena su cántaro.

Los otros tres se van con ella.

Después regresan con dos cántaros vacíos. Los llenan y se van.

Y así lo hacen unas diez veces.

Judas está sonriente y feliz.

Su bello rostro se ilumina al decir:

–      No termina de bendecirnos. Hemos arrojado tanta agua en la hortaliza, que por lo menos dos días, la tierra estará húmeda, Maestro.

Pero… ¿Sabes?… creo que no somos gratos.

Jesús lo mira y pregunta:

–      ¿Por qué lo dices, Judas?

–       Porque se la trae contra el Mesías.

Le dije: “No blasfemes. ¿Acaso no sabes que el Mesías es la mayor gracia para el pueblo de Dios?

Yeové lo prometió a Israel y ¿Tú lo odias?”

Y ella me respondió: “No lo odio a Él.

Sino al que los pastores borrachos y los malditos Magos de Oriente, llamaron Mesías”

Y… puesto que Eres Tú…

–      No importa. Sé que he sido puesto para prueba y contradicción de muchos. ¿Le dijiste Quién Soy Yo?

–      No. No soy un tonto. Quise librar tu espalda y la nuestra.

–      Hiciste bien.

No por las espaldas, sino porque Yo deseo manifestarMe cuando lo considere conveniente. Continuemos…

Después de otros tres cántaros, la mujer los guía hasta una casa que está en medio de la huerta y donde su esposo la está esperando.

Jesús saluda:

–       La paz sea en esta casa.

El hombre responde:

–      Quienquiera que Tú seas, la bendición sea contigo y con los tuyos. Entra.

Y les lleva un lavamanos para que los cuatro se refresquen y se limpien.

Después se sientan a la mesa.

El anfitrión dice:

–      Os agradezco lo que hicieron a nombre de mi mujer. Nunca había tratado a los galileos. Me habían dicho que eran vulgares y buscapleitos.

Pero vosotros habéis sido gentiles y buenos. ¡Estabais ya cansados y trabajasteis tanto! ¿Habéis venido de muy lejos?

Jesús contesta:

–      De Jerusalén.

El hombre se vuelve hacia su esposa y le dice:

–      Mujer. Trae la comida.

Mirando a sus invitados agrega:

–      No tengo más que pan y verduras. Aceitunas y queso. Sólo soy un campesino.

Jesús, sonriendo con dulzura responde:

–      Yo tampoco soy un señor. Soy un carpintero.

–     ¿Tú? ¿Con esos modales?

La mujer interviene:

–      El huésped es de Belén, te lo dije.

Y si los suyos son perseguidos, tal vez habrán sido ricos e instruidos; como Josué de Ur y los otros… ¡Pobres desgraciados!

Jesús interroga:

–      ¿Eran familias betlemitas?

El campesino se asombra:

–      ¿Cómo?… si eres de Belén, ¿No sabes quiénes eran?

La mujer contesta:

–      Se fue antes de la matanza.

El hombre dice:

–      ¡Ah! Comprendo.

De otro modo, nadie hubiera quedado. ¿No has regresado allá?

–      No.

–      ¡Qué desgracia! Encontrarás a muy pocos de los que quieres saludar. Muchos fueron asesinados.

Muchos huyeron. Muchos fueron dispersos y muchos desaparecieron.

Y no se sabe si en el desierto o fueron arrojados a la cárcel, para castigarlos por su rebelión. Más…

¿Quién hubiera podido permanecer inerte; cuando fueron degollados tantos inocentes? ¡No!

¡No es justo que sigan viviendo David y Elías! ¡Mientras tantos inocentes fueron asesinados!

Jesús indaga:

–      ¿Quiénes son esos dos? ¿Y qué fue lo que hicieron?

Massacre of the Innocents, the gothic sculpture in Chartres cathedral

–       En la matanza que hizo Herodes, más de treinta infantes en la ciudad y otros tantos en la campiña; fueron asesinados. Y casi todos eran varones.

Porque en medio de la furia, de la oscuridad, de la confusión; esos crueles hombres arrancaron de las cunas, de los lechos maternos y de las casa que asaltaron, hasta a las niñitas…

Y  las mataron como los arqueros matan a las gacelas que están mamando la leche de su madre. Y bien… ¿Todo esto por qué?…

Porque un grupo de pastores que para no helarse de frío en lo más crudo del invierno; habían bebido mucha cerveza.

Empezaron a delirar diciendo que habían visto ángeles; habían oído cantos celestiales y recibido de ellos indicaciones para encontrar al Mesías…

Y nos dijeron a todos nosotros los de Belén: “Venid y adorad al Mesías, que acaba de nacer” ¡Imagínate! ¡El Mesías en una cueva!

Pero debo reconocer que en realidad todos estábamos ebrios. Hasta yo que en ese entonces era sólo un jovencillo y mi mujer era una niña.

Porque todos creímos y fuimos a ver en una pobre mujer galilea, a la Virgen que da a luz; la misma de la que hablaron los Profetas.

Pero ¡Si estaba con un vulgar galileo, que ciertamente era su marido! Entonces…

¿Cómo podía ser la Virgen?

 

En resumidas cuentas, ¡Creímos!…

Regalos, adoraciones. Los hogares se abrían para hospedarlos…

¡Oh! ¡Pobre Anna! Perdió los bienes, la vida y también a los hijos de su hija mayor; que fue la única que se salvó, porque estaba en Jerusalén.

Perdieron los bienes, porque la casa la quemaron y todo el sembradío fue destruido por órdenes de Herodes.

 

Hasta hoy es un campo desierto, en el que pacen los animales.

Jesús pregunta:

–     ¿Toda la culpa es de los pastores?

El campesino contesta:

–     ¡No! También de tres brujos que vinieron del reino de Satanás. tal vez eran compadres de los otros tres…

¡Y nosotros tan estúpidos que nos sentimos tan honrados!

¡Y el Arquisinagogo! Lo matamos porque juró que las profecías se cumplían exactamente con las palabras de los pastores y  de los Magos.

–     Entonces, ¿Toda la culpa fue de los pastores y de los Magos?

–     No, Galileo. También fue culpa nuestra, nuestra credulidad. ¡Tanto que esperábamos al Mesías! Siglos de espera.

Muchas desilusiones sufridas en los últimos tiempos a causa de los falsos Mesías. Uno era galileo como Tú. Otro se llamaba Teoda.

¡Mentirosos! ¡Ellos Mesías! ¡No eran más que aventureros rapaces en busca de fortuna!

Debía de habernos servido la lección, para que abriésemos los ojos. Por el contrario…

–     Y entonces, ¿Por qué maldecís solamente a los pastores y a los Magos?

Si también vosotros os juzgáis tontos; deberíais de maldeciros a vosotros mismos. La maldición no la permite el mandamiento del amor.

¿Estáis seguros de estar en lo justo? ¡No podría haber sido cierto que los pastores y los Magos hubiesen dicho la verdad que Dios Mismo les reveló!

¿Por qué debe pensarse que fuesen mentirosos?

–     Porque no se habían cumplido los años de la Profecía.

Después lo reflexionamos.

Después que la sangre que enrojeció los tanques de agua y los ríos, nos abrió los ojos del discernimiento.

Con una gran paz, Jesús dice:

–      Y el Altísimo; llevado por un gran amor por su Pueblo; ¿No habría podido anticipar la venida del Salvador?

¿En qué apoyaron los Magos su dicho? Me has dicho que vinieron del Oriente…

–      En sus cálculos sobre una nueva estrella.

–     ¿Y acaso no está dicho: Una estrella nacerá de Jacob y una vara se alzará de Israel?

¿No es Jacob el gran patriarca que vivió en esta tierra de Belén, a la que quiso como a la pupila de sus ojos, porque en ella murió su amada Raquel?…

Y no acaso por boca del profeta, Dios dijo: Brotará un retoño de la raíz de Jesé y saldrá una flor de esta raíz. Isaí, padre de David, nació acá.

El retoño que está en el tronco fue cortado a raíz, con la usurpación de los tiranos. ¿No es acaso la “Virgen” que dará a luz a un niñito sin intervención de hombre, de otro modo no sería virgen, sino por la Voluntad Divina? 

¿Y por esto será el Emmanuel; el Hijo de Dios que será Dios y llevará a Dios al Pueblo como su Nombre lo dice?

¿Y acaso la Profecía no dice que será anunciada a los pueblos de las tinieblas?

¿Esto es a los paganos, con una luz grande; como la estrella que vieron los Magos; la gran luz de las dos profecías: la de Balam y de Isaías?

Hasta la misma matanza que hizo Herodes, ¿Acaso no está profetizada?:

Se ha oído un gran lamento allá arriba…Es Raquel que llora a sus hijos.”

Jesús continúa:

–     Estaba indicado que los huesos de Raquel llorarían lágrimas en su sepulcro de Efratá; cuando a causa del Salvador, hubiera venido la recompensa al Pueblo Santo.

Lágrimas que después se cambiarían en sonrisa celestial, como el arco iris que se forma con las últimas gotas del temporal y que parece decir: ¡Ea! ¡Ahora todo está sereno!

El campesino, no muy convencido, cuestiona:

–    Eres muy docto. ¿Eres Rabí?

–    ¡Sí!

–    Lo creo. Hay luz y verdad en tus palabras.

Sin embargo… todavía hay muchas heridas que manan sangre en esta tierra de Belén, a causa del verdadero o falso Mesías. Nunca le aconsejaría a Él que viniese para acá.

La tierra lo rechazaría como se rechaza a un bastardo, por el que mueren los hijos verdaderos.

Pero, si era Él… murió con los otros degollados.

–     ¿Dónde viven ahora Leví y Elías?

El hombre se pone en guardia y sospecha:

–     ¿Los conoces?

–     No conozco su rostro. Pero… son unos desgraciados y siempre tengo compasión por los infelices.

Quiero ir a verlos.

–     ¡Humm! Serás el primero después de seis lustros.

Aún son pastores y están al servicio de un rico herodiano de Jerusalén que se apoderó de muchos bienes de los que murieron. ¡Siempre hay alguien que gana!

Los encontrarás con los ganados que cuidan, por las vertientes que van a Hebrón.

Pero, te daré un consejo: que los betlemitas no te vean hablar con ellos. Te iría muy mal.

Los soportamos, porque está el herodiano. Si no fuera por eso…

–     Sí. Está el odio. ¿Por qué odiar?

–     Porque es justo. Porque nos hicieron mucho daño.

–     Ellos creyeron hacer un bien.

–     Pero hicieron daño. Y el daño lo tenemos.

Debimos haberlos matado, como ellos mataron con su torpeza. Pero todos estábamos como intoxicados.

Ahora mismo los mataríamos si no estuviera en medio su patrón.

–     Hombre, Yo te lo digo. No hay que odiar. No hay que desear el mal. Aquí no hay culpa. Dilo a los betlemitas:

‘Cuando haya caído el odio de vuestros corazones, veréis al Mesías.

Entonces lo conoceréis porque Él vive. Él ya no estaba cuando sucedió la matanza.

Yo te lo digo: no fue culpa de los pastores, ni de los Magos el que haya sucedido esa desgracia.

Fue Satanás. El Mesías ha nacido aquí.

Ha venido a traer la Luz a la tierra de sus padres. Hijo de Madre Virgen de la estirpe de David, en las ruinas de la Casa de David.

Ha abierto al mundo el torrente de gracias eternas. Ha mostrado la vida al hombre…

El campesino se levanta y señalando la puerta, grita:

–    ¡Largo! ¡Largo de aquí! ¡Sal de aquí Tú, secuaz del falso Mesías! ¡Tú lo defiendes!…

Judas se pone de pie, violento e iracundo.

Toma del brazo al campesino y lo sacude,

al tiempo que dice amenazante:

–     Cálmate, hombre. Soy judío y tengo amigos poderosos. Puedo hacer que te arrepientas del insulto. 

El hombre se atemoriza.

Pero insiste:

–     ¡No! ¡No! ¡Fuera de aquí! No quiero pleitos con los betlemitas. Ni con Roma. Ni con Herodes. ¡Idos de aquí, malditos!…

Jesús siente su corazón destrozado.

Interviene diciendo:

–     Vámonos, Judas. No reacciones. Dejémosle con su rencor. Dios no entra donde hay ira. ¡Vámonos!

Judas amenaza:

–     Sí. Vámonos. Pero me las pagarán.

–     No digas nada. Están ciegos… Y habrá tantos a lo largo de mi camino…

Salen detrás de Simón.

Afuera, detrás de la esquina del pajar, encuentran a la mujer,

que toda contrita les dice:

–      Perdona a mi marido, Señor. –le da unos huevos- Mira, ten. Están frescos. Es lo único que tengo.

Perdónanos. ¿Dónde dormirás hoy?

Jesús los toma y la tranquiliza:

–       No te preocupes. Sé a dónde ir. Tranquilízate en tu buen corazón. Adiós.

Caminan unos metros en silencio.

Después, Judas explota:

–       ¡Es el colmo! ¡Pero Tú…no hacerte adorar! ¿Por qué no hiciste que ese puerco blasfemo besara el lodo?…

¡A tierra! ¡Arrojado al polvo por haberte faltado a Ti! ¡Al Mesías!… ¡Oh! ¡Yo lo hubiera hecho!

¡Los rebeldes tienen  que ser castigados con fuego milagroso! ¡Eso es lo único que los persuade!

–       ¡Oh! ¡Cuántas veces habré de oír lo mismo! ¡Si debiese convertir en cenizas a todo el que me ofenda!… No, Judas. He venido para crear; no para destruir.

–                     Lo que Tú digas. Pero mientras tanto, otros te destruyen.

Jesús no contesta.

Judas está tan furioso, que no comprende en absoluto lo que considera una pasividad inexplicable, pero que es la mansedumbre característica del Hombre-Dios.

Y siguen avanzando en silencio, por el camino bordeado de huertos y olivos cargados de aceitunas.

Más tarde, Simón pregunta:

–     ¿A dónde vamos ahora, Maestro?

–     Venid conmigo. Conozco un lugar…

Judas lo interrumpe todavía más irritado:

–      Pero si nunca has estado aquí desde que huiste. ¿Cómo es que lo conoces?

–      Lo conozco. No es hermoso. Pero estuve una vez ahí.

No es en Belén. Es afuera. Un poco, nada más… Vamos por acá…

Jesús toma la delantera.

Le siguen Simón, Judas y por último, Juan.

En el silencio interrumpido por el roce de las sandalias contra las piedrecillas del camino, se percibe un llanto.

Jesús pregunta volteándose:

–      ¿Quién llora?

Judas contesta:

–       Es Juan. Está atemorizado.

Juan protesta:

–       No. No tengo miedo. Ya tenía la mano en el cuchillo que pende de mi cintura…

Pero me acordé de tu ‘no matar’. Perdona, siempre lo dices.

Judas le pregunta:

–       Entonces ¿Por qué lloras?

–       Porque sufro al ver que el mundo no ama a Jesús. No lo reconoce y no quiere reconocerlo.

¡Oh, qué dolor! Es algo así como si con espinas de fuego me restregasen el corazón. Como si hubiera visto pisoteada mi madre y escupida la cara de mi padre. Todavía peor.

Como si hubiera visto a los caballos romanos profanar el Templo y comer en el Arca Santa y descansar en el lugar donde está el Santo de los Santos.

Jesús lo consuela:

–      No llores, Juan mío. Repetirás lo mismo una y otra vez: Él era la Luz que vino a brillar en las tinieblas, pero las tinieblas no lo comprendieron.

Vino al mundo que Él había hecho, pero el mundo no lo conoció. Vino a su ciudad, a su casa; pero los suyos no lo recibieron.

Juan redobla su llanto.

Y Jesús le pide:   

–        ¡Oh! ¡No llores así!

Juan obedece y suspira:

–        Esto no sucede en Galilea.

Judas, confirma:

–        Pero… ni siquiera en Judea. Jerusalén es la capital y hace tres días que te lanzaban hosannas a Ti, el Mesías.

Aquí, lugar de pastores burdos, campesinos y hortelanos; no se puede tomar como punto de partida.

Los Galileos…

Jesús ordena:

–      Basta, Judas. No conviene perder la calma. Estoy tranquilo. También estadlo vosotros.

Judas, ven aquí. Debo hablarte…

Judas va hacia donde está Jesús,

que le dice:

–     Toma la bolsa. Te encargarás de los gastos de mañana.

Judas pregunta:

–     ¿Y ahora en donde nos albergaremos?

Jesús sonríe y calla.

Dando media vuelta empieza a caminar y todos lo siguen.

22 EL SUICIDIO


22 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús y Judas salen del Templo después de haber estado orando en el lugar más cercano al Santo, concedido a los israelitas varones.

Judas quisiera seguir con Jesús, pero este deseo encuentra oposición en el Maestro.

–          Judas, quiero estar solo en las horas nocturnas. Durante la noche, mi espíritu toma del Padre su alimento. Oración, meditación y soledad, me son más necesarias que el alimento material.

Quien quiere vivir para el espíritu y conducir a otros a vivir la misma vida, debe posponer la carne, diría casi: matarla en sus desafueros, para ocuparse completamente del espíritu.

Todos Judas, también tú, si quieres verdaderamente ser de Dios, o sea, de lo sobrenatural.

–           Pero, Maestro, nosotros somos todavía de la tierra. ¿Cómo podemos desatender la carne poniendo toda nuestra solicitud en el espíritu? Lo que dices, ¿No está en antítesis con el mandato de Dios: “No matarás”?

¿En esto no está también incluido el no matarse? Si la vida es don de Dios, ¿Debemos o no amarla?».

–          Voy a responderte como no respondería a una persona sencilla, a la cual es suficiente elevarle la mirada del alma, o de la mente, a esferas sobrenaturales, para poder llevárnosla en vuelo a los reinos del espíritu.

Tú no eres una persona sencilla. Te has formado en ambientes que te han afinado… pero que al mismo tiempo, te han contaminado con sus sutilezas y con sus doctrinas.

 ¿Tienes presente a Salomón, Judas? Era sabio, el más sabio de aquellos tiempos. ¿Recuerdas lo que dijo, después de haber conocido todo el saber?: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Temer a Dios y observar sus mandamientos: esto es todo el hombre”.

Ahora Yo te digo que hay que saber tomar de los alimentos sustento, pero no veneno. Y si se ve que un alimento nos es nocivo (porque se producen reacciones en nosotros por las cuales ese alimento es nefasto, siendo más fuerte que nuestros humores buenos, los cuales lo podrían neutralizar)

es necesario dejar de tomar ese alimento, aunque sea apetitoso al gusto. Mejor pan, sin más, y agua de la fuente, que no los platos rebuscados de la mesa del rey que tienen especias que alteran y envenenan.

–          ¿Qué debo dejar, Maestro?

–           Todo aquello que sabes que te turba. Porque Dios es Paz, y si te quieres encaminar por el sendero de Dios debes liberar tu mente, tu corazón y tu carne, de todo lo que no es paz, de todo lo que conlleva turbación.

Sé que es difícil reformarse a sí mismo, pero Yo estoy aquí para ayudarte a hacerlo. Estoy aquí para ayudar al hombre a ser de nuevo hijo de Dios, a volver a formarse como por una segunda creación, una autogénesis querida por él mismo.

Pero deja que te responda a cuanto preguntabas, para que no digas que no has salido del error por culpa mía. Es verdad que matarse es igual que matar.

La vida es don de Dios, ya sea la propia o la ajena, y sólo a Dios, que la ha otorgado, le está reservado el poder de quitarla. Quien se mata confiesa su soberbia, y Dios odia la soberbia.

–         ¿La soberbia, confiesa? Yo diría la desesperación.

–         ¿Y qué es la desesperación sino soberbia? Considera esto, Judas: ¿Por qué uno pierde la esperanza?:

O porque las desventuras se ensañan con él y quiere vencerlas por sí solo, sin ser capaz de tanto; o bien porque es culpable y juzga de sí mismo que Dios no lo puede perdonar.

Tanto en el primero como en el segundo caso, ¿No es reina la soberbia? El hombre que quiere por sí solo resolver las cosas carece de la humildad de tender la mano al Padre diciéndole: “Yo no puedo, pero Tú sí puedes. Ayúdame, porque espero todo, todo lo estoy esperando, de Ti”.

El otro hombre, el que dice: “Dios no puede perdonarme”, lo hace porque midiendo a Dios con el patrón de sí mismo sabe que otra persona, ofendida como él ha ofendido, no podría perdonarlo.

O sea, también aquí hay soberbia.

El humilde siente compasión y perdona aunque sufra por la ofensa recibida.

El soberbio no perdona. Es además soberbio porque no sabe bajar la cabeza y decir: “Padre, he pecado, perdona a tu pobre hijo culpable”.

¿O es que no sabes, Judas, que el Padre está dispuesto a disculpar todo, si se pide perdón con corazón sincero y contrito, con corazón humilde y deseoso de resucitar al bien?

–           Pero ciertos delitos no deben perdonarse, no pueden ser perdonados.

–           Eso lo dices tú. Y hasta será verdad, si el hombre así lo quiere. Pero, en verdad, ¡Oh!, en verdad te digo que incluso después del Delito de los delitos, si el culpable corriera a los pies del Padre; se llama Padre por esto, Judas,

Y es Padre de perfección infinita. Y llorando, le suplicara que lo perdonase, ofreciéndose a la expiación, pero sin desesperación, el Padre le daría el modo de expiar para merecerse el perdón y salvar el espíritu.

–           Entonces dices que los hombres que la Escritura cita, y que se mataron, hicieron mal.

–           No es lícito hacer violencia a nadie, y tampoco uno a sí mismo. Hicieron mal. Conociendo relativamente el bien, habrán obtenido de Dios, en ciertos casos, misericordia.

Pero a partir de que el Verbo haya aclarado toda verdad y haya dado fuerza a los espíritus con su Espíritu, desde entonces, ya no le será concedido el perdón a quien muera desesperado.

Ni en el instante del juicio particular, ni, después de siglos de Gehena, en el Juicio Final, ni nunca. ¿Es dureza de Dios? No: justicia.

Dios dirá: “Tú, criatura dotada de razón y de sobrenatural ciencia, creada libre por Mí, decidiste seguir el sendero elegido por ti.

Y dijiste: ‘Dios no me perdona. Estoy separado para siempre de Él, Juzgo que debo aplicarme por mi mismo justicia por mi delito.

Dejo la vida para huir de los remordimientos’, sin pensar que ya no habrías sentido remordimientos si hubieras venido a mi seno paterno. Recibe eso mismo que has juzgado. No violento la libertad que te he dado”.

Esto le dirá el Eterno al suicida.

Piénsalo, Judas. La vida es un don, y hay que amarla. ¿Y qué don es? Don santo. Así que ha de ser amada santamente. La vida dura mientras la carne resiste.

Luego empieza la Vida grande, la eterna Vida: de beatitud para los justos, de maldición para los no justos. La vida, ¿Es fin o es medio? Es medio. Sirve para el fin, que es la Eternidad.

Pues démosle entonces a la vida aquello que le haga falta para durar y servir al espíritu en su conquista:

Continencia de la carne en todos sus apetitos, en todos.

Continencia de la mente en todos sus deseos, en todos.

Continencia del corazón en todas las pasiones que saben a humano.

Sea, por el contrario, ilimitado el impulso hacia las pasiones celestes: amor a Dios y al prójimo, voluntad de servir a Dios y al prójimo, obediencia a la Palabra divina, heroísmo en el bien y en la virtud.

Yo te he respondido, Judas. ¿Estás convencido? ¿Te basta la explicación?

Sé siempre sincero y, si no sabes todavía bastante, pregunta; estoy aquí para ser Maestro.

–          He comprendido y me basta. Pero… es muy difícil llevar a la práctica lo que he comprendido.

Tú puedes porque eres santo. Pero yo… Soy un hombre, joven, lleno de vitalidad…

–         He venido para los hombres, Judas, no para los ángeles, que no tienen necesidad de maestro.

Los ángeles ven a Dios, viven en su Paraíso, no ignoran las pasiones de los hombres; porque la Inteligencia que es su Vida, los hace conocedores de todo, incluso a aquellos que no son custodios de un hombre.

Pero siendo espirituales, sólo pueden tener un pecado, como uno de ellos lo tuvo y arrastró consigo a los menos fuertes en la caridad: la soberbia;

flecha que afeó a Lucifer, el más hermoso de los arcángeles, e hizo de él el monstruo horripilante del Abismo.

No he venido para los ángeles (los cuales, después de la caída de Lucifer, se horrorizan incluso ante el espectro de un pensamiento de orgullo), sino que he venido para los hombres, para hacer de los hombres ángeles.

El hombre era la perfección de la creación. Tenía del ángel el espíritu, del animal la completa belleza en todas sus partes animales y morales; no había criatura que le igualara.

Era el rey de la Tierra, como Dios es el Rey del Cielo, y un día, el día en que él se hubiera dormido por última vez en la Tierra, iba a ser rey, con el Padre, en el Cielo.

Satanás ha arrancado las alas al ángel – hombre y, en su lugar, ha puesto garras de fiera y avidez de inmundicia y ha hecho de él un ser al que cuadra más el nombre de hombre – demonio, que el de hombre a secas.

Yo quiero borrar la deformación causada por Satanás, anular el hambre corrompida de la carne contaminada, devolverle las alas al hombre, llevarlo de nuevo a ser rey, coheredero del Padre y del Reino celeste.

Sé que el hombre, si quiere quererlo, puede llevar a cabo cuanto digo, para volver a ser rey y ángel. No os diría cosas que no pudierais hacer.  

Yo no soy uno de esos oradores que predican doctrinas imposibles. He tomado verdadera carne para poder saber, por experiencia de carne, cuáles son las tentaciones del hombre.

–          ¿Y los pecados?

–           Todos pueden ser tentados; pecador, sólo quien quiere serlo.

–          ¿No has pecado nunca, Jesús?

–          Nunca he querido pecar. Y ello no porque sea el Hijo del Padre, sino que es que lo he querido y lo querré, para mostrarle al hombre que el Hijo del hombre no pecó porque no quiso pecar y que el hombre, si no quiere, puede no pecar.

–          ¿Has sido tentado alguna vez?

–          Tengo treinta años, Judas, y no he vivido en una cueva de un monte, sino entre los hombres. Y aunque hubiera estado en el lugar más solitario de la Tierra ¿Tú crees que no habrían venido las tentaciones?

Todo lo tenemos en torno a nosotros: el bien y el mal. Todo lo llevamos con nosotros. Sobre el bien sopla el hálito de Dios y lo aviva como a turíbulo de gratos y sagrados inciensos.

Sobre el mal sopla Satanás y, encendiéndolo, lo transforma en hoguera de feroz lengua. Mas la voluntad atenta y la oración constante son húmeda arena sobre la llamarada de infierno: la sofocan y la extinguen.

–          Pero, si no has pecado jamás, ¿cómo puedes emitir tu juicio sobre los pecadores?   

–          Soy hombre y soy el Hijo de Dios. Cuanto podría ignorar como hombre, y juzgarlo mal, lo conozco y juzgo como Hijo de Dios.

Y, además… Judas, respóndeme a esta pregunta: uno que tiene hambre ¿sufre más cuando dice: “ahora me siento a la mesa”, o cuando dice “no hay comida para mí”?

–          Sufre más en el segundo caso, porque sólo el saberse privado del alimento le trae a la memoria el olor de las viandas, y las vísceras se retuercen de deseo.

–          Exacto: la tentación es mordiente como este deseo, Judas. Satanás lo hace más agudo, exacto y seductor que cualquier acto cumplido.

Además, el acto satisface, y alguna vez nausea, mientras que la tentación no desaparece, sino que, como árbol podado, echa ramas cada vez más vigorosas.

–          ¿Y no has cedido nunca?

–          No he cedido nunca.

–          ¿Cómo lo has conseguido?

–          He dicho: “Padre, no me dejes caer en la tentación”.

–          ¿Cómo? ¿Tú, Mesías, Tú, que obras milagros, has solicitado la ayuda del Padre?

–           No sólo la ayuda: le he pedido que no me deje caer en la tentación. ¿Tú crees que, porque Yo sea Yo, puedo prescindir del Padre? ¡Oh, no!

 En verdad te digo que el Padre le concede todo al Hijo, pero también el Hijo recibe todo del Padre. Y te digo que todo lo que se le pida al Padre en mi nombre será concedido.

“Más ya estamos cerca del Get Sammi, donde vivo.

 Ya se ven sus primeros olivos al otro lado de las murallas. Tú estás más allá de Tofet. Ya cae la noche. No te conviene subir hasta allá.

Nos veremos de nuevo mañana en el mismo lugar. Adiós. La paz sea contigo.

–           Paz a ti también, Maestro… Pero quisiera decirte aún una cosa. Te acompaño hasta el Cedrón, luego me vuelvo para atrás. ¿Por qué estás en ese lugar tan humilde? Ya sabes… la gente da importancia a muchas cosas.

¿No conoces en la ciudad a nadie que tenga una buena casa? Yo, si quieres, puedo llevarte donde algunos amigos. Te acogerán por amistad hacia mí.

Serían moradas más dignas de ti.

–          ¿Tú crees? Yo no lo creo. Lo digno y lo indigno están en todas las clases sociales. Y, no por carecer de caridad, sino para no faltar a la justicia, te digo que lo indigno (y maliciosamente indigno) se halla frecuentemente entre los grandes.

No hace falta ser poderoso para ser bueno, como tampoco sirve el ser poderoso para ocultar la acción pecaminosa a los ojos de Dios. Todo debe invertirse bajo mi Signo: no será grande el poderoso, sino el humilde y santo.

–          Pero, para ser respetado, para imponerse…

–         ¿Es respetado Herodes? Y César, ¿es respetado? No. Los labios y los corazones los soportan y maldicen.

Créeme, Judas, sobre los buenos, o incluso sobre los que están deseosos de bondad, sabré imponerme más con la modestia que con la grandiosidad.

–          Pero entonces… ¿Vas a despreciar siempre a los poderosos? ¡Te buscarás enemigos! Yo pensaba hablar de ti a muchos que conozco y que tienen un nombre…

–          No voy a despreciar a nadie. Iré tanto a los pobres como a los ricos, a los esclavos como a los reyes, a los puros como a los pecadores.

Pero si bien he de quedar agradecido a quien proporcione pan y techo a mis fatigas (cualesquiera que sean ese techo y ese alimento), verdad es que daré siempre preferencia a lo humilde;

los grandes tienen ya muchas satisfacciones, los pobres no tienen más que la recta conciencia, un amor fiel, e hijos, y el verse escuchados por la mayoría de ellos.

Yo siempre prestaré atención a los pobres, a los afligidos y a los pecadores. Te agradezco el buen deseo, pero déjame en este lugar de paz y oración. Ve, y que Dios te inspire lo recto.

Jesús deja al discípulo y se interna entre los olivos.

23 CONSECUENCIAS EN BELEN


22 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús encabeza el pequeño grupo que camina en fila india por un sendero pedregoso polvoriento, que el sol del estío ha quemado.

Y está bordeado por la hierba que crece bajo la sombra de los grandes olivos, cargados de aceitunas.

Zelote, Juan y Judas de Keriot, le siguen bajo la sombra de los árboles.

El suelo está cubierto con las florecillas del olivo que cayeron después de la fecundación.

Exactamente en donde el camino da una vuelta en ángulo recto, hay una construcción de forma cúbica, sobre la que está una pequeña cúpula.

Está cerrada como si estuviese abandonada.

Más allá se ve un pequeño poblado con numerosas casitas esparcidas.

Simón exclama:

      ¡Allí está el sepulcro de Raquel!

Judas pregunta:

–      Entonces ya casi llegamos. ¿Entramos en la ciudad?

Jesús dice:

       No, Judas. Primero os enseñaré un lugar…Después entraremos en la ciudad.

Y como todavía hay sol y será una noche con luna casi llena, podremos hablar a la población.

     ¿Querrán oírnos?

Han llegado al antiguo sepulcro pintado de blanco.

Jesús se detiene a beber agua, en un pozo cercano.

Una mujer que ha venido a sacar agua, le ofrece,

y Jesús le pregunta:

–      ¿Eres de Belén?

La mujer contesta:

–      Sí. Pero ahora en tiempo de cosecha, estoy con mi marido en este lugar, para cuidar del huerto y los frutos que han nacido. ¿Tú eres Galileo?

–     Nací en Belén; pero vivo en Nazareth de Galilea.

–    ¿También Tú eres perseguido? La familia.

    Pero ¿Por qué dices “tú también”? ¿Hay muchos perseguidos entre los betlemitas?

–    ¿No lo sabes? ¿Cuántos años tienes?

–     Treinta.

–     Si es así…Naciste exactamente cuándo… ¡Oh! ¡Qué desgracia! Pero, ¿Por qué nació Él aquí?

–    ¿Quién?

–     Aquel que era llamado el Salvador. ¡Maldición a esos estúpidos borrachos de cerveza que vieron ángeles en las nubes!

Oyeron voces celestiales en los balidos y rebuznos.

Y en medio de su embriaguez, confundieron a tres miserables con los más santos de la tierra.

¡Malditos sean ellos!… y ¡Quién les creyó!

–      Pero con todas tus maldiciones no explicas lo que sucedió. ¿Por qué maldices?

–      Porque… Óyeme, primero dime: ¿A dónde vas?

–     A Belén. Debo saludar a viejos amigos y llevarles el saludo de mi Madre.

Pero antes necesito saber muchas cosas; porque nosotros los de la familia, hace muchos años que estamos ausentes.

Dejamos la ciudad cuando Yo tenía unos cuantos meses…

–     Antes de la desgracia. Si no te repugna la casa de un campesino, ven con nosotros a compartir el pan y la sal, Tú y tus compañeros.

Hablaremos durante la cena y os daré hospedaje hasta mañana.

Tengo una casa muy pequeña, pero en el pajar hay mucho heno amontonado.

La noche es cálida y serena, creo que podrás dormir.

–      Que el Señor de Israel pague tu hospitalidad. Con gusto voy a tu casa.

–      El peregrino siempre trae bendiciones consigo, vamos.

Pero antes todavía debo echar seis cántaros de agua en las verduras que acaban de nacer.

–      Yo te ayudo.

–      No. Tú eres un señor. Lo dice tu modo de obrar.

      Soy un obrero, mujer,-señala a Juan- y éste es pescador.

Éstos son judíos, hombres de una casta superior. Yo no

Y al decir esto toma el cántaro que estaba junto al brocal del pozo y lo baja.

Los demás preguntan a la mujer:

–       Decidnos donde está la hortaliza.

–       Muéstranosla y la regaremos.

Ella los mira con agradecimiento:

–       Dios os bendiga. Tengo los riñones destrozados con tanto trabajo. Venid…

Y mientras Jesús llena su cántaro.

Los otros tres se van con ella.

Después regresan con dos cántaros vacíos. Los llenan y se van.

Y así lo hacen unas diez veces.

Judas está sonriente y feliz.

Su bello rostro se ilumina al decir:

–      No termina de bendecirnos. Hemos arrojado tanta agua en la hortaliza, que por lo menos dos días, la tierra estará húmeda, Maestro.

Pero… ¿Sabes?… creo que no somos gratos.

Jesús lo mira y pregunta:

–      ¿Por qué lo dices, Judas?

–       Porque se la trae contra el Mesías.

Le dije: “No blasfemes. ¿Acaso no sabes que el Mesías es la mayor gracia para el pueblo de Dios?

Yeové lo prometió a Israel y ¿Tú lo odias?”

Y ella me respondió: “No lo odio a Él.

Sino al que los pastores borrachos y los malditos Magos de Oriente, llamaron Mesías”

Y… puesto que Eres Tú…

–      No importa. Sé que he sido puesto para prueba y contradicción de muchos. ¿Le dijiste Quién Soy Yo?

–      No. No soy un tonto. Quise librar tu espalda y la nuestra.

–      Hiciste bien.

No por las espaldas, sino porque Yo deseo manifestarMe cuando lo considere conveniente. Continuemos…

Después de otros tres cántaros, la mujer los guía hasta una casa que está en medio de la huerta y donde su esposo la está esperando.

Jesús saluda:

–       La paz sea en esta casa.

El hombre responde:

–      Quienquiera que Tú seas, la bendición sea contigo y con los tuyos. Entra.

Y les lleva un lavamanos para que los cuatro se refresquen y se limpien.

Después se sientan a la mesa.

El anfitrión dice:

–      Os agradezco lo que hicieron a nombre de mi mujer. Nunca había tratado a los galileos. Me habían dicho que eran vulgares y buscapleitos.

Pero vosotros habéis sido gentiles y buenos. ¡Estabais ya cansados y trabajasteis tanto! ¿Habéis venido de muy lejos?

Jesús contesta:

–      De Jerusalén.

El hombre se vuelve hacia su esposa y le dice:

–      Mujer. Trae la comida.

Mirando a sus invitados agrega:

–      No tengo más que pan y verduras. Aceitunas y queso. Sólo soy un campesino.

Jesús, sonriendo con dulzura responde:

–      Yo tampoco soy un señor. Soy un carpintero.

–     ¿Tú? ¿Con esos modales?

La mujer interviene:

–      El huésped es de Belén, te lo dije.

Y si los suyos son perseguidos, tal vez habrán sido ricos e instruidos; como Josué de Ur y los otros… ¡Pobres desgraciados!

Jesús interroga:

–      ¿Eran familias betlemitas?

El campesino se asombra:

–      ¿Cómo?… si eres de Belén, ¿No sabes quiénes eran?

La mujer contesta:

–      Se fue antes de la matanza.

El hombre dice:

–      ¡Ah! Comprendo.

De otro modo, nadie hubiera quedado. ¿No has regresado allá?

–      No.

–      ¡Qué desgracia! Encontrarás a muy pocos de los que quieres saludar. Muchos fueron asesinados.

Muchos huyeron. Muchos fueron dispersos y muchos desaparecieron.

Y no se sabe si en el desierto o fueron arrojados a la cárcel, para castigarlos por su rebelión. Más…

¿Quién hubiera podido permanecer inerte; cuando fueron degollados tantos inocentes? ¡No!

¡No es justo que sigan viviendo David y Elías! ¡Mientras tantos inocentes fueron asesinados!

Jesús indaga:

–      ¿Quiénes son esos dos? ¿Y qué fue lo que hicieron?

Massacre of the Innocents, the gothic sculpture in Chartres cathedral

–       En la matanza que hizo Herodes, más de treinta infantes en la ciudad y otros tantos en la campiña; fueron asesinados. Y casi todos eran varones.

Porque en medio de la furia, de la oscuridad, de la confusión; esos crueles hombres arrancaron de las cunas, de los lechos maternos y de las casa que asaltaron, hasta a las niñitas…

Y  las mataron como los arqueros matan a las gacelas que están mamando la leche de su madre. Y bien… ¿Todo esto por qué?…

Porque un grupo de pastores que para no helarse de frío en lo más crudo del invierno; habían bebido mucha cerveza.

Empezaron a delirar diciendo que habían visto ángeles; habían oído cantos celestiales y recibido de ellos indicaciones para encontrar al Mesías…

Y nos dijeron a todos nosotros los de Belén: “Venid y adorad al Mesías, que acaba de nacer” ¡Imagínate! ¡El Mesías en una cueva!

Pero debo reconocer que en realidad todos estábamos ebrios. Hasta yo que en ese entonces era sólo un jovencillo y mi mujer era una niña.

Porque todos creímos y fuimos a ver en una pobre mujer galilea, a la Virgen que da a luz; la misma de la que hablaron los Profetas.

Pero ¡Si estaba con un vulgar galileo, que ciertamente era su marido! Entonces…

¿Cómo podía ser la Virgen?

 

En resumidas cuentas, ¡Creímos!…

Regalos, adoraciones. Los hogares se abrían para hospedarlos…

¡Oh! ¡Pobre Anna! Perdió los bienes, la vida y también a los hijos de su hija mayor; que fue la única que se salvó, porque estaba en Jerusalén.

Perdieron los bienes, porque la casa la quemaron y todo el sembradío fue destruido por órdenes de Herodes.

 

Hasta hoy es un campo desierto, en el que pacen los animales.

Jesús pregunta:

–     ¿Toda la culpa es de los pastores?

El campesino contesta:

–     ¡No! También de tres brujos que vinieron del reino de Satanás. tal vez eran compadres de los otros tres…

¡Y nosotros tan estúpidos que nos sentimos tan honrados!

¡Y el Arquisinagogo! Lo matamos porque juró que las profecías se cumplían exactamente con las palabras de los pastores y  de los Magos.

–     Entonces, ¿Toda la culpa fue de los pastores y de los Magos?

–     No, Galileo. También fue culpa nuestra, nuestra credulidad. ¡Tanto que esperábamos al Mesías! Siglos de espera.

Muchas desilusiones sufridas en los últimos tiempos a causa de los falsos Mesías. Uno era galileo como Tú. Otro se llamaba Teoda.

¡Mentirosos! ¡Ellos Mesías! ¡No eran más que aventureros rapaces en busca de fortuna!

Debía de habernos servido la lección, para que abriésemos los ojos. Por el contrario…

–     Y entonces, ¿Por qué maldecís solamente a los pastores y a los Magos?

Si también vosotros os juzgáis tontos; deberíais de maldeciros a vosotros mismos. La maldición no la permite el mandamiento del amor.

¿Estáis seguros de estar en lo justo? ¡No podría haber sido cierto que los pastores y los Magos hubiesen dicho la verdad que Dios Mismo les reveló!

¿Por qué debe pensarse que fuesen mentirosos?

–     Porque no se habían cumplido los años de la Profecía.

Después lo reflexionamos.

Después que la sangre que enrojeció los tanques de agua y los ríos, nos abrió los ojos del discernimiento.

Con una gran paz, Jesús dice:

–      Y el Altísimo; llevado por un gran amor por su Pueblo; ¿No habría podido anticipar la venida del Salvador?

¿En qué apoyaron los Magos su dicho? Me has dicho que vinieron del Oriente…

–      En sus cálculos sobre una nueva estrella.

–     ¿Y acaso no está dicho: Una estrella nacerá de Jacob y una vara se alzará de Israel?

¿No es Jacob el gran patriarca que vivió en esta tierra de Belén, a la que quiso como a la pupila de sus ojos, porque en ella murió su amada Raquel?…

Y no acaso por boca del profeta, Dios dijo: Brotará un retoño de la raíz de Jesé y saldrá una flor de esta raíz. Isaí, padre de David, nació acá.

El retoño que está en el tronco fue cortado a raíz, con la usurpación de los tiranos. ¿No es acaso la “Virgen” que dará a luz a un niñito sin intervención de hombre, de otro modo no sería virgen, sino por la Voluntad Divina? 

¿Y por esto será el Emmanuel; el Hijo de Dios que será Dios y llevará a Dios al Pueblo como su Nombre lo dice?

¿Y acaso la Profecía no dice que será anunciada a los pueblos de las tinieblas?

¿Esto es a los paganos, con una luz grande; como la estrella que vieron los Magos; la gran luz de las dos profecías: la de Balam y de Isaías?

Hasta la misma matanza que hizo Herodes, ¿Acaso no está profetizada?:

Se ha oído un gran lamento allá arriba…Es Raquel que llora a sus hijos.”

Jesús continúa:

–     Estaba indicado que los huesos de Raquel llorarían lágrimas en su sepulcro de Efratá; cuando a causa del Salvador, hubiera venido la recompensa al Pueblo Santo.

Lágrimas que después se cambiarían en sonrisa celestial, como el arco iris que se forma con las últimas gotas del temporal y que parece decir: ¡Ea! ¡Ahora todo está sereno!

El campesino, no muy convencido, cuestiona:

–    Eres muy docto. ¿Eres Rabí?

–    ¡Sí!

–    Lo creo. Hay luz y verdad en tus palabras.

Sin embargo… todavía hay muchas heridas que manan sangre en esta tierra de Belén, a causa del verdadero o falso Mesías. Nunca le aconsejaría a Él que viniese para acá.

La tierra lo rechazaría como se rechaza a un bastardo, por el que mueren los hijos verdaderos.

Pero, si era Él… murió con los otros degollados.

–     ¿Dónde viven ahora Leví y Elías?

El hombre se pone en guardia y sospecha:

–     ¿Los conoces?

–     No conozco su rostro. Pero… son unos desgraciados y siempre tengo compasión por los infelices.

Quiero ir a verlos.

–     ¡Humm! Serás el primero después de seis lustros.

Aún son pastores y están al servicio de un rico herodiano de Jerusalén que se apoderó de muchos bienes de los que murieron. ¡Siempre hay alguien que gana!

Los encontrarás con los ganados que cuidan, por las vertientes que van a Hebrón.

Pero, te daré un consejo: que los betlemitas no te vean hablar con ellos. Te iría muy mal.

Los soportamos, porque está el herodiano. Si no fuera por eso…

–     Sí. Está el odio. ¿Por qué odiar?

–     Porque es justo. Porque nos hicieron mucho daño.

–     Ellos creyeron hacer un bien.

–     Pero hicieron daño. Y el daño lo tenemos.

Debimos haberlos matado, como ellos mataron con su torpeza. Pero todos estábamos como intoxicados.

Ahora mismo los mataríamos si no estuviera en medio su patrón.

–     Hombre, Yo te lo digo. No hay que odiar. No hay que desear el mal. Aquí no hay culpa. Dilo a los betlemitas:

‘Cuando haya caído el odio de vuestros corazones, veréis al Mesías.

Entonces lo conoceréis porque Él vive. Él ya no estaba cuando sucedió la matanza.

Yo te lo digo: no fue culpa de los pastores, ni de los Magos el que haya sucedido esa desgracia.

Fue Satanás. El Mesías ha nacido aquí.

Ha venido a traer la Luz a la tierra de sus padres. Hijo de Madre Virgen de la estirpe de David, en las ruinas de la Casa de David.

Ha abierto al mundo el torrente de gracias eternas. Ha mostrado la vida al hombre…

El campesino se levanta y señalando la puerta, grita:

–    ¡Largo! ¡Largo de aquí! ¡Sal de aquí Tú, secuaz del falso Mesías! ¡Tú lo defiendes!…

Judas se pone de pie, violento e iracundo.

Toma del brazo al campesino y lo sacude,

al tiempo que dice amenazante:

–     Cálmate, hombre. Soy judío y tengo amigos poderosos. Puedo hacer que te arrepientas del insulto. 

El hombre se atemoriza.

Pero insiste:

–     ¡No! ¡No! ¡Fuera de aquí! No quiero pleitos con los betlemitas. Ni con Roma. Ni con Herodes. ¡Idos de aquí, malditos!…

Jesús siente su corazón destrozado.

Interviene diciendo:

–     Vámonos, Judas. No reacciones. Dejémosle con su rencor. Dios no entra donde hay ira. ¡Vámonos!

Judas amenaza:

–     Sí. Vámonos. Pero me las pagarán.

–     No digas nada. Están ciegos… Y habrá tantos a lo largo de mi camino…

Salen detrás de Simón.

Afuera, detrás de la esquina del pajar, encuentran a la mujer,

que toda contrita les dice:

–      Perdona a mi marido, Señor. –le da unos huevos- Mira, ten. Están frescos. Es lo único que tengo.

Perdónanos. ¿Dónde dormirás hoy?

Jesús los toma y la tranquiliza:

–       No te preocupes. Sé a dónde ir. Tranquilízate en tu buen corazón. Adiós.

Caminan unos metros en silencio.

Después, Judas explota:

–       ¡Es el colmo! ¡Pero Tú…no hacerte adorar! ¿Por qué no hiciste que ese puerco blasfemo besara el lodo?…

¡A tierra! ¡Arrojado al polvo por haberte faltado a Ti! ¡Al Mesías!… ¡Oh! ¡Yo lo hubiera hecho!

¡Los rebeldes tienen  que ser castigados con fuego milagroso! ¡Eso es lo único que los persuade!

–       ¡Oh! ¡Cuántas veces habré de oír lo mismo! ¡Si debiese convertir en cenizas a todo el que me ofenda!… No, Judas. He venido para crear; no para destruir.

–                     Lo que Tú digas. Pero mientras tanto, otros te destruyen.

Jesús no contesta.

Judas está tan furioso, que no comprende en absoluto lo que considera una pasividad inexplicable, pero que es la mansedumbre característica del Hombre-Dios.

Y siguen avanzando en silencio, por el camino bordeado de huertos y olivos cargados de aceitunas.

Más tarde, Simón pregunta:

–     ¿A dónde vamos ahora, Maestro?

–     Venid conmigo. Conozco un lugar…

Judas lo interrumpe todavía más irritado:

–      Pero si nunca has estado aquí desde que huiste. ¿Cómo es que lo conoces?

–      Lo conozco. No es hermoso. Pero estuve una vez ahí.

No es en Belén. Es afuera. Un poco, nada más… Vamos por acá…

Jesús toma la delantera.

Le siguen Simón, Judas y por último, Juan.

En el silencio interrumpido por el roce de las sandalias contra las piedrecillas del camino, se percibe un llanto.

Jesús pregunta volteándose:

–      ¿Quién llora?

Judas contesta:

–       Es Juan. Está atemorizado.

Juan protesta:

–       No. No tengo miedo. Ya tenía la mano en el cuchillo que pende de mi cintura…

Pero me acordé de tu ‘no matar’. Perdona, siempre lo dices.

Judas le pregunta:

–       Entonces ¿Por qué lloras?

–       Porque sufro al ver que el mundo no ama a Jesús. No lo reconoce y no quiere reconocerlo.

¡Oh, qué dolor! Es algo así como si con espinas de fuego me restregasen el corazón. Como si hubiera visto pisoteada mi madre y escupida la cara de mi padre. Todavía peor.

Como si hubiera visto a los caballos romanos profanar el Templo y comer en el Arca Santa y descansar en el lugar donde está el Santo de los Santos.

Jesús lo consuela:

–      No llores, Juan mío. Repetirás lo mismo una y otra vez: Él era la Luz que vino a brillar en las tinieblas, pero las tinieblas no lo comprendieron.

Vino al mundo que Él había hecho, pero el mundo no lo conoció. Vino a su ciudad, a su casa; pero los suyos no lo recibieron.

Juan redobla su llanto.

Y Jesús le pide:   

–        ¡Oh! ¡No llores así!

Juan obedece y suspira:

–        Esto no sucede en Galilea.

Judas, confirma:

–        Pero… ni siquiera en Judea. Jerusalén es la capital y hace tres días que te lanzaban hosannas a Ti, el Mesías.

Aquí, lugar de pastores burdos, campesinos y hortelanos; no se puede tomar como punto de partida.

Los Galileos…

Jesús ordena:

–      Basta, Judas. No conviene perder la calma. Estoy tranquilo. También estadlo vosotros.

Judas, ven aquí. Debo hablarte…

Judas va hacia donde está Jesús,

que le dice:

–     Toma la bolsa. Te encargarás de los gastos de mañana.

Judas pregunta:

–     ¿Y ahora en donde nos albergaremos?

Jesús sonríe y calla.

Dando media vuelta empieza a caminar y todos lo siguen.

20 EL SUICIDIO


20 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús y Judas salen del Templo después de haber estado orando en el lugar más cercano al Santo, concedido a los israelitas varones.

Judas quisiera seguir con Jesús, pero este deseo encuentra oposición en el Maestro.

–          Judas, quiero estar solo en las horas nocturnas. Durante la noche, mi espíritu toma del Padre su alimento. Oración, meditación y soledad, me son más necesarias que el alimento material.

Quien quiere vivir para el espíritu y conducir a otros a vivir la misma vida, debe posponer la carne, diría casi: matarla en sus desafueros, para ocuparse completamente del espíritu.

Todos Judas, también tú, si quieres verdaderamente ser de Dios, o sea, de lo sobrenatural.

–           Pero, Maestro, nosotros somos todavía de la tierra. ¿Cómo podemos desatender la carne poniendo toda nuestra solicitud en el espíritu? Lo que dices, ¿No está en antítesis con el mandato de Dios: “No matarás”?

¿En esto no está también incluido el no matarse? Si la vida es don de Dios, ¿Debemos o no amarla?».

–          Voy a responderte como no respondería a una persona sencilla, a la cual es suficiente elevarle la mirada del alma, o de la mente, a esferas sobrenaturales, para poder llevárnosla en vuelo a los reinos del espíritu.

Tú no eres una persona sencilla. Te has formado en ambientes que te han afinado… pero que al mismo tiempo, te han contaminado con sus sutilezas y con sus doctrinas.

 ¿Tienes presente a Salomón, Judas? Era sabio, el más sabio de aquellos tiempos. ¿Recuerdas lo que dijo, después de haber conocido todo el saber?: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Temer a Dios y observar sus mandamientos: esto es todo el hombre”.

Ahora Yo te digo que hay que saber tomar de los alimentos sustento, pero no veneno. Y si se ve que un alimento nos es nocivo (porque se producen reacciones en nosotros por las cuales ese alimento es nefasto, siendo más fuerte que nuestros humores buenos, los cuales lo podrían neutralizar)

es necesario dejar de tomar ese alimento, aunque sea apetitoso al gusto. Mejor pan, sin más, y agua de la fuente, que no los platos rebuscados de la mesa del rey que tienen especias que alteran y envenenan.

–          ¿Qué debo dejar, Maestro?

–           Todo aquello que sabes que te turba. Porque Dios es Paz, y si te quieres encaminar por el sendero de Dios debes liberar tu mente, tu corazón y tu carne, de todo lo que no es paz, de todo lo que conlleva turbación.

Sé que es difícil reformarse a sí mismo, pero Yo estoy aquí para ayudarte a hacerlo. Estoy aquí para ayudar al hombre a ser de nuevo hijo de Dios, a volver a formarse como por una segunda creación, una autogénesis querida por él mismo.

Pero deja que te responda a cuanto preguntabas, para que no digas que no has salido del error por culpa mía. Es verdad que matarse es igual que matar.

La vida es don de Dios, ya sea la propia o la ajena, y sólo a Dios, que la ha otorgado, le está reservado el poder de quitarla. Quien se mata confiesa su soberbia, y Dios odia la soberbia.

–         ¿La soberbia, confiesa? Yo diría la desesperación.

–         ¿Y qué es la desesperación sino soberbia? Considera esto, Judas: ¿Por qué uno pierde la esperanza?:

O porque las desventuras se ensañan con él y quiere vencerlas por sí solo, sin ser capaz de tanto; o bien porque es culpable y juzga de sí mismo que Dios no lo puede perdonar.

Tanto en el primero como en el segundo caso, ¿No es reina la soberbia? El hombre que quiere por sí solo resolver las cosas carece de la humildad de tender la mano al Padre diciéndole: “Yo no puedo, pero Tú sí puedes. Ayúdame, porque espero todo, todo lo estoy esperando, de Ti”.

El otro hombre, el que dice: “Dios no puede perdonarme”, lo hace porque midiendo a Dios con el patrón de sí mismo sabe que otra persona, ofendida como él ha ofendido, no podría perdonarlo.

O sea, también aquí hay soberbia.

El humilde siente compasión y perdona aunque sufra por la ofensa recibida.

El soberbio no perdona. Es además soberbio porque no sabe bajar la cabeza y decir: “Padre, he pecado, perdona a tu pobre hijo culpable”.

¿O es que no sabes, Judas, que el Padre está dispuesto a disculpar todo, si se pide perdón con corazón sincero y contrito, con corazón humilde y deseoso de resucitar al bien?

–           Pero ciertos delitos no deben perdonarse, no pueden ser perdonados.

–           Eso lo dices tú. Y hasta será verdad, si el hombre así lo quiere. Pero, en verdad, ¡Oh!, en verdad te digo que incluso después del Delito de los delitos, si el culpable corriera a los pies del Padre; se llama Padre por esto, Judas,

Y es Padre de perfección infinita. Y llorando, le suplicara que lo perdonase, ofreciéndose a la expiación, pero sin desesperación, el Padre le daría el modo de expiar para merecerse el perdón y salvar el espíritu.

–           Entonces dices que los hombres que la Escritura cita, y que se mataron, hicieron mal.

–           No es lícito hacer violencia a nadie, y tampoco uno a sí mismo. Hicieron mal. Conociendo relativamente el bien, habrán obtenido de Dios, en ciertos casos, misericordia.

Pero a partir de que el Verbo haya aclarado toda verdad y haya dado fuerza a los espíritus con su Espíritu, desde entonces, ya no le será concedido el perdón a quien muera desesperado.

Ni en el instante del juicio particular, ni, después de siglos de Gehena, en el Juicio Final, ni nunca. ¿Es dureza de Dios? No: justicia.

Dios dirá: “Tú, criatura dotada de razón y de sobrenatural ciencia, creada libre por Mí, decidiste seguir el sendero elegido por ti.

Y dijiste: ‘Dios no me perdona. Estoy separado para siempre de Él, Juzgo que debo aplicarme por mi mismo justicia por mi delito.

Dejo la vida para huir de los remordimientos’, sin pensar que ya no habrías sentido remordimientos si hubieras venido a mi seno paterno. Recibe eso mismo que has juzgado. No violento la libertad que te he dado”.

Esto le dirá el Eterno al suicida.

Piénsalo, Judas. La vida es un don, y hay que amarla. ¿Y qué don es? Don santo. Así que ha de ser amada santamente. La vida dura mientras la carne resiste.

Luego empieza la Vida grande, la eterna Vida: de beatitud para los justos, de maldición para los no justos. La vida, ¿Es fin o es medio? Es medio. Sirve para el fin, que es la Eternidad.

Pues démosle entonces a la vida aquello que le haga falta para durar y servir al espíritu en su conquista:

Continencia de la carne en todos sus apetitos, en todos.

Continencia de la mente en todos sus deseos, en todos.

Continencia del corazón en todas las pasiones que saben a humano.

Sea, por el contrario, ilimitado el impulso hacia las pasiones celestes: amor a Dios y al prójimo, voluntad de servir a Dios y al prójimo, obediencia a la Palabra divina, heroísmo en el bien y en la virtud.

Yo te he respondido, Judas. ¿Estás convencido? ¿Te basta la explicación?

Sé siempre sincero y, si no sabes todavía bastante, pregunta; estoy aquí para ser Maestro.

–          He comprendido y me basta. Pero… es muy difícil llevar a la práctica lo que he comprendido.

Tú puedes porque eres santo. Pero yo… Soy un hombre, joven, lleno de vitalidad…

–         He venido para los hombres, Judas, no para los ángeles, que no tienen necesidad de maestro.

Los ángeles ven a Dios, viven en su Paraíso, no ignoran las pasiones de los hombres; porque la Inteligencia que es su Vida, los hace conocedores de todo, incluso a aquellos que no son custodios de un hombre.

Pero siendo espirituales, sólo pueden tener un pecado, como uno de ellos lo tuvo y arrastró consigo a los menos fuertes en la caridad: la soberbia;

flecha que afeó a Lucifer, el más hermoso de los arcángeles, e hizo de él el monstruo horripilante del Abismo.

No he venido para los ángeles (los cuales, después de la caída de Lucifer, se horrorizan incluso ante el espectro de un pensamiento de orgullo), sino que he venido para los hombres, para hacer de los hombres ángeles.

El hombre era la perfección de la creación. Tenía del ángel el espíritu, del animal la completa belleza en todas sus partes animales y morales; no había criatura que le igualara.

Era el rey de la Tierra, como Dios es el Rey del Cielo, y un día, el día en que él se hubiera dormido por última vez en la Tierra, iba a ser rey, con el Padre, en el Cielo.

Satanás ha arrancado las alas al ángel – hombre y, en su lugar, ha puesto garras de fiera y avidez de inmundicia y ha hecho de él un ser al que cuadra más el nombre de hombre – demonio, que el de hombre a secas.

Yo quiero borrar la deformación causada por Satanás, anular el hambre corrompida de la carne contaminada, devolverle las alas al hombre, llevarlo de nuevo a ser rey, coheredero del Padre y del Reino celeste.

Sé que el hombre, si quiere quererlo, puede llevar a cabo cuanto digo, para volver a ser rey y ángel. No os diría cosas que no pudierais hacer.  

Yo no soy uno de esos oradores que predican doctrinas imposibles. He tomado verdadera carne para poder saber, por experiencia de carne, cuáles son las tentaciones del hombre.

–          ¿Y los pecados?

–           Todos pueden ser tentados; pecador, sólo quien quiere serlo.

–          ¿No has pecado nunca, Jesús?

–          Nunca he querido pecar. Y ello no porque sea el Hijo del Padre, sino que es que lo he querido y lo querré, para mostrarle al hombre que el Hijo del hombre no pecó porque no quiso pecar y que el hombre, si no quiere, puede no pecar.

–          ¿Has sido tentado alguna vez?

–          Tengo treinta años, Judas, y no he vivido en una cueva de un monte, sino entre los hombres. Y aunque hubiera estado en el lugar más solitario de la Tierra ¿Tú crees que no habrían venido las tentaciones?

Todo lo tenemos en torno a nosotros: el bien y el mal. Todo lo llevamos con nosotros. Sobre el bien sopla el hálito de Dios y lo aviva como a turíbulo de gratos y sagrados inciensos.

Sobre el mal sopla Satanás y, encendiéndolo, lo transforma en hoguera de feroz lengua. Mas la voluntad atenta y la oración constante son húmeda arena sobre la llamarada de infierno: la sofocan y la extinguen.

–          Pero, si no has pecado jamás, ¿cómo puedes emitir tu juicio sobre los pecadores?   

–          Soy hombre y soy el Hijo de Dios. Cuanto podría ignorar como hombre, y juzgarlo mal, lo conozco y juzgo como Hijo de Dios.

Y, además… Judas, respóndeme a esta pregunta: uno que tiene hambre ¿sufre más cuando dice: “ahora me siento a la mesa”, o cuando dice “no hay comida para mí”?

–          Sufre más en el segundo caso, porque sólo el saberse privado del alimento le trae a la memoria el olor de las viandas, y las vísceras se retuercen de deseo.

–          Exacto: la tentación es mordiente como este deseo, Judas. Satanás lo hace más agudo, exacto y seductor que cualquier acto cumplido.

Además, el acto satisface, y alguna vez nausea, mientras que la tentación no desaparece, sino que, como árbol podado, echa ramas cada vez más vigorosas.

–          ¿Y no has cedido nunca?

–          No he cedido nunca.

–          ¿Cómo lo has conseguido?

–          He dicho: “Padre, no me dejes caer en la tentación”.

–          ¿Cómo? ¿Tú, Mesías, Tú, que obras milagros, has solicitado la ayuda del Padre?

–           No sólo la ayuda: le he pedido que no me deje caer en la tentación. ¿Tú crees que, porque Yo sea Yo, puedo prescindir del Padre? ¡Oh, no!

 En verdad te digo que el Padre le concede todo al Hijo, pero también el Hijo recibe todo del Padre. Y te digo que todo lo que se le pida al Padre en mi nombre será concedido.

“Más ya estamos cerca del Get Sammi, donde vivo.

 Ya se ven sus primeros olivos al otro lado de las murallas. Tú estás más allá de Tofet. Ya cae la noche. No te conviene subir hasta allá.

Nos veremos de nuevo mañana en el mismo lugar. Adiós. La paz sea contigo.

–           Paz a ti también, Maestro… Pero quisiera decirte aún una cosa. Te acompaño hasta el Cedrón, luego me vuelvo para atrás. ¿Por qué estás en ese lugar tan humilde? Ya sabes… la gente da importancia a muchas cosas.

¿No conoces en la ciudad a nadie que tenga una buena casa? Yo, si quieres, puedo llevarte donde algunos amigos. Te acogerán por amistad hacia mí.

Serían moradas más dignas de ti.

–          ¿Tú crees? Yo no lo creo. Lo digno y lo indigno están en todas las clases sociales. Y, no por carecer de caridad, sino para no faltar a la justicia, te digo que lo indigno (y maliciosamente indigno) se halla frecuentemente entre los grandes.

No hace falta ser poderoso para ser bueno, como tampoco sirve el ser poderoso para ocultar la acción pecaminosa a los ojos de Dios. Todo debe invertirse bajo mi Signo: no será grande el poderoso, sino el humilde y santo.

–          Pero, para ser respetado, para imponerse…

–         ¿Es respetado Herodes? Y César, ¿es respetado? No. Los labios y los corazones los soportan y maldicen.

Créeme, Judas, sobre los buenos, o incluso sobre los que están deseosos de bondad, sabré imponerme más con la modestia que con la grandiosidad.

–          Pero entonces… ¿Vas a despreciar siempre a los poderosos? ¡Te buscarás enemigos! Yo pensaba hablar de ti a muchos que conozco y que tienen un nombre…

–          No voy a despreciar a nadie. Iré tanto a los pobres como a los ricos, a los esclavos como a los reyes, a los puros como a los pecadores.

Pero si bien he de quedar agradecido a quien proporcione pan y techo a mis fatigas (cualesquiera que sean ese techo y ese alimento), verdad es que daré siempre preferencia a lo humilde;

los grandes tienen ya muchas satisfacciones, los pobres no tienen más que la recta conciencia, un amor fiel, e hijos, y el verse escuchados por la mayoría de ellos.

Yo siempre prestaré atención a los pobres, a los afligidos y a los pecadores. Te agradezco el buen deseo, pero déjame en este lugar de paz y oración. Ve, y que Dios te inspire lo recto.

Jesús deja al discípulo y se interna entre los olivos.

A95 ¡A LOS NUEVOS JUDAS! 2


Noviembre 12 de 2019  

Habla Nuestro Señor Jesucristo

Yo, vuestro Dios, vuestro Jesús, he venido a la Tierra a servir a Mi Padre. He venido a uniros en la Verdad. He venido a dar Luz a vuestro caminar. He venido a guiaros y a llevaros por las sendas del bien.

Antes de Mi Venida, el Mundo no había visto la Luz; salvo aquellos que se habían dejado guiar interiormente por Mi Santo Espíritu y aquellos que eran portavoces Míos ante sus hermanos: Mis Profetas.

La humanidad siempre ha tenido una gran diversidad de criterios, porque cada uno se guía según sus conveniencias, y por ello se han formado multitud de pensamientos que han llevado a la humanidad, en sus diferentes etapas, a caminar en el error.

Por vuestra soberbia y por vuestras conveniencias humanas, habéis creado religiones, sectas, grupos “religiosos” según vuestras humanas intenciones, pero siempre manipulando Mis Verdades a vuestro antojo.

En la gran mayoría de los casos, estas conveniencias han sido aconsejadas por susurros del Demonio, los cuáles os han engañado a tal grado, de que os hacen creer que estáis haciendo un bien, cuando en realidad estáis viviendo en un mal.

La integridad en el hombre no se va a dar sino hasta que comprendáis y viváis Mis Preceptos, Mis Verdades de Salvación.

Al ver como la humanidad estaba envuelta en el error, sumergida en la Maldad, doblegadas por las falsas promesas que el Demonio hacía a los pueblos que le eran fieles, llevando a cabo todo el Mal que él les pedía,

JUAN 3, 16

El Corazón de Mi Padre se enterneció y Me envió a Mi, a Su Unico Hijo, para traeros la Luz de la Salvación.

Y sobre todo, para traeros la Vida misma de Mi Padre Dios; para que al conocerla, pudiérais compararla con el mal que os había enseñado Mi Enemigo.

Antes de Mi Venida, los pueblos de la antigüedad vivían cada uno, según lo que el Maligno les enseñaba y con éstas “enseñanzas” los manipulaba en diferentes formas, para causarNos dolor, usándolos como instrumentos del Mal.

¿Acaso no sufre más un padre, cuando es su propio hijo el que lo ataca en lo que más le duele o cuando lo traiciona?

Cuando alguien mete ideas falsas contra los padres de uno, los padres sufren más el ataque feo y directo de un ser de su propia carne y sangre, que de aquellos que no pertenecen a su familia.

Así el Maligno, a través de las falsas ideas que inculcó en los pueblos antiguos, os puso en Nuestra contra; dañando sobremanera a Nuestro Amor Paternal y Filial.

Por ello, Mi Presencia en la Tierra marca el fin de tanta maldad difundida por el Demonio, pero la lucha por llevaros a la Verdad, Me sigue costando mucho.

Seguís siendo un pueblo testarudo e infiel, porque seguís vuestros instintos y no seguís a vuestro corazón, donde Yo habito.

Queréis seguir siendo pueblo del Mal, abusando de Mi Paciencia y de Mi Bondad.

Queréis seguir blasfemando a vuestro Dios, a pesar de haber ya obtenido de Mí, la Guía de la Perfección Divina.

Queréis seguir actuando como niños malcriados y rebeldes, lo cuál sólo os llevará a una cosa: a tropezar y caer, Caída que os puede llevar a la Muerte Eterna.

Yo os vine a dar el Conocimiento Divino para unificar a todos los criterios humanos. Yo, como hermano vuestro e Hijo de un mismo Padre con vosotros,

Vine como Mensajero de Luz, como Maestro para enseñaros la Verdad y como Ejemplo de lo que se vive en el Cielo.

Me dí en totalidad y Me sigo dando en la Eucaristía y vivo en aquellos que así Me lo permiten; pero queréis seguir atacando por consejos del Mal, a todo lo que de vuestro Padre proviene.

Mi misma Iglesia ha sido fuertemente afectada. El Mal y el Error se han introducido en ella y han sido difundidos por los “JUDAS” de estos tiempos,  

PERO NO TEMÁIS, que la Luz pronto se ha de manifestar: para poner nuevamente, todo en su lugar.

He escuchado los Lamentos de aquellos que realmente, se han mostrado como hijos de Mi Padre, hermanos Míos y fieles seguidores de Mi Iglesia y por su intercesión, pronto el cambio se dará.

Gracias os doy a todos aquellos pequeños Cristos, que se han dejado mover por la Voluntad de Mi Padre y han tratado de seguir lo mejor posible, los Decretos, Leyes y el Amor que Yo os enseñé.

La unidad de los criterios humanos pronto se dará, porque Mi Santo Espíritu así lo promoverá, al mostrar en los corazones de todo ser sobre la Tierra; la Verdad que Yo vine a enseñaros y que pocos la aceptaron sin dudar.

La Verdad es una y los criterios humanos no podrán contra ella, porque éstos están basados en los consejos del Mal

Y SU PROMOTOR YA HA SIDO VENCIDO DESDE ANTIGUO

Y VOLVERÁ A SER VENCIDO, ANTE VUESTROS OJOS, EN BREVE

Aún aquellos que han preferido al Mundo y todo lo que en él hay; por Mi Misericordia también tendrán la oportunidad del Arrepentimiento y de su salvación, porque Yo Me dí por todos, no sólo por los justos.

Vine y sigo viniendo gracias a la intercesión de los que son Míos y siguen Mis Leyes, para la salvación de los pecadores; para ablandar y curar los corazones de aquellos enfermos que han seguido al Mal.

Si Satanás está a vuestro alrededor y está afectando todo y esto es: gobiernos, familias, sociedad en general, Mi Iglesia no se salva de ello. 

Ya os he avisado otras veces que Satanás desgraciadamente, está manipulando muchos de los Acontecimientos que se están dando dentro de la Iglesia.

Todo esto pasa Mis pequeños, porque sois muy pocos los que estáis tomando en serio Mis Enseñanzas y la vida religiosa que debéis llevar,

Una vida espiritual profunda, que pocos, MUY POCOS LA LLEVAN

Si nuestro Señor Jesucristo, regresó al Cielo HERIDO Y LLAGADO, ¿Vamos a ir los siervos vestidos y bañados?

Y AL FALTAR ORACIÓN, AL FALTAR DONACIÓN,

TANTO ENTRE LOS FIELES COMO ENTRE LOS SACERDOTES, MINISTROS DE MI IGLESIA,

SATANÁS OS VA VENCIENDO Y OS VA GANANDO TERRENO.

Ciertamente, los ministros de la Iglesia a la cual pertenecéis, que es Mi Iglesia; también son seres humanos, también fallan, también dejan mucho qué desear.

En cambio, hay otros que son ejemplo de vida, a los cuales debéis seguir y de los cuales os debéis dejar guiar; pero aquellos que están dando un mal ejemplo, que están causando escándalo.

Muchos son ajenos a Mi Iglesia, se han introducido a ella sin ser verdaderos ministros.

 Éstos tendrán su castigo ciertamente, pero un Castigo Mayor habrá para aquellos que siendo sacerdotes o ministros,

QUE DESPUÉS DE HABER ENTRADO DENTRO DE LAS FILAS DEL MINISTERIO SACERDOTAL,

SE VOLVIERON TRAIDORES,

Y SON LOS JUDAS DE ÉSTE TIEMPO

 Han llegado a altos puestos dentro de Mi Iglesia y Me están traicionando, están traicionando lo Mío. Judas Me traicionó, buscó poder y dinero, y que es lo mismo que están ahora buscando algunos de ellos.

Cuánto error, cuánto engaño están transmitiendo pero, sobre todo, un mal ejemplo que está haciendo que muchos fieles deserten, éstos tendrán un castigo muy fuerte.

Entraron a Mi Iglesia, buscando ser buenos sacerdotes, ministros de ejemplo, pero Me traicionaron y ésa traición les va a costar mucho, porque a causa de ello, muchos hermanos vuestros han dejado Mi Iglesia.

Orad por ellos, Mis pequeños…

ORAD POR AQUELLOS QUE ME ESTÁN TRAICIONANDO

Y POR EL QUE ME TRAICIONARÁ

Y SERÁ EL JUDAS MAYOR, ORAD POR ÉL...

Porque causará estragos dentro de Mi Iglesia.

Manteneos en Oración, manteneos en una vida espiritual profunda. Todo esto estaba anunciado ya en las Sagradas Escrituras, ahora es el tiempo en que lo vais a padecer.

Manteneos apoyados en Mis Enseñanzas pero, sobre todo, en Mi Amor. Os he dicho que la Purificación se viene por el amor aquellos que viven el amor, mi verdadero amor,

SON LOS QUE PASARÁN ÉSTA PRUEBA TAN FUERTE

QUE TENDRÁN LA HUMANIDAD Y EL UNIVERSO ENTERO

Yo os amo, Mis pequeños y lo que menos quiero es vuestro Sufrimiento; pero el Premio se gana en el Campo de Batalla. 

Y estáis ahora en el Campo de Batalla, pero contáis Conmigo y Yo os ayudaré a que salgáis victoriosos de esta Gran Prueba.

Os amo, os amo, Mis pequeños, contad Conmigo en todo momento, Soy vuestro Dios, conozco vuestra pequeñez y vuestras necesidades

Y por eso os ayudo, os prevengo, os guío para que no caigáis en los errores a los que os quiere llevar Satanás.

Hijitos Míos, Yo fui modelo de vida para todos vosotros  cuando estuve entre vosotros.

Mis pequeños, conocéis una muy buena parte de Mi Vida y la forma en cómo Yo Me comunicaba con los hombres, siempre con respeto, con Amor y sobre todo, buscando su crecimiento espiritual.

Si vosotros repasáis Mi Vida sobre la Tierra, no podéis reprocharMe nada, no podéis hablar de que hubiera alguna equivocación de Mi parte o algún error, porque Soy vuestro Dios,

Soy Perfecto, como Mi Padre y todo lo que Yo hice fue para que vosotros lo tomarais para vuestra vida y también alcanzarais ésa perfección a la que estáis llamados.

Mi Vida debe ser vuestra vida y, si realmente estáis buscando la perfección de todo vuestro ser, deberéis ser otros Cristos

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

Esos nuevos Cristos, de éste tiempo, que necesito que se manifiesten, para que vuestros hermanos se den cuenta que sigo estando Vivo entre vosotros.

SÍ, MIS PEQUEÑOS, CADA VEZ QUE VOSOTROS COPIÁIS ALGO DE MI VIDA,

LA VIVÍS, LA TRANSMITÍS Y LA MOSTRÁIS A VUESTROS HERMANOS,

es la forma en que vuestros hermanos se dan cuenta de que Yo todavía sigo Vivo sobre la Tierra y esto es a través de vuestros actos.

Cada acto vuestro, hecho o realizado, copiando algún acto Mío, Me da Vida sobre la Tierra.

Soy Yo a través de vosotros que actúo todavía, para que poco a poco se vaya preparando la humanidad a recibirMe en Mi Segunda Venida.

¡Cuánto Amor os tengo, Mis pequeños!, No os imagináis cuánto os amo, a pesar de vuestros pecados, de vuestra pequeñez, de vuestras ingratitudes.

Imaginad qué alegría Me dais, cuando dándoos cuenta vosotros mismos de todos vuestros errores, de vuestra pequeñez, de vuestra mediocridad, ponéis un “hasta aquí en vuestra vida”

y empezáis a actuar en mejor forma de cómo lo hacíais, aceptando todo lo que Yo os enseñé y mejorando vuestra vida que por añadidura, ayudaréis a mejorar la de vuestros hermanos.

Esta es la clase de almas que Yo necesito sobre la Tierra y que he ido escogiendo para éstos momentos de Purificación,

ALMAS DONADAS A MÍ,

ALMAS QUE YA ENTENDIERON SU MISIÓN,

ALMAS QUE SE DONAN, PARA QUE LAS TOME COMO INSTRUMENTOS MÍOS

Y que sean otros Cristos en estos tiempos, actuando en total humildad y sobre todo, en total sumisión a Mis Deseos.

Empezad a gozar Mis pequeños, el que ya estéis trabajando para Mí, en el inicio de éstos Nuevos Tiempos,

porque ciertamente paralelo a ésta Purificación, vendrá la Creación  del Nuevo Mundo que tendréis de los Cielos Nuevos y las Tierras Nuevas.

Ya os había dicho anteriormente, que así como os vaya quitando lo malo, lo Terreno, lo que no sirve a vosotros para vuestro crecimiento espiritual, así os voy a ir también llenando de lo bueno.

Vosotros tendréis un cambio muy fuerte a nivel espiritual. Mi Vida será vuestra vida, ¿Qué más podéis pedir?

DEJAOS LLENAR POR MÍ Y SED LOS CRISTOS DE ÉSTE TIEMPO

QUE CIERTAMENTE PURIFICADOS SERÉIS

 Sufriréis, en cierta forma, como Yo sufrí Mi Pasión, pero luego tendréis vuestra resurrección, transfigurados, purificados y llenos de Mi Amor.

Subamos al calvario con la Cruz a cuestas. No dudemos. Nuestra Ascención terminará con la visión celeste del Dulcísimo Salvador.

Preparaos pues Mis pequeños, para esta metamorfosis que sufriréis, pero que gozaréis cuando os empecéis a llenar de lo Mío.

El hombre sufre cuando se le van quitando las cosas en las que confía y eso es lo que estáis teniendo ahora pero aquellos que confían en Mí, empezarán a sentir Mi apoyo

y sentiréis alegría al sentir que se os está vaciando de lo malo y se os está llenando de algo bueno que no conocíais anteriormente.

Esa es la transfiguración que tendréis, Mis pequeños, un crecimiento inmenso espiritual,

Y lo material, ya no lo tomaréis tan en cuenta como ahora lo hacéis.

Todo tendrá su lugar, no le daréis más valor a lo que no lo merece.

PedidMe Mi Sabiduría Santa para que podáis apreciar el cambio paulatino que iréis teniendo.

Dejaos hacer por Mí, vuestro Dios.

Vosotros no comprendéis aún todo el Amor que os teneMos. No os podéis imaginar cuánto amaMos a la creatura, lo comprenderéis cuando dejéis vuestro cuerpo y regreséis ante Nuestra Presencia

Y ya sea en los Cielos, en el Purgatorio o en el Infierno, es cuando comprenderéis cómo os amaMos.

Nuestro Amor Divino es incomprensible para el hombre, no hay amor humano que pueda parecerse en lo mínimo al Amor que os teneMos.

Por eso no lo apreciáis y no entendéis cuando os digo: Velad y acompañadMe, como le pedí a Mis apóstoles.

¡Os lo he pedido tanto! Y ni siquiera Me pedís que os comparta este sentimiento de Amor y de Sufrimiento que tengo por cada uno de vosotros y Me sigo dando y Me sigo ofreciendo, Mi Vida toda, es para vosotros.

Mi Amor es vuestro amor, ¿Por qué os tengo que repetir tantas veces esto, Mis pequeños?NI ESTÁIS VELANDO NI ORANDO

Estáis en el Mundo, estáis desperdiciando todas Mis Bondades, Mi Donación total y absoluta por cada uno de vosotros.

La Noche ya os alcanzó, igual que llegó el momento en que el Hijo del Hombre fue entregado en manos de Sus asesinos.

Padeceréis también, para que recordéis éstos momentos en que Yo oré por cada uno de vosotros y Le pedí al Padre por vuestra salvación, por el perdón de vuestras faltas, por vuestra redención.

Me di por cada uno de vosotros, ¿Os daréis ahora por Mí, Mis pequeños?

¿OFRECERÉIS VUESTROS SUFRIMIENTOS,

QUE ESTÁIS YA PADECIENDO,

Y ALGUNOS PADECERÉIS TODAVÍA PEORES,

PARA ALIVIAR MIS DOLORES EN EL HUERTO?

Yo he aliviado vuestros dolores y os he abierto las Puertas del Paraíso, ¿Me daréis vuestra vida? ¿Me daréis vuestra muerte? ¿Me daréis vuestros padecimientos?

¿Me daréis vuestro dolor? Soy vuestro Dios, pero también Soy Hombre; no tuve a los apóstoles, a Mis elegidos, en ésos momentos, ¿Os tendré a vosotros ahora en éstos momentos?

AcompañadMe, Mis pequeños, ni una hora pudieron orar Conmigo, ¿Me daréis vuestro tiempo, Me acompañaréis en éstos momentos obscuros y de dolor de la humanidad, recordando los que Yo tuve?

No os separéis de Mí, Mis pequeños, que Yo nunca Me he separado de vosotros, estáis en Mi Corazón, porque os vi desde ése tiempo en el Huerto y os he mantenido muy cerca de Mi Corazón,

orando por vosotros, por esta humanidad, por el dolor que Me causan vuestros pecados, pero, sobre todo, por la indiferencia del hombre hacia su Dios y Salvador.

DadMe vuestro tiempo, reparad el tiempo que no Me pudieron dar Mis apóstoles.

 

Yo le iba enseñando al pueblo lo que tenían que vivir, ciertamente Me basaba en las Escrituras, pero actuaba lo que decían en las Escrituras.

¡Qué difícil es para vosotros actuar lo que Yo os dejé! Y Yo hice todo simple, lo que otros veían complicado en las palabras de los profetas,

Yo os dije simplemente: “ámense los unos a los otros como Yo os he amado” ¿Por qué se os hace tan difícil esto?

Todos bajasteis del Cielo, todos sois hijos del mismo Padre, ¿Por qué? ¿Por qué, Mis pequeños, no os amáis, no os respetáis, no os cuidáis lo unos a los otros?

El Reino de los Cielos es el encuentro del Amor Fraterno, en el Reino de los Cielos se vive plenamente Mi Amor, las almas están llenas de Mi Amor, se comparten unos a otros Mi Amor, pero es un Amor, limpio, puro, sincero.

Os vine a Enseñar esto aquí en la Tierra, para que pudierais unir el Cielo con la Tierra, que no hubiera ya barreras.

Ciertamente la Maldad de Satanás quiere impedir ésta unión y os ataca, pero tenéis Mi Gracia y no la aprovecháis, no hacéis gran cosa por tratar de cumplir lo que os pido.

No os negáis a vosotros mismos para que Yo pueda vivir plenamente con vosotros y en vosotros, dichosos debierais estar de saber que Yo, vuestro Dios, puedo habitar en vosotros.

Si lo hacéis entre vosotros, con personajes a los que respetáis, ¿Por qué no lo hacéis Conmigo, que Soy mucho más que cualquier personaje importante sobre la Tierra?

Preparáis vuestra casa, compráis las mejores viandas, arregláis vuestro hogar para que se sienta a gusto vuestro invitado. ¿Por qué no lo hacéis Conmigo, que os he dado el Don de la vida?

Os he cuidado a lo largo de vuestra existencia, todo lo que tenéis viene de Mí, especialmente Mis cuidados contra los ataques del Enemigo.

Y a Mí, vuestro Dios, vuestro Protector, vuestro Salvador, vuestro Redentor, que Soy más importante que cualquier hombre sobre la Tierra,

Para Mí no hay un lugar especial en vuestra vida, en vuestro corazón, en vuestra mente.

ESO ES LO QUE MÁS ME DUELE, MIS PEQUEÑOS

VUESTRA INDIFERENCIA, VUESTRA FALTA DE SABIDURÍA, VUESTRA FALTA DE AMOR

Todo lo que padeceréis será para vuestro bien. Estáis viendo ya, cómo el Mundo está siendo castigado. Creéis muchos de vosotros que todo lo que está sucediendo es normal.

NO QUERÉIS VER LA REALIDAD PORQUE OS DA MIEDO

 Porque el reconocer que todo se salió ya de las leyes naturales, con eso tenéis un indicativo de que algo extraordinario está pasando

Y NO LO QUERÉIS VER PARA NO PREOCUPAROS Y CAMBIAR

Preferís actuar como el avestruz, si no veis ni oís, creéis que nada sucede a vuestro alrededor, en lugar de PREPARAROS para los acontecimientos peores que vendrán.

Preferís no aceptarlos, engañándoos y de ésta forma perdéis tiempo para hacer un bien a vuestra alma y a la de los vuestros.

Esto indica vuestra falta de Sabiduría, y vuestra tontería os puede llevar a un mal mayor.

Sed valientes, sed sabios, enfrentad la realidad que os rodea, que ciertamente vosotros sois la causa de ésta realidad por vuestro mal comportamiento,

ACEPTAD VUESTRO ERROR

Y ENMENDAD LO QUE PODÁIS CON VUESTROS ACTOS,

CON VUESTRA ORACIÓN, CON VUESTRA DONACIÓN

Los Acontecimientos ya están pronto a darse con mayor intensidad y no os estáis preparando para contrarrestar lo que os pueda suceder.

Insisto, sed sabios y aprovechad el tiempo que os quede para prepararos.

Hijitos Míos, Estoy Crucificado y ciertamente le digo a Mi Madre “he ahí a Tu hijo”. Todos son Tus hijos, y quedasteis hermanados TODOS, sin fronteras, sin razas, sin prejuicios, todos hermanos, como lo sois en el Reino de los Cielos.

En la Cruz, en Mi Dolor, os hermané; el pecado os ha separado, la maldad en vuestro corazón os ha separado; porque le abrísteis vuestro corazón a Satanás, el que es todo  mentira, el que es todo destrucción, el que separa lo que Yo uno.

ESTOS TIEMPOS VAN A SER DE VUESTRA CRUZ

Y OS VOLVERÉIS A HERMANAR

SERÉIS, VERDADERAMENTE UN SOLO PUEBLO

El Dolor, la Destrucción, os hermanará, produciréis amor por ayudaros los unos a los otros y esto os preparará para Mi Segunda Venida, Mis pequeños.

¿Veis cómo de lo aparentemente malo, Yo saco un bien? Mis caminos no son los caminos del hombre ni Mis Pensamientos, los vuestros.

Dios utiliza las Maldades de Satanás para entrenarnos y hacernos crecer espiritualmente…

Yo busco el bien, busco vuestra unión, busco un solo Amor, que es el de Nuestra Santísima Trinidad, y lo queremos para vosotros.

Vosotros aceptasteis lo que Satanás os legó, que fue destrucción, muerte, maldad, vidas sin Vida, porque no estáis viviendo.

Creéis vivir, pero la gran mayoría de vosotros estáis muertos porque el pecado habita en vosotros y no lo queréis desechar de vuestra vida, que no es Vida.

Aquellos que han luchado por mantener Mi Vida y que realmente tienen Mi Vida en su vida, ¡Benditos seréis!, Mi Corazón está con vosotros.

Mi Vida Divina habita en vuestro corazón, anida en vosotros, la habéis acogido y Yo he acogido vuestro corazón,

¡BENDITOS SERÉIS!

PORQUE LOS ATAQUES DE SATANÁS, A PESAR DE QUE CADA VEZ SON MAYORES

VOSOTROS OS TOMÁIS MÁS FUERTE DE MI MANO

Y ME PEDÍS EL NO SEPARAROS DE MÍ

Vosotros, que estáis Conmigo, que no soltáis Mi Mano, que Me acompañáis en todo momento, aún a pesar de vuestras distracciones, olvidos y a veces indiferencia.

A pesar de ello, os atraigo cada vez más a Mi Corazón, porque sois almas de lucha, sois almas verdaderas que aman el Amor, que respetan Mi Amor, que luchan por llenarse de Mi Amor,

 ¿Cómo Me puedo olvidar Yo de vosotros en éstos tiempos, si en la Obscuridad, que ya os rodea, Me buscáis?

Ciertamente encontraréis Mi Luz, vendréis a Mí, os protegeré y os consentiré. Vosotros sois Mis verdaderos hermanos.

Vosotros sois Luz del Mundo en estos momentos, vosotros sois Mi Verdadera Vida en éste Mundo que se ha dejado morir por haber seguido a Satanás.

Por vosotros Mis hermanos, Mis verdaderos hermanos, todo será reconstruido y éste Mundo Nuevo albergará nueva vida,

Mi Vida en vosotros, los que Me escogisteis, a pesar de la adversidad que vivíais a vuestro alrededor, a pesar de las tentaciones, a pesar de la facilidad que os daba Satanás de tomar lo prohibido y no quisisteis hacerle daño a Mi Amor.

Yo Seré vuestro Premio, vuestro Tesoro, Yo Seré plenamente vuestra vida, Seré nuevamente vuestro Dios y vosotros Mi nuevo Pueblo, el Pueblo del Amor.

Porque Mi Evangelización provocó cambios en el corazón de los hombres y desde ése tiempo ha ido produciendo cambios en el corazón de muchos hombres alrededor de todo el mundo.

Esa fue la idea de Mi Evangelización, Evangelización Celestial, Evangelización de Vida, Evangelización de cambio, Mis pequeños.

Se vivía en la oscuridad y Yo traje la Luz y a partir de ése tiempo ha sido más fuerte la lucha entre la Luz y las tinieblas, que al final la Luz vencerá.

Pero desde ése tiempo en que Yo vine a detener a las Tinieblas, que las vencí y se dieron cuenta las tinieblas de que ya la Luz estaba dando un nuevo día a la humanidad,

Los hijos de la Luz no huyen ni temen a la Oscuridad. Los hijos de la Luz NO TEMEN SER PUESTOS EN LO ALTO, para iluminar con su Amor a los demás…

Desde ése momento la lucha se intensificó, al grado de que fui Crucificado por aquellos que se dejaron llevar por las Tinieblas,

pero la Luz permaneció con vosotros aquí en la Tierra y ha ido dando fruto.

Se va deteniendo la Luz por el mismo hombre que no se quiere dar plenamente a Mí, las tinieblas siguen luchando para tratar de doblegar la Luz y nunca podrán.

Me quiso vencer Satanás en Mi Vida Pública y no lo logró ni lo va a lograr en todos aquellos que Me sigan, que ya llevan la Luz en su interior.

Con todo esto Mis pequeños, os estoy anunciando lo que ya os dije, que aquel que Me siguiera iba a tener también problemas fuertes con las Tinieblas y con aquellos que siguen a las tinieblas,

pero por eso os repito, la Luz nunca va a ser doblegada por las tinieblas. Si estáis en la Luz, daréis mucho fruto,

os atacarán las tinieblas y la maldad, todo lo que él ha sembrado en la Tierra, pero al fin, Mi Luz, que es Mi Vida, que Soy Yo, vuestro Dios entre vosotros, VENCERÉ.

Sois Mis instrumentos de Amor, sois Mis instrumentos de Luz, sois Mis instrumentos de vida en éstos tiempos, no os dejéis llevar por la muerte y la obscuridad que Satanás impuso durante mucho tiempo sobre los hombres,

y que Mi llegada marcó la división entre la Luz y las tinieblas.

Seguid adelante, Mis pequeños, ya la Luz está sembrada en el mundo, vosotros sois los que debéis hacer que resplandezca profusamente entre los hombres.

Yo dependo de vosotros y vosotros gozaréis con éste trabajo, como lo han venido gozando todos aquellos que Me han seguido llevando Luz a los que viven en tiniebla.

Viviendo vida espiritual, ésta logra fortaleceros para vencer cualquier obstáculo.

Hijitos Míos, no dudéis nunca del Amor de vuestro Dios, de Su Misericordia, ni de Su Comprensión por los caídos en las garras del demonio, ya que el maligno es un ser limitado e infinitamente inferior a Mi Poder y a Mi Amor.

AUNQUE ÉL OS TENGA APRISIONADOS EN SUS GARRAS,

UNA MIRADA VUESTRA QUE IMPLORE MI AYUDA,

OS PODRÁ SALVAR INMEDIATAMENTE

Yo siempre estaré ahí y es más, Yo mismo procuraré el que vosotros podáis encontrar la puerta de salida a vuestros problemas, aún en aquellos, aparentemente gravísimos, en los cuáles os haya aprisionado el Maligno.

El NO  tiene poder sobre Mí y Yo lo tengo en forma TOTAL sobre él, pero él sí afecta gravemente Mi Corazón cuando os utiliza para ir en contra de Mi Amor…

Y si vosotros concientemente lo aceptáis para dañarMe, vuestro fin será el mismo que él tuvo, EL CASTIGO ETERNO.

Pedid intensamente por ésta unidad de criterios en Mis Leyes y en Mi Amor, para que, por fin, podáis vivir como lo que sois, Mi Pueblo Elegido, como Mi Pueblo Santo

Y seamos así, un solo pueblo bajo la guía amorosa del Pastor por excelencia, vuestro Jesús, vuestro Dios.

En el INFIERNO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Vosotros tenéis una cruz de cada día, que no os podéis apartar de ella ni la podéis negar, porque la Cruz viene por el Pecado que se cometió por vuestros Primeros Padres.

Vosotros debéis padecer vuestra cruz y qué mejor cuando os unís a Mí, vuestro Dios.

Ahora, os causa penurias, tenéis dolores, tenéis sufrimientos, pero vendrá el tiempo en que os daréis cuenta de lo que vosotros hicisteis al haber ofrecido vuestra vida junto con la Mía en la Tierra.

Cuando lleguéis al Reino de los Cielos gozaréis inmensamente el haberos ofrecido a Mí y haber unido toda vuestra vida, toda vuestra cruz a la Mía.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Gozad pues, desde ahora, Mis pequeños, ésos grandes momentos que tendréis Conmigo cuando lleguéis al Reino de los Cielos

Y GOZAD MI CRUZ Y AGRADECED LA VUESTRA

porque muchas almas, muchas almas se van a poder salvar a través de vuestros Ofrecimientos y de vuestro amor.

Yo os Bendigo en Nombre de Nuestro Padre Dios, en Mi Nombre y en Nombre del Amor del Espíritu Santo.

Acudid a Nuestra Madre Santísima, Mi Madre, para que os lleve de la mano y os aliente a seguir adelante a pesar de que las cosas se vuelvan adversas en vuestra vida terrena.

Yo os Bendigo en el Santo Nombre de Mi Padre, en Mi Santo Nombre y en el del Amor Infinito del Espíritu Santo.

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A95 ¡A LOS NUEVOS JUDAS! 1


Noviembre 11 de 2019

Habla Nuestro Señor Jesucristo

Hijitos Míos, ¿Ni aún viendo lo que estáis viendo a vuestro alrededor, os arrodilláis? Por muchos años os he estado advirtiendo de todas estas situaciones que se os iban a venir, esto es parte de vuestra purificación.

ES el sufrimiento que debéis padecer para purificar vuestra alma de todos los pecados, de toda la maldad que la humanidad ha cometido contra Mi Sacratísimo Corazón, contra Mi Amor, contra Mis Leyes.

Os vuelvo a recordar, Mis pequeños, que esto es solamente el Principio, muchos de vuestros hermanos están sufriendo ya dolores indecibles, pérdidas materiales y aún de seres queridos.

TODAVÍA FALTAN MOMENTOS DE GRAN TRIBULACIÓN MUNDIAL,

DE GRAN DOLOR, DE GRANDES PENAS QUE PODÉIS AMINORAR CON VUESTRA CONVERSIÓN,

Con vuestro arrepentimiento, con regresar a Mí, vuestro Dios, arrepentidos de vuestros pecados y con un firme propósito de mejora.

Por muchos años os he advertido todo esto,

SATANÁS ESTÁ MANIPULANDO LAS FUERZAS DE LA NATURALEZA EN VUESTRA CONTRA

 Y vosotros lo tomáis como algo natural, cuando estáis viendo que dichas destrucciones mundiales se salen de la normalidad.

¿Por qué NO entendéis, Mis pequeños? ¿Por qué NO entendéis que es vuestro pecado y vuestro abandono a Mis Leyes, a Mis Decretos, a Mis Mandatos, lo que os causa todo esto?

Os repito, todavía faltan momentos muy difíciles, en donde se escucharán vuestras lágrimas, y no sollozos; sino gritos desesperados, porque perderéis lo que tanto habéis buscado, que es lo material.

No buscasteis lo espiritual, que era lo que os iba a defender de éstos ataques de Satanás.

Así como él afecta la Naturaleza en vuestra contra, Yo, vuestro Dios, os la he dado para que os alimentara y os protegiera.

Ahí veis la DIFERENCIA, cuando la Naturaleza se pone en vuestra contra y es destructiva y mala para todos vosotros.

En cambio, cuando estáis Conmigo y alegráis Mi Corazón, la Naturaleza os provee de todo, os cuida, os alimenta, os protege.

Ved la diferencia Mis pequeños, para que realmente, os deis cuenta quién está en vuestra contra Y NO SOY YO, VUESTRO DIOS;

para que no blasfeméis Mi Santo Nombre con lo que está pasando y ME ECHÉIS LA CULPA por vuestros descuidos, por vuestras obligaciones, que Me debéis a Mí, vuestro Dios y Creador.

Todo se irá incrementando, todo será cada vez más destructivo contra vosotros, Mis pequeños.

Ya sabéis cómo poder detener todo esto o AMINORARLO.

Si os volvéis a Mí, Yo tendré Misericordia sobre vosotros; si Me seguís rechazando, estáis rechazando también Mi protección y

SATANÁS LIBREMENTE PODRÁ DESTROZAROS

¿TIENES LIBRE ALBEDRÍO? ¡DISFRÚTALO! Pero entérate que TODOS tus actos tienen CONSECUENCIAS… Buenas o malas. LUEGO NO CULPES A OTROS, de los excesos de tu supuesta libertad,,, ¡SÉ UN ADULTO EN EL ESPÍRITU!

Vosotros escogéis, SOIS LIBRES, os he dado la Libertad; si queréis seguir sufriendo, vosotros escogeréis servir a Satanás.

SI QUERÉIS PROTECCIÓN, CARIÑO, AMOR DE PARTE MÍA,

DEBERÉIS VOLVER A MIS LEYES, A MIS PRECEPTOS, A MI AMOR

¡Oh! ¡Necedad humana, no aprendéis vosotros, Mis pequeños!

En la antigüedad, el hombre  ME RETÓ construyendo la Torre de Babel, creyendo que con eso se iban a salvar de otro Diluvio.

Vuestra necedad hace que caigáis en errores graves.

No entendéis que a Mí Me ganáis cuando estáis Conmigo, cumpliendo con vuestras obligaciones que tenéis, ante Mí, como Dios y Creador.

Yo Soy sencillo, Soy un Dios de Amor, Yo no impongo, Yo aconsejo, os guío y os doy libertad. 

Si estáis Conmigo, si venís a Mí alegres, contentos, serviciales, Yo os lleno de Bendiciones, porque Mi Amor os cubre, os llena, porque Yo Me lleno de alegría hacia las almas que están cumpliendo con lo que Yo les mando.

No imagináis, Mis pequeños, cómo gozo al ver las almas buenas, las almas dadivosas con sus hermanos, las almas que han entendido que debéis vivir en el amor, como verdaderos hermanos, hijos de una Familia Celestial.

Cuando os comportáis con benevolencia hacia vuestro prójimo, les deseáis lo mejor y les buscáis lo mejor para su vida y para su crecimiento espiritual, Yo Me derramo en Bendiciones, os consiento, os doy siempre más.

Pero aquellos necios, que buscan solamente PROTEGERSE DE MI IRA DIVINA, NO están viendo Mi Corazón; NO están viendo Mi Amor, NO lo buscan…

Y ven en Mí, solamente un Dios de terror, un Dios vengativo, un Dios destructivo.

¡NO, MIS PEQUEÑOS!

YO NO SOY MÁS ÉSE DIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Que Me presenté así, ante toda ésa gente de corazón duro, corazón malo, corazón egoísta, corazón destructivo y por eso os envié a Mi Hijo, para que conocierais, y en Persona,

MI VERDADERO SER, QUE SOY AMOR

 Mi Hijo, le dijo a la gente de ése tiempo, “EL QUE ME VE A MÍ, VE AL PADRE”

Y ÉSE SOY YO

Dios de Misericordia, Dios de Perdón, Dios de Amor, Dios Benevolente, que os aliento para que os arrepintáis de vuestra mala vida

Y al hacerlo, os acerquéis a Mí y recibáis todas las Bendiciones que cada alma debe recibir, para que deis mucho fruto y para que podáis volver a vuestro lugar en el Reino de los Cielos.

Esta gente necia, ha hecho sus torres de Babel. Ciertamente, ya no son sobre la Tierra, son debajo de la tierra, ¡Qué necedad!, ¡Qué necedad! No necesitáis esconderos, No necesitáis luchar contra Mí.

Aquél que Me busca en el Amor, ME ENCUENTRA Y SE LLENA DE PAZ. Todos estos hermanos vuestros, que Me retan, haciendo todas estas Torres de Babel subterráneas,

NO confían en Mi Amor, NO están llenos de Mi Amor, creen poderse zafar de Mí, de Mi Ira Divina, de Mi Justa Justicia.

Ciertamente,

SON HERMANOS VUESTROS QUE NO SOLAMENTE OS ESTÁN HACIENDO DAÑO A VOSOTROS,

 SON JEFES DE PUEBLOS Y NACIONES,

Que se han aprovechado de sus pueblos, de su gente, se han llenado de vuestras riquezas…

Y ASÍ, COMO SE QUEDARÁN ENTERRADAS ÉSAS RIQUEZAS,

QUEDARÁN SEPULTADOS ELLOS MISMOS,

HAN CONSTRUIDO SUS PROPIAS TUMBAS.

 ¡Pobres hermanos vuestros, necios, tontos, que NO quisieron aprender a amar! Vivieron en las Tinieblas, porque se volvieron Instrumentos de Satanás y las Tinieblas los recibirán.

Mientras, que vosotros, que habéis escogido la Luz, Luz tendréis. Mi Luz os dará una Verdadera Vida en el tiempo por venir, después de que paséis la Gran Tribulación.

Lo que ha sido Obscuro, no podrá estar ante la Luz, Mi Luz, limpiará el Universo entero. Vosotros, los que hayáis escogido vivir en la Luz, grandes gozos tendréis, porque Yo estaré con vosotros.

UNA NUEVA GENERACIÓN DE HIJOS MÍOS, LLENOS DE MI LUZ

LLENARÁ LA TIERRA Y EL UNIVERSO ENTERO

Conviviréis los unos con los otros, Mi Santo Nombre se alabará por todo el Universo; vuestros corazones gozosos estarán, porque Yo estaré con vosotros.

Llenaos desde ahora Mis pequeños de éste Gozo Divino; porque vosotros sabéis que estáis Conmigo y Yo estoy con vosotros.

Hijitos Míos,

ÉSTOS MOMENTOS QUE ESTÁIS PASANDO Y LOS QUE HAN DE PASAR,

SON DE REPARACIÓN.. 

Y tomadlo así Mis pequeños…

NO OS LOS ENVÍO YO,

LO PERMITO Y LO LIMITO,

Porque Satanás quisiera destruiros con todos éstos ataques de la Naturaleza que él mismo está manipulando…

por eso estáis viendo, que se salen de total normalidad. Pero de cualquier manera Mis pequeños, lo permito para vuestro bien.

Mucho Mal Me habéis causado, mucho Dolor habéis causado a Mi Tiernísimo y Amorosísimo Corazón. Muchos pecados habéis cometido como Humanidad y en lo personal Mis pequeños,

ésta es vuestra Oportunidad de reparar, tanto por vuestros hermanos como por vosotros mismos.

Ya os había dicho Mis pequeños, que éstos Desastres que se están dando y se darán, son para hermanaros, para que vosotros os ayudéis los unos a los otros.

Poco harán los gobiernos por ayudaros, la ayuda vendrá de unos a otros, entre hermanos y esto hará que vuestro corazón se llene de amor.

Tuvisteis mucho cuando estabais en calma, cuando no había nada en vuestra contra.

En Octubre de 2018, durante el gobierno masónico del PRI, la TITULAR DE LA SECRETARÍA DE BIENESTAR SOCIAL, la que debía de estar a cargo de los desprotegidos, por los Desastres Naturales en la Republica Mexicana y proveer de AYUDA a los más necesitados de ella…

 Tras el paso del huracán Wila niega la ayuda y EJECUTA “LA ESTAFA MAESTRA”  privando de sus beneficios a los que les correspondían, por deber de estado y Derecho Constitucional… Compromete su dignidad y su responsabilidad ante TODOS los mexicanos,,,

“Os aprovechabais los unos de los otros, NO hay amor entre hermanos; es más, os atacáis para quitaros los bienes, para aprovecharos de vuestros hermanos.

Os había dicho que esto iba a suceder para que fuerais perdiendo todo aquello en lo cual vosotros mismos perdíais el tiempo:

Que era el llenaros de bienes que solamente os iban a evitar subir rápidamente al Reino de los Cielos, que iban a ser lastre.

Y lo estáis viendo ahora, cómo en segundos se pierden los bienes materiales y queda lo espiritual, la ayuda entre hermanos.

Eso es más valioso Mis pequeños, porque eso es lo que va a ayudaros a entrar al Reino de los Cielos, el amor que produzcáis por vuestros hermanos necesitados.

Mis pequeños, todo esto va ayudar para la Segunda Venida de Mi Hijo sobre la Tierra.

Esto que estáis viendo, estos Desastres se volverán alegría; porque produciréis Amor y cuando la Tierra se llene de Amor por causa de un mal, con el que Satanás os quiso destruir y que Yo lo vuelvo en un Bien,

PREPARARÁ VUESTRO CORAZÓN PARA RECIBIR A MI HIJO EN SU SEGUNDA VENIDA

Así que alegraos Mis pequeños, porque lo que estáis viendo como Mal, será un Instrumento de Bien.

SATANÁS NUNCA GANA. 

 Yo vuelvo bueno, lo malo que él quiera producir contra vosotros.

Alegraos pues, porque el Tiempo de Gran Alegría se acerca; el Tiempo en que Mi Hijo vendrá a reinar entre vosotros, se acerca.

ASÍ QUE, SEGUID PRODUCIENDO TODO EL AMOR QUE PODÁIS

EN ESTOS TIEMPOS DE TRIBULACIÓN.

El amor vencerá y esto es seguro, Mis pequeños; porque Yo Soy vuestro Dios y Satanás NO PUEDE contra Mi Amor.

NO puede contra todo lo bello que Yo he puesto en vuestro corazón, porque cuando vosotros os movéis en el Amor, os estáis moviendo de acuerdo a Mi Voluntad y Satanás no puede contra Mi Voluntad.

Así que tened esto en vuestra mente y en vuestro corazón, alegraos, porque el tiempo está próximo de vuestra gran Liberación.

El bueno será siempre libre, aunque sea esclavo. El malo será siempre esclavo, aunque sea rey.

Hijitos Míos, Soy vuestro Dios. ¡Ay! de aquellos que han buscado la Maldad atacando Mi Amor, atacando Mis Leyes, atacando lo que viene de Mí.

PORQUE A MUCHOS DE VOSOTROS, MÁS OS VALIERA NO HABER NACIDO

Atacasteis lo que a Mí Me dolía tanto, atacasteis a los pequeños, atacasteis a los débiles, a los pobres, a los que buscaban lo Mío y Mi Bien, buscasteis la Maldad y la maldad os aplastará.

Os creísteis grandes entre los hombres, os sentisteis poderosos, queríais que os reverenciaran vuestros hermanos y lo lograsteis.

 ¡Pobres de vosotros!, Mucho dolor tendréis en el reino del castigo que no se terminará nunca para vosotros.

Maldad buscasteis y quisisteis con ella destrozar a vuestros hermanos.

Ellos oraban por vosotros y vosotros no quisisteis reaccionar, vosotros mismos buscasteis vuestra Destrucción y lo lograsteis.  

Satanás estaba con vosotros, le escuchasteis a él y os llevó a vuestra destrucción eterna.

Quisisteis destruir lo más grande que os dejé en la Tierra: Mi Iglesia, Mi Palabra, el Alimento Divino, del cual os debíais alimentar todos vosotros, para que crecierais a niveles altísimos de espiritualidad.

Quisisteis destruir lo Divino, ¡Qué tontos sois, Mis pequeños! ¡Qué tontos!, en lugar de aprovechar el Alimento Divino, lo pisoteasteis, lo ultrajasteis,

¡POBRES ALMAS SACRÍLEGAS!

MI SANGRE, QUE PISOTEASTEIS, ¡OS CONDENARÁ!

Mi Iglesia, el regalo más grande, también ultrajada. 

En ella, traiciones, maldad, asesinatos, muerte, Yo no puse la Iglesia entre vosotros para que la tratarais así, era ejemplo para todos vosotros y la utilizasteis como arma de escándalo, para que muchos perdieran la Fe.

¡Ay! de vosotros, altos prelados de Mi Iglesia, que utilizasteis los puestos altos, no para dar buen ejemplo y enseñanza, sino para ser causa de escándalo y de destrucción espiritual a las ovejas que debierais guiar y ayudar a crecer.

 En lugar de buscar el bien, os aprovechabais de vuestro puesto, para aprovecharos de los inocentes, de los pequeños, de los indefensos, a lo largo del tiempo, desde que ésta fue fundada por Mi Hijo.

Ciertamente, Satanás siempre quiso destruir Mi Iglesia e introdujo personajes destructivos, como los que tenéis ahora, pero la Promesa de Mi Hijo, es que ésta va a perdurar hasta el fin del Mundo, pero

¡Pobres de aquellos que la Ultrajaron!,

son ésas almas que más les valiera no haber nacido porque su mal ejemplo, destruyó la espiritualidad de muchas buenas almas.

Ningún alma mala quedará impune, conozco vuestros corazones, conozco vuestras acciones y, aunque os escondáis en las profundidades,

Mi Justicia Divina os alcanzará.

Mucha maldad se ha desatado y en eso, la gran mayoría de la Humanidad ha contribuido a que ella creciera.

Y en lugar de orar, de respetar Mis Leyes, de producir amor, preferisteis darle gozo a vuestro cuerpo, a vuestras pasiones y hacer a un lado Mi Amor.

Ahora estáis viendo las consecuencias y aún así no os arrepentís. Muchas oportunidades le he dado al género humano para que repare y reconstruya,

pero no, se han desviado, como el pueblo antiguo, pueblo escogido de Mi Corazón y que Me traicionó, como ahora lo estáis haciendo, la gran mayoría de vosotros, por no decir todos, en mayor o en menor grado,

Por eso, aceptad, como Penitencia, lo que estáis padeciendo y padeceréis, os lo merecéis y vosotros mismos lo sabéis.

Llorad vuestros pecados, llorad vuestra maldad, arrodillaos y, quizá, eso os ayude a que Yo tenga Misericordia de vosotros y disminuya los dolores que os merecéis.

Prácticamente nadie puede elevar sus ojos hacia Mí y verMe con mirada pura, santa, sin pecado, sin falta grave,

Sois pecadores y la gran mayoría de vosotros no habéis buscado la santidad de vida que os haría bellos ante Mis Ojos, agradables a Mi Mirada.

Os amo, Mis pequeños, os amo demasiado, pero mucho mal Me habéis causado y ésta es la hora de Mi Justa Justicia.

Llorad vuestros pecados, haced Penitencia, para que obtengáis Mi Misericordia.

Vuestro Dios os ama infinitamente, ¡Agradecédselo!
Yo os bendigo en el Santísimo Nombre de Mi Padre. En Mi Santísimo Nombre y en el Santísimo Nombre de Mi Santo Espíritu.

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