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208.- DUELO MORTAL


1jsubiendo

Jesús regresa a su peñasco.  Camina más lento, más encorvado, por el sendero del olivar. Su dolor y sufrimiento han aumentado, porque Dios se ha retirado y los amigos duermen. El silbo de Satanás y la voz de la vida ratifican: “Te sacrificas para nada. Los hombres no te amarán por tu sacrificio. Los hombres no entienden”. 

Se arrodilla apoyando los brazos en la roca que no es lisa y en su mitad tiene un hueco, como si se lo hubiesen hecho a propósito. Este hueco está lleno de pequeñas florecillas blancas que son diminutos lirios del valle…

Jesús apoya sus manos cerca de las florecitas que le rozan las mejillas, pues apoya la cabeza entre las manos juntas y ora.

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Pasado un poco de tiempo siente el frescor de las pequeñas y blancas corolas, alza la cabeza…

Las mira, las acaricia y les dice:

–           ¡También estáis vosotras!… Vosotras sois puras. Me dais consuelo. Había también estas flores en el huerto de Mamá… Le  gustan… Ella las quería, porque decía: “Cuando era pequeña, decía mi padre: “Eres una azucena diminuta toda llena de rocío celeste”… ¡Oh, mi Madre! ¡Oh, Mamá!… ¡Madre! ¡Oh, Madre mía!… –Y prorrumpe en llanto.

Con la cabeza reclinada sobre las manos unidas, un poco apoyado en los calcañares, lo estremecen los sollozos  mientras dice con las manos apretadas una contra la otra:

–           También en Belén… Y te las llevé, Mamá. ¿Pero éstas quién te las llevará?…

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Y se sumerge en la meditación…

minutos más tarde… Debe ser muy angustioso lo que medita porque se abate completamente. Luego se sobresalta al oír la risa malvada y escalofriante, tan engañosa como los modales y desplantes soberbios, de la inconfundible figura de Satanás que empieza su segundo y virulento asalto…

Y la tremenda lucha da comienzo. La ponzoña ha sido inoculada. Por eso es necesario luchar contra sus efectos y contra las oleadas que se precipitan, cada vez más vehementes y aceleradas, del nuevo veneno de la palabra satánica que se derrama sobre nosotros.

 Satanás que es experto en controlar todos los sentimientos en los hombres que le pertenecen, tambien intenta hacerlo en los hombres que se le resisten…

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A Jesús, como una gran marejada lo abruman, sus tristezas de hombre

Todas las pasiones del hombre se han levantado como serpientes encolerizadas silbando sus derechos de existir y Él las tiene que sofocar una a una, para subir libremente a su Calvario.

En el sentido filosófico, las pasiones buenas Jesús Hombre las tiene como todos los hombres justos. Pero también las pasiones buenas pueden convertirse en enemigas en determinados momentos, cuando con su voz forman una cadena de durísimo, fortísimo, anudadísimo acero, para impedirnos cumplir la voluntad de Dios.

Y en esto estriba la magistral exposición de lo que sucede a continuación…

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¡La Madre! ¡Oh amor de Madre! ¡Invocado amor inclinado sobre su dolor! ¡Amor que ha rehusado para no hacerla morir con su dolor! ¡Amor de su Madre!

Unidos como están, Él sabe que Ella está sintiendo cada sollozo, porque cada vez que la llama con cada una de sus invocaciones; éstas atraviesan el espacio y penetran espiritualmente hasta el aposento en donde Ella está orando.

Pero en esta noche no hay éxtasis en la Oración de María. Ella también está padeciendo el Abandono del Padre y lo único que tiene es un dolorosísimo tormento en el alma.

Jesús lo sabe porque Él también siente como Ella, el inmenso sufrimiento de su Madre Santísima. Y está luchando por no llamarla, para no hacerle llegar el Lamento de su hijo, que le aumenta su tormento…

¡Oh, Madre Mártir que también inicia su pasión, totalmente solitaria… ¡Al igual como Él está solitario en la noche de este Jueves Pascual!

El hijo que muere entre los brazos de su madre no muere: se adormece acunado por un arrullo de besos que continúan los ángeles, hasta el momento en que la visión de Dios quita de la memoria del hijo el deseo de su madre.

Pero Jesús tiene que morir entre los brazos de los verdugos y en un patíbulo… Y cerrar los ojos y los oídos al griterío de maldiciones y gestos amenazantes que está contemplando en un tiempo futuro, que se ha hecho presente.

Jesús trata de ahogar el grito que brota desde lo más profundo de su corazón, pero no lo consigue y piensa…

“¡Cuánto te amo, Madre mía Benditísima! ¡Cuánto te amo sobre todo en esta hora tan amarga del Getsemaní!

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Todo el amor que te había dado y que me habías dado durante treinta y tres años de vida, están ante Mí y sostienen su causa y me implora que tenga piedad de ellos…

 Recordándome cada uno de tus besos, cada uno de tus cuidados, las gotitas de leche que me habías dado; mis pequeños pies  fríos de niño pobre en el hueco tibio de tus manos, las canciones de tu boca, la ligereza de tus dedos entre mis abundantes rizos, y tus sonrisas…

Y tu mirada, tus palabras, tus silencios, tu paso de paloma que posa sus rosados pies en el suelo y sobre los pétalos de las flores, pero tiene ya las alas entreabiertas, preparadas para el vuelo…

Y ni siquiera hace que se plieguen los tallos, de tan ligero que es su caminar, porque Tú estás en la Tierra para mi alegría, ¡oh Madre! pero siempre tienes las alas trémulas de Cielo, ¡Oh santa, santa, santa y enamorada!

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Todas las lágrimas que ya te había costado y todas las que ahora fluyen de tus ojos y las que manarán en los tres días sucesivos; las oigo caer como lluvia de lamento. ¡Oh las lágrimas de mi Madre!

Pero ¿quién puede ver llorar, oír llorar a su madre y no tener presente mientras le dure la vida, el tormento de aquel llanto? He tenido que anular, sofocar el amor humano por ti Madre y pisotear tu amor y mi amor para caminar por la vía de la Voluntad de Dios.

¡Y empezó a torturarlo la Nostalgia de la tranquila casa santificada por tantas oraciones de los justos, convertida en  Templo por haber acogido los esponsales de Dios! ¡Convertida en Cielo por haber hospedado entre sus paredes a la Trinidad encerrada en el alma del Cristo Dios!

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Y está solo. ¡Solo! ¡Solo! La Tierra y el Cielo no tienen ya habitantes para Él. Es el Hombre cargado con los pecados del mundo y por ello odiado por Dios. Tiene que pagar para redimirse y volver a ser Amado.

Es el Hombre cargado de la Bondad del Cielo y por eso odiado por los hombres a los que la Bondad repugna. Tiene que ser matado como castigo por ser bueno.

Y también las honestas alegrías del trabajo cumplido para obtener el pan de cada día, incluso para Él Mismo antes, para después dar el pan espiritual a los hombres, se han puesto delante de Él para decirle: “¿Por qué nos dejas?”.

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El estruendo crece. Ya no hay sonido de flauta en sordina, ya no quedan caricias ni ungüentos. Es clangor de instrumentos a todo volumen: es un golpe, una puñalada, una llama que ahoga y arde.

Y en la llama, Lucifer haciendo que la vida pase ante su mirada espiritual. Ya había pasado antes con su aspecto resignado de algo sacrificado. Ahora vuelve con vestido de reina prepotente y dice: “¡Adórame! ¡Soy yo quien reina! Éstos son mis dones. Todo lo que tienes es mío. Los dones que te he dado y aún te daré otros más hermosos si me eres fiel”.

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Lucifer continúa:

–                Sé Rey y Dios. ¿No tienes armas? ¿Ni milicias? ¿Ni riquezas? Ya te dije una vez que un resto de amor, el poco que me puede haber quedado del tesoro de amor que era mi vida angélica, hay en mí por Ti que eres bueno. Te amo, mi Señor, y te quiero servir.

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Trató luego de halagarlo y atormentó su alma con el recuerdo de su Madre y sus sufrimientos…Pero vida y afectos no deben volverse enemigos. Nunca. Si tales llegan a ser, hay que romperlos.

Con un esfuerzo supremo, Jesús los ha roto, uno a uno. Ya había roto la agitación humana de desprecio hacia el Traidor. Y un nervio de su Corazón se había lacerado en el esfuerzo…

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Esta meditación se ha convertido en un martirio insoportable…

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Lucifer dice con sarcasmo:

–                       ¿Realmente crees que lo que hiciste hoy, de entregarte como alimento a los hombres, hará que ellos cambien? Así como te recibió el Traidor, así te recibirán tus cristianos en el futuro.

Si piensas que tus Sacramentos serán sagrados, mira lo que harán contigo…  Y le muestra a los cristianos masones, comulgando con la mano…

masones comulgando en la mano

Vas a morir por ellos, ¿Crees que les importará? Llegará un momento en que tu Iglesia será mía. Tus Sacramentos serán míos.  Volverán a venderte tus ministros y tus ‘creyentes’… igual que te vendieron ahora, por comodidades y placeres…

Tus cristianos será a mí a quien rendirán culto en su corazón y yo reinaré porque ellos me obedecerán a mí.

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No les importarás Tú, ni tampoco tus mandamientos; porque serán un estorbo para la vida que quieren tener: Odiarán. Serán malvados y crueles a un grado que ni siquiera los reconocerás.

Todos tus amadísimos ‘hijitos’ Ni siquiera tendrán Fe para aceptarte y adornarán tu vida con sus propias perversiones…

BLASFEMIA TOTAL

Y entonces dime, ¿A quién habrás salvado? 

Ellos renegarán de Ti. Me venderán a mí su alma por nada…

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Porque yo los saciaré de lo que ellos anhelan. Yo haré que se olviden de Ti de tal forma, que su manera de vivir, será un escándalo…  

La Magdalena que me arrebataste, será una cándida paloma en comparación.

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¡Qué pena! ¡Verdaderamente tu muerte será inútil! ¿Qué harás cuando yo me corone Pontífice de tu Iglesia? ¿Qué harás cuando me veas reinar y sea adorado por todos los hombres? Todos tus obispos me servirán a mí…  ¿Qué harás cuando vuelvan a venderte los nuevos Judas que yo te seguiré suscitando?

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Jesús sigue callado y levanta su rostro hacia el Cielo. A la luz de la luna que cae perpendicular sobre su rostro, se le ve cansadísimo y martirizado por un dolor infinito. Su mirada carece de fulgor y su boca tiene un pliegue de tristeza y angustia indescriptibles. Su cara está bañada de llanto…

JESUS Y EL ATORMENTADOR

Se levanta y camina hacia delante y hacia atrás, murmurando una plegaria ardiente y silenciosa. Sufre intensamente. Llora, suplica, levantando sus ojos al Cielo. Gesticula. Pasa sus manos sobre sus ojos, sobre sus mejillas, con movimientos mecánicos y agitados, que muestran que se encuentra en una atroz angustia.

Llama a los apóstoles. Gesticula en dirección a Jerusalén. Vuelve a levantar los ojos hacia el Cielo, como para implorar ayuda.

Se quita el manto, como si tuviese calor. Lo mira… lo besa. Llora… Se lo pone otra vez. Está dentro de un suplicio. Tiene un gran desasosiego físico.

Es una pena muy dolorosa contemplarlo con  el rostro descompuesto…  Ir y venir. Levantar los brazos. Retorcerse las manos, llorar y abatirse… Luego se detiene y sus ojos no miran sino su tortura y todo contribuye a esta tortura, a aumentarla…

Hasta el manto tejido por su Madre…

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Lo besa y dice:

–                       ¡Perdón, Mamá! ¡Perdón!

Parece como si se lo pidiera al paño hilado y tejido por el amor materno… Vuelve a ponérselo. Está lleno de congoja. Quiere orar para superarla. Pero con la oración vuelven los recuerdos, los temores, las dudas, las añoranzas… Es un alud de nombres… ciudades… personas… hechos… en un recuento muy  rápido y entrecortado.

JESUS SUPLICANTE

Quiere orar para vencerlo. Pero con la Oración vuelven los recuerdos, las aprehensiones, las dudas, las lamentaciones…

JESUS IMPLORANTE

Es una avalancha de nombres… de ciudades… de personas… de hechos… de sucesos. Velozmente pasa de una cosa a la otra. Es su vida evangélica que pasa ante su vista…

Y le trae el recuerdo de Judas el Traidor…  Junto con todos los sufrimientos que pasó junto a él en sus tres años de Maestro, tratando de convertirlo y salvarlo… Tratando de proteger el secreto de su vida incorregible del conocimiento de sus demás apóstoles; para que no echase a perder el crecimiento espiritual de sus compañeros y arruinase su trabajo pastoral… Pero todos sus esfuerzos fueron inútiles…

Judas ama desenfrenadamente tres cosas: el dinero, las mujeres y el poder.

Creyó en Jesús como Mesías, pero al sentirse defraudado en lo que esperaba: ser el ministro de un poderoso rey terrenal; volcó sobre Él todo su odio y lo único que deseó fue vengarse.  Por eso lo traicionó.

Jesús ha tenido  que compartir el pan con su Caín y sonreírle como a un amigo, para que los demás no se diesen cuenta y así evitar un crimen.

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Y el puñal de la traición se remolinea en su corazón destrozado…  Es tanta su angustia, que para vencerla grita en voz alta los nombres de Pedro , de Juan y Santiago…

Y dice:

–                       ¡Ahora vendrán! ¡Son muy leales!…

Pero ellos no vienen…

Y Lucifer no concede tregua, al contrario…

Satanás aprovechó el recuerdo y añadió su veneno en la herida:

–          El apóstol que más has amado y todos los que al igual que él, TE TRAICIONARÁN Y ME SERVIRÁN A MÍ. ¡MIRA!

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REDACCIÓN CENTRAL, 07 Dic. 12 / 06:14 pm (ACI).- P. Alfonso Llano, sacerdote jesuita que niega la virginidad de María y la divinidad de Jesús

El P. Llano es director del Centro Nacional de Bioética CENALBE, de la Pontificia Universidad Javeriana, casa de estudios regentada por la Compañía de Jesús, a la que también pertenece el sacerdote jesuita Carlos Novoa, que apoya públicamente al lobby del aborto liderado por la abogada Mónica Roa. ACI Prensa: Existe el caso paralelo de otro sacerdote jesuita, P. Carlos Novoa, que avala y promueve el aborto en Colombia.

Cuando tu Iglesia sea mía, estos serán tus ministros… ¿De qué servirá tu divino sacrificio para ellos?

Los hombres no merecen, ni tu amor ni tu sacrificio… ¿Por qué no reflexionas, accedes y me dices que Sí? Yo te estoy ofreciendo TODO… Todo lo que Adán me entregó, te lo devolveré… ¡Ni siquiera él, que te conocía, supo ser agradecido con tu herencia!

Cuando los conductores de tu nuevo Pueblo Cristiano hayan olvidado el sacrificio, la oracion y la penitencia; me apoderaré de tu Sede de Pedro y Roma perderá la fe…  Y  Tu Sacrificio Perpetuo será profanado por tus propios sacerdotes. Toda tu Jerarquía me pertenecerá… Y yo seré adorado en tu lugar…  Y dime entonces, ¿A quién salvarás?

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NO HAY NECESIDAD DE QUE CONOZCAS LA MUERTE TAN CRUEL QUE VOY A DARTE… ¡Mira, esto es lo que te espera!

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Satanás continúa:

–                       ¿Lo ves? Te han dejado solo. ¿Llamas al Eterno?… ¡Está lejos! Lo que deberías hacer es gozar de la vida, sin ocuparte de hombres ingratos. Eres joven. Puedes vivir rico, feliz, amado…

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Vivir para tu Madre. Para no hacerla sufrir.

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Vivir para llevar a Dios a través de un largo apostolado, a muchísimos hombres.

Los cuales si mueres ahora, pronto te olvidarán. Mientras que si eres un Maestro que enseñes, no por tres años, sino por lustros y lustros; ellos terminarán por absorber completamente tu Doctrina.

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Yo te quiero ayudar. Y mis ángeles en lugar de combatirte, te ayudarán a seducir a los hombres. ¿Acaso no ves que los ángeles de Dios no vienen en tu ayuda?

Después Dios te perdonará, al ver las multitudes de creyentes que le llevarás… Y cuántos hombres se salvarán al creer en ti. Y además, te evitarás sufrir una muerte tan atroz.  

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También en el desierto lo había tentado con poner a Dios a prueba con la imprudencia. 

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Pero Lucifer no ha terminado:

–                       ¿Te niegas a escucharme? Te has cubierto con todos los pecados del Mundo y esto me permite acercarme a Ti y hacer contigo lo que yo quiera… Eres mi Dios, pero ahorita sólo Eres un hombre pecador y yo soy superior a Ti.

Estás dispuesto a Sacrificarte y ¿Para qué?… Mira lo que los hombres harán cuando la Iglesia que vas a fundar con tu sacrificio, también sea mía.

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EL CRIMEN DEL PADRE AMARO

Ellos me adorarán a mí con un sacrificio nuevo sobre el altar de Moloch, que será ejecutado aun por tus mismos sacerdotes y en un número tan colosal que ni los mismos hombres estarán conscientes de su magnitud.

Y a ti te odiarán y rechazarán con el mismo desprecio que el don de la vida. Mira como estarás de afligido, ¡Mira! Te niegas a oírme, pero ¡Mírate, Dios del Sinaí!…

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Jesús no contesta nada.

Es tanta la congoja, que vuelve a gritar los nombres de sus apóstoles para vencerla:

–           ¡Pedro!…  ¡Juan!…  Santiago…

Y se dice:

–          Ahora vendrán. ¡Ellos son muy fieles!

Pero “ellos” no vienen. Y Jesus vuelve a su oración…

Aunque Jesús intenta rechazarla, la voz de Lucifer penetra, perturbando la oración:

–           “Mira…  Aún no has muerto y ya te han abandonado. Mira… Has ayudado y eres odiado. Lo ves. Ni siquiera el mismo Dios te socorre. Si Dios no te ama  y eres su Hijo, ¿Cómo puedes esperar que los hombres te agradezcan tu sacrificio?

¿Sabes lo que se merecen? La Venganza, no el Amor como Tú crees. Véngate, ¡oh Cristo!, de todos estos necios, de todos estos crueles. Véngate. Atácales con un milagro que les fulmine. Muéstrate cómo eres: Dios.

El Dios terrible del Sinaí. El Dios tremendo que me ha fulminado y que arrojó a Adán fuera del Paraíso.

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Hasta ahora has dicho tan sólo palabras de bondad. Tus escasos reproches siempre eran demasiado dulces para estas bestias que tienen la piel más espesa que el cuero del hipopótamo.

Tu mirada curaba, tus palabras salvaban, ¿Pero a quién le interesa escucharlas? Sólo sabes amar.

Odia y reinarás. El odio tiene curvadas las espaldas bajo su azote y pasa triunfante sobre estas filas de bestias serviles. Las aplasta. Y están felices de serlo. No son más que sádicos… Y la tortura es la única caricia que aprecian y que recuerdan.

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Jesús ya no solo está angustiado, parece aterrorizado, porque está viendo algo que no puede soportar… Cierra los ojos. Aspira profundo y…

Luego se vuelve a oír su voz, que aún es firme:

–                       Abbá. Para Ti todo es posible. Aparta de Mí esta copa. Pero no. No se haga lo que Yo quiero; sino lo que quieras Tú.

El espíritu superó la Tentación Moral. El alma venció sus pasiones.

Con la Oración y la voluntad, ha vuelto a vencer.

Su espíritu se sobrepuso a la tentación  moral. Está muy agitado y se va veloz hacia donde están Pedro y los dos hermanos…

Los encuentra profundamente dormidos, alrededor de pequeños tizones que ya están casi por consumirse y dan un chispazo rojizo entre la ceniza de la hoguera.

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Jesús exclama angustiado:

–          ¡Pedro! ¡Os he llamado tres veces! ¿Pero qué hacéis? ¿Dormís todavía? ¡Pero no sentís cuánto sufro! Orad. Que la carne no venza, en ninguno. Que no os venza. El espíritu está pronto, pero la carne es débil. Ayudadme…

Los tres tardan más en despertarse. Al final lo logran con los ojos henchidos, se incorporan lentamente, piden perdón. Y balbucean unas disculpas.  Se levantan.

Pedro dice en tono bajo:

–          ¡Pues fíjate!… ¡No nos ha sucedido nunca esto! Debe haber sido ese vino, sin duda. Era fuerte. Y también este fresco. Nos hemos tapado para no sentirlo (en efecto, se habían tapado hasta la cabeza incluso, con los mantos) y hemos dejado de ver el fuego y hemos dejado de tener frío y bueno, pues el sueño ha venido.

Santiago está muy apenado:

–                       ¿Dices que has llamado? Es curioso, no me parecía dormir tan profundamente… ¡Eh! Juan. Busquemos ramas de árboles. Hay que movernos. Se nos pasará. No te preocupes, Maestro. Que de ahora en adelante… estaremos de pie. –y arrojan hojas secas en las brasas.

Y arroja a las brasas un puñado de hojas secas, soplando hasta que la llama se levanta e  ilumina la pobre faz de Jesús, cubierta con una infinita tristeza…  Toda la luminosidad de ese rostro ha quedado diluida en un cansancio mortal…

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Los tres están tan cargados de sueño que van de un lado a otro con los ojos semicerrados.

Pedro sopla para que la llama prenda otra vez y la alimenta con ramas secas de espino que ha traído Juan y un tronco de enebro que trajo Santiago desde un montón más lejano y lo ha echado al fuego.

Y la llama se levanta alegre, iluminando la cara de Jesús. Una faz tan triste que no es posible mirarlo sin sentir compasión… Y sin llorar con Él.

Ante aquel resplandor, Jesús implora:

–                       Me encuentro en una angustia que me mata. ¡Oh, sí! ¡Mi alma siente una tristeza mortal! ¡Amigos!… ¡Amigos! ¡Amigos!

Y  su aspecto refleja una terrible agonía.

Todos prometen:

–                       Pero ahora vamos a orar en voz alta y no se va a repetir esto.

Jesús ruega:

–           Sí. Orad y velad. También para vosotros, lo necesitáis.

Ya  es el de un moribundo que muere en el más angustioso y desolado de los abandonos. Cada palabra parece brotar con un acceso de llanto…

Pero los tres están somnolientos y se mueven con pasos inciertos; con los ojos semicerrados, tanto que parecen casi ebrios… Y están durmiéndose aun de pie y delante de Él.

Para valorar la amistad,  ha llamado “amigos” a sus apóstoles y ha apreciado tanto este afecto que en la hora del dolor ha pedido a los tres más queridos que estuviesen cerca de Él en el Getsemaní. Les ha rogado que velaran y oraran con Él, por Él…

Y al verles incapaces de hacerlo ha sufrido tanto que se ha debilitado aún más; siendo por ello más susceptible a las seducciones satánicas. Una palabra, si hubiera podido intercambiar al menos una palabra con amigos solícitos y comprensivos de su estado, no habría llegado a desangrarse antes de la tortura, en la lucha titánica por repeler a Satanás.

Jesús los mira… Y comprende…  No los mortifica con reproches. Menea la cabeza, suspira y  regresa hacia su peñasco.

Avanza despacio por el oscuro sendero del olivar muy desconsolado, doliente, envejecido. Sus ojos siguen muy abiertos, pero parecen empañados.  Su boca refleja un rictus de su cansancio. Vuelve a su piedra, aún más lento y encorvado.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

122.- NON LICET


El grupo apostólico deja la llanura y suben a un camino montañoso. Atraviesan un pequeño valle, abundante en agua y flores. Y no faltan los olorosos lirios del valle que llaman la atención a Tadeo. Y alaba su frágil belleza y su fuerte fragancia, pese a su delicadeza.

Tomás advierte:

–                       Pero son lirios al revés. En lugar de para arriba, están para abajo.

Judas aplasta un montón de muguetes en flor y dice:

–                       ¡Y qué chiquitos! Tenemos flores más galanas que éstas. No comprendo por qué deban alabarlos…

Andrés interviene en defensa de las pobres florecillas:

–                       ¡No! ¿Por qué? ¡Son tan hermosos! –y se inclina a recogerlas.

Judas dice con desprecio:

–                       Solo parecen paja. Es más hermosa la flor del Agave, que es majestuosa, imponente, digna de Dios y de brindar sus flores a Dios.

Andrés levanta un ramito y dice:

–                       Yo veo más bien a Dios en estos cálices pequeños. ¡Mira qué hermosura! Parecen de alabastro. Y cuantos detalles tan exquisitos. Parecen obra de unas manos pequeñísimas… ¡Y con todo, ha sido el Infinito, el que las creó! ¡Oh, Poder de Dios!… –Andrés está extasiado al contemplar las florecitas y al pensar en la Perfección Creadora.

Judas con su sonrisa maligna, por molestarlo le dice:

–                       ¡Pareces una mujercilla enferma de los nervios!…

Tomás le replica:

–                       No es eso. Realmente yo soy del mismo parecer. Soy orfebre y entiendo muy bien de esto. Estos tallos son de una perfección… Y son muy difíciles de labrarse en metal.

Más difíciles que el agave. Porque debes saber amigo mío, que lo infinitamente pequeño, manifiesta la capacidad del artífice. Dame un tallo Andrés… y tú, ojo de buey que ve solo lo grande, ven y mira…

¡Qué magnífico artífice pudo hacer estas copas tan ligeras, tan perfectas y adornarlas con ese minúsculo topacio que está en el fondo! Y unirlas al pecíolo con este tallo de filigrana, que está encorvado tan sutil… ¡Es una maravilla!

Judas con tono burlón dice:

–                       ¡Oh! ¡Qué poetas hay entre nosotros! Hasta tú Tomás…

–                       Oye. Ten en cuenta que no soy una mujercilla, ni un tonto; sino un artista. Y un artista que comprende la belleza, admirando a su Creador. De ello me glorío… – Tomás se vuelve hacia Jesús y pregunta-  Maestro, ¿Te gustan estas flores?

–                       Jesús. que había estado escuchando sin hablar, contesta:

–                       Toda la Creación me gusta. Pero éstas me gustan más.

Varios preguntan al mismo tiempo:

–                       ¿Por qué?…

Y simultáneamente Judas:

–                       ¿También te gustan las víboras?

Jesús contesta:

–                       También. Son útiles…

–                       ¿Para qué?  -preguntan casi todos.

Judas responde con mucho sarcasmo:

–                       Para morder… ¡Ja, ja, ja!

Tadeo replica mordaz:

–                       ¡Entonces a ti deben gustarte muchísimo!  – y con ello le arrebata la risa de los labios.

Ahora son los demás los que se ríen de la pedrada que recibió Judas.

Jesús no se ríe.

Más bien está pálido y triste. Mira a sus Doce y sobre todo a los dos Judas, que son como dos enemigos que se miran con ira y con rencor.

Y les contesta a todos:

–                       Si Dios las hizo es porque para algo sirven. No hay nada inútil. Nada nocivo, en la Creación.  Sólo el Mal es nocivo, ¡Y ay de aquellos que se dejan que los muerda! Una de las consecuencias de su mordisco, es la incapacidad de distinguir el Bien del Mal.

Las otras: la  desviación de la razón y la conciencia pervertida, con cosas que no son buenas. La ceguera espiritual por la que,  ¡Oh, Judas de Simón! No se puede ver resplandecer la Potencia de Dios en las cosas, aunque sean pequeñas.

En esta flor la Potencia de Dios está escrita con su belleza, con su perfume, con su forma única y diferente de las otras flores. Con esta gota de rocío que resplandece en el minúsculo pétalo de color de cera, que parece una lágrima de agradecimiento al Creador que todo lo ha hecho bien, útil, variado.

Todo fue bello a los ojos de los primeros padres, mientras no tuvieron las cataratas del Pecado…  Todo les hablaba de Dios, mientras el veneno del Enemigo no les había dañado, lo que les impidió ver a Dios… Aún en estos momentos, cuanto más se manifiesta Dios; tanto más el espíritu es soberano en el hombre mismo…

Judas dice:

–                       Salomón cantó las maravillas de Dios, igual que David. Y ciertamente no fueron soberanos de su corazón, Maestro. Esta vez sí te he sorprendido en falso.

Bartolomé le grita:

–                       ¡Eres un necio! ¡Cómo te atreves a decir esto!

Jesús continúa:

–                       Déjalo que hable… No me preocupo de ello. Son palabras que el viento arrastra y de las que ni hierbas, ni árboles se escandalizarán. Nosotros, los únicos que las hemos escuchado, les damos el valor que se merecen. ¿No es verdad? Y no vamos a acordarnos más de ellas.

La juventud frecuentemente es irreflexiva, Bartolomé. Ten compasión… Al que preguntó por qué prefiero el Lirio de los Valles, respondo: Por su Humildad. Todo en él habla de la figura de mi Madre, esta florecilla, ¡Tan pequeña! Y oled que hermoso perfume…  También mi Madre es humilde y no le gustan las alabanzas. Quiso pasar por desconocida… Sin embargo su perfume de santidad, fue tan fuerte que atrajo el Cielo…

–                       ¿Ves en esta flor un símbolo de tu Mamá?

–                       Sí, Tomás. Si tuviese que cantar sus alabanzas, la llamaría Lirio del Valle y Olivo de Paz.

Y su rostro se ilumina al pensar en su Madre…  Y se adelanta para estar solo y seguir avanzando, porque en el valle hay muchos árboles que protegen del sol.

Minutos después Pedro aprieta el paso y alcanza al Maestro.

Pedro en voz baja dice:

–                       Maestro mío.

Jesús sonríe al jefe de sus apóstoles:

–                       ¡Pedro!

–                       ¿Te molesto si me vengo contigo?

–                       No, amigo mío. ¿Qué quieres decirme?

–                       Una cosa… Maestro, yo soy muy curioso.

Jesús amplía su sonrisa y pregunta:

–                       ¿Y luego?…

–                       Y me gusta saber todas las cosas.

–                       Eso es un defecto, Pedro.

–                       Lo sé… Pero ésta vez no creo que sea un defecto. Si quisiera enterarme de cosas malas; de las sinverguénzadas, para criticar a quién las hizo, entonces sería un defecto. Tú ves que no te he preguntado si Judas tuvo que ver algo, con el llamado que te hicieron en Béter, ni por qué…

–                       Pero te morías de ganas por saberlo…

–                       Es verdad. Pero ha sido un mérito mayor… ¿O no?

–                       Fue mérito mayor. Cómo lo es también dominarse a sí mismo. Esto demuestra que quién lo hace, ha avanzado espiritualmente.  Que tiene un verdadero interés en aprender y asimilar las lecciones del Maestro.

–                       ¿De veras? ¿Y estás contento con ello?

–                       ¿Me lo preguntas, Pedro? Me siento feliz.

–                       ¿De veras? ¡Oh, Maestro mío! ¿Entonces es el pobre Simón el que te hace que seas así de feliz?

–                       Sí. ¿Pero no lo sabías ya de antemano?

–                       No me atrevía a creerlo. Pero al verte ayer tan contento, hice que te preguntasen; porque pensaba que podía ser también Judas… Que avanzaba espiritualmente…  Aunque no tenía pruebas de ello… Yo puedo equivocarme. Juan me dijo, que le dijiste que eres feliz, porque hay uno que se está haciendo santo.  Me acabas de decir que estas contento conmigo, porque estoy mejorando.

Ahora comprendo más lo que te hace feliz y me alegro de ello, yo el pobre Simón… Pero quisiera que mis sacrificios, lograsen cambiar a Judas. No soy envidioso. Me gustaría que todos fuesen perfectos, para que Tú seas feliz del todo…  ¿Lo lograré?

–                       Ten confianza, Simón. Ten confianza y persevera.

–                       ¡Qué si lo haré! Lo haré por Ti… Y también por él… Porque ciertamente no podemos continuar así.  Hablando en serio… Podría ser mi hijo….  Aunque pensándolo bien… ¡Uhmm!… Prefiero ser padre de Marziam. Pero voy a hacer las veces de padre suyo, trabajando por darle un corazón digno de Ti.

–                       Y también de ti, Simón.

Y Jesús se inclina y besa a su primer Pontífice, sobre su cabeza plateada por las canas.

Pedro está que no cabe en sí de contento.

Y luego pregunta:

–                       ¿Y ya no me dices nada?  ¿No hay otra cosa? ¿Alguna flor, que entre las espinas, hayas encontrado?

–                       Sí. Un amigo de José que se acerca a la Luz.

–                       ¡Oh! ¿De veras? ¿Un sinedrista?

–                       Sí. Pero no hay que decirlo. Mejor hay que rogar por él. Sufrir por este motivo… ¿No me preguntas quién es?

–                       ¡Vaya que siento curiosidad! Pero no te pregunto su nombre… ¡Voy a hacer un sacrificio por este desconocido!

–                       Bendito seas, Simón. Hoy me has hecho muy feliz. Continúa así y te amaré siempre más… Y Dios te amará siempre más.  Ahora esperemos a los otros…

Cuando el grupo se reúne, Jesús da las instrucciones, porque están a punto de llegar a la ciudad de Jerusalén… Llegan a una casa amiga. Después de un baño reparador, se cambian de vestidos y se preparan a entrar en el recinto del Templo… La ciudad está llena de gente por la Fiesta de Pentecostés.

Jesús entra al Templo y hace la ofrenda. En el lugar de Oración, permanece largo rato. Lo ven los buenos y los malos… El murmullo vuela como el viento, que se mete por todas partes. Cuando termina de orar, se vuelve para continuar su camino y trata de alejarse. Pero tanto los buenos, como los que lo odian; lo siguen a través de los atrios y pórticos, hasta que lo rodean completamente y le piden que les hable.

Los escribas, fariseos, doctores y sus discípulos se mofan abiertamente de Él y sus burlas sarcásticas llegan hasta la gente del pueblo y reaccionan contra los enemigos de Jesús, astutos e hipócritas, de tal forma… Que éstos comprenden y no solo se callan; sino que tratan de alejarse…

Jesús habla en un largo discurso del Profeta Jeremías que dijo que somos como el barro en manos del Alfarero…

Y exhorta:

–                       Israel no se ha arrepentido y por esto las amenazas de Dios se han recrudecido una y diez veces más contra él.

Y ni siquiera así se arrepiente ahora que ya no un profeta; sino El que Es más que un profeta le habla… Y Yo que soy la Misericordia; aun cuando sepa que inútilmente levanto mi Voz, grito a Israel: “Deje cada uno de seguir su camino perverso y regrese. Cada uno rectifique su conducta… Rectifique sus inclinaciones. Para que por lo menos, cuando el designio de Dios se realice sobre la nación culpable; los mejores de ella, en medio de la pérdida general de los bienes: de la libertad; de la unión; tengan su conciencia libre de culpa, unida a Dios.  Y no pierdan los bienes eternos; así como perderán los terrenales…  

Las visiones de los profetas, tienen siempre un objetivo: el de avisar a los hombres lo que puede suceder… Bajo la figura de la jarra de arcilla quebrada bajo los ojos del pueblo, se anuncia lo que espera a la ciudad y a los reinos que no se sujeten al Señor y…

Por las instrucciones dadas por Caifás,la alarma ha sido dada a los guardias del Templo… Y éstos se aproximan hasta la columna donde Jesús ha estado hablando, en el Patio de los Gentiles.

Pero la barrera de los oyentes es tan compacta, que el capitán que los comanda no puede avanzar más allá de cierto límite y tiene que gritar:

–                       ¡Lárgate o haré que mis soldados te arrojen fuera del recinto!…

La rechifla no se hace esperar.

La multitud  vocifera:

–                       ¡Uuh, uuh, los moscones verdes!

–                       ¡Los héroes contra los corderos!

–                       ¡Vosotros que no sois capaces de meter en prisión a los que convierten a Jerusalén en un lupanar y al Templo en un mercado, porque sois unos cobardes que huyen ante la verdadera autoridad, sois muy valientes contra el Santo!

–                       ¡Gallinas! ¡Lárguense de aquí y no molestéis al Mesías!

–                       ¡Si no os largáis y dejáis de molestar al Maestro, los quitaremos!

–                       ¡Sois una lacra, como vuestros jefes!

–                       ¡Detened a los verdaderos delincuentes!

–                       ¡Uuh, uuh, uuh!

Y les llueven tal cantidad de injurias, que el capitán del destacamento, se ve obligado a disculparse:

–                       Obedezco órdenes recibidas…

La multitud responde furiosa:

–                       ¡Estás obedeciendo a Satanás!

–                       ¿Y no te has dado cuenta?

–                       Arrodíllate y pide perdón al Maestro…

–                       ¡No te atrevas a amenazarlo, ni a insultarlo!

–                       ¡Al Maestro no se le toca! ¡Entendido!…

–                       Sois nuestros opresores y Él es Amigo de los pobres…

–                       ¡Vosotros sois nuestra ruina y nuestros destructores!

–                       ¡Él es nuestra salvación y vosotros sois unos pérfidos!

–                       ¡Id a arrestar a los sacerdotes que son unos delincuentes!

–                       Él es Bueno. ¡Largo o haremos lo que Matatías hizo en Modín!

–                       ¡Os arrojaremos por la pendiente del Moria, cómo a otros tantos ídolos!

–                       ¡Y haremos la limpieza lavando con vuestra sangre, el Lugar Profanado!

–                       ¡Y los pies del Único santo en Israel, pisotearán esa sangre; para ir al Santo de los santos!

–                       ¡E imperar! ¡Pues Él lo merece!

–                       ¡Largo de aquí, vosotros y vuestros dueños!

–                       ¡Largo esbirros que servís a vuestros iguales!

La gente habla y hace sus comentarios. Con ellos sepultan a los teócratas de Israel.  Las palabras del Rabí de Galilea, son la verdad pura…

Sigue un tumulto que infunde pavor…

De la Torre Antonia, acuden guardias romanos, comandados por el tribuno Publio Quintiliano…

Éste se conduce enérgico y determinado.

Y con la autoridad de la Roma Imperial grita:

–                       ¡Haceos a un lado, apestosos! ¿Qué pasa? ¿Os estáis despedazando por uno de vuestros roñosos corderos?

El capitán de los guardias del Templo, intenta explicar:

–                       Es que no nos obedecen…

Publio Quintiliano exclama exasperado:

–                       ¡Por Marte invencible! ¿Éstos son soldados? Parecéis una caterva de rufianes… ¡Oh! O vas a ir a hacer la guerra a los escarabajos… ¡Tú eres un guerrero de cantina!…  –Se dirige hacia la gente y dice- ¡Hablad vosotros!…

Los que están en primera fila contestan:

–                       Querían imponer silencio al Rabbí de Galilea…

–                       Querían arrojarlo…

–                       Quieren apresarlo…

El tribuno cuestiona:

–                       ¿Al Galileo…? Non Licet… –contesta en latín.

Uno dice:

–                       Lo odian y quieren suprimirlo…

El general romano se vuelve hacia el capitán de los guardias del Templo y dice:

–                       ¡Ah, ha! ¡Márchate a tu cubil con tus mequetrefes! Y avisa que tus mastines se queden en su cueva. La loba sabe muy bien a quién despedazar… Y este Hombre, ¡No está entre ellos! ¡Entendido!…  Sólo Roma tiene el derecho de sentenciar. – Se vuelve hacia Jesús-  Y Tú Galileo, puedes seguir contando tus fábulas. ¡Ah, ah!

Se voltea y su coraza resplandece con los rayos del sol. Y se va…

Los apóstoles dicen:

–                       Cómo a Jeremías…

–                       Mejor dicho, como a todos los profetas…

–                       Pero de todos modos, Dios triunfa…

–                       Maestro, termina de hablar…

–                       Las víboras ya se fueron…

Se acerca un grupo de Fariseos…

Alguien, notoriamente un personaje importante, dice:

–                       Dejadlos que se vayan. Para que no regresen con refuerzos y lo encarcelen los nuevos Fassures…

Judas corrobora:

–                       No hay peligro… Mientras retumbe el rugido del león, no saldrán las hienas…

Se acerca un grupo de Fariseos y dignatarios del Templo.  Y enseguida, Gamaliel con sus levitas… Cuando llega a donde están los doctores, escribas, fariseos; muy cerca de donde está Jesús…

Gamaliel dice:

–                       Tenéis razón. Los higos, casi siempre son dulces… Pero si son agrios o muy maduros, son ásperos y ácidos. –levanta su cara hacia el cielo y agrega- Vosotros sois de éstos; cómo aquellos muy malos del cesto del profeta Jeremías…

La gente asiente, habla y hace sus propios comentarios…

Los fariseos y todos los dignatarios del Templo, se tragan el golpe sin reaccionar… Y Gamaliel se retira con su gran dignidad, seguido por sus discipulos.

Después de unos minutos de silencio expectante…

Los escribas y fariseos dicen:

–                       Os engañáis.

–                       Os equivocáis.

–                       No debéis creer que unos cuantos, representen una casta.

–                       ¡Je, je, je! Buenos y malos se encuentran dondequiera.

Y con una magistral demostración de hipocresía llena de una dulzura mayor, se dirigen al Maestro… Uno de ellos se adelanta y hace de vocero…

Elquías el Fariseo, (Al que se le quemó el bosque)  con una voz tan meliflua que se oye ridícula, dice:

–                       ¡Espléndido tema para tu sabiduría! Háblanos Rabí, sobre ello. Tus explicaciones son tan nuevas… Tan doctas… Las saboreamos con hambre sin igual.

Jesús lo mira fijamente y responde:

–                       También tienes otra hambre que no confiesas, Elquías. Y que tienen también tus amigos. Pero también se os dará esa comida… Y más agria que los higos, os echará a perder vuestro interior, como los higos agrios hacen con el estómago.

–                       ¡No, Maestro! ¡Te lo juro en Nombre del Dios Vivo! Yo y mis amigos no tenemos otra hambre que la de oírte hablar… Dios está viendo que…

–                       ¡Basta! El honrado no tiene necesidad de juramentos. Sus acciones le sirven además de testigos…

–                       ¿Por qué, Maestro? ¿Tienes miedo de que los hechos contradigan a tus explicaciones?

–                       ¡Oh, no! ¡Al revés!

–                       ¿Entonces nos prevés matanzas; oprobios; la espada; la peste; el hambre…?

–                       Esto y algo más…

–                       ¿Algo más? ¿Acaso Dios ha dejado de amarnos?

–                       Tanto os ama que ha cumplido con su Promesa.

–                       ¿Tú? ¿Eres Tú la promesa?

–                       Lo soy Yo.

–                       ¿Cuándo fundas tu Reino?

–                       Sus fundamentos ya están echados.

–                       ¿En dónde?

–                       En el corazón de los buenos.

–                       ¡Ah! ¡Pero eso no es un reino! Es una enseñanza…

–                       Mi reino, siendo espiritual, tiene por súbditos a los corazones. Y éstos no necesitan de palacios. Sólo conocer la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Lo que ya está sucediendo entre los buenos.

–                       Pero, ¿Puedes Tú acaso decir esta palabra? ¿Quién te autoriza para ello?

–                       El hecho de que la poseo.

–                       ¿Qué posees?

–                       La Palabra. Doy lo que Soy… Yo Soy la Palabra. Y el amor me incita a dar a conocer el Pensamiento del Altísimo, que es mi Padre.

–                       ¡Ten cuidado son lo que dices, son palabras audaces! ¡Podrías hacerte daño a Ti Mismo!

–                       Más me lo haría si mintiese, porque sería lo mismo que desconocer mi Naturaleza y renegar de Aquel de Quien procedo.

–                       Luego, ¿Tú Eres Dios, el Verbo de Dios?

–                       Sí.

–                       ¿Y tan frescamente lo dices? ¿Ante tantos testigos que podrían denunciarte?

–                       La Verdad, no miente.  La Verdad no hace cálculos. La Verdad es heroica.

–                       ¿Y esto es verdad?

–                       La Verdad es el que os habla. Porque el Verbo de Dios traduce el Pensamiento de Dios y Dios es Verdad.

La gente escucha atentamente. El silencio es profundo. Centenares de caras que rebosan  el Patio de los Israelitas, tienen sus ojos y sus oídos,  fijos en un solo punto.

El sinedrista  Elquías y sus compinches miran a su alrededor…  comprenden que llevan las de perder…   Y se controlan.

Calascebona, el viejo doctor de la Ley, pregunta con exagerada cortesía:

–                       ¿Y para evitar los castigos que prevés, que se debería hacer?

Jesús contesta:

–                       Seguirme y sobre todo, creer en Mí. Y todavía más: amarme.

–                       ¿Eres un amuleto que traiga fortuna?

–                       No. Soy el Salvador.

–                       Pero no tienes ejércitos…

–                       Me tengo a Mí Mismo… Acordaos de las palabras dichas a Moisés y a Aarón cuando todavía estabais en Egipto…La Pascua celebra el ‘pasar al otro lado del Señor…’  Ahora en el nuevo ‘pasar’ de Dios, el realmente verdadero; porque Dios está pasando entre vosotros de una manera visible.

Tanto que podéis reconocerlo por sus señales; se salvarán los que estén señalados con la Sangre del Cordero; porque sólo los que amen al Cordero y amen su Señal, obtendrán la Salvación por medio de esa Sangre. Para los demás no será más que la marca de Caín…

–                       También Ezequiel habla de la Tau… ¿Crees que tu señal sea la Tau de Ezequiel?

–                       Es esa.

–                       ¡Ah! ¿Nos acusas entonces de que en Jerusalén haya abominaciones?

–                       No quisiera hacerlo, pero así son las cosas.

–                       Y entre los señalados con la Tau, ¿No hay pecadores?  ¿Puedes jurarlo?

 

–                       No juro nada. Pero os aseguro que si entre los señalados hubiere pecadores su castigo será peor; porque los adúlteros del espíritu, los renegados, los asesinos de Dios; serán los más grandes en el Infierno, pues le sirvieron a Satanás en la tierra.

–                       Pero los que no puedan creer que Tú Eres Dios. No tendrán ningún pecado. Serán justificados…

–                       No. Si no me hubierais conocido, ni podido comprobar mis obras. Si no hubierais podido examinar mis palabras, no tendríais culpa. Por esto no seréis justificados de no haberme conocido. Me habéis odiado. Demasiadas abominaciones… Demasiados ídolos… Demasiadas fornicaciones hay donde sólo Dios debería estar.

Y por eso donde vosotros asesináis o tratáis de hacerlo; seréis asesinados. Y por eso seréis sentenciados a muerte en los límites de Israel…

–                       ¿Por qué hablas de esta forma, Señor? ¿Estás irritado?

–                       Digo la Verdad. Soyla Luz.  ¿Qué necesidad hay de perecer en las Tinieblas, cuando el que es todo Bondad os ha enviado la Luz y la Medicina para que os curéis?

Todavía no es demasiado tarde… venid. Todavía tenéis tiempo. Venid a la Luz, a la Verdad, a la Vida. Acercaos a vuestro Salvador que os tiende los brazos; que os abre el corazón; que os suplica que lo acojáis para vuestro bien eterno…

Jesús tiene una actitud suplicante, amorosa. No respira más que amor…

Aún las fieras más ebrias de Odio, sienten el Amor. Sus armas se doblegan y el veneno pierde su fuerza…

Se miran.

Luego Elquías en nombre de todos, dice:

–                       Has hablado bien, Maestro. Te ruego que aceptes el banquete que te ofrezco para honrarte.

–                       No exijo otra honra que la de conquistar vuestras almas. Déjame en mi pobreza.

–                       No creo que vayas a insultarme con no aceptar.

–                       No te ofendo. Te ruego que me dejes con mis amigos.

–                       También ellos están invitados. ¡Es un gran honor para mi casa! ¡Vas también a la casa de otros poderosos! ¿Por qué no a la mía; a la de Elquías?

–                       Está bien. Iré. Pero ten en cuenta de que en privado no podré hablar de otro modo, del que te he hablado aquí entre la gente.

–                       ¡Ni tampoco yo! ¡Ni Tampoco mis amigos! ¿Acaso lo dudas?

Jesús lo mira fijamente. Y luego añade:

–                       No ignoro el pensamiento de los hombres… Vamos.

Y al lado de Elquías, sale fuera del Templo. Lo siguen sus apóstoles, que no tienen ganas de ir, mezclados con los amigos de Elquías.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA