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N243 CÓMO NACIÓ EL MAL 2


EL ORIGEN DEL DOLOR

La muerte y el dolor entraron en el mundo por envidia del Demonio. Pero Dios N0 es autor, ni de la muerte, ni del dolor. Y no se alegra con el dolor de los vivientes.

El Pecado destruyó la capacidad y la intensidad en el Amor. Y desde entonces el dolor existe en la Tierra y arranca lágrimas al hombre, por la depravación de su inteligencia que trata siempre de aumentarlo por todos los medios.

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. ¡Cuántas lágrimas se acarrea el hombre por la instigación oculta de su amo: Satanás!

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran.

LA SOBERBIA Y LA EXCUSA“La Serpiente   me engañó, dijo Eva. La mujer me presentó el fruto y comí de él, dijo Adán.” Y desde aquel momento la Concupiscencia Triple se apoderó de los tres reinos del hombre.

No hay más que la Gracia para desprenderse de las fuertes ataduras de este monstruo despiadado. Cometieron el primer acto contra el Amor, con la Soberbia: la Desobediencia.

La Desconfianza, la Duda, la Rebelión, la Concupiscencia Espiritual y por último, la Concupiscencia Carnal.

También en las ofensas contra la Ley divina, el hombre pecó antes contra Dios, queriendo ser igual a Dios, ‘dios’ en el conocimiento del Bien y el Mal.

Y en la absoluta y por lo mismo ilícita libertad de proceder a su placer y querer contra todo consejo, lo prohibido por Dios.

Después pecaron contra el Amor, amándose desordenadamente, negando a Dios el amor reverencial que le debían; metiendo el ‘yo’, en el lugar de Dios.

Odiando a su prójimo futuro: su misma prole, a la cual le procuró la herencia de la culpa y de la condena; despojados de todo lo que Dios les había dado.Por último, pecó contra su dignidad de criatura regia, que había tenido el don del perfecto dominio de los sentidos, rebajándose a sí mismo a un nivel inferior al de las bestias.

¡Bien conocieron después la Ciencia del Bien y del Mal!

Con el conocimiento adquirido y la nueva vista por la cual supieron que estaban desnudos, los advirtió de la pérdida de la Gracia que los había hecho felices en su inteligente inocencia;

hasta llegar a aquella hora, por la pérdida de la vida sobrenatural.

¡Desnudos! No tanto de vestidos, sino de los dones de Dios.

¡Pobres! Por haber querido ser como Dios.

¡Muertos! Con el espíritu muerto por el Pecado. Por haber temido morir con su especie, si no hubieran procedido directamente.

“Seréis como dioses, conocedores de todo, del Bien y del Mal.”

El apagado silbido de la serpiente, con su sonido cruzó el aire; encontró eco en el corazón del hombre y se fundió a su sangre; para entrar a lo más caro del alma, entronizándose en el altar de su espíritu.

Y desde entonces vive perjudicándolo en cuerpo y alma, para obedecer al imperativo de la sangre envenenada por Satanás.

El hombre se equivoca al aplicar valor y significado a las cosas y a las palabras. Ser igual a Dios, ya había sido dado por dote por el Padre Creador.

Con una semejanza en la cual no tienen nada que hacer, esto que es carne y sangre; sino en el espíritu. Porque Dios es Ser Espiritual y Perfecto. Y los había hecho grandes en el espíritu.

Capaces de alcanzar la perfección mediante la Gracia plena en ellos y la ignorancia del Mal.

Jesús vino a poner las cosas y las palabras en la luz justa.Y con las palabras y los hechos demostró la verdadera Grandeza,

la verdadera Riqueza, la verdadera Sabiduría,

La verdadera Majestad, la verdadera Deificación.

Y NO son aquellas que el hombre cree.

LA SENTENCIA DIVINA.

Dios Padre alejó al hombre del jardín de sus delicias. Ya no podía confiar más en sus hijos. El hombre había querido ser el dueño de todo y se opuso a que Dios fuese el Único Creador.

Se marchó a su destierro con su pecado. Era un rey humillado y despojado de sus dones. El Hombre del Paraíso se había convertido en un ser terrenal y mortal.

Su reino lo perdió en manos del que lo pervirtió.

Satanás lo despojó de lo que Dios le había dado.

Y de amo se convirtió a sí mismo en esclavo,de Aquel que había sido destinado a obedecerlo.

Y el Dolor y la Muerte entraron a formar parte de la vida humana.

La herida de Eva engendró el sufrimiento, que no terminará hasta que muera la última pareja sobre la tierra.

EL CASTIGO. 

No desproporcionado, sino justo.

Para entenderlo se necesita considerar la perfección de Adán y Eva.

Considerando aquel vértice, se puede medir la magnitud de la caída en aquel abismo de degradación.

Dios respetó la voluntad humana.

El hombre perseveró en su estado de rebelión hacia su Divino Benefactor. Porque no se arrepintió del dolor causado a Dios y todavía mantenía su unión con la Mentira.Soberbiamente salió del Edén, después de haber mentido y haber aducido pobres excusas a su pecado.

Se hicieron cinturones de hojas y testimoniaron que se avergonzaban; no por estar desnudos y aparecer tales ante Aquel que los había creado y conservado vestidos solo de Gracia e Inocencia.

Sino porque eran culpables y tenían miedo de comparecer delante de Dios.

Miedo, sí. Arrepentimiento, NO.

Entonces Dios, después de haberlos expulsado del Edén, protegió con Querubines los umbrales del mismo, para que los dos prevaricadores no regresaran fraudulentamente, para hacer botín de los frutos del Árbol de la Vida,

Nulificando así una parte del justo castigo y defraudando todavía una vez más a Dios de su derecho: aquel de dar y de quitar la vida.Dios es nuestro Rey y nuestro Padre. No un siervo y menos un esclavo.

Dios es Justo.

Cuando castigó al hombre, no le quitó la inteligencia, ni la fuerza moral,

Porque nunca ha dejado de amar al hombre, por más culpable que éste sea.

También le dejó al hombre la voluntad soberana,

Para que éste, pudiese llegar a ser dueño de sus pasiones y pudiera controlarlas.El hombre debió obedecer. Los inocentes eran castos.

Sabían amar verdaderamente, con aquella ternura virginal que está en el más ardiente amor materno o en el más ardiente amor filial.

O sea, de aquellos dos amores que no tienen atracción sensual y son fortísimos.

Dios habría regulado el amor del hombre por las criaturas nacidas de su santo amor con Eva.

Pero Adán y Eva no llegaron a este amor, porque el desorden había corrompido con su veneno, el santo amor de los Progenitores.

CONSECUENCIAS DEL PECADO.  

El Enemigo de Dios y del hombre por Odio, hirió mortalmente a la Humanidad y la infectó con el germen del Odio, de los Celos, de la Envidia.

Y con esto puso la causa primaria de la división que enfrenta a los hombres el uno contra el otro.De esta manera fue cosechado el segundo fruto de la maldad del Maligno: el fratricidio de Caín.

Y desde entonces el virus de la violencia ha ido aumentando hasta alcanzar proporciones pavorosas,

porque cada día crece más la semilla que Lucifer siembra en el corazón del hombre: EL ODIO.

Por un solo hombre entró el Pecado en este mundo y por el pecado, la muerte.

Y pudieron penetrar entre las delicias del Edén, turbando el orden, la armonía, el amor; esparciendo su veneno.

Corrompiendo el intelecto, voluntad, sentimientos, instintos.Suscitando apetitos culpables, destruyendo la Inocencia y la Gracia, afligiendo al Creador.

Haciendo de las criaturas bienaventuradas, dos infelices; condenados uno, a obtener fatigosamente su pan de la Tierra; que por haber sido maldecida, produce cardos y espinas.

Y a la otra, a parir con dolor; a vivir en el dolor y la sujeción del hombre.

Condenados los dos a conocer el dolor del hijo muerto y la vergüenza de ser los padres de un fratricida.

Y finalmente a conocer el dolor de morir.

Hasta aquel momento, el veredicto de Dios no había todavía fragmentado la rebelión del hombre, el cual con la fácil adaptación de los animales, se había adaptado rápido a su nuevo destino.No más fácil y alegre como el anterior; pero no privado de gozos humanos que compensaban sus dolores humanos.

Las pasiones de los sentidos se satisfacían en la carne compañera.

La alegría de crear por sí solos nuevas criaturas, -¡Oh, orgullo persistente!-. Ilusionándose con esto, que era el ser iguales a Dios Creador;

El dominio sobre los animales, la satisfacción de la cosecha y del bastarse a sí mismos, sin tener que agradecer a nadie.

Alegrías sensuales, pero siempre alegrías. Cuánta oscuridad de vapores de orgullo y de niebla de concupiscencia, perduró obstinada en los dos protervos.

La maternidad era obtenida con dolor, pero la alegría de los hijos compensaba aquel dolor.El alimento era obtenido con fatiga, pero el vientre se llenaba igualmente y la gula era satisfecha, porque la Tierra estaba colmada de cosas buenas.

La enfermedad y la muerte estaban lejanas. Gozando los cuerpos creados perfectos, de una salud y una virilidad que hacía pensar en una larga vida, aunque no fuese eterna.

Se amaban con ternura y con pasión; ya que por su elección al orden sobrenatural; fueron dotados para amar y ellos, sí sabían amar mucho.

Y la soberbia fermentante suscitaba el pensamiento burlón:

¿Dónde pues está el castigo de Dios?Nosotros somos felices también sin Él.

Pero un día, el verde de los campos en los cuales florecían las flores multicolores creadas por Dios,

Enrojeció con la primera sangre humana vertida sobre la tierra.

Y dio alaridos de dolor la madre del dulce Abel muerto.

Y el padre comprendió que no era vana la amenaza de aquella promesa:

Volverás a la Tierra de la cual fuiste sacado, porque eres polvo y al polvo volverás.”

Y Adán murió dos veces: por sí y por su hijo.Porque un padre muere la muerte de su hijo viéndolo agonizar.

Y Eva alumbró con desgarramiento, dando a la tierra el cuerpo exánime de su predilecto y comprendió que cosa era el parir en pecado.

La muerte de Abel hizo añicos el orgullo de Adán y las escorias expertas de Eva,

en el más atroz alumbramiento a las Tinieblas.

El alarido de Eva, también marcó el nacimiento del arrepentimiento.En aquella hora señalada por la primera sangre humana, esparcida por criminal violencia, por la cual la Tierra fue maldecida dos veces.

Hora en la cual fulminaba, el castigo de Dios.

Murió el orgullo y nacieron el arrepentimiento y la nueva vida; con los cuales los dos culpables iniciaron el ascenso hacia la justicia y ameritaron, después de una larga expiación, el Perdón Divino por los méritos de Cristo.

Este dolor llenó el mundo y se trasmitió de generación en generación y terminará hasta que tenga Fin el Mundo.

Ha llenado con su alarido el lugar en donde Adán extrae el pan de los surcos, sobre los cuales goteaba su sudor.

Se ha esparcido por la Tierra, los horizontes, los cañones, los desiertos y las selvas. Toda la Creación lo ha sentido y lo ha trasmitido.Y como luz cegadora ha hecho ver a Adán y a Eva, la inmensidad de su Pecado.

N0 cometido solamente contra Dios,

sino contra ellos mismos, en su carne y en su sangre.

Todo este milenario Dolor viene de un desorden creado por un rebelde en el Cielo y por el consentimiento al desorden propuesto por él, a los dos primeros habitantes de la Tierra.

La Gracia restaura, pero la Herida queda. La Gracia auxilia, pero los impulsos hacia el Mal, quedan.

Porque desde el momento del Pecado, el Bien y el Mal, son. Y se combaten dentro y fuera del hombre.La impureza es la raíz de las enfermedades del alma. 

Los males morales tienen otros nombres: orgullo, codicia y sensualidad.

Cuando se alcanza la perfección con estas tres fieras que lo destrozan, – y aun así el hombre las busca con loca ansiedad, –

el alma queda totalmente separada de Dios.La muerte y el dolor entraron en el mundo por envidia del Demonio.

Pero Dios no es autor, ni de la muerte, ni del dolor.

Y no se alegra con el dolor de los vivientes.

El Pecado destruyó la capacidad y la intensidad en el Amor.

Y desde entonces el dolor existe en la Tierra y arranca lágrimas al hombre,por la depravación de su inteligencia que trata siempre de aumentarlo por todos los medios.

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir.

¡Cuántas lágrimas se acarrea el hombre por la instigación oculta de su amo: Satanás!

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran.

El hombre dominado por Satanás ya no piensa, es un autómata controlado por la tecnología del Anticristo

LA EVOLUCION DEL PECADO.

Adán y Eva faltaron al primero de los Mandamientos dados por Dios y pecaron contra el Amor a Él, con la Desobediencia.

Pero NO pecaron contra el prójimo y en lugar de maldecir a Caín,

Lloraron por igual sobre el hijo muerto en la carne: Abel.

Y sobre el hijo muerto en el espíritu por el fratricidio.

Así pues, continuaron siendo hijos de Dios, junto con sus descendientes venidos después de este dolor.

Caín pecó contra el amor a Dios y contra el amor al prójimo. Infringió por completo el amor.Dios le maldijo y Caín no se arrepintió.

Por eso él y sus hijos, NO fueron más que hijos del animal llamado hombre.

Si el primer pecado de Adán produjo tal decadencia en el hombre: ¿Qué grado de decadencia no habrá producido en el segundo, al que además acompañaba la maldición divina?

¿Qué variedad de formas de pecar no se habrán desatado en el corazón del hombre-animal, al estar totalmente privado de Dios?

¿Y qué virulencia habrán alcanzado después de que Caín no solo escuchó el consejo del Maldito, sino que lo abrazó como dueño querido, asesinando por órdenes del mismo?El desgaje de aquella rama, envenenada por la posesión diabólica, evolucionó de mil maneras.

En donde no está Dios, está Satanás.

Cuando el hombre ya no tiene el alma viva, se transforma en un hombre-animal.

EL BRUTO, AMA A LOS BRUTOS. La lujuria carnal al estar aferrada y soliviantada por Satanás, le desata la avidez por todas las uniones,

presentándole atractivo y seductor, lo que en realidad es horrendo como un íncubo.

Lo lícito ya no le satisface, por parecerle muy poco.

Y fuera de sí por la lujuria, busca lo ILÍCITO;

llegando a tener monstruos por hijos e hijas.Son los monstruos que por el poderío de sus formas, su salvaje belleza y su ardor bestial,

frutos de la unión de Caín con los brutos y de los brutísimos hijos de Caín con las fieras,

Insaciables en su sensualidad al hallarse abrasados por el fuego de Satanás.

DE ELLOS SON LOS RASTROS SIMIESCOS,

QUE LLAMAN LA ATENCIÓN DE LOS CIENTÍFICOS,INDUCIENDO AL ERROR.

El hombre desatina con las líneas somáticas y  los ángulos cigomáticos.

Y no queriendo admitir a un Creador por ser excesivamente soberbio para reconocer haber sido hecho.

Admite la descendencia de los brutos para así poder decir:

Por nosotros mismos hemos evolucionado de animales a hombres. Es el esfuerzo de superación.”Y así el hombre prefiere auto degradarse, por NO querer humillarse ante Dios.

De este modo perdió el hombre la perfección de la belleza física y vino la variedad de las razas.

En los tiempos de la primera corrupción, tuvo el aspecto de animal. Ahora ha adquirido esa apariencia en la mente y en el corazón.

Y en su alma, por su cada vez más profunda unión con el Mal; ha tomado en demasiados, el rostro de Satanás,Borrando casi totalmente la semejanza con Dios y quedando solo el hombre-animal, guiado por los más bestiales instintos.

La prevaricación trastornó el orden con el más desconcertante desorden

y destruyó el Plan Estupendo de Dios, cambiando totalmente la condición del hombre.

Satanás finalmente logró su objetivo y se apoderó del hombre,

sobre el cual desahoga su odio, su veneno y sus desenfrenadas y desesperadas pasiones.Al hombre rico, sabio, fuerte, feliz, inmortal y libre;

Lo convirtió en pobre, ignorante, débil, infeliz, mortal y esclavo, atormentado por su implacable Verdugo.

A la felicidad del Paraíso Terrenal, siguió la infelicidad del exilio.

A la Luz, siguieron las Tinieblas de la ignorancia, al grado de perder su propia identidad.

El Amor fue sustituido por el Odio. Al Bien para el que el hombre fue creado, se prefiere el Mal con toda su gama de manifestaciones.

A la Vida Eterna, finalidad de la Creación, se prefiere la Muerte Eterna, en la abismal desesperación del Infierno. Dios, a cambio del Amor sin límites que ha dado al hombre, recibe un tremendo insulto:

El desprecio absoluto por parte del ser humano, que en una monstruosa ingratitud se niega a reconocerlo y a amarlo.

La Humanidad ha pecado con el Deicidio, en el Pueblo Elegido, el Pueblo de Dios. El hombre se niega a reconocer al Salvador y LO MATA, porque no le gusta lo que Él ha venido a decir.

Y por no arrodillarse ante Dios hecho Hombre, negándole la Adoración que le corresponde;

lo convierte en el Redentor; cumpliendo en esta forma el Plan Admirable de Dios.

Y después del Deicidio cometido por los sacerdotes de Israel; los fomes del mal  prosperaron cada vez más fuertes…Hasta que el hombre ha llegado a la perfección de la Maldad y la Perversión, en el más refinado satanismo.

La Noche de la Negación de Dios cubre ahora todo el mundo.

Los corazones están endurecidos por el egoísmo y por el odio que prevalecen en todas partes.

La inocencia de los niños es contaminada y profanada. 

El mundo se aleja cada vez más de Dios y se ha caído en el engañoso espejismo de creer poder prescindir de Él,

Construyendo una civilización materialista, que se niega a aceptar el pecado como un mal y haciendo al alma incapaz para el arrepentimiento, totalmente sordos a las voces del Cielo.

Satanás es el tirano que con las cadenas del pecado, arrastra al hombre hacia donde él quiere.Los impulsos del Pecado son el egoísmo y el odio, los dos enemigos acérrimos del Amor.

Tientan con recompensas, amenazan con represalias, indagan, señalan y preparan asechanzas, para dañar al prójimo.

Así es como se realizan toda clase de crímenes. 

El hombre siempre se envilece cuando sirve al pecado. El alma corrompida empuja la carne a pecados obscenos, que envejecen y deforman.

El vicioso jamás es verdaderamente feliz. Porque en las glotonerías y en el ocio, el cuerpo disfruta, pero el alma languidece.

Los culpables aunque lo nieguen, sufren; porque el pecado enferma el alma y hiere al espíritu.

Y nadie puede herirse a sí mismo, sin causarse dolor.El pecador NO CONOCE LA PAZ en su corazón.

Todo pecado es una enfermedad y hay algunos que provocan la muerte inclusive física. Las bendiciones de Dios son destruidas por el pecado y la alegría se acaba. Toda acción mala, quita la paz.

El alma pecadora siente cansancio y tedio, se aburre pronto de todo.Y NO conoce el júbilo del verdadero amor, sintiendo dentro de sí un verdadero quebrantamiento.

El alma enferma por el pecado hace que muera el espíritu;

El cual se convierte en instrumento de Satanás, para infligir daño a los demás, en la decadencia de un círculo perfecto de Maldad y de Odio.

El pecado enferma al alma con un cáncer que carcome y destruye peor que la lepra.

El cáncer del cuerpo se queda en la tierra, pero el pecado permanece por toda la eternidad.

El espíritu muerto por el pecado es totalmente dominado por Satanás.

Quién toma ‘posesión espiritual’ del templo viviente que es el hombre, quién es lanzado a cometer verdaderas aberraciones que lo angustian y de las cuales quisiera verse libre.

Pero cada vez comprueba dolorosamente y muchas veces sin comprenderlo ¿Por qué NO PUEDE  hacerlo?…

LA ESCLAVITUD DEL PECADO.

Entre los ángeles hay diferentes jerarquías: ángeles, arcángeles, etc. Entre los demonios también las hay. Jesús también especificó una distinción entre los demonios y los espíritus inmundos.

Los demonios son los ángeles caídos que no supieron retener su condición.

Los espíritus inmundos son generados por los pecados de los hombres.

El pecado consumado y convertido en vicio, fortalece y vitaliza a estos espíritus generados por la maldad humana.

Llegan a agigantarse a tal grado que toman un dominio total del hombre, hasta esclavizarlo de una manera absoluta.

El alma fue creada para volver a unirse con Dios. Y cuando la libre voluntad del hombre decide unirla al pecado, se produce un místico adulterio espiritual.

La lujuria de la mente es la soberbia.

Fue el pecado de Satanás que se burló de Dios, llevándole a creerse superior a Él.

La mente del soberbio fornica con Satanás, contra Dios y contra el Amor.

La lujuria del corazón es la ambición de las riquezas y del poder.

Es la que odia a Jesús y a su Evangelio,

porque Él ha acabado con ella en el corazón de los que aprenden a amar a Dios.

La lujuria carnal empuja al cuerpo a vivir esclavizado como un animal. Y sus instintos lo gobiernan en satánica tiranía, por infames placeres.

Esta es la Triple Concupiscencia que destruye al hombre manteniéndolo alejado de Dios.

El alma muere si se le mantiene apartada de Dios.

Dios es Amor. Privada de su fuente el Amor, el alma pierde la capacidad de amar y a pesar de todos los esfuerzos, la felicidad se vuelve más inaccesible cada día.

El odio y la amargura envuelven al alma que busca inútilmente un alivio.

El hombre privado de Dios por una vida llena de pecado, lo que lleva a cabo es un suicidio espiritual, porque en un loco e insensato deseo de vivir para sí, en el egoísmo desenfrenado, se priva de lo que viene a ser su misma vida: el Amor.

Y en el vacío resultante, la búsqueda incesante de paliativos, lo hunden en el vicio y en el error. Cuando se vive solamente para la materia, el cuerpo se vuelve lo más importante.

Y por darle satisfacción a la carne, el hombre muere sin darse cuenta de que está muriendo en su parte más importante: la espiritual.

El que mata el amor, mata la paz. La inquietud resultante es la prueba de que las almas están moribundas, que languidecen por el hambre de Dios.

Hambre que solo podrá ser saciada en la Fuente del Agua Viva: el Verbo Encarnado.

Y en su Palabra: el Evangelio.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

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LA FASCINACION DEL SEXO 2 Y 3

 

13.- LA PRUEBA II


EL ORIGEN DEL DOLOR

La Muerte y el Dolor entraron en el Mundo por envidia del Demonio. Pero Dios NO es autor, ni de la muerte, ni del dolor. Y NO se alegra con el dolor de los vivientes.

El Pecado destruyó la capacidad y la intensidad en el Amor. Y desde entonces el Dolor existe en la Tierra y arranca lágrimas al hombre, por la depravación de su inteligencia que trata siempre de aumentarlo por todos los medios.

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. ¡Cuántas lágrimas se acarrea el hombre por la instigación oculta de su amo: ¡Satanás!

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran.

LA SOBERBIA Y LA EXCUSA.

“La serpiente   me engañó”, dijo Eva. “La mujer me presentó el fruto y comí de él”, dijo Adán.” Y desde aquel momento la Concupiscencia Triple se apoderó de los tres reinos del hombre.

No hay más que la Gracia para desprenderse de las fuertes ataduras de este monstruo despiadado. Cometieron el primer acto contra el Amor, con la Soberbia, la Desobediencia, la Desconfianza, la Duda, la Rebelión, la Concupiscencia Espiritual y por último, la Concupiscencia Carnal.

También en las ofensas contra la Ley divina, el hombre pecó antes contra Dios, queriendo ser igual a Dios: ‘dios’ en el conocimiento del Bien y el Mal. Y en la absoluta y por lo mismo ilícita libertad de proceder a su placer y querer contra todo consejo, lo prohibido por Dios.

SOBERBIA

Después pecaron contra el Amor, amándose desordenadamente, negando a Dios el amor reverencial que le debían. Metiendo el ‘yo’ en el lugar de Dios, odiando a su prójimo futuro: su misma prole, a la cual le procuró la herencia de la Culpa y de la Condena; despojados de todo lo que Dios les había dado.

Por último, pecó contra su dignidad de criatura regia, que había tenido el don del perfecto dominio de los sentidos, rebajándose a sí mismo a un nivel inferior al de las bestias.

¡Bien conocieron después la Ciencia del Bien y del Mal! Con el conocimiento adquirido y la nueva vista por la cual supieron que estaban desnudos, los advirtió de la pérdida de la Gracia que los había hecho felices en su inteligente inocencia; hasta llegar a aquella hora, por la pérdida de la vida sobrenatural.

¡Desnudos! No tanto de vestidos, sino de los dones de Dios.

¡Pobres! Por haber querido ser como Dios.

¡Muertos! Con el espíritu muerto por el Pecado. Por haber temido morir con su especie, si no hubieran procedido directamente.

“Seréis como dioses, conocedores de todo, del Bien y del Mal.”

El apagado silbido de la serpiente, con su sonido cruzó el aire; encontró eco en el corazón del hombre y se fundió a su sangre; para entrar a lo más caro del alma, entronizándose en el altar de su espíritu. Y desde entonces vive perjudicándolo en cuerpo y alma, para obedecer al imperativo de la sangre envenenada por Satanás.

El hombre se equivoca al aplicar valor y significado a las cosas y a las palabras. Ser igual a Dios, ya había sido dado por dote por el Padre Creador. Con una semejanza en la cual no tienen nada que hacer, esto que es carne y sangre; sino en el espíritu. Porque Dios es Ser Espiritual y Perfecto. Y los había hecho grandes en el espíritu. Capaces de alcanzar la perfección mediante la Gracia plena en ellos y la ignorancia del Mal.

Jesús vino a poner las cosas y las palabras en la luz justa. Y con las palabras y los hechos demostró la verdadera grandeza, la verdadera riqueza, la verdadera sabiduría, la verdadera majestad, la verdadera deificación.

Y NO son aquellas que el hombre cree.

LA SENTENCIA DIVINA.

Dios Padre alejó al hombre del Jardín de sus delicias. Ya no podía confiar más en sus hijos. El hombre había querido ser el dueño de todo y se opuso a que Dios fuese el Único Creador. Se marchó a su destierro con su pecado. Era un rey humillado y despojado de sus dones. El Hombre del Paraíso se había convertido en un ser terrenal y mortal.

Su Reino lo perdió en manos del que lo pervirtió.

Satanás lo despojó de lo que Dios le había dado. Y de Amo se convirtió a sí mismo en esclavo, de aquel que había sido destinado a obedecerlo. Y el Dolor y la Muerte entraron a formar parte de la vida humana.

La herida de Eva engendró el Sufrimiento, que no terminará hasta que muera la última pareja sobre la tierra.

EL CASTIGO. 

No desproporcionado, sino justo.

Para entenderlo se necesita considerar la perfección de Adán y Eva.

Considerando aquel vértice, se puede medir la magnitud de la caída en aquel abismo de degradación.

Dios respetó la voluntad humana.

El hombre perseveró en su estado de rebelión hacia su Divino Benefactor. Porque no se arrepintió del dolor causado a Dios y todavía mantenía su unión con la mentira. Soberbiamente salió del Edén, después de haber mentido y haber aducido pobres excusas a su pecado.

Se hicieron cinturones de hojas y testimoniaron que se avergonzaban; no por estar desnudos y aparecer tales ante Aquel que los había creado y conservado vestidos solo de Gracia e Inocencia, sino porque eran culpables y tenían miedo de comparecer delante de Dios.

Miedo, sí. Arrepentimiento, NO.

Entonces Dios, después de haberlos expulsado del Edén, protegió con Querubines los umbrales del mismo, para que los dos prevaricadores no regresaran fraudulentamente, para hacer botín de los frutos del Árbol de la Vida, nulificando una parte del justo castigo y defraudando todavía una vez más a Dios de su derecho: aquel de dar y de quitar la vida.

Dios es nuestro Rey y nuestro Padre. No un siervo y menos un esclavo.

Dios es Justo.

Cuando castigó al hombre, NO le quitó la inteligencia, ni la fuerza moral, porque nunca ha dejado de amar al hombre, por más culpable que éste sea.También le dejó al hombre la voluntad soberana, para que éste pudiese llegar a ser dueño de sus pasiones y pudiera controlarlas.

El hombre debió obedecer. Los inocentes eran castos. Sabían amar verdaderamente, con aquella ternura virginal que está en el más ardiente amor materno o en el más ardiente amor filial. O sea, de aquellos dos amores que no tienen atracción sensual y son fortísimos.

leona-con-cachorro

Dios habría regulado el amor del hombre por las criaturas nacidas de su santo amor con Eva. Pero Adán y Eva no llegaron a este amor, porque el desorden había corrompido con su veneno, el santo amor de los Progenitores.

CONSECUENCIAS DEL PECADO.  

El Enemigo de Dios y del hombre por Odio, hirió mortalmente a la Humanidad y la infectó con el germen del Odio, de los Celos, de la Envidia. Y con esto puso la causa primaria de la división que enfrenta a los hombres el uno contra el otro.

De esta manera fue cosechado el segundo fruto de la maldad del Maligno: el fratricidio de Caín. Y desde entonces el virus de la violencia ha ido aumentando hasta alcanzar proporciones pavorosas, porque cada día crece más la semilla que Lucifer siembra en el corazón del hombre: EL ODIO.

odio

Por un solo hombre entró el Pecado en este mundo y por el pecado, la muerte. Y pudieron penetrar entre las delicias del Edén, turbando el orden, la armonía, el amor; esparciendo su veneno. Corrompiendo el intelecto, voluntad, sentimientos, instintos. Suscitando apetitos culpables, destruyendo la Inocencia y la Gracia, afligiendo al Creador.

Haciendo de las criaturas bienaventuradas, dos infelices; condenados uno. a obtener fatigosamente su pan de la Tierra; que por haber sido maldecida, produce cardos y espinas. Y a la otra, a parir con dolor; a vivir en el dolor y la sujeción del hombre.

Condenados los dos a conocer el dolor del hijo muerto y la vergüenza de ser los padres de un fratricida. Y finalmente a conocer el dolor de morir.

Hasta aquel momento, el veredicto de Dios no había todavía fragmentado la rebelión del hombre, el cual con la fácil adaptación de los animales, se había adaptado rápido a su nuevo destino. No más fácil y alegre como el anterior; pero no privado de gozos humanos que compensaban sus dolores humanos.

Las pasiones de los sentidos se satisfacían en la carne compañera.

La alegría de crear por sí solos nuevas criaturas, -¡Oh, orgullo persistente!-. Ilusionándose con esto, que era el ser iguales a Dios Creador; el dominio sobre los animales, la satisfacción de la cosecha y del bastarse a sí mismos, sin tener que agradecer a nadie.

Alegrías sensuales, pero siempre alegrías. Cuánta oscuridad de vapores de orgullo y de niebla de concupiscencia, perduró obstinada en los dos protervos. La maternidad era obtenida con dolor, pero la alegría de los hijos compensaba aquel dolor. El alimento era obtenido con fatiga, pero el vientre se llenaba igualmente y la gula era satisfecha, porque la tierra estaba colmada de cosas buenas.

La enfermedad y la muerte estaban lejanas. Gozando los cuerpos creados perfectos, de una salud y una virilidad que hacía pensar en una larga vida, aunque no fuese eterna. Se amaban con ternura y con pasión; ya que por su elección al orden sobrenatural; fueron dotados para amar y ellos, sí sabían amar mucho.

Y la soberbia fermentante suscitaba el pensamiento burlón: ¿Dónde pues está el castigo de Dios? Nosotros somos felices también sin Él.

Pero un día, el verde de los campos en los cuales florecían las flores multicolores creadas por Dios, enrojeció con la primera sangre humana vertida sobre la tierra.

Y dio alaridos de dolor la madre del dulce Abel muerto.

Y el padre comprendió que no era vana la amenaza de aquella promesa:Volverás a la tierra de la cual fuiste sacado, porque eres polvo y al polvo volverás.”

Y Adán murió dos veces: por sí y por su hijo. Porque un padre muere la muerte de su hijo viéndolo agonizar.

Y Eva alumbró con desgarramiento, dando a la tierra el cuerpo exánime de su predilecto y comprendió que cosa era el parir en pecado.

La muerte de Abel hizo añicos el orgullo de Adán y las escorias expertas de Eva, en el más atroz alumbramiento a las tinieblas.

El alarido de Eva, también marcó el nacimiento del arrepentimiento.

En aquella hora señalada por la primera sangre humana, esparcida por criminal violencia, por la cual la tierra fue maldecida dos veces. Hora en la cual fulminaba, el castigo de Dios. Murió el orgullo y nacieron el arrepentimiento y la nueva vida; con los cuales los dos culpables iniciaron el ascenso hacia la justicia y ameritaron, después de una larga expiación, el Perdón Divino por los méritos de Cristo.

Este dolor llenó el mundo y se trasmitió de generación en generación y terminará hasta que tenga fin el mundo. Ha llenado con su alarido el lugar en donde Adán extrae el pan de los surcos, sobre los cuales goteaba su sudor.

Se ha esparcido por la Tierra, los horizontes, los cañones, los desiertos y las selvas. Toda la Creación lo ha sentido y lo ha trasmitido. Y como luz cegadora ha hecho ver a Adán y a Eva, la inmensidad de su Pecado. No cometido solamente contra Dios, sino contra ellos mismos, en su carne y en su sangre.

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Todo este milenario dolor viene de un desorden creado por un rebelde en el Cielo y por el consentimiento al desorden propuesto por él, a los dos primeros habitantes de la Tierra.

La Gracia restaura, pero la Herida queda. La Gracia auxilia, pero los impulsos hacia el Mal, quedan. Porque desde el momento del Pecado, el Bien y el Mal, son. Y se combaten dentro y fuera del hombre.

La impureza es la raíz de las enfermedades del alma. Los males morales tienen otros nombres: orgullo, codicia y sensualidad. Cuando se alcanza la perfección con estas tres fieras que lo destrozan, – y aun así el hombre las busca con loca ansiedad, – el alma queda totalmente separada de Dios.

La muerte y el dolor entraron en el mundo por envidia del Demonio. Pero Dios no es autor, ni de la muerte, ni del dolor. Y no se alegra con el dolor de los vivientes.

El Pecado destruyó la capacidad y la intensidad en el Amor. Y desde entonces el dolor existe en la Tierra y arranca lágrimas al hombre, por la depravación de su inteligencia que trata siempre de aumentarlo por todos los medios. 

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. ¡Cuántas lágrimas se acarrea el hombre por la instigación oculta de su amo: Satanás!

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Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran.

LA EVOLUCION DEL PECADO.

Adán y Eva faltaron al primero de los Mandamientos dados por Dios y pecaron contra el Amor a Él, con la Desobediencia. Pero NO pecaron contra el prójimo y en lugar de maldecir a Caín, lloraron por igual sobre el hijo muerto en la carne: Abel. Y sobre el hijo muerto en el espíritu por el Fratricidio.

Así pues, continuaron siendo hijos de Dios, junto con sus descendientes venidos después de este Dolor.

Caín pecó contra el amor a Dios y contra el amor al prójimo. Infringió por completo el amor. Dios le maldijo y Caín no se arrepintió. Por eso él y sus hijos, no fueron más que hijos del animal llamado hombre.

Si el primer pecado de Adán produjo tal decadencia en el hombre: ¿Qué grado de decadencia no habrá producido en el segundo, al que además acompañaba la maldición divina?

¿Qué variedad de formas de pecar no se habrán desatado en el corazón del hombre-animal, al estar totalmente privado de Dios y qué virulencia habrán alcanzado después de que Caín no solo escuchó el consejo del Maldito, sino que lo abrazó como dueño querido, asesinando por órdenes del mismo?

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El desgaje de aquella rama, envenenada por la posesión diabólica, evolucionó de mil maneras.

En donde no está Dios, está Satanás.

Cuando el hombre ya no tiene el alma viva, se transforma en un hombre-animal. EL BRUTO, AMA A LOS BRUTOS.dawn-of-the-planet-of-the-apes-face-wallpaper

La lujuria carnal al estar aferrada y soliviantada por Satanás, le desata la avidez por todas las uniones, presentándole atractivo y seductor, lo que en realidad es horrendo como un íncubo. Lo lícito ya no le satisface, por parecerle muy poco. Y fuera de sí por la lujuria, busca lo ILÍCITO; llegando a tener monstruos por hijos e hijas.

Son los monstruos que por el poderío de sus formas, su salvaje belleza y su ardor bestial; frutos de la unión de Caín con los brutos y de los brutísimos hijos de Caín con las fieras, insaciables en su sensualidad al hallarse abrasados por el fuego de Satanás.

DE ELLOS SON LOS RASTROS SIMIESCOS, QUE LLAMAN LA ATENCIÓN DE LOS CIENTÍFICOS, INDUCIENDO AL ERROR.

El hombre desatina con las líneas somáticas y  los ángulos cigomáticos. Y no queriendo admitir a un Creador por ser excesivamente soberbio para reconocer haber sido hecho; admite la descendencia de los brutos para así poder decir: “Por nosotros mismos hemos evolucionado de animales a hombres. Es el esfuerzo de superación.”

Y así el hombre prefiere auto degradarse, por no querer humillarse ante Dios. De este modo perdió el hombre la perfección de la belleza física y vino la variedad de las razas.

 En los tiempos de la primera corrupción, tuvo el aspecto de animal. Ahora ha adquirido esa apariencia en la mente y en el corazón… Y en su alma, por su cada vez más profunda unión con el Mal; ha tomado en demasiados, el rostro de Satanás, borrando casi totalmente la semejanza con Dios…

Y QUEDANDO SÓLO EL HOMBRE-ANIMAL,GUIADO POR LOS MÁS BESTIALES INSTINTOS. 

Leda y el cisne

LEDA Y EL CISNE

La prevaricación trastornó el orden con el más desconcertante desorden y destruyó el Plan Estupendo de Dios, cambiando totalmente la condición del hombre.

Satanás finalmente logró su objetivo y se apoderó del hombre, sobre el cual desahoga su odio, su veneno y sus desenfrenadas y desesperadas pasiones.

Al hombre rico, sabio, fuerte, feliz, inmortal y libre; lo convirtió en pobre, ignorante, débil, infeliz, mortal y esclavo, atormentado por su implacable verdugo.

A la felicidad del Paraíso Terrenal, siguió la infelicidad del exilio. A la Luz, siguieron las Tinieblas de la ignorancia, al grado de perder su propia identidad.

El Amor fue sustituido por el Odio. Al Bien para el que el hombre fue creado, se prefiere el Mal con toda su gama de manifestaciones. A la Vida Eterna, finalidad de la Creación, se prefiere la Muerte Eterna, en la abismal desesperación del Infierno. 

Dios, a cambio del Amor sin límites que ha dado al hombre, recibe un tremendo insulto: el desprecio absoluto por parte del ser humano, que en una monstruosa ingratitud se niega a reconocerlo y a amarlo.

La Humanidad ha pecado con el Deicidio, en el Pueblo Elegido, el Pueblo de Dios. El hombre se niega a reconocer al Salvador y lo mata, porque no le gusta lo que Él ha venido a decir. Y por no arrodillarse ante Dios hecho Hombre, negándole la Adoración que le corresponde; lo convierte en el Redentor; cumpliendo en esta forma el Plan Admirable de Dios.

Y después del Deicidio cometido por los sacerdotes de Israel; los fomes del mal  prosperaron cada vez más fuertes hasta que el hombre ha llegado a la perfección de la maldad y la perversión, en el más refinado satanismo.

La Noche de la Negación de Dios cubre ahora todo el mundo. Los corazones están endurecidos por el egoísmo y por el odio que prevalecen en todas partes. La inocencia de los niños es contaminada y profanada. 

El mundo se aleja cada vez más de Dios y se ha caído en el engañoso espejismo de creer poder prescindir de Él, construyendo una civilización materialista, que se niega a aceptar el pecado como un mal y haciendo al alma incapaz para el arrepentimiento, totalmente sordos a las voces del Cielo.

Satanás es el tirano que con las cadenas del pecado, arrastra al hombre hacia donde él quiere. Los impulsos del Pecado son el Egoísmo y el Odio, los dos enemigos acérrimos del Amor. Tientan con recompensas, amenazan con represalias, indagan, señalan y preparan asechanzas, para dañar al prójimo.

Así es como se realizan toda clase de crímenes. 

El hombre siempre se envilece cuando sirve al pecado. El alma corrompida empuja la carne a pecados obscenos, que envejecen y deforman. El vicioso jamás es verdaderamente feliz. Porque en las glotonerías y en el ocio, el cuerpo disfruta, pero el alma languidece.

Los culpables aunque lo nieguen, sufren, porque el pecado enferma el alma y hiere al espíritu. Y nadie puede herirse a sí mismo, sin causarse dolor. El pecador no conoce la paz en su corazón.

Todo pecado es una enfermedad y hay algunos que provocan la muerte inclusive física. Las bendiciones de Dios son destruidas por el pecado y la alegría se acaba. Toda acción mala, quita la paz. El alma pecadora siente cansancio y tedio, se aburre pronto de todo y no conoce el júbilo del verdadero amor, sintiendo dentro de sí un verdadero quebrantamiento.

El alma enferma por el pecado hace que muera el espíritu; el cual se convierte en instrumento de Satanás, para infligir daño a los demás, en la decadencia de un círculo perfecto de Maldad y de Odio. El pecado enferma al alma con un cáncer que carcome y destruye peor que la lepra. El cáncer del cuerpo se queda en la tierra, pero el Pecado permanece por toda la Eternidad.

El espíritu muerto por el pecado es totalmente dominado por Satanás. Quién toma ‘posesión espiritual’ del templo viviente que es el hombre, quién es lanzado a cometer verdaderas aberraciones que lo angustian y de las cuales quisiera verse libre.

Pero cada vez comprueba dolorosamente y muchas veces sin comprenderlo ¿Por qué NO PUEDE hacerlo?…

LA ESCLAVITUD DEL PECADO.

Entre los ángeles hay diferentes jerarquías: ángeles, arcángeles, etc. Entre los demonios también las hay. Jesús también especificó una distinción entre los demonios y los espíritus inmundos. Los demonios son los ángeles caídos que no supieron retener su condición.

Los espíritus inmundos son generados por los pecados de los hombres. El pecado consumado y convertido en vicio, fortalece y vitaliza a estos espíritus generados por la maldad humana. Llegan a agigantarse a tal grado que toman un dominio total del hombre, hasta esclavizarlo de una manera absoluta.

El alma fue creada para volver a unirse con Dios. Y cuando la libre voluntad del hombre decide unirla al pecado, se produce un místico adulterio espiritual.

La lujuria de la mente es la soberbia.

Fue el pecado de Satanás que se burló de Dios, llevándole a creerse superior a Él. La mente del soberbio fornica con Satanás, contra Dios y contra el Amor.

La lujuria del corazón es la ambición de las riquezas y del poder.

Es la que odia a Jesús y a su Evangelio, porque Él ha acabado con ella en el corazón de los que aprenden a amar a Dios.

La lujuria carnal empuja al cuerpo a vivir esclavizado como un animal.

Y sus instintos lo gobiernan en satánica tiranía, por infames placeres.

Esta es la Triple Concupiscencia que destruye al hombre manteniéndolo alejado de Dios. Porque el alma muere si se le mantiene apartada de Dios.

Dios es Amor. Privada de su fuente, el Amor, el alma pierde la capacidad de amar y a pesar de todos los esfuerzos, la felicidad se vuelve más inaccesible cada día. El odio y la amargura envuelven al alma que busca inútilmente un alivio.

El hombre privado de Dios por una vida llena de pecado, lo que lleva a cabo es un suicidio espiritual, porque en un loco e insensato deseo de vivir para sí, en el egoísmo desenfrenado, se priva de lo que viene a ser su misma vida: el Amor.

Y en el vacío resultante, la búsqueda incesante de paliativos, lo hunden en el vicio y en el error. 

Cuando se vive solamente para la materia, el cuerpo se vuelve lo más importante y por darle satisfacción a la carne, el hombre muere sin darse cuenta de que está muriendo en su parte más importante: la espiritual.

El que mata el amor, mata la paz. La inquietud resultante es la prueba de que las almas están moribundas, que languidecen por el hambre de Dios. Hambre que solo podrá ser saciada en la Fuente del Agua Viva: el Verbo Encarnado y en su Palabra: el Evangelio.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

21.- LA ORACIÓN II


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¿PORQUÉ HAY QUE ORAR?

“Estén despiertos y orando, para que no caigan en tentación: el espíritu es animoso pero la carne es débil.” Cuando el cuerpo no se alimenta las fuerzas disminuyen y el cuerpo debilitado no puede reaccionar contra los enemigos que lo agreden y que de una u

otra manera lo matan.

Una planta que no es alimentada muere. Una lámpara sin combustible se apaga. Cuando la lámpara de la Fe no es alimentada, se apaga y en el alma se hace la oscuridad. El combustible que alimenta la luz de la Fe es la Oración. El oxígeno del alma es la Oración. Un alma que no ora no puede vivir y muere. Los que se rehúsan a orar no pueden imputarle a Dios el que haya apagado en ellos toda la energía espiritual y la Fé.

El alma del cristiano sin Fe es la cosa más frágil y vulnerable que existe. Sumergida en la oscuridad se pierde y es inexorablemente arrollada por la concupiscencia del espíritu y la de los sentidos. Es el ángel hecho prisionero por Satanás, con la impureza de los sentidos y del espíritu, en el error y la herejía.

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El alma en crisis de Fe por falta de vida espiritual, es un títere y un juguete en el que Satanás desahoga su odio y sus celos, haciéndola su esclava y llenándola de porquería, para envilecerla y arrojarle su degradación al Rostro de Dios, con sarcasmo lleno de desprecio, de odio y de burla:

–           ¿Éste es tu hijo por el que diste tu Sangre? ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¿A él le interesa siquiera tu Ley y tu Amor? ¡Mira como lo tengo! ¿Ves lo que está haciendo? ¿Un hombre? ¡Ni siquiera es capaz de razonar como una bestia! Y ES MÍO. ¡Mío porque su voluntad me pertenece! ¡A Ti ni siquiera te reconoce! Dije que te vencería y aquí tienes la prueba. ¡Mira cuántos son igual que él! ¡YO SOY MÁS GRANDE QUE TÚ!

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Las almas que se rehúsan a orar se parecen a un náufrago que entre las olas tempestuosas de un mar embravecido, de un mundo que no es de Dios, se niega rotundamente a nadar. ¿Cómo podrá salvarse?

Por eso hay que invocar el Nombre de Jesús con Fe, esperanza y caridad intrépidas. Y caerán todos los flagelos con los que Satanás atormenta a la Humanidad. Hay que permanecer en Dios y no debe haber miedo de pedir, porque Dios todo puede dar. Hay que pedir para uno y para los demás.

Jesús lo enseñó. Hay que pedir por los presentes y por los ausentes; los pasados, los presentes y los futuros. Por la jornada terrena y la Eterna. Y también por las de los que amamos. Hay que pedir por todos y para todos. Por los buenos para que Dios los bendiga. Por los malos para que Dios los convierta.

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Hay que unir las oraciones a Jesús y por sus méritos. Y a María por sus lágrimas y a través de su Corazón Inmaculado. Hay que pedir la salud, la paz en la familia, la paz en el mundo, la paz para la eternidad. Hay que pedir la santidad: Dios es Santo y es Padre. Y la santidad se pide y la vida se mantiene a través de la fuerza que viene de Él.

Hay que pedir el pan cotidiano y la bendición cotidiana, para el cuerpo y para el espíritu. Y por todo lo que se pida, será dado. No hay que tener miedo de pedir demasiado. Jesús para nosotros ha pedido la misma gloria, porque los cristianos somos hijos de Dios.

El Intercesor pide y obtiene de Dios, las gracias necesarias para la Redención Humana y el alivio del dolor ajeno. La oración intercesora es el amor de rodillas.

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En la historia de Sodoma y Gomorra, sus habitantes habían llegado a tal nivel de corrupción, que para impedir que éste cáncer se expandiera, Dios decidió destruirlos. ¿No le comunicaré a Abraham lo que voy a hacer? En este cuestionamiento que Dios se hace a Sí Mismo, lo que en realidad está diciendo es: “Si Abraham y Yo somos amigos, no está bien que Yo destruya Sodoma y Gomorra sin que él lo sepa.” ¡Dios es un Amigo Sublime!

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¡Qué maravilloso es llegar a este grado de intimidad con El que nos ha creado! De que Abraham lo conocía bien, lo revela el magnífico regateo que sucedió a continuación y que comienza con: “Sé que Tú estás lejos de proceder así…”

En el epílogo de tal entrevista, aprendemos el valor de la Oración Comunitaria, pues basta con la Oración de Diez justos generosos; reunidos para pedir piedad. Dios no rechaza la Oración. Y es posible conseguir que Dios cambie de opinión y se vuelva una bendición su decreto de destrucción.

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También Moisés, ¡Suplicó, exigió y consiguió!: “Yeové renunció a destruir a su Pueblo, como  lo había anunciado.” Moisés puso en peligro su propia vida eterna y su oración salvó a toda la nación de Israel.

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Al no querer nada para sí, él solo logró doblegar la Voluntad Divina. Dios tenía toda la razón y también sus sentimientos cuentan. Sin embargo ante la audacia de Moisés, Él también sacrificó su Justicia ante su Misericordia.

LA ORACIÓN INTERCESORA PUEDE CAMBIAR EL CURSO DE LA HISTORIA.

Cuando estamos totalmente unidos a Cristo y crucificados con Él, nuestra intercesión es muy poderosa, porque es Jesús Mismo el que ora al Padre en nuestra Oración.

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Hay que agradecer a Dios ahora que estamos padeciendo por Él. Entre los muros de esta cárcel terrena podemos hacer una intercesión poderosa por los que más amamos y más alejados están de Dios. Nuestro sacrificio y nuestra sangre, obtienen de Dios los milagros más portentosos.

Hay que orar mucho por:

LOS SACERDOTES.

Hay que orar siempre por ellos, porque son los máximos responsables de la vida espiritual de los cristianos.

ALABANZA Y REPARACIÓN A DIOS.

Blasfemado por tantos.

LAS ALMAS DEL PURGATORIO.

Es la mejor obra de Misericordia. Obteniéndoles refrigerio en su padecer por alcanzar la Gloria.

LOS PECADORES.

Muchas almas se condenan porque faltan intercesores que les obtengan de Dios la Gracia para que se arrepientan, se conviertan y se salven.

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LOS CAUTIVOS DE SATANÁS.

Todos los hombres son atormentados con saña inaudita por el Eterno Odiador de Dios y del Hombre. La intercesión por los atormentados por la violencia y el Odio, permite que Dios intervenga para impedir más delitos, especialmente contra los inocentes. Y para sanar los corazones de los que están siendo arrastrados por la desesperación.

LOS QUE SUFREN.

Porque el sufrimiento se convierta en escalera para el Cielo. Y no sea fuente de duda y de desesperación que los lleve a renegar de Dios y a precipitarse en las trampas que Satanás les tiende para destruirlos.

POR NOSOTROS.

Hay que pedir las ayudas sobrenaturales que más necesitamos y que nos permiten elevarnos para alcanzar aquella perfección que es indispensable para agradar a Dios, porque Él nos quiere santos y reunidos con Él. La santidad sólo puede alcanzarse a través de la Oración.

LA ORACIÓN DEBE SER ESPECÍFICA.

Una de las tácticas de Satanás y que usa como un último recurso, cuando no consigue apartarnos de Dios, es estorbarnos la Oración e impedir que nos fijemos objetivos concretos que él no puede detener.

Cuando Jesús levantó a Lázaro de entre los muertos, lo llamó por su nombre. Si Jesús no hubiera hecho una Oración muy específica

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¡Todos los muertos se hubieran levantado! Por eso cuando a Jesús le llevaron al ciego Bartimeo, Jesús le preguntó: ‘¿Qué quieres que te haga?’ El ciego respondió: ‘Maestro, que yo vea’ Entonces Jesús le dijo: ‘Puedes irte, tu fe te ha salvado’. Y al instante vio y se puso a caminar con Jesús.

¿Por qué Jesús le hizo una pregunta tan obvia a Bartimeo?

Desde la perspectiva de Dios, Bartimeo tenía muchas necesidades. Si Bartimeo le hubiese pedido: ‘Jesús, ten misericordia de mí.’ Hubiese hecho una petición generalizada. Y al pedir específicamente la vista de los ojos físicos, Dios le dio además la salvación, al ejercer su fe. Por eso le pidió que concretara su petición…

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Satanás no quiere que seamos concretos al orar por dos motivos:

1.- Neutralizar completamente la Oración… Pues al no especificar, él queda en libertad de obstaculizar.

2.-  Al orar específicamente estamos poniendo a  prueba la Fe. Esto la fortalece, al ver las específicas respuestas de Dios. La Duda es el arma favorita de Satanás para tratar de destruir nuestras oraciones específicas. Y esta es otra razón para ser perseverantes en la obtención de los milagros.

Cuando todo se hace en la forma correcta, se acaban las coincidencias y vemos las respuestas concretas de un Amor Infinito. Nuestro corazón se extasía en adoración al ver como Dios colma y rebasa nuestras esperanzas.

La Oración Perseverante abre el Cielo y la Fe salva al alma, por medio de la plegaria. Y el alma se fortalece, crece y se vuelve adulta. Y aprende a vivir muriendo y a morir amando.

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Sólo a través de la Oración es posible este aprendizaje. Y el Espíritu Santo trabaja con el Amor, para hacer santos a los espíritus y que alcancen la perfección con el amor de Coparticipación.

A la entrega total, Dios corresponde con el sonido audible de su voz maravillosa. Cuando el alma está lista, Él se convierte en nuestro mejor Amigo. Y ÉL nos guía y nos educa, como enseñó a sus apóstoles a comprender mejor sus enseñanzas.

Y de esta manera, la Oración se convierte en el centro de nuestra existencia. y convertimos nuestro corazón en el sagrario que custodia al Dios Vivo y Resucitado.

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LA MEDITACIÓN

Cuando nos disponemos a orar es indispensable el silencio, tanto exterior como interior, para poder escuchar la voz de Jesús y las ternuras de su Corazón amantísimo. La Meditación es la puerta que conduce a la santidad y la primera escala de la Oración. El alma que medita se salva, porque la Meditación nace de la Alabanza, ya sea de gratitud, de admiración o de adoración.

La Meditación es el alimento de la Fe y arrastra al hombre a la práctica de la vida cristiana recta y ordenada.

Cuando se llega a dominarla, es posible meditar en medio de la más febril actividad; ya que prepara y vigoriza el alma para deificarla, porque en ella está la fuente de las enseñanzas divinas.

La Meditación rasga el velo de los Misterios Divinos y conduce al hombre con paso firme al profundo conocimiento de su miseria, preparándolo para contemplar la Grandeza de Dios.

Quita de su camino los tropiezos del Pecado. Le señala el propósito de su vida. Lo prepara para el fin que fue creado. Le da claridad a sus dificultades y responde la solución de sus conflictos. Refrena sus vicios y sus pasiones. Endereza en su espíritu lo que está torcido. Protege de infinitos males y prepara el alma para la perfección.

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La Meditación es la escoba que barre la basura de nuestro interior.

Nos da la contrición y el arrepentimiento. Es la luz que ilumina las tinieblas que envuelven el camino del hombre sobre la tierra. Nos hace aborrecer el pecado al penetrarnos de la importancia de todas las verdades divinas y con ella se descubren las trampas de Satanás. Y nos señala el camino para librarnos de ellas.

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La Meditación es el taller donde se trabajan las virtudes. Es el alimento, el descanso y la perfección de un tesoro escondido que hace rico y poderoso a quién lo posee. Es como una lupa que descubre al espíritu con claridad asombrosa los secretos divinos y encamina el alma a la purificación y a la pureza.

Un alma que no medita, no puede emprender el camino espiritual porque es como si careciera de brújula para hacerlo y la desorientación es completa.

La Meditación y la Oración tienen la propiedad de adaptarse a las características particulares de cada alma, para facilitarle el conocimiento de Dios. La Meditación en la Pasión de Jesucristo enciende en las almas el fuego del amor y el sacrificio.

Y debe ser una tarea cotidiana. Es la pista para levantar el vuelo hacia la unión con el Espíritu Santo y el principio de la preparación a la crucifixión espiritual.

Todo lo creado puede ser un lugar de Oración, si aprendemos a levantar nuestro espíritu al Padre, despegándolo de la tierra y de las cosas de la tierra. Meditar orando es hablar con el espíritu elevado a Dios, olvidando a los hombres y a sus debilidades, pensando solo en Dios nuestro Padre. En Él que es tan bueno con todos los que lo buscan y lo aman con buena voluntad.

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La Oración es el descanso del alma turbada con tantas cosas. El tiempo dedicado a meditar orando, hace que las fuerzas se recuperen para reconstruir lo que el mundo y los ataques de Satanás debilitan, al tratar de impedir que el alma vaya hacia Dios.

Orar es hablar con Dios. Quien cree con pureza e inteligencia, escucha la voz de Dios y la atiende. Después habla de las cosas que Dios le ha enseñado.

Dentro de un corazón perturbado Dios no habla. Cuando un alma vive en la caridad su corazón está tranquilo, oye la Voz de Dios y la comprende. Medita en su Presencia y crece espiritualmente.

“Yo estoy con ustedes todos lo días, hasta que se termine este mundo…”

Entonces es cuando se reflexiona y se contemplan las perfecciones de Dios, la miseria humana y la fragilidad del hombre. Y se suscitan actos de una voluntad amorosa y reparadora y pronta siempre para adorar.

Quién se separa de Jesús y no se mantiene en contacto con Él por medio de la Oración, cae en el sopor y vuelve a ser apresado. La Oración y el Espíritu Santo crean un corazón y una inteligencia sobrenaturales. El hombre ya no piensa en sí mismo. Vive y piensa todo a través de Dios. Quién trabaja para Él, no pecará. Y quién lo da a conocer, tiene la Vida Eterna.

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El coloquio amoroso de la Oración favorece la intimidad con Dios. En ésta, el corazón se abre y Dios se derrama con abundancia. El alma dice: ‘¿Pero qué me ha hecho el Señor?’

El alma ha sido redimida de la esclavitud del pecado y las virtudes se multiplican y se perfeccionan en más alto grado. Todo es preparado espiritualmente para seguir a Dios por medio del sacrificio heroico y el alma es lanzada por el camino de la perfección.

LA FUSIÓN CON DIOS.

La Oración de Unión. Para que esta comunicación sea clara y precisa, es indispensable la más diáfana pureza: en la mente, en el corazón y en el cuerpo. Porque Dios se revela a los puros en toda su plenitud, por la delicia que encuentra en el alma que lo refleja a Él, el Purísimo.

No debe existir la más leve mancha de lujuria y Él las compensa con creces por los sacrificios que hacen por amor suyo. El virgen e ignorante del apetito carnal, puede conocer lo que es el Amor Perfecto, ya que no está contaminado por experiencias que lo perturban. En lo más íntimo de nuestro ser están las pasiones. La voluntad del alma enamorada de Dios, las dirige a una sola meta: la santidad.

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Satanás vigila y ataca con malas pasiones, para impedir que se construya el Reino de Dios. Si el hombre vive unido a Dios por medio de la Oración y la Gracia, Dios está en él y nada malo puede ocurrirle. La unión con Dios es el arma que nadie puede vencer y la victoria es segura.

El que persevera en el Amor de Jesús y en pertenecerle, vive para siempre y deifica su alma. Y se convierte en ‘dios’ participante de la Divinidad que Jesús le comunica a través de la Eucaristía y la Oración de Unión.

El alma pura y amorosa pide y confía ciegamente en su Señor. Se pliega dócilmente a la Voluntad Divina y ama siempre la respuesta, sea cual fuere.

El alma orante pasa de la Meditación a la acción, derramando el amor del que se ha nutrido en sus encuentros con Dios; con la misericordia y la compasión en deber de gratitud y de amor. Deber de imitación a Jesús. Amar a Dios por Sí Mismo y amarlo en el prójimo, eso es perfección.

            Y se perfeccionan los sentidos espirituales. El contacto con Dios es una continua metamorfosis que hace del hombre un ángel. Y con los ojos del espíritu vivo, ‘ven’ y con los oídos ‘oyen’ los secretos de Dios y el futuro del hombre. Y dicen en su Nombre lo que el Espíritu pone en sus labios purificados por el amor y santificados por el dolor.

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La Cruz es el poder para vencer. Hay que usarla con veneración y esculpirla en el pensamiento y en el corazón. Con la conversión queda grabada en la frente y en la mano de los espíritus vivos. Y ella debe esplender con la luz del Espíritu Santo, haciendo huir a Satanás, porque él no soporta la Cruz, ni la presencia santísima de María, la Virgen de Dios.

Y el Nombre Santísimo de Jesús, que es fuerza y defensa en el corazón que lo pronuncia con amor, Fe y esperanza. Todo esto es lo que forma el equipo que es mortífero para aniquilar a las legiones de Lucifer, que atormentan a todos los cristianos. El poder de la Oración y de la Cruz, vuelven invencible al alma que tiene una Fe viva y activa, que operan infinitos milagros, éstos se consiguen cuando se sabe usar a la perfección: LA ORACIÓN.

LA CONTEMPLACIÓN

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Para orar, no hay necesidad de pronunciar muchas palabras. Basta con mirar las cosas creadas y la admiración se abre paso al contemplar la Grandeza de Dios. Y nuestro corazón se eleva a la más alta Oración, desligada de las cosas del mundo, envuelto en un místico mar, arrebatado y endiosado por el Fuego del Amor Divino. Así es como se desarrolla una conversación en los Cielos.

La contemplación es el último peldaño de la Oración y se da cuando el alma alcanza el Amor de Fusión. El alma entra de lleno en el Cielo que existe desde la Tierra…

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La separación entre Dios y el alma crucificada y que ya es un atleta en el espíritu, es un tenue velo que se rasgará solo con la muerte y que está puesto porque nadie puede ver a Dios tal como Es, sin morir de Amor, de alegría, de anhelo; pues la Presencia de Dios tal cual Es, es fulminante. La muerte conducirá a tomar posesión de la Vida, que en el mundo vislumbraron a través de la Contemplación.

La contemplación tiene unos crisoles muy finos. Con frecuencia  se esconde el Amado y esa ausencia es tan penosa y dolorosísima, cuanto el alma ha aumentado su capacidad de amar, hasta alcanzar el límite insoportable de la desesperación.

Se le esconde el que es su vida y se siente morir. Se oscurece el que es su sol y se queda en tinieblas, como un niñito perdido que no sabe a donde voltear. Dios es su razón de vivir y cuando se ve apartada de Él, es un estado de tal sufrimiento y cruelísimo dolor, que si Dios no la sostuviera con su Gracia, sucumbiría.

De este crisol salen aquilatadas con un valor que solo Dios puede apreciar.

El alma crece en perfección; pero de la misma forma que aumentan el brillo de las virtudes, aquilatándose dentro de esa fuente de oro líquido que es la Contemplación; crecen también en intensidad y dolor, las pruebas alambicadas por las que el alma debe pasar, para purificarse siempre más.

Estas numerosas pruebas, tanto exteriores como interiores, cada una superior a la otra en despiadada crueldad. Unas purifican la voluntad directamente, desatando tempestades devastadoras sobre el corazón y sobre la mente. Hay otras purificaciones internas en la sustancia misma del alma, que no se diferencian de las penas del Infierno, más que en la duración.

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En este trance el cuerpo queda sin fuerzas y es incapaz de moverse; pero plenamente consciente, sufriendo aquella atroz agonía del alma. Sin poderse mover, ni quejar, ni luchar, sino tiene que dejarse desgarrar y quemar interiormente en el espíritu. Para llegar a este punto es necesario nunca dejar de orar y por lo tanto, nunca dejar de recibir gracias, creciendo en santidad y en perfección, en los crisoles divinos.

Sumergíos en el vórtice de la contemplación. Esforzaos en olvidar que sois hombres y en transformaros en serafines. Lanzaos al horno, a las llamas de la contemplación. La contemplación de Dios es semejante a chispa que salta del choque de la piedra contra el eslabón y produce fuego y luz. Es purificación el fuego que consume la materia opaca y siempre impura y la transforma en llama luminosa y pura.

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No tendréis el Reino de Dios en vosotros si no tenéis el amor. Porque el Reino de Dios es el Amor y aparece con el Amor. Y por el Amor se instaura en vuestros corazones en medio de los resplandores de una luz inmensa que penetra y fecunda, disuelve la ignorancia, comunica la sabiduría, devora al hombre y crea al dios, al hijo de Dios, a mi hermano, al rey del trono que Dios ha preparado para aquellos que se dan a Dios para tener a Dios, a Dios, a Dios, a Dios sólo.

Sed, pues, puros y santos por la oración ardiente que santifica al hombre porque le sumerge en el fuego de Dios, que es la caridad. Vosotros debéis ser santos. No en el sentido relativo que esta palabra ha tenido hasta ahora, sino en el sentido absoluto que Yo le he dado proponiéndoos la santidad del Señor como ejemplo y límite. O sea, la santidad perfecta. Nosotros llamamos santo al Templo, santo al lugar donde está el altar, Santo de los Santos al lugar velado donde está el arca y el propiciatorio. Pero, en verdad os digo que los que poseen la Gracia y viven en santidad por amor al Señor son más santos que el Santo de los Santos, porque Dios no se limita a colocarse sobre ellos como sobre el propiciatorio del Templo, para dar sus órdenes; sino que mora en ellos, para darles sus amores.

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Hacemos Oración cuando en silencio contemplamos la Verdad y a Dios en su Bondad, cantando salmos de Alabanza, por la alegría que invade nuestro ser. Dios pone al alcance los tesoros de su Sabiduría y el alma es como un niño que va recogiendo y engarzando las Divinas Palabras, formando así joyas maravillosas y bellísimas…

Y el alma está lista para los Esponsales Divinos.

LA ORACIÓN EN EL ESPÍRITU

“Pero Llega la hora y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores, adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Son esos adoradores los que busca el Padre. Dios es Espíritu, por lo tanto los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad.”

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La Oración es la elevación del alma a Dios. La obediencia a las inspiraciones del Espíritu Santo, dan la perfección del abandono en Dios y el alejamiento de las cosas del mundo. Cuando se ofrece a Dios todo y todo nos es quitado, a veces falta la serenidad por la pérdida de ciertas cosas. Y al volver la vista a lo que hemos dejado, sentimos que es un retroceso. Mientras el llanto baña el rostro, la voluntad de pertenecer más a Dios, se mantiene firme, pero nuestra incapacidad nos quebranta y nos sentimos como aplastados por un tremendo dolor. Se añoran…y se quisiera volver a tenerlas…

Tenemos que dar a Jesús la cosa más preciosa. Es entonces que la debemos dar. Más preciosa de la vida. Más cara de los afectos. Más amada de la casa. No se puede matar el recuerdo… y no se puede impedir la nostalgia. Pero basta con tener recuerdos y nostalgia llenos de resignación. Entonces no son imperfecciones, son méritos a los ojos de Dios. Espinas que estrechan el corazón, para que se llene de gemas, de lágrimas y de sangre, que se convierten en joyas que ofrecer ante el Trono  Divino.

El compendio de la perfección está en saberse desprender del propio modo de pensar humano. Es un trabajo de toda la vida y que se presenta innumerables veces a lo largo de la existencia. Porque ¿El pensar humano de qué está compuesto? Por cincuenta por ciento de resentimientos. Veinticinco por ciento de excesiva sensibilidad y otro veinticinco por ciento de egoísmo. ¡El prójimo hiere con el pétalo de una flor o con una pluma!

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Para el sensibilísimo ‘yo’ humano, son latigazos o estocadas que afirman el corazón en un modo de pensar. El egoísmo se dispara: ‘Yo soy rey y no quiero ofensas de ninguna clase. Yo domino y no quiero resistencia a mi querer’ Y he aquí que entre la sensibilidad excesiva y el egoísmo despiadado, nacen los resentimientos que no ceden y los apegos a las propias ideas.

Por eso hay que entregar a Dios nuestro propio pensamiento y obedecerlo para que Él pueda sanarnos. Con el alma vacía, estamos preparados para que el Espíritu Santo pueda descender y obrar libremente en un corazón. Para eso es necesario cultivar en sí mismos la Caridad, la fidelidad, la Pureza, la Oración y la Humildad.

Los apóstoles se prepararon a su venida con estas virtudes unidas a un intenso recogimiento y tomaron como modelo a María. De ella aprendieron que a pesar de las ocupaciones de la vida, Ella sabía vivir recogida en Dios y su más grande alegría era aislarse en la Contemplación, en el silencio, en la soledad.

Dios habla dondequiera. Pero su Palabra llega a nosotros los mortales y que tenemos una capacidad de recepción limitada, mucho mejor cuando estamos en el aislamiento.

Doble mérito y doble gracia es aprender a oírlo en medio del tumulto. Pero también es triple fatiga.

AMOR AL PROJIMO

Pues la caridad está primero y no podemos hacer a un lado al prójimo, que muchas veces y con motivos triviales, interrumpen estos coloquios. Entonces es necesario saber dejar sin alterarse, la Meditación de la Oración y ocuparse del prójimo sin perder de vista a Dios y con infinito tacto, nunca dar a entender que hemos sido perturbados; recibiéndolos con una sonrisa y buena voluntad.

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Cuando se prepara la venida del Paráclito y se desea su permanencia, hay que tener mucho cuidado en no tomar poses que no son más que soberbia amamantada de humildad  hipócrita. La simplicidad es la mejor cualidad, para que el Espíritu descienda a nosotros con placer. Y después hay que saber retenerlo con todos los requisitos necesarios para la Oración. Hay que tener triple pureza, porque Él se retira de la impureza. Y una gran fidelidad a sus inspiraciones.

Él Es el Apóstol Eterno que predica incansablemente a las almas, la Doctrina de Cristo, que la ilumina y la explica. Pero si es mal acogido, se va otros corazones que no le ponen diques. Si es recibido con Ira, Él se retira y nosotros perdemos su Paz y lo perdemos a Él.

Dios no se impone más que en casos muy especiales. Él está pronto siempre a intervenir en nuestra ayuda, pero quiere de nosotros el deseo de recibirlo, el coraje de seguirlo, la generosidad de confesarlo.

Entonces es cuando Él nos abraza, nos penetra, nos levanta, nos enciende, nos deifica. Y como un águila nos eleva para volar en las alturas, en los Reinos de la Luz. En climas de Pureza nos acerca al Sol de la Caridad y en Él nos inflama, hasta que abre las puertas de su Reino, por una eternidad de beatitud.

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EL ESPÍRITU SANTO NOS AYUDA A ORAR.

Además, el Espíritu nos viene a socorrer en nuestra debilidad, porque no sabemos pedir de la manera que se debe. Pero el propio Espíritu intercede por nosotros, con gemidos que no se pueden expresar. Y Aquel que penetra los secretos más íntimos, conoce los anhelos del Espíritu, cuando ruega por los santos, según la manera de Dios.

El Espíritu Santo tiene maneras de ayudar a nuestra debilidad, dándose a nosotros con su inmensidad de Luz y de Potencia. Nos penetra y nos ilumina hasta los fondos más abisales de nuestro espíritu. Y todo lo fecunda haciendo  prosperar la Gracia y las otras virtudes. Haciéndonos conocer al Padre, al Hijo y a su recíproco Amor, o sea,  Él Mismo, cual ningún libro y ninguna palabra de sabiduría humana, pueden alcanzar a hacerlo.

Porque en la inmensidad  de su Sabiduría, Dios es siempre luminoso y simple. Sus instrucciones son un toque divino que enciende luces, que iluminan los Misterios y son una caricia que despierta el amor en nosotros.

Es un beso que hace gustar el sabor de Dios, de aquel Padre que su amor Providente es como una leche que nutre.

De aquel Dios Hijo que nos alimenta con su Carne y con su Sangre.

De aquel Dios Espíritu Santo que de sus mieles sapienciales hace alimento para los deseosos de Dios, como las abejas lo están del jugo de las flores.

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Dios es como una espléndida y salutífera flor que atrae con su perfume a los más simples e ignorantes. A los niños inocentes y curiosos. Porque atrae, alegra y da testimonio de la existencia de Dios y de su providencia hasta para las más pequeñas creaturas de la Creación.

De una manera simple, su Voz resonante en el silencio atento del alma. El Espíritu la instruye, la educa, la aconseja, la guía a un más amplio conocimiento de Dios, generando un más alto amor hacia Él y convirtiéndola en hija de Dios.

Esta transformación se vuelve total, cuanto más el alma se despoja de cuanto puede serle un impedimento para obedecer las inspiraciones del Espíritu Santo. y gusta anticipadamente por breves instantes, del gozo eterno de poseer a Dios en la Fusión de la Oración y oferta cotidiana y el éxtasis de la Contemplación. La Inmolación cumplida en lo más íntimo del ‘yo’ imitando al Maestro; siguiendo el Camino de la Salvación y ascendiendo hacia la Perfección, hasta sumir el ‘Yo’ perfecto de Jesús y poder decir con verdad: “No vivo yo, es Cristo el que vive en mí”

Y es cuando las acciones serán hechas siguiendo el Espíritu de Cristo. Sus oraciones y sus sufrimientos, completarán los de Cristo, para el mismo objetivo: la santificación de los hombres. Y obtendrán el mismo fin: la exaltación gloriosa y eterna, después de la humillación y el martirio de la inmolación.

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Y el Espíritu en nosotros sostiene nuestra debilidad y nos ayuda con su Oración Perfecta. Él, siendo Dios, sabe lo que se debe orar y en ‘sonidos inefables’ Él intercede por nosotros ejercitando la santificación que se inicia en la Tierra y se corona en el Cielo.

LOS GEMIDOS DEL ESPÍRITU SANTO.

EL Don de Lenguas es un don de Oración. Éste acompaña el Bautismo del Espíritu Santo. Hablar en lenguas es la Oración con y en el Espíritu: es nuestro espíritu hablando a Dios, inspirado por el Espíritu Santo. La Oración se eleva a Dios en libertad. El Espíritu Santo es el que la dirige y por lo tanto es una Oración Perfecta y es lo que la hace más efectiva.

A Dios le encanta manifestar su Presencia con magistral magnificencia y para que no quede ningún género de duda. Y este maravilloso Don del Espíritu Santo, es la experiencia más gloriosa que puede vivir un ser humano, los adultos en el espíritu saben que esta es la única manera de caminar, avanzar y perfeccionarse. El espíritu es el rey y él maneja todo con orden y obteniendo el provecho óptimo. El Don está sujeto al que lo posee y esa es la mayor responsabilidad.

Puede que hablar en lenguas emocione de la misma manera que agudiza el intelecto, pero no es necesario provocar un estado emocional, para hablar en lenguas. Cuando se habla en lenguas por primera vez, la Presencia de Dios es tan emocionante, que a veces las almas pierden un poco el control. A los apóstoles los acusaron de estar borrachos. Pero emoción es una respuesta, no una causa.

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No hay nada malo con expresar la emoción. Tenemos que aprender a expresar nuestras emociones y disfrutar de ellas, especialmente en nuestra relación con Dios. por eso la Oración en el Espíritu debe hacerse en la intimidad, porque es un Don principalmente útil, para el que lo experimenta.

El canto en lenguas es la Alabanza Perfecta, Dios nos ayuda a expresar con ‘gemidos inefables’ lo que de otra manera seríamos incapaces de decir. El Espíritu sabe lo que estamos necesitando y Él nos ayuda a pedirlo. A través de esta Oración recibimos gozo,

Consuelo, fortaleza y somos sanados de lo que está lastimando nuestro espíritu. El alma es llenada de las virtudes que necesita.

No entramos en ninguna rara disposición cuando oramos en lenguas. No hay ninguna relación con lo misterioso y con lo oculto. No se trata de histeria, ni de ninguna forma de sugestión. No entramos en trance, ni ponemos nuestras mentes en blanco. Mientras oramos en lenguas, nuestra mente debe estar activa, adorando al Señor. Tampoco es una compulsión. Es una inspiración que siempre está sujeta a nuestra voluntad. El que dice que no puede controlarlo, lo más probable es que lo que experimenta, nada tenga que ver con el Espíritu Santo.

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El emocionalismo es una de las cosas que le desagradan al Espíritu Santo. LA ADORACIÓN, ES EL OBJETIVO PRINCIPAL DE ESTE DON.

Los adoradores del Espíritu Santo lo adoran en espíritu y en verdad, todos los días de su vida.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

13.- EL ORIGEN DEL DOLOR


La muerte y el dolor entraron en el mundo por envidia del Demonio. Pero Dios no es autor, ni de la muerte, ni del dolor. Y no se alegra con el dolor de los vivientes.

El Pecado destruyó la capacidad y la intensidad en el Amor. Y desde entonces el dolor existe en la Tierra y arranca lágrimas al hombre, por la depravación de su inteligencia que trata siempre de aumentarlo por todos los medios.

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. ¡Cuántas lágrimas se acarrea el hombre por la instigación oculta de su amo: Satanás!

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran.

LA SOBERBIA Y LA EXCUSA.

“La serpiente   me engañó, dijo Eva. La mujer me presentó el fruto y comí de él, dijo Adán.” Y desde aquel momento la concupiscencia triple se apoderó de los tres reinos del hombre.

No hay más que la Gracia para desprenderse de las fuertes ataduras de este monstruo despiadado. Cometieron el primer acto contra el Amor, con la Soberbia, la Desobediencia, la Desconfianza, la Duda, la Rebelión, la Concupiscencia Espiritual y por último, la Concupiscencia Carnal.

También en las ofensas contra la Ley divina, el hombre pecó antes contra Dios, queriendo ser igual a Dios, ‘dios’ en el conocimiento del Bien y el Mal. Y en la absoluta y por lo mismo ilícita libertad de proceder a su placer y querer contra todo consejo, lo prohibido por Dios.

Después pecaron contra el Amor, amándose desordenadamente, negando a Dios el amor reverencial que le debían; metiendo el ‘yo, en el lugar de Dios; odiando a su prójimo futuro: su misma prole, a la cual le procuró la herencia de la culpa y de la condena; despojados de todo lo que Dios les había dado.

Por último, pecó contra su dignidad de criatura regia, que había tenido el don del perfecto dominio de los sentidos, rebajándose a sí mismo a un nivel inferior al de las bestias.

¡Bien conocieron después la Ciencia del Bien y del Mal! Con el conocimiento adquirido y la nueva vista por la cual supieron que estaban desnudos, los advirtió de la pérdida de la Gracia que los había hecho felices en su inteligente inocencia; hasta llegar a aquella hora, por la pérdida de la vida sobrenatural.

¡Desnudos! No tanto de vestidos, sino de los dones de Dios.

¡Pobres! Por haber querido ser como Dios.

¡Muertos! Con el espíritu muerto por el Pecado. Por haber temido morir con su especie, si no hubieran procedido directamente.

“Seréis como dioses, conocedores de todo, del Bien y del Mal.”

El apagado silbido de la serpiente, con su sonido cruzó el aire; encontró eco en el corazón del hombre y se fundió a su sangre; para entrar a lo más caro del alma, entronizándose en el altar de su espíritu. Y desde entonces vive perjudicándolo en cuerpo y alma, para obedecer al imperativo de la sangre envenenada por Satanás.

El hombre se equivoca al aplicar valor y significado a las cosas y a las palabras. Ser igual a Dios, ya había sido dado por dote por el Padre Creador. Con una semejanza en la cual no tienen nada que hacer, esto que es carne y sangre; sino en el espíritu. Porque Dios es Ser Espiritual y Perfecto. Y los había hecho grandes en el espíritu. Capaces de alcanzar la perfección mediante la Gracia plena en ellos y la ignorancia del Mal.

Jesús vino a poner las cosas y las palabras en la luz justa. Y con las palabras y los hechos demostró la verdadera grandeza, la verdadera riqueza, la verdadera sabiduría, la verdadera majestad, la verdadera deificación.

Y no son aquellas que el hombre cree.

LA SENTENCIA DIVINA.

Dios Padre alejó al hombre del jardín de sus delicias. Ya no podía confiar más en sus hijos. El hombre había querido ser el dueño de todo y se opuso a que Dios fuese el Único Creador. Se marchó a su destierro con su pecado. Era un rey humillado y despojado de sus dones. El Hombre del Paraíso se había convertido en un ser terrenal y mortal.

Su reino lo perdió en manos del que lo pervirtió.

Satanás lo despojó de lo que Dios le había dado. Y de amo se convirtió a sí mismo en esclavo de aquel que había sido destinado a obedecerlo. Y el dolor y la muerte entraron a formar parte de la vida humana. La herida de Eva engendró el sufrimiento, que no terminará hasta que muera la última pareja sobre la tierra.

EL CASTIGO. 

No desproporcionado, sino justo.

Para entenderlo se necesita considerar la perfección de Adán y Eva.

Considerando aquel vértice, se puede medir la magnitud de la caída en aquel abismo de degradación.

Dios respetó la voluntad humana.

El hombre perseveró en su estado de rebelión hacia su Divino Benefactor. Porque no se arrepintió del dolor causado a Dios y todavía mantenía su unión con la mentira. Soberbiamente salió del Edén, después de haber mentido y haber aducido pobres excusas a su pecado.

Se hicieron cinturones de hojas y testimoniaron que se avergonzaban; no por estar desnudos y aparecer tales ante Aquel que los había creado y conservado vestidos solo de Gracia e Inocencia, sino porque eran culpables y tenían miedo de comparecer delante de Dios.

Miedo, sí. Arrepentimiento, NO.

Entonces Dios, después de haberlos expulsado del Edén, protegió con Querubines los umbrales del mismo, para que los dos prevaricadores no regresaran fraudulentamente, para hacer botín de los frutos del Árbol de la Vida, nulificando una parte del justo castigo y defraudando todavía una vez más a Dios de su derecho: aquel de dar y de quitar la vida.

Dios es nuestro Rey y nuestro Padre. No un siervo y menos un esclavo.

Dios es Justo.

Cuando castigó al hombre, no le quitó la inteligencia, ni la fuerza moral, porque nunca ha dejado de amar al hombre, por más culpable que éste sea.También le dejó al hombre la voluntad soberana, para que éste pudiese llegar a ser dueño de sus pasiones y pudiera controlarlas.

El hombre debió obedecer. Los inocentes eran castos. Sabían amar verdaderamente, con aquella ternura virginal que está en el más ardiente amor materno o en el más ardiente amor filial. O sea, de aquellos dos amores que no tienen atracción sensual y son fortísimos.

Dios habría regulado el amor del hombre por las criaturas nacidas de su santo amor con Eva. Pero Adán y Eva no llegaron a este amor, porque el desorden había corrompido con su veneno, el santo amor de los Progenitores.

CONSECUENCIAS DEL PECADO.  

El Enemigo de Dios y del hombre por Odio, hirió mortalmente a la Humanidad y la infectó con el germen del Odio, de los Celos, de la Envidia. Y con esto puso la causa primaria de la división que enfrenta a los hombres el uno contra el otro.

De esta manera fue cosechado el segundo fruto de la maldad del Maligno: el fratricidio de Caín. Y desde entonces el virus de la violencia ha ido aumentando hasta alcanzar proporciones pavorosas, porque cada día crece más la semilla que Lucifer siembra en el corazón del hombre: EL ODIO.

Por un solo hombre entró el Pecado en este mundo y por el pecado, la muerte. Y pudieron penetrar entre las delicias del Edén, turbando el orden, la armonía, el amor; esparciendo su veneno. Corrompiendo el intelecto, voluntad, sentimientos, instintos. Suscitando apetitos culpables, destruyendo la Inocencia y la Gracia, afligiendo al Creador.

Haciendo de las criaturas bienaventuradas, dos infelices; condenados uno. a obtener fatigosamente su pan de la Tierra; que por haber sido maldecida, produce cardos y espinas. Y a la otra, a parir con dolor; a vivir en el dolor y la sujeción del hombre.

Condenados los dos a conocer el dolor del hijo muerto y la vergüenza de ser los padres de un fratricida. Y finalmente a conocer el dolor de morir.

Hasta aquel momento, el veredicto de Dios no había todavía fragmentado la rebelión del hombre, el cual con la fácil adaptación de los animales, se había adaptado rápido a su nuevo destino. No más fácil y alegre como el anterior; pero no privado de gozos humanos que compensaban sus dolores humanos.

Las pasiones de los sentidos se satisfacían en la carne compañera.

La alegría de crear por sí solos nuevas criaturas, -¡Oh, orgullo persistente!-. Ilusionándose con esto, que era el ser iguales a Dios Creador; el dominio sobre los animales, la satisfacción de la cosecha y del bastarse a sí mismos, sin tener que agradecer a nadie.

Alegrías sensuales, pero siempre alegrías. Cuánta oscuridad de vapores de orgullo y de niebla de concupiscencia, perduró obstinada en los dos protervos. La maternidad era obtenida con dolor, pero la alegría de los hijos compensaba aquel dolor. El alimento era obtenido con fatiga, pero el vientre se llenaba igualmente y la gula era satisfecha, porque la tierra estaba colmada de cosas buenas.

La enfermedad y la muerte estaban lejanas. Gozando los cuerpos creados perfectos, de una salud y una virilidad que hacía pensar en una larga vida, aunque no fuese eterna. Se amaban con ternura y con pasión; ya que por su elección al orden sobrenatural; fueron dotados para amar y ellos, sí sabían amar mucho.

Y la soberbia fermentante suscitaba el pensamiento burlón: ¿Dónde pues está el castigo de Dios? Nosotros somos felices también sin Él.

Pero un día, el verde de los campos en los cuales florecían las flores multicolores creadas por Dios, enrojeció con la primera sangre humana vertida sobre la tierra.

Y dio alaridos de dolor la madre del dulce Abel muerto.

Y el padre comprendió que no era vana la amenaza de aquella promesa:Volverás a la tierra de la cual fuiste sacado, porque eres polvo y al polvo volverás.”

Y Adán murió dos veces: por sí y por su hijo. Porque un padre muere la muerte de su hijo viéndolo agonizar.

Y Eva alumbró con desgarramiento, dando a la tierra el cuerpo exánime de su predilecto y comprendió que cosa era el parir en pecado.

La muerte de Abel hizo añicos el orgullo de Adán y las escorias expertas de Eva, en el más atroz alumbramiento a las tinieblas.

El alarido de Eva, también marcó el nacimiento del arrepentimiento.

En aquella hora señalada por la primera sangre humana, esparcida por criminal violencia, por la cual la tierra fue maldecida dos veces. Hora en la cual fulminaba, el castigo de Dios. Murió el orgullo y nacieron el arrepentimiento y la nueva vida; con los cuales los dos culpables iniciaron el ascenso hacia la justicia y ameritaron, después de una larga expiación, el Perdón Divino por los méritos de Cristo.

Este dolor llenó el mundo y se trasmitió de generación en generación y terminará hasta que tenga fin el mundo. Ha llenado con su alarido el lugar en donde Adán extrae el pan de los surcos, sobre los cuales goteaba su sudor.

Se ha esparcido por la Tierra, los horizontes, los cañones, los desiertos y las selvas. Toda la Creación lo ha sentido y lo ha trasmitido. Y como luz cegadora ha hecho ver a Adán y a Eva, la inmensidad de su Pecado. No cometido solamente contra Dios, sino contra ellos mismos, en su carne y en su sangre.

Todo este milenario dolor viene de un desorden creado por un rebelde en el Cielo y por el consentimiento al desorden propuesto por él, a los dos primeros habitantes de la Tierra.

La Gracia restaura, pero la Herida queda. La Gracia auxilia, pero los impulsos hacia el Mal, quedan. Porque desde el momento del Pecado, el Bien y el Mal, son. Y se combaten dentro y fuera del hombre.

La impureza es la raíz de las enfermedades del alma. Los males morales tienen otros nombres: orgullo, codicia y sensualidad. Cuando se alcanza la perfección con estas tres fieras que lo destrozan, – y aun así el hombre las busca con loca ansiedad, – el alma queda totalmente separada de Dios.

La muerte y el dolor entraron en el mundo por envidia del Demonio. Pero Dios no es autor, ni de la muerte, ni del dolor. Y no se alegra con el dolor de los vivientes.

El Pecado destruyó la capacidad y la intensidad en el Amor. Y desde entonces el dolor existe en la Tierra y arranca lágrimas al hombre, por la depravación de su inteligencia que trata siempre de aumentarlo por todos los medios.

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. ¡Cuántas lágrimas se acarrea el hombre por la instigación oculta de su amo: Satanás!

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran.

LA EVOLUCION DEL PECADO.

Adán y Eva faltaron al primero de los Mandamientos dados por Dios y pecaron contra el Amor a Él, con la Desobediencia. Pero no pecaron contra el prójimo y en lugar de maldecir a Caín, lloraron por igual sobre el hijo muerto en la carne: Abel. Y sobre el hijo muerto en el espíritu por el fratricidio.

Así pues, continuaron siendo hijos de Dios, junto con sus descendientes venidos después de este dolor.

Caín pecó contra el amor a Dios y contra el amor al prójimo. Infringió por completo el amor. Dios le maldijo y Caín no se arrepintió. Por eso él y sus hijos, no fueron más que hijos del animal llamado hombre.

Si el primer pecado de Adán produjo tal decadencia en el hombre: ¿Qué grado de decadencia no habrá producido en el segundo, al que además acompañaba la maldición divina? ¿Qué variedad de formas de pecar no se habrán desatado en el corazón del hombre-animal, al estar totalmente privado de Dios y qué virulencia habrán alcanzado después de que Caín no solo escuchó el consejo del Maldito, sino que lo abrazó como dueño querido, asesinando por órdenes del mismo?

El desgaje de aquella rama, envenenada por la posesión diabólica, evolucionó de mil maneras.

En donde no está Dios, está Satanás. Cuando el hombre ya no tiene el alma viva, se transforma en un hombre-animal. EL BRUTO, AMA A LOS BRUTOS.

La lujuria carnal al estar aferrada y soliviantada por Satanás, le desata la avidez por todas las uniones, presentándole atractivo y seductor, lo que en realidad es horrendo como un íncubo. Lo lícito ya no le satisface, por parecerle muy poco. Y fuera de sí por la lujuria, busca lo ILÍCITO; llegando a tener monstruos por hijos e hijas.

Son los monstruos que por el poderío de sus formas, su salvaje belleza y su ardor bestial, frutos de la unión de Caín con los brutos y de los brutísimos hijos de Caín con las fieras, insaciables en su sensualidad al hallarse abrasados por el fuego de Satanás.

DE ELLOS SON LOS RASTROS SIMIESCOS, QUE LLAMAN LA ATENCIÓN DE LOS CIENTÍFICOS, INDUCIENDO AL ERROR.

El hombre desatina con las líneas somáticas y  los ángulos cigomáticos. Y no queriendo admitir a un Creador por ser excesivamente soberbio para reconocer haber sido hecho; admite la descendencia de los brutos para así poder decir: “Por nosotros mismos hemos evolucionado de animales a hombres. Es el esfuerzo de superación.”

Y así el hombre prefiere auto degradarse, por no querer humillarse ante Dios.

De este modo perdió el hombre la perfección de la belleza física y vino la variedad de las razas.

 En los tiempos de la primera corrupción, tuvo el aspecto de animal. Ahora ha adquirido esa apariencia en la mente y en el corazón.

Y en su alma, por su cada vez más profunda unión con el Mal; ha tomado en demasiados, el rostro de Satanás, borrando casi totalmente la semejanza con Dios y quedando solo el hombre-animal, guiado por los más bestiales instintos.

La prevaricación trastornó el orden con el más desconcertante desorden y destruyó el Plan Estupendo de Dios, cambiando totalmente la condición del hombre.

Satanás finalmente logró su objetivo y se apoderó del hombre, sobre el cual desahoga su odio, su veneno y sus desenfrenadas y desesperadas pasiones.

Al hombre rico, sabio, fuerte, feliz, inmortal y libre; lo convirtió en pobre, ignorante, débil, infeliz, mortal y esclavo, atormentado por su implacable verdugo.

A la felicidad del Paraíso Terrenal, siguió la infelicidad del exilio. A la Luz, siguieron las Tinieblas de la ignorancia, al grado de perder su propia identidad.

El Amor fue sustituido por el Odio. Al Bien para el que el hombre fue creado, se prefiere el Mal con toda su gama de manifestaciones. A la Vida Eterna, finalidad de la Creación, se prefiere la Muerte Eterna, en la abismal desesperación del Infierno. 

Dios, a cambio del Amor sin límites que ha dado al hombre, recibe un tremendo insulto: el desprecio absoluto por parte del ser humano, que en una monstruosa ingratitud se niega a reconocerlo y a amarlo.

La Humanidad ha pecado con el Deicidio, en el Pueblo Elegido, el Pueblo de Dios. El hombre se niega a reconocer al Salvador y lo mata, porque no le gusta lo que Él ha venido a decir. Y por no arrodillarse ante Dios hecho Hombre, negándole la Adoración que le corresponde; lo convierte en el Redentor; cumpliendo en esta forma el Plan Admirable de Dios.

Y después del Deicidio cometido por los sacerdotes de Israel; los fomes del mal  prosperaron cada vez más fuertes hasta que el hombre ha llegado a la perfección de la maldad y la perversión, en el más refinado satanismo.

La Noche de la Negación de Dios cubre ahora todo el mundo. Los corazones están endurecidos por el egoísmo y por el odio que prevalecen en todas partes. La inocencia de los niños es contaminada y profanada. 

El mundo se aleja cada vez más de Dios y se ha caído en el engañoso espejismo de creer poder prescindir de Él, construyendo una civilización materialista, que se niega a aceptar el pecado como un mal y haciendo al alma incapaz para el arrepentimiento, totalmente sordos a las voces del Cielo.

Satanás es el tirano que con las cadenas del pecado, arrastra al hombre hacia donde él quiere. Los impulsos del Pecado son el egoísmo y el odio, los dos enemigos acérrimos del Amor. Tientan con recompensas, amenazan con represalias, indagan, señalan y preparan asechanzas, para dañar al prójimo.

Así es como se realizan toda clase de crímenes. 

El hombre siempre se envilece cuando sirve al pecado. El alma corrompida empuja la carne a pecados obscenos, que envejecen y deforman. El vicioso jamás es verdaderamente feliz. Porque en las glotonerías y en el ocio, el cuerpo disfruta, pero el alma languidece.

Los culpables aunque lo nieguen, sufren; porque el pecado enferma el alma y hiere al espíritu. Y nadie puede herirse a sí mismo, sin causarse dolor. El pecador no conoce la paz en su corazón.

Todo pecado es una enfermedad y hay algunos que provocan la muerte inclusive física. Las bendiciones de Dios son destruidas por el pecado y la alegría se acaba. Toda acción mala, quita la paz. El alma pecadora siente cansancio y tedio, se aburre pronto de todo y no conoce el júbilo del verdadero amor, sintiendo dentro de sí un verdadero quebrantamiento.

El alma enferma por el pecado hace que muera el espíritu; el cual se convierte en instrumento de Satanás, para infligir daño a los demás, en la decadencia de un círculo perfecto de maldad y de odio. El pecado enferma al alma con un cáncer que carcome y destruye peor que la lepra. El cáncer del cuerpo se queda en la tierra, pero el pecado permanece por toda la eternidad.

El espíritu muerto por el pecado es totalmente dominado por Satanás. Quién toma ‘posesión espiritual’ del templo viviente que es el hombre, quién es lanzado a cometer verdaderas aberraciones que lo angustian y de las cuales quisiera verse libre.

Pero cada vez comprueba dolorosamente y muchas veces sin comprenderlo ¿Por qué no puede hacerlo?…

LA ESCLAVITUD DEL PECADO.

Entre los ángeles hay diferentes jerarquías: ángeles, arcángeles, etc. Entre los demonios también las hay. Jesús también especificó una distinción entre los demonios y los espíritus inmundos. Los demonios son los ángeles caídos que no supieron retener su condición. Los espíritus inmundos son generados por los pecados de los hombres. El pecado consumado y convertido en vicio, fortalece y vitaliza a estos espíritus generados por la maldad humana. Llegan a agigantarse a tal grado que toman un dominio total del hombre, hasta esclavizarlo de una manera absoluta.

El alma fue creada para volver a unirse con Dios. Y cuando la libre voluntad del hombre decide unirla al pecado, se produce un místico adulterio espiritual.

La lujuria de la mente es la soberbia. Fue el pecado de Satanás que se burló de Dios, llevándole a creerse superior a Él. La mente del soberbio fornica con Satanás, contra Dios y contra el Amor.

La lujuria del corazón es la ambición de las riquezas y del poder. Es la que odia a Jesús y a su Evangelio, porque Él ha acabado con ella en el corazón de los que aprenden a amar a Dios.

La lujuria carnal empuja al cuerpo a vivir esclavizado como un animal. Y sus instintos lo gobiernan en satánica tiranía, por infames placeres.

Esta es la triple concupiscencia que destruye al hombre manteniéndolo alejado de Dios. El alma muere si se le mantiene apartada de Dios.

Dios es Amor. Privada de su fuente, el Amor, el alma pierde la capacidad de amar y a pesar de todos los esfuerzos, la felicidad se vuelve más inaccesible cada día. El odio y la amargura envuelven al alma que busca inútilmente un alivio.

El hombre privado de Dios por una vida llena de pecado, lo que lleva a cabo es un suicidio espiritual, porque en un loco e insensato deseo de vivir para sí, en el egoísmo desenfrenado, se priva de lo que viene a ser su misma vida: el Amor. Y en el vacío resultante, la búsqueda incesante de paliativos, lo hunden en el vicio y en el error. 

Cuando se vive solamente para la materia, el cuerpo se vuelve lo más importante y por darle satisfacción a la carne, el hombre muere sin darse cuenta de que está muriendo en su parte más importante: la espiritual.

El que mata el amor, mata la paz. La inquietud resultante es la prueba de que las almas están moribundas, que languidecen por el hambre de Dios. Hambre que solo podrá ser saciada en la Fuente del Agua Viva: el Verbo Encarnado y en su Palabra: el Evangelio.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA