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24 REGRESO A BELÉN


24 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La mañana siguiente,  Jesús pasea con Judas Iscariote de arriba abajo; cerca de una de las puertas del recinto del Templo.

Judas pregunta:

–      ¿Estás seguro de que vendrá?

Jesús responde:

–       Lo estoy. Al alba salió de Betania y en Get-Sammi debía encontrarse con mi primer discípulo.

Jesús se detiene y mira fijamente a Judas.

Lo tiene frente a Sí. Lo estudia.

Después le pone una mano sobre la espalda y le pregunta:

–       Judas,  ¿Por qué no me dices lo que estás pensando?

Judas se sorprende:

–       ¡Quée!… no pienso en nada en especial en este momento, Maestro. Pienso que hasta te hago demasiadas preguntas. No puedes lamentarte de mí mutismo.

–       Es verdad. Me haces muchas preguntas y me das muchas noticias. Pero no me abres tu corazón.¿Crees que me interesan mucho las noticias sobre el censo o sobre la estructura de esta o aquella familia?

No soy un ocioso que haya venido aquí a pasar el tiempo. Tú sabes para que vine. Y puedes comprender bien que lo que para Mí tiene el mayor interés, es el ser Maestro de mis discípulos.

Por eso exijo de ellos, sinceridad y confianza. ¿Te amaba tu padre, Judas?

–         Me amaba mucho. Era yo su orgullo. Cuando regresaba de la escuela y años después, cuando regresaba de Jerusalén a Keriot, quería que le dijera todo.

Se interesaba en todo lo que hacía. Si había cosas buenas, se alegraba. Si no lo eran tanto, me consolaba.

Y si había cometido algún error y me habían reprendido, me mostraba la justicia de la reprensión o en donde estaba mal lo que yo había hecho.

Pero lo hacía tan dulcemente… que más que un padre, parecía un hermano mayor. Casi siempre terminaba de este modo: “Esto te digo, porque quiero que mi Judas sea un justo. Quisiera ser bendecido a través de mi hijo.”

Judas está tiernamente conmovido por la evocación de su padre.

Jesús que ha estado mirando atentamente a su discípulo, dice:

–        Mira Judas. Puedes estar seguro de todo lo que te digo. Nada hará más feliz a tu padre, que el que seas un discípulo fiel.

El espíritu de tu padre se regocijará allí donde está, en espera de la luz; porque así te educó; al ver que eres mi discípulo.

Más para que lo seas verdaderamente, debes decirte: “El padre que parecía un hermano mayor, lo he encontrado en mi Jesús.

Y a Él, igual que el padre amado al que todavía lloro; le diré todo para que sea mi guía. Para tener sus bendiciones y sus dulces reproches.”

Quiera el Eterno y tú sobre todo, hacer que Jesús no tenga otra cosa que decirte: “Eres bueno. Te bendigo.”

Judas exclama impulsivo:

–         ¡Oh, sí! ¡Sí, Jesús; sí! Si me llegas a amar tanto como él; podré ser bueno como Tú quieres y como mi padre quería. Mi padre podrá sacar aquella espina de su corazón.

Pues él siempre me mimaba mucho y me decía: “Estás sin guía, hijo y te hace mucha falta.” ¡Cuándo sepa que te tengo a Ti!

–         Te amaré como ningún otro hombre sería capaz. Te amaré tanto…Mucho te amaré. No me desengañes.

–         No, Maestro, no. Sé que estoy lleno de contradicciones. Envidias, celos, manías de ser el primero en todo. La carne me arrastra.

Todo choca dentro de mí contra los impulsos buenos. Todavía hace poco, me causaste mucho dolor. Mejor dicho… Tú no. Me lo causó mi naturaleza malvada.

Pensaba que yo era tu primer discípulo… Y Tú me dijiste que tienes a otro.

–       Tú lo viste. ¿No recuerdas que en la Pascua, estaba Yo en el Templo con unos Galileos?

–       Pensé que eran tus amigos. Creí que yo era el primer elegido para esto y con ello, el predilecto.

–         En mi corazón no hay distinción entre los últimos y los primeros. Si el primero faltase y el último fuese santo; entonces sí que a los ojos de Dios habrá distinción.

Pero Yo… Yo los amaré igual: con un amor de dicha al santo y con un amor que sufre al pecador. Pero…

Jesús se interrumpe y exclama con alegría:

–         ¡Oh! Ahí viene Juan con Simón. Juan es mi primero y Simón es el que estaba enfermo.

Judas hace un mohín y dice:

–        ¡Ah! ¡El leproso! Lo recuerdo. ¿Y ya es tu discípulo?

–         Desde el día siguiente.

–         ¿Y por qué yo tuve que esperar tanto?

–         ¿Judas?…

–         Es verdad. Perdón.

Cuando llegan, Juan y Jesús se saludan con un beso mutuo.

Simón se  postra a los pies de Jesús, besándolos y diciendo:

–        ¡Gloria a mi Salvador! Bendice a tu siervo para que sus acciones sean santas a los ojos de Dios y yo le dé gloria por haberme dado a Ti.

Jesús le pone las manos sobre la cabeza y le dice:

–        Sí. Te bendigo para agradecerte tu trabajo. Levántate Simón. ¡Éste es el nuevo discípulo! También él quiere la Verdad. Y por esto es un hermano para todos vosotros.

Se saludan entre sí. Los dos judíos con mutuo escudriño. Juan con franqueza.

Jesús pregunta:

–       ¿Estás cansado, Simón?

Simón sonríe:

–        No, Maestro. Junto con la salud me ha venido tal fuerza, como no la había tenido antes.

–        Y sé que la usas bien. He hablado con muchos y sé lo que han trabajado a favor del Mesías.

Simón ríe contento y dice:

–         Ayer hablé de Ti a un israelita honrado. Espero que un día lo conocerás. Quiero ser yo quién te lleve a él.

–         No es imposible.

Judas interrumpe:

–         Maestro, me prometiste venir conmigo a Judea.

–         Iré. Simón continuará instruyendo a la gente sobre mi venida. Amigos, el tiempo es breve y la gente es mucha. Ahora voy con Simón.

Al atardecer nos encontraremos en el camino del Monte de los Olivos y distribuiremos el dinero a los pobres. ¡Id!

En su interior, Judas está renuente a separarse de Jesús; pero obedece con prontitud.

Y dice:

–           Vamos, Juan.

Y los dos apóstoles más jóvenes, se alejan alegremente.

Cuando Jesús queda solo con Simón, le pregunta:

–        ¿Esa persona de Betania, es un verdadero israelita?

–        Lo es. Existen en él, todas las ideas imperantes; pero tiene verdadera ansia por el Mesías.

Y cuando le dije: “Él está entre nosotros” me contestó: “Feliz de mí, que vivo en estos tiempos.”

–        Algún día iremos a su casa, a llevarle mi bendición. ¿Qué te parece el nuevo discípulo?

–        Se ve que es muy joven y parece inteligente.

–        Lo es. Tú que también eres judío; lo comprenderás y lo compadecerás más que los otros, por sus ideas.

–        ¿Es un deseo o una orden?

–        Es una dulce orden. Tú que has sufrido, puedes tener mayor comprensión. El dolor es maestro de muchas cosas.

–         Porque Tú me lo mandas, seré para él comprensión.

–         Así es. Probablemente mi Pedro y no tan solo él; se admirará un poco de cómo cuido y me preocupo más por este discípulo. Pero algún día lo entenderán…

Cuando uno no ha madurado en su formación, tiene más necesidad de cuidado. Los demás… ¡Oh! Los otros se formarán por sí mismos, tan sólo por el contacto. No quiero hacer todo Yo.

Pido la voluntad del hombre y la ayuda de los demás, para formar a un hombre. Os llamo para que me ayudéis… Y agradezco mucho la ayuda.

–        Maestro, ¿Te imaginas que él te proporcionará desilusiones?

–        No. Pero es joven y se formado en el Templo y en Jerusalén.

–        Oh! Cerca de Ti, se curará de todos los vicios de esta ciudad… Estoy seguro.

Jesús murmura:

–        Así sea.

Y luego dice con voz más fuerte:

–        Ven conmigo al Templo. Evangelizaré al Pueblo…

Y se van juntos.

Al día siguiente.

Al rayar el alba, Jesús está con Juan, Simón y Judas, en la cocina de la casita.

Y les dice:

–      Amigos. Os ruego que vengáis conmigo por la Judea. Si no os cuesta mucho. Sobre todo a ti, Simón.

El apóstol le pregunta:

–     ¿Porqué, Maestro?

Jesús contesta:

–     El camino es muy duro por los montes de Judea y tal vez para ti sea más duro si te encuentras con algunos de los que te hicieron daño.

–     Por lo que toca al camino, me siento fuerte y no siento ninguna fatiga. Mucho menos si voy contigo. Por lo que toca a quién me dañó… el odio cayó junto con las escamas de la lepra.

Y no sé, créemelo; en qué has hecho el mayor milagro, si al curarme la carne corroída o el alma que ardía con el rencor. Pienso que no me equivoco si afirmo, que el milagro más grande fue en el alma.

Una llaga del espíritu, no se cura tan fácilmente.

Y Tú me has curado de un golpe, en una forma completa.  

El hombre no se cura de un hábito moral, si Tú no aniquilas ese hábito con tu querer santificante. Aunque uno lo quiera hacer con todas sus fuerzas.

–     No te equivocas al juzgar así.

Judas pregunta un poco resentido:

–    ¿Por qué no lo haces así con todos?

Juan pone una mano sobre el brazo de Judas y le dice cariñoso:

–     Lo hace, Judas. ¿Por qué le hablas así al Maestro? ¿No te sientes cambiado, desde que estás con Él?

Yo era discípulo de Juan el Bautista; pero me siento totalmente cambiado, desde que Él me dijo: ‘Ven’

Y mirando a Jesús agrega:

–     Perdón, Maestro. Hablé en tu lugar. Es que no quiero que Judas te cause ningún dolor.

Jesús lo tranquiliza:

–       Está bien, Juan. No me ha causado ninguna pena como discípulo. Cuando lo sea, si continúa con su modo de pensar, me causará dolor.

Vendrá un día en que tendréis la Sabiduría, con su Espíritu… entonces podréis juzgar justamente.

Judas pregunta:

–        ¿Y todos podremos juzgar justamente?

–       No, Judas.

–       ¿Pero hablas de nosotros los discípulos o de todos los hombres?

–       Hablo refiriéndome primero a vosotros y después a los demás. Cuando llegue la hora; el Maestro instituirá discípulos y los enviará por el mundo…

–       ¿No lo estás haciendo ya?…

–       Por ahora no os empleo más que para que digáis: “El Mesías está aquí. Venid a Él.”

Entonces os haré capaces de que prediquéis en mi Nombre y que hagáis milagros en mi Nombre…

–      ¡Oh! ¿También milagros?

–      Sí. En los cuerpos y también en las almas.

Judas  está feliz ante la idea y exclama gozoso:

–      ¡Oh! ¡Cómo nos admirarán!

Juan mira pensativamente a Jesús y su cara se nubla con un gesto de dolor.

Luego dice con un dejo de tristeza en la voz:

–       Entonces ya no estaremos más con el Maestro.

Y yo tendré temor de hacer lo que es de Dios, a mi manera de hombre.

Simón dice:

–      Juan, si el Maestro lo permite, me gustaría decirte lo que pienso.

Jesús contesta:

–      Díselo a Juan. Deseo que mutuamente os aconsejéis.

–      Ya sabes que es un consejo.

Jesús sonríe y calla.

Simón le dice a Juan:

–      Creo que no debes y no debemos temer. Si nos apoyamos en la sabiduría del Maestro Santo y en su promesa. Si Él dice: “Os enviaré”.

Y promete vestir nuestra miseria intelectual, con los rayos de la potencia que el Padre le da para nosotros, debemos estar seguros que lo hará y que lo podremos hacer, por su infinita misericordia.

Todo saldrá bien, si no introducimos el orgullo, el deseo humano en nuestro obrar. Pienso que si corrompemos nuestra misión, que es del todo espiritual, con elementos que son terrenales,

entonces la promesa de Cristo se depreciará; no por incapacidad suya, sino porque nosotros la rebajaremos con nuestra soberbia. No sé si me explico bien…

Judas le dice:

–      Lo has hecho muy bien. Yo me equivoqué. Pero sabes… Pienso que en el fondo desear ser admirados como discípulos del Mesías, es porque somos suyos a tal punto, que haremos lo que Él hace.

Y todo proviene de aumentar más la figura poderosa de Él entre el pueblo. ¡Alabanzas al Maestro que tiene tales discípulos! Esto es lo que quería decir yo.

Simón le contesta:

–       No es todo error lo que dices. Pero, mira Judas. Provengo de una casta que es perseguida por haber entendido mal lo que es el Mesías.

Si lo hubiésemos esperado con una justa visión de su Ser, no habríamos caído en errores que son blasfemias a la Verdad y rebelión contra la ley de Roma. Por lo cual tanto Dios, como Roma; nos han castigado.

Hemos querido ver en el Mesías, sólo a un hombre conquistador y a un libertador humano de Israel. A un nuevo líder y más grande que el héroe, Judas Macabeo. Sólo esto y ¿Por qué?

Porque cuidábamos más de nuestros intereses; de la patria y de los ciudadanos, que de Dios. ¡Oh! El amar la  patria es una cosa santa; pero ¡Qué es frente el Cielo eterno! La patria verdadera es la celestial.

Cuando fui perseguido y anduve fugitivo, me escondía en las cuevas de las bestias. Compartía con ellas el lecho y la comida, para escapar de los romanos y sobre todo, de las delaciones de falsos amigos.

También cuando en espera de la muerte, probé el olor del sepulcro en mi cueva de leproso… ¡Cuánto he pensado y he visto! He visto con el espíritu, la figura verdadera tuya, Maestro y Rey del espíritu.

La tuya, ¡Oh, Mesías! Hijo del Padre que llevas al Padre y no a los palacios de polvo; no a las deidades de fango. ¡Tú! ¡A Ti! ¡Oh, me es fácil seguirte!

Perdona mi entusiasmo que se explaya de este modo, porque te veo cómo te había imaginado. Te reconocí inmediatamente, porque mi alma ya te había conocido…

Jesús sonríe y contesta:

–       Por esto te llamé. Y por eso te llevo conmigo, ahora en mi primer viaje a Judea. Quiero que completes el reconocimiento.

Y quiero que también éstos jóvenes, aprendan a ser capaces como tú, de llegar a la verdad por medio de una meditación constante.

Y sepan cómo su Maestro ha llegado a esta hora. Después entenderéis. Hemos llegado ya a la Torre de David. La Puerta Oriental está cerca.

Judas pregunta:

–      ¿Saldremos por ella?

–       Sí, Judas. Primero iremos a Belén. Allí nací. Es bueno que lo sepáis, para que lo digáis a los demás. También esto entra en el conocimiento del Mesías y de la Escritura.

Encontraréis las profecías escritas en las cosas, con voces que no pertenecen más a la Profecía, sino a la historia. Daremos la vuelta, donde están los palacios de Herodes.

Judas dice:

–        Donde vive la vieja zorra, malvada y lujuriosa.

Jesús advierte:

–       No juzguéis. Sólo Dios es Quién juzga. Vayamos por aquella vereda, entre las hortalizas, nos cobijaremos bajo la sombra de un árbol, cerca de algún lugar hospitalario hasta que el sol deje de quemar.

Después…

Jesús continúa instruyendo…

Y emprenden la marcha hacia Belén.

22 REGRESO A BELÉN


22 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La mañana siguiente,  Jesús pasea con Judas Iscariote de arriba abajo; cerca de una de las puertas del recinto del Templo.

Judas pregunta:

–      ¿Estás seguro de que vendrá?

Jesús responde:

–       Lo estoy. Al alba salió de Betania y en Get-Sammi debía encontrarse con mi primer discípulo.

Jesús se detiene y mira fijamente a Judas.

Lo tiene frente a Sí. Lo estudia.

Después le pone una mano sobre la espalda y le pregunta:

–       Judas,  ¿Por qué no me dices lo que estás pensando?

Judas se sorprende:

–       ¡Quée!… no pienso en nada en especial en este momento, Maestro. Pienso que hasta te hago demasiadas preguntas. No puedes lamentarte de mí mutismo.

–       Es verdad. Me haces muchas preguntas y me das muchas noticias. Pero no me abres tu corazón.¿Crees que me interesan mucho las noticias sobre el censo o sobre la estructura de esta o aquella familia?

No soy un ocioso que haya venido aquí a pasar el tiempo. Tú sabes para que vine. Y puedes comprender bien que lo que para Mí tiene el mayor interés, es el ser Maestro de mis discípulos.

Por eso exijo de ellos, sinceridad y confianza. ¿Te amaba tu padre, Judas?

–         Me amaba mucho. Era yo su orgullo. Cuando regresaba de la escuela y años después, cuando regresaba de Jerusalén a Keriot, quería que le dijera todo.

Se interesaba en todo lo que hacía. Si había cosas buenas, se alegraba. Si no lo eran tanto, me consolaba.

Y si había cometido algún error y me habían reprendido, me mostraba la justicia de la reprensión o en donde estaba mal lo que yo había hecho.

Pero lo hacía tan dulcemente… que más que un padre, parecía un hermano mayor. Casi siempre terminaba de este modo: “Esto te digo, porque quiero que mi Judas sea un justo. Quisiera ser bendecido a través de mi hijo.”

Judas está tiernamente conmovido por la evocación de su padre.

Jesús que ha estado mirando atentamente a su discípulo, dice:

–        Mira Judas. Puedes estar seguro de todo lo que te digo. Nada hará más feliz a tu padre, que el que seas un discípulo fiel.

El espíritu de tu padre se regocijará allí donde está, en espera de la luz; porque así te educó; al ver que eres mi discípulo.

Más para que lo seas verdaderamente, debes decirte: “El padre que parecía un hermano mayor, lo he encontrado en mi Jesús.

Y a Él, igual que el padre amado al que todavía lloro; le diré todo para que sea mi guía. Para tener sus bendiciones y sus dulces reproches.”

Quiera el Eterno y tú sobre todo, hacer que Jesús no tenga otra cosa que decirte: “Eres bueno. Te bendigo.”

Judas exclama impulsivo:

–         ¡Oh, sí! ¡Sí, Jesús; sí! Si me llegas a amar tanto como él; podré ser bueno como Tú quieres y como mi padre quería. Mi padre podrá sacar aquella espina de su corazón.

Pues él siempre me mimaba mucho y me decía: “Estás sin guía, hijo y te hace mucha falta.” ¡Cuándo sepa que te tengo a Ti!

–         Te amaré como ningún otro hombre sería capaz. Te amaré tanto…Mucho te amaré. No me desengañes.

–         No, Maestro, no. Sé que estoy lleno de contradicciones. Envidias, celos, manías de ser el primero en todo. La carne me arrastra.

Todo choca dentro de mí contra los impulsos buenos. Todavía hace poco, me causaste mucho dolor. Mejor dicho… Tú no. Me lo causó mi naturaleza malvada.

Pensaba que yo era tu primer discípulo… Y Tú me dijiste que tienes a otro.

–       Tú lo viste. ¿No recuerdas que en la Pascua, estaba Yo en el Templo con unos Galileos?

–       Pensé que eran tus amigos. Creí que yo era el primer elegido para esto y con ello, el predilecto.

–         En mi corazón no hay distinción entre los últimos y los primeros. Si el primero faltase y el último fuese santo; entonces sí que a los ojos de Dios habrá distinción.

Pero Yo… Yo los amaré igual: con un amor de dicha al santo y con un amor que sufre al pecador. Pero…

Jesús se interrumpe y exclama con alegría:

–         ¡Oh! Ahí viene Juan con Simón. Juan es mi primero y Simón es el que estaba enfermo.

Judas hace un mohín y dice:

–        ¡Ah! ¡El leproso! Lo recuerdo. ¿Y ya es tu discípulo?

–         Desde el día siguiente.

–         ¿Y por qué yo tuve que esperar tanto?

–         ¿Judas?…

–         Es verdad. Perdón.

Cuando llegan, Juan y Jesús se saludan con un beso mutuo.

Simón se  postra a los pies de Jesús, besándolos y diciendo:

–        ¡Gloria a mi Salvador! Bendice a tu siervo para que sus acciones sean santas a los ojos de Dios y yo le dé gloria por haberme dado a Ti.

Jesús le pone las manos sobre la cabeza y le dice:

–        Sí. Te bendigo para agradecerte tu trabajo. Levántate Simón. ¡Éste es el nuevo discípulo! También él quiere la Verdad. Y por esto es un hermano para todos vosotros.

Se saludan entre sí. Los dos judíos con mutuo escudriño. Juan con franqueza.

Jesús pregunta:

–       ¿Estás cansado, Simón?

Simón sonríe:

–        No, Maestro. Junto con la salud me ha venido tal fuerza, como no la había tenido antes.

–        Y sé que la usas bien. He hablado con muchos y sé lo que han trabajado a favor del Mesías.

Simón ríe contento y dice:

–         Ayer hablé de Ti a un israelita honrado. Espero que un día lo conocerás. Quiero ser yo quién te lleve a él.

–         No es imposible.

Judas interrumpe:

–         Maestro, me prometiste venir conmigo a Judea.

–         Iré. Simón continuará instruyendo a la gente sobre mi venida. Amigos, el tiempo es breve y la gente es mucha. Ahora voy con Simón.

Al atardecer nos encontraremos en el camino del Monte de los Olivos y distribuiremos el dinero a los pobres. ¡Id!

En su interior, Judas está renuente a separarse de Jesús; pero obedece con prontitud.

Y dice:

–           Vamos, Juan.

Y los dos apóstoles más jóvenes, se alejan alegremente.

Cuando Jesús queda solo con Simón, le pregunta:

–        ¿Esa persona de Betania, es un verdadero israelita?

–        Lo es. Existen en él, todas las ideas imperantes; pero tiene verdadera ansia por el Mesías.

Y cuando le dije: “Él está entre nosotros” me contestó: “Feliz de mí, que vivo en estos tiempos.”

–        Algún día iremos a su casa, a llevarle mi bendición. ¿Qué te parece el nuevo discípulo?

–        Se ve que es muy joven y parece inteligente.

–        Lo es. Tú que también eres judío; lo comprenderás y lo compadecerás más que los otros, por sus ideas.

–        ¿Es un deseo o una orden?

–        Es una dulce orden. Tú que has sufrido, puedes tener mayor comprensión. El dolor es maestro de muchas cosas.

–         Porque Tú me lo mandas, seré para él comprensión.

–         Así es. Probablemente mi Pedro y no tan solo él; se admirará un poco de cómo cuido y me preocupo más por este discípulo. Pero algún día lo entenderán…

Cuando uno no ha madurado en su formación, tiene más necesidad de cuidado. Los demás… ¡Oh! Los otros se formarán por sí mismos, tan sólo por el contacto. No quiero hacer todo Yo.

Pido la voluntad del hombre y la ayuda de los demás, para formar a un hombre. Os llamo para que me ayudéis… Y agradezco mucho la ayuda.

–        Maestro, ¿Te imaginas que él te proporcionará desilusiones?

–        No. Pero es joven y se formado en el Templo y en Jerusalén.

–        Oh! Cerca de Ti, se curará de todos los vicios de esta ciudad… Estoy seguro.

Jesús murmura:

–        Así sea.

Y luego dice con voz más fuerte:

–        Ven conmigo al Templo. Evangelizaré al Pueblo…

Y se van juntos.

Al día siguiente.

Al rayar el alba, Jesús está con Juan, Simón y Judas, en la cocina de la casita.

Y les dice:

–      Amigos. Os ruego que vengáis conmigo por la Judea. Si no os cuesta mucho. Sobre todo a ti, Simón.

El apóstol le pregunta:

–     ¿Porqué, Maestro?

Jesús contesta:

–     El camino es muy duro por los montes de Judea y tal vez para ti sea más duro si te encuentras con algunos de los que te hicieron daño.

–     Por lo que toca al camino, me siento fuerte y no siento ninguna fatiga. Mucho menos si voy contigo. Por lo que toca a quién me dañó… el odio cayó junto con las escamas de la lepra.

Y no sé, créemelo; en qué has hecho el mayor milagro, si al curarme la carne corroída o el alma que ardía con el rencor. Pienso que no me equivoco si afirmo, que el milagro más grande fue en el alma.

Una llaga del espíritu, no se cura tan fácilmente.

Y Tú me has curado de un golpe, en una forma completa.  

El hombre no se cura de un hábito moral, si Tú no aniquilas ese hábito con tu querer santificante. Aunque uno lo quiera hacer con todas sus fuerzas.

–     No te equivocas al juzgar así.

Judas pregunta un poco resentido:

–    ¿Por qué no lo haces así con todos?

Juan pone una mano sobre el brazo de Judas y le dice cariñoso:

–     Lo hace, Judas. ¿Por qué le hablas así al Maestro? ¿No te sientes cambiado, desde que estás con Él?

Yo era discípulo de Juan el Bautista; pero me siento totalmente cambiado, desde que Él me dijo: ‘Ven’

Y mirando a Jesús agrega:

–     Perdón, Maestro. Hablé en tu lugar. Es que no quiero que Judas te cause ningún dolor.

Jesús lo tranquiliza:

–       Está bien, Juan. No me ha causado ninguna pena como discípulo. Cuando lo sea, si continúa con su modo de pensar, me causará dolor.

Vendrá un día en que tendréis la Sabiduría, con su Espíritu… entonces podréis juzgar justamente.

Judas pregunta:

–        ¿Y todos podremos juzgar justamente?

–       No, Judas.

–       ¿Pero hablas de nosotros los discípulos o de todos los hombres?

–       Hablo refiriéndome primero a vosotros y después a los demás. Cuando llegue la hora; el Maestro instituirá discípulos y los enviará por el mundo…

–       ¿No lo estás haciendo ya?…

–       Por ahora no os empleo más que para que digáis: “El Mesías está aquí. Venid a Él.”

Entonces os haré capaces de que prediquéis en mi Nombre y que hagáis milagros en mi Nombre…

–      ¡Oh! ¿También milagros?

–      Sí. En los cuerpos y también en las almas.

Judas  está feliz ante la idea y exclama gozoso:

–      ¡Oh! ¡Cómo nos admirarán!

Juan mira pensativamente a Jesús y su cara se nubla con un gesto de dolor.

Luego dice con un dejo de tristeza en la voz:

–       Entonces ya no estaremos más con el Maestro.

Y yo tendré temor de hacer lo que es de Dios, a mi manera de hombre.

Simón dice:

–      Juan, si el Maestro lo permite, me gustaría decirte lo que pienso.

Jesús contesta:

–      Díselo a Juan. Deseo que mutuamente os aconsejéis.

–      Ya sabes que es un consejo.

Jesús sonríe y calla.

Simón le dice a Juan:

–      Creo que no debes y no debemos temer. Si nos apoyamos en la sabiduría del Maestro Santo y en su promesa. Si Él dice: “Os enviaré”.

Y promete vestir nuestra miseria intelectual, con los rayos de la potencia que el Padre le da para nosotros, debemos estar seguros que lo hará y que lo podremos hacer, por su infinita misericordia.

Todo saldrá bien, si no introducimos el orgullo, el deseo humano en nuestro obrar. Pienso que si corrompemos nuestra misión, que es del todo espiritual, con elementos que son terrenales,

entonces la promesa de Cristo se depreciará; no por incapacidad suya, sino porque nosotros la rebajaremos con nuestra soberbia. No sé si me explico bien…

Judas le dice:

–      Lo has hecho muy bien. Yo me equivoqué. Pero sabes… Pienso que en el fondo desear ser admirados como discípulos del Mesías, es porque somos suyos a tal punto, que haremos lo que Él hace.

Y todo proviene de aumentar más la figura poderosa de Él entre el pueblo. ¡Alabanzas al Maestro que tiene tales discípulos! Esto es lo que quería decir yo.

Simón le contesta:

–       No es todo error lo que dices. Pero, mira Judas. Provengo de una casta que es perseguida por haber entendido mal lo que es el Mesías.

Si lo hubiésemos esperado con una justa visión de su Ser, no habríamos caído en errores que son blasfemias a la Verdad y rebelión contra la ley de Roma. Por lo cual tanto Dios, como Roma; nos han castigado.

Hemos querido ver en el Mesías, sólo a un hombre conquistador y a un libertador humano de Israel. A un nuevo líder y más grande que el héroe, Judas Macabeo. Sólo esto y ¿Por qué?

Porque cuidábamos más de nuestros intereses; de la patria y de los ciudadanos, que de Dios. ¡Oh! El amar la  patria es una cosa santa; pero ¡Qué es frente el Cielo eterno! La patria verdadera es la celestial.

Cuando fui perseguido y anduve fugitivo, me escondía en las cuevas de las bestias. Compartía con ellas el lecho y la comida, para escapar de los romanos y sobre todo, de las delaciones de falsos amigos.

También cuando en espera de la muerte, probé el olor del sepulcro en mi cueva de leproso… ¡Cuánto he pensado y he visto! He visto con el espíritu, la figura verdadera tuya, Maestro y Rey del espíritu.

La tuya, ¡Oh, Mesías! Hijo del Padre que llevas al Padre y no a los palacios de polvo; no a las deidades de fango. ¡Tú! ¡A Ti! ¡Oh, me es fácil seguirte!

Perdona mi entusiasmo que se explaya de este modo, porque te veo cómo te había imaginado. Te reconocí inmediatamente, porque mi alma ya te había conocido…

Jesús sonríe y contesta:

–       Por esto te llamé. Y por eso te llevo conmigo, ahora en mi primer viaje a Judea. Quiero que completes el reconocimiento.

Y quiero que también éstos jóvenes, aprendan a ser capaces como tú, de llegar a la verdad por medio de una meditación constante.

Y sepan cómo su Maestro ha llegado a esta hora. Después entenderéis. Hemos llegado ya a la Torre de David. La Puerta Oriental está cerca.

Judas pregunta:

–      ¿Saldremos por ella?

–       Sí, Judas. Primero iremos a Belén. Allí nací. Es bueno que lo sepáis, para que lo digáis a los demás. También esto entra en el conocimiento del Mesías y de la Escritura.

Encontraréis las profecías escritas en las cosas, con voces que no pertenecen más a la Profecía, sino a la historia. Daremos la vuelta, donde están los palacios de Herodes.

Judas dice:

–        Donde vive la vieja zorra, malvada y lujuriosa.

Jesús advierte:

–       No juzguéis. Sólo Dios es Quién juzga. Vayamos por aquella vereda, entre las hortalizas, nos cobijaremos bajo la sombra de un árbol, cerca de algún lugar hospitalario hasta que el sol deje de quemar.

Después…

Jesús continúa instruyendo…

Y emprenden la marcha hacia Belén.

N38 CONSAGRACIÓN AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS


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Durante los próximos treinta días, deberemos hacerlo diariamente con una meditación diferente. Esto nos santificará, nos protegerá y nos fortalecerá. Y junto con el Santo Rosario; nos volverá capaces de responder amorosa y sabiamente a todo lo que se nos viene encima y para que podamos seguir siendo Luz para los que amamos y deseamos ver protegidos en Dios.

ÉSTE ES EL CORAZÓN QUE HA SANGRADO  POR TI Y POR TODA LA HUMANIDAD

JESÚS - SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - SacredHeartofJesus-4

3.08.2001

La paz esté contigo. Amada Mía, dime estas palabras en Mi Fiesta: 

Atráeme, Amado mío, tras Tus Pasos, que exhalan un dulce perfume de mirra. Condúceme de la mano hasta Tu Cámara1 Rey mío, donde oiré en privado Tu regia Voz. Ilumina mi rostro con Tu sonrisa, oh Amante de la humanidad. Que Tu mirada de tierno amor, una mirada que supera a todas y que transciende todo sentido, se pose sobre mí.

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Si alguna vez Te fallé, o siquiera un solo instante Te hice levantar una ceja a causa de mi fragilidad, imploro a Tu Sacratísimo Corazón que tenga compasión de mí. Tú tienes el poder sobre la vida y la muerte, y ahora vengo a Ti para hallar mi refugio en Tu Sagrado Corazón, donde se encuentra la Vida y el descanso sempiterno”

Mira, éste es el Corazón que ha sangrado por ti y por toda la humanidad.

Éste es el Corazón del consuelo y de la misericordia. Este es el Corazón que te ha favorecido. Quienquiera que adore este Corazón será cubierto con el velo de la Sabiduría, que embellecerá vuestra alma para entrar, así adornada, en la semejanza de Mí Mismo.

¿Puedes decirme, hija, dónde naciste?

Nací en Tu Sagrado Corazón. 2

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¡Sí! Tú naciste en Mi Sagrado Corazón. Todos los que Me pertenecen han nacido en Mi Corazón. 

¿No has leído: Él clamará hacia Mí: ‘¡Tú eres mi Padre, mi Dios, la Roca de mi salvación!’. Así pues, le haré Mi primogénito, el más elevado de los reyes de la tierra”, puesto que su nobleza le vendrá del Rey de reyes y porque vivirá en las alturas entre los que Yo he deificado por Mi Divinidad. Los reyes de la tierra pertenecen a los elementos de la tierra, pero los que han nacido de Mí, tendrán un dominio superior en el cielo. La gente corriente es un mero soplo de viento. La gente importante, una ilusión. Pon juntas a ambas en la balanza y son un soplo de viento. 3

Por lo tanto, decid a vuestra alma Mis bienamados: “Descansa sólo en Dios, pues Él es la única fuente de tu esperanza”.

Que vuestro corazón exulte y vuestra alma se renueve

porque en estos tiempos estoy derramando Mis gracias sobre la humanidad, como nunca antes en la historia. Ic.

1 El Sagrado Corazón 2 El Espíritu del Señor me dio estas palabras… 3 Sal 62, 9

http://www.tlig.org/spmsg/spm692.html

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CONSAGRACIÓN AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS

ACTO DE CONTRICIÓN

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tienes en vuestra Presencia, pidiendo perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, ¡Oh Buen Jesús! haberte ofendido; por ser Vos tan Bueno que no mereces tal ingratitud. Concédenos luz y gracia para meditar tus virtudes y formar según ellas, nuestro pobre corazón. Amén.

DÍA DIEZ

EN EL SAGRADO CORAZÓN: HALLAREMOS EL MEJOR CONSUELO

El pecado ha hecho de este mundo, que debía ser un paraíso anticipado; un verdadero valle de lágrimas. Las espinas con que a cada paso tropezamos, nos punzan dolorosamente y nos arrancan frecuentes gemidos. Así es que nada necesita tanto el hombre durante esta vida mortal, como de consuelo. Consuelo necesitamos de los contratiempos de la fortuna; en los dolores de la enfermedad, en la pérdida de los que amamos, en las dudas de la conciencia y en todos los momentos de la vida… Y en el muy crítico y angustioso de nuestro último trance.  

   ¿Dónde mejor podemos buscar este consuelo que en el muy dulce y consolador Corazón de Jesús? ¿No han salido de él aquellas tan suaves y amorosas palabras: “Venid a Mí todos los que andáis cansados y agobiados y Yo os aliviaré”?

   ¡Oh buen Jesús! ¡Oh único verdadero Consuelo de los corazones angustiados! ¿A quién iremos sino a Ti, en nuestras horas de amargura y desasosiego? Cuando los intereses mundanos no aprovechan; cuando los amigos se alejan; cuando las fuerzas faltan, ¿A quién acudiremos sino a Ti, Fuente inagotable de todo consuelo?  

   Medítese unos minutos. 

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II 

   Y no obstante alma mía, es Jesús el último a quien acudes en tus horas de tribulación. Primero son para ti los amigos de la tierra, que ese amabilísimo Amigo del cielo. Primero buscas un desahogo en el pasatiempo mundano, que en la dulce intimidad del Sagrario; donde te espera este Misericordiosísimo y compasivo Consolador. 

   Dime, ¿No llevas ya bastantes desengaños? ¿Qué herida de las tuyas o qué dolor te ha calmado el mundo? ¿Qué bálsamo has encontrado en él para endulzar las amarguras de la adversidad? ¿No ves que el mundo no gusta de consolar a los que padecen; sino de adular a los dichosos? ¿Qué vas a buscar tú que padeces, en ese mundo que no te ha de comprender? Sólo hay un asilo seguro para los corazones heridos… Y es el Herido Corazón de Jesús.  

   ¡Oh Señor!, a tu Corazón me acojo yo, como al regazo de una madre amorosa; para que me abrigues en él con tu calor. Y me defiendas y me consueles. Solamente Tú tienes consuelo para nuestro pobre corazón. 

   Alejaos, humanas consolaciones; vanas, inconstantes, mentirosas. Sois como una copa de licor cuyos bordes son dulces; pero en cuyo fondo sólo se beben las heces amargas del desengaño. A Ti Señor, únicamente busco. En tu Corazón entro… Y allí quiero permanecer. ¡Oh Dios de todo consuelo! En Ti y sólo en Ti, espera hallarlo mi desconsolado corazón. 

   Medítese y pídase la gracia particular.

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ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a tus pies, ¡Oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de Amor que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo tu adorabilísimo Corazón; te pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo; para hacerme digno de las gracias y bendiciones que generoso concedes a los que de veras te conocen, aman y sirven. 

   ¡Mira que soy muy pobre, Dulcísimo Jesús! ¡Y necesito de Ti como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mira que soy muy ignorante, ¡Oh Soberano Maestro! ¡Y necesito de tus divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mira que soy muy frágil! ¡Oh Poderosísimo Amparo de los débiles, y caigo a cada paso! ¡Y necesito apoyarme en Ti para no desfallecer! Sé todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, luz de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Ti lo espera todo, mi pobre corazón. Tú lo alentaste y convidaste cuando con tan tiernas palabras, dijiste repetidas veces en tu Evangelio: Venid a Mí,… Aprended de Mí… Pedid, llamad…

A las puertas de tu Corazón vengo pues hoy y llamo, y pido, y espero. Del mío te hago, ¡Oh Señor! firme, formal y decidida entrega. Tómalo, y dame en cambio lo que sabes me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén. 

Rezar tres veces:

PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen

AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei et Dea Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

En recuerdo de las tres insignias: cruz, corona y herida de la lanza; con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

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DÍA ONCE 

EN EL SAGRADO CORAZÓN: HALLAREMOS EL MÁS FIEL AMIGO

Para nosotros la amistad es una de las más apremiantes exigencias y a la vez, una de las más dulces satisfacciones del corazón humano. Nuestro corazón necesita comunicarse a otro; así en sus alegrías como en sus tristezas. Y esta comunicación afectuosa se llama amistad. 

¿Quieres una amistad verdadera? Ten por amigo al Sagrado Corazón de Jesús. A ningún otro corazón podemos arrimarnos con más cierta seguridad de ser correspondidos. Es Amigo constante que no abandona, si no es primeramente abandonado. No es como los amigos del mundo; que sólo te sirven en la prosperidad y que te olvidan en la aflicción.

La amistad del Corazón de Jesús es firme para los que le aman, hasta la muerte y más allá de la muerte. 

    Él velará como Fiel Amigo junto a tu lecho de agonía. Y será tu fiador en la Presencia del Supremo Juez. Busquemos pues, esta Amistad Única; que no puede resultar mentirosa.

Sí, Jesús mío, admíteme en el número de los amigos de tu Corazón. 

   Medítese unos minutos. 

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II 

   Muchos amigos has tenido alma mía, en este mundo… O muchos por lo menos se te han llamado tales. ¿Lo han sido de veras? ¡Ah! ¡Que nunca lo han sido para ti como promete serlo el Corazón de Jesús! 

   Los amigos del mundo encubren muchas veces bajo halagüeñas palabras, la frialdad o quizás las miras interesadas. Son inconstantes, mudables, egoístas. Los más firmes no pueden resistir a la separación forzosa que impone la muerte. ¿Quién fiará su corazón a tan vanas amistades? 

   No así Tú, Dulcísimo Jesús; amor mío, amigo mío. Y no obstante, ¡Cuán pocos son tus amigos! ¡El mundo tiene concurridos a todas horas sus centros de disipación y de maldades! ¡Y Tú encuentras apenas quien alrededor del Sagrario te haga amorosa compañía! 

  Quiero ser de estos pocos ¡Oh Divino Jesús! Para hacerme digno de tu Amistad. Quiero darte frecuente conversación, ya que tus delicias mayores son tenerlas con nuestras almas. ¡Oh mi Jesús! ¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Amigo! Seamos los dos, amigos para siempre… Y no se acabe nunca ni con la muerte, tan dulce amistad. ¡Ayúdame Señor a seguirte!…  

   Medítese y pídase la gracia particular.

LA RESURRECCIÓN NECESITA LA PASIÓN

LA RESURRECCIÓN NECESITA LA PASIÓN

ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a tus pies, ¡Oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de Amor que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo tu Adorabilísimo Corazón; te pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo; para hacerme digno de las gracias y bendiciones que generoso concedes a los que de veras te conocen, aman y sirven.

¡Mira que soy muy pobre, Dulcísimo Jesús! ¡Y necesito de Ti como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mira que soy muy ignorante, ¡Oh Soberano Maestro! ¡Y necesito de tus divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mira que soy muy frágil! ¡Oh Poderosísimo Amparo de los débiles, y caigo a cada paso! ¡Y necesito apoyarme en Ti para no desfallecer! Sé todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, luz de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Ti lo espera todo, mi pobre corazón. Tú lo alentaste y convidaste cuando con tan tiernas palabras, dijiste repetidas veces en tu Evangelio: Venid a Mí,… Aprended de Mí… Pedid, llamad…

A las puertas de tu Corazón vengo pues hoy y llamo, y pido, y espero. Del mío te hago, ¡Oh Señor! firme, formal y decidida entrega. Tómalo, y dame en cambio lo que sabes me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

Rezar tres veces:

PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen

AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei et Dea Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

En recuerdo de las tres insignias: cruz, corona y herida de la lanza; con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

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DÍA DOCE 

EN EL SAGRADO CORAZÓN: HALLAREMOS EL MÁS SEGURO MAESTRO

Consideremos hoy bajo este punto de vista el Sagrado Corazón de Jesús. A peso de oro y a costa de largos viajes, buscan los hombres para sí, aventajados maestros… Y tienen por gran honor y gran dicha hacerse discípulos suyos y aprender de sus labios ciencias humanas. A menos costa y con menos fatiga; podemos nosotros encontrar en el Sagrado Corazón de Jesús el más seguro Maestro.  

 Dos clases de lecciones nos da este Divino Preceptor: unas exteriores, por medio de la voz de la Iglesia; otras interiores, por medio de su secreta inspiración. ¿Y qué enseña? Grandes verdades; máximas de vida eterna; consejos de salvación; prudencia toda celestial. Adoctrinados por este Maestro Divino se han visto en la Iglesia de Dios, hombres y mujeres sin letras, admirar y confundir a los sabios. Y dejar a sus descendientes, monumentos de profunda ciencia interior; no adquirida en las escuelas. Sino en el trato y familiaridad con este Sagrado Corazón. 

   ¡Oh Maestro de Verdad! ¡Oh Libro siempre abierto para quien desea penetrar sus secretos! ¡Oh Cátedra Santa, donde ni Moisés ni los profetas, ni los filósofos; sino el Mismo Dios, dicta lecciones de Verdad a los discípulos de su Corazón! 

 Abre Señor el mío; para que reciba dócil tan Divinas Enseñanzas… Y las siga y las practique con toda fidelidad. 

Medítese unos minutos. 

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II 

  ¿A quién has escuchado hasta hoy, alma mía? A maestros de seductoras palabras que te han guiado por caminos de perdición. 

   Han sido tus maestros: el mundo con sus necias máximas. Las pasiones con su maligna sugestión. La vanidad, el amor propio, la ira y demás apetitos desordenados. Estas lecciones he escuchado, Jesús mío… Y estas me han hecho permanecer sordo a los suaves consejos de tu Ley.  

Habla ahora, Señor. Habla, Divino Maestro; que tu fiel discípulo te escucha. Habla a lo íntimo de mi corazón desde las profundidades del tuyo. Que oiga yo tu dulce Voz y aprenda de ella los secretos de la vida eterna, que nadie más me puede enseñar. Sordo quiero ser en adelante a todos los que hasta hoy me han seducido o engañado. 

   ¡Oh Maestro Divino! ¡Admíteme en la Escuela de tu Corazón, de donde han salido tantos y tan aprovechados discípulos! Soy ignorante como un niño, hazte cargo de mi ignorancia. Compadécete de mi cortedad. No quiero por maestro más que a Ti: enséñame Maestro mío, a hacer siempre tu Santa Voluntad. 

   Medítese y pídase la gracia particular.

HOMBRE DE POCA FE

HOMBRE DE POCA FE

ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN

Rendido a tus pies, ¡Oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de Amor que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo tu adorabilísimo Corazón; te pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo; para hacerme digno de las gracias y bendiciones que generoso concedes a los que de veras te conocen, aman y sirven.

¡Mira que soy muy pobre, Dulcísimo Jesús! ¡Y necesito de Ti como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mira que soy muy ignorante, ¡Oh Soberano Maestro! ¡Y necesito de tus divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mira que soy muy frágil! ¡Oh Poderosísimo Amparo de los débiles, y caigo a cada paso! ¡Y necesito apoyarme en Ti para no desfallecer! Sé todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, luz de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Ti lo espera todo, mi pobre corazón. Tú lo alentaste y convidaste cuando con tan tiernas palabras, dijiste repetidas veces en tu Evangelio: Venid a Mí,… Aprended de Mí… Pedid, llamad…

A las puertas de tu Corazón vengo pues hoy y llamo, y pido, y espero. Del mío te hago, ¡Oh Señor! firme, formal y decidida entrega. Tómalo, y dame en cambio lo que sabes me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

Rezar tres veces:

PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen

AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei et Dea Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

En recuerdo de las tres insignias: cruz, corona y herida de la lanza; con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

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195.- LA HIGUERA SECA


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Al día siguiente, Jesús se dirige a la ciudad por el mismo camino del día anterior. Intenta entrar por la Puerta de las Ovejas. Pero al tratar de cruzar el puente del Cedrón, muchos de los setenta y dos discípulos, ya lo están esperando.

Apenas le ven aparecer entre los olivos con su vestido de color púrpura, corren a su encuentro.

Pedro ve entre el verde frescor de la pendiente, un montón de hojas marchitas que se balancean, sobre el río. Las hojas están mustias y secas, como si la plaga las hubiese consumido, dan la impresión de una planta a la que hubiesen secado las llamas del fuego. La brisa de vez en cuando arranca una de ellas y la arrastra en la corriente…

Pedro grita:

–                       ¡Esa era la higuera de ayer! ¡La higuera que maldijiste!  -y señala la planta seca.

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Todos corren, menos Jesús.

Los apóstoles cuentan a los discípulos lo sucedido el día anterior. Han sido testigos de miles de milagros obrados en los hombres y con los elementos, pero éste los sacude como ningún otro.

Y también hay otro hecho extraño: en el huerto que circunda la higuera, no hay una sola flor. Es primavera… ¿Qué es lo que está sucediendo?…

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Jesús los alcanza y mira las caras espantadas y sorprendidas.

Jesús pregunta:

–                       ¿Y qué? ¿Tanto os extraña que mi Palabra haya secado la higuera? ¿No me habéis visto acaso resucitar muertos, curar leprosos, dar la vista a ciegos, multiplicar el pan, calmar tempestades, apagar el fuego?… ¿Y os sorprende que una higuera se haya secado?…

–                       No es por ella. Es que ayer, cuando la maldijiste estaba verde y ahora está… ¡Mírala! Seca como la hojarasca. Sus ramas no tienen vida. Mira. Se hacen polvo.

Y Bartolomé con sus dedos, reduce a polvo unas ramillas con hojas, que con facilidad ha cortado.

Zelote dice:

–                       No tienen más vida. Lo dijiste. La muerte asoma cuando adentro no hay savia.

Jesús declara:

–                       Se trate de una planta como de una nación o de una religión. Cuando solo hay una corteza dura, ramaje inútil, crueldad y exterioridad hipócrita. La savia que está dentro llena de linfa corresponde a la santidad, a la espiritualidad. La corteza dura y el ramaje inútil, se refieren a la humanidad privada de vida espiritual y justa.

¡Ay de aquellas religiones que se hacen humanas porque sus sacerdotes y fieles ya no tienen un espíritu vital! ¡Ay de las naciones cuyos jefes son brutalidad y un grito clamoroso sin ideas fructíferas! ¡Ay de los hombres en quienes falta la vida del espíritu!

Satanás no puede contenerse…

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Iscariote dice sin acritud, pero con tono de maestro:

–                       Si dijeses esto a los grandes de Israel, aun cuando tus palabras son muy exactas; no serías prudente. No te hagas ilusiones de que te hayan dejado hablar. Tú mismo has dicho que no se han convertido sus corazones, sino que actuaron por cálculo. Procura también estimar el valor y las consecuencias de tus palabras…

Porque además de la sabiduría del espíritu, existe la del mundo. Y conviene echar mano de ella, por interés propio…  Porque debes recordar que todavía estamos en el mundo y no en el Reino de Dios

Jesús replica:

–                       El verdadero sabio, es el que sabe ver la realidad sin que las sombras de su sensualidad y cálculo frío, se la cambien. De  mi parte diré siempre la verdad de lo que veo.

Felipe dice:

–                       Bueno. Esta higuera está seca del todo, porque la maldijiste. Se trata de alguna señal… de algo… No sé cómo explicarme…

Jesús contesta:

–                       Es como acabas de decir. Pero lo que he hecho; también vosotros podréis hacerlo, si llegáis a tener una fe perfecta…  Tened en el Altísimo, esa confianza ciega. Y cuando la tuviereis, Yo os digo que podréis hacer esto y hasta más…  En verdad os aseguro que si alguien llegare a tener una confianza tan perfecta, nacida de la Oración y de la Bondad en el Señor, podrá decir a este monte: ‘Quítate de aquí y arrójate al mar’ Y si al decirlo no dudare en su corazón, sino que creyere que cuanto ordena puede ser realizado; se verificará.

Lucifer siente hervir su envidia y su odio por este poder divino prometido a los cristianos y que significa que será mucho más grande, que el que fue concedido a él como arcángel…  Y esto es mucho más de lo que puede soportar…

Satanás-Iscariote moviendo la cabeza:

–                       Y pareceremos magos. Y nos apedrearán, cómo se manda que se haga con quién practica la magia… ¡Sería un milagro bastante necio que nos acarrearía daño!

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Tadeo le refuta:

–                       ¡El Necio eres tú, que no has comprendido la parábola!

Jesús habla a todos:

–                       Yo os digo: Y es una vieja lección que os repito ahora: Cualquier cosa que pidiereis por medio de la Oración, confiad en que la obtendréis… Si antes de orar tuviereis algo contra alguien, perdonad antes y haced las paces, para que vuestro Padre que está en los Cielos os sea favorable. Vuestro Padre que tanto os perdona, que con tantos bienes os colma, desde que nace el sol hasta que se pone. Desde la aurora hasta el anochecer…

Entran en el Templo.

Los soldados de la Torre Antonia los ven pasar.

Se dirigen a adorar al Señor.

Luego regresan al Patio donde enseñan los rabinos.

Antes de que la gente lo rodee, se acercan a Jesús los saforines con los doctores de Israel y algunos herodianos.

Con hipócritas inclinaciones, le dicen:

–                       Maestro. Sabemos que eres sabio y veraz. Que enseñas el camino de Dios, sin tener en cuenta cosas o personas. Que solo tienes ante tus ojos, la verdad y la justicia. Que te preocupas poco de lo que los demás piensen de Ti. Que lo único que te importa, es llevar a los hombres al bien. dinos pues. ¿Es lícito pagar el tributo al César? ¿Tú que piensas?

Jesús los taladra con una de esas miradas de suprema intuición y…

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Jesús responde:

–                       ¿Por qué queréis hacerme caer, hipócritas? ¡Aún entre vosotros sabéis que a mí no me seducen con adulaciones! Mostradme la moneda que empleáis para pagar el tributo.

Le  muestran una moneda. La observa por los dos lados. Y teniéndola en la mano de la mano izquierda, señalando con el dedo índice de la derecha…

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Jesús pregunta:

–                       ¿De quién es esta imagen y qué dice esta inscripción?

–                       La imagen es de César. Y la inscripción lleva su nombre, el actual emperador de Roma: Cayo Tiberio César.

–                       Devolved entonces a César lo que es del César y dad a Dios, lo que es de Dios.

Les devuelve la moneda y les da la espalda.

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Y se acerca a los peregrinos, los escucha, los absuelve y los cura.

Pasa todo el día en el Templo. No muestra señal de cansancio. La gracia y la sabiduría manan de sus manos que coloca sobre los enfermos. Parece como si quisiera consolar a todos, curar a todos; antes de que no pueda hacerlo más…

El sol camina hacia su ocaso.

Los apóstoles cansados, están sentados en el suelo bajo el pórtico. Ven que se acercan a Jesús a varios ricos y…

Mateo advierte a los demás:

–                       Vienen varios saduceos. No permitamos que insulten al Maestro, ni que le hagan ningún mal.

Se levantan todos y lo rodean al punto.

Entre las peculiaridades de los saduceos, la más importante está en que defienden la doctrina de la reencarnación…

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Los saduceos saludan muy ceremoniosos y dicen:

–                       Maestro, respondiste tan sabiamente a los herodianos que queremos participar de un rayo de tu luz. Moisés ha dicho: ‘Si alguien muere sin hijos, su hermano tome por esposa a la viuda, para que le dé descendencia’ Ahora bien, había siete hermanos. El primero tomó por mujer a una doncella y murió sin dejar prole. La viuda se convirtió en esposa del hermano. También el segundo murió, sin dejar prole. De igual modo el tercero. Y de este modo, hasta el séptimo. Finalmente, la mujer; que había sido esposa de los siete, murió… Respóndenos…

Cuando resuciten los cuerpos… Si es verdad, que así fuere y que el alma sobreviva y se reúna al cuerpo en el último día, reconstruyendo los seres vivientes, ¿Cuál de los siete hermanos tendrá por esposa a la mujer, ya que en la tierra fue de los siete?

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Jesús responde:

–                       Estáis equivocados. No sabéis comprender ni las Escrituras, ni la potencia de Dios. La vida actual será muy diferente de la otra. En el reino Eterno, no existirán las necesidades de la carne, como acá en este suelo. Porque en verdad después del Juicio Final, resucitarán los cuerpos y se reunirán cada uno con su alma inmortal, reconstruyendo todo el ser que se encontrará en mejores condiciones de las que nos encontramos ahora Yo y vosotros. Pero no estará sujeto a las leyes  y sobre todo, a los estímulos y abusos que predominan ahora.

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Cuando llegue la resurrección no se casarán más los hombres y las mujeres, sino que serán semejantes a los ángeles de Dios que están en el Cielo; quienes no se casan, aun cuando viven en un ambiente de pleno amor espiritual y divino.

Por lo que se refiere a la resurrección de los muertos, ¿No habéis leído como Dios habló a Moisés desde la zarza? ¿Qué le dijo el Altísimo? “Yo Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” No dijo ‘Yo fui’ Dijo ‘Yo Soy’, porque Abraham, Isaac y Jacob existen. Son inmortales como todos los demás hombres en su alma y cuando resuciten, lo serán también con su cuerpo por toda la eternidad. Existen los justos, como también existen todos los muertos en culpa mortal. Dios no es Dios de los muertos, sino de los vivos.

1JRESUCITADO

Los saduceos se han cansado de aparentar ser buenos. Y la rabia que sienten por dentro, ya no pueden contenerla más.

Le preguntan para tentarlo:

–                       ¿También tú morirás y seguirás viviendo?

–                       Yo Soy el Viviente y mi Carne no probará la destrucción. El arca fue apresada y la actual también lo será como símbolo…  El tabernáculo fue apresado y será destruido.

Pero el verdadero Templo de Dios, no podrá jamás ser arrebatado y destruido. Cuando sus adversarios lo creyeren, entonces será la hora en que se establecerá en la verdadera Jerusalén, en toda su gloria. Adiós.

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Y se va ligero al Patio de los israelitas, porque las trompetas de plata han anunciado el sacrificio vespertino.

Después de asistir a él, Jesús se retira del Templo y ocurre un incidente ocasionado por la furia homicida que sienten los enemigos de Jesús y  que hubiera sido muy penoso, si no hubieran intervenido los apóstoles…

En el anochecer de este martes…

Jesús dice a sus apóstoles:

–                       Vosotros oísteis hablar a los gentiles y a los judíos. Y visteis como aquellos se inclinaron ante Mí y éstos por poco me matan. Sadoc, con su risa sarcástica, quiso echarme encima su carro y…

Pedro, por poco te lías a golpes al ver que intencionalmente, me echaron encima los corderos, los cabros y los becerros, para tumbarme entre los excrementos.

Simón aun cuando eres muy prudente, respondiste al insulto que me lanzaron los miembros más feroces del Sanedrín, cuando me gritaron: ‘Hazte a un lado, demonio; mientras pasan los enviados de Dios…’

Tú Tadeo como primo mío y tú Juan mi predilecto, rápidos me librasteis del peligro.

Tú Judas, agarraste las riendas del caballo y tú Juan, al ponerte delante de Mí, fuiste golpeado en mi lugar. Os agradezco las pruebas de amor que os hace levantaros en defensa del Inerme…

1Luna-04-04-2012

Pero veréis otras cosas peores. Cuando esta luna vuelva a rielar por el firmamento otras dos veces más a partir de hoy, las ofensas de palabra se convertirán en acciones, más tupidas que las flores que hay ahora en los árboles frutales.

Visteis y os habéis quedado sorprendidos: una higuera seca y un huerto sin flores. La higuera como Israel; no dio nada al Hijo del Hombre y ha muerto en su pecado.

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El huerto como los gentiles espera la hora de la que hablé hoy, para florecer y borrar el último recuerdo de la ferocidad humana, con la dulzura de las flores derramadas sobre la cabeza y a los pies del Vencedor.

Mateo pregunta:

–                       ¿Cuál Hora, Maestro? Hoy hablaste de tantas cosas, que apenas puedo recordarlas. Quisiera tener presente todo. ¿Se trata de la hora cuando regrese el Mesías?

Tomás exclama:

–                       ¡No es así! El maestro habla como si la conjura que lo aguarda, estuviese ya muy cercana. ¿Cómo puede entonces suceder lo que ha dicho que debe preceder a su regreso?: Guerras, destrucciones, esclavitudes, persecuciones; Evangelio predicado a todo el mundo. Abominación en la Casa de Dios y luego…

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Terremotos, pestes y falsos profetas, señales en el sol y las estrellas…. ¡Eh! ¡Se necesitan siglos para todo esto! ¡Se las vería buenas el dueño del huerto si tuviese que esperar a que floreciese!

Jesús confirma:

–                       Como dije, así sucederá. Pasarán muchos siglos hasta el triunfo definitivo y mi regreso…

1apocalipsis

–                       ¿Y entonces, cuál es la hora?

Juan responde llorando:

–                       ¡Oh, yo la sé! Yo la sé y será después de tu muerte y resurrección.  –y se abraza de Jesús.

Judas de Keriot lo provoca:

–                       ¿Y te pones a llorar porque resucita?

–                       Lloro porque antes tiene que morir. No te burles de mí, demonio. Yo sé y no puedo…  No soporto pensar en esa hora.

Judas dice a Jesús:

–                       Maestro, me llamó demonio. Ha faltado contra el compañero.

1POSESO

Jesús le dice:

–                       Judas, ¿Estás seguro de no merecerlo? Si es así. No te preocupes. También Yo he sido llamado ‘demonio’ y lo repetirán.

–                       Pero Tú has dicho que quién insulta a su hermano es culpable…

–                       ¡Silencio! Ante la muerte, que se acaben de una vez estas acusaciones odiosas, estas disputas y mentiras. No turbéis a quien muere…

Juan murmura:

–                       Perdóname, Jesús. Sentí algo dentro de mí, al ver que se reía… y no pude controlarme.

–                       No llores. Te comprendo; déjame hablar.   –y dirigiéndose a todos-   El Padre Santo que es mío y vuestro. Hasta ahora me ha custodiado bajo la sombra de su mano, porque todavía no había llegado la Hora de la Expiación. Ahora me deja ir. La flecha de su Divina Aljaba, después de que ha herido para curar a los hombres y abrir brecha en los corazones a la Palabra y a la Luz de Dios; ahora vuela rápida para herir a la Segunda Persona, al Expiador,  al Obediente; por el desobediente Adán…

1AdamEveExpelled_80[1]

Y como un guerrero herido, caigo diciendo a muchos: ‘En vano me he fatigado’ En vano, para no alcanzar nada. Inútilmente he gastado mis fuerzas. ¡Pero no! Todo lo hice por el Eterno Señor, que no hace nada sin motivo… -Y se interrumpe.

Jesús mira con severidad, hacia… Alguien que no son sus apóstoles.

En realidad el Viviente, con todos sus sentidos corporales y espirituales alerta, está viendo frente a Sí al Arcángel Rebelde, Príncipe del Mundo y de la Creación…

El Amo del Averno, en todo su esplendor angelical y satánico lo mira con triunfo y con su escalofriante voz gutural…

1Lucifer_

 Lucifer dice:

–                       Ha llegado la Hora Nazareno. Estás a mi merced y si no recapacitas, voy a destruirte por manos de los mismos hombres que estás tan empecinado en salvar…  Son tan desagradecidos que aunque saben que eres Dios, ya te han entregado en mis manos… Eres menos importante para ellos que los verdaderos ladrones y asesinos y lo confirmarás muy pronto… Todavía estás a tiempo de salvar tu vida. También soy magnánimo y puedo darte otra oportunidad…

Cometiste un fatal error al Encarnarte… Como Arcángel soy muy superior a Ti pues ahora no eres mi Dios; sino que al hacerte hombre, estás sometido a mis leyes en este mundo que me pertenece totalmente, así como los hombres que lo habitan y por tu voluntad elegiste ser también mi súbdito…

Tú creaste todas las cosas buenas para el hombre y ellos… ¡Ni siquiera las aprecian!… -Mira a Jesús con una sonrisa de maligna crueldad y añade- Te hiciste Hombre y no has querido conocer a la más sorprendente de todas tus creaturas, ni el incomparable deleite que proporciona una mujer… ¿Entonces para qué la creaste tan perfecta?

Debe ser terrible haber creado algo tan maravillosamente bello, ¡Y ni siquiera poder admirarlo!…

1horizonte

Y luego, te gustan tanto los niños…  ¡Serías un padre maravilloso! ¿Estás seguro de que no deseas casarte?…  Con la exuberancia de amor de Magdalena, ¡Ella tiene la esperiencia para hacerte el hombre más felíz de la tierra y sería una madre magnífica!… ¿Por qué no formas una familia como en la que creciste?

Sagrada Familia de Nazaret

 Es una mujer hermosísima y ahora que la has convertido en un ser angelical, sería una esposa maravillosa, ¿No lo has pensado?… ¡Tienes derecho a gozar de lo que Tú Mismo proyectaste desde el principio! La santidad de un hogar pleno… Con un montón de juguetones niños a tu alrededor; engendrados por Ti y haciéndote sentir la plenitud de ser un hombre plenamente realizado… ¡Tendrías la felicidad perfecta!

1jniños

Jesús aumenta la severidad en su mirada, pero continúa en silencio y sin moverse…

Lucifer cambia de estrategia…

–                       Te comprendo… Sólo piensas en tu Misión… Te comprendo muy bien… El tiempo se te ha terminado y… ¡Hay tantos enfermos que curar y tantos milagros que seguir realizando… ¡Todo podría ser tan diferente si Tú quisieras!… ¡Cuántos beneficios podrías agregar a los que has hecho! Y cuantos infelices esperan el amor que podrías derramar sobre ellos!…

Pero tus sacerdotes arden por el deseo de eliminarte… ¡Lástima que ya no te permitan hacerlo, cómo Tú lo anhelas!…  ¡Curar a todos! ¡Sanarlos a todos! ¡Beneficiarlos a todos! Conozco tu Amor y, ¡Qué pena que ese torrente infinito tengas que reprimirlo; porque están tan celosos de Ti, que ya no te soportan más!…

1jsanando

Te lo dije antes y te lo repito: ¿Para qué te sacrificas por estos bastardos ingratos? Si tomas en cuenta mis consejos, podrás seguir ejerciendo tu ministerio sin problemas,  por muchos lustros más…

Yo soy el fuerte, el invencible, el Potente en este mundo que me pertenece totalmente, porque Adán me lo entregó…  Entre los hombres yo reino y seguiré reinando… Soy la Fuerza y por ser el Primer Arcángel, soy mucho más poderoso que Tú…

Yo puedo darte el triunfo más resonante o la muerte más infamante… Puedo apresarte y enclavarte en un madero, porque soy el Regente del Mundo… Y aunque Tú no quieras, soy tu vencedor y tu rey…

1udjat

Ni siquiera imaginas lo que te espera, si insistes en ser mi oponente.

Porque después de los tormentos que te tengo preparados, terminarás por claudicar y me pedirás clemencia. ¿Por qué mejor no hacerlo ahora que todavía estás sano?…

Te ayudaré a vencer a todos tus enemigos y te entregaré el Templo para que lo reformes… Así podrás llevar tu Evangelio por toda la Tierra sin obstáculos.

Te prometo que pondré todas mis legiones a tu servicio y mis ángeles te ayudarán… Será un éxito total y el mundo tendrá la paz y la concordia que deseas. El Padre te perdonará al ver que los hombres vivirán en paz y amándose como Él lo desea, pues ya no los incitaré a que se destruyan…

Honraré mi palabra que ahora te doy, en recuerdo de cuando eras mi Dios y yo te adoraba… Antes de que me negara a servirte como Hombre…

1arcangel-lucifer-portador-de-luz1

Yo soy el dueño de tu destino…  Lo estás viendo… El apóstol que más amas ya te traicionó…-Y voltea a mirar a Judas con una mirada espeluznante.

El apóstol-sacerdote-renegado y Traidor se sonroja… Y baja la mirada paralizado por el terror…

Lucifer continúa:

Igual que lo harán muchos más en la nueva jerarquía sacerdotal que pretendes formar y que sabes que también terminará por ser mía. Yo me sentaré en el trono de ella y gobernaré…  Me obedecerán y profanaré todo lo que inicies en tus nuevos planes…

Igual que ahora me apoderé de tus sacerdotes en tu Tabernáculo. ¿Todavía no te basta, cuanto te odian tus propios ministros? Ni siquiera te escuchan y ya quieren matarte…

Aunque ahora adoctrines personalmente nuevos sacerdotes… Tú sabes que terminarán por ser míos totalmente, igual que los que en este momento quieren deshacerte de Ti… ¡Ni siquiera te han reconocido a pesar de todos tus Profetas!… Prefieren adorar tu Arca de metal áureo…

1-HighPriest-Altar

¡Qué pena! Hiciste un gran sacrificio al venir a ponerte a mi alcance… Totalmente inerme… ¡A nadie le importas!… ¡Qué gran catástrofe!…  El Dios que adoran, el Dios Creador de todo cuanto existe y…  ¡Ni siquiera lo dejan predicar en su Templo!

1_Israel_Museum,_Modell_Tempel

Porque si ahora que estás junto a ellos, Uno ya me pertenece totalmente y los demás… ¡Es cuestión de tiempo y astucia! También serán míos y lo sabes…

Jesús palidece y rápido se pone de pie, pues estaba sentado sobre una roca en el olivar.

Los apóstoles lo miran sorprendidos…

Judas de Keriot, el único que puede verlo también; pues sus sentidos espirituales fueron despertados por sus prácticas esotéricas…  Se asombra aun más;  pero se sobrepone enseguida y no manifiesta el verdadero motivo de su sorpresa…

1INVOCACION

Jesús levanta su mano derecha en señal de rechazo y grita:

–                       ¡Basta! ¡Adorarás al señor Dios tuyo y a Él sólo servirás!… ¡Atrás! ¡Atrás Satanás, que quieres que me entregue al desconsuelo y me tientas para que no obedezca!.. Desde el principio de mi Ministerio y hasta el fin de él, has venido y vienes. ¡Mira! Me pongo en posición de lucha.

¡Te desafío! Lo juro por Mí Mismo, que te venceré. No es orgullo decirlo, es la verdad. El Hijo del hombre será vencido en su Cuerpo por el hombre. Por el miserable gusano que muerde y envenena con su fétido fango.

Pero el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Inefable Trinidad, no será vencido por Satanás…  

1Santisima Trinidad

Tú eres el Odio. Eres poderoso en medio de él y en su malicia de tentador. Pero conmigo… Seré para ti una Fuerza que se te escapará de entre las manos, porque no podrás ni apresarla, ni enclavarla. El Amor está conmigo.

No ignoro el tormento que me espera; ni nada de lo que sucede a mí alrededor…  Hay otro tormento… que no causan la lanza, ni los palos, las burlas y las bofetadas que recibirá el Hijo del Hombre. Sino Dios Mismo…

Tormento que muy pocos conocerán en su real atrocidad…  En aquella tortura en que serán dos los principales verdugos: Dios con su Ausencia y tú Demonio, con tu presencia. La Víctima tendrá consigo al Amor que vive en Mí y que es la primera fuerza de mi resistencia a la Prueba.

1holy-spirit-

Y al Amor que encontraré en el Consolador espiritual que bate ya sus alas de oro, por el ansia de bajar a secar mis sudores y que recoge ya todas las lágrimas de los ángeles en el cáliz celestial que deslíe la miel de los nombres de mis redimidos y amantes, para templar con esa bebida la sed del Torturado y su ilimitada amargura…

Serás vencido, Demonio. Un día, cuando saliste de un poseso me dijiste: “Espero vencerte cuando seas una piltrafa de carne ensangrentada” y te respondo: No te apoderarás de Mí. Yo venzo. Mi fatiga ha sido santa. Mi causa está ante mi Padre. Él defiende lo que hizo su Hijo y no permitirá que su espíritu se extenúe.’

Jesús levanta los brazos y la cara hacia el Cielo y ora:

–                        Padre, desde este momento,  antes que llegue esa atroz hora, te digo: En tus manos encomiendo mi espíritu.’

Lucifer se estremece por la Ira… Sus ojos relampaguean con un Odio sobrenatural y escalofriante, que puede sentirse con una realidad pavorosa…

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Su rabia la desquita en una amenaza mortal:

–                       Acabaré contigo y te destruiré totalmente, por manos de los mismos que tanto amas y has venido a querer salvar… ¡JA! ¡JA! ¡JA!

1angel-malvado

Su carcajada aterradora RETUMBA por todo el monte y hace que un viento gélido, recorra la ladera moviendo súbitamente las ramas de los olivos que lucen sus flores rosadas y de todos los árboles de la ladera del monte, en esta primavera crucial…

1Florido

Jesús se dirige a sus apóstoles:

–                        Juan, no te vayas. Todos los demás podéis iros. La paz del Señor esté, donde Satanás no se hospeda. Hasta pronto…

Y Jesús se interna en el monte, acompañado por el Predilecto y los dos se van subiendo por una ladera llena de olivos.

1olivar

Los Once que han quedado, se miran consternados entre sí…

Pedro dice:

–                       No. Mientras yo viva, no dejaré que lo aprehendan. Mañana…

Iscariote pregunta:

–                       ¿Qué vas a hacer mañana?

–                       ¿Qué haré? Estoy hablando conmigo mismo. Es tiempo de conjuras. Ni siquiera al aire confiaré mi plan… Y tú que has dicho tantas veces que eres tan poderoso, ¿Por qué no buscas protección para Jesús?

–                       Lo haré, Pedro. Lo haré. No os sorprendáis de que algunas veces no esté con vosotros. Trabajo para  Él, pero no se lo digáis.

–                       Pierde cuidado. Y que seas bendito. Algunas veces he desconfiado de ti, pero te pido perdón… Veo que eres mejor que nosotros cuando llega la oportunidad… Tú obras. Yo no sé más que hablar por hablar.   –dice Pedro humilde y sinceramente.

Judas ríe contento con la alabanza.

Y los apóstoles salen de Getsemaní…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

170.- LA MIRADA DE DIOS


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Es una noche serena y llena de estrellas. Efraím está envuelto en los velos nocturnos. El arroyo no es más que un murmullo en el silencio. En el Oriente, clarea el alba.

La persona que estaba acuclillada en el suelo, cubierta bajo un manto oscuro, se pone de pie al oír que se abre la  puerta de la cocina…

Jesús sale y se dirige a la escalera. Una tos discreta, llama su atención y se detiene…

El hombre se inclina para saludarlo y dice en voz baja:

–                       Soy yo, Maestro.  Soy Mannaém. Te he estado esperando.

Jesús contesta.

–                       La paz sea contigo. ¿Cuándo viniste?

Mannaém dice:

–                       He estado en aquellos matorrales, desde ayer por la noche.

–                       ¡Toda la noche bajo el sereno!

–                       Tenía que hablarte a solas. Esperé a que salieras para orar. Alabado sea el Altísimo.

–                       Eternamente lo sea.  -contesta Jesús.

Y mira a Mannaém. Trae un vestido común y corriente de color café y un manto más oscuro, de tela tosca. No luce ninguna de sus acostumbradas joyas… Ni tampoco los riquísimos adornos que siempre resaltan sus finas vestiduras. Parece un trabajador o un peregrino. Está irreconocible…

Jesús le pregunta:

–                       ¿Por qué tantas precauciones?

Mannaém responde:

–                       Maestro, José y Nicodemo quieren hablarte y han tratado de hacerlo, burlando cualquier vigilancia. Lo intentaron varias veces, pero parece que Belcebú ayuda a tus enemigos…

1BELZEBU

Tuvieron que renunciar porque tanto su casa como la de Nique, tienen vigilancia continua. Ella es una mujer valiente. Se puso en camino por Adomín. Pero la siguieron y se detuvo cerca de la ‘Subida sangrienta’ y les dijo: “Voy a ver a un hermano mío que está en una gruta en los montes. Si queréis venir, vosotros que enseñáis lo de Dios, haréis una obra santa, porque está enfermo y tiene necesidad de Dios.”  Y con esta audacia los persuadió a irse. Pero no se atrevió a venir aquí. Y fue en realidad a ver a alguien que está en una gruta y que le confiaste…  Y le llevó lo que traía para Ti.

–                       Es verdad. ¿Pero cómo lo hizo saber Nique?…

–                       Fue a Bethania. Lázaro no está. Y María no es una mujer que tiemble ante nadie… Se vistió como una reina y fue al Templo, públicamente con Sara y Noemí.  Y luego a su palacio de Sión. De allí envió a Noemí a casa de José, con el recado.

Nos pusimos de acuerdo en que yo vendría, porque nadie sospecha de mí…  Pues soy un nómada que va de un palacio de Herodes a otro. A decirte que la noche del Viernes al Sábado, José y Nicodemo, uno de Arimatea y otro desde Rama, vendrán y te esperarán en Gofená. Yo te llevaré… José te ruega que nadie sepa de este encuentro, por el bien de todos.

–                       También por el tuyo, Mannaém.

–                       Señor… Yo no tengo bienes que cuidar, ni intereses de familia, como José.

1mannaem (2)

–                       Y esto confirma mis palabras de que las riquezas materiales, son siempre un peso… Di a José que nadie sabrá de nuestro encuentro. Ven. Te enseñaré donde nos encontraremos la noche del sábado…

Bajan sin hacer ruido y salen del huerto, bajando a la ribera del arroyo.

El día señalado, Mannaém lleva a Jesús hasta una gruta donde lanza un chillido semejante al de un búho…

José y Nicodemo, salen a un corredor rocoso. Después de los saludos, los guían a un lugar en donde encendieron una hoguera.

Nicodemo pregunta:

–                       Maestro. ¿Nadie se ha enterado de tu venida?

Jesús replica:

–                       ¿Y quién quieres, Nicodemo?

–                       ¿No están contigo tus discípulos?

–                       Solo Juan y Judas de Simón. Los otros evangelizan desde el crepúsculo del sábado hasta el del viernes… Yo salí de casa diciendo que no me esperasen hasta el domingo. Todos están acostumbrados a mis ausencias… Estad tranquilos. Tenemos mucho tiempo para hablar. Este es el mejor lugar.

José dice:

–                       Nos desagrada haberte traído hasta acá. Pero desde aquí podemos partir por diferentes caminos, sin que nadie nos vea. Porque donde se sospecha que alguien te quiere, ahí está el ojo penetrante del Sanedrín…

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Nicodemo objeta:

–                       José. Creo que somos nosotros los que vemos sombras, donde no las hay. Me parece que desde hace días, todo se ha calmado…

–                       Te engañas, amigo. Te lo aseguro. Hay calma porque no tienen necesidad de buscar al Maestro, pues ya saben dónde está. Por eso lo vigilan a Él y no a nosotros. Por eso recomendé que no dijese a nadie que nos veríamos. Para evitar… Bueno, lo que queríamos decirte es que alguien denunció donde te encuentras y que ese alguien no soy yo, ni tampoco Nicodemo, Mannaém o Lázaro, ni sus hermanas o Nique.

1Sanhedrin%20Trial

José mira a Jesús y pregunta:

–                       ¿Hablaste con alguien más?

Jesús contesta:

–                       Con nadie, José.

–                       ¿Estás seguro?

–                       Cierto.

–                       ¿Y tus discípulos?

–                       No. Están conmigo, Juan y Judas de Simón. Judas, aunque es un poco imprudente, no ha podido hacerme daño alguno con su irreflexión. Porque no se ha alejado de la ciudad y en estos días hay pocos peregrinos.

–                       Entonces el mismo Belcebú te denunció. Porque el Sanedrín sabe que estás aquí.

–                       ¡Bien! ¿Cómo reaccionó cuando lo supo?

–                       De diversas maneras Maestro, alguien dijo que esto era lógico. Como te pusieron en el bando en lugares santos; el único refugio era Samaría. Otros sostienen que eres un ‘samaritano del alma’, más que de raza y que esto es suficiente para condenarte.

1misterio2(judio que lee la sentencia)

Todos están felices porque consiguieron callarte. Y ya pueden decir a las multitudes que eres amigo de los samaritanos. Dicen: “Hemos ganado la batalla y lo demás será juego de niños.” Te rogamos que hagas lo posible porque no sea verdad.

–                       No lo será. Dejad que hablen. Los que me aman no perderán la paz, con las apariencias.

–                       Cuídate. No salgas de donde estás. Te avisaremos si algo sucede…

–                       No es necesario. Quedaos donde estáis. Pronto vendrán las discípulas. Como el lugar en donde estoy es conocido. Los que no tienen miedo al Sanedrín, vendrán, para que mutuamente nos consolemos.

–                       Queremos socorrerte, Maestro.

–                       No. Los discípulos que andan evangelizando, traen todo lo que necesitamos. El obrero vive de lo que le den. Les exijo que a su regreso no traigan ni una migaja de provisión y que tomen para nosotros lo que basta, para la comida frugal de una semana.

–                       ¿Por qué, Maestro?

–                       Para enseñarles el desprendimiento de las riquezas y la superioridad del espíritu, sobre las preocupaciones del mañana. Por eso y por otras razones que me reservo. No insistáis más.

–                       Como quieras. Pero nos desagrada no poder servirte.

–                       Llegará la hora en que lo haréis. Ya va a amanecer.

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–                       Debemos separarnos. Regreso a Gofená, donde dejé mi caballo. Nicodemo bajará a Berot. Y de allí a Rama, terminado el sábado.

–                       ¿Y tú, Mannaém?

Mannaém responde:

–                       ¡Oh! Yo no tengo temor alguno. Herodes está en Jericó. Dejé el caballo encargado y seguro… Por ahora me quedo contigo. En la bolsa traigo alimentos para los dos.

Jesús dice:

–                       Entonces despidámonos. Nos volveremos a ver en Pascua.

José protesta:

–                       ¡No querrás exponerte al peligro!

Nicodemo exclama:

–                       ¡No lo hagas, Maestro!

–                       Es verdad que sois malos amigos que me aconsejáis el pecado y la cobardía. ¿Dónde debo adorar al Señor, en la Pascua de los Ácimos? Tengo que ir al Templo de Jerusalén, como debe hacerlo todo varón de Israel. 

Los dos dicen al mismo tiempo:

–                       ¡Pero, Maestro!

–                        ¡Ellos te descubrirán inmediatamente!

Jesús:

–                       Aunque no me descubrieren. Yo haría que me viesen.

Nicodemo y José:

–                       Quieres tu ruina.

–                       Es como si te suicidaras.

1Dios Padre

–                       No. Vuestra inteligencia está llena de Tinieblas. No voy a suicidarme. Obedezco la Voz de mi Padre que me dice: “Ve. Es la Hora” el Cordero Salvador solo puede ser Inmolado, en la Pascua de los Ácimos. Vine para ser proclamado Rey de todas las Naciones. Porque esto es lo que quiere decir ‘Mesías’

¿No es verdad? Y también quiere decir ‘Redentor’. Sólo que el verdadero significado de estas dos palabras, no corresponde a lo que pensáis. Yo os bendigo y pido al Cielo que descienda sobre vosotros, un rayo de luz.

Hasta pronto, José. Sé justo y bueno, como el que fue mi tutor por muchos años. Si él estuviese aquí, él jamás me aconsejaría la villanía.

1jmn (2)

Me repetiría las palabras que solía decirme, cuando algo duro pesaba sobre nosotros: “Levantemos el corazón. Encontraremos la mirada de Dios y olvidaremos el dolor que los hombres nos infligen. Hagamos cualquier cosa por dura que sea; pensando que es Dios quién nos la presenta. Y de este modo santificaremos aún las cosas más pequeñas. Y Dios nos amará.” ¡Oh! ¡Esto es lo que hubiera dicho para consolarme, en medio de los más grandes dolores!… Y nos habría consolado… ¡Oh, Madre mía!…

1jmn (1)

Jesús se desprende de José, a quién había abrazado y baja su cabeza. Se queda en silencio un largo minuto…  al contemplar su próximo martirio y el de su pobre Madre…

1Maria

Luego Jesús dice a Nicodemo:

–                       Renace en tu espíritu, Nicodemo. Para poder amar la Luz que soy Yo. Y para poder vivir en ti, como Rey y Salvador. Idos. Que Dios esté con vosotros.

Los dos sanedristas toman el camino opuesto por el que vino Jesús.

Mannaém los acompaña para despedirlos, hasta la entrada de la gruta. Y regresa con una cara muy expresiva…

Mannaém dice:

–                       Son ellos los que violarán la distancia sabática y no tendrán paz hasta que paguen al Eterno, lo que creen deberle, con el sacrificio de un animal. ¿No sería mejor para ellos sacrificar su tranquilidad, declarándose abiertamente tuyos? ¿No sería más agradable ante el Altísimo?

–                       Lo sería. Pero no los juzgues. Cuando llegue el momento decisivo, muchos que se creen mejores que ellos, caerán… Y estos dos se levantarán contra todo un mundo.

–                       ¿Lo dices por mí, Señor? Mejor quítame la vida, antes que reniegue de Ti.

–                       No me renegarás…  En tí hay otros elementos que ellos no tienen y que te ayudarán a ser fiel. 

1MANNAEM

–                       Es verdad. Soy… Herodiano. Es decir lo fui…  Porque ya estoy separado del Consejo. Ante las otras castas, es poco menos que ser pagano.

Los del Templo se han aliado con los herodianos, para destruirte. Tú les infundes mucho miedo… A todos. Temen por sus intereses que jamás se sacian. ¡Ah! ¡Cómo me desagrada llevar una vida doble! Quisiera seguirte solo a Ti. Pero te sirvo más así. Maestro, Tú dices que pronto serás Inmolado. ¿No es un lenguaje figurado?

–                       Tú quisieras que eso no me pasara. No se trata de una figura. Es una realidad. Seré Sacerdote para siempre. Pontífice Inmortal de un Organismo al que daré vida, hasta el fin de los siglos.

Y la verdadera autoridad que me ungirá como Pontífice y Mesías, es la del que me ha enviado. Ningún otro que no sea Dios, puede ungir a Dios como Rey de reyes y Señor de los señores, para siempre.

1Cristo%20Sacerdote

–                       ¡Entonces, no se puede hacer nada! ¡Me entristece!

–                       Si puedes hacer algo…  Amarme. Amar no al hombre que se llama Jesús… Sino lo que Es Jesús.

Amarme con todo tu ser, así como Yo os amo; para que estés conmigo más allá de lo temporal. ¡Seremos muy felices en el Reino de mi Padre, nosotros que nos amamos!

Jesús sale afuera de la cueva con Mannaém a su lado. Y sonríe a algo que ve y contempla…

Jesus Sacerdote

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

169.- LOS LADRONES CONVERTIDOS


1JBO

Días después, Jesús está solo, con los niños en el arroyo.

Juan llega y dice:

–                       Maestro, han venido los familiares de los niños.

Jesús pregunta:

–                       ¿Dónde está Judas?

–                       No lo sé, Maestro. Después de que viniste aquí, salió y no ha regresado. Estará en el pueblo. ¿Quieres que lo busque?

–                       No. No es necesario.

Y regresan a la casa.

María de Jacob dice:

–                       Los llevé a la terraza para que descansaran. Judas viene corriendo del pueblo. Lo esperaré y prepararé algo para los peregrinos, que llegaron muy cansados.

También Jesús espera Judas en el pasillo.

Judas al llegar no lo ve y se dirige a la mujer muy altanero:

–                       ¿Dónde están los de Siquem? ¡Vayan a llamar al Maestro! ¡Juan!

Descubre a Jesús y cambia de tono:

–                       Maestro, corrí lo más que pude. Por casualidad… Ya estás en casa…

Jesús dice:

–                       Juan me fue a buscar.

–                       Yo también lo hubiese hecho; pero en la fuente me pidieron unas personas que les explicase algo…

Jesús no responde. Va a saludar a los recién llegados y les da la bienvenida en forma particular.

Ellos le dicen sorprendidos:

–                       ¿Te acuerdas de nuestros nombres?

–                       También de vuestras caras y de vuestras almas.

Malaquías el sinagogo, dice:

–                       Ellos son los familiares de los niños. Vinieron a llevárselos y a darte las gracias por la piedad  que mostraste con ellos, que son hijos de Samaría. ¡Eres el único en hacerlo!… Eres el Santo que solo hace cosas santas. Y venimos a agradecerte que nos hayas elegido como refugio  y que nos hayas amado en los hijos de nuestra raza.

1msam

Un hombre dice:

–                       Nosotros somos hermanos de la madre de los pequeños. Estábamos enojados contra ella porque se casó sin consentimiento. Nuestro padre amaba mucho a su única hija y por varios años estuvimos separados. Cuando supimos que la mano de Dios había caído sobre nuestra hermana y que tenía mucha aflicción en su casa; pues su unión impura, no le alcanzó la bendición divina.

1boda

Nos llevamos a nuestro padre a nuestra casa, para que no sufriese más que por la pobreza en que su hija vivía. Cuando ella murió, ya te habíamos oído. Vencimos nuestro rencor y ofrecimos a su marido hacernos cargo de los niños; pero él respondió que prefería verlos muertos, antes que comieran de nuestro pan. Y no nos permitió el cuerpo de nuestra hermana para sepultarla.

Entonces juramos odiarle a él y a sus descendientes. El odio cayó sobre él en tal forma, que de hombre libre se convirtió en esclavo y murió como chacal en una cueva inmunda. Pero tuvimos mucho miedo cuando hace ocho noches llegaron a nuestra casa los ladrones. Nos dijeron el motivo y más por aversión, los despachamos ofreciéndoles una  buena recompensa para que se mostrasen amigables. Y nos admiramos al saber que ya habían cobrado y que no querían otra cosa.

1HEBREOS1

Judas, repentinamente, prorrumpe con una carcajada llena de sarcasmo:

–                       ¡Ja, ja, ja! ¡Su conversión…! ¡Total! ¡No cabe duda!

Jesús lo mira severamente y los demás quedan sorprendidos.

El que estaba hablando continúa:

–                       ¿Y qué más podías pedir de ellos? ¿No era suficiente que llegaran a nuestra casa con el pastorcillo, desafiando los peligros y sin haber tocado nada? El que vive mal, se porta siempre mal. Pues no quitaron gran cosa al difunto. Nos sorprendió su honradez y el saber que los niños estaban en Efraím contigo. Nos dijeron que habías hablado con ellos y por eso tuvieron piedad. Y aquí estamos. Hemos venido por los niños. Nos quedaremos también con el niño pastor, pues sabemos que también es huérfano y no tiene a nadie.

Jesús responde:

–                       Que así sea. Judas, están en el arroyo con Juan. Traed a los niños.

Cuando los ven, dicen:

–                       Los tenía mejor cuidaos de lo que pensábamos. Traen buen vestido y sandalias. Tal vez al final le fue bien.

El mediano, que es el menos tímido, responde:

Tenemos vestidos nuevos, porque Jesús nos los dio. Nosotros no teníamos nada.

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–                       Te devolveremos todo, Maestro. Joaquín de Siquém ha recibido ofertas de la ciudad. Añadiremos dinero.

–                       No quiero dinero. Quiero una promesa: que améis a estos que arrebaté a los ladrones.

–                       Te lo prometemos Maestro. Lo que más me extrañó fue que los ladrones dijeron que te comunicásemos que los perdonaras, si tardaron mucho en llegar a nuestra casa. Pero fue por las precauciones que tuvieron que tomar y que no podían caminar fácilmente por caminos difíciles…

Jesús dice:

–                       ¿Oíste, Judas?

Iscariote no contesta.

Malaquías el sinagogo y los siquemitas, invitan a Jesús para que vaya con ellos. Y mientras los apóstoles se industrian porque los niños se familiaricen con sus parientes, los samaritanos tratan de convencer a Jesús para que se quede definitivamente con ellos, porque los judíos no lo quieren…

Jesús les explica porqué no puede hacerlo y porqué es necesario que regrese a Jerusalén para la Pascua.

Al día siguiente…

Llega un grupo de la Decápolis a buscar a Jesús.

Judas los recibe diciendo:

–                       El Maestro no está. Estamos yo y Juan. Y es lo mismo. Decid que queréis.

Un hombre replica:

–                       No podéis enseñar lo que Él enseña.

–                       Somos igual que Él, recuérdalo siempre. Si quieres oírlo a Él, regresa antes del sábado. El Maestro es ahora un verdadero Maestro. Ya no habla en los caminos, bosques o peñascos como un vagabundo y a cualquier hora, como un esclavo. Aquí habla el sábado, como es conveniente para Él. ¡Y hace bien!  ¡Para lo que le sirvió el haberse acabado de fatiga y de amor!

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–                       Nosotros no tenemos la culpa de que los judíos…

–                       ¡Todos! ¡Todos! ¡Judíos y no judíos! Todos sois iguales y lo seréis. Él es todo para vosotros y vosotros nada para Él. El da, vosotros no. Ni siquiera la limosna que se da al mendigo.

–                       Pero nosotros traemos la oferta. Mírala si no nos crees.

Juan que ha estado callado, pero que sufre visiblemente, mira a Judas con ojos suplicantes, de reproche, de consejo.

Cuando Judas extiende su mano para recibir la oferta, Juan le pone su mano sobre el brazo y le dice:

–                       No, Judas. Esto no. Conoces las órdenes del Maestro.  –y volviéndose a los peregrinos-  Judas se ha explicado mal y vosotros no lo comprendisteis bien.  Lo que mi compañero quiso decir es que se trata de una oferta de Fe sincera. De un amor fiel que nosotros y todos vosotros debemos dar, por lo mucho que el Maestro nos da. Cuando andábamos errantes por Palestina, Él aceptaba estas ofertas porque las necesitábamos.

Y porque encontrábamos en nuestro camino a muchos mendigos o nos hablaban de miserias ocultas. Alabada sea la providencia, ahora no nos falta nada y no encontramos menesterosos. Tomad vuestra oferta y dadla en el Nombre de Jesús, a quién la necesite.

Estos es lo que quiere nuestro Señor y Maestro. Y lo que ha dicho que hagan los que andan evangelizando por diversos poblados. Pero si hay algún enfermo o alguien quiere hablar con Él, decidlo. Lo iré a buscar a donde se aísla para orar, pues su espíritu anhela recogerse en el Señor.

Judas murmura entre dientes:

–                       Santurrón estúpido y entrometido…

Se sienta junto al horno encendido y parece desinteresarse de lo que pasa.

El hombre sigue diciendo a Juan:

–                       Supimos que estaba aquí y quisimos verlo. Si os hemos causado alguna molestia…

Juan contesta:

–                       No hermanos. No es ninguna molestia que lo busquéis. Que lo améis aún con fatiga. Vuestra voluntad tendrá buena recompensa. Voy a anunciar al Señor que habéis venido y Él vendrá. Pero si no viniese os traeré su bendición.

Juan sale al huerto para ir a buscar al Maestro.

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Judas lo alcanza y le ordena con imperio:

–                       Deja que yo voy.   –y sale corriendo.

Juan lo ve irse y no dice nada.

Regresa a la cocina y les propone:

–                       Vamos al encuentro del Maestro.

–                       ¿Pero si no quisiera?…

–                       ¡Oh! ¡No os preocupéis de lo que pasó! Conocéis la razón por la que estamos aquí. Son los demás los que obligan al Maestro a tomar estas providencias de reserva. No es que Él lo quiera. Él siempre conserva el mismo amor por todos vosotros.

–                       Lo sabemos. Los primeros días de la lectura del bando, se le buscó por toda la Transjordania. Y por donde se pensaba que podían encontrarlo. Las casas de sus amigos están muy bien vigiladas. Y muchos creen servir al Altísimo, persiguiéndolo. Luego las pesquisas cesaron y se esparció la voz de que está aquí.

–                       ¿Quién os lo dijo?

–                       Unos discípulos suyos.

Juan los mira extrañadísimo y pregunta:

–                       ¿Mis compañeros? ¿Dónde?

–                       No. Ninguno de ellos. Son nuevos porque nunca los hemos visto. Hasta nos sorprendió que nos dijeran en donde estaba escondido.

–                       No sé que os dirá el Maestro. Por mi parte os aseguro que de ahora en adelante, no debéis creer sino a discípulos conocidos. Sed prudentes. Todos los de esta región, saben lo que le pasó al Bautista…

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–                       Piensas que…

–                       Ni una sola persona odió a Juan y fue aprehendido. ¿Qué no le pasará a Jesús, que lo odian Palacio y Templo, fariseos, escribas, sacerdotes y herodianos? Sed pues prudentes, para que no os remuerda la conciencia. Vedlo que viene. Vamos a su encuentro…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

160.- CONTRA TODA ESPERANZA


ROMA IMPERIAL

A la hora sexta, (12.00P.M.) el camino de Bethania está lleno de gente. Poncio Pilatos y el gobernador de Siria, con un cortejo de dignatarios de diferentes países, todos van al entierro de su ciudadano más célebre.

El Sanedrín completo, está presente.

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Martha y María están agotadas recibiendo las condolencias. Escuchan las palabras de los visitantes. Lloran con los verdaderos amigos. Se inclinan ante los poderosos sinedristas que han venido más por ostentación, que por honrar al difunto. Y responden con cortesía a todas las preguntas.

Uno de los fariseos más crueles…

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El viejo Cananías, dice con escarnio:

–                       ¡Qué te parece María! ¡Vuestro maestro es el único ausente de los muchos amigos de tu hermano!

Y se escuchan las voces de todos los demás sinedristas:

–                       ¡Bonita amistad!

–                       ¡Tanto amor mientras Lázaro estuvo bien!

–                       ¡Indiferencia, cuando era la hora de demostrarlo!

–                       Todos han sido objetos de algún milagro, menos éste.

–                       ¿Qué dices a esto?

–                       ¡Qué bien te engañó!

–                       ¡Qué bien se comportó el hermoso Rabí de Galilea!

–                       ¡Je, je! ¿No decías que te ordenó que esperaras más allá de lo posible?

–                       ¿Y acaso no has esperado?

–                       ¿Sirve para algo esperar en Él?

–                       Dijiste que esperabas la vida.

–                       ¡Me lo imagino! ¡Él se llama la Vida!

–                       ¡Je, je, je! Pero allí dentro está tu hermano muerto.

–                       Y está lista y abierta la entrada al sepulcro.

–                       Mientras tanto, el Rabí está ausente. ¡Je, je, je!

Doras dice con burla:

–                       Él sabe dar muerte, pero no vida.

Realmente son una bandada de buitres alrededor de su presa…

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Martha se cubre la cara con las manos y llora con amargo dolor…

La realidad se impone. Su esperanza está fallida. El Rabí está ausente. No ha venido siquiera a consolarla y podía haberlo hecho.

María también llora. La realidad la tiene ante sus ojos. Ha creído…  Ha esperado más allá de lo posible… y nada ha sucedido.

Ya es viernes y todo tiene que terminarse a tiempo, para que los huéspedes puedan observar la ley del sábado que dentro de poco empezará…

María llora…Ha esperado mucho, siempre…  Todo lo puso en esta esperanza y se ha llevado un chasco…

Cananías y sus compinches insisten:

–                       ¿No me respondes?

–                       ¿Te persuades ahora de que es un impostor, que se aprovechó de vosotras y que os escarneció?

–                       ¡Pobres e ilusas mujeres!

Y todos mueven la cabeza.

Maximino se acerca:

–                       Es hora. Dad las órdenes.

Martha cae al suelo y empiezan los lamentos…

María, presa de la angustia, se aprieta las manos…

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Finalmente, Magdalena suplica:

–                       Un poco más. Un poco más. Mandad criados por los caminos a ver si ya viene…

Sadoc ríe burlón:

–                       Pero, ¿Todavía esperas, infeliz? ¿Quieres algo más para persuadirte de que os traicionó? ¿Qué os engañó, que se burló de vosotras, que os ha escarnecido?…

¡Es demasiado! Con la cara bañada en lágrimas, llena de dolor, pero siempre fiel en medio del círculo de huéspedes que están reunidos para ver salir el cadáver…

María grita:

–                       Si a Jesús de Nazareth, le ha parecido que está bien… ¡Está perfectamente bien! Su amor por todos  nosotros los de Bethania, es grande.

Todo es para la gloria de Dios y suya. Él afirmó que de esto vendría gloria al Señor; para que resplandezca completamente el poder de su Verbo. Vamos Maximino. El sepulcro no es un obstáculo al Poder de Dios.

Se hace a un lado y da la señal.

El cadáver envuelto en vendas sale de la habitación. Atraviesa el jardín flanqueado por la gente, entre lamentos.

María intenta ir detrás pero vacila. Cuando todos se dirigen al sepulcro ella también va y alcanza a ver como el cadáver desaparece dentro del sepulcro, que está excavado hacia abajo, en el terreno rocoso.

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Los siervos ponen la piedra sellando el sepulcro, porque el sol comienza a bajar y baja más aprisa en invierno.

María grita con profundo dolor. Pronuncia el nombre de Lázaro y luego el de Jesús. Parece como si le arrancaran el corazón. Los sigue repitiendo hasta que escucha el ruido de la roca puesta para sellar la entrada de la tumba…

Se desmaya y los siervos la llevan dentro de la casa.

Maximino se queda a despedir a los asistentes. Todos le dicen que regresarán diariamente para los pésames…

Lentamente se van. Los últimos son José, Nicodemo, Eleazar, Juan, Joaquín y Josué y en el cancel se encuentran a Sadoc que junto con Uriel y Elquías, están riendo maliciosamente y llenos de felicidad.

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Sadoc dice:

–                       ¡Su apuesta!…

Y los demás confirman:

–                       ¡Y pensar que tuvimos miedo de ella!

–                       ¡Oh! ¡Está bien muerto!

–                       ¡Cómo apestaba pese a los perfumes!

–                       ¡No hay duda! ¡No la hay!

–                       No era necesario quitar el sudario.

–                       Creo que ya estaba lleno de gusanos.

José los mira con severidad. Y su dura mirada les trunca la sonrisa y las burlas…

Todos se apresuran a regresar a la ciudad, antes del crepúsculo.

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Y transcurre el sábado…

El domingo por la noche en el huerto de la casa de Salomón: Los árboles, los perfiles de las casas que están al otro lado del camino, el camino mismo que se adentra en el bosque y el río… Van desapareciendo lentamente entre las sombras que se hacen cada vez más oscuras conforme la luz se desvanece…

En el firmamento palpitan las estrellas y la luna baña con su luz plateada todo lo que sus rayos tocan.

Jesús y los apóstoles están alrededor de la mesa empezando la cena.

Jesús, después de ofrecer y bendecir, distribuye el pescado. Parece como si fuera un padre entre sus hijos; aun cuando Bartolomé, Zelote y Felipe, parecen padres de Él.

Mateo y Pedro pueden pasar como sus hermanos mayores. Todos los demás son más jóvenes.

Comen hablando de lo sucedido en el día.

Juan se ríe de buena gana por lo enojado que se puso Pedro con un pastor que insistía en que Jesús fuera a bendecirle su ganado.

Pedro explica:

–                       No hay porqué reírse. El asunto no tiene nada de gracioso. Mientras él me dijo: ‘tengo mis ovejas enfermas y si se mueren estoy arruinado’ Lo compadecí. Es como si a nuestra barca la acabase la polilla. No se puede pescar, ni tampoco comer. Y todos tenemos el derecho a comer.

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Pero cuando dijo: ‘Las quiero ver curadas porque quiero hacerme rico y llamar la atención de la gente, por la dote que le daré a Esther. Y por la casa que me haré’ Entonces me enojé y le dije: ¿Y para esto has venido desde tan lejos? ¿No piensas en otra cosa más que en la dote, en riquezas y en tus ovejas? ¿No tienes un alma? Me respondió: ‘Para el alma hay tiempo. Ahora me urgen las ovejas y las bodas, porque es un buen partido y Esther empieza a envejecer.’

Entonces, si no me hubiera acordado de que Jesús dice que debemos ser misericordiosos con todos, me las hubiera pagado. Le dije unas cuantas palabras, como cuando empieza a bramar la tempestad…

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Santiago de Zebedeo observa:

–                       Y parecía que no querías terminar, pues ni siquiera respirabas. Las venas del cuello se te hincharon y parecían dos bastoncitos…

Tomás añade:

–                       El pastor se alejaba y tú seguías predicando. Menos mal que dices que no sabes hablar a la gente.  –y lo abraza diciendo- ¡Pobre Simón, qué furioso te pusiste!

Pedro replica:

–                       ¿Pero no tenía yo razón? ¿Qué es el Maestro? ¿El constructor de fortunas de todos los imbéciles de Israel? ¿El Paraninfo de las bodas de otros?

Mateo bonachonamente lo reprende:

–                       No te enojes, Simón. El pescado te va a hacer daño si lo comes con ese veneno.

Pedro responde:

–                       Tienes razón. Me parece gustar todo el sabor que tienen los banquetes de los fariseos, cuando como pan con miedo y carne con ira.

Todos se ríen.

Jesús sonríe y calla.

Terminan de cenar y Jesús dice:

–                       Y sin embargo hay que partir.

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Pedro pregunta:

–                       ¿A dónde Señor? ¿Con el hombre de las ovejas?

Jesús responde:

–                       No, Simón. A la casa de Lázaro. Regresamos a Judea.

Pedro exclama:

–                       Maestro, recuerda que los judíos te odian.

Santiago de Alfeo advierte:

–                       Hace poco querían apedrearte.

Mateo protesta.

–                       Pero, Maestro. ¡Esto es una imprudencia!

Judas de Keriot pregunta:

–                       No somos nada. ¿Verdad?

Tadeo dice:

–                       ¡Oh! ¡Maestro y hermano mío! Te conjuro en nombre de tu Madre y en nombre de la Divinidad que hay en Ti, que no permitas que los satanaces pongan su mano sobre tu persona, para impedirte hablar. Estás solo. Demasiado solo contra todo un mundo que te odia  y que en la tierra es poderoso…

Juan exclama:

–                       ¡Maestro! ¡Cuida tu vida! ¿Qué sería de mí, de todos; si no te tenemos más?  -y tiene los ojos agrandados de un niño que tiene miedo y sufre.

Todos opinan que Jesús no debe estar cerca de Jerusalén y el amor los impele a impedir que se regrese a Bethania…

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Jesús dice.

–                       ¡Calma! ¡Calma! Sé lo que hago porque la Luz está en Mí. Tened en cuenta que mientras no llegue la hora de las tinieblas, nada me puede pasar. Cuando llegue esa hora; nada me podrá salvar de las manos de los judíos.

Ni siquiera los ejércitos e César. Porque lo que está escrito debe cumplirse y las Fuerzas del Mal ya están trabajando para cumplir su obra. Dejadme hacer lo que quiero: Hacer el bien mientras tengo las manos libres.

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Llegará la hora en que no podré mover un dedo, ni decir una palabra para hacer un milagro. El mundo se encontrará sin mi fuerza, lo que será una hora horrible y de castigo para el hombre. No para mí…  Para el hombre que no habrá querido amar. Hora que se repetirá por voluntad del hombre que habrá rechazado a la Divinidad hasta convertirse en un sin-Dios.

01 - MAYAS

Hora que vendrá cuando esté próximo el Fin del Mundo. La falta de fe activa, hará que no pueda hacer milagros.

No porque me falte el Poder, sino porque no se puede otorgar ningún milagro donde no hay Fe, ni voluntad de conseguirlo. Ahora todavía puedo hacer milagros y dar Gloria a Dios…

Vamos pues a casa de nuestro amigo Lázaro, que duerme. Vamos a despertarlo de su sueño, para que esté listo y pronto para servir a su Maestro.

Varios dicen:

–                       Si está dormido está bien.

–                       Terminará por curarse.

–                       El sueño es un buen remedio.

–                       ¿Para qué despertarlo?

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Jesús aclara:

–                       Lázaro ha muerto. Esperé a que muriera para ir allá…  No por sus hermanas, ni por él. Sino por causa vuestra. Para que creáis. Para que crezcáis en la   Fe. Vamos a la casa de Lázaro.

Tomás dice con tono fatalista:

–                       ¡Está bien! ¡Vamos pues! Moriremos todos como él. Y como Tú, que también quieres morir.

–                       ¡Tomás! ¡Tomás! Y todos los que estáis murmurando y protestando… Quien quiera seguirme no debe tener ansias por la vida, ni miedo a perderla. Os voy a decir cómo se conquista el Cielo. ¿Pero cómo podréis imitarme, si tenéis miedo de ir a Judea, vosotros a quienes no pasará nada? Sois libres de abandonarme…

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Pero si queréis quedaros, debéis aprender a desafiar al mundo, sus críticas, sus asechanzas, sus burlas, sus tormentos, para conquistar mi Reino.

Vamos pues a sacar de la muerte a Lázaro que ya tiene tres días durmiendo en el sepulcro, habiendo muerto la noche del jueves, cuando vino el criado de Bethania.

Habrá mucha gente. Los corazones quedarán conturbados. Lo prometí y mantengo mi palabra…

Santiago de Alfeo, pregunta temeroso:

–                       ¿A quién?

–                       A quién me odia y a quién me ama de un modo absoluto.  ¿No recordáis la disputa con los escribas en Cedes?…  Tuvieron la arrogancia de llamarme mentiroso, porque resucité a una hija apenas muerta y a un difunto de un día. Dijeron: “Pero no ha logrado rehacer a uno que esté ya descompuesto….

Y es verdad que solo Dios puede sacar del fango a un hombre. Y de la corrupción, rehacer un cuerpo.” Lo haré.

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En el mes de Casleu recordé a los escribas este desafío. Esto para quien me odia. Por otra parte a las hermanas les prometí absolutamente que premiaría su Fe, si continuaban esperando aún contra lo posible.

Las he probado en muchas cosas y han sufrido mucho. Soy el único que conozco sus sufrimientos en estos días. Y su perfecto amor.

En verdad os digo que merecen un gran premio, porque les angustia menos el no ver a su hermano resucitado, que el que me escarnezcan.

Vosotros creíais que Yo estaba absorto, cansado y triste… Estaba con ellas con mi espíritu. Oía sus gemidos y contaba sus lágrimas. ¡Pobres hermanas!

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¿Lloras, Simón? Sí. Tú y yo somos los más grandes amigos de Lázaro. Lloras de dolor por Martha y María. Por la muerte del amigo y también por la alegría de saber que pronto volveremos a verlo. Vamos a preparar las alforjas…

Zelote exclama:

–                       ¡Ya tiene varios días muerto!

Tomás grita:

–                       ¡Esto es un milagro!

Andrés:

–                       ¡Quiero ver que inventarán ahora, para seguir dudando!

Judas pregunta:

–                       ¿Cuándo vino el criado?

Pedro responde:

–                       La noche anterior al viernes.

–                       ¿Sí? ¿Y por qué no lo habías dicho?

–                       Porque el Maestro ordenó que no dijese nada.

–                       Así pues… Cuando lleguemos, ¿Serán ya cuatro días que esté en el sepulcro?

–                       Así es. Viernes tarde, un día. Sábado tarde, dos días. Esta tarde tres días. Mañana, cuatro… Bethania, cuatro días y medio…

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Mateo y los demás exclaman:

–                       ¡Poder Eterno!

–                       ¡Va a estar hecho pedazos!

–                       Estará…

–                       Deshecho por la corrupción…

–                       Quiero ver esto también y luego…

Santiago de Alfeo pregunta:

–                       ¿Luego qué Simón Pedro?

Pedro contesta muy ceremonioso:

–                       Y luego si Israel no se convierte, ni siquiera Yeové con sus rayos podrá convertirlo.

Sigue un largo silencio…

Luego se ponen a arreglar todo para la partida…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

150.- EL OJO DEL HURACÁN


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Elisa dice:

–                       Sí, Maestro. Hace tres semanas que Judas de Keriot está aquí. Vino un sábado por la tarde. Parecía cansado y extenuado. Dijo que te había perdido por las calles de Jerusalén… Que había corrido a buscarte en todas la casas a donde sueles ir. Aquí viene cada tarde. Dentro de poco llegará. Por la mañana se va y dice que va a los lugares cercanos, a predicarte.

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Jesús pregunta:

–                       Está bien Elisa… Y ¿Le creíste?

–                       Maestro. Sabes que ese hombre no me gusta. Si mis hijos hubieran sido así, habría rogado al Altísimo para que se los llevara. No he creído a sus palabras…  Pero porque te amo, he refrenado mi juicio… Me he portado como una madre con él. Por lo menos así he obtenido que regrese cada tarde.

–                       Hiciste bien.  –Jesús la mira fijamente y de improviso le pregunta-   ¿Dónde está Anastásica?

Elisa se pone roja y con franqueza responde:

–                       En Betsur.

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–                       Has hecho bien aún en esto. Te ruego que tengas compasión de él.

–                       Como lo compadezco, quise apagar el incendio antes de que estallase el escándalo…  O cuando menos, de que llenase de terror a mi hija.

–                       Dios te bendiga, buena mujer.

–                       ¿Sufres mucho, verdad Maestro?

–                       Sí. Es verdad. Puedo decirlo a una madre. ¡Oh! ¡Cuán necesaria es una madre, cuando el dolor supera las fuerzas del hombre!

–                       ¿Por qué no haces venir a tu Madre?

–                       Vendrá dentro de dos meses y…

Se ve interrumpido porque abajo en la cocina, resuena la voz grave, áspera, pedante e irónica de…

Judas de Keriot, que dice a Juan:

–                       ¿Todavía clavado en tu trabajo, viejo? ¡Hace frío! Aquí no hay fuego. Tengo hambre. No hay nada preparado. ¿Está dormida Elisa? Ella quiso hacerlo. Pero los viejos son lentos y su memoria débil. ¡Ey! ¿No respondes?  ¿Estás sordo esta tarde?

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El anciano Juan responde:

–                       No. Te dejo hablar porque eres apóstol y no está bien que te regañe.

–                       ¿Qué me regañes? ¿Por qué?

–                       Pregúntatelo a ti mismo y lo sabrás.

–                       Mi conciencia no me reprocha nada.

–                       Señal de que está deforme y de que la has mutilado.

–                       ¡Ja, ja, ja! – su carcajada irónica se pierde…

Y Judas sale de la cocina, pues se oye el ruido de la puerta al cerrarse y sus pisadas en la escalera que va a la terraza.

Elisa dice:

–                       Voy a preparar, Maestro.

Y saliendo de la habitación se encuentra con Judas, que llega a la terraza.

Judas dice:

–                       Tengo frío y hambre.

Elisa le responde:

–                       ¿Nada más eso? Entonces tienes muy pocas cosas.

–                       ¿Y qué más debería tener?

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–                       ¡Eh, muchas cosas!…   -la voz de Elisa se aleja.

–                       Son unos viejos tontos. ¡Uff!…  –empuja la puerta y se encuentra cara a cara con Jesús.

Da un paso atrás por la sorpresa.

Pero reacciona y dice:

–                        ¡Maestro! ¡La paz sea contigo!

Jesús recibe el beso del apóstol, pero Él no se lo devuelve.

Judas pregunta:

–                       Maestro estás… ¿No me das el beso?

Jesús lo mira sin responder.

–                       Es verdad. Me equivoqué. Lo menos que puedes hacer es no besarme. Pero no me juzgues muy severamente. Aquel día me tomaron en medio unos que… no te aman y disputé con ellos hasta ponerme ronco. Después, me dije: ‘Quién sabe a donde habrá ido’  Y me vine aquí a esperarte. ¿Acaso no es ésta también tu casa?

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–                       Mientras me lo permitan.

–                       ¿Vas a guardarme rencor por esto?

–                       No. Quiero que pienses en el ejemplo que has dado a los demás.

–                       ¡Eh! ¡Me parece oír sus palabras! Pero sé cómo justificarme con ellos. Contigo ni lo intento, porque sé que ya me has perdonado.

–                       Es verdad. Te he perdonado.

Judas, en lugar de tener un acto de humildad, de arrepentimiento, de amor por tanta dulzura, exclama con rencor:

–                       ¡Ah! ¡Pero no hay manera de verte enojado! ¿Qué clase de hombre eres?

Jesús no responde.

Judas de pie, mira a Jesús sentado con la cabeza inclinada y sacude su cabeza con una sonrisa perversa en sus labios. Todo ha pasado ya para él. Se pone a hablar de diferentes cosas, como si fuese el que mejor se hubiese portado de todos.

Jesús lo escucha sin hablar. Pasa el tiempo…

Anochece. Cesan los rumores de la calle.

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Jesús ordena:

–                       Bajemos.

Entran a la cocina, donde brilla el fuego en el fogón y arde una lámpara de tres mechas.

Jesús se sienta junto al fuego para sentir el calor. Llaman a la puerta y el anciano Juan va a abrir. Son los apóstoles.

Pedro, que es el primero en entrar…

Ve a Judas y le ataca:

–                       ¿Se puede saber en dónde has estado?

Judas replica:

–                       Aquí. Simplemente aquí. ¿Iba yo a ser tan tonto, que después de que desaparecisteis, anduviera de acá para allá? Me vine acá, donde estaba seguro de vendríais.

–                       ¡Qué modo de obrar!

–                       El maestro no me ha regañado. Por otra parte, ten en cuenta que no he perdido el tiempo. Cada día he evangelizado y hasta he hecho milagros. Lo que es una cosa buena.

Bartolomé le pregunta muy enérgico:

–                       ¿Y quién te autorizó a ello?

–                       Nadie. Ni tú, ni nadie. Pero basta con ser de los… de la… la gente está sorprendida y murmura. Y se ríe de nosotros los apóstoles porque no hacemos nada. Y yo que lo sé, he trabajado por todos. Hice más…  Fui a la casa de Elquías y le demostré que no se puede obrar mal cuando se es santo. Había muchos. Los persuadí. Veréis que por estas partes, ya no nos darán más camorra. Ahora estoy contento.

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La desfachatez de Judas es increíble.

Los apóstoles se miran entre sí. Miran a Jesús.

Su rostro es impenetrable. Parece agobiado por un gran cansancio físico…

Santiago de Alfeo le advierte:

–                       Podías haberlo hecho, pero con licencia del Maestro. Hemos estado preocupados por tu causa.

–                       ¡Oh! ¡Qué bien! Ahora podéis estar tranquilos. Nunca me habría dado permiso. Nos tiene demasiado bajo su tutela. Tanto que la gente murmura,  de que está celoso de nosotros. Que teme que podamos hacer más que Él y también de que nos tiene castigados. La gente tiene lengua mordaz. Pero la verdad es que Él nos ama más que la pupila de sus ojos. ¿No es verdad Maestro? Y teme que nos veamos en peligro o que hagamos el ridículo. También nosotros en nuestro interior pensábamos que habíamos sido castigados y que Él estuviese celoso…

Tomás lo interrumpe:

–                       ¡Esto no! ¡Nunca lo he pensado

Todos los demás están de acuerdo con Tomás.

Pero salvo Jesús, nadie advierte que es Satanás el que ha estado hablando. Y ha logrado disimular su maligna presencia con el uso del plural, donde se han
sentido aludidos los apóstoles.

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Tadeo planta sus claros y bellos ojos, en los hermosos pero huidizos de Judas y lo interpela:

–                       ¿Y cómo pudiste obrar milagros? ¿En nombre de quién?

–                       ¿En nombre de quién? ¿Pero no te acuerdas que nos dio este poder? ¿Acaso lo ha retractado? Que yo sepa no. Y por esto…

–                       Y por esto yo nunca me hubiera permitido hacer algo sin su consentimiento u órdenes.

–                       Bueno, ¡Y qué!… A mí se me antojó hacerlo. Pensaba que no sería capaz de hacerlo y lo logré. Y ¡Estoy muy contento por ello!  -y se va hacia el oscuro huerto, para cortar la discusión.

Los apóstoles vuelven a mirarse. Están atolondrados por tanta audacia. Pero ninguno quiere decir nada que pueda hacer sufrir más a su Maestro. Pues el sufrimiento más intenso, se ve reflejado en su rostro.

Juan, Andrés y Tomás, se quitan de encima las alforjas.

Bartolomé se inclina a recoger una rama caída y dice a Pedro en voz baja:

–                       ¡Quiera Dios que el Demonio no lo haya ayudado!

Pedro junta sus manos y murmura:

–                       ¡Misericordia!   -y va a donde está Jesús y poniéndole una mano sobre la espalda, le pregunta-  ¿Estás cansado?

Jesús contesta:

–                       Mucho, Simón.

Elisa llega con un tazón de leche caliente y pan con miel, para Jesús.

Jesús ofrece los alimentos. Y todos están alrededor de la mesa, empiezan a comer con el apetito de quién ha caminado mucho.

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Judas, tranquilo y petulante, come con ellos y ya no habla de sí.

Luego que terminan, Jesús manda que todos vayan a descansar. Está fatigado hasta el agotamiento, por el esfuerzo que hace para dominarse ante todos por lo hecho por Judas de Keriot.

En los siguientes días el sol de Diciembre alumbra todo con sus reflejos dorados. Los días son fríos por el invierno que se acerca más y se siente en el viento que sopla entre los árboles desnudos de follaje.

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Todos los apóstoles trabajan en el huerto y en la casa de Juan de Nobe, igual que lo hicieran en aguas hermosas.

Jesús y sus primos ajustan una puerta. Elisa teje sentada en la terraza, contra una pared. Y los demás se ocupan en arreglar el tejado de una terraza.

Pedro se asoma por una pared de la terraza y dice:

–                       Aquí estarás bien, Elisa.

Felipe, mientras amarra los ramojos a las estacas, dice:

–                       Tienes razón, Pedro. Cuando la vid se haya alargado y el almendro arreglado; será un buen lugar en el verano.

Jesús levanta su cabeza para mirar.

Elisa lo ve y dice:

–                       ¿Quién sabe si estemos aquí para el verano?…

Andrés pregunta:

–                       ¿Y por qué no?

–                       No sé. No me formo esperanzas desde que… Desde que veo que cada pronóstico mío, termina en muerte…

Tomás pregunta:

–                       ¡Ey! El Maestro no se va a morir pronto…  Y Él ha elegido este lugar por causa suya. ¿No es verdad, Señor?

Mientras termina de ajustar la puerta, Jesús contesta:

–                       Es cierto. Pero también es lo que dice Elisa…

–                       Tú eres joven. ¡Y sobre todo, sano!

Jesús replica:

–                       No solo se muere de enfermedad.

Bartolomé refiere:

–                       ¿Quién está hablando de muerte? ¿Tú Maestro? ¿Lo dices por Ti?…  En verdad parece que hace tiempo se ha calmado el rencor. Mira, nadie nos perturba. Saben que estamos aquí. Ayer cuando regresábamos de hacer las compras, los encontramos y no nos molestaron.

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Juan se dirige a su hermano y dice:

–                       Cierto. No nos han molestado; ni siquiera en los poblados vecinos. Y eso que nos topamos con Elquías, Simón Boeto, Sadoc, Samuel, Nahúm y hasta Doras. Y nos han saludado, ¿Verdad Santiago?

Santiago de Zebedeo contesta:

–                       Cierto. Debemos aceptar que Judas de Keriot  ha trabajado muy bien. Mientras en nuestros corazones lo criticábamos, regresamos aquí. Y ¡No ha habido ninguna molestia! Los hechos confirman sus palabras. Parece que hubiéramos vuelto a los bellos días de Aguas Hermosas. ¡Aquellos primeros tiempos!… ¡Oh, si fuese verdad!…   -suspira el hijo de Zebedeo.

Pedro lo acompaña con otro suspiro:

–                       ¡Ojala lo fuera!

Mientras gira el uso, Elisa intercala con tono de proverbio:

–                       ¡Cuando no retumba el rayo, no quiere decir que haya sereno!

Pedro pregunta:

–                       ¿Qué insinúas?

Elisa sentencia:

–                       Insinúo que hay veces que la mucha tranquilidad donde hay borrascas, es señal de una peor…  Deberías saberlo tú, que eres pescador.

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–                       ¡Qué si lo sé mujer! El lago es a veces, una enorme tinaja llena de aceite azul. Generalmente, cuando la vela está pendiente y el agua quieta… La borrasca está por echarse encima. ¡Y qué borrasca! Viento de chicha… viento que sepulta a los navegantes porque están en el ojo del huracán…

–                       ¡Uhm! Si yo estuviese en vuestro lugar, desconfiaría de ‘taaanta’ paz…  ¡Demasiada, diría yo!

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Tomás interroga:

–                       Entonces, cuando hay guerra, padece uno porque la hay. Y cuando hay paz, porque puede venir una guerra más cruel que la anterior. ¿Cuándo habrá alegría?

–                       En la otra Vida. Acá el dolor siempre está a la mano.

Santiago de Zebedeo bromea:

–                       ¡Uff! ¡Qué lúgubre eres mujer! ¡Entonces mis días están muy lejos de la alegría! Soy uno de los más jóvenes. Alégrate tú Bartolomé. Eres el más cercano para gozar de ese día. Tú y Zelote.

Mientras está inclinado, escarbando en la tierra, Tomás dice:

–                       ¡Lúgubre y astuta mujer! ¡Oh, las mujeres viejas! Lo peor es que siempre adivinan y tienen razón… También mi madre cuando nos advierte de algo, siempre adivina.

Pedro dice con experiencia:

–                        Las mujeres son perversas o más astutas que las zorras. No podemos nada contra ellas… cuando para entender ciertas cosas que ellas no quieren que entendamos…

Andrés interviene diciendo a su hermano:

–                       ¡Cállate tú! Te cupo en suerte una mujer que te creería, aún si le dijeses que el Líbano está hecho de mantequilla. Lo que dices, es ley para ella. Porfiria escucha, cree y calla.

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–                       Es verdad… Pero su madre vale por ella y por cien mujeres más. ¡Qué víbora!…

Todos se ríen. Incluso Elisa y el anciano que ayuda a los jóvenes a entrecavar la tierra.

Entran Zelote, Mateo y Judas de Keriot.

Iscariote dice a los que entrecavan la tierra:

–                       Terminado Maestro. Estamos cansados. ¡Qué caminata! Pero mañana es descanso. Os toca a vosotros, mañana.   –y toma un azadón para trabajar.

Tomás le pregunta:

–                       ¿Si estás cansado, porqué trabajas?

–                       Porque quiero poner a salvo unas plantitas. Este lugar está más pelón que el cráneo de un viejo. Y, ¡Sería un pecado!…  –dice haciendo un hoyo más profundo, con fuertes azadonadas.

El anciano Juan protesta:

–                       ¡No era así en los viejos tiempos! Pero luego… Muchas cosas han desaparecido y no me pareció razonable que trabajase para rehacerlas. Estoy viejo; pero más que viejo, afligido…

Después de haber amarrado las vides, Felipe baja y advierte:

–                       ¡Qué hoyos estás haciendo! Esos son para árboles, no para plantitas, como decías…

Judas concluye:

–                       Cuando un árbol es pequeño, siempre es una plantita. Las mías lo son en verdad. El tiempo es propicio. Me lo aseguró, quién me lo dijo. –se vuelve a Jesús y agrega-  ¿Sabes quién fue, Maestro? El pariente de Elquías que es arbolista. ¡Y qué si lo sabe hacer bien! ¡Conoce a maravilla árboles frutales y olivos!

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Estaba cortando una rama de olivo y le dije: ‘Dame de esas plantas’ Él me preguntó: ¿Para quién? Y yo le contesté: ‘Para un viejecillo de Nobe que nos da hospedaje. Esto servirá para que me perdone por todos los escándalos que le he dado.’

Juan de Nobe contesta:

–                       No hijo. Eso no se hace con plantas, sino con la conducta. Y con Dios. Yo… yo…  miro y perdono. Pero mi perdón… Te agradezco las plantas aunque, ¿Crees que vaya a comer de sus frutos?…

–                       ¿Por qué no? Hay que esperar siempre… ¡Querer triunfar!…  Y se logra…

–                       Sobre la vejez no hay triunfo…  Ni lo deseo.

Elisa suspira:

–                       También sobre otras muchas cosas, no lo hay. ¡Si bastase querer para alcanzarlo!…

Mateo pregunta:

–                       Maestro. Lo que acaba de decir Elisa me recordó, una pregunta que nos hicieron… ¿Qué si el milagro es siempre prueba de santidad? Yo respondí que sí. Pero ellos dijeron que no. Porque en los confines de Samaría quién había obrado cosas extraordinarias, ciertamente no era un justo. Los hice callar diciendo que el hombre siempre juzga mal y que aquel por quién tenían por injusto, tal vez fuera más justo que ellos. ¿Tú que piensas?

Jesús contesta:

–                       Digo que cada quién tenía razón. Tú porque dijiste que el milagro es prueba de santidad. Y así suele suceder. También tuviste razón al afirmar que no se debe juzgar, para no errar. Pero también tenían razón ellos en sospechar que hubiese otras fuentes en las cosas extraordinarias que realizaba aquel hombre.

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Judas de Keriot, pregunta:

–                       ¿Qué fuentes?

Jesús responde:

–                       Las de las tinieblas. Existen hombres que son adoradores de Satanás, porque fomentan el culto de la soberbia y que para imponerse a otros se venden a sí mismos al Demonio, para que le comunique su poder y para tenerlo por   amigo.

Juan pregunta sorprendido:

–                       Pero, ¿Se puede? ¿No es cuento de paganos eso de que el hombre puede hacer contrato con el demonio o con espíritus infernales?

–                       Se puede. No como se lee en las fábulas paganas. Ni con dinero, ni por medio de contratos materiales. Sino con adherirse al malo, con el Pecado persistente. Con elegirlo, entregándose a él, con tal de obtener una hora de triunfo, sobre cualquier cosa…En verdad os digo que los que se venden al Maldito, con tal de lograr sus fines, son muchos más de los que se puedan imaginar…

Andrés pregunta:

–                       ¿Y lo logran? ¿Consiguen lo que piden?

–                       No siempre. Y no todo. Pero algo, sí…

–                       ¡Cómo es posible! ¿Es tan poderoso el Demonio, que pueda simular ser Dios?

–                       Muchos… lo llegan a creer así. Y piensan que es así, al darlo a conocer…  Y nada sería, si el hombre fuese santo. Pero sucede que muchas veces el hombre, es ya de por sí un Demonio. Nosotros combatimos las posesiones claras, estrepitosas, que están a la vista de todos. De las que cualquiera se puede dar cuenta… Son soportables a los familiares y conciudadanos. Y sobre todo, saltan a la vista.

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Al hombre siempre le llaman la atención las grandes cosas, que atraen sus sentidos. Pero no se fija en lo que es inmortal y que se percibe sólo en lo inmaterial, como son la razón y el espíritu. Y si lo percibe, no se preocupa, sobre todo si piensa que no le causa daño alguno.

Estas posesiones ocultas, si no las advertimos;  escapan a nuestro poder de exorcismo. Son las más dañinas porque trabajan en la parte más selecta y delicada, respecto a los mejores: de razón a razón. De espíritu a espíritu. Son como miasmas corruptores, impalpables, invisibles. Hasta que la fiebre no advierte al individuo que está contaminado de ellos.

Varios preguntan:

–                        ¿Y ayuda Satanás?

–                       ¿De veras?

–                        ¿Por qué?

–                       ¿Por qué Dios se lo permite?

–                       ¿Le permitirá hacerlo siempre?

–                       ¿Aún después de que empieces a Reinar?

Jesús contesta:

–                       Satanás ayuda con tal de hacerse servir. Dios lo deja hacer, porque de la lucha entre lo Alto y lo Bajo; el Bien y el Mal; brota el valor de la creatura. El valor y el querer. Siempre dejará hacer. Aún después de que haya subido Yo. Pero entonces Satanás tendrá en su contra a un enemigo poderoso y el hombre tendrá un aliado muy fuerte.

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–                       ¿Quién? ¿Quién? ¿A qué te refieres?

–                       La Gracia.

Sin dejar de zapar, Iscariote objeta:

–                       ¡Oh, bien! entonces para los de nuestros tiempos sin gracia, será más fácil que sean reducidos al estado de esclavitud y será menos su culpa, si caen.

–                       No, Judas. El juicio siempre será igual.

–                       Entonces es injusto porque si se nos ayuda menos, por consiguiente se nos debe condenar menos.

Tomás dice:

–                       No estás del todo equivocado.

Jesús contesta marcando sus palabras y mirando a Judas:

–                       Sí que lo está, Tomás. Porque nosotros los de Israel tenemos mucho en qué creer; esperar; amar. Muchas luces de sabiduría y no podemos excusarnos con la ignorancia. Además vosotros que tenéis la Gracia como Maestra vuestra, desde hace casi ya tres años y seréis juzgados como en los tiempos nuevos.

Judas ha levantado su cabeza y se queda pensativo, mientras mira al vacío…

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Después la sacude como si terminase una conclusión y dando más duro con la zapa, pregunta:

–                       ¿Y quién se entrega así al Demonio, en qué se convierte?

–                       En un demonio.

–                       ¡En un demonio!… Si por ejemplo yo, pese a que afirmo que tu contacto da un poder sobrenatural, hiciese ciertas cosas… que censuras. ¿Sería un demonio?

–                       Tú lo has dicho.

Andrés aconseja espantado:

–                       Pero espero que no las vayas a hacer…

–                       ¿Yo? ¡Ja, ja, ja! Yo planto árboles para nuestro viejecillo.

Y corre al extremo del huerto y regresa con cinco arbolillos envueltos en Tierra.

Pedro pregunta.

–                       ¿Viniste desde Beterón con esa carga sobre la espalda?

–                       De más allá de Gabaón. Donde están los árboles frutales de Daniel. ¡Qué tierra tan magnífica! Mirad…  -y desmorona entre sus dedos, los terrones que cubren las raíces-   Ved estos dos olivos. Este para Jesús y este para María, que son la paz del mundo. Los siembro primero porque soy un hombre de paz. Aquí y aquí.  –y pone uno en cada extremo.

Luego trae los otros arbolillos y mientras va plantando cada uno, explica:

–                       Y aquí un manzano pequeño y bueno como en el Edén. En recuerdo tuyo, Juan, que también vienes de Adán y no debes admirarte si… pueda ser yo un pecador.

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Tú ten cuidado de la Serpiente… Y aquí junto a la pared, esta pequeña higuera. En el agujero del centro, plantaremos este hermoso almendro. Aprenderá del viejo, a dar buenos frutos… ¡Bueno! Ya está terminado. Tu huerto será hermoso con los años y cuando lo mires, te acordarás de mí…

Juan de Nobe contesta:

–                       Te recordaría de todos modos, porque has estado aquí con el Maestro. Todo me hablará de estos días. Y al mirar las cosas diré: ¡Cual un hijo, quiso ver arreglada mi casa! Te doy las gracias, Judas. Por las plantas, por el trabajo, por todo.

Jesús dice:

–                       Entremos. El sábado ha empezado. Hace frío… Después terminaremos los trabajos…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

145.- EL ALMA MENOS FORMADA


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Después de bajar del monte, llegan a lo que queda  de las ruinas de una ciudad destruida por la guerra, porque entre los restos de las casas, se ven señales de fuego. En el centro, hay una casa derrumbada, pero con sus paredes en pie. Llena de árboles que han crecido donde antes hubo habitaciones…

Jesús contempla con los brazos cruzados sobre el pecho. Su rostro se ve preocupado y triste…

Cleofás de Emaús dice:

–                       ¿Por qué te has detenido aquí, Maestro? Se ve que el paraje te causa aflicción. No lo mires. Lamento haberte hecho pasar por aquí, pero era el camino más corto.

Jesús contesta:

–                       ¡Oh, no miro lo que estáis viendo!

–                       ¿Qué ves Señor? ¿Acaso vuelves a ver el pasado? No cabe duda de que esa guerra, fue muy dolorosa. Este es el sistema de Roma…

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–                       Y esto debería hacer reflexionar a uno. Ved. Esto fue una ciudad no muy grande, pero sí muy bella. Abundó más en casas ricas que en pobres. De los ricos, eran estos lugares ahora cubiertos de breñas. Ricos fueron estos campos que ahora tapizan las zarzas y las ortigas. En aquellos días fueron campos fértiles, cargados de mieses. Sus casas eran muy bellas. Los jardines estaban llenos de flores. En sus fuentes se bañaban las palomas y jugaban los niños. Sus habitantes eran felices. Pero la felicidad no los hizo justos. Se olvidaron del Señor y de sus palabras… Y perdieron su Protección… Esta es la razón. Al mirar veo caras… muchas de las cuales, todavía no nacen. Y veo ruinas. Ruinas. Zarzas, hierbas selváticas que cubren las tierras de mi Patria…

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Y esto porque no se ha querido acoger al Señor. Oigo los gemidos apagados de los niños, más infelices que esos pajarillos a los que Dios ayuda para vivir aún. Mientras que esos pequeñuelos no la tendrán, porque sujetos al castigo general; desmayados sobre el seco pecho materno, mueren de hambre y de dolor. De un terror jamás imaginado.

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Oigo los lamentos de las esposas que buscan a su esposo. De las doncellas capturadas para servir de placer al vencedor. De hombres que arrastran las cadenas, después de que probaron y saborearon lo amargo de la guerra. De los viejos que vivieron para ver cumplida la profecía de Daniel.

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Oigo la voz incansable de Isaías, en medio del silbido de este viento que sopla entre las ruinas: “El Señor hablará con lenguaje de bárbaros, con lenguas extrañas, a este pueblo a quién he dicho: aquí está mi descanso. Dad reposo al cansado. Esto es mi alivio.”

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Pero no han querido escuchar. No. No han querido. Y el Señor no puede encontrar reposo entre su pueblo. Él cansado, quien se ha fatigado en recorrer sus calles para enseñar, curar, convertir, consolar… No encuentra reposo, sino persecución. No encuentra alivio, sino asechanzas y traición. El Hijo con el Padre es una sola cosa.

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Verdad os ha enseñado que un vaso de agua dado a cualquiera, tendrá recompensa. Porque cualquier acto misericordioso, que se hace al hermano, se le hace a Dios Mismo. ¿Cuál no será el castigo para los que quitan la piedra del camino, para que no sirva de almohada a la cabeza del Hijo del hombre?…

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¿Para los que le estorban para que no beba de las aguas que dejó el Creador? ¿Para los que le quitan las frutas que se quedaron en las ramas y las espigas de trigo que se dan a los palomos? ¿Y tienen ya listo el lazo, para arrebatarle la vida?…

¡Pobre Israel que has perdido en ti la justicia y la misericordia de Dios!

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¡Desgraciado de Ti Israel! Así como estos campos en los que ya no hay trigo, así será Israel. Y la Tierra que no quiso al Señor, no tendrá pan para sus hijos. Y los hijos suyos que no quisieron acoger al cansado; serán perseguidos, atrapados, llevados como galeotes al remo.

Charlton Heston 1924 - 2008

Como esclavos serán tratados, por los que desprecian como inferiores. Dios arrasará este pueblo soberbio, bajo el peso de su Justicia y lo sofocará con la fuerza de su juicio…

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     ¡Esto es lo que estoy viendo en estas ruinas! ¡Ruinas! ¡Ruinas! ¡Ruinas por todas partes! Al norte, al sur, al oriente, al poniente y sobre todo en el centro…  En el corazón donde su ciudad culpable, se convertirá en fosa pestilente… El Templo será quemado y desaparecerá…

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Lentas lágrimas resbalan por el rostro pálido de Jesús, que levanta el manto para cubrírselo, dejando solo descubiertos sus ojos, espantados ante la terrible visión…

Se pone en camino y con Él los que le acompañan.

Y que comentan en voz baja helados por el espanto, todos los vaticinios escuchados de los labios de su Maestro…

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La semana siguiente…

Jesús va a una cisterna, donde hay mucha gente. Unos se apresuran a sacar agua suficiente porque se acerca el sábado.

En medio de ellos están los ocho apóstoles que predicaron al Maestro y que lo hicieron con éxito, porque cuando llega Jesús, se oye un murmullo que se transforma en un grito unánime:

–                       ¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡Entre nosotros está el Hijo de David! ¡Bendita la Sabiduría que llega a donde fue invocada!

Jesús contesta:

–                            Benditos vosotros que sabéis acogerla. ¡Paz! ¡Paz y bendición!

E inmediatamente se dirige a los enfermos y los cura.

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Una madre le presenta a un niño como de dos años, mudo. Y Jesús hace algo inusual, le da un beso en la boca. ¡Un beso de Dios!…

Al separar sus labios de los del niño, éste comienza a gritar:

–                       ¡Jesús! ¡María!  -y se hecha en sus brazos apretándolo por el cuello.  Hasta que Jesús lo devuelve a su madre.

Ella dice:

–                       Señor, es mi primogénito. Mi esposo y yo lo consagramos desde antes que naciera, para ser levita… Podrá serlo ahora que ya no tiene ningún defecto. No pedí para él el uso de la palabra para que me llame madre y me diga que me ama. Sus ojos y sus besos me lo decían ya. Pedí el milagro para que cual cordero sin mancha, pudiera ser ofrecido al Señor y alabase su Nombre. Dentro de poco tiempo deberé entregarlo al Templo, para que sirva al Señor.

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Jesús le responde:

–                       El Señor oía las palabras de tu corazón. Bueno fue tu deseo y el Altísimo lo acogió. Ahora procura que tu hijo se instruya en la Alabanza perfecta, para que sea perfecto cuando sirva al Señor.

–                       Sí, Rabí. Pero, ¿Qué debo hacer?

–                       Haz que ame al Señor Dios con todo su ser. Y espontáneamente florecerá en su corazón la alabanza perfecta. Y será perfecto en el servicio de Dios.

–                       Has dicho bien Rabí. La sabiduría está en tus labios. Háblanos a todos nosotros. Te lo ruego.

Y Jesús va la sinagoga y complace su petición…

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Tres días después…

Jesús, los Doce y Esteban, envueltos en sus mantos, descienden por el camino que lleva a la planicie. El viento húmedo y frío, peina los árboles de la colina y juguetea en el Cielo, con nubes amarillentas.

Todos conversan entre sí, mientras Jesús absorto en  uno de sus silencios, está lejano de lo que lo rodea.

Y sigue así hasta llegar a un cruce, dónde dice:

–                       Vayamos por acá. Iremos a Nobe.

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Iscariote pregunta:

–                       ¿Cómo? ¿No regresas a Jerusalén?

–                       Nobe y Jerusalén son casi una misma cosa, para el que está acostumbrado a caminar. Prefiero estar en Nobe. ¿Te desagrada?

–                       No, Maestro. Me da  lo mismo. Más bien me desagrada que Tú, en un lugar tan favorable, hayas hecho tan poca figura. Hablaste más en Beterón, que ciertamente no te ama.  Según mi parecer deberías procurar atraerte cada vez más a Ti, las ciudades que ves que te quieren, hacer que te sirvan… para contrarrestar a las ciudades en donde dominan quienes son enemigos tuyos. ¿Comprendes el valor que tienen las ciudades cercanas a Jerusalén, si están de tu parte? Generalmente los reyes son proclamados en las ciudades que les son más fieles y una vez proclamados, las otras no tienen más que resignarse…

Felipe dice:

–                       Cuando no se rebelan. Que si lo hacen vienen las luchas fratricidas. No creo que el Mesías quiera iniciar su Reino con una guerra intestina.

Jesús  dice.

–                       Yo querría que ese Reino empezase en vuestros corazones, con un juicio recto de las cosas. ¿Cuándo comprenderéis?…

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Presintiendo que está por llegar un reproche, Iscariote vuelve a preguntar:

–                       ¿Porque acá hablaste tan poco?

–                       Preferí escuchar y descansar. ¿No comprendéis que Yo también necesito un descanso?

Bartolomé pregunta afligido:

–                       Pudimos detenernos. Si estabas tan cansado, ¿Para qué te has puesto otra vez en camino?

–                       No estoy cansado en el cuerpo. No necesito descansar para darle alivio. Es mi corazón el que está cansado, el que tiene necesidad de reposo. Y éste lo encuentro donde hay amor. ¿Creéis que sea insensible al rencor? ¿Qué no me duela cuando se me arroja? ¿Creéis que las conjuras que se traman contra mí, me dejan indiferente? ¿Qué las traiciones de quién se finge ser amigo mío, pero no es más que un espía de mis enemigos, que pusieron a mi lado para…?

Se levanta una ola de protestas…

Varios dicen:

–           Maestro, nos apenas con estas palabras.

–             ¡Dudas de nosotros!

Y el que mejor lo hace es Judas que protesta con un enojo afligido, mayor que el de todos los demás, diciendo:

–                       ¡Esto jamás será, Señor! ¡Ni siquiera debes sospecharlo! Al hablar así nos ofendes…

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Santiago de Zebedeo exclama impulsivo:

–                       Hasta la vista, Maestro. Regreso a Cafarnaúm, con el corazón hecho pedazos. Pero me voy. Y si no basta Cafarnaúm, me iré con los pescadores de Tiro y de Sidón.  Me iré hasta Cintium. Me iré  lo más lejos que se pueda, para que no puedas pensar que yo te traiciono. ¡Bendíceme por última vez!

Jesús le dice:

–                       Cálmate apóstol mío. Son muchos los que se llaman mis amigos. No sois vosotros los únicos. Te causaron dolor mis palabras lo mismo que a vosotros. Pero, ¿En qué corazones debo depositar mis aflicciones, sino es en los de mis amados apóstoles? Extraño la unión con mi Padre Celestial, al que dejé para unir a los hombres y anhelo una gota del amor que dejé, por amor de los hombres: el amor de mi Madre.

¡Oh, la amarga ola y el peso inhumano desbordan mi corazón! ¡Oprimen el corazón del Hijo del hombre!  ¡Mi Pasión! ¡Mi hora! Se acerca cada vez más. Ayudadme a soportarla, a realizarla… ¡Por qué es muy, muy dolorosa!

Los apóstoles se miran conmovidos ante el dolor profundo que desborda en las palabras del Maestro y lo único que saben hacer es estrecharse contra Él, acariciarlo y… el beso simultáneo que le dan, Judas a la derecha y Juan a la izquierda. Jesús baja sus párpados, velando sus ojos…

Siguen caminando y Jesús puede terminar ahora su pensamiento que le interrumpieron:

–                       En medio de tantas angustias, mi corazón busca lugares donde encontrar amor y descanso. ¿Creéis acaso que me guste estar siempre corrigiendo, censurando, reprendiendo? Es mucho más dulce decir: ‘has comprendido la sabiduría. Sigue tu camino y sé santo’ Cuando el Padre me permite encontrar un lugar de paz. Me alegro y bendigo a mi Padre. Pero no he venido para esto. Vine para convertir al Señor, los lugares culpables y alejados de Él. Pensad que podría estar en Bethania y no lo estoy.

Judas dice:

–                       Para no causar daño a Lázaro también.

–                       No, Judas de Simón. Hasta las piedras saben que Lázaro es mi amigo. Por esto sería inútil que pusiese frenos a mis deseos de consuelo. Es por…

–                       Por las hermanas de Lázaro. Sobre todo por María.

–                       Tampoco, Judas de Simón. Hasta las piedras saben que no me turba la lujuria de la carne. Ten en cuenta que entre las muchas acusaciones que se me han hecho, la primera que cayó fue ésta, porque aún mis enemigos más encarnizados han comprendido que sostenerla, es lo mismo que desenmascarar su costumbre de decir mentiras. Nadie entre las personas de buen sentido, puede creer que Yo sea un sensual.

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Solamente pueden sentir atractivo por la sensualidad, los que no se alimentan de lo sobrenatural y aborrecen el sacrificio. ¿Qué atracción puede ejercer el placer de una hora, para quién se ha entregado al sacrificio, para quién es víctima? Todo el placer de las almas víctimas está en el espíritu y el cuerpo no es más que un vestido. ¿Crees que los vestidos que traemos encima tengan sentimientos?

De igual modo es la carne, para los que viven del espíritu: un vestido, nada más. El hombre espiritual es el verdadero superhombre, porque no es esclavo de los sentidos. Pero el hombre material es un ser que no vale, teniendo en cuenta la dignidad humana, porque tiene en común con los animales muchos apetitos. Y es aún inferior a ellos, porque les supera al convertir su instinto en un vicio degradante.

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Conturbado, Judas se muerde los labios y dice:

–                       Es verdad. Pero por otra parte, ¿Qué daño puedes hacer a Lázaro? Dentro de poco tiempo la muerte lo habrá arrancado de todo peligro de venganza… ¿Por qué entonces no vas a Bethania, más frecuentemente?

–                       Porque no vine a gozar, sino a convertir.  Ya te lo he dicho…

–                       Bueno… ¿No es verdad que sientes gusto en estar con tus hermanos?

–                       Sí. Pero también es verdad que no soy parcial con ellos. Cuando hay que repartirse en las casas, no se quedan conmigo, sino con vosotros. Y esto para demostraros que a los ojos y al corazón de quien se ha entregado a la Redención; la carne y la sangre no tienen valor, sino solo la formación de los corazones y su redención. Ahora iremos a Nobe y volveremos a dividirnos para el descanso. Conmigo os quedaréis tú, Mateo, Felipe y Bartolomé.

–                       ¿Somos acaso los menos formados? ¿Sobre todo yo, a quien siempre tienes cerca de Ti?

–                       Tú lo has dicho, Judas de Simón.

Judas replica con un enojo mal reprimido:

–                       Gracias, Maestro. Ya lo había entendido.

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–                       Y si lo has comprendido, ¿Por qué no te esfuerzas en formarte? ¿Crees acaso que pueda mentir, para no mortificarte? Del resto, estamos entre hermanos y  por eso las faltas de uno, no deben ser objeto de burla. Como tampoco de abatimiento el que se reprenda a otro frente a los demás. Porque mutuamente se conocen. Nadie es perfecto, os lo aseguro. Pero aún las imperfecciones recíprocas, que causan aflicción al verse y soportarse; deben de ser motivo para mejoramiento de uno mismo. Para no aumentar la mutua desavenencia. Créeme Judas que si Yo te trato por lo que eres. Nadie, ni siquiera tú misma madre, te ama como Yo. Ni se esfuerza en hacerte bueno, como tú Jesús.

–                       Pero entretanto me regañas y me humillas hasta en la presencia de un discípulo.

–                       ¿Es la primera vez que te llamo al recto camino?

Judas se calla.

Jesús dice con imperio:

–                       ¡Respóndeme!

–                       No.

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–                       ¿Y cuántas veces lo he hecho en público? ¿Puedes asegurar que te he puesto en vergüenza? ¿Más bien no te he encubierto y defendido? Habla…

–                       Me has defendido. Es la verdad. Pero ahora…

–                       Pero ahora es por tu bien. Dice el Proverbio: “Quien acaricia a un hijo culpable, deberá vendar después sus heridas” Y otro: “El caballo no domado se hace intratable. Y el hijo abandonado a sí mismo, se hace testarudo”

Judas pregunta mostrando en su cara el arrepentimiento:

–                       Pero, ¿Acaso soy tu hijo?

–                       Si te hubiese engendrado, no lo serías más. Me arrancaría las entrañas para darte mi corazón y para hacerte como lo querría…

Judas tiene un arranque de angustia y grita:

–                       ¡Aaah! ¡No soy digno de Ti! ¡Soy un demonio y no te merezco! ¡Eres muy Bueno!  ¡Sálvame, Jesús!

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Judas ha tenido uno de esos impulsos…sinceros. Verdaderamente sinceros. Se hecha en los brazos de Jesús llorando. Lágrimas que provoca su corazón, conturbado por tantas cosas malas y por el remordimiento de haber causado dolor a quién lo ama.

Después de consolarlo, Jesús le dice:

–                       Nobe y Jerusalén son una misma cosa, para quién está acostumbrado a caminar. Vamos…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

 

140.- ESCAPE DEL TEMPLO


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Jesús y los suyos atraviesan Getsemaní en dirección al templo de Jerusalén.

Cuando llegan al recinto, Zelote pregunta:

–                       Maestro, hemos llegado al Templo. ¿Vamos a entrar?

Los apóstoles y los discípulos, le hacen la observación de que es imprudente hacerlo…

Él responde:

–                       ¿Con qué derecho me pueden impedir que entre? ¿Acaso estoy sentenciado? No. Todavía no lo estoy…  Subo pues al altar de Dios, como cualquier otro israelita que teme al Señor.

Judas dice:

–                       Pero tienes intención de hablar…

–                       Yo, Maestro; hablo donde los maestros hablan. ¡No tengáis miedo!… No ha llegado mi hora. Cuando llegue os lo diré, para que fortifiquéis vuestro corazón.

–                       No la dirás.

–                       ¿Por qué, Judas?

–                       Porque no la podrás saber. Ninguna señal te la hará conocer. No hay signo alguno. Ya hace casi tres años que estoy contigo y siempre he visto que te amenazan y te persiguen. Y en ese entonces, estabas solo…  Ahora tienes detrás de Ti al pueblo que te ama y al que temen los Fariseos… Eres pues más fuerte. ¿Cómo puedes comprender cuando llegue la hora?

–                       Por lo que leo en los corazones de los hombres…

Judas se queda estupefacto…

Y luego dice:

–                       Tampoco lo podrás decir, porque… Tú no quieres ayudarte de nosotros, porque desconfías de nuestro valor…

Santiago de Zebedeo interrumpe:

–                       Cállate, para no afligirnos.

Judas insiste:

–                       Puede serlo, pero no hay duda de que no lo dirás.

Jesús responde:

–                       Os lo diré… Y mientras no os lo diga, no os espantéis de la violencia y el odio que viereis que se levanta contra Mí. No tienen consecuencia alguna…  Seguid adelante. Yo me quedo aquí a esperar a Mannaém y a Marziam.

De mala gana, los Doce y los demás siguen adelante.

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En la Torre Antonia, algunos legionarios que están firmes junto a la fortaleza, lo señalan y discuten algo entre sí…

Y luego uno, mientras corre hacia Él,  en voz alta dice:

–                       Voy a decírselo. –y cuando llega-  Salve Maestro. ¿Vas a hablar también hoy allá adentro?

Jesús responde:

–                       La Luz te ilumine. Hablaré.

–                       Entonces… Ten cuidado. Uno que sabe nos ha dado la alarma y una que te admira ha dado órdenes de estar atentos. Nosotros estaremos cerca del subterráneo oriental. ¿Sabes la entrada?

–                       Me parece que sí. Pero está cerrada de una y otra parte.

–                       ¿De veras?  -el legionario se sonríe por un instante.

Sus ojos y dientes brillan a la sombra de su yelmo, haciéndolo verse más joven.

Luego, irguiéndose, saluda:

–                         Salve, Maestro. Acuérdate de Quinto Félix.

–                       Lo haré. Que la luz te ilumine.

En ese momento llegan junto a Él, Mannaém que viene vestido muy sencillo en un color café oscuro y Marziam…

Y los dos dicen al mismo tiempo:

–                       Maestro. ¿Nos tardamos?

–                       ¿Había muchos leprosos?

Jesús contesta:

–                       No. Os disteis prisa. Vamos, los otros nos están esperando. Mannaém, ¿Fuiste tú el que habló con los romanos?

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Mannaém contesta:

–                       ¿De qué Señor? No he hablado con nadie. No sabría… Las romanas no están en Jerusalén.

Al pasar por la puerta de la muralla, como por casualidad, está allí el levita Zacarías.

Se acerca a Jesús y le dice:

–                       La paz sea contigo, Maestro. Quiero decirte… Trataré de estar siempre donde estés, aquí dentro. No me pierdas de vista… Si ves tumulto y ves que me voy, trata de seguirme siempre. ¡Te odian mucho! No puedo hacer otra cosa… ¡Compréndeme!…

–                       Dios te lo pague y te bendiga por la piedad que tienes por su Verbo. Haré lo que dices. No tengas miedo de que alguien sepa que me amas.

Se separan y Mannaém susurra:

–                       Tal vez fue él, el que advirtió a los romanos. Como está allí dentro… puede ser que al saberlo…

Van a orar, pasando entre la gente que los mira con sentimientos desiguales y que sigue a Jesús. Después de que terminan de orar, va al Patio de los Israelitas. Fuera de la segunda valla, Jesús quiere detenerse, pero un grupo en que hay escribas, fariseos y sacerdotes, lo rodea…

Uno de los magistrados del Templo, habla en nombre de todos:

–                       ¿Estás aquí todavía? ¿No comprendes que no te queremos? ¿No tienes miedo ni siquiera al peligro que te amenaza? ¡Lárgate! Agradece que te hayamos permitido entrar para orar…  Pero no te permitimos que enseñes más tu Doctrina.

Se levanta un coro:

–                       ¡Sí, lárgate!

–                       ¡Lárgate de aquí, Blasfemo!

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Jesús declara:

–                       Me iré como lo deseáis y no solo fuera de estas murallas…  Me iré. Ya me estoy yendo lejos a donde no podréis llegar. Llegará el tiempo en qué me buscaréis también vosotros y no solo porque me queríais perseguir; sino por un supersticioso terror de que se os castigue por haberme arrojado…  Por un ansia supersticiosa de que se os perdone vuestro pecado, para que podáis alcanzar misericordia.

Este es el momento en que podéis haceros Amigo al Altísimo. Cuando pase, cualquier modo de reparar, será inútil. No me tendréis más y moriréis en vuestro pecado. Aún cuando recorrierais toda la Tierra y lograseis llegar a las estrellas, no me encontraréis jamás… Porque a donde voy, no podréis ir. Ya os lo he dicho. Dios viene y pasa.

Quién es sabio, lo acoge con sus dones que le da al pasar. Quién es necio lo deja ir y no lo encontrará otra vez. Vosotros sois de este mundo. Yo no pertenezco a él. Por eso, una vez que haya regresado a la mansión de mi  Padre, no me encontraréis más. Y moriréis en vuestros pecados, porque ni siquiera sabréis llegar espiritualmente hasta Mí, con la Fe.

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Varios dicen:

–                       ¿Te quieres matar insensato?

–                       Es claro que al Infierno no podremos ir.

–                       El Infierno es de los condenados y de los malditos.

–                       Y nosotros somos los hijos benditos del Altísimo.

Otros aprueban:

–                       No cabe duda de que se quiere matar; porque ha dicho que a donde va, no podremos ir.

–                       Comprende que no puede ser descubierto y que no logró presentar la prueba.

–                       Por esto se quita de en medio sin esperar a ser sorprendido, cual falso Mesías como el otro Galileo.

Los menos torvos dicen:

–                       ¿Y si fuese en realidad el Mesías y volviese a Aquel que lo envió?

–                       ¿A dónde?

–                        ¿Al Cielo?

–                       No está Abraham, ¿Y quieres que Él vaya allá?

–                       Antes debe venir el Mesías.

–                       Elías fue arrebatado en un carro de fuego…

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La discusión sigue mientras otros miembros del Templo persiguen a Jesús a través de los pórticos exteriores; como una jauría de perros persigue a la presa que han olfateado.

Algunos que en realidad tienen en su corazón un deseo bueno, le hacen la angustiosa pregunta que muchas veces le han hecho:

–                       ¿Quién Eres Tú?

–                       ¡Dínoslo para saber a qué atenernos!

–                       ¡Dinos la Verdad en nombre del Altísimo!

Jesús dice:

–                       Yo soy la Verdad misma y no miento. Soy el que dije ser desde el primer día que hablé a las turbas, por toda la Palestina. Soy el que os he dicho, junto al Santo de los santos, cuyos rayos no temo, porque digo la verdad. Y nadie me lo podrá impedir hasta que anuncie al Mundo, lo que oí de mi Padre.

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Sus enemigos, con los puños cerrados, le gritan con Odio:

–                       ¡Y todavía sigues blasfemando!

–                       ¿Y continúas llamándote el Hijo de Dios?

Los apóstoles, los discípulos y otros de buen corazón los rechazan, formando una barrera de protección a su alrededor.

El levita Zacarías se mueve poco a poco, pero de forma discreta, cerca de Mannaém y de los hijos de Alfeo.

Están ya junto a los límites del Patio de los Gentiles, porque avanzan lentamente en medio de grupos contrarios.

Jesús se detiene en su lugar acostumbrado, junto a la columna de la parte oriental. Desde el lugar en donde está, ni aún los paganos pueden arrojar a un verdadero israelita, sin excitar a la multitud; cosa que los enemigos quieren evitar.

Desde allí empieza a hablar otra vez, respondiendo a sus ofensores. Reafirma una vez más su Identidad Divina y Humana y su Misión de Redentor.

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Cita a los Profetas y dice:

–                       … Cuando hubiereis levantado al Hijo del Hombre…

Lo interrumpen:

–                       ¡Y quién quieres que te suba en alto!

–                       Miserable aquel país que tiene por rey a un charlatán, a un blasfemo, enemigo de Dios.

–                       Ninguno de nosotros te pondrá en alto, puedes estar seguro.

–                       Y pudiste comprobarlo con lo poco que te queda de inteligencia, el día en que fuiste tentado.

–                       ¡Tú sabes que nunca podremos hacerte nuestro Rey!

Jesús responde con calma:

–                       Lo sé. No me pondréis sobre un trono, pero sí me levantaréis en alto. Creeréis rebajarme al ponerme en alto; pero será todo lo contrario. No tan solo en Palestina, sino en todas partes. Lo seré, no solo por una generación, sino hasta que dure la Tierra… Y cada vez más la sombra del pabellón de mi trono se extenderá por toda la tierra, hasta que la cubra. Sólo entonces regresaré y me veréis. ¡Sí que me veréis!

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Todos los fariseos  se alborotan y sus palabras suenan como el chasquido de un látigo:

–                       ¡Pero escuchad las palabras de este loco!

–                       ¡Lo levantaremos en alto rebajándolo y lo rebajaremos levantándolo!

–                       ¡Es un loco!

–                       ¡Loco!

–                       ¡Y la sombra de su trono por toda la tierra!

–                       ¡Más grande que Ciro!

–                       ¡Más que Alejandro!

–                       ¡Más que César!

–                       ¿Dónde pones al César?

–                       ¿Crees que te va a permitir que te apoderes del Imperio de Roma? Y su trono durará mientras dure el Mundo…

–                       ¡Ja, ja, ja!

Jesús los deja que hablen.

Levanta su voz para hacerse oír entre el clamor semejante a un mar tempestuoso, que aumenta con los que lo zahieren y  los que lo defienden…

Y con voz sonora y poderosa,  cual si fuera una trompeta; empieza un largo discurso sobre las profecías que lo anunciaron y dibujaron la figura del Redentor…

Jesús finaliza profetizando:

–                       … Cuando hubiereis levantado al Hijo del Hombre, entonces comprenderéis Quién Soy Yo… Y lo que lloró Jeremías en sus profecías y lamentaciones, se cumplirá al pie de la letra. Meditad esas palabras y temblad… Y si no queréis creer a mis palabras porque el viejo Israel os sofoca, creed al menos al viejo Israel. A él, los profetas le dicen a gritos los peligros y desgracias que llegarán a la Ciudad Santa y sobre toda muestra patria, si no se convierte al Dios suyo y no sigue al Salvador.

En siglos pasados la mano de Dios se dejó sentir sobre este pueblo. Pero nada serán el pasado y el presente, respecto al futuro tremendo que lo espera por no haber querido aceptar el mandato de Dios.

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No se puede parangonar, ni por su rigor, ni por su duración, lo que espera a Israel que rechaza al Mesías…  Os lo digo al tender mi mirada a través de los siglos:

Cual planta arrancada y arrojada a un río turbulento. Así será la raza hebrea castigada por el anatema divino. Obstinadamente tratará de asirse de las riberas, en este o en aquel punto.

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Y vigorosa como es, echará retoños y raíces; pero cuando creyere haber encontrado un lugar en donde pueda estar, la violencia de la corriente la volverá a arrancar.

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La destrozará con vástagos y raíces y avanzará más allá, para sufrir, para echar raíces; para que de nuevo sea arrancada y dispersa.

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     Y nada podrá darle paz, porque la corriente que la persigue es la Ira Santa de Dios y el Desprecio de los Pueblos.

Sólo si desemboca en un Mar de Sangre viva y santificante, podrá encontrar paz.

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Pero huirá de esa sangre porque no obstante que Ella la invite, le parecerá oír la voz de la sangre de Abel contra sí: el Caín que oirá la voz del Abel Celestial.

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Otro rumor se propaga por el extenso recinto, como fragor de olas. Pero no se oyen las voces ásperas de los escribas y fariseos. Ni de los demás enemigos de Jesús. Él aprovecha este momento para tratar de irse…

Sin embargo algunos le dicen:

–                       Maestro. Óyenos. No todos somos como esos…  -y señalan a sus enemigos- No podemos oírte bien, porque tu Voz es una contra cientos que dicen lo contrario.

–                       Lo que ellos dicen, es lo que hemos oído de labios de nuestros padres, desde nuestra infancia.

–                       Pero tus palabras nos inducen a creer.

–                       ¿Cómo  hacemos para creer completamente y para tener vida?

–                        Estamos como ligados al pensamiento del pasado…

Jesús responde:

–                       Si os afirmáis en mi Palabra, como si nacierais ahora de nuevo, creeréis completamente y seréis mis discípulos. Pero es necesario que os despojéis del pasado y aceptéis mi Doctrina. Ella no cancela todo el pasado, antes bien, mantiene y revigoriza lo que hay de santo y sobrenatural; poniendo la perfección de mi Doctrina, en donde están las doctrinas humanas, siempre imperfectas. Si viniereis a Mí conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres…

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Libres de la esclavitud del Pecado y de Satanás. Yo romperé vuestras cadenas… Sé que sois posteridad de Abraham. Pero el que entre vosotros trata de matarme, no honra a Abraham, sino a Satanás que es su padre y le sirve como un fiel esclavo.

¿Por qué? Porque rechaza mi Palabra y ella no puede penetrar en muchos de vosotros. Dios no hace violencia al hombre para que crea. No se la hace para que me acepte. Me manda para que Yo os indique su Voluntad. Y hago lo que Él quiere. Pero quienes de vosotros me perseguís, hacéis lo que habéis aprendido de vuestro padre y lo que os sugiere.

Como un paroxismo que se desata después de una ira mal contenida, se revuelven los judíos, fariseos y escribas. Y se despierta su violencia…

Se entremeten como una cuña, en el círculo compacto que rodea a Jesús y tratan de acercársele…

Gritan llenos de ira y de Odio:

–                       Nuestro padre es Abraham.

–                       No tenemos ningún otro padre…

–                       Abraham obedeció.

Jesús contesta:

–                        Abraham creyó y obedeció a Dios, aún en las cosas más difíciles de creerse y penosas de realizarse… Y le sacrificó a su hijo amado…

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Lo interrumpen furiosos:

–                       No lo sacrificó.

Jesús continúa:

–                       Le sacrificó a su hijo amado, porque en verdad su corazón ya lo había sacrificado durante el camino, durante el camino. El ángel detuvo aquella obediencia, cuando ya su corazón de padre se disponía a hendir el cuchillo en el corazón de su hijo. El iba a matar a su hijo, para honrar a Dios. Vosotros le matáis a Dios el Hijo, para honrar a Satanás…

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Si reconociereis a Dios por vuestro Padre en espíritu y en verdad. Me amaríais, porque del Padre procedo y vengo… Los deseos del demonio son Pecado y Violencia y como lo tenéis por padre, los aceptáis… Desde el Principio fue un homicida. En todos los siglos, sus obras han atormentado el hombre, sus señales y frutos están ante la inteligencia de los seres humanos.

Y pese a que miente y a que trae la ruina, le escucháis, no me creéis y me llamáis pecador… Dios en el corazón de los hombres está gritando: “Él es Inocente” Los que me acusáis estáis más convencidos de ello, que éstos que no saben a quién dar la razón, si a Mí o a vosotros. Pero sólo el que es de Dios, escucha las palabras que son de Dios. Vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios.

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Elquías, Sadoc, Nahúm, Doras y Simón Boeto encabezan el grupo farisaico, que se defiende con rabia:

–                       ¡Ah! ¡Ahora vemos claramente que por tu boca habla el demonio que está en Tí!

–                       Tú mismo lo has dicho: ‘él es un mentiroso’

–                       Lo que acabas de decir no es más que mentira.

–                       Abraham murió y también los profetas.

–                       Pero tú has dicho que quien observare tu Palabra, no verá la muerte jamás.

–                        ¿Tú no vas a morir nunca?

Jesús responde:

–                       No moriré sino como hombre, para resucitar en el tiempo de gracia, pero como Verbo, no moriré. La Palabra es Vida y no muere. Y quien acogiere la Palabra, tendrá la Vida en sí y no morirá jamás; sino que resucitará en Dios, porque Yo lo resucitaré.

Aunque pareciera increíble, la ira y el odio aumentan en un grado todavía más  colosal y aúllan:

–                       ¡Blasfemo!

–                       ¡Loco!

–                       ¡Demonio!

–                       ¿Eres más que nuestro padre Abraham que murió y que los profetas?

–                       ¿Quién pretendes ser?

Jesús responde:

–                       El Principio, que os hablo.

Se sucede una confusión inaudita.

Entretanto el levita Zacarías, empuja poco a poco a Jesús, hacia un ángulo del portal… Ayudado por Mannaém, los hijos de Alfeo y por otros que ni siquiera saben lo que están haciendo.

Jesús, apoyado contra el muro y con la protección de los más fieles delante de Él,  al calmarse un poco la confusión…

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Con su vigorosa y hermosa Voz de tenor, dice:

–                       Si Yo me glorifico por Mí Mismo, mi gloria no tiene valor. Pero quién me glorifica es mi Padre, a quién llamáis vuestro Dios. El Hijo del Hombre no debe mentir; aún cuando el decir la verdad fuere causa de su muerte… Como Dios y como Hombre, Yo conozco a Dios. Y como Hombre, Yo guardo sus palabras las Observo. ¡Oh, Israel reflexiona! Yo Soy Aquel en quién se cumplen las promesas. Reconóceme por lo que Soy. Abraham vuestro padre suspiró por ver mi día. Lo vio proféticamente por un favor de Dios y saltó de gozo. Vosotros que en realidad lo estáis viviendo…

Los enemigos de Jesús lo miran con desprecio. Como una ola maligna, sus carcajadas se propagan a través de todo el recinto…

Y le dicen:

–                       Pero, ¡Cállate! ¿Aún no tienes cincuenta años y dices que Abraham te vio y que Tú lo viste?

–                       En verdad, e verdad os digo que antes que Abraham naciera, Yo Existo.

Caifás, el Sumo Sacerdote avanza y todos se hacen a un lado con respeto…

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 Lleno de ira y de odio le grita:

–                       ¡¿Yo existo?! ¡Sólo Dios puede decir que existe, porque es Eterno! ¡No Tú,  blasfemo!  ¡Yo Existo! ¡Blasfemia! ¿Acaso Eres Dios Tú, para decirlo?

Con su voz que parece un trueno, Jesús responde:

–                       ¡Tú lo has dicho!

Todo se convierte en armas, en manos de quién odia.

Mientras que el Sumo sacerdote escandalizado, se entrega a gestos de horror y arranca el capucho de su cabeza, se mesa la cabellera y la barba. Se suelta las fibias de oro que detienen su vestido al cuello, como si se sintiese morir de horror…

Todos los demás miembros del Templo, lanzan contra el Maestro piedras que principalmente caen sobre la multitud que lo rodea y que impreca…

Zacarías el levita da un fuerte empujón a Jesús, único medio para hacerlo llegar a donde está el posticum: una puertecilla baja, escondida en la muralla del pórtico y que está pronta a abrirse, para el que sabe hacerlo.

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Lo empuja junto con los dos hijos de Alfeo, Juan, Mannaém y Tomás.

Los demás se quedan afuera en medio de la confusión.

El rumor llega hasta la galería, entre las dos poderosas murallas de piedra y que da la vuelta completa al Pórtico. Donde se percibe la humedad y unas estrechas y estratégicas aberturas, que dejan penetrar el aire y una poca de luz, que hace menos tenebroso el lugar.

Tomás pregunta:

–                       ¿Y qué vamos a hacer aquí?

Tadeo responde:

–                       ¡Cállate!…  Me dijo Zacarías que vendrá y que nos estuviéramos callados y quietos.

–                       Pero, ¿Puede uno fiarse?

Jesús dice para tranquilizarlos:

–                       No temáis. El levita es bueno.

Afuera el tumulto se dispersa. Pasa el tiempo…

Un sordo rumor de pasos y una lucecilla que tiembla y que sale de la espesa oscuridad.

Entonces se escucha una voz que tiene miedo de que la oigan y que a la vez quiere hacerse oír:

–                       ¿Estás ahí, Maestro?

Jesús contesta:

–                       Sí, Zacarías.

–                       ¡Yeové sea alabado! ¿Te hice esperar mucho?  Tuve que esperar a que fuesen todos a las demás entradas… Ven Maestro. Tus apóstoles… Alcancé a decir a Simón que fuesen todos a Bethesda y que esperasen allí. Hay poca luz, pero el camino es seguro. De aquí se baja a las cisternas…

 

Y se sale por el Cedrón. Camino antiguo, no siempre destinado para un buen uso, pero ahora sí… Y esto lo santifica…

Siguen bajando en medio de una sombra que interrumpe la llama danzante de la tea, hasta que se ve allá lejos en el fondo, la claridad… La claridad de lo verde que se ve a lo lejos. La galería termina con una reja que es como una puerta por lo maciza y bien fija que está.

Mientras mueve los goznes y abre la reja lo suficiente para que salgan, Zacarías dice:

–                       Maestro estás salvado. Puedes irte. Pero escúchame: No vengas por algún tiempo. No podría siempre servirte sin que lo notasen. Y… olvidad todos este camino y a mí que os traje por él. Olvidad esto… Os lo pido por favor.

Jesús lo tranquiliza:

–                       No tengas miedo. Ninguno de nosotros hablará. Que Dios te acompañe por la piedad que tuviste con nosotros.

Jesús levanta su mano y la pone sobre la cabeza inclinada del joven.

Sale seguido por sus primos y por los demás.

Se encuentra en un claro lleno de zarzas enfrente del Monte de los Olivos.

Cuando avanzan un poco, la puerta queda invisible por unos matorrales. Una vereda para cabras se dirige entre la maleza, hasta el torrente.

Jesús mira a su alrededor  y reconoce el lugar.

Luego dice:

–                       Vamos. Luego subiremos hasta la altura de la Puerta de las Ovejas. Yo y mis hermanos iremos a la casa de José de Séforis. Vosotros iréis a Bethesda a llamar a los demás y os reuniréis conmigo. Iremos a Nobe, mañana por la tarde, después del crepúsculo.

Mannaém, tú irás por Nicodemo y por José de Arimatea. Y los llevarás a la casa de José de Séforis para que se reúnan conmigo. Sed prudentes en vuestras palabras por amor al levita que nos puso a salvo.

Luego se separan y a pasos largos se dirige por un sendero…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA