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43.- LA PERSECUCION


imperio-romano-formacao-caracteristicas-crise-e-a-pax-romanaEn el cubiculum de un lujoso palacio, furioso da vueltas  como un león enjaulado y con el rostro descompuesto por la ira, Narciso Haloto.

Había ido a buscar a Celina y en su casa le dijeron que había emprendido un viaje del que tardaría muchas semanas en regresar. Y no…  NO sabían en donde se encontraba ahora.

La esquiva y hermosa virgen le ha colmado la paciencia.

A pesar de su pesquisa no ha logrado dar con su paradero y no comprende como ella se atreve a rechazarlo de esa manera…  Pues él desciende de una poderosa familia en Roma, acaudalada y con ilustre linaje. Sus antepasados han sido cónsules y militares muy prestigiados…

Aún ahora su padre es el favorito de Nerón… Y ellos no están acostumbrados a implorar los favores de nadie.

Haloto es el prototipo de su sangre y esta hermosa joven le ha herido más que nada en su vanidad…  Y más que amor que un día creyera sentir por ella, se ha levantado en él la obstinación del jugador que está acostumbrado a ganar.

Desde siempre ha obtenido lo que quiere y no conoce  las contrariedades, ni la derrota. Y NO pasa siquiera por su mente la posibilidad, de que ésta vez no pueda conseguir su objetivo.

En el ejército, la disciplina militar había puesto límites a su voluntad; pero al mismo tiempo le había afirmado en que toda orden debe ser obedecida. Y él ha sido un hombre implacable en ese sentido.

Su prolongada permanencia en el Oriente, donde la gente es sumisa y habituada a la obediencia de los esclavos, le ha confirmado en su ánimo de no ser contrariado jamás. Ni siquiera en el más mínimo de sus deseos.

ESCLAVA

¿Quién se cree Celina que es, para tratarlo como a un liberto y no tan solo rechazarlo; sino largarse sin dejarle noticias de su paradero? Piensa en esto y su rostro palidece de cólera y se goza por anticipado, en lo que la humillará…

Se vengará de todos los agravios sufridos. La atormentará a su antojo, como si fuera una esclava. Y empieza a deleitarse con el pensamiento de las rojas huellas del látigo, marcando sus carnes sonrosadas…

Quiere verla suplicándole que tenga piedad de ella.

Su obsesión por Celina le ha hecho ser un amo más cruel y despiadado. Sus esclavos y hasta sus libertos se acercan a él temblando.

Y él disfruta viendo el terror en sus miradas. Y como ahora caen sobre ellos inmerecidos castigos, tan despiadados como injustificables; empezaron secretamente a odiarle, tanto como le temían.

Narciso descarga en ellos sus venganzas, ya que no puede alcanzar a la fugitiva causante de su pésimo estado de ánimo.

Se ha propuesto usar todos los medios a su alcance para obtenerla y cuando esto suceda… ¡Celina se enterará de quién es él! ¡Vaya que lo sabrá!…

La sangre le hierve de ira.

El es un Haloto y le demostrará lo peligroso que es tratar de ignorarlos o burlarse de ellos, como ella se ha atrevido a hacerlo con él.

Mientras tanto en la Puerta del Cielo, están acelerando la instrucción de los catecúmenos…

Y Celina está en uno de los salones, hablando a más de un centenar de personas:

LA PERSECUCIÓN

Es la Guerra contra Dios.

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No son necesarios las grandes persecuciones o los grandes cismas, para luchar contra Cristo. También está la pequeña íntima lucha de cada alma; contra la Ley de Dios.

O la velada, astuta, estatal lucha de cada país, contra la Roma Católica. Contra la Voz de Jesús que habla y reclama a los hombres la Ley de honestidad, del deber, del amor.

Son luchas contra Cristo.

Los escribas, los fariseos y los sacerdotes del Templo de Jerusalén, se opusieron siempre a las verdades de Jesús. Las odiaron y las combatieron por todos los medios; porque estaban llenos de soberbia y de envidia.

Y su odio fue atizado por Satanás, hasta encontrar su desfogue implacable en la Cruz.

 

El rey Herodes ordenó el Genocidio de Belén, por miedo y por envidia de las profecías que vio cumplirse en las palabras de los Reyes Magos. Miedo y envidia que movió al Sanedrín contra Jesús.

¿Por qué?

POR EL PODER

Jesús, como Dios Todopoderoso fundó una Iglesia cuyo uno de sus grandes caudales es: EL PODER.

Tesoro que la hace bella, potente, perfecta. Única en el mundo por sus innumerables tesoros espirituales, donados por el Todopoderoso. Ninguna sociedad existente en el Universo, dispone del Poder del que dispone la Iglesia.

Las Potencias del Infierno, gozan de un poder superior al humano, debido a su naturaleza angélica superior a la naturaleza humana. Pero no en la medida que ellos se esfuerzan en hacer creer.

El poder del que ellos disponen es extranatural, NO sobrenatural. Nacido principalmente de la ignorancia de sus adeptos, a los que han convertido en profanadores de los Misterios de Dios.

Pero el Poder concedido a la Iglesia de Jesucristo, SI es un poder sobrenatural. Infinitamente superior al concedido a los ángeles. Poder Divino que cuando es ejercido dentro de la Voluntad de Dios y en amoroso seguimiento a sus designios; es una fuerza devastadora para Lucifer.

Esto lo sabe muy bien el Archí-enemigo de Dios y de los hombres.

Y por eso su principal estrategia es provocar la crisis de Fe, demoliendo las convicciones principalmente en la Jerarquía; para NEUTRALIZAR ESTA FUERZA  y hacer que se desperdicien las riquezas que fueron fruto de la Sangre de Jesús. Y de esta manera dejar anulados a los que son sus mortales enemigos.

EL PODER ESTA EN LA FE

Y cuando es usada la Fe Verdadera en todos los Sacramentos, él es un Adversario Aniquilado. Por eso trata de ensombrecer a la Iglesia. Que a los ojos humanos le puede restar resplandor; pero en la realidad NO se ha disminuido en Ella nada de su valor, ni de su potencia.

Una Iglesia ‘Viva’ en su parte divina y sobrenatural, ya hubiera acabado con el terror que Satanás ejerce en el mundo, por medio de los corazones entregados a él.

Satanás sabe cuán débil es la naturaleza humana, con la embriaguez del poder terrenal.

Por eso una de las Tentaciones en el Desierto, fue precisamente ésta. Y como NO logró que Jesús consintiera, buscó la manera de obligarlo, haciendo que lo proclamaran rey. Pero Jesús huyó.

Las riquezas y el poder son las dos cadenas más poderosas, para perder al espíritu.

Muchos se han extraviado lejos de la Fe y se han torturado a sí mismos con un sinnúmero de tormentos, por entregarse a ellas.

Su avidez por poseerlas los han precipitado en la Condenación Eterna, después de haber sido flagelo para otros y de olvidar completamente el sentido de la Vida y de la Doctrina Cristiana.

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La Confusión entre poder terrenal y poder espiritual en los corazones, provoca los errores y las herejías en el interior.

Y la Persecución provocada por el odio irracional en el exterior.

La Persecución sanguinaria y violenta, es el punto que delimita claramente las relaciones entre la política y la religión, porque pone de manifiesto la eterna batalla del poder por el Poder; en la terrible guerra espiritual, entre Jesucristo y Lucifer.

Mi Reino no es de este mundo’.

Estas palabras son la clave para no perder la brújula en el camino para llegar a Dios.

El cristiano verdadero sabe quién persigue a Quién y por qué.

También está consciente de su propia Identidad. Y por eso es temido y más odiado por su Adversario.

El cristiano verdadero sabe vencer; aún cuando a los ojos del mundo, pareciera vencido. El cristiano verdadero dirige su propio combate. Y el Enemigo, debe aceptar las reglas. Los que NO ‘ven’, NO comprenden.

Si su alma estuviese viva, verían como son regios los vencedores. Y como las ‘víctimas’ son los verdaderos dioses que se han liberado de la esclavitud del Mal y se yerguen ante él victoriosos. Satanás mira impotente como sus ataques solo los hacen crecer más.

Los destruye aparentemente, en lo único que puede alcanzarlos: lo material y terrenal. Pero con esto está contribuyendo a la Obra de Dios: deificar al alma para que sea verdadera hija de Dios.

Pero un Padre no da solamente amor y semejanza a los hijos. Da también sus riquezas y su herencia. No hay victoria sin lucha. Y no puede tenerse el vestido adornado, ni palma de gloria, sin el Dolor y sin la Cruz; los medios por los cuales Jesús fue exaltado por el Padre, después de la Suprema Humillación y Obediencia.

Para ser coherederos del Reino Celestial del cual el Cordero de Dios, el Verbo Encarnado, ES el Rey de reyes y Señor de señores; debemos también desear ser coherederos en su parte de Dolor, de inmolación, de humillación y de obediencia. Porque solo así se podrá junto con Él, Victorioso y Glorioso, ser glorificados.

Breve, siempre breve será la Prueba terrena respecto a la Eternidad. Relativos, siempre relativos el sufrimiento y la cruz, respecto al gozo celestial e infinito, como todas las cosas que vienen de Dios.

No hay que desconsolarse por las persecuciones, vejaciones, opresiones, calumnias, escarnios, que vienen de quienes son utilizados por Satanás, para tratar de destruirnos.

Porque Cristo es perseguido en sus hijos.

Ni la espada, ni los tormentos pueden separar de Cristo a los que lo aman de verdad.

Nada es tan poderoso como la persecución a una idea o a una religión, para hacerle aumentar su potencia. Lo mismo pasa con Cristo: de la larga persecución moral y la feroz persecución final, obtendrá el sello de Gloria Imperecedero por el cual reina y reinará como el Santo de los santos.

Entonces todas las cosas serán restauradas, tal y como Dios las había concebido antes de crearlas.

La Iglesia en plena coherencia Divina y humana, debe en su calidad de Maestra y Guía, dirigir a los hombres hacia los ilimitados horizontes de la Eternidad Divina.

Renovarse o perecer. Ser la Fiel Esposa de Cristo, que conquistará el mundo con el Amor. Tener a la Iglesia aceptada y conocida solo en su parte humana y culpablemente ignorada en su parte Divina y sobrenatural; Ha hecho que Satanás crea su loca ilusión de haber acabado con Ella, como un día hizo con la Cabeza.

Las fuerzas del Infierno  no la podrán vencer. Estas palabras de Jesús, son la promesa de Dios a una Iglesia que NO podrá ser destruida. Porque Él NO lo va a permitir. Porque ha sido establecida como Faro del Mundo.

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EL MESIAS PERSEGUIDO.

“Cuando el mundo los odie, recuerden que primero que a ustedes me odió a Mí. No sería lo mismo si ustedes fueran del mundo, pues el mundo ama lo que es suyo…”

Jesús no envileció su Divinidad al asumir figura humana. Su Amor Perfectísimo Divinizó a la Humanidad; que llevada por la libre voluntad del hombre, nos hace semejantes a la Perfección de Dios, que es Amor Puro, Libre, Perfecto.

Jesús no quiso diferenciarse del hombre, para llevarlo hasta donde Él está. Y unidos en Él, ser tentados y vencedores, para ser dioses en el Reino Celestial.

Cuanto más crece el hombre en perfección, más se ve asaltado por las fuerzas del Mal. Más en el hombre saturado de Dios, los asaltos no son muerte sino vida. Tampoco envilecimiento, sino gloria.

El hombre no ha cambiado y Satanás tampoco. Quitando el miedo y la ignorancia, el alma unida a Dios puede alcanzar la perfección, porque en la entrega llega la Fusión y es Dios Mismo el que libra los combates. La vida es una guerra de todos los días y las víctimas se purifican en la hoguera de las tentaciones.

El alma víctima, es el mártir que llega a ser dios por el esfuerzo constante de las victorias conseguidas en la vida terrena. Si el alma ya fuese dios, no tendría que esforzarse en serlo. El Amor la invita a divinizarla mediante el Amor. En esto consiste la perfección.

El que descubre a Dios y lo busca para amarlo; comienza a hablar un lenguaje nuevo y diferente, que NO puede ser comprendido por los que pertenecen al mundo.

El cristiano siempre será perseguido e incomprendido. Más incomprendido mientras más avanza en el camino de la Cruz.

LA SEÑAL DEFINITIVA DE QUE JESÚS ES DIOS…  

ES EL ODIO CON EL QUE TRATAN DE DESTRUIRLO TODO EL INFIERNO Y TODO EL MUNDO.

Odio mortal dirigido contra ÉL y contra todos los que lo representan.

Dios es Amor. Jesús es el Amor Encarnado. Cuanto más se ha demostrado la sobrenatural realidad de su Divinidad y de su Palabra, más Odiado es. Satanás creyó vencerlo matándolo a Él y matando a los primeros cristianos, así como ahora nos quiere matar a nosotros.

Aún sigue creyendo que exterminando la Iglesia, acabará con la Doctrina Cristiana. Por eso debemos estar preparados. El Espíritu Santo nos ha prevenido que ha pedido permiso para cribarnos y se le ha permitido hacer proyectos orgullosos para actuar como quiera durante cuarenta y dos meses, antes del regreso de Jesús para instaurar su Reino en la Tierra.

Se le concedió hacer la guerra a los santos y vencerlos. Y tiene poder sobre todo pueblo, raza y nación. El que tenga oídos escuche y comprenda:

Quién está destinado a la cárcel, irá a la cárcel.

Quién está destinado a muerte de espada, perecerá por la espada.

Para los santos es la hora de la Perseverancia y la FE.

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PERSEGUIR A UNA DOCTRINA NO SIRVE MAS QUE PARA AUMENTAR SU PODER. Sobre todo si es auténtica en las verdades que enseña.

Cada gota de sangre de los que sean martirizados y cada lágrima de los santos que sean aplastados, será semilla de cristianos y hará que el catolicismo se extienda por todo el planeta. Porque Satanás no cambia y tampoco cambia sus métodos.

Como trató a Jesús y a los primeros cristianos, tratará a los actuales. Y así seguirá mientras haya un alma que deba probar su fidelidad a Dios. De los gobernantes parten las más crueles masacres.

Las lacras del Mal imperante penetran y se extienden en el espíritu del hombre, quiera o no quiera, porque no quieren que el espíritu se vuelva a Dios y a su Ley.

Estallan el rencor y la envidia de los hijos de Satanás, en las persecuciones feroces; cuando botando la máscara humana que cubre su cabeza de serpiente infernal, se manifiesta abiertamente y combate a los hijos de la luz.

Los espíritus que no están vivos y nutridos de amor y de Evangelio. No pueden resistir y permanecer fieles, por eso le temen a las persecuciones y al martirio. Y terminan por renegar de Dios, pues carecen del Amor y la fortaleza suficientes para vencer.

Los hombres son los instrumentos que Satanás mueve para golpear a la Iglesia. Satanás sabe que los tiempos apremian y que ésta es la lucha decisiva que anticipará la venida de Cristo.

Satanás es el capitán de este ejército que se inició en el Sanedrín entre las castas de los fariseos, de los escribas. Que encontraron su alférez en Judas y que culminará con el Reino del Anticristo.

El cual al torrente de Gracia contrapondrá un torrente de ferocidad y de sangre, en el cual triturará y desaparecerá a todos los cristianos; donde muy pocos caerán como víctimas santas, invocando a Cristo.

PORQUE DECIRSE CRISTIANO, NO QUIERE DECIR SERLO.  No es el recibir el rito del Bautismo y acercarse a los Sacramentos con el espíritu muerto, lo que lo constituye.

Ser cristiano quiere decir ser como Cristo lo ha dicho que se debe ser y como el Evangelio lo repite. El querer adaptar el Evangelio a una vida sin conversión, es una patética confesión de miseria espiritual.

00BIBLIA-VIDA-TESTIMONIO-TIBIEZAEl Evangelio debe ser vivido de manera integral. Y el Anticristo nos obligará a ser perfectos, porque su diabólica ferocidad estará completada con la moderna tecnología para torturar.

El que no quiera perderse deberá aprender a ser un héroe.

LA PERSECUCIÓN ES LA SUERTE DE LOS SANTOS

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El hijo de un doctor, quiere ser doctor. El hijo de un artista, quiere ser artista. Los que creen que han surgido de una tribu de simios, corren el peligro de convertirse en bestias.

Los que sienten que fueron creados por Dios y lo aman como Padre, NO hay duda de que intentarán volverse como Él. Y cuando llegue el Tiempo del Sufrimiento por ser cristianos…

DESDE AHORA DEBEN DECIDIR

SI ESTARÁN LISTOS PARA ENFRENTAR ESE DÍA,

CON DIGNIDAD Y VALOR. 

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Satanás asecha con grandes grandezas a los que desean el Cielo, más que a los demás. Quién busca las grandezas del mundo, no puede entrar al Reino de los Cielos.

Judas de Keriot, es el ejemplo perfecto de esto. Porque la grandeza del mundo está en oposición a la Ley de Dios. La Grandeza del Mundo casi siempre se consigue con medios ilícitos, que para prevalecer sobre el prójimo; con la injusticia lo convierten en peldaño y lo aplastan para poder sobresalir.

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El Mundo seduce con el espejismo del éxito y del triunfo.

Cristo triunfa en lo que es considerado como pérdida y derrota.

Solo el que sabe querer resistir con todas sus fuerzas, triunfa sobre las seducciones. Y a éstos, Satanás les hace una guerra despiadada y continua.

Todos los que siguen al Dios verdadero, PADECEN PERSECUCIÓN.

Todos los que lo predican, terminan con la suerte de los profetas: ODIADOS.

A Juan Bautista lo odiaron por su severidad. Y por decir la Verdad, terminó decapitado.

A Jesús lo odiaron por su Bondad. Y por decir la Verdad, terminó crucificado.

Los dos predicaban a Dios. La Penitencia y el Amor atraen al Odio. Satanás inculca el Odio en los corazones y es generador de tragedias.

Cuando el Espíritu Santo se acerca a las almas y éstas comienzan a responder a su llamado, los hombres se dividen en dos ramas: los que aman y los que odian al que está llevando el Reino de Dios a los corazones.

Desafortunadamente siempre es más grande la cantidad de los odiadores que de los convertidos. Satanás sabe que las almas reconocen a Dios. Y se convierten al ser consoladas y curadas por Él. Presiente su derrota en los corazones y su Odio y su Furia no tienen límites.

Entonces ataca con toda su rabia a los que se atreven a desafiarlo arrebatándole sus presas y vuelve furiosos a los que le pertenecen, comunicándoles su Odio Infernal.

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Quien da hospedaje al Infierno, es quién odia a los pequeños cristos.

Satanás es tan astuto que convierte a  los hombres sin que se den cuenta, en marionetas a las cuales maneja como quiere, a través de los hilos de sus malos sentimientos y sus pasiones. Y sin que ellos lo adviertan, hecha mano de todos sus recursos para atacar al perseguido y dañarlo por todos los medios posibles.

Los santos del Cielo traen una corona adornada con las perlas de su llanto y de su dolor. Algunos han sido martirizados hasta la sangre, por las vejaciones de Satanás y sus aliados.

En la Tierra recibieron el extraordinario consuelo de la Ternura de Dios que alivia el Dolor de sus hijos, que los Fortalece para llevar la amarguísima Cruz del Odio y sobrellevar las persecuciones solapadas, astutas y terribles que para poderlas vencer, debieron prepararse en la Escuela del Sufrimiento.

Para ser vencedores de Satanás que a la carne había hecho corrupta. Vencedores de los sentidos que en ellos se agitan por herencia del pecado y azuzada por Satanás.

Todos los santos son mártires. Porque para ser santos debieron superar las persecuciones y permanecer fieles. ¡Gloria a quién vence!

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NIÑOS CRISTIANOS ANTES DE SER QUEMADOS VIVOS

Satanás es el eterno azuzador de los hombres. Cuando persigue a un justo, aprovecha todas las oportunidades para abatirlo y destruirlo. Y endereza todas sus armas para herir en la Misión y en los afectos…

Porque en unos la Presencia de la Gracia en los justos, produce un terror humano que no tiene razón de existir y en otros es un reproche que no pueden soportar. En estos casos es mejor soportar y vencer; sin soberbias y sin desesperaciones.

Esta hora siempre tiene su razón de ser y es buena. No hay que sucumbir al miedo. Durante estas horas, Dios NO ABANDONA, sino que sostiene al que es fiel. NO podrán soportar las persecuciones los que no tengan como rey al espíritu.

Todo esto sucede porque Satanás ha robado la fuerza para amar a Dios y la capacidad para hacer el bien. El Odio más grande de Satanás está dirigido contra Dios y contra su hijo: el hombre que lo ama hasta imprimir  en sí su Imagen. Él y solo Él existe en su corazón. Su amor está mezclado con llanto y dolor y purificado del rencor y del cansancio.

Las almas víctimas saben qué cosa quiere decir ser desamadas, rechazadas, ofendidas, no reconocidas, traicionadas y atormentadas con un sufrimiento que llega a enfermarlas. Calumniadas y tratadas como desquiciadas y obsesas.

En todos los medios en que se desenvuelven, son perseguidas por causa del Nombre de Jesús, el Amado de su Corazón y por su fidelidad en el espíritu. Y ellas entregan su amor y su dolor, su tribulación y su desolación.

Y Dios no las deja solas, porque Él necesita de estas penas. Un poco de Getsemani por su Amor. Ellas han extinguido el deseo de ser amadas y comprendidas y esto las hace arder en un fuego que refleja el Cielo y el Rostro de Dios.

Las burlas, los escarnios, los obstáculos, las trampas encaminadas a entorpecer su misión, las luchas espirituales, las tentaciones y las derrotas; aunadas a que al verse arrojadas de todos lados, llenándolas de dolor y de desaliento; tratando de derrotarlas con la tristeza y la impotencia y llevarlos a la  duda y la desesperación.

Todos sus repetidos y feroces asaltos, están destinados a destruir la Obra de Jesús y a conseguir a como dé lugar volver a atrapar al alma que se le ha escapado.

Cada santo tiene su traidor. Se le debe perdonar más a él que a cualquier otro. Se debe buscar por todos los medios, que reconozcan sus yerros. Un perdón con lágrimas amorosas, puede conseguir que un corazón arrepentido sea rescatado de las garras de Satanás. El perdón sana. El perdón salva.

Los ataques imprevistos de Satanás, provocan que los hombres sean sus instrumentos para flagelar a otros… Si no se pierde de vista esto, se puede intentar todo para ayudar al hermano caído, que de otra manera NO podría levantarse.

Uno de los desalientos más dolorosos, es comprobar que aquellos a los que se ha hecho un beneficio, pagan con la ingratitud y la traición. Y pasándose al bando de los acusadores, calumnian sin la menor consideración.

Esta Arma: LA TRAICIÓN, Satanás la esgrime con singular maestría. Porque sabe los efectos devastadores que causa al comprobar la ingratitud de los que también se ama.

Para NO ser vencidos por el Desaliento, baste recordar que a Jesús lo crucificaron, los mismos que recibieron los beneficios de sus milagros. Los hosannas mentirosos del Domingo de Ramos, fueron los mismos que pidieron el ‘crucifige’ del Viernes Santo.

Los perdones a las traiciones, adornan de piedras preciosas las coronas de los mártires del Amor. Dios ve. Dios juzga.

EL LIBRO DE LA VIDA

Y Dios premia y castiga de acuerdo a su Infinita Perfección. Los ultrajes y las calumnias, son la tinta con la cual quedan inscritos los nombres de los elegidos en el Libro de la Vida.

Los santos están esparcidos sobre la tierra, para que los hombres sacien su hambre sobrenatural a través de Dios. Pero el hombre desprecia esta ayuda divina y por instigación satánica los persigue con odio infernal.

El hombre cae en la noche de su ignorancia y pierde cada vez más el deleite de lo Celestial. Envenenado como está por el sabor engañoso del Pecado, aumenta el Odio que instintivamente siente por el que percibe que es superior a él.

Entonces, la única protección que les queda es: LA ORACIÓN.

No hay más que recordar lo que le pasó a Jesús en su vida terrena, para no lamentarse jamás y para ser fuertes en el espíritu, al ver en todo al Mesías. Los secretos de Dios deben guardarse.

Satanás es constante en vigilar y obrar. Y bastante persistente en atormentar a los elegidos. Hay que tener mucha prudencia y paciencia. Cuando se llega a amar a los perseguidores y a los Judas, el alma crece en virtud y perfección.

Cada santo tiene su traidor. El que le hace nido en su corazón a la duda, deja de orar y dejando de orar, se aleja de Dios. Entonces la incredulidad se apodera del alma, por las trampas que pone para destruir la Obra de Dios.

Es un mal muy grande no rechazarlo. El enemigo al que no se expulsa, termina por adueñarse del lugar. Porque pone trampas, levanta sus trincheras y dirige sus ataques para matar el espíritu y apoderarse del alma de una manera aún más fuerte.

A los que NO rechazan al invasor con las armas de la Fe, la Caridad, la Esperanza; su situación llega a ser peor que antes de convertirse.

Las almas de los débiles y descuidados son tomadas como base para torturar a los justos. Le dan cabida al Infierno con sus bajas pasiones y terminan atormentando al Mesías que vive dentro de la ‘víctima’ y que a su vez debe repetir la Pasión de su Redentor.

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¿CÓMO SE DEBE ACTUAR EN UNA PERSECUCIÓN?

Jesús nos enseñó como vivir y como morir: Él practicó todo lo que enseñó.

Practicó la Pobreza siendo pobre. La Continencia, siendo casto. La Templanza, siendo moderado. La Justicia, siendo justo. El Perdón, perdonando. A Redimir, redimiendo. A Obedecer, obedeciendo la más terrible de las órdenes: Morir por Amor.

Perdonó y amó a los enemigos,  desde el Patíbulo donde lo crucificaron. Perdonó y amó a sus asesinos, orando por ellos desde la Cruz donde moría. Él es el ejemplo a seguir.

Cuando se recibe un insulto y una agresión, es muy importante mantener la serenidad y la calma. Enfrentar al agresor con dignidad y recordar que ésta es la suerte de los elegidos. Porque cuando el corazón se llena de Ira, se anula la Doctrina del amor y del Perdón.

La amargura y la violencia abren el camino al Pecado. Y entonces sí que es una derrota para el cristiano, haber caído en el juego de Satanás.

La alegría de saber que se está haciendo la Voluntad del Padre Celestial, inunda al alma que sabe alegrarse de ser perseguida por su amor a la Justicia. Y la única tristeza, muy dolorosa por cierto, es la compasión hacia las almas que rechazan la Vida.

perdon-mandamientoEl que mantiene la calma, sigue respetando al agresor. Y entonces Dios intervendrá preguntando con mansedumbre: “¿Porqué me odias? ¿Porqué me persigues? ¿Qué mal te he hecho? ¿Porqué estás enojado y tienes esa crueldad conmigo?

En lugar de los desprecios y de corresponder al insulto con Ira, hay que tener humildad y amor. Porque no importa lo que ellos sean. Importa lo que nosotros somos.

Los cristianos hemos sido elegidos para el Reino de los Cielos y NO para el Mundo. La debilidad humana debe ser vencida por la fortaleza del espíritu. Y la tentación de corresponder con la tentación de no amar, con la falta de perdón; puede convertir al cristiano en un ser igual al que lo está agrediendo con Odio y entonces sí que la Venganza de Satanás estará completa. Porque el Odio engendra Odio y Destrucción.

Y si se recibe la ofensa de ser arrojados, burlados, perseguidos, con paz; se logran conversiones con la predicación más bella: el silencio de la verdadera virtud.

Este es el heroísmo que el mundo NO puede concebir por inexplicable y lo llama locura. Los enemigos del cristiano y a los que Satanás utiliza con refinada crueldad, para herir más dolorosamente donde más daño puede hacer, son los de la propia familia.

Cuando los elegidos están en la Gracia de Dios, son fortalecidos con la Fe, la Esperanza y la Caridad. Y es Dios Quién les ayuda a ser fuertes en las persecuciones. Cuando Dios está con nosotros, ¿Quién puede vencernos?

No nos debemos dejar sorprender por el miedo, ni por la soberbia. Si somos humildes y nos mantenemos fieles a Él, sabemos que sin Él, nada podemos; Pero si confiamos en su ayuda, siempre estará con nosotros.

El Mal no puede nada contra el hombre que quiere ser justo. Sufre, queda herido, pero goza de libertad y vida. Y vencerá en todos los combates que se sucederán continuamente. En todos los combates mientras dure la vida.

Porque si el hombre se despoja de su ‘yo’ y se espiritualiza con un espíritu fundido en Dios; ni las torturas, ni los suplicios, ni las heridas, ni las hogueras pueden ya causar daño. Son impotentes para destruir, porque Dios nos cubre como un escudo y vence al Opresor. Y la Paz envuelve al perseguido. Porque Dios es Paz.

A Jesús lo acusaron de alborotapueblos y Roma lo condenó a morir. Todo el que lo sigue debe sentirse feliz de padecer las mismas aflicciones que Cristo. El que verdaderamente ama, sabe que éste es un privilegio de parte de Dios.

No hay que dejarse intimidar por los enemigos. Este es un signo seguro de que ellos van a su ruina y ustedes a su salvación. En los momentos en que nos toca padecer los sufrimientos de Cristo con mayor intensidad; de Cristo nos viene también el Consuelo y la Fuerza suficientes para soportar los sufrimientos y vencer en la Prueba.

En esta Primera Gran Persecución, ustedes eran paganos demasiado carnales para el Evangelio y sin embargo, si estáis bien preparados; sabréis seguir adelante hasta dar el testimonio final: el Testimonio de la Sangre: el Martirio.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

21.- LA MAGNA OBRA DE LA REDENCION I


jardin volksgarten-600x399Mientras tanto en la Puerta del Cielo…

Leonardo, Adrián, Diego y los demás catecúmenos; escuchan atentos a una bella matrona romana. Alta, de cabellos oscuros, aspecto distinguido, de mediana edad; muy parecida a Fabiola. Su nombre es Plautina.

Su voz resuena clara como una campana, al exponer la Tercera Lección de la Doctrina Cristiana:

LA MAGNA OBRA DE LA REDENCIÓN

“Satanás penetró en el Edén para robarle al hombre, todo lo que Dios le había dado. Y no solo lo despojó de su riquísima herencia, también le mató el espíritu. Y le dio mortales heridas al alma corrompiendo el intelecto, la voluntad, los sentimientos, los instintos, suscitando apetitos culpables, destruyendo la Inocencia y la Gracia, afligiendo al Creador.

El Pecado dejó al hombre obtuso en la inteligencia del discernir el Bien y el Mal y en la Integridad. Como un humo se le había ofuscado la Verdad conocida.

Decaído de hijo adoptivo de Dios al grado de animal razonable, el hombre sentía por instinto que ‘matar’ era malo. Que corromperse en libídines obscenas debía estar mal. Pero no sabía distinguir hasta qué punto era mal el matar y cual la lujuria más abyecta a Dios.

Entonces Dios, después de haber castigado con el Diluvio, dio las primeras normas para ser menos violentos. Llamó a Sí a Moisés y le dio el Decálogo que reúne la Piedad y el Castigo.

DIEZ MANDAMIENTOS

Piedad para los débiles y castigo para los burladores que cumplen el Mal con todo conocimiento de causa. El Decálogo con su parte positiva: ‘Harás’. Y negativa: ‘No harás’ crea el Pecado con todas sus consecuencias.

Porque se peca cuando se quiere transgredir y el hombre después de la Ley, ya no tiene más la excusa de decir: ‘No sabía que era pecado.’

El Decálogo es Piedad, Castigo y Prueba. Como prueba era el Árbol que estaba en medio del Edén. Sin prueba no se puede aquilatar la cordura del hombre. Pero sobre los Diez Mandamientos de la Ley Perfecta, está la Perfección de la Ley, con los Dos Mandamientos del amor, dados por el Verbo Docente. Triple Amor a Dios: Amor del corazón, del alma, de la mente.

Porque Adán pecó con el corazón, (concupiscencia de la carne); con el alma, (concupiscencia del espíritu) con la mente, (concupiscencia de la razón); saliéndose del orden por abusar de los dones recibidos y ofendiendo a Dios con los mismos dones que había recibido de Él, para que el hombre pudiera asemejársele y serle causa de gloria.

Con las cosas que pecaron, debió ser reparado el Pecado, cancelada la ofensa y restablecido el orden violado.

Y EL VERBO SE HIZO CARNE PARA HACER ESTO.

REINA DEL CIELO Y MADRE DE DIOS

Y para restituirnos la Gracia y la Verdad en medida plena, rebosante, inagotable.

Con cuanto pecó el primer hombre, el Hombre-Dios repara.

Y el Amor Encarnado y el Amor Virginal, los dos ofrecidos voluntariamente. Totalmente. Y consumados para que Dios fuese consolado y el hombre salvado.

La muerte de Abel hizo añicos el orgullo de Adán y las escorias expertas de Eva, en el más atroz alumbramiento a las tinieblas.

La muerte de Cristo hizo añicos el Pecado y mostró a la Humanidad el alumbramiento a la Gracia.

Por un solo hombre, el hombre conoció la muerte. Por el Hombre solo, el hombre conoce la Vida. Por Adán, la Humanidad ha heredado la Culpa y sus consecuencias. Por Jesús, Hijo de Dios y de María, la Humanidad hereda nuevamente la Gracia y sus consecuencias.

Todos eran pecadores al menos del pecado hereditario. Ser justos era una grave fatiga, porque la Gracia no estaba en los espíritus. El Templo era un nombre. Los ritos, una representación mímica. La invisible Presencia del Santo de los santos no era creída más que por los simples. Los pequeños entre el Pueblo que tenía el nombre de santo.

Todavía los sacerdotes y rabíes enseñaban que Dios estaba en el Templo: magnífico en su gloria, parlante a sus ministros.

Y es en esta hora que Jesús ha venido.

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El Advenimiento de la hora de la Misericordia.

Pero no era solamente Hora de la Misericordia. Era también de Justicia. Justicia para Israel que ya no merecía más, ser el Pueblo de Dios. Otro pueblo debía ser elegido en su lugar: El Pueblo Cristiano.

El fin del Templo había llegado. La Ley Nueva, perfección de la antigua, se imponía; predicada a los hombres directamente por Dios. La Caridad de Dios se mostró en toda su plenitud a los hombres.

Dios es Infinitamente Bueno, Amoroso, Sabio, Paciente. Por estas perfecciones, Él dispuso al Redentor antes de que fuese el Pecado. Él ha puesto al alcance de todos el Cielo.

Y el Cielo es una conquista larga, muy dura, cierta. Solo para aquellos que perseveran en la buena voluntad, hasta el término de la existencia. Dios tiene todo Poder. Y Dios ha tenido misericordia. Y su alegría es comunicarse a los espíritus que anhelan al Dios Desconocido. Que no rechazan al Dios Ignorado que desean conocer.

Él ha amado a sus criaturas hasta dejar el Cielo por ellas.

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REDIMIR = RESCATAR. Volver a comprar lo que antes se vendió o empeñó.

MESIAS   =  REDENTOR.

Si en una balanza se mete un peso desproporcionado al peso equilibrador, la balanza se inclina hacia un lado. Pero si se restablece el equilibrio, las dos partes de la balanza quedan alineadas.

Por el delito de uno, muchos perecieron. La balanza de Dios estaba solamente inclinada hacia la parte de la Justicia. Pero por el Sacrificio de Cristo, la Gracia y la Vida son dadas a todos los que creen en Jesús.

Y de esta manera el equilibrio no solo es restablecido, sino que dado el sacrificio del Hombre-Dios es de un valor infinito e infinitos los méritos del Cristo-Salvador. La balanza de Dios se inclina ahora hacia la Misericordia.

Y Misericordia y Perdón rebosan del plato colmado de la Sangre Divina, que fluye para la salud del mundo. Tanta fluye, cuanto más abundante es el Pecado. Para que la Gracia abundando venciese al Pecado. Y la Vida venza a la Muerte, muriendo para dar la Vida a los espíritus inmortales de los hombres. La Vida, o lo que es lo mismo: el Reino de Dios dentro de los hombres.

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

Pareciese que Jerusalén fuese la más adecuada para el nacimiento del Rey de los Judíos. Pero…

Jerusalén ya no era santa. Llevaba aquel nombre, pero la corrupción llenaba todos sus estratos, porque aunque Dios le había colmado de bienes, había rechazado el más necesario: “El bien de la posesión de Dios.”

Y el Don que hubiera hecho grande a Jerusalén, le fue quitado.

Ni el Nacimiento, ni la Muerte de Cristo tuvieron lugar dentro de sus muros; sino solo el delito de la Condena de Cristo. Contra la cual también las piedras se rebelaron: rompiéndose en su muerte y sacudiéndose obedientes al Querer de Dios y después, cuando Jerusalén fue arrasada…

Verdaderamente solo quién ama con todo su ser, puede conocer el inefable Misterio que es la Encarnación del Verbo…

Siendo María la más santa de las criaturas que había habido en la tierra, emanaba la santidad como un astro encendido del que se escapan etéreos rayos de sobrenatural potencia.

Y Sacerdotisa regia y purísima fue la virgen ardiente de la caridad más pura y fuerte que criatura nacida de hombre, nunca tendrá.

Ella aceptó el ofrecimiento. Y el “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí como su Palabra quiere…” fue  el ‘sea la Luz’ de la recreación del hombre, a hijo de Dios y heredero del Reino de los Cielos.

Dios se acercó a los hombres a través de Jesús. Y se hizo hombre para que el hombre pudiera conocerLo y contemplarLe sin temor.

CRISTO. Aquel que diviniza la materia, la glorifica y restituye a Adán a su dignidad original. Cristo reconstruye lo que estaba destruido. El cordero que revirginiza al hombre en la Inocencia y en la Gracia. Por su Caridad Humano-Divina, puede todo.

Pero Él, Perfección, no se ha limitado a enseñar que no hay amor más grande que el de aquel que muere por sus amigos. Él ha muerto. Éste es también el precepto implícito que con su ejemplo, Jesús ha dado.

DIOS QUERIA PERDONAR AL HOMBRE.

Porque lo amaba. Quería devolverle la Inmortalidad, la Posesión del Cielo.

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Y prometió en el momento de la sentencia del castigo: “Yo pondré enemistades entre tú y la Mujer. Y entre su raza y la descendencia suya, Ella quebrantará tu cabeza y andarás asechando su calcañal.”

María nació sin la mancha del Pecado Original y amó como criatura alguna, jamás amará. María no conoció el Pecado y por eso es la Vencedora de Satanás.

Cristo viene de la Hora Perfecta. Los siglos la trasmitieron con voz siempre más clara, con pormenores más precisos. La Voz Divina, promesa de un Mesías Redentor y de la Mujer sin concupiscencia, que castigará al Prevaricador, alumbrando al Vencedor del Pecado y de la Muerte.

María: Pacífico Puente, que reúne Cielo y Tierra. La Eva Santa y Verdadera Madre generadora de Vida,  de la Humanidad. La Amadísima que con su sola Presencia obtiene misericordia para los pecadores. Su amor perfecto. Su perfecta obediencia. Sacrificio de olor suave que aplaca la ira del Señor.

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Arcoíris de Paz. La Corredentora es el dulce astro que resplandece a la Presencia de Dios, para recordarles que Él ha prometido Misericordia a los hombres. Y ha dado a su Hijo para que los hombres tengan Perdón.

El arco iris después del Diluvio fue visto solo por los justos que permanecieron vivos sobre la tierra; pero María en un sobreabundar de misericordia, será vista por muchos que justos no son.

Y su voz, su perfume, sus prodigios, son para justos y pecadores. Y felices aquellos que entre éstos últimos; se conviertan a la justicia, a la fe en Cristo, el cual es salvación.

EL AMOR DE DIOS

El amor de un Padre que sacrifica a su Verdadero Único Hijo, para salvar la vida de sus hijos adoptivos. Y de este amor es del que ha amado Dios. Ha sacrificado a su Unigénito, para salvar a la Humanidad Culpable.

Y Jesús dejó la libertad y la pureza que son la atmósfera del Cielo, privándose de ellos y descendiendo a la cárcel humana; para ayudar al hombre al que ama. Los redimidos por Cristo conocen todo el amor de Dios.

Y Cristo es este amor infinito que Él Mismo ha revelado con su Persona, con su Palabra, con su Ejemplo y sus acciones. Jesús es Verbo y Carne. Con el Verbo instruye. Con la Carne, Redime.

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JESÚS ES EL MESIAS

Jesucristo tenía la voluntad libre. Como Dios Y como Hombre. Jesús no prevaricó. No abusó de ésta, su libre voluntad potente, para escapar de la Muerte en la Cruz. Si lo hubiera hecho, hubiera sido más Rebelde que Lucifer. Pero Cristo nunca fue rebelde.

Ninguna cosa, ni siquiera la natural repugnancia humana al suplicio, lo hizo tal. Porque sobre su Voluntad Libre, estaba y puso, la Voluntad del Padre. Y Él, el Perfectísimo Hijo Divino, de Naturaleza igual a la del Padre; no sacó ventaja.

Sino que con reverencial amor, siempre dijo al que lo había generado: Hágase tu Voluntad’ Y Bondadoso y Obediente, ofrece y rinde sus poderes, para ser arrastrado al Sacrificio. Su voluntad libre la usó para ser Perfecto como Hombre, así como era Perfecto como Dios. 

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Dios no puede pecar siendo la Perfección. Pero su Segunda Naturaleza como Hombre, estuvo sujeta a tentaciones. Y las tentaciones son los medios para pecar, si no son rechazadas. Y duras tentaciones fueron lanzadas contra el Hombre.

Todo el Odio contra Él. Todo el Rencor, el Miedo, la Envidia del Infierno y de los hombres, contra Él. Contra el Fuerte al que sentían Vencedor, aunque tuviera la mansedumbre de un cordero.

Pero Jesús no quiso pecar. Hay que dar el reconocimiento a su Fortaleza. No pecó porque no quiso pecar. Y también por su Perfección en la Justicia contra todas las insidias y los eventos, Él ha confirmado ser el hijo de Dios.

Y la Justicia consiste en practicar el amor con heroísmo de santidad. La santidad de Jesús lo ha convertido en el Santo de los santos, porque como Hombre fue el Héroe que quiso ser: ‘Amen como Yo los he amado’.

Obedecer es el precepto que nos convierte en Cristianos.

JESÚS ES EL REDENTOR  

El Hijo de del Hombre fue entregado en manos de los hombres, porque es el Hijo de Dios, pero también es el Redentor del Hombre. Y no hay Redención sin sufrimiento.

Él soportó el sufrimiento en la Carne y en la Sangre, para reparar los pecados de la carne y de la sangre. En lo Moral, para reparar los pecados de la Inteligencia y de las Pasiones. En lo espiritual, para reparar las culpas del corazón. Por todo esto, fue completa.

Y Jesús tomó sobre Sí, todas nuestras miserias y todos nuestros pecados. Los pasados, los presentes y los futuros…

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 Como si hubiese sido sumergido en un estercolero pútrido, quedó Jesús ante los Ojos del Padre y de Él se horrorizó el Altísimo; porque en ese momento al tomar sobre Sí todos los pecados del mundo acumulados en los siglos, se convirtió en el Pecado y en el Hombre Culpable.

Un diluvio de culpas sobre la Tierra, desde su principio hasta su fin. Un diluvio de maldiciones sobre el Culpable. Sobre la Hostia del Pecado.

Jesús sudó sangre por la agonía de ser el Maldito. Su corazón se trituró con el conocimiento de que en aquella Hora, no era el Verbo de Dios. Era solamente el Hombre. El Hombre Culpable.

Y todos los pecados los ha descontado sobre su Cuerpo Santísimo. Y para que el hombre volviera a revestirse en su alma, de la vestidura de bodas; Él se ha revestido de llagas, moretones, sangre, heridas que traspasaron su Cuerpo.

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La Ira de Dios se abatió sobre Él. La Ira por nuestros infinitos pecados, desde el primer pecado hasta el último que será cometido. Y la Justicia ha clavado toda culpa en su Cuerpo Inocente.

Como ciervo perseguido por una turba de arqueros, Él ha sido perseguido por las flechas de Dios, para que toda culpa fuese expiada con su Sangre.

Con las torturas de su cuerpo mortal, extrajo la Maldad de toda la estirpe humana y empapado con su Sangre, nos lavó las culpas de la carne. Por esto fue aprehendido en Jerusalén.

Entregado a los sacerdotes, escribas y fariseos, que lo llevaron a los gentiles para que lo escarnecieran. Después de haber sido abofeteado, insultado, herido, escupido y arrastrado por las calles de Jerusalén como un harapo inmundo.

Y los gentiles, después de haberlo flagelado y coronado de espinas, lo condenaron a morir en una cruz con una muerte infame, como un vulgar malhechor.

El pueblo que lo había honrado con los hosannas el Domingo de Ramos, pidió su muerte y en su lugar, pidió el indulto de un asesino.

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Y Dios lo permitió. Porque es el Cordero de Dios que expía por los pecados del mundo. Cargó sobre Sí con todas las culpas y con todos los dolores, para que el hombre fuese sanado. Más tarde llegó la Gloria, pero antes fue el Dolor. Más tarde llegó el derecho a juzgar, pero antes estuvo el deber de expiar.

En medio de un mar de Angustia, de un océano de Dolor; en el que su Madre y las almas-víctimas comparten, murió en un Patíbulo y tres días después por su Voluntad Divina, Resucitó.

Volvió a la Vida Eterna y Gloriosa como Hombre. Y volvió a la plenitud de ser Dios, con el Padre y el Espíritu Santo, después de haber padecido toda clase de afrentas y de ver su corazón atravesado por la Mentira y el Odio.

Entonces fue constituido Fundador del Nuevo Templo, en el que se encuentra la Fuente Santísima del Espíritu Septiforme. Pero antes Jesucristo fue la Víctima Inmolada que purificó la Casa de Dios.

La pareja Jesús-María es la destinada a anular todo lo que hicieron Adán-Eva y devolvieron al linaje humano al punto en que fue creado: reyes ricos en gracias y dones para una regeneración completa. Perfectos en Obediencia, en Amor y en Santidad.

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Por una infidelidad de la Mujer, el género humano conoció el Pecado, el Dolor y la Muerte. Por la fidelidad de la Madre Santísima, la Virgen Inmaculada, el género humano ha obtenido la regeneración a la Gracia. Y por Ella, el Perdón; la Alegría Pura y la Vida.

Esta Gracia si bien no anula todas las consecuencias del Pecado Original, y que son el Dolor, la Muerte y los estímulos restantes para dar pena, miedo y batalla. Ayuda fuertemente a soportar el dolor presente con la esperanza del Cielo.

Ayuda a afrontar el miedo de morir, con el conocimiento de la Misericordia Divina. Ayuda a rehacer y domar los estímulos, con las ayudas sobrenaturales por los méritos de Cristo y los Sacramentos instituidos por Él.

Adán quedó mutilado de la Gracia y de la Vida sobrenatural, de la Inocencia, Integridad, Inmunidad, Inmortalidad y Ciencia. Y como cabeza de toda la Familia Humana, ha trasmitido su penosa herencia a todos sus descendientes.

Pero la Humanidad ha sido más afortunada. Por medio de Jesús-Salvador-Redentor, ha obtenido la curación.

Más todavía, la ‘recreación’ en la Gracia: la vida del alma. Y por los sacramentos por Él instituidos, las virtudes que éstos infunden.

Los dones del Espíritu Santo han obtenido también los medios para crecer siempre más en perfección, hasta alcanzar el culmen con la ‘supercreación’ que es la santidad.

Pero ni siquiera el sacrificio del Hombre-Dios que ha restituido la capacidad de amar, conocer y servir a Dios en esta vida y poseerlo con júbilo en la otra. Ha cancelado las cicatrices de las grandes heridas que el hombre se infirió voluntariamente.

Y especialmente de la Triple Concupiscencia que está siempre pronta a rehacerse llaga, si el espíritu no vigila teniendo sujetas las malas pasiones.

El hombre regenerado hijo de Dios por medio de Jesús, conoce esto que Adán no conocía. Conoce a cual inmensidad llega el Amor del Padre, que da a su Unigénito para cancelar con su Sangre, el decreto de condena de la Humanidad decaída por su Progenitor.

Nada de cuanto hay en la Creación debe estar privado de incentivos o de consecuencias buenas.

El mundo odió a Jesús sin motivo alguno. Cuando pensó destruirlo, hizo que el hombre regresara a Dios. La aparente victoria de Satanás, fue su verdadera derrota.

EL PRIMOGÉNITO

Jesús es el ‘Primogénito entre los muertos’ siguiendo el orden divino y humano.

Primogénito siguiendo el orden humano, porque Hijo por parte de Madre de Adán, que nació como debieron nacer todos los hijos de los creados por Dios: con procreación privada de Lujuria y de Dolor.

Por eso se le llama Hijo del Hombre, pues Él fue por línea humana el Hijo Primogénito (vivo en la Gracia) de Adán.

Primogénito del Padre siguiendo el orden divino, porque es el Hijo del Padre Celestial. Generado por Él y NO CREADO por Él. Generar quiere decir producir una vida. Crear quiere decir formar. El artista puede crear una obra; pero solo un padre y una madre, pueden generar una vida.

Nada impedía al Verbo de Dios aparecer entre los hombres, materializando su espíritu como un hombre adulto y amaestrar en la perfección de la Ley, repitiendo un prodigio que ya había realizado antes. (Génesis 18, 1-3)

Pero para la Justicia era necesario un Sacrificio.

Y Él quiso volverse un pequeño germen que madura en un seno de mujer. Y después, un pequeñín que llora y se amamanta para vivir. Pasando por todas las etapas de la vida: niño, adolescente, joven, hombre, al igual que cualquier nacido de mujer.

Y en el nacer y en el morir, fue igual a todos los hombres. Él, Dios; no quiso ser diferente de nosotros, puesto que por amor quiso convertirse en Hombre.

ADVIENTO ECOGRAFIA

Las únicas diferencias estuvieron en su Perfección Humana y Espiritual, porque Él quiso conservarlas tales. Y en su Pasión que completó de manera tremenda: en el cuerpo, en la mente, en el corazón y en el espíritu, como ninguna criatura lo padeció.

Y Él para Sí lo quiso, aun siendo el Eterno Inocente, que ningún castigo merecía. Jesucristo amó tanto al hombre, hasta el extremo de odiarse a Sí Mismo y derramó toda su Sangre por nosotros.

Y para salvar al hombre, tomó un alma y descendió del Cielo, al seno de la Inmaculada.

El amor materno cuando es justo, es el amor más completo, más perfecto. El más alto de los amores de la Tierra. Para María no era solamente el amor de la madre que ama a la criatura que se forma en ella y que es el fruto del amor de dos criaturas.

María amaba a Dios en su Hijo, que había venido a Ella para hacerse Hombre en su carne. Miraba su vientre inviolado y veía que era la Custodia Viviente de Dios Vivo en Ella.

Sentía palpitar el otro corazón y sabía que era el Corazón de Dios, hecho Carne.

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El Corazón de Jesús fue formado por el Espíritu Santo, generador de la Humanidad Santísima del Verbo: Dios conteniéndose a Sí Mismo, en la Perfección de la Perfección de Jesucristo.

El Corazón de Jesucristo formado por los Fuegos de la Caridad y los Lirios de la Purísima, testimonio del sublime aniquilamiento del Verbo, para que se perfeccione a Sí Mismo como Hombre, en la Caridad. ¿Habrá un Trono, un Altar, un Templo, más sagrado y más suyo que éste? Definitivamente, NO.

Él vino para perfeccionar la Ley y volverla clara con sus enseñanzas y practicable con su ejemplo. Él vino y tanto ha amado el Bien y rechazado el Mal, que aceptó morir para que el Bien triunfase en el mundo y en los corazones.

Y el Mal fuese vencido por la Sangre Divina.

Y con su sacrificio y su Redención obtuvo que los santos que NO REHÚSAN SEGUIRLO por el Camino de la Cruz, compartan con Él, la Gloria de la Resurrección. El Apóstol Juan fue el primero en comprender lo que había en el Corazón de Jesús.

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Todos los santos son frutos de ese Corazón, del amor por ese Corazón. A los que no se separan de Él, Él los lleva al Cielo como una parte de Sí Mismo.

Jesús con su Muerte destruyó nuestra muerte y nuestras culpas las anuló con su Sangre. Él nos ha rescatado del Mal. Él lo ha dejado impotente para perjudicarnos en la vida futura, clavando nuestros males en la Cruz y filtrando nuestro espíritu a través de Él, para darnos la sanidad.

Y a cada alma en particular deificarla. Y al alcanzar la perfección, compartir con ella la gloria de la Resurrección. 

Y la dulce voz de Jesús nos dice:

“Venid, mis brazos están abiertos. Sobre la Cruz me dolía el tenerlos clavados solamente porque no podía estrecharlos en torno a vosotros y bendecirlos. Pero ahora soy libre de atraerlos a mi Corazón. Mi boca tiene besos de Perdón y mi corazón tiene tesoros de Amor.

Dejad las riquezas injustas y venid a Mí, Riqueza Verdadera. Dejad los goces indignos y venid a Mí, Gozo Verdadero. ¡Cómo os sentiréis alegres, de una espiritual felicidad, si confiáis en Mí! Yo soy el Dios de la Paz. De Mí brotan todas las gracias.

Todo dolor en Mí se calma. Todo peso se vuelve ligero. Todos vuestros actos cumplidos en mi Nombre, se revisten de mi Belleza. Yo puedo daros todo si venís a mi Corazón y no de manera humana, sino sobrehumana, eterna, inefablemente dulce. No les digo que no conoceréis el Dolor. Lo he conocido Yo que Soy Dios. Pero les digo su dolor se volverá suave si lo sufres sobre mi Corazón…

Venid, dejad aquello que muere. Aquello que hace daño. Aquello que quiere el Mal. Venid a Mí que os amo. A Mí que sé dar las cosas que no perjudican y no mueren. Ayudadme con vuestra voluntad. La quiero para actuar no porque Yo la necesite. Sino porque es necesaria para vosotros, para merecer el Reino.

Venid. Ayudadme a rechazar al Infierno en el Infierno y a abriros el Cielo.

Yo comencé a consumar mi Sacrificio para vencer a Satanás, al Mundo y a la Carne, a partir del primer acto de mi Voluntad contra las voces de la carne, del mundo y de su Rey Tenebroso.

Morí a Mí Mismo para haceros vivir con mi ejemplo y morí sobre la Cruz para daros la Vida. Destinado a ser vuestro Pontífice Misericordioso, debía por experiencia propia conocer a la perfección las luchas del hombre y permanecer fiel delante de Dios a fin de enseñaros a permanecer fieles.

Recordadlo: YO TE AMO TAL COMO ERES EN ESTE MOMENTO…”

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA  

P140 LA LOCURA INAUDITA


PADRE TRINIDADsabaothMayo 26 de 2016

No desperdiciéis ni un segundo, los Acontecimientos pronto llegarán

Bendecid, hijitos Míos, Mi Santo Nombre. Bendecid Mi Presencia en vosotros. Bendecid todo lo que os rodea, porque Yo os lo he dado. Bendecid aquello que veis y aquello que no veis. Bendecid los espacios, bendecid los planetas, Bendecid la vegetación, Bendecid aquello que está bajo las aguas, que vive; aquello que está en los aires, que vive también.

Gozad Mis pequeños, la Creación. Gozad aquello que todavía no conocéis, pero que pronto veréis y conoceréis. Gozad Mi Presencia en vosotros. Gozad Mi Conocimiento en vosotros. Gozad Mi Sabiduría Santa y Divina. Gozad a Mi Hija, la Siempre Virgen María. Gozad la Presencia de Mi Hijo y lo que hizo por vosotros. Gozad Mi Santo Espíritu que os Enseña y os prepara para el gran momento de la Unión.

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GozadMe Mis pequeños, porque Soy vuestro Dios, que Soy todo Amor. Y porque vosotros habéis sido creados para vivir en el Amor y eso es vivir en Mí, para Mí, por Mí. Gozad Mis pequeños, todo lo que habéis vivido, gozad lo que viviréis todavía.

¡Cuánto Amor, Mis pequeños! ¡Cuánto Amor os doy, que hasta os envuelvo en Mi Amor! Preparad vuestra alma Mis pequeños, para que Mi Amor esté en vosotros ya desde ahora. Para que Mi Amor encienda vuestro corazón. Que ése Fuego Divino vaya quemando todo aquello que no Me pertenece y que está en vosotros.

Habéis sido llamados por Mí vuestro Dios, para vivirMe y gozarMe eternamente. Gozad el que Yo os haya escogido. Gozad ya desde ahora los momentos sublimes del Encuentro. Gozad Mi Vida, lo que os he dado y lo que vendrá, que será todavía superior.

CIELO ALMAS -purgatorio

Gozad, gozad Mis pequeños, lo que aún no conocéis. Porque de Mí, sólo pueden venir grandes sorpresas, grandes regalos porque Soy Omnipotente. Siempre aumentaré vuestro gozo, porque Soy así con las almas: las amo, las consiento y sobre todo, cuando responden a Mi Amor y Me aman más.

Más consiento más a ésas almas que saben reconocerMe como su Dios y Creador y que saben gozar Mi Amor en todos los momentos de su existencia, aún en los momentos difíciles.

Mi Amor está en vosotros cuidándoos, guiándoos, protegiéndoos. En ningún momento Mi Amor se separa de vosotros. Sois Míos, Yo busco a los Míos, os persigo hasta que os alcanzo y os lleno de Mi Amor.

almas predestinadas

Gracias Mis pequeños, por amarme. Gracias Mis pequeños, por buscarme. Gracias Mis pequeños, por confiar en Mí, vuestro Dios.

Mis pequeños, todos estos años de preparación han sido principalmente, para sensibilizar vuestro corazón.

Satanás, aprovechando todo lo que os rodea a la gran mayoría de vosotros y de todos vuestros hermanos, os ha causado endurecimiento de corazón. Y os ha llevado a que ya no os tratéis como verdaderos hermanos. Que no os tratéis con cariño, con amor, con respeto, buscando el Bien de vuestros hermanos.

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En estos tiempos, os tratáis como enemigos. No veis por el hermano, le teméis; porque sabéis que sus corazones han cambiado.

A vosotros os tomé, os cuidé, os instruí y cambió vuestro corazón. Vuestro corazón no debe ser ya como cualquiera de los de vuestros hermanos. Tiene que estar ya sensibilizado para que los cuidéis a ellos, como Yo vuestro Dios, os cuido a vosotros.

Cuando veis, ahora a un hermano en necesidad o atacado, sufriente, enfermo, ya no pasáis de largo. Quizá no podáis hacer mucho por él, pero vuestro corazón se mueve en compasión para pedir por sus necesidades. Y quizá una palabrita de aliento le diréis, para que se sienta mejor.

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Os he ido moviendo en vuestro ser, para que empecéis a vivir lo que se vive en el Reino de los Cielos, que es la hermandad Celestial. Que os tratéis como verdaderos hijos Míos, como hermanos, como debéis ser, ya desde ahora.

Tenéis vuestra Familia en el Reino de los Cielos, os lo he dicho. El Amor en el Reino de los Cielos, es un Amor total; no hay reservas, es donación de unos para con los otros, es crecimiento. De lo que tenéis unos lo compartís con los otros y así os vais mejorando, vais creciendo en todos sentidos.

 Porque como os dije, Mi Vida es como la savia de las plantas, os doy vida y ésa vida se va difundiendo hacia unos y hacia otros. Y vosotros, en el Reino de los Cielos, no podéis detener el correr de ésa Savia Divina.

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Por eso os he ido preparando, para que ésa Sabia Divina ya os haya empezado a mover… Y vosotros la podáis transmitir a vuestros hermanos, para irlos preparando a regresar al Reino de los Cielos.

Como os he dicho, no todos vuestros hermanos aquí en la Tierra, se condenarán… Pero no todos sirven como semillero para los Nuevos Tiempos. Sobre ésas almas quiero que trabajéis, quiero que les transmitáis Mi Vida, directa o indirectamente. Y esto es, a través de vuestras oraciones, vuestra intercesión, que es vida también.

“Amaos los unos a los otros”, os pidió Mi Hijo. Ahora, no los conocéis; pero sabéis que existen y que necesitan de Mi Ayuda… Pero muchos de ellos no saben ni siquiera orar, ni dirigirse a Mí y por eso estáis vosotros ya preparados, instruidos; para que Me traigáis a ésas almas de regreso.

INTERCESION

No quiero que llegue la Purificación y que ésas almas no estén protegidas por Mi Gracia, que la obtendrán por vuestra Oración e Intercesión.

Os he dicho que será como está en las Sagradas Escrituras: el Día del Señor vendrá como el rayo y arrasará a las almas. Y si no están protegidas por vuestra Oración, por vuestra intercesión, ésas almas se perderán.

Esta es vuestra Misión más importante en estos momentos:

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 Proteger a las almas que no Me conocen, que no están preparadas para el Bien morir. 

No desperdiciéis ni un segundo, Mis pequeños. El Tiempo ya está sobre vosotros. 

LOS ACONTECIMIENTOS PRONTO LLEGARÁN… 

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En menos tiempo de lo que os imagináis.

Preparaos vosotros mismos. Y preparaos espiritualmente con la ayuda de Mi Santo Espíritu, para que salvéis a vuestros hermanos con vuestra Oración, con vuestra donación, con vuestros buenos deseos; como os he ido preparando y que debéis estar poniendo en práctica ya.

Estos momentos que vais a vivir Mis pequeños, serán un Parte-aguas en la Historia de la humanidad: pero sobre todo, de la Cristiandad.

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Cuando llega Mi Hijo, como Parte-aguas, quedó marcado en la Historia: el antes de Cristo y después de Cristo. Estos momentos serán otro Parte-aguas, os he anunciado antes.

Ya os tocó vivirlo y debéis agradecerlo, porque veréis grandes cosas. Viviréis lo que no os imagináis. Como los mismos judíos, de aquél tiempo: vivieron y no se imaginaron que iban a vivir con la Presencia de Mi Hijo.

Vivieron Su Nacimiento, Su crecimiento, Su Donación, Su Muerte y Resurrección. 

viacrucis animado

Vosotros veréis caer al Mal. Veréis cómo será aplastado Satanás por Mi Hija, La Siempre Virgen María.

La Sencilla, La Pura, La Santa e Inmaculada, La Pequeña, La Obediente, La Hermosa, La Santa Hija de Dios. Fuerte en los momentos de la Prueba y ahora…

LA TRIUNFADORA…

reina paz

 Porque VENCERÁ a las Fuerzas Malignas. Y vosotros, triunfantes también, con Ella.

Se esperan grandes momentos para vosotros. Los escogidos, gozaréis estos momentos de Historia, donde veréis caer como os dije, la Maldad de Satanás y veréis revivir en pleno, Mi Amor, Mi Bondad  hacia todos vosotros, los que quedéis.

Un nuevo Amanecer tendréis… EL NUEVO AMANECER DE LA HUMANIDAD, de las almas escogidas.

Jesus amanecer

La Tribulación pasará y como un viento fortísimo, se llevará todo lo que no será purificado; para darle lugar al Nuevo Mundo, purificado para las almas escogidas.

Veréis estos grandes Milagros, como vio grandes Milagros el pueblo que salió de Egipto.

Mi Presencia en la Historia, siempre ha sido fortísima cuando os quiero mostrar Mis Potencias Divinas. El pueblo judío había sido escogido para vivir grandes momentos y que fueran ejemplo para todas las generaciones. A pesar de vivir ésos portentos Divinos, Satanás se metió en su mente y en su corazón y no Me dieron Mi lugar.  

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DIVISIÓN Y PASO DEL MAR ROJO

Mi Hijo lo padeció en Su Presencia Viva entre vosotros. Lo padeció en Su Cuerpo, lo padeció en Su Corazón…

¡SER DIOS! ¡SER EL CREADOR! ¡SER MI HIJO!…

Y

¡SER RECHAZADO POR LOS HOMBRES!

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¡ESTE ES MI HIJO… !

¡Cuánta ceguera! ¡Cuánta maldad puede guardar el hombre en su corazón!

¡A tal grado de despreciar a su Dios, aún teniéndolo frente a él!  

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Vosotros Me tenéis en vuestro corazón. Ciertamente Me defendéis, porque ya habéis sido preparados por Mi Amor. Pero aún en estos tiempos, hay muchos hermanos vuestros que Me desprecian. Desprecian Mis Palabras, Mi Sabiduría, Mi Amor, Mis Cuidados Divinos.

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Vosotros, los que Me amáis…

 ¡PEDIDME!…  Un corazón más grande. Un amor inmenso…

 Para que Me deis, lo que vuestros hermanos que no Me aman, no Me dan. 

TeAdoro eucaristia

Reparad por aquellos que Me desprecian, que Me blasfeman, que Me quieren sacar de su corazón.

Reparad, porque Satanás se introdujo en ellos y Me hace ver ante ellos como un ser repulsivo, como él realmente es y que Yo no lo Soy.

Os he creado en la perfección y para que produzcáis obras perfectas… Pero no respondéis la gran mayoría de vosotros… Por eso, serán eliminadas tantas almas, porque no aprendieron a responder con amor a Mi Amor.

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Reparad por el tiempo perdido de vuestra vida, cuando estabais alejados de Mí. O cuando pecabais gravemente y no era Yo el Dueño de vuestro corazón; sino que en ésos momentos, era Satanás el dueño de vuestro corazón.

Llorad vuestros pecados. PedidLe a Mi Santo Espíritu que os dé ésa Gracia… De llorar vuestros pecados desde lo más profundo de vuestro corazón.

Y de esta forma, se vaya purificando vuestro corazón perfectamente junto con vuestro pasado, el pasado de vuestra vida que no Me perteneció. 

EL TIEMPO

Cuando os deis plena cuenta del Daño que Le hicisteis a Mi Corazón cuando pecabais o cuando os alejasteis de Mí y no Me procurabais… Cuando vivisteis para Satanás y no queríais vivir en la perfección del Amor…  Reparad. Reparad, reparad y Yo en Mi Misericordia Infinita, os acercaré a Mi Corazón… 

 Vuestro corazón estará llorando vuestros pecados pasados…. Y Yo enjugaré vuestras lágrimas… Y así, purificados quedaréis para el Nuevo Mundo que os Daré.

Es una Gracia muy grande que os concedo a vosotros, los que Me amáis de corazón, el poder llorar vuestros pecados. 

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Os haré recordar cómo Me dañasteis, pero os Perdonaré. Porque os amo y no recordaré nunca más cómo Me dañasteis…. 

 Sino gozaré la alegría que viviréis cuando os lleve a vivir los Nuevos Cielos y las Nuevas Tierras. Cuando os vea gozar en un éxtasis de amor… Y ésa Nueva Vida en la que viviréis cuando os vea correr, gritar de alegría, como niños. Alegraréis Mi Corazón y el pasado quedará olvidado…

 Tanto para Mí, como para vosotros. Gozo ya ésos momentos, en que os veré nuevamente como niños… Niños sencillos, alegres, viviendo cubiertos de Mi Amor, llenos de vivacidad. ¡Cuánta alegría Me dais Mis pequeños, cuando os comportáis como verdaderos hijos Míos! ¡Os amo! ¡Os amo, Mis pequeños!…  

Padre-Nuestro

Vivid alegres, contentos Conmigo… Por lo que os doy y que os daré eternamente. DadMe todo vuestro ser. ¡Cuánta alegría Me dais, cuando vivís para Mí!

El Universo entero quedará Purificado, porque es Mi Creación. Porque así lo dicen las Escrituras: “Toda la Creación quedó afectada por el Pecado Original”…   Y toda la Creación es todo aquello visible e invisible todavía, para vuestros ojos y para vuestras capacidades de entendimiento.

La Creación incluye Muchos Mundos… Todo ése Conocimiento se perdió por el Pecado Original…

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Yo les había dado a vuestros Primeros Padres el Conocimiento Infuso…  El Conocimiento de todo lo Creado. El Conocimiento de todo lo visible e invisible… Yo no escondí nada de lo que Creé y que vuestros Padres conocieron.

La vida, está en todo lo Creado. Vosotros no conocéis todavía, la Vida que tiene toda la Creación.

Habláis de objetos inanimados y esto no es así, Mis pequeños. Aún aquello que vosotros creéis inanimado, Tiene Vida, pero es diferente a lo que vuestras capacidades disminuidas por el Pecado Original, pueden comprender. Por eso, este renacer de vida que se os dará.

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Cuando todo sea purificado, será como un velo que se os quite de vuestros ojos y de vuestras capacidades intelectivas. Conoceréis lo que Yo creé para consentiros. Vosotros, descendientes de vuestros Primeros Padres, Adán y Eva; empezaréis en esta Nueva Generación a gozar; poco a poco, de todo lo Creado en el Universo entero.

Por eso, tendréis que ser transfigurados. Como os he dicho: para que podáis ir en cuerpo y alma, a lugares que para estos momentos de vuestra historia y de vuestras capacidades, son imposibles de alcanzar.

Entenderéis infinidad de cosas que ahora están veladas para vuestra inteligencia. Mi Sabiduría Divina os irá enseñando y reeducando, como cuando un alma vive en Mí y para Mí….

VIAJES EN EL TIEMPO

 Yo le voy compartiendo de Mi Sabiduría Divina y las almas empiezan a gozar infinitamente cuando empiezan a conocer lo que en estos momentos, no conocéis ni comprendéis. Nuevos colores, nuevos sonidos, nuevas texturas. Soy vuestro Dios y Yo puedo Crear infinidad de cosas, que ahora vuestras capacidades, no pueden comprender.

Entended Mis pequeños, que os quiero consentir… Que quiero que gocéis de la Creación, como la gozaron vuestros Primeros Padres.

Ciertamente, no conoceréis toda la Creación de Lleno… Pero iréis avanzando de acuerdo al Amor que Me deis, a vuestros agradecimientos y al deseo profundo de vuestro corazón de servirMe en el Amor, como hijos Míos que sois.

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Dejaos mover por Mi Gracia y os daré de regreso, dones inmensos que gozaréis…

 ¡Tengo tanto que daros, que ardo en deseos que termine ya ésta Purificación, para empezar a consentiros!

Soy un Dios de Amor, que ama inmensamente a Sus creaturas.  

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Os he dicho que todavía no comprendéis verdaderamente, Mi Amor. Y que hasta podríais creer que es exagerado Mi Amor…

Pero, cuando empecéis a gozarlo… Entenderéis lo que es Mi Amor para con vosotros, Mis creaturas.

Mi Amor no es una exageración, así es Mi Amor de Grande, Omnipotente, Inmenso, Inconmensurable…. Y lo doy a quienes amo que sois vosotros, los que respondéis a las bellezas de Mi Amor. Simplemente dejaos consentir, porque os amo.

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Yo os Bendigo, Mis pequeños. Os llevo en Mi Corazón. Amaos los unos a los otros, os lo pidió Mi Hijo. Bendecid estos momentos en vuestra vida y agradecedMelos…

Son momentos de Gloria. Os amo, os amo, Mis pequeños. Y dejadMe ser vuestro Dios en vuestra vida, en total libertad. Os amo, Mis pequeños…

Gracias y os bendigo en Mi Santo Nombre y en Mi Santísima Trinidad…

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N130 PUEBLO DE PROFETAS


cristo reyHijitos Míos Soy Jesucristo, vuestro Salvador. Yo he abierto Mis Carnes por vosotros. He donado Mi Corazón. Di hasta la última gota de Mi Sangre por vosotros. Me di por completo para que pudierais tener paso a la Gloria.

Mis pequeños, Me duele mucho el pecado del hombre, pero más el abandono en el que Me tenéis.

Mientras estuve sobre la Tierra, cada segundo era para vosotros, para vuestra salvación, para vuestra vida, para la misión de cada uno de vosotros. Mi Oración no cesaba de día y noche, Mi donación era completa por vosotros, Mi Vida, desde antes de venir, ya estaba donada a Mi Padre por vosotros. 

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Os conozco perfectamente a cada uno de vosotros, a cada uno de vuestros hermanos en todos los tiempos. Ya estabais en Mi Pensamiento, ya estabais en Mi Corazón en todo momento. Sabiendo Yo las necesidades del hombre, vuestras imperfecciones, vuestra pequeñez, vuestro pecado; Me donaba en cada segundo de Mi Vida por vuestra salvación.

 Pero sobre todo, para que regresarais a Mí. Que rompierais ése vínculo maligno en el cual vuestros Primeros Padres se introdujeron, al negar la Divina Voluntad de Mi Padre en su vida.

Ellos se alejaron de Él, no quisieron obedecerle más. Prefirieron otros caminos, creyéndose autosuficientes… Y cometieron el Gran Error de romper ésa relación Divina y cayeron.

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Vosotros estáis padeciendo ése error humano y debéis regresar a ésa unión Divina con Mi Padre y para eso fui enviado, Mis pequeños, para que aprendierais cómo hacerlo. Os he dejado Mis Enseñanzas, las tenéis al alcance de vuestra mano. Pero solamente debéis poner vuestra voluntad en buscar y en hacer lo que os he dejado con amor y con mucho gusto, no obligados.

Debéis poner vuestro empeño en apartaros de todo aquello que rompe el vínculo Divino con vuestro Dios.

Yo he venido a ayudaros a que os acerquéis a Mi Padre, que es vuestro Padre. Pero tenéis que poner todo vuestro empeño para apartar de vuestra vida todo aquello que daña ése acercamiento del hombre para con su Padre, que es vuestro Dios. No os podéis acercar a Él con vuestras vestiduras rotas y sucias, que así es como os deja el pecado.

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Cuando ponéis de vuestra parte para luchar contra vuestro propio “yo”, que es vuestra propia maldad, negligencia, cobardía, flojera y tantos otros vicios y maldades que tenéis, a los cuales tenéis que eliminar de vuestra vida; cuando empezáis a hacerlo y Me pedís ayuda para que lo logréis, ahí estaré Yo, vuestro Hermano y vuestro Salvador.

Ciertamente no podéis solos en ésta tarea tan fuerte que es la de eliminar lo malo de vuestra vida, porque Satanás continuamente os está acechando y quiere vuestra destrucción eterna. Cuando ve un alma que trata de buscar la Luz, seguirla y no dejarla, los ataques son más fuertes. Y por eso es que debéis pedir la perseverancia, Virtud grande para aquellos que buscan la perfección.

No debéis claudicar en el camino, aún a pesar de los ataques de Satanás, que se verán acentuados cuando tratéis de buscar ésa Luz que os asegurará vuestro futuro Divino y el de muchos de vuestros hermanos. Estáis llamados a la Divinidad en el Reino de los Cielos.

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No sois Divinos, estáis buscando la Divinidad que os santificará. Estáis Conmigo, tenéis Mi Vida, tenéis Mi Ejemplo, tenéis Mi Fuerza para vencer los ataques de Satanás. No os apartéis de Mí, no os apartéis de Mi Madre, éstos son los momentos del Triunfo de los Sagrados Corazones, de la Verdadera Vida que se va a dar sobre la Tierra.

Es el Amor de Mi Madre que tanto ha intercedido por vosotros, que ha detenido Mi Mano Justiciera para que no caiga ya sobre vosotros. Ella ha detenido el tiempo de la Gran Prueba, agradecédselo, pero no puede pasar más.

Es breve ya el tiempo en que Mi Mano Justiciera caerá sobre la Tierra, pero vosotros, los que estáis Conmigo, que ya habéis logrado vencer en vosotros la maldad satánica, seréis protegidos. Eso tenedlo por seguro, no se puede dejar de tomar en cuenta tanta lucha que hicisteis en lo particular, para salir adelante…

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 Y además para ayudar a tantos hermanos vuestros que están en el Mal y que les ayudasteis con vuestra oración, con vuestra donación, sacrificios y penitencias, como Yo Mismo las llevé a cabo para ayudaros a vosotros en vuestra salvación.

Yo os lo dije, el que quiera venir en pos de Mí, que tome su cruz y tendrá que padecer lo mismo que Yo, vuestro Maestro, padecí por vosotros.

Ahora estáis ayudando a vuestros hermanos y estaréis sufriendo lo mismo, ciertamente en menor grado de lo que Yo sufrí, pero también tendréis el Gozo de regresar al Padre, a vuestro Padre, a vuestro Dios y Creador… Y ése será vuestro regalo y Me lo agradeceréis Mis pequeños, porque tomasteis Mis enseñanzas y las hicisteis vuestras.

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Venid pues y caminaremos juntos. No estáis solos, no estáis abandonados, tenéis la protección del Cielo en estos momentos fuertes de Tribulación. Haced lo que tenéis qué hacer, como Yo lo hice por vosotros.

 Yo, vuestro Hermano Jesucristo, estoy con vosotros. Vosotros sabéis Mis pequeños porque os lo he explicado, que fue el grupo de los fariseos y escribas, los que urdieron todo este plan para destruirme; porque venía Yo a señalarlos, venía a castigarlos, venía a mostrarles su pecado y su maldad ante su propio pueblo.

Pero lejos de arrepentirse, su soberbia creció y con ello, su maldad hacia Mí, vuestro Dios. El Mesías, que venía a Su pueblo, el Hijo de Dios entre los hombres.

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No supieron apreciar Mi Presencia entre ellos y esto, ¿Por qué, Mis pequeños? Porque ya no había vida espiritual en su corazón, en sus pensamientos. Su carnalidad y su materialidad habían crecido a tal grado, que no había cabida de lo espiritual en ellos. Todo era dinero, pasión, desorden, vicio…

 Su vida era un caos y lo podéis constatar en las Escrituras, cómo se aprovechaban de su mismo pueblo en lo económico, con las doncellas, con el robo descarado contra su mismo pueblo; amparados, según ellos con las Escrituras.

Ahora es el tiempo en que tendrán que reconocer la Maldad que causaron, porque si hubieran aceptado Mi Presencia en la Tierra como Mesías, Me hubieran apoyado.

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Si su corazón se hubiera humillado y hubieran aprovechado Mis Enseñanzas, ellos las estarían difundiendo con un gozo grande del Cielo; porque sería realmente ése pueblo escogido, Pueblo de Profetas, pueblo transmisor de Mis Verdades y de Mi Amor…

 Pero negaron todo ello y trataron de destruir Mi Obra.

Este será el tiempo de su derrota, Me verán de frente, conocerán su Pecado y su Maldad.

AVISO

No querrán verMe, porque saben que Soy el Hijo de Dios.

Momentos graves se acercan para aquellos que se han mantenido así traicionándoMe, atacando lo Mío. Atacando Mi Amor entre los pueblos y en el corazón de los hombres. Su Maldad les traerá su castigo, si no se arrepienten a tiempo. Su maldad ha afectado a todos los pueblos de la Tierra y esto ya no puede seguir así. Se han aliado a Satanás y también él tendrá otro castigo frente a los hombres, nuevamente será humillado ante todos vosotros.

Tiempos duros estáis viviendo, pero tiempos bellos nacerán para todos aquellos que guardan en su corazón ésa Esperanza a Mi Promesa. Y la veréis Mis pequeños, porque habéis orado para ello. La Maldad será borrada de la Tierra, junto con aquellos que no la quieran borrar de su corazón.

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Son Tiempos de Cambio. Tiempos benéficos y tiempos de dolor eterno para los traidores a Mi Palabra y a Mi Amor. No aceptaron las Leyes y Preceptos que se os dieron. Conocerán su error y sus equivocaciones. Sus planes serán frustrados cuando sientan que ya vencieron junto con Satanás.

Cuando sintáis que prácticamente todo está perdido Mis pequeños, estad seguros que el cambio se acerca y vuestras lágrimas serán enjugadas y la sonrisa aparecerá nuevamente en vuestros labios. Será el renacer de la Humanidad, Mi Triunfo sobre la Maldad.

Lo gozaréis vosotros que luchasteis también por él, a través de vuestra oración y de vuestros actos. Os compartiré Mi Alegría, porque sois Mis hermanos y juntos gozaremos las bellezas de este Nuevo Amanecer.

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Por eso os pido no estéis tristes. Os he dicho que vuestra liberación y vuestro triunfo se acerca. Esperadlo con ansia y alegría, porque estaréis junto Conmigo, con vuestro Hermano, vuestro Salvador.

Os amo, Mis pequeños y tomadMe de la Mano. Son los últimos momentos ya, el Gozo está cerca. No os fijéis en el Dolor, apretaos a la Cruz, como Yo Me apreté a la Mía, sabiendo que con esto venía vuestra liberación y vuestra cruz ya la estáis padeciendo. OfrecédMela y gozad ya Conmigo el Triunfo que se acerca, que ya está con vosotros, porque vosotros estáis Conmigo.

Hijitos Míos, os pido que os mantengáis siempre unidos a Mí, Yo he venido a la Tierra para salvaros y Mi Vida sobre la Tierra siempre estuvo unida en Oración a vuestra vida y a vuestra misión.

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Satanás, se ha Liberado porque vosotros ya no le detenéis por la Oración que debiera salir de vuestro corazón, de vuestra vida en la virtud y en el amor. Al estar Liberado Me atacará fuertemente en vosotros y en todo lo que es Mío; así como lo hicieran en ése tiempo en Mi Crucifixión.

Con eso quisieron deshacerse de Mí y luego con  la Persecución contra todos aquellos que seguían Mis Enseñanzas… Pero no pudieron terminar con ellos.

En este tiempo tendréis algo similar. Satanás seguirá atacando Mi Nombre, Mi Presencia en el mundo y en vuestros corazones. Tratará de eliminar hasta Mi Santo Nombre en todos los pueblos de la Tierra.

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Tampoco querrá que se hable de Mi Madre, de Mi Padre ni que busquéis la vida espiritual, con la cual vosotros crecéis hacia Mí. Pero aunque fueron atacados todos aquellos que Me siguieron, que Me buscaban, que estaban convencidos de Mi Divinidad y de Mi Amor…

 Y no pudieron terminar con Mi Presencia en ellos.

En estos tiempos, aunque seáis atacados; tampoco se podrá eliminar Mi Presencia en el corazón de vosotros y de los que estéis Conmigo.

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Yo estaré con vosotros en todo momento, os lo aseguro. Os aconsejaré, os guiaré, os ayudaré a perseverar. Palabras santas y sabias saldrán de vuestros labios, contra aquellos que os ataquen. No levantaréis vuestra mano contra aquellos que os perseguirán y que hasta querrán quitaros la vida.

Vuestra oración y vuestra donación serán vuestras armas grandes contra ellos; porque es el Amor el que hará el cambio mundial, como fue Mi Amor el que hizo el cambio en ése tiempo.

Mi Amor implantado en los corazones, nunca será vencido. El Nuevo Pueblo que surgirá tendrá un gran Poder Divino, porque Yo estaré con ellos y lo que salga de ellos, será lo Mío. Seréis Mis instrumentos de este tiempo y así Venceremos toda la Maldad de Satanás en todo el Mundo. 

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Muchos más son aquellos que Me atacan y que no quieren estar Conmigo. Pocos son los que aceptaron Mi llamado. Pero al estar Conmigo Mi Poder, Mi Omnipotencia vencerá la Maldad de todos los demás.

Un gran cambio se acerca y será benéfico para los que estáis Conmigo y Dolor para los que no han querido entender. Tuvieron su oportunidad y la desperdiciaron. Mucho dolor causaron durante su vida en el mundo… Ahora el Dolor será para ellos Eternamente.

No os alegréis con esto, Mis pequeños, al contrario. Orad por ellos, para que su dolor no sea tan grande eternamente.

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En todo momento quiero Caridad y Amor saliendo de vuestros corazones. No quiero Odio, ni deseos de Maldad. Quiero amor saliendo siempre de vuestros corazones.

Sois Mis hermanos, sois Mi Presencia en este tiempo. Derramad Mi Amor, como si estuvierais viviendo en Mi tiempo.

Hijitos Míos, si se os ha dicho que los que están Conmigo los que Me siguen, los que Me aman hablan de lo que tiene su corazón; ¿Por qué Me falláis, Mis pequeños, cuando más  necesito que habléis para que podáis compartir a ciertos hermanos vuestros, lo que Yo os he enseñado?

LEY DEL AMOR Y EL PERDÓN

LEY DEL AMOR Y EL PERDÓN

Mis apóstoles iban y enseñaban a todos. Yo Mismo enseñaba a todos, no importando su situación económica-social… Yo vine a darMe por todos vosotros, no podéis ser elitistas, Mis pequeños. No podéis solamente dar Mi Palabra y Mi Ejemplo a los que vosotros queréis…

 Debéis llevar a cabo vuestra misión para con todos.  Y ciertamente, a veces es difícil hablar de lo Mío a ciertos hermanos vuestros.

Desgraciadamente en vuestra mentalidad humana, vosotros os imagináis ciertas cosas y eso es lo que hace que vosotros NO  lleguéis a todos vuestros hermanos. Porque creéis que van a reaccionar negativamente, cuando vosotros empecéis a hablarles de Mí…

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 Pero vosotros no os imagináis cuántas almas están tan necesitadas de Mí y vosotros estáis negándoles ésa oportunidad cuando estáis con ellos; creyendo que ellos van a actuar en forma negativa contra vosotros. Y a veces os lleváis tantas sorpresas…  Ya que cuando realmente Me obedecéis y les habláis de Mí y de Mi Amor, ellos tienen un cambio tremendo y os lo agradecen.

 Pero es porque vosotros hicisteis Mi Voluntad y no la vuestra. Vosotros os vencisteis a vosotros mismos, dejando que Yo trabajara a través de vosotros…. Y no que vosotros, por vuestro temor o vuestros pensamientos negativos; no quisisteis trabajar para servirMe, sirviéndoles a ellos.

Si realmente estáis Conmigo, debéis hablar a diestra y siniestra. Llevando Mi Amor y llevando conversión a todos aquellos que Yo os ponga en vuestro camino. 

APOSTOLADO

Sabéis que nada se da por casualidad y que Yo pondré las oportunidades a vuestro alrededor para que vosotros Me sirváis, ayudando a vuestros hermanos a crecer en Mi Amor y en sus necesidades de salvación.

Mis pequeños, no temáis a lo que pueda suceder, Yo estaré con vosotros. NO DUDÉIS en lo que podéis hacer para con vuestros hermanos, que Yo os daré las palabras sabias para mover corazones. Ciertamente puede suceder que un alma que necesitaba oír de Mi Amor, oír de Mi Bien y vosotros no le ayudasteis, quizá se pueda perder; porque vosotros no quisisteis ayudarles, porque no quisisteis vosotros venceros a vosotros mismos.

El vencerse a sí mismo es muy importante, Mis pequeños. Porque cuando vosotros os vencéis a vosotros mismos, ya no estáis actuando bajo vuestra voluntad, Yo entro en vosotros, actúo a través de vosotros. Las palabras que salen de vosotros ya no son las vuestras, sino las Mías…

EL ESPÍRITU DEL SEÑOR ESTÁ SOBRE MÍ...

EL ESPÍRITU DEL SEÑOR ESTÁ SOBRE MÍ…

 Mis Palabras tocarán corazones y vosotros mismos os daréis cuenta de que no eran palabras vuestras, sino Mías.

Y cuando esto suceda Mis pequeños, os debéis alegrar inmensamente; porque es cuando ya os volveréis verdaderos conductos del Cielo. Seréis portavoces Míos y vosotros al igual que ellos gozaréis, porque sentiréis Mi Presencia en vosotros y vuestros hermanos sentirán Mi Presencia en vosotros….

 Y así, todos gozáis con Mi Presencia en todo vuestro ser.

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No limitéis pues Mi Obra, Mis pequeños. Ciertamente sois instrumentos frágiles, pequeños, inseguros de vosotros mismos, impuros también, incapaces en muchas formas; pero cuando Yo actúo, Maravillas se hacen, Mis pequeños…

 Y vosotros lo sabéis, los que ya habéis tenido experiencias Mías, ayudando a vuestros hermanos. Por eso os pido nuevamente, no limitéis Mi Obra a través de vosotros. Sentíos siempre pequeños incapaces, para que sea Mi Fuerza la que entre perfectamente en vosotros….

 Porque si empieza a entrar la Soberbia dentro de vuestro corazón, limitaréis Mi Obra en vosotros. Esto entendedlo muy bien, Mis pequeños. Sed sencillos, para que Mi Poder, Mi Gloria, Mi Amor, Mi Sabiduría Divina; pueda actuar en vosotros y salir a través de vosotros.

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 Soy vuestro Hermano Jesucristo. Yo vine a salvaros, a dejar la Vida que Nuestro Padre Me dio para vosotros, Mi Vida, que debe ser vuestra Vida.

Satanás, en estos momentos de la Humanidad, en estos tiempos de Tribulación; quiere borrar Mi Santo Nombre de todos los corazones, de todas las mentes y lo ha ido haciendo.

 Y vosotros, muchos de vosotros os habéis percatado de ello. Cómo se ha ido introduciendo en la sociedad, en las familias y aún en Mi Iglesia…  Y cómo poco a poco ha ido destruyendo todo lo que viene de Mí y os ha dado otras opciones a seguir, quitandoMe a Mí y haciéndoMe a un lado para que no acudáis a Mí.

RESPETO HUMANO

Vosotros los que estáis Conmigo, si Me amáis, luchad. Luchad contra todo esto, que cada vez más se va volviendo como una ola inmensa y va destruyendo lo bueno que queda en los corazones.

Hay tantos hermanos vuestros que les da vergüenza hablar de Mí o nombrarMe en reuniones sociales. Os da vergüenza que sepan otros que aún asistís a la Santa Misa, que recibís los Sacramentos, que rezáis.

¡Oh!, Mis pequeños, cuánto ha trabajado Satanás para sacarMe del corazón de muchos de vosotros y de vuestros hermanos… Y vosotros no hacéis gran cosa, ni en vuestra familia ni con vuestros amigos ni en la sociedad. Vais dejando que se siga proyectando toda esta Maldad y no la detenéis, cuando menos con vuestra oración.

GOTA DE SANGRE

 Pidiendo que Mi Amor, Mi Sangre Preciosa cubra a aquellas almas que son atacadas…  Y que no les arranque Satanás todas las bellezas que traje para vosotros.  

En las Escrituras se os dice que aquél que Me niegue en la Tierra, también lo negaré en el Cielo y son Palabras difíciles, Mis pequeños; ciertamente son muy duras, pero vosotros no estáis cuidando los bienes de todo un Dios que se dio por vosotros. Ahí se nota que no Me amáis como debierais amarMe, porque no Me estáis defendiendo ante los hombres…

 Y aquél que no Me defienda ante los hombres, Yo no le puedo dar cabida en el Reino de los Cielos, puesto que si no Me estáis amando, ¿Para qué vais a entrar al Reino de los Cielos, donde se Me ama plenamente?

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Cuidad Mi Santo Nombre en vuestro corazón y en el corazón de vuestros hermanos, para que las Puertas del Cielo estén abiertas para vosotros y para todos aquellos por los cuales vosotros oráis o convertís. Tened cuidado Mis pequeños, porque si no hay amor en vuestro corazón, no podréis entrar en el Reino del Amor.

Una de las cosas que más le molesta a Satanás, es Mi Nacimiento. El que Yo haya venido al mundo y el que Yo haya traído la Luz que fuera disipando las Tinieblas que él había sembrado por doquier.

Soy la Luz del Mundo y os vine a enseñar cómo debíais transmitirla también vosotros. Os vine a regalar Mi Luz, para que vosotros también fuerais Luz en las tinieblas que os rodean.

AMOR luz

Por todos lados hay Tinieblas, Mis pequeños, por todos lados hay maldad. Pero Mi Luz, que es Mi Amor, que son Mis Gracias y Bendiciones, pueden acabar fácilmente con la Maldad de Satanás. Él ataca a todos los que están en la Luz.

Pero tarde o temprano la Luz se dará, porque él ya no podrá atacar tanta Luz, que irá quitándole poder. Es por eso Mis pequeños, que os debéis volver Luz en estos tiempos.

Ya os ha ido quitando la devoción y el amor a Mi Santo Nombre, a Mi Santa Presencia entre vosotros. Muchos de vuestros hermanos no han tenido ni lo básico de una educación espiritual, que se les da desde pequeños a todos vosotros. Es una tristeza Mis pequeños que éstos niños y muchos jóvenes o adultos, no hayan tenido una vida espiritual que los fuera protegiendo a lo largo de su vida.

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Las almas necesitan alimento, todas las almas necesitan crecer, como también crece el cuerpo. Vosotros, cubrís vuestro cuerpo para protegeros de las inclemencias, os alimentáis para que estéis sanos, os protegéis de muchas formas contra las enfermedades. Y vuestra alma, ¿Qué recibe, Mis pequeños, si estáis tan alejados de Mí?

¡Tantas y tantas almas que están raquíticas, que están débiles, que no tienen cómo protegerse contra los ataques de Satanás y caen! Caen fácilmente ante los errores que él os pone continuamente.

Ahora imaginad qué pasará con todas las mentiras, falsedades que se vendrán pronto, para querer borrar Mi Santa Presencia y Mi Santo Nombre en todo el mundo. Si no habéis tenido una instrucción espiritual que os proteja, sucumbiréis fácilmente a sus artimañas, a sus mentiras. E iréis por caminos equivocados, que os podrán llevar a la condenación eterna.

infierno real

Vosotros Mis pequeños los que estáis Conmigo,  orad por vuestros hermanos que no tienen ésa protección espiritual. Pero vuestra oración e intercesión, se las dará. Son vuestros hermanos, sois Familia y debéis protegerlos.

Porque si hay amor en vuestro corazón y compasión por éstas almas débiles, debéis cuidarlas, debéis protegerlas, debéis reforzarlas, para que no caigan en manos del Enemigo. Es tiempo de Caridad y tiempo del Amor que se debe dar en todos los corazones.

Hijitos Míos, la Iglesia sois todos vosotros, Soy vuestro Hermano Jesucristo y Yo la inicié.

la última cena

Os he dado las bases, escogí a Mis apóstoles, la inicié con mucha tribulación. Y a lo largo de los siglos, la tribulación ha seguido; pero también Mi Promesa de que Mi Iglesia, a pesar de todos los ataques de Satanás, iba a prevalecer hasta el Fin del Mundo.

Mi Iglesia son Mis Enseñanzas. Mi Iglesia, es Mi Ejemplo. Mi Iglesia, es el Amor de todo un Dios que se vino a dar en totalidad por el bien de Mi Pueblo y de todas las generaciones futuras.

Mi Iglesia está en vuestro interior, Mis pequeños. Y vosotros si la mantenéis ahí, enseñando a los vuestros lo que Yo os vine a dar, LA IGLESIA SE MANTENDRÁ.

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Mi Iglesia se encuentra aquí en la Tierra y el Príncipe de éste mundo la está atacando, como os ataca a cada uno de vosotros. Todo aquello que sea Mío, que venga de Mí, que produzca vida, que produzca amor, que pueda destruir al reino de Satanás; será atacado por él y por los suyos.

Vosotros deberéis mantener Mi Iglesia. Deberéis seguir transmitiendo lo que Yo os vine a dar y eso os va a asegurar el triunfo que os abrirá las Puertas a vuestra Gloria eterna.

Ciertamente Satanás va comprando a muchos de vuestros hermanos y aún a muchos de Mis consagrados, que en lugar de mantenerse en el camino verdadero, se han dejado llevar también por el Mal. Pero Mi Iglesia se sigue manteniendo también, en el corazón y en la vida de muchos, muchos de Mis consagrados.

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No os dejéis llevar por lo que se dice. Manteneos en oración, ayudando con vuestra oración, con vuestro ejemplo, a que Mi Iglesia siga viva en vosotros y así permanecerá hasta el fin del mundo. Yo voy guiando a Mi Iglesia.

O sea, Yo os voy guiando a cada uno de vosotros que lleváis en vuestro corazón Mis Verdades, Mi Amor y la salvación de las almas. Yo os bendigo, como Padre, como Hermano, como Amor y vida y os dejo Mi Paz y Fé profundas en vuestro corazón.

Yo os amo infinitamente y os bendigo, en el Nombre de Mí Padre Eterno, en Mí Nombre, Vuestro Salvador Glorioso y en el del Amor Derramado y Purificador del Espíritu Santo.

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F26 CRUZ Y CRUCIFIXIÓN


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Hijitos Míos, os voy a hablar hoy sobre la Cruz.

Muchos de Mís hijos y no sólo los de Mí Redil, sino los que viven apartados de él, no les gusta ver Mí Presencia en la Cruz. Prefieren y así lo dicen, recordar al Jesús haciendo milagros… al Jesús Victorioso, al Jesús Niño o al Jesús Vivo entre los hombres. Se espantan de Mí Presencia en la Cruz.

Vuestros Primeros Padres, al aceptar las proposiciones del Enemigo y al ponerse en contra del Amor y Voluntad de Mí Padre; aceptan actuar para él, lo escuchan y caen en el principio del Mal.

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De una sola vez caen hasta el fondo del Pecado. Porque todo lo tuvieron y lo obtenían de la Fuente Preciosa del Amor.

Al aceptar lo que el Maligno les proponía, caen en las tinieblas y a la obscuridad del pecado.

Es a través de ellos que el pecado entra al Mundo. Es a través de ellos que se cierran las Puertas del Cielo. Es a través de ellos que el Mal se posesiona y ataca la Obra de Mí Padre en la Creación.

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Y todas las fuerzas del Bien quedan atadas por las del Mal. El Dolor entra en el Mundo. El sufrimiento y el hambre; las pestes y la guerra, son consecuencia del Pecado Original.

Mí Padre no creó éstos yugos para el hombre y Su Creación. El demonio los impuso sobre los hombres a causa de la Traición que realizaron vuestros primeros Padres a Dios Amor, a Dios Creador.

La maldad se adueñó de lo que era la Obra Santa de Mí Padre. El Pecado había sido gravísimo; fue la aceptación total del Mal, a la negación voluntaria del Bien. ¡Pobres de Mís hijos que habían sido creados para el bien eterno!

Pisando na serpente - Nossa Senhora da Graças

Pero Mí Padre, siempre buscando vuestra salvación y vuestro bien; promete al incipiente género humano en la figura de Adán y Eva, que la salvación y restauración vendrá en un tiempo futuro. Promete también a ellos, que la Serpiente del Mal será aplastada por La Mujer: Mí Madre.

El hombre tiene que pagar su penitencia y así pasan muchos siglos en los que la Mano Amorosa de Mí Padre nunca se apartó de ellos, ni de sus descendientes.

Pero por causa del Pecado y sus consecuencias, ellos mismos las sufrirán en carne propia a través de los siglos y vendrán guerras, hambre, muerte, destrucción, enfermedades y lo peor: injusticias contra los que Mí Padre enviaba para guiarlos en el camino de la Luz y la Verdad.

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Obviamente el que se había adueñado de éste mundo, reconocía en aquéllos profetas, las bondades de Mí Eterno Padre. Y moviendo las voluntades humanas tan apartadas de la virtud, conseguía deshacerse de los enviados del Cielo.

Pero aún así, Sus Palabras a través de Sus Profetas, lograban ir guiando a Su Pueblo por el buen camino.

Por fin llego Yo a la historia del hombre. Mí Presencia Viva anunciada por los Profetas, por fin se realizaba…

MADRE NUESTRA

UNA VIRGEN DARA A LUZ

Y así llegué Yo para guiar Personalmente a Mí Pueblo a la Salvación Eterna.

Pero, ¿Qué sucede?…

Mi Enemigo, percatándose de Mí Presencia sobre la Tierra; consigue deshacerse de Mí a través de convencer a los mismos sacerdotes Míos, a los de Mí Pueblo; a que me claven en una cruz… muerte que se destinaba a los peores criminales de ése tiempo.

9El Mesias

Pero, ¿QUÉ SIGNIFICA EN EL TRANSFONDO ÉSA CRUZ?

Esa cruz, que para los habitantes de ése tiempo significaba la peor muerte, SE VUELVE VIDA PARA TODOS.

Se vuelve nuevamente, Luz en el Camino. Se vuelve Llave Sagrada que abre las Puertas del Cielo.

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SE VUELVE LA DONACIÓN DEL AMOR DE VUESTRO DIOS, PARA LOS HOMBRES,

¿Por qué?… Os preguntaréis. Yo tenía que vencer al Mal con sus mismas armas.

Por él entra la Muerte al mundo y Yo con Mí Resurrección, vuelvo vida ése aparente crimen en la cruz.

Se vuelve símbolo de Vida, al donar toda Mí Sangre para la Salvación del género humano.

JESÚS SANGRE

Porque es gracias a Mí Sangre Preciosa derramada hasta la última gota; que se alcanza la sanación de las almas y de los cuerpos.

Es a través de Mís Sufrimientos atroces, que restauro el sufrimiento infringido en el Paraíso, a Mí Padre Celestial.

Es a través de la Humillación a todo un Dios, que destruyo la soberbia de Mí Enemigo.

Es a través de Mí Pobreza aparente y humana; que destruyo el poder y las riquezas de maldad con las que Mí enemigo había contaminado al Mundo.

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Es a través de Mí Sufrimiento en la Pasión,

EN DONDE TOMO CADA PASO PECADOR DEL HOMBRE SOBRE EL MUNDO

Para ir derramando Mí Sangre gota a gota, sobre ésas huellas del Mal. Y levantando al hombre y restaurando su alma, ante la Presencia de Mí Padre.

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Es en sí, la Cruz la que marca Mí Triunfo sobre las fuerzas del Mal, que se habían posesionado de cuerpos y almas… Y de la Creación de Mí Padre.

Al ser levantado, quedo Yo como el Triunfador sobre todo el mundo y sus pecados.

Es Mí Triunfo Divino, en donde las fuerzas del Mal ya no podrán en lo futuro, tener injerencia sobre los que serán Míos y para el Reino Eterno.

Es a través de Mí Presencia Sufriente en la Cruz, en donde Yo voy a enjugar las lágrimas y sufrimientos de Mís Hijos.

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Es en la Cruz, Fuente de Mí Gracia y de Mí Amor hacia vosotros; a la que se acercarán todos aquellos que desearán en lo futuro unirse a Mí Vida de Salvación, para todos sus hermanos.

Como véis hijitos Míos, Mí Sufrimiento en la Cruz, se vuelve Vida y Alegría para Mí Padre y para vosotros.

No es un Cristo Sufriente, ES UN TRIUNFO ALEGRE.

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Mí Corazón, por fín lograba el anhelo de Mí Padre… Por fin se restauraba el Reino de Dios sobre la Tierra. Por fín podía Vuestro Dios, vivir nuevamente entre vosotros.

Mí Cuerpo sufría un Sufrimiento Divino y Restaurador. Mí Alma y Mí Espíritu os daban nueva Vida en el Amor.

No es la Cruz la representación de Mí fracaso, como así Me quisieran ver Mís enemigos.

Es y debe ser para los Míos, la representación de vuestro triunfo

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del Amor Excelso de Vuestro Dios al darse a Sí Mismo en Mí Presencia Divina para restauraros la Vida Divina que vive en vosotros.

Es Mí Cruz, el símbolo excelso del Amor Donado y Triunfante sobre las fuerzas del Mal.

En resumen: ES MÍ CRUZ, LA PUERTA DE ENTRADA AL PARAÍSO.

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Ved hijos Míos, es Mí Cruz vuestra salvación y el Amor de Mí Padre hacia vosotros. Ved el Triunfo de Vuestro Dios sobre las Fuerzas del Mal; las cuales ya no podrán vencer… JAMÁS.

Unid vuestras vidas, vuestras alegrías y sufrimientos a Mís Alegrías y Sufrimientos que tuve en la Cruz… Y salvemos juntos muchas almas.

Devolvamos vida nueva, a aquellos que han muerto por el pecado y sus pasiones. Devolvamos amor y confianza a aquellos que ven en Mí Cruz, sólo el fin de Mí Presencia sobre la Tierra y no el Principio del Reino Eterno.

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Vivamos unidos a la Alegría de Mí Padre… Porque así con Mí Cruz, le he devuelto a Sus hijos amantísimos, que sóis todos vosotros.

¡Regocíjense Conmigo, con Mí Triunfo y Mí Alegría, en Nuestro Padre Dios!

¡Regocíjense Conmigo, con Mi Abandono a Dios Padre por vuestra Redención!

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La gran mayoría de vosotros os imagináis que La Redención por todo Mi pueblo se realizó solamente en los últimos tres años de Mi Vida Pública, en Mi Vida de enseñanza.

No hijitos Míos,

VUESTRA REDENCIÓN SE LLEVÓ A CABO DESDE MI CONCEPCIÓN EN EL VIENTRE DE MI MADRE: la Santísima Virgen María.

MADRE DE DIOS

Desde ése preciso momento Mi Abandono a Mi Padre fue total.

Yo tenía que crecer como vosotros. Sufrir penas y privaciones como vosotros. Rechazos y dolores como vosotros. Muerte como vosotros.

¿De qué hubiera servido una redención como la que esperaban los Fariseos?

Ellos esperaban a un Juez poderoso, adulto; que llegara a exterminar al pueblo romano, quienes los tenían sojuzgados.

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Mi función hubiera sido sólo de Libertador, usando sólo la fuerza humana y exterminando de la misma forma como todos los pueblos lo hacían y los actuales lo siguen haciendo.

Hubiera pasado a la Historia como el gran libertador del pueblo judío, lo cuál sólo significaba fuerza, poder e inteligencia para la guerra.

¡El Mesías! El Esperado, el Hijo de Dios, tenía que ser como Su Padre ¡Lleno de virtudes¡ Lleno de Gracia, lleno de Amor, lleno de HUMILDAD.

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Acatando la voluntad de Mi Padre, Me humillé. Me hice como vosotros. COMO SOIS VOSOTROS, menos en el pecado. Para que fuera realmente un ejemplo a seguir… ya que de una u otra forma con Mi Ejemplo, vuestras vidas se ven asemejadas a la Mía.

De la otra forma no. Como guerrero y libertador sólo sería ejemplo para unos cuantos, un muy limitado número de hombres, hombres de armas.

Yo crecí en perfecto abandono a Mi Padre, aceptando la “cárcel” de Mi Cuerpo, el cuál no debía mostrar Mi verdadera identidad como Dios.

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Solamente cuando “Me perdí” de la caravana en Mi Niñez y Me encontraron Mis padres, enseñando a los sacerdotes en el Templo; fue la única vez que mostré Mi identidad como Dios, por Mi Sabiduría y por la respuesta que dí a Mis padres al decirles: ‘¿Por qué Me buscaban, acaso no saben que tengo que hacer las cosas de Mi Padre?’

Palabras que no comprendieron de inmediato, pero que después entendieron muy bien. Después de esto se Me ordena una vida normal y oculta, con sus cruces de cada día.

Con las delicias de los Amores que Mi Padre Celestial Me daba todos los días; con la vida de oración continua y profunda que llevaba con El, pidiéndole en todo momento por vuestra salvación y para todos vuestros hermanos de todos los tiempos.

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Yo veía a cada uno de vosotros reflejados en la gente de ése tiempo. No creáis que porque Mi Venida fue hace 2000 años, la condición humana ha cambiado.

No hijitos Míos. Las causas del pecado son las mismas. Lo refinado en el pecar ahora en vuestro tiempo, es peor.

El Demonio ha utilizado las mismas tretas y mentiras para hacer caer al género humano en el pecado, desde que se le quitó la Gracia que tenía… POR SU PECADO. Y SE VOLVIÓ MALO.

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El ya no puede crear formas nuevas para hacer caer al género humano, porque por su pecado ya quedó limitado para siempre.

Les puede dar otra cara, otra presentación; pero la esencia del pecado es la misma. Por eso Yo os levantaba de vuestros pecados, ya desde hace 2000 años.

Mi Abandono al Padre fue siempre total. Y la única vez que Le dije algo diferente; fue cuando en Mi Pasión Dolorosa en el Huerto de los Olivos, Le digo: Si es posible aparte de Mi éste Cáliz, pero no se haga Mi Voluntad sino la Tuya”.

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Yo veía los atroces sufrimientos que iba a pasar, en los tormentos recibidos por los verdugos. Verdugos que eran presa del mismo Demonio y que se Vengaban de su Dios, haciéndolo sufrir como Hombre.

Pero mi Dolor más grande era que Mi Redención que duró 33 años; no los 3 que siempre os imagináis, no iba a servir para muchas almas.

Mi Redención para muchos de Mis hijos, iba a quedar totalmente fuera de los intereses de su vida. El haber venido a la Tierra para salvarlos. O EL NO HABER VENIDO, para ellos les iba a dar igual…

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¡Cuánta ingratitud! Os creéis dioses, cuando apenas sois pequeñas creaturitas, tratando de empezar a caminar. ¡Pobres hijitos Míos!

TREINTA Y TRES AÑOS SUFRÍ POR VOSOTROS.

Y muchos de vosotros os quejáis de los dolores, ofensas, malos tratos y desprecios que se os dan en vuestras vidas; en vuestra misión que tenéis para salvar almas, por las que bajasteis a la Tierra.

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Actualmente vuestra Tierra es un desierto y campo de batalla, en donde el Mal se va posesionando cada vez más de Mi Obra de Creación y de la vida de Amor que Yo puse en cada uno de vosotros. El Malo os quiere destruir porque sois Míos.

Cómo Me quiso destruir a través de los verdugos que Me azotaron y Me rebajaron a piltrafa humana.

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MI FUERZA RESIDE EN LO ESPIRITUAL Y LA VUESTRA, TAMBIÉN.

Podrán destruir el cuerpo, pero no el alma; si realmente estáis Conmigo, como Yo lo estaba con Mi Padre.

De ésta forma vuestro “real cuerpo” que es el alma; resucitará gloriosa después de que hayáis aceptado y llevado a cabo con amor y abandono, vuestra misión.

La misión que a cada uno de vosotros se os designó, para salvar una o millares de almas.

apostolado

No os deis por vencidos, hijitos Míos. El mal se revuelca en Odio por destruir Mi Obra…

Y NO PUEDE NADA, contra aquellos, que permaneciendo en Mí y en Mi Madre; serán la nueva estirpe del Nuevo Pueblo de Dios en la Tierra.

Acercaos a Mí en vuestras tribulaciones y en vuestras cruces. Y sabed que Yo ya antes sufrí por vosotros y conozco vuestro dolor y vuestras debilidades. Y sólo Yo os puedo comprender perfectamente, porque os conozco desde antes de que nacierais.

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Mi Vida de Amor y de abandono se va dando perfectamente en aquellas almas que se confían a Mí. Y que toman de Mí la fuerza necesaria para seguir adelante.

Aún cuando sintáis que vuestras fuerzas os abandonan y queráis apartar vuestra cruz de sufrimiento… Recordad Mi subida al Monte Calvario, cuando Yo llevaba la Cruz a cuestas. Mi debilidad era extrema, puesto que había perdido muchísima sangre por la flagelación.

Estaba en ayunas y no Me habían dejado dormir en toda la noche los verdugos. Porque se la pasaron dañándoMe físicamente en forma brutal, de una u otra forma.

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La fiebre por la infección tan grande ocasionada por las heridas de la flagelación, era muy alta…

Y aún así tomé Mi Cruz… La abracé con cariño ya que por ella, por Mi muerte en ella; YO os iba a poder dar vida a todos vosotros.

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Con esto os quiero dar a entender, Mis hijitos; que no reneguéis a la Cruz que cada uno de vosotros tenéis.

Vuestro sufrimiento se acrecienta según vuestro grado de olvido a Mi Voluntad. A la Voluntad del Padre… Ó se disminuye cuando os abandonáis a Mi Voluntad y tomáis de Mí, Fuerza y Vida Divina para vencer vuestras flaquezas humanas.

TOMANDO LA CRUZ

No os agobiéis más hijitos Míos, en vuestro abandono. En el aceptar Mi Voluntad y en el interceder y ofrecer con amor verdadero vuestros dolores y sufrimientos espirituales, por aquellos que os causan un mal, encontraréis vuestra paz interior.

Porque entonces estaréis verdaderamente actuando como Yo, vuestro Hermano Mayor que os dio la Luz, el Camino a seguir y la vida Eterna… Gracias al aceptar con amor, el Abandono a la Voluntad de Nuestro Padre Dios.

Venid todos a Mí, corderitos Míos. Que Yo os preparo los pastos verdes y reconfortantes de Mi Reino de Paz, que recibiréis por haberos hecho uno Conmigo.

 RECIBIENDO LA CRUZ

Ahora os quiero hablar e instruir, sobre lo que es el vivir la vida en un solo corazón.

Fuisteis creados por el Amor de un solo corazón, el de Mi Padre. Vinisteis para servir a un solo corazón, el de Mi Padre. Vinisteis a traer el amor que se desarrolla en un solo corazón, el de Mi Padre.

La vida que tenéis se la debéis a Mi Padre y así debe ser dada de vuelta. Debéis daros a Él como El continuamente se da a vosotros.

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Yo vine a servirLe. Mi Vida transcurrió en una total entrega y Donación.

Mi Vida se desarrollaba solamente para Sus Intereses y así se lo hice notar a Mis Padres de la Tierra, cuando después de tres días perdido, Me encuentran en el Templo platicando con los ancianos sacerdotes, “Yo vine a hacer las cosas de Mi Padre”. Yo vine a enseñaros lo que El Me indicó que os dijera, aceptando en todo momento Su Voluntad.

Entre Mi Madre Santísima y Yo, se desarrollaba un vínculo misterioso y santo. Ella conocía Mis Intenciones. Ella conocía Mi Misión. Ella apoyaba Mis Decisiones. Ella Me apoyaba en la oración. Su Vida era de continua donación a Su Hijo, a Su Dios.

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Toda Su Vida era donación, oración, sacrificio llevado siempre en lo más íntimo de Su Corazón. Nuestros dos corazones nunca se apartaron de la Voluntad de Nuestro Padre y Creador.

Ella conocía perfectamente lo que yo iba a vivir, a padecer… Y CÓMO IBA A MORIR

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Y conocía también, Mi Gran Triunfo sobre la maldad y la muerte. Y no se separaba de Mí. Éramos dos corazones en uno y el Nuestro, uno en el de Nuestro Padre Dios.

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Tentaciones, las tuvimos y nunca nos separamos de la Voluntad de Mi Padre.

Quise mostraros que Yo podía caminar por el mundo sin caer en sus pasiones, ni en sus pecados, ni en sus distracciones; a veces aparentemente buenas, pero que os separan del vivir la vida en Nuestro Dios.

Yo pedí a Mi Padre por vosotros durante toda Mi Vida, tanto en la oculta como en la pública. Siempre estuvisteis en Mi Pensamiento y en Mi Corazón; porque también así es la forma en la que estáis con Mi Padre, en Su Pensamiento y en Su Amor.

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Yo también Le pedí a Mi Padre por vuestra misión y los acercaba a Su Corazón diciéndoLe: “Padre te pido por ellos, para que seamos uno como Tú y Yo somos Uno”. Yo ya os unía a Su Voluntad y a Su Querer.

Yo ya os estaba dando la fortaleza y las virtudes de antemano para que las tomarais y de ella os alimentarais y así cumplierais, unidos a Nosotros, con vuestra misión de amor y donación que cada uno de vosotros tenéis para con vuestro Padre Celestial.

Vinisteis igual que Yo, a servir y vuestros semejantes, para transmitirles la Vida de Gracia y de Amor que Mi Padre puso en el alma de cada uno de vosotros.

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Sois prolongación del Corazón de Mi Padre, como lo Soy Yo. Sois vida de Amor, porque fuisteis creados por el Amor de Su Corazón.

Vuestra misión es grande, es inmensa, a los Ojos de Mi Padre y Míos. En cada uno de vosotros Yo trato de vivir, cuando así Me lo permitís. Y cuando Me lo permitís, es cuando nos volvemos un solo corazón en Mi Padre.

Porque, si hacéis una sola Voluntad Conmigo, vuestro Salvador; Yo hago un solo Corazón, una sola Voluntad con vosotros. Y como Yo vivo unido perfectamente, al Corazón y a la Voluntad de Mi Padre; por consecuencia os volvéis un solo corazón con Mi Padre.

PADRE CREADOR

Hijitos Míos, ¿Os dais ahora cuenta de la importancia TAN GRANDE que os reviste el de saberos servidores e hijos de Mi Padre?

¿El de saber que vuestra estancia sobre la Tierra es una misión de amor, igual que la Mía y que eso os concede el vivir en un solo corazón y en una sola voluntad con Mi Padre?

¿Ahora os dais cuenta que al vivir así unidos; tendréis derecho al gozo eterno? ¿A un gozo inmenso de gloria, si lográis llevar a cabo y terminar vuestra misión sobre la Tierra de una manera amorosa y santa como Yo la llevé cuando pasé Mi Vida humana entre vosotros?

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La vida en unión. La vida en un solo corazón al servicio del Amor, sólo os va a traer felicidad actual y eterna. Y aunque en la actual, las espinas y las piedras del camino no las vais a poder eliminar…

SÍ, EN CAMBIO, SE VOLVERÁN MÁS LLEVADERAS….

Y aún más, se volverán causa de una mayor santificación al unirlas a Mis Méritos, como os lo he enseñado.

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La vida en un sólo corazón debe significar en vuestras vidas, el buscar primero Mis Intereses de salvación, de propagación de Mis Verdades y de Mi Amor entre todos los vuestros.

La finalidad de ésta Intención Divina es la de restaurar el mundo caído en el pecado. Es la de restaurar la Obra de Amor que Dios Nuestro Padre, creó para dar gozo eterno a Sus hijos, que sóis todos vosotros.

El necesita de vuestra entrega. El necesita de vuestra libre donación para ser tomados como instrumentos entre Sus Divinas Manos…

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Y así a través de cada uno de vosotros, ir reestructurando lo que el Pecado dañó.

SOIS CORREDENTORES CONMIGO…

Sois Vida Divina cuando os dejáis mover por las Intenciones de Mi Padre, para ir restaurando lo perdido en las almas por causa del pecado.

Sois camino de perfección cuando aprendéis a ser ejemplo de amor al permitirMe ser otros Cristos en vosotros mismos.

NO LO DUDES. ¡JESÚS SERÁ TU CIRENEO!

NO LO DUDES. ¡JESÚS SERÁ TU CIRENEO!

Y así, Yo mismo vuelvo a sanar corazones, a resucitar muertos de alma y cuerpo, a dar vida eterna a todos vuestros hermanos a través vuestro; a través de vuestro libre olvido a vuestras humanas intenciones y de la unión de voluntades con vuestro Creador y Redentor.

Daos cuenta que el vivir en la Unión de Corazones va a producir felicidad a vuestro Dios; porque El ahora vivirá el paraíso perdido por vuestros Primeros Padres, en vuestros corazones.

Volverá a hacer en el corazón de cada uno de vosotros, Su Paraíso Terrenal. Y así se podrá tener nuevamente, el Reino de Dios en la Tierra.

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O sea, el Reino de Dios en cada uno de Sus hijos que vivan sobre la Tierra; porque vivirán en una sola Voluntad; sumergidos en las intenciones de un solo Corazón, el de Mi Padre.

Hijitos Míos, que vuestras intenciones ya no sean las vuestras. Que vuestro vivir ya no sea el vuestro. Que vuestro caminar ya no sea el vuestro. Que vuestra entrega a los demás ya no sea la vuestra.

Que vuestra presencia sobre la Tierra ya no sea la vuestra. Que vuestra vida TODA, sea la de Mi Padre en vosotros y así seáis como Yo; vida unida íntimamente en un sólo corazón, en una sola voluntad: “Padre, Te pido que ya todos ellos sean uno, como Tú y Yo somos Uno”.

ESPOSA DEL ESPIRITU SANTO

Os envío a Mi Santo Espíritu, por intercesión y gracia de Mi Madre la Siempre Virgen María. Para que os dé luz. La Luz Verdadera, para guiaros por el camino de las Verdades de Mi Padre y de las que Yo os enseñé, que son las de El.

Sed uno Conmigo, para ser Uno con Mi Padre.

Yo os bendigo en el Nombre Santísimo de Mi Padre, en Mi Santísimo Nombre y en el del Espíritu de Amor y Sabiduría. Que Mi Santa Madre, Corazón Santísimo unido al Mío, en perfecta donación, os atraiga al Mío y os volvamos todos Uno como lo Soy con Mi Padre.

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9.- UN SUEÑO EQUIVOCADO


En un valle entre las montañas de Judea. Por los campos bien labrados se ve la cebada, el centeno y los viñedos. También en las partes más altas, hay bosques de pinos, de abetos y otros árboles de maderas preciosas. Por un camino ondulante llegan a un pequeño poblado, Jesús y tres de sus apóstoles.

Judas dice muy agitado:

–                 Este es el suburbio de Keriot. Te ruego que vengas a mi casa de campo. Mi madre te espera allí. Después vamos a Keriot. ¿Me permites que vaya adelante, Maestro?

Jesús le contesta:

–                 Ve, si quieres.

Judas se va y Simón dice:

–                 Maestro, Judas ha preparado algo grande. Antes lo sospechaba, pero ahora estoy seguro. Tú dices: ‘Espíritu, espíritu, espíritu…’ Pero él no lo entiende así. Jamás te entenderá, pues solo piensa en lo material. O lo hará muy tarde… -corrige finalmente para no disgustar a Jesús.

Jesús da un suspiro y calla.

Llegan a una bella casa que está en medio de un jardín frondoso y muy bien cultivado. Judas sale con una mujer que tiene alrededor de unos cuarenta años. Es muy alta y muy hermosa. Inmediatamente se nota que es de ella, de quién Judas ha heredado su belleza y su cabello castaño oscuro, abundante y ondulado. Sus ojos son iguales y diferentes. Tienen el mismo color gris oscuro; pero los de ella, tienen una mirada suave y más bien triste; mientras que los de Judas, son imperiosos y astutos.

Cuando llegan ante Jesús, ella se postra como una verdadera súbdita y dice:

–                 Te saludo, Rey de Israel. Haz el favor de que tu sierva te dé hospitalidad.

Jesús la mira con amor y dice:

–                 La paz sea contigo, mujer. Y Dios sea contigo y con tu hijo.

Ella contesta con una voz que es más bien un suspiro, que una respuesta:

–                 ¡Oh sí, con mi hijo!…

–                 Levántate madre. También yo tengo una madre y no puedo permitir que me bese los pies. En nombre de mi madre te beso, mujer. Es tu hermana en el amor… -añade enigmáticamente- … y en el destino doloroso de madre de los señalados.

Judas pregunta un poco inquieto:

–                 ¿Qué es lo que quieres decir, Mesías?

Pero Jesús no le responde. Está abrazando cariñosamente a la mujer, a la que ha levantado del suelo y a quién besa en las mejillas. Y luego, de la mano con ella; camina hacia la casa. Entran en una habitación fresca y adornada con festones. Sobre las mesas hay bebidas y frutas frescas. Ella hace una señal a la sierva y ésta trae agua y toallas.

La madre de Judas trata de quitar las sandalias a Jesús, para lavarle los pies llenos de polvo; pero Jesús se opone diciendo:

–                 No, madre. La madre es una criatura muy santa.  Sobre todo cuando es honrada y buena como tú lo eres; para permitir que lo hagas como si fueras una esclava.

Ella voltea y mira fijamente a Judas, con una mirada extraña. Y luego se va.

Mientras tanto Jesús se ha refrescado y cuando está a punto de ponerse las sandalias, la mujer regresa con un par nuevo y dice:

–                 Aquí están éstas, Mesías nuestro. Creo que las hice bien… Tal y como las quería Judas. Él me dijo: ‘Un poco más grandes que las mías, pero igual de anchas’

Jesús mira a Judas con un mudo reproche y pregunta:

–                 ¿Por qué, Judas?

Judas responde:

–         ¿No quieres permitirme que te haga un regalo? ¿Acaso no eres mi Rey y mi Dios?

–                 Sí, Judas. Pero no debías haber molestado tanto a tu madre. Tú sabes como  Soy Yo…

–                 Lo sé. Eres Santo. Pero también debes aparecer como un Rey Santo. Así es como debe ser. El mundo en el que nos movemos está compuesto de tontos. A nueve de cada diez, les importan mucho las apariencias y es necesario imponerse con la presencia. Esto es muy importante… Yo lo sé.

Jesús calla y se amarra las sandalias de fina piel roja, que van desde el empeine hasta las pantorrillas. Son mucho más hermosas, exquisitas y elegantes; que las sencillas sandalias de obrero que usa Jesús. Son semejantes a las de Judas, que parecen unos zapatos a los que apenas si se les ve algo del pie.

Entonces la madre de Judas, le entrega una túnica nueva y dice:

–                 También el vestido Rey mío. Lo tenía preparado para mi Judas. Pero él te lo regala. Es de lino; fresco y nuevo. Por favor, permite que una madre te vista, como si fueses su hijo.

Jesús vuelve a mirar a Judas, pero no contradice. Se suelta en el cuello la cinta… y cae la amplia túnica. Se queda solamente con la túnica corta. La mujer le pone el vestido nuevo y le ofrece un cinturón que es una faja muy rica, recamada con hilos de oro; de la que sale un cordón, que termina con muchos hilos. Es indudable que los elegantes vestidos frescos y limpios de polvo, son muy confortables. Pero Jesús no parece muy contento…

Los demás también se han aseado.

Y Judas; como el anfitrión perfecto, invita:

–                 Ven Maestro. Son de mi pobre huerto. Éste es el jugo de manzanas que mi madre prepara. –le alarga un vaso de cristal labrado exquisitamente. Y agrega- Tú Simón, tal vez te guste más, este vino blanco. Toma. Lo elaboramos en mi viñedo. Y tú Juan, ¿Igual que el maestro?

Juan asiente con la cabeza.

Judas está feliz, mostrando sus hermosos vasos y en lo más profundo de su corazón, se regodea con la oportunidad de presumir que lo que posee, no sólo es lo mejor de lo mejor; sino que sólo un sacerdote, descendiente de la clase sacerdotal; es decir, la élite del Pueblo de Israel; tiene la riqueza y la clase para honrar a Dios.

La madre habla poco. Mira una y otra vez a su Judas. Pero mira mucho más a Jesús. Y cuando Él antes de comer; le ofrece la fruta más hermosa y jugosa: un durazno muy grande y de un color que manifiesta su punto óptimo, para ser ingerido; mientras le dice:

–                 Primero es la madre.

Una lágrima como una perla, asoma a sus ojos.

Judas pregunta:

–                 ¿Mamá; todo lo demás está listo?

Ella contesta titubeante:

–                 Sí, hijo mío. Creo que todo lo he hecho bien. Yo he vivido siempre aquí… Y no sé…  no conozco las costumbres de los reyes.

Jesús interviene interrogante:

–                 ¿A qué costumbres te refieres, mujer? ¿A qué reyes?  Pero… ¿Qué has hecho, Judas?

Judas contesta a la defensiva:

–                 Pero… ¿Acaso no eres Tú, el Rey Prometido a Israel? Es hora de que el mundo te salude como a tal. Lo que debe suceder, tiene que ser por vez primera aquí en mi ciudad y en mi casa. Yo te venero como a tal. Por el amor que me tienes, respeto tu Nombre de Mesías, de Rey. El Nombre que los profetas te dieron por orden Yeove. Y por favor no me desmientas.

Jesús se dirige a todos:

–                 Mujer… Amigos, permítanme un momento. Debo hablar con Judas. Debo darle órdenes precisas. –su Voz es una orden perentoria.

La madre y los discípulos se retiran.  Y Luego; volviéndose hacia el discípulo que conoce perfectamente su identidad:

–                 Judas, ¿Qué has hecho? ¿Hasta ahora me has entendido tan poco? ¿Por qué me has rebajado hasta el punto de hacerme tan solo un poderoso de la tierra? ¿Aún mucho más: a uno que se esfuerza en ser poderoso? ¿No entiendes que es una ofensa a mi misión y hasta un obstáculo? Israel está sujeto a Roma. Tú sabes lo que ha sucedido cuando alguien con apariencia de cabecilla, ha querido levantarse contra Roma y crea sospechas de fomentar una guerra de liberación. Has oído justamente en estos días, como se encrudecieron contra un Niño, tan solo porque se pensó que fuese un futuro Rey, según el mundo.

¡Y tú!…  ¡Tú! ¡Oh, Judas!…  ¡Pero qué es lo que esperas de un poder mío, humano!  ¿Qué esperas?…  ¡Te he dado tiempo para que pensaras! Y decidieras. Te hablé muy francamente desde la primera vez. Te he rechazado, porque sabía…  Porque sé. Sí. Porque sé…  Porque lo leo y veo, lo que hay en ti. ¿Por qué quieres seguirme, si no quieres ser como Yo quiero? Vete, Judas. No te hagas daño y no me lo hagas… ¡Vete!…  Es lo mejor para ti. No eres un obrero apto para esta obra… Es muy superior a ti. En ti hay mucha soberbia. Concupiscencia con sus tres ramas. Autosuficiencia. Tú misma madre debe tener miedo de ti. Tienes inclinación hacia la mentira. ¡No! Así no debe ser el que me siga…

Judas, Yo no te odio. No te maldigo y tan solo te digo con el dolor del que ve que no se puede cambiar al que ama… Tan solo te digo: ‘Vete por tu camino. Ábrete camino en el mundo, que es el lugar que tú quieres: pero No te quedes conmigo’ 

¡Mi camino! ¡Mi Palacio! ¡Oh, cuánta aflicción hay en ellos! ¿Sabes en donde seré Rey? ¿Sabes cuándo seré proclamado Rey?…

¡Cuando sea levantado en un madero infame y tendré mi Sangre por púrpura! ¡Por corona un tejido de espinas; por bandera un cartelón de burla! Por trompetas, tambores, organillos y cítaras, que saluden al proclamado Rey: ¡Blasfemias de todo un pueblo! De mi Pueblo, que no habrá entendido nada. Corazón de bronce en quién la soberbia; el sentido y la avaricia, habrán destilado sus humores. Y éstos habrán producido como flor: un montón de serpientes que se unirán como una cadena contra Mí y como maldición en contra de él.

Los demás no conocen así; tan claramente, mi suerte… y te ruego que no lo digas. Que esto quede entre tú y yo. Por otra parte es un regaño…  Y tú callarás por no decir: ‘Me regañaron’ ¿Has entendido, Judas?

Judas está muy colorado. De pié ante Jesús, está avergonzado, con la cabeza baja. Se deja caer y llora con la cabeza pegada a las rodillas de Jesús. Suplica:

–                 Maestro, te amo. No me rechaces. Soy un necio. Sí, soy soberbio… pero no me apartes de Ti. No, Maestro. Será la última vez que falto. Tienes razón. No he reflexionado. Pero también en este error, hay amor. Quise proporcionarte mucho honor. Y que los demás te lo diesen porque te amo. ¡Ea, pues; Maestro! Yo estoy a tus rodillas. Me has dicho que serás para mí un padre y te pido perdón. Te pido que me hagas un adulto santo. No me despidas, Jesús. Jesús, Jesús, Jesús… No todo es maldad en mí. ¿Lo ves?… Por Ti he dejado todo y he venido. Tú vales más que los honores y victorias que obtenía yo, cuando servía a otros. Tú en realidad Eres el amor del pobre e infeliz Judas; que querría darte tan solo alegrías y que en cambio te da dolores…

Jesús lo interrumpe:

–                 ¡Basta, Judas! Una vez más, te perdono. -Jesús parece muy cansado- te perdono esperando… Esperando que en lo porvenir comprendas…

Pero Judas insiste y sin querer revela el verdadero motivo por el que no quiere ser expulsado del grupo apostólico:

–                 Sí, Maestro, sí. Ahora ya no quieras en modo alguno, desmentirme. Pues esto haría de mí, una burla. Todo Keriot sabe que he venido con el descendiente de David; el Rey de Israel… Y esta ciudad mía se ha preparado para recibirte. Pensé que hacía bien. Quise presentarte de tal forma, que todos te temieran y te obedecieran.

También Simón y Juan… Y a través  de ellos trasmitir a los demás… cómo se equivocan al tratarte como un igual. Ahora…  también mi madre será objeto de burla, por ser la madre de un hijo mentiroso y loco. Por ella, Señor mío, te suplico… Y te juro que yo…

Jesús lo interrumpe:

–                 No jures por Mí. Jura por ti mismo, si puedes; para no pecar más en este sentido. Por tu madre y por los ciudadanos, no me marcharé. Levántate…

–                 ¿Qué dirás a los demás?

–                 La verdad.

–                 ¡Nooooo!

–                 La Verdad. Ya te he dado órdenes para hoy. Siempre existe la manera de decir la Verdad con caridad… Llama a tu madre y a los demás.

Jesús está severo y no sonríe.

Judas va por su madre y los demás discípulos. La mujer escudriña a Jesús… Pero al verlo complaciente; toma confianza. Aun así se nota que es un alma que está muy afligida…

Jesús dice:

–                 ¿Vamos a Keriot? He descansado y te agradezco madre, tu gentileza. El Cielo te recompense y te conceda, por la caridad que usas conmigo; reposo y alegría a tu esposo, por quién lloras.

Ella trata de besarle mano. Pero Jesús se la pone sobre la cabeza, acariciándola y no permite que se la bese.

Judas, dice:

–                 La carreta está lista, Maestro. Ven.

En esos momentos llega una carreta tirada por bueyes, sobre la que hay unos almohadones que sirven de asientos y un pabellón de tela roja.

Judas dice:

–                 Sube, Maestro.

Jesús contesta:

–                 La madre, primero.

Sube la mujer, después Jesús y al último los demás.

–                 Aquí, Maestro. –Judas ya no lo llama Rey.

Jesús se sienta adelante y a su lado Judas. Detrás la mujer y los discípulos. El conductor que va de pie, con la garrocha pincha a los bueyes para que caminen. Aparecen pronto las primeras casa de Keriot.

Un niño que está en el camino, los mira y parte como un rayo. Los pobladores salen a recibirlo con banderas y ramas; gritando de júbilo y haciendo reverencias. Jesús no puede despreciar estos homenajes y desde lo alto de su bamboleante trono, saluda y bendice.

La carreta llega hasta la plaza, da vuelta por una calle y entra hasta una aristocrática casa que tiene el portón abierto. Se detienen y bajan.

Judas dice solemne:

–                 Mi casa es tu casa, Maestro.

–                 Paz sea en ella, Judas. Paz y santidad.

Entran. Atraviesan el vestíbulo y llegan a una sala amplia, con muebles incrustados de color café. Los principales del lugar, entran con Jesús y los demás. Todo es inclinaciones, curiosidad y gran pompa.

Un viejo imponente y elegante; pronuncia un pomposo discurso de bienvenida al ‘Señor y Rey’

Jesús lo agradece con sencillez, habla de la Bondad del Eterno Padre  y termina diciendo:

–                 … sino a Dios Altísimo van dirigidas las gracias, honor y gloria y alabanza. No a Jesús, siervo de la voluntad eterna; sino a esta Voluntad amorosa.

El hombre dice:

–                 Hablas como santo… Soy el sinagogo. Hoy no es Sábado, pero ven a mi casa a explicar la   Ley. Tú, sobre quién más que el aceite real, está la unción de la Sabiduría.

–                 Iré.

Judas objeta:

–                 Acabamos de llegar de un viaje. Mi Señor tal vez estará cansado.

Jesús dice:

–                 No, Judas. Jamás me canso de hablar de Dios. Y nunca tengo deseos de quitar las esperanzas de los corazones.

El sinagogo insiste:

–                 Entonces, ven. Todo Keriot está afuera, esperándote.

–                 Vamos.

Jesús  sale, entre Judas y el arquisinagogo. Pasa bendiciendo. Atraviesa la plaza y entra a la sinagoga. Jesús se dirige hacia el lugar donde se enseña.

Empieza a hablar. Jesús habla de las profecías y de cómo se deben  preparar los corazones, para ser mansiones purificadas y poder ser templos vivos que reciban al Espíritu de Dios. Su vestidura es muy blanca. Su rostro inspirado. Los brazos extendidos según la costumbre. Finaliza diciendo:

–                      … y Príncipe de Paz soy Yo. Os he traído la Ley, no otra cosa. La paz sea con vosotros.

La gente que ha escuchado atenta, un poco inquieta murmura entre sí.

Jesús habla con el sinagogo. Se les unen otras personas de los principales del pueblo. Y le preguntan:

–                 Maestro… ¿Pero no eres el Rey de Israel? Nos habían dicho…

–                 Lo Soy.

–                 Pero Tú has dicho…

–                 Que no poseo y que no prometo riquezas del mundo. No puedo decir más que la Verdad. Y así es. Conozco vuestro pensamiento. Pero el error proviene de una mala interpretación y de un sumo respeto hacia el Altísimo. Se os dijo: ‘Viene el Mesías’ y pensasteis como muchos en Israel, que Mesías y rey fuesen una misma cosa. Levantad más hacia lo alto el espíritu. Hasta el inimaginable Paraíso, a donde el Mesías conducirá a los justos muertos en el Señor. Hay una infinita diferencia entre la realeza mesiánica que el hombre imagina y la verdadera; que es todo divina.

–                 Pero, podremos nosotros pobres hombres ¿Levantar el espíritu hasta donde Tú dices?

–                 Tan solo con que lo queráis. Y si lo quisierais, al punto os ayudaré.

–                 Entonces ¿Cómo te debemos llamar si no eres Rey?

–                 Maestro. Jesús. Como queráis. Maestro soy y Soy Jesús el Salvador. Dejemos a los Césares y a los tetrarcas con sus botines. Yo tendré el mío. Pero no será un botín que merezca el castigo de fuego. Antes bien, arrancaré del Fuego de Satanás; presas y botines, para llevarlas al Reino de la Paz.

Todos se quedan meditando en las palabras de Jesús…

Al fin, un viejo dice:

–                 Señor. Hubo una ocasión hace mucho tiempo; cuando fue el edicto de Augusto; que llegó la noticia que había nacido en Belén el Salvador. Yo fui con otros… Vi a un pequeñín, igual que los demás. Pero lo adoré con fe. Después supe que había un hombre santo que se llamaba Juan. ¿Cuál es el Mesías verdadero?

–                 Juan es el Precursor del que tú adoraste. Un gran santo a los ojos del Altísimo; pero NO el Mesías.

–                 ¿Eras Tú?

–                 Yo era. Y… ¿Qué viste alrededor de Mí, cuando apenas había nacido?

–                 Pobreza y limpieza. Honradez y pureza… Un carpintero gentil y serio que se llamaba José, pero de la estirpe de David. Una joven mujer rubia y gentil de nombre María; ante cuya belleza las rosas más hermosas de Engadí palidecen y los lirios de los palacios reales, son feos. Y un niño, con los ojos grandes color de cielo y cabellos oro pálido. No vi otra cosa.

Y todavía me parece oír la voz de su Madre que me dijo: ‘Por mi Hijo yo te digo, sea el Señor contigo hasta el encuentro final. Y su gracia venga a tu encuentro en tu camino.’ Tengo ochenta y cuatro años. El camino se está acabando. No esperaba más que encontrar la Gracia de Dios. Pero te he encontrado. Y ahora no deseo ver otra Luz que no sea la tuya…

¡Oh! ¡Sí! ¡Te veo cual eres bajo esos vestidos de piedad que son la carne y que has tomado¡ ¡Oh! ¡Te veo! Escuchad la voz del que al morir ve la Luz de Dios.

La gente se agolpa alrededor del viejito inspirado que está en el grupo de Jesús y que arrojando el bastón, levanta los brazos trémulos.

Tiene la cabeza toda blanca. La barba larga y partida en dos. Parece un verdadero patriarca y profeta.

Y dice señalando a Jesús:

–                 Veo a Éste: al Elegido; al Supremo; al Perfecto; que habiendo bajado por amor, vuelve a subir hasta la Diestra del Padre. A volver a ser Uno con Él. Pero no veo su Voz y Esencia incorpórea, como Moisés vio al Altísimo… Y como refiere el Génesis que lo conocieron los Primeros Padres y hablaron con Él, al aura del atardecer. Lo veo subir como un verdadero hombre hacia el Eterno. Cuerpo que brilla. Cuerpo Glorioso. ¡Oh, Pompa del Cuerpo Divino! ¡Oh, Belleza del Hombre Dios! Es el Rey. ¡Sí, es el Rey! No de Israel, sino del Mundo.

Ante Él se inclinan todas las realezas de la Tierra. Y todos los cetros y coronas palidecen, ante el fulgor de su cetro y de sus joyas. ¡Una corona! Una corona tiene en su frente. Un cetro tiene en su mano. Sobre su pecho tiene un escudo. Hay en él perlas y rubíes de un esplendor jamás visto.

Salen llamas como de un altísimo horno. En sus muñecas hay dos rubíes y un lazo de rubíes sobre sus santos pies. ¡Luz! ¡Luz de rubíes! ¡Mirad, ¡Oh pueblos! al Rey Eterno! ¡Te veo! ¡Te veo! ¡Subo contigo!… ¡Ah, Señor! ¡Redentor nuestro!… ¡Oh! ¡La Luz aumenta en los ojos del alma! ¡El Rey está adornado con su Sangre!… la corona… ¡Es una corona de espinas que sangran! El cetro… el trono… ¡Una Cruz!… ¡He ahí al Hombre! ¡Helo!… ¡Eres Tú!…  ¡Señor, por tu Inmolación ten piedad de tu siervo! ¡Jesús, a tu piedad confío mi espíritu!…

El anciano, que había estado erguido y que se había rejuvenecido con el fuego del profeta, se dobla de improviso… Y caería al suelo, si Jesús rápido no lo levantase contra su pecho.

La gente grita:

–                 ¡Saúl!

–                 ¡Se está muriendo Saúl!

–                 ¡Auxilio!

–                 ¡Corred!

Jesús dice:

–                 Paz en torno al justo que muere.

Mientras habla, poco a poco se ha arrodillado, para sostener mejor al viejo que cada vez se está haciendo más pesado. Hay un silencio total.

Jesús lo coloca en el suelo, se yergue y dice:

–                 Paz a su espíritu. Ha muerto viendo la Luz y en la espera que será breve; verá el Rostro de Dios y será feliz. No existe la muerte para aquellos que mueren en el Señor.

Pasados algunos minutos la gente se aleja comentando lo sucedido. Quedan los ancianos; Jesús, los suyos y el sinagogo. Éste dice:

–                 ¿Ha profetizado, Señor?

–                 Sus ojos han visto la verdad. –volviéndose a los suyos, ordena- Vámonos.

Y salen.

Simón pregunta:

–                 Saúl ha muerto revestido con el Espíritu de Dios. Quienes le hemos tocado ¿Estamos limpios o inmundos?

Jesús contesta:

–                 Inmundos.

Judas exclama:

–                 ¡Oh! ¡NO! ¡Ya no…!

Jesús es terminante:

–                 Yo como los otros. No cambio la Ley. La Ley es ley y el Israelita la observa. Estamos inmundos. Dentro del tercero y último día, nos purificaremos. Hasta entonces estamos inmundos. –se vuelve hacia el apóstol y agrega- Judas, no regreso a la casa de tu madre. No llevaré inmundicia a su casa. Comunícaselo por medio de alguien que pueda hacerlo. Paz a esta ciudad. ¡Vámonos!

Y se van a través del huerto…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

4.- LA PRIMERA LECCIÓN


Cerca de una zanja, Jesús está sentado bajo los olivos. En la forma habitual que acostumbra, con los codos apoyados en las rodillas, los antebrazos adelante y las manos juntas. La tarde desciende y la luz se va cada vez más. Se ha quitado el manto, porque tiene calor y su vestido blanco resalta sobre lo verde del lugar.

Un hombre va subiendo entre los olivos y parece buscar a alguien. Es muy alto; joven, de cabello castaño oscuro y ensortijado. Viste muy elegante, en un alegre color palo de rosa que al ondear; hace más llamativo su manto color tinto. Cuando distingue a Jesús, sus ojos gris oscuro brillan y su bello rostro se ilumina. Apresura el paso hasta llegar a Él y lo saluda con alegría:

–           ¡Salve, Maestro!

Jesús se vuelve sorprendido. Y lo mira con seriedad y una gran tristeza.

El recién llegado repite:

–           Te saludo, Maestro. Soy Judas de Keriot. ¿No me reconoces? ¿No te   acuerdas de mí?

Jesús responde:

–           Te recuerdo y te reconozco. Eres el que me hablaste con Tomás, la Pascua pasada.

–           Y al que le dijiste: “Piensa y reflexiona al decidirte, antes de mi regreso.’ Ya he decidido. ¡Aquí estoy!

Jesús lo mira realmente triste y le dice:

–            ¿Por qué vienes, Judas?

–            Porqué… Te lo dije la otra vez. Porque sueño en el reino de Israel y yo te he visto cual Rey.

–            ¿Vienes por este motivo?

–            Por éste. Me pongo a mí mismo y a cuanto poseo: capacidad, conocimiento, amistades, fatiga; a tu servicio y al servicio de tu misión, para reconstruir a Israel.

También Judas es un hombre muy alto, casi igual a Jesús.  Los dos están frente a frente y se miran. Jesús, serio y muy triste.

Judas, exaltado. Con su aspecto joven y señorial; sonriente, hermoso, elegante, frívolo y ambicioso.

Jesús dice:

–            Yo no te busqué, Judas.

Judas contesta:

–            Lo sé. Pero yo si te buscaba. Día tras día, puse en las puertas quién me avisase de tu llegada. Pensaba que vendrías con seguidores y que así, fácilmente se podría saber de Ti. Pero fue al contrario. He comprendido que estabas porque después de que curaste a un enfermo, los peregrinos te bendecían; pero nadie sabía decirme en donde estabas. Entonces me acordé de este lugar. Si no te hubiese encontrado aquí, me hubiera resignado a no encontrarte más.

–            ¿Piensas que ha sido para ti un bien el haberme encontrado?

–            Sí. Porque te buscaba. Te anhelaba. Te quiero.

–            ¿Por qué?… ¿Por qué me has buscado?

Judas lo mira extrañado y dice:

–            ¡Ya te lo dije, Maestro! ¿No me has comprendido?

–            Te he comprendido. Sí… te he comprendido. Pero quiero que tú también me comprendas a Mí, antes de seguirme. Ven, hablaremos en el camino.

Y empiezan a caminar uno al lado del otro, subiendo y bajando por las veredas que atraviesan el olivar.

Jesús dice:

–            Tú me sigues por una idea que es completamente humana, Judas. Debo disuadirte. No he venido para eso.

Judas objeta:

–            Pero ¿No eres Tú el señalado Rey de los Judíos? ¿Del que han hablado los Profetas? Han venido otros. Pero les faltaron muchas cosas y cayeron como hojas que el viento no vuelve a levantar. Tú tienes a Dios contigo en tal forma que haces milagros. Donde está Dios, el éxito de la misión es seguro.

–            Has dicho bien. Yo tengo a Dios conmigo. Soy su Verbo. Soy el que profetizaron los Profetas, el Prometido a los Patriarcas. El Esperado de las multitudes. Pero ¿Por qué te has hecho así; ciego y sordo para que no sepas leer y ver; oír y comprender los verdaderos hechos? Mi reino no es de este mundo Judas, no te hagas ilusiones. Vengo a traer a Israel la Luz y la Gloria; pero no la luz y la gloria de esta tierra. Vengo a llamar a los justos de Israel, al Reino. Porque de Israel y con Israel, debe formarse y brotar la planta de Vida Eterna, cuya Savia será la Sangre del Señor. Planta que se extenderá por toda la tierra hasta el fin de los siglos. Mis primeros seguidores son de Israel. Aún mis verdugos, serán de Israel. Y también el que me traicionará, será de Israel…

Judas protesta:

–            No Maestro. Esto no sucederá jamás. Aunque todos te traicionasen, yo quedaré y te defenderé.

–            ¿Tú, Judas?… Y ¿En qué fundas esta seguridad?

–            En mi palabra de honor.

–            Cosa más frágil es, que la tela de araña, Judas. A Dios debemos pedir la fuerza para ser honrados y fieles. ¡El hombre!… El hombre realiza obras de hombre. Pero para realizar obras del espíritu. –Y seguir al Mesías en verdad y justicia quiere decir, realizar obras del espíritu.- Es necesario matar al hombre y hacerlo renacer. ¿Eres capaz de cosa tan grande?

Judas afirma totalmente seguro de sí:

–            Sí, Maestro. Y después… No todo Israel te amará. Pero Israel no dará ni verdugos, ni traidores a su Mesías. ¡Te espera desde hace siglos!

–            Me los dará. Recuerda a los Profetas… sus palabras y el fin que tuvieron. Estoy destinado a desilusionar a muchos. Y tú eres uno de ellos. Judas, tienes enfrente de ti a un hombre manso, pacífico, pobre y que quiere permanecer pobre. No he venido para imponerme, ni para hacer guerras. No disputo a los fuertes ni a los poderosos, ningún reino, ningún poder. Sólo disputo a Satanás las almas.

Y he venido a destrozar las cadenas, con el fuego de mi amor. He venido a enseñar misericordia, sacrificio, humildad, continencia. Te digo a ti y a todos: No tengáis sed de riquezas humanas, sino trabajad por el dinero eterno… desilusiónate Judas, si crees que soy un vencedor de Roma y de las castas que mandan. Tanto Herodes como los Césares, pueden dormir tranquilos mientras yo hablo a las multitudes. No he venido a arrebatar el cetro a nadie… Y mi cetro ya está listo. Pero nadie que no fuese Amor como Yo lo Soy, podría tenerlo. Vete Judas y medita.

–            ¿Me rechazas Maestro?

–            No rechazo a nadie, porque quién rechaza no ama. Pero dime, Judas: ¿Cómo llamarías al hecho de que alguien que sabe que tiene una enfermedad contagiosa, dijese a uno que no lo sabe y que se acerca a beber agua de su vaso: “Piensa lo que haces”? ¿Lo llamarías odio o amor?

–            Lo llamaría amor, porque no quiere que el que ignora su enfermedad, destruya su salud.

–            Dale también este nombre a lo que estoy haciendo.

–            ¿Puedo destruir mi salud al venir contigo? ¡No! ¡Jamás!

–            Más que destruir la salud, tú mismo te puedes destruir. Piensa bien, Judas. Poco se exigirá al que asesinare creyendo que lo hace justamente. Y lo cree porque no conoce la Verdad. Pero mucho será exigido de quién después de haberla conocido; no solo no la sigue, sino que se hace su enemigo.

–            Yo no lo seré. Acéptame, Maestro. No puedes rechazarme. Si eres el salvador y ves que soy pecador, oveja extraviada, un ciego que está fuera del camino recto; ¿Por qué no quieres salvarme? Acéptame. Te seguiré hasta la muerte…

–            ¡Hasta la muerte! Es verdad. Esto es cierto. Después…

–            ¿Después que, Maestro?

–            El futuro está en el seno de Dios. Mañana nos veremos junto a la Puerta de los Peces.

–            Gracias, Maestro. El Señor sea contigo.

–            Y su misericordia te salve.

Al día siguiente, al amanecer de un hermoso día de verano, alegrado por los pajarillos que cantan entre los olivos, lentiscos, acacias y el canto melancólico de las tórtolas silvestres; Jesús atraviesa el riachuelo sobre un grueso tronco que hace las veces de puente y llega al lugar convenido.

Hay muchos vendedores de hortalizas y de alimentos, que están esperando que se abran las puertas de la ciudad. Se oyen rebuznos de asnos que se pelean entre sí. Sus propietarios también participan intercambiando insultos. Un bastón pasa volando no solo sobre los lomos de los asnos, sino sobre las cabezas de las personas.

Dos se pelean porque el burro de uno de ellos se comió bastantes lechugas que estaban en el cesto del otro. La discusión llega a tal punto, que salen a relucir dos puñales muy puntiagudos y resplandecen a la luz del sol. Hay muchos gritos, pero nadie interviene para separar a los rijosos.

Jesús, que caminaba pensativo, oye el alboroto y levanta la cabeza. Ve lo que está sucediendo y a paso veloz, se dirige hacia ellos.

Y Ordena:

–            ¡Detente en el Nombre de Dios!

Uno le contesta:

–           ¡No! ¡Quiero acabar con este maldito perro!

Y el otro:

–           También yo. Voy a adornar tu túnica con tus entrañas.

Los dos giran alrededor de Jesús pegándole, insultándolo para que se quite de en medio; tratando de herirse sin conseguirlo. Porque Jesús con movimientos habilísimos de su manto, desvía los golpes e impide que se atinen. Su manto está rasgado y la gente le grita:

–                 ¡Quítate Nazareno o te tocará a Ti también!

Pero Él no se quita y trata de hacer que se calmen, llamándolos a que piensen en Dios. ¡Todo es inútil! La ira los ha enloquecido a los dos.

Jesús grita:

–           ¡Por última vez os ordeno que desistáis!

Los dos le contestan al mismo tiempo:

–           ¡No! ¡Quítate! ¡Sigue tu camino, perro Nazareno!

Entonces el tiempo parece detenerse…

Jesús extiende las manos con su mirada relampagueante de poder. No dice una sola palabra. Pero las dagas caen por tierra hechas pedazos, como si fueran de cristal y una fuerza las hubiera golpeado.

Los dos luchadores miran los mangos inútiles que les han quedado entre los dedos. El estupor apaga la ira. La multitud grita admirada.

Jesús pregunta enojado:

–                 ¿Y ahora?… ¿Dónde está vuestra fuerza?

Los soldados que estaban de guardia en la puerta y un tribuno que habían acudido al oír los gritos; miran estupefactos. El oficial se acerca a tomar un pedazo de las dagas y lo prueba en la uña, examinando con cuidado el material de que están hechas y su filo. Luego levanta su cara, completamente asombrado.

Es el rostro muy joven de  Publio Quintiliano.

Jesús repite:

–                 ¿Y ahora? ¿Dónde está vuestra fuerza? ¿Sobre qué cosa apoyáis vuestro derecho? ¿Sobre esos pedazos de metal que están ahora en el polvo? Sobre esos trozos de hierro que no tenían ninguna otra fuerza, que el pecado de ira contra un hermano y…

La gente lo mira asombrada, primero por el prodigio y luego por la sabiduría que fluye de sus labios como una cascada. Todos escuchan muy atentos una larga disertación. Jesús habla sobre el amor al prójimo, la violencia y el homicidio…

Y concluye así:

–           Idos y meditad sobre esto.

Varias personas le dicen al mismo tiempo:

–            ¿Quién eres Tú que dices semejantes palabras y haces pedazos las armas sólo con tu Voluntad?

Judas se adelanta de entre los soldados y  proclama:

–            Sólo uno puede hacer estas cosas: el Mesías. Ni siquiera Juan Bautista es más grande que Él.

Judas acaba de proclamar su fe. Qué formidable apóstol hubiese sido, si desde el principio no vacila en anunciar al mundo hebreo lo que piensa de Jesús.

Un peregrino pregunta:

–           ¿Eres acaso el Mesías?

Jesús responde:

–           Lo Soy.

Otro hombre le dice:

–           Tengo a mi madre anciana que muere. ¡Sálvala!

Una mujer joven suplica:

–           Yo. Yo… ¡Mira! Estoy perdiendo las fuerzas por los dolores. –se descubre el rostro y muestra un gran tumor que le deforma la cabeza, a un lado del ojo izquierdo- Todavía tengo hijos pequeños. ¡Cúrame!

Jesús  mirando al hombre contesta:

–           Vete a tu casa. Tu madre te preparará esta tarde la cena. –se vuelve a la mujer- Y tú,  sé sana. ¡Lo quiero!

Después de unos segundos electrizantes. Ella siente que un calor la envuelve y recorre todo su cuerpo. Entonces la mujer se yergue, echa hacia atrás el manto y muestra su rostro, totalmente curada. Y le grita:

–           ¡Tu Nombre! ¡Tu Nombre!

Sonriendo con infinita compasión, su benefactor declara:

–           ¡Jesús de Nazareth!

La multitud enloquece de alegría:

–           ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡Hosanna!

Los burros hacen lo que quieren, pues ya nadie se ocupa de ellos. La voz se corre rápidamente y lo rodean los enfermos pidiendo salud. Muchos son sanados en forma espectacular. Jesús bendice y sonríe. Trata de romper el cerco que lo aclama, para entrar a la ciudad e ir a donde quiere; pero la gente no lo deja.

Varios le gritan a la vez:

–           ¡Quédate con nosotros! ¡En Judea! ¡En Judea!

Entonces Judas se acerca a Él:

–           ¡Maestro! ¿Lo ves Maestro? Todo Israel te ama. Es justo que te quedes aquí… ¿Por qué te vas?

Jesús contesta:

–           No me voy Judas. He venido solo a propósito, para que la falta de educación de mis discípulos galileos, no moleste la sofistiquería de los judíos. Quiero reunir bajo el Cetro de Dios a todas las ovejas de Israel.

Judas argumenta:

–           Por esto te dije: “Acéptame” Yo soy judío y sé cómo tratar a mis iguales. ¿Te quedarás en Jerusalén?

–           Por pocos días. Esperaré a un discípulo que también es judío. Después viajaré por la Judea.

–           ¡Oh! Yo iré contigo. Te acompañaré. ¿Vendrás a mi tierra?… Te llevaré a mi casa. ¿Vendrás, Maestro?

–           Vendré. ¿Sabes alguna cosa del Bautista, tú que eres judío y vives con los poderosos?

–                      Sé que está todavía en prisión, pero lo quieren dejar salir de la cárcel, porque la gente amenaza con sedición si no liberan al Profeta. ¿Lo conoces?

–           Lo conozco.

–           ¿Lo amas?… ¿Qué piensas de él?

–           Pienso que no ha habido otro como él. ¡Ni siquiera Elías!

–           ¿Lo tienes en realidad como al Precursor?

–           Lo es. Es la estrella de la mañana que anuncia el sol. Bienaventurados los que estén preparados para el sol, por medio de su predicación.

Judas advierte:

–           Juan es muy duro.

–            Lo es tanto con los demás, como consigo mismo.

–            Eso es verdad. Pero es difícil seguirlo en su penitencia. Tú eres Bueno y es  fácil amarte.

–            Y sin embargo…

–            Y sin embargo ¿Qué, Maestro?

–            Como a él lo odian por su severidad, a Mí me odiarán por mi bondad; porque tanto la una como la otra predican a Dios. Y Dios no se deja ver de los que no aman. Pero está escrito que así será. Así como él ha sido primero que Yo en la predicación, así también me precederá en la muerte. Pero ¡Ay! De los asesinos de la Penitencia y de la Bondad.

–            ¿Por qué Maestro siempre estas tristes previsiones?… la multitud te ama, lo ves…

–           Porque es una cosa segura. La humilde multitud, sí me ama. Pero no toda la multitud es humilde, ni está compuesta por humildes. Pero no es tristeza la mía. Es una visión tranquila de lo futuro y una sumisión a la Voluntad del Padre, que para esto me ha enviado. Y para esto vine. Hemos llegado al Templo. Voy a Bel-Nidrasc a enseñar a la gente. Si quieres quédate.

–            Me quedaré a tu lado. No tengo otro objetivo que el de servirte y hacerte triunfar.

Los dos entran en el recinto del Templo.

Se detienen en el Pórtico del patio de los Gentiles, que está cubierto con mármoles de diversos colores. El lugar es muy hermoso y está lleno de gente. Jesús busca a su alrededor un lugar conveniente; pero antes de dirigirse a él, le dice a Judas:

–            Llámame al encargado del lugar. Debo presentarme, para hacer esto. No se vaya a decir que falto a las costumbres y al respeto.

–            Maestro, Tú estás sobre las costumbres y nadie más que Tú, tiene el derecho de hablar en la Casa de Dios. Tú que Eres el Mesías.

–            Lo sé. Tú lo sabes. Pero ellos no lo saben. No he venido para dar escándalo, ni para enseñar a violar la Ley, ni a las costumbres. Por el contrario; he venido a enseñar el respeto, la humildad, la obediencia y para quitar los escándalos. Por esta razón quiero pedir permiso para hablar en Nombre de Dios, haciéndome reconocer del encargado del lugar. Así es como hay que hacerlo.

Judas objeta muy remolón:

–            La otra vez no lo hiciste.

–            La otra vez me consumió el celo por la Casa de Dios, profanada con tantas cosas. La otra vez era el hijo del Padre. El Heredero que en Nombre del Padre y por amor de mi Casa, empleaba su Majestad, a la que son inferiores los encargados del lugar. Ahora soy el Maestro de Israel y enseño a Israel también esto. Por otra parte, Judas ¿Piensas que el discípulo es mayor que el Maestro?

–            No, Jesús.

–            Y ¿Tú quién eres?… Y ¿Quién Soy Yo?

–            Tú eres el Maestro y yo el discípulo.

–            Si reconoces que las cosas son así ¿Por qué quieres enseñar al Maestro? Ve y obedece. Yo obedezco a mi Padre. Tú obedece a tu Maestro. La primera condición del hijo de Dios, es obedecer sin discutir, pensando que el Padre solo da órdenes santas. Condición primera del discípulo, es obedecer al Maestro; pensando que el Maestro sabe y solo da órdenes justas.

–            Es verdad. Perdona. Obedezco.

–            Te perdono. Ve y escúchame: acuérdate de esto. Recuérdalo siempre, en los días que están por venir.

–            ¿De obedecer?… Sí.

–            ¡No! Recuerda que fui respetuoso y humilde para con el Templo. Esto es, con las castas poderosas. Ve.

Judas lo mira pensativo. Interrogativamente… pero no se atreve a preguntar nada. Y se va pensando, sin comprender la conducta de su Maestro.

Regresa  con un sacerdote que ostenta lujosamente su alta jerarquía.

–           Maestro. He aquí al encargado.

Jesús lo saluda:

–           La paz sea contigo. Pido poder enseñar a Israel, entre los rabíes de Israel.

El sacerdote le pregunta:

–           ¿Eres tú rabí?

–           Lo Soy.

–           ¿Quién fue tu maestro?

–            El Espíritu de Dios que me habla con su Sabiduría y que me ilumina con su Luz todas las palabras de los textos sagrados.

–            ¿Acaso eres más que Hilell, Tú que sin maestro dices conocer cualquier doctrina? ¿Cómo puede uno aprender si no hay quién le enseñe?

–            Como se formó David, el pastorcillo desconocido y que llegó a ser el rey poderoso y sabio por la Voluntad de Dios.

–            ¿Cuál es tu nombre?

–            Jesús de José, de la estirpe de David y de María de Joaquín, de la estirpe de David. Y de Anna de Aarón, María la virgen que el sumo sacerdote casó en el Templo, según la Ley de Israel porque era huérfana.

–            ¿Quién lo prueba?

–            Todavía aquí deben haber levitas que se acuerden del hecho y que fueron coetáneos de Zacarías de la clase a Abía, mi pariente. Pregúntales si dudas de mi sinceridad.

–            Te creo. Pero ¿Quién me prueba que tú eres capaz de enseñar?

–            Escúchame y tú mismo decidirás.

–            Eres libre de hacerlo… Pero… ¿No eres Nazareno?

–            Nací en Belén de Judá. En el tiempo del censo que ordenó el César. Proscritos por leyes injustas, los hijos de David, están por todas partes, pero la estirpe es de Judá.

–            Sabes…los fariseos…Toda Judea… por Galilea…

–            Lo sé. Pero no desconfíes. En Belén vi la luz. En Belén Efratá de donde viene mi estirpe. Si ahora vivo en Galilea es solo para que se cumpla lo escrito…

El encargado se aleja unos metros, dirigiéndose a donde lo están llamando.

Judas pregunta:

–           ¿Por qué no le dijiste que Eres el Mesías?

Jesús contesta:

–           Mis palabras lo dirán.

–           ¿Cuál es lo escrito que debe cumplirse?

–           La reunión de todo Israel bajo la enseñanza de la palabra del Mesías. Soy el Pastor de quién hablan los Profetas…

Jesús está inspirado. Judas lo contempla admirado. La gente se acerca atraída por la imponencia diversa de ambos, que son muy altos y varonilmente muy hermosa.

Jesús mira sonriendo con su inefable dulzura a la pequeña multitud. Se va hacia un pórtico y se apoya en una columna. Y empieza a hablar…

Y Judas se convierte en el mejor agente publicitario; pues empieza a decir a diestra y siniestra, a todo el que puede:

–           Es el Mesías el que os está hablando. Os lo aseguro. Yo lo conozco y soy su primer discípulo. Pedidle algún milagro. Él es muy poderoso. Cura. Lee los corazones. Responde a todas las dificultades…

Y con esta promoción empieza la demanda de milagros, cuando Jesús termina de predicar.

Jesús sonríe y cumple ampliamente con todas las expectativas de los que esperan en Él. Después, los dos van a orar al lugar más cercano al Santo de los Santos, como les está permitido a los israelitas varones. Luego salen del Templo.

Judas quiere quedarse con Jesús pero encuentra la oposición del Maestro:

–            Judas, deseo estar solo en las horas de la noche. Es cuando mi espíritu obtiene su alimento del Padre. Tengo más necesidad de la Oración, Meditación y soledad; que del alimento corporal. El que quiera vivir por el espíritu y quiera llevar a otros a que vivan la misma vida, debe posponer la carne. Diría casi matarla, para cuidar solo del espíritu. Todos, sábelo Judas; también tú; si quieres ser solamente de Dios, o sea, de lo sobrenatural.

–            Pero, Maestro. Nosotros pertenecemos todavía a la tierra. ¿Cómo podemos dejar de pensar en la carne y pensar solo en el espíritu? ¿No está en contradicción lo que dices con el Mandamiento de Dios: No matarás? ¿No se incluye en él, no suicidarse?… Si la vida es un don de Dios debemos amarla ¿O no?

–            Te responderé, como no respondería a una persona sin preparación; a la que le basta levantar la mirada del alma o de la mente a esferas sobrenaturales, para elevarse a los reinos del espíritu. Tú no eres un simple. Te has formado en ambientes que te han pulido… pero también te han manchado, con sus sutilezas y doctrinas. Judas ¿Te acuerdas de Salomón? Era sabio. El más sabio de aquellos tiempos. Recuerdas que después de haber conocido todo el saber humano, dijo: no hay más que vanidad. Todo es vanidad. Tener a Dios y observar sus Mandamientos; para el hombre, esto lo es todo. Ahora bien, te digo que es menester saber tomar lo que se come; es decir, que sea alimento y no veneno. Si algo nos hace daño, lo mejor es no comerlo; aun cuando sea agradable al paladar. Es mejor pan y agua de la fuente, que los manjares de la mesa del rey, en los que hay drogas que perturban y envenenan.

–            ¿Qué debo dejar, Maestro?

–            Todo lo que sabes que te hace daño. Dios es Paz y si quieres ponerte en el sendero de Dios; debes escombrar tu mente, tu corazón y tu carne, de todo lo que no es paz y te turba. Sé que es difícil reformarse a sí mismo; pero Yo estoy aquí para ayudarte a hacerlo. Estoy aquí para ayudar al hombre a que se haga hijo de Dios; a volver a crearse por medio de una segunda creación, en una autogénesis que él mismo quiere.

Y te responderé a lo que me preguntabas, para que no digas que quedaste en un error por culpa mía. Es verdad que suicidarse es lo mismo que matar. Sea la vida propia o la de otro. La vida es don de Dios y solo Dios que la dio, tiene el poder de quitarla. Quién se mata muestra su soberbia y Dios odia la soberbia.

–            ¿Muestra la soberbia? Yo diría más bien que la desesperación.

–            ¿Y qué es la desesperación, sino soberbia? Mira Judas, ¿Por qué alguien se desespera? Porque las desgracias se recrudecen contra él y se quiere por sí solo vencerlas, pero no se puede. O también porque siendo culpable, cree que Dios no puede perdonarlo. En el primero y el segundo casos, ¿No es acaso reina la soberbia? El que cree que por sí mismo puede hacer algo y no tiene la humildad para extender su mano al Padre y decirle: “No puedo, pero Tú si puedes. Ayúdame porque de Ti lo espero todo.” O bien el que dice: “Dios no puede perdonarme.” Lo dice porque midiendo a Dios consigo mismo, piensa que Dios no perdonaría, porque él tampoco si fuera el ofendido, no lo haría. En otras palabras, también esto es soberbia. El humilde compadece y perdona, aun cuando sufra por haber sido ofendido. El soberbio no perdona. Es soberbio porque no sabe doblar la frente y decir: “Padre, he pecado. Perdona a tu hijo culpable.” ¿No sabes Judas que el Padre perdonará a cualquiera que con corazón sincero y contrito, humilde y decidido a levantarse en el bien, lo pida?

Judas objeta:

–            Pero ciertos pecados no son perdonados. ¡No lo pueden ser!

–            Lo dices tú. Y será verdad porque el hombre así lo quiere. Pero en verdad, ¡Oh! En verdad te digo que aún después del Crimen más grande que puedas imaginarte, si el culpable corre a los pies del Padre infinitamente Perfecto y llorando le pidiese perdón. Le ofreciese expiación, pero sin desesperarse. El Padre le daría la manera de expiar, para merecer su perdón y salvar su alma. 

–            Siendo así, estás diciendo que quienes cita la Escritura que se mataron, ¿Hicieron mal?

–                         No es lícito hacer violencia a nadie y ni siquiera a sí mismo. Hicieron mal.    Según su conocimiento relativo del bien; habrán conseguido en determinados casos, misericordia de Dios. Pero desde que el Verbo ha iluminado con la Verdad y dado fuerzas a las almas con su Espíritu, a partir de ese momento no será perdonado quien muera desesperado. Ni en el momento del Juicio Particular; ni después  de siglos de Gehena; ni en el Juicio Final. ¡Jamás!… ¿Es dureza de Dios ésta?… ¡No! ¡No! ¡Es Justicia!

Dirá Dios: “Tú, criatura dotada de razón y de ciencia sobrenatural, a quién crié libre; creíste poder seguir el sendero que escogiste y dijiste: Dios no me perdona. Estoy separado de Él para siempre. Juzgo que debo aplicarme la justicia debida a mi delito. Huyo de la vida para escapar de los remordimientos- Qué jamás los habrías tenido, si hubieras venido a mi pecho paternal. Y cómo haz juzgado, vete. No hago fuerza a la libertad que te di. Digo amén a lo que has querido.”

Esto es lo que dirá el Eterno al suicida. Piénsalo, Judas. La vida es un don y debe amarse. Pero ¿Qué clase de don es? Es un don santo y por eso debe amarse santamente. La vida dura, cuanto la carne es capaz de ella. Después empieza la vida grande, la vida eterna; que será de felicidad para los justos y de maldición para los injustos. ¿Es la vida fin o medio? Es medio. Sirve para el fin que es la eternidad. Por eso hay que dar a la vida lo que le sirve para la conquista del espíritu. Continencia de la carne en todos los aspectos. En todos. Continencia de la mente en todos sus deseos. En todos. Continencia del corazón en todas sus pasiones que saben a humano. Pero debe ser ilimitada en el ansia por las pasiones que llevan al Cielo: amor de Dios y del prójimo. Voluntad de servir a Dios y al prójimo. Obediencia a la Palabra Divina; heroísmo en el bien y en la virtud.

Te he respondido, Judas. ¿Te basta la explicación? Sé siempre sincero y pregunta, si no sabes lo suficiente. Estoy aquí para enseñarte.

Judas parece reflexionar. Y luego dice:

–           He comprendido y me basta. Pero… es muy difícil hacer lo que he comprendido. Tú puedes hacerlo porque eres Santo. Pero yo… Yo soy un hombre joven, lleno de vitalidad. Y de deseos de vivir…

–      He venido para los hombres, Judas. Y no para los ángeles. Ellos no tienen necesidad de Maestro, porque ven a Dios y viven en su Paraíso. No ignoran las pasiones de los hombres, porque la inteligencia que es su vida, les hace comprender todo. Y lo saben aun los que no son custodios del hombre. Pero espirituales como son, no podían tener más que un solo pecado. Como uno de ellos lo cometió y arrastró consigo a los menos fuertes en la Caridad: la Soberbia fue la flecha que manchó a Lucifer, el más hermoso de los arcángeles y lo convirtió en el Monstruo pavoroso del Abismo. No he venido para los ángeles; que después de la caída de Lucifer, se horrorizan tan solo de pensar en el orgullo. He venido para los hombres: Para hacer de ellos ángeles.

El hombre era la perfección de lo creado. Tenía de ángel el alma y del animal; la completa belleza de todas sus partes animales y morales. No existía creatura igual. Era el rey de la Tierra, como Dios es el Rey del Cielo. Y el último día que hubiese dormido sobre la Tierra; hubiera despertado como rey, con el Padre; en el Cielo.

Satanás ha arrebatado las alas al ángel-hombre y le ha puesto garras de fiera; deseos ardientes de inmundicia. Lo ha convertido en un hombre-demonio; más que hombre. Quiero borrar la mancha de Satanás. Destruir el hambre corrosiva de su carne manchada. Devolverle las alas al hombre y llevarlo otra vez para que sea rey, coheredero del Padre y del Reino Celestial.

Sé que el hombre, si realmente lo quiere; puede hacer todo lo que digo; para volver a ser rey y ángel. No os diré  que hagáis cosas que no podáis hacer. No soy uno de esos oradores que predican doctrinas imposibles. He tomado carne verdadera; para poder saber por experiencia de la carne, cuáles son las tentaciones del hombre.

Judas cuestiona:

–             ¿Y los pecados?

–             Tentados, todos pueden serlo. Pecadores; tan solo los que quieren serlo.

–             Jesús… ¿Jamás has pecado?

–             Jamás he querido pecar. Y esto no porque sea el Hijo del Hombre. Sino que      lo he querido y querré; para demostrar al hombre que el Hijo del Hombre no pecó; porque no quiso pecar y que el hombre si no lo quiere, puede también no pecar.

–              ¿Te has enfrentado alguna vez a las tentaciones?

–              Tengo treinta años, Judas. Y no he vivido ermitaño en la cueva de algún     monte, sino entre los hombres. Y aun cuando hubiese vivido en el lugar más solitario; ¿Crees que no hubiere llegado hasta ahí la Tentación?… Todos tenemos dentro de nosotros el Bien y el Mal. Sobre el bien sopla Dios y lo agita como incensario de agradables y sagrados trozos de incienso. Sobre el Mal sopla Satanás y lo convierte en una hoguera de ardientes pasiones. Pero el cuidado atento y la Oración constante, son arena húmeda sobre la Hoguera del Infierno: la sofoca y la domina.

–             Pero si jamás has pecado, ¿Cómo puedes juzgar a los pecadores?

–             Soy Hombre. Y Soy el Hijo de Dios. Cuanto pudiese ignorar como hombre   y juzgar mal; conozco y juzgo como Hijo de Dios. Y… ¡Por lo demás!…  ¡Respóndeme esto!… Uno que tiene hambre, sufre más cuando dice: “Más tarde me sentaré a comer” o cuando sabe: “No hay comida para mí.”

–             Sufre más en el segundo caso. Porque tan solo de saber que no tiene comida;   con sólo el olor de los platillos, la boca se le hace agua.

–            Entonces la Tentación es tan fuerte como este deseo, Judas. Satanás sabe hacerla más aguda y tentadora, para llevar a cabo cualquier acción. Después del hecho consumado, tal vez provoque náuseas. Pero la Tentación no consentida, no desaparece; sino que es como un árbol podado: produce más ramas.

–            ¿Y jamás has cedido?

–             Jamás he cedido.

–             ¿Cómo lo has logrado?

–             He dicho: “Padre, no me dejes caer en la Tentación…”

Judas lo mira completamente asombrado y exclama:

–                  ¡Cómo!… ¿Tú, el Mesías?… ¿Tú, que obras milagros?… ¿Has pedido la            ayuda del Padre?

–                 No tan solo ayuda. Le he pedido: no inducirme en tentación.  ¿Crees tú, que porque Yo sea Yo; puedo prescindir del Padre? ¡Oh! ¡No!… en verdad te digo que el Padre concede al Hijo todo. Pero también te digo, que el Hijo recibe todo del Padre. Y te digo que todo lo que se pidiere al Padre en mi Nombre: será concedido.

Pero mira que hemos llegado a Get-Sammi, donde vivo.  Ya se distinguen  más allá de las murallas los primeros olivos. Tú vives más allá de Tofet. La tarde ya baja. No te conviene subir más allá. Nos volveremos a ver mañana, en el mismo lugar. Adiós. La paz sea contigo.

–                  También a Ti la paz, Maestro… más te quería decir otra cosa. Te acompaño hasta el cedrón y después me regresaré. ¿Por qué estás en ese lugar tan humilde? ¿Sabes? La gente tiene en cuenta muchas cosas. ¿No conoces a alguien en la ciudad, que tenga una casa hermosa? Si quieres; yo puedo llevarte con amigos. Te hospedarán por la amistad que me tienen. Esos lugares, serán más dignos de Ti.

–                  ¿Así lo crees? Yo no lo creo. En todos los grupos hay dignos e indignos… Y sin faltar a la caridad, pero para no ofender a la Justicia; te digo que el indigno y el maliciosamente indigno; se encuentran frecuentemente entre los grandes. No es necesario; ni útil, ser poderoso; para ser bueno o para esconder el pecado a los ojos de Dios. Todo debe cambiarse bajo mi Señal. Y no será grande el que es poderoso; sino el que es humilde y santo.

–                  Pero para ser respetado. Para imponerse…

Jesús refuta:

–                             ¿Es acaso respetado Herodes?… ¿Lo es también César?… ¡No!.. Se les soporta y se les maldice con los labios y con los corazones. Créeme Judas; que entre los buenos o en los que tienen buena voluntad, sabré imponerme más con la modestia; que con el poderío.

–                             Pero entonces… ¿Despreciarás siempre a los poderosos? Te los harás enemigos. Pensaba hablar de Ti a muchos que conozco y que son famosos…

–                             Yo no desprecio a nadie. Iré a los pobres, como a los ricos. A los esclavos, como a los reyes. A los puros, como a los pecadores. Pero sí seré agradecido al que me dé pan y techo en mis fatigas. Cualquiera que sea el pan, cualquiera que sea el techo; preferiré siempre al que es humilde. Los grandes tienen de su parte, muchas alegrías. Los pobres no tienen más que su conciencia recta; un amor fiel, sus hijos y el saber que éstos los escuchan. Siempre me inclinaré hacia los pobres, los afligidos y los pecadores. Te agradezco tus buenos sentimientos; pero déjame en paz, en este lugar de paz y de oración… Vete. Y que Dios te inspire lo que esté bien.

Jesús deja al nuevo discípulo y se interna entre los olivos….

 HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

3.- CONQUISTADO POR EL PODER


La primavera está en todo su esplendor. Es la primera Pascua, después del retiro en el desierto.

Jesús entra en el recinto del Templo de Jerusalén, con Pedro, Andrés, Juan, Santiago de Zebedeo, Felipe y Bartolomé. Una multitud de peregrinos llegan de todas partes. En el primer patio hay una verdadera feria.

No existe el menor recogimiento en el lugar sagrado. Quién corre. Quién llama. Quién contrata a los corderos; grita y maldice por el precio excesivo. Quién empuja a los pobres animales que balan en los corrales improvisados con cuerdas o estacas. Y son custodiados por los mercaderes. Palos, balidos, blasfemias. Insultos a los criados que se descuidan en juntar o en separar a los animales y a los compradores que regatean el precio o que se van. Y mayores insultos en los que a sabiendas, se han llevado algún cordero.

El Templo también funciona como banco financiero. Y junto a los cambistas, hay otro griterío por los abusos en el cambio en el valor monetario, que cada quién impone a su capricho; pues según el cliente, es lo que le cobran.

Dos pobres viejecillos miran una y otra vez su bolsillo, con el dinero obtenido con tanto trabajo y sacrificio. Van de uno a otro cambista y terminan por regresar con el primero; que decide vengarse porque lo dejaron y aumenta la usura en el cambio.

Luego van con los vendedores de corderos que entregan a los viejos medio ciegos, al más flaco. Entran en el Templo…

Y al poco rato regresan empujando al pobre animalillo, que ha sido rechazado por los sacrificadores.

Llantos, súplicas, malos gestos, palabrotas; van y vienen sin que el vendedor se conmueva:

–          Para lo que queréis gastar galileos, el que os he dado es muy hermoso todavía. ¡Lárguense! O dad otros cinco denarios por uno mejor.

El anciano suplica:

–                      ¡En Nombre de Dios! ¡Somos pobres y viejos! ¿Acaso quieres impedir que celebremos la Pascua, que tal vez sea la última? ¿No te basta lo que pediste por un pequeño animal?

Inconmovible, el mercader exclama:

–           ¡Lárguense apestosos! Allá viene José el Anciano y me honra con su preferencia.

El vendedor deja a los afligidos viejos y saluda al recién llegado:

–                     ¡Dios sea contigo! ¡Ven, escoge!

José de Arimatea es un fariseo muy majestuoso; entra en el corral y toma un soberbio ejemplar. Luego pasa indiferente frente a los pobrecitos que gimotean a la entrada del corral. Casi los empuja cuando pasa con el gordo cordero que va balando.

También Jesús ha hecho su compra y es Pedro, el que lleva un cordero de regular tamaño. Pasan cerca de los viejecillos, que temerosos e indecisos lloran, mientras la gente los empuja y son insultados por el vendedor.

Jesús es muy alto. Mide un poco más de dos metros y llega junto a ellos, cuyas cabezas apenas si le llegan a la altura del pecho. Se acerca y poniendo su mano en la espalda de la mujer, le pregunta:

–           ¿Por qué lloras, mujer?

Ella mira muy sorprendida y admirada a este joven alto y majestuoso, que parece un rabí y que viste una túnica y un manto blanquísimos; porque nadie se preocupa de la gente, ni de defender a los pobres contra la avaricia de los vendedores…

Y le dice la razón de su llanto.

Cuando termina la transacción entre José y el mercader; Jesús se dirige a éste último:

–           Cambia este cordero a estos fieles. No es digno del altar. Así como tampoco es justo que te aproveches de dos viejecitos, tan sólo porque son débiles e indefensos.

El hombre se sorprende y recorriéndolo con la mirada de arriba abajo, dice con desprecio:

–           ¿Y Tú quién eres?

Jesús contesta:

–           Un justo.

–                      Tu modo de hablar y el de tus compañeros, te denuncian como Galileo. ¿Acaso puede haber un justo en Galilea?

Jesús dice con seriedad:

–           Haz lo que te digo y sé justo.

El hombre ríe con burla:

–        ¡Oíd! ¡Oíd! ¡Al galileo defensor de sus iguales! ¡Nos quiere enseñar a nosotros los del Templo! –al decir esto remeda la cadencia del hablar Galileo, que es más melodioso que el judío.

La gente se reúne. Otros vendedores y cambistas, se unen para defender a su compañero en contra de Jesús.

También intervienen algunos rabíes que lo interrogan con un gran sarcasmo:

–           ¿Eres tú doctor?

Jesús contesta muy serio:

–           Tú lo has dicho.

–           ¿Qué enseñas?

La hermosísima voz de tenor de Jesús resuena en el aire, como una trompeta:

–           Enseño esto: a hacer de la Casa de Dios, Casa de Oración y no lugar de usura y de mercado. ¡Esto es lo que enseño!

Todos quedan paralizados por el miedo; pues Jesús parece un arcángel airado. Sus bellísimos ojos azules, parecen dos zafiros centelleantes. Y con santa Ira camina impetuoso, entre banco y banco; volcando las mesas y las mesitas. Y todo cae al suelo con gran estrépito de monedas que rebotan y maderos quebrados.

El aire se llena de gritos de ira, de pavor, de aprobación. Enseguida arranca de las manos de los mozos que cuidan los animales, las cuerdas con las que guardan los bueyes, las ovejas y los corderos. Y forma con ellos un duro látigo, en el que los lazos sueltos se convierten en flagelo. Lo levanta y le da vueltas por arriba y por abajo sin consideración alguna. ¡Y sin ninguna piedad!

Al golpear sacude cabezas y espaldas. Los fieles se separan admirando lo que pasa.

Los culpables son perseguidos y huyen dejando en el suelo, el dinero y los animales; en medio de una gran confusión de piernas, cuernos, alas. Hay quién corre; quién vuela… todo en medio de mugidos, balidos, aleteos de palomas y de tórtolas. Y a este alboroto se unen las risas y burlas, con que los fieles siguen a los usureros que escapan dando alaridos que sobrepasan los berridos y balidos de los corderos, que están siendo degollados en otra parte del Santuario.

Israel es una teocracia y el Templo, su principal sede de gobierno. Con toda esta barahúnda, acuden los sacerdotes, junto con los fariseos y los rabíes con sus discípulos.

Jesús está en medio del patio. Ha regresado de perseguir a los culpables y todavía tiene el látigo en la mano.

Es una estampa prodigiosa, poder contemplarlo en toda su majestuosa belleza masculina; airosa y triunfante; poderosa como un rey…

Y las preguntas llueven al mismo tiempo:

–               ¿Quién eres?

–               ¿De qué escuela provienes?

–               ¿Cómo te permites hacer esto, turbando las ceremonias prescritas?

–               Nosotros no te conocemos, ni sabemos quién eres.

Jesús los escudriña a todos como si los traspasara con su mirada. Ellos la sienten y parecen encogerse. Jesús al contrario… Se yergue más majestuoso todavía y adquiere toda la grandeza del Hombre-Dios…

Y declara con voz poderosa:

–           Yo Soy el que puedo. Todo lo puedo. Destruid si queréis este Templo Real y Yo lo levantaré para alabar a Dios. Yo no turbo la santidad de la Casa de Dios, ni sus ceremonias. Vosotros sois la que la turbáis, permitiendo que su morada se convierta en sede de ladrones y mercaderes. Mi escuela es la Escuela de Dios. La misma que Israel tuvo cuando le hablaba el Eterno, por medio de Moisés. ¿No me conocéis?… ¡Me conoceréis! ¿No sabéis de dónde vengo?… ¡Lo sabréis!

Y volviéndose al pueblo, sin preocuparse más por los sacerdotes. Alto, vestido de blanco, con el manto abierto y cayéndole sobre la espalda.

Majestuosísimo como un Rey y con los brazos abiertos como un orador en lo más emocionante de su discurso, dice:

–           ¡Oíd, vosotros de Israel! En el Deuteronomio está escrito: establecerás jueces y magistrados en todas las puertas…y ellos juzgarán con justicia al pueblo, sin inclinarse por ninguna de las partes. No tendrás respetos personales, ni aceptarás donativos. Porque los donativos cierran los ojos de los sabios y alteran las palabras de los justos. Con justicia seguirás lo que es justo, para vivir y poseer la tierra que el Señor Dios Tuyo te habrá dado.

¡Oíd, vosotros de Israel! En el Deuteronomio está escrito: no prestarás a interés, ni dinero ni semillas, ni cosa alguna a tu hermano. Podrás hacerlo con el extranjero; pero a tu hermano no prestarás con interés, de lo que tiene necesidad. Esto ha dicho el Señor.

¡Ved ahora qué injusticia para con el pobre se comete en Israel! No triunfa el justo, sino el fuerte. Y ser pobre, ser pueblo, quiere decir ser oprimido. ¿Cómo puede el pueblo decir: “Quién nos juzga es justo” si ve que no lo respetan los que deberían hacerlo? ¿El violar los Mandamientos de Dios, es acaso respetarlo? ¿Por qué razón los sacerdotes en Israel tienen posesiones y aceptan donativos de publicanos y pecadores, los cuales los hacen para tener de su parte a los sacerdotes; así como éstos los reciben para tener una mayor riqueza?

Dios es la herencia de los sacerdotes. Para ellos Él, el Padre de Israel; es más que Padre y les provee de comida como es justo. Pero no más de lo justo. Él no prometió a los servidores del Santuario bolsas de dinero, ni posesiones. En la Eternidad tendrán el Cielo porque fueron justos; como lo tendrán Moisés y Elías, Jacob y Abraham. Pero sobre esta tierra no deben tener más que el vestido de lino y una diadema de oro incorruptible: Pureza y Caridad.Y que el cuerpo sea siervo del espíritu, que es siervo de Dios Verdadero. Y que no sea el cuerpo quién sea señor del espíritu y contrario a Dios.

Se me ha preguntado con qué autoridad hago esto.

Y ellos ¿Con qué autoridad profanan los Mandamientos de Dios y a la sombra de los muros sagrados permiten usura contra sus hermanos de Israel, que han venido por obedecer un Mandamiento Divino? Se me ha preguntado de qué escuela provengo y yo he respondido: “De la Escuela de Dios”. Así es Israel. Yo he venido a traerte a esta escuela santa e inmutable. Quien quiera conocer la Luz, la Verdad, la Vida. Quien quiera volver a oír la Voz de Dios que habla a su pueblo, que venga a Mí. Como habéis seguido a Moisés a través del desierto, ¡Oh, vosotros de Israel! Seguidme a Mí que os llevaré a través de un desierto más desolado al encuentro de la Verdadera Tierra Prometida. Por el mar abierto de los Mandamientos de Dios, os llevaré a ella y levantando mi señal, os curaré de cualquier mal.

Ha llegado la Hora de la Gracia. Los Patriarcas murieron esperándola, la predijeron los Profetas y fallecieron con esta esperanza. Los justos soñaron con ella y murieron confortados con este sueño. Ha llegado la Hora.

¡Venid! El Señor está por juzgar a su Pueblo y para hacer misericordia a sus siervos. Así como lo prometió por boca de Moisés.

El largo discurso termina y la gente agolpada alrededor de Jesús, lo ha escuchado con la boca abierta. Después comenta las palabras del nuevo Rabí. Y van y vienen preguntas.

En un nutrido grupo de fariseos, sacerdotes y Doctores de la Ley; que están tan estupefactos, que se han quedado paralizados al igual que todos los que presencian la insólita escena…Está el escriba Sadoc y sus discípulos.

Y entre sus asombrados oyentes, hay uno que se pregunta a sí mismo:

–           ¿Acaso es el Mesías?

Y su corazón palpita con violencia ante el pensamiento que cruza como un relámpago:

–           ¡Sí! ¡Es el Mesías! Sólo el Mesías sería capaz de hablar así a los poderosos de Israel. ¡El Rey prometido ha llegado!

Y un frenético anhelo de seguirlo y conseguir ser su discípulo, se agiganta dentro de sí y lo domina por completo. Y jala a su compañero de una manga y lo arrastra consigo.

Mientras tanto, Jesús se dirige al Patio de los Israelitas, seguido por sus amigos.

Tres días después…

Jesús llega con sus seis discípulos a una casita que está en la orilla de la ciudad, entre la campiña y los olivos, bañada por la luz del atardecer.

Un anciano campesino, propietario del olivar, que es conocido de Juan, le dice:

–           Juan, hay dos hombres que esperan a tu amigo.

Juan inquiere:

–           ¿Dónde están? ¿Quiénes son?

–                      Están esperando en la cocina y… y… en el fondo del huerto, hay otro que es todo llagas. Hice que se quedara allí, porque…mucho me temo de que esté leproso. Dice que quiere ver al profeta que habló en el Templo.

Jesús dice:

–                      Vamos primero con éste. Diles a los otros que si quieren venir, que vengan. Hablaré con ellos en el Olivar.

Y avanza al lugar que señaló el anciano.

Pedro pregunta:

–           ¿Y nosotros que hacemos?

–           Venid si queréis.

Un hombre todo embozado está pegado a la barda que sirve de apoyo a una zanja, la más cercana al sembradío. Cuando ve que Jesús se acerca, grita:

–           ¡Atrás! ¡Atrás! –Descubre su tronco, dejando caer el vestido y gritando- ¡Piedad! ¡Piedad!

Si la cara está cubierta de costras, el tronco es un entretejido de llagas. Unas, son hoyos profundos. Otras parecen quemaduras de color rojo. Y otras más, blanquizcas y transparentes como si tuvieran un vidrio blanco.

Jesús lo mira con infinita compasión:

–                     ¡Eres leproso! ¿Para qué me quieres?

El hombre suplica:

–                     ¡No me maldigas! ¡No me tires piedras! Me han contado que la otra tarde te manifestaste como Voz de Dios y Portador de su Gracia. Me han dicho que Tú has afirmado que al levantar tu Señal, sanas cualquier enfermedad. Por favor, ¡Levántala sobre mí! ¡Vengo de los sepulcros… desde allá! Me he arrastrado como una serpiente entre los espinos del riachuelo para llegar sin ser visto. He esperado el atardecer para hacerlo, porque en la penumbra no se distingue lo que soy. Me he atrevido. Encontré al buen amo de la casa que no me mató y sólo me dijo: “Espera junto a la barda” Por favor te lo pido, ten piedad Tú también.

Los seis discípulos, el dueño del lugar y los dos desconocidos, se quedan paralizados y muestran claramente su repudio.

Jesús empieza a caminar para acercarse al enfermo.

Y el leproso, grita:

–           ¡No! ¡Alto! ¡No más adelante! ¡No más!… ¡Estoy infectado!

Pero Jesús avanza. Lo mira con tanta piedad que el hombre se pone a llorar y se arrodilla con la cara casi sobre el suelo y solloza:

–           ¡Tu Señal! ¡Tú Señal!

Jesús sonríe lleno de majestad y dice:

–           Será levantada a su Hora. Pero Yo te digo: ¡Levántate! ¡Cúrate! ¡Lo quiero! Y sé para Mí, testigo en esta ciudad que debe conocerme. ¡Levántate, te lo mando! Y no peques más en gratitud a Dios.

El hombre se levanta poco a poco; parece emerger de la alta hierba, como de un sudario, en una tumba…

¡Y está curado!

Grita:

–           ¡Estoy limpio! ¡Oh! ¿Qué debo hacer yo ahora por Ti?

–           Obedecer la Ley. Ve al sacerdote. Sé bueno en el porvenir. ¡Ve!

El hombre trata de arrojarse a los pies de Jesús; pero se acuerda de que todavía está impuro según la Ley y se detiene. Entonces se besa la mano y envía con ella un beso a Jesús, llorando de alegría.

Los otros están petrificados. Jesús le sonríe al curado y lo bendice. Le vuelve la espalda y regresa con los demás.

Su maravillosa sonrisa los hace volver en sí al decirles:

–           Amigos, era solamente una lepra de la carne. Pero vosotros veréis caer la lepra de los corazones. –Volviéndose hacia los dos desconocidos, pregunta- ¿Sois vosotros los que me buscabais? Aquí estoy. ¿Quiénes sois?

El más alto le dice:

–           Te oímos la otra tarde en el Templo. Te buscamos por la ciudad. Uno que dijo ser pariente tuyo, nos dijo que estabas aquí.

Jesús pregunta:

–           ¿Por qué me buscáis?

–           Para seguirte si quieres. Porque has dicho palabras de verdad.

–           ¿Seguirme? ¿Pero sabéis a donde debo ir?

–           No Maestro. Pero ciertamente que a la gloria.

–           Sí. Pero no a una gloria de la tierra; sino a la que tiene su asiento en el Cielo y que se conquista con la virtud y los sacrificios. ¿Por qué queréis seguirme?

–           Para tener parte en tu gloria.

–           ¿Según el Cielo?

–           Sí. Según el Cielo.

–           No todos pueden llegar; porque Mammón asecha a los que desean el Cielo, más que a todos los demás. Y sólo el que sabe querer con todas sus fuerzas, resiste. ¿Por qué seguirme, si seguirme significa una lucha contra el Enemigo que es Satanás?

–           Porque así lo quiere nuestro corazón que ha quedado conquistado por Ti. Tú eres Santo y Poderoso. Queremos ser tus amigos.

Jesús exclama:

–           ¡Amigos! –calla un rato y suspira.

Luego mira fijamente al que siempre ha estado hablando.

Es un judío joven, elegantemente vestido y que ahora ha dejado caer el capucho de su manto hacia atrás, descubriendo su cabeza rapada.

Y Jesús le pregunta:

–           ¿Quién eres tú, que hablas mejor que uno del pueblo?

–           Soy Judas de Simón. Soy de Keriot, pero estoy en el Templo. Soy sacerdote y fariseo. Hijo de Simón, sacerdote fariseo de la treceava de las veinticuatro castas sacerdotales. Soy de la tribu de Leví. Espero y sueño con el Rey de los Judíos. Te he visto que eres Rey en la Palabra y en el gesto. Tómame contigo.

–           ¿Tomarte?… ¿Ahora?… ¿Inmediatamente?… ¡No!

El ‘NO’ de Jesús es rotundo y cortante. Los apóstoles lo miran sorprendidos ante una actitud insólita  y que generalmente es  dulce y amorosa de su Maestro…

Judas pregunta extrañado:

–           ¿Por qué Maestro?

–           Porque es mejor pesarse a sí mismo, antes de emprender un camino muy pendiente.

–           ¿No te fías de mi sinceridad?

–           ¡Tú lo has dicho! Creo en tu impulso, pero no creo en tu constancia. Piénsalo bien, Judas. Por ahora me voy, pero regresaré para Pentecostés. Si estás en el Templo podrás verme. ¡Pésate a ti mismo!… –se vuelve hacia el otro desconocido- Y tú ¿Quién eres?

el hombre contesta un poco turbado:

–           Otro que te vio. Querría estar contigo. Pero ahora siento miedo.

Jesús contesta con firmeza y dulzura:

–           ¡No! La presunción es ruina. El temor puede ser obstáculo, pero si procede de la humildad, es ayuda. No tengas miedo. También tú piénsalo y cuando regrese…

–           Maestro, ¡Eres tan Santo! Tengo miedo de no ser digno. No de otra cosa. Porque de mi amor no recelo.

–           ¿Cómo te llamas?

–           Tomás. Y de sobrenombre, Dídimo.

–           Recordaré tu nombre. Vete en paz.

Jesús los despide y entra en la casa con los seis discípulos.

Juan pregunta:

–           ¿Por qué has hecho tanta diferencia entre los dos, Maestro? Ambos tenían el mismo impulso.

Jesús contesta:

–           Amigo. Aunque el impulso sea el mismo, éste puede tener diferentes orígenes y producir diversos efectos. Ciertamente los dos tienen el mismo impulso. Pero no son iguales en el fin. El que parece menos perfecto lo es más, porque no tiene el acicate de la gloria humana. Me ama porque… me ama.

Pedro interviene:

–           Nosotros hemos dejado todo por Ti.

–           Lo sé Pedro. Por eso os amo más. Pero también vendrá Judas.

–           ¿Quién?… ¿Judas de Keriot?… ¡Ese!… ¡No me agrada! Es un elegante y apuesto señorito, pero… prefiero… ¡Me prefiero a mí mismo!

Todos lanzan una carcajada, con la salida de Pedro. Éste aclara:

–           No hay porqué reírse. Quise decir que prefiero ser un Galileo franco, burdo, ignorante, pescador; pero sin malicia… él tiene…no sé… ¡Ea! El Maestro entiende lo que yo pienso.

Jesús dice:

–           Sí entiendo. Pero no hay que juzgar. Tenemos necesidad de…

Lo interrumpen unos golpes que tocan a la puerta. Cuando la abren, Tomás entra y se arroja a los pies de Jesús.

Y le suplica:

–           Maestro… no puedo esperar hasta tu regreso. Déjame contigo. Estoy lleno de defectos; pero tengo un amor único, grande y verdadero que es mi tesoro. Es tuyo y es para Ti… ¡Por favor deja que me quede Maestro!

Jesús le pone la mano en la cabeza y dice:

–          Quédate, Dídimo. Ven conmigo. Bienaventurados los que son sinceros y tenaces en el querer. Vosotros sois benditos. Para Mí sois más que parientes; porque sois hijos y hermanos, no según la sangre que perece; sino conforme al querer de Dios y al querer vuestro espiritual. Ahora declaro que no tengo ningún pariente más cercano a Mí, que el que hace la Voluntad de mi Padre y quiere el bien. Levántate amigo. ¿Ya cenaste?

Tomás contesta:

–           No, Maestro. Caminé unos cuantos metros con el otro que vino conmigo. Después lo dejé y me regresé diciéndole que quería hablar con el leproso curado… Lo dije porque pensé que él desdeñaría acercarse a un impuro y no me equivoqué. Pero yo te buscaba a Ti; no al leproso…Quería pedirte que me aceptaras.

–           ¿Vives lejos?

–           Estoy alojado cerca de la Puerta Oriental.

–           ¿Estás solo?

–           Estaba con parientes. Pero te oí en el Templo y me quedé para buscarte.

Jesús sonríe y dice:

–           ¿Entonces nadie te espera?

Tomás contesta muy feliz:

–           No, Maestro.

–           Siéntate, Tomás y come con nosotros. Somos pobres y la cena la compartiremos con amor.

Después de que terminan de cenar, Jesús le pregunta:

–           Tomás, ¿Estarías dispuesto a hacerme un favor?

–           Ordena, Maestro. Estoy para servirte.

–           Mañana al rayar el alba, el leproso saldrá de los sepulcros, para buscar quién le avise al sacerdote. Es caridad que tú vayas antes a ese lugar y digas en voz alta: “Tú que ayer fuiste curado, ven fuera. Me manda Jesús de Nazareth, el Mesías de Israel. El que te sanó.” Con esto harás que el mundo de los muertos vivientes conozca mi Nombre y arda de esperanza. Y que a la esperanza se una la fe para que lo cure. Después, él vendrá a ti. Harás lo que te diga que tienes que hacer. Y lo ayudarás en todo como si fuese tu hermano. Le dirás también: “Cuando hayamos cumplido con tu purificación, el Maestro te espera en el camino a Jericó; junto al río. Para decirnos en qué debemos servirlo.”

–           ¡Así lo haré! ¿Y el otro?

–           ¿Quién?… ¿Iscariote?

–           Sí, Maestro.

–           Para él persiste mi consejo. Déjalo que decida por sí mismo. Y por largo, muy largo tiempo; evita aún el encontrarlo. En cuanto al leproso, déjame decirte como es; para que nadie trate de engañarte. Es alto, delgado, de piel oscura, como de sangre mezclada. Ojos profundos y muy negros, bajo unas cejas blancas. Cabellos blancos y encrespados. Nariz larga y labios gruesos. En la frente tiene una cicatriz antigua que le ha quedado.

Felipe comenta:

–           Entonces es un viejo, si está todo blanco.

Jesús refuta:

–           No Felipe. Sólo es un poco mayor que yo. La lepra lo hizo canoso. Oremos…

Jesús se levanta y da gracias al Padre. Luego todos se retiran a descansar.

 HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

43.- LA PERSECUCION


En el cubiculum de un lujoso palacio, furioso da vueltas,  como un león enjaulado y con el rostro descompuesto por la ira, Narciso Haloto. Había ido a buscar a Celina y en su casa le dijeron que había emprendido un viaje del que tardaría muchas semanas en regresar. Y no…  No sabían en donde se encontraba ahora.

La esquiva y hermosa virgen le ha colmado la paciencia. A pesar de su pesquisa no ha logrado dar con su paradero y no comprende como ella se atreve a rechazarlo de esa manera…  Pues él desciende de una poderosa familia en Roma, acaudalada y con ilustre linaje. Sus antepasados han sido cónsules y militares muy prestigiados; aún ahora su padre es el favorito de Nerón…

Y ellos no están acostumbrados a implorar los favores de nadie.

Haloto es el prototipo de su sangre y esta hermosa joven le ha herido más que nada en su vanidad…  Y más que amor que un día creyera sentir por ella, se ha levantado en él la obstinación del jugador que está acostumbrado a ganar. Desde siempre ha obtenido lo que quiere y no conoce  las contrariedades, ni la derrota. Y no pasa siquiera por su mente la posibilidad, de que ésta vez no pueda conseguir su objetivo.

En el ejército, la disciplina militar había puesto límites a su voluntad; pero al mismo tiempo le había afirmado en que toda orden debe ser obedecida. Y él ha sido un hombre implacable en ese sentido. Su prolongada permanencia en el Oriente, donde la gente es sumisa y habituada a la obediencia de los esclavos, le ha confirmado en su ánimo de no ser contrariado jamás. Ni siquiera en el más mínimo de sus deseos.

¿Quién se cree Celina que es, para tratarlo como a un liberto y no tan solo rechazarlo; sino largarse sin dejarle noticias de su paradero? Piensa en esto y su rostro palidece de cólera y se goza por anticipado, en lo que la humillará…  Se vengará de todos los agravios sufridos. La atormentará a su antojo, como si fuera una esclava. Y empieza a deleitarse con el pensamiento de las rojas huellas del látigo, marcando sus carnes sonrosadas… Quiere verla suplicándole que tenga piedad de ella.

Su obsesión por Celina le ha hecho ser un amo más cruel y despiadado. Sus esclavos y hasta sus libertos se acercan a él temblando. Y él disfruta viendo el terror en sus miradas. Y como ahora caen sobre ellos inmerecidos castigos, tan despiadados como injustificables; empezaron secretamente a odiarle, tanto como le temían.

Narciso descarga en ellos sus venganzas, ya que no puede alcanzar a la fugitiva causante de su pésimo estado de ánimo. Se ha propuesto usar todos los medios a su alcance para obtenerla y cuando esto suceda… ¡Celina se enterará de quién es él! ¡Vaya que lo sabrá!…

La sangre le hierve de ira. El es un Haloto y le demostrará lo peligroso que es tratar de ignorarlos o burlarse de ellos, como ella se ha atrevido a hacerlo con él.

Mientras tanto en la Puerta del Cielo, están acelerando la instrucción de los catecúmenos y Celina está en uno de los salones, hablando a más de un centenar de personas:

LA PERSECUCIÓN

Es la Guerra contra Dios.

No son necesarios las grandes persecuciones o los grandes cismas, para luchar contra Cristo. También está la pequeña íntima lucha de cada alma; contra la Ley de Dios. O la velada, astuta, estatal lucha de cada país, contra la Roma Católica. Contra la Voz de Jesús que habla y reclama a los hombres la Ley de honestidad, del deber, del amor. Son luchas contra Cristo.

Los escribas, los fariseos y los sacerdotes del Templo de Jerusalén, se opusieron siempre a las verdades de Jesús. Las odiaron y las combatieron por todos los medios; porque estaban llenos de soberbia y de envidia. Y su odio fue atizado por Satanás, hasta encontrar su desfogue implacable en la Cruz.

El rey Herodes ordenó el Genocidio de Belén, por miedo y por envidia de las profecías que vio cumplirse en las palabras de los Reyes Magos. Miedo y envidia que movió al Sanedrín contra Jesús. ¿Por qué?

POR EL PODER

Jesús, como Dios Todopoderoso fundó una Iglesia cuyo uno de sus grandes caudales es: EL PODER. Tesoro que la hace bella, potente, perfecta. Única en el mundo por sus innumerables tesoros espirituales, donados por el Todopoderoso. Ninguna sociedad existente en el Universo, dispone del Poder del que dispone la Iglesia.

Las Potencias del Infierno, gozan de un poder superior al humano, debido a su naturaleza angélica superior a la naturaleza humana. Pero no en la medida que ellos se esfuerzan en hacer creer. El poder del que ellos disponen es extranatural, NO sobrenatural. Nacido principalmente de la ignorancia de sus adeptos, a los que han convertido en profanadores de los Misterios de Dios.

Pero el Poder concedido a la Iglesia de Jesucristo, SI es un poder sobrenatural. Infinitamente superior al concedido a los ángeles. Poder Divino que cuando es ejercido dentro de la Voluntad de Dios y en amoroso seguimiento a sus designios; es una fuerza devastadora para Lucifer. Esto lo sabe muy bien el Archí-enemigo de Dios y de los hombres. Y por eso su principal estrategia es provocar la crisis de Fe, demoliendo las convicciones principalmente en la Jerarquía; para neutralizar esta fuerza y hacer que se desperdicien las riquezas que fueron fruto de la Sangre de Jesús. Y de esta manera dejar anulados a los que son sus mortales enemigos.

EL PODER ESTA EN LA FE

Y cuando es usada la Fe Verdadera en todos los Sacramentos, él es un adversario aniquilado. Por eso trata de ensombrecer a la Iglesia. Que a los ojos humanos le puede restar resplandor; pero en la realidad no se ha disminuido en Ella, nada de su valor, ni de su potencia.

Una Iglesia ‘Viva’ en su parte divina y sobrenatural, ya hubiera acabado con el terror que Satanás ejerce en el mundo, por medio de los corazones entregados a él. Satanás sabe cuán débil es la naturaleza humana, con la embriaguez del poder terrenal. Por eso una de las Tentaciones en el Desierto, fue precisamente ésta. Y como no logró que Jesús consintiera, buscó la manera de obligarlo, haciendo que lo proclamaran rey. Pero Jesús huyó.

Las riquezas y el poder son las dos cadenas más poderosas, para perder al espíritu. Muchos se han extraviado lejos de la Fe y se han torturado a sí mismos con un sinnúmero de tormentos, por entregarse a ellas. Su avidez por poseerlas los han precipitado en la condenación eterna, después de haber sido flagelo para otros y de olvidar completamente el sentido de la Vida y de la Doctrina Cristiana.

La confusión entre poder terrenal y poder espiritual en los corazones, provoca los errores y las herejías en el interior. Y la Persecución provocada por el odio irracional en el exterior.

La persecución sanguinaria y violenta, es el punto que delimita claramente las relaciones entre la política y la religión, porque pone de manifiesto la eterna batalla del poder por el Poder; en la terrible guerra espiritual, entre Jesucristo y Lucifer.

Mi Reino no es de este mundo’. Estas palabras son la clave para no perder la brújula en el camino para llegar a Dios. El cristiano verdadero sabe quién persigue a Quién y por qué. También está consciente de su propia identidad. Y por eso es temido y más odiado por su Adversario.

El cristiano verdadero sabe vencer; aún cuando a los ojos del mundo, pareciera vencido. El cristiano verdadero dirige su propio combate. Y el Enemigo, debe aceptar las reglas. Los que no ‘ven’, no comprenden.

Si su alma estuviese viva, verían como son regios los vencedores. Y como las ‘victimas’ son los verdaderos dioses que se han liberado de la esclavitud del Mal y se yerguen ante él victoriosos. Satanás mira impotente como sus ataques solo los hacen crecer más.

Los destruye aparentemente, en lo único que puede alcanzarlos: lo material y terrenal. Pero con esto está contribuyendo a la Obra de Dios: deificar al alma para que sea verdadera hija de Dios.

Pero un Padre no da solamente amor y semejanza a los hijos. Da también sus riquezas y su herencia. No hay victoria sin lucha. Y no puede tenerse el vestido adornado, ni palma de gloria, sin el Dolor y sin la Cruz; los medios por los cuales Jesús fue exaltado por el Padre, después de la Suprema Humillación y Obediencia. Para ser coherederos del Reino Celestial del cual el Cordero de Dios, el Verbo Encarnado, ES el Rey de reyes y Señor de señores; debemos también desear ser coherederos en su parte de Dolor, de inmolación, de humillación y de obediencia. Porque solo así se podrá junto con Él, Victorioso y Glorioso, ser glorificados.

Breve,             siempre breve será la Prueba terrena respecto a la Eternidad. Relativos, siempre relativos, el sufrimiento y la cruz, respecto al gozo celestial e infinito, como todas las cosas que vienen de Dios.

No hay que desconsolarse por las persecuciones, vejaciones, opresiones, calumnias, escarnios, que vienen de quienes son utilizados por Satanás, para tratar de destruirnos. Porque Cristo es perseguido en sus hijos. Ni la espada, ni los tormentos pueden separar de Cristo a los que lo aman de verdad.

Nada es tan poderoso como la persecución a una idea o a una religión, para hacerle aumentar su potencia. Lo mismo pasa con Cristo: de la larga persecución moral y la feroz persecución final, obtendrá el sello de Gloria Imperecedero por el cual reina y reinará como el Santo de los santos. Entonces todas las cosas serán restauradas, tal y como Dios las había concebido antes de crearlas.

La Iglesia en plena coherencia Divina y humana, debe en su calidad de Maestra y Guía, dirigir a los hombres hacia los ilimitados horizontes de la Eternidad Divina. Renovarse o perecer. Ser la fiel Esposa de Cristo, que conquistará el mundo con el Amor. Tener a la Iglesia aceptada y conocida solo en su parte humana y culpablemente ignorada en su parte Divina y sobrenatural; Ha hecho que Satanás crea su loca ilusión de haber acabado con Ella, como un día hizo con la Cabeza.

Las fuerzas del Infierno  no la podrán vencer. Estas palabras de Jesús, son la promesa de Dios a una Iglesia que no podrá ser destruida. Porque Él no lo va a permitir. Porque ha sido establecida como Faro del Mundo.

EL MESIAS PERSEGUIDO.

Cuando el mundo los odie, recuerden que primero que a ustedes me odió a Mí. No sería lo mismo si ustedes fueran del mundo, pues el mundo ama lo que es suyo…

Jesús no envileció su Divinidad al asumir figura humana. Su Amor Perfectísimo Divinizó a la Humanidad; que llevada por la libre voluntad del hombre, nos hace semejantes a la Perfección de Dios, que es Amor Puro, Libre, Perfecto.

Jesús no quiso diferenciarse del hombre, para llevarlo hasta donde Él está. Y unidos en Él, ser tentados y vencedores, para ser dioses en el Reino Celestial. Cuanto más crece el hombre en perfección, más se ve asaltado por las fuerzas del Mal. Más en el hombre saturado de Dios, los asaltos no son muerte sino vida. Tampoco envilecimiento, sino gloria.

El hombre no ha cambiado y Satanás tampoco. Quitando el miedo y la ignorancia, el alma unida a Dios puede alcanzar la perfección, porque en la entrega llega la Fusión y es Dios Mismo el que libra los combates. La vida es una guerra de todos los días y las víctimas se purifican en la hoguera de las tentaciones. El alma víctima, es el mártir que llega a ser dios por el esfuerzo constante de las victorias conseguidas en la vida terrena. Si el alma ya fuese dios, no tendría que esforzarse en serlo. El Amor la invita a divinizarla mediante el Amor. En esto consiste la perfección.

El que descubre a Dios y lo busca para amarlo; comienza a hablar un lenguaje nuevo y diferente, que no puede ser comprendido por los que pertenecen al mundo. El cristiano siempre será perseguido e incomprendido. Más incomprendido mientras más avanza en el camino de la Cruz.

LA SEÑAL DEFINITIVA DE QUE JESÚS ES DIOS…  ES EL ODIO CON EL QUE TRATAN DE DESTRUIRLO TODO EL INFIERNO Y TODO EL MUNDO.

Odio mortal dirigido contra ÉL y contra todos los que lo representan.

Dios es Amor. Jesús es el Amor Encarnado. Cuanto más se ha demostrado la sobrenatural realidad de su Divinidad y de su Palabra, más Odiado es. Satanás creyó vencerlo matándolo a Él y matando a los primeros cristianos, así como ahora nos quiere matar a nosotros. Aún sigue creyendo que exterminando la Iglesia, acabará con la Doctrina Cristiana. Por eso debemos estar preparados. El Espíritu Santo nos ha prevenido que ha pedido permiso para cribarnos y se le ha permitido hacer proyectos orgullosos para actuar como quiera durante cuarenta y dos meses, antes del regreso de Jesús para instaurar su Reino en la Tierra. Se le concedió hacer la guerra a los santos y vencerlos. Y tiene poder sobre todo pueblo, raza y nación. El que tenga oídos escuche y comprenda: Quién está destinado a la cárcel, irá a la cárcel. Quién está destinado a muerte de espada, perecerá por la espada. Para los santos es la hora de la perseverancia y la FE.

PERSEGUIR A UNA DOCTRINA NO SIRVE MAS QUE PARA AUMENTAR SU PODER. Sobre todo si es auténtica en las verdades que enseña. Cada gota de sangre de los que sean martirizados y cada lágrima de los santos que sean aplastados, será semilla de cristianos y hará que el catolicismo se extienda por todo el planeta. Porque Satanás no cambia y tampoco cambia sus métodos. Como trató a Jesús y a los primeros cristianos, tratará a los actuales. Y así seguirá mientras haya un alma que deba probar su fidelidad a Dios. De los gobernantes parten las más crueles masacres. Las lacras del Mal imperante penetran y se extienden en el espíritu del hombre, quiera o no quiera, porque no quieren que el espíritu se vuelva a Dios y a su Ley.

Estallan el rencor y la envidia de los hijos de Satanás, en las persecuciones feroces; cuando botando la máscara humana que cubre su cabeza de serpiente infernal, se manifiesta abiertamente y combate a los hijos de la luz.

Los espíritus que no están vivos y nutridos de amor y de Evangelio. No pueden resistir y permanecer fieles, por eso le temen a las persecuciones y al martirio. Y terminan por renegar de Dios, pues carecen del Amor y la fortaleza suficientes para vencer.

Los hombres son los instrumentos que Satanás mueve para golpear a la Iglesia. Satanás sabe que los tiempos apremian y que ésta es la lucha decisiva que anticipará la venida de Cristo. Satanás es el capitán de este ejército que se inició en el Sanedrín entre las castas de los fariseos, de los escribas. Que encontraron su alférez en Judas y que culminará con el Reino del Anticristo. El cual al torrente de Gracia contrapondrá un torrente de ferocidad y de sangre, en el cual triturará y desaparecerá a todos los cristianos; donde muy pocos caerán como víctimas santas, invocando a Cristo.

Porque decirse cristiano, no quiere decir serlo. No es el recibir el rito del Bautismo y acercarse a los Sacramentos con el espíritu muerto, lo que lo constituye.

Ser cristiano quiere decir ser como Cristo lo ha dicho que se debe ser y como el Evangelio lo repite. El querer adaptar el Evangelio a una vida sin conversión, es una patética confesión de miseria espiritual. El Evangelio debe ser vivido de manera integral. Y el Anticristo nos obligará a ser perfectos, porque su diabólica ferocidad estará completada con la moderna tecnología para torturar. El que no quiera perderse deberá aprender a ser un héroe.

LA PERSECUCIÓN ES LA SUERTE DE LOS SANTOS.

El hijo de un doctor, quiere ser doctor. El hijo de un artista, quiere ser artista. Los que creen que han surgido de una tribu de simios, corren el peligro de convertirse en bestias. Los que sienten que fueron creados por Dios y lo aman como Padre, no hay duda de que intentarán volverse como Él. y cuando llegue el tiempo del sufrimiento por ser cristianos, desde ahora deben decidir si estarán listos para enfrentar ese Día, con dignidad y valor.

Satanás asecha con grandes grandezas a los que desean el Cielo, más que a los demás. Quién busca las grandezas del mundo, no puede entrar al Reino de los Cielos. Judas de Keriot, es el ejemplo perfecto de esto. Porque la grandeza del mundo está en oposición a la Ley de Dios. La Grandeza del mundo casi siempre se consigue con medios ilícitos, que para prevalecer sobre el prójimo; con la injusticia lo convierten en peldaño y lo aplastan para poder sobresalir. El mundo seduce con el espejismo del éxito y del triunfo. Cristo triunfa en lo que es considerado como pérdida y derrota. Solo el que sabe querer resistir con todas sus fuerzas, triunfa sobre las seducciones. Y a éstos, Satanás les hace una guerra despiadada y continua. Todos los que siguen al Dios verdadero, padecen persecución. Todos los que lo predican, terminan con la suerte de los profetas: ODIADOS.

A Juan Bautista lo odiaron por su severidad. Y por decir la Verdad, terminó decapitado. A Jesús lo odiaron por su Bondad. Y por decir la Verdad, terminó crucificado. Los dos predicaban a Dios. La Penitencia y el Amor atraen al Odio. Satanás inculca el Odio en los corazones y es generador de tragedias.

Cuando el Espíritu Santo se acerca a las almas y éstas comienzan a responder a su llamado, los hombres se dividen en dos ramas: los que aman y los que odian al que está llevando el Reino de Dios a los corazones. Desafortunadamente siempre es más grande la cantidad de los odiadores que de los convertidos. Satanás sabe que las almas reconocen a Dios. Y se convierten al ser consoladas y curadas por Él. Presiente su derrota en los corazones y su odio y su furia no tienen límites. Entonces ataca con toda su rabia a los que se atreven a desafiarlo arrebatándole sus presas y vuelve furiosos a los que le pertenecen, comunicándoles su odio infernal.

Quien da hospedaje al Infierno, es quién odia a los pequeños cristos.

Satanás es tan astuto que convierte a  los hombres sin que se den cuenta, en marionetas a las cuales maneja como quiere, a través de los hilos de sus malos sentimientos y sus pasiones. Y sin que ellos lo adviertan, hecha mano de todos sus recursos para atacar al perseguido y dañarlo por todos los medios posibles. Los santos del Cielo traen una corona adornada con las perlas de su llanto y de su dolor. Algunos han sido martirizados hasta la sangre, por las vejaciones de Satanás y sus aliados. En la tierra recibieron el extraordinario consuelo de la ternura de Dios que alivia el dolor de sus hijos, que los fortalece para llevar la amarguísima cruz del odio y sobrellevar las persecuciones solapadas, astutas y terribles que para poderlas vencer, debieron prepararse en la Escuela del Sufrimiento. Para ser vencedores de Satanás que a la carne había hecho corrupta. Vencedores de los sentidos que en ellos se agitan por herencia del pecado y azuzada por Satanás. Todos los santos son mártires. Porque para ser santos debieron superar las persecuciones y permanecer fieles. ¡Gloria a quién vence!

Satanás es el eterno azuzador de los hombres. Cuando persigue a un justo, aprovecha todas las oportunidades para abatirlo y destruirlo. Y endereza todas sus armas para herir en la Misión y en los afectos… Porque en unos la Presencia de la Gracia en los justos, produce un terror humano que no tiene razón de existir y en otros es un reproche que no pueden soportar. En estos casos es mejor soportar y vencer; sin soberbias y sin desesperaciones. Esta hora siempre tiene su razón de ser y es buena. No hay que sucumbir al miedo. Durante estas horas, Dios no abandona, sino que sostiene al que es fiel. No podrán soportar las persecuciones los que no tengan como rey al espíritu.

Todo esto sucede porque Satanás ha robado la fuerza para amar a Dios y la capacidad para hacer el bien. El Odio más grande de Satanás está dirigido contra Dios y contra su hijo: el hombre que lo ama hasta imprimir  en sí su Imagen. Él y solo Él existe en su corazón. Su amor está mezclado con llanto y dolor y purificado del rencor y del cansancio. Las almas víctimas saben qué cosa quiere decir ser desamadas, rechazadas, ofendidas, no reconocidas, traicionadas y atormentadas con un sufrimiento que llega a enfermarlas. Calumniadas y tratadas como desquiciadas y obsesas. En todos los medios en que se desenvuelven, son perseguidas por causa del Nombre de Jesús, el Amado de su Corazón y por su fidelidad en el espíritu. Y ellas entregan su amor y su dolor, su tribulación y su desolación. Y Dios no las deja solas, porque Él necesita de estas penas. Un poco de Getsemani por su Amor. Ellas han extinguido el deseo de ser amadas y comprendidas y esto las hace arder en un fuego que refleja el Cielo y el Rostro de Dios.

Las burlas, los escarnios, los obstáculos, las trampas encaminadas a entorpecer su misión, las luchas espirituales, las tentaciones y las derrotas; aunadas a que al verse arrojadas de todos lados, llenándolas de dolor y de desaliento; tratando de derrotarlas con la tristeza y la impotencia y llevarlos a la  duda y la desesperación. Todos sus repetidos y feroces asaltos, están destinados a destruir la Obra de Jesús y a conseguir a como dé lugar volver a atrapar al alma que se le ha escapado.

Cada santo tiene su traidor. Se le debe perdonar más a él que a cualquier otro. Se debe buscar por todos los medios, que reconozcan sus yerros. Un perdón con lágrimas amorosas, puede conseguir que un corazón arrepentido sea rescatado de las garras de Satanás. El perdón sana. El perdón salva. Los ataques imprevistos de Satanás, provocan que los hombres sean sus instrumentos para flagelar a otros… Si no se pierde de vista esto, se puede intentar todo para ayudar al hermano caído, que de otra manera no podría levantarse.

Uno de los desalientos más dolorosos, es comprobar que aquellos a los que se ha hecho un beneficio, pagan con la ingratitud y la traición. Y pasándose al bando de los acusadores, calumnian sin la menor consideración. Esta arma: la traición, Satanás la esgrime con singular maestría. Porque sabe los efectos devastadores que causa al comprobar la ingratitud de los que también se ama. Para no ser vencidos por el desaliento, baste recordar que a Jesús lo crucificaron, los mismos que recibieron los beneficios de sus milagros. Los hosannas mentirosos del Domingo de Ramos, fueron los mismos que pidieron el crucifige del Viernes Santo. Los perdones a las traiciones, adornan de piedras preciosas las coronas de los mártires del Amor. Dios ve. Dios juzga. Y Dios premia y castiga de acuerdo a su Infinita Perfección. Los ultrajes y las calumnias, son la tinta con la cual quedan inscritos los nombres de los elegidos en el Libro de la Vida.

Los santos están esparcidos sobre la tierra, para que los hombres sacien su hambre sobrenatural a través de Dios. Pero el hombre desprecia esta ayuda divina y por instigación satánica los persigue con odio infernal. El hombre cae en la noche de su ignorancia y pierde cada vez más el deleite de lo Celestial. Envenenado como está por el sabor engañoso del Pecado, aumenta el Odio que instintivamente siente por el que percibe que es superior a él. Entonces, la única protección que les queda es: LA ORACIÓN.

No hay más que recordar lo que le pasó a Jesús en su vida terrena, para no lamentarse jamás y para ser fuertes en el espíritu, al ver en todo al Mesías. Los secretos de Dios deben guardarse. Satanás es constante en vigilar y obrar. Y bastante persistente en atormentar a los elegidos. Hay que tener mucha prudencia y paciencia. Cuando se llega a amar a los perseguidores y a los Judas, el alma crece en virtud y perfección.

Cada santo tiene su traidor. El que le hace nido en su corazón a la duda, deja de orar y dejando de orar, se aleja de Dios. Entonces la incredulidad se apodera del alma, por las trampas que pone para destruir la Obra de Dios. Es un mal muy grande no rechazarlo. El enemigo al que no se expulsa, termina por adueñarse del lugar. Porque pone trampas, levanta sus trincheras y dirige sus ataques para matar el espíritu y apoderarse del alma de una manera aún más fuerte. A los que no rechazan al invasor con las armas de la Fe, la caridad, la esperanza; su situación llega a ser peor que antes de convertirse.

Las almas de los débiles y descuidados son tomadas como base para torturar a los justos. Le dan cabida al Infierno con sus bajas pasiones y terminan atormentando al Mesías que vive dentro de la ‘víctima’ y que a su vez debe repetir la Pasión de su Redentor.

¿CÓMO SE DEBE ACTUAR EN UNA PERSECUCIÓN?

Jesús nos enseñó como vivir y como morir: Él practicó todo lo que enseñó.

Practicó la Pobreza siendo pobre. La Continencia, siendo casto. La Templanza, siendo moderado. La Justicia, siendo justo. El Perdón, perdonando. A Redimir, redimiendo. A Obedecer, obedeciendo la más terrible de las órdenes: Morir por Amor.

Perdonó y amó a los enemigos,  desde el Patíbulo donde lo crucificaron. Perdonó y amó a sus asesinos, orando por ellos desde la Cruz donde moría. Él es el ejemplo a seguir. Cuando se recibe un insulto y una agresión, es muy importante mantener la serenidad y la calma. Enfrentar al agresor con dignidad y recordar que ésta es la suerte de los elegidos. Porque cuando el corazón se llena de ira, se anula la Doctrina del amor y del Perdón. La amargura y la violencia abren el camino al Pecado. Y entonces sí que es una derrota para el cristiano, haber caído en el juego de Satanás. La alegría de saber que se está haciendo la Voluntad del Padre Celestial, inunda al alma que sabe alegrarse de ser perseguida por su amor a la Justicia. Y la única tristeza, muy dolorosa por cierto, es la compasión hacia las almas que rechazan la Vida.

El que mantiene la calma, sigue respetando al agresor. Y entonces Dios intervendrá preguntando con mansedumbre: “¿Porqué me odias? ¿Porqué me persigues? ¿Qué mal te he hecho? ¿Porqué estás enojado y tienes esa crueldad conmigo?

En lugar de los desprecios y de corresponder al insulto con ira, hay que tener humildad y amor. Porque no importa lo que ellos sean. Importa lo que nosotros somos. Los cristianos hemos sido elegidos para el Reino de los Cielos y no para el Mundo. La debilidad humana debe ser vencida por la fortaleza del espíritu. Y la tentación de corresponder con la tentación de no amar, con la falta de perdón; puede convertir al cristiano en un ser igual al que lo está agrediendo con odio y entonces sí que la venganza de Satanás estará completa. Porque el odio engendra odio y destrucción.

Y si se recibe la ofensa de ser arrojados, burlados, perseguidos, con paz; se logran conversiones con la predicación más bella: el silencio de la verdadera virtud. Este es el heroísmo que el mundo no puede concebir por inexplicable y lo llama locura. Los enemigos del cristiano y a los que Satanás utiliza con refinada crueldad, para herir más dolorosamente donde más daño puede hacer, son los de la propia familia. Cuando los elegidos están en la Gracia de Dios, son fortalecidos con la Fe, la Esperanza y la Caridad. Y es Dios Quién les ayuda a ser fuertes en las persecuciones. Cuando Dios está con nosotros, ¿Quién puede vencernos? No nos debemos dejar sorprender por el miedo, ni por la soberbia. Si somos humildes y nos mantenemos fieles a Él, sabemos que sin Él, nada podemos; Pero si confiamos en su ayuda, siempre estará con nosotros.

El Mal no puede nada contra el hombre que quiere ser justo. Sufre, queda herido, pero goza de libertad y vida. Y vencerá en todos los combates que se sucederán continuamente. En todos los combates mientras dure la vida. Porque si el hombre se despoja de su ‘yo’ y se espiritualiza con un espíritu fundido en Dios; ni las torturas, ni los suplicios, ni las heridas, ni las hogueras pueden ya causar daño. Son impotentes para destruir, porque Dios nos cubre como un escudo y vence al Opresor. Y la Paz envuelve al perseguido. Porque Dios es Paz.

A Jesús lo acusaron de alborotapueblos y Roma lo condenó a morir. Todo el que lo sigue debe sentirse feliz de padecer las mismas aflicciones que Cristo. El que verdaderamente ama, sabe que éste es un privilegio de parte de Dios. No hay que dejarse intimidar por los enemigos. Este es un signo seguro de que ellos van a su ruina y ustedes a su salvación. En los momentos en que nos toca padecer los sufrimientos de Cristo con mayor intensidad; de Cristo nos viene también el consuelo y la fuerza suficientes para soportar los sufrimientos y vencer en la Prueba.

En esta Primera Gran Persecución, ustedes eran paganos demasiado carnales para el Evangelio y sin embargo, si estáis bien preparados; sabréis seguir adelante hasta dar el testimonio final: el Testimonio de la Sangre: el Martirio.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

21.- LA MAGNA OBRA DE LA REDENCION I


Mientras tanto en la Puerta del Cielo… Leonardo, Adrián, Diego y los demás catecúmenos; escuchan atentos a una bella matrona romana. Alta, de cabellos oscuros, aspecto distinguido, de mediana edad; muy parecida a Fabiola. Su nombre es Plautina.

Su voz resuena clara como una campana, al exponer la tercera lección de la Doctrina Cristiana:

LA MAGNA OBRA DE LA REDENCIÓN

“Satanás penetró en el Edén para robarle al hombre, todo lo que Dios le había dado. Y no solo lo despojó de su riquísima herencia, también le mató el espíritu. Y le dio mortales heridas al alma corrompiendo el intelecto, la voluntad, los sentimientos, los instintos, suscitando apetitos culpables, destruyendo la Inocencia y la Gracia, afligiendo al Creador.

El Pecado dejó al hombre obtuso en la inteligencia del discernir el Bien y el Mal y en la Integridad. Como un humo se le había ofuscado la Verdad conocida. Decaído de hijo adoptivo de Dios al grado de animal razonable, el hombre sentía por instinto que ‘matar’ era malo. Que corromperse en libídines obscenas debía estar mal. Pero no sabía distinguir hasta qué punto era mal el matar y cual la lujuria más abyecta a Dios.

Entonces Dios, después de haber castigado con el Diluvio, dio las primeras normas para ser menos violentos. Llamó a Sí a Moisés y le dio el Decálogo que reúne la Piedad y el Castigo. Piedad para los débiles y castigo para los burladores que cumplen el Mal con todo conocimiento de causa. El Decálogo con su parte positiva: ‘Harás’. Y negativa: ‘No harás’ crea el Pecado con todas sus consecuencias. Porque se peca cuando se quiere transgredir y el hombre después de la Ley, ya no tiene más la excusa de decir: ‘No sabía que era pecado.’

El Decálogo es Piedad, Castigo y Prueba. Como prueba era el Árbol que estaba en medio del Edén. Sin prueba no se puede aquilatar la cordura del hombre. Pero sobre los Diez Mandamientos de la Ley Perfecta, está la Perfección de la Ley, con los Dos Mandamientos del amor, dados por el Verbo Docente. Triple Amor a Dios: Amor del corazón, del alma, de la mente.

Porque Adán pecó con el corazón, (concupiscencia de la carne); con el alma, (concupiscencia del espíritu) con la mente, (concupiscencia de la razón); saliéndose del orden por abusar de los dones recibidos y ofendiendo a Dios con los mismos dones que había recibido de Él, para que el hombre pudiera asemejársele y serle causa de gloria.

Con las cosas que pecaron, debió ser reparado el Pecado, cancelada la ofensa y restablecido el orden violado.

Y EL VERBO SE HIZO CARNE PARA HACER ESTO.

Y para restituirnos la Gracia y la Verdad en medida plena, rebosante, inagotable.

Con cuanto pecó el primer hombre, el Hombre-Dios repara.

Y el Amor Encarnado y el Amor Virginal, los dos ofrecidos voluntariamente. Totalmente. Y consumados para que Dios fuese consolado y el hombre salvado.

La muerte de Abel hizo añicos el orgullo de Adán y las escorias expertas de Eva, en el más atroz alumbramiento a las tinieblas.

La muerte de Cristo hizo añicos el Pecado y mostró a la Humanidad el alumbramiento a la Gracia.

Por un solo hombre, el hombre conoció la muerte. Por el Hombre solo, el hombre conoce la Vida. Por Adán, la Humanidad ha heredado la Culpa y sus consecuencias. Por Jesús, Hijo de Dios y de María, la Humanidad hereda nuevamente la Gracia y sus consecuencias.

Todos eran pecadores al menos del pecado hereditario. Ser justos era una grave fatiga, porque la Gracia no estaba en los espíritus. El Templo era un nombre. Los ritos, una representación mímica. La invisible Presencia del Santo de los santos no era creída más que por los simples. Los pequeños entre el Pueblo que tenía el nombre de santo.

Todavía los sacerdotes y rabíes enseñaban que Dios estaba en el Templo: magnífico en su gloria, parlante a sus ministros.

Y es en esta hora que Jesús ha venido.

El Advenimiento de la hora de la Misericordia.

Pero no era solamente Hora de la Misericordia. Era también de Justicia. Justicia para Israel que ya no merecía más, ser el Pueblo de Dios. Otro pueblo debía ser elegido en su lugar: El Pueblo Cristiano.

El fin del Templo había llegado. La Ley Nueva, perfección de la antigua, se imponía; predicada a los hombres directamente por Dios. La Caridad de Dios se mostró en toda su plenitud a los hombres.

Dios es Infinitamente Bueno, Amoroso, Sabio, Paciente. Por estas perfecciones, Él dispuso al Redentor antes de que fuese el Pecado. Él ha puesto al alcance de todos el Cielo.

Y el Cielo es una conquista larga, muy dura, cierta. Solo para aquellos que perseveran en la buena voluntad, hasta el término de la existencia. Dios tiene todo Poder. Y Dios ha tenido misericordia. Y su alegría es comunicarse a los espíritus que anhelan al Dios Desconocido. Que no rechazan al Dios Ignorado que desean conocer.

Él ha amado a sus criaturas hasta dejar el Cielo por ellas.

REDIMIR = RESCATAR. Volver a comprar lo que antes se vendió o empeñó.

MESIAS   =  REDENTOR.

Si en una balanza se mete un peso desproporcionado al peso equilibrador, la balanza se inclina hacia un lado. Pero si se restablece el equilibrio, las dos partes de la balanza quedan alineadas.

Por el delito de uno, muchos perecieron. La balanza de Dios estaba solamente inclinada hacia la parte de la Justicia. Pero por el Sacrificio de Cristo, la Gracia y la Vida son dadas a todos los que creen en Jesús. Y de esta manera el equilibrio no solo es restablecido, sino que dado el sacrificio del Hombre-Dios es de un valor infinito e infinitos los méritos del Cristo-Salvador. La balanza de Dios se inclina ahora hacia la Misericordia.

Y Misericordia y Perdón rebosan del plato colmado de la Sangre Divina, que fluye para la salud del mundo. Tanta fluye, cuanto más abundante es el Pecado. Para que la Gracia abundando venciese al Pecado. Y la Vida venza a la Muerte, muriendo para dar la Vida a los espíritus inmortales de los hombres. La Vida, o lo que es lo mismo: el Reino de Dios dentro de los hombres.

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO.

Pareciese que Jerusalén fuese la más adecuada para el nacimiento del Rey de los Judíos. Pero…

Jerusalén ya no era santa. Llevaba aquel nombre, pero la corrupción llenaba todos sus estratos, porque aunque Dios le había colmado de bienes, había rechazado el más necesario: “El bien de la posesión de Dios.”

Y el Don que hubiera hecho grande a Jerusalén, le fue quitado.

Ni el Nacimiento, ni la Muerte de Cristo tuvieron lugar dentro de sus muros; sino solo el delito de la Condena de Cristo. Contra la cual también las piedras se rebelaron: rompiéndose en su muerte y sacudiéndose obedientes al Querer de Dios y después, cuando Jerusalén fue arrasada…

Verdaderamente solo quién ama con todo su ser, puede conocer el inefable Misterio que es la Encarnación del Verbo…

Siendo María la más santa de las criaturas que había habido en la tierra, emanaba la santidad como un astro encendido del que se escapan etéreos rayos de sobrenatural potencia. Y Sacerdotisa regia y purísima fue la virgen ardiente de la caridad más pura y fuerte que criatura nacida de hombre, nunca tendrá. Ella aceptó el ofrecimiento. Y el “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí como su Palabra quiere…” fue  el ‘sea la luz’ de la recreación del hombre, a hijo de Dios y heredero del Reino de los Cielos.

Dios se acercó a los hombres a través de Jesús. Y se hizo hombre para que el hombre pudiera conocerlo y contemplarle sin temor.

CRISTO. Aquel que diviniza la materia, la glorifica y restituye a Adán a su dignidad original. Cristo reconstruye lo que estaba destruido. El cordero que revirginiza al hombre en la Inocencia y en la Gracia. Por su Caridad Humano-Divina, puede todo. Pero Él, Perfección, no se ha limitado a enseñar que no hay amor más grande que el de aquel que muere por sus amigos. Él ha muerto. Éste es también el precepto implícito que con su ejemplo, Jesús ha dado.

DIOS QUERIA PERDONAR AL HOMBRE.

Porque lo amaba. Quería devolverle la Inmortalidad, la Posesión del Cielo. Y prometió en el momento de la sentencia del castigo: Yo pondré enemistades entre tú y la Mujer. Y entre su raza y la descendencia suya, Ella quebrantará tu cabeza y andarás asechando su calcañal.”

María nació sin la mancha del Pecado Original y amó como criatura alguna, jamás amará. María no conoció el Pecado y por eso es la Vencedora de Satanás.

Cristo viene de la Hora Perfecta. Los siglos la trasmitieron con voz siempre más clara, con pormenores más precisos. La Voz Divina, promesa de un Mesías Redentor y de la Mujer sin concupiscencia, que castigará al Prevaricador, alumbrando al Vencedor del Pecado y de la Muerte.

María: Pacífico Puente, que reúne Cielo y Tierra. La Eva Santa y Verdadera Madre generadora de Vida,  de la Humanidad. La Amadísima que con su sola presencia obtiene misericordia para los pecadores. Su amor perfecto. Su perfecta obediencia. Sacrificio de olor suave que aplaca la ira del Señor. Arcoíris de paz. La Corredentora es el dulce astro que resplandece a la Presencia de Dios, para recordarles que Él ha prometido Misericordia a los hombres. Y ha dado a su Hijo para que los hombres tengan Perdón.

El arco iris después del Diluvio fue visto solo por los justos que permanecieron vivos sobre la tierra; pero María en un sobreabundar de misericordia, será vista por muchos que justos no son. Y su voz, su perfume, sus prodigios, son para justos y pecadores. Y felices aquellos que entre éstos últimos; se conviertan a la justicia, a la fe en Cristo, el cual es salvación.

EL AMOR DE DIOS.

El amor de un Padre que sacrifica a su Verdadero Único Hijo, para salvar la vida de sus hijos adoptivos. Y de este amor es del que ha amado Dios. Ha sacrificado a su Unigénito, para salvar a la Humanidad Culpable.

Y Jesús dejó la libertad y la pureza que son la atmósfera del Cielo, privándose de ellos y descendiendo a la cárcel humana; para ayudar al hombre al que ama. Los redimidos por Cristo conocen todo el amor de Dios. Y Cristo es este amor infinito que Él Mismo ha revelado con su Persona, con su Palabra, con su Ejemplo y sus acciones. Jesús es Verbo y Carne. Con el Verbo instruye. Con la Carne, Redime.

JESÚS ES EL MESIAS.

Jesucristo tenía la voluntad libre. Como Dios Y como Hombre. Jesús no prevaricó. No abusó de ésta, su libre voluntad potente, para escapar de la Muerte en la Cruz. Si lo hubiera hecho, hubiera sido más Rebelde que Lucifer. Pero Cristo nunca fue rebelde. Ninguna cosa, ni siquiera la natural repugnancia humana al suplicio, lo hizo tal. Porque sobre su Voluntad Libre, estaba y puso, la Voluntad del Padre. Y Él, el Perfectísimo Hijo Divino, de naturaleza igual a la del Padre; no sacó ventaja; sino que con reverencial amor, siempre dijo al que lo había generado: ‘Hágase tu Voluntad’ Y bondadoso y obediente, ofrece y rinde sus poderes, para ser arrastrado al Sacrificio. Su voluntad libre la usó para ser Perfecto como Hombre, así como era Perfecto como Dios. 

Dios no puede pecar siendo la Perfección. Pero su segunda naturaleza como Hombre, estuvo sujeta a tentaciones. Y las tentaciones son los medios para pecar, si no son rechazadas. Y duras tentaciones fueron lanzadas contra el Hombre. Todo el Odio contra Él. Todo el rencor, el miedo, la envidia del Infierno y de los hombres, contra Él. Contra el Fuerte al que sentían Vencedor, aunque tuviera la mansedumbre de un cordero.

Pero Jesús no quiso pecar. Hay que dar el reconocimiento a su Fortaleza. No pecó porque no quiso pecar. Y también por su Perfección en la Justicia contra todas las insidias y los eventos, Él ha confirmado ser el hijo de Dios. Y la justicia consiste en practicar el amor con heroísmo de santidad. La santidad de Jesús lo ha convertido en el Santo de los santos, porque como Hombre fue el Héroe que quiso ser: ‘Amen como Yo los he amado’.

Obedecer es el precepto que nos convierte en cristianos.

JESÚS ES EL REDENTOR. 

El Hijo de del Hombre fue entregado en manos de los hombres, porque es el Hijo de Dios, pero también es el Redentor del Hombre. Y no hay Redención sin sufrimiento.

Él soportó el sufrimiento en la Carne y en la Sangre, para reparar los pecados de la carne y de la sangre. En lo moral, para reparar los pecados de la inteligencia y de las pasiones. En lo espiritual, para reparar las culpas del corazón. Por todo esto, fue completa. Y Jesús tomó sobre Sí, todas nuestras miserias y todos nuestros pecados. Los pasados, los presentes y los futuros…

 Como si hubiese sido sumergido en un estercolero pútrido, quedó Jesús ante los ojos del Padre y de Él se horrorizó el Altísimo; porque en ese momento al tomar sobre Sí todos los pecados del mundo acumulados en los siglos, se convirtió en el Pecado y en el Hombre Culpable. Un diluvio de culpas sobre la Tierra, desde su principio hasta su fin. Un diluvio de maldiciones sobre el Culpable. Sobre la Hostia del Pecado.

Jesús sudó sangre por la agonía de ser el Maldito. Su corazón se trituró con el conocimiento de que en aquella Hora, no era el Verbo de Dios. Era solamente el Hombre. El Hombre Culpable.

Y todos los pecados los ha descontado sobre su Cuerpo Santísimo. Y para que el hombre volviera a revestirse en su alma, de la vestidura de bodas; Él se ha revestido de llagas, moretones, sangre, heridas que traspasaron sus Cuerpo.

La Ira de Dios se abatió sobre Él. La Ira por nuestros infinitos pecados, desde el primer pecado hasta el último que será cometido. Y la Justicia ha clavado toda culpa en su Cuerpo Inocente. Como ciervo perseguido por una turba de arqueros, Él ha sido perseguido por las flechas de Dios, para que toda culpa fuese expiada con su Sangre.

Con las torturas de su cuerpo mortal, extrajo la maldad de toda la estirpe humana y empapado con su Sangre nos lavó las culpas de la carne. Por esto fue aprehendido en Jerusalén. Entregado a los sacerdotes, escribas y fariseos, que lo llevaron a los gentiles para que lo escarnecieran. Después de haber sido abofeteado, insultado, herido, escupido y arrastrado por las calles de Jerusalén como un harapo inmundo. Y los gentiles, después de haberlo flagelado y coronado de espinas; lo condenaron a morir en una cruz con una muerte infame, como un vulgar malhechor. El pueblo que lo había honrado con los hosannas el Domingo de Ramos, pidió su muerte y en su lugar, pidió el indulto de un asesino.

Y Dios lo permitió. Porque es el Cordero de Dios que expía por los pecados del mundo. Cargó sobre Sí con todas las culpas y con todos los dolores, para que el hombre fuese sanado. Más tarde llegó la Gloria, pero antes fue el Dolor. Más tarde llegó el derecho a juzgar, pero antes estuvo el deber de expiar. En medio de un mar de Angustia, de un océano de Dolor; en el que su Madre y las almas-víctimas comparten, murió en un Patíbulo y tres días después por su Voluntad Divina, Resucitó.

Volvió a la Vida Eterna y Gloriosa como Hombre. Y volvió a la plenitud de ser Dios, con el Padre y el Espíritu Santo, después de haber padecido toda clase de afrentas y de ver su corazón atravesado por la Mentira y el Odio. Entonces fue constituido Fundador del Nuevo Templo, en el que se encuentra la Fuente Santísima del Espíritu Septiforme. Pero antes Jesucristo fue la Víctima Inmolada que purificó la Casa de Dios.

La pareja Jesús-María es la destinada a anular todo lo que hicieron Adán-Eva y devolvieron al linaje humano al punto en que fue creado: reyes ricos en gracias y dones para una regeneración completa. Perfectos en Obediencia, en Amor y en Santidad.

Por una infidelidad de la Mujer, el género humano conoció el Pecado, el Dolor y la Muerte. Por la fidelidad de la Madre Santísima, la Virgen Inmaculada, el género humano ha obtenido la regeneración a la Gracia. Y por Ella, el Perdón; la Alegría Pura y la Vida.

Esta Gracia si bien no anula todas las consecuencias del Pecado Original, y que son el Dolor, la Muerte y los estímulos restantes para dar pena, miedo y batalla. Ayuda fuertemente a soportar el dolor presente con la esperanza del Cielo. Ayuda a afrontar el miedo de morir, con el conocimiento de la Misericordia Divina. Ayuda a rehacer y domar los estímulos, con las ayudas sobrenaturales por los méritos de Cristo y los Sacramentos instituidos por Él.

Adán quedó mutilado de la Gracia y de la Vida sobrenatural, de la Inocencia, Integridad, Inmunidad, Inmortalidad y Ciencia. Y como cabeza de toda la Familia Humana, ha trasmitido su penosa herencia a todos sus descendientes. Pero la Humanidad ha sido más afortunada. Por medio de Jesús-Salvador-Redentor, ha obtenido la curación. Más todavía, la ‘recreación’ en la Gracia: la vida del alma. Y por los sacramentos por Él instituidos, las virtudes que éstos infunden. Los dones del Espíritu Santo han obtenido también los medios para crecer siempre más en perfección, hasta alcanzar el culmen con la ‘supercreación’ que es la santidad.

Pero ni siquiera el sacrificio del Hombre-Dios que ha restituido la capacidad de amar, conocer y servir a Dios en esta vida y poseerlo con júbilo en la otra; ha cancelado las cicatrices de las grandes heridas que el hombre se infirió voluntariamente y especialmente de la Triple Concupiscencia que está siempre pronta a rehacerse llaga, si el espíritu no vigila teniendo sujetas las malas pasiones.

El hombre regenerado hijo de Dios por medio de Jesús, conoce esto que Adán no conocía. Conoce a cual inmensidad llega el Amor del Padre, que da a su Unigénito para cancelar con su Sangre, el decreto de condena de la Humanidad decaída por su Progenitor. Nada de cuanto hay en la Creación debe estar privado de incentivos o de consecuencias buenas. El mundo odió a Jesús sin motivo alguno. Cuando pensó destruirlo, hizo que el hombre regresara a Dios. La aparente victoria de Satanás, fue su verdadera derrota.

EL PRIMOGÉNITO.  

Jesús es el ‘Primogénito entre los muertos’ siguiendo el orden divino y humano.

Primogénito siguiendo el orden humano, porque Hijo por parte de Madre de Adán, que nació como debieron nacer todos los hijos de los creados por Dios: con procreación privada de Lujuria y de Dolor. Por eso se le llama Hijo del Hombre, pues Él fue por línea humana el Hijo Primogénito (vivo en la Gracia) de Adán.

Primogénito del Padre siguiendo el orden divino, porque es el Hijo del Padre Celestial. Generado por Él y no creado por Él. Generar quiere decir producir una vida. Crear quiere decir formar. El artista puede crear una obra; pero solo un padre y una madre, pueden generar una vida.

Nada impedía al Verbo de Dios aparecer entre los hombres, materializando su espíritu como un hombre adulto y amaestrar en la perfección de la Ley, repitiendo un prodigio que ya había realizado antes. Pero para la Justicia era necesario un Sacrificio. Y Él quiso volverse un pequeño germen que madura en un seno de mujer. Y después, un pequeñín que llora y se amamanta para vivir. Pasando por todas las etapas de la vida: niño, adolescente, joven, hombre, al igual que cualquier nacido de mujer. Y en el nacer y en el morir, fue igual a todos los hombres. Él, Dios; no quiso ser diferente de nosotros, puesto que por amor quiso convertirse en Hombre.

Las únicas diferencias estuvieron en su Perfección Humana y Espiritual, porque Él quiso conservarlas tales. Y en su Pasión que completó de manera tremenda: en el cuerpo, en la mente, en el corazón y en el espíritu, como ninguna criatura lo padeció. Y Él para Sí lo quiso, aun siendo el Eterno Inocente, que ningún castigo merecía. Jesucristo amó tanto al hombre, hasta el extremo de odiarse a Sí Mismo y derramó toda su Sangre por nosotros. Y para salvar al hombre, tomó un alma y descendió del Cielo, al seno de la Inmaculada.

El amor materno cuando es justo, es el amor más completo, más perfecto. El más alto de los amores de la Tierra. Para María no era solamente el amor de la madre que ama a la criatura que se forma en ella y que es el fruto del amor de dos criaturas. María amaba a Dios en su Hijo, que había venido a Ella para hacerse Hombre en su carne. Miraba su vientre inviolado y veía que era la custodia viviente de Dios Vivo en Ella. Sentía palpitar el otro corazón y sabía que era el Corazón de Dios, hecho Carne. El Corazón de Jesús fue formado por el Espíritu Santo, generador de la Humanidad Santísima del Verbo: Dios conteniéndose a Sí Mismo, en la Perfección de la Perfección de Jesucristo.

El Corazón de Jesucristo formado por los Fuegos de la Caridad y los Lirios de la Purísima, testimonio del sublime aniquilamiento del Verbo, para que se perfeccione a Sí Mismo como Hombre, en la Caridad. ¿Habrá un Trono, un Altar, un Templo, más sagrado y más suyo que éste? Definitivamente, NO.

Él vino para perfeccionar la Ley y volverla clara con sus enseñanzas y practicable con su ejemplo. Él vino y tanto ha amado el Bien y rechazado el Mal, que aceptó morir para que el Bien triunfase en el mundo y en los corazones y el Mal fuese vencido por la Sangre Divina. Y con su sacrificio y su Redención obtuvo que los santos que no rehúsan seguirlo por el Camino de la Cruz, compartan con Él, la Gloria de la Resurrección. El Apóstol Juan fue el primero en comprender lo que había en el corazón de Jesús. Todos los santos son frutos de ese Corazón, del amor por ese Corazón. A los que no se separan de Él, Él los lleva al Cielo como una parte de Sí Mismo.

Jesús con su Muerte destruyó nuestra muerte y nuestras culpas las anuló con su Sangre. Él nos ha rescatado del Mal. Él lo ha dejado impotente para perjudicarnos en la vida futura, clavando nuestros males en la Cruz y filtrando nuestro espíritu a través de Él, para darnos la sanidad. Y a cada alma en particular deificarla. Y al alcanzar la perfección, compartir con ella la gloria de la Resurrección. 

Y la dulce voz de Jesús nos dice:

“Venid, mis brazos están abiertos. Sobre la Cruz me dolía el tenerlos clavados solamente porque no podía estrecharlos en torno a vosotros y bendecirlos. Pero ahora soy libre de atraerlos a mi Corazón. Mi boca tiene besos de Perdón y mi corazón tiene tesoros de Amor. Dejad las riquezas injustas y venid a Mí, Riqueza Verdadera. Dejad los goces indignos y venid a Mí, Gozo Verdadero. ¡Cómo os sentiréis alegres, de una espiritual felicidad, si confiáis en Mí! Yo soy el Dios de la Paz. De Mí brotan todas las gracias. Todo dolor en Mí se calma. Todo peso se vuelve ligero. Todos vuestros actos cumplidos en mi Nombre, se revisten de mi Belleza. Yo puedo daros todo si venís a mi Corazón y no de manera humana, sino sobrehumana, eterna, inefablemente dulce. No les digo que no conoceréis el Dolor. Lo he conocido Yo que Soy Dios. Pero les digo su dolor se volverá suave si lo sufres sobre mi Corazón…

Venid, dejad aquello que muere. Aquello que hace daño. Aquello que quiere el Mal. Venid a Mí que os amo. A Mí que sé dar las cosas que no perjudican y no mueren. Ayudadme con vuestra voluntad. La quiero para actuar no porque Yo la necesite. Sino porque es necesaria para vosotros, para merecer el Reino. Venid. Ayudadme a rechazar al Infierno en el Infierno y a abriros el Cielo.

Yo comencé a consumar mi Sacrificio para vencer a Satanás, al Mundo y a la Carne, a partir del primer acto de mi Voluntad contra las voces de la carne, del mundo y de su Rey Tenebroso. Morí a Mí Mismo para haceros vivir con mi ejemplo y morí sobre la Cruz para daros la Vida. Destinado a ser vuestro Pontífice Misericordioso, debía por experiencia propia conocer a la perfección las luchas del hombre y permanecer fiel delante de Dios a fin de enseñaros a permanecer fieles. Recordadlo: YO TE AMO TAL COMO ERES EN ESTE MOMENTO…”

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA