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90.- EL SACRIFICIO PERPETUO II


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9. EL OFERTORIO.

En este momento se canta la antífona de ofertorio.

Al comienzo de la liturgia eucarística se llevan al altar los dones que se convertirán en el Cuerpo y Sangre de Cristo.

En primer lugar, se prepara el altar o mesa del Señor, que es el centro de toda la liturgia eucarística y colocando sobre él el corporal, el purificador, el misal y el cáliz.

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Se traen a continuación las ofrendas: es de alabar que el pan y el vino lo presenten los mismos fieles. El sacerdote o el diácono los recibirá en un lugar oportuno para llevarlo al altar.

Acompaña a esta procesión en que se llevan las ofrendas el canto del ofertorio, que se alarga por lo menos hasta que los dones han sido depositados sobre el altar.

El sacerdote  inciensa las ofrendas colocadas sobre el altar y después la cruz y el mismo altar, para significar que la oblación de la Iglesia y su oración suben ante el trono de Dios como el incienso.

Después son incensados, el sacerdote en razón de su sagrado ministerio y el pueblo, en razón de su dignidad bautismal.

El sacerdote pone el pan y el vino sobre el altar mientras dice las fórmulas establecidas.

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Las especies eucarísticas (pan y vino) son ofrecidas a Dios  por el sacerdote, quién además se purifica mediante el lavado de manos.

Un momento después llegó el Ofertorio y Uriel dijo a Maximiliano:

–                     Reza conmigo así:

Señor, te ofrezco todo lo que soy, lo que tengo, lo que puedo, todo lo pongo en Tus manos. Edifica Tú, Señor con lo poco que soy. Por los méritos de Tu Hijo, transfórmame, Dios Altísimo.

Te pido por mi familia, por mis bienhechores, por cada miembro de nuestro Apostolado, por todas las personas que nos combaten, por aquellos que se encomiendan a mis pobres oraciones…

Enséñame a poner mi corazón en el suelo para que su caminar sea menos duro…  

Y Maximiliano contempló asombrado como de pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto antes. Era como si del lado de cada persona que estaba en la iglesia, saliera otra persona.

Y aquello se llenó de unos personajes jóvenes, hermosos. Iban vestidos con túnicas muy blancas y fueron saliendo hasta el pasillo central dirigiéndose hacia el Altar.

Uriel dijo:

Observa, son los Ángeles de la Guarda de cada una de las personas que está aquí.

Es el momento en que su Ángel de la Guarda lleva sus ofrendas y peticiones ante el Altar del Señor.

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En aquel momento, estaba completamente asombrado, porque esos seres tienen rostros tan hermosos, tan radiantes que no es posible describirlos con palabras…

Lucen una belleza sobrenatural tan portentosa, que parecen casi femeninos; sin embargo la complexión de su cuerpo, sus manos, su estatura es la de un hombre.

Los pies desnudos no pisan el suelo, sino que iban como deslizándose, como resbalando. Aquella procesión es impresionante.

Algunos de ellos tenían como una fuente de oro con algo que brillaba mucho con una luz blanca-dorada.

Uriel dijo:

–          Son los Ángeles de la Guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa Misa por muchas intenciones, aquellas personas que están conscientes de lo que significa esta celebración, aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor…”

“Ofrezcan en este momento…, ofrezcan sus penas, sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus peticiones. Recuerden que la Misa tiene un valor infinito por lo tanto, sean generosos en ofrecer y en pedir.”

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Detrás de los primeros Ángeles venían otros que no tenían nada en las manos, las llevaban vacías.

Uriel dijo:

 -“Son los Ángeles de las personas que estando aquí, no ofrecen nunca nada, que no tienen interés en vivir cada momento litúrgico de la Misa y no tienen ofrecimientos que llevar ante el Altar del Señor.”

En último lugar iban otros Ángeles que estaban medio tristones, con las manos juntas en oración pero con la mirada baja.

 –“Son los Ángeles de la Guarda de las personas que estando aquí, no están, es decir de las personas que han venido forzadas, que han venido por compromiso, pero sin ningún deseo de participar de la Santa Misa y los Ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el Altar, salvo sus propias oraciones”.

“No entristezcan a su Ángel de la Guarda…. Pidan mucho, pidan por la conversión de los pecadores, por la paz del mundo, por sus familiares, sus vecinos, por quienes se encomiendan a sus oraciones. Pidan, pidan mucho, pero no sólo por ustedes, sino por los demás.”

“Recuerden que el ofrecimiento que más agrada al Señor es cuando se ofrecen ustedes mismos como holocausto.

Para que Jesús al bajar, los transforme por Sus propios méritos. ¿Qué tienen que ofrecer al Padre por sí mismos? La nada y el pecado. Pero al ofrecerse unidos a los méritos de Jesús, aquel Ofrecimiento es grato al Padre.”

Aquel espectáculo, aquella procesión era tan hermosa que no es posible compararla con ninguna  otra. Todas aquellas criaturas celestiales haciendo una reverencia ante el Altar, unas dejando su ofrenda en el suelo, otras postrándose de rodillas con la frente casi en el suelo y luego que llegaban allá desaparecían a su vista.

Oración sobre las Ofrendas

Terminada la colocación de las ofrendas y los ritos que la acompañan, se concluye la preparación de los dones con la invitación a orar juntamente con el sacerdote, que dice: “oren hermanos para que este sacrificio mío y de ustedes sea agradable a Dios, Padre Todo poderoso”

A lo que el pueblo responde: “el Señor reciba de tus manos, este sacrificio para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia” y a continuación la oración sobre las ofrendas y así todo queda preparado para la Plegaria Eucarística.

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En la Misa se dice una sola oración sobre los dones, que termina breve: Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Ahora empieza el centro y la cumbre de toda la celebración. La Plegaria Eucarística es una plegaria de acción de gracias y de consagración.

El sacerdote invita al pueblo a elevar el corazón hacia Dios, en oración y acción de gracias y lo asocia a su oración que él dirige en nombre de toda la comunidad, por Jesucristo en el Espíritu Santo, a Dios Padre.

El sentido de esta oración es que toda la congregación de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio.

El Prefacio

Es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta “Hora”.

Plegaria Eucarística

Como Iglesia, unidos en una misma fe, en un mismo corazón, presentamos ahora la sencilla ofrenda que Dios mismo transformará en el cuerpo y la sangre de su Hijo Jesucristo:

Pan y vino son fruto de nuestro trabajo personal y comunitario y simbolizan las dimensiones más sencillas de nuestra vida diaria: nuestro trabajo, nuestro sustento y nuestra alegría.

Con el pan y el vino va incluida la ofrenda de nuestra vida, de nuestro trabajo y de nuestro amor. Nuestras penas, fatigas y alegrías van a ser recibidas por Dios de las manos del sacerdote…

Y como el pan y el vino, nuestro propio ser (cuerpo y alma) será también santificado y transformado con la Presencia Viva y Real de Jesucristo Eucaristía.

En este momento unámonos al sacerdote, entregándole a Dios nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra oración, nuestras penas y alegrías. Nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra mente con todos sus pensamientos.

Nuestro corazón con todos sus sentimientos y deseos, nuestros labios y todas nuestras palabras, nuestros amigos y seres queridos, incluso los que NO nos aman…

En fin, toda la realidad humana material y espiritual de la que somos parte, para que toda esa realidad sea transformada por Cristo, sea santificada, sea cristificada.

Para que todos seamos hostias vivas.

Sagrarios de la Presencia del Espíritu Santo…

Y para que el Mundo entero sea un Altar para la Gloria de Cristo Jesús.

Prefacio.

Es un himno, que empieza con un diálogo entre el sacerdote y los fieles.

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Resume la alabanza y la acción de gracias propia de la fiesta que se celebra.

En esta acción de gracias, el sacerdote, en nombre de todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da las gracias por toda la obra de salvación.

10. CANTO DEL SANTO:

Hemos hecho ofrenda del pan y del vino, de nosotros mismos y del Mundo entero.

Ahora esta ofrenda va a ser consagrada: la hostia se transformará en el cuerpo de Cristo y el vino en su Sangre.

Por esa Consagración, nosotros mismos seremos santificados y el Mundo entero también.

Nos unimos a los santos y a los ángeles, que contemplan y gozan ya del fruto de estos misterios, cantando a Dios: “Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo, llenos están los cielos y la tierra de su gloria. ¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”

El Cielo (los que ya gozan de la gloria de Dios) y la Tierra (los que estamos de camino hacia la gloria) cantan la santidad de Dios, pues Él es el único verdaderamente santo y fuete de toda santidad.

Sanctus (“Santo”). Los fieles junto con el sacerdote cantan o rezan, el Sanctus:

Sanctus, sanctus, sanctus Dominus Deus sabaoth. Pleni sunt caeli et terrae gloria tua. Hossana in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hossana in excelsis (“Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el Cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el Cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el Cielo”).

EL CIELO ENTERO CANTA EL SANCTUS

Maximiliano estaba extasiado contemplando la Gloria de Dios cuando llegó el momento final del Prefacio…

 Y cuando la asamblea decía: “Santo, Santo, Santo” de pronto, todo lo que estaba detrás de los celebrantes desapareció.

Del lado izquierdo del señor Arzobispo hacia atrás en forma diagonal aparecieron miles de Ángeles, pequeños, Ángeles grandes, Ángeles con alas inmensas, Ángeles con alas pequeñas, Ángeles sin alas, como los anteriores.

Todos vestidos con unas túnicas como las albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos. Todos se arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia inclinaban la cabeza.

Se escuchaba una música bellísima, como si fueran muchísimos coros con distintas voces y todos decían al unísono junto con el pueblo: Santo, Santo, Santo…

Había llegado el momento de la Consagración, el momento del más maravilloso de los Milagros…

Del lado derecho del Arzobispo hacia atrás en forma también diagonal, una multitud de personas, iban vestidas con la misma túnica pero en colores pastel: rosa, verde, celeste, lila, amarillo; en fin, de distintos colores muy  suaves.

Sus rostros también eran brillantes, llenos de gozo, todos parecían tener la misma edad.

Se podía apreciar que había gente de distintas edades, pero todos parecían igual en las caras, hermosas, jóvenes, sin arrugas, felices.

Todos se arrodillaban también ante el canto de Santo, Santo, Santo, es el Señor…”

Uriel dijo:

Son todos los Santos y Bienaventurados del Cielo y entre ellos, también están las almas de los familiares de ustedes que gozan ya de la Presencia de Dios”

Entonces Maximiliano vio a la Madre de Dios,  justamente  a la derecha del señor Arzobispo…

Un paso detrás del celebrante. Estaba un poco suspendida del suelo, arrodillada sobre unas telas muy finas, transparentes pero a la vez luminosas, como agua cristalina.

La Santísima Virgen con las manos unidas, mirando atenta y respetuosamente al celebrante.

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Y desde allá sin cambiar de posición ni levantar el rostro, su voz llena de dulzura le saludó y le dijo directamente en su corazón:

–      “¿Te llama la atención verme un poco más atrás de Monseñor, verdad? Así debe ser…

Con todo lo que Me ama Mi Hijo, NO Me Ha dado la Dignidad que da a un sacerdote de poder traerlo entre Mis manos diariamente, como lo hacen las manos sacerdotales.

Por ello siento tan profundo respeto por un sacerdote y por todo el Milagro que Dios realiza a través suyo, que me obliga a arrodillarme aquí.”

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LA MADRE DE DIOS, ES LA ÚNICA SACERDOTISA DEL CALVARIO

Maximiliano quedó impactado por tanta gracia que el Señor derrama sobre las almas sacerdotales…

Delante del altar, empezaron a salir unas sombras de personas en color gris que levantaban las manos hacia arriba.

Uriel continuó con su enseñanza:

Son las almas benditas del Purgatorio que están a la espera de las oraciones de ustedes para refrescarse. No dejen de rezar por ellas. Piden por ustedes, pero NO pueden pedir por ellas mismas. Son ustedes quienes tienen que pedir por ellas para ayudarlas a salir para encontrarse con Dios y gozar de Él eternamente.

Maximiliano veía todo lo que se desarrollaba ante sus asombrados ojos con infinito agradecimiento… Y sabedor de que tenía que compartir con todos los demás cristianos todo el conocimiento que le estaba siendo revelado.

La Virgen le dijo:

Hijito mío, di a todos tus hermanos que yo estoy realmente Presente cuando se celebra la Santa Misa desde que comienza, hasta que termina.

Estoy aquí  al pie del Altar donde se celebra la Eucaristía  y siempre Me van a encontrar aquí..  al pie del Sagrario permanezco Yo con los Ángeles Adorando al Señor, porque Estoy siempre con Él.”

Ver ese rostro hermoso de la Madre en aquel momento del “Santo”, al igual que todos ellos, con el rostro resplandeciente, con las manos juntas en espera de aquel milagro que se repite continuamente, era estar en el mismo cielo.

Uriel dijo:  

“Dile al ser humano, que nunca un hombre es más hombre que cuando dobla las rodillas ante Dios”.

Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración:

Nos encontramos con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su Camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén…

Estando todos los asistentes a la Santa Misa real y místicamente presentes en el Viernes Santo…

Que fue el Sacrificio de Expiación.  

Estamos todos los que están participando de la Eucaristía y  todos aquellos por los que pedimos especialmente.

La Consagración, ES místicamente, la Crucifixión del Señor. 

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¿Puede alguien imaginarse eso? Nuestros ojos no lo pueden ver.

Pero todos estamos allá, en el momento en que a Él lo están crucificando.

Y está pidiendo perdón al Padre, NO solamente por quienes lo matan, sino por cada uno de nuestros pecados:

“¡Padre, perdónalos porque NO SABEN lo que hacen!”

En la preparación de las ofrendas se llevan al altar el pan y el vino con el agua.

Es decir, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos.

En la Plegaria Eucarística se dan gracias a Dios por toda la obra de la salvación…

Y las Ofrendas se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora.

Es místicamente, la Crucifixión del Señor, perpetuada a través de sus sacerdotes.

Por esto San Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.

Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz.

Y ofrecemos desde este instante al Padre, el Sacrificio Redentor.

Es el sentido de la Oración Litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.

El “Por Él, con Él y en Él” corresponde al grito de Jesús:

“Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.

En la Consagración ocurre la “Transubstanciación”, que significa “cambio de substancia” del pan y el vino, a ser verdaderamente la sustancia del Cuerpo y Sangre del Señor.

La Eucaristía aunque tiene la apariencia de pan y vino,  NO ES pan y tampoco vino.  

Cristo está Presente en la Eucaristía verdadera, real y substancialmente con todo su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad.

Esta Presencia se llama “real” porque es “substancial”

Y por ella, Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente Presente.

Cristo está todo entero en cada una de las especies y en cada una de sus partes…

De modo que la Fracción del pan NO divide a Cristo, que está real y permanentemente Presente en la Eucaristía, mientras duren sin corromperse las Especies Eucarísticas.

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11. CONSAGRACIÓN:

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El nombre viene del griego: epicaleo, apicalumai; significa invocar, llamar.

Es una invocación del poder divino sobre los dones del pan y vino que han ofrecido los hombres…

Para que se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo.

La Anáfora constituye la parte esencial de la Misa.

Es una palabra griega que indica la acción de elevar, la actitud de levantar la ofrenda con las manos.

CONSAGRACIÓN

El sacerdote relata la institución de la Eucaristía en el Jueves Santo, usando las mismas palabras de Jesús sobre las especies:

Sobre el pan, “Hoc est enim corpus meum (…)” (“Esto es mi Cuerpo…”) y sobre el vino, “Hic est enim calix sanguinem meam (…)” (“Este es el cáliz de mi Sangre…”).

Cuando el sacerdote dice estas palabras sobre el pan de harina de trigo sin levadura y el vino de uva, con la intención de consagrar…

La substancia del pan y del vino desaparecen, siendo reemplazados por el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

En esta parte de la Misa, todos permanecen de rodillas.

En el relato de la Institución y Consagración, con las palabras y gestos de Cristo…

Se realiza el Sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando bajo las especies de pan y vino Ofreció su Cuerpo y su Sangre…

Y se lo dio a los Apóstoles en forma de comida y bebida.

Y les encargó perpetuar ese mismo Misterio.

Después de la Consagración, Jesús está realmente presente en la Eucaristía:

En este momento, por el ministerio (por el encargo y el don) que el sacerdote ha recibido…

El pan y el vino son transformados en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo.

El sacerdote repite las palabras que Jesús pronunció en la Última Cena…

Con las cuales Él mismo dio gracias y bendijo el pan y el vino, haciéndolos su Cuerpo y su Sangre, para Alimentar con su Propio Ser a sus apóstoles.

Y a través de ellos y de la sucesión de sacerdotes a todos los creyentes.

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Cristo, en efecto tomó en sus manos el pan y el cáliz, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

Tomad, comed, bebed; esto es mi Cuerpo; éste es el cáliz de mi Sangre. Haced esto en conmemoración mía.

De ahí que la Iglesia haya ordenado toda la Celebración de la Liturgia Eucarística según estas mismas partes que corresponden a las palabras y gestos de Cristo.

La Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Cristo, es el mayor Regalo que hemos recibido de Dios:

Él se ha quedado para siempre con nosotros en la persona de Cristo.

Él mismo toma nuestra realidad y la transforma en su propio Ser, para alimentar nuestra vida de Fe.

Sin este alimento espiritual. Es decir, sin la Comunión real con su Cuerpo y su Sangre, nuestra vida de Fe sería árida y estéril.

Pura imitación exterior de Cristo, por nuestras propias fuerzas.

Pero como Él nos alimenta con su propia vida en la Eucaristía.

Podemos vivir como Él, ser como Él,

Porque Él Mismo, desde nuestro interior nos va Transformando…  

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NOS VA CONSAGRANDO. 

Va haciendo de nuestra vida una constante Eucaristía.

Sólo si nosotros le entregamos nuestro corazón y dejamos que su Espíritu actúe en nosotros.

Cuando el celebrante dijo las palabras de la “Consagración”.

Ante los ojos de Maximiliano empezaron unos relámpagos en el Cielo y en el fondo.

No había techo de la Iglesia ni paredes. Estaba todo oscuro solamente aquella luz brillante en el Altar.

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De pronto suspendido en el aire vio a Jesús, Crucificado de la cabeza a la parte baja del pecho.

El tronco transversal de la Cruz estaba sostenido por unas manos grandes, fuertes. De en medio de aquel resplandor se desprendió una lucecita como de una paloma muy pequeña muy brillante…

Dio una vuelta velozmente toda la Iglesia y se fue a posar en el hombro izquierdo del señor Arzobispo que seguía siendo Jesús…

Porque podía distinguir su melena y Sus llagas luminosas, Su cuerpo grande, pero NO veía Su Rostro.

Arriba, Jesús Crucificado estaba con el Rostro caído. Sobre el lado derecho del hombro Podía contemplar el Rostro y los brazos golpeados y descarnados.

En el costado derecho tenía una herida en el pecho y salía a borbotones, hacia la izquierda Sangre y hacia la derecha, un Agua, pero tan brillante…

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Que  más bien eran borbotones de luz que iban dirigiéndose hacia los fieles moviéndose a derecha e izquierda.

¡Era una cantidad tan inmensa de Sangre la que fluía hacía el Cáliz!

¡Tanta, qué pensó que iba a rebalsar y manchar todo el Altar, pero NO cayó una sola gota!

San Uriel dijo:

–     Este es el Milagro de los milagros. Te lo He repetido: para el Señor NO existe ni Tiempo NI Distancia.

Y en el momento de la Consagración, toda la asamblea es trasladada al pie del Calvario en el instante de la Crucifixión de Jesús.

Después de la Consagración, Jesús está realmente presente en la Eucaristía:

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONÓCELA

32.- UNA BODA INESPERADA


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Marco Aurelio escuchó al anciano Pontífice, hablar de Jesús y de su Doctrina.

Y lo que escuchó lo cautivó y lo dejó reflexionando… Y aumentó su atracción por Aquel Dios Desconocido que empieza a descubrir…

A partir de aquel día, Alexandra se acercó con menos frecuencia al lecho del enfermo. Y no volvió a hacerlo sola. Pero observaba que él la seguía con la mirada suplicante y vivía pendiente de cada gesto y palabra suya, cual si fuera un favor inestimable.

Vio que sufría y no osaba quejarse por temor de alejarla de su lado. Que para él, solo ella era la felicidad y la salud.

Y ella se siente atraída con los encantos secretos que el amor inspira y que Marco Aurelio ejerce cada vez  con más fuerza sobre ella.

Y conforme pasan los días y se acerca a su lecho, ve irradiar en el rostro de él la misma alegría y el gozo que a ella la invaden.

Un día notó en sus ojos, huellas de que había llorado y sintió el deseo de enjugar sus lágrimas con sus besos.

Él se ha vuelto tan sufrido, como si hubiera hecho voto de paciencia. También ve sus esfuerzos para no hacer nada que a ella le desagrade y  por esto ella se siente grandemente amada.

Y el sentirse objeto de tanta adoración, la hace sentirse a la vez dichosa y culpable.

El joven patricio le había escrito una carta a Petronio y la contestación fue ésta:

Tito Petronio     a     Marco Aurelio Petronio.

Salve.

Por favor carísimo. Puesto que te encuentras herido y según dices te están pasando cosas estupendas. (Aunque no especificas cuales) Tu laconismo no necesita explicación. Ya me contarás cuando regrese y nos veamos otra vez.

No podía creerlo cuando leí que ese gigante parto había matado a Atlante con tanta facilidad. Ese hombre vale lo que pesa en oro y solo de él depende el llegar a ser un favorito del César. Pregúntale si es una excepción o si existen más hombres como él, en su país. Sería grandioso contar con él en los juegos públicos.

Agradece a todos los dioses, el que hayas salido vivo de tales manos. Te has salvado ciertamente porque eres patricio e hijo de un cónsul. No das muchos detalles de tu convivencia con los cristianos y del tratamiento que te han dado. A pesar de lo que dices percibo tu estado de inquietud y melancolía y  sé que todo es por Alexandra.

Lo interpreto por el laconismo de tu carta. Explícate, porque hay en ella tantos enigmas; que siendo totalmente sincero, tengo que confesarte que no entiendo a los cristianos, ni a Alexandra. Y tampoco te entiendo a ti.

Y no te sorprenda que me intereses tanto. Es que yo intervine en este asunto tuyo, me siento responsable de tu situación y por eso lo considero asunto mío.

Pasando a otro asunto, quiero hacerte partícipe de mi alegría…

Haloto me ofreció por Aurora siete caballos ganadores. ¡Y los rechacé!… ¿Puedes creerlo?  Gracias también a ti, porque te negaste a tomarla.

Porque ahora yo estoy saboreando las delicias del verdadero amor y me siento muy feliz.

Contéstame pronto, pues no sé cuándo vuelva a verte. En la cabeza de Barba de Bronce, los proyectos cambian como los vientos de otoño.

En la actualidad, mientras continuamos en Benevento, desea irse directamente hasta Grecia, sin volver antes a Roma. Tigelino le aconseja que haga una visita a la ciudad, aunque sea por poco tiempo, ya que el pueblo anhelante por su persona, (léase pan y juegos) puede sublevarse si Nerón prolonga su ausencia.

Así que no puedo decirte con certeza, que es lo que va a suceder.

Considera sin embargo si no sería preferible para ti, en lugar de permanecer en Roma, una temporada de reposo en tus propiedades de Sicilia. Lo único que te deseo es que recuperes pronto tu salud porque ¡Por Zeus! Ya no sé ni siquiera que es lo que debo desear en obsequio tuyo. Adiós.

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Cuando Marco Aurelio recibió esta carta, pensó en no contestarla. Pero luego decidió posponer la contestación, solo un tiempo más.

Ha cambiado mucho. En sus conversaciones con Mauro, Isabel y Lautaro, hay menos orgullo. Está haciendo su efecto lo que escucha en las reuniones que hay dos veces a la semana y que llegan hasta su ventana.

También se aficionó a Bernabé, con quién suele conversar horas enteras, porque en sus conversaciones puede mezclar el nombre de Alexandra y atesora con ansia todas las anécdotas del gigantesco parto.

La vida en la casita es una rutina familiar. La hermana de Alexandra, Margarita es la confidente de la joven y la ha seguido a su ‘destierro’ particular.

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Margarita también es gentil con el herido, pero se porta muy reservada y distante y Marco Aurelio lo atribuye a que está sufriendo las consecuencias de su arrebato por Alexandra.

Él no sabe que la joven es una virgen consagrada de la Iglesia Cristiana y por eso su reserva es tan extrema.

Pero un día que lo atendió en lugar de Alexandra, pudo observar con detenimiento su extraordinaria belleza y comprendió lo que Bernabé le platicara el día anterior: las dos heredaron la hermosura de su madre.

Por lo que le parece completamente incomprensible, es que siendo mayor que Alexandra, no haya conquistado el amor de un hombre y no esté casada todavía, pues si él no hubiera conocido primero a la joven que le robó el corazón, seguramente se hubiera enamorado de esta joven tan bella como misteriosa…

Por las tardes, cuando terminan las labores domésticas suelen sentarse juntas a hilar, tejer o escuchar música, mientras otra persona lee partes del Evangelio y toda la familia las reflexiona en oración comunitaria.

Santiago, el hermanito menor de David, juega mucho con un vecinito romano que se llama Fabio y junto con otros chiquillos forman la algarabía del patio.

Marco Aurelio disfruta mucho la armonía y la convivencia con casi todos los miembros de la casa. Sin embargo, a David no lo soporta y disimula la aversión que el joven le inspira.

Y la razón es que está terriblemente celoso por el amor con que Alexandra le trata.

En una ocasión David, estuvo cortando duraznos de uno de los árboles del huerto y también cortó un hermoso racimo de uvas de la vid que da sombra en una de las terrazas y envió a Fabio con el delicioso obsequio para que las entregara a Alexandra.

Y al oír que ella le daba las gracias, se puso pálido.

Y entonces Marco Aurelio habló como todo un descendiente de los Quirites, (nobles romanos) para quién todo extranjero es poco menos que un gusano.

Y en cuanto David se retiró, exclamó enojado:

–           ¡Alexandra! ¡Cómo puedes permitir que ese muchacho te haga obsequios! ¿Ignoras acaso que los griegos llaman a la gente de su nación, perros judíos?

Ella lo miró asombrada por semejante estallido y contestó:

–           Yo no sé cómo los llaman los griegos. Sólo sé que es cristiano y por lo tanto, hermano mío.

Marco Aurelio se quedó mudo, luego se dominó y le suplicó anhelante:

–           Perdóname Alexandra. Para mí tú eres una reina y… yo no… -y volvió el rostro, para que ella no lo viese llorar.

Cuando regresó David, le trató con amabilidad. Y a partir de ese momento se convirtió en su amigo.

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Alexandra comprende el considerable esfuerzo que le cuestan estas victorias sobre sí mismo. Y por eso, ella le ama siempre más.

Mientras tanto Marco Aurelio reflexiona y se maravilla en el poder sobrenatural de esa Religión que tiene la virtud de cambiar radicalmente a los hombres. Comprende que hay algo extraordinario en ella, algo que no había sido conocido antes en la Tierra.

Su convivencia entre los cristianos, le ha convencido que es precisamente esta Religión, la que adorna a Alexandra con esa belleza excepcional e inexplicable que en él despertara junto al amor, el respeto. Junto al deseo, el homenaje. Alexandra se ha convertido en un ser único sobre la tierra.

Y con todo lo que le está pasando se siente inclinado a amar a Cristo. Tiene que inclinar la cabeza ante ese Dios que no comprende. Está dispuesto a sometérsele, porque algo se ha despertado en su alma… Y también es el Dios de Alexandra.

La joven observa la evolución que se opera en el alma de Marco Aurelio. Ve la lucha que sostiene consigo mismo, su mortificación, sus dudas. Y cada vez nota más el silencioso respeto que él muestra hacia Cristo. Y ello hace que su corazón se incline hacia él, con una fuerza arrolladora.

En una atracción casi imposible de resistir, hasta que…

san-pedro-apostol- Un día que Pedro llegó de visita, Marco Aurelio le llamó y le dijo:

–           Vivo asediado por la pena y el sufrimiento. Antes de conoceros me hubiera apoderado de ella y la hubiera retenido por la fuerza. Pero vuestra virtud y vuestra Religión han efectuado un cambio dentro de mí, que me apartan de la violencia.

Yo mismo no entiendo por qué me pasa esto y a vos, que al presente hacéis las veces de padre para Alexandra, os digo: si ella me acepta, dádmela por esposa y os juro que no tan solo no le he de prohibir que confiese a Cristo; sino que yo mismo anhelo iniciarme en los misterios de vuestra religión y os pido: ‘¡Dadme la Luz!’. 

Conozco todos los obstáculos, pero yo la amo más que a mi vida y no quiero perderla. Quiero amar lo que ella ama y que nuestra familia sea una familia cristiana. Porque quiero a vuestro Dios, para que sea también el mío. Disipad mis tinieblas. Ved que soy sincero.

Los hombres han dicho: ‘Grecia creó la sabiduría y la belleza. Roma creó el poder y la fuerza…’ ¿Y vosotros los cristianos, qué es lo que traéis? Os pido que reveléis los misterios que necesito conocer. Ilumíname lo que hay detrás de vuestras puertas, ¡Abrídmelas!…

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Pedro, cuyo corazón se conmovió ante aquella alma doliente que como ave enjaulada pugna por abrirse paso en demanda de libertad.

Extendió la mano sobre Marco Aurelio, tocándolo sobre la cabeza y dijo:

–           Traemos el Amor. ¡Tocad y se os abrirá! La gracia de Dios descienda sobre ti. La Sangre de Jesús lave tus pecados. Yo te Bendigo en Nombre del Redentor.

Hizo el signo de la cruz sobre él. Y aquel descendiente de los Quirites tomó la mano del anciano Galileo y la llevó a sus labios, lleno de gratitud y de reverencia…

Pedro se sintió complacido al ver aquella alma que es tierra propicia para la semilla divina y  en su red de pescador lo ingresa como una nueva conquista para Cristo.

Y los presentes regocijados ante aquella inesperada escena, exclamaron al unísono:

–           ¡Gloria al Altísimo!

Alexandra está atónita.

Marco Aurelio tiene su rostro radiante de alegría y le dijo desde su lecho:

–           Alexandra¿Quieres ser mi esposa, la reina de nuestro hogar? ¿Quieres ayudarme a conocer y amar al Dios tuyo, el que desde hoy será también mío y de nuestros hijos? ¿Me amas como yo te amo?

Ella comenzó a llorar de alegría y sus labios temblorosos no pueden pronunciar palabra. Está totalmente anonadada.

El apóstol la incitó:

–           Hija mía, ¿No le vas a contestar?

La joven se arrodilló delante de Pedro.

Y dijo con voz llena de humildad, sumisión y turbación:

–           Sí. Le amo. Y sí. Quiero ser su esposa.

Marco Aurelio dijo:

–           Mientras acabo de sanar, quiero instruirme para ser Bautizado. Luego haremos la boda según las leyes romanas. Y ante el mundo entero, también serás mi esposa. Te juro que te seré fiel, te amaré y te respetaré. Y desde hoy eres dueña de mi vida y de todo lo que me pertenece. – y tomando la mano de Alexandra, la llevó a sus labios, mientras la miraba con adoración…

Alexandra, temblando de felicidad, le contestó:

           También yo te juro serte fiel. Amarte y respetarte todos los días de mi vida. Y mi ser te pertenece, amadísimo esposo mío.

Entonces Pedro tomó la mano de Alexandra y la puso en la de Marco Aurelio.

Y colocando sus manos en la cabeza de ambos jóvenes, declaró:

–           Amaos en el Señor y para su Gloria. Yo los declaro unidos en matrimonio: Esposo y Esposa. Y que no separe el hombre lo que Dios acaba de unir. Os Bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y Bendigo los hijos que daréis a Dios con vuestro santo amor.

Los dos jóvenes se miraron llenos de felicidad.

Alexandra se inclinó sobre el lecho, para darle un dulce beso en los labios. Y se sentó a su lado, apretando la fuerte mano masculina entre las suyas…

Los demás los llenaron de parabienes y bendiciones.

Y Pedro comenzó a narrar como Jesús hizo su primer milagro en las Bodas de Caná…

Desde ese día, Marco Aurelio se unió a aquellas reuniones donde fue conociendo a Jesús, el Dios-Hombre que le acaba de entregar el regalo más precioso que él anhelara tanto: el amor de Alexandra, Bendecido por Él.

Al despedirse, Pedro les dijo que les enviaría un evangelizador para darles la instrucción necesaria, pues los tiempos son sumamente graves…

Al día siguiente…

En la Puerta del Cielo, Mauro camina alegremente por el largo pórtico que conduce a los salones donde son instruidos los catecúmenos.

Se encuentra con su colega y amigo Lucano, el compañero en los viajes de Pablo de Tarso.

El médico evangelista y escritor, le saluda:

–           La Paz sea contigo, Mauro. ¡Qué alegría verte por aquí!

Mauro contesta sonriente:

–           Y también contigo, caro hermano mío. Terminé de dar algunos temas y voy de regreso a Roma. Allá también tengo ministerio.

–           ¿Ya no ejerces la medicina?

–           Entre los pacientes y las evangelizaciones, transcurre mi vida. ¿Y tú qué haces querido Lucas?

–           Estamos iguales. Yo estoy aquí colaborando con Pablo. Aunque le dedico más tiempo a la Palabra, ejerzo poco la medicina. Ahora estoy escribiendo. ¿Qué tema vas a dar?

–           Voy a hablar del Perdón…

–           ¡Apasionante y bellísimo! Yo voy a hablar del Octavo Sacramento.

–           ¡Somos bienaventurados! SER APÓSTOLES ES EL PRIVILEGIO MÁS GRANDE que puede darnos nuestro Señor. Sólo dime cual no es apasionante…

Y los dos se despiden y caminan en direcciones opuestas…

Mientras tanto, en la casa donde está Marco Aurelio, éste se decidió a contestar la carta de Petronio…

Marco Aurelio Petronio   a   Tito Petronio.

Salve.

Es tu deseo que te escriba lo más minucioso posible: convenido. No puedo asegurarte empero que sea con más claridad, ni que puedas entenderme. Porque yo mismo aún no sé cómo explicarlo.

Te describí mi permanencia entre los cristianos y la forma en que tratan a sus enemigos, entre los cuales tenían derecho de contarnos, tanto a Prócoro como a mí. Te conté la bondad con la que me han tratado y cómo me han atendido.

No, mi carísimo. No me respetaron porque yo fuera hijo de un cónsul. Esas consideraciones carecen de peso entre ellos, puesto que perdonaron a Prócoro a quién insté a que lo enterraran en el jardín. Son personas excepcionales, como el mundo no ha conocido hasta hoy.

Y del mismo modo sus enseñanzas son tan extraordinarias como ellos. Te aseguro que si yo me encontrara en mi casa postrado en el lecho, con un brazo y las costillas rotas atendido por los míos, aun cuando fuesen miembros de mi propia familia; por supuesto hubiera disfrutado de mayores comodidades. Pero no me hubieran hecho objeto ni siquiera de la mitad de los cuidados que ellos me han prodigado.

Y entérate también de esto: Alexandra es como todos los demás. Si hubiera sido mi hermana o mi esposa, no podría haberme atendido con mayor afecto. Y ¿Puedes creerlo?

En medio de estas personas sencillas, habitantes de este pobre aposento, que es a la vez cocina y triclinium, en donde también se encuentra el lecho donde postrado te escribo, soy  el hombre más feliz del mundo. Más que en ninguna otra época de mi vida.enamorados

Le ofrecí a Alexandra regresarla a la casa de Publio y ella me declaró que en la actualidad, eso es imposible, porque Publio y Fabiola se irán a Sicilia y porque de regresar ella a su hogar, esa noticia tarde o temprano llegaría hasta el Palatino.

Y entonces César podría arrancarla nuevamente de la familia Quintiliano. Pero Alexandra sabe que yo no volveré a perseguirla. Que he dejado atrás las medidas de violencia, que soy incapaz de renunciar a su amor o de vivir sin ella. Voy a llevarla a mi casa bajo el arco de guirnaldas que adornará la puerta. Y sentarla en mi hogar como reina, ama y señora, al convertirla en mi esposa.

Ella ya aceptó. Así que ahora es tu sobrina. En cuanto a los cristianos, aman a sus semejantes… Pero abominan nuestros dioses, nuestra manera de vivir, nuestros crímenes y nuestra corrupta sociedad. Todavía ignoro muchas cosas, pero estoy aprendiendo.

Lo único que sé con precisión, es que donde comienza esta religión, concluye el poder de Roma… Nuestro sistema de vida y la distinción entre conquistadores y conquistados, entre ricos y pobres, señores y esclavos. Concluye el gobierno, el César, la ley y el orden del mundo. Concluye también la muerte.

Y por sobre todo esto, surge la figura de Cristo lleno de una Misericordia jamás conocida y de una Bondad tan infinita, que contrasta con los instintos del hombre y con nuestros propios romanos instintos.

Y para mí, Alexandra vale más que Roma y todo su señorío. Tú sabes cuánto la amo y que no hay nada que yo no haga por su amor. Pues bien, quiero que sepas que soy augustano y de noble descendencia; pero eso no me impide ser también cristiano.

Cuando aprenda más sobre mi nueva religión, te lo comunicaré. ¡Ah! Y por cierto: tú serás el padrino de nuestras nupcias romanas. Cuídate mucho. Adiós.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

P127 IGLESIA TERRENA


PADRE TRINIDADsabaothHijitos Míos, el hacer Mi Voluntad implica gozo y también dolor. Nunca podréis separar el dolor del Amor. Yo os envié a Mi Hijo, Jesucristo, para cumplir una Misión, para hacer Mi Voluntad. Mi Voluntad siempre es Amor, Mis pequeños. Mi Voluntad siempre os va a llevar crecimiento, os va a llevar vida, os va a llevar salud espiritual.

Mi Hijo, al cumplir Mi Voluntad, os estaba trayendo a la Tierra los secretos y la vida del Cielo. Os estaba abriendo un Nuevo Mundo, os estaba trayendo el Reino de Dios a la Tierra.

Al cumplir Mi Voluntad, Él se gozó; porque  Él sabía que el cumplir Mi Voluntad os iba a abrir nuevamente las Puertas del Cielo, iba a venir la salvación de muchas almas; de todas aquellas que dócilmente se dejaran guiar por la Voz del Pastor que las iba a llevar al redil escogido. Y el saber de la salvación de las almas eso llenaba de gozo Su Corazón y Mi Corazón.

Lord-Jesus-REY PADRE Y PASTOR

Mis pequeños, Él vino a Evangelizar, pero también a Reparar. Al Evangelizar Él se gozaba enseñándoos todas éstas bondades que se viven en el Cielo; pero vino también a reparar por vuestros pecados.

SÍ y quiero remarcar esto Mis pequeños, vuestros pecados. Porque Él no cometió ni un solo pecado, sufrió por vuestros pecados en Su Vida. Sí que hubo gozo por la Enseñanza y por cumplir Mi Voluntad pero también sufrió por causa de vuestros pecados además de todo ése dolor de estar entre el pecado y vivir en el pecado vuestro, Mis pequeños.

Meditadlo. No estáis aquí para gozar junto con vuestros pecados. Estáis aquí en la Tierra para servirMe haciendo Mi Voluntad; esparciendo Mi Reino sobre la Tierra, haciendo Mi Voluntad. Llevando Vida con virtud y con amor en vuestros actos, con vuestra presencia a donde vayáis; con vuestras enseñanzas guiadas por el Evangelio que os dejó Mi Hijo, a eso estáis llamados.

amor mundo ambicion rique

Ciertamente tendréis ataques de Satanás, porque él verá que no os estáis dejando engañar por lo que él está promoviendo entre vuestros hermanos y él os atacará.

Os hará ver ante vuestros hermanos que no estáis haciendo las cosas bien, que sois retrógradas, que no estáis gozando la vida; cuando realmente vosotros estáis bien, estáis viviendo como Yo mando, como Mi Voluntad os está pidiendo.

Cuando levantáis a alguien que vive en el pecado, que Satanás ha corrompido en su alma; cuando dais ése ejemplo de vida espiritual, es cuando estáis haciendo Mi Voluntad y estáis siendo otros Cristos sobre la Tierra.

AMOR MARTHA Y MARIA

Ese es vuestro llamado: al vivir como Mi Hijo vivió, también repararéis por el pecado vuestro y el de vuestros hermanos. Y así estaréis también unidos a la Vida de Mi Hijo, sufriendo por causa de vuestros pecados, pero también reparando por ellos…

 Y así el sufrimiento, unido al de Mi Hijo, que Él no tenía por qué sufrir por causa de vuestros pecados; se vuelve Vida, se vuelve Amor, se vuelve Salvación. Ya no es sufrimiento en vano, es sufrimiento de Vida.

 Ciertamente Mi Iglesia será purificada, será santificada. Satanás ha puesto un velo de maldad sobre ella y no veis ahora vosotros, lo reluciente que debe ser. Vosotros debierais haber tenido una educación espiritual muy bella, a partir de las Enseñanzas que Mi Hijo os dio y vivió.

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El hombre desperdició esta educación Divina. Y así como los muebles cuando se dejan abandonados, que se llenan de polvo y se les quita su brillantez; así está ahora Mi Iglesia, arrumbada.

No sale de ella la belleza espiritual que debiera salir y daros vida. Os habéis acostumbrado a lo que el hombre os quiere dar y lo digo así, Mis pequeños: “el hombre”, en lugar de decir “mis ministros”.

Porque han hecho una Iglesia Terrena, le han quitado la Divinidad en la que fue formada y creada.

jose protector de la iglesia

SAN JOSE, el primer Sacerdote casto y consagrado de la Iglesia de Jesús

Su Divinidad, se debió haber ido acrecentando con el tiempo. Pero en lugar de que el hombre la protegiera, la aceptara, la viviera, la gozara, la amara, la respetara, no fue así. Satanás se encargó de que el hombre la hiciera a un lado.

Y ahora, no estáis recibiendo lo que debió haber salido de Ella. Y de tal forma ha sido así, que infinidad de almas se han perdido el Alimento Espiritual y Divino que os dejó Mi Hijo y que tanto Le costó.

Os he dicho, que lo primero que será purificado en la Tierra será Mi Iglesia, para que os deis cuenta del tesoro que se os dio. Ciertamente, queda todavía la Esencia de Ella en algunas almas buenas, santas, fieles, en el resto fiel.

San Jose patriarca de la iglesia,

SAN JOSÉ REY DE CONSAGRADOS, APÓSTOLES Y PROFETAS

Sí, Mis pequeños, el Resto Fiel lleva en su corazón esta Esencia Divina que surgirá después de la purificación. Cada uno de vosotros, los que pertenecéis al resto fiel, a los que he ido escogiendo alrededor del Mundo, lleváis en vuestro corazón, la Esencia Divina, el Conocimiento, la Sabiduría.

Así como tenéis cajas fuertes, donde guardáis lo más preciado, Yo he puesto en vosotros la Esencia Divina, para que no se perdiera. Sois cajas fuertes vivientes, sois Tabernáculos, en donde Mi Hijo vive en vosotros. 

Y surgirá, surgirá todo ése Conocimiento Divino después de la purificación, nada se perderá. Todo está guardado, todo está protegido en vuestros corazones.

san jose padre de jesus y de la iglesia

PADRE DE JESUS Y PADRE DE LA IGLESIA

Gozaréis, Mis pequeños, daréis cada uno de vosotros, lo que llevaréis en vuestro corazón. Ahí he guardado las bellezas de lo que debe ser Mi iglesia, lo que os dio Mi Hijo.

Os reuniréis y empezaréis la Nueva Iglesia, la de Mi Hijo, la de vuestro Salvador, la de vuestro Maestro, la de vuestro Hermano, Cristo Jesús, Mi Hijo que se dio por vosotros. La Iglesia surgirá, porque vosotros sois la Iglesia y lleváis en vosotros Mi Iglesia.

Gracias, Mis pequeños por manteneros fieles, por haber cuidado todo ése Conocimiento. Y sobre todo, haber amado lo que Mi Hijo os dio. Os bendigo, Mis pequeños y no perdáis nunca ése tesoro tan grande que he puesto en vuestro corazón, que es la Esencia Divina, que es la Iglesia que os dejó Mi Hijo.

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 Os he venido preparando por años, para que confiéis plenamente en Mí, en vuestro Dios. Yo Soy un Dios de Amor; pero muchos Me quieren seguir viendo como el Dios del Antiguo Testamento, Vengador, Justiciero; hasta malo, cuando Yo Soy Todo Amor.

Aquellos que no Me quieren ver como el Dios Amor, no tienen plena confianza en Mí y ciertamente, tampoco en Mi Hijo. Os envié a Mi Hijo, para que Me vierais a Mí en Él, de tal forma que Él Mismo os lo dijo, “el que Me ve a Mí, ve al Padre”.

Con esto, os quiero dar a entender, nuevamente, para los que no lo han entendido, que todos tenéis derecho a la Salvación. Soy un Dios de Amor, Soy un Dios de Esperanza, Soy un Dios de Perdón. Yo, continuamente, os estoy observando, no os apartáis ni un segundo de Mi Vista, especialmente si no estáis Conmigo, si no estáis viviendo en vida íntima, Conmigo, vuestro Dios.

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A las almas que viven en el mal, también las “persigo”. Pero las “persigo” en una forma amorosa, delicada, para que Me vayan encontrando poco a poco. Conozco a cada alma y sé cómo presentarMe a cada una de ellas. Os busco y trato de entrar en vuestro corazón de alguna forma.

Ciertamente, hay almas que Me han cerrado totalmente la puerta de su corazón e insisto. Pero hay algunas que no quieren saber ya nada de Mí… e irremediablemente, se pierden.

En Mí, hay una completa Esperanza de Salvación. Nunca os pongo de alguna forma, dificultad en que os acerquéis a Mí. Como os dije, os conozco a cada uno de vosotros y sé cómo llegar a vuestro corazón y así Me voy presentando. Pero sabéis, porque ya os he explicado, que Yo no Soy el que condena.

ESPERANZA EN DIOS

 El alma en su libre albedrío, se aleja de Mí. No quiere saber de Mí. Es más, Me ataca, Me blasfema; tapa sus oídos, cierra su corazón. Estas almas se han cerrado a la Esperanza.

Hay almas pecadoras, sencillas, que no han tenido mucha instrucción religiosa, que en ellas existe todavía la Esperanza, como en el Buen Ladrón. Se saben pecadoras, pero también reconocen la Bondad. Y estas almas a pesar de sus pecados, alcanzan la Salvación.

Esperanza, siempre hay en Mí para vosotros. Cualquier alma que mantenga la Esperanza a pesar de sus pecados, se salvará, Yo les daré las formas para llegar al Arrepentimiento y se salvarán.

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La Esperanza es una Luz, aunque sea pequeña, que confía en Mi Bondad. No perdáis nunca la Esperanza, Mis pequeños, los que NO Me conocéis y NO Me amáis.

Yo siempre estoy a vuestro lado. Yo también espero en vosotros, tengo esperanza en vosotros en que escuchéis Mi Voz y cambiéis y vengáis a Mí. Prepararé vuestra alma para que os arrepintáis y ganéis vuestro lugar en el Reino de los Cielos.

No dudéis nunca, Mis pequeños, de Mis Palabras. Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios, Soy el Amor. Vivid en ésa Esperanza y la Esperanza os llevará al pleno Amor que os salvará eternamente.

25transfiguracion

 Os he pedido de un tiempo para acá, vuestra transfiguración de cuerpo y alma, para que podáis apreciar todas las bellezas que os daré a vosotros el Resto Fiel, el Nuevo Pueblo que iniciará una nueva generación.

La Transfiguración consistirá en que volveréis a tener en buena parte, las potencias de vuestros Primeros Padres.

Se irán acrecentando con vuestros méritos y con el amor que pongáis en vuestra tarea, en vuestra nueva vida en el Nuevo Mundo. En este momento, vuestras potencias están disminuidas, prácticamente aniquiladas por el pecado.

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Os podría explicar un poco más esto para que entendierais mejor. Vosotros cuando os enfermáis y perdéis el sentido del gusto, aunque os den del mejor manjar, no lo apreciáis; porque vuestro gusto y vuestro olfato, están disminuidos con la enfermedad que tenéis. Así estáis ahora en lo espiritual.

Los regalos que Yo os doy, no los apreciáis en pleno. Es más, lo que vivís a vuestro alrededor de todos los días, al no tener la sensibilidad de vuestras potencias, no sabéis apreciar lo que a diario tenéis.

Ciertamente le encontráis el gusto a un amanecer, al cantar de los pajarillos, las bellezas de la Naturaleza, las bellezas de una sonrisa de vuestros pequeños, del amor que hay a vuestro alrededor que he puesto en todo.

niña sonriendo

Pero no lo sabéis apreciar, porque está todo velado por el pecado que se ha ido acrecentando y esto lo ha provocado Satanás, para que NO gocéis de lo que Yo os doy para consentiros.

Cuando venga la purificación y con ella, vuestra Transfiguración, el amanecer ya no lo veréis como ahora lo veis. Será un nuevo resplandor. No es solamente luz, sino es sonido, música. El trinar de los pajarillos, será diferente: luz y color, sonidos agradables que no conocéis. TODO será transformado para vosotros, porque apreciaréis lo que el pecado escondió.

Vosotros mismos diréis “esto lo teníamos, pero no lo apreciábamos” y es que faltaba ésa sensibilidad que la vais a recuperar con la transfiguración de vuestros cuerpos y de vuestras almas.

naturaleza impresionante

El Amor que Yo he puesto en la Creación, vuestros sentidos lo van a vivir en pleno. Todo lo apreciaréis, no con un solo sentido; sino con todos a la vez: Colores diferentes, olores bellísimos, sabores que no conocéis.

Yo Soy vuestro Dios Omnipotente, Mi Creación, no tiene fin… Así he de consentir a las almas que creyeron en Mi Palabra, en Mi Amor; la cuidaron en su corazón y la transmitieron con su ejemplo. Esperad Mis pequeños, estos grandes regalos que os daré. Esperadlos con ansia, con alegría y pedidMe que se den ya. ¡Cuánto quisiera que ya estuvierais gozando todos vosotros de Mis regalos!

PedidMe ya vuestra purificación y transfiguración. Será un nuevo renacer para la humanidad, después de que seáis purificados.

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Las pruebas que vendrán, os dejarán preparados para todo esto. Pero será como un parto, no tan doloroso para los que han estado Conmigo. Dolerá vuestra Purificación, porque habéis dañado Mi Corazón. Pero luego os daré el Regalo que os hará olvidar todo vuestro pasado doloroso.

Vosotros Me pediréis perdón por lo que Me hicisteis, por vuestros pecados pasados y Yo los olvidaré totalmente. En Mí no hay rencor, en Mí no hay Venganza. Soy Todo Amor, sois Mis hijos y Yo quiero lo mejor para vosotros.

Ojalá vivierais también vosotros estas Palabras. Que pudierais ser vosotros totalmente para Mí. Que fuera Yo vuestra única meta, vuestro único deseo, vuestro único amor. Mantened este deseo en vuestro corazón y lo haré real y palpable

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DadMe gozo Mis pequeños, como Yo os lo doy en todo momento, aunque no sabéis todavía verlo y vivirlo.

Desead aumentar vuestro amor por Mí y Yo os lo daré. Me encanta ver las almas que buscan agradarme. Que su único objetivo es amarMe, en ellas Me derramo abundantemente y encuentro en ellas Mi Reposo.

Desead Mis pequeños, ser de estas almas… Y así, gozaréis inmensamente Mi Amor. Yo doy más a quien más pide. No limitéis Mis Dones y Capacidades, pedid. Pedid y os daré. 

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Yo Soy un Dios de Imposibles. Sí, para vuestra mentalidad humana sobre todo, caída en el pecado y faltos de Fe.

No debiera existir la palabra imposible, pero existe por vuestra falta de Fe. En Mí no hay imposibles. Soy vuestro Dios y Creador. Si todo lo creé de la NADA, Yo puedo hacerlo todo, Mis pequeños. Puedo renovar todo aquello que vosotros veis mal.

Mi Hijo, os mostró Mi Poder curando enfermos, resucitando muertos, levantando a aquellos a la vida de enfermedades imposibles de curar. Liberar a endemoniados… Tantos y tantos milagros que vieron vuestros hermanos en aquél tiempo y que eran imposibles para la gente de ése tiempo.

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En este tiempo los Milagros persisten y se siguen viendo los imposibles a todos niveles.

Habláis de que la medicina está adelantada; pero los médicos todavía hablan de imposibles, a pesar de su supuesto avance. Enfermedades imposibles de curar, el milagro las cura.

Os he pedido que confiéis en el Milagro. Estáis viviendo tiempos en que se darán los Milagros si vuestra Fe es firme y está plenamente confiada a Mi Voluntad.

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El Milagro no solamente cura cuerpo, cura el alma. Hay tantas, tantas almas que hay que curar. La gran mayoría de vosotros, generalmente busca el milagro para curar vuestras dolencias de cuerpo.

Pocos, muy pocos piden los milagros del alma y debierais hacerlo más seguido; porque vuestra alma es la que más necesita de ser transformada; de ser sanada, de ser elevada a la función a la cual fue constituida…. Y no lo pedís.

Pedid para vosotros mismos el Milagro para vuestra alma, que sea vuestra alma la que Yo quise que fuera. Pero que ahora, el pecado la ha limitado.

milagro de patricia

HURACÁN PATRICIA 2015

PedidMe que sus potencias vengan a vosotros. Ésa es parte de la transfiguración que tendréis, el Milagro de Amor sobre vuestra alma.

Recordad que os he dicho que si vuestra alma está en perfectas condiciones, como Yo la constituí; vuestro cuerpo lo estará también. Sois una sola cosa; pero las potencias mayores están en vuestra alma, no en vuestro cuerpo.

PedidMe, pues, Mis pequeños, las potencias del alma y empezaréis a entender lo que Yo quiero de vosotros y para qué fuisteis constituidos.

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Me alegra tanto deciros todo esto, Mis pequeños, porque voy creando en vosotros una alegría para lo que vendrá en breve.

Os voy develando Mis Misterios y lo que seréis después de esta purificación. Iréis intuyendo, con Mis Palabras, a dónde os iré llevando y lo que gozaréis después de vuestra purificación. Iré acrecentando vuestro deseo de estar más íntimamente Conmigo, puesto que estando Conmigo, tendréis todas estas maravillas que os estoy prometiendo.

 Nadie más os las dará, Me pertenecen y os pertenecen a vosotros, por ser Mis hijos. Os voy mostrando poco a poco, lo que será ése día de Fiesta Universal para las almas buenas, para las almas fieles.

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ImploradMe que llegue ya ése momento. Porque vuestro gusto será Mi Gusto, vuestro deleite será Mi Deleite, vuestra alegría será Mi Alegría. Así como un padre y una madre de familia que preparan un salón de fiestas para sus pequeños y se alegran al verlos gozar todo lo que prepararon con tanto cariño…

 Así os estoy preparando ése día, ése momento. Momento de Gloria para las almas que se mantuvieron Conmigo. La Fe, el Amor tienen su paga y vosotros lo gozaréis.

Ciertamente Mis pequeños, Satanás todavía tratará de atacaros, para tratar de destruir Mi Obra en vosotros.

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Manteneos en oración. Vivid íntimamente Conmigo, no dudéis. Os vuelvo a repetir: Creed, hasta lo imposible. Pase lo que pase a vuestro alrededor, Yo estaré con vosotros. Atacará fuertemente, pero no os tocará. Sois Mi Resto Fiel. Sois como la niña de Mis Ojos, pero tendréis todavía que hacer vuestra parte.

Vuestra Fe os iluminará, necesito todavía que se salven muchas almas y ésa es la Misión principal de Mi resto fiel: trabajar todavía por infinidad de almas que necesitan de la salvación. Un trabajo de santidad… Así como Mi Hijo todavía en la Cruz, en Sus últimos momentos seguía salvando almas…  Así debe ser vuestra misión, Mis pequeños.

Habéis sido escogidos por Fe. Pero principalmente, porque lleváis Mi Amor en vuestro corazón… 

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Y el amor no puede ver el Dolor de las almas que se puedan condenar. El Amor es vuestro distintivo, porque Yo estoy en vosotros. Y el que ama se da por el hermano, como Mi Hijo se dio por vosotros.

No desperdiciéis vuestros minutos ni segundos de vida sobre la Tierra, orad, interceded, daos por vuestros hermanos, hay tantos que necesitan de vuestra oración.

Yo no os he negado nada, Me he dado todo por vosotros, en Mi Hijo Jesucristo. Dad, de lo que Yo os he dado gratuitamente y, esto es, principalmente, Mi Amor en vuestro corazón. Mientras más os deis, más se engrandecerá Mi Amor en vosotros y esto es lo que provocará que vosotros entréis más fácilmente al Reino que os tengo prometido. 

jesús y el reino

El Amor, os he dicho que lo puede todo. Es la Llave que asegurará vuestro bienestar eterno. Amad, como Yo os amo, daos por el hermano, como vuestro Hermano se dio por vosotros. Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios, os amo infinitamente.

Confiad en Mí, hijitos Míos, Yo no Me separaré de vosotros en ningún momento. Os daré fuerza física y espiritual para vencer en ésta prueba. Prueba que os hará alcanzar vida de Amor en ésta nueva era de Mi Santo Espíritu por venir.

 Confiad, que Yo estoy a vuestro lado para guiaros y en vuestro corazón para amaros y daros fuerza. Fuerza que ha de vencer a las fuerzas del Mal.

Yo os amo y os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo y en el del Amor de Mi Santo Espíritu.¡Llamadlo, hijitos Míos, llamadlo!

000SantsimaTrinidad

http://diospadresemanifiesta.com/

P126 LA GRAN BATALLA FINAL


000apocalipsis-sietecartas06MAYO 02 – 2016 1: 45 PM

LLAMADO ANGUSTIOSO Y URGENTE DE JESÚS SACRAMENTADO A LA HUMANIDAD

Mi paz esté con vosotros, hijos míos. Grandes pruebas se están acercando para la humanidad; Mi Pueblo Fiel será acrisolado en el Horno de la Tribulación, para que mañana pueda estar conmigo y habite la Nueva Creación.

Todo mi pueblo fiel y todos mis elegidos, predilectos e instrumentos; serán perseguidos en el tiempo de mi Adversario y muchos darán su vida por causa de mi Evangelio.

CIRCO-ROMANO

En el último reinado de mi Adversario, la Persecución y exterminio de mis hijos fieles, será la más cruenta de todas cuanto se han llevado a cabo en la historia de la humanidad.

La sangre de mis mártires será la derrota de mi Adversario. Esta sangre derramada, será Mi Sangre con la cual nuevamente venceré a mi Adversario.

No temáis, ni se turbe vuestro corazón, mi Santo Espíritu os enviaré y Él, os dará la Fortaleza, para que podáis sobrellevar aquellos días de angustia y desolación.

martirio

Antes de que perdáis la vida, vuestro espíritu será tomado y llevado a la Gloria Eterna. La historia de mi Pueblo Fiel se repetirá y así como mis primeros cristianos, también vosotros tendréis que coger el monte o esconderos en cavernas, para huir del acoso de los emisarios del Mal que os perseguirán en los días de Tribulación que se aproximan.

Hijos míos, después del Aviso de mi Padre, quedarán separadas las ovejas de las cabras y mi pueblo sabrá quién es de Dios y quien le sirve a mi adversario; por sus frutos los conoceréis.

En vuestro paso por la eternidad, todo el pueblo de Dios recibirá las Gracias y Dones que necesitará para enfrentar la Gran Batalla Final que os dará la libertad. Estas serán las armas espirituales para que combatáis con todo el Poder de Dios a mi Adversario y sus huestes del Mal.

7ARMADURA

Hijos míos, todo aquel que tenga puesta la Armadura Espiritual, no será tocado por mi Adversario. Prestadle atención a lo que os digo y acatad mis instrucciones. Una vez más os recuerdo:

No salgáis a la calle sin vuestra Armadura Espiritual puesta, porque estáis en días de batalla espiritual y muchas entidades malignas que vagan por el aire, vienen apoderándose ya de los cuerpos de aquellos que están alejados de Dios o le sirven a mi Adversario.  Atended pues a mi llamado, para que no os llevéis sorpresas desagradables.

 Cada día de estos postreros días, la batalla espiritual será más fuerte. Después del Aviso y Milagro, vendrá la Batalla Final que os dará la libertad. Os instruyo de todo esto, para que permanezcáis firmes en la Fe y como buenos soldados estéis alerta y vigilantes, para que nada ni nadie os tome por sorpresa.

GUERRERO CELESTIAL

Hijos míos, la astucia de mi Adversario no conoce límites, va aprovecharse de la farándula y el deporte de vuestro tiempo, para implantar en todos sus seguidores la Marca de la Bestia.

El deporte que mueve las masas en vuestro mundo, será aprovechado y los clubes deportivos harán una campaña a nivel mundial para que sus hinchas se dejen implantar el microchip.

EstadioAzteca

Muy pronto para entrar a los escenarios deportivos o ver a vuestros ídolos humanos, será indispensable llevar implantado el sello de la Bestia en vuestro cuerpo.

Ya no habrá venta de boletos, el tiquete de entrada a estos escenarios, será el microchip.

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¡Cuántos van a perderse por este engaño¡

¡Millones caerán en la trampa y cuando se den cuenta del error que cometieron, va a ser muy tarde para ellos!

¡Hijos míos, cuidado vosotros de caer en este engaño! Muchos ídolos de vuestro mundo, han vendido ya su alma a mi Adversario a cambio de fama, poder y dinero.

PACTOSATÁNICO

La lista es grande, en ella hay deportistas, futbolistas, cantantes, políticos, gobernantes, escritores, magnates, banqueros y también muchos que dicen ser mis familiares.

Millones los idolatran y serán ellos los que arrastrarán a muchos a la perdición.

CONCIERTO ESPAÑA ROLLING STONES

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo, si está perdiendo su alma?

¿Y qué daría el hombre, a cambio de su alma? (Mateo 16, 26)

59marcados por la bestia

¡Pobres conejillos de indias, la astucia de mi adversario les robará el alma.

Estad pues alerta y vigilantes hijos míos, porque mi Adversario se valdrá de todo para a hacer perder el mayor número de almas.

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Mi paz os dejo, mi paz os doy. Arrepentíos y convertíos, porque el Reino de Dios está cerca. Vuestro Maestro, Jesús Sacramentado.

Dad a conocer mis mensajes a toda la humanidad.

jesus sacramentado

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

 

F23 SOLUCIÓN VALIENTE


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LA EUCARISTIA

Y EL TESTIMONIO DE UN DIVORCIADO VUELTO A CASAR

Soy un divorciado que volvió a formar una pareja con quien tuvimos 3 hijos.

No queríamos dañar nuestra familia, tampoco queríamos seguir viviendo en pecado y decidimos tomar una decisión muy importante. Un sacerdote que conoce de cerca nuestras vivencias, nos aconsejó compartir nuestro testimonio,  pues son muchos quienes  viven situaciones similares y quizás saber lo que vivimos pueda ayudarlos.

También quisiera que este mi testimonio lo leyeran miembros del Clero, pues es una posible solución que muchos no la tienen en cuenta.

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LO QUE YO VIVÍ

Les cuento que tuve un primer matrimonio, nos casamos muy jóvenes por la Santa Iglesia Católica, no hicimos las cosas como Dios manda y así fue el resultado, nuestro matrimonio duró tan solo unos meses.

Dado que existían  causales en nuestro matrimonio como para pedir la nulidad del mismo, me acerqué a la Iglesia para plantear mi caso. Me atendieron bien y tras una charla, me dieron un amplio cuestionario muy bien elaborado.  El responder el cuestionario, me ayudó  mucho a poner en orden muchos detalles de aquellas vivencias tan dolorosas que tan rápido nos habían ocurrido.

Respondí  el cuestionario y lo presenté ante el buen sacerdote que asignaron para atender mi caso.

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Tuvimos algunas reuniones con el sacerdote y él consideró que los causales eran válidos, había que demostrarlo.

Se citaron varios testigos de esta relación y algunas pruebas, pero el principal testigo que era mi ex esposa no colaboró con su versión, de manera que no se pudo demostrar la nulidad. Y así seguirá siendo  aparentemente a menos que mi ex cambie su postura.

Algunos años después mi ex mujer rehace su vida de pareja.  Y catorce años más tarde de mi primer matrimonio, resolvimos casarnos por lo civil con quien fuera mi novia desde hacía algunos años.  Manteníamos la esperanza de que algún día la Iglesia pudiera aprobar la nulidad de mi primer matrimonio.

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Pasó el tiempo y mi pareja y yo, tuvimos 3 hijos. Pero no nos olvidamos nunca de nuestra  Fe y tratamos de distintas maneras de estar cerca de Dios yendo a misa, orando, leyendo la Santa Biblia, pero tal como debe ser, nunca comulgamos.

Algunos nos sugerían: “vayan a ver a tal cura que es buenito y los va a hacer comulgar”. Consejo muy equivocado, que gracias a Dios nunca aceptamos.

¿QUE PODÍAMOS HACER?  ¿QUÉ PODÍA YO HACER? 

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 ERA DIVORCIADO Y AMABA A MI FAMILIA,

PERO ME DOLÍA  MUCHO VIVIR SIN ESTAR EN GRACIA DE DIOS

Cuando tienes un problema como este, aunque tengas buenos padres, hermanos y amigos  que te aman, en general tratan de no hablar de tu problema. Algunos nos palmeaban la espalda como diciendo “está todo bien” “tienen una hermosa familia”.  Pero NO estaba todo bien, somos creyentes.  ¿Cómo podíamos estar bien viviendo en pecado?

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Los mejores consejos que teníamos eran: oren, vayan a Misa, hagan comunión espiritual. Pero NO nos era suficiente. Parecía que no había una solución real.

¿Cuál era entonces la salida? Nuestra preocupación crecía, pues pasaban los años y parecía que la nulidad de mi matrimonio nunca saldría y no veíamos otra solución hacia adelante. ¿Cuánto tiempo más seguiríamos viviendo sin poner nuestras vidas en orden con Dios?

¿Qué podíamos  hacer? No podíamos desarmar nuestra familia y YA NO queríamos seguir ofendiendo más  a Dios.

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Entonces nos llegó  el consejo de “un cura que nos habló con la verdad”

La solución que buscábamos la tuvimos por el consejo de un cura valiente, un cura de verdad. Un cura que nos dio el consejo adecuado. Él nos dijo: “Tienen este problema. Entonces vivan como hermanos. Vivan en castidad”.

¿Respuesta dura? No, ni dura ni blanda.

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Sabíamos que ese era un buen sacerdote y que quería nuestro bien. Su consejo fue la Verdad y supimos que lo que nos estaba diciendo era  lo que debíamos hacer.

¿Hay respuestas “mágicas”? ¿Hay consejos “milagrosos”?  Si, si los hay. Son los que llevan a cumplir la palabra de Dios. Porque en esos casos el buen consejo,  va acompañado por la Obra del Santo Espíritu de Dios.

Mi pareja y yo analizamos la propuesta individualmente y también juntos. Y muy a conciencia decidimos preservar nuestra familia y nuestra relación; pero viviendo como hermanos, en castidad.

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¿Parece muy difícil? Claro que sí. Quizás yo mismo hubiera pensado que era casi imposible.

Pero… NO FUE ASI. DIOS NOS AYUDÓ, Dios nos lo facilitó. Creo que me quedo corto, quizás Dios lo hizo casi todo.

Mi mujer hizo su confesión y pocos días después yo hice la mía. Ahora mismo cuando escribo esto, me emociono al pensar que tuvimos el valor y la Gracia para hacerlo. ¡Qué alegría de poder ofrecerle ese regalo a Dios, a Quien durante mucho tiempo habíamos herido viviendo en pecado!

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Conservo aun la fecha y el recuerdo de aquella tarde en que un buen sacerdote, gracias a una decisión valiente, ME ABSOLVIÓ DE MIS PECADOS y me permitió iniciar una nueva vida. “Gracias Dios que siempre estás esperando que volvamos a Ti”.

Recuerdo la primera vez que pude volver a Comulgar después de tantos años.

Salimos de la Santa Misa, doblamos la esquina y levanté los brazos al cielo festejando y  agradeciendo a  Dios. Y les dije a mis hijos “hoy el cielo está de fiesta”.  Luchamos por no estar muertos y volvimos a la vida. Y luchamos por no estar perdidos y fuimos hallados.

CASTIDAD

LA RECOMPENSA DE DIOS:

Empezó para nosotros otra vida. ¡Como quisiera poder saber explicar lo que esto nos significó!

No solamente poder llegar a estar más cerca de Dios, sino además poder llevarle un regalo del cual me siento orgulloso.  Ambos nos sentimos muy agradecidos y orgullosos y nuestra pareja está muy bien.

Les cuento que la mayoría de las veces al comulgar lloro lleno de emoción. Vuelvo a mi banco y me arrodillo todo el tiempo que puedo. Me quedo de rodillas y aun de rodillas me parece poco, pues quisiera tirarme al piso para honrar y agradecer más  a nuestro Dios.

ADORACIÓN

Un consejo para los obispos y para los sacerdotes:

Tristemente para católicos y para toda la humanidad las Iglesias están vacías. Muy pocos se confiesan y en esas condiciones reciben la comunión. Es muy difícil distinguir en su forma de actuar, un bautizado de un ateo.

¿Qué creen ustedes que pasa? Creo que la Iglesia está muy herida y vive una gran falta de Fe.

JERARQUÍA

Yo me pregunto: ¿Por qué no invitan a honrar la Santa Eucaristía como se debe? ¿Por qué no hablan del Demonio? ¿Por qué no hablan del Infierno, del Purgatorio y del Cielo? ¿Por qué no recuerdan que es su prioridad y la de todo creyente, luchar por nuestra propia salvación y la salvación de todos nuestros hermanos?

Hágannos colaboradores responsables, exíjannos.

¿Por qué no aclaran que no hay mayor caridad que la de salvar almas? ¿Por qué no llaman a recordar que Dios nos quiere Santos? ¿Por qué no llaman a  la oración, al ayuno, al sacrificio, no llaman al esfuerzo, a la Cruz? ¿Por qué no recuerdan a la necesidad de transitar por el camino angosto?

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¿Por qué no hablan de los mensajes dados en las apariciones de la Santísima Virgen María? Aunque sean solo las de aquellas apariciones aprobadas por la Santa Iglesia.

¿Por qué no informan que la Santísima Virgen no ha venido solo para dejarnos sus bellas imágenes; sino para despertarnos, para hacernos reaccionar, para que dejemos de pecar, para que volvamos a Dios?

¿Por qué no hablan de los miles de llamados a la conversión y de las Advertencias que Ella nos da en sus mensajes?

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 ¿Estamos en un picnic o en un combate espiritual como lo indicó San Pablo? ¿Acaso Dios dijo que sería fácil?

¿De dónde sale este mensaje suavizado?

Que yo sepa ni de la Biblia, ni del Catecismo, ni de las enseñanzas de los Santos Padres, ni de los Doctores de la Iglesia, ni de los Santos y ni de las revelaciones tampoco.

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Queridos miembros del Clero de la Iglesia:

¿Recuerdan cuando Dios los llamó y abrazaron la Cruz de Cristo y quisieron ayudarle a llevarla? Quisieron ser Sal y Luz. Querían encender el mundo con la llama del Amor y de la Fe. Consagraron su vida a Cristo. Abandonaron el sueño de tener una esposa, asumieron alejarse de su padre, madre y amigos.

Y se negaron a los encantos del mundo. Querían ayudar a Dios, querían  llevar a cada humano a Dios. Querían salvar almas. Hechos de los apóstoles (20,28-38)

En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: «Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia Sangre. Ya sé que cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos.

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Números que deberían hacernos reflexionar

Según los datos de los que dispongo, en Argentina asiste a misa regularmente entre el 2 y el 4 o el 5%. Pero ahí no termina el problema: supongamos que va a misa el 5%, la mayor parte de ellos acostumbran comulgar. ¿Pero cuántos de los que comulgan, SE CONFIESAN?

De Argentina no tengo datos. En EEUU solo el 12% de los que comulgan se confiesan por lo menos 1 vez al año. Y el 45% no se ha confesado nunca, desde a mayoría de edad. En el Norte de Europa solo el 5% de los que comulgan se confiesan una vez al año.

Resumiendo; casi el 90% de los que se ponen en fila para comulgar en los Estados Unidos cada domingo, el 95% en ciertas zonas del Norte de Europa y del 60 al 80% en Italia; no se confiesa ni siquiera una vez al año.

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Supongamos como ejemplo que un 8% de los católicos va regularmente a misa, el 80% de ellos comulga o sea el 6,4% del total. Si suponemos que el 20% cumple con confesarse 1 vez por año. Entonces solo el 1,28% de los católicos comulga manteniendo las formas. Esto suponiendo que no hay otras causas que invaliden la comunión. 1%, 2% supongamos el 10%. ¿Qué será de ese 99 o 98 % o para ser muy optimistas el 90% restante? ¿Cuál será su destino final?

En Europa se están cerrando cientos de iglesias católicas y la mayoría de las que quedan están vacías. Tan solo en Holanda 900 iglesias han sido cerradas, de ellas 300 Iglesias han sido demolidas, otras 300 ocupadas por nuevas formas de fe y las restantes convertidas en apartamentos, bares, restaurantes, oficinas, Night Clubs.

Y en este país hoy asisten a la Santa Misa 10 veces menos fieles que en 1960.

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Si no vemos que las cosas NO están bien, difícilmente podrán encontrarse las soluciones. Debemos ver el problema para reaccionar y para que la Iglesia pueda renacer.

¿Por qué esta gran Apostasía? ¿Por qué no transmiten la FE?

Creo que las palabras llegan, conmueven, TRANSFORMAN cuando concuerdan con la Verdad. Cuando el mensaje que se da, es el que Dios quiere que se dé. Si  el sermón se centra en otros temas, entiendo que el Espíritu Santo no lleva esas palabras al corazón de los fieles.

DIOS ACTÚA

DIOS QUIERE QUE SE TRASMITA LA VERDAD Y QUE SE SALVEN ALMAS.

Es la palabra de Dios la que ilumina las mentes, limpia los ojos y ablanda los corazones.  No es la opinión de ningún hombre, por más formado  e inteligente que sea o parezca.

El mensaje de Dios es claro. Pero claro no significa falto de amor

Yo agradezco mucho al buen sacerdote que fue claro con nosotros: “Deben vivir como hermanos, en castidad”.  No necesitó una elocuencia excepcional, solo necesitó decir lo que Dios quiere.

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En cambio si sus palabras hubieran sido: “no se preocupen ustedes se quieren, comulguen tranquilos” o algo similar. No hubiera habido ni Paz, ni reconciliación, ni regreso a la casa del Padre; pues no es lo que pedía Dios.

¿Cómo terminar con el pecado?

Dios  está siempre dispuesto y Feliz de recibirnos, pero debemos obedecerle. NO PECAR.

Si uno roba,  debe dejar de robar.  Si uno miente,  debe dejar de mentir. Si tengo la debilidad de beber o comer en exceso,  debo superarla.  Si las apuestas arruinan mi vida y la de los míos,  debo dejar de jugar. Si engaño a mi esposo/a,  debo dejar de hacerlo. Si soy haragán debo esforzarme y trabajar todo lo posible. Si obtengo mis ganancias de una actividad insana, debo dejar esa actividad y buscar un trabajo honesto.

CASTIDAD PREMATRIMONIAL

No debemos tener relaciones prematrimoniales; pero si mi novia quedo embarazada, debo solo considerar la posibilidad de que ese bebé nazca. Y darle todo mi amor. Si mis padres están grandes y necesitan ayuda,  debo cuidarlos. Si tengo la debilidad de sentir como homosexual,  debo vivir en castidad, Dios me premiará.

Si soy católico debo ir a Misa y confesarme y cumplir con todos los preceptos. En el medio hay un camino donde la Iglesia deberá dar apoyo, buenos consejos, afecto, seguimiento.

Pero la mentira y darle vueltas al asunto no solucionan nada,  sino que solo alejan de la salida. Le hacen al pecador perder el tiempo y el tiempo en esta vida es limitado.

JESÚS ES LA RESPUESTA

Es claro: la solución del pecado es que el pecador deje de pecar. Cuanto más claro se diga esto, más gente estará en Gracia de Dios.

No es diciendo que el pecado ya no es pecado, que se ayuda al pecado; sino con claridad, diciéndole la verdad y acompañándolo con verdadero amor. El pecado seguirá siendo pecado y la solución es con voluntad, la ayuda de Dios y de la Iglesia:

DEJAR DE PECAR.

Si yo hubiera accedido a seguir los consejos de los tranquilizadores de conciencia, creo que hubiera caminado hacia mi condenación.

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Por favor no subestimen a los fieles – Llámennos a ser santos.

Con todo respeto les digo que creo que subestiman a los fieles. Nos piden poco y les devolvemos poco. Yo creo que muchos fieles llegarían a actitudes heroicas, si se lo pidieran. Creo que se nos trata como a niños mal criados, sin voluntad, incapaces de grandes logros.

Y creo que muchos no se motivan en lo poco y creo que sí lo harían en lo mucho, por la misma razón que citamos antes: Dios no nos pide poco. Y si el mensaje pide poco, ese mensaje no es acompañado por el Espíritu Santo.

¿Acaso sabemos de algún santo que haya vivido una vida ligera?

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¿Acaso no estamos TODOS llamados a ser santos?

 El cambio será posible si ponemos a Dios en los corazones

Dios es quien cambia los corazones de los hombres y no hay sistema, ni país que funcione; si no hay Amor en el corazón de los hombres.

¿No vemos lo que está pasando?

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Todo Amor, bien y armonía provienen de Dios. Por eso pido a la Iglesia Católica surgida de Dios y mantenida por Dios, la Virgen e incontables Santos, que nos miremos para adentro; que busquemos las raíces, que llamemos al respeto de la Santa Eucaristía, a la santidad, a la caridad, a la confesión, a los exámenes de conciencias profundos, a los Mandamientos, a la castidad, al verdadero Amor, al servicio, a la oración, a la lucha pro-vida, a la austeridad, a la oración, al ayuno, al sacrificio, al esfuerzo.

Tantos valores han caído en desuso porque quienes deberían difundirlos (todos los creyentes) nos hemos dedicado en gran medida a otros temas. Obispos y Sacerdotes quieren ayudarnos, pidiendo menos. Tienen consideración de nuestras debilidades para que todo nos sea más fácil. Pero Dios nos pide ser Santos y si esa flexibilización nos aleja de la santidad, también nos aleja de Dios.

“El que tiene mis Mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre. Y yo lo amaré y me manifestaré a él.” Juan 14:21

MANDAMIENTOS

Algunos miembros de La Iglesia intentan cambiar al mundo influyendo en la política. Y el verdadero camino es volver a poner a Dios en el corazón de los hombres. Y con Dios en nuestras vidas; el sistema, el gobierno, todo funcionará. En cambio, con cualquier sistema un mundo sin Dios, es muy parecido al Infierno.

 Los temas no “populares”

Si en los sermones se hablara del Infierno (dogma), del Purgatorio (dogma), del Demonio (dogma), de que vivimos un combate espiritual (San Pablo), de que el camino al Cielo es angosto.

Si los cientos de apariciones de la Virgen se hubieran difundido; si los laicos conocieran sus mensajes, si de las grandes y aprobadas apariciones no hubieran quedado solo sus bellas imágenes.

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Si en los colegios Católicos se aprendiera la Biblia, si se pasaran vidas de Santos, si se vieran hermosos videos disponibles acerca de cómo vivir la adolescencia, la primera juventud, si se hablara con verdadero aprecio de la castidad y de la virginidad.

Si se enseñara que la prioridad es la salvación de las almas, la mía la de mis seres queridos y las de todo los seres humanos.

Creo que no haría falta modificar ninguna norma. Dios nos pide la santidad de Obispos, Sacerdotes y Laicos.

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SINODO DE LA FAMILIA

Estamos muy cerca del Sínodo de la Familia y se plantea hoy una falsa opción entre condenar al pecador o flexibilizar las leyes de Dios, para que lo que es pecado deje de serlo.

Al pecador no se lo ayuda condenándolo; pero tampoco dándole palmaditas despreocupadas diciéndole que todo está bien. Y mucho menos cambiando la voluntad de Dios.

Se lo ayuda con todo el amor y la comprensión posible, pero diciéndole la verdad y ayudándolo por todos los medios para que pueda superar el pecado y romper las cadenas terribles que indefectiblemente alejan de Dios.

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¿Nuevos cambios?

Se habla de cambios. ¿Están seguros que es bueno lo que algunos proponen hacer?

¿Van aggiornarse? ¿Van a acomodarse a las nuevas realidades?  ¿No recuerdan que el mismo Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”? Mateo 24:35.

¿Qué es esencialmente distinto ahora?  NADA.

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¿Las verdades de Dios pueden ser distintas porque ahora tengamos autos o celulares? NO.

Si lo que algunos plantean se concreta, (aun con ciertos condicionantes) ES PROBABLE QUE PERSONAS EN ADULTERIO PUEDAN COMULGAR CON CONSENTIMIENTO (humano).

¿No se les hará con esto un inmenso daño a quienes se pretende ayudar?

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¿Qué podría venir detrás de esto? ¿Quiénes serán responsables de esas almas? ¿Qué pasará con ellas? ¿NO SE EXPONE A LA SANTA IGLESIA A UN VERDADERO CISMA?

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¿La Iglesia seguirá representando la voluntad de Dios?

Creo que si esto se concreta, será un tremendo golpe para esta nuestra querida Iglesia que ya está tan herida.

Gran parte de la Fe se ha perdido, pero se puede recuperar. Creo que no es la solución redactar normas para conformar a personas que sufren la falta de Fe, porque así no las auxiliamos, al contrario.

Debemos ayudarlos poniendo todas nuestras fuerzas en trabajar para llevarles la Verdad de Dios, para que así el Espíritu Santo pueda devolverles la Fe.

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NI ABANDONAR LA CRUZ, NI EVITAR EL CAMINO ANGOSTO.

Creo en la Iglesia Católica, en la Iglesia de los Santos. Creo en la Virgen María que en miles de formas nos está llamando.

Creo que Jesús sufrió lo inimaginable, pero se aferró a la Cruz.

Creo que cada vida tiene su Cruz y no creo que sea función de la Santa Iglesia sacarle a cada persona su cruz. Sino aconsejarla, apoyarla, acompañarla para que pueda llevarla con Amor y aun con alegría.

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Esa no es la enseñanza de los Santos, ni de nuestra Santa Madre María.

Creo que a todos, la vida y de distintas maneras; nos presenta un camino muy angosto, que sabemos que tenemos recorrer. No evadirlo.

Creo que la Vida nos ofrece una Cruz que debemos llevar, porque la cruz también es Llave, es Puente.

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El consentir no es ayudar, ni tampoco es lo cómodo y fácil, el camino a la felicidad. Por favor no hagan que la gente abandone su Cruz. Ayuden a llevarla y enseñen a Amar esa Cruz.

DESPERTEMOS

Se pide poco y se responde con menos, se oculta la Verdad y la Fe se seca. La Santa Iglesia Católica aún está ahí, MUY HERIDA, esperando que quienes deben defenderla despierten; PUES VA A TRIUNFAR.

Bendiciones para todos.

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P36.- NOLI ME TANGERE


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NOVIEMBRE 29 DE 2013 – 8:15 A.M.

LLAMADO URGENTE DE JESÚS SACRAMENTADO AL MUNDO CATÓLICO

Mis hijos, que mi paz esté con vosotros.

Todo está llegando a su límite, así mi Padre lo ha dispuesto. El tiempo de la misericordia se está agotando; falta muy poco para que se consuma en su totalidad. Muy pronto vendrá el tiempo de la justicia y todo cuanto veis en la creación será transformado.

CON EL AVISO Y MILAGRO TERMINARÁ EL TIEMPO DE LA MISERICORDIA. 

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El cielo sigue advirtiéndole a la humanidad para que se prepare a este gran acontecimiento que transformará sus vidas. Qué tristeza que muchos no quieren creer y continúan en su cotidianidad, haciendo caso omiso a nuestros llamados.

Hijos de poca fe, si los acontecimientos descritos en la Santa Palabra y en los mensajes que venimos dándole a la humanidad a través de los profetas de estos Últimos Tiempos, no se han cumplido; es por misericordia de mi Padre que se ha abstenido por la intercesión de mi Madre, a que todo se cumpla.

MAMA MARIA

El cielo junto con mi Madre intercede por esta humanidad. Pero cuando se agote el último segundo de misericordia, TODO SE DESATARÁ. Entended que mi Padre no se complace con la muerte del pecador.

Orad en cadena hijos míos, para que sea abolida en mi Iglesia la comunión en la mano y los laicos dando comunión, PORQUE ESTE SACRILEGIO HACE LLORAR AL CIELO y entristece a mi Padre.

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Acordaos que el poder de la oración en cadena, el ayuno y la penitencia, todo lo derrumba.

Me duele y entristece ver cómo muchos laicos y religiosas profanan mi Divinidad, tomándome en la mano y otros dándome, como si yo fuera un objeto material o un pedazo de pan. No se dan cuenta que SOY YO VIVO Y REAL,

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Quién se hace vida en vosotros, en la sencillez de una hostia consagrada.

Mirad cómo me ultrajáis,

¿ESTE ES EL PAGO QUE RECIBO POR MI AMOR?

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 Muchas almas están en las profundidades del Purgatorio

y otras se han condenado por esta vil profanación.

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Noli Me Tangere, ¡NO ME TOQUES!,

Porque vuestras manos no son dignas de recibirme y de darme.

Este ministerio sagrado solo lo he conferido a mis Sacerdotes, Obispos, Cardenales y el Papa.

SÓLO MANOS CONSAGRADAS POR LA UNCIÓN SACERDOTAL PUEDEN TOCARME.  

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Haced buenas confesiones, mortificad vuestros sentidos y orad con el Salmo 51, que le di a mi siervo David, antes de recibirme.

Si no participáis de mi cena pascual, no podéis alimentaros de Mi Cuerpo y de Mi Sangre.

Os digo esto, porque muchos llegan al final del Santo Sacrificio a recibirme, como si fuera algo mundano lo que reciben.

Otros me reciben en pecado mortal, no sabiendo que con esto se están bebiendo el cáliz de su propia condenación.

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Debéis de confesaros mínimo cada mes. Pero si cometéis faltas graves, debéis de hacerlo de inmediato. Muchos llevan meses sin confesarse, porque según ellos no tienen pecados.

Os digo, que TODOS sois pecadores, solo Dios es Santo.

 ¡Oh qué engañados que estáis y qué falta de evangelización en mi Iglesia! Os recuerdo las palabras de mi salmo 51 cuando dice: en maldad yo fui formado y en pecado me concibió mi madre (Salmo 51, 7).

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Qué tristeza siento al ver a muchos de mis hijos, recibiendo mi Cuerpo y mi Sangre, sin haberse confesado primero.

La apostasía ha entrado a mi Casa. Muchas de mis Casas permanecen vacías y otras en museos se han convertido.

Y Yo, permanezco olvidado en el silencio de sus sagrarios.

¡Oh, qué ingratitud! ¡La soledad y la tristeza me embargan!

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Qué dolor siento al ver a la inmensa mayoría de la humanidad tan perdida!

Cuando lleguen los días de oscuridad, ya no vais a tener mis casas abiertas.

Entonces, clamaréis: ‘¿Señor, Señor, dónde estáis? ¡Ven sálvanos!’

Y ya no habrá quien os escuche.

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Venid a visitarme, no me dejéis solo.

 Es vuestro Padre y vuestro Salvador quien os espera.

No desaprovechéis la fuente de mi misericordia que os estoy brindando. Venid a calmar vuestra hambre y a saciar vuestra sed.

Os estoy esperando con los brazos abiertos, para daros mi amor, mi perdón y mi vida en abundancia.

Vuestro Amado, Jesús Sacramentado.

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Dad a conocer este mensaje a toda la humanidad

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

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79.- DISCÍPULOS DEL BAUTISTA


Judas, cumplido su propósito, se ha reunido con sus compañeros y está sentado a la mesa, en la casa de Cafarnaúm. Terminada la cena, Jesús los invita a ir con Él a un collado, cubierto de olivos que está cercano. El viento refresca con su brisa, el calor que los agobia. Cuando llegan al lugar elegido, Jesús dice:

–                     Sentémonos. Poned atención. Ha llegado la hora de que empecéis a evangelizar. Estoy casi a la mitad de mi vida pública, para preparar los corazones a mi Reino. Ahora ha llegado el tiempo en que también mis apóstoles tomen parte en la preparación de este Reino. Todavía no estáis formados para poder entrar en contacto con cualquiera sin padecer daño o causarlo. Y mucho menos sois heroicos hasta el punto de desafiar al mundo por la Idea e ir al encuentro de sus venganzas.

En vuestro camino predicad: “El Reino de Dios está cercano”  Y que ésta sea la base de vuestro anuncio. Sobre esto apoyad toda vuestra predicación. Pero el hombre para ser atraído y convencerse de las verdades sobrenaturales, tiene necesidad de dulzuras materiales. Y Yo, para que tengáis modo de que se os crea y se os busque; os concedo el don del milagro.

Los apóstoles se ponen de pie; menos Santiago y Juan. Gritan, protestan, explotan de entusiasmo… Cada uno, según su propio temperamento.

Pedro dice:

–                     No, Señor. no somos dignos de tanto.

Zelote confirma:

–                     Esto es para los santos.

Quien en realidad se pavonea con la idea del milagro, es Judas de Keriot. Que a sabiendas de que lo que va a decir es falso e interesado, exclama:

–                     ¡Ya era hora de que también pudiésemos hacer esto, para tener un mínimo de autoridad sobre las turbas!

Jesús lo mira, pero calla.

Zelote lo reprende:

–                      ¿Cómo te atreves a reprochar al Maestro? ¡Hombre necio y orgulloso!

Pedro le grita:

–                     ¿El mínimo? ¿Quieres hacer más que el milagro? ¿Convertirte también en Dios? ¿Tienes el mismo prurito que Satanás?

Jesús ordena:

–                     ¡Silencio! – y continúa:

Hay una cosa que es más que el milagro y que igualmente convence a las multitudes. Y con mayor profundidad y duración: una vida santa. Pero de ésta, todavía estáis lejanos. Y tú, Judas; mucho más que los otros. Pero dejadme hablar porque la instrucción es larga…

Iréis curando enfermos, limpiando leprosos, resucitando muertos en el cuerpo y en el espíritu. Porque cuerpo y espíritu pueden estar igualmente enfermos. Sabéis también como se hace para efectuar un milagro: con una vida de penitencia. Una oración ferviente. Un deseo sincero de hacer brillar el poder de Dios. Una humildad profunda. Una caridad viva. Una fe, encendida. Una esperanza que no se intimida ante ninguna dificultad.

En verdad os digo que todo es posible a quién tiene en sí estos elementos. También los demonios huirán al oír de vuestros labios el Nombre del Señor, si tenéis en vosotros lo que acabo de decir.

Este poder os doy Yo y os lo da vuestro Padre. No se compra con dinero, sólo nuestro querer lo concede. Y solo una vida justa lo mantiene.

Y como gratis se os dio, dadlo gratis a los demás, a los que tengan necesidad de él. ¡Ay de vosotros si echáis a perder el don de Dios; sirviéndoos de él, para llenar vuestra bolsa! No es un poder vuestro. Es de Dios. Usadlo, pero no os lo apropiéis diciendo: ‘Es mío’ Como se os dio, se os puede quitar.

Pedro dice a Judas:

–                      ¿Tienes también el mismo prurito de Lucifer? Él dijo una cosa muy clara y muy recta. Decir: ‘Puedo hacer esto que hace Dios, porque soy como Dios’ es imitar a Lucifer.

Jesús los mira y prosigue:

–                     Conocéis su castigo. El único fruto que os es lícito tomar de lo que hagáis, son las almas que con el milagro conquistaréis para el señor y que entregaréis a Él. No llevéis oro, ni plata, ni monedas en vuestra cintura. Ni alforja de viaje, porque vuestras visitas apostólicas por ahora serán cortas y al atardecer de cada sábado, nos volveremos a encontrar y podréis cambiaros vuestros vestidos sudados.

No son necesarias armas. Estas las necesita el hombre que no conoce la santa pobreza e ignora el perdón divino. No tenéis tesoros que guardar, ni defender contra los ladrones. Al único al que debéis temer, es al Ladrón de Satanás. Y a éste se le vence con las constancia y la oración; no con espadas, ni puñales.

Dad preferencia a los pobres, al buscar hospedaje; para no humillarlos. Para recuerdo mío que soy pobre y que me glorío de ello. Y también porque los pobres suelen ser frecuentemente, mejores que los ricos. Siempre encontraréis pobres justos. Y rara vez encontraréis un rico que no sea injusto.

Si recibís la ofensa de ser arrojados, burlados, perseguidos, con paz, lograréis conversiones con la predicación más bella: el silencio de la verdadera virtud.

Ved que os mando como ovejas entre lobos. Sed pues prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas.

Sabéis como el mundo me trata a Mí, que soy el Mesías. Puedo defenderme con mi poder y lo haré mientras no sea la hora del triunfo momentáneo del Mundo. Pero vosotros no tenéis este poder y os falta más prudencia y sencillez. Por esta razón tenéis que usar de sagacidad, para evitar que se os encarcele y flagele.

En verdad os digo que aunque digáis que derramaríais vuestra sangre por Mí, no podéis soportar ni siquiera una mirada irónica o iracunda. Llegará el tiempo en que seréis fuertes como héroes contra todas las tentaciones. Más fuertes que héroes. De un heroísmo que el mundo no podrá concebir, por inexplicable y que llamará: ‘Locura’.

Pero locura no será. Será el haberos sumergido a fuerza de amor con el Hombre-Dios y sabréis lo que Yo hice. Para entender este heroísmo será necesario verlo, estudiarlo y juzgarlo desde un punto de vista ultraterreno, porque es algo sobrenatural; que está más allá de cualquier límite de la naturaleza humana. Los reyes de mi espíritu serán mis héroes; para siempre reyes y héroes.

Respondedme. ¿Para vosotros cuál es el mayor crimen? ¿Matar al padre, al hermano, al hijo o a Dios Mismo?

Judas de Keriot dice secamente:

–                     A Dios no se le puede matar.

Bartolomé confirma:

–                     Es verdad. Es espíritu que no puede asirse.

Y los demás con su silencio, son del mismo parecer.

Jesús dice tranquilamente:

–                     Yo Soy Dios y Hombre.

Iscariote objeta:

–                     Nadie piensa en matarte.

–                     Os ruego. Responded a mi pregunta.

Varios dicen:

–                     ¡Es más grave matar a Dios!

–                     ¡Eso se comprende!

Jesús los mira a todos y dice despacio:

–                     Pues bien. Dios será matado por el hombre, en la Carne del Hombre-Dios. Y así como se llegará a este delito sin que se horrorice quién lo lleve a cabo. De igual modo se llegará al crimen de que los padres, hermanos, hijos; se alcen contra los hijos, hermanos, padres.

Se os odiará por causa de mi Nombre; pero quién persevere hasta el fin, será salvo. Y cuando os persigan en una ciudad, huid a otra, no por cobardía. Sino para dar tiempo a la recién nacida Iglesia de Cristo a que crezca y se fortalezca, hasta que sea capaz de afrontar la vida y la muerte, sin temor a la muerte.

A quienes el Espíritu aconsejare huir, que lo hagan. Así como Yo de pequeño huí. En verdad que en la vida de mi Iglesia se repetirán todas las vicisitudes de mi vida de Hombre. Todas. Desde el Misterio de su formación, hasta la humildad de los primeros tiempos. Desde las turbaciones y asechanzas que presentan los hombres crueles, hasta la necesidad de huir; para poder seguir subsistiendo.

Desde la pobreza y trabajo incansable, hasta otras muchas realidades que estoy viviendo actualmente, que padeceré en un futuro cercano, hasta llegar al triunfo eterno.

Aquellos a quienes el Espíritu aconsejare permanecer, que se queden. Porque si fueren muertos, vivirán y serán útiles a la Iglesia. Porque es siempre recto lo que el Espíritu de Dios aconseja

Y Jesús sigue dando instrucciones… que al final concluye:

He terminado. Oremos ahora y vámonos a casa. Al alba partiréis y será así: Pedro con Juan. Zelote con Judas de Keriot. Andrés con Mateo. Santiago de Alfeo con Tomás. Felipe con Santiago de Zebedeo. Tadeo con Bartolomé. Esta semana así será. Después os daré nuevas órdenes. Oremos…

Varias semanas después…

Jesús está solo con Mateo, que se hirió en un pié y no puede ir a predicar con los demás. Está terminando su discurso a toda la gente reunida en el huerto. Luego se dirige con los pobres y los enfermos. Escucha con bondad sus historias. Los socorre con dinero. Los aconseja. Los sana con la imposición de manos y con la palabra.

Mateo a su lado tiene el encargo de dar el dinero.

Una pobre viuda le refiere llorando, la muerte repentina de su marido; un carpintero que cayó muerto en el banco de su trabajo. Como eso sucedió pocos días antes, dice a Jesús:

–                     Vine corriendo a buscarte aquí. Pero toda la parentela del muerto me acusó de haber sido desordenada y dura de corazón. Y ahora me maldice. Yo vine porque sé que resucitas muertos. Y porque de haberte encontrado, él hubiera resucitado. Y no estabas.

Hace dos semanas que mi marido está en el sepulcro. Y tengo cinco hijos. Los parientes me odian y no me ayudan. Tengo olivos y vides. Pocos. Que me darían pan para el invierno, si pudiera tenerlos hasta la cosecha. No tengo dinero porque mi marido ya tenía tiempo enfermo y trabajaba poco. Para sostenerse, comía y bebía mucho. Decía que el vino le hacía bien… y fue al revés, pues le hizo doble mal: matarlo y acabar con los ahorros que se agotaron, porque trabajaba poco.

Estaba terminando un carro y un cofre. Había pedido dos lechos, tablas y ménsulas. Pero ahora… no fueron terminados y mi hijo mayor solo tiene siete años. Perderé el dinero… Tendré que vender los instrumentos, la madera. El carro y el cofre no pueden venderse como tales, aunque están casi terminados y tendré que rematarlos como leña.

Y el dinero no alcanzará, porque somos siete personas: yo y mi madre vieja y enferma… venderé el viñedo y los olivos… Pero Tú sabes como es el mundo, estrangula donde hay necesidad. ¿Dime que hago? Quería conservar el banco y la carpintería… quería conservar la tierra para vivir y para dote de las hijas…

Jesús está escuchando todo esto, cuando un bullicio de la gente le advierte que algo nuevo sucede y ve a tres hombres acercarse.

Al llegar hasta Él, Jesús reconoce a uno de ellos y entonces se vuelve a la viuda y le pregunta:

–                     ¿Dónde vives?

La mujer responde:

–                     En Corozaím; cerca de la calle que va a la fuente de aguas calientes. Es una casa baja en medio de dos higueras.

–                     Está bien, iré a terminar el carro y el cofre. Los venderás a quién los pidió. Espérame mañana al amanecer.

La mujer apenas si puede hablar de la admiración:

–                     ¡Tú!… ¡Trabajarás Tú por mí!…

–                     Volveré a tomar mi trabajo y te daré paz. A los de Corozaím que no tienen alma, les daré una lección de caridad.

–                     Es verdad que no tienen alma. No tienen corazón. Si viviese todavía el viejo Isaac, el sinagogo anterior, no nos dejaría morir de hambre. Pero ya regresó al seno de Abraham…

–                     No llores. Vete tranquila. Mira, esto es para hoy… Mañana iré. Vete en paz.

La mujer se arrodilla. Le besa la orla de su vestido y se va consolada.

Los tres hombres, respetuosamente han esperado a que Jesús termine de hablar con la mujer y han oído lo que Jesús le prometió.

Uno de ellos le pregunta:

–                     Maestro, tres veces Santo. ¿Puedo saludarte?

Jesús se vuelve con la sonrisa en los labios y responde:

–                     ¡La paz sea contigo, Mannaén! ¡Te acordaste de Mí!

–                     Siempre, Maestro. Me había propuesto ir a verte a la casa de Lázaro. O al Huerto de los Olivos, para estar contigo. Pero antes de la Pascua, estuve cerca del Bautista.

Con una traición, fue apresado nuevamente  y yo temía que cuando Herodes estuviese ausente por ir a Jerusalén para la Pascua; Herodías ordenara la muerte del santo. No quiso ir a las fiestas de Sión, porque dijo que estaba enferma. Enferma, sí. Pero de Odio y de Lujuria…

Estuve en Maqueronte para vigilar y contener a la pérfida mujer; que sería capaz de matarlo con sus propias manos. No lo hace porque tiene miedo a perder el favor de Herodes que… por miedo o por convicción defiende a Juan y solo se limita a tenerlo prisionero.

Ahora Herodías se largó de Maqueronte a causa del calor que hace allí y se fue a un palacio de su propiedad. Yo he venido con éstos amigos míos y discípulos de Juan. Él los mandó para que te preguntasen y me uní a ellos.

Al oír hablar de Herodes y comprendiendo quién es el que habla; la gente se arremolina curiosa a su alrededor.

Jesús dice después de los saludos mutuos con los otros dos:

–                     ¿Qué queréis preguntarme?

Mannaém contesta:

–                     Soy discípulo de Juan. Te conozco Tí y a Juan. A él lo venero por ser el Profeta y a Ti, por lo que Eres: El Mesías. Os amo a los dos con justicia y tanto es así; que aún cuando deseo estar contigo; preferí hacer el sacrificio de estar junto a Juan. Porque ahora él se encuentra en más peligro que Tú.

Por el rencor de los Fariseos, los demás discípulos comenzaron a dudar de que Tú fueses el Mesías y se lo confesaron a Juan; creyendo darle una alegría, diciéndole: ‘Para nosotros tú eres el Mesías. No puede haber nadie, más santo que tú’ Pero Juan, ante todo esto los reprendió y los llamó blasfemos.

Después del regaño, muy dulcemente les explicó; todas las circunstancias y las profecías que te señalan como el verdadero Mesías. Y como no estaban totalmente convencidos, escogió precisamente a estos dos y les dijo: ‘Id a donde está Él y decidle en mi nombre. ¿Eres Tú el que ha de venir o debemos espera a otro?’

No mandó a los discípulos que creen. Mandó a los que dudan más, para que éstos disipen las dudas de los demás compañeros. Es todo lo que tengo que decir. Ahora Tú haz que no vacilen…

Ellos dicen apresuradamente:

–                     ¡No nos tomes como enemigos, Maestro! Las palabras de Mannaém te lo podrían insinuar. Nosotros… desde hace años conocemos al Bautista y lo hemos visto siempre, portarse como un santo, penitente, inspirado.

Tú… a Ti, sólo te conocemos por las palabras de otros. Tú sabes lo que signifique las palabras de los hombres… Crea y destruye famas y alabanzas; según sea quién exalte o quién abata. Al igual que los vientos contrarios forman o deshacen una nube.

Jesús dice:

–                     Lo sé. Lo estoy leyendo en vuestros corazones. Y vuestros ojos leen la verdad en lo que os rodea; así como vuestros oídos oyeron mi conversación con la viuda. Esto bastaría para persuadir. Pero Yo os digo, observad lo que me rodea.

Aquí no hay ni ricos, ni personas que se entreguen a la diversión; ni seres escandalosos. Sino pobres, enfermos, honrados israelitas que quieren conocer la palabra de Dios y no otra cosa. Éste, ése, aquella mujer; aquella niña y aquel viejo; llegaron aquí enfermos. Y ahora están sanos.

Preguntadles a ellos y os dirán que tenían. Cómo los curé y como se sienten ahora. Id. Id. Mientras que hablo con Mannaém.

Y Jesús intenta retirarse.

Pero ellos le contestan:

–                     No, Maestro. No dudamos de tus palabras. Danos sólo una respuesta, para llevársela a Juan. Para que vea que vinimos y para que apoyado en ella, persuada a nuestros compañeros.

–                     Id a decir a Juan esto. Los sordos oyen. Esta niña era sorda y muda. Los mudos hablan. Aquel hombre era mudo de nacimiento. Los ciegos ven. Hombre… Ven aquí y di a éstos lo que antes tenías. –dice Jesús, tomando por el brazo a un curado.

Éste dice:

–                     Soy albañil y me cayó en la cara un cubo de cal viva. Me quemó los ojos. Hace cuatro años que vivía en las tinieblas. El Mesías me puso saliva suya en los ojos secos y se volvieron más vivos que cuando tenía veinte años. Que Él sea bendito.

Jesús vuelve a tomar la palabra:

–                     Y con los ciegos, sordos, mudos curados; se enderezan los cojos y corren los lisiados. Ved, aquel viejo que antes estaba tullido y ahora está más derecho que una palma del desierto y más ágil que un cervatillo. Las enfermedades más graves son curadas. Mujer, oye, ¿Qué tenías?

–                     Un mal en el seno por la mucha leche que daba a quienes no se hartaban de ella. El mal me iba royendo la vida, así como el seno. Mirad ahora. –y abre su vestido y muestra las tetas intactas- Era una llaga y te lo demuestra el pus que todavía está en la tela de la túnica. Ahora me voy a casa a cambiarme de ropa. Me siento fuerte y feliz. Ayer estaba muriendo y varias personas compasivas me trajeron. Me sentía muy desdichada porque iba a dejar a mis hijos huérfanos. ¡Sea dada eterna alabanza al Salvador!

Jesús prosigue:

–                     Habéis oído. Podéis preguntar al sinagogo de esta ciudad; de la resurrección de su hija y regresando por Jericó, pasad a Naím y preguntad por el joven resucitado en presencia de toda la ciudad; cuando ya lo llevaban al sepulcro. Así podréis decir a Juan, que los muertos resucitan.

Podéis informaros en muchos lugares de Israel, que los leprosos son curados. Pero si queréis ir a Sicaminón, buscadlos entre los discípulos y encontraréis a muchos de ellos. Decid pues a Juan que los leprosos son curados y decidle, pues lo estáis viendo; que se anuncia la Buena Nueva a los pobres y bienaventurado es el que no se escandaliza de Mí. Decidlo a Juan y decidle que lo bendigo con todo mi amor.

–                     Gracias, Maestro. Bendícenos antes de que partamos.

–                     No podéis partir a esta hora que hace tanto calor. Seréis mis huéspedes hasta el atardecer. Viviréis por una jornada, la vida de este Maestro que no es Juan, pero a quien Juan ama, porque sabe Quién Es. Venid a la casa. Hace fresco ahí. Y os daré algún alimento. Adiós a vosotros.

Y despide a toda la gente. Entra a la casa con los tres huéspedes.

Al atardecer, dos de ellos se preparan para irse a Jericó. Y Mannaém, hermano de Herodes y con gran poder en su corte; con sus modales respetuosos hacia Jesús, que asombran a los curiosos espectadores de aquella despedida, se queda.

Se encuentra también Jairo, el sinagogo, que dice:

–                     Juan estará contento. No solo le enviaste una respuesta completa; pues al entretenerlos los adoctrinaste y les mostraste un milagro. Les traje a mi niña para que la viesen. Jamás había estado mejor.

Es para ella una alegría acercarse al Maestro. ¿Oísteis su respuesta? “No me acuerdo que es la muerte. Pero recuerdo que un ángel me llamó y me llevó a través de una luz muy viva, hasta donde estaba Jesús. Y como lo ví en aquellos momentos con mi espíritu, no lo veo. Ni siquiera ahora.

Vosotros y yo vemos al Hombre. Pero mi espíritu vio a Dios, que está encerrado en el Hombre.” Mi hija, que era buena; hora es un ángel. ¡Ah! ¡Que digan lo que quieran todos, pero para mí, Tú Eres Dios!

Y Jairo se postra y besa los pies de Jesús.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

 

 

32.- EL ALBA DEL MESÍAS


En el palacio de Betania, todo ha sido preparado para celebrar la Fiesta de las Encenias y hay luces por todos lados. Todo está iluminado de una manera muy especial y hasta en los senderos del jardín, se han encendido pequeñas lámparas de aceite. En la sala blanca, donde están todos reunidos; en el umbral de la puerta se recorta la majestuosa figura del Maestro de Nazaret.

Jesús saluda a todos:

–                     La paz sea con vosotros.

Lázaro contesta:

–                     Paz y bendición a Ti Maestro. –se besan- Me han dicho estos amigos nuestros que naciste, mientras Belén ardía por una Encenia tanto tiempo esperada. Todos estamos felices de que estés con nosotros en esta noche tan especial.

Jesús dice sonriente:

–                     Han venido…

Los cinco pastores se postran adorándolo con la misma veneración, que si lo estuvieran haciendo en el Lugar Santo, donde los sacerdotes adoran al Santo de los santos. Elías, Leví, José y Jonatás, continúan con el rostro en el piso de mármol, de la rica sala blanca en la casa de Lázaro.

Solamente Isacc se levanta sobre sus rodillas, con las manos cruzadas sobre el pecho y en el rostro, una expresión de absoluto éxtasis…

Isacc contesta por todos:

–                     A adorarte, Mesías nuestro. Lo supimos  por Jonatás y aquí estamos. Nuestras ovejas están en los corrales de Lázaro. Y nuestros corazones como siempre, a tus santos pies.

Jonathás viene vestido con el lujo de un mayordomo que es amado por su patrón. Isaac trae su vestido de peregrino. Leví, José y Elías; los que Lázaro les proporcionó.

Jesús dice emocionado:

–                     ¿Por eso me enviasteis al jardín? ¡Dios os bendiga a todos! Lo único que falta a mi felicidad es mi Madre, pero vuestra presencia me quita la tristeza, la nostalgia de su beso.

Todos pasan al comedor. Las mesas han sido dispuestas en forma de ‘U’. Martha vigila la disposición de los lugares y querría estar de pie.

Jesús le ordena:

–                     Hoy no eres la anfitriona. Eres la hermana y te sientas como si fueses mi hermana. Somos una familia. Que las reglas de etiqueta cedan su lugar al amor. Aquí a mi lado y cerca de Juan. Yo junto a Lázaro. Pero denme una lámpara. Entre Yo y Martha haya una luz. Una llama por los ausentes y por los presentes. Por las personas amadas y esperadas. Por los seres queridos lejanos…

Martha coloca la lámpara donde Jesús indicó, en donde estaba vacío… Y cómo Martha comprende, se inclina a besar la mano de Jesús.

Empieza la cena y conforme transcurre el tiempo, todos se van sintiendo más cómodos y los pastores empiezan a conversar de sus recuerdos…

Leví dice:

–                     Yo tenía tanto frío, que me refugié entre las ovejas y lloraba porque quería estar junto a mi mamá.

Elías agrega:

–           Yo al contrario. No podía apartar de mi pensamiento a la joven madre que había encontrado poco antes y me preguntaba… ¿Habrá encontrado lugar? ¡De haber sabido que estaba en un pesebre, la hubiera traído al redil!… Su recuerdo persistía en mi mente y sentía más frío al pensar en lo que Ella estaría sufriendo.

¿Recuerdas qué hermosa luz había aquella noche? ¿Y tu miedo?…

Jonathás contesta:

–                     Sí. Pero luego… el ángel… ¡Oh!…

Pedro interviene:

–                     Escuchad, amigos. Nosotros no sabemos sino poco y mal. Hemos oído hablar de ángeles, pesebres,  ganados, Belén… Y nosotros sabemos que Él es carpintero y galileo… ¡No es justo que no lo sepamos nosotros! Maestro, cuéntanos las cosas como son a tu Pedro, para contarlas a la gente. De otro modo ya te lo dije: ¿Qué puedo decir? Lo pasado, no lo sé. Las Profecías y el Libro, no los sé explicar. Lo futuro… ¡Ay, pobre de mí! Y entonces… ¿Qué nueva puedo anunciar?

Bartolomé apoya:

–                     Sí, Maestro. Nosotros también queremos saberlo.

Judas, tiene en su bello rostro la expresión juvenil que le da el estarse esforzando por ser un hombre bueno, que ama a su Mesías y dice:

–                     Sí Maestro. Necesitamos conocer la historia completa…

Jesús sonríe:

–                     Está bien. Hablaremos del pasado. Les diré hasta lo que los pastores no saben. Conoceréis el Alba del Mesías.

Oíd:

“Habiendo llegado el tiempo de la Gracia. Dios se preparó a su Virgen. Comprenderéis que Dios no podía asentar su Trono, donde Satanás había puesto su sello que no borra. Por eso la Potencia se preparó a su futuro Tabernáculo sin Mancha. Y dos justos en su vejez y contra las reglas comunes de la procreación, concibieron a la que no tiene mancha…

¿Quién colocó el alma en el embrión que haría florecer el viejo seno de Anna de Aarón, mi abuela? Leví, tú has visto al ángel que ha hecho los anuncios…

Puedes decir quién es él, porque la Fuerza de Dios, (Gabriel) fue siempre quién victoriosamente llevó el canto de la alegría a los santos y a los Profetas. Y sobre quién el Poder de Satanás se despedaza como una paja seca. Fue el inteligente Arcángel quién trastornó con su buena y clara mente, las insidias del otro ser inteligente, pero malvado. Y que con prontitud llevó a cabo las órdenes de Dios.

En un grito de júbilo, él; el Anunciador que ya conocía cómo se bajaba a la tierra, por haber bajado a hablar a los profetas. Recogió del Fuego Divino la chispa Inmaculada que era el alma de la Eterna Niña y custodiándola en su amor espiritual, la llevó a la tierra. Y desde aquel momento el mundo tuvo a la Adoradora.

Y Dios desde aquel instante pudo mirar un punto de la Tierra sin disgusto. Nació una criatura, la Amada de Dios y de los Ángeles. La Consagrada a Dios desde antes de su concepción. La que santamente amaron sus padres y al cumplir tres años, fue entregada al Templo como primicia. Y devolvieron a Dios, los bienes que Él les había dado.

Mi Madre, desde los tres hasta los quince años; fue la Niña del Templo y apresuró la Venida del Mesías, con la fuerza de su Amor. Virgen antes de su concepción. Virgen en la oscuridad del seno materno. Virgen en sus primeras lágrimas. Virgen en sus primeros pasos. Ella fue la Virgen de Dios, sólo de Dios.

Y proclamó su derecho superior al Decreto de la Ley de Israel, al obtener del esposo que Dios le había concedido, el de permanecer intacta después de las bodas.

José de Nazareth era un justo. Tan sólo a él le podía confiar el Lirio de Dios y solo él lo consiguió. Ángel en alma y carne; amó como aman los ángeles de Dios. Muy pocos sobre la tierra comprenderán el abismo de ese gran amor que tuvo todas las ternuras conyugales; sin traspasar la barrera del fuego celestial, más allá del cual estaba el Arca del Señor.  Muy pocos sobre la tierra lo comprenderán. Es el testimonio de lo que puede un justo con tal de que lo quiera; porque el alma aún herida con la mancha de Origen; tiene fuerzas poderosas para elevarse. Para regresar a su dignidad de hija de Dios y para obrar amando al Padre.

Todavía estaba María en casa, en espera de
unirse a su prometido, cuando Gabriel el Ángel de los Anuncios Divinos, regresó
a la Tierra y pidió a María que fuese Madre. Al sacerdote Zacarías le había prometido ya al Precursor y no fue creído.

Pero la Virgen creyó que esto podía suceder por voluntad de Dios. Y sublime en su ignorancia, sólo preguntó:

–           ¿Cómo puede suceder esto?

El ángel respondió:

–                     Tú eres la llena de Gracia, ¡Oh, María! No tengas miedo, pues has encontrado favor ante el Señor y también por tu virginidad. Concebirás y darás a luz a un hijo al que pondrás por nombre Jesús. Porque Él es el Salvador prometido a Jacob y a todos los Patriarcas y Profetas de Israel. Él será Grande e Hijo Verdadero del Altísimo, porque será concebido por obra del Espíritu Santo.

El Padre le dará a Él, el Trono de David, como está predicho y reinará en la casa de Jacob hasta el fín de los siglos. Pero su verdadero reino, no tendrá jamás fin.  Ahora el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo esperan tu obediencia, para cumplir su Promesa. El Precursor del Mesías, está ya en el seno de Isabel tu prima. Y si consientes, el Espíritu Santo descenderá sobre ti y será santo el que nacerá de ti y llevará su verdadero Nombre, que es Hijo de Dios.

Y María respondió:

–                     He aquí la esclava del Señor. Que se haga en mí, según tu Palabra.

Y el Espíritu de Dios, descendió sobre su Esposa. Y en el Primer Abrazo le impartió sus luces, que perfeccionaron en gran extremo su virtud de silencio. Su humildad, prudencia y caridad de que estaba llena. Se convirtió en una sola cosa con la Sabiduría y no pudo jamás separarse de la Caridad.

La Obediente y Casta se perdió en el Océano de la Obediencia, que soy Yo. Y conoció la alegría de ser Madre, sin conocer el ansia de perder su virginidad. Fue la nieve que se concentra en una flor y se ofrece de este modo a Dios…

No hay cosa que pueda equipararse, ni amor, ni grandeza, ni potencia a mi Concepción…

Pues aquí no se trata de formar una vida, sino de encerrar la Vida que da vida a todos. No se trata de ensancharme, sino de restringirme para poderme concebir…

Y no para recibir, sino para dar. Yo desde que fui concebido y desde los primeros días de Mi Nacimiento me ocupaba del Reino de Mi Divina Voluntad y de cómo ponerlo a salvo en medio de las criaturas.

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Queda el aire saturado con el impacto de la bellísima revelación. Luego de un minuto, Pedro pregunta aturdido:

–                 Pero, ¿Y el marido?…

–                 El sello de Dios, cerró los labios de María. José no se enteró del prodigio hasta que al regresar Ella de la casa de Zacarías su pariente, vio que estaba encinta.

–                 ¿Y qué hizo él?

–                 Sufrió… Y también sufrió María…

–                 Si hubiera sido yo…

–                 José era un santo, Simón de Jonás. Dios sabe en dónde poner sus dones… sufrió cruelmente y decidió abandonarla, cargando sobre sí la afrenta de injusto. Pero el ángel bajó a decirle: ‘no tengas miedo de tomar a María como esposa tuya. Lo que en Ella se ha formado es el Hijo de Dios. Y por obra de Dios, Ella es Madre. Y cuando haya nacido el Hijo le pondrás por Nombre Jesús; porque es Salvador.’

Bartolomé pregunta:

–                 ¿José era docto?

–                 Como un descendiente de David.

–                 Entonces habrá podido encontrar luz al recordar al Profeta: ‘He aquí que una virgen concebirá…’

–                 Sí. La tuvo. A la prueba, sucedió el gozo…

Pedro repite:

–                 Si yo hubiera sido… no hubiera sucedido… Porque ya antes hubiese… ¡Oh, Señor! ¡Qué bien estuvo que no hubiera sido yo! La habría destrozado como una paja, sin darle tiempo a hablar. Pero si no hubiese sido asesino, habría tenido mucho miedo de Ella… El miedo de todo Israel. El de los siglos, debido al Tabernáculo…

–                 También Moisés tuvo miedo de Dios. Y sin embargo se le ayudó y estuvo con Él en el monte. Así pues, José vivió en la casa santa de la esposa y proveyó a las necesidades de la Virgen y del que iba a nacer. Y cuando llegó para todos el tiempo del Edicto, fue con María a la tierra de sus padres. Belén lo rechazó porque el corazón de los hombres está cerrado a la caridad.  –Jesús invita a los pastores- Ahora hablad vosotros…

Elías contesta:

–                 Encontré al atardecer a una mujer muy joven. Sonreía sobre el asno en el que cabalgaba. Iba un hombre con Ella. Me pidió leche e informes. Le dije lo que sabía. Después vino la noche y una gran luz… Salimos y Leví vio a un ángel cerca del redil.

El ángel dijo: ‘¡Ha nacido el Salvador! Era a medianoche, el firmamento estaba lleno de estrellas. Pero su luz desaparecía ante la del ángel y los miles y miles de ángeles… (Elías llora al recordarlo) El Ángel nos dijo: ‘Id a adorarlo. Está en un establo; en un pesebre, entre dos animales. Encontraréis aun niño envuelto en pobres pañales…’ ¡Oh! ¡Cómo resplandecía  el Ángel al decir estas palabras! ¿Te acuerdas Leví como sus alas parecían despedir llamas? Cuando después de haberse inclinado al pronunciar el Nombre del salvador, dijo: ¡Qué es el Mesías del Señor!…

Leví confirma:

–                 ¡Si, recuerdo! ¡Y las voces de los miles de ángeles! ¡Oh!… Cantaban: ‘Gloria a Dios en los altos Cielos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad.’ Esa música está aquí y me lleva al Cielo cada vez que la oigo. – y Leví levanta su rostro extático en el que brilla el llanto…

Isaac agrega:

–                 Y fuimos. Cargados como animales. Alegres como si nos fuéramos a casar y luego… no supimos hacer otra cosa, cuando oímos tu vocecita y la de tu Madre. Y empujamos a Leví, que era el muchacho, para que mirase. Nos sentíamos como leprosos ante un gran candor.

Y Leví escuchaba y reía llorando. Repetía con unos balidos, como la oveja que llevaba Elías. José se acercó a la entrada y nos hizo pasar. ¡Oh! ¡Qué pequeñito y qué bonito eras! Un pedacito de carne sobre el tosco heno. Y llorabas.

Luego reíste al calor de la piel de oveja que te ofrecimos y por la leche que te llevamos. Fue tu primera comida. ¡Oh! Y luego… ¡Luego te besamos! Tenías sabor de almendras y jazmín. Y ya no pudimos dejarte…

Jesús dice:

–                 En realidad, nunca me habéis abandonado.

Jonathás confirma:

–                 Es verdad. Tu mirada se grabó en nosotros, así como tu voz y tu sonrisa. Crecías. Cada vez eras más hermoso. El mundo de los buenos venía a hacerse feliz contigo. Y el de los malvados no te veía. Anna… tus primeros pasos… los Tres Reyes Sabios… la Estrella…

¡Oh! ¡Aquella noche!… ¡Qué Luz!… Parecía como si el mundo ardiese con miles de luces. La tarde en que llegaste, la luz estaba fija y blanquecina… ahora era la danza de los astros. Entonces era  la adoración de ellos.

Desde la colina vimos pasar la caravana y fuimos detrás de ella, para ver en donde se detenía. Al día siguiente, toda belén vio la adoración de los sabios y luego… ¡Oh! ¡No decimos el horror!… no lo decimos… -Elías palidece al recordarlo.

Jesús ratifica:

–                               Sí. No lo digas. Silencio sobre el Odio…

Leví dice:

–                     Lo que más nos dolía, era no tenerte más a Ti y no saber nada de Ti. Ni siquiera Zacarías que era nuestra esperanza, tenía noticia alguna. Después, nada…

Felipe indaga:

–                     ¿Por qué señor, no consolaste a tus siervos?

–                     ¿Preguntas el porqué, Felipe? Porque era prudente hacerlo así. Mira que también Zacarías, cuya formación espiritual se completó a partir de aquella hora, no quiso levantar el velo. Zacarías…

Judas pregunta:

–                     Nos dijiste que él se preocupó por los pastores. ¿Entonces por qué no dijo él, primero a ellos y luego a Ti, que ciertos individuos andaban en tu busca?

Jesús responde:

–                     Zacarías era un justo, todo hombre. Se hizo menos hombre y más justo, durante los nueve meses de mutismo. Se perfeccionó en los meses que siguieron al nacimiento de Juan. Pero se hizo un espíritu justo cuando sobre su soberbia humana, cayó el mentís de Dios. Había dicho: ‘Yo, sacerdote de Dios digo que en Belén, debe vivir el Salvador’ y Dios le mostró como su juicio, aunque de sacerdote; si no es iluminado, es un pobre juicio. Bajo el horror del pensamiento: ‘Por mis palabras, podría yo hacer que maten a Jesús’ Entonces Zacarías se hizo el justo que ahora descansa en el Paraíso.

Y la justicia le enseñó prudencia y caridad. Caridad para con los pastores, prudencia con el mundo al cual debía manifestarse el Mesías. Cuando de regreso a la patria, nos dirigimos a Nazareth. Por la misma prudencia que ya guiaba a Zacarías, evitamos Hebrón y Belén. Y costeando el mar. Llegamos a Galilea. Ni siquiera el día que cumplí doce años, fue posible ver a Zacarías, porque un día antes había partido con su hijo para ir a la misma ceremonia.

Dios velaba, probaba, proveía, perfeccionaba. Tener a Dios es también recibir esfuerzos, no tan solo gozo. Y esfuerzos tuvieron mi padre que me amó y mi madre que me ha amado con toda su mente y corazón. Aún lo lícito fue prohibido, para que el Misterio envolviese en la sombra al Mesías Niño. Y esto es una explicación para muchos que no comprenden la doble razón de la angustia de cuando me perdí por tres días. Amor de Madre, amor de padre por el hijo perdido. Temor, porque custodios del Mesías como eran, podía ser descubierto antes de tiempo. Terror de haber custodiado mal la Salvación del Mundo y el mayor Don de Dios. Este es el motivo del insólito grito: ‘¡Hijo mío! ¿Por qué te has portado así?… ¡Tu padre y yo angustiados, te buscábamos!’ Tu padre… tu madre… el velo echado sobre el fulgor divino del Verbo Encarnado.

Y la respuesta que los tranquilizaba: ‘¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?’ La Llena de Gracia comprendió y recogió lo que dije. En otras palabras: ‘No tengáis miedo. Soy pequeño y soy Niño. Si crezco en cuerpo, estatura, sabiduría y en Gracia a los ojos de los hombres. Yo Soy Perfecto en cuanto a que Soy el Hijo del Padre y por eso puedo comportarme con perfección, sirviendo al Padre con hacer resplandecer la Luz, sirviendo a Dios con conservarles el Salvador.’ Y así lo hice hasta hace un año.

Ahora el tiempo ha llegado. Se levantan los velos. El hijo de José se muestra en su Naturaleza: Soy el Mesías de la Buena Nueva. El Salvador. El Redentor. El Rey del Siglo Venidero.

Juan pregunta:

–                     ¿Y no viste jamás a Juan?

–                     Sólo en el Jordán Juan mío. Cuando quise el Bautismo.

–                     ¿Así que no sabías que Juan había ayudado a éstos?

–                     Te dije: después del derramamiento de la sangre inocente. Los justos se hicieron santos. Sólo los demonios permanecieron como eran. Zacarías aprendió a santificarse con humildad, caridad, prudencia, silencio.

Pedro pregunta:

–                     Quiero tener siempre esto en mi memoria. ¿Lo conseguiré?

Mateo contesta:

–                     No te preocupes Simón. Mañana haré que me lo repitan los pastores con tranquilidad en el jardín, las veces que sean necesarias. Tengo buena memoria que ejercité en el banco y lo recordaré para todos. Cuando quieras te lo podré repetir. En Cafarnaúm no tenía notas y sin embargo…

–                     ¡Oh! ¡No te equivocabas ni siquiera con un didracma… Recuerdo bien. Te perdono lo pasado de corazón si te acuerdas de lo que se ha dicho… Y me lo recuerdas con frecuencia. Quiero que me entre en el corazón, como ha entrado en el de éstos. Como lo sabía Jonás. ¡Oh! ¡Morir pronunciando tu Nombre…

Pedro lanza un gran suspiro y Jesús lo mira y sonríe. Se levanta y lo besa en la entrecana cabeza.

–                 ¿Por qué, Maestro me has dado ese beso?

–                 Porque fuiste profeta. Morirás pronunciando mi Nombre. He besado al Espíritu que en ti hablaba.

A continuación, Jesús entona un Salmo y todos de pie le contestan, prosiguiendo con el Rito de la Fiesta de las Encenias.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

15.- MISERICORDIA DIVINA


Jesús sale de la casa de Pedro, junto con sus discípulos y cuando está en la ribera del lago, sentado en la barca de Pedro; se acerca el arquisinagogo. Se saludan mutuamente con un orientalismo respetuoso.

El hombre dice:

–           Maestro, ¿Puedo esperarte para que instruyas al pueblo?

Jesús contesta dulcemente:

–           Sin duda. Si tú y el pueblo lo deseáis.

–           Lo hemos deseado durante todo este tiempo.

–           Entonces a media tarde estaré contigo. Idos todos. Debo ir a buscar a alguien que me necesita.

La gente se aleja de mala gana. Mientras Jesús, con Pedro y Andrés, se van en la barca, por el lago. Llegan a un pequeño río entre dos colinas, que tienen en sus laderas muchos olivos que llegan hasta la orilla y cruzan sus ramas formando una especie de techo;  bajo el cual corre un riachuelo que se precipita en el lago, en una cascada llena de espuma.

Andrés salta al agua para jalar la barca lo más cerca posible a la ribera y poder atarla a un tronco. Mientras, Pedro arrea la vela y asegura una piedra que sirva de puente a Jesús. Luego le dice:

–           Señor, te aconsejaría que te descalzaras y te quites la túnica. Y hagas lo mismo que nosotros. Ese loco de ahí, -señala el riachuelo- forma remolinos en el lago y por eso este lugar no es seguro.

Jesús obedece sin discutir. Ya en tierra, vuelven a ponerse las sandalias y Jesús vuelve a ponerse su vestidura larga. Los otros dos se quedan con las túnicas cortas de color oscuro.

Jesús pregunta:

–           ¿Dónde está?

Andrés contesta:

–           Tal vez se metió en la selva al oír nuestras voces. Casi no tiene con qué cubrirse.

–           Llámala.

Pedro grita:

–                 Soy el discípulo del Rabí de Cafarnaúm. Aquí está Él. Ven fuera…

Ni una señal de vida.

Andrés dice:

–           No se fía. Un día alguien la llamó diciendo: ‘ven para darte comida’ y después le lanzaron pedradas. Nosotros la vimos por primera vez, pues no la recordamos como la ‘Bella de Corozaím’

Jesús pregunta:

–           ¿Y qué hiciste entonces?

–           Le arrojamos pan y pescado. También un trapo que era un pedazo de vela rota y que nosotros usábamos para secarnos. Huimos enseguida, para no contaminarnos.

–           ¡Bueno! ¿Y por qué habéis regresado?

–           Maestro. Tú no estabas y pensábamos qué podríamos hacer para darte más a conocer. Pensamos en todos los enfermos. En todos los ciegos, cojos y mudos. Y también pensamos en ella. Decidimos hacer la prueba. Cuando dijimos que tú podrías sanarla; mucho nos tomaron por locos y no nos quisieron escuchar. Nosotros tuvimos la culpa; pero otros sí nos creyeron. Vine solo en la barca, durante varias noches de luna. Yo hablé con ella. La llamaba y le decía: ‘en el peñasco al pie del olivo hay pan y pescado. No tengas miedo.’  Y me iba.

Ella esperaba a que me fuera; porque nunca la veía. La sexta vez, la vi de pie en la ribera, exactamente donde estás Tú. ¡Me estaba esperando! ¡Qué horror! No escapé, porque pensé en Ti.

Ella me dijo:

–           ¿Quién eres? ¿Por qué tienes piedad de mí?

–           Porque soy discípulo de la Piedad.

–           ¿Quién es?

–           Jesús de Nazareth.

–           ¿Y Él os enseñó a tener piedad de nosotros?

–           De todos.

–           Pero, ¿Sabes quién soy?

–           La Bella de Corozaím. Ahora estás leprosa.

–           ¿Y también para mí hay piedad?

–           Él dice que su piedad es para todos. Y nosotros para ser como Él, debemos tenerla también.

Andrés agrega:

–           Maestro, aquí la leprosa blasfemó sin querer, diciendo: ‘Entonces Él también debió ser un gran pecador’ y yo le dije: ‘¡No! Él es el Mesías. El Santo de Dios.’ Sentí el impulso de decirle: ‘¡Eres maldita por tu lengua!’ Pero no le dije nada, porque pensé: ‘En su desgracia no puede pensar en la misericordia divina’ Entonces ella se puso a llorar y me dijo:

–           ¡Oh! Si es Santo, no puede… No puede tener piedad de la Bella, no. Y yo esperaba…

–           ¿Qué esperabas, mujer?

–           La curación. Volver al mundo, entre los hombres. Sin vivir como una bestia, en una cueva de animales a los que les causo horror.

–           Me juras que si vuelves al mundo, ¿Serás honesta?

–           Sí. Dios me ha castigado justamente por mis pecados. Estoy arrepentida. Mi alma lleva consigo la expiación. Pero siempre aborrece al pecado.

Entonces me pareció que podía prometerle salvación en tu Nombre y ella me dijo:

–           Regresa. Regresa otra vez. Háblame de Él. Haz que mi corazón, antes que mis ojos, lo conozca.

–           Y venía a hablarle de Ti. Como yo sé.

Jesús está radiante y sonriente. Dice:

–           Y Yo he venido a dar salvación, a la primera convertida de mi Andrés.

Pedro ha ido corriente arriba; brincando de piedra en piedra, llamando a gritos a la leprosa.

Mientras que Andrés, por su natural timidez; se ha ruborizado de felicidad ante la mirada amorosísima de su Maestro.

Después de un rato aparece la horrorosa figura de la mujer, entre las ramas de un olivo.

Pedro la ve y grita:

–           ¡Baja ya! No te quiero lapidar. ¡Allá! ¿Lo ves? Es el Rabí Jesús de Nazareth.

La mujer corre veloz, dejando atrás a Pedro. Llega hasta los pies de Jesús y exclama:

–           ¡Piedad, Señor!

Jesús la mira con mucha compasión y le dice dulcemente:

–           ¿Puedes creer que Yo te la pueda tener?

Ella replica:

–           Sí. Porque eres Santo y porque estoy arrepentida. Soy el Pecado; pero Tú Eres la Misericordia. Tu discípulo ha sido el primero en tener misericordia de mí. Y ha venido a traerme pan y fe. Límpiame Señor, primero el alma que la carne. Porque yo soy tres veces impura y si me debes dar una limpieza; una sola: yo te pido la de mi alma pecadora. Antes de haber oído tus Palabras que él me repetía; yo pensaba para mí: ‘Cúrame para regresar entre los hombres’ Pero ahora te digo: ‘Quiero ser perdonada para tener Vida Eterna’

–           Te perdono. No recaigas otra vez. sin embargo…

Ella lo interrumpe:

–           ¡Qué seas Bendito! Viviré en mi cueva. En la Paz de Dios. ¡Libre al fin…! ¡Oh! Libre de remordimientos y de temores. ¡No más miedo a la muerte, porque estoy perdonada! ¡No más miedo a Dios, porque ahora Tú me has absuelto!

Jesús le ordena suavemente:

–           Ve al lago y lávate. Quédate allí dentro hasta que te llame.

La desgraciada piltrafa de mujer, hecha un esqueleto. Corroída. Con la cabellera despeinada, seca, lisa. Se levanta del suelo y entra en el lago. Se mete toda con todo y los harapos que le cubren muy poco.

Pedro dice perplejo:

–           ¿Por qué la mandaste a que se bañe? Es verdad que su hedor enferma, pero… No entiendo.

Jesús no le contesta a él y dice a la mujer:

–           Mujer. Sal y ven aquí. Toma esa tela que está en esa rama.

Es la que usó Jesús para secarse, después que atravesó el breve espacio entre la barca y la playita.

Obediente. La mujer emerge desnuda, pues en el agua se han quedado los harapos que traía.

Pedro, que es el primero en verla; lanza un grito. Mientras Andrés, más pudoroso, le había vuelto la espalda; pero al grito de Pedro, voltea… Y también grita.

Ella, que tenía sus ojos fijos sólo en Jesús y no le preocupaba otra cosa; al oír los gritos y al ver las manos que le hacen señas; se mira… Y ve que en el lago se ha quedado también su lepra… Mira asombrada su hermoso cuerpo desnudo y su cara de belleza perfecta; sintiendo su carne fresca y lozana. Está atónita. No corre. Se agazapa. Se encoge toda pudorosa, avergonzada de su desnudez. Emocionada hasta el punto que lo único que hace es llorar; con un llanto suave, largo, débil; que es más estrujante que un grito.

Jesús se mueve. Llega hasta donde está ella. La cubre en la espalda con la tela. Le acaricia ligeramente la cabeza y le dice:

–           ¡Sé buena! ¡Adiós! Por la sinceridad de tu arrepentimiento, has merecido el favor. Crece en la fe del Mesías y obedece los preceptos de la purificación.

Ella se estremece con un llanto incontenible y no para de llorar. Solo cuando oye el golpeteo de los remos con los que Pedro retira la barca, levanta la cabeza; tiende los brazos y grita:

–           ¡Gracias, Señor! ¡Gracias! ¡Bendito! ¡Bendito, seas!

Jesús le hace un ademán de despedida, mientras la barca da la vuelta para regresar.

Más tarde…

Jesús, con nueve de sus discípulos, atraviesa la plaza y la calle principal.  Entra en la sinagoga de Cafarnaúm. Es evidente que la noticia del nuevo milagro ya se corrió por todos lados, pues hay muchos murmullos y comentarios. Y la sinagoga está llena de gente asombrada y curiosa.

En el umbral de la puerta, está el recaudador de impuestos, el publicano Leví-Mateo. Ahí se queda. Mitad dentro, mitad fuera. Retraído por las señales de desprecio y de burla con que lo miran todos.

Uno que otro epíteto ofensivo y desagradable, le dirigen algunos. Simón y Elí, dos tiesos fariseos; recogen ostensiblemente sus vestiduras y amplios mantos, como si temieran contraer una peste, al rozar el vestido de Mateo.

Jesús al entrar, lo mira atentamente por un segundo y por un segundo, se detiene. Mateo solamente baja la cabeza.

Pedro, en cuanto pasan y avanzan un poco, dice en voz baja a Jesús:

–           ¿Sabes quién es ese hombre tan bien adornado y que tiene más perfume que una mujer? Es Mateo, nuestro tasador de impuestos. ¿Qué viene a hacer aquí? Es la primera vez. Tal vez no encontró compañeros con quienes pasar el sábado; gastando en orgías lo que nos chupa con tasas duplicadas y triplicadas, para tener dinero para el fisco y para el vicio.

Jesús mira tan enojado a Pedro, que este se pone colorado como una manzana. Baja la cabeza y se espera de tal modo; que de ser el primero, termina por ser el último del grupo apostólico.

Cuando Jesús está en su lugar. Después de los cantos y oraciones recitadas por el pueblo, se vuelve para hablar. El arquisinagogo le pregunta si quiere algún rollo; pero Él responde:

–           No es necesario. Ya tengo el tema.

Y empieza:

‘El gran rey de Israel, David de Belén, después de haber pecado lloró al arrepentirse en su corazón, al gritar a Dios que se arrepentía y que le pedía perdón, el corazón de David se había nublado en las neblinas del sentido y le había estorbado ver el Rostro de Dios, comprender su Palabra.

El Rostro, dije. En el corazón del hombre hay un punto en el que se recuerda el Rostro de Dios. El punto más selecto, el que es nuestro Santo Sanctorum; del que vienen las santas inspiraciones y las santas decisiones. El que despide perfume como un altar; resplandece como una hoguera; canta como un coro de Serafines.

Más cuando en nosotros humea el pecado, entonces ese punto se ofusca de tal forma; que cesan la luz, el perfume, el canto y tan solo queda el olor a humo espeso y el sabor a cenizas.

Pero cuando vuelve la Luz, porque un siervo de Dios la haya traído consigo a esa oscuridad; entonces el corazón ve su fealdad, su baja condición. Y horrorizado, exclama como el rey David: ‘¡Ten piedad de mí, Señor! conforme a la grandeza de tu misericordia y por tu infinita Bondad, lávame de mi pecado’ Pero no dice: ‘No puedo ser perdonado y por eso continuo en el pecado’ 

Por el contrario:

‘Estoy humillado. Contrito lo estoy. Pero Tú qué sabes cómo me he encontrado en el pecado; te ruego de lavarme con agua y limpiarme, para que torne a ser cual la nieve de las cimas’ Y añade: ‘Mi holocausto no será de corderos, ni de bueyes; sino arrepentimiento verdadero de corazón. Porque sé que esto es lo que quieres de nosotros y no lo desprecias’

Esto decía David, después de su pecado. Y después de que el siervo del señor, Natán; lo había hecho que se arrepintiera. Los pecadores, con mayor razón pueden decir esto; ahora que el señor les manda, no a un siervo suyo; sino al Redentor Mismo. A su Verbo. El cual, Justo y Dominador, no solo de los hombres, sino también de los Cielos e Infiernos; ha brotado entre su Pueblo como Luz de la aurora, que brilla sin nubes cuando se levanta el sol matinal.

Habéis leído en qué forma el hombre presa de Mammón, es más débil que un esqueleto moribundo; aun cuando antes hubiera sido ‘el fuerte’. Sabéis como Sansón no valió ya nada, luego que cedió al sentido. Quiero que comprendáis la lección de Sansón, hijo de Manué; destinado a vencer a los filisteos, opresores de Israel.

La primera condición para que fuese tal, era que desde su concepción se mantuviese alejado de todo lo que provoca los bajos sentidos y une en matrimonio las entrañas del hombre, con carne inmunda: o sea; vino, cerveza y carnes grasosas; que encienden la cintura con fuego impuro. Condición segunda: que para ser el libertador, fuese consagrado al Señor desde la infancia. Y para siempre fuese Nazareo. Consagrado es no solo el que externa, sino internamente; se conserva santo. Entonces Dios está con él. Pero la carne es carne. Y Satanás es Tentación. Y tentación es la de la carne que excita al hombre y a la mujer. Y se aprovecha para combatir a Dios, en su corazón y en sus santos Mandamientos. Ved entonces que la robustez del fuerte tiembla y se convierte en piltrafa que acaba con las dotes que Dios le había dado.

Escuchad, pues:

Sansón fue amarrado con siete cordeles de nervios frescos; con siete sogas nuevas. Enclavado en el suelo con siete trenzas de sus cabellos. Y siempre vencía. Pero en vano se tienta al Señor, ni a su Bondad. No es lícito. Él perdona, perdona, perdona. Pero exige voluntad de salir del pecado, para continuar perdonando. Necio es el que dice: ‘Señor, perdón’ y después ¡No huye de lo que lo induce a nuevo pecado! Sansón, tres veces victorioso; no huyó de Dalila; ni del sentido, ni del pecado. Y cansado hasta donde más no se puede, dice el Libro: ‘Y acabándosele el ánimo, reveló el secreto: mi fuerza está en mis siete trenzas’

¿Hay alguno entre vosotros que hastiado hasta el cansancio, sienta que las fuerzas se le acaban porque no hay cosa que azote más que la mala conciencia y que está por entregarse al enemigo? ¡No! Quienquiera que seas, ¡No! No lo hagas. Sansón dio a la tentación el secreto para vencer sus siete virtudes: las siete trenzas simbólicas de la fidelidad de Nazareo. Cansado, se durmió en el seno de la mujer y fue vencido. Ciego, esclavo, impotente por no haber sido fiel al voto. Tornó a ser ‘él fuerte’, ‘el libertador’, cuando en el dolor de un sincero arrepentimiento encontró fuerza.

Arrepentimiento, paciencia, constancia, heroísmo y luego, ¡Oh, pecadores! ¡Os prometo que seréis libertadores de vosotros mismos! En verdad os digo que no hay bautismo que valga, ni rito que sirva, si no hay arrepentimiento y voluntad de renunciar al pecado. En verdad os digo que no hay pecador más grande, que no pueda renacer con su llanto las virtudes que el pecado le había arrebatado del corazón.

Hay una mujer culpable de Israel a quien Dios castigó por su pecado. Ha obtenido misericordia por su arrepentimiento. Misericordia dije. Pero no la tendrán, los que no la usaron con ella, después de castigada. ¿Acaso no tenían en sí esos tales, la lepra de la culpa? Que se examine cada uno… Y que tenga piedad si es que la quiere obtener. Yo os extiendo mi mano por esta arrepentida que torna entre los vivos, después de una horrenda reparación.

Simón de Jonás no yo, llevará el óbolo a la arrepentida que en los umbrales de la vida, regresa a la Vida Verdadera.Y no murmuréis. No estaba Yo cuando era ‘La Bella’. Erais vosotros los que estabais. Y no digo más.

Uno de los dos fariseos pregunta rabioso:

–           ¿Nos acusas de haber sido sus amantes?

Jesús lo traspasa con la mirada y dice:

–           Cada uno tenga frente a sí, su corazón y sus acciones. No acuso. Hablo en nombre de la Justicia. –se vuelve hacia los suyos y agrega- ¡Vámonos!

Y Jesús sale con sus discípulos.

Pero los dos fariseos que parecen conocer a Judas, lo detienen y le dicen:

–           ¿También tú estás con él?

–           ¿Es realmente santo?

Judas responde enfático:

–           ¡Os aseguro que no llegaréis a sospechar su santidad!

–           Pero curó en Sábado,  ¿O no?

Judas corrige:

–           ¡No! ¡Perdonó en Sábado! ¿Y qué día más propicio para el perdón que el sábado? –añade con una sonrisa llena de sarcasmo- ¿No me dais nada para la redimida?

–           No damos nuestro dinero a prostitutas. Se ofrece al Templo Santo.

Judas lanza una risotada irreverente y los deja plantados. Corre y alcanza a Jesús, que está entrando en la casa de Pedro.

Pedro dice a Jesús:

–           Mira. El pequeño Santiago afuera de la sinagoga me dio dos bolsas en lugar de una. Y siempre por encargo del desconocido. ¿Quién es, Maestro? ¡Tú lo sabes! ¡Dímelo!

Jesús sonríe y dice:

–           Te lo diré cuando hayas aprendido a no murmurar de nadie.

 HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

4.- LA PRIMERA LECCIÓN


Cerca de una zanja, Jesús está sentado bajo los olivos. En la forma habitual que acostumbra, con los codos apoyados en las rodillas, los antebrazos adelante y las manos juntas. La tarde desciende y la luz se va cada vez más. Se ha quitado el manto, porque tiene calor y su vestido blanco resalta sobre lo verde del lugar.

Un hombre va subiendo entre los olivos y parece buscar a alguien. Es muy alto; joven, de cabello castaño oscuro y ensortijado. Viste muy elegante, en un alegre color palo de rosa que al ondear; hace más llamativo su manto color tinto. Cuando distingue a Jesús, sus ojos gris oscuro brillan y su bello rostro se ilumina. Apresura el paso hasta llegar a Él y lo saluda con alegría:

–           ¡Salve, Maestro!

Jesús se vuelve sorprendido. Y lo mira con seriedad y una gran tristeza.

El recién llegado repite:

–           Te saludo, Maestro. Soy Judas de Keriot. ¿No me reconoces? ¿No te   acuerdas de mí?

Jesús responde:

–           Te recuerdo y te reconozco. Eres el que me hablaste con Tomás, la Pascua pasada.

–           Y al que le dijiste: “Piensa y reflexiona al decidirte, antes de mi regreso.’ Ya he decidido. ¡Aquí estoy!

Jesús lo mira realmente triste y le dice:

–            ¿Por qué vienes, Judas?

–            Porqué… Te lo dije la otra vez. Porque sueño en el reino de Israel y yo te he visto cual Rey.

–            ¿Vienes por este motivo?

–            Por éste. Me pongo a mí mismo y a cuanto poseo: capacidad, conocimiento, amistades, fatiga; a tu servicio y al servicio de tu misión, para reconstruir a Israel.

También Judas es un hombre muy alto, casi igual a Jesús.  Los dos están frente a frente y se miran. Jesús, serio y muy triste.

Judas, exaltado. Con su aspecto joven y señorial; sonriente, hermoso, elegante, frívolo y ambicioso.

Jesús dice:

–            Yo no te busqué, Judas.

Judas contesta:

–            Lo sé. Pero yo si te buscaba. Día tras día, puse en las puertas quién me avisase de tu llegada. Pensaba que vendrías con seguidores y que así, fácilmente se podría saber de Ti. Pero fue al contrario. He comprendido que estabas porque después de que curaste a un enfermo, los peregrinos te bendecían; pero nadie sabía decirme en donde estabas. Entonces me acordé de este lugar. Si no te hubiese encontrado aquí, me hubiera resignado a no encontrarte más.

–            ¿Piensas que ha sido para ti un bien el haberme encontrado?

–            Sí. Porque te buscaba. Te anhelaba. Te quiero.

–            ¿Por qué?… ¿Por qué me has buscado?

Judas lo mira extrañado y dice:

–            ¡Ya te lo dije, Maestro! ¿No me has comprendido?

–            Te he comprendido. Sí… te he comprendido. Pero quiero que tú también me comprendas a Mí, antes de seguirme. Ven, hablaremos en el camino.

Y empiezan a caminar uno al lado del otro, subiendo y bajando por las veredas que atraviesan el olivar.

Jesús dice:

–            Tú me sigues por una idea que es completamente humana, Judas. Debo disuadirte. No he venido para eso.

Judas objeta:

–            Pero ¿No eres Tú el señalado Rey de los Judíos? ¿Del que han hablado los Profetas? Han venido otros. Pero les faltaron muchas cosas y cayeron como hojas que el viento no vuelve a levantar. Tú tienes a Dios contigo en tal forma que haces milagros. Donde está Dios, el éxito de la misión es seguro.

–            Has dicho bien. Yo tengo a Dios conmigo. Soy su Verbo. Soy el que profetizaron los Profetas, el Prometido a los Patriarcas. El Esperado de las multitudes. Pero ¿Por qué te has hecho así; ciego y sordo para que no sepas leer y ver; oír y comprender los verdaderos hechos? Mi reino no es de este mundo Judas, no te hagas ilusiones. Vengo a traer a Israel la Luz y la Gloria; pero no la luz y la gloria de esta tierra. Vengo a llamar a los justos de Israel, al Reino. Porque de Israel y con Israel, debe formarse y brotar la planta de Vida Eterna, cuya Savia será la Sangre del Señor. Planta que se extenderá por toda la tierra hasta el fin de los siglos. Mis primeros seguidores son de Israel. Aún mis verdugos, serán de Israel. Y también el que me traicionará, será de Israel…

Judas protesta:

–            No Maestro. Esto no sucederá jamás. Aunque todos te traicionasen, yo quedaré y te defenderé.

–            ¿Tú, Judas?… Y ¿En qué fundas esta seguridad?

–            En mi palabra de honor.

–            Cosa más frágil es, que la tela de araña, Judas. A Dios debemos pedir la fuerza para ser honrados y fieles. ¡El hombre!… El hombre realiza obras de hombre. Pero para realizar obras del espíritu. –Y seguir al Mesías en verdad y justicia quiere decir, realizar obras del espíritu.- Es necesario matar al hombre y hacerlo renacer. ¿Eres capaz de cosa tan grande?

Judas afirma totalmente seguro de sí:

–            Sí, Maestro. Y después… No todo Israel te amará. Pero Israel no dará ni verdugos, ni traidores a su Mesías. ¡Te espera desde hace siglos!

–            Me los dará. Recuerda a los Profetas… sus palabras y el fin que tuvieron. Estoy destinado a desilusionar a muchos. Y tú eres uno de ellos. Judas, tienes enfrente de ti a un hombre manso, pacífico, pobre y que quiere permanecer pobre. No he venido para imponerme, ni para hacer guerras. No disputo a los fuertes ni a los poderosos, ningún reino, ningún poder. Sólo disputo a Satanás las almas.

Y he venido a destrozar las cadenas, con el fuego de mi amor. He venido a enseñar misericordia, sacrificio, humildad, continencia. Te digo a ti y a todos: No tengáis sed de riquezas humanas, sino trabajad por el dinero eterno… desilusiónate Judas, si crees que soy un vencedor de Roma y de las castas que mandan. Tanto Herodes como los Césares, pueden dormir tranquilos mientras yo hablo a las multitudes. No he venido a arrebatar el cetro a nadie… Y mi cetro ya está listo. Pero nadie que no fuese Amor como Yo lo Soy, podría tenerlo. Vete Judas y medita.

–            ¿Me rechazas Maestro?

–            No rechazo a nadie, porque quién rechaza no ama. Pero dime, Judas: ¿Cómo llamarías al hecho de que alguien que sabe que tiene una enfermedad contagiosa, dijese a uno que no lo sabe y que se acerca a beber agua de su vaso: “Piensa lo que haces”? ¿Lo llamarías odio o amor?

–            Lo llamaría amor, porque no quiere que el que ignora su enfermedad, destruya su salud.

–            Dale también este nombre a lo que estoy haciendo.

–            ¿Puedo destruir mi salud al venir contigo? ¡No! ¡Jamás!

–            Más que destruir la salud, tú mismo te puedes destruir. Piensa bien, Judas. Poco se exigirá al que asesinare creyendo que lo hace justamente. Y lo cree porque no conoce la Verdad. Pero mucho será exigido de quién después de haberla conocido; no solo no la sigue, sino que se hace su enemigo.

–            Yo no lo seré. Acéptame, Maestro. No puedes rechazarme. Si eres el salvador y ves que soy pecador, oveja extraviada, un ciego que está fuera del camino recto; ¿Por qué no quieres salvarme? Acéptame. Te seguiré hasta la muerte…

–            ¡Hasta la muerte! Es verdad. Esto es cierto. Después…

–            ¿Después que, Maestro?

–            El futuro está en el seno de Dios. Mañana nos veremos junto a la Puerta de los Peces.

–            Gracias, Maestro. El Señor sea contigo.

–            Y su misericordia te salve.

Al día siguiente, al amanecer de un hermoso día de verano, alegrado por los pajarillos que cantan entre los olivos, lentiscos, acacias y el canto melancólico de las tórtolas silvestres; Jesús atraviesa el riachuelo sobre un grueso tronco que hace las veces de puente y llega al lugar convenido.

Hay muchos vendedores de hortalizas y de alimentos, que están esperando que se abran las puertas de la ciudad. Se oyen rebuznos de asnos que se pelean entre sí. Sus propietarios también participan intercambiando insultos. Un bastón pasa volando no solo sobre los lomos de los asnos, sino sobre las cabezas de las personas.

Dos se pelean porque el burro de uno de ellos se comió bastantes lechugas que estaban en el cesto del otro. La discusión llega a tal punto, que salen a relucir dos puñales muy puntiagudos y resplandecen a la luz del sol. Hay muchos gritos, pero nadie interviene para separar a los rijosos.

Jesús, que caminaba pensativo, oye el alboroto y levanta la cabeza. Ve lo que está sucediendo y a paso veloz, se dirige hacia ellos.

Y Ordena:

–            ¡Detente en el Nombre de Dios!

Uno le contesta:

–           ¡No! ¡Quiero acabar con este maldito perro!

Y el otro:

–           También yo. Voy a adornar tu túnica con tus entrañas.

Los dos giran alrededor de Jesús pegándole, insultándolo para que se quite de en medio; tratando de herirse sin conseguirlo. Porque Jesús con movimientos habilísimos de su manto, desvía los golpes e impide que se atinen. Su manto está rasgado y la gente le grita:

–                 ¡Quítate Nazareno o te tocará a Ti también!

Pero Él no se quita y trata de hacer que se calmen, llamándolos a que piensen en Dios. ¡Todo es inútil! La ira los ha enloquecido a los dos.

Jesús grita:

–           ¡Por última vez os ordeno que desistáis!

Los dos le contestan al mismo tiempo:

–           ¡No! ¡Quítate! ¡Sigue tu camino, perro Nazareno!

Entonces el tiempo parece detenerse…

Jesús extiende las manos con su mirada relampagueante de poder. No dice una sola palabra. Pero las dagas caen por tierra hechas pedazos, como si fueran de cristal y una fuerza las hubiera golpeado.

Los dos luchadores miran los mangos inútiles que les han quedado entre los dedos. El estupor apaga la ira. La multitud grita admirada.

Jesús pregunta enojado:

–                 ¿Y ahora?… ¿Dónde está vuestra fuerza?

Los soldados que estaban de guardia en la puerta y un tribuno que habían acudido al oír los gritos; miran estupefactos. El oficial se acerca a tomar un pedazo de las dagas y lo prueba en la uña, examinando con cuidado el material de que están hechas y su filo. Luego levanta su cara, completamente asombrado.

Es el rostro muy joven de  Publio Quintiliano.

Jesús repite:

–                 ¿Y ahora? ¿Dónde está vuestra fuerza? ¿Sobre qué cosa apoyáis vuestro derecho? ¿Sobre esos pedazos de metal que están ahora en el polvo? Sobre esos trozos de hierro que no tenían ninguna otra fuerza, que el pecado de ira contra un hermano y…

La gente lo mira asombrada, primero por el prodigio y luego por la sabiduría que fluye de sus labios como una cascada. Todos escuchan muy atentos una larga disertación. Jesús habla sobre el amor al prójimo, la violencia y el homicidio…

Y concluye así:

–           Idos y meditad sobre esto.

Varias personas le dicen al mismo tiempo:

–            ¿Quién eres Tú que dices semejantes palabras y haces pedazos las armas sólo con tu Voluntad?

Judas se adelanta de entre los soldados y  proclama:

–            Sólo uno puede hacer estas cosas: el Mesías. Ni siquiera Juan Bautista es más grande que Él.

Judas acaba de proclamar su fe. Qué formidable apóstol hubiese sido, si desde el principio no vacila en anunciar al mundo hebreo lo que piensa de Jesús.

Un peregrino pregunta:

–           ¿Eres acaso el Mesías?

Jesús responde:

–           Lo Soy.

Otro hombre le dice:

–           Tengo a mi madre anciana que muere. ¡Sálvala!

Una mujer joven suplica:

–           Yo. Yo… ¡Mira! Estoy perdiendo las fuerzas por los dolores. –se descubre el rostro y muestra un gran tumor que le deforma la cabeza, a un lado del ojo izquierdo- Todavía tengo hijos pequeños. ¡Cúrame!

Jesús  mirando al hombre contesta:

–           Vete a tu casa. Tu madre te preparará esta tarde la cena. –se vuelve a la mujer- Y tú,  sé sana. ¡Lo quiero!

Después de unos segundos electrizantes. Ella siente que un calor la envuelve y recorre todo su cuerpo. Entonces la mujer se yergue, echa hacia atrás el manto y muestra su rostro, totalmente curada. Y le grita:

–           ¡Tu Nombre! ¡Tu Nombre!

Sonriendo con infinita compasión, su benefactor declara:

–           ¡Jesús de Nazareth!

La multitud enloquece de alegría:

–           ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡Hosanna!

Los burros hacen lo que quieren, pues ya nadie se ocupa de ellos. La voz se corre rápidamente y lo rodean los enfermos pidiendo salud. Muchos son sanados en forma espectacular. Jesús bendice y sonríe. Trata de romper el cerco que lo aclama, para entrar a la ciudad e ir a donde quiere; pero la gente no lo deja.

Varios le gritan a la vez:

–           ¡Quédate con nosotros! ¡En Judea! ¡En Judea!

Entonces Judas se acerca a Él:

–           ¡Maestro! ¿Lo ves Maestro? Todo Israel te ama. Es justo que te quedes aquí… ¿Por qué te vas?

Jesús contesta:

–           No me voy Judas. He venido solo a propósito, para que la falta de educación de mis discípulos galileos, no moleste la sofistiquería de los judíos. Quiero reunir bajo el Cetro de Dios a todas las ovejas de Israel.

Judas argumenta:

–           Por esto te dije: “Acéptame” Yo soy judío y sé cómo tratar a mis iguales. ¿Te quedarás en Jerusalén?

–           Por pocos días. Esperaré a un discípulo que también es judío. Después viajaré por la Judea.

–           ¡Oh! Yo iré contigo. Te acompañaré. ¿Vendrás a mi tierra?… Te llevaré a mi casa. ¿Vendrás, Maestro?

–           Vendré. ¿Sabes alguna cosa del Bautista, tú que eres judío y vives con los poderosos?

–                      Sé que está todavía en prisión, pero lo quieren dejar salir de la cárcel, porque la gente amenaza con sedición si no liberan al Profeta. ¿Lo conoces?

–           Lo conozco.

–           ¿Lo amas?… ¿Qué piensas de él?

–           Pienso que no ha habido otro como él. ¡Ni siquiera Elías!

–           ¿Lo tienes en realidad como al Precursor?

–           Lo es. Es la estrella de la mañana que anuncia el sol. Bienaventurados los que estén preparados para el sol, por medio de su predicación.

Judas advierte:

–           Juan es muy duro.

–            Lo es tanto con los demás, como consigo mismo.

–            Eso es verdad. Pero es difícil seguirlo en su penitencia. Tú eres Bueno y es  fácil amarte.

–            Y sin embargo…

–            Y sin embargo ¿Qué, Maestro?

–            Como a él lo odian por su severidad, a Mí me odiarán por mi bondad; porque tanto la una como la otra predican a Dios. Y Dios no se deja ver de los que no aman. Pero está escrito que así será. Así como él ha sido primero que Yo en la predicación, así también me precederá en la muerte. Pero ¡Ay! De los asesinos de la Penitencia y de la Bondad.

–            ¿Por qué Maestro siempre estas tristes previsiones?… la multitud te ama, lo ves…

–           Porque es una cosa segura. La humilde multitud, sí me ama. Pero no toda la multitud es humilde, ni está compuesta por humildes. Pero no es tristeza la mía. Es una visión tranquila de lo futuro y una sumisión a la Voluntad del Padre, que para esto me ha enviado. Y para esto vine. Hemos llegado al Templo. Voy a Bel-Nidrasc a enseñar a la gente. Si quieres quédate.

–            Me quedaré a tu lado. No tengo otro objetivo que el de servirte y hacerte triunfar.

Los dos entran en el recinto del Templo.

Se detienen en el Pórtico del patio de los Gentiles, que está cubierto con mármoles de diversos colores. El lugar es muy hermoso y está lleno de gente. Jesús busca a su alrededor un lugar conveniente; pero antes de dirigirse a él, le dice a Judas:

–            Llámame al encargado del lugar. Debo presentarme, para hacer esto. No se vaya a decir que falto a las costumbres y al respeto.

–            Maestro, Tú estás sobre las costumbres y nadie más que Tú, tiene el derecho de hablar en la Casa de Dios. Tú que Eres el Mesías.

–            Lo sé. Tú lo sabes. Pero ellos no lo saben. No he venido para dar escándalo, ni para enseñar a violar la Ley, ni a las costumbres. Por el contrario; he venido a enseñar el respeto, la humildad, la obediencia y para quitar los escándalos. Por esta razón quiero pedir permiso para hablar en Nombre de Dios, haciéndome reconocer del encargado del lugar. Así es como hay que hacerlo.

Judas objeta muy remolón:

–            La otra vez no lo hiciste.

–            La otra vez me consumió el celo por la Casa de Dios, profanada con tantas cosas. La otra vez era el hijo del Padre. El Heredero que en Nombre del Padre y por amor de mi Casa, empleaba su Majestad, a la que son inferiores los encargados del lugar. Ahora soy el Maestro de Israel y enseño a Israel también esto. Por otra parte, Judas ¿Piensas que el discípulo es mayor que el Maestro?

–            No, Jesús.

–            Y ¿Tú quién eres?… Y ¿Quién Soy Yo?

–            Tú eres el Maestro y yo el discípulo.

–            Si reconoces que las cosas son así ¿Por qué quieres enseñar al Maestro? Ve y obedece. Yo obedezco a mi Padre. Tú obedece a tu Maestro. La primera condición del hijo de Dios, es obedecer sin discutir, pensando que el Padre solo da órdenes santas. Condición primera del discípulo, es obedecer al Maestro; pensando que el Maestro sabe y solo da órdenes justas.

–            Es verdad. Perdona. Obedezco.

–            Te perdono. Ve y escúchame: acuérdate de esto. Recuérdalo siempre, en los días que están por venir.

–            ¿De obedecer?… Sí.

–            ¡No! Recuerda que fui respetuoso y humilde para con el Templo. Esto es, con las castas poderosas. Ve.

Judas lo mira pensativo. Interrogativamente… pero no se atreve a preguntar nada. Y se va pensando, sin comprender la conducta de su Maestro.

Regresa  con un sacerdote que ostenta lujosamente su alta jerarquía.

–           Maestro. He aquí al encargado.

Jesús lo saluda:

–           La paz sea contigo. Pido poder enseñar a Israel, entre los rabíes de Israel.

El sacerdote le pregunta:

–           ¿Eres tú rabí?

–           Lo Soy.

–           ¿Quién fue tu maestro?

–            El Espíritu de Dios que me habla con su Sabiduría y que me ilumina con su Luz todas las palabras de los textos sagrados.

–            ¿Acaso eres más que Hilell, Tú que sin maestro dices conocer cualquier doctrina? ¿Cómo puede uno aprender si no hay quién le enseñe?

–            Como se formó David, el pastorcillo desconocido y que llegó a ser el rey poderoso y sabio por la Voluntad de Dios.

–            ¿Cuál es tu nombre?

–            Jesús de José, de la estirpe de David y de María de Joaquín, de la estirpe de David. Y de Anna de Aarón, María la virgen que el sumo sacerdote casó en el Templo, según la Ley de Israel porque era huérfana.

–            ¿Quién lo prueba?

–            Todavía aquí deben haber levitas que se acuerden del hecho y que fueron coetáneos de Zacarías de la clase a Abía, mi pariente. Pregúntales si dudas de mi sinceridad.

–            Te creo. Pero ¿Quién me prueba que tú eres capaz de enseñar?

–            Escúchame y tú mismo decidirás.

–            Eres libre de hacerlo… Pero… ¿No eres Nazareno?

–            Nací en Belén de Judá. En el tiempo del censo que ordenó el César. Proscritos por leyes injustas, los hijos de David, están por todas partes, pero la estirpe es de Judá.

–            Sabes…los fariseos…Toda Judea… por Galilea…

–            Lo sé. Pero no desconfíes. En Belén vi la luz. En Belén Efratá de donde viene mi estirpe. Si ahora vivo en Galilea es solo para que se cumpla lo escrito…

El encargado se aleja unos metros, dirigiéndose a donde lo están llamando.

Judas pregunta:

–           ¿Por qué no le dijiste que Eres el Mesías?

Jesús contesta:

–           Mis palabras lo dirán.

–           ¿Cuál es lo escrito que debe cumplirse?

–           La reunión de todo Israel bajo la enseñanza de la palabra del Mesías. Soy el Pastor de quién hablan los Profetas…

Jesús está inspirado. Judas lo contempla admirado. La gente se acerca atraída por la imponencia diversa de ambos, que son muy altos y varonilmente muy hermosa.

Jesús mira sonriendo con su inefable dulzura a la pequeña multitud. Se va hacia un pórtico y se apoya en una columna. Y empieza a hablar…

Y Judas se convierte en el mejor agente publicitario; pues empieza a decir a diestra y siniestra, a todo el que puede:

–           Es el Mesías el que os está hablando. Os lo aseguro. Yo lo conozco y soy su primer discípulo. Pedidle algún milagro. Él es muy poderoso. Cura. Lee los corazones. Responde a todas las dificultades…

Y con esta promoción empieza la demanda de milagros, cuando Jesús termina de predicar.

Jesús sonríe y cumple ampliamente con todas las expectativas de los que esperan en Él. Después, los dos van a orar al lugar más cercano al Santo de los Santos, como les está permitido a los israelitas varones. Luego salen del Templo.

Judas quiere quedarse con Jesús pero encuentra la oposición del Maestro:

–            Judas, deseo estar solo en las horas de la noche. Es cuando mi espíritu obtiene su alimento del Padre. Tengo más necesidad de la Oración, Meditación y soledad; que del alimento corporal. El que quiera vivir por el espíritu y quiera llevar a otros a que vivan la misma vida, debe posponer la carne. Diría casi matarla, para cuidar solo del espíritu. Todos, sábelo Judas; también tú; si quieres ser solamente de Dios, o sea, de lo sobrenatural.

–            Pero, Maestro. Nosotros pertenecemos todavía a la tierra. ¿Cómo podemos dejar de pensar en la carne y pensar solo en el espíritu? ¿No está en contradicción lo que dices con el Mandamiento de Dios: No matarás? ¿No se incluye en él, no suicidarse?… Si la vida es un don de Dios debemos amarla ¿O no?

–            Te responderé, como no respondería a una persona sin preparación; a la que le basta levantar la mirada del alma o de la mente a esferas sobrenaturales, para elevarse a los reinos del espíritu. Tú no eres un simple. Te has formado en ambientes que te han pulido… pero también te han manchado, con sus sutilezas y doctrinas. Judas ¿Te acuerdas de Salomón? Era sabio. El más sabio de aquellos tiempos. Recuerdas que después de haber conocido todo el saber humano, dijo: no hay más que vanidad. Todo es vanidad. Tener a Dios y observar sus Mandamientos; para el hombre, esto lo es todo. Ahora bien, te digo que es menester saber tomar lo que se come; es decir, que sea alimento y no veneno. Si algo nos hace daño, lo mejor es no comerlo; aun cuando sea agradable al paladar. Es mejor pan y agua de la fuente, que los manjares de la mesa del rey, en los que hay drogas que perturban y envenenan.

–            ¿Qué debo dejar, Maestro?

–            Todo lo que sabes que te hace daño. Dios es Paz y si quieres ponerte en el sendero de Dios; debes escombrar tu mente, tu corazón y tu carne, de todo lo que no es paz y te turba. Sé que es difícil reformarse a sí mismo; pero Yo estoy aquí para ayudarte a hacerlo. Estoy aquí para ayudar al hombre a que se haga hijo de Dios; a volver a crearse por medio de una segunda creación, en una autogénesis que él mismo quiere.

Y te responderé a lo que me preguntabas, para que no digas que quedaste en un error por culpa mía. Es verdad que suicidarse es lo mismo que matar. Sea la vida propia o la de otro. La vida es don de Dios y solo Dios que la dio, tiene el poder de quitarla. Quién se mata muestra su soberbia y Dios odia la soberbia.

–            ¿Muestra la soberbia? Yo diría más bien que la desesperación.

–            ¿Y qué es la desesperación, sino soberbia? Mira Judas, ¿Por qué alguien se desespera? Porque las desgracias se recrudecen contra él y se quiere por sí solo vencerlas, pero no se puede. O también porque siendo culpable, cree que Dios no puede perdonarlo. En el primero y el segundo casos, ¿No es acaso reina la soberbia? El que cree que por sí mismo puede hacer algo y no tiene la humildad para extender su mano al Padre y decirle: “No puedo, pero Tú si puedes. Ayúdame porque de Ti lo espero todo.” O bien el que dice: “Dios no puede perdonarme.” Lo dice porque midiendo a Dios consigo mismo, piensa que Dios no perdonaría, porque él tampoco si fuera el ofendido, no lo haría. En otras palabras, también esto es soberbia. El humilde compadece y perdona, aun cuando sufra por haber sido ofendido. El soberbio no perdona. Es soberbio porque no sabe doblar la frente y decir: “Padre, he pecado. Perdona a tu hijo culpable.” ¿No sabes Judas que el Padre perdonará a cualquiera que con corazón sincero y contrito, humilde y decidido a levantarse en el bien, lo pida?

Judas objeta:

–            Pero ciertos pecados no son perdonados. ¡No lo pueden ser!

–            Lo dices tú. Y será verdad porque el hombre así lo quiere. Pero en verdad, ¡Oh! En verdad te digo que aún después del Crimen más grande que puedas imaginarte, si el culpable corre a los pies del Padre infinitamente Perfecto y llorando le pidiese perdón. Le ofreciese expiación, pero sin desesperarse. El Padre le daría la manera de expiar, para merecer su perdón y salvar su alma. 

–            Siendo así, estás diciendo que quienes cita la Escritura que se mataron, ¿Hicieron mal?

–                         No es lícito hacer violencia a nadie y ni siquiera a sí mismo. Hicieron mal.    Según su conocimiento relativo del bien; habrán conseguido en determinados casos, misericordia de Dios. Pero desde que el Verbo ha iluminado con la Verdad y dado fuerzas a las almas con su Espíritu, a partir de ese momento no será perdonado quien muera desesperado. Ni en el momento del Juicio Particular; ni después  de siglos de Gehena; ni en el Juicio Final. ¡Jamás!… ¿Es dureza de Dios ésta?… ¡No! ¡No! ¡Es Justicia!

Dirá Dios: “Tú, criatura dotada de razón y de ciencia sobrenatural, a quién crié libre; creíste poder seguir el sendero que escogiste y dijiste: Dios no me perdona. Estoy separado de Él para siempre. Juzgo que debo aplicarme la justicia debida a mi delito. Huyo de la vida para escapar de los remordimientos- Qué jamás los habrías tenido, si hubieras venido a mi pecho paternal. Y cómo haz juzgado, vete. No hago fuerza a la libertad que te di. Digo amén a lo que has querido.”

Esto es lo que dirá el Eterno al suicida. Piénsalo, Judas. La vida es un don y debe amarse. Pero ¿Qué clase de don es? Es un don santo y por eso debe amarse santamente. La vida dura, cuanto la carne es capaz de ella. Después empieza la vida grande, la vida eterna; que será de felicidad para los justos y de maldición para los injustos. ¿Es la vida fin o medio? Es medio. Sirve para el fin que es la eternidad. Por eso hay que dar a la vida lo que le sirve para la conquista del espíritu. Continencia de la carne en todos los aspectos. En todos. Continencia de la mente en todos sus deseos. En todos. Continencia del corazón en todas sus pasiones que saben a humano. Pero debe ser ilimitada en el ansia por las pasiones que llevan al Cielo: amor de Dios y del prójimo. Voluntad de servir a Dios y al prójimo. Obediencia a la Palabra Divina; heroísmo en el bien y en la virtud.

Te he respondido, Judas. ¿Te basta la explicación? Sé siempre sincero y pregunta, si no sabes lo suficiente. Estoy aquí para enseñarte.

Judas parece reflexionar. Y luego dice:

–           He comprendido y me basta. Pero… es muy difícil hacer lo que he comprendido. Tú puedes hacerlo porque eres Santo. Pero yo… Yo soy un hombre joven, lleno de vitalidad. Y de deseos de vivir…

–      He venido para los hombres, Judas. Y no para los ángeles. Ellos no tienen necesidad de Maestro, porque ven a Dios y viven en su Paraíso. No ignoran las pasiones de los hombres, porque la inteligencia que es su vida, les hace comprender todo. Y lo saben aun los que no son custodios del hombre. Pero espirituales como son, no podían tener más que un solo pecado. Como uno de ellos lo cometió y arrastró consigo a los menos fuertes en la Caridad: la Soberbia fue la flecha que manchó a Lucifer, el más hermoso de los arcángeles y lo convirtió en el Monstruo pavoroso del Abismo. No he venido para los ángeles; que después de la caída de Lucifer, se horrorizan tan solo de pensar en el orgullo. He venido para los hombres: Para hacer de ellos ángeles.

El hombre era la perfección de lo creado. Tenía de ángel el alma y del animal; la completa belleza de todas sus partes animales y morales. No existía creatura igual. Era el rey de la Tierra, como Dios es el Rey del Cielo. Y el último día que hubiese dormido sobre la Tierra; hubiera despertado como rey, con el Padre; en el Cielo.

Satanás ha arrebatado las alas al ángel-hombre y le ha puesto garras de fiera; deseos ardientes de inmundicia. Lo ha convertido en un hombre-demonio; más que hombre. Quiero borrar la mancha de Satanás. Destruir el hambre corrosiva de su carne manchada. Devolverle las alas al hombre y llevarlo otra vez para que sea rey, coheredero del Padre y del Reino Celestial.

Sé que el hombre, si realmente lo quiere; puede hacer todo lo que digo; para volver a ser rey y ángel. No os diré  que hagáis cosas que no podáis hacer. No soy uno de esos oradores que predican doctrinas imposibles. He tomado carne verdadera; para poder saber por experiencia de la carne, cuáles son las tentaciones del hombre.

Judas cuestiona:

–             ¿Y los pecados?

–             Tentados, todos pueden serlo. Pecadores; tan solo los que quieren serlo.

–             Jesús… ¿Jamás has pecado?

–             Jamás he querido pecar. Y esto no porque sea el Hijo del Hombre. Sino que      lo he querido y querré; para demostrar al hombre que el Hijo del Hombre no pecó; porque no quiso pecar y que el hombre si no lo quiere, puede también no pecar.

–              ¿Te has enfrentado alguna vez a las tentaciones?

–              Tengo treinta años, Judas. Y no he vivido ermitaño en la cueva de algún     monte, sino entre los hombres. Y aun cuando hubiese vivido en el lugar más solitario; ¿Crees que no hubiere llegado hasta ahí la Tentación?… Todos tenemos dentro de nosotros el Bien y el Mal. Sobre el bien sopla Dios y lo agita como incensario de agradables y sagrados trozos de incienso. Sobre el Mal sopla Satanás y lo convierte en una hoguera de ardientes pasiones. Pero el cuidado atento y la Oración constante, son arena húmeda sobre la Hoguera del Infierno: la sofoca y la domina.

–             Pero si jamás has pecado, ¿Cómo puedes juzgar a los pecadores?

–             Soy Hombre. Y Soy el Hijo de Dios. Cuanto pudiese ignorar como hombre   y juzgar mal; conozco y juzgo como Hijo de Dios. Y… ¡Por lo demás!…  ¡Respóndeme esto!… Uno que tiene hambre, sufre más cuando dice: “Más tarde me sentaré a comer” o cuando sabe: “No hay comida para mí.”

–             Sufre más en el segundo caso. Porque tan solo de saber que no tiene comida;   con sólo el olor de los platillos, la boca se le hace agua.

–            Entonces la Tentación es tan fuerte como este deseo, Judas. Satanás sabe hacerla más aguda y tentadora, para llevar a cabo cualquier acción. Después del hecho consumado, tal vez provoque náuseas. Pero la Tentación no consentida, no desaparece; sino que es como un árbol podado: produce más ramas.

–            ¿Y jamás has cedido?

–             Jamás he cedido.

–             ¿Cómo lo has logrado?

–             He dicho: “Padre, no me dejes caer en la Tentación…”

Judas lo mira completamente asombrado y exclama:

–                  ¡Cómo!… ¿Tú, el Mesías?… ¿Tú, que obras milagros?… ¿Has pedido la            ayuda del Padre?

–                 No tan solo ayuda. Le he pedido: no inducirme en tentación.  ¿Crees tú, que porque Yo sea Yo; puedo prescindir del Padre? ¡Oh! ¡No!… en verdad te digo que el Padre concede al Hijo todo. Pero también te digo, que el Hijo recibe todo del Padre. Y te digo que todo lo que se pidiere al Padre en mi Nombre: será concedido.

Pero mira que hemos llegado a Get-Sammi, donde vivo.  Ya se distinguen  más allá de las murallas los primeros olivos. Tú vives más allá de Tofet. La tarde ya baja. No te conviene subir más allá. Nos volveremos a ver mañana, en el mismo lugar. Adiós. La paz sea contigo.

–                  También a Ti la paz, Maestro… más te quería decir otra cosa. Te acompaño hasta el cedrón y después me regresaré. ¿Por qué estás en ese lugar tan humilde? ¿Sabes? La gente tiene en cuenta muchas cosas. ¿No conoces a alguien en la ciudad, que tenga una casa hermosa? Si quieres; yo puedo llevarte con amigos. Te hospedarán por la amistad que me tienen. Esos lugares, serán más dignos de Ti.

–                  ¿Así lo crees? Yo no lo creo. En todos los grupos hay dignos e indignos… Y sin faltar a la caridad, pero para no ofender a la Justicia; te digo que el indigno y el maliciosamente indigno; se encuentran frecuentemente entre los grandes. No es necesario; ni útil, ser poderoso; para ser bueno o para esconder el pecado a los ojos de Dios. Todo debe cambiarse bajo mi Señal. Y no será grande el que es poderoso; sino el que es humilde y santo.

–                  Pero para ser respetado. Para imponerse…

Jesús refuta:

–                             ¿Es acaso respetado Herodes?… ¿Lo es también César?… ¡No!.. Se les soporta y se les maldice con los labios y con los corazones. Créeme Judas; que entre los buenos o en los que tienen buena voluntad, sabré imponerme más con la modestia; que con el poderío.

–                             Pero entonces… ¿Despreciarás siempre a los poderosos? Te los harás enemigos. Pensaba hablar de Ti a muchos que conozco y que son famosos…

–                             Yo no desprecio a nadie. Iré a los pobres, como a los ricos. A los esclavos, como a los reyes. A los puros, como a los pecadores. Pero sí seré agradecido al que me dé pan y techo en mis fatigas. Cualquiera que sea el pan, cualquiera que sea el techo; preferiré siempre al que es humilde. Los grandes tienen de su parte, muchas alegrías. Los pobres no tienen más que su conciencia recta; un amor fiel, sus hijos y el saber que éstos los escuchan. Siempre me inclinaré hacia los pobres, los afligidos y los pecadores. Te agradezco tus buenos sentimientos; pero déjame en paz, en este lugar de paz y de oración… Vete. Y que Dios te inspire lo que esté bien.

Jesús deja al nuevo discípulo y se interna entre los olivos….

 HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA