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212 RAZÓN DEL SILENCIO


212 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Luego Jesús baja a la cocina; pero al ver que Juan va a salir para ir a la fuente;

en vez de quedarse en la cocina caliente y humosa, prefiere ir con él.

Y deja a Pedro batallando con unos peces que acaban de traer los mozos de Zebedeo, para la cena del Maestro y los apóstoles.

No van al manantial de las afueras del pueblo, sino a la fuente de la plaza;

que recibe el agua del abundante manantial que brota de la escarpa del monte que está junto al lago.

En la plaza se ve la consabida aglomeración de gente, típica de los pueblos palestinos por la tarde.

Mujeres con ánforas, niños jugando, hombres hablando de negocios o… de dimes y diretes del lugar.

Pasan también, circundados de siervos o clientes, los fariseos, dirigiéndose hacia las casas ricas;

todos se apartan para dejarlos pasar, haciéndoles reverencias.

Aunque luego, nada más que han pasado, los maldicen de corazón y cuentan sus últimos atropellos y engaños.

Mateo, en un ángulo de la plaza, arenga a sus amigos de antes…

lo cual hace decir en tono despreciativo y en voz alta,

al fariseo Urías:

–     ¡Las famosas conversiones!

El apego al pecado permanece.

Se ve en que se mantienen las amistades. ¡Ja!, ¡ja!

Entonces Mateo, resentido, se gira…

y responde:

–     Se mantienen para convertirlos».

–     ¡No es necesario!

Es suficiente tu Maestro.

Tú manténte a distancia, no vaya a ser que te vuelva la enfermedad;

suponiendo que verdaderamente estés curado.

Mateo se pone violáceo por el esfuerzo de no decirle cuatro verdades.

Pero se limita a contestar:

–     Ni temas ni esperes.

–    ¿Qué?

–     Que no temas que vuelva a ser Leví el publicano.

Y que no esperes que te imite para perder a estas almas.

Las distancias y los desprecios te los dejo a ti y a tus amigos.

Yo imito a mi Maestro y me acerco a los pecadores, para conducirlos a la Gracia.

Urías se dispone a replicar, pero en esto llega el otro fariseo, el viejo Elí,

que dice:

–     Pero hombre, no manches tu pureza.

No contamines tu boca amigo; ven conmigo.

Y toma del brazo a Urías y le lleva hacia su casa.

Entretanto la gente, especialmente los niños, se han ido arrimando más a Jesús.

Entre los niños están la pareja de hermanitos Juana y Tobías, los que en un día ya lejano;

reñían por unos higos.

Ahora le dicen a Jesús, mientras toquetean con las manitas su alto cuerpo, para llamar su atención:

–     ¡Oye, oye!

¡Hoy también hemos sido buenos!,

¿Sabes?

No hemos llorado en todo el día, ni nos hemos molestado, por amor a Tí.

¿Nos das un beso?

Jesús les dice: 

–     ¿Entonces habéis sido buenos?  

¡Y por amor a Mí!

¡Qué alegría me dais!

Aquí tenéis el beso.

Mañana sed mejores todavía.

También está Santiago, el niño que llevaba todos los sábados, la bolsa de Mateo a Jesús.

Dice:

–     Leví ya no me da nada para los pobres del Señor.

Pero yo he reservado toda la recompensa que me dan, cuando soy bueno.

Toma.

¿Se lo das a los pobres por mi abuelo?

–     Sí claro.

Pero, ¿Qué le pasa a tu abuelo?

–     Ya no puede andar.

Es muy viejo y no se mantiene en pie con las piernas.

–     ¿Te entristece esto?

–     Sí,.

Porque era mi maestro, cuando caminábamos por el campo.

Me decía muchas cosas.

Me hacía amar al Señor.

Ahora todavía me habla de Job y me muestra las estrellas del cielo, pero…

Desde su silla…

Era más bonito antes.

–     Iré mañana a ver a tu abuelo.

Estás contento?

Pero Benjamín el de Cafarnaúm, que ha llegado a la plaza con su mamá y ha visto a Jesús.

Suplanta a Santiago.

Suelta la mano materna y corre con un grito que parece de golondrina, adentro de la pequeña muchedumbre.

Ha llegado donde Jesús, le rodea con los brazos las rodillas,

y le dice: 

–     ¡También a mí!

¡Hazme también a mí una caricia

En ese momento pasa el fariseo Simón.

Dedica a Jesús una pomposa reverencia.

Jesús devuelve el saludo.

El fariseo se para y mientras la gente se aparta como atemorizada,

dice:

–     A mí no me harías una caricia?

Y sonríe levemente.

–     A todos los que me la piden.

Me alegro contigo Simón, de que estés en perfecta salud.

Me habían dicho en Jerusalén que habías estado muy enfermo.

–     Sí. Mucho.

Deseaba verte… para sanar.

–     ¿Creías que podía hacerlo?

–     Nunca lo he dudado.

Pero he tenido que curarme solo, porque has estado ausente durante mucho tiempo.

¿Dónde has estado?

–     En los confines de Israel:

Así he ocupado los días entre Pascua y Pentecostés.

–     ¿Muchos éxitos?

He sabido lo de los leprosos de Hinnon y Siloán.

Grandioso.

–     ¿Sólo eso?

–     No, ciertamente.

Pero eso se sabe por el sacerdote Juan.

Quien no tiene prejuicios, cree en Tí y es feliz.

–     ¿Y quien no cree porque tiene prejuicios?

¿Qué es de él, sabio Simón?

El fariseo se turba un poco…

Vacila entre el deseo de no condenar a sus demasiados amigos, que tienen prejuicios contra Jesús.

Y el de merecer de verdad los elogios de Jesús.

Vence éste último,

y dice:

–     Quien no quiere creer en Tí…

A pesar de las pruebas que das, está condenado

–     Yo no quisiera la condena de ninguno…

–     Tú.

Y sin embargo, nosotros no correspondemos contigo con la misma medida de bondad, que Tú tienes con nosotros.

Son demasiados los que no te merecen…

Jesús, quisiera invitarte mañana a mi casa…

–     Mañana no puedo.

Dejémoslo para dentro de dos días.

¿Aceptas?

–     Siempre.

Vendrán… amigos míos…

Tendrás que compadecerlos si…

–     Sí, sí.

Iré con Juan.

–     ¿Sólo él?

–     Los otros tienen otros encargos.

Mira, están volviendo de la campiña.

Paz a ti, Simón.

–     Dios esté contigo, Jesús.

El fariseo se marcha.

Y Jesús se reúne con los apóstoles.

Vuelven a casa para la cena.

Mientras están a la mesa, comiendo el pescado asado;

llegan unos ciegos que ya antes en el camino, habían implorado el favor de Jesús.

Repiten ahora su súplica:

–    « ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de nosotros!».

A lo cual, en tono de reproche,

contesta Simón-Pedro:

–     ¡Marchaos, hombre!

Si os ha dicho que mañana, es mañana.

Dejadlo comer. 

Jesús objeta: 

–     No, Simón.

No los eches.

Tanta constancia merece un premio.

Y a los ciegos,

les dice:

–     Entrad los dos.

Los ciegos entran tentando con el bastón el suelo y las paredes.

–     ¿Creéis que os puedo devolver la vista?

–     ¡Oh, sí, Señor!

Hemos venido porque estamos seguros de ello.

Jesús se levanta de la mesa y se acerca a ellos.

Pone las yemas de sus dedos en los párpados ciegos, levanta el rostro, ora…

Y dice:

–     Hágase con vosotros según la fe que tenéis.

Entonces quita las manos:

En uno, los párpados que antes no tenían movimiento se mueven, porque la luz hiere de nuevo sus pupilas renacidas.

Al otro se le desellan los párpados, de forma que donde antes había una sutura natural;

debida ciertamente a úlceras mal curadas; ahora se forma de nuevo el borde palpebral sin defectos.

Y sube y baja con movimiento de ala.

Los dos caen de rodillas.

–     Levantaos.

Marchaos.

Cuidad de que nadie sepa lo que he hecho con vosotros.

Llevad a vuestras ciudades la nueva de la gracia recibida.

A los familiares, a los amigos.

Aquí ni es necesario ni es bueno para vuestra alma.

Conservadla inmune de toda lesión a su fe; de la misma forma que ahora que sabéis lo que son los ojos…

Los preservaréis de toda lesión, para no quedaros ciegos de nuevo.

Los curados se van llorando de felicidad.

Termina la cena.

Suben a la terraza, donde hay un poco de aire fresco.

El lago es todo un cabrilleo bajo el cuarto de luna.

Jesús se sienta en el borde del antepecho y se abstrae, contemplando este lago de plata en movimiento.

Los demás hablan entre sí, aunque en voz baja, para no molestarlo.

Eso sí, lo miran como embelesados.

¡Claro! ¡Qué hermosura la suya!

Tiene la cabeza levemente hacia atrás, apoyada sobre el áspero sarmiento de vid que desde ahí sube y se extiende por la terraza.

Le aureola por entero una luna que ilumina su rostro, al mismo tiempo severo y sereno;

permitiendo estudiarlo hasta sus mínimos detalles.

Sus ojos de forma alargada, de un azul que en la noche asemeja casi al color del ónix;

parecen emanar olas de paz sobre todas las cosas.

De vez en cuando se levantan hacia el cielo sereno, sembrado de astros.

Otras veces descienden para mirar a las colinas.

O más aún para mirar al lago; más todavía.

Y entonces se quedan fijos en un punto indeterminado y parecen sonreír ante algo que sólo ellos ven.

Sus cabellos ondean leves con el viento ligero.

Está sentado al sesgo, con una pierna suspendida a poca distancia del suelo y la otra apoyada en la tierra. 

Las manos relajadas sobre el regazo.

Su vestidura blanca parece acentuar su propio candor, haciéndose casi de plata por la luz lunar.

Sus largas manos blanco marfil, parecen intensificar la propia tonalidad de marfil viejo…

Y la propia belleza viril, a pesar de su forma ahusada.

También la cara, con su frente alta y su nariz recta;

con sus delicadas mejillas ovaladas, alargadas por la barba rubia-cobre, que parece bajo esta luz lunar; 

hacerse de color marfil viejo, perdiendo el tenue matiz róseo, que de día se nota en los pómulos. 

Pedro pregunta: 

–    ¿Estás cansado, Maestro? 

–     No.

–     Te veo pálido y pensativo…

–     Estaba pensando, sí…

Pero no creo que esté más pálido de lo habitual.

Venid aquí…

La luz de la luna os pone a todos vosotros pálidos también.

Mañana iréis a Corazaín.

Quizás encontréis a algunos discípulos.

Habladles.

Y tened en cuenta que mañana a la caída de la tarde, tenéis que estar aquí.

Predicaré junto al torrente.

Andrés pregunta: 

–     ¡Qué bien!

Se lo diremos a los de Corazaín.

Hoy, regresando aquí, nos hemos encontrado con Marta y Marcela.

¿Habían estado aquí.

–     Sí.

Santiago de Zebedeo dice: 

–     En Mágdala se hablaba mucho de María:

Que ya no sale de casa, ya no organiza fiestas.

Nos hemos parado a descansar donde la mujer de la otra vez.

Benjamín me ha dicho que cuando le vienen ganas de comportarse mal, piensa en Tí y… 

Judas dice: 

–    … Y en mí.

Puedes decirlo, Santiago.

–     No lo ha dicho.

–     Lo ha dado a entender diciendo:

“Yo no quiero ser guapo, pero malo” 

Y me ha mirado de reojo.

No me puede soportar…  

Jesús dice: 

–     Antipatías sin peso, Judas.

No pienses en ello.

–     Sí, Maestro.

Pero es molesto que…  

Una voz masculina, gritando desde el camino,

lo interrumpe: 

–     ¿Está el Maestro? 

Pedro ordena: 

–     Está… 

Pero, ¿Qué queréis otra vez ahora?

¿No os basta todo el tiempo del día?

¿Es hora ésta de venir a importunar a unos pobres peregrinos?

Volved mañana.

–     Es que tenemos aquí con nosotros a un mudo endemoniado.

Se nos ha escapado tres veces por el camino;

Si no, hubiéramos llegado antes.

¡Sed benévolos!

Dentro de poco, cuando la Luna esté alta, dará fuertes gritos y atemorizará a todo el pueblo.

¿Veis como ya empieza a agitarse?

Jesús atraviesa toda la terraza y se asoma por el antepecho.

Los apóstoles hacen lo mismo.

Es un collar de cabezas inclinadas hacia una turba de gente;

que a su vez la levantan hacia aquellos que la agachan.

En medio, con movimientos y aullidos de oso o de lobo, encadenado;

hay un hombre bien atado por las muñecas para impedir que se escape.

Aúlla revolviéndose con movimientos animalescos y como buscando en el suelo quién sabe qué cosa.

Cuando alza los ojos y se encuentra con la mirada de Jesús, emite un grito brutal, inarticulado.

Un verdadero aullido…

Y trata de huir.

La multitud, casi toda Cafarnaúm, se aparta atemorizada.  

El hombre suplica: 

–     ¡Ven, por caridad!

¡Le está volviendo a dar como antes…!  

Jesús responde: 

–     Voy enseguida.

Y Jesús baja rápidamente y va de frente hacia el desdichado;

que está más agitado que nunca.

Jesús ordena: 

–     Sal de éste! ¡Lo quiero!

El aullido queda estrellado en una palabra:

–     ¡Paz!

Sí, paz.

Ten paz ahora que has sido liberado.

La muchedumbre grita maravillada al ver el inmediato paso, de la furia a la quietud;

de la posesión a la liberación;

del mutismo a la posibilidad de hablar.  

Jesús pregunta: 

–     ¿Cómo habéis sabido que estaba aquí?

–     En Nazaret nos dijeron: 

“Está en Cafarnaúm”.

En Cafarnaúm nos lo confirmaron dos hombres, que decían que les habías curado los ojos, en esta casa.

Muchos dicen: 

–     Es verdad.

–    Es verdad.

–    Nos lo han dicho también a nosotros…

Y comentan:

–     « ¡Jamás se han visto cosas semejantes en Israel!

Mas los fariseos de Cafarnaúm -entre los que no está Simón-, con risa sarcástica,

dicen:

–     Si no fuera con la ayuda de Belcebú, no las haría.  

El liberado dice: 

–     Ayuda o no ayuda, estoy curado.

Y los ciegos también.

Vosotros no lo podríais hacer a pesar de vuestras altas oraciones.

Replica el endemoniado mudo curado.

Y besa la túnica de Jesús.

El cual no responde a los fariseos.

Se limita a despedir a la muchedumbre,

diciendo:

–     La paz esté con vosotros.

Retiene al hombre curado y a los que lo acompañan,.

Y les ofrece hospedaje en la habitación alta para que descansen hasta el alba.

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210 EN CAFARNAÚM


210 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En Betsaida, Jesús habla en la casa de Felipe.

Se ha reunido mucha gente y llega uno de Cafarnaúm a rogarle que vaya lo más pronto posible a la casa del sinagogo, porque su hija se está muriendo.

Jesús promete que irá durante el transcurso de la mañana, cuando termine de hablar y curar enfermos.

Un par de horas después, Jesús camina por una calle polvorienta que bordea la ribera del lago.

Va rodeado por una gran multitud que lo ha seguido desde Betsaida y a la que se ha juntado la de Cafarnaúm.

Se amontonan a su alrededor, no obstante que los apóstoles se esfuerzan en separarlos;

utilizando los brazos, las espaldas… 

Y gritando en voz alta, exigiendo que lo dejen pasar.

Jesús por su parte, no se inquieta por el alboroto.

Mucho más alto que todos los que lo rodean, mira con una dulce sonrisa a la gente que lo estruja. 

Responde a los saludos, acaricia a los niños que logran acercársele.

Y a los que las madres le ponen a su alcance para que los toque

De esta forma sigue caminando, lenta y pacientemente;

en medio de estos apretujamientos que pondrían histérico a cualquiera.

Se oye el grito angustiado de un hombre:

–     ¡Abrid paso!

¡Abrid paso!

Los que lo conocen y lo respetan mucho, a duras penas le abren paso.

Es un hombre maduro y vestido como dignatario del Templo.

Cuando llega ante Jesús se postra a sus pies,

y suplica:

–      ¡Oh, Maestro!

¿Por qué has tardado tanto?

Mi niña está agonizando.

Nadie la puede curar…

Tú Eres mi esperanza y la de mi mujer.

Ven Maestro.

Te he esperado con ansia infinita.

Ven. Ven al punto.

Mi única hija está muriendo…

Y rompe en un llanto desconsolado.

Jesús pone su mano sobre la cabeza del hombre que solloza angustiado.

Y le dice:

–     No llores.

Ten fe. Tu niña vivirá.

¡Vamos! ¡Levántate! ¡Vamos! –estas últimas palabras son perentorias como una orden.

Y vuelven a ponerse en camino.

Jesús lleva de la mano al padre que llora.

Santiago y Judas vienen detrás, tratando de formar una barrera.

Todos los demás apóstoles intentan rechazar a la muchedumbre que casi los aplasta.

Jesús, de repente se detiene y se voltea con todo su cuerpo;

soltando la mano del padre que ha tratado de consolar.

Toma la actitud majestuosa de un rey, con el rostro y la mirada severos.

Con sus ojos investigadores, busca entre la muchedumbre.

Sus ojos despiden una luz de majestad,

cuando pregunta:

–    ¿Quién me ha tocado?

Nadie responde.

Jesús insiste:

–   ¿Quién me ha tocado?

Judas y varios apóstoles dicen:

–     Maestro…

¿Acaso no ves cómo la gente nos apretuja por todas partes?

–     Todos te tocan no obstante nuestros esfuerzos.

–     ¿Cómo puedes preguntar quién te ha tocado?

Jesús responde:

–     Pregunto qué quién me ha tocado para alcanzar un milagro.

He sentido que la virtud de hacer un milagro, ha salido de Mí;

porque lo pidió un corazón con fe.

¿De quién es este corazón?

Los ojos de Jesús bajan hasta una mujer madura, vestida muy pobremente.

Y que trata de desaparecer entre la multitud.

Los ojos divinos le traspasan el alma y ella comprende que no puede huir.

Se arroja a los pies de Jesús,

y suplica:

–     Perdón Señor.

Fui yo.

Estaba enferma.

¡Desde hace doce años que estaba enferma!

Todos huían de mí.

Mi marido me abandonó.

He gastado todos mis bienes para no ser tenida como oprobio;

pero nadie pudo curarme.

Lo ves Maestro: He envejecido antes de tiempo…

Las fuerzas se me escaparon con este flujo incurable.

Uno a quién curaste de su lepra y que no tuvo asco de mí; me dijo que Eres Bueno.

¡Perdóname!

Pensé que con solo tocarte me curaría.

Pero no te he hecho inmundo.

Toqué la punta de tu vestido que va tocando el suelo…

Que toca lo sucio del camino.

También yo soy una suciedad…

¡Pero estoy curada! ¡Bendito seas!

En el momento en que toqué tu vestido, mi mal se detuvo.

Ya nadie huirá más de Mí.

Podré recuperar a toda mi familia y los podré acariciar.

¡Gracias Jesús!

¡Maestro Bueno!

¡Qué siempre seas Bendito!

Jesús la mira con un amor infinito.

Le sonríe y le dice:

–     Vete en paz, hija.

Tu fe te ha salvado.

Estás curada para siempre.

Sé buena y sé felíz.

Vete

En este preciso momento, llega un siervo.

Y dice ansioso al padre que estaba llorando:

–     Tu hija ya murió.

Es inútil que molestes al Maestro.

Su espíritu la ha abandonado…

Y ya las mujeres comenzaron los lamentos.

Tu mujer te manda el recado y te ruega que regreses al punto.

El pobre padre emite un sollozo ahogado.

Se lleva las manos a la cabeza y se oprime, abrumado por el dolor.

Y se dobla como si hubiese sido derribado por un golpe.

Jesús se vuelve y poniendo la mano sobre la espalda encorvada,

le dice:

–    Ya te lo he dicho:

Ten fe. Ahora te lo repito: Ten fe.

No tengas miedo. Tu niñita vivirá.

Vamos allá.

Abraza al hombre aniquilado por el dolor y lo conduce suavemente.

La multitud, que se ha quedado pasmada por el milagro que acaba de suceder, se detiene atemorizada.

Se divide y no estorba más el paso.

Esto hace que el grupo apostólico avance más rápidamente.

Cuando llegan al centro de Cafarnaúm, enfrente de una bella casona, están las plañideras a todo pulmón.

Jesús dice a los suyos que permanezcan en el umbral.

Y llamando a Pedro, Juan y Santiago de Alfeo;

con ellos entra a la casa.

Mantiene fuertemente asido al padre que llora amargamente.

Parece como si quisiera infundirle la certeza, de que Él está allí para hacerlo feliz.

Las plañideras al ver al dueño de la casa y a sus acompañantes, aumentan aun más sus aullidos.

Baten las manos y tocando unos triángulos al ritmo de la música, apoyan sus lamentos.

Jesús ordena suavemente:

–     Callaos.

No es necesario que lloréis.

La niña no está muerta, sino que está dormida.

Las mujeres lanzan gritos más desgarradores y algunas se arrojan por tierra.

Y simulan arañarse, mostrando muchos gestos de desesperación, para demostrar que sí ha muerto.

Los que tocan los instrumentos, los parientes y amigos de la familia; 

sacuden la cabeza ante lo que consideran una ilusión de Jesús.

Jesús repite con imperio:

–     ¡Callaos!

Y hay tal energía en la demanda, que lo obedecen a regañadientes.

Jesús avanza hasta la habitación donde está extendida sobre el lecho, una niña de unos once años;

muerta, delgada y palidísima.

Ya ha sido arreglada para el sepulcro y la cubren muchas flores.

Su mamá llora y besa su manita, que parece de cera.

Jesús se transfigura con una belleza extraordinaria…

Y se acerca rápido hasta el lecho.

Los tres apóstoles se quedan en la puerta e impiden el paso a los curiosos

El padre avanza hasta los pies del lecho y la contempla, paralizado por el dolor.

Jesús se dirige al lado contrario de donde llora la madre y extiende su mano izquierda.

Con ella toma la otra mano inerte de la niña…

Y levantando su brazo derecho, ordena con absoluta majestad:

–   ¡Niña!

¡Yo te lo ordeno!

¡Levántate!

Después de unos segundos electrizantes en los que todos;

menos Jesús y la muerta, quedan en suspenso…

Los apóstoles alargan su cuello para ver mejor.

Tanto el padre como la madre, desgarrados por el dolor, miran angustiados a su hija.

Luego…

Un instante que pareciera un siglo…

Y enseguida se escucha un profundo suspiro, que se levanta del pecho de la muertita.

Un ligero color empieza a cubrir la carita de cera y hace desaparecer la palidez de la muerte…

Una sonrisa se dibuja en los exangües labios, que de pronto se sonrojan…

Justo antes de que unos bellos ojos castaños se abran.

Es como si ella despertase de un apacible sueño…

Y sorprendida mira a su alrededor…

Ve el rostro de Jesús que le sonríe con una dulzura incomparable…

Y ella le sonríe a su vez.

Jesús repite con ternura:

–    Levántate.

Y con su amorosa mano sosteniendo la pequeñita que lo acoge sin miedo;

la ayuda a levantarse.

Mientras separa todos los preparativos fúnebres que la cubrían.

La ayuda a bajar del lecho y hace que de unos pasos.

Jesús ordena suavemente:

–     Ahora dadle de comer.

Está curada.

Dios la ha devuelto.

Dadle gracias y no digáis a nadie lo que le había pasado.

Habéis creído y merecido un milagro.

Los otros no han tenido fe…

Inútil es el persuadirlo.

Dios no se muestra a quién niega el milagro.

Y tú niña, sé buena.

Adiós.

Y sale diciendo a los atónitos padres:

–     La paz sea en esta casa.

Cierra la puerta detrás de Sí y se reúne con sus apóstoles.

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208 UN SUEÑO REALIZADO


208 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En un bello amanecer en el lago de Galilea,

Jesús está con todos los apóstoles y también con Judas de Keriot,

que ya está totalmente recuperado y con una cara más dulce.

Tal vez debido a la enfermedad y a los cuidados que recibió.

También está Margziam, un poco atemorizado porque es la primera vez que está en el agua.

Trata de disimular, pero a cada movimiento fuerte de la barca;

se agarra con un brazo del cuello de la oveja, que comparte su mismo miedo con él,

balando lastimosamente…

Y con el otro se agarra de lo que puede y cierra los ojos,

convencido de que ha llegado su última hora.

Pedro le da un cachetito y le dice:

–    No tengas miedo.

Un discípulo jamás debe temer.

El niño dice que no con la cabeza, pero como el viento sopla más fuerte y el agua se mueve más; 

conforme se van acercando a la desembocadura del río Jordán,

Margziam se asusta más. 

Aprieta más fuerte los ojos y cuando una ola azota fuertemente,

sobre un costado de la nave, grita de miedo.

Algunos se ríen.

Otros se burlan de Pedro, porque quiso ser padre de uno que no sabe estar en la barca.

Y otros se burlan de Margziam, porque dijo que quería ir por tierras y mares, a predicar a Jesús. 

 Y ahora tiene miedo de navegar unos cuantos km. En el lago.

Pero Margziam se defiende diciendo:

–     Cada quien tiene miedo de lo que no conoce.

Yo del agua y Judas de la muerte…

¡Y vaya que Judas debió haber tenido miedo de morir!

En lugar de reaccionar como acostumbra;

con un dejo de cansancio y tristeza,

dice:

–   Dijiste bien.

Se tiene miedo de lo que no se conoce.

Pero ahora estamos por llegar a Betsaida y tú estás seguro de encontrar allí amor.

Andrés le pregunta sorprendido:

–    ¿Desconfías de Dios?

Judas contesta:

–    No.

Desconfío de mí mismo. 

En los días en que estuve enfermo, rodeado de tantas mujeres puras y buenas.

¡Me sentí tan pequeño en mi espíritu!

¡Cuánto he pensado!

Decía:

–    “Si ellas todavía trabajan para ser mejores y para conquistar el Cielo.

¿Qué cosa debo hacer yo?…  

Se vuelve hacia Jesús,

preguntando:

–    ¿Llegaré alguna vez, Maestro?

Jesús dice:

–    Con buena voluntad, todo se puede.

–    Pero mi voluntad es muy imperfecta.

–    El auxilio de Dios, pone en ella lo que le hace falta, para ser completa.

Tu actual humildad ha nacido de la enfermedad.

Piensa pues que el Buen Dios ha proveído mediante un incidente penoso,

para darte una cosa que antes no tenías.

–    Es verdad, Maestro.

Pero, ¡Esas mujeres!

¡Qué perfectas discípulas!

No me refiero a tu Mamá.

Ella es cosa aparte y clara.

Me refiero a las demás.

¡Oh! ¡Verdaderamente se superaron!

He sido una de sus primeras pruebas en su futuro ministerio.

Créeme, Maestro.

Puedes apoyarte seguro en ellas.

Elisa y yo estuvimos bajo sus cuidados.

Elisa ha regresado a Betsur con el alma rehecha y yo…

espero rehacérmela ahora que tanto trabajaron…

Judas, todavía débil, llora.

Jesús, que está sentado a su lado, le pone una mano sobre la cabeza;

mientras hace un gesto a los demás para que guarden silencio.

Pero, la verdad es que Pedro y Andrés están muy ocupados,

con las últimas maniobras de atracada.

Y no hablan.

Simón Zelote, Mateo, Felipe y Margziam, no tienen ninguna intención de hacerlo. 

Quién porque está distraído por el ansia de la llegada.

Quién porque es de por sí prudente.

La barca penetra en el río Jordán.

Poco después se detiene en el guijarral.

Los mozos bajan para asegurarla atándola con una soga a una peña.

Y para afianzar una tabla que sirva de puente.

Pedro entretanto, se pone de nuevo la túnica larga.

Y lo mismo hace Andrés.

Mientras, la otra barca ya ha hecho la misma maniobra y están bajando los otros apóstoles.

También Judas y Jesús bajan.

Pedro por su parte, está poniéndole su vestido nuevo al niño.

Y lo arregla para presentarlo en orden a su mujer…

Ya han bajado todos, con las ovejas incluidas.

Pedro dice: 

–     Y ahora pongámonos en marcha.

Está realmente emocionado.

Le da la mano al niño, que está también muy emocionado.

Tanto que se olvida de las ovejitas.

Juan se ocupa de ellas.

Margziam está tan angustiado;

que cuando Pedro lo toma de la mano;

no puede ocultar un destello de miedo.

Y estremeciéndose pregunta:

–    Pero, ¿Me aceptará?

¿De veras me amará?

Pedro solicita con la mirada, la ayuda a Jesús.

Jesús sonríe…

y dice:

–     No os preocupéis.

Pedro lo tranquiliza.

Aunque quizás el miedo se le ha contagiado,

porque dice a Jesús:

–     Háblale Tú a Porfiria, Maestro. 

Porque creo que no sabré expresarme bien.

Jesús sonríe.

Pero promete hacerlo.

Siguiendo por la arena a lo largo de la playa, pronto llegan a la casa de Pedro.

Encuentran a Porfiria ocupada en sus quehaceres domésticos.

Jesús se asoma a la puerta de la cocina, donde Porfiria está ordenando sus trastos.

Y en cuanto la mujer de Pedro se da cuenta.

Se alegra tanto y exclama: 

–  ¡Jesús! ¡Simón!

Y corre a postrarse primero ante Jesús…

Luego da la bienvenida a su marido.

Enseguida, levantando una cara que no es un dechado de belleza;

pero que está iluminada por una gran bondad,

continúa toda ruborizada:   

–     ¡Tanto que os he estado esperando!

¿Estáis todos bien?

Venid. Venid.

Estaréis muy cansados…

Jesús sonríe y dice:

–    No.

Venimos de Nazareth, dónde nos detuvimos unos días.

Y de Caná, donde también estuvimos algunos días.

En Tiberíades estaban las barcas.

Puedes ver que no estamos cansados.

Judas se encuentra débil, porque estuvo enfermo.

Y también traíamos un niño con nosotros.

Porfiria exclama:

–    ¡Oh!

¿Un niño? 

¿Un discípulo pequeño?

–    Un huérfano que recogimos en el camino.

Porfiria ve a Margziam, que está semiescondido detrás de Jesús…

Y se arrodilla extendiendo sus brazos hacia él. 

Diciendo: 

–   ¡Oh, prenda!

¡Ven tesoro para que te bese!

Margziam se deja abrazar y besar sin protestar.

Y mientras lo estrecha contra sí y la mejilla del niño está junto a la suya,

Porfiria dice:

–    Y ahora os lo lleváis.

Tan pequeño y frágil que es!

Se cansará…

Una gran compasión irradia en su voz.

Jesús dice:

–    En realidad, yo tenía pensado confiarlo a alguna discípula;

cuando nos vamos lejos de Galilea, del lago…

Porfiria lo interrumpe anhelante:

–    ¿A mí no Señor?

Nunca tuve hijos.

Sobrinos sí y sé cómo tratar a los niños.

Soy la discípula que no sabe hablar.

Que no estoy  muy sana para poder seguirte, como lo hacen las otras que…

¡Oh! ¡Tú lo sabes!

Seré cobarde si quieres.

Pero entiendes entre qué tenazas me encuentro…  

Mi madre es demasiado dominante…

¿Tenazas dije?… No.

Me encuentro en medio de dos sogas,

que me arrastran en direcciones contrarias.

Y no tengo el valor para romper una de ellas.

Déjame servirte aunque sea un poco, siendo la mamá-discípula de este niño.

Le enseñaré todo lo que las otras enseñan a tantos…

A amarte..

Jesús le pone la mano sobre la cabeza,

y dice:

–   Hemos traído aquí al niño.

Porque aquí habría encontrado una madre y un padre.

¡Ea pues! Formemos una familia.

Y Jesús pone la mano de Margziam sobre la de Pedro,

que tiene los ojos anegados de lágrimas.

Y luego las une con la de Porfiria.

Agrega:

–    Educadme santamente a este inocente..

Pedro se seca las lágrimas con el dorso de la mano.

Y Porfiria, que se ha quedado como estatua por la estupefacción.

Sacude su cabeza cómo si no pudiera asimilar, lo que está pasando…

Vuelve a arrodillarse…

Y dice:

–    ¡Oh, Señor mío!

Me quitaste al esposo haciéndome casi viuda;

pero ahora me das un hijo…

Así pues devuelves todas las rosas a mi vida.

No sólo las que tomaste, sino las que nunca tuve

Qué seas Bendito.

Amaré a este niño, mucho más que si hubiese salido de mis entrañas.

Porque Tú me lo has dado…

Y besa la orla del vestido de Jesús.

Luego abraza estrechamente a Margziam…

Y lo sienta sobre sus rodillas.

Es una mujer absolutamente felíz…

Jesús dice:

–   Dejémosla expansionarse.

Quédate también tú Simón Pedro.

Nosotros vamos a la ciudad a predicar.

Vendremos al atardecer, a pedirte comida y descanso.

Y Jesús sale con los apóstoles, dejando tranquilos a los tres…

Juan dice:

–     Mi Señor.

A Simón hoy se le ve muy feliz!

–     ¿Tú también quieres un niño?

–     No.

Sólo quisiera un par de alas para elevarme hasta las puertas del Cielo.

Y aprender el lenguaje de la Luz, para repetirlo a los hombres.

Y sonríe.

Acondicionan a las ovejitas en el fondo del huerto, junto al local de las redes.

Y les dan ramitas, hierba y agua del pozo.

Luego se marchan hacia el centro de la ciudad.

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207 UNA DULCE MUERTE


207 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús, en compañía de Simón Zelote, llega al jardín de Lázaro en una bellísima mañana de verano.

Todavía no ha concluido la aurora, así que todo está fresco y risueño.

El  jardinero, que ha acudido a recibir al Maestro;

señala a Jesús el ruedo de un atavío  blanco que desaparece tras un seto,

y dice:

–     Lázaro va a la pérgola de los jazmines con unos rollos para leer.

Ahora lo llamo.

–     No, voy Yo, solo.

Jesús camina ligero a lo largo de un sendero limitado por setos florecidos.

La hierbecilla que hay al pie del seto amortigua el sonido de los pasos.

Jesús trata de poner el pie precisamente en la hierba, para llegar adonde Lázaro de improviso.

Lo sorprende de pie, erguido, con los rollos apoyados en una mesa de mármol, orando en voz alta.

Está diciendo:

–     No me niegues lo que te pido, Señor.

Haz crecer este hilo de esperanza que ha nacido en mi corazón.

Dame lo que con lágrimas, con las obras, con el perdón, con todo mi ser, te he pedido diez mil, cien mil veces.

Dámelo y tómate a cambio mi vida.

Dámelo en nombre de tu Jesús, que me ha prometido esta paz.

¿Puede, acaso, mentir?

¿Tendré que pensar que su pro-mesa fue sólo con palabras?

¿O que su poder es inferior al abismo de pecado que es mi hermana?

Respóndeme, Señor, que yo me resignaré por amor a ti…

Jesús dice: 

–     ¡Sí, te respondo! 

Lázaro se vuelve como movido por un resorte, 

y grita:

–     ¡Mi Señor!

¿Cuándo has venido

Y se inclina para besar la túnica de Jesús.

–     Hace algunos minutos.

–     ¿Solo?

–     Con Simón Zelote.

Pero aquí, donde estabas tú, he venido solo.

Sé que me debes decir una cosa importante.

Dímela, pues.

–     No.

Antes responde a las preguntas que dirijo a Dios.

Según tu respuesta te la diré.

–     Dime esta cosa importante tuya, dímela.

La puedes decir…

Y Jesús sonríe y lo invita a hablar abriendo los brazos.

–     ¡Dios altísimo!

¿Entonces es verdad?

¿Entonces sabes que es verdad!

Y Lázaro va a los brazos de Jesús, a confiarle su cosa importante.

–     María ha llamado a Marta a Mágdala.

Marta se ha puesto en camino afligida, con el temor de que hubiera ocurrido alguna grave desgracia…

Yo me he quedado aquí solo, con el mismo temor.

Pero Marta, con el sirviente que la ha acompañado, me ha mandado una carta que me ha llenado de esperanza.

Mira, la tengo aquí, en mi pecho; la tengo aquí porque me es más preciosa que un tesoro.

Son pocas palabras, pero las leo cada poco, para estar seguro de que verdaderamente han sido escritas.

Mira… 

Y Lázaro saca de entre su vestido un pequeño rollo atado con una cintita violeta.

Lo desenrolla.

Y dice: 

–      ¿Ves?

Lee, lee.

En voz alta.

Leída por Tí me parecerá aún más verdadero. 

Jesús lee:   

“Lázaro, hermano mío, paz y bendición.

He llegado pronto y bien.

Mi corazón ha dejado de palpitarme por miedo a nuevas desgracias,

porque he visto a María, a nuestra María, sana…

Y… sí, debo decirte que menos exaltada de aspecto que antes.

Ha llorado reclinada sobre mi pecho.

Un profundo llanto…

Y, luego, por la noche, en la habitación a que me había llevado, me preguntó muchas cosas.

Muchas, sobre el Maestro.

Por ahora sólo esto; pero yo, que veo el rostro de María además de oír sus palabras,

digo que en mi corazón ha nacido la esperanza.

Ora, hermano. Ten esperanza. ¡Ah, si fuera verdad!…

Me quedo todavía un tiempo porque percibo que quiere tenerme cerca,

como para sentirse defendida de la tentación.

Y para descubrir lo que nosotros ya conocemos: la bondad infinita de Jesús.

Le he hablado de aquella mujer que vino a Betania…

Veo que piensa, piensa, piensa… Haría falta que Jesús estuviera presente.

Ora. Ten esperanza. El Señor esté contigo”».

Jesús recoge el rollo y se lo devuelve a Lázaro.

Que dice: 

–     Maestro…

Jesús dice: 

–     Iré.

¿Tienes alguna forma de avisar a Marta de que dentro de no más de quince días venga a mi encuentro a Cafarnaúm?

–     Sí, puedo avisarla, Señor.

¿Y yo?

–     Tú te quedas aquí.

También a Marta la mandaré para acá.

–     ¿Por qué?

–     Porque el redimido tiene un profundo pudor.

Y nada produce más vergüenza que la mirada de un padre o de un hermano.

Yo también te digo: “Ora, ora, ora”.

Lázaro llora en el pecho de Jesús…

Después ya calmado,

sigue hablando todavía de su angustia, sus desalientos… 

Y exclama:

–     Hace casi un año que mantengo la esperanza…

Que desespero…

¡Qué largo es el tiempo de la resurrección!

Jesús lo deja que hable, que hable, que hable…

Hasta que Lázaro se da cuenta de que está faltando a sus deberes de hospitalidad.

Y se levanta para llevar a Jesús a la casa.

En el trayecto, pasan al lado de un tupido seto de jazmines en flor

sobre cuyas corolas de forma de estrella zumban abejas de oro.

–     ¡Ah!…

Me olvidaba de decirte que el anciano patriarca que me mandaste,

ha vuelto al seno de Abraham.

Se lo encontró Maximino aquí, con la cabeza apoyada en este seto,

como si se hubiera quedado dormido…

Junto a las colmenas que cuidaba como si fueran casas, llenas de niños de oro.

Así llamaba a las abejas.

Daba la impresión de que las entendía, y de que ellas también lo entendieran.

Sobre el patriarca dormido en la paz de la buena conciencia;

cuando Maximino lo encontró,
estaba extendido un precioso velo de pequeños cuerpecitos de oro.

Todas las abejas posadas sobre su amigo.

No poco tuvieron que trabajar los sirvientes para separarlas de él.

Tan bueno como era, quizás sabía a miel…

Tan honesto era, que quizás para las abejas era como una corola pura…

Me ha dolido su muerte.

Hubiera querido tenerlo más tiempo en mi casa. Era un justo…

–     No te entristezca su ausencia.

Él está en paz.

Desde la paz ora por ti, que le has hecho dulces sus últimos días.

¿Dónde está sepultado?

–     En el fondo del huerto.

Sigue cerca de sus colmenas.

Ven conmigo que te guío…

Y se ponen a caminar, por un pequeño bosque de laurocerasos, hacia las colmenas, de las cuales proviene un runruneo laborioso…

Mas tarde, ese mismo día…

Es un Judas muy pálido este que baja del carro, con la Virgen y las discípulas:  las Marías, Juana y Elisa…

Judas convaleciente, vuelve adonde Jesús;

que está en el Getsemaní con María,

que lo ha cuidado.

Y con Juana, que insiste para que las mujeres y el convaleciente,

vuelvan en el carro a Galilea.

Jesús es también de esta opinión.

Y hace incluso montar en el carro al niño con ellas.

Sin embargo, Juana y Elisa se quedan en Jerusalén unos días,

para luego regresar respectivamente a Béter y a Betsur

Elisa decía:

–    Ahora tengo el valor de volver allí…

Porque mi vida ya no es una vida sin objetivo.

Ganaré para ti la estima de mis amigos.

Juana añadió:

–     también lo haré en mis tierras, mientras Cusa me deje aquí.

Será también servirte.

Aunque preferiría ir contigo.

Igualmente Judas decía:

–     No he añorado a mi madre ni siquiera en las horas peores de la enfermedad…

Porque tu Madre ha sido una verdadera madre para mí,

dulce y amorosa; no lo olvidaré nunca.

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205 EL CAMALEÓN


05 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está en Jerusalén, cerca de la torre Antonia.

Todos los apóstoles, menos Judas de Keriot, están con Él. 

Bartolomé pregunta a sus compañeros:

–    ¿Qué habrá querido decir ese escriba con la frase:

“Un rebaño de terneros destinados a una vulgar carnicería?” 

Tomás responde:

–    Se habrá referido a algún negocio suyo.

–    No, nos señaló.

Lo ví bien.

La segunda frase confirmó la primera.

Pues sarcásticamente había dicho:

“Dentro de poco, el Cordero será trasquilado y luego, el degüello.”

Andrés confirma:

–   ¡Sí!

Yo también oí lo mismo.

Pedro dice:

–  ¡Ya!  ¡Bien!

Yo me muero de ansia por regresar y preguntar al escriba, si sabe algo de Judas de Keriot.

 

Santiago de Alfeo comenta:

–    ¿Y si no sabe nada?

Esta vez Judas no está con nosotros, porque de veras está enfermo.

Nosotros lo sabemos.  

Simón dice conciliador: 

–    Tal vez padeció mucho con el viaje.

Nosotros somos gente fuerte.

El está acostumbrado a vivir cómodamente aquí, entre el lujo y la riqueza del Templo.

Se cansa.

Pedro pregunta:

–    Así es como tú dices.

Pero ese escriba dijo:

‘En el grupo falta el camaleón’.

¿No es el camaleón el que cambia de color cada vez que se le antoja?

 

Zelote aconseja:

–     Es como tú dices, Simón.

Pero sin duda alguna se han referido a sus vestidos, siempre nuevos.

A él le gustan.

Está joven. Hay que comprenderlo.

Pedro concluye:

–    También esto es verdad.

Pero, ¡Qué frases tan curiosas!

Santiago de Zebedeo observa:

–     Parece siempre como si nos amenazaran…

Tadeo agrega:

–    La verdad es que nosotros sabemos que nos amenazan.

Y vemos amenazas también donde no hay.

Tomás concluye:

–    Y vemos faltas también donde no están.

Pedro agrega:

–     Bueno.

No por eso deja de haber sospecha.

Quién sabe cómo esté hoy, Judas.

Entretanto se la pasa bien en su paraíso, con sus angelitos cuidándolo.

También a mí me gustaría enfermarme, para tener todas esas comodidades…

Bartolomé responde:

–    Esperemos que pronto se alivie.

Es necesario terminar el viaje, porque los calores arrecian…

Andrés asegura:

–       ¡Oh! A Judas no le faltan cuidados.

Y luego, si le faltasen; ya pensaría el Maestro…

Santiago de Zebedeo dice:

–     Tenía mucha fiebre cuando lo dejamos.

Esa enfermedad le pegó tan de repente…

Mateo contesta:

–     Como siempre vienen.

Porque deben venir.

Pero yo no sé nada…

El Maestro no se preocupa por eso.

Si hubiese visto que era una cosa seria, no hubiera dejado el Palacio de Juana.

Realmente Jesús no está preocupado en absoluto.

Habla con Margziam y con Juan mientras camina y da limosnas.

Está explicando muchas cosas al niño, indicándole acá o allá, los diversos sitios del Templo.

Se dirige hacia el final de las murallas del ángulo nordeste,

donde hay mucha gente que está yendo a un lugar con muchas arquerías que precede a la puerta del Rebaño.

Va con Marziam, explicándole muchas cosas.

Atraviesan la Puerta del Rebaño y llegan al ángulo noreste del muro del Templo.

Hay un gran pórtico, en donde hay mucha gente.

Jesús explica:

–    Esta es la Probática.

La piscina de Betzaida.

Ahora tiene mucha agua, ¿Ves que tranquila está?

Dentro de poco verás que se mueve y que se levanta hasta llegar a aquella señal húmeda.

¿Lo ves?

Ahora baja el ángel del Señor, él da órdenes al agua de curar a quién se eche en ella.

¿Ves cuanta gente?

Pero mucho se distraen y no ven el primer movimiento…

Pero muchos se distraen y no ven el primer movimiento del agua.

O lo que pasa también es que los más fuertes sin caridad, impiden a los más débiles acercarse:

Jamás hay que distraerse ante los signos de Dios-

Es necesario tener el alma siempre vigilante, porque no se sabe nunca cuándo se manifiesta Dios…

O cuándo manda a su ángel.

Nunca ser egoístas, ni siquiera por la salud.

Muchas veces, por discutir por causa del derecho de precedencia o de la mayor o menor necesidad de unos u otros;

estos  desdichados pierden el beneficio de la venida angélica.

Margziam escucha muy atento.

Y mira el agua.

Luego pregunta:

–   ¿Se puede ver al Ángel?

Me gustaría.

–    Leví, un pastor de tu edad lo vio.

Mira bien y prepárate a alabarlo.

El niño se concentra en mirar el agua…

Y ya no se distrae.

Sus ojos van de la superficie del agua a la parte inmediatamente superior y viceversa.

Jesús mira al pequeño grupo de enfermos:

Ciegos, lisiados, paralíticos, que están esperando.

Los apóstoles también están atentos.

El sol juguetea con los rayos de luz sobre el agua e iluminan los cinco portales que rodean las piscinas.

 

Margziam grita:

–    ¡Mira!…

El agua sube, se mueve, resplandece…

¡Qué luz! ¡El Ángel!… –y el niño se arrodilla.

Efectivamente, mientras se mueve el líquido del estanque;

que parece crecer como por una masa de agua repentinamente introducida que lo hincha.

Y que lo eleva hacia el borde, el agua resplandece como espejo puesto al sol.

Un destello cegador por un instante.

Rápido, un cojo se hecha el agua.

Y poco después sale con la pierna curada; que antes estaba tullida con una gran cicatriz.

Los demás se lamentan y pelean con el sanado, diciendo que él no estaba imposibilitado para el trabajo.

Y se arma una riña.

Jesús mira a su alrededor…

Y ve a un paralítico en su camilla, que llora en silencio.

Se le acerca y lo acaricia.

 

Y le pregunta:

–    ¿Lloras?

El hombre se lamenta:

–     Sí.

Ninguno piensa nunca en mí.

Estoy aquí.

Todos se curan, menos yo.

Hace treinta y ocho años que estoy acostado sobre mi espalda

He consumido todo.

Han muerto los míos.

 Ahora soy gravoso a un pariente lejano que me trae aquí por la mañana y viene a recogerme por la tarde…

¡Pero, cuánto le pesa hacerlo!

¡Yo quisiera morirme!

–    No desfallezcas.

¡Con tanta paciencia y fe como has tenido!…

Dios te escuchará.

–    Eso espero…

Pero a uno le vienen momentos de depresión.

Tú eres bueno, pero los demás…

Yo me esfuerzo en arrastrarme con mis manos hasta allí, cuando el agua se mueve;

pero siempre otros se me adelantan y cerca del borde no se puede estar.

Me aplastarían.

Y aunque estuviese allí,

¿Quién me cuidaría?

Si te hubiese visto antes, te lo habría pedido

Los que se curan podrían,como agradecimiento a Dios;

estar aquí para socorrer a los pobres hermanos…

–     Sí, deberían hacerlo.

De todas formas, no guardes rencor.

Ni siquiera lo piensan; no es por maldad;

la alegría de verse curados es lo que los hace egoístas.

Perdónalos…

–    Tú eres bueno.

No actuarías así.

Me esfuerzo en arrastrarme con las manos hasta allí,

cuando se agitan las aguas de la piscina.

Pero siempre se me adelanta alguno.

Y en el borde no puedo estar, porque me pisotearían.

Además, aunque estuviera allí,

¿Quién me sumergiría en el agua?

Si te hubiera visto antes, te lo habría pedido…

–    ¡Grande es tu deseo de curarte!

¡Pues, levántate!

¡Toma tu camilla y anda!

Jesús se ha erguido al dar la orden.

Y parece como si al enderezarse, levantase también al paralítico.

porque éste se pone en pie…

Y da uno, dos, tres pasos, casi incrédulo, detrás de Jesús, que se está marchando.

Pero, puesto que realmente camina, el hombre emite un grito que hace que todos se vuelvan.

–    ¿Quién eres?

¡En nombre de Dios, dímelo!

¿Eres el Ángel del Señor?

–    Estoy por encima de los ángeles.

Mi nombre es Piedad.

Ve en paz.

Todos se aglomeran.

Quieren ver.

Quieren hablar.

Quieren ser cuados.

Pero acude enseguida la guardia del Templo que vigilaba también la piscina-

Y disuelven ese remolino vocinglero de gente, amenazando con castigarlos.

El paralítico toma sus angarillas:

dos barras con dos pares de ruedecitas y una tela rasgada clavada en las barras…

Y se marcha muy contento;

Y le dice a Jesús gritando:

–     ¡Te volveré a ver!

¡No olvidaré tu nombre ni tu rostro!

Jesús, mezclándose con la muchedumbre, se va en otra dirección, hacia las murallas.

Mas, no ha rebasado todavía la última arquería, cuando ya se han acercado a Él;

como impulsados por un viento furioso…

Un grupo de judíos de las castas sacerdotales.

Todos aunados en el deseo de decir insolencias a Jesús.

Buscan, miran, escrutan, pero no logran comprender bien de qué se trata.

Y Jesús se  mezcla entre la gente y se va en dirección contraria.   

Mientras los fariseos contrariados, siguiendo indicaciones de la guardia…

Asaltan al pobre infeliz que ha sido curado…

Y le recriminan:

–    ¿Por qué transportas esta camilla?

–    Es sábado.

–    te es lícito.

El hombre los mira y dice: 

–   –    Yo no sé nada.

Lo que sí sé; es que quien me curó me dijo:

‘Toma tu camilla y camina’

 

Y el interrogatorio es implacable:

–     Se tratará de un demonio.

–     Porque te ordenó que violases el sábado.

–    ¿Cómo era?

–    ¿Quién era?

–     ¿Judío?

–     ¿Galileo?

El hombre sanado responde:

–    No lo sé.

Estaba aquí.

Me vio llorar y se me acercó.

Me habló. Me curó.

Y se fue con un niño de la mano.

Tal vez era su hijo…

 

–   ¿Un niño?

–    Entonces no es Él.

–    ¿Cómo dijo que se llamaba?

–    ¿No se lo preguntaste?

–    ¡No mientas!

–    Me dijo que se llamaba Piedad.

–    Eres un pedazo de alcornoque.

–    Eso no es un nombre.

El hombre se encoge de hombros y se va.

Los otros dicen:

–    Ciertamente era Él.

–    Los escribas lo vieron en el Templo.

–    ¡Pero Él no tiene hijos!

–    Y sin embargo es Él.

–     Estaba con sus discípulos.

–    Pero no estaba Judas.

–    Es al que conocemos bien.

–     Los otros pueden ser gente de cualquier parte.

–     No.

Te digo que eran ellos.

–    Si les faltaba el Camaleón,

¿Cómo puedes estar tan seguro?

 

La discusión continúa.

Jesús vuelve a entrar al Templo por el otro lado.

Los apóstoles lo siguen.

Mira a su alrededor…

Y encuentra a Jonathán el mayordomo de Juana, uno de los pastores.

Jonathán le dice:

–     Judas se encuentra mejor, Maestro.

La fiebre ha bajado.

Tu Mamá dice que espera venir para el próximo sábado.

–    Gracias Jonathán.

Has sido puntual.

–    No muy puntual.

Maximino el de Lázaro me entretuvo.

Te anda buscando.

Fue al Pórtico de Salomón.

–     Voy a alcanzarlo.

Mi paz sea contigo.

Y dala a mi Madre, a las discípulas y también a Judas.

Jesús, rápido va al Pórtico de Salomón.

Y encuentra al mayordomo de Lázaro.

Maximino le dice:

–   Lázaro se enteró de que estabas aquí.

Te quiere ver para decirte una cosa importante.

¿Irás?

–    Sin duda alguna y pronto.

Dile que me espere dentro de esta semana.

Después de despedir a Maximino, se dirige al Atrio de los Hebreos,

diciendo:

–   Vamos a orar.

Pues por eso vinimos aquí.

Se encuentra al paralítico curado que también ha venido a dar gracias al Señor.

Cuando lo descubre entre la multitud, lo saluda con alegría.

Y le cuenta lo que pasó en la piscina, después de su partida.

Termina diciendo:

–     Luego, uno de los que estaban fuera de sí por verme sano;

me dijo que Tú Eres el Mesías.

¿Es verdad?

–     Lo Soy.

Tu deber para con Dios es emplear la salud en buenas obras.

Estás curado.

Vete y no peques más, no te vaya a castigar Dios más todavía..

Vete en paz. Adiós.

–    Yo soy viejo… no sé nada…

Pero quisiera seguirte, para servirte y para saber.

¿Me aceptas?

–    No rechazo a nadie.

De todas formas, piénsalo antes de venir.

Si te decides, ven.

–    ¿A dónde?

No sé a dónde vas…

—    Por el mundo.

todas partes encontrarás discípulos que te guiarán a Mí.

Que el Señor te ilumine para lo mejor.

Y Jesús se dirige a orar.

Mientras tanto, los fariseos que vieron al curado hablar con Jesús.

Lo detienen para preguntarle si Él fue, el que lo curó.

Y luego se acercan hasta la escalera;

por la que tiene que bajar para pasar a los otros patios… 

Y poder salir del Templo.

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204 APÓSTOL DEL AMOR


204 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La comitiva apostólica sufre un cambio en su séquito.

Ya no viene más el macho cabrío.

Y en su lugar vienen trotando una oveja y dos corderillos.

La oveja está gorda; las ubres llenas y los corderitos alegres.

Un minúsculo rebaño que, por su aspecto menos mágico que la negrísima cabra, da más alegría a todos.

Jesús dice:

–    Os había dicho que quería la cabrita para Margziam.

Para que fuese un pequeño pastor feliz..

En vez de la cabrita, dado que no queréis saber nada de cabras, han venido ovejas.

Y además blancas, exactamente como Pedro las soñaba.

Pero en lugar de ella; porque a vosotros no os gustaba, tenemos ovejas blancas…

¡Eh! Tal cual la soñaba Pedro…

Pedro confirma:

–    Tienes razón.

Me parecía que el macho cabrío nos arrastraba en pos de Belcebú.

Judas dice irritado:

–    Y de hecho…

Desde que estuvo con nosotros, nos pasaron cosas muy desagradables.

Era el sortilegio que nos perseguía.

Juan contesta calmadamente:

–    Entonces era un buen sortilegio. ¿No?

Nada malo nos sucedió.

Todos desaprueban, como recriminándolo por su ceguera:

–     ¿Pero no has visto cómo se han burlado de nosotros en Modín?

–     ¿Te parece nada la caída de mi hermano?…

–     Pues se podía haber hecho daño de verdad…

–     Y si se hubiera roto las piernas o la columna… 

–    ¿Cómo nos las hubiéramos arreglado para transportarlo?;

–    ¿Te ha parecido bonito el entreacto de ayer?

Juan dice: 

–    He visto todo.

Todo lo he considerado. Y he bendecido al Señor porque no nos ha sucedido nada malo.

El mal ha venido hacia nosotros, pero luego se ha alejado, como siempre.

El encuentro con el mal ha servido para dejar la simiente del bien, tanto en Modín como con los viñadores; 

que vinieron inmediatamente con la certeza de encontrar una persona al menos herida; 

arrepentidos por haberse comportado sin caridad, hasta el punto de que quisieron reparar el mal de alguna forma.

Y también con los ladrones de ayer noche, que no han hecho ningún mal.

Además, hemos ganado – bueno, Pedro nos ha conseguido

las ovejas a cambio del macho cabrío y como regalo por haber salido ilesos.

Por si fuera poco, ahora tenemos mucho dinero para los pobres:

Las bolsas que nos han dado los mercaderes y las ofrendas de las mujeres.

Además todos – y es lo que más valor tiene – han recibido la palabra de Jesús.

Zelote ratifica:

–   Juan tiene razón.

Tadeo agrega:

–    Parece que todo lo que hubiese sido malo se convirtió en un bien.

Voltea hacia Jesús,

y agrega:

–    Hermano, dime la verdad.

¿Tú sabías lo que nos iba a suceder?

«Da la impresión de que todo suceda por una clara cognición de las cosas venideras.

¡Mira que encontrarnos precisamente allí, con retraso por causa de mi caída,

junto a aquellas mujeres enjoyadas!

¡Con esos pastores de gordos rebaños, con esos mercaderes repletos de dinero!…

Todos ellos magníficas presas para los ladrones.

Hermano, dime la verdad, ¿Sabías que iba a suceder lo que ha sucedido? 

Jesús contesta:

–     Muchas veces os he dicho que leo en los corazones.

Y que cuando el Padre no dispone de otro modo; no ignoro lo que debe suceder.

Judas de Keriot le pregunta:

–    Entonces, ¿Por qué a veces cometes errores, como los de ir al encuentro de fariseos que son hostiles o de ciudadanos que no nos quieren?

Jesús lo mira fijamente, por unos segundos…

Y luego responde con calma:

–     No son errores.

Es algo inherente a mi misión.

Los enfermos tienen necesidad del Médico y los ignorantes del Maestro.

Algunas veces, unos y otros rechazan al Médico y al Maestro

Pero éstos, si son buenos médicos y buenos maestros,

siguen yendo a quienes los rechazan, porque es su deber…

Vosotros querríais que donde me presente se desvanezca toda resistencia.

Lo podría hacer. Pero no hago violencia a nadie.

Persuado.

La coacción se usa tan solo en casos muy excepcionales.

Y sólo cuando el espíritu iluminado por Dios; 

comprende que tal gesto puede servir para persuadir de que Dios existe y es el más fuerte.

O también en casos de salvación múltiple.

Pedro pregunta:

–   ¿Cómo ayer noche?

Judas de Keriot dice con significativo desprecio:

–     Los ladrones de anoche tuvieron miedo al vernos bien despiertos para recibirlos. 

Tomás objeta: 

–    No.

Las palabras los persuadieron.  

Felipe comenta: 

–    ¡Sí! ¡Estás listo!

¡Como si fueran tiernas almas que se dejan persuadir por dos palabras, aunque sean de Jesús!

¡Bien presente tengo aquella vez que nos asaltaron a toda mi familia, a mí…

y a muchos de Betsaida en el desfiladero de Adomín! 

Santiago de Zebedeo, pregunta:

–    Maestro, dime la verdad.

Desde ayer te lo quería preguntar.

¿Fueron en verdad tus palabras o tu voluntad, lo que hizo que no sucediera nada?

Jesús sonríe y calla.

Mateo responde:

–    Yo creo que fue su voluntad…

La que venció la dureza de esos corazones, para paralizarlos y así poder hablarles y salvarlos.

Andrés dice:

–    Yo también soy de esa opinión.

Por eso se quedó allí solo, mirando al bosque.

Los tenía subyugados con su mirada, con su confianza en ellos, sereno e inerme.

¡No tenía ni siquiera una estaca!… 

Pedro dice: 

–    Bien, de acuerdo. 

 Pero todas estas cosas es lo que decimos nosotros, son ideas nuestras.

Yo lo quiero saber del Maestro. 

Entonces se enciende un vivo debate, que Jesús permite; 

entre Bartolomé quien piensa que, habiendo declarado Jesús que no fuerza a nadie;

no habrá aplicado la violencia tampoco con estos ladrones,.

Y por otra parte Judas apoyado moderadamente por Tomás,

que dice que no puede creer que la mirada de un hombre tenga tanto poder.

Todos se muestran tenaces en su propia tesis, de forma que se elevan “síes” y “noes” discrepantes, violentos.

Juan, como Jesús, guarda silencio, sonríe con la cabeza inclinada (lo hace para disimular su sonrisa).

Pedro vuelve al asalto, porque ninguna de las razones de los compañeros lo convence.

Piensa que la mirada de Jesús es distinta que la de los otros hombres;

pero quiere saber si es por ser Jesús, el Mesías, o por ser Dios.

Iscariote apoyado ligeramente por Tomás,

dice:

–    No puedo creer que la mirada de un hombre tenga tanta fuerza.  

Mateo replica:

–  Esto y algo más.

Yo me convertí al contacto, primero de su mirada que de sus palabras.

Pedro dice:

–     ¡Está bien!

Pero esto lo decimos nosotros.

Son ideas nuestras.

Quiero saberlo del Maestro.

La mirada de Jesús es diferente a la de cualquier hombre.

Y pregunta: 

¿Es porque eres el Mesías?

O ¿Por qué eres siempre Dios? 

Jesús toma la palabra:

–    En verdad os digo que no solo Yo;

Sino cualquiera que esté unido íntimamente a Dios con una santidad, una pureza, una fe sin tacha;

podrá hacer esto y mucho más.

La mirada de un niño, si su espíritu está unido a Dios;

puede hacer que se desplomen los templos sin necesidad de imprimir ninguna sacudida como lo hizo Sansón;

puede ordenar la mansedumbre a las fieras y a los hombres-fiera;

rechazar la muerte, domeñar las enfermedades del espíritu.

De la misma forma, la palabra de un alma víctima corredentora,

fundida con el Señor e instrumento del Señor;

puede curar enfermedades, quitar el veneno a las serpientes, obrar cualquier milagro.

Porque Dios obra en él.Lo mismo que los hombres fieras, rechazar la muerte, derrotar las enfermedades del espíritu.

Pedro exclama:

–     ¡Ah! ¡He entendido!

Mira fijamente a Juan y luego concluye su razonamiento que tenía fermentando en su interior,

Agregando:

–     ¡Cierto!

Maestro, Tú lo has podido porque Eres Dios y porque Eres Hombre unido con Dios. 

Y lo mismo sucede con quién llega a estar fusionado por el amor con Dios.

¡He entendido perfectamente

Jesús lo mira y pregunta:

–    Pero, ¿No te preguntas acerca de la clave de esta unión y el secreto de este poder?

No todos lo alcanzan, incluso en el caso de hombres dotados de iguales capacidades.

–    ¡Exacto!

¿Dónde está la clave de esta fuerza para unirse a Dios y someter las cosas?

¿Es una oración, o quizás palabras secretas…?

Jesús responde: 

–    Hace poco Judas culpaba a la cabra de todos los momentos desagradables que han ocurrido.

Las bestias no traen ningún sortilegio consigo.

Arrojad de vosotros esas supersticiones que huelen a idolatría y que pueden acarrear males.

Los brujos obran prodigios porque al ser posesos de Satanás,

es el Arcángel caído que sigue siendo poderoso, el que obra los sortilegios.

Y así como no existen fórmulas para hacer brujerías,

así tampoco existen para hacer milagros. 

Tan solo existe el Amor.

Si Dios está en vosotros y lo poseéis de un modo pleno, por medio de un amor perfecto;.

El ojo se convierte en fuego o en un arma que desarma.

Y la palabra se hace poderosa. 

Como he dicho ayer por la noche, el Amor calma a los violentos y sacia a los codiciosos.

El Amor es Dios.

Con Dios en vosotros, plenamente poseída por el mérito de un amor perfecto;

vuestra mirada se transforma en fuego que quema todo ídolo y echa por tierra sus imágenes.

Y la palabra se transforma en potencia.

Y os digo, la mirada es entonces, arma que  desarma.

Dios, el Amor, es irresistible.

Sólo el demonio le resiste, porque es el Odio perfecto.

Y con él, los que son hijos suyos.

Los otros, los débiles, los que están subyugados por una pasión,

pero que no se han vendido voluntariamente al demonio, no lo resisten.

Sea cual sea su religión,o su abstención completa de fe.

Sea cual sea su bajeza espiritual, reciben el impacto del Amor, que es el gran Vencedor.

Trata de llegar a esto pronto… 

Y harás lo que hacen los hijos y portadores de Dios.

Pedro no quita los ojos de Juan.

También las inteligencias de Simón Zelote, los hijos de Alfeo, Santiago y Andrés,

se han despertado e indagan.

Santiago de Zebedeo dice: 

–    Pero entonces, Señor… 

 ¿Qué es lo que le ha acontecido a mi hermano?

Hablas de él.

¿Es él el muchacho que hace milagros?

Es eso?,

¿Es así? ¿Qué ha hecho?

–    Ha pasado una página del libro de la Vida, ha leído y ha conocido nuevos misterios.

Nada más.

Os ha precedido porque no se detiene a considerar cada uno de los obstáculos…

A sopesar cada dificultad, a calcular si compensa o no…

Ya no ve este mundo, ve la Luz y a ella va, sin momentos de pausa.

Dejadlo, dejadlo tranquilo.

Hay almas que arden más que otras.

No se debe poner dificultad a este fuego suyo que alegra y consume.

Hay que dejarlas arder, lo cual es al mismo tiempo sumo gozo y sumo esfuerzo.

Dios les concede momentos de noche;

porque sabe que el ardor mata a estas almas-flor,  si están expuestas a un sol continuo.

Dios concede silencio y místico rocío a estas almas-flor, como a las flores del campo.

Dejad descansar al atleta del amor cuando Dios lo deja descansar.

Imitad a los preparadores de los gimnastas…

que conceden a éstos el debido descanso…

Cuando lleguéis vosotros adonde él ha llegado…

Y más lejos, pues tanto vosotros como él llegaréis a más todavía…

Comprenderéis la necesidad de respeto, de silencio…

De penumbra que experimentan esas almas de las que el Amor se ha apropiado…

“¿Y ahora qué quieres que HAGAMOS Abba?

Y a las que ha hecho instrumento suyo.

Y no penséis:

“Llegado ese momento querré darlo a conocer.

Juan se comporta como un necio, porque el alma del prójimo, como la de los niños,

desea la seducción de lo maravilloso”.

No.

Cuando lleguéis a ese estado, sentiréis el mismo deseo de silencio y penumbra que ahora siente Juan.

Cuando yo no esté ya con vosotros, acordaos de que,

teniendo que juzgar sobre una conversión o sobre una santidad exuberante

debéis tomar siempre como medida la humildad.

Si en alguien perdura el orgullo, no os hagáis ilusiones de que se haya convertido.

Y si en alguien; aun cuando sea tenido por ‘santo’, reina la soberbia;

estad seguros de que santo no es.

Podrá como charlatán e hipócrita, hacerse el santo y simular prodigios.  

Pero no es santo:

La apariencia es hipocresía; los prodigios, satanismo.

¿Habéis entendido?

-Sí, Maestro….

Todos, muy pensativos, guardan silencio.

Pero, aunque las bocas estén cerradas,

los pensamientos se adivinan con claridad a través de sus miradas y expresiones.

Los envuelve, como un éter tembloroso que emanase de ellos, un gran deseo de saber.

Simón Zelote se esfuerza en distraer a sus compañeros, para tener tiempo de aconsejarlos aparte; 

para insistir en que sepan callar.

Al parecer Simón Zelote tiene encargado este ministerio en el grupo apostólico;

es el moderador, el conciliador, el consejero de sus compañeros; 

además de ser un apóstol que comprende muy bien al Maestro.

En este momento está diciendo:

–    Estamos ya en las tierras de Juana.

Aquel pueblo que se ve en aquella cuna es Béter

Aquel palacio que está en aquella cima es su castillo natal.

¿No percibís este perfume del aire?

Son los rosales, que empiezan a perfumar bajo el sol de la mañana;

por la tarde es una exuberancia de aromas.

Pero ahora, con el frescor de la mañana es precioso verlos, aljofarados todavía de rocío;

como millones de diamantes desparramados sobre millones de corolas que florecen.

Cuando declina el sol recogen todas las flores que están completamente abiertas.

Venid. Os quiero mostrar desde una loma la vista de los rosales,

que desde la cima rebosan como en cascada…

Y van descendiendo por los rellanos de la otra ladera.

Una cascada de flores, que luego vuelve a subir como una ola, por las otras dos colinas.

Es un anfiteatro, un lago de flores.

¡Espléndido

El camino es más empinado, pero merece la pena ir, porque desde aquel borde se domina todo ese paraíso.

Llegaremos pronto también al castillo.

Juana vive allí libre, con sus campesinos, que es la única vigilancia de tanta copiosidad.

Pero quieren tanto a su ama, que hace de estos valles un edén de belleza y paz…

que son más eficientes que toda la guardia de Herodes.

Mira Maestro; mirad, amigos…

Y con el gesto indica un semicírculo de colinas invadido de rosales.

La mirada, en cualquier parte en que se deposite ve,

bajo altísimos árboles que tienen la función de proteger del viento, de los rayos de sol demasiado intensos…

Y de las granizadas, un sinfín de rosales.

El sol traspasa y el aire circula bajo este leve techo, que hace de velo pero no ahoga.

Y que los jardineros mantienen en las debidas condiciones:

debajo viven, felices, los más bellos rosales del mundo.

millares y millares de rosales de toda especie:

enanos, bajos, altos, altísimos; formando un matorral, como cojines recamados de flores al pie de los árboles. 

O esparcidos por los prados de verdísima hierba, formando setos a lo largo de los senderos…

y de los leves cursos de agua.

O en círculo alrededor de los estanques de riego que están  diseminados,

por este parque que comprende también colinas.

Enroscados en los troncos de los árboles y tendiendo de uno a otro…

sus cabelleras florecidas, para formar festones y guirnaldas.

Es una cosa realmente de sueño.

Todos los tamaños, las tonalidades, están representados.

Y se entremezclan colocando los colores marmóreos de las rosas de té,

al lado del sangriento ardor de otras corolas.

Y reinando soberanas por número, las verdaderas rosas del color de mejilla infantil

que va atenuándose hacia los bordes, hasta una tonalidad blanquecina rosácea

Todos quedan impresionados por tanta belleza. 

Felipe pregunta:

–     ¿Para que quiere todo esto? 

Tomás responde: 

–    Lo goza.  

Simón explica: 

–    No.

También saca esencias, con lo cual da trabajo a cientos de jardineros y de trabajadores de las prensas,

para extraer esencias.

Los romanos las solicitan con avidez.

Jonathán me lo decía mientras me mostraba las cuentas de la última recolección.

Pedro mira y dice:

–    Pero…

Ahí está María de Alfeo con el niño.

Nos han visto. Están llamando a las otras…

Así es.

Juana y las dos Marías, precedidas de Margziam, que baja corriendo,

con los brazos ya preparados para el abrazo…

Vienen deprisa, hacia Jesús y Pedro.

Se postran ante Jesús.

Jesus with his arms open and posing outdoors

Que las saluda sonriente,

y preguntando:

–    Paz a todas vosotras.

¿Dónde está mi Madre?

Juana responde: 

–    Entre los rosales, Maestro.

Está con Elisa, ¡Que está bien curada y puede afrontar el mundo y seguirte!

¡Gracias por haberte servido de mí para esto!

–    Gracias a ti, Juana.

¿Ves como era provechoso venir a Judea?

Y mirando al niño le entrega, 

diciendo: 

–    Margziam, estos regalos son para ti:

Este bonito muñeco y estas lindas ovejitas.

¿Te gustan?

El niño, de la alegría, se ha quedado sin respiración.

Se echa hacia Jesús, que se había agachado para darle el muñeco y se había quedado mirando su rostro.

Y se abraza a su cuello y lo besa con toda la vehemencia de que es capaz.

–    Así te harás manso como las ovejas. 

Y luego serás un buen pastor para los que crean en Jesús.

¿Verdad?

Margziam dice “sí, sí, sí” con la respiración entrecortada…

Y los ojos brillantes de alegría

–    Ahora ve donde Pedro.

Yo voy con mi Madre.

Veo allí una parte de su velo moviéndose a lo largo de un seto de rosas.

Y corre al encuentro de María. 

Y la recibe abrazándola contra su corazón a la altura de la curva del sendero.

Después del primer beso…

María, todavía jadeante,

explica:

–    Detrás viene Elisa…

He corrido para besarte…porque, Hijo mío, no besarte no podía…

Y besarte ante ella, no quería…

Está muy cambiada…

Pero el corazón sigue doliendo ante una alegría ajena, que a ella le ha sido negada para siempre.

Ahí viene

Elisa recorre veloz los últimos metros y se arrodilla para besar la túnica de Jesús.

Ya no es la mujer de trágica imagen de Betsur.

Ahora es una anciana austera, marcada por el dolor;

solemne por la huella que la pena ha dejado en su rostro y su mirada.

Elisa lo saluda: 

–    ¡Bendito seas, Maestro mío!   

¡Ahora y siempre, por haberme procurado de nuevo lo que había perdido!

Jesús responde: 

–    Paz cada vez mayor a ti, Elisa.

Me alegro de verte aquí.

Levántate

–    Yo también me alegro.

Tengo muchas cosas que decirte y que preguntarte, Señor.

–    Tendremos todo el tiempo que queramos…

Dado que pienso permanecer aquí unos días.

Ven, que quiero que conozcas a los condiscípulos.

–    ¡Oh!…,

¿Entonces has entendido ya lo que quería decirte?

¿Que quiero renacer a vida nueva: la tuya.

Tener de nuevo una familia: la tuya.

Unos hijos: los tuyos.

Como dijiste en mi casa, en Betsur, hablando de Noemí.

Yo soy una nueva Noemí gracias a ti, Señor mío.

¡Bendito seas por ello!

Ya no vivo afligida, ni soy infecunda.

Seré todavía madre.

Y si María lo permite, incluso un poco madre tuya; además de madre de los hijos de tu doctrina.

–    Sí, lo serás.

María no se sentirá celosa y Yo te querré de forma que no te arrepentirás de tu decisión.

Vamos ahora a ver a los que quieren decirte que te quieren como hermanos.

Y Jesús la toma de la mano y la lleva con su nueva familia.  

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El viaje en espera de Pentecostés ha terminado.

DIEZ PRODIGIOS DEL SANTO ROSARIO


Los 10 Milagros más Prodigiosos del Santo Rosario

Hay milagros gigantescos que se han obtenido por el Rezo del Rosario; y de eso vamos a hablar.

La oración del Santo Rosario ha ayudado a millones de fieles.

Quienes han puesto en la intercesión de María su pedido, para que Jesús solucionara sus problemas.

Los que rezan el Rosario constantemente y con fe lo han experimentado.

Pero hay milagros gigantescos que se han obtenido por el Rezo del Rosario.

Y de eso vamos a hablar.

Aquí presentamos los 10 milagros más famosos que se han conseguido, a través del rezo del santo rosario.

Pero probablemente no haya milagros más impresionantes, que los que el Rosario ha hecho en la vida de cada uno de nosotros.     

1EL ROSARIO ES ENTREGADO A SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, POR LAS MANOS DE LA VIRGEN MARÍA

Los milagros del Santo Rosario comenzaron con la entrega sobrenatural del Rosario a Santo Domingo.

En el año 1214 Santo Domingo, el fundador de la Orden de Predicadores,

estaba angustiado porque estaba fallando en su intento de convertir a los herejes albigenses cátaros.

‍Santo Domingo atribuyó esto a la profundidad y la gravedad de la pecaminosidad de los herejes y el mal ejemplo de los católicos.

Domingo dio inicio a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas.

Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen.

Fue en esta capilla en donde Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.

La Virgen se le apareció en la capilla.

En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo.

Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.

Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano.

Efectivamente, lo predicó.

Y con gran éxito porque muchos albingenses volvieron a la fe católica.

Lamentablemente la situación entre albingences y cristianos estaba además vinculada con la política,

lo cual hizo que la cosa llegase a la guerra.

Simón de Montfort, el dirigente del ejército cristiano y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a rezar el rosario.

Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más importante en Muret.

De Montfort consideró que su victoria había sido un verdadero milagro y el resultado del rosario.

Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Rosario.

‍Luego en el 2002, el Papa Juan Pablo II agregó los Misterios Luminosos.

2 – EL ROSARIO PROTEGE A SACERDOTES JESUITAS DE LA BOMBA ATÓMICA EN HIROSHIMA, EN 1945

El 6 de agosto de 1945, fiesta de la Transfiguración, cuatro sacerdotes jesuitas alemanes

sobrevivieron al impacto de la bomba nuclear “Little Boy” en Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial.

Los jesuitas Hugo Lassalle, superior en Japón, Hubert Schiffer, Wilhelm Kleinsorge y Hubert Cieslik, 

se encontraban en la casa parroquial de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción,

uno de los pocos edificios que resistió a la bomba.

En el momento de la explosión, uno de ellos se encontraba celebrando la Eucaristía, otro desayunaba.

Y el resto estaba en las dependencias de la parroquia.

Según escribió el propio P. Hubert Cieslik en su diario, únicamente sufrieron daños menores producto de cristales rotos,

pero ninguno a consecuencia de la energía atómica liberada por la bomba. 

Los médicos que los atendieron tiempo después les advirtieron que la radiación recibida les produciría lesiones graves,

así como enfermedades e incluso una muerte prematura.

El pronóstico nunca se cumplió.

No desarrollaron ningún trastorno y en 1976, 31 años después del lanzamiento de la bomba,

el P. Schiffer acudió al Congreso Eucarístico de Filadelfia (Estados Unidos)

y relató su historia, donde confirmó que los cuatro jesuitas estaban aún vivos y sin ninguna dolencia.

Fueron examinados por decenas de doctores unas 200 veces a lo largo de los años posteriores y no se halló en sus cuerpos rastro alguno de la radiación.

Los cuatro religiosos nunca dudaron de que habían gozado de la protección divina y de intercesión de la Virgen:

Vivíamos el mensaje de Fátima y rezábamos juntos el Rosario todos los días”, explicaron.

Además, el P. Schiffer escribió el libro “El Rosario de Hiroshima” donde narra todo lo que vivió..

En Hiroshima y Nagasaki murieron unas 246 mil personas,

la mitad en el momento del impacto de las bombas y el resto en las semanas posteriores por los efectos de la radiación.

3 – EL ROSARIO LIBERA A AUSTRIA DEL RÉGIMEN COMUNISTA EN 1955

Durante tres años, la católica Austria estuvo bajo el gobierno tiránico de la Rusia comunista, después de la Segunda Guerra Mundial.

‍Un sacerdote franciscano llamado Padre Petrus, recordó la historia de cómo los cristianos en el siglo XVI

habían derrotado a los turcos en la batalla de Lepanto por el rosario, a pesar de ser en gran medida superados en número.

‍Èl Padre Petrus puso en marcha una cruzada de rosarios.

Y 70.000 personas se comprometieron a rezar el rosario todos los días para la intención de que Austria se liberarse de la dominación rusa.

Austria era valiosa para los soviéticos, por su ubicación estratégica y su riqueza de recursos.

Pero el 13 de mayo de 1955, en el aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora en Fátima,

el régimen ruso ateo, en un movimiento totalmente sin precedentes, firmó el acuerdo para salir de Austria.

Ninguna persona murió y ni siquiera salió herida.

Hoy en día, los historiadores y estrategas militares aún no pueden explicar,

cómo o por qué los rusos se retiraron de Austria.

4 – EL ROSARIO DERROTA A LAS FUERZAS MUSULMANAS EN LA BATALLA DE LEPANTO EN 1571

Europa y con ella toda la cristiandad estaba en grave peligro de extinción.

Sabemos, por las promesas de Jesucristo, que eso no puede ocurrir, pero humanamente no había solución para la amenaza del Islam.

Los Musulmanes se proponían hacer desaparecer, a punta de espada, el cristianismo. 

En la época del Papa Pío V (1566 – 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana.

Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente.

El Papa pidió ayuda pero se le hizo poco caso. El 17 de septiembre de 1569 pidió que se rezase el Santo Rosario.

Por fin en 1571 se estableció una liga para la defensa de Europa.

El 7 de octubre de 1571se encontraron las flotas cristianas y musulmanas en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto.

La flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia, Génova y España y comandada por Don Juan de Austria,

entró en batalla contra un enemigo muy superior en tamaño.

Se jugaba el todo por el todo. Antes del ataque, las tropas cristianas rezaron el santo rosario con devoción.

La batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos.

En Roma, el Papa se hallaba recitando el rosario en tanto se había logrado la decisiva y milagrosa victoria para los cristianos.

El poder de los turcos en el mar se había disuelto para siempre.

El Papa salió de su capilla y, guiado por una inspiración, anunció con mucha calma que la Santísima Virgen había otorgado la victoria.

Semanas más tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don Juan, quién desde un principio, le atribuyó el triunfo de su flota

a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario.

Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias

y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de “Auxilio de los Cristianos”.

Y respecto al crucifijo de la nave de Don Juan de Austria en la batalla de Lepanto,

los musulmanes turcos dispararon un cañón hacia ella y el Corpus milagrosamente se desvió a la derecha,

evitando el impacto, y se quedó así desde entonces.

Este tesoro se venera en la Catedral de San Eulalia en Barcelona, España.

5 – EL ROSARIO DERROTA A LA DICTADURA FILIPINA EN 1986

Los ciudadanos de Filipinas estaban pobres y hambrientos mientras que el presidente Marcos y su esposa Imelda vivían en un lujo suntuoso.

A día de hoy la gente hace bromas acerca de los zapatos de Imelda Marcos porque tenía 3.000 pares, junto con 15 abrigos de visón, 1.000 carteras y 508 vestidos de lujo.

‍Las personas querían elegir a un nuevo presidente, Benigno Aquino, apodado Ninoy, fue asesinado en frente de su esposa y su familia cuando él descendió de un avión en Manila.

Después de este asesinato brutal, la esposa de Ninoy, Corazon “Cory” Aquino, se convirtió en activista en las protestas contra el régimen de Marcos.

‍La gente clamaba por Cory a la presidencia, y cuando le entregaron un millón de firmas instando a que lo hiciera, se cumplieron los deseos del pueblo.

‍Marcos llama a elecciones anticipadas día 7 de febrero de 1986, que resultó ser un sangriento, violento, y fraudulento evento.

‍El Presidente Marcos, declarado vencedor por su gobierno corrupto, tomó el control de los medios de comunicación y envió al ejército para sofocar cualquier protesta.

El Cardenal Sin de la Arquidiócesis de Manila instó a una protesta pacífica y el pueblo católico salió en tropel.

Rodearon a los tanques de guerra y a los soldados armados, rezando el rosario y cantando canciones religiosas y de protesta.

Misas y vigilias de oración se llevaron a cabo en las iglesias.

Esta protesta de oración continuó durante casi una semana, cuando de forma inesperada, los soldados se alejaron de sus tanques, dejaron sus armas, y se unieron a la multitud pacífica.

El Presidente Marcos huyó del país el 26 de febrero de 1986, y todo el pueblo salió a las calles para celebrar.

Oraciones de acción de gracias y misas se celebraron en agradecimiento a Dios.

‍A medida que la nueva presidenta, Cory Aquino, hizo cambios radicales, Filipinas se convirtió en un país libre y democrático.

Al día de hoy la gente está convencida de que el mal, el régimen corrupto de Marcos, fue completamente anulado por medios pacíficos.

6 – EL ROSARIO SACA A POMPEYA DE LA INFLUENCIA SATÁNICA, A FINALES DEL 1800

Bartolo Longo nació en 1841 en una familia católica devota.

Cuando Bartolo creció decidió estudiar derecho.

‍Nápoles en ese momento estaba pasando por una tremenda crisis espiritual.

Paganismo y satanismo de todo tipo abundaban.

‍Bartolo no era inmune a estas influencias y se convirtió en un sacerdote satánico,

para gran disgusto de su familia que intentó con todas sus fuerzas conseguir que se conviertiera.

‍Como el satanismo comenzó a atormentar su mente, su familia le convenció para hacer una buena confesión.

‍Alberto Radente, un sacerdote dominico santo, le ayudó a llevarlo de nuevo a la fe católica y animó su devoción por el rosario.

‍Bartolo tuvo una conversión milagrosa, y en 1870, se convirtió a la tercera orden de los dominicos.

Y optó por vivir una vida de penitencia por todos los terribles pecados que había cometido en contra de la iglesia.

‍Un día, cerca de sucumbir al pecado de la desesperación, sintiendo que Dios nunca podría perdonar

los enormes pecados que había cometido en contra de la iglesia, recibió la inspiración divina.

Y recordó la promesa de la Virgen que iba a ayudar en todas sus necesidades a los que propaguen el rosario.

Se dedicó a restaurar la capilla en ruinas de Pompeya y promover el rosario a quien quisiera escucharlo.

Folletos sobre el rosario fueron distribuidos para ayudar a las personas a aprender a rezar esta poderosa devoción.

Trató de encontrar una imagen de Nuestra Señora del Rosario digna de colgar en la capilla.

Pero sólo se le ofreció una pintura carcomida con una imagen que él sentía era grosera y no digna de veneración. 

Sin embargo, él la aceptó del convento en el cual estaba guardada.

En la medida que Bartolo continuó su trabajo de propagar el rosario, la membresía de la capilla creció enormemente.

Y muchos milagros comenzaron a ser asociados con la Virgen de Pompeya.

Curaciones y conversiones espirituales se produjeron debido a la devoción a través de este nuevo santuario.

El pueblo prometió su apoyo para construir una gran iglesia para honrar adecuadamente a Nuestra Señora del Rosario.

En 1894, Bartolo y su esposa dieron la iglesia al cuidado del Vaticano.

‍La imagen original se encuentra en el convento, fue restaurada por última vez en 1965

y el Papa Pablo VI coronó las cabezas de Jesús y María con diademas dadas por los habitantes de Pompeya.

El 26 de octubre de 1980, Bartolo Longo fue beatificado por San Juan Pablo II, quien le llamó “el hombre de la Virgen y el apóstol del Rosario”.

7 – EL ROSARIO DETIENE A UN ASESINO EN SERIE EN 1978

A las 3 a.m. del 15 de enero Bundy entró en la casa de la fraternidad Omega Chi de la Universidad Estatal de Florida.

Y asesinó a dos jóvenes antes de ir a buscar más víctimas.

Cuando entró en la habitación de una tercera chica con un bate como arma,

vio un rosario apretado en su mano, dejó caer el bate y huyó.

‍Luego la chica dijo a las autoridades que, antes de irse a la universidad le había prometido a su abuela que iba a rezar el rosario todas las noches para su protección,

aun cuando se quedara dormida en el proceso.

‍Esto es lo que había hecho esa noche.

Y ella aún sostenía el rosario cuando el asesino entró en la habitación.

Bundy confesó después más de treinta asesinatos.

El Padre Joseph M. Esper, dice en su libro “Con María a Jesús”,

“Irónicamente, cuando Ted Bundy fue condenado a muerte, en espera de la ejecución de sus crímenes,

pidió a Monseñor Kerr que lo sirviera como consejero espiritual.

Y el sacerdote aprovechó la oportunidad para preguntar acerca de aquella terrible noche.

Bundy explicó que cuando él entró en la habitación de la niña, tenía toda la intención de asesinarla

pero alguna fuerza misteriosa se lo impedía”.

El Padre Esper añade:

“Y no sólo (el rosario) ayuda nuestro propio crecimiento espiritual, sino que también socava el reino de satanás.

El famoso exorcista del Vaticano Padre Gabriele Amorth declaró:

‘Un día, un colega mío oyó decir al diablo durante un exorcismo, cada Ave María es como un golpe en mi cabeza.

Si los cristianos supieran cuán poderoso es el Rosario, sería mi fin’”.

8 – EL ROSARIO SALVA A UN REY DEL FUEGO ETERNO

Alfonso, rey de León y Galicia, tenía muchas ganas que todos sus siervos honraran a la Santísima Virgen con el rezo del rosario.

‍Así que colgó un gran rosario en su cinturón y siempre lo llevaba, pero desafortunadamente nunca lo dijo él mismo.

Sin embargo, su uso animó a sus cortesanos a rezar el rosario con mucha devoción.

‍Un día, el rey cayó gravemente enfermo y cuando se le dio por muerto, se encontró, en una visión, ante el tribunal de Nuestro Señor.

‍Muchos demonios estaban allí, acusándolo de todos los pecados que había cometido…

Y nuestro Señor como Juez Soberano estaba a punto de condenarlo al infierno, cuando la Virgen se apareció a interceder por él.

‍Ella pidió una balanza y puso sus pecados en uno de los platos,

mientras que puso el rosario que siempre llevaba en el otro,

junto con todos los Rosarios que se habían dicho por su ejemplo.

Los Rosarios pesaron más que sus pecados.

‍Mirándolo con gran amabilidad Nuestra Señora dijo:

“Como recompensa por este pequeño honor del uso de mi Rosario, he obtenido una gran gracia para tí de mi Hijo.

Tu vida se salvó por unos años más.

Mira, gasta con prudencia estos años.

Y haz penitencia”.

Cuando el rey volvió en sí exclamó:

“Bendito sea el Rosario de la Santísima Virgen María, por el cual he sido liberado de la condenación eterna”

Después de que hubo recuperado su salud pasó el resto de su vida en la difusión de la devoción al Santo Rosario.

Y lo rezó fielmente cada día.

9 – EL ROSARIO SALVA AL BRASIL DEL COMUNISMO, 1962-1964

El mundo estaba en un estado de temor y confusión.

Rusia estaba tratando de avanzar en la conversión de tantos países como le fuera posible al comunismo.

Naciones empobrecidas con gobiernos corruptos eran blancos fáciles de la agitación.

Cuba había caído a los soviéticos en 1960, y Brasil era otra conquista planificada.

‍El presidente de Brasil, Joao Goulart, estaba presionando para una forma comunista de gobierno.

Empezó a instalar comunistas conocidos en altos cargos gubernamentales;

mientras que al mismo tiempo envió representantes, para convencer a los ciudadanos de que el comunismo era bueno para el país.

Como el catolicismo sigue siendo fuerte en el país, el cardenal de Barros Camara dijo a la gente a través de un programa semanal de radio

que siguiendo las directrices de la Virgen de Fátima en relación con la oración y la penitencia, Brasil podría derrocar a la amenaza comunista.

‍En un discurso, el presidente Goulart se burló del rosario,

diciendo que el control gubernamental, sin recitar las oraciones del rosario, salvaría la economía del colapso.

Durante este tiempo, fue forrando sus bolsillos con el dinero dado a Brasil por la ayuda exterior de los EE.UU. y otros países.

‍Una mujer brasileña llamada doña Amelia Bastos, estaba muy preocupada por este peligro inminente.

‍Su marido pertenecía a un grupo de hombres llamados los Anti-Rojos que se oponían al comunismo en Brasil.

Una noche, doña Amelia escuchaba como los anti-rojos discutian la amenaza que enfrentaba su amado país.

‍Ella decidió que ella también podía hacer algo al respecto.

Sobre su decisión, dijo:

“de repente decidí que la política se había vuelto demasiado importante para dejarla exclusivamente a los hombres.

Además, ¿Quién tiene más en juego en lo que está sucediendo a nuestro país que nosotras las mujeres?”

Inmediatamente se formó un grupo llamado Campaña de Mujeres por la Democracia (CAMDE)

y comenzó a reclutar el mayor número posible de personas a rezar el rosario en grupos grandes,

para frustrar el plan para la toma del poder comunista.

En Belo Horizonte un grupo de 20.000 mujeres recitando el rosario en voz alta disolvió una manifestación pro-comunista.

El éxito de esta protesta pacífica alimentó el ímpetu de las mujeres católicas a hacer más.

Con la ayuda del cielo y la fuerte influencia del cardenal arzobispo de Barros Camara, 

doña Amelia reclutó la impresionante cantidad de 600.000 mujeres que marcharon en Sao Paulo para rezar el rosario por la paz.

Llamaron a su protesta, “Marcha de la Familia con Dios hacia la libertad”, en virtud de la declaración,

“Madre de Dios, nos libre de la suerte y el sufrimiento de las mujeres mártires de Cuba, Polonia, Hungría y otras naciones esclavizadas.”

Leonel Brizola, un alto oficial del gobierno comunista, montó en cólera

cuando su intervención planificada fue frustrada por el ruido de 3000 rosarios y el murmullo de las oraciones en el salón de actos.

Ninguna vida se perdió en la más increíble protesta anticomunista pacífica, que es descrita por muchos testigos

como “Una de las manifestaciones más conmovedoras en la historia de Brasil”.

Se llevaron a cabo muchas más manifestaciones de  rosarios en las principales ciudades,

a pesar de las amenazas de acción militar contra la cruzada de las mujeres.

‍Bajo esta presión creciente, el 1 de abril 1964 el presidente Goulart huyó del país

junto con muchos miembros del gobierno.

10 – EL ROSARIO QUE SE CONVIERTE EN ORO

Hay varios testimonios de rosarios cuya cadena se convierte en eslabones de oro; aquí traemos dos testimonios.

A veces sucede con un rosario común y corriente, como el caso del ex secretario del Tesoro de EE.UU. William E. Simon 

es citado en relación a un “milagro” que él dice ocurrió en el lugar de las apariciones de Medjugorje en Bosnia-Herzegovina.

Después de la primera misa en Medjugorje, recuerdo diciendo a mi hijo Billy, ‘Eso es lo más cerca que he sentido al cielo en la tierra.’

Entonces saqué las viejas cuentas del rosario de bajo costo que había comprado hacía unos diez años antes.

Y me di cuenta de que la cadena brillaba bajo el sol.

La cadena era sólo de alguna aleación barata; sin embargo de repente apareció radiante, dorada y vibrante.

Y se mantuvo así.

Yo no estaba muy seguro de qué hacer con ella…

Y a mi regreso llevé el rosario a un joyero para una evaluación.

Confirmó que la cadena, de manera inexplicable, se había convertido en oro sólido.

No puedo explicar la transformación, ya sea del rosario o de mi propia vida;

excepto como un signo de la intervención divina.

Y hay casos en que rosarios de cadena plata se convierten en cadena oro como este testimonio:

Mi madre tiene un rosario convertido en oro.

Fue uno de los tres que ella compró para ella y para los demás, en honor de Nuestra Señora de Lourdes.

Sus piezas de metal eran de plata hasta que conoció y oró con Ruth Werkowski un día.

Ruth tomó el rosario en sus manos y oró.

Cuando mi madre lo examinó, la cadena se había convertido todo de oro.

Fue un día en el que incluso sintió un olor fragante que señala la presencia de Nuestra Señora, cuando estaban en su coche.

Después de seis años, más o menos, el Rosario Virgen de Lourdes es el único de los tres que tiene cadena de oro. (ver aquí)

193 DEBUT MISIONERO


193 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El grupo apostólico va caminando por los senderos del bosque…

Y comentando del enorme cambio en Elisa, que ha accedido a ir con Juana de Cusa a su propiedad en Beter.

Después del regreso a Betsur y de haber dejado a Margziam con la Virgen y las discípulas en los jardines de rosales de Beter…

Hablan también de la bondad de Juana y de lo beneficioso que será para todas, disfrutar del agradable trabajo en los cultivos de los rosales, para la industria perfumera. 

Jesús avanza con los suyos a través de estos montes verdes, dando la espalda al oriente.

El lugar es muy montañoso y rico en vegetación, con bosques de árboles de piñones.

El olor de la resina, balsámico y vitalizador, se difunde por todo el espacio.

También hablan del nuevo rodeo que van a tener que dar, hacia las fértiles llanuras que preceden el litoral en las tierras filisteas. 

Y entonces tornan a la memoria nombres de glorias pasadas, que suscitan la narración de episodios acaecidos, preguntas, explicaciones y afable contraposición de opiniones.

Jesús dice. 

–     Cuando lleguemos a la cima de este monte, os enseñaré desde lo alto todas las zonas que os interesan;

de las que podréis extraer ideas para vuestros discursos al pueblo.  

 Andrés se queja: 

–     ¿Pero cómo haremos, Señor mío?…

Yo no soy capaz.

Pedro y Santiago se unen:

–    ¡Nosotros somos los menos agraciados del grupo!».

Tomás comenta:

–     ¡Oh!…

Si es por eso, no es que yo sea más capaz. 

Si se tratara de oro o plata, podría hablar, pero de estas cosas… 

Y Mateo:  

–     ¿Y yo?

¿Qué era yo?

Andrés replica: 

–     Tú no tienes miedo del público, sabes argumentar.   

–     Pero de otras cosas…

Pedro agrega: 

–     Sí, ya… pero…

Bueno… ya sabes lo que quiero decir, así que sea como si te lo hubiera dicho.

La cuestión es que vales más que nosotros.

Jesús dice: 

–     Amigos míos, no hace falta subir a lo sublime.

Decid simplemente lo que pensáis, con vuestra convicción.

Creedme que cuando uno está convencido siempre persuade.

Pero Judas de Keriot suplica:

–     Danos ideas Tú.

Danos muchas ideas. Una buena idea puede ser muy útil.

Estos lugares creo que no han oído nada de Tí, porque ninguno parece conocerte.

Pedro: 

–     Y porque aquí llega todavía… 

Mucho viento procedente del Moria…

Que causa esterilidad…

Judas replica con firmeza: 

–     Es porque no se ha sembrado:

Pero nosotros sembraremos…

Judas de Keriot, está contento por los primeros éxitos.

Ya han llegado a la cima del monte.

Un amplio panorama se descubre

Es hermoso contemplarlo estando a la sombra de los tupidos árboles que-coronan la cima:

Tan variado y luminoso:

Una imponente cordillera con sus series de montes entrecruzándose en todas las direcciones, como encrespadas olas petrificadas…

El inmenso océano al que barren vientos contrarios y laensenada en calma, donde todo se aplaca en una luminosidad sin límites…

Y en el lado opuesto, una vasta llanura en que se yergue como un faro, la entrada de un puerto.

Jesús extiende su brazo derecho y empieza a señalar.

Mientras dice:

–     Mirad.

Ahora vamos a Betginna.

Ese pueblo, donde nos detendremos, que se extiende sobre esa cresta casi queriendo acaparar todo el sol; 

es como el corazón de un verdadero nimbo radiado de lugares históricos.

Venid aquí.

Allí, a septentrión, está Yermot.

¿Os acordáis del pasaje de Josué?

La derrota de los reyes que quisieron asaltar el campamento israelita, fuerte tras la alianza con los gabaonitas.

Cerca está Betsemes, la ciudad sacerdotal de Judá, donde los filisteos restituyeron el Arca con los exvotos de oro,

que los adivinos y sacerdotes habían impuesto al pueblo,

para obtener la liberación de los castigos que atormentaban a los culpables filisteos.

Y allí, toda llena de sol, Sará, patria de Sansón.

Un poco más a al oriente, Timnata, donde él tomó esposa e hizo muchas proezas y también muchas estupidyeces.

Y allá, Azeca y Soko, que fue lugar de campamento filisteo. Más abajo está Zanoe, una de las ciudades de Judá.

Y aquí, volveos, aquí está el Valle del Terebinto, donde David luchó contra Goliat.

Allí está Maqueda, donde Josué derrotó a los amorreos.

Volveos hacia aquí. ¿Veis aquel monte solitario en medio de esa llanura que un tiempo fue de los filisteos?

Allí está Gat, patria de Goliat y lugar de refugio para David, con Akís, para que no le alcanzara la ira de Saúl.

Y donde el rey sabio se fingió demente, porque el mundo preserva a los locos de los sanos de mente.

Aquel horizonte abierto son las llanuras de la fertilísima tierra de los filisteos.

La atravesaremos, hasta Ramlé. Ahora vamos a Bet – Yinna.

Tú Felipe que miras con ojos suplicantes, irás con Andrés por el poblado.

Nosotros estaremos en la fuente de la plaza.

Tú, precisamente tú, Felipe, que me estás mirando con actitud implorante, irás con Andrés por el poblado.

Nosotros, mientras tanto, esperaremos junto a la fuente o en la plaza. 

Los dos apóstoles suplican:

–     ¡Señor, no nos mandes solos! 

–    ¡Ven Tú también!

–     Id, he dicho.

La obediencia os socorrerá más que mi muda presencia.

Así que Felipe y Andrés van, sin rumbo fijo, por el pueblo.

Llegan a una minúscula posada (más una caballeriza que una posada), donde hay unos intermediarios contratando corderos con unos pastores.

Entran y, cohibidos, se paran en medio de un patio rodeado de arcadas muy toscas.

Viene el posadero:

–     ¿Qué queréis?, ¿alojamiento?

Los dos apóstoles se consultan recíprocamente con la mirada (una mirada llena de apuro).

Es muy probable que de lo que habían pensado decir no les venga ni una sola palabra.

Contra toda previsión, es precisamente Andrés el primero que cobra fuerzas y responde:

–     Sí, alojamiento para nosotros y para el Rabí de Israel.

–     ¿Qué rabí?

¡Hay muchos rabíes! Todos muy señores. No vienen a los pueblos de pobres a traernos su sabiduría.

Somos los pobres los que tenemos que ir a ellos, ¡Y ya es un regalo, si nos toleran a su lado!

–     El Rabí de Israel es uno sólo.

Y viene precisamente a traer a los pobres la Buena Nueva;

cuanto más pobres y pecadores son, más los busca y se acerca a ellos – responde dulcemente Andrés.

–     ¡Entonces… no hará dinero!

–     No busca riquezas.

Es pobre y bueno. Cuando logra salvar a un alma, su jornada está cumplida – responde también esta vez Andrés.

–     ¡Hummm…!

Es la primera vez que oigo que un rabí es bueno y pobre.

Juan es pobre, pero es severo. Todos los demás son severos y ricos, insaciables como sanguijuelas.

¿Habéis oído? Venid aquí, vosotros que vais por todas partes.

Estos hombres dicen que hay un maestro pobre y bueno, que viene a buscar a los pobres y pecadores.

Uno de los tratantes dice:

–     ¡Ah!…

Debe ser ese que viste de blanco como un esenio.

Lo vi hace tiempo en Jericó.

Un pastor alto y musculosos añade: 

–     No. Ése está solo.

Debe ser aquel de que hablaba Toma porque así por azar, había estado hablando de él con unos pastores del Líbano.  

 Otro exclama:   

–     ¡Sí, vaya!

Y viene del Líbano hasta aquí… ¡Por tu cara bonita! 

Mientras el posadero habla y escucha la opinión de sus clientes, los dos apóstoles permanecen allí, en medio del patio, como dos postes.

Hasta que un hombre dice:

–     ¡Eh, vosotros, venid aquí’

¿Quién es? ¿De dónde viene este que decís?

Felipe contesta muy serio:  

–     Es Jesús de José, de Nazaret.  

Y permanece como quien espera que se burlen de él.

Andrés añade:

–     Es el Mesías anunciado.

Os conjuro, por vuestro bien: escuchadlo.

Habéis nombrado a Juan; pues bien, yo estaba con él y os puedo decir que él mismo, nos indicó a Jesús cuando pasaba, diciendo:

“He ahí al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”.

Cuando Jesús entró en el Jordán para ser bautizado, se abrieron los Cielos y una Voz gritó:

“Este es mi Hijo predilecto en quien tengo puestas mis complacencias”

Y el Amor de Dios descendió como una paloma y se colocó resplandeciente encima de su cabeza.

–     ¿Ves como es el Nazareno?

Pero, vamos a ver, vosotros que os llamáis amigos suyos, decidnos…

Andrés precisa: 

–     Amigos no.

Apóstoles, discípulos, enviados suyos para anunciaros su llegada; para que quien tenga necesidad desalvación vaya a Él.

–     Bien, de acuerdo…

Pero, decidnos si es realmente como lo describen algunos…

 O sea, un santo más santo que Juan el Bautista. 

O un demonio, como dicen otros.

Vosotros, que estáis con él, porque si sois discípulos estaréis juntos, ¿No?

–    Vamos a ver, hablad con sinceridad:

¿Es verdad que es lujurioso, comilón y bebedor?

¿Y que tiene simpatía por las meretrices y los publicanos?

¿Que es un nigromante y que por la noche invoca a los espíritus, para conocer los secretos de los corazones?

–     Pero, ¿ Por qué preguntas esto a estos hombres?

Pregunta más bien si es verdad que es bueno.

Si no, estos dos se van a sentir ofendidos y se van a marchar.

Y le van a contar al Rabí nuestras malas razones y nos va a maldecir.

¿Qué sabemos nosotros?…

¡Sea Dios o diablo, siempre será mejor tratarlo bien!…

Esta vez es Felipe el que habla:

–     Os podemos responder con sinceridad porque no hay nada torpe que ocultar.

Él, nuestro Maestro, es el Santo entre los santos.

Durante el día dedica su esfuerzo a adoctrinar;

incansable, va de un lugar a otro buscando los corazones.

Durante la noche ora por nosotros. 

No desprecia ni la mesa ni la amistad, pero no busca en ello ventaja propia.

Antes al contrario, lo hace para poderse acercar a aquellos a quienes de otra forma;

no sería posible acercarse.

No rechaza ni a publicanos ni a meretrices, pero sólo para redimirlos.

Señala su camino con curaciones y conversiones milagrosas.

le obedecen el viento y el mar.

Pero no tiene necesidad de nadie para obrar prodigios, ni de invocar espíritus para conocer los corazones.

El posadero pregunta: 

–     Y, ¿Con qué poder lo hace?…

Has dicho que el viento y el mar lo obedecen.

Pero si son cosas que no tienen razón.

¿Cómo puede mandar sobre ellos? 

–     Respóndeme a esto, hombre:

¿Tú qué crees, que sea más difícil:

Mandar sobre el viento y el mar o sobre la muerte?

–     ¡Por Yeohveh!

¡Sobre la muerte no se tiene poder!

Al mar se le puede echar aceite, se le puede hacer frente orientando adecuadamente las velas;

se puede, prudentemente, no ir a navegar.

Contra el viento se puede oponer los cierres de las puertas.

Pero sobre la muerte no se tiene poder:

No hay aceite que la aquiete, no hay vela que haga a nuestra navecilla tan rápida ,

que pueda distanciar a la muerte, no hay cierres contra ella;

cuando quiere venir pasa, a pesar de que estén echados los cerrojos.

¡No, no, nadie da órdenes a esta reina!

–     Pues, a pesar de todo, nuestro Maestro tiene poder sobre ella.

Y no sólo cuando está cercana, sino también cuando ya ha hecho presa.

Un joven de Naím estaba ya para ser introducido en la horrenda boca del sepulcro, cuando Él dijo:

“Te lo ordeno: Levántate!”

Y el joven volvió a la vida.

Naím no está en los confines del mundo.

Si vais, veréis.

–     ¿Así, sin más?

–    ¿En presencia de todos?

 

–     En el camino, en presencia de toda Naím.

E1 dueño de la posada y los huéspedes se miran en silencio…

 Luego el primero dice:

–     Pero, esas cosas las hará para sus amigos, ¿No?

Felipe dice con seguridad:

–     ¡No hombre, para todos los que creen en Él!

Y no sólo para ellos.

Créeme que es la Piedad en la tierra.

Nadie que va a Él vuelve de vacío.

Escuchad todos:

¿Entre vosotros no hay nadie que sufra o llore, por alguna enfermedad en la familia?

¿O por dudas, remordimientos, tentaciones o ignorancia?

Presentaos a Jesús, el Mesías de la Buena Nueva.

Él estará aquí hoy; mañana irá a otro lugar.

No desaprovechéis la Gracia del Señor ahora que pasa»

Felipe, que se ha ido sintiendo cada vez más cómodo, ha perdido la inseguridad.

El dueño de la posada se revuelve los cabellos, abre y cierra la boca, se manosea las franjas de la cintura…

Y al final, dice:

–     ¡Yo lo intento!…

Tengo una hija.

Hasta el pasado verano estaba bien.

Después todo cambió. Ahora es una lunática.

Está siempre en un rincón, como una fiera muda.

Su madre, con gran esfuerzo, apenas si logra vestirla y darle de comer.

Los médicos dicen que se le ha consumido el cerebro por exceso de sol; otros, que por un triste amor; el pueblo dice que está endemoniada.

¿Cómo es posible, si es una jovencita que no ha salido nunca de aquí?

¿Dónde se ha cogido este demonio?

¿Tu Maestro qué dice, que el demonio se puede apoderar de un inocente?

Felipe responde sin vacilar:

–     Sí, para atormentar a los familiares y hacer que se desesperen.

–     ¿Y… cura a los lunáticos?

¿Debo tener esperanza?

Andrés responde inmediatamente: 

–     Debes creer

Entonces les narra el milagro de los gerasenos…

y termina diciendo:

« ¿Si aquéllos – y eran una legión en corazones de pecadores – huyeron de ese modo…

Cuánto más lo hará ése, que ha entrado por la fuerza en un corazón fresco?

Te digo, hombre: para quien espera en Él, lo imposible se le hace tan fácil como respirar

Yo, que he visto las obras de mi Señor, doy testimonio de su potencia.

–     ¡Oh!…

¿Quién de vosotros va y lo llama?

–     Yo mismo.

Espérame, que vuelvo enseguida.

Y Andrés se marcha veloz.

Felipe se queda a hablar.

Cuando Andrés ve a Jesús parado en el zaguán de una casa, para evitar el sol implacable que llena la pequeña plaza del pueblo…

Corre hacia Él diciendo:

–     ¡Ven! ¡Ven, Maestro!

El posadero tiene una hija lunática.

Te implora que la cures.

–     ¿Pero me conocía?

–     No, Maestro.

Hemos tratado de darte a conocer…

–    Lo habéis conseguido.

Porque si uno llega ya a creer que puedo curar un mal que no tiene remedio;

es que ya está adelantado en la fe.

Y teníais miedo a no ser capaces de ello…

¿Qué habéis dicho?

–     Ni siquiera te lo sabría decir.

Hemos expresado lo que pensamos de ti y hemos hablado de tus obras.

Sobre todo, hemos dicho que eres Amor y Piedad.

¡Qué mal te conoce el mundo!

–     Pero vosotros me conocéis bien.

Es suficiente.

–     Llegan a la pequeña posada.

Todos los huéspedes están en la puerta, curiosos.

En medio, con Felipe, está el posadero, que sigue con sus monólogos.

Cuando ve a Jesús, corre a su encuentro:

–     ¡Maestro, Señor, Jesús…

Yo… yo creo tanto que Tú eres Tú.

Que sabes todo, que ves todo, que conoces todo, que todo lo puedes.

Tanto lo creo, que te digo:

Ten piedad de mi hija, aunque los pecados de mi corazón sean muchos;

Que no caiga sobre mi hija el castigo por haber sido inmoral en mi trabajo; juro que no volveré a ser avariento.

Tú ves mi corazón, lo que ha sido y lo que piensa ahora. Perdón. Piedad, Maestro.

y hablaré de ti a todos los que vengan aquí, a mi casa…

El hombre está de rodillas.

Jesús le dice:

–    Levántate y persevera en los sentimientos de ahora.

Llévame a donde tu hija.

–     Está en un establo, Señor.

Este calor bochornoso la pone más enferma todavía. No quiere salir.

–     Bien, no importa; voy Yo.   

No es el bochorno, es que el demonio me siente llegar.

Entran en un patio, luego en un establo oscuro.

Todos los demás van detrás.

La niña, despeinada, demacrada, se contorsiona en el rincón más oscuro.

Y en cuanto ve a Jesús,

grita:

–     ¡Atrás!

¡Atrás! No me hostigues.

Tú eres el Cristo del Señor; sobre mí descargas tu mano. Déjame tranquilo.

¿Por qué sigues siempre mis pasos?

Jesús toma la actitud majestuosa del Dios y Señor que Es,

y ordena: 

–     ¡Sal de ella!

¡Vete! ¡Lo quiero! ¡Devuelve a Dios tu presa y calla! 

Durante unos segundos espectantes…

Luego sigue un grito desgarrador, una sacudida, un cuerpo que se derrumba sobre la paja…

Pasa un pequeño lapso y luego un suspiro muy profundo…

Enseguida la jovencita se yergue con calma, tristeza, estupor…

Y se ruboriza violentamente…

Ya que ahora se avergüenza de estar sin velo y con un vestido roto, ante los ojos de muchos extraños…

Pregunta:

–     ¿Dónde estoy?

¡Por qué estoy aquí?, ¿Quiénes son éstos? 

Y grita: 

–     ¡¡¡Mamaaá!!!  

El padre exclama: 

–     ¡Oh, Señor eterno!

¡Está curada!…

Y aunque resulte extraño en el rubicundo y colorado hospedero, llora como un niño…

Se siente dichoso.

Llora. No sabe qué otra cosa hacer sino besar las manos de Jesús.

Entretanto, la madre también llora, circundada por la corona de sus hijitos, que miran asombrados. 

Y besa a esta primogénita suya que ha sido liberada del demonio.

Los presentes prorrumpen en un verdadero clamor…

 Otros acuden para ver el prodigio.

El patio está lleno.   

El hombre suplica:

–     Quédate, Señor.

Ven esta noche. Cobíjate bajo mi techo.

Jesús dice: 

–     Hombre, somos trece.

–     Aunque fuerais trescientos, sería como nada.

Sé lo que quieres decir, pero el Samuel avariento y deshonesto ha muerto, Señor.

Se ha marchado también mi demonio.

Ahora vive el nuevo Samuel. Seguirá siendo hospedero, pero santamente.

Ven, ven conmigo, que quiero honrarte como a un Rey, como a un Dios, como a quien Eres.

¡Oh, bendito el sol de hoy que te ha traído a mí!….

LA CONVERSIÓN AZTECA


Cómo Realizó la Virgen María la Conversión más Prodigiosa de la Historia

En 1521, la capital de la civilización Azteca cae en manos del ejército de Hernán Cortés.

Menos de 20 años más tarde, nueve millones de habitantes se convierten al cristianismo.

Durante siglos, los aztecas habían profesado una religión politeísta y practicado los sacrificios humanos más crueles.

Cada año los Aztecas ofrecían en sacrificio al menos 20.000 hombres, mujeres y niños, a sus dioses sedientos de sangre.

Y en algunos festivales especiales como la consagración de algún nuevo templo, los sacrificados al dios serpiente Quetzalcoatl llegaban a 80.000 en una sola ceremonia. 

Pero el 12 de Diciembre de 1531, hubo un extraordinario acontecimiento que cambió la historia de México y de su cultura, para siempre…

¿Qué ocurrió ese día para que se produjera luego una conversión sin precedente histórico alguno?

Se podría contestar que fueron tres cosas centrales:

  1. a) Las autoridades locales de la Iglesia Católica, aceptaron rápidamente la Aparición de la Virgen de Guadalupe, en el cerro del Tepeyac.
    Ya que le tardó solo 5 días a Fray Zumárraga aceptar lo sobrenatural, tendiendo un puente firme entre el mundo Europeo y cristianizado, con el indígena politeista.
  2. b) Y la Virgen les habló a los indígenas en su propio lenguaje cultural, entendible totalmente para ellos..
    Con simbologías que les eran familiares, generándose un sincretismo que los atrajo a Cristo.
  3. c) Con su sola Presencia plasmada en la Tilma, la Virgen dió una evangelización completa…

Que sólo revelaría con su rica simbología que se fue revelando a través del tiempo…

Manteniendo hasta nuestros días su Gran Misterio, que nos asombra actualmente, con cada descubrimiento revelado con la ciencia moderna… 

Como si el Cielo hubiera ido acompañando la evangelización paso a paso. 

Y hubiese dejado su clímax, para este asombroso siglo XXI.

¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y en el hueco de mi mano?

LA INTERVENCIÓN DE NUESTRA SEÑORA CAMBIÓ LA HISTORIA

Las consecuencias de las apariciones de Guadalupe fueron verdaderamente sorprendentes.

Uno de los primeros Padres Franciscanos, Toribio de Benavente afirmaba ya en 1537:

“Sólo seis años después de Guadalupe, nueve millones de aztecas habían sido bautizados”

La magnitud de este logro se hace evidente, cuando nos damos cuenta que la evangelización de otras posesiones españolas y portuguesas tomó siglos.

Es aún más sorprendente ya que había una amenaza real de un levantamiento de los aztecas contra sus conquistadores españoles;

 justo antes de que Nuestra Señora que apareciera a Juan Diego.

Los exploradores españoles habían empezado a colonizar el área del Caribe después del descubrimiento de América en 1492.

Pero no fue hasta 1519 que el imperio azteca, en lo que ahora es México, fue conquistado por Cortés.

Su pequeña fuerza logró derrotar a las fuerzas aztecas mucho más grandes y poner fin al interminable flujo de sangre,

exigido por Huītzilōpōchtli en la religión que practicaba extremadamente el sacrificio humano.

Los conquistadores obtuvieron la victoria contra los aztecas en 1519 y se detuvo el sacrificio de víctimas de una religión diabólica y enseñada por Satanás.

Pero sólo fueron capaces de cambiar la cultura de la sociedad azteca en escasa medida y por medio de la intimidación…

Hubo conversiones a la Iglesia, como en el caso de Juan Diego, pero eran muy lentas.

 Y como se ha indicado, existía el peligro de una rebelión de los aztecas poco antes que Nuestra Señora apareciera en 1531.

Fueron esas apariciones y sus consecuencias las que cambiaron firmemente la cultura en México.

Cambio que no hubiera sido posible sin la intervención de la Virgen.

Dios no multiplica milagros innecesariamente y si México podría haberse convertido sin una intervención de este tipo; 

entonces habría dejado que los acontecimientos se desarrollaran de forma normal.

Guadalupe y las sucesivas apariciones marianas, como las de Rue du Bac, La Salette y Lourdes en Francia en el siglo XIX

Y en particular Fátima en Portugal en el siglo XX, muestran que el papel de la Virgen, tanto en la Iglesia como en la historia del mundo, es de suma importancia.

Y señalan su increíble poder intercesor ante el Trono de Dios.

María habló a los aztecas en su lenguaje, con sus símbolos, de una manera única y muy persuasiva.

UN NOMBRE FAMILIAR A INDÍGENAS Y A ESPAÑOLES

Durante cuatro días la Virgen se había comunicado con Juan Diego hablándole en su propia lengua: el náhualtl.

Al identificarse, María usó la palabra «coatlallope»;

un sustantivo compuesto formado por «coatl» serpiente, la preposición «a» y «llope», aplastar;

es decir, se definió a sí misma como «la que aplasta la serpiente».

Otros reconstruyen el nombre como «Tlecuauhtlapcupeuh» que significa: «La que precede de la región de la luz como el Águila de fuego».

De todas formas el vocablo náhualtl, sonó a los oídos de los frailes españoles como el extremeño «Guadalupe».

Relacionando el prodigio del Tepeyac con la muy querida advocación que los conquistadores conocían y veneraban, en la Basílica construida por Alfonso XI en 1340.

¡La Virgen se comunicó de manera que la entendiesen tanto los indios como los españoles!

Los criollos, los indígenas y las castas, se unieron en la veneración de la Guadalupana, que representaba a la patria criolla. 

Esta veneración se convirtió en factor de unidad nacional.

La imagen sería invocada y expuesta como un remedio contra las sequías, las inundaciones y las epidemias.

Y más tarde, los insurgentes la adoptaron como estandarte político. 

Porque los Héroes de la Guerra de Independencia, fueron sacerdotes.

De este modo surgió un símbolo nacional, reconocido por la inmensa mayoría de habitantes de Nueva España.

Símbolo que liberó a los criollos de su origen español, los desligó de España y les permitió identificarse con la tierra donde nacieron.

COMO SE PRESENTA MARÍA

El rostro impreso en el ayate, es el de una joven mestiza:

Una anticipación, pues en aquel momento los primeros mestizos eran niños muy pequeños, en México.

María asume así el dolor de miles de niños, los primeros de una nueva raza, rechazados tanto por los indios como por los conquistadores.

Con la conquista de México se generó otra clase de opresión sobre los indígenas, de tal forma que la Madre de Dios no esperó más y se aparece en el año 1531.

Cuenta la historia que los hijos nacidos de la violencia serán una raza nueva, mestiza, que será rechazada tanto por los españoles como por los aztecas.

Ya que entre éstos últimos la violación de la mujer era sancionada gravemente, de modo que tanto la mujer como su hijo eran expulsados de tu territorio.

Por eso la Virgen de Guadalupe toma el rostro mestizo para hacerle sentir al pobre, que ella es portadora del verdadero Dios por quien se vive.

La Virgen de Guadalupe se presentó ante sus hijos como la Madre del Creador y conservador de todo el Universo.

Que viene a su pueblo porque quiere acogerlos a todos, indios y españoles, con un mismo amor de Madre.

Con la prodigiosa impresión en el ayate comenzaba un nuevo mundo, la aurora del sexto sol que esperaban los mexicanos.

El nombre de “SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE” ella misma lo dio a Juan Bernardino, tío de Juan Diego,

cuando se le apareció para sanarles de sus enfermedades.

Fotografía en infrarrojo de la Imagen, en negativo y en positivo

LO QUE VIERON LOS INDÍGENAS

En la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, existe algo que nosotros hemos mirado muchas veces y no hemos visto.

Y que los indígenas sí vieron, admiraron y entendieron,

EL LUGAR Y LOS COLORES

La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, se realizó en la colina sagrada del Tepeyac;

 uno de los cuatro puestos principales para el sacrificio en la América Central precolombina y sede del Santuario de Tonantzin.

Significa para los indígenas, que la Virgen Doncella, (el peinado) es Madre de los dioses.

Los colores del vestido de María:

El rosa pálido de la túnica, es el de la sangre del sacrificio, el de Huitzilopochtli, dios que da y que preserva la vida, el color del oriente y el sol victorioso.

El color dominante verdeazul del manto, es el color real de los dioses mexicas

LAS ESTRELLAS, LA FAJA Y EL TEMPLO

Las estrellas del manto son símbolos del comienzo de una nueva era.

La faja negra que ciñe el talle de la Virgen es el signo de la maternidad;

María lleva en su seno a su hijo divino y se lo ofrece a los nuevos pueblos.

La falta de máscara (los dioses indígenas llevaban máscara) significa que la Señora no es una diosa,

a pesar de ser superior al sol y a la luna, las grandes divinidades del lugar.

La petición de un templo, tiene el profundo significado del comienzo de un nuevo sistema de vida.

El pueblo azteca adoraba al Sol, a la Luna y a las estrellas.
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La Virgen de Guadalupe oculta al sol (sus rayos aparecen por detrás), pisa la Luna, y las estrellas adornan su manto.

Todos al servicio de María.

“Guadalupe” en náhuatl significa: “aplasta la cabeza de la serpiente”Es justo Génesis 3,15: María Vencedora del Maligno.  Y la imagen de la tilma, es una pintura exacta como la detalla el Apocalipsis 12,

Su gravidez se constata por la forma aumentada del abdomen…

Donde se destaca una mayor prominencia vertical que transversal, corresponde a un embarazo casi en su última etapa.

El cinto que marca el embarazo de la Virgen y que se localiza arriba del vientre;

cae en dos extremos trapezoidales que en el mundo náhuatl representaban el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era.

En la imagen simboliza que con Jesucristo se inicia una nueva era tanto para el viejo, como para el nuevo mundo.

LAS ROSAS Y EL ROSTRO

El puñado de rosas, que florecieron milagrosamente en un sitio desierto y en invierno;

se ofrece como signo de autenticidad al obispo e indica la felicidad divina, en plena comunión con el Dador de la vida.

El color del rostro, su actitud y forma de vestir no son europeos; sino profundamente en consonancia con los usos del lugar.

Su rostro indica el mestizaje, unión de dos razas, encuentro de dos mundos.

Su figura –a pesar de no ser la de una mujer europea– no es tampoco la de una «indígena».

Se trata de la «Amable y Santa Mestiza» que el pueblo siente tan cercana a sus raíces más profundas.

NAHUÍ OLLÍN:

(FLOR DE CUATRO PÉTALOS)

Una flor de cuatro pétalos, Nahuí Ollín, se alcanza a visualizar en el vientre de la Imagen.

Ésta representa, para los aztecas, la Morada de Dios, Centro del Universo, Ombligo de la Historia, Plenitud del Tiempo y del Espacio, Origen de la Vida.

Esta misma flor se encuentra en el centro de la Piedra del Sol o Calendario Azteca.

El trébol de cuatro hojas como signo de plenitud simboliza a Dios. 

Al estar sobre el vientre de María quiere decir que Ella nos trae a Dios en su seno.

Ella misma se presentó como la Madre del Verdadero Dios.

Del Dios Autor de cielo y tierra, y que está en todas partes.

SIGNO DE CERCANÍA

En el acontecimiento Guadalupano vemos un signo: que Dios, en María, hace sentir al pueblo su cercanía para hacerlo comunidad.   

Se trata de un signo maternal, ya que como Madre no sólo está para mostrar el cariño de Dios, sino también para realizar una misión unificadora.

Desde los orígenes y en su advocación de Guadalupe, María constituyó el gran signo de rostro maternal y misericordioso;

de la cercanía del Padre y del Hijo, con quien Ella nos invita entrar en comunión.

Desde antes de las apariciones ya existía entre los aztecas una diosa llamada Tonantzin,

que significa Venerable madre, a la que acudían los indígenas debido a que entre ellos la mujer era primero que el hombre.

Era tan importante el papel de la madre que dentro del concepto teogónico existe la siguiente filosofía In-tonan-in-tota, cuyo significado es madre y padre.

Esto implica que en el verdadero dios de los aztecas, llamado Ometeotl, 

existía una dualidad cuya traducción es “dos dios”, es decir madre y padre.

Entre los aztecas, la madre tenía prioridad sobre el padre.


Fue por eso que la evangelización entre los indígenas se hizo más fácil a partir de la presencia de Santa Maria de Guadalupe en tierras mexicanas.

MÁS PRINCIPIOS TEOGÓNICOS

Existen varios principios teogónicos (conocimiento de los dioses) entre los aztecas que los misioneros, por no comprenderlos, los desecharon y que la Virgen de Guadalupe los retoma.

  1. a) Tloque nahuaque, que significa dueño del cerca y del junto.

Que es el lenguaje con el que se relacionan con el indio Juan Diego cuando le dice “Quiero que aquí en este lugar se me construya una casita”.

  1. b) Ipalnemohuani, cuyo significado es aquel por quien se vive.

Nuevamente, Santa María de Guadalupe retoma este difrasismo cuando dice “¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿Qué más has de menester?”.

  1. c) In Xóchitl in Cuícatl, que significa flor y canto.

La Virgen morena se va a hacer presente en el Tepeyácatl (cerro de la nariz donde se veneraba a la Tonantzin)

Y se manifiesta a través de las flores, porque éstas simbolizaban la verdad.

La imagen les hablaba a los indígenas a través de los signos: era un pictograma, un códice.

Era como un libro que les hablaba por la imagen.

Los aztecas se expresaban por signos que representaban ideas y objetos.

Esta imagen era una evangelización.

CABELLO

Lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas es señal de virginidad. Es Virgen y Madre.

ROSTRO

Su rostro es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración.

Su semblante es dulce, fresco, amable, refleja amor y ternura, además de una gran fortaleza.

MANOS

Sus manos están juntas en señal de recogimiento, en profunda oración.

La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda es morena y más llena, podrían simbolizar la unión de dos razas distintas.

EDAD

Representa a una joven que su edad aproximada es de 16 a 18 años.

ESTATURA

La estatura de la Virgen en el ayate es de 1.43 centímetros, compatible con los indígenas.

LOS RAYOS

La Virgen está rodeada de rayos dorados que le forman un halo luminoso o aura.

El mensaje transmitido es: ella es la Madre de la luz, del Sol, del Niño Sol, del Dios verdadero.

Ella lo hace descender hacia el “ombligo de la luna” (México en nátuahl) para que allí nazca, alumbre y dé vida.

LA LUNA

La Virgen de Guadalupe esta de pie en medio de la luna.

Y no es casual que las palabras México en nátuahl son “Metz – xic – co” que significan “en el ombligo de la luna”.

También es símbolo de fecundidad, nacimiento, vida. Marca los ciclos de la fertilidad femenina y terrestre.

EL ÁNGEL

Un ángel está a los pies de la Guadalupana con ademán de quien acaba de volar.

Las alas son como de águila, asimétricas y muy coloridas, los tonos son parecidos a los del pájaro mexicano tzinitzcan que Juan Diego recordó, anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe.

Sus manos sostienen el extremo izquierdo de la túnica de la Virgen y el derecho del manto.

El ángel, hombre alado, simboliza a Juan Diego, cuyo nombre era Cuautlatohuac, que significa «el que habla como el águila».

Llevaba la camisa que usaban los indios convertidos; pues antes, debajo de la tilma, sólo llevaban el taparrabos.

Juan Diego es el ángel mensajero que nos trae a la Virgen de Guadalupe: la sostiene con sus brazos.

EL BROCHE CON LA CRUZ

Indica que ella nos trae la joya de Cristo crucificado.

Era la misma cruz que ellos veían en los estandartes de los españoles.

MILAGROS ALREDEDOR DE LA TILMA, DESDE SIEMPRE

El día 26 de Diciembre de 1531 (pocos días después del milagro) iba un grupo transportando la tilma al cerro del Tepeyac.

En la misma iban muchos indios festejando, como era la costumbre de los chichimecas, jugando con los arcos y las flechas y danzando.

A uno de ellos se le disparó accidentalmente una flecha, con tan mala suerte que atravesó la garganta de un indio que iba caminado acompañando el manto. 

El mismo murió en el acto en que la flecha le atravesó la yugular.

Luego de haberle extraído la flecha delante mismo del manto, el indio revivió y sólo le quedo la cicatriz hasta el día en que murió.

A raíz de este impresionante hecho 9.000.000 de indígenas se convirtieron al cristianismo.  

Sin embargo se ha construido una leyenda negra alrededor de la conquista cristiana de América.

Que habla de la demolición de las culturas latinoamericanas, en especial Azteca e Inca, suplantadas por la europea.
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Y también pone énfasis en los crímenes y asesinatos durante la conquista.

No se puede negar que hubo excesos. Pero tampoco que el motor de esto es una crítica básicamente política.

En primer lugar los críticos no consideran que los imperios Azteca e Inca eran brutalmente agresivos con los otros pueblos conquistados.

Sin embargo la leyenda negra las retrata como civilizaciones pacíficas atacadas por los crueles cristianos europeos.

En segundo lugar hay que considerar que cuando chocan dos culturas se producen conflictos.

Y no se puede culpar a la Iglesia Católica por directivas que emanaban del poder político español y portugués de la época.

Y es más, los clérigos que acompañaban las expediciones a América, se caracterizaron siempre por la defensa de los indígenas.

Esto contrasta con la conducta de los protestantes ingleses, qué consideraban a los Indígenas cómo predestinados a no salvarse.

Y por lo tanto menos valiosos que los predestinados para salvarse, como eran ellos.

Basta ver qué América Latina tiene hoy un fuerte componente indígena mientras en Estados Unidos y Canadá;

las naciones indígenas han desaparecido prácticamente a consecuencia de una política incesante de exterminio..  

189 EL MILAGRO ESPECTACULAR


189 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Una vez que se ha calmado el griterío,

Jesús empieza a hablar:

“El Señor dijo a Josué:

“Habla a los hijos de Israel y diles: Separad las ciudades de que os hablé por medio de Moisés para los fugitivos; 

para que en ellas se puedan refugiar los que involuntariamente hayan matado a una persona,

pudiendo evitar así la ira del pariente próximo, del vengador de la sangre'”.

Pues bien, Hebrón es una de estas ciudades.

También está escrito:

“Los ancianos de la ciudad no entregarán al inocente en manos de quien lo busca para matarlo;

antes bien lo acogerán, le darán morada y permanecerá allí hasta el juicio y hasta la muerte del sumo sacerdote de entonces,

después de lo cual podrá volver a su ciudad y a su casa”.

En esta ley está ya presente y establecido el amor misericordioso hacia el prójimo.

Dios ha impuesto esta ley porque no es lícito condenar al acusado sin haberlo escuchado, ni matar en un momento de ira.

Lo mismo puede decirse también para los delitos y las acusaciones de orden moral.

No es lícito acusar si no se conoce, ni juzgar sin haber oído al acusado.

Mas, hoy día, a las acusaciones y condenas debidas a culpas supuestas en todos o a culpas imaginadas, se ha añadido una nueva serie:

La que se dirige y se pronuncia contra los que se presentan en nombre de Dios.

Durante los siglos pasados, se ha repetido contra los Profetas; ahora es contra el Precursor del Cristo y contra el Cristo.

Ya lo habéis visto.

Juan, atraído con engaño fuera del territorio de Siquem, espera la muerte en las prisiones de Herodes,

porque nunca se doblegará ante ninguna mentira ni amaño alguno.

De todas formas se podrá truncar su vida, cortarle la cabeza.

Mas no podrán quebrar su honestidad, ni separar su alma de la Verdad,

a la que él ha servido fielmente en sus más distintas formas: divinas, sobrenaturales o morales.

De la misma forma, se persigue al Cristo, con furia doble, diez veces mayor, porque

Él no se limita a decir: “No te es lícito” a Herodes.

sino que con vehemencia va diciendo en nombre de Dios y por el honor de Dios esto mismo,

por todos aquellos lugares donde entra y encuentra pecado o sabe que hay pecado,

sin excluir a ninguna categoría.

¿Cómo es posible esto?

¿Es que ya no hay siervos de Dios en Israel?

Sí los hay.

Lo que pasa es que son “ídolos”.

En la carta de Jeremías a los exiliados, están escritas entre muchas cosas éstas.

Quiero que pongáis atención en ellas;

porque toda palabra del Libro es una enseñanza que, desde que el Espíritu la hace escribir por un hecho presente, se refiere a un hecho futuro.

Así pues, está escrito:

…”Cuando entréis en Babilonia veréis dioses de oro, plata, piedra, madera…

Cuidaos de no imitar las obras de los extranjeros. Y no tengáis miedo a sus ídolos…

Decid en vuestro corazón:

“Sólo a ti se te debe adorar, Señor”‘.

La carta enumera las particularidades de estos ídolos, que tienen lengua fabricada por un artífice;

de la que no se sirven contra sus falsos sacerdotes, que los despojan de su oro para ataviar a las meretrices…

Y luego toman el oro profanado por el sudor de la prostitución para volver a componer al ídolo;

de estos ídolos que pueden ser corroídos por la herrumbre o la polilla…

que están limpios y ordenados solamente cuando el hombre los lava y los compone;

pues por sí mismos nada pueden hacer a pesar de tener en la mano el cetro o la segur. 

Y termina el Profeta diciendo: “Por tanto, no los temáis”. Luego añade: “Estos dioses son inútiles como vasijas rotas.

Sus ojos están llenos del polvo que levantan los pies de los que entran en el templo.

Están bien custodiados:

Como en una tumba o como quien hubiera ofendido al rey, porque cualquier persona podría despojarlos de sus valiosas vestiduras.

No ven la luz de las lámparas; son en el templo como las vigas.

Las lámparas lo único que hacen es ahumarlos, mientras lechuzas, golondrinas u otros pájaros vuelan sobre sus cabezas y los motean de excrementos.

Y los gatos se guarecen entre sus vestiduras y las rompen.

Por tanto no hay que tenerles miedo, son cosas muertas.

El oro no les sirve para nada, sólo es una cosa externa; si no se limpia no brillan.

Tampoco sintieron nada cuando los fabricaron.

El fuego no los despertó.

Los compraron a precios fabulosos.

Los llevan a donde el hombre quiere, porque son vergonzosamente impotentes…

¿Y por qué pues, se les llama dioses?

Porque se les dedica adoración, ofrendas y la pantomima de falsas ceremonias:

Los que las celebran no las sienten, quienes las ven no creen en ellas.

Si se les hace algún mal, como si es un bien, no responden.

Son incapaces de elegir o destronar a un rey.

No pueden devolver las riquezas, ni tampoco el mal.

No pueden salvar a un hombre de la muerte, ni al débil de las manos del déspota.

No sienten piedad ni por las viudas ni por los huérfanos. Asemejan a las piedras de la montaña…

Así, más o menos, dice la carta.

Mirad, ya no tenemos santos sino ídolos, en las filas del Señor;

por este motivo el mal es capaz de alzarse contra el bien:

El mal que motea de excremento el intelecto y el corazón de los que ya no son santos y anida entre sus falsas vestiduras de bondad.

Ya no saben pronunciar las palabras de Dios.

Es lógico: su lengua es obra humana y hablan por tanto, palabras de hombre.

¡Cuando no de Satanás! 

Sólo saben arremeter insensatamente contra inocentes y pobres;

pero guardan silencio ante la corrupción grave.

En efecto, habiéndose corrompido todos, no pueden acusar al otro de las mismas culpas propias:

Con ambición – no por el Señor sino por Satanás -, trabajan aceptando el oro de la lujuria y del desmán.

Y lo trafican y sustraen, en manos de un frenesí que desborda todo límite y arrasa cuanto encuentra a su paso.

Sin cesar, se les deposita encima el polvo que fermenta sobre ellos.

Externamente su rostro está limpio, pero el ojo de Dios ve muy sucio su corazón.

La herrumbre del odio y el gusano del pecado los corroe.

No saben cómo hacer para salvarse.

Blanden maldiciones, como cetros o hachas, sin saber que sobre ellos pesa la maldición.

Están encerrados en su pensamiento y en su odio, cual cadáveres en sus sepulcros o prisioneros en sus cárceles-

Y permanecen ahí agarrándose a las barras, pues temen que una mano los aleje de ese lugar:

En efecto donde están, estos muertos son todavía algo, momias, nada más que momias de aspecto humano.

Y sólo el aspecto, pues su cuerpo está reducido a madera seca;

mientras que fuera serían objetos desechados por el mundo que busca la Vida, que necesita la Vida como el niño el pecho materno…

Y que acepta a quien le da Vida y no hedor de muerte.

Están en el Templo sí, y el humo de las lámparas – de los honores – los ahuma…

Pero la luz no les llega; todas las pasiones – los pájaros y gatos – anidan en ellos; 

pero el fuego de la misión no les da el místico tormento de ser consumidos por el fuego de Dios.

Son -refractarios al Amor

El fuego de la caridad no los enciende, la caridad no los viste con sus áureos esplendores:

La caridad de dúplice forma y origen:

Caridad para con Dios y para con el prójimo, la forma; caridad de Dios y del hombre, el origen.

Dios se aleja en efecto, del hombre que no ama, siendo así que el origen divino cesa;

el hombre se aleja del malvado, cesando así el segundo origen.

La Caridad arrebata todo al hombre que no tiene amor.

Se dejan comprar con precio maldito, se dejan llevar a donde quieren la ganancia y el poder.

¡No, no es lícito! Ninguna moneda puede comprar la concienci.

Y menos aún la de los sacerdotes y maestros.

No es lícito mostrarse sumisos ante las cosas fuertes de la Tierra cuando quieren conducirnos a obrar en contra de lo que Dios ha  establecido:

Esto no es sino impotencia espiritual. Y está escrito:

“El eunuco no entrará en la asamblea del Señor”.

Si, pues no puede ser del pueblo de Dios el impotente por naturaleza, ¿Podrá ser su ministro el impotente de espíritu?

En verdad os digo que muchos sacerdotes y maestros, habiendo perdido su virilidad espiritual,

han venido a ser, culpablemente eunucos espirituales.

Muchos. ¡Demasiados!

Meditad, observad, comparad…

Y os daréis cuenta de que tenemos muchos ídolos y pocos ministros del Bien, que es Dios.

Ahora se ve por qué sucede que las ciudades-refugio no son ya tales.

Ya no se respeta nada en Israel.

Los santos mueren por el odio hacia ellos, de los no santos.

Pues bien, mi propuesta es una llamada.

Os llamo en nombre de nuestro Juan, que se está consumiendo por haber sido santo;

que sufre ahora la acción punitiva por ser Precursor mío y por haber tratado de quitar de los caminos del Cordero las inmundicias.

Venid a servir a Dios. El tiempo está cercano. No os coja desapercibidos la Redención.

Haced que llueva en terreno sembrado; si no, en vano caerá la lluvia.

Vosotros, habitantes de Hebrón, debéis ir a la cabeza, porque habéis convivido aquí con Zacarías e Isabel, los santos que merecieron del Cielo a Juan

Aquí Juan ha esparcido el perfume de su gracia con verdadera inocencia de párvulo.

 Y desde su desierto, os ha enviado el incienso anticorruptor de su Gracia, prodigio de penitencia.

No defraudéis a vuestro Juan, que ha llevado el amor al prójimo hasta una altura casi divina,

de forma que ama al último habitante del desierto cuanto a vosotros, paisanos suyos.

Estad seguros que impetra la Salud para vosotros.

Y la Salud está en seguir la Voz del Señor y creer en su Palabra.

Venid en masa, de esta ciudad sacerdotal, al servicio de Dios.

Yo paso y os llamo:

No seáis menos que las meretrices, a las cuales les es suficiente una palabra de misericordia,

para abandonar el camino recorrido precedentemente y tomar el del Bien.

Cuando he llegado me han preguntado:

“Pero, ¿No nos guardas rencor?”.

¡Rencor! ¡No; antes bien, amor!

Espero incluso veros entre las filas de mi Pueblo, del Pueblo que guío hacia Dios en el nuevo éxodo hacia la verdadera Tierra Prometida:

El Reino de Dios, al otro lado del Mar Rojo de los sentidos, más allá de los desiertos del pecado;

libres ya de todo tipo de esclavitud, hacia la Tierra eterna, de pingües delicias, colmada de paz…

¡Venid! Es el Amor que pasa; quien quiera puede seguirle, porque para ser acogidos por El se requiere solamente buena voluntad.

Jesús ha terminado en medio de un silencio atónito.

Parece que muchos están sopesando las palabras que han escuchado…

Prueban su sabor, las degustan, las confrontan.

Mientras esto sucede y Jesús cansado y sudoroso, se sienta a hablar con Juan y Judas.

Y he aquí que se alza un clamor al otro lado del muro…

Gritos confusos que luego se vuelven más claros:

–     ¿Está el Mesías? ¿Está?

La respuesta es afirmativa.

Entonces pasan adelante a un hombre contrahecho que de tan torcido como está parece una “S”.  

La gente lo reconoce:

–     ¡Es Masala!

–     ¡Demasiado contrahecho!

–     ¿Qué puede esperar?

–     ¡Ahí está su madre!

–    ¡Pobrecilla!

El arquisinagogo: 

–    Maestro, su marido la rechaza por ese aborto de hombre de su hijo.

Así que vive aquí de la caridad; pero ahora es ya anciana y le queda poca vida…

El aborto de hombre – realmente es así – está ante Jesús.

No puede ni siquiera ver su rostro de lo encorvado y torcido que está.

Parece una caricatura de hombre-chimpancé o de un camello humanizado.

La madre, anciana y mísera, ni siquiera habla.

Sólo emite una voz que parece un gemido: 

–     Señor. Señor…

Creo…

Jesús pone sus manos sobre los hombros sesgados del hombre, que apenas si le llega a la cintura…

Levanta su rostro hacia el Cielo

y dice con voz potente:

–     ¡Enderézate y sigue los caminos del Señor!

El hombre experimenta un brusco movimiento…

Y como impulsado por un resorte, queda derecho como el más perfectode los hombres.

E1 movimiento ha sido tan repentino, que parece como si se hubieran roto unos resortes, que lo tuvieran contenido en esa posición anómala.

Ahora le llega a Jesús a los hombros

Lo mira y cae de rodillas, con su madre, ante su Salvador.

Y ambos le besan los pies

Es indescriptible la reacción de la muchedumbre…

A pesar de todas las resistencias, Jesús se ve obligado a permanecer en Hebrón;

porque la gente está dispuesta a formar barreras en las salidas para impedirle marcharse.

Así…

Entra en la casa del anciano arquisinagogo, que tan cambiado está respecto al año pasado…