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168 LA HORA DEL INCIENSO


  1. 169 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Pedro entra en el recinto del Templo, en funciones de padre, con aspecto verdaderamente solemne; lleva de la mano a Yabés.

Camina con tanta gallardía, que hasta parece más alto.

Detrás en grupo, todos los demás.

Jesús va el último, ocupado en una animada conversación con Juan de Endor, al cual parece que le da vergüenza entrar en el Templo.

Pedro pregunta a su pupilo:

–     ¿Has venido aquí alguna vez?

–     Cuando nací, padre.

Pero no me acuerdo – lo cual hace reír de satisfacción a Pedro,

que repite la respuesta a los compañeros y éstos se echan a reír también.

Y dicen, con bondad y perspicacia:

–     Quizás es que dormías y por eso…

–    Estamos todos como tú.

–    No nos acordamos de cuando vinimos aquí recién nacidos».

Igualmente hace Jesús con su protegido.

Y recibe una respuesta análoga (poco más o menos).

Juan de Endor en efecto,

dice:

–     Éramos prosélitos.

Vine en brazos de mi madre, precisamente en una Pascua, porque nací a principios de Adar.

Mi madre era de Judea.

Se puso en viaje en cuanto pudo, para ofrecer dentro del tiempo establecido a su hijo varón al Señor…

Quizás demasiado prematuramente…

De hecho, enfermó y no volvió a recuperar la salud.

Yo tenía menos de dos años cuando me quedé sin madre; fue la primera desventura de mi vida.

Pero, siendo su primogénito – unigénito, por su enfermedad -, se sentía orgullosa de morir por haber obedecido a la Ley.

Mi padre me decía: “Ha muerto contenta por haberte ofrecido al Templo”…

¡Pobre madre mía! ¿Qué ofreciste?: un futuro asesino…

–     Juan, no digas eso.

Entonces eras Félix, ahora eres Juan. Ten siempre presente la gran gracia que Dios te ha donado, eso sí.

Pero que no te desaliente ya más lo que fuiste… -¿No volviste ninguna vez al Templo?

–     ¡Sí, sí, a los doce años!

Y, a partir de entonces, siempre. Mientras… mientras pude hacerlo… Después, aun pudiendo venir, ya no volví, porque…

Bueno, ya te he dicho cuál era mi único culto: el Odio.

Incluso por este motivo no me atrevo a entrar aquí.

Me siento extranjero en la Casa del Padre…

Lo he abandonado durante demasiado tiempo…

–     Tú vuelves al Templo de mi mano.

Y Soy el Hijo del Padre; si Yo te conduzco ante el altar es porque sé que todo está perdonado.

Juan de Endor siente una brusca convulsión de llanto,

y dice:

–     Gracias, Dios mío.

–     Sí, da gracias al Altísimo.

¿Ves cómo tu madre, una verdadera israelita, tenía espíritu profético?

Eres el varón consagrado al Señor y que no será rescatado.

Eres mío, eres de Dios, discípulo y por tanto, futuro sacerdote de tu Señor en la nueva era y religión,

que de Mí recibirán el nombre.

Yo te absuelvo de todo, Juan.

Camina sereno hacia el Santo.

En verdad te digo que entre los que viven en este recinto, hay muchos más culpables que tú, más indignos que tú, de acercarse al altar…

Pedro entretanto, se las ingenia para explicarle al niño las cosas más dignas de relieve en el Templo.

Y pide ayuda a los otros más cultos, especialmente a Bartolomé y a Simón,

porque siendo ancianos, se encuentra a gusto con ellos en su papel de padre.

En esto, estän ya ante el gazofilacio para hacer las ofrendas, cuando los llama José de Arimatea.

Después de los recíprocos saludos, 

José pregunta: 

–     ¿Estáis aquí?

¿Cuándo habéis llegado? 

–     Ayer por la tarde.

–     ¿Y el Maestro?

–     Está allí…

Con un discípulo nuevo. Ahora vendrá.

José mira al niño y le pregunta a Pedro:

–     ¿Un sobrinito tuyo?

–     No… sí.

Bueno, quiero decir que, nada en cuanto a la sangre mucho en cuanto a la fe, todo en cuanto al amor.

–     No te comprendo…

–     Un huerfanito…

Por tanto, nada en cuanto a la sangre.

Un discípulo… por tanto, mucho en cuanto a la fe.

Un hijo… por tanto, todo en cuanto al amor.

El Maestro lo ha recogido… y yo le doy mi cariño.

Debe alcanzar la mayoría de edad en estos días…

–     ¿Tan pequeño y ya doce años?

–     Es que…

Bueno, ya te lo contará el Maestro… José, tú eres bueno, uno de los pocos buenos que hay aquí dentro…

Dime, ¿Estarías dispuesto a ayudarme en esta cuestión? Ya sabes…

Lo presento come si fuera mi hijo, pero soy galileo y tengo una fea lepra…  

José se aterroriza separándose.

Y exclama preguuntando: 

–     ¡¿Lepra?! 

Pedro lo tranquiliza: 

–     ¡No tengas miedo!…

Mi lepra es la de ser de Jesús:

la más odiosa para los del Templo, salvo pocas excepciones.

–     ¡No, hombre, no!

]No digas eso!

–     Es la verdad y hay que decirla…

Por tanto, temo que se comporten cruelmente con el pequeño por causa mía y de Jesús.

Además, no sé qué conocimientos tendrá de la Ley, la Halasia, la Haggada y los Midrasiots.

Jesús dice que sabe mucho…

–    ¡Bueno, pues si lo dice Jesús, entonces no tengas miedo!

–     Aquéllos… con tal de amargarme…

–     ¿Quieres mucho a este niño, ¿eh!?

¿Lo llevas siempre contigo?

–     ¡No puedo!…

Yo estoy siempre en camino; él es pequeño y frágil…  

Yabé dice: 

–     Pero iría contigo con gusto…

Que, con las caricias de José, está más tranquilo.

Pedro rebosa de alegría…

Pero añade:

–     El Maestro dice que no se debe…

Y no lo haremos. De todas formas, nos veremos… José, ¿Me vas a ayudar?

–     ¡Claro, hombre!

Estaré contigo. Delante de mí no harán injusticias. ¿Cuándo?

José ve llegar a Jesús…

Y exclama: 

 –   ¡Oh, Maestro!

¡Dame tu bendición!

–     Paz a ti, José.

Me alegro de verte. Y además, saludable.

–     También yo, Maestro.

Los amigos se alegrarán de verte. ¿Estás en Getsemaní?

–     Estaba.

Después de la oración voy a Betania.

–     ¿A casa de Lázaro?

–     No, donde Simón.

Tengo también allí a mi Madre, a la madre de mis hermanos y a la de Juan y Santiago.

¿Irás a verme?

–     ¿Lo preguntas?

Será una gran alegría y un gran honor.

Te lo agradezco. Iré con muchos amigos…  

Simón Zelote aconseja: 

–     ¡Prudente José, con los amigos!… 

–     ¡No, hombre… ya los conocéis!

Es verdad que la prudencia dice: “Que no oiga el aire”.

Pero, cuando los veáis, comprenderéis que son amigos.

–     Entonces…

–     Maestro…

Simón de Jonás me estaba hablando de la ceremonia del niño.

Has llegado cuando estaba preguntando cuándo pensáis llevarla a cabo.

Quiero estar presente también yo.

–     El miércoles que precede a la Pascua.

Quiero que celebre su Pascua, ya como hijo de la Ley.

–     Muy bien.

Comprendido. Iré a recogeros a Betania.

Pero antes el lunes, iré con los amigos.

–     De acuerdo, no se hable más.

–     Maestro, te dejo.

La paz sea contigo. Es la hora del incienso.

–     Adiós, José.

La paz sea contigo.

Ven Yabé, que es la hora más solemne del día.

Hay otra análoga por la mañana, pero ésta es todavía más solemne.

El día empieza con la mañana:

justo es que el hombre bendiga al Señor para que el Señor lo bendiga durante todo el día en todas sus obras.

Pero al atardecer es aún más solemne: declina la luz, cesa el trabajo, llega la noche.

La luz que declina recuerda la caída en el mal.

Y verdaderamente las acciones de pecado se producen generalmente por la noche.

¿Por qué?

Porque el hombre ya no está ocupado en el trabajo y más fácilmente se ve envuelto por el Maligno,

que proyecta sus propuestas y pesadillas.

Bueno es por tanto, después de haberle agradecido a Dios su protección durante el día,

elevarle nuestra súplica para que se alejen de nosotros los fantasmas de la noche y las tentaciones.

La noche con su sueño, símbolo de la muerte…

Dichosos aquellos que, habiendo vivido con la bendición del Señor se duermen no en las tinieblas, sino en una fúlgida aurora.

El sacerdote ofrece el incienso por todos nosotros, ora por todo el pueblo, en comunión con Dios.

Y Dios le confía su bendición para que la imparta al pueblo de sus hijos.

¿Te das cuenta de lo grande que es el ministerio del sacerdote?

–     Yo quisiera… Me sentiría todavía más cerca de mi madre…

–     Si eres siempre un buen discípulo e hijo de Pedro, lo serás.

Mas ahora ven.

Mira, las trompetas anuncian que ha llegado la hora.

Vamos con veneración a alabar a Yeohveh.

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164 EL ANHELO IMPOSIBLE


164 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Santiago de Alfeo pregunta: 

–     ¿Señor, aquella cima es el Carmelo? 

Jesús responde:

–     Sí, hermano.

Aquélla es la cadena montañosa del Carmelo. La cúspide más alta le da el nombre.

–     Debe ser bonito también desde allí el mundo.

¿Has estado alguna vez?

–     Una vez,

Yo solo al principio de mi predicación. Al pie de ese monte curé a mi primer leproso. Pero iremos de nuevo juntos, para recordar a Elías…

–     Gracias, Jesús.

Me has comprendido, como siempre.

–     Y como siempre, te perfecciono, Santiago.

–     ¿Por qué?

–     El porqué está escrito en el Cielo.

–     ¿No me lo dices, hermano?

¿Tú que lees lo que está escrito en el Cielo?

Jesús y Santiago van caminando el uno al lado del otro.

Sólo el pequeño Yabé, que va también ahora de la mano de Jesús, puede oír la conversación confidencial de los dos primos, que se sonríen mirándose a los ojos.

Jesús, pasando un brazo por encima de los hombros de Santiago para acercárselo aún más,

pregunta:

–     ¿Realmente quieres saberlo?

Pues bien, te lo voy a decir en forma de adivinanza; cuando encuentres la clave serás sabio.

Escucha:

“Habiéndose reunido los falsos profetas en el monte Carmelo, se acercó Elías y dijo al pueblo:

“¿Hasta cuándo seguiréis cojeando de dos partes? Si el Señor es Dios, seguidlo; si Baal, seguid a éste”.

El pueblo no respondió.

Entonces Elías siguió diciendo al pueblo:

“De los profetas del Señor he quedado yo sólo” y la única fuerza de este hombre solo era el grito :

“Escúchame, Señor, escúchame, para que este pueblo reconozca que eres el Señor Dios y que has convertido de nuevo sus corazones”.

Entonces el fuego del Señor cayó y devoró el holocausto”.

Hermano, adivina.

Santiago inclina la cabeza y se pone a pensar.

Jesús lo mira sonriendo.

Caminan unos metros así,

luego Santiago dice:

–     ¿Tiene que ver con Elías o con mi futuro?

–     Con tu futuro, naturalmente…

Santiago se queda de nuevo pensativo.

Y susurra:

–     ¿Seré destinado a invitar a Israel a que siga con autenticidad un camino?

¿Seré llamado a quedarme solo en Israel? Si la respuesta es afirmativa, quieres decir que los otros serán perseguidos y que los dispersarán.

Y que… que… elevaré mi oración a Tí por la conversión de este pueblo…

Como sacerdote… como… víctima…

Si es así, ¡Oh! inflámame ya desde este momento, Jesús!…

–     Lo estás ya.

Mas ha de raptarte el Fuego, como a Elías; por este motivo subiremos al Carmelo tú y Yo solos…

Y hablaremos.

–     ¿Cuándo?

¿Después de la Pascua?

–     Después de una Pascua, sí.

Entonces te diré muchas cosas…

Un arroyo que fluye hacia el mar, colmado su caudal por las lluvias primaverales y la disolución de las nieves, se interpone en su camino.

Acude Pedro y dice:

–     El puente está más arriba.

Por donde pasa el camino que va de Tolemaida a Engannim.

Jesús, dócilmente vuelve sobre sus pasos.

Cruza el arroyo por un sólido puente de piedra.

Enseguida vuelven a verse montañas y colinas pequeñas.

Felipe pregunta: 

–     ¿Llegaremos a Engannim antes de que anochezca? 

–     Ciertamente.

Pero… ahora tenemos con nosotros a un niño. 

Y Jesús pregunta amoroso: 

–    ¿Estás cansado Yabé?

Sé sincero como un ángel. 

El niño contesta:  

–     Un poco, Señor.

De todas formas, me esforzaré en seguir caminando.  

El hombre de Endor, con su voz gutural,

dice:

–     Este niño está débil.

Pedro exclama: 

–     ¡Mira tú éste!…

¡Con la vida que lleva desde hace algunos meses!… ¡Ven para que te tome en brazos!

–     ¡Oh, no, señor!

No, que te cansas. Todavía puedo andar yo.

–     ¡Ven, ven, que no pesas!

Pareces un pajarillo desnutrido.  

Pedro lo levanta en vilo, lo sienta montado sobre sus anchos y fuertes hombros.

Y lo sujeta por las piernitas flacas que le cuelgan a los lados..

Caminan ligeros porque el sol ya es fuerte y los invita estimulándolos a llegar a las boscosas colinas.

Se detienen en un pueblo llamado Megguidó, para comer y descansar junto a una fuente muy fresca.  

Rumorosa por la mucha agua que de ella brota y que cae en una pila de piedra oscura.

Ninguno del pueblo se interesa por los peregrinos anónimos, entre los muchos que van a pie, en burros o mulas hacia Jerusalén para la Pascua.

Se respira ya aire de fiesta.

Muchos niños, pensando jubilosos en la ceremonia de su mayoría de edad, van con los viajeros.  

Yabé está con Pedro, que lo tiene conquistado con bagatelas y golosinas.  

Dos muchachitos de holgada y evidente riqueza, que se han acercado a jugar junto al manantial, cerca de donde están Yabé y Pedro,

le preguntan al niño:

–  ¿Tú también vas para ser hijo de la Ley?

Yabé responde casi escondiéndose detrás de Pedro:

–   Sí.

–   ¿Este es tu padre?

¿Eres pobre, verdad?

–   Sí. Soy pobre.

Los muchachos que parecen ser hijos de fariseos, lo escudriñan irónicos y curiosos.

Le dicen:

–   Se ve.

Y de hecho, sus vestidos son miserables harapos y demasiado cortos.

Sus pequeños pies calzan unas sandalias muy feas, sostenidas con burdas correas, que son una tortura para sus pies.

Y los muchachitos, llevados por un egoísmo cruel propio de muchos niños que no son buenos,

dicen:

–   ¡Oh!

¡Entonces no vas a tener vestido nuevo para tu fiesta

¡Nosotros, mira…! ¿Verdad Joaquín?

Mi vestido es rojo y también el manto. El de él es azul. Y tendremos sandalias con hilos de plata.

Y un cinturón bordado con oro y un talet sostenido con una lámina de oro y…  

Pedro que ha terminado de llenar las cantimploras,

les grita: 

–  Y un corazón de piedra, ¡Digo yo!

¡Sois malos, muchachos! La ceremonia y los vestidos valen un comino, si el corazón no es bueno. Prefiero a mi niño.

¡Largaos orgullosos y presumidos!

¡Idos con los ricos y tened respeto a quién es pobre y honesto!

Ven Yabé. El agua es buena para los pies cansados. Ven para que te los lave.

Después caminarás mejor. Te llevaré en brazos hasta Enganím. Buscaré uno para que te haga sandalias nuevas.

Y Pedro lava y seca los pequeños pies lastimados, que desde hace tanto tiempo no han sido acariciados.  

Yabé va a cumplir doce años, pero parece un niño escuálido de nueve.

El niño mira a Pedro, titubea, luego se inclina sobre el hombre que le está acomodando las sandalias, lo rodea con sus bracitos flacos,

y le dice:

–  ¡Qué bueno eres!

Y lo besa en los cabellos alborotados.

Pedro se conmueve…

Se sienta en la tierra mojada y le pide:

–   Ahora dime: ‘padre’…

El cuadro es enternecedor.

Jesús se acerca junto con los demás.

Los dos niños, que se habían quedado por curiosidad,

dicen:

–   Luego, ¿No es tu padre?

Yabé responde con firmeza:

–   Para mí es padre y madre.

–   Sí querido.

Dijiste bien: padre y madre.

Y a vosotros señoritos; os aseguro que no irá mal vestido a la ceremonia. Irá como un rey.

Los dos rapazuelos se sorprenden y se van corriendo.

Jesús pregunta con una gran sonrisa:

–    ¿Qué haces Simón, sentado en el suelo mojado?

–           ¿Mojado?

¡Oh, sí! No me había dado cuenta. ¡Ah, Maestro! Debes dejar que me encargue de este pequeño. Luego lo entregaré.

Hasta que no sea un verdadero israelita es mío.

–  ¡Pero claro que sí!

Tú serás su tutor, como un viejo padre. ¿Está bien? Vámonos. Para llegar al atardecer y para no hacer correr mucho al niño…

–  Yo lo cargo.

Pesa más mi red. No puede caminar con estas suelas rotas. Ven, Yabé.

Y Pedro, cargándose encima a su ‘hijito’, continúa feliz su camino, cada vez más sombreado bajo las  arboledas de frutas varias, en un ascender suave de colinas…

Desde las cuales la vista se dilata hacia la fecunda llanura de Esdrelón.

Engannim es una linda ciudad, no grande, bien abastecida de agua de las colinas a través de un acueducto elevado.

Jesús y los suyos están ya en las cercanías de la ciudad.

Entonces perciben el rumor de una patrulla militar que está acercándose.

Se hacen a un lado, arrimándose al borde del camino y los cascos de los caballos resuenan contra el pavimento,

Publio Quintiliano es el comandante, baja del caballo y deteniéndolo pór la brida, se acerca a Jesús con una sonrisa franca. 

Y lo saluda: 

–           ¡Salve, Maestro!

Milagro de verte por aquí. 

Sus soldados aflojan el paso y lo esperan.

Jesús contesta:

–   Voy a Jerusalén para la Pascua.

–   Yo también.

Durante las fiestas se refuerzan las guardias, pero también viene Poncio Pilatos a ellas y está Claudia.

Somos su estafeta. Nosotros patrullamos los caminos para protegerla a ella. ¡Son caminos tan inseguros!… Las águilas espantan a los chacales.

Dice el tribuno muy sonriente y mira a Jesús.

Después en voz baja agrega:

–     Este año tenemos doble guardia para proteger las espaldas del desvergonzado de Antipas.

Hay mucho descontento porque arrestó al Profeta. Descontento en Israel y como consecuencia, entre nosotros.

Pero… hemos pensado en dar una cadenciosa melodía de flautas al Sumo Sacerdote y a sus compinches.

Y en voz más baja aún, añade:

–     Tú estás seguro. Los de uñas largas no las sacarán. ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! Nos tienen miedo.

Basta con aclarar la voz; para que crean que es un rugido.

¿Hablarás en Jerusalén? Ven cerca del Pretorio. Claudia habla de Ti, diciendo que eres un gran filósofo. Eso es bueno para Ti, porque…

el verdadero Procónsul es Claudia; es nieta de Augusto.

Quintiliano mira a su alrededor y ve a Pedro cargado, rojo y sudado.  

Y pregunta: 

–     ¿Y ese niño?

–     Un huérfano que he tomado conmigo.

–     ¡Pero… ese hombre tuyo se está esforzando demasiado!

Niño, ¿Tienes miedo a ir unos metros a caballo? Te pongo aquí, bajo mi clámide; iré suave.

Cuando lleguemos a las puertas, te dejo que sigas con este hombre.

El niño no ofrece resistencia y es dulce como un cordero.

Publio lo levanta en vilo y lo sienta consigo en su montura.

A1 dar la orden de ir despacio a los soldados, ve también al hombre de Endor.

Lo mira fijamente y dice:

–     ¿Tú también por aquí?

–     Sí.

Ya no vendo huevos a los romanos, pero los pollos están todavía allí. Ahora estoy con el Maestro…

–     ¡Bien para ti!

Así te sentirás más confortado. ¡Adiós!

¡Salve, Maestro, te espero en aquel pequeño grupo de árboles.

Y espolea a su cabalgadura.   

Los apóstoles preguntan a Juan de Endor: 

–     ¿Os conocéis?

–     Sí, como proveedor de pollos.

Antes no me conocía. Una vez fui llamado a la comandancia a Naím, para fijar los precios, y estaba él.

Desde entonces, cuando iba a Cesárea a comprar libros o algún utensilio siempre me saludaba. 

 Me llama Cíclope o Diógenes. No es malo. A pesar de mi odio por los romanos, no me mostré nunca agresivo con él porque me podía ser útil. 

Pedro dice: 

–    ¿Has oído, Maestro?

¿Ves?, han surtido buen efecto mis palabras al centurión de Cafarnaúm.

Ahora estoy más tranquilo.

Y llegan a la arboleda a cuya sombra se ha detenido la patrulla. 

El tribuno dice: 

 –      Bien. Aquí está el niño.

¿Algunas órdenes, Maestro?

–      No, Publio.

Dios te muestre su rostro.

–    Salve.  –Y se sube al caballo.

Lo espolea y los suyos le siguen.

Se oyen los cascos de los caballos y se ven brillar las corazas.   

Entran a la ciudad y Pedro lleva al niño a comprarle sus sandalias.

Zelote dice:

–   Este hombre se muere por tener un hijo.

Tiene razón.

Jesús contesta:

–   Os daré millares.

Ahora vamos a buscar refugio para seguir mañana al amanecer.

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156 SABIDURÍA INOCENTE


156 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Los apóstoles caminan comentando el milagro.

Mientras el maestro se va severo y derecho, hacia la zona en donde viven los pobres.

Se detienen en una casita paupérrima, de la que sale un niño retozón…

Y detrás de él, su madre.

Jesús dice:

–    Mujer.

¿Me permites entrar en tu huerto y estar un poco hasta que baje el sol?

Ella contesta muy amable:

–     Entra, Señor.

También a la cocina si quieres. Te traeré agua y algo más… 

–    No te afanes.

Me basta con estar en la sombra de este huerto tranquilo.

Después que han entrado y se han acomodado, la mujer va y viene.

Trata de decir algo, pero no se atreve.

Entonces se pone a arreglar sus hortalizas, pero no pierde de vista al Maestro.

Y al niño con sus gritos, cuando atrapa una mariposa y con sus juegos.

Esto la pone nerviosa porque le impide oír lo que Jesús dice.

Se pone de mal humor y le da un coscorrón al chiquillo, el cual grita mucho más fuerte.

Zelote había preguntado a Jesús:

–    ¿Crees que María se haya conmovido con esto?

Jesús contesta:

–   Más de lo que se deja ver…

Y al oír al niño, voltea y lo llama a Sí.

El chiquillo corre a acabar de llorar sobre las rodillas de Jesús.

La mujer lo llama:

–   ¡Benjamín!

Ven aquí y no perturbes…

Jesús le dice:

–    ¡Déjalo! Déjalo.

Se portará bien y te dejará en paz. 

Y volviéndose hacia el niño,

le dice:  

–     No llores.

Tu mamá no te hizo daño. Sólo te ha hecho obedecer.

¡Por qué gritabas cuando ella quería que no lo hicieras!

Tal vez se siente mal y tus gritos la ponen nerviosa.

El niño rápido.

Con esa franqueza infantil que tanto desespera a los mayores,

dice:

–    ¡Oh..No!

No se siente mal.

Quería oír lo que Tú estabas diciendo, me lo dijo.

Y yo que quería venir contigo, hacía ruido a propósito, para que Tú me mirases.

Todos ríen de buena gana…  

Y la mujer se ruboriza.

Jesús le dice:

–    No te pongas colorada, mujer.

Ven aquí.

¿Me querías oír hablar? ¿Por qué?

Ella contesta toda turbada:

–    Porque eres el Mesías.

Con el milagro que hiciste… Y quería oírte.

Casi nunca salgo de Mágdala, porque mi marido es muy duro y tengo cinco niños.

El más pequeño tiene cinco meses.

Y Tú nunca vienes acá.  

–   He venido a tu casa.

Míralo.

–    Por esto quería oírte.

–   ¿En dónde está tu marido?

–    En el mar, Señor.

Aquí si no se pesca, no se come.

No tengo más que este huertecillo, ¿Crees que pueda alcanzar para siete personas?

Y con todo, Miqueas querría que así fuese…

–   Ten paciencia, mujer.

Todos tienen su cruz.

La mujer objeta rápido:

–     ¡Eh! ¡No!

¡Las desvergonzadas no hacen más que gozar!

Viste lo que hacen ellas.

Gozan y hacen sufrir. 

No se destrozan los riñones con tener hijos y con trabajar.

No tienen ampollas de la pala,

ni se desuellan lavando ropa.

Siempre hermosas y frescas que están.

Para ellas no existe la sentencia contra Eva.

Al revés.

Son nuestro castigo porque los hombres…

Tú me entiendes.

–   Te entiendo.

Pero ten en cuenta, que también ellas se han impuesto una cruz muy dura.

La más dura y que no se ve.

La de la conciencia que les reprocha.

La del mundo, que se burla de ellas.

La de su sangre, que las rechaza.

La de Dios, que las maldice…

No son felices, créemelo.

No se destrozan los riñones en engendrar, ni en trabajar.

No se les hacen callos en las manos por el trabajo.

Pero da lo mismo:

Se sienten destrozadas y con vergüenza…

Su corazón es una llaga completa.

No envidies su apariencia, su frescura, su fingida serenidad.

Es un velo puesto sobre una ruina de muerte.

Y que no da paz.

No tengas envidia de su sueño.  

Tú que eres una madre honrada, que sueñas con tus inocentes…

Ellas no tienen más que pesadillas sobre su almohada.

Y al día siguiente…

En el día que se encuentren agonizantes o sean viejas…

No tendrán más que remordimientos y pavor…  

La mujer acepta humildemente: 

–     Es verdad.

Perdóname.

¿Me permites que me quede aquí

–    Quédate.

Diremos una hermosa parábola a Benjamín.

Y los que no son niños la aplicarán a sí mismos y a María de Mágdala…

Escuchad:

En vosotros existe la duda de que María se convierta al Bien.

No se ve señal alguna en ella, en este sentido:

Desvergonzada, descarada y sin pudor.  

Consciente de su posición y de su poder.

Tuvo la osadía de desafiar a la gente…

E ir hasta el umbral de la casa, donde lloran por su culpa…

Al reproche de Pedro, respondió con una risotada.

A mi mirada que la invita, con una soberbia de desprecio.

Algunos de vosotros habéis deseado que por amor a Lázaro o por amor a Mí. 

Le hablase directamente.

Sujetándola con mi fuerza, mostrando mi poder de Mesías Salvador.

No. No es necesario.

Lo dije hace poco, también por otra pecadora…

Las almas deben hacerse por sí mismas.

Yo paso. Arrojo la semilla.

Ésta trabaja secretamente.

Se respeta al alma en este trabajo suyo.

Si la primera semilla no sirve, se siembra otra.

Otra y otra…

Y solo deja uno de hacerlo, cuando hay pruebas de que es inútil sembrar.

Se ruega.

La plegaria es como rocío sobre los terrones:

Que los vuelve flojos y buenos. Y la semilla puede germinar.

¿No haces así, mujer; con tus verduras?

Escuchad ahora la parábola que os habla de lo que Dios trabaja en los corazones, para fundar su Reino…

Cada corazón es un reino pequeño de Dios en la tierra.

Después de la muerte, todos estos pequeños reinos, se juntarán y formarán un solo Reino de los Cielos.

Inmenso, Santo, Eterno.

El Sembrador Divino crea el Reino de Dios, en los corazones.

Viene a su posesión.

El hombre es de Dios y por esto, cada hombre es inicialmente suyo.

Y esparce su semilla.

Luego pasa a otras posesiones, a otros corazones.

Los días pasan y con ellos las noches.  

Los días traen sol y lluvias.

Esto es, rayos de amor divino y efusión de la sabiduría divina, que habla al espíritu.

Las noches traen estrellas y silencio, que da paz.

En nuestro caso, son los llamamientos luminosos de Dios…

Y silencio para el espíritu, para que se recoja y medite.

La semilla, durante esta sucesión de providencias inadvertidas y poderosas; se hincha y se parte en dos.

Echa raíces y arroja fuera las primeras hojitas.

Crece.

Todo esto, sin que el hombre la ayude.

La tierra produce espontáneamente de la semilla, la plantita.

Luego ésta se robustece; se yergue y brota la espiga.

Ésta se levanta, se hincha, se endurece.

Toma el color dorado y se vuelve una señora espiga.

Cuando está ya madura, regresa el sembrador.

La siega.

No podría hacerse de otro modo y por eso se le corta.

Mi Palabra realiza el mismo trabajo en los corazones.

Me refiero a los que aceptan la semilla.

Pero el trabajo es lento.

Es necesario no deteriorarlo con la premura.

Cuando trabajosamente la pequeña semilla se parte en dos…

Y cuando difícilmente echa raíces en la tierra…

También el corazón duro es indomable y agreste.

Y el trabajo es fatigoso.

Debe abrirse.

Dejarse buscar.

Aceptar cosas nuevas.

Cansarse para nutrirlas.

Aparecer diverso, porque ya no lo cubren como antes, pompas inútiles.

Sino humildes y útiles cosas, que ya no lo hacen atrayente.

Debe contentarse con trabajar humildemente, sin llamar la atención; porque esto es útil a la Idea Divina.

Se debe esforzar por todos los medios, por crecer y dar espiga.

Se debe encandecer de amor, para convertirse en grano.

Y cuando haya vencido los respetos humanos, (entiéndase mejor: ‘El qué dirán’)

Cosa muy dura.

Haya sufrido y se haya acostumbrado a su nueva vestidura.

Entonces debe despojarse de un tajo cruel…

Dar todo para tenerlo todo…

Quedarse sin nada para ser revestido en el Cielo, con la estola de los santos.

La vida del pecador que llega a ser santo, es la batalla más larga, heroica, gloriosa.

Os lo aseguro…

Por lo que he dicho, podéis comprender que me comporte así con María.

¿Me porté de manera diferente contigo, Mateo?

El apóstol contesta:

–    No, Señor mío.

–    Y dime la verdad, ¿Qué te movió, más?

¿Mi paciencia o la sátira de los fariseos?

–   Tu paciencia.

Tanto, que estoy aquí…  

Los fariseos con sus desprecios y sus anatemas; me hacían desdeñoso.

Y por desprecio, hacía más mal de cuanto había hecho hasta el presente.

Así sucede.

Cuando uno está en pecado, se insensibiliza.

Mucho más cuando oye que se le trata de pecador.

Pero cuando en lugar de un insulto, recibimos una caricia, queda uno estupefacto.

Después vienen las lágrimas.

Y cuando éstas llegan, las costras del pecado se abren y caen…

Queda uno desnudo ante la Bondad y se le pide con el corazón:

Que se digne vestirlo a uno consigo.

–    Dijiste bien.  

Y volviéndose hacia el niño,  

Jesús pregunta:   

–    Benjamín, ¿Te gusta lo que dije?…

El niño asiente con la cabeza.  

Jesús aprueba: 

–    ¡Bravo! Y…

¿Dónde está la mamá?

Santiago de Alfeo contesta:

–    Cuando estaba por terminarse la parábola…

Salió y se fue a la carrera, por aquel camino…

Tomás dice:

–   Habrá ido al mar.

A ver si ya viene su esposo.

El niño, que sigue apoyado en las rodillas de Jesús;

dice:

–    No.

Fue a la casa de su mamá, a traer a mis hermanos.

Mi mamá los lleva allá, para poder trabajar.

Bartolomé observa:

–   ¿Y tú estás aquí, muchacho?

Debes ser una buena viborita, para que te tenga solo.

–   Yo soy el mayor y la ayudo…

Pedro le pregunta:

–   A ganarse el Paraíso.

Pobre mujer. ¿Cuántos años tienes?

El pequeño contesta con orgullo:

–    Dentro de tres años, seré hijo de la Ley…

Tadeo le pregunta:

–    ¿Sabes leer?

–   Sí.

Pero despacio. Porque el maestro me expulsa casi todos los días, hasta afuera.

Bartolomé, murmura:

–    ¡Ya lo decía yo!…

El niño explica:

–    Pero lo hago así…

Porque el maestro es viejo y feo.

Y dice siempre las mismas cosas que lo adormecen a uno.

Si fuese como Él, -señala a Jesús- estaría contento. Y mirandolo,pregunta: 

–    ¿Le pegas Tú a quien duerme o juega?

Jesús responde:

–   Yo no le pego a nadie.

Digo a mis estudiantes: ‘Estad atentos por vuestro bien y por amor mío’.

El niño aprueba:

–   Muy bien.

Por amor está bien. No por miedo.

–    Pero si te portas bien; el maestro te va a querer.

La lógica infantil es intransigente:

–   ¿Sólo quieres al que es bueno?

Hace poco dijiste que habías sido paciente con éste -señala a Mateo- que no había sido bueno.

Jesús ratifica:

–    Soy Bueno con todos.

Pero a quién se hace bueno; lo amo mucho, mucho.

Y con éste, tal vez Yo soy bastante bueno. Muy, muy Bueno…

El niño piensa…

Levanta la cabeza y pregunta a Mateo:

–    ¿Cómo hiciste para ser bueno?

Mateo sonríe, con un gesto indica  Jesús.

Y contesta:

–    Lo amé.

El niño vuelve a pensar…

Mira a los doce…

Y dice a Jesús:

–    ¿Todos estos son buenos?

Jesús confirma:

–    Claro que lo son.

–    ¿Estás seguro?

Yo algunas veces finjo ser bueno; pero es cuando quiero hacer una pillada mucho mayor.  

Todos se ríen a carcajadas.

También el pilluelo…

Jesús ríe y lo estrecha contra su corazón…

Luego lo besa.

El niño siente que se ha hecho amigo de todos…

Quiere jugar y dice:

–    ¡Ahorita te digo yo, quién es bueno!…

Empieza su selección. Mira a todos…  

Y se va derecho con Juan y Andrés, que están juntos. 

Y dice:

–   Tú y tú.

Venid, aquí.

Y los separa de los demás…  

Después toma de la mano a los dos Santiagos y los junta con ellos.

Luego sigue Tadeo.

A continuación, se queda muy pensativo, ante Zelote y Bartolomé.

Y dice:

–    Sois viejos, pero sois buenos.

Y los pone junto a los anteriores.

Enseguida mira atentamente a Pedro…

Que bajo el examen a que se le somete, no deja de hacerle muecas con los ojos.

Pero Benjamín, también dice que es bueno.

Igual suerte corren Mateo y Felipe.

A Tomás le dice:

–   Tú ríes mucho.

Yo lo estoy haciendo en serio.

¿No sabes que mi maestro dice que quien siempre ríe, se equivoca luego en la prueba?…

Pero a fin de cuentas, Tomás pasa…

Con pocos puntos, pero pasa el examen.

Entonces el niño regresa a las rodillas de Jesús.

Judas de Keriot protesta:

–    ¡Ey! ¡Precioso!…

También estoy yo. No soy una planta. Soy joven y hermoso.

¿Por qué a mí, no me sometes al examen?

El niño lo mira atentamente…

Y dice muy serio:

–    Porque no me gustas.

Mi mamá dice que cuando una cosa no le gusta a uno; no se debe tocar…  

Se le deja sobre la mesa; para que lo tomen a quienes les guste.

Y también dice que si a uno le ofrecen algo que no le gusta; uno no debe decir:

‘No me gusta’ sino: ‘Gracias. No tengo hambre.

Y yo no tengo hambre de ti.

Judas con posesión diabólica perfecta…

Judas queda totalmente pasmado. 

Y con desconcierto, dice: 

–   Pero, ¡Cómo!…

Mira, si dices que soy bueno; te doy esta moneda.

–   ¿Para qué la quiero?…

¿Qué puedo comprar con una mentira?

Mi mamá dice que el dinero obtenido con engaño; se convierte en paja.

–    ¿Por qué no crees que yo sea bueno?

¿Qué tengo? ¿Qué tengo?… ¿Torcido el pie?… ¿Soy feo?…

–    No.

¡Pero me das miedo!…

Judas le pregunta acercándose:

–     ¿De qué…?

El niño se pone a la defensiva:

–    ¡No lo puedo decir!

¡Pero me das miedo!…  

Judas pregunta muy meloso:

–    ¿De qué cosa?…

Benjamín contesta beligerante:

–    No lo sé.

¡Déjame!

¡No me toques o te rasguño!…

Judas dice con una sonrisa forzada…

–   ¡Qué intratable!

¡Está loco!…

El niño grita:

–   ¡No estoy loco!

¡Tú eres malo!….

Y el niño se refugia en Jesús…

Que sin decir absolutamente nada, lo acaricia…

Los apóstoles ríen de buena gana…

Con lo que le acaba de suceder al engreído del Iscariote…

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152 ESPÍRITU DE LA PARÁBOLA


152 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

¡Pero, dichosos vosotros por vuestros ojos que ven, por vuestros oídos que oyen, por vuestra buena voluntad!

En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron y oír lo que vosotros oís pero no lo oyeron.

Se consumieron en el deseo de comprender el misterio de las palabras, pero, apagada la luz de la profecía, las palabras permanecieron como carbones apagados, incluso para el santo que las había recibido.

Sólo Dios se devela a Sí Mismo.

Cuando su luz se retira, terminada su intención de iluminar el misterio, la incapacidad de comprender envuelve – como las vendas de una momia – la regia verdad de la palabra recibida.

Por esto te he dicho esta mañana: “Un día volverás a encontrar todo lo que te he dado”. Ahora no puedes retenerlo.

Pero tiempo llegará en que recibirás la luz, no sólo por un instante sino en un inseparable desposorio del Espíritu eterno con el tuyo, por lo que será infalible tu magisterio respecto a las cosas del Reino de Dios.

Y, como en ti, en tus sucesores, si viven de Dios como su único pan.

Si viven de Dios como su único pan: es una condición puesta a la infalibilidad pontificia.

Tal condición debió provocar una objeción por parte del Padre Migliorini, sacerdote que revisaba y escribía a máquina los escritos de María Valtorta, quien le especificó la nota aclaratoria de Jesús al respecto:

“Es cierto que la existencia de la infalibilidad papal en cosas de espíritu, en cualquier Vicario mío, prescindiendo de su forma de vida y posesión de virtud, es verdad definida.

Pero es también cierto que no podréis encontrar un dogma definido y proclamado por Papas privados – notoriamente o no – de mi Gracia.

El alma privada de la Gracia no puede tener como amigo al Espíritu Santo. […] Descansad, por tanto, en esta certeza:

que los dogmas son verdaderos, que la infalibilidad existe, porque Yo no concedo dogmas a quien no lo mereciera.

Y esto estaba incluido en la frase que ha suscitado la objeción”.

E1 mismo concepto está presente en las palabras de Jesús al apóstol Santiago de Alfeo: Dios dará la Luz según los grados que tengáis.

Dios no os dejará sin la Luz, a menos que la Gracia no quede apagada en vosotros por el pecado”

Escuchad ahora el espíritu de la parábola.

Tenemos cuatro tipos de campos: los fértiles, los espinosos, los pedregosos y los que están llenos de senderos.

Tenemos también cuatro tipos de espíritus.

Por una parte están los espíritus honestos, los espíritus de buena voluntad, preparados por esta misma buena voluntad y por la obra buena de un apóstol, de un “verdadero” apóstol.

Porque hay apóstoles que tienen el nombre pero no el espíritu de apóstoles:

Su efecto sobre las voluntades que se están formando es más mortífero que los propios pájaros, espinos y piedras:

Con sus intransigencias, prisas, reprensiones y amenazas,  trastocan todo de tal forma, que alejan para siempre de Dios.

Hay otros que al contrario, por regar continuamente benevolencia desfasada, ajan la semilla en un terreno demasiado blando.

Enervan, con su enervamiento, las almas que están bajo su custodia.

Mas refirámonos a los verdaderos apóstoles, es decir, a los espejos límpidos de Dios:

Son paternos, misericordiosos, pacientes y al mismo tiempo, fuertes como su Señor. 

Pues bien, los espíritus preparados por éstos y por la propia voluntad, se pueden comparar a los campos fértiles,

exentos de piedras y zarzas, limpios de malas hierbas y cizaña. 

En ellos prospera la palabra de Dios; cada palabra – una semilla – produce una macolla y luego espigas maduras.  

Y da en unos casos el cien, en otros el sesenta, en otros el treinta por ciento.

¿Entre los que me siguen hay de éstos? Sin duda.

Y serán santos.

Los hay de todas las castas, de todos los países,

incluso gentiles hay que darán también el cien por ciento por su buena voluntad; por ella únicamente.

O también, además de por ella, por la de un apóstol o discípulo que me los prepara. 

Los campos espinosos son aquellos en que la indolencia ha dejado penetrar espinosas marañas de intereses personales que ahogan la buena semilla. 

Es necesaria siempre una vigilancia sobre uno mismo; siempre, siempre…

Nunca decir: “¡Ya estoy formado, he recibido ya la semilla, puedo estar tranquilo porque daré semilla de vida eterna!”.   

Es necesaria siempre una vigilancia:

La lucha entre el Bien y el Mal es continua.

¿Alguna vez os habéis parado a observar una colonia de hormigas que se establece en una casa?

Ya se las ve junto al hogar.

La mujer ya no vuelve a dejar alimentos allí sino que los pone encima de la mesa.

Mas el olfato de las hormigas examina el aire y asaltan la mesa.  

La mujer pone los alimentos en el aparador, pero ellas pasan adentro a través de la cerradura.

Entonces la mujer cuelga del techo esos alimentos, pero las hormigas recorren un largo camino por paredes y viguetas, bajan por la cuerda y comen.

Entonces la mujer las quema, las envenena…

Y se queda tranquila creyendo que las ha destruido.

¡Ah, si no vigila, qué sorpresa!

Ya salen las otras nuevas que han nacido… y vuelta a empezar.

Esto durante el tiempo que dura la vida.

Es necesario vigilarse para extirpar las plantas malas desde el primer momento en que aparecen. 

Si no, harán un techo de zarzas y ahogarán el trigo.

Los cuidados mundanos, el engaño de las riquezas, crean la maraña…

Ahogan la planta de la semilla de Dios y no dejan que llegue a hacerse espiga.

¿Y las tierras pedregosas?… ¡Cuántas hay en Israel!…

Son las que pertenecen a los “hijos de las leyes” como muy acertadamente ha dicho mi hermano Judas.

Estas tierras no tienen la piedra única del Testimonio.

No la piedra de la Ley, sino el pedregal de las pequeñas, pobres, humanas leyes creadas por los hombres…

Muchas, tantas, que con su peso han reducido a lascas incluso la piedra de la Ley.

Se trata de un deterioro que impide completamente la radicación de las semillas.

La raíz no tiene ya alimento. No hay tierra, no hay sustancia. 

El agua, estancándose sobre el suelo de piedras, pudre.

el sol se pone al rojo en esas piedras y quema las plantas tiernas.

Son los espíritus de los que en lugar de la sencilla doctrina de Dios, ponen complicadas doctrinas humanas.

Reciben mi palabra hasta incluso con alegría; momentáneamente se sienten impresionados y seducidos por ella; pero luego…

Sería necesario tener el heroísmo de trabajar duro para limpiar el campo, el espíritu y la mente,

de todo el pedregal de los oradores vacíos.

Entonces la semilla echaría raíz y se haría una fuerte macolla.

Sin embargo, así no es.

NADA.

Es suficiente un temor a represalias humanas, es suficiente la reflexión:

“¿Y luego?, ¿Qué respuesta voy a recibir de los poderosos?”,…

Para que la pobre semilla, carente de alimento, languidezca.

Es suficiente con que todo el pedregal se remueva, con el sonido vano de los centenares de preceptos que han reemplazado al Precepto,

para que el hombre perezca con la semilla recibida…

Israel está lleno de ello.

Esto explica por qué el ir a Dios está en razón inversa del poder humano.

Por último, las tierras surcadas de caminos, polvorientas, desnudas. 

Las de los mundanos, las de los egoístas.

Su comodidad es su ley; su fin, gozar.

No trabajar, sino vivir en la indolencia, reír, comer…

En ellos reina el espíritu del mundo.

El polvo de la mundanidad recubre el terreno y éste se hace arenoso.

Los pájaros o sea, el producto de su molicie,

se lanzan hacia esos mil senderos que han sido abiertos para hacer más fácil la vida.

Luego el espíritu del mundo o sea, el Maligno…

Picotea y destruye todas las semillas caídas en este terreno abierto a toda sensualidad y ligereza.

¿Habéis comprendido?

¿Tenéis algo más que preguntar? ¿No?

Pues entonces podemos retirarnos a descansar para salir mañana para Cafarnaúm.

Tengo que visitar todavía un lugar antes de emprender el viaje hacia Jerusalén para la Pascua.  

Judas de Keriot pregunta:

–     ¿Vamos a pasar otra vez por Arimatea? 

–     No es seguro. Según que los…

Llaman enérgicamente a la puerta.  

Pedro se levanta para ir a abrir…

Y dice:

–     ¿Quién podrá ser a esta hora?…  

Son las…

Se presenta Juan.

Agitado, lleno de polvo, con claros signos de llanto en su rostro. 

Y todos gritan:

–     ¿Tú aquí?

–    ¿Pero qué ha pasado?

Jesús, que se ha puesto en pie,

se limita a decir:

–     ¿Dónde está mi Madre?

Juan, dando unos pasos y yendo a arrodillarse a los pies de su Maestro.

Tendiendo los brazos hacia delante como pidiendo ayuda,  dice:

–     Tu Madre está bien.

Pero llorando como yo, como muchos otros.   

Te ruega que no vayas donde Ella siguiendo el curso del Jordán por la parte nuestra.

Me ha hecho regresar por este motivo, porque…

Porque Juan, tu primo, ha sido apresado..

Y Juan llora…

Mientras entre los presentes se forma un gran alboroto.  

Jesús se pone muy pálido, pero no se agita.

Solamente dice:

–     Levántate y habla.

–     Iba hacia abajo con la Madre y las mujeres.

También estaban con nosotros Isaac y Timoneo. Tres mujeres y tres hombres. Cumplí tu orden de conducir a María donde Juan…

¡Ah, sabías que era el último adiós… que debía ser el último adiós!.

La tormenta de hace unos días nos obligó a detenernos unas horas.

Pocas pero suficientes para que Juan no pudiera ya ver a María…

Llegamos a la hora sexta.

Él había sido capturado poco antes del alba. 

Todos preguntan, todos quieren saber.

–     ¿Dónde?

–     ¿Cómo?

–     ¿Quién? 

–     ¿En su cueva?

–     Lo han traicionado…

¡El que lo ha hecho ha usado tu Nombre para traicionarlo! 

Todos gritan:

–     ¡Qué horror! 

–     ¿Quién habrá sido? 

Juan, estremeciéndose, manifestando levemente este horror que ni siquiera el aire debería oír.

Declara:

–     Un discípulo suyo…

El alboroto se hace máximo:

Quién maldice, quién llora, quién está estupefacto, como estatuario.

Juan se echa al cuello de Jesús,

y grita:

–     ¡Tengo miedo por Tí!.

¡Por Tí!, ¡Por Tí! Los traidores acompañan a los santos y por oro se venden.

Por oro y por miedo a los poderosos, por sed de premio, por… por obediencia a Satanás.

¡Por mil cosas!, ¡Por mil! ¡Oh! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Qué dolor! ¡Mi primer maestro! ¡Mi Juan! ¡Tú me has si-do dado por él! 

Jesús está muy pálido, pero responde con calma:

–     ¡Tranquilo!

¡Tranquilo! No me sucederá nada por ahora.

–     ¿Y después?

¿Y después? Me miro… Miro a éstos… Tengo miedo de todos, incluso de mí mismo. Estará entre nosotros tu Traidor…  

Pedro grita:

–     ¿Pero estás loco?

¡Lo haríamos trizas! 

Y Judas de Keriot:

–     ¡Loco de verdad!

No seré yo jamás ése. Pero, si me sintiera debilitado hasta el punto de poderlo ser, me quitaría la vida: sería mejor que ser deicida.

Jesús se libera del abrazo de Juan y zarandea rudamente a Judas,

diciendo: 

–     ¡No blasfemes!

Nada te podrá debilitar, si tú no quieres.

Y si así sucediera, llora. Y no cometas otro delito además del deicidio.

Se hace débil quien por sí mismo, se vacía de Dios.

Luego vuelve donde Juan, que está llorando con la cabeza apoyada sobre la mesa,

y dice:

–     Habla con orden.

Yo también estoy sufriendo. Era mi propia sangre y además mi Precursor. 

Juan responde muy afligido:

–     Sólo he visto a los discípulos, a una parte de ellos…

Consternados y enfurecidos contra el traidor.

Los otros habían acompañado a Juan hacia la prisión para estar junto a él en la hora de la muerte.

Simón Zelote dice:

–     Pero todavía no ha muerto…

La otra vez pudo huir.

Pues estima mucho a Juan y queriendo consolar.

Juan responde:

–     No ha muerto todavía, pero morirá. 

Jesús confirma:

–     Sí. Morirá.

Él lo sabe y Yo también. Nada ni nadie lo salvará esta vez.

¿Cuándo? No lo sé. Sé que no saldrá vivo de las manos de Herodes.

–     Sí, de Herodes.

Escucha. Juan fue hacia esa hoz por donde pasamos también nosotros regresando a Galilea, entre el Ebal y el Garizim, porque el traidor le había dicho:

“El Mesías ha sido agredido por unos enemigos y está muriendo. Quiere verte para confiarte un secreto”.

Y Juan fue, con el traidor y con algún otro.

Acechaban en la hoz los soldados de Herodes.

Y lo prendieron.

Los otros huyeron y llevaron la noticia a los discípulos que se habían quedado cerca de Enón.

Acababan de llegar, cuando me presenté yo con la Madre.

Lo que es horrible es que era uno de nuestras ciudades…

Y que a la cabeza del complot preparado para apresarlo estaban los fariseos de Cafarnaúm.

Habían ido a verlo diciendo que Tú habías estado en su casa y que de allí partías para Judea…

No habría abandonado su refugio sino por Tí…

Un silencio sepulcral, sigue a la narración de Juan.

Jesús parece desangrado, con los ojos de un color azul oscurísimo y como empañados.

Tiene la cabeza agachada, la mano – recorrida por un ligero temblor – en el hombro de Juan.

Ninguno se atreve a hablar.

Jesús rompe el silencio:

–     Iremos a Judea por otro camino.

Pero mañana tengo que ir a Cafarnaúm.

Lo antes posible. Descansad.

Voy a subir por entre los olivos. Necesito estar solo. 

Y sale sin decir nada más.

Santiago de Alfeo, musita:

–     Sin duda va allí a llorar.   

Tadeo añade:

–    Sigámoslo, hermano. 

Zelote aconseja: 

–     No. Dejadlo llorar. 

Vayamos sólo a la escucha, caminando despacio, porque temo asechanzas por todas partes.   

Pedro dice:

–     Sí. Vamos.

Los pescadores siguiendo la orilla así, si alguien viene por el lago lo veremos.

Y vosotros por los olivos.

Estará sin du en su sitio de costumbre, junto al nogal.

Al alba prepararemos las barcas para salir temprano.

¡Esas serpientes!

¡Ya lo decía yo! Pero… ¡Di, muchacho!, ¿La Madre está verdaderamente a salvo?

–    ¡Sí, sí; se han quedado con Ella también los pastores discípulos de Juan!

¡Andrés… no volveremos a ver a nuestro Juan!

–     ¡Calla! ¡Calla!

Me parece el canto del cuco… Uno precede al otro y…y…  

Pedro grita enfurecido:

–     ¡Por el Arca santa!

¡Callad! ¡Si seguís hablando de desgracias respecto al Maestro, empiezo por vosotros a haceros probar el sabor de mi remo en los lomos!

Y volviéndose hacia los que van a estar entre los olivos,

ordena:

Vosotros coged garrotes, ramas gordas… allí hay, en la leñera.

Diseminaos armados. El primero que se acerque a Jesús para causarle daño es hombre muerto.  

Felipe exclama:

–     ¡Discípulos!

¡Discípulos! ¡Hay que ser cautos con los nuevos! 

Elías el nuevo discípulo se siente herido y pregunta:

–     ¿Dudas de mí?

Él me ha elegido y me ha llamado.

–     No lo digo por ti.

Lo digo por los que son escribas y fariseos y de sus adoradores.

De ahí vendrá la ruina, creedlo.

Salen y se diseminan en las barcas o entre los olivos de las colinas… Y todo termina. 

P DIVINO ALFARERO


Enero 06 2021 

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, ved a los cielos, veis estrellas, planetas, todo lo que existe en el firmamento, es un regalo inmenso que tengo para vosotros.

Vuestros Primeros Padres lo gozaron en pleno, porque fue Mi Creación y ellos, conocían perfectamente todo lo que Yo Creé.

Le pusieron nombre a cada planeta, estrella, a todo lo que hay en el firmamento. Conocían todo y gozaron todo, antes de la caída en el Pecado.

Se deleitaban con Mi Obra, gozaban con Mi Obra, se transportaban al firmamento cuando querían y lo gozaban.

Esas capacidades, que tenían vuestros Primeros Padres, las estáis recuperando y con esta Purificación que se os avecina;

recuperaréis muchísimo y empezaréis a gozar, plenamente, de lo que ellos gozaron en los Principios de la Creación. 

Sobre todo, el interactuar con Mi Creación, que es Mi Regalo a vosotros.

Cuando vosotros tenéis un animalito que se os regala para que lo cuidéis, vosotros empezáis a interactuar con ése ser vivo.

El animalito os conoce y vosotros también lo conocéis, os entendéis y vais creciendo en ése entendimiento y llega a haber un amor muy particular entre el animalito y vosotros.

Ahora, poned esto, en una proporción inmensamente mayor, que fue lo que Yo os di con la Creación. 

Os he dicho que la Creación completa, está viva, aunque vosotros veáis, aparentemente, inertes, la tierra, las rocas, el viento que no veis, pero que lo sentís, el agua, TODO ESTÁ VIVO. 

En este cambio que tendréis, gozaréis ésa vida que Yo he puesto a vuestro alrededor, ella os cuida, la vida de la Naturaleza os cuida y, por eso, Yo les pedí a vuestros Primeros Padres que la cuidaran también.

Cuando os concentráis en una vida ajena, os amáis en cierta forma, vosotros dais y por otro lado, recibís y a la inversa, os dan y vosotros dais también.

ASÍ SE VIVE EN EL CIELO,

ASÍ SE VIVE EN MÍ, VUESTRO DIOS Y CREADOR

Yo os he Creado; pero pedidMe, pedidLe a Mi Santo Espíritu, que os haga entender esta frase:

“Yo os he Creado”, porque lo que se deriva de esta frase, es inmenso. 

Fuisteis Creados por Mí, vuestro Dios y de ahí, se derivan infinidad de cosas a vuestro favor.

Para haberos Creado, primeramente hubo Amor, pero el Amor de parte Mía todavía es incomprensible para vosotros, es inmenso y,

 EL HABEROS DADO VIDA,

ES UN ACTO DE AMOR DE PARTE MÍA,

QUE NO ENTENDÉIS TODAVÍA,

Y os pido, Le pidáis a Mi Santo Espíritu, que os dé las capacidades para que entendáis, este Misterio tan grande de Mi Amor.

El que os haya dado vida para servirMe, es un regalo inmenso para un alma, es un regalo de Mi Corazón.

Cuando os he dado vida, os he dado también Mi Amor, Mis Cuidados, Mi Guía, Mis Delicias y un futuro eterno, bellísimo.

Cuando pensé en vosotros, para daros vida, os estaba ya regalando, inmensidades de Mi Corazón,

por eso, es necesario que vosotros le pidáis a Mi Santo Espíritu, que os deje comprender todo esto que os digo, y entraréis en un éxtasis hermoso.

Fuisteis escogidos por Mí, vuestro Dios, para que Yo os diera vida y que OS DIERA UNA MISIÓN MUY ESPECIAL, muy particular, a cada uno de vosotros.

¡PENSÉ EN VOSOTROS SOLAMENTE!!

¡OS CREÉ EN LO PARTICULAR!

 os he ido llevando a una perfección espiritual muy grande

y estáis destinados, cada uno de vosotros, a algo más grande, pero para servirMe, para servir a vuestro Dios.

PedidLe a vuestros Santos Ángeles que os enseñen y os expliquen, LO QUÉ ES EL GOZO DE SERVIR A SU DIOS.

  O sea, a Mí, vuestro Padre, vuestro Creador.  

Los Ángeles gozan al estar ante Mi Presencia, es una Gracia muy grande que os he dado, Mis pequeños.

El Cielo goza por haber sido Creados para estar ante Mí.

LES IRRADIO MI AMOR,

LES IRRADIO MIS BENDICIONES, LES IRRADIO VIDA

Y ELLOS RECIBEN TODO ESTO,

GOZAN INMENSAMENTE Y ME AMAN MÁS.

Mientras más recibo su amor, irradio más vida sobre ellos, sobre toda creatura que Me ama.  

Sobre todo aquello que ha sido Creado para vivir en Mí y para Mí.

Soy vuestro Dios, la Creación se realizó para que vosotros crecierais y vivierais en Mi Amor.

OS HE DICHO QUE MI AMOR ES DINÁMICO

QUE NO SE PUEDE DETENER

Cuando tenéis Mi Amor, lo dais necesariamente a vuestros hermanos, lo dais de regreso a Quien os Creó, que Soy Yo, vuestro Dios.

VIVIR EN MÍ, ES UN TORBELLINO DE AMOR,

Amor que nunca se termina, y no solamente esto, sino que crece y crece y crece.

El AMOR INFINITO según Albert Einstein…

POR ESO, VOSOTROS NO PODÉIS, TODAVÍA,

VIVIR MI AMOR EN PLENO,

PORQUE VUESTRO CUERPO NO SOPORTARÍA TANTO GOZO.

Mi Amor está limitado todavía en vosotros, porque vuestro cuerpo, afectado por el Pecado Original, no puede soportar tanto Amor,

POR ESO, DEBÉIS SER TRANSFIGURADOS

Porque vuestro cuerpo no puede soportar y, digo así, “soportar” tanta belleza de Amor.

Por eso, las almas cuando salen ya de vuestro cuerpo, gozan,

gozan infinitamente, se expanden y llegan a un gozo inconmensurable. 

Las almas, ya libres de las ataduras del cuerpo, tienen un gozo infinito y a eso estáis destinados vosotros,

si os mantenéis en Mí, si Me seguís buscando, si gozáis en Mí y si vivís para Mí.

Es tanto lo que os quiero amar…

DejadMe Mis pequeños, que Me derrame plenamente sobre vosotros, que os siga dando Mi Vida en pleno.

GOZADME DESDE AHORITA,

AUN CUANDO SOIS LIMITADOS, 

16. «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas.

VUESTRA FE OS ESTÁ ENGRANDECIENDO.

Aceptáis en Fe lo que os digo y eso tendrá un regalo muy grande, cuando vuestra alma, ya libre de vuestro cuerpo, Me goce plenamente.

Espero ése momento Mis pequeños, espero cuando regreséis a Mí y os pueda dar ése regalo tan grande que os quiero dar, por haber vivido en Mí

y por haberMe servido para la salvación de las almas y para la expansión de Mi Gloria en el Universo entero.

Porque ciertamente, cada uno de vosotros, tiene su propia personalidad y, al decir vuestra propia personalidad, os estoy también diciendo, que cada uno de vosotros

FUISTEIS DOTADOS CON CIERTAS

CARACTERÍSTICAS ESPIRITUALES, MUY PERSONALES

Con muchos Carismas, especialmente el DON DE HACER MILAGROS

para que vosotros dierais vuestro máximo en la misión que se os ha encomendado. 

Os he puesto en diferentes estratos sociales, en diferentes países, en diferentes situaciones económicas, sociales, aún espirituales,

para que vosotros deis lo que debéis dar,

PARA IR RECUPERANDO EL CUERPO MÍSTICO DE MI HIJO.

Como os dije, tenéis una personalidad propia espiritual,

y deberéis dar ésa vida espiritual particular, para los bienes de la humanidad, para los bienes de la Iglesia, para los bienes del Cielo. 

JUAN 14

9. Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?

10. ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.

11. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.

12. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.

13. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

14. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Por otro lado, CUANDO VOSOTROS OS DONÁIS PLENAMENTE A MÍ,

Es Mi Voluntad la que debe trabajar en vosotros.

ciertamente, mantendréis vuestra personalidad, pero vuestra personalidad va a ser guiada bajo Mi Voluntad. 

Y de esta forma, lo que vosotros tengáis que dar, de acuerdo a la misión que Yo os he encomendado, va a salir perfecta, porque vosotros daréis lo máximo.

Esto es algo muy bello que vosotros debéis entender, que cuando vosotros actuáis solos, vuestra actuación siempre va a ser imperfecta, 

cuando vosotros actuáis bajo Mi Voluntad, vuestra actuación va a ser perfecta.  

Mientras más os vayáis dejando mover por Mí, más perfectas van a ser vuestras acciones.

El hombre, va a poner algo de lo suyo, por no confiar plenamente en Mí, porque,

A VECES, OS PEDIRÉ COSAS QUE SE SALEN

COMPLETAMENTE DE LA RAZÓN HUMANA

Y entonces, pondréis vuestra parte y ahí es donde empieza la imperfección;

pero es natural, Mis pequeños, que hagáis esto en un principio,

PORQUE SE SALE, COMO OS DIJE,

18. Pues la predicación de la cruz es una LOCURA para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1,

COMPLETAMENTE DE VUESTRA LÓGICA HUMANA.

Cuando vosotros os dais cuenta de que, aquello que aparentemente os pedí, que no era lo que vosotros, en lógica humana creíais que saldría bien y realmente, sale bien,

ENTONCES, OS VAIS A IR DEJANDO MOVER POR MÍ PLENAMENTE

Y es cuando, vosotros mismos, os vais a asombrar de lo que salga de vosotros, porque es que Yo, ya estaré actuando, casi en forma total, a través de vosotros.

Como os dije, siempre habrá imperfección humana pero, mientras más os acerquéis a Mí y os dejéis mover por Mí, vuestras acciones cada vez van a ser mejores.

Y así, se va a ir dando totalmente Mi Voluntad en la Tierra, que es la misma que se da en el Cielo.

Hijitos Míos, hace unos momentos, os pedí que hicierais un recuento de vuestra vida pasada, desde el momento en que fuisteis tomados por Mí, por Mi Amor. 

Vosotros mismos sois testigos de cómo os tomé, sois vuestros propios jueces de cómo erais antes y cómo sois ahora. 

Lo que antes os gustaba, lo que era del Mundo, los placeres, la vida de fiesta, que antes tanto gozabais,

ahora os dais cuenta, que eso os aburre, ya no es el gozo que antes teníais, ya lo veis en su dimensión real, era pérdida de tiempo.

ESTÁIS A OTRO NIVEL ESPIRITUAL, Mis pequeños;

os levanté del suelo, vivíais para el Mundo y os aparté de él, poco a poco, sin que os dierais cuenta. 

Os fui transformando, fui haciendo de vosotros, nuevas almas.

Del barro que erais antes, os volví a modelar, 

Yo Soy el Alfarero Bendito, Divino e hice una nueva pieza de cada uno de vosotros. 

Habéis sido transformados y lo sabéis, Mis pequeños y os he llevado lentamente, sin que casi vosotros os dierais cuenta.

No os presioné, respeté vuestra libertad en totalidad, os fui dando nueva vida que ahora estáis gozando,  

OS FUI APARTANDO DEL MUNDO

PORQUE NO PERTENECÉIS AL MUNDO,

SOIS MÍOS, SOIS OBRA MÍA, YO OS CREÉ

PARA QUE ESTUVIERAIS CONMIGO SIEMPRE, ETERNAMENTE.

OS HE DADO DONES ESPECIALES,

Que, a lo mejor no os dais plena cuenta de ellos, pero que ya, vuestra misma presencia, vuestras palabras y oraciones, van transformando a vuestros hermanos, con los que tenéis contacto o a los que queréis ayudar.

Cuando habláis de Mí, ya Soy Yo, a través de vosotros, ya no son vuestros conceptos de hace diez, veinte años, treinta, ya habláis con la Verdad, con Mi Verdad,

ya no tomáis conceptos humanos, sino Divinos, ya movéis a las almas con Mis Palabras. Con Mi Presencia en vosotros, movéis corazones a la conversión, porque Yo estoy en vosotros.

VUESTRA TRANSFIGURACIÓN YA SE ESTÁ DANDO

Y VA A LLEGAR A SU CULMEN DENTRO DE POCO

Y OS VERÉIS COMO YO OS VEO.

Seréis transfigurados para hacer la tarea que habéis venido haciendo, pero en una forma más grande. 

Ya sois almas que vivís en Mí, aunque estéis en el Mundo.

El Mundo, aunque os coquetea, ya no caéis en él, Me preferís a Mí, que Soy vuestro Dios y porque Yo os doy muchísimo más de lo que os da el Mundo.

Os he llevado a que conozcáis Mis Riquezas, a que conozcáis Mi Amor, a que conozcáis Mis Promesas, a que conozcáis vuestro futuro eterno y,

ESO, NO OS LO VA  A DAR SATANÁS, QUIEN REPRESENTA EL MUNDO.

Lo que Yo os he dado, y a donde os llevo, es infinitamente más grande, más bello que lo que os puede dar Satanás.

ÉL, PERDIÓ TODO ESO,

NO OS LO PUEDE DAR, PORQUE NO LE PERTENECE.

Yo Soy vuestro Creador, vuestro Dios y os he ido preparando para que gocéis plenamente, lo que Yo sí os puedo dar y que os he Prometido.

Grandes cosas viviréis, porque ya estáis Conmigo, porque habéis sido preparados para ello.

Estáis viviendo situaciones, que la gran mayoría de la humanidad, no vive:

Me tenéis con vosotros, estoy más cerca de vosotros, porque Me habéis abierto vuestro corazón.

Ciertamente, esto conlleva una responsabilidad, que es el que ME DÉIS con vuestra presencia, a vuestros hermanos. Que mováis corazones. Que también los acerquéis a Mí, como Yo os he acercado a Mi Corazón.

Mucho todavía os daré, pero también vosotros, mucho debéis dar a vuestros hermanos.

CUANDO SEÁIS TRANSFIGURADOS,

COMPRENDERÉIS MUCHO MEJOR,

VUESTRA FUNCIÓN AQUÍ EN LA TIERRA

Y MI SANTO ESPÍRITU OS TOMARÁ

PARA QUE ÉL OS MUEVA

 Y deis lo que tenéis qué dar, para que Mi Reino se implante en los corazones que serán escogidos para los Cielos Nuevos y las Tierras Nuevas.

Yo, en Mi Sencillez de Padre Amoroso  hacia vosotros, os seguiré ayudando a crecer así como os he llevado: lentamente, delicadamente, amorosamente.

Dejaos mover, que todavía os falta gozar de grandes bellezas y de Mi Amor en pleno.

TODAVÍA TENGO GRANDES SORPRESAS

CON LAS QUE OS VOY A ENAMORAR MÁS DE MI AMOR.

Sed sencillos, sed como niños, como os pidió Mi Hijo, que Yo os voy a consentir y todo esto, porque vosotros os habéis dado a Mí.

Hijitos Míos, os he dicho muchas veces que después de la Purificación quedará el Resto Fiel…  

Y vosotros os preguntaréis: “¿Por qué será premiado el Resto Fiel y por qué es tan pequeño?”

Todos vosotros habéis tenido una vida larga o medianamente larga, y quizá habrá algunos pequeños.

Pero los que habéis vivido sobre la Tierra igual que todos vuestros hermanos, habéis sufrido ataques de Satanás y habéis caído en varios pecados, algunos graves, otros no tan graves.

Me habéis dado la espalda en algún momento, pero volvisteis a Mí.

La diferencia entre los escogidos, para empezar un Nuevo Mundo, está en la Fe y la confianza de estar Conmigo, vuestro Dios.

Muchos otros de vuestros hermanos cayeron y se mantuvieron en ese pecado o en peores. 

Todos habéis sufrido los ataques de Satanás, pero vosotros os levantabais y reaccionábais todo lo contrario a vuestros hermanos: 

A Satanás: ‘Me hiciste caer; pero nomás espérate a que me levante… Y…

al ser atacados, al ser probados, respondíais con un bien, que era regresar a Mí, vuestro Dios.

A veces, aconsejados por algún otro hermano vuestro, por ignorancia o por querer ver qué había de nuevo en la vida del hombre, o sea, por curiosidad,

caíais en errores que éstos, a su vez, os iban dando protección a vuestra alma sin que os dierais cuenta; por decirlo así, probabais el pecado pero no os gustaba y lo rechazabais.

Y eso os iba dando una madurez espiritual cada vez más fuerte.

Y así fuisteis venciendo todos esos ataques de Satanás y vuestra alma se fue acrisolando sin que os dierais cuenta.

Por eso, las almas que pasarán a estos Nuevos Tiempos son almas acrisoladas, almas probadas fuertemente en el pecado, en la maldad, ya que no aceptaron seguir en ellos.

Y eligieron seguir viviendo bajo Mi Gracia y bajo Mi Amor, sirviéndoMe y sirviendo a sus hermanos, cosas que muchos, la gran mayoría de vuestros hermanos, no quisieron hacer.

La Maldad los venció, les di la oportunidad de ser acrisolados para que tuvieran este regalo que tendréis vosotros, los escogidos,

pero prefirieron seguir a Satanás, a sus obras, a sus maldades, a sus pecados.

No quisieron mejorarse, ser almas que pudieran repeler fácilmente a Satanás al vivir en las Virtudes, se dejaban vencer fácilmente por los vicios, por las maldades a donde os llevaba Satanás.

Las almas buenas, las almas que tomaron para sí, y como medio de vida, lo que tenéis en las Sagradas Escrituras, especialmente lo que Mi Hijo os dejó,

sois almas enamoradas de Mi Amor y por eso entraréis a este Nuevo Tiempo,

 que será un tiempo de un gran amor entre los hombres; un amor puro, un amor santo, un amor de donación, como no lo habéis tenido nunca antes.

Yo voy agradando a las almas escogidas, les doy Mis Regalos ya desde ahora,

para que se sientan protegidas y seguras, que a pesar del cambio que se viene y los dolores que se darán, saben internamente que Yo estaré con ellas.

Vuestra prueba de acrisolamiento se ha dado a lo largo de vuestra existencia y eso os ha llevado a una madurez espiritual muy grande, lo cual Me halaga inmensamente.

El que en la tierra se ponga la Corona de Espinas… En el Cielo se pondrá la Corona de Gloria…

Y como ya pasasteis muchas pruebas y con ellas vencisteis al Mal, no tenéis por qué pasar más dolores y más pruebas grandes, dolorosas, porque ya Me habéis demostrado a quién pertenecéis.

Sois Mis almas escogidas, consentidas, amadas de Mi Corazón.

Y así os he de pagar también a vosotros, consintiéndoos en estos Tiempos de Tribulación.

Manteneos pues, Mis pequeños, en la línea en la que os habéis mantenido, ya que en estos Últimos Tiempos

noto perfectamente la línea de santidad que escogisteis para servirMe, porque para eso estáis llamados, para ser santos.

Ciertamente, vosotros no os dais cuenta de esa evolución espiritual que habéis tenido y ese es el camino de la santidad:

Habéis sufrido y a pesar de ello os mantuvisteis Conmigo.

Eso es un acto de santidad, Mis pequeños, el haberMe amado a pesar de los problemas y preocupaciones; pero seguíais Conmigo, no Me dabais la espalda, no Me blasfemabais…

Y eso también os llevaba hacia la santidad porque confiabais en Mí, vuestro Dios. Os puse pruebas de diferente índole y las vencisteis todas.

Aquí estoy ya, pues, vuestro Dios y Señor, esperando el momento con ansia en que entraréis a este regalo tan grande que os estoy preparando, vuestro nuevo hogar:

las Tierras Nuevas para vosotros, las almas escogidas, las almas acrisoladas, las almas que han buscado su santidad antes de perderse en el pecado.

Os bendigo, Mis pequeños, y os seguiré cuidando en estos momentos de Tribulación.

Sé que seguiréis Conmigo pese a la situación tan fuerte que se os presentará.

Yo estaré con vosotros, os protejo, Mis pequeños, Soy vuestro Dios.

Nota: Y con esta publicación reanudaremos, las que quedaron suspendidas el 21 de Diciembre de 2020 con “CONVERSIÓN SIN ENTREGA…”

 

43 ENCONTRADO EN EL TEMPLO


43 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

La disputa de Jesús con los doctores en el Templo.

“Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la Fiesta de Pascua.

Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser.

Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. 

Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo ente sus parientes y conocidos, como no lo encontraron volvieron a Jerusalén en su búsqueda.

Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: 

‘Hijo, ¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.’ 

ÉL les contestó: ‘¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre? 

Pero ellos no comprendieron esta respuesta.

Jesús entonces regresó con ellos llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles.

Su madre por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón.

Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres. (Lucas 2, 41-52)

Dice Jesús:

Volvemos muy atrás en el tiempo, muy atrás.

Volvemos al Templo, donde Yo, con doce años, estoy disputando; es más, volvemos a las vías que van a Jerusalén.

Y de Jerusalén al Templo.

Observa la angustia de María al ver — una vez congregados de nuevo juntos hombres y mujeres — que Yo no estoy con José.

No levanta la voz regañando duramente a su esposo. Todas las mujeres lo habrían hecho. Lo hacéis, por motivos mucho menores, olvidándoos de que el hombre es siempre cabeza del hogar.

No obstante, el dolor que emana del rostro de María traspasa a José más de lo que pudiera hacerlo cualquier tipo de reprensión.

No se da tampoco María a escenas dramáticas.

Por motivos mucho menores, vosotras lo hacéis deseando ser notadas y compadecidas.
No obstante, su dolor contenido es tan manifiesto (se pone a temblar, palidece su rostro, sus ojos se dilatan) que conmueve más que cualquier escena de llanto y gritos.

Ya no siente ni fatiga ni hambre. ¡Y el camino había sido largo, y sin reparar fuerzas desde hacía horas!

Deja todo; deja al camastro que se estaba preparando, deja la comida que iban a distribuir. Deja todo y regresa.

Está avanzada la tarde, anochece; no importa; todos sus pasos la llevan de nuevo hacia Jerusalén.

Hace detenerse a las caravanas, a los peregrinos; pregunta.

José la sigue, la ayuda.

Un día de camino en dirección contraria, luego la angustiosa búsqueda por la Ciudad.

¿Dónde, dónde puede estar su Jesús?

Y Dios permite que Ella, durante muchas horas, no sepa dónde buscarMe.

Buscar a un niño en el Templo no era cosa juiciosa:

¿Qué iba a tener que hacer un niño en el Templo?

En el peor de los casos, si se hubiera perdido por la ciudad y llevado de sus cortos pasos, hubiera vuelto al Templo, su llorosa voz habría llamado a su mamá,

atrayendo la atención de los adultos y de los sacerdotes.

y se habrían puesto los medios para buscar a los padres fijando avisos en las puertas.

Pero no había ningún aviso.

Nadie sabía nada de este Niño en la ciudad. ¿Guapo? ¿Rubio? ¿Fuerte? ¡Hay muchos con esas características!

Demasiado poco para poder decir: “¡Lo he visto! ¡Estaba allí o allá!”.

Y vemos a María, pasados tres días, símbolo de otros tres días de futura angustia, entrando exhausta en el Templo, recorriendo patios y vestíbulos.

Nada.

Corre, corre la pobre Mamá hacia donde oye una voz de niño.

Hasta los balidos de los corderos le parecen el llanto de su Hijo buscándola.

Mas Jesús no está llorando; está enseñando.

Y he aquí que desde detrás de una barrera de personas llega a oídos de María la amada voz diciendo:

“Estas piedras trepidarán…”.

Entonces trata de abrirse paso por entre la muchedumbre…

Y lo consigue después de una gran fatiga:

Ahí está su Hijo, con los brazos abiertos, erguido entre los doctores.

María es la Virgen prudente.

Pero esta vez la congoja sobrepuja su conocimiento.

Es una presa que derriba todo lo que pilla a su paso.

Corre hacia su Hijo, lo abraza, levantándolo y bajándolo del escabel,

Y exclama:

–    “¡Oh! ¿Por qué nos has hecho esto!

Hace tres días que te estamos buscando. Tu Madre está a punto de morir de dolor, Hijo.

Tu padre está derrengado de cansancio. ¿Por qué, Jesús?”.

No se preguntan los “porqués” a Aquel que sabe, los “porqués” de su forma de actuar.

A los que han sido llamados no se les pregunta “por qué” dejan todo para seguir la voz de Dios.

Yo era Sabiduría y sabía.

Yo había “sido llamado” a una misión y la estaba cumpliendo.

Por encima del padre y de la madre de la tierra, está Dios, Padre divino.

Sus intereses son superiores a los nuestros; su amor es superior a cualquier otro.

Y esto es lo que le digo a mi Madre.

Termino de enseñar a los doctores enseñando a María, Reina de los doctores.

Y Ella no se olvidó jamás de ello.

Volvió a surgir el Sol en su corazón al tenerme de la mano, de esa mano humilde y obediente; pero mis palabras también quedaron en su corazón.

Muchos soles y muchas nubes habrían de surcar todavía el cielo durante los veintiún años que debía Yo permanecer aún en la tierra.

Mucha alegría y mucho llanto, durante veintiún años, se darán el relevo en su corazón.

Mas nunca volverá a preguntar:

–    “¿Por qué nos has hecho esto, Hijo mío?”.

¡Aprended, hombres arrogantes!

María revela:

“Y ¿POR QUÉ ME BUSCABAN?

¿NO SABEN QUE TENGO QUE ESTAR DONDE MI PADRE?

El Padre permitió mi angustia de madre; pero no me ocultó el profundo significado de las palabras de mi Hijo:

sobre el padre y la madre está Dios, el Padre Celestial.

Sus intereses y sus afectos están sobre cualquiera y se debe dejar todo para obedecer a Dios.

A sus llamadas nunca se pregunta: ¿Por qué?

Dice el Evangelio: “Ellos no comprendieron, lo que les acababa de decir.”

Yo ya lo sabía desde antes y entendí las palabras de mi Hijo.

Pero guardé silencio para no mortificar a  mi José, que no tenía la plenitud de la Gracia.

Yo era la madre de Dios; pero también debía ser mujer respetuosa para el que para mí, era un compañero amoroso y tierno protector. 

Nos amábamos profundamente con un amor santo y nuestra única preocupación era: nuestro Hijo.

En ninguna circunstancia nuestra familia tuvo grietas de ninguna especie.

Jesús es modelo de hijos, como José lo es de maridos.

Mucho fue el dolor que recibí del mundo…

Más mi Santo Hijo y mi Justo esposo, no me hicieron derramar otras lágrimas, que las motivadas por su dolor.

Aunque José era padre adoptivo, se hizo pedazos en el trabajo, para que no nos faltara nada.

Jesús aprendió de él, a ser un hombre trabajador y un buen carpintero.

José era la cabeza de nuestro hogar; su autoridad familiar era indiscutible y no obstante,

 ¡Cuánta humildad había en él!

 Jamás abusó de su poder y me convirtió en su dulce consejera.

Yo me tenía por su sierva y le atendía con amor y respeto.

Cuando quedé viuda, sufrí un agudo dolor… Porque perdí al compañero al que dediqué seis lustros de una  vida fiel.

José fue para mí, padre, esposo, hermano, amigo y protector.

Su ausencia me hizo sentir una terrible soledad y fue como si perdiera el muro principal de mi vida. .

Me sentí sola, como sarmiento arrancado de la vid y sólo hallé consuelo cuando me abracé de Jesús. 

 Dios era la fuerza que me sostenía en mis horas de dolor.

El día que fuimos a Jerusalén y al volver advertimos que no venía con nosotros…

Como todo lo compartíamos con amor, pensando solo en nuestro Hijo…

Nuestra preocupación y angustia fue muy grande, mientras lo buscábamos.

En este misterio mi Hijo quiso darnos una enseñanza sublime…

 ¿Podríais acaso  suponer que El ignoraba lo que Yo sufría? 

¡Todo lo contrario!

Porque mis lágrimas, mi búsqueda por haberlo perdido, mi intenso y crudo dolor se repercutía en su corazón…

Y durante aquellas horas tan penosas, El sacrificaba a la Divina Voluntad a su propia Mamá, a quien tanto amaba…

Para demostrarme que Yo también un día debía,

 SACRIFICAR SU MISMA VIDA AL QUERER SUPREMO.

En esta pena indecible no te olvidé, alma mía y pensando que ella te iba a servir de ejemplo,

la puse a tu disposición a fin de que también tú pudieras tener en el momento oportuno, la fuerza para sacrificar todas las cosas a la Divina Voluntad. 

Cuando lo hallamos en el Templo, la alegría volvió nuevamente a nuestro corazón,

al tomarlo nuevamente de la mano, humilde y obediente para volver a Nazaret.

El mundo se desquicia en ruinas porque se insiste en destruir la unidad familiar.

 Nuestra familia es el modelo que debéis imitar. 

12 EL ESPOSO DESIGNADO


12 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

José designado para esposo de la Virgen.

Veo una rica sala, con un suelo bonito, cortinas, alfombras y muebles taraceados. Debe formar parte del Templo todavía. Se deduce porque hay sacerdotes, entre los cuales está Zacarías…

Y también muchos hombres de las más diversas edades, o sea, de los veinte a los cincuenta años aproximadamente.

Están hablando unos con otros, bajo pero animadamente.

Se los ve inquietos por algo que desconozco. Todos están vestidos de fiesta, con vestidos nuevos o, al menos, recién lavados, como si estuvieran ataviados para una celebración.

Muchos se han quitado el paño con que se cubren la cabeza, otros todavía lo tienen puesto, especialmente los ancianos, mientras que los jóvenes muestran sus cabezas descubiertas:

Unas rubio-oscuras, otras moreno-oscuras, algunas negrísimas, una — sólo ella — rojo-cobre. Las cabelleras son generalmente cortas, pero algunas de ellas llegan hasta los hombros.

No deben conocerse todos entre sí porque se están observando con curiosidad. Pero parecen relacionados pues se ve que los apremia un pensamiento común.

En una de las esquinas veo a José.

Está hablando con un anciano de aspecto robusto y vigoroso. José tendrá unos treinta años. Es un hombre apuesto; pelo corto, más bien rizado, de un castaño oscuro como el de la barba y el bigote,

que velan un mentón bien conformado y suben hacia las mejillas moreno-rojizas, no aceitunadas como en el caso de otras personas morenas; tiene ojos oscuros, buenos y profundos, muy serios, incluso yo diría que un poco tristes.

Sin embargo, cuando sonríe — como está haciendo en este momento —aparecen alegres y juveniles.

Está vestido todo de marrón claro, de forma muy simple pero muy ordenada.

Entra un grupo de jóvenes levitas.

Se disponen entre la puerta y una mesa larga y estrecha que está cerca de la pared en cuyo centro se encuentra la puerta, la cual queda abierta de par en par.

Sólo una cortina tensa, que pende hasta unos veinte centímetros del suelo, sigue cubriendo la entrada.

La curiosidad se acentúa.

Y más aún cuando una mano separa la cortina para dejar paso a un levita que lleva en los brazos un haz de ramas secas sobre el cual ha sido depositada delicadamente una ramilla florecida,

una ligera espuma de pétalos blancos que apenas muestran un rosáceo esfumado que desde el centro se irradia, atenuándose cada vez más, hasta el extremo de los livianos pétalos.

El levita deposita el haz de ramas encima de la mesa con exquisito cuidado para no lesionar el milagro de esa rama en flor en medio de tanta hojarasca.

Un murmullo recorre la sala. Los cuellos se alargan, las miradas se hacen más penetrantes, como para poder ver.

Zacarías, con los sacerdotes, también trata de ver, estando como está más cerca de la mesa, pero no ve nada.

José, desde su esquina, apenas dirige los ojos hacia el haz de ramas, y, cuando su interlocutor le dice algo, él hace un gesto denegatorio como de quien dice: «¡Imposible!», y sonríe.

Un toque de trompeta se oye desde el otro lado de la cortina.

Todos guardan silencio y se disponen en perfecto orden mirando hacia la puerta, ahora enteramente abierta, dado que a la cortina la hacen deslizarse sobre sus anillos.

Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice. Todos se postran.

El Pontífice se acerca a la mesa y, en pie, comienza a hablar:

–     Hombres de la estirpe de David, que habéis convenido en este lugar por convocatoria mía, escuchad.

El Señor ha hablado, ¡Gloria a Él! De su Gloria un rayo ha descendido y, como sol de primavera, ha dado vida a una rama seca…

Y ésta ha florecido milagrosamente cuando ninguna rama de la tierra hoy está en flor.

Hoy, último día de las Luminarias, cuando aún no se ha derretido la nieve caída sobre las alturas de Judá y es lo único cándido que hay entre Sión y Betania.

Dios ha hablado haciéndose padre y tutor de la Virgen de David, que no tiene tutor alguno aparte de Dios.

Santa doncella, gloria del Templo y de la estirpe, ha merecido la palabra de Dios para conocer el nombre del esposo grato al Eterno.

¡Muy justo debe ser para haber sido elegido por el Señor para tutelar a su amada Virgen!

Por ello nuestro dolor de perderla se aplaca, y cesa toda preocupación acerca de su destino como esposa.

Y a aquel que ha sido señalado por Dios le confiamos, plenamente seguros, la Virgen que posee la bendición de Dios y la nuestra.

El nombre del prometido es José de Jacob, betlemita, de la tribu de David, carpintero en Nazaret de Galilea.  José, acércate; el Sumo Sacerdote te lo ordena.

Gran murmullo. Cabezas que se vuelven, ojos y manos que señalan, expresiones de desilusión y expresiones de alivio.

Alguno, especialmente entre los viejos, debe haberse sentido contento de no haber sido destinado para ello.

José, muy colorado y visiblemente turbado, se abre paso. Ya está ante la mesa, frente al Pontífice, al cual ha saludado con reverencia. 

El Pontífice indica:

–     Venid todos y mirad el nombre grabado en la rama.

Coja cada uno su ramilla, para asegurarse de que no hay trampa.

Los hombres obedecen.

Miran la ramilla que delicadamente tiene el Sumo Sacerdote; cada uno coge la suya: unos la rompen, otros la guardan.

Todos miran a José: hay quien mira y calla, otros lo felicitan.

El anciano con el que antes estaba hablando dice:

–    ¿No te lo había dicho, José?

¡Quien menos se siente seguro es el que vence la partida!.

Ya han pasado todos.

E1 Sumo Sacerdote da a José la ramilla florecida, y, poniéndole la mano en el hombro,

le dice:

–     No es rica y tú lo sabes, la esposa que Dios te dona, pero posee todas las virtudes.

Hazte cada día más digno de Ella. En Israel no hay flor alguna tan linda y pura como Ella. Salid todos ahora. Que se quede José. Y tú, Zacarías, pariente, trae a la prometida.

Salen todos, excepto el Sumo Sacerdote y José.

Vuelven a correr la cortina, cubriendo así la puerta.

José está todo humilde junto al majestuoso Sacerdote. Una pausa silenciosa y éste le dice:

–     María debe manifestarte un voto que ha hecho.

Ayúdala en su timidez. Sé bueno con la mujer buena.

–     Pondré mi virilidad a su servicio y ningún sacrificio por Ella me pesará.

Estáte seguro de ello.

Entra María con Zacarías y Ana de Fanuel.

El Pontífice dice:

–     Ven, María.

Éste es el esposo que Dios te ha destinado. Es José de Nazaret. Regresarás, por tanto, a tu ciudad. Ahora os voy a dejar. Que Dios os dé su bendición.

Que el Señor os mire y os bendiga, os muestre su rostro y tenga siempre piedad de vosotros. Que vuelva a vosotros su rostro y os dé la paz.

Zacarías sale escoltando al Pontífice.

Ana felicita al prometido y luego también sale.

Los dos prometidos están el uno enfrente del otro.

María, toda colorada, tiene la cabeza agachada.

José, también ruborizado, la observa buscando las primeras palabras que decir. Al fin las encuentra y una sonrisa ilumina su rostro.

Dice:

–     Te saludo, María.

Te vi cuando eras una niña de pocos días… Yo era amigo de tu padre y tengo un sobrino de mi hermano Alfeo que era muy amigo de tu madre, su pequeño amigo, pues ahora no tiene más que dieciocho años.

Y cuando tú todavía no habías nacido, siendo sólo un niñito, ya alegraba las tristezas de tu madre, que lo quería mucho.

No nos conoces porque viniste aquí siendo muy pequeñita. Pero en Nazaret todos te quieren y piensan en ti.

Y hablan de la pequeña María de Joaquín, cuyo nacimiento fue un milagro del Señor, que hizo verdecer a la estéril… Yo me acuerdo de la tarde en que naciste…

Todos la recordamos por el prodigio de una gran lluvia que salvó los campos y de una violenta tormenta durante la cual los rayos no quebraron ni siquiera un tallito de brezo silvestre,

tormenta que terminó con un arco iris de dimensiones y belleza no vistas nunca más.

Y… ¿quién no recuerda la alegría de Joaquín? Te mecía enseñándote a los vecinos… Considerándote una flor venida del Cielo, te admiraba, y quería que todos te admirasen.

¡Oh, dichoso y anciano padre que murió hablando de su María, tan bonita y buena y que decía palabras llenas de gracia y de saber!… ¡Tenía razón al admirarte y al decir que no existe ninguna más hermosa que tú!

¿Y tu madre? Llenaba con su canto el ángulo en que estaba tu casa. Parecía una alondra en primavera durante la gestación, y luego, cuando te amamantaba.

Yo hice tu cuna, una cunita toda de entalladuras de rosas, porque así la quiso tu madre. Quizás esté todavía en la casa, ahora cerrada… 

Yo soy viejo, María. Cuando naciste, yo ya hacía mis primeros trabajos. Ya trabajaba… ¡Quién me iba a decir que te hubiera tenido por esposa!

Quizás hubieran muerto más felices los tuyos, porque éramos amigos. Yo enterré a tu padre, llorándole con corazón sincero porque fue para mí maestro bueno durante la vida.

María levanta muy despacio el rostro, sintiéndose cada vez más segura al oír cómo le habla José, y cuando alude a la cuna sonríe levemente, y cuando José habla de su padre le tiende una mano,

y dice:

–     Gracias, José.

Un “gracias” tímido y delicado.

José toma entre sus cortas y fuertes manos de carpintero esa manita de jazmín, y la acaricia con un afecto que pretende inspirar cada vez más tranquilidad.

Quizás espera otras palabras, pero María vuelve a guardar silencio.

Entonces continúa hablando él:

–     La casa, como sabes, está intacta, menos la parte que fue derribada por orden consular para transformar en calle el sendero, para los convoyes de Roma.

Pero las parcelas de cultivo, las que te han quedado — porque ya sabes… la enfermedad de tu padre consumió mucho tus haberes — están un poco abandonadas.

Hace ya más de tres primaveras que los árboles y las cepas no conocen podadera de hortelano, y la tierra está sin cultivar y, por tanto, dura.

Pero los árboles que te vieron cuando eras pequeñita están todavía allí, y, si me lo permites, yo me ocuparé inmediatamente de ellos.

–     Gracias, José. Pero, ya trabajas… 

–     Trabajaré en tu huerto durante las primeras y las últimas horas del día.

Ahora el tiempo de luz se va alargando cada vez más. Para la primavera quiero que todo esté en orden, para alegría tuya. Mira, ésta es una ramilla del almendro que está frente a la casa.

Quise coger ésta… Se puede entrar por cualquier parte por el seto destruido, pero ahora le haré de nuevo sólido y fuerte, quise coger ésta pensando que si yo hubiera sido el elegido…

No lo esperaba porque soy consagrado nazareo. Y he obedecido porque se trataba de una orden del Sacerdote, no por deseos de casamiento; pensando te decía, que el tener una flor de tu jardín te habría alegrado.

Aquí la tienes, María. Con ella te doy mi corazón, que como ella, hasta ahora, ha florecido sólo para el Señor, y que ahora florece para ti, esposa mía.

María coge la ramita. Se la ve emocionada y mira a José con una cara cada vez más segura y radiante. Se siente segura de él.

Cuando él dice: «Soy consagrado nazareo», su rostro se muestra todo luminoso y encuentra fuerzas para decir:

–     Yo también soy toda de Dios, José. No sé si el Sumo Sacerdote te lo ha dicho…

–     Me ha dicho sólo que tú eres buena y pura y que debes manifestarme un voto tuyo…

Y que fuera bueno contigo. Habla, María. Tu José desea hacerte feliz en todos tus deseos. No te amo con la carne. ¡Te amo con mi espíritu, santa doncella que Dios me otorga!

Debes ver en mí un padre y un hermano, además de un esposo. Ábrete a mí como con un padre, abandónate en mí como con un hermano.

–     Ya desde la infancia me consagré al Señor.

Sé que esto no se hace en Israel, pero yo sentía una Voz que me pedía mi virginidad en sacrificio de amor por la venida del Mesías. ¡Hace mucho tiempo que Israel lo espera!…

¡No es demasiado el renunciar por esto a la alegría de ser madre!.

José la mira fijamente, como queriendo leer en su corazón, y luego coge las dos manitas que tienen todavía entre los dedos la ramita florecida,

y dice:

–     Pues yo también uniré mi sacrificio al tuyo…

Y amaremos tanto con nuestra castidad al Eterno, que Él dará antes a la Tierra al Salvador, permitiéndonos ver su Luz resplandecer en el mundo. Ven, María.

Vamos ante su Casa y juremos amarnos como lo hacen los ángeles entre sí. ‘Luego iré a Nazaret a prepararlo todo para ti, en tu casa si quieres ir a ella, en otra parte si así lo deseas.

–     En mi casa…

En el fondo había una gruta… ¿Todavía está?.

–     Está, pero ya no es tuya…

Yo, de todas formas, te haré otra gruta donde estarás fresca y tranquila en las horas más calurosas. La haré lo más parecida posible. Y… dime, ¿Quién quieres que esté contigo?

–     Nadie. No tengo miedo.

La madre de Alfeo, que siempre viene a verme, me hará compañía un poco durante el día, y por la noche prefiero estar sola. Ningún mal me puede suceder.

–     Bueno, y ahora estoy yo…

¿Cuándo debo venir a recogerte?.

–     Cuando tú quieras, José.

–     Pues entonces vendré cuando la casa esté en orden.

No pienso tocar nada. Quiero que encuentres todo como lo dejó tu madre, pero quiero también que esté llena de luz y bien limpia para acogerte sin tristeza.

Ven, María. Vamos a decirle al Altísimo que le bendecimos.

Y no veo nada más. Me queda, eso sí, en el corazón el sentido de seguridad que experimenta María…

GÉNESIS 3, 5


Los primeros padres se convirtieron y arrepintieron gradualmente:

¡Al ir saboreando lo amargo del pecado!

Lo duro del trabajo, los dolores del parto.

Abel asesinado, sangrando, convertido en gusanos…

Los huesos secos, convertidos en ceniza, en polvo…

Dios no había querido burlarse, ¡Sus palabras se realizaban! (Gén. 3,16-19).

Dice Jesús:

Hijitos Míos, recordad Mi Orden, Mi Consejo, cuando subí a los Cielos: “amaos los unos a los otros, como Yo os he amado”.

Muchos de vosotros estáis viendo los desastres que se están dando a nivel mundial, pero también, muchos de vosotros, sois secos de corazón.

Vuestro corazón no produce amor, vuestro corazón no se ha dejado penetrar por el Mío. 

Y muchas veces, permito todos estos desastres o que se sucedan situaciones penosas entre vosotros;

para que pueda surgir ese amor fraterno que, ciertamente, os va a salvar y os va a hacer crecer en Mi Amor.

Es penoso, lo digo así, es penoso que tenga que llegar a estas situaciones de castigo, de dolor, para que muchas almas reaccionen a que os améis los unos a los otros,

cuando debierais, todos, tener vuestro corazón en la mano.

Con esto, queriendo decir que estéis atentos a dar amor a cualquiera que se acerque a vosotros.

Sabéis, porque os lo he dicho, que el Amor es el que mueve a todo el Universo, ahora se os hace, quizá, difícil entender esta frase; pero; 

Mi Padre, vuestro Padre, todo lo creó en el Amor. 

Y todo lo que Él hace, tiene un inicio en el Amor.

Ved cómo Me pidió a Mí Su Hijo, Su Único Hijo, bajar a la Tierra; para alcanzar la salvación de todos vosotros, dándoMe en el Dolor.

Yo bien podría haberLe pedido que fuera de otra forma, que no tuviera que sufrir, que con la sola Evangelización Yo convenciera a todos.

Él Me lo pidió así, dándoMe, y es que el Dolor entró en el momento del Pecado Original, y el Dolor, también, tiene que ser vencido por el Amor.

Todos vosotros habéis vivido el amor y habéis vivido el dolor y sabéis que cuando el amor entra después del dolor, es vencido el dolor y de ahí nace una nueva experiencia, que os hace crecer.

Todo acto de amor produce un crecimiento, una purificación, un beneficio para las almas y para todo lo creado.   

EL AMOR ES LA FUERZA MAS PODEROSA DEL UNIVERSO

Si vosotros consintierais en cuidar vuestros actos diarios y tratarais de que todo lo que saliera de vosotros, en pensamientos, palabras, obras, llevaran amor,

contagiaríais a vuestros hermanos y, de esta forma iríais eliminado tanto mal a vuestro alrededor, un mal que todos tenéis, ciertamente, arraigado en vuestro ser y que produce dolor.

El dolor se puede eliminar con el amor, como Yo lo vencí con Mi Donación por vosotros, vencí a satanás con Mi Amor,

con Mi Sabiduría Divina, a la cual, todos vosotros tenéis acceso y Me lo debéis pedir, porque si queréis actuar, en esta vida, solos, no podréis salir adelante, Satanás os vencerá,

es más inteligente que vosotros. Pero si vosotros tomáis de Mi Sabiduría, que es muy diferente, lo venceréis junto con vuestro amor hacia los demás.

Yo estoy con vosotros, vivo en vuestro corazón, os conozco perfectamente, Mi Santo Espíritu está en vosotros, SoMos Una Sola Persona y os conoceMos perfectamente.

“No hagas a los demás, lo que no quieras que te hagan a tÏ.”

Debéis, pues, tratar, de que todos vuestros actos estén envueltos de amor e iréis viendo el resultado, prácticamente, de inmediato;

Y la principal regla a todo esto, es, no devolver mal cuando recibáis un mal.

También os lo he dicho muchas veces, amor y si no podéis dar en ese momento amor, callaos y vedMe a Mí en ese momento, ved todo Mi Dolor, toda Mi Donación por cada uno de vosotros,

y os podría preguntar, ¿No os mereceríais vosotros, más, ese Dolor que Yo sufrí?,

porque sufrí por vuestros pecados y vosotros sois los que debierais estar sufriendo, no Yo, vuestro Dios, que Soy Puro y Santo,

Yo tomé el lugar de cada uno de vosotros, y os saqué adelante, a la Vista de Mi Padre.

34. Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando a suertes. Lucas 23

Así que, en los momentos en que seáis ofendidos, vedMe, porque vosotros debierais estar sufriendo lo que Yo sufrí para vuestra salvación. 

Y cuando la Sabiduría llegue a vuestro interior, aprenderéis a perdonar, aún a aquél que os hizo mucho daño.

El Amor todo lo puede, Mis pequeños, pero deberéis ser lo suficientemente humildes, para reconocer que no os merecéis, plenamente, lo que tenéis,

se os da porque os amaMos, no porque os merezcáis lo que tenéis.

Hijitos Míos, todos vosotros estáis llamados a resucitar conMigo. Vuestra resurrección, Mis pequeños, es el dejar atrás vuestros pecados pasados que os podían haber llevado a la muerte eterna,

y es un cambio de vida el que debéis llevar en vuestra resurrección personal. 

Debéis dejar atrás todo aquello que Me ofende, que Me daña, que Me hace derramar Lágrimas de Dolor, porque veo a vuestras almas destrozadas por el pecado.  

Vosotros, ciertamente, no os dais cuenta de ello, pero desde el Cielo, al ver a las almas que están misionando o que están viviendo nada más por vivir en la Tierra,

se ven como deformadas, no son almas bellas, no son almas que viven en la Gracia, que viven el Amor, Mi Amor en sus vidas.  

Cuando os dije “las que están misionando”, ¡Ojalá todos estuvierais misionando!,

porque hay tantas almas que muertas están en vida y no hacen nada, ni para el bien de sus hermanos ni para el bien de sí mismas;

son almas que han desperdiciado el Don de la vida y han de dar cuenta de ello cuando regresen a Mí.

Mi Resurrección es Gloriosa, Mis pequeños, porque ella marca el haber vencido a la muerte, el haber vencido a satanás, el haber vencido lo que causó el Pecado Original.

Vuestros Primeros Padres tenían todo, tenían la vida, la verdadera Vida en sí mismos, pero erraron porque prefirieron seguir a Satanás.

Y vosotros también erráis muchas veces a lo largo de vuestra existencia.

Y así vais muriendo poco a poco. Muchos se quedan en esa muerte espiritual y no se levantan.

Y NO LES IMPORTA, QUE ES LO PEOR DE TODO.

No fuisteis llamados a la vida para morir durante la misión que debierais haber llevado, .

Fuisteis llamados a la vida, porque se confió en cada uno de vosotros, Mi Padre os dio el Don de la vida; para transmitir más vida a vuestros hermanos.

Vuestra muerte no tendrá resurrección, moriréis eternamente.

¡¡¡¡ÉL VIVE!!!

YO NO MORÍ, ESE ES MI TRIUNFO, MIS PEQUEÑOS,

Y EL TRIUNFO QUE DEBÉIS TENER TAMBIÉN VOSOTROS:

LA RESURRECCIÓN.

 Ciertamente, al morir, la gran mayoría de vosotros tendréis que purificar vuestra alma de vuestros pecados.

Y luego vuestra alma resucitará a la Gloria eterna y ahí tendréis vuestro triunfo personal.

PARA ALGUNOS,

ESE TIEMPO DE ESPERA EN EL PURGATORIO SERÁ LARGO…

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

según vuestros pecados y el comportamiento que tuvisteis en la Tierra: el respeto que Me tuvisteis a Mí, vuestro Dios, el respeto que le tuvisteis a vuestros hermanos.

Para otros, ese paso será rápido, porque tratasteis en vuestra existencia de vivir vida en Mí, vida en Cristo, siendo otros Cristos.

Y de esta forma, saldréis pronto del Purgatorio, porque lograsteis hacer muchos méritos a lo largo de vuestra existencia…

Y ellos os llevarán a una purificación rápida para que alcancéis muy pronto el Reino de los Cielos.

Para muchos de vosotros, todo esto que os explico queda todavía como sin explicación, no entendéis porque no estáis compenetrados en la realidad espiritual.

Muchos todavía creéis que, después de vuestra vida humana al morir, ahí terminará todo y que no hay otra vida después de esta vida terrena.

Hay tantas creencias falsas, a donde os ha llevado Satanás, para que no penséis en una realidad que todas las almas tienen; pero que no todas aprovechan, que es la resurrección de vuestras almas.

Muchos viven por vivir, no hacen grandes méritos, destrozan su alma con el pecado y creen no tener obligaciones espirituales para conMigo, vuestro Dios.

Y así van desperdiciando toda su existencia sin hacer nada bueno, para la salvación de las almas ni para su crecimiento espiritual.

Se os ha repetido tantas veces que seáis otros Cristos, y esto implica trabajo, Mis pequeños, un trabajo espiritual al que todos estáis llamados.

Cuando se os da el Don de la vida, inmediatamente implica trabajo, Mis pequeños,

NO venís a la Tierra a pasar momentos agradables, como todos creéis…

Y los buscáis porque desecháis todo aquello que ofende a vuestros sentidos o a vuestra manera de pensar;

buscáis solamente los placeres que le podéis dar a vuestro cuerpo y a vuestra alma también.

Y despreciáis todo aquello que es trabajo, trabajo espiritual, para alcanzar una vida plena en el Reino de los Cielos.

¡Cuántas, cuántas almas llevan esa mentalidad, de que fueron creadas para gozar en la Tierra!

Hasta ministros de la Iglesia hablan de ello y lo pregonan:

“Si vosotros tenéis algún problema, deshaceos de ello inmediatamente, vosotros vinisteis a gozar en la Tierra, debéis buscarlo, debéis buscar ese gozo.”

Estas son las irrealidades, las Mentiras a donde ha llevado Satanás también a los ministros de Mi Iglesia.

Se olvidan de todo lo que Me costó a Mí salvar vuestras almas; toda Mi Vida fue de trabajo, de oración, de sufrimiento, persecución, blasfemias, alegrías…

Y terminó Mi Vida con una Donación de tormento por el bien de vosotros.

Y todavía, hablan estos ministros, falsos ministros, de que debéis buscar solamente el gozo… 

Y se olvidan de Mis Palabras: “El que quiera seguirMe, que tome su cruz y Me siga”.

¡Cuánta maldad! ¡Cuánto error ha puesto Satanás en los corazones de vosotros en el mundo!

No, no vinisteis a gozar, vinisteis a trabajar para Mí, vuestro Dios.

Y el gozo realmente, sí viene después cuando vuestro trabajo os hace saber que Me disteis un gozo grande al llevar a cabo lo que Yo os pedí.

Ciertamente, las almas buenas sí gozan con su trabajo, pero ese trabajo implica también dolor, implica sufrimiento, implica persecución. 

Si queréis resucitar conMigo, debéis llevar a cabo también lo que Yo hice:

Transmisión de vida espiritual a través de la palabra, a través del ejemplo, a través del amor que deis a vuestros hermanos.

Sabéis cómo gozo un alma que estaba perdida y que, por la intercesión de un alma buena, la regresa al buen camino.  

Así os volvéis salvadores de almas y ese es el camino que debéis seguir.

Y ese es el gozo que será premiado cuando lleguéis al Reino de los Cielos, un gozo que ahora no imagináis.

Y es un gozo grande, Mis pequeños, porque Me estáis dando a Mí, vuestro Dios, un gran gozo y la paga es inmensa,

porque Yo Soy el Infinito, el Omnipotente, Yo Soy el millonario de Amor,

Yo pago NO al ciento por uno sino mucho más que eso; cuando vosotros ayudáis a un alma a recuperar el camino del bien, a ayudarle en su resurrección.

Hay tantas almas muertas a vuestro alrededor, almas que no sienten tener un destino futuro.

Simplemente,viven por vivir; pero ni haciendo el bien ni haciendo el mal a lo largo de su existencia… 

SIMPLEMENTE VIVEN

Y VIVEN SEGÚN SU FORMA DE CREER QUE DEBE SER LA VIDA.

Todos lleváis un bien en vuestro interior, que es Mi Santo Espíritu,

pero también lleváis la marca del Pecado Original que os lleva hacia el Mal, esa es la gran lucha en cada uno de vosotros. 

Ciertamente, algunos aprendéis a detener esa maldad, pero por simple educación o respeto a vuestros hermanos… 

Y DE ESTA FORMA OS VOLVÉIS ALMAS BUENAS ANTE LOS OJOS DE LOS HOMBRES

Pero no lo estáis haciendo como crecimiento espiritual sino para evitaros problemas sociales con los que están a vuestro alrededor, para que os respeten, porque vosotros los estáis respetando.

No viven una interioridad espiritual, viven para evitarse problemas con los que están a su alrededor.

Estas almas necesitan una guía espiritual, que también vosotros podéis darles con la ayuda de Mi Santo Espíritu,

pero hay otras almas que son tremendas, son malas, da miedo tener contacto con ellas,

pero también tienen posibilidad de cambio y ciertamente, vosotros sin Mi ayuda, sin la ayuda de Mi Santo Espíritu, no podréis llegar a tocarles el corazón.

Son almas aisladas porque las almas que están a su alrededor les temen, no quieren tener ningún problema con estas almas y, al ser odiadas, se aíslan y crece su rencor hacia los hombres,

pero cuando sienten el amor de un alma que verdaderamente Me ama, Mi Amor brota de sus palabras, de sus obras,

y toca el corazón de estos hermanos vuestros que, a pesar del tiempo que han vivido, nunca han sentido ese Amor, un Amor diferente que no viene de los hombres,

que viene de Mí, vuestro Dios y a través de vuestros actos, de vuestras palabras, de vuestro deseo de ayudar al hermano caído, lo lleváis a la conversión.

Yo os voy dando, a lo largo de vuestra existencia, muchas oportunidades de ayudar a vuestros hermanos, especialmente cuando os habéis dado a Mí, vuestro Dios. 

Yo os tomo como instrumentos y os agradezco infinitamente lo que hacéis por vuestros hermanos.

Y os repito, seréis gratificados grandemente en el Reino de los Cielos. 

Porque os habéis dado por un hermano, habéis visto su necesidad, estaba muerto y le ayudasteis a resucitar, a poder resucitar a una nueva vida gracias a Mí, vuestro Dios, pero gracias a que sois Mis instrumentos.

17. Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.»
18. El dijo: «Traédmelos acá.»
19. Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.
20. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.
21. Y los que habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.

Mucho, mucho podéis hacer, Mis pequeños, con tantos hermanos vuestros que no Me conocen, pero que sienten que hay algo más…

Y cuando empiezan a vivir esa vida de amor, que sí existe pero que en su entorno no lo han tenido, al momento en que vosotros se lo dais,

estas almas caen fulminadas de amor, viene un enamoramiento intenso ya que nunca han tenido ese toque de Amor que Yo les doy a ellas a través de vosotros.

Sed sencillos, pues, Mis pequeños, dejadMe a Mí actuar a través de vosotros. 

Os he dicho que vosotros tendréis los reconocimientos y los agradecimientos de vuestros hermanos que ayudasteis,

pero bien sabéis vosotros que Soy Yo en vosotros EL que actúa para lograr ese cambio en vuestros hermanos, lo sabéis y lo gozáis.

Sois Mis hijos, sois Mis hermanos, somos familia y todos debeMos ayudarNos a gozar del Reino de los Cielos.

No seáis egoístas, si vosotros estáis conMigo, transmitidles a vuestros hermanos Mi Resurrección.

DadMe almas, Mis pequeños, dadMe almas os lo pedí en la Cruz; TENGO SED DE  ALMAS y vosotros Me tenéis a Mí para alcanzarMe muchas almas para su resurrección.

Recordad esto perfectamente y portaos como verdaderos hijos de Dios y hermanos Míos, sed puros y santos, porque esa es vuestra obligación,

porque deberéis ser perfectos, como Yo, ante Mi Padre, Soy el Perfecto, al haberMe dado totalmente y en Amor, por cada uno de vosotros.

Os amo, Mis pequeños, y busco vuestro amor, también, para mitigar los Dolores que Me causáis por vuestros pecados.

Os Bendigo, y dejad que Mi Santo Espíritu, actúe plenamente en vosotros. Gracias,

Yo, el Hijo del Hombre y vosotros, Mis pequeños, Mis hermanos, os Bendigo: que la Luz del Espíritu Santo, descienda sobre vosotros, os transforme y os lleve a la Perfección de Mi Padre, a la que estáis llamados todos vosotros.

Gracias, Mis pequeños.

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121 LA ADVERTENCIA


121 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La primavera viste con sus hermosos colores, la orilla florida de Genesaret y todos los árboles frutales de los huertos que adornan las villas campestres y los caseríos de los poblados ribereños. 

Jesús está en el lago, en la barca de Pedro, que va detrás de otras dos barcas: una de ellas normal, de pesca, gemela de la de Pedro.

La otra graciosa, rica, de recreo, la de Juana de Cusa; pero la dueña no va en ella, sino que está a los pies de Jesús en la tosca barca de Pedro.

La primera hermosísima manifestación de la primavera palestina, que esparce sus nubes de almendros en flor y deposita perlas de futuras flores en perales y manzanos, granados, membrilleros…

Todos, todos los más ricos y delicados árboles, en flores y frutos.

Cuando la barca acaricia una determinada zona de la orilla, bajo el sol ya aparecen los millones de capullos que están engrosándose en las ramas en espera de florecer, mientras los pétalos de los almendros precoces

revolotean, cual mariposas, en el aire quieto, hasta posarse sobre las claras olas.

Las orillas, entre los tallitos de hierba nueva que parece seda de un color verde alegre, están rociadas de ojos de oro de ranúnculos, de estrellas radiadas de pequeñas margaritas;

junto a éstas, erguidas sobre su pedúnculo, como reinecitas coronadas, sonríen leves, pacíficas como iris infantiles, las miosotas sutiles, celestes, delicadísimas, que parecen decir “sí, sí” al Sol, al lago, a su hermana hierba,..

Y que se sienten contentas de florecer ante los ojos cerúleos de su Señor.

En este comienzo de primavera, el lago no presenta todavía esa riqueza triunfante de los siguientes meses;

no tiene todavía ese fasto suntuoso, hasta sensual, de los millares de rosales rígidos o trepadores, que forman mata en los jardines o velo en los muros;

de los millares de corimbos de los codesos y de las acacias; de los millares de filas de nardos en flor; de los millares de estrellas enceradas de los agrios; de todo este entremezclarse de colores, de perfumes violentos,

delicados, embriagadores, que se presentan ante el frenesí humano de gozar y lo estimulan; un frenesí que profana, demasiado, este rincón de la Tierra tan puro como es el lago de Tiberíades,

lugar elegido desde el comienzo de los siglos para escenario del mayor número de prodigios de Jesús.

Juana está mirando a Jesús, que está ensimismado en la gracia de su lago galileo. El rostro de ella sonríe repitiendo como espejo fiel la sonrisa de Él.

En las otras barcas van hablando, aquí hay silencio; el único ruido es el rumor sordo de los pies desnudos de Pedro y Andrés, que regulan las maniobras de la barca y el suspiro del agua que la proa va abriendo…

Y que susurra su dolor en los lados de la barca, para después transformarse en risa en la popa, cuando la herida se cierra formando una estela argentina que el sol enciende como polvo diamantino.

Pasado este tiempo, Jesús deja su contemplación. Vuelve su mirada hacia su discípula. Le sonríe.

Le pregunta:

–      Hemos llegado casi, ¿No?

Dirás que tu Maestro es un compañero muy poco afable, no te he dirigido ni una palabra.

Juana responde:

–     Pero las he leído en tu rostro, Maestro.

Y he oído todo lo que decías a las cosas que nos rodean.

–     ¿Y qué es lo que les decía?

–     Amad, sed puras, sed buenas, porque venís de Dios y de su mano nada salió malo o impuro.

–     Has leído bien.

–     Señor mío, las hierbas lo hacen y los animales también.

¿Por qué no lo hace el hombre, que es el más perfecto?   

–     Porque el diente de Satanás ha entrado sólo en el hombre.

Su pretensión ha sido destruir al Creador en su mayor prodigio, en el más semejante a Él.

Juana agacha la cabeza y medita.

Da la impresión de ser una persona que no afronta algo o que vacila entre dos tendencias opuestas.

Jesús la observa.

Al final, levanta la cabeza y dice:

–     Señor, ¿Tendrías inconveniente en conocer a unas amigas mías paganas?

Ya sabes que Cusa es de la Corte y Herodes y Herodías, sobre todo ella, que es la verdadera dueña de la Corte y a cuya voluntad se someten todos los deseos de Herodes, por… moda.

Por mostrarse más refinados que los demás palestinos, para ser protegidos por Roma adorando a Roma y a todo lo romano, se muestran complacientes con los romanos de la casa proconsular y casi nos los imponen.

Verdaderamente debo decir que no son mujeres peores que nosotras; también entre nosotras, en estas orillas, hay algunas que han caído muy bajo.

¿Y de qué podemos hablar, si no hablamos por Herodías?… Cuando perdí a mi criatura y enfermé, fueron muy buenas conmigo.

Además no las había buscado. Luego la amistad ha seguido.  

Pero, si me dices que no es correcto, la disuelvo. ¿No? Gracias, Señor.

Anteayer estaba en casa de una de estas amigas. Por mi parte era una visita de amistad; por parte de Cusa era una visita obligada.

Era una orden del Tetrarca, que.., quisiera volver aquí y que no se siente demasiado seguro, y entonces… quiere estrechar vínculos más interesados con Roma para tener cubiertas las espaldas.

Bueno, incluso… ¿Tú eres pariente del Bautista, verdad?

Bueno, pues te ruego que le digas que no se fíe demasiado, que no abandone nunca las fronteras de Samaria. O mejor, si no siente repulsa, que se oculte allí un tiempo.

La serpiente se acerca al cordero y el cordero tiene mucho de qué temer; de todo.

Que esté atento, Maestro. Que no se sepa que lo he dicho yo, porque significaría el fin de Cusa.

–     No te preocupes, Juana.

Le advertiré al Bautista a través de un medio eficaz, sin que perjudique a nadie.

–     Gracias, Señor. Deseo servirte…

Lo que pasa es que no quisiera que ello creara extorsiones a mi marido. La verdad es que… no siempre voy a poder ir contigo; algunas veces tendré que quedarme en casa porque él así lo desea, y es razonable.

–     Sí, te quedarás, Juana; lo comprendo todo.

No sigas hablando, que no es necesario.

–     Pero, en los momentos de mayor peligro para Ti, ¿Me querrás a tu lado?

–     Sí, Juana, por supuesto.

–     ¡Cuánto peso el tener que decir esto! y

¡Y el hecho mismo de decirlo! Ahora me siento aliviada.

–     Si tienes fe en Mí, vivirás un consuelo continuo.

Pero… me estabas hablando de una amiga tuya romana.

–     Sí. Es amiga íntima de Claudia.

Creo que incluso son parientes. Tendría interés en hablar contigo, por lo menos en escucharte.

Y no sólo es ella. Además, ahora que has curado a la niña de Valeria, la noticia ha llegado a la velocidad del relámpago, su interés es mayor.

La otra noche, en un banquete, había muchas voces a favor y muchas en contra de Tí. Había también algunos herodianos y saduceos, aunque lo negarían sí se lo preguntasen.

Y también mujeres… ricas y… y no honestas.

Estaba, siento decirlo porque sé que eres amigo de su hermano, estaba María de Magdala, con su nuevo amigo y con otra mujer, griega creo, tan licenciosa como ella.

Ya sabes cómo hacen los paganos, ¿No? Las mujeres se sientan a la me-sa con los hombres. Bueno esto es muy… muy… ¡Oh, qué situación más violenta!

Mi amiga, que es una mujer delicada, me eligió como compañero a mi propio marido, lo cual me significó un gran alivio. Pero las otras… Bien, pues se hablaba de Tí, porque impresionó el milagro que hiciste a Faustina.

Los romanos mostraban admiración hacia Tí como un gran médico y mago… Perdona, Señor , pero los herodianos y saduceos escupían veneno contra tu Nombre.

Y María… ¡Qué horror, María!… Empezó con burlas y luego… No, no quiero decirte esto. Estuve llorando toda la noche.

(Lo que Juana calló, es que María de Mágdala dijo que había  convertido en un reto el seducir a Jesús. El hombre que la ha deslumbrado y al que ha deseado como a ningún otro…

Ella dijo que era Apolo que se había encarnado otra vez y que solamente era un hechicero encantador… un hombre bellísimo y muy incitante… Y que finalmente y como hombre, también caería rendido a sus pies…)

–     ¡Déjala! ¡Sanará!

–      ¡No, no, si está sana!

–     En cuanto al cuerpo; lo demás está todo intoxicado. Pero sanará.

–     Si Tú lo dices…

Ya sabes cómo son las romanas… Sus palabras fueron: “No nos asustan las brujerías, ni creemos en fábulas. Queremos juzgar por nosotras mismas”.

Y luego a mí me dijeron: “¿No podríamos oírle hablar?”

–      Diles que al final de la luna de Sabat estaré en tu casa.

–     Se lo diré, Señor.

¿Crees que se acercarán a ti?

–     En ellas hay todo un mundo que rehacer.

Lo primero es derribar, luego edificar. No es imposible. Ahí está tu casa Juana.

Recuerda el jardín y trabaja en ella para tu Maestro como te he dicho.

Adiós, Juana. El Señor sea contigo. Yo te bendigo en su Nombre.

La barca se arrima.

Juana dice en tono de ruego:

–     ¿Entonces no pasas siquiera?

–     Ahora no. Debo reavivar las llamas.

En unos pocos meses de ausencia casi se han apagado. Y el tiempo vuela.

La barca se detiene en el recodo que penetra en el jardín de Cusa.

Unos domésticos acuden para ayudar a su señora a bajar.

La barca de Juana, en donde navegaron Juan, Mateo, Judas y Felipe, la han dejado para subir a la de Pedro , atracada en el embarcadero,

la cual luego se separa lentamente y reanuda su navegación hacia la orilla opuesta.

109 LA DESPEDIDA


109 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Es una clara noche de luna.

Tan nítida, que el terreno aparece con todos sus detalles y los campos, con el trigo nacido pocos días antes,

parecen alfombras de felpa verdeplata vareteadas con las listas oscuras de los senderos.

Velándolas están los troncos de los árboles: del todo blancos por el lado de la Luna; del todo negros por el lado oeste.

Jesús va caminando seguro y solo.

Avanza muy deprisa por su camino…  

Hasta que se encuentra con un curso de agua que desciende gorgoteando hacia la llanura en dirección norte-este.

Remonta su curso hasta un lugar solitario al lado de una escarpadura cubierta de vegetación espesa.

Tuerce otra vez, trepando por un sendero y llega a un refugio natural de la ladera del collado.

Entra.

Se inclina hacia un cuerpo extendido en el suelo.

Un cuerpo que casi ni se vislumbra a la luz de la luna, que ilumina el sendero, pero no penetra en la cueva.

Lo llama:

–     Juan.

El hombre se despierta y se incorpora, todavía entre las nieblas del sueño.

Pronto se da cuenta de Quién es el que lo ha llamado…

Y se levanta bruscamente, para postrarse en tierra diciendo:

–      ¿Cómo es que viene a mí mi Señor?

–     Para alegrar tu corazón y el mío.

Anhelabas mi presencia, Juan; aquí estoy. Levántate.

Vamos a salir a la luz de la luna.

Sentémonos a conversar en esta peña que hay junto a la cueva.

Juan obedece, se levanta y sale.

Pero, una vez que Jesús se ha sentado…

él, con la piel de oveja que mal cubre su flaquísimo cuerpo, se pone de rodillas delante del Cristo,

echándo hacia atrás sus cabellos largos y desordenados que le pendían por delante de los ojos, para ver mejor al Hijo de Dios.

El contraste es fortísimo:

Jesús, de tez pálida, rubio, cabellos esponjosos y ordenados, corta barba en la parte baja del rostro.

El otro, todo él, una mata de pelos negrísimos, tras los cuales apenas si asoman dos ojos hundidos que parecen febriles,

por el fuerte brillo de su negro de azabache.

Jesús dice:

–     Vengo a decirte “gracias”.

Has cumplido y cumples, con la perfección de la Gracia que hay en ti, tu misión de Precursor mío.

Cuando llegue la hora, entrarás en el Cielo a mi lado, porque habrás merecido todo de Dios;

pero ya durante la espera tendrás la paz del Señor, amigo mío dilecto.

–    Muy pronto entraré en la paz.

Bendice, Maestro mío y Dios mío, a tu siervo; para fortalecerlo en la última prueba. Sé que está cercana.

Y que debo dar todavía un testimonio: el de la sangre.

Tú tampoco desconoces – menos todavía que yo – que mi hora está llegando.

Tu venida aquí ha sido deseo de la misericordiosa bondad de tu corazón de Dios, para fortalecer al último mártir de Israel y primero del nuevo tiempo.

Dime sólo una cosa: ¿Voy a tener que esperar mucho hasta que vengas?

–     No, Juan.

No mucho más de cuanto transcurrió desde tu nacimiento, hasta el mío.

–     ¡Bendito sea el Altísimo! Jesús…

¡Puedo llamarte así?

bautista

–     Puedes, por sangre y por santidad.

Este Nombre, pronunciado incluso por los pecadores, puede pronunciarlo el santo de Israel.

Para ellos significa salvación. Sea para ti dulzura. ¿Qué quieres de Jesús, tu Maestro y primo?

–     Voy a la muerte.

Me preocupo de mis discípulos como un padre lo hace con sus hijos. Mis discípulos…

Tú, que eres Maestro, sabes cuán vivo es nuestro amor por ellos.

El único pesar de mi muerte es el temor a que se descarríen, como ovejas sin pastor.

Recógelos Tú.

Te restituyo los tres tuyos, que en espera de Tí, han sido perfectos discípulos míos.

En ellos, sobre todo en Matías, habita realmente la Sabiduría.

Tengo otros discípulos que irán a Tí. Deja de todas formas que te confíe personalmente a estos tres; son los tres preferidos.

–    También Yo les profeso este amor.

Ve tranquilo, Juan. No perecerán ni éstos ni los otros verdaderos discípulos que tienes.

Recojo tu herencia. La velaré como el tesoro más apreciado, recibido del perfecto amigo mío y siervo del Señor.

Juan se postra y se inclina profundamente hasta tocar el suelo y cosa que parece imposible en un personaje tan austero,

solloza fuertemente, de alegría espiritual.

Jesús le pone una mano sobre la cabeza:

–     Tu llanto, que es alegría y humildad, encuentra su correspondencia en un lejano canto, al son del cual tu pequeño corazón saltó de júbilo.

Aquel canto y este llanto son el mismo himno de alabanza al Eterno, que “ha hecho grandes cosas; Él, que es poderoso en los espíritus humildes”.

Mi Madre también va a entonar de nuevo su canto, el mismo que en aquel momento cantó.

Pero después, Ella recibirá la mayor de las glorias, como tú tras tu martirio. Te traigo su saludo. Todos los saludos y todos los consuelos. Lo mereces.

Aquí, sólo es la mano del Hijo del Hombre lo que está sobre tu cabeza; pero del Cielo abierto desciende la Luz y el Amor para bendecirte, Juan.

–     No merezco tanto. Soy tu siervo.

–     Tú eres mi Juan.

Aquel día, en el Jordán, Yo era el Mesías que se estaba manifestando;

aquí, ahora, soy tu primo y tu Dios,  con el deseo de darte el viático de su amor de Dios y de pariente.

Levántate, Juan. Démonos el beso de despedida.

–     No merezco tanto…

Lo he deseado siempre, durante toda la vida; sin embargo, no oso cumplir este gesto contigo: Tú eres mi Dios.

–     Yo soy tu Jesús. Adiós.

Mi alma estará al lado de la tuya hasta la paz. Vive y muere en paz, por tus discípulos. Ahora sólo puedo darte esto.

En el Cielo te daré el céntuplo, porque has hallado toda gracia ante los ojos de Dios.

Lo ha puesto en pie y lo ha abrazado besándolo en las mejillas, recibiendo a su vez el beso de Juan, quien tras ello, vuelve a arrodillarse.

Jesús le impone las manos y ora con los ojos levantados al cielo. Parece como si lo estuviera consagrando.

Jesús se manifiesta imponente.

El silencio se prolonga así, durante un tiempo.

Luego Jesús se despide con su dulce saludo.

–     Mi paz esté siempre contigo. 

Y emprende el regreso, por el mismo camino que había recorrido antes.