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F111 LA ORACIÓN: DIÁLOGO CON DIOS


En la Puerta del Cielo, la argentina voz de Diana resuena en las murallas del salón, donde los catecúmenos escuchan atentos la lección de ese día:

“Para una clara Comunicación con Dios y que nos garantice una Respuesta, es necesario reunir los elementos indispensables:

La primera condición para la Oración, es la Gracia.

LA GRACIA.

            El Pecado es la barrera con la que Satanás aparta al hombre de Dios y le impide que goce de Él. El arrepentimiento sincero nos lava y purifica junto con la Sangre preciosa y Divina.

Y dispone nuestra alma para recibir el Perdón de Dios y junto con él, su Misericordia que nos devuelve la Gracia.

Poseer en el alma la Luz, la Fuerza, la Sabiduría de Dios que comunica esa semejanza intelectual con Él y es el signo inconfundible de la Filiación con Él. La Gracia es el Don sublime que hace que Dios habite en el alma y que el alma esté ‘viva’.

Es entonces también cuando las oraciones son ‘vivas’ y la Gracia crece, florece, tiene raíces profundas y se eleva como árbol de Vida Eterna.

La Gracia es la Vida del espíritu y el alma lavada con la Sangre de Jesús ha sido perdonada y ésta, al abandonarse al Amor…

Es como un águila que se eleva, porque el secreto de la Fortaleza y de la formación espiritual, es la meditación amorosa.

Cuando se aprende a orar con la Meditación de la Oración Mental y se avanza hasta llegar a la plena comunicación del Amor con la Profecía, el alma ya no tiene obstáculos en el conocimiento de Dios.

Porque la Oración es la comunicación del alma con Dios, de la que se sale vigorizado y con el deseo de pertenecerle más. Y dispuestos a entregarnos más plenamente.

Es un don de intercambio: Dios lo concede al Hombre y el hombre lo da a Dios. Por medio de la Oración, Dios se va revelando como Es… Y el alma aprende a conocerlo y a amarlo siempre más.

LA HUMILDAD.

“Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón”

Jesús sabía que en esta imitación está la Clave de la Felicidad en la Tierra y en el Cielo. Los hombres tenemos las ruinas que tenemos, porque NO somos mansos ni somos humildes. NI en las familias, NI en las ocupaciones, NI en el vasto ámbito de las naciones. Soberbia e Ira dominan a los hombres y generan todos los delitos.

La Presencia de Dios es un acto de su Bondad. El deseo de amor de un Dios de estar con su creatura y cuando la creatura NO lo traiciona, Dios NO se aleja. En ciertos casos y por especiales respuestas del alma, esta comunicación se vuelve muy sensible.

Pero hay del alma que gozando de la Presencia de Dios, cae en el pecado de soberbia; porque la perdería súbitamente, pues Dios NO está en donde hay soberbia.

Entre más grande es la humildad de la creatura, más a ella desciende Dios.

HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR

María tuvo a Dios en SÍ, NO solo espiritualmente; sino como Carne Viva, porque alcanzó el vértice de la humildad santa.

La humildad en la Oración es indispensable si se quiere obtener algo. Dios mira con amor al hijo que inclina ante su Grandeza y Majestad, reconociendo Quién es Él y al mismo tiempo consciente de su propia miseria y debilidad.

El alma ‘viva’, ‘ve’ al Dios Vivo.

Y entre más lo conoce más lo ama y más anonadada se siente ante su Infinita Bondad. Y un profundo agradecimiento inunda el corazón, al esperar la respuesta de la única pregunta que los labios formulan cada vez con más frecuencia y ante TODAS las circunstancias:

‘Padre ¿Qué quieres que haga?’

LA OBEDIENCIA.

            Es la prueba de la humildad y la Fe. Son el escollo donde la soberbia se cae y se hunde. La Obediencia es la piedra donde el orgullo se estrella, porque rinde a los pies del Omnipotente el juicio del hombre, para abrazar solamente la Voluntad Divina.

Al obedecer a Dios se contempla la Gloria de Dios y se presencian los milagros más increíbles. La docilidad interior es indispensable y NO hay sumisión verdadera, hasta que no hay alegría en su cumplimiento.

Esto es el cimiento de muchas virtudes y el recipiente de muchas gracias. El Espíritu Santo la busca para comunicarle sus santas inspiraciones, porque solo el que la tiene, lo escucha y las practica.

El alma dócil, escala el Cielo sin comprenderlo y asciende sin sentirlo, a la sombra y en comunicación con el Paráclito, que la lleva por los caminos del espíritu, con una Obediencia ciega.

Es la virtud que se deja moldear suavemente, como el barro en manos del Divino Alfarero. Es el tesoro de las gracias.

Jesús y María, fueron obedientes por excelencia. Este es el secreto de la Oración de  Poder.

La Perfección de la Obediencia consiste en seguir prontamente las inspiraciones del Espíritu Santo y practicarlas. Cada vez que se escucha esa voz interior que NO hace ruido, hay que atenderla.

El alma sabe distinguir perfectamente cuando habla. La Obediencia del espíritu es mortificación y humillación. Al obedecer la Voluntad de Dios, se perfeccionan las virtudes internas.

La Obediencia interna perfecta clava las almas en la Cruz y hace que vivan crucificadas: Es la Renuncia Total de la Voluntad, que se inmola por amor a Dios y sacrifica el cuerpo, los sentidos, los afectos y todos los movimientos del espíritu, para obedecer solamente las inspiraciones del Espíritu Santo.

Esta es la Obediencia ciega, pronta y amorosa, que encuentra la verdadera e incomparable Felicidad, en el absoluto despojo de sí misma.

La sumisión no es real, hasta que NO se disfruta adaptándose y alabándolo, en todas las circunstancias.

LA CARIDAD.

            El Espíritu Santo se comunica por medio de ella, porque es la Esencia misma de Dios y la vida del alma. La Caridad sobrenaturaliza todas las virtudes y las acciones del hombre.

Y es el pulso que late en el espíritu y le da vitalidad. El Dolor es el trono de la Caridad y su perfección está en la Inmolación. Dios se da y las almas se dan.

Dios se crucificó por los hombres y ellas se crucifican con Él.

Esta Caridad es la que une al Cielo con la Tierra y la Oración alcanza dimensiones cósmicas, porque la Caridad es el Amor comunicativo.

El Dolor Divinizado por Jesús, es el que conquista al Amor. Por esto, los más sacrificados son los que más aman. Sin la Caridad NO hay Fusión.

La Caridad sabe amar y perdonar a los enemigos.

La última Oración del mártir, debe ser siempre por los verdugos; para que alcancen la salvación. La última de los santos, por sus Opresores, para que lleguen a la Caridad.

LA GENEROSIDAD.

            El que cierra su oído al clamor del pobre, él también gritará y NO será escuchado. La dureza de corazón en el Desprendimiento y la Generosidad, cierran las puertas de los Cielos para la Oración.

Dios NO tolera la avaricia, tanto material como espiritual.

Los avaros son soberbios y envidiosos. La Dureza de Corazón es refractaria al amor divino y a la Bondad. La vida del que la lleva consigo es muy triste y desgraciada, porque carece del pronto placer de hacer el bien.

Son corazones fríos e infelices que se mantienen alejados de la Caridad, llevando una existencia vana y culpable. Son corazones metalizados que lo único que desean es atesorar.

Insaciables y desenfrenados, NO CORRESPONDEN  a las inspiraciones divinas y mueren ciegos y sordos a su pecado.

La santidad NO está en las visiones, éxtasis y revelaciones. La santidad consiste en la pureza y el sacrificio generoso y constante de una voluntad abandonada totalmente en la Voluntad de Dios.

Hay que conformarse siempre con lo que el Espíritu Santo quiere dar… Y así NO nos equivocamos.

Considerándonos siempre indignos de sus dones.

LA PUREZA.

            La Pureza es el reflejo de Dios. Y donde está la Pureza está la santidad. Es solo en las almas puras en donde se encuentra la Luz del Espíritu Santo.

La INOCENCIA consiste en la limpieza total del alma.

Los limpios de corazón sienten el contacto divino y son los que escuchan la Voz de Dios. Lo entienden, lo aman, lo consuelan y se gozan con sus ternuras y sus sonrisas.

El vicio que más aleja de Dios, es la impureza; porque a través de la impureza entra la Incredulidad, que ofusca los corazones, quita la esperanza y destruye la Caridad.

Ninguna alma que NO es pura puede conocer a Dios y mucho menos amarlo, porque el Espíritu Santo, abomina la Impureza.

La Lujuria es el vicio con cual Satanás está llenando los Infiernos.

Y por eso promueve la sensualidad que hace su nido en los corazones soberbios, para que NO puedan acoger a Dios.

El cuerpo es el Templo Vivo del Espíritu Santo y tiene que tener una pureza total, el que quiera acogerlo y poseerlo.

EL PERDON.

            Los que perdonan son la réplica más acabada de Dios, porque Él perdona y sigue perdonando.

Cuando el hombre aprende a amar y a perdonar, comienza a hacerse espiritual.

Todo se le perdonará a quién haya perdonado todo.

El que perdona atrae el Corazón de Dios y NO hay hombre que NO necesite ser perdonado por Él.

Dios es un Dios de Amor y NO puede vivir en un corazón que Odia.

Jesús bajó a la Tierra a enseñar al hombre a  amar y a perdonar.

El corazón que se crucifica, NO guarda rencor y sabe amar de verdad.

El Odio es Pecado y el pecado cierra las puertas del Cielo a la Oración y hace que no suba. Y Dios NO puede escuchar a un corazón que no perdona. Porque nadie puede ser perdonado si NO se arrepiente y NO perdona.

El Perdón es la Venganza de Dios y también es la venganza de los que aprenden a amar como Él enseñó.

LA SINCERIDAD.

            Este es otro requisito indispensable en la verdadera Oración.

Los hipócritas ostentan apariencias de piedad y en el interior de sus familias son culpables ante Dios y ante el prójimo. Buscan la estima y los honores mundanos.

Quieren decir a los demás: ‘Pueden confiar en mí. Vean que soy un santo. Lo comprueba mi forma de orar’

Semejante actitud es una Blasfemia. Los soberbios, los falsos y los mentirosos, oran así.

La verdadera Oración brota del corazón a los labios y surge en el trabajo, en los negocios, en el descanso, en la fatiga, en el dolor y en la alegría, porque sale con todo el ser, al impulso del corazón que ama a Dios y se revela en todas sus acciones.

El alma recuerda que es la creatura y con amor reverencial se pone en la Presencia de su Creador que se le revela en todo y en todas las circunstancias.

La ternura amorosa del Padre se encuentra a cada paso del día.

Y se acaban las coincidencias.

EL ABANDONO.

            La Oración sostiene al alma en la Prueba y la provee de una fuerza nueva en la inteligencia y en el corazón. Es la Fuerza que no viene de un estudio humano, sino de un completo abandono en Dios.

Los que dan más, son los que más se olvidan de sí mismos. Es cosa muy penosa y difícil, pero indispensable si se quiere avanzar por este camino.

Pablo lo practicó y nos lo enseñó con su ejemplo:

Ahora voy a Jerusalén atado por el Espíritu, sin saber lo que me sucederá allá… Solamente que en cada ciudad el Espíritu Santo me da a conocer que me esperan prisiones y tribulaciones… pero de ninguna manera me preocupo por mi vida, con tal de terminar mi misión y cumplir el ministerio que he recibido del Señor Jesús, de anunciar el Evangelio de la Gracia de Dios”

Ciertamente el abandono de Pablo, brilla esplendorosamente en este abandono en Dios.

Porque olvidarse de sí mismo es olvidar NO solo el pasado, sino la personalidad limitada. Olvidarnos totalmente quienes somos en nuestra existencia terrenal. Como si ya hubiésemos sido muertos y enterrados en una tumba. Totalmente desaparecidos para el mundo.

Y pensar solamente en lo que Dios quiere de nosotros, viviendo para hacer exclusivamente su Voluntad.

Cuando el hombre muere, su espíritu deja todo lo terrenal y queda solo frente a Dios, con su alma muerta o viva, según su voluntad lo determinó en la prueba terrenal.

Al quedar frente al Misterio que es Dios, el Mundo a su vez muere para él y debe vivir su Vida Eterna de acuerdo a su propia autosentencia.

Cuando en la existencia terrena encontramos a Dios y NO desdeñamos su Llamado, sucede lo mismo. La vida deja de pertenecernos y en una Prueba muy dolorosa, aprendemos a vivir exclusivamente para Dios.

Uniéndonos de tal manera con Él, que se experimenta en la Tierra el Paraíso y ya no hay nada que temer. NADA. La luz de Dios resplandece cuando el alma se sumerge en el mar de la Oración y la Caridad.

LA CONFIANZA.

            Dios Padre conoce las necesidades del hombre, pero a Él le agrada la Confianza del alma que se le acerca como un niño a contarle sus confidencias, para enriquecer una relación de amor, que es el verdadero objetivo de la Oración…

Y que al exponerle sus necesidades, le pide ayuda.

Confiar lo más íntimo y que causa rubor y vergüenza. Confiarle ‘Todo’ Al que lo es TODO, es increíblemente productivo. Porque Dios NO se escandaliza NI murmura, NI mucho menos falta a la Caridad.

Él sabe comprender y aconsejar. ÉL NOS AMA MUCHÍSIMO. Y su Amor está presente en todas nuestras súplicas…

Y elimina los obstáculos para nuestra santificación.

Perdonar para ser perdonados. El perdón de Dios trae la Paz. Estar vigilantes teniendo cuidado y Oración, para ser fuertes y tener la ayuda de Dios, aunada a una voluntad firme de NO pecar.

Después de una grande confianza en la Justicia del Padre y en su Amor. Porque todo cambia en nuestro interior, después de sumergirnos en la Oración.

El gozo inefable de hablar con Dios, hace que el Dolor sea soportable y el corazón se alimenta con la fuerza de un león para enfrentarse al Mundo y a todo, después de habernos unido completamente al Padre en la soledad y en la Oración.

LA ORACIÓN LO ES TODO.

Es un diálogo franco, animado, lleno de confianza, recogido, sereno, claro, íntimo. La Oración confiada puede cambiar el Castigo en Bendición.

La plegaria dirigida la Padre para que en su Misericordia ayude, toca el Corazón de Dios y agiliza su intervención. La súplica ardiente hace que Satanás NO pueda objetar nada a la intervención Divina.

Y esperar contra toda esperanza. ORANDO SIEMPRE CONFIADAMENTE.

Cuando se tiene una Fe Perfecta y una Confianza Perfecta, nacida de la oración y de la Bondad del Señor, Se podrán obtener los más portentosos milagros.

 PORQUE LA FE, LA ORACIÓN Y LA CONFIANZA,

SON LA LLAVE DE LOS MILAGROS.

EL AMOR.

Hay que recordar que una verdadera palpitación de amor, que salga como Nube de Incienso de las Llamas de nuestro corazón enamorado de Dios, tiene para Él un valor infinitamente más grande, que miles de ceremonias hechas con corazón tibio o frío.

Hay que atraer su Misericordia con nuestro amor. Ella es grande y activa con quién lo ama. El Cordero se ha Inmolado por nosotros y nos cubre como una ola que pasa y lava nuestras almas, dejándolas sin mancha.

Y SU AMOR CONTESTA NUESTRAS ORACIONES INMEDIATAMENTE.

LA ENTREGA.

DIOS LLAMA Y PASA. Puede que mañana no esté el corazón dispuesto y tampoco encontremos la Invitación de Dios.

Dios es tan exigente, como es infinitamente generoso en premiar.

El que quiere ser discípulo es necesario que abrace la Cruz y lo siga.

La vida del cristiano NO ES  una vida tapizada de pétalos. Es absoluta en sus exigencias.

Es como las rosas: son preciosas, fragantes, perfumadas, pero duran poco y lo que queda son solo espinas.

A través de la Oración, los consuelos de Dios son maravillosos y nos fortalecen siempre, hasta llegar al final del camino. Pero la Cruz es dolor y espinas…

Y NO HAY OTRO CAMINO.

Muchas raíces están trabadas en el ser humano. Hay que separarlas o cortarlas. Solo con la libertad espiritual se viene al servicio de Dios. NADA DEBE IMPEDIR LA ENTREGA.

Cuando el alma se entrega a Dios con todas las poderosas energías de su ser y doblega su temperamento, dirigiéndolas hacia la perfección. El apasionado y poderoso absolutismo, se arrojan sin titubeos por este camino.

Se aprovecha la experiencia en el Mal, para ser poderosos en el Bien y se emplean los mismos sistemas que se empleaban para entregarse toda al pecado…

Ahora se entrega toda a Dios.

Es entonces cuando se pone en práctica el Mandamiento más importante: Amar a Dios sobre todas las cosas, con todas las potencias del ser y al prójimo como a nosotros mismos.

Nadie que haya puesto la mano en el arado para arar los campos de los corazones y esparcir la semilla de la Doctrina de Dios, puede volverse atrás para mirar lo que ha dejado y lo ha perdido.

Lo que podría haber tenido si hubiera seguido por otro camino menos extraordinario, que el de ser elegidos.

Quién obra así NO está adaptado al Reino de Dios. Hay que valorarnos, decidirnos y luego entregarnos.

Entregarnos sin reservas, sin miedos, sin reticencias…

EN LA ENTREGA TOTAL PARA UN AMOR TOTAL.

LA PREPARACIÓN…

El alma debe ser pobre con la Pobreza de espíritu. Desnuda, pobre y vacía. Que viva solo de Él, por Él y para Él.

Hambrienta: Solo Él calma la sed de Justicia del alma hambrienta de lo sobrenatural con la Posesión y la Comunicación de la misma Divinidad.

Sedienta: El Hambre de Dios solo puede ser calmada bebiendo de la Fuente del Agua Viva de Jesús. El Espíritu Santo es el Único Consolador.

El Dolor es el compañero indispensable de la Oración.

En él se encuentra su completo desarrollo y se fortalece ejercitando el sacrificio, la mortificación y la Penitencia. La Oración es la Fuente de la Gracia, ella llega hasta el Corazón de Dios y escala alturas inconcebibles al entendimiento humano.

En todos los tiempos y las ocasiones se puede orar. El alma puede hacerlo saltando todos los obstáculos y NO conoce las limitaciones. Aún en medio de la más ruidosa reunión y sin que los demás lo adviertan, al realizar todas las tareas cotidianas, continúa con sus coloquios con el Dios que habita en su interior.

La Oración es la voz armoniosa del alma pura que atraviesa los Cielos y llega hasta el Trono de Dios.

En ella va la amorosa flecha que traspasa el Corazón del Amado. Esta Oración nunca regresa vacía, sino llena de gracias y favores.

El secreto del alma que NO quiere perder a su amor, es permanecer siempre fija con todas sus potencias en Dios, a través de la Oración.

LA  FE.

            Es la luz oscura que arrastra al hombre hacia su Dios, por medio de la humildad. Es indispensable para la salvación y es la prueba que Dios exige al entendimiento humano y la orgullosa inteligencia del hombre.

La Fe es Luz para los humildes y Tinieblas para los soberbios. La Fe desata las manos del Omnipotente y aplaca la Justicia Divina.

La Fe arranca gracias al Eterno. Es un lazo de luz que une la Tierra con el Cielo y un lazo de Unión que pone en comunicación al alma con Dios.

LA Fe es el fundamento de la perfección.

LA INFANCIA ESPIRITUAL.

            Jesús dijo: Yo os lo aseguro, el que NO recibe el Reino de Dios como niño, no entrará en él. El niño es humilde, confiado, acepta ‘que no sabe’ con simplicidad.

Los niños son amables, curiosos y reciben con admiración y llaneza, todas las enseñanzas.

Observarlos como aman y creen en Dios, por la Inocencia que los caracteriza, es una lección de sabiduría. Hacen lo que se les enseña y no se ensoberbecen por lo que hacen. Aprenden y practican lo que aprenden.

Los niños, cuando cometen una pequeña falta ¡Con cuanta humildad la confiesan! NO buscan excusas. Saben que Dios lo sabe. Creen. Les apena haber causado un dolor a Dios.

Arrepentidos, piden perdón de su falta y ofrecen sinceramente, NO volver a faltar. Aman con sencillez  y siempre son sinceros.

Todas las cualidades de los niños son indispensables para la Oración auténtica, porque la característica principal del alma orante, debe ser siempre la docilidad interior y la Obediencia total.

Dios no desperdicia sus palabras, en donde NO hay intención de Obedecerlas.

            Cuando el alma sabe alcanzar la amorosa ciencia de saber permanecer fija en Dios, unida a Dios con todas sus potencias; todos los actos que produce son actos de amor y raptada por el amor, alcanza la santidad, casi sin darse cuenta.

Y aunque esté durmiendo sigue amando, porque la carne se adormece y se despierta con el nombre santo en los labios y con el pensamiento puesto en Él,

¡Maravilloso connubio del alma con Dios! Ni el más apasionado amor humano da la embriaguez que se experimenta, cuando el alma está verdaderamente enamorada de Dios.

El que ha probado los dos amores sabe que NO existe. Es como comparar el licor más barato, con el más exquisito de los vinos. El deleite es diferente, aunque la embriaguez sea parecida. Y cuando se conoce lo excelente, NO es posible conformarse con menos.

Para conocer este éxtasis, no debe haber nada que se interponga entre el alma y Dios  para formar con Él una unidad perfecta.

Para llegar a tener el corazón vacío de humanos intereses, hay que pasar por un crisol amarguísimo, pero la recompensa vale por todos los sacrificios y todas las renuncias.

Lo que vale la pena siempre tiene un precio alto.

Dios lo vale TODO.

Y cuando el alma se enamora de Él, es verdaderamente imposible vivir sin Él.

Cuando Él se convierte en la razón de vivir, la vida se convierte en una apasionada y maravillosa aventura, en la que el alma se la pasa entre el Cielo y el Infierno.

Satanás es el Villano que trata deponerle fin a la más increíble historia de Amor. Los que NO saben defenderlo… Lo pierden.

EL PROBLEMA DE LAS ORACIONES NO CONTESTADAS.

Es necesario acercarse a Dios con los labios y el alma encendidos de verdadera caridad. Entonces los obstáculos que Satanás interpone para impedir el auxilio divino, son anulados, porque Dios ES el Vencedor Eterno.

Por eso es necesario reunir los requisitos para que la Oración pueda ser efectiva. Esta es una verdad dolorosa y aterradora. 

El hombre mismo es el que da las armas al Maligno, para impedir la intervención de Dios.

La Oración Poderosa necesita de la Justicia. Las Plegarias NO son atendidas principalmente por dos motivos: la Injusticia y el Amor.

LA INJUSTICIA.

Dios NO escucha nuestra oración si tenemos afectos desordenados que están desplazando a Dios del primer lugar en nuestro corazón. Tampoco si somos injustos y duros de corazón con los pobres, con los servidores y los familiares.

EL  AMOR.

Dios nos ama con un Amor Infinito y Eterno. Siempre, cuando nosotros iniciamos nuestra oración, la Gracia del Señor desciende sobre nosotros.

El Eterno nos atiende al instante cuando con un corazón humilde, amoroso, confiado, con sacrificio y constancia, le imploramos piedad, pan, consuelo, ciencia, dirección, ayuda, protección y fortaleza.

Todo esto y más, da Dios con su Infinito Amor, cuando nos volvemos a Él.

Y si no siempre somos atendidos porque Él se niega a acceder a nuestra petición, NO debemos pensar que nuestra Oración vaya a quedar sin respuesta.

A cambio de algo negado por una Inteligencia que todo lo conoce, recibimos otros dones de los que NO nos damos cuenta inmediatamente, ni los agradecemos.

Más tarde o más temprano debemos mostrar nuestro agradecimiento y reconocimiento a esta Bondad infinitamente Inteligente, que cuida de nosotros.

Porque Él, que todo lo sabe. NO concede aquello que nos proporcionaría la felicidad de un instante y Dolor para el resto de nuestra vida terrena y que puede ser causa de pena en la otra vida, por el mal uso que se puede dar a la dádiva divina.

El Amor de Dios siempre nos protege, hasta de nosotros mismos.

LA ORACIÓN HECHA CON FE VERDADERA Y AMOR VERDADERO,

 SIEMPRE OBTIENE.

CUANDO UNA ORACIÓN QUEDA SIN RESPUESTA, hay que revisar que NO esté viciada en la petición o en la Fe. A veces Dios explica por qué NO la concede. Sí es en la Fe, NI siquiera ha llegado al Cielo.

Dios quiere que todos sus hijos sean tan suyos que todas sus santas demandas está dispuesto a atenderlas continuamente.

No siempre concederá las cosas solicitadas, pero sustituirá el don negado por otros cien consuelos más grandes todavía, porque Él arde con el deseo de hacernos felices, de poder estrecharnos contra su Corazón y enjugarnos el Llanto.

Él es el Único que da Bien, Paz y Amor Verdadero y Eterno.

Si somos cristianos inmaduros, constantemente pediremos cosas que NO nos convienen.

Conforme vayamos creciendo espiritualmente, también aprenderemos a Orar.  Afortunadamente para nosotros, Jesús es un Maestro con mucha paciencia y le encanta enseñarnos cuando hay buena voluntad.

Invocar la protección de María Santísima y la Sangre de Jesús antes de ponernos a Orar, elimina TODAS las interferencias con las que Satanás trata de Obstaculizar nuestra Oración y las respuestas de Dios, cuyo Amor quisiera entretenerse en amorosos coloquios, con todos sus hijos.

SOLO EL PECADO APARTA DE DIOS Y HACE NULAS LAS ORACIONES.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

59.- ORACIÓN: DIÁLOGO CON DIOS


En la Puerta del Cielo, la argentina voz de Diana resuena en las murallas del salón, donde los catecúmenos escuchan atentos la lección de ese día:

“Para una clara comunicación con Dios y que nos garantice una respuesta, es necesario reunir los elementos indispensables:

La primera condición para la Oración, es la Gracia.

LA GRACIA.

            El Pecado es la barrera con la que Satanás aparta al hombre de Dios y le impide que goce de Él. El arrepentimiento sincero nos lava y purifica junto con la Sangre preciosa y Divina. Y dispone nuestra alma para recibir el Perdón de Dios y junto con él, su Misericordia que nos devuelve la Gracia.

Poseer en el alma la Luz, la Fuerza, la Sabiduría de Dios que comunica esa semejanza intelectual con Él y es el signo inconfundible de la Filiación con Él. La Gracia es el Don sublime que hace que Dios habite en el alma y que el alma esté ‘viva’.

Es entonces también cuando las oraciones son ‘vivas’ y la Gracia crece, florece, tiene raíces profundas y se eleva como árbol de Vida Eterna. La Gracia es la Vida del espíritu y el alma lavada con la Sangre de Jesús ha sido perdonada y ésta, al abandonarse al Amor, es como un águila que se eleva, porque el secreto de la Fortaleza y de la formación espiritual, es la meditación amorosa.

MEDITANDO

Cuando se aprende a orar con la meditación de la Oración Mental y se avanza hasta llegar a la plena comunicación del Amor con la profecía, el alma ya no tiene obstáculos en el conocimiento de Dios.

Porque la Oración es la comunicación del alma con Dios, de la que se sale vigorizado y con el deseo de pertenecerle más. Y dispuestos a entregarnos más plenamente. Es un don de intercambio: Dios lo concede al Hombre y el hombre lo da a Dios.

Por medio de la Oración, Dios se va revelando como Es. Y el alma aprende a conocerlo y a amarlo siempre más.

LA HUMILDAD.

“Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón”

Jesús sabía que en esta imitación está la clave de la felicidad en la tierra y en el Cielo. Los hombres tenemos las ruinas que tenemos, porque no somos mansos ni somos humildes. Ni en las familias, ni en las ocupaciones, ni en el vasto ámbito de las naciones. Soberbia e ira dominan a los hombres y generan todos los delitos.

La Presencia de Dios es un acto de su Bondad. El deseo de amor de un Dios de estar con su creatura y cuando la creatura no lo traiciona, Dios no se aleja. En ciertos casos y por especiales respuestas del alma, esta comunicación se vuelve muy sensible.

Pero hay del alma que gozando de la Presencia de Dios, cae en el pecado de soberbia, porque la perdería súbitamente, pues Dios no está en donde hay soberbia. Entre más grande es la humildad de la creatura, más a ella desciende Dios. María tuvo a Dios en sí, no solo espiritualmente; sino como Carne Viva, porque alcanzó el vértice de la humildad santa.

La humildad en la Oración es indispensable si se quiere obtener algo. Dios mira con amor al hijo que inclina ante su Grandeza y Majestad, reconociendo Quién es Él y al mismo tiempo consciente de su propia miseria y debilidad. El alma ‘viva’, ‘ve’ al Dios Vivo.

Y entre más lo conoce más lo ama y más anonadada se siente ante su Infinita Bondad. Y un profundo agradecimiento inunda el corazón, al esperar la respuesta de la única pregunta que los labios formulan cada vez con más frecuencia y ante TODAS las circunstancias:

‘Padre ¿Qué quieres que haga?’

LA OBEDIENCIA.

            Es la prueba de la humildad y la Fe. Son el escollo donde la soberbia se cae y se hunde. La Obediencia es la piedra donde el orgullo se estrella, porque rinde a los pies del Omnipotente el juicio del hombre, para abrazar solamente la Voluntad Divina. Al obedecer a Dios se contempla la gloria de Dios y se presencian los milagros más increíbles. La docilidad interior es indispensable y no hay sumisión verdadera, hasta que no hay alegría en su cumplimiento.

Esto es el cimiento de muchas virtudes y el recipiente de muchas gracias. El Espíritu Santo la busca para comunicarle sus santas inspiraciones, porque solo el que la tiene, lo escucha y las practica. El alma dócil, escala el Cielo sin comprenderlo y asciende sin sentirlo, a la sombra y en comunicación con el Paráclito, que la lleva por los caminos del espíritu, con una obediencia ciega.

Es la virtud que se deja moldear suavemente, como el barro en manos del Divino Alfarero. Es el tesoro de las gracias. Jesús y María, fueron obedientes por excelencia. Este es el secreto de la Oración de  Poder.

La perfección de la obediencia consiste en seguir prontamente las inspiraciones del Espíritu Santo y practicarlas. Cada vez que se escucha esa voz interior que no hace ruido, hay que atenderla. El alma sabe distinguir perfectamente cuando habla. La obediencia del espíritu es mortificación y humillación. Al obedecer la Voluntad de Dios, se perfeccionan las virtudes internas.

La Obediencia interna perfecta clava las almas en la Cruz y hace que vivan crucificadas: Es la Renuncia Total de la Voluntad, que se inmola por amor a Dios y sacrifica el cuerpo, los sentidos, los afectos y todos los movimientos del espíritu, para obedecer solamente las inspiraciones del Espíritu Santo.

Esta es la obediencia ciega, pronta y amorosa, que encuentra la verdadera e incomparable felicidad, en el absoluto despojo de sí misma. La sumisión no es real, hasta que no se disfruta adaptándose y alabándolo, en todas las circunstancias.

LA CARIDAD.

            El Espíritu santo se comunica por medio de ella, porque es la Esencia misma de Dios y la vida del alma. La Caridad sobrenaturaliza todas las virtudes y las acciones del hombre. Y es el pulso que late en el espíritu y le da vitalidad. El Dolor es el trono de la Caridad y su perfección está en la Inmolación. Dios se da y las almas se dan.

Dios se crucificó por los hombres y ellas se crucifican con Él. Esta Caridad es la que une al Cielo con la Tierra y la Oración alcanza dimensiones cósmicas, porque la Caridad es el Amor comunicativo.

El Dolor divinizado por Jesús, es el que conquista al Amor. Por esto, los más sacrificados son los que más aman. Sin la Caridad no hay Fusión. La Caridad sabe amar y perdonar a los enemigos.

La última oración del mártir, debe ser siempre por los verdugos, para que alcancen la salvación.

La última de los santos, por sus opresores, para que lleguen a la Caridad.

LA GENEROSIDAD.

AMOR LLAMANDO A LA CARIDAD

            El que cierra su oído al clamor del pobre, él también gritará y no será escuchado. La dureza de corazón en el desprendimiento y la generosidad, cierran las puertas de los Cielos para la Oración.

Dios no tolera la avaricia, tanto material como espiritual. Los avaros son soberbios y envidiosos. La dureza de corazón es refractaria al amor divino y a la Bondad. La vida del que la lleva consigo es muy triste y desgraciada, porque carece del pronto placer de hacer el bien.

Son corazones fríos e infelices que se mantienen alejados de la Caridad, llevando una existencia vana y culpable. Son corazones metalizados que lo único que desean es atesorar. Insaciables y desenfrenados no corresponden a las inspiraciones divinas y mueren ciegos y sordos a su pecado.

La santidad no está en las visiones, éxtasis y revelaciones. La santidad consiste en la pureza y el sacrificio generoso y constante de una voluntad abandonada totalmente en la Voluntad de Dios.

Hay que conformarse siempre con lo que el Espíritu Santo quiere dar y así NO nos equivocamos. Considerándonos siempre indignos de sus dones.

LA PUREZA.

            La Pureza es el reflejo de Dios. Y donde está la Pureza está la santidad. Es solo en las almas puras en donde se encuentra la Luz del Espíritu Santo. La inocencia consiste en la limpieza total del alma. Los limpios de corazón sienten el contacto divino y son los que escuchan la Voz de Dios.

Lo entienden, lo aman, lo consuelan y se gozan con sus ternuras y sus sonrisas.

El vicio que más aleja de Dios, es la impureza; porque a través de la impureza entra la Incredulidad, que ofusca los corazones, quita la esperanza y destruye la Caridad.

Ninguna alma que no es pura puede conocer a Dios y mucho menos amarlo, porque el Espíritu Santo, abomina la impureza.

asmodeo

La Lujuria es el vicio con cual Satanás está llenando los Infiernos.

Y por eso promueve la sensualidad que hace su nido en los corazones soberbios, para que no puedan acoger a Dios. El cuerpo es el Templo vivo del Espíritu Santo y tiene que tener una pureza total, el que quiera acogerlo y poseerlo.

EL PERDON.

            Los que perdonan son la réplica más acabada de Dios, porque Él perdona y sigue perdonando. Cuando el hombre aprende a amar y a perdonar, comienza a hacerse espiritual.

Todo se le perdonará a quién haya perdonado todo.

El que perdona atrae el Corazón de Dios y no hay hombre que no necesite ser perdonado por Él. Dios es un Dios de Amor y no puede vivir en un corazón que odia.

Jesús bajó a la Tierra a enseñar al hombre a  amar y a perdonar. El corazón que se crucifica, no guarda rencor y sabe amar de verdad. El Odio es Pecado y el pecado cierra las puertas del Cielo a la Oración y hace que no suba.

Y Dios no puede escuchar a un corazón que no perdona. Porque nadie puede ser perdonado si no se arrepiente y no perdona. El Perdón es la venganza de Dios y también es la venganza de los que aprenden a amar como Él enseñó.

LA SINCERIDAD.

            Este es otro requisito indispensable en la verdadera Oración. Los hipócritas ostentan apariencias de piedad y en el interior de sus familias son culpables ante Dios y ante el prójimo.

Buscan la estima y los honores mundanos. Quieren decir a los demás: ‘Pueden confiar en mí. Vean que soy un santo. Lo comprueba mi forma de orar’ Semejante actitud es una blasfemia. Los soberbios, los falsos y los mentirosos, oran así.

La verdadera oración brota del corazón a los labios y surge en el trabajo, en los negocios, en el descanso, en la fatiga, en el dolor y en la alegría, porque sale con todo el ser, al impulso del corazón que ama a Dios y se revela en todas sus acciones.

El alma recuerda que es la creatura y con amor reverencial se pone en la Presencia de su Creador que se le revela en todo y en todas las circunstancias. La ternura amorosa del Padre se encuentra a cada paso del día. Y se acaban las coincidencias.

EL ABANDONO.

            La Oración sostiene al alma en la prueba y la provee de una fuerza nueva en la inteligencia y en el corazón. Es la fuerza que no viene de un estudio humano, sino de un completo abandono en Dios.

Los que dan más, son los que más se olvidan de sí mismos. Es cosa muy penosa y difícil, pero indispensable si se quiere avanzar por este camino.

Pablo lo practicó y nos lo enseñó con su ejemplo: “Ahora voy a Jerusalén atado por el Espíritu, sin saber lo que me sucederá allá. Solamente que en cada ciudad el Espíritu Santo me da a conocer que me esperan prisiones y tribulaciones… pero de ninguna manera me preocupo por mi vida, con tal de terminar mi misión y cumplir el ministerio que he recibido del Señor Jesús, de anunciar el Evangelio de la Gracia de Dios” Ciertamente el abandono de Pablo, brilla esplendorosamente en este abandono en Dios.

Porque olvidarse de sí mismo es olvidar no solo el pasado, sino la personalidad limitada. Olvidarnos totalmente quienes somos en nuestra existencia terrenal. Como si ya hubiésemos sido muertos y enterrados en una tumba. Totalmente desaparecidos para el mundo. Y pensar solamente en lo que Dios quiere de nosotros, viviendo para hacer exclusivamente su Voluntad.

Cuando el hombre muere su espíritu deja todo lo terrenal y queda solo frente a Dios, con su alma muerta o viva, según su voluntad lo determinó en la prueba terrenal.

Al quedar frente al Misterio que es Dios, el Mundo a su vez muere para él y debe vivir su vida eterna de acuerdo a su propia autosentencia. Cuando en la existencia terrena encontramos a Dios y no desdeñamos su llamado sucede lo mismo.

La vida deja de pertenecernos y en una prueba muy dolorosa, aprendemos a vivir exclusivamente para Dios. Uniéndonos de tal manera con Él, que se experimenta en la Tierra el Paraíso y ya no hay nada que temer. NADA.

La luz de Dios resplandece cuando el alma se sumerge en el mar de la Oración y la Caridad.

LA CONFIANZA.

            Dios Padre conoce las necesidades del hombre, pero a Él le agrada la confianza del alma que se le acerca como un niño a contarle sus confidencias, para enriquecer una relación de amor, que es el verdadero objetivo de la Oración y que al exponerle sus necesidades, le pide ayuda.

Confiar lo más íntimo y que causa rubor y vergüenza. Confiarle ‘Todo’ Al que lo es TODO, es increíblemente productivo.

Porque Dios no se escandaliza ni murmura, ni mucho menos falta a la caridad. Él sabe comprender y aconsejar.

ÉL NOS AMA MUCHÍSIMO. Y su Amor está presente en todas nuestras súplicas y elimina los obstáculos para nuestra santificación.

Perdonar para ser perdonados. El perdón de Dios trae la Paz. Estar vigilantes teniendo cuidado y Oración, para ser fuertes y tener la ayuda de Dios, aunada a una voluntad firme de no pecar.

Después de una grande confianza en la Justicia del Padre y en su Amor. Porque todo cambia en nuestro interior, después de sumergirnos en la Oración.

El Gozo inefable de hablar con Dios, hace que el dolor sea soportable y el corazón se alimenta con la fuerza de un león para enfrentarse al Mundo y a todo, después de habernos unido completamente al Padre en la soledad y en la Oración.

LA ORACIÓN LO ES TODO. Es un diálogo franco, animado, lleno de confianza, recogido, sereno, claro, íntimo.

  La Oración confiada puede cambiar el castigo en bendición.

La plegaria dirigida la Padre para que en su misericordia ayude, toca el Corazón de Dios y agiliza su intervención.

La súplica ardiente hace que Satanás no pueda objetar nada a la intervención Divina. Y esperar contra toda esperanza. ORANDO SIEMPRE CONFIADAMENTE.

Cuando se tiene una Fe Perfecta y una Confianza Perfecta, nacida de la oración y de la Bondad del Señor, se podrán obtener los más portentosos milagros.  

PORQUE LA FE, LA ORACIÓN Y LA CONFIANZA, SON LA LLAVE DE LOS MILAGROS.

EL AMOR.

Hay que recordar que una verdadera palpitación de amor, que salga como nube de incienso de las llamas de nuestro corazón enamorado de Dios, tiene para Él un valor infinitamente más grande, que miles de ceremonias hechas con corazón tibio o frío.

Hay que atraer su Misericordia con nuestro amor. Ella es grande y activa con quién lo ama. El Cordero se ha Inmolado por nosotros y nos cubre como una ola que pasa y lava nuestras almas, dejándolas sin mancha.

Y SU AMOR CONTESTA NUESTRAS ORACIONES INMEDIATAMENTE.

LA ENTREGA.

DIOS LLAMA Y PASA. Puede que mañana NO esté el corazón dispuesto y TAMPOCO encontremos la invitación de Dios.

Dios es tan exigente, como es infinitamente generoso en premiar. El que quiere ser discípulo es necesario que abrace la Cruz y lo siga.

La vida del cristiano no es una vida tapizada de pétalos. Es absoluta en sus exigencias.

Es como las rosas: son preciosas, fragantes, perfumadas, pero duran poco y lo que queda son solo espinas.

A través de la Oración, los consuelos de Dios son maravillosos y nos fortalecen siempre, hasta llegar al final del camino. Pero la Cruz es dolor y espinas. Y NO HAY OTRO CAMINO.

Muchas raíces están trabadas en el ser humano. Hay que separarlas o cortarlas. Solo con la libertad espiritual se viene al servicio de Dios. NADA DEBE IMPEDIR LA ENTREGA.

Cuando el alma se entrega a Dios con todas las poderosas energías de su ser y doblega su temperamento, dirigiéndolas hacia la perfección. El apasionado y poderoso absolutismo, se arrojan sin titubeos por este camino.

Se aprovecha la experiencia en el mal, para ser poderosos en el Bien y se emplean los mismos sistemas que se empleaban para entregarse toda al pecado… Ahora se entrega toda a Dios.

Es entonces cuando se pone en práctica el Mandamiento más importante: Amar a Dios sobre todas las cosas, con todas las potencias del ser y al prójimo como a nosotros mismos.

Nadie que haya puesto la mano en el arado para arar los campos de los corazones y esparcir la semilla de la Doctrina de Dios, puede volverse atrás para mirar lo que ha dejado y lo ha perdido.

Lo que podría haber tenido si hubiera seguido por otro camino menos extraordinario que el de ser elegidos. Quién obra así no está adaptado al Reino de Dios. Hay que valorarnos, decidirnos y luego entregarnos.

Entregarnos sin reservas, sin miedos, sin reticencias. EN LA ENTREGA TOTAL PARA UN AMOR TOTAL.

LA PREPARACIÓN.

El alma debe ser pobre con la Pobreza de espíritu. Desnuda, pobre y vacía. Que viva solo de Él, por Él y para Él.

Hambrienta: Solo Él calma la sed de Justicia del alma hambrienta de lo sobrenatural con la posesión y la comunicación de la misma Divinidad.

Sedienta: El Hambre de Dios solo puede ser calmada bebiendo de la Fuente del Agua Viva de Jesús. El Espíritu Santo es el Único Consolador.

El Dolor es el compañero indispensable de la Oración.

En él se encuentra su completo desarrollo y se fortalece ejercitando el sacrificio, la mortificación y la Penitencia. La Oración es la Fuente de la Gracia, ella llega hasta el Corazón de Dios y escala alturas inconcebibles al entendimiento humano.

En todos los tiempos y las ocasiones se puede orar. El alma puede hacerlo saltando todos los obstáculos y NO conoce las limitaciones.

Aún en medio de la más ruidosa reunión y sin que los demás lo adviertan, al realizar todas las tareas cotidianas, continúa con sus coloquios con el Dios que habita en su interior.

La Oración es la voz armoniosa del alma pura que atraviesa los Cielos y llega hasta el Trono de Dios. En ella va la amorosa flecha que traspasa el Corazón del Amado. Esta Oración nunca regresa vacía, sino llena de gracias y favores.

El secreto del alma que no quiere perder a su amor, es permanecer siempre fija con todas sus potencias en Dios, a través de la Oración.

LA  FE.

            Es la luz oscura que arrastra al hombre hacia su Dios, por medio de la humildad. Es indispensable para la salvación y es la prueba que Dios exige al entendimiento humano y la orgullosa inteligencia del hombre.

La Fe es luz para los humildes y tinieblas para los soberbios. La Fe desata las manos del Omnipotente y aplaca la Justicia Divina.

La Fe arranca gracias al Eterno. Es un lazo de luz que une la Tierra con el Cielo y un lazo de unión que pone en comunicación al alma con Dios.

LA Fe es el fundamento de la perfección.

LA INFANCIA ESPIRITUAL.

            Jesús dijo: Yo os lo aseguro, el que no recibe el Reino de Dios como niño, no entrará en él.

El niño es humilde, confiado, acepta ‘que no sabe’ con simplicidad. Los niños son amables, curiosos y reciben con admiración y llaneza, todas las enseñanzas.

Observarlos como aman y creen en Dios, por la inocencia que los caracteriza, es una lección de sabiduría.

Hacen lo que se les enseña y no se ensoberbecen por lo que hacen. Aprenden y practican lo que aprenden.

Los niños, cuando cometen una pequeña falta ¡Con cuanta humildad la confiesan! No buscan excusas.

Saben que Dios lo sabe. Creen. Les apena haber causado un dolor a Dios. Arrepentidos, piden perdón de su falta y ofrecen sinceramente, no volver a faltar. Aman con sencillez  y siempre son sinceros.

Todas las cualidades de los niños son indispensables para la Oración auténtica, porque la característica principal del alma orante, debe ser siempre la docilidad interior y la Obediencia total.

Dios No desperdicia sus Palabras, en donde no hay intención de obedecerlas.

            Cuando el alma sabe alcanzar la amorosa ciencia de saber permanecer fija en Dios, unida a Dios con todas sus potencias; todos los actos que produce son actos de amor y raptada por el amor, alcanza la santidad, casi sin darse cuenta.

Y aunque esté durmiendo sigue amando, porque la carne se adormece y se despierta con el nombre santo en los labios y con el pensamiento puesto en Él, ¡Maravilloso connubio del alma con Dios!

Ni el más apasionado amor humano da la embriaguez que se experimenta, cuando el alma está verdaderamente enamorada de Dios.

El que ha probado los dos amores sabe que no existe paralelo. Es como comparar el licor más barato, con el más exquisito de los vinos. El deleite es diferente, aunque la embriaguez sea parecida. Y cuando se conoce lo excelente, no es posible conformarse con menos.

Para conocer este éxtasis, no debe haber nada que se interponga entre el alma y Dios  para formar con Él una unidad perfecta.

Para llegar a tener el corazón vacío de humanos intereses, hay que pasar por un crisol amarguísimo, pero la recompensa vale por todos los sacrificios y todas las renuncias. Lo que vale la pena siempre tiene un precio alto. Y Dios lo vale TODO.

Y cuando el alma se enamora de Él, es verdaderamente imposible vivir sin Él.

Cuando Él se convierte en la razón de vivir, la vida se convierte en una apasionada y maravillosa aventura, en la que el alma se la pasa entre el Cielo y el Infierno.

Satanás es el villano que trata de ponerle fin a la más increíble historia de Amor.

Los que NO saben defenderlo… LO PIERDEN. 

EL PROBLEMA DE LAS ORACIONES NO CONTESTADAS.

Es necesario acercarse a Dios con los labios y el alma encendidos de verdadera caridad. Entonces los obstáculos que Satanás interpone para impedir el auxilio divino, son anulados, porque Dios es el Vencedor Eterno.

Por eso es necesario reunir los requisitos para que la Oración pueda ser efectiva. Esta es una verdad dolorosa y aterradora.  El hombre mismo es el que da las armas al Maligno, para impedir la intervención de Dios.

La Oración Poderosa necesita de la Justicia. Las plegarias no son atendidas principalmente por dos motivos: la injusticia y el amor.

LA INJUSTICIA.

Dios no escucha nuestra oración si tenemos afectos desordenados que están desplazando a Dios del primer lugar en nuestro corazón. Tampoco si somos injustos y duros de corazón con los pobres, con los servidores y los familiares.

EL  AMOR.

Dios nos ama con un Amor Infinito y Eterno. Siempre, cuando nosotros iniciamos nuestra oración, la Gracia del Señor desciende sobre nosotros.

El Eterno nos atiende al instante cuando con un corazón humilde, amoroso, confiado, con sacrificio y constancia, le imploramos piedad, pan, consuelo, ciencia, dirección, ayuda, protección y fortaleza. Todo esto y más, da Dios con su Infinito Amor, cuando nos volvemos a Él.

Y si no siempre somos atendidos porque Él se niega a acceder a nuestra petición, no debemos pensar que nuestra Oración vaya a quedar sin respuesta.

A cambio de algo negado por una inteligencia que todo lo conoce, recibimos otros dones de los que no nos damos cuenta inmediatamente, ni los agradecemos.

Más tarde o más temprano debemos mostrar nuestro agradecimiento y reconocimiento a esta Bondad infinitamente Inteligente, que cuida de nosotros.

Porque Él, que todo lo sabe; NO CONCEDE aquello que nos proporcionaría la felicidad de un instante y dolor para el resto de nuestra vida terrena y que puede ser causa de pena en la otra vida, por el mal uso que se puede dar a la dádiva divina.

El Amor de Dios siempre nos protege, hasta de nosotros mismos.

LA ORACIÓN HECHA CON FE VERDADERA Y AMOR VERDADERO,  SIEMPRE OBTIENE.

CUANDO UNA ORACIÓN QUEDA SIN RESPUESTA, hay que revisar que no esté viciada en la petición o en la Fe. A veces Dios explica por qué no la concede. Sí es en la Fe, ni siquiera ha llegado al Cielo.

Dios quiere que todos sus hijos sean tan suyos que todas sus santas demandas está dispuesto a atenderlas continuamente.

No siempre concederá las cosas solicitadas, pero sustituirá el don negado por otros cien consuelos más grandes todavía, porque Él arde con el deseo de hacernos felices, de poder estrecharnos contra su Corazón y enjugarnos el llanto. Él es el Único que da bien, paz y amor verdadero y eterno.

Si somos cristianos inmaduros, constantemente pediremos cosas que NO nos convienen.

Conforme vayamos creciendo espiritualmente, también aprenderemos a Orar.

Afortunadamente para nosotros, Jesús es un Maestro con mucha paciencia y le encanta enseñarnos cuando hay buena voluntad.

Invocar la protección de María Santísima y la Sangre de Jesús antes de ponernos a orar, elimina TODAS las interferencias con las que Satanás trata de obstaculizar nuestra oración y las respuestas de Dios, cuyo amor quisiera entretenerse en amorosos coloquios, con todos sus hijos.

SOLO EL PECADO APARTA DE DIOS Y HACE NULAS LAS ORACIONES.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONÓCELA

23.- SEPULTURA DE ESTEBAN


noche bosque

Es plena noche y además oscura, porque la Luna ya se ha ocultado cuando María sale de la casita del Getsemaní junto con Pedro, Santiago de Alfeo, Juan, Nicodemo y el Zelote.

Dada la oscuridad de la noche, Lázaro, que está esperándolos delante de la casa en el lugar donde comienza el sendero que conduce hacia el  cancel más bajo, enciende una lámpara de aceite a la que ha provisto de una protección de delgadas láminas de alabastro. La luz es tenue, pero lleva la lámpara baja hacia el suelo y es muy útil para ver las piedras y los obstáculos que pueden encontrarse en el recorrido.

Lázaro se pone al lado de María, para que Ella vea bien.

Juan está en el otro lado y va sujetando de un brazo a la Madre.

Los otros caminan detrás, en grupo.

Llegan al Cedrón y prosiguen bordeándolo, para quedar semiocultos por los matorrales silvestres que crecen junto a las orillas del torrente. También el murmullo del agua sirve para ocultar y confundir el rumor producido por las sandalias de los caminantes.

Sin apartarse de lo que es la parte exterior de las murallas, hasta la Puerta más cercana al Templo…

1templo y muralla

Luego adentrándose en la zona deshabitada y yerma, llegan al lugar donde fue lapidado Esteban.

Se dirigen hacia el montón de piedras bajo el que está semisepultado. Quitan las piedras hasta que el cuerpo aparece: Está ya cárdeno por la muerte, por los golpes y la lapidación recibidos. El cadáver está frío, rígido y encogido como lo atrapó la muerte.

Juan ha mantenido abrazada compasivamente a la Virgen Madre, pero cuando terminan de retirar las piedras, ella se libera y corre hasta ese pobre cuerpo cubierto de heridas y de sangre.

Sin hacer caso de las manchas que la sangre coagulada imprime en su túnica, María abraza llorando el cuerpo martirizado del joven diácono y lo baña de lágrimas… Luego lo llena de besos en su cara, como si fuera su verdadera madre.

Y murmura con inmensa ternura, sollozando:

–           ¿Qué te hicieron, pequeñito mío? No pudieron soportar que tú también lo amaras…

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Enseguida ayudada por Santiago de Alfeo y por Juan, colocan el cuerpo sobre un lienzo extendido sobre la tierra, en un lugar en que no hay piedras.  Y con un paño de lino que moja en una pequeña ánfora que el Zelote le acerca, limpia como puede la cara de Esteban y ordena sus cabellos; tratando de colocarlos sobre las sienes y las mejillas heridas,  para tapar las horrendas huellas que las piedras han dejado.

Mientras lo hace, derrama sobre Esteban un torrente de amorosas palabras llenas de ternura y amor maternal.

Verdaderamente el joven discípulo de Jesús es como si fuera el hermano más joven, del Hijo que una vez diera a Luz en una pobre gruta de Belén…

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Limpia también sus miembros e intenta darles una postura menos trágica… Pero el hielo de la muerte que hace muchas horas lo ha congelado, no lo permite del todo.

Lo intentan también los hombres más fuertes físicamente que María, pero es inútil. Ellos también deben resignarse y dejarlo como ha quedado…

María parece de nuevo la Madre Dolorosa del Gólgota y del Sepulcro.

la piedad

Después lo visten con una larga túnica limpia, porque la suya no la encuentran…  O tal vez se ha perdido o ha sido robada por desprecio, por los verdugos. Y la túnica corta que le han dejado, ya no es más que un andrajo hecho jirones y está cubierta de sangre.

Todos miran con respeto admirado, el gran amor de María por el joven diácono martirizado.

Santiago de Alfeo le dice asombrado:

–           Realmente eres la Madre de todos los hombres. ¡Y sufres también por él!…

madre dolorosa

María le contesta:

–           Jesús me entregó a toda la Humanidad en Juan. Y todos los hombres son mis hijos. Como Corredentora,  también los he redimido con mi Dolor de Madre… ¡Todos son mis hijos!… También soy vuestra Abogada y Medianera ante el trono de Dios. Los amo a todos, porque a todos los he parido con mi pasión incruenta. ¡Cuánta sangre de mi Corazón Inmaculado me estáis costando! 

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¡Y cuántos hijos estoy perdiendo!…

Nuestro infinito sacrificio de Jesús y mío, no podrán salvarlos, ¡Porque al igual de Judas, nos rechazan a los Dos!

Estoy viendo… (Parece extender su mirada a una visión futura)

Aún aquellos que no me amarán, me odiarán, renegarán de mí, me ofenderán y no me reconocerán como su Madre… Me insultarán soezmente, porque Satanás los empujará a ello, tratando de impedirles mi poderosa protección.

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Ellos serán mi mayor dolor y preocupación, porque no saben que también Soy su Madre. Que yo los amo y deseo protegerlos de las hordas malignas del Anticristo y de la furia de Satanás…  

¡Si tan solo se consagraran a mi Corazón Inmaculado…!

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Yo los defendería con todo y los entregaría al Redentor para que nadie pueda tocarlos… No importa que me insulten y no me amen. Yo los amo y soy su Madre… Yo veo cómo Satanás los ha apartado  de esta Iglesia que apenas comienza a caminar, como los bebés cuando los tomamos de la mano.

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¡Oh, pequeñitos míos que también seréis apartados de mí, para impedirme que los proteja y los salve…!

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Un grito de dolor impresiona a todos los que la miran…

Y no comprenden que la Reina de los Profetas acaba de profetizar sobre los hijos que le serán arrancados por los Cismas futuros, clavando una nueva espada en su Corazón Inmaculado…

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María grita con angustia:

–           ¡Dios mío, por piedad regrésamelos!…

Y torna a acariciar  a Esteban besándolo con infinita ternura y murmurando dulcísimas palabras en el oído del mártir…

Los presentes la observan impresionados y en silencio… Y la dejan que expansione  sus sentimientos maternales sobre Esteban…

De esta forma pasan algunos minutos…

CALVARIO

Después de hacer esto y bajo la luz de la lámpara que Lázaro sostiene junto al cuerpo martirizado, levantan a Esteban  y lo depositan sobre otra sábana limpia.

Nicodemo recoge el primer lienzo, empapado por el agua usada para lavar el cuerpo del mártir de la sangre coagulada…  Y lo mete debajo de su manto.

Juan y Santiago por la parte de la cabeza…

Pedro y el Zelote por la parte de los pies, levantan el lienzo que contiene el cuerpo de Esteban y emprenden el regreso, precedidos por Lázaro y María.

Parece repetirse la escena del traslado de Jesús…

TRASLADO

Acaecida pocos meses atrás…

No toman el mismo camino por el que vinieron. Se internan en la campiña y torciendo al pie del olivar, llegan al camino que conduce hacia Jericó y Betania. Allí se detienen para descansar y hablar.

Nicodemo que por haber estado presente aunque de forma pasiva en la condena de Esteban y por ser uno de los príncipes de los sacerdotes del Templo de Jerusalén, conoce mejor que nadie las decisiones del Sanedrín.

Cuando todos se han sentado sobre la hierba, junto al cadáver de Esteban…

Nicodemo advierte:

–           Es importante que sepáis que se ha desencadenado la persecución contra los cristianos. Ha sido ordenada por Caifás y Esteban es sólo el primero de una larga lista de nombres señalados como seguidores de Jesús.

E1 primer grito de todos los Apóstoles es:

–           ¡Que hagan lo que quieran!

–           ¡No desistiremos, ni por amenaza ni por prudencia!

Lázaro mira a Pedro y contesta:

–           Pensad en una cosa. La Iglesia tiene muy pocos sacerdotes…

Nicodemo confirma:

–           Los primeros en esa lista son Pedro, Santiago y Judas de Alfeo… Por ser los parientes de Jesús…

Lázaro insiste:

–           Pedro por ser Pontífice y Santiago obispo de Jerusalén, sois ahora los más poderosos en la Jerarquía de la Iglesia… Y si los matan a ustedes, La Iglesia difícilmente se salvará.

papa benedicto xvi dorado

Nicodemo agrega:

–           Jesús, el Maestro y fundador de Ella, dejó Judea por Samaría; para que no lo matasen antes de haberlos instruido mejor y acabase de formar plenamente a sus primeros sacerdotes…  Ustedes son el Nuevo Sanhedrín y los Príncipes de la Iglesia Cristiana. Los integrantes del Colegio Apostólico formados directamente por Él, si os matan… Las enseñanzas del Maestro morirán con ustedes.  

Lázaro dice:

–           Recordad cómo Jesús os aconsejó que siguieseis su ejemplo hasta que los pastores fuesen tantos, que no se pudiese temer la dispersión de los fieles por la persecución y muerte de los pastores. Dispersaos también vosotros por Judea y Samaria. Haced ahí prosélitos.

1jsamaria

Nicodemo confirma:

–           Formad numerosos pastores. Y desde estas tierras esparcíos por la Tierra, para que como Él mandó que se hiciera, todas las gentes conozcan el Evangelio.

Los Apóstoles están perplejos.

Miran a María, como queriendo conocer su juicio al respecto.

María, comprendiendo esas miradas dice:

–           El consejo es justo. Escuchadlo. No es cobardía…  Es prudencia. Él enseñó que fueseis sencillos como palomas y prudentes como serpientes.  Os envió  como ovejas en medio de lobos.  Guardaos de los hombres.

Santiago la interrumpe:

–           Sí, Madre. Pero también dijo: “Cuando os atrapen en sus manos y os conduzcan ante los gobernantes, no os turbéis por lo que deberéis responder. No seréis vosotros los que hablaréis. En vosotros y por vosotros, hablará el Espíritu de vuestro Padre”. Y yo me quedo aquí. El discípulo debe ser como el Maestro.

Él ha muerto por dar vida a la Iglesia. Cada una de nuestras muertes será una piedra que se añadirá al Gran Nuevo Templo. Un aumento de vida para el grande, inmortal cuerpo de la Iglesia Universal.

descenso

Que me maten, si eso es lo que quieren. Viviendo en el Cielo seré más feliz, porque estaré al lado de mi Hermano y seré más potente todavía. No le temo a la muerte.

Temo al pecado. Abandonar mi lugar me parece como imitar el gesto de Judas, el perfecto traidor. Y ese pecado Santiago de Alfeo no lo cometerá nunca. Si debo caer, caeré como un héroe en mi lugar de combate, en el puesto en que Él quiso que estuviera.

Judas2

María le responde:

–           No penetro en tus secretos con el Hombre-Dios. Si Él te lo inspira así, hazlo así. Sólo Él que es Dios, tiene derecho a ordenar. A todos nosotros nos corresponde sólo obedecerle siempre en todo, para hacer su Voluntad.

Pedro menos heroico, habla con el Zelote, para conocer su parecer al respecto.

Lázaro, que está cerca de los dos y lo oye, propone:

–           Venid a Betania. Está cerca de Jerusalén y también del camino de Samaria. Desde allí partió Jesús muchas veces, para escapar de sus enemigos…

Nicodemo, a su vez, sugiere:

–           Venid a mi casa del campo. Es segura y está cerca tanto de Betania como de Jerusalén. Y queda junto al camino que va a Efraím por Jericó.

Lázaro insiste:

–           No, es mejor la mía, que está protegida por Roma.

Nicodemo le responde:

–           Ya te odian demasiado… Desde que Jesús te resucitó afirmando tan poderosamente su Naturaleza divina… Considera que su suerte fue decidida por este motivo. Y por favor: ¡No vayas ahora a decidir tú la tuya!

lazaro-resucita

Simón Zelote sugiere:

–           ¿Y qué decís de mi casa? En realidad es de Lázaro. Pero todavía está a mi nombre.

María interviene diciendo:

–           Permitidme que reflexione; que medite, piense y juzgue lo que es mejor hacer. En mi Oración, Dios no me dejará sin su luz y me dirá lo que sea más conveniente hacer. Cuando lo sepa, os lo diré. Por ahora,  venid conmigo al Getsemaní.

CORAZÓN INMACULADO

Todos responden simultáneamente:

–           Sede de toda sabiduría,

–           Madre de la Palabra y de la Luz,

–           Madre de la Iglesia,

–           Madre de la divina Gracia,

–           Espejo de Justicia,

–           Arca de la alianza,

–           Refugio de los Pecadores,

–           Consuelo de los Afligidos,

–           Auxilio de los cristianos,

–           Siempre eres para nosotros la Estrella segura que guía.

–           Te obedecemos.

Es como si el Espíritu Santo hubiera hablado a sus corazones y a través de sus labios…

Todos se levantan de la hierba en que descansaban sentados  en los bordes del camino.

Y mientras Pedro, Santiago, Simón y Juan van con María hacia el Getsemaní…

dejndo el sepulcro

Lázaro y Nicodemo ayudados por los demás, levantan el lienzo que envuelve el cuerpo de Esteban y con las primeras luces del alba, se dirigen hacia el camino de Betania y Jericó…

¿A dónde llevan al mártir?

Misterio…

Bosque

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

114.- UN CRIMEN EN LA PASCUA


Al día siguiente…

En el amanecer de un hermoso día. Jesús está solo en la terraza del palacio de Lázaro. Mira el Gólgota…

Su mirada, llena de valor varonil, está llena de reflexión. No muestra miedo. Es la mirada de un héroe que contempla el campo de su última batalla. Luego se voltea a contemplar las colinas que dan al sur de la ciudad y murmura:

–                       ¡La casa de Caifás!

Y con la mirada parece seguir todo un itinerario desde allí, hasta Getsemaní y luego al Templo. Sigue más allá de las murallas de la ciudad, en dirección al Calvario…

El sol que ya se levanta en el horizonte, ilumina con sus rayos toda la ciudad.

En el portón de palacio se oyen fuertes golpes. Leví abre y escucha el Nombre de Jesús, que repiten tanto hombres como mujeres.

Se apresura a bajar diciendo:

–                       Aquí estoy. ¿Qué se os ofrece?

Hay una confusión. Hablan al mismo tiempo los apóstoles y los discípulos, entre los que viene Jonás; el que cuida el Getsemaní.

Y no se comprende nada.

Jesús ordena que no hablen. Se acerca y pregunta:

–                       ¿Qué pasa?

Pedro aclara el asunto:

–                       Llegó Jonás. Fueron muchos a buscarte al Getsemaní. ¿Qué hacemos? ¡Tenemos que celebrar la Pascua!

Jonás, el custodio del Getsemaní está espantadísimo y dice:

–                       Así es. Hasta me maltrataron porque dije que no estabas y no sabía cuándo regresarías. ¡No me vayas a hacer algún mal, Maestro! Tú sabes que siempre te he recibido con cariño y esta noche padecí por Ti… pero… pero…

Jesús dice con dulzura:

–                       ¡No tengáis miedo! De hoy en adelante no correrás ningún peligro por Mí. No me hospedaré más en tu casa. Me limitaré a pasar sólo cuando vaya a orar… Eso no puedes impedírmelo…

Pero Magdalena, con su fuerte y melodiosa voz, grita:

–                       ¿Desde cuándo tú Jonás, te has olvidado de que eres un criado y que solo por condescendencia nuestra, permitimos que te creas el dueño del olivar? Sólo nosotros podemos decir al Rabí: “No vengas más porque puedes hacer daño a nuestras posesiones”… Pero no lo decimos. Somos amigos del Amor. ¡Déjalos que vayan! ¡Que destruyan! ¿Qué importa? Basta con que nos ame y no le pase nada a Él.

Jonás se ve preso entre el miedo a los enemigos y el que tiene a su excitada patrona. Dice en voz baja:

–                       ¿Y si a mi hijo le hacen algún daño?

Jesús lo consuela:

–                        No tengas miedo. Te lo aseguro. No me hospedaré más. ¡No, Magdalena! ¡Es mejor así! ¡Déjame! ¡Te agradezco tu generosidad!… Todavía no es mi Hora… ¿Fueron los Fariseos, verdad?

–                       Y sinedristas, herodianos y saduceos… Y soldados de Herodes. No puedo sacudirme el terror que traigo… He venido corriendo a avisarte.

Jesús dice sonriendo con bondad:

–                       Regresa tranquilo a tu casa. Mandaré a recoger las alforjas.

Jonás se inclina ante Magdalena y ésta le dice:

–                       Diré a Lázaro que para el banquete de la Fiesta… Vaya a buscar buenos y gordos pollos a Getsemaní.

–                       Ni siquiera tenemos un gallinero, patrona.

–                       ¡Tú, Marcos y María, son tres magníficos capones!

Todos se ríen por la salida irónica y significativa de Magdalena que está enojada, al ver el miedo en sus trabajadores.

Jesús dice:

–                       ¡No te intranquilices! ¡Paz! ¡Paz! No todos tienen tu corazón intrépido.

Juan dice:

–                       ¡Ay, no! ¡Y es una desgracia!

Judas dice en voz baja:

–                       Veremos si cuando se acerquen los guardias del Templo y sigue siendo tan valiente…

Hay un murmullo entre los hombres…

Magdalena lo oye y responde:

–                       ¡Claro que lo veremos! ¡Nada me hará retroceder con tal de que pueda servir a mi Maestro! Sí, servirlo. ¡Se sirve en las horas de peligro, hermanos! En las otras… ¡Oh! ¡En las otras, eso no es servir!… ¡Es gozar!… ¡Y al Mesías no se le sigue para gozar!

Los hombres sienten la puya y bajan la cabeza.

Magdalena se acerca a Jesús:

–                       ¿Qué quieres que se haga, Maestro? Es la Parasceve. ¿Dónde celebras la Pascua? Ordena… Y si he encontrado gracia ante tus ojos; permite que te ofrezca esta casa y mandaremos traer a nuestro hermano…

–                       Gracia has encontrado ante los ojos del Padre y ante su Hijo… Acepto. Pero déjame que como buen israelita, vaya al Templo a sacrificar el cordero…

Varios preguntan:

–                       ¿Y si te apresan?

–                       No lo harán. Osan hacerlo en la noche. En la oscuridad como los rufianes. Pero no en medio de las turbas que me veneran. ¡No me hagáis aparecer como un cobarde!

Judas grita:

–                       ¡Y además, ahora está Claudia! ¡El Rey y el Reino ya no están en peligro!…

Jesús le dice:

–                       ¡Judas, por favor no hagas que se derrumbe en ti! ¡No los pongas en peligro, dentro de ti! Mi Reino no es de este mundo. No soy un rey como los que tienen sus tronos en la tierra.

Mi Reino es del espíritu. Si lo envileces al compararlo con un reino humano, lo pones en peligro y lo haces que se derrumbe en ti.

–                       Pero Claudia…

–                       Claudia es una pagana. Aún ignora muchas cosas del espíritu. Ya es mucho si intuye y apoya a quién toma como un Sabio… Muchos en Israel, ni siquiera por eso me toman… ¡Pero tú no eres un pagano, amigo mío!… Tu providencial encuentro con ella, procura que no se te convierta en daño. Así como también procura que los dones de Dios que se te dan; sirvan para robustecer tu Fe y tu voluntad de servir al Señor. Y no se conviertan en ruina espiritual.

–                       ¿Y cómo puede suceder eso?

–                       Fácilmente. No solo en ti… Si se concede un don a cualquier hombre para ayudar su debilidad y en lugar de servirle para querer los bienes sobrenaturales o sencillamente los morales, lo hace que se apegue más a los apetitos humanos y lo separa del camino recto; entonces el don es un mal.

La venida de Claudia debe hacerte considerar lo siguiente: si una pagana ha visto la grandeza de mi Doctrina y la necesidad de que triunfe; tú y todos los discípulos con mayor fuerza, debéis sentir todo esto. Y por lo tanto entregaros a ello de corazón. Pero siempre en el sentido espiritual. ¡Siempre!…

Vámonos al Templo a demostrar que quien está cierto de Obedecer al Altísimo; no tiene miedo y no es un cobarde. Vamos. A quien se quede le dejo mi paz….

Jesús baja el último tramo de la escalinata. Atraviesa el vestíbulo y  sale con sus discípulos a la calle repleta de gente.

Cuando llega al recinto del Templo y entra en él, desde los primeros pasos que da, fácil es comprender la mala voluntad que se le tiene. Ojeadas. Órdenes a los guardias, para que vigilen al ‘Perturbador’. Órdenes dadas en voz alta para que todos las oigan. Palabras de desprecio y hasta empujones intencionales a los discípulos.

Los brillantes fariseos, escribas y doctores están llenos de Odio y lo manifiestan de una manera brutal.

Jesús pasa sereno como si nadie lo mirase. Es el primero en saludar, apenas descubre a quién está revestido de alguna dignidad sagrada o es superior a Él en la jerarquía hebrea.

Si no se le responde, no por eso se conturba. Su rostro se ilumina cuando lo aparta de uno de estos soberbios y la dirige hacia los humildes. Muchos de ellos fueron huéspedes del banquete del día anterior y gracias al óbolo recibido, pueden ahora celebrar una Pascua, como tal vez no la habían celebrado en la   Gran Fiesta de los Ácimos.

El pueblo lo mira con amor y admiración.

El rumor de lo sucedido el día anterior es como una ola que va cubriéndolo todo:

–                       ¡Pensadlo! Ayer nos reunió. Nos dio de comer. Nos vistió, nos curó y muchos han encontrado trabajo y ayuda con los discípulos ricos. En verdad que todo nos ha venido como una gran bendición por su causa. ¡Qué Dios lo salve siempre!

Un escriba, rechinando los dientes de rabia, dice a otro:

–                       ¡Apuesto a que compra de este modo a la plebe, Él sedicioso que es; para echárnosla encima!

Un fariseo contesta señalando a Jesús a quien sigue el pueblo:

–                       ¡Dices bien! Pero si moviéramos un solo dedo, nos harían pedazos.

Y de esta manera, se tragan su rabia y su impotencia, para destruir al que se ha convertido en su mortal enemigo.

Por la noche, la cena se desarrolla según el rito…

Jesús está feliz, en medio de sus discípulos fieles. Una vez que han bebido el último cáliz. Cantado el último Salmo; todos se reúnen a su alrededor adorándole y disfrutando de su Presencia en este día sagrado.

De pronto se oyen golpes en el portón, la alarma brota entre los presentes:

–                       ¿Quién es?

–                       ¿Quién puede ser en la noche de Pascua?

–                       ¿Soldados? ¿Fariseos? ¿Herodianos?

Mientras aumenta la excitación aparece Leví, el custodio del palacio:

–                       Perdona, Rabí. Hay allí un hombre que quiere verte. Está en la puerta. Parece que está muy afligido.

Pedro grita:

–                       ¡Vamos que esta noche no es noche para hacer milagros! Que regrese mañana.

Jesús replica:

–                       ¡No! Cualquier noche es noche para hacer milagros y para mostrar misericordia…

Jesús que se pone de pie y va hacia el portón, acompañado de Leví.

En el atrio semioscuro se ve un hombre anciano presa de la agitación.

Jesús se le acerca.

El hombre le dice:

–                       Espera, Maestro. Tal vez he tocado a un muerto y no quiero contaminarte. Soy pariente de Samuel el prometido de Analía. Estábamos cenando. Samuel bebía  y bebía… Como no debe hacerse. Hace tiempo que parece estar un poco fuera de sí. ¡El remordimiento, Señor! Medio ebrio, decía: ‘De este modo no me acuerdo de haberle dicho que lo odio. ¡Porque sabedlo vosotros! ¡Yo he maldecido al Rabí! ¡Mi iniquidad es demasiado grande, no merezco perdón! Tengo que beber para no recordar.

Porque está dicho que  quien maldice a su Dios, será reo de pecado y de su muerte.’ De este modo deliraba cuando entró en la casa un pariente de la madre de Analía, para preguntarle porqué la repudió.

Él ha mentido diciendo que Analía lo abandonó para convertirse en tu discípula. Y no admite que la verdadera razón es que se comprometió, con una rica heredera.

Semiebrio, Samuel le contestó con malas palabras. El otro lo amenazó con llevarlo ante el magistrado por el daño que causa a la honra de la familia. Samuel le dio unas bofetadas. Fue él quien empezó. Se liaron a golpes… Yo ya estoy viejo igual que mi hermana y mis criados. ¿Qué podíamos hacer nosotros cuatro y las dos hermanas pequeñas de Samuel?

Gritamos y tratamos de separarlos, pero Samuel tomó el hacha con que partimos la leña y le pegó con ella en la cabeza. No se la abrió porque le pegó con la parte posterior, no con el filo. El otro vaciló y cayó por el suelo… No gritamos más, para no atraer a la gente… Nos encerramos aterrorizados en la casa…

Está muriendo. Yo me vine corriendo a llamarte. Sus familiares lo buscarán y van a encontrarlo muerto en nuestra casa… Y Samuel, según la Ley, debe morir…

Señor, ya estamos deshonrados… ¡Pero que esto no suceda! ¡Ten piedad de mi hermana, Señor! él te maldijo… Pero su madre te ama. ¿Qué debemos hacer?

–                       Espérame un momento. Voy contigo.

Jesús regresa a la sala y dice:

–                       Judas de Keriot, ven conmigo.

Judas se levanta inmediatamente y pregunta:

–                       ¿A dónde, Señor?

–                       Lo sabrás. Todos vosotros quedaos en paz. Pronto regresaremos.

Salen de la casa y van por las calles solitarias y oscuras. Pronto llegan.

Judas pregunta perplejo:

–                       ¿La casa de Samuel? ¿Por qué?…

–                       Silencio, Judas. Te traje conmigo porque tengo confianza en tu buen juicio.

Entran y suben a la habitación a donde llevaron al herido.

Judas exclama:

–                       ¡Un muerto, Maestro! ¡Nos contaminamos!

Jesús responde:

–                       No está muerto. ¿Ves que está respirando y oyes que agoniza? Ahora lo voy a sanar.

–                       ¡Sí le han pegado en la cabeza! ¡Aquí se ha cometido un crimen! ¿Quién fue? ¡Y en el día de la Pascua!  -Judas está espantadísimo.

–                       Él fue. –dice Jesús señalando a Samuel que se ha arrinconado en un ángulo, lleno de espanto.

Temblando de terror, con la extremidad de su manto sobre la cabeza, para no ver y para que no lo vean. Fuera de su madre, todos lo miran aterrorizados; pues sobre él pesa la férrea sentencia de muerte de la Ley de Israel.

Jesús continúa:

–           ¿Ves a que conduce un primer pecado? A esto, Judas. Comenzó por ser perjuro con Analía, luego con Dios. Luego calumnió, mintió, blasfemó, se embriagó y ahora es un homicida. De este modo se convierte el hombre en posesión de Satanás. Tenlo presente, Judas… No lo olvides.

Los gestos de Jesús son terribles al señalar a Samuel.

Luego mira a su madre que trata de levantarse a duras penas; sacudida por un temblor, como si también ella estuviera próxima a morir.

Y con una tristeza desgarradora dice:

–                       De este modo Judas, mueren las madres, sin otra arma que la del crimen del hijo. ¡Pobres madres!… Me causan compasión. Tengo piedad de ellas, Yo el Hijo que no verá a alguien que se compadezca de su Madre…

Jesús llora.

Judas lo mira estupefacto, sin saber qué decir.

Jesús se inclina sobre el herido, le pone su mano sobre la cabeza. Ora.

El herido abre los ojos, parece como si estuviera ebrio. Mira sorprendido… Vuelve completamente en sí. Se sienta, apoyando los puños contra el suelo.

Mira a Jesús, pregunta:

–                       ¿Quién eres?

–                       Jesús de Nazareth.

–                       ¡El Santo! ¿Por qué estás junto a mí? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi hermana y su hija? ¿Qué pasó? –trata de recordar.

–                       Oye. Tú me llamas Santo. ¿Crees que lo sea?

–                       Sí, Señor. Eres el Mesías del Señor.

–                       ¿Mi Palabra es sagrada para ti?

–                       Sí.

Jesús se pone de pie. Su gesto es imperioso:

–                       Entonces… -Jesús se pone de pie. Su gesto es imperioso- Entonces Yo como Maestro y Mesías, te ordeno que perdones. Viniste aquí y se te ofendió.

El hombre recuerda:

–                       ¡Ah, Samuel! ¡Sí!… ¡Lo denun…! -dice incorporándose.

–                       ¡No! ¡Perdona en Nombre de Dios! Por esto te he curado. Quieres mucho a la madre de Analía, porque sufre mucho. La de Samuel sufrirá mucho más. Perdona.

El hombre vacila un poco. Mira con rencor al que lo hirió. Mira a su madre angustiada. Mira a Jesús… No sabe que decidir…

Jesús abre sus brazos, lo atrae sobre su pecho diciéndole:

–                       Perdona por el amor que me tienes.

El hombre se pone a llorar.

¡Estar entre los brazos del Mesías, sentir su aliento sobre sus cabellos y un beso donde antes había sido herido!… llora…llora…

Jesús pregunta:

–                       Es verdad, ¿O no? ¿Perdonas por el amor que me tienes? ¡Oh, Bienaventurados los misericordiosos! ¡Llora! ¡Llora sobre mi pecho! ¡Destruye con tus lágrimas cualquier rencor! Para que así se haga nuevo, puro, tu corazón. Bueno y compasivo como debe serlo un hijo de Dios…

El hombre levanta su cara y entre lágrimas dice:

–                       ¡Sí! ¡El amarte es algo muy dulce! ¡Tiene razón Analía! ¡Ahora la comprendo!… –se vuelve a la madre- Mujer, no llores más. Lo que pasó, pasó. Nadie sabrá nada por mi boca. Quédate con tu hijo y ojala que pueda hacerte feliz. Hasta pronto. Me voy a mi casa. –y trata de irse.

Jesús le dice:

–                       Me voy contigo. ¡Adiós madre! ¡Adiós, Abraham! ¡Adiós muchachos!

Ni una palabra a Samuel, que a su vez tampoco sabe decir nada.

Su madre le quita el manto de la cabeza. Y presa de emoción por lo pasado, le grita:

–                       ¡Da las gracias a tu Salvador, corazón de piedra! ¡Dale las gracias, hombre desvergonzado!

Jesús dice:

–                       Déjalo mujer. Sus palabras no tendrían ningún sabor. El vino lo ha entorpecido y su corazón está cerrado. Ruega por él. ¡Adiós!

Desciende y se junta en la calle con Judas y con el otro hombre.

Despide al viejo Abraham que quiere besarle las manos y bajo los primeros rayos de la luna, regresa a casa.

–                       ¿Vives lejos?

–                       A los pies del Monte Moria.

–                       Entonces tenemos que separarnos.

–                       ¡Señor, me has conservado la vida y así puedo vivir con mis hijos y con mi esposa! ¿Qué cosa debo hacer por ti?

–                       Ser bueno. Perdona y no digas nada. Nunca, ni por cualquier razón. ¿Me lo prometes?

–                       ¡Lo juro por el Sagrado Templo! Aunque me duele que no podré decir que me has salvado la vida.

–                       Sé un hombre justo y te salvaré el alma. Esto sí que lo podrás decir. ¡Adiós! ¡La paz sea contigo!

El hombre se arrodilla, saluda y se separan.

Cuando se quedan a solas, Judas exclama:

–                       ¡Qué cosas! ¡Qué cosas!

Jesús contesta:

–                       ¡Sí! ¡Horribles! ¡Judas, tú tampoco dirás palabra alguna!

–                       No, Señor. Pero, ¿Por qué quisiste que viniera contigo?

–                       El hombre se sirve fácilmente de la mentira. No sabe que al obrar así se pone en el sendero del mal. Basta el primer paso. Un paso. Para no poderse librar más. Es un laberinto… Una trampa en descenso…

Quise que meditaras hasta donde puede conducir la mentira, la ambición de dinero, la embriaguez, las prácticas inertes de una religión que no se vive, que no se siente espiritualmente. ¿Para Samuel qué significaba el simbólico banquete? ¡Nada! Una ocasión para embriagarse. Un Sacrilegio. Y en medio de él se convirtió en homicida.

Y en el porvenir muchos serán como él. Y todavía con el sabor del Cordero en su lengua… Y no de un cordero físico, sino del Cordero Divino, irán a cometer crímenes.

¿Por qué? ¿Cómo es posible? ¿No te lo preguntas? Yo Mismo te lo estoy diciendo: porque se habrán preparado para aquella hora. Con muchas acciones cometidas por distracciones al principio; por terquedad después. Tenlo siempre presente, Judas.

–                       Así lo haré, Maestro. ¿Qué vamos a decir a los demás?

–                       Que había un hombre muy grave. Es la verdad.

Atraviesan rápidos por una calle y llegan al Palacio de Lázaro…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

43.- EL RICO EPULÓN


Naím es una población importante, encerrada dentro de un cinturón de murallas; sobre una hermosa colina que domina una llanura muy fértil.

Jesús se dirige a ella por el camino principal y detrás de Él, hay toda una procesión… Son los habitantes de Endor que caminan charlando. Y cuando atraviesan una puerta de la ciudad, Jesús que está hablando con los apóstoles y con el nuevo convertido; ve que viene entre un gran clamor de llantos, un cortejo fúnebre.

Los de Endor se adelantan a ver.

Jesús y los apóstoles también se acercan.

Judas de Keriot dice a Juan de Zebedeo:

–                 ¡Oh! ¡Se trata de un niño! ¡Mira cuantas flores y cintas hay sobre la camilla!

Juan le contesta:

–           O puede ser una doncella.

Bartolomé dice:

–                 No. Ciertamente debe ser un joven, por los colores que han puesto. Y faltan los mirtos…

La comitiva sale fuera de la muralla. Junto a la camilla en donde llevan el cuerpo, una mujer camina llorando; desgarrada por el dolor y dice:

–                 ¡Oh, no! ¡Despacio! Mi hijo sufrió tanto… -Y levanta una mano temblorosa, para acariciar el borde de la camilla…

Pedro dice afligido y con los ojos brillantes:

–                 Es la mamá…

Todos están conmovidos y a punto de llorar…

Judas de Keriot murmura:

–                 ¡Si fuese yo…! ¡Oh, pobre madre mía!…

Jesús, con una mirada de amor infinito, se dirige hacia la camilla.

La madre llora mucho más fuerte, porque el cortejo avanza hacia el sepulcro que ya está abierto, para recibir el cadáver.

Ella, con ojos de demente enloquecida por el dolor; al ver que Jesús trata de tocar la camilla, grita:

–                 ¡Es mío!…

Jesús dice con dulzura:

–                 Lo sé, madre. Es tuyo.

–                 Es mi hijo único. ¿Por qué la muerte? ¿A él que era bueno y amable? ¿A él que era la alegría mía; que soy viuda? ¿Por qué? –Las plañideras aumentan su llanto y ella continúa- ¿Por qué él y no yo? No es justo que quién ha engendrado vea perecer lo suyo. La semilla debe vivir, porque de otro modo, ¿De qué sirve que estas entrañas se desgarren para dar a luz a un hombre? –Y se pega en el vientre sin compasión.

–                 No hagas eso. No llores, madre. –Jesús le toma las manos y fuertemente se las estrecha con su mano izquierda, mientras con la derecha toca la camilla y dice a los cargadores- Deteneos y depositad la camilla en la tierra.

Ellos obedecen. Bajan la camilla que queda apoyada sobre cuatro patas.

Jesús toma la sábana que cubre al muerto y la hecha hacia atrás; descubriendo el cadáver.

La madre expresa todo su dolor al llamar a su hijo, con un grito:

–                 ¡Daniel!…

Jesús, sin soltar las manos de la mujer, se endereza. Su mirada despide imponente fulgor. Es la mirada de los grandes milagros… Baja la mano derecha y ordena con voz poderosa:

–                 Joven. Yo te lo mando, ¡Levántate!…

Después de unos segundos impactantes; el muerto envuelto en las vendas, se incorpora. Se sienta en la camilla y dice:

–                 ¡Mamá!… –es el grito de un niño aterrorizado.

Jesús, soltándole las manos, dice:

–                 Es tuyo, mujer. Te lo devuelvo en el Nombre de Dios. Ayúdale a quitarse el sudario. Sed felices.

Jesús trata de retirarse.

Pero no lo dejan. La multitud lo aprisiona junto a la camilla. A donde la madre se ha arrojado, gesticulando entre las vendas, para quitarlas lo más pronto posible.

Mientras se oye una y otra vez la voz implorante:

–                 ¡Mamá! ¡Mamá!…

Ella ha quitado el sudario y las vendas. Madre e hijo se abrazan, sin tomar en cuenta las capas de bálsamo que la madre retira de la cara, de las manos, con las mismas vendas. Luego se quita el manto y lo envuelve. Lo acaricia con inmenso amor…

Jesús los mira. Mira a esta pareja que se abraza llena de amor, estrechándose sobre la orilla de la camilla y viendo en el tiempo, contempla una escena similar y a la vez muy diferente… que sucederá en un futuro no muy lejano…

Y sus ojos se llenan de lágrimas.

Judas de Keriot ve este llanto y pregunta:

–                 ¿Por qué lloras, Señor?

Jesús voltea su rostro y dice:

–                 Pienso en mi Madre…

Esta breve conversación hace que la mujer se vuelva hacia su Bienhechor. Toma por la mano al hijo, lo levanta.

Ella se arrodilla y dice:

–                 También tú, hijo mío. Bendice a este Santo que te ha devuelto a la vida y a tu madre.

Y se inclina a besar la orla del vestido de Jesús; mientras que la multitud prorrumpe en hosannas a Dios y a su Mesías; porque los apóstoles y los vecinos de Endor, lo han propalado así.

Toda la multitud grita:

–                 ¡Sea Bendito el Dios de Israel! ¡Bendito el Mesías, su enviado! ¡Bendito Jesús, Hijo de David! ¡Un gran profeta ha nacido entre nosotros! ¡Dios ha visitado realmente a su Pueblo! ¡Aleluya! ¡Aleluya!…

Finalmente Jesús puede escabullirse y entra en la ciudad. La multitud lo sigue.

Le sale al paso un sacerdote que se inclina profundamente y lo saluda:

–                 Te ruego que te quedes en mi casa.

–                 No puedo. La Pascua me impide que me detenga fuera de lo establecido. Dentro de pocas horas llegará el atardecer y hoy es Viernes. Por esta razón debo llegar antes del crepúsculo a mi próxima etapa. Te doy las gracias como si me quedase. No me retengas.

–                 Soy el sinagogo.

–                 Hombre, hubiera bastado con que me tardase una hora, para que aquella mujer no hubiese recuperado a su hijo. Voy a donde otros infelices me están esperando. No retardes su alegría, por egoísmo. Otra vez regresaré y me hospedaré contigo en Naím, por algunos días. Te lo prometo. Ahora déjame ir.

El hombre no insiste más.  Se limita a decir:

–                 Lo has dicho. Te espero.

–                 Sí. La paz sea contigo. También a vosotros los de Endor. Regresad a vuestras casas. Dios os ha hablado a través del milagro. Haced que en todos vuestros corazones, por la fuerza del amor; haya otras tantas resurrecciones.

Y Jesús atraviesa diagonalmente la ciudad y sale hacia el Esdrelón.

Cuando están a la vista los campos de Yocana; el crepúsculo tiñe de un color anaranjado el cielo.

Jesús dice:

–                 Apresuremos el paso amigos, antes de que se meta el sol. Tú Pedro, ve con Andrés a avisar a nuestros amigos que están con Doras.

Los dos apóstoles obedecen.

Jesús continúa caminando ahora lentamente, hasta que por entre las ramas del viñedo se asoma la cara sudada de un campesino que corre a postrarse ante Jesús.

El Maestro lo mira y le dice:

–                 La paz sea contigo, Isaías.

El hombre lo mira sorprendido:

–                 ¡Oh! ¡Te acuerdas de mi nombre!

–                 Lo he escrito en mi corazón. Levántate. ¿Dónde están tus compañeros?

–                 Allá entre los manzanares. Ahorita les voy a avisar. Eres nuestro Huésped, ¿Verdad? No está el patrón y podemos hacer una fiesta. ¡Imagínate! Este año nos concedió el cordero y vamos a ir al Templo. Sólo nos dio seis días… Pero corriendo llegaremos. ¡Y todo gracias a Ti!… –El rostro del hombre rebosa de alegría; pues es la primera vez que lo tratan como humano y como israelita.

Jesús contesta sonriente:

–                 Que Yo sepa, no he hecho nada

–                 ¡Eh! ¡La hiciste! Doras… los campos de Doras… y ahora éstos al revés. ¡Tan hermosos este año! Yocana el Saduceo, se enteró de tu venida. No es tonto. ¡Tiene mucho miedo!…

–                 ¿De qué cosa?

–                 Miedo de que le suceda lo mismo que a Doras. De morirse y de perder todo. ¿Has visto los campos de Doras?

–                 Vengo de Naím.

–                 Entonces no los has visto…  Dan lástima. ¡Están todos destruidos! Nada de heno. Nada de pienso. Nada de fruta. Todos los árboles y los viñedos están secos. Muertos… ¡Todo muerto como en Sodoma y Gomorra!… Ven. Te los mostraré…

–                 No es necesario. Voy con aquellos trabajadores…

–                 ¡Ya no están!… ¿No lo sabías?… Doras el hijo de Doras; los ha regado o despedido. A los que dispersó por otros lugares de la campiña, les ha prohibido que hablen de Ti… so pena de latigazos… ¡Oh! ¡No hablar de Ti!… ¡Será difícil! También Yocana nos lo ha dicho…

–                 ¿Qué les dijo?

–                 Dijo: ‘Yo no soy tan necio como ese Doras. Y no les prohíbo que habléis del Nazareno. Sería inútil, porque de todos modos lo haréis y no quiero perderos; ni acabaros como animales brutos a latigazos. Yo de mi parte os digo: ‘Sed buenos como el Nazareno os enseña y decidle que os trato bien. Tampoco quiero ser yo maldecido.’ Él comprende qué bien están estos campos, después de que los bendijiste y lo que ha pasado con esos, que maldijiste…

Llegan Pedro y Andrés:

–                 ¡Oh, Maestro!

–                  ¡No hay nadie! Todos son caras nuevas.

–                 Y todo está asolado. En realidad sería mejor que ni hubiera trabajadores.

–                 Está peor que el valle de Sidim en el Mar Salado…

Jesús contesta:

–                 Lo sé. Me lo ha dicho Isaías.

–                 Pero ven a ver… ¡Qué espectáculo!…

Jesús quiere dar gusto a Pedro y dice a Isaías:

–                 Entonces me quedaré con vosotros. Dilo a tus compañeros. Pero no os molestéis. Yo tengo comida. Nos basta con un poco de heno, para acostarnos a dormir y vuestro cariño. Vengo pronto.

El espectáculo de los campos de Doras, es sencillamente devastador. Campos y pastizales secos y sin nada. Los viñedos, áridos. El follaje acabado.  Y la fruta de los árboles perforada con millares de animaluchos.

Cerca de la casa, el jardín que estaba lleno de árboles exuberantes, presenta el mismo aspecto desértico, de bosque aniquilado. Los trabajadores andan arrancando hierbas, pisoteando orugas, caracoles, lombrices.

Sacuden las ramas y debajo de ellas, en recipientes llenos de agua caen las mariposas y los parásitos que cubren las hojas y que están chupando las plantas hasta hacerlas morir.  Los viñedos se desbaratan al tocarlos y caen como si se les hubiese cortado desde la raíz.

El contraste con los campos de Yocana es clarísimo. La desolación de los campos maldecidos, parece más horrible cuando se le compara con la fertilidad de los otros.

Admirado, Zelote dice entre dientes:

–                 El Dios del Sinái tiene la mano pesada.

Jesús hace como si quisiera decir: ‘Aquí Estoy’ Pero no dice nada y solamente pregunta:

–                 ¿Cómo ha sucedido?

Un trabajador le responde:

–                 Topos, langostas, gusanos. Pero vete… El vigilante es fiel a Doras. No nos causes daño…

Jesús suspira profundamente y se vuelve para retirarse…

Otro campesino le dice:

–                 Iremos mañana a donde estás, cuando el vigilante se vaya a Yezrael para orar… Iremos a la casa de Miqueas…

Jesús los bendice con un ademán y se va.

Cuando regresa al crucero, ya se han reunido todos los trabajadores de Yocana. Muy felices rodean a su Mesías y lo llevan hasta sus casuchas.

Le preguntan:

–                 ¿Viste lo que hay allá?

Jesús contesta:

–                 Lo he visto. Mañana vendrán los labradores de Doras.

–                 ¡Claro!… Mientras las hienas están en oración. Cada sábado lo hacemos así.  Y hablamos de Ti, de lo que nos enseñó Jonás.

Al día siguiente…

En un viñedo que señala los límites de las posesiones de Yocana y cerca de un  pozo que siempre tiene agua; Jesús tiene todo preparado para esperar a los campesinos de Doras. Y rodeado de los campesinos de Yocana escucha a Isaías, cuando dice:

–                 ¿Ves? Yocana se peleó con Doras por esto. Yocana decía: ‘Es culpa de tu padre si todo esto es una ruina. Si no lo quería adorar, por lo menos debió haberlo temido… Y no debió provocarlo.’

Y Doras hijo aullaba de impotencia. Parecía un demonio. Y le contestó: ‘Tú has salvado tus tierras por este foso. Los animalejos no lo han pasado.’ Y Yocana le contestó: ‘Y entonces, ¿Porqué sobre ti tanta desolación, cuando antes tus campos eran los más bellos del Esdrelón? ¡Es el castigo de Dios! Créemelo. Habéis sobrepasado la medida. ¿Esta agua? Siempre ha estado y no es la que me ha salvado. La plaga no ha pasado los límites de mi propiedad.

Y Doras gritaba: ‘¡Esto prueba que Jesús es un demonio!’ Y Yocana le contestó contundente: ¡No! ¡Es un justo!

Y así continuaron mientras tuvieron aliento.

Después Yocana, con grandes gastos, trajo el agua del río y mandó excavar un gran número de canales entre los límites, para regar. Mandó hacer pozos más profundos y a nosotros nos dijo lo que te dijimos ayer… En el fondo, él está feliz con lo que ha sucedido. Tenía mucha envidia de Doras. Ahora espera comprar todo; porque Doras acabará por venderlo en unos cuantos céntimos.

Jesús escucha todas estas confidencias.

Luego llegan los campesinos de Doras y se postran ante Él.

Jesús les dice:

–                 La paz sea con vosotros, amigos. Venid. Hoy la sinagoga es aquí. Y Yo soy vuestro sinagogo. Pero primero quiero ser vuestro Padre de familia. Sentaos alrededor para que os de algo de comer. Hoy tenéis al Esposo y celebremos las Nupcias.

Jesús quita la tapadera de un canasto y saca panes que da a los estupefactos campesinos de Doras. Quesos, verduras cocidas y un cordero asado que reparte entre esos pobres. Luego les da vino en una copa grande.

–                 Pero, ¿Por qué? ¿Y ellos? –dicen los de Doras, señalando a los de Yocana.

Jesús les contesta:

–                 Ya tuvieron lo suyo.

–                 ¡Cuánto gasto! ¿Cómo lo has hecho?

–                 En Israel todavía hay buenas personas. –dice Jesús sonriendo.

–                 Pero hoy es sábado…

–                 Dad gracias a esta persona. –Jesús señala al hombre de Endor- él fue quien dio el corderito. Lo demás fue fácil obtenerlo.

Todos devoran la comida desconocida para ellos. Hay entre ellos un viejo que tiene a su lado a un niño. Come y llora.

Jesús le pregunta:

–                 ¿Por qué lloras, padre?…

–                 Porque eres muy Bueno.

Juan de Endor, con su voz gutural, añade:

–                 Es verdad… y hace llorar. Pero su llanto no tiene amargura.

El anciano dice:

–                 No la tiene. Es verdad y quisiera pedirte una cosa…

Jesús pregunta:

–                 ¿Qué deseas, padre?

–                 ¿Ves este niño?… Es mi nieto. Se ha quedado conmigo, después de la desgracia de este invierno. Ni siquiera Doras sabe que lo tengo; pues sólo el sábado lo veo. Si lo descubre, lo arrojará o lo pondrá a trabajar. Y sería peor que un animal de tiro, este pedazo de mi sangre… Es el hijo de mi hija.

–                 Puedes dármelo a Mí… No llores. Tengo muchos amigos que son buenos, santos y que no tienen hijos. Lo educarán santamente en mi Camino…

–                 ¡Oh, Señor! desde que supe de Ti, lo he deseado. Rogaba al santo Jonás. Él sabe lo que significa pertenecer a este patrón…  Que salvase a mi nieto de esta muerte…

Jesús pregunta:

–                 Muchacho, ¿Quieres venir conmigo?

–                 Sí, Señor mío. Y no te causaré molestias.

–                 Palabra dada.

Pedro jala a Jesús de una manga:

–                 Pero, ¿A quién se lo vas a dar? ¿También éste a Lázaro?…

–                 No, Simón. ¡Hay tantos sin hijos!…

En la cara de Pedro se dibuja el anhelo…

–                 También yo…

–                 Simón, ya te lo dije… Tú debes ser padre de todos los hijos que te daré en herencia. Pero no debes estar encadenado a ningún hijo tuyo. No te entristezcas…

El pobre Pedro hace un esfuerzo muy notable:

–                 Está bien, Señor. Que sea como Tú quieres. –Y es un héroe al aceptar la Voluntad de Jesús.

–                 Será el hijo de mi naciente Iglesia. ¿Te parece bien? De todos y de nadie. Nos seguirá y andará con nosotros, cuando lo permitan las distancias. ¿Cómo te llamas muchacho? Ven aquí.

El niño responde con aplomo.

–                 Yabé de Juan. Y soy de Judá.

El anciano confirma:

–                 Así es. Nosotros somos judíos. Yo trabajaba en tierras de Doras en Judea. Y mi hija se casó con uno de éstas regiones. Trabajaba en los bosques cercanos a Arimatea. Y en este invierno con la inundación, un deslizamiento de tierra …

–                 He visto la desgracia…

–                 El muchacho se salvó porque esa noche estaba en la casa de un pariente lejano.

–                 Y ahora que hemos satisfecho la necesidad del cuerpo y del alma, con un acto de amor por este niño; escuchad esta parábola:

Jesús abraza contra Sí al niño y empieza la parábola del rico Epulón…

La cual concluye diciendo… Aquí verdaderamente vivió conquistando la santidad, el nuevo Lázaro: mi Jonás; cuya gloria ante Dios es manifiesta por la protección que dispensa a quién espera en él. Jonás si puede venir a vosotros como protector y amigo, porque es un santo. Y Yo solo puedo ayudaros enseñándoles la gran sabiduría de la resignación; prometiéndoos el reino futuro…

No odiéis jamás por ningún motivo. El odio es poderoso en el mundo, pero siempre tiene sus límites. El amor no tiene límites. Ni en fuerza, ni en tiempo. Por lo tanto, amad, para poseerlo como defensa y consuelo sobre la tierra y como premio en el Cielo. Es mejor ser Lázaros que Epulones…  Creédmelo. Buscad la manera de creerlo y seréis felices.

No tengáis en los sufrimientos de estos campos, ni una palabra de odio… Aun cuando los hechos los justificaren. No interpretéis mal el milagro…  Soy el Amor y no habría castigado…  Pero al ver que el amor no podía doblegar al cruel Epulón; lo entregué a la Justicia.

Y ésta vengó al mártir Jonás y a sus hermanos. Vosotros lo sabéis por el milagro; que la Justicia siempre vigila, aunque parezca ausente. Y que Dios es el Dueño de todo lo creado.

Se puede servir para aplicarla; de los animales pequeños como las orugas y las hormigas; para morder el corazón del cruel y del ambicioso. Y hacerlo morir con un desbordamiento de veneno que estrangule, en un absurdo ataque de soberbia y de ira…

Os bendigo. A cada aurora rogaré por vosotros. Y tú padre; no te preocupes más por el corderito que me confías. Te lo traeré de vez en cuando, para que puedas regocijarte de verlo crecer en sabiduría y bondad; en el camino de Dios.

Será tu cordero de esta pobre Pascua. El más agradable de los corderos que se presentarán ante el altar de Yeové.

Yabé, despídete de tu abuelo y luego ven a tu Salvador, a tu Buen Pastor. ¡La paz sea con vosotros!

Los campesinos protestan:

–                 ¡Oh, Maestro! ¡Maestro Bueno! Dejarte…

–                 Sí. Es doloroso. Pero no sería bueno que el vigilante os encuentre. Vine a propósito hasta aquí para evitaros castigos. Obedeced por amor del Amor que os aconseja.

Los desventurados se levantan con lágrimas en los ojos y se van a su cruz…

Jesús nuevamente los bendice. Y luego, con la mano del niño en la suya y con el hombre de Endor en el otro lado; regresa a la casa de Miqueas. Lo alcanzan Andrés y Juan…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

 

59.- ORACIÓN: DIÁLOGO CON DIOS


En la Puerta del Cielo, la argentina voz de Diana resuena en las murallas del salón, donde los catecúmenos escuchan atentos la lección de ese día:

“Para una clara comunicación con Dios y que nos garantice una respuesta, es necesario reunir los elementos indispensables:

La primera condición para la Oración, es la Gracia.

LA GRACIA.

            El Pecado es la barrera con la que Satanás aparta al hombre de Dios y le impide que goce de Él. El arrepentimiento sincero nos lava y purifica junto con la Sangre preciosa y Divina. Y dispone nuestra alma para recibir el Perdón de Dios y junto con él, su Misericordia que nos devuelve la Gracia.

Poseer en el alma la Luz, la Fuerza, la Sabiduría de Dios que comunica esa semejanza intelectual con Él y es el signo inconfundible de la Filiación con Él. La Gracia es el Don sublime que hace que Dios habite en el alma y que el alma esté ‘viva’. Es entonces también cuando las oraciones son ‘vivas’ y la Gracia crece, florece, tiene raíces profundas y se eleva como árbol de Vida Eterna. La Gracia es la Vida del espíritu y el alma lavada con la Sangre de Jesús ha sido perdonada y ésta, al abandonarse al Amor, es como un águila que se eleva, porque el secreto de la Fortaleza y de la formación espiritual, es la meditación amorosa.

Cuando se aprende a orar con la meditación de la Oración Mental y se avanza hasta llegar a la plena comunicación del Amor con la profecía, el alma ya no tiene obstáculos en el conocimiento de Dios. Porque la Oración es la comunicación del alma con Dios, de la que se sale vigorizado y con el deseo de pertenecerle más. Y dispuestos a entregarnos más plenamente. Es un don de intercambio: Dios lo concede al Hombre y el hombre lo da a Dios. Por medio de la Oración, Dios se va revelando como Es. Y el alma aprende a conocerlo y a amarlo siempre más.

LA HUMILDAD.

“Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón”

Jesús sabía que en esta imitación está la clave de la felicidad en la tierra y en el Cielo. Los hombres tenemos las ruinas que tenemos, porque no somos mansos ni somos humildes. Ni en las familias, ni en las ocupaciones, ni en el vasto ámbito de las naciones. Soberbia e ira dominan a los hombres y generan todos los delitos.

La Presencia de Dios es un acto de su Bondad. El deseo de amor de un Dios de estar con su creatura y cuando la creatura no lo traiciona, Dios no se aleja. En ciertos casos y por especiales respuestas del alma, esta comunicación se vuelve muy sensible. Pero hay del alma que gozando de la Presencia de Dios, cae en el pecado de soberbia, porque la perdería súbitamente, pues Dios no está en donde hay soberbia. Entre más grande es la humildad de la creatura, más a ella desciende Dios. María tuvo a Dios en sí, no solo espiritualmente; sino como Carne Viva, porque alcanzó el vértice de la humildad santa.

La humildad en la Oración es indispensable si se quiere obtener algo. Dios mira con amor al hijo que inclina ante su Grandeza y Majestad, reconociendo Quién es Él y al mismo tiempo consciente de su propia miseria y debilidad. El alma ‘viva’, ‘ve’ al Dios Vivo. Y entre más lo conoce más lo ama y más anonadada se siente ante su Infinita Bondad. Y un profundo agradecimiento inunda el corazón, al esperar la respuesta de la única pregunta que los labios formulan cada vez con más frecuencia y ante TODAS las circunstancias:

‘Padre ¿Qué quieres que haga?’

LA OBEDIENCIA.

            Es la prueba de la humildad y la Fe. Son el escollo donde la soberbia se cae y se hunde. La Obediencia es la piedra donde el orgullo se estrella, porque rinde a los pies del Omnipotente el juicio del hombre, para abrazar solamente la Voluntad Divina. Al obedecer a Dios se contempla la gloria de Dios y se presencian los milagros más increíbles. La docilidad interior es indispensable y no hay sumisión verdadera, hasta que no hay alegría en su cumplimiento. Esto es el cimiento de muchas virtudes y el recipiente de muchas gracias. El Espíritu Santo la busca para comunicarle sus santas inspiraciones, porque solo el que la tiene, lo escucha y las practica. El alma dócil, escala el Cielo sin comprenderlo y asciende sin sentirlo, a la sombra y en comunicación con el Paráclito, que la lleva por los caminos del espíritu, con una obediencia ciega. Es la virtud que se deja moldear suavemente, como el barro en manos del Divino Alfarero. Es el tesoro de las gracias. Jesús y María, fueron obedientes por excelencia. Este es el secreto de la Oración de  Poder.

La perfección de la obediencia consiste en seguir prontamente las inspiraciones del Espíritu Santo y practicarlas. Cada vez que se escucha esa voz interior que no hace ruido, hay que atenderla. El alma sabe distinguir perfectamente cuando habla. La obediencia del espíritu es mortificación y humillación. Al obedecer la Voluntad de Dios, se perfeccionan las virtudes internas.

La Obediencia interna perfecta clava las almas en la Cruz y hace que vivan crucificadas: Es la Renuncia Total de la Voluntad, que se inmola por amor a Dios y sacrifica el cuerpo, los sentidos, los afectos y todos los movimientos del espíritu, para obedecer solamente las inspiraciones del Espíritu Santo.

Esta es la obediencia ciega, pronta y amorosa, que encuentra la verdadera e incomparable felicidad, en el absoluto despojo de sí misma. La sumisión no es real, hasta que no se disfruta adaptándose y alabándolo, en todas las circunstancias.

LA CARIDAD.

            El Espíritu santo se comunica por medio de ella, porque es la Esencia misma de Dios y la vida del alma. La Caridad sobrenaturaliza todas las virtudes y las acciones del hombre. Y es el pulso que late en el espíritu y le da vitalidad. El Dolor es el trono de la Caridad y su perfección está en la Inmolación. Dios se da y las almas se dan.

Dios se crucificó por los hombres y ellas se crucifican con Él. Esta Caridad es la que une al Cielo con la Tierra y la Oración alcanza dimensiones cósmicas, porque la Caridad es el Amor comunicativo. El Dolor divinizado por Jesús, es el que conquista al Amor. Por esto, los más sacrificados son los que más aman. Sin la Caridad no hay Fusión. La Caridad sabe amar y perdonar a los enemigos. La última oración del mártir, debe ser siempre por los verdugos, para que alcancen la salvación. La última de los santos, por sus opresores, para que lleguen a la Caridad.

LA GENEROSIDAD.

            El que cierra su oído al clamor del pobre, él también gritará y no será escuchado. La dureza de corazón en el desprendimiento y la generosidad, cierran las puertas de los Cielos para la Oración.

Dios no tolera la avaricia, tanto material como espiritual. Los avaros son soberbios y envidiosos. La dureza de corazón es refractaria al amor divino y a la Bondad. La vida del que la lleva consigo es muy triste y desgraciada, porque carece del pronto placer de hacer el bien. Son corazones fríos e infelices que se mantienen alejados de la Caridad, llevando una existencia vana y culpable. Son corazones metalizados que lo único que desean es atesorar. Insaciables y desenfrenados no corresponden a las inspiraciones divinas y mueren ciegos y sordos a su pecado.

La santidad no está en las visiones, éxtasis y revelaciones. La santidad consiste en la pureza y el sacrificio generoso y constante de una voluntad abandonada totalmente en la Voluntad de Dios. Hay que conformarse siempre con lo que el Espíritu Santo quiere dar y así no nos equivocamos. Considerándonos siempre indignos de sus dones.

LA PUREZA.

            La Pureza es el reflejo de Dios. Y donde está la Pureza está la santidad. Es solo en las almas puras en donde se encuentra la Luz del Espíritu Santo. La inocencia consiste en la limpieza total del alma. Los limpios de corazón sienten el contacto divino y son los que escuchan la Voz de Dios. Lo entienden, lo aman, lo consuelan y se gozan con sus ternuras y sus sonrisas. El vicio que más aleja de Dios, es la impureza; porque a través de la impureza entra la Incredulidad, que ofusca los corazones, quita la esperanza y destruye la Caridad. Ninguna alma que no es pura puede conocer a Dios y mucho menos amarlo, porque el Espíritu Santo, abomina la impureza.

La Lujuria es el vicio con cual Satanás está llenando los Infiernos. Y por eso promueve la sensualidad que hace su nido en los corazones soberbios, para que no puedan acoger a Dios. El cuerpo es el Templo vivo del Espíritu Santo y tiene que tener una pureza total, el que quiera acogerlo y poseerlo.

EL PERDON.

            Los que perdonan son la réplica más acabada de Dios, porque Él perdona y sigue perdonando. Cuando el hombre aprende a amar y a perdonar, comienza a hacerse espiritual. Todo se le perdonará a quién haya perdonado todo. El que perdona atrae el Corazón de Dios y no hay hombre que no necesite ser perdonado por Él. Dios es un Dios de Amor y no puede vivir en un corazón que odia.

Jesús bajó a la Tierra a enseñar al hombre a  amar y a perdonar. El corazón que se crucifica, no guarda rencor y sabe amar de verdad. El Odio es Pecado y el pecado cierra las puertas del Cielo a la Oración y hace que no suba. Y Dios no puede escuchar a un corazón que no perdona. Porque nadie puede ser perdonado si no se arrepiente y no perdona. El Perdón es la venganza de Dios y también es la venganza de los que aprenden a amar como Él enseñó.

LA SINCERIDAD.

            Este es otro requisito indispensable en la verdadera Oración. Los hipócritas ostentan apariencias de piedad y en el interior de sus familias son culpables ante Dios y ante el prójimo. Buscan la estima y los honores mundanos. Quieren decir a los demás: ‘Pueden confiar en mí. Vean que soy un santo. Lo comprueba mi forma de orar’ Semejante actitud es una blasfemia. Los soberbios, los falsos y los mentirosos, oran así.

La verdadera oración brota del corazón a los labios y surge en el trabajo, en los negocios, en el descanso, en la fatiga, en el dolor y en la alegría, porque sale con todo el ser, al impulso del corazón que ama a Dios y se revela en todas sus acciones. El alma recuerda que es la creatura y con amor reverencial se pone en la Presencia de su Creador que se le revela en todo y en todas las circunstancias. La ternura amorosa del Padre se encuentra a cada paso del día. Y se acaban las coincidencias.

EL ABANDONO.

            La Oración sostiene al alma en la prueba y la provee de una fuerza nueva en la inteligencia y en el corazón. Es la fuerza que no viene de un estudio humano, sino de un completo abandono en Dios.

Los que dan más, son los que más se olvidan de sí mismos. Es cosa muy penosa y difícil, pero indispensable si se quiere avanzar por este camino. Pablo lo practicó y nos lo enseñó con su ejemplo: “Ahora voy a Jerusalén atado por el Espíritu, sin saber lo que me sucederá allá. Solamente que en cada ciudad el Espíritu Santo me da a conocer que me esperan prisiones y tribulaciones… pero de ninguna manera me preocupo por mi vida, con tal de terminar mi misión y cumplir el ministerio que he recibido del Señor Jesús, de anunciar el Evangelio de la Gracia de Dios” Ciertamente el abandono de Pablo, brilla esplendorosamente en este abandono den Dios.

Porque olvidarse de sí mismo es olvidar no solo el pasado, sino la personalidad limitada, olvidarnos totalmente quienes somos en nuestra existencia terrenal. Como si ya hubiésemos sido muertos y enterrados en una tumba. Totalmente desaparecidos para el mundo. Y pensar solamente en lo que Dios quiere de nosotros, viviendo para hacer exclusivamente su Voluntad.

Cuando el hombre muere su espíritu deja todo lo terrenal y queda solo frente a Dios, con su alma muerta o viva, según su voluntad lo determinó en la prueba terrenal. Al quedar frente al Misterio que es Dios, el mundo a su vez muere para él y debe vivir su vida eterna de acuerdo a su propia autosentencia. Cuando en la existencia terrena encontramos a Dios y no desdeñamos su llamado sucede lo mismo. La vida deja de pertenecernos y en una prueba muy dolorosa, aprendemos a vivir exclusivamente para Dios. Uniéndonos de tal manera con Él, que se experimenta en la Tierra el Paraíso y ya no hay nada que temer. NADA. La luz de Dios resplandece cuando el alma se sumerge en le mar de la Oración y la Caridad.

LA CONFIANZA.

            Dios Padre conoce las necesidades del hombre, pero a Él le agrada la confianza del alma que se le acerca como un niño a contarle sus confidencias, para enriquecer una relación de amor, que es el verdadero objetivo de la Oración y que al exponerle sus necesidades, le pide ayuda. Confiar lo más íntimo y que causa rubor y vergüenza. Confiarle ‘Todo’ Al que lo es TODO, es increíblemente productivo. Porque Dios no se escandaliza ni murmura, ni mucho menos falta a la caridad. Él sabe comprender y aconsejar. ÉL NOS AMA MUCHÍSIMO. Y su Amor está presente en todas nuestras súplicas y elimina los obstáculos para nuestra santificación.

Perdonar para ser perdonados. El perdón de Dios trae la Paz. Estar vigilantes teniendo cuidado y Oración, para ser fuertes y tener la ayuda de Dios, aunada a una voluntad firme de no pecar. Después de una grande confianza en la Justicia del Padre y en su Amor. Porque todo cambia en nuestro interior, después de sumergirnos en la Oración.

El gozo inefable de hablar con Dios, hace que el dolor sea soportable y el corazón se alimenta con la fuerza de un león para enfrentarse al mundo y a todo, después de habernos unido completamente al Padre en la soledad y en la Oración. LA ORACIÓN LO ES TODO. Es un diálogo franco, animado, lleno de confianza, recogido, sereno, claro, íntimo.

  La Oración confiada puede cambiar el castigo en bendición. La plegaria dirigida la Padre para que en su misericordia ayude, toca el Corazón de Dios y agiliza su intervención. La súplica ardiente hace que Satanás no pueda objetar nada a la intervención Divina. Y esperar contra toda esperanza. ORANDO SIEMPRE CONFIADAMENTE.

Cuando se tiene una Fe Perfecta y una Confianza Perfecta, nacida de la oración y de la Bondad del Señor, se podrán obtener los más portentosos milagros.  PORQUE LA FE, LA ORACIÓN Y LA CONFIANZA, SON LA LLAVE DE LOS MILAGROS.

EL AMOR.

Hay que recordar que una verdadera palpitación de amor, que salga como nube de incienso de las llamas de nuestro corazón enamorado de Dios, tiene para Él un valor infinitamente más grande, que miles de ceremonias hechas con corazón tibio o frío.

Hay que atraer su Misericordia con nuestro amor. Ella es grande y activa con quién lo ama. El Cordero se ha Inmolado por nosotros y nos cubre como una ola que pasa y lava nuestras almas, dejándolas sin mancha. Y SU AMOR CONTESTA NUESTRAS ORACIONES INMEDIATAMENTE.

LA ENTREGA.

DIOS LLAMA Y PASA. Puede que mañana no esté el corazón dispuesto y tampoco encontremos la invitación de Dios.

Dios es tan exigente, como es infinitamente generoso en premiar. El que quiere ser discípulo es necesario que abrace la Cruz y lo siga. La vida del cristiano no es una vida tapizada de pétalos. Es absoluta en sus exigencias.

Es como las rosas: son preciosas, fragantes, perfumadas, pero duran poco y lo que queda son solo espinas. A través de la Oración, los consuelos de Dios son maravillosos y nos fortalecen siempre, hasta llegar al final del camino. Pero la Cruz es dolor y espinas. Y NO HAY OTRO CAMINO.

Muchas raíces están trabadas en el ser humano. Hay que separarlas o cortarlas. Solo con la libertad espiritual se viene al servicio de Dios. NADA DEBE IMPEDIR LA ENTREGA.

Cuando el alma se entrega a Dios con todas las poderosas energías de su ser y doblega su temperamento, dirigiéndolas hacia la perfección. El apasionado y poderoso absolutismo, se arrojan sin titubeos por este camino. Se aprovecha la experiencia en el mal, para ser poderosos en el Bien y se emplean los mismos sistemas que se empleaban para entregarse toda al pecado… Ahora se entrega toda a Dios.

Es entonces cuando se pone en práctica el Mandamiento más importante: Amar a Dios sobre todas las cosas, con todas las potencias del ser y al prójimo como a nosotros mismos. Nadie que haya puesto la mano en el arado para arar los campos de los corazones y esparcir la semilla de la Doctrina de Dios, puede volverse atrás para mirar lo que ha dejado y lo ha perdido. Lo que podría haber tenido si hubiera seguido por otro camino menos extraordinario que el de ser elegidos. Quién obra así no está adaptado al Reino de Dios. Hay que valorarnos, decidirnos y luego entregarnos.

Entregarnos sin reservas, sin miedos, sin reticencias. EN LA ENTREGA TOTAL PARA UN AMOR TOTAL.

LA PREPARACIÓN.

El alma debe ser pobre con la Pobreza de espíritu. Desnuda, pobre y vacía. Que viva solo de Él, por Él y para Él.

Hambrienta: Solo Él calma la sed de Justicia del alma hambrienta de lo sobrenatural con la posesión y la comunicación de la misma Divinidad.

Sedienta: El Hambre de Dios solo puede ser calmada bebiendo de la Fuente del Agua Viva de Jesús. El Espíritu Santo es el Único Consolador.

El Dolor es el compañero indispensable de la Oración.

En él se encuentra su completo desarrollo y se fortalece ejercitando el sacrificio, la mortificación y la Penitencia. La Oración es la Fuente de la Gracia, ella llega hasta el Corazón de Dios y escala alturas inconcebibles al entendimiento humano. En todos los tiempos y las ocasiones se puede orar. El alma puede hacerlo saltando todos los obstáculos y no conoce las limitaciones. Aún en medio de la más ruidosa reunión y sin que los demás lo adviertan, al realizar todas las tareas cotidianas, continúa con sus coloquios con el Dios que habita en su interior.

La Oración es la voz armoniosa del alma pura que atraviesa los Cielos y llega hasta el Trono de Dios. En ella va la amorosa flecha que traspasa el Corazón del Amado. Esta Oración nunca regresa vacía, sino llena de gracias y favores.

El secreto del alma que no quiere perder a su amor, es permanecer siempre fija con todas sus potencias en Dios, a través de la Oración.

LA  FE.

            Es la luz oscura que arrastra al hombre hacia su Dios, por medio de la humildad. Es indispensable para la salvación y es la prueba que Dios exige al entendimiento humano y la orgullosa inteligencia del hombre. La Fe es luz para los humildes y tinieblas para los soberbios. La Fe desata las manos del Omnipotente y aplaca la Justicia Divina. La Fe arranca gracias al Eterno. Es un lazo de luz que une la Tierra con el Cielo y un lazo de unión que pone en comunicación al alma con Dios. LA Fe es el fundamento de la perfección.

LA INFANCIA ESPIRITUAL.

            Jesús dijo: Yo os lo aseguro, el que no recibe el Reino de Dios como niño, no entrará en él. El niño es humilde, confiado, acepta ‘que no sabe’ con simplicidad. Los niños son amables, curiosos y reciben con admiración y llaneza, todas las enseñanzas. Observarlos como aman y creen en Dios, por la inocencia que los caracteriza, es una lección de sabiduría. Hacen lo que se les enseña y no se ensoberbecen por lo que hacen. Aprenden y practican lo que aprenden.

Los niños, cuando cometen una pequeña falta ¡Con cuanta humildad la confiesan! No buscan excusas. Saben que Dios lo sabe. Creen. Les apena haber causado un dolor a Dios. Arrepentidos, piden perdón de su falta y ofrecen sinceramente, no volver a faltar. Aman con sencillez  y siempre son sinceros.

Todas las cualidades de los niños son indispensables para la Oración auténtica, porque la característica principal del alma orante, debe ser siempre la docilidad interior y la Obediencia total. Dios no desperdicia sus palabras, en donde no hay intención de obedecerlas.

            Cuando el alma sabe alcanzar la amorosa ciencia de saber permanecer fija en Dios, unida a Dios con todas sus potencias; todos los actos que produce son actos de amor y raptada por el amor, alcanza la santidad, casi sin darse cuenta. Y aunque esté durmiendo sigue amando, porque la carne se adormece y se despierta con el nombre santo en los labios y con el pensamiento puesto en Él, ¡Maravilloso connubio del alma con Dios! Ni el más apasionado amor humano da la embriaguez que se experimenta, cuando el alma está verdaderamente enamorada de Dios. El que ha probado los dos amores sabe que no existe. Es como comparar el licor más barato, con el más exquisito de los vinos. El deleite es diferente, aunque la embriaguez sea parecida. Y cuando se conoce lo excelente, no es posible conformarse con menos.

Para conocer este éxtasis, no debe haber nada que se interponga entre el alma y Dios  para formar con Él una unidad perfecta. Para llegar a tener el corazón vacío de humanos intereses, hay que pasar por un crisol amarguísimo, pero la recompensa vale por todos los sacrificios y todas las renuncias. Lo que vale la pena siempre tiene un precio alto. Dios lo vale TODO.

Y cuando el alma se enamora de Él, es verdaderamente imposible vivir sin Él. Cuando Él se convierte en la razón de vivir, la vida se convierte en una apasionada y maravillosa aventura, en la que el alma se la pasa entre el Cielo y el Infierno. Satanás es el villano que trata deponerle fin a la más increíble historia de amor. Los que no saben defenderlo… lo pierden.

EL PROBLEMA DE LAS ORACIONES NO CONTESTADAS.

Es necesario acercarse a Dios con los labios y el alma encendidos de verdadera caridad. Entonces los obstáculos que Satanás interpone para impedir el auxilio divino, son anulados, porque Dios es el Vencedor Eterno. Por eso es necesario reunir los requisitos para que la Oración pueda ser efectiva. Esta es una verdad dolorosa y aterradora.  El hombre mismo es el que da las armas al Maligno, para impedir la intervención de Dios.

La Oración Poderosa necesita de la Justicia. Las plegarias no son atendidas principalmente por dos motivos: la injusticia y el amor.

LA INJUSTICIA.

Dios no escucha nuestra oración si tenemos afectos desordenados que están desplazando a Dios del primer lugar en nuestro corazón. Tampoco si somos injustos y duros de corazón con los pobres, con los servidores y los familiares.

EL  AMOR.

Dios nos ama con un Amor Infinito y Eterno. Siempre, cuando nosotros iniciamos nuestra oración, la Gracia del Señor desciende sobre nosotros. El Eterno nos atiende al instante cuando con un corazón humilde, amoroso, confiado, con sacrificio y constancia, le imploramos piedad, pan, consuelo, ciencia, dirección, ayuda, protección y fortaleza. Todo esto y más, da Dios con su Infinito Amor, cuando nos volvemos a Él.

Y si no siempre somos atendidos porque Él se niega a acceder a nuestra petición, no debemos pensar que nuestra Oración vaya a quedar sin respuesta. A cambio de algo negado por una inteligencia que todo lo conoce, recibimos otros dones de los que no nos damos cuenta inmediatamente, ni los agradecemos. Más tarde o más temprano debemos mostrar nuestro agradecimiento y reconocimiento a esta Bondad infinitamente Inteligente, que cuida de nosotros. Porque Él, que todo lo sabe; no concede aquello que nos proporcionaría la felicidad de un instante y dolor para el resto de nuestra vida terrena y que puede ser causa de pena en la otra vida, por el mal uso que se puede dar a la dádiva divina. El Amor de Dios siempre nos protege, hasta de nosotros mismos.

LA ORACIÓN HECHA CON FE VERDADERA Y AMOR VERDADERO,  SIEMPRE OBTIENE.

CUANDO UNA ORACIÓN QUEDA SIN RESPUESTA, hay que revisar que no esté viciada en la petición o en la Fe. A veces Dios explica por qué no la concede. Sí es en la Fe, ni siquiera ha llegado al Cielo.

Dios quiere que todos sus hijos sean tan suyos que todas sus santas demandas está dispuesto a atenderlas continuamente. No siempre concederá las cosas solicitadas, pero sustituirá el don negado por otros cien consuelos más grandes todavía, porque Él arde con el deseo de hacernos felices, de poder estrecharnos contra su Corazón y enjugarnos el llanto. Él es el Único que da bien, paz y amor verdadero y eterno.

Si somos cristianos inmaduros, constantemente pediremos cosas que no nos convienen. Conforme vayamos creciendo espiritualmente, también aprenderemos a Orar.  Afortunadamente para nosotros, Jesús es un Maestro con mucha paciencia y le encanta enseñarnos cuando hay buena voluntad.

Invocar la protección de María Santísima y la Sangre de Jesús antes de ponernos a orar, elimina TODAS las interferencias con las que Satanás trata de obstaculizar nuestra oración y las respuestas de Dios, cuyo amor quisiera entretenerse en amorosos coloquios, con todos sus hijos.

SOLO EL PECADO APARTA DE DIOS Y HACE NULAS LAS ORACIONES.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

CUARTO MISTERIO DE DOLOR II


JESUS CON LA CRUZ A CUESTAS…

Jesús baja los tres peldaños que llevan del Pretorio a la plaza. Inmediatamente se ve que está muy débil, pues sus movimientos son vacilantes. Estorbado por la cruz, que le oprime la espalda llagada. Por la tablilla escrita que se balancea hacia delante y le corta el cuello. Por las diferentes posiciones que toma la cruz al moverse Jesús, para bajar los escalones y por lo áspero del suelo.

Los sacerdotes y los judíos, ríen al ver que se bambolea como un ebrio. Gritan a los soldados:

–                       Pegadle. Hacedlo caer. ¡Al polvo, el blasfemo!

Los soldados cumplen solo con lo que deben y ordenan a Jesús que se meta a la mitad del camino y que avance. Longinos espolea su caballo y el cortejo se pone en marcha lentamente.

Longinos quisiera hacerlo más rápido, tomando el camino más corto que lleva al Gólgota; porque no está seguro de la resistencia de Jesús. Pero la chusma de judíos, no es del mismo parecer. Los más astutos se han adelantado hasta el cruce donde la calle se bifurca, una hacia las murallas y la otra hacia la ciudad. Y arman confusión cuando ven que Longinos trata de tomar el camino hacia la muralla.

Furiosos gritan:

–                       ¡No puedes hacerlo! ¡No puedes hacerlo! ¡Es ilegal! La Ley dice que los condenados deben ser vistos por la ciudad donde pecaron.

Por amor a la tranquilidad, Longinos da vuelta por la calle que va a la ciudad y avanza un poco, pero hace señal a un decurión de que se le acerque y le da órdenes en voz baja. El oficial va rápido y transmite la orden a cada jefe de decuria…

Luego regresa  y rinde parte.

Jesús camina jadeando. Cada hoyo de la calle es una trampa para su pie vacilante y un tormento para su espalda llagada, para su cabeza coronada de espinas, sobre la que cae un sol ardiente, que de vez en cuando se esconde tras un montón de nubes plomizas. Jesús está congestionado por la fatiga, la fiebre, el calor. La luz del sol y el ruido de la gente lo hieren y lastima sus oídos… Cierra un poco sus ojos; pero tiene que abrirlos, porque tropieza con piedras y hoyos. Cada tropiezo le causa dolor, porque la cruz se mueve bruscamente e incrusta la corona de espinas. La llaga de la espalda se hace cada vez mayor y el dolor aumenta.

Los judíos ya no pueden pegarle directamente, pero le siguen lanzando piedras y palos. Las pedradas en las plazuelas y los palos en las vueltas, por las callejuelas que suben y bajan con escalones, en las cuales el cortejo se hace más lento. No les importa desafiar las lanzas romanas, con tal de herir a Jesús.

Los soldados lo defienden como pueden.

Pero al hacerlo lo golpean; porque las lanzas que blanden al aire son largas, lo alcanzan y lo hacen tropezar. Llegados a un determinado punto, los legionarios hacen una maniobra impecable y pese a los gritos y amenazas; el cortejo toma bruscamente por una calle va derecho a las murallas. Es de bajada y acorta el camino al lugar del suplicio.

Jesús jadea mucho más. El sudor le baña el rostro, junto con la sangre que le brota de las heridas causadas por la corona de espinas. El polvo se le adhiere al rostro sudado y lo mancha con huellas extrañas; porque todavía sopla el viento, con rachas a intervalos que arrastran consigo inmundicias; que le pegan en los ojos y en la garganta. En la Puerta Judiciaria, se ha reunido mucha gente. Un poco antes de llegar allí, la intervención pronta de un soldado sobre el que está a punto de caer, impide que Jesús caiga en tierra.

La gentuza a carcajadas le grita:

–                       ¡Déjalo! A todos decía: ‘Levántate’ Que Él se levante ahora.

Más allá de la Puerta, está el torrente del Cedrón con su puente. Otra fatiga más para Jesús que al caminar sobre esas vigas mal unidas, sobre las que rebota con mayor fuerza la Cruz, aumenta aún más su ya infinito Dolor. Y una nueva ocasión para que los judíos puedan arrojar sus proyectiles. Las piedras del riachuelo vuelan por el aire y lo golpean. Avanzan un poco más y…

Empieza la subida del Calvario.

Un camino desnudo, sin una pizca de sombra. Empedrado con piedras separadas y que directamente empieza a elevarse. El corazón de Jesús ya no funciona bien… Primero por el atroz sufrimiento moral;  el bárbaro sudor de sangre y la brutal flagelación. Su tormento aumenta al subir, llevando consigo el considerable peso de la Cruz…  Se topa con una piedra saliente y cómo va muy agotado, tropieza con ella…  Cae sobre la rodilla derecha…

Pero logra levantarse con la mano izquierda. La chusma grita de alegría… Avanza siempre más; inclinado y jadeante…  Congestionado y calenturiento…

La tablilla que lleva delante le estorba la vista. El vestido… al caminar más encorvado le impide avanzar. Nuevamente tropieza y cae de rodillas…

 

Hiriéndose de nuevo donde ya antes se había herido. La Cruz que se le escapa de las manos, cae golpeándolo duramente en la espalda. Lo obliga a agacharse para levantarla…

Y vuelve a ponérsela nuevamente sobre la espalda… Al hacer esto, se ve claramente, la llaga que la Cruz le ha formado con el roce y que le ha abierto las muchas llagas que le produjeron los azotes y que han formado una sola… de la que brotan suero y sangre… De tal modo que la túnica blanca está totalmente manchada en esa zona. La gentuza aplaude de alegría al verlo caer de ese modo tan miserable…

Longinos grita que se den prisa. Jesús parece que estuviera ebrio de Dolor. Pega contra una u otra hilera de soldados. La gente ve y grita:

–                       Se le ha subido a la cabeza su Doctrina. ¡Mira!…  ¡Mira como tropieza!…

Los sacerdotes y escribas, maliciosamente se ríen y dicen:

–                       No. Son los banquetes en la casa de Lázaro, que todavía le hacen efecto. ¿Eran sabrosos? Ahora come nuestra comida…

Longinos se compadece de Jesús y ordena que se detengan por unos minutos.  Lo insulta tanto la plebe, que el centurión Octavio ordena  a sus soldados atacar…

Al ver las lanzas que brillan amenazantes; los cobardes salen huyendo para todas partes. Y quedan  solo unos pocos discípulos fieles a Jesús. Que acongojados, desconcertados, afligidos y polvorientos; llaman con la fuerza de su mirada, a su Maestro.

Son los pastores… Jesús voltea. Los ve…  Los mira detenidamente, como si fueran caras de ángeles. Parece que hubiera recibido un refrigerio que calme su sed y le hayan dado fuerzas con sus lágrimas… Sonríe…

Se da la orden de volver a caminar.  Jesús pasa ante ellos y hasta sus oídos llegan sus gemidos. Fatigosamente dobla su cabeza, bajo el yugo de la Cruz y nuevamente sonríe…

Sus consuelos. Diez caras. Una parada bajo el sol abrasador…

Después viene el Dolor de la Tercera y completa Caída. Esta vez no es porque haya tropezado; sino porque perdió las fuerzas al sufrir un síncope. Cae cuán largo es. Pegando su rostro contra las baldosas y bajo el peso de la Cruz que le ha caído encima. Los soldados tratan de levantarlo; pero parece como si estuviera muerto.

Van a avisar al centurión. Mientras van y vienen, Jesús vuelve en Si… Y lentamente con la ayuda de dos soldados, de los que uno ha levantado la Cruz y del otro; que lo ayuda a ponerse de pie. Se coloca en su lugar; pero está completamente agotado.

La gentuza grita:

–                       Procurad que no muera más que en la Cruz.

Los sacerdotes y los Escribas dicen a los soldados romanos:

–                       Si lo hacéis morir antes, responderéis ante el Procónsul. Tenedlo muy en cuenta. El reo debe llegar vivo al suplicio.

Los legionarios los fulminan con la mirada; pero su disciplina no los deja hablar. Longinos piensa como los judíos; que Jesús puede morir en el camino…  Y quiere evitarse dificultades. Conoce su deber de Jefe de la Ejecución y provee de un modo que desorienta a los judíos. Ordena emprender el largo camino que sube en espiral por el monte y que es menos escarpado.  Este sendero es más largo; pero más frecuentado, por ser menos pesado. La gente que sigue a Jesús, aúlla de rabia, al ver desvanecerse su deseo de no perderse ni un jadeo; ni un gesto de dolor del Sentenciado.

Jesús llega hasta donde están el grupo de mujeres que aunque por sus atuendos, se ve que son ricas…  Lloran abiertamente y se inclinan profundamente en señal de saludo. Luego, valerosamente avanzan. Los soldados intentan detenerlas; pero una se levanta rápidamente el velo y algo dice…  Es Claudia Prócula… Cuando la reconocen, la dejan pasar inmediatamente.

Se acercan a Jesús llorando…  Se arrodillan a sus pies diciendo:

–                       Maestro te amamos. Tú Eres Dios…

Él se detiene jadeante… Y sin embargo les sonríe…

Una de ellas es Juana de Cusa. Tiene en su mano una jarra de plata y la ofrece a Jesús; que jadea tanto que aunque quisiera; ya no puede beber. Con la mano izquierda se seca el sudor y la sangre que le cae en los ojos y corre por sus mejillas amoratadas y el cuello; en el que se notan las venas hinchadas por el esfuerzo del corazón; hasta que le empapa todo el pecho. Otra mujer, trae consigo a una joven criada, con  pequeño cofre… Lo abre y saca un lino finísimo. Es cuadrado. Lo ofrece al Redentor que lo toma.

Y como no puede hacerlo con una sola mano; la compasiva mujer lo ayuda, procurando no moverle la corona. Jesús oprime el fresco lino, sobre su pobre rostro como si encontrara en él un gran consuelo. Y lo mantiene así por unos momentos. Devuelve el lino y dice:

–                       Gracias Juana. Gracias Nique. Sara, Marcela, Elisa, Lidia, Ana, Valeria y tú,…  Claudia… Pero no lloréis por Mí,…  hijas de Jerusalén. Sino por los pecados…  Los vuestros y por los de ellos… De vuestra ciudad… Bendice Juana,… de no tener más hijos… Mira… Es piedad de Dios… No tener más hijos… Vosotras madres,… llorad por vuestros hijos… Porque esta hora… no pasará sin castigo… Y… ¡Qué Castigo!… Así es para el Inocente…  Lloraréis…. de haber concebido y de tener… todavía vivos los hijos…  Las madres… de aquella hora… Llorarán,… Porque en verdad… os digo, que… será afortunada… quien en ese entonces… caiga bajo los escombros… Os bendigo… Idos a casa… Rogad por Mí…

En medio de clamores, de llantos y de injurias de los judíos; Jesús emprende de nuevo el camino…

Nuevamente está bañado de sudor. También los soldados y los otros dos que van al suplicio, sudan. Porque el sol de un día que amenaza tempestad, cae como fuego ardiente. ¿Qué no sentirá Jesús, con su vestido de lana que le dio Herodes y que trae sobre los azotes?… Pero no lanza ni un lamento. Pese a que el camino es menos pendiente y no hay las piedras sueltas que había en el otro; tan peligrosas para sus pies que va arrastrando; Jesús vacila cada vez más. Yéndose contra una o contra otra fila de los soldados; camina siempre más encorvado.

Piensan que podrán ayudarle atándolo con dos cuerdas a la cintura, para poder sostenerlo. Lo logran, pero no le quitan el peso. Las cuerdas al dar contra la Cruz, la mueven continuamente sobre la espalda y mueven también la corona que ha herido la frente de Jesús, que parece un tatuaje sangriento. Además, los lazos le restriegan la cintura, donde hay tantas heridas que de nuevo se abren, pues la túnica blanca se tiñe de rojo. Por quererlo ayudar, lo hacen sufrir más…

Continúa el camino. Da vuelta al monte y se encuentran a María y a Juan. Hay sombra detrás del declive del monte y Juan la ha llevado allí para protegerla del sol y hacer que descanse un poco. María está de pié, apoyada contra la tierra. Pálida como un cadáver, agotada, jadeante. Con su vestido azul oscuro, casi negro. María y Martha, las hermanas de Lázaro; junto con las demás mujeres, están en medio del camino y espían si llega el Salvador.

Al ver a Longinos, corren a avisarle a María. Ella, sostenida por Juan se separa del monte y espera…

El centurión, desde lo alto de su caballo, mira la palidez de María, muy majestuosa en su Dolor. Y a su rubio y joven acompañante, que tiene también los ojos azules y está tan pálido como Ella. Mueve la cabeza al pasar, seguido de sus once de a caballo.

Cuando pasan los de infantería, María valerosamente trata de pasar entre ellos para alcanzar a su Hijo; pero empiezan a llover piedras y los legionarios la rechazan con las astas. Son los judíos que protestan por tanta compasión y gritan:

–                       ¡Pronto! ¡Pronto! ¡Mañana es Pascua! Hay que acabar esta misma tarde. ¡Cómplices! ¡Befadores de nuestra Ley! ¡Opresores! ¡Muerte a los invasores y a su Mesías! ¡Lo aman! ¡Eh, cómo lo aman! ¡Os lo regalamos! ¡Metedlo en vuestra maldita urbe! ¡Os lo damos! ¡No lo queremos! ¡La carroña a las carroñas! ¡La lepra a los leprosos!

Longinos pierde la paciencia, da órdenes. Espolea su caballo seguido por diez lanceros contra la chusma que insulta y otra vez huye. Cuando hace esto, ve una carreta parada que había subido hasta allí. Es de las huertas que hay en la falda del monte y que está esperando con su carga de verduras a que pase la multitud, para ir a la ciudad.

La conduce un hombre como de unos cuarenta años, que junto con dos hijos que están recostados en el montón de verduras, miran y se ríen de los judíos que salieron huyendo.

Longinos lo mira, piensa y le ordena:

–                       ¡Oye! ¡Ven aquí!

Es un hombre de Cirene que finge no oír. Pero con Longinos nadie juega. Repite la orden en tal forma, que el cireneo deja las riendas del borrico a uno de sus hijos y se acerca al centurión.

Longinos le pregunta:

–                       ¿Ves a ese hombre?

Y al hacerlo se vuelve para señalar a Jesús. En ese momento, ve que María suplica a  los soldados, que la dejen pasar. Siente compasión y grita:

–                       ¡Dejadla pasar!  -y volviéndose hacia el cireneo, agrega-  No puede seguir así… Tú estás fuerte. Toma su Cruz y llévasela hasta la cima.

El hombre objeta:

–                       No puedo. Tengo el asno. Es asustadizo… Los muchachos no pueden sujetarlo…

Longinos le replica severo:

–                       Ve, si no quieres perder el asno y que se te den veinte azotes.

El hombre no se opone más. Grita a los muchachos:

–                       ¡Volved a casa y pronto! Decid que no tardo en regresar…

Y va donde está Jesús…

Llega en el momento en que Jesús se vuelve hacia su Madre, a la que acaba de ver, ahora que Ella se ha acercado. Porque camina tan inclinado y con los ojos casi cerrados; como si estuviese ciego. Grita:

–                       ¡Mamá!

Es la primera palabra que manifiesta su dolor desde que está sujeto a Padecer. En ese grito están todos y cada uno de sus dolores del alma; de su corazón; de su cuerpo. Es el grito agudo y destrozado del niño que muere solo. Entre verdugos. En medio de los peores tormentos… Que tiene miedo hasta de su propio aliento. Es el lamento de un niño que delira, aterrorizado por visiones horrorosas…

Busca su Madre para que con su beso fresco, calme el ardor de la fiebre y para que con su voz ahuyente los fantasmas…  Para que su abrazo haga menos terrible la muerte… Para que con su presencia reciba la fuerza que necesita, para sufrir el Sacrificio final…

María se lleva la mano al corazón, como si hubiese recibido una puñalada. Se le ve que levemente vacila. Pero se recupera pronta, apresura el paso y con los brazos tendidos hacia su Hijo, grita:

–                       ¡Hijo!

Lo dice en tal forma, que solo el que tenga corazón de hiena, puede permanecer impasible.

Hasta los romanos se conmueven. Y eso que son hombres con cicatrices en sus cuerpos… Acostumbrados al  horror y a la violencia de la guerra, a las armas, a la muerte… Estas palabras que los estremecen, son las mismas para todos, en todos los idiomas. Donde quiera que se digan hacen nacer sentimientos del amor y la ternura más sublimes…

El Cireneo también se estremece. Como ve que María no puede abrazar a su Hijo, pues aunque levemente lo tocara, sería una tortura, Ella se abstiene. Los sentimientos más santos tienen un pudor profundo. Buscan que se les respete o que se les compadezca. No que se les burle o que se les mire con curiosidad. Se miran… Y sólo ambos corazones angustiados, se besan… En medio de la Ira del Viernes Santo; María se ha encontrado con su Hijo, en aquel cruce del Gólgota.

Las palabras: ¡Mamá! e ¡Hijo! Encierran un significado que solo ellos conocieron… Están rodeados de la Blasfemia; de la Crueldad, del Desprecio, de la Curiosidad. Resulta inútil frente a estas cuatro Furias, hacer manifestación alguna de sus corazones con sus latidos más santos. Se abalanzarían sobre ellos, para herirlos aún más; porque cuando los hombres llegan al colmo del mal; son capaces de cualquier delito no solo contra el cuerpo; sino contra la mente y los sentimientos de sus semejantes.

Se miran…

Jesús, que acaba de hablarles a las mujeres compasivas instándolas a que lloren por los pecados del mundo; no hace sino mirarla fijamente, a través de los velos del sudor, del llanto, del polvo y de la sangre; que forman una costra en sus párpados… Él sabe que María ruega por el mundo y que Ella hubiera querido volcar el Cielo en su auxilio aliviándole no el suplicio; pues éste debe cumplirse en virtud de un decreto eterno. Sino la duración del mismo. Lo hubiera querido aún a costa de un martirio de toda su vida. Pero se ve impotente. Es la Hora de la Justicia. Él sabe que Ella le ama más que nunca y Ella a su vez sabe cuánto le ama Él. Y que más que el velo de la piadosa Verónica y que cualquier otra asistencia, le consolaría tanto un beso de su Madre. Pero hasta esta tortura es precisa para redimir las culpas del desamor.

Sus miradas se encuentran. Se enlazan y se apartan, lacerando sus corazones…

El cortejo emprende de nuevo la marcha, al empuje del pueblo enfurecido y que los separa, haciendo a un lado a la Virgen contra el monte, expuesta a que ahora se burlen también de Ella…

Y la chusma zarandea y lleva a empellones a la Víctima hacia su altar…   Ocultándola de la otra Víctima que ya se encuentra sobre el Altar del Sacrificio: la Madre Dolorosa.

Ahora detrás de Jesús camina el Cireneo con la Cruz. Él, libre del peso camina mejor. Jadea fuertemente. Como ya no trae las manos ligadas,  se lleva con frecuencia la mano derecha a la región esterno-cardiaca como si tuviese una herida y un gran dolor en el corazón. Se echa los cabellos, empapados de sangre y de sudor, hacia las orejas; para sentir el aire sobre su rostro lívido. Se desata el cordón del cuello, porque le molesta para respirar… Los pies de Cristo, que tanto caminaron sobre el suelo de Palestina para hacer el Bien, ahora lo sienten más áspero e ingrato para su caminar;  por la mala voluntad humana. Más que las piedras, lo golpean el odio, la maldad, la ira, la violencia y la destrucción…

María se ha hecho a un lado, con las mujeres. Sigue el cortejo, una vez que ha pasado. Luego por una vereda, se dirige a la cima del monte; desafiando los insultos de la plebe enfurecida. Como Jesús está ya libre, el último tramo que faltaba, se hace más pronto. Ya están cerca de la cima llena de gente vociferante…

Longinos se detiene y da orden de que a todos sin excepción los echen para abajo, para que la cima, lugar de la ejecución, quede totalmente libre. La mitad de la centuria cumple sus órdenes empleando sus lanzas. Bajo la granizada de golpes y palos, los judíos son desalojados. Quieren quedarse en la explanada que hay abajo; pero los que están allí no lo permiten y se arma una gran riña… Todos parecen haber enloquecido.

El Calvario en su cima tiene la forma de un trapecio irregular. Sobre esta explanada hay tres agujeros profundos, cubiertos con ladrillos o pedazos de pizarra. Cerca hay piedras y tierra para reforzar las cruces. Otros agujeros están llenos de piedras. Es evidente que según el número de los sentenciados, es como se abren los hoyos…  Los soldados que arrojaron a la gente de la cima; usando la fuerza, calman la pelea que entre sí han trabado los judíos y abren paso para que el cortejo continúe su marcha sin dificultad. Forman una valla, mientras los tres sentenciados, rodeados de jinetes y protegidos por detrás por la otra media centuria; llegan hasta el punto donde deben detenerse: a los pies de la plataforma natural que es la cima del Gólgota.

Aquí están las Marías y las otras mujeres. Los pastores que lucharon contra los judíos que querían expulsarlos, pero su fuerza que duplica el amor y el dolor, los hizo vencer. Han formado un semicírculo libre, contra el que los cobardes judíos sólo se atreven a lanzar amenazas de muerte y enseñarles los puños. Porque los bastones de los pastores son gruesos y pesados… La fuerza de sus músculos ya la probaron y resultó ser mucho mayor de lo que pudieron imaginar. Se necesita un valor extraordinario para quedarse allí y desafiarlo todo; aunque sean pocos y se les tome por galileos seguidores del Rabí Galileo. Es el único lugar del Calvario, donde no se maldice a Jesús.

Los tres lados que bajan a la hondonada sin ninguna escarpadura, están llenos de gente. No se distingue el suelo amarillento. Bajo los rayos del sol, la multitud da la impresión de ser un prado florido, de corolas de todos colores; ¡Tan apretados se ven los capuchos y los mantos! Más allá del riachuelo, por el camino se ve más gente y también más allá de las murallas. El resto de la ciudad está vacío y silencioso; todos están aquí. Todo el amor y todo el Odio. Todo el silencio que ama y perdona. Toda la maldad que odia y maldice.

Los encargados de la ejecución preparan sus instrumentos y limpian bien los hoyos. Los sentenciados esperan en el centro. Los judíos que se han refugiado en el rincón opuesto a donde están las Marías, las insultan y especialmente a la Madre de Jesús:

–                       ¡A la muerte los Galileos! ¡A la muerte, galileos malditos! ¡A la muerte, el Galileo blasfemo! ¡Clavad también en la Cruz al seno que lo llevó! ¡Mueran las víboras que paren demonios! ¡A la muerte las rameras de Satanás! ¡A la muerte! ¡Limpiad a Israel de las mujeres que se unen a los machos cabríos!…

Longinos que ha bajado del caballo, mira a la Virgen… Y ordena callar aquella gritería. La media centuria que estaba detrás de los condenados y que es comandada por Octavio, ataca la chusma y limpia la plazoleta, mientras los judíos escapan por el monte, pisoteándose unos a otros. Los soldados de la caballería, bajan de sus monturas y los llevan a la sombra.

El centurión Octavio, baja de su caballo y se dirige a la cima. Juana de Cusa lo detiene. Le da una jarra de plata y una bolsa. Luego regresa al ángulo de la plataforma, donde estaba. Y se junta con las otras discípulas.

Arriba todo está listo. Se hace subir a los sentenciados. Jesús pasa otra vez cerca de su Madre… A María se le escapa un gemido que Ella misma trata de sofocar, llevándose el manto a la boca. Al ver esto, los judíos se carcajean y se burlan de Ella… El manso Juan que con un brazo sostiene a María, vuelve la cabeza hacia ellos con una mirada feroz…

En cuanto los sentenciados están sobre el cadalso, los soldados rodean la plazoleta por los tres lados. Solo queda vacío el que está escarpado.

El centurión Longinos,  ordena al Cireneo que se vaya, pero él prefiere quedarse y se va con los galileos a compartir con ellos los insultos que están recibiendo y manifestando así una adhesión silenciosa a los fieles a Jesús.

En medio de maldiciones, los ladrones echan al suelo sus cruces.

Jesús está silencioso.   El Camino Doloroso, ha terminado…

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Oración.

Amado Padre Celestial:

Gracias Abba, por darnos a Jesús. Bendito y Alabado seas eternamente por tu Bondad. Llénanos de fortaleza y amor, para saber negarnos a nosotros mismos y aceptar con amor y humildad, las pruebas de la cruz de nuestra vida particular. Danos por favor, todo lo que nos vas a pedir, junto con la sabiduría necesaria para reconocerte y amarte a través de las lágrimas. Y funde nuestra voluntad en la Tuya y nuestro corazón con el tuyo, para amar como Tú quieres que lo hagamos. Amén.

PADRE NUESTRO…

DIEZ AVE MARÍA…

GLORIA…

INVOCACIÓN DE FÁTIMA…

CANTO DE ALABANZA…