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63.- ORGÍA DE CRUELDAD Y DE SANGRE


0imperio-romanoEn el palacio de Tiberio hay una zona donde están los edificios destinados para las habitaciones de los huéspedes distinguidos: rehenes reales, invitados especiales o personajes importantes que participan en los banquetes imperiales.

También están los lupanares de Tigelino y en el sótano de los edificios se hallan los calabozos que construyó Calígula, para desfogar su crueldad, lo que era su máxima diversión.

Los cristianos han sido conducidos a éste último lugar…

Y el César y sus invitados llegan detrás de ellos unos veinte minutos después.

Entonces Nerón ordena a Tigelino que se haga acompañar de Asinio Corvino y de Furio Escribonio, dos hombres abyectos y sanguinarios; para que conduzcan a las vírgenes cristianas a sus lupanares y sean violadas con especial barbarie, por los gladiadores.

Y sonriendo con maligna y anticipada satisfacción, pues conoce a fondo su índole criminal…

Le ordena a Corvino:

–                      Quiero que te encargues personalmente de Fátima. Haz que aprenda a temblar al escuchar mi nombre ¿Entiendes?…

El augustano sonríe con diabólica crueldad, al contestar:

–           Así lo haré, divinidad. Te aseguro que quedarás plenamente satisfecho…

tigelino

Una decuria conduce a las vírgenes al lugar designado, seguidos por el inesperado séquito encabezado por Tigelino.

Nerón y sus acompañantes bajan a los sótanos, donde los esperan los cristianos y sus verdugos.

Los muros están hechos con sólidas piedras cuadradas, sobrepuestas.

La luz es tenue y triste, como si se filtrase por aspilleras y se mezclase con el resplandor incierto de algunas lámparas de aceite, que iluminan un poco aquel ambiente oscuro y siniestro.

Es un amplio corredor espacioso que llega a una estancia muy grande y sigue como una especie de curva, como si formara una larga elipsis.

Y hay desparramadas gruesas piedras que sirven de asiento.

Varios hombres gigantescos barbados, semidesnudos y portando teas encendidas, se despliegan a lo largo del enorme recinto y lo iluminan totalmente.

En este lúgubre lugar, Calígula dio rienda suelta a sus sanguinarias y brutales inclinaciones, pues uno de sus placeres más gratificantes era presenciar torturas y el último suplicio de los condenados.

caligula

Este sitio ha sido diseñado y construido, precisamente para eso.

A lo largo de toda la muralla en un lado, están una especie de bancos de piedra de granito adosados a la pared; para que se instalen los morbosos espectadores que quieran observar el infernal espectáculo que proporcionarán, las desventuradas víctimas de tan macabros instrumentos…

Y en la muralla de enfrente están todos los artefactos de tortura, que la ferocidad humana ha sido capaz de inventar: argollas en el piso, en el techo y en las paredes. También están una docena de potros y otra de parrillas.

Y colgados: garfios, cadenas, flagelos, tenazas, ganchos, etc.

El lugar es húmedo y frío. Los espectadores se envuelven en sus lujosas togas, buscando un poco de alivio al estremecimiento que el aire helado les produce.

Nerón se arrebuja en su capa de visón que le diera Pitágoras, mientras le aconsejó que cuidara su garganta y hace una señal a Haloto.

Éste inclina la cabeza y da una orden…

Entonces hacen su entrada los cristianos…

Cada uno de ellos lleva cuatro verdugos.

Uno lo azota con varas y los otros dos lo empujan entre sí, como si fuera una pelota. El cuarto les avienta agua helada sobre el cuerpo desnudo. Otro más, los espera en cada instrumento de tortura…

A los que son colgados del potro, les ponen fuego bajo los pies y son desgarrados con garfios que dejan al descubierto los pulmones.

Mientras que son azotados con látigos múltiples, de nervios durísimos.

Los que son atados con grilletes a las parrillas, también son azotados y desgarrados con ganchos.

Y los que son metidos en el cepo, reciben el mismo tratamiento.

Pero en aquel lugar espeluznante, NO se oye ni una sola queja…

Al contrario.

Los mártires son tomados en el espíritu y un cántico celestial, en una lengua incomprensible para ninguno de los presentes.

Se eleva suavemente al principio…

Triunfal y resonante después…

El tiempo pasa…

Los verdugos se relevan unos a otros, hasta que empiezan a fatigarse…

Nerón se levanta con el semblante desencajado por el asombro más absoluto.

Está totalmente perturbado y después de un largo momento exclama:

–           Pero ¡¿Quién es este Dios?!   

Iván le contesta tranquilamente desde el potro donde ha sido atado, mientras le estiran los miembros para dislocárselos:

–           Si fueres digno le Conocerás…

Más cuando Nerón voltea a mirarlo…

El joven sigue abstraído en una intensa Oración.

El César y sus acompañantes están perplejos y estupefactos. Sin poder comprender, ni asimilar lo que está sucediendo…

Marco Aurelio está dichosísimo ante este inesperado despliegue de la Presencia de Dios…

Petronio, recuerda su salvación milagrosa con la muerte de Calígula, después de que pidiera a los hebreos que lo encomendaran en sus oraciones…

Y su nombramiento como Procónsul de Bitinia por parte de Claudio…

Y por segunda vez en su vida lo sobrecoge un estremecimiento, ante un hecho totalmente sobrenatural e inexplicable…

Sin poder evitarlo, un pensamiento le sacude:

jesus rey y padre

‘¿Acaso el Hijo es tan Poderoso como el Padre?’... De ser así…

 ¡Este Dios es Increíble…!

Y recordando la carta de Alexandra, que se ha grabado en su memoria palabra por palabra, concluye pensando:

–           ‘Por eso sus adeptos están dispuestos a dar su vida por Él y NO LE TEMEN A NADA…’

En eso llega un centurión pretoriano y le dice al César que Tigelino desea hablarle…

Nerón hace una señal a Carlos, el jefe de los verdugos y éstos hacen una pausa.

Luego ordena que pasen Tigelino y sus acompañantes…

Pero éste entra solo acompañado por Xavier, el jefe de la guardia personal de Nerón.

Y éste, sorprendido les pregunta:

–           ¿Qué pasó?…  ¿Dónde están Corvino y Escribonio?

El Prefecto le responde:

–           Nadie se pudo acercar a ellas… Tenemos veintitrés gladiadores muertos, porque les ordené que las tomaran o yo personalmente les aplicaría la pena de muerte, si no obedecían.

Corvino y Escribonio, obedeciéndote a ti, se acercaron a Fátima y…

Tigelino titubeó antes de proseguir.

Y Nerón, muy impaciente y alterado, le preguntó:

–           ¿Y qué? ¡Por Zeus! ¡Acaba de una vez!…

–           El Ángel que cegó a Aminio Rebio los fulminó a todos… –concluye Tigelino con tono de disculpa y de derrota.

Por unos segundos, el César se queda paralizado…

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Trata de asimilar la noticia recibida…

Luego aspira profundamente y grita:

–           ¡Tráelas aquí!… –Ordena Nerón con los dientes apretados.

Y furioso agrega:

–        ¡Y atorméntenlas igual que a éstos!

Marco Aurelio está sorprendido y feliz… Y su esperanza se renueva…

Petronio sonríe de manera enigmática…

El canto se reanuda…

Todos los demás, están pasmados y en shock…

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¡No pueden creer lo que están oyendo!…

Mientras tanto los verdugos se preparan a seguir el mismo procedimiento con las vírgenes que NO pudieron ser profanadas.

Cuando éstas llegan, se unen al himno que resuena glorioso en aquel macabro lugar…

¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los Cielos

Alaben al Señor en las alturas

Alábenlo todos sus ángeles,

Alábenlo todos sus ejércitos.

Alábenlo el sol y la luna

Alábenlo estrellas luminosas

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Alábenlo los más altos Cielos

Y las aguas que están

Por encima del firmamento.

Alaben el Santísimo Nombre de Jesús

A cuya orden fueron hechos

Él los estableció para siempre

Y les dio una Ley Eterna.

Los reyes de la Tierra y todas las naciones

Príncipes y gobernantes de la Tierra,

Jóvenes y doncellas.

Los ancianos junto con los niños.

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Alaben todos el nombre de Jesús.

Sólo su Nombre es sublime.

Su majestad se eleva sobre la Tierra y el  Cielo

Y ha dado a su Pueblo gloria.

Canten al Señor un canto nuevo.

Alábenlo en la Asamblea de sus santos.

Alégrense cristianos en su Creador.

1CRISTO REY

Que los hijos de Dios se alegren en su rey.

Alaben su Nombre entre danzas

Al son del arpa y el tambor

Porque dios ama a sus hijos

Y viste de gloria a los humildes.

JESÚS VIVE,

JESUS REINA,

JESÚS VIENE…venida JESUS VIENE TROMPETA

¡Aleluya! ¡Aleluya!

Las vírgenes son lanzadas, suspendidas, estiradas, desgarradas, flageladas, azotadas y asadas…

Los verdugos están exhaustos…

Los cristianos siguen alabando al Altísimo.

Los espectadores están estupefactos y Nerón está furiosísimo.

Mientras los mártires cantan, sus heridas son milagrosamente sanadas…

Y su rostro resplandece más y más, con una gloria sobrenatural…

Joshua desde la parrilla dice con gran tranquilidad, como si estuviera bronceándose en una playa:

–           Tu fuego y tu tortura, regeneran nuestras almas. Sufrir por Dios es nuestra gloria y morir por Cristo la deificación total. 

Margarita desde el potro, declara majestuosa:

–           Tú defiendes la causa de Satanás y por eso estás tan enojado… No podrás perjudicarnos con tus suplicios…

Tú en cambio, estás preparando tu alma para el Infierno, donde hay un fuego infinitamente más fuerte que éste.

Un fuego que jamás se apaga…

Fátima, que ha sido colgada de una argolla del techo, amarrada de los pies y estirada con las argollas del suelo, para poder desgarrarla mejor con los garfios.

Mientras dos verdugos la flagelan, con su voz llena de dulzura, pregunta:

–           ¿De qué te ha servido cebar en nosotros tu crueldad y tu infamia?…

¿Por qué NO reconoces que Dios te ha Vencido?

¿Por qué NO reconoces que Él es el Rey de reyes y Señor de los señores?

¿POR QUÉ NO TE INCLINAS ANTE SU SEÑORÍO, SU MAJESTAD, SU GRANDEZA Y SU PODER?  

¡Eres un hombre necio!… 

Esto es más de lo que Nerón puede soportar…

Se voltea hacia Tigelino y le da varias instrucciones en voz baja.

Éste asiente con la cabeza y va a hablar con Carlos, el jefe de los verdugos.

En el colmo para el emperador en esta increíble noche, Joshua vuelve a hablar:

–           Jesús Resucitó… Y Venció a la Muerte. Él es el Señor, Dueño de la Vida y de la Muerte.

Esto es lo que Dios nuestro Señor, ha querido demostrarte en este día.

Nerón lo mira feroz, pero no le contesta nada.

Y espera…

Los verdugos retiran a todos los cristianos, menos a los tres que han hablado…

Los jóvenes no sólo NO se ven atormentados, sino que su hermosura ha aumentado en forma tan impresionante…

Porque es la belleza sobrenatural de los cuerpos glorificados la que palpita en ellos y deja pasmados y con la boca abierta a quienes los contemplan…

A Margarita  la bajan del potro y la hacen a un lado.

Separándola de los demás que hacen una doble fila frente a los impactados espectadores y Xavier el capitán de los pretorianos se pone junto a ella, como escolta.

A Fátima que tiene su rostro radiante por el éxtasis en una visión celestial…

No se da cuenta que le han soltado los pies de la argolla del suelo y la elevan más con la cadena, hasta la argolla del techo…. Luego le separan las piernas con los grilletes y las cadenas de los tobillos a dos argollas que la dejan casi totalmente abierta…

Y le colocan debajo, sobre el piso, una gruesa cuña de hierro…

A una señal del César, sueltan la cadena del techo y Fátima se precipita de tal modo sobre la cuña…

Que le descuartiza las vísceras.

La virgen queda empalada, sin un quejido y sin perder la sonrisa…

Nerón quiso de esta brutal manera,  quitarle la virginidad tan tenazmente preservada…

Pero nunca como en aquel baño de sangre, el lirio floreció más bello…

Y de las vísceras descuartizadas se expandió para ser recogido, por el Ángel de Dios.

Margarita dijo:

–           Paz, para Fátima.

–           Paz. –repitieron todos los cristianos.

Joshua está de pie, junto a la parrilla de donde acaban de quitarlo.

Su cuerpo glorioso ha sido completamente sanado y NO tiene una señal del tormento recibido…

Nerón lo llama:

–           Ven aquí…

El joven avanza con paso firme y queda frente al emperador a un poco más de un metro de distancia.

Lo mira tranquilamente y espera…

Nerón lo mira fijamente mientras le dice:

–           El señor de la vida y de la muerte soy yo…

neron pulgar abajo

Y de repente, el César levanta la espada que le había quitado a Xavier y que estaba oculta entre sus vestiduras…

De un solo tajo le corta la cabeza que cae, salpicando por segunda vez de sangre la vestidura color amatista del emperador y rueda a sus pies.

Y éste la mira con desprecio y le da un puntapié como si fuese un balón…

Arrojándola hasta el otro extremo del enorme salón.

Un silencio sepulcral sigue a esta ejecución y el tiempo parece detenerse…  

Luego…

Ante el estupor general, el cuerpo decapitado de Joshua, NO se derrumba.

Y por el contrario,  avanza con pasos firmes hasta el lugar donde ha caído la cabeza…

La toma con sus manos y la coloca a un costado de su cintura como si fuera un yelmo, rodeándola con su brazo y sosteniéndola con su mano izquierda…

Luego regresa con paso mesurado, hasta el mismo lugar en donde fuera decapitado…

Nerón está paralizado.

La cabeza en las manos del mártir, lo mira con autoridad…

Y con voz majestuosa y muy pausada, le repite:

–           El Señor de la Vida y de la Muerte es el Dios Altísimo, nuestro Señor Jesucristo. 

Y a ÉL debes rendirle Gloria y Alabanza.

Y ¡Como corolario de aquella noche increíble!…

Enseguida Joshua vuelve a colocar la cabeza en su cuello.

Y la gira con fuerza como si la acomodase…

Mientras continúa como si nada extraordinario hubiese en aquel gesto:

–           El Fuego Purifica…  Si quieres matarme, sólo podrás hacerlo con el fuego.

Y sin que nadie se lo mande, se coloca en la fila junto a sus compañeros…

Se oye el golpe seco de un cuerpo que cae al suelo, pero nadie le hace caso…  Julia Mesalina se ha desmayado.

Petronio está literalmente, con la boca abierta por el asombro más absoluto…

Marco Aurelio no puede ocultar su júbilo y levanta las manos poniéndolas sobre su cabeza…

Orando y alabando en silencio.

ESTE ES EL DÍA DE LA VICTORIA

angel victoria columna de la independencia en méxico

Nerón reacciona furioso y ordena:

–           ¡Llévenselos a la cárcel! ¡Serán pasto de los leones!

Y devolviendo la espada a Xavier, le dice:

–           Sabes lo que tienes que hacer…

El oficial inclina la cabeza, hace el saludo militar al emperador  y regresa junto a Margarita.

Mientras tanto en el cuello de Joshua, hay una línea roja que se va borrando poco a poco…

Entonces la fila de prisioneros es conducida por sus aturdidos verdugos, de regreso hacia la cárcel Mamertina…

Los cristianos reanudan su canto, con un Himno de Victoria absoluto…

Nerón y sus invitados salen al exterior para dirigirse al salón donde quedaron los restos de la fiesta suspendida…

Afuera reina la intensa oscuridad que precede al alba…

En el firmamento brillan las estrellas y una luna creciente ilumina la noche estrellada, justo antes de que el sol se asome.

El emperador, una vez que ha llegado a su ‘Paraíso de Deleites’…

en la fiesta

Se despide de sus invitados así:

–           Amigos, estoy cansado y voy a retirarme.

Los que quieran quedarse, Doríforo los atenderá.

Nos veremos mañana en el Circo.

Y Nerón se retira con su séquito personal…

Mientras casi todos los invitados abandonan el Palacio y se dirigen a sus casas, comentando entre sí los extraordinarios sucesos de los que acaban de ser testigos…

Una aurora espectacular, tiñe de rojo el horizonte…

Cuando Nerón ha salido con su séquito y sus invitados, le siguen los mártires con sus verdugos que los regresarán al Tullianum…

Una vez que han quedado solos, Xavier se quita su clámide y la pone sobre los hombros de Margarita, para cubrirla en su desnudez.

Luego le indica suavemente que lo acompañe…

La hermosa virgen, después de haber soportado torturas espeluznantes y permanecer firme en su Fe, es conducida nuevamente hacia las galerías en donde están los gladiadores.

Donde la aguarda el nuevo suplicio ordenado por el emperador…

Una vez que llegan al amplio corredor que conduce al lugar designado…

Dónde ya la está esperando el verdugo…

Una multitud de hombres al verla pasar, trata de molestarla, insultándola con frases obscenas y sarcasmos lascivos.

XAVIER general-romano

Xavier les advierte con voz imperiosa:

–           ¡Si no os calláis y la respetáis, yo mismo me encargaré personalmente de que compartáis su tormento!…

Un silencio temeroso sigue a la amenaza del tribuno…

Xavier pone su brazo izquierdo protector, sobre los hombros de la virgen y su mano derecha sobre la empuñadura de su espada.

Y trata con mucha gentileza a la doncella cristiana…

Cuando llegan al sitio designado,  ella dice gentilmente:

–           Por favor, valiente soldado. Antes de entregarme en manos del verdugo,

¿Me permitirías estar un momento a solas, para hacer una Oración a mi Señor Jesucristo?

El pretoriano le sonríe y contesta solícito:

–           ¡Claro que sí! Mientras me informaré de algunas cosas con mis legionarios…

Y se acerca al verdugo, haciendo un comentario e iniciando una conversación trivial.

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Margarita se aleja hacia un rincón y con la cara hacia el murallón, inclina la cabeza en una oración mental ardiente y fervorosa…

Invocando al Dios que ama y está dispuesta a honrar y defender con la vida…

Después de unos diez minutos, el oficial voltea hacia la joven y ve que ya está lista.

Se acerca y mientras le retira la capa, le dice con suavidad:

–           Si de mí dependiera, no estarías aquí. –en su voz hay un tono que ofrece una disculpa implícita.

Margarita se conmueve por estas muestras de simpatía y sonriendo al joven tribuno,

Le dice con sencillez:

–           No te preocupes por mí. Mi Señor Jesús está conmigo.

Alégrate y ten buen ánimo. Apenas yo salga de este mundo le rogaré a Dios por ti y alcanzaré la Gracia para ti.

Y Él te pagará muy pronto lo que has hecho por mí.

Después de decir esto, con una dulzura y una gracia conmovedoras, se dirige desnuda, digna y majestuosa, hacia los dos hombres.

El verdugo y su ayudante que la esperan junto  a una hornilla encendida, donde hay un cubo de metal que hierve…

La sujetan con cadenas y la dejan de pie, en el centro de aquella estancia.

Luego le derraman pez derretida en todo el cuerpo, lentamente y en pequeñas dosis…

La doncella NO exhala la más mínima queja. Ni siquiera un lamento…

Margarita sufre noblemente este nuevo tormento y sonríe dulcemente a Xavier, que se ha hecho a un lado y se queda de pie junto a la muralla.

El militar está muy pensativo…

Los gladiadores y los demás que los siguieron y que han visto todo… Están con la boca abierta, totalmente pasmados…

El pretoriano no tanto; porque ¡Después de lo que ha presenciado aquella noche!…

Corresponde a la sonrisa de la virgen cristiana y espera…

Las injurias se han convertido en asombro y admiración.

Y los verdugos están completamente desconcertados…

Es el segundo suplicio de esta noche en particular.

El primer hombre que les llevaron, no les dejó completar el trabajo.

Aulo Plaucio gritaba que era inocente y a medio suplicio, prácticamente murió de terror. Después de los pavorosos alaridos, se derrumbó sobre el piso y su corazón dejó de latir…

En un inusitado contraste, ahora el cuerpo de la doncella, NO solo NO está quemado.

Sino que se parece a los de los gladiadores cuando desfilan en el circo para el combate…

Es una escultura viviente de alabastro blanquísimo. Soberbio e imponente, en una belleza impresionante…

Y lustroso como si la hubieran ungido con aceite de oliva.

Parece la estatua de una diosa, cuando los verdugos han terminado su trabajo…

Lo más impactante, es la Luz que parece irradiar a través de todos los poros de su piel…

Y más en su rostro perfecto que habrá enamorado a más de uno…

Xavier la espera con su capa desplegada entre sus manos.

La mira sonriente y la llama por su nombre:

–           Margarita, por favor ven hacia mí…

Y volviendo su rostro hacia el jefe de los verdugos, le dice:

–        Claudio, rinde tu informe al emperador y envíalo a mi cuartel.

Trata de ser específico y ecuánime… Bueno… Lo más que puedas…

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El militar le contesta aturdido y completamente pasmado:

–            Xavier… Creo que antes de hacerlo, necesitaré un buen vaso de vino… ¡Por Pólux!… Ni siquiera entiendo lo que sucede…

¡Y  es la primera vez en mi vida que siento no tener las palabras adecuadas…!

–           Inténtalo… De todas maneras, NO es fácil explicar todas las cosas que han sucedido esta noche…

El César te comprenderá perfectamente. No te preocupes…

Te espero en la tarde, para que platiquemos…

Su interlocutor solo mueve la cabeza asintiendo.

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Margarita avanza hacia él y el tribuno la envuelve nuevamente con su clámide.

Y sale con ella dejando a todos los demás estupefactos y sin poder comprender que es lo que ha pasado…

Y los comentarios de los soldados, los esclavos, los augustanos, los invitados del Banquete, los verdugos, los gladiadores y todos los impactados testigos de lo sucedido en el palacio, en los calabozos de Calígula y ahora en el patíbulo de los condenados…

Se cruzarán como una ola gigante que desbordará sobre el recinto imperial y correrá como un rumoroso río que cubrirá todas las colinas de Roma y rebasará sus murallas…

Mientras tanto, los dos protagonistas del último encuentro y despliegue del Poderoso Dios de los cristianos, se dirigen al Tullianum.

El sol alumbra en todo su esplendor.

Al día siguiente serán los Ludus Matutinus…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

61.- DOLOR DE UNA EMPERATRIZ


A la mañana siguiente, descansado y perfectamente arreglado. Elegante como siempre, Marco Aurelio regresó a la prisión.

Pero allí le aguarda un suceso inesperado.

Por lo general todos los guardias pretorianos que por turno custodian la cárcel Mamertina, lo conocen y lo dejan pasar sin oponerle el menor obstáculo.

Pero esta vez los soldados no le permitieron pasar.

Un centurión se acercó y le dijo:

–           Perdona, noble tribuno. Hoy tenemos la orden de no dejar entrar a nadie.

Marco Aurelio palideció y repitió:

–           ¿Una orden?

El soldado le miró con expresión compasiva y contestó:

–           Sí, señor. Una orden del César. En la prisión hay muchos enfermos y hay temor de que los visitantes puedan difundir el contagio por toda la ciudad.

–           ¿Dices que la orden es solo por el día de hoy?

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–           La guardia se releva al mediodía.

Marco Aurelio permaneció silencioso, con una gran opresión en el corazón.

El soldado se le acercó más y le dijo en voz baja:

–           Vuelve tranquilo señor. El guardián y Bernabé cuidan de ella.

Y al decir esto se inclinó y en un parpadeo trazó con su espada un pescado sobre las baldosas del pavimento…

Marco Aurelio le dirigió una mirada rápida y le dijo:

–           ¿Y tú eres pretoriano y cristiano?

El militar contestó señalando la prisión:

–           Sí. Me llamo Fabián, hasta que me llegue el turno de entrar allí.

–           Yo también adoro a Cristo.

–           ¡Alabado sea su Nombre! Lo sé señor. Pero no puedo dejarte entrar a la prisión. Escribe una carta y se la entregaré al guardián.

–           Gracias hermano mío. Que la Paz esté contigo.

Y estrechó la mano del soldado y se alejó de allí.

La opresión en su corazón desapareció.

El sol ya está en lo alto iluminando los muros de la cárcel y Marco Aurelio sintió su calor como una caricia que le traspasa hasta el alma y envuelve su corazón con un nuevo consuelo.

Aquel soldado cristiano fue para él otro testimonio viviente del Poder de Cristo.

Se detuvo y miró hacia el cielo.

Vio las nubes rosadas sobre el Capitolio y el Templo de Júpiter Stator.

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Y dijo:

–           ¡Oh, Señor Jesús! ¡Hoy no la he visto, pero creo en tu Misericordia y en tu Amor!

En la casa encontró a Petronio, que después de que llegó ya había tomado su baño, se había ungido el cuerpo y se disponía a descansar.

Pero al ver a su sobrino tan elegante y bien dispuesto, con el rostro apacible y tan tranquilo como si ya hubiera pasado la tempestad…

Se quedó asombrado y confundido.

Y por primera vez no pudo aparentar su acostumbrada indiferencia…

Frunciendo el entrecejo preguntó:

–           ¿Ha pasado algo que yo no sepa? ¿Por qué te veo así?… -y Petronio movió las manos como si no comprendiera.

Marco Aurelio lo mira confuso y pregunta:

–           Así ¿Cómo?… ¿Qué tratas de decir?

–           No sé. ¡Tan cambiado! Casi pareces el mismo de antes… ¡No! Mejor que antes.

¿Qué tienes? Hay algo en ti… Lo percibo, pero no lo entiendo.

–           ¡Ah! ¡Ya sé!…

Y  Marco Aurelio comenzó a relatarle todo lo acontecido en los últimos días:

Su visita al Tullianum, su encuentro con Cástulo, con Fabián y lo que le sucedió al recibir la Primera Comunión.

Luego concluyó emocionado:

–           ¡Te imaginas! ¡Tener a Dios dentro de mí! Siento una Paz tan grande. ¡Es una experiencia maravillosa!

Se me quitó la desesperación y la tristeza. El Dolor casi desapareció y es como si lo tuviese anestesiado. Y luego, tengo en todo mi ser una felicidad tan plena, que es como si me hubiera embriagado…

Pero ésta es una embriaguez que no quiero que me deje nunca.

Estoy lleno de la Paz de Dios y me siento muy tranquilo. Eso es todo. Y NO…

De todo lo demás, nada ha cambiado. La situación sigue exactamente igual.

Petronio lo mira perplejo. Apenas puede creer lo que oye…

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Marco Aurelio lo mira sonriente y concluye:

–           He decidido que no les vamos a dar el gusto de regodearse con nuestra derrota ¿Qué te parece?

Después de una larga pausa, Petronio confirma:

–           ¡Me parece estupendo! – Está muy contento, a la vez atónito y desconcertado por completo…

Pero haciendo a un lado estas emociones, dice al tribuno:

–           Tengo noticias que darte. Estuve hoy en casa de Aminio Rebio a quién el César también fue a visitar. No sé por qué se le ocurrió a la Augusta llevar consigo al pequeño Rufio Crispino, hijo de su matrimonio anterior.

Tal vez esperaba que el corazón del César se ablandara ante la infantil hermosura del niño. Desgraciadamente éste venía cansado y se quedó dormido, como le sucedió una vez a Vespasiano, durante la declamación que hacía César.

Viendo esto, Enobarbo se enojó y le arrojó una copa de oro a la cabeza de su hijastro, hiriéndolo gravemente…

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Popea se desmayó y todos pudimos oír a Nerón cuando dijo:

–         ‘¡Estoy harto ya de esa ralea!’… y eso, bien lo sabes tú, equivale a una sentencia de muerte.

Marco Aurelio declaró:

–           El castigo de Dios pende sobre la cabeza de la Augusta… ¿Por qué me cuentas esto?

–           Te lo cuento porque la cólera de Popea os ha perseguido a ti y a Alexandra. Ocupada ahora en su propia desventura, puede que abandone la idea de su venganza y sea más fácil influir en su ánimo.

La voy a ver esta tarde y hablaré con ella.

–           Gracias. Esta sí es una excelente noticia. ¿Pero que no ha sido anunciado para hoy la Inauguración de los Ludus Matutinus?

–           Sí. Pero Nerón lo pospuso para dentro de diez días… Y mientras más tiempo tengamos disponible, mejor. No se ha perdido todo aún.

Pero el mismo Petronio no cree en lo que está diciendo porque sabe perfectamente que después de la rebuscada respuesta con la que el César contestó a la petición de Alituro, en la cual se comparó con Bruto, ya no puede haber salvación para Alexandra.

orgiaTambién se reservó por compasión a Marco Aurelio, lo que oyó decir en casa de Aminio Rebio:

Que el César y Tigelino decidieron elegir para ellos y para sus amigos, a las más lindas doncellas y hermosos jóvenes cristianos, para profanarlos antes de la tortura…

En cuanto a los demás, serán entregados el día del espectáculo a los pretorianos y a los guardianes de las fieras.

Está convencido de que su sobrino no sobrevivirá a su esposa y desea endulzarle estos últimos días con todas las esperanzas y alegrías que le sea posible proporcionarle…

Y por eso agregó:

–           Hoy le diré a la Augusta: ‘Salva a Alexandra para Marco Aurelio y yo salvaré para ti, a Rufio’ y me propongo meditar seriamente como hacerlo.

Este asunto es muy delicado. Una sola palabra dicha a Enobarbo en el momento oportuno, puede salvar o perder a una persona.

En el peor de los casos ganaremos tiempo…

Marco Aurelio dijo abrazándolo:

–           Gracias. Te amo, tío. Estoy pidiéndole a Dios por ti.

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Petronio se emocionó y dijo un poco precipitado:

–           Sería mejor me demostraras tu agradecimiento, comiendo y durmiendo bien. ¡Por Zeus!

Ni en sus mayores tribulaciones, descuidó jamás Odiseo el alimento y el descanso. Me imagino que habrás pasado en la cárcel la noche entera.

–           Pues fíjate que no. Ya te dije que ayer me vine, dormí y descansé y… Bueno, cené un poco.-dice Marco Aurelio como un niño cogido en falta.

Y sonriendo con cariño agregó:

–          Pero te prometo que haré todo eso que deseas.

Petronio levantó un dedo y dijo:

–           Me encargaré de que Aurora haga que te alimentes como es debido.

Y se despidieron.

Petronio se fue a dormir y Marco Aurelio se fue a la biblioteca a escribir la carta para Alexandra.

Cuando la terminó la llevó al centurión Marcelo, que se la dio inmediatamente al guardia.

Al poco rato, el soldado regresó trayendo un saludo de Alexandra y la promesa de responderle un poco más tarde.

El tribuno decidió dar un paseo y luego regresar por la contestación de su esposa.

Está el sol ya muy alto y mucha gente afluye al Forum.

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Cuando Marco Aurelio va de regreso a la prisión ve una lujosa litera que va abriéndose paso y pasa junto a él.

Dentro de ella, vestido elegantemente de blanco, va un augustano cuyo rostro está oculto por un rollo de papiro que va leyendo con mucha atención.

Un apretado grupo de gente estorba el paso de la litera, el hombre hace a un lado el rollo de papiro…

Y asomando la cabeza grita:

–           ¡Dispersad esa plebe! ¡Pronto!

Al hacer esto, ha quedado frente a Marco Aurelio…

Y al reparar en ello, tomó bruscamente el rollo de papiro y volvió a cubrirse el rostro.

El tribuno se lleva la mano a la frente creyendo que sufre una alucinación, porque el ‘augustano’ es nada más y nada menos que Prócoro Quironio en persona.

A Marco Aurelio se le aclararon muchas cosas en un instante y se acercó a la litera de Prócoro saludándolo, con una mirada penetrante.

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El griego contestó con altivez y dándose mucha importancia.

–           Joven, te saludo pero no me detengas, porque me urge llegar a casa de mi amigo, el noble Tigelino.

Marco Aurelio, aferrándose a uno de los bordes de la litera y mirándolo fijamente…

Le dijo con voz reprimida:

–           ¿Por qué traicionaste a Alexandra?

Prócoro exclamó temblando de terror:

–           ¡Oh, grandioso Apolo!

Pero en los ojos de Marco Aurelio no hay nada amenazante. Y recuperándose rápidamente, recuerda que ahora es un hombre rico e influyente.

Y vuelve a hablar con arrogancia:

-¡Tú ordenaste que me mataran y que me enterraran en el jardín! ¿Ya se te olvidó?

Siguió un profundo silencio.

Y luego dijo Marco Aurelio con voz ronca:

–           Es verdad que te ofendí, Prócoro.marco aurelio

La humildad del tribuno encrespa la soberbia del griego.

Este se irguió y castañeteando los dedos, lo que en Roma es una demostración de burla y desprecio, contestó con una voz tan fuerte…

Para que todos pudieran oírle a su alrededor:

–           Amigo, si tienes alguna petición que presentarme ven a mi casa del Esquilino por la mañana, a la hora en que recibo a mis clientes después del baño.

Mientras tanto los corredores han abierto paso a los portadores y están listos para proseguir la marcha.

Prócoro hizo una señal con la mano y la litera continuó rápida su camino detrás de los corredores que gritan:

–           ¡Abrid paso a la litera del noble augustano Prócoro Quironio! ¡Paso! ¡Paso!

Marco Aurelio regresó con paso lento a la prisión.

Y en una plegaria silenciosa, perdonó a Prócoro y a todos los que lo habían sumido en aquel drama que destroza su corazón…

Luego imploró la misericordia para todos…

Y finalizó:

–           ¡Dios mío, ayúdame!…

Marcelo le entregó la carta de Alexandra.

Marco Aurelio la apretó contra su pecho y se fue a casa de Petronio, para leerla con más calma.

Y cuando llegó, desenrolló el largo papiro.

Su esposa, en aquella carta escrita apresuradamente, se despide de él para siempre.

Sabe que ya a nadie le está permitida la entrada a la prisión y que solo podrá ver al joven tribuno desde la arena.

Le suplica que cuando sea llevada de la prisión Mamertina al circo, asista al espectáculo; pues desea verle por última vez en la vida, antes de partir para el Cielo.

En su carta no hay el más leve indicio de temor.

Al contrario, lo exhorta a que sea valiente y que no olvide que después de Cristo, ella lo adora con todo su ser.

Dice que tanto ella como sus compañeros de cárcel, ansían el momento de estar en la arena, para librar el combate final y en donde hallarán para siempre la libertad…

La verdadera libertad de las tribulaciones de esta vida…

Que no olvide que ella le ama. Que le ama tanto como él  ni siquiera puede imaginarse…

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Que recuerde las enseñanzas de Cristo y así podrá alegrarse con ella en su martirio.

Cada una de sus palabras demuestra un estado de euforia espiritual y sobre todo un desprendimiento total de todo lo que hay en la vida terrenal y que él mismo ya había advertido en todos los presos que están en la cárcel Mamertina.

Así como también su Fe imperturbable y su alegría por la esperanza en que todas las promesas de Jesús, se verán cumplidas más allá de la muerte:

“Ya sea que me libere Cristo en esta vida o después de la muerte, Él me unió a ti cuando nos casamos y por lo tanto soy tuya.

Y aunque no hayamos consumado nuestro matrimonio, somos un solo cuerpo, así como ya somos una sola alma.

 Porque sé que piensas y sientes lo mismo que yo. Y deseas estar unido a mí, tanto como yo lo deseo amadísimo esposo mío…

Te imploro que no llores por mí. Y no te dejes dominar por el dolor y el sufrimiento.

Tú sabes como hay que entregarlo a Jesús e implorar de la Virgen María, su auxilio y protección.”

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Es muy evidente que para ella la muerte no significa la disolución de su matrimonio.

Con una confianza infantil, asegura a Marco Aurelio, que una vez terminados sus sufrimientos y después de las torturas (No importa cuales sean), en la arena ella entregará su vida por amor a Cristo.

Y que cuando vaya al Cielo, le dirá a Dios que su esposo Marco se quedó en Roma, ansiando unirse también a ella para poder adorarlo juntos, por toda la Eternidad…

Está segura de que el Señor la escuchará y pondrá una solución que los va a hacer muy felices…

Y también le pedirá a Jesús que su alma vuelva a él, aunque solo sea por un instante a decirle que está más viva que nunca…

Con el misterio de la Comunión de los Santos, estará en contacto con él…  

Que todos sus tormentos, sufrimientos y torturas habrán quedado en el olvido, porque ella será verdaderamente dichosa y bienaventurada.

Toda aquella carta respira felicidad y una gran esperanza.

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Solo hay en ella una petición relacionada con asuntos terrenales:

Que si algo queda de su cuerpo, quiere que Marco Aurelio lo recupere del spolarium (lugar donde son depositados los gladiadores muertos) y la sepulte como su esposa, en la tumba donde él mismo reposará algún día…

Marco Aurelio leyó aquella carta con el ánimo acongojado y al mismo tiempo siente dentro de sí, aquella Paz que lo fortalece.

En su corazón comparte la misma esperanza, la Fe y los pensamientos que animan a su esposa.

En la biblioteca, se levanta y deja a un lado sobre la mesa, la carta.

Y se dispone a escribir a su vez, la contestación.

Después de reflexionar un poco, se sienta y escribe a Alexandra que irá diariamente a montar guardia al pie de los muros del Tullianum.

Y pide a la joven que crea que tal vez Jesús aún quiera salvarla para él… Y regresarla a sus brazos aún en el mismo circo, pues él cree que Él, puede realizar ese milagro para los dos…  

Pero cuando Marco Aurelio llegó a la cárcel esa mañana.

Marcelo el centurión abandonó las filas, se le acercó y le dijo:

–           Escúchame señor. Cristo te ama tanto que ha hecho un milagro en tu favor. Anoche el liberto del César y los enviados del Prefecto vinieron a elegir doncellas y jóvenes cristianos a quienes aguarda la deshonra.

Preguntaron por tu esposa. Pero nuestro Señor Jesús le mandó una fiebre, la cual está haciendo mortíferos estragos entre los prisioneros del Tullianum y entonces a ella la dejaron en paz, porque estaba inconsciente…

Y bendito sea el Nombre de Jesucristo, porque la enfermedad que la ha liberado de la vergüenza, puede también salvarla de la muerte en la arena.

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Marco Aurelio tuvo que apoyarse en el hombro del soldado, para no caer desvanecido.

El joven tribuno, permaneció por algún tiempo con la cabeza inclinada…

Luego la levantó y dijo en voz baja:

–           Dices bien, Marcelo. Cristo que la salvó de la deshonra, la salvará también de la muerte.

Gracias hermano mío. Ruega por nosotros y yo rogaré por ti. Que la Paz sea contigo.

Después de despedirse, se sentó luego en un peñasco, al pie de las murallas de la prisión y allí estuvo todo el día.

Al caer la tarde, regresó a la casa de Petronio.

Mientras tanto, Petronio había entrado a su biblioteca…

Leyó la carta de Alexandra que se había quedado sobre la mesa donde él escribe…

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Y después de leerla, estuvo mucho rato pensativo y reflexionando como nunca lo había hecho en su vida…

Luego tomó una resolución y antes de que Marco Aurelio regresara, se fue a visitar a la Augusta.

Encontró a Popea, a la cabecera del lecho del pequeño Rufio.

El niño a consecuencia de la herida en la cabeza, lucha ahora por su vida.

Y su madre, con el corazón amargado por la desesperación y el terror, asiste impotente a sus delirios por la fiebre, pensando al mismo tiempo que si logra salvarlo, ello solo servirá para que enseguida perezca con una muerte más terrible.

Ocupada exclusivamente en su propio dolor, nada quiere oír de los problemas de Marco Aurelio.

Pero Petronio la aterrorizó:

–           Tú has ofendido a una Divinidad nueva y desconocida. Tú Augusta, según parece adoras al Jehová hebreo.

Pero los cristianos afirman que Cristo es Hijo suyo. Reflexiona ahora si no te estará persiguiendo la cólera del Padre.

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¿Quién podrá afirmar que no es la venganza de Éste, la que ha caído sobre ti? Y quién sabe  si la vida de Rufio no depende sino de esto: de la manera en como tú obres.

Popea lo miró espantada y preguntó:

–           ¿Qué me aconsejas?

–           Aplacar a las deidades ofendidas.

–           ¿Y cómo?

–           Alexandra está enferma. Influye tú sobre el César o sobre Tigelino, para que sea entregada a Marco Aurelio.

Popea exclama con acento desesperado:

–           ¿Y piensas que yo pueda hacer eso? Mira lo que me está pasando…

–           Puedes hacer otra cosa entonces. Si Alexandra mejora, su destino es morir en el Circo.

Dirígete al Templo de Vesta y pide a la Virgo Magna, que trate de estar como de manera fortuita cerca del Tullianum, en el momento en que conduzcan a los presos a la muerte y ordene que dejen en libertad a la doncella.

Ella puede hacerlo y la gran vestal no te podrá negar eso.

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–           Pero ¿Y si Alexandra muere de fiebre?

–           Dicen que el Dios de los cristianos es Vengativo pero Justo. Es posible que Tú logres aplacarlo, sólo con el deseo de ir en auxilio de esa joven.

–           Si es así, que me dé una señal indicativa de que Rufio sanará.

Petronio se encogió de hombros y dijo:

–           ¡Oh, divinidad! Yo no he venido a verte como enviado de Él. Me limito a decirte:

Que es preferible que te encuentres en buena armonía con todos los dioses, tanto romanos como extranjeros.

Popea dijo con la voz quebrantada:

–           ¡Está bien! ¡Iré!

Petronio respiró con fuerza y aliviado.

Y pensó:

–           ¡Al fin he podido hacer algo!

Al regresar a su casa recordó el enojo y la frustración tanto del César como de Tigelino, por no haber podido apoderarse de Alexandra, por la fiebre que la consumía…

Y después de ver a su sobrino le dijo:

–           Ruega a tu Dios que no muera Alexandra de la fiebre que le aqueja. Porque si ella se salva, la gran vestal ordenará su liberación. La Augusta en persona le pedirá que lo haga.

Pero Marco Aurelio objetó:

–           Si ella no lo hace, Cristo la salvará.- convencido por la Fe y la esperanza.

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Mientras tanto Popea, que por la salud de su hijo está dispuesta a ofrecer hecatombes a todos los dioses del Universo, se dirigió esa misma noche a través del Forum hasta el Templo de Vesta.

Dejando encargado a su niño a su fiel nodriza Amelia, quién también ha sido su propia nana.

Pero es demasiado tarde, porque en el Palatino ya ha sido decretada la sentencia de muerte contra el niño.

Así pues, apenas la litera de Popea desapareció a través de la Gran Puerta, entraron dos libertos del César al aposento del pequeño Rufio.

Uno de ellos se arrojó sobre Amelia y la amordazó.

El otro se apoderó de una estatuilla de bronce y mató de un solo golpe en la cabeza a la pobre mujer.

Luego, los dos se acercaron a Rufio.

El pequeño, atormentado por la fiebre y sin darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor, sonrió a los hombres…

Éstos le quitaron a la nodriza el cinturón y poniéndolo alrededor del cuello del inocente niño, lo estrangularon.

Éste, apenas pudo llamar una sola vez a su madre…Y murió.

Lo envolvieron en una sábana y montando en los caballos que los estaban esperando, se dirigieron con el cadáver hasta el puerto de Ostia, donde lo arrojaron al mar.

Popea no encontró a la Virgo Magna y regresó al Palatino.

Y al encontrar vacío el lecho de su hijo y rígido el cadáver de Amelia, se desmayó.

Cuando recuperó el conocimiento empezó a gritar y sus desesperados alaridos se oyeron toda la noche…

Pero el César le ordenó que asistiera a una fiesta que iba a dar ese día.

Y de esta manera, Popea debió ataviarse con su túnica de color amatista y acudir al banquete con una sonrisa que enmascara su inmenso dolor.

Es una estatua regia. Hermosa como una diosa.

Coronada en sus áureos cabellos, anonadada y muda, como el ángel de la muerte…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

63.- ORGÍA DE CRUELDAD Y DE SANGRE


EL DÍA DE LA VICTORIA…

En el palacio de Tiberio hay una zona donde están los edificios destinados para las habitaciones de los huéspedes distinguidos: rehenes reales, invitados especiales o personajes importantes que participan en los banquetes imperiales. También están los lupanares de Tigelino y en el sótano de los edificios se hallan los calabozos que construyó Calígula, para desfogar su crueldad, lo que era su máxima diversión.

Los cristianos han sido conducidos a éste último lugar…

Y el César y sus invitados llegan detrás de ellos unos veinte minutos después.

Entonces Nerón ordena a Tigelino que se haga acompañar de Asinio Corvino y de Furio Escribonio, dos hombres abyectos y sanguinarios; para que conduzcan a las vírgenes cristianas a sus lupanares y sean violadas con especial barbarie, por los gladiadores.

Y sonriendo con maligna y anticipada satisfacción, dice a Corvino, pues conoce a fondo su índole criminal:

–                      Quiero que te encargues personalmente de Fátima. Haz que aprenda a temblar al escuchar mi nombre ¿Entiendes?…

El augustano sonríe con diabólica crueldad, al contestar:

–           Así lo haré, divinidad. Te aseguro que quedarás plenamente satisfecho…

Una decuria conduce a las vírgenes al lugar designado, seguidos por el inesperado séquito encabezado por Tigelino.

Nerón y sus acompañantes bajan a los sótanos, donde los esperan los cristianos y sus verdugos.

Los muros están hechos con sólidas piedras cuadradas, sobrepuestas.

La luz es tenue y triste, como si se filtrase por aspilleras y se mezclase con el resplandor incierto de algunas lámparas de aceite, que iluminan un poco aquel ambiente oscuro y siniestro. Es un amplio corredor espacioso que llega a una estancia muy grande y sigue como una especie de curva, como si formara una larga elipsis.

Y hay desparramadas gruesas piedras que sirven de asiento. Varios hombres gigantescos; barbados, semidesnudos y portando teas encendidas; se despliegan a lo largo del enorme recinto y lo iluminan totalmente.

En este lúgubre lugar, Calígula dio rienda suelta a sus sanguinarias y brutales inclinaciones, pues uno de sus placeres más gratificantes era presenciar torturas y el último suplicio de los condenados.

Este sitio ha sido diseñado y construido, precisamente para eso. A lo largo de toda la muralla en un lado, están una especie de bancos de piedra de granito adosados a la pared; para que se instalen los morbosos espectadores que quieran observar, el infernal espectáculo que proporcionarán las desventuradas víctimas de tan macabros instrumentos…

Y en la muralla de enfrente están todos los artefactos de tortura, que la ferocidad humana ha sido capaz de inventar: argollas en el piso, en el techo y en las paredes. También están una docena de potros y otra de parrillas. Y colgados: garfios, cadenas, flagelos, tenazas, ganchos, etc.

El lugar es húmedo y frío. Los espectadores se envuelven en sus lujosas togas, buscando un poco de alivio al estremecimiento que el aire helado les produce.

Nerón se arrebuja en su capa de visón que le diera Pitágoras, mientras le aconsejó que cuidara su garganta y hace una señal a Haloto. Éste inclina la cabeza y da una orden…

Entonces hacen su entrada los cristianos…

Cada uno de ellos lleva cuatro verdugos. Uno lo azota con varas y los otros dos lo empujan entre sí, como si fuera una pelota. El cuarto les avienta agua helada sobre el cuerpo desnudo. Otro más, los espera en cada instrumento de tortura…

A los que son colgados del potro, les ponen fuego bajo los pies y son desgarrados con garfios que dejan al descubierto los pulmones, mientras que son azotados con látigos múltiples, de nervios durísimos.

Los que son atados con grilletes a las parrillas, también son azotados y desgarrados con ganchos y los que son metidos en el cepo, reciben el mismo tratamiento.

Pero en aquel lugar espeluznante, no se oye ni una sola queja…

Al contrario. Los mártires son tomados en el espíritu y un cántico celestial, en una lengua incomprensible para ninguno de los presentes, se eleva suavemente al principio… Triunfal y resonante después…

El tiempo pasa… Los verdugos se relevan unos a otros, hasta que empiezan a fatigarse…

Nerón se levanta con el semblante desencajado por el asombro más absoluto.

Está totalmente perturbado y después de un largo momento exclama:

–           Pero ¡¿Quién es este Dios?!   

Iván le contesta tranquilamente desde el potro donde ha sido atado, mientras le estiran los miembros para dislocárselos:

–           Si fueres digno le conocerás…

Más cuando Nerón voltea a mirarlo… El joven sigue abstraído en una intensa oración.

El César y sus acompañantes están perplejos y estupefactos. Sin poder comprender, ni asimilar lo que está sucediendo…

Marco Aurelio está dichosísimo ante este inesperado despliegue de la Presencia de Dios…

Petronio, recuerda su salvación milagrosa con la muerte de Calígula, después de que pidiera a los hebreos que lo encomendaran en sus oraciones… Y su nombramiento como Procónsul de Bitinia por parte de Claudio…

Y por segunda vez en su vida lo sobrecoge un estremecimiento, ante un hecho totalmente sobrenatural e inexplicable…

Sin poder evitarlo, un pensamiento le sacude: ‘¿Acaso el Hijo es tan Poderoso como el Padre?’... De ser así…  ¡Este Dios es Increíble…! Y recordando la carta de Alexandra, que se ha grabado en su memoria palabra por palabra, concluye pensando:

–           ‘Por eso sus adeptos están dispuestos a dar su vida por Él y no le temen a nada…’

En eso llega un centurión pretoriano y le dice al César que Tigelino desea hablarle…

Nerón hace una señal a Carlos, el jefe de los verdugos y éstos hacen una pausa. Luego ordena que pasen Tigelino y sus acompañantes…

Pero éste entra solo acompañado por Xavier, el jefe de la guardia personal de Nerón y éste, sorprendido les pregunta:

–           ¿Qué pasó?…  ¿Dónde están Corvino y Escribonio?

El Prefecto le responde:

–           Nadie se pudo acercar a ellas… Tenemos veintitrés gladiadores muertos, porque les ordené que las tomaran o yo personalmente les aplicaría la pena de muerte, si no obedecían. Corvino y Escribonio, obedeciéndote a ti, se acercaron a Fátima y…

Tigelino titubeó antes de proseguir.

Y Nerón, muy impaciente y alterado, le preguntó:

–           ¿Y qué? ¡Por Zeus! ¡Acaba de una vez!…

–           El Ángel que cegó a Aminio Rebio los fulminó a todos… –concluye Tigelino con tono de disculpa y de derrota.

Por unos segundos, el César se queda paralizado… Trata de asimilar la noticia recibida…

Luego aspira profundamente y grita:

–           ¡Tráelas aquí!… –Ordena Nerón con los dientes apretados. Y furioso agrega- ¡Y atorméntenlas igual que a éstos!

Marco Aurelio está sorprendido y feliz… Y su esperanza se renueva…

Petronio sonríe de manera enigmática…

El canto se reanuda…

Todos los demás, están pasmados y en shock… ¡No pueden creer lo que están oyendo!…

Mientras tanto los verdugos se preparan a seguir el mismo procedimiento con las vírgenes que no pudieron ser profanadas.

Cuando éstas llegan, se unen al himno que resuena glorioso en aquel macabro lugar…

¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los Cielos

Alaben al Señor en las alturas

Alábenlo todos sus ángeles,

Alábenlo todos sus ejércitos.

Alábenlo el sol y la luna

Alábenlo estrellas luminosas

Alábenlo los más altos Cielos

Y las aguas que están

Por encima del firmamento.

Alaben el Santísimo Nombre de Jesús

A cuya orden fueron hechos

Él los estableció para siempre

Y les dio una Ley Eterna.

Los reyes de la Tierra y todas las naciones

Príncipes y gobernantes de la Tierra,

Jóvenes y doncellas.

Los ancianos junto con los niños.

Alaben todos el nombre de Jesús.

Sólo su Nombre es sublime.

Su majestad se eleva sobre la Tierra y el  Cielo

Y ha dado a su Pueblo gloria.

Canten al Señor un canto nuevo.

Alábenlo en la Asamblea de sus santos.

Alégrense cristianos en su Creador.

Que los hijos de Dios se alegren en su rey.

Alaben su Nombre entre danzas

Al son del arpa y el tambor

Porque dios ama a sus hijos

Y viste de gloria a los humildes.

  JESÚS VIVE, JESUS REINA, JESÚS VIENE…

¡Aleluya! ¡Aleluya!

Las vírgenes son lanzadas, suspendidas, estiradas, desgarradas, flageladas, azotadas y asadas…

Los verdugos están exhaustos…

Los cristianos siguen alabando al Altísimo.

Los espectadores están estupefactos y Nerón está furiosísimo.

Mientras los mártires cantan, sus heridas son milagrosamente sanadas y su rostro resplandece más y más, con una gloria sobrenatural…

Joshua desde la parrilla dice con gran tranquilidad, como si estuviera bronceándose en una playa:

–           Tu fuego y tu tortura, regeneran nuestras almas. Sufrir por Dios es nuestra gloria y morir por Cristo la deificación total. 

Margarita desde el potro, declara majestuosa:

–           Tú defiendes la causa de Satanás y por eso estás tan enojado… No podrás perjudicarnos con tus suplicios…  Tú en cambio, estás preparando tu alma para el Infierno, donde hay un fuego infinitamente más fuerte que éste. Un fuego que jamás se apaga…

Fátima, que ha sido colgada de una argolla del techo, amarrada de los pies y estirada con las argollas del suelo, para poder desgarrarla mejor con los garfios; mientras dos verdugos la flagelan; con su voz llena de dulzura, dice:

–           ¿De qué te ha servido cebar en nosotros tu crueldad y tu infamia?…  ¿Por qué no reconoces que Dios te ha vencido? ¿Por qué no reconoces que Él es el Rey de reyes y Señor de los señores? ¿Por qué no te inclinas ante su Señorío, su Majestad, su Grandeza y su Poder? ¡Eres un hombre necio!… 

Esto es más de lo que Nerón puede soportar…

Se voltea hacia Tigelino y le da varias instrucciones en voz baja. Éste asiente con la cabeza y va a hablar con Carlos, el jefe de los verdugos.

En el colmo para el emperador en esta increíble noche, Joshua vuelve a hablar:

–           Jesús Resucitó… Y venció a la Muerte. Él es el Señor, Dueño de la Vida y de la Muerte. Esto es lo que Dios nuestro Señor, ha querido demostrarte en este día.

Nerón lo mira feroz, pero no le contesta nada. Y espera…

Los verdugos retiran a todos los cristianos, menos a los tres que han hablado…

Los jóvenes no sólo no se ven atormentados, sino que su hermosura ha aumentado en forma tan impresionante… Porque es la belleza sobrenatural de los cuerpos glorificados la que palpita en ellos y deja pasmados y con la boca abierta a quienes los contemplan…

A Margarita  la bajan del potro y la hacen a un lado, separándola de los demás, que hacen una doble fila frente a los impactados espectadores y Xavier el capitán de los pretorianos se pone junto a ella, como escolta.

A Fátima que tiene su rostro radiante por el éxtasis en una visión celestial… No se da cuenta que le han soltado los pies de la argolla del suelo y la elevan más con la cadena, hasta la argolla del techo…. Luego le separan las piernas con los grilletes y las cadenas de los tobillos a dos argollas que la dejan casi totalmente abierta… Y le colocan debajo, sobre el piso, una gruesa cuña de hierro…

A una señal del César, sueltan la cadena del techo y Fátima se precipita de tal modo sobre la cuña… que le descuartiza las vísceras.

La virgen queda empalada, sin un quejido y sin perder la sonrisa…

Nerón quiso de esta brutal manera,  quitarle la virginidad tan tenazmente preservada… Pero nunca como en aquel baño de sangre, el lirio floreció más bello… Y de las vísceras descuartizadas se expandió para ser recogido, por el Ángel de Dios.

Margarita dijo:

–           Paz, para Fátima.

–           Paz. –repitieron todos los cristianos.

Joshua está de pie, junto a la parrilla de donde acaban de quitarlo. Su cuerpo glorioso ha sido completamente sanado y no tiene una señal del tormento recibido…

Nerón lo llama:

–           Ven aquí…

El joven avanza con paso firme y queda frente al emperador a un poco más de un metro de distancia. Lo mira tranquilamente y espera…

Nerón lo mira fijamente mientras le dice:

–           El señor de la vida y de la muerte soy yo…

Y de repente, el César levanta la espada que le había quitado a Xavier y que estaba oculta entre sus vestiduras…

De un solo tajo le corta la cabeza que cae, salpicando por segunda vez de sangre, la vestidura color amatista del emperador y rueda a sus pies. Y éste la mira con desprecio y le da un puntapié como si fuese un balón… Arrojándola hasta el otro extremo del enorme salón.

Un silencio sepulcral sigue a esta ejecución y el tiempo parece detenerse…  

Luego…

Ante el estupor general, el cuerpo decapitado de Joshua, no se derrumba y por el contrario;  avanza con pasos firmes hasta el lugar donde ha caído la cabeza… La toma con sus manos y la coloca a un costado de su cintura como si fuera un yelmo, rodeándola con su brazo y sosteniéndola con su mano izquierda…   Luego regresa con paso mesurado, hasta el mismo lugar en donde fuera decapitado…

Nerón está paralizado.

La cabeza en las manos del mártir, lo mira con autoridad y con voz majestuosa y muy pausada, le repite:

–           El Señor de la Vida y de la Muerte es el Dios Altísimo, nuestro Señor Jesucristo.  Y a ÉL debes rendirle Gloria y Alabanza.

Enseguida Joshua vuelve a colocar la cabeza en su cuello. Y la gira con fuerza como si la acomodase, mientras continúa como si nada extraordinario hubiese en aquel gesto:

–           El fuego purifica…  Si quieres matarme, sólo podrás hacerlo con el fuego.

Y sin que nadie se lo mande, se coloca en la fila junto a sus compañeros…

Se oye el golpe seco de un cuerpo que cae al suelo, pero nadie le hace caso…  Julia Mesalina se ha desmayado.

Petronio está literalmente, con la boca abierta por el asombro más absoluto…

Marco Aurelio no puede ocultar su júbilo y levanta las manos poniéndolas sobre su cabeza…  Orando y alabando en silencio.

Nerón reacciona furioso y ordena:

–           ¡Llévenselos a la cárcel! ¡Serán pasto de los leones!

Y devolviendo la espada a Xavier, le dice:

–           Sabes lo que tienes que hacer…

El oficial inclina la cabeza, hace el saludo militar al emperador  y regresa junto a Margarita.

Mientras tanto en el cuello de Joshua, hay una línea roja que se va borrando poco a poco…

Mientras la fila de prisioneros es conducida por sus aturdidos verdugos, de regreso hacia la cárcel Mamertina… Los cristianos reanudan su canto, con un Himno de Victoria absoluto…

Nerón y sus invitados salen al exterior para dirigirse al salón donde quedaron los restos de la fiesta suspendida…

Afuera reina la intensa oscuridad que precede al alba…

En el firmamento brillan las estrellas y una luna creciente ilumina la noche estrellada, justo antes de que el sol se asome. El emperador, una vez que ha llegado a su ‘Paraíso de deleites’, se despide de sus invitados así:

–           Amigos, estoy cansado y voy a retirarme. Los que quieran quedarse, Doríforo los atenderá. Nos veremos mañana en el Circo.

Y Nerón se retira con su séquito personal, mientras casi todos los invitados abandonan el Palacio y se dirigen a sus casas, comentando entre sí los extraordinarios sucesos de los que acaban de ser testigos…

Una aurora espectacular, tiñe de rojo el horizonte…

Cuando Nerón ha salido con su séquito y sus invitados, le siguen los mártires con sus verdugos que los regresarán al Tullianum…

Una vez que han quedado solos, Xavier se quita su clámide y la pone sobre los hombros de Margarita, para cubrirla en su desnudez. Luego le indica suavemente que lo acompañe… La hermosa virgen, después de haber soportado torturas espeluznantes y permanecer firme en su Fe, es conducida nuevamente hacia las galerías en donde están los gladiadores, donde la aguarda el nuevo suplicio ordenado por el emperador…

Una vez que llegan al amplio corredor que conduce al lugar designado…  Dónde ya la está esperando el verdugo… Una multitud de hombres al verla pasar, trata de molestarla, insultándola con frases obscenas y sarcasmos lascivos.

Xavier les advierte con voz imperiosa:

–           ¡Si no os calláis y la respetáis, yo mismo me encargaré personalmente de que compartáis su tormento!…

Un silencio temeroso sigue a la amenaza del tribuno…

Xavier pone su brazo izquierdo protector, sobre los hombros de la virgen y su mano derecha sobre la empuñadura de su espada. Y trata con mucha gentileza a la doncella cristiana…

Cuando llegan al sitio designado,  ella dice gentilmente:

–           Por favor, valiente soldado. Antes de entregarme en manos del verdugo, ¿Me permitirías estar un momento a solas, para hacer una oración a mi Señor Jesucristo?

El pretoriano le sonríe y contesta solícito:

–           ¡Claro que sí! Mientras me informaré de algunas cosas con mis legionarios…  – Y se acerca al verdugo, haciendo un comentario e iniciando una conversación trivial.

Margarita se aleja hacia un rincón y con la cara hacia el murallón, inclina la cabeza en una oración mental ardiente y fervorosa invocando al Dios que ama y está dispuesta a honrar y defender con la vida…

Después de unos diez minutos, el oficial voltea hacia la joven y ve que ya está lista, se acerca y mientras le retira la capa, le dice con suavidad:

–           Si de mí dependiera, no estarías aquí. –en su voz hay un tono que ofrece una disculpa implícita.

Margarita se conmueve por estas muestras de simpatía y sonriendo al joven tribuno, le dice con sencillez:

–           No te preocupes por mí. Mi Señor Jesús está conmigo. Alégrate y ten buen ánimo. Apenas yo salga de este mundo le rogaré a Dios por ti y alcanzaré la Gracia para ti. Y Él te pagará muy pronto lo que has hecho por mí.

Después de decir esto, con una dulzura y una gracia conmovedoras, se dirige desnuda, digna y majestuosa, hacia los dos hombres: el verdugo y su ayudante que la esperan junto  a una hornilla encendida, donde hay un cubo de metal que hierve…

La sujetan con cadenas y la dejan de pie, en el centro de aquella estancia. Luego le derraman pez derretida en todo el cuerpo, lentamente y en pequeñas dosis…

La doncella no exhala la más mínima queja. Ni siquiera un lamento…

Margarita sufre noblemente este nuevo tormento y sonríe dulcemente a Xavier, que se ha hecho a un lado y se queda de pie junto a la muralla.

El militar está muy pensativo…

Los gladiadores y los demás que los siguieron y que han visto todo, están con la boca abierta, totalmente pasmados…

El pretoriano no tanto; porque ¡Después de lo que ha presenciado aquella noche!… Corresponde a la sonrisa de la virgen cristiana y espera…

Las injurias se han convertido en asombro y admiración.

Y los verdugos están completamente desconcertados…

Es el segundo suplicio de esta noche en particular. El primer hombre que les llevaron, no les dejó completar el trabajo. Aulo Plaucio gritaba que era inocente y a medio suplicio, prácticamente murió de terror. Después de los pavorosos alaridos, se derrumbó sobre el piso y su corazón dejó de latir…

En un inusitado contraste, ahora el cuerpo de la doncella, no solo no está quemado, sino que se parece a los de los gladiadores cuando desfilan en el circo para el combate…

Es una escultura viviente de alabastro blanquísimo. Soberbio e imponente, en una belleza impresionante…  Y lustroso como si la hubieran ungido con aceite de oliva. Parece la estatua de una diosa, cuando los verdugos han terminado su trabajo…

Lo más impactante, es la luz que parece irradiar a través de todos los poros de su piel y su rostro perfecto que habrá enamorado a más de uno…

Xavier la espera con su capa desplegada entre sus manos. La mira sonriente y la llama por su nombre:

–           Margarita, por favor ven hacia mí… -Y volviendo su rostro hacia el jefe de los verdugos, le dice- Claudio, rinde tu informe al emperador y envíalo a mi cuartel. Trata de ser específico y ecuánime… Bueno… Lo más que puedas…

El militar le contesta aturdido y completamente pasmado:

–            Xavier… Creo que antes de hacerlo, necesitaré un buen vaso de vino… ¡Por Pólux!… Ni siquiera entiendo lo que sucede… ¡Y  es la primera vez en mi vida que siento no tener las palabras adecuadas…!

–           Inténtalo… De todas maneras, no es fácil explicar todas las cosas que han sucedido esta noche… El César te comprenderá perfectamente. No te preocupes… Te espero en la tarde, para que platiquemos…

Su interlocutor solo mueve la cabeza asintiendo…

Margarita avanza hacia él y el tribuno que la envuelve nuevamente con su clámide. Y sale con ella dejando a todos los demás estupefactos y sin poder comprender que es lo que ha pasado…

Y los dos se dirigen al Tullianum.

El sol alumbra en todo su esplendor. Al día siguiente serán los Ludus Matutinus…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

61.- DOLOR DE UNA EMPERATRIZ


A la mañana siguiente, descansado y perfectamente arreglado. Elegante como siempre, Marco Aurelio regresó a la prisión.

Pero allí le aguarda un suceso inesperado. Por lo general todos los guardias pretorianos que por turno custodian la cárcel Mamertina, lo conocen y lo dejan pasar sin oponerle el menor obstáculo. Pero esta vez los soldados no le permitieron pasar.

Un centurión se acercó y le dijo:

–           Perdona, noble tribuno. Hoy tenemos la orden de no dejar entrar a nadie.

Marco Aurelio palideció y repitió:

–           ¿Una orden?

El soldado le miró con expresión compasiva y contestó:

–           Sí, señor. Una orden del César. En la prisión hay muchos enfermos y hay temor de que los visitantes puedan difundir el contagio por toda la ciudad.

–           ¿Dices que la orden es solo por el día de hoy?

–           La guardia se releva al mediodía.

Marco Aurelio permaneció silencioso, con una gran opresión en el corazón. El soldado se le acercó más y le dijo en voz baja:

–           Vuelve tranquilo señor. El guardián y Bernabé cuidan de ella.

Y al decir esto se inclinó y en un parpadeo trazó con su espada un pescado sobre las baldosas del pavimento…

Marco Aurelio le dirigió una mirada rápida y le dijo:

–           ¿Y tú eres pretoriano y cristiano?

El militar contestó señalando la prisión:

–           Sí. Me llamo Fabián, hasta que me llegue el turno de entrar allí.

–           Yo también adoro a Cristo.

–           ¡Alabado sea su Nombre! Lo sé señor. Pero no puedo dejarte entrar a la prisión. Escribe una carta y se la entregaré al guardián.

–           Gracias hermano mío. Que la Paz esté contigo.

Y estrechó la mano del soldado y se alejó de allí. La opresión en su corazón desapareció. El sol ya está en lo alto iluminando los muros de la cárcel y Marco Aurelio sintió su calor como una caricia que le traspasa hasta el alma y envuelve su corazón con un nuevo consuelo.

Aquel soldado cristiano fue para él otro testimonio viviente del Poder de Cristo. Se detuvo y miró hacia el cielo. Vio las nubes rosadas sobre el Capitolio y el Templo de Júpiter Stator y dijo:

–           ¡Oh, Señor Jesús! ¡Hoy no la he visto, pero creo en tu Misericordia y en tu Amor!

En la casa encontró a Petronio, que después de que llegó ya había tomado su baño, se había ungido el cuerpo y se disponía a descansar. Pero al ver a su sobrino tan elegante y bien dispuesto, con el rostro apacible y tan tranquilo como si ya hubiera pasado la tempestad; se quedó asombrado y confundido.

Y por primera vez no pudo aparentar su acostumbrada indiferencia…

Frunciendo el entrecejo preguntó:

–           ¿Ha pasado algo que yo no sepa? ¿Por qué te veo así?… -y Petronio movió las manos como si no comprendiera.

Marco Aurelio lo mira confuso y pregunta:

–           Así ¿Cómo?… ¿Qué tratas de decir?

–           No sé. ¡Tan cambiado! Casi pareces el mismo de antes… ¡No! Mejor que antes. ¿Qué tienes? Hay algo en ti… Lo percibo, pero no lo entiendo.

–           ¡Ah! ¡Ya sé!…

Y  Marco Aurelio comenzó a relatarle todo lo acontecido en los últimos días: su visita al Tullianum, su encuentro con Cástulo, con Fabián y lo que le sucedió al recibir la Primera Comunión. Luego concluyó emocionado:

–           ¡Te imaginas! ¡Tener a Dios dentro de mí! Siento una paz tan grande. ¡Es una experiencia maravillosa! Se me quitó la desesperación y la tristeza. El dolor casi desapareció y es como si lo tuviese anestesiado. Y luego, tengo en todo mi ser una felicidad tan plena, que es como si me hubiera embriagado… Per ésta es una embriaguez que no quiero que me deje nunca. Estoy lleno de la Paz de Dios y me siento muy tranquilo. Eso es todo. Y no… De todo lo demás, nada ha cambiado. La situación sigue exactamente igual.

Petronio lo mira perplejo. Apenas puede creer lo que oye…

Marco Aurelio lo mira sonriente y concluye:

–           He decidido que no les vamos a dar el gusto de regodearse con nuestra derrota ¿Qué te parece?

Después de una larga pausa, Petronio confirma:

–           ¡Me parece estupendo! – Está muy contento, a la vez atónito y desconcertado por completo…

Pero haciendo a un lado estas emociones, dice al tribuno:

–           Tengo noticias que darte. Estuve hoy en casa de Aminio Rebio a quién el César también fue a visitar. No sé por qué se le ocurrió a la Augusta llevar consigo al pequeño Rufio Crispino, hijo de su matrimonio anterior. Tal vez esperaba que el corazón del César se ablandara ante la infantil hermosura del niño. Desgraciadamente éste venía cansado y se quedó dormido, como le sucedió una vez a Vespasiano, durante la declamación que hacía César. Viendo esto, Enobarbo se enojó y le arrojó una copa de oro a la cabeza de su hijastro, hiriéndolo gravemente… Popea se desmayó y todos pudimos oír a Nerón cuando dijo: ‘¡Estoy harto ya de esa ralea!’… y eso, bien lo sabes tú, equivale a una sentencia de muerte.

Marco Aurelio declaró:

–           El castigo de Dios pende sobre la cabeza de la Augusta… ¿Por qué me cuentas esto?

–           Te lo cuento porque la cólera de Popea os ha perseguido a ti y a Alexandra. Ocupada ahora en su propia desventura, puede que abandone la idea de su venganza y sea más fácil influir en su ánimo. La voy a ver esta tarde y hablaré con ella.

–           Gracias. Esta sí es una excelente noticia. ¿Pero que no ha sido anunciado para hoy la Inauguración de los Ludus Matutinus?

–           Sí. Pero Nerón lo pospuso para dentro de diez días… Y mientras más tiempo tengamos disponible, mejor. No se ha perdido todo aún.

Pero el mismo Petronio no cree en lo que está diciendo porque sabe perfectamente que después de la rebuscada respuesta con la que el César contestó a la petición de Alituro, en la cual se comparó con Bruto, ya no puede haber salvación para Alexandra.

También se reservó por compasión a Marco Aurelio, lo que oyó decir en casa de Aminio Rebio: Que el César y Tigelino decidieron elegir para ellos y para sus amigos, a las más lindas doncellas y hermosos jóvenes cristianos, para profanarlos antes de la tortura…

En cuanto a los demás, serán entregados el día del espectáculo a los pretorianos y a los guardianes de las fieras.

Está convencido de que su sobrino no sobrevivirá a su esposa y desea endulzarle estos últimos días con todas las esperanzas y alegrías que le sea posible proporcionarle…

Y por eso agregó:

–           Hoy le diré a la Augusta: ‘Salva a Alexandra para Marco Aurelio y yo salvaré para ti, a Rufio’ y me propongo meditar seriamente como hacerlo. Este asunto es muy delicado. Una sola palabra dicha a Enobarbo en el momento oportuno, puede salvar o perder a una persona. En el peor de los casos ganaremos tiempo…

Marco Aurelio dijo abrazándolo:

–           Gracias. Te amo, tío. Estoy pidiéndole a Dios por ti.

Petronio se emocionó y dijo un poco precipitado:

–           Sería mejor me demostraras tu agradecimiento, comiendo y durmiendo bien. ¡Por Zeus! Ni en sus mayores tribulaciones, descuidó jamás Odiseo el alimento y el descanso. Me imagino que habrás pasado en la cárcel la noche entera.

–           Pues fíjate que no. Ya te dije que ayer me vine, dormí y descansé y… bueno, cené un poco.-dice Marco Aurelio como un niño cogido en falta- Pero te prometo que haré todo eso que deseas.

Petronio levantó un dedo y dijo:

–           Me encargaré de que Aurora haga que te alimentes como es debido.

Y se despidieron.

Petronio se fue a dormir y Marco Aurelio se fue a la biblioteca a escribir la carta para Alexandra.

Cuando la terminó la llevó al centurión Marcelo, que se la dio inmediatamente al guardia. Al poco rato, el soldado regresó trayendo un saludo de Alexandra y la promesa de responderle un poco más tarde. El tribuno decidió dar un paseo y luego regresar por la contestación de su esposa.

Está el sol ya muy alto y mucha gente afluye al Forum.

Cuando Marco Aurelio va de regreso a la prisión ve una lujosa litera que va abriéndose paso y pasa junto a él. Dentro de ella, vestido elegantemente de blanco, va un augustano cuyo rostro está oculto por un rollo de papiro que va leyendo con mucha atención. Un apretado grupo de gente estorba el paso de la litera, el hombre hace a un lado el rollo de papiro y asomando la cabeza grita:

–           ¡Dispersad esa plebe! ¡Pronto!

Al hacer esto, ha quedado frente a Marco Aurelio y al reparar en ello, tomó bruscamente el rollo de papiro y volvió a cubrirse el rostro.

El tribuno se lleva la mano a la frente creyendo que sufre una alucinación, porque el ‘augustano’ es nada más y nada menos que Prócoro Quironio en persona.

A Marco Aurelio se le aclararon muchas cosas en un instante y se acercó a la litera de Prócoro saludándolo, con una mirada penetrante.

El griego contestó con altivez y dándose mucha importancia.

–           Joven, te saludo pero no me detengas, porque me urge llegar a casa de mi amigo, el noble Tigelino.

Marco Aurelio, aferrándose a uno de los bordes de la litera y mirándolo fijamente,  le dijo con voz reprimida:

–           ¿Por qué traicionaste a Alexandra?

Prócoro exclamó temblando de terror:

–           ¡Oh, grandioso Apolo!

Pero en los ojos de Marco Aurelio no hay nada amenazante y recuperándose rápidamente, recuerda que ahora es un hombre rico e influyente. Y vuelve a hablar con arrogancia…

-¡Tú ordenaste que me mataran y que me enterraran en el jardín! ¿Ya se te olvidó?

Siguió un profundo silencio.

Y luego dijo Marco Aurelio con voz ronca:

–           Es verdad que te ofendí, Prócoro.

La humildad del tribuno encrespa la soberbia del griego. Este se irguió y castañeteando los dedos, lo que en Roma es una demostración de burla y desprecio, contestó con una voz tan fuerte para que todos pudieran oírle a su alrededor:

–           Amigo, si tienes alguna petición que presentarme, ven a mi casa del Esquilino por la mañana, a la hora en que recibo a mis clientes, después del baño.

Mientras tanto los corredores han abierto paso a los portadores y están listos para proseguir la marcha.

Prócoro hizo una señal con la mano y la litera continuó rápida su camino detrás de los corredores que gritan:

–           ¡Abrid paso a la litera del noble augustano Prócoro Quironio! ¡Paso! ¡Paso!

Marco Aurelio regresó con paso lento a la prisión y en una plegaria silenciosa, perdonó a Prócoro y a todos los que lo habían sumido en aquel drama que destroza su corazón…

Luego imploró la misericordia para todos y finalizó:

–           ¡Dios mío, ayúdame!…

Marcelo le entregó la carta de Alexandra. Marco Aurelio la apretó contra su pecho y se fue a casa de Petronio, para leerla con más calma. Y cuando llegó, desenrolló el largo papiro.

Su esposa, en aquella carta escrita apresuradamente, se despide de él para siempre. Sabe que ya a nadie le está permitida la entrada a la prisión y que solo podrá ver al joven tribuno desde la arena.

Le suplica que cuando sea llevada de la prisión Mamertina al circo, asista al espectáculo; pues desea verle por última vez en la vida, antes de partir para el Cielo.

En su carta no hay el más leve indicio de temor. Al contrario, lo exhorta a que sea valiente y que no olvide que después de Cristo, ella lo adora con todo su ser. Dice que tanto ella como sus compañeros de cárcel, ansían el momento de estar en la arena, para librar el combate final y en donde hallarán para siempre la libertad…

La verdadera libertad de las tribulaciones de esta vida…  Que no olvide que ella le ama. Que le ama tanto como él  ni siquiera puede imaginarse…

Que recuerde las enseñanzas de Cristo y así podrá alegrarse con ella en su martirio. Cada una de sus palabras demuestra un estado de euforia espiritual y sobre todo un desprendimiento total de todo lo que hay en la vida terrenal y que él mismo ya había advertido en todos los presos que están en la cárcel Mamertina.

Así como también su Fe imperturbable y su alegría por la esperanza en que todas las promesas de Jesús, se verán cumplidas más allá de la muerte:

“Ya sea que me libere Cristo en esta vida o después de la muerte, Él me unió a ti cuando nos casamos y por lo tanto soy tuya. Y aunque no hayamos consumado nuestro matrimonio, somos un solo cuerpo, así como ya somos una sola alma, porque sé que piensas y sientes lo mismo que yo. Y deseas estar unido a mí, tanto como yo lo deseo amadísimo esposo mío…

Te imploro que no llores por mí. Y no te dejes dominar por el dolor y el sufrimiento. Tú sabes como hay que entregarlo a Jesús e implorar de la Virgen María, su auxilio y protección.”

Es muy evidente que para ella la muerte no significa la disolución de su matrimonio.

Con una confianza infantil, asegura a Marco Aurelio, que una vez terminados sus sufrimientos y después de las torturas (No importa cuales sean), en la arena ella entregará su vida por amor a Cristo.

Y que cuando vaya al Cielo, le dirá a Dios que su esposo Marco, se quedó en Roma, ansiando unirse también a ella para poder adorarlo juntos, por toda la Eternidad…

Está segura de que el Señor la escuchará y pondrá una solución que los va a hacer muy felices…

Y también le pedirá a Jesús que su alma vuelva a él, aunque solo sea por un instante a decirle que está más viva que nunca… Con el misterio de la Comunión de los Santos, estará en contacto con él…  Que todos sus tormentos, sufrimientos y torturas habrán quedado en el olvido, porque ella será verdaderamente dichosa y bienaventurada.

Toda aquella carta respira felicidad y una gran esperanza.

Solo hay en ella una petición relacionada con asuntos terrenales: que si algo queda de su cuerpo, quiere que Marco Aurelio lo recupere del spolarium(lugar donde son depositados los gladiadores muertos) y la sepulte como su esposa, en la tumba donde él mismo reposará algún día…

Marco Aurelio leyó aquella carta con el ánimo acongojado y al mismo tiempo siente dentro de sí, aquella paz que lo fortalece.

En su corazón comparte la misma esperanza, la Fe y los pensamientos que animan a su esposa.

En la biblioteca, se levanta y deja a un lado sobre la mesa, la carta. Y se dispone a escribir a su vez, la contestación.

Después de reflexionar un poco, se sienta y escribe a Alexandra que irá diariamente a montar guardia al pie de los muros del Tullianum y pide a la joven que crea que tal vez Jesús aún quiera salvarla para él y regresarla a sus brazos aún en el mismo circo, pues él cree que Él, puede realizar ese milagro para los dos…  

Pero cuando Marco Aurelio llegó a la cárcel esa mañana. Marcelo el centurión abandonó las filas, se le acercó y le dijo:

–           Escúchame señor. Cristo te ama tanto que ha hecho un milagro en tu favor. Anoche el liberto del César y los enviados del Prefecto vinieron a elegir doncellas y jóvenes cristianos a quienes aguarda la deshonra. Preguntaron por tu esposa. Pero nuestro Señor Jesús le mandó una fiebre, la cual está haciendo mortíferos estragos entre los prisioneros del Tullianum y entonces a ella la dejaron en paz, porque estaba inconsciente…  Y bendito sea el Nombre de Jesucristo, porque la enfermedad que la ha liberado de la vergüenza, puede también salvarla de la muerte en la arena.

Marco Aurelio tuvo que apoyarse en el hombro del soldado, para no caer desvanecido. El joven tribuno, permaneció por algún tiempo con la cabeza inclinada… Luego la levantó y dijo en voz baja:

–           Dices bien, Marcelo. Cristo que la salvó de la deshonra, la salvará también de la muerte. Gracias hermano mío. Ruega por nosotros y yo rogaré por ti. Que la paz sea contigo.

Después de despedirse, se sentó luego en un peñasco, al pie de las murallas de la prisión y allí estuvo todo el día. Al caer la tarde, regresó a la casa de Petronio.

Mientras tanto, Petronio había entrado a su biblioteca…

Leyó la carta de Alexandra que se había quedado sobre la mesa donde él escribe…  Y después de leerla, estuvo mucho rato pensativo y reflexionando como nunca lo había hecho en su vida…

Luego tomó una resolución y antes de que Marco Aurelio regresara, se fue a visitar a la Augusta.

Encontró a Popea, a la cabecera del lecho del pequeño Rufio.

El niño a consecuencia de la herida en la cabeza, lucha ahora por su vida. Y su madre, con el corazón amargado por la desesperación y el terror, asiste impotente a sus delirios por la fiebre, pensando al mismo tiempo que si logra salvarlo, ello solo servirá para que enseguida perezca con una muerte más terrible.

Ocupada exclusivamente en su propio dolor, nada quiere oír de los problemas de Marco Aurelio, pero Petronio la aterrorizó:

–           Tú has ofendido a una Divinidad nueva y desconocida. Tú Augusta, según parece adoras al Jehová hebreo, pero los cristianos afirman que Cristo es Hijo suyo. Reflexiona ahora si no te estará persiguiendo la cólera del Padre. ¿Quién podrá afirmar que no es la venganza de Éste, la que ha caído sobre ti? Y quién sabe  si la vida de Rufio no depende sino de esto: de la manera en como tú obres.

Popea lo miró espantada y preguntó:

–           ¿Qué me aconsejas?

–           Aplacar a las deidades ofendidas.

–           ¿Y cómo?

–           Alexandra está enferma. Influye tú sobre el César o sobre Tigelino, para que sea entregada a Marco Aurelio.

Popea exclama con acento desesperado:

–           ¿Y piensas que yo pueda hacer eso? Mira lo que me está pasando…

–           Puedes hacer otra cosa entonces. Si Alexandra mejora, su destino es morir en el Circo. Dirígete al Templo de Vesta y pide a la Virgo Magna, que trate de estar como de manera fortuita cerca del Tullianum, en el momento en que conduzcan a los presos a la muerte y ordene que dejen en libertad a la doncella. Ella puede hacerlo y la gran vestal no te podrá negar eso.

–           Pero ¿Y si Alexandra muere de fiebre?

–           Dicen que el Dios de los cristianos es Vengativo pero Justo. Es posible que Tú logres aplacarlo, sólo con el deseo de ir en auxilio de esa joven.

–           Si es así, que me dé una señal indicativa de que Rufio sanará.

Petronio se encogió de hombros y dijo:

–           ¡Oh, divinidad! Yo no he venido a verte como enviado de Él. Me limito a decirte: es preferible que te encuentres en buena armonía con todos los dioses, tanto romanos como extranjeros.

Popea dijo con la voz quebrantada:

–           ¡Está bien! ¡Iré!

Petronio respiró con fuerza y aliviado. Y pensó:

–           ¡Al fin he podido hacer algo!

Al regresar a su casa recordó el enojo y la frustración tanto del César como de Tigelino, por no haber podido apoderarse de Alexandra, por la fiebre que la consumía…

Y después de ver al joven patricio, le dijo:

–           Ruega a tu Dios que no muera Alexandra de la fiebre que le aqueja, porque si ella se salva, la gran vestal, ordenará su liberación. La Augusta en persona le pedirá que lo haga.

Pero Marco Aurelio objetó:

–           Si ella no lo hace, Cristo la salvará.- convencido por la Fe y la esperanza.

Mientras tanto Popea, que por la salud de su hijo está dispuesta a ofrecer hecatombes a todos los dioses del Universo, se dirigió esa misma noche a través del Forum hasta el Templo de Vesta, dejando encargado a su niño a su fiel nodriza Amelia, quién también ha sido su propia nana.

Pero es demasiado tarde, porque en el Palatino ya ha sido decretada la sentencia de muerte contra el niño.

Así pues, apenas la litera de Popea desapareció a través de la Gran Puerta, entraron dos libertos del César al aposento del pequeño Rufio. Uno de ellos se arrojó sobre Amelia y la amordazó. El otro se apoderó de una estatuilla de bronce y mató de un solo golpe en la cabeza a la pobre mujer. Luego, los dos se acercaron a Rufio.

El pequeño, atormentado por la fiebre y sin darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor, sonrió a los hombres…

Éstos le quitaron a la nodriza el cinturón y poniéndolo alrededor del cuello del inocente niño, lo estrangularon. Éste, apenas pudo llamar una sola vez a su madre…Y murió. Lo envolvieron en una sábana y montando en los caballos que los estaban esperando, se dirigieron con el cadáver hasta el puerto de Ostia, donde lo arrojaron al mar.

Popea no encontró a la Virgo Magna y regresó al Palatino.

Y al encontrar vacío el lecho de su hijo y rígido el cadáver de Amelia, se desmayó. Cuando recuperó el conocimiento empezó a gritar y sus desesperados alaridos se oyeron toda la noche…

Pero el César le ordenó que asistiera a una fiesta que iba a dar ese día y de esta manera, Popea debió ataviarse con su túnica de color amatista y acudir al banquete con una sonrisa que enmascara su inmenso dolor.

Es una estatua regia. Hermosa como una diosa. Coronada en sus áureos cabellos, anonadada y muda, como el ángel de la muerte…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA