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306 LA HORA NONA


306 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Tenía razón el mercader.

Octubre no podía conceder a los peregrinos un día más hermoso.

Disipada la leve niebla que velaba la campiña, como si la naturaleza hubiera querido cubrir

con un velo el sueño de las plantas durante la noche, los campos se ven ahora en su majestuosa

extensión de cultivos caldeados por el sol.

Parece como si la niebla se hubiera recogido en copos de espuma transparente,

para ornar las lejanas cimas,

mostrándolas aún más desvanecidas bajo el cielo sereno. 

Pedro pregunta preocupado.:

—       ¿Qué son aquéllas? 

¿Montañas que tenemos que subir?

El mercader responde:

–        No, no.

Son los montes de Aurán.

Nos quedaremos en la llanura, más acá de ellos.

Antes de que se haga de noche, estaremos en Bosrá de Auranítida;

una hermosa y buena ciudad.

Hay mucha actividad comercial.

Para consolar y en tono de elogio, que como base de la belleza de un lugar

pone siempre la prosperidad comercial.

.Jesús está completamente solo detrás, como algunas veces hace cuando desea aislarse.

Margziam se vuelve para mirarlo varias veces.

Luego, no resistiendo más, deja a Pedro y a Juan de Zebedeo;

se sienta al borde del camino, en un mojón que debe ser una señal militar romana y espera.

Cuando Jesús llega a su altura, el niño se levanta y sin decir nada, se pone al lado de Jesús,

pero un poco retrasado para que ni siquiera el verlo le moleste.

Y quedándose muy atento, observa, observa…

Sigue observando, hasta que Jesús sale de su meditación.

Y al oír las leves pisadas detrás de El, se vuelve y sonríe tendiendo la mano al niño,

y dice:

–       ¡Oh, Margziam!

¿Qué haces aquí tan solo?

–       Te estaba mirando.

Hace días que te miro.

Todos tienen ojos, pero no todos ven las mismas cosas.

He visto que Tú, de vez en cuando, te aíslas…

Los primeros días pensaba que quizás estabas afligido por algo.

Pero luego he visto que lo haces siempre a las mismas horas…

Y que tu Mamá, que siempre te consuela cuando estás triste,

no te dice nada cuando tienes esa expresión en la cara;

es más, si está hablando, se calla y se recoge profundamente.

¡Yo veo, eh!…

Porque siempre os miro a Tí y a Ella, para hacer lo que hacéis vosotros.

Les he preguntado a los apóstoles que qué es lo que haces, porque está claro que algo haces.

Me han dicho: “Está orando”.

Y les he preguntado: “¿Qué dice?”.

Ninguno me ha respondido, porque no lo saben.

Están contigo desde hace años y no lo saben.

Hoy te he seguido siempre que veía que ponías esa expresión…

Y te he estado mirando mientras orabas.

Pero no es siempre la misma cara.

Esta mañana, al amanecer, parecías un ángel de luz.

Mirabas las cosas con unos ojos que creo que las sacabas de las sombras más que el Sol.

A las cosas y a las personas.

Y luego observabas el cielo…

Y tenías la misma cara que cuando ofreces el pan, en la mesa.

Más tarde, cruzando ese pueblecito, te has puesto el último, solo; 

tanto te esforzabas en decir al pasar, palabras buenas a los pobres de ese pueblo,

que me parecías un padre.

A uno le has dicho:

“Soporta con paciencia, que pronto te aliviaré, a ti y a otros como tú”.

Era el esclavo de aquel hombre feo que nos ha juntado a sus perros.

Luego, mientras preparaban la comida, nos mirabas con ojos de una bondad repleta de amor.

Parecías una madre….

Pero ahora tu cara era de dolor…

¿En qué piensas Jesús a esta hora, que estás siempre así?…

De todas formas por la noche algunas veces, si no duermo, te veo muy serio.

‘¿Me dices cómo rezas?,

¿Me dices qué te mueve a rezar?  

Jesús responde:

–        Por supuesto que te lo digo.

Así rezarás conmigo.

La jornada nos la da Dios, toda: tanto la iluminada como la oscura: el día y la noche.

Es un don vivir y gozar de luz.

Es un modo de santificación el modo de vivir.

¿No es verdad?

Pues entonces uno tiene que santificar todos los momentos del día, para conservarse en santidad

y tener presente en su corazón al Altísimo y su bondad.

Y al mismo tiempo, mantener alejado al Demonio.

Observa los pajarillos.

Con el primer rayo de sol cantan. Bendicen la luz.

También nosotros debemos bendecir la luz, que es un don de Dios y bendecir a Dios, que nos la concede. y que es Luz.

Tener deseos de El ya desde los albores de la mañana, como para poner un sigilo de luz, una nota de luz en todo el dí

a que transcurre, para que todo él sea luminoso y santo.

Unirnos a toda la Creación para alabar al Creador.

Luego, a medida que las horas van pasando… 

Y pasando nos traen la constatación de cuánto dolor e ignorancia hay en el mundo;

orar también, para que sea aliviado  el dolor y caiga la ignorancia.

Y conozcan a Dios, lo amen, le eleven sus oraciones, todos los hombres;

que si conocieran a Dios se verían siempre consolados incluso en su sufrimiento.

En la hora sexta, orar por amor a la familia.

Saborear este don de estar  unidos a quien nos ama, que también esto es un don de Dios.

Pedir que la comida no se transforme de algo útil en pecado.

Y, al  declinar la tarde, orar pensando que la muerte es ese ocaso que a todos nos espera.

Orar para que nuestro ocaso, de un día o de toda la vida, se produzca siempre con el alma en gracia.

Y, cuando se encienden las luces, orar para dar las gracias por el día que ha concluido…

Y para pedir protección y perdón, para echarse a dormir sin miedo a un improviso juicio,

a asaltos demoníacos.

Orar, en fin, por la noche -pero esto es para los que ya no son niños-

para ofrecer reparación por los pecados de la

noche, para alejar a Satanás de los débiles,

para que en los que hayan incurrido en culpa surjan la reflexión;

la contrición, los buenos propósitos que se harán realidad con los primeros rayos del sol.

Y así el justo durante todo el día ora, y por estas cosas ora. 

–        Pero no me has dicho por qué te abstraes, tan serio y majestuoso, a la hora nona…

–        Porque… digo:

“Por el Sacrificio de esta hora venga tu Reino al mundo

y sean redimidos todos aquellos que creen en tu Verbo”.

Dilo también tú…

–       ¿Qué sacrificio es?

Dijiste que el incienso se ofrece por la mañana y al atardecer.

Las víctimas, a las mismas horas, todos los días, en el altar del Templo;

y las víctimas, si son por votos y expiaciones, se ofrecen a todas las horas.

No hay una hora nona señalada con rito especial.

Jesús se para, toma al niño con las dos manos, lo levanta, lo mantiene fijo frente a Sí…

Y como si recitase un salmo, alzando el rostro,

dice:

–        Y entre la sexta y la nona aquel que vino como Salvador y Redentor,

aquel de que hablan los profetas,

15. y los reyes de la tierra, los magnates, los tribunos, los ricos, los poderosos, y todos, esclavos o libres, = se ocultaron en las cuevas y en las peñas = de los montes.
16. Y = dicen a los montes = y las peñas: = «Caed sobre nosotros = y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la cólera del Cordero.

consumará su sacrificio, después de comer el pan amargo de la traición

y de dar el dulce Pan de la Vida,

después de prensarse a sí mismo como el racimo en el lagar y dar de beber de Sí

a los hombres y a la hierba,

después de tejerse púrpura de rey con su sangre…

Y ceñir corona,

y empuñar el cetro y elevar al lugar alto su trono, para que lo vea Sión,  Israel y el mundo.

Levantado, con el purpúreo vestido de sus llagas infinitas, en medio de las tinieblas para dar Luz,

en la muerte para dar Vida, morirá a la hora nona y será redimido el Mundo.

Margziam lo mira aterrorizado, pálido,

con muchas ganas de llorar en los labios y en sus ojos asustados.

Con voz insegura, dice:

–        ¡Pero el Salvador eres Tú!

¿Entonces eres Tú el que va a morir a esa hora?

Las lágrimas empiezan a descender por las mejillas y la pequeña boca las bebe,

mientras, entreabierta, espera una desmentida.

Pero Jesús dice:

–        Soy Yo, pequeño discípulo.

Y también por ti.

Y, dado que el niño rompe a llorar convulsivamente, lo aprieta contra su Corazón,

y dice:

–        ¿Entonces te duele que Yo muera?

–        ¡Oh, Tú eres mi única alegría!

¡No quiero esto! Yo…

Déjame morir en lugar de Tí…

–        Tú tienes que predicarme en todo el mundo.

Ya está dicho.

Pero, escúchame: moriré contento porque sé que tú me amas; luego Resucitaré.

¿Te acuerdas de Jonás?

Salió mejor compuesto del vientre de la ballena, descansado, fuerte.

Yo también, e iré inmediatamente a ti y te diré:

“Pequeño Margziam, tu llanto apagó mi sed, tu amor me ha hecho compañía en el sepulcro.

Ahora vengo a decirte: “Sé sacerdote mío”

Y te besaré teniendo todavía en Mí el aroma del Paraíso.

–        Pero, ¿Dónde voy a estar yo?

¿No voy a estar con Pedro?

¿No con la Madre?

–        Te salvaré de las olas infernales de esos días.

Salvaré a los más débiles e inocentes.

Menos a uno.

Margziam, pequeño apóstol, ¿Quieres ayudarme a orar por aquella Hora?

–        ¡Oh, sí, Señor!

¿Y los demás?

–        Esto es un secreto entre nosotros dos.

Un gran secreto.

Porque a Dios le place revelarse a los pequeñuelos…

No llores más.

Sonríe, pensando que después no volveré a sufrir nunca más…

y sólo recordaré todo el amor de los hombres,

el primero el  tuyo.

Ven, ven.

Mira qué lejos están los otros.

Vamos a correr para alcanzarlos – y lo pone en el suelo.

Y, llevándolo de la mano, se echa a correr con el niño hasta que se unen al grupo.  

Pedro dice:

–        Maestro, ¿Qué has estado haciendo?

–        Le he explicado a Margziam las horas del día.

–        ¿Y el niño ha llorado?

Será que se ha comportado mal y Tú, por bondad, lo disculpas.    

–        No, Simón.

Ha observado que oraba.

Vosotros no lo habéis observado.

Me ha pedido una explicación…

Y se la he dado.

El niño se ha emocionado por mis palabras.

Ahora dejadlo tranquilo.

Ve donde mi Madre, Margziam.

Y vosotros escuchad todos, que no os vendrá mal a vosotros la lección.

Y Jesús explica otra vez la utilidad de la oración en las horas principales del día,

omitiendo la explicación de la hora nona.

Jesús con el amor de fusión, nos une a Él para participarnos la Vida y y al hacernos corredentores nos comunica su Semejanza y nuestra alma se recrea…

Termina:

–        La unión con Dios es este tenerlo presente en todo momento, para alabarlo e invocarlo.

Hacedlo y progresaréis en la vida del espíritu.

Bosrá está ya cerca.

Extendida en la llanura, se ve grande; parece bonita, con torres y circundada de muros.

La tarde, al caer, desvanece los tonos de las casas y los campos en un lila ceniciento

lleno de languidez en que se confunden los contornos,

mientras balidos de ovejas y gruñidos de cerdos, dentro de unos recintos fuera de los muros,

rompen el silencio de la campiña.

Silencio que cesa en cuanto, atravesada la puerta;

la caravana entra en un dédalo de callecitas,

que defraudan a quien desde  fuera juzgaba bonita la ciudad.

Voces, olores y… hedores se depositan en las callejuelas retorcidas…

Y acompañan a los peregrinos hasta una plaza –ciertamente un mercado— en que está la posada.

La llegada a Bosrá se ha cumplido.. 

279 LOS CINCO JUANES


279 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está en las llanuras de Corozaín, extendidas a la largo del valle del alto Jordán,

entre el lago de Genesaret y el de Merón. 

Una campiña llena de viñas en que ya se empieza a vendimiar.  

Isaac conversa con Jesús.

En  esta mañana se han unido a Él los discípulos que estaban en  Sicaminón, Esteban y Hermas.

Isaac justifica el no haber podido llegar antes porque no sabía si traer a los nuevos discípulos.

Y dice:  

–       Pero  he pensado que el camino del Cielo está abierto para todos, los que tienen buena voluntad.

Y a mí me parece que éstos, a pesar de ser discípulos de Gamaliel, la tienen.

Jesús responde: 

–        Has hablado y obrado bien.

Tráemelos aquí.

Isaac se marcha y regresa con los dos.

Jesús los saluda: 

–        La paz a vosotros.

¿Tan verdadera habéis juzgado la palabra apostólica, que habéis querido uniros a ella?

Esteban responde

–        Sí.

Y más la tuya.

No nos rechaces, Maestro.

–        ¿Por qué habría de hacerlo?

–        Porque somos de Gamaliel.

–       ¿Y qué?

Yo honro al gran Gamaliel y quisiera tenerlo conmigo porque es digno de ello.

Sólo le falta esto para que su  sabiduría se convierta en perfección.

¿Qué os ha dicho cuando os habéis despedido de él?

Porque os habréis despedido de él, ¿No?

–        Sí.

Nos ha dicho: “Dichosos vosotros que podéis creer.

Orad porque yo olvide para poder recordar”.

Los apóstoles, que curiosos se han apiñado en torno a Jesús, se miran unos a otros…

Y se preguntan en voz baja:

–       ¿Qué ha querido decir?

–       ¿Qué quiere?

–       ¿Olvidar para recordar?

Jesús oye este cuchicheo,

y explica:

–       Quiere olvidar su sabiduría para asumir la mía.

Quiere olvidar que es el rabí Gamaliel,

para acordarse de que es un hijo de Israel, que espera al Cristo.

Quiere olvidarse de sí mismo, para acordarse de la Verdad.

Hermas dice:

–        Gamaliel no miente, Maestro.

–        No.

Lo engañoso es la maraña de pobres palabras humanas;

las palabras que ocupan el puesto de la Palabra;.

Hay que olvidarlas, despojarse de ellas;

acercarse desnudo y virgen a la Verdad, para ser vestido y fecundado.

Esto requiere humildad.

El escollo…

–       ¿Entonces nosotros también tenemos que olvidar?

–       Sin duda.

Olvidar todo lo que es cosa de hombre.

Recordar todo lo que es cosa de Dios.

Venid.

Vosotros podéis hacerlo.

Hermas asegura:

–        Queremos hacerlo.

–       ¿Habéis vivido ya la vida de los discípulos?

Esteban responde:

–       Sí.

Desde el día en que supimos que habían matado al Bautista.

La noticia llegó muy rápida a Jerusalén, por boca de los cortesanos y principales de Herodes.

Su muerte nos sacó del entorpecimiento. 

–       La sangre de los mártires siempre significa vida para los pusilánimes;

Esteban, no lo olvides.

–        Sí, Maestro.

¿Vas a hablar hoy?

Siento hambre de tu palabra.

–        Ya he hablado.

Pero hablaré más, mucho, a vosotros discípulos.

Los compañeros vuestros, los apóstoles, han empezado ya su misión tras una activa preparación.

Pero no son suficientes para las necesidades del mundo.

Y es preciso tener todo hecho dentro de los márgenes de tiempo.

Yo soy como quien tiene un plazo y antes de que termine ese tiempo tiene que tener todo hecho.

Os pido a todos, ayuda.

Y ayuda os prometo y un futuro de gloria en nombre de Dios.

La penetrante mirada de Jesús, detecta a un hombre todo arropado en un manto de lino:

Y pregunta: 

–        ¿No eres el sacerdote Juan?

El hombre responde: 

–       Sí, Maestro.

El corazón de los judíos es áspero como la quebrada maldita.

He huido para buscarte

–       ¿Y el sacerdocio?

–        La lepra fue la primera que me expulsó del sacerdocio;

luego fueron los hombres, porque te amo.

Tu Gracia me aspira hacia sí: hacia Ti;

ella también me arroja de un lugar profanado para conducirme a lugar puro.

Tú me has purificado, Maestro, en el cuerpo y en el espíritu.

Una cosa pura no puede acercarse a una cosa impura;

sería una ofensa para quien ha purificado.

–       Tu juicio es severo, pero no injusto.

–       Maestro, las fealdades de la familia son patentes sólo a quienes viven en ella.

Y no deben manifestarse sino a la persona de recto corazón.

Tú lo eres.

Y además Tú sabes las cosas.

A otros no se lo diría.

Aquí estamos Tú, tus apóstoles…

Y otros dos que también saben como Tú y como yo.

Por tanto…

–       Bien.

Pero…

¿Tú también?

¡Paz a ti!

¿Has venido para ofrecer más comida?

–       No.

He venido por tu alimento.

–        ¿Se te ha malogrado la cosecha?

–         ¡No!

¡Nunca tan rica

Maestro mío, busco otro pan y otra cosecha: los tuyos.

Tengo conmigo al leproso que curaste en mis tierras.

Ha vuelto a su patrón.

Pero tanto él como yo tenemos ahora un patrón al que seguir y servir: Tú.

–       Venid.

Uno, dos, tres, cuatro…

¡Buena recolección!

Pero, ¿Habéis reflexionado sobre vuestra posición en el Templo?

Vosotros ya sabéis, Yo también…

Y no digo más…

El sacerdote Juan. dice: 

–       Soy hombre libre y voy con quien quiero.  

El escriba Juan que también ha venido,

agrega:

–        Yo también.

Es el que el sábado dio comida en la primera multiplicación,

al pie del monte de las Bienaventuranzas. 

Hermas y Esteban dicen: 

–        Y nosotros también.

Y Esteban añade:

–       Háblanos, Señor.

No sabemos en qué consiste exactamente nuestra misión.

Danos lo mínimo para poderte servir inmediatamente.

El resto vendrá mientras te seguimos.

El escriba juan, pregunta:

–       Sí.

En el monte hablaste de las bienaventuranzas.

Ello era lección para nosotros.

Pero, respecto a los demás, en el segundo amor, el del prójimo…

¿Qué debemos hacer? 

Por toda respuesta, Jesús pregunta: 

–        ¿Dónde está Juan de Endor? 

Juan el apóstol dice:

–        Allí, Maestro, con aquellos curados.

–       Que venga aquí.

Y corre a llamarlo.

Acude Juan de Endor.

Jesús le pone la mano en el hombro, con especial saludo,

y dice:

–        Pues bien, voy a hablar ahora.

Quiero teneros delante de Mí a vosotros que lleváis nombre santo.

tú, mi apóstol; tú, sacerdote; tú, escriba; tú, Juan del Bautista;

y tú, por último, cerrando la corona de gracias concedidas por Dios.

Y, aunque te nombre el último, sabes que no eres el último en mi Corazón.

Un día te prometí estas palabras que voy a decir.

Recíbelas.

Y Jesús, como hace habitualmente, sube a un pequeño ribazo;

para que todos puedan verlo.

Tiene enfrente, en primera fila, a los cinco Juanes.

Detrás de éstos, el nutrido grupo de los discípulos;

mezclado con la multitud de los que, de todas las partes de Palestina,

han venido por necesidad de salud o de palabra.

–       Paz a todos vosotros.

La sabiduría descienda sobre vosotros.

Escuchad

Un día ya lejano uno me preguntó:

si Dios es  misericordioso con los pecadores y hasta qué punto lo es.

Quien lo preguntaba era un pecador que había sido perdonado

y que no lograba convencerse del absoluto perdón de Dios.

Yo por medio de parábolas lo calmé, lo conforté y prometí que para él hablaría siempre de misericordia,

para que su corazón arrepentido -que, cual niño extraviado, lloraba dentro de él- se sintiera

seguro de ser ya propiedad de su Padre del Cielo.

Dios es Misericordia porque es Amor.

El siervo de Dios debe ser misericordioso para imitar a Dios.

Dios se sirve de la misericordia como de un medio para atraer hacia sí a los hijos descarriados.

El siervo de Dios debe servirse de la misericordia como de un medio para llevar a Dios, a los hijos descarriados

El precepto del amor es obligatorio para todos.

Pero debe ser triplemente obligatorio en los siervos de Dios.

No se conquista el Cielo si no se ama.

Decir esto es suficiente para los creyentes.

A los siervos de Dios les digo:

“No se hace conquistar el Cielo a los creyentes si no se los ama con perfección”.

¿Y vosotros, quiénes sois, vosotros que os ceñís aquí alrededor de Mí?

Por lo general sois criaturas que tendéis a la vida perfecta,

a la vida bendita, fatigosa, luminosa, del siervo de Dios, del ministro de Cristo.

¿Cuáles son vuestros deberes en esta vida de siervo y ministro?

Un amor total a Dios, un amor total al prójimo.

Vuestra finalidad: servir. ¿Cómo?

Restituyendo a Dios a aquellos que el mundo, la carne, el demonio le han arrebatado.

¿En qué modo?

Con el amor: el amor que tiene mil formas para desarrollarse…

Y un único fin: hacer amar.

Pensemos en nuestro hermoso Jordán.

¡Qué imponente, a su paso por Jericó!

Pero, ¿Era así en su nacimiento? No.

Era un hilo de agua.

Y lo hubiera seguido siendo si hubiera estado siempre solo.

Pero he aquí que de los montes y collados, de una y otra ribera de su valle,

desciende un sinfín de afluentes

unos solos, otros ya formados de cien arroyos;

Y todos desaguan en el lecho que va creciendo y creciendo;

hasta convertirse, del delicado riachuelo de plata azul que reía y jugaba en su niñez de río,

en el amplio, solemne, pacífico río que inserta una cinta de azul celeste

entre las fértiles riberas de esmeralda.

Así es el amor.

Un hilo inicial en los párvulos del camino de la Vida,

que apenas si saben salvarse del pecado grave por temor al castigo;

luego, prosiguiendo en el camino de la perfección, he aquí que de las montañas de lo humano,

agrestes, áridas, soberbias, duras

se exprimen, por voluntad de amor, multitud de riachuelos de esta principal virtud.

Y todo sirve para que ésta mane y brote:

los dolores, las alegrías, de la misma forma que sobre los montes sirven para formar riachuelo

las nieves heladas y el sol que las derrite.

Todo sirve para abrir a éstas el camino:

la humildad como el arrepentimiento; todo sirve para llevarlas al río principal.

Porque el alma, impulsada por ese Camino, se complace en bajar al anonadamiento del yo,

aspirando a subir de nuevo, atraída por el Sol-Dios,

una vez transformada en río caudaloso, hermoso, benefactor.

Los arroyuelos que nutren el arroyo embrional del amor de temor son, además de las virtudes; 

las obras que las virtudes enseñan a cumplir

las obras que, precisamente por ser riachuelos de amor,

son de misericordia.

Examinémoslas juntos.

Algunas ya eran conocidas por Israel, otras os las doy a conocer Yo,

porque mi ley es perfección de amor.

269 EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO


269 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús, que se había retirado a la cocina para beber un poco de agua,

se asoma a la puerta a tiempo de oír la trillada y necia acusación farisaica:

«Éste no es más que un Belcebú, porque los demonios le obedecen.

El gran Belcebú, su padre, le ayuda.

Y arroja los demonios con la acción de Belcebú, príncipe de los demonios, no con otra cosa».

Jesús baja los dos pequeños escalones de la puerta y avanza unos pasos;

erguido, severo, sereno, para detenerse justo frente al grupo escribo-farisaico;

fija en ellos, su mirada penetrante.

Y les dice:

–       Vemos que incluso en este mundo un reino dividido en facciones contrarias,

se hace internamente débil, fácil presa de la agresión

y acción devastadora de los estados vecinos.

y éstos lo esclavizan.

Ya en este mundo vemos que una ciudad dividida en partes contrarias. pierde el bienestar.

Lo mismo se diga de una familia cuyos miembros estén divididos por el odio:

se desmorona, se convierte en una fragmentación que a nadie sirve,

irrisión para los ciudadanos.

La concordia, además de deber, es astucia;

porque mantiene la independencia, la fuerza, el afecto.

Esto es lo que deberían meditar los patriotas, los ciudadanos, los miembros de una familia,

cuando, por el capricho de un determinado beneficio,

se ven tentados a las siempre peligrosas opresiones y separaciones, peligrosas

porque se alternan con los partidos y destruyen los afectos.

17. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Ezequiel 28

es ésta, en efecto, la astucia que ejercitan los Dueños del Mundo.

Observad a Roma, observad su innegable poder, tan penoso para nosotros.

Domina el mundo.

Pero está unida en un único parecer, en una sola voluntad: “dominar”.

Entre ellos habrá también, sin duda, contrastes, antipatías, rebeliones.

Pero estas cosas están en el fondo.

En la superficie hay un único bloque, sin fisuras, sin agitaciones.

Todos quieren lo mismo y obtienen resultados por este querer.

y los obtendrán mientras sigan queriendo lo mismo.

Mirad este ejemplo humano de astucia cohesiva y pensad:

si estos hijos del siglo son así,

¿Qué no será Satanás?

Para nosotros ellos son diablos y sin embargo, su satanismo pagano no es nada,

respecto al perfecto satanismo de Satanás y sus demonios.

En aquel reino eterno, sin siglo, sin final, sin límite de astucia y maldad;

en ese lugar en que es gozo el hacer el mal a Dios y a los hombres.

Hacer el mal es el aire que respiran, es su doloroso gozo, único, atroz.

Se ha alcanzado con perfección maldita la fusión de los espíritus;

unidos en una Sola voluntad: “hacer el mal”.

Ahora bien, si -como pretendéis sostener para insinuar dudas acerca de mi poder-

me ayuda Satanás porque Yo soy un belcebú menor,

¿No entra Satanás en conflicto consigo mismo y con sus demonios

al arrojarlos de sus poseídos?

¿Y estando en conflicto consigo mismo, podrá perdurar su reino?

19. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno. 1 de Juan 5

No, no es así.

Satanás es astutísimo y no se perjudica a sí mismo.

Su intención es extender su reino en los corazones, no reducirlo.

Su vida consiste en “robar – hacer el mal – mentir – agredir – turbar”.

Robar almas a Dios y paz a los hombres.

Hacer el mal a las criaturas del Padre, dándole así dolor.

Mentir para descarriar.

Agredir para gozar.

Turbar porque es el Desorden.

No puede cambiar: es eterno en su ser y en sus métodos.

Pero, responded a esta pregunta:

Si Yo arrojo los demonios en nombre de Belcebú,

29. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» Mateo 8

¿En nombre de quién los arrojan vuestros hijos?

¿Querríais confesar que también ellos son belcebúes?

Si lo decís, os juzgarán calumniadores.

Y aunque su santidad llegue hasta el punto de no reaccionar ante esta acusación,

habréis emitido veredicto sobre vosotros mismos,

al  confesar que creéis tener muchos demonios en Israel.

Y os juzgará Dios en nombre de los hijos de Israel acusados de ser demonios.

Por tanto, venga de quien venga el juicio, en el fondo serán ellos vuestros jueces,

donde el juicio no sufre soborno de presiones humanas.

Y si, como es verdad, arrojo los demonios por el Espíritu de Dios,

14. Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.» Éxodo 3

prueba es de que ha llegado a vosotros el Reino de Dios y el Rey de este Reino.

Rey que tiene un poder tal,

que ninguna fuerza contraria a su Reino le puede oponer resistencia.

Así que ato y obligo a los usurpadores de los hijos de mi Reino,

a salir de los lugares ocupados y a devolverme la presa para que Yo tome posesión de ella.

¿No es así como hace uno que quiere entrar en la casa de un hombre fuerte,

para arrebatarle los bienes, bien o mal conseguidos?

Eso hace.

Entra y lo ata.

Una vez que lo ha atado, puede desvalijar la casa.

Yo ato al ángel tenebroso, que me ha arrebatado lo que me pertenece.

Y le quito el bien que me robó

Sólo Yo puedo hacerlo, porque sólo Yo soy el Fuerte, el Padre del siglo futuro,

el Príncipe de la Paz.  

Un escriba le pregunta:

–       Explícanos lo que quieres decir con “Padre del siglo futuro”.

¿Es que piensas vivir hasta el próximo siglo y mayor necedad aún,

piensas crear el tiempo, Tú, que no eres más que un pobre hombre?

El tiempo es de Dios.  

Jesús lo mira con severidad, al responder:

–       ¿Y me lo preguntas tú, escriba?

¿Es que no sabes que habrá un siglo que tendrá principio pero no tendrá fin.?

¿Y que será el mío?

En él, triunfaré congregando en torno a Mí a aquellos que son sus hijos.

Y vivirán eternos como el siglo que crearé;

que ya estoy creando estableciendo al espíritu por encima de la carne,

del mundo y de los seres infernales, porque todo lo puedo.

Por esto os digo que quien no está conmigo está contra Mí.

Y que quien conmigo no recoge desparrama.

Porque Yo Soy el que Soy.

Y quien no cree esto, que ya ha sido profetizado, peca contra el Espíritu Santo;

cuya palabra fue pronunciada por los Profetas sin mentira ni error

y debe ser creída sin resistencia.

Porque os digo que todo les será perdonado a los hombres:

Todo pecado, toda blasfemia; porque Dios sabe que el hombre no es sólo espíritu, 

sino también carne.

Y carne tentada sometida a imprevistas debilidades.

Pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.

Uno hablará contra el Hijo del hombre y será todavía perdonado,

porque el peso de la carne que  envuelve a mi Persona

y que envuelve al hombre que contra mí habla puede también inducir a error.

Pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en ésta ni en la vida futura,

porque la Verdad es eso que es:

El Don de Discernimiento de Espíritus

Es neta, santa, innegable.

Y es manifestada al espíritu de una manera que no induce a error.

Otra cosa es que yerren aquellos que, queriéndolo, quieren el Error.

Negar la Verdad dicha por el Espíritu Santo es negar la Palabra de Dios

y el Amor, que ha dado esa Palabra por amor hacia los hombres.

Y el pecado contra el Amor no se perdona.

Pero cada uno da los frutos de su árbol.

Vosotros dais los vuestros, que no son buenos.

Si dais un árbol bueno para que lo planten en el huerto, dará buenos frutos;

sin embargo, si dais un árbol malo, malo será el fruto que de él se recogerá.

Y todos dirán: “Este árbol no es bueno”.

Porque el árbol se conoce por el fruto.

¿Cómo creéis que podéis hablar bien vosotros, que sois malos?

Porque la boca habla de lo que llena el corazón del hombre.

Sacamos nuestros actos y palabras de la sobreabundancia  de lo que tenemos en nosotros.

El hombre bueno saca de su tesoro bueno cosas buenas;

el malo, de su tesoro malo, saca las cosas malas.

Y habla y actúa según su interior.

En verdad os digo que ociar es pecado, pero mejor es ociar que hacer obras malas.

Y os digo también que es mejor callar que hablar ociosamente y con maldad.

Aunque vuestro silencio fuera ocio, guardad silencio antes que pecar con la lengua.

Os aseguro que de toda palabra dicha vanamente,

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

se pedirá a los hombres justificación en el día del Juicio.

Y que por sus palabras serán justificados los hombres.

Y también por sus palabras serán condenados.

¡Cuidado, por tanto, vosotros, que tantas decís más que ociosas!,

Pues que son no sólo ociosas sino activas en el mal…

Y con la finalidad de alejar a los corazones de la Verdad  que os habla.

Los fariseos consultan a los escribas y luego, todos juntos, fingiendo cortesía,

solicitan:

–       Maestro, se cree mejor en lo que se ve.

Danos, pues, una señal para que podamos creer que eres lo que dices.

–       ¿Veis como en vosotros está el pecado contra el Espíritu Santo,

que repetidas veces me ha señalado como Verbo encarnado?

Este es mi Hijo amado, ESCUCHADLE…

Verbo y Salvador, venido en el tiempo establecido;

precedido y seguido por los signos profetizados; obrador de lo que el Espíritu dice.

Ellos responden:

–       Creemos en el Espíritu, pero

¿Cómo podemos creer en Ti, si no vemos un signo con nuestros ojos?

-¿Cómo podéis entonces creer en el Espíritu, cuyas acciones son espirituales,

si no creéis en las mías, que son sensibles a vuestros ojos?

Mi vida está llena de ellas.

¿No es suficiente todavía?

No. Yo mismo respondo que no.

No es suficiente todavía.

A esta generación adúltera y malvada, que busca un signo,

se le dará sólo uno: el del profeta Jonás.

Efectivamente, de la misma forma que Jonás estuvo durante tres días en el vientre de la ballena,

el Hijo del hombre estará tres días en las entrañas de la tierra.

En verdad os digo que los ninivitas resucitarán en el día del Juicio, como todos los hombres.

Y se alzarán contra esta generación y la condenarán,

porque les predicó Jonás e hicieron penitencia y vosotros no.

Y aquí hay Uno mayor que Jonás.

Así también, resucitará y se alzará contra vosotros la Reina del Mediodía,

y os condenará.

Porque ella vino desde los últimos  confines de la Tierra, para oír la sabiduría de Salomón;

y aquí hay Uno mayor que Salomón.

–       ¿Por qué dices que esta generación es adúltera y malvada?

No lo será más que las otras.

Hay los mismos santos que había en las otras.

El todo israelita no ha cambiado.

¡Nos ofendes!

–       Os ofendéis vosotros mismos al dañar vuestras almas;

porque las alejáis de la Verdad, y por tanto de la Salvación.

Os respondo lo mismo.

1. Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles; 2. los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, 3. desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, 4. traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, 5. que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos. 6. A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones, 2 de Timoteo”

Esta generación no es santa sino en las vestiduras y en lo externo;

por dentro no es santa.

En Israel existen los mismos nombres para significar las mismas cosas,

pero no existe la realidad de las cosas;

existen los mismos usos, vestiduras y ritos, pero falta el espíritu de estas cosas.

Sois adúlteros porque habéis rechazado el sobrenatural desposorio con la Ley divina 

y os habéis desposado, con una segunda adúltera unión, con la ley de Satanás.

Sois circuncisos sólo en un miembro efímero, el corazón ya no es circunciso.

Y sois malos, porque os habéis vendido al Maligno.

He dicho.

268 PIEDRA DE TROPIEZO


268 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es el mismo escenario del capítulo anterior.

El Espíritu Santo nos ha traído esta vez, a testimoniar lo sucedido;

después que termina la semana de trabajo, de Jesús en Corozaím

Jesús se está despidiendo de la viuda.

Tiene ya de la mano al pequeño José y dice a la mujer:

–       No vendrá nadie antes de mi regreso.

A menos que sea un gentil.

De todas formas, quienquiera que venga que espere hasta pasado mañana;

dile que vendré sin falta.

–       Lo diré, Maestro.

Si hay enfermos, les daré hospedaje, como me has enseñado.

–       Adiós, entonces.

La paz sea con vosotros.

Ven, Mannaém.

Al parecer han venido a ver a Jesús a Corozaím gente enferma y desgraciada.

Y a la evangelización del trabajo Jesús ha añadido la del milagro.

Si Corozaím sigue indiferente, además de incomprensible;

es verdaderamente señal de que es terreno agreste e incultivable.

No obstante, Jesús la atraviesa, saludando a los que le saludan,

con su característica amabilidad, como si tal cosa;

para seguir hablando con Mannaém

que estaba dudando sobre si volver a Maqueronte o quedarse una semana más…

Pero finalmente prevaleció su amor por el Maestro.

Mientras tanto en la casa de Cafarnaúm, se preparan para el sábado.

Mateo, cojeando todavía un poco, recibe a sus compañeros,

los asiste ofreciéndoles agua y fruta fresca;

mientras se interesa por sus respectivas misiones.  

Todos hacen comentarios diversos e interesantes,

de lo que ha significado su primera semana cómo apóstoles;

misioneros con el poder pleno otorgado por Jesús.

El Poema del Hombre-Dios

Y para no confundirnos con nuestro relato,

que muchos de nuestros amados hermanitos en Cristo están siguiendo, junto con nosotros,

basado en la Obra Valtortiana que hemos retomado, para esta

evangelización sobre los Carismas…

Y que cualquiera de vosotros que ya están ejerciendo

las capacidades de vuestro cuerpo espiritual;como Templos vivientes del Espíritu Santo…

¡Y ya están VIVIENDO la experiencia gloriosa, de vivir el Cielo en la Tierra!

SABEN lo inefable que es,

manejar la extensión de nuestra personalidad,

cuando nuestro ABBA nos lleva sacándonos del tiempo,

para entrar en su ¡Increíble y maravillosa Eternidad!

Y esto lo pueden comprobar los que ya vivieron su Pentecostés personal;

para testificar la veracidad de las Sagradas Escrituras.

LOS TIEMPOS SON TAN GRAVES

que no se sorprendan si ABBA les dice que dejen el turismo histórico arqueológico

para cuando dejemos a Satanás noqueado,

luego del Triunfo del Corazón Inmaculado de nuestra Madrecita…

Los viajes astrales son promovidos y guiados por el Demonio… Nosotros lo hacemos sin riesgo alguno, porque es ABBA el que nos lleva

Aunque si ABBA decide darles una ‘probadita‘ de Eternidad..

Y les permite vivir un reportaje, siguiendo en vivo una jornada del Hombre-Dios

confirmando la veracidad de estos relatos y aumentando la cantidad de testigos,

que como  almas víctimas y corredentoras, nos convertimos en

los Apóstoles y Profetas, de los Últimos Tiempos

Por eso no llamamos “visiones” a lo que NO ES una experiencia subjetiva,

SINO REAL, 

Ya que cuando viajamos sobrenaturalmente;

a la velocidad del pensamiento;

con nuestros sentidos corporales y espirituales totalmente despiertos…  

¡Esto no es imaginario!

Y está SUCEDIENDO. 

Pues bién, el episodio siguiente, coloreado en azul,

pasó después de la disputa con los fariseos

pero lo adelantamos un poco, por razones de continuidad y comprensión

Y tomando de la mano al niño, entre Él y Mannaém,

se va rápido por la campiña en dirección a Cafarnaúm.

Llegan cuando ya los apóstoles están ahí.

Pedro recibe a Jesús…

Y le es confiado el pequeño José,

porque Jesús decide atender primero a los que lo han estado esperando…

Y es esto precisamente, lo que produce la amarga y triste disputa con los Fariseos….

Después de esto último…

Y  luego que han pasado algunas horas…

Cuando ya está avanzada la tarde…

Sentados en la terraza, a la sombra del emparrado,

cuentan a Mateo que todavía no está curado, sus hazañas.

Se voltean al oír el ruido de pasos en la escalera y ven la rubia cabellera de Jesús,

que va emergiendo sobre la barda de la terraza.   

Corren hacia Él, que los recibe con una sonrisa.

Y se quedan como estatuas cuando ven que detrás de Él, viene un niño pobre.

La presencia de Mannaém, con su vestido blanco de lino muy fino;

ceñido con un cinturón adornado con oro y piedras preciosas.

Cubierto con un manto rojo fuego tan brillante, que parece de seda

y le cae sobre la espalda como una cauda.

Lleva un turbante de viso sostenido con una delgada lámina de oro burilada,

que le pasa por la mitad de la ancha frente, dándole el aire de un rey egipcio…

Impide la avalancha de preguntas.

Pero con los ojos las hacen muy claras.

No obstante se reponen de la sorpresa…

Y después de haberse saludado recíprocamente y ya sentados alrededor de Jesús;

los apóstoles le preguntan señalando al niño:

–   ¿Y éste?

Jesús contesta explicando:

–     Éste es mi última conquista.

Josesito, carpintero como José, el que fue mi padre.

Por esto lo quiero muchísimo, como él a Mí también.

¿No es verdad chiquito?

Ven aquí.

Te presento a estos amigos míos, de los que has oído hablar tanto.

Éste es Simón-Pedro, el hombre más bueno con los niños que puedas imaginar.

Y éste es Juan: un niño grande que te hablará de Dios, en medio de los juegos.

Y éste es Santiago su hermano, serio y bueno como un hermano mayor.

Éste es Andrés, hermano de Simón-Pedro;

estarás muy bien con él, porque es paciente como un cordero.

Aquí tienes a Simón Zelote:

a éste le gustan mucho los niños que no tienen padre.

Y creo que giraría por toda la tierra para buscarlos, si no estuviese conmigo.

Éste es Judas de Simón y junto a él, Felipe de Betsaida y Nathanael.

¿Ves como te miran?

Ellos también tienen niños y les gustan mucho los niños.

Éstos son mis hermanos, Santiago y Judas:

Aman todo lo que amo y por eso te amarán.

Ahora vamos con Mateo, que tiene fuertes dolores en el pie y con todo;

no guarda rencor por los niños que juegan irreflexivamente

y que le hirieron, con una piedra picuda.

¿No es verdad, Mateo?

El apóstol sonríe:

–      Así es, Maestro.

¿Es hijo de la viuda?

–     Sí.

Es muy listo, pero está muy triste.

Mateo lo acaricia atrayéndolo hacia sí,

mientras dice.

–     ¡Pobre niño!

Te llamaré a Santiaguito y jugarás con él.

Jesús termina la presentación con Tomás,

que práctico como siempre, la concluye ofreciendo al niño,

un racimo de uvas arrancado del emparrado.

Jesús dice:

–      Ahora sois amigos.

Se sienta, mientras el niño come sus uvas y charla con Mateo.

Pedro pregunta:

–      ¿En dónde estuviste toda la semana?

–       En Corozaín, Simón de Jonás.

–       Esto ya lo sé,

¿Pero qué hiciste?

¿Estuviste en la casa de Isaac?

–      Isaac el viejo, ya murió.

–     ¿Y entonces?

–     ¿No te lo contó Mateo?

–      No.

Solo dijo que estuviste en Corozaín, desde el día que nos fuimos.

–      Mateo es mejor que tú.

Sabe callar y tú no sabes refrenar tu curiosidad.

–      No solo la mía.

La de todos.

–      Pues bien.

Fui a Corozaín a predicar la Caridad con la práctica.

Varios le preguntan al mismo tiempo:

–      ¿La caridad con la práctica?

–      ¿Qué quieres decir?

–      ¿Cómo está eso?

Jesús aclara:

–      En Corozaín hay una viuda con cinco niños.

Y con su madre enferma.

Su marido murió repentinamente en el taller de carpintería…

Y dejó tras de sí, miseria y trabajos sin terminar.

Corozaín no ha sabido tener una brizna de compasión, por esta familia infeliz.

Fui a terminar los trabajos y…

–     ¡¡¿Queeé?!!

Surge una gritería.

Quién pregunta.

Quién protesta.

Quién reprende a Mateo por haberlo permitido.

Quién admira.

Quién critica.

Y por desgracia quienes protestan o critican, son la mayoría.

Jesús deja que termine la borrasca como empezó.

Y por toda respuesta añade:

–     Y pasado mañana regresaré allí.

Terminaré un trabajo.

Espero que al menos vosotros comprendáis.

Corozaín es un hueso de fruta cerrado, sin semilla.

Por lo menos vosotros sed huesos de fruta con ella. 

Josesito, por favor dame esa nuez que te ha dado Simón.

Y escucha tú también.

En la casa de Cafarnaúm, se preparan para el Sábado.

Mateo, que cojea todavía, recibe a los compañeros.

Les brinda agua y frutas frescas.

Les pregunta sobre las misiones.

Pedro arruga la nariz al ver que hay fariseos vagabundeando cerca de la casa.

Y dice:

–      Tienen ganas de amargarnos el Sábado.

Quisiera ir al encuentro del Maestro y decirle que se vaya a Betsaida;

para que éstos se queden con un palmo de narices.

Andrés le pregunta:

–    ¿Y crees que el Maestro lo haría?

Y Mateo observa:

–    Además…

En la habitación de abajo está el pobre infeliz que lo espera.

Pedro insiste:

–     Podríamos llevarlo en la barca a Betsaida.

Y yo o cualquier otro ir al encuentro del Maestro, que hoy regresa de Corozaím.

Como Felipe tiene a su familia en Betsaida y nada le daría más gusto,

dice entusiasmado:

–    Pues vamos…

Pedro agrega:

–    ¡Pronto!

¡Tanto más que estáis viendo cómo han reforzado la guardia con escribas!

Vamos sin perder tiempo.

Vosotros con el enfermo, pasáis por el huerto y salís por atrás de la casa.

Yo llevo la barca hasta el pozo de la higuera.

Y Santiago hará lo mismo.

Simón Zelote y los hermanos de Jesús, irán al encuentro del Maestro.

Judas de Keriot grita:

–      ¡Yo no voy con el endemoniado!

–     ¿Por qué?

¿Tienes miedo de que se te pegue el demonio?

–     No me hagas enojar, Simón de Jonás.

Dije que no voy y no voy.

–     Ve con los primos al encuentro de Jesús.

–     No.

–    ¡Uf!

Ven en la barca.

–     No.

–     En resumidas cuentas…

¿Qué es lo que quieres?

Eres siempre el de los obstáculos…

–     Quiero quedarme en donde estoy.

No temo a nadie y no me escapo.

Por otra parte, el Maestro no estaría contento con ello.

Sería causa para otro sermón de reproche y no me lo quiero merecer por vuestra culpa.

Id vosotros.

Yo me quedaré a informar…

Pedro grita:

–      ¡Así no!

Todos o nadie.

Zelote, que estaba mirando hacia el camino,

dice muy serio:

–     Entonces nadie.

Porque el Maestro ya está aquí.

Vedlo que se acerca.

Pedro disgustado, rezonga entre la barba

Y va a encontrar a Jesús con los demás.

Y después de los saludos mutuos, le informan del endemoniado ciego y mudo;

que con los familiares le esperan desde hace mucho tiempo.

Mateo explica:

–       Está como inerte.

Se echó sobre unos sacos vacíos y de allí no se ha movido.

Los familiares tienen confianza en Ti.

Ven a tomar algo y luego lo curarás.

Jesús objeta:

–     No.

Voy al punto donde está él.

¿En dónde?

–      En la habitación de abajo, cerca del horno.

Allí lo puse junto con sus familiares.

Porque hay muchos fariseos y también escribas que parecen estar al asecho.

Pedro refunfuña:

–      Es cierto.

Y sería mejor no darles gusto.

Jesús pregunta:

–     ¿No está Judas de Simón?

Pedro vuelve a rezongar:

–      Se quedó en casa.

Siempre hace lo que otros no hacen.

Jesús lo mira pero no lo reprende.

Se apresura a ir a la casa.

Al entrar en ella…

Saluda a Judas,

Que parece estar muy ocupado en acomodar los trastes.Jesús dice:

–     Sacad al enfermo.

Un fariseo extraño a Cafarnaúm, replica:

–     No es un enfermo.

Es un endemoniado.

–      Es siempre una enfermedad del espíritu…

–      Le ha impedido el ver y el hablar.

–      La posesión es siempre una enfermedad del espíritu;

que se extiende a los miembros y a los órganos.

Si me hubieses dejado terminar;

hubieras sabido que me refería a esto.

También la fiebre está en la sangre cuando uno se enferma.

Y luego, a través de la sangre, ataca las diferentes partes del cuerpo.

El fariseo no puede replicar más y se calla.

Llevan al endemoniado ante Jesús.

Se ve inerte y aniquilado.

La gente se agolpa, junto con los notables de Cafarnaúm.

Están los fariseos, escribas, Jairo y el centurión romano al que Jesús le curó el siervo;

junto con otros gentiles y muchos que no son de Cafarnaúm.

Jesús levanta los brazos, sus ojos relampagueantes de Majestad

y su Voz resuena como una campana.

Cuando ordena con imperio:

–      ¡En Nombre de Dios, deja las pupilas y la lengua de éste!

Lo quiero.

Sal de ésta criatura.

Ya no te es lícito tenerla.

¡Largo!

¡Fuera!

El milagro se desenvuelve con un grito de rabia del Demonio.

Seguido por una convulsión y un profundo suspiro del enfermo…

Y termina con una resonante Alabanza llena de alegría del liberado,

que exclama:

–      ¡Hijo de David!

¡Hijo de  David!

¡Santo Rey!

Un escriba pregunta:

–      ¿Cómo supo que fue Él quien lo curó?

Otros fariseos contestan:

–       ¡Si todo es una comedia!

–       ¡Esta gente ha sido pagada para representarla!

Y uno más alzando los hombros, añade blasfemias contra Jesús.

Jairo replica:

–       ¿Quién le pagó?

¿Se puede saber?

–       Tú también estás implicado.

–      ¿Con qué fin?

–       Para hacer célebre Cafarnaúm.

Ahora la granizada de reproches, la dirige el arquisinagogo de Cafarnaúm,

Cuando Jairo les reclama:

–      No envilezcas tu inteligencia, diciendo estupideces.

Y tu lengua, ensuciándola con mentiras.

Sabes que no es verdad.

Y deberías comprender que estás repitiendo una sandez.

Lo que sucedió aquí, ha sucedido en muchas partes de Israel.

¿Habrá siempre quién pague?

Yo no sabía que la plebe fuese tan rica, pues es la única que ama al Maestro.

–      Tú eres el sinagogo y lo amas.

–      Allí está Mannaém.

En Bethania está Lázaro, el hijo de Teófilo.

–      Ellos no pertenecen a la plebe.

–       Pero ellos y yo somos honestos.

No engañamos a nadie y menos en asuntos de creencia.

No nos lo permitimos, pues tememos a Dios y a Él le agrada la honestidad.

Los fariseos le dan la espalda a Jairo.

Y atacan a los familiares del curado:

–      ¿Quién os dijo que viniesen aquí?

–      Muchos que fueron sanados.

–      ¿Qué os dieron?

–       ¿Darnos?

La seguridad de que Él lo sanaría.

–      ¿Pero de veras estaba enfermo?

–       ¡Oh, cabezas fraudulentas!

¿Pensáis que todo esto fue una pantomima?

Si no nos creéis vayan a Gadara y preguntad por la desgracia de Anna de Ismael.

La gente de Cafarnaúm, indignada, se alborota.

Mientras unos galileos, venidos desde Nazaret,

dicen:

–       ¡Pues este es hijo de José el carpintero!

Los de Cafarnaúm, fieles a Jesús,

gritan:

–       ¡No!

–      ¡Es lo que Él dice y lo que el curado ha dicho:

“Hijo de Dios” e “Hijo de David”!

Un escriba muy altanero,

dice con desprecio:

–       ¡No aumentéis el fanatismo y la exaltación del pueblo con vuestras afirmaciones!

–       ¿Y entonces qué es según vosotros?

–       ¡Un Belcebú!

–       ¡Mmm…, lenguas de víbora!

–       ¡Blasfemos!

–       ¡Vosotros sois los poseídos!

–       ¡Ciegos de corazón!

–      Perdición nuestra.

–      Queréis quitarnos incluso la alegría del Mesías, ¿Eh?

–      ¡Sanguijuelas!

–      ¡Piedras secas!».

Se arma una discusión entre los que creen y  los que no creen.

Varios gritan al mismo tiempo:

–      ¡Lenguas de víboras!

–      ¡Queréis quitarnos la alegría del Mesías!

–       ¡Blasfemos!

–      ¡Usureros!

–       ¡Ruina nuestra!…

Y se enciende más la disputa.

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266 JUAN BAUTISTA Y ELÍAS


266 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Durante las horas siguientes los discípulos del Bautista, conocen un poco más la Doctrina de Jesús.

Y luego sigue la preparación de la partida de los dos discípulos hacia Jericó.

Mannaém estaba incierto sobre si marchar con ellos, para regresar a Maqueronte o quedarse.

Al parecer se queda, pues su caballo no ha sido traído. 

Sólo los dos fuertes asnos enfrente de la abertura de la tapia del patio.

Los dos enviados de Juan, después de muchas reverencias al Maestro y a Mannaém,

suben a las monturas…

Y todavía se vuelven para mirar y saludar,

hasta que un recodo del camino los esconde a la vista.

Muchos de Cafarnaúm se han congregado para ver esta despedida,

porque la noticia de la venida de los discípulos de Juan

y la respuesta que Jesús les ha dado, se han propagado por el pueblo.

Y también por otros pueblos cercanos. 

Pues hay personas de Betsaida y Corozaín;

algunos ex discípulos del Bautista, que antes se han presentado a los enviados de Juan,

les han preguntado por él y le han mandado saludos a través de ellos.

Y ahora se quedan hablando en grupo con los de Cafarnaúm.

Jesús, con Mannaém a su lado, hace ademán de volver a la casa mientras habla.

Pero la gente se apiña alrededor de Él, curiosa de observar al hermano de Herodes

y su trato lleno de deferencia hacia Jesús;

deseosos también de hablar con el Maestro.

Está también Jairo, el arquisinagogo.

Por gracia de Dios, no hay fariseos.

Precisamente Jairo dice:

–      ¡Estará contento Juan!

No sólo le has enviado una respuesta exhaustiva, sino que,

invitándolos a quedarse, has podido adoctrinarlos y mostrarles un milagro.  

Un hombre agrega:

–       ¡Y no de poco relieve! 

Había traído expresamente a mi hija hoy para que la vieran.

Nunca se ha sentido tan bien como ahora.

Y para ella es un motivo de alegría el venir a estar con el Maestro.

¿Habéis oído su respuesta, no?

“No recuerdo lo que es la muerte.

Recuerdo, eso sí, que un ángel me llamó

y me llevó a través de una luz que aumentaba cada vez más…

Y al final de esa luz estaba Jesús.

Como lo vi entonces, con mi espíritu volviendo a mí, no lo veo ni siquiera ahora;

vosotros y yo ahora, vemos al Hombre,

pero mi espíritu vio a ese Dios que está dentro del Hombre”.

¡Qué buena se ha hecho desde entonces!

Era ya buena, pero ahora es un verdadero ángel.

¡Ah, que digan lo que quieran todos!

¡Para mí el único santo que hay eres Tú!

Uno de Betsaida añade:

–      De todas formas, también Juan es santo. 

Y se desatan los comentarios:  

–      Sí, pero es demasiado severo.

–      No lo es más con los demás que consigo mismo.

–      Pero no hace milagros.

–      Y se dice que ayuna porque es como un mago.

–      Pues de todas formas es santo.

La disputa de la gente se hace mayor.

Jesús levanta la mano y la extiende con el gesto habitual que hace,

cuando pide silencio y atención porque quiere hablar;

enseguida se hace el silencio.

Jesús dice:

–      Juan es santo y grande.

No miréis su manera de actuar ni la ausencia de milagros.

En verdad os digo que es grande en el Reino de los Cielos.

Allí se manifestará con toda su grandeza.

Muchos se quejan porque era y es severo, hasta el punto de parecer rudo.

En verdad os digo que ha hecho un trabajo de gigante para preparar los caminos del Señor.

Quien trabaja de ese modo no tiene tiempo que perder en blanduras.

¿No decía, cuando estaba en el Jordán,

las palabras de Isaías que lo profetizan a él y profetizan al Mesías:

“Todo valle será colmado, todo monte será rebajado,

los caminos tortuosos serán enderezados y las breñas allanadas”

y ello para preparar los caminos al Señor y Rey?

¡Verdaderamente ha hecho él más que todo Israel, para prepararme el camino!

Quien debe rebajar montes, colmar valles, enderezar caminos

o transformar cuestas penosas en subidas suaves, tiene que trabajar rudamente.

En efecto, era el Precursor y sólo le anticipaba a Mí una breve serie de lunas;

todo debía estar ultimado antes de que el Sol se alzara en el día de la Redención.

El tiempo ha llegado, el Sol sube para resplandecer sobre Sión.

Y desde Sión, extender su luz al mundo entero.

Juan ha preparado el camino, como debía.

¿Qué habéis ido a ver al desierto?

¿Una caña agitada por el viento en distintas direcciones?

¿Qué es lo que habéis ido a ver?

¿A un hombre refinadamente vestido?

¡No!…

Esas personas viven en las casas de los reyes; ataviados con delicadas vestiduras,

agasajados por mil siervos y cortesanos.

Cortesanos que lo son de un pobre hombre como ellos.

Aquí tenemos un ejemplo.

Preguntadle, a ver si no experimenta desazón por la vida de la Corte

y admiración por el risco solitario y escabroso, en vano embestido por el rayo y el pedrisco,

en vano circundado por los necios vientos que quieren arrancarlo

y él se mantiene no obstante firme, elevándose entero hacia el cielo,

con su punta tan enhiesta -puntiaguda cual llama que asciende-,

que predica la alegría de lo alto.

Éste es Juan.

Así lo ve Manahén, porque ha comprendido la verdad de la vida y la muerte

Y ve la grandeza donde está, aunque esté oculta bajo apariencias agrestes.

Y vosotros,

¿Qué habéis visto en Juan cuando habéis ido a verlo?

¿Un profeta?,

¿Un santo?

Os digo que es más que un profeta; es más que muchos santos,

más que los santos porque es aquel de quien está escrito:

“Mando ante vosotros a mi ángel para preparar tu camino delante de Ti”.

Ángel. Pensad.

Sabéis que los ángeles son espíritus puros creados por Dios según su semejanza espiritual,

colocados como nexo entre el hombre:

perfección de lo creado visible y material.

Y Dios:

Perfección del Cielo y de la Tierra, Creador del reino espiritual y del reino animal.

Aún en el hombre más santo subsisten la carne y la sangre,

que abren un abismo entre él y Dios:

Abismo que se ahonda profundamente con el pecado,

que hace pesado incluso lo espiritual del hombre.

Así pues, Dios crea a los ángeles, criaturas que tocan el vértice de la escala creadora,

de la misma forma que los minerales señalan su base: los minerales,

polvo que compone la tierra, las materias inorgánicas en general.

Espejos tersos del Pensamiento de Dios;

voluntariosas llamas que obran por amor, resueltos para comprender,

diligentes para obrar, de voluntad libre como la nuestra;

aunque enteramente santa, ajena a rebeliones y a estímulos de pecado.

Esto son los ángeles adoradores de Dios,

mensajeros suyos ante los hombres,

protectores nuestros;

ellos nos dan la Luz de que están investidos y el Fuego que adorando, recogen.

La palabra profética llama “ángel” a Juan.

Pues bien, Yo os digo:

“Entre los nacidos de mujer no ha habido nunca uno mayor que Juan Bautista”.

No obstante, el menor del Reino de los Cielos será mayor que él hombre.

Porque quien es del Reino de los Cielos es hijo de Dios y no hijo de mujer.

Tended, pues, todos, a ser ciudadanos del Reino.  

Se dirige señalándolos y cuestiona:

–       ¿Qué os estáis preguntando entre vosotros dos?

Los hombres responden:

–       Decíamos:

“¿Juan estará en el Reino?”

y “¿Cómo estará en el Reino?”

–       En su espíritu está ya en el Reino.

Cuando muera, estará en el Reino como uno de los soles

más resplandecientes de la eterna Jerusalén.

Es así por la Gracia sin resquebrajaduras que hay en él y por su propia voluntad.

En efecto, ha sido y es, violento también consigo mismo, con fin santo.

A partir de Juan el Bautista, el Reino de los Cielos es de los que saben

conquistárselo con la fuerza opuesta al Mal.

Y son los violentos los que lo conquistan.

Sí, ahora ya se sabe lo que hay que hacer y todo ha sido dado

para llevar a cabo esta conquista.

El tiempo en que hablaban sólo la Ley y los Profetas ha pasado.

Los Profetas han hablado hasta Juan.

Ahora habla la Palabra de Dios.

Y no esconde ni una iota de cuanto ha de saberse para esta conquista.

Si creéis en Mí, debéis ver en Juan a ese Elías que debe venir.

Quien tenga oídos para oír que oiga.

¿Con quién compararé a esta generación?

Es semejante a la que describen esos muchachos que,

sentados en la plaza gritan a sus compañeros:

“Hemos tocado y no habéis bailado;

hemos entonado lamentos y no habéis llorado”.

En efecto, ha venido Juan, que no come ni bebe, y esta generación dice:

“Puede hacerlo porque tiene al demonio, que le ayuda”;

ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen:

“Ahí tenemos a un comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores”.

¡Así la Sabiduría ha sido acreditada por sus hijos!

“En verdad os digo que sólo los niños saben reconocer la verdad,

porque en ellos no hay malicia.

El arquisinagogo dice:

–       Bien has dicho, Maestro.

 Por eso mi hija, que no conoce aún la malicia,

te ve como nosotros no alcanzamos a verte.

Pero esta ciudad y las otras cercanas rebosan de tu poder, sabiduría y bondad.

Y debo confesarlo, no te responden sino con maldad.

No se convierten.

El bien que de Ti reciben se transforma en odio contra Ti.  

Uno de Betsaida exclama:

–       ¿Qué estás diciendo, Jairo?

¡Nos estás calumniando!

Si estamos aquí es por fidelidad al Cristo.  

–       Sí. Nosotros.

¿Pero cuántos somos

Menos de cien en tres ciudades que deberían estar a los pies de Jesús.

De los que faltan -me refiero a los hombres- la mitad son enemigos;

la cuarta parte, indiferentes;

la otra cuarta parte…

Quiero pensar que no puede venir.

¿No es esto ya pecado ante los ojos de Dios?

¿No será castigada toda esta aversión y obcecación en el mal?

Habla, Maestro,

Tú que no ignoras.

Tú que si guardas silencio es por tu bondad, no porque no sepas.

Eres longánimo, y confunden tu longanimidad con ignorancia y debilidad.

Habla, pues;

que tu palabra remueva al menos a los indiferentes,

ya que los malos no se convierten, sino que se hacen cada vez peores.

Kesús toma la palabra:

–       Sí.

Es culpa y será castigada.

Porque no se debe despreciar nunca el don de Dios, ni usarlo para hacer el mal.

¡Ay de ti, Corazaín! ¡Ay de ti, Betsaida!

¡Que hacéis mal uso de los dones de Dios!

Si en Tiro y Sidón se hubieran cumplido los milagros que se han producido entre vosotros,

ya haría mucho tiempo que, vestidos de cilicio y espolvoreados de ceniza,

habrían hecho penitencia y habrían venido a Mí.

Por esto os digo que Tiro y Sidón serán tratadas,

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

con mayor clemencia que vosotras en el día del Juicio.

¿Y tú, Cafarnaúm, crees que por haberme dado alojamiento serás elevada hasta el Cielo?

Hasta el Infierno bajarás

Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que Yo te he dado,

estaría todavía floreciente, porque habría creído en Mí y se habría convertido.

Por tanto, Sodoma, en el último Juicio,

será tratada con mayor clemencia que tú, que has conocido al Mesías

y has oído su palabra y no te has convertido,

porque Sodoma no conoció al Salvador y su Palabra,

por lo cual su culpa es menor.

No obstante, como Dios es justo,

los de Cafarnaúm, Betsaida y Corazaín que han creído

y se santifican prestando obediencia a mi palabra,

serán tratados con mucha misericordia;

no es justo, en efecto

que los justos se vean implicados en el descalabro de los pecadores.

Respecto a tu hija Jairo, a la tuya Simón, a tu hijo Zacarías y a tus nietos, Benjamín,

os digo que no conociendo malicia, ven ya a Dios.

Ya veis que su fe es pura y activa, unida a sabiduría celestial

y también a deseos de caridad como no tienen los adultos.

Y Jesús, levantando los ojos al cielo que ya se va oscureciendo con la noche,

exclama:

–      Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, porque has escondido

estas cosas a los sabios y a los doctos y se las has revelado a los pequeños.

Así, Padre, porque así te plugo.

Todo me ha sido confiado por mi Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo

y aquellos a los que el Hijo quiera revelárselo.

Y Yo se lo he revelado a los pequeños, a los humildes, a los puros,

porque Dios se comunica con ellos.

Y la verdad desciende como semilla a las tierras libres.

Y sobre la verdad hace llover el Padre sus luces para que eche raíces y dé un árbol.

Es más, verdaderamente el Padre prepara a estos espíritus de los pequeños de

edad o de corazón, para que conozcan la Verdad y Yo exulte por su Fe…

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264 TOMANDO LA CRUZ


264 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En el olivar cercano a Cafarnaúm Jesús está reunido con sus apóstoles;

en el anochecer caluroso del verano, en que ha decidido enviarlos a misionar.

Y continúa dándoles instrucciones:

“Al entrar en la casa saludad con mi saludo, que es el más dulce de los saludos.

Decid: “La paz sea con vosotros.

Paz a esta casa” o “la paz descienda sobre esta casa”.

En efecto, vosotros mensajeros de Jesús y de la Buena Nueva,

lleváis con vosotros la paz.

Y vuestra llegada a un lugar,

significa hacer llegar a ese lugar la paz.

Si la casa es digna de la paz, la paz descenderá sobre ella y permanecerá en ella;  

si no lo es, la paz volverá a vosotros.

Pero estad atentos a ser vosotros pacíficos, para tener por Padre a Dios.

Un padre siempre ayuda;

vosotros ayudados por Dios, haréis todo y lo haréis bien.

Puede suceder, es más, sucederá, que una ciudad o una casa no os reciban;

no querrán escuchar vuestras palabras, os expulsarán, se reirán de vosotros,

os perseguirán a pedradas cual profetas molestos.

Entonces tendréis más necesidad que nunca de ser pacíficos,

humildes, mansos, como hábito de vida.

Si no, la ira se impondrá y pecaréis:

escandalizaréis y aumentaréis la incredulidad, de los que se han de convertir.

Sin embargo, si recibís con paz la ofensa

que supone el ser expulsados, escarnecidos, perseguidos;

convertiréis con el más bello de los discursos

que supone el ser expulsados, escarnecidos, perseguidos;

convertiréis con el más bello de los discursos

la silenciosa predicación de la virtud verdadera.

Un día volveréis a encontrar a los enemigos de hoy en vuestro camino,

y os dirán: “Os hemos buscado porque vuestro modo de actuar

nos ha persuadido de la Verdad que anunciáis.

Os pedimos vuestro perdón y que nos acojáis como discípulos.

Porque no os conocíamos.

Pero ahora sabemos que sois santos.

Por tanto, si sois santos, debéis ser mensajeros de un santo.

Ahora creemos en Él”.

15. Y ¿Cómo predicarán si no son enviados? Como dice la Escritura: = ¡Cuán hermosos los pies de los que anuncian el bien! =Romanos 10

De todas formas, al salir de la ciudad o casa que no os hayan recibido

sacudíos hasta el polvo de las sandalias,

para que la soberbia y la dureza de aquel lugar

no se peguen ni siquiera a vuestras suelas.

En verdad os digo que el día del Juicio

Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos dureza que esa ciudad.

Mirad, os envío como ovejas en medio de lobos.

Sed, pues, prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas.

Porque ya sabéis cómo el mundo, que en verdad es más de lobos que de ovejas

me trata a Mí, que soy el Cristo.

Yo puedo defenderme con mi poder.

Y lo haré mientras no llegue la Hora del triunfo temporal del Mundo.

Pero vosotros no tenéis este poder y necesitáis mayor prudencia y sencillez.

Mayor sagacidad por tanto, para evitar por ahora, cárceles y flagelaciones.

Verdaderamente, a pesar de vuestras abiertas declaraciones de querer dar vuestra sangre por Mí,

por el momento no soportáis ni siquiera una mirada irónica o iracunda.

Llegará un tiempo en que seréis fuertes como héroes, contra todas las persecuciones;

más fuertes que héroes.

Con un heroísmo inconcebible para los criterios del mundo,

Tan inexplicable, que será llamado “locura”.

¡No, no será locura!

Será la identificación en virtud del amor, del hombre con el Hombre-Dios,

y sabréis hacer lo que Yo haga.

Para comprender este heroísmo hará falta verlo, estudiarlo y juzgarlo,

desde niveles ultraterrenos, porque es una cosa sobrenatural

que se escapa a todas las restricciones de la naturaleza humana.

Los reyes, los reyes del espíritu serán mis héroes, eternamente reyes y héroes…

En aquella hora os arrestarán, os pondrán las manos encima,

os llevarán ante los tribunales, los jefes y los reyes,

para que os juzguen y condenen por ese gran pecado ante los ojos del mundo

que es el ser los siervos de Dios, los ministros y tutores del Bien, los maestros de las virtudes.

Por ser estas cosas os flagelarán y os castigarán de mil modos, hasta acabar con vuestra vida.

Y daréis testimonio de Mí a los reyes, a los jefes, a las naciones,

confesando con la sangre que amáis a Cristo,

Los presos en Medio Oriente cantan alabanzas, antes de ser ejecutados, igual que Pablo y Silas en prisión…

el Hijo verdadero del Dios verdadero.

Cuando caigáis en sus manos,

no os aflijáis por lo que tendréis que responder ni de lo que habréis de decir.

En aquella hora no debéis tener ninguna pena

aparte de la de la aflicción por vuestros jueces y acusadores

que Satanás desvía hasta el punto de hacerlos ciegos para la Verdad.

Las palabras que habrá que decir se os darán en ese momento.

Vuestro Padre las pondrá en vuestros labios,

porque en aquella hora no seréis vosotros los que habléis

para convertir a la Fe y para profesar la Verdad,

sino que será el Espíritu del Padre vuestro el que hablará en vosotros.

En aquella hora el hermano dará muerte al hermano, el padre al hijo,

los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán.

¡No desfallezcáis ni os escandalicéis!

Respondedme:

¿Para vosotros es mayor delito matar a un padre, a un hermano, a un hijo…

O a Dios mismo?

Judas dice secamente:

–      A Dios no se le puede matar.  

Bartolomé confirma:

–       Es verdad.

Es Espíritu inaprensible.

Y los demás, aunque callen, son de la misma opinión.  

Jesús dice sereno:

–      Yo soy Dios.

Y también Carne soy.

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

Judas replica:

–      Nadie pretende matarte.

–      Os ruego que respondáis a mi pregunta

–      ¡Es más grave matar a Dios!

¡Se entiende!

–      Pues bien….

El hombre dará muerte a Dios, en la Carne del Hombre Dios.

Y en el alma de los asesinos del Hombre Dios.

Por tanto, de la misma forma que se llegará a cumplir este delito,

sin el horror de sus autores,

se llegará al delito de los padres, hermanos, hijos, contra hijos, hermanos, padres.

Seréis odiados por todos a causa de mi Nombre.

La Persecución de Domiciano

Pero quien persevere hasta el final se salvará.

Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.

No por vileza, sino para darle tiempo a la recién nacida Iglesia de Cristo,

de alcanzar la edad adulta. superando la edad del lactante débil e inexperto

en que sea capaz de afrontar la vida y la muerte sin temer a la Muerte.

Aquellos a quienes el Espíritu les aconseje huir huyan, como huí Yo cuando era pequeño.

Verdaderamente en la vida de mi Iglesia,

se repetirán todas las vicisitudes de mi vida de Hombre.

Todas.

Desde el misterio de su formación en la humildad en los primeros tiempos,

a las turbaciones e insidias que le vendrán de los hombres violentos.

O a la necesidad de huir para seguir existiendo;

desde la pobreza y el trabajo infatigable,

hasta muchas otras cosas que vivo actualmente, o que sufriré mañana,

hasta llegar al triunfo eterno.

Aquellos a quienes por el contrario, el Espíritu les aconseja quedarse quédense:

sí, aunque caigan asesinados, vivirán y serán útiles a la Iglesia;

sí, siempre está bien lo que el Espíritu de Dios aconseja.

En verdad os digo que no acabaréis, ni vosotros ni los que os sucedan,

de recorrer los caminos y ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre.

Porque Israel, por un tremendo pecado suyo, será dispersado,

como cascarilla embestida por un torbellino.

Y diseminado por toda la Tierra;

habrán de sucederse siglos y milenios, uno y otro y otro…,

antes de que sea recogido de nuevo en la era de Arauná el Jebuseo (2 Samuel 24, 16 – 25; 1 Crónicas 21, 15 – 30)

Cada vez que lo intente, antes de la hora señalada,

será nuevamente embestido por el torbellino y dispersado;

porque Israel tendrá que llorar su pecado durante tantos siglos,

cuantas serán las gotas que lloverán de las venas del Cordero de Dios

inmolado por los pecados del mundo.

Mi Iglesia, agredida por Israel en Mí y en mis apóstoles y discípulos;

deberá abrir sus brazos maternos, para tratar también de recoger a Israel bajo su manto,

como hace una gallina con los polluelos que se dispersan.

Cuando todo Israel esté bajo el manto de la Iglesia de Cristo, Vendré.

8. Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?» Lucas 18

Mas éstas son cosas futuras, hablemos de las inmediatas.

Tened siempre presente que el discípulo no es más que su Maestro,

ni el siervo más que su Señor

bástele, pues, al discípulo ser como su Maestro, ya de por sí inmerecido honor.

Y al siervo como su señor, la concesión de lo cual, ya de por sí, es bondad sobrenatural.

Si han llamado Belcebú al Señor de la casa,

¿Qué llamarán a sus siervos?

¿Podrán acaso rebelarse los siervos cuando no se rebela su Señor, ni odia ni maldice,

sino que, sereno en su justicia, continúa su obra,

posponiendo el Juicio para otro momento:

una vez que, habiendo intentado todo para persuadirlos,

haya visto su obstinación en el Mal?

No. Los siervos no podrán hacer lo que no hace su Señor;

antes bien, deberán imitarlo, pensando que ellos también son pecadores,

mientras que Él no tenía pecado

No temáis, por tanto, a los que os llamen “demonios”.

Día llegará en que la verdad será sabida;

entonces se verá quiénes eran los “demonios”, si vosotros o ellos.

No hay nada escondido que quede sin revelar;

nada secreto que no se venga a saber.

Lo que ahora os digo en la sombra y en secreto,

porque el mundo no es digno de conocer todas las palabras del Verbo.

No es digno el mundo todavía,

MATEO 7, 16

ni es hora de hacer extensiva la manifestación

de estas cosas a los indignos.

Cuando llegue la hora de que todo deba ser conocido, decidlo a la luz,

gritad desde los tejados lo que Yo ahora os susurro más al alma que al oído.

Entonces, en efecto, el mundo ya habrá sido bautizado por la Sangre.

Satanás encontrará ante sí, un estandarte, 

por el que el mundo si quiere, podrá comprender los secretos de Dios;

él, sin embargo, no podrá dañar

sino a quien desea su mordisco y lo prefiere a mi beso.

Pero ocho partes de diez del mundo no querrán comprender.

Sólo las minorías tendrán voluntad de saber todo,

para seguir todo lo que es mi Doctrina.

No importa.

Dado que no se puede separar estas dos partes santas de la masa injusta,

predicad desde los tejados mi Doctrina,

predicadla desde lo alto de los montes

por los mares sin confines, en las entrañas de la tierra;

aunque los hombres no la escuchen,

recogerán las divinas palabras los pájaros y los vientos, los peces y las olas,

conservarán su eco las entrañas del suelo para decírselo a los manantiales internos,

a los minerales, a los metales.

Y exultarán todos ellos, porque también ellos han sido creados por Dios,

para ser escabel de mis pies y alegría de mi Corazón.

No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma;

temed sólo a quien puede mandar vuestra alma a la perdición

y reunirla en el Ultimo Juicio con el cuerpo resucitado,

para arrojarlos al fuego del Infierno.

No temáis

¿No se venden dos pájaros por un as?

Y sin embargo, si el Padre no lo permite,

ni uno de ellos caerá a pesar de todas las asechanzas del hombre.

No temáis, pues.

El Padre os conoce.

Como también conoce el número de vuestros cabellos.

¡Vosotros valéis más que muchos pájaros!

Os digo que a quien me confiese ante los hombres

Yo también lo confesaré ante mi Padre, que está en los Cielos;

mas a quien me niegue ante los hombres, también Yo lo negaré ante mi Padre.

Confesar, aquí, significa seguir y practicar;

negar significa abandonar mi camino por vileza, por ternaria concupiscencia,

por mezquino cálculo,

por afecto humano hacia un allegado vuestro contrario a Mí.

Los cristianos que viven el evangelio de San Evangelista: un evangelio que NO EXISTE, pero que ellos han acomodado a su manera de vivir. Con la Palabra de Dios que les gusta, DESECHANDO lo que les disgusta….(Porque se NIEGAN A OIR LO QUE NO LES CONVIENE)

Porque estas cosas sucederán.

No creáis que haya venido a instaurar la concordia en la tierra y para la tierra.

Mi paz es más alta que las paces premeditadas

que tienen la finalidad de poderse uno manejar diariamente en la vida.

No he venido a traer la paz, sino la espada;

la espada afilada para cortar las lianas que impiden salir del fango,

abriendo así los caminos a los vuelos en el mundo sobrenatural.

Así pues, he venido a separar al hijo del padre, a la hija de la madre, a la nuera de la suegra.

Porque Yo soy el que reina y tiene todos los derechos sobre sus súbditos.

Porque ninguno es más grande que Yo en derechos sobre los afectos.

Porque en Mí se centran todos los amores y se subliman;

EL PRIMER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS

soy Padre, Madre, Esposo, Hermano, Amigo:

así os amo y así debo ser amado.

Cuando digo: “Quiero”, ningún vínculo puede resistir y la criatura es mía.

Yo con mi Padre la he creado, Yo por mí mismo la salvo, Yo tengo derecho a poseerla.

Verdaderamente los enemigos del hombre, además de los demonios,

son los propios hombres;

enemigos del hombre nuevo, del cristiano, serán los de su propia casa,

con sus quejas, amenazas o súplicas.

Pues bien, quien, de ahora en adelante,

ame a su padre y a su madre más que a Mí no es digno de mí;

quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí no es digno de Mí;

el que no toma su cruz de cada día, compleja,

formada de resignación, renuncias, obediencia, heroísmos, dolores,

enfermedades, lutos;

de todo aquello que es manifestación de la voluntad de Dios o de una prueba del hombre…

el que no la toma y con ella me sigue no es digno de Mí.

Quien estima más su vida terrena que la vida espiritual,

perderá la Vida verdadera.

Dejándolo TODO, le siguieron…

Quien pierda su vida terrena por amor mío;

la volverá a encontrar, eterna y bienaventurada.

Quien a vosotros os recibe a Mí me recibe,

quien me recibe a Mí recibe a Aquel que me ha enviado;

quien reciba a un profeta como profeta;

recibirá premio proporcional a la caridad ejercida con el profeta;

quien reciba a un justo como justo recibirá un premio proporcional al justo.

Esto es así porque el que reconoce al profeta en el profeta,

es señal de que también él es profeta, es decir, muy santo

porque el Espíritu de Dios lo tiene en sus brazos.

Y quien reconoce a un justo como justo, demuestra que él mismo es justo,

porque las almas semejantes se reconocen.

A cada uno pues, se le dará según justicia.

Quien dé aunque sólo sea un vaso de agua pura a uno de mis siervos,

aunque fuera al más pequeño…

Y son siervos de Jesús todos los que lo predican con una vida santa,.

Y pueden serlo tanto los reyes como los mendigos;

tanto los que saben mucho como los que no saben nada, los ancianos o los niños,

porque a todas las edades y en todas las clases se puede ser discípulo mío. 

Quien dé a un discípulo mío aunque sólo sea un vaso de agua en mi Nombre

y por ser discípulo mío,

en verdad os digo que no perderá su recompensa.

He dicho.

Ahora vamos a orar y luego volvemos a la casa.

Al alba partiréis.

Así: Simón de Jonás con Juan,

Simón Zelote con Judas de Keriot,

Andrés con Mateo,

Santiago de Alfeo con Tomás,

Felipe con Santiago de Zebedeo,

Judas mi hermano con Bartolomé.

San Simón Cananeo y Judas Tadeo, ambos murieron mártires tras predicar la fe por Egipto, Mesopotamia y Persia.

Esta semana será así.

Luego daré nuevas indicaciones.

Vamos a orar.

Y oran en voz alta…

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226 ¿QUÉ ES LA VERDAD?


226 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Han llegado a los límites de la ciudad de Tiberíades y salen al camino polvoriento, que lleva a Caná.

A los lados hay huertos.

Jesús se adentra en uno y se detiene a la sombra de los árboles de tupido follaje.

Llegan las mujeres.

Y luego el jadeante romano, que realmente ya no puede más.

Se pone un poco separado, a una distancia donde puede escuchar;

no habla, pero mira.

Jesús dice:

–     Mientras descansamos…

Tomemos nuestros alimentos.

Allí está un pozo y cerca un campesino.

Id a pedirle agua.

Van Juan y Tadeo.

Vuelven con una jarra que gotea la fresca agua;

seguidos por el campesino, el cual les ofrece unos espléndidos higos.

Jesús lo bendice:

–     Dios te lo compense en tu salud y en tu cosecha.

El campesino pregunta:

–    Dios te proteja.

¿De veras eres el Mesías?

–    Sí.

–     ¿Eres el Maestro, verdad?

–     Lo soy.

–     ¿Vas a hablar aquí?

–     Nadie lo desea. 

El romano grita:

–     ¡Yo, Maestro!

¡Más que el agua, que tan buena es para quien tiene sed! 

Jesús le pregunta: 

–     ¿Tienes sed?

–     Mucha.

He venido corriendo detrás de Ti, desde la ciudad.

–     No faltan en Tiberíades fuentes de agua fresca.

–    No me comprendas mal, Maestro.

O no finjas no comprenderme.

He venido detrás de Ti, para oírte hablar.

–     ¿Por qué?

–     No sé por qué, ni cómo…

Fue al ver a esa mujer… (Y señala a la Magdalena)

No sé.

Algo me dijo desde mi interior: ‘Aquel Hombre te dará lo que todavía no sabes’ 

Y heme aquí.

Jesús ordena:

–     Dadle agua e higos.

Que el cuerpo cobre fuerzas.

–    ¿Y la inteligencia?

–     La inteligencia cobra fuerzas y refrigerio, en la Verdad.

–     Por esta razón te seguí.

He buscado la verdad en todas partes y encontré corrupción. 

En las mejores doctrinas hay siempre algo que no es bueno.

He llegado hasta el envilecimiento de tener asco de mí mismo y de causarlo;

sin otro futuro que la hora en que vivo.

Le dan al romano los higos, un pan y una botija con agua…

Jesús lo mira de hito en hito, mientras come el pan y los higos que le trajeron los apóstoles.

Pronto termina la comida.

Jesús, permaneciendo sentado, empieza a hablar;

como si estuviera exponiendo una simple lección a sus apóstoles.

Y todos se agrupan a su alrededor.

El campesino también se queda cerca.

–   Hay muchos que buscan la Verdad toda su vida, sin llegar a encontrarla.

Y es porque la buscan donde no está.

Parecen dementes que quieren ver teniendo una coraza de bronce que les tapa los ojos.

Y buscan con aspavientos espasmódicos, tan convulsamente, que se alejan cada vez más de la Verdad.

O la tapan arrojando encima de ella cosas que su propia búsqueda frenética remueve y hace caer.

No puede sucederles sino esto, porque buscan donde la Verdad no puede estar.

Para encontrar la Verdad es necesario unir el intelecto con el amor.

Y mirar las cosas no sólo con ojos sabios, sino también con ojos buenos,

Porque la bondad vale más que la sabiduría.

Quién ama siempre llega a descubrir una huella que lo lleva a la Verdad.

Amar no quiere decir gozar de la carne y por la carne.

Eso no es amor, es sensualidad.

Amor es amar al prójimo, para saber amar a Dios.

Este es el camino que lleva a la Verdad y la verdad es Dios.

Muchos son los que se pasan la vida buscando la Verdad, sin llegar a encontrarla. 

Amor es el afecto de corazón a corazón, de parte superior a parte superior;

por el que en la compañera no se ve esclava, sino la generadora de los hijos, sólo eso.

O sea, la mitad que forma con el hombre un todo que es capaz de crear una vida, varias vidas…

O sea, la compañera que es madre, hermana, hija del hombre;

que es más débil que un recién nacido o más fuerte que un león, según los casos.

Y que como madre, hermana, hija; debe ser amada con respeto confidencial y protector.

Lo que no es cuanto Yo digo, no es amor, es vicio.

No conduce hacia arriba sino hacia abajo.

No a la Luz sino a las Tinieblas, no a las estrellas sino al fango.

Amar a la mujer para saber amar al prójimo, amar al prójimo para saber amar a Dios.

¿Alguien conoce a otro Hombre que HAYA resucitado?

He aquí la vía de la Verdad.

La Verdad está aquí, hombres que la buscáis.

La Verdad es Dios.

La clave para comprender lo cognoscible está aquí.

Doctrina, sin defecto sólo la de Dios.

¿Cómo podrá el hombre dar respuesta a sus porqués, si no tiene a Dios que le responda?

¿Quién podrá descubrir los misterios de la Creación -aun sólo y simplemente éstos – ,

sino el Hacedor supremo que lo ha hecho?

Sólo Dios puede dar respuesta a los misterios de lo creado; porque

¿Cómo se puede comprender el prodigio viviente que es el hombre?

¿El ser en el que se funde la perfección animal, con lo inmortal que es el almapor la que somos dioses?

¿Cómo comprender el prodigio vivo que es el hombre,

ser en que se fusiona perfección animal, con aquella perfección inmortal que es el alma?

Si, dioses somos, si tenemos viva en nosotros el alma.

Todo en la Creación habla de Dios.

Todo explica a Dios.

Todo lo descubre y manifiesta.

Si la ciencia no se apoya en Dios, se convierte en error que envilece.

El saber no es corrupción, si es Religión.

Quién tiene su saber en Dios, no cae;

porque conoce su dignidad;

porque cree en su futuro eterno…

Y Jesús se explaya explicando ampliamente, La Sinfonía de la Creación… cap. 8 de Nerón, el 29 de Octubre de 2016,) (1)

Es decir, libre aquellas culpas que envilecerían incluso al animal…

Y que, no obstante, el hombre cumple y se gloría de cumplir.

A vosotros, buscadores de la Verdad, os digo las palabras de Job:

“Pregunta a los jumentos y te instruirán, a las aves y te lo indicarán.

Habla a la Tierra y ella te responderá, a los peces y te lo darán a conocer”.

Sí, la Tierra, esta tierra que verdece;

esta Tierra florida, esta fruta le va creciendo en los árboles, estas aves que procrean;

estas corrientes de viento que distribuyen las nubes;

este Sol que no yerra su alba desde hace siglos y milenios…

Todo habla de Dios, Todo da explicación de Dios, Todo descubre y revela a Dios.

Si la ciencia no se apoya en Dios viene a ser error.

¡Premio Nobel a la soberbia!… (Y lamento completo por su ceguera voluntaria, para lo espiritual)

Y no eleva; antes bien, degrada.

El saber no es corrupción si es religión.

Quien sabe en Dios no cae, porque siente su dignidad, porque cree en su futuro eterno.

Mas es necesario buscar al Dios real.

No fantasmas, que no son dioses, sino sólo delirios de hombres envueltos en las vendas de la ignorancia espiritual.

Por lo cual no hay traza de sabiduría en sus religiones ni de verdad en sus fes.

Toda edad es buena para venir a la sabiduría.

Es más, siguiendo con Job, se lee:

`Al atardecer te nacerá como una luz meridiana;

cuando te creas acabado, surgirás como la estrella de la mañana.

Te verás lleno de confianza por la esperanza a tí reservada”.

Basta la buena voluntad de encontrar la Verdad.

Y antes o después la Verdad se dejará encontrar.

Pero, una vez hallada, ¡Ay de quien no la siga!

Imitando a los obstinados de Israel, los cuales, teniendo ya en su mano el hilo conductor para encontrar a Dios

con todas las cosas que de Mí afirma el Libro, no quieren someterse a la Verdad.

Y la odian, acumulando en su intelecto y en su corazón, los cúmulos del odio y las fórmulas.

Y no saben que la Tierra, a causa del excesivo peso, se abrirá bajo su paso.

Que se cree victorioso, cuando en realidad no es sino un paso de esclavo de los legalismos,

del rencor, de los egoísmos…

Y se los tragará.

Y caerán al lugar de los culpables conscientes de un paganismo que es más culpable;

que el que algunos pueblos se han dado a sí mismos, para tener una religión con que conducirse.

¡¡¡Una verdad demasiado dolorosa…!!!

Yo, de la misma forma que no rechazo al hijo de Israel que se arrepiente,

no rechazo tampoco a estos idólatras, que creen en aquello que les fue propuesto, para que lo creyeran.

Y que dentro en su interior, gimen:

“¡Dadnos la Verdad!”.

Luego concluye diciendo:

He terminado.

Ahora descansaremos en este lugar verde, si el dueño lo permite.

Al atardecer iremos a Caná».  

Crispo dice; 

–     Señor, te dejo.

Esta misma noche me iré de Tiberíades, pues no quiero profanar la ciencia que me has dado.

Dejo esta tierra.

Me retiraré con mi siervo a las costas de Lucania.

Tengo allá una casa.

Mucho es lo que me has dado.

Comprendo que más no puedes darle al viejo epicúreo.

Pero con lo que me has dado, ya tengo con qué reconstruir mi vida y mi pensamiento.

Y… pide a tu Dios por el viejo Crispo, el único de Tiberíades que te escuchó.

Ruega porque antes del desfiladero de Líbítina pueda volver a escucharte.

Y con la capacidad que espero poder crear en mí, apoyándome sobre la base de tus palabras,

para comprenderte mejor y comprender mejor la Verdad.

Adiós, Maestro».

Y lo saluda a la usanza romana, como saludan los militares a su emperador… 

Pero luego, al pasar junto a las mujeres, que están sentadas un poco aparte,

se inclina ante María de Mágdala.

Diciéndole con admiración y gran respeto:

–     Gracias María.

¡Qué bueno es haberte conocido!

Has dado a tu viejo compañero de festines, el Tesoro buscado.

Si llego a donde ya estás, te lo deberé a tí, hermosa señora….

Adiós.

Y se va.

Magdalena se lleva las manos sobre el corazón, llena de júbilo.

Y con sus brazos cruzados sobre su pecho, con expresión asombrada y radiante.

Avanza de rodillas, sobre la tierra del huerto y se arrastra hasta donde está Jesús. 

Diciendo: 

–    ¡Oh! ¡Señor!

¡Señor, mío! ¡Mi Rabboní!

¿Entonces es verdad que puedo conducir otros al Bien?

¡Oh, mi Señor!

¡Esto es demasiada bondad!

Y postrándose hasta meter su rostro en la hierba, besa los pies de Jesús.

Y los humedece de nuevo con el llanto…

Ahora de agradecimiento.

de la gran enamorada de Mágdala.

 (1)LA SINFONIA DE LA CREACION

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207 UNA DULCE MUERTE


207 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús, en compañía de Simón Zelote, llega al jardín de Lázaro en una bellísima mañana de verano.

Todavía no ha concluido la aurora, así que todo está fresco y risueño.

El  jardinero, que ha acudido a recibir al Maestro;

señala a Jesús el ruedo de un atavío  blanco que desaparece tras un seto,

y dice:

–     Lázaro va a la pérgola de los jazmines con unos rollos para leer.

Ahora lo llamo.

–     No, voy Yo, solo.

Jesús camina ligero a lo largo de un sendero limitado por setos florecidos.

La hierbecilla que hay al pie del seto amortigua el sonido de los pasos.

Jesús trata de poner el pie precisamente en la hierba, para llegar adonde Lázaro de improviso.

Lo sorprende de pie, erguido, con los rollos apoyados en una mesa de mármol, orando en voz alta.

Está diciendo:

–     No me niegues lo que te pido, Señor.

Haz crecer este hilo de esperanza que ha nacido en mi corazón.

Dame lo que con lágrimas, con las obras, con el perdón, con todo mi ser, te he pedido diez mil, cien mil veces.

Dámelo y tómate a cambio mi vida.

Dámelo en nombre de tu Jesús, que me ha prometido esta paz.

¿Puede, acaso, mentir?

¿Tendré que pensar que su pro-mesa fue sólo con palabras?

¿O que su poder es inferior al abismo de pecado que es mi hermana?

Respóndeme, Señor, que yo me resignaré por amor a ti…

Jesús dice: 

–     ¡Sí, te respondo! 

Lázaro se vuelve como movido por un resorte, 

y grita:

–     ¡Mi Señor!

¿Cuándo has venido

Y se inclina para besar la túnica de Jesús.

–     Hace algunos minutos.

–     ¿Solo?

–     Con Simón Zelote.

Pero aquí, donde estabas tú, he venido solo.

Sé que me debes decir una cosa importante.

Dímela, pues.

–     No.

Antes responde a las preguntas que dirijo a Dios.

Según tu respuesta te la diré.

–     Dime esta cosa importante tuya, dímela.

La puedes decir…

Y Jesús sonríe y lo invita a hablar abriendo los brazos.

–     ¡Dios altísimo!

¿Entonces es verdad?

¿Entonces sabes que es verdad!

Y Lázaro va a los brazos de Jesús, a confiarle su cosa importante.

–     María ha llamado a Marta a Mágdala.

Marta se ha puesto en camino afligida, con el temor de que hubiera ocurrido alguna grave desgracia…

Yo me he quedado aquí solo, con el mismo temor.

Pero Marta, con el sirviente que la ha acompañado, me ha mandado una carta que me ha llenado de esperanza.

Mira, la tengo aquí, en mi pecho; la tengo aquí porque me es más preciosa que un tesoro.

Son pocas palabras, pero las leo cada poco, para estar seguro de que verdaderamente han sido escritas.

Mira… 

Y Lázaro saca de entre su vestido un pequeño rollo atado con una cintita violeta.

Lo desenrolla.

Y dice: 

–      ¿Ves?

Lee, lee.

En voz alta.

Leída por Tí me parecerá aún más verdadero. 

Jesús lee:   

“Lázaro, hermano mío, paz y bendición.

He llegado pronto y bien.

Mi corazón ha dejado de palpitarme por miedo a nuevas desgracias,

porque he visto a María, a nuestra María, sana…

Y… sí, debo decirte que menos exaltada de aspecto que antes.

Ha llorado reclinada sobre mi pecho.

Un profundo llanto…

Y, luego, por la noche, en la habitación a que me había llevado, me preguntó muchas cosas.

Muchas, sobre el Maestro.

Por ahora sólo esto; pero yo, que veo el rostro de María además de oír sus palabras,

digo que en mi corazón ha nacido la esperanza.

Ora, hermano. Ten esperanza. ¡Ah, si fuera verdad!…

Me quedo todavía un tiempo porque percibo que quiere tenerme cerca,

como para sentirse defendida de la tentación.

Y para descubrir lo que nosotros ya conocemos: la bondad infinita de Jesús.

Le he hablado de aquella mujer que vino a Betania…

Veo que piensa, piensa, piensa… Haría falta que Jesús estuviera presente.

Ora. Ten esperanza. El Señor esté contigo”».

Jesús recoge el rollo y se lo devuelve a Lázaro.

Que dice: 

–     Maestro…

Jesús dice: 

–     Iré.

¿Tienes alguna forma de avisar a Marta de que dentro de no más de quince días venga a mi encuentro a Cafarnaúm?

–     Sí, puedo avisarla, Señor.

¿Y yo?

–     Tú te quedas aquí.

También a Marta la mandaré para acá.

–     ¿Por qué?

–     Porque el redimido tiene un profundo pudor.

Y nada produce más vergüenza que la mirada de un padre o de un hermano.

Yo también te digo: “Ora, ora, ora”.

Lázaro llora en el pecho de Jesús…

Después ya calmado,

sigue hablando todavía de su angustia, sus desalientos… 

Y exclama:

–     Hace casi un año que mantengo la esperanza…

Que desespero…

¡Qué largo es el tiempo de la resurrección!

Jesús lo deja que hable, que hable, que hable…

Hasta que Lázaro se da cuenta de que está faltando a sus deberes de hospitalidad.

Y se levanta para llevar a Jesús a la casa.

En el trayecto, pasan al lado de un tupido seto de jazmines en flor

sobre cuyas corolas de forma de estrella zumban abejas de oro.

–     ¡Ah!…

Me olvidaba de decirte que el anciano patriarca que me mandaste,

ha vuelto al seno de Abraham.

Se lo encontró Maximino aquí, con la cabeza apoyada en este seto,

como si se hubiera quedado dormido…

Junto a las colmenas que cuidaba como si fueran casas, llenas de niños de oro.

Así llamaba a las abejas.

Daba la impresión de que las entendía, y de que ellas también lo entendieran.

Sobre el patriarca dormido en la paz de la buena conciencia;

cuando Maximino lo encontró,
estaba extendido un precioso velo de pequeños cuerpecitos de oro.

Todas las abejas posadas sobre su amigo.

No poco tuvieron que trabajar los sirvientes para separarlas de él.

Tan bueno como era, quizás sabía a miel…

Tan honesto era, que quizás para las abejas era como una corola pura…

Me ha dolido su muerte.

Hubiera querido tenerlo más tiempo en mi casa. Era un justo…

–     No te entristezca su ausencia.

Él está en paz.

Desde la paz ora por ti, que le has hecho dulces sus últimos días.

¿Dónde está sepultado?

–     En el fondo del huerto.

Sigue cerca de sus colmenas.

Ven conmigo que te guío…

Y se ponen a caminar, por un pequeño bosque de laurocerasos, hacia las colmenas, de las cuales proviene un runruneo laborioso…

Mas tarde, ese mismo día…

Es un Judas muy pálido este que baja del carro, con la Virgen y las discípulas:  las Marías, Juana y Elisa…

Judas convaleciente, vuelve adonde Jesús;

que está en el Getsemaní con María,

que lo ha cuidado.

Y con Juana, que insiste para que las mujeres y el convaleciente,

vuelvan en el carro a Galilea.

Jesús es también de esta opinión.

Y hace incluso montar en el carro al niño con ellas.

Sin embargo, Juana y Elisa se quedan en Jerusalén unos días,

para luego regresar respectivamente a Béter y a Betsur

Elisa decía:

–    Ahora tengo el valor de volver allí…

Porque mi vida ya no es una vida sin objetivo.

Ganaré para ti la estima de mis amigos.

Juana añadió:

–     también lo haré en mis tierras, mientras Cusa me deje aquí.

Será también servirte.

Aunque preferiría ir contigo.

Igualmente Judas decía:

–     No he añorado a mi madre ni siquiera en las horas peores de la enfermedad…

Porque tu Madre ha sido una verdadera madre para mí,

dulce y amorosa; no lo olvidaré nunca.

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UN LIBRO FASCINANTE


Padre Pío contra Satanás’:

Una lectura apasionante, sobre el combate que libró el santo de Pietrelcina contra el demonio

Por INFOVATICANA | 26 diciembre, 2018

A lo largo de su vida, el Padre Pío libró una batalla continua y durísima contra Satanás, que se sirvió de todo instrumento,

ordinario y extraordinario, para atacar a quien evidentemente consideraba un combatiente temible.

En las páginas de su libro Padre Pío contra Satanásel periodista Marco Tosatti reconstruye esta batalla a

través de relatos, biografías, testimonios y la inédita Positio, el monumental dossier de documentos que sirvió de base para la canonización.

También a través de las cartas que el Padre Pío envió a sus superiores y directores espirituales, que le mandaron escribir con detalle lo que le sucedía.

Durante su estancia en Venafro, el monje santo escribió:  

“Estas tentaciones son realmente terribles, porque el demonio ataca completamente el espíritu de los que se elevan en el amor de Dios

y lo agita de un modo tan violento que, si no se recibe una ayuda especial del Señor, se podría sucumbir.

Sobre todo cuando el demonio, para conseguir más fácilmente la victoria, se muestra bajo la forma de una mujer malvada, desnuda…

Y empuja con violencia al alma para hacerla sucumbir y caer en la tentación.

Al principio se me apareció bajo la forma de un gato negro y feo.

La segunda vez bajo la forma de unas jovencitas desnudas que bailaban lascivamente.

La tercera vez, sin aparecerse, me escupían en la cara.

La cuarta vez, sin aparecerse, me atormentaban con ruidos ensordecedores (…)”

El historiador Fernando Paz recomienda este libro que recoge el relato del combate que mantuvo el Padre Pío a lo largo de su vida, desde muy temprana edad.

Una lectura verdaderamente apasionante y también reconfortante, como fue la misma vida del Padre Pío.

El demonio existe y su papel activo no pertenece al pasado ni puede ser recluido en los espacios de la fantasía popular. 

El diablo en efecto, continúa  induciendo hoy día al hombre  justo, al pecado.

Por tal razón la actitud del discípulo de Cristo frente a Satanás tiene que ser de vigilancia y de lucha.

Y no de indiferencia.

La mentalidad de nuestro tiempo desaforadamente, ha relegado la figura del diablo a la mitología y en el folclore.

El Baudelaire afirmó justamente, que la obra maestra de Satanás en la era moderna, es de hacernos creer que no existe.

Por consiguiente no es fácil imaginar que el Diablo haya dado prueba de su existencia, aún cuando ha sido obligado a afrontar al Padre Pío en “ásperos combates”.

Tales batallas, tal como es reconocido en la correspondencia epistolar del venerable fraile, en sus directorios espirituales, fueron reales combates, siendo   la última con sangre.

Uno de los primeros contactos que el Padre Pío ha tenido con el Príncipe del Mal, remonta al año de 1906 cuando Padre Pío vivió en el convento de Sant  ‘Elia a Pianisi.

Una noche de verano no logró dormirse por el bochorno sofocante.

De la habitación vecina le llegó el ruido de los pasos de un hombre.

“El Pobre fraile Anastasio no puede dormir como yo” pensó el Padre Pío.

“Quiero llamarlo, al menos para hablar un poco”.

Fuè a la ventana y llamó el compañero, pero la voz  se le quedó en  la garganta:

Al observar que sobre el alféizar de la ventana vecina se asomó un monstruoso perro.

Así el mismo Padre Pío contó:

“Por la puerta con terror; vi entrar un gran perro, de cuya boca salió mucho humo.

Caí sobre la cama y oí que dijo: “es él, es él”

Mientras estuve en aquella posición, vi aquel animal que saltó sobre el alféizar de la ventana.

El rezo del Santo Rosario es azote para los demonios, que huyen en desbandada, cuando es rezado con FE, pues tiembla el Infierno y no resisten el arma poderosísima que es el Santo Rosario ORADO con fe y amor…

Y luego de esto se lanzó sobre el techo del frente y  desapareció…

Las tentaciones de Satanás que quisieron hacer caer al padre Pío, se manifestaron de modos diversos.

El Padre Agostino nos confirmó que Satanás apareció bajo las formas más variadas:

“bajo forma de jovencitas desnudas que bailaron; en forma de crucifijo;

bajo forma de un joven amigo de los frailes;

bajo forma del Padre Espiritual o del Padre Provincial;

de aquel del Papa Pío X y del Ángel de la guarda;

de San Francesco;

de Maria Santísima,

pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales.

A veces no hubo ninguna aparición pero el pobre Padre fue golpeado hasta salirle sangre,

atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc.  

Él logró librarse de estas agresiones invocando el nombre de Jesús,

Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron cuando el  Padre Pío liberó a los poseídos.

Más de una vez – el Padre Tarcisio contó de Cervinara – antes de  salir del cuerpo de un poseído, el Malvado ha gritado:

“Padre Pío nos das más molestias tú que San Michele”.

Y también: “Padre Pío, no nos arranques las almas y “no  te molestaremos”

Pero veamos cómo el mismo Padre Pío describe en las cartas mandadas a sus directorios espirituales, los asaltos de Satanás.

Carta al padre Agostino, del 18 de enero de 1912:

“… Barba Azul no  quiere ser derrotado.

Él ha venido a mí asumiendo casi todas las formas.

Desde hace varios días, me viene a visitar, junto con otros de sus espíritus infernales armados de bastones y piedras.

Lo peor es que ellos, vienen con sus semblantes.

Tal vez cuántas veces, me ha sacado de la cama y me ha arrastrado por la habitación.

¡Pero paciencia!

Jesús, la Mamá, el angelito, San José  y el padre San Francisco siempre están conmigo.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta a Agostino del 5 de noviembre de 1912: 

Estimado Padre”, ésta también es su segunda carta a través de la concesión de Dios.

Y ha seguido el mismo destino de  la   anterior.

Yo estoy seguro de que el Padre Evangelista ya le ha informado sobre la nueva guerra que los apóstatas impuros están haciendo en mí.

Padre mío, ellos no pueden ganar y hacer a su voluntad por mi constancia. 

Yo le informo sobre sus trampas, ya que sé  a lo que les gustaría inducirme, privándome de sus sugerencias. 

 Yo encuentro en sus cartas mi único  consuelo; pero para glorificar  a Dios y para su confusión yo los llevaré.

Yo no puedo explicarle, a usted cómo ellos están pegándome.

A veces yo pienso que me voy a morir.

El sábado  yo pensé que ellos realmente quisieron matarme, yo no hallaba a qué santo  pedirle  ayuda.  

Yo me dirigí a mi ángel de la guarda, suplicándole ayuda, quien me hizo esperar largo tiempo.

Y finalmente, él voló  alrededor de mí y con su voz angélica  cantó los himnos de alabanza a Dios.

Entonces una de esas escenas usuales pasó.

Yo le reñí severamente, porque él me había hecho esperar tanto por su ayuda, a pesar de que lo había llamado urgentemente..

Y por  castigo, yo no quise mirarlo a la cara, yo quería que él recibiera más que un castigo de mí, yo quise huirle…

Pero él pobre me localizó llorando, él me tomó hasta que yo lo mirara, yo lo miré fijamente en la cara y vì que él lo sentía.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Agostino  del 18 de noviembre de 1912…..

“El enemigo no quiere dejarme solo, me pega continuamente.

Él intenta envenenar mi vida con sus trampas infernales.

Él se molesta  mucho porque yo le cuento estas cosas.

Él me hace pensar en no decirle, los hechos que pasan con él.

Él me dice que lo narre a las visitas buenas que yo recibo; de hecho él dice que le gustan sólo estas historias. 

 El pastor ha estado informado de la batalla que yo tengo con estos demonios y con  referencia a sus cartas;

él  me sugirió que yo vaya a su oficina a abrir las cartas.

Pero en cuanto yo abrí la carta, junto con el pastor, encontramos que la carta estaba sucia de tinta.

¿Era la venganza del  diablo? Yo no puedo creer, que usted me ha enviado la carta sucia;

porque usted sabe que yo no puedo ver bien.

Al principio nosotros no pudimos leer la carta, pero después de poner el Crucifijo en la carta;

nosotros tuvimos éxito leyéndola, aun cuando nosotros no  éramos capaces de leer en letras pequeñas… “

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Agostino del 13 de febrero,  de 1913,

“Ahora, que veintidós días han pasado, desde que Jesús permitió a los diablos para descargar su enojo sobre mí.

Mi Padre, en mi cuerpo todo se machuca de las palizas que yo he recibido en el presente por nuestros enemigos.

En varias oportunidades, ellos me han quitado incluso mi camisa  y  me han golpeado de  una manera brutal”…

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Benedetto de fecha  18 de marzo de 1913

“Estos diablos no dejan de pegarme, mientras  que también me tumban de la cama.

¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme!

Pero ahora ellos no me asustan ya. Jesús me ama.

Él me levanta a menudo y me pone en la cama”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación,  con el Padre Pío; hasta le dice que él era un penitente.

Éste es el testimonio del Padre Pío:

“Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba.

Él era alto, guapo, me vistió con algo de refinamiento y era amable y cortés.

Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales.

 ¡Todos los pecados eran molestos! 

Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo…

Yo respondí. Yo le citaba la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, las morales de los Santos;

pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras, justificando con habilidad extrema y cortesía, todo  tipo de pecado.

Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacer normal, natural y humanamente comprensible, todas sus acciones pecadoras.  

Y esto no solamente para los pecados que eran repugnante contra Dios, Nuestra Señora y los Santos;

él fuè  Rotundo sobre la argumentación;

pero que pecados  morales tan sucios y ásperos.

Las respuestas que él me dio con la delgadez experimentada y malicia me sorprendieron.

Yo me pregunté: ¿Quién es él? ¿De qué mundo viene él?

Y yo intenté mirarlo bien, leer algo en su cara.

Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto  que merecían.

Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él.

Con autoridad divina yo le dije: diga…….”Viva Jesús por siempre” “Viva María eternamente”

En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos…

Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba  un hedor insoportable”

Don Pierino es sacerdote y uno de los hijos espirituales del padre Pío que estaban al mismo tiempo presentes.

Fr. Pierino cuenta la historia:

“Un día, el Padre Pío estaba en el confesionario, detrás de las cortinas.

Las cortinas del confesionario no estaban cerradas totalmente y yo tuve la oportunidad de mirar al Padre Pío.

Los hombres, mientras miraban los registros se apartaron, todos en una sola fila.

Del lugar dónde yo estaba yo leía el Breviario, intentando siempre mirar al Padre.

Por la puerta de la iglesia pequeña, entró un hombre.

Él era guapo, con los ojos pequeños y negros, pelo canoso, con una chaqueta oscura y los pantalones  bien arreglados.

Yo no quise distraerme y seguí recitando el breviario; pero una voz interior me dijo: “¡Detente y mira!”.

Yo miraba al  Padre Pío. 

 Ese hombre,  simplemente se detuvo delante del confesionario, después de que el penitente anterior se marchó.

Él desapareció rápidamente entre las cortinas, mientras estaba de pie,  delante del Padre Pío. 

 Entonces yo no vi más al hombre cabello oscuro.

Algunos minutos después, el hombre se hundió en el suelo con sus piernas ensanchadas.

En la silla en el confesionario, de pronto ya no vì al Padre Pío y en su lugar vì a Jesús;

pero Jesús  era rubio, joven y guapo y  miró fijamente  al hombre, quien tuvo por tumba al suelo.

Entonces de nuevo logré ver al Padre Pío que surgió  otra vez.

Él volvió para tomar su asiento  en su  mismo lugar y su apariencia emergió de la de  de Jesús.

Ahora podía ver claramente al Padre Pío.  

Yo oí su voz inmediatamente: “¡Dense prisa!”

¡Nadie notó este acontecimiento!

Todos continuamos de nuevo en lo que estábamos”

176 EL PADRE NUESTRO


176 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Suben entre los olivos, dejando Getsemaní a su derecha, subiendo más arriba por el monte, hasta alcanzar la cima, en que los olivos forman un peine susurrador.

Jesús se para y dice:

–      Detengámonos aquí…

Queridos, muy queridos discípulos míos, continuadores míos en el futuro, acercaos a Mí.

Un día, hace varios días, me habéis dicho: “Enséñanos a orar como lo haces Tú.

Enséñanos, como Juan enseñó a los suyos, para que nosotros, discípulos, podamos orar con las mismas palabras del Maestro”

Siempre os he respondido:

“Lo haré cuando vea en vosotros un mínimo suficiente de preparación, para que la oración no sea una fórmula vana de palabras humanas,

sino una verdadera conversación con el Padre”.

Pues bien, ha llegado el momento; poseéis ahora lo suficiente para poder conocer las palabras dignas de ser elevadas a Dios.

Y quiero enseñároslas esta noche, en la paz y el amor que reina entre nosotros.

En la paz y el amor de Dios y con Dios, porque hemos prestado obediencia al precepto pascual como verdaderos israelitas.

Y al imperativo divino de la caridad hacia Dios y el prójimo.

Escuchad:

Cuando oréis, decid: “Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros  tu Reino, hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo.

El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, perdónanos nuestras deudas, así como nosotros se las perdonamos a nuestros deudores.

No nos dejes caer en la tentación, más líbranos del Maligno”.

Jesús está de pié.

Se había levantado para decir la Oración.

Todos lo han imitado, atentos y emocionados

–     No hace falta nada más, amigos míos.

En estas palabras está encerrado, como en un aro de oro, todo lo que el hombre necesita, para el espíritu.

Para la carne y la sangre.

Con estas palabras pedís cuanto les es útil al espíritu, a la carne y a la sangre.

Y si hacéis lo que pedís, obtendréis la vida eterna.

Tan perfecta es esta oración, que no será menoscabada ni por el tempestuoso oleaje de las herejías, ni por el paso de los siglos.

La mordedura de Satanás fragmentará el cristianismo.

Muchas partes de mi carne mística sufrirán la separación, para formar células aisladas en el vano deseo de constituirse en cuerpo perfecto,

como será el Cuerpo místico de Cristo, el formado por la totalidad de los fieles unidos en la Iglesia apostólica, que será la única verdadera Iglesia mientras exista la tierra.

Estas partículas separadas, privadas por tanto de los dones que habré de dejar a la Iglesia Madre, para nutrir a mis hijos.

Se llamarán de todas formas cristianas, pues darán culto a Cristo.

Y a pesar de su error, siempre recordarán que de Cristo han venido

Pues bien, también ellas dirán esta oración universal.

Recordadla bien. Meditadla continuamente.

Aplicadla en vuestras acciones.

Basta para santificarse.

Si uno estuviera solo entre paganos, sin iglesias, sin libros; tendría ya en esta oración todo lo cognoscible para meditar…

Y una iglesia abierta en su corazón, para esta oración.

Tendría una regla segura y una segura santificación.

“Padre nuestro”

Yo lo llamo “Padre”. Es Padre del Verbo, Padre del Encarnado.

Así quiero que lo llaméis vosotros, porque vosotros sois uno conmigo, si permanecéis en Mí.

El hombre debía echarse rostro en tierra para exclamar, suspirando, envuelto en los temblores del miedo, la palabra “Dios”.

Quien no cree en Mí y en mi palabra, está todavía inmerso en este temblor paralizador…

Observad lo que sucede en el Templo:

No sólo Dios, sino incluso el recuerdo de Dios, están ocultos tras triple velo a los ojos de los fieles.

Separaciones de espacio, separaciones con velos, todo se ha tomado y aplicado para decir al que ora:

“Tú eres fango; Él, Luz. Tú, abyecto; El, Santo. Tú, esclavo; El, Rey”.

–    ¡Mas ahora!…

¡Levántaos! ¡Acercaos! Yo soy el Sacerdote eterno, puedo tomaros de la mano y deciros: “Venid”.

Puedo descorrer el Velo de Templo y abrir de par en par el inaccesible lugar que ha permanecido cerrado hasta ahora.

¿Y por qué cerrado?… Por la Culpa, sí.

Pero aún más clausurado por el pensamiento degradado de los hombres.

¿Por qué cerrado, si Dios es Amor, si Dios es Padre?…

Yo puedo, debo, quiero elevaros al azul del Cielo, no rebajaros al polvo.

No que estéis lejanos, sino cerca.

No como esclavos, sino como hijos que se reclinen sobre el pecho de Dios.

“¡Padre! ¡Padre!”, decid.

No os canséis de pronunciar esta palabra.

¿No sabéis que cada vez que la decís el Cielo resplandece por la Alegría de Dios?

Aunque no expresarais otra palabra, diciendo ésta con verdadero amor ya haríais una oración grata al Señor.

“¡Padre! ¡Padre mío!”, dicen los pequeñuelos a sus padres.

Ésta es la primera palabra que dicen: “Madre, padre”.

Pues vosotros sois los pequeñuelos de Dios.

Yo os he generado: con mi amor he destruido el hombre viejo que erais, haciendo nacer así al hombre nuevo, al cristiano.

Invocad pues, al Padre Santísimo que está en los cielos con la primera palabra que aprenden los niños.

ABBA –  PADRE

“Santificado sea tu Nombre”

Es el Nombre más santo y tierno que existe.

El terror del culpable os ha enseñado a esconderlo bajo otro.

No. Basta ya de decir “Adonai”, basta.

Es Dios. Es ese Dios que en un exceso de amor ha creado a la Humanidad.

La Humanidad de ahora en adelante, purificados sus labios con el lavacro por Mí preparado, llámelo por su Nombre.

Esperando a comprender con plenitud de sabiduría el verdadero significado de este incomprensible Nombre,

cuando fundida con Él, en sus mejores hijos, sea elevada al Reino que he venido a instaurar.

“Venga a nosotros  tu Reino “

Desead con todas vuestras fuerzas que venga.

Si viniera, la alegría habitaría la tierra.

El Reino de Dios en los corazones, en las familias, en las gentes, en las naciones.

Sufrid, trabajad, sacrificaos por este Reino.

Sea la tierra espejo que refleje en las personas la vida del Cielo.

Llegará. Un día llegará todo esto.

Pero antes de que la tierra posea el Reino de Dios, han de venir siglos y siglos de lágrimas y sangre, de errores y persecuciones.

De bruma rasgada por destellos de luz irradiados por el Faro místico de mi Iglesia.

La cual, si bien es barca y no será hundida; es también arrecife que resiste cualquier golpe de mar.

Y mantendrá alta la Luz, mi Luz, la Luz de Dios.

Cuando esto llegue, será como la llamarada intensa de un astro que alcanzada la perfección de su existencia;

se disgrega, cual desmesurada flor de los jardines celestes, para exhalar, en un rutilante latido, su existencia y su amor a los pies de su Creador.

Llegar, llegará; entonces comenzará el Reino perfecto, beato, eterno, del Cielo.

“Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo”

La propia voluntad se puede anular en la de otro, sólo cuando se le llega a amar con perfección.

La propia voluntad se puede anular en la de Dios, sólo cuando se han alcanzado las virtudes teologales en forma heroica.

FE, ESPERANZA Y CARIDAD

En el Cielo – donde no hay defectos – se hace la voluntad de Dios.

Sabed, vosotros, hijos del Cielo, hacer lo que en el Cielo se hace.

“Danos nuestro pan de cada día”

En el Cielo os nutriréis sólo de Dios.

La beatitud será vuestro alimento. Mas aquí todavía tenéis necesidad de pan.

Sois los párvulos de Dios; justo es entonces decir: “Padre, danos el pan”.

¿Teméis no ser escuchados? ¡Oh, no!

Considerad esto: si uno de vosotros tiene un amigo y ve que no tiene pan…

y debe dar de comer a otro amigo o pariente que ha llegado a su casa al final de la segunda vigilia,

irá al primero y le dirá: “Amigo, préstame tres panes, porque tengo un huésped que ha venido ahora y no tengo qué darle de comer”.

¿Podrá acaso, oír como respuesta desde el otro lado de la puerta:

“No me molestes, que ya he cerrado la puerta, la he trancado, y mis hijos duermen a mi lado; no puedo levantarme a darte lo que me pides”?

“¿Quién me abrirá en esta Cuaresma?

No. Si es un verdadero amigo al que se ha dirigido y si insiste, recibirá lo que pide.

Lo recibiría incluso aunque el amigo fuera poco bueno, por su insistencia;

porque aquel a quien se lo pidieran, con tal de que no le molestasen, se apresuraría a darle cuantos panes quisiera.

Pero vosotros, cuando dirigís vuestra oración al Padre, no os dirigís a un amigo de este mundo; sino al Amigo perfecto que es el Padre del Cielo.

Por tanto, os digo: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”.

Pues a quien pide se le da, quien busca halla. Y a quien llama se le abre la puerta.

¿Qué padre, a su propio hijo que le pide un pan, le pondrá en la mano una piedra?

¿Qué padre dará a su hijo una serpiente en vez de un pez asado?

Un padre que se comportase así con su prole sería un sinvergüenza.

Ya lo he dicho, pero lo repito para moveros a sentimientos de bondad y confianza.

Así pues, si uno que estuviera en su sano juicio no daría un escorpión en vez de un huevo…

Cada milagro en la Biblia, fué originado por un problema que FUE RESUELTO CON LA FE

¿Cómo no os va a dar Dios con mucha mayor bondad lo que pidiereis?:

En efecto, Él es bueno.

Mientras que vosotros por el contrario, en más o en menos, sois malos.

Pedid pues, con amor humilde y filial vuestro pan al Padre.

“Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”

Hay deudas materiales y deudas espirituales; las hay también morales.

Deuda material es la moneda o la mercancía que deben restituirse por haber sido prestadas.

Deuda moral es la estima arrebatada y no correspondida, el amor querido y no dado.

Deuda espiritual es la obediencia a Dios, de quien se exige mucho dándole muy poco.

Y el amor a Él.

Dios nos ama y se le debe amor, como se debe amor a una madre, a la esposa, al hijo, de quienes se exigen muchas cosas.

El egoísta quiere tener, pero no dar.

Pero el egoísta está en las antípodas del Cielo.

Tenemos deudas con todos: desde con Dios hasta con el esclavo, pasando por los familiares, los amigos, el prójimo en general.

Y los que están a nuestro servicio, pues todos éstos son en el fondo iguales que nosotros.

¡Ay de quien no perdone, porque no será perdonado!

Dios no puede por justicia, condonar la deuda que el hombre tiene para con Él, santísimo; si el hombre no perdona a su semejante.

“No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del Maligno”

El hombre que no ha sentido la necesidad de compartir con nosotros la cena de Pascua, me preguntó hace menos de un año:

“¿Cómo? ¿Tú pediste no ser tentado?

¿En la tentación pediste ayuda contra ella?”.

Estábamos nosotros dos solos.

Le respondí.

Luego – esta vez éramos cuatro – en una solitaria región, repetí la respuesta; pero todavía no fue suficiente;

porque en un espíritu inamovible. es necesario demoler la funesta fortaleza de su obcecación para abrirse paso;

por tanto, lo seguiré diciendo: una, diez, cien veces, hasta que todo se cumpla.

Vosotros sin embargo, que no estáis acorazados dentro de infaustas doctrinas y aún más infaustas pasiones, orad así.

Orad con humildad para que Dios impida las tentaciones.

¡Ah, la humildad! ¡Conocerse como uno es! Sin deprimirse, pero conocerse.

Decir: “Soy juez imperfecto de mí mismo y aunque no me lo parezca, podría ceder.

Por tanto Padre mío, tenme si es posible, libre de las tentaciones.

Tan cerca de Ti que no permitas al Maligno que me dañe”.

Debéis recordar, en efecto, que no es Dios quien tienta al Mal, sino que es el Mal el que tienta.

Rogad al Padre para que sostenga vuestra debilidad, de forma que no pueda el Maligno introducirla en la tentación.

He terminado, queridos míos.

Ésta es la segunda Pascua que paso con vosotros.

El año pasado sólo partimos el pan y compartimos el cordero.

Este año os doy esta oración.

Os otorgaré otros dones en las otras Pascuas que pasaré con vosotros…

Para que, una vez que me haya ido a donde el Padre quiere, os quede de Mí que soy el Cordero,

un recuerdo en las celebraciones del cordero mosaico.

Levantáos. Vamos.

Estaremos en la ciudad para el alba.

Es más, mañana tú Simón y tú, hermano mío (señala a Taseo) iréis por las mujeres y el niño.

Tú, Simón de Jonás y vosotros, os quedaréis conmigo hasta que éstos vuelvan.

Luego iremos juntos a Betania.

Bajan hasta el Getsemaní y entran en la casa de Simón, para descansar.