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N100 ¿QUÉ ES LA REPARACIÓN?


jesus-the-pastor Hijitos Míos, algunas veces os he pedido que hagáis un recuento de vuestra vida, que Me pongáis frente a vosotros. Y con humildad y con Mi ayuda, podáis vosotros ser vuestros propios jueces.

Vuestros pecados que ya habéis confesado, están perdonados. Ciertamente, buscáis eso cuando vais con el sacerdote, que vuestros pecados sean perdonados y así es. Es una Verdad, es un Sacramento.

Pero, ¿Cuántas veces, vosotros mismos, os imponéis la tarea de crecer y perfeccionaros?

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Confesáis continuamente el mismo pecado. ¿Cuántas veces le ponéis un “hasta aquí” a ese pecado en el que continuamente caéis y confesáis que daña Mi Corazón?  ¿Y tratáis de mejoraros?

De ahí parte la perfección del ser humano. De hacer un acto de conciencia, con fines de perfección.

Cuando os ponéis ante Mí con el corazón abierto, humildes, aceptando vuestros errores. Veo vuestro corazón contrito, sé que sois débiles y que sin Mí, no podréis crecer.

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Mi Gracia si Me la pedís, os puede llevar a la perfección. Muchos santos lograron llegar a ese nivel de santidad, luchando contra su propio “yo”.

Y alcanzaron la perfección al erradicar sus defectos, siendo estos la causa de sus caídas constantes en el pecado.

Vuestra vida, se os concede para producir amor. A eso vinisteis principalmente a la Tierra. A producir amor, para ir destruyendo la maldad y el odio de Satanás, que hay en el corazón de todos vosotros y que se da entre todos vosotros.

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Los seres humanos, desde pequeños, van aprendiendo del ejemplo que tenéis a vuestro alrededor, de vuestros hermanos. Si os tocó nacer en una familia educada, con buenos principios, en donde han cultivado todo lo que Yo os enseñé…

 Estas almas crecen mucho, están llenas de virtudes. Pero es porque ellas también ponen de su parte, aceptando esa vida a la que llegaron y el ejemplo que se os ha dado.

Por otro lado, hay almas que aun a pesar de nacer en familias que tenían muchas virtudes, que Mi Vida se desarrollaba entre ellos; rechazaron toda esa vida de virtud y de buenos principios y se fueron hacia el mal.

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Yo voy tocando corazones, voy buscando a aquellas almas que están dispuestas a la perfección; porque también se dan almas buenas en lugares, en familias, en zonas donde todo es pecado, maldad, muerte.

Pero Mi Gracia les toca su alma y se mantienen buscándoMe, aún a pesar de que son muy atacadas por sus hermanos, a su alrededor. Porque Mis pequeños, el alma virtuosa es reconocida entre vosotros.

El alma virtuosa produce Luz, produce cambio; pero no todos están dispuestos al cambio y por eso las almas virtuosas son muy atacadas.

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Las almas virtuosas sufren y sufren mucho, pero aceptan ése sufrimiento porque Me están dando gusto a Mí, vuestro Creador, vuestro Padre, vuestro Dios.

Las almas virtuosas son muy perseguidas. Muchas veces están rodeadas de una gran obscuridad, porque todos los que las rodean, viven en la maldad y en el pecado.

Y a estas almas o las rechazan o las destruyen. Porque las almas que están en la obscuridad, se sienten mal, se sienten señaladas, se sienten castigadas y no soportan a estas almas virtuosas y mejor las eliminan, para no sentirse mal.

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Pero estas almas son muy apreciadas en el Reino de los Cielos.

 Mis pequeños os digo, que lo que sufráis en la Tierra por defenderMe, por defender Mi Nombre, por defender Mis Leyes, por defender todo lo que es Mío, vuestro regalo será inmenso cuando regreséis ante Mi Presencia.

Son almas mártires, no necesariamente porque mueran así; sino porque son atacadas durante su vida en la Tierra, porque prefirieron vivir en el Bien y morir en el Bien, antes de mancharse con el pecado y arriesgar su vida eternamente, con una condenación por su mala vida y por rechazar lo que viene de Mí.

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El estar Conmigo, defender lo Mío, os va a asegurar la Vida Eterna.

Vuestro sufrimiento en la Tierra, se va a transformar en alegría eterna, de eso deberéis estar seguros Mis pequeños. Sed Míos y Yo Seré para vosotros eternamente.

 Os he dicho que vuestro cuerpo necesita alimento para desarrollarse; pero este a la vez, aunque toméis alimento se puede desarrollar bien o mal, dependiendo de la calidad de ése alimento.

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En vuestra alma, sucede algo similar. El alma se tiene que llenar también de alimento espiritual, pero igual le podéis dar buen alimento o mal alimento.

 El alma también busca su alimento y vosotros lo notáis; porque internamente no os sentís estables. Quizá podáis tener mucho de lo material, una buena salud. Podéis tener una buena situación económica, una buena estabilidad en el hogar, en vuestro trabajo, etc.,

Pero si vosotros no estáis alimentando a vuestra alma correctamente, sentiréis un vacío íntimo.

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Ese vacío está causado porque no le estáis dando Mi Alimento, Mi Presencia, Mi Vida a vuestra alma.

Podéis encontrar diferentes formas de espiritualidad en vuestro Mundo. Os podrá quizá, llenar alguna de ellas, pero siempre habrá un vacío en vuestro interior.

Yo Soy el Único que os puedo dar el Alimento correcto para que ya no sintáis ni hambre ni sed.

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Sí, Mis pequeños, os he dicho tantas veces que necesitáis de Mí, de Mi Presencia Viva en vosotros, de Mi Amor.

¿Cuántos van por el Mundo buscando una vida espiritual y caen en diferentes corrientes o pensamientos?

¿Y cuántas veces, estas maneras de pensar diferentes a lo que Yo os enseñé, os podrán destrozar vuestra vida?

ABRIENDO PUERTAS AL ENEMIGO

ABRIENDO PUERTAS AL ENEMIGO

Vuestro cuerpo depende del alma. El alma depende del alimento espiritual que le podáis dar.

Muchas almas pasan toda una vida buscando lo que es correcto. Se desvían, regresan, cambian de opinión, buscan algo más o se estancan en algo que les atrae, pero están equivocados.

Os he dicho que pidáis el don del Discernimiento y este os llevará a que encontréis la Verdad: Mi Verdad en vuestra vida. La cual, os va a satisfacer, porque os responderá a todas vuestras dudas, inquietudes y resolverá vuestros problemas.

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Este Carisma es el teléfono celular celestial con el cual la Oración se torna viva y eficaz; porque se convierte en un DIÁLOGO CON DIOS. (Joel 3)

Yo Soy vuestro Dios y sé en qué erráis cada uno de vosotros. Pero solamente a través de la oración, os podré indicar en dónde estáis errados, para que volváis al camino del Bien.

Humildad, humildad, Mis pequeños. Con ella creceréis. Pero si no os acercáis a buscarla, nunca la obtendréis.

Pedid perdón por vuestras faltas. BuscadMe para que Yo os dé todo lo necesario para una Nueva Vida en Mí, solos no podréis alcanzar la Sabiduría que Yo necesito que alcancéis. 

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Satanás os sigue engañando y os va desviando de los caminos de Verdad que debéis tomar. Y así, termináis vuestra vida llena de errores, de falsedades.

Os pido Mis pequeños, que entréis a vuestro corazón, que Me busquéis. Y estando ahí, preguntadMe lo que queráis. No desperdiciéis el poco tiempo que os queda de vivir en la aparente paz que tenéis en estos momentos.

Grandes desastres se vendrán dentro de muy poco tiempo y deberéis estar perfectamente unidos a Mí; para que no os confundan con los caminos que queden, a los que os invitarán a seguir. Mis santos Ángeles os custodiarán; todo cambiará.

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La primera fase será para probaros, la segunda fase, para santificaros. No temáis, confiad en Mí.

 Lo que voy a eliminar de la Tierra, será la maldad, el error, el pecado; si vosotros no os encontráis así, no os preocupéis.

Ciertamente hay error, maldad y pecado en todas las almas, pero hay algunas que saben vivir Conmigo. CONFIAD, confiad en Mi Amor, confiad en la donación de Mi Hijo por cada uno de vosotros.

PROFECÍAS

En las Escrituras leéis sobre el clima, conocéis cuando va a llover, cuando va a hacer calor o frío, por eso se sabía, se sentía que el Hijo del Hombre habría de nacer ya.

Ahora os digo lo mismo. Sabéis porque lo tenéis escrito, los signos para la Segunda llegada del Hijo del Hombre, de Mi Hijo, que vendrá a la Tierra y estará entre los hombres.

Aquellos que aprecian el Amor y la Perfección, a la cual estáis llamados todos vosotros, estáis en el Tiempo ya. Estáis viendo la decadencia espiritual, estáis viendo cómo Satanás está tomando ya, todos los poderes del Mundo. Cómo los climas se han alterado, cómo el hombre lucha contra el hombre, cómo se han apartado de Mi Amor, de Mis Leyes y de Mis Enseñanzas.

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Está escrito que cuando Satanás se sintiera vencedor, su tiempo terminaría. Recordad que nadie es vencedor si no tiene quién se gloríe de ello, si no tiene quién esté a su alrededor, elevándolo, consintiéndolo, tomándolo como figura principal ante todos los demás.

Ahora podéis ver cómo a Satanás y a sus secuaces, a todos aquellos que están obrando en el Mal, son elevados. Los hacen héroes, los hacen sentir que son gente importante, se arrodillan ante ellos.

Y tontamente lo hacéis, porque ése poder tanto económico, como político; lo han hecho en base a robos, asesinatos, corrupción, maldad… Y aun así los encumbráis y os arrodilláis ante ellos.

soberbia y arrogancia

Los que son insensatos, que no saben ver a través de la Verdad que brota de Mí, vuestro Dios. Los que le siguen la corriente a éstos que se endiosan ellos mismos y que piden ser endiosados, poco tiempo tendrán ya sobre la faz de la Tierra.

Estos son los Signos de los Tiempos. Al mal le queda poco tiempo y a los que están con el mal, también. Las oraciones de los justos llegan a Mí y por ése Resto Fiel, he de tomar ya la decisión del cambio que necesitáis.

Satanás os quiere destruir desde siempre. Y el poderío que le habéis dado por no ser fieles a Mí, lo ha encumbrado. Vosotros mismos os echasteis la cuerda al cuello y ahora él os ahoga, os destroza, hace con vosotros lo que él quiere. Os humilla y os aparta más de Mí.

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En lugar de levantaros, de luchar y pedirMe ayuda, os dejáis pisotear. Porque os sigue convenciendo que actuéis en el pecado, que gocéis de la maldad. Y así, el hombre sigue cayendo, depravándose cada vez más y olvidándose de Mí, vuestro Dios.

El lodo del mal cubre ya a las Naciones. Pueblos enteros, que se han apartado de Mí, viven para Satanás.

¡Cuánto dolor Me causa todo esto! Porque os amo, porque sois Mis creaturas, porque todavía espero; ansío, que haya una Luz interior en vosotros, que hagáis crecer y os podáis salvar… Pero veo cómo con vuestras acciones, vais apagando esas pequeñas luces que tenéis todavía en vuestro corazón.

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Ya no hay amor y esa es la principal Luz a la que más ataca Satanás. Y lo peor de todo, es que no os conmovéis en lo absoluto. Cuando ésta pequeña Luz se apaga en vuestro interior, ¿Qué pasa con ello?

Si vivíais mal cuando todavía había algo de Mi Luz en vuestro interior, al apagarse ésta, viviréis peor.

PORQUE SÓIS INCAPACES DE AMAR…

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Y además incitaréis a que muchos corran por esta misma suerte. Porque por vuestro ejemplo, movéis almas que están a vuestro alrededor y las lleváis al error.

¿Acaso no se conmueve vuestro corazón, al sentiros vacíos de Mí?

¿No sentís ese vacío que os agobia, que os haga arrepentiros, que os regrese hacia el Bien?

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No, ya no hay amor en muchos corazones. Y Mi Reino es de Amor. Si no vivís en el Amor y para el Amor, no tendréis parte Conmigo en el Reino de los Cielos.

(Porque solamente mientras estamos encarnados, podemos despertar nuestra energía de amor, aprendiendo a amar. Y con la voluntad y la ayuda divina, hacer crecer nuestra capacidad de amar)

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Vuestra vida se vuelve inútil, se vuelve mala, se vuelve pecaminosa… Y un alma así, no puede estar con Mis hijos; para que no corrompáis almas buenas, almas sencillas, almas que irradien Luz, que irradien Mi Amor.

Arrepentíos. Orad por vuestros hermanos que viven en el Mal. Orad intensamente por ellos. Mi Amor logra hacer milagros; pero vosotros necesitáis primeramente, ese milagro en vuestro interior.

Dejad que Mi Santo Espíritu os prepare, os guíe, para que podáis ser ejemplo en estos tiempos de obscuridad. SalvadMe almas, Mis pequeños. Vosotros, los que estáis Conmigo, salvadMe almas. son Mis hijos, son vuestros hermanos.

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Hijitos Míos, a causa de que muchos de vosotros habéis estado viviendo en la maldad, en el error, en estos tiempos se manifestará la maldad de Satanás abiertamente. 

Y es cuando os daréis cuenta real del engaño a donde él os llevó. Pero además, viviréis el horror de la maldad satánica.

Satanás no se tienta el corazón. Cuando conozcáis su Maldad, es cuando muchos se arrepentirán y así es como ganaré almas.

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Recordad, que de lo que Yo permito que el hombre viva, aunque muchas veces le duela; SIEMPRE, siempre, algo bueno saldrá de ésa experiencia. Y tarde o temprano, Me agradeceréis de que hayáis tenido ésa experiencia de vida; porque por ella, creceréis.

Ciertamente, viviréis cosas muy desagradables, que os dañarán, que os molestará el vivirlas; pero nunca se han de comparar los dolores que sufriréis, con aquellos que vosotros infligís en Mi Sacratísimo Corazón. 

 Por causa de vuestros pecados, de vuestros olvidos, de vuestras necedades, de vuestras groserías, de vuestros errores. Y así, podría nombraros una gran lista de todo lo que vosotros causáis a Mi Sacratísimo Corazón.

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¡Cuánta maldad produce el hombre y, especialmente, cuando se vuelve instrumento de Satanás!

Aún aquellos que no están tan metidos en el mal, que no tienen el discernimiento para darse cuenta de cómo dañáis a Mi Sacratísimo Corazón; Yo permitiré en estos momentos de Tribulación, el que viváis parte de Mis Dolores.

 Recordad que Mi Corazón es el más Sensible que existe y sufro mucho más por vuestras groserías, errores, pecados, maldades.

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Reparad, REPARAD Mis pequeños, por vuestros pecados y por los de vuestros hermanos.

LA REPARACIÓN ES UN TESORO INMENSO,

Entregadme vuestro Dolor y vuestro Sufrimiento como EXPIACIÓN

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y YO OS AYUDARÉ A LLEVAR VUESTRA CRUZ

PORQUE ME ESTÁIS QUITANDO DOLORES, ULTRAJES, MENOSPRECIOS.

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  DadMe amor, dándoMe almas en salvación. Y así, aseguraréis vuestra salvación eterna.

Hijitos Míos, no todo lo que viviréis en desastres será malo. Recordad que Yo saco un bien siempre, del mal que os ataca.

 Y así, aunque estaréis viviendo desastres, maldades, odios;  de todo ello también habrá bienes.

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Bienes que brotarán precisamente de corazones dormidos. De corazones que necesitaban ser motivados fuertemente ante los desastres, ante el dolor de las multitudes.

 Y de esos bienes, muchas almas se salvarán.

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Soy vuestro Padre, Soy vuestro Creador y Me duele mucho perder almas.

 Por eso, permito y permitiré desastres en el Mundo entero; para que despierten ésos corazones dormidos.

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Para que luchen por el bien de sus hermanos. Y esa donación, esa caridad que brotará de ellos; moverá a otros corazones que también están dormidos.

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Ese es Mi Amor, Mis pequeños, busco y encuentro la forma de mover vuestros corazones a la conversión. Ciertamente, Yo permito que se den ésas calamidades.

Pero quien las provoca es Satanás…

Porque ¿Cómo un Padre que ama y ama de una forma que vosotros no os imagináis; pueda causar tanta maldad, que hasta puedan morir sus hijos y perderlos eternamente?

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Confiad en Mí, Mis pequeños y de los acontecimientos que se vayan presentando en vuestra vida. Actuad en el amor, actuad en caridad para con vuestros hermanos.

No os mováis hacia la maldad, como tantos de vuestros hermanos, que se han satanizado.

Que aún en el momento del desastre y del dolor se aprovechan de sus hermanos, quitándoles de lo material que tienen… O aún quitándoles su vida espiritual.

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Esa es la Maldad de Satanás. Y así es como podréis comparar entre las almas buenas y las almas que se han vendido a Satanás.

El alma buena se dona, se da por sus hermanos. El alma mala, se aprovecha de las situaciones y no causa ningún bien a sus hermanos.

Orad mucho Mis pequeños, para que podáis tener la fortaleza y sabiduría necesarias para soportar y ofrecer de corazón, las pruebas que se darán en vuestra vida y en la de vuestros hermanos.

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Porque estos momentos que se acercan, momentos de prueba; es cuando los hijos de la Luz, van a hacer su aparición entre los hombres.

Vosotros habéis sido preparados para ello, llevaréis Luz a vuestros hermanos en estos tiempos de obscuridad.

Recordad que, el resto fiel que quedará después de la purificación, no tendrán todos la Evangelización de Mi Hijo. Y vosotros, los que habéis sido preparados en la Palabra y en el Amor de Mi Hijo, llevaréis Su Presencia en vosotros a vuestros hermanos.

TINIEBLAS Y LUZ

Él Es Luz, Él Es la Luz que vino a destruir las tinieblas y vosotros, sois ahora Luz. Ciertamente, dudáis de esta Gracia tan grande que os he concedido y que todavía no brota como debe hacerlo.

Pero ya entre vuestros hermanos, habéis probado de esta Gracia al iluminarlos con vuestras palabras, con vuestro ejemplo, con vuestro amor, que no es otra cosa que la Vida de Mi Hijo en vosotros.

Agradecidos y alegres debéis estar de esta Gracia tan grande, porque fuisteis preparados para ello. Fuisteis escogidos para ser llamados hijos de Dios en estos tiempos por venir y que seréis consentidos por Mí y por vuestros hermanos, por ser mensajeros de Luz.

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 Mensajeros de Quien Es la Verdadera Luz, que bajó entre los hombres a enseñarles el Camino, la Verdad y la Vida.

Soy vuestro Dios, Soy vuestro Padre y vosotros Me daréis la alegría que infinidad de hermanos vuestros no Me dieron antes de la Purificación, porque habían escogido vivir para Satanás.

Ciertamente, Me dolerá infinitamente su eliminación de la Tierra; pero Me quedaré con vosotros los escogidos, los que sois Luz como Mi Hijo. Y así, todo volverá a ser Paz, Armonía y Amor entre los hombres.

000

¡Cuánta alegría Me daréis, Mis pequeños!

Cantaréis himnos de júbilo junto con los Ángeles del Cielo.

Alabaréis Mi Santo Nombre, viviréis agradecidos de haber sido escogidos, cuidados y consentidos por Mi Amor, para vivir un Nuevo Reino en la Tierra.

00La Vida Eterna

Ved, como no todo es dolor y maldad, eso lo trae Satanás.

Lo Mío, como Padre Bueno que Soy; os doy Alegría, os doy Mi Amor, os doy Nueva Vida, una Verdadera Vida que nunca Satanás podrá daros.

Vivid pues alegres, contentos y con una esperanza de vida en que os voy a cumplir todas estas Promesas a los que vivís; para compartir con vuestros hermanos, el Amor que Mi Hijo os dejó.ThisholycardofDovesandTheSacredwasc

Gracias, Mis pequeños.

http://www.diospadresemanifiesta.com/

P5.- EL AVISO Y EL PECADO DE SATANAS


1lucifer

09 mar 2013 Para cuando llegue el Viernes Santo muchas almas comenzarán a darse cuenta de que Mi Aviso a la humanidad está sobre el mundo

Traducción Latinoamérica

Sábado 9 de marzo, 2013 a las 21:45 hrs.

Mi amadísima hija, para cuando llegue el Viernes Santo muchas almas comenzarán a darse cuenta de que Mi Aviso a la humanidad está sobre el mundo.

Apenas sea presenciada la abominación, la Verdad de estos Mensajes será verdaderamente entendida.

1 LIBRO

Reunid a vuestra gente, uníos en oración, ya que una oscura nube cubrirá la tierra.

Los castigos serán infligidos a la humanidad conforme se sumerge en un abismo de indiferencia y apatía, a la Palabra de Dios.

Aquellos que han dado la espalda a los Dones dados a la humanidad,

por Mi muerte en la Cruz, serán despertados y verán cuán grotescas sus almas aparecen ante Mis Ojos.

1apoc-san juan

Pronto verán que se les ha dado solo un corto tiempo en el cual se arrepientan. Porque Mi paciencia es grande, pero Mi tristeza es profunda.

Son tan amargos sus corazones, que no solo me rechazan a Mí, su amado Jesús, sino que se niegan ellos mismos los Dones, que les hago libremente disponibles.

EGOISMO DESENFRENADO

EGOISMO DESENFRENADO

Cómo han sido engañados en creer en sus propias falsas ilusiones que el mundo es suyo para vivir de cualquier forma que elijan,

sin ninguna preocupación que los haga ir más despacio, en su búsqueda de satisfacción

Este mundo ya no será suyo para quien lo quiera, porque es solo un estado temporal.

Pronto se encontrarán a sí mismos en un nuevo estado y para muchos de ellos, no será en Mi Nuevo Paraíso.

1Soberbia

Mi intervención está a la mano y Mi Plan para salvar al mundo pronto se hará completamente conocido.

El orgullo es vuestro mayor enemigo y es la falta más grande de Satanás.

soberbia1

Cuando alguien denuncia a otro; regaña a otro y señala con el dedo de acusación contra otro en Mi Nombre, han caído víctimas del pecado de Satanás.

Va a ser el pecado de orgullo, el que será la caída de la humanidad y que sumergirá muchas almas en las llamas del Infierno.

1inferno

No caigáis víctimas a esta maldición del maligno

y permaneced en silencio si no estáis de acuerdo con otro que grita en voz alta contra Mí, con mentiras vertiendo de sus bocas, incluso si vosotros sabéis que no hablan la Verdad.

Hay que bajar los ojos y simplemente proclamar Mi Palabra.

Defendedme solo al declarar al mundo lo que sabéis de Mi Plan para salvar almas. Y aun cuando aquellas almas, que creen que su conocimiento de Mí les da el derecho a amonestar a otros y exigir respuestas de vosotros, vosotros no debéis nunca defenderme a través de argumentos.

1angeles-apocalipsis

Muchos eventos en el mundo impactarán a la mayoría de la humanidad, dentro de poco.

Incluso las personas más desinteresadas, que viven sus vidas en un vacío de ambición mundana, con poco tiempo para asuntos espirituales,

comenzarán a darse cuenta de que hay mucho cambio.

1APOCALIPSIS

Ellos sabrán que estos cambios están más allá de su comprensión y esto resultará en que estén más abiertos a la Palabra de Dios.

Vuestro Jesús

http://www.thewarningsecondcoming.com/

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

78.- EL CAMALEÓN


No hay ninguna otra casa en donde se pueda elevar el espíritu como en Nazareth. Hay en ella paz, silencio, orden. Está llena de santidad. Y esa santidad emana de quien vive en ella. De quien pronta y silenciosa, con ademanes suaves, juveniles y perfectos, se mueve por todas partes con su sonrisa que tranquiliza, que acaricia…

Son las primeras horas de la mañana y el sol ilumina las copas de los olivos en el huerto, así como el almendro y los manzanos. Un granado y una higuera están junto a las flores y las verduras cultivadas con sumo esmero en los cuadros rectangulares, junto a los cercados que están bajo el emparrado cargado de sarmientos.

Las abejas, como gotas de oro voladoras, zumban sobre todo lo que pueda darles perfumados y dulces néctares. Y atacan la madreselva y las campánulas.

María va ligera a los nidos de las palomas y a la pequeña gruta, cerca de la cual canta una pequeña fuente, donde admira sus flores y a sus pajarillos, que gorjean saludándola.

Entra judas cargado de plantas y estacas, diciendo:

–                     Buenos días, Madre. Me dieron todo lo que quería. Corrí para que no les pasara nada. Espero que prenderán como la madreselva. El año que viene tu jardín será como un canasto lleno de flores y así te podrás acordar del pobre Judas y de su estancia aquí.

María contesta:

–                     Muchas gracias, Judas. Es mucho. No puedes imaginar que feliz soy con esa madreselva, junto a la gruta. José era bueno hasta en las cosas más pequeñas.  Plantó una madreselva y una hiedra que vive todavía. La madreselva murió en los años de destierro. La volví a plantar y hace tres años, murió. Ahora tú la has vuelto a plantar. ¿Ves? Ya prendió. Eres un buen jardinero.

–                     Sí. Cuando era pequeño me gustaban mucho las plantas y mi mamá me enseñó a cuidarlas. Ahora vuelvo a ser niño a tu lado, Madre. Y descubro mi antigua habilidad para agradarte. ¡Eres muy buena conmigo! –dice Judas, que como un experto trabaja colocando las plantas en los lugares más apropiados y aprieta la tierra con un azadón- A éstas no les hace falta mucho sol. No me las quería dar el siervo de Eleazar, pero le insistí hasta que me las dio.

–                     Tampoco a José le querían dar aquellas gardenias. Pero él hizo algunos trabajos sin remuneración, para poder obtenerlas. Aquí han estado muy bien.

–                     Ya acabé, Madre. Ahora las voy a regar.

Las riega y luego se lava las manos en la fuente.

María lo mira… ¡Es tan diferente de su Hijo! ¡Y también tan diferente del Judas de ciertas horas de borrasca! Lo escudriña. Piensa… se le acerca. Y poniéndole una mano en el brazo, dulcemente le pregunta:

–                     ¿Te sientes mejor Judas? Quiero decir en tu espíritu.

–                     ¡Oh, Madre! Muy bien. Me siento tranquilo, lo estás viendo. Encuentro gusto y salvación en las ocupaciones humildes y en estar contigo. No debería jamás salir de esta paz, de este recogimiento. Aquí… ¡Qué lejos está el mundo de esta casa!… –Judas mira el huerto, las plantas, la casita… Suspira y agrega- Pero si me quedase aquí, jamás sería apóstol y quiero serlo.

–                     Créeme Judas. Es mejor ser un alma justa, que un apóstol pecador. Si te das cuenta que las alabanzas y los honores de apóstol te dañan; renuncia, Judas. Es mejor para ti ser un simple fiel, que un apóstol pecador.

Judas inclina la cabeza pensativo…

María lo deja con sus pensamientos y entra en la casa para continuar con sus quehaceres.

Por un rato, Judas se queda clavado en el mismo lugar. Después pasea bajo el emparrado. Lleva los brazos cruzados, la cabeza inclinada. Piensa. Piensa. Piensa… Luego monologa. Hace ademanes.

Un monólogo incomprensible; pero los gestos indican que sostiene una lucha muy fuerte. Que es presa de ideas contradictorias. Parece como si suplicase o rechazase… llora.

Luego maldice. Pasa de una expresión interrogante, a otra de miedo, de angustia suprema. Hasta que su cara refleja la de sus peores momentos.

Inclina la cabeza como si se sintiese derrotado. Se detiene y continúa así por unos momentos. Luego levanta el rostro y ¡Es el de un demonio!…

Se lleva las manos a la cara y huye entre los olivos hacia el montecillo. Llora con la cara oculta entre las manos, hasta que se calma. Está sentado con la espalda apoyada contra un olivo, como si estuviese atolondrado…

Por la tarde, el cielo se pinta con un hermoso crepúsculo. Nazareth abre las puertas de sus casas que estuvieron cerradas todo el día a causa del calor estival. Calor de Oriente.

Hombre, mujeres y niños salen a los huertos, a las calles en busca de aire. Van a la fuente a jugar; a platicar, mientras llega la hora de la cena. Saludos, chanzas, carcajadas, gritos; salen de bocas de hombres, mujeres y niños.

También Judas sale y se dirige a la fuente, con las jarras de cobre. Los nazarenos lo ven y  lo señalan como ‘El discípulo del Templo’ cosa que al llegar a los oídos de Judas le suena como música. Pasa saludando con afabilidad; pero con un aire de reserva que es en realidad una refinada soberbia.

Un Nazareno le dice:

–                     Eres muy bueno con María, Judas.

Iscariote contesta:

–                     Se lo merece y mucho más. En realidad es una gran mujer de Israel. Sois felices de que sea vuestra conciudadana.

La alabanza tributada a la mujer de Nazareth, seduce a muchos nazarenos, que de boca en boca repiten lo que dijo Judas.

Cuando él llega a  la fuente, espera su turno y se ofrece cortésmente a llevar los cántaros a una viejecita que no termina de bendecirlo. También ayuda a sacar agua a dos mujeres que no podían por tener a sus niños en los brazos.

Ellas levantando un poco sus velos, dicen:

–                     Dios te lo pague.

Judas responde con una inclinación:

–                     El amor del prójimo es el primer deber de un amigo de Jesús.

Llena sus jarras y regresa a la casa.

Antes de llegar, el sinagogo y otros lo invitan a hablar el sábado siguiente:

–                     Hace más de dos semanas que estás entre nosotros y no has hecho otra cosa más que mostrarte cortés con nosotros. –dice quejumbroso el sinagogo a quien acompañan otros ancianos del poblado.

Judas replica:

–                     Pero si no os gusta la manera de hablar de vuestro Gran Hijo, ¿Podrá agradaros la de su discípulo y que por añadidura es judío?

–                     Tu actitud es injusta y nos causa pena. Somos sinceros al invitarte. Tú eres discípulo y judío, es verdad. Pero eres del Templo. Por esto puedes hablar. Porque en el Templo hay doctrina. El hijo de José es tan solo un carpintero…

–                     ¡Es el Mesías!

–                     Él lo dice… ¿Será verdad? ¡O más bien es un delirio!

Judas está escandalizado de la incredulidad de los nazarenos y exclama:

–                     ¡Su Santidad, nazarenos! ¡Su Santidad!

Pero ellos objetan:

–                     Es grande. Es verdad. ¡Pero que sea el Mesías!… Y luego, ¿Por qué debe hablar tan duramente?

–                     ¿Duro? No. A mí no me parece duro. Antes bien… bueno… es muy sincero e intransigente. No deja encubierta ninguna culpa. No duda en denunciar un abuso… Y esto causa desagrado.

Pone el dedo exactamente en el centro de la llaga y esto causa dolor. Pero es por santidad. ¡Oh! ¡Claro que por eso obra así! Se lo he dicho más de una vez: ‘Jesús te haces daño’ ¡Pero no quiere entenderme!…

–                     Lo quieres mucho y cómo eres docto, podrías guiarlo.

–                     ¡Oh! Docto, no… pero hombre práctico, sí. Del Templo, ¿Sabéis? Conozco las costumbres. Tengo amigos… Eleazar el hijo de Annás, es como si fuese mi hermano. Y si queréis algo del Sanedrín, decídmelo… Bueno. Ahora dejadme que lleve el agua a María, que me está esperando para la cena.

–                     Regresa después. En mi terraza hay aire fresco. Estaremos entre amigos y hablaremos…

–                     Sí. Hasta pronto.

Y Judas se va a casa, donde se excusa con María por haberse tardado.

Le explica el motivo y concluye:

–                     Quieren que yo hable el sábado. El Maestro no me lo ordenó. ¿Tú que dices? Guíame, Madre.

María pregunta:

–                     ¿Hablar con el sinagogo? O ¿Hablar en la sinagoga?

–                     Ambas cosas. Yo no quisiera hablar con nadie, ni a nadie, porque sé que son contrarios a Jesús. Y también porque hablar donde solo Él tiene el derecho a ser el Maestro, me parece un sacrilegio, pero… ¡Me insistieron tanto!… Quieren que vaya con ellos, después de la cena… casi lo prometí.

Si crees que hablando con ellos pueda quitarles el espíritu de resistencia contra el Maestro, que es tan dura. Aunque no me siento capaz para ello, iré a hablar; tratando de ser magnánimo con su terquedad. Pues he experimentado que ser duro con ellos es peor.

¡Eh! ¡No caeré más en el error que cometí en Esdrelón! ¡Al Maestro le desagradó muchísimo! No me dijo nada, pero lo comprendí. No lo haré más. Quiero abandonar Nazareth, después de haberlos persuadido de que el Maestro es el Mesías. Para que crean y lo amen.

Judas está hablando mientras come lo que María le ha servido como una mamá y está sentado en le lugar, donde se sienta siempre Jesús.

María contesta:

–                     Estaría bien que Nazareth comprendiese la verdad y la aceptase. No te detengo. Nadie mejor que tú, puede decir si Jesús merece amor o no. Piensa cuanto te ama y te lo demuestra, disculpándote siempre y dándote gusto en todo lo que puede… Que esta reflexión te de palabras y acciones santas.

La cena ha terminado.

Judas va a regar las flores del huerto, antes de que oscurezca. Luego sale, dejando a María en la terraza, doblando la ropa que había puesto a secar. Judas saluda a Alfeo de Sara y a María Cleofás. Luego se dirige a la casa del sinagogo; donde están presentes los otros dos primos de Jesús: José y Simón, junto con otros seis ancianos. Después de los pomposos saludos, se sientan y beben agua fresca.

El sinagogo lo colma de honores y dice:

–                     Estoy contento de que hayas aceptado nuestra invitación y estés aquí. Eres joven. Un poco de distracción, hace bien.

Judas contesta gentil:

–                     No me atreví a venir antes para no importunaros. Sé que despreciáis a Jesús y a sus seguidores.

–                     ¿Despreciar? No. No creemos… Y digámoslo claro. Estamos heridos por sus verdades demasiado duras. Nosotros creíamos que tú nos desdeñarías. Y por eso no te invitábamos.

–                     ¿Desdeñaros yo? Al revés. Os comprendo muy bien… ¡Bah! Estoy convencido de que terminará por haber paz entre vosotros y Él. A Él le conviene, igual que a vosotros. A Él, porque tiene necesidad de todos. Y a vosotros porque no os conviene que os llamen enemigos del Mesías.

José de Alfeo pregunta:

–                     ¿Y crees tú que Él sea el Mesías? En Él no existe nada de la catadura real que ha sido profetizada. Tal vez se debe a que lo vemos solo como carpintero… ¿Pero en qué aspecto es el Rey Libertador?

–                     También David, sólo parecía un pastorcillo. Vosotros sabéis que ni siquiera Salomón en toda su gloria, fue un rey tan grande como él.  Porque viéndolo bien Salomón no hizo otra cosa, que proseguir la obra de David y jamás fue inspirado como él. Pero David, ¡Considerad la figura de David! es gigantesca. Con una realeza que toca el cielo. No juzguéis pues los orígenes del Mesías, para dudar de su realeza. David, pastor y rey. Jesús, carpintero y Rey.

El sinagogo dice:

–                     Tú hablas como un rabí. Se descubre en ti, al que fue educado en el Templo. ¿Podrías hacer saber al Sanedrín, que yo el sinagogo, tengo necesidad de ayuda del Templo, para una causa privada?

–                     ¡Pero claro que sí! Seguro. Con Eleazar, ¡Figuraos! Y luego, José el Anciano, ¿Sabes? El rico de Arimatea. Y el escriba Sadoc…y luego… ¡Oh! ¡Ni hablar!…

–                     Entonces mañana serás mi huésped y hablaremos…

–                     ¿Huésped? No. Yo no abandono a esa santa y dolorida mujer que es María. Vine con el fin de hacerle compañía.

Simón de Alfeo, dice:

–                     ¿Qué le pasa a nuestra pariente, que está sana y feliz en medio de su pobreza?

José de Alfeo confirma:

–                     Sí. Nosotros no la abandonamos. Mi madre siempre la cuida. También yo y mi mujer. Aunque no puedo perdonarle su debilidad para con su Hijo. También fue lo que afligió a mi padre que murió por causa de Jesús, sólo con dos hijos suyos alrededor de su lecho. ¡Y luego!… Pero todos los problemas de familia no se exponen a los cuatro vientos. – termina con un suspiro.

–                     Tienes razón. Se murmura en secreto, echándolo en un corazón amigo. Pero así sucede con muchos dolores. También yo tengo los míos de discípulo… ¡Pero no hablemos de ellos!

José insiste:

–                     No. Hablemos de ellos. ¿De qué se trata? ¿De qué se avergüencen de Jesús? No aprobamos su conducta pero no dejamos de ser parientes suyos. Y estamos prontos a hacer causa común con Él, contra sus enemigos. ¡Habla!

–                     ¿Vergüenza por Jesús? Sólo fue un decir… Luego, los dolores de discípulo son tan grandes. No solo por el modo que el Maestro emplea con amigos y enemigos; causándose mal a sí mismo, sino también porque veo que no se le ama. Yo quisiera que todos le amaseis…

El sinagogo se disculpa:

–                     Pero, ¿Cómo se puede hacer?… Tú lo estás diciendo, ¡Tiene un modo de obrar! Antes de dejar a su Mamá, no era así. ¿No es verdad?

Todos aprueban con gravedad y todos aprueban en hablar bien del Jesús silencioso, manso, solitario, de otros tiempos.

Uno de los ancianos dice:

–                     ¿Quién iba a pensar que se convertiría en el que es ahora? Entonces todo era para su casa y para sus familiares. ¿Y ahora?

Judas lanza un suspiro y dice:

–                     ¡Pobre mujer!

José grita:

–                     ¿Qué sabes? ¡Habla!

–                     No más de lo que tú no sepas. ¿Crees que le sea agradable el estar abandonada?

Otro de los ancianos afirma:

–                     Si José se las hubiese podido arreglar como vuestro padre, no habría sucedido esto.

Judas dice:

–                     No creas. Habría sido lo mismo. Porque cuando se le meten a uno ciertas ideas.

Un siervo trae lámparas y las pone sobre la mesa, porque esta noche no hay luna, aunque el cielo está cuajado de estrellas. También traen bebidas y el sinagogo se apresura a ofrecerle a Judas.

Judas se pone de pie y dice:

–                     Gracias pero no puedo entretenerme más. Tengo mis obligaciones con María.

También los dos hijos de Alfeo se levantan.

–                     Vamos contigo. Es el mismo camino.

Y con muchos saludos se despiden. Quedando sólo el sinagogo y los ancianos.

Las calles están desiertas y silenciosas. En lo alto de las ricas casas, se oyen voces y se ven los destellos de las lámparas de aceite. Caminan en silencio por un largo trecho y luego José se detiene.

Toma del brazo a Judas y le dice:

–                     Oye. Veo que sabes algo que no quisiste decir en presencia de extraños. Pero ahora debes hablar. Soy el mayor de la casa y tengo el derecho y el deber de saberlo todo.

Judas responde:

–                     Y yo fui con la intención de decíroslo y de proteger al Maestro, a María, a nuestros hermanos y a vuestro nombre. Es algo tan penoso de decirse, como de oírse. Muy penoso de llevarse a cabo, porque me hará parecer un espía. Os ruego que me comprendáis. No se trata de eso. Es tan solo amor y prudencia.

Sé muchas cosas que vosotros ignoráis. Las sé por mis amigos del Templo. Y sé que son un peligro para Jesús y para el buen nombre de la familia. He tratado de hacérselo comprender al Maestro, pero no lo he logrado. ¡Al revés! Cuanto más lo aconsejo, tanto peor hace Él.

Se está haciendo criticar y odiar cada vez más. La razón es que es muy santo para entender lo que es el mundo. Es muy triste ver perecer una institución santa, por la imprudencia del fundador.

–                     ¿De qué se trata? ¡Dilo todo y nosotros nos haremos cargo! ¿No es verdad, Simón?

–                     Ciertamente. Pero me parece imposible que Jesús cometa imprudencias y haga cosas contrarias a su misión…

José explota:

–                     ¡Pero si este buen joven que ama a Jesús lo dice! ¿Ves cómo eres? Siempre el mismo. Incierto, titubeante. Me abandonas en el momento necesario. Yo lucho solo contra toda la parentela. ¡Ni siquiera tienes compasión de nuestro nombre y de nuestro pobre hermano que va a la ruina!

Judas exclama:

–                     ¡No! ¡Ir a la ruina, no! ¡Pero desprestigiándose, sí!

José insiste:

–                     ¡Habla! ¡Habla!

Mientras Simón calla perplejo…

Judas dice en voz baja:

–                     Hablaría. Si estuviera seguro de que no me mencionaríais ante Jesús… ¡Juradlo!

José dice:

–                     Lo juramos sobre el Santo Velo. ¡Habla!

–                     Lo que voy a decir no lo diréis ni siquiera a vuestra madre y mucho menos a vuestros hermanos.

Simón confirma:

–                     Tranquilízate respecto a nuestro silencio.

–                     ¿Y no le diréis nada a María? Para no causarle dolor. Como yo lo hago. Guardo silencio. Es un deber tomar precauciones; aún para la paz de esta pobre madre…

José repite:

–                     No diremos nada a nadie. Te lo juramos.

Satanás se aprovecha de los celos de Judas. Una pasión nacida de la envidia y la soberbia y que el apóstol infiel, no se preocupa por rechazar. Satanás está furioso y recurre a medidas extremas para detener a Jesús; pues le está minando su poderío, de una forma implacable. Y de este modo y por estos pecados, Judas le da entrada y es su instrumento perfecto.

Satanás-Judas sigue con su intriga:

–                     Entonces escuchad:

Jesús no se limita a acercarse a los gentiles, publicanos y prostitutas. A ofender a los fariseos y a otras personas valiosas e importantes. Ahora está haciendo todo al revés. Imaginaos que fue a tierra de filisteos, acompañado de un macho cabrío negrísimo. Ahora ha aceptado aun filisteo por discípulo. ¿Y aquel niño que recogió? ¡No sabéis los comentarios que se hicieron! Pocos días después fue una griega pagana. Y por remate esclava que huyó de su patrón romano.

Luego, discursos que no concuerdan con la sabiduría del sentido común. En resumidas cuentas, parece un loco que busca hacerse daño. En tierras de filisteos se entrometió en una ceremonia de brujos y se puso al tú por tú, con ellos. Los venció. Pero ya los escribas y los fariseos, lo comienzan a odiar. ¿Si estas cosas llegan a sus oídos, qué sucederá? Tenéis el deber de intervenir… De impedir…

Simón dice:

–                     Esto es grave. Muy grave. ¿Pero cómo podíamos saberlo? ¡Estamos aquí!… ¿Y ahora? ¿Cómo podremos estar al tanto de lo que sucede?

–                     Y sin embargo es vuestro deber intervenir e impedir. La Madre es madre y es muy buena. No debéis abandonarlo en estas circunstancias. Por Él y por el mundo.

Además. Esto de seguir arrojando demonios… Corre la voz de que se sirve de Belcebú. Pensad si esto lo favorece. ¡Y luego! ¿Qué clase de rey podrá llegar a ser, si las multitudes se ríen ya desde ahora o se escandalizan?

Simón pregunta incrédulo:

–                     ¿Pero de veras hace cuánto dices?

–                     Pregúntaselo a Él Mismo. Os lo confirmará porque hasta de esto se jacta.

–                     Deberías avisarnos…

–                     ¡Claro que lo haré! Cuando vea algo raro, os lo mandaré avisar. Pero os lo ruego: silencio ahora y siempre. Silencio con todos.

–                     Lo juraremos. ¿Cuándo te vas?

–                     Después del sábado. Ya no hay razón para estar aquí. He cumplido con mi deber. 

José de Alfeo, dice:

–                     Te lo agradecemos. Ya decía yo que Él estaba cambiado. Tú hermano, no me quisiste creer. ¿Ves que tenía razón?

Simón de Alfeo objeta:

–                     Yo… Me resisto a creerlo todavía. Judas y Santiago no son unos tontos. ¿Por qué no nos han dicho nada? ¿Por qué no hacen algo, si suceden estas cosas?

Judas replica resentido:

–                     Hombre, ¡No vas a decirme ahora que no crees en mis palabras!…

Simón responde:

–                     ¡No!… Pero… ¡Basta! Perdona que te lo diga: creeré cuando lo vea.

–                     Está bien. pronto lo verás y me dirás: ‘Tenías razón’ bueno. Aquí está vuestra casa. Os dejo. Dios sea con vosotros.

José dice:

–                     Dios sea contigo, Judas. Y… ¡Oye! Tú tampoco digas esto a otros. Está en juego, nuestra honra…

–                     Ni siquiera me lo diré a mí mismo. ¡Adiós!

Y se va rápido. Vuelve a entrar tranquilo a la casa. Sube a la terraza, donde María está sentada, contemplando el cielo lleno de estrellas.

Y a la lucecilla de la lámpara que Judas prendió para subir por la escalera; se ven dos hileritas de llanto, que descienden por las mejillas de María.

Judas pregunta con ansiedad:

–                     ¿Estás llorando, Madre?

Ella contesta con dolor:

–                     Porque me parece que el mundo está cargado con más asechanzas, que cuantas estrellas hay en el cielo… Asechanzas contra mi Jesús…

Judas la mira atento y no sabe qué hacer.

María termina suavemente:

–                     Pero me da fuerzas el amor de los discípulos… Amad mucho a mi Jesús. Amadlo. ¿Quieres quedarte aquí, Judas? Bajo mi habitación. María Cleofás se fue a dormir, después de preparar la levadura para mañana.

–                     Sí. Aquí me quedo. Aquí se está bien.

–                     La paz sea contigo, Judas.

–                     La paz sea contigo, María.

Y María se retira a su habitación.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

 

19.- EL COLEGIO APOSTÓLICO


Unos días después…

En la pequeña habitación que da al huerto que está lleno de follaje, con todo el esplendor del verano; Jesús está con María. Están sentados juntos en la banca de piedra junto a la pared. Después de terminada la cena, los demás se retiraron a descansar.

La Madre y el Hijo se sienten felices de estar cerca y de trabar una dulce conversación. Hablan de lo sucedido durante su separación: Del bautismo. Del ayuno en el desierto. De la formación del Colegio Apostólico. Jesús ha contado a su Madre sus primeras jornadas de evangelización. Sus primeras conquistas de corazones.

Y María está pendiente de cada palabra de su Jesús. Está más pálida y más delgada, evidenciando el sufrimiento de este tiempo. Sus bellísimos ojos azules, tienen las ojeras de quien ha llorado mucho y no oculta su preocupación. Pero ahora está feliz. Y sonríe acariciando la mano de su Hijo. Ha vuelto a tenerlo ahí, corazón con corazón; en el silencio de la noche que comienza.

La higuera tiene ya sus primeros frutos maduros, que se extienden hasta la casa. Y Jesús se pone de pie, a cortar algunos. Da los más bonitos a su Madre; limpiándolos con cuidado. Se los presenta como si fueran cálices blancos de estrías rojas, con su corona de pétalos blancos por dentro y púrpura por fuera. Los presenta en la palma de su mano y sonríe al ver que le gustan a su Mamá.

Después le pregunta a quemarropa:

–           Mamá, ¿Has visto a mis discípulos? ¿Qué piensas de ellos?

María, que está a punto de llevarse a la boca el tercer higo, levanta la cabeza. Suspende su movimiento, se sobresalta y mira a Jesús.

Él recalca:

–           ¿Qué piensas de ellos ahora que te los he presentado?

Ella contesta:

–           Creo que te aman y que podrás obtener mucho de ellos. Juan… Ama a Juan, como solo Tú puedes amar. Es un ángel y estoy tranquila cuando pienso que está contigo. También Pedro es bueno. Es duro porque ya es viejo. Pero franco y de convicción. Y su hermano Andrés; Felipe y Natanael. Y también Tomás… te aman como ahora son capaces de hacerlo. Después te amarán más. Zelote es agradecido y también Mateo. Así como los primos, ahora que se han convencido; te serán fieles.

Pero el hombre de Keriot… ese no me gusta, Hijo. Su ojo no es limpio y mucho menos su corazón. Me causa miedo.

–           Contigo es respetuoso.

–           Demasiado respetuoso. También contigo es muy respetuoso. Pero no es por ti, Maestro. Es por Ti, futuro rey de quien espera utilidades y gloria. Era un donnadie. Apenas un poco más que los demás de Keriot. Pero ahora espera desempeñar a tu lado, un papel de gran importancia y

¡Oh, Jesús!… No quiero faltar a la caridad. Pero pienso, aun cuando no quiero pensarlo; que en caso de que lo desilusiones, no dudará en reemplazarte.

O en tratar de hacerlo. Es ambicioso; avariento y vicioso. Está más preparado para ser ministro de un rey terrenal, que no un apóstol tuyo, Hijo mío. ¡Me causa mucho miedo!

Y la Mamá, mira a su Jesús con los ojos aterrorizados en su pálida cara… María, la plena de Gracia por el poder del Espíritu santo; ha leído en el corazón de judas, como en un libro abierto.

Jesús lanza un suspiro. Piensa por un largo momento. Luego mira a su Madre. Le sonríe para darle fuerzas.

Y dice:

–           También esto es necesario, Mamá. Si no fuese él, sería otro. Mi Colegio debe representar el mundo. Y en el mundo no todos son ángeles. Y no todos son del temple de Pedro y de Andrés. Si escogiese todas las perfecciones, ¿Cómo podrían las pobres almas enfermas; atreverse a poder llegar a ser mis discípulos? He venido a salvar lo que estaba perdido. Mamá; Juan por sí ya está a salvo. Pero, ¡Cuántos otros no lo están!

–           No tengo miedo de Leví. Se redimió porque quiso serlo. Dejó su pecado, junto con su banco de alcabalero. Y se hizo un alma nueva para venir contigo. Pero Judas de Keriot, no. Y además el orgullo llena más su alma manchada. Pero Tú sabes todas estas cosas, Hijo. ¿Por qué me las preguntas? No puedo sino rogar y llorar por Ti. Tú eres el Maestro…  Y también de tu pobre Mamá.

El coloquio sigue…

Y al día siguiente… El amplio taller de carpintería ha sido convertido en dormitorio. Con lechos bajos que han sido colocados junto a las paredes. Y los discípulos están cenando en el gran banco que sirve de mesa. Los apóstoles hablan entre sí y con el Maestro.

Judas de Keriot, pregunta:

–           ¿Vas de veras al Líbano?

Jesús responde con firmeza:

–           No prometo nunca, si no voy a cumplir. Apenas salga la luna, partiremos. El camino será largo; aun cuando usemos la barca hasta Betsaida. Nos esperan los pastores y Juana de Cusa.

–           ¡Con este calor! ¡Apenas comienza el verano!  ¡Mira lo que haces! Lo digo por Ti.

–           Las noches están menos sofocantes. El sol pronto estará en león y los temporales harán que no se sienta tanto. Pero lo repito, no obligo a nadie a que venga conmigo. Y a mí alrededor todo es espontáneo. Si tenéis negocios u os sentís cansados, quedaos. Nos volveremos a ver después.

–           Muy bien. Tú lo dices, yo tengo que ver por los intereses de mi casa. Llega el tiempo de la vendimia y mi madre me rogó que viera a algunos amigos. Y como soy el hombre de mi familia…  

Pedro rezonga:

–           Menos mal de que se acuerda de que la madre es siempre la primera, después del padre.

Sea que Judas no oiga o no quiera oír, no da señales de comprender lo que ha dicho Pedro. A quién por otra parte, Jesús refrena con una mirada. Mientras que Santiago de Zebedeo, sentado junto a Pedro, le jala el vestido para hacerlo callar.

Jesús dice:

–           Ve pues, Judas. Comprendo que debes ir. No hay que faltar a la obediencia a la madre.

–           Me voy al punto, si me lo permites. Llegaré a Naím a tiempo para encontrar hospedaje. Adiós, Maestro. Adiós, amigos.

Jesús le dice:

–           Sé amigo de la paz y merece tener a Dios siempre contigo. ¡Adiós!

Todos le saludan con un gesto simultáneo.

No hay ninguna aflicción al verlo partir. Al contrario… Pedro, para que no se arrepienta, le ayuda a apretar las cintas de su alforja y a ponérsela. Lo acompaña hasta la puerta del huerto y se queda en el umbral para verlo partir. Y cuando ve que se ha alejado hace un gesto de alegría y de irónico saludo. Y regresa restregándose las manos. No dice nada. Pero ya lo ha dicho todo.

Los que lo vieron, ríen para sus adentros.

Pero Jesús no lo nota, porque está mirando fijamente a su primo Santiago que se ha ruborizado y deja de comer las aceitunas.

Y le pregunta:

–           ¿Qué te pasa?

Santiago de Alfeo contesta:

–           Dijiste: ‘No se debe faltar a la obediencia de la madre’… ¿Y entonces nosotros?…

–           No tengas escrúpulo. Como línea de conducta así es. Cuando uno no es más que hombre y más que hijo. Pero cuando está uno cerca de otra naturaleza y de otra paternidad, no. Ella es más sublime si se le sigue según órdenes y deseos. Judas llegó primero que tú y que Mateo. Pero está muy atrás todavía. Es necesario que se forme. Y lo hará muy despacio. Tened caridad con él. ¡Tenla, Pedro!

–           ¡Oh, Maestro! ¡Me es tan difícil con él…!

–           Lo comprendo, pero te digo: ten caridad. Soportar a las personas molestas es una virtud. ¡Úsala!

–           Sí, Maestro. Pero cuando lo veo así… Así… mejor me callo. Tú me comprendes. Es bueno que se vaya y me reforzaré para soportarlo. Después…

 

            Jesús sonríe y mueve la cabeza, compadeciendo al justo y sanguíneo Pedro. Se oye el golpeteo de herraduras y de pronto en el umbral de la calle, se asoma el cuerpo negro y sudoroso de un caballo; del que se apea un jinete que se precipita como un bólido y se postra a los pies de Jesús. Los besa con adoración. Todos lo miran asombrados.

Jesús pregunta:

–           ¿Quién eres? ¿Qué quieres?

El hombre contesta:

–           Soy Jonathás.

José responde con un grito, pues no lo había reconocido y corre hacia él.

Jonathás  exclama emocionado:

–           Sí. ¡Adoro a mi Señor amado! Treinta años de espera… ¡Oh! ¡Larga espera! Más ahora han florecido como la flor de un agave solitario. Y florecido de golpe en un éxtasis feliz. Y tanto más feliz, cuanto más lejano. ¡Oh, mi Salvador!

Jesús dice:

–           Levántate Jonatás. Estaba a punto de ir a buscarte. También a Benjamín y a Daniel.

–           Lo sé.

–           Levántate para darte el beso que he dado a tus compañeros.

Y lo levanta y lo besa.

–           Lo sé. –repite el  viajero robusto; bien parecido y lujosamente vestido- Lo sé. Ella tenía razón. No era delirio de agonizante. ¡Oh, Señor Dios! ¡Cómo te ve el alma y cómo te siente cuando Tú la llamas!   –Jonathás está conmovido-    Estaba yo de viaje con la patrona que agoniza. Caminábamos despacio, pues ella sufre mucho con los vómitos de sangre. En Cesárea de Filipo parecía ya muerta y me dijo: ‘Jonatás, llévame otra vez a casa. Pero pronto…  ‘OBEDECE.’

Es la primera vez desde hace seis años que le sirvo, que me habla así. ¡Qué viaje! Casi he matado a los caballos, para llegar a Tiberíades. Llegamos esta madrugada. Y por las palabras de Esther comprendí que fuiste Tú el que te le apareciste al alma de mi patrona y le dijiste que la esperabas para darle la vida. Me ha mandado por delante. Para decirte: ‘¡Oh! ¡Ven, Salvador mío!’

–           Voy al punto. La fe merece su premio. Quien me quiere, me tiene. ¡Vamos!

–           Están por llegar unos borriquillos que contraté porque no tenían caballos. Así iremos más pronto. Espero encontrarla cerca de Caná.

La Virgen se acerca, seguida por María de Alfeo.

Jonathás cruza las manos sobre el pecho y la saluda inclinándose profundamente. Luego se arrodilla y besa la orla de su vestido, diciendo:

–           Te saludo, Madre de mi Señor.

Alfeo de Sara, dice al gran número de curiosos:

–           ¡Oh! ¿Qué decís de esto? ¿No es vergonzoso que solo seamos nosotros los que no tenemos fe?

Llegan los asnos y parten. La noche ha entrado y aparece la luna en su cuarto creciente. A la cabeza, van Jesús y Jonathás. Seguidos por todos los demás.

Después de un rato, Jesús vuelve su rostro al escuchar una carcajada fresca de Juan, a la que hacen coro los demás…

Pedro explica:

–           Soy yo, Maestro, el que hago reír. En la barca estoy más seguro que un gato. Pero aquí arriba, ¡Parezco un barril de madera suelto en el puente de una nave, con el viento del sudoeste!

Jesús sonríe y lo anima prometiéndole que pronto terminará el trote.

Pedro contesta:

–           ¡Oh! No importa. Si los muchachos se ríen, no hay nada de malo. ¡Vamos! Vamos a hacer feliz a esa buena mujer.

Siguen avanzando y Jesús vuelve otra vez su rostro ante otra explosión de risas.

Pedro exclama:

–           ¡No! Esto no te lo digo, Maestro. Aunque pensándolo bien… ¿Por qué no? Sí que te lo digo…

Decía yo: Nuestro supremo primer ministro, se roerá las manos cuando sepa que no estuvo cuando tenía que hacerla de pavo real, cerca de la dama’ -Todos se ríen. Y Pedro continúa-  Pero así es. Estoy seguro que si hubiera sabido, no hubiera habido viñedos que cuidar.

Jesús no contradice.

Llegan pronto a Caná y se acercan al carro cubierto. Jesús se apea y Jonathás anuncia:

–           ¡El Mesías!

La vieja nodriza se acerca suplicando:

–           ¡Oh, sálvala Señor! ¡Está muriendo!

Jesús sube al carro donde hay un montón de cojines. Y sobre ellos un cuerpo macilento. Una sierva llora mientras seca el sudor helado, de la agonizante. Jesús se inclina sobre la mujer de mejillas enjutas por la tuberculosis. La respiración es difícil y en los labios semiabiertos, hay una sombra purpúrea.

Jesús le toma la mano y le dice:

–           ¡Juana! ¡Juana, Soy Yo! Yo que te amo. Soy la Vida. Mírame vine a salvarte. ¿Puedes creer en Mí?

La moribunda asiente con la cabeza.

–           Yo lo quiero. Sé sana. Levántate.

Una fracción de minuto… Y luego Juana de Cusa, sin ayuda de nadie se sienta. Da un grito y se lanza a los pies de Jesús, con una voz fuerte y llena felicidad.

–           ¡Oh! ¡Amarte toda mi vida! ¡Para siempre tuya! ¡Nodriza! ¡Jonatás! ¡Estoy curada! ¡Pronto! ¡Corred a decirlo a Cusa! ¡Que venga a adorar al Señor! Señor quédate en mi casa. ¡Soy tan feliz!

–           Voy. Pero tengo mis discípulos.

–           Mis hermanos, Señor. Juana tendrá para ellos, como para Ti; de comer, de beber y descanso. ¡Hazme feliz!

–           Está bien. Vamos…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

15.- MISERICORDIA DIVINA


Jesús sale de la casa de Pedro, junto con sus discípulos y cuando está en la ribera del lago, sentado en la barca de Pedro; se acerca el arquisinagogo. Se saludan mutuamente con un orientalismo respetuoso.

El hombre dice:

–           Maestro, ¿Puedo esperarte para que instruyas al pueblo?

Jesús contesta dulcemente:

–           Sin duda. Si tú y el pueblo lo deseáis.

–           Lo hemos deseado durante todo este tiempo.

–           Entonces a media tarde estaré contigo. Idos todos. Debo ir a buscar a alguien que me necesita.

La gente se aleja de mala gana. Mientras Jesús, con Pedro y Andrés, se van en la barca, por el lago. Llegan a un pequeño río entre dos colinas, que tienen en sus laderas muchos olivos que llegan hasta la orilla y cruzan sus ramas formando una especie de techo;  bajo el cual corre un riachuelo que se precipita en el lago, en una cascada llena de espuma.

Andrés salta al agua para jalar la barca lo más cerca posible a la ribera y poder atarla a un tronco. Mientras, Pedro arrea la vela y asegura una piedra que sirva de puente a Jesús. Luego le dice:

–           Señor, te aconsejaría que te descalzaras y te quites la túnica. Y hagas lo mismo que nosotros. Ese loco de ahí, -señala el riachuelo- forma remolinos en el lago y por eso este lugar no es seguro.

Jesús obedece sin discutir. Ya en tierra, vuelven a ponerse las sandalias y Jesús vuelve a ponerse su vestidura larga. Los otros dos se quedan con las túnicas cortas de color oscuro.

Jesús pregunta:

–           ¿Dónde está?

Andrés contesta:

–           Tal vez se metió en la selva al oír nuestras voces. Casi no tiene con qué cubrirse.

–           Llámala.

Pedro grita:

–                 Soy el discípulo del Rabí de Cafarnaúm. Aquí está Él. Ven fuera…

Ni una señal de vida.

Andrés dice:

–           No se fía. Un día alguien la llamó diciendo: ‘ven para darte comida’ y después le lanzaron pedradas. Nosotros la vimos por primera vez, pues no la recordamos como la ‘Bella de Corozaím’

Jesús pregunta:

–           ¿Y qué hiciste entonces?

–           Le arrojamos pan y pescado. También un trapo que era un pedazo de vela rota y que nosotros usábamos para secarnos. Huimos enseguida, para no contaminarnos.

–           ¡Bueno! ¿Y por qué habéis regresado?

–           Maestro. Tú no estabas y pensábamos qué podríamos hacer para darte más a conocer. Pensamos en todos los enfermos. En todos los ciegos, cojos y mudos. Y también pensamos en ella. Decidimos hacer la prueba. Cuando dijimos que tú podrías sanarla; mucho nos tomaron por locos y no nos quisieron escuchar. Nosotros tuvimos la culpa; pero otros sí nos creyeron. Vine solo en la barca, durante varias noches de luna. Yo hablé con ella. La llamaba y le decía: ‘en el peñasco al pie del olivo hay pan y pescado. No tengas miedo.’  Y me iba.

Ella esperaba a que me fuera; porque nunca la veía. La sexta vez, la vi de pie en la ribera, exactamente donde estás Tú. ¡Me estaba esperando! ¡Qué horror! No escapé, porque pensé en Ti.

Ella me dijo:

–           ¿Quién eres? ¿Por qué tienes piedad de mí?

–           Porque soy discípulo de la Piedad.

–           ¿Quién es?

–           Jesús de Nazareth.

–           ¿Y Él os enseñó a tener piedad de nosotros?

–           De todos.

–           Pero, ¿Sabes quién soy?

–           La Bella de Corozaím. Ahora estás leprosa.

–           ¿Y también para mí hay piedad?

–           Él dice que su piedad es para todos. Y nosotros para ser como Él, debemos tenerla también.

Andrés agrega:

–           Maestro, aquí la leprosa blasfemó sin querer, diciendo: ‘Entonces Él también debió ser un gran pecador’ y yo le dije: ‘¡No! Él es el Mesías. El Santo de Dios.’ Sentí el impulso de decirle: ‘¡Eres maldita por tu lengua!’ Pero no le dije nada, porque pensé: ‘En su desgracia no puede pensar en la misericordia divina’ Entonces ella se puso a llorar y me dijo:

–           ¡Oh! Si es Santo, no puede… No puede tener piedad de la Bella, no. Y yo esperaba…

–           ¿Qué esperabas, mujer?

–           La curación. Volver al mundo, entre los hombres. Sin vivir como una bestia, en una cueva de animales a los que les causo horror.

–           Me juras que si vuelves al mundo, ¿Serás honesta?

–           Sí. Dios me ha castigado justamente por mis pecados. Estoy arrepentida. Mi alma lleva consigo la expiación. Pero siempre aborrece al pecado.

Entonces me pareció que podía prometerle salvación en tu Nombre y ella me dijo:

–           Regresa. Regresa otra vez. Háblame de Él. Haz que mi corazón, antes que mis ojos, lo conozca.

–           Y venía a hablarle de Ti. Como yo sé.

Jesús está radiante y sonriente. Dice:

–           Y Yo he venido a dar salvación, a la primera convertida de mi Andrés.

Pedro ha ido corriente arriba; brincando de piedra en piedra, llamando a gritos a la leprosa.

Mientras que Andrés, por su natural timidez; se ha ruborizado de felicidad ante la mirada amorosísima de su Maestro.

Después de un rato aparece la horrorosa figura de la mujer, entre las ramas de un olivo.

Pedro la ve y grita:

–           ¡Baja ya! No te quiero lapidar. ¡Allá! ¿Lo ves? Es el Rabí Jesús de Nazareth.

La mujer corre veloz, dejando atrás a Pedro. Llega hasta los pies de Jesús y exclama:

–           ¡Piedad, Señor!

Jesús la mira con mucha compasión y le dice dulcemente:

–           ¿Puedes creer que Yo te la pueda tener?

Ella replica:

–           Sí. Porque eres Santo y porque estoy arrepentida. Soy el Pecado; pero Tú Eres la Misericordia. Tu discípulo ha sido el primero en tener misericordia de mí. Y ha venido a traerme pan y fe. Límpiame Señor, primero el alma que la carne. Porque yo soy tres veces impura y si me debes dar una limpieza; una sola: yo te pido la de mi alma pecadora. Antes de haber oído tus Palabras que él me repetía; yo pensaba para mí: ‘Cúrame para regresar entre los hombres’ Pero ahora te digo: ‘Quiero ser perdonada para tener Vida Eterna’

–           Te perdono. No recaigas otra vez. sin embargo…

Ella lo interrumpe:

–           ¡Qué seas Bendito! Viviré en mi cueva. En la Paz de Dios. ¡Libre al fin…! ¡Oh! Libre de remordimientos y de temores. ¡No más miedo a la muerte, porque estoy perdonada! ¡No más miedo a Dios, porque ahora Tú me has absuelto!

Jesús le ordena suavemente:

–           Ve al lago y lávate. Quédate allí dentro hasta que te llame.

La desgraciada piltrafa de mujer, hecha un esqueleto. Corroída. Con la cabellera despeinada, seca, lisa. Se levanta del suelo y entra en el lago. Se mete toda con todo y los harapos que le cubren muy poco.

Pedro dice perplejo:

–           ¿Por qué la mandaste a que se bañe? Es verdad que su hedor enferma, pero… No entiendo.

Jesús no le contesta a él y dice a la mujer:

–           Mujer. Sal y ven aquí. Toma esa tela que está en esa rama.

Es la que usó Jesús para secarse, después que atravesó el breve espacio entre la barca y la playita.

Obediente. La mujer emerge desnuda, pues en el agua se han quedado los harapos que traía.

Pedro, que es el primero en verla; lanza un grito. Mientras Andrés, más pudoroso, le había vuelto la espalda; pero al grito de Pedro, voltea… Y también grita.

Ella, que tenía sus ojos fijos sólo en Jesús y no le preocupaba otra cosa; al oír los gritos y al ver las manos que le hacen señas; se mira… Y ve que en el lago se ha quedado también su lepra… Mira asombrada su hermoso cuerpo desnudo y su cara de belleza perfecta; sintiendo su carne fresca y lozana. Está atónita. No corre. Se agazapa. Se encoge toda pudorosa, avergonzada de su desnudez. Emocionada hasta el punto que lo único que hace es llorar; con un llanto suave, largo, débil; que es más estrujante que un grito.

Jesús se mueve. Llega hasta donde está ella. La cubre en la espalda con la tela. Le acaricia ligeramente la cabeza y le dice:

–           ¡Sé buena! ¡Adiós! Por la sinceridad de tu arrepentimiento, has merecido el favor. Crece en la fe del Mesías y obedece los preceptos de la purificación.

Ella se estremece con un llanto incontenible y no para de llorar. Solo cuando oye el golpeteo de los remos con los que Pedro retira la barca, levanta la cabeza; tiende los brazos y grita:

–           ¡Gracias, Señor! ¡Gracias! ¡Bendito! ¡Bendito, seas!

Jesús le hace un ademán de despedida, mientras la barca da la vuelta para regresar.

Más tarde…

Jesús, con nueve de sus discípulos, atraviesa la plaza y la calle principal.  Entra en la sinagoga de Cafarnaúm. Es evidente que la noticia del nuevo milagro ya se corrió por todos lados, pues hay muchos murmullos y comentarios. Y la sinagoga está llena de gente asombrada y curiosa.

En el umbral de la puerta, está el recaudador de impuestos, el publicano Leví-Mateo. Ahí se queda. Mitad dentro, mitad fuera. Retraído por las señales de desprecio y de burla con que lo miran todos.

Uno que otro epíteto ofensivo y desagradable, le dirigen algunos. Simón y Elí, dos tiesos fariseos; recogen ostensiblemente sus vestiduras y amplios mantos, como si temieran contraer una peste, al rozar el vestido de Mateo.

Jesús al entrar, lo mira atentamente por un segundo y por un segundo, se detiene. Mateo solamente baja la cabeza.

Pedro, en cuanto pasan y avanzan un poco, dice en voz baja a Jesús:

–           ¿Sabes quién es ese hombre tan bien adornado y que tiene más perfume que una mujer? Es Mateo, nuestro tasador de impuestos. ¿Qué viene a hacer aquí? Es la primera vez. Tal vez no encontró compañeros con quienes pasar el sábado; gastando en orgías lo que nos chupa con tasas duplicadas y triplicadas, para tener dinero para el fisco y para el vicio.

Jesús mira tan enojado a Pedro, que este se pone colorado como una manzana. Baja la cabeza y se espera de tal modo; que de ser el primero, termina por ser el último del grupo apostólico.

Cuando Jesús está en su lugar. Después de los cantos y oraciones recitadas por el pueblo, se vuelve para hablar. El arquisinagogo le pregunta si quiere algún rollo; pero Él responde:

–           No es necesario. Ya tengo el tema.

Y empieza:

‘El gran rey de Israel, David de Belén, después de haber pecado lloró al arrepentirse en su corazón, al gritar a Dios que se arrepentía y que le pedía perdón, el corazón de David se había nublado en las neblinas del sentido y le había estorbado ver el Rostro de Dios, comprender su Palabra.

El Rostro, dije. En el corazón del hombre hay un punto en el que se recuerda el Rostro de Dios. El punto más selecto, el que es nuestro Santo Sanctorum; del que vienen las santas inspiraciones y las santas decisiones. El que despide perfume como un altar; resplandece como una hoguera; canta como un coro de Serafines.

Más cuando en nosotros humea el pecado, entonces ese punto se ofusca de tal forma; que cesan la luz, el perfume, el canto y tan solo queda el olor a humo espeso y el sabor a cenizas.

Pero cuando vuelve la Luz, porque un siervo de Dios la haya traído consigo a esa oscuridad; entonces el corazón ve su fealdad, su baja condición. Y horrorizado, exclama como el rey David: ‘¡Ten piedad de mí, Señor! conforme a la grandeza de tu misericordia y por tu infinita Bondad, lávame de mi pecado’ Pero no dice: ‘No puedo ser perdonado y por eso continuo en el pecado’ 

Por el contrario:

‘Estoy humillado. Contrito lo estoy. Pero Tú qué sabes cómo me he encontrado en el pecado; te ruego de lavarme con agua y limpiarme, para que torne a ser cual la nieve de las cimas’ Y añade: ‘Mi holocausto no será de corderos, ni de bueyes; sino arrepentimiento verdadero de corazón. Porque sé que esto es lo que quieres de nosotros y no lo desprecias’

Esto decía David, después de su pecado. Y después de que el siervo del señor, Natán; lo había hecho que se arrepintiera. Los pecadores, con mayor razón pueden decir esto; ahora que el señor les manda, no a un siervo suyo; sino al Redentor Mismo. A su Verbo. El cual, Justo y Dominador, no solo de los hombres, sino también de los Cielos e Infiernos; ha brotado entre su Pueblo como Luz de la aurora, que brilla sin nubes cuando se levanta el sol matinal.

Habéis leído en qué forma el hombre presa de Mammón, es más débil que un esqueleto moribundo; aun cuando antes hubiera sido ‘el fuerte’. Sabéis como Sansón no valió ya nada, luego que cedió al sentido. Quiero que comprendáis la lección de Sansón, hijo de Manué; destinado a vencer a los filisteos, opresores de Israel.

La primera condición para que fuese tal, era que desde su concepción se mantuviese alejado de todo lo que provoca los bajos sentidos y une en matrimonio las entrañas del hombre, con carne inmunda: o sea; vino, cerveza y carnes grasosas; que encienden la cintura con fuego impuro. Condición segunda: que para ser el libertador, fuese consagrado al Señor desde la infancia. Y para siempre fuese Nazareo. Consagrado es no solo el que externa, sino internamente; se conserva santo. Entonces Dios está con él. Pero la carne es carne. Y Satanás es Tentación. Y tentación es la de la carne que excita al hombre y a la mujer. Y se aprovecha para combatir a Dios, en su corazón y en sus santos Mandamientos. Ved entonces que la robustez del fuerte tiembla y se convierte en piltrafa que acaba con las dotes que Dios le había dado.

Escuchad, pues:

Sansón fue amarrado con siete cordeles de nervios frescos; con siete sogas nuevas. Enclavado en el suelo con siete trenzas de sus cabellos. Y siempre vencía. Pero en vano se tienta al Señor, ni a su Bondad. No es lícito. Él perdona, perdona, perdona. Pero exige voluntad de salir del pecado, para continuar perdonando. Necio es el que dice: ‘Señor, perdón’ y después ¡No huye de lo que lo induce a nuevo pecado! Sansón, tres veces victorioso; no huyó de Dalila; ni del sentido, ni del pecado. Y cansado hasta donde más no se puede, dice el Libro: ‘Y acabándosele el ánimo, reveló el secreto: mi fuerza está en mis siete trenzas’

¿Hay alguno entre vosotros que hastiado hasta el cansancio, sienta que las fuerzas se le acaban porque no hay cosa que azote más que la mala conciencia y que está por entregarse al enemigo? ¡No! Quienquiera que seas, ¡No! No lo hagas. Sansón dio a la tentación el secreto para vencer sus siete virtudes: las siete trenzas simbólicas de la fidelidad de Nazareo. Cansado, se durmió en el seno de la mujer y fue vencido. Ciego, esclavo, impotente por no haber sido fiel al voto. Tornó a ser ‘él fuerte’, ‘el libertador’, cuando en el dolor de un sincero arrepentimiento encontró fuerza.

Arrepentimiento, paciencia, constancia, heroísmo y luego, ¡Oh, pecadores! ¡Os prometo que seréis libertadores de vosotros mismos! En verdad os digo que no hay bautismo que valga, ni rito que sirva, si no hay arrepentimiento y voluntad de renunciar al pecado. En verdad os digo que no hay pecador más grande, que no pueda renacer con su llanto las virtudes que el pecado le había arrebatado del corazón.

Hay una mujer culpable de Israel a quien Dios castigó por su pecado. Ha obtenido misericordia por su arrepentimiento. Misericordia dije. Pero no la tendrán, los que no la usaron con ella, después de castigada. ¿Acaso no tenían en sí esos tales, la lepra de la culpa? Que se examine cada uno… Y que tenga piedad si es que la quiere obtener. Yo os extiendo mi mano por esta arrepentida que torna entre los vivos, después de una horrenda reparación.

Simón de Jonás no yo, llevará el óbolo a la arrepentida que en los umbrales de la vida, regresa a la Vida Verdadera.Y no murmuréis. No estaba Yo cuando era ‘La Bella’. Erais vosotros los que estabais. Y no digo más.

Uno de los dos fariseos pregunta rabioso:

–           ¿Nos acusas de haber sido sus amantes?

Jesús lo traspasa con la mirada y dice:

–           Cada uno tenga frente a sí, su corazón y sus acciones. No acuso. Hablo en nombre de la Justicia. –se vuelve hacia los suyos y agrega- ¡Vámonos!

Y Jesús sale con sus discípulos.

Pero los dos fariseos que parecen conocer a Judas, lo detienen y le dicen:

–           ¿También tú estás con él?

–           ¿Es realmente santo?

Judas responde enfático:

–           ¡Os aseguro que no llegaréis a sospechar su santidad!

–           Pero curó en Sábado,  ¿O no?

Judas corrige:

–           ¡No! ¡Perdonó en Sábado! ¿Y qué día más propicio para el perdón que el sábado? –añade con una sonrisa llena de sarcasmo- ¿No me dais nada para la redimida?

–           No damos nuestro dinero a prostitutas. Se ofrece al Templo Santo.

Judas lanza una risotada irreverente y los deja plantados. Corre y alcanza a Jesús, que está entrando en la casa de Pedro.

Pedro dice a Jesús:

–           Mira. El pequeño Santiago afuera de la sinagoga me dio dos bolsas en lugar de una. Y siempre por encargo del desconocido. ¿Quién es, Maestro? ¡Tú lo sabes! ¡Dímelo!

Jesús sonríe y dice:

–           Te lo diré cuando hayas aprendido a no murmurar de nadie.

 HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

5.- EL PRIMER DISCÍPULO


Jesús se dirige a la pequeña casa blanca que está entre los olivos y se encuentra con Juan. Los dos se abrazan afectuosamente.

Juan le dice:

–           Iba a buscarte… Pensábamos que estarías en Betania.

–           Así quería hacerlo. Debo comenzar a evangelizar también los alrededores de Jerusalén. Pero luego me entretuve en la ciudad… Para instruir a un discípulo nuevo.

Después que entran en la casa, Jesús pregunta:

–           ¿Hace mucho tiempo que llegaste?

Juan contesta:

–           No, Maestro. Con el alba salí de Docco, junto con Simón. Nos detuvimos en la campiña de Betania y hablamos de Ti a los campesinos. Simón fue a hablarle de Ti a un amigo suyo, al que conoce desde que eran niños y es el dueño de casi toda Betania. Mañana viene y me pidió que te dijera que es muy feliz al servirte. Simón es muy capaz. Yo quisiera ser como él. Pero sólo soy un muchacho ignorante.

Jesús le objeta:

–           No, Juan. También tú haces mucho bien.

–           ¿Estás de veras contento con tu Juan?

–            Muy contento, Juan mío. Muy contento.

–            ¡Oh, Maestro mío!- Juan se inclina y toma la mano de Jesús para besarla. Después levanta su alforja y dice- He traído pescado seco que me dieron Santiago y Pedro. Y al pasar por Nazareth, tu madre me dio pan y miel para Ti. Aunque caminé sin detenerme, pienso que ya está duro.

–            No importa Juan. Tendrá siempre el sabor de las manos de Mamá.

Juan saca sus tesoros y preparan la cena. Ésta termina pronto. Y luego salen al olivar. Caminan un poco, hasta llegar a un punto desde el cual se ve toda Jerusalén. Jesús se detiene y dice:

–            Sentémonos aquí y hablemos.

Juan se sienta sobre la hierba, a los pies de Jesús. Es solo un jovencito, que está junto a la persona que más quiere. Y dice contento:

–           Aquí también es hermoso, Maestro. Mira como la ciudad parece más grande ahora que es de noche. Más que de día.

Jesús contempla y comenta:

–           Es la luz de la luna que hace desaparecer los alrededores. Mira… parece como si el límite se extendiera dentro de una luz plateada. Allá está la cúpula del Templo. Parece como si estuviera suspendida en el aire, ¿O no?

Juan concluye:

–           Parece como si los ángeles lo tuviesen sobre sus alas de plata.

Jesús da un hondo suspiro.

–           ¿Por qué suspiras, Maestro?

–           Porque los ángeles han abandonado el Templo. Su aspecto de pureza y de santidad está solo en sus muros. Los que deberían darle ese aspecto al alma del Templo, son los primeros en quitárselo. No se puede dar lo que no se tiene, Juan. Aunque sean muchos los que viven ahí; ni una décima parte son capaces de dar vida al Lugar Santo. Muerte sí que le dan. Le comunican la muerte que está en sus almas; las que están muertas para todo lo que es santo. Tienen fórmulas, pero no la vida de ellas. Son cadáveres que tienen calor, tan solo por la putrefacción que los hincha. Y así como ahora los ángeles han abandonado el Templo, después el Espíritu Santo también abandonará la Iglesia, cuando sus sacerdotes repitan los errores que están cometiendo éstos.

Juan dice intranquilo:

–           ¿Te han hecho algún mal, Maestro?

–           No. Al contrario. Me dejaron hablar cuando lo pedí.

–           ¿Lo pediste?… ¿Por qué?

–           Porque no quiero ser el que empiece la lucha. Ésta vendrá por sí misma. Porque en algunos produciré un terror humano irrazonable. Y para otros, será un reproche. Pero esto debe estar en el libro de ellos, no en el mío.

Después de un rato de silencio, Juan vuelve a hablar:

–            Maestro, conozco a Anás y a Caifás. Mi padre los provee siempre con el mejor pescado. Y cuando estuve en Judea por causa de Juan el Bautista, venía también al Templo y ellos nos trataban bien a nosotros, los hijos de Zebedeo. Si te parece, hablaré de Ti al Sumo Sacerdote. Y también conozco a uno que hace negocios con mi padre. Es un rico mercante de pescado. Tiene una casa muy grande y hermosa cerca del hípico. Es un hombre bueno y sé que podemos contar con él. Estarías mejor y te cansarías menos. Para venir hasta aquí se debe pasar por ese suburbio de Ofel, tan sórdido y mugriento. Siempre lleno de burros y de gente que busca pleitos.

–            No, Juan. Te lo agradezco. Estoy bien aquí. ¿Ves cuanta paz? Se lo dije también al otro discípulo que me propuso lo mismo. Él decía que para ser mejor tenido.

–            Yo lo digo para que te canses menos.

–            No me canso. Caminaré mucho y jamás me cansaré. ¿Sabes que es lo que produce cansancio? La falta de amor. ¡Oh! Esto es una carga muy pesada en el corazón.

–            Yo te amo, Jesús.

–            Y me das consuelo. Te quiero mucho, Juan. Te querré siempre, porque jamás me traicionarás.

Juan está aterrado:

–           ¡Traicionarte!… ¡Oh!

–            Y con todo habrá muchos que me traicionarán… Juan, escucha. Te dije que me detuve a instruir a un nuevo discípulo. Es un joven judío, instruido y conocido.

–            Entonces te encontrarás mejor con él, que con nosotros, Maestro. Me alegra que tengas a alguien que sea más capaz que nosotros.

–            ¿Crees tú que me costará menos trabajo?

–            ¡Claro! Si es menos ignorante que nosotros, te entenderá mejor. Te servirá excelente. Sobre todo si te ama perfectamente.

–            ¡Qué si lo has dicho bien! Pero el amor no está en proporción a la instrucción y ni siquiera con la educación. Uno que jamás ha amado y ama por primera vez, lo hace con toda la fuerza del primer amor. Lo mismo sucede con el primer amor del pensamiento. El amado penetra, se imprime más en un corazón y un pensamiento vírgenes de otro amor; que en aquel en quién ya ha habido otros amores. Pero Dios dispondrá. Oye, Juan. Te ruego que seas amigo suyo. Mi corazón tiembla al ponerte a ti, cordero sin trasquilar; con el experto de la vida. Él reconocerá tu inexperiencia. Pero también eres águila y si el experto te quisiera hacer tocar el suelo lleno de fango y oscuridad, del buen sentido humano; tú con un golpe de alas, sabrás librarte y volarás hacia el sol. Por eso te ruego que seas amigo de mi nuevo discípulo, porque los demás no lo aceptarán fácilmente, ni lo querrán mucho. Especialmente, Pedro.Quiero que le trasmitas tu corazón…

–            ¿Yo? ¡Oh, Maestro!… Pero ¿No bastas tú?

–            Soy el Maestro, al que no se dirá todo. Tú eres condiscípulo, un poco más joven, con quién más fácilmente se abre uno. No te digo que me repitas todo lo que él te diga. Odio a los espías y a los traidores. Pero te ruego que lo evangelices con tu fe y tu caridad. Con tu pureza. Es una tierra sucia con aguas muertas. Se puede secar con el sol del amor; purificarse con la honestidad de pensamientos, deseos y obras. Cultivarse con la fe. Puedes hacerlo…

–            Si crees que puedo… ¡Oh! ¡Si dices que puedo hacerlo, lo haré por amor a Ti!

–            Gracias, Juan.

–            Maestro, cuando regresamos de Cafarnaúm; después de Pentecostés, encontramos la acostumbrada suma del desconocido. El niño se la llevó a mi madre, ella la entregó a Pedro y él me la dio diciendo que tomase un poco para el regreso y que el resto te lo diese a Ti, para lo que puedas necesitar… Pues Pedro también piensa que aquí todo es incómodo. Yo solo tomé dos denarios para dos pobres que encontré. Viví con lo que me dio mi madre y con lo que me dieron los buenos a quienes prediqué en tu Nombre. Aquí está la bolsa.

–            Mañana la distribuiremos entre los pobres. De esta forma también Judas aprenderá nuestro modo de administrarnos.

–            ¿Ya vino tu primo?  ¿Cómo hizo para llegar tan pronto? Estaba en Nazareth y no me dijo que vendría.

–            No. Judas es el nuevo discípulo. Es de Keriot. Tú lo viste en Pascua, aquí. La tarde en que curé a Simón. Estaba con Tomás.

Juan exclama admirado:

–            ¡Ah! ¡Es él!…-Juan se queda perplejo.

Jesús confirma:

–            Es él. ¿Y qué hace Tomás?

–            Obedeció tus órdenes. Dejó a Simón Cananeo y fue al encuentro de Felipe y Bartolomé, por el camino del mar.

–            ¡Bien! Quiero que os améis sin preferencia. Os ayudéis mutuamente. Os compadezcáis, el uno al otro. Nadie es perfecto, Juan. Ni los jóvenes; ni los viejos. Pero si tenéis buena voluntad, llegaréis a la perfección y lo que os falte, lo supliré Yo. Sois como los hijos de una familia santa, en la que hay muchos temperamentos desiguales. Quién es duro; quién suave. Quién valiente, quién tímido. Quién impulsivo y quién muy cauto. Si fueseis todos iguales, seríais una fuerza en un solo temperamento y una flaqueza en todo lo demás. Pero de esta manera hacéis una unión perfecta; porque os completáis mutuamente. El amor os une. Debe uniros el amor por un único motivo: Dios.

–            Y por Ti, Jesús.

–            La causa de Dios es primera. Y después el amor hacia su Mesías.

–            Y Yo… ¿Qué es lo que soy en nuestra familia?

–            Eres la paz amorosa del Mesías de Dios. ¿Estás cansado Juan? ¿Quieres regresar? Yo me quedo a Orar.

–            También yo me quedo contigo a Orar. Déjame que me quede contigo a Orar.

–            Quédate.

Jesús recita unos salmos y Juan lo sigue. Pero la voz se acaba pronto y el jovencito se queda dormido, con la cabeza apoyada en las rodillas de Jesús, que sonríe y extiende su manto sobre la espalda del más joven de sus apóstoles. Lo mira con amor y mentalmente hace la comparación entre éste y el otro discípulo que acaba de aceptar. Juan era discípulo del Bautista y se ha despojado hasta de su modo de pensar y juzgar; entregándose completamente, para ser moldeado por su Maestro.

Judas es el que no se quiere despojar de sí mismo y trae consigo su ‘yo’ enfermo de soberbia, sensualidad, avaricia. Conserva su manera de pensar y con ello neutraliza los efectos de la Gracia y no se entrega. Jesús suspira y piensa: “Judas, cabeza de todos los apóstoles fallidos… ¡Y son tantos!…Juan: cabeza de los que se hacen ‘hostia’ por amor a Mí. Judas investiga, cavila, escudriña, aparenta ceder pero en realidad no cambia su modo de pensar. Juan se siente nada. Acepta todo. No pide razones. Se contenta con hacerme feliz. Es mi descanso su confianza absoluta: “Todo lo que Tú haces Maestro; está bien hecho.” Y por eso será el Predilecto. Porque será mi paz llena de amor.

Jesús también necesita consuelo… Y continúa orando mentalmente.

La mañana siguiente,  Jesús pasea con Judas Iscariote de arriba abajo; cerca de una de las puertas del recinto del Templo.

Judas pregunta:

–           ¿Estás seguro de que vendrá?

Jesús responde:

–           Lo estoy. Al alba salió de Betania y en Get-Sammi debía encontrarse con mi primer discípulo.- Jesús se detiene y mira fijamente a Judas. Lo tiene frente a Sí. Lo estudia. Después le pone una mano sobre la espalda y le pregunta- Judas,  ¿Por qué no me dices lo que estás pensando?

Judas se sorprende:

–            ¡Quée!… no pienso en nada en especial en este momento, Maestro. Pienso que hasta te hago demasiadas preguntas. No puedes lamentarte de mí mutismo.

–                         Es verdad. Me haces muchas preguntas y me das muchas noticias. Pero no me abres tu corazón.¿Crees que me interesan mucho las noticias sobre el censo o sobre la estructura de esta o aquella familia? No soy un ocioso que haya venido aquí a pasar el tiempo. Tú sabes para que vine. Y puedes comprender bien que lo que para Mí tiene el mayor interés, es el ser Maestro de mis discípulos. Por eso exijo de ellos, sinceridad y confianza. ¿Te amaba tu padre, Judas?

–            Me amaba mucho. Era yo su orgullo. Cuando regresaba de la escuela y años después, cuando regresaba de Jerusalén a Keriot, quería que le dijera todo. Se interesaba en todo lo que hacía. Si había cosas buenas, se alegraba. Si no lo eran tanto, me consolaba. Y si había cometido algún error y me habían reprendido, me mostraba la justicia de la reprensión o en donde estaba mal lo que yo había hecho. Pero lo hacía tan dulcemente… que más que un padre, parecía un hermano mayor. Casi siempre terminaba de este modo: “Esto te digo, porque quiero que mi Judas sea un justo. Quisiera ser bendecido a través de mi hijo.”  Judas está tiernamente conmovido por la evocación de su padre.

Jesús que ha estado mirando atentamente a su discípulo, dice:

–                         Mira Judas. Puedes estar seguro de todo lo que te digo. Nada hará más feliz a tu padre, que el que seas un discípulo fiel. El espíritu de tu padre se regocijará allí donde está, en espera de la luz; porque así te educó; al ver que eres mi discípulo. Más para que lo seas verdaderamente, debes decirte: “El padre que parecía un hermano mayor, lo he encontrado en mi Jesús. Y a Él, igual que el padre amado al que todavía lloro; le diré todo para que sea mi guía. Para tener sus bendiciones y sus dulces reproches.” Quiera el Eterno y tú sobre todo, hacer que Jesús no tenga otra cosa que decirte: “Eres bueno. Te bendigo.”

Judas exclama impulsivo:

–            ¡Oh, sí! ¡Sí, Jesús; sí! Si me llegas a amar tanto como él; podré ser bueno como Tú quieres y como mi padre quería. Mi padre podrá sacar aquella espina de su corazón. Pues él siempre me mimaba mucho y me decía: “Estás sin guía, hijo y te hace mucha falta.” ¡Cuándo sepa que te tengo a Ti!

–             Te amaré como ningún otro hombre sería capaz. Te amaré tanto…Mucho te amaré. No me desengañes.

–            No, Maestro, no. Sé que estoy lleno de contradicciones. Envidias, celos, manías de ser el primero en todo. La carne me arrastra. Todo choca dentro de mí contra los impulsos buenos. Todavía hace poco, me causaste mucho dolor. Mejor dicho… Tú no. Me lo causó mi naturaleza malvada. Pensaba que yo era tu primer discípulo… Y Tú me dijiste que tienes a otro.

–            Tú lo viste. ¿No recuerdas que en la Pascua, estaba Yo en el Templo con unos Galileos?

–            Pensé que eran tus amigos. Creí que yo era el primer elegido para esto y con ello, el predilecto.

–            En mi corazón no hay distinción entre los últimos y los primeros. Si el primero faltase y el último fuese santo; entonces sí que a los ojos de Dios habrá distinción. Pero Yo… Yo los amaré igual: con un amor de dicha al santo y con un amor que sufre al pecador. Pero… ¡Oh! Ahí viene Juan con Simón. Juan es mi primero y Simón es el que estaba enfermo.

–            ¡Ah! ¡El leproso! Lo recuerdo. ¿Y ya es tu discípulo?

–            Desde el día siguiente.

–            ¿Y por qué yo tuve que esperar tanto?

–            ¿Judas?…

–            Es verdad. Perdón.

Cuando llegan, Juan y Jesús se saludan con un beso mutuo. Simón se  postra a los pies de Jesús, besándolos y diciendo:

–           ¡Gloria a mi Salvador! Bendice a tu siervo para que sus acciones sean santas a los ojos de Dios y yo le dé gloria por haberme dado a Ti.

Jesús le pone las manos sobre la cabeza y le dice:

–           Sí. Te bendigo para agradecerte tu trabajo. Levántate Simón. ¡Éste es el nuevo discípulo! También él quiere la Verdad. Y por esto es un hermano para todos vosotros.

Se saludan entre sí. Los dos judíos con mutuo escudriño. Juan con franqueza.

Jesús pregunta:

–           ¿Estás cansado, Simón?

Simón sonríe:

–            No, Maestro. Junto con la salud me ha venido tal fuerza, como no la había tenido antes.

–            Y sé que la usas bien. He hablado con muchos y sé lo que han trabajado a favor del Mesías.

Simón ríe contento y dice:

–            Ayer hablé de Ti a un israelita honrado. Espero que un día lo conocerás. Quiero ser yo quién te lleve a él.

–            No es imposible.

Judas interrumpe:

–           Maestro, me prometiste venir conmigo a Judea.

–           Iré. Simón continuará instruyendo a la gente sobre mi venida. Amigos, el tiempo es breve y la gente es mucha. Ahora voy con Simón.  Al atardecer nos encontraremos en el camino del Monte de los Olivos y distribuiremos el dinero a los pobres. ¡Id!

En su interior, Judas está renuente a separarse de Jesús; pero obedece con prontitud. Y dice:

–           Vamos, Juan.

Y los dos apóstoles más jóvenes, se alejan alegremente.

Cuando Jesús queda solo con Simón, le pregunta:

–            ¿Esa persona de Betania, es un verdadero israelita?

–            Lo es. Existen en él, todas las ideas imperantes; pero tiene verdadera ansia por el Mesías. Y cuando le dije: “Él está entre nosotros” me contestó: “Feliz de mí, que vivo en estos tiempos.”

–            Algún día iremos a su casa, a llevarle mi bendición. ¿Qué te parece el nuevo discípulo?

–            Se ve que es muy joven y parece inteligente.

–            Lo es. Tú que también eres judío; lo comprenderás y lo compadecerás más que los otros, por sus ideas.

–            ¿Es un deseo o una orden?

–            Es una dulce orden. Tú que has sufrido, puedes tener mayor comprensión. El dolor es maestro de muchas cosas.

–            Porque Tú me lo mandas, seré para él comprensión.

–            Así es. Probablemente mi Pedro y no tan solo él; se admirará un poco de cómo cuido y me preocupo más por este discípulo. Pero algún día lo entenderán… Cuando uno no ha madurado en su formación, tiene más necesidad de cuidado. Los demás… ¡Oh! Los otros se formarán por sí mismos, tan sólo por el contacto. No quiero hacer todo Yo. Pido la voluntad del hombre y la ayuda de los demás, para formar a un hombre. Os llamo para que me ayudéis… y agradezco mucho la ayuda.

–            Maestro, ¿Te imaginas que él te proporcionará desilusiones?

–            No. Pero es joven y se formado en el Templo y en Jerusalén.

–            Oh! Cerca de Ti, se curará de todos los vicios de esta ciudad… Estoy seguro.

Jesús murmura:

–           Así sea. –Y luego dice con voz más fuerte- Ven conmigo al Templo. Evangelizaré al Pueblo…

Y se van juntos.  

Al día siguiente. Al rayar el alba, Jesús está con Juan, Simón y Judas; en la cocina de la casita. Y les dice:

–                 Amigos. Os ruego que vengáis conmigo por la Judea. Si no os cuesta mucho. Sobre todo a ti, Simón.

El apóstol le pregunta:

–                 ¿Porqué, Maestro?

Jesús contesta:

–                 El camino es muy duro por los montes de Judea y tal vez para ti sea más duro si te encuentras con algunos de los que te hicieron daño.

–                 Por lo que toca al camino, me siento fuerte y no siento ninguna fatiga. Mucho menos si voy contigo. Por lo que toca a quién me dañó… el odio cayó junto con las escamas de la lepra. Y no sé, créemelo; en qué has hecho el mayor milagro, si al curarme la carne corroída o el alma que ardía con el rencor. Pienso que no me equivoco si afirmo, que el milagro más grande fue en el alma. Una llaga del espíritu, no se cura tan fácilmente. Y Tú me has curado de un golpe, en una forma completa. El hombre no se cura de un hábito moral, si Tú no aniquilas ese hábito con tu querer santificante. Aunque uno lo quiera hacer con todas sus fuerzas.

–                 No te equivocas al juzgar así.

Judas pregunta un poco resentido:

–                 ¿Por qué no lo haces así con todos?

Juan pone una mano sobre el brazo de Judas y le dice cariñoso:

–                 Lo hace, Judas. ¿Por qué le hablas así al Maestro? ¿No te sientes cambiado, desde que estás con Él? Yo era discípulo de Juan el Bautista; pero me siento totalmente cambiado, desde que Él me dijo: ‘Ven’- y mirando a Jesús agrega- Perdón, Maestro. Hablé en tu lugar. Es que no quiero que Judas te cause ningún dolor.

Jesús lo tranquiliza:

–                 Está bien, Juan. No me ha causado ninguna pena como discípulo. Cuando lo sea, si continúa con su modo de pensar, me causará dolor. Vendrá un día en que tendréis la Sabiduría, con su Espíritu… entonces podréis juzgar justamente.

Judas pregunta:

–                 ¿Y todos podremos juzgar justamente?

–                 No, Judas.

–                 ¿Pero hablas de nosotros los discípulos o de todos los hombres?

–                 Hablo refiriéndome primero a vosotros y después a los demás. Cuando llegue la hora; el Maestro instituirá discípulos y los enviará por el mundo…

–                 ¿No lo estás haciendo ya?…

–                 Por ahora no os empleo más que para que digáis: “El Mesías está aquí. Venid a Él.” Entonces os haré capaces de que prediquéis en mi Nombre y que hagáis milagros en mi Nombre…

–                 ¡Oh! ¿También milagros?

–                 Sí. En los cuerpos y también en las almas.

Judas  está feliz ante la idea y exclama gozoso:

–                 ¡Oh! ¡Cómo nos admirarán!

Juan mira pensativamente a Jesús y dice con un dejo de tristeza en la voz:

–                 Entonces ya no estaremos más con el Maestro. Y yo tendré temor de hacer lo que es de Dios, a mi manera de hombre.

Simón dice:

–                 Juan, si el Maestro lo permite, me gustaría decirte lo que pienso.

Jesús contesta:

–                 Díselo a Juan. Deseo que mutuamente os aconsejéis.

–                 Ya sabes que es un consejo.

Jesús sonríe y calla.

Simón le dice a Juan:

–                 Creo que no debes y no debemos temer. Si nos apoyamos en la sabiduría del Maestro Santo y en su promesa. Si Él dice: “Os enviaré” y promete vestir nuestra miseria intelectual, con los rayos de la potencia que el Padre le da para nosotros, debemos estar seguros que lo hará y que lo podremos hacer, por su infinita misericordia. Todo saldrá bien, si no introducimos el orgullo, el deseo humano en nuestro obrar. Pienso que si corrompemos nuestra misión, que es del todo espiritual, con elementos que son terrenales, entonces la promesa de Cristo se depreciará; no por incapacidad suya, sino porque nosotros la rebajaremos con nuestra soberbia. No sé si me explico bien…

Judas le dice:

–                 Lo has hecho muy bien. Yo me equivoqué. Pero sabes… Pienso que en el fondo desear ser admirados como discípulos del Mesías, es porque somos suyos a tal punto, que haremos lo que Él hace. Y todo proviene de aumentar más la figura poderosa de Él entre el pueblo. ¡Alabanzas al Maestro que tiene tales discípulos! Esto es lo que quería decir yo.

Simón le contesta:

–                 No es todo error lo que dices. Pero, mira Judas. Provengo de una casta que es perseguida por haber entendido mal lo que es el Mesías. Si lo hubiésemos esperado con una justa visión de su Ser, no habríamos caído en errores que son blasfemias a la Verdad y rebelión contra la ley de Roma. Por lo cual tanto Dios, como Roma; nos han castigado. Hemos querido ver en el Mesías, sólo a un hombre conquistador y a un libertador humano de Israel. A un nuevo líder y más grande que el héroe, Judas Macabeo. Sólo esto y ¿Por qué? Porque cuidábamos más de nuestros intereses; de la patria y de los ciudadanos, que de Dios. ¡Oh! El amar la  patria es una cosa santa; pero ¡Qué es frente el Cielo eterno! La patria verdadera es la celestial.

Cuando fui perseguido y anduve fugitivo, me escondía en las cuevas de las bestias. Compartía con ellas el lecho y la comida, para escapar de los romanos y sobre todo, de las delaciones de falsos amigos. También cuando en espera de la muerte, probé el olor del sepulcro en mi cueva de leproso… ¡Cuánto he pensado y he visto! He visto con el espíritu, la figura verdadera tuya, Maestro y Rey del espíritu. La tuya, ¡Oh, Mesías! Hijo del Padre que llevas al Padre y no a los palacios de polvo; no a las deidades de fango. ¡Tú! ¡A Ti! ¡Oh, me es fácil seguirte! Perdona mi entusiasmo que se explaya de este modo, porque te veo cómo te había imaginado. Te reconocí inmediatamente, porque mi alma ya te había conocido…

Jesús sonríe y contesta:

–                 Por esto te llamé. Y por eso te llevo conmigo, ahora en mi primer viaje a Judea. Quiero que completes el reconocimiento. Y quiero que también éstos jóvenes, aprendan a ser capaces como tú, de llegar a la verdad por medio de una meditación constante. Y sepan cómo su Maestro ha llegado a esta hora. Después entenderéis. Hemos llegado ya a la Torre de David. La Puerta Oriental está cerca.

Judas pregunta:

–                 ¿Saldremos por ella?

–         Sí, Judas. Primero iremos a Belén. Allí nací. Es bueno que lo sepáis, para que lo digáis a los demás. También esto entra en el conocimiento del Mesías y de la Escritura. Encontraréis las profecías escritas en las cosas, con voces que no pertenecen más a la Profecía, sino a la historia. Daremos la vuelta, donde están los palacios de Herodes.

Judas dice:

–                 Donde vive la vieja zorra, malvada y lujuriosa.

Jesús advierte:

–                 No juzguéis. Sólo Dios es Quién juzga. Vayamos por aquella vereda, entre las hortalizas, nos cobijaremos bajo la sombra de un árbol, cerca de algún lugar hospitalario hasta que el sol deje de quemar. Después…

Jesús continúa instruyendo…

Y emprenden la marcha hacia Belén.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA