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271 EVANGELIZAR CON OBRAS


271 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Y llevando al niño en medio entre Él y Mannaém, reanuda su camino.

Caminan ligeros por la campiña hacia Cafarnaúm

Durante el trayecto van hablando sobre la importancia de la Caridad.

Llegan a Cafarnaúm.

Los apóstoles ya han llegado.   

Después de la disputa con los fariseos ha comenzado ya la vigilia del sábado.

Y todos se han reunido en la terraza, a la sombra del emparrado,

donde cuentan a Mateo que todavía no está curado,

sus aventuras en sus respectivas misiones evangelizadoras.

Al oír el leve roce de las sandalias contra la pequeña  escalera, se vuelven.

Y ven que la cabeza rubia de Jesús sobresale cada vez más por el antepecho de la terraza.

Corren hacia Él, que viene muy sonriente…

Y se quedan de piedra cuando ven que detrás de Jesús hay un pobre niño.

Seguido por Mannaém, que sube regio y magnífico,

con su esplendorosa túnica de lino blanco.

Más bella de lo que ya de por sí es, ceñida por el valioso cinturón y  el manto rojo fuego,

de lino tan brillante que parece seda y que apenas si descansa sobre los hombros,

sostenido por fíbulas de oro, con rubíes;

para formarle una cauda detrás.

Y que junto con la prenda que cubre su cabeza de lino cendalí,

sujeta con una diadema sutil de oro,

lámina burilada, que divide su amplia frente a la mitad…

Y le hace parecer un rey egipcio.

La presencia majestuosa de Mannaém, evita una avalancha de preguntas;

expresadas de todas formas, muy claramente con los ojos.

Así que, después de los saludos recíprocos, una vez sentados ya al lado de Jesús,

los apóstoles, señalando al niño,

preguntan:

–       ¿Y éste?

Jesús responde:

–      Este es mi última conquista.

Un pequeño José, carpintero, como el que fue mi padre, el gran José;

por tanto, amadísimo mío, como Yo amado suyo.

¿No es verdad, pequeño?

El niño asiente con la cabeza.

Y Jesús lo llama:

–       Ven aquí.

Para presentarte a mis amigos:

Éstos de los que tanto has oído hablar.

Este es Simón Pedro, el hombre más bueno del mundo con los niños;

éste es Juan, un niño grande, que te hablará de Dios incluso jugando;

éste es Santiago su hermano, serio y bueno como un hermano mayor.

Y éste es Andrés, hermano de Simón Pedro:

harás inmediatamente buenas migas con él, porque es manso como un cordero.

Luego, éste es Simón el Zelote:

éste ama tanto a los niños que no tienen padre;

que creo que daría la vuelta al mundo, si no estuviera conmigo, para buscarlos.

Luego, éste es Judas de Simón y sentados junto a él, están:

Felipe de Betsaida y Nathanael.

¿Ves cómo te miran?

Ellos también tienen niños y quieren mucho  a los niños.

Y éstos son mis hermanos Santiago y Judas:

Aman todo lo que Yo amo, por eso mucho te querrán. 

(Los milagros son signos para ayudarnos en nuestro ministerio apostólico …

Señales para disipar dudas e incredulidad…

NO para proporcionarnos comodidades a los corredentores.

Por eso Mateo está incapacitado temporalmente…)

Ahora vamos a acercarnos a Mateo, que tiene muchos dolores en el pie.

Y a pesar de todo, no guarda rencor a los niños que, jugando alocadamente;

le han pegado con una piedra puntiaguda.

¿Verdad Mateo?

El apóstol sonríe y responde: 

–      Así es, Maestro. 

¿Es hijo de la viuda?

–       Sí.

Es un niño estupendo y muy inteligente, pero ahora está muy triste.

Mateo lo acaricia atrayéndolo hacia sí,

mientras dice.

–       ¡Pobre niño!

Voy a hacer que llamen a Santiaguito, para que juegues con él.

Jesús termina la presentación con Tomás,

el cual práctico como es

la completa ofreciéndole al niño un racimo de uvas arrancadas de la pérgola.   

Jesús concluye: 

–        Ahora sois amigos.

Y se sienta.

Mientras tanto, el niño disfruta sus jugosas uvas…

Y responde a Mateo, que lo tiene abrazado a su lado.

Pedro pregunta: 

–       ¿Dónde has estado tan solo, toda la semana?

Jesús dice; 

–       En Corozaín, Simón de Jonás.

–      Sí, lo sé.

¿Pero qué hiciste?

¿Estuviste en la casa de Isaac?

–       Isaac el viejo ha muerto.

–       ¿Y entonces?

–       ¿No te lo ha dicho Mateo?

–       No.

Sólo ha dicho que te habías quedado en Corozaín desde el día de nuestra partida.

–       Mateo es mejor que tú.

Sabe callar y tú no sabes refrenar tu curiosidad.

–       No solo la mía.

La de todos.

–       Pues bien.

Fui a Corozaím a predicar la Caridad con la práctica.

Varios le preguntan al mismo tiempo:

–      ¿La caridad con la práctica?

–      ¿Qué quieres decir? 

–       En Corozaín hay una viuda con cinco hijos y una anciana enferma.

El marido murió de repente cuando estaba trabajando en el banco de carpintero.

Y ha dejado tras de sí miseria y unos trabajos inacabados.

Corozaín no ha sabido encontrar una migaja de piedad, para con esta familia desdichada.

Fuí a terminar los trabajos y…

–       ¡¡¿ Queeé ?!!

Se produce un pandemónium:

Quién pregunta, quién protesta, quién regaña a Mateo por haberlo consentido.

Quién manifiesta admiración, quién critica.

Y por desgracia, quienes protestan o critican son la mayoría.

Jesús deja que la borrasca se calme, de la misma forma que se ha formado…

Y por toda respuesta, 

añade:

–      Y pasado mañana regresaré allí

Terminaré un trabajo.

Espero que al menos vosotros comprendáis.

Corozaín es un hueso de fruta cerrado, sin semilla.

Por lo menos vosotros sed huesos de fruta con ella.

Josesito, por favor dame esa nuez que te ha dado Simón.

Y escucha tú también.

¿Veis esta nuez?

La tomo porque no tengo otros huesos de fruta en la mano.

Pero, para entender la parábola, pensad en los núcleos de piñones o palmas.

Pensad en los más duros, por ejemplo: en los de las aceitunas.

Son envolturas clausuradas, sin fisuras;

durísimas, de una madera compacta.

Parecen mágicos cofres que sólo con violencia se pueden abrir.

Pues bien, a pesar de todo, si se echa uno de estos titos al suelo,

sencillamente arrojado  sobre la tierra. 

Y si algún caminante pasando por encima, lo incrusta en la tierra al pisarlo,

lo suficiente para que entre un poco en el suelo,

¿Qué sucede?

Pues que el cofre se abre, echa raíces y hojas.

¿Cómo se produce esto por sí solo?

¿Cómo lo logró?

Nosotros tenemos que emplear el martillo

Pues para conseguir abrirlos, tenemos que golpear mucho con el martillo;

Y sin embargo, sin golpes; el hueso se abrió.

¿Tiene algo mágico esa semilla?

No. Lo que tiene dentro es una pulpa.

¡Oh! ¡Una cosa muy débil respecto a la dura cáscara!

Y con todo, alimenta algo todavía más pequeño: la semilla.

Ésta es la poderosa palanca que fuerza, abre… 

Produce la planta con raíces y hojas, que luego será un árbol con frondas.

Haced la prueba de enterrar unos titos y luego esperad.

Veréis como algunos nacen y otros no.

Extraed de la tierra los que no han nacido.

Abridlos con el martillo.

Veréis como son semillas vacías.

No es pues, la humedad del suelo, ni el calor los que hacen abrir el hueso; sino la pulpa.

Y más: el alma de la pulpa;

el germen, que hinchándose, hace palanca y abre. 

Ésta es la parábola.

Apliquémosla a nosotros mismos.

¿Qué hice que no estuviera bien?

¿Nos hemos entendido tan poco, como para no comprender que la hipocresía es un pecado

y que la palabra es viento, si no es la fuerza de la acción?

¿Acaso no os he dicho siempre: Amaos los unos a los otros’?

El Amor es el precepto de la gloria.

Yo que predico, ¿Puedo faltar a la Caridad?

¿Daros el ejemplo de un Maestro Mentiroso?

¡No! ¡Jamás!

¡Amigos míos!

Nuestro cuerpo es el hueso duro;

en el hueso duro está encerrada la pulpa, el alma;

dentro de ella, el germen que Yo he depositado y que está formado de muchos elementos,

el principal de los cuales es la Caridad.

Es la caridad la que hace de palanca para abrir el hueso

y librar al espíritu de las constricciones de la materia

y restablece su unión con Dios, que es Caridad.

La caridad no se hace sólo de palabras o de dinero.

La caridad se hace sólo con la Caridad.

Y no os parezca un juego de palabras.

Yo no tenía dinero

Las palabras, para este caso, no eran suficientes.

Aquí había siete personas al borde del hambre y la angustia.

La desesperación ya lanzaba sus negras garras para hacer presa y asfixiar.

El mundo se apartaba, duro y egoísta, ante esta desventura;

daba muestras de no haber comprendido las palabras del Maestro.

El Maestro ha evangelizado con las Obras. 

Yo tenía la capacidad y libertad para hacerlo.

Y tenía el deber de amar por el mundo entero a estos míseros, a quienes el mundo desprecia.

He hecho todo esto.

¿Podéis todavía criticarme?

¿O debo ser Yo quien os critique, en presencia de un discípulo que no se acobardó

de meterse entre el aserrín y las virutas, por no abandonar al Maestro?

Y estoy seguro de que se convenció más de Mí,

viéndome inclinado, trabajando sobre la madera;

de lo que se hubiera persuadido viéndome sobre un trono.

O ante la presencia de un niño, que ha experimentado lo que Soy;

no obstante su ignorancia; la desventura que lo oprime…

Y su absoluta falta de conocimiento del Mesías, como Tal…

¿No respondéis?

No os apenéis sólo cuando levanto mi Voz, para corregir ideas equivocadas.

Lo hago por amor.

Si no… Meted en vosotros el germen que santifica y que abre el hueso.

De otro modo, seréis siempre seres inútiles.

Lo que hago debéis hacerlo con prontitud también vosotros…

Ningún trabajo, por amor del prójimo; para llevar a Dios un alma; os debe pesar.

El trabajo, cualquiera que sea; jamás humilla.

Pero sí humillan las acciones bastardas;

la falsedad; las acusaciones mentirosas; las acciones bajas, las denuncias mentirosas,

la crueldad, los abusos, la dureza; las vejaciones; 

la usura, las calumnias, la lujuria.

El Adulterio es el asesino mayor de las almas…

Éstas matan al hombre y con todo; las hacen sin experimentar vergüenza;

aún aquellos que quieren ser llamados perfectos.

Y que ciertamente se han sentido mal al verme trabajar con la sierra y el martillo…

El trabajo, sea cual fuere, no es nunca humillante;

Estas cosas son las que envilecen al hombre,

aunque, a pesar de ello, se lleven a cabo sin sentir vergüenza.

(Me refiero también a quienes quieren considerarse perfectos,

pero que se han escandalizado al verme trabajar con la sierra y el martillo).

¡Oh, el martillo!:

¡Cuán noble será, si se usa para meter clavos en una madera…

Y hacer un objeto que sirva para dar de comer a unos huerfanitos!,

¡Cuán distinta será la condición del martillo, modesta herramienta,

si lo usan mis manos y además con fin santo;

cuánto querrán tenerlo todos aquellos que ahora

¡Oh, hombre!

¡Criatura que deberías ser luz y verdad!

¡Cuán tenebroso y mentiroso eres!

Pero vosotros al menos comprended qué cosa es el bien.

Qué cosa sea la caridad.

Qué la obediencia.

En verdad os digo que los fariseos son muchos y que no faltan entre los que me rodean.

manifestarían a gritos su escándalo por causa de él!

¡Oh, hombre, criatura que deberías ser luz y verdad, cuánto eres tinieblas y mentira! 

.¡Vosotros, al menos vosotros, entended lo que es el bien!

¡Lo que es la caridad, lo que es la obediencia!

En verdad os digo que grande es el número de los fariseos.

Y…

269 EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO


269 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús, que se había retirado a la cocina para beber un poco de agua,

se asoma a la puerta a tiempo de oír la trillada y necia acusación farisaica:

«Éste no es más que un Belcebú, porque los demonios le obedecen.

El gran Belcebú, su padre, le ayuda.

Y arroja los demonios con la acción de Belcebú, príncipe de los demonios, no con otra cosa».

Jesús baja los dos pequeños escalones de la puerta y avanza unos pasos;

erguido, severo, sereno, para detenerse justo frente al grupo escribo-farisaico;

fija en ellos, su mirada penetrante.

Y les dice:

–       Vemos que incluso en este mundo un reino dividido en facciones contrarias,

se hace internamente débil, fácil presa de la agresión

y acción devastadora de los estados vecinos.

y éstos lo esclavizan.

Ya en este mundo vemos que una ciudad dividida en partes contrarias. pierde el bienestar.

Lo mismo se diga de una familia cuyos miembros estén divididos por el odio:

se desmorona, se convierte en una fragmentación que a nadie sirve,

irrisión para los ciudadanos.

La concordia, además de deber, es astucia;

porque mantiene la independencia, la fuerza, el afecto.

Esto es lo que deberían meditar los patriotas, los ciudadanos, los miembros de una familia,

cuando, por el capricho de un determinado beneficio,

se ven tentados a las siempre peligrosas opresiones y separaciones, peligrosas

porque se alternan con los partidos y destruyen los afectos.

17. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Ezequiel 28

es ésta, en efecto, la astucia que ejercitan los Dueños del Mundo.

Observad a Roma, observad su innegable poder, tan penoso para nosotros.

Domina el mundo.

Pero está unida en un único parecer, en una sola voluntad: “dominar”.

Entre ellos habrá también, sin duda, contrastes, antipatías, rebeliones.

Pero estas cosas están en el fondo.

En la superficie hay un único bloque, sin fisuras, sin agitaciones.

Todos quieren lo mismo y obtienen resultados por este querer.

y los obtendrán mientras sigan queriendo lo mismo.

Mirad este ejemplo humano de astucia cohesiva y pensad:

si estos hijos del siglo son así,

¿Qué no será Satanás?

Para nosotros ellos son diablos y sin embargo, su satanismo pagano no es nada,

respecto al perfecto satanismo de Satanás y sus demonios.

En aquel reino eterno, sin siglo, sin final, sin límite de astucia y maldad;

en ese lugar en que es gozo el hacer el mal a Dios y a los hombres.

Hacer el mal es el aire que respiran, es su doloroso gozo, único, atroz.

Se ha alcanzado con perfección maldita la fusión de los espíritus;

unidos en una Sola voluntad: “hacer el mal”.

Ahora bien, si -como pretendéis sostener para insinuar dudas acerca de mi poder-

me ayuda Satanás porque Yo soy un belcebú menor,

¿No entra Satanás en conflicto consigo mismo y con sus demonios

al arrojarlos de sus poseídos?

¿Y estando en conflicto consigo mismo, podrá perdurar su reino?

19. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno. 1 de Juan 5

No, no es así.

Satanás es astutísimo y no se perjudica a sí mismo.

Su intención es extender su reino en los corazones, no reducirlo.

Su vida consiste en “robar – hacer el mal – mentir – agredir – turbar”.

Robar almas a Dios y paz a los hombres.

Hacer el mal a las criaturas del Padre, dándole así dolor.

Mentir para descarriar.

Agredir para gozar.

Turbar porque es el Desorden.

No puede cambiar: es eterno en su ser y en sus métodos.

Pero, responded a esta pregunta:

Si Yo arrojo los demonios en nombre de Belcebú,

29. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» Mateo 8

¿En nombre de quién los arrojan vuestros hijos?

¿Querríais confesar que también ellos son belcebúes?

Si lo decís, os juzgarán calumniadores.

Y aunque su santidad llegue hasta el punto de no reaccionar ante esta acusación,

habréis emitido veredicto sobre vosotros mismos,

al  confesar que creéis tener muchos demonios en Israel.

Y os juzgará Dios en nombre de los hijos de Israel acusados de ser demonios.

Por tanto, venga de quien venga el juicio, en el fondo serán ellos vuestros jueces,

donde el juicio no sufre soborno de presiones humanas.

Y si, como es verdad, arrojo los demonios por el Espíritu de Dios,

14. Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.» Éxodo 3

prueba es de que ha llegado a vosotros el Reino de Dios y el Rey de este Reino.

Rey que tiene un poder tal,

que ninguna fuerza contraria a su Reino le puede oponer resistencia.

Así que ato y obligo a los usurpadores de los hijos de mi Reino,

a salir de los lugares ocupados y a devolverme la presa para que Yo tome posesión de ella.

¿No es así como hace uno que quiere entrar en la casa de un hombre fuerte,

para arrebatarle los bienes, bien o mal conseguidos?

Eso hace.

Entra y lo ata.

Una vez que lo ha atado, puede desvalijar la casa.

Yo ato al ángel tenebroso, que me ha arrebatado lo que me pertenece.

Y le quito el bien que me robó

Sólo Yo puedo hacerlo, porque sólo Yo soy el Fuerte, el Padre del siglo futuro,

el Príncipe de la Paz.  

Un escriba le pregunta:

–       Explícanos lo que quieres decir con “Padre del siglo futuro”.

¿Es que piensas vivir hasta el próximo siglo y mayor necedad aún,

piensas crear el tiempo, Tú, que no eres más que un pobre hombre?

El tiempo es de Dios.  

Jesús lo mira con severidad, al responder:

–       ¿Y me lo preguntas tú, escriba?

¿Es que no sabes que habrá un siglo que tendrá principio pero no tendrá fin.?

¿Y que será el mío?

En él, triunfaré congregando en torno a Mí a aquellos que son sus hijos.

Y vivirán eternos como el siglo que crearé;

que ya estoy creando estableciendo al espíritu por encima de la carne,

del mundo y de los seres infernales, porque todo lo puedo.

Por esto os digo que quien no está conmigo está contra Mí.

Y que quien conmigo no recoge desparrama.

Porque Yo Soy el que Soy.

Y quien no cree esto, que ya ha sido profetizado, peca contra el Espíritu Santo;

cuya palabra fue pronunciada por los Profetas sin mentira ni error

y debe ser creída sin resistencia.

Porque os digo que todo les será perdonado a los hombres:

Todo pecado, toda blasfemia; porque Dios sabe que el hombre no es sólo espíritu, 

sino también carne.

Y carne tentada sometida a imprevistas debilidades.

Pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.

Uno hablará contra el Hijo del hombre y será todavía perdonado,

porque el peso de la carne que  envuelve a mi Persona

y que envuelve al hombre que contra mí habla puede también inducir a error.

Pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en ésta ni en la vida futura,

porque la Verdad es eso que es:

El Don de Discernimiento de Espíritus

Es neta, santa, innegable.

Y es manifestada al espíritu de una manera que no induce a error.

Otra cosa es que yerren aquellos que, queriéndolo, quieren el Error.

Negar la Verdad dicha por el Espíritu Santo es negar la Palabra de Dios

y el Amor, que ha dado esa Palabra por amor hacia los hombres.

Y el pecado contra el Amor no se perdona.

Pero cada uno da los frutos de su árbol.

Vosotros dais los vuestros, que no son buenos.

Si dais un árbol bueno para que lo planten en el huerto, dará buenos frutos;

sin embargo, si dais un árbol malo, malo será el fruto que de él se recogerá.

Y todos dirán: “Este árbol no es bueno”.

Porque el árbol se conoce por el fruto.

¿Cómo creéis que podéis hablar bien vosotros, que sois malos?

Porque la boca habla de lo que llena el corazón del hombre.

Sacamos nuestros actos y palabras de la sobreabundancia  de lo que tenemos en nosotros.

El hombre bueno saca de su tesoro bueno cosas buenas;

el malo, de su tesoro malo, saca las cosas malas.

Y habla y actúa según su interior.

En verdad os digo que ociar es pecado, pero mejor es ociar que hacer obras malas.

Y os digo también que es mejor callar que hablar ociosamente y con maldad.

Aunque vuestro silencio fuera ocio, guardad silencio antes que pecar con la lengua.

Os aseguro que de toda palabra dicha vanamente,

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

se pedirá a los hombres justificación en el día del Juicio.

Y que por sus palabras serán justificados los hombres.

Y también por sus palabras serán condenados.

¡Cuidado, por tanto, vosotros, que tantas decís más que ociosas!,

Pues que son no sólo ociosas sino activas en el mal…

Y con la finalidad de alejar a los corazones de la Verdad  que os habla.

Los fariseos consultan a los escribas y luego, todos juntos, fingiendo cortesía,

solicitan:

–       Maestro, se cree mejor en lo que se ve.

Danos, pues, una señal para que podamos creer que eres lo que dices.

–       ¿Veis como en vosotros está el pecado contra el Espíritu Santo,

que repetidas veces me ha señalado como Verbo encarnado?

Este es mi Hijo amado, ESCUCHADLE…

Verbo y Salvador, venido en el tiempo establecido;

precedido y seguido por los signos profetizados; obrador de lo que el Espíritu dice.

Ellos responden:

–       Creemos en el Espíritu, pero

¿Cómo podemos creer en Ti, si no vemos un signo con nuestros ojos?

-¿Cómo podéis entonces creer en el Espíritu, cuyas acciones son espirituales,

si no creéis en las mías, que son sensibles a vuestros ojos?

Mi vida está llena de ellas.

¿No es suficiente todavía?

No. Yo mismo respondo que no.

No es suficiente todavía.

A esta generación adúltera y malvada, que busca un signo,

se le dará sólo uno: el del profeta Jonás.

Efectivamente, de la misma forma que Jonás estuvo durante tres días en el vientre de la ballena,

el Hijo del hombre estará tres días en las entrañas de la tierra.

En verdad os digo que los ninivitas resucitarán en el día del Juicio, como todos los hombres.

Y se alzarán contra esta generación y la condenarán,

porque les predicó Jonás e hicieron penitencia y vosotros no.

Y aquí hay Uno mayor que Jonás.

Así también, resucitará y se alzará contra vosotros la Reina del Mediodía,

y os condenará.

Porque ella vino desde los últimos  confines de la Tierra, para oír la sabiduría de Salomón;

y aquí hay Uno mayor que Salomón.

–       ¿Por qué dices que esta generación es adúltera y malvada?

No lo será más que las otras.

Hay los mismos santos que había en las otras.

El todo israelita no ha cambiado.

¡Nos ofendes!

–       Os ofendéis vosotros mismos al dañar vuestras almas;

porque las alejáis de la Verdad, y por tanto de la Salvación.

Os respondo lo mismo.

1. Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles; 2. los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, 3. desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, 4. traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, 5. que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos. 6. A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones, 2 de Timoteo”

Esta generación no es santa sino en las vestiduras y en lo externo;

por dentro no es santa.

En Israel existen los mismos nombres para significar las mismas cosas,

pero no existe la realidad de las cosas;

existen los mismos usos, vestiduras y ritos, pero falta el espíritu de estas cosas.

Sois adúlteros porque habéis rechazado el sobrenatural desposorio con la Ley divina 

y os habéis desposado, con una segunda adúltera unión, con la ley de Satanás.

Sois circuncisos sólo en un miembro efímero, el corazón ya no es circunciso.

Y sois malos, porque os habéis vendido al Maligno.

He dicho.

262 ESTRATEGIA SATÁNICA


262 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La cena termina pronto.

Judas va a regar las flores del huerto, antes de que oscurezca.

Luego sale, dejando a María en la terraza, doblando la ropa que había puesto a secar.

Judas, tras saludar a Alfeo de Sara y a María Cleofás,

que están hablando en la puerta de la casa del primero…

Se dirige hacia la casa del arquisinagogo.

Además de seis ancianos, están presentes los dos primos de Jesús: José y Simón.

Después de los pomposos saludos, se sientan todos ceremoniosamente

en asientos adornados con almohadones.

Toman el fresco mientras beben agua anisada o de menta, que están muy  frescas,

porque la jarra metálica suda en la separación entre el líquido gélido y el aire, todavía caliente

a pesar de la brisa que procede de las colinas situadas al norte de Nazaret

y que mueve las copas de los árboles.

El sinagogo lo colma de honores,

y dice:

–      Estoy contento de que hayas aceptado nuestra invitación y estés aquí.

Eres joven.

Un poco de distracción, hace bien.

Judas contesta gentil:

–       No me atreví a venir antes, para no importunaros.

Sé que despreciáis a Jesús y a sus seguidores.

Varios contestan:

–      ¿Despreciar?

No. No creemos…

Estamos escépticos..,

–      Y heridos por sus..

–      Admitámoslo, ¿Por qué no?…

–      Y digámoslo claro.

–      Estamos heridos por sus verdades demasiado duras.

–      Nosotros creíamos que tú nos desdeñarías.

–      Y por eso no te invitábamos.

Judas objeta:

–      ¡Despreciaros yo! ¡No!

¡Todo lo contrario!

Os comprendo muy bien…

¿Cómo no? ¡Claro!

¡Bah! Estoy convencido de que acabará habiendo paz entre vosotros y Él.

A Él le conviene, igual que a vosotros.

A Él, porque tiene necesidad de todos.

Y a vosotros porque no os conviene que os llamen enemigos del Mesías.

José de Alfeo pregunta:

–      ¿Y crees tú que Él sea el Mesías?

No tiene nada de esa figura regia que nos ha sido profetizada.

Tal vez se debe a que lo vemos solo como carpintero…

¿Pero en qué aspecto es el Rey Libertador?

Judas toma su aire de escriba y declara

–      También David, sólo parecía un pastorcillo.

Vosotros sabéis que ni siquiera Salomón en toda su gloria,

Las heridas que te causa quien te quiere, son preferibles a los besos engañadores de quién te odia… Salomón

fue un rey tan grande como él.

Porque viéndolo bien Salomón no hizo otra cosa, que proseguir la obra de David.

Y jamás fue inspirado como él.

Pero David, ¡Considerad la figura de David! es gigantesca.

Con una realeza que toca el cielo.

No juzguéis pues los orígenes del Mesías, para dudar de su realeza.

David, pastor y rey. Jesús, carpintero y Rey.

El arquisinagogo, inclinando la cabeza,

le dice:

–       Hablas como un rabí.

Se ve que has sido educado en el Templo.

¿Podrías hacer saber al Sanedrín que yo, el arquisinagogo,

necesito ayuda del Templo para una cuestión privada?

Y Judas no puede evitar la presunción,

Judas con posesión diabólica perfecta, es instrumento del Mal, para realizar las obras de Amo…

uno de los síntomas más notorios de enorme egolatría;..

Compañera inseparable, de su profundo sentimiento de superioridad, 

tanto racial, como elitista, por razones de linaje y de ministerio...

–      ¡Pero claro que sí!

Seguro.

Con Eleazar, ¡Figuraos! que es casi mi hermano.

Y luego, José el Anciano, ¿Sabes? El rico de Arimatea.

Y el escriba Sadoc que era antes mi maestro…

Y luego… ¡Oh! ¡Ni hablar!…

Mis relaciones en el Templo son sólidas y demasiado importantes.

Mi familia sacerdotal, la fortaleció mi padre cuando celebraba rituales,

dentro del Lugar Santísimo, ante la Trinidad Sacrosanta…

Y… ¡bueno, no tienes sino que hablar y basta!

–       Entonces mañana serás mi huésped y hablaremos…

–      ¿Huésped?

No.

Yo no abandono a esa santa y dolorida mujer que es María.

Vine con el fin de hacerle compañía.

Simón de Alfeo, dice:

–      ¿Qué le pasa a nuestra pariente, que está sana y feliz en medio de su pobreza?

José de Alfeo confirma:

–     Sí. Nosotros no la abandonamos.

Mi madre siempre la cuida.

También yo y mi mujer.

Aunque no puedo perdonarle su debilidad para con su Hijo.

También fue lo que afligió a mi padre que murió por causa de Jesús<,

sólo con dos hijos suyos alrededor de su lecho.

¡Y luego!…

Pero todos los problemas de familia no se exponen a los cuatro vientos.

Termina con un suspiro

Judas lo apoya:

–      Tienes razón.

Se murmura en secreto, echándolo en un corazón amigo.

Pero así sucede con muchos dolores.

También yo tengo los míos de discípulo…

¡Pero no hablemos de ellos!

Simón pregunta:

–       ¡No, no, hablemos!

¿Qué sucede?

¿Complicaciones respecto a Jesús?

José dice:

–      ¿De qué se trata?

¿De qué se avergüencen de Jesús?

No aprobamos su conducta, pero seguimos siendo parientes suyos,

dispuestos a ponernos de su parte contra sus enemigos.

¡Habla!

Judas, en una camaleónica transformación,

es muy enfático:

–       ¿Complicaciones?

¡No, hombre, no!

Era una forma de expresarme…

Además, las penas de un discípulo son muchas.

No es sólo dolor por el modo como el Maestro trata con amigos y enemigos,

perjudicándose a sí mismo…

Sino también el ver que no lo aman.

Quisiera que todos vosotros le amarais…

–      ¿Y cómo?

¡Tú mismo lo dices!

¡Tiene un modo de hacer las cosas!…

El arquisinagogo, buscando justificarse,

dice:

–      No era así cuando estaba con su Madre.

¿No es verdad, todos vosotros?

Todos aprueban con gravedad.

Y todos hacen comentarios positivos del Jesús silencioso, manso, solitario, de otros tiempos.

Uno de los ancianos dice:

–      ¿Quién iba a pensar que se convertiría en el que es ahora?

Entonces todo era para su casa y para sus familiares.

¿Y ahora?

Judas lanza un suspiro y dice:

–       ¡Pobre mujer!

José grita:

–      ¿Qué sabes?

¡Habla!

–       No más de lo que tú no sepas.

¿Crees que le sea agradable el estar abandonada?

Otro de los ancianos afirma:

–      Si José hubiera vivido el tiempo que vivió vuestro padre, no habría sucedido eso.

Judas dice:

–      No lo creas, hombre.

Habría sido lo mismo.

Porque cuando se le meten a uno ciertas ideas.

Un siervo trae lámparas y las pone sobre la mesa, porque esta noche no hay luna,

aunque el cielo está cuajado de estrellas.

También traen bebidas y el arquisinagogo se apresura a ofrecerle a Judas.

Judas se pone de pie y dice:

–      Gracias pero no puedo entretenerme más.

Tengo mis obligaciones con María.

También los dos hijos de Alfeo se levantan.

–      Vamos contigo.

Es el mismo camino.

Y con muchos saludos se despiden.

Quedando sólo el arquisinagogo y los ancianos.

Las calles están desiertas y silenciosas.

De arriba de las casas baja un continuo hablar quedo de voces graves.

Los niños duermen ya en sus camitas:

faltan, por tanto, sus gorjeos de pajarillos alegres.

Con las voces, desde lo alto de las casas más ricas,

descienden leves resplandores de lámparas de aceite.

Los dos hijos de Alfeo y Judas caminan en silencio por un largo trecho…

Y luego José se detiene.

Toma del brazo a Judas,

y le dice:

–      Oye.

Veo que sabes algo que no quisiste decir en presencia de extraños.

Pero ahora debes hablar.

Soy el mayor de la casa y tengo el derecho y el deber de saberlo todo.

Judas responde:

–       Y yo fui con la intención de decíroslo…

Y de proteger al Maestro, a María, a nuestros hermanos y a vuestro nombre.

Es algo tan penoso de decirse, como de oírse.

Muy penosísimo hacerlo, porque me hará parecer un espía.

Mirad, os ruego que me comprendáis rectamente.

No es una delación.

No se trata de eso.

Es tan solo amor y prudencia.

Es amor y cordura, nada más.

Yo sé muchas cosas, que vosotros…

Bueno, la verdad es que no las ignoráis.

Las sé por mis amigos del Templo.

Y sé que son un peligro para Jesús y para el buen nombre de la familia.

He tratado de hacérselo entender al Maestro, pero no lo he conseguido.

Es más, cuanto más le aconsejo, Él actúa peor…

Y se busca cada vez más críticas y odios.

Ello porque es tan santo,

que no es capaz de comprender lo que es el mundo.

En fin, es triste ver sucumbir una cosa santa por la imprudencia de su fundador.

José insiste:

–      Pero bueno,

¿De qué se trata?

¡Dilo todo y nosotros nos haremos cargo!

¿No es verdad, Simón?

–     Ciertamente.

Pero me parece imposible que Jesús cometa imprudencias y haga cosas contrarias a su misión…

José explota:

–     ¡Pero si este buen joven que ama a Jesús lo dice!

¿Ves cómo eres?

Siempre el mismo.

Incierto, titubeante.

Me abandonas en el momento necesario.

Yo lucho solo contra toda la parentela.

¡Ni siquiera tienes compasión de nuestro nombre y de nuestro pobre hermano que va a la ruina!

Judas exclama:

–      ¡No!

¡Ir a la ruina, no!

¡Pero desprestigiándose, sí!

José insiste:

–     ¡Habla!

¡Habla te digo!

Mientras Simón calla perplejo…

Judas dice en voz baja:

–       Hablaría.

Si estuviera seguro de que no me mencionaríais ante Jesús…

¡Juradlo!

José dice:

–     Lo juramos sobre el Santo Velo.

¡Habla!

–       Lo que voy a decir no lo diréis ni siquiera a vuestra madre…

Y mucho menos a vuestros hermanos:

Judas Tadeo y Santiago

Simón confirma:

–      Tranquilízate respecto a nuestro silencio.

–     ¿Y no le diréis nada a María?

Para no causarle dolor.

Como yo lo hago.

Guardo silencio.

Es un deber tomar precauciones; aún para la paz de esta pobre madre…

José repite:

–      No diremos nada a nadie.

Te lo juramos.

Satanás se aprovecha de los celos de Judas.

Una pasión nacida de la envidia, la soberbia, el egoísmo desenfrenado…

Y que el apóstol infiel, no se preocupa por rechazar.

Satanás está furioso.   Y recurre a medidas extremas para detener a Jesús;

pues le está minando su poderío, de una forma implacable.

Y de este modo y por estos pecados,

Judas le da entrada y es su instrumento perfecto.

Porque en este momento, ya es el Príncipe del Mundo personificado en él,

el que continúa su estrategia demoledora, mezclando verdades envenenadas,

con mentiras astutísimas, para conseguir éxito en sus perversas maquinaciones…

Satanás-Judas sigue con su intriga:

–       Entonces escuchad:

Jesús no se limita a acercarse a los gentiles, publicanos y prostitutas.

A ofender a los fariseos

y a otras personas valiosas e importantes.

Ahora está haciendo todo al revés, con cosas verdaderamente absurdas.

Fijaos que fue a tierra de filisteos,

y nos hizo peregrinar con un macho cabrío negrísimo que le seguía.

Ahora ha aceptado aun filisteo por discípulo.

¿Y aquel niño que recogió?

¡No sabéis los comentarios que se hicieron!

Pocos días después fue una griega pagana.

Y por remate era una esclava que huyó de su patrón romano.

Luego, discursos que no concuerdan con la sabiduría del sentido común.

En resumidas cuentas, parece un loco que busca hacerse daño.

En tierras de filisteos se entrometió en una ceremonia de brujos

y se puso al tú por tú, con ellos.

Los venció.

Pero ya los escribas y los fariseos, lo comienzan a odiar.

¿Si estas cosas llegan a sus oídos, qué sucederá?

Tenéis el deber de intervenir…

De impedir y poner freno…

Simón dice:

–      Esto es grave.

Muy grave.

¿Pero cómo podíamos saberlo?

¡Estamos aquí!…

¿Y ahora?

¿Cómo podremos estar al tanto de lo que sucede

–     Y sin embargo es vuestro deber intervenir e impedir.

La Madre es madre y es muy buena.

No debéis abandonarlo en estas circunstancias.

Por Él y por el mundo.

Además.

Esto de seguir arrojando demonios…

Corre la voz de que se sirve de Belcebú.

Pensad si esto lo favorece.

¡Y además…!

Pero bueno.

¿Qué clase de rey podrá llegar a ser,

si las multitudes se ríen ya desde ahora o se escandalizan?

Simón pregunta incrédulo:

–       ¿Pero de veras hace cuánto dices?

–       Pregúntaselo a Él Mismo.

Os lo confirmará porque hasta de esto se jacta

–       Deberías avisarnos…

–      ¡Claro que lo haré!

Cuando vea algo raro, os lo mandaré avisar.

Pero os lo ruego: silencio ahora y siempre.

Silencio con todos.

–     Lo juraremos.

¿Cuándo te vas?

–      Después del sábado

Ya no hay razón para estar aquí.

He cumplido con mi deber.

José de Alfeo, dice:

–      Te lo agradecemos.

Ya decía yo que Él estaba cambiado.

Tú hermano, no me quisiste creer.

¿Ves que tenía razón?

Simón de Alfeo objeta:

–        Yo…

Me resisto a creerlo todavía.

Judas y Santiago no son unos tontos.

¿Por qué no nos han dicho nada?

¿Por qué no hacen algo, si suceden estas cosas?

Judas replica resentido:

–      Hombre,

¡No vas a decirme ahora que no crees en mis palabras!…

Simón responde:

–      ¡No!…

Pero… ¡Basta

Perdona que te lo diga: creeré cuando lo vea.

–       Está bien.

Pronto lo verás y me dirás: ‘Tenías razón’ bueno

Aquí está vuestra casa.

Os dejo.

Dios sea con vosotros.

José dice:

–      Dios sea contigo, Judas.

Y… ¡Oye

Tú tampoco digas esto a otros.

Está en juego, nuestra honra…

–      Ni siquiera me lo diré a mí mismo.

¡Adiós

Y se marcha caminando ligero.

Vuelve a entrar tranquilo a la casa.

Sube a la terraza, donde María está sentada, con las manos apoyadas sobre su regazo,

contemplando el cielo lleno de estrellas.

Y a la lucecilla de la lámpara que Judas prendió para subir por la escalera;

se ven dos hileritas de llanto, que descienden por las mejillas de María.

Judas pregunta con ansiedad:

–       ¿Estás llorando, Madre?

Ella contesta con dolor:

–      Porque me parece que el mundo está cargado con más insidias,

que cuantas estrellas hay en el cielo…

Repleto de asechanzas contra mi Jesús…

Judas la mira atento, turbado por sus palabras y no sabe qué hacer.

María termina suavemente:

–      Pero me da fuerzas el amor de los discípulos…

Amad mucho a mi Jesús.

Amadlo.

¿Quieres quedarte aquí, Judas?

Bajo mi habitación.

María Cleofás se fue a dormir, después de preparar la levadura para mañana.

–      Sí.

Aquí me quedo.

Aquí se está bien.

–      La paz sea contigo, Judas.

–      La paz sea contigo, María.

Y María se retira a su habitación.

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260 UNA TRAMPA FARISAICA


260 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús entra en la sinagoga de Cafarnaúm, que lentamente se va llenando de fieles porque es sábado.

Muy grande es el estupor al verlo.

Unos a otros se lo señalan musitando comentarios.

Alguno tira de la túnica a éste o a aquel otro apóstol para preguntar que cuándo han vuelto a la ciudad,

porque nadie sabía que habían llegado.

Pedro responde: 

–       Hemos desembarcado ahora en el “pozo de la higuera”

viniendo de Betsaida, para no dar ni un paso más de lo prescrito, amigo. 

Urías el fariseo, ofendido por ver que un pescador le llama “amigo”,

se marcha con aire de desdén a donde están los suyos, en primera fila.  

Andrés advierte:

–       ¡No los pinches, Simón!

–      ¿Pincharlos?

Me ha preguntado y he respondido, diciendo incluso que hemos evitado caminar por respeto al sábado.

–      Dirán que hemos trabajado con la barca…

–      ¡Al final dirán que hemos trabajado porque hemos respirado!

¡No seas ignorante!

Es la barca la que trabaja, el viento y las olas, no nosotros yendo en barca.

Andrés se queda con la regañina y guarda silencio.

Después de las oraciones preliminares, llega el momento de la lectura de un texto y su explicación.

El jefe de la sinagoga le pide a Jesús que sea Él quien lo haga.

Pero Jesús señala a los fariseos

y dice:

–       Que lo hagan ellos.

No obstante, dado que ellos no lo quieren hacer, debe hablar Él.

Jesús lee el trozo del primer Libro de los Reyes, en que se narra cómo David,

traicionado por los zifitas, fue señalado a Saúl, que estaba en Guibeá.

Devuelve el rollo y empieza a hablar.

–       Violar el precepto de la caridad, de la hospitalidad, de la honradez, siempre es cosa reprobable.

Sin embargo, el hombre no vacila en hacerlo con total indiferencia.

Aquí tenemos un episodio compuesto de dos partes: esta violación y el consiguiente castigo de Dios.

La conducta de los zifitas era artera; la de Saúl no lo era menos:

los primeros, viles intentando ganarse al más fuerte y sacar beneficio de él;

el segundo, vil intentando eliminar al ungido del Señor:

el egoísmo, por tanto, los aunaba

Y, ante la indigna propuesta, el rey falso y pecador de Israel

osa dar una respuesta en que aparece nombrado el Señor:

“Que el Señor os bendiga”.

–      ¡Hacer burla de la justicia de Dios!…

¡Hacerlo habitualmente!…

Demasiadas veces se invoca el Nombre del Señor y su bendición,

como premio o garantía de las maldades del hombre.

Está escrito: “No tomarás el Nombre de Dios en vano”.

¿Podrá haber algo más vano -peor: más malo- que nombrarlo,

para cumplir un delito contra el prójimo?

Pues bien, a pesar de todo, es éste un pecado más común que ningún otro,

cometido con indiferencia incluso por aquellos que ocupan siempre los primeros puestos

en las asambleas del Señor, en las ceremonias y en la enseñanza.

Recordad que es pecaminoso indagar, observar,

prepararlo todo con la finalidad de perjudicar al prójimo;

como también es pecaminoso el hacer que otros indaguen, observen y preparen todo,

para perjudicar al prójimo:

es inducir a los demás al pecado,

tentándolos con recompensas o amenazándolos con represalias.

Os advierto de que es pecado;

de que una conducta semejante es egoísmo y odio.

Sabéis que el odio y el egoísmo son los enemigos del amor.

Os lo advierto porque me preocupo de vuestras almas;

porque os amo; porque no quiero que estéis en pecado;

porque no quiero que Dios os castigue, como le sucedió a Saúl;

el cual, mientras perseguía a David para atraparlo y matarlo,

vio su tierra hollada por los filisteos.

En verdad, esto le sucederá siempre a aquel que perjudica a su prójimo.

Su victoria durará cuanto la hierba del prado

crecerá pronto, y pronto se secará y será triturada por el pie indiferente de los que pasan.

Sin embargo, la buena conducta, la vida honrada,

parece como si tuviera dificultad en nacer y consolidarse,

pero, una vez formada como hábito de vida, se hace árbol robusto y frondoso

que no será descuajado por el torbellino ni abrasado por la canícula;

en verdad, quien es fiel a la Ley, verdaderamente fiel,

se hace árbol poderoso que no será combado por las pasiones

ni quemado por el fuego de Satanás.

He dicho.

Si alguien quiere decir algo más, que lo diga.  

Urías pregunta: 

–      Lo que te preguntamos es si has hablado para nosotros los fariseos.

Jesús responde:

–      ¿Acaso está llena de fariseos la sinagoga?

Sois cuatro, la gente son muchas personas.

La palabra es para todos.

–       La alusión, de todas formas, es muy clara.

–       ¡Verdaderamente no se ha visto nunca que un indiciado,

denunciado sólo por un parangón se acuse a sí mismo!

Y sin embargo, vosotros lo hacéis.

¿Por qué os acusáis si Yo no os acuso?

¿Tenéis conciencia de actuar como he dicho?

Yo no lo sé.

De todas formas, si fuera así, cambiad.

Porque el hombre es débil y puede pecar, pero Dios lo perdona

si surge en él el arrepentimiento sincero y el deseo de no volver a pecar

Ahora bien, persistir en el mal es doble pecado.

Y sin perdón.

–       No tenemos este pecado.

–       Pues entonces no os aflijáis por mis palabras.

El incidente queda zanjado.

Los himnos llenan la sinagoga.

Luego parece que está para disolverse la asamblea sin más incidentes.

Pero, he aquí que el fariseo Joaquín detecta la presencia de un hombre entre la masa de la gente. 

Y con la mirada lo llama y con gestos, le obliga a pasar a la primera fila.

Es un hombre de unos cincuenta años, tiene un brazo atrofiado,

mucho más pequeño que el otro;

también la mano, porque la atrofia ha destruido los músculos.

Jesús lo ve y ve también todo el montaje que han hecho para que lo viera.

En su rostro se dibuja un gesto de disgusto y compasión;

es una expresión casi instantánea, pero muy clara.

No obstante, no desvía el golpe, sino que afronta con firmeza la situación.  

Jesús ordena al hombre: 

–      Ven aquí al centro.

Una vez que lo tiene delante, se vuelve a los fariseos,

y dice:

–       ¿Por qué me tentáis?

¿No acabo de hablar contra la insidia y el odio?

¿No acabáis de decir: “No tenemos este pecado”?

¿No respondéis?

Responded al menos a esto:

¿Es lícito hacer el bien o el mal en día de sábado?

¿Es lícito salvar o quitar la vida?

¿No respondéis?

Responderé por vosotros, en presencia de todos los ciudadanos;

los cuales juzgarán mejor que vosotros porque son sencillos y no tienen odio ni soberbia.

No es lícito hacer ningún trabajo en día de sábado.

Pero, de la misma forma que es lícito orar, también es lícito hacer el bien;

porque el bien es Oración, mayor que los himnos y salmos que hemos cantado.

Sin embargo, ni en día de sábado ni los otros días es lícito hacer el mal.

Y vosotros habéis hecho el mal, trajinando para poder tener hoy aquí a este hombre,

que ni siquiera es de Cafarnaúm, que le habéis hecho venir desde hace dos días,

porque sabíais que Yo estaba en Betsaida e intuíais que vendría a mi ciudad.

Lo habéis hecho para ver cómo acusarme.

Actuando así, cometéis también otro pecado:

el de matar vuestra alma en vez de salvarla.

Por mi parte, os perdono.

Respecto a este hombre, no defraudaré su esperanza.

Porque le habéis hecho venir diciéndole que lo iba a curar,

mientras que lo que queríais era ponerme una trampa.

A él no se le puede culpar, porque ha venido aquí con la única intención de quedar curado.

Pues bien, así sea.

Hombre: extiende tu mano y ve en paz.

El hombre obedece y su brazo queda sano, con su mano igual que la otra.

La usa enseguida para coger la orla del manto de Jesús besarla,

y decir:

–       Tú sabes que desconocía la verdadera intención de éstos.

Si la hubiera conocido, no habría venido;

hubiera preferido quedarme con la mano seca, antes que servir contra Ti.

Por tanto, no te enojes conmigo.

–       Ve en paz, hombre.

Yo sé la verdad.

Respecto a ti, no siento sino benevolencia.

La gente sale comentando estas cosas.

El último en salir es Jesús con los once apóstoles.

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241 LA TÚNICA PÚRPURA


241 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La gente de Sicaminón, movida por la curiosidad de ver, en espera del Maestro, ha estado asediando todo el día el lugar en que están asentados los discípulos.

Jesús ya tiene un par de días ausente, con todos los discípulos y… 

Las discípulas mientras tanto, no han perdido el tiempo;

se han dedicado a lavar la ropa, polvorienta y sudada.

Así pues, en la pequeña playa hay toda una alegre exposición de ropa secándose al viento y al sol.

Ahora, que está cercano el atardecer.

Y con él se percibe ya la humedad salobreña, del pequeño lugar donde se hospedan; 

se apresuran a recoger la ropa, aunque esté todavía un poco húmeda.

Y a sacudirla y estirarla en todas las direcciones antes de doblarla;

para que los respectivos propietarios la encuentren bien ordenada.

María de Alfeo.

dice: 

–       Vamos a llevarle a María enseguida su ropa. 

¡Ha estado muy sacrificada ayer y hoy en ese cuartito sin aire!…».

Y desde que se fueron María de Magdala, propietaria de un solo vestido, que además es prestado;

ha tenido que estar escondida hasta que estuviera seco.

Susana responde:

–       ¡Menos mal que no se queja nunca!

No pensaba que fuera tan buena y paciente.  

Salomé:

–      Y tan humilde, debes decir.  

La Virgen:

–       Y reservada. ¡Pobre hija!

¡Verdaderamente era el diablo el que la atormentaba!

Una vez que mi Jesús la ha librado, ha vuelto a ser ella como sin duda era de niña.

Y hablando entre ellas vuelven a casa a llevar la ropa lavada.

Entretanto en la cocina, Marta trabaja en preparar las viandas.

La Virgen está limpiando las verduras en una olla de cobre y poniéndolas a hervir para la cena.

Entregándole el vestido de Magdalena a Martha,

Susana dice:

–       Aquí está.

Todo ya seco, limpio y doblado.

Hacía falta.

Ve donde María y dale su ropa

Pasa un rato y las dos hermanas vuelven juntas.   

Martha:

–      Gracias a las dos.

Magdalena sonriendo,

dice:

–      El sacrificio del vestido sin cambiar desde hace días… 

Me era el más penoso.

Ahora me siento toda fresca.  

Martha le aconseja:

–       Sal afuera a sentarte.

Esta haciendo un agradable viento y te vendrá muy bien después de tanto tiempo encerrada. 

Marta, la cual, siendo menos alta y de formas menos esculturales que su hermana;

ha podido ponerse un vestido de Susana o de  María de Alfeo mientras su ropa se lavaba.

Magdalena dice:

–       Esta vez se ha hecho así.

Pero para el futuro nos haremos nuestra pequeña alforja como las demás y no tendremos esta incomodidad. 

María de Alfeo:

–      ¿Cómo?

¿Tienes intención de seguirlo como nosotras?

–       Por supuesto.

A menos que Él me ordene lo contrario.

Ahora voy a la orilla del mar a ver si vienen.

¿Vuelven esta tarde?  

La Virgen responde:

–       Eso espero. 

Estoy preocupada porque ha ido a Fenicia.

Pero pienso que está con los apóstoles. 

Y también que los fenicios quizás son mejores que otros muchos.

Pero querría que volviera, incluso por la gente que lo está esperando.

Cuando he ido a la fuente, una mujer me detuvo para decirme: 

“¿Estás con el Maestro galileo, al que llaman el Mesías?

Ven entonces y mira cómo está mi hijo.

Hace un año que le atormenta la fiebre”.

He entrado en una casita.

¡Pobre criatura! ¡Parecía una florecilla agonizante!

Se lo diré a Jesús.  

Martha añade:

–       Hay otros también que piden igualmente la curación.

Más curación que enseñanza.

La Mamá responde:

–       El hombre difícilmente es todo espiritual.

Siente con mayor fuerza la llamada de la carne y sus necesidades.

–       Pero muchos…

Después del milagro, nacen a la vida del espíritu.

–       Sí, Marta.

Y ese también es un motivo por el que mi Hijo hace tantos milagros.

Por bondad hacia el hombre, pero también para atraerlo, con ese medio, a este camino suyo…

Que, si no, demasiados no lo seguirían.  

Magdalena se va a su mirador para ver si vuelven las barcas…

Juan de Endor por su mala salud, no acompañó a los apóstoles y con él, vienen muchos discípulos;

acercándose a sus respectivas casas

Casi al mismo tiempo, regresa la Magdalena,

diciendo:

–       Están llegando.

Son las cinco barcas que zarparon al alba de ayer.

Las he reconocido muy bien. 

María de Alfeo recoge unas ánforas y sale,

diciendo:

–       Estarán cansados y sedientos.

Voy por más agua.

La fuente es muy fresca.

La Virgen invita:

–       Venid…

Vamos a recibir a Jesús. 

Y sale con la Magdalena y Juan de Endor.

Porque Marta y Susana se quedan trabajando en los fuegos,

rojas y muy ocupadas de ultimar la cena.  

Llegan hasta el pequeño espigón, donde pueden observar el movimiento marítimo de la zona.

Porque costeando la orilla, donde ya otros barcos de pesca, están detenidos,

atracados en uno de los muelles pequeños, que están a lo largo de las entradas al  puerto de la ciudad de Sidón  

Los tres que están esperando a los viajeros, muy atentos en el pequeño muro frente al Mar…

Desde su punta se ve bien todo el golfo, así como la ciudad de que recibe el nombre.

Mientras tanto las barcas, se ven a lo lejos, cómo están regresando.

Y se ven también las cinco barcas que avanzan ligeras, un poco inclinadas por la veloz marcha.

Con la vela bien tirante debido a un ligero viento boreal que favorece a las barcas…

Y alivia a los hombres fatigados por el calor estival   

Juan de Endor,

comenta:

–       Mirad qué bien se manejan Simón y los otros.

Siguen que es una maravilla la barca del guía.

Fijaos, ya han sobrepasado la rompiente;

ahora se internan hacia mar abierto;

para rodear la corriente, que es fuerte en ese punto.

Fijaos…

Ahora va todo bien.

Dentro de poco estarán aquí.

En efecto, las barcas se van acercando cada vez más…

Y ya se puede ver a los que navegan en ellas.

Jesús viene en la primera, junto con Isaac.

Se ha puesto en pie y su alta estatura se manifiesta en toda su majestuosidad,

hasta que la vela al arriarla, lo esconde durante unos minutos.

Dado que la barca virando, pasa de proa a costado, para entrar y ponerse al amparo del muelle,

pasando así frente a los que los esperan y saludan con la mano, desde encima del espigón..

Jesús los  saluda con una sonrisa…

Y ellos empiezan a caminar apresurados, para llegar al punto de arribo cuando la barca se detenga.  

Cuando Jesús pone pie en el andén…

María lo saluda,

diciendo:

–      ¡Dios te bendiga, Hijo!  

Jesús responde:

–      Dios te bendiga, Mamá.

¿Has estado preocupada?

En Sidón no encontramos a quien buscábamos, así que hemos ido hasta Tiro.

Allí hemos encontrado a este jovencito, amigo de nuestro Juan y nuevo discípulo. 

Volviéndose, lo llama:

–       Ven, Hermasteo…

Y presentándolo, agrega:

–       Mira, Juan…

Este joven quiere ser adoctrinado.

Te le confío.

Juan de Endor,

responde emocionado:

–      Lo adoctrinaré sobre tu palabra. 

No te defraudaré.

¡Gracias, Maestro!

Hay muchos que te están esperando. 

La Virgen añade:

–       Hay también un pobre niño enfermo,

Hijo mío. La madre te espera ansiosa.

–       Voy enseguida a verla. 

Juan de Endor interviene:

–     Sé quién es, Maestro.

Te acompaño. Ven, Hermasteo;

así empezarás a conocer la bondad infinita de nuestro Señor –

Bajan: de la segunda barca, Pedro;

de la tercera, Santiago;

de la cuarta, Andrés;

de la quinta, Juan. 

!Los cuatro pilotos navegantes!

Seguidos luego por los otros apóstoles o discípulos que venían con ellos.

Ahora todos se agolpan alrededor de Jesús y María.  

Jesús indica:

–       Id a casa.

Vuelvo enseguida.

Preparad, entretanto, lo necesario para la cena.

Y decid a las personas que están esperando que al anochecer hablaré. 

Pedro pregunta:

–       ¿Y si hay enfermos?

–       Primero los curaré.

Incluso antes de la cena, para que puedan regresar a sus casas felices.

Se separan:

Jesús va con el hombre de Endor y Hermasteo hacia la ciudad.

Los demás vuelven por el camino de la playa guijarrosa, narrando todo lo que han visto y oído.

Contentos como niños que regresaran con sus mamás.

También Judas de Keriot está contento.

Enseña todas las limosnas que le han dado los pescadores de púrpura;

sobre todo, un buen taleguillo de la preciosa materia.  

Y dice a María:

–       Esto para el Maestro.

Si no la lleva El, ¿Quién la podría llevar?

Me llamaron aparte y me dijeron: “Tenemos madréporas de valor en la barca.” 

¡Y fíjate! También me dieron una perla.  

dijeron:

“Un verdadero tesoro.

No sé cómo hemos tenido tanta suerte.  

Te las regalamos con mucho gusto para el Maestro.

Ven a verlas”

Fui, dado que me lo habían pedido, mientras el Maestro estaba retirado en una gruta orando.

Eran corales bellísimos

Y una perla… no grande pero sí bonita.

Les dije: “No os privéis de estas cosas.

El Maestro no lleva ninguna joya.

Más bien, dadme un poco de esa púrpura, para embellecer su túnica.

Tenían este montoncito.

Se empeñaron en dármela toda.

Ten, Madre, haz con ella un bonito trabajo, como tú sabes hacer, para nuestro Señor.

¡Pero hazlo!

Si se da cuenta, querrá que se venda para los pobres.

Y queremos verlo vestido como merece;

¿No es verdad?  

Pedro lo apoya:

–       ¡Sí, sí, cierto!

Yo sufro cuando lo veo vestido con esa simplicidad en medio de otros…

Él, que es Rey…

Mientras que ellos son peor que esclavos.

Y todos emperifollados y acicalados.

¡Y lo miran como a un pobre, indigno de ellos!  

Andrés confirma:

–      ¿Te diste cuenta de cómo se reían esos…?

¡’señores‘ de Tiro cuando nos estábamos despidiendo de los pescadores?  

Santiago de Zebedeo añade:

–       Les dije:

“¡Os debería dar vergüenza ¿Perros! que es lo que sois!

ÉL vale más un hilo de su túnica blanca, que no todos vuestras joyas y vestiduras ostentosas” 

Tadeo  agrega:

–       Yo quisiera…

Dado que le han dado esto a Judas; 

que lo preparases para los Tabernáculos. 

Mientras la Virgen toca las séricas hebras, esponjosas;

de regio y espléndido color.  

María responde admirándolas:

–       Nunca he hilado con la púrpura.

Pero lo intentaré, a ver si soy capaz. 

 Magdalena da su opinión conocedora en cosas finas y bellas,

diciendo: 

–      La que fue mi nodriza es experta en esto.

La encontraremos en Cesárea.

Te enseñará.

Aprenderás enseguida porque tú sabes hacer todo bien.

Yo haría una cenefa para el cuello, para las bocamangas y para la parte baja de la túnica:

púrpura sobre lino o lana blanquísimos, con palmas y rosetones, como los de los mármoles del Santo.

Y con el nudo de David en el centro.

Estaría muy bien y se le verá perfecto. 

Marta agrega:

–       Nuestra madre hizo ese dibujo.

Por lo bonito que era, en la túnica destinada a Lázaro; 

para el viaje de toma de posesión de sus tierras de Siria.

Lo he conservado porque fue la última labor de nuestra madre.

Te lo mandaré.  

María responde:

–       Lo haré orando por vuestra madre.

En esto, han llegado ya a las casas.

Los apóstoles se reparten para reunir a los que esperan al Maestro,

especialmente a los enfermos…

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P EL DESPERTAR DE CONCIENCIAS


MAYO 16 2021 2:35 PM

LLAMADO DE JESÚS DE LA MISERICORDIA

A SU PUEBLO FIEL

Mi Paz sea con vosotros, Amados míos.

Hijos míos, las tinieblas ya cubren la Tierra, pero no temáis;

vosotros sed portadores de luz;

amándoos, socorriéndoos y perdonándoos mutuamente.

EL DÍA DE MI AVISO CADA VEZ ESTÁ MÁS CERCA

y esta pobre humanidad pecadora, sigue adormecida espiritualmente.

Mi despertar de conciencias os abrirá el alma y os mostrará la verdad;

para los que estéis preparados espiritualmente, mi Aviso, será su mayor gozo;

MÁS PARA LOS TIBIOS Y PECADORES,

SERÁ TORMENTO, DOLOR Y GRAN TEMOR.

VUESTRA ALMA VA A SER PURIFICADA,

TODA VUESTRA MISERIA Y PECADO SE OS MOSTRARÁ,

e incluso todas las malas acciones que os afectaron a vosotros,

a vuestro prójimo y a la Creación.

Acordaos que sois seres espirituales en un Universo espiritual,

que está sincronizado por el amor de Dios.

Hijos míos, la falta de amor en el corazón del hombre afecta el equilibrio de la Creación,

porque todo lo creado guarda la sinfonía del Amor de Dios.

EL QUE NO AMA DESTRUYE;

La medida del perdón Él la marcó, AMANDO A SUS ASESINOS…

EL RESENTIMIENTO, EL ODIO,

LA ENVIDIA, EL EGOÍSMO Y LA FALTA DE DIOS,

DESEQUILIBRAN LA PERFECCIÓN

Y LA ARMONÍA DE TODO LO CREADO.

Todo lo que Dios creó lo hizo por amor,

es el amor quien debe reinar en la Creación y en las criaturas,

para que haya equilibrio en el Universo.

La falta de amor lleva a las malas acciones,

las malas acciones al pecado;

el pecado de un sólo hombre afecta a muchos

y el pecado de muchos, afecta el Universo entero.

Mi Decálogo son los Mandamientos del Amor,

de la convivencia, del respeto,

de la comunión que debe de existir entre el hombre y Dios.

Cuando se quebrantan mis Mandamientos se altera el equilibrio del amor,

se rompe el vínculo espiritual entre el hombre y Dios;

al romperse esto por el pecado, entra el mal que es destrucción de la obra del Creador.

Os pido como vuestro Jesús de la Misericordia,

que volváis a retomar el cumplimiento de mis Santos Preceptos,

para que el amor y la armonía de Dios,

vuelva a reinar en vuestros corazones.

Hijos míos, el orden y el derecho se han perdido

por la maldad y el pecado existentes,

antes de que conozcáis mi Justicia

quiero enviaros mi Aviso a ver si despertáis;

MI AVISO ES LA ÚLTIMA PUERTA

DE MI MISERICORDIA ABIERTA,

DONDE SE OS MOSTRARÁ

TODO EL DAÑO QUE HACE EL PECADO;

EN LA ETERNIDAD

SE OS DESPERTARÁ Y PURIFICARÁ,

para que al regresar toméis conciencia de que el único camino a seguir,

es el camino que conduce a la salvación de vuestra alma.

Mi Paz os dejo, mi Paz os doy.

Arrepentíos y convertíos, porque el Reino de Dios está cerca.

Vuestro Padre, Jesús de la Misericordia.

Dad hijos míos a conocer los mensajes de salvación

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

236 PARÁBOLA DEL BOSQUE PETRIFICADO


236 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

.Una gran fogata está encendida para iluminar la reunión.

Sentados en semicírculos en los campos, hay  muchas personas

Esperan a que Jesús vaya y les hable.

Entretanto ellos conversan de las cosas que han pasado durante el día.

Entre ellos está también Abel, con el cual muchos se congratulan; 

diciendo que todos creían en su inocencia.  

Abel objeta: 

–      ¡Pero me habríais matado!

Y No puede contenerse de responder el jovencito,

señalando: 

–       Incluso tú.

Que me habías saludado delante de la puerta de mi casa,

precisamente a la hora en que asesinaron a Joel.

El hombre se ruboriza, pero no contesta nada.

Y Abel añade:

–      Pero te perdono en Nombre de Jesús. 

En esos momentos Jesús ya ha salido del aprisco y está yendo hacia ellos.

Alto, vestido de blanco, en medio de los apóstoles, seguido por los pastores y las mujeres.  

Cuando llega, los saluda diciendo: 

–       Paz a todos vosotros.

Si el hecho de haber venido ha valido para instaurar el Reino de Dios entre vosotros;

bendito sea el Señor.

Si haber venido ha valido para hacer brillar la inocencia, bendito sea el Señor.

Si haber llegado a tiempo de impedir un delito;

sirve para dar a tres que son culpables el modo de redimirse, bendito sea el Señor.

Ahora bien, de entre todas las cosas que esta jornada sugiere meditar…

¿Y qué meditaremos mientras la noche desciende a envolver en tinieblas, la alegría de dos corazones

y el remordimiento de otros tres?

¿Y  en sus tinieblas esconde, como bajo un pudoroso velo, las lágrimas de gozo de los primeros?

¿Y  las lágrimas abrasadoras de los otros?

Mas Dios las ve.

Entre todas estas cosas, está la que indica que nada de lo que Dios ha dado como Ley, es inútil.

Israel observa mucho, sólo nominalmente, la Ley que Dios ha dado;

en realidad no la observa.

Ahí está la Ley.

La analizan, la escrutan, la descuartizan…

Hasta que muere torturada con minuciosas sutilezas.

Ahí está.

Pues bien, de la misma forma que un cadáver momificado no tiene vida;

ni respiración ni circulación de sangre;

a pesar de tener la apariencia de alguien que, inmóvil, duerme.

La Ley tampoco tiene vida ni respiración ni sangre en demasiados corazones; demasiados, demasiados.

En una momia uno se puede sentar como si fuera una banqueta.

En ella se pueden apoyar objetos, vestidos o inmundicias, si se quiere.

Y no se rebela porque no tiene vida.

Así, muchos hacen de la Ley una banqueta, un apoyo, un lugar donde arrojar sus  porquerías;

seguros como están de que no se rebelará en su conciencia, porque para ellos ha muerto.

Podría comparar a buena parte de Israel con los bosques petrificados; 

que se ven diseminados por el valle del Nilo y en el desierto egipcio.

Eran verdaderos bosques, de árboles vivos nutridos de savia;

susurrante su follaje bajo el sol, bellos con sus abundantes frondas, flores y frutos.

Hacían del lugar en que se alzaban un pequeño paraíso terrenal, grato a hombres y animales;

que olvidaban la aridez desolada del desierto;

la sed abrasadora que las arenas, penetrando en la garganta con su polvo ardiente, producen en el hombre;

Olvidaban al despiadado sol que calcifica en poco tiempo los cadáveres, descargándolos;

consumiendo sus carnes y convirtiéndolas en polvo;

dejando yacentes, entre las curvas de las arenas, abundantes esqueletos,

limpios como por la mano de un atento artesano.

Olvidaban todo en la verde sombra susurrante, rica de frutos y agua que daban nuevas fuerzas;

aliviaban, devolvían el coraje para nuevos trayectos.

Luego, por causa desconocida, cual cosas malditas;

no sólo se secaron,

como los árboles que cuando mueren sirven todavía para encender fuego en los hogares del hombre.

O sirven a los peregrinos de países lejanos, para hacer hogueras que iluminen la oscuridad;

mantengan alejadas a las fieras y disipen la humedad de la noche.

No sólo se secaron, sino que no sirvieron tampoco para leña: se hicieron de piedra; piedra.

Trunk of petrified tree in Petrified Forest National Park

Parecía como si, por un sortilegio, la sílice del suelo hubiera subido de las raíces al tronco;

a las ramas, a las hojas.

Luego, los vientos quebraron las ramitas más delgadas, que se habían hecho como de alabastro, duro y frágil al mismo tiempo.

Las ramas más resistentes están allí, unidas a sus fuertes troncos, para engaño de las cansadas caravanas;

que con el reflejo cegador del sol o la luz espectral de la luna; 

ven perfilarse las sombras de los troncos que se alzan enhiestos en las llanuras elevadas.

O en el fondo de esos valles que reciben el agua, sólo durante las fecundas crecidas.

Caravanas que, por el ansia de un refugio, de alivio, de un pozo, de frutos frescos…

Y por el cansancio de los ojos cegados por el sol en las arenas desprotegidas,

se lanzan hacia los bosques fantasmas,

¡Verdaderamente fantasmas!

Ilusoria apariencia de cuerpos vivos; real presencia de cosas muertas.

Yo los he visto.

Me quedaron impresos, a pesar de que fuera poco más de un párvulo,

como una de las cosas más tristes de la Tierra.

Así me parecieron hasta que no toqué, medí, pesé, las cosas totalmente tristes de la Tierra;

totalmente tristes por estar completamente muertas.

Las cosas inmateriales, o sea, las virtudes y almas muertas:

las primeras, muertas en las almas;

las almas, muertas por haberse matado.

“La Ley está en Israel, pero su presencia es como la de los árboles petrificados en el desierto.

Han venido a ser sílice.

Muertos.

Objeto de engaño.

Objeto destinado a disgregarse sin servir;

antes al contrario, perjudicando, porque crean espejismos que seducen

Y atrayendo hacia su muerte, alejan de los verdaderos oasis.

Y hacen morir de sed, de hambre, de desolación.

Es una muerte que atrae a otros a la muerte, como se lee en algunas fábulas de mitos paganos.

Hoy habéis tenido un ejemplo de lo que es una Ley reducida a piedra,

en un alma también petrificada:

es pecado de todo tipo, creador de desventura.

Que os sirva para saber vivir.

Y saber hacer revivir la Ley en vosotros, con toda su integridad;

iluminada por Mí con luces de misericordia.

La noche está solemne.

Las estrellas nos miran y con ellas Dios.

Alzad la mirada al cielo estrellado y elevad el espíritu a Dios.

Y, sin críticas hacia esos desdichados que ya han recibido el castigo de Dios.

Y sin orgullos por no tener su pecado;

prometed a Dios y prometeos a vosotros mismos no caer en la aridez de los árboles malditos,

de los desiertos y valles de Egipto.

Jesús ha dado su discurso sobre la Ley, la hipocresía para obedecerla por la falta de fe

y finaliza diciendo:

–       Nada es inútil de cuanto Dios estableció en su Ley.

La Ley que dio, Israel la observa de Nombre, pero no en la realidad.

Son ilusorias apariencias de cuerpos vivos.

Reales presencias de cosas muertas:

las cosas inmateriales; esto es, la virtud y las almas muertas.

La Ley existe en Israel,

pero se ha convertido como las plantas petrificadas en el desierto de Egipto;

en el Valle del Nilo;

en un espejismo que produce la muerte.

Tuvisteis hoy un ejemplo de lo que significa una Ley reducida a piedra en corazones

que se habían petrificado.

Cuando no actuamos bien, nuestro corazón se va endureciendo y nos volvemos solitarios, egoístas, desconfiados. Y necesitamos que Alguien nos sane…

Es causa de toda clase de pecados y desventuras.

Si el haber llegado a tiempo para impedir un crimen, sirve también para dar un medio para redimirse a tres culpables,

Bendito sea el Señor.

 

Ya es muy noche.

Las estrellas nos están mirando y también Dios.

Levantad la mirada al cielo estrellado y elevad hacia Dios vuestro corazón,

sin criticar a los infelices que Dios ha castigado.

La paz sea con vosotros.

Los bendice y luego se retira al vasto recinto del aprisco, rodeado de rústicos pórticos;

bajo los cuales los pastores han extendido mucho heno para que sirva de lecho a los siervos del Señor.

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235 SACERDOTE Y JUEZ


235 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Juicio ante un homicidio 

Jesús va con premura hacia el centro de la población..

Los pastores permanecen indecisos, pero luego dejan el rebaño a los más jóvenes;

que se quedan con todas las mujeres, menos la Madre y María de Alfeo, que siguen a Jesús.

Y se ponen a caminar para alcanzar al grupo apostólico.

En la tercera calle que atraviesa la via central de Belén se encuentran con Judas Iscariote, Simón, Pedro y Santiago;

que se habían adelantado, a buscar hospedaje.

Ellos vienen gesticulando y les hacen señas….

Y dan gritos.

Pedro está muy impresionado, desencajado…

Y dice con angustia:

–     ¡Qué desgracia, Maestro!

Ay, lo que está sucediendo, Maestro… lo que está sucediendo!

¡Qué desgracia y qué pena!

¡Qué cosa más triste!

Simón Zelote agrega:

–     Un hijo a quién arrebatan de su madre a la fuerza, para matarlo.

Y ella lo defiende como una hiena;

pero es sólo una mujer contra los soldados y ellos están armados.

Judas dice:

–      Le sale sangre por todas partes.

Santiago de Zebedeo añade:

–      Le rompieron la puerta,

porque se había atrancado detrás de ella.

La Virgen tiene las manos juntas, orando con fuerza…

Y contesta:

–    Voy donde esa mujer.

Jesús confirma:

–     Yo también voy allá.

Simón:

–     ¡Oh, sí!

¡Tú eres el único que puede consolarla!

Giran hacia la derecha, luego a la izquierda, hacia el centro del pueblo.

Ya se ve la tumultuosa aglomeración de gente que se mueve agitada y hace presión ante la casa de Abel.

Se oyen los gritos desgarradores de la madre.

Gritos que no parecen humanos.

Agresivos, feroces  y dignos de compasión al mismo tiempo.

Jesús apresura el paso.

Y llega a una placita diminuta, edificada en una curva del camino, que aquí se ensancha…

Y en la cual el tumulto es máximo.

La mujer defiende a su hijo contra los soldados.

Con una mano está aferrada como si fuera una garra de hierro, a un pedazo, que es lo único que queda, de la puerta destrozada;

circundando con el otro brazo la cintura del muchacho; es la otra mano de acero con la que disputa su hijo a los soldados.

Si alguien trata de quitársela lo muerde con furia, sin importarle los golpes que recibe;

ni los tirones en su cabellera; que son tan fuertes, que le echan la cabeza hacia atrás,

arrancándole mechones de pelo…

Cuando no muerde,

grita:

–    Dejadlo!

¡Asesinos!

¡Es inocente!

¡La noche en que mataron a Yoel durmió conmigo a mi lado!

¡Asesinos! ¡Asesinos!

¡Calumniadores! ¡Inmundos!

¡Perjuros! ¡Perversos!

Y al joven aferrado de los hombros por los que lo capturan, arrastrado por los brazos, sobre el empedrado de la calle…

se vuelve con el rostro desencajado,

y grita:

–      ¡Mamá, mamá!

¿Por qué he de morir si no he hecho nada?

Es hermoso.

Alto, delgado.

De ojos oscuros y dulces.

De cabello ondulado y negro.

Sus vestidos desgarrados, muestran su cuerpo ágil y muy joven; que apenas ha dejado la pubertad.

Jesús, con ayuda de quienes lo acompañan, incide en la multitud, compacta como una roca.

Y se abre paso hasta el penoso grupo.

precisamente en el momento en que logran separar de la puerta a la mujer exhausta;

que es incapaz de resistir más la fuerza de la mayoría

Que es arrancada de la puerta y arrastrada como un costal,

unida al cuerpo de su hijo, por la calle empedrada.

Esto dura poco de todas formas, porque, con un tirón más violento, separan la mano materna de la cintura de su hijo.

Y la mujer cae boca abajo y se golpea fuertemente la cara contra el suelo, con lo cual sangra más todavía.

Al punto se endereza y se pone de rodillas.

Tiende sus brazos hacia su hijo, al que se llevan a toda prisa, en la medida que lo permite la muchedumbre;

que se abre con dificultad y a la que empujan violentamente.

El acusado logra liberar el brazo izquierdo, lo agita y torciéndose hacia atrás, :

El joven le grita:

–    Adiós, mamá.

Recuerda al menos tú, que yo soy inocente.

La mujer lo mira con ojos demenciales y luego cae por tierra desvanecida…

Golpeando con su cara contra el suelo, en medio de un charco de sangre.

Jesús se interpone al paso de los captores,

y ordena:

–      ¡Deteneos un momento!

¡Os lo ordeno!

Su voz y su rostro no admiten réplica.

Un ciudadano se adelanta del grupo y con tono muy agresivo,

le pregunta

–      ¿Quién eres?

No te conocemos.

Retírate y déjanos ir para que muera antes de que llegue la noche.

–      Soy un Rabí.

El más grande.

En Nombre de Yeové deteneos o Él os destruirá con sus rayos.

Parece como si fuese Él, el que los despidiese con su mirada centelleante.

Y con su Voz fuese a fulminarlos,

preguntando:

–     ¿Quién es el que da testimonio contra éste

Aser dice:

–       Yo, él y él. -señalando al otro poderoso.

–     Vuestro testimonio no es válido, porque no es verdadero.

–      ¿Y cómo puedes decirlo?

–     ¡Estamos prontos a jurarlo!

–      Vuestro juramento es pecado.

Los tres hombres dicen al mismo tiempo:

–      ¿Qué estamos pecando nosotros?

–     ¿Nosotros?

–      ¿Sabes quiénes somos?…

Jesús los atraviesa con su mirada severa…

Y declara:

–     Lo sé.

Vosotros, sí.

Así como adentro fomentáis la lujuria; dais pasto al odio;

apacentáis la avaricia de las riquezas y cometéis homicidios.

Así también sois unos perjuros.

Os habéis vendido a la inmundicia.

Podéis realizar cualquier crimen.

No tenéis remordimiento al cualquier indecencia.

–     Ten cuidado con lo que estás diciendo.

Yo soy Aser…

–     Y Yo Soy Jesús.

–     No eres de aquí.

Y no eres ni sacerdote, ni juez.

No eres nada.

Eres un forastero.

–    Sí. Soy el Forastero, porque la Tierra no es mi Reino.

Pero Soy Juez y Sacerdote, no solo de esta pequeña parte de Israel;

sino de todo Israel y de todo el Mundo. 

Jacobo, el otro testigo,

exclama:

–       ¡Vámonos!

Dejemos a este loco.

¡Vamos, vamos, que éste es un loco!

Y da un empujón a Jesús, para apartarlo.

Jesús lo ve con los ojos del milagro…

Que, de la misma forma que devuelve vida y alegría, también subyuga y detiene lo que sea, cuando quiere.

Jesús grita con una mirada que paraliza:

–     ¡No darás ni un paso más!

La voz de Jesús es tan penetrante, que suena como toque de trompeta,

cuando declara:

“Tú no darás ni un paso más.

¿No crees lo que estoy diciendo?

Pues bien, mira…

Aquí no hay polvo del Templo, ni el agua de él.

(Se trata del  Juicio de Dios según la prescripción mosaica de Números 5, 11-31)

Y no están las palabras escritas con tinta, para hacer el agua amarguísima;

que es la señal de los celos y el adulterio.

Pero aquí estoy Yo.

¡Y Yo voy a juzgar!

La voz de Jesús es tan resonante como una trompeta.

La gente se amontona para ver.

Y solo la Virgen y María de Alfeo, se quedan a ayudar a la mujer desvanecida.

Jesús continúa:

–    Y Yo voy a Juzgar aquí.

Dadme un poco de polvo del camino y un poco de agua en una taza.

Y mientras me lo traéis…

Vosotros acusadores y tú, el acusado,

responded:

–     ¿Eres tú inocente, hijo?

Dilo con sinceridad al que es tu Salvador.

Abel responde:

–      Lo soy, Señor.

–      Aser,

¿Puedes jurar de haber dicho la verdad?

–      Lo juro.

No tengo razón para mentir.

Lo juro por el altar.

Descienda del Cielo fuego que me queme, si no digo la verdad.

–     Jacobo,

¿Puedes jurar que eres sincero en tu acusación y no tienes ningún motivo interno para mentir?

–     Lo juro por Yeové.

El amor que tengo por mi amigo occiso, me obliga a hablar.

No tengo nada que ver con éste.

–    Y tú siervo:

¿Puedes jurar de haber dicho la verdad?

–     Mil veces si fuera necesario.

Mi patrón, mi pobre patrón…

El hombre llora cubriéndose la cabeza con el manto.

–    Está bien.

He aquí el agua y he aquí el polvo.

Voy a decir lo siguiente:

“Padre Santo y Dios Altísimo.

Muestra tu Juicio verdadero por este medio, a fín de que vida y honra,

permanezcan con el inocente y con la madre desolada.  

Y venga digno castigo para el que no lo es.

Pero por la Gracia que tengo ante tus ojos, no fuego ni muerte;

sino larga expiación tenga, el que cometió el pecado.”

Jesús ha dicho estas palabras, con las manos extendidas sobre la taza;

como hace el sacerdote en el altar, durante la Misa, en el Ofertorio.

Después mete la mano derecha en la taza.

Y con la mano rocía a los cuatro sujetos al juicio…

Y luego les hace beber un poco de agua.

Primero al joven y luego a los demás.

Cruza los brazos sobre el pecho y mira.

También la gente mira…

Y un momento después, un grito se les escapa de los labios.

Y se arrojan de bruces a la tierra.

Aterrorizados y adorando al mismo tiempo.

Entonces los cuatro que estaban en línea, se miran entre sí y gritan a su vez.

El joven Abel, de estupefacción.

Los otros de horror…

¡Porque se ven cubiertos en la cara de una subitánea lepra!

¡Mientras que en la del joven no hay nada!

El siervo se arroja a los pies de Jesús,

que se aparta, como todos los demás, incluidos los soldados.

Y se separa tomando de la mano al joven Abel, para no contaminarse con los tres leprosos.

El siervo grita:

–      ¡No! ¡No!

¡Perdón!

¡Estoy leproso!

Son ellos los que me pagaron para que retardase a mi patrón hasta el atardecer,

para pegarle en el camino solitario.

Me hicieron que quitara las herraduras a la mula.

Me enseñaron como mentir, diciendo que yo me había adelantado y no es así;

porque yo me estuve allí, para matarlo junto con ellos.

Diré también por qué lo hicieron.

Porque Yoel se enteró que Jacobo amaba a su joven esposa.

Y porque Aser deseaba a la madre de Abel y ella lo rechazaba.

Se pusieron de acuerdo para librarse de Yoel y de Abel al mismo tiempo

y quedarse con las mujeres.

Esta es la verdad.

¡Quítame la lepra! ¡Quítamela!

Abel, tú eres bueno, ¡Intercede por mí!…

Jesús ordena:

–      Tú vete a donde está tu madre.

Que cuando salga de su desvanecimiento vea tu cara y vuelva a una vida tranquila.

Y vosotros…

Debería deciros: ‘

–       Qué os castiguen como queríais hacer’ sería una justicia humana;

pero os entrego a una expiación sobrehumana.

La lepra de la que os horrorizáis, os salva de ser arrestados y muertos; cómo debería ser y merecéis.

Pueblo de Belén, apartaos.

Abríos como las aguas del mar, para que se vayan éstos a su galera y cumplan su larga condena.

¡Horrible galera! Más atroz que la muerte.

Es una piedad divina que les ha dado un medio para recapacitar si quieren.

¡Váyanse! ¡Largaos!

La multitud se pega a las paredes, dejando libre el centro de la calle.

Y los tres, cubiertos de lepra como si ya tuvieran muchos años padeciéndola;

se van, uno detrás del otro, a la Montaña del silencio,

envueltos en la penumbra que ha empezado a caer.

Lo único que se escucha es su llanto.

Jesús dice a todos:

–      Purificad el camino con mucha agua después de haberos quemado con el fuego.

Soldados; referid que se hizo justicia según la más perfecta Ley Mosaica.

Jesús trata de ir a donde su Madre y su tía María Cleofás.

Que siguen socorriendo a la mujer que está volviendo de su desmayo,

mientras el hijo acaricia las manos heladas y las besa.

Pero la gente de Belén, con un respeto que está lleno de terror,..

Le ruega:

–      ¡Háblanos, Señor!

Eres realmente poderoso.

Eres, sin duda, Aquel de quien habló el hombre que pasó por aquí…

Anunciando al Mesías.

Jesús responde:

–      Hablaré por la noche cerca del aprisco de los pastores.

Ahora voy a confortar a la madre de Abel.

Y va hacia la mujer…

La cual, sentada en el regazo de María de Alfeo, vuelve cada vez más en sí.

Y mira al rostro amoroso  de María, que le sonríe.

Pero no comprende…

Hasta que baja su mirada y la fija en la cabeza morena de su hijo;

que está inclinado hacia sus manos temblorosas,

y pregunta:

–      ¿Yo también estoy muerta?

¿Esto es el Limbo?

La Virgen María,

responde:

–     No, mujer, es la Tierra.

Éste es tu hijo, salvado de la muerte.

Y este es Jesús, mi Hijo, el Salvador.

La primera reacción de la mujer es un movimiento lleno de humanidad:

reúne sus fuerzas y alarga su cuerpo hacia su hijo.

Le toma la cabeza que está inclinada…

Lo ve vivo y sano.

Y lo besa frenéticamente, llorando, riendo…

Recordando todos los nombres de la cuna, para expresarle su alegría.

Abel la acaricia diciéndole:

–      Sí, mamá, sí.

Pero ahora no me mires a mí, sino a Él.

A Él, que me ha salvado.

Bendice al Señor.

La mujer, aún demasiado débil para ponerse en pie o arrodillarse,

alarga sus manos, todavía temblorosas y sangrantes,

toma la mano de Jesús y la cubre de besos y lágrimas.

Jesús le pone la mano izquierda sobre la cabeza,

y le dice:

–      Sé feliz.

En paz.

Sé siempre buena.

Y tú también, Abel.

–      No, Señor mío.

Mi vida y la de mi hijo son tuyas, porque Tú las has salvado.

Deja que él vaya con los discípulos, como ya deseaba desde que estuvieron aquí.

Te lo doy con gran alegría,

Y te ruego que me permitas seguirle, para servirle a él y a los siervos de Dios.

–      ¿Y tu casa?

–      Señor, ¿Puede acaso uno que ha resucitado de la muerte?

La CONVERSIÓN, es la RESURRECCIÓN ESPIRITUAL

¿Seguir teniendo los mismos afectos que tenía antes de morir?!

Mirta ha resurgido por ti de la muerte y del infierno.

Si permanezco en esta ciudad, podría llegar a odiar a los que me han torturado en mi hijo,

y Tú sé que predicas el amor.

Deja, pues, que la pobre Mirta ame al Único que merece amor,

y a su misión y a sus siervos.

Ahora me siento todavía agotada, no podría seguirte;

pero, en cuanto pueda, permítemelo, Señor.

Te seguiré a ti y estaré con mi Abel…

-Seguirás a tu hijo y a mí con él.

Sé feliz.

Queda en paz ahora, con mi paz.

Adiós.

Y, mientras la mujer con la ayuda de su hijo y de algunos otros compasivos entra en su casa,

Jesús, con los pastores, los apóstoles, su Madre y María de Alfeo, sale del pueblo

y se dirige hacia el aprisco, situado al extremo de una calle,

que termina en los campos…

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232 EL HIJO DEL CARPINTERO


Sagrada Escritura Sinagoga de Nazaret

232 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

El sábado por la mañana, Jesús está en la sinagoga de Nazareth,

enseñando y diciendo:

“Éste es el apólogo de Abimelec.

Pues bien, voy a proponeros otro; no lejano ni referido a hechos lejanos;

sino cercano, presente.

LA PARÁBOLA DE LOS ANIMALES

Los animales pensaron en elegir a un rey.

Como eran astutos, pensaron elegir a uno del que no debiera temerse fuerza o ferocidad;

descartaron por tanto al león y a todos los otros felinos.

Dijeron que no querían a las rostradas águilas, ni a ninguna otra ave rapaz.

Desconfiaron del caballo, que podía llegarse hasta ellos con rapidez y ver sus acciones;

desconfiaron todavía más del burro, del que conocían la paciencia sí,

pero también los repentinos arranques de furia y las fuertes pezuñas.

Se horrorizaron ante la idea de tener por rey al mono, pues era demasiado inteligente y vengativo.

Con respecto a la serpiente, con la disculpa de que se había prestado a Satanás para seducir al hombre,

dijeron que no la querían como rey, a pesar de sus graciosos colores y la elegancia de sus movimientos;

en realidad no la quisieron porque conocían su silencioso paso majestuoso,

la fuerza de sus músculos y el terrible efecto de su veneno.

¿Elegir rey a un toro o a otro animal provisto de aguzados cuernos?

¡No hombre, no!

“Que el diablo también los tiene” dijeron;

pero en realidad pensaban: “Si nos rebelamos, un día nos extermina con sus cuernos”.

Eliminando a unos y eliminando a otros, he aquí que vieron a un corderito regordete y blanco,

que retozaba alegre por un prado verde, hocicando en la rechoncha mama materna.

No tenía cuernos; antes al contrario, unos ojos mansos como cielo de Abril.

Era manso y sencillo.

De todo estaba contento:

del agua de un pequeño riachuelo donde bebía hundiendo su morrillo rosado;

de las florecillas de variados sabores que satisfacían el ojo y el paladar;

de la tupida hierba, sobre la cual era bonito estar tumbado después de haber comido bien.

Y de las nubes, que parecían otros corderitos que correteasen por aquellos prados azules, allá arriba.

Y le invitaran a jugar, corriendo por el prado como ellas por el cielo.

Y sobre todo, de las caricias de su mamá, la cual todavía le consentía alguna sobria chupada,

lamiéndole mientras tanto, la blanca lana con su rosada lengua.

Y del aprisco, seguro y protegido del viento.

Y de la cama, bien esponjosa y fragante, en que le era dulce dormir junto a su madre.

“Es fácil contentarlo. Y no tiene ni armas ni veneno. Es ingenuo. Hagámoslo rey”.

Y lo hicieron rey.

Y se gloriaban de él, porque era hermoso y bueno.

Y porque lo admiraban los pueblos vecinos y lo amaban los súbditos por su paciente mansedumbre.

Pasó un tiempo.

El cordero se hizo carnero y dijo:

“Llega el momento de gobernar realmente.

Ahora tengo pleno conocimiento de mi misión.

La Voluntad de Dios, que permitió que fuera elegido re, me ha formado para esta misión…

Y me ha dado capacidad de reinar;

Justo es por tanto, que la ejercite en forma plena, incluso porque si no, sería desperdiciar los dones de Dios”.

Viendo pues a súbditos hacer cosas contrarias a la honestidad de las costumbres;

a la caridad, dulzura, lealtad, morigeración, obediencia, respeto, prudencia, etc.

levantó su voz para amonestar.

Pero he aquí que los súbditos se rieron de su balido sabio y dulce;

que no atemorizaba como el rugido de los felinos,

ni como el chillido de los buitres cuando se lanzan veloces sobre la presa,

ni como el silbido de la serpiente…

ni siquiera como los ladridos del perro que infunde temor.

El cordero ya carnero, no se limitó a balar;

fue donde los culpables para conducirlos de nuevo al cumplimiento del deber.

Ahora bien, la serpiente se le escurrió por entre las patas;

el águila se elevó en vuelo y lo dejó plantado;

los felinos, con una manotada, lo apartaron amenazándole:

“¿Ves lo que hay en esta mano afelpada que por ahora se limita a apartarte? Son garras”;

los caballos y todos los animales corredores en general, se pusieron a girar al galope alrededor de él, en plan de burla;

los robustos elefantes y otros paquidermos, con un golpe del morro, lo tiraron rebotándolo de un lado a otro.

Los monos, desde encima de los árboles, lo hicieron blanco de sus proyectiles.

El cordero ya carnero, acabó por inquietarse, y dijo:

“No quería usar ni mis cuernos ni mi fuerza; porque también yo tengo fuerza en este cuello,

tanto que será modelo para abatir obstáculos de guerra.

No quería usarla porque prefiero usar el amor y la persuasión.

Pero, dado que ante estas armas no os doblegáis, haré uso de la fuerza,

porque no quiero faltar a mi deber para con Dios y para con vosotros,

a pesar de que vosotros faltéis al vuestro para con Dios y para conmigo.

He sido establecido aquí por vosotros y Dios para guiaros a la Justicia y al Bien.

Y aquí quiero que Justicia y Bien es decir, Orden, reinen”.

Y castigó con los cuernos -ligeramente, porque era bueno,

a un perrito que seguía molestando a los que estaban a su lado.

Y luego, con su fortísimo cuello, echó abajo la puerta de la guarida donde un cerdo glotón y egoísta,

había almacenado provisiones en perjuicio de los demás.

Y tiró abajo también la mata de lianas que los jóvenes monos habían elegido para sus ilícitos amores.

“Este rey se ha hecho demasiado fuerte. Quiere realmente reinar y que vivamos una vida sabia.

Esto no nos agrada. Hay que destronarlo” dijeron.

Mas un mono joven y astuto aconsejó:

“Hagámoslo de forma que parezca que ha sido por un motivo justo;

si no, quedaremos mal ante otros pueblos y nos atraeremos la enemistad de Dios.

Vamos a espiar todo lo que hace el carnero, para poderlo acusar bajo apariencia de justicia”.

La serpiente dijo:

–      Me encargo de ello yo.

El mono agregó:

–     Y yo.

Una arrastrándose por entre la hierba y el otro desde las copas de los árboles,

no perdieron ni un momento de vista al cordero.

Y todas las noches, cuando él se retiraba para descansar de las fatigas de la misión…

Y meditaba en las medidas que debería tomar y en las palabras que tendría que usar,

para domar la rebelión y vencer los pecados de los súbditos,

entonces éstos, excepto alguno -raro- honesto y fiel;

se reunían para escuchar el relato de los dos espías y traidores, pues traidores eran también.

La serpiente decía a su rey: “Te sigo porque te amo, para defenderte en caso de que te agredieran”.

El mono decía a su rey: “¡Como te admiro! Quiero ayudarte.

Mira, desde aquí veo que más allá de este prado se está pecando. ¡Corre!”

Y luego decía a sus compañeros:

“Hoy también ha tomado parte en el banquete de algunos pecadores.

Ha simulado que iba allí para convertirlos, pero luego en realidad ha sido cómplice de sus orgías”.

Y la serpiente refería:

“Se ha alejado incluso allende los confines de su pueblo.

Y ha entablado conversación con mariposas, moscardones y babosas.

Es un infiel.

Trata con extranjeros impuros”.

Así hablaban a espaldas del inocente, creyendo que él lo ignorase.

Pero el espíritu del Señor, que lo había formado para su misión,

lo iluminaba también respecto a las conjuras de sus súbditos.

Habría podido huir indignado, maldiciéndolos.

Pero el cordero era manso y humilde de corazón.

Amaba: éste era su error.

Y cometía un error aún mayor:

El de perseverar en su misión, amando y perdonando, a costa de la vida, para cumplir la Voluntad de Dios.

¡Oh, qué errores éstos ante los hombres!

¡Imperdonables! Tanto que le procuraron la condena.

“Muera. Para liberarnos de su opresión”.

Y la serpiente se encargó de matarlo, porque siempre la traidora es la serpiente…

Éste es el otro apólogo.

¡Ahora te toca a ti entenderlo, pueblo de Nazareth!

¡Y Pueblo de Dios!

Yo, por el amor que me une a ti, te deseo al menos que no pases del grado de pueblo hostil.

El amor de la tierra a la que vine cuando era niño, en que crecí amándoos y siendo amado;

me hace deciros a todos vosotros:

“No seáis más que hostiles.

No hagáis que la historia diga: “De Nazaret vinieron su traidor y sus jueces inicuos”‘.

Adiós.

Juzgad con rectitud y quered con constancia:

Lo primero, todos vosotros;

segundo, aquellos de entre vosotros que no vivan disturbados por pensamientos deshonestos.

Me marcho…

La paz sea con vosotros.

Y Jesús, en medio de un silencio penoso,

quebrado sólo por dos o tres voces que lo aprueban…

Sale triste, cabizbajo, de la sinagoga de Nazareth.

Le siguen los apóstoles.

Al final de todos van los hijos de Alfeo y sus ojos no son ciertamente, ojos de manso cordero…

Miran severamente a la multitud hostil.

Y Judas Tadeo sin vacilaciones, se planta erguido ante su hermano Simón,

y le dice:

–     Creía que tenía un hermano más honesto y de carácter más fuerte.

Simón agacha la cabeza y calla.

Pero el otro hermano José, respaldado por otros de Nazaret,

le reclama:

–     ¡Deberías avergonzarte de ofender a tu hermano mayor!

Tadeo le responde con firmeza:

–     ¡NO!

Me avergüenzo de vosotros.

Y volviéndose hacia todos los nazaretanos,

Sentencia con severidad:

¡De todos vosotros!

Esta Nazareth no es simplemente una madrastra para el Mesías;

es una madrastra depravada.

¡Oíd mi profecía!:

Lloraréis tantas lágrimas como para alimentar una fuente;

pero no servirán para lavar de los libros de la Historia…

El verdadero nombre de esta ciudad y de vosotros.

¿Sabéis cuál es?: 

“ESTUPIDEZ”.

Adiós.

Santiago añade un saludo más amplio, pero igual recriminatorio…

Y augurando luz de sabiduría.

Y salen, junto con Alfeo de Sara y otros dos jóvenes;

que son los dos cuidadores de asnos que los acompañaron para ir al encuentro de Juana de Cusa,

cuando estaba moribunda  y Jesús prácticamente la resucitó…

La gente, que ha quedado confundida,

murmura:

–      ¡¡¿Pero de dónde le viene tanta sabiduría?!!

–     ¿Y de dónde los milagros que hace?

–     Porque hacerlos los hace.

–    Toda Palestina lo dice.

–    ¿No es el hijo de José el carpintero?

Todos le hemos visto hacer mesas y camas en el banco del artesano de Nazareth,.

Y arreglar ruedas, yuntas y cierres.

Ni siquiera fue a la escuela.

Su Madre fue su única maestra.

José de Alfeo, dice:

–      Eso también fue un escándalo.

Que nuestro padre criticó.

–     Pero también tus hermanos terminaron la escuela con María de José.

–     ¡Ya!

Mi padre fue débil ante su mujer… – responde José.

–     Entonces…

¿También el hermano de tu padre?

–      José también.

Y esto recrudece la polémica:

–    ¿¡Entonces no era hijo de José?!

–     ¿Pero es realmente el hijo del carpintero?

–     ¿Pero es que no lo ves?

–     Hay muchos que se parecen.

–     Creo que es uno que se hace pasar por él, pero no lo es.

–     ¿Y dónde está entonces Jesús de José?

–     ¿Pero tú crees que su Madre no lo va a conocer?

–    ¿Y los parientes?

–    Los parientes también estamos divididos.

–      Aquí están TODOS sus hermanos y hermanas.

–      Y todos ellos lo reconocen como pariente.

–      ¿No es verdad, vosotros dos?

Los dos mayores hijos de Alfeo asienten.

(Para entender esto, hay que CONOCER y comprender la cultura del Medio Oriente,

Y como se denomina la perentela...

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

donde la educación patriarcal admite la poligamia y esto origina la herejía aprovechada por Satanás, 

para los ignorantes y analfabetos espirituales de Occidente) 

–     Entonces se ha vuelto loco…

–    O está endemoniado…

Porque lo que dice no puede provenir de un obrero.

–     Lo que habría que hacer es no escucharlo.

–    Su pretendida doctrina es delirio o posesión…

Y la polémica originada por la incredulidad, crece como una avalancha…

Mientras tanto….

Jesús está parado en la plaza esperando a Alfeo de Sara, que habla con un hombre.

Mientras espera, uno de los arrieros, que se había quedado cerca de la puerta de la sinagoga,

Y le dice las calumnias que allí se han dicho.

–     No te apenes por esto.

Un profeta, generalmente no recibe honor, ni de su patria ni de su casa.

El hombre es tan necio que cree que para ser profetas, es necesario casi estar fuera de la vida;.

Y los coterráneos y familiares, más que todos los demás,

conocen y recuerdan la humanidad de su paisano y pariente.

Pero la verdad triunfa siempre.

Adiós.

La paz sea contigo.

–     Gracias, Maestro.

Bendito seas por haber curado a mi madre.

–     Lo merecías, porque supiste creer.

Mi poder aquí es inoperante, porque aquí no hay fe.

Y volviéndose hacia los suyos,

Jesús agrega:

Vamos, amigos.

Mañana al |alba nos marchamos.

https://www.paypal.me/cronicadeunatraicion &nbsp;

8-LA SINFONÍA DE LA CREACIÓN 2


LA PERFECCION DE ADAN.

¿Cómo estamos hechos?

La perfección de la obra regia de Dios en Adán y en la cual Dios puso su inteligencia creadora,

estaba en su espíritu.

El semen de Adán si Adán hubiese sabido permanecer Rey cual Dios lo hizo,

hubiera sido un semen de perpetua perfección.

El espíritu es el Tabernáculo de Dios.

El hombre fue creado para ser un templo viviente para que Dios lo habitase.

Para el espíritu no hay limitaciones, no hay obstáculos, no hay límites, no hay privaciones, no hay necesidades.

Él es poderoso, libre, instantáneo y como está formado de luz,

cuando se une a la Luz, está pleno de Sabiduría Divina.

(Esto explica porque a los incultos, Dios los convierte en doctos sin haber estudiado)

El altar del espíritu es el corazón.

Y el sagrario es el punto en el cual  Dios puso en el hombre la necesidad de adoración.

Y esta adoración se alimenta de amor y de necesidad de amar.

Dios hizo este altar precioso y sagrado.

Lo hizo para estar formado del amor y de la unión con Él.

Y de la generosidad en el amor incorruptible a las acciones perjudiciales de los sentidos,

de las tentaciones, de las insidias, de las tres carcomas del alma.

Porque el amor generoso y la unión con Él;

hacen a las fibras del corazón incorruptible a las acciones disgregadoras que vienen del exterior.

Por eso el hombre ha hecho a este órgano, sede de los sentimientos y trono y asilo de las pasiones predominantes.

Y éstas se custodian con cada latido del corazón.

Y en el fondo la gema que esplende, amigable y santa…

O flameantemente engañosa y malvada:

su tesoro es el sentimiento que la domina.

El altar original perfumaba con su amor la santidad de Dios…

Y cantaba su armonía, amándolo y adorándolo sobre todas las cosas;

porque en todas las cosas estaba el sello innegable del Amor Divino;

que las había hecho perfectas y maravillosas para el gozo de su criatura.

El amor es el término de la perfección humana:

el Amor Total.

El amor es una fuerza absoluta y el alimento de la vida.

El amor es el culto de adoración a Dios, porque el que crece en el amor, crece en perfección.

El hombre está obligado a conocer a Dios por gratitud y por respeto a su propia inteligencia.

Y su propia naturaleza le exige la necesidad de amar,

porque  aquel que ama es nacido de Dios y por la caridad es semejante a Dios.

El Sexto Día fue creado el hombre siguiendo el fin para el que fue creado:

amar y servir a su Señor durante la vida terrena.

Conocerlo en su Verdad y después gozar de Él para siempre, en la Vida Eterna.

Fue creado el único hombre del cual debía venir toda la Humanidad…

Y del cual fue tomada la mujer,

7. Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. GÉNESIS 2, 7

compañera del hombre y para el hombre;

con el cual poblará la tierra, reinando sobre todas las criaturas inferiores.

Fue creado el Único Hombre.

Aquel que como padre habría trasmitido a sus descendientes todo cuanto había recibido:

vida, sentidos, aptitudes materiales;

así como inmunidad a todo sufrimiento.

razón, intelecto, ciencia, integridad, sabiduría, inmortalidad…

Y el Don de dones: la Gracia.

El hombre era un semidiós por la Gracia y por la Fe.

Cuando el hombre se despertó de su primer sueño y encontró a su lado a la compañera;

sintió que la felicidad que Dios le había dado era completa.

Era ya tan grande desde antes.

Todo en Adán y en torno a Adán;

fue hecho para que él gozase de una felicidad completa, sana, santa y la delicia;

o sea, el Edén,

no era solamente en torno, sino también adentro de Adán.

Lo circundaba un jardín pleno de bellezas vegetales, animales y minerales.

Pero dentro de él, un jardín pleno de bellezas espirituales, florecía con virtudes de todo género;

prontas a madurarse en frutos de santidad perfecta;

perteneciente a la ciencia apropiada a su estado…

Y que los hacía aptos, para la vida sobrenatural: la Gracia.

Como criatura física, gozaba de esto que veía:

la belleza de un mundo virgen, testimonio salido del querer de Dios.

Gozaba de esto que podía:

su señorío sobre las criaturas inferiores.

Todo había sido hecho por Dios, para el servicio del Hombre:

desde el sol hasta los insectos, para que todo le fuese una delicia.

Como criatura sobrenatural gozaba, -un éxtasis radiante y suavísimo-

de la compañía de la Esencia de Dios: el Amor.

De los raptos de amor entre el Infinito que se donaba…

Y la criatura que lo amaba adorándolo.

El Génesis encubre esta facultad y este comunicarse con Dios en la frase:

“Habiendo oído la Voz de Dios que se paseaba en el fresco de la brisa de la tarde.”

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“Habiendo oído la Voz de Dios que se paseaba en el fresco de la brisa de la tarde.”

Por cuanto el Padre había dado a sus hijos una ciencia proporcionada a su estado;

aun así, Él Mismo los instruía.

Porque Infinito es el Amor de Dios…

Y después de haber dado, anhela nuevamente dar…

Y tanto más da, en cuanto más la criatura desea serle hija.

Dios se da siempre a aquel que a Él se le da generosamente.

Cuando el hombre se despertó y vio a la mujer,

su igual y su complemento;

sintió que su felicidad de criatura era total;

teniendo el todo humano en plenitud…

Y el todo sobrehumano, colmado por el amor dado al amor del hombre.

EL ALMA.

¿Cómo es?

¿Cuáles son sus atributos?

Los Progenitores, además de la Gracia Santificante y la Inocencia,

tuvieron en su creación otros dones de su Creador.

La Inmortalidad: atributo divino.

La Inmunidad: de todo dolor y miseria.

La Integridad: la perfecta sujeción de los sentidos a la razón.

La Razón:

Es más grande que el instinto.

La Ciencia:

ilumina el saber…

Y regula el amor, sujetándolo al orden hacia las criaturas y hacia Dios.

Adán estaba formado de carne más que de espíritu.

Pero no era carnal, en cuanto a que sobre la materia, señoreaban el espíritu y la razón.

Y el espíritu inocente y pleno de Gracia, tenía semejanza admirable con su Creador…

Y por lo tanto era inteligente y sabía comprender.

La Libertad: majestad dominante sobre el ‘yo’.

La inteligencia: perfecta e iluminada por la Caridad.

Plena de sabiduría y de ciencia divina.

Dios dio al hombre la inteligencia unida a la libertad de pensamiento.

¿Qué es el pensamiento?

Es el alma de la palabra.

La facultad de comprender y conocer, expresando las ideas y comunicarlas a los demás;

es una cualidad humana.

Los pensamientos brotan en la profundidad de la mente y esto es lo que distingue al hombre de los brutos;

en los cuales los movimientos mentales, se limitan a los más rudimentarios para vivir.

El hombre piensa…

Y del pensamiento nacen obras de arte, de genio, de belleza.

El hombre piensa…

Y en este su pensar, tiene un íntimo amigo que le sirve de compañía en su soledad.

El pensamiento del hombre viaja, espiritual como es, por todo el Universo.

Se sumerge en los recuerdos…

Y emerge en la previsión de los tiempos futuros.

Estudia, contempla y medita, las admirables obras de Dios en la Creación.

Reflexiona los misterios de los hombres.

Cada hombre es un misterio, encerrado en su vestidura mortal.

Luminoso u oscuro según sea su ánimo, santo o satánico.

Misterio solo conocido por Dios, para el que no hay nada oculto.

Y de la contemplación de las cosas y de los hombres, sube a la contemplación de Dios.

Como el águila que cada vez más alto asciende hacia el sol;

así el pensamiento humano puede elevarse y sumergirse en la luminosidad de Dios…

Después de haber meditado en la capacidad humana.

En la Inmensidad divina...

Después de haber reflexionado en la relatividad humana.

En la eternidad divina…

Después de haber contemplado la efímera temporalidad humana.

La Perfección…

Después de haber mirado sin soberbia que ciega, la imperfección humana.

La Mente:

Humana es perfecta e imperfectísima.

“No creo en Dios. No lo necesito y soy buena persona…

Iluminada por Dios es perfecta.

Sin Él cae en el error.

La Razón:

debe estar motivada por la bondad.

Solo así las acciones humanas obtienen frutos de santidad.

Y la razón si es humilde, cae de rodillas en obsequio del Dios Infinito e Incomprendible;

que solo se vuelve accesible a través de la FE.

Solo la fe ilumina la ciencia y la ayuda a comprender.

El conocimiento de la Esencia de Dios se encuentra en la sabiduría.

Y la sabiduría se encuentra en el luminoso y ardiente centro que es la Caridad.

“Debes vaciarte de aquello con lo que estás lleno, para que puedas ser llenado de aquello con lo que estás vacío…”

Porque fe es religión.

Y la religión permite a la criatura inteligente pero limitada,

comprender al Perfecto e Infinito.

La Memoria:

el hombre fue creado para amar y adorar a Dios.

Y sufre porque desea a Dios.

Y este sufrimiento lo provoca el vacío interior, que existe en el hombre que vive alejado de Él.

Porque hay en el hombre un ansia de creer, que es MÁS GRANDE que su necesidad de respirar.

Por eso tiene hambre de Dios.

Y experimenta una necesidad instintiva de buscar la Verdad;

La FE necesita PRACTICARSE o Satanás ¡te aniquilará!…porque él nos mantiene en un DUELO MORTAL…

que se convierte en un acicate doloroso;

porque el hombre se engaña voluntariamente en su deseo…

Se crea ídolos para aliviar su necesidad espiritual…

Y el alma recuerda a Dios con nostalgia, por el momento en que fue creada.

Instante fugaz frente a Él, pero que produce un sello indeleble en lo más íntimo de su ser.

Su recuerdo se vuelve borroso, porque el cuerpo que habita…

Y al que gobierna una mente pagana, llena de ídolos;

vive una vida que la enferma…

Y con su espíritu muerto, su sufrimiento aumenta.

Porque ella SABE que su cuerpo es perecedero y está unido a algo que es inmortal.

¿Para qué sirve un Dios que NO EJERCE SUS POTENCIAS…?

¡Satanás fué creado para servirnos y con engaños, ahora controla a sus esclavos…! 

¡Con él, los patos le tiran a las escopetas!

¡Y los pobres ateos; sólo inclinan la cerviz…!

BONITO NEGOCIO… 

Los herederos, ¡Le estamos leyendo la cartilla!

Y nos obedece… (por las buenas o por las malas)

PERO LO HACE

“Quien no es tentado, no es puesto a prueba; quien no es puesto a prueba; NO CRECE…”

¡Porque ejercemos el cetro completo!:::

El hombre se pierde en marasmos filosóficos…

Y aún quién dice que no cree en nada, en alguna cosa cree.

El que afirma “No creo en Dios” presupone otra fe.

Tal vez en sí mismo o en su inteligencia soberbia.

Es como el pensamiento “no quiero pensar”,

por el hecho de expresarlo, está manifestando que está pensando.

La Voluntad:

de los atributos del alma, si la voluntad no es usada con sagacidad para manejar la inteligencia;

ésta se vuelve como las medicinas peligrosas:

“La fuerza no viene de la capacidad física. Viene de una voluntad indomable…”

en lugar de sanar matan.

La voluntad es la soberana del alma.

Dios la respeta y da las fuerzas necesarias, para ‘una buena voluntad’

con las virtudes que la hacen inclinarse hacia Él.

Pero No querer ser esclavo del Mal”, debe salir del hombre.

La Libertad de Arbitrio:

el libre albedrío es el regalo más grande que Dios otorgó a la inteligencia humana.

Dios ama a los hombres y les concede la libertad de arbitrio,

para que por ella se perfeccionen en la virtud y se hagan más semejantes a Él.

Cuando el libre albedrío no está sostenido por el amor, la voluntad se debilita;

muere poco a poco, porque el libre albedrío se ha dejado seducir y se hace esclavo del Mal.

Dios lo hizo libre y el hombre lo convierte en esclavo de las pasiones.

El Demonio, el Mundo, la Carne,

en un libre albedrío desordenado,

egoismo

“El egoísmo no es el amor propio; sino una pasión desordenada por uno mismo…”

conducen al Egoísmo desenfrenado que da la muerte al espíritu.

La inteligencia del egoísta queda obnubilada para Dios y sus verdades.

La soberbia ensombrece con su humo al egoísta y le ofusca la Verdad.

Comienza el proceso de los ‘¿Por qué?’…

De éstos se pasa a la DUDA.

A la separación no solo de Dios y la confianza en Él,

sino también de su justicia, del temor de Dios y de su castigo.

Este es el motivo por el cual se explica, porqué tan fácilmente se peca.

La mala voluntad en el pecar, es lo único que Dios, NO perdona.

Cuando el alma posee un libre albedrío que vive dentro del orden,

en obediencia hacia Dios y siendo heroicamente fiel al Bien;

Procura conformarte siempre y en todo a la Voluntad de Dios EN TODOS LOS ACONTECIMIENTOS y NO tengas miedo. Esta conformidad, es el camino seguro para llegar al cielo.

el hombre se eleva y el alma se deifica al tomar la semejanza con Dios.

Cuando es el Mal el que lo embrutece; esta semejanza es casi borrada totalmente…

Y la degradación espiritual es tal, que se hace semejante al Demonio.

Todo está en la voluntad con que se hace cada acción:

ya sea virtuosa o pecaminosa.  

Porque ES la voluntad, la que da valor a nuestros actos. 

QUERER ARREPENTIRSE.  

QUERER CONVERTIRSE.   

QUERER OBEDECER. QUERER VENCER.  

QUERER PERDONAR. 

QUERER AMAR.

LEY DEL AMOR Y EL PERDÓN

LEY DEL AMOR Y EL PERDÓN

QUERER SER FIEL.

QUERER TRIUNFAR SOBRE SÍ MISMOS Y SOBRE EL MAL.  

QUERER SER HÉROES.

QUERER.    QUERER.   QUERER.

El que NO se quiere salvar teniendo los medios…

 ES PORQUE

QUIERE CONDENARSE.

Hasta el último momento, Dios respeta el libre albedrío

y la voluntad, reina y soberana del alma.

También la voluntad es el factor fundamental en la RECREACIÓN DEL ALMA.

Toda la Creación natural y sobrenatural, es obra del amor.

Todas las providencias, las leyes físicas, morales, espirituales, son obras del Amor.

El Intelecto:

Es capaz de distinguir lo que está bien y lo que está mal.

Y amaestra sobre el cómo y el porqué, se puede y se debe querer hacer el bien y no querer hacer el mal.

La Conciencia:

su voz podría llamarse la Voz del Mismo Dios, hablando en el interior del hombre.

Es otra ayuda no-solo en empujar la voluntad a acciones buenas y en detener la misma, para acciones malvadas.

Sino en hacer que surja el arrepentimiento y empujar a la reparación de un mal cometido;

para que el hombre vuelva a encontrarse en Gracia de Dios, cuando la ha perdido pecando.

LA Intuición:

es una ayuda que Dios da a la inteligencia debilitada en la comprensión.

La lucidez de la inteligencia ayuda poderosamente a recibir y comprender las enseñanzas

que la Ciencia Eterna, en las lecciones que Dios quiere que sean guía y consuelo en la hora que vivimos,

para que el mundo no se embrutezca totalmente;

pues las palabras de la justicia no son más que sonidos que repercuten en las orejas…

Y a veces ni siquiera se perciben:

No se hacen alimento de Vida.

Dios crea las almas por amor.

Y para que ellas puedan alcanzarLe y poseerLe,

después de haberse esforzado en amarLe y conocerLe,

las ha llenado de dones.

Cuando una madre sabia y buena, AMA DESDE EL VIENTRE a su pequeño, sucede esto:

El alma viene de Dios,

y todas sus potencias físicas, morales y espirituales tienden hacia Él.

El alma originalmente dada al hombre se  recrea y se supera en grados inimaginables;

a través de  grandes sufrimientos y tribulaciones, haciéndola apta para reposar en Dios.

El espíritu vivo se funde en Dios…

Y el alma se convierte en Templo Viviente del Espíritu Santo,

porque Dios vive en ellas y las funde con Él.

12. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.
13. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Y es de suma importancia para el alma que quiere avanzar en la vía del Cielo,

ser robusta y tener todas sus potencias firmes en Dios.

Cuando esto sucede el alma está segura.

Cuando las potencias del espíritu están fijas en Él, ninguna fuerza la puede quitar de ahí.

El alma viva tiene tal repugnancia al mal, porque Jesús está en ella y el alma percibe lo que siente Él.

El mérito del alma es uno solo:

aquel de su buena voluntad de querer tenerlo a Él y aferrarse a Él.

Todo otro pensamiento sería soberbia y vanidad espiritual.

Jesús con el amor de fusión, nos une a Él para participarnos la Vida y al hacernos corredentores nos comunica su Semejanza y nuestra alma se deifica…

Las almas que están fijas en Dios, NO DEBEN TENER MIEDO A NADA.  

Solo a pecar.

EL ESPÍRITU

El espíritu es un Templo.

El ángel custodio de cada criatura, adora en la misma, al Dios que la habita si está en Gracia del Señor.

El espíritu es un Rey.

La infinita misericordia del Dios Único y Trino, ha dado a nuestro espíritu,

todas las ayudas para permanecer dominador.

Los sentimientos pueden ser domados, entregándolos a Dios y pidiéndole que nos llene de su Amor.

Es el alma lo que da al hombre el derecho a decir: “Padre mío…”

Cuanto más el alma es hija de Dios, tanto más pronta se siente para seguir  los consejos del Espíritu Santo.

El alma hija de Dios toma de su Padre esta característica divina:

la solicitud pronta y alegre de hacer todo aquello que es bien.

La medida de la filiación alcanzada, la da la prontitud con la que el alma secunda las divinas inspiraciones;

sin pararse a considerar lo que ellas puedan exigir de esfuerzo por parte de la criatura humana;

ni del peligro que hayan de suponer para el individuo carnal.

Y el alma espiritual es la que distingue al hombre de los animales,

y lo hace dios sobre todos los otros seres creados:

dios-rey que domina y somete;

comprende, instruye, provee…

Y lo hace dios por su origen y destino futuros.

Es el alma aquella que iluminada por su divino origen,

“Dios NO manda cosas imposibles; sino que al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas. Y pedir lo que no puedas y te ayuda, para que puedas…”

sabe, quiere, puede con fuerza ya semidivina.

Fuerza que Dios potentemente sostiene y ayuda,

cuanto más el alma se eleva en la justicia

el hombre se diviniza con una vida de justicia. 

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATÓLICA, – CONÓCELA

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