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327 LA SALUD ESPIRITUAL


327 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Síntica añade:

–       ¡Ah, sí!

Como aquel día…

¿Te acuerdas, Juan?

¡Tuviste dos alumnos muy mortificantes ese día!

¡Y muy ignorantes! –

Síntica, sonriendo levemente y mirando fijamente al discípulo con su mirada profunda.

Juan sonríe a su vez,

y dice:

–       Sí.

Y vosotros tuvisteis un maestro muy incapaz, que tuvo que pedir ayuda a la verdadera Maestra…

porque, en ninguno de los muchos libros que había leído;

este pedagogo ignorante había encontrado la respuesta para un niño.

Señal de que soy un pedagogo ignorante todavía.

–       La ciencia humana es ignorante todavía.

Lo insuficiente no era el pedagogo, sino lo que le habían dado para serlo.

¡La pobre ciencia humana!

¡Oh, qué mutilada la veo!

Me recuerda a una divinidad que era venerada en Grecia.

¡Se requería verdaderamente la materialidad pagana, para poder creer que, por estar privada

de alas, la Victoria fuera para siempre propiedad de los griegos!

No sólo las alas a la Victoria;

la libertad incluso nos han quitado…

Mejor hubiera sido, en nuestra creencia, que hubiera tenido alas.

Habríamos podido concebirla capaz de volar, 

para arrebatar rayos celestes y asaetear a los enemigos.

Pero, así, sin alas, no daba esperanza sino desconsuelo y mensaje de tristeza.

No la podía mirar sin apenarme…

La veía doliente, descorazonada por su mutilación.

Un símbolo de dolor, no de alegría…

Y lo fue.

Pero es que el hombre hace con la Ciencia lo mismo que con la Victoria.

Le amputa las alas que bañarían en lo sobrenatural el saber…

Y darían una clave para abrir muchos secretos de lo cognoscible y de la creación.

Han creído, y creen, que, mutilándole las alas la tienen cautiva…

Lo único que han hecho ha sido reducirla a minusválida…

La Ciencia alada sería Sabiduría.

Así, en ese estado, es solamente comprensión parcial.  

Jesús pregunta:

–       ¿Y mi Madre os dio respuesta ese día?  

Síntica dice:

–        Con perfecta claridad y con casta palabra, adecuada para el oído de un niño.

Y de dos adultos de sexo distinto sin que ninguno se ruborizase.

–       ¿Sobre qué versaba?

–       Sobre el pecado original, Maestro.

Tomé nota de la explicación de tu Madre para recordarla.

Juan de Endor dice:

–      También yo.

Creo que será una cosa muy solicitada, si un día se va a los gentiles.

Yo no creo que vaya porque…».  

Jesús pregunta:

–       ¿Por qué, Juan?

–       Porque viviré poco.

–       ¿Pero irías con gusto?

–       Más que muchos otros de Israel, porque no tengo prejuicios.

Y también…

Sí, también por esto.

Yo di mal ejemplo entre los gentiles, en Cintium, y en Anatolia.

Hubiera deseado poder hacer el bien en los lugares en que he hecho el mal.

El bien que debería hacer:

Llevar tu palabra allí, darte a conocer…

Pero habría sido demasiado honor…

No lo merezco…

Jesús lo mira sonriendo;

pero no dice nada a este respecto.

Pregunta:

–        ¿Y no tenéis otras preguntas que hacer? 

Síntica dice:

–        Yo tengo una.

Me ha surgido la otra noche, cuando hablabas del ocio con el niño.

He tratado de darme una respuesta, pero no lo he conseguido.

Esperaba al sábado para hacértela, cuando las manos están inactivas y nuestra alma,

en tus manos, es elevada a Dios. 

–        Haz ahora tu pregunta, mientras esperamos la hora del descanso.

–       Maestro.

Tú dijiste que, si uno se vuelve tibio en el trabajo espiritual, se debilita

y predispone a las enfermedades del espíritu.

¿No es así?

–       Sí, mujer.

–       Pues bien.

Esto me parece en contraste con cuanto os he oído a Ti y a tu Madre, acerca del pecado original,

sus efectos en nosotros, la liberación de éste por medio de Ti.

Me habéis enseñado que con la Redención quedará anulado el pecado original.

Creo que no yerro si digo que será anulado no para todos,

sino solamente para aquellos que crean en ti.

–       Es verdad.

–       Dejo, por tanto a los otros.

Y tomo en consideración a uno de estos salvados.

Lo contemplo después de los efectos de la Redención.

Su alma ya no tiene el pecado original.

Vuelve, pues, a poseer la Gracia como la tenían los Progenitores.

¿Esto no le dará un vigor que no podrá sufrir desfallecimiento alguno?

Tú dirás: “El hombre comete también pecados personales”.

Bien, de acuerdo.

Pero pienso que también éstos caerán con tu Redención.

No te pregunto cómo.

Pero supongo que, como testimonio de que ella se ha producido verdaderamente,

– y no sé cómo acontecerá, si bien cuanto se refiere a Ti en el Libro sagrado hace temblar,

y espero que sea sufrimiento simbólico, restringido a lo moral;

aunque el dolor moral no es una ilusión

sino un espasmo quizás mucho más atroz que el físico.

Dejarás, digo, unos medios, unos símbolos.

Todas las religiones los tienen;

en algunas ocasiones los llaman “misterios”…

El bautismo actual, vigente en Israel, es uno de ellos, ¿No es verdad?

–       Lo es.

Y habrá, con nombre distinto del que tú les das, en mi Religión también,

signos de esta Redención, que serán aplicados a las almas para purificarlas,

fortalecerlas, iluminarlas, sostenerlas, nutrirlas, absolverlas.

–       ¿Y entonces?

Si son absueltas también de los pecados personales, siempre estarán en gracia…

¿Cómo es que entonces, serán débiles y propensas a enfermedades espirituales?

–       Te pongo una comparación.

Tomemos un niño recién nacido de padres sanísimos, sano y robusto.

No hay en él ninguna tara física, hereditaria.

Esqueleto y órganos perfectos.

Goza de sangre sana.

Tiene, pues, todos los requisitos para desarrollarse fuerte y sano;

dándose, además, el caso de que su madre tiene leche abundante y sustanciosa.

Mas, he aquí que en los albores de su vida se manifiesta en él una gravísima enfermedad,

cuya causa se desconoce;

una enfermedad auténticamente mortal.

A duras penas se salva, por la piedad de Dios;

que le retiene la vida que estaba a punto de marcharse de ese cuerpecito.

Pues bien, ¿Crees que, después, ese niño tendrá el mismo vigor,

que si no hubiera sufrido esa enfermedad?

No.

Tendrá siempre en sí un estado de debilidad, que aunque no se manifieste claramente,

estará ahí y lo predispondrá a las enfermedades más fácilmente,

que si no hubiera estado enfermo.

Algún órgano ya nunca estará íntegro como antes.

Su sangre será menos fuerte y pura que antes.

Razones todas éstas por las que contraerá enfermedades más fácilmente;

las cuales, a su vez, cada vez que le afecten,

lo dejarán más propenso a enfermarse de nuevo.

Lo mismo sucede en el campo espiritual.

El pecado original quedará cancelado en los que crean en Mí.

Pero el espíritu conservará una tendencia al pecado;

que no habría tenido sin el pecado original.

Por tanto, es necesario vigilar y cuidar continuamente el propio espíritu,

como hace la solícita madre con su hijito debilitado por una enfermedad infantil.

Por tanto, es necesario no estar ocioso, sino ser siempre diligentes para fortalecerse en virtud.

Si uno cae en la indolencia o en la tibieza, más fácilmente será seducido por Satanás.

Y cada pecado grave, siendo semejante a una grave recaída;

predispondrá cada vez más a la enfermedad y muerte del espíritu.

Por el contrario, la Gracia, restituida por la Redención;

si va acompañada de una voluntad activa e incansable, se conserva.

No sólo se conserva, sino que aumenta;

porque queda asociada a las virtudes conseguidas por el hombre.

¡Santidad y Gracia!

¡Qué alas más seguras para volar a Dios!

¿Has comprendido?

-Sí, mi Señor.

Tú, o sea, la Trinidad Santísima, dais el Medio base al hombre.

El hombre, con su trabajo y atención, no lo debe destruir.

Comprendo.

Todo pecado grave significa destrucción de la Gracia.

O sea, de la salud del espíritu.

Los signos que vas a dejarnos devolverán, sí, la salud;

pero el pecador obstinado, que no lucha por no pecar, será cada vez más débil,

aunque todas las veces sea perdonado.

Es necesario, pues, vigilar para no perecer.

Gracias, Señor…

Margziam se está despertando.

Es tarde…

–       Sí.

Vamos a orar todos juntos y luego iremos a descansar.

Jesús se levanta y todos lo imitan.

(también el niño, que todavía está adormilado).

Y el “Pater noster” resuena fuerte y armónico,

en la pequeña habitación..

326 LA INCREDULIDAD Y EL PECADO


326 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

demandasocial@bienestar.gob.mx.

El telar está parado porque María y Síntica están cosiendo muy diligentemente,

las telas que ha traído el Zelote.

Doblan y ponen encima de la mesa, en montones ordenados por colores,

los pedazos de vestidos ya cortados.

Cada cierto tiempo, las mujeres cogen uno para hilvanarlo sobre la mesa.

Así que los hombres se ven arrinconados hacia el inactivo telar;

cerca, pero no interesados en el trabajo de las mujeres.

Están también los dos apóstoles Judas Tadeo y Santiago de Alfeo;

los cuales por su parte, observan la intensa labor femenina;

sin hacer preguntas, pero no sin curiosidad.

Los dos primos hablan de sus hermanos, especialmente de Simón,

que los ha acompañado hasta la puerta de Jesús y luego se ha marchado

«porque tiene un niño enfermo» dice Santiago;

para suavizar la cosa y disculpar a su hermano.

Judas se muestra más severo;

dice:

–        Precisamente por eso debía venir.

Pero parece que él también se ha vuelto idiota.

Como todos los nazarenos.

Por lo demás, si se excluyen Alfeo de Sara y los dos discípulos;

que ahora quién sabe dónde están.

Se ve que Nazaret no tiene de bueno nada más y que ha escupido todo lo bueno que tenía;

como si fuera un sabor molesto para esta ciudad nuestra..

Jesús ruega: .

–       No hables así.

No te envenenes el corazón…

No es culpa suya…

–       ¿De quién, entonces?

–       De muchas cosas…

El verdadero culpable es Satanás, que toma la incredulidad para controlar los pensamientos

y con ello, también la mente, el corazón y los sentimientos;

que luego se traducen en obras contrarias a Dios;

Pero esto nadie en Nazareth puede comprenderlo…

Y Jesús no puede decirlo,

porque todavía no desciende el Paráclito con sus Carismas…

No investigues.

De todas formas, no toda Nazaret es enemiga.

Los niños… 

Tadeo continúa implacable:

–       Porque son niños.

–       Las mujeres…

–       Porque son mujeres.

Pero no son ni los niños ni las mujeres quienes afirmarán tu Reino.

–       ¿Por qué, Judas?

Te equivocas.

Los niños de hoy serán precisamente los discípulos de mañana;

los que propagarán el Reino por toda la Tierra.

Y las mujeres…

¿Por qué no lo pueden hacer?

–       Ciertamente, no podrás hacer de las mujeres apóstoles;

al máximo, serán discípulas, como Tú has dicho;

que servirán de ayuda a los discípulos.

–       Un día cambiarás la opinión sobre muchas cosas, hermano mío.

Pero ni siquiera intento convencerte de tu error.

Chocaría contra una mentalidad que te viene de siglos;

de conceptos y prejuicios errados acerca de la mujer.

Lo único que te ruego es que observes, que anotes en ti, las diferencias que ves entre las

discípulas y los discípulos.

Y que observes, fríamente, su adecuación a mis enseñanzas.

Verás cómo empezando por tu madre, que se podría decir que ha sido la primera de las

discípulas en el orden del tiempo y del heroísmo y lo sigue siendo;

haciendo frente con valentía a toda una ciudad que la vitupera por serme fiel;

resistiendo contra las voces de su sangre; que no le ahorra reproches por serme fiel.

Verás cómo las discípulas son mejores que vosotros.

Tadeo concede:

–       Lo reconozco, es verdad.

¿Pero en Nazaret dónde están también las mujeres discípulas?

Las hijas de Alfeo, las madres de Ismael y de Aser y sus hermanas.

Y basta. Demasiado poco.

Querría no volver a Nazareth para no ver todo esto. 

María interviene:

–       ¡Pobrecilla tu madre!

Le darías un gran dolor.  

Santiago apoya:

–       Es verdad.

Tiene muchas esperanzas de lograr conciliar a nuestros hermanos con Jesús y con nosotros.

Creo que no desea sino esto.

Pero, ciertamente, no es estando lejos como lo conseguiremos.

Hasta ahora te he hecho caso en estar como aislado;

pero, desde mañana, quiero salir a estar con unos u otros…

Porque, si vamos a tener que evangelizar incluso a los gentiles…

¿No vamos a evangelizar nuestra ciudad?

Me niego a creer que toda ella sea mala, que no se la puede convertir.

Judas Tadeo no rebate, pero está visiblemente inquieto.

Simón Zelote, que había estado todo el tiempo callado,

interviene:

–       No querría insinuar sospechas.

Pero consentidme que os haga una pregunta para consolar vuestro espíritu.

Ésta:

¿Estáis seguros de que en la actitud de reserva de Nazareth no haya fuerzas externas,

venidas de otros lugares y que aquí operan bien, sobre la base de un elemento que debería,

si se razonara con justicia, dar las mejores garantías de seguridad de que el Maestro

es el Santo de Dios?

El conocimiento de la vida perfecta de Jesús Nazareno, debería facilitar a los nazarenos

el aceptarlo como el Mesías prometido.

Yo más que vosotros y conmigo muchos de mi edad, en Nazareth hemos conocido,

al menos de oídas, a algunos supuestos Mesías.

Y os aseguro que su vida íntima desacreditaba,

las más obstinadas aserciones de mesianidad en ellos.

Roma los ha perseguido ferozmente como a rebeldes.

Pero, aparte de la idea política, que Roma no podía permitir que existiera,

en los lugares de su dominio;

estos falsos Mesías, por muchos motivos privados, habrían merecido castigo.

Nosotros los instigábamos y sosteníamos;

porque nos servían para saciar nuestro espíritu de rebelión contra Roma;

los secundábamos, porque estando embotados, hemos creído,

hasta que el Maestro ha aclarado la verdad.

Y por desgracia, a pesar de esto, todavía no creemos como deberíamos.

O sea, totalmente, hemos creído ver en ellos al “rey” prometido.

Ellos halagaban nuestro espíritu afligido con esperanzas de independencia nacional

y de reconstrucción del reino de Israel.

¡Pero, ay, qué miseria!

¡¿Qué reino, frágil y degenerado, habría sido?!

No. Llamar a esos falsos Mesías reyes de Israel y fundadores del Reino prometido;

era en verdad degradar profundamente la idea mesiánica.

En el Maestro, a la profundidad de su doctrina se une la santidad de vida.

Y Nazareth, como ninguna otra ciudad, la conoce.

No tengo ninguna intención de acusar a los nazarenos de incredulidad, respecto al carácter

sobrenatural de su venida, que ellos ignoran.

¡Pero la vida! ¡Su vida!…

Ahora tanto resentimiento, tanta impenetrable resistencia…

Bueno, mucho más que eso:

Tanta resistencia aumentada.

¿Y el origen de una resistencia tan crecida, no podría estar en maniobras enemigas?

Sabemos cómo son los enemigos de Jesús, sabemos la influencia que tienen.

¿Pensáis que sólo aquí se hayan mantenido inactivos y ausentes;

si en todos los lugares nos han precedido, o se nos han juntado.

O nos han seguido, para destruir la obra de Cristo?

No acuséis a Nazareth como si fuera la única culpable.

Más bien llorad por ella, desviada por los enemigos de Jesús.  

Jesús dice:

–       Muy bien lo has dicho, Simón:  Llorad por ella…

Y está triste.

Juan de Endor observa:

–       También has dicho muy bien eso de que el elemento favorable se transforma en desfavorable,

porque el hombre raramente piensa con justicia.

Aquí el primer obstáculo es el nacimiento humilde, la infancia humilde, la adolescencia humilde,

la juventud humilde de nuestro Jesús.

El hombre olvida que los valores se ocultan bajo apariencias modestas;

mientras que los que no son nada, se camuflan bajo apariencia de grandes seres,

para imponerse a las muchedumbres.

–       Será así…

Pero ello no cambia en nada mi pensamiento acerca de los nazarenos.

Sea cual fuere lo que les hayan dicho, debían saber juzgar por las obras reales del Maestro; 

no por las palabras de unos desconocidos.

Un largo silencio, roto únicamente por el ruido de telas que la Virgen divide en franjas,

para hacer de ellas orlas.

Síntica no ha hablado en todo este tiempo, a pesar de haber estado atentísima.

Conserva siempre esa actitud suya de profundo respeto, de discreción;

que solamente con María o con el niño se hace menos rígida.

Pero ahora el niño se ha dormido, sentado en un taburete justo a los pies de Síntica.

Y con la cabeza apoyada en las rodillas de ella sobre su brazo doblado.

Por eso ella no se mueve…

Y espera a que María le pase las franjas de tela. 

María, inclinándose hacia la carita durmiente,

observa:

–       ¡Qué sueño más inocente!…

¡Está sonriendo!… 

Simón Zelote también sonríe,

y dice:

–       ¿Qué estará soñando? 

Juan de Endor, agrega:

–      Es un niño muy inteligente.

Aprende pronto y pide explicaciones precisas.

Hace preguntas muy agudas y quiere respuestas claras.

Sobre todas las cosas.

Confieso que algunas veces me veo en dificultad para responder.

Son argumentos superiores a su edad.

Y algunas veces, también a mi capacidad de explicarlos.

Síntica añade:

–       ¡Ah, sí!

Como aquel día…

¿Te acuerdas, Juan?

¡Tuviste dos alumnos muy mortificantes ese día!

¡Y muy ignorantes! –

321 PRUDENCIA Y SECRETO


321 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Las olas se rompen contra la playita de Mágdala, cuando las dos barcas tocan tierra

al caer de una tarde del mes de Noviembre.

No son olas grandes.

En todo caso, son molestas para quien desembarca, porque los vestidos se mojan.

Pero la perspectiva del ya próximo alojamiento en casa de María de M{agdala,

hace soportar sin refunfuños el no deseado baño.  

Jesús dice a los mozos: 

–        Poned en seguro las barcas y luego nos alcanzáis.

 Y enseguida, se pone en camino siguiendo el litoral;

porque han desembarcado en una pequeña ensenada que está un poco fuera de la ciudad

y en la que hay otras barcas de pescadores de Mágdala.  

Jesús dice:

–        Judas de Simón y Tomás, venid aquí conmigo.

Los dos van sin demora.

–        He decidido daros un encargo de confianza y al mismo tiempo, una alegría.

El cometido es éste: que acompañéis a las hermanas de Lázaro a Bethania.

Y, con ellas, a Elisa.

Os estimo lo suficiente como para confiaros las discípulas.

Aprovecharéis para llevar una carta mía a Lázaro.

Luego, una vez cumplido este cometido, iréis a vuestras casas, para las Encenias…

No interrumpas, Judas.

Todos pasaremos las Encenias en nuestra casa, este año.

Es un invierno demasiado lluvioso para poder viajar.

Como podéis ver, incluso los enfermos son más escasos.

Por tanto, aprovecharemos de ello para descansar y dar una satisfacción a nuestras familias.

Os espero en Cafarnaúm para el final de Sabat.  

Tomás pregunta:

–        ¿Pero vas a estar en Cafarnaúm?

–        No estoy todavía seguro de dónde voy a estar.

En un sitio o en otro, para mí es igual.

Basta con tener cerca a mi Madre.  

Judas dice:

–        Yo prefería pasar las Encenias contigo.

–        Te creo.

Pero, si me amas, obedece; mucho más;

considerando que vuestra obediencia os proporcionará la manera de ayudar a los discípulos

que se han vuelto a esparcir por todas partes.

¡Sí que tenéis que ayudarme en esto!

En las familias, los hijos mayores son los que ayudan a los padres en la formación de los hijos menores.

Vosotros sois los hermanos mayores de los discípulos, que son los menores,

y os debéis sentir contentos de que Yo me ponga en vuestras manos.

Ello es señal de que he quedado contento de vuestra reciente actuación.

Tomás dice sencillamente:

–        Demasiado bueno, Maestro.

Pero, por lo que a mí respecta, trataré de hacer las cosas ahora todavía mejor.

De todas formas, siento dejarte…

Bueno… pasará pronto…

Y mi anciano padre se sentirá contento de tenerme para la fiesta y también mis hermanas…

¿Y mi hermana gemela?…

Debe haber tenido un niño, o estará para tenerlo…

Mi primer sobrino…

Si es varón y nace cuando estoy yo, ¿Qué nombre le pongo?

–        José.

-¿Y si es niña?

–        María.

No hay nombres más dulces.

Judas, sin embargo, orgulloso del encargo recibido, ya está pavoneándose…

y haciendo proyectos, y más proyectos…

Se ha olvidado completamente de que se aleja de Jesús;

mientras que, poco tiempo antes (en los Tabernáculos), había protestado como un potro salvaje

ante la disposición de Jesús de separarse de Él por un tiempo.

Pierde también de vista completamente la sospecha de entonces,

de que era un deseo de Jesús de apartarlo.

Todo lo olvida…

Y está contento de ser considerado una persona a la que se le pueden confiar cometidos delicados.

Promete:

–        Te traeré mucho dinero para los pobres.

Y mientras, saca la bolsa y dice:

–       «Toma éstos.

Es todo lo que tenemos. No tengo más.

Tú dame el viático para nuestro viaje de Bethania a nuestra casa.  

Tomás objeta:

–        Pero no partimos esta noche.

Judas está exaltado.

–        No importa.

En casa de María no hace falta más dinero, por tanto…

Bien contento estoy de no tener más dinero que manejar…

Cuando vuelva le traeré a tu Madre semillas de flores.

Se las pediré a mi madre.

Quiero también traer un regalo a Margziam… 

Jesús lo mira…

Ya llegan a la casa de María de Mágdala.

Se dan a conocer y entran todos.

Las mujeres acuden llenas de alegría al encuentro del Maestro, que ha venido a alojarse en su hogar.

Después de la cena, cuando ya los apóstoles, cansados se han retirado.

Jesús, sentado en el centro de una sala, rodeado por el círculo de las discípulas,

comunica a éstas su deseo de que partan cuanto antes.

Al contrario de los apóstoles, ninguna de ellas protesta.

Inclinan la cabeza en señal de asentimiento y salen para preparar sus equipajes.

Jesús llama a la Magdalena cuando está para atravesar el umbral de la puerta.

–        ¿Entonces, María?

¿Por qué me has susurrado a mi llegada:

“Tengo que hablarte en secreto”?

–        Maestro,

he vendido las piedras preciosas en Tiberíades.

Las ha vendido Marcela con la ayuda de Isaac.

Tengo la suma en mi habitación.

No he querido que Judas viera nada…

Y se ruboriza intensamente.

Jesús la mira fijamente, pero no dice nada.

La Magdalena sale…

Y vuelve con una pesada bolsa y se la da a Jesús.

Diciendo:

–        Aquí tienes.

Las han pagado bien.

–       Gracias, María.

–       Gracias, Rabbuní;

por haberme pedido este favor.

¿Deseas pedirme alguna cosa más?…

–        No, María.

Y tú, ¿Tienes algo más que decirme?

–       No, Señor.

Bendíceme, Maestro mío.

–      Sí. Te bendigo…

María… ¿Estás contenta de volver donde Lázaro?

Imagínate que Yo ya no estuviera en Palestina.

¿Volverías gustosa a casa, entonces?

–       Sí, Señor. Pero…

–       Termina, María.

No tengas miedo nunca de manifestarme lo que piensas.

–       Pero estaría más contenta de volver a casa;

si en vez de Judas de Keriot viniera Simón el Zelote, gran amigo de familia.

–       Lo necesito para una seria misión.

–       Entonces tus hermanos o Juan, de corazón de paloma.

Bueno, todos menos él…

Señor no me mires con severidad…

Quien se ha alimentado de lujuria siente su proximidad…

No la temo.

Sé controlar a alguien que supera ampliamente a Judas.

Es mi terror a no ser perdonada, es mi yo;

es Satanás, que ciertamente da vueltas en torno a mí, es el mundo…

Pero si María de Teófilo no tiene miedo de ninguno,

María de Jesús siente repulsa por el vicio que la había subyugado.

Y la… Señor…

El hombre que brega por la carnalidad me da asco…

–        No estás sola en el viaje, María.

Y contigo estoy seguro de que no se volverá para atrás...

Ten presente que debo proveer para la partida de Síntica y Juan para Antioquía.

Y que ello no debe saberlo quien es un imprudente…

–        Es verdad.

Iré entonces…

Maestro, ¿Cuándo nos volveremos a ver?

–       No lo sé, María.

Quizás no antes de la Pascua.

Ve en paz ahora.

Te bendigo esta noche y todas las noches.

Y contigo, a tu hermana y al buen Lázaro.

María se agacha para besar los pies de Jesús y sale.

Dejando solo a Jesús en la silenciosa habitación

307 UNA REYERTA PROVINCIAL


307 IMITAR A 307 JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Bosrá, sea por la estación del año, sea porque está muy concentrada en sus callejuelas,

se muestra opaca de niebla por la mañana.

Opaca y muy sucia.

Los apóstoles, de regreso de las compras en el mercado, hablan de esto entre sí.

En efecto, la industria hotelera de aquellos tiempos y de estos lugares era tan prehistórica,

que cada huésped tenía que preocuparse de sus abastecimientos.

Se comprende que los dueños no quieren salir perdiendo ni un céntimo;

se limitan a cocinar lo que los clientes llevan (¡Y esperemos que no hurten!).

Al máximo compran para el cliente,

o le venden directamente las provisiones de que tienen reservas,

haciendo de carniceros si hace falta, con los pobres corderos destinados a ser asados.

Esto de comprarle al hospedero no le resulta simpático a Pedro.

Ahora continúa la divergencia de opiniones entre el apóstol y el hospedero;

que tiene una cara muy pícara, 

Que no desaprovecha la ocasión para injuriar al apóstol llamándole “galileo”,

de un modo peyorativo y lleno de desprecio.

Pedro señalando a un cerdito que acaba de degollar el hospedero,

por cuenta de unos clientes que están de paso:,

replica:

–       Yo galileo, tú cerdo;

que lo que eres es un pagano.

En tu fétida posada no me quedaría ni una hora, si fuera dueño de mí.

Ladrón y…

Y aquí añade otro término muy… ilustrativo, que dejo en el tintero.

Se comprende que entre estos de Bosrá y los galileos hay una de esas muchas antagónicas

incompatibilidades regionales y religiosas de que estaba lleno Israel….

Y Palestina.

El hospedero grita más fuerte:

–        Si no fuera porque estás con el Nazareno…

Y porque soy mejor que vuestros repulsivos fariseos, que lo odian sin motivo,

te lavaría el morro con la sangre del cerdo;

así tendrías que largarte de aquí para correr a purificarte.

Pero le tengo respeto a Él, que ciertamente tiene poder.

Y te digo que con todas vuestras historias sois unos pecadores.

Somos mejores nosotros que vosotros.

Nosotros no tendemos emboscadas, ni traicionamos.

Vosotros… ¡Pfff!…

Raza de traidores y granujas,

que no respetáis ni siquiera a los pocos santos que tenéis entre vosotros.

–        ¿A quién, le dices traidores?

¿A nosotros?

¡Ah, vive el Cielo que ahora…!

Pedro está enfurecido y a punto de lanzarse contra el hombre;

Andrés su hermano y Santiago lo sujetan y Simón se pone en medio con Mateo.

Pero, más que esta acción, es la voz de Jesús, que se asoma por una puerta,

y dice:

–       Y ahora tú, Simón, calla.

Y tú, hombre, también.

Lo cual hace deponer la ira.

Los dos gallitos se justifican: 

–        Señor, el hospedero ha sido el primero que ha tirado una puntada y que ha amenazado.

–        Nazareno, el primer ofendido he sido yo.

Yo, él. Él y yo.

Se echan la culpa el uno al otro los dos culpables.

Jesús se acerca serio y sereno.

Y dice: 

–       Tenéis la culpa los dos.

Y tú, Simón, más que él.

Porque tú conoces la doctrina del amor, del perdón, de la mansedumbre;

de la paciencia, de la hermandad.

Tenemos que hacernos respetar como santos, si no queremos que nos traten mal como a galileos.

Y tú, hombre, si te sientes mejor que los demás, bendice a Dios por ello,

y sé digno de ser cada vez mejor.

Y, sobre todo, no ensucies tu alma con acusaciones que no son verdaderas:

mis discípulos ni traicionan ni actúan subrepticiamente.

–         ¿Estás seguro, Nazareno? 

¿Y entonces por qué aquellos cuatro han venido a preguntarme que si habías venido,

que con quién estabas y otras muchas cosas cucas?

Los apóstoles se arremolinan,

olvidando que al hacerlo se acercan a uno que está embadurnado de sangre de cerdo,

lo cual, antes, sobrecogidos, los mantenía distantes.

Y exclaman: 

–        ¡Qué!

–       ¡Qué!

–       ¿Quiénes son?

–       ¿Dónde están?

Con el carisma de profecía, el Espíritu Santo hace una advertencia a Jesús, de lo que está por suceder…

Y… 

A través de la Oración y con el Don de profecía ACTIVO

Jesús ordena: 

–        Id vosotros a vuestras ocupaciones.

Tú puedes quedarte, Alejandro Misax.ce 

Los apóstoles van a la habitación de la que había salido Jesús.

En el patio sólo se quedan: uno frente al otro, Jesús y el hospedero;

a unos pasos de Jesús, el mercader, observando la escena con asombro.

Jesús pregunta: 

–        Responde, hombre, con sinceridad.

Y perdona si la sangre ha enfurecido la lengua de un discípulo mío.

¿Quiénes son esos cuatro y qué han dicho?

El hospedero replica: 

–         No sé concretamente quiénes son.

Eso sí, escribas y fariseos de la otra parte.

No sé quién los ha traído aquí.

No los he visto jamás.

Pero están bien al corriente de Tí.

Saben de dónde vienes, a dónde vas, con quién vas.

De todas formas, si venían a mí es porque querían asegurarse.

No. Seré un granuja, pero sé mi oficio.

No conozco a nadie, no veo nada, no sé nada…

Para los demás, claro, porque para mí sé todo.

Pero, ¿Por qué voy a tener que decir a otros lo que sé?

Y menos todavía a los hipócritas.

¿Granuja?, sí.

Si fuera menester, ayudaría incluso a unos ladrones.

Total, ya lo sabes…

Pero no sabría robarte, o tratar de robarte, a ti la libertad, el honor o la vida.

Y ésos -dejaría de ser Fara de Tolomeo, si no fuera verdad lo que digo-,

ésos te acechan para causarte un mal.

¿Y quién los envía?

¿Uno de Perea o de la Decápolis?

¿Uno de la Traconítida, de la Gaulanítida o

de la Auranítida?

No, que nosotros o no te conocemos o, si te conocemos, te respetamos como a un justo,

si es que no creemos en ti como santo.

¿Entonces, quién los ha enviado?

Como instrumento de Satanás, Judas ha comenzado su caída inexorable…

Uno de la parte tuya, y quizás uno de tus amigos;

porque saben demasiadas cosas…

Alejandro Mixace dice: 

–        Saber de mi caravana es fácil… 

–        No, mercader, no de ti;

de otros que van con Jesús.

Yo no sé, ni quiero saber; no veo, ni quiero ver.

De todas formas, te digo: si ves que eres responsable, repara;

si ves que te están traicionando, toma las medidas oportunas.  

Jesús trata de disculpar a quién sabe que está detrás de esta intriga: 

–        No se trata de culpa, hombre, ni de traición;

lo único que sucede es que Israel no me comprende.

Pero… ¿Y tú, cómo tienes noticias de Mí?

–        Por un joven.

Un calavera que daba que hablar en Bosrá y en Arbela;

aquí porque venía a consumar sus pecados, allí porque deshonraba a su familia.

Luego se convirtió, se hizo más honesto que un justo.

Ahora se ha unido a tus discípulos, se ha hecho discípulo también él.

Y te espera en Arbela, con sus padres, para rendirte honor.

Y va diciendo a todos que le cambiaste el corazón por las oraciones de su madre.

Felipe de Jacob tendrá el mérito, si esta región se santifica, de haber sido su santificador;

Y si en Bosrá hay alguien que cree en Tí, es por él.

–        ¿Dónde están ahora estos escribas que han venido?

–         No lo sé.

Se marcharon porque les dije que no tenía sitio para ellos.

Lo tenía, pero no he querido dar hospedaje a las serpientes junto a la paloma.

Se habrán quedado, ciertamente, por los alrededores.

Ten cuidado.

–        Gracias.

¿Cómo te llamas?

–        Fara.

He cumplido con mi deber.

Acuérdate de mí.

–        Sí, y tú de Dios.

Y perdona a mi Simón.

Algunas veces le ciega el gran amor que me tiene.

–        Nada malo.

Yo también le he ofendido…

Pero la verdad es que hace daño cuando a uno lo insultan.

Tú no insultas…

Jesús suspira..

Y dice:

–         ¿Quieres ayudar al Nazareno?

–        Si está en mi mano…

–        Me gustaría predicar en este patio…

–        Te dejo que hables.

¿Cuándo?

–        Entre la sexta y la nona.

–        Ve tranquilo a donde quieras.

Bosrá sabrá que predicas.

Yo me encargo de ello.

–        Dios te lo pague.

Y Jesús le dirige una sonrisa que ya en sí es paga.

Luego se encamina hacia la habitación donde estaba antes.

Alejandro Misax dice:

–        Maestro, sonríeme igual a mí…

Yo también voy a decir a la gente que venga a oír hablar a la Bondad.

Conozco a muchas personas.

Adiós.

–        Que Dios te retribuya a ti también 

Y Jesús le sonríe.

Entra en la habitación.

Las mujeres están alrededor de María, que tiene expresión de pena.

la cual se levanta enseguida y va hacia su Hijo.

No dice nada, mas todo en ella es una pregunta.

Jesús le sonríe.

Y le responde diciendo a todos:

–       Estad libres para la hora sexta.

Hablaré a muchos aquí.

Mientras tanto, idos todos, menos Simón Pedro, Juan y Hermasteo;

anunciadme y dad muchas limosnas.

Los apóstoles se marchan.

Pedro se acerca lentamente a Jesús, que está con las mujeres,

y pregunta:

–        ¿Por qué no voy yo también?

Jesús responde: 

–        Cuando uno es demasiado impulsivo se queda en casa.

¡Simón, Simón!

¿Cuándo vas a aprender a dirigir tu caridad al prójimo?

Actualmente es una llama encendida, pero toda para Mí;

es una lámina recta y rígida, pero sólo para Mí.

Sé manso, Simón de Jonás.

–        Tienes razón, Señor.

Ya me ha regañado tu Madre, como sabe hacerlo Ella, sin hacer daño.

Hasta lo más hondo ha penetrado en mí.

Pero… regáñame también Tú;

pero… luego no me mires con tanta tristeza.

–        Sé bueno.

Sé bueno…

Síntica, quiero hablarte aparte. Sube a la terraza.

Ven tú también, Madre mía…

Y por la rústica terraza que cubre un ala del edificio, con el tibio sol que caldea el aire,

Jesús, paseando lentamente entre María y la griega,

dice:

–        Mañana nos separaremos durante un tiempo.

Cerca de Arbela, las mujeres, con Juan de Endor, iréis hacia el mar de Galilea

y proseguiréis juntos hasta Nazaret.

Pero, para no mandaros solas con un hombre casi imposibilitado,

os acompañarán también mis hermanos y Simón Pedro.

Presiento discrepancias por esta separación.

Pero la obediencia es la virtud del justo.

Pasando por las tierras que Cusa vigila en nombre de Herodes;

Juana podrá disponer de escolta para el resto del camino.

Entonces dejaréis partir a los hijos de Alfeo y a Simón Pedro.

Y si te he pedido que subieras aquí era para esto:

quiero decirte, Síntica, que he decidido que estés un período en casa de mi Madre.

Ella ya sabe.

Contigo estarán Juan de Endor y Margziam.

Estad allí con amor, formándoos cada vez más en la Sabiduría.

Quiero que cuides mucho del pobre Juan.

A mi Madre no se lo digo porque no necesita consejos.

Tú puedes comprenderlo y sufrir con él;

y él puede hacerte mucho bien porque es un experto maestro.

Después iré Yo. ¡Pronto!

Nos veremos con frecuencia.

Espero encontrarte cada vez más sabia en la Verdad.

Te bendigo, Síntica, en particular; éste es mi adiós a ti por esta vez.

En Nazaret encontrarás amor y odio, como en todas partes;

pero en mi casa encontrarás paz, siempre. 

Síntica responde: 

–         Nazaret no se ocupará de mí ni yo de ella.

Viviré alimentándome de la Verdad y el mundo no significará nada para mí,Señor».

–        Bien.

Puedes marcharte, Síntica.

Y, por ahora, guarda silencio.  

–         Sí, Señor mío.  

Y Síntica se retira dejándolos solos al Hijo con la mamá. 

Jesús dice: 

–        Madre, tú sabes…

Te confío estas perlas mías predilectas.

Mientras gozamos de paz nosotros,

Mamá, haz que tu Jesús encuentre fuerza en tus caricias

María exclama: 

–         ¡Cuánto odio, Hijo mío!

–        ¡Cuánto amor!

–        ¡Cuánta amargura, mi querido Jesús!

–        ¡Cuánta dulzura!

–        ¡Cuánta incomprensión, Hijito mío!

–        ¡Cuánta comprensión, Mamá!

–        ¡Tesoro mío! ¡Mi querido Hijo!

–        ¡Mamá!

¡Alegría de Dios y mía!

¡Mamá!».

Se besan y luego se quedan juntos,

sentados en el banco de piedra que recorre el antepecho de la terraza:

Jesús abrazando, protector y amoroso, a su Madre;

Ella apoyando en el hombro de su Hijo la cabeza, las manos en su mano: beatíficos…

El mundo está muy lejos…

Sepultado bajo olas de amor y fidelidad…

301 FUNDACIÓN DEL REINO


301 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

¡Creía El que no lo conocían!

Cuando al día siguiente por la mañana pone pie fuera del edificio de uso de Alejandro,

encuentra ya personas que lo están esperando.

Jesús sale sólo con los apóstoles.

Las mujeres y los discípulos se quedan en casa, descansando.

La gente lo saluda y lo rodea.

Le dicen que lo conocen por lo que de Él dijo uno que había sido curado de los demonios

y que ahora no está porque se había puesto en camino con dos discípulos que habían pasado

por la ciudad unos días antes.

Jesús escucha benignamente todas estas cosas, mientras anda por esta ciudad,

que muestra muchas zonas sobre las que se abate, febril, un verdadero fragor de talleres:

albañiles construyendo; cavadores rebajando o colmando desniveles; canteros desbastando

piedras para las murallas; herreros trabajando el hierro para este o aquel uso;

carpinteros serrando, cepillando, sacando palos de gruesos troncos.

Jesús pasa y mira, cruza un puente construido para salvar un pequeño torrente cantarín

que pasa exactamente por el centro de la ciudad.

 Las casas aquí están alineadas a ambos lados;

con pretensiones de formar una avenida a lo largo del río.

Luego hacia la parte alta de la ciudad, cuyo plano está un poco en desnivel,

siendo así que el lado sudoeste es más alto que el lado nordeste,

pero ambos están más altos que el centro de la ciudad,

dividido en dos por el  pequeño curso de agua.

Hay una vista bonita desde el sitio en que se ha detenido Jesús

Toda la ciudad, bastante grande, se muestra al  observador.

Detrás, por los lados de oriente, meridión y occidente, hay una herradura de suaves colinas

enteramente verdes.

Hacia el norte la mirada se extiende por una llanura abierta y vasta, que en el horizonte muestra

una elevación del terreno, tan ligera que no puede llamarse colina, toda dorada de un sol

matutino que pone preciosas las pámpanas amarillentas de las vides que cubren esta

ondulación del terreno, como queriendo mitigar la melancolía de las hojas que agonizan

con el fasto de una pincelada de oro.

Jesús observa.

La gente de Gerasa lo mira.

Jesús se los conquista diciendo:

–         Esta ciudad es muy bonita.

Hacedla bonita también en justicia y santidad.

Dios os ha dado las colinas, el arroyo, la verde llanura.

Roma os ayuda ahora a haceros casas y edificios bellos.

Pero depende solamente de vosotros el dar a vuestra ciudad el nombre de ciudad santa y justa.

La ciudad es como la hacen sus habitantes.

Porque la ciudad es una parte de la sociedad recintada dentro de sus murallas;

pero quien hace la ciudad son los ciudadanos.

La ciudad en sí misma no peca.

No puede pecar el arroyo, ni el puente ni las casas ni las torres; son materia, no alma.

Pero sí pueden pecar los que están dentro del recinto amurallado de la ciudad, en las casas,

en las tiendas, los que pasan por el puente, los que se bañan en el arroyo.

Se dice de una ciudad facciosa y cruel:

“Es una ciudad pésima”.

Pero está mal dicho.

No es la ciudad, los que son pésimos son los ciudadanos.

Los individuos, que forman, uniéndose, una cosa múltiple, pero al mismo tiempo una cosa

individual, que se llama “ciudad”.

Escuchad.

Si en una ciudad diez mil habitantes son buenos y sólo mil no lo son,

¿Podría decirse que esa ciudad es mala? No se podría decir.

De la misma forma: si en una ciudad de diez mil habitantes hay muchos partidos

y cada uno de ellos tiende a beneficiar al propio,

¿Se puede seguir diciendo que esa ciudad está unida?

No se puede decir.

¿Y creéis que esa ciudad será próspera? No lo será.

Vosotros, habitantes de Gerasa, estáis ahora todos unidos con el propósito de hacer de vuestra

ciudad una cosa grande.

lo lograréis, porque todos queréis lo mismo

y cada uno trata de superar al otro en conseguir este fin.

Pero si mañana entre vosotros surgieran partidos distintos y uno dijera:

“No, mejor es extenderse hacia el occidente”,

y otro partido:

“De ninguna manera.

Nos extenderemos hacia el norte, que está la llanura”,

Y un tercero: “Ni hacia aquí ni hacia allá. Todos queremos estar concentrados en el centro,

cerca del arroyo”,

¿Qué sucedería?

Pues que se pararían los trabajos ya empezados;

quienes prestan los capitales los retirarían, quienes tienen intención de establecerse aquí

se marcharían a otra ciudad en que los ciudadanos estuviesen más de acuerdo.

Y lo ya hecho, expuesto a las inclemencias del tiempo sin estar ultimado por causa de las

diatribas de los ciudadanos, se derrumbaría. ¿Es así o no?

Decís que es así, y es como decís.

Por tanto, hace falta concordia entre los ciudadanos para construir el bien de la ciudad,

y, como consecuencia, de los propios ciudadanos, porque en la sociedad el bien de ella redunda

en bienestar de quienes la componen.

Ahora bien, no sólo existe la sociedad cual vosotros la pensáis, la sociedad de los ciudadanos,

de los miembros de la misma patria; o la pequeña y amada sociedad de la familia.

Existe una sociedad más grande, infinita: la de los espíritus.

Todos nosotros, que vivimos, tenemos un alma.

Esta alma no muere con el cuerpo, sino que a la muerte del cuerpo sigue 

viviendo, eternamente.

Idea del Creador Dios, que ha dado al hombre el alma;

era que todas las almas de los hombres se reunieran en un único lugar: el Cielo,

constituyendo el Reino de los Cielos, cuyo monarca es Dios y cuyos súbditos bienaventurados

serían los hombres tras una vida santa y una plácida dormición.

Satanás vino a dividir y a crear desorden, a destruir y a afligir a Dios y a los espíritus.

E introdujo el pecado en los corazones, y, con el pecado, acarreó la muerte al cuerpo al final de

la existencia, con la esperanza de dar muerte también a los espíritus.

La muerte de los espíritus es la condenación, que es un seguir existiendo, sí,

pero con una existencia privada de aquello que es verdadera vida y júbilo eterno:

de la visión beatífica de Dios y de su eterna posesión en las luces eternas.

Y la Humanidad se dividió en sus voluntades,

como una ciudad dividida por partidos contrarios.

Actuando así, encontró su ruina.

En otro sitio ya lo he dicho a quien me acusaba de expulsar a los demonios,

con la ayuda de Belcebú: “Todo reino dividido en sí mismo caerá”.

En efecto, si Satanás se echara a sí mismo de un lugar, caería con su tenebroso reino.

Yo, por el amor que Dios tiene a la Humanidad que ha creado,

he venido a recordar que sólo un Reino es santo: el de los Cielos.

Y he venido a predicarlo, para que los mejores acudan a él.

¡Oh, quisiera que todos lo hicieran, incluso los peores, convirtiéndose,

liberándose del demonio, que los tiene esclavizados, ora de forma evidente en el caso de las

posesiones que además de ser espirituales son corporales,

ora secretamente en el caso de las posesiones sólo espirituales!

29. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» Mateo 8

Por ello voy curando a los enfermos, arrojando demonios de los cuerpos poseídos,

convirtiendo a los pecadores, perdonando en nombre del Señor,

instruyendo para el Reino, obrando milagros para persuadiros de mi poder

y de que Dios está conmigo.

Porque no se pueden obrar milagros sin tener a Dios por amigo.

Por tanto, si arrojo a los demonios con el dedo de Dios, si curo a los enfermos,

limpio a los leprosos, convierto a los pecadores, si anuncio el Reino y lo propongo como meta

en nombre de Dios e instruyo para el Reino; si la condescendencia, clara e indiscutible, de Dios

está conmigo y solamente los enemigos desleales pueden decir lo contrario-, señal es de que

el Reino de Dios está ya entre vosotros y debe ser constituido,

porque ésta es la hora de su fundación.

¿Cómo se funda el Reino de Dios en el mundo y en los corazones?

Volviendo a la Ley mosaica o, si se ignora, con su conocimiento exacto. 

Y sobre todo, con la aplicación total de la Ley en uno mismo, en cada uno de los hechos y momentos de la vida.

287 EL REGRESO DE LOS 72


287 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En el largo crepúsculo de un sereno día de Octubre, regresan los setenta y dos discípulos

con Elías, José y Leví.

Cansados, llenos de polvo…

¡Pero, qué dichosos!

Dichosos los tres pastores por poder ya servir libremente al Maestro;

dichosos también de estar -después de tantos años de separación- unidos a sus compañeros de antaño;

dichosos los setenta y dos, por haber desarrollado bien su primera misión:

los rostros resplandecen más que las lamparillas que iluminan las cabañas

construidas para este numeroso grupo de peregrinos.

En el centro está la cabaña de Jesús.

Dentro de ella, María con Margziam, que le ayuda a preparar la cena;

alrededor, las cabañas de los apóstoles.

En la de Santiago y Judas está María de Alfeo;

en la de Juan y Santiago, María Salomé con su marido;

en la que esta pegando a esta última, Susana con su marido,

que no es ni apóstol ni discípulo…

Oficial, pero que debe haber hecho valer su derecho de estar allí,

sobre la base de haber concedido a su mujer ser toda de Jesús.

Luego, alrededor, las de los discípulos, quién con familia, quién sin ella;

los que están solos -los más- se han agregado a uno o más compañeros.

Juan de Endor ha tomado consigo al solitario Hermasteo,

pero ha tratado de acercarse lo más posible a la cabaña de Jesús;

así es que Margziam va a menudo donde él, a llevar esto o aquello,

o a alegrarle con sus palabras de niño inteligente y feliz de estar con Jesús, María y Pedro,

y además en una fiesta.

Terminada la cena, Jesús se encamina hacia las laderas del monte de los Olivos.

Los discípulos le siguen en masa.

Aislados del runrún y la multitud, después de orar en común,

informan a Jesús más ampliamente de cuanto no han podido hacerlo antes

en medio de unos que iban y otros que venían.

Se revelan asombrados y contentos, mientras dicen:

–       ¿Sabes, Maestro, que por la fuerza de tu Nombre,

hemos dominado no sólo las enfermedades sino incluso a los demonios?

¡Qué cosa, Maestro!

¡Nosotros, nosotros, unos pobres hombres, por el simple hecho de que nos habías enviado Tú

podíamos liberar al hombre del espantoso poder de un demonio!…

y narran muchos casos, sucedidos en uno u otro lugar.

Sólo de uno dicen:

–       Sus familiares, para más exactitud su madre y unos vecinos,

lo trajeron a la fuerza a nuestra presencia.

Pero el demonio se burló de nosotros diciendo:

“He vuelto aquí por voluntad suya, después de que Jesús Nazareno me había expulsado,

y ya no me vuelvo a marchar de él, porque me ama más a mí que a vuestro Maestro

y me ha buscado de nuevo”.

Y, de repente, con una fuerza irresistible, arrancó al hombre de las manos del que lo sujetaba

y lo arrojó por una escarpada.

Corrimos a ver si se había reventado

Qué va, hombre!

Corría como una joven gacela, profiriendo blasfemias y palabras burlescas

que ciertamente no eran de este mundo…

Sentimos compasión de la madre…

¡Pero él! ¡Pero él! ¿Pero puede hacer eso el demonio?

Jesús dice afligido:

–       Eso y más todavía.

–       Quizás si hubieras estado Tú…

–       No.

A ese hombre le había dicho: “Ve y no quieras volver a caer en tu pecado”.

Ha querido.

Era consciente de querer el Mal y ha querido.

Está perdido.

El que sufre posesión por su primitiva ignorancia es distinto del que se deja poseer

sabiendo que, haciéndolo, se vende de nuevo al demonio.

No habléis de él.

Es un miembro amputado sin esperanza.

Es un voluntario del Mal.

Alabemos, más bien, al Señor por las victorias que os ha dado.

Yo sé el nombre del culpable y los nombres de los salvados.

Veía a Satanás caer del Cielo como un rayo por vuestro mérito unido a mi Nombre.

Porque he visto también vuestros sacrificios, vuestras oraciones,

el amor con que ibais a los desdichados para cumplir lo que Yo había indicado.

Habéis obrado con amor y Dios os ha bendecido.

Otros harán lo mismo que hacéis vosotros, pero sin amor,

y no obtendrán conversiones…

Mas no os alegréis por haber dominado a los espíritus,

alegraos porque vuestros nombres están escritos en el Cielo.

No los borréis jamás de allí…

–      Maestro,

¿Cuándo vendrán esos que no van a obtener conversiones?

¿Quizás cuando ya no estés con nosotros? 

–       No, Agapo.

En todo tiempo.

–        Es decir, ¿Incluso mientras nos adoctrinas y nos amas?

–        Sí.

Amaros, os amaré siempre, aunque estéis lejos de mí.

Mi amor llegará siempre a vosotros y lo sentiréis.

–        ¡Es verdad!

Yo lo sentí una tarde que estaba preocupado por no saber qué responder

a las preguntas de uno.

Ya estaba para marcharme avergonzado.

Pero me acordé de tus palabras:

“No temáis. En su momento se os darán las palabras que habréis de decir”,

te invoqué con mi espíritu.

Dije: “Sin duda Jesús me ama, así que pido el auxilio de su amor”

y me vino el amor…

Como un fuego, una luz… una fuerza…

El hombre estaba frente a mí, y me observaba y sonreía maliciosamente con ironía,

haciendo guiños a sus amigos;

se sentía seguro de vencer la disputa.

Abrí mi boca y fue como un torrente de palabras que salía con gozo de mi necia boca.

Maestro, ¿Viniste realmente o fue una ilusión?

No lo sé.

Sé que, al final, el hombre – y era un escriba- se ha arrojado a mi cuello diciéndome:

“Bienaventurado tú y quien te ha conducido a esta sabiduría”.

Me pareció una persona deseosa de buscarte. ¿Vendrá?

–       La idea del hombre es lábil como palabra escrita en el agua,

su voluntad se mueve cual ala de golondrina que revolotea en busca de la última comida del día.

De todas formas, ora por él…

Y… sí, fui a ti.

Y como tú, me tuvieron también Matías y Timoneo, Juan de Endor, Simón, Samuel y Jonás.

Quién advirtió mi presencia, quién no la advirtió; pero he estado con vosotros,

y estaré con quien me sirva en amor y verdad, hasta el final de los siglos.

–       Maestro, no nos has dicho todavía si entre los presentes habrá personas sin amor…

–       No es necesario saberlo.

Sería falta de amor por mi parte, indisponeros hacia un compañero que no sabe amar.

–       ¿Pero hay?

Esto sí lo puedes decir…

–        Hay.

El amor es la cosa más sencilla, dulce e infrecuente que hay;

no siempre arraiga, aunque haya sido sembrado.

–        Pero, si no te amamos nosotros,

¿Quién te puede amar?

Casi hay indignación en los apóstoles y discípulos, que se alborotan, descontentos,

por la sospecha y el dolor.

Jesús baja los párpados.

Y con sus ojos cela también su mirada para que no señale a nadie.

Eso sí, hace su gesto de resignación, el gesto dulce y triste de sus manos,

que se abren con las palmas hacia arriba;

su gesto de resignada confesión, de resignada constatación,

y dice:

–        Así debería ser.

Pero no es así.

Muchos todavía no se conocen.

Pero Yo sí los conozco y siento compasión de ellos.

Pedro pregunta:

–        ¡Oh!

¡Maestro, Maestro!

¿No seré yo, eh? 

Mientras se pega literalmente a Jesús, aplastando al pobre Margziam entre sí y el Maestro.

Y echa sus brazos cortos y robustos a los hombros de Jesús.

Y lo agarra y lo menea, enloquecido por el terror de ser uno que no ama a Jesús.

Jesús abre sus ojos, luminosos a pesar de estar tristes.

Y mira el rostro interrogativo y aterrorizado de Pedro,

y le dice:

–        No, Simón de Jonás, tú no eres;

tú sabes amar y sabrás amar cada vez más;

tú eres mi Piedra, Simón de Jonás,

una buena piedra, sobre la cual apoyaré las cosas que más quiero.

y estoy seguro de que las sostendrás imperturbable.

–       ¿Y entonces?,

–       ¿Yo?,

–       ¿Yo?

Las preguntas se repiten de boca en boca, como el eco.

–        ¡Calma!

¡Calma! Estad tranquilos y esforzaos en poseer todos el amor.

–        Pero, de nosotros,

¿Quién sabe amar más?

Jesús extiende su mirada (una caricia sonriente) a todos…

luego baja su mirada y la posa en Margziam, que sigue apretado entre Él y Pedro,

y apartando un poco a Pedro y poniendo al niño de cara a la pequeña muchedumbre,

dice:

–        Éste es el que más sabe amar de vosotros.

El niño.

No os acongojéis, de todas formas,

los que tenéis ya barba en la cara e hilos canos en los cabellos.

Todo el que renace en Mí se hace “un niño”.

¡Marchaos en paz!

Alabad a Dios, que os ha llamado,

porque verdaderamente veis con vuestros ojos los prodigios el Señor.

Bienaventurados los que vean lo que vosotros veis.

Porque os digo que muchos profetas y reyes anhelaron ver lo que vosotros veis y no lo vieron,

y muchos patriarcas habrían querido saber lo que vosotros sabéis y no lo supieron,

y muchos justos habrían querido escuchar lo que vosotros oís y no pudieron escucharlo.

Mas, de ahora en adelante, los que me amen sabrán todo.

–       ¿Y después, cuando te vayas, como dices?

–       Después hablaréis vosotros por mí.

Y luego…

¡Oh, las grandes formaciones, no por número sino por gracia,

de los que verán, sabrán y escucharán lo que vosotros ahora veis, sabéis y oís!

¡Oh, las grandes, amadas formaciones de mis “pequeños-grandes”!

¡Ojos eternos, mentes eternas, oídos eternos!

¿Cómo explicaros a vosotros que estáis en torno a mí lo que será este eterno vivir

-más que eterno, sin medida- de los que me amarán y por mí serán amados

Nacimiento del Estado de Israel 14 de mayo de 1948

hasta el punto de abolir el tiempo, y serán los “ciudadanos de Israel”

aunque vivan cuando ya Israel no sea sino un recuerdo de nación-,

los contemporáneos de Jesús vivo en Israel?

Estarán conmigo, en Mí,

hasta el punto de conocer lo que el tiempo ha borrado y la soberbia ha confundido.

¿Qué nombre les daré?

Vosotros apóstoles, vosotros discípulos, los creyentes serán llamados “cristianos”.

¿Y éstos? ¿Qué nombre tendrán éstos?

Un nombre conocido solamente en el Cielo.

¿Qué premio tendrán ya en la Tierra? Mi beso, mi voz, el calor de mi carne.

Todo, todo, todo Yo mismo. Yo, ellos. Ellos, Yo.

20. y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí. GÁLATAS 2

¡La comunión total…

Podéis iros.

Yo me quedo aquí a deleitar mi espíritu en la contemplación de mis futuros conocedores

y amantes absolutos.

La paz sea con vosotros.

282 PARÁBOLA DEL RICO NECIO


249 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está en una de las colinas de la ribera occidental del lago

Ante sus ojos se muestran las ciudades o los pueblos diseminados por las riberas de una u otra orilla;

pero, exactamente debajo de la colina, están Magdala y Tiberíades:

la primera, con su barrio de lujo, lleno de jardines,

separado netamente de las pobres casas de los pescadores, campesinos y gente humilde,

por un pequeño torrente que ahora está completamente seco;

la otra, espléndida en todas sus partes, es una ciudad que ignora todo lo que sea miseria y decadencia;

ríe, bonita y nueva, bajo el sol, frente al lago.

Entre ambas ciudades, las huertas, pocas pero bien cuidadas, de la breve llanura,

y luego la ascensión de los olivos a la conquista de las colinas.

A espaldas de Jesús, desde esta cima, se ve el paso de forma de silla de montar del monte de las Bienaventuranzas,

por cuya base discurre el camino de primer orden que va desde el Mediterráneo hasta Tiberíades.

Quizás por esta cercanía de un camino principal muy transitado,

Jesús ha elegido esta localidad a la que las personas pueden llegar desde muchas ciudades del lago

o de la zona interna de Galilea,

y desde la cual, cuando anochece, es fácil volver a las propias casas

o hallar alojamiento en muchos pueblos.

Y la temperatura es moderada, debido a la altura y a los árboles agrestes que en la cima han sustituido a los olivos.

Efectivamente, hay mucha gente además de los apóstoles y discípulos.

Gente que tiene necesidad de Jesús para la salud, para pedir consejos;

gente que ha venido por curiosidad; gente traída por amigos o que ha venido por espíritu de imitación.

En fin, mucha gente.

Las jornadas, que ya no son caniculares sino que tienden a las enervadas gracias del otoño,

invitan más que nunca a peregrinar en busca del Maestro.

Jesús ha curado ya a los enfermos y ha dirigido su palabra a la gente.

Ha hablado ciertamente sobre el tema de las riquezas adquiridas con injusticia,

sobre el desapego de la riqueza, requerido en todos para ganarse el Cielo,

indispensable en quien quiere ser discípulo suyo.

Ahora está respondiendo a las preguntas de algunos discípulos ricos, que están un poco  turbados por estas cosas.

El escriba Juan dice:

–        ¿Entonces debo destruir lo que tengo, despojando a los míos de lo suyo?

Jesús responde:

–        No.

Dios te ha dado unos bienes.

Haz que sirvan a la Justicia y sírvete de ellos con justicia.

O sea, socorre con esos bienes a tu familia: es un deber;

trata con humanidad a los siervos: es caridad;

favorece a los pobres;

ofrece tu ayuda para aliviar las necesidades de los discípulos pobres.

Obrando así, tus riquezas no te serán motivo de tropiezo; antes bien, te servirán de ayuda.

Luego, dirigiéndose a todos, dice:

–        En verdad os digo que puede correr el mismo riesgo de perder el Cielo,

por amor a las riquezas hasta el más pobre de mis discípulos, sacerdote mío,

si falta a la justicia haciendo pactos con el rico.

El rico y malvado intentará muchas veces seduciros con donativos para teneros de su parte

y para que consintáis su modo de vivir y su pecado.

Y habrá ministros míos que cedan a la tentación de los donativos.

No debe ser así

Aprended del Bautista.

Poseía, sin ser ni juez ni magistrado, la perfección de ambos indicada por el Deuteronomio:

“No harás acepción de personas, no aceptarás donativos, que ciegan los ojos de los prudentes

y alteran las palabras de los justos”.

Demasiadas veces el hombre deja embotar el filo de la espada de la justicia, con el oro que un pecador extiende encima.

No, no debe ser así.

Sabed ser pobres, sabed saber morir,

pero no pactéis nunca con el pecado; ni siquiera con la disculpa de usar el oro en pro de los pobres.

Es oro maldito, no les acarrearía ningún bien; es oro de pacto infame.

Sois constituidos discípulos para ser maestros, médicos y redentores.

¿Qué seríais si os hicierais aprobadores del mal por interés?

Maestros de mala ciencia, médicos que quitan la vida al enfermo,

cooperadores en la ruina de los corazones, en vez de redentores.

Uno de entre la multitud se abre paso,

y dice:

–        No soy discípulo, pero te admiro.

Responde, pues, a esta pregunta: ¿Puede uno retener el dinero de otro?

–         No, hombre;

es hurto, igual que quitarle la bolsa a un viandante.

–       ¿También cuando es dinero de la familia?

–        También.

No es justo que una persona se apropie del dinero de la comunidad.

–        Entonces, Maestro…

Ven a Abelmaín, en el camino de Damasco.

Manda a mi hermano que reparta conmigo la herencia de nuestro padre,

muerto sin haber dejado escrita palabra alguna.

Se ha quedado con toda.

Considera, además, que somos gemelos, nacidos de un primer y único parto.

Tengo, pues, los mismos derechos que él.

Jesús lo mira y dice:

–        Es una triste situación.

Está claro que tu hermano no se está comportando bien.

De todas formas, lo único que puedo hacer es orar por ti.

Y más aún, por él, para que se convierta.

Y puedo ir a tu ciudad a evangelizar y así tocar su corazón.

No me pesa el camino, si puedo poner paz entre vosotros.

El hombre salta encolerizado:

–        ¿Y para qué me sirven tus palabras?

¡Mucho más que palabras hace falta en este caso!

–        Pero no me has dicho que le ordene a tu hermano que…

–        Mandar no es evangelizar.

La orden siempre va unida a una amenaza.

Amenázalo con hacerle algún mal a su físico, si no me da lo mío.

Puedes hacerlo.

De la misma forma que devuelves la salud, puedes inducir la enfermedad.

–         Hombre, he venido a convertir, no a herir.

Si tienes fe en mis palabras hallarás paz.

–       ¿Qué palabras?

–        Te he dicho que oraré por ti y por tu hermano, para consuelo tuyo y conversión suya.

–        ¡Cuentos! ¡Cuentos!

No soy tan simplón como para creer en ellos.

Ven y ordena.

Jesús, cuya actitud era mansa y paciente, adquiere un aspecto majestuoso y severo.

Se yergue -antes estaba un poco curvado hacia este hombre bajo, corpulento y encendido de ira,

Y dice:

–        ¿Hombre, ¿Quién me ha constituido juez y árbitro entre vosotros?

Ninguno.

De todas formas, para zanjar una división entre dos hermanos, había aceptado ir,

para ejercer mi misión de pacificador y redentor.

Si hubieras creído en mis palabras, al regreso a Abelmaín habrías encontrado ya convertido a tu hermano.

No sabes creer.

Y no se te dará e1 milagro.

Si hubieras podido ser el primero en hacerte con el tesoro, te habrías quedado con él

y le habrías dejado sin nada a tu hermano;

porque en verdad, de la misma forma que habéis nacido gemelos,

tenéis gemelas las pasiones.

Y tanto tú como tu hermano tenéis un solo amor: el oro, una sola fe: el oro.

Quédate, pues, con tu fe.

Adiós.

El hombre se marcha maldiciendo a Jesús, con escándalo de todos, que querrían darle un escarmiento.

Pero El se opone.

Dice:

–        Dejad que se marche.

¿Por qué queréis mancharos las manos pegando a un hombre brutal?

Yo perdono porque está poseído por el demonio del oro que lo pervierte.

Perdonad también vosotros.

Oremos más bien por este infeliz,

para que vuelva a ser un hombre de alma adornada de libertad.

–        Es cierto.

Su avaricia le ha puesto incluso una cara horrenda.

–        ¿Has visto?

Se preguntan unos a otros los discípulos y la gente que estaba cerca del avaro.

–        ¡Es verdad!

        ¡Es verdad!

–        No parecía el mismo de antes.

–        Sí.

Y luego, cuando ha rechazado al Maestro y que casi le ha pegado mientras lo maldecía,

su cara era de demonio.

–        Un demonio tentador.

Estaba tentando al Maestro a la maldad.  

Jesús dice:

–      Escuchad

Verdaderamente las alteraciones del alma se reflejan en la cara

Es como si el demonio aflorase a la superficie de la persona poseída.

Pocos son los que son demonios y no dejan ver eso que en realidad son,

con hechos o  con el aspecto.

Y estos pocos son los perfectos en el mal,

los perfectamente poseídos.

Por el contrario, el rostro del justo es siempre hermoso, aunque físicamente sea deforme,

por una belleza sobrenatural que se expande de dentro hacia afuera;

siendo así que -y no es una forma de hablar, sino cosas reales- observamos en quien no está

contaminado de vicios, una frescura incluso en su carne.

El alma está en nosotros y nos abraza por completo.  

Y el hedor de un alma corrompida corrompe también el cuerpo,

JUDAS CON POSESIÓN DIABÓLICA PERFECTA (este actor se le parece un poco, porque el apóstol era  más hermoso)

Esto NO es lenguaje figurado…

La misericordia de Dios nos protege de muchas cosas y la maldad REAL que nos rodea,

ABBA no permite que la veamos porque no lo soportaríamos.

Pero para los que ya están entrenando sus sentidos espirituales,

PREPÁRENSE

porque todas las películas de muertos vivientes se quedan cortas.  Los leprosos espirituales por la lujuria, se ven más o menos así y éste está guapo...  

y si los racistas pudieran verse como en realidad SON,

desearían tener la belleza de lo que más odian, porque no sólo se ven asquerosos, 

su HEDOR es insoportable.  

El cuerpo físico se lo van a comer los gusanos;

el CUERPO ESPIRITUAL

Cuerpo, alma y espíritu que están unidos en el cerebro y sus funciones son coordinadas por las neuronas…

es el que debemos  ejercitar SIN CESAR,

para ser aceptables un poco a nosotros mismos…

Porque cuando admiramos por primera vez a nuestro ángel custodio

y aspiramos su perfume celestial,

tenemos un ligero bosquejo de la majestuosa Belleza divina de Jesús…

Hasta que lo conocemos bien…

Y constatamos cada vez más, nuestra patética miseria…

el MARTIRIO ES EL ÚNICO QUE NOS DEVUELVE,

la perfección con que Dios nos creó…

“SU DIOS ES MI DIOS” Uno de los 21 ejecutados por ISIS no era Cristiano Copto. Se volvió Cristiano al ver la inmensa FE de los otros 20 mártires. Como no negó a Jesucristo, también fue decapitado y llegó al Cielo, con boleto express.

Y nos abre inmediatamente el Cielo…

mientras que el perfume de un alma pura preserva.

El alma corrompida impulsa a la carne a pecados obscenos.

Y éstos avejentan y deforman;

el alma pura impulsa a la carne a una vida pura.

Y ello conserva la lozanía y comunica majestuosidad.

Haced que en vosotros permanezca la juventud pura del espíritu.

Pentecostés: el Bautismo de Fuego, con el Poder del Espíritu Santo

O que resucite si la perdisteis.

Y estad atentos a guardaros de todo apetito desenfrenado,

tanto de sensualidad como de poder.

La vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posee; 

ni ésta ni mucho menos la otra, la eterna.

Depende de su forma de vivir.

Y, con la vida, la felicidad en esta tierra y en el Cielo.

Porque el vicioso no se siente nunca feliz, realmente feliz;

pero el virtuoso siempre, con una felicidad celeste, aunque sea pobre y esté solo.

Ni siquiera la muerte impresiona al virtuoso, porque no siente culpas ni remordimientos,

que le hagan temer el encuentro con Dios.

Ni añoranzas de lo que deja en esta tierra.

Él sabe que en el Cielo está su tesoro, de forma que, como quien va a recibir la herencia

que le corresponde -herencia santa además-, se encamina dichoso y diligente al encuentro

de la muerte, que le abre las puertas de aquel Reino en que está su tesoro.

Empezad inmediatamente a acumular vuestro tesoro.

Ya desde la juventud los que sois jóvenes.

Trabajad  incansablemente, vosotros ancianos, que por la edad tenéis más cercana la muerte;

y, puesto que la muerte es plazo ignorado.

Y frecuentemente sucede que fallece antes el niño que el anciano,

no aplacéis el trabajo de haceros un tesoro de virtudes y buenas obras en la otra vida,

para que no os llegue la muerte sin que hayáis acumulado un tesoro de méritos en el Cielo.

Hay muchos que dicen:

“¡Soy joven y fuerte!

Por ahora gozaré en la tierra. Más adelante me convertiré”.

¡Gran error! 

Escuchad esta parábola.

Un hombre rico había obtenido mucho fruto de sus campos.

Verdaderamente una cosecha portentosa.

Entonces se puso a contemplar, dichoso,

toda esta exuberancia que se acumulaba en sus campos y en sus eras

y que no cabía en los graneros;

tanto que ocupaba improvisados cobertizos y hasta habitaciones de la casa.

Y dijo: “He trabajado como un esclavo, pero la tierra no me ha defraudado.

He trabajado por diez cosechas.

Ahora quiero descansar otros tantos años. 

¿Cómo haré para dejar bien acondicionada toda esta recolección?

No quiero vender una parte, porque me auto-obligaría a  trabajar,

para cosechar otra vez el año que viene.

Ya sé: voy a derruir mis graneros y voy a hacer otros más grandes,

de forma que quepa todo lo cosechado y todos mis bienes;

luego diré a mi alma:

“¡Oh, alma mía, tienes acumulados bienes para muchos años.

Descansa, pues. Come, bebe, goza”‘.

Éste, como muchos, confundía el cuerpo con el alma, mezclaba lo sagrado con lo profano;

porque la verdad es que en las comilonas y el ocio el alma no goza antes bien, languidece.

Éste también, como muchos tras la primera buena cosecha en los campos del bien,

se paraba, pareciéndole que había hecho todo.

¿No sabéis que cuando se pone la mano en el arado es necesario perseverar,

uno, diez, cien años,

todo lo que dure la vida, porque detenerse es delito hacia uno mismo?

Efectivamente, uno se niega una gloria mayor.

¿Y no sabéis que es retroceder?

En efecto, quien se detiene,

“El fruto del silencio, es la Oración. El fruto de la Oración, es la FE; el fruto de la Fe, es el Amor; el fruto del Amor, es el Servicio y el fruto del Servicio, es la Paz.” Teresa de Calcuta

generalmente no sólo no sigue adelante, sino que se vuelve para atrás.

El tesoro del Cielo tiene que aumentar año tras año para ser bueno

porque, si es cierto que la Misericordia será benigna con quien tuvo pocos años para atesorar,

cierto es también que no será cómplice de los perezosos que, disponiendo de larga vida, hacen poco.

Es un tesoro en continuo aumento.

Si no, deja de ser fructífero para hacerse pasivo.

Y ello va en detrimento de una inmediata paz del Cielo.

Dios dijo al necio:

“Hombre necio, que confundes el cuerpo y los bienes de la tierra con lo que es espíritu

y de una gracia de Dios te procuras un daño:

has de saber que esta misma noche se te pedirá el alma y te será arrebatada.

y el cuerpo yacerá inerte.

¿De quién va a ser cuanto has preparado?

¿Podrás llevártelo contigo? No.

Dejarás la tierra y vendrás a mi presencia desnudo de terrenas recolecciones

y de obras espirituales, y serás pobre en la otra vida.

Mejor hubiera sido para ti hacer con tus cosechas Obras de Misericordia para el prójimo

y para ti mismo, pues siendo misericordioso con los demás lo hubieras sido también con tu alma.

Y, en vez de nutrir pensamientos ociosos, cultivar actividades que te hubieran acarreado un 

honesto provecho para tu cuerpo y grandes méritos para tu alma, hasta que Yo te hubiera llamado”.

Y el hombre murió durante la noche y fue severamente juzgado
En verdad os digo que esto es lo que le sucede a quien atesora para sí

y no se enriquece ante los ojos de Dios.

Ahora marchaos.

Y haced tesoro con la doctrina que se os da.

La paz sea con vosotros.

Jesús bendice y se retira con apóstoles y discípulos a una espesura del bosque

para comer y descansar.

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269 EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO


269 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús, que se había retirado a la cocina para beber un poco de agua,

se asoma a la puerta a tiempo de oír la trillada y necia acusación farisaica:

«Éste no es más que un Belcebú, porque los demonios le obedecen.

El gran Belcebú, su padre, le ayuda.

Y arroja los demonios con la acción de Belcebú, príncipe de los demonios, no con otra cosa».

Jesús baja los dos pequeños escalones de la puerta y avanza unos pasos;

erguido, severo, sereno, para detenerse justo frente al grupo escribo-farisaico;

fija en ellos, su mirada penetrante.

Y les dice:

–       Vemos que incluso en este mundo un reino dividido en facciones contrarias,

se hace internamente débil, fácil presa de la agresión

y acción devastadora de los estados vecinos.

y éstos lo esclavizan.

Ya en este mundo vemos que una ciudad dividida en partes contrarias. pierde el bienestar.

Lo mismo se diga de una familia cuyos miembros estén divididos por el odio:

se desmorona, se convierte en una fragmentación que a nadie sirve,

irrisión para los ciudadanos.

La concordia, además de deber, es astucia;

porque mantiene la independencia, la fuerza, el afecto.

Esto es lo que deberían meditar los patriotas, los ciudadanos, los miembros de una familia,

cuando, por el capricho de un determinado beneficio,

se ven tentados a las siempre peligrosas opresiones y separaciones, peligrosas

porque se alternan con los partidos y destruyen los afectos.

17. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Ezequiel 28

es ésta, en efecto, la astucia que ejercitan los Dueños del Mundo.

Observad a Roma, observad su innegable poder, tan penoso para nosotros.

Domina el mundo.

Pero está unida en un único parecer, en una sola voluntad: “dominar”.

Entre ellos habrá también, sin duda, contrastes, antipatías, rebeliones.

Pero estas cosas están en el fondo.

En la superficie hay un único bloque, sin fisuras, sin agitaciones.

Todos quieren lo mismo y obtienen resultados por este querer.

y los obtendrán mientras sigan queriendo lo mismo.

Mirad este ejemplo humano de astucia cohesiva y pensad:

si estos hijos del siglo son así,

¿Qué no será Satanás?

Para nosotros ellos son diablos y sin embargo, su satanismo pagano no es nada,

respecto al perfecto satanismo de Satanás y sus demonios.

En aquel reino eterno, sin siglo, sin final, sin límite de astucia y maldad;

en ese lugar en que es gozo el hacer el mal a Dios y a los hombres.

Hacer el mal es el aire que respiran, es su doloroso gozo, único, atroz.

Se ha alcanzado con perfección maldita la fusión de los espíritus;

unidos en una Sola voluntad: “hacer el mal”.

Ahora bien, si -como pretendéis sostener para insinuar dudas acerca de mi poder-

me ayuda Satanás porque Yo soy un belcebú menor,

¿No entra Satanás en conflicto consigo mismo y con sus demonios

al arrojarlos de sus poseídos?

¿Y estando en conflicto consigo mismo, podrá perdurar su reino?

19. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno. 1 de Juan 5

No, no es así.

Satanás es astutísimo y no se perjudica a sí mismo.

Su intención es extender su reino en los corazones, no reducirlo.

Su vida consiste en “robar – hacer el mal – mentir – agredir – turbar”.

Robar almas a Dios y paz a los hombres.

Hacer el mal a las criaturas del Padre, dándole así dolor.

Mentir para descarriar.

Agredir para gozar.

Turbar porque es el Desorden.

No puede cambiar: es eterno en su ser y en sus métodos.

Pero, responded a esta pregunta:

Si Yo arrojo los demonios en nombre de Belcebú,

29. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» Mateo 8

¿En nombre de quién los arrojan vuestros hijos?

¿Querríais confesar que también ellos son belcebúes?

Si lo decís, os juzgarán calumniadores.

Y aunque su santidad llegue hasta el punto de no reaccionar ante esta acusación,

habréis emitido veredicto sobre vosotros mismos,

al  confesar que creéis tener muchos demonios en Israel.

Y os juzgará Dios en nombre de los hijos de Israel acusados de ser demonios.

Por tanto, venga de quien venga el juicio, en el fondo serán ellos vuestros jueces,

donde el juicio no sufre soborno de presiones humanas.

Y si, como es verdad, arrojo los demonios por el Espíritu de Dios,

14. Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.» Éxodo 3

prueba es de que ha llegado a vosotros el Reino de Dios y el Rey de este Reino.

Rey que tiene un poder tal,

que ninguna fuerza contraria a su Reino le puede oponer resistencia.

Así que ato y obligo a los usurpadores de los hijos de mi Reino,

a salir de los lugares ocupados y a devolverme la presa para que Yo tome posesión de ella.

¿No es así como hace uno que quiere entrar en la casa de un hombre fuerte,

para arrebatarle los bienes, bien o mal conseguidos?

Eso hace.

Entra y lo ata.

Una vez que lo ha atado, puede desvalijar la casa.

Yo ato al ángel tenebroso, que me ha arrebatado lo que me pertenece.

Y le quito el bien que me robó

Sólo Yo puedo hacerlo, porque sólo Yo soy el Fuerte, el Padre del siglo futuro,

el Príncipe de la Paz.  

Un escriba le pregunta:

–       Explícanos lo que quieres decir con “Padre del siglo futuro”.

¿Es que piensas vivir hasta el próximo siglo y mayor necedad aún,

piensas crear el tiempo, Tú, que no eres más que un pobre hombre?

El tiempo es de Dios.  

Jesús lo mira con severidad, al responder:

–       ¿Y me lo preguntas tú, escriba?

¿Es que no sabes que habrá un siglo que tendrá principio pero no tendrá fin.?

¿Y que será el mío?

En él, triunfaré congregando en torno a Mí a aquellos que son sus hijos.

Y vivirán eternos como el siglo que crearé;

que ya estoy creando estableciendo al espíritu por encima de la carne,

del mundo y de los seres infernales, porque todo lo puedo.

Por esto os digo que quien no está conmigo está contra Mí.

Y que quien conmigo no recoge desparrama.

Porque Yo Soy el que Soy.

Y quien no cree esto, que ya ha sido profetizado, peca contra el Espíritu Santo;

cuya palabra fue pronunciada por los Profetas sin mentira ni error

y debe ser creída sin resistencia.

Porque os digo que todo les será perdonado a los hombres:

Todo pecado, toda blasfemia; porque Dios sabe que el hombre no es sólo espíritu, 

sino también carne.

Y carne tentada sometida a imprevistas debilidades.

Pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.

Uno hablará contra el Hijo del hombre y será todavía perdonado,

porque el peso de la carne que  envuelve a mi Persona

y que envuelve al hombre que contra mí habla puede también inducir a error.

Pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en ésta ni en la vida futura,

porque la Verdad es eso que es:

El Don de Discernimiento de Espíritus

Es neta, santa, innegable.

Y es manifestada al espíritu de una manera que no induce a error.

Otra cosa es que yerren aquellos que, queriéndolo, quieren el Error.

Negar la Verdad dicha por el Espíritu Santo es negar la Palabra de Dios

y el Amor, que ha dado esa Palabra por amor hacia los hombres.

Y el pecado contra el Amor no se perdona.

Pero cada uno da los frutos de su árbol.

Vosotros dais los vuestros, que no son buenos.

Si dais un árbol bueno para que lo planten en el huerto, dará buenos frutos;

sin embargo, si dais un árbol malo, malo será el fruto que de él se recogerá.

Y todos dirán: “Este árbol no es bueno”.

Porque el árbol se conoce por el fruto.

¿Cómo creéis que podéis hablar bien vosotros, que sois malos?

Porque la boca habla de lo que llena el corazón del hombre.

Sacamos nuestros actos y palabras de la sobreabundancia  de lo que tenemos en nosotros.

El hombre bueno saca de su tesoro bueno cosas buenas;

el malo, de su tesoro malo, saca las cosas malas.

Y habla y actúa según su interior.

En verdad os digo que ociar es pecado, pero mejor es ociar que hacer obras malas.

Y os digo también que es mejor callar que hablar ociosamente y con maldad.

Aunque vuestro silencio fuera ocio, guardad silencio antes que pecar con la lengua.

Os aseguro que de toda palabra dicha vanamente,

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

se pedirá a los hombres justificación en el día del Juicio.

Y que por sus palabras serán justificados los hombres.

Y también por sus palabras serán condenados.

¡Cuidado, por tanto, vosotros, que tantas decís más que ociosas!,

Pues que son no sólo ociosas sino activas en el mal…

Y con la finalidad de alejar a los corazones de la Verdad  que os habla.

Los fariseos consultan a los escribas y luego, todos juntos, fingiendo cortesía,

solicitan:

–       Maestro, se cree mejor en lo que se ve.

Danos, pues, una señal para que podamos creer que eres lo que dices.

–       ¿Veis como en vosotros está el pecado contra el Espíritu Santo,

que repetidas veces me ha señalado como Verbo encarnado?

Este es mi Hijo amado, ESCUCHADLE…

Verbo y Salvador, venido en el tiempo establecido;

precedido y seguido por los signos profetizados; obrador de lo que el Espíritu dice.

Ellos responden:

–       Creemos en el Espíritu, pero

¿Cómo podemos creer en Ti, si no vemos un signo con nuestros ojos?

-¿Cómo podéis entonces creer en el Espíritu, cuyas acciones son espirituales,

si no creéis en las mías, que son sensibles a vuestros ojos?

Mi vida está llena de ellas.

¿No es suficiente todavía?

No. Yo mismo respondo que no.

No es suficiente todavía.

A esta generación adúltera y malvada, que busca un signo,

se le dará sólo uno: el del profeta Jonás.

Efectivamente, de la misma forma que Jonás estuvo durante tres días en el vientre de la ballena,

el Hijo del hombre estará tres días en las entrañas de la tierra.

En verdad os digo que los ninivitas resucitarán en el día del Juicio, como todos los hombres.

Y se alzarán contra esta generación y la condenarán,

porque les predicó Jonás e hicieron penitencia y vosotros no.

Y aquí hay Uno mayor que Jonás.

Así también, resucitará y se alzará contra vosotros la Reina del Mediodía,

y os condenará.

Porque ella vino desde los últimos  confines de la Tierra, para oír la sabiduría de Salomón;

y aquí hay Uno mayor que Salomón.

–       ¿Por qué dices que esta generación es adúltera y malvada?

No lo será más que las otras.

Hay los mismos santos que había en las otras.

El todo israelita no ha cambiado.

¡Nos ofendes!

–       Os ofendéis vosotros mismos al dañar vuestras almas;

porque las alejáis de la Verdad, y por tanto de la Salvación.

Os respondo lo mismo.

1. Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles; 2. los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, 3. desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, 4. traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, 5. que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos. 6. A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones, 2 de Timoteo”

Esta generación no es santa sino en las vestiduras y en lo externo;

por dentro no es santa.

En Israel existen los mismos nombres para significar las mismas cosas,

pero no existe la realidad de las cosas;

existen los mismos usos, vestiduras y ritos, pero falta el espíritu de estas cosas.

Sois adúlteros porque habéis rechazado el sobrenatural desposorio con la Ley divina 

y os habéis desposado, con una segunda adúltera unión, con la ley de Satanás.

Sois circuncisos sólo en un miembro efímero, el corazón ya no es circunciso.

Y sois malos, porque os habéis vendido al Maligno.

He dicho.

268 PIEDRA DE TROPIEZO


268 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es el mismo escenario del capítulo anterior.

El Espíritu Santo nos ha traído esta vez, a testimoniar lo sucedido;

después que termina la semana de trabajo, de Jesús en Corozaím

Jesús se está despidiendo de la viuda.

Tiene ya de la mano al pequeño José y dice a la mujer:

–       No vendrá nadie antes de mi regreso.

A menos que sea un gentil.

De todas formas, quienquiera que venga que espere hasta pasado mañana;

dile que vendré sin falta.

–       Lo diré, Maestro.

Si hay enfermos, les daré hospedaje, como me has enseñado.

–       Adiós, entonces.

La paz sea con vosotros.

Ven, Mannaém.

Al parecer han venido a ver a Jesús a Corozaím gente enferma y desgraciada.

Y a la evangelización del trabajo Jesús ha añadido la del milagro.

Si Corozaím sigue indiferente, además de incomprensible;

es verdaderamente señal de que es terreno agreste e incultivable.

No obstante, Jesús la atraviesa, saludando a los que le saludan,

con su característica amabilidad, como si tal cosa;

para seguir hablando con Mannaém

que estaba dudando sobre si volver a Maqueronte o quedarse una semana más…

Pero finalmente prevaleció su amor por el Maestro.

Mientras tanto en la casa de Cafarnaúm, se preparan para el sábado.

Mateo, cojeando todavía un poco, recibe a sus compañeros,

los asiste ofreciéndoles agua y fruta fresca;

mientras se interesa por sus respectivas misiones.  

Todos hacen comentarios diversos e interesantes,

de lo que ha significado su primera semana cómo apóstoles;

misioneros con el poder pleno otorgado por Jesús.

El Poema del Hombre-Dios

Y para no confundirnos con nuestro relato,

que muchos de nuestros amados hermanitos en Cristo están siguiendo, junto con nosotros,

basado en la Obra Valtortiana que hemos retomado, para esta

evangelización sobre los Carismas…

Y que cualquiera de vosotros que ya están ejerciendo

las capacidades de vuestro cuerpo espiritual;como Templos vivientes del Espíritu Santo…

¡Y ya están VIVIENDO la experiencia gloriosa, de vivir el Cielo en la Tierra!

SABEN lo inefable que es,

manejar la extensión de nuestra personalidad,

cuando nuestro ABBA nos lleva sacándonos del tiempo,

para entrar en su ¡Increíble y maravillosa Eternidad!

Y esto lo pueden comprobar los que ya vivieron su Pentecostés personal;

para testificar la veracidad de las Sagradas Escrituras.

LOS TIEMPOS SON TAN GRAVES

que no se sorprendan si ABBA les dice que dejen el turismo histórico arqueológico

para cuando dejemos a Satanás noqueado,

luego del Triunfo del Corazón Inmaculado de nuestra Madrecita…

Los viajes astrales son promovidos y guiados por el Demonio… Nosotros lo hacemos sin riesgo alguno, porque es ABBA el que nos lleva

Aunque si ABBA decide darles una ‘probadita‘ de Eternidad..

Y les permite vivir un reportaje, siguiendo en vivo una jornada del Hombre-Dios

confirmando la veracidad de estos relatos y aumentando la cantidad de testigos,

que como  almas víctimas y corredentoras, nos convertimos en

los Apóstoles y Profetas, de los Últimos Tiempos

Por eso no llamamos “visiones” a lo que NO ES una experiencia subjetiva,

SINO REAL, 

Ya que cuando viajamos sobrenaturalmente;

a la velocidad del pensamiento;

con nuestros sentidos corporales y espirituales totalmente despiertos…  

¡Esto no es imaginario!

Y está SUCEDIENDO. 

Pues bién, el episodio siguiente, coloreado en azul,

pasó después de la disputa con los fariseos

pero lo adelantamos un poco, por razones de continuidad y comprensión

Y tomando de la mano al niño, entre Él y Mannaém,

se va rápido por la campiña en dirección a Cafarnaúm.

Llegan cuando ya los apóstoles están ahí.

Pedro recibe a Jesús…

Y le es confiado el pequeño José,

porque Jesús decide atender primero a los que lo han estado esperando…

Y es esto precisamente, lo que produce la amarga y triste disputa con los Fariseos….

Después de esto último…

Y  luego que han pasado algunas horas…

Cuando ya está avanzada la tarde…

Sentados en la terraza, a la sombra del emparrado,

cuentan a Mateo que todavía no está curado, sus hazañas.

Se voltean al oír el ruido de pasos en la escalera y ven la rubia cabellera de Jesús,

que va emergiendo sobre la barda de la terraza.   

Corren hacia Él, que los recibe con una sonrisa.

Y se quedan como estatuas cuando ven que detrás de Él, viene un niño pobre.

La presencia de Mannaém, con su vestido blanco de lino muy fino;

ceñido con un cinturón adornado con oro y piedras preciosas.

Cubierto con un manto rojo fuego tan brillante, que parece de seda

y le cae sobre la espalda como una cauda.

Lleva un turbante de viso sostenido con una delgada lámina de oro burilada,

que le pasa por la mitad de la ancha frente, dándole el aire de un rey egipcio…

Impide la avalancha de preguntas.

Pero con los ojos las hacen muy claras.

No obstante se reponen de la sorpresa…

Y después de haberse saludado recíprocamente y ya sentados alrededor de Jesús;

los apóstoles le preguntan señalando al niño:

–   ¿Y éste?

Jesús contesta explicando:

–     Éste es mi última conquista.

Josesito, carpintero como José, el que fue mi padre.

Por esto lo quiero muchísimo, como él a Mí también.

¿No es verdad chiquito?

Ven aquí.

Te presento a estos amigos míos, de los que has oído hablar tanto.

Éste es Simón-Pedro, el hombre más bueno con los niños que puedas imaginar.

Y éste es Juan: un niño grande que te hablará de Dios, en medio de los juegos.

Y éste es Santiago su hermano, serio y bueno como un hermano mayor.

Éste es Andrés, hermano de Simón-Pedro;

estarás muy bien con él, porque es paciente como un cordero.

Aquí tienes a Simón Zelote:

a éste le gustan mucho los niños que no tienen padre.

Y creo que giraría por toda la tierra para buscarlos, si no estuviese conmigo.

Éste es Judas de Simón y junto a él, Felipe de Betsaida y Nathanael.

¿Ves como te miran?

Ellos también tienen niños y les gustan mucho los niños.

Éstos son mis hermanos, Santiago y Judas:

Aman todo lo que amo y por eso te amarán.

Ahora vamos con Mateo, que tiene fuertes dolores en el pie y con todo;

no guarda rencor por los niños que juegan irreflexivamente

y que le hirieron, con una piedra picuda.

¿No es verdad, Mateo?

El apóstol sonríe:

–      Así es, Maestro.

¿Es hijo de la viuda?

–     Sí.

Es muy listo, pero está muy triste.

Mateo lo acaricia atrayéndolo hacia sí,

mientras dice.

–     ¡Pobre niño!

Te llamaré a Santiaguito y jugarás con él.

Jesús termina la presentación con Tomás,

que práctico como siempre, la concluye ofreciendo al niño,

un racimo de uvas arrancado del emparrado.

Jesús dice:

–      Ahora sois amigos.

Se sienta, mientras el niño come sus uvas y charla con Mateo.

Pedro pregunta:

–      ¿En dónde estuviste toda la semana?

–       En Corozaín, Simón de Jonás.

–       Esto ya lo sé,

¿Pero qué hiciste?

¿Estuviste en la casa de Isaac?

–      Isaac el viejo, ya murió.

–     ¿Y entonces?

–     ¿No te lo contó Mateo?

–      No.

Solo dijo que estuviste en Corozaín, desde el día que nos fuimos.

–      Mateo es mejor que tú.

Sabe callar y tú no sabes refrenar tu curiosidad.

–      No solo la mía.

La de todos.

–      Pues bien.

Fui a Corozaín a predicar la Caridad con la práctica.

Varios le preguntan al mismo tiempo:

–      ¿La caridad con la práctica?

–      ¿Qué quieres decir?

–      ¿Cómo está eso?

Jesús aclara:

–      En Corozaín hay una viuda con cinco niños.

Y con su madre enferma.

Su marido murió repentinamente en el taller de carpintería…

Y dejó tras de sí, miseria y trabajos sin terminar.

Corozaín no ha sabido tener una brizna de compasión, por esta familia infeliz.

Fui a terminar los trabajos y…

–     ¡¡¿Queeé?!!

Surge una gritería.

Quién pregunta.

Quién protesta.

Quién reprende a Mateo por haberlo permitido.

Quién admira.

Quién critica.

Y por desgracia quienes protestan o critican, son la mayoría.

Jesús deja que termine la borrasca como empezó.

Y por toda respuesta añade:

–     Y pasado mañana regresaré allí.

Terminaré un trabajo.

Espero que al menos vosotros comprendáis.

Corozaín es un hueso de fruta cerrado, sin semilla.

Por lo menos vosotros sed huesos de fruta con ella. 

Josesito, por favor dame esa nuez que te ha dado Simón.

Y escucha tú también.

En la casa de Cafarnaúm, se preparan para el Sábado.

Mateo, que cojea todavía, recibe a los compañeros.

Les brinda agua y frutas frescas.

Les pregunta sobre las misiones.

Pedro arruga la nariz al ver que hay fariseos vagabundeando cerca de la casa.

Y dice:

–      Tienen ganas de amargarnos el Sábado.

Quisiera ir al encuentro del Maestro y decirle que se vaya a Betsaida;

para que éstos se queden con un palmo de narices.

Andrés le pregunta:

–    ¿Y crees que el Maestro lo haría?

Y Mateo observa:

–    Además…

En la habitación de abajo está el pobre infeliz que lo espera.

Pedro insiste:

–     Podríamos llevarlo en la barca a Betsaida.

Y yo o cualquier otro ir al encuentro del Maestro, que hoy regresa de Corozaím.

Como Felipe tiene a su familia en Betsaida y nada le daría más gusto,

dice entusiasmado:

–    Pues vamos…

Pedro agrega:

–    ¡Pronto!

¡Tanto más que estáis viendo cómo han reforzado la guardia con escribas!

Vamos sin perder tiempo.

Vosotros con el enfermo, pasáis por el huerto y salís por atrás de la casa.

Yo llevo la barca hasta el pozo de la higuera.

Y Santiago hará lo mismo.

Simón Zelote y los hermanos de Jesús, irán al encuentro del Maestro.

Judas de Keriot grita:

–      ¡Yo no voy con el endemoniado!

–     ¿Por qué?

¿Tienes miedo de que se te pegue el demonio?

–     No me hagas enojar, Simón de Jonás.

Dije que no voy y no voy.

–     Ve con los primos al encuentro de Jesús.

–     No.

–    ¡Uf!

Ven en la barca.

–     No.

–     En resumidas cuentas…

¿Qué es lo que quieres?

Eres siempre el de los obstáculos…

–     Quiero quedarme en donde estoy.

No temo a nadie y no me escapo.

Por otra parte, el Maestro no estaría contento con ello.

Sería causa para otro sermón de reproche y no me lo quiero merecer por vuestra culpa.

Id vosotros.

Yo me quedaré a informar…

Pedro grita:

–      ¡Así no!

Todos o nadie.

Zelote, que estaba mirando hacia el camino,

dice muy serio:

–     Entonces nadie.

Porque el Maestro ya está aquí.

Vedlo que se acerca.

Pedro disgustado, rezonga entre la barba

Y va a encontrar a Jesús con los demás.

Y después de los saludos mutuos, le informan del endemoniado ciego y mudo;

que con los familiares le esperan desde hace mucho tiempo.

Mateo explica:

–       Está como inerte.

Se echó sobre unos sacos vacíos y de allí no se ha movido.

Los familiares tienen confianza en Ti.

Ven a tomar algo y luego lo curarás.

Jesús objeta:

–     No.

Voy al punto donde está él.

¿En dónde?

–      En la habitación de abajo, cerca del horno.

Allí lo puse junto con sus familiares.

Porque hay muchos fariseos y también escribas que parecen estar al asecho.

Pedro refunfuña:

–      Es cierto.

Y sería mejor no darles gusto.

Jesús pregunta:

–     ¿No está Judas de Simón?

Pedro vuelve a rezongar:

–      Se quedó en casa.

Siempre hace lo que otros no hacen.

Jesús lo mira pero no lo reprende.

Se apresura a ir a la casa.

Al entrar en ella…

Saluda a Judas,

Que parece estar muy ocupado en acomodar los trastes.Jesús dice:

–     Sacad al enfermo.

Un fariseo extraño a Cafarnaúm, replica:

–     No es un enfermo.

Es un endemoniado.

–      Es siempre una enfermedad del espíritu…

–      Le ha impedido el ver y el hablar.

–      La posesión es siempre una enfermedad del espíritu;

que se extiende a los miembros y a los órganos.

Si me hubieses dejado terminar;

hubieras sabido que me refería a esto.

También la fiebre está en la sangre cuando uno se enferma.

Y luego, a través de la sangre, ataca las diferentes partes del cuerpo.

El fariseo no puede replicar más y se calla.

Llevan al endemoniado ante Jesús.

Se ve inerte y aniquilado.

La gente se agolpa, junto con los notables de Cafarnaúm.

Están los fariseos, escribas, Jairo y el centurión romano al que Jesús le curó el siervo;

junto con otros gentiles y muchos que no son de Cafarnaúm.

Jesús levanta los brazos, sus ojos relampagueantes de Majestad

y su Voz resuena como una campana.

Cuando ordena con imperio:

–      ¡En Nombre de Dios, deja las pupilas y la lengua de éste!

Lo quiero.

Sal de ésta criatura.

Ya no te es lícito tenerla.

¡Largo!

¡Fuera!

El milagro se desenvuelve con un grito de rabia del Demonio.

Seguido por una convulsión y un profundo suspiro del enfermo…

Y termina con una resonante Alabanza llena de alegría del liberado,

que exclama:

–      ¡Hijo de David!

¡Hijo de  David!

¡Santo Rey!

Un escriba pregunta:

–      ¿Cómo supo que fue Él quien lo curó?

Otros fariseos contestan:

–       ¡Si todo es una comedia!

–       ¡Esta gente ha sido pagada para representarla!

Y uno más alzando los hombros, añade blasfemias contra Jesús.

Jairo replica:

–       ¿Quién le pagó?

¿Se puede saber?

–       Tú también estás implicado.

–      ¿Con qué fin?

–       Para hacer célebre Cafarnaúm.

Ahora la granizada de reproches, la dirige el arquisinagogo de Cafarnaúm,

Cuando Jairo les reclama:

–      No envilezcas tu inteligencia, diciendo estupideces.

Y tu lengua, ensuciándola con mentiras.

Sabes que no es verdad.

Y deberías comprender que estás repitiendo una sandez.

Lo que sucedió aquí, ha sucedido en muchas partes de Israel.

¿Habrá siempre quién pague?

Yo no sabía que la plebe fuese tan rica, pues es la única que ama al Maestro.

–      Tú eres el sinagogo y lo amas.

–      Allí está Mannaém.

En Bethania está Lázaro, el hijo de Teófilo.

–      Ellos no pertenecen a la plebe.

–       Pero ellos y yo somos honestos.

No engañamos a nadie y menos en asuntos de creencia.

No nos lo permitimos, pues tememos a Dios y a Él le agrada la honestidad.

Los fariseos le dan la espalda a Jairo.

Y atacan a los familiares del curado:

–      ¿Quién os dijo que viniesen aquí?

–      Muchos que fueron sanados.

–      ¿Qué os dieron?

–       ¿Darnos?

La seguridad de que Él lo sanaría.

–      ¿Pero de veras estaba enfermo?

–       ¡Oh, cabezas fraudulentas!

¿Pensáis que todo esto fue una pantomima?

Si no nos creéis vayan a Gadara y preguntad por la desgracia de Anna de Ismael.

La gente de Cafarnaúm, indignada, se alborota.

Mientras unos galileos, venidos desde Nazaret,

dicen:

–       ¡Pues este es hijo de José el carpintero!

Los de Cafarnaúm, fieles a Jesús,

gritan:

–       ¡No!

–      ¡Es lo que Él dice y lo que el curado ha dicho:

“Hijo de Dios” e “Hijo de David”!

Un escriba muy altanero,

dice con desprecio:

–       ¡No aumentéis el fanatismo y la exaltación del pueblo con vuestras afirmaciones!

–       ¿Y entonces qué es según vosotros?

–       ¡Un Belcebú!

–       ¡Mmm…, lenguas de víbora!

–       ¡Blasfemos!

–       ¡Vosotros sois los poseídos!

–       ¡Ciegos de corazón!

–      Perdición nuestra.

–      Queréis quitarnos incluso la alegría del Mesías, ¿Eh?

–      ¡Sanguijuelas!

–      ¡Piedras secas!».

Se arma una discusión entre los que creen y  los que no creen.

Varios gritan al mismo tiempo:

–      ¡Lenguas de víboras!

–      ¡Queréis quitarnos la alegría del Mesías!

–       ¡Blasfemos!

–      ¡Usureros!

–       ¡Ruina nuestra!…

Y se enciende más la disputa.

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262 ESTRATEGIA SATÁNICA


262 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La cena termina pronto.

Judas va a regar las flores del huerto, antes de que oscurezca.

Luego sale, dejando a María en la terraza, doblando la ropa que había puesto a secar.

Judas, tras saludar a Alfeo de Sara y a María Cleofás,

que están hablando en la puerta de la casa del primero…

Se dirige hacia la casa del arquisinagogo.

Además de seis ancianos, están presentes los dos primos de Jesús: José y Simón.

Después de los pomposos saludos, se sientan todos ceremoniosamente

en asientos adornados con almohadones.

Toman el fresco mientras beben agua anisada o de menta, que están muy  frescas,

porque la jarra metálica suda en la separación entre el líquido gélido y el aire, todavía caliente

a pesar de la brisa que procede de las colinas situadas al norte de Nazaret

y que mueve las copas de los árboles.

El sinagogo lo colma de honores,

y dice:

–      Estoy contento de que hayas aceptado nuestra invitación y estés aquí.

Eres joven.

Un poco de distracción, hace bien.

Judas contesta gentil:

–       No me atreví a venir antes, para no importunaros.

Sé que despreciáis a Jesús y a sus seguidores.

Varios contestan:

–      ¿Despreciar?

No. No creemos…

Estamos escépticos..,

–      Y heridos por sus..

–      Admitámoslo, ¿Por qué no?…

–      Y digámoslo claro.

–      Estamos heridos por sus verdades demasiado duras.

–      Nosotros creíamos que tú nos desdeñarías.

–      Y por eso no te invitábamos.

Judas objeta:

–      ¡Despreciaros yo! ¡No!

¡Todo lo contrario!

Os comprendo muy bien…

¿Cómo no? ¡Claro!

¡Bah! Estoy convencido de que acabará habiendo paz entre vosotros y Él.

A Él le conviene, igual que a vosotros.

A Él, porque tiene necesidad de todos.

Y a vosotros porque no os conviene que os llamen enemigos del Mesías.

José de Alfeo pregunta:

–      ¿Y crees tú que Él sea el Mesías?

No tiene nada de esa figura regia que nos ha sido profetizada.

Tal vez se debe a que lo vemos solo como carpintero…

¿Pero en qué aspecto es el Rey Libertador?

Judas toma su aire de escriba y declara

–      También David, sólo parecía un pastorcillo.

Vosotros sabéis que ni siquiera Salomón en toda su gloria,

Las heridas que te causa quien te quiere, son preferibles a los besos engañadores de quién te odia… Salomón

fue un rey tan grande como él.

Porque viéndolo bien Salomón no hizo otra cosa, que proseguir la obra de David.

Y jamás fue inspirado como él.

Pero David, ¡Considerad la figura de David! es gigantesca.

Con una realeza que toca el cielo.

No juzguéis pues los orígenes del Mesías, para dudar de su realeza.

David, pastor y rey. Jesús, carpintero y Rey.

El arquisinagogo, inclinando la cabeza,

le dice:

–       Hablas como un rabí.

Se ve que has sido educado en el Templo.

¿Podrías hacer saber al Sanedrín que yo, el arquisinagogo,

necesito ayuda del Templo para una cuestión privada?

Y Judas no puede evitar la presunción,

Judas con posesión diabólica perfecta, es instrumento del Mal, para realizar las obras de Amo…

uno de los síntomas más notorios de enorme egolatría;..

Compañera inseparable, de su profundo sentimiento de superioridad, 

tanto racial, como elitista, por razones de linaje y de ministerio...

–      ¡Pero claro que sí!

Seguro.

Con Eleazar, ¡Figuraos! que es casi mi hermano.

Y luego, José el Anciano, ¿Sabes? El rico de Arimatea.

Y el escriba Sadoc que era antes mi maestro…

Y luego… ¡Oh! ¡Ni hablar!…

Mis relaciones en el Templo son sólidas y demasiado importantes.

Mi familia sacerdotal, la fortaleció mi padre cuando celebraba rituales,

dentro del Lugar Santísimo, ante la Trinidad Sacrosanta…

Y… ¡bueno, no tienes sino que hablar y basta!

–       Entonces mañana serás mi huésped y hablaremos…

–      ¿Huésped?

No.

Yo no abandono a esa santa y dolorida mujer que es María.

Vine con el fin de hacerle compañía.

Simón de Alfeo, dice:

–      ¿Qué le pasa a nuestra pariente, que está sana y feliz en medio de su pobreza?

José de Alfeo confirma:

–     Sí. Nosotros no la abandonamos.

Mi madre siempre la cuida.

También yo y mi mujer.

Aunque no puedo perdonarle su debilidad para con su Hijo.

También fue lo que afligió a mi padre que murió por causa de Jesús<,

sólo con dos hijos suyos alrededor de su lecho.

¡Y luego!…

Pero todos los problemas de familia no se exponen a los cuatro vientos.

Termina con un suspiro

Judas lo apoya:

–      Tienes razón.

Se murmura en secreto, echándolo en un corazón amigo.

Pero así sucede con muchos dolores.

También yo tengo los míos de discípulo…

¡Pero no hablemos de ellos!

Simón pregunta:

–       ¡No, no, hablemos!

¿Qué sucede?

¿Complicaciones respecto a Jesús?

José dice:

–      ¿De qué se trata?

¿De qué se avergüencen de Jesús?

No aprobamos su conducta, pero seguimos siendo parientes suyos,

dispuestos a ponernos de su parte contra sus enemigos.

¡Habla!

Judas, en una camaleónica transformación,

es muy enfático:

–       ¿Complicaciones?

¡No, hombre, no!

Era una forma de expresarme…

Además, las penas de un discípulo son muchas.

No es sólo dolor por el modo como el Maestro trata con amigos y enemigos,

perjudicándose a sí mismo…

Sino también el ver que no lo aman.

Quisiera que todos vosotros le amarais…

–      ¿Y cómo?

¡Tú mismo lo dices!

¡Tiene un modo de hacer las cosas!…

El arquisinagogo, buscando justificarse,

dice:

–      No era así cuando estaba con su Madre.

¿No es verdad, todos vosotros?

Todos aprueban con gravedad.

Y todos hacen comentarios positivos del Jesús silencioso, manso, solitario, de otros tiempos.

Uno de los ancianos dice:

–      ¿Quién iba a pensar que se convertiría en el que es ahora?

Entonces todo era para su casa y para sus familiares.

¿Y ahora?

Judas lanza un suspiro y dice:

–       ¡Pobre mujer!

José grita:

–      ¿Qué sabes?

¡Habla!

–       No más de lo que tú no sepas.

¿Crees que le sea agradable el estar abandonada?

Otro de los ancianos afirma:

–      Si José hubiera vivido el tiempo que vivió vuestro padre, no habría sucedido eso.

Judas dice:

–      No lo creas, hombre.

Habría sido lo mismo.

Porque cuando se le meten a uno ciertas ideas.

Un siervo trae lámparas y las pone sobre la mesa, porque esta noche no hay luna,

aunque el cielo está cuajado de estrellas.

También traen bebidas y el arquisinagogo se apresura a ofrecerle a Judas.

Judas se pone de pie y dice:

–      Gracias pero no puedo entretenerme más.

Tengo mis obligaciones con María.

También los dos hijos de Alfeo se levantan.

–      Vamos contigo.

Es el mismo camino.

Y con muchos saludos se despiden.

Quedando sólo el arquisinagogo y los ancianos.

Las calles están desiertas y silenciosas.

De arriba de las casas baja un continuo hablar quedo de voces graves.

Los niños duermen ya en sus camitas:

faltan, por tanto, sus gorjeos de pajarillos alegres.

Con las voces, desde lo alto de las casas más ricas,

descienden leves resplandores de lámparas de aceite.

Los dos hijos de Alfeo y Judas caminan en silencio por un largo trecho…

Y luego José se detiene.

Toma del brazo a Judas,

y le dice:

–      Oye.

Veo que sabes algo que no quisiste decir en presencia de extraños.

Pero ahora debes hablar.

Soy el mayor de la casa y tengo el derecho y el deber de saberlo todo.

Judas responde:

–       Y yo fui con la intención de decíroslo…

Y de proteger al Maestro, a María, a nuestros hermanos y a vuestro nombre.

Es algo tan penoso de decirse, como de oírse.

Muy penosísimo hacerlo, porque me hará parecer un espía.

Mirad, os ruego que me comprendáis rectamente.

No es una delación.

No se trata de eso.

Es tan solo amor y prudencia.

Es amor y cordura, nada más.

Yo sé muchas cosas, que vosotros…

Bueno, la verdad es que no las ignoráis.

Las sé por mis amigos del Templo.

Y sé que son un peligro para Jesús y para el buen nombre de la familia.

He tratado de hacérselo entender al Maestro, pero no lo he conseguido.

Es más, cuanto más le aconsejo, Él actúa peor…

Y se busca cada vez más críticas y odios.

Ello porque es tan santo,

que no es capaz de comprender lo que es el mundo.

En fin, es triste ver sucumbir una cosa santa por la imprudencia de su fundador.

José insiste:

–      Pero bueno,

¿De qué se trata?

¡Dilo todo y nosotros nos haremos cargo!

¿No es verdad, Simón?

–     Ciertamente.

Pero me parece imposible que Jesús cometa imprudencias y haga cosas contrarias a su misión…

José explota:

–     ¡Pero si este buen joven que ama a Jesús lo dice!

¿Ves cómo eres?

Siempre el mismo.

Incierto, titubeante.

Me abandonas en el momento necesario.

Yo lucho solo contra toda la parentela.

¡Ni siquiera tienes compasión de nuestro nombre y de nuestro pobre hermano que va a la ruina!

Judas exclama:

–      ¡No!

¡Ir a la ruina, no!

¡Pero desprestigiándose, sí!

José insiste:

–     ¡Habla!

¡Habla te digo!

Mientras Simón calla perplejo…

Judas dice en voz baja:

–       Hablaría.

Si estuviera seguro de que no me mencionaríais ante Jesús…

¡Juradlo!

José dice:

–     Lo juramos sobre el Santo Velo.

¡Habla!

–       Lo que voy a decir no lo diréis ni siquiera a vuestra madre…

Y mucho menos a vuestros hermanos:

Judas Tadeo y Santiago

Simón confirma:

–      Tranquilízate respecto a nuestro silencio.

–     ¿Y no le diréis nada a María?

Para no causarle dolor.

Como yo lo hago.

Guardo silencio.

Es un deber tomar precauciones; aún para la paz de esta pobre madre…

José repite:

–      No diremos nada a nadie.

Te lo juramos.

Satanás se aprovecha de los celos de Judas.

Una pasión nacida de la envidia, la soberbia, el egoísmo desenfrenado…

Y que el apóstol infiel, no se preocupa por rechazar.

Satanás está furioso.   Y recurre a medidas extremas para detener a Jesús;

pues le está minando su poderío, de una forma implacable.

Y de este modo y por estos pecados,

Judas le da entrada y es su instrumento perfecto.

Porque en este momento, ya es el Príncipe del Mundo personificado en él,

el que continúa su estrategia demoledora, mezclando verdades envenenadas,

con mentiras astutísimas, para conseguir éxito en sus perversas maquinaciones…

Satanás-Judas sigue con su intriga:

–       Entonces escuchad:

Jesús no se limita a acercarse a los gentiles, publicanos y prostitutas.

A ofender a los fariseos

y a otras personas valiosas e importantes.

Ahora está haciendo todo al revés, con cosas verdaderamente absurdas.

Fijaos que fue a tierra de filisteos,

y nos hizo peregrinar con un macho cabrío negrísimo que le seguía.

Ahora ha aceptado aun filisteo por discípulo.

¿Y aquel niño que recogió?

¡No sabéis los comentarios que se hicieron!

Pocos días después fue una griega pagana.

Y por remate era una esclava que huyó de su patrón romano.

Luego, discursos que no concuerdan con la sabiduría del sentido común.

En resumidas cuentas, parece un loco que busca hacerse daño.

En tierras de filisteos se entrometió en una ceremonia de brujos

y se puso al tú por tú, con ellos.

Los venció.

Pero ya los escribas y los fariseos, lo comienzan a odiar.

¿Si estas cosas llegan a sus oídos, qué sucederá?

Tenéis el deber de intervenir…

De impedir y poner freno…

Simón dice:

–      Esto es grave.

Muy grave.

¿Pero cómo podíamos saberlo?

¡Estamos aquí!…

¿Y ahora?

¿Cómo podremos estar al tanto de lo que sucede

–     Y sin embargo es vuestro deber intervenir e impedir.

La Madre es madre y es muy buena.

No debéis abandonarlo en estas circunstancias.

Por Él y por el mundo.

Además.

Esto de seguir arrojando demonios…

Corre la voz de que se sirve de Belcebú.

Pensad si esto lo favorece.

¡Y además…!

Pero bueno.

¿Qué clase de rey podrá llegar a ser,

si las multitudes se ríen ya desde ahora o se escandalizan?

Simón pregunta incrédulo:

–       ¿Pero de veras hace cuánto dices?

–       Pregúntaselo a Él Mismo.

Os lo confirmará porque hasta de esto se jacta

–       Deberías avisarnos…

–      ¡Claro que lo haré!

Cuando vea algo raro, os lo mandaré avisar.

Pero os lo ruego: silencio ahora y siempre.

Silencio con todos.

–     Lo juraremos.

¿Cuándo te vas?

–      Después del sábado

Ya no hay razón para estar aquí.

He cumplido con mi deber.

José de Alfeo, dice:

–      Te lo agradecemos.

Ya decía yo que Él estaba cambiado.

Tú hermano, no me quisiste creer.

¿Ves que tenía razón?

Simón de Alfeo objeta:

–        Yo…

Me resisto a creerlo todavía.

Judas y Santiago no son unos tontos.

¿Por qué no nos han dicho nada?

¿Por qué no hacen algo, si suceden estas cosas?

Judas replica resentido:

–      Hombre,

¡No vas a decirme ahora que no crees en mis palabras!…

Simón responde:

–      ¡No!…

Pero… ¡Basta

Perdona que te lo diga: creeré cuando lo vea.

–       Está bien.

Pronto lo verás y me dirás: ‘Tenías razón’ bueno

Aquí está vuestra casa.

Os dejo.

Dios sea con vosotros.

José dice:

–      Dios sea contigo, Judas.

Y… ¡Oye

Tú tampoco digas esto a otros.

Está en juego, nuestra honra…

–      Ni siquiera me lo diré a mí mismo.

¡Adiós

Y se marcha caminando ligero.

Vuelve a entrar tranquilo a la casa.

Sube a la terraza, donde María está sentada, con las manos apoyadas sobre su regazo,

contemplando el cielo lleno de estrellas.

Y a la lucecilla de la lámpara que Judas prendió para subir por la escalera;

se ven dos hileritas de llanto, que descienden por las mejillas de María.

Judas pregunta con ansiedad:

–       ¿Estás llorando, Madre?

Ella contesta con dolor:

–      Porque me parece que el mundo está cargado con más insidias,

que cuantas estrellas hay en el cielo…

Repleto de asechanzas contra mi Jesús…

Judas la mira atento, turbado por sus palabras y no sabe qué hacer.

María termina suavemente:

–      Pero me da fuerzas el amor de los discípulos…

Amad mucho a mi Jesús.

Amadlo.

¿Quieres quedarte aquí, Judas?

Bajo mi habitación.

María Cleofás se fue a dormir, después de preparar la levadura para mañana.

–      Sí.

Aquí me quedo.

Aquí se está bien.

–      La paz sea contigo, Judas.

–      La paz sea contigo, María.

Y María se retira a su habitación.

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