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195 LAS ESPIGAS DEL SÁBADO


195 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Una llanura martilleada por el sol, que encandece los cereales maduros y extrae de ellos un olor que ya recuerda al pan.

Huele a sol, a ropa lavada, a mieses en sazón… a verano.

El lugar es todavía el mismo, pero el sol se muestra menos implacable porque se encamina al ocaso.

Todos abandonan el paraje donde descansaron, mientras Jesús le dió a simón Zelote, la parábola sobre el diente de león. 

Reemprenden la caminata… 

Después de caminar un buen trecho…

Señalando a lo lejos,

Jesús dice:

–    disciEs necesario llegar hasta aquella casa.

Cuando llegan, piden pan y alivio. con la posibilidad de descanso…

Pero el guarda los rechaza bruscamente, con dureza. 

Jesús responde:

–    ¿Por qué faltáis a la caridad?

El tiempo del talión ya ha quedado atrás.  

Pero los apóstoles, cansados y hambrientos, manifiestan su frustración y su enojo de forma menos llena de virtud… 

Y exclaman:   

–     ¡Raza de filisteos!

–     ¡Víboras!

–    Son todos iguales!

–    Han nacido de esa cepa y dan frutos envenenados. 

 –   ¡Que recibáis lo mismo que dais!

Después del portazo que selló como respuesta al enojo de los judíos. 

Todos se retiran frustrados…

Jesús trata de confortar,

y dice: 

–     Caminemos.

Todavía no ha oscurecido y no os estáis muriendo de hambre.

Un poco de sacrificio, para que estas almas lleguen a sentir hambre de Mí.

Pero los discípulos, con el corazón inflamado más por el despecho y por el hambre insoportable, aguijoneada por Satanás…

Cansados avanzan hasta un campo lleno de espigas maduras. 

Entran hasta el centro de una de las parcelas cultivadas y se ponen a recoger espigas.

Las cortan, las desgranan sobren las palmas de las manos y empiezan a comerse los granos, con verdadero gusto.  

Pedro grita:  

–     ¡Están sabrosas, Maestro!…  

¿No quieres unas?

Además tienen doble sabor…

Me comería todo el campo. 

También voy a guardar unas para Tí.

Los otros, que van caminando entre los zurcos, cortando las espigas y comiendo con gusto.

Lo apoyan contentos: 

–    ¡Tienes razón!

–    ¡Así se arrepentirían de no habernos dado ni un pan! 

Cuando han tomado lo suficiente para saciar su hambre…

Empiezan a salirse de la parcela, para reanudar su travesía por las tierras fenicias.

Jesús va solo por el camino polvoriento.

Unos cinco o seis metros más atrás le siguen Simón Zelote y Bartolomé, pero van hablando entre sí.

Luego se integran los demás.

Jesús continúa adelante, seguido por los suyos que vienen desgranando espigas y comiendo alegremente.

Y al llegar a la encrucijada se topan con un grupo de fariseos ceñudos, que vienen del poblado de donde los arrojaron.

Jesús los saluda cordial y sonriente:

–   La paz sea con vosotros.

En lugar de responder el saludo, el más viejo levanta la barbilla de su rostro arrogante, 

Y le pregunta: 

–   ¿Quién eres?

–   Jesús de Nazareth.

Otro fariseo dice:

–   Se los dije…

 ¿Veis que es Él?

El primero vuelve a hablar:

–     ¡Ah!…

¡Así que Tú eres el famoso Jesús de Nazareth!

¿Cómo es posible que te encuentres aquí?

–    Porque también aquí hay almas que salvar.

–    Para eso bastamos nosotros.

Sabemos salvar las nuestras y las de los que dependen de nosotros.

–   Si es así.

Hacéis bien.

Pero Yo he sido enviado para evangelizar y salvar.

Varios exclaman al mismo tiempo:

–    ¡Oh!

–    ¡Mandado!

–    ¡Mandado!

–   ¿Y quién nos lo prueba?

El más viejo dice con desprecio:

–    Ciertamente, ¡No tus obras!

Jesús pregunta:

–   ¿Por qué hablas así?

No te importa tu vida?

–   ¡Ah! ¡Entendido!

Tú eres el que da muerte a los que no te adoran.

Entonces vas a matar a toda la clase sacerdotal: a los fariseos, los escribas, saduceos…

Y a todos los demás porque no te adoran, ni jamás te adorarán. 

¿No puedes entender?

Nosotros los elegidos de Israel jamás te adoraremos y ni siquiera te amaremos.

–   No os fuerzo a amarme.

Os digo: Adorad a Dios porque…

El viejecillo lo interrumpe furioso:

–    En otras palabras a Ti, porque Eres Dios.

¿No es verdad? 

Nosotros no somos los piojosos campesinos galileos, ni los estúpidos de Judá que vienen en pos de Ti, olvidando a nuestros rabíes…

Jesús contesta con mansedumbre:

–   No te inquietes hombre.

No pido nada. Cumplo con mi misión.

Enseño a amar a Dios y vuelvo a repetir el Decálogo, porque ha sido olvidado.

Y lo peor de todo: se aplica mal..

Quiero dar la vida eterna.

No auguro la muerte corporal, ni mucho menos la espiritual.

La vida que te pregunté si no tenías interés en perder, es la de tu alma. 

Porque Yo amo tu alma, aun cuando ella no me ame. 

Y me duele ver que le matas, con ofender al Señor, despreciando a su Mesías.

Al fariseo parece darle una convulsión de furia…

Porque se agita violentamente, se descompone rasgando sus vestiduras y se arranca las franjas.

Se quita el turbante y se revuelve los cabellos…

Mientras grita:

–    ¡Oíd!

¡Me dice esto a mí, Jonatás de Uziel, descendiente directo de Simón el Justo!

¡Yo, ofender al Señor!

No sé qué me detiene para no maldecirte, pero…

Jesús dice tranquilo:

–    El miedo. 

¡Hazlo! No serás convertido en cenizas.

A su tiempo lo serás y entonces me llamarás.

Pero entre tú y Yo habrá en ese entonces un arroyo purpúreo: Mi Sangre…

–   ¡Está bien!

Pero mientras tanto, Tú que te llamas santo…

¿Por qué permites ciertas cosas?

Tú que te llamas Maestro,

¿Por qué no instruyes primero a tus discípulos antes que a los demás?…

Míralos detrás de Ti, con el instrumento del pecado en sus manos…

¿Los ves?

Han cortado espigas y es Sábado.

Han cortado espigas que no son suyas.

Han violado el Sábado y han robado.

Pedro responde:

–    Tenían hambre.

Pedimos pan en el poblado a donde llegamos ayer tarde.

Pedimos alojamiento y comida y nos arrojaron.

Caminamos lo permitido.

Y luego nos detuvimos, cómo lo marca la Ley, a beber agua del río.

Cuando llegó el crepúsculo, fuimos a aquella casa y nos despidieron.

Ved que teníamos voluntad de obedecer la Ley. 

El viejo fariseo lo mira cual si fuera una pulga…

Y replica furioso: 

–    Pero no lo hicisteis.

¡No es lícito hacer en Sábado obras manuales!

Y jamás es lícito tomar lo que es de otros.

Yo y mis amigos estamos escandalizados.

Jesús pregunta:

–    ¿No habéis leído jamás, cómo David tomó los panes sagrados de la proposición, para alimentarse y alimentar a sus compañeros?

Los panes sagrados eran de Dios.

Estaban en su casa, reservados por orden eterna para los sacerdotes.

Y sin embargo David los tomó y los comió en sábado;

él a quién no era lícito comérselos.

Y con todo, no se le imputó como pecado, porque Dios continuó amándolo aun después de esta acción.

¿Cómo puedes llamarnos pecadores, si recogemos del suelo las espigas crecidas que también son de los pájaros?

¿Y cómo puedes prohibir que se alimenten de ellas, los hombres hijos del padre?

Les pidieron esos panes, no se los tomaron sin haberlos pedido.

Y esto cambia de aspecto.

Y Dios si se lo imputó como pecado, porque lo castigó duramente…

Un fariseo objeta: 

–     Pero no por esto.

Fue por la lujuria, por el censo, no por…  

El más viejo sentencia: 

–  ¡Oh! ¡Basta!

¡No es lícito!

Y… no es lícito.

No tenéis derecho de hacerlo y no lo haréis.

Largaos.

No os queremos en nuestras tierras.

Nos os necesitamos y ya no sabemos qué hacer con vosotros.

Jesús responde con mansedumbre: 

–    Está bien.

Nos iremos.

–   ¡Largo!

–   No os condeno.

Os perdono.

Pediré al Padre que os perdone; porque quiero misericordia y no castigo.

Pero sabed que el sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado.

Y que el Hijo del hombre, es el Señor también del Sábado. Adiós.

Y volviéndose a sus discípulos:

Jesús dice:

–    Venid.

Vamos a buscar un lecho entre la arena que ya está cerca.

Tendremos como compañeras las estrellas y nos dará alivio el rocío.

Dios que envió el maná a Israel, proveerá a alimentarnos también;

porque somos pobres y fieles a Él.

La noche ya baja con sus velos color violeta y encuentran unos nopales.

Sobre sus pencas llenas de espinas, hay tunas casi maduras.

Espinándose, se dan un dulce banquete, pues la fruta es deliciosa.

Y de esta forma van acercándose a las dunas.

De lejos llega el rumor de las olas del mar.

Jesús dice:

–     Quedémonos aquí.

La arena es suave y acogedora.

Mañana entraremos en Ascalón.

Y todos cansados se acuestan junto a una alta duna.

193 DEBUT MISIONERO


193 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El grupo apostólico va caminando por los senderos del bosque…

Y comentando del enorme cambio en Elisa, que ha accedido a ir con Juana de Cusa a su propiedad en Beter.

Después del regreso a Betsur y de haber dejado a Margziam con la Virgen y las discípulas en los jardines de rosales de Beter…

Hablan también de la bondad de Juana y de lo beneficioso que será para todas, disfrutar del agradable trabajo en los cultivos de los rosales, para la industria perfumera. 

Jesús avanza con los suyos a través de estos montes verdes, dando la espalda al oriente.

El lugar es muy montañoso y rico en vegetación, con bosques de árboles de piñones.

El olor de la resina, balsámico y vitalizador, se difunde por todo el espacio.

También hablan del nuevo rodeo que van a tener que dar, hacia las fértiles llanuras que preceden el litoral en las tierras filisteas. 

Y entonces tornan a la memoria nombres de glorias pasadas, que suscitan la narración de episodios acaecidos, preguntas, explicaciones y afable contraposición de opiniones.

Jesús dice. 

–     Cuando lleguemos a la cima de este monte, os enseñaré desde lo alto todas las zonas que os interesan;

de las que podréis extraer ideas para vuestros discursos al pueblo.  

 Andrés se queja: 

–     ¿Pero cómo haremos, Señor mío?…

Yo no soy capaz.

Pedro y Santiago se unen:

–    ¡Nosotros somos los menos agraciados del grupo!».

Tomás comenta:

–     ¡Oh!…

Si es por eso, no es que yo sea más capaz. 

Si se tratara de oro o plata, podría hablar, pero de estas cosas… 

Y Mateo:  

–     ¿Y yo?

¿Qué era yo?

Andrés replica: 

–     Tú no tienes miedo del público, sabes argumentar.   

–     Pero de otras cosas…

Pedro agrega: 

–     Sí, ya… pero…

Bueno… ya sabes lo que quiero decir, así que sea como si te lo hubiera dicho.

La cuestión es que vales más que nosotros.

Jesús dice: 

–     Amigos míos, no hace falta subir a lo sublime.

Decid simplemente lo que pensáis, con vuestra convicción.

Creedme que cuando uno está convencido siempre persuade.

Pero Judas de Keriot suplica:

–     Danos ideas Tú.

Danos muchas ideas. Una buena idea puede ser muy útil.

Estos lugares creo que no han oído nada de Tí, porque ninguno parece conocerte.

Pedro: 

–     Y porque aquí llega todavía… 

Mucho viento procedente del Moria…

Que causa esterilidad…

Judas replica con firmeza: 

–     Es porque no se ha sembrado:

Pero nosotros sembraremos…

Judas de Keriot, está contento por los primeros éxitos.

Ya han llegado a la cima del monte.

Un amplio panorama se descubre

Es hermoso contemplarlo estando a la sombra de los tupidos árboles que-coronan la cima:

Tan variado y luminoso:

Una imponente cordillera con sus series de montes entrecruzándose en todas las direcciones, como encrespadas olas petrificadas…

El inmenso océano al que barren vientos contrarios y laensenada en calma, donde todo se aplaca en una luminosidad sin límites…

Y en el lado opuesto, una vasta llanura en que se yergue como un faro, la entrada de un puerto.

Jesús extiende su brazo derecho y empieza a señalar.

Mientras dice:

–     Mirad.

Ahora vamos a Betginna.

Ese pueblo, donde nos detendremos, que se extiende sobre esa cresta casi queriendo acaparar todo el sol; 

es como el corazón de un verdadero nimbo radiado de lugares históricos.

Venid aquí.

Allí, a septentrión, está Yermot.

¿Os acordáis del pasaje de Josué?

La derrota de los reyes que quisieron asaltar el campamento israelita, fuerte tras la alianza con los gabaonitas.

Cerca está Betsemes, la ciudad sacerdotal de Judá, donde los filisteos restituyeron el Arca con los exvotos de oro,

que los adivinos y sacerdotes habían impuesto al pueblo,

para obtener la liberación de los castigos que atormentaban a los culpables filisteos.

Y allí, toda llena de sol, Sará, patria de Sansón.

Un poco más a al oriente, Timnata, donde él tomó esposa e hizo muchas proezas y también muchas estupidyeces.

Y allá, Azeca y Soko, que fue lugar de campamento filisteo. Más abajo está Zanoe, una de las ciudades de Judá.

Y aquí, volveos, aquí está el Valle del Terebinto, donde David luchó contra Goliat.

Allí está Maqueda, donde Josué derrotó a los amorreos.

Volveos hacia aquí. ¿Veis aquel monte solitario en medio de esa llanura que un tiempo fue de los filisteos?

Allí está Gat, patria de Goliat y lugar de refugio para David, con Akís, para que no le alcanzara la ira de Saúl.

Y donde el rey sabio se fingió demente, porque el mundo preserva a los locos de los sanos de mente.

Aquel horizonte abierto son las llanuras de la fertilísima tierra de los filisteos.

La atravesaremos, hasta Ramlé. Ahora vamos a Bet – Yinna.

Tú Felipe que miras con ojos suplicantes, irás con Andrés por el poblado.

Nosotros estaremos en la fuente de la plaza.

Tú, precisamente tú, Felipe, que me estás mirando con actitud implorante, irás con Andrés por el poblado.

Nosotros, mientras tanto, esperaremos junto a la fuente o en la plaza. 

Los dos apóstoles suplican:

–     ¡Señor, no nos mandes solos! 

–    ¡Ven Tú también!

–     Id, he dicho.

La obediencia os socorrerá más que mi muda presencia.

Así que Felipe y Andrés van, sin rumbo fijo, por el pueblo.

Llegan a una minúscula posada (más una caballeriza que una posada), donde hay unos intermediarios contratando corderos con unos pastores.

Entran y, cohibidos, se paran en medio de un patio rodeado de arcadas muy toscas.

Viene el posadero:

–     ¿Qué queréis?, ¿alojamiento?

Los dos apóstoles se consultan recíprocamente con la mirada (una mirada llena de apuro).

Es muy probable que de lo que habían pensado decir no les venga ni una sola palabra.

Contra toda previsión, es precisamente Andrés el primero que cobra fuerzas y responde:

–     Sí, alojamiento para nosotros y para el Rabí de Israel.

–     ¿Qué rabí?

¡Hay muchos rabíes! Todos muy señores. No vienen a los pueblos de pobres a traernos su sabiduría.

Somos los pobres los que tenemos que ir a ellos, ¡Y ya es un regalo, si nos toleran a su lado!

–     El Rabí de Israel es uno sólo.

Y viene precisamente a traer a los pobres la Buena Nueva;

cuanto más pobres y pecadores son, más los busca y se acerca a ellos – responde dulcemente Andrés.

–     ¡Entonces… no hará dinero!

–     No busca riquezas.

Es pobre y bueno. Cuando logra salvar a un alma, su jornada está cumplida – responde también esta vez Andrés.

–     ¡Hummm…!

Es la primera vez que oigo que un rabí es bueno y pobre.

Juan es pobre, pero es severo. Todos los demás son severos y ricos, insaciables como sanguijuelas.

¿Habéis oído? Venid aquí, vosotros que vais por todas partes.

Estos hombres dicen que hay un maestro pobre y bueno, que viene a buscar a los pobres y pecadores.

Uno de los tratantes dice:

–     ¡Ah!…

Debe ser ese que viste de blanco como un esenio.

Lo vi hace tiempo en Jericó.

Un pastor alto y musculosos añade: 

–     No. Ése está solo.

Debe ser aquel de que hablaba Toma porque así por azar, había estado hablando de él con unos pastores del Líbano.  

 Otro exclama:   

–     ¡Sí, vaya!

Y viene del Líbano hasta aquí… ¡Por tu cara bonita! 

Mientras el posadero habla y escucha la opinión de sus clientes, los dos apóstoles permanecen allí, en medio del patio, como dos postes.

Hasta que un hombre dice:

–     ¡Eh, vosotros, venid aquí’

¿Quién es? ¿De dónde viene este que decís?

Felipe contesta muy serio:  

–     Es Jesús de José, de Nazaret.  

Y permanece como quien espera que se burlen de él.

Andrés añade:

–     Es el Mesías anunciado.

Os conjuro, por vuestro bien: escuchadlo.

Habéis nombrado a Juan; pues bien, yo estaba con él y os puedo decir que él mismo, nos indicó a Jesús cuando pasaba, diciendo:

“He ahí al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”.

Cuando Jesús entró en el Jordán para ser bautizado, se abrieron los Cielos y una Voz gritó:

“Este es mi Hijo predilecto en quien tengo puestas mis complacencias”

Y el Amor de Dios descendió como una paloma y se colocó resplandeciente encima de su cabeza.

–     ¿Ves como es el Nazareno?

Pero, vamos a ver, vosotros que os llamáis amigos suyos, decidnos…

Andrés precisa: 

–     Amigos no.

Apóstoles, discípulos, enviados suyos para anunciaros su llegada; para que quien tenga necesidad desalvación vaya a Él.

–     Bien, de acuerdo…

Pero, decidnos si es realmente como lo describen algunos…

 O sea, un santo más santo que Juan el Bautista. 

O un demonio, como dicen otros.

Vosotros, que estáis con él, porque si sois discípulos estaréis juntos, ¿No?

–    Vamos a ver, hablad con sinceridad:

¿Es verdad que es lujurioso, comilón y bebedor?

¿Y que tiene simpatía por las meretrices y los publicanos?

¿Que es un nigromante y que por la noche invoca a los espíritus, para conocer los secretos de los corazones?

–     Pero, ¿ Por qué preguntas esto a estos hombres?

Pregunta más bien si es verdad que es bueno.

Si no, estos dos se van a sentir ofendidos y se van a marchar.

Y le van a contar al Rabí nuestras malas razones y nos va a maldecir.

¿Qué sabemos nosotros?…

¡Sea Dios o diablo, siempre será mejor tratarlo bien!…

Esta vez es Felipe el que habla:

–     Os podemos responder con sinceridad porque no hay nada torpe que ocultar.

Él, nuestro Maestro, es el Santo entre los santos.

Durante el día dedica su esfuerzo a adoctrinar;

incansable, va de un lugar a otro buscando los corazones.

Durante la noche ora por nosotros. 

No desprecia ni la mesa ni la amistad, pero no busca en ello ventaja propia.

Antes al contrario, lo hace para poderse acercar a aquellos a quienes de otra forma;

no sería posible acercarse.

No rechaza ni a publicanos ni a meretrices, pero sólo para redimirlos.

Señala su camino con curaciones y conversiones milagrosas.

le obedecen el viento y el mar.

Pero no tiene necesidad de nadie para obrar prodigios, ni de invocar espíritus para conocer los corazones.

El posadero pregunta: 

–     Y, ¿Con qué poder lo hace?…

Has dicho que el viento y el mar lo obedecen.

Pero si son cosas que no tienen razón.

¿Cómo puede mandar sobre ellos? 

–     Respóndeme a esto, hombre:

¿Tú qué crees, que sea más difícil:

Mandar sobre el viento y el mar o sobre la muerte?

–     ¡Por Yeohveh!

¡Sobre la muerte no se tiene poder!

Al mar se le puede echar aceite, se le puede hacer frente orientando adecuadamente las velas;

se puede, prudentemente, no ir a navegar.

Contra el viento se puede oponer los cierres de las puertas.

Pero sobre la muerte no se tiene poder:

No hay aceite que la aquiete, no hay vela que haga a nuestra navecilla tan rápida ,

que pueda distanciar a la muerte, no hay cierres contra ella;

cuando quiere venir pasa, a pesar de que estén echados los cerrojos.

¡No, no, nadie da órdenes a esta reina!

–     Pues, a pesar de todo, nuestro Maestro tiene poder sobre ella.

Y no sólo cuando está cercana, sino también cuando ya ha hecho presa.

Un joven de Naím estaba ya para ser introducido en la horrenda boca del sepulcro, cuando Él dijo:

“Te lo ordeno: Levántate!”

Y el joven volvió a la vida.

Naím no está en los confines del mundo.

Si vais, veréis.

–     ¿Así, sin más?

–    ¿En presencia de todos?

 

–     En el camino, en presencia de toda Naím.

E1 dueño de la posada y los huéspedes se miran en silencio…

 Luego el primero dice:

–     Pero, esas cosas las hará para sus amigos, ¿No?

Felipe dice con seguridad:

–     ¡No hombre, para todos los que creen en Él!

Y no sólo para ellos.

Créeme que es la Piedad en la tierra.

Nadie que va a Él vuelve de vacío.

Escuchad todos:

¿Entre vosotros no hay nadie que sufra o llore, por alguna enfermedad en la familia?

¿O por dudas, remordimientos, tentaciones o ignorancia?

Presentaos a Jesús, el Mesías de la Buena Nueva.

Él estará aquí hoy; mañana irá a otro lugar.

No desaprovechéis la Gracia del Señor ahora que pasa»

Felipe, que se ha ido sintiendo cada vez más cómodo, ha perdido la inseguridad.

El dueño de la posada se revuelve los cabellos, abre y cierra la boca, se manosea las franjas de la cintura…

Y al final, dice:

–     ¡Yo lo intento!…

Tengo una hija.

Hasta el pasado verano estaba bien.

Después todo cambió. Ahora es una lunática.

Está siempre en un rincón, como una fiera muda.

Su madre, con gran esfuerzo, apenas si logra vestirla y darle de comer.

Los médicos dicen que se le ha consumido el cerebro por exceso de sol; otros, que por un triste amor; el pueblo dice que está endemoniada.

¿Cómo es posible, si es una jovencita que no ha salido nunca de aquí?

¿Dónde se ha cogido este demonio?

¿Tu Maestro qué dice, que el demonio se puede apoderar de un inocente?

Felipe responde sin vacilar:

–     Sí, para atormentar a los familiares y hacer que se desesperen.

–     ¿Y… cura a los lunáticos?

¿Debo tener esperanza?

Andrés responde inmediatamente: 

–     Debes creer

Entonces les narra el milagro de los gerasenos…

y termina diciendo:

« ¿Si aquéllos – y eran una legión en corazones de pecadores – huyeron de ese modo…

Cuánto más lo hará ése, que ha entrado por la fuerza en un corazón fresco?

Te digo, hombre: para quien espera en Él, lo imposible se le hace tan fácil como respirar

Yo, que he visto las obras de mi Señor, doy testimonio de su potencia.

–     ¡Oh!…

¿Quién de vosotros va y lo llama?

–     Yo mismo.

Espérame, que vuelvo enseguida.

Y Andrés se marcha veloz.

Felipe se queda a hablar.

Cuando Andrés ve a Jesús parado en el zaguán de una casa, para evitar el sol implacable que llena la pequeña plaza del pueblo…

Corre hacia Él diciendo:

–     ¡Ven! ¡Ven, Maestro!

El posadero tiene una hija lunática.

Te implora que la cures.

–     ¿Pero me conocía?

–     No, Maestro.

Hemos tratado de darte a conocer…

–    Lo habéis conseguido.

Porque si uno llega ya a creer que puedo curar un mal que no tiene remedio;

es que ya está adelantado en la fe.

Y teníais miedo a no ser capaces de ello…

¿Qué habéis dicho?

–     Ni siquiera te lo sabría decir.

Hemos expresado lo que pensamos de ti y hemos hablado de tus obras.

Sobre todo, hemos dicho que eres Amor y Piedad.

¡Qué mal te conoce el mundo!

–     Pero vosotros me conocéis bien.

Es suficiente.

–     Llegan a la pequeña posada.

Todos los huéspedes están en la puerta, curiosos.

En medio, con Felipe, está el posadero, que sigue con sus monólogos.

Cuando ve a Jesús, corre a su encuentro:

–     ¡Maestro, Señor, Jesús…

Yo… yo creo tanto que Tú eres Tú.

Que sabes todo, que ves todo, que conoces todo, que todo lo puedes.

Tanto lo creo, que te digo:

Ten piedad de mi hija, aunque los pecados de mi corazón sean muchos;

Que no caiga sobre mi hija el castigo por haber sido inmoral en mi trabajo; juro que no volveré a ser avariento.

Tú ves mi corazón, lo que ha sido y lo que piensa ahora. Perdón. Piedad, Maestro.

y hablaré de ti a todos los que vengan aquí, a mi casa…

El hombre está de rodillas.

Jesús le dice:

–    Levántate y persevera en los sentimientos de ahora.

Llévame a donde tu hija.

–     Está en un establo, Señor.

Este calor bochornoso la pone más enferma todavía. No quiere salir.

–     Bien, no importa; voy Yo.   

No es el bochorno, es que el demonio me siente llegar.

Entran en un patio, luego en un establo oscuro.

Todos los demás van detrás.

La niña, despeinada, demacrada, se contorsiona en el rincón más oscuro.

Y en cuanto ve a Jesús,

grita:

–     ¡Atrás!

¡Atrás! No me hostigues.

Tú eres el Cristo del Señor; sobre mí descargas tu mano. Déjame tranquilo.

¿Por qué sigues siempre mis pasos?

Jesús toma la actitud majestuosa del Dios y Señor que Es,

y ordena: 

–     ¡Sal de ella!

¡Vete! ¡Lo quiero! ¡Devuelve a Dios tu presa y calla! 

Durante unos segundos espectantes…

Luego sigue un grito desgarrador, una sacudida, un cuerpo que se derrumba sobre la paja…

Pasa un pequeño lapso y luego un suspiro muy profundo…

Enseguida la jovencita se yergue con calma, tristeza, estupor…

Y se ruboriza violentamente…

Ya que ahora se avergüenza de estar sin velo y con un vestido roto, ante los ojos de muchos extraños…

Pregunta:

–     ¿Dónde estoy?

¡Por qué estoy aquí?, ¿Quiénes son éstos? 

Y grita: 

–     ¡¡¡Mamaaá!!!  

El padre exclama: 

–     ¡Oh, Señor eterno!

¡Está curada!…

Y aunque resulte extraño en el rubicundo y colorado hospedero, llora como un niño…

Se siente dichoso.

Llora. No sabe qué otra cosa hacer sino besar las manos de Jesús.

Entretanto, la madre también llora, circundada por la corona de sus hijitos, que miran asombrados. 

Y besa a esta primogénita suya que ha sido liberada del demonio.

Los presentes prorrumpen en un verdadero clamor…

 Otros acuden para ver el prodigio.

El patio está lleno.   

El hombre suplica:

–     Quédate, Señor.

Ven esta noche. Cobíjate bajo mi techo.

Jesús dice: 

–     Hombre, somos trece.

–     Aunque fuerais trescientos, sería como nada.

Sé lo que quieres decir, pero el Samuel avariento y deshonesto ha muerto, Señor.

Se ha marchado también mi demonio.

Ahora vive el nuevo Samuel. Seguirá siendo hospedero, pero santamente.

Ven, ven conmigo, que quiero honrarte como a un Rey, como a un Dios, como a quien Eres.

¡Oh, bendito el sol de hoy que te ha traído a mí!….

181 UN PERDÓN DENIGRANTE


181 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Los apóstoles, la Madre de Jesús y las otras mujeres se dirigen hacia la casa, precedidos todos por Margziam, que va saltando presuroso hacia adelante.

No obstante, el niño enseguida vuelve hacia atrás, toma a María de la mano,

y le dice:

–     Ven conmigo, que te tengo que decir a solas una cosa.

Ella accede a su petición.

Así que tuercen hacia el pozo, que está en un ángulo del patio, enteramente cubierto por una tupida pérgola,

que desde el nivel del suelo sube, formando un arco, hasta la terraza.

Detrás está Judas de Keriot.    

María lo ve y pregunta: 

–     Judas, ¿Qué quieres?

Y dirigiéndose al niño:   

–    Déjanos, Margziam…  

Cuando el niño se retiraMaría repite: 

–     Habla. ¿Qué quieres?  

Judas contesta:  

–     He obrado mal…

No me atrevo a ir al Maestro, ni a presentarme ante mis compañeros…  Ayúdame…

–     Te ayudaré. Sí.

De todas formas, ¿Es que no piensas en el mucho dolor que causas? Mi Hijo ha llorado por causa tuya…

Lo cual a su vez ha hecho sufrir a tus compañeros.

Ven, de todas formas ninguno te dirá nada.

Y si puedes, no vuelvas a caer en esto mismo, que es indigno de un hombre y sacrílego respecto al Verbo de Dios.

–     ¿Tú, Madre, me perdonas?

–     ¿Yo?

Yo no cuento nada al lado de ti, que te sientes tan grande.

Yo soy la menor de las siervas del Señor. ¿Por qué te preocupas de mí, si no tienes piedad de mi Hijo?

–     Pienso en mi madre.

Pienso que si tú me perdonas ella también me perdonará.

–     No sabe lo que has hecho.

–    Pero me había hecho jurar que sería bueno con el Maestro.

Soy un perjuro. Percibo la reprensión del alma de mi madre.

–     ¿Eso es lo que sientes?

¿Y no percibes la queja y la desaprobación del Padre y del Verbo?

¡Oh, eres un desdichado, Judas!

Vas sembrando el dolor en ti y en quienes te quieren.

María está muy seria y triste.

Habla sin acritud, pero muy seria.

Judas llora.  

María le dice: 

–     No llores.

Más bien, cambia. Ven…   

Lo toma de la mano y entra así con él en la cocina.

Vivísimo es el estupor de todos.

María previene posibles reacciones poco compasivas,

diciendo:

–     Judas ha vuelto.

Haced como el primogénito después de que le habló su padre.

Juan, ve a avisar a Jesús.

Juan de Zebedeo sale a la carrera.

El silencio gravita sobre la cocina…

Lo rompe Judas diciendo:

–     Perdonadme.

Tú el primero Simón, tú que tienes un gran corazón paternal.

Yo también soy huérfano.  

Pedro está tan pasmado que balbucea:

–     Sí… sí… te perdono.

Por favor, no hables más de ello. Somos hermanos…

Y no me gustan estos altibajos de pedir perdón y volver a caer.

Son denigrantes, tanto para quien lo comete como para quien lo concede.

Y Pedro no pudiendo hacer otra cosa, sale y se pone a partir con vehemencia madera seca…

Y mientras Pedro se desquita partiendo leña…

Jesús está despidiendo a los pastores y a los campesinos que regresan a Hebrón.

Juan llega y le dice:

–     Maestro, ya llegó Judas.

–    Sí. Gracias Juan.  

Después de darles la solemne bendición mosaica, los pastores y los campesisnos se van muy conmovidos… 

Y los que se quedan regresan hacia sus casas. respectivas: la de Lázaro y la de Simón Zelote. 

Con el grupo de los discípulos entran también todos los demás.

Judas Iscariote avergonzado, se pone en un rincón semioscuro.

No se atreve a acercarse a Jesús, como hacen los demás…

Lázaro se congratula con Jesús.

Dice:

–      Siento que te marches…

Pero estoy más contento que si te hubiera visto marcharte anteayer.

–     ¿Por qué, Lázaro?

–     Porque te veía muy triste y cansado…

No hablabas, sonreías poco…

Eso fue ayer y hoy has vuelto a ser mi santo y dulce Maestro.

Me alegro mucho…

–     Lo era, aunque guardase silencio…

–     Lo eras, sí.

Pero Tú eres no sólo serenidad, sino también palabra.

Esto buscamos en Ti. En estas fuentes bebemos nuestra fuerza.

Y estas fuentes parecían sin agua… Penosa era nuestra sed… Ya ves cómo hasta incluso a los gentiles los ha sorprendido y han venido a buscarlas…

Judas de Keriot al cual se había acercado Juan de Zebedeo,

se decide a hablar:

–     Sí.

Me habían preguntado también a mí…

Porque muchas veces estuve cerca de la Torre Antonia, con la esperanza de verte.

Jesús responde preciso:

–     Sabías dónde estaba.

–     Lo sabía.

Pero no pensaba que pudieras decepcionar a quienes te esperaban.

Los romanos también se sintieron decepcionados.

No entiendo por qué has actuado así…

–     ¿Y tú me lo preguntas?

¿No estás al corriente del estado de ánimo del Sanedrín, de los fariseos y de otros, respecto a Mí?

–     ¿Quieres decir que tenías miedo?

–     No.

Náusea.

E1 año pasado, estando solo. Y era Yo solo solo contra todo un mundo que ni siquiera sabía si Yo era profeta…

Demostré que no tenía miedo. 

Y tú eres una de las adquisiciones de mi autoridad

Hice oír mi Voz, contra todo un mundo de gritos.

Hice oír la Voz de Dios a un pueblo que la había olvidado.

Purifiqué la Casa de Dios de las inmundicias materiales que había…

Sin esperar limpiarla completamente de las bajezas morales mucho más graves  que anidan en ella…

Porque no ignoro el futuro de los hombres.

Lo hice para cumplir mi deber; por celo de la Casa del Señor eterno,

la cual se había convertido en una plaza vociferadora de mercachifles, usureros y ladrones;

lo hice para remover de su sopor a quienes siglos de abandono sacerdotal habían hecho caer en el letargo espiritual.

Fue el reclamo que debía congregar a mi pueblo, para llevarlo a Dios…

Este año he vuelto… He visto que en  el Templo sigue lo mismo… 

Incluso ha empeorado.

Ha pasado de ser cueva de ladrones a ser sede de conjura y será sede del Delito  y luego lupanar,

para terminar destruido a manos de una fuerza más poderosa que la de Sansón que aplastará a una casta indigna de llamarse santa.

Es inútil hablar en ese lugar, en el cual, además – te lo recuerdo – se me prohibió hablar.

¡Pueblo desleal a la palabra dada, envenenado en sus cabezas. 

Pueblo que osa poner veto a que la Palabra de Dios hable en su Casa!

Sí, me fue prohibido. He guardado silencio por amor a los más pequeños.

No ha llegado todavía la Hora en que habrán de matarme.

Son demasiados los que tienen necesidad de Mí.   

Y mis apóstoles no son todavía suficientemente fuertes como para recibir en sus brazos a mi prole: el Mundo.

No llores, Madre buena; perdona esta necesidad de tu Hijo de decir, a quien quiere o puede engañarse, la verdad que sé…

Yo callo… pero, ¡Ay de aquellos por los cuales Dios calla!…  

Todos están sorprendidos y reaccionan…

Jesús pide:   

–     ¡Madre, Margziam, no lloréis!…

¡Que nadie llore! ¡Os lo ruego!

Pero en realidad todos, con más o menos pena, lloran.

Judas está pálido como un muerto y se ve más, con ese ropaje suyo de rayas amarillas y rojas…

Y tiene la osadía de insistir con esa voz tan llena de falsedad, que se oye plañidera y ridícula:

–     Créeme Maestro, que estoy sorprendido…

Confuso, adolorido y apenado. 

Y miente descaramente… 

 –    No sé qué quieres decir…Yo no sé… nada… De veras.

La verdad es que no he visto a ninguno de los del Templo, pues he roto los contactos con todos

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

Pero, si Tú lo dices, será verdad…  

Jesús lo mira fijamente…  

Jesús con el Carisma de Ciencia Infusa…

–     ¡Judas!… 

¿Ni siquiera viste a Sadoc, el escriba?

Judas baja la cabeza,

y farfulla:

–     Es un amigo…

Lo he visto como amigo, no como uno del Templo…

Jesús no le responde. 

Entretanto las mujeres consuelan a María, que está llorando…

Y al niño, que llora al ver llorar a María.

También a Lázaro y a los apóstoles se les ve apenados y muy tristes. 

Jesús, con un esfuerzo heroico que solo Dios ve, vuelve a sonreír y se dirige a ellos.

Mientras abraza a su Madre y acaricia al niño:

Dice:  

–     Me despido de los que se quedan.

Porque mañana al alba nos pondremos en camino.

Adiós, Lázaro; adiós, Maximino.

José, te agradezco todos los detalles que has tenido con mi Madre y con las discípulas  en este período de espera mientras Yo llegaba.

Gracias por todo.

Tú, Lázaro, bendice de nuevo a Marta en mi nombre. Volveré pronto.

Ven, Madre, a descansar.

También vosotras, María y Salomé, si queréis venir. 

Las dos Marías dicen: .

–     ¡Sí, claro que vamos! .

–     ¡Pues, hala, a la cama!

Paz a todos. Dios esté con vosotros.

Regresaré pronto, Madre. Ve a descansar.

La paz sea con todos vosotros.  

Y Jesús se va a su soledad acostumbrada, para orar…

La estancia en Betania ha terminado.

¡Padre, SI QUIERES aparta de Mí éste Cáliz! Pero NO SE HAGA MI VOLUNTAD, sino la Tuya!

178 EL HIJO PRÓDIGO


178 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Lázaro ve alejarse a los romanos y piensa en las palabras de Jesús…

Ha entregado la gran y gruesa bolsa, con monedas de oro y plata a Jesús y se retira.

Al día siguiente, es una mañana esplendorosa en Bethania y los pájaros llenan el aire con sus trinos, alegrando toda la campiña.

Jesús se asoma a la entrada de la puerta del patio y dice:

–  Juan de Endor ven aquí conmigo.

Debo hablarte.

El hombre deja al niño, a quién le estaba enseñando algo y acude pronto.

–     ¿Qué se te ofrece, Maestro?

–     Ven conmigo arriba.

A la terraza.

Suben y se sientan en donde no da el sol, porque hace mucho calor.

Jesús pasea su mirada sobre los campos cultivados en los que el trigo, día con día, se convierte en espigas doradas

y los árboles se hinchan con sus frutos.

Luego dice:

–    Escúchame Juan.

Creo que hoy viene Isaac y me traerá a los campesinos de Yocana antes de que regresen a sus campos.

He dicho a Lázaro que preste a Isaac un carro, para que puedan acelerar su regreso sin miedo a llegar con un retardo,  

lo que podría ocasionarles un castigo.

Ahora bien, de ti quiero otra cosa.

Tengo aquí una cantidad de dinero que me dio una persona para  los pobres del Señor.

Generalmente el encargado de guardar las monedas y de distribuir los óbolos es uno de los apóstoles: Judas de Keriot,

aunque alguna vez son los otros.

Judas no está aquí.

Por lo que se refiere a los otros apóstoles, no quiero que sepan lo que tengo intención de hacer.

Tampoco Judas debería saberlo esta vez.

Lo harás tú, en mi Nombre…

–     ¿Yo, Señor?..

¿Yo? ¡No soy digno de ello!…

–     Debes irte acostumbrando a trabajar en mi Nombre.

¿No has venido para esto?

–     Sí, pero pensaba que en lo que tenía que trabajar, era en reconstruir mi pobre alma.

–    Pues Yo te procuro el medio para hacerlo.

¿En qué has pecado? Contra la misericordia y el amor.

¿Con odio demoliste tu alma?…

Pues con amor y misericordia la reconstruirás. Te doy el material necesario.

Te voy a destinar de forma especial a las obras de misericordia y amor.

Tienes capacidad para el cuidado y la palabra, así que estás en condiciones de cuidar desdichas físicas y morales, tienes capacidad para hacerlo.

Empezarás con esta obra. Ten la bolsa.

Se la darás a Miqueas y a sus amigos.

Divídelo en partes iguales, siguiendo estas instrucciones:

Divide el total en diez partes; da cuatro a Miqueas, una para él, una para Saulo, una para Joel y una para Isaías.

Las otras seis partes, se las das a Miqueas para el anciano padre de Yabés y sus compañeros.

Así recibirán al menos un consuelo.

–     De acuerdo, pero ¿Qué razón les doy?

–     Dirás: “Esto es para que os acordéis de orar, por un alma que se está redimiendo”.

–     ¡A lo mejor piensan que soy yo!

No sería justo!»

–     ¿Por qué?

¿No quieres redimirte?

–     Lo que no sería justo es que creyeran que yo soy el donador.

–     No te preocupes.

Haz como te digo.

–     Obedezco…

Concédeme, al menos, aportar algo también yo. Total…

Ahora ya no tengo ninguna necesidad. Ya no compro más libros,  ya no tengo pollos que alimentar.  

Juan saxa de una bolsa que lleva en la cintura, muchas monedas y las añade a las monedas de Jesús.

agregando: 

–     A mí con muy poco me basta, así que… nada.

Ten, Maestro. Me quedo sólo con una mínima cantidad, para el gasto de las sandalias…

–     Que Dios te bendiga por tu misericordia…

Juan,  dentro de poco nos tendremos que despedir, porque tienes que ir con Isaac.

–     Lo lamento, Señor.

De todas formas obedezco.

–     Yo también siento separarme de ti.

Tengo mucha necesidad de discípulos itinerantes. Ya no doy abasto. Dentro de poco enviaré a los apóstoles, luego a los discípulos.

Tú lo harás muy bien. Te reservaré para misiones especiales.

Entretanto, te formarás con Isaac: es muy bueno.

el Espíritu de Dios lo ha instruido profundamente durante su larga enfermedad; es un hombre que ha perdonado todo siempre…

Por lo demás, dejarnos no significa no volvernos a ver. Nos encontraremos frecuentemente.

Y siempre que nos encontremos hablaré para ti; acuérdate de esto..

Juan se repliega sobre sí mismo, esconde su cara entre las manos y, rompiendo bruscamente a llorar,

dice quejumbroso:

–     ¡Oh! entonces dime ya ahora algo que me persuada de que estoy perdonado…

de que puedo servir a Dios… Si supieras cómo veo mi alma, ahora que se ha desvanecido el humo del odio… y cómo…

Y cómo pienso en Dios…

–     Lo sé.

No llores. Permanece en la humildad, pero sin descorazonarte. Si hay desaliento, hay todavía soberbia.

Ten sólo humildad, solamente humildad. ¡Venga, ánimo, no llores!…

Juan de Endor se va calmando poco a poco…

Cuando lo ve ya calmado,

Jesús dice:

–     Ven, vamos a la sombra de aquel grupo de manzanos.

Reunamos a los compañeros y a las mujeres. Voy a hablarles a todos.

A ti en particular te voy a decir cómo te ama Dios.

Bajan hacia el lugar indicado y a medida que se van acercando, los demás se van reuniendo en torno a ellos.

Llegan. Se sientan en círculo a la sombra de los manzanos.

Lázaro, que estaba hablando con Simón Zelote, también se une al grupo.

Son en total veinte personas.

Jesús dice: 

–     Escuchad.

Se trata de una hermosa parábola que os guiará con su luz en muchos casos.

Un hombre tenía dos hijos.

El mayor era serio, trabajador, inclinado al afecto, obediente y también no tenía carácter para ser un líder.

porque era un poco tardo y se dejaba guiar para no tener que esforzarse en decidir por sí..

El segundo era más inteligente que el mayor;  pero  también era rebelde, distraído, amante del lujo y el placer, gastador y ocioso.

La inteligencia es un gran don de Dios, pero debe ser usado con sabiduría;

si no, es como ciertas medicinas que, si se usan mal, en vez de curar matan.

Su padre – estaba en su derecho y cumplía su deber – le instaba para que viviera con más sensatez.

Mas no obtenía ningún resultado, aparte del de recibir contestaciones y de que el hijo se solidificara más en sus torcidas ideas.

Finalmente un día, tras una discusión más acalorada que las precedentes, el hijo menor dijo:

“Dame la parte de los bienes que me corresponde; así ya no tendré que oír ni tus reprensiones ni las quejas de mi hermano. A cada uno lo suyo y se acabó”.

“Piensa – respondió el padre – que dentro de poco te quedarás sin nada. ¿Qué harás entonces?

Ten en cuenta que no me voy a comportar con injusticia para favorecerte y que no voy a tomar ni un céntimo de la parte de tu hermano para dártelo a ti”.

–     No te pediré nada, puedes estar seguro; dame mi parte.

El padre encargó la valoración de las tierras y de los objetos preciosos

Y viendo que dinero y joyas sumaban lo que las tierras, dio al mayor los campos y las viñas, hatos de ganado y olivos.

Y al menor el dinero y las joyas.

El más joven lo vendió inmediatamente, transformando así todo en dinero.

Hecho esto, pasados pocos días, se marchó a un país lejano.

Allí vivió como un gran señor, despilfarrando todo lo que tenía en todo tipo de juergas, haciéndose pasar por el hijo de un rey; 

pues se avergonzaba de decir: “soy un aldeano”), con lo cual renegaba de su padre.

Festines, amigos y amigas, vestidos, vino, juego… vida disoluta..

Pronto vio mermar sus fondos y aproximársele la pobreza;

además, para agravar la pobreza, se abatió sobre la región una gran carestía, con lo cual se agotaron los pocos fondos que le quedaban.

Habría podido volver con su padre, pero como era soberbio, no quiso.

Se dirigió entonces a un hombre rico de la región, que había sido amigo suyo en los buenos tiempos, y le suplicó:

La razon por la que muchos no conocen la voluntad de Dios, es porque sólo quieren hacer la suya…

`Acuérdate de cuando gozaste de mi riqueza, acógeme como siervo tuyo”.

¡Daos cuenta de lo necio que es el hombre!:

Prefiere someterse al látigo de un patrón antes que decir a un padre: “¡Perdón, reconozco mi error!”

Aquel joven había aprendido muchas cosas inútiles con su despierta inteligencia, pero no había querido aprender lo que dice el Libro del Eclesiástico:

“^Qué infame es el que abandona a su padre! 

¡Cuánto maldice Dios a quien angustia el corazón de su madre!”.

Era inteligente, pero no sabio.

Aquel hombre a quien se había dirigido, como paga de lo mucho que había recibido del joven necio, lo puso a cuidar los cerdos.

Estaban en una región pagana y había muchos cerdos.

Le encargó de llevar las piaras a sus pastos.

El joven, todo sucio, andrajoso, maloliente, hambriento – la comida escaseaba para todos los siervos y especialmente para los ínfimos…

(él, porquerizo extranjero, escarnecido estaba entre los ínfimos) –

Veía que los cerdos se saciaban de bellotas y suspiraba: “¡Si al menos pudiera llenar mi estómago de estos frutos!!

¡Pero son demasiado amargos! Ni siquiera el hambre me los hace apetecer!”.

Y lloraba al pensar en los ricos festines de sátrapa, que poco tiempo antes celebraba entre risas, canciones, bailes…

Y también en la honrada y bien provista mesa de su casa, ahora lejana…

Y en cómo su padre dividía para todos imparcialmente, reservándose para sí, siempre la parte menor,

contento de ver en sus hijos un sano apetito…

Y pensaba también en la parte que aquel hombrr justo reservaba para los siervos.

Y suspiraba:

“Los peones que trabajan para mi padre, incluso los ínfimos, tienen pan en abundancia..,

Y yo aquí me estoy muriendo de hambre…”.  

Siguió un largo y trabajoso proceso de reflexión, un largo combate para estrangular a la soberbia…

Por fin llegó el día en que, renacido en humildad y sabiduría, se paró y dijo: “¡Iré donde mi padre!

Es una necedad este orgullo que me tiene apresado. ¿Orgullo por qué?

¿Por qué ha de seguir sufriendo mi cuerpo, y más aún mi corazón, pudiendo obtener perdón y consuelo?

Iré donde mi padre. Ya está decidido.

¿Que qué le voy a decir?

¡Pues lo que me ha nacido aquí dentro, en esta abyección, entre esta inmundicia, por las dentelladas del hambre!

Le diré: “Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo;

trátame pues, como al último de tus peones… pero déjame estar bajo tu techo. Que yo te vea pasar…”

No podré decirle: “…porque te quiero”. No lo creería. Se lo dirá mi vida. Él lo comprenderá.

Y antes de morir me volverá a bendecir…

¡Sí, lo espero, porque mi padre me quiere!”.

Habiendo decidido esto, cuando regresó al atardecer al pueblo, se despidió del patrón y se puso en camino hacia su casa, mendigando…

Ya ve los campos paternos, ya la casa… y a su padre, dirigiendo el trabajo de los hombres…

¡Oh, está más viejo y más delgado por el dolor, pero sigue emanando bondad!…

¡Ah, el transgresor, al ver el deterioro que había causado, se detuvo atemorizado!

Pero el padre, volviendo la cabeza, lo vio…

¡Ah, fue corriendo a su encuentro, pues todavía estaba lejos; cuandose acercó a él, le echó los brazos al cuello, lo besó!

El padre fue el único que lo reconoció, que vio en ese mendigo abatido, a su hijo.

Y fue el único que tuvo hacia él un movimiento de amor.

El hijo, abarcado por esos brazos, con la cabeza apoyada en el hombro paterno, susurró sollozando:

“Padre, deja que me postre a tus pies”.

“¡No, hijo mío, a mis pies no.

Reclina tu cabeza en este pecho mío que tanto ha sufrido por tu ausencia y necesita revivir sintiendo tu calor!”.

El hijo, llorando más fuerte, dijo:

“¡Padre mío, he pecado contra el Cielo y contra ti, ya no soy digno de que me llames hijo;

permíteme vivir con tus siervos, bajo tu techo; que pueda verte y comer tu pan.

Que pueda servirte y aspirar tu respiro:

con cada uno de los bocados de tu pan, con cada movimiento de tu respiración,

mi corazón, harto corrompido ahora, se reformará y yo me haré honesto…!”

Pero el padre, sin dejar de abrazarlo, lo condujo a donde estaban los siervos, que se habían arremolinado a distancia a observar lo que sucedía,

y les dijo:

“Rápido, traed el vestido mejor, palanganas con agua perfumada; lavadlo, perfumadlo, vestidlo, ponedle calzado nuevo y un anillo en el dedo.

Luego, tomad un ternero cebado, matadlo y preparad un banquete.

Porque este hijo mío había muerto y ahora ha resucitado, lo había perdido y ha sido hallado.

Quiero que encuentre de nuevo su sencillo amor de cuando era niño; mi amor y la fiesta de la casa por su regreso se lo deben dar.

Debe comprender que sigue siendo para mí, el amado hijo último en nacer,

como era en su ya lejana infancia, cuando caminaba a mi lado alegrándome con su sonrisa y con sus balbuceos”.

Y así lo hicieron los siervos.

El hijo mayor estaba en el campo. No supo nada de lo sucedido hasta su regreso.

A1 anochecer, de vuelta al hogar, vio

que la casa estaba radiante de luces…

Y oyó que de ella provenían música y rumor de danzas.

Llamó a uno de la servidumbre, que corría atareado, y le dijo: “¿Qué sucede?”.

El siervo respondió: “^Ha vuelto tu hermano”.

Tu padre ha mandado matar el ternero cebado porque ha recuperad a su hijo sano, curado de su grave mal.

Y ha ordenado celebrar un banquete.

Sólo faltas tú para que empiece la fiesta”.

Mas el hijo primogénito montó en cólera, porque le parecía una injusticia el que se hiciera tanta fiesta por el menor, 

el cual, además de ser el menor, había sido malo.

Y no quiso entrar; no sólo eso, sino que quería alejarse de la casa.

Advirtieron al padre de lo que estaba sucediendo.

Se apresuró a salir, siguió al hijo y le dio alcance.  Trató de convencerlo y le rogó que no amargase su gozo.

Pero el primogénito respondió a su padre “¿Cómo quieres que no me altere?

Estás actuando injustamente con tu primogénito, lo estás despreciando.

Desde que he podido empezar a trabajar, hace ya muchos años, te he servido.

No he transgredido nunca ninguna disposición tuya, no he contrariado tan siquiera un deseo tuyo;

he estado siempre a tu lado y te he amado por dos, para que sanara la llaga que te había producido mi hermano…

Y no me has dado ni siquiera un cabritillo para que lo disfrutara con mis amigos.

21. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Sin embargo, a este que te ha ofendido, que te ha abandonado, que ha sido haragán y gastador.

Y que vuelve ahora traído por el hambre, ~ haces los honores y matas para él el mejor ternero.

¿Vale la pen, entonces, ser trabajador y abstenerse de los vicios? ¡No has actuado correctamente conmigo!”.

Entonces dijo el padre, estrechándolo contra su pecho:

“¡Oh, hijo mío, ¿Cómo puedes creer que no te quiero, por el hecho de que no haya extendido sobre tus obras un velo de fiesta?

Tus obras son de por sí santas. Por tus obras te alaba el mundo.

Sin embargo, este hermano tuyo necesita que su imagen, ante el mundo y ante sí mismo, sea restaurada.

¿Acaso crees que no te quiero por el hecho de que no te recompense visiblemente?

Durante todo el día, en cada movimiento de mi respiración, en cada pensamiento, te tengo presente en mi corazón. 

A cada instante que pasa yo te bendigo.

Tienes el premio continuo de estar siempre conmigo. Todo lo mío es tuyo…

Era justo hacer un banquete, celebrar una fiesta, por este hermano tuyo que había muerto y ha resucitado para el Bien.

Que se había extraviado y ha sido restituido a nuestro amor”.

Y el primogénito cedió.

Lo mismo amigos míos, sucede en la Casa del Padre.

Todo aquel que se vea como el hijo menor de la parábola, piense igualmente que si le imita en su retorno al Padre,

el Padre le dirá: “No te arrojes a mis pies.

Reclina tu cabeza sobre este corazón mío que ha sufrido por tu ausencia y que ahora goza con tu regreso”.

El que esté en la condición del hijo primogénito, sin culpa ante el Padre, que no se muestre celoso de la alegría paterna;

antes bien, se una a ella amando a su hermano redimido.

He dicho.

Quédate aquí, Juan de Endor; tú también, Lázaro.

Los demás que vayan a aparejar las mesas.

Dentro de poco vamos también nosotros.

Todos se retiran.

Una vez que se han quedado solos Jesús, Lázaro y Juan,

Jesús les dice:

–    Así sucederá con la querida alma que esperas, Lázaro.

Así sucede con tu alma, Juan

La bondad de Dios rebasa todo límite…

Los apóstoles, la Madre de Jesús y las otras mujeres se dirigen hacia la casa,

precedidos todos por Margziam, que va saltando presuroso hacia adelante.

172 LA PRIMERA ERMITAÑA


172 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús vuelve solo, a casa de Simón Zelote.

La tarde cae, apacible y serena después de tanto sol.

Jesús se asoma a la puerta de la cocina, saluda…

Y sube a meditar a la habitación de arriba, que ya está preparada para la cena.

El Señor no parece muy contento.

Suspira bastante y pasea de un lado para otro por la sala, lanzando de vez en cuando una mirada hacia las tierras de los alrededores,

visibles desde las muchas puertas de esta amplia habitación, que es un cubo construido encima del piso bajo.

Sale también a pasear por la terraza, dando la vuelta a toda la casa.

Y se queda inmóvil, en el lado posterior, mirando a Juan de Endor,

el cual, amablemente, está sacando agua de un pozo para ofrecérsela a Salomé, que está muy atareada.

Mira, menea la cabeza y suspira.

La potencia de su mirada despierta la atención de Juan, que se vuelve a mirar,

y pregunta:

–     Maestro, ¿Me quieres para algo?

–     No, sólo te miraba. 

Salomé dice:

–     Juan es bueno.

Me ayuda. Dios le recompensará también esa ayuda.

Jesús, después de estas palabras, entra de nuevo en la habitación y se sienta.

Está tan absorto, que no advierte el rumor de muchas voces y numerosos pasos en el pasillo de entrada.

Y luego una pisada ligera que sube la escalerita exterior y se acerca a la sala.

Sólo cuando María lo llama, levanta la cabeza.

–     Hijo, ha llegado a Jerusalén Susana. 

Y ha venido inmediatamente acompañando a Áglae.

¿Quieres escucharla ahora que estamos solos?

Jesús dice:

–     Sí, Madre.

Enseguida. Y que no suba nadie hasta que haya terminado todo; lo cual espero que sea antes del regreso de los demás.

Te ruego que vigiles para que no haya curiosidades indiscretas… en ninguno…

Y especialmente por lo que se refiere a Judas de Simón.

–     Vigilaré con esmero…

María sale.

Y vuelve poco después trayendo de la mano a Áglae, que ya no está arrebozada en su grueso manto gris y en su velo  que le cubría el rostro.

Ya no lleva las sandalias altas, con su complicado sistema de hebillas y correas.

Ahora está transformada; parece en todo una hebrea, con sus sandalias bajas y lisas, simplísimas como las de María.

Con su túnica azul oscura y el manto encima formando elegantes pliegues.

Con un velo blanco colocado como lo usan las mujeres hebreas de clase llana:

sencillamente sobre la cabeza y con uno de los extremos echado hacia atrás, de forma que cubre el rostro pero no del todo.

Este atavïo, como lo usan una infinidad de mujeres y el hecho de estar en un grupo de galileos, la han protegido a Áglae de ser reconocida.

Entra con la cabeza baja. A cada paso que da se ruboriza más. Si María no tirase delicadamente de ella hacia Jesús, lo más seguro es que se habría arrodillado en el umbral de la puerta. 

Cuando llegan hasta donde está Jesús,

María la presenta: 

–     Mira Hijo…

Aquí está la mujer que desde hace tanto tiempo te está buscando. Escúchala…

Y se retira, corriendo las cortinas para cubrir los arcos de las puertas, que están abiertas de par en par.

Y cierra la puerta más cercana a la escalera.

Áglae deja a un lado el fardo que llevaba cargado a la espalda, se arrodilla a los pies de Jesús…

Y rompe a llorar impetuosamente.

Se curva hasta el suelo y sigue llorando con la cabeza apoyada sobre los brazos cruzados.  

Jesús le dice:

–     No llores de ese modo.

Ya no es momento de llanto. Sí debías haberlo hecho cuando estabas enemistada con Dios; no ahora, que lo amas y te ama.

Pero Áglae sigue llorando…

–     ¿No crees que es así?

La voz se abre paso entre los sollozos:

–     Lo amo, es verdad.

Como sé hacerlo, como puedo…

Pero, a pesar de que yo sepa y crea que Dios es Bondad, no puedo atreverme a esperar recibir su amor. He pecado demasiado…

Un día quizás lo tendré, pero todavía me queda mucho que llorar… Por ahora estoy sola en mi amor. Estoy sola…

No es la desesperada soledad de estos años. Es una soledad llena de deseo de Dios y,por tanto, ya no es soledad desesperada…

Pero es tan triste, tan triste…

–     Áglae, ¡Qué mal conoces todavía al Señor!

Este deseo que tienes de Él te es prueba de que Dios responde a tu amor, es amigo tuyo, te llama, te invita, le interesas.

Dios es incapaz de permanecer inerte ante el deseo de una criatura, porque ese deseo lo ha encendido Él – Creador y Señor de toda criatura, en ese corazón.

Y lo ha encendido Él porque ha amado con privilegiado amor a esa alma que ahora lo anhela.

El deseo de Dios siempre precede al deseo de la criatura, porque Él es el Perfectísimo y por tanto, su Amor es mucho más diligente e intenso que el de la criatura.

–     Pero, ¿Cómo puede amar Dios mi fango?

–     No trates de entender con tu inteligencia.

Es una inmensidad de Misericordia, incomprensible para la mente humana.

Pero lo que no puede ser comprendido por la inteligencia del hombre, lo comprende la inteligencia del amor, el amor del espíritu.

Éste comprende y entra seguramente en el misterio de Dios y en el de las relaciones del alma con Dios. Entra, Yo te lo digo.

Entra, porque Dios lo quiere.

–     ¡Oh, Salvador mío!

Pero entonces… ¿Estoy realmente perdonada? ¿Me ama verdaderamente Dios? ¿Debo creerlo?

–     ¿Te he mentido alguna vez?

–     ¡Oh, no, Señor!

Todo lo que me dijiste en Hebrón se ha cumplido.

Me has salvado, como dice tu Nombre.

Yo era una pobre alma perdida y Tú me has buscado.

Llevaba mi propia alma muerta y Tú me la has devuelto a la vida.

Me dijiste que si te buscaba te encontraría. Y fue verdad.

Me dijiste que estás dondequiera que el hombre tenga necesidad de un médico y de medicinas.

Y es verdad.

Todo le que le dijiste a la pobre Áglae, desde las palabras de aquella mañana de Junio hasta las otras de Agua Especiosa…

–     Debes creer entonces, también en éstas.

–     ¡Sí! ¡Creo!

¡Creo! ¡Pero, dime: “Yo te perdono”!

–     Yo te perdono en nombre de Dios y de Jesús.

–     Gracias…

Y.. ¿Ahora qué tengo que hacer?

Dime, Salvador mío, ¿Qué tengo que hacer para obtener la Vida eterna?

Los hombres se corrompen sólo con mirarme…

No puedo vivir temblando continuamente por el miedo a ser descubierta y asediada…

Durante el viaje que he hecho para venir aquí, me he sentido temblar a cada mirada de hombre…

No quiero ni pecar ni hacer pecar.

Indícame el camino que debo seguir; el que sea, que lo seguiré.

Como puedes ver, soy fuerte incluso en la penuria…

Si por excesiva penuria encontrase la muerte, no por ello tendría miedo:

La llamaré “amiga mía” porque me alejará de los peligros de este mundo y para siempre.

Habla, Salvador mío.

–     Ve a un lugar desierto.

–     ¿A dónde, Señor?

–     A donde quieras.

A donde te conduzca tu espíritu.

–     ¿Será capaz de tanto mi espíritu apenas formado?

–     Sí, porque Dios te guía.

–     ¿Y quién me va a hablar en lo sucesivo de Dios?

–     Por ahora, tu alma resucitada.

–     ¿Te volveré a ver?

–     No en este mundo.

Pero dentro de poco te redimiré del todo y entonces visitaré tu espíritu, para prepararte a la ascensión hacia Dios.

–     ¿Cómo se producirá mi completa redención si no te voy a volver a ver?

¿Cómo me la vas a dar?

–     Muriendo por todos los pecadores».

–     ¡Oh,… morir!…

¡No, Tú no!

–     Para daros la Vida debo darme la muerte.

Por esto he venido en cuerpo humano. No llores…

Vendrás conmigo pronto después de nuestro sacrificio.

–     ¡Mi Señor!

¿Voy a morir yo también por ti?

–     Sí; pero de otra forma…

Hora a hora morirá tu carne por deseo de tu voluntad. Hace ya casi un año que está muriendo.

Cuando haya muerto del todo, te llamaré.

–     ¿Tendré la fuerza suficiente para destruir mi carne culpable?

–     En la soledad donde estarás…

Y donde Satanás, en la medida en que tú vayas siendo cada vez más del Cielo, te atacará también cada vez más, rencoroso y violento. 

 Encontrarás a un apóstol mío, primero pecador, luego redimido.

–     Entonces no es aquel hombre bendito que me hablaba de Tí, ¿No?

Demasiado honesto es como para haber sido pecador.

–     No es él, es otro.

Irá a ti en su momento. Entonces te hablará de lo que ahora no puedes conocer. Ve en paz.

Y que la bendición de Dios te acompañe.

Áglae ha estado de rodillas durante todo el tiempo, se curva para besar los pies del Señor.

No se atreve a más.

Luego coge su fardo y lo vuelca:

Caen al suelo unos vestidos sencillos, un saquito pequeño que suena al chocar contra el suelo y un frasco de un delicado alabastro rosa.

Áglae vuelve a meter los vestidos en el fardo, recoge del suelo el saquito,

y dice:

–     Esto es para tus pobres.

Es el resto de mis joyas. Sólo me he reservado algunas monedas como viático…

Aunque no me lo hubieras dicho, ya tenía pensado irme lejos.

Y esto es para ti. No es tan suave como el perfume de tu santidad, pero es lo mejor que puede dar la tierra.

Aunque me servía para hacer lo peor… Que Dios me conceda perfumar al menos como esto en tu presencia en el Cielo…

Y quitando el tapón precioso del frasco, esparce su contenido por el suelo.

La preciosa esencia impregna las baldosas, subiendo a oleadas un penetrante olor a rosas.

Áglae retira el frasco vacío.

–     Como recuerdo de este momento…

Luego se inclina una vez más a besar los pies de Jesús.

Se levanta y se retira caminando hacia atrás.

Sale y cierra la puerta…

Se oye su paso alejándose en dirección a la escalera.

Y su voz, que intercambia unas pocas palabras con María.

Luego el ruido de las sandalias contra los escalones… y nada más.

De Áglae sólo queda a los pies de Jesús, el saquito.

Y por toda la sala, el intensísimo aroma que esparció el amor de su ovejita arrepentida.

Jesús se pone de pie…

Recoge el saquito y se lo lleva al pecho.

Va Hacia uno de los arcos que da hacia el camino…

Y sonríe al ver a la mujer sola, alejándose con su manto hebreo, en dirección a Belén.

Hace un gesto de bendición…

Luego va a la terraza y desde allí llama a su Madre.

María sube ágilmente la escalera.

Y dice: 

–    La has hecho feliz, Hijo mío.

Se ha marchado con fortaleza y paz.

–     Sí, Madre.

Mándame el primero a Andrés, cuando regrese.

Pasa un tiempo y se oyen las voces de los apóstoles, que vuelven conversando entre sí…

Andrés va donde Jesús:

–     ¿Maestro, me has llamado?

–     Sí. Ven.

Ninguno lo va a saber, pero a ti es de justicia decírtelo Andrés.

Gracias en nombre de Dios y de un alma.

–     ¿Gracias?…

¿Por qué?

–     ¿Hueles este perfume?

Es el recuerdo de la Velada. Ha venido. Está salvada.

Andrés se pone colorado como una fresa, se derrumba de rodillas y no encuentra ni una palabra…

Por fin dice:

–     Ahora estoy contento. 

¡Bendito sea el Señor!

–     Sí. Levántate.

No les digas a los demás que ha estado aquí.

–     Guardaré silencio, Señor.

–     Ahora puedes marcharte.

Escucha… ¿Está todavía Judas de Simón?

La boca habla de lo que está lleno el corazón y en la posesión demoníaca perfecta, Satanás SIEMPRE se manifiesta…

–     Sí, ha querido acompañarnos…

Diciendo… muchas mentiras. ¿Por qué actúa así, Señor?

–     Porque es un muchacho consentido.

Dime la verdad: ¿Habéis reñido?

–     No.

Mi hermano está demasiado contento con su hijo como para tener ganas de discutir.

Los demás… ya sabes… son más prudentes.

Pero eso sí, en nuestro interior estamos todos molestos. De todas formas, después de la cena se vuelve a marchar…

Otros amigos… dice. ¡Oh y también como desprecia a las meretrices!…

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE OCULTAR su esencia: la presunción, la mentira y la soberbia…

–     Tranquilo.

Andrés, creo que tú también te debes sentir feliz esta tarde…

–     Sí, Maestro.

Yo también tengo mi invisible pero tierna paternidad. Hasta luego…

Andrés se va…

Pasa todavía otro rato más y suben en grupo los apóstoles con el niño y Juan de Endor.

Los siguen las mujeres con las viandas y las candelas.

Por último, Lázaro y Simón.

Nada más entrar en la sala exclaman:

–     ¡Ah,… entonces provenía de aquí!

Y olfatean el ambiente impregnado de perfume de rosas; saturado a pesar de que las puertas estén abiertas de par en par. 

Y varios preguntan:

 –     Pero, ¿Quién ha perfumado de este modo esta habitación?

–     ¿Marta, quizás?

Lázaro responde:

–     Mi hermana no se ha movido de casa hoy después de la comida. 

Pedro entra y bromea diciendo:

–     ¿Y quién ha sido entonces?

¿Algún sátrapa asirio? 

Jesús contesta con seriedad:

–     El amor de una redimida.  

Judas replica enfadado:

–     Podía haberse ahorrado esta inútil ostentosidad de redención…

Y haber dado el coste a los pobres.

Son muchos y saben que nosotros damos. Yo no tengo ya ni un céntimo.

Y tenemos que comprar el cordero, alquilar la sala para el Cenáculo y…  

Lázaro dice:

–     Pero si os he ofrecido yo todo…

–     No es justo.

Pierde su belleza el rito. La Ley dice: “Tomarás el cordero para ti y para tu casa”. No dice: “Aceptarás el cordero”.

Bartolomé se vuelve como movido por un resorte, abre la boca, pero… la cierra.

Pedro se pone carmesí por el esfuerzo de guardar silencio.

Pero Simón Zelote, que está en su casa, siente que puede hablar…

Y dice:

–     Eso son sutilezas rabínicas…

Te ruego que las olvides y que eso sí, guardes respeto a mi amigo Lázaro.  

Pedro no habla, pero ¡Sí!

explota:

–     ¡Sí señor, Simón!

Me parece además, que nos olvidamos demasiado de que el Maestro es el único que tiene derecho a enseñar…

Pedro dice ese “nos olvidamos” haciendo un esfuerzo heroico por no decir

“Judas se olvida”. 

Y Judas admite:

–     Es verdad…

Pero… es que estoy nervioso. Perdona, Maestro.

–     Sí.

Y también te respondo.: La gratitud es una gran virtud.

Yo le estoy agradecido a Lázaro. Como también esta mujer redimida me ha dado las gracias.

Derramo sobre Lázaro el perfume de mi bendición, incluso por aquellos de entre mis apóstoles, que no lo saben hacer.

Yo, que soy cabeza de todos vosotros.

Esta mujer ha derramado a mis pies el perfume de la alegría por su redención. Ha reconocido al Rey y a Él ha venido,

antes que otros muchos, sobre quienes el Rey ha derramado mucho más amor que no sobre ella. Dejadla actuar libremente y no la critiquéis.

No podrá estar presente en el momento que me aclamen, como tampoco en el momento de mi unción Ya lleva sobre sus espaldas su cruz.

Pedro, has preguntado que si había venido aquí un sátrapa asirio. Pues bien, en verdad te digo que ni siquiera el incienso de los Magos, tan puro y precioso como era…

Igualaba en suavidad y valor a éste.

La esencia está diluida en el llanto; por eso es tan penetrante:

La humildad sostiene al amor y lo hace perfecto.

Sentémonos a la mesa, amigos…

Con el ofrecimiento de la comida, la visión concluye.

EL COMBATE ESPIRITUAL 2


6. San Patricio de Irlanda

Era de origen romano-bretón. Su padre Calpurnio era diácono y oficial del ejército romano; su madre era familia de San Martín de Tours; su abuelo había sido sacerdote.

Alrededor del año 403, a la edad de 16 años cayó prisionero de piratas junto con otros jóvenes, para ser vendido como esclavo a un pagano del norte de Irlanda llamado Milcho. (Que era un sacerdote druida)

Lo sirvió cuidando ovejas. Trató de huir varias veces, sin éxito.

La Divina Providencia aprovechó este tiempo de esclavitud, de rudo trabajo y sufrimiento, para espiritualizarlo.

Preparándolo para el futuro, pues en sus propias palabras dice que:

“aún no conocía al verdadero Dios”, queriendo decir que había vivido indiferente ante la religión y se preocupaba más por las cosas del mundo… 

Con familiares santos, educación católica completa y una TIBIEZA espiritual escalofriante… 

No hay qué olvidar que Dios permite las pruebas para nuestro bien y durante ese período, Patricio conoció perfectamente las costumbres y la cultura religiosa de las personas a las que servía… 

Y del pueblo que lo rodeaba… 

En ese período de esclavitud lo más importante, como él lo dice:

“oraba de continuo durante las horas del día…

Y fue así como el amor de Dios y el temor ante su grandeza, crecieron más dentro de mí, al tiempo que se afirmaba mi fe y mi espíritu se conmovía y se inquietaba,

de suerte que me sentía impulsado a hacer hasta cien oraciones en el día y por la noche otras tantas.

Con este fin, permanecía solo en los bosques y en las montañas. Y si acaso me quedaba dormido, desde antes de que despuntara el alba me despertaba para orar.

En tiempos de neviscas y de heladas, de niebla y de lluvias.

Por entonces estaba contento, porque lejos de sentir en mi la tibieza que ahora suele embargarme, el espíritu hervía en mi interior”.

Después de seis años en tierra de Irlanda y de haber rezado mucho a Dios para que le iluminara sobre su futuro;

Una noche soñó que una voz le mandaba salir huyendo y llegar hasta el mar, donde un barco lo iba a recibir.

Huyendo, caminó más de 300 kilómetros para llegar a la costa.

Encontró el barco, pero el capitán se negaba rotundamente a transportarlo. Sus reiteradas peticiones para que le dejasen viajar gratis fueron siempre rechazadas.

Hasta que al fin, después de mucho orar con fervor, el capitán accedió a llevarlo hasta Francia.

La travesía fue aventurada y peligrosa. Después de tres días de tormenta en el mar, tocaron tierra en un lugar deshabitado de la costa.

Caminaron un mes sin encontrar a nadie y hasta las provisiones se agotaron.

Patricio narra esa aventura diciendo:

“llegó el día en que el capitán de la nave, angustiado por nuestra situación, me instaba a pedir el auxilio del cielo.

Y me decía: ‘¿Cómo es que nos sucede esto, cristiano? Dijiste que tu Dios era grande y todopoderoso.

¿Por qué entonces no le diriges una plegaria por nosotros, que estamos amenazados de morir por hambre? Tal vez no volvamos a ver a un ser humano…’

A aquellas súplicas yo respondí francamente:

‘Poned toda vuestra confianza y volved vuestros corazones al Señor mi Dios, para quien nada es imposible, a fin de que en este día os envíe vuestro alimento en abundancia

y también para los siguientes del viaje, hasta que estéis satisfechos puesto que Él tiene de sobra en todas partes’.

Fue entonces cuando vimos cruzar por el camino una piara de cerdos. Mis compañeros los persiguieron y mataron a muchos. Ahí nos quedamos dos noches.

Y cuando todos estuvieron bien satisfechos y hasta los perros que aún sobrevivían quedaron hartos, reanudamos la caminata.

Después de aquella comilona todos mostraban su agradecimiento a Dios y yo me convertí en un ser muy honorable a sus ojos y desde aquel día tuvimos alimento en abundancia.”

Finalmente llegaron a lugar habitado y así Patricio quedó a salvo a la edad de veintidós años y volvió a su casa.

Con el tiempo durante las vigilias de Patricio en los campos, se reanudaron las visiones que había tenido…

Y a menudo, oía “las voces de los que moran más allá del bosque Foclut, más allá del mar del oeste.

Y así gritaban todas al mismo tiempo, como si salieran de una sola boca, estas palabras:

‘Clamamos a ti, oh joven lleno de virtudes, para que vengas entre nosotros nuevamente’ “.

Eternas gracias deben dársele a Dios, porque al cabo de algunos años el Señor les concedió aquello por lo que clamaban.

Porque Patricio pasó varios años en Francia antes de realizar su trabajo de evangelización en Irlanda.

Sostuvo buenas relaciones personales con el obispo San Germán de Auxerre.

Durante este tiempo le ordenaron sacerdote.

Hizo un viaje a Roma y el Papa Celestino I fue quien le envió a Irlanda con una misión especial…

Ya que su primer enviado Paladio nunca logró cumplir, porque a los doce meses de haber partido murió en el norte de Britania.

Para realizar esa misión encomendada por el Pontífice, San Germán de Auxerre consagró obispo a Patricio.

Se afirma que a su arribo a tierras irlandesas, San Patricio permaneció una temporada en Ulster, donde fundó el monasterio de Saúl. 

Y con la energía que lo caracterizaba se propuso la tarea de conquistar el favor del “Gran Rey” Laoghaire, que vivía con su corte en Tara, de la región de Meath.

Utilizaba un lenguaje sencillo al evangelizar.

Por ejemplo, para explicarles acerca de la Santísima Trinidad, les presentaba la hoja del trébol, diciéndoles que así como esas tres hojitas forman una sola verdadera hoja,

así las tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, forman un solo Dios verdadero.

Todos lo escuchaban con gusto, porque el pueblo lo que deseaba era entender.

Trabajó en el norte, en la región de Slemish, con un esfuerzo heroico en las tierras donde había estado cautivo y  donde Patricio cuidaba el ganado y oraba a Dios cuando era un joven esclavo.

Una anécdota relata que cuando el amo se enteró del regreso de Patricio convertido en venerado predicador, se puso tan furioso que prendió fuego a su propia casa, pereciendo en medio de las llamas.

San Patricio y sus enemigos

Sus acérrimos opositores fueron los DRUIDAS, sacerdotes y representantes de los dioses paganos.

También sufrió mucho a manos de los herejes pelagianos, que para arruinar su obra recurrieron inclusive a la calumnia.

Para defenderse, Patricio escribió su Confessio.

Por fortuna poseemos una colección bastante nutrida de esos escritos, que nos muestra algo de él mismo, como sentía y actuaba.

Circulaba entre los paganos un extraño vaticinio, una profecía respecto al santo, que Muirchu su historiador nos transmite textualmente así:

“Cabeza de azuela (referencia a la forma aplanada de la cabeza tonsurada) vendrá con sus seguidores de cabezas chatas.

Y su casa (casulla o casuela, es decir casa pequeña) tendrá un agujero para que saque su cabeza.

Desde su mesa clamará contra la impiedad hacia el oriente de su casa. Y todos sus familiares responderán, Amén, Amén”.

Por lo tanto cuando sucedan todas estas cosas, nuestro reino que es un reinado de idolatría, se derrumbará”.

En la evangelización, San Patricio puso mucha atención en la conversión de los jefes, aunque parece ser que el mismo rey Laoghaire no se convirtió al cristianismo, pero si varios miembros de su familia.

Consiguió el amparo de muchos jefes poderosos, en medio de muchas dificultades y constantes peligros, incluso el riesgo de perder la vida (más de cinco veces) en su trato con aquellos bárbaros.

Pero se notaba que había una intervención milagrosa de Dios que lo libraba de la muerte todas las veces que los enemigos de la religión trataban de matarlo.

En un incidente que ocurrió en misión su cochero Odhran, insistió en reemplazar al santo en el manejo de los caballos que tiraban del coche,

por consiguiente fue Odhram quien recibió el golpe mortal de una lanza que estaba destinada a quitarle la vida a San Patricio.

No obstante los contratiempos, el trabajo de la evangelización de Irlanda, siguieron firmes.

En varios sitios de Irlanda, construyó abadías, que después llegaron a ser famosas y alrededor de ellas nacieron las futuras ciudades.

En Leitrim, al norte de Tara, derribó al ídolo de Crom Cruach y fue uno de los lugares donde edificó una de las iglesias cristianas. En la región de Connaught, realizó cosas notables.

En la población de Tirechan se conservó para la posteridad la historia de la conversión de Ethne y Fedelm, hijas del rey Laoghaire.

También existen las narraciones de las heroicas predicaciones de San Patricio en Ulster, en Leinster y en Munster.

Por su santidad, manifiesta en su carácter su lenguaje sencillo al evangelizar.

Y por el don de hacer milagros, San Patricio logró muchas victorias sobre sus oponentes paganos y hechiceros.

Ese triunfo le sirvió para que los pobladores de Irlanda se abrieran a la predicación del cristianismo.

De hecho hacen referencias en los textos del Senchus Mor (el antiguo código de las leyes irlandesas)

a cierto acuerdo concertado en Tara entre los paganos y el santo y su discípulo San Benigno (Benen).

Dicen esos libros que “Patricio convocó a los hombres del Erin para que se reunieran todos en un sitio a fin de conferenciar con él.

Cuando estuvieron reunidos, se les predicó el Evangelio de Cristo para que todos lo escucharan.

Y sucedió que, en cuanto los hombres del Erin escucharon el Evangelio y conocieron como este daba frutos en el gran poder de Patricio, demostrado desde su arribo…

Y al ver al rey Laoghaire y a sus druidas asombrados por las grandes maravillas y los milagros que obraba, todos se inclinaron para mostrar su obediencia a la voluntad de Dios y a Patricio”.

Hay muchos relatos que en la actualidad han rebajado a SIMPLES LEYEMDAS MÍTICAS Y FANTASÍAS, en el afán de exterminar el cristianismo, para consolidar la religión única del Anticristo…

Sobre las CONFRONTACIONES de San Patricio con los magos druidas…  (ESTO ES MUY IMPORTANTE)

Porque los hijos de las Tinieblas nos confrontarán a los guerreros de la Luz,

sacerdote druida

¡EXACTAMENTE IGUAL Y CON MÁS PODER!  en un duelo mortal, en cuanto se consolide el Imperio del Maligno… 

Dicen que un Sábado Santo, cuando nuestro santo encendió el Fuego Pascual, se lanzaron con toda su furia a apagarlo, pero por más que trataron no lo lograron.

Entonces uno de ellos exclamó:

“El fuego de la religión que Patricio ha encendido, se extenderá por toda la isla”. Y se alejaron.

La frase del mago se ha cumplido; la religión católica se extendió de tal manera por toda Irlanda, que hoy sigue siendo un país católico, iluminado por la luz de la religión de Cristo que a su vez ha dado muchos misioneros a la Iglesia. 

Y al igual que México, ya sprobó leyes impulsadas por los esbirros del Anticristo…

7. San Juan María Bautista Vianney: “Lo hace porque yo convierto muchas almas para el buen Dios”

El Santo Cura de Ars nació en Francia en el año 1786.

Fue un gran predicador, hacía muchas mortificaciones y a veces comía solamente papas, fue un hombre de oración y caridad.

Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas.

No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países.

Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque “las almas le esperaban allí”.

Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario.

Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. 

En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. 

Debido a su fructífera labor pastoral se le nombró patrón de los sacerdotes. 

DONES Y MILAGROS  EXTRAORDINARIOS

En primer lugar, la obtención de dinero para sus limosnas y alimento para sus huérfanos-

En segundo lugar, conocimiento sobrenatural del pasado y del futuro.

En tercer lugar, curación de enfermos, especialmente niños.

El mayor milagro de todos fue su vida.

Practicó la mortificación desde su primera juventud y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes humanamente hablando, para mantener su vida. 

Aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia y buen humor, hasta que tuvo más de setenta y tres años.

Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Ars

San Agustín decía que: “el demonio es como un perro encadenado que no puede morder”. Y  esto lo pudo comprobar el Santo cura de Ars de forma irrefutable…

Sin embargo, aunque la acción del demonio es limitada, algunas veces Dios suelta un poco la cuerda que lo encadena, para dar alguna lección específica, que fortalezca nuestro crecimiento espiritual. 

Muchos Santos fueron testigos de esto, especialmente el santo cura de Ars, San Juan María Bautista Vianney.

Se sabe que él siendo cura de Ars, comenzó a oír ruidos inquietantes en su habitación, por las noches cuando iba a dormir.

En un principio pensó que se trataba de roedores, pero poco a poco se dio cuenta de que era obra del Demonio.

El ruido que salía de la habitación era tal, que muchos se compadecían del sacerdote exclamando:

“Pobre santo hombre, ¡No es posible descansar así!… ¿Cómo puede vivir en medio de este horrendo barullo?”.

Una noche el mismo demonio se presentó desafiante ante Vianney diciendo:

“¡Vianney, Vianney, despierta, dormilón! ¡No eres más que un pobre cura comedor de papas!”

Esto lo decía burlándose de las austeras comidas del sacerdote.

Con la intención de atormentarle más, el demonio cubrió la habitación con una sombra oscura y maloliente, zarandeó su cama y lo tomó de los pies para arrastrarlo varios metros.

Lejos de inmutarse, el santo cura de Ars respondió:

Ya sé que no quieres que duerma porque mañana me espera una larga jornada de confesiones, pero quiero decirte que me das verdadera lástima:

la gran mayoría de los que asistan a la Santa Misa de mañana se arrepentirán de sus pecados mediante el Sacramento de la Reconciliación. 

Y si continúan con su vida de buenos cristianos, se irán al Cielo. En cambio tú me das una gran pena, porque ya estás condenado y no tienes remedio ¡Pobrecillo de ti!”

El demonio se fue furioso dando un sonoro portazo, así que San Juan María Vianney volvió a su cama, rezó tranquilo y se durmó. 

LA RAZÓN POR LA QUE EL SANTO CURA DE ARS

FUE UNO DE LOS SANTOS MÁS ODIADOS POR SATANÁS 

¡Este santo es increíble!

El demonio odia a todos los santos porque muestran que el camino de la salvación es posible para todos los hombres, pero al santo Cura de Ars lo odió especialmente MUCHO más que a otros; PORQUE LO TEMÍA. 

Los ataques del demonio al Cura de Ars

San Juan María Bautista Vianney fue un sacerdote de la parroquia Ars, un poblado cercano a Lyon, en Francia.

Allí llevaba una vida en extremo austera y su alimento principal (al menos por largo tiempo) fueron las patatas.

Son célebres los asaltos con tentaciones y persecuciones que sufría a manos del diablo, para hacerlo renunciar a su actividad pastoral.

Quizás los más conocidos son los ataques nocturnos que sufría para despertarlo y no dejarlo descansar.

Los acosos tomaban diferentes formas.

A veces, el Maligno lo molestaba como una bandada de murciélagos que infestaban la habitación.

Otras como una multitud de ratas que recorrían su cuerpo y cubrían su cama totalmente. 

Muchas veces era jalado por los pies hacia el suelo, dejándolo caer con violencia.

Y padecía todo tipo de ruidos estruendosos y  molestos.

Semejante empeño en desmoralizar a este santo tenía sus razones.

Santo confesor

La principal razón por la que el demonio atacaba al santo Cura de Ars era que, como santo confesor, salvaba cientos de almas para Cristo.

San Juan María Vianney ejerció este Sacramento de modo eminente -pues ocupaba la mayor parte de su actividad pastoral y ejemplar – por el extraordinario don que Dios le concedió para la confesión.

En verdad, el Espíritu Santo obró grandes cosas a través de este humilde párroco de pueblo.

Se dice que varios testigos veían luces sobrenaturales alrededor de su persona, que levitaba y que realizó varios milagros.

Además, recibió un don especial para expulsar demonios de los posesos.

En una ocasión. alguien le dió una bofetada a San Juan María Vianney, él solo dijo por respuesta: “Amigo, la otra mejilla va a tener celos”.

Tan grande fue su vocación por convertir a los hombres, que Dios le ayudaba con el Don de Discernimiento de espíritu y la lectura de los corazones… 

Por esta gracia, el Cura de Ars podía conocer los secretos de las almas y no había pecado que no conociera de quienes acudían a la confesión.

Por este don, además de su inquebrantable voluntad para oír confesiones, hasta los pecadores más tenaces se reconciliaban con Cristo cuando concurrían a su parroquia.

Dios le permitía conocer quienes eran los que más necesitaban el Sacramento y “POR QUÉ” y así él los llamaba a confesarse sin hacer fila.

Hacia el final de su vida, por lo menos los últimos diez años, los peregrinos que buscaban la reconciliación a través del Cura de Ars, debían esperar ¡Hasta sesenta horas!

Lo que más le molestaba el Demonio

En una ocasión el demonio le dijo a través de un poseso:

“Tú me haces sufrir. Si hubiera tres como tú en la tierra, mi reino sería destruido. Tú me has quitado más de 80.000 almas”.

Por esta labor de confesor incansable y las gracias que Dios dispensaba a través de este gran santo, san Juan María Vianney, fue constantemente asediado por el Maligno.

El santo reconocía cómo los ataques estaban vinculados a su trabajo pastoral y menciona lo qué hacía para combatirlos:

“Me vuelvo a Dios, hago la señal de la cruz y digo algunas palabras de desprecio al demonio.

Por lo demás, he advertido que el estruendo es mucho mayor y los asaltos se multiplican, cuando al día siguiente ha de venir algún gran pecador”.

Con cierto humor el santo Cura de Ars decía:

“El Garras es muy torpe, él mismo me anuncia la llegada de grandes pecadores”.

¡Qué importante es el sacramento de la confesión! Ahora ya sabemos porque el santo Cura de Ars es el patrono de los sacerdotes.

ATACADO POR LAS FUERZAS DEL INFIERNO

Era de esperarse que un triunfo tan grande de la misión, así como la santidad del instrumento que Dios usó con este fin, atrajese la furia del Infierno.

El enemigo no podía soportar las innumerables conversiones de los penitentes y resentido de que esas almas fueran arrebatadas de su poder.

Y trató por todos los medios que Dios le permitió, para disuadir a don Juan María Vianney de su extraordinario amor por los pecadores…

Pero su Fe en nuestro Señor lo selló y lo mantuvo firme, como un muro de defensa.

Por un periodo de 35 años el santo Cura de Ars fue asaltado y molestado de una manera física y tangible, por el demonio.

La ocupación ordinaria del demonio permitida por Dios hacia nosotros, es la TENTACIÓN… 

Pero el demonio también puede asechar a las almas de diversas maneras.

Con el ASEDIO:

a) Acción extraordinaria del demonio, cuando busca aterrorizar por medio de apariciones  o por medio de ruidos inexplicables…b)

La Obsesión: va más allá.

Puede ser externa cuando el demonio actúa en los sentidos externos del cuerpo y de forma física.

O interna cuando influencia nuestra alma y acciona nuestro cuerpo espiritual y los sentidos espirituales…

c) Posesión: cuando el demonio toma control de todo el organismo.

El Cura de Ars sufrió de la primera: asedio.

Los ataques del demonio comenzaron en el invierno de 1824.

De 1824 a 1858 por un período de unos treinta y cinco años, el Cura de Ars era presa de obsesiones externas del Maligno.

Las luchas de don Vianney con el diablo ayudaron a hacer más viva y desinteresada su caridad. 

El pobre hombre sentía cada noche que rasgaban la ropa de su cama, para descubrir a la mañana siguiente que efectivamente alguien le había dejado sólo jirones. 

Esta mala broma duró un tiempo y puesto que él no era un tonto, decidió no prestarle apenas prestaba atención a estas cosas extraordinarias.

Ruidos horribles y gritos estrepitosos se oían fuera de la puerta del presbíterio, viniendo aparentemente del pequeño jardín de enfrente.

Al principio el Padre Vianney pensó que eran salteadores que venían a robar.

Y a la siguiente noche le pidió a un señor que se quedase con él.

Después de medianoche se comenzó a escuchar estentóreos ruidos y golpes contra la puerta de enfrente, parecía como si varios carros pesados estuviesen siendo arrastrados por los cuartos.

El señor André buscó su pistola y miró por la ventana; pero no vio nada, solo la luz de la luna.

Decía: “por 15 minutos la casa retembló y mis piernas también”. Y nunca más quiso quedarse en la casa.

Esto sucedía casi todas las noches.

Aún ocurría cuando el santo cura ¡No estaba en el pueblo!

El santo sacerdote pasó su vida en una continua batalla con el pecado a través de su trabajo en el confesionario.

Enmedio del silencio de la noche, podía oir gritando y golpeando a muchos murciélagos en la entrada del patio de la casa parroquial.

También escuchaba como rabiosos rugidos de fieras; de truenos de tormenta; hojas de cuchillos que chirriaban de manera exasperante o como si hubiera el tráfico de muchos carruajes tirados por caballos.   

Estas confrontaciones con el Demonio llegaron a convertirse en una pelea de verdad…

Y para soportarla, el santo no tenía otro recurso que su paciencia y sus oraciones.

Cuando su confesor le preguntó cómo repelía estos ataques, él respondió: 

“A veces apelo al buen Señor, hago la señal de la cruz y dirijo unas palabras de desprecio hacia el diablo.

Por otra parte, me di cuenta de que el ruido era más fuerte y los ataques más insistentes, cuando al día siguiente, debía acercarme a algún gran pecador .

 Confió a Mons. Mermod, uno de sus amigos y penitentes más fieles: 

.    “Al principio, tenía miedo.

Yo no sabía lo que era, pero ahora estoy feliz: porque eso quiere decir que la pesca del día siguiente será siempre excelente.

El diablo me ha molestado mucho esta noche, mañana habrá una gran cantidad de personas y muchas conversiones…

Entonces, me quedaba en mi pobre colchón, tratando de descansar.

Cuando estaba a punto de dormirme, de repente fui sacudido, arrancado de mi sueño por los gritos de recuerdos sombríos, por golpes tremendos.

Era como si un martillo irrumpiera a través de la puerta de la rectoría.

Inmediatamente, sin que se moviera el picaporte de la puerta, el Cura de Ars se daba cuenta con horror, que tenía muy cerca de sí al demonio.

“Yo no le impedia entrar, dijo don Vianney entre broma y molesto, pero él igual entraba»
Sillas volcadas, sacudían la habitación, junto con muebles pesados…

Y me gritaban con voz aterradora: 

 ¡Vianney Vianney! Mangiapatate! Ah! Que no estás muerto todavía! Un día voy a tenerte!

O bien, emitía gritos de animales, imitando a los gruñidos de un oso, el llanto de un perro o gatos en pelea… 

Y se arrojaba en las cubiertas de la cama, agitándolas furiosamente.

También el diablo imitaba el sonido de un martillo sobre unos clavos contra el suelo y atado un barril con aros de hierro; tocaba un tambor en la mesa o la chimenea, cantando con una voz aguda.

Y el Cura en repetidas ocasiones sintió una mano mostruosa y enorme, que le tocó la cara o ratones que corrían por todo su cuerpo.

Una noche oyó un ruido como de un enjambre de abejas;

se levantó, encendió la vela, hizo a un lado las cortinas para ahuyentarlos, pero no vio nada.

Varias veces el diablo lo jaló, para arrojarlo de la cama con mucha fuerza…

En el dormitorio, al sentir el vuelo de los murciélagos que bordeaban las vigas sucias, se agarraba a los cubrecamas.

O en el suelo por horas, podía escuchar el golpeteo continuo y exasperante de un rebaño de ovejas.

En la sala, en el comedor, retumbaba el galope de un caballo que se elevaba hasta el techo y luego hacia abajo, con sus cuatro patas, en el suelo.

Estas farsas del infierno fastidiaban mucho al pobre cura de Ars, pero no pudieron derribarlo.

Alrededor de 1820, don Vianney había llevado desde la iglesia hasta la rectoría un viejo lienzo, que representaba la Anunciación.

El cuadro fue colgado en una pared de la escalera.

Entonces diablo se ventiló en esa imagen cubriendola de suciedad.

Hubo que sacarla de allí.

Margherita Vianney, una noche mientras pasaba por la rectoría, oyó al Cura de Ars salir de la habitación antes que nadie e ir a la iglesia. 

Y dijo: 

“Unos minutos más tarde estalló cerca de mi cama un ruido violento, como si cinco o seis hombres hubieran golpeado con fuertes golpes en la mesa o en el gabinete.

Y sentï mucho miedo.

Me levanté y encendí una lámpara, pero vi que todo estaba perfectamente en orden.  

Por lo tanto regresé a mi lecho, pero tan pronto como yo estuve en la cama, se repetía el mismo ruido.

la humiladad y el santo rosario

Me vestí a toda prisa y me dirigí a la iglesia.

Cuando mi hermano llegó a casa, le dije lo que había sucedido y me dijo que era el Demonio.

“Hija mía, no debes temer: es el gruñón. Él no puede hacerte daño. En cuanto a mí, siempre me atormenta de la manera más desquiciada posible.

A veces me agarra de los pies y me arrastra por el cuarto.

Lo hace porque yo convierto muchas almas para el buen Dios”.

El demonio hacía ruidos durante horas, similares a rompimiento de cristales, silbidos y relinchos.

“Que a veces incluso se oye un viento muy violento.

Otras veces me agarra por los pies y me arrastra por toda la habitación”

Un día en 1838, Dionigi Chaland, Bouligneux, un joven estudiante de filosofía, fue admitido en la cámara del Cura de Ars.

A mediados de la confesión, hubo un levantamiento general que sacudió la habitación, incluso el reclinatorio se sacudió como todo lo demás. Se asustó muchísimo.

El cura lo sujetaba por el brazo tratando de tranquilizarlo y le dijo: “No es nada, dijo, es sólo el diablo.”

Cuerpo incorrupto del santo cura de Ars

Era el 23 de febrero de 1857.

Esa mañana don Vianney había comenzado a confesar.

Unos minutos antes de las siete, las personas que pasaron por la vicaría vieron llamas que salían de la habitación del cura.

Corrieron a avisarle cuando se encontraba por el confesionario para ir a celebrar la misa.

El cura le entregó la llave, para que fueran a apagarlo y respondió con calma:   

–       “El Gruñón está furioso. Al no poder atrapar al pájaro le prende fuego a su jaula”

Las obsesiones diabólicas disminuyen en número e intensidad, más el Santo envejeció.

El espíritu de la oscuridad, incapaz de disminuir el valor del alma heroica, desalentado, renunció a la lucha; o 

O Dios dispuso que esta vida tan hermosa, tan pura, tan tranquila en apariencia, a pesar de la evidencia interna, se llenara de una profunda paz.

Desde 1855 hasta su muerte, don Vianney ya no fue tan atormentado por el diablo durante la noche.

El sueño seguía siendo muy difícil, aunque se detuvieron los ataques, lo cogió una tos persistente, que era suficiente para mantenerlo despierto.

Esto no le impide, sin embargo, su rendimiento sin fin para el ministerio de la confesión.

“Mientras yo pueda dormir una hora o media hora durante el día, dijo, me gustaría comenzar mi trabajo.”

Esta hora o esta media hora, se la pasaba en su habitación, justo después del almuerzo.

Acostado en el colchón, tratando de conciliar el sueño, pero incluso estos breves momentos el demonio aprovechaba, a veces para molestarlo.

Por último, el Maligno nunca regresó, y estaba seguro de que don Vianney veía con pesar un alejamiento “como compañero”

Ni siquiera le preocupaba en su agonía, lo que en cambio hizo con otros Santos.

Incluso antes de terminar su prueba terrenal, el Cura de Ars había infligido una derrota final de Satanás.

10 enseñanzas del cura de Ars tras sus combates con el demonio

Verifique:

  1. No imagine que exista un lugar en la tierra donde podamos escapar de la lucha contra el demonio; si tenemos la gracia de Dios, que nunca nos es negada, podemos siempre triunfar.
  2. Como el buen soldado no tiene miedo del combate, así el buen cristiano no debe tener miedo de la tentación. Todos los soldados son buenos en el campamento, pero es en el campo de batalla que se ve la diferencia entre corajudos y cobardes.
  3. El demonio tienta solamente las almas que quieren salir del pecado y aquellas que están en estado de gracia. Las otras ya le pertenecen, no precisa tentarlas.
  4. Una santa se quejó a Jesús después de la tentación, preguntándole: «¿dónde estabas, mi Jesús adorable, durante esta horrible tempestad?» A lo que Él le respondió: «Yo estaba bien en medio de su corazón, encantado en verla luchar».
  5. Un cristiano debe siempre estar listo para el combate. Como en tiempo de guerra, tiene siempre centinelas aquí y allí para ver si el enemigo se aproxima. De la misma manera, debemos estar atentos para ver si el enemigo no está preparándonos trampas y, si él viene a tomarnos de sorpresa…
  6. Tres cosas son absolutamente necesarias contra la tentación: la oración, para aclararnos; los sacramentos, para fortalecernos; y la vigilancia para preservarnos..
  7. Con nuestros instintos la lucha es raramente de igual a igual: o nuestros instintos nos gobiernan o nosotros gobernamos nuestros instintos.¡Qué triste es dejarse llevar por los instintos! Un cristiano es un noble; él debe, como un gran señor, mandar en sus vasallos.
  8. Nuestro ángel de la guarda está siempre a nuestro lado, con la pluma en la mano, para escribir nuestras victorias. Precisamos decir todas las mañanas: «Vamos, mi alma, trabajemos para ganar el Cielo».
  9. El demonio deja bien tranquilo a los malos cristianos; nadie se preocupa con ellos, mas contra aquellos que hacen el bien él suscita mil calumnias, mil ofensas.
  10. La señal de la cruz es temida por el demonio porque es por la Cruz que escapamos de él. Es preciso hacer la señal de la cruz con mucho respeto. Comenzamos por la cabeza: es el principal, la creación, el Padre; después el corazón: el amor, la vida, la redención, el Hijo; por último, los hombros: la fuerza, el Espíritu Santo. Todo nos recuerda la cruz. Nosotros mismos estamos hechos en forma de cruz.

EL COMBATE ESPIRITUAL 1


COMBATES PERSONALES CONTRA EL DEMONIO

“Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las asechanzas del demonio.

Porque nuestra lucha no es contra los enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio”. (Efesios.6, 11-12)

“Sed sobrios y estén vigilantes, porque su enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar”. (1 Pedro 5.8)

1.-  San Antonio Abad, el Grande: “El león rugía, deseando atacar”

En su juventud, Antonio, que era egipcio e hijo de acaudalados campesinos, se sintió conmovido por las palabras de Jesús, que le llegaron en el marco de una celebración eucarística: “Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres…”.

Así lo hizo el rico heredero, reservando sólo parte para una hermana, a la que entregó, parece, al cuidado de unas vírgenes consagradas.

En su busca de soledad y persiguiendo el desarrollo de su experiencia, fue uno de los primeros monjes en retirarse al desierto para vivir entregado al ayuno y la oración.

Pasó casi toda su vida, la cual fue larga (ciento cinco años, 251-356), en la soledad de los desiertos de Egipto.

En su retiro en Pispir fue invadido por visiones demoníacas relatadas en su Vie (Vida) por Atanasio de Alejandría (hacia el 360), difundidas en Occidente a través de la La Légende dorée (La leyenda dorada) de Jaques de Voragine (entre 1250 y 1280)

Y conocidas con el nombre de “Tentaciones”.

Es el “padre de los monjes”, el patrón de los mercaderes de cerdos y de los carniceros, de los tejedores de paños (de los sayales), protector del fuego de San Antonio (de los quemados) y de la peste, conservador de la especie porcina.

También es el patrón de los sepultureros porque con noventa años enterró al ermitaño Pablo en el desierto – dos leones cavaron la tumba con sus patas.

La piedad popular le confunde a menudo con San Antonio de Padua (1195-1231), invocado para encontrar los objetos perdidos.

 La Iglesia conoce su historia gracias a su biógrafo San Atanasio.

Cuando la gente visitaba a San Antonio en las ruinas donde vivía escuchaba tumulto, muchas voces y el choque de armas.

También veían que durante la noche aparecían bestias salvajes y que el santo combatía contra ellas mediante la oración.

En una ocasión, cuando tenía 35 años, San Antonio decidió pasar la noche solo en una tumba abandonada.

Allí un grupo de demonios apareció y lo hirieron.

Los arañazos del demonio le impidieron levantarse del suelo.

El ermitaño comentaba que el dolor causado por esa tortura demoniaca no se comparaba a ninguna herida causada por el hombre.

Al día siguiente, un amigo suyo lo encontró y lo llevó al pueblo más cercano para curarlo. Sin embargo, cuando el santo recuperó el sentido le pidió a su amigo que lo llevara de regreso a la tumba.

Al dejarlo, San Antonio gritó: “aquí estoy, yo Antonio. No huiré de tus latigazos y ningún dolor ni tormento me separará del amor de Cristo”.

San Atanasio relata que los demonios regresaron y ocurrió lo siguiente:

Resonó un estruendo semejante a un terremoto, que sacudió todo el lugar y los demonios salieron de las cuatro paredes en formas monstruosas de bestias y reptiles.

Así el lugar se llenó de leones, osos, leopardos, toros, serpientes, áspides, escorpiones y lobos.

El león rugía, deseando atacar; el toro se preparaba para embestir con sus cuernos; la serpiente se arrastraba buscando un punto de ataque y el lobo gruñía rodeándolo.

Todos estos sonidos eran aterradores.

Aunque San Antonio jadeaba de dolor, enfrentó a los demonios diciendo:

“si ustedes tuviesen algún poder, habría bastado que solo uno de ustedes viniera, pero como Dios los hizo débiles, ustedes quieren aterrorizarme con su gran número. 

Y la prueba de su debilidad es que han tomado la forma de bestias brutas”.

“Si son capaces y si han recibido un poder en mi contra, atáquenme de una vez. Pero si no son capaces, ¿Por qué me perturban en vano?

Porque mi fe en Dios es mi refugio y la muralla que me pone a salvo de ustedes”.

De repente, el techo se abrió y una luz brillante iluminó la tumba.

Los demonios desaparecieron y los dolores cesaron.

Al darse cuenta de que Dios lo había salvado, Antonio oró: “¿Dónde estabas? ¿Por qué no te apareciste desde el principio y me libraste de los dolores?”.

A estas preguntas, Dios respondió:

“Antonio, yo estaba allí, pero esperé para verte pelear. Como has perseverado en la lucha, y no has caído, siempre estaré dispuesto a socorrerte y haré famoso tu nombre en todas parte”.

Luego de escuchar las palabras de su Señor, el monje se levantó y oró.

Entonces recibió tanta fuerza que sintió que tenía más poder en su cuerpo que antes.

2- San Jerónimo.

(Tréveris, hacia 340 – Milán, 397) Padre y doctor de la Iglesia Católica.

Junto con San Jerónimo de Estridón y San Agustín de Hipona, San Ambrosio de Milán conforma el grupo de Padres de la Iglesia que constituyen la «edad de oro» de la patrística.

Fue funcionario del Imperio romano, gobernador de Liguria y Emilia (370) y arzobispo de Milán.

Recibió el bautismo, la ordenación y la consagración en 374 y se dedicó al estudio de la teología y de las humanidades; su obras tienen un marcado carácter pastoral.

Creó nuevas formas litúrgicas, promovió el culto a las reliquias en Occidente y convirtió y bautizó a San Agustín. Su festividad se celebra el 7 de diciembre.

Jerónimo dispuso irse al desierto a hacer penitencia por sus pecados (especialmente por su sensualidad que era muy fuerte, y por su terrible mal genio y su gran orgullo).

Pero allá aunque rezaba mucho, ayunaba y pasaba noches sin dormir, no consiguió la paz.

Se dio cuenta de que su temperamento no era para vivir en la soledad de un desierto deshabitado, sin tratar con nadie.

El mismo en una carta cuenta cómo fueron las tentaciones que sufrió en el desierto (y esta experiencia puede servirnos de consuelo a nosotros cuando nos vengan horas de violentos ataques de los enemigos del alma).

San Francisco de Sales recomendaba leer esta página de nuestro santo porque es bellísima y provechosa. Dice así:

“En el desierto salvaje y árido, quemado por un sol tan despiadado y abrasador, que asusta hasta a los que han vivido allá toda la vida, mi imaginación hacía que me pareciera estar en medio de las fiestas mundanas de Roma.

En aquel destierro al que por temor al Infierno yo me condené voluntariamente, sin más compañía que los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginaba estar en los bailes de Roma contemplando a las bailarinas.

Mi rostro estaba pálido por tanto ayunar y sin embargo los malos deseos me atormentaban noche y día.

Mi alimentación era miserable y desabrida y cualquier alimento cocinado me habría parecido un manjar exquisito.

Y no obstante las tentaciones de la carne me seguían atormentando.

Tenía el cuerpo frío por tanto aguantar hambre y sed, mi carne estaba seca y la piel casi se me pegaba a los huesos.

Pasaba las noches orando y haciendo penitencia y muchas veces estuve orando desde el anochecer hasta el amanecer.

Y aunque todo esto hacía, las pasiones seguían atacándome sin cesar.

Hasta que al fin, sintiéndome impotente ante tan grandes enemigos, me arrodillé llorando ante Jesús crucificado, bañé con mis lágrimas sus pies clavados y le supliqué que tuviera compasión de mí.

Y ayudándome el Señor con su poder y misericordia, pude resultar vencedor de tan espantosos ataques de los enemigos del alma.

Y yo me pregunto: si esto sucedió a uno que estaba totalmente dedicado a la oración y a la penitencia,

¿Qué no les sucederá a quienes viven dedicados a comer, beber, bailar y darle a su carne todos los gustos sensuales que pide?”.

3. Santa Teresa de Ávila: “Sus cuernos estaban alrededor del cuello del sacerdote mientras celebraba misa”

Esta reconocida doctora de la Iglesia y mística tuvo muchas visiones espirituales. En medio de sus oraciones y meditaciones, el demonio se le aparecía.

El día en que Santa Teresa de Ávila venció al demonio con el poder del Agua Bendita Final del formulario

Santa Teresa de Ávila / Crédito: Wikimedia Commons

Santa Teresa de Ávila fue una religiosa, mística y Doctora de la Iglesia del siglo XVI que en sus memorias relató:

“que no hay nada como el agua bendita para hacer huir a los demonios y evitar que regresen”.

Lo que no es tan conocido son las experiencias que la llevaron a esa conclusión, que ella describe en su autobiografía “El libro de la vida”.

“Una forma abominable”, escribía, “su boca era horrenda”. “No tenía sombra sino que estaba cubierto por llamas de fuego”.

También el demonio le causaba fuertes dolores corporales.

En una ocasión la atormentó durante cinco horas mientras estaba en oración con sus hermanas.

La santa permaneció firme para no asustarlas.

Un día “vio con los ojos del alma a dos diablos que tenían sus cuernos alrededor del cuello del sacerdote mientras celebraba misa”.

Incluso para ella, estas visiones eran extrañas. “Rara vez lo he visto en forma corporal, a menudo no veo su apariencia física, pero sé que está allí.

¿Cuáles eran sus armas contra las fuerzas del mal?

La oración, la humildad y -muy interesante- el agua bendita. Santa Teresa decía que esta última era un arma eficaz.

Una vez estaba en un oratorio y el demonio se le apareció al lado izquierdo.

Le dijo que por ahora se había librado de sus manos pero que él la capturaría de nuevo.

“En la cruz está la vida y el consuelo”

Ella se asustó y se santiguó.

Sin embargo, Satanás continuó perturbándola y Teresa tomó un frasco de agua bendita y derramó el agua sobre él. Luego de ese día nunca más volvió.

“Estaba una vez en un oratorio y se me apareció hacia el lado izquierdo una abominable figura.

Le miré especialmente la boca, porque me habló y la tenía espantosa.

Parecía que le salía una gran llama del cuerpo, que estaba toda clara, sin sombra.

Me dijo espantosamente que bien me había librado de sus manos, mas que él me tornaría a ellas”, reveló la santa al inicio del capítulo 31 de su obra.

Entonces, asustada, trató de espantarlo con el signo de la cruz.

El demonio la abandonó, pero regresó rápidamente.

Esto sucedió varias veces hasta que recordó que había agua bendita cerca:

“Dos veces me sucedió esto. Yo no sabía qué hacer. Tenía allí agua bendita y lo eché a aquella parte y nunca más retornó”.

En otro momento, Santa Teresa contó que el demonio estuvo cinco horas atormentándola “con tan terribles dolores y desasosiego interior y exterior, que no sabía si podía soportar más.

Las que estaban conmigo estaban espantadas y no sabían qué hacer ni yo cómo valerme”.

La santa admitió que solo encontró alivio después de pedir agua bendita y arrojarla al lugar donde vio a un demonio cerca.

Es en la explicación de este hecho que se da a conocer su cita más famosa.

“Tras muchas ocasiones, tengo la experiencia de que no hay nada como el agua bendita para hacer huir a los demonios y evitar que regresen.

De la cruz también huyen, mas vuelven. Debe ser grande la virtud del agua bendita”, señaló.

Más tarde, aseguró que conoció la consolación del alma luego de tomar el agua, que le generó “como un deleite interior” que la confortaba.

“Esto no es un antojo, ni cosa que me ha acaecido sola una vez, sino muchas.

Y he mirado con gran advertencia. Digamos, es como si uno tuviese mucho calor y sed, y luego bebiese un jarro de agua fría…

Y sintiera un gran alivio. Considero que es una gran cosa todo lo que está ordenado por la Iglesia.

Y me conforta mucho ver que tengan tanta fuerza aquellas palabras, que así se pongan en el agua, para que sea tan grande la diferencia con lo que no es bendito”, continuó.

Santa Teresa de Ávila cuenta muchas otras historias sobre el poder del agua bendita en el resto del capítulo.

Puede leerlas AQUÍ.

4. Santo Padre Pío: “Estos demonios nunca dejan de golpearme”

Fue un sacerdote italiano que nació a fines del siglo XIX y murió en 1968. Aunque realizó muchos milagros y recibió los estigmas, el Padre Pío también sufrió ataques frecuentes del demonio.

Según el P. Gabriele Amorth, famoso exorcista de la diócesis de Roma, “la gran y constante lucha en la vida del santo fue contra los enemigos de Dios y las almas, quienes trataron de capturar su alma”.

Desde su juventud el Padre Pío tuvo visiones celestiales, pero también sufrió ataques infernales. El P. Amorth explica:

“El diablo se le aparecía en la forma de un gato negro o como algún otro animal repugnante. Con estas apariencias intentaba llenarlo de terror.

En otras ocasiones, el demonio tomaba la forma de chicas jóvenes, desnudas y provocativas, que realizaban danzas obscenas, para atentar contra su castidad.

Sin embargo, el Padre Pío sintió el peligro cuando Satanás trató de engañarlo fingiendo ser su director espiritual…

O tomando la forma de Jesús, la Virgen o San Francisco”.

Esta última táctica, cuando el diablo tomaba la forma de alguien bueno y santo, fue un problema.  

Hasta que el Don del Discwenimiento del Espíritu Santo, lo ayudó a distinguirlas y combatir cuando del Infierno se trataba. 

Satanás también lo hería físicamente.

El sacerdote describió estos dolores en una carta a un hermano, que era su confidente:

“Estos demonios nunca dejan de golpearme y me tumban de la cama… 

¡Incluso rasgan mis vestiduras para azotarme! Pero ya no me asustan, porque Jesús me ama y él siempre me levanta y me coloca de vuelta en mi cama”.

El Padre Pío es el testimonio de que si la persona está cerca a Dios no hay que temer a los demonios.

5. Santa Gemma Galgani: “Sus garras brutales”

Esta santa italiana fue una mística que tuvo experiencias espirituales maravillosas.

LA PRIMERA SANTA DEL SIGLO XX

Gema Galgani La joven que desconcertó a los científicos

Santa Gema tenía una relación muy particular con su ángel de la guarda, que siempre le acompañaba y le protegía, e incluso muchas veces le servía de “cartero”, llevando sus cartas al P. Germán.

Se asegura que también tenía el don de leer los corazones y que en varias ocasiones le dijo a varios religiosos que abandonarían la religión…

Cosa que sucedió más tarde, confirmando este don de su corazón.

Su Ángel de la Guarda y el combate contra el Enemigo

Hay una anécdota muy preciosa que le sucedió a Santa Gema en la casa Giannini.

En el comedor de la casa hay un crucifijo grande al que toda la familia tenía gran devoción.

También Gema en muchas ocasiones le hacía pequeñas “visitas”, orando frente a Él.

Un día, al tiempo que Gema preparaba la mesa, alzó los ojos hacia su Jesús y le dijo que tenía hambre y sed de Él.

Siente ansias de dar un beso a la imagen, pero no alcanza porque estaba alta. Jesús le sale al encuentro.

Desprendiendo un brazo de la cruz, la atrae, la abraza muy estrechamente, permitiéndole apagar su sed en la fuente viva de su costado abierto.

Jesús dijo cierto día a Gema: “Prepárate, pues el Demonio será quien dé la última mano a la obra que en ti deseo ejecutar”.

Y estas palabras del Señor se cumplieron al pie de la letra.

El demonio detestaba a Gema; le daba golpes, la tentaba contra la pureza con pensamientos e imágenes sugestivas y grotescas.

Trataba de impedir que comulgase e incluso llegó a aparecérsele bajo la apariencia del mismo Jesús.

Por todos los medios trataba de privarla de dirección espiritual, insinuándole cosas malas acerca de sus confesores, o haciéndose pasar por ellos.

Era una guerra constante y continua que duró hasta su misma muerte.

Era de esperar esta guerra de parte del demonio, ya que serían muchas las almas que se beneficiarían de los sufrimientos y oraciones de Santa Gema.

Y más aún, ella solo quería conformarse con la voluntad de Dios para su vida.

Esto hacía que el demonio se revolcara de rabia, porque no podía vencerla.

Tanta era la rabia que sentía hacia la pureza de Santa Gema que un día la tentó visiblemente, de tal modo que, no pudiendo huir de él, hizo la señal de la Cruz y se arrojó en un pozo de agua helada en el jardín.

Su ángel la sacó y la felicitó por su gran amor a la pureza, por su valentía y por su triunfo.

En otra ocasión, cuando la santa, por orden del P. Germán, escribía su vida:

“dándose cuenta el demonio del fruto que podía hacer (el libro de su vida), se lo robó gritando: ‘¡Guerra, guerra a tu Padre!, tu escrito está en mis manos’.

Y se relamía y se revolcaba en el suelo de la satisfacción.”

El P. Germán, enterado por una carta de Gema, se fue al sepulcro de San Gabriel de la Dolorosa y allí, leyó los exorcismos, ordenando al demonio que devolviese el manuscrito a su lugar.

El demonio lo devolvió todo chamuscado, aunque perfectamente legible; como se conserva todavía hoy en el Convento de los Pasionistas de Roma, produciendo honda impresión en cuantos lo ven.

Escribe la santa:

“El demonio me hace sufrir mucho, pero siempre terminan por vencerle Jesús y María, o bien el Ángel o San Pablo de la Cruz o el hermano Gabriel; siempre son estos tres.”

“¡Si viera cómo escapa tan luego como se presenta alguno de ellos!..”

Más adelante, al despedirse por última vez del Padre Germán, el demonio no reconoció límites, su bestialidad durante siete largos meses.

Perturbaba su imaginación con horribles fantasmas con el fin de producirle estados de ansiedad, tristeza, amargura y temor, que la indujeran a la desesperación.

Le decía muchas veces: “Ahí tienes lo que has conseguido con tus fatigas en el servicio de Dios”:

Y le presentaba tales figuras contra la pureza, que escribió al P. Germán: “Padre mío, pídale a Jesús que me cambie esta cruz por cualquier otra.

Haga desde ahí los exorcismos para que este perverso se vaya o mande a su ángel para que lo ahuyente”.

Viendo que con tentaciones no podía vencerla, empezó a maltratarla con los golpes más brutales y en forma de bestias feroces, que amenazaban despedazarla.

Dirigiéndose entonces a María Santísima, le decía:

“Madre mía; me encuentro bajo el poder del demonio que quiere arrancarme de las manos de Jesús. Ruéguele por mí. ¡Viva Jesús!”.

Jesús y María, complacidos al ver como luchaba, le enviaban a San Pablo de la Cruz o a San Gabriel para animarla.

El mismo Jesús le dijo:

“Hija mía; humíllate bajo mi mano poderosa y lucha, que tu lucha te conducirá a la victoria”.

En una carta dirigida a un sacerdote escribió:

“durante dos días, luego de recibir la Santa Comunión, Jesús me ha dicho: “Hija mía, muy pronto el diablo desatará una guerra contra ti”.

Estas palabras resuenan en mi corazón constantemente. Ore por mí por favor”.

Ella se dio cuenta de que la oración era la mejor defensa contra los ataques del demonio.

En venganza, Satanás le infringía fuertes dolores de cabeza para impedir que duerma.

Sin embargo, pese a las fatigas Gemma perseveró en la Oración:

“Cuantos esfuerzos hace ese miserable para que yo no ore. Ayer trató de matarme…

Y habría tenido éxito si Jesús no hubiese venido a salvarme.

Estaba asustada y mantuve la imagen de Cristo en mi mente”.

Una vez, mientras la santa escribía una carta, el diablo le arrebató la pluma de las manos, rasgó el papel y la tiró de la silla, agarrándola de los cabellos con la violencia de sus “garras brutales”.

Ella describe otro ataque en uno de sus escritos:

“el demonio se presentó ante mí como una gigante y me decía: ‘Para ti ya no hay esperanza de salvación. ¡Estás en mis manos!’

Yo le respondí que Dios es misericordioso y por tanto no temo nada.

Entonces me golpeó en la cabeza y me dijo: ‘¡Maldita seas!’, y luego desapareció”.

“Cuando volví a mi habitación para descansar, lo encontré.

De nuevo comenzó a golpearme con una cuerda anudada y me gritaba que yo era débil.

Le dije que no y me golpeó tan fuerte, que caí de cabeza al suelo. En un momento se me vino a la mente invocar a Jesús:

“Padre eterno, en nombre de la preciosísima sangre de Jesús, ¡Líbrame!”.

“No recuerdo bien qué pasó. La bestia me arrastró de mi cama y golpeó mi cabeza con tal fuerza que todavía me duele.

Perdí el sentido y yací en el suelo hasta que desperté. ¡Gracias a Dios!”

A pesar de los ataques, Santa Gemma siempre tuvo fe en Jesús.

Incluso utilizaba el humor contra Satanás.

Una vez escribió a un sacerdote: “tenías que verlo, cuando huía haciendo muecas, ¡Te habrías muerto de la risa! ¡Es tan feo!…

Pero Jesús me dijo que no le tenga miedo”.

5. Santa Catalina de Siena

Catalina Benincasa nació en la ciudad de Siena, Italia, el 25 de marzo de 1347.

Hija número 23 de Jacobo y Lapa Benincasa, desde niña se destacó por su inteligencia y religiosidad.

Los biógrafos señalan que su primera visión, su voto de virginidad y el pueril intento de hacerse eremita los manifestó entre los 6 y 8 años.

Su madre se oponía a sus deseos de vida de piedad e intentó por todos los medios que eligiera la vida matrimonial.

Aprovechando una enfermedad que le produce su paso de la niñez a la edad adulta,

consigue que su madre realice las gestiones necesarias para que la admitan en la Tercera Orden de Penitencia de Santo Domingo.

Supo armonizar su vida seglar y activa con largas horas de oración y como no siempre podía estar retirada en una habitación o celda,

imaginó y logró llevar esa habitación y celda consigo, dentro de su corazón:

No perdió el recogimiento interior y la intención de agradarle a Dios en medio de las gestiones que tuvo que llevar a cabo en el mundo.

 En medio de una vida dura y difícil, por su salud y por su pobreza, su espíritu no se quebranta ni material ni moral ni espiritualmente.

 Los ayunos, éxtasis y otras manifestaciones no ordinarias que padecía, eran discutidos y puestos en duda por muchos que pretendían desautorizarlas.

El socorro al prójimo, a la comunidad cristiana y a la jerarquía eclesiástica no brota de su corazón bondadoso, sino de su amor al Señor.

 Sus escritos, dictados a sus discípulos porque no sabía escribir, son una muestra palpable de su reflexión.

En su libro “El Diálogo” expone la relación de Dios con el hombre.

Asimismo, Santa Catalina desarrolla la doctrina del “puente”: Cristo como mediador entre Dios y los hombres.

Falleció en Roma el 29 de abril de 1380, a los 33 años de edad.

El 4 de octubre de 1970 es proclamada doctora de la Iglesia por Su Santidad el Papa Pablo VI, junto con Santa Teresa de Avila.

Fueron las primeras mujeres proclamadas doctoras de la Iglesia. 

Cuidado con la «Trampa del Diablo» que Dios mostró a santa Catalina de Siena

 
“Cuando te fijes en las faltas de una persona, piensa: Hoy es tu turno, mañana será mío, a menos que la Gracia Divina me sostenga”

Sin aprobar de ninguna manera el comportamiento pecaminoso, Jesús nos desafía a examinar si nuestros corazones están llenos de compasión por aquellos cuyas vidas no son perfectas:

 ¿Tenemos un deseo sin fin de mostrar misericordia? ¿O somos rápidos en criticar y condenar?

Santa Catalina de Siena fue confrontada una vez por Dios acerca de un «pecado oculto» que tenía:

El pecado de juzgar a la gente. Solía ​​pensar que tenía un don para leer la naturaleza humana y notar las faltas de otras personas, especialmente las faltas de los sacerdotes.

Pero, un día, Dios le señaló que las percepciones que estaba recibiendo acerca de las debilidades de otras personas no venían de él: venían del diablo.

Ella comprendió entonces, que esto era «la Trampa del Diablo«.

El diablo nos permite ver las faltas del otro para que, en lugar de querer ayudar, comencemos a juzgar sus almas y condenarlas.

Catalina lo admitió a Dios, diciendo:

«Me diste … medicina contra una enfermedad oculta que no había reconocido, enseñándome que nunca puedo juzgar a ninguna persona. …

Porque yo, ciego y débil como estaba de esta enfermedad, a menudo he juzgado a otros bajo el pretexto de trabajar por tu honor y su salvación«.

Si nos enfrentamos a la verdad acerca de nosotros mismos.

Y experimentamos nuestras propias luchas diarias con el pecado, es menos probable que nos establezcamos en el juicio sobre otros.

Si verdaderamente reconocemos cuánto necesitamos la misericordia de Dios, si experimentamos su perdón y su poder sanador en nuestras propias vidas…

Entonces nuestros corazones serán mucho más compasivos cuando encontremos las faltas de otras personas.

Si hemos experimentado lo paciente y gentil que es Dios con nuestras debilidades, entonces vamos a ser más misericordiosos con los demás.

Es por eso que santa Catalina aprendió que cuando nos fijamos en las faltas de una persona, debemos decirnos:

«Hoy es tu turno; mañana será mío, a menos que la gracia divina me sostenga«.

Pero si tendemos a responder a las faltas de los demás con la condena y no la compasión, puede ser porque nosotros mismos tenemos un serio problema moral.

Podría ser porque no hemos llegado a un acuerdo con nuestras propias debilidades y pecados y experimentado la misericordia de Dios.

D UN SUEÑO PROFÉTICO 2


Cuerpo incorrupto de san Juan Bosco

SOBRE LA IGLESIA Y EL MUNDO

Las Profecías de un Gran Santo y Místico

San Juan Bosco fue famoso por su sueños y profecías, amó a la Virgen en todas sus advocaciones.

Vistió con gran devoción el escapulario del Carmen.

Y aún hoy se conserva incorrupto el que llevaba al morir.

Pero Don Bosco será siempre el celoso apóstol y enamorado devoto de la Santísima Virgen bajo la advocación de “María Auxiliadora”.

Él dejará como herencia esta advocación a sus hijos los salesianos.

QUIEN FUE SAN JUAN BOSCO

San Juan Bosco advirtió al Papa Pío IX (siglo XIX) de que llegará un día en que una luz brillante resplandecerá en el cielo, en pleno fragor de una batalla. (Aviso y guerra mundial)

En ese instante, el Papa y sus servidores abandonarán el Vaticano pasando por una plaza cubierta de muertos y heridos. (Fátima)

Todo el paìs sufrirá una gran perdida de población y la tierra se agitará como arrasada por un huracán y caerá un fuerte pedrisco. (asteroide)

Durante doscientos amaneceres, el Papa y su séquito vagarán por tierras extranjeras.

San Juan Bosco nació de una familia humilde el 16 de Agosto de 1815 en un pueblito de Italia llamado I Becchi, en Castelnuovo d’Asti (ahora Castelnuovo Don Bosco).

Su santa madre, Margarita» fue educándolo a la fe protegiéndolo de la prepotencia de su hermano mayor Antonio, que no quería que él estudiara.

Antonio tuvo que hacerse cargo de la familia luego de quedar él, Juan y José (los tres hermanos) huérfanos, al morir su padre Francisco, a los 33 años de edad.

La convicción de ser sacerdote comienza a nacer a los nueve años de edad cuando tiene un sueño que será una premonición del futuro.
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La Virgen Auxiliadora fue acompañándolo en la adolescencia hasta entrar al seminario de Chieri, hasta el sacerdocio (año 1840).

Junto a Don Bosco nacieron grandes vocaciones y santos; esto deja en evidencia la obra que hoy perdura y el bien que hizo a la Iglesia Católica.

Personas como Domingo Savio (santo con solo 15 años) y Miguel Rúa (beato hoy en día) fueron la expresión máxima de la incansable tarea de Juan Bosco.

Fue dotado de grandes dones naturales y sobrenaturales, como los grandes santos.
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Tuvo el don de profecía, el don de milagros.
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Se adelantó 100 años al Concilio Vaticano II y eso por su espíritu evangélico.

LA VIRGEN MARÍA INTERVIENE EN SU VOCACIÓN SACERDOTAL

Sueño de los nueve años

“Cuando yo tenía unos nueve años, tuve un sueño que me quedó profundamente grabado en la mente para toda la vida.

En el sueño me pareció estar junto a mi casa, en un paraje bastante espacioso, donde había reunida una muchedumbre de chiquillos en pleno juego.

Unos reían, otros jugaban, muchos blasfemaban.

Al oír aquellas blasfemias, me metí en medio de ellos para hacerlos callar a puñetazos e insultos.

aquel momento apareció un hombre muy respetable, de varonil aspecto, noblemente vestido.

Un blanco manto le cubría de arriba a abajo, pero su rostro era luminoso, tanto que no se podía fijar en él la mirada.

Me llamó por mi nombre y me mandó ponerme al frente de aquellos muchachos, añadiendo estas palabras:

No con golpes, sino con la mansedumbre y la caridad, deberás ganarte a estos amigos.
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Ponte, pues, ahora mismo a enseñarles la fealdad del pecado y la hermosura de la virtud.

Aturdido y espantado, dije que yo era un pobre muchacho ignorante, incapaz de hablar de religión a aquellos jovencitos.

En aquel momento, los muchachos cesaron en sus riñas, alborotos y blasfemias y rodearon al que hablaba.

Sin saber casi lo que me decía, añadí:

¿Quién sois para mandarme estos imposibles?

Precisamente porque esto te parece imposible, deberás convertirlo en posible por la obediencia y la adquisición de la ciencia.

¿En dónde? ¿Cómo podré adquirir la ciencia?

Yo te daré la Maestra, bajo cuya disciplina podrás llegar a ser sabio y sin la cual, toda sabiduría se convierte en necedad.

Pero, ¿Quién sois vos que me habláis de este modo?

Yo soy el Hijo de Aquella a quien tu madre te acostumbró a saludar tres veces al día.

Mi madre me dice que no me junte con los que no conozco sin su permiso; decidme, por tanto vuestro nombre.

Mi nombre pregúntaselo a mi Madre.

En aquel momento vi junto a él una Señora de aspecto majestuoso, vestida con un manto que resplandecía por todas partes, como si cada uno de sus puntos fuera una estrella refulgente.

La cual, viéndome cada vez más desconcertado en mis preguntas y respuestas, me indicó que me acercase a ella, y tomándome bondadosamente de la mano, me dijo:

Mira.

Al mirar me di cuenta de que aquellos muchachos habían escapado, y vi en su lugar una multitud de cabritos, perros, gatos, osos y varios otros animales.

He aquí tu campo, he aquí en donde debes trabajar.

Hazte humilde, fuerte y robusto, y lo que veas que ocurre en estos momentos con estos animales, lo deberás tú hacer con mis hijos.

Volví entonces la mirada y, en vez de los animales feroces, aparecieron otros tantos mansos corderillos que, haciendo fiestas al Hombre y a la Señora, seguían saltando y bailando a su alrededor.

En aquel momento, siempre en sueños, me eché a llorar.

Pedí que se me hablase de modo que pudiera comprender, pues no alcanzaba a entender que quería representar todo aquello.

Entonces Ella me puso la mano sobre la cabeza y me dijo:

A su debido tiempo, todo lo comprenderás.

Dicho esto, un ruido me despertó y desapareció la visión.

Quedé muy aturdido.

Me parecía que tenía deshechas las manos por los puñetazos que había dado y que me dolía la cara por las bofetadas recibidas.

Y después, aquel personaje y aquella señora de tal modo llenaron mi mente, por lo dicho y oído, que ya no pude reanudar el sueño aquella noche.

Por la mañana conté en seguida aquel sueño; primero a mis hermanos, que se echaron a reír, y luego a mi madre y a la abuela.

Cada uno lo interpretaba a su manera.

Mi hermano José decía:

Tú serás pastor de cabras, ovejas y otros animales.

Mi madre:

¡Quién sabe si un día serás sacerdote!

Antonio, con dureza:

Tal vez, capitán de bandoleros.

Pero la abuela, analfabeta del todo con ribetes de teólogo, dio la sentencia definitiva:

No hay que hacer caso de los sueños.

Yo era de la opinión de mi abuela, pero nunca pude echar en olvido aquel sueño.

Lo que expondré a continuación dará explicación de ello.

Yo no hablé más de esto y mis parientes no le dieron la menor importancia.

Pero cuando en el año 1858 fuí a Roma para tratar con el Papa sobre la Congregación salesiana,

él me hizo exponerle con todo detalle todas las cosas que tuvieran alguna apariencia de sobrenatural.

Entonces conté por primera vez, el sueño que tuve de los nueve a los diez años.

El Papa mandó que lo escribiera literal y detalladamente.

Y lo dejara para alentar a los hijos de la Congregación.

Ésta era precisamente la finalidad de aquel viaje a Roma.

EL FAMOSO SUEÑO DE SAN JUAN BOSCO SOBRE LAS DOS COLUMNAS — AÑO DE 1862

El 26 de mayo de 1862 Don Bosco había prometido a sus jóvenes que les narraría algo muy agradable en los últimos días del mes.

El 30 de mayo, pues, por la noche les contó una parábola o semejanza según él quiso denominarla.

He aquí sus palabras:

Os quiero contar un sueño.

Es cierto que el que sueña no razona; con todo, yo que Os contaría a Vosotros hasta mis pecados si no temiera que salieran huyendo asustados, o que se cayera la casa, les lo voy a contar para su bien espiritual.

Este sueño lo tuve hace algunos días.

Figúrense que están conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escrollo aislado, desde el cual no ven más tierra que la que tienen debajo de los pies.

En toda aquella superficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla,

cuyas proas terminan en un afilado espolón de hierro a modo de lanza que hiere y traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar.

Dichas naves están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros (televisión, radio, cine, teatro, prensa).

Y se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos hacerle el mayor daño posible.

A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas navecillas que de ella reciben las órdenes, realizando las oportunas maniobras para defenderse de la flota enemiga.

El viento le es adverso y la agitación del mar favorece a los enemigos.

En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distante la una de la otra.

Sobre una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción:

Auxilium Christianorum.

Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: Salus credentium.

El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pontífice, al apreciar el furor de los enemigos y la situación apurada en que se encuentran sus leales,

piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la conducta a seguir.

Todos los pilotos suben a la nave capitaneada y se congregan alrededor del Papa.

Celebran consejo; pero al comprobar que el viento arrecia cada vez más y que la tempestad es cada vez más violenta,

son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves respectivas.

Restablecida por un momento la calma, el Papa reúne por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana continúa su curso;

pero la borrasca se torna nuevamente espantosa.

El Pontífice empuña el timón y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos columnas,

de cuya parte superior todo en redondo penden numerosas áncoras y gruesas argollas unidas a robustas cadenas.

Las naves enemigas dispónense todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla.

Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo.

Otras con los cañones, con los fusiles, con los espolones.

El combate se toma cada vez más encarnizado.

Las proas enemigas chocan contra ella violentamente, pero sus esfuerzos y su ímpetu resultan inútiles.

En vano reanudan el ataque y gastan energías y municiones: la gigantesca nave prosigue segura y serena su camino.

A veces sucede que por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura.

Pero apenas producido el daño, sopla un viento suave de las dos columnas y las vías de agua se cierran y las brechas desaparecen.

Disparan entretanto los cañones de los asaltantes, y al hacerlo revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y espolones.

Muchas naves se abren y se hunden en el mar.

Entonces, los enemigos, encendidos de furor comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones,

y así continúa el combate.

Cuando he aquí que el Papa cae herido gravemente.

Inmediatamente los que le acompañan acuden a ayudarle y le levantan.

EL PAPA EN EL TERCER SECRETO DE FÁTIMA

El Pontífice es herido una segunda vez, cae nuevamente y muere.

Un grito de victoria y de alegría resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de sus naves reina un júbilo indecible.

Pero apenas muerto el Pontífice, otro ocupa el puesto vacante.

Los pilotos reunidos lo han elegido inmediatamente; de suerte que la noticia de la muerte del Papa llega con la de la elección de su sucesor.

Los enemigos comienzan a desanimarse.

El nuevo Pontífice, venciendo y superando todos los obstáculos, guía la nave hacia las dos columnas.

Y al llegar al espacio comprendido entre ambas, la amarra con una cadena que pende de la proa a un áncora de la columna que ostenta la Hostia.

Y con otra cadena que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra áncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada.

Entonces se produce una gran confusión.

Todas las naves que hasta aquel omento habían luchado contra la embarcación capitaneada por el Papa,

se dan a la huida, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente.

Unas al hundirse procuran hundir a las demás.

Otras navecillas que han combatido valerosamente a las órdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan amarradas.

Otras naves, que por miedo al combate se habían retirado y que se encuentran muy distantes, continúan observando prudentemente los acontecimientos.

Hasta que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas,

llegando a las cuales se aseguran a los garfios pendientes de las mismas.

Y allí permanecen tranquilas y seguras, en compañía de la nave capitana ocupada por el Papa.

En el mar reina una calma absoluta.

Al llegar a este punto del relato, San Juan Bosco preguntó a Beato Miguel Rúa: —¿Qué piensas de esta narración?

Beato Miguel Rúa contestó:

Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es Cabeza.

Las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo.

Los que defienden a la embarcación del Pontífice son los leales a la Santa Sede.

Los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan aniquilarla.

Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoción a María Santísima y al Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

El Beato Miguel Rúa no hizo referencia al Papa caído y muerto.

Y San Juan Bosco nada dijo tampoco sobre este particular.

Solamente añadió:

Has dicho bien. Solamente habría que corregir una expresión.

Las naves de los enemigos son las persecuciones.

Se preparan días difíciles para la Iglesia.

Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación a lo que tiene que suceder.

Los enemigos de la Iglesia están representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen.

¡Sólo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto!

Devoción a María Santísima.

Frecuencia de Sacramentos:

Comunión frecuente, empleando todos los recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los demás, siempre y en todo momento.

¡Buenas noches!

(Memorias Biográficas de San Juan Bosco)

162 DIOS DEL SINAÍ


162 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Cuando están a la vista los campos de Yocana, el crepúsculo tiñe de un color anaranjado el cielo.  

Jesús dice:

–    Apresuremos el paso amigos, antes de que se meta el sol.  

Cuando llegan a un determinado punto…

Jesús empieza dando instrucciones a sus apóstoles:

A Judas le dice:

–    Entrega a Miqueas la cantidad de dinero suficiente para que mañana pueda restituir lo que hoy ha pedido prestado a los campesinos de esta zona.

A Andrés y a Juan y los manda a dos puntos diversos, desde donde se puede ver el camino que viene de Yizreel.

A Pedro y a Simón les manda que salgan al encuentro de los campesinos de Doras, con la indicación de detenerlos en la zona divisoria de las dos propiedades.

A Santiago y a Tadeo:

–      Tomad las provisiones y venid.

Y se adelanta.

Entretanto, Jesús camina más despacio, mirando a su alrededor para ver si hay algún campesino de Yocana…

Mas sólo se ven los fértiles campos con las espigas ya bien formadas. 

Por fin, de entre la frondosidad de las parras, se destaca un rostro sudoroso,

al tiempo que exclama con un grito:

–     ¡Oh, Señor bendito!

Y el campesino sale corriendo del viñedo para postrarse ante Jesús.  

El Maestro lo mira y le dice:

–    La paz sea contigo, Isaías.

El hombre lo mira sorprendido:

–     ¡Oh! ¡Te acuerdas de mi nombre!   

–     Lo llevo escrito en el corazón.

Levántate. ¿Dónde están los otros compañeros?

–     Allá, en los manzanares.

Ahorita les voy a avisar. Eres nuestro Huésped, ¿Verdad?

No está el patrón y podemos hacer una fiesta. ¡Imagínate! Este año nos concedió el cordero y vamos a ir al Templo.

Sólo nos dio seis días… Pero corriendo llegaremos. ¡Y todo gracias a Ti!…

El rostro del hombre rebosa de alegría…

Pues es la primera vez que lo tratan como humano y como israelita.

Jesús contesta sonriente:

–    Que Yo sepa, no he hecho nada

–    ¡Eh! ¡La hiciste!

Doras… los campos de Doras… y ahora éstos al revés. ¡Tan hermosos este año!

Yocana el Saduceo, se enteró de tu venida. No es tonto. ¡Tiene mucho miedo!…

–    ¿De qué cosa?

–    Miedo de que le suceda lo mismo que a Doras.

El hombre dice esto en voz baja, pero remarcando las palabras, como quien estuviera confiando una cosa tremenda en secreto.

De morirse y de perder todo. ¿Has visto los campos de Doras?

–    Vengo de Naím.

–    Entonces no los has visto…

Dan lástima. ¡Están todos destruidos!

Totalmente devastadas!: 

Nada de heno. Nada de pienso. Nada de cereales. Nada de fruta. Todos los árboles frutales y los viñedos están secos. Muertos…

¡Todo muerto como en Sodoma y Gomorra!…

Ven. Te los mostraré…

–    No es necesario.

Voy con aquellos trabajadores…

–    ¡Ya no están!…

¿No lo sabías?… Doras el hijo de Doras; los ha regado o despedido.

A los que dispersó por otros lugares de la campiña, les ha prohibido que hablen de Ti… so pena de latigazos…

¡Oh! ¡No hablar de Ti!… ¡Será difícil!

También Yocana nos lo ha dicho…

–    ¿Qué les dijo?

–    Dijo: ‘Yo no soy tan necio como ese Doras.

Y no les prohíbo que habléis del Nazareno. Sería inútil, porque de todos modos lo haréis y no quiero perderos; ni acabaros como animales brutos a latigazos.

Yo de mi parte os digo: ‘Sed buenos como el Nazareno os enseña y decidle que os trato bien. Tampoco quiero ser yo maldecido.

Él comprende qué bien están estos campos, después de que los bendijiste y lo que ha pasado con esos, que maldijiste…

Llegan Pedro y Andrés:

–    ¡Oh, Maestro!

–     ¡No hay nadie!

Todos son caras nuevas.

–    Y todo está asolado.

En realidad sería mejor que ni hubiera trabajadores.

–    Está peor que el valle de Sidim en el Mar Salado…

Jesús contesta:

–    Lo sé.

Me lo ha dicho Isaías.

–    Pero ven a ver…

¡Qué espectáculo!…

Jesús quiere dar gusto a Pedro,

y dice a Isaías:

–     Entonces me quedaré con vosotros.

Dilo a tus compañeros. Pero no os molestéis. Yo tengo comida.

Nos basta con un poco de heno, para acostarnos a dormir y vuestro cariño.

Vengo pronto.

El espectáculo de los campos de Doras, es sencillamente devastador.

Campos y pastizales secos y sin nada.

Los viñedos, áridos.

El follaje acabado.  

Y la fruta de los árboles perforada con millares de animaluchos.

Cerca de la casa, el jardín que estaba lleno de árboles exuberantes, presenta el mismo aspecto desértico, de bosque aniquilado.  

Los trabajadores andan arrancando hierbas, pisoteando orugas, caracoles, lombrices.  

Sacuden las ramas y debajo de ellas, en recipientes llenos de agua caen las mariposas y los parásitos que cubren las hojas…

Y que están chupando las plantas hasta hacerlas morir.

Buscan un signo de vida en los sarmientos de las vides… 

 Los viñedos se desbaratan al tocarlos y caen como si se les hubiese cortado desde la raíz.

El contraste con los campos de Yocana es increíble.

Siendo así que la desolación de los campos maldecidos aparece aún más violenta,

si se compara con la fertilidad de estos otros.

Admirado, Zelote dice entre dientes:

–    El Dios del Sinái tiene la mano pesada.

Jesús hace como si quisiera decir:

Aquí Estoy’

Pero no dice nada y solamente pregunta:

–   ¿Cómo ha sucedido?

Un trabajador le responde:

–   Topos, langostas, gusanos.

Pero vete… El vigilante es fiel a Doras. No nos perjudiques…

Jesús suspira profundamente…

Y se vuelve para retirarse…

Otro de los campesinos, que está encorvado recalzando un manzano con la esperanza de salvarlo,

le dice:

–   Iremos mañana a donde estás.

Cuando el vigilante se vaya a Yezrael para orar… Iremos a la casa de Miqueas…

Jesús los bendice con un ademán y se va.

Cuando regresa al crucero…

Ya se han reunido todos los trabajadores de Yocana.

Muy felices rodean amorosos a su Mesías y lo llevan hasta sus casuchas.

Le preguntan:

–   ¿Viste lo que hay allá?

Jesús contesta:

–   Lo he visto.

Mañana vendrán los labradores de Doras.

–   ¡Claro!…

Mientras las hienas están en oración.

Cada sábado lo hacemos así.  Y hablamos de Ti, de lo que nos enseñó Jonás.

Por Jonás, por Isaac, que viene a menudo a vernos y por tus palabras de Tisri.

Hablamos como sabemos, porque lo que no se puede hacer es no hablar de Tí.  

Y más se habla cuanto más se sufre y cuanto más lo prohíben

–     Aquellos pobrecillos…

Beben la vida todos los sábados…

Pero, ¡Cuántos en esta llanura tienen necesidad de saber, al menos saber de Tí y no pueden venir hasta aquí!…

–     Me ocuparé también de ellos.

En cuanto a vosotros, benditos seáis por lo que hacéis.

El sol declina mientras Jesús entra en una ahumada cocina. Comienza el reposo sabático.

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D UN SUEÑO PROFÉTICO 1


CUMPLIMIENTO

PÉRDIDA DE LA FE

¿Cuáles son los Signos de la Pérdida de Fe en vastos Sectores de la Iglesia?

La idea de muchos católicos es que la Iglesia crecerá indefinidamente hasta la Segunda Venida de Jesucristo.

Sin embargo esto ya ha sido desmentido, porque la época de oro del cristianismo ya fue, fue en lo que se llama la cristiandad en el medioevo.

A partir de lo cual el mundo se ha ido descristianizando y la Iglesia perdiendo pie en occidente, aunque creciendo en otros continentes.

Además, tanto las escrituras como la doctrina de la Iglesia estampada en su Catecismo, dicen que antes de la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo,

la Iglesia pasará por una gran crisis, una gran tribulación.

Lo que está evidenciado en la  frase de Jesús «Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?» (Lc 18: 8).

Y hoy estamos de cara ante esa posibilidad, debido a lo que se escucha, ve, y lee.

A pocos lectores medianamente atentos, se les escapa el desconcierto en la fe que tienen, desde cardenales hasta humildes católicos en los bancos de las parroquias.

Y esto nos lleva a cuestionarnos sobre una apostasía muy importante dentro de la Iglesia.

Muchos católicos en los bancos están como anestesiados.

Otros han dejado de preocuparse, porque piensan que la solución no está en sus manos.

Lo cierto es el la Iglesia Católica Romana está sufriendo una doble pinza.

Por un lado, la sociedad secular persigue a la Iglesia…

argumentando su posición respecto al aborto, la supuesta homofobia y demás pecados que la mayoría de los sacerdotes denuncian.

Pero por otro lado se ha gestado una revolución interna de aceptación creciente de la moral laicista…

Que está desarmando y modificando la doctrina tradicional de la Iglesia.

Esto ya lo previó Nuestro Señor hace 2000 años.

LA PERSECUCIÓN DE LOS CRISTIANOS AL FINAL DE LOS TIEMPOS

Los ataques externos que suceden en el mundo se inscriben dentro lo que Nuestro Señor Jesucristo repetidamente enseñó, que los fieles cristianos serían odiados por todos.

Nuestro Señor Jesucristo repetidamente enseñó que los fieles cristianos serían odiados por todos.

Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.

Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. (Juan 15: 18-19)

¿Y por qué es esto?

Siempre ha habido un conflicto entre el mundo y los fieles discípulos de Jesucristo.

Jesús nos enseñó a rechazar el pecado, y a amarnos unos a otros. El verdadero amor es incompatible con el pecado.

En la medida en que pecas, que has fracasado en el amor.

Pero el mundo ha abrazado el pecado.

Por lo tanto la sociedad secular pecaminosa siempre tendrá algo para oponerse al cristianismo verdadero y a los fieles.

¿Por qué? porque el amor y el pecado son incompatibles.

Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre. (Mateo 24: 9)

Esta oposición entre el mundo y los fieles se incrementa o incrementará durante la tribulación, que incluye un gran martirio de muchos cristianos.

Se ve  un fuerte aumento del odio por las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia, y por todos los que creen y viven de acuerdo con esas enseñanzas.

Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de muchos se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. (Mateo 24: 12-13)

Caridad es una palabra usada para referirse al verdadero amor espiritual, es diametralmente opuesta a iniquidad.

El amor y el pecado se oponen el uno al otro porque el pecado es maldad.

Por lo tanto cuando abunda la iniquidad, la caridad se enfría en muchas personas.

Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. (Marcos 13:13)

No vamos a tener éxito en convencer a todo el mundo para convertirse en fieles discípulos de Cristo.

No podemos ganar la guerra cultural entre la sociedad secular de pecado y la fe cristiana. Sin embargo la Iglesia y los fieles no desaparecerán del mundo.

Podemos y vamos a perseverar hasta el final de la tribulación cuando Cristo regrese.

Y los fieles cristianos serán salvados por su perseverancia en la fe, a pesar de la oposición del mundo.

Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre

17. Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo.

Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. (Lucas 6: 22-23)

Es una bendición ser odiado por la sociedad secular de pecado, si somos odiados por nuestra fidelidad a Cristo.

Con el tiempo, los cristianos serán separados de la sociedad.

Habrá muchas formas en las que los cristianos no podrán participar en la sociedad.

Por ejemplo, con el tiempo, quizás no haya hospitales cristianos, porque todos los hospitales se verán obligados por la ley y la cultura a cometer pecados graves:

Aborto, la anticoncepción abortiva, la eutanasia, los procedimientos de transición de género, la procreación artificial, y otros pecados graves.

Con el tiempo, los cristianos fieles no serán capaces de enseñar en las escuelas públicas y no habrá escuelas privadas cristianas.

Porque todas las escuelas eventualmente serán obligadas por la ley y la cultura a enseñar doctrinas erróneas:

Fomentando un comportamiento ajeno a su moral, como el caso de la homosexualidad y  la ideología de género.

Y lo mismo puede decirse de los otros tipos de participación en la sociedad.

Los cristianos ya son vituperados por la sociedad por sus creencias:

como el rechazo del aborto y la anticoncepción, el matrimonio entre homosexuales, el cambio de sexo, y muchos otros pecados graves.

Y este reproche sólo va a empeorar a medida que la sociedad rechace más la fe en Dios y se haga cada vez más pecaminosa.

También Nuestro Señor dudaba de si encontraría fe cuando volviera en su Segunda Venida:

Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra? (Lc 18:8).

Y eso es una acusación contra la propia Iglesia, que como vemos se irá deteriorando en su capacidad de mantener la fe a su interior.

EL PEOR ATAQUE CONTRA EL CRISTIANISMO VIENE DE ADENTRO DE LA IGLESIA

Los católicos estamos poniendo mucho énfasis en el ataque que estamos sufriendo de parte del mundo occidental laicista que está expulsando a las religiones del área pública.

Pero no tendría el efecto que vemos si el cristianismo estuviera compacto y tuviera la fe que tenían los primeros cristianos.

Aquí nos encontramos ante el dilema del huevo o la gallina, que es primero.

Porque esta actividad y actitud del mundo laicista occidental sólo sería posible en esta magnitud sí el cristianismo no está fuerte.

Sí cristianismo está fuerte y cree realmente en la doctrina, es capaz de salir a evangelizar de nuevo y crear los antídotos ante estos ataques; podría recomponer la cultura que se está perdiendo.

Si hablas con Dios estás rezando… Si Dios te habla, tienes esquizofrenia… 

Por la soberbia de NEGAR LO SOBRENATURAL Y DIVINO dentro de la Iglesia…

(los milagros se acabaron junto con los primeros apóstoles)

El cristianismo está desvaneciéndose dentro de los propios cristianos.

Hay una herejía monumental en nuestro tiempo.

Que supera a la herejía más grande que ha sucedido en el catolicismo, que fue el arrianismo, la cual negaba abiertamente la divinidad de Cristo.

Ahora existe lo que llamamos un arrianismo sigiloso, que no niega abiertamente ni proclama a toda voz desde los púlpitos la no divinidad de Cristo en las palabras.

Sino que la niega en sus acciones.

Durante por lo menos los últimos 50 años los arrianistas sigilosos dentro de la Iglesia Católica ya sean laicos, religiosos o sacerdotes,

han hecho todo lo posible a su alcance para eliminar las cosas que apuntan a la divinidad de Cristo y a la sobrenaturalidad de nuestra fe.

Ejemplo de esto ha sido el despojamiento en las iglesias del arte sagrado, la arquitectura sagrada, la música sagrada e incluso de los elementos sagrados del santo sacrificio de la misa.

Se ha perdido la maravilla.

Y eso es lo que lleva a muchos católicos a presentarse a recibir la Eucaristía vestidos de manera inconvenientes,

tomando la ostia como si estuvieran metiendo la mano en una bolsa de papas fritas y sin asombrarse del milagro.

El terrible SACRILEGIO de la comunión en la mano y dada por los ministros laicos…

Y esto se trasmite a todos a través del clima en el propio templo.

Pensemos en la transubstanciación, que aunque se diga que cristo está con su cuerpo y sangre en la hostia consagrada, en el fondo pocos creen en ello.

En el fondo, lo tratan de una explicación piadosa medieval, de algo simbólico.

Lo más sorprendente es que estos individuos asisten a misa y hasta la celebran.

Porque en realidad no tienen por qué participar en misa, ya que descreen de muchas de las cosas que hacen a la maravilla del regalo que nos hizo Jesucristo de vida eterna.

Estamos siguiendo lo que ha sucedido a muchos judíos.

Al que escribe este artículo le ha sucedido ir invitado a una sinagoga e informarse por los propios concurrentes que no creen en Dios,

que los salmos que cantan son sólo una expresión folklórica de su pueblo, al cual sí aman.

Los últimos hallazgos de las investigaciones sobre los católicos son sombríos porque la gente está dejando en masa la religión, en occidente.

Y esto es porque la iglesia se ha ido convirtiendo en una ONG que realiza obras de caridad y practica el buenismo, con reuniones sociales básicamente los domingos.

El énfasis no se pone en la evangelización sino en la justicia social la ecología, mejorar la vida de los pobres, etc.

En el fondo el problema es el modernismo.

Que es la idea de que lo sobrenatural no es creíble en esta época moderna y ha sido superado por los conocimientos científicos.

Habido una fantástica estrategia de desmitologización de las historia de la Biblia, eliminando los milagros y elementos sobrenaturales de los evangelios.

Lo que ha tenido una influencia muy grande los seminarios, que luego se ha transmitido a los púlpitos en todo el mundo.

El proceso se vendió como un pasaje desde un catolicismo infantil a un catolicismo maduro.

Las historias sobrenaturales tuvieron que ser eliminadas porque no encajaban con el mundo moderno.

Las doctrinas relativas con demonios, ángeles, cielo e infierno fueron extirpadas a través del silencio de los púlpitos.

Porque se consideraban primitivas y medievales y poco creíbles para gente moderna

Y lo peor que esto no partió de los laicistas presionando a la iglesia.

Sino que partió del propio seno de la iglesia, que vació este contenido sobrenatural.

Se llegó a la concepción de que la religión que profesamos es parte de una cultura y por lo tanto hecha por el hombre.

Así que puede ser cambiada su doctrina a los antojos y modas del momento.

Y que en realidad los milagros no ocurren.

De modo que católicos y protestantes por igual han estado creando de la religión cristiana una organización de buenas obras en la tierra.

En lugar de la alimentación de Jesús a los cinco mil que habla la Biblia, desde los púlpitos se ha hablado que el verdadero milagro es el hecho de que todo el mundo comparte la cena.

Y así muchos sacerdotes cuando hablan de la eucaristía se refieren a ella como la Cena del Señor.

Como si fuera un acontecimiento social y no un hecho sobrenatural en el que Cristo se da a nosotros con su sangre y su cuerpo.

Todo ha sido sigilosamente y secretamente reinterpretado por la eliminación de la explicación sobrenatural, dándole a las palabras otro significado que el que originalmente tenían.

Por ejemplo cuando algunos dicen “Aleluya Cristo ha resucitado” quieren decir que de alguna forma,

las maravillosas enseñanzas de Jesús continúan siendo practicadas por sus fieles seguidores.

Y lo mismo puede decirse del rol de María en nuestra historia de salvación, cuando a María se la considera una chica judía silenciosa, que tuvo una crisis de embarazo, y dio a luz a un gran maestro.

Entonces la conclusión lógica es que son innecesarios los sacramentos y una vida de arrepentimiento y de fe.

Porque incluso sostienen que todos se salvan y que si el infierno existe, Dios es tan misericordioso que lo tiene vacío.

Del mismo modo  se han reinterpretado en muchos casos la confesión, que es considerada para personas inseguras.

También el matrimonio, en el que el criterio actual es que se puede ser flexible porque la misericordia es todo.

Y además la sexualidad, porque Dios puede haber creado muchos sexos y no solo dos y todos aceptables.

Pero la gente no es tonta y a la larga se da cuenta. 

Su conclusión es que si la religión que practican se resume a la paz, la justicia y el trabajo social, entonces,

¿Qué sentido tiene levantarse temprano para ir a misa, escuchar himnos mal cantados y tristes, una homilía mal preparada y en bancos incómodos?

¿Por qué no quedarse a dormir o ir a disfrutar del buen día con amigos?

Esto nos lleva a la triste realidad.

De que el adoctrinamiento arrianista sigiloso dentro de la iglesia, que ha llevado al rechazo de lo sobrenatural,

ha sido tan grave, que sólo permanece un remanente en la iglesia que confía en el poder sobrenatural de Dios.

Basta conversar con la persona que tenemos al lado en el banco para darnos cuenta de todo lo que se ha perdido en el campo sobrenatural.

Todo esto nos hace débiles en lugar de guerreros poderosos y fuertes, listos para enfrentarse a los poderes del mundo dominado por el hijo de la mentira.

Precisamente hablando sobre la necesidad de una nueva evangelización, el Papa Benedicto XVI dijo:

“el verdadero problema de nuestro tiempo es la crisis de Dios, la ausencia de Dios disfrazada por una religiosidad vacía”.

Esto termina derrumbándose por completo, por eso la disminución del número de cristianos en occidente.

Y lo que es peor aún, la disminución de la presencia de la fe en los que aún quedan.

Este ataque espiritual ha generado una epidemia de pereza espiritual que amortigua la vida divina que Dios nos da.

2 Timoteo 3 – Biblia de Jerusalen
Carácter de los hombres en los postreros días
1. Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles;
2. los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos,
3. desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien,
4. traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios,
5. que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos.
6. A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones,
7. que siempre están aprendiendo y no son capaces de llegar al pleno conocimiento de la verdad.
8. Del mismo modo que Jannés y Jambrés se enfrentaron a Moisés, así también estos se oponen a la verdad; son hombres de mente corrompida, descalificados en la fe.
9. Pero no progresarán más, porque su insensatez quedará patente a todos, como sucedió con la de aquéllos.

Por eso el camino más seguro para recomponer el cristianismo en occidente es volver a la maravilla de la sobrenaturalidad.

Volver a oír y creer en las maravillosas historias de milagros contadas por la Biblia y sentir y comprender que todo es gracia.

LAS APOSTASÍAS COMIENZAN SIEMPRE DE LO ALTO

La apostasía, o sea la pérdida de la fe o su abandono, es la constante en la historia que narra la Biblia, y por tanto una constante en nuestra historia de salvación.

Dios creó los coros angélicos y a la cabeza estaba Lucifer.

Era el ángel con un intelecto más agudo, el más hermoso y el que tenía la misión de dirigir a los demás.

Pero este ángel que estaba en la cima de todo se rebeló contra Dios y apostató, o sea que perdió la fe en Dios.

Junto con él, un tercio de los ángeles cayeron en la desobediencia.

Y como sabemos San Miguel Arcángel los enfrentó, los venció y luego Dios los envió al infierno.

Luego tenemos que Dios creó al hombre dotándolo de todo lo necesario para su subsistencia y la inmortalidad.

Y también le dio a una mujer como ayudante porque dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo.

Los situó en el Jardín del Edén, un lugar paradisíaco, pero les advirtió qué podían comer de cualquier árbol salvo del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Pero la mujer fue seducida por el Maligno, comió del fruto del árbol, se lo dio de comer a su esposo y esto configuró la rebelión de los primeros humanos hacia Dios.

Y como consecuencia Dios los expulsó del Jardín del Edén y ya no pudieron comer más del árbol de la vida.

Y entró en el mundo la enfermedad, la muerte y la necesidad de trabajar con el sudor de su frente para alimentarse.

Esto obligó a que Dios trazara un plan para recobrar la santidad de la humanidad.

Entonces eligió un pueblo en el que iba a nacer su hijo como Redentor.

En el Antiguo Testamento puede verse como el pueblo judío una y otra vez apostata, pierde la fe en Dios y se rebela contra sus emisarios.

Incluso comienza a adorar un becerro de oro y muchas otras situaciones que marcan su infidelidad constante, lo que Dios permanentemente corrige con intervenciones.

Estas rebeliones eran empujadas por los diferentes líderes judíos del momento.

Hasta que se llega al momento culminante en que ese pueblo elegido no reconoce y rechaza al hijo de Dios, que había sido enviado en misión redentora.

Los propios líderes religiosos del pueblo judío son los que conspiran para crucificar a Jesús.

De modo que tenemos dos comprobaciones en la Biblia.

La primera es que la historia es un camino de pérdidas constantes de la fe en Dios y de intervenciones suyas para recuperarla.

Y en segundo lugar, estas rebeliones que manifiestan la pérdida de fe, parten de la cúpula, o sea de lo más alto de la organización.

Esto sin duda es un patrón, entonces ¿por qué deberíamos descartar que se produzca una pérdida de fe o apostasía masiva en la Iglesia y que se irradie desde la cúpula?

El talante de muchos católicos es descartar esta posibilidad porque hay un pasaje de la escritura en Mateo 16: 18 que dice,

«Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella».

Pero hay otro pasaje de Lucas 18: 8 que dice,

«… sin embargo, cuando el Hijo del hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?»

Si bien Jesucristo promete que la Iglesia no desaparecerá, no promete que la Iglesia tendrá una gran estructura y muchos fieles en un futuro, más bien por el contrario.

Y si nos atenemos a esta promesa y a la historia de la creación y de la salvación, es más probable que haya una pérdida de fe importante en la Iglesia Católica en algún momento,

que venga desde la cúpula, que lo contrario.

Es perfectamente razonable pensar entonces que la gran estructura actual de la Iglesia desaparezca o ella se transforme en una expresión de fe que no apunte a los mandamientos del Señor.

Mientras que subsistiría un pequeño remanente, dentro o fuera de la Iglesia apóstata, que conservaría la verdadera fe.

Pareciera que aún no hemos llegado a esta etapa pero quizás nos estemos acercando,

de acuerdo a declaraciones que estamos leyendo de obispos y cardenales, a homilías que estamos escuchando y a las interpretaciones de la fe que se hacen en los bancos de la Iglesia.

DESDE FÁTIMA SE COMENZÓ A HABLAR INSISTENTEMENTE DE LA APOSTASÍA QUE VENDRÍA DESDE LA CÚPULA

Las últimas décadas ha mostrado un progresivo desvanecimiento de la fe que nos legaron los apóstoles.

Lo cual se aceleró luego del Concilio Vaticano II.

La posibilidad de una apostasía importante proveniente de la cúpula vaticana comenzó a hablarse con más insistencia luego de las apariciones de Fátima.

Todavía hoy se sigue discutiendo el contenido del Tercer secreto de Fátima, en el que los fatimistas aducen que contiene la información de que la Iglesia pasará por una gran apostasía que vendrá desde la cúpula.

Pareciera que efectivamente el Vaticano reveló el contenido que había en la hoja del Tercer Secreto de Fátima en el año 2000.

Pero que había otra hoja que lo complementaba, aunque es discutible si se trata de parte del Tercer secreto o de un cuarto secreto, como se le llama en este momento.

El contenido de esta hoja adicional entregada por su Lucía también al Papa para ser abierta en 1960, hablaría precisamente sobre la apostasía desde la cúpula.

Hay diversos testimonios sobre el contenido del Tercer secreto no revelado o cuarto secreto, como quiera llamársele, que se pueden leer aquí y aquí.

Pero hay algunos aportes de los principales protagonistas que son realmente llamativos sobre el proceso de una apostasía dentro de la Iglesia.

Uno es el contenido del discurso del papa Pablo VI el 13 de octubre de 1977, en el sexagésimo aniversario de las apariciones de Fátima.

El dijo,

«La cola del demonio está actuando para la desintegración del mundo católico.

La oscuridad de Satanás ha entrado y se ha extendido por toda la Iglesia Católica hasta su cumbre.

La apostasía, la pérdida de la fe, se está extendiendo por todo el mundo y en los niveles más altos dentro de la Iglesia.«

Probablemente no sea coincidencia que Pablo VI haya elegido el aniversario de Fátima para revelar lo que contenía esa cuarta hoja lo secretos.

También hay una pista dada por Sor Lucía en una entrevista con el padre Fuentes en 1957.

Lucía le preguntó al padre Fuentes,

«Padre, ¿cuánto tiempo hay antes de que llegue 1960?»

Y luego agregó,

«Será muy triste para todos, ni una sola persona se alegrará si de antemano el mundo no reza y no hace penitencia.

«No puedo dar ningún otro detalle porque todavía es un secreto.»

Esta declaración eso Lucía se produjo en la misma ventana de tiempo en que se estaba planificando el Concilio Vaticano II, que comenzó en el año 1962.

Otra pista la tenemos en el segundo secreto de Fátima donde se lee,

«En Portugal, el dogma de la fe siempre será preservado…»

Frase que entroncaría con el tercer secreto y que supone que habría otros lugares, distintos a Portugal, donde el dogma de la fe no sería preservado.

Hay otro dato importante que fue publicado por el Carmelo de Coímbra en el 2013,

en un libro que habla sobre la biografía de la hermana Lucía (Um Caminho sollozo o Olhar de Maria: Biografía de Irmã Lúcia de Jesús y do Coração Imaculado, OCD).

En este pasaje se habla de la preocupación de Sor Lucía por la pérdida de fe en la Iglesia.

Por lo cual se le apareció Nuestra Señora el 31 de diciembre de 1979, quién le habría dicho según el libro,

«Dios ha escuchado tu oración y me ha enviado para decirte que es necesario intensificar tu oración y tu trabajo para la unión de la Iglesia, de los obispos con el Santo Padre y de los sacerdotes con los obispos,

para guiar al pueblo de Dios en los caminos de la verdad, la fe, la esperanza y el amor, unidos en Cristo su Salvador.»

La preocupación de Sor Lucía y la recomendación de Nuestra Señora permiten pensar que algo no andaba bien en la fe de la Iglesia.

Pero si bien la idea de una apostasía importante proveniente de la cúpula se cataliza en Fátima,

hay otras apariciones marianas y visiones de santos y místicos que hablan sobre una pérdida de fe masiva en la Iglesia Católica.

Nuestra Señora del Buen Suceso

OTRAS VISIONES SOBRE LA APOSTASÍA DENTRO DE LA IGLESIA

Hay varias apariciones marianas que se han referido a un fenómeno de apostasía masiva dentro de la Iglesia.

Unos son los mensajes de Nuestra Señora del Buen Suceso, dados a Sor Mariana de Jesús Torres en Ecuador, entre el siglo XVI y XVII, que dicen,

«Así les hago saber que desde finales del siglo XIX y poco después de la mitad del siglo XX… el espíritu católico decaerá rápidamente; la preciosa luz de la Fe se extinguirá gradualmente…»

Y agregó,

«Varias herejías se propagarán en esta tierra… El pequeño número de almas que, ocultas, preservarán el tesoro de la fe y las virtudes, sufrirán una martirio indescriptiblemente cruel y lento…»

En las apariciones de La Salette en el siglo XIX, aprobadas por la Iglesia, Nuestra Señora le dijo a los videntes,

«Lucifer, con una gran cantidad de demonios, será liberado del infierno. Gradualmente abolirán la fe, incluso entre las personas consagradas a Dios«.

Además especificó,

«La abominación se verá en lugares santos, en conventos, y entonces el demonio se hará rey de corazones».

Y sentenció algo difícil y que ésta relacionado con una apostasía que viene desde la cúpula,

«Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo».

Esto no necesariamente se debiera interpretar literalmente sino como un indicador de la apostasía que vendría desde arriba.

Estos dichos han sido cuestionados por varios cardenales, pero en 1851 el obispo expresó en un escrito,

«[La aparición] tiene en sí todas las características de la verdad, que los fieles están justificados al creer que está más allá de toda duda y con certeza«.

Lo que fue enviado a Roma y recibió la aprobación del Papa Pío IX.

Luego están las apariciones de Fátima, cuyas evaluaciones del supuesto cuarto secreto se pueden leer en detalle aquí y aquí.

San Pío X

Hay otras apariciones marianas que hablan del mismo tema pero no las mencionaremos aquí porque no tienen la categoría de estas otras que manejamos.

También hay una serie de Santos y místicos que han tenido visiones sobre esta apostasía y se puede leer en este otro artículo aquí.

Además de Pablo VI, también hay otros Papas que se han referido a este tema, pero en un lenguaje críptico ante esta eventualidad tan delicada.

El Papa León XIII dijo,

«Estos enemigos astutos [los demonios] han llenado y embriagado de hiel y amargura a la Iglesia, la esposa del Cordero Inmaculado, y han puesto manos impías en Sus posesiones más sagradas.

En el mismo lugar santo, donde se ha establecido la sede del más santo de los santos y la silla de la verdad para la luz del mundo,

han elevado el trono de su abominable impiedad, con el diseño inicuo de que cuando el pastor haya sido golpeado, las ovejas puedan dispersarse».

El Pecado, PECADO ES

El Papa San Pío X manifestó,

«Hay buenas razones para temer que esta gran perversidad sea como un anticipo, y tal vez el comienzo de esos males que están reservados para los últimos días«.

Y el Papa Pío XII declaró,

«Creemos que la hora presente es una fase terrible de los eventos contados por Cristo.

Parece que la oscuridad está por caer sobre el mundo. La humanidad está bajo una crisis suprema».

Fuente: Foros de la Virgen María