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269 EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO


269 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús, que se había retirado a la cocina para beber un poco de agua,

se asoma a la puerta a tiempo de oír la trillada y necia acusación farisaica:

«Éste no es más que un Belcebú, porque los demonios le obedecen.

El gran Belcebú, su padre, le ayuda.

Y arroja los demonios con la acción de Belcebú, príncipe de los demonios, no con otra cosa».

Jesús baja los dos pequeños escalones de la puerta y avanza unos pasos;

erguido, severo, sereno, para detenerse justo frente al grupo escribo-farisaico;

fija en ellos, su mirada penetrante.

Y les dice:

–       Vemos que incluso en este mundo un reino dividido en facciones contrarias,

se hace internamente débil, fácil presa de la agresión

y acción devastadora de los estados vecinos.

y éstos lo esclavizan.

Ya en este mundo vemos que una ciudad dividida en partes contrarias. pierde el bienestar.

Lo mismo se diga de una familia cuyos miembros estén divididos por el odio:

se desmorona, se convierte en una fragmentación que a nadie sirve,

irrisión para los ciudadanos.

La concordia, además de deber, es astucia;

porque mantiene la independencia, la fuerza, el afecto.

Esto es lo que deberían meditar los patriotas, los ciudadanos, los miembros de una familia,

cuando, por el capricho de un determinado beneficio,

se ven tentados a las siempre peligrosas opresiones y separaciones, peligrosas

porque se alternan con los partidos y destruyen los afectos.

17. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Ezequiel 28

es ésta, en efecto, la astucia que ejercitan los Dueños del Mundo.

Observad a Roma, observad su innegable poder, tan penoso para nosotros.

Domina el mundo.

Pero está unida en un único parecer, en una sola voluntad: “dominar”.

Entre ellos habrá también, sin duda, contrastes, antipatías, rebeliones.

Pero estas cosas están en el fondo.

En la superficie hay un único bloque, sin fisuras, sin agitaciones.

Todos quieren lo mismo y obtienen resultados por este querer.

y los obtendrán mientras sigan queriendo lo mismo.

Mirad este ejemplo humano de astucia cohesiva y pensad:

si estos hijos del siglo son así,

¿Qué no será Satanás?

Para nosotros ellos son diablos y sin embargo, su satanismo pagano no es nada,

respecto al perfecto satanismo de Satanás y sus demonios.

En aquel reino eterno, sin siglo, sin final, sin límite de astucia y maldad;

en ese lugar en que es gozo el hacer el mal a Dios y a los hombres.

Hacer el mal es el aire que respiran, es su doloroso gozo, único, atroz.

Se ha alcanzado con perfección maldita la fusión de los espíritus;

unidos en una Sola voluntad: “hacer el mal”.

Ahora bien, si -como pretendéis sostener para insinuar dudas acerca de mi poder-

me ayuda Satanás porque Yo soy un belcebú menor,

¿No entra Satanás en conflicto consigo mismo y con sus demonios

al arrojarlos de sus poseídos?

¿Y estando en conflicto consigo mismo, podrá perdurar su reino?

19. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno. 1 de Juan 5

No, no es así.

Satanás es astutísimo y no se perjudica a sí mismo.

Su intención es extender su reino en los corazones, no reducirlo.

Su vida consiste en “robar – hacer el mal – mentir – agredir – turbar”.

Robar almas a Dios y paz a los hombres.

Hacer el mal a las criaturas del Padre, dándole así dolor.

Mentir para descarriar.

Agredir para gozar.

Turbar porque es el Desorden.

No puede cambiar: es eterno en su ser y en sus métodos.

Pero, responded a esta pregunta:

Si Yo arrojo los demonios en nombre de Belcebú,

29. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» Mateo 8

¿En nombre de quién los arrojan vuestros hijos?

¿Querríais confesar que también ellos son belcebúes?

Si lo decís, os juzgarán calumniadores.

Y aunque su santidad llegue hasta el punto de no reaccionar ante esta acusación,

habréis emitido veredicto sobre vosotros mismos,

al  confesar que creéis tener muchos demonios en Israel.

Y os juzgará Dios en nombre de los hijos de Israel acusados de ser demonios.

Por tanto, venga de quien venga el juicio, en el fondo serán ellos vuestros jueces,

donde el juicio no sufre soborno de presiones humanas.

Y si, como es verdad, arrojo los demonios por el Espíritu de Dios,

14. Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.» Éxodo 3

prueba es de que ha llegado a vosotros el Reino de Dios y el Rey de este Reino.

Rey que tiene un poder tal,

que ninguna fuerza contraria a su Reino le puede oponer resistencia.

Así que ato y obligo a los usurpadores de los hijos de mi Reino,

a salir de los lugares ocupados y a devolverme la presa para que Yo tome posesión de ella.

¿No es así como hace uno que quiere entrar en la casa de un hombre fuerte,

para arrebatarle los bienes, bien o mal conseguidos?

Eso hace.

Entra y lo ata.

Una vez que lo ha atado, puede desvalijar la casa.

Yo ato al ángel tenebroso, que me ha arrebatado lo que me pertenece.

Y le quito el bien que me robó

Sólo Yo puedo hacerlo, porque sólo Yo soy el Fuerte, el Padre del siglo futuro,

el Príncipe de la Paz.  

Un escriba le pregunta:

–       Explícanos lo que quieres decir con “Padre del siglo futuro”.

¿Es que piensas vivir hasta el próximo siglo y mayor necedad aún,

piensas crear el tiempo, Tú, que no eres más que un pobre hombre?

El tiempo es de Dios.  

Jesús lo mira con severidad, al responder:

–       ¿Y me lo preguntas tú, escriba?

¿Es que no sabes que habrá un siglo que tendrá principio pero no tendrá fin.?

¿Y que será el mío?

En él, triunfaré congregando en torno a Mí a aquellos que son sus hijos.

Y vivirán eternos como el siglo que crearé;

que ya estoy creando estableciendo al espíritu por encima de la carne,

del mundo y de los seres infernales, porque todo lo puedo.

Por esto os digo que quien no está conmigo está contra Mí.

Y que quien conmigo no recoge desparrama.

Porque Yo Soy el que Soy.

Y quien no cree esto, que ya ha sido profetizado, peca contra el Espíritu Santo;

cuya palabra fue pronunciada por los Profetas sin mentira ni error

y debe ser creída sin resistencia.

Porque os digo que todo les será perdonado a los hombres:

Todo pecado, toda blasfemia; porque Dios sabe que el hombre no es sólo espíritu, 

sino también carne.

Y carne tentada sometida a imprevistas debilidades.

Pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.

Uno hablará contra el Hijo del hombre y será todavía perdonado,

porque el peso de la carne que  envuelve a mi Persona

y que envuelve al hombre que contra mí habla puede también inducir a error.

Pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en ésta ni en la vida futura,

porque la Verdad es eso que es:

El Don de Discernimiento de Espíritus

Es neta, santa, innegable.

Y es manifestada al espíritu de una manera que no induce a error.

Otra cosa es que yerren aquellos que, queriéndolo, quieren el Error.

Negar la Verdad dicha por el Espíritu Santo es negar la Palabra de Dios

y el Amor, que ha dado esa Palabra por amor hacia los hombres.

Y el pecado contra el Amor no se perdona.

Pero cada uno da los frutos de su árbol.

Vosotros dais los vuestros, que no son buenos.

Si dais un árbol bueno para que lo planten en el huerto, dará buenos frutos;

sin embargo, si dais un árbol malo, malo será el fruto que de él se recogerá.

Y todos dirán: “Este árbol no es bueno”.

Porque el árbol se conoce por el fruto.

¿Cómo creéis que podéis hablar bien vosotros, que sois malos?

Porque la boca habla de lo que llena el corazón del hombre.

Sacamos nuestros actos y palabras de la sobreabundancia  de lo que tenemos en nosotros.

El hombre bueno saca de su tesoro bueno cosas buenas;

el malo, de su tesoro malo, saca las cosas malas.

Y habla y actúa según su interior.

En verdad os digo que ociar es pecado, pero mejor es ociar que hacer obras malas.

Y os digo también que es mejor callar que hablar ociosamente y con maldad.

Aunque vuestro silencio fuera ocio, guardad silencio antes que pecar con la lengua.

Os aseguro que de toda palabra dicha vanamente,

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

se pedirá a los hombres justificación en el día del Juicio.

Y que por sus palabras serán justificados los hombres.

Y también por sus palabras serán condenados.

¡Cuidado, por tanto, vosotros, que tantas decís más que ociosas!,

Pues que son no sólo ociosas sino activas en el mal…

Y con la finalidad de alejar a los corazones de la Verdad  que os habla.

Los fariseos consultan a los escribas y luego, todos juntos, fingiendo cortesía,

solicitan:

–       Maestro, se cree mejor en lo que se ve.

Danos, pues, una señal para que podamos creer que eres lo que dices.

–       ¿Veis como en vosotros está el pecado contra el Espíritu Santo,

que repetidas veces me ha señalado como Verbo encarnado?

Este es mi Hijo amado, ESCUCHADLE…

Verbo y Salvador, venido en el tiempo establecido;

precedido y seguido por los signos profetizados; obrador de lo que el Espíritu dice.

Ellos responden:

–       Creemos en el Espíritu, pero

¿Cómo podemos creer en Ti, si no vemos un signo con nuestros ojos?

-¿Cómo podéis entonces creer en el Espíritu, cuyas acciones son espirituales,

si no creéis en las mías, que son sensibles a vuestros ojos?

Mi vida está llena de ellas.

¿No es suficiente todavía?

No. Yo mismo respondo que no.

No es suficiente todavía.

A esta generación adúltera y malvada, que busca un signo,

se le dará sólo uno: el del profeta Jonás.

Efectivamente, de la misma forma que Jonás estuvo durante tres días en el vientre de la ballena,

el Hijo del hombre estará tres días en las entrañas de la tierra.

En verdad os digo que los ninivitas resucitarán en el día del Juicio, como todos los hombres.

Y se alzarán contra esta generación y la condenarán,

porque les predicó Jonás e hicieron penitencia y vosotros no.

Y aquí hay Uno mayor que Jonás.

Así también, resucitará y se alzará contra vosotros la Reina del Mediodía,

y os condenará.

Porque ella vino desde los últimos  confines de la Tierra, para oír la sabiduría de Salomón;

y aquí hay Uno mayor que Salomón.

–       ¿Por qué dices que esta generación es adúltera y malvada?

No lo será más que las otras.

Hay los mismos santos que había en las otras.

El todo israelita no ha cambiado.

¡Nos ofendes!

–       Os ofendéis vosotros mismos al dañar vuestras almas;

porque las alejáis de la Verdad, y por tanto de la Salvación.

Os respondo lo mismo.

1. Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles; 2. los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, 3. desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, 4. traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, 5. que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos. 6. A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones, 2 de Timoteo”

Esta generación no es santa sino en las vestiduras y en lo externo;

por dentro no es santa.

En Israel existen los mismos nombres para significar las mismas cosas,

pero no existe la realidad de las cosas;

existen los mismos usos, vestiduras y ritos, pero falta el espíritu de estas cosas.

Sois adúlteros porque habéis rechazado el sobrenatural desposorio con la Ley divina 

y os habéis desposado, con una segunda adúltera unión, con la ley de Satanás.

Sois circuncisos sólo en un miembro efímero, el corazón ya no es circunciso.

Y sois malos, porque os habéis vendido al Maligno.

He dicho.

268 PIEDRA DE TROPIEZO


268 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es el mismo escenario del capítulo anterior.

El Espíritu Santo nos ha traído esta vez, a testimoniar lo sucedido;

después que termina la semana de trabajo, de Jesús en Corozaím

Jesús se está despidiendo de la viuda.

Tiene ya de la mano al pequeño José y dice a la mujer:

–       No vendrá nadie antes de mi regreso.

A menos que sea un gentil.

De todas formas, quienquiera que venga que espere hasta pasado mañana;

dile que vendré sin falta.

–       Lo diré, Maestro.

Si hay enfermos, les daré hospedaje, como me has enseñado.

–       Adiós, entonces.

La paz sea con vosotros.

Ven, Mannaém.

Al parecer han venido a ver a Jesús a Corozaím gente enferma y desgraciada.

Y a la evangelización del trabajo Jesús ha añadido la del milagro.

Si Corozaím sigue indiferente, además de incomprensible;

es verdaderamente señal de que es terreno agreste e incultivable.

No obstante, Jesús la atraviesa, saludando a los que le saludan,

con su característica amabilidad, como si tal cosa;

para seguir hablando con Mannaém

que estaba dudando sobre si volver a Maqueronte o quedarse una semana más…

Pero finalmente prevaleció su amor por el Maestro.

Mientras tanto en la casa de Cafarnaúm, se preparan para el sábado.

Mateo, cojeando todavía un poco, recibe a sus compañeros,

los asiste ofreciéndoles agua y fruta fresca;

mientras se interesa por sus respectivas misiones.  

Todos hacen comentarios diversos e interesantes,

de lo que ha significado su primera semana cómo apóstoles;

misioneros con el poder pleno otorgado por Jesús.

El Poema del Hombre-Dios

Y para no confundirnos con nuestro relato,

que muchos de nuestros amados hermanitos en Cristo están siguiendo, junto con nosotros,

basado en la Obra Valtortiana que hemos retomado, para esta

evangelización sobre los Carismas…

Y que cualquiera de vosotros que ya están ejerciendo

las capacidades de vuestro cuerpo espiritual;como Templos vivientes del Espíritu Santo…

¡Y ya están VIVIENDO la experiencia gloriosa, de vivir el Cielo en la Tierra!

SABEN lo inefable que es,

manejar la extensión de nuestra personalidad,

cuando nuestro ABBA nos lleva sacándonos del tiempo,

para entrar en su ¡Increíble y maravillosa Eternidad!

Y esto lo pueden comprobar los que ya vivieron su Pentecostés personal;

para testificar la veracidad de las Sagradas Escrituras.

LOS TIEMPOS SON TAN GRAVES

que no se sorprendan si ABBA les dice que dejen el turismo histórico arqueológico

para cuando dejemos a Satanás noqueado,

luego del Triunfo del Corazón Inmaculado de nuestra Madrecita…

Los viajes astrales son promovidos y guiados por el Demonio… Nosotros lo hacemos sin riesgo alguno, porque es ABBA el que nos lleva

Aunque si ABBA decide darles una ‘probadita‘ de Eternidad..

Y les permite vivir un reportaje, siguiendo en vivo una jornada del Hombre-Dios

confirmando la veracidad de estos relatos y aumentando la cantidad de testigos,

que como  almas víctimas y corredentoras, nos convertimos en

los Apóstoles y Profetas, de los Últimos Tiempos

Por eso no llamamos “visiones” a lo que NO ES una experiencia subjetiva,

SINO REAL, 

Ya que cuando viajamos sobrenaturalmente;

a la velocidad del pensamiento;

con nuestros sentidos corporales y espirituales totalmente despiertos…  

¡Esto no es imaginario!

Y está SUCEDIENDO. 

Pues bién, el episodio siguiente, coloreado en azul,

pasó después de la disputa con los fariseos

pero lo adelantamos un poco, por razones de continuidad y comprensión

Y tomando de la mano al niño, entre Él y Mannaém,

se va rápido por la campiña en dirección a Cafarnaúm.

Llegan cuando ya los apóstoles están ahí.

Pedro recibe a Jesús…

Y le es confiado el pequeño José,

porque Jesús decide atender primero a los que lo han estado esperando…

Y es esto precisamente, lo que produce la amarga y triste disputa con los Fariseos….

Después de esto último…

Y  luego que han pasado algunas horas…

Cuando ya está avanzada la tarde…

Sentados en la terraza, a la sombra del emparrado,

cuentan a Mateo que todavía no está curado, sus hazañas.

Se voltean al oír el ruido de pasos en la escalera y ven la rubia cabellera de Jesús,

que va emergiendo sobre la barda de la terraza.   

Corren hacia Él, que los recibe con una sonrisa.

Y se quedan como estatuas cuando ven que detrás de Él, viene un niño pobre.

La presencia de Mannaém, con su vestido blanco de lino muy fino;

ceñido con un cinturón adornado con oro y piedras preciosas.

Cubierto con un manto rojo fuego tan brillante, que parece de seda

y le cae sobre la espalda como una cauda.

Lleva un turbante de viso sostenido con una delgada lámina de oro burilada,

que le pasa por la mitad de la ancha frente, dándole el aire de un rey egipcio…

Impide la avalancha de preguntas.

Pero con los ojos las hacen muy claras.

No obstante se reponen de la sorpresa…

Y después de haberse saludado recíprocamente y ya sentados alrededor de Jesús;

los apóstoles le preguntan señalando al niño:

–   ¿Y éste?

Jesús contesta explicando:

–     Éste es mi última conquista.

Josesito, carpintero como José, el que fue mi padre.

Por esto lo quiero muchísimo, como él a Mí también.

¿No es verdad chiquito?

Ven aquí.

Te presento a estos amigos míos, de los que has oído hablar tanto.

Éste es Simón-Pedro, el hombre más bueno con los niños que puedas imaginar.

Y éste es Juan: un niño grande que te hablará de Dios, en medio de los juegos.

Y éste es Santiago su hermano, serio y bueno como un hermano mayor.

Éste es Andrés, hermano de Simón-Pedro;

estarás muy bien con él, porque es paciente como un cordero.

Aquí tienes a Simón Zelote:

a éste le gustan mucho los niños que no tienen padre.

Y creo que giraría por toda la tierra para buscarlos, si no estuviese conmigo.

Éste es Judas de Simón y junto a él, Felipe de Betsaida y Nathanael.

¿Ves como te miran?

Ellos también tienen niños y les gustan mucho los niños.

Éstos son mis hermanos, Santiago y Judas:

Aman todo lo que amo y por eso te amarán.

Ahora vamos con Mateo, que tiene fuertes dolores en el pie y con todo;

no guarda rencor por los niños que juegan irreflexivamente

y que le hirieron, con una piedra picuda.

¿No es verdad, Mateo?

El apóstol sonríe:

–      Así es, Maestro.

¿Es hijo de la viuda?

–     Sí.

Es muy listo, pero está muy triste.

Mateo lo acaricia atrayéndolo hacia sí,

mientras dice.

–     ¡Pobre niño!

Te llamaré a Santiaguito y jugarás con él.

Jesús termina la presentación con Tomás,

que práctico como siempre, la concluye ofreciendo al niño,

un racimo de uvas arrancado del emparrado.

Jesús dice:

–      Ahora sois amigos.

Se sienta, mientras el niño come sus uvas y charla con Mateo.

Pedro pregunta:

–      ¿En dónde estuviste toda la semana?

–       En Corozaín, Simón de Jonás.

–       Esto ya lo sé,

¿Pero qué hiciste?

¿Estuviste en la casa de Isaac?

–      Isaac el viejo, ya murió.

–     ¿Y entonces?

–     ¿No te lo contó Mateo?

–      No.

Solo dijo que estuviste en Corozaín, desde el día que nos fuimos.

–      Mateo es mejor que tú.

Sabe callar y tú no sabes refrenar tu curiosidad.

–      No solo la mía.

La de todos.

–      Pues bien.

Fui a Corozaín a predicar la Caridad con la práctica.

Varios le preguntan al mismo tiempo:

–      ¿La caridad con la práctica?

–      ¿Qué quieres decir?

–      ¿Cómo está eso?

Jesús aclara:

–      En Corozaín hay una viuda con cinco niños.

Y con su madre enferma.

Su marido murió repentinamente en el taller de carpintería…

Y dejó tras de sí, miseria y trabajos sin terminar.

Corozaín no ha sabido tener una brizna de compasión, por esta familia infeliz.

Fui a terminar los trabajos y…

–     ¡¡¿Queeé?!!

Surge una gritería.

Quién pregunta.

Quién protesta.

Quién reprende a Mateo por haberlo permitido.

Quién admira.

Quién critica.

Y por desgracia quienes protestan o critican, son la mayoría.

Jesús deja que termine la borrasca como empezó.

Y por toda respuesta añade:

–     Y pasado mañana regresaré allí.

Terminaré un trabajo.

Espero que al menos vosotros comprendáis.

Corozaín es un hueso de fruta cerrado, sin semilla.

Por lo menos vosotros sed huesos de fruta con ella. 

Josesito, por favor dame esa nuez que te ha dado Simón.

Y escucha tú también.

En la casa de Cafarnaúm, se preparan para el Sábado.

Mateo, que cojea todavía, recibe a los compañeros.

Les brinda agua y frutas frescas.

Les pregunta sobre las misiones.

Pedro arruga la nariz al ver que hay fariseos vagabundeando cerca de la casa.

Y dice:

–      Tienen ganas de amargarnos el Sábado.

Quisiera ir al encuentro del Maestro y decirle que se vaya a Betsaida;

para que éstos se queden con un palmo de narices.

Andrés le pregunta:

–    ¿Y crees que el Maestro lo haría?

Y Mateo observa:

–    Además…

En la habitación de abajo está el pobre infeliz que lo espera.

Pedro insiste:

–     Podríamos llevarlo en la barca a Betsaida.

Y yo o cualquier otro ir al encuentro del Maestro, que hoy regresa de Corozaím.

Como Felipe tiene a su familia en Betsaida y nada le daría más gusto,

dice entusiasmado:

–    Pues vamos…

Pedro agrega:

–    ¡Pronto!

¡Tanto más que estáis viendo cómo han reforzado la guardia con escribas!

Vamos sin perder tiempo.

Vosotros con el enfermo, pasáis por el huerto y salís por atrás de la casa.

Yo llevo la barca hasta el pozo de la higuera.

Y Santiago hará lo mismo.

Simón Zelote y los hermanos de Jesús, irán al encuentro del Maestro.

Judas de Keriot grita:

–      ¡Yo no voy con el endemoniado!

–     ¿Por qué?

¿Tienes miedo de que se te pegue el demonio?

–     No me hagas enojar, Simón de Jonás.

Dije que no voy y no voy.

–     Ve con los primos al encuentro de Jesús.

–     No.

–    ¡Uf!

Ven en la barca.

–     No.

–     En resumidas cuentas…

¿Qué es lo que quieres?

Eres siempre el de los obstáculos…

–     Quiero quedarme en donde estoy.

No temo a nadie y no me escapo.

Por otra parte, el Maestro no estaría contento con ello.

Sería causa para otro sermón de reproche y no me lo quiero merecer por vuestra culpa.

Id vosotros.

Yo me quedaré a informar…

Pedro grita:

–      ¡Así no!

Todos o nadie.

Zelote, que estaba mirando hacia el camino,

dice muy serio:

–     Entonces nadie.

Porque el Maestro ya está aquí.

Vedlo que se acerca.

Pedro disgustado, rezonga entre la barba

Y va a encontrar a Jesús con los demás.

Y después de los saludos mutuos, le informan del endemoniado ciego y mudo;

que con los familiares le esperan desde hace mucho tiempo.

Mateo explica:

–       Está como inerte.

Se echó sobre unos sacos vacíos y de allí no se ha movido.

Los familiares tienen confianza en Ti.

Ven a tomar algo y luego lo curarás.

Jesús objeta:

–     No.

Voy al punto donde está él.

¿En dónde?

–      En la habitación de abajo, cerca del horno.

Allí lo puse junto con sus familiares.

Porque hay muchos fariseos y también escribas que parecen estar al asecho.

Pedro refunfuña:

–      Es cierto.

Y sería mejor no darles gusto.

Jesús pregunta:

–     ¿No está Judas de Simón?

Pedro vuelve a rezongar:

–      Se quedó en casa.

Siempre hace lo que otros no hacen.

Jesús lo mira pero no lo reprende.

Se apresura a ir a la casa.

Al entrar en ella…

Saluda a Judas,

Que parece estar muy ocupado en acomodar los trastes.Jesús dice:

–     Sacad al enfermo.

Un fariseo extraño a Cafarnaúm, replica:

–     No es un enfermo.

Es un endemoniado.

–      Es siempre una enfermedad del espíritu…

–      Le ha impedido el ver y el hablar.

–      La posesión es siempre una enfermedad del espíritu;

que se extiende a los miembros y a los órganos.

Si me hubieses dejado terminar;

hubieras sabido que me refería a esto.

También la fiebre está en la sangre cuando uno se enferma.

Y luego, a través de la sangre, ataca las diferentes partes del cuerpo.

El fariseo no puede replicar más y se calla.

Llevan al endemoniado ante Jesús.

Se ve inerte y aniquilado.

La gente se agolpa, junto con los notables de Cafarnaúm.

Están los fariseos, escribas, Jairo y el centurión romano al que Jesús le curó el siervo;

junto con otros gentiles y muchos que no son de Cafarnaúm.

Jesús levanta los brazos, sus ojos relampagueantes de Majestad

y su Voz resuena como una campana.

Cuando ordena con imperio:

–      ¡En Nombre de Dios, deja las pupilas y la lengua de éste!

Lo quiero.

Sal de ésta criatura.

Ya no te es lícito tenerla.

¡Largo!

¡Fuera!

El milagro se desenvuelve con un grito de rabia del Demonio.

Seguido por una convulsión y un profundo suspiro del enfermo…

Y termina con una resonante Alabanza llena de alegría del liberado,

que exclama:

–      ¡Hijo de David!

¡Hijo de  David!

¡Santo Rey!

Un escriba pregunta:

–      ¿Cómo supo que fue Él quien lo curó?

Otros fariseos contestan:

–       ¡Si todo es una comedia!

–       ¡Esta gente ha sido pagada para representarla!

Y uno más alzando los hombros, añade blasfemias contra Jesús.

Jairo replica:

–       ¿Quién le pagó?

¿Se puede saber?

–       Tú también estás implicado.

–      ¿Con qué fin?

–       Para hacer célebre Cafarnaúm.

Ahora la granizada de reproches, la dirige el arquisinagogo de Cafarnaúm,

Cuando Jairo les reclama:

–      No envilezcas tu inteligencia, diciendo estupideces.

Y tu lengua, ensuciándola con mentiras.

Sabes que no es verdad.

Y deberías comprender que estás repitiendo una sandez.

Lo que sucedió aquí, ha sucedido en muchas partes de Israel.

¿Habrá siempre quién pague?

Yo no sabía que la plebe fuese tan rica, pues es la única que ama al Maestro.

–      Tú eres el sinagogo y lo amas.

–      Allí está Mannaém.

En Bethania está Lázaro, el hijo de Teófilo.

–      Ellos no pertenecen a la plebe.

–       Pero ellos y yo somos honestos.

No engañamos a nadie y menos en asuntos de creencia.

No nos lo permitimos, pues tememos a Dios y a Él le agrada la honestidad.

Los fariseos le dan la espalda a Jairo.

Y atacan a los familiares del curado:

–      ¿Quién os dijo que viniesen aquí?

–      Muchos que fueron sanados.

–      ¿Qué os dieron?

–       ¿Darnos?

La seguridad de que Él lo sanaría.

–      ¿Pero de veras estaba enfermo?

–       ¡Oh, cabezas fraudulentas!

¿Pensáis que todo esto fue una pantomima?

Si no nos creéis vayan a Gadara y preguntad por la desgracia de Anna de Ismael.

La gente de Cafarnaúm, indignada, se alborota.

Mientras unos galileos, venidos desde Nazaret,

dicen:

–       ¡Pues este es hijo de José el carpintero!

Los de Cafarnaúm, fieles a Jesús,

gritan:

–       ¡No!

–      ¡Es lo que Él dice y lo que el curado ha dicho:

“Hijo de Dios” e “Hijo de David”!

Un escriba muy altanero,

dice con desprecio:

–       ¡No aumentéis el fanatismo y la exaltación del pueblo con vuestras afirmaciones!

–       ¿Y entonces qué es según vosotros?

–       ¡Un Belcebú!

–       ¡Mmm…, lenguas de víbora!

–       ¡Blasfemos!

–       ¡Vosotros sois los poseídos!

–       ¡Ciegos de corazón!

–      Perdición nuestra.

–      Queréis quitarnos incluso la alegría del Mesías, ¿Eh?

–      ¡Sanguijuelas!

–      ¡Piedras secas!».

Se arma una discusión entre los que creen y  los que no creen.

Varios gritan al mismo tiempo:

–      ¡Lenguas de víboras!

–      ¡Queréis quitarnos la alegría del Mesías!

–       ¡Blasfemos!

–      ¡Usureros!

–       ¡Ruina nuestra!…

Y se enciende más la disputa.

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262 ESTRATEGIA SATÁNICA


262 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La cena termina pronto.

Judas va a regar las flores del huerto, antes de que oscurezca.

Luego sale, dejando a María en la terraza, doblando la ropa que había puesto a secar.

Judas, tras saludar a Alfeo de Sara y a María Cleofás,

que están hablando en la puerta de la casa del primero…

Se dirige hacia la casa del arquisinagogo.

Además de seis ancianos, están presentes los dos primos de Jesús: José y Simón.

Después de los pomposos saludos, se sientan todos ceremoniosamente

en asientos adornados con almohadones.

Toman el fresco mientras beben agua anisada o de menta, que están muy  frescas,

porque la jarra metálica suda en la separación entre el líquido gélido y el aire, todavía caliente

a pesar de la brisa que procede de las colinas situadas al norte de Nazaret

y que mueve las copas de los árboles.

El sinagogo lo colma de honores,

y dice:

–      Estoy contento de que hayas aceptado nuestra invitación y estés aquí.

Eres joven.

Un poco de distracción, hace bien.

Judas contesta gentil:

–       No me atreví a venir antes, para no importunaros.

Sé que despreciáis a Jesús y a sus seguidores.

Varios contestan:

–      ¿Despreciar?

No. No creemos…

Estamos escépticos..,

–      Y heridos por sus..

–      Admitámoslo, ¿Por qué no?…

–      Y digámoslo claro.

–      Estamos heridos por sus verdades demasiado duras.

–      Nosotros creíamos que tú nos desdeñarías.

–      Y por eso no te invitábamos.

Judas objeta:

–      ¡Despreciaros yo! ¡No!

¡Todo lo contrario!

Os comprendo muy bien…

¿Cómo no? ¡Claro!

¡Bah! Estoy convencido de que acabará habiendo paz entre vosotros y Él.

A Él le conviene, igual que a vosotros.

A Él, porque tiene necesidad de todos.

Y a vosotros porque no os conviene que os llamen enemigos del Mesías.

José de Alfeo pregunta:

–      ¿Y crees tú que Él sea el Mesías?

No tiene nada de esa figura regia que nos ha sido profetizada.

Tal vez se debe a que lo vemos solo como carpintero…

¿Pero en qué aspecto es el Rey Libertador?

Judas toma su aire de escriba y declara

–      También David, sólo parecía un pastorcillo.

Vosotros sabéis que ni siquiera Salomón en toda su gloria,

Las heridas que te causa quien te quiere, son preferibles a los besos engañadores de quién te odia… Salomón

fue un rey tan grande como él.

Porque viéndolo bien Salomón no hizo otra cosa, que proseguir la obra de David.

Y jamás fue inspirado como él.

Pero David, ¡Considerad la figura de David! es gigantesca.

Con una realeza que toca el cielo.

No juzguéis pues los orígenes del Mesías, para dudar de su realeza.

David, pastor y rey. Jesús, carpintero y Rey.

El arquisinagogo, inclinando la cabeza,

le dice:

–       Hablas como un rabí.

Se ve que has sido educado en el Templo.

¿Podrías hacer saber al Sanedrín que yo, el arquisinagogo,

necesito ayuda del Templo para una cuestión privada?

Y Judas no puede evitar la presunción,

Judas con posesión diabólica perfecta, es instrumento del Mal, para realizar las obras de Amo…

uno de los síntomas más notorios de enorme egolatría;..

Compañera inseparable, de su profundo sentimiento de superioridad, 

tanto racial, como elitista, por razones de linaje y de ministerio...

–      ¡Pero claro que sí!

Seguro.

Con Eleazar, ¡Figuraos! que es casi mi hermano.

Y luego, José el Anciano, ¿Sabes? El rico de Arimatea.

Y el escriba Sadoc que era antes mi maestro…

Y luego… ¡Oh! ¡Ni hablar!…

Mis relaciones en el Templo son sólidas y demasiado importantes.

Mi familia sacerdotal, la fortaleció mi padre cuando celebraba rituales,

dentro del Lugar Santísimo, ante la Trinidad Sacrosanta…

Y… ¡bueno, no tienes sino que hablar y basta!

–       Entonces mañana serás mi huésped y hablaremos…

–      ¿Huésped?

No.

Yo no abandono a esa santa y dolorida mujer que es María.

Vine con el fin de hacerle compañía.

Simón de Alfeo, dice:

–      ¿Qué le pasa a nuestra pariente, que está sana y feliz en medio de su pobreza?

José de Alfeo confirma:

–     Sí. Nosotros no la abandonamos.

Mi madre siempre la cuida.

También yo y mi mujer.

Aunque no puedo perdonarle su debilidad para con su Hijo.

También fue lo que afligió a mi padre que murió por causa de Jesús<,

sólo con dos hijos suyos alrededor de su lecho.

¡Y luego!…

Pero todos los problemas de familia no se exponen a los cuatro vientos.

Termina con un suspiro

Judas lo apoya:

–      Tienes razón.

Se murmura en secreto, echándolo en un corazón amigo.

Pero así sucede con muchos dolores.

También yo tengo los míos de discípulo…

¡Pero no hablemos de ellos!

Simón pregunta:

–       ¡No, no, hablemos!

¿Qué sucede?

¿Complicaciones respecto a Jesús?

José dice:

–      ¿De qué se trata?

¿De qué se avergüencen de Jesús?

No aprobamos su conducta, pero seguimos siendo parientes suyos,

dispuestos a ponernos de su parte contra sus enemigos.

¡Habla!

Judas, en una camaleónica transformación,

es muy enfático:

–       ¿Complicaciones?

¡No, hombre, no!

Era una forma de expresarme…

Además, las penas de un discípulo son muchas.

No es sólo dolor por el modo como el Maestro trata con amigos y enemigos,

perjudicándose a sí mismo…

Sino también el ver que no lo aman.

Quisiera que todos vosotros le amarais…

–      ¿Y cómo?

¡Tú mismo lo dices!

¡Tiene un modo de hacer las cosas!…

El arquisinagogo, buscando justificarse,

dice:

–      No era así cuando estaba con su Madre.

¿No es verdad, todos vosotros?

Todos aprueban con gravedad.

Y todos hacen comentarios positivos del Jesús silencioso, manso, solitario, de otros tiempos.

Uno de los ancianos dice:

–      ¿Quién iba a pensar que se convertiría en el que es ahora?

Entonces todo era para su casa y para sus familiares.

¿Y ahora?

Judas lanza un suspiro y dice:

–       ¡Pobre mujer!

José grita:

–      ¿Qué sabes?

¡Habla!

–       No más de lo que tú no sepas.

¿Crees que le sea agradable el estar abandonada?

Otro de los ancianos afirma:

–      Si José hubiera vivido el tiempo que vivió vuestro padre, no habría sucedido eso.

Judas dice:

–      No lo creas, hombre.

Habría sido lo mismo.

Porque cuando se le meten a uno ciertas ideas.

Un siervo trae lámparas y las pone sobre la mesa, porque esta noche no hay luna,

aunque el cielo está cuajado de estrellas.

También traen bebidas y el arquisinagogo se apresura a ofrecerle a Judas.

Judas se pone de pie y dice:

–      Gracias pero no puedo entretenerme más.

Tengo mis obligaciones con María.

También los dos hijos de Alfeo se levantan.

–      Vamos contigo.

Es el mismo camino.

Y con muchos saludos se despiden.

Quedando sólo el arquisinagogo y los ancianos.

Las calles están desiertas y silenciosas.

De arriba de las casas baja un continuo hablar quedo de voces graves.

Los niños duermen ya en sus camitas:

faltan, por tanto, sus gorjeos de pajarillos alegres.

Con las voces, desde lo alto de las casas más ricas,

descienden leves resplandores de lámparas de aceite.

Los dos hijos de Alfeo y Judas caminan en silencio por un largo trecho…

Y luego José se detiene.

Toma del brazo a Judas,

y le dice:

–      Oye.

Veo que sabes algo que no quisiste decir en presencia de extraños.

Pero ahora debes hablar.

Soy el mayor de la casa y tengo el derecho y el deber de saberlo todo.

Judas responde:

–       Y yo fui con la intención de decíroslo…

Y de proteger al Maestro, a María, a nuestros hermanos y a vuestro nombre.

Es algo tan penoso de decirse, como de oírse.

Muy penosísimo hacerlo, porque me hará parecer un espía.

Mirad, os ruego que me comprendáis rectamente.

No es una delación.

No se trata de eso.

Es tan solo amor y prudencia.

Es amor y cordura, nada más.

Yo sé muchas cosas, que vosotros…

Bueno, la verdad es que no las ignoráis.

Las sé por mis amigos del Templo.

Y sé que son un peligro para Jesús y para el buen nombre de la familia.

He tratado de hacérselo entender al Maestro, pero no lo he conseguido.

Es más, cuanto más le aconsejo, Él actúa peor…

Y se busca cada vez más críticas y odios.

Ello porque es tan santo,

que no es capaz de comprender lo que es el mundo.

En fin, es triste ver sucumbir una cosa santa por la imprudencia de su fundador.

José insiste:

–      Pero bueno,

¿De qué se trata?

¡Dilo todo y nosotros nos haremos cargo!

¿No es verdad, Simón?

–     Ciertamente.

Pero me parece imposible que Jesús cometa imprudencias y haga cosas contrarias a su misión…

José explota:

–     ¡Pero si este buen joven que ama a Jesús lo dice!

¿Ves cómo eres?

Siempre el mismo.

Incierto, titubeante.

Me abandonas en el momento necesario.

Yo lucho solo contra toda la parentela.

¡Ni siquiera tienes compasión de nuestro nombre y de nuestro pobre hermano que va a la ruina!

Judas exclama:

–      ¡No!

¡Ir a la ruina, no!

¡Pero desprestigiándose, sí!

José insiste:

–     ¡Habla!

¡Habla te digo!

Mientras Simón calla perplejo…

Judas dice en voz baja:

–       Hablaría.

Si estuviera seguro de que no me mencionaríais ante Jesús…

¡Juradlo!

José dice:

–     Lo juramos sobre el Santo Velo.

¡Habla!

–       Lo que voy a decir no lo diréis ni siquiera a vuestra madre…

Y mucho menos a vuestros hermanos:

Judas Tadeo y Santiago

Simón confirma:

–      Tranquilízate respecto a nuestro silencio.

–     ¿Y no le diréis nada a María?

Para no causarle dolor.

Como yo lo hago.

Guardo silencio.

Es un deber tomar precauciones; aún para la paz de esta pobre madre…

José repite:

–      No diremos nada a nadie.

Te lo juramos.

Satanás se aprovecha de los celos de Judas.

Una pasión nacida de la envidia, la soberbia, el egoísmo desenfrenado…

Y que el apóstol infiel, no se preocupa por rechazar.

Satanás está furioso.   Y recurre a medidas extremas para detener a Jesús;

pues le está minando su poderío, de una forma implacable.

Y de este modo y por estos pecados,

Judas le da entrada y es su instrumento perfecto.

Porque en este momento, ya es el Príncipe del Mundo personificado en él,

el que continúa su estrategia demoledora, mezclando verdades envenenadas,

con mentiras astutísimas, para conseguir éxito en sus perversas maquinaciones…

Satanás-Judas sigue con su intriga:

–       Entonces escuchad:

Jesús no se limita a acercarse a los gentiles, publicanos y prostitutas.

A ofender a los fariseos

y a otras personas valiosas e importantes.

Ahora está haciendo todo al revés, con cosas verdaderamente absurdas.

Fijaos que fue a tierra de filisteos,

y nos hizo peregrinar con un macho cabrío negrísimo que le seguía.

Ahora ha aceptado aun filisteo por discípulo.

¿Y aquel niño que recogió?

¡No sabéis los comentarios que se hicieron!

Pocos días después fue una griega pagana.

Y por remate era una esclava que huyó de su patrón romano.

Luego, discursos que no concuerdan con la sabiduría del sentido común.

En resumidas cuentas, parece un loco que busca hacerse daño.

En tierras de filisteos se entrometió en una ceremonia de brujos

y se puso al tú por tú, con ellos.

Los venció.

Pero ya los escribas y los fariseos, lo comienzan a odiar.

¿Si estas cosas llegan a sus oídos, qué sucederá?

Tenéis el deber de intervenir…

De impedir y poner freno…

Simón dice:

–      Esto es grave.

Muy grave.

¿Pero cómo podíamos saberlo?

¡Estamos aquí!…

¿Y ahora?

¿Cómo podremos estar al tanto de lo que sucede

–     Y sin embargo es vuestro deber intervenir e impedir.

La Madre es madre y es muy buena.

No debéis abandonarlo en estas circunstancias.

Por Él y por el mundo.

Además.

Esto de seguir arrojando demonios…

Corre la voz de que se sirve de Belcebú.

Pensad si esto lo favorece.

¡Y además…!

Pero bueno.

¿Qué clase de rey podrá llegar a ser,

si las multitudes se ríen ya desde ahora o se escandalizan?

Simón pregunta incrédulo:

–       ¿Pero de veras hace cuánto dices?

–       Pregúntaselo a Él Mismo.

Os lo confirmará porque hasta de esto se jacta

–       Deberías avisarnos…

–      ¡Claro que lo haré!

Cuando vea algo raro, os lo mandaré avisar.

Pero os lo ruego: silencio ahora y siempre.

Silencio con todos.

–     Lo juraremos.

¿Cuándo te vas?

–      Después del sábado

Ya no hay razón para estar aquí.

He cumplido con mi deber.

José de Alfeo, dice:

–      Te lo agradecemos.

Ya decía yo que Él estaba cambiado.

Tú hermano, no me quisiste creer.

¿Ves que tenía razón?

Simón de Alfeo objeta:

–        Yo…

Me resisto a creerlo todavía.

Judas y Santiago no son unos tontos.

¿Por qué no nos han dicho nada?

¿Por qué no hacen algo, si suceden estas cosas?

Judas replica resentido:

–      Hombre,

¡No vas a decirme ahora que no crees en mis palabras!…

Simón responde:

–      ¡No!…

Pero… ¡Basta

Perdona que te lo diga: creeré cuando lo vea.

–       Está bien.

Pronto lo verás y me dirás: ‘Tenías razón’ bueno

Aquí está vuestra casa.

Os dejo.

Dios sea con vosotros.

José dice:

–      Dios sea contigo, Judas.

Y… ¡Oye

Tú tampoco digas esto a otros.

Está en juego, nuestra honra…

–      Ni siquiera me lo diré a mí mismo.

¡Adiós

Y se marcha caminando ligero.

Vuelve a entrar tranquilo a la casa.

Sube a la terraza, donde María está sentada, con las manos apoyadas sobre su regazo,

contemplando el cielo lleno de estrellas.

Y a la lucecilla de la lámpara que Judas prendió para subir por la escalera;

se ven dos hileritas de llanto, que descienden por las mejillas de María.

Judas pregunta con ansiedad:

–       ¿Estás llorando, Madre?

Ella contesta con dolor:

–      Porque me parece que el mundo está cargado con más insidias,

que cuantas estrellas hay en el cielo…

Repleto de asechanzas contra mi Jesús…

Judas la mira atento, turbado por sus palabras y no sabe qué hacer.

María termina suavemente:

–      Pero me da fuerzas el amor de los discípulos…

Amad mucho a mi Jesús.

Amadlo.

¿Quieres quedarte aquí, Judas?

Bajo mi habitación.

María Cleofás se fue a dormir, después de preparar la levadura para mañana.

–      Sí.

Aquí me quedo.

Aquí se está bien.

–      La paz sea contigo, Judas.

–      La paz sea contigo, María.

Y María se retira a su habitación.

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260 UNA TRAMPA FARISAICA


260 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús entra en la sinagoga de Cafarnaúm, que lentamente se va llenando de fieles porque es sábado.

Muy grande es el estupor al verlo.

Unos a otros se lo señalan musitando comentarios.

Alguno tira de la túnica a éste o a aquel otro apóstol para preguntar que cuándo han vuelto a la ciudad,

porque nadie sabía que habían llegado.

Pedro responde: 

–       Hemos desembarcado ahora en el “pozo de la higuera”

viniendo de Betsaida, para no dar ni un paso más de lo prescrito, amigo. 

Urías el fariseo, ofendido por ver que un pescador le llama “amigo”,

se marcha con aire de desdén a donde están los suyos, en primera fila.  

Andrés advierte:

–       ¡No los pinches, Simón!

–      ¿Pincharlos?

Me ha preguntado y he respondido, diciendo incluso que hemos evitado caminar por respeto al sábado.

–      Dirán que hemos trabajado con la barca…

–      ¡Al final dirán que hemos trabajado porque hemos respirado!

¡No seas ignorante!

Es la barca la que trabaja, el viento y las olas, no nosotros yendo en barca.

Andrés se queda con la regañina y guarda silencio.

Después de las oraciones preliminares, llega el momento de la lectura de un texto y su explicación.

El jefe de la sinagoga le pide a Jesús que sea Él quien lo haga.

Pero Jesús señala a los fariseos

y dice:

–       Que lo hagan ellos.

No obstante, dado que ellos no lo quieren hacer, debe hablar Él.

Jesús lee el trozo del primer Libro de los Reyes, en que se narra cómo David,

traicionado por los zifitas, fue señalado a Saúl, que estaba en Guibeá.

Devuelve el rollo y empieza a hablar.

–       Violar el precepto de la caridad, de la hospitalidad, de la honradez, siempre es cosa reprobable.

Sin embargo, el hombre no vacila en hacerlo con total indiferencia.

Aquí tenemos un episodio compuesto de dos partes: esta violación y el consiguiente castigo de Dios.

La conducta de los zifitas era artera; la de Saúl no lo era menos:

los primeros, viles intentando ganarse al más fuerte y sacar beneficio de él;

el segundo, vil intentando eliminar al ungido del Señor:

el egoísmo, por tanto, los aunaba

Y, ante la indigna propuesta, el rey falso y pecador de Israel

osa dar una respuesta en que aparece nombrado el Señor:

“Que el Señor os bendiga”.

–      ¡Hacer burla de la justicia de Dios!…

¡Hacerlo habitualmente!…

Demasiadas veces se invoca el Nombre del Señor y su bendición,

como premio o garantía de las maldades del hombre.

Está escrito: “No tomarás el Nombre de Dios en vano”.

¿Podrá haber algo más vano -peor: más malo- que nombrarlo,

para cumplir un delito contra el prójimo?

Pues bien, a pesar de todo, es éste un pecado más común que ningún otro,

cometido con indiferencia incluso por aquellos que ocupan siempre los primeros puestos

en las asambleas del Señor, en las ceremonias y en la enseñanza.

Recordad que es pecaminoso indagar, observar,

prepararlo todo con la finalidad de perjudicar al prójimo;

como también es pecaminoso el hacer que otros indaguen, observen y preparen todo,

para perjudicar al prójimo:

es inducir a los demás al pecado,

tentándolos con recompensas o amenazándolos con represalias.

Os advierto de que es pecado;

de que una conducta semejante es egoísmo y odio.

Sabéis que el odio y el egoísmo son los enemigos del amor.

Os lo advierto porque me preocupo de vuestras almas;

porque os amo; porque no quiero que estéis en pecado;

porque no quiero que Dios os castigue, como le sucedió a Saúl;

el cual, mientras perseguía a David para atraparlo y matarlo,

vio su tierra hollada por los filisteos.

En verdad, esto le sucederá siempre a aquel que perjudica a su prójimo.

Su victoria durará cuanto la hierba del prado

crecerá pronto, y pronto se secará y será triturada por el pie indiferente de los que pasan.

Sin embargo, la buena conducta, la vida honrada,

parece como si tuviera dificultad en nacer y consolidarse,

pero, una vez formada como hábito de vida, se hace árbol robusto y frondoso

que no será descuajado por el torbellino ni abrasado por la canícula;

en verdad, quien es fiel a la Ley, verdaderamente fiel,

se hace árbol poderoso que no será combado por las pasiones

ni quemado por el fuego de Satanás.

He dicho.

Si alguien quiere decir algo más, que lo diga.  

Urías pregunta: 

–      Lo que te preguntamos es si has hablado para nosotros los fariseos.

Jesús responde:

–      ¿Acaso está llena de fariseos la sinagoga?

Sois cuatro, la gente son muchas personas.

La palabra es para todos.

–       La alusión, de todas formas, es muy clara.

–       ¡Verdaderamente no se ha visto nunca que un indiciado,

denunciado sólo por un parangón se acuse a sí mismo!

Y sin embargo, vosotros lo hacéis.

¿Por qué os acusáis si Yo no os acuso?

¿Tenéis conciencia de actuar como he dicho?

Yo no lo sé.

De todas formas, si fuera así, cambiad.

Porque el hombre es débil y puede pecar, pero Dios lo perdona

si surge en él el arrepentimiento sincero y el deseo de no volver a pecar

Ahora bien, persistir en el mal es doble pecado.

Y sin perdón.

–       No tenemos este pecado.

–       Pues entonces no os aflijáis por mis palabras.

El incidente queda zanjado.

Los himnos llenan la sinagoga.

Luego parece que está para disolverse la asamblea sin más incidentes.

Pero, he aquí que el fariseo Joaquín detecta la presencia de un hombre entre la masa de la gente. 

Y con la mirada lo llama y con gestos, le obliga a pasar a la primera fila.

Es un hombre de unos cincuenta años, tiene un brazo atrofiado,

mucho más pequeño que el otro;

también la mano, porque la atrofia ha destruido los músculos.

Jesús lo ve y ve también todo el montaje que han hecho para que lo viera.

En su rostro se dibuja un gesto de disgusto y compasión;

es una expresión casi instantánea, pero muy clara.

No obstante, no desvía el golpe, sino que afronta con firmeza la situación.  

Jesús ordena al hombre: 

–      Ven aquí al centro.

Una vez que lo tiene delante, se vuelve a los fariseos,

y dice:

–       ¿Por qué me tentáis?

¿No acabo de hablar contra la insidia y el odio?

¿No acabáis de decir: “No tenemos este pecado”?

¿No respondéis?

Responded al menos a esto:

¿Es lícito hacer el bien o el mal en día de sábado?

¿Es lícito salvar o quitar la vida?

¿No respondéis?

Responderé por vosotros, en presencia de todos los ciudadanos;

los cuales juzgarán mejor que vosotros porque son sencillos y no tienen odio ni soberbia.

No es lícito hacer ningún trabajo en día de sábado.

Pero, de la misma forma que es lícito orar, también es lícito hacer el bien;

porque el bien es Oración, mayor que los himnos y salmos que hemos cantado.

Sin embargo, ni en día de sábado ni los otros días es lícito hacer el mal.

Y vosotros habéis hecho el mal, trajinando para poder tener hoy aquí a este hombre,

que ni siquiera es de Cafarnaúm, que le habéis hecho venir desde hace dos días,

porque sabíais que Yo estaba en Betsaida e intuíais que vendría a mi ciudad.

Lo habéis hecho para ver cómo acusarme.

Actuando así, cometéis también otro pecado:

el de matar vuestra alma en vez de salvarla.

Por mi parte, os perdono.

Respecto a este hombre, no defraudaré su esperanza.

Porque le habéis hecho venir diciéndole que lo iba a curar,

mientras que lo que queríais era ponerme una trampa.

A él no se le puede culpar, porque ha venido aquí con la única intención de quedar curado.

Pues bien, así sea.

Hombre: extiende tu mano y ve en paz.

El hombre obedece y su brazo queda sano, con su mano igual que la otra.

La usa enseguida para coger la orla del manto de Jesús besarla,

y decir:

–       Tú sabes que desconocía la verdadera intención de éstos.

Si la hubiera conocido, no habría venido;

hubiera preferido quedarme con la mano seca, antes que servir contra Ti.

Por tanto, no te enojes conmigo.

–       Ve en paz, hombre.

Yo sé la verdad.

Respecto a ti, no siento sino benevolencia.

La gente sale comentando estas cosas.

El último en salir es Jesús con los once apóstoles.

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248 LA FLOR DE GRECIA


248 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Mientras esperan, Síntica, que lleva el vestido que ayer tenía la Magdalena;

besa los pies de sus amas como se obstina en llamarlas;

a pesar de que ellas le digan que no es ni su sierva ni su esclava,

sino sólo su huésped en nombre de Jesús.

A una pregunta de Noemí, la nodriza de Magdalena…

la Virgen muestra el precioso taleguillo de la púrpura.

Y pregunta cómo se puede hilar ese mechón cuyos cortísimos filamentos,

no admiten ni humedad ni torsión.

Noemí explica:

–      No se usa así, Mujer.

Se pulveriza y se usa como cualquier otra tintura.

Esto es la bava de la concha, no es una hebra ni un pelo.

¿Ves qué quebradiza es ahora que está seca?

La tienes que reducir a polvo fino, luego la pasas por un tamiz;

para que no quede ningún fragmento largo, que mancharía el hilado o el paño.

Es mejor si tiñes el hilado en madejas.

Una vez segura de que esté completamente pulverizada…

La deslías como se hace con la cochinilla, el azafrán o el polvo de añil.

O con otros polvos de otras cortezas, raíces o frutos, y luego la usas.

Fija el color con vinagre fuerte para el último aclarado.  

La Virgen responde:

–        Gracias, Noemí.  

Seguiré tus indicaciones.

He bordado con hilos teñidos de púrpura, pero me los habían dado ya preparados…

Ya está ahí Jesús.

Llega la hora de despedirnos.

Os bendigo a todas en el nombre del Señor.

Id en paz y llevad la

paz y la alegría a Lázaro.

Adiós, María. Recuerda que lloraste sobre mi pecho tu primer llanto dichoso.

Por eso soy para ti madre, porque una pequeñuela llora su primer llanto sobre el pecho de su mamá.

Soy para ti madre, y lo seré siempre.

Lo que te resulte duro de manifestar incluso a la más dulce hermana…

O a la más amorosa nodriza, ven a decírmelo a mí; te comprenderé siempre.

Si hay algo que, por estar impregnado de una humanidad que en ti Jesús no quiere,

no te atreves a decírselo a Él, ven a decírmelo a mí; me mostraré siempre compasiva contigo.

Y si quieres hablarme también de tus victorias.

Aunque prefiero que se

las presentes a Él, cual fragantes flores, porque El, no yo, es tu Salvador

Exultaré contigo.

Adiós, Marta.

Ahora te marchas feliz y te mantendrás en esta felicidad sobrenatural.

Por tanto, sólo necesitas progresar en la justicia,

en medio de esa paz por nada en ti ya perturbada.

Hazlo por amor a Jesús,

que te ha amado incluso queriendo a ésta que quieres sin reservas.

Adiós, Noemí.

Ve con tu tesoro recuperado.

Tú dabas a María tu leche en alimento.

Nútrete ahora con las palabras que ella y Marta te digan.

Ve en mi Hijo mucho más que un exorcista, que libera a los corazones del Mal.

Adiós, Síntica, flor de Grecia;

que has sabido por ti misma sentir que hay algo más que la carne.

Florece ahora en Dios y sé la primera de las nuevas flores de la Grecia de Cristo.

Me siento muy dichosa de despedirme de vosotras viéndoos unidas así.

Os bendigo con amor.

Ya se oye cercano el rumor de los pasos.

Levantan el tupido toldo y ven a Jesús a dos metros del carro.

Bajan, en medio del sol ardiente que invade el camino.

María de Magdala se arrodilla a los pies de Jesús,

y dice:

–       Te doy gracias por todo.

Muchas gracias por haberme permitido realizar este peregrinaje.

Sólo Tú eres sabio.

Parto despojada de las reliquias de la María del pasado.

Bendíceme, Señor, para fortalecerme más.

Jesús responde:

–       Sí, te bendigo.

Goza de la compañía de tus hermanos; con tus hermanos;

fórmate cada vez más en Mí.

Adiós, María.

Adiós, Marta.

Dile a Lázaro que lo bendigo.

Os confío esta mujer… 

 No os la doy.

Es discípula mía.

Quiero que le deis un mínimo de capacidad de entender mi doctrina.

Luego iré Yo.

Noemí, te bendigo, y también a vosotras dos.

A Marta y María se les humedecen los ojos.

El Zelote las saluda personalmente y les da un escrito para su sirviente.

Los demás las saludan conjuntamente.

Y el carro se pone en movimiento.

Jesús dice a los suyos:

-Vamos a buscar algo de sombra.

Que Dios las acompañe…

Jesús mira a su tía y pregunta:

–       ¿Tanto te entristece, María, el que se hayan marchado? –

Porque María de Alfeo, lora toda en silencio.

Y ella dice:

–      Sí. Eran muy buenas…

–      Las volveremos a ver pronto.

Y, numéricamente, más.

Tendrás muchas hermanas…

O hijas, si lo prefieres.

Amor es tanto el materno como el fraterno – la consuela  Jesús. 

Judas murmura:

–       Con tal de que no cree conflictos…

–      ¿Conflictos amarse?

–      No.

Conflictos el tener a personas de otra raza y de otra proveniencia.

–       Te refieres a Síntica?

–       Sí, Maestro.

A fin de cuentas, era propiedad del romano.

Y no es lícito apoderarse de ella.

Ello lo incitará contra nosotros y nos atraeremos el rigor de Poncio Pilatos.

–      Pero… 

¿Qué le va a importar a Pilatos el que uno de sus subordinados pierda una esclava?

¡Sabrá cómo es!

Si es un poco honesto, como se piensa, al menos en familia,

dirá que esta mujer ha hecho bien en escaparse.

Y si es un deshonesto dirá:

“Te está bien empleado. Así quizás la encuentro yo”.

Los deshonestos no son sensibles a las penas ajenas.

Pedro dice:

–       ¡Y además… pobre Poncio…!

Con la lata que le damos, fíjate tú si no va a tener otra cosa que hacer;

que perder el tiempo con la pataleta de uno que deja que se le escape una esclava!

Y muchos de los presentes le dan la razón, mientras ridiculizan las rabietas del lúbrico romano.

Pero Jesús lleva la cuestión a un nivel más alto.  

Y pregunta:

–       Judas.

¿Conoces el Deuteronomio?

–      Seguro, Maestro.

Y además -lo digo convencido- como pocos.

–      ¿Cómo lo juzgas?

–      Vehículo de la voz de Dios.

–      ¿Vehículo?

Entonces repetidor de la palabra de Dios, ¿No

–      Exactamente.

–      Has juzgado bien.

Entonces, ¿Por qué no juzgas que se deba hacer lo que ordena?

–      No he dicho nunca eso.

Es más, me parece que precisamente nosotros, siguiendo la nueva Ley; 

lo desatendemos demasiado.

–      La nueva Ley es el fruto de la antigua,.

O sea, es la perfección alcanzada por el árbol de la Fe.

Pero ninguno de nosotros lo desatiende, que Yo sepa.

Soy el primero que lo respeta y que impide que otros lo desatiendan.

Jesús es muy incisivo al decir estas palabras.

Y añade:

–       El Deuteronomio es intocable.

Incluso cuando triunfe mi Reino y con mi Reino la nueva Ley. 

Con sus nuevos códigos y disposiciones, seguirá aplicándose en los nuevos dictámenes;

de la misma forma que los sillares de las antiguas construcciones se usan para las nuevas.

Porque son piedras perfectas con que se hacen fuertes murallas.

Pero todavía no ha llegado mi Reino y Yo, como fiel israelita, no ofendo al libro mosaico,

ni lo desatiendo, porque es base de mi modo de actuar y de mi enseñanza.

Sobre la base del Hombre y del Maestro;

el Hijo del Padre edifica la celeste construcción de su Naturaleza y Sabiduría.

En el Deuteronomio está escrito:

“No entregarás a su amo el esclavo que ha buscado refugio en ti. 

Vivirá contigo donde él quiera, estará tranquilo en una de tus ciudades, no lo molestarás”.

Esto en el caso de que uno se vea obligado a huir de una esclavitud inhumana.

En mi caso, en el de Síntica, la fuga no persigue una libertad limitada,

sino la libertad ilimitada del Hijo de Dios.

¿Y pretendes que a esta alondra que ha huido del lazo de los cazadores,

le meta de nuevo el cordel y la devuelva a su prisión para quitarle no sólo la libertad,

sino también la esperanza?

¡No! ¡Jamás!

Bendigo a Dios porque como el viaje a Endor trajo a este hijo al Padre

el viaje a Cesárea ha traído a esta criatura a Mí, para que la lleve al Padre.

En Sicaminón os hablé del poder de la Fe;

hoy os voy a hablar de la luz de la Esperanza.

Mas ahora, a la sombra de este tupido huerto, detengámonos a comer y descansar.

Porque el sol arde como si el infierno estuviera abierto.

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246 EL DIOS DESCONOCIDO DE LA AERÓPOLIS


246 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Después de cruzar el punto peligroso…

Jesús levantando la cabeza y dirigiendo su mirada adelante, hacia una maraña de zarzas…

Y otras plantas de largas ramas lanzadas al asalto de una voluminosa barrera de cactus;

situada más atrás, con sus palas tan duras cuanto flexibles son las ramas agresoras.

Jesús pregunta:

–      ¿Qué es lo que se mueve en aquellos zarzales?

Martha se espanta:

–      ¡Oh, no!

Y gime aterrorizada: 

–      ¿Otro cocodrilo, Señor?…

Pero el crujir de frondas aumenta y tras ellas aparece un rostro humano, de mujer.

Mira. Ve a todos estos hombres.

Duda entre huir por el campo o introducirse en la agreste galería.

Vence lo primero y huye hacia la campiña con un alarido.

Todos están asombrados y se preguntan perplejos:

–      ¿Leprosa?

–      ¿Loca?

–      ¿Endemoniada?

Pero la mujer regresa corriendo, porque de Cesárea que está ya cercana, 

viene un carro romano y se encuentra acorralada.

Es una joven muy bella, a pesar de sus vestidos desgarrados y su cabellera en desorden.

La mujer se ve como un ratón sin escapatoria.

No sabe a dónde ir,

porque Jesús con los suyos están ahora junto al matorral que le servía de  refugio y no puede volver.

Y hacia el carro no quiere ir…

Tras el intenso ocaso de un maravilloso crepúsculo…  

Entre las primeras sombras del anochecer que muestran que la noche se acerca de prisa.

Todavía se ve que es joven, hermosa y con donaire…

A pesar de estar harapienta y despeinada.  

Jesús ordena con imperio: 

–      ¡Mujer!

Ven aquí!

La mujer tiende los brazos hacia Él,

suplicando:

–       ¡No me hagas daño!

–      Ven aquí.

¿Quién eres?

No te voy a hacer ningún daño 

Lo dice tan dulcemente, que logra persuadirla.  

Ella se adelanta, se inclina y cae al suelo,

diciendo:

–      Quienquiera que seas, ten piedad de mí.

Mátame pero no me entregues a mi patrón.

Soy una esclava que se escapó…

–      ¿Quién era tu amo?

¿De dónde eres?

Se ve que no eres hebrea, por tu modo de hablar y tu vestido.

–      Soy griega.

La esclava griega de…

¡Piedad!

¡Escondedme!

¡El carro está llegando!.

¡El amo se acerca!…

Todos forman un círculo entorno a la infeliz que está agazapada en el suelo.

El vestido desgarrado por las espinas,

muestra su espalda surcada por golpes, latigazos y rasguños.

Jesús le pregunta:

–     ¿Por qué has huido

El carro pasa sin que ninguno de sus ocupantes muestre interés,

por este grupo parado junto al matorral.

–      Se han ido.

Habla.

Si podemos, te ayudaremos…

Y le pone la punta de sus dedos, sobre la cabellera despeinada.

–      Soy Síntica.

Esclava griega de un noble romano, del séquito del Procónsul.

Magdalena exclama:

–     ¡Entonces eres la esclava de Valeriano!

La infeliz suplica llorando:

–     ¡Oh! ¡Piedad!

¡Piedad! No me denuncies a él…

Magdalena responde:

–     No tengas miedo.

Jamás volveré a hablar con Valeriano.

Y dice el por qué a Jesús: 

–     Lo conozco.

Es uno de los romanos más ricos y más repugnantes que hay acá.

Es tan asqueroso, como cruel.

Jesús pregunta: 

–      ¿Por qué has huido?   

Ella levanta su cabeza,

Y responde con dignidad:

–     Porque tengo un alma.

No soy una mercancía.

El me compró, es verdad.

Podrá haber comprado mi persona para que embellezca su casa;

para que le alegre las horas con leerle.

Para que le sirva, pero nada más.

La mujer siente seguridad al ver que ha encontrado a personas compasivas.  

Y continúa: 

–      No soy una mercancía.

¡El alma es mía!

No es una cosa que se compre.

Y él quería también ésta.

–     ¿Cómo tienes conocimiento del alma?

–      No soy literata, Señor.

Soy botín de guerra desde mi más tierna edad.

Pero no plebeya.

Este es ni tercer dueño y es un fauno asqueroso.

Pero en mí todavía están las palabras de nuestros filósofos.

Y sé que no somos sólo carne. hay algo inmortal encerrado en nosotros.

Algo que no podemos definir claramente,

Pero hace poco he sabido su nombre.

Un día pasó un hombre por Cesárea, hace como un año.

Haciendo prodigios y hablando mejor que Sócrates y Platón.

Mucho se ha hablado de Él, en las termas y en los triclinios.

En los banquetes y en los Pórticos Dorados;

Ensuciaron su augusto nombre,

pronunciándolo en las salas de sus inmundas orgías.

Y mi amo me mandó leer otra vez, precisamente a mí;

que ya sentía dentro de mí algo inmortal que sólo le corresponde a Dios  

Me hizo leer otra vez las obras de los filósofos;

Volví a leerlas despacio para cotejar…

Y buscar si esta cosa ignorada; 

que el hombre que había venido a Cesárea había llamado “alma”,

estaba descrita en ellas.

Y que no se compra como si fuera una mercancía, en los mercados de esclavos.

¡El me hizo leer esto!…

Y después, de estas inmersiones en la sabiduría,

¡El quería que yo le complaciese en los sentidos!

¡A mí me lo hizo leer!

¡A mí a quien quería someter a su carnalidad!

Y mientras Valeriano con otros compañeros suyos, escuchaban mi voz… 

Y entre bostezos y eructos, trataban de comprender, parangonar y discutir.

De este modo, llegué a saber que esta cosa inmortal es el alma.

Porque yo unía lo que decían, refiriendo las palabras del Desconocido; 

a las palabras de los filósofos y me las metía aquí…

Con la mano apoyada sobre su pecho señala su corazón.  

Y prosigue: 

Y con ellas me construía una dignidad cada vez más  fuerte, para rechazar su libídine…

Porque yo unía las palabras del Desconocido, a las de los filósofos y las ponía de mi parte.

Con ellas me creaba una dignidad mucho mayor, que la simple humanidad animal; 

para rechazar su pasión insensata…

Hace unos días, una noche, me pegó salvajemente, 

Y me golpeó hasta casi matarme;

porque a mordidas lo rechacé…

Al día siguiente me escapé.

Hace cinco días que vivo entre aquellos matorrales, recogiendo por la noche, moras y tunas.

Pero terminaré por ser atrapada otra vez, pues sé que anda en mi busca.

Le costé mucho dinero.

Y le agrado demasiado, para que me deje en paz. 

¡Ten piedad, te lo ruego!

Ten piedad!

Eres hebreo y ciertamente que sabes en donde se encuentra Él.

Te pido que me conduzcas a ese Desconocido que habla también a los esclavos y a los galeotes.

Y que habla del alma.

Me han dicho que es pobre.

No me importa sufrir hambre, pero quiero estar cerca de Él;

para que me instruya y me levante otra vez.

Vivir en medio de los brutos, embrutece a uno, aunque se resista a ellos.

Quiero volver a tener mi antigua dignidad moral.

Con cierta admiración y una sonrisa radiante,

Jesús dice: :

–    El Hombre.

El Desconocido que buscas, está delante de ti.

Síntica lo mira asombrada y boquiabierta;

y dice:

–      ¿Tú? ¡Oh!

¡Dios Desconocido de la Aerópolis!

¡Ave!…

Yo te saludo…

Y se postra delante de Él, besando la tierra… 

–      Aquí no puedes estar.

Estamos cerca de Cesárea.

–       ¡No me dejes, Señor!

–       No te dejaré.

Estoy pensando…

Magdalena aconseja:

–     ¡Maestro!

Nuestro carro está, sin duda, en el lugar convenido, esperándonos.

Manda a avisar.

En el carro estará segura como en nuestra casa.

Martha suplica:

–      ¡Sí, confíanosla a nosotras, Señor!

Ocupará el lugar del anciano Ismael.

La instruiremos sobre ti.

Será una mujer arrebatada al paganismo.

Jesús le pregunta:

–     ¿Quieres venir con nosotros?

–      Con cualquiera de los tuyos.

Con tal de no volver con aquel hombre.

¡Pero… pero esta mujer ha dicho que lo conoce!

¿No me traicionará?

¿No irán romanos a su casa?

¿No…?

Magdalena la interrumpe, para tranquilizarla. 

Y dice: 

–      No tengas miedo. 

A Bethania no llegan los romanos y mucho menos los de esa clase.

Las mujeres se la llevan y la visten con un manto de Susana.

Jesús ordena: 

–      Simón y Simón Pedro, id a buscar el carro.

Os esperamos aquí.

Entraremos en la ciudad después.

Un tiempo más tarde… 

Cuando el pesado carro cubierto anuncia su presencia;

con el ruido de los cascos y las ruedas.

Y con el farol oscilante colgado de su techo.

Los que esperaban se levantan del ribazo donde han cenado y bajan al camino.

El carro se para, bamboleándose, en la orilla del camino deformado.

Bajan Pedro y Simón.

Inmediatamente después, baja una mujer anciana; 

es Noemí la nodriza que corre a abrazar a la Magdalena,  

diciendo:

–      Ni siquiera un momento.

No quiero dejar pasar ni un momento sin decirte que soy feliz.

Que tu madre exulta conmigo, que eres de nuevo la rubia rosa de nuestra casa;

como cuando dormías en la cuna después de haber mamado de mi pecho.

Y la besa una y otra vez.

María llora entre sus brazos.  

Jesús dice a la nodriza: 

–      Mujer… 

Te confío a esta joven y te pido el sacrificio de esperar aquí toda la noche.

Mañana podrás ir al primer pueblo de la vía consular y esperar allí.

Nosotros iremos antes del final de la tercia. 

Ella responde: 

–      Todo sea como Tú quieras.

¡Bendito seas!

Déjame sólo darle a María los vestidos que le he traído.

Y vuelve a subir al carro, con María Santísima, María y Marta.

Cuando vuelven a salir..

La Magdalena aparece como la veremos en lo sucesivo: 

Siempre: con una túnica sencilla, un lienzo fino y grande de lino como velo. 

 Y un manto sin adornos.  

Jesús se despide diciendo: 

–      Ve tranquila, Síntica.

Mañana vendremos nosotros. Adiós.

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241 LA TÚNICA PÚRPURA


241 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La gente de Sicaminón, movida por la curiosidad de ver, en espera del Maestro, ha estado asediando todo el día el lugar en que están asentados los discípulos.

Jesús ya tiene un par de días ausente, con todos los discípulos y… 

Las discípulas mientras tanto, no han perdido el tiempo;

se han dedicado a lavar la ropa, polvorienta y sudada.

Así pues, en la pequeña playa hay toda una alegre exposición de ropa secándose al viento y al sol.

Ahora, que está cercano el atardecer.

Y con él se percibe ya la humedad salobreña, del pequeño lugar donde se hospedan; 

se apresuran a recoger la ropa, aunque esté todavía un poco húmeda.

Y a sacudirla y estirarla en todas las direcciones antes de doblarla;

para que los respectivos propietarios la encuentren bien ordenada.

María de Alfeo.

dice: 

–       Vamos a llevarle a María enseguida su ropa. 

¡Ha estado muy sacrificada ayer y hoy en ese cuartito sin aire!…».

Y desde que se fueron María de Magdala, propietaria de un solo vestido, que además es prestado;

ha tenido que estar escondida hasta que estuviera seco.

Susana responde:

–       ¡Menos mal que no se queja nunca!

No pensaba que fuera tan buena y paciente.  

Salomé:

–      Y tan humilde, debes decir.  

La Virgen:

–       Y reservada. ¡Pobre hija!

¡Verdaderamente era el diablo el que la atormentaba!

Una vez que mi Jesús la ha librado, ha vuelto a ser ella como sin duda era de niña.

Y hablando entre ellas vuelven a casa a llevar la ropa lavada.

Entretanto en la cocina, Marta trabaja en preparar las viandas.

La Virgen está limpiando las verduras en una olla de cobre y poniéndolas a hervir para la cena.

Entregándole el vestido de Magdalena a Martha,

Susana dice:

–       Aquí está.

Todo ya seco, limpio y doblado.

Hacía falta.

Ve donde María y dale su ropa

Pasa un rato y las dos hermanas vuelven juntas.   

Martha:

–      Gracias a las dos.

Magdalena sonriendo,

dice:

–      El sacrificio del vestido sin cambiar desde hace días… 

Me era el más penoso.

Ahora me siento toda fresca.  

Martha le aconseja:

–       Sal afuera a sentarte.

Esta haciendo un agradable viento y te vendrá muy bien después de tanto tiempo encerrada. 

Marta, la cual, siendo menos alta y de formas menos esculturales que su hermana;

ha podido ponerse un vestido de Susana o de  María de Alfeo mientras su ropa se lavaba.

Magdalena dice:

–       Esta vez se ha hecho así.

Pero para el futuro nos haremos nuestra pequeña alforja como las demás y no tendremos esta incomodidad. 

María de Alfeo:

–      ¿Cómo?

¿Tienes intención de seguirlo como nosotras?

–       Por supuesto.

A menos que Él me ordene lo contrario.

Ahora voy a la orilla del mar a ver si vienen.

¿Vuelven esta tarde?  

La Virgen responde:

–       Eso espero. 

Estoy preocupada porque ha ido a Fenicia.

Pero pienso que está con los apóstoles. 

Y también que los fenicios quizás son mejores que otros muchos.

Pero querría que volviera, incluso por la gente que lo está esperando.

Cuando he ido a la fuente, una mujer me detuvo para decirme: 

“¿Estás con el Maestro galileo, al que llaman el Mesías?

Ven entonces y mira cómo está mi hijo.

Hace un año que le atormenta la fiebre”.

He entrado en una casita.

¡Pobre criatura! ¡Parecía una florecilla agonizante!

Se lo diré a Jesús.  

Martha añade:

–       Hay otros también que piden igualmente la curación.

Más curación que enseñanza.

La Mamá responde:

–       El hombre difícilmente es todo espiritual.

Siente con mayor fuerza la llamada de la carne y sus necesidades.

–       Pero muchos…

Después del milagro, nacen a la vida del espíritu.

–       Sí, Marta.

Y ese también es un motivo por el que mi Hijo hace tantos milagros.

Por bondad hacia el hombre, pero también para atraerlo, con ese medio, a este camino suyo…

Que, si no, demasiados no lo seguirían.  

Magdalena se va a su mirador para ver si vuelven las barcas…

Juan de Endor por su mala salud, no acompañó a los apóstoles y con él, vienen muchos discípulos;

acercándose a sus respectivas casas

Casi al mismo tiempo, regresa la Magdalena,

diciendo:

–       Están llegando.

Son las cinco barcas que zarparon al alba de ayer.

Las he reconocido muy bien. 

María de Alfeo recoge unas ánforas y sale,

diciendo:

–       Estarán cansados y sedientos.

Voy por más agua.

La fuente es muy fresca.

La Virgen invita:

–       Venid…

Vamos a recibir a Jesús. 

Y sale con la Magdalena y Juan de Endor.

Porque Marta y Susana se quedan trabajando en los fuegos,

rojas y muy ocupadas de ultimar la cena.  

Llegan hasta el pequeño espigón, donde pueden observar el movimiento marítimo de la zona.

Porque costeando la orilla, donde ya otros barcos de pesca, están detenidos,

atracados en uno de los muelles pequeños, que están a lo largo de las entradas al  puerto de la ciudad de Sidón  

Los tres que están esperando a los viajeros, muy atentos en el pequeño muro frente al Mar…

Desde su punta se ve bien todo el golfo, así como la ciudad de que recibe el nombre.

Mientras tanto las barcas, se ven a lo lejos, cómo están regresando.

Y se ven también las cinco barcas que avanzan ligeras, un poco inclinadas por la veloz marcha.

Con la vela bien tirante debido a un ligero viento boreal que favorece a las barcas…

Y alivia a los hombres fatigados por el calor estival   

Juan de Endor,

comenta:

–       Mirad qué bien se manejan Simón y los otros.

Siguen que es una maravilla la barca del guía.

Fijaos, ya han sobrepasado la rompiente;

ahora se internan hacia mar abierto;

para rodear la corriente, que es fuerte en ese punto.

Fijaos…

Ahora va todo bien.

Dentro de poco estarán aquí.

En efecto, las barcas se van acercando cada vez más…

Y ya se puede ver a los que navegan en ellas.

Jesús viene en la primera, junto con Isaac.

Se ha puesto en pie y su alta estatura se manifiesta en toda su majestuosidad,

hasta que la vela al arriarla, lo esconde durante unos minutos.

Dado que la barca virando, pasa de proa a costado, para entrar y ponerse al amparo del muelle,

pasando así frente a los que los esperan y saludan con la mano, desde encima del espigón..

Jesús los  saluda con una sonrisa…

Y ellos empiezan a caminar apresurados, para llegar al punto de arribo cuando la barca se detenga.  

Cuando Jesús pone pie en el andén…

María lo saluda,

diciendo:

–      ¡Dios te bendiga, Hijo!  

Jesús responde:

–      Dios te bendiga, Mamá.

¿Has estado preocupada?

En Sidón no encontramos a quien buscábamos, así que hemos ido hasta Tiro.

Allí hemos encontrado a este jovencito, amigo de nuestro Juan y nuevo discípulo. 

Volviéndose, lo llama:

–       Ven, Hermasteo…

Y presentándolo, agrega:

–       Mira, Juan…

Este joven quiere ser adoctrinado.

Te le confío.

Juan de Endor,

responde emocionado:

–      Lo adoctrinaré sobre tu palabra. 

No te defraudaré.

¡Gracias, Maestro!

Hay muchos que te están esperando. 

La Virgen añade:

–       Hay también un pobre niño enfermo,

Hijo mío. La madre te espera ansiosa.

–       Voy enseguida a verla. 

Juan de Endor interviene:

–     Sé quién es, Maestro.

Te acompaño. Ven, Hermasteo;

así empezarás a conocer la bondad infinita de nuestro Señor –

Bajan: de la segunda barca, Pedro;

de la tercera, Santiago;

de la cuarta, Andrés;

de la quinta, Juan. 

!Los cuatro pilotos navegantes!

Seguidos luego por los otros apóstoles o discípulos que venían con ellos.

Ahora todos se agolpan alrededor de Jesús y María.  

Jesús indica:

–       Id a casa.

Vuelvo enseguida.

Preparad, entretanto, lo necesario para la cena.

Y decid a las personas que están esperando que al anochecer hablaré. 

Pedro pregunta:

–       ¿Y si hay enfermos?

–       Primero los curaré.

Incluso antes de la cena, para que puedan regresar a sus casas felices.

Se separan:

Jesús va con el hombre de Endor y Hermasteo hacia la ciudad.

Los demás vuelven por el camino de la playa guijarrosa, narrando todo lo que han visto y oído.

Contentos como niños que regresaran con sus mamás.

También Judas de Keriot está contento.

Enseña todas las limosnas que le han dado los pescadores de púrpura;

sobre todo, un buen taleguillo de la preciosa materia.  

Y dice a María:

–       Esto para el Maestro.

Si no la lleva El, ¿Quién la podría llevar?

Me llamaron aparte y me dijeron: “Tenemos madréporas de valor en la barca.” 

¡Y fíjate! También me dieron una perla.  

dijeron:

“Un verdadero tesoro.

No sé cómo hemos tenido tanta suerte.  

Te las regalamos con mucho gusto para el Maestro.

Ven a verlas”

Fui, dado que me lo habían pedido, mientras el Maestro estaba retirado en una gruta orando.

Eran corales bellísimos

Y una perla… no grande pero sí bonita.

Les dije: “No os privéis de estas cosas.

El Maestro no lleva ninguna joya.

Más bien, dadme un poco de esa púrpura, para embellecer su túnica.

Tenían este montoncito.

Se empeñaron en dármela toda.

Ten, Madre, haz con ella un bonito trabajo, como tú sabes hacer, para nuestro Señor.

¡Pero hazlo!

Si se da cuenta, querrá que se venda para los pobres.

Y queremos verlo vestido como merece;

¿No es verdad?  

Pedro lo apoya:

–       ¡Sí, sí, cierto!

Yo sufro cuando lo veo vestido con esa simplicidad en medio de otros…

Él, que es Rey…

Mientras que ellos son peor que esclavos.

Y todos emperifollados y acicalados.

¡Y lo miran como a un pobre, indigno de ellos!  

Andrés confirma:

–      ¿Te diste cuenta de cómo se reían esos…?

¡’señores‘ de Tiro cuando nos estábamos despidiendo de los pescadores?  

Santiago de Zebedeo añade:

–       Les dije:

“¡Os debería dar vergüenza ¿Perros! que es lo que sois!

ÉL vale más un hilo de su túnica blanca, que no todos vuestras joyas y vestiduras ostentosas” 

Tadeo  agrega:

–       Yo quisiera…

Dado que le han dado esto a Judas; 

que lo preparases para los Tabernáculos. 

Mientras la Virgen toca las séricas hebras, esponjosas;

de regio y espléndido color.  

María responde admirándolas:

–       Nunca he hilado con la púrpura.

Pero lo intentaré, a ver si soy capaz. 

 Magdalena da su opinión conocedora en cosas finas y bellas,

diciendo: 

–      La que fue mi nodriza es experta en esto.

La encontraremos en Cesárea.

Te enseñará.

Aprenderás enseguida porque tú sabes hacer todo bien.

Yo haría una cenefa para el cuello, para las bocamangas y para la parte baja de la túnica:

púrpura sobre lino o lana blanquísimos, con palmas y rosetones, como los de los mármoles del Santo.

Y con el nudo de David en el centro.

Estaría muy bien y se le verá perfecto. 

Marta agrega:

–       Nuestra madre hizo ese dibujo.

Por lo bonito que era, en la túnica destinada a Lázaro; 

para el viaje de toma de posesión de sus tierras de Siria.

Lo he conservado porque fue la última labor de nuestra madre.

Te lo mandaré.  

María responde:

–       Lo haré orando por vuestra madre.

En esto, han llegado ya a las casas.

Los apóstoles se reparten para reunir a los que esperan al Maestro,

especialmente a los enfermos…

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P EL DESPERTAR DE CONCIENCIAS


MAYO 16 2021 2:35 PM

LLAMADO DE JESÚS DE LA MISERICORDIA

A SU PUEBLO FIEL

Mi Paz sea con vosotros, Amados míos.

Hijos míos, las tinieblas ya cubren la Tierra, pero no temáis;

vosotros sed portadores de luz;

amándoos, socorriéndoos y perdonándoos mutuamente.

EL DÍA DE MI AVISO CADA VEZ ESTÁ MÁS CERCA

y esta pobre humanidad pecadora, sigue adormecida espiritualmente.

Mi despertar de conciencias os abrirá el alma y os mostrará la verdad;

para los que estéis preparados espiritualmente, mi Aviso, será su mayor gozo;

MÁS PARA LOS TIBIOS Y PECADORES,

SERÁ TORMENTO, DOLOR Y GRAN TEMOR.

VUESTRA ALMA VA A SER PURIFICADA,

TODA VUESTRA MISERIA Y PECADO SE OS MOSTRARÁ,

e incluso todas las malas acciones que os afectaron a vosotros,

a vuestro prójimo y a la Creación.

Acordaos que sois seres espirituales en un Universo espiritual,

que está sincronizado por el amor de Dios.

Hijos míos, la falta de amor en el corazón del hombre afecta el equilibrio de la Creación,

porque todo lo creado guarda la sinfonía del Amor de Dios.

EL QUE NO AMA DESTRUYE;

La medida del perdón Él la marcó, AMANDO A SUS ASESINOS…

EL RESENTIMIENTO, EL ODIO,

LA ENVIDIA, EL EGOÍSMO Y LA FALTA DE DIOS,

DESEQUILIBRAN LA PERFECCIÓN

Y LA ARMONÍA DE TODO LO CREADO.

Todo lo que Dios creó lo hizo por amor,

es el amor quien debe reinar en la Creación y en las criaturas,

para que haya equilibrio en el Universo.

La falta de amor lleva a las malas acciones,

las malas acciones al pecado;

el pecado de un sólo hombre afecta a muchos

y el pecado de muchos, afecta el Universo entero.

Mi Decálogo son los Mandamientos del Amor,

de la convivencia, del respeto,

de la comunión que debe de existir entre el hombre y Dios.

Cuando se quebrantan mis Mandamientos se altera el equilibrio del amor,

se rompe el vínculo espiritual entre el hombre y Dios;

al romperse esto por el pecado, entra el mal que es destrucción de la obra del Creador.

Os pido como vuestro Jesús de la Misericordia,

que volváis a retomar el cumplimiento de mis Santos Preceptos,

para que el amor y la armonía de Dios,

vuelva a reinar en vuestros corazones.

Hijos míos, el orden y el derecho se han perdido

por la maldad y el pecado existentes,

antes de que conozcáis mi Justicia

quiero enviaros mi Aviso a ver si despertáis;

MI AVISO ES LA ÚLTIMA PUERTA

DE MI MISERICORDIA ABIERTA,

DONDE SE OS MOSTRARÁ

TODO EL DAÑO QUE HACE EL PECADO;

EN LA ETERNIDAD

SE OS DESPERTARÁ Y PURIFICARÁ,

para que al regresar toméis conciencia de que el único camino a seguir,

es el camino que conduce a la salvación de vuestra alma.

Mi Paz os dejo, mi Paz os doy.

Arrepentíos y convertíos, porque el Reino de Dios está cerca.

Vuestro Padre, Jesús de la Misericordia.

Dad hijos míos a conocer los mensajes de salvación

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

237 LA VOCACIÓN Y EL MARTIRIO


237 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La comitiva apostólica partió al rayar el alba y ya llevan varias horas caminando. 

La mañana serena y luminosa favorece la marcha.

Van salvando colinas orientadas hacia el oeste, o sea, hacia el mar.  

Mateo dice:

–      Hemos hecho bien en llegar a los montes a las primeras horas de la mañana.

Con este sol no habríamos podido estar en la llanura.

Aquí hay sombra y frescor.

Me dan pena los que siguen la vía romana.

Que es buena para el invierno.

Jesús agrega: 

–      Después de estas colinas…

Tendremos el viento del mar, que siempre templa el aire.

Santiago de Alfeo añade: 

–      Comeremos allá, en aquella cima.

El otro día era muy bonito.

Y desde aquí debe serlo todavía más, porque el Carmelo está más cerca.

.Y también el mar.  

Andrés exclama:  

–       ¡Es verdaderamente bonita nuestra tierra!

Judas confirma:  

–       ¡Oh! Sí.

Hay de todo en ella:

Montes nevados, suaves colinas, lagos, ríos…

Todo tipo de plantas… 

Y no falta el mar.

Realmente es la tierra de delicias celebrada por nuestros salmistas, nuestros profetas;

nuestros grandes guerreros y poetas

Tadeo: 

–      Recítanos algún fragmento,.

Santiago de Zebedeo, ruega: 

–      Hazlo tú que sabes tantas cosas.

La bien entonada y varonil voz de Judas,

parece cantar: 

“Con la belleza del Paraíso Él ha formado la tierra de Judá.

Con la sonrisa de sus ángeles ha decorado la tierra de Neftalí,

con los ríos de miel del cielo ha dado sabor a los frutos de su tierra.

La Creación entera se refleja en ti, gema de Dios,

don de Dios a su pueblo santo.

Más dulce que los pingües racimos que maduran en las laderas de tus montes,

más suave que la leche que llena las ubres de tus corderas,

más embriagadora que la miel que lleva el sabor de las flores que te visten, tierra bienaventurada,

es tu belleza para el corazón de tus hijos.

El cielo ha descendido y se ha hecho río para unir dos gemas,

se ha hecho colgante y cinturón sobre tu verde vestido.

Tu Jordán canta.

Uno de tus mares ríe, el otro recuerda que Dios es terrible,

mientras las colinas parecen danzar al atardecer,

cual donosas muchachas en un prado;

tus montes rezan en las auroras angélicas o cantan el aleluya bajo el ardor del sol.

O adoran con las estrellas tu poder, Señor altísimo.

No nos has encerrado entre apretados confines,

delante nos has dejado el abierto mar para decirnos que el mundo es nuestro”.  

Lleno de orgullo nacional y amor por la patria,

Pedro comenta: : 

–     ¡Bonito, ¿Eh?!

¡Precioso!

Sólo he estado en la parte del lago y en Jerusalén;

durante muchos años no he visto nada más.

Ahora conozco sólo Palestina.

Pero estoy seguro de que no hay nada más bonito en el mundo.

Juan añade: 

–      María me decía que también es muy bonito el valle del Nilo.  

Simón Zelote: 

–       Y el hombre de Endor habla de Chipre, como de un paraíso.

–       ¡Ya, pero nuestra tierra!…

Y los apóstoles;

todos menos Judas de Keriot y Tomás, que están con Jesús, un poco más adelante,

siguen cantando las bellezas de Palestina.

Las mujeres que van las últimas en la comitiva apostólica.  

Porque son bonitas y porque serán un recuerdo de su viaje… 

No pueden contenerse de recoger semillas de flores, para plantarlas en sus huertos y  jardines. 

Hay algunas águilas y cóndores,

que dibujan amplios círculos por encima de las crestas de las colinas…

Y de vez en cuando descienden en busca de alguna presa.

Surge una lucha entre dos buitres.

Giran, giran, perdiendo plumas;

en un elegante y fiero duelo que termina con la huida del perdedor;

que quizás va a morir a lo alto de algún remoto pico;

al menos así lo juzgan todos, pues su vuelo es muy cansado, un vuelo de moribundo.  

Tomás comenta: 

–       Le ha hecho daño la avidez. 

Mateo añade: 

–       La avidez y la obstinación siempre hacen daño.  

Felipe

–      ¡También a los tres de ayer!…

Pedro:

–      ¡Misericordia eterna!  

Tadeo:

–     ¡Qué triste destino!  

Andrés pregunta: 

–      ¿No se curarán jamás?   

Mateo:

–      Pregúntaselo al Maestro.

Le preguntan a Jesús,

y responde:

–      Mejor sería preguntar si se van a convertir.

Porque en verdad os digo que es preferible morir leproso y santo, que no sano y pecador.

La lepra queda en la Tierra, en la tumba;

el pecado, en la eternidad. 

Simón Zelote: 

–      A mí me gustó mucho ayer tu discurso de por la noche.

Judas:   

–      Pues a mí no.

Era muy duro para demasiados israelitas.

Jesús: 

–      ¿Estás tú entre ellos?

–       No, Maestro.

–       ¿Y entonces?

¿Por qué esta susceptibilidad?

–       Porque te puede perjudicar.

–      Entonces… 

¿Para evitar perjuicios, debería hacer tratos con los pecadores y hacerme su cómplice?

–       No digo eso.

No podrías hacerlo.

Pero sí guardar silencio.

No buscarte la enemistad de los grandes…

–       Callar es otorgar.

No doy mi visto bueno a los pecados; ni de los pequeños ni de los grandes.

–       ¿Ves lo que le ha pasado al Bautista?

–       Su gloria.

–       ¿Su gloria?….

A mí me parece que es su ruina.

–       Persecución y muerte…

Por fidelidad a nuestro deber, son gloria para el hombre.

El mártir es siempre glorioso.

–       Pero con la muerte se impide a sí mismo ser maestro.

Y aflige a sus discípulos y familiares;

él se quita las penas, pero deja a los otros sumergidos en penas mucho mayores.

El Bautista no tiene a sus más cercanos familiares, es verdad;

pero tiene de todas formas, deberes para con sus discípulos.

–      Aunque tuviera a esos familiares sería igual.

La vocación está por encima de la sangre.

–       ¿Y el cuarto mandamiento?

–       Viene después de los dedicados a Dios.

–      Ya has visto ayer cómo una madre sufre por un hijo…

Jesús llama a María: 

–       ¡Madre! Ven.

María va donde Jesús,

y pregunta:

–      ¿Qué quieres, Hijo mío?

–      Madre… 

Judas de Keriot está perorando en defensa de tu causa, por amor a ti y a Mí.

–      ¿Mi causa?

¿En qué?

–       Quiere persuadirme de que sea más prudente;

para no caer como nuestro pariente Juan.

Y me está diciendo que hay que tener compasión de las madres y no arriesgar la propia vida, por ellas;

porque así lo quiere el cuarto mandamiento.

¿Tú qué piensas de ello?

Te cedo la palabra, Madre, para que adoctrines con dulzura a nuestro Judas.  

María declara: 

–       Yo digo que dejaría de amar a mi Hijo como Dios

que pensaría que siempre me he equivocado,

que he sufrido siempre error acerca de su Naturaleza,

si lo viera perder su perfección, rebajando su pensamiento a consideraciones humanas;

perdiendo de vista las consideraciones sobrehumanas.

O sea: redimir.

Tratar de redimir a los hombres, por amor a ellos y para gloria de Dios;

a costa de crearse penas y rencores.

Lo seguiría queriendo como a un hijo descarriado, por efecto de una fuerza maligna,

lo seguiría queriendo por piedad,

por el hecho de ser hijo mío, porque sería un desdichado;

pero no ya con esa plenitud de amor, con que lo amo ahora viéndolo fiel al Señor.   

Judas puntualiza:

–       A Sí mismo, quieres decir.

–       Al Señor.

Ahora Él es el Mesías del Señor y debe ser fiel al Señor como todos los demás.

Es más, más que ninguno.

Porque su Misión es mayor que toda otra misión que haya existido, existe y existirá, en la Tierra;

ciertamente recibe de Dios la ayuda proporcional a tan alta misión.

–       Pero, ¿no llorarías si le sucediera algún mal?

–       Todas mis lágrimas.

Pero lloraría lágrimas y sangre, si lo viera desleal a Dios.

¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y en hueco de mi mano?

Las sutilezas rabínicas de Judas insisten: 

–       Ello disminuirá mucho el pecado de los que lo persigan.

–       ¿Por qué?

–       Porque tanto Él como tú, casi los justificáis.

–       No lo creas.

Los pecados serán siempre iguales a los ojos de Dios,

tanto si nosotros juzgamos que ello es inevitable,

como si juzgamos que ningún hombre de Israel debería obrar mal, respecto al Mesías.

–       ¿Hombre de Israel?

¿Y si fueran gentiles no sería lo mismo?

–       No.

Para los gentiles sólo habría pecado hacia un semejante.

Israel sabe quién es Jesús.

–       Mucho Israel no lo sabe.

–       No lo quiere saber.

Es incrédulo voluntariamente

A la anti-caridad, por tanto, une la incredulidad y niega la esperanza.

Pisotear las tres virtudes principales no es un pecado mínimo, Judas;

ES GRAVE muy grave, espiritualmente más grave que el acto material respecto a mi Hijo.

La victoria de la Madre,

Maestra formada en el corazón de Israel:

el sagrado Templo de Jerusalén, es irrebatible.

Judas no contesta más. 

Porque ya se ha quedado sin argumentos suficientes…

Entonces se agacha para atarse una sandalia y se queda retrasado.

La caminata continúa, con los demás participando en diferentes diálogos..

Llegan a un risco que está casi en la cima y que se extiende por entero hacia adelante;

como si quisiera correr hacia la sonrisa azul del mar infinito.

Un tupido encinar proyecta una luz de color esmeralda claro, en que inciden leves agujas de sol,

en este picacho bonito, aireado, abierto a la costa ya cercana, frente a la majestuosa cadena del Carmelo.

Hacia abajo, al pie del monte del risco saliente como por anhelo de volar,

más abajo de unos pequeños campos a mitad de la pendiente,

hay un valle estrecho con un torrente profundo.

Bastante imponente por la violencia de las aguas, en tiempo de crecida;

mas ahora reducido a un espumaje de plata en el centro del lecho.

El torrente corre hacia el mar rozando la base del Carmelo.

Un camino realzado sigue su orilla derecha.

Un camino que une una ciudad construida en el centro de la bahía, con las del interior de Samaria.  

Jesús dice:

–       Aquella ciudad es Sicaminón.

Llegaremos en la noche.

Ahora descansaremos porque el descenso, aunque fresco y corto, es difícil.

Y, sentados en círculo, mientras se asa en una tosca brocheta un cordero que fue regalo de los pastores. 

Se generaliza la conversación entre todos…  

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236 PARÁBOLA DEL BOSQUE PETRIFICADO


236 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

.Una gran fogata está encendida para iluminar la reunión.

Sentados en semicírculos en los campos, hay  muchas personas

Esperan a que Jesús vaya y les hable.

Entretanto ellos conversan de las cosas que han pasado durante el día.

Entre ellos está también Abel, con el cual muchos se congratulan; 

diciendo que todos creían en su inocencia.  

Abel objeta: 

–      ¡Pero me habríais matado!

Y No puede contenerse de responder el jovencito,

señalando: 

–       Incluso tú.

Que me habías saludado delante de la puerta de mi casa,

precisamente a la hora en que asesinaron a Joel.

El hombre se ruboriza, pero no contesta nada.

Y Abel añade:

–      Pero te perdono en Nombre de Jesús. 

En esos momentos Jesús ya ha salido del aprisco y está yendo hacia ellos.

Alto, vestido de blanco, en medio de los apóstoles, seguido por los pastores y las mujeres.  

Cuando llega, los saluda diciendo: 

–       Paz a todos vosotros.

Si el hecho de haber venido ha valido para instaurar el Reino de Dios entre vosotros;

bendito sea el Señor.

Si haber venido ha valido para hacer brillar la inocencia, bendito sea el Señor.

Si haber llegado a tiempo de impedir un delito;

sirve para dar a tres que son culpables el modo de redimirse, bendito sea el Señor.

Ahora bien, de entre todas las cosas que esta jornada sugiere meditar…

¿Y qué meditaremos mientras la noche desciende a envolver en tinieblas, la alegría de dos corazones

y el remordimiento de otros tres?

¿Y  en sus tinieblas esconde, como bajo un pudoroso velo, las lágrimas de gozo de los primeros?

¿Y  las lágrimas abrasadoras de los otros?

Mas Dios las ve.

Entre todas estas cosas, está la que indica que nada de lo que Dios ha dado como Ley, es inútil.

Israel observa mucho, sólo nominalmente, la Ley que Dios ha dado;

en realidad no la observa.

Ahí está la Ley.

La analizan, la escrutan, la descuartizan…

Hasta que muere torturada con minuciosas sutilezas.

Ahí está.

Pues bien, de la misma forma que un cadáver momificado no tiene vida;

ni respiración ni circulación de sangre;

a pesar de tener la apariencia de alguien que, inmóvil, duerme.

La Ley tampoco tiene vida ni respiración ni sangre en demasiados corazones; demasiados, demasiados.

En una momia uno se puede sentar como si fuera una banqueta.

En ella se pueden apoyar objetos, vestidos o inmundicias, si se quiere.

Y no se rebela porque no tiene vida.

Así, muchos hacen de la Ley una banqueta, un apoyo, un lugar donde arrojar sus  porquerías;

seguros como están de que no se rebelará en su conciencia, porque para ellos ha muerto.

Podría comparar a buena parte de Israel con los bosques petrificados; 

que se ven diseminados por el valle del Nilo y en el desierto egipcio.

Eran verdaderos bosques, de árboles vivos nutridos de savia;

susurrante su follaje bajo el sol, bellos con sus abundantes frondas, flores y frutos.

Hacían del lugar en que se alzaban un pequeño paraíso terrenal, grato a hombres y animales;

que olvidaban la aridez desolada del desierto;

la sed abrasadora que las arenas, penetrando en la garganta con su polvo ardiente, producen en el hombre;

Olvidaban al despiadado sol que calcifica en poco tiempo los cadáveres, descargándolos;

consumiendo sus carnes y convirtiéndolas en polvo;

dejando yacentes, entre las curvas de las arenas, abundantes esqueletos,

limpios como por la mano de un atento artesano.

Olvidaban todo en la verde sombra susurrante, rica de frutos y agua que daban nuevas fuerzas;

aliviaban, devolvían el coraje para nuevos trayectos.

Luego, por causa desconocida, cual cosas malditas;

no sólo se secaron,

como los árboles que cuando mueren sirven todavía para encender fuego en los hogares del hombre.

O sirven a los peregrinos de países lejanos, para hacer hogueras que iluminen la oscuridad;

mantengan alejadas a las fieras y disipen la humedad de la noche.

No sólo se secaron, sino que no sirvieron tampoco para leña: se hicieron de piedra; piedra.

Trunk of petrified tree in Petrified Forest National Park

Parecía como si, por un sortilegio, la sílice del suelo hubiera subido de las raíces al tronco;

a las ramas, a las hojas.

Luego, los vientos quebraron las ramitas más delgadas, que se habían hecho como de alabastro, duro y frágil al mismo tiempo.

Las ramas más resistentes están allí, unidas a sus fuertes troncos, para engaño de las cansadas caravanas;

que con el reflejo cegador del sol o la luz espectral de la luna; 

ven perfilarse las sombras de los troncos que se alzan enhiestos en las llanuras elevadas.

O en el fondo de esos valles que reciben el agua, sólo durante las fecundas crecidas.

Caravanas que, por el ansia de un refugio, de alivio, de un pozo, de frutos frescos…

Y por el cansancio de los ojos cegados por el sol en las arenas desprotegidas,

se lanzan hacia los bosques fantasmas,

¡Verdaderamente fantasmas!

Ilusoria apariencia de cuerpos vivos; real presencia de cosas muertas.

Yo los he visto.

Me quedaron impresos, a pesar de que fuera poco más de un párvulo,

como una de las cosas más tristes de la Tierra.

Así me parecieron hasta que no toqué, medí, pesé, las cosas totalmente tristes de la Tierra;

totalmente tristes por estar completamente muertas.

Las cosas inmateriales, o sea, las virtudes y almas muertas:

las primeras, muertas en las almas;

las almas, muertas por haberse matado.

“La Ley está en Israel, pero su presencia es como la de los árboles petrificados en el desierto.

Han venido a ser sílice.

Muertos.

Objeto de engaño.

Objeto destinado a disgregarse sin servir;

antes al contrario, perjudicando, porque crean espejismos que seducen

Y atrayendo hacia su muerte, alejan de los verdaderos oasis.

Y hacen morir de sed, de hambre, de desolación.

Es una muerte que atrae a otros a la muerte, como se lee en algunas fábulas de mitos paganos.

Hoy habéis tenido un ejemplo de lo que es una Ley reducida a piedra,

en un alma también petrificada:

es pecado de todo tipo, creador de desventura.

Que os sirva para saber vivir.

Y saber hacer revivir la Ley en vosotros, con toda su integridad;

iluminada por Mí con luces de misericordia.

La noche está solemne.

Las estrellas nos miran y con ellas Dios.

Alzad la mirada al cielo estrellado y elevad el espíritu a Dios.

Y, sin críticas hacia esos desdichados que ya han recibido el castigo de Dios.

Y sin orgullos por no tener su pecado;

prometed a Dios y prometeos a vosotros mismos no caer en la aridez de los árboles malditos,

de los desiertos y valles de Egipto.

Jesús ha dado su discurso sobre la Ley, la hipocresía para obedecerla por la falta de fe

y finaliza diciendo:

–       Nada es inútil de cuanto Dios estableció en su Ley.

La Ley que dio, Israel la observa de Nombre, pero no en la realidad.

Son ilusorias apariencias de cuerpos vivos.

Reales presencias de cosas muertas:

las cosas inmateriales; esto es, la virtud y las almas muertas.

La Ley existe en Israel,

pero se ha convertido como las plantas petrificadas en el desierto de Egipto;

en el Valle del Nilo;

en un espejismo que produce la muerte.

Tuvisteis hoy un ejemplo de lo que significa una Ley reducida a piedra en corazones

que se habían petrificado.

Cuando no actuamos bien, nuestro corazón se va endureciendo y nos volvemos solitarios, egoístas, desconfiados. Y necesitamos que Alguien nos sane…

Es causa de toda clase de pecados y desventuras.

Si el haber llegado a tiempo para impedir un crimen, sirve también para dar un medio para redimirse a tres culpables,

Bendito sea el Señor.

 

Ya es muy noche.

Las estrellas nos están mirando y también Dios.

Levantad la mirada al cielo estrellado y elevad hacia Dios vuestro corazón,

sin criticar a los infelices que Dios ha castigado.

La paz sea con vosotros.

Los bendice y luego se retira al vasto recinto del aprisco, rodeado de rústicos pórticos;

bajo los cuales los pastores han extendido mucho heno para que sirva de lecho a los siervos del Señor.

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