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240 PARÁBOLA DEL MINERO


240 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

251 A los pescadores siro-fenicios: la parábola del minero perseverante.

Son las primeras horas de la mañana cuando Jesús llega a una ciudad de mar.

Está ante ella.

Cuatro barcas siguen a la suya.

La ciudad se adentra en el mar de una forma extraña, como si estuviera construida en un istmo.

O más exactamente como si un estrecho istmo uniera sus dos partes:

la que penetra completamente en el mar y la que se extiende sobre la orilla.

Vista desde el mar, parece un enorme hongo:

Acostada su cabeza en las olas, hincada su base en la costa y como pie el istmo).

A los lados del istmo, dos puertos:

Uno, el que mira a septentrión, menos cerrado, está lleno de embarcaciones pequeñas;

el otro, situado al Sur, mucho más protegido; está lleno de naves grandes, que llegan o zarpan.

Señalando hacia el puerto de las embarcaciones pequeñas,

Isaac dice:

–     Hay que ir allá.

Allí están los pescadores.

Costean la isla y se puede ver que el istmo es artificial;

una especie de dique ciclópeo que une la islita con tierra firme.

¡En aquellos tiempos construía sin tacañerías!

Realmente es una ciudad muy rica, con hermosos y funcionales puertos, con un gran número de navíos.

Con un comercio marítimo muy activo.

comercialmente muy activa.

Detrás de la ciudad, tras una zona de llanura, hay algunas colinas bajas y de gracioso aspecto.

En la lejanía se pueden ver el gran Hermón y la cadena libanesa.

Pues esta ciudad era una de las que se veía en la panorámica del monte;

donde estaban Simón y Juan contemplando el Líbano.

La barca de Jesús, entretanto, está llegando al puerto septentrional;

a la rada del puerto  donde se mueve lentamente sin atracar;

con los remos hacia adelante y hacia atrás, hasta que Isaac ve a los que buscaba.

Y los llama gritando.

Se acercan dos bonitas barcas de pesca.

Los pescadores se inclinan hacia las barcas más pequeñas de los discípulos.

Isaac les dice:

–       El Maestro está con nosotros, amigos.

Venid, si queréis oír su palabra.

Esta misma tarde vuelve a Sicaminón.

Ellos le contestan:

–      Enseguida.

–      ¿A dónde vamos?

–      A un lugar tranquilo.

El Maestro no baja a Tiro, ni a la ciudad de tierra firme.

Hablará desde la barca.

Elegid un sitio que esté a la sombra y protegido.

–      Venid detrás de nosotros.

Iremos hacia las rocas.

Allí hay ensenadas tranquilas y con sombra.

Podréis incluso bajar a tierra.

Y van a una concavidad del arrecife, más al Norte.

La pared rocosa, cortada a pico, protege del sol.

Es un lugar solitario, sólo poblado de gaviotas y las palomas torcazas;

que salen para hacer sus incursiones en el mar y vuelven emitiendo fuertes gritos a sus nidos de la roca.

Pero en esto, otras pequeñas embarcaciones se han ido uniendo a las que van en cabeza,

de manera que forman ya una minúscula flotilla.

En el fondo de este pequeñísimo golfo, hay una pequeña playa, verdaderamente minúscula.

Una pequeña explanada pedregosa;

pero una pequeña multitud de algunos cientos de personas sí que cabe.

Bajan sirviéndose de un escollo ancho y liso que, cual si fuera un espigón natural;

sobresale de las aguas profundas.

Y se colocan en la playita pedregosa y brillante de sal.

Son hombres morenos, enjutos, tostados por el sol y el mar.

Llevan cortas túnicas que dejan descubiertas las extremidades ágiles y delgadas.

Es muy visible la diversidad de la raza respecto a los judíos presentes…

Diversidad que se nota menos respecto a los galileos.

Pues estos siro-fenicios se parecen más a los filisteos lejanos, que a los pueblos cercanos.

Jesús se sitúa en un promontorio pegado a la pared rocosa…

Y empieza a hablar:

–     Se lee en el libro de los Reyes…

Cómo el Señor mandó a Elías que fuera a Sarepta de los Sidones

durante la sequía y carestía que afligieron a la Tierra durante más de tres años.

No es que al Señor le faltaran recursos para dar el necesario sustento a su profeta en todos los lugares.

No lo envió a Sarepta porque en esta ciudad abundasen los alimentos.

Es más, allí la gente ya moría de hambre.

¿Por qué, entonces, Dios mandó a Elías tesbita?

Había en Sarepta una mujer de corazón recto, viuda y santa.

Pobre y sola, madre de un niño;

la cual, a pesar de todo, no se rebelaba contra el tremendo castigo;

ni era desobediente., ni se mostraba egoísta padeciendo el hambre.

Dios quiso agraciarla con tres milagros:

Uno por el agua que ofreció al sediento

otro por el panecillo cocido bajo la brasa, cuando ella no tenía sino un puñado de harina;

otro por la hospitalidad que ofreció al profeta.

Le dio pan y aceite, la vida de su hijo y el conocimiento de la palabra de Dios.

Así podéis ver cómo un acto de caridad, no sólo sacia el cuerpo y aleja el dolor de la muerte;

sino que también instruye al alma en la sabiduría del Señor.

Vosotros habéis ofrecido alojamiento a los siervos del Señor y Él os da la palabra de la Sabiduría.

He aquí entonces, que a este lugar donde no viene la palabra del Señor, una buena acción la trae.

Os puedo comparar con aquella única mujer de Sarepta que recibió al profeta;

vosotros aquí también sois los únicos que recibís al Profeta;

porque si hubiera bajado a la ciudad;

los ricos, los poderosos, no me habrían recibido.

Y los atareados comerciantes y marineros de las naves, no me habrían hecho caso.

Y mi venida aquí habría resultado ineficaz.

Yo ahora os dejaré.

Y diréis: «Pero, ¿Qué somos nosotros? Un puñado de hombres.

¿Qué poseemos? Una gota de sabiduría».

Pues bien, no obstante, os digo: «Os dejo con el encargo de anunciar la hora del Redentor».

Os dejo, repitiendo las palabras de Elías profeta:

“El ánfora de la harina no se agotará, el aceite no disminuirá hasta que venga quien lo distribuya con mayor abundancia».

Ya lo habéis hecho.

Porque aquí hay fenicios mezclados con vosotros de allende el Carmelo.

Señal es de que habéis hablado como se os habló a vosotros.

Como podéis ver el puñado de harina y la gota de aceite no se han agotado;

sino que han aumentado cada vez más.

Seguid haciendo que aumente.

Y si os parece extraño el que Dios os haya elegido para esta obra, porque no os sintáis capaces de llevarla a cabo,

pronunciad la palabra de la profunda confianza:

«Me fiaré de tu palabra y haré lo que dices».

Un pescador de Israel pregunta:

–      Maestro,

¿Cómo tenemos que comportarnos con estos paganos?

A éstos los conocemos por la pesca.

Nos une a ellos el trabajo, que es el mismo.

Pero, ¿Los otros?

Jesús responde:

–      Dices que participáis del mismo trabajo y ello os une.

¿Y no debería uniros un origen común?

Dios ha creado tanto a los israelitas como a los fenicios.

Los de la llanura de Sarón o los de la Alta Judea, no difieren de los de esta costa.

El Paraíso fue hecho para todos los hijos del hombre.

Y el Hijo del hombre viene para llevar al Paraíso a todos los hombres.

La finalidad es conquistar el Cielo y alegrar al Padre.

Caminad, pues, por el mismo camino y amaos espiritualmente de la misma forma que os amáis por razones de trabajo.

Varios dicen:

–      Isaac nos ha dicho muchas cosas.

–      Pero quisiéramos saber más.

–     ¿Es posible tener a un discípulo para nosotros, tan lejos como estamos?

Judas de Keriot sugiere:

–      Maestro…

Mándales a Juan de Endor,

Vale mucho…

Y además está acostumbrado a vivir entre paganos.

Jesús responde con firmeza:

–      No.

Juan estará con nosotros.

Y volviéndose a los pescadores,

pregunta:

–      « ¿Cuándo termina la pesca de la púrpura?».

–      Con las borrascas de otoño.

Después el mar está demasiado agitado aquí.

–      ¿Volveréis entonces a Sicaminón?

–      Allí y a Cesárea.

Abastecemos mucho a los romanos.

–      Entonces podréis encontraros con los discípulos.

Mientras tanto perseverad.

–      A bordo de mi barca hay uno que yo no quería que viniera…

Pero que se presentó en tu nombre, casi.

–      ¿Quién es?

–      Un joven pescador de Ascalón.

–      Dile que baje y que venga.

El hombre sube a su barca

Y vuelve con un joven tímido al que se ve más bien aturdido, por ser objeto de tanta atención.

El apóstol Juan lo reconoce.

Y dice a Jesús:

–       ¡Oh! sí, Maestro.

Es uno de los que nos dieron el pescado,

Y se levanta a saludarlo,  caminando a su encuentro

diciéndole:

–       ¿Entonces has venido!

¡Eh! Hermasteo.

¿Tú aquí? y ¿Vienes solo?

El joven contesta:

–      Sí, solo.

En Cafarnaúm sentí vergüenza…

Me quedé en la orilla, esperando…

–      ¿Qué esperabas?

–       Ver a tu Maestro.

–      ¿No es todavía el tuyo?

¿Por qué, amigo, eludes la decisión todavía?

Ve a la Luz, que te está esperando.

Mira cómo te observa y sonríe.

Hermasteo se ruboriza más,

y pregunta:

–       ¿Cómo podrá soportarme?

Juan llama a Jesús:

–      Maestro, ven un momento.

Jesús se levanta de su promontorio y va donde Juan.

Juan lo disculpa, diciendo:

–      No se atreve porque es extranjero. 

Jesús contesta con dulzura:

–      Para mí no hay extranjeros.

¿Y tus compañeros?

¿No erais muchos?…

No te apenes.

Tú eres el único que ha sabido perseverar.

Pero, aunque sea por ti sólo, me siento feliz.

Ven conmigo.

Jesús vuelve con su nueva conquista a donde estaba.

Y mirando a Judas,

le dice:

–      A éste sí que se lo vamos a dar a Juan de Endor.

Hermasteo tiene el espíritu y el carácter para se un buen apóstol y alma víctima;

que crecerá mucho espiritualmente junto al juzgado indigno de acompañar al grupo apostólico;

pero que será la gema más preciosa en su corona de corredentor…

Igual que la Magdalena, porque los dos ya aprendieron a ser holocaustos vivientes,

para la gloria del Señor, Único y Trino.

Y se pone a hablarles a todos.

Parábola del minero perseverante…

Un grupo de excavadores bajaron a una mina en que sabían que había tesoros,

que, de todas formas, estaban muy escondidos en las entrañas del suelo.

Y empezaron a excavar.

Pero el terreno era duro y el trabajo fatigoso.

Muchos se cansaron.

Y, arrojando los picos, se marcharon.

Otros se burlaron del responsable del equipo de obreros, casi tratándolo como a un estúpido.

Otros imprecaron contra el estado en que se encontraban, contra el trabajo, contra la tierra, contra el metal…

Y, airadamente, golpearon las entrañas de la tierra y fragmentaron el filón en inservibles partículas.

Y luego,  al ver que en vez de obtener ganancias, sólo se habían hecho daño, se marcharon también.

Se quedó solo el más perseverante.

Con delicadeza trató los estratos de la tenaz tierra, para perforarla sin hacer daños.

Hizo una serie de pruebas, con las que decidió cual seguir en profundidad, excavó…

Al final quedó al descubierto un espléndido filón precioso.

La perseverancia del minero fue premiada y con el metal precioso que descubrió;

pudo obtener muchos trabajos y conquistar mucha gloria y muchos clientes;

porque todos querían de ese metal que solamente la perseverancia había sabido encontrar;

donde los otros holgazanes o iracundos, no habían obtenido nada.

Mas el oro hallado, para que sea bonito hasta el punto de que sirva para el orfebre;

debe a su vez perseverar en su voluntad de dejarse trabajar.

Si el oro, después del primer trabajo de excavación,

no quisiera ya volver a sufrir penas, no pasaría de ser un metal en bruto que no es elaborable.

Así pues, podéis ver cómo no basta el primer entusiasmo para tener éxito;

ni como apóstoles, ni como discípulos, ni como fieles.

El éxito en la vida no se mide por lo que logras; sino por los obstáculos que superas.»

Es necesario perseverar.

Eran muchos los compañeros de Hermasteo;

por efecto del primer entusiasmo, todos habían prometido venir.

Sólo él fue a Cafarnaún y ha venido.

Muchos son mis discípulos, y más lo serán.

Pero sólo la tercera parte de la mitad, sabrán serlo hasta el final.

Perseverar…

Es la gran palabra, para todas las cosas buenas.

¿Cuándo echáis el trasmallo para conseguir las conchas de la púrpura, lo hacéis una sola vez?

No. Lo hacéis una y otra vez y otra, durante horas, días, meses;

ya incluso con la idea de volver al año siguiente al mismo sitio…

Porque ello os da pan y bienestar a vosotros y a vuestras familias.

Pues bien, siendo esto así, ¿Os comportaréis de forma distinta en las cosas más grandes;

como son los intereses de Dios y de vuestras almas, si sois fieles;

vuestras y de vuestros hermanos, si sois discípulos?

En verdad os digo que para conseguir la púrpura de las vestiduras eternas, es necesario perseverar hasta el final.

Y ahora estemos aquí como buenos amigos hasta la hora de volver.

Así nos conoceremos mejor y nos será fácil reconocernos unos a otros…

Y todos se dispersan por la pequeña ensenada peñascosa.

Cuecen mejillones y cangrejos arrebatados a los escollos…

O peces pescados con pequeñas redes.

Y duermen en lechos de algas secas, dentro de cavernas abiertas en la costa rocosa por los terremotos o las olas.

Y el cielo y el mar son un azul cegador que se besa en el horizonte;

las gaviotas, continuo carrusel de vuelos, del mar a los nidos, con gritos y batir de alas;

únicas voces que, junto con el chapoteo de las olas, hablan en esta hora de bochorno estivo.

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100 UN LLAMADO


100 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús ha ido a dar las gracias, al administrador de las posesiones de Lázaro en Aguas Especiosas y a despedirse. 

El hombre le dice:

–      Señor, yo no he hecho sino cumplir con mi deber ante Dios, ante mi jefe y ante la honestidad de conciencia.

He estado atento a esa mujer durante este tiempo en que ha sido huésped mía, y siempre la he visto honesta. Habrá sido una pecadora.

Bien. Ahora no lo es. ¿Por qué razón tengo yo que indagar sobre un pasado que ella misma ha tachado para anularlo?

Yo tengo hijos en edad joven y no feos. Pues bien, no ha mostrado nunca su rostro, realmente muy hermoso, ni ha hecho oír su palabra.

Puedo decir que conocí el tono de su voz de plata, cuando gritó a causa de las heridas.

De hecho ella lo poco que pedía, siempre a mí o a mi mujer, lo susurraba tras su velo.

Y tan bajo que casi no se entendía.

Date cuenta de lo prudente que fue: cuando temió que su presencia pudiera ser causa de algún perjuicio, se marchó…

Yo le había prometido protección y ayuda. Y sin embargo, ella no quiso aprovecharlo. ¡No, así no se comportan las mujeres perdidas!

Yo rogaré por ella, como ha pedido; incluso sin este recuerdo. 

Y alarga hacia Jesús un valioso brazalete, cuajado de piedras preciosas…

Mientras agrega:  

–   Tenlo, Señor.

Empléalo como limosna para bien suyo. Dándola Tú, ciertamente, recibirá a cambio paz.

Ha sido el encargado quien ha hablado a Jesús y lo ha hecho respetuosamente.

Es un hombre todavía joven y de buena apariencia. rostro honesto y cuerpo recio.

Detrás de él hay seis galanes, jóvenes, parecidos al padre, seis rostros de aspecto franco e inteligente.

También está su esposa, una mujercita grácil y todo dulzura, que escucha a su marido como escucharía a un dios, asintiendo continuamente con la cabeza.

Jesús recibe el brazalete de oro y se lo pasa a Pedro diciendo:

–      Para los pobres.

Luego se dirige al encargado en estos términos:

–      No todos tienen tu rectitud en Israel.

Tú eres sabio, porque distingues el bien del mal y sigues el bien sin sopesar la utilidad humana que el cumplirlo pueda comportar.

En nombre del eterno Padre, te bendigo a ti, a tus hijos, a tu esposa y tu casa.

Manteneos siempre en esta disposición de espíritu y el Señor estará siempre con vosotros, y tendréis la vida eterna.

Yo ahora parto. Pero no quiere decir que no nos volvamos a ver nunca. Yo volveré… Y vosotros podréis siempre llegaros hasta Mí.

Por todo lo que habéis hecho por Mí y por esa pobre criatura, Dios os dé su paz.

El encargado, los hijos y por último, la mujer, se arrodillan y besan los pies de Jesús…  

El cual, tras un último gesto de bendición, se aleja con sus discípulos, dirigiéndose hacia el pueblo.  

Felipe pregunta:

–     ¿Y si están todavía esos granujas? 

Tadeo responde:

–     A nadie se le puede impedir que vaya por los caminos de la Tierra.

–     No.  Pero nosotros para ellos somos «anatema».

–     ¡Déjalos, hombre! ¿Te preocupa?

Pedro refunfuña entre dientes:

–     Yo no me preocupo sino porque el Maestro no quiere violencia. Y ellos, que lo saben, se aprovechan…

Sin duda, piensa que Jesús, que está hablando con Simón y con el Iscariote, no está oyendo.

Pero sí ha oído y se vuelve, mitad severo, mitad sonriente…

Y dice:

–     ¿Tú crees que Yo vencería haciendo violencia?

Esto es un pobre sistema humano que sirve por un tiempo, para victorias de los hombres. 

¿Cuánto tiempo dura la opresión? Hasta que no produzca en los que la sufren, reacciones que al unirse, engendren una violencia mayor, que abate el atropello que existía antes.

No quiero un reino temporal. Quiero un Reino Eterno: el Reino de los Cielos. ¿Cuantas veces os lo he dicho? ¿Cuántas os lo deberé decir?

¿No lo entenderéis jamás? Sí. Vendrá el momento cuando lo entenderéis.

Pedro dice:

–      ¿Cuándo, Señor mío?

Tengo prisa por entender para ser menos ignorante.

–     ¿Cuándo? Cuando seáis triturados como el trigo entre las piedras del dolor y del arrepentimiento.

Podríais, es más, deberíais, entender antes. Pero para ello, deberíais quebrantar vuestra humanidad y dejar libre al espíritu…

Y no sabéis todavía, haceros esta violencia. Pero entenderéis… entenderéis.

Entonces entenderéis también cómo no podía hacer uso de la violencia, que es un medio humano, para instaurar el Reino de los Cielos: el Reino del espíritu.

Pero, mientras esto se cumple, no tengáis miedo.

Esos hombres que os preocupan no nos harán nada. Les basta con haberme arrojado.

Tomás advierte:

–      ¿No era más fácil mandar un recado al sinagogo para que viniese a la casa del administrador o que nos esperase en el camino principal?

–     ¡Oh! ¡Qué prudente estás hoy, Tomás mío!

Era más fácil pero no sería justo. Él ha demostrado heroísmo por Mí y se le injurió en su hogar por causa mía.

Es justo que Yo vaya a consolarlo a su casa.

Tomás se encoge de hombros y ya no habla más.

Ya se ve el pueblo, vasto pero de aspecto marcadamente rural, con casas entre huertos, que ahora están desnudos y con muchos apriscos.

Debe ser un lugar apto para el pastoreo, porque se oye por todas partes, un denso balar de rebaños que van a los pastos de la llanura o que vienen de ellos.

Tiene el consabido cruce de caminos con la plaza y su fuente en el centro en el lugar donde aquéllos confluyen.

Y ahí está la casa del jefe de la sinagoga.

Abre una mujer anciana con claros signos de llanto en su rostro.

No obstante, al ver al Señor experimenta un sentimiento de alegría y profiriendo palabras de bendición, se postra.

Jesús le dice:

–     Levántate, madre.

He venido para deciros adiós. ¿Dónde está tu hijo?

Ella señala una habitación en el fondo de la casa. 

Y dice:

–     Está allí…

 ¿Has venido a consolarlo? Yo no soy capaz…

–     Entonces, ¿Está afligido por algo?

¿Le duele el haberme defendido?

–     No, Señor.

Pero siente un escrúpulo. Bueno, Tú lo escucharás. Lo llamo.

–     No. Voy Yo. 

Y se vuelve hacia los discípulos diciendo:

Vosotros esperad aquí. Vamos, mujer.

Jesús recorre los pocos metros del vestíbulo, empuja la puerta, entra en la habitación.

Se acerca despacio a un hombre que está sentado, inclinado hacia el suelo, absorto en una dolorosa meditación.

Jesús lo saluda:

–     Paz a tí, Timoneo.

–     ¡Señor! ¡Tú!

–     Yo. ¿Por qué tan triste?

–     Señor… Yo… me han dicho que he pecado.

Me han dicho que soy anatema. Yo me examino… y no creo que lo sea. Pero ellos son los santos de Israel y yo el pobre jefe de la sinagoga.

Sin duda tienen razón. Yo ahora no me atrevo a levantar la mirada hacia el rostro airado de Dios, a pesar de que me sería muy necesario en este momento.

Yo le servía con verdadero amor. Trataba de darlo a conocer.

Ahora quedaré privado de este bien, porque el Sanedrín me ha maldecido. 

–      Pero, ¿Cuál es el dolor?

¿El de dejar de ser el jefe de la sinagoga? o ¿El de quedar imposibilitado para hablar de Dios?

–     Es precisamente esto, Maestro, lo que me produce dolor.

Supongo que cuando dices que si me duele el no ser jefe de la sinagoga te refieres a las ganancias y a los honores que ello conlleva.

Eso no me preocupa. Sólo tengo a mi madre. Ella es nativa de Aera y allí tiene una pequeña casa. Techo y sustento, para ella, hay.

Para mí… yo soy joven. Trabajaré. Pero ya jamás osaré hablar de Dios, pues he pecado.

–     ¿Por qué has pecado?

–     Dicen que soy cómplice del…

¡Señor…, no me hagas decirlo…!

–      No. Yo lo digo. Bueno, ni siquiera lo digo.

Yo y tú conocemos sus acusaciones. Y Yo y tú sabemos que no son ciertas. Por tanto, tú no has pecado. Yo te lo digo.

–       Entonces, ¿Puedo todavía levantar la mirada hacia el Omnipotente?

¿Todavía puedo…?

–      ¿Qué, hijo?

Jesús es todo dulzura mientras se inclina hacia el hombre, que se ha detenido bruscamente, como con miedo. 

Lo que sucede, es que ante los ojos de Timoneo, Jesús ha sufrido una transformación espiritual…

A través del velo de su Carne, El Padre Celestial se está manifestando con su propia Persona, en la persona de Jesús y mira a Timoneo con infinita ternura…

El afligido hombre, ha servido con fidelidad en la sinagoga al Dios Trino al que ama sobre todas las cosas y Jesús es el Tabernáculo Viviente y purísimo, que le está concediendo un privilegio extraordinario…

Mirando a Jesús casi aterrorizado, al hombre le cuesta trabajo asimilar que a través de Jesús, pueda entrever la Presencia de…

Pero Jesús se lo confirma diciendo: 

–      ¿Qué? Mi Padre busca tu mirada, la quiere.

Y Yo quiero tu corazón y tu pensamiento. Sí, el Sanedrín descargará su mano sobre ti; Yo abro los brazos y digo: «Ven».

¿Quieres ser un discípulo mío? Yo veo en ti todo lo necesario para ser un obrero del Dueño eterno.

Ven a mi viña….

–      ¿Lo dices en serio, Maestro?

Madre… ¿Estás oyendo? ¡Yo me siento feliz, madre! Yo… bendigo este sufrimiento porque me ha procurado este gozo tan inmenso. 

¡Celebrémoslo a lo grande, madre! Luego me iré con el Maestro y tú volverás a tu casa.

Voy enseguida, Señor mío; Tú, que me has librado de todo temor y dolor. Y también del miedo a Dios.

Jesús objeta:

–      No. Esperarás la palabra del Sanedrín, con corazón sereno y sin rencor.

Quédate en en tu puesto, mientras se te permita que sigas. Luego te juntarás conmigo en Nazaret o en Cafarnaúm.

Adiós. La paz sea contigo y con tu madre.

–     ¿No te vas a quedar un tiempo en mi casa?

–      No. Iré a casa de tu madre.

–      Es pueblo poco fiel.

–      Le enseñaré la fidelidad.

Adiós, madre. ¿Te sientes feliz ahora?

Jesús la acaricia, como hace siempre con las mujeres ancianas, a las cuales les da casi siempre el nombre de «madre».

La mujer llora ahora, pero de felicidad…

–       Feliz, Señor. Había criado y educado a un varón para el Señor.

El Señor me lo toma como siervo de su Mesías. Bendito sea por ello el Señor. Bendito seas Tú que eres su Mesías.

Bendita sea la hora en que has venido aquí. Bendito sea mi hijo, que ha sido llamado a tu servicio.

–       Bendita sea la madre santa como Ana de Elcana.

La paz sea con vosotros.

Jesús sale, seguido de madre e hijo.

Se junta con sus discípulos, saluda una vez más y luego inicia el regreso hacia la Galilea.

26 ISACC APÓSTOL PRIMICIA


26 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Apenas está amaneciendo en un fresco valle rumoroso, lleno de aguas que van hacia el Sur entre saltos y espumas de un pequeño torrente argentino, que asperja su risueña frescura sobre los herbazales de las orillas.

Y pareciera como si su linfa subiese también por las pendientes, por el verdor de éstas.

Son las laderas esmeraldas de verde veteado que sube desde el nivel del suelo, a través de los matorrales y los arbustos del monte bajo, hasta las copas de los altos árboles.

Donde hay muchos nogales entre un bosque salpicado de zonas abiertas intercaladas y rellanos exuberantes de pasto sano y nutritivo para el ganado.

Jesús desciende con los suyos y con los tres pastores, hacia el torrente.

Pacientemente se detiene cuando hay que esperar a una oveja que se queda rezagada…

O a uno de los pastores que debe ir por una cordera que se desvía.

Ahora es exactamente el Buen Pastor.

También Él se ha procurado una larga rama para apartar los ramajes de las móreas,  de los espinos y clemátides que salen al paso por todas partes, tratando de atrapar los vestidos.

Ello completa su figura de pastor.

Elías dice:

–    ¿Ves? Yuttá está allá arriba. Ahora cruzaremos el torrente; hay un vado por el que se puede pasar en verano, sin necesidad de recurrir al puente. Habría sido más breve venir por Hebrón, pero no has querido.

Jesús reponde:

–    No. A Hebrón después. Siempre primero, donde están los que sufren.

Los muertos ya no sufren, cuando son justos. Y Samuel era un justo.

Además, para los muertos que necesitan oraciones, no es necesario estar junto a sus huesos para ofrecerlas.

Los huesos, ¿Qué son? Prueba del poder de Dios, que con la tierra creó al hombre. Nada más.

También los animales tienen huesos, aunque su esqueleto es menos perfecto que el del hombre.

Sólo el hombre rey de la Creación tiene posición erecta, como rey que está por encima de sus súbditos.

Y su rostro mira recto y hacia arriba sin necesidad de torcer el cuello.

Hacia arriba, donde está la morada del Padre. Pero no son más que huesos, polvo que vuelve a ser polvo.

La Bondad eterna ha decidido reconstruirlos en el Día eterno para proporcionarles a los bienaventurados un gozo aún más vivo.

Pensad: no sólo los espíritus serán reunidos y se amarán como y mucho más que  en la Tierra; que incluso gozarán de volverse a ver con el aspecto que tuvieron en la Tierra:

los niños de pelo rizado y tiernos como los tuyos, Elías.

Los padres y las madres de un corazón y de un rostro todo amor como los vuestros, Leví y José.

Es más, para ti, José, significará el conocer por fin esos rostros cuya nostalgia sientes.

Ya no habrá huérfanos, ni viudos, entre los justos, allá arriba…

En cualquier parte se puede ofrecer sufragio por los muertos.

Es oración de un espíritu, por el espíritu de quien estaba con nosotros al Espíritu perfecto, que es Dios y que está en todas partes.

¡Oh, santa libertad de todo lo que es espiritual! Ni distancias, ni destierros, ni prisiones, ni sepulcros…

Nada que divida o encadene reduciendo a penosa impotencia lo que está fuera o por encima de las cadenas de la carne.

Vosotros vais, con la parte mejor de vosotros, a vuestras personas queridas; ellos, con su parte mejor, vienen a vosotros.

Y todo gira, con esta efusión de espíritus que se aman, en torno al Fulcro eterno, a Dios: Espíritu perfectísimo, Creador de todo cuanto fue, es y será.

Amor que os ama y os enseña a amar… Pero… hemos llegado al vado, creo.

Veo una fila de piedras que sobresale de la poca agua del fondo.

–     Sí, es aquél, Maestro.

En tiempo de crecida es una cascada rumorosa, ahora no es más que siete hilos de agua que ríen entre las seis voluminosas piedras del vado.

En efecto, seis piedras de gran tamaño, bastante regulares, están depositadas, a un poco más de un palmo de distancia entre sí, sobre el fondo del torrente,

Y el agua, que hasta este punto formaba un única cinta brillante, se separa en siete cintas menores dándose prisa en reunirse pasado el vado, en un único frescor que sigue su curso entre los cantos del fondo.

Los pastores vigilan el paso de las ovejas, de las cuales una parte pasa por encima de las piedras y otra parte prefiere meterse en el agua, de no más de un palmo de profundidad.

Y beber en esta diamantina ola que espuma y ríe.

Jesús pasa por las piedras y detrás de El los discípulos.

Continúan caminando por la otra margen del torrente.

Elías pregunta

–    ¿Me has dicho que quieres que Isaac sepa de tu Presencia, pero sin entrar en el pueblo?.

–    Sí, así lo deseo.

–    Entonces conviene que nos separemos.

Yo iré a verlo, Leví y José se quedarán con el rebaño y con vosotros. Subo por aquí. Tardaré menos.

Elías afronta la subida de la abrupta pendiente, hacia unas casas que arriba  muestran su blancura resplandeciendo al sol.

Llega ante las primeras casas, entra por una pequeña bocacalle entre casas y huertos. Continúa caminando algunas decenas de metros.

Tuerce y va a dar a una calle más ancha, que lo lleva a una plaza donde está todavía el mercado, donde  amas de casa y vendedores se desgañitan en torno a los árboles que dan sombra a la plaza.

Elías camina con seguridad hasta el punto en que la plaza vuelve a ser una calle bastante bonita, quizás la más bonita del pueblo.

En la esquina hay una mísera  habitación con la puerta abierta.

Casi en la entrada hay una cama de pobre aspecto y encima de ella un esquelético enfermo que gimiendo, pide un óbolo a todos los que pasan.

Elías entra como un cohete.

–    Isaac… soy yo.

–   ¿Tú? No te esperaba. Has venido la pasada luna.

–    Isaac… Isaac… ¿Sabes por qué he venido?

–    No lo sé… Estás emocionado… ¿Qué sucede?

–    He visto a Jesús de Nazaret, ya hombre y rabí. Ha venido a buscarme… Y quiere vernos.

¡Oh! ¡Isaac! ¿Te sientes mal?

Isaac parece desmayarse, pero toma nuevas fuerzas.

–    No. La noticia… ¿Dónde está? ¿Cómo es? ¡Oh, si pudiera verlo!

–    Está abajo, hacia el valle. Me manda a decirte  exactamente en estos términos: «Ven, Isaac, que quiero verte y bendecirte».

Ahora voy a llamar a alguien que me ayude a llevarte abajo.

–    ¿Ha dicho eso?

Isaac echa hacia arriba las cobijas, mueve las piernas inertes, las saca fuera del jergón…

Y las apoya con fuerza en el suelo.

Elías lo mira asombrado y dice:

–    Eso. Pero, ¿Qué haces?

–    Me pongo en camino.

Se levanta, aún un poco inseguro y tambaleante.

Todo en un instante, ante la mirada atónita de Elías…

Que acaba entendiendo y da un grito…

Se asoma una mujer curiosa, ve al enfermo en pie, cubriéndose — no tiene otra cosa — con una de las cobijas,

Y se echa a correr gritando como una gallina.

Isaac lo urge:

–    Vamos… vamos por aquí, para tardar menos y no toparnos con mucha gente… Rápido, Elías.

Y salen corriendo por la puertecita de un huertecillo posterior.

Empujan la puerta de ramas secas, están afuera; marchan rápidamente por una calleja miserable, luego abajo por un camino entre huertos.

Y continúan bajando, por los prados y arboledas, hasta el torrente.

Elías señala a un centenar de metros…

–    Allí está Jesús. Es Aquél alto, hermoso, rubio, vestido de blanco, con el manto rojo…

Isaac corre, abre el rebaño que pace… 

Y con un grito de triunfo, de alegría, de adoración, se postra a los pies de Jesús.

Que dice sonriente:

–    Levántate, Isaac. He venido a traerte paz y bendición.

Levántate, que quiero saber cómo es tu rostro.

Pero Isaac no puede levantarse. Han sido demasiadas emociones juntas.

Se queda, con su feliz llanto, contra el suelo.

–    Has venido inmediatamente. No te has preguntado si podías…

–   Tú me has dicho que viniera… Y he venido.

Elías interviene:

–    Ni siquiera ha cerrado la puerta, ni ha recogido las limosnas, Maestro.

–    No importa. Los ángeles estarán en su casa vigilando. ¿Estás contento, Isaac?

–    ¡Oh, Señor!

–    Llámame Maestro.

–    Sí, Señor, Maestro mío. Aunque no estuviera curado, me habría sentido dichoso de verte.

¿Cómo he podido obtener de Tí tanta gracia?

–    Por tu fe y paciencia, Isaac. Sé lo que has sufrido…

–    ¡Nada, nada! ¡Ya nada! ¡Te he encontrado a Tí! ¡Vives! ¡Existes! Esto sí que es real…

Lo demás, todo lo demás, pertenece al pasado. Pero, Señor y Maestro, ahora ya no te vas, ¿Verdad?.

–    Isaac, tengo todo Israel que evangelizar. Yo parto…

Pero, si bien es cierto que no puedo quedarme, tú sí me puedes servir y seguir. ¿Quieres ser mi discípulo, Isaac?

–   ¡No voy a servir!

–   ¿Sabrás confesar mi presencia en el mundo? ¿Confesarlo contra las burlas y las amenazas?

¿Y decir que Yo te he llamado y has venido?

–    Aunque Tú no quisieras, diría todo eso. En esto te desobedecería, Maestro. Perdona que lo diga.

Jesús sonríe.

–    ¿Ves cómo eres capaz de ser discípulo?

Isaac es un hombre que tiene alrededor de cincuenta y cinco años. 

Y dice:

–    ¡Oh, si sólo es para hacer esto!…

Creía que era más difícil, que se necesitase ir a aprender con los rabíes para servirte a Tí, Rabí de los rabíes… E ir a aprender cuando se es anciano…

–    Tú ya has aprendido todo lo que se enseña en una escuela, Isaac.

–    ¿Yo? No.

–    Tú, sí. ¿No has seguido creyendo y amando, respetando y bendiciendo a Dios y al prójimo, evitando tener envidias, o desear lo ajeno, e incluso lo que era tuyo y ya no tenías?

¿No has seguido diciendo sólo la verdad, aunque ello te perjudicase?

¿No has evitado fornicar con Satanás cometiendo pecados? ¿No has hecho todo esto en estos treinta años de desventura?

–    Sí, Maestro.

–   ¿Ves? Ya has concluido los estudios. Sigue así y añade la manifestación de mi presencia en el mundo. No hay nada más que hacer.

–    Ya te he predicado. Señor Jesús.

A los niños que se acercaban cuando sin apenas poder sostenerme en pie, llegué a este pueblo.

Pidiendo un pan y haciendo todavía algunos trabajos de esquilador o haciendo productos lácteos.

Y luego, cuando venían alrededor de mi cama, cuando ya la enfermedad se había hecho fuerte y me había aniquilado desde la cintura para abajo.

Les hablaba de ti a los niños de entonces y a los niños de ahora, hijos de aquellos…

Los niños son buenos y creen siempre…

Hablaba de cuándo habías nacido… de los ángeles… de la Estrella y de los Magos…

Y de tu Madre…

¡Dime!: ¿Vive?

–    Vive y te envía saludos. Siempre hablaba de vosotros.

–    ¡Quién pudiera verla!

–    La verás. Irás un día a mi casa. María te saludará con la palabra «amigo».

–    María… sí. Decir ese nombre es como tener miel en la boca…

Hay una mujer en Yuttá, ahora es ya mujer madre desde hace poco de su cuarto hijo, que entonces era una niña, una de mis pequeñas amigas…

Bueno, pues a sus hijos les ha puesto por nombre: María y José a los dos primeros.

Y no atreviéndose a llamar al tercero Jesús, lo ha llamado Emmanuel, como signo de bendición para sí misma, para su casa y para Israel.

Y está pensando en qué nombre ponerle al cuarto, que ha nacido hace seis días.

¡Ah, cuando sepa que estoy curado, y que Tú estás aquí!… Buena como el pan hecho por la propia madre es Sara e igualmente Joaquín, su esposo.

¿Y sus familiares? Por ellos estoy vivo. Siempre me han dado posada y me han ayudado.

–    Vamos adonde ellos a pedir alojamiento para las horas de sol y llevarles bendición por su caridad.

–    Por aquí, Maestro. Más cómodo para el rebaño y más oportuno para pasar desapercibido a la gente, que ciertamente está agitada.

La anciana que me ha visto ponerme en pie, ya debe haber hablado.

Siguen el torrente; lo dejan más al sur para tomar un sendero en subida más bien pronunciada a lo largo de un espolón del monte en forma de quilla de nave. 

Ahora el torrente va en dirección contraria a quien sube; discurre en el fondo, entre dos cadenas montañosas que se entrecruzan formando un valle accidentado y hermoso.

Llegan hasta una tapia sin argamasa que delimita la propiedad que desciende bruscamente hacia el valle.

Está rodeada por los prados con los manzanos, las higueras y los nogales.

Ahí está la casa blanca grande, con su ala saliente que protege la escalera formando un pórtico y mirador.

Sobresale la pequeña cúpula en la parte más alta y el huerto-jardín con el pozo, la pérgola, los cuadros…

Un gran murmullo sale de la casa.

Isaac se adelanta, entra llamando con fuerte voz:

–      ¡María, José, Emmanuel! ¿Dónde estáis? Venid aquí con Jesús.

 

Acuden tres críos: una niña de casi cinco años y dos niños de los cuatro a los dos, el último todavía con el paso un poco inseguro.

Se quedan con la boca abierta ante el… ‘resucitado‘.

Luego la niña grita:

–    ¡Isaac! ¡Mamá! ¡Isaac está aquí! ¡Es verdad lo que ha visto Judit!

De una habitación donde hay gran murmullo de voces, sale una mujer.

Es la madre de lozano aspecto, morena, alta, exuberante, hermosa toda con sus vestidos de fiesta:

Trae un vestido de cándido lino, como una rica túnica, que desciende hasta los tobillos formando pliegues.

Y que está ceñida a las caderas por un chal de rayas multicolores que pende con flecos hasta la rodilla, por detrás.

Ella lo mira asombrada, diciendo:

–     ¡Isaac! ¿Pero cómo es posible? Judit… Creía que el sol le había hecho perder la cabeza… ¡Andas!… ¿Qué sucedió?

–     ¡El Salvador! ¡Oh! ¡Sara! ¡Él es ya una realidad y ha venido!

–    ¿Quién? ¿Jesús de Nazaret? ¿Dónde está?

–     ¡Allí, detrás del nogal! ¡Y dice que si lo puedes recibir!

–     ¡Joaquín! ¡Madre! ¡Todos! ¡Venid! ¡Está aquí el Mesías!

Salen todos corriendo: mujeres, hombres, muchachos, niños; salen dando gritos, chillando…

Pero, al ver a Jesús, alto y majestuoso, pierden toda vehemencia y quedan como petrificados.

Jesús saluda:

–      Paz a esta casa y a todos vosotros, la paz y la bendición de Dios

Jesús se dirige despacio, sonriente, hacia el grupo de personas:  

–     Amigos, ¿queréis recibir en vuestra casa al Viandante? – y sonríe aún más.

Su sonrisa vence los temores.

El esposo tiene el valor de hablar:

–     Entra, Mesías. Si te hemos amado sin conocerte, más te amaremos conociéndote.

La casa hoy está de fiesta por tres cosas: por Tí, por Isaac y por la circuncisión de mi tercer hijo varón. Bendícelo, Maestro.

¡Mujer, trae al niño! Entra, Señor.

Entran en una estancia adornada para fiesta: mesas, viandas, alfombras y ramilletes por todas partes.

Vuelve Sara con un recién nacido en los brazos y se lo presenta a Jesús.

–     Dios esté con él, siempre. ¿Qué nombre tiene?

–     Ninguno. Ésta es María, éste es José, éste es Emmanuel, éste… no tiene nombre todavía…

Jesús mira fijamente a los dos esposos, uno al lado del otro.

Sonríe diciendo:

–    Pensad un nombre, si hoy debe ser circuncidado…

Los dos se miran, lo miran, abren los labios, los cierran sin decir nada.

Todos están atentos.

Jesús insiste:

–    Muchos nombres grandes, dulces, benditos, tiene la historia de Israel más dulces y benditos ya han sido puestos, pero quizás quede todavía alguno.

A una voz los dos esposos exclaman:

–    ¡El tuyo, Señor!

Y la esposa añade:  

–    Pero es demasiado santo…

Jesús sonríe y pregunta:

–   ¿Cuándo se le circuncida?.

–    Estamos esperando al que lo hace.

–    Estaré presente en la ceremonia.

Bien, antes de nada os doy las gracias por mi Isaac. Ahora ya no tiene necesidad de los buenos, pero los buenos siguen teniendo necesidad de Dios.

Llamasteis al tercero «Dios con nosotros».  A Dios lo tuvisteis desde que tuvisteis caridad con mi siervo.

Benditos seáis. En la Tierra y en el Cielo será recordada vuestra acción.

–    ¿Isaac se va ahora? ¿Nos deja?

–    ¿Os duele? Él debe servir a su Maestro. No obstante, volverá, y Yo también vendré.

Vosotros, entre tanto, hablaréis del Mesías… ¡Hay tanto que decir para convencer al mundo!… 

José el esposo, señala:

–    Llega la persona que esperábamos.

Entra un personaje pomposo con un sirviente.

Hay saludos y reverencias.

El hombre pregunta con altiva gravedad:

–   ¿Dónde está el niño?

Joaquín el esposo, señala:

–    Aquí está. Pero antes saluda al Mesías, está aquí.

–    ¿El Mesías?… ¿El que ha curado a Isaac? Ya, ya lo sé.

Hablaremos de esto en otro momento. Tengo mucha prisa. Rápido, el niño y su nombre.

Los presentes se sienten desconcertados por los modales del hombre.

Jesús, sin embargo, sonríe como si los desaires no tuvieran que ver con Él.

Toma al pequeñuelo, le toca en la frente con sus hermosos dedos, como para consagrarlo.

Y dice:

–    Su nombre es Iesaí

Y se lo vuelve a dar al padre; el cual, con el hombre soberbio y con otros, va a una habitación cercana.

Jesús se queda dónde está, hasta que regresan con el infante, que viene chillando desesperadamente.

Jesús, para consolar a la angustiada madre dice:

–   Dame al pequeñuelo, mujer. Dejará de llorar.

El niño, cuando es depositado en las rodillas de Jesús, efectivamente se calla. 

Jesús forma un grupo aparte, con todos los niños alrededor. 

Enseguida se agregan los pastores y los discípulos.

Afuera se oye balar a las ovejas, Elías las ha metido en el aprisco.

En la casa hay rumor de fiesta.

Traen dulces y bebidas a Jesús y a los suyos.

Pero Jesús distribuye éstas entre los pequeños.

Joaquín pregunta:

–   ¿No bebes Maestro? ¿No lo aceptas? Te lo damos de corazón.

–   Lo sé, Joaquín, y lo acepto de corazón.

Pero déjame que primero dé gusto a los pequeñuelos; ellos constituyen mi alegría…

Isaac interviene:

–    No hagas caso de ese hombre, Maestro.

–    No, Isaac. Ruego porque vea la Luz.

Jesús se vuelve hacia su predilecto:

–   Juan, lleva a los dos niños a ver las ovejas. 

Y a la niña mayor le dice:

–    Y tú, María, acércate más y dime:

 –   ¿Quién soy Yo?

Ella dice muy solemne:

–     Tú eres Jesús, Hijo de María de Nazaret, nacido en Belén.

Isaac te vio y me puso el nombre de tu Mamá para que yo fuera buena.

–     Tienes que ser buena como el ángel de Dios.

Más pura que una azucena florecida en las altas cumbres, pía como el levita más santo, para imitarla. ¿Lo serás?

–    Sí, Jesús.

Judas la corrige:

–    Di «Maestro» o «Señor», niña.

Jesús declara:

–    Deja que me llame con mi Nombre, Judas. Sólo pasando por labios inocentes no pierde el sonido que tiene en los labios de mi Madre.

Todos, en los siglos futuros pronunciarán ese Nombre, pero unos por un interés, otros por otro… y muchos para hacerlo objeto de blasfemia.

Sólo los inocentes, sin cálculo y sin odio, lo pronunciarán con amor semejante al de esta pequeña y al de mi Madre.

Incluso los pecadores, sintiéndose necesitados de piedad, me invocarán.

¡Sin embargo, mi Madre y los niños…!

¿Por qué me llamas Jesús? – pregunta, acariciando a la pequeña.

La niña levanta su carita, abraza sus rodillas y…

responde riendo:

–    Porque te quiero… como a mi padre, a mamá y a mis hermanitos.

Jesús se inclina y la besa…

25 LOS PRIMEROS ADORADORES


25 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Las alturas se hacen mucho más elevadas y boscosas que las de Belén; suben cada vez más, transformándose en una verdadera cadena montañosa.

Jesús va el primero, proyectando su mirada hacia delante y alrededor, como buscando algo. No habla.

Escucha más las voces del arbolado, que las de los discípulos, que van unos metros detrás de Él, hablando bajo entre sí. 

(Todo en la Creación está vivo, tiene su reflejo en el mundo espiritual y la Naturaleza canta alabanzas al Señor. Y con el alma VIVIENTE y el sentido del Oído espiritual despierto, percibimos el mundo espiritual y podemos comunicarnos con todas las creaturas. La SINTONÍA, es el AMOR. Por eso tanto el profeta Daniel como San Francisco de Asís, entonaron los cánticos de Alabanza)

Una esquila suena lejana, pero el viento porta su campanilleo.

Jesús sonríe.

Se vuelve y dice:

–    Oigo algunas ovejas.

Simón pregunta:

–    ¿Dónde, Maestro?

–     Me parece que hacia aquella colina. Pero el bosque no me deja ver.

Juan, sin decir una palabra se quita la túnica, el manto lo llevan todos en bandolera enrollado, porque tienen calor.

Se queda sólo con la prenda corta y abraza el tronco alto y liso de un fresno.

Y sube…

Sube hasta que puede ver.

Baja rápido y dice:

–    Sí, Maestro. Hay muchos rebaños y tres pastores. Allí, detrás de aquella espesura.

Vuelven a caminar ya seguros.

–   ¿Serán ellos?

–    Preguntaremos, Simón; si no son, nos sabrán decir algo… Se conocen entre ellos.

Avanzan unos cien metros más, luego un amplio pacedero verde, del todo circundado de gruesos árboles añosos.

Se ven muchas ovejas en el prado ondulado, rozando la abundante hierba.

Tres hombres las custodian.

Uno es anciano, ya completamente cano, los otros parecen tener treinta años uno y el otro, unos cuarenta.

Jesús acelera el paso y…

Judas previene:

–    Cuidado, Maestro. Son pastores…

Pero Jesús ni siquiera responde.

Continúa, alto, hermoso, dándole el sol de poniente en el rostro, con su túnica blanca.

Se le ve tan luminoso, que parece un ángel…

Al llegar al lindero del prado, saluda:

–    La paz esté con vosotros, amigos.

Los tres se vuelven sorprendidos.

Silencio.

Luego el anciano pregunta:

–   ¿Quién eres?

–    Uno que te ama.

–    Serías el primero desde hace muchos años. ¿De dónde vienes?

–    De Galilea.

–   ¿De Galilea? ¡Ah!

El hombre lo mira atentamente.             

Los otros dos pastores se acercan y el anciano repite:

–    De Galilea.

Y añade en voz baja como para sí mismo:   

–    También El venía de Galilea…

Y vuelve a cuestionar:

–    ¿De qué lugar, Señor?

Jesús precisa:

–     De Nazaret.

La cara del anciano se ilumina e indaga:

–    ¡Ah! Entonces dime. ¿Ha regresado un Niño, con una mujer de nombre María y un hombre de nombre José, un Niño aún más hermoso que su Madre? ¡Qué flor más encantadora jamás vi en las laderas de Judá!

Un Niño nacido en Belén de Judá, en tiempos del edicto. Un Niño que luego huyó, para gran fortuna del mundo. ¡Un Niño que… yo daría la vida por saber que vive y es ya un hombre!

–   ¿Por qué dices que el que huyera ha sido una gran fortuna para el mundo?

–    Porque Él era el Salvador, el Mesías. Y Herodes lo quería muerto.  Yo no estaba cuando huyó con su padre y su madre…

Cuando tuve noticias de la matanza y volví,  porque yo también tenía hijos (un sollozo) Señor… y mujer (sollozo) y sentía que los habían matado (otro sollozo).

Pero te juro por el Dios de Abraham, que temblaba por Él, más que por mi misma carne.

Luego supe que había huido. Y ni siquiera pude preguntar, ni siquiera pude recoger a mis criaturas degolladas… Me apedreaban como a un leproso, como a un inmundo, como a un asesino… 

Y tuve que huir a los bosques, llevar una vida de lobo… Hasta que encontré a un propietario de ganado.

Oh, pero no es como era Ana!…

Es duro y cruel… Si una oveja se disloca una pata, si el lobo me roba un cordero…

Recibo palos hasta sangrar, me quita mi poca paga o debo trabajar en los bosques para otros.

Hacer algo, pero pagar siempre el triple del valor.

Pero no importa. Siempre le he dicho al Altísimo:

«Que yo pueda ver a tu Mesías. Que al menos pueda saber que vive, y todo lo demás no es nada«.

Señor, te he referido cómo me trataron los de Belén y cómo me trata el patrón. Habría podido devolver mal por mal o hacer el mal robando, para no sufrir a causa del patrón.

Pero sólo he querido perdonar, sufrir, ser honesto, porque los ángeles dijeron:

«Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad«.

–    ¿Dijeron eso exactamente?

–     Sí, Señor créelo tú, tú al menos, que eres bueno. Conoce tú al menos y cree, que el Mesías ha nacido. Nadie quiere creerlo ya.

Pero los ángeles no mienten…

Y nosotros no estábamos borrachos como decían.

Éste, (señala al más joven) ¿Ves?, era un niño entonces.

Y fue el primero que vio al ángel. Sólo bebía leche. ¿Puede la leche emborracharlo a uno?

Los ángeles dijeron:

«Hoy en la ciudad de David ha nacido el Salvador que es Cristo, el Señor. Lo reconoceréis por esto: encontraréis a un Niño recostado en un pesebre, envuelto en pañales«.

–     ¿Dijeron eso exactamente? ¿No entendisteis mal? ¿No os equivocáis, después de tanto tiempo?

–     ¡Oh, no! ¿Verdad, Leví? Para no olvidarlo, ya de por sí no habríamos podido, porque eran palabras del Cielo y se escribieron con el fuego del Cielo en nuestros corazones.

 Todas las mañanas, todas las tardes, cuando sale el Sol, cuando brilla la primera estrella,

las recitamos como oración, como bendición, como fuerza y consuelo, con el Nombre de Él y de su Madre.

–     ¡Ah!, ¿Decís: «Cristo»?

–     No, Señor. Decimos: «Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad, por Jesucristo que nació de María en un establo de Belén y que siendo el Salvador del mundo, estaba envuelto en pañales en un pesebre».

–           Pero, en definitiva, ¿Vosotros a quién buscáis?

–          A Jesucristo, Hijo de María, el Nazareno, el Salvador.

A Jesús se le ilumina el Rostro, al manifestarse a estos tenaces adoradores suyos.

Tenaces, fieles, pacientes.

Y dice: 

–          Soy Yo.

Los tres se arrojan simultáneamente al suelo y besan los pies de Jesús llorando de alegría…

Exclamando:

–          ¡Tú!

–          ¡Oh!

–           ¡Señor, Salvador, Jesús nuestro!

Jesús dice feliz:

–           Levantaos.  

–           Levántate, Elías. Y tú, Leví.  Y tú, que no sé quién eres.

El pastor más joven responde:

–      José. Hijo de José.

Jesús presenta a sus compañeros:

–      Éstos son mis discípulos. Juan es galileo; Simón y Judas, judíos.

Los pastores ya no están rostro en tierra, pero sí todavía de rodillas, echados hacia atrás sobre los calcañares.

Adoran al Salvador, con ojos de amor, labios temblorosos de emoción, rostros pálidos o enrojecidos, de alegría.

Jesús se sienta en la hierba.

–      No, Señor. En la hierba Tú no, Rey de Israel.

–      No os preocupéis, amigos. Soy pobre; un carpintero, para el mundo. Rico sólo de amor para el mundo, y del amor que los buenos me dan.

He venido a estar con vosotros, a partir con vosotros el pan de la noche, a dormir a vuestro lado sobre el heno, a recibir consuelo de vosotros…

–     ¡Oh, consuelo! Somos incultos y estamos perseguidos.

–     Yo también lo estoy.

No obstante, vosotros me dais lo que busco: amor, fe y esperanza que resiste durante años y florece. ¿Veis?

Habéis sabido esperarme, creyendo sin ninguna duda que era Yo. Y Yo he venido.

–     ¡Oh, sí! Has venido. Ahora, aunque muera, ya nada me causa la pena de algo esperado y no obtenido.

–     No. Elías. Tú vivirás hasta después del triunfo del Cristo. Tú, que has visto mi alba, debes ver mi fulgor.

¿Y los otros? Erais doce: Elías, Leví, Samuel, Jonás, Isaac, Tobías, Jonatán, Daniel, Simeón, Juan, José, Benjamín.

Mi Madre me repetía siempre vuestros nombres como los de mis primeros amigos.

Los pastores lo miran emocionados.

–   ¡Oh!

Los pastores están cada vez más conmovidos.

Jesús indaga:

–   ¿Dónde están los demás?

–   El anciano Samuel, muerto de viejo hace veinte años.

A José lo mataron por combatir en la puerta del aprisco, para dar tiempo a su esposa, madre desde hacía pocas horas, de huir con éste; que yo recogí por amor de mi amigo y por…

Para seguir teniendo niños a mi alrededor.

También tomé conmigo a Leví… lo perseguían.

Benjamín es pastor en el Líbano con Daniel.

Simeón, Juan y Tobías, que ahora se hace llamar Matías en recuerdo de su padre, al cual también lo mataron, son discípulos de Juan.

Jonás está en la llanura de Esdrelón, al servicio de un fariseo.

Isaac tiene la espalda hecha cisco, está en la absoluta miseria y solo, está en Yuttá. Le ayudamos como podemos…

Pero estamos todos en la ruina y es como gotas de rocío en un incendio.

Jonatán es ahora siervo de un noble de Herodes.

–   ¿Cómo habéis logrado, especialmente Jonatán, Jonás, Daniel y Benjamín, conseguir estos trabajos?

–   Me acordé de Zacarías, tu pariente… Tu Madre me había enviado a él.

Cuando nos volvimos a juntar en las gargantas de Judea, fugitivos y malditos, los llevé donde Zacarías.

Fue bueno. Nos protegió, nos dio de comer. Nos buscó un patrón como pudo.

Yo ya había recibido del herodiano todo el rebaño de Ana… y me quedé a su servicio…

Cuando el Bautista llegó a la edad madura y empezó a predicar, Simeón, Juan y Tobías se fueron con él.

–     Pero ahora el Bautista está prisionero.

–     Sí. Y ellos vigilan en torno a Maqueronte, con un puñado de ovejas para no levantar sospechas.

Ovejas que les ha dado un hombre rico, discípulo de Juan, tu pariente.

–     Quisiera verlos a todos.

–     Sí, Señor. Iremos a decirles: «Venid, Él vive, Él se acuerda de nosotros y nos ama».

–     Y os quiere entre sus amigos.

–    Sí, Señor.

–    Pero en primer lugar, iremos adonde Isaac.

Samuel y José ¿Dónde están enterrados?

–    Samuel en Hebrón. Quedó al servicio de Zacarías.

José… no tiene tumba, Señor. Lo quemaron con la casa.

–    Pronto estará en la Gloria, no entre las llamas de los crueles, sino entre las llamas del Señor.

Yo os lo digo: a tí José, hijo de José, te lo digo. Ven, que Yo te bese para decir gracias a tu padre.

Elías pregunta:

–    ¿Y mis hijos?

–    Ángeles, Elías. Ángeles que repetirán el «Gloria» cuando el Salvador sea coronado.

–    ¿Rey?

–     No. Redentor. ¡Oh, cortejo de justos y santos! ¡Y delante las falanges blancas y purpúreas de los párvulos mártires!

Una vez abiertas las puertas del Limbo, subiremos juntos al Reino inmortal.

¡Y luego iréis vosotros y volveréis a encontrar padres, madres e hijos en el Señor! Creed.

–     Sí, Señor.

–    Llamadme Maestro. Llega la noche, nace la primera estrella. Di tu oración antes de la cena.

–    No yo. Tú.

–    Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad que han merecido ver la Luz y servirla. El Salvador se encuentra entre ellos.

El Pastor de la estirpe real está en medio de su rebaño. La Estrella de la mañana ha nacido.

Regocijáos, justos, regocijáos en el Señor! Él, que ha hecho la bóveda de los cielos y los ha sembrado de estrellas,

 Él, que puso como límite de las tierras los mares; Él, que ha creado los vientos y los rocíos, y regulado el curso de las estaciones para dar pan y vino a sus hijos.

Ved cómo ahora os manda un Alimento más elevado: el Pan vivo que baja del Cielo, el Vino de la eterna Vid.

 Venid vosotros, primicias de mis adoradores, venid a conocer al Padre en verdad, para seguirlo en santidad y obtener así eterno premio. 

Jesús ha orado en pie con los brazos extendidos; los discípulos y los pastores están de rodillas.

Después se distribuye pan y una escudilla de leche acabada de ordeñar.

Y dado que son tres los tazones de calabazas vaciadas, primero comen Jesús, Simón y Judas.

Luego Juan, al cual Jesús le pasa su taza, con Leví y José.

Elías come el último.

Las ovejas no pastan más, se reúnen en un gran grupo compacto en espera de ser conducidas a su aprisco.

Los tres pastores las conducen al bosque, debajo de un rústico cobertizo de ramas cercado con cuerdas.

Ellos se ponen a prepararles a Jesús y a los discípulos un lecho de heno.

Se encienden algunos fuegos, para ahuyentar los animales salvajes.

Judas y Juan cansados se echan, y al poco tiempo ya están dormidos.

Simón querría hacerle compañía a Jesús, pero al cabo de un poco él también se queda dormido, sentado en el heno y con la espalda apoyada en un poste.

Permanecen despiertos Jesús y los pastores.

Y hablan:

De José, de María, de la huida a Egipto, del regreso…

Luego, después de estas preguntas de amor, llegan las preguntas más elevadas:

¿Qué hacer para servir a Jesús? ¿Cómo hacerlo ellos, rudos pastores?

 Jesús instruye y explica:

–      Ahora Yo voy por Judea. Los discípulos os tendrán siempre al corriente. Después os llamaré. Entretanto, reuníos.

Que cada uno tenga noticias de los demás y que sepan que Yo estoy en el mundo, como Maestro y Salvador.

 Y como podáis, manifestadlo a otras gentes.

No os prometo que seréis creídos. Yo he recibido escarnio y golpes, vosotros también los recibiréis.

Pero, de la misma forma que habéis sabido ser fuertes y justos en esta espera, sedlo más aún ahora que sois míos.

Mañana iremos hacia Yuttá. Luego a Hebrón.

¿Podéis venir?

–    ¡Oh, sí! Los caminos son de todos y los pastos son de Dios.

Sólo Belén nos está vedada, a causa de un odio injusto.

Los otros pueblos saben todo… pero se conforman con burlarse de nosotros llamándonos borrachos.

Por eso poco podremos hacer aquí.

–    Os llamaré a otro lugar. No os abandonaré.

–    ¿Durante toda la vida?

–     Durante toda mi vida.

–     No. Antes moriré yo, Maestro. Soy viejo.

–    ¿Tú crees? Yo no. Uno de los primeros rostros que vi fue el tuyo, Elías y será uno de los últimos.  Me llevaré conmigo en mi pupila tu rostro desencajado, a causa del dolor por mi muerte.

Pero luego será el tuyo el que lleve en el corazón lo radiante de una mañana triunfal y con él esperarás la muerte…

La muerte: el encuentro eterno con el Jesús que adoraste cuando era pequeñito.

También entonces los ángeles cantarán el Gloria: «por el hombre de buena voluntad».

28 ISACC APÓSTOL PRIMICIA


28 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Apenas está amaneciendo en el fresco valle rumoroso, lleno de aguas que van hacia el sur entre saltos y espumas del pequeño torrente argentino, que asperja su frescura sobre los herbazales de las orillas.

Y pareciera como si su linfa subiese también por las pendientes, por el verdor de éstas.

Son las laderas esmeraldas de verde veteado que sube desde el nivel del suelo, a través de los matorrales y los arbustos del monte bajo, hasta las copas de los altos árboles.

Donde hay muchos nogales entre un bosque salpicado de zonas abiertas y rellanos exuberantes de pasto sano y nutritivo para el ganado.

Jesús desciende con los suyos y con los tres pastores, hacia el torrente.

Pacientemente se detiene cuando hay que esperar a una oveja que se queda rezagada…

O a uno de los pastores que debe ir por una cordera que se desvía.

Ahora es exactamente el Buen Pastor.

También Él se ha procurado una larga rama para apartar los ramajes de las móreas,  de los espinos y clemátides que salen al paso por todas partes, tratando de atrapar los vestidos.

Ello completa su figura de pastor.

Elías dice:

–    ¿Ves? Yuttá está allá arriba. Ahora cruzaremos el torrente; hay un vado por el que se puede pasar en verano, sin necesidad de recurrir al puente. Habría sido más breve venir por Hebrón, pero no has querido.

Jesús reponde:

–    No. A Hebrón después. Siempre primero, donde están los que sufren.

Los muertos ya no sufren, cuando son justos. Y Samuel era un justo.

Además, para los muertos que necesitan oraciones, no es necesario estar junto a sus huesos para ofrecerlas.

Los huesos, ¿Qué son? Prueba del poder de Dios, que con la tierra creó al hombre. Nada más.

También los animales tienen huesos, aunque su esqueleto es menos perfecto que el del hombre.

Sólo el hombre rey de la Creación tiene posición erecta, como rey que está por encima de sus súbditos.

Y su rostro mira recto y hacia arriba sin necesidad de torcer el cuello.

Hacia arriba, donde está la morada del Padre. Pero no son más que huesos, polvo que vuelve a ser polvo.

La Bondad eterna ha decidido reconstruirlos en el Día eterno para proporcionarles a los bienaventurados un gozo aún más vivo.

Pensad: no sólo los espíritus serán reunidos y se amarán como y mucho más que  en la Tierra; que incluso gozarán de volverse a ver con el aspecto que tuvieron en la Tierra:

los niños de pelo rizado y tiernos como los tuyos, Elías.

Los padres y las madres de un corazón y de un rostro todo amor como los vuestros, Leví y José.

Es más, para ti, José, significará el conocer por fin esos rostros cuya nostalgia sientes.

Ya no habrá huérfanos, ni viudos, entre los justos, allá arriba…

En cualquier parte se puede ofrecer sufragio por los muertos.

Es oración de un espíritu, por el espíritu de quien estaba con nosotros al Espíritu perfecto, que es Dios y que está en todas partes.

¡Oh, santa libertad de todo lo que es espiritual! Ni distancias, ni destierros, ni prisiones, ni sepulcros…

Nada que divida o encadene reduciendo a penosa impotencia lo que está fuera o por encima de las cadenas de la carne.

Vosotros vais, con la parte mejor de vosotros, a vuestras personas queridas; ellos, con su parte mejor, vienen a vosotros.

Y todo gira, con esta efusión de espíritus que se aman, en torno al Fulcro eterno, a Dios: Espíritu perfectísimo, Creador de todo cuanto fue, es y será.

Amor que os ama y os enseña a amar… Pero… hemos llegado al vado, creo.

Veo una fila de piedras que sobresale de la poca agua del fondo.

–     Sí, es aquél, Maestro.

En tiempo de crecida es una cascada rumorosa, ahora no es más que siete hilos de agua que ríen entre las seis voluminosas piedras del vado.

En efecto, seis piedras de gran tamaño, bastante regulares, están depositadas, a un poco más de un palmo de distancia entre sí, sobre el fondo del torrente,

Y el agua, que hasta este punto formaba un única cinta brillante, se separa en siete cintas menores dándose prisa en reunirse pasado el vado, en un único frescor que sigue su curso entre los cantos del fondo.

Los pastores vigilan el paso de las ovejas, de las cuales una parte pasa por encima de las piedras y otra parte prefiere meterse en el agua, de no más de un palmo de profundidad.

Y beber en esta diamantina ola que espuma y ríe.

Jesús pasa por las piedras y detrás de El los discípulos.

Continúan caminando por la otra margen del torrente.

Elías pregunta

–    ¿Me has dicho que quieres que Isaac sepa de tu Presencia, pero sin entrar en el pueblo?.

–    Sí, así lo deseo.

–    Entonces conviene que nos separemos.

Yo iré a verlo, Leví y José se quedarán con el rebaño y con vosotros. Subo por aquí. Tardaré menos.

Elías afronta la subida de la abrupta pendiente, hacia unas casas que arriba  muestran su blancura resplandeciendo al sol.

Llega ante las primeras casas, entra por una pequeña bocacalle entre casas y huertos. Continúa caminando algunas decenas de metros.

Tuerce y va a dar a una calle más ancha, que lo lleva a una plaza donde está todavía el mercado, donde  amas de casa y vendedores se desgañitan en torno a los árboles que dan sombra a la plaza.

Elías camina con seguridad hasta el punto en que la plaza vuelve a ser una calle bastante bonita, quizás la más bonita del pueblo.

En la esquina hay una mísera  habitación con la puerta abierta.

Casi en la entrada hay una cama de pobre aspecto y encima de ella un esquelético enfermo que gimiendo, pide un óbolo a todos los que pasan.

Elías entra como un cohete.

–    Isaac… soy yo.

–   ¿Tú? No te esperaba. Has venido la pasada luna.

–    Isaac… Isaac… ¿Sabes por qué he venido?

–    No lo sé… Estás emocionado… ¿Qué sucede?

–    He visto a Jesús de Nazaret, ya hombre y rabí. Ha venido a buscarme… Y quiere vernos.

¡Oh! ¡Isaac! ¿Te sientes mal?

Isaac parece desmayarse, pero toma nuevas fuerzas.

–    No. La noticia… ¿Dónde está? ¿Cómo es? ¡Oh, si pudiera verlo!

–    Está abajo, hacia el valle. Me manda a decirte  exactamente en estos términos: «Ven, Isaac, que quiero verte y bendecirte».

Ahora voy a llamar a alguien que me ayude a llevarte abajo.

–    ¿Ha dicho eso?

Isaac echa hacia arriba las cobijas, mueve las piernas inertes, las saca fuera del jergón…

Y las apoya con fuerza en el suelo.

Elías lo mira asombrado y dice:

–    Eso. Pero, ¿Qué haces?

–    Me pongo en camino.

Se levanta, aún un poco inseguro y tambaleante.

Todo en un instante, ante la mirada atónita de Elías…

Que acaba entendiendo y da un grito…

Se asoma una mujer curiosa, ve al enfermo en pie, cubriéndose — no tiene otra cosa — con una de las cobijas,

Y se echa a correr gritando como una gallina.

Isaac lo urge:

–    Vamos… vamos por aquí, para tardar menos y no toparnos con mucha gente… Rápido, Elías.

Y salen corriendo por la puertecita de un huertecillo posterior.

Empujan la puerta de ramas secas, están afuera; marchan rápidamente por una calleja miserable, luego abajo por un camino entre huertos.

Y continúan bajando, por los prados y arboledas, hasta el torrente.

Elías señala a un centenar de metros…

–    Allí está Jesús. Es Aquél alto, hermoso, rubio, vestido de blanco, con el manto rojo…

Isaac corre, abre el rebaño que pace… 

Y con un grito de triunfo, de alegría, de adoración, se postra a los pies de Jesús.

Que dice sonriente:

–    Levántate, Isaac. He venido a traerte paz y bendición.

Levántate, que quiero saber cómo es tu rostro.

Pero Isaac no puede levantarse. Han sido demasiadas emociones juntas.

Se queda, con su feliz llanto, contra el suelo.

–    Has venido inmediatamente. No te has preguntado si podías…

–   Tú me has dicho que viniera… Y he venido.

Elías interviene:

–    Ni siquiera ha cerrado la puerta, ni ha recogido las limosnas, Maestro.

–    No importa. Los ángeles estarán en su casa vigilando. ¿Estás contento, Isaac?

–    ¡Oh, Señor!

–    Llámame Maestro.

–    Sí, Señor, Maestro mío. Aunque no estuviera curado, me habría sentido dichoso de verte.

¿Cómo he podido obtener de Tí tanta gracia?

–    Por tu fe y paciencia, Isaac. Sé lo que has sufrido…

–    ¡Nada, nada! ¡Ya nada! ¡Te he encontrado a Tí! ¡Vives! ¡Existes! Esto sí que es real…

Lo demás, todo lo demás, pertenece al pasado. Pero, Señor y Maestro, ahora ya no te vas, ¿Verdad?.

–    Isaac, tengo todo Israel que evangelizar. Yo parto…

Pero, si bien es cierto que no puedo quedarme, tú sí me puedes servir y seguir. ¿Quieres ser mi discípulo, Isaac?

–   ¡No voy a servir!

–   ¿Sabrás confesar mi presencia en el mundo? ¿Confesarlo contra las burlas y las amenazas?

¿Y decir que Yo te he llamado y has venido?

–    Aunque Tú no quisieras, diría todo eso. En esto te desobedecería, Maestro. Perdona que lo diga.

Jesús sonríe.

–    ¿Ves cómo eres capaz de ser discípulo?

Isaac es un hombre que tiene alrededor de cincuenta y cinco años. 

Y dice:

–    ¡Oh, si sólo es para hacer esto!…

Creía que era más difícil, que se necesitase ir a aprender con los rabíes para servirte a Tí, Rabí de los rabíes… E ir a aprender cuando se es anciano…

–    Tú ya has aprendido todo lo que se enseña en una escuela, Isaac.

–    ¿Yo? No.

–    Tú, sí. ¿No has seguido creyendo y amando, respetando y bendiciendo a Dios y al prójimo, evitando tener envidias, o desear lo ajeno, e incluso lo que era tuyo y ya no tenías?

¿No has seguido diciendo sólo la verdad, aunque ello te perjudicase?

¿No has evitado fornicar con Satanás cometiendo pecados? ¿No has hecho todo esto en estos treinta años de desventura?

–    Sí, Maestro.

–   ¿Ves? Ya has concluido los estudios. Sigue así y añade la manifestación de mi presencia en el mundo. No hay nada más que hacer.

–    Ya te he predicado. Señor Jesús.

A los niños que se acercaban cuando sin apenas poder sostenerme en pie, llegué a este pueblo.

Pidiendo un pan y haciendo todavía algunos trabajos de esquilador o haciendo productos lácteos.

Y luego, cuando venían alrededor de mi cama, cuando ya la enfermedad se había hecho fuerte y me había aniquilado desde la cintura para abajo.

Les hablaba de ti a los niños de entonces y a los niños de ahora, hijos de aquellos…

Los niños son buenos y creen siempre…

Hablaba de cuándo habías nacido… de los ángeles… de la Estrella y de los Magos…

Y de tu Madre…

¡Dime!: ¿Vive?

–    Vive y te envía saludos. Siempre hablaba de vosotros.

–    ¡Quién pudiera verla!

–    La verás. Irás un día a mi casa. María te saludará con la palabra «amigo».

–    María… sí. Decir ese nombre es como tener miel en la boca…

Hay una mujer en Yuttá, ahora es ya mujer madre desde hace poco de su cuarto hijo, que entonces era una niña, una de mis pequeñas amigas…

Bueno, pues a sus hijos les ha puesto por nombre: María y José a los dos primeros.

Y no atreviéndose a llamar al tercero Jesús, lo ha llamado Emmanuel, como signo de bendición para sí misma, para su casa y para Israel.

Y está pensando en qué nombre ponerle al cuarto, que ha nacido hace seis días.

¡Ah, cuando sepa que estoy curado, y que Tú estás aquí!… Buena como el pan hecho por la propia madre es Sara e igualmente Joaquín, su esposo.

¿Y sus familiares? Por ellos estoy vivo. Siempre me han dado posada y me han ayudado.

–    Vamos adonde ellos a pedir alojamiento para las horas de sol y llevarles bendición por su caridad.

–    Por aquí, Maestro. Más cómodo para el rebaño y más oportuno para pasar desapercibido a la gente, que ciertamente está agitada.

La anciana que me ha visto ponerme en pie, ya debe haber hablado.

Siguen el torrente; lo dejan más al sur para tomar un sendero en subida más bien pronunciada a lo largo de un espolón del monte en forma de quilla de nave. 

Ahora el torrente va en dirección contraria a quien sube; discurre en el fondo, entre dos cadenas montañosas que se entrecruzan formando un valle accidentado y hermoso.

Llegan hasta una tapia sin argamasa que delimita la propiedad que desciende bruscamente hacia el valle.

Está rodeada por los prados con los manzanos, las higueras y los nogales.

Ahí está la casa blanca grande, con su ala saliente que protege la escalera formando un pórtico y mirador.

Sobresale la pequeña cúpula en la parte más alta y el huerto-jardín con el pozo, la pérgola, los cuadros…

Un gran murmullo sale de la casa.

Isaac se adelanta, entra llamando con fuerte voz:

–      ¡María, José, Emmanuel! ¿Dónde estáis? Venid aquí con Jesús.

Acuden tres críos: una niña de casi cinco años y dos niños de los cuatro a los dos, el último todavía con el paso un poco inseguro.

Se quedan con la boca abierta ante el… ‘resucitado‘.

Luego la niña grita:

–    ¡Isaac! ¡Mamá! ¡Isaac está aquí! ¡Es verdad lo que ha visto Judit!

De una habitación donde hay gran murmullo de voces, sale una mujer.

Es la madre de lozano aspecto, morena, alta, exuberante, hermosa toda con sus vestidos de fiesta:

Trae un vestido de cándido lino, como una rica túnica, que desciende hasta los tobillos formando pliegues.

Y que está ceñida a las caderas por un chal de rayas multicolores que pende con flecos hasta la rodilla, por detrás.

Ella lo mira asombrada, diciendo:

–     ¡Isaac! ¿Pero cómo es posible? Judit… Creía que el sol le había hecho perder la cabeza… ¡Andas!… ¿Qué sucedió?

–     ¡El Salvador! ¡Oh! ¡Sara! ¡Él es ya una realidad y ha venido!

–    ¿Quién? ¿Jesús de Nazaret? ¿Dónde está?

–     ¡Allí, detrás del nogal! ¡Y dice que si lo puedes recibir!

–     ¡Joaquín! ¡Madre! ¡Todos! ¡Venid! ¡Está aquí el Mesías!

Salen todos corriendo: mujeres, hombres, muchachos, niños; salen dando gritos, chillando…

Pero, al ver a Jesús, alto y majestuoso, pierden toda vehemencia y quedan como petrificados.

Jesús saluda:

–      Paz a esta casa y a todos vosotros, la paz y la bendición de Dios

Jesús se dirige despacio, sonriente, hacia el grupo de personas:  

–     Amigos, ¿queréis recibir en vuestra casa al Viandante? – y sonríe aún más.

Su sonrisa vence los temores.

El esposo tiene el valor de hablar:

–     Entra, Mesías. Si te hemos amado sin conocerte, más te amaremos conociéndote.

La casa hoy está de fiesta por tres cosas: por Tí, por Isaac y por la circuncisión de mi tercer hijo varón. Bendícelo, Maestro.

¡Mujer, trae al niño! Entra, Señor.

Entran en una estancia adornada para fiesta: mesas, viandas, alfombras y ramilletes por todas partes.

Vuelve Sara con un recién nacido en los brazos y se lo presenta a Jesús.

–     Dios esté con él, siempre. ¿Qué nombre tiene?

–     Ninguno. Ésta es María, éste es José, éste es Emmanuel, éste… no tiene nombre todavía…

Jesús mira fijamente a los dos esposos, uno al lado del otro.

Sonríe diciendo:

–    Pensad un nombre, si hoy debe ser circuncidado…

Los dos se miran, lo miran, abren los labios, los cierran sin decir nada.

Todos están atentos.

Jesús insiste:

–    Muchos nombres grandes, dulces, benditos, tiene la historia de Israel más dulces y benditos ya han sido puestos, pero quizás quede todavía alguno.

A una voz los dos esposos exclaman:

–    ¡El tuyo, Señor!

Y la esposa añade:  

–    Pero es demasiado santo…

Jesús sonríe y pregunta:

–   ¿Cuándo se le circuncida?.

–    Estamos esperando al que lo hace.

–    Estaré presente en la ceremonia.

Bien, antes de nada os doy las gracias por mi Isaac. Ahora ya no tiene necesidad de los buenos, pero los buenos siguen teniendo necesidad de Dios.

Llamasteis al tercero «Dios con nosotros».  A Dios lo tuvisteis desde que tuvisteis caridad con mi siervo.

Benditos seáis. En la Tierra y en el Cielo será recordada vuestra acción.

–    ¿Isaac se va ahora? ¿Nos deja?

–    ¿Os duele? Él debe servir a su Maestro. No obstante, volverá, y Yo también vendré.

Vosotros, entre tanto, hablaréis del Mesías… ¡Hay tanto que decir para convencer al mundo!… 

José el esposo, señala:

–    Llega la persona que esperábamos.

Entra un personaje pomposo con un sirviente.

Hay saludos y reverencias.

El hombre pregunta con altiva gravedad:

–   ¿Dónde está el niño?

Joaquín el esposo, señala:

–    Aquí está. Pero antes saluda al Mesías, está aquí.

–    ¿El Mesías?… ¿El que ha curado a Isaac? Ya, ya lo sé.

Hablaremos de esto en otro momento. Tengo mucha prisa. Rápido, el niño y su nombre.

Los presentes se sienten desconcertados por los modales del hombre.

Jesús, sin embargo, sonríe como si los desaires no tuvieran que ver con Él.

Toma al pequeñuelo, le toca en la frente con sus hermosos dedos, como para consagrarlo.

Y dice:

–    Su nombre es Iesaí

Y se lo vuelve a dar al padre; el cual, con el hombre soberbio y con otros, va a una habitación cercana.

Jesús se queda dónde está, hasta que regresan con el infante, que viene chillando desesperadamente.

Jesús, para consolar a la angustiada madre dice:

–   Dame al pequeñuelo, mujer. Dejará de llorar.

El niño, cuando es depositado en las rodillas de Jesús, efectivamente se calla. 

Jesús forma un grupo aparte, con todos los niños alrededor. 

Enseguida se agregan los pastores y los discípulos.

Afuera se oye balar a las ovejas, Elías las ha metido en el aprisco.

En la casa hay rumor de fiesta.

Traen dulces y bebidas a Jesús y a los suyos.

Pero Jesús distribuye éstas entre los pequeños.

Joaquín pregunta:

–   ¿No bebes Maestro? ¿No lo aceptas? Te lo damos de corazón.

–   Lo sé, Joaquín, y lo acepto de corazón.

Pero déjame que primero dé gusto a los pequeñuelos; ellos constituyen mi alegría…

Isaac interviene:

–    No hagas caso de ese hombre, Maestro.

–    No, Isaac. Ruego porque vea la Luz.

Jesús se vuelve hacia su predilecto:

–   Juan, lleva a los dos niños a ver las ovejas. 

Y a la niña mayor le dice:

–    Y tú, María, acércate más y dime:

 –   ¿Quién soy Yo?

Ella dice muy solemne:

–     Tú eres Jesús, Hijo de María de Nazaret, nacido en Belén.

Isaac te vio y me puso el nombre de tu Mamá para que yo fuera buena.

–     Tienes que ser buena como el ángel de Dios.

Más pura que una azucena florecida en las altas cumbres, pía como el levita más santo, para imitarla. ¿Lo serás?

–    Sí, Jesús.

Judas la corrige:

–    Di «Maestro» o «Señor», niña.

Jesús declara:

–    Deja que me llame con mi Nombre, Judas. Sólo pasando por labios inocentes no pierde el sonido que tiene en los labios de mi Madre.

Todos, en los siglos futuros pronunciarán ese Nombre, pero unos por un interés, otros por otro… y muchos para hacerlo objeto de blasfemia.

Sólo los inocentes, sin cálculo y sin odio, lo pronunciarán con amor semejante al de esta pequeña y al de mi Madre.

Incluso los pecadores, sintiéndose necesitados de piedad, me invocarán.

¡Sin embargo, mi Madre y los niños…!

¿Por qué me llamas Jesús? – pregunta, acariciando a la pequeña.

La niña levanta su carita, abraza sus rodillas y…

responde riendo:

–    Porque te quiero… como a mi padre, a mamá y a mis hermanitos.

Jesús se inclina y la besa…

(Esta cronología continúa el 03 de Agosto)

27 LOS PRIMEROS ADORADORES


27 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Las alturas se hacen mucho más elevadas y boscosas que las de Belén; suben cada vez más, transformándose en una verdadera cadena montañosa.

Jesús va el primero, proyectando su mirada hacia delante y alrededor, como buscando algo. No habla.

Escucha más las voces del arbolado, que las de los discípulos, que van unos metros detrás de Él, hablando bajo entre sí. 

(Todo en la Creación está vivo, tiene su reflejo en el mundo espiritual y la Naturaleza canta alabanzas al Señor. 

Y con el alma VIVIENTE y el sentido del Oído espiritual despierto, percibimos el mundo espiritual y podemos comunicarnos con todas las creaturas.

La SINTONÍA, es el AMOR.

Por eso tanto el profeta Daniel como San Francisco de Asís, entonaron los cánticos de Alabanza)

Una esquila suena lejana, pero el viento porta su campanilleo.

Jesús sonríe.

Se vuelve y dice:

–    Oigo algunas ovejas.

Simón pregunta:

–    ¿Dónde, Maestro?

–     Me parece que hacia aquella colina.

Pero el bosque no me deja ver.

Juan, sin decir una palabra se quita la túnica;

el manto lo llevan todos en bandolera enrollado, porque tienen calor.

Se queda sólo con la prenda corta y abraza el tronco alto y liso de un fresno.

Y sube…

Sube hasta que puede ver.

Baja rápido y dice:

–    Sí, Maestro.

Hay muchos rebaños y tres pastores.

Allí, detrás de aquella espesura.

Vuelven a caminar ya seguros.

–   ¿Serán ellos?

–    Preguntaremos, Simón.

Si no son, nos sabrán decir algo…

Se conocen entre ellos.

Avanzan unos cien metros más.

Aparece luego un amplio pacedero verde, del todo circundado de gruesos árboles añosos.

Se ven muchas ovejas en el prado ondulado, rozando la abundante hierba.

Tres hombres las custodian.

Uno es anciano, ya completamente cano;

los otros parecen tener treinta años uno y el otro, unos cuarenta.

Jesús acelera el paso y…

Judas previene:

–    Cuidado, Maestro.

Son pastores…

Pero Jesús ni siquiera responde.

Continúa, alto, hermoso;

dándole el sol de poniente en el rostro, con su túnica blanca.

Se le ve tan luminoso, que parece un ángel…

Al llegar al lindero del prado, saluda:

–    La paz esté con vosotros, amigos.

Los tres pastores se vuelven sorprendidos.

Silencio.

Luego el anciano pregunta:

–   ¿Quién eres?

–    Uno que te ama.

–    Serías el primero desde hace muchos años.

¿De dónde vienes?

–    De Galilea.

–   ¿De Galilea?

¡Ah!

El hombre lo mira atentamente.             

Los otros dos pastores se acercan…

Y el anciano repite:

–    De Galilea.

Y añade en voz baja como para sí mismo:   

–    También El venía de Galilea…

Y vuelve a cuestionar:

–    ¿De qué lugar, Señor?

Jesús precisa:

–     De Nazaret.

La cara del anciano se ilumina…

E indaga:

–    ¡Ah!

Entonces dime.

¿Ha regresado un Niño, con una mujer de nombre María y un hombre de nombre José;

un Niño aún más hermoso que su Madre?

¡Qué flor más encantadora jamás vi en las laderas de Judá!

Un Niño nacido en Belén de Judá, en tiempos del edicto.

Un Niño que luego huyó, para gran fortuna del mundo.

¡Un Niño que…

yo daría la vida por saber que vive y es ya un hombre!

–   ¿Por qué dices que el que huyera ha sido una gran fortuna para el mundo?

–    Porque Él era el Salvador, el Mesías.

Y Herodes lo quería muerto. 

Yo no estaba cuando huyó con su padre y su madre…

Cuando tuve noticias de la matanza y volví,  porque yo también tenía hijos (un sollozo)

Señor… y mujer (sollozo)

Y sentía que los habían matado (otro sollozo).

Pero te juro por el Dios de Abraham, que temblaba por Él, más que por mi misma carne.

Luego supe que había huido.

Y ni siquiera pude preguntar, ni siquiera pude recoger a mis criaturas degolladas…

Me apedreaban como a un leproso, como a un inmundo, como a un asesino… 

Y tuve que huir a los bosques, llevar una vida de lobo…

Hasta que encontré a un propietario de ganado.

Oh, pero no es como era Ana!…

Es duro y cruel…

Si una oveja se disloca una pata, si el lobo me roba un cordero…

Recibo palos hasta sangrar, me quita mi poca paga o debo trabajar en los bosques para otros.

Hacer algo, pero pagar siempre el triple del valor.

Pero no importa.

Siempre le he dicho al Altísimo:

«Que yo pueda ver a tu Mesías. Que al menos pueda saber que vive, y todo lo demás no es nada«.

Señor, te he referido cómo me trataron los de Belén y cómo me trata el patrón.

Habría podido devolver mal por mal o hacer el mal robando, para no sufrir a causa del patrón.

Pero sólo he querido perdonar, sufrir, ser honesto, porque los ángeles dijeron:

«Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad«.

–    ¿Dijeron eso exactamente?

–     Sí, Señor.

Créelo tú, tú al menos, que eres bueno.

Conoce tú al menos y cree, que el Mesías ha nacido.

Nadie quiere creerlo ya.

Pero los ángeles no mienten…

Y nosotros no estábamos borrachos como decían.

Éste, (señala al más joven)

¿Ves?, era un niño entonces.

Y fue el primero que vio al ángel.

Sólo bebía leche.

¿Puede la leche emborracharlo a uno?

Los ángeles dijeron:

«Hoy en la ciudad de David ha nacido el Salvador que es Cristo, el Señor.

Lo reconoceréis por esto:

encontraréis a un Niño recostado en un pesebre, envuelto en pañales«.

–     ¿Dijeron eso exactamente?

¿No entendisteis mal?

¿No os equivocáis, después de tanto tiempo?

–     ¡Oh, no!

¿Verdad, Leví?

Para no olvidarlo, ya de por sí no habríamos podido,

porque eran palabras del Cielo y se escribieron con el fuego del Cielo en nuestros corazones.

 Todas las mañanas, todas las tardes, cuando sale el Sol, cuando brilla la primera estrella,

las recitamos como oración, como bendición,

como fuerza y consuelo, con el Nombre de Él y de su Madre.

–     ¡Ah!,

¿Decís: «Cristo»?

–     No, Señor.

Decimos: «Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad,

por Jesucristo que nació de María en un establo de Belén y que siendo el Salvador del mundo,

estaba envuelto en pañales en un pesebre».

–           Pero, en definitiva,

¿Vosotros a quién buscáis?

–          A Jesucristo, Hijo de María, el Nazareno, el Salvador.

A Jesús se le ilumina el Rostro, al manifestarse a estos tenaces adoradores suyos.

Tenaces, fieles, pacientes.

Y dice: 

–          Soy Yo.

Los tres se arrojan simultáneamente al suelo y besan los pies de Jesús llorando de alegría…

Exclamando:

–          ¡Tú!

–          ¡Oh!

–           ¡Señor, Salvador, Jesús nuestro!

Jesús dice feliz:

–           Levantaos.  

–           Levántate, Elías.

Y tú, Leví. 

Y tú, que no sé quién eres.

El pastor más joven responde:

–      José.

Hijo de José.

Jesús presenta a sus compañeros:

–      Éstos son mis discípulos.

Juan es galileo;

Simón y Judas, judíos.

Los pastores ya no están rostro en tierra, pero sí todavía de rodillas, echados hacia atrás sobre los calcañares.

Adoran al Salvador, con ojos de amor, labios temblorosos de emoción, rostros pálidos o enrojecidos, de alegría.

Jesús se sienta en la hierba.

–      No, Señor.

En la hierba Tú no, Rey de Israel.

–      No os preocupéis, amigos.

Soy pobre; un carpintero, para el mundo.

Rico sólo de amor para el mundo,

y del amor que los buenos me dan.

He venido a estar con vosotros, a partir con vosotros el pan de la noche;

a dormir a vuestro lado sobre el heno, a recibir consuelo de vosotros…

–     ¡Oh, consuelo!

Somos incultos y estamos perseguidos.

–     Yo también lo estoy.

No obstante, vosotros me dais lo que busco:

amor, fe y esperanza que resiste durante años y florece.

¿Veis?

Habéis sabido esperarme, creyendo sin ninguna duda que era Yo.

Y Yo he venido.

–     ¡Oh, sí!

Has venido.

Ahora, aunque muera, ya nada me causa la pena de algo esperado y no obtenido.

–     No. Elías.

Tú vivirás hasta después del triunfo del Cristo.

Tú, que has visto mi alba, debes ver mi fulgor.

¿Y los otros?

Erais doce:

Elías, Leví, Samuel, Jonás, Isaac, Tobías, Jonatán, Daniel, Simeón, Juan, José, Benjamín.

Mi Madre me repetía siempre vuestros nombres como los de mis primeros amigos.

Los pastores lo miran emocionados.

–   ¡Oh!

Los pastores están cada vez más conmovidos.

Jesús indaga:

–   ¿Dónde están los demás?

–   El anciano Samuel, ha muerto de viejo hace veinte años.

A José lo mataron por combatir en la puerta del aprisco;

para dar tiempo a su esposa, madre desde hacía pocas horas, de huir con éste;

que yo recogí por amor de mi amigo y por…

Para seguir teniendo niños a mi alrededor.

También tomé conmigo a Leví…

Lo perseguían.

Benjamín es pastor en el Líbano con Daniel.

Simeón, Juan y Tobías, que ahora se hace llamar Matías en recuerdo de su padre…

al cual también lo mataron, son discípulos de Juan.

Jonás está en la llanura de Esdrelón, al servicio de un fariseo.

Isaac tiene la espalda hecha cisco, está en la absoluta miseria y solo, está en Yuttá.

Le ayudamos como podemos…

Pero estamos todos en la ruina y es como gotas de rocío en un incendio.

Jonathán es ahora siervo de un noble de Herodes.

–   ¿Cómo habéis logrado, especialmente Jonatán, Jonás, Daniel y Benjamín, conseguir estos trabajos?

–   Me acordé de Zacarías, tu pariente…

Tu Madre me había enviado a él.

Cuando nos volvimos a juntar en las gargantas de Judea, fugitivos y malditos, los llevé donde Zacarías.

Fue bueno.

Nos protegió, nos dio de comer.

Nos buscó un patrón como pudo.

Yo ya había recibido del herodiano todo el rebaño de Ana…

y me quedé a su servicio…

Cuando el Bautista llegó a la edad madura y empezó a predicar, Simeón, Juan y Tobías se fueron con él.

–     Pero ahora el Bautista está prisionero.

–     Sí.

Y ellos vigilan en torno a Maqueronte, con un puñado de ovejas para no levantar sospechas.

Ovejas que les ha dado un hombre rico, discípulo de Juan, tu pariente.

–     Quisiera verlos a todos.

–     Sí, Señor.

Iremos a decirles: «Venid, Él vive, Él se acuerda de nosotros y nos ama».

–     Y os quiere entre sus amigos.

–    Sí, Señor.

–    Pero en primer lugar, iremos adonde Isaac.

Samuel y José,

¿Dónde están enterrados?

–    Samuel en Hebrón.

Quedó al servicio de Zacarías.

José…

No tiene tumba, Señor.

Lo quemaron con la casa.

–    Pronto estará en la Gloria.

No entre las llamas de los crueles, sino entre las llamas del Señor.

Yo os lo digo:

a tí José, hijo de José, te lo digo.

Ven, deja que Yo te bese para decir gracias a tu padre.

Elías pregunta:

–    ¿Y mis hijos?

–    Ángeles, Elías.

Ángeles que repetirán el «Gloria» cuando el Salvador sea coronado.

–    ¿Rey?

–     No.

Redentor.

¡Oh, cortejo de justos y santos!

¡Y delante las falanges blancas y purpúreas de los párvulos mártires!

Una vez abiertas las puertas del Limbo, subiremos juntos al Reino inmortal.

¡Y luego iréis vosotros y volveréis a encontrar padres, madres e hijos en el Señor!

Creed.

–     Sí, Señor.

–    Llamadme Maestro.

Llega la noche, nace la primera estrella.

Di tu oración antes de la cena.

–    No yo.

Tú.

–    Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad;

que han merecido ver la Luz y servirla.

El Salvador se encuentra entre ellos.

El Pastor de la estirpe real está en medio de su rebaño.

La Estrella de la mañana ha nacido.

¡Regocijáos, justos, regocijáos en el Señor!

Él, que ha hecho la bóveda de los cielos y los ha sembrado de estrellas,

 Él, que puso como límite de las tierras los mares;

Él, que ha creado los vientos y los rocíos;

y regulado el curso de las estaciones para dar pan y vino a sus hijos.

Ved cómo ahora os manda un Alimento más elevado:

el Pan vivo que baja del Cielo, el Vino de la eterna Vid.

 Venid vosotros, primicias de mis adoradores;

venid a conocer al Padre en verdad, para seguirlo en santidad y obtener así eterno premio. 

Jesús ha orado en pie con los brazos extendidos;

los discípulos y los pastores están de rodillas.

Después se distribuye pan y una escudilla de leche acabada de ordeñar.

Y dado que son tres los tazones de calabazas vaciadas, primero comen Jesús, Simón y Judas.

Luego Juan, al cual Jesús le pasa su taza, con Leví y José.

Elías come el último.

Las ovejas no pastan más;

se reúnen en un gran grupo compacto en espera de ser conducidas a su aprisco.

Los tres pastores las conducen al bosque, debajo de un rústico cobertizo de ramas cercado con cuerdas.

Ellos se ponen a prepararles a Jesús y a los discípulos un lecho de heno.

Se encienden algunos fuegos, para ahuyentar los animales salvajes.

Judas y Juan cansados se echan.

Y al poco tiempo ya están dormidos.

Simón querría hacerle compañía a Jesús…

pero al cabo de un poco él también se queda dormido, sentado en el heno y con la espalda apoyada en un poste.

Permanecen despiertos Jesús y los pastores.

Y hablan:

De José, de María, de la huida a Egipto, del regreso…

Luego, después de estas preguntas de amor, llegan las preguntas más elevadas:

¿Qué hacer para servir a Jesús?

¿Cómo hacerlo ellos, rudos pastores?

 Jesús instruye y explica:

–      Ahora Yo voy por Judea.

Los discípulos os tendrán siempre al corriente.

Después os llamaré.

Entretanto, reuníos.

Que cada uno tenga noticias de los demás y que sepan que Yo estoy en el mundo, como Maestro y Salvador.

 Y como podáis, manifestadlo a otras gentes.

No os prometo que seréis creídos.

Yo he recibido escarnio y golpes, vosotros también los recibiréis.

Pero, de la misma forma que habéis sabido ser fuertes y justos en esta espera;

sedlo más aún ahora que sois míos.

Mañana iremos hacia Yuttá.

Luego a Hebrón.

¿Podéis venir?

–    ¡Oh, sí!

Los caminos son de todos y los pastos son de Dios.

Sólo Belén nos está vedada, a causa de un odio injusto.

Los otros pueblos saben todo…

Pero se conforman con burlarse de nosotros llamándonos borrachos.

Por eso poco podremos hacer aquí.

–    Os llamaré a otro lugar.

No os abandonaré.

–    ¿Durante toda la vida?

–     Durante toda mi vida.

–     No.

Antes moriré yo, Maestro.

Soy viejo.

–    ¿Tú crees?

Yo no.

Uno de los primeros rostros que vi fue el tuyo, Elías y será uno de los últimos. 

Me llevaré conmigo en mi pupila tu rostro desencajado, a causa del dolor por mi muerte.

Pero luego será el tuyo el que lleve en el corazón lo radiante de una mañana triunfal y con él esperarás la muerte…

La muerte:

el encuentro eterno con el Jesús que adoraste cuando era pequeñito.

También entonces los ángeles cantarán el Gloria: «por el hombre de buena voluntad».

D53 ¿COINCIDENCIA O… «DIOCIDENCIA»


PROFECÍA

¡ESTÁ LLEGANDO LA HORA EN QUE PASARÉ POR EL HORNO DE LA PURIFICACIÓN A MIS NACIONES ELEGIDAS!

MARZO 16 2017 8: 15 A.M

LA PROMESA DEL PADRE

LLAMADO URGENTE DE JESÚS EL BUEN PASTOR A LAS NACIONES ELEGIDAS

Ovejas de mi Rebaño, Paz a vosotras

Se acerca la Purificación de mis Doce Naciones Elegidas*.

Rebaño Mío que habitáis en ellas, Orad para que vuestras naciones soporten la Prueba y puedan mañana ser Luz para las otras naciones.Está llegando la Hora en que pasaré por el Horno de la Purificación a mis Naciones Elegidas.

Brillarán como crisoles y darán testimonio de Mí, al mundo entero.

Mis Amadas Naciones, serán misioneras que irradiarán rayos de Fe, Esperanza, Amor, Caridad, Misericordia…

 Y ANTE TODO, EJEMPLO QUE LLEVARÁ A LA CONVERSIÓN A OTRAS NACIONES.

LUNA SANGRIENTA

Mis Doce Naciones, vosotras representáis mis Doce Tribus de Israel, en las cuales mi Nombre será glorificado.

Daréis testimonio de Mí y seréis faros que iluminaréis la Oscuridad Espiritual en que yace la inmensa mayoría de las naciones.

Preparaos mis amadas, porque vuestro Amado viene a visitaros.

Vengo a limpiaros de toda mancha de Pecado y a colocaros nuevas vestiduras para que podáis ser dignas de Mí.Amadas mías, Mi Espíritu derramaré sobre vosotras y vuestros hijos serán mi heredad.

Vuestra tierra Bendeciré y seréis Bendición para los que os bendigan y Maldición para los que os maldigan.

De vuestra Tierra brotarán manantiales de Agua Viva, que calmarán la sed espiritual de muchos.

Columbia and Mexico

Sois amadas mías, mis predilectas y os llevo grabadas en las palmas de mis manos.

Mucho antes de que existierais, ya os había elegido como Luz de las Naciones

Mi amada Colombia, mi amada México, vosotras sabéis cuánto os Amo y cuánto Sufro por el comportamiento de vuestros hijos.Por vuestra Tierra camina la Maldad y el Pecado.

Es por eso que vengo a limpiaros de toda cizaña y de toda mancha, para que podáis lucir mis nuevas vestiduras.

A VOSOTRAS PURIFICARÉ DOBLEMENTE

Porque os necesito transparentes para que podáis llevar a cabo mis Designios.Donde abunda el pecado, también florece la gracia…

Y a vosotras os tengo reservadas para que en mi Nombre llevéis a cabo grandes misiones.

¡Oh mis Naciones Elegidas, vuestra Tierra moveré de Oriente a Occidente y de Norte a Sur!

TODO en vosotras será movido. TODO lo removeré para volverlo a organizar. VUESTRAS ENTRAÑAS ABRIRÉ…

Y toda la maldad y el pecado que os tenía manchadas y sucias, desaparecerá.

 Los árboles podaré y los malos con sus frutos arrancaré. Lo mismo haré con la cizaña, para que nunca más vuelva a crecer.

NO TEMÁIS MIS AMADAS, sólo vengo a podar y arrancar de vosotras la mala hierba y la cizaña que ha crecido… Y está echando raíces.

Por amor a vosotras y vuestros hijos fieles, NO seréis destruidas.

Sólo limpiaré en vuestras provincias, aquellos lugares donde la maldad y el pecado se han acrecentado.

 NO TOCARÉ LAS VIVIENDAS DE MI PUEBLO FIEL,ES UNA PROMESA.

Vengo en busca de mis doncellas, estad preparadas amadas mías con vuestras lámparas encendidas, porque vendré como Ladrón en la Noche.

Mirad que os aviso con anticipación para que nada os coja por sorpresa.

El Banquete está listo y la mesa servida y espera por el Novio y sus Doncellas.NO temáis Mis Amadas Naciones,

NO os acongojéis; por el contrario. Saltad de gozo y alegría, porque vosotras sois mis Elegidas.

Las que elegí entre muchas naciones, para llevar a cabo mi Plan de Salvación, para estos Últimos Tiempos.

Se acerca pues mis amadas naciones, el Tiempo de vuestra Purificación. Haced mis hijos fieles, los que habitáis en ellas: Oración, Ayuno y Penitencia…

Para que su Purificación y Sacrificio sean Ofrenda de Amor…

Y el Santo Nombre de Dios sea glorificado.

 Y por su Gracia mañana, puedan llevar a cabo su Santa Voluntad… 

*Naciones Elegidas según la Misión Asignada:

COLOMBIA, MÉXICO, ARGENTINA, COSTA RICA, PORTUGAL, ESPAÑA, FRANCIA, ITALIA, POLONIA, YUGOSLAVIA, IRLANDA, NIGERIA.

Estas son las Doce Tribus de Israel, de estos Últimos Tiempos

Vuestro Amado, Jesús el Buen Pastor

Dad a conocer mis mensajes, Rebaño Mío

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

PROFECÍA CUMPLIDA

Se registra un sismo en Colombia con epicentro en el volcán Galeras

Publicado: 12 jun 2018 11:02 GMT | Última actualización: 12 jun 2018 11:23 GMT42

Según el Servicio Geológico Colombiano, el movimiento telúrico ha sido de magnitud 4,3 y se produjo a una profundidad de menos de 30 km.

El Servicio Geológico Colombiano ha informado sobre un movimiento telúrico de magnitud 4,3 y una profundidad de menos de 30 km, cuyo epicentro se localizó en el volcán Galeras, en el departamento de Nariño, a 6 kilómetros de la ciudad de Pasto.

El sismo se produjo alrededor de las 4:36 de la mañana de este 12 de junio.

En estos momentos, las autoridades se encuentran en los lugares en los que se registró el hecho. Se analizan fallas estructurales en viviendas de los sectores de Briceño y Mapachico, informa El Espectador.

Colombia: Al menos 2 muertos tras el sismo con epicentro en el volcán Galeras

Publicado: 12 jun 2018 14:50 GMT | Última actualización: 12 jun 2018 15:59 GMT

El servicio de bomberos de Pasto ha confirmado la muerte de dos personas tras el sismo producido este martes.

Dos personas han fallecido tras el movimiento telúrico producido la madrugada de este martes en el volcán Galeras, en el departamento de Nariño y a 6 kilómetros de la ciudad de Pasto.

Esta información fue confirmada por el Cuerpo de Bomberos voluntarios de Pasto diciendo que dos personas perdieron la vida dado que algunas viviendas y carreteras resultaron afectadas, informa KienyKe.

Antes el Servicio Geológico Colombiano destacó que el movimiento tuvo una profundidad superficial de menos de 30 km. También han reportado dos réplicas que causaron daños especialmente en una pequeña zona rural de Pasto.
El gobernador del departamento de Nariño (Colombia), Camilo Romero, ha lamentado la noticia en su cuenta de Twitter después del comité extraordinario de manejo de desastres.

Lamentablemente @bomberospasto reporta que dos personas fallecieron tras el sismo, en el sector de Briceño en Pasto.
Hemos activado todos los protocolos y vamos a articularnos con nuestra capital para atender emergencia.
Solidaridad con las familias de las víctimas.

Mientras tanto, las autoridades de Gestión del Riesgo del departamento están llevando a cabo revisiones en algunos edificios de gran altura y viviendas de Briceño y Mapachico, ya que son cercanos al sitio del epicentro.

Colombia: El ELN comunica un segundo cese al fuego de cara a las Elecciones Presidenciales

Publicado: 11 jun 2018 18:03 GMT | Última actualización: 12 jun 2018 10:40 GMT

En Colombia, el Ejército de Liberación Nacional comunicó un segundo cese al fuego a pocos días de la celebración de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

El grupo armado suspenderá sus operaciones militares desde este viernes 15 de junio hasta el martes 19 del mismo mes.

Se forma un nuevo huracán en el Pacífico y se dirige hacia las costas de México

Publicado: 11 jun 2018 17:25 GMT

El ciclón ‘Bud’ está localizado sobre el océano Pacífico y avanza en dirección noroeste, con ráfagas que alcanzan los 150 kilómetros por hora.

Tras el paso del huracán ‘Aletta’, el primero de la temporada, el Centro Nacional de Huracanes de EE.UU. advirtió sobre la formación de un nuevo ciclón. Se trata de ‘Bud’, que avanza por el océano Pacífico en dirección noroeste, a la altura de las costas de los estados mexicanos de Colima, Michoacán y Jalisco.

Según los reportes, el huracán está localizado a unos 410 kilómetros al sur de Colima y a 590 al sur sudoeste de Jalisco, moviéndose a una velocidad de 15 kilómetros por hora. El fenómeno tuvo ráfagas sostenidas de 120 kilómetros por hora, aunque alcanzó picos de 150 kilómetros horarios.

Debido a estas características, ‘Bud’ ya provoca olas de entre dos y cuatro metros de altura en Guerrero, Michoacán y Colima, por lo que las autoridades recomendaron extremar las precauciones en la costa, donde ya hubo crecidas, y entre quienes naveguen por la región.

En la localidad de Petacalco, mpio de La Unión #Guerrero elementos del Ejército Mexicano, aplican el Plan DNIII por efectos del Huracán #Bud, que ha ocasionado la salida del mar.

‘Bud’ es el segundo huracán de la temporada tras el paso de ‘Aletta’, que alcanzó la categoría 4, aunque no se convirtió en una amenaza para el occidente mexicano, ya que transitó a más de 800 kilómetros de su costa.

La fuerza naval de México en alerta máxima por el huracán Bud

Publicado: 11 jun 2018 23:55 GMT | Última actualización: 12 jun 2018 00:23 GMT

La fuerza naval mexicana ha anunciado su despliegue a través de un comunicado emitido la tarde de este lunes.

La fuerza naval de México se encuentra en estado de alerta máxima en las costas del océano Pacífico ante la proximidad del huracán Bud, según se desprende de un comunicado emitido la tarde de este lunes por la Armada de México, informan medios locales.

civil en caso de que sea necesario. Asimismo, las autoridades impusieron una orden temporal para restringir la navegación de buques en las distintas regiones amenazadas.

El Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) ha decretado alerta verde, que es una alarma que se activa por precaución cuando se trata de un situación de bajo riesgo.

«¿Quién detendrá esta barbarie en México?»:

Los estudiantes preguntan y además responden (VIDEO)

Publicado: 12 jun 2018 10:01 GMT

A través de un video, alumnos de posgrado de la máxima casa de estudios del país lanzaron 73 preguntas que los candidatos a la presidencia de México no se han atrevido a responder.

Estudiantes de posgrado de la Universidad Nacional Autónoma de México lanzaron un video en el que plantearon 73 preguntas que los candidatos a la presidencia de México «no se atreven a responder«, sobre cómo ponerle fin a la «barbarie» que predomina en aquel país.

«¿Cómo es que dejaron que llegáramos a esta pesadilla? ¿Quién sacará a México de la barbarie? ¿Ustedes? ¿O seremos nosotras y nosotros mismos quienes debamos terminar con la larga noche de la tragedia mexicana, votemos o no, organizándonos?», señalaron.

«¿No fue su respuesta el fraude electoral y la compra de votos su forma de mantenerse en el poder? ¿No es grave que ese peligro siga vigente? ¿Podrían contradecirnos si decimos que ante la tragedia nacional su única respuesta ha sido campañas de lodo y la guerra sucia?», increparon.Los universitarios plantearon esos y otros cuestionamientos a los tres principales candidatos de la contienda presidencial: el oficialista José Antonio Meade (por la coalición PRI-PVEM-NA), el centroderechista Ricardo Anaya (PAN-PRD-MC) y el izquierdista Andrés Manuel López Obrador (Morena-PES-PT).

PRI: la continuidad del «Desastre Político»

A Meade le reprocharon su identificación con el PRI, partido del presidente Enrique Peña Nieto, así como los múltiples casos de corrupción que han marcado a ese gobierno, que van desde los sobornos de Odebrecht al escándalo de la Casa Blanca de Peña, pasando por el saqueo realizado por gobernadores priistas.

«¿No se da cuenta de que el escándalo nacional sobre su forma de gobernar, entre la simulación y la impunidad, entre la manipulación y el uso faccioso de la ley, se vuelve hoy contra su partido?

¿Cómo puede aspirar a la presidencia y creer que puede contar con algún consenso social después de lo que han hecho en éste y otros sexenios? ¿No cree que esta epidemia de corrupción es la consecuencia de que el PRI nunca tuvo la voluntad real de construir reglas democráticas?», señalaron los estudiantes al inicio del video.

«¿No es difícil la carga histórica de representar un partido autoritario que hoy es emblema de la Decadencia del sistema político mexicano y de nuestra sociedad en general? ¿Por qué trata de convencernos de que la continuidad de un desastre político debería ser ratificada con el voto?», agregaron.Anaya: La «repentina lucidez democrática» tras las reformas

Al centroderechista Ricardo Anaya, quien se ubica en segundo lugar de las encuestas de preferencia electoral, le cuestionaron la manera en que habla de dispositivos electrónicos mientras los asesinatos inundan las calles, al mismo tiempo que increparon la manera en que los dos principales partidos que integran la coalición que lo nominó a la presidencia, pactaron con el PRI de Peña Nieto al inicio de su gobierno.

«¿Cómo fue que llegaron a la conclusión de que el PRI es un lastre antidemocrático? ¿Fue antes o después de la firma del ‘Pacto por México’ y la aprobación de las reformas estructurales que ese partido impulsó? ¿Cómo sobrevino esta repentina lucidez democrática?», señalaron.

«¿Con qué criterio habla de tecnología y dispositivos electrónicos,    mientras personas mueren por las balas del Estado y el crimen en las calles?

¿Por qué sonríe todo el tiempo sin ofrecer nada a los millones de personas desesperadas por los asesinatos cotidianos?», apuntaron los universitarios.

AMLO: izquierda aliada a empresarios de la «Mafia del Poder»

El izquierdista y puntero en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, tampoco se salvó de las críticas. Los estudiantes recriminaron su diagnóstico sobre las causas de la desigualdad y sus alianzas políticas con sectores identificados con lo que él mismo ha llamado «la mafia del poder».

«¿López Obrador realmente cree que la corrupción existente, puede desmontarse con el ejemplo? ¿O que los problemas del país pueden reducirse a la corrupción, sin afectar la obscena concentración de la riqueza? ¿Y qué decir de la monstruosa e ilegítima deuda externa?

¿Por qué cree que es posible establecer alianzas progresivas con sectores de la mafia en el poder y con algunos de los grandes empresarios?», señalaron.

«Si se dice de izquierda, ¿No debería detener los intereses del gran capital que destruye la naturaleza, en vez de promover a sus más importantes representantes?», continuaron.

De cara al futuro

El posicionamiento, firmado por universitarios de diversas disciplinas, invita a quienes estén de acuerdo con los cuestionamientos realizados por ellos a congregarse para participar en un acto público que tendrá lugar en la Facultad de Economía de la UNAM el próximo sábado 16 de junio, con el fin de definir acciones en torno a la coyuntura política por la que atraviesa el país.

«Hemos sido miles las personas que salimos a las calles en contra de las desapariciones forzadas, las violencias machistas, de los fraudes electorales, del maíz transgénico, en oposición a la reforma educativa, a la minería extractivista», plantearon los estudiantes al hacer una revisión de casos que han marcado la vida política del país en la última década:

Tales como Ayotzinapa, los feminicidios, los más de 30.000 desaparecidos y los asesinados en lo que va de la llamada «guerra contra el narco».

«¿No es acaso necesario seguir luchando? Quienes firmamos esta carta, pensamos que es esta última pregunta la única que tendrá respuesta», concluye la carta.

Manuel Hernández Borbolla

67.- LOS VERDADEROS DIOSES…


circo-coliseo

El espectáculo está finalizando. En los locales situados bajo las gradas del Circo y que sirven para albergar a los gladiadores y a los condenados a muerte, se oye un rumor sordo como de un mar en tempestad y variable en intensidad.

Es un rumor extraño formado por voces humanas y potentes sonidos que no son humanos y sobresalen de los demás.

El lugar se encuentra vacío y en el suelo de granito, en gruesas piedras que sirven de asiento, hay desparramadas diversas prendas de vestir.

De pronto se ilumina vivamente el amplio corredor elíptico.

Y junto con el rumor de muchos pasos, se oyen ayes débiles, de personas que sufren…

Después, he aquí la escena pavorosa…

Precedidos por dos hombres gigantescos y semidesnudos; portando teas encendidas, avanza un grupo de personas sangrantes; parte de ellas sostenidas, otras sosteniéndose y otras más, transportadas del todo.

Aquellos cuerpos destrozados, mutilados, abiertos. Aquellos rostros con mejillas marcadas por heridas atroces, que han dilatado las bocas hasta la oreja.

Han rasgado la mejilla hasta poner al descubierto, los dientes fijados en las  mandíbulas; arrancado un ojo que cuelga fuera de su órbita, desprovisto del párpado que ya no existe, como por obra de una brutal ablación.

Aquellas cabezas desprovistas de cuero cabelludo, cual si un instrumento cruel las hubiera descortezado, no tienen ya la apariencia de personas. Constituyen una visión macabra. Una desatinada pesadilla…

Son el testimonio de que en el hombre se oculta la fiera pronta a aparecer y a desfogar sus instintos. Una bestia sedienta de sangre que aprovecha cualquier pretexto que justifique su ferocidad. Aquí el pretexto es la religión y la razón de estado.

neron incendio de roma

La acusación: Incendiarios de Roma. Una calumnia que protege a los verdaderos culpables.

Los cristianos han sido declarados enemigos de Roma y del divino César. Son los que ofenden a los dioses y por ello deben ser torturados.

¡Y vaya que lo han sido! ¡Qué espectáculo!…

Hombres, mujeres, ancianos, chiquillos y jovencitas, yacen ahí hacinados a la espera de morir por las heridas o mediante un nuevo suplicio…

Con todo, a excepción del lamento inconsciente, de aquellos a quienes la gravedad de sus heridas les priva de conocimiento, NO se oye ni una voz de queja.

Los que les han conducido se retiran dejándolos a su suerte…

Y es entonces cuando se ve como los menos heridos, tratan de socorrer a los más graves.

Cómo aquel que a duras penas se tiene en pie, acude a atender a los que mueren. Y el que no puede pararse, se arrastra sobre sus rodillas o se desliza sobre el suelo, en busca del que para él es el más querido o sabe que es más débil en la carne o en el espíritu.

Y quién todavía puede servirse de las manos, procura atender a los que están desnudos, en posturas impropias; cubriéndoles con los vestidos desparramados por el suelo o bien acomodando los miembros de los que están desfallecidos.

Algunas mujeres toman en su regazo a los niños moribundos que lloran de dolor y de miedo.

Otras, se arrastran junto a las jovencitas cubiertas tan solo con sus cabellos sueltos y tratan de cubrir sus cuerpos virginales, con los blancos vestidos que se empapan inmediatamente de sangre…

antorcha

Y el aire de la estancia se satura de ese olor, que se mezcla con el humo pesado de las antorchas y las lámparas de aceite.

Y en voz baja se intercalan diálogos piadosos y santos.

–           ¿Sufres mucho, Clhoe hija mía? –pregunta   el anciano Paúl con el cráneo desprovisto de piel, la cual le cuelga por la nuca como una cofia y que ya no puede ver, porque sus ojos son tan solo dos heridas sangrantes.

Le habla a la que fuera una florida esposa y que ahora no es más que un bulto sanguinolento que estrecha contra su pecho desgarrado, con el único brazo que le queda…

En un desesperado gesto de amor, al hijito que succiona la sangre materna, en lugar de la leche que ya no le pueden dar sus pechos lacerados. Pero la madre sonríe con dulzura…

Y Clhoe contesta:

–           No, padre mío… El Señor me ayuda… el niño no llora, tal vez no está herido… siento que me busca el pecho… ¿Me encuentro muy herida? Ya no siento una mano y no puedo… no puedo mirar porque no tengo fuerzas para ver… La vida… se me va con la sangre… ¿Estoy tapada, padre mío?…

circo19

Paúl responde:

–           No sé hija, porque ya no tengo ojos…

Más allá, hay una mujer que se arrastra sobre su vientre y por un desgarro en la base de las costillas, se ve como respiran sus pulmones…

Es Valentina y murmura:

–           ¿Me sientes aún, Grace? –pregunta inclinándose sobre una jovencita desnuda y sin heridas; pero con el color de la muerte en su rostro.

Una corona de rosas ciñe todavía su frente, sobre los rubios y largos cabellos desatados. Está semidesmayada…  Pero se recobra con la voz y las caricias maternales…

anaconda

Y hace acopio de todas sus fuerzas para decir:

–           ¡Mamá! –Su voz es apenas un murmullo- ¡Mamá! La serpiente me ha apretado tanto… que ya no puedo… abrazarte. Pero la serpiente… nada importa… ¡La vergüenza!... estaba desnuda… todos me miraban… ¡Mamá! ¿Soy virgen todavía?… Aunque los hombres me han visto… ¿Así?… ¿Le agrado aún… a Jesús?…

Valentina le dice con dulzura:

–           Estás vestida con tu martirio, hija mía. Yo te lo digo: le agradas aún más que antes…

Grace suplica:

–           Sí. Pero… Cúbreme, mamá… Ya no quiero que me vean más… Un vestido, por piedad…

–           No te inquietes, mi gozo… Mira, tu mamá se pone aquí y te esconde… ya no puedo buscarte el vestido… porque me muero… sea alabado Jesu…

Y la mujer cae desplomada sobre el cuerpo de su hija, con un borbotón de sangre. Y después de lanzar un gemido, con la postrer respiración se queda inmóvil.

Grace invoca:

–           Mi madre se muere… ¿No hay algún sacerdote vivo, para darle la paz?… –Finaliza la jovencita esforzando aún más su voz.

Desde un rincón se escucha una voz:

–           Yo estoy vivo todavía. Si me lleváis… –dice el anciano Jonathan con el vientre totalmente abierto.

Varias voces responden desde diferentes puntos, en aquel semioscuro lugar:

–           ¿Quién puede transportar a Jonathan a donde están  Grace y Valentina?

circo2 MARTIRIO

Nathan un joven moreno alto y vigoroso, contesta:

–           Tal vez yo que tengo buenas las manos y aún estoy fuerte. Pero me tendrán que conducir, porque el león me ha arrancado los ojos.

Un jovencito que aún está coronado con rosas, vestido con una toga ensangrentada y poco herido. Es Axel uno de los más ilesos…

Y responde:

–           Nathan, yo te ayudo a caminar.

Sean y Dylan, dos hermanos atléticos, en la flor de su virilidad y que también están poco heridos…

Se acercan a Axel y dicen:

–           Mi hermano y yo te ayudaremos a transportar a Jonathan.

El anciano sacerdote desventrado, mientras lo transportan con mucho cuidado…

Con agradecimiento, dice:

–           Dios os recompense a todos.

Una vez que lo trasladan junto a la mártir, ora sobre ella.

Y aun así agonizante como está, aprovecha la ocasión para encomendar el alma de Leoncio, un hombre que con las piernas descarnadas muere desangrado a su vera… Ora por él…

Y pregunta al ciego que le ha transportado:

–        ¿No sabes nada de Riley?

Nathan contesta:

–           Ha muerto a mi lado. La pantera, fue al primero que le destrozó el cuello.

Olivia, una jovencita que se desangra lentamente un poco más allá…

Comenta:

–           Las fieras actúan con gran celeridad al principio. Pero después, una vez saciadas se limitan a jugar.

Le contesta un anciano como de cincuenta años:

–           Demasiados cristianos para tan pocas fieras. –Y Alexander se tapa con un trapo la herida que le dejó abierto el costado, sin lesionarle el corazón.

Santiago, un joven como de veinte años agrega:

–           Lo hacen a propósito para gozar después con un nuevo espectáculo.

Gael es un hombre que sostiene con su mano derecha su brazo izquierdo casi desprendido, como resultado de la dentellada de un tigre…

Y moviendo la cabeza continúa:

–           Con seguridad que ya lo están planeando ahora…

Un escalofrío sacude a los cristianos…

Y mentalmente oran entregando a Dios todos sus dolores y sus sufrimientos…

Marianne, una mujer que tiene laceraciones por todo el cuerpo, pero que sólo Dios sabe porqué se mantiene con vida y energías, pues el león la arrastró, tomándola y dejándola como los gatos domésticos cuando atrapan su presa y sólo juegan con ella, sin devorarla…

Es una matrona con sus ropas hechas jirones ensangrentados…

Con los que se cubre pudorosamente y está sentada en el piso recargada contra el murallón, pues todo su torso tiene las huellas de las poderosas mandíbulas que la apresaron, fracturándole las costillas y dejando algunos órganos vitales expuestos…

LEON

Alaba al Señor enmedio de sus lágrimas y hay gozo y alegría en su voz, cuando manifiesta:

–        ¡Bendito sea nuestro Abba Santísimo! Siempre cumple sus Promesas y NO nos abandonó… Desde que nos sacaron a la arena, ví al Espíritu Santo, junto con María siempre presentes… ÉL como Supremo Sacerdote del Calvario y Ella como Corredentora; fueron quienes entregaron a Jesús al Padre…

Y de nuevo ahora… Entregan a las nuevas víctimas, en los sótanos del Circo… Y en la arena…Que es el nuevo Altar consagrado con nuestro sacrificio… Y las unen al Sacrificio Infinito y Perpetuo del Calvario… Bendigamos al Padre y entreguemos al Mundo, para que Dios Único y Trino, recupere a todos sus hijos…

Nuestras oraciones pueden hacerlo, pues hemos unido nuestra donación a la de Jesús y podemos saciar la sed de almas de nuestro Redentor Santísimo… Demos esa alegría a nuestro Padre Celestial y que se consuele su Corazón…

CRUZ ARREPENTIMIENTO Y AMOR

Que Él vea que agradecemos todo lo que ha hecho por nosotros… ¡Ya lo vísteis! Es hasta este momento que empezamos a tener conciencia de la masacre que han hecho con nosotros y sin embargo…

¡Dichosos los que ya regresaron! Pero más dichosos nosotros… porque… todavía podemos seguir sirviéndoLe.

Preguntémosle que más podemos hacer por Él, para demostrarle que con nuestro pobre amor, también queremos ser absolutos y alegrarlo haciendo lo que su santa Voluntad requiere todavía, de nuestras miserables capacidades…

Correspondamos a su maravillosa Ternura Paternal y pidámosle fuerzas, para el siguiente Martirio. Su Amor nos sostiene y Él lo merece todo, TODO,TODO TODO…

Y sus lágrimas enrojecidas por la sangre, se deslizan por sus mejillas desgarradas por los arañazos de las garras del rey de la selva; pero que están envueltas en el júbilo de la Presencia Divina que la impulsa a orar cantando en una lengua celestial, donada por el Espíritu Santo.

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¡La Cruz sigue venciendo!…

Satanás a su pesar, sigue glorificando a Dios… Con su infinito Odio decidido a exterminar el cristianismo y a destruir a los verdaderos dioses…

Hijos de Dios por el Amor que palpita en ellos y que no dejan lugar a la más mínima duda; porque están perdonando y amando, como Jesús amó y perdonó… Y eso ES lo que los convierte en dioses inmortales…

La Oración rinde sus frutos sobrenaturales…

El Padre Celestial las recibe…

Y los ángeles glorifican a Dios en aquella hecatombe que ha sido ofrecida por el mismo Satanás y por su infinito Odio y Envidia, a través de un César desquiciado por la megalomanía…

Y Dios recibe a aquellas creaturas torturadas que Él ama con locura…

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Que están siendo ofrecidas a través del Inmaculado Corazón de la Virgen santísima, su Hija Predilecta y el Sacratísimo Corazón de su Amadísimo y Unigénito Hijo…

Y la Santísima Trinidad responde…

Inmediatamente los cristianos sienten dentro de su ser, que los invade una fortaleza sobrenatural…

Y continúan comentando…

La jovencita Jazmín gime:

–           ¡Las serpientes, no! ¡Es demasiado atroz!…

Salma confirma:

–           Es verdad. Ella se ha deslizado sobre mí, corriéndome sobre el rostro con su lengua viscosa… ¡Oh! He preferido el zarpazo que me ha abierto el pecho, pero matando a la serpiente, al hielo de la misma.

–       ¡Oh, no! –y la mujer se lleva sus manos temblorosas y ensangrentadas al rostro.

Mohamed, un hombre al que le falta un brazo y parte del otro, dice:

–           Con todo, tú eres anciana. Y las serpientes estaban reservadas para las vírgenes.

Julián, otro herido moribundo agrega:

–           Han satirizado nuestros Misterios. Primero Eva seducida por la serpiente y después los primeros días del mundo. Todos los animales…

Gabriel, un joven que está poco herido, agrega:

–           Ya. La pantomima del  Paraíso Terrenal… Al director del Circo le habrán premiado por ella.

Logan, otro joven que también está poco herido, le contesta:

–           La serpiente, después de haber triturado a muchos… se lanzó sobre nosotros hasta que soltaron a las fieras y se ha entablado el combate…

Isadora, una jovencita que es poco más que una niña, gime:

–           Nos rociaron con ese aceite y las serpientes huyeron tomándonos por presas de cebo… ¿Qué será ahora de nosotras? Yo solo pienso en la desnudez… Y siento que me muero de vergüenza…

Camila con voz temblorosa, exclama:

–           ¡Ayúdame señor, mi corazón vacila!…

Abigail contesta serenamente:

–           Yo confío en Él.

Constanza,  preocupada comenta:

–           Yo quisiera que Kyle viniese por el niño…

Una madre muy joven, que llora sobre lo que fue su hijo y que ahora es solo un puñado informe de carne: un pequeño tronco. Únicamente tronco, sin cabeza ni miembros…

Es Isabella y pregunta:

–           ¿Está vivo tu hijo?

Constanza replica:

–           Está vivo y sin heridas. Me lo puse detrás de la espalda. Y la fiera me desgarró a mí…  ¿Y el tuyo?…

Isabella contesta entre sollozos:

–           Su cabecita llena de rizos. Sus ojitos de cielo, sus manitas tan hermosas;  sus pequeños pies que apenas estaban aprendiendo a caminar, están ahora en el vientre de una leona… ¡Ah, que era hembra! ¡Y aun sabiendo lo que es ser madre, no supo tener compasión de mí!…

Martín grita:

–           ¡Quiero a mi mamá! ¡Quiero a mi mamá! Se ha quedado tirada con mi padre allá en la arena… y yo estoy mal. Mamá me curaría la tripita… –Llora el niño como de cuatro años al que un mordisco o un zarpazo, le han abierto la pared abdominal y agoniza por momentos.

Daniela, una jovencita se sienta a su lado y lo conforta acariciándole con la mano menos herida:

–           Ahora irás donde la mamá y te llevarán pequeño Martín, los ángeles del Cielo con tus hermanitos. No llores así.

Pero el niño está tembloroso sobre el duro pavimento…

La joven ayudada por Noha, un hombre que también está poco herido, le toma sobre sus rodillas y lo acuna con ternura hasta que el niño sonríe…

Y ella le dice dulcemente:

–           ¿Ves que ya puedes mirar a tu ángel que te espera, para llevarte con Jesús y con mamá?…

Y el niño con júbilo infantil confirma:

–           ¡Sí! ¡Jesús me está llamando!… -Y su alegría le hace olvidar el dolor de su atroz herida…

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Luego intenta levantarse y extiende los brazos diciendo:

–           ¡Mamá! ¡Papá!… ¡Ya voy!… –mientras se dibuja en su rostro una sonrisa radiante…

Y se desploma muerto sobre los brazos de Daniela…

Pero ha quedado con los ojos abiertos y su sonrisa iluminada por una alegría sobrenatural…

Que los que están a su alrededor contemplan con  comprensión, sintiendo que su Fe se hace más sólida y firme…

Noha le cierra los ojos y cruza sus bracitos sobre su pecho ensangrentado…

Mientras dice:

–           ¡Paz al pequeño Martin!

Todos los cristianos responden:

–           ¡Paz!

Jonathan, el sacerdote que está siendo transportado por los dos hermanos que junto con Nathan el que ha quedado ciego y le han trasladado hasta donde está Grace…

Pregunta:

–           ¿Dónde está vuestro padre? 
gran-leonDylan contesta:

–           Ha sido pasto del león. Ante nuestros ojos y mientras la fiera le mordía la nuca, nos dijo: ‘¡Perseverad!’…

No dijo nada más, porque su cabeza cayó desprendida.

Sean, el otro hermano le insta:

–           Háblanos ahora del Cielo, Jonathan bendito.

El sacerdote sonríe y se yergue lo más que puede:

–           ¡Hermanos bienaventurados, rogad por nosotros! ¡Para la última batalla! -¡Para la última perseverancia! ¡Por nuestro amor, hermanos! No temáis. Los que nos precedieron, perfectos ya en el Amor; tanto, que el Señor los quiso en el primer martirio. Son ahora perfectísimos, porque al vivir en el Cielo, conocen y reflejan la Perfección del Señor Altísimo.

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BOMBA EN IGLESIA CRISTIANA POR EL ESTADO ISLÁMICO

Sus despojos que dejamos sobre la arena, son solo eso: despojos. Como los vestidos de los que nos han despojado…

Más ellos están en el Cielo. Sus despojos están inertes acá, pero ellos están vivos. Vivos y activos. Ellos están con nosotros a través de la Comunión de los Santos. No temáis. No os  preocupéis de cómo moriréis, ni tampoco de las cosas de la Tierra. Desechad los miedos.

Abrid vuestro corazón a la confianza absoluta y decid: ‘Nuestro Padre que está en el Cielo nos dará nuestro pan diario de Fortaleza, porque sabe que nosotros queremos su Reino y morimos por Él, perdonando a nuestros enemigos…

NO. He pronunciado una palabra pecaminosa.

Nuestros verdugos, NO son enemigos para los cristianos: QUIEN NOS TORTURA ES NUESTRO MEJOR AMIGO; como el que nos ama. O mejor, nos es doblemente amigo, porque nos sirve haciendo que demos testimonio de nuestra Fe en la Tierra y nos cubre con el vestido nupcial para el Banquete Eterno.

Roguemos por nuestros amigos. Por estos amigos nuestros que no saben cuánto les amamos. ¡Oh! ¡En este momento nos asemejamos verdaderamente a Cristo, porque amamos a nuestro prójimo, hasta el punto de morir por Él! Nosotros amamos.

¡Oh, palabra! Nosotros hemos aprendido a ser dioses, porque el amor es Dios y quién ama, es semejante a Dios y verdadero hijo de Dios.

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Nosotros amamos evangélicamente, no a aquellos de los que esperamos satisfacciones y recompensas; sino a quienes nos hieren y despojan hasta de la vida. Nosotros amamos con Cristo, diciendo: ‘Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Y decimos con Cristo: ‘Es justo que se cumpla el Sacrificio, ya que para eso hemos venido y queremos que se cumpla.’

Y con Cristo decimos a nuestros supervivientes: ahora vosotros estáis doloridos, más vuestro dolor se transformará en gozo, cuando sepáis que estamos en el Cielo. Nosotros os traeremos del Cielo, la Paz en que estaremos.

Digamos pues con Cristo: Cuando hayamos marchado enviaremos al Paráclito, para que realice su misteriosa labor en los corazones de aquellos que no nos han comprendido. Con Cristo confiamos nuestro espíritu no a los hombres, sino al  Padre, para que lo sostenga en la nueva Prueba. Amén.

El anciano Jonathan desventrado ha hablado con una voz tan fuerte, tan segura y resonante, que un sano no lo haría así. Y ha trasfundido a todos, su espíritu heroico…

De tal suerte que un cántico dulce, se eleva de aquellas criaturas destrozadas…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

44.- EL MARTIRIO


martirio-de-cristianosPablo de Tarso y Lucano el médico, han estado coordinando a la jerarquía de los cristianos y comunicando a Pedro todas las novedades. La primera parte de las Obras de las Catacumbas, ha sido terminada.

Y el senador Astirio, los mantiene informados del avance de los trabajos.

Como Nerón emprende a capricho, nuevas y colosales construcciones, a nadie sorprende la construcción de dos nuevos laberintos, en diferentes puntos de la ciudad.

Y que todos piensan que son los cimientos de otros tantos palacios, para el César.

Alternando las enseñanzas en casa por Fernanda y la asistencia a la Escuela de Apolonio, se aceleró la instrucción en el cristianismo de todos los miembros de la ‘familia’ de Nicolás y de su hermano Emiliano.

En la Puerta del Cielo, el salón porticado que es en realidad, la Iglesia de la Santa Cruz, ha sido adornado para un evento muy especial.

En el baptisterio, que es una piscina manantial que está junto al salón más grande, en el inmenso jardín. Todo está listo para recibir a los nuevos cristianos que llegarán allí, después de escuchar la última enseñanza del Catecumenado.

Un mensajero de la casa de Celina, le lleva una carta.

La joven lee la tablilla y su mirada preocupada, nubla su bello semblante. Le contesta a Raymundo que al día siguiente por la tarde, regresará a su casa. Que diga a todos que la esperen.

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Diana la ve y le pregunta:

–           ¿Qué es lo que pasa, hermana mía?

Celina contesta.

–          Te lo diré después que haya terminado con la enseñanza de este día, porque necesito tu apoyo en la Oración.

–           Está bien. Ya sabes que estoy contigo.

Y las dos se dirigen al salón donde las esperan unos trescientos catecúmenos y donde una Fernanda radiante y feliz les da la bienvenida, pues su esposo y su cuñado, están en primera fila.

Celina ora el ‘Pater Noster’ y es seguida por todos.

Y luego comienza la exposición de su tema, así:

–           Hermanos. Después de este tema, ya estaréis listos para pedir el Bautismo, el que de vosotros lo decida. Que la Gracia de nuestro Señor ponga en vuestro ánimo, el heroísmo necesario para una sabia decisión…

EL MARTIRIO

“Antes de conocer a Jesús, ustedes eran paganos demasiado carnales para el Evangelio.

Y sin embargo si estáis bien preparados, sabréis seguir adelante hasta dar el testimonio final…  El Testimonio de la sangre: el Martirio.

Erais lujuriosos, ambiciosos, disolutos, crueles, escépticos, viciosos… Y sabréis arrancar de vosotros mismos todas estas lacras, dejando desnuda el alma. Haciéndola sangrar para arrancar los tentáculos de la vida pagana y venir a Jesús, heridos en el pensamiento, en los afectos, en las costumbres, diciendo:

‘Señor, si Tú quieres, puedes sanarme’.

Y Jesús os ha sanado, cicatrizando todas vuestras heroicas heridas.

Porque es Heroísmo el saber arrancar de sí esto que es un mal, por amor de una Ley aceptada totalmente. Es Heroísmo mutilarse de todo esto que es un tropiezo para seguirlo.

Es el heroísmo que Jesús indicó, dejándolo TODO, para ir a Él.

Regenerarse es hacerse un alma nueva. Despojándose de los compromisos y las ideas del mundo, para abrazarse de la Idea de Dios y VIVIRLA. Vivirla verdadera e integralmente, llevando la civilización del Amor a la Tierra y amando hasta dar la propia vida.

Porque seguir a Jesús: Significa caminar por un camino que cada vez se hace más duro y bañado de lágrimas. Seguir a Jesús, significa imitarlo. Caminar detrás de Él, poniendo nuestros pies sobre sus huellas ensangrentadas, hasta llegar a la Cima del Calvario… 

AMANDO COMO ÉL AMÓ: amando a Dios sobre todas las cosas.

Amarlo hasta ofrecerle a Él nuestra vida, para corresponder al Amor Infinito que la dio por la nuestra.

Al meditar cuidadosamente la Pasión de Nuestro Señor, veremos lo que podemos esperar en la pasión que viviremos, al caminar detrás de Él: Traicionado, Acusado, Vendido, Apresado, Juzgado, Condenado, Negado, Flagelado, Calumniado, Crucificado, Muerto y al parecer, Abandonado también de Dios.

LA PASIÓN DE JESÚS, NOS MUESTRA EL CAMINO DEL MARTIRIO. 

Se necesita valor y heroísmo para seguirlo y la decisión de mirar el sendero señalado, SIN MIEDO. Para dar la Batalla, hasta el último combate, con serenidad y arrojo varoniles.

El que vive y sufre siguiendo el ‘Camino de la Cruz’, el que después de haber participado del Calvario, le toca también la recompensa de Jesús: la Resurrección.

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Porque NO hay resurrección sin crucifixión. Y la gloria de poseer a Dios en una bienaventuranza eterna.

El Sacrificio de Jesús, fue el Sol que iluminó el Mundo. La luz de la Gracia baja a los corazones y la Paz con Dios, los hace fecundos.

Los méritos de su Martirio, consiguieron para los cristianos: la capacidad de ganar el Cielo y poseer a Dios.

San Juan Bautista fue el Precursor de Jesús. Llevó una vida sacrificada que culminó cuando lo decapitaron. Fue el último mártir de Israel y el primer mártir cristiano.

TODOS LOS QUE DECIDIMOS SER CRISTIANOS,

DEBEMOS SER DIGNOS DE LLEVAR LA PALMA DEL MARTIRIO

La voluntad sincera del arrepentimiento, cuando todavía el hombre está sobre la tierra, tiene valor de purificación. El alma se ve libre de las cadenas de la esclavitud del Pecado, comprende lo que es Dios y ve la gravedad de sus errores, a la luz del Espíritu Santo. También ve la alegría de la que ha estado separado por años.

Se despojan de toda inmundicia y contemplan el abismo de su propia degradación. Entre más profundo se ha caído, más dolorosa es la subida. Más penosa la cuesta que debe transformar la animalidad, en angelical belleza.

Llevan una meta en el corazón y se dicen a sí mismos: “Supiste martirizar tu corazón, para que la carne gozara. Aprende ahora a martirizar tu carne, para dar a tu corazón, la Paz Eterna.”

Estas son las almas mártires y dignas de Amor como las vírgenes, con una doble corona: la de su Martirio Terreno y Ultraterreno, contra los vicios y por el amor. Porque amar con todas las fuerzas es ya un verdadero martirio.

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Es entonces cuando se llevan a cabo, las Nupcias Espirituales, en las que la criatura se une a su Creador. El martirio suave y gozoso de tener que caminar sin ver. Fiándose totalmente de la Divina Providencia, que con amorosa solicitud, lleva al alma a una recreación, para ser el espejo acabado y perfecto que refleja a su Creador.

Porque la vida es una Prueba Martirial y son Vencedores, los que la sufren sin poner nunca en duda, la Infinita Bondad del Eterno.

La Cruz que las mata es el holocausto que las hace enloquecer en su espíritu.

Y ellas se confían a Dios. Enfrentan la Prueba y permanecen fieles para elevarse. Solo Dios sabe cuáles batallas deben combatir.

El Tentador les ha prometido la alegría y ellas se estrechan más fuertemente al Dolor, porque la alegría era el Mal y ellas han decidido seguir al Bien.

El sabor del fruto del Bien, es amarguísimo a la carne humana. Sólo en la otra Vida, se convierte en miel paradisíaca.

 Rechazar a Satanás significa atraerse el Odio centuplicado del Mismo y Dios nos da la fortaleza para que NO venga la Muerte antes de que cumplamos nuestra misión.

Embelesados en el Cielo, debemos embelesarnos en el ardor de la Contemplación, para poder sufrir la Pasión SIN doblegarnos. permaneciendo luces del mundo y muriendo, para hacer oír la Voz del Cielo, que habla a través de nosotros.

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Venceremos a Satanás. Y en la hora de la victoria, la Luz de Dios nos hace esplendorosos como soles. Cuando se vive de Fe, se muere con un esplendor de Fe en el corazón y sobre los labios. Cuando se vive de pureza, se convierte sin muchas palabras.

Las obras de la virtud, hacen convertirse al Mundo. NO todos se convierten pero lo hacen los mejores. Y esto es suficiente.

EL COMBATE.

En cada hombre, hay otro que se revela en los momentos de peligro:

Está el CÍNICO. Que siempre se ríe de las víctimas y saca provecho de las desgracias ajenas.

Está el TRAIDOR. Mezcla del cínico y el cobarde, que siempre se inclina hacia el partido más fuerte. NO dejando de quejarse de las fallas del perdedor.

Está el COBARDE.  NO es tan delincuente como el cínico; ni tan asqueroso como el traidor. Pero muestra lo endeble de su formación espiritual.

Está el HÉROE. Que manso y aparentemente insignificante. Se afirma en la hora de la lucha y grita al Enemigo: ‘¡Aquí estoy!’

Está el SANTO, que mientras todos huyen aterrorizados, dice: ‘Yo tomo su lugar.’

No es el ser tentados, lo que ha de causar Temor. Así como tampoco la violencia de la Tentación.

Ni la reiteración de los recios ataques, deben inducir al alma al Abatimiento y al Desaliento para seguir adelante. La Ira de Satanás, siempre se desata contra las presas que se le escapan y son conquistas de Dios.

En una batalla, ¿Dónde concentra el enemigo sus embestidas más fuertes?

Endereza toda la artillería contra las posiciones más fuertes y que son de capital importancia. Cuando se ha conquistado la plaza fuerte; las débiles caen por sí solas.

Sería necio gastar fuerzas y municiones en ataques a las defensas desmoronadas por la falta de iniciativa de sus defensores, QUE SE RINDEN SIN LUCHAR. 

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Satanás es un estratega Inteligentísimo, sagaz y MUY CRUEL

Sabe regular muy bien sus asaltos. Donde aprecia debilidad espiritual y moral. Y donde ve un consentimiento pleno para aceptarle como amigo, usa de halagos.

Y el hombre cae por sí mismo en sus garras.

Sus ataques violentos los reserva, para donde advierte una resistencia y prevé una Derrota. Entonces cambia los halagos por Terror; sin cansarse de atacar una y otra vez.

Usando todos sus efectivos y todos los medios, a fin de conquistar o AL MENOS ATORMENTAR… (Por eso cuando aprendemos a Amar el Sufrimiento, nos convertimos en guerreros LETALES para él) 

La vida es una lucha cotidiana contra el Demonio, el Mundo y la Carne.

Porque Satanás usa de los TRES, para hacer caer en Pecado a la criatura y así privarla de la Gracia, para poder apoderarse de ella.

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LA CARNE.

Las debilidades del ‘yo’, siempre presentes mientras el hombre vive y cuya solución solo es aplastada, conforme él ‘yo’ es crucificado.

EL MUNDO.

Los afectos y todo lo que constituye el respeto humano, son las armas predilectas para atormentar.

Usa al hombre contra el hombre. Buscando siempre lastimar en donde más Duele y con quién más se Quiere.

EL DEMONIO.

Conforme avanza el alma en el descubrimiento del mundo espiritual, SE DESCARA COMPLETAMENTE

Y SE ENCARA ABIERTAMENTE:  “Deja a Ese…” “Y te daré…” Y  sigue una enumeración de lo que él considera que puede darle resultado.

Como conoce muy bien a su presa, sabe por dónde llegar. Cuando NO consigue su objetivo, su Furia Homicida lo lleva al ataque físico…

Sn. Juan María Vianney "CÓMO NO PUEDE ATRAPAR AL PÁJARO, VINO A QUEMARLE LA JAULA" (Cuando el Demonio lo arrastró y le inició un incendio en su habitación)

Sn. Juan María Vianney  «CÓMO NO PUEDE ATRAPAR AL PÁJARO, VINO A QUEMARLE LA JAULA» (Cuando el Demonio lo arrastró y le inició un incendio en su habitación)

El santo cura de Ars, cuando Satanás lo atacaba físicamente, dejándolo como un boxeador de peso ligero, vapuleado por un boxeador de peso pesado. En su habitación personal, TODO quedaba hecho un desastre, como si la hubiera arrasado un huracán.

Su cama, era un amasijo de hierros retorcidos y como remate, un día se la incendió.

A las preguntas de sus compañeros sobre lo que había acontecido; el santo cura de Ars, solía responder: “Cómo no pudo atrapar al pájaro, vino a quemarle la jaula.”

Pocas veces consigue alcanzarnos.

El amor de Jesús y de María, protegen siempre y solo causa daños HASTA DONDE SE LO PERMITEN… 

El Testimonio del Padre Pío es más que esclarecedor:

Las Tentaciones de Satanás que quisieron hacer caer al padre Pío, se manifestaron de cada modo: «El Padre Agostino nos confirmó que Satanás apareció bajo las formas más variadas: Bajo forma de jovencitas desnudas que bailaron en forma de crucifijo. Bajo forma de un joven amigo de los frailes. Bajo forma del Padre Espiritual o del Padre Provincial. Del Papa Pío X y del Ángel de la guarda.

De San Francesco. De Maria Santísima… Pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales… A veces NO hubo ninguna aparición… Pero el pobre Padre fue golpeado hasta salirle sangre, atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc.»

Él logró librarse de estas agresiones invocando el Nombre de Jesús…

Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron cuando el Padre Pío liberó a los poseídos.

Más de una vez – el Padre Tarsicio contó de Cervinara – antes de salir del cuerpo de un poseído, el Malvado ha gritado: «Padre Pío nos das más molestias tú que San Michelle». Y también: «Padre Pío, NO NOS ARRANQUES LAS ALMAS y NO TE MOLESTAREMOS….»

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La carta a Agostino del 5 de noviembre de 1912:

«Estimado Padre, ésta también es su segunda carta a través de la concesión de Dios y ha seguido el mismo destino de la anterior. Yo estoy seguro de que el Padre Evangelista ya le ha informado sobre la nueva guerra que los apóstatas impuros están haciendo en mí.

Mi padre, ellos no pueden ganar, a su voluntad por mi constancia. Yo le informo sobre sus trampas. Sé que les gustaría inducirme, privándome de sus sugerencias. Yo encuentro en sus cartas mi único consuelo. Pero para glorificar a Dios y para su Confusión yo los llevaré. Yo NO puedo explicarle a usted, cómo ellos están pegándome. A veces yo pienso que me voy a morir.

El sábado yo pensé que ellos realmente quisieron matarme, yo NO hallaba a qué santo pedirle ayuda. Yo me dirigí a mi Ángel de la guarda, suplicándole ayuda, quien me hizo esperar largo tiempo… Y finalmente, él voló alrededor de mí y con su voz angélica cantó los himnos de alabanza a Dios.

Entonces una de esas escenas usuales pasó. Yo le reñí severamente, porque él me había hecho esperar tanto por su ayuda, a pesar de que lo había llamado urgentemente y por castigo, yo no quise mirarlo a la cara.

 Yo quería que él recibiera más que un castigo de mí, yo quise huirle… Pero, él pobre, me localizó llorando; él me tomó hasta que yo lo mirara… yo lo miré fijamente en la cara y vi que él lo sentía.»

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni «Padre Pio da Pietrelcina» Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

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La carta al Padre Agostino del 13 de febrero, de 1913:

«Ahora que veintidós días han pasado, desde que Jesús permitió a los diablos para descargar su enojo sobre mí. Mi Padre, en mi cuerpo todo se machuca de las palizas que yo he recibido en el presente por nuestros enemigos.

En varias oportunidades, ellos me han quitado mi camisa incluso. Y me han golpeado de una manera brutal»…

La carta al Padre Benedetto de fecha 18 de marzo de 1913:

«Estos diablos no dejan de pegarme, mientras que también me tumban de la cama. ¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme! Pero ahora ellos NO me asustan ya. Jesús me ama, Él me alza a menudo y me pone en la cama»

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni «Padre Pio da Pietrelcina» Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG)

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación, con el Padre Pío. Hasta le dice que él era un penitente. Éste es el testimonio del Padre Pío: “Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba. Él era alto, guapo, me vistió con algo de refinamiento y era amable y cortés. Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales. ¡Todos los pecados eran molestos!

Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo. Yo respondí. Yo le traje la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, las morales de los Santos, pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras justificando, con habilidad extrema y cortesía, todo tipo de pecado.

Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacer normal, natural y humanamente comprensible todas sus acciones pecadoras. Y esto NO solamente para los pecados que eran repugnante contra Dios, Nuestra Señora y los Santos; él fue Rotundo sobre la argumentación. Pero, qué pecados morales tan sucios y ásperos.

Las respuestas que él me dio con la delgadez experimentada y malicia me sorprendieron. Yo me pregunté: ¿Quién es él? ¿De qué mundo viene él? Y yo intenté mirarlo bien, leer algo en su cara. Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto que merecían. Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él.

Con autoridad divina yo le dije:

«Diga…….”Viva Jesús por siempre” “Viva María eternamente”

En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos, Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba un hedor insoportable».

Satanás es el mejor maestro en lo que consiste el conocernos a nosotros mismos. A veces está tan enojado, que descubre las tácticas que usará, al enumerar las debilidades de su víctima. Si el alma usa la inteligencia: de sus aparentes victorias, sacará las conclusiones necesarias, para preparar las defensas.

Y es cuando es indispensable fortalecernos en el Señor y en la Fuerza de su Poder. Hay que revestirnos de las Armas de Dios, para poder resistir las asechanzas del Demonio.

Porque nuestra lucha NO ES CONTRA LA CARNE Y LA SANGRE; sino contra los Principados. Contra las Potestades. Contra los Dominadores de este mundo tenebroso. Contra los espíritus del Mal, autollamados dioses, que están en las alturas.

Por eso hay que tomar las Armas de Dios, para poder resistir en este día malo. Y después de haber vencido todo, mantenerse firmes. La Guerra es contra el Infierno Fortísimo, el cual desencadena directamente las grandes Tormentas de las más poderosas tentaciones; en un postrer esfuerzo de abatir al espíritu gigantesco que se le resiste.

La Tentación es un elemento del Mal, que se puede cambiar en Bien y en gloria, mediante la libre voluntad con que el hombre la rechaza. A veces es tan sorpresivo y violento el ataque, que agarrando al hombre desprevenido, lo hace caer…

¿Qué hacer? ¿Llorar y desesperar, porque estamos derribados mordiendo el polvo? ¿Quedar abatidos y darnos por vencidos, aceptando nuestra mísera realidad? ¿Tirar la toalla y batirnos en retirada, dejando que el Enemigo consuma su victoria y nos destruya por completo?

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¡Claro que NO!

¡Sólo los cobardes se dan por vencidos! Cuando se recibe un golpe bajo, (Los de Satanás, siempre lo son) y nuestro triste barro yace miserable y derrotado; debemos recordar, ¡Qué somos polvo!

El Demonio que se retuerce de risa porque nos hizo caer… No hace más que recordarnos, la miseria que somos y como dependemos de Jesús.

Dependiendo del daño recibido. Debemos serenarnos. Tratar de mirar objetivamente la situación y…

¡Llorar amargamente! Pero NO DE ABATIMIENTO… Sino de arrepentimiento, por el Dolor infligido a Dios por nuestro Pecado.

Postrarse en Tierra y pedir perdón al Señor, equivale a levantarse y seguir adelante.

No debemos olvidar que los tropiezos que pone Satanás son más grandes, cuanto más cerca estamos de Dios.

Levantarse y proseguir con constancia inalterable, decididos a pertenecer más a Dios. ¡Dios sabe distinguir las caídas y es Padre que levanta a los que caen; NO por malicia, sino por debilidad de la criatura y tropiezo de Satanás!

El alma que lo conoce, sabe de la Infinita bondad de Dios. Y confía en que el arrepentimiento sincero, obtiene de Dios el Perdón. Y Él, en su Infinita Misericordia, aumenta las Fuerzas y los recursos que el alma necesita para perseverar y vencer.

El Demonio vencido, se retira con su mezquina victoria, diciéndonos: “De todas maneras, ¿Ya ves que eres un perro? ¡Te hice caer y te hice llorar! ¡Volveré y me las pagarás! ¡Te mataré!” La Burla y la amenaza NO faltan jamás.

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Su función es tratar de amedrentar a como dé lugar. Le encanta hacer una descripción minuciosa de lo que nos hará cuando caigamos en sus manos, cuando llegue nuestra hora…

Tentación rechazada, es mérito adquirido. Lo que NO consiguió con la Tentación, trata de conseguirlo con el Terror. Pero, ¡Si Dios está con nosotros! ¿Quién contra nosotros?

Para esto dejó al hombre su magnífica libertad de QUERER.  Para que a través de ella y por mérito propio, alcance la gloria merecida. Conforme avanza el hombre en el conocimiento de Dios y por lo tanto del Amor; el alma extrae de la Verdad, la fuerza necesaria para remontar el Abismo y colocarse al nivel del Enemigo en la Última Batalla.

Todas las luchas anteriores, tienen como finalidad entrenarnos, para el mortal Combate Final. En ella EL MARTIRIO DE LA HORA DE LA MUERTE ES LA BATALLA DEFINITIVA, que determina el curso de nuestro destino eterno.

No podemos darnos el lujo de cometer el más mínimo error.

Si tomamos en cuenta que como hijos de Dios, somos dioses y que lo que decimos se hace; podemos entender el tremendo drama que se desarrolla con nuestras últimas declaraciones.

Para esto hay que encuadrar el diálogo, en un plano totalmente espiritual.

Y veremos claramente el COMBATE, entre el alma que quiere retornar a Dios y el terrible Adversario que trata de impedirlo.

Este conocimiento es invaluable para el momento en que tengamos que librar, nuestro propio y personal combate. Ya sea en una confrontación abierta, como la que tuvo Jesús con sus acusadores…

O en la paz del lecho de enfermo en la que termina la jornada terrena. Este combate es especialmente doloroso para los ATEOS. Por eso sus agonías son desesperadas y espantosas, cuando NO terminan de manera súbita, con el Homicidio o el SUICIDIO… 

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Pruebas + sufrimiento = Amor Perfecto.

La debilidad humana no es capaz de resignarse al Martirio. Pero los corazones que aman de verdad a Dios y deben dar testimonio de Él…

Él Mismo les infunde una gracia sobrenatural: el Amor Perfecto.

Cuando se llega al Amor Total; NI las torturas, NI las acusaciones, NI las separaciones de los familiares; NI la pérdida de la vida, NI ABSOLUTAMENTE NADA, tiene importancia. TODO se convierte en pedestal para levantarse al Cielo, para aceptarlo TODO, para extender los brazos y el corazón a las torturas, mirando solamente hacia Dios.

El amor, el sacrificio y la confesión heroica de la Fe, es Absolución. La vida es un martirio, cuando el Mundo ha perdido toda atracción y el corazón suspira por el Cielo.

Cuando se vive para enseñar a los demás el Amor; para consolar de sus desilusiones el Corazón de Dios y para perseverar infatigables en darle almas.

Por eso debemos perseverar en cumplir nuestra Misión y el Ministerio recibido de Jesús, de santificar el Mundo y dar testimonio del Evangelio. De ninguna otra cosa nos debemos preocupar.

Si sabemos convertirnos en verdaderos hijos del Padre Celestial; DEBEMOS VIVIR, ACTUAR Y MORIR COMO TALES… 

Nuestra muerte debe ser brecha en los diques del Paganismo, como agua que socava una y otra vez… Y rompe lenta, pero inexorablemente, las más fuertes obras del hombre.

Y nuestra sangre, igual que la de Jesús; brotando por miles de heridas, debe resquebrajar las murallas paganas para que el Mundo pueda ser conquistado por el Amor.

Hay que orar pidiendo la Sabiduría, para poder ser CONFESORES. Cuando la poseemos y amamos verdaderamente a Dios; hacemos de este Amor la razón principal de nuestra vida y es cuando alcanzamos la perfección espiritual: la Santidad. 

Con el Amor de Fusión Perfecto, nuestro espíritu es elevado al Cielo.

 Y podemos gozar de Dios, ENMEDIO DEL MARTIRIO CRUENTO.

NO muertos. NO torturados. NO destruidos. NO desesperados. Así como NO es muerte el trabajo de parto, sino que es vida que genera vida: el Dolor de un instante ofrecido a Dios, NO ES MÁS DOLOR…

 Sino GOZO que se vuelve Eterno, al dejar este mundo. Debemos por tanto, reflejar a Dios en sus cualidades y a Cristo Salvador en su Holocausto. Debemos imitarlo si realmente queremos sobrevivir y reunirnos con nuestro Padre. 

EL QUE ESTÉ DISPUESTO PARA EL MARTIRIO,
ESTÁ LISTO PARA RECIBIR EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO… 

Celina calla…

Después de un momento de reflexión, todos se dirigen a la Iglesia de la Santa Cruz, donde se celebra la Eucaristía y donde los espera un grupo de obispos, para bautizarlos.

Nicolás  dice al saludar al obispo Francesco:

–           Ahora ya que me han dado el conocimiento de esta gloriosa Fe, mientras mi Fernanda me ha dado la dulzura, tú ábreme las puertas de la Gracia. Quiero ser de Cristo para ser igual al ángel que Él me ha dado por esposa y que me ha abierto los caminos celestiales en los que prosigo, olvidando todo el pasado. ¡No tardes más! ¡Oh, obispo! Yo creo y ardo por confesarlo, para la Gloria de Jesucristo, nuestro Señor.

Los cristianos escuchan conmovidos y alegres.

Y sonríen al nuevo hermano y a la feliz Fernanda que lo tiene tomado de la mano, estando entre el esposo y el cuñado.

Al igual que los demás, Nicolás y Emiliano están vestidos de blanco y sin ningún adorno, ni joyas de ningún tipo.

El Obispo Francesco pronuncia la fórmula sacramental del Bautismo, mientras los cristianos van siendo sumergidos uno a uno, por tres veces; en la piscina con el agua lustral.

Nicolás con las gotas de agua todavía escurriendo de sus cabellos, recibe el beso fraterno de los cristianos y sus felicitaciones…

Que le dicen:

–          Serás un campeón entre nosotros.

El joven patricio contesta sonriendo:

–         No soy capaz de tanto. Yo, infeliz pagano envuelto en el Error. Todo el mérito es de esta dulce esposa mía. Su belleza y su gracia, sedujeron en mí al hombre… Pero su Fe y su pureza, han seducido mi espíritu. He querido ser igual a ella, para poderla amar y comprender más, todavía.

De mí, iracundo y sensual; ella ha hecho esto que veis: un manso y un puro. Y espero con ayuda de ella, crecer siempre más en este Camino. Ahora te veo ángel de virginal candor, ángel de la esposa mía. Y a ti también Azharías. A ti te sonrío, porque me sonríes. ¡Ahora te veo, Angélico esplendor!

La alegría de contemplarte es superior a toda la aspereza del Martirio.  

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Fernanda santa, prepárame para eso. Yo quiero entregarme completamente y consagrarme como tú. Quiero ser Sacerdote e inmolarme a mí mismo, a mi Señor Jesucristo. Sobre esta Estola yo quiero escribir con mi sangre, el Nombre Santísimo del Cordero y ofrendar el Verdadero Culto a Dios.

–           Amén. –contestan todos.

Cuando la asamblea termina, los cristianos regresan a sus hogares.

Y en Roma, Celina redacta un documento donde autoriza la venta de sus propiedades y dona todas sus riquezas para que Pedro las distribuya, a los pobres de la Iglesia.

Luego pide a Diana que la acompañe a orar durante toda la noche.

Diana le pregunta:

–           ¿Cuál es la razón para esta decisión?

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Celina contesta:

–          Me enteré,  de que Narciso Haloto con calumnias, ha conseguido de su padre una orden de arresto contra mí. Piensa llevarme a los lupanares del Palatino y entregarme a los spintrias. (Maestros de voluptuosidad)

Quiere retenerme prisionera, hasta que se canse de mí. Después de profanarme, quién sabe cuántas crueldades más tiene planeadas la ruin bajeza del despechado romano. Pues está dispuesto a hacer uso de toda su fuerza y poder, para vengarse de lo que considera: ‘Estúpidos desprecios de una jovencilla orgullosa.’

Diana se queda muda de estupor y solo exclama:

–           ¡Oh!

Las dos se arrodillan ante la cruz, en el cubiculum de Celina.

Y se sumergen en una larga y ardiente Oración…

Cuando llega la mañana, se levantan y preparan un pequeño altar, con linos muy finos y hermosas flores blancas.

Luego entra un hombre joven, elegantemente vestido; con su toga ribeteada de púrpura, parece un senador.

Es Humberto y las dos jóvenes le saludan con gran veneración. Él saca de una bolsa, todo lo necesario para celebrar una Misa. Después se reviste con las vestiduras sacerdotales y se inicia la Eucaristía.

Celina y Diana, oran siempre más fervorosamente.

Humberto consagra las Especies y después las da a las dos jóvenes, que las reciben con profunda adoración.

Pero cuando el sacerdote las bendice al terminar la Misa y desciende del altar, solamente Diana se mueve.

Celina permanece postrada, su compañera la llama y la sacude suavemente.

Humberto también se inclina y entre los dos, la levantan.

Ya la palidez de la muerte, está sobre el rostro de Celina y los ojos están semicerrados por la agonía final. Respira fatigosamente y una alegría incontenible, ilumina su bello rostro.

La colocan con cuidado sobre un largo diván que hay junto a una ventana abierta al atrium, donde se oye el agua del implovium, cuando salpica el hermoso jardín.

Tratan de ayudarla.

Pero ella, haciendo un esfuerzo, levanta una mano y solamente dice dos palabras:

–           Gracias… Jesús…

Y sin ningún espasmo, expira…

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Diana besa la blanca frente de su amiga.

Y lágrimas silenciosas, resbalan por sus mejillas, mientras le dice:

–           Hermana mía, me has precedido. Te lo ruego, ora por mí, cuando llegue mi hora.

Humberto unge el cuerpo con los santos óleos y cruza sobre el pecho, las manos de la doncella; que parece como si durmiera  apaciblemente.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

P201 EL DAÑO CONTRA DIOS


padre-eternoOctubre 23 de 2016

Todos vosotros fuisteis creados por Mi Amor y vuestra alma se alimenta de Mi Amor

 Hijitos Míos, Mi Amor inunda todo, Mi Amor está con vosotros, Mi Amor está en todo lo creado. Satanás se ha encargado de ir destruyendo todo aquello en la Creación, que está marcado con Mi Amor.

Mis pequeños, Mi Amor está en vosotros, pero son muy pocas las almas que se dan cuenta de ello. Son muy pocas las almas que realmente Me cuidan en su corazón, muy pocas las almas que multiplican el Amor que Yo he puesto en vosotros. ¿Acaso no os dais cuenta Mis pequeños, que estáis en la Tierra para servirMe, para transmitir Mi Vida Espiritual a vuestros hermanos?

Satanás, el Príncipe de este Mundo, trata de destruir todo aquello que es Mío; primeramente a vosotros, que sois Míos. Vuestros Primeros Padres fueron los reyes de la Creación, se les dio un regalo inmenso, grandísimo y Satanás los engañó e hizo que cayeran.

CRUZ SALVACION

Mis pequeños, vosotros tenéis la Gracia de la Redención, tenéis esa Bendición grande que Mi Hijo realizó por vosotros. Me obedeció, Él también dio un “Fiat”, aceptó la Misión que Yo Le pedí que llevara a cabo para vuestra salvación y vosotros, habéis tenido esa Gracia inmensa de la Redención.

Tenéis por parte de Mi Hijo, el Conocimiento de las Sagradas Escrituras. Tenéis por parte de Mi Hijo, el Amor que derramó por vosotros. Tenéis de parte de Mi Hijo, el Ejemplo que Él os dio cuando Él convivió entre los hombres y preparó a los hombres para que recibieran el Conocimiento Divino.

Sí, Mis pequeños. Mi Hijo, Dios, vino a la Tierra para serviros, para traeros la Gracia, la Redención, el Conocimiento para vuestra salvación y ¿Qué habéis hecho con todo lo que Yo Le di para que vosotros conocierais? Habéis desperdiciado los Tesoros del Cielo.

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La humanidad está así, porque le ha dado la espalda a todo lo que Mi Hijo trajo para todos vosotros. Sois muy pocos los que realmente, abristeis vuestro corazón para vivir el Cielo en la Tierra. Por eso os he dicho, que el Resto Fiel es muy pequeño. MUY PEQUEÑO, Mis pequeños.

¿Cuántos realmente de vosotros, habéis aceptado en vuestro corazón, las Enseñanzas del Cielo? Como decía el Apóstol: vosotros, los que estáis en el Mundo, pero que NO pertenecéis al Mundo. ¿Cuántos conocéis así?  ¿Verdad que son pocos, Mis pequeños? Sois pocos los que estáis Conmigo. Agradezco que estéis reunidos Conmigo, viviendo las Enseñanzas del Cielo, viviendo el Amor Divino.

 Cuando Yo permití que Mi Hijo Naciera en una Familia, es para que os dierais cuenta la unión que debéis tener todos vosotros. Así como SoMos Uno en Nuestra Santísima Trinidad, en esa Familia que se dio para que Naciera vuestro Salvador, también era para que vosotros vierais esa unión de Amor.

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¿Qué ha pasado, ahora, en estos Tiempos? Si Yo os pedí unión, Satanás ha causado la desunión. ¿Para qué? Para que vosotros NO os unáis a orar, NO os unáis a luchar, NO os unáis como verdaderos hermanos para ayudaros los unos a los otros. Sois conscientes en que NO sois perfectos. Sois conscientes en que necesitáis de vuestros hermanos, para complementaros. Sois conscientes en que sois débiles en ciertas partes de vosotros: en vuestros pensamientos, en vuestras decisiones, en vuestras capacidades físicas o intelectuales.

 Cada hermano vuestro, es muy bueno en alguna cualidad, otros, en otra. Y así, cada uno de vosotros vais formando un rompecabezas, para ser la unidad pudiéramos decir, perfecta para vosotros, para que os podáis desarrollar perfectamente en este Mundo. Os necesitáis los unos a los otros para subsistir. Uno sólo de vosotros, viviendo aislado del Mundo, es más difícil que podáis sobrevivir, que si os unís entre varios, uniendo vuestras capacidades y dones con que he dotado a cada uno de vosotros.

Satanás se ha aprovechado de esta situación, para que al desuniros, vosotros NO os unáis para destruir su poder contra vosotros. Para destruir su Maldad con la que os ha atacado desde que fue corrido del Cielo.

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Ahora os teméis los unos a los otros, NO os unís para convivir y compartir de lo que tenéis. Eso lo ha logrado Satanás y vosotros estáis muy desprotegidos. Pero lo peor de todo, es que no solamente os habéis separado vosotros de vuestros hermanos, OS HABÉIS SEPARADO DE MÍ.

Ya se os había profetizado muchísimos años antes, que llegaría el momento de la Gran Apostasía, que os ibais a separar de Mí, de Mi Amor, de Mis Leyes, de Mis Evangelios, de la Sabiduría Divina que se os dejó para que crecierais y fuerais verdaderos hijos Míos. ¿Os dais cuenta ahora, cómo Satanás os ha destrozado en cuerpo y en alma? No estáis unidos porque NO os amáis. No estáis unidos porque NO queréis compartir de lo que tenéis. No estáis unidos porque hay inseguridad de trato entre vosotros.

Por eso ésta Purificación que voy a permitir, os va a unir. Ciertamente habrá dolor, pero ése dolor, se convertirá en amor. Porque en el Desastre o uniréis, Mis pequeños. Utilizaréis los dones y capacidades que os he dado a cada uno de vosotros, para que al uniros, os compartáis de ellos y podáis salir adelante los pocos que quedaréis.

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Un Nuevo Mundo se abrirá ante vuestros ojos, purificados estaréis los que gozaréis de este Nuevo Mundo, grandes Bendiciones caerán sobre vosotros. AgradecedMe ya desde ahora, lo que voy a hacer con este Nuevo Pueblo de Dios. Os uniréis nuevamente en Mí, en Mi Amor, en Mis Leyes, una nueva generación empezará a brotar de vosotros y gozaréis lo que haré con vosotros; el pasado os servirá de lección, empezaréis a gozar vuestro futuro.

Hijitos Míos, a vuestros Primeros Padres les pedí cuidar de la Creación. Es vuestra casa, la Naturaleza os cuida y vosotros la descuidasteis. Ahora, la Naturaleza se va contra el hombre, porque NO la cuidó como debiera.

La misma Tierra, sufrirá sus Dolores de Parto. La habéis herido, la habéis contaminado, la habéis descuidado y RUGIRÁ, a través de sus volcanes, quemando todo a su paso.

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La Tribulación viene, Mis pequeños. La Tierra temblará por todos lados, como un animal herido. La descuidasteis y NO la habéis curado. Los gobernantes de las naciones, dieron permisos para que algunos se enriqueciera; siendo ellos también, copartícipes de ése plan malévolo.

La Tierra se volverá sobre aquellos que la han dañado, todo será purificado. Los ríos contaminados están, en lugar de hacer que las fábricas desecharan todo aquello inservible, lo arrojaron a los ríos, que os da vida a vosotros y a vuestros cultivos. Todo así, ha quedado contaminado.

Estáis sufriendo a nivel mundial, de enfermedades que antes no teníais en tal cantidad. Satanás, se burla de vosotros, os ha llevado hacia el mal, hacia la enfermedad, hacia las epidemias. A través de la maldad de los científicos se han afectado los cultivos y también a los ganados. No tenéis ahora, alimentos saludables.

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Los aires, contaminados están. Vuestro cuerpo sufre todo eso, con lo que vosotros habéis dañado vuestro alrededor. Las grandes fábricas en mayor grado, han contaminado y vosotros mismos en vuestros hogares, también contamináis.

Se han creado nuevos microbios y bacterias, que están produciendo enfermedades incontrolables. Los microbios y virus, han mutado y los científicos no encuentran rápidamente la cura.

Todo es un Caos, porque no supisteis hacer bien las cosas; porque NO seguisteis con Mis Órdenes, correctamente. Cuando les pedí a vuestros Primeros Padres de cuidar todo lo creado, la Orden también era para vosotros. Si ellos fueron los reyes de la Creación, vosotros sois sus descendientes y debisteis haber cuidado lo que le pedí a vuestros Padres.

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Sufriréis también, por todo este ambiente que habéis contaminado. El cerebro ha sido atacado y las enfermedades mentales van afectando a muchos de vuestros hermanos, que junto con las drogas creadas por Satanás y aconsejando a los científicos, va destruyendo hasta a los pequeñitos. Hacia donde volteéis Mis pequeños, todo ha sido afectado por Satanás. No tenéis ya, salud de cuerpo NI de alma.

Satanás os va a seguir atacando, peores drogas se están inventando. No hay seguridad en vuestro alrededor. Hace años os dije que la Maldad caminaría por vuestras calles y ya nadie la podría detener… Y ahora lo estáis viendo, lo estáis viviendo, lo estáis padeciendo.

Para eso es la Purificación que se avecina, Mis pequeños. NO puedo permitir que Satanás termine con esta generación. Tengo que Rescatar a aquellos que han estado Conmigo, aquellos que Me han buscado. Aquellos que han mantenido Mis Leyes, Mis Mandamientos, Mi Amor en la Tierra son pocos, pero los tengo que proteger y empezar una Nueva Generación.

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Todos aquellos que se han dejado contaminar por Satanás, serán eliminados. Pero como os he dicho, NO quiero su condenación eterna. Y dependen ellos, de vuestras oraciones para salvarlos. Os tenéis que unir como hermanos, Mis pequeños. Saber que todos vosotros habéis sido atacados fuertemente por Satanás.

TENÉIS UN ENEMIGO EN COMÚN TODOS VOSOTROS Y OS DEBÉIS PROTEGER CONTRA ÉL…

 Ahora os dais cuenta de su poderío, millones y millones que sois vosotros y a TODOS os ha afectado en mayor o menor grado. Esto NO lo habéis meditado, lo estáis viendo y viviendo a vuestro alrededor y NO hacéis NADA para evitarlo. Se os ha pedido que viváis con los Sacramentos, en estado de Gracia, rezando el Santo Rosario, haciendo todo lo posible, a través de la Oración, el Sacrificio, el Ayuno, para vencer a Satanás.

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Estáis en un grave peligro, Mis pequeños. Se os ha venido avisando desde muchos años atrás y NO habéis querido entender. Por eso tengo que detener todo esto ya, Mis pequeños. Salvar a los Míos y vosotros, salvad a vuestros hermanos.

Os he explicado ya varias veces, que el Dolor es purificador. Nunca quise Mis pequeños, que vosotros sufrierais y a través de Mi Hija, la Siempre Virgen María, os mandaba decir que enmendarais el camino, para que no sufrierais, lo que en breve vais a sufrir.

¿Acaso un padre o una madre, se alegran al ver a los hijos sufriendo? NO Mis pequeños, cuando un hijo se enferma, los papás sufren y a veces, hasta más que los pequeños, porque ellos NO se dan cuenta. Yo también sufro Mis pequeños, al veros sufrir y muchos de vosotros, NO entendéis esto que os explico, que el Dolor es Purificador.

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Vosotros Me dañáis mucho.

VUESTROS PECADOS HAN DAÑADO GRAVEMENTE A MI CORAZÓN SACRATÍSIMO, INMACULADO Y eso, NO lo veis vosotros. NO os ponéis a meditar, cómo todos los pecados del Mundo llegan a Mí…  Y YO SUFRO…

Ninguno de vosotros sois santos, como para NO pecar. Pecados grandes, pecados pequeños, Me llegan en millones, a diario, a Mi Corazón Sacratísimo y eso vosotros NO lo meditáis, nada más os quejáis de lo que os sucede.

Pedís, pero NO volteáis a verMe a Mí, vuestro Padre, vuestro Creador y Mi Hijo vuestro Salvador. Además de que NO tratáis de hacer obras buenas, para que Mi Corazón NO sufra. Muchos de vosotros, además de vuestros pecados Me blasfemáis, porque no conseguís lo que vosotros queréis. Y con exigencia, ni siquiera pidiéndoMelo de corazón. Actuáis muchos de vosotros, con gran injusticia hacia Mí.

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Soy vuestro Dios y merezco el mayor respeto que le podáis dar a alguien. Yo os creé, Yo os di el Don de la vida, para que vosotros vinierais a servirMe a la Tierra y con esto, Yo os iba a dar un lugar mucho más alto en el Reino de los Cielos a vuestro regreso.

 Pero desperdiciáis todo ello cuando os ponéis en Mi contra y Me blasfemáis, cuando NO aceptáis las pruebas que Yo permito que tengáis para purificaros y para llevaros a altos niveles en el Cielo. No sois sabios, desperdiciáis mucho, sois muy tontos, Mis pequeños. Yo, pudiéndoos dar grandes cosas, vosotros NO las aprovecháis, os dejáis influir fuertemente por Satanás y él os separa de Mí.

Os aconseja mal, hace que vosotros Me deis la espalda y en lugar de recibir Mis Bendiciones y ayudaros a salir adelante, sobre todo para que NO os vayáis a perder eternamente, vais con aquél que os va a hacer pecar, para llevaros a la Condenación Eterna.

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Ojalá pudierais vosotros discernir todo lo que os digo y os lo anuncio así francamente, Mis pequeños, para que entendáis. Estáis a momentos de la Gran Purificación y lo que quiero de vosotros Mis pequeños, es que os mantengáis en estado de Gracia, Orando y Agradeciendo.

Reparando por tantos pecados que cometisteis durante vuestra vida, contra Mi Sacratísimo Corazón. Ojalá entendáis Mis pequeños, porque os quiero de regreso en el Reino de los Cielos. Porque el Pecado ha velado vuestra mente, vuestros ojos, vuestro corazón.

Yo NO creé las cosas como ahora las veis. TODO lo que Yo creé, es hermosísimo. Vosotros estáis viendo lo que está a vuestro alrededor, con una afectación por el Pecado. Es como cuando vosotros os ponéis lentes obscuros; todo cambia de color, todo lo veis diferente. Ciertamente os protege del sol, pero la realidad es otra, NO estáis viendo las cosas a vuestro alrededor, con el color real que tienen.

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Y esto es lo que pasa con el Pecado. El Pecado Original, os puso un velo frente a vuestros ojos, a vuestra mente. Vosotros no recibís Mis Bendiciones como debieran llegar. Todo lo que recibís, NO lleva la calidad que debéis vosotros recibir y sobre todo, GOZAR.

Ciertamente veis cosas bellas, porque Yo creo todas las cosas bellas y os consiento. Pero la realidad, es otra. El Pecado, todo lo afectó, empezando con la Muerte. Adán y Eva vuestros Primeros Padres NO iban a morir, porque Yo Soy Vida y Yo creé todo con Vida.

El Pecado, atrajo la muerte y la enfermedad al Mundo. Y por eso veis a vuestro alrededor, que todo lo que está vivo, llega a enfermarse y a morir, especialmente vosotros. Veis un día una flor muy bella, pasan unos cuantos días y esa flor se va cerrando y se va marchitando y eso NO debiera haber sucedido, Mis pequeños.

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Todo aquello que Yo creé en la Naturaleza, iba a ser perenne. Vosotros ibais a gozar de todo lo creado y en un estado bellísimo, pero el Pecado todo lo echó a perder.

Y vosotros estáis padeciendo todo esto también, porque el Pecado está en el Mundo. Pero lo peor de todo, es que vosotros NO habéis hecho gran cosa para erradicar el Pecado del Mundo, empezando por el pecado que tenéis en vuestro corazón.

Vosotros podéis ver a las almas que se han acercado a Mí profundamente, es la vida de los santos y tenéis muchos ejemplos como ésas personas. Ésas almas bellas tienen una belleza muy particular, porque están Conmigo y el estar Conmigo les confiere una belleza profunda. Transmiten Vida y a pesar de que sean ancianas, tienen Vida.

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SANTA ROSA DE LIMA

Vosotros debéis ser igual, Mis pequeños. Debéis conservarMe en vuestro corazón, para que mantengáis esa Vida que os va a dar siempre una lozanía espiritual muy bella. Mi Hija, la Siempre Virgen María, es bellísima. Pero es bellísima porque en Su Corazón sabe amar, Me ama a Mí vuestro Dios. Y al amarMe con todo Su Corazón, ese Amor sale a través de Ella, precisamente confiréndole esa belleza tan particular que tiene Mi Hija, la Siempre Virgen María.

Manteneos pues Mis pequeños Conmigo, en Mi Amor y vosotros también gozaréis de esa belleza que tienen las almas santas.  Porque un distintivo que tienen las almas que Me pertenecen, es que primeramente están llenas de Mi Paz y segundo, son almas alegres.

Un alma que está Conmigo, debe estar llena de Paz, porque Yo Soy la Paz. Mi Hijo os enseñó a que cuando estuvierais con otra persona, le dijerais así: ‘la Paz esté Contigo’ porque la Paz Somos Nosotros, Paz interior, Paz que produce esa alma. Y esa Paz, va a producir también alegría, porque NO PODÉIS ESTAR TRISTES cuando se Me tiene en vuestro corazón.

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La Paz y la alegría son un distintivo de los verdaderos cristianos. Un distintivo de aquellos que realmente Me están llevando a sus hermanos. Cuando se da en una persona, que Me lleve con esa Paz y ese Amor, va a llevar esa Paz a donde se encuentre. Hay mucha Tribulación alrededor vuestro, hay mucha Maldad y vosotros debéis estar llenos de Paz y alegría.

Muchos problemas os aquejan, porque Satanás os ha llevado a una tribulación mundana. Vosotros NO tenéis Paz, porque NO Me buscáis, NO Me queréis tener en vuestro corazón. Os habéis dejado embaucar por Satanás y él os lleva a buscar muchas cosas que a veces, hasta son imposibles a vuestras capacidades y eso, os lleva a que NO tengáis Paz en vuestro corazón.

Yo Soy Sencillo, Yo no os pido cosas imposibles. Yo os pido que tengáis la Paz y todos vosotros la podéis tener si estáis viviendo de acuerdo a Mi Voluntad. Si tenéis la Paz, inmediatamente tendréis la alegría, porque no tendréis preocupaciones, aun para cubrir ciertas cosas que a vuestras capacidades, ya sean emocionales, ya sean económicas, ya sean espirituales, se os van a hacer imposibles de obtener; porque satanás, os lleva a crear un imposible que os va a quitar la Paz.

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Si vosotros os dais cuenta, a vuestro alrededor lo que ha hecho Satanás, es quitaros la Paz. Tenéis miedo de salir de vuestros hogares, porque creéis que alguien os va a atacar. Tenéis miedo de tantas cosas a vuestro alrededor y vosotros NO estáis a gusto y ya no tenéis esa Paz. Meditad eso Mis pequeños y veréis que es verdad.

Satanás os ha quitado la Paz y ya vosotros, no camináis contentos, ya no camináis seguros a donde vais. Y al no tener esa Paz, estáis llenos de preocupaciones y eso os quita la alegría. Un hijo Mío siempre es alegre, porque es humilde, porque está lleno de Mi Amor.

Os pido pues Mis pequeños, que os acerquéis a Mi Corazón Sacratísimo, para que sintáis siempre la seguridad que Yo os doy en vuestro cuidado, tanto físico como espiritual. No perdáis nunca Mis pequeños, la Paz y la alegría de vuestro corazón, porque Yo estoy con vosotros.

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Hijitos, se os ha dicho muchas veces y está en las Sagradas Escrituras: sed como niños. El niño pequeño cuando escucha un trueno teme, no sabe qué es y corre a los brazos del papá o la mamá. Va creciendo y cosas que no comprende, se las pregunta al papá o a la mamá.

El niño pequeño tiene plena confianza en sus padres, porque conocen intuitivamente, sabe que lo pueden proteger los padres. Los niños pequeños confían en que tendrán alimento, NO se lo cuestionan, simplemente ellos saben que sus padres les van a proveer de lo que necesitan.

El niño pequeño, ama y no está preguntándose si es bueno, si es malo el papá o la mamá. Porque ciertamente todos tenéis defectos, pero el niño pequeño no los conoce, simplemente ama. Por eso os he pedido tanto que seáis como niños y que vengáis a Nosotros, a Mí, vuestro Dios, como Padre y a Mi Hija, la Siempre Virgen María, como Madre.

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Seguís siendo pequeños, porque no conocéis todo a pesar de que algunos de vosotros ya peinéis canas, tenéis vuestro cabello blanco, habéis vivido mucho tiempo y creéis saber mucho.

No, pequeños, no sabéis mucho. Verdaderamente muchos de vosotros, habéis perdido la Sabiduría, porque os habéis adentrado tanto en el Mundo, que pertenecéis al Mundo y habéis perdido la Sabiduría Divina. Conocéis ciertamente las cosas del Mundo, pero las cosas del Mundo os separan de Mí. NO tenéis las Virtudes Divinas, vivís para el Mundo que en la mayoría de los casos, vivís en vicios satánicos, en maldad satánica.

Cuando sois pequeños y necesitáis algo, acudís a vuestros padres o a vuestros hermanos mayores para que os saquen de problemas. Con Nosotros Mis pequeños, tenéis todo. Yo, vuestro Dios y Mi Hija, la Siempre Virgen María, podeMos proveeros de todo, siempre y cuando tengáis esa Fe y esa Sabiduría Santa que os podeMos regalar si vosotros Nos las pedís.

sagrada familia

Tenéis todo, tenéis los regalos del Cielo aun viviendo en la Tierra, pero no tenéis confianza en llegar a Mí, vuestro Dios y a Mi Hija, la Siempre Virgen María, vuestra Madre; para que con humildad, con sencillez de niños, Nos pidáis lo que necesitéis.

Cuando vosotros sois humildes y sencillos, podéis alcanzar fácilmente la Sabiduría Divina, porque os reconocéis que sois pequeños, que no conocéis lo necesario para que podáis vosotros, vencer a Satanás, porque estáis viviendo en el Mundo y el Príncipe de este Mundo, es él.

Podéis caminar por el Mundo sin caer, cuando vosotros pedís Nuestra ayuda, pedís Nuestra protección, pedís vida espiritual en el Amor. 

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Si vosotros os queréis mantener en esa soberbia a donde os lleva Satanás, estad seguros que posiblemente os condenaréis Mis pequeños, porque no sabréis cómo salir de los problemas a donde Satanás os lleva y que vosotros no tenéis las capacidades Divinas que os podeMos dar para salir adelante de esos problemas.

Os vuelvo a repetir, sed sencillos, sed como niños y con seguridad, ganaréis así el Reino de los Cielo.

Os Bendigo Mis pequeños, seguid adelante el tiempo es breve ya, para que todo cambie. El Nuevo Reino vendrá sobre vosotros y gozaréis el gran regalo que tengo preparado para las almas que son el Rebaño Pequeño que he escogido.

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Confiad en Mí, hijitos Míos. Yo no Me separaré de vosotros en ningún momento. Os daré fuerza física y espiritual para vencer en ésta Prueba. Prueba que os hará alcanzar vida de Amor en ésta nueva Era de Mi Santo Espíritu por venir.

Confiad, que Yo estoy a vuestro lado, para guiaros y en vuestro corazón para amaros y daros fuerza. Fuerza que ha de vencer a las fuerzas del Mal.

Yo os Bendigo en Mi Santísimo Nombre de Eterno Dios de Amor, en el de Mi Hijo Jesucristo, donación perfecta en el Amor, en el de Mi Santo Espíritu, Voz y Guía del Amor y en el de Mi Santísima Hija, la Siempre Virgen María, donación perfecta al Amor.

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