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81.- EL JUEZ ETERNO…


PETRONIO jardin volksgarten-600x399Aurora llevó a Diana a una habitación para huéspedes y dio orden de que la ayuden a estar cómoda y la atiendan en todo lo que necesite.

La joven cristiana dice:

–           No sabía que iba a quedarme. Necesito avisar a mi familia y traer mis cosas personales.

Aurora la tranquiliza diciendo:

–           No te preocupes por eso. Aquí hay todo lo que necesitas. Enviaremos un siervo a avisar a tu casa.

Mientras tanto en el triclinium,

Petronio dice a Marco Aurelio:

–           Váyanse a Sicilia. Tal como han pasado las cosas, nada los amenaza ahora por parte del César.

Pero Tigelino es capaz de recurrir aún al veneno, si no por odio a vosotros, sí por odio hacia mí.

Marco Aurelio le contestó sonriendo:

–           Ella estuvo entre las astas del toro salvaje y sin embargo Cristo la salvó.

Petronio no pudo reprimir un tono impaciente,

Al replicar:

–           Entonces ofrece en su honor una hecatombe. Pero, ¡Caramba!…

¡No le pidas que te la salve por segunda vez! Ya son demasiadas emociones, ¿No crees?…

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–           ¿Cuándo te irás para Nápoles?

–           El próximo mes. ¿Por qué lo preguntas?

–           Bien. La próxima luna tú te irás para Nápoles y nosotros a Sicilia.

¡Por nada del mundo nos perderemos este aprendizaje! ¿Verdad, preciosa mía? –dice Marco Aurelio besando a su esposa.

Alexandra contesta sonriente:

–           Cómo crees que te vamos a dejar solo en tu renacimiento.

Es un acontecimiento único e incomparable y vamos a celebrarlo juntos, contigo.

Petronio, admirado y dichoso a la vez,

exclama:

–           Pero… Lo que nos van a enseñar, ¡Ustedes ya lo saben!

Marco Aurelio replica reflexivo:

–           Lo que es escuela de vida, es una enseñanza perfecta. Y aunque se estudie mil veces, siempre hay algo nuevo que aprender…

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La santa Palabra de Dios dice que los recién casados deben vivir solos al menos un año, para aprender a conocerse verdaderamente…

Y hasta exime a los hombres del servicio militar, para no interrumpir un período de tiempo tan sagrado.

Si nosotros hemos esperado tanto para realizar plenamente nuestra unión…  ¡Qué no podamos esperar una luna más, para vivir junto contigo el acontecimiento más importante de toda tu vida!…

Para mí, después de Dios y de mi esposa, eres la persona más importante de este mundo.

Y tú mejor que nadie sabes que te amo como si fueras mi padre…

Petronio está tan pasmado, ¡Qué no sabe qué contestar!…

Alexandra ve a su esposo, con esa mirada que sólo las mujeres son capaces de enviar  y que suele trastornar totalmente a los hombres.

Marco Aurelio siente que su corazón se derrite por esta mujer incomparable, cuya alma está totalmente conectada con la suya…

Y confirma:

–           Es verdad Petronio.

Nosotros tenemos toda una vida, para deleitarnos con nuestra unión  y aprender a amarnos en el Señor…

Nuestro matrimonio tiene bases sólidas que ya han sido bastante probadas.

Ahora solo nos queda gozarnos con la voluntad de Dios en nuestras vidas…

Y se interrumpe porque en ese momento llega Aurora.

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Y dice a Petronio:

–           Mi amor, todo está listo. Diana ya está instalada y la habitación nupcial preparada.

Todo está tal y como lo dispusiste…

Petronio contesta complacido:

–           Bien…  Gracias delicia mía…

Y volviéndose hacia el joven militar, agrega:

–          Marco Aurelio, ven. Vamos a tomarnos una copa, en lo que tu esposa supervisa y termina de disponer vuestras habitaciones…

Y se lo lleva caminando a través de la enorme galería porticada, en dirección al tablinum.

Luego Petronio dice a su sobrino:

–           Es tu luna de miel. Después de tantos obstáculos, estarás ansioso por poseerla…

Marco Aurelio dice reflexivo:

–           Estuve hablando con Pedro y me dio algunos consejos…

Ya no soy el apasionado imprudente que la llevé a aquel infame banquete.

Ni tampoco el orgulloso indomable que la quiso raptar ayudado por Atlante…

Se detienen junto a una fuente donde se ve una escultura de Apolo y Dafne.

Y Petronio pregunta curioso:

–           ¿Qué tratas de decir con eso?

–           El cristianismo me transformó en un hombre nuevo y he aprendido a controlar mis pasiones…

Para nosotros los cristianos el sexo es sagrado y luego que te evangelices, comprenderás mejor de lo que hablo…

–           Pero… ¡Ella ya es tu esposa!

–           No se trata de haber obtenido permiso para tener sexo…

¿Recuerdas lo que una vez me dijiste, que en el amor hay que conquistar la plaza y como el buen vino: hay que beberlo, poco a poco?

–           Cualquier hombre inteligente, sabe que eso es lo que se debe hacer con las mujeres, para no estropear nuestros deleites…

–           Bien. Pues eso es exactamente lo que voy a hacer…

Paladear todo lentamente, mientras también te acompañamos en el gozo de volver a saborear la maravillosa experiencia que constituye alimentarse con el conocimiento de Dios…

Porque esto y los consejos de Pedro, harán que mi Luna de Miel,  sea la experiencia más memorable, que hombre alguno haya disfrutado jamás…

Petronio miró a Marco Aurelio en una forma…

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Marco Aurelio comprendió.

Y dijo:

–           No estoy loco. Sé que así va a ser…

Porque después del sufrimiento, Jesús siempre nos consuela con su Gracia…

Volveremos a hablar de esto, después que te hayas bautizado.

–           ¿También yo voy a enloquecer?

–           ¡JA! ¡JA! ¡JA! – La carcajada de Marco Aurelio resonó en el aire…

Y agregó:

–         No te preocupes por eso.

La locura de la Cruz, es algo que compartimos todos los cristianos.

Y a semejanza con nuestro Salvador… Porque también su familia lo consideró a ÉL un loco…

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Petronio se quedó asombrado y no supo que decir…

Y Marco Aurelio agregó:

–           Después que conozcas a Jesús y hayas leído el Evangelio de San Marcos, entenderás a lo que me refiero…

Y los dos llegaron al triclinium conversando animadamente.

Al día siguiente, en el hermoso jardín de aquel palacio, está el aula improvisada de la Puerta del Cielo…

Y Petronio asiste por primera vez, a su primera lección que lo convertirá en cristiano y que le enseñará lo valiosa que es su alma para Dios…

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Diana comienza la instrucción de los nuevos cristianos,  con La Sinfonía de la Creación.

y sigue luego con los demás temas que todo catecúmeno debe aprender a la perfección…

Con el transcurso del tiempo, un día Junías está hablando a más de trescientas personas sobre una de las enseñanzas fundamentales que animan la fe de los cristianos…

Y la esperanza que los sostiene para fortalecerlos a la hora del Martirio…

Petronio escucha atentísimo la enseñanza que resuena, como si los ángeles mismos estuvieran tocando con trompetas celestiales:

LAS TRES MORADAS.  

EL JUICIO…    

  JESÚS ES EL JUEZ ETERNO

El Padre Celestial crea las almas y salen de Él, como pétalos de Luz.

Es un incesante desprenderse de nuevas almas bellas que alegres descienden a investir un cuerpo, por obediencia a su Autor y después de pasar la prueba de la existencia; sobreviene la muerte del cuerpo, cuando el alma que la animaba, es separada de él…

El Hijo, por celo por el Padre recibe y juzga sin detenerse a aquellos que finalizada la vida regresan al Origen para ser juzgadas con alegría, con Misericordia o con inexorabilidad.

Las almas, una vez separadas de los cuerpos, tienen Tres Moradas:

el Paraíso, el Purgatorio y el Infierno.

El Juicio Divino, no es descriptible en términos humanos.

Cierto es que el aspecto con el que Dios se manifiesta  es igual para todos, porque todo depende de las condiciones espirituales, de quién sufre el Juicio…

Para las almas que NO están unidas a Él por la Gracia, el Juicio es algo tan tremendo, que preferirían ser aniquiladas, antes que pasar de nuevo por una experiencia tan terrible…

Todos los que han pasado por esta experiencia, tienen unos testimonios impactantes…

Muerte quiere decir trasmigración del alma a otras zonas distintas de la tierra.

El alma cuando abandona la carne a la que daba vida, se encuentra inmediatamente ante la Divinidad, en su Juicio Particular.

Por un lado tiene a su Ángel de la Guarda y por el otro a Satanás…

Cuando el Juicio empieza, el alma queda totalmente sola ante Jesús, que en su Divina Majestad, enfrenta al alma en silencio.

En un instante pasa delante del alma, ¡Toda su vida!… Y ve a través de los ojos de Dios, todos y cada uno de los actos que cometió, la intención con que lo hizo y lo que repercutió en Dios y en el prójimo, ¡Con todas sus consecuencias cósmicas!

Y con los hechos; cada una de las palabras dichas…

Sólo el Rostro de Jesús revela los cambios en su expresión…

¡Qué fulgurante sonrisa, cuando ante Él se presenta un santo!

¡Qué luz de triste Misericordia, cuando debe separarse de uno que debe limpiarse antes de entrar al Reino!…

¡Qué relámpago de ofendida y dolorosa Ira; cuando debe repudiar eternamente a un rebelde!

El Juicio es veloz, como veloz fue la Creación.

En el átomo de un instante, el hombre comprende lo que no quiso comprender en su vida terrena, pues la tiene toda frente a sí, al verla a través de los ojos de Dios…

Ve las faltas grandes y las pequeñas…

Y su espíritu vivo o muerto que le acompaña en aquel momento, recibe la Primera Sentencia. 

Las últimas palabras de Jesús en la Cruz, fueron: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” Para enseñarnos que una sola cosa es preciosa en la vida y preciosa más allá de la vida: el espíritu.

Él debe tener todos nuestros cuidados durante la existencia y nuestra providencia en la hora de la muerte.

Todo cuanto poseemos en la tierra, es cosa que muere con la carne. Nada nos sigue a la otra vida…

Pero el espíritu queda. Más aún, el espíritu nos precede. Y es él, el que se presenta ante el Juez y recibe la Primera Sentencia. Y es él, el que sacudirá la carne, en la hora del Último Juicio y la hará vivir de nuevo…

Para escuchar el decreto que la hará bienaventurada con su espíritu o con él maldecida.

Siglos o instantes de muerte conocerá la carne delante de su resurrección…

Pero el espíritu no conoce más que una muerte y de aquella no se resucita…

¡Ay de aquellos espíritus muertos, que infundirán muerte a la carne que habitaron!

La Segunda Muerte que NO conoce resurrección, es la que debemos temer… Para este cuerpo que amamos más que el espíritu, por la estulticia humana que ha vuelto de cabeza los valores de las cosas, hay que tener piedad para nosotros mismos…

No desde el punto de vista humano, sino del sobrenatural. Al espíritu que se confía en Dios, poco puede perjudicarlo Satanás sobre la Tierra.

Al espíritu que en la agonía invoca a Dios, le serán ahorrados los terrores que la Bestia suscita como su última venganza…

Al espíritu que respira en Dios, verá abierto el Corazón de Dios y su muerte será un tránsito feliz a la Vida Eterna…

Justo premio serán dados con justa medida tanto a los que son cristianos, como a los que no lo son.

A los herejes, como a los que siguen otras religiones reveladas según lo que cada hombre crea verdaderamente y su ignorancia de la Verdadera Religión.

Premio al que sigue la justicia.

Castigo para quién obra el Mal.

Porque todo hombre está dotado de alma y de razón.

Y con esto tiene en sí, cuanto basta para ser guía y ley. Y Dios en su Justicia premiará o castigará, según su espíritu sepultado…

Más severamente por lo mismo, a los espíritus que tuvieron la Religión Revelada y Verdadera…

O según la fe del espíritu.

Porque si uno, aunque sea de la Iglesia separada, cree firmemente de estar en la fe justa, su fe lo justifica… Y si obra el bien por conseguir a Dios, Bien Supremo; tendrá un día el premio de su Fe y de su recto obrar y  con mayor benignidad Divina que la que será concedida a los católicos… 

Porque Dios calculará cuanto mayor esfuerzo debieron hacer los separados del Cuerpo Místico, los mahometanos, brahmanes, budistas, paganos, para ser de los justos; en los cuales la Gracia y la Vida no están y con Ellas sus dones y las virtudes que de esos dones brotan…

No hay la aceptación de personas delante de Dios.

Él Juzgará por las acciones cumplidas, no por el origen humano de  los hombres…

Y muchos serán los que creyéndose elegidos, porque son católicos;

se verán precedidos por muchos otros que sirvieron al Dios Verdadero y en su ignorancia siguieron la justicia…

Y al Final de los Tiempos, cuando tenga total cumplimiento la Sagrada Escritura del Apocalipsis de San Juan…

Entoncesla Creación que ha estado a la espera por milenios, SERÁ TRANSFORMADA…

Para recibir la Nueva Tierra en la que será establecido el Reino de Jesús…

A los hombres que permanezcan fieles a Jesús y a sus Mandamientos; a ellos vendrá la Revelación de los hijos de Dios…

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Pues habiendo perseverado y vencido en el Imperio de Terror del Anticristo, también habrán sido levantados vivos por los ángeles…

Enseguida de la SEGUNDA VENIDA DE JESUCRISTO… Será cuando los cuerpos resucitados de los santos que estén en la Gloria y reunidos con el espíritu ya bendito y glorioso, que ellos se juntarán a los elegidos de la Tierra.

Entonces TODOS entrarán en La Nueva Jerusalén,  para completar la Gran Familia Divina que Jesús redimió al Precio Infinito de su Martirio y su Sangre Preciosísima…

Y todas las cosas serán restauradas, tal cual Dios las había concebido antes de crearlas.

Mensaje de Jesús el Buen Pastor a su Rebaño, recibido por el Profeta de los Últimos Tiempos, Enoch:

¡TODO ESTÁ CONSUMADO!

Hijos míos, ovejas de mi Grey, que mi Paz esté con vosotros.

La Aurora de un nuevo amanecer está por despuntar. Todo está consumado…

La humanidad se dividirá, los que son de mi grey volverán a Mí. Y entrarán por la puerta de mi Nueva Creación.

Los que se apartaron y eligieron el camino ancho de la perdición, harán parte del otro rebaño.

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Grandes Acontecimientos anunciarán mi venida. Naciones enteras verán y sentirán el paso de mi Justicia. ¡Ay de vosotros los que vaciláis en la Fe, porque vienen grandes pruebas para vosotros hijos de doble ánimo!

O sois de mi Rebaño, o sois del rebaño de mi Adversario; os llegó el día de vuestra decisión.

Este Mundo con sus afanes y vanidades está por pasar, para dar comienzo a un nuevo mundo, a una nueva generación de seres renovados por la Gracia de mi Espíritu.

Hijos míos; vuestro destierro está por comenzar, pero no temáis, Yo no os abandonaré. Por muy dura que os parezca la Prueba, resistid y tened confianza en Mí. Sabed que una nueva vida os espera. Que vuestro sufrimiento será un sueño, pero vuestro despertar será un gozo.

Nada es eterno en este Mundo, todo es pasajero, el hombre es brizna, hierba, sombra y polvo. Todo lo pasado vuelve, más la Palabra de Dios perdura para siempre. Ya esperasteis lo mucho, ahora esperad lo poco, porque vuestra recompensa será la Vida Eterna.

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Os anuncio hijos míos, que todos los Acontecimientos que están escritos se cumplirán. “El cielo y la tierra pasarán, más mis palabras no pasarán”. ¡Escasez, escasez de alimentos y víveres se aproxima!; sed sensatos, de nuevo os digo; almacenad alimentos porque la hambruna se acerca.

Fenómenos extraordinarios en el Cielo y la Tierra, anunciarán mi Próxima Venida. Mi Tierra no dejará de gemir. Serán muchas las naciones donde se tambaleará como borracha: el deshielo de los polos aumentará el caudal de las aguas y los mares traerán tragedias.

El agua escaseará y muchas naciones morirán de sed y de hambre; el Caos reinará, las malas noticias seguirán una tras de otra; los hombres enloquecerán y mi creación se vestirá de llanto y luto. Pero vosotros, los que permanecéis fieles a Mí, no temáis, porque ni uno solo de vuestros cabellos se os perderá, si como el sarmiento os aferráis a la vid.

De nuevo os digo, que estos días tienen que venir, para que el mundo viejo y los hombres viejos pasen y pueda renacer la luz de un nuevo mundo con unos hombres nuevos purificados y renovados por la Gracia de mi Espíritu.

No os entristezcáis Ovejas de mi Grey, antes alegraos, porque muy pronto dejaréis de sufrir y de ser esclavos. Las cadenas que os oprimen se os soltarán y seréis libres y sabios. Y vuestro gozo nadie os lo robará.

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Los días de mi Venida están cerca; no temáis ovejas mías. Por muy dura que sea la Prueba tened confianza en Mí; sabed que no os dejaré huérfanas. Mi Madre y mis Ángeles cuidarán de vosotras. Por un tiempo ya no estaré con vosotras, mas en otro tiempo me volveréis a ver y vuestro gozo será mayor.

Me voy a prepararos moradas en mi Nueva Creación. Es necesaria vuestra purificación para que podáis brillar como crisoles en mis Nuevos Cielos y en mi Nueva Tierra. Acordaos que el Pecado debe morir con la Purificación; pues en mi Nueva Creación sólo el Amor, la Paz y La Comunión con el Espíritu os inundarán.

Mi Nueva Creación será el Paraíso que aguardará a mi Pueblo Fiel; ya no sufriréis, ni tendréis preocupaciones. La Gloria de Dios os cubrirá con sus alas y todo será armonía y plenitud. Vuestros cuerpos mortales por La gracia de mi Espíritu serán transformados en cuerpos espirituales.

Seréis sabios en la Sabiduría de Dios. Todas mis criaturas vivirán en completa comunión con el Creador. Morir de 100 años, será morir joven; ya no estaréis sujetos al deterioro del tiempo; pues viviréis en la voluntad de vuestro Padre que es: Amor, Vida y Plenitud.

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Me llamaréis y me dejaré encontrar por vosotros, Yo seré vuestro alimento, se cumplirán las palabras del Padre Nuestro y se hará la voluntad de Dios en los Cielos y en la Tierra. Todo será gozo en el Espíritu y Yo estaré con vosotros y entre vosotros hasta la consumación de los siglos.

 ¡Animo Pueblo mío, mi Gloria os espera! NO desfallezcáis. La aurora de un nuevo amanecer aguarda por vosotros. Permaneced firmes y leales a Mí y Yo no dejaré que se os pierda ni uno solo de vuestros cabellos. Mi Reinado está cerca y las puertas de mi Jerusalén Celestial esperan por vosotros, mi Pueblo Fiel.

Que mi Paz esté con vosotros y permanezca siempre.

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Que mi Paz os acompañe. ¡Ánimo, falta poco para vuestro renacer en el espíritu! Soy vuestro Padre, Soy vuestro Maestro y Pastor.

Dad a conocer mis mensajes hijos míos. La salvación de las almas está en juego.

Jesús el Buen Pastor de todos los Tiempos.

Y será el Nuevo Mundo…

La Jerusalén Eterna…

El Nuevo y Eterno Mundo en donde ya no habrá más Maldad, Dolor, Violencia, ni Muerte…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

72.- UN PLAN… ¿PERFECTO?


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En la madrugada ya casi cerca del alba, Petronio y Marco Aurelio regresan a casa.

Durante el trayecto estuvieron silenciosos, pues se encontraron con las carretas que del Spolarium están conduciendo, los sangrientos despojos de los cristianos…

Cuando están en la biblioteca, Petronio dice a Marco Aurelio:

–           ¿Has pensado en lo que te propuse?

–           Sí.

–           ¿Puedes creerme que para mí también esta cuestión, es ahora de vital importancia? Tenemos que liberarla a despecho del César y de Tigelino.

Es una batalla que debo ganar aunque me cueste la vida. Y lo que pasó hoy, me ha confirmado en mi propósito.

Marco Aurelio exclama emocionado:

–           ¡Qué Cristo te lo pague con su Luz!

Petronio replica sin ocultar su preocupación:

–           Mejor dile que nos ayude…

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En ese momento entra el mayordomo y dice:

–           Hay un joven que dice traer noticias de la amita.

Marco Aurelio responde anhelante:

–           ¡Pásalo aquí!

Cuando lo llevan, el joven se descubre la cabeza.

Echa atrás la capucha de su capa, diciendo:

–           ¿Está aquí el noble Marco Aurelio Petronio?

Éste exclama al reconocer al hijo de Isabel:

–           ¡Oh, David! ¡Eres tú hermano mío! La paz sea contigo. ¿Qué deseas?

–           Y también contigo, hermano. Vengo de la prisión y traigo noticias de Alexandra.

El tribuno puso una mano en el hombro del joven. Lo miró a los ojos sin poder hablar.

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Pero David comprendió y dijo:

–           Ella vive todavía. Bernabé me manda a decirte que en su delirio, ella ora y repite tu nombre.

Marco Aurelio exclamó:

–           ¡Gracias a Dios! ¡Alabado sea Jesucristo!

David contestó:

–           Por los siglos de los siglos. Amén. La enfermedad la salvó de la violación y de la muerte. A ella no se la pudieron llevar con los jóvenes destinados a la diversión del César.

Marco Aurelio y Petronio intercambian una mirada de mutua comprensión, al recordar los sucesos del frustrado banquete y el encuentro de Nerón con los jóvenes en el Circo. Y en las teas…

David continúa:

–           Los verdugos temen al contagio. Bernabé y Mauro el médico, velan día y noche a su lado.

Petronio pregunta:

–           ¿Tiene siempre los mismos guardianes?

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–           Sí. Y está en el aposento de ellos. Todos los presos que estaban en el calabozo inferior del tullianum, murieron de hambre o de fiebre, a causa del aire infectado.

–           ¿Quién eres tú?

–           Soy el hijo de la viuda donde se hospedó Marco Aurelio y recuperó su salud.

–           Entonces también eres cristiano.

El joven contesta contundente:

–           Sí. Soy cristiano.

–           ¿Y cómo es que puedes entrar y salir libremente de la prisión?

David mira interrogante, primero al joven tribuno…

Éste afirma con la cabeza.

Y David contesta:

–           Me tomaron para la faena de transportar cadáveres y acepté el oficio porque así puedo ayudar a mis hermanos y llevarles noticias del exterior.

Petronio miró con más atención el rostro bien parecido del joven. Sus enormes y bellos  ojos azules y el rubio cabello abundante y ondulado.

–           ¿De qué país eres?

–           Soy Galileo de Palestina.

–           ¿Nos ayudarías a liberar a Alexandra?

–           Claro que sí. Aunque en ello me vaya la vida…

–           Di a los guardias que la coloquen entre los muertos.  Y sáquenla durante la noche. Cerca de las fosas pútridas habrá gente aguardando con una litera y se la entregarás a ellos.

–           Hay un hombre encargado de quemar con hierro candente, los cuerpos que sacamos de la prisión, a fin de comprobar que sí son cadáveres…

Pero ese hombre puede ser sobornado y no quemará la cara de los muertos, ni tocará absolutamente el cuerpo.

Petronio aconsejó:

–           Prométele todo el oro que sea necesario. Y busca auxiliares seguros.

–           Así lo haré. En la prisión misma o en la ciudad, por dinero son capaces de todo.

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Marco Aurelio pregunta:

–           ¿Podría ir contigo como un asalariado?

Pero Petronio objetó con fuerza:

–           ¡No! Eso no. Los pretorianos podrían reconocerte, aún con tu disfraz. Y entonces, todo estará perdido. Tú no debes ir a ningún lado.

Es necesario que tanto el César como Tigelino estén convencidos de que ella ha muerto, pues de otra manera ordenarán su persecución inmediata.

La única manera de alejar sus sospechas, es que después de que se la hayan llevado a los Montes Albanos o a Sicilia, nosotros permanezcamos aquí en Roma.

Un mes después te enfermarás tú y llamarás al médico de Nerón, que te prescribirá un viaje a las montañas y entonces tú y ella se reunirán de nuevo. Y luego…- se detiene unos momentos meditando…

Y luego agregó con un ademán:

–        ¿Quién puede conocer el futuro? Pueden venir otros tiempos…

Marco Aurelio exclamó:

–           ¡Petronio! ¡Tú estás hablando de Sicilia, mientras que ella está gravemente enferma y puede morir!

–           Dejémosla al principio, cerca de Roma. Bastará el aire puro para que se restablezca.

Lo importante es que logremos sacarla de la prisión. ¿No tienes tú en las montañas algún administrador en el que puedas confiar?

–           Tengo uno cerca de Tibur. Hay un hombre que me llevó en sus brazos cuando era niño y siempre me ha amado.

Petronio le pasó unas tablillas y dijo:

–           Escríbele que venga mañana. Enviaré un correo al punto. -Y llamó al mayordomo, para darle las órdenes oportunas.

Marco Aurelio dijo:

–           Quisiera que Bernabé la acompañase, así estaría yo más tranquilo.

Petronio objetó:

–           ¡No! Que él salga como pueda, pero no al mismo tiempo que ella, porque lo seguirán y terminarán por encontrarla. ¿Acaso quieres perderte y perderla?

Os prohíbo que digáis a Bernabé, ni una palabra… ¡O no cuenten conmigo!

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Marco Aurelio reconoció la cordura de estas palabras y guardó silencio.

David entonces, pidió permiso para retirarse y prometió volver al día siguiente.

El tribuno acompañó a David a la puerta y éste le dijo:

–           Voy a sobornar a uno de mis compañeros con los que sacamos los cadáveres. No revelaré a nadie nuestro plan. Sólo al apóstol Pedro, cuando vaya a nuestra casa.

–           Aquí puedes hablar libremente. Espérame… Iré contigo, hablaré personalmente con él y le pediré consejo.

Y ordenó que le trajeran un manto y una túnica de esclavo.

Se despidió de Petronio diciéndole a donde iba. Y los dos salieron juntos.

Petronio se quedó solo en la biblioteca y exhaló un profundo suspiro, mientras se decía a sí mismo:

–           Y yo llegué a desear que ella muriera de la fiebre, porque era menos terrible para Marco Aurelio. Pero ahora, ¡Ah! ¡Enobarbo!… Tú has querido hacer de la angustia de un esposo, un espectáculo.

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Y tú Augusta, has tenido envidia de la hermosura de la doncella y quisieras devorarla viva, como el odio que te devora a ti porque ha muerto tu pequeño Rufio Crispino. ¡Oh, dioses! y…

¡Tú Tigelino, anhelas destruirla por tu rivalidad conmigo y quieres vengar en ella, tu enojo contra mí! Pero… ¡Ya lo veremos! Os digo a todos que en lo que de mí dependa: ¡No ganaréis! ¡No! ¡NO!

Si ella no muere por esa fiebre, os la voy a arrancar de tal forma, como ni siquiera sospecháis. Y luego, cada que os encuentre me diré: “He aquí a estos imbéciles, a quienes ha burlado Tito Petronio Níger”

Y satisfecho con estos pensamientos, se dirigió al triclinium a comer con Aurora.

FIESTA

Afuera el viento arrastra pesadas nubes que se van agrupando. Y luego se desata una tempestad, en aquella tranquila tarde estival.

A intervalos retumban los truenos entre las siete colinas.

Cuando regresó Marco Aurelio, Petronio fue a su encuentro:

–           ¿Qué pasó?

Marco Aurelio se arregló el cabello empapado por la lluvia y contestó:

–           David habló con los guardias y ya hablé con Pedro, quién me ha mandado que ore y tenga Fe.

–           Eso está muy bien. Si todo resulta como lo esperamos, la sacaremos mañana por la noche.

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–           Octavio debe estar aquí al rayar el alba, acompañado de algunos hombres.

Petronio concluye:

–           El camino es corto. Ahora ve a descansar.

Pero el tribuno fue a su cubiculum solo para ponerse de rodillas y orar fervientemente.

Al amanecer, Octavio el administrador llegó trayendo consigo: mulas, una litera, un carro y cuatro hombres de confianza, elegidos entre sus esclavos de la Galia y quienes se han quedado en una posada del Transtíber.

Marco Aurelio, que ha velado toda la noche; fue al encuentro de Octavio.

Éste, al ver a su joven amo, lo saludó cariñosamente, diciendo:

–           Amado mío, tú estás enfermo o los sufrimientos te están acabando. Estás tan demacrado que apenas si te puedo reconocer.

Marco Aurelio lo condujo por la galería y lo hizo partícipe de su secreto…

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Octavio le escuchó con atención.

Su enjuto y atezado semblante, se llenó de una emoción que no intentó ocultar:

–           ¡Entonces ella es cristiana! –exclamó con una interrogante implícita en su mirada anhelante.

Marco Aurelio contestó comprendiéndolo:

–           Yo también soy cristiano.

El anciano exclamó sin reprimir las lágrimas:

–           ¡Alabado sea Jesucristo!

Y orando en voz alta, agregó:

–           Te doy gracias Señor, por haber dado la luz al alma que me es más cara en el mundo.

Y abrazando al joven tribuno, llorando de felicidad, lo besó en la frente.

Luego llegó David.

Después de los saludos, Octavio dijo a Petronio:

–           ¿Y tú noble patricio, también eres cristiano?

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Petronio contestó sonriente:

–           Todavía no, Octavio. Pero lo estoy considerando…

Entonces David le dijo a Marco Aurelio:

–           ¡Traigo buenas noticias! El Señor te manda decir a través de Mauro el médico, que Alexandra vivirá aun cuando tenga la misma fiebre, que en el Tullianum está matando a los prisioneros. Que recuerdes que Dios es el Dueño de nuestra vida y es el Único que marca el fin de la misma.

Lo de los guardias y el que supervisa los cuerpos, está arreglado. Artemio el ayudante, también aceptó. El único peligro es que ella pueda gemir o hablar, cuando pasemos junto a los pretorianos.

Pero está muy débil y no ha abierto los ojos en toda la mañana. Además, le llevé un narcótico que Mauro me dio.

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Mientras David dice todo esto, Marco Aurelio se puso pálido…

Y Petronio preguntó:

–           ¿Sacarán otros cuerpos de la prisión?

–           Anoche murieron más de doce y antes de que termine el día, tendremos más cadáveres. Iremos con otros individuos; pero tenemos un plan para poder retrasarnos a cierta distancia y para que no se den cuenta, os la entregaremos.

000bosque-nocheUstedes nos esperarán en un punto determinado.

David:

–          ¡Quiera Dios que la noche esté lo suficientemente oscura!

Octavio dice:

–           ¡Lo estará! Aunque no estuviera nublado, la luna está muy tierna y Dios nos ayudará.

Marco Aurelio cuestionó:

–           ¿Iréis sin antorchas?

David contestó:

–           Las antorchas sólo las llevan los que van adelante. Transportamos los cadáveres, después del anochecer.

Petronio interviene:

–           Marco Aurelio y yo iremos con vosotros.

El tribuno exclama:

–           ¡Sí! ¡Sí! Yo tengo que estar ahí. Yo mismo la trasladaré a la litera.

Octavio agrega:

–           Yo la llevaré a Tibur y allí la cuidaré con mi vida.

Petronio confirma:

–           Entonces hagámoslo.

Y cada quién se ocupa de lo suyo.

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Octavio se fue a la posada a dar instrucciones a los suyos.

David guardó la bolsa con oro bajo su túnica y se fue a la prisión.

Y para Marco Aurelio comenzó un día de zozobra, angustia, sobreexcitación y esperanza…

Petronio dice esperanzado:

–           El proyecto debe dar buenos resultados porque ha sido bien estructurado.

Es imposible inventar un procedimiento mejor. ¡Es un plan perfecto! ¿Qué podría fallar?

Tú deberás arrostrar un dolor profundo y vestir de luto. No abandones el Anfiteatro. Es necesario que te vean allí.

Todo está dispuesto de tal forma que no puede fracasar. Pero ¿Estás perfectamente seguro de tu administrador?

Marco Aurelio totalmente seguro,  dijo por toda explicación:

–           Es cristiano.

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Petronio contestó reflexivo:

–           Después de todo lo que he presenciado, lo que me extraña es que esta religión no se haya extendido a todo el imperio. Es mejor que descanses. Nos espera una jornada muy agitada.

Y los dos se retiran a descansar.

Más tarde se encuentran en el atrium.

Y dice Petronio:

–           Fui a la casa de Tiberio. Fui expresamente a dejarme ver y jugué a los dados. Mañana piensan exhibir a los crucificados, aunque tal vez la lluvia lo impida. Pero tú no la verás en la Cruz. ¡La tendremos en Tíbur!

Vamos, come aunque solo sea un poco y luego nos iremos. Ya comenzó a llover y pronto será de noche. Tal vez esto sea favorable para nosotros.

–           No puedo comer nada. Mejor vámonos. Es posible que a causa de la lluvia, transporten los cadáveres más temprano.

–           Está bien. ¡Vámonos!

Y cubriéndose con sus mantos salen.

Petronio lleva su espada, para protegerse.

La ciudad está desierta en las calles a causa de la tempestad. Avanzan rápido y se reúnen con Octavio.

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Buscaron refugio para protegerse del granizo, cuando la lluvia arrecia.

La temperatura bajó y comienza a hacer frío. Llegaron al lugar convenido y esperaron…

Después de un rato, la tormenta se calma y…

Octavio dice:

–           Veo una luz a través de la neblina. Son tres antorchas…

Petronio y Marco Aurelio exclaman:

–           ¡Ya vienen!

–            ¡Son ellos!

La procesión se fue acercando…

Pasaron frente a ellos y siguieron su marcha.

No pueden creer lo que está sucediendo…

Lo que sucedió a continuación, fue como una bomba…

Finalmente oyeron la dolorida voz de David:

–           Se la llevaron con Bernabé a la cárcel del Esquilino. La trasladaron al mediodía y cuando llegué, ya no estaban…

Cuando regresan a la casa, Petronio está tan triste que ni siquiera intenta consolar a su sobrino.

Comprende que liberar a Alexandra de los calabozos del Esquilino, en el Palacio de Tiberio; es prácticamente imposible.

Es evidente que la sacaron del Tullianum, porque no quieren que muera allí y pueda escapar a la suerte que le han preparado en el Anfiteatro.

Y ahora deben haber aumentado la vigilancia y la custodia sobre ella.

La venganza de Popea continúa implacable…

Desde lo íntimo de su corazón lo siente por los dos.

Todos sus esfuerzos han resultado infructuosos y el amargo sabor del fracaso lo invade con toda su plenitud. Es la primera vez que lo que más ha deseado, no alcanza el éxito.

Y en lo que él considera hasta hoy, que es el combate más importante de su vida, ha sido vencido.

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Y se dijo a sí mismo:

–           ‘La fortuna parece abandonarme’ 

Su ánimo está totalmente deprimido.

Y al mirar a su sobrino, se quedó desconcertado…

Éste está totalmente sereno y no entiende porqué…

¡Entonces recordó a Joshua cuando estaba siendo torturado en la parrilla!

A su vez, Marco Aurelio, que está lleno de Paz,

Dice firme y convencido:

–           Jesús me la devolverá. Pase lo que pase… Él me la regresará… –y una sonrisa de esperanza ilumina su semblante.

Sobre Roma se escuchan los últimos retumbos de la tempestad.

Durante tres días, la lluvia azotó la ciudad sin interrupción. Hubo trombas y granizadas que interrumpieron los espectáculos programados.

El pueblo comenzó a alarmarse y empezaron los rumores. Temen por la próxima vendimia.

Un rayo fundió la estatua de Ceres en el Capitolio y se ordenó la ofrenda de sacrificios en el templo de Júpiter Capitolino.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONÓCELA

62.- LA ORGÍA INOLVIDABLE…


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El emperador Tiberio, fue muy aficionado al dinero y difícilmente se le arrancaba. Con el tiempo, su avaricia le llevó a la rapiña y el lema que rigió su gobierno fue: ‘Que me odien con tal dé que me teman’.

Cuando comenzó su vida militar, antes de que fuera César, sus compañeros le  conocieron por su afición al vino hasta tal grado, que los soldados le apodaron: ‘Biberius Caldus Mero’ (todas estas palabras aluden al vino de diversas maneras)

Su crueldad y su hipocresía eran tales, que cuando Augusto lo nombró su sucesor, las palabras que pronunció en su lecho de muerte, fueron: ‘Desgraciado pueblo romano que va a ser presa de tan lentas mandíbulas’

También era un hombre extremadamente lujurioso. En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos alrededor….

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Y allí, un grupo elegido de jóvenes disolutos reunidos de todas partes y algunos que inventaron ‘monstruosos placeres’, a los que llamó ‘spintrias’(sus maestros de voluptuosidad)

Formaban entre sí una triple cadena y entrelazados de esta manera, se prostituían en su presencia para estimular sus lánguidos deseos; pues al final de su vida, solo era un anciano impotente.

Como gran adicto al sexo, en el palacio de Roma que se ha salvado del incendio, también tenía todo un sector destinado a lo mismo.

Además de esa habitación especial, hay diferentes salones arreglados especialmente para estos placeres, adornados con cuadros y bajorrelieves lascivos y llenos de libros de Elephanditis (Pornografía gráfica), para tener en la acción modelos que imitar.

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Sus jardines han sido diseñados como bosques y selvas consagrados a Venus Afrodita y están decorados con grutas excavadas en la roca y en las cuales hay hermosas y artísticas estatuas que parecen casi vivas.

En las cuales se ven jóvenes de ambos sexos, mezclados en actitudes voluptuosas y posiciones obscenas y sugerentes, con trajes de ninfas y faunos.

Hay también un baño con una piscina especialmente diseñada, en la cual enseñó a niños de tierna edad a los que llamaba sus ‘pececillos’ a que jueguen entre sus piernas, excitándole con la lengua y con los dientes.

Y a los más grandecitos que estaban en lactancia aún, les ofrecía los genitales para que le diesen el género de placer al que sus tendencias y su edad le inclinaban de una manera especial.

Recibió un legado de uno de sus amigos que le daba a elegir entre un cuadro de Parrasio en el que Atalante prostituye su boca a Meleagro o un millón de sestercios…

Tiberio prefirió el cuadro y lo colocó como un objeto sagrado en su alcoba…

Y este cuadro adorna ahora el salón principal de la casa de Tiberio en Roma, justo encima de donde se encuentra el triclinio imperial.

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Aminio Rebio y Vitelio en su infancia, fueron ‘pececillos’ de Tiberio y desde su juventud, han sido marcados con el afrentoso nombre de ‘Spintria’.

Y por su gran experiencia en estos oficios, Vitelio ahora es el intendente de placeres de Nerón…

Aminio Rebio, Faonte el liberto del César y dos enviados de Tigelino; fueron a las cárceles para elegir doncellas y jóvenes cristianos… Para recreación del César y de sus invitados…

La fiesta en el palacio de Tiberio en el Esquilino, está en todo su apogeo…

Cientos de lámparas brillan sobre las mesas y penden de las murallas.

Los acordes de la música, invaden el ambiente.

El aroma de las flores y los perfumes de Arabia, son aspirados con deleite por los invitados lujosamente ataviados y que reclinados en sus triclinios, disfrutan de los deliciosos manjares y los exquisitos vinos que aumentan la euforia general.

Y las rosas siguen cayendo…

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Nerón está muy contento…

Y Popea regia y magnífica, luce su belleza con una sonrisa congelada que no llega a sus ojos, ni ilumina la expresión sombría que encubre su dolor, después del asesinato de su hijo Rufio Crispino.

Nerón ya cantó su Troyada y una atronadora tempestad de aplausos y aclamaciones le alimentan su insaciable vanidad de artista.

Algunos que levantaron sus manos como enajenados por su prodigioso talento, le han dejado sumamente satisfecho.

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De vez en cuando mira con una sonrisa de maligna crueldad a Marco Aurelio y a Petronio, a los que tiene como invitados de honor, muy cerca de él…

Petronio, ingenioso y elegante como siempre, hizo destellar su inteligencia y exquisita agudeza a lo largo del banquete…

Sacando a Marco Aurelio de varias sutilezas engañosas por parte de los demás augustanos…

Y luchando él mismo en aquellas arenas movedizas que son las intrigas de la corte imperial, saliendo adelante con donaire y su gallardía habitual.

Marco Aurelio está tranquilo y se porta tan distinguido como su tío, con una innata elegancia y sobriedad en todos sus ademanes.

Popea mira disimuladamente a Marco Aurelio…

Pues que lo único que la alienta en este banquete, es la alegría anticipada de su venganza sobre el tribuno.

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Se siente un poco mareada por el vino y el humo del incienso.

Finge que disfruta de los espectáculos que han sido preparados para la fiesta…

Nuevamente se da lectura a versos y se escuchan diálogos en los cuales la extravagancia, ocupa el lugar del ingenio.

Después Paris el célebre mimo, hace una representación magistral en lo que parecen escenas llenas de encantamiento.

Pues con los movimientos de sus manos y del cuerpo, tiene una increíble habilidad para expresar cosas que parecen imposibles de hacer patentes en una danza…

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Sus manos parecen oscurecer el aire creando una nube animada, sugerente, voluptuosa, que circunda las formas de una doncella agitada por un inefable desmayo…

Es una verdadera pintura, no una danza…

Una pintura expresiva en la que se revelan los secretos del amor, embelesante a la par que impúdico.

Y al finalizar da principio una danza báquica, llena de gritos desenfrenados y licenciosos desbordes.

Acompañados del son de cítaras, tambores, laúdes y címbalos, en una música incitante a dar rienda suelta a la pasión.

Marco Aurelio mantiene en todo momento una actitud tranquila, digna y un tanto seria.

Su carácter reservado y su calma intrigan a todos los augustanos, pero especialmente al César y a Popea…

Tanto Marco Aurelio como Petronio participan del banquete y beben vino, pero sin perder la sobriedad.

Se mantienen sonrientes y ecuánimes.

Entrada la noche Faonte, el liberto del César se acercó y murmura unas palabras a su oído.

El César hace un gesto de asentimiento…

Están en el salón que Nerón llama su ‘Paraíso de deleites’ y que forma parte del sector de la casa de Tiberio que fue construida para sus placeres.

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Los esclavos siguen trayendo más viandas y licores que sirven en la espléndida vajilla ribeteada en oro y las ricas copas artísticamente diseñadas y decoradas con escenas voluptuosas y acordes a la ocasión.

Los manjares y las bebidas han sido especialmente preparados con afrodisíacos.

Entonces Tigelino se acercó a Nerón y a Popea, diciéndoles algo en voz tan baja que…

Petronio que está al lado del César, lo único que pudo captar fue la respuesta del emperador:

–           No importa. Aún nos queda el Circo. Entonces será un espectáculo digno de la multitud.

Lo que Tigelino les ha comunicado, es que por la enfermedad de Alexandra, no ha sido posible sacarla de la prisión y no participará de la fiesta de esa noche.

Popea no logró ocultar su desencanto y su frustración.

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Después de un tiempo prudencial le solicitó a Nerón permiso para retirarse, pues se siente indispuesta.

Y no pudo evitar mirar al tribuno con rencoroso desprecio y a Petronio con una ominosa mirada, que acompañó con su eterna y congelada sonrisa.

El César se levantó para escoltar a Popea que se despidió de los presentes y a los que Nerón les dice que regresará pronto.

Y efectivamente, un poco más tarde volvió al salón, para disfrutar de la sorpresa preparada por Vitelio.

Entre los asistentes al banquete está el joven Aulo Plaucio, un hombre lleno de belleza y gallardía que es amante de Nerón y que tiene una gran voz de barítono.

Nerón había dicho siempre y le ha hecho creer que lo ama y que lo nombrará su heredero al trono del imperio.

En todos los banquetes, después que Popea se retira; él hace las delicias del emperador.

Entre los acordes de la música, el aroma del incienso y las bromas con que el César está demostrando su gran satisfacción en esta noche en particular…

Nadie se percata de la señal que Tigelino le hace a Nerón.

Enseguida éste llamó a Faonte, a Doríforo y a Aulo Plaucio.

Cuando llegaron ante él, ordenó a los libertos que lo sujetaran y ante la sorpresa general; éstos lo tiraron sobre el lecho imperial y lo inmovilizaron…

Mientras el César, haciendo derroche de violencia, lo violó.

Después de esta infamia, Nerón se levantó como si nada hubiera sucedido…

Y declaró:

–           Que mi madre bese ahora a mi sucesor.

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A continuación,  lo acusó de conspiración y ordenó que lo torturaran.

Recomendando que los verdugos lo hieran de manera que se sienta morir y que su muerte sea lenta en el suplicio.

Y luego, envanecido por hacer todo siempre impunemente, se volvió hacia Petronio, lo miró con crueldad y advertencia…

Y dijo con displicencia:

–           Ningún Príncipe ha sabido cuanto puede hacerse desde el poder.

Enseguida miró a Vitelio, agregando:

–       Veamos querido amigo, lo que has preparado para nuestro deleite.

Después de que los libertos se llevaron a Aulo Plaucio, que se había desmayado de terror.

Vitelio se levantó, hizo una reverencia a Nerón y se acercó a Aminio Rebio, que a su vez descorrió una cortina casi transparente que había en un extremo del salón.

Detrás de ella, está un grupo de varones y doncellas que evidentemente han presenciado todo lo  sucedido.

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Y todo esto fue hecho a propósito, para quebrantarles el espíritu…

Y mostrarles lo que les espera, al que tenga la osadía de no someterse.

Tigelino les da una orden y ellos avanzan formando una larga fila de un extremo a otro del enorme salón.

Para que el emperador y sus invitados, puedan verlos y examinarlos bien a todos.

Son veinticuatro mujeres y veintidós hombres, cuyas edades oscilan entre los quince y los veinticinco años.

Todos están totalmente desnudos y llevan una corona de rosas en la cabeza.

Han quedado de pie, frente al César y sus convidados.

Lo más sorprendente es que mantienen una dignidad majestuosa…

A pesar de la humillación que debe significarles el no llevar ninguna prenda de vestir que los cubra…

Marco Aurelio reconoció a varios y sintió una gran opresión.

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Cuando vio a Margarita, la hermana de Alexandra, un profundo dolor se le clavó en el pecho.

Inclinando la cabeza, cerró los ojos y oró…

Petronio permaneció imperturbable. Conoce a Nerón.

Y con su elegancia característica, ni un solo músculo de su rostro, delató sus verdaderos pensamientos y sentimientos…

Séneca, movió la cabeza casi imperceptiblemente y la inclinó para esconder la expresión de su rostro…

Trhaseas frunció el entrecejo y una fugaz sombra de desaprobación nubló su semblante. Y se sumió en sus reflexiones…

Lucano pareció sorprenderse, pero asumió su actitud de siempre.

Plinio solo miró, pero no demostró nada.

Marcial levantó una ceja y no manifestó lo que pensaba. Mantuvo una actitud expectante…

Todos los demás miraron a los jóvenes con una mezcla de admiración, curiosidad morbosa, intensa avidez, lujuria y lascivia.

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Nerón los observó atenta y detenidamente a cada uno de ellos…

Y con una sonrisa, dirigió una mirada de aprobación a Vitelio, Tigelino y Aminio Rebio, que han esperado expectantes su dictamen.

Ellos los seleccionaron.

Y están seguros de que ni siquiera el exigente y perfeccionista Petronio, podrá poner una sola objeción a aquel estupendo grupo de jóvenes…

Que son una muestra excelente de juventud y belleza:

Cuerpos y rostros perfectos. Portes regios y de gran dignidad, sin llegar a la altivez.

Esta promete ser una gran orgía y una noche de placeres incomparables…

Vitelio le prometió que ha preparado con ellos una serie de fantasiosas representaciones, en las cuales él podrá elegir a los que más le agraden, para su placer personal.

Están por gustar de un deleite nuevo y bastante raro… Porque a pesar de su edad, todos son vírgenes…

Lo único que molestó a Nerón y mucho; fue que ninguno al mirarlos él a la cara, bajase la mirada, ni el rostro.

No fueron retadores ni altivos.

Sólo le miraron ellos a su vez con tranquilidad y sin hacer ninguna inclinación. Sin el menor rastro de temor o servilismo.

Sin ninguna turbación o nerviosismo.

¡Y nadie le hizo una reverencia!

Y esto último, lo consideró un gran insulto a su megalomanía.

Petronio también notó esto.

Y conociendo al César, aumentó su admiración y su respeto por los cristianos.

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Y también su preocupación por lo que sucedería a continuación…

Nerón dio la espalda a sus prisioneros y por unos instantes permaneció así.

Su rostro regordete toma una expresión concentrada y terrible…

Mientras parece reflexionar, con su mano izquierda se toca su corona de laurel.

Y tomando la orla de su manto cuajado de estrellas de oro y perlas, con un ademán regio lo levantó con su mano derecha y dándose vuelta, lo soltó hacia atrás.

Enseguida,  miró a los jóvenes cristianos. Caminó lentamente frente a ellos…

Los fue recorriendo uno a uno con lentitud y una expresión maligna y cruel en sus ojos azules, que hizo estremecer a quienes lo conocen muy bien.

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Luego dijo con voz muy pausada:

–           Estas hermosas cabezas, caerán en cuanto yo lo ordene.

Sorpresivamente, una voz muy serena y varonil, respondió:

–           El poder que Dios te ha concedido tiene un límite.

Nerón se volvió con rapidez, buscando entre los hombres al que habló…

Y que al parecer NO está enterado de que a nadie le está permitido hablar, a menos que el emperador lo haya interrogado primero.

Y con una voz contenida y terrible, preguntó:

–            ¿Quién dijo eso?

Da un paso al frente un joven que hubiera podido ser el modelo con el cual Miguel Ángel esculpió su ‘David’ y…

Que con su armoniosa voz, confirmó:

–           Yo…

Y ante la mirada interrogante del César, agregó:

–       Mi nombre es Oliver y soy cristiano.

Cierto es que tienes poder sobre nosotros.

Eres nuestro emperador y como a tal te respetamos.

Pero no puedes ir más allá de lo que te ha sido concedido.

A tu pesar, también tú obedeces los Designios misteriosos del Dios Único y Verdadero.

Nerón amenazó con voz glacial:

–           Puedo hacer contigo lo que acabo de hacer con Aulo Plaucio.

Inesperadamente, una voz dulce entre las vírgenes, se elevó con impresionante firmeza…

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Y dijo:

–           ¡NO! Porque somos Templos vivos del Dios Único y Verdadero. Y NO puedes profanarlos a tu placer.

Nerón se volteó rápidamente, para conocer a la que se ha atrevido a hablarle de ese modo.

Y vio a la más jovencita entre las doncellas que están ahí.

–           ¿Quién eres tú? –preguntó con un tono vibrante de ira.

Ella se irguió aún más.

Y su voz continuó tranquila declarando:

–           Fátima. Soy cristiana. Y te repito: Somos Templos Vivos del Espíritu Santo.

Y estamos aquí, NO PARA TU DELEITE, sino para dar testimonio del Dios Altísimo.

Nerón la fulmina con la mirada, antes de decir con voz escalofriante:

–           ¿Sabes que puedo enviarte para que te deshonren los gladiadores y se diviertan contigo hasta que se cansen?…

Otra voz dulce y femenina lo interrumpió:

–           Puedes. Claro que puedes ¡Si Dios te lo permite!… 

Y sin que nadie se lo ordenase, da un paso al frente identificándose:

–       Soy Margarita y soy cristiana…

Y tú eres esclavo del amo al que perteneces: Satanás.

Y es él a través de ti, el que verdaderamente nos quiere destruir.

Tú solamente eres su miserable instrumento…

La joven virgen se yergue imponente y mira severamente a Nerón…

Su actitud es tan digna que parece una Reyna más majestuosa que la misma Popea.

Y tan solemne que parece una diosa, pues irradia la misma Presencia que un día dejara pasmado a Marco Aurelio…

Cuando Alexandra dijo que el herido permaneciera entre los cristianos…

Petronio la admira literalmente con la boca abierta…

Todos están paralizados por el asombro, pues nadie le ha censurado jamás nada al emperador y esta actitud es inaudita…

Esta virgen bellísima parece una deidad airada y sus palabras manifiestan su severidad implacable…

Trhaseas se cubre la boca tratando de cubrir la exclamación que se le escapa admirado:

–           ¡Athena Parthenos!

Definitivamente las cosas para el César, no están resultando como las esperaba…

Entonces dijo con tono lastimero:

–           ¿Qué clase de religión impera en vosotros que os hace hablar así? Soy tu emperador.

El tono grave de otra voz masculina, rasga el aire:

–           ¿Acaso ignoras que no hay religión si es violenta y oprime a los que no quieren?

Da un paso al frente mientras agrega:

–      Soy Sergio y soy cristiano.

Nerón exclama con desprecio:

–           ¡Cristiano! ¿Cómo se llama tu Dios?

–            El Altísimo Señor del Universo: Yeové, el Padre Eterno. Jesucristo su Hijo y el Espíritu Santo.

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Nerón pregunta perplejo:

–           ¿Son tres dioses?

Otra voz masculina le responde:

–           NO.

Y el que habló dio un paso al frente mientras continua:

–      Son Tres Personas Distintas y un solo Dios Verdadero.

Todopoderoso. Creador, Dueño y Señor de todo el Universo.

Los que le adoramos somos cristianos. Mi nombre es Joshua.

Nerón suelta una carcajada y se burla:

–       ¡Todopoderoso!

Y con gran sarcasmo agrega:

–      ¿No es acaso ese hebreo que fue crucificado con los malhechores en el principado de Tiberio y murió en la Palestina?

Una joven que todavía no cumple los 18 años, se adelanta y proclama:

–         Sí. Murió en la Cruz para salvarnos. Su nombre es Jesús.

Dios lo resucitó y Reina Glorioso desde el Cielo. Y Gobierna todo el Universo y el mundo espiritual e invisible.

Agrega con voz  muy dulce, identificándose:

–         Mi nombre es Jade y soy cristiana.

El César la mira fijamente por un momento demasiado largo…

Enseguida se dibuja en su rostro una sonrisa escalofriante y pregunta suavemente:

–           Si es como dices. ¿Por qué ha dejado que cayerais en mis manos?

En este momento yo soy vuestro dios.

Y os enseñaré a comportaros ante vuestro emperador.

Yo voy a demostraros cuál es el verdadero poder. –Estas palabras las declara Nerón con el rostro oscurecido por una expresión despiadada e inhumana.

En el silencio que sigue, solo se oye el chisporroteo de las lámparas de aceite…

porque hasta los músicos se han quedado paralizados, viendo el contraste total entre la cara de los aterrorizados comensales…

Y el semblante tranquilo de todos los jóvenes.

Después de un momento se oye como una campana, otra voz resonante y firmemente armoniosa:

–           Mi nombre es Daniel y soy cristiano.

¡Y te aclaro que NO haremos lo que esperas de nosotros, según lo que estamos concluyendo!– Dice mientras recorre con una mirada significativa…

Las pinturas y las estatuas que adornan el salón.

Y finaliza con tono solemne, como si fuera un maestro, ante un alumno díscolo:

–       En este lugar al que nos has traído…

Nerón lo mira colérico…

Sin decir una sola palabra, va hacia su pretoriano más próximo y le saca la espada de su vaina.

Con gesto feroz mira al que habló al último y camina hacia él…

Mientras sentencia airado e implacable:

–           ¡Doblegaré tu locura!

El joven lo mira impasible y declara:

–           Puedes aplicarme las torturas más crueles, pero NO me perjudicarás.

Tú en cambio, estás preparando tu alma, para tormentos eternos.

Y los que me inflijas serán dulces, comparados con los que te esperan a ti.

Y te los infligirá el que ahora te induce a atormentarnos.

Nerón se acerca furioso y lo atraviesa con la espada de tal forma…-espada-sangrienta-

Que la punta de la misma sale por la espalda del infortunado, goteando sangre…

Cuando la saca con un movimiento violento; la espada ensangrentada salpica sus vestiduras de color amatista y antes de que pueda decir nada…

La voz del joven que está al lado del que ha sido herido, se oye con acento triunfal:

–           Yo soy Iván y también soy cristiano…

Y debes saber que los que temen a Dios, no pueden ser perjudicados, ni doblegados por los tormentos.

Los suplicios resultan ser sus ganancias para la Vida Eterna, porque todo lo sufren por Cristo.

Es el mayor de todos.

Un  joven como de unos veinticinco años. De rubios cabellos oscuros y ensortijados. Y con unos bellos ojos verdes como el mar.

–           ¡¡¡Aaaahhh!!!

Esta exclamación de sorpresa y admiración, que brota de todas las gargantas, impide una respuesta al insolente.

Nerón voltea y se queda mudo y boquiabierto…

El joven que acaba de herir en forma tan atroz, en lugar de derrumbarse, se ha erguido aún más.

Y su herida ha sanado instantáneamente de forma impresionante, ante los ojos de todos los asistentes a este drama tan singular…

El César está impactado, pero su ferocidad es más fuerte y su crueldad prevaleció.

Dirige una mirada significativa hacia Aminio Rebio: hombre infame, afeminado y cruel.

Y éste se acerca al insolente, obedeciendo la orden silenciosa del emperador…

Con su mano derecha acaricia con lascivia, el cuerpo perfecto de Iván…

Y éste le dice con tono tranquilo:

–           No lo hagas. ¡Detente o lo lamentarás!…El Ángel del Señor está conmigo y no te permitirá lo que pretendes…

Aminio Rebio no lo escucha y mucho menos le hace caso.

Excitado por la lujuria ante la hermosura llena de gallardía de aquel cuerpo perfecto y musculoso…

Lo manosea con sumo deleite, lleno de lascivia…

Pero de repente se aparta como si hubiese sido herido por un rayo.

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Y grita con inmenso dolor:

–           ¡No veo! ¡No veo! El ángel me ha herido en los ojos y no puedo ver nada.

¡Piedad! ¡Piedad! –y se hace para atrás trastabillando, como hacen los ciegos cuando no tienen quién los guié.

Fátima grita con júbilo:

–           ¡Dios resguarda su santuario! Y ¡Ay de vosotros que pretendéis profanarlo!…

Todos los que antes los miraran con lujuria, han perdido la avidez y ven cómo se está arruinando su grandioso festín sexual…

Nerón está estupefacto y aterrado…

Pero arrebatado por la ira como si fuera una fiera herida.

Ordena a sus libertos que los cristianos sean conducidos a la tortura y que los verdugos desplieguen contra ellos toda su violencia…

Concluye diciendo:

–           Yo mismo supervisaré los tormentos. ¡Llévenselos!

Y volviéndose a los invitados del frustrado banquete, les dice:

–        ¡Vamos! La fiesta apenas comienza…

Todos lo miran pasmados, entre admirados y aterrorizados…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

42.- EL RUGIDO DE LOS LEONES


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En Anzio, el emperador con su corte después de la comida fueron a dar un paseo en bote y Popea se las arregló para estar junto a Marco Aurelio.

Luego Nerón quiso que hombres de dignidad consular, remen en homenaje a la Augusta.

El mar está tranquilo y el viento y la brisa son suaves.

El César, sentado junto al timón y vestido con una toga púrpura, cantó un himno en honor a Poseidón, que compuso la noche anterior y al que Terpnum le ayudó a ponerle música.

En otros botes los músicos estuvieron amenizando el ambiente y alrededor nadan un grupo de delfines, como si hubieran sido atraídos por la música.

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Y los extraordinarios animales se portaron tan graciosos como si alguien los hubiera invitado a la fiesta.

Plinio está muy feliz.

Cuando llegaron a mar abierto, apareció a la distancia un barco procedente de Ostia y Marco Aurelio fue el primero en descubrirlo…

Entonces la augusta Popea, dijo:

–           Es evidente que nada hay oculto a tus ojos. –y súbitamente dejó caer el velo sobre su rostro- ¿Podrías reconocerme así?

Petronio intervino al punto:

–           Hasta el mismo sol se hace invisible detrás de las nubes.

Pero ella, coqueta y como en broma, insistió:

–           Solo el amor podría cegar una mirada tan penetrante como la tuya. ¿De quién estás enamorado?…-y comenzó a nombrar a todas las damas de la corte, como si intentara descubrir cuál de ellas es el objeto de su amor.

Marco Aurelio contesta negando con calma.

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Al final Popea mencionó a Alexandra. Y al mencionarla se descubrió el rostro y le dirigió una mirada inquisitiva y aviesa…

En ese momento, Petronio hizo virar el bote, culpando a un delfín por el violento giro y apartó de Marco Aurelio la atención general, impidiendo una respuesta.

Cuando más tarde los dos descansan a solas en el cubículum…

Petronio, verdaderamente alarmado le implora nuevamente que no ofenda la vanidad de Popea:

–           ¡Sería desastroso! ¡Te vi y te conozco! ¿Acaso no comprendes?…

Marco Aurelio contestó decidido:

–           El que  no comprendes eres tú. Popea solo me inspira aversión y desprecio. ¡Si hubiera dicho algo sobre Alexandra!… Tuve que dominar el impulso de romperle el remo en la cabeza a esa mujer perversa y ruin.

–           ¿Por qué crees que hice lo que hice? Tampoco a Nerón le gustó mucho que lo mojara con el viraje. Además, yo sé que Popea no te  ama. Ella es incapaz de amar a nadie.

Pero ahorita es una mujer despechada. Su deseo y su capricho nacen de la cólera que siente contra el César; que aún se halla bajo su influencia y parece que es capaz de amarla todavía.

Aun así, es tan perverso con ella, pues no le oculta sus infidelidades, ni su desvergüenza. Ahorita, Popea es más peligrosa que nunca… ¿Cómo quieres que te lo haga entender?

Marco Aurelio concede con desgano:

–           Está bien. Te prometo no hacer nada para provocarla. Rogaré a Dios que me ayude a librarme de ella.

–           Y mientras lo haces yo te prometo que me mantendré vigilante, aunque con ello me estoy ganando el aborrecimiento de la augusta.

Una semana después…

Bernabé está sacando agua de la cisterna con un cántaro, mientras canta a media voz en el idioma de su país.

Al mismo tiempo mira de vez en cuando hacia el grupo de cipreses, en el jardín de la casa de Acacio. Y sonríe con gran complacencia…

En un banco junto a la fuente, están sentados Marco Aurelio y Alexandra.

Parecen dos blancas y hermosas estatuas; pues ni la más leve brisa agita sus vestidos. El cielo se tiñe de oro y fuego, mientras ellos conversan abrazados tiernamente, en medio de la plácida tarde.

Alexandra le pregunta preocupada:

–           Amor mío, ¿No sucederá ninguna desgracia por haber salido de Anzio sin el permiso del César?

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Marco Aurelio le contestó muy alegre:

–           No, amada mía. El César anunció que se iba a encerrar dos días con Terpnum y Menecrato, para dedicarse a la composición de nuevos cantos. Y pidió que nadie lo molestara.

Esto lo hace a menudo. Y cuando eso pasa, no se preocupa de nada más y no le importa lo que pase a su alrededor…

Alexandra suspiró y dijo:

–           Me alegro tanto de que estés aquí. El César…

–           ¿A mí que me importa el César cuando estoy junto a ti y puedo contemplarte a mi antojo? Demasiado he sufrido la nostalgia de ti y llevo varias noches que no puedo dormir. A veces la fatiga me vence y caigo en una especie de sopor. No puedo dejar de pensar en ti.

–           Yo tampoco amor mío y me sorprendió tanto verte que casi no lo puedo creer…

–           Puse postas a lo largo del camino y gracias a eso, pude venir con mayor rapidez, que cualquiera de los correos del César. No sabes el trabajo que me cuesta permanecer lejos de ti. Te amo demasiado, vida mía.

–           Y yo presentía que ibas a venir. Te estaba esperando yo también, esposo mío. Sufro mucho por la añoranza de tu ausencia.

Se besan con mucha ternura y con una contenida pasión, bajo el baño de luz que el crepúsculo vespertino colorea con sus últimos destellos.

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El plácido encanto de aquella tarde, contribuye al arrobamiento mutuo.

Luego, Marco Aurelio dice:

–           ¿Sabes una cosa? Estoy adelantando mucho en el catecumenado y el Obispo Cipriano prometió bautizarme pronto, antes de seguir su viaje a Asia.

–           ¿Ya te sientes listo para pedir el Bautismo?

–           Estoy aprendiendo a amar a Dios sobre todas las cosas. Y eso, en lugar de disminuir, ha aumentado y perfeccionado mi amor por ti. Antes creía que el amor era un anhelo y una llama que enardecía la sangre. Ahora comprendo que es posible amar hasta con la propia sangre, cuando se anhela derramarla por amor a Él y se desea la muerte que nos da la Vida.

–           ¡OH! ¡Vaya que estás adelantado! Ya oigo a un cristiano maduro en ti. Y en relación con nosotros…

–           Yo sé que nuestro amor durará  en el tiempo y en la eternidad, porque te amaré más allá de esta vida y juntos adoraremos a nuestro Señor. ¡Oh, si ahora solo con verme reflejado en tus ojos, siento esta felicidad! Dime, Alexandra mía, ¿Qué será cuando nuestro amor pueda ser consumado y ame y adore en tu cuerpo, al Dios que encierras en ti?

Alexandra se ruborizó y exclamó:

–           Yo también te anhelo igual…

Marco Aurelio la miró sorprendido y halagado…

Y enlazando el delicado talle de la joven, la besa en los cabellos mientras dice:

–           ¡Alexandra! Te bendigo y bendigo el momento en que te conocí.

–           ¡Te amo, Marco Aurelio mío! –dijo ella suspirando de felicidad.

Incapaz de decir nada más, ante las palabras que la emocionaron mucho, pronunciadas por aquel hombre que ha cambiado tanto y es como un sueño convertido en realidad.

Los últimos reflejos violáceos del crepúsculo, se desvanecen entre los cipreses, dando paso a los destellos argentados de la luna, en una noche admirablemente hermosa.

El tribuno responde emocionado:

–           Ahora mismo que me has dicho: ‘yo te amo, estoy seguro de que por medio de la violencia yo no hubiera logrado arrancar de tus labios esas palabras, ni aun usando todo el poder de Roma.

Alexandra sonrió y mirándolo con coquetería repitió:

–           Te amo y te anhelo con todo mi ser…

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Por toda respuesta, Marco Aurelio le tomó la barbilla y la besó con toda la adoración, la pasión y la ternura que le despierta cuando está junto a ella.

Ella le correspondió, dulcemente apasionada…

Y en la deliciosa caricia, los dos se entregaron su apasionada donación mutua. Sus almas y sus espíritus se fundieron en una exquisita armonía, que los conecta con la maravillosa cadencia del Universo…

¡Oh! Paradisíaca felicidad del amor verdadero… Por unos instantes, todo a su alrededor queda suspendido por la magia que los envuelve…

Pero Marco Aurelio es un verdadero hombre y está consciente de que aun no puede vivir la plenitud de esta entrega,  aunque la criatura que vibra de pasión entre sus brazos es su esposa…

Cuando disponga del tiempo para enseñarle a esta mujer maravillosa, todos los secretos deliciosos que encierra el Amor, entonces se deleitará con ella…

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Si apresura las cosas, el inminente regreso a Anzio sólo echaría a perder lo que debe ser la experiencia más sublime de sus vidas…

La luna de miel tiene que retrasarse. Por ahora lo más sabio es mantener la cordura sobre los sentimientos…

Y con un supremo esfuerzo de su voluntad, se separó de ella.

Y dijo con cierta angustia:

–           Eres mi esposa. Ahora soy tu prometido esposo y quiero que el día que estemos completamente juntos, sea para no separarnos jamás… Aun no te poseo plenamente y ya no puedo vivir sin ti. Si me quedo contigo, estaré desafiando un poder imperial que te dejaría viuda ahora mismo. Y necesito vivir para que con mi consagración a nuestro hogar, formemos la familia que los dos anhelamos. ¿Me comprendes vida mía?

Alexandra lo besó tiernamente en la nariz y le contestó:

–           Mejor de lo que crees…. Pienso que Dios tiene sus planes, para permitir todo lo que nos está sucediendo. Y yo soy su sierva y la esposa que te espera y vivirá consagrada para ti. Mi Señor ya vive en ti y lo adoro en ti… Bendita sea su Voluntad en nuestras vidas y en nuestro matrimonio.

Marco Aurelio sonrió aliviado y dijo:

–           Si yo preguntara a Séneca porqué enaltece tanto la virtud, creo que no sabría darme una respuesta convincente. Porque ahora sé que yo debo ser virtuoso para no perder a mi Señor Jesús. ¿Cómo no adorarlo, si además me ha dado el tesoro inestimable de tu amor? ¡Cómo quisiera quedarme contigo y no separarme ya nunca de ti! Pero debo volver a Anzio. ¡Estoy impaciente porque este viaje termine ya!

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Alexandra lo escucha fijando en él sus ojos azul mar. Están  húmedos y a la luz de la luna semejan dos flores perladas de rocío.

Y en aquel instante se sintieron inmensamente felices, pues sus almas están unidas por el poder de la Fe en la misma Religión que hace vibrar su espíritu y su corazón, con la certidumbre plena de que pase lo que pase, no dejarán de amarse y de pertenecerse el uno al otro; porque su amor está santificado por un amor más grande, perfecto y divino…

Marco Aurelio suspiró y dijo:

–           Tengo que partir antes del amanecer, para estar en Anzio a tiempo.

Alexandra contestó con resignación:

–           Yo tampoco quiero separarme de ti.

Sin mover la cabeza del hombro masculino, Alexandra alzó la mirada pensativa, hasta las altas copas de los árboles que argenta la luz de la luna y añadió:

–           Muy bien, Marco Aurelio. Me has hablado de llevarme a Sicilia, en donde Publio desea pasar los años de su vejez…

El tribuno la interrumpe lleno de alborozo:

–           ¡Sí, preciosa mía! Nuestras propiedades colindan con la de Petronio. Aquella es una costa deliciosa. Su clima es más suave y sus noches más bellas que las de Roma, son perfumadas y serenas. Allí la vida y la felicidad van de la mano. –y con aire soñador, hizo un esbozo del porvenir, agregando-¡Oh, Alexandra! Por entre las arboledas y los bosques nos pasearemos, en medio de nuestro gozo infinito…

Y veremos crecer nuestra familia, consagrados a la adoración de Dios.

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Y ambos soñaron con las perspectivas encantadas del futuro y se abrazaron más estrechamente.

Ella preguntó:

–           ¿Visitaremos a los Quintiliano?

–           Sí, preciosa mía; serán parte de nuestra familia.

Alexandra le tomó una mano y se la besó.

Marco Aurelio le dijo muy quedo:

–           ¡Oh, Alexandra! Yo soy quién debo rendirte homenaje de adoración. –y tomando sus manos, las llevó tiernamente a los labios.

Ella se estremeció, diciendo emocionada:

–           ¡Marco Aurelio! Esposo mío… ¡Te amo tanto!

Y por unos momentos ambos escucharon el latir de sus corazones amantes…

Hasta los cipreses inmóviles parecían estar suspendidos en aquella inefable escena de amor…

Que de súbito…

El silencio de la noche fue interrumpido por una especie de trueno, ronco y sordo; que hizo temblar el cuerpo de Alexandra…

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Entonces Marco Aurelio se levantó y dijo:

–           Son los leones que rugen en el vivarium. –Y la abrazó.

Luego,  los dos escucharon con atención:

Al primer bramido siguieron otros…

Se escuchan los rugidos de las fieras que en medio del silencio de la noche, resuenan aterradoras y amenazantes.

Alexandra se sacude con un presentimiento lleno de tristeza, pero Marco Aurelio la estrecha más…

Y trata de tranquilizarla:

–           No tengas miedo. Los Juegos están próximos. Los vivares están llenos con muchísimas fieras y esta casa está muy cerca del vivarium. Ven.

Y ambos entran en la casa acompañados por el tétrico rugir de los leones, que va en aumento…

Cada vez más estruendoso y aterrorizante…   

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

35.- UN SUEÑO PARA REALIZAR


00000roma-imperialLa carta de Marco Aurelio no tuvo contestación. El mismo día que Petronio la leyó, el César ordenó el regreso a Roma.

Helio, el liberto del emperador, anunció al Senado el regreso de Nerón. Pero habiéndose embarcado con su corte en Miceno, efectuó su viaje lentamente, haciendo escala en las ciudades costeras, con el fin de descansar o de exhibirse en los teatros.

Permaneció alrededor de un mes en Minturno. Y hasta pensó en volver a Nápoles y esperar allí la primavera, porque en esa ciudad es más temprana y cálida.

Durante todo este tiempo, Marco Aurelio y Alexandra fueron madurando su amor en una entrega y de conocimiento mutuo.

Mientras él, al mismo tiempo que sana de sus heridas: su alma renacida ha ido descubriendo los misterios y maravillas, de la poderosa Doctrina Cristiana.

Sin que él mismo se percate, a la par que está conociendo a Jesucristo, ha empezado a amarlo y está poniendo en orden sus afectos.

Se ha dado cuenta de que por el hecho de amar a Dios sobre todas las cosas, eso no disminuye su amor por Alexandra.

Al contrario, conforme el verdadero Amor está penetrando en su corazón y transformando su alma; ama a Alexandra todavía más de lo que ya la amaba, pues ya empieza a amar con el Amor Perfecto.

Ni él mismo está consciente de la transformación que va madurando en su espíritu. Ve el mundo a través de los ojos de Dios.

Y ve la Creación con la curiosidad y el asombro de los niños que empiezan a despertar a la vida.

Y también su vida ha cambiado por completo.

Se ha dado cuenta de que ahora anhela las visitas de Pedro, aún más de lo que un día anhelara a Alexandra.

Ansía escuchar de sus labios todos los relatos que a lo largo de tres años, el discípulo de Jesús vivió junto al Maestro: sus enseñanzas, sus ejemplos o parábolas, como las llama él.

Y ¡Los portentosos milagros de Jesús!…

Como vio al Hombre-Dios dominar los elementos, transfigurarse, resucitar muertos, la pesca milagrosa, etc.

Todo esto hace que el alma del joven patricio se estremezca de emoción y de alegría.

Conocer y amar a Dios, es la experiencia más inefable y maravillosa.

Marco Aurelio bebe estos relatos, junto con las lecciones de Mauro y de Diana, que vienen tres veces por semana a su lecho de enfermo y esto ha hecho que estos días queden grabados en su memoria para siempre.

En su última visita, Mauro le dijo que ya casi está listo para empezar a moverse.

Ya han transcurrido ocho semanas y si al levantarse hoy, el brazo y el costado no le duelen, es porque también las costillas han sanado y en dos semanas más, estará listo para desentablillar.

En el fondo de su alma, Marco Aurelio desea que el tiempo se detenga. Se ha dado cuenta que ha aprendido a amar tanto a aquellas personas, como si fueran su propia familia.

Alexandra está tan feliz y agradecida con Dios, por el milagro realizado en aquella alma tan amada, de cuya transformación ha sido testigo día tras día…

De aquel patricio violento que entró a raptarla de aquel hogar, ya no queda nada.

Ve la devoción con que la sigue con la mirada a dondequiera que ella va. Sus besos son tan dulces y llenos de ternura, que aunque son muy apasionados, también son muy diferentes de los que le diera en el banquete del Palatino.

Su sabor es más delicioso aún… Y embriagador como el más exquisito de los licores.

El deseo se ha encendido más, pero con un fuego distinto que no queda solo en la piel.

Cada día están más enamorados y su amor los llena de dicha con la promesa de un gozo más pleno, cuando su unión sea completa…

Marco Aurelio está sorprendido. Adora a su esposa; la respeta y la desea cada día más.  Pero es todo tan extraordinario…

La felicidad y el deleite que saborea ahora, no tiene la más mínima comparación con lo que experimentara antes, con ninguna de las mujeres que antaño conociera.

El placer que Alexandra le da, aún sin haberla hecho suya todavía… Saberse amado por ella y amarla con la fuerza que él mismo no sabía que tuviera; lo hacen sentirse el hombre más dichoso del mundo.

La ama con un amor más poderoso, ardiente y profundo desde el día que se casaron…

Lo que no sabe es que este amor es el que el Espíritu Santo depositara en los corazones de los dos, con el Sacramento del Matrimonio…

Su corazón está lleno de júbilo y siente deseos de gritarlo. Porque es precisamente Aquel Dios Desconocido que un día le pusiera tan celoso de Él, el que se la ha entregado.

Y es el que le está dando la capacidad de amar, como jamás pensó que pudiera llegar a amarse. Alexandra es como es, por su amor a Cristo, que ahora ya no es el Dios Desconocido. Al contrario, entre más lo está conociendo, ha comenzado a adorarlo con todo su ser.

Ahora es cuando comprende por qué es el Dios del Amor…

Y se siente tan feliz, que desea compartir esa dicha con todos los seres que conoce. Solo Cristo puede transformar al mundo.

Y amó más a Alexandra, porque por causa de ella, Cristo ha transformado su vida de una manera radical. Está aprendiendo a creer, a amar, a perdonar, a orar…

Cuando Alexandra le enseñó el ‘Pater Noster’ y meditó cada una de sus palabras, esa Oración Santa y sublime que Jesús enseñó, es un himno que su corazón canta con una alegría profunda y brota en palabras que salen de sus labios, estremeciendo su alma de júbilo y agradecimiento.

Todo el culto que rodea a esta Doctrina es un maravilloso descubrimiento…

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Cuando llegó Mauro, con su ayuda se levantó del lecho, le llevó con suavidad poco a poco hasta el jardín y le preguntó:

–           ¿Ya no te duele?

Marco Aurelio le contestó:

–           Un poco… no sé… me siento muy raro. Pero creo que estoy bien.

Mauro declaró:

–          Perfecto. Entonces… -llamó a Alexandra y agregó- Te entrego en manos de tu esposa.

Marco Aurelio se apoyó en ella que lo mira llena de amor y alegría.

–          Ya puedes moverte del lecho y dar pequeños paseos. ¡Pero no te extralimites! ¡Eh! –añadió Mauro sonriendo- Todavía no te declaro sanado.

–           ¿Cuándo va a venir Pedro?

–          Posiblemente hoy o mañana. Isabel está preparando los pescados que trajo David. Bernabé está haciendo un guiso con verduras. Voy a ver en que los ayudo…

Y dejándolos solos se retiró al interior de la casa.

Alexandra llevó a Marco Aurelio hasta la banca que está  junto al muro.

–           Carísima. Sol de mi vida. Quisiera que esta dicha no terminase nunca. –dice él envolviéndola en una mirada llena de amor, de adoración y de ternura.

Ella le correspondió y le contestó enamorada:

–           No terminará, amor mío. Porque nuestro amor continuará más allá de la muerte, cuando estemos juntos en el Cielo, por toda la eternidad…

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–          ¿Sabes? Un día pensé un poco fastidiado… Casi al principio de todo esto: ‘Solo piensan y hablan de Jesús’. Porque NO los comprendía… Y ahora soy yo el que espero con ansia las visitas de Pedro. ¿De qué nos hablará ahora?

Alexandra sonríe y le dice con dulzura:

–          No lo sé. Lo sabremos cuando llegue. ¡Me siento tan feliz de que compartas conmigo este mismo anhelo!…  Tendremos muchas cosas que contar a nuestros hijos. ¿No crees?

–           ¡Nuestros hijos!…-exclama él y suspira- Quiero que el primero sea una niña tan hermosa como tú. ¡Ansío tenerla en mis brazos! ¡El fruto de nuestro amor!

Marco Aurelio está extasiado ante una imagen futura…

Y los dos conversan sobre el hogar y la familia que apenas empieza a formarse y que los llena de una ilusión sublime…

Mauro los mira desde la puerta y dice a Bernabé:

–           Quien viera ahora al orgulloso augustano que casi destrozas hermano.

Bernabé contesta casi compungido:

–          Del mal, Dios hace nacer el bien. Míralo ahora… Cuando veo como ama a mi señora, me siento dispuesto a servirlo también a él.

Felizmente Pedro llega en ese momento. La comida está casi lista. Y cuando todos están reunidos, oran y comparten los alimentos.

Dos semanas después…

Marco Aurelio pasea con Alexandra por el pequeño jardín. Le confiesa:

–         Intenté en vano olvidarte, porque mi amor creció y se adueñó de todo mí ser, desde el día en que te vi en la casa de Publio. Mientras las parcas devanaban el hilo de la existencia, el amor y la nostalgia estuvieron devanando el mío. Mis acciones fueron malas, pero estuvieron impulsadas por el amor.

Pues me enamoré de ti de una manera fulminante y me di cuenta de que eras muy diferente a todas las mujeres de Roma. Solo te pareces en lo virtuosa a Fabiola, pero ahora ya sé por qué.

Porque es la Presencia de Dios la que irradia esa maravillosa belleza interna que con el tiempo crece más y más y que en nuestro hogar será como un sagrado lumen…

Marco Aurelio se calló. Y la contempló como si en ella estuviera compendiada, toda la felicidad de su vida entera. Luego le preguntó cuáles eran sus impresiones respecto a él.

Alejandra se ruborizó y luego le miró a los ojos:

–          Te amé desde el día que nos encontramos por primera vez en la casa de Publio. Si tú me hubieras devuelto a ellos desde el Palatino. Yo les hubiera confesado mi amor y hubiera tratado de apaciguar la cólera que hacia ti debieran sentir.

Marco Aurelio dice:

–           Te juro, que ni siquiera había pasado por mi mente la idea de sacarte de la casa de los Quintiliano. Algún día te contará Petronio, como yo le confesé cuanto te amaba y que deseaba casarme contigo.

Pero él ridiculizó mi propósito e insinuó al César la idea de pedirte como rehén que le pertenecía y de darte a mí.

¡Cuántas veces en medio de mi dolor, he maldecido el momento en que le hice caso! Más acaso el destino así lo dispuso. Pues de otra forma yo no habría conocido a los cristianos, ni llegado a comprenderte, preciosa mía…

Alexandra replicó:

–           Créeme amor mío, Cristo ha sido Quién con sus altos designios te atrajo a Sí. El Padre Celestial te llamó… En nuestra vida nada sucede, que sea fortuito y sin un propósito específico…

Marco Aurelio levantó la cara sorprendido:

–         ¡Cierto! Todo pareció combinarse de manera admirable, para que al buscarte, encontrase primero a los cristianos y luego a ti.

–          Sí… -contestó ella suspirando feliz.

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Están delante de la glorieta cubierta de una espesa capa de hiedra y cerca del sitio donde Bernabé había matado a Atlante y donde después se enfrentó a Marco Aurelio.

Éste dijo reflexivo:

–           Aquí habría perecido yo, si tú no hubieras intervenido.

–           Ya no hables más de eso. Y tampoco se lo recuerdes a Bernabé.

–          ¿Podría acaso haber tomado venganza en él, porque te defendió? Al contrario. Si él fuera esclavo le habría concedido la manumisión.

–           Si él fuera esclavo, Publio lo hubiera liberado hace mucho tiempo.

–          ¿Recuerdas que quise llevarte de nuevo a tu casa y tuviste miedo que llegara a saberlo César y tomara por ello venganza en Publio y en Fabiola? Pues bien; ahora podrás verlos cuando te plazca.

–           ¿Por qué dices eso Marco Aurelio?

–          Creo que ya no habrá para ti peligro alguno en verlos, porque cuando el César me pregunte qué hice del rehén que él me diera, le contestaré: ‘Me he unido a ella en matrimonio y ahora visita la casa de Publio con mi consentimiento.’

Te prometo que me ganaré de nuevo el favor de Publio y de Fabiola. ¡Oh, carísima! Sí, Alexandra mía. Te juro que jamás mujer alguna recibirá en el hogar de su esposo, homenajes comparables a los que yo te he de tributar.

Y siguieron paseando. Gozándose en la presencia el uno en el otro. Conversando sobre las ilusiones que albergan los dos, sobre el hogar que será el santuario donde ofrendarán sus vidas y su futuro al Dios que les da tantas bendiciones…

Finalmente se detuvieron bajo el ciprés que está a un lado de la casa y donde principia el huerto.

Alexandra se apoyó en el pecho masculino y él la abrazó tiernamente con su brazo libre.

Y le dijo con amorosa súplica:

–           Di a Bernabé que vaya a la casa de los Quintiliano a traer tu mobiliario y tus juguetes de niña.

Ella contestó ruborizada:

–           La costumbre ordena otra cosa.

–           Lo sé. De ordinario la prónuba (matrona romana que iniciaba a la novia en sus deberes de esposa) conduce esos objetos detrás de la novia. Pero tú querrás hacer esto por mí. Yo los llevaré a nuestra casa de campo en Anzio y serán otros tantos recuerdos que me hablen de ti.

Sabes que se fueron de viaje y todavía falta mucho tiempo para que la familia regrese. –y tomándole la mano como un niño cuando solicita algo con insistencia- Concédeme esto diva. Concédemelo, Carísima.

–           Pero Fabiola hará como ella quiera. ¿Estás de acuerdo?

Se miraron a los ojos con una gran sonrisa y con el corazón acelerado. Se dieron un tierno y apasionado beso, enamorados totalmente el uno del otro.

Embargados por una dicha que no puede ser más plena, pues su más hermoso sueño se está convirtiendo en realidad.

En ese momento la alta figura de Mauro, se recortó en el umbral del patio.

Ha venido a desentablillar y a dar de alta al enfermo.

Los tres entraron a la casa y los vendajes fueron retirados.

Mauro con cuidado valoró a su paciente y satisfecho, comprobó cómo las fracturas han soldado, al igual que las costillas y ya no hay dolor.

Y dijo:

–           Bien hermano. Ya estás listo para regresar a tu vida normal. Solo te pido que esta semana ejercites el brazo con cuidado, antes de hacer esfuerzos de ninguna índole.

Marco Aurelio sonrió agradecido y contesta:

–           Gracias, hermano. ¿Va a venir Pedro?

Mientras guarda sus ungüentos, Mauro responde:

–           Sí. Un poco más tarde. Estaba en una misa de ordenación. Creo que hoy tendremos cien nuevos presbíteros. Dijo que al terminar vendría. Es temprano todavía. Después del mediodía estará aquí. En lo que llega, seguiremos con tu instrucción y les daré el tema de este día.

David se va a llamar a los catecúmenos que están siendo instruidos junto con Marco Aurelio.

Y mientras llegan, éste pregunta a Alexandra:

–           ¿Cómo fue que Publio se convirtió en cristiano?

Alexandra lo mira radiante y contesta:

–           Fue en Jerusalén. Él era un tribuno muy joven y estaba de guardia en el Templo de Jerusalén, en la Puerta de los Peces junto con dos soldados. Uno se llamaba Alejandro. Y ese día Jesús…

Y la voz de Alexandra es musical, mientras relata el primer encuentro de Publio Quintiliano con el Nazareno…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

32.- UNA BODA INESPERADA


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Marco Aurelio escuchó al anciano Pontífice, hablar de Jesús y de su Doctrina.

Y lo que escuchó lo cautivó y lo dejó reflexionando… Y aumentó su atracción por Aquel Dios Desconocido que empieza a descubrir…

A partir de aquel día, Alexandra se acercó con menos frecuencia al lecho del enfermo. Y no volvió a hacerlo sola. Pero observaba que él la seguía con la mirada suplicante y vivía pendiente de cada gesto y palabra suya, cual si fuera un favor inestimable.

Vio que sufría y no osaba quejarse por temor de alejarla de su lado. Que para él, solo ella era la felicidad y la salud.

Y ella se siente atraída con los encantos secretos que el amor inspira y que Marco Aurelio ejerce cada vez  con más fuerza sobre ella.

Y conforme pasan los días y se acerca a su lecho, ve irradiar en el rostro de él la misma alegría y el gozo que a ella la invaden.

Un día notó en sus ojos, huellas de que había llorado y sintió el deseo de enjugar sus lágrimas con sus besos.

Él se ha vuelto tan sufrido, como si hubiera hecho voto de paciencia. También ve sus esfuerzos para no hacer nada que a ella le desagrade y  por esto ella se siente grandemente amada.

Y el sentirse objeto de tanta adoración, la hace sentirse a la vez dichosa y culpable.

El joven patricio le había escrito una carta a Petronio y la contestación fue ésta:

Tito Petronio     a     Marco Aurelio Petronio.

Salve.

Por favor carísimo. Puesto que te encuentras herido y según dices te están pasando cosas estupendas. (Aunque no especificas cuales) Tu laconismo no necesita explicación. Ya me contarás cuando regrese y nos veamos otra vez.

No podía creerlo cuando leí que ese gigante parto había matado a Atlante con tanta facilidad. Ese hombre vale lo que pesa en oro y solo de él depende el llegar a ser un favorito del César. Pregúntale si es una excepción o si existen más hombres como él, en su país. Sería grandioso contar con él en los juegos públicos.

Agradece a todos los dioses, el que hayas salido vivo de tales manos. Te has salvado ciertamente porque eres patricio e hijo de un cónsul. No das muchos detalles de tu convivencia con los cristianos y del tratamiento que te han dado. A pesar de lo que dices percibo tu estado de inquietud y melancolía y  sé que todo es por Alexandra.

Lo interpreto por el laconismo de tu carta. Explícate, porque hay en ella tantos enigmas; que siendo totalmente sincero, tengo que confesarte que no entiendo a los cristianos, ni a Alexandra. Y tampoco te entiendo a ti.

Y no te sorprenda que me intereses tanto. Es que yo intervine en este asunto tuyo, me siento responsable de tu situación y por eso lo considero asunto mío.

Pasando a otro asunto, quiero hacerte partícipe de mi alegría…

Haloto me ofreció por Aurora siete caballos ganadores. ¡Y los rechacé!… ¿Puedes creerlo?  Gracias también a ti, porque te negaste a tomarla.

Porque ahora yo estoy saboreando las delicias del verdadero amor y me siento muy feliz.

Contéstame pronto, pues no sé cuándo vuelva a verte. En la cabeza de Barba de Bronce, los proyectos cambian como los vientos de otoño.

En la actualidad, mientras continuamos en Benevento, desea irse directamente hasta Grecia, sin volver antes a Roma. Tigelino le aconseja que haga una visita a la ciudad, aunque sea por poco tiempo, ya que el pueblo anhelante por su persona, (léase pan y juegos) puede sublevarse si Nerón prolonga su ausencia.

Así que no puedo decirte con certeza, que es lo que va a suceder.

Considera sin embargo si no sería preferible para ti, en lugar de permanecer en Roma, una temporada de reposo en tus propiedades de Sicilia. Lo único que te deseo es que recuperes pronto tu salud porque ¡Por Zeus! Ya no sé ni siquiera que es lo que debo desear en obsequio tuyo. Adiós.

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Cuando Marco Aurelio recibió esta carta, pensó en no contestarla. Pero luego decidió posponer la contestación, solo un tiempo más.

Ha cambiado mucho. En sus conversaciones con Mauro, Isabel y Lautaro, hay menos orgullo. Está haciendo su efecto lo que escucha en las reuniones que hay dos veces a la semana y que llegan hasta su ventana.

También se aficionó a Bernabé, con quién suele conversar horas enteras, porque en sus conversaciones puede mezclar el nombre de Alexandra y atesora con ansia todas las anécdotas del gigantesco parto.

La vida en la casita es una rutina familiar. La hermana de Alexandra, Margarita es la confidente de la joven y la ha seguido a su ‘destierro’ particular.

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Margarita también es gentil con el herido, pero se porta muy reservada y distante y Marco Aurelio lo atribuye a que está sufriendo las consecuencias de su arrebato por Alexandra.

Él no sabe que la joven es una virgen consagrada de la Iglesia Cristiana y por eso su reserva es tan extrema.

Pero un día que lo atendió en lugar de Alexandra, pudo observar con detenimiento su extraordinaria belleza y comprendió lo que Bernabé le platicara el día anterior: las dos heredaron la hermosura de su madre.

Por lo que le parece completamente incomprensible, es que siendo mayor que Alexandra, no haya conquistado el amor de un hombre y no esté casada todavía, pues si él no hubiera conocido primero a la joven que le robó el corazón, seguramente se hubiera enamorado de esta joven tan bella como misteriosa…

Por las tardes, cuando terminan las labores domésticas suelen sentarse juntas a hilar, tejer o escuchar música, mientras otra persona lee partes del Evangelio y toda la familia las reflexiona en oración comunitaria.

Santiago, el hermanito menor de David, juega mucho con un vecinito romano que se llama Fabio y junto con otros chiquillos forman la algarabía del patio.

Marco Aurelio disfruta mucho la armonía y la convivencia con casi todos los miembros de la casa. Sin embargo, a David no lo soporta y disimula la aversión que el joven le inspira.

Y la razón es que está terriblemente celoso por el amor con que Alexandra le trata.

En una ocasión David, estuvo cortando duraznos de uno de los árboles del huerto y también cortó un hermoso racimo de uvas de la vid que da sombra en una de las terrazas y envió a Fabio con el delicioso obsequio para que las entregara a Alexandra.

Y al oír que ella le daba las gracias, se puso pálido.

Y entonces Marco Aurelio habló como todo un descendiente de los Quirites, (nobles romanos) para quién todo extranjero es poco menos que un gusano.

Y en cuanto David se retiró, exclamó enojado:

–           ¡Alexandra! ¡Cómo puedes permitir que ese muchacho te haga obsequios! ¿Ignoras acaso que los griegos llaman a la gente de su nación, perros judíos?

Ella lo miró asombrada por semejante estallido y contestó:

–           Yo no sé cómo los llaman los griegos. Sólo sé que es cristiano y por lo tanto, hermano mío.

Marco Aurelio se quedó mudo, luego se dominó y le suplicó anhelante:

–           Perdóname Alexandra. Para mí tú eres una reina y… yo no… -y volvió el rostro, para que ella no lo viese llorar.

Cuando regresó David, le trató con amabilidad. Y a partir de ese momento se convirtió en su amigo.

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Alexandra comprende el considerable esfuerzo que le cuestan estas victorias sobre sí mismo. Y por eso, ella le ama siempre más.

Mientras tanto Marco Aurelio reflexiona y se maravilla en el poder sobrenatural de esa Religión que tiene la virtud de cambiar radicalmente a los hombres. Comprende que hay algo extraordinario en ella, algo que no había sido conocido antes en la Tierra.

Su convivencia entre los cristianos, le ha convencido que es precisamente esta Religión, la que adorna a Alexandra con esa belleza excepcional e inexplicable que en él despertara junto al amor, el respeto. Junto al deseo, el homenaje. Alexandra se ha convertido en un ser único sobre la tierra.

Y con todo lo que le está pasando se siente inclinado a amar a Cristo. Tiene que inclinar la cabeza ante ese Dios que no comprende. Está dispuesto a sometérsele, porque algo se ha despertado en su alma… Y también es el Dios de Alexandra.

La joven observa la evolución que se opera en el alma de Marco Aurelio. Ve la lucha que sostiene consigo mismo, su mortificación, sus dudas. Y cada vez nota más el silencioso respeto que él muestra hacia Cristo. Y ello hace que su corazón se incline hacia él, con una fuerza arrolladora.

En una atracción casi imposible de resistir, hasta que…

san-pedro-apostol- Un día que Pedro llegó de visita, Marco Aurelio le llamó y le dijo:

–           Vivo asediado por la pena y el sufrimiento. Antes de conoceros me hubiera apoderado de ella y la hubiera retenido por la fuerza. Pero vuestra virtud y vuestra Religión han efectuado un cambio dentro de mí, que me apartan de la violencia.

Yo mismo no entiendo por qué me pasa esto y a vos, que al presente hacéis las veces de padre para Alexandra, os digo: si ella me acepta, dádmela por esposa y os juro que no tan solo no le he de prohibir que confiese a Cristo; sino que yo mismo anhelo iniciarme en los misterios de vuestra religión y os pido: ‘¡Dadme la Luz!’. 

Conozco todos los obstáculos, pero yo la amo más que a mi vida y no quiero perderla. Quiero amar lo que ella ama y que nuestra familia sea una familia cristiana. Porque quiero a vuestro Dios, para que sea también el mío. Disipad mis tinieblas. Ved que soy sincero.

Los hombres han dicho: ‘Grecia creó la sabiduría y la belleza. Roma creó el poder y la fuerza…’ ¿Y vosotros los cristianos, qué es lo que traéis? Os pido que reveléis los misterios que necesito conocer. Ilumíname lo que hay detrás de vuestras puertas, ¡Abrídmelas!…

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Pedro, cuyo corazón se conmovió ante aquella alma doliente que como ave enjaulada pugna por abrirse paso en demanda de libertad.

Extendió la mano sobre Marco Aurelio, tocándolo sobre la cabeza y dijo:

–           Traemos el Amor. ¡Tocad y se os abrirá! La gracia de Dios descienda sobre ti. La Sangre de Jesús lave tus pecados. Yo te Bendigo en Nombre del Redentor.

Hizo el signo de la cruz sobre él. Y aquel descendiente de los Quirites tomó la mano del anciano Galileo y la llevó a sus labios, lleno de gratitud y de reverencia…

Pedro se sintió complacido al ver aquella alma que es tierra propicia para la semilla divina y  en su red de pescador lo ingresa como una nueva conquista para Cristo.

Y los presentes regocijados ante aquella inesperada escena, exclamaron al unísono:

–           ¡Gloria al Altísimo!

Alexandra está atónita.

Marco Aurelio tiene su rostro radiante de alegría y le dijo desde su lecho:

–           Alexandra¿Quieres ser mi esposa, la reina de nuestro hogar? ¿Quieres ayudarme a conocer y amar al Dios tuyo, el que desde hoy será también mío y de nuestros hijos? ¿Me amas como yo te amo?

Ella comenzó a llorar de alegría y sus labios temblorosos no pueden pronunciar palabra. Está totalmente anonadada.

El apóstol la incitó:

–           Hija mía, ¿No le vas a contestar?

La joven se arrodilló delante de Pedro.

Y dijo con voz llena de humildad, sumisión y turbación:

–           Sí. Le amo. Y sí. Quiero ser su esposa.

Marco Aurelio dijo:

–           Mientras acabo de sanar, quiero instruirme para ser Bautizado. Luego haremos la boda según las leyes romanas. Y ante el mundo entero, también serás mi esposa. Te juro que te seré fiel, te amaré y te respetaré. Y desde hoy eres dueña de mi vida y de todo lo que me pertenece. – y tomando la mano de Alexandra, la llevó a sus labios, mientras la miraba con adoración…

Alexandra, temblando de felicidad, le contestó:

           También yo te juro serte fiel. Amarte y respetarte todos los días de mi vida. Y mi ser te pertenece, amadísimo esposo mío.

Entonces Pedro tomó la mano de Alexandra y la puso en la de Marco Aurelio.

Y colocando sus manos en la cabeza de ambos jóvenes, declaró:

–           Amaos en el Señor y para su Gloria. Yo los declaro unidos en matrimonio: Esposo y Esposa. Y que no separe el hombre lo que Dios acaba de unir. Os Bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y Bendigo los hijos que daréis a Dios con vuestro santo amor.

Los dos jóvenes se miraron llenos de felicidad.

Alexandra se inclinó sobre el lecho, para darle un dulce beso en los labios. Y se sentó a su lado, apretando la fuerte mano masculina entre las suyas…

Los demás los llenaron de parabienes y bendiciones.

Y Pedro comenzó a narrar como Jesús hizo su primer milagro en las Bodas de Caná…

Desde ese día, Marco Aurelio se unió a aquellas reuniones donde fue conociendo a Jesús, el Dios-Hombre que le acaba de entregar el regalo más precioso que él anhelara tanto: el amor de Alexandra, Bendecido por Él.

Al despedirse, Pedro les dijo que les enviaría un evangelizador para darles la instrucción necesaria, pues los tiempos son sumamente graves…

Al día siguiente…

En la Puerta del Cielo, Mauro camina alegremente por el largo pórtico que conduce a los salones donde son instruidos los catecúmenos.

Se encuentra con su colega y amigo Lucano, el compañero en los viajes de Pablo de Tarso.

El médico evangelista y escritor, le saluda:

–           La Paz sea contigo, Mauro. ¡Qué alegría verte por aquí!

Mauro contesta sonriente:

–           Y también contigo, caro hermano mío. Terminé de dar algunos temas y voy de regreso a Roma. Allá también tengo ministerio.

–           ¿Ya no ejerces la medicina?

–           Entre los pacientes y las evangelizaciones, transcurre mi vida. ¿Y tú qué haces querido Lucas?

–           Estamos iguales. Yo estoy aquí colaborando con Pablo. Aunque le dedico más tiempo a la Palabra, ejerzo poco la medicina. Ahora estoy escribiendo. ¿Qué tema vas a dar?

–           Voy a hablar del Perdón…

–           ¡Apasionante y bellísimo! Yo voy a hablar del Octavo Sacramento.

–           ¡Somos bienaventurados! SER APÓSTOLES ES EL PRIVILEGIO MÁS GRANDE que puede darnos nuestro Señor. Sólo dime cual no es apasionante…

Y los dos se despiden y caminan en direcciones opuestas…

Mientras tanto, en la casa donde está Marco Aurelio, éste se decidió a contestar la carta de Petronio…

Marco Aurelio Petronio   a   Tito Petronio.

Salve.

Es tu deseo que te escriba lo más minucioso posible: convenido. No puedo asegurarte empero que sea con más claridad, ni que puedas entenderme. Porque yo mismo aún no sé cómo explicarlo.

Te describí mi permanencia entre los cristianos y la forma en que tratan a sus enemigos, entre los cuales tenían derecho de contarnos, tanto a Prócoro como a mí. Te conté la bondad con la que me han tratado y cómo me han atendido.

No, mi carísimo. No me respetaron porque yo fuera hijo de un cónsul. Esas consideraciones carecen de peso entre ellos, puesto que perdonaron a Prócoro a quién insté a que lo enterraran en el jardín. Son personas excepcionales, como el mundo no ha conocido hasta hoy.

Y del mismo modo sus enseñanzas son tan extraordinarias como ellos. Te aseguro que si yo me encontrara en mi casa postrado en el lecho, con un brazo y las costillas rotas atendido por los míos, aun cuando fuesen miembros de mi propia familia; por supuesto hubiera disfrutado de mayores comodidades. Pero no me hubieran hecho objeto ni siquiera de la mitad de los cuidados que ellos me han prodigado.

Y entérate también de esto: Alexandra es como todos los demás. Si hubiera sido mi hermana o mi esposa, no podría haberme atendido con mayor afecto. Y ¿Puedes creerlo?

En medio de estas personas sencillas, habitantes de este pobre aposento, que es a la vez cocina y triclinium, en donde también se encuentra el lecho donde postrado te escribo, soy  el hombre más feliz del mundo. Más que en ninguna otra época de mi vida.enamorados

Le ofrecí a Alexandra regresarla a la casa de Publio y ella me declaró que en la actualidad, eso es imposible, porque Publio y Fabiola se irán a Sicilia y porque de regresar ella a su hogar, esa noticia tarde o temprano llegaría hasta el Palatino.

Y entonces César podría arrancarla nuevamente de la familia Quintiliano. Pero Alexandra sabe que yo no volveré a perseguirla. Que he dejado atrás las medidas de violencia, que soy incapaz de renunciar a su amor o de vivir sin ella. Voy a llevarla a mi casa bajo el arco de guirnaldas que adornará la puerta. Y sentarla en mi hogar como reina, ama y señora, al convertirla en mi esposa.

Ella ya aceptó. Así que ahora es tu sobrina. En cuanto a los cristianos, aman a sus semejantes… Pero abominan nuestros dioses, nuestra manera de vivir, nuestros crímenes y nuestra corrupta sociedad. Todavía ignoro muchas cosas, pero estoy aprendiendo.

Lo único que sé con precisión, es que donde comienza esta religión, concluye el poder de Roma… Nuestro sistema de vida y la distinción entre conquistadores y conquistados, entre ricos y pobres, señores y esclavos. Concluye el gobierno, el César, la ley y el orden del mundo. Concluye también la muerte.

Y por sobre todo esto, surge la figura de Cristo lleno de una Misericordia jamás conocida y de una Bondad tan infinita, que contrasta con los instintos del hombre y con nuestros propios romanos instintos.

Y para mí, Alexandra vale más que Roma y todo su señorío. Tú sabes cuánto la amo y que no hay nada que yo no haga por su amor. Pues bien, quiero que sepas que soy augustano y de noble descendencia; pero eso no me impide ser también cristiano.

Cuando aprenda más sobre mi nueva religión, te lo comunicaré. ¡Ah! Y por cierto: tú serás el padrino de nuestras nupcias romanas. Cuídate mucho. Adiós.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

26.- CORREO EPISTOLAR


Tito Petronio     a     Marco Aurelio Petronio:

Salve.

Eladio es de mi absoluta confianza envíame con él tu respuesta a esta carta. Cuando me vine para Anzio te dejé sobre una buena pista y lleno de esperanza. Espero que ya hayas calmado tu pasión en brazos de Alexandra, ¡Mi carísimo Marco Aurelio! Que la rubia Afrodita te guíe y que tú seas el spintria (Tiberio llamaba así a los maestros en la lujuria) de esa alba Alexandra que escapa del amor.

Recuerda que el mármol aún el más precioso, no es nada por sí mismo y no adquiere valor hasta que la mano del escultor lo transforma en una obra maestra.

No basta amar. Es necesario saber amar y saber enseñar a amar. La plebe y los animales experimentan placer; pero el hombre verdadero se distingue por su aptitud para hacer de ese placer un arte lleno de nobleza apreciándolo como un don divino.

Y no solo experimentarlo, sino saber compartirlo. Así pues, sé tú el escultor de Alexandra y desea no solo su cuerpo, sino también su corazón. Y ámala.

Con frecuencia pienso en la vanidad,  la incertidumbre y el fastidio de nuestra vida. Y me pregunto si no has tomado tú la mejor parte y si la guerra y el amor no son las dos cosas por las cuales vale la pena haber nacido. En la guerra tú has sido afortunado y has sido un valiente guerrero. Y en el amor, conoces la dicha y la agonía…

Si sientes curiosidad por saber lo que ocurre en la corte de Nerón, te diré:

aún lloramos a la pequeña Claudia Augusta. Cantamos himnos de nuestra composición y nuestro dolor aún no se calma. Y podemos exhibirlo en todas las actitudes que enseña la escultura. Todos los augustanos están aquí, incluyendo las quinientas burras de cuya leche se sirve Popea para sus baños.

¡Ay Querido! Nos estamos modernizando tanto en el teatro, que ahora hacemos las cosas con el mayor realismo y Enobarbo se encarga de que las emociones sean siempre  más trepidantes en unos escenarios también cada vez más insólitos.

Nos hemos salido del anfiteatro e ignoro que siga la próxima vez. Pienso que nosotros moriremos como bufones o comediantes. Nerón representó una comedia de Afranio el dramaturgo titulada “El Incendio” y entregó a los actores al pillaje de una casa que se incendió a propósito.

A Barba de Bronce esto le produjo un placer enajenante y creció su inspiración y su deleite por la actuación. Esto se tradujo en generosos regalos para todos nosotros, en nombramientos  para muchos otros y en que al verlo tan feliz, por fin puedo estar un poco más tranquilo respecto a seguir manteniendo nuestras cabezas en su lugar. Porque otros no han sido tan afortunados:

Salvidieno Orfito, el pobre ni siquiera sospecha que su muerte haya sido decretada ¿Y sabes por qué? ¡Porque alquiló a unos diputados tres habitaciones de su casa cerca del Foro! A Casio Longino, por haber conservado entre sus antiguos retratos de familia, el de Cayo Casio, uno de los asesinos de César ¡Y está ciego! Pero eso no le importa a Nerón, cuando tiene sed de destruir…

¡Sólo por eso no hay salvación para ellos! ¡Pero éste es nuestro mundo!

Vamos a tener una lidia de gladiadores. El actor Dato representó a Edipo y le pedí que me contestara como judío que es, (su verdadero nombre es Nazario), si los cristianos y los judíos son una misma cosa.

Me contestó que los judíos tienen una religión eterna, pero que los cristianos forman una nueva secta que se ha formado recientemente en Judea. Que en tiempos de Tiberio los sacerdotes de Jerusalén, crucificaron a cierto Hombre cuyos prosélitos aumentan diariamente y a quién los cristianos adoran como Dios.

Parece que se niegan a reconocer a otros dioses y especialmente a los nuestros. No se me ocurre que daño les puede suceder si también los adoraran… en fin…

Tigelino me demuestra abiertamente su envidia y su odio… Y yo ni siquiera puedo considerarlo mi adversario. Solo me aventaja en dos cosas: tiene más apego que yo a la vida y al mismo tiempo es un canalla supremo. Y esto lo une más a Nerón.

Ellos acabarán por entenderse perfectamente, junto con Haloto que está lleno de violencia y es el hombre más cruel que el mundo haya conocido jamás. Este trío es el castigo de la humanidad. ¿Cuándo? No lo sé. En realidad poco importa la fecha, pero llegará.

 Mientras tanto yo me estoy divirtiendo como nunca. La vida sería muy aburrida si no fuera por nuestro Augusto Mono. Yo comparo la adquisición de sus favores a una carrera en el circo, con la cual la victoria solo halaga el amor propio.

En este aspecto a veces creo que me parezco un poco a Prócoro Quironio. Cuando éste ya no te sirva, mándamelo. Le he tomado gusto a su conversación cínica y sugestiva. Presenta mis saludos a tu divina cristiana… Y dime cómo te encuentras de salud. Háblame de tu amor. Dime cómo estás y cómo te sientes. Adiós.

Marco Aurelio estaba muy deprimido cuando recibió esta carta y la contestó inmediatamente.

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Marco Aurelio Petronio     a     Tito Petronio:

Salve.

No se ha sabido nada de Alexandra. Si no fuese por la esperanza de encontrarla pronto, no recibirías esta carta. Quise comprobar que Prócoro no me engañaba. Me envolví en un capote militar y lo seguí a él y a Dionisio, el esclavo que mandé con él.

Atestigüé la entrega y me regresé, porque sentí el impulso de ir hacia ellos y prometer recompensa a quién entregase a Alexandra. Pero tuve miedo de malograr el trabajo de Prócoro y contra mi voluntad mejor me retiré. Prócoro ha venido varias veces, pero dice que no ha podido encontrarla.

Los cristianos se aman y se ayudan tanto, que va a tardar un poco dar con su paradero. Pero es mejor ir con paso seguro para no cometer errores. En cuanto suceda algo interesante te lo comunicaré. Adiós.

Marco Aurelio, además de sentirse herido en su orgullo; no logra comprender la oposición y la resistencia de Alejandra. Su misma fuga es un enigma que le tortura el cerebro y no encuentra respuesta.

Sabe que Actea ha dicho la verdad y que ella no era indiferente a su amor. Es más, ella aseguró que lo amaba. Entonces ¿Por qué había huido?

Lo único que logra entender es que entre Alexandra y él hay un abismo que los separa y que tiene que ver, con el mundo romano que él conoce y el mundo cristiano en el que ella se desenvuelve.

Pensar en esto lo llena de desaliento y lo único que le queda es renunciar a ella. Y esta idea lo desquicia, porque contra sí mismo y con inmenso dolor, ve que ya no puede vivir sin ella. Y pensar que era correspondido y que ella podía colmar sus más fervientes anhelos, hace que se apodere de él una angustia cruel.

Y mientras su corazón desborda una inmensa ternura que lo envuelve como una poderosa ola y le hace exclamar en medio de las lágrimas:

–      ¿Dónde estás amada mía? ¿Por qué te fuiste y me abandonaste con tanta crueldad?…

Se siente verdaderamente enfermo y desgraciado. Anhela su amor tanto… Que hay instantes en que desearía matarla, para así acabar con su sufrimiento. Pero luego se dice a sí mismo, que si le dieran a elegir entre ser esclavo de Alexandra y no volver a verla jamás; preferiría ser su esclavo.

En estas alternativas de tortura, cavilación, incertidumbre y sufrimiento, está perdiendo la salud y su varonil hermosura…

Después de largas semanas de expectativa, un día llegó Prócoro y se presentó ante Marco Aurelio con el semblante muy contrariado.

El joven tribuno se puso pálido y saltando de su asiento, preguntó:

–           ¿Qué pasó? ¿No está Alexandra entre los cristianos?

El griego contestó:

–          Sí está, señor. Pero también está Mauro y yo no me puedo acercar a donde está ella.

–           ¿De qué estás hablando y quién es Mauro?

Prócoro no supo cómo contestar y Marco Aurelio perdió la paciencia. Enojado, repitió la pregunta.

El griego contestó levantando su mano:

–           Según parece señor, has olvidado al hombre con el que viajé a Roma. Y en cuya defensa perdí estos dedos, mutilación por la que no puedo escribir. Los ladrones que le arrebataron a su mujer y a su hijo, le hirieron con un puñal. Yo le dejé agonizante en una fonda y le había llorado por muerto. Más ¡Ay! Ahora estoy convencido de que está vivo y en Roma pertenece a la comunidad cristiana.

Marco Aurelio no entiende nada.

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Lo único que le queda claro es que Mauro es el obstáculo que lo separa de Alexandra. Y por lo mismo, controlando su ira dijo:

–           Si todo sucedió como dices, él debiera estar agradecido y ayudarte ahora.

Prócoro respondió:

–          ¡Ah, noble tribuno! Ni los dioses suelen ser agradecidos. Pero por desgracia es un viejo senil y está confundido, porque según supe por sus correligionarios, me acusa de ser cómplice de los ladrones. Y me considera el causante de sus infortunios. ¡Así me paga la pérdida de mis dedos!

–           ¡Bribón! Estoy seguro de que las cosas pasaron como Mauro las refiere.

–          Entonces sabes más que él mismo, señor. Porque él solo tiene sospechas. Lo cual no le impide vengarse de mí cruelmente. Y ya lo hubiera hecho si conociera mi nombre. En el lugar donde nos encontramos no se fijó en mí. Pero yo lo reconocí de inmediato. Y ahora debo tener más cuidado con lo que hago. Cuando pregunté por él a conocidos suyos, me declararon que era el hombre que había sido traicionado por su compañero de viaje y por eso me enteré de semejante historia.

El tribuno contestó fastidiado:

–           ¿Y qué me importa a mí todo eso? Dime que noticias me tienes.

Prócoro replicó:

–          Cierto es señor, que a ti no te importa, pero a mí me va en ello la vida. Y en el deseo de que mi sabiduría sobreviva, prefiero renunciar a la recompensa que me has ofrecido, antes que exponerme por el simple lucro.

Entonces Marco Aurelio se le acercó y con mal reprimida cólera, le dijo:

–         ¿Quién te ha dicho a ti que la muerte te va a llegar por medio de Mauro, antes que por mis  propias manos? ¿Qué sabes tú perro, si dispongo de tu vida y se me antoja enterrarte en mi propio jardín?

Y Prócoro que es un cobarde, miró a Marco Aurelio y comprendió al instante que no es una broma. Una sola imprudencia más y estará perdido…

Y entonces exclamó:

–           ¡La buscaré, señor y la encontraré! ¡Te lo prometo!

Hubo un largo silencio.

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Y cuando el griego comprendió que la cólera del patricio disminuía, dijo:

–           Un tiempo dudaste de la existencia de Félix y te convenciste de que te dije la verdad. Ahora tienes sospechas de que miento acerca de Mauro. ¡Ah! Si ésta fuese una mentira, yo podría mezclarme entre los cristianos sin peligro y si él me hubiese reconocido, no estaría yo hoy aquí. Y entonces ¿Quién te ayudaría a encontrar a la doncella?

            Marco Aurelio le ordenó que le dijera detalladamente todo lo que había hecho, en qué había empleado el tiempo y lo que había descubierto.

Pero Prócoro no tenía mucho que contar. Había montado vigilancia y no había rastros de Alexandra.

Y solamente agregó:

–           Hay un hombre. Un sacerdote al que ellos llaman Pontífice, que se llama Pedro y que fue discípulo directo de Cristo y ahora es su apóstol. Los cristianos le guardan una gran veneración. Van a tener una reunión muy importante y yo buscaré la forma de asistir y ver si puedo llevarte sin peligro. Es casi seguro que ella también asistirá y nosotros podremos verla.

Los cristianos son personas pacíficas y ordenadas. ¡Y me sorprendí mucho, porque todas las acusaciones que les hacen son calumnias! Ellos no hacen nada de lo que la gente cree. No son licenciosos y todos son muy virtuosos. Su religión no incita al crimen y por el contrario, manda perdonar y amar a los enemigos.

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Marco Aurelio recordó lo que Fabiola le había dicho en la casa de Actea.

Y por lo general, le complacieron bastante los informes de Prócoro. Aun cuando los sentimientos que Alexandra le inspira son bastante tormentosos, sintió alivio al oír que la religión que ella profesa no es criminal, ni repulsiva.

Pero al mismo tiempo intuyó que es precisamente el amor reverencial a este Cristo desconocido y misterioso, el que ha levantado una muralla entre él y Alexandra. Y empezó a tener prevenciones contra esa nueva religión.

Pero a Prócoro lo que le interesa es huir de Mauro. De lo que narró a Marco Aurelio la verdad es que fue él, el que traicionó a Mauro. Le robó todo. Lo vendió a unos traficantes y le privó de su familia, vendiéndolos como esclavos. Apuñaló a Mauro y le dejó medio muerto en el campo, creyendo que no sobreviviría al asalto.

Lo que nunca esperó fue que pudiera curarse de sus heridas y llegara hasta Roma. Ahora tiene miedo de encontrarlo de nuevo. Sin embargo más terror le infunde Marco Aurelio…  Y comprendió que la persecución y venganza de un poderoso patricio que tiene otro aliado más grande todavía: Petronio, no le deja ninguna alternativa.

Todas estas consideraciones le impulsan a jurar:

–           Por Zeus te prometo, ¡Oh, señor! Que iré a averiguar más lo más pronto posible.

Más tarde…

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Casi al mismo tiempo que el griego se fue, llegó un correo con una carta de Petronio y Marco Aurelio se metió en la biblioteca a leerla.

Después de romper el sello, extendió la  vitela:

Tito Petronio               a          Marco Aurelio Petronio:

Salve.

Tu caso es muy malo, ‘carísimo’. Con bastante claridad veo que Eros ha perturbado tu cerebro y no piensas en otra cosa, más que en el amor. Por tu contestación a mi carta veo que sigues obsesionado con Alexandra. ¡Por Zeus! Encuéntrala pronto o perderás la razón.

Y por favor ten presente esto: Bernabé, el esclavo de Alexandra es un hombre de una fuerza poco común y por lo mismo será mejor que te lleves a Atlante, cuando decidas rescatarla. No esperes que los cristianos te la entreguen fácilmente. Atlante será un auxiliar muy útil para enfrentarte con Bernabé, cuando trate de defenderla.

No te dejes saquear por Prócoro, pero tampoco economices tratándose de Atlante. De todos los consejos que mi cariño puede darte, éste es el mejor.

Aquí ya dejaron de decir que la Infanta pereció por causa de un maleficio. Desde que nos trasladamos a Nápoles, nos han atacado los remordimientos por los recuerdos de Agripina. Pero ¿Sabes hasta donde ha llegado Enobarbo? Pues a esto: Aún el asesinato de su madre se ha convertido tan solo en un tema para versos y un motivo para escenas trágico bufas.

Antes tenía verdaderos remordimientos y le temía como el cobarde que es. Pero ahora se siente intocable.

Y como ningún dios se prepara  a tomar venganza, finge remordimientos para hacer escenas de teatro y ver cómo reaccionan los demás. También representó personajes de tragedia y exigió que las máscaras de los dioses, los héroes y las heroínas, se parecieran a él y a Agripina.

 Luego cantó: Panacea en el Parto; Orestes asesino de su madre; Edipo Ciego y Hércules Furioso. Estas son las novedades de nuestro regio histrión.

A veces me parece que de verdad odia a Roma. Busca los aplausos, la admiración y la aprobación de los griegos. Y a cada momento dice:

–      ¡Mira lo que son los griegos!

Y su proverbio favorito que repite siempre es: ‘La música no es nada, si se la mantiene oculta.’

En su greco-manía, la plebe aullaba cada vez más y nuestro histrión estaba eufórico. Cierto es que los aullidos y los aplausos se traducen en distribuciones al pueblo de provisiones y regalos: pájaros exóticos por millares. Manjares, bonos pagaderos en trigo, trajes, oro, plata, piedras preciosas, perlas, cuadros, esclavos, fieras domesticadas, naves, islas, tierras, casa, banquetes, billetes de lotería y una nueva exhibición  del Bufón Imperial.

Y no deben extrañar los aplausos, pues semejante espectáculo no habrá sido visto nunca antes. Para Nerón lo más importante es su canto y la acogida que le hace el público como artista. Cree que su voz es un don de los dioses y no pierde oportunidad para mostrarla.

Sin  embargo tiene dudas de lo que dirá el pueblo romano a causa de su prolongada ausencia por la falta de los acostumbrados juegos y las distribuciones de cereales. Y aun así, vamos a Benevento a la chapucera exhibición que Haloto tiene preparada a nuestra llegada. Y de allí seguiremos hasta Grecia.

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Por lo que a mí respecta, pienso que cuando un hombre se halla entre locos, loco se vuelve él también y encuentra cierto encanto en las extravagancias de los insanos. Grecia y el viaje de mil buques, es una especie de entrada triunfal de Baco, entre ninfas y bacantes. ¿Y creerás que yo que tengo buen sentido, me he dejado arrastrar por sus fantasías? Y lo hago porque al menos son grandiosas y exentas de vulgaridad.

Pero Barba de Bronce no logrará sus planes, porque en su fabuloso reino poético de oriental poderío, no ha dejado sitio para la traición, la vileza y la muerte. Y porque entre sus actitudes de poeta, se advierte al detestable cómico, al torpe auriga y al frívolo tirano.

Entretanto estamos matando a todo aquel que en una forma u otra nos causa desagrado. El pobre Salvidieno Orfito ya es solo una sombra. Se abrió las venas hace unos días. El viejo Trhaseas está sentenciado, porque tiene la osadía de ser honrado y tener cara de pedagogo.

Tigelino todavía no alcanza la suficiente autoridad, para condenarme a mí. Me necesitan todavía para el éxito de la expedición a Acaya. Mientras llega para mí ese fatídico momento, he decidido que Nerón no tendrá mi vaso mirrino: ese que tú conoces y que tanto admiras. Si estás cerca de mí te lo daré, pero si estás lejos lo haré pedazos.

Cuídate y llévate a Atlante, de otra forma perderás otra vez a Alexandra. Cuando Prócoro Quironio ya no te sea útil, envíamelo. Cuando encuentres a tu amada, házmelo saber. Adiós.

Lo que Petronio no dijo a Marco Aurelio, fue que Eros también lo había herido profundamente y que al terminar de escribir la carta que el tribuno acaba de leer, compuso unos versos para Aurora en un poema que trató de ocultar, como lo haría un tímido adolescente.

Pero Aurora lo encontrará después, al limpiar la biblioteca y ordenar las cosas de la mesa del escritor, tareas que no permite que nadie más haga. Ella lo adora en silencio y admira su trabajo, atesorando todas y cada una de las palabras que él escribe.

Y cuando lea el pequeño pedazo de pergamino, su corazón estallará llenándola de una alegría tan inmensa  que la hará llorar de felicidad…

El orgulloso augustano se niega a reconocer su amor por una esclava y trata de luchar contra su corazón. Está empleando todos los medios para mantener la distancia entre los dos, pero es una batalla que ya tiene perdida, porque finalmente se ha rendido al avasallador  sentimiento que lo invade, pues escribió:

Ofrenda a Aurora

En mi mente deifico la figura

De tu porte radiante de belleza

Porque tienes del alba la pureza

Y de flor en capullo la frescura.

Nunca pudo jamás con su hermosura

Competir a tus dones la realeza

De la grácil Helena que grandeza

Y atractivos aunaba en su estructura.

Yo te ofrezco de mi alma la ternura

La ilusión de mi ser, si lo prefieres.

Puedo darte también si acaso quieres

De mi vida la negra desventura.

En mi mente ha quedado bien grabada

La silueta de tu alma y compendiada

De tu faz la exquisita lozanía

Y contento he mirado virgen bella

Que refulges lo mismo que una estrella

En el cielo sutil del alma mía.

El caudal de mi amor será muy tuyo

Incluyendo con él, mi grande orgullo

Que jamás he querido quebrantar

Y anhelante le ofrezco a tu belleza

Todo el ser que me dio naturaleza

Porque quiero saber lo que es amar.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

24.- EL PESCADO Y SU SIGNIFICADO


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Pasaron muchos días después de aquella entrevista y Prócoro no dio señales de vida. Marco Aurelio desde que supo por Actea que Alexandra le amaba, está más que obsesionado con encontrarla.

Ni pensar en pedir la ayuda del César, quién cada vez está más preocupado por la salud de la Infanta Augusta. Porque no han servido de nada: ni los sacrificios en los templos, ni las plegarias a los dioses, ni las ofrendas, ni la ciencia de los médicos, ni todas las artes de los encantamientos a que ha recurrido como un recurso extremo.

Después de una semana, la niña falleció.

El duelo se hizo en la corte y en Roma entera. El César está loco de pena. Encerrado en sus habitaciones, durante dos días, no probó alimento y canceló todas las audiencias.

Ese fallecimiento alarmó a Petronio.

En Roma todo el mundo sabe que Nerón lo ha atribuido a un maleficio. Los médicos apoyaron esa afirmación, para justificar la inutilidad de sus esfuerzos y su fracaso para curarla.

Los sacerdotes cuyos sacrificios fueron impotentes hicieron lo mismo y también los hechiceros que temen por sus vidas.

Petronio se felicita ahora de que Alexandra haya huido, porque no le desea ningún mal a Publio ni a Fabiola. Y para él y Marco Aurelio desea todo el bien posible.

senadoAsí pues, cuando quitaron el ciprés que había sido colocado en el Palatino en señal de duelo, acudió a la recepción destinada a los senadores,  para juzgar por sí mismo la situación con el César y con el propósito de neutralizar las posibles consecuencias.

Conociendo bien a Nerón pensó que aunque no le importan los hechizos, aparentará ahora creer en ellos para aumentar las proporciones de su dolor y poder tomar venganza sobre la cabeza de alguien…

De esta forma retirará de sí la sospecha de que los dioses le están castigando por sus crímenes.

Petronio sabe que César es incapaz de amar a nadie, ni aún a su propia hija y también esto forma parte del teatro en que ha convertido su vida, para conseguir sus fines perversos.

Y Petronio no se equivocó.

Nerón escucha las palabras de consuelo que todos le dirigen, mientras en su interior piensa: ‘¿Qué impresión estará dando mi dolor a los demás?’ y de acuerdo a su percepción, aumenta o disminuye determinados gestos y actitudes.

Cuando vio a Petronio dio un salto, exclamó con voz trágica y de tal forma, que todos pudieron oírle:

–           ¡Ay! ¡Tú eres el causante de su muerte! ¡Ay! ¡Por tu consejo el mal espíritu atravesó estos muros! Sí, el mal espíritu que con una mirada arrancó del pecho su vida. ¡Mísero de mí! ¡Ojala mis ojos no hubiesen visto la luz de Helios! ¡Mísero de mí! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! –y levantando más y más la voz, llegó a gritar con un clamor desesperado.

Pero Petronio hizo algo insólito:

Extendió la mano y se apoderó del pañuelo de seda que Nerón llevaba siempre alrededor del cuello. Y colocándolo en la boca del emperador, dijo con voz solemne:

–           Señor, Roma y el mundo se hallan transidos de dolor, pero tú debes conservar para nosotros esa voz.

Todos los presentes quedaron atónitos.

El mismo Nerón quedó perplejo por un instante.

Solo Petronio permaneció imperturbable; sabe muy bien lo que está haciendo…

Recordó que Terpnum y Menecrato tienen órdenes precisas de cerrar la boca del emperador, cada vez que éste levante demasiado la voz y la ponga en peligro de perjudicarla.

Petronio continuó con el mismo aire grave y apesadumbrado:

–           ¡Oh, César! ¡Hemos sufrido una terrible pérdida! ¡No nos quites lo que es tan valioso como un tesoro!

Un estremecimiento se percibió en el semblante de Nerón…

Después de un momento brotaron lágrimas de sus ojos y luego, súbitamente apoyó las manos en los hombros de Petronio, dejando caer la cabeza sobre su pecho.

Y empezó a repetir entre sollozos:

–           ¡Sólo tú entre todos has pensado en esto! ¡Oh! ¡Solo tú, Petronio! ¡Solo tú!

Tigelino se puso verde de envidia.

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Y Petronio contestó:

–          Trasládate a Anzio. Allí vino al mundo ella y allí te llenó de alegría. Allí has de encontrar el consuelo y el indispensable descanso. Que refresque la brisa del mar tu divina garganta y tu pecho aspire las emanaciones salinas. Nosotros tus devotos te seguiremos a donde vayas. Cuando hayamos mitigado tu dolor con la amistad, tú nos confortarás con el canto.

Nerón contestó con acento trágico:

–           ¡Cierto! Escribiré un himno en honor de ella y también le compondré la música.

–           Y enseguida irás en busca del cálido sol de Baias.

–           Y luego en demanda de olvido a Grecia.

–           Sí. A la tierra clásica de la Poesía y del canto.

Y gradualmente el estado sombrío de su ánimo se fue modificando y se entabló una conversación llena de melancolía y de planes para el futuro.

Se planeó un viaje de exhibiciones artísticas y hasta de recepciones que habrían de prepararse con motivo de la visita del rey Tirídates.

Pero Tigelino se esforzó por traer de nuevo a discusión el tema del maleficio.

Y Petronio, seguro ya de su triunfo, aceptó el reto sin ninguna vacilación:

–           Tigelino ¿Crees tú que los encantamientos pueden hacer daño a los dioses?

tigelino

El Prefecto de los Pretorianos dijo con arrogancia:

–           El mismo César es quién ha hecho alusión a ellos.

–          El dolor era quién hablaba entonces, no César. ¿Pero tú qué opinas en este punto? –insistió Petronio.

–           Los dioses son demasiado poderosos  para estar sujetos a maleficios.

–           Entonces ¿Pretendes tú negar la divinidad del César y de su familia?

Marcial el poeta exclamó:

–          ¡Peractum est! (Se acabó. ¡Asunto concluido!) – repitiendo así el grito que el pueblo siempre profería cuando un gladiador recibía un golpe decisivo y aplastante.

Tigelino se mordió su propia cólera.

Desde hace tiempo existe entre él y Petronio, una declarada rivalidad en lo tocante a Nerón.

Tigelino tiene esta superioridad: que en su presencia, Nerón se comporta sin ninguna ceremonia. En tanto que Petronio siempre lo ha vencido, cuando están de por medio la superioridad de su refinamiento, su inteligencia, su ingenio y su cultura.

Tigelino es el compinche perfecto para las bajezas de Nerón. Petronio es el Árbitro de la Elegancia y su asesor artístico.

Y así ha sucedido una vez más.

Tigelino permaneció silencioso y se limitó a grabar en su memoria los nombres de los senadores y patricios que al retirarse Petronio de la sala, le rodearon al instante previendo que después del incidente ocurrido, seguramente seguirá siendo el primer favorito del César.

Al salir Petronio de Palacio, hizo que le llevaran a la casa de Marco Aurelio y le refirió la escena que sucedió con César y Tigelino.

petronio

Concluyó diciendo:

–           No solo he apartado el peligro de la cabeza de Publio y Fabiola, sino de las nuestras y hasta de la de Alexandra a quién ya no han de buscar por esta razón. He inducido a Barba de Bronce a que haga un viaje a Anzio y ese viaje lo hará pronto.

Además, piensa hacer teatro en Nápoles y está soñando con Grecia, donde pretende hacer presentaciones para cantar en las principales ciudades y regresar con una entrada triunfal en Roma, trayendo todas las coronas que los griegos le han de otorgar.

Lo mejor de todo esto es que durante todo ese tiempo podremos buscar a Alexandra sin que nadie nos estorbe y ponerla luego en un sitio secreto y seguro. ¿Y nuestro filósofo? ¿No ha regresado?…

Marco Aurelio respondió:

–          Tu filósofo es un pillo. No. No ha vuelto más y no creo que lo haga.

Petronio objetó:

–          Pero yo tengo un mejor concepto. No de su honradez, sino de su ingenio. Ya le hizo una vez una sangría a tu bolsa y volverá. Aun cuando solo sea para hacerle una segunda.

–          Será mejor que lo piense dos veces, no sea que le haga yo la sangría en su propio cuerpo.

–         Sé prudente. Ten paciencia. Hasta que no estés plenamente convencido de su impostura, no le des más dinero. Prométele eso sí, una buena recompensa si te trae noticias verdaderas. Cuando las tengas comunícamelas, pues debo partir para Anzio.

–         Así lo haré.

–        Y si una de estas mañanas al despertar decides que no vale la pena seguir atormentado y sufriendo tanto por ella, vente conmigo a Anzio. Allí hay bastantes mujeres y diversión.

Marco Aurelio no respondió.  Empezó a pasear agitado por la habitación…

Petronio lo observó unos momentos y por fin dijo:

–           Dime la verdad. ¿Sigues tan preocupado como al principio por Alexandra?

Marco se detuvo y miró a Petronio como si lo viera por primera vez…

LÁGRIMAS

Y fue evidente su esfuerzo por reprimir un estallido. Lo miró con desamparo, dolor, cólera y  un invencible anhelo… Y brotaron de sus ojos gruesas lágrimas.

Esto fue para Petronio una respuesta mucho más elocuente, que las más patéticas frases.

Y dijo:

–           No es Atlas quién lleva el mundo sobre los hombros, sino la mujer. Y ésta a veces juega con él, como con una pelota.

–           Es verdad. –contestó Marco Aurelio.

Y empezaban a despedirse, cuando un esclavo anunció que Prócoro Quironio esperaba en la antecámara y pedía ser admitido a la presencia del amo.

Marco Aurelio ordenó que lo pasaran inmediatamente.

Y Petronio exclamó:

–         ¡Por Zeus! Conserva tu sangre fría o Prócoro será quien te mande y no tú a él.

El griego entró haciendo una reverencia:

–           ¡Salve noble Marco Aurelio! ¡Salve a ti, señor!

Petronio contestó:

–           ¡Salve legislador del saber!

Marco Aurelio preguntó con calma:

–           ¿Qué me traes ahora?

Prócoro declaró:

–          La primera vez te traje la esperanza. Hoy te traigo la seguridad de que será encontrada tu doncella.

–           ¿Quieres decir que no la has encontrado aún?

–          Así es, señor. Ya he descubierto lo que significa el signo que le viste hacer. Sé quiénes son los que se la llevaron. Y cuál es el Dios entre cuyos adoradores hay que buscarla. ¿Estás perfectamente seguro señor, de que fue un pescado lo que ella trazó en la arena?

Marco Aurelio afirmó contundente:

–           Sí. Ya te dije que sí.

Y Prócoro respondió lacónico:

–          Entonces Alexandra es cristiana. Y son los cristianos  quienes te la han arrebatado.

Petronio intervino:

–         Escucha Prócoro. Mi sobrino te ha reservado una suma considerable de oro para el caso de que encuentres a la joven. Pero también te destina una suma no menos considerable de azotes, para el caso de que lo estés engañando. Si es lo primero, podrás comprar no uno, sino hasta tres esclavos escribientes. En lo segundo, ni todas las filosofías juntas, te servirán de ungüento.

Prócoro insistió angustiado:

–           La doncella es cristiana, señor.

Marco Aurelio gritó:

–          ¡Basta, Prócoro! Tú no eres un necio. Ella no puede pertenecer a las filas de esos oscuros adeptos que se dice que son enemigos de la raza humana. De los envenenadores de pozos y fuentes; de los adoradores de una cabeza de asno. De esas infames gentes sacrificadoras de infantes, practicantes de hechicerías y de rituales perversos.

Prócoro abrió los brazos en un ademán, como significando que él no tiene la culpa.

Y enseguida pidió:

–           Señor, pronuncia en griego la siguiente frase: “Jesucristo Hijo de Dios, Salvador.”

Marco Aurelio dijo:

–         Iesous Christos Theo Uios Soter.  Bien. Ya la he pronunciado ¿Y qué con eso?

–           Ahora toma la primera letra de cada una de esas palabras y forma con ellas una sola palabra.

Ahora fue Petronio el que exclamó con admiración:

–           ICHTHUS. ¡Pescado!

39177150_obwsdifmvcckwnhEntonces Prócoro, muy ufano declaró:

–           ¡Eso! Y he aquí porqué el pescado es la contraseña de los cristianos.

Siguió un largo silencio.

Pero eran tan sorprendentes las palabras del griego, que los dos no podían asimilar sus noticias…

Finalmente Petronio dijo:

–           Yo no puedo creer que Alexandra sea culpable de los crímenes que cometen los cristianos. ¡Qué locura! Tú Marco Aurelio, estuviste en esa casa por algún tiempo; yo solo unas horas. Pero conozco bastante a los Quintiliano y podría decir lo mismo de Alexandra, para poder declarar que eso es una monstruosidad. Si un pescado es el símbolo de los cristianos y si ellos son cristianos; entonces es evidente que los cristianos NO SON lo que hasta ahora hemos creído que son.

Prócoro replicó:

–           Tú hablas con la sabiduría de Sócrates, señor. ¿Quién ha examinado jamás a un cristiano? ¿Quién ha estudiado su Religión? Hace tres años conocí a un hombre llamado Mauro de quién se decía que era cristiano, a pesar de que pude convencerme de que era un hombre virtuoso y bueno.

Petronio lo miró con suspicacia:

–           ¿No habrá sido ese hombre virtuoso y bueno, el que te ha hecho conocer lo que significa el pescado?

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–           Desgraciadamente señor, en una fonda del camino alguien dio una puñalada a ese pobre hombre. Su esposa y sus hijos fueron arrebatados por unos mercaderes de esclavos. Yo perdí en la defensa de todos ellos, los dos dedos que me faltan. Y como parece ser que entre los cristianos abundan los milagros, espero que pronto vuelvan a salirme dedos nuevos en la mano.

Marco Aurelio preguntó:

–           ¿Cómo es eso? ¿Acaso te has hecho cristiano?

–           Desde ayer, señor. Desde ayer. El pescado me hizo cristiano. Ved que poder tiene. Por algunos días seré el más celoso prosélito de todos ellos, hasta que logre saber en dónde se esconde la doncella. Las investigaciones me imponen gastos considerables. Hace poco vi a un viejo en una fuente. Estaba sacando agua con un cubo y llorando. Tuve un presentimiento y dibujé un pescado con el dedo a la vista del viejo y él me lo dijo: ‘Mi esperanza también se halla cifrada en Cristo’.

Entonces empecé a sonsacarlo con habilidad y me lo reveló todo. Su amo es un liberto y un mercader de mármoles. Tiene un hijo que es esclavo por deudas y está siendo tratado cruelmente. El hombre quiere rescatarlo, trató de hacerlo. Pero el mercader se quedó con el dinero de la deuda, del rescate y el esclavo. Y ya no pudo hacer nada.

Petronio sentenció:

–           La justicia no es más que una mercancía pública. Y el caballero que preside el tribunal ratifica las transacciones.

Prócoro continuó:

–           Eres un hombre sabio, señor. Mientras me decía esto, el viejo volvió a llorar y yo mezclé mis lágrimas con las suyas. Empecé a lamentarme porque le dije que acababa de llegar de Nápoles, que no conocía a nadie de la hermandad y no sabía en donde se reunían.

Él se sorprendió de que los hermanos de Grecia no me hayan dado cartas para los hermanos de Roma. Pero yo le dije que me habían asaltado en el camino y él prometió relacionarme con los dirigentes de aquí. Cuando escuché esto me llené de júbilo y le di al viejo la suma necesaria para el rescate de su hijo, con la esperanza de que el noble Marco Aurelio me devolviese doblada esa cantidad…

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Petronio interrumpió:

–           Prócoro. En tu narración la mentira flota sobre la superficie de la verdad, como el aceite sobre el agua. Tú nos has traído noticias importantes, no puedo negarlo. Pero no las mezcles con tus falsedades ¿Cómo se llama el viejo con el que hablaste?

–           Félix. Me recordó a Mauro, aquel a quién defendí de los asesinos.

–           Creo que es verdad que has visto a ese hombre, pero no le has dado ningún dinero. No le has dado absolutamente nada.

–           Pero le ayudé a subir el cubo con el agua y le hablé de su hijo, con la más cordial simpatía. Sí, señor. ¿Qué puede sustraerse a la penetración de Petronio? Es verdad, no le he dado dinero. Pero ese acto es indispensable y útil porque con eso nos ganaríamos la voluntad de los cristianos. Me ganaría su confianza y me abrirían las puertas para introducirme entre ellos.

Petronio respondió:

–           Eso es verdad. Y es tu deber hacerlo así.

–           Por eso he venido a procurarme los medios para ello.

Petronio se volteó hacia Marco Aurelio:

–           Puedes ordenar que le entreguen el dinero. – y lo miró significativamente.

Marco comprendió y le dijo a Prócoro:

–           Te daré un joven que irá contigo, llevando la suma necesaria. Dirás a Félix que ese joven es tu esclavo y entregarás al viejo en presencia de él, el dinero. Y puesto que me has traído noticias importantes, recibirás para ti una suma igual. Espera en el atrium. Luego iré a darte lo que necesitas.

Prócoro exclamó entusiasmado:

–           ¡Tú eres un verdadero príncipe! ¡Qué la paz sea con vosotros! Así se despiden los cristianos. Yo me compraré una esclava, quiero decir un esclavo… A los pescados se les atrapa con un anzuelo. Y a los cristianos con un pescado…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

16.- INTENDENTE DEL PLACER


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Hasta entonces ella no le había visto nunca y su aspecto es muy diferente a como lo había imaginado…

Vio una figura casi grotesca: un hombre muy obeso, de cuello corto, con una cabeza y una cara como de niño. Trae una túnica de color amatista que ha sido prohibido a los simples mortales y  que da unos reflejos azulados a su rostro redondo, que es más bello que agradable.

Tiene los cabellos peinados en bucles simétricos. No tiene barba, pues la ha sacrificado a Júpiter; aunque hay rumores de que tal sacrificio se debe a su color rojo, como la han tenido todos en su familia.

Su frente es amplia, sus cejas pobladas con el ceño contraído. En todo su aspecto y sus ademanes se advierte su plena conciencia del poder supremo.

Alexandra recuerda también las conversaciones de Tito y Vespasiano en la casa de Publio y evoca la imagen que habían bosquejado de él:

Debajo de esa frente coronada de semidiós, está la cara de un muñeco siniestro y lleno de crueldad. Un beodo comediante, inflado de gordura a pesar de su juventud y con algo indefinible que lo hace repugnante.

A Alexandra le pareció un ser ominoso; pero más que nada, muy repulsivo…

NERON COMPOSITOR

Después de una pausa larguísima, Nerón dejó la esmeralda y no miró más hacia donde estaba la joven.

Ésta a su vez, quedó impresionada por sus salientes ojos azules, vidriosos y como hastiados. Unos ojos fríos y completamente vacíos de toda expresión…

Mientras tanto…

En la mesa imperial, Nerón pregunta a Petronio:

–           ¿Es ésa el rehén del que está enamorado Marco Aurelio?El escritor se detuvo en el movimiento de llevar una aceituna a la boca y dijo con una gran indiferencia:

–           Ella misma.

–           ¿Cómo se llama su patria?

–              Parthia.

–           ¿Marco Aurelio la cree hermosa?–           Pon un tronco de olivo en un peplo de mujer y Marco Aurelio lo declarará hermoso. –Sonrió y agregó- Es un hombre demasiado gentil y yo no puedo hacer nada…

¡Oh!  Pero en tu semblante juez incomparable, estoy leyendo la sentencia… ¡No es necesario que la pronuncies! Y esa sentencia es justa: demasiado delgada, sin formas y sin gracia. Un simple botón sobre un frágil tallo.

Nerón preguntó con incredulidad:

–           ¿Cómo es posible? ¿Acaso tu sobrino no heredó en tu familia el amor por la auténtica belleza? Por lo que he podido apreciar, tengo que admitir que tiene un rostro esplendoroso.

Petronio replicó:

–           Tú mejor que nadie, sabes que eso no es suficiente.

–           Eso es cierto. Sólo la belleza sin defectos es capaz de cautivar. ¿Y aun así enamoró a Marco Aurelio? – Nerón está perplejo.alexandraPetronio hizo gala de toda su astucia:

–           Tu sensibilidad de artista solo aprecia la perfección absoluta  y en cuestión de mujeres, es necesaria la belleza provocativa y sensual.

El emperador confirmó:

–           No solamente en ellas, también en los hombres es necesaria, además de la fuerza. Y… – Hizo un gesto lascivo muy significativo y agregó- Y el placer supremo es obtener lo que se anhela.

El Árbitro de la Elegancia contestó un tanto displicente:

–           No obstante, estoy dispuesto a apostar con Haloto acerca de ella. Y por su preferencia hacia los varones, él encontrará que es hermosa porque está “muy estrecha de caderas”.

Nerón sonrió con picardía y repitió guiñando un ojo:

–           Muy estrecha de caderas.

En los labios de Petronio se dibujó una imperceptible sonrisa.

petronio consul HALOTO

Pero Haloto, que hasta ese momento había estado concentrado en una discusión con Babilo el astrólogo, respecto a los sueños premonitorios; se volvió hacia Petronio y aun cuando NO tiene la menor idea del asunto que se ha estado tratando, dijo con vehemencia:

–           ¡Estás equivocado! Yo opino como el César.

El escritor le replicó:

–           Muy bien. Acabo de sostener que tienes algunos destellos de inteligencia, pero el César insiste en que eres simplemente un asno.

Nerón soltó una sonora carcajada…

Y luego confirmó:

–           ¡Habet! (Así es) – volviendo hacia abajo el pulgar, como lo hace en el Circo cuando un gladiador recibe un golpe y debe ser eliminado.

En un extremo de la mesa imperial está sentado, el Intendente del Placer del César.

Aulo Vitelio heredó de su padre un maravilloso talento para la adulación y el día que nació, Sextilla su madre, una mujer severamente virtuosa y de distinguida familia, ordenó que trajeran a los astrólogos para que pronosticaran el horóscopo de su nacimiento.

Pero el augurio fue aterrador:

“Superando a Alcmeón, emulará a  Saturno y después de que alcance la dignidad suprema, un gallo cantará sobre su cabeza y tendrá el castigo de los parricidas.”

Esto espantó de tal suerte a toda su familia, que todos enfocaron todos sus esfuerzos en impedir que se le confiase ninguna provincia y que nunca tuviese el cargo de cónsul.

Cuando era todavía lactante, fue cedido por su padre al anciano Tiberio y pasó su primera infancia y parte de su adolescencia en Capri, adquiriendo el afrentoso nombre de “spintria” por el género de favores concedido al emperador en sus repugnantes complacencias.

En su juventud, después de que Calígula ajusticiara a un auriga porque perdió una carrera con Incitatus, empezó a guiar los carros del emperador.

Como es un hombre con una estatura muy elevada, tuvo un incidente en una carrera y la herida de su pierna le trajo como secuela, el tenerla más delgada que la otra y esto hace tenga una manera muy particular de caminar.

Después, dirigió su talento a otras cosas menos peligrosas y fue compañero de juegos de Claudio.

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Estas dos pasiones, más su innegable experiencia para complacer en todos los ámbitos, le atrajo  las simpatías de los últimos tres emperadores.

A Nerón lo conquistó completamente el día que estaba presidiendo los juegos neronianos y vislumbró que el emperador apenas podía reprimir el deseo de competir con los citaristas, pero no se atrevía a hacerlo, a pesar de las peticiones de varios de sus amigos.

En la inquietud resultante, Nerón miraba el teatro con absoluta fascinación y moviendo la cabeza, prefirió salir.

Entonces Vitelio se levantó y lo llamó al escenario, expresándole que también presidía los deseos del Pueblo y no estarían satisfechos hasta que les mostrara su extraordinario talento.

De esta manera, le proporcionó al emperador el placer de rendirse y poder cumplir de esta manera su más anhelado sueño.

Y desde aquel día, fue elevado a la cumbre de todos los honores y adquirió el cargo que le dio su nombre: Vitelio, Intendente del Placer.

Un día le pidió a Locusta que le diera el mismo veneno que le preparó a Nerón para envenenar a Británico y lo usó con su hijo Petroniano.

Luego lo calumnió para defenderse…Y desde entonces su apetito por el vino y la comida se volvieron insaciables.Aunque acostumbra vomitar, esta voracidad ha tenido como consecuencia, el que su rostro esté encendido y manchado, por el abuso del vino.

Su vientre es muy abultado y su cuerpo alto y atlético, ahora tiene una obesidad mórbida.

Sextilla estaba muy deprimida, disgustada del presente y aterrorizada por un nefasto porvenir. Un día le pidió veneno y él se lo ofreció sin ninguna dificultad.

De esta forma Vitelio, ahora comparte con el emperador no solo los mismos crímenes, sino también el mismo tormento.

Esto ha hecho que su amistad se vuelva más estrecha y firme.

La primera parte del augurio de su nacimiento se ha cumplido totalmente. ¿Qué pasará en el futuro?… Pero mejor trata de no pensar en eso…

Y ahoga su inquietud con el vino y la comida. Porque al igual que Nerón, ha perdido la paz y nada le hace sentir alivio.

Desde su primera juventud, compartió su vida con el liberto Asiático y estaban muy unidos por el comercio de su mutua prostitución. Pero un día huyó muy disgustado y ya no lo volvió a ver, hasta que supo que estaba en Puzol y era dueño de una taberna.

Vitelio mandó que lo arrestaran y lo obligó a servirlo nuevamente para sus placeres. Pero se cansó de su carácter áspero y regañón. Y la semana anterior lo vendió a un lanista.

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Sus principales vicios son la glotonería y la crueldad.

Y este hombre tan corrupto que ha sido el terror en las provincias donde ha gobernado, no comprende por qué haber hecho esto lo tortura tanto…

Cuando lo fustiga el remordimiento, empieza a beber desde que despierta…

Y ya se siente ebrio, desde antes de emprender su travesía hacia el Gran Triclinio.

Más tarde…

El César dirigió su atención hacia una joven patricia llamada Julia Mesalina y le preguntó:

–                ¿En dónde está la hermosa Estatilia?

ROMA mesalinaLa linda y sensual mujer, le contesta:

–           Fue a Nápoles con Ático Vestinio. Regresarán en el otoño.

Haloto, siguiendo el hilo de una conversación anterior, insistió:

–          Pero yo creo en los sueños y sé que a veces son premonitorios.

Julia Mesalina declaró:

–           Yo sí creo. Anoche soñé que me había convertido en una virgen vestal.

A esta ocurrencia, Nerón batió palmas y todos le imitaron. La aplaudieron en medio de ruidosas carcajadas, pues Julia es conocida en Roma por sus múltiples divorcios y su fabuloso desenfreno.

Pero ella sin desconcertarse en lo más mínimo, agregó:

–           ¿Y qué? Todas ellas son viejas y feas. Solo Rubria es diferente. Y si mi sueño se volviera realidad, ya seríamos dos.

Petronio la miró y dijo con gentileza:

–           Admitamos entonces purísima Julia, que tú podrías volverte una vestal. Pero solo en sueños.

Ella replicó provocándolo:

–           Pero ¿Y si el César lo ordenase?

Petronio la miró inalterable y le dijo con calma:

–           En tal caso yo creería que los más imposibles sueños, pueden llegar a ser una realidad.

Haloto intervino:

–           Y efectivamente, muchos sueños llegan a serlo.

Nerón declaró:

–                 Ayer soñé que Júpiter lanzaba un rayo que arrancaba el cetro de la mano de Augusto   y a mí me dejaba completamente desnudo. – y miró fijamente a su astrólogo personal.

Babilo se sorprendió, tuvo un gran sobresalto y rápidamente trató de disimularlo…  Luego de una larga pausa, cautelosamente respondió:

–          Las predicciones y los sueños están relacionados.

–           No puedo evitarlo. Tengo un mal presentimiento…  Si este sueño significa un mal augurio ¿Aun crees que lo que me predijeron en Delfos se llegue a cumplir?

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–           Hasta ahora lo habías considerado un augurio dichoso. ¿Por qué no seguir pensándolo así? – esquivó Babilo hábilmente.

Julia Mesalina preguntó mimosa:

–                     ¿Qué fue lo que te predijo Apolo, divinidad?

El César respondió:

–                      Que Roma dejaría de existir y mi nombre seguiría resonando a través de los siglos.

Tigelino intervino:

–                     Es un augurio glorioso.

Nerón dijo preocupado:

–                     ¿Y mi sueño de ayer? Mi corazón se angustió.

Petronio trató de tranquilizarlo:

–           Estás más fuerte que nunca ¿Por qué preocuparte por algo que tal vez nunca suceda?

Tigelino, por el odio que siente hacia Petronio, dijo impulsivo:

–                     Tú tienes razón divinidad. Los dioses no son infalibles.

Haloto, por la misma razón confirmó:

–                     Ya ves lo que le pasó a Apolo con Jacinto. No pudo impedir su muerte.

Petronio declaró imperturbable:

–                     Por eso algunos ya no creen en los dioses.

Trhaseas agregó:

–                      Sí. Para ellos mismos, son incapaces de impedir el infortunio…

El César los miró a todos con perplejidad y preguntó:

–                     Si lo interpreté correctamente, ¿Qué pasará con los Claudios? (Todos los miembros de su familia)

Séneca sentenció:

–           Para qué te preocupas… Cuanto mayor es la prosperidad, tanto menos se debe confiar en ella. Sólo el tiempo descubre la verdad.

Nerón cuestionó:

–           ¿Entonces Apolo mi protector está equivocado? ¿A quién le debo creer?

Julia Mesalina dijo:

–           Comprendo que haya gente que ya no cree en los dioses. Pero, ¿Cómo es posible no creer en los sueños?

Babilo contestó:

–           Una vez un procónsul muy incrédulo envió un esclavo al Templo de Delfos con una carta cerrada y con la orden de que nadie la abriese. Hizo esto para ver si el dios podía contestar la pregunta contenida en la carta. El esclavo durmió una noche en el templo con el fin de tener un sueño profético y cuando regresó dijo: “Vi a un joven que brillaba como el sol y solo dijo una palabra: ‘Blanco’.

El procónsul palideció. Y les extendió una carta con el sello intacto a sus huéspedes que al igual que él, eran incrédulos. Le pidió a uno que la abriera y la leyese… –aquí Babilo se calló. Y alzando su copa de vino empezó a beber.

Haloto no pudo contenerse:

–           ¿Qué contenía la carta?

Babilo dijo lentamente:

–           En ella había esta pregunta: “¿De qué color ha de ser el toro que debo sacrificar? ¿Negro o blanco?”

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Julia Mesalina contestó:

–           No podemos ir por la vida sin creer en nada, pues nada hay para sostenerse. ¿Quién puede vivir así?

Séneca replicó:

–           La vida se divide en tres tiempos: presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo. El futuro, dudoso. Y el pasado es lo único cierto.

Trasheas agregó:

–           Y sería tonto dejar de disfrutarla por creer en los augurios.

Haloto observó:

–           Los augurios siempre se cumplen… Y si alguien dice que no, que le pregunte a Vitelio.

En ese preciso instante el aludido, que había llegado ebrio al banquete; intempestivamente y sin ningún motivo, soltó una sonora carcajada.

Nerón preguntó:

–           ¿De qué se ríe ese barril de sebo?

Petronio contestó con displicencia:

–           La risa distingue a los hombres de las bestias. Y ése no tiene otra prueba para demostrar que no es un jabalí.

Vitelio dejó de reír y miró a todos con asombro, como si no los conociera. Luego levantó las dos manos y dijo con voz ronca:

–          No encuentro mi anillo. –y volviendo a reír, empezó a buscarlo en el peplo de Melisa, la mujer que está junto a él.00guillaume-seignac-french-1870-1929-jeune-fille-au-papillon-oil-on-canvas-97-8-x-78-7-cm

Queriendo burlarse, al mismo tiempo; Haloto se puso a imitar los gritos de una mujer aterrorizada y que sufre violencia.

Y una mujer joven con rostro de niña y mirada lasciva, llamada Lucila, dijo en voz alta:

–           Está buscando lo que no ha perdido. –Y añadió con poca delicadeza- Lo que quiere es agasajar a la que siempre está dispuesta para el que se le acerque.

El poeta Marcial concluyó:

–          De todas maneras,  casi siempre obtiene lo que desea.

Conforme pasan los minutos, la fiesta se hace cada vez más animada.

Multitud de esclavos van y vienen trayendo nuevas viandas. De grandes vasos llenos de nieve y adornados con guirnaldas de hiedra, extraen y sirven incesantemente diversos licores.

De graciosas y bellas jarras de metales preciosos, escancian los vinos.

Todos beben sin restricción.

A intervalos caen rosas desde arriba, sobre las cabezas de los invitados. Entonces…

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Petronio dijo a Nerón:

–           Será mejor que solemnices la fiesta con tu canto, antes de que los presentes se excedan en la bebida y estén tan ebrios que no puedan apreciar el arte y la belleza que solo tú puedes brindarnos.

Y un coro de voces apoyó esta petición.

Pero Nerón se negó al principio, diciendo:

–         Los dioses saben cuántos esfuerzos me cuestan cada una de mis composiciones y de mis éxitos. Lo hago, porque comprendo que es necesario mi aporte para el arte. Y además, si Apolo me concedió el don de la voz, no es conveniente desperdiciarlo. Pero ahora tengo la garganta lastimada y estoy un poco ronco. Ayer me abrigué con un manto de pieles de visón, pero no me sirvió de nada. Estoy pensando en hacer un viaje a Anzio, para respirar el aire del mar.

Aulo Plaucio, le imploró en nombre del arte y la humanidad:

–         Todos sabemos, ¡Oh divino cantante y poeta! Que has compuesto un nuevo himno a Venus, que comparado con el de Lucrecio, el de éste último parece el aullido de un lobezno.

Esporo agregó:

–           Falta el evento más importante para que éste banquete sea una verdadera fiesta. Y un gobernante tan bondadoso como tú, no debe causar semejantes torturas a sus súbditos, privándonos de tu voz privilegiada.

Pitágoras confirmó:

–          No seas cruel, ¡Oh, César!

Y los demás le hacen coro repitiendo la petición uniéndose a todos los que están cercanos.

Nerón extiende las manos en señal de que se ve obligado a ceder.

Todos los semblantes le demuestran su gratitud. Y la atención de todos los asistentes se centra en él.

Entonces  el César da la orden de anunciar a Popea que va a cantar. Y mirando a todos…

Luego manifiesta:

–           Ella no va a venir a la fiesta porque está un poco resentida en su salud. Pero ya que  no hay mejor medicina que mi canto, que es el que le da algún alivio. La he llamado para no privarla de él.

CONTINUARA…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

14.- UNA PRINCESA OLVIDADA


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Mientras Marco Aurelio comparte sus planes a Petronio. En el Palatino…

Actea es una princesa griega, hija del rey Artaxias III que se convirtió en esclava cuando fue muerto su padre. Hubo un tiempo en que las más poderosas cabezas de Roma se inclinaban delante de ella, cuando era la favorita de Nerón. Pero ni aún entonces demostró ella el menor interés de intervenir en los asuntos públicos.

Y si alguna vez hizo valer su influjo sobre el joven gobernante, fue tan solo para implorar clemencia en favor de algún condenado. Su carácter apacible y su modestia, se conquistaron la gratitud de muchos y no se granjeó enemigos. Ni la misma Octavia pudo aborrecerla y hasta para los que la envidian, la consideran absolutamente inofensiva.

Todos piensan que sigue amando a Nerón, con un amor resignado y doloroso que ha perdido la esperanza y solo se alimenta de los recuerdos de cuando el César no solo era más joven y amante, sino diferente del hombre en el que se ha convertido.

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Y como no hay ni la más remota esperanza de que el emperador vuelva a ella, es considerada una persona inocua y por lo mismo, nadie la molesta.

Popea la considera simplemente como una sirvienta pacífica y tan poco peligrosa, que ni siquiera ha intentado alejarla del palacio.

Pero como el César la amó en otro tiempo y la dejó sin agraviarla, de una manera tranquila y hasta cierto punto amigable; se le guarda cierta consideración y un gran respeto.

Nerón cuando la manumitió, le permitió seguir viviendo en el Palatino; le asignó departamentos especiales y una pequeña comitiva de sirvientes.

Y de vez en cuando aún es invitada de honor a las fiestas del César, tal vez porque éste todavía la considera un bello adorno.

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La fiesta ya está preparada y Alexandra ha sido llamada para asistir. El miedo, la incertidumbre y una especie de estupor, luchan en su interior, junto con el deseo de no ir. Todavía no logra asimilar su repentino cambio de vida.

Ella le teme a Nerón. Les teme a las gentes del palacio que son tan diferentes al ambiente del cual ha sido arrancada. Le teme especialmente a las fiestas de cuya vergonzosa índole, ha oído hablar a  Publio y a Fabiola: “Todo termina en orgía y borrachera”.

Aunque es joven e ingenua, intuye lo que pasa; siente que en este palacio la amenaza su ruina y se siente deprimida.

Actea por su parte, comprende perfectamente el ánimo de la doncella y está buscando la forma de distraerla. Le muestra las preciosas joyas que está sacando de un cofre y habla de la exquisita orfebrería que las elaboró… Aunque es evidente que la mente de su oyente, está muy lejos de ahí.

Están en el peristilo adyacente al cubículum de Actea.

            Alexandra, después de muchas cavilaciones y mientras juguetea con un crisantemo, tímidamente pregunta:

–                Actea, ¿Puedo preguntarte algo?

Actea se queda con un precioso brazalete de zafiros en la mano y dispone toda su atención. En el tono suave de su voz, vibra el deseo de consolarla:

 –        Dime. Si conozco la respuesta, con mucho gusto te ayudaré.

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El alma de Alexandra se debate entre el desafío y el miedo.

 –           ¿Qué pasaría si me niego a participar en el banquete?

Actea la mira tan asombrada que enmudece y se queda boquiabierta.

Alexandra, tratando de vencer su miedo,  insiste con un tono un tanto desafiante:

–             Si. No quiero asistir. Me niego a ir a esa fiesta. No me interesa participar en ella.

Cuando Actea se dio cuenta de estas vacilaciones, la miró con asombro y la creyó víctima de un delirio febril.

¡Cómo es posible! ¿Resistirse al mandato imperial y exponerse desde el primer momento a su cólera? Sólo esta niña que no lo conoce, es capaz de pensarlo y no sabe lo que está diciendo.

Actea comprende por las palabras de Alexandra, que la joven ni siquiera se considera un rehén. Se siente más bien una princesa olvidada por su pueblo y lo más extraordinario: libre de ejercer una voluntad soberana.

Mientras Alexandra expone sus múltiples razones y finaliza diciendo:

–         Además creo que tú comprendes mejor que nadie porqué No debo asistir. Los cristianos no participamos de estos eventos que ofenden mucho a Dios.

La griega la escucha pensando en todas las consecuencias de esa temeraria decisión… Ninguna ley de las naciones la protege. Y aunque la protegiera. La voluntad del César es lo bastante poderosa para atropellarla, en un momento de regia cólera.

Nerón la ha reclamado y dispondrá  de ella a su imperial antojo. A partir de este momento, es juguete de la voluntad del César; por encima de la cual, no existe nada en el mundo.

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Actea le contesta:

–           Sí. Yo también soy cristiana y sé que sobre él está Dios Todopoderoso. Pero tienes que tener presente que en este palacio, todo se doblega ante la voluntad del César. No lo olvides Alexandra y sé prudente.

Alexandra insiste con determinación:

–           Nuestra doctrina lo prohíbe y tú también lo sabes…

–         Sí. Es verdad. Nuestra doctrina te prohíbe ser lo que alguna vez yo misma fui. Y sé que entre la deshonra y la muerte se debe elegir ésta última. Pero yo era sólo una esclava ¡Y tú aún no sabes lo que te espera!

–           ¿Pueden obligarme?…  ¿Crees que sea capaz de sentenciarme, sólo por no ir a un convite?

–           ¿No has oído hablar de la hija de Sejano, una doncella que por orden de Tiberio, fue violada por el verdugo antes de ejecutarla; por respeto a una ley que prohíbe que se castigue a las vírgenes con pena de muerte?

–           ¿Me aplicará la pena de muerte, sólo porque no quiero ir a su fiesta?

–           ¡Alexandra, Alexandra! ¡No provoques al César! Si llega el momento decisivo en que debas tomar una decisión crucial, podrás obrar como el Señor te lo inspire, pero no busques la destrucción por tu propio arbitrio. Y no irrites por una causa trivial a una divinidad terrena que es al mismo tiempo, una cruel divinidad.

            Actea dijo estas palabras con una profunda compasión acercando su bello rostro al de ella. Como si deseara convencerla y al mismo tiempo observar el efecto que le causan a la joven rehén.

Alexandra la miró con confianza y le rodeó el cuello con los brazos. Dándole un beso en la mejilla, suspiró y dijo:

            –           ¡Oh! Actea. Tú eres buena.

Conmovida, Actea la estrechó contra su corazón. Y luego, al desprenderse de sus  brazos, le contestó:

–           Hubo un tiempo en que lo amé y él era mi alegría. Pero ahora mi felicidad es otra y en mi corazón hay una esperanza… –sonríe y con el dedo dibuja sobre la mesa, la figura de un pez. Y agrega- Ni por un momento pienses en resistir al César. Sería una completa locura. Y permanece tranquila. Conozco bien esta mansión y creo que nada te amenaza de parte del príncipe.

            –           ¿Por qué estás tan segura?

.

–            Si Nerón hubiera ordenado que te trajesen para él, no te habría traído al Palatino. Aquí gobierna Popea. Y desde que ella dio una hija a Nerón, su influencia sobre él es casi completa.

–           ¿Entonces por qué es tan desastroso que me niegue a ir, si a él yo no le importo nada?

–           No. Es verdad que Nerón ha ordenado que vayas a la fiesta. Pero todavía no te ha visto, ni a preguntado por ti. Es muy evidente que tu persona no le preocupa en absoluto.

–           ¿Y por qué me reclamó?

–           Es posible que te haya querido arrebatar a La Familia Quintiliano, sólo porque está irritado contra ellos.

–           Entonces ¿Hasta cuándo voy a estar aquí?

–          Petronio me ha escrito que te cuide. Y también lo hizo Fabiola, como ya lo sabes. Es posible que Tito me haya hecho esta recomendación a instancias de ella. Y si es así, ningún peligro te amenaza; pues tal vez el mismo Petronio consiga de Nerón, que te restituyan a la casa de Publio.

–           ¿Nerón quiere mucho a Petronio?

–           Yo no sé si el César quiera mucho a Petronio. Pero sí me consta que muy raras veces tiene opiniones contrarias a la suya.

–           ¡Ay Actea! Petronio estuvo en la casa antes de que me trajeran y mi padre está convencido de que es por instigación suya que Nerón ha ordenado que le sea yo entregada.

–           Eso no está bien.

–           ¡Claro que no está bien! Y si no me trajo para él, ¿Por qué quieren obligarme a lo que ni siquiera me preguntaron si estaba dispuesta a aceptar?

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Actea se pone pensativa un momento. Luego dice:

–           El César no quiere a Publio, ni a Fabiola. Ignoro si Petronio es mejor que los demás integrantes de la corte que rodea al César; pero lo que sí sé, es que es muy diferente a ellos. ¿A quién más conoces, que pudiesen interceder por ti y que esté cercano al César? Quizá algún conocido del general Quintiliano…

–           Vespasiano y Tito visitaban la casa.

–           El César no los quiere.

–           También Trhaseas.

–           Tampoco a él.

–           Séneca es amigo de la familia.

–          Si Séneca insinuase algo, eso sería suficiente para que Nerón haga exactamente lo contrario.

Alexandra se ruborizó intensamente al decir:

–           Marco Aurelio.

Actea frunció el entrecejo antes de decir:

–           No le conozco.

–           Es pariente de Petronio y acaba de regresar de Armenia.

–           ¿Crees tú que Nerón le quiera?

–           Todos quieren a Marco Aurelio.

–           ¿Y él intercedería por ti?

–           Tal vez… Creo que sí. –afirma segura.

–          Entonces lo más seguro es que lo veas en la fiesta y tan solo por eso debes ir.

Alexandra la miró dudosa y dijo:

–           ¿Por qué piensas que sea muy indispensable verlo en la fiesta?

Actea insistió:

–           Primero porque debes asistir y solo una niña como tú, ha creído poder actuar de otra manera sin pensar en las consecuencias. Y segundo: si deseas volver a la casa de Publio, tienes que conseguir que Marco Aurelio y Petronio mediante su influencia, obtengan para ti el poder regresar a tu hogar. Si ellos estuvieran aquí, te dirían lo mismo que yo: intentar la más mínima resistencia, es locura y ruina.

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–           Si no voy ¿Se daría cuenta el César?

–          Pudiera ser posible que tu ausencia pase inadvertida para el César. Pero si se llega a enterar y juzga que tuviste la osadía de oponerte a su voluntad, no habrá para ti salvación.

Siguió un penoso silencio y ya no hubo objeción alguna.

Media hora más tarde, Actea levantó su bello rostro y exclamó:

–           ¡Oye Alexandra! Ya se escucha el rumor en el palacio. Cuando el sol se aproxime a su cenit, los invitados empezarán a llegar.

Alexandra lanza un profundo suspiro de resignación y acepta

–           Tienes razón Actea. Voy a seguir tu consejo.

–          Entonces vamos, para estar listas cuando envíen por ti. –y la llevó al unctorium.

Actea se ocupó personalmente de ataviarla y se manifestó su espíritu helénico, pues una vez que la desvistió para engalanarla; contempló asombrada su cuerpo escultural y perfecto, que complementa su rostro hermosísimo.

Y quedó muda de admiración pensando que Fidias hubiera deseado tenerla a su alcance, para esculpir a Afrodita.

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Sus ojos la miraron maravillados y no pudo reprimir una exclamación de sorpresa:

–           ¡Alexandra! ¡Tú eres cien veces más hermosa que Popea!

Alexandra, educada en la cristiana casa de Publio donde se observa el mayor recato aún entre personas del mismo sexo; es una virgen bella como un ensueño. De contornos armoniosos como una obra de Praxíteles.

Está de pié, dominada por una extraña alarma, completamente ruborizada. Unidos los muslos, cubriendo sus senos turgentes con las manos y mirando al piso, llena de pudor. De repente y en un súbito impulso; desprendió los broches que sujetan sus cabellos.

Y con una ligera sacudida a su cabeza, con sus cabellos negros y ondulados, se cubrió con ellos como un manto.

Actea la contempló por unos momentos pensando en la forma de sacar el mejor partido de aquella belleza y la entregó a dos esclavas que la llevaron a bañar. Después le ungieron el cuerpo con perfumados aceites y le humedecieron el cabello con verbena. Luego le pusieron una bata y la pasaron a otras dos esclavas, para peinarla y vestirla.

En todo han sido dirigidas por Actea; que aunque está supervisando su propio arreglo,  no puede reprimir exclamar con admiración:

–           ¡Oh! ¡Y qué cabellos los tuyos! No es necesario cubrirlos con polvo de oro. Tienen un brillo propio. Tu cabellera ondulante hace un lindo marco a tu increíble hermosura. ¡Maravilloso debe ser tu país parto, de donde vienen criaturas tan perfectas!

Alexandra se ruboriza y como una niña responde:

–           A veces se me pierden sus detalles entre la bruma del olvido… Y sé que no volveré a verlo. Recuerdo sobre todo, sus bosques de maderas preciosas. Y mis padres… –un destello de dolor nublan la mirada de sus ojos verde-azul y calla.

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Actea dice:

–           Pero brotan gallardas flores en esos bosques. – mientras continúa inspeccionando y dirigiendo los progresos del peinado que le están haciendo las dos expertas esclavas.

Cuando terminan, Alexandra ha sido vestida con una túnica azul pálido, sin mangas. Un peplo blanquísimo que arreglaron en artísticos pliegues. Y unas sandalias bordadas y atadas a sus tobillos, con cordones de oro.

Enseguida, Actea le puso las joyas: gargantilla, aretes, brazaletes, anillos, broches en el pelo. Unas verdaderas obras de arte, trabajadas en filigrana de oro y piedras preciosas, que hacen que la joven luzca como una genuina princesa real.

Ya que hubo finalizado el arreglo de Alexandra, se dispuso a concluir el suyo propio y dio las órdenes pertinentes a sus esclavas.

Mientras tanto seguía mirando y admirando a la joven que radiante como una diosa, le sonríe. Sonrisa a la que corresponde Actea, llena de complacencia.

Pronto estuvo lista también Actea.

Y cuando los primeros cisios comenzaron a llegar a la puerta principal del palacio, ella y Alexandra penetraron en el pórtico lateral desde donde se ve el patio principal rodeado por columnas de mármol y hermosas estatuas. Gradualmente aumenta el número de visitantes que pasan bajo el soberbio arco de la entrada principal y sobre el cual, la espléndida cuadriga de Lisias parece querer volar hacia el espacio, llevándose a Diana y a Apolo.

Alexandra contempla asombrada toda esta magnificencia que jamás hubiera pensado que pudiera existir desde la austera casa de Publio.

Los rayos del sol, dan destellos dorados sobre el mármol de las columnas y sobre las magníficas estatuas de las Danaides, los dioses y los héroes, a cuya vera fluyen multitud de personas ricamente ataviadas.

Domina sobre todo esto, el Hércules gigantesco sobre cuya cabeza irradian los rayos solares, aumentando su esplendor.

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Actea va señalando a Alexandra, a los que van pasando. Algunos con sus nombres, agregándoles sus historias breves, terribles. Historias que ponen asombro, pavor y admiración, en el ánimo de la joven.

Para ella, éste es un mundo extraño; cuya belleza deslumbra sus ojos, pero cuyos contrastes la asustan y no logra asimilarlos por completo.

Mientras caminan despacio, a lo largo de las majestuosas galerías; Actea va develando poco a poco, en voz baja, los terribles secretos de aquel palacio y de aquellas personas.

–           Aquí cayó Calígula bajo el puñal de Casio Queroneo y allí fue asesinada su esposa. Allá,  estrellaron a su hija y también la mataron.

Siguen caminando, mientras Alexandra imagina horrorizada, las terribles escenas. Llegan a otra ala del edificio y Actea continúa:

–           Aquí abajo están las mazmorras. Y en una de ellas, el menor de los Drusos, se devoró las manos en medio de la desesperación, por el hambre. Y aquí, Druso el mayor tuvo las convulsiones postreras, cuando lo envenenaron…
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Mientras recorren el vastísimo palacio, Actea continúa con su crónica de horrores:

–          Dondequiera que caminemos, por todas partes. Estas murallas han escuchado los gemidos del sufrimiento y los estertores de la muerte. Y esas gentes que ahora se apresuran a la fiesta envueltos en sus elegantes togas, luciendo sus vistosas túnicas y preciosas joyas; después los mirarás coronados de flores y mañana pueden ser víctimas de una condena.

Alexandra pregunta espantada:

–           ¿Sin ningún motivo? ¿Cómo puede ser eso posible?

Actea sonríe ante esta inocencia que desconoce la maldad. Y aclara:

–           Antes no era así, te lo aseguro. La influencia de Popea ha refinado su crueldad. Todo depende del humor del César y del agravio con el que se sienta ofendido. Míralos bien. En más de un semblante y detrás de una sonrisa; se oculta el terror, la alarma y la incertidumbre del día siguiente. La fiebre, la avaricia, la envidia, están en este momento royendo los corazones de esos coronados semidioses, en apariencia tan ajena y tan feliz mientras disfrutan de lo mundano.

Al escuchar todo aquello, en el ánimo de Alexandra se mezclan la visión magnífica del espléndido Palatino, con los terribles acontecimientos referidos…

Y se agiganta siempre más la añoranza angustiosa, por la amada familia de donde ha sido arrancada: el apacible hogar de la familia de los Quintiliano, en donde el poder dominante es el amor y NO el Crimen y la Traición… 

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA