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63.- ORGÍA DE CRUELDAD Y DE SANGRE


0imperio-romanoEn el palacio de Tiberio hay una zona donde están los edificios destinados para las habitaciones de los huéspedes distinguidos: rehenes reales, invitados especiales o personajes importantes que participan en los banquetes imperiales.

También están los lupanares de Tigelino y en el sótano de los edificios se hallan los calabozos que construyó Calígula, para desfogar su crueldad, lo que era su máxima diversión.

Los cristianos han sido conducidos a éste último lugar…

Y el César y sus invitados llegan detrás de ellos unos veinte minutos después.

Entonces Nerón ordena a Tigelino que se haga acompañar de Asinio Corvino y de Furio Escribonio, dos hombres abyectos y sanguinarios; para que conduzcan a las vírgenes cristianas a sus lupanares y sean violadas con especial barbarie, por los gladiadores.

Y sonriendo con maligna y anticipada satisfacción, pues conoce a fondo su índole criminal…

Le ordena a Corvino:

–                      Quiero que te encargues personalmente de Fátima. Haz que aprenda a temblar al escuchar mi nombre ¿Entiendes?…

El augustano sonríe con diabólica crueldad, al contestar:

–           Así lo haré, divinidad. Te aseguro que quedarás plenamente satisfecho…

tigelino

Una decuria conduce a las vírgenes al lugar designado, seguidos por el inesperado séquito encabezado por Tigelino.

Nerón y sus acompañantes bajan a los sótanos, donde los esperan los cristianos y sus verdugos.

Los muros están hechos con sólidas piedras cuadradas, sobrepuestas.

La luz es tenue y triste, como si se filtrase por aspilleras y se mezclase con el resplandor incierto de algunas lámparas de aceite, que iluminan un poco aquel ambiente oscuro y siniestro.

Es un amplio corredor espacioso que llega a una estancia muy grande y sigue como una especie de curva, como si formara una larga elipsis.

Y hay desparramadas gruesas piedras que sirven de asiento.

Varios hombres gigantescos barbados, semidesnudos y portando teas encendidas, se despliegan a lo largo del enorme recinto y lo iluminan totalmente.

En este lúgubre lugar, Calígula dio rienda suelta a sus sanguinarias y brutales inclinaciones, pues uno de sus placeres más gratificantes era presenciar torturas y el último suplicio de los condenados.

caligula

Este sitio ha sido diseñado y construido, precisamente para eso.

A lo largo de toda la muralla en un lado, están una especie de bancos de piedra de granito adosados a la pared; para que se instalen los morbosos espectadores que quieran observar el infernal espectáculo que proporcionarán, las desventuradas víctimas de tan macabros instrumentos…

Y en la muralla de enfrente están todos los artefactos de tortura, que la ferocidad humana ha sido capaz de inventar: argollas en el piso, en el techo y en las paredes. También están una docena de potros y otra de parrillas.

Y colgados: garfios, cadenas, flagelos, tenazas, ganchos, etc.

El lugar es húmedo y frío. Los espectadores se envuelven en sus lujosas togas, buscando un poco de alivio al estremecimiento que el aire helado les produce.

Nerón se arrebuja en su capa de visón que le diera Pitágoras, mientras le aconsejó que cuidara su garganta y hace una señal a Haloto.

Éste inclina la cabeza y da una orden…

Entonces hacen su entrada los cristianos…

Cada uno de ellos lleva cuatro verdugos.

Uno lo azota con varas y los otros dos lo empujan entre sí, como si fuera una pelota. El cuarto les avienta agua helada sobre el cuerpo desnudo. Otro más, los espera en cada instrumento de tortura…

A los que son colgados del potro, les ponen fuego bajo los pies y son desgarrados con garfios que dejan al descubierto los pulmones.

Mientras que son azotados con látigos múltiples, de nervios durísimos.

Los que son atados con grilletes a las parrillas, también son azotados y desgarrados con ganchos.

Y los que son metidos en el cepo, reciben el mismo tratamiento.

Pero en aquel lugar espeluznante, NO se oye ni una sola queja…

Al contrario.

Los mártires son tomados en el espíritu y un cántico celestial, en una lengua incomprensible para ninguno de los presentes.

Se eleva suavemente al principio…

Triunfal y resonante después…

El tiempo pasa…

Los verdugos se relevan unos a otros, hasta que empiezan a fatigarse…

Nerón se levanta con el semblante desencajado por el asombro más absoluto.

Está totalmente perturbado y después de un largo momento exclama:

–           Pero ¡¿Quién es este Dios?!   

Iván le contesta tranquilamente desde el potro donde ha sido atado, mientras le estiran los miembros para dislocárselos:

–           Si fueres digno le Conocerás…

Más cuando Nerón voltea a mirarlo…

El joven sigue abstraído en una intensa Oración.

El César y sus acompañantes están perplejos y estupefactos. Sin poder comprender, ni asimilar lo que está sucediendo…

Marco Aurelio está dichosísimo ante este inesperado despliegue de la Presencia de Dios…

Petronio, recuerda su salvación milagrosa con la muerte de Calígula, después de que pidiera a los hebreos que lo encomendaran en sus oraciones…

Y su nombramiento como Procónsul de Bitinia por parte de Claudio…

Y por segunda vez en su vida lo sobrecoge un estremecimiento, ante un hecho totalmente sobrenatural e inexplicable…

Sin poder evitarlo, un pensamiento le sacude:

jesus rey y padre

‘¿Acaso el Hijo es tan Poderoso como el Padre?’... De ser así…

 ¡Este Dios es Increíble…!

Y recordando la carta de Alexandra, que se ha grabado en su memoria palabra por palabra, concluye pensando:

–           ‘Por eso sus adeptos están dispuestos a dar su vida por Él y NO LE TEMEN A NADA…’

En eso llega un centurión pretoriano y le dice al César que Tigelino desea hablarle…

Nerón hace una señal a Carlos, el jefe de los verdugos y éstos hacen una pausa.

Luego ordena que pasen Tigelino y sus acompañantes…

Pero éste entra solo acompañado por Xavier, el jefe de la guardia personal de Nerón.

Y éste, sorprendido les pregunta:

–           ¿Qué pasó?…  ¿Dónde están Corvino y Escribonio?

El Prefecto le responde:

–           Nadie se pudo acercar a ellas… Tenemos veintitrés gladiadores muertos, porque les ordené que las tomaran o yo personalmente les aplicaría la pena de muerte, si no obedecían.

Corvino y Escribonio, obedeciéndote a ti, se acercaron a Fátima y…

Tigelino titubeó antes de proseguir.

Y Nerón, muy impaciente y alterado, le preguntó:

–           ¿Y qué? ¡Por Zeus! ¡Acaba de una vez!…

–           El Ángel que cegó a Aminio Rebio los fulminó a todos… –concluye Tigelino con tono de disculpa y de derrota.

Por unos segundos, el César se queda paralizado…

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Trata de asimilar la noticia recibida…

Luego aspira profundamente y grita:

–           ¡Tráelas aquí!… –Ordena Nerón con los dientes apretados.

Y furioso agrega:

–        ¡Y atorméntenlas igual que a éstos!

Marco Aurelio está sorprendido y feliz… Y su esperanza se renueva…

Petronio sonríe de manera enigmática…

El canto se reanuda…

Todos los demás, están pasmados y en shock…

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¡No pueden creer lo que están oyendo!…

Mientras tanto los verdugos se preparan a seguir el mismo procedimiento con las vírgenes que NO pudieron ser profanadas.

Cuando éstas llegan, se unen al himno que resuena glorioso en aquel macabro lugar…

¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los Cielos

Alaben al Señor en las alturas

Alábenlo todos sus ángeles,

Alábenlo todos sus ejércitos.

Alábenlo el sol y la luna

Alábenlo estrellas luminosas

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Alábenlo los más altos Cielos

Y las aguas que están

Por encima del firmamento.

Alaben el Santísimo Nombre de Jesús

A cuya orden fueron hechos

Él los estableció para siempre

Y les dio una Ley Eterna.

Los reyes de la Tierra y todas las naciones

Príncipes y gobernantes de la Tierra,

Jóvenes y doncellas.

Los ancianos junto con los niños.

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Alaben todos el nombre de Jesús.

Sólo su Nombre es sublime.

Su majestad se eleva sobre la Tierra y el  Cielo

Y ha dado a su Pueblo gloria.

Canten al Señor un canto nuevo.

Alábenlo en la Asamblea de sus santos.

Alégrense cristianos en su Creador.

1CRISTO REY

Que los hijos de Dios se alegren en su rey.

Alaben su Nombre entre danzas

Al son del arpa y el tambor

Porque dios ama a sus hijos

Y viste de gloria a los humildes.

JESÚS VIVE,

JESUS REINA,

JESÚS VIENE…venida JESUS VIENE TROMPETA

¡Aleluya! ¡Aleluya!

Las vírgenes son lanzadas, suspendidas, estiradas, desgarradas, flageladas, azotadas y asadas…

Los verdugos están exhaustos…

Los cristianos siguen alabando al Altísimo.

Los espectadores están estupefactos y Nerón está furiosísimo.

Mientras los mártires cantan, sus heridas son milagrosamente sanadas…

Y su rostro resplandece más y más, con una gloria sobrenatural…

Joshua desde la parrilla dice con gran tranquilidad, como si estuviera bronceándose en una playa:

–           Tu fuego y tu tortura, regeneran nuestras almas. Sufrir por Dios es nuestra gloria y morir por Cristo la deificación total. 

Margarita desde el potro, declara majestuosa:

–           Tú defiendes la causa de Satanás y por eso estás tan enojado… No podrás perjudicarnos con tus suplicios…

Tú en cambio, estás preparando tu alma para el Infierno, donde hay un fuego infinitamente más fuerte que éste.

Un fuego que jamás se apaga…

Fátima, que ha sido colgada de una argolla del techo, amarrada de los pies y estirada con las argollas del suelo, para poder desgarrarla mejor con los garfios.

Mientras dos verdugos la flagelan, con su voz llena de dulzura, pregunta:

–           ¿De qué te ha servido cebar en nosotros tu crueldad y tu infamia?…

¿Por qué NO reconoces que Dios te ha Vencido?

¿Por qué NO reconoces que Él es el Rey de reyes y Señor de los señores?

¿POR QUÉ NO TE INCLINAS ANTE SU SEÑORÍO, SU MAJESTAD, SU GRANDEZA Y SU PODER?  

¡Eres un hombre necio!… 

Esto es más de lo que Nerón puede soportar…

Se voltea hacia Tigelino y le da varias instrucciones en voz baja.

Éste asiente con la cabeza y va a hablar con Carlos, el jefe de los verdugos.

En el colmo para el emperador en esta increíble noche, Joshua vuelve a hablar:

–           Jesús Resucitó… Y Venció a la Muerte. Él es el Señor, Dueño de la Vida y de la Muerte.

Esto es lo que Dios nuestro Señor, ha querido demostrarte en este día.

Nerón lo mira feroz, pero no le contesta nada.

Y espera…

Los verdugos retiran a todos los cristianos, menos a los tres que han hablado…

Los jóvenes no sólo NO se ven atormentados, sino que su hermosura ha aumentado en forma tan impresionante…

Porque es la belleza sobrenatural de los cuerpos glorificados la que palpita en ellos y deja pasmados y con la boca abierta a quienes los contemplan…

A Margarita  la bajan del potro y la hacen a un lado.

Separándola de los demás que hacen una doble fila frente a los impactados espectadores y Xavier el capitán de los pretorianos se pone junto a ella, como escolta.

A Fátima que tiene su rostro radiante por el éxtasis en una visión celestial…

No se da cuenta que le han soltado los pies de la argolla del suelo y la elevan más con la cadena, hasta la argolla del techo…. Luego le separan las piernas con los grilletes y las cadenas de los tobillos a dos argollas que la dejan casi totalmente abierta…

Y le colocan debajo, sobre el piso, una gruesa cuña de hierro…

A una señal del César, sueltan la cadena del techo y Fátima se precipita de tal modo sobre la cuña…

Que le descuartiza las vísceras.

La virgen queda empalada, sin un quejido y sin perder la sonrisa…

Nerón quiso de esta brutal manera,  quitarle la virginidad tan tenazmente preservada…

Pero nunca como en aquel baño de sangre, el lirio floreció más bello…

Y de las vísceras descuartizadas se expandió para ser recogido, por el Ángel de Dios.

Margarita dijo:

–           Paz, para Fátima.

–           Paz. –repitieron todos los cristianos.

Joshua está de pie, junto a la parrilla de donde acaban de quitarlo.

Su cuerpo glorioso ha sido completamente sanado y NO tiene una señal del tormento recibido…

Nerón lo llama:

–           Ven aquí…

El joven avanza con paso firme y queda frente al emperador a un poco más de un metro de distancia.

Lo mira tranquilamente y espera…

Nerón lo mira fijamente mientras le dice:

–           El señor de la vida y de la muerte soy yo…

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Y de repente, el César levanta la espada que le había quitado a Xavier y que estaba oculta entre sus vestiduras…

De un solo tajo le corta la cabeza que cae, salpicando por segunda vez de sangre la vestidura color amatista del emperador y rueda a sus pies.

Y éste la mira con desprecio y le da un puntapié como si fuese un balón…

Arrojándola hasta el otro extremo del enorme salón.

Un silencio sepulcral sigue a esta ejecución y el tiempo parece detenerse…  

Luego…

Ante el estupor general, el cuerpo decapitado de Joshua, NO se derrumba.

Y por el contrario,  avanza con pasos firmes hasta el lugar donde ha caído la cabeza…

La toma con sus manos y la coloca a un costado de su cintura como si fuera un yelmo, rodeándola con su brazo y sosteniéndola con su mano izquierda…

Luego regresa con paso mesurado, hasta el mismo lugar en donde fuera decapitado…

Nerón está paralizado.

La cabeza en las manos del mártir, lo mira con autoridad…

Y con voz majestuosa y muy pausada, le repite:

–           El Señor de la Vida y de la Muerte es el Dios Altísimo, nuestro Señor Jesucristo. 

Y a ÉL debes rendirle Gloria y Alabanza.

Y ¡Como corolario de aquella noche increíble!…

Enseguida Joshua vuelve a colocar la cabeza en su cuello.

Y la gira con fuerza como si la acomodase…

Mientras continúa como si nada extraordinario hubiese en aquel gesto:

–           El Fuego Purifica…  Si quieres matarme, sólo podrás hacerlo con el fuego.

Y sin que nadie se lo mande, se coloca en la fila junto a sus compañeros…

Se oye el golpe seco de un cuerpo que cae al suelo, pero nadie le hace caso…  Julia Mesalina se ha desmayado.

Petronio está literalmente, con la boca abierta por el asombro más absoluto…

Marco Aurelio no puede ocultar su júbilo y levanta las manos poniéndolas sobre su cabeza…

Orando y alabando en silencio.

ESTE ES EL DÍA DE LA VICTORIA

angel victoria columna de la independencia en méxico

Nerón reacciona furioso y ordena:

–           ¡Llévenselos a la cárcel! ¡Serán pasto de los leones!

Y devolviendo la espada a Xavier, le dice:

–           Sabes lo que tienes que hacer…

El oficial inclina la cabeza, hace el saludo militar al emperador  y regresa junto a Margarita.

Mientras tanto en el cuello de Joshua, hay una línea roja que se va borrando poco a poco…

Entonces la fila de prisioneros es conducida por sus aturdidos verdugos, de regreso hacia la cárcel Mamertina…

Los cristianos reanudan su canto, con un Himno de Victoria absoluto…

Nerón y sus invitados salen al exterior para dirigirse al salón donde quedaron los restos de la fiesta suspendida…

Afuera reina la intensa oscuridad que precede al alba…

En el firmamento brillan las estrellas y una luna creciente ilumina la noche estrellada, justo antes de que el sol se asome.

El emperador, una vez que ha llegado a su ‘Paraíso de Deleites’…

en la fiesta

Se despide de sus invitados así:

–           Amigos, estoy cansado y voy a retirarme.

Los que quieran quedarse, Doríforo los atenderá.

Nos veremos mañana en el Circo.

Y Nerón se retira con su séquito personal…

Mientras casi todos los invitados abandonan el Palacio y se dirigen a sus casas, comentando entre sí los extraordinarios sucesos de los que acaban de ser testigos…

Una aurora espectacular, tiñe de rojo el horizonte…

Cuando Nerón ha salido con su séquito y sus invitados, le siguen los mártires con sus verdugos que los regresarán al Tullianum…

Una vez que han quedado solos, Xavier se quita su clámide y la pone sobre los hombros de Margarita, para cubrirla en su desnudez.

Luego le indica suavemente que lo acompañe…

La hermosa virgen, después de haber soportado torturas espeluznantes y permanecer firme en su Fe, es conducida nuevamente hacia las galerías en donde están los gladiadores.

Donde la aguarda el nuevo suplicio ordenado por el emperador…

Una vez que llegan al amplio corredor que conduce al lugar designado…

Dónde ya la está esperando el verdugo…

Una multitud de hombres al verla pasar, trata de molestarla, insultándola con frases obscenas y sarcasmos lascivos.

XAVIER general-romano

Xavier les advierte con voz imperiosa:

–           ¡Si no os calláis y la respetáis, yo mismo me encargaré personalmente de que compartáis su tormento!…

Un silencio temeroso sigue a la amenaza del tribuno…

Xavier pone su brazo izquierdo protector, sobre los hombros de la virgen y su mano derecha sobre la empuñadura de su espada.

Y trata con mucha gentileza a la doncella cristiana…

Cuando llegan al sitio designado,  ella dice gentilmente:

–           Por favor, valiente soldado. Antes de entregarme en manos del verdugo,

¿Me permitirías estar un momento a solas, para hacer una Oración a mi Señor Jesucristo?

El pretoriano le sonríe y contesta solícito:

–           ¡Claro que sí! Mientras me informaré de algunas cosas con mis legionarios…

Y se acerca al verdugo, haciendo un comentario e iniciando una conversación trivial.

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Margarita se aleja hacia un rincón y con la cara hacia el murallón, inclina la cabeza en una oración mental ardiente y fervorosa…

Invocando al Dios que ama y está dispuesta a honrar y defender con la vida…

Después de unos diez minutos, el oficial voltea hacia la joven y ve que ya está lista.

Se acerca y mientras le retira la capa, le dice con suavidad:

–           Si de mí dependiera, no estarías aquí. –en su voz hay un tono que ofrece una disculpa implícita.

Margarita se conmueve por estas muestras de simpatía y sonriendo al joven tribuno,

Le dice con sencillez:

–           No te preocupes por mí. Mi Señor Jesús está conmigo.

Alégrate y ten buen ánimo. Apenas yo salga de este mundo le rogaré a Dios por ti y alcanzaré la Gracia para ti.

Y Él te pagará muy pronto lo que has hecho por mí.

Después de decir esto, con una dulzura y una gracia conmovedoras, se dirige desnuda, digna y majestuosa, hacia los dos hombres.

El verdugo y su ayudante que la esperan junto  a una hornilla encendida, donde hay un cubo de metal que hierve…

La sujetan con cadenas y la dejan de pie, en el centro de aquella estancia.

Luego le derraman pez derretida en todo el cuerpo, lentamente y en pequeñas dosis…

La doncella NO exhala la más mínima queja. Ni siquiera un lamento…

Margarita sufre noblemente este nuevo tormento y sonríe dulcemente a Xavier, que se ha hecho a un lado y se queda de pie junto a la muralla.

El militar está muy pensativo…

Los gladiadores y los demás que los siguieron y que han visto todo… Están con la boca abierta, totalmente pasmados…

El pretoriano no tanto; porque ¡Después de lo que ha presenciado aquella noche!…

Corresponde a la sonrisa de la virgen cristiana y espera…

Las injurias se han convertido en asombro y admiración.

Y los verdugos están completamente desconcertados…

Es el segundo suplicio de esta noche en particular.

El primer hombre que les llevaron, no les dejó completar el trabajo.

Aulo Plaucio gritaba que era inocente y a medio suplicio, prácticamente murió de terror. Después de los pavorosos alaridos, se derrumbó sobre el piso y su corazón dejó de latir…

En un inusitado contraste, ahora el cuerpo de la doncella, NO solo NO está quemado.

Sino que se parece a los de los gladiadores cuando desfilan en el circo para el combate…

Es una escultura viviente de alabastro blanquísimo. Soberbio e imponente, en una belleza impresionante…

Y lustroso como si la hubieran ungido con aceite de oliva.

Parece la estatua de una diosa, cuando los verdugos han terminado su trabajo…

Lo más impactante, es la Luz que parece irradiar a través de todos los poros de su piel…

Y más en su rostro perfecto que habrá enamorado a más de uno…

Xavier la espera con su capa desplegada entre sus manos.

La mira sonriente y la llama por su nombre:

–           Margarita, por favor ven hacia mí…

Y volviendo su rostro hacia el jefe de los verdugos, le dice:

–        Claudio, rinde tu informe al emperador y envíalo a mi cuartel.

Trata de ser específico y ecuánime… Bueno… Lo más que puedas…

centurion

El militar le contesta aturdido y completamente pasmado:

–            Xavier… Creo que antes de hacerlo, necesitaré un buen vaso de vino… ¡Por Pólux!… Ni siquiera entiendo lo que sucede…

¡Y  es la primera vez en mi vida que siento no tener las palabras adecuadas…!

–           Inténtalo… De todas maneras, NO es fácil explicar todas las cosas que han sucedido esta noche…

El César te comprenderá perfectamente. No te preocupes…

Te espero en la tarde, para que platiquemos…

Su interlocutor solo mueve la cabeza asintiendo.

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Margarita avanza hacia él y el tribuno la envuelve nuevamente con su clámide.

Y sale con ella dejando a todos los demás estupefactos y sin poder comprender que es lo que ha pasado…

Y los comentarios de los soldados, los esclavos, los augustanos, los invitados del Banquete, los verdugos, los gladiadores y todos los impactados testigos de lo sucedido en el palacio, en los calabozos de Calígula y ahora en el patíbulo de los condenados…

Se cruzarán como una ola gigante que desbordará sobre el recinto imperial y correrá como un rumoroso río que cubrirá todas las colinas de Roma y rebasará sus murallas…

Mientras tanto, los dos protagonistas del último encuentro y despliegue del Poderoso Dios de los cristianos, se dirigen al Tullianum.

El sol alumbra en todo su esplendor.

Al día siguiente serán los Ludus Matutinus…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

62.- LA ORGÍA INOLVIDABLE…


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El emperador Tiberio, fue muy aficionado al dinero y difícilmente se le arrancaba. Con el tiempo, su avaricia le llevó a la rapiña y el lema que rigió su gobierno fue: ‘Que me odien con tal dé que me teman’.

Cuando comenzó su vida militar, antes de que fuera César, sus compañeros le  conocieron por su afición al vino hasta tal grado, que los soldados le apodaron: ‘Biberius Caldus Mero’ (todas estas palabras aluden al vino de diversas maneras)

Su crueldad y su hipocresía eran tales, que cuando Augusto lo nombró su sucesor, las palabras que pronunció en su lecho de muerte, fueron: ‘Desgraciado pueblo romano que va a ser presa de tan lentas mandíbulas’

También era un hombre extremadamente lujurioso. En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos alrededor….

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Y allí, un grupo elegido de jóvenes disolutos reunidos de todas partes y algunos que inventaron ‘monstruosos placeres’, a los que llamó ‘spintrias’(sus maestros de voluptuosidad)

Formaban entre sí una triple cadena y entrelazados de esta manera, se prostituían en su presencia para estimular sus lánguidos deseos; pues al final de su vida, solo era un anciano impotente.

Como gran adicto al sexo, en el palacio de Roma que se ha salvado del incendio, también tenía todo un sector destinado a lo mismo.

Además de esa habitación especial, hay diferentes salones arreglados especialmente para estos placeres, adornados con cuadros y bajorrelieves lascivos y llenos de libros de Elephanditis (Pornografía gráfica), para tener en la acción modelos que imitar.

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Sus jardines han sido diseñados como bosques y selvas consagrados a Venus Afrodita y están decorados con grutas excavadas en la roca y en las cuales hay hermosas y artísticas estatuas que parecen casi vivas.

En las cuales se ven jóvenes de ambos sexos, mezclados en actitudes voluptuosas y posiciones obscenas y sugerentes, con trajes de ninfas y faunos.

Hay también un baño con una piscina especialmente diseñada, en la cual enseñó a niños de tierna edad a los que llamaba sus ‘pececillos’ a que jueguen entre sus piernas, excitándole con la lengua y con los dientes.

Y a los más grandecitos que estaban en lactancia aún, les ofrecía los genitales para que le diesen el género de placer al que sus tendencias y su edad le inclinaban de una manera especial.

Recibió un legado de uno de sus amigos que le daba a elegir entre un cuadro de Parrasio en el que Atalante prostituye su boca a Meleagro o un millón de sestercios…

Tiberio prefirió el cuadro y lo colocó como un objeto sagrado en su alcoba…

Y este cuadro adorna ahora el salón principal de la casa de Tiberio en Roma, justo encima de donde se encuentra el triclinio imperial.

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Aminio Rebio y Vitelio en su infancia, fueron ‘pececillos’ de Tiberio y desde su juventud, han sido marcados con el afrentoso nombre de ‘Spintria’.

Y por su gran experiencia en estos oficios, Vitelio ahora es el intendente de placeres de Nerón…

Aminio Rebio, Faonte el liberto del César y dos enviados de Tigelino; fueron a las cárceles para elegir doncellas y jóvenes cristianos… Para recreación del César y de sus invitados…

La fiesta en el palacio de Tiberio en el Esquilino, está en todo su apogeo…

Cientos de lámparas brillan sobre las mesas y penden de las murallas.

Los acordes de la música, invaden el ambiente.

El aroma de las flores y los perfumes de Arabia, son aspirados con deleite por los invitados lujosamente ataviados y que reclinados en sus triclinios, disfrutan de los deliciosos manjares y los exquisitos vinos que aumentan la euforia general.

Y las rosas siguen cayendo…

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Nerón está muy contento…

Y Popea regia y magnífica, luce su belleza con una sonrisa congelada que no llega a sus ojos, ni ilumina la expresión sombría que encubre su dolor, después del asesinato de su hijo Rufio Crispino.

Nerón ya cantó su Troyada y una atronadora tempestad de aplausos y aclamaciones le alimentan su insaciable vanidad de artista.

Algunos que levantaron sus manos como enajenados por su prodigioso talento, le han dejado sumamente satisfecho.

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De vez en cuando mira con una sonrisa de maligna crueldad a Marco Aurelio y a Petronio, a los que tiene como invitados de honor, muy cerca de él…

Petronio, ingenioso y elegante como siempre, hizo destellar su inteligencia y exquisita agudeza a lo largo del banquete…

Sacando a Marco Aurelio de varias sutilezas engañosas por parte de los demás augustanos…

Y luchando él mismo en aquellas arenas movedizas que son las intrigas de la corte imperial, saliendo adelante con donaire y su gallardía habitual.

Marco Aurelio está tranquilo y se porta tan distinguido como su tío, con una innata elegancia y sobriedad en todos sus ademanes.

Popea mira disimuladamente a Marco Aurelio…

Pues que lo único que la alienta en este banquete, es la alegría anticipada de su venganza sobre el tribuno.

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Se siente un poco mareada por el vino y el humo del incienso.

Finge que disfruta de los espectáculos que han sido preparados para la fiesta…

Nuevamente se da lectura a versos y se escuchan diálogos en los cuales la extravagancia, ocupa el lugar del ingenio.

Después Paris el célebre mimo, hace una representación magistral en lo que parecen escenas llenas de encantamiento.

Pues con los movimientos de sus manos y del cuerpo, tiene una increíble habilidad para expresar cosas que parecen imposibles de hacer patentes en una danza…

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Sus manos parecen oscurecer el aire creando una nube animada, sugerente, voluptuosa, que circunda las formas de una doncella agitada por un inefable desmayo…

Es una verdadera pintura, no una danza…

Una pintura expresiva en la que se revelan los secretos del amor, embelesante a la par que impúdico.

Y al finalizar da principio una danza báquica, llena de gritos desenfrenados y licenciosos desbordes.

Acompañados del son de cítaras, tambores, laúdes y címbalos, en una música incitante a dar rienda suelta a la pasión.

Marco Aurelio mantiene en todo momento una actitud tranquila, digna y un tanto seria.

Su carácter reservado y su calma intrigan a todos los augustanos, pero especialmente al César y a Popea…

Tanto Marco Aurelio como Petronio participan del banquete y beben vino, pero sin perder la sobriedad.

Se mantienen sonrientes y ecuánimes.

Entrada la noche Faonte, el liberto del César se acercó y murmura unas palabras a su oído.

El César hace un gesto de asentimiento…

Están en el salón que Nerón llama su ‘Paraíso de deleites’ y que forma parte del sector de la casa de Tiberio que fue construida para sus placeres.

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Los esclavos siguen trayendo más viandas y licores que sirven en la espléndida vajilla ribeteada en oro y las ricas copas artísticamente diseñadas y decoradas con escenas voluptuosas y acordes a la ocasión.

Los manjares y las bebidas han sido especialmente preparados con afrodisíacos.

Entonces Tigelino se acercó a Nerón y a Popea, diciéndoles algo en voz tan baja que…

Petronio que está al lado del César, lo único que pudo captar fue la respuesta del emperador:

–           No importa. Aún nos queda el Circo. Entonces será un espectáculo digno de la multitud.

Lo que Tigelino les ha comunicado, es que por la enfermedad de Alexandra, no ha sido posible sacarla de la prisión y no participará de la fiesta de esa noche.

Popea no logró ocultar su desencanto y su frustración.

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Después de un tiempo prudencial le solicitó a Nerón permiso para retirarse, pues se siente indispuesta.

Y no pudo evitar mirar al tribuno con rencoroso desprecio y a Petronio con una ominosa mirada, que acompañó con su eterna y congelada sonrisa.

El César se levantó para escoltar a Popea que se despidió de los presentes y a los que Nerón les dice que regresará pronto.

Y efectivamente, un poco más tarde volvió al salón, para disfrutar de la sorpresa preparada por Vitelio.

Entre los asistentes al banquete está el joven Aulo Plaucio, un hombre lleno de belleza y gallardía que es amante de Nerón y que tiene una gran voz de barítono.

Nerón había dicho siempre y le ha hecho creer que lo ama y que lo nombrará su heredero al trono del imperio.

En todos los banquetes, después que Popea se retira; él hace las delicias del emperador.

Entre los acordes de la música, el aroma del incienso y las bromas con que el César está demostrando su gran satisfacción en esta noche en particular…

Nadie se percata de la señal que Tigelino le hace a Nerón.

Enseguida éste llamó a Faonte, a Doríforo y a Aulo Plaucio.

Cuando llegaron ante él, ordenó a los libertos que lo sujetaran y ante la sorpresa general; éstos lo tiraron sobre el lecho imperial y lo inmovilizaron…

Mientras el César, haciendo derroche de violencia, lo violó.

Después de esta infamia, Nerón se levantó como si nada hubiera sucedido…

Y declaró:

–           Que mi madre bese ahora a mi sucesor.

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A continuación,  lo acusó de conspiración y ordenó que lo torturaran.

Recomendando que los verdugos lo hieran de manera que se sienta morir y que su muerte sea lenta en el suplicio.

Y luego, envanecido por hacer todo siempre impunemente, se volvió hacia Petronio, lo miró con crueldad y advertencia…

Y dijo con displicencia:

–           Ningún Príncipe ha sabido cuanto puede hacerse desde el poder.

Enseguida miró a Vitelio, agregando:

–       Veamos querido amigo, lo que has preparado para nuestro deleite.

Después de que los libertos se llevaron a Aulo Plaucio, que se había desmayado de terror.

Vitelio se levantó, hizo una reverencia a Nerón y se acercó a Aminio Rebio, que a su vez descorrió una cortina casi transparente que había en un extremo del salón.

Detrás de ella, está un grupo de varones y doncellas que evidentemente han presenciado todo lo  sucedido.

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Y todo esto fue hecho a propósito, para quebrantarles el espíritu…

Y mostrarles lo que les espera, al que tenga la osadía de no someterse.

Tigelino les da una orden y ellos avanzan formando una larga fila de un extremo a otro del enorme salón.

Para que el emperador y sus invitados, puedan verlos y examinarlos bien a todos.

Son veinticuatro mujeres y veintidós hombres, cuyas edades oscilan entre los quince y los veinticinco años.

Todos están totalmente desnudos y llevan una corona de rosas en la cabeza.

Han quedado de pie, frente al César y sus convidados.

Lo más sorprendente es que mantienen una dignidad majestuosa…

A pesar de la humillación que debe significarles el no llevar ninguna prenda de vestir que los cubra…

Marco Aurelio reconoció a varios y sintió una gran opresión.

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Cuando vio a Margarita, la hermana de Alexandra, un profundo dolor se le clavó en el pecho.

Inclinando la cabeza, cerró los ojos y oró…

Petronio permaneció imperturbable. Conoce a Nerón.

Y con su elegancia característica, ni un solo músculo de su rostro, delató sus verdaderos pensamientos y sentimientos…

Séneca, movió la cabeza casi imperceptiblemente y la inclinó para esconder la expresión de su rostro…

Trhaseas frunció el entrecejo y una fugaz sombra de desaprobación nubló su semblante. Y se sumió en sus reflexiones…

Lucano pareció sorprenderse, pero asumió su actitud de siempre.

Plinio solo miró, pero no demostró nada.

Marcial levantó una ceja y no manifestó lo que pensaba. Mantuvo una actitud expectante…

Todos los demás miraron a los jóvenes con una mezcla de admiración, curiosidad morbosa, intensa avidez, lujuria y lascivia.

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Nerón los observó atenta y detenidamente a cada uno de ellos…

Y con una sonrisa, dirigió una mirada de aprobación a Vitelio, Tigelino y Aminio Rebio, que han esperado expectantes su dictamen.

Ellos los seleccionaron.

Y están seguros de que ni siquiera el exigente y perfeccionista Petronio, podrá poner una sola objeción a aquel estupendo grupo de jóvenes…

Que son una muestra excelente de juventud y belleza:

Cuerpos y rostros perfectos. Portes regios y de gran dignidad, sin llegar a la altivez.

Esta promete ser una gran orgía y una noche de placeres incomparables…

Vitelio le prometió que ha preparado con ellos una serie de fantasiosas representaciones, en las cuales él podrá elegir a los que más le agraden, para su placer personal.

Están por gustar de un deleite nuevo y bastante raro… Porque a pesar de su edad, todos son vírgenes…

Lo único que molestó a Nerón y mucho; fue que ninguno al mirarlos él a la cara, bajase la mirada, ni el rostro.

No fueron retadores ni altivos.

Sólo le miraron ellos a su vez con tranquilidad y sin hacer ninguna inclinación. Sin el menor rastro de temor o servilismo.

Sin ninguna turbación o nerviosismo.

¡Y nadie le hizo una reverencia!

Y esto último, lo consideró un gran insulto a su megalomanía.

Petronio también notó esto.

Y conociendo al César, aumentó su admiración y su respeto por los cristianos.

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Y también su preocupación por lo que sucedería a continuación…

Nerón dio la espalda a sus prisioneros y por unos instantes permaneció así.

Su rostro regordete toma una expresión concentrada y terrible…

Mientras parece reflexionar, con su mano izquierda se toca su corona de laurel.

Y tomando la orla de su manto cuajado de estrellas de oro y perlas, con un ademán regio lo levantó con su mano derecha y dándose vuelta, lo soltó hacia atrás.

Enseguida,  miró a los jóvenes cristianos. Caminó lentamente frente a ellos…

Los fue recorriendo uno a uno con lentitud y una expresión maligna y cruel en sus ojos azules, que hizo estremecer a quienes lo conocen muy bien.

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Luego dijo con voz muy pausada:

–           Estas hermosas cabezas, caerán en cuanto yo lo ordene.

Sorpresivamente, una voz muy serena y varonil, respondió:

–           El poder que Dios te ha concedido tiene un límite.

Nerón se volvió con rapidez, buscando entre los hombres al que habló…

Y que al parecer NO está enterado de que a nadie le está permitido hablar, a menos que el emperador lo haya interrogado primero.

Y con una voz contenida y terrible, preguntó:

–            ¿Quién dijo eso?

Da un paso al frente un joven que hubiera podido ser el modelo con el cual Miguel Ángel esculpió su ‘David’ y…

Que con su armoniosa voz, confirmó:

–           Yo…

Y ante la mirada interrogante del César, agregó:

–       Mi nombre es Oliver y soy cristiano.

Cierto es que tienes poder sobre nosotros.

Eres nuestro emperador y como a tal te respetamos.

Pero no puedes ir más allá de lo que te ha sido concedido.

A tu pesar, también tú obedeces los Designios misteriosos del Dios Único y Verdadero.

Nerón amenazó con voz glacial:

–           Puedo hacer contigo lo que acabo de hacer con Aulo Plaucio.

Inesperadamente, una voz dulce entre las vírgenes, se elevó con impresionante firmeza…

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Y dijo:

–           ¡NO! Porque somos Templos vivos del Dios Único y Verdadero. Y NO puedes profanarlos a tu placer.

Nerón se volteó rápidamente, para conocer a la que se ha atrevido a hablarle de ese modo.

Y vio a la más jovencita entre las doncellas que están ahí.

–           ¿Quién eres tú? –preguntó con un tono vibrante de ira.

Ella se irguió aún más.

Y su voz continuó tranquila declarando:

–           Fátima. Soy cristiana. Y te repito: Somos Templos Vivos del Espíritu Santo.

Y estamos aquí, NO PARA TU DELEITE, sino para dar testimonio del Dios Altísimo.

Nerón la fulmina con la mirada, antes de decir con voz escalofriante:

–           ¿Sabes que puedo enviarte para que te deshonren los gladiadores y se diviertan contigo hasta que se cansen?…

Otra voz dulce y femenina lo interrumpió:

–           Puedes. Claro que puedes ¡Si Dios te lo permite!… 

Y sin que nadie se lo ordenase, da un paso al frente identificándose:

–       Soy Margarita y soy cristiana…

Y tú eres esclavo del amo al que perteneces: Satanás.

Y es él a través de ti, el que verdaderamente nos quiere destruir.

Tú solamente eres su miserable instrumento…

La joven virgen se yergue imponente y mira severamente a Nerón…

Su actitud es tan digna que parece una Reyna más majestuosa que la misma Popea.

Y tan solemne que parece una diosa, pues irradia la misma Presencia que un día dejara pasmado a Marco Aurelio…

Cuando Alexandra dijo que el herido permaneciera entre los cristianos…

Petronio la admira literalmente con la boca abierta…

Todos están paralizados por el asombro, pues nadie le ha censurado jamás nada al emperador y esta actitud es inaudita…

Esta virgen bellísima parece una deidad airada y sus palabras manifiestan su severidad implacable…

Trhaseas se cubre la boca tratando de cubrir la exclamación que se le escapa admirado:

–           ¡Athena Parthenos!

Definitivamente las cosas para el César, no están resultando como las esperaba…

Entonces dijo con tono lastimero:

–           ¿Qué clase de religión impera en vosotros que os hace hablar así? Soy tu emperador.

El tono grave de otra voz masculina, rasga el aire:

–           ¿Acaso ignoras que no hay religión si es violenta y oprime a los que no quieren?

Da un paso al frente mientras agrega:

–      Soy Sergio y soy cristiano.

Nerón exclama con desprecio:

–           ¡Cristiano! ¿Cómo se llama tu Dios?

–            El Altísimo Señor del Universo: Yeové, el Padre Eterno. Jesucristo su Hijo y el Espíritu Santo.

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Nerón pregunta perplejo:

–           ¿Son tres dioses?

Otra voz masculina le responde:

–           NO.

Y el que habló dio un paso al frente mientras continua:

–      Son Tres Personas Distintas y un solo Dios Verdadero.

Todopoderoso. Creador, Dueño y Señor de todo el Universo.

Los que le adoramos somos cristianos. Mi nombre es Joshua.

Nerón suelta una carcajada y se burla:

–       ¡Todopoderoso!

Y con gran sarcasmo agrega:

–      ¿No es acaso ese hebreo que fue crucificado con los malhechores en el principado de Tiberio y murió en la Palestina?

Una joven que todavía no cumple los 18 años, se adelanta y proclama:

–         Sí. Murió en la Cruz para salvarnos. Su nombre es Jesús.

Dios lo resucitó y Reina Glorioso desde el Cielo. Y Gobierna todo el Universo y el mundo espiritual e invisible.

Agrega con voz  muy dulce, identificándose:

–         Mi nombre es Jade y soy cristiana.

El César la mira fijamente por un momento demasiado largo…

Enseguida se dibuja en su rostro una sonrisa escalofriante y pregunta suavemente:

–           Si es como dices. ¿Por qué ha dejado que cayerais en mis manos?

En este momento yo soy vuestro dios.

Y os enseñaré a comportaros ante vuestro emperador.

Yo voy a demostraros cuál es el verdadero poder. –Estas palabras las declara Nerón con el rostro oscurecido por una expresión despiadada e inhumana.

En el silencio que sigue, solo se oye el chisporroteo de las lámparas de aceite…

porque hasta los músicos se han quedado paralizados, viendo el contraste total entre la cara de los aterrorizados comensales…

Y el semblante tranquilo de todos los jóvenes.

Después de un momento se oye como una campana, otra voz resonante y firmemente armoniosa:

–           Mi nombre es Daniel y soy cristiano.

¡Y te aclaro que NO haremos lo que esperas de nosotros, según lo que estamos concluyendo!– Dice mientras recorre con una mirada significativa…

Las pinturas y las estatuas que adornan el salón.

Y finaliza con tono solemne, como si fuera un maestro, ante un alumno díscolo:

–       En este lugar al que nos has traído…

Nerón lo mira colérico…

Sin decir una sola palabra, va hacia su pretoriano más próximo y le saca la espada de su vaina.

Con gesto feroz mira al que habló al último y camina hacia él…

Mientras sentencia airado e implacable:

–           ¡Doblegaré tu locura!

El joven lo mira impasible y declara:

–           Puedes aplicarme las torturas más crueles, pero NO me perjudicarás.

Tú en cambio, estás preparando tu alma, para tormentos eternos.

Y los que me inflijas serán dulces, comparados con los que te esperan a ti.

Y te los infligirá el que ahora te induce a atormentarnos.

Nerón se acerca furioso y lo atraviesa con la espada de tal forma…-espada-sangrienta-

Que la punta de la misma sale por la espalda del infortunado, goteando sangre…

Cuando la saca con un movimiento violento; la espada ensangrentada salpica sus vestiduras de color amatista y antes de que pueda decir nada…

La voz del joven que está al lado del que ha sido herido, se oye con acento triunfal:

–           Yo soy Iván y también soy cristiano…

Y debes saber que los que temen a Dios, no pueden ser perjudicados, ni doblegados por los tormentos.

Los suplicios resultan ser sus ganancias para la Vida Eterna, porque todo lo sufren por Cristo.

Es el mayor de todos.

Un  joven como de unos veinticinco años. De rubios cabellos oscuros y ensortijados. Y con unos bellos ojos verdes como el mar.

–           ¡¡¡Aaaahhh!!!

Esta exclamación de sorpresa y admiración, que brota de todas las gargantas, impide una respuesta al insolente.

Nerón voltea y se queda mudo y boquiabierto…

El joven que acaba de herir en forma tan atroz, en lugar de derrumbarse, se ha erguido aún más.

Y su herida ha sanado instantáneamente de forma impresionante, ante los ojos de todos los asistentes a este drama tan singular…

El César está impactado, pero su ferocidad es más fuerte y su crueldad prevaleció.

Dirige una mirada significativa hacia Aminio Rebio: hombre infame, afeminado y cruel.

Y éste se acerca al insolente, obedeciendo la orden silenciosa del emperador…

Con su mano derecha acaricia con lascivia, el cuerpo perfecto de Iván…

Y éste le dice con tono tranquilo:

–           No lo hagas. ¡Detente o lo lamentarás!…El Ángel del Señor está conmigo y no te permitirá lo que pretendes…

Aminio Rebio no lo escucha y mucho menos le hace caso.

Excitado por la lujuria ante la hermosura llena de gallardía de aquel cuerpo perfecto y musculoso…

Lo manosea con sumo deleite, lleno de lascivia…

Pero de repente se aparta como si hubiese sido herido por un rayo.

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Y grita con inmenso dolor:

–           ¡No veo! ¡No veo! El ángel me ha herido en los ojos y no puedo ver nada.

¡Piedad! ¡Piedad! –y se hace para atrás trastabillando, como hacen los ciegos cuando no tienen quién los guié.

Fátima grita con júbilo:

–           ¡Dios resguarda su santuario! Y ¡Ay de vosotros que pretendéis profanarlo!…

Todos los que antes los miraran con lujuria, han perdido la avidez y ven cómo se está arruinando su grandioso festín sexual…

Nerón está estupefacto y aterrado…

Pero arrebatado por la ira como si fuera una fiera herida.

Ordena a sus libertos que los cristianos sean conducidos a la tortura y que los verdugos desplieguen contra ellos toda su violencia…

Concluye diciendo:

–           Yo mismo supervisaré los tormentos. ¡Llévenselos!

Y volviéndose a los invitados del frustrado banquete, les dice:

–        ¡Vamos! La fiesta apenas comienza…

Todos lo miran pasmados, entre admirados y aterrorizados…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

40.- EL PODER FRENTE AL PODER


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Pedro sale de la Puerta del Cielo, acompañado de algunos obispos, sacerdotes y un pequeño grupo de personas.

Van a Roma a visitar algunas comunidades cristianas. Al llegar a  la Vía Apia, se topó con la comitiva de Nerón que se dirige a Anzio.

Tuvo que esperar a que el paso del cortejo despeje la vía que ha sido desbordada con un auténtico desfile.

Para apreciarlo mejor se suben sobre unos enormes peñascos que están a la orilla del bosque, a la vera del camino.

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Pasó un destacamento de caballería númida, perteneciente a la guardia pretoriana.

Llevan uniformes amarillos, fajas rojas y enormes aretes, que dan reflejos dorados a sus caras negras.

Las puntas de sus lanzas destellan al sol.

Sigue otro destacamento de infantería, que se van colocando a lo largo del camino, para formar una valla que impide el acceso a la vía.

Vienen enseguida, innumerables carros custodiados por pequeños destacamentos de infantería y caballería pretoriana.
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En uno van los instrumentos musicales del césar y sus cortesanos. Arpas. Laúdes griegos, hebreos y egipcios. Liras, formingas, cítaras, flautas largas, címbalos y torcidos cuernos de búfalo.

Al contemplar aquellos instrumentos que dan al sol sus reflejos dorados por el oro, plata, bronce y piedras preciosas que los adornan; parecería que Apolo y Baco, acaban de emprender la marcha en un viaje por el mundo.

Después de los instrumentos siguen los carros de los danzantes, los músicos, los acróbatas y los actores.

Ambos sexos, forman grupos artísticos y llevan palmas en las manos.

Siguen multitud de esclavos destinados no al servicio, sino a la ostentación. Y niños vestidos con trajes de cupidos, que también son un adorno para la comitiva imperial.

Enseguida, otra cohorte especial de pretorianos: La Falange de Alejandro Magno.

Hombres de gigantesca estatura, de ojos azules, caras barbadas, cabellos muy rubios o rojos.

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Parecen verdaderas máquinas militares, con sus pesadas armas. Y la tierra se cimbra ante su potente y mesurado paso.

Entre el ejército imperial, destacan las águilas romanas, que anuncian a la nación más poderosa del mundo…

A continuación  aparecen los conductores de los encadenados leones y tigres de Nerón, que a veces le gusta uncirlos a sus carros.

Las cadenas están entrelazadas con guirnaldas y aun así parece que las fieras son llevadas entre flores. Son fieras domesticadas por hábiles domadores.

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Miran a la muchedumbre con ojos brillantes y somnolientos; por momentos alzan sus gigantescas cabezas y aspiran dilatando ruidosamente sus narices, con potentes resoplidos.

Se relamen con sus ásperas lenguas los hocicos y bostezan abriendo sus poderosas fauces.

Otra cohorte de pretorianos, una multitud de esclavos y luego el César, cuya presencia fue recibida con aclamaciones.

Viene sentado en un carro que tiran seis hermosos corceles blancos, con herraduras de doradas. El carro tiene la forma de una tienda abierta a los costados, para poder apreciar mejor la figura del emperador que va solo; acompañado por dos enanos arlequines.

Viste una túnica blanca, bordada con hilos de plata y perlas. Una toga de color amatista, la cual da tintes azulados a su rostro de piel muy blanca. Sobre su cabeza luce una corona de laurel y su cuerpo obeso hace que su cara ancha, aumente el volumen de su papada y también hace que su boca parezca estar más cerca de su nariz.

Trae protegido su corto y grueso cuello, con un pañuelo de seda que ajusta constantemente, con una mano blanca y gorda, cubierta de vello rojo. La expresión de su semblante tiene un aire de aburrimiento y contrariedad.

En conjunto, su persona es a la vez terrible y vulgar.

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Mientras avanzan, vuelve a uno y a otro lado la cabeza, escuchando los gritos de la multitud que le aplaude.

–          ¡Salve, divino César!

–          ¡Salve, conquistador!

–         ¡Salve, incomparable!

–         ¡Salve hijo de Apolo!

Estas aclamaciones le hacen sonreír.

Pero hay otras que son francamente ofensivas:

–            ¡Enobarbo, Enobarbo! ¡Matricida!

–            ¡Orestes! ¡Alcmeon! ¿Dónde está Octavia?

–            ¡Asesino! ¡Entrega la púrpura!

–            ¿Dónde está tu barba llameante?

–         ¿Temes acaso que se incendie Roma?

Y los que gritan así, no saben que en esa burla sangrienta, se encierra una tremenda profecía.

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A Popea que viene inmediatamente detrás de él, le gritan:

–           ¡Flava coma! (Pelirrubia, epíteto aplicado a las prostitutas)

Al experto oído del César llegan estos insultos y levanta su cristal pulimentado para ver si con sus ojos miopes, alcanza a descubrir a sus autores…

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Mientras hace esto; su mirada se cruza con la de Pedro.

Han llegado al Arco de Augusto y la comitiva imperial se detiene un poco, antes de seguir avanzando.

Y estos dos hombres se contemplan mutuamente…

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Y a ninguno de los integrantes de aquel brillante séquito, ni de la inmensa multitud, se les ocurrió pensar que en aquel momento, se encuentran frente a frente, los dos poderes más grandes de la Tierra…

 Uno de ellos,  pronto se desvanecerá, como un sueño fatídico de horror y de sangre.

El otro empezará la Conquista y la posesión Eterna, fundando su Sede en  la ciudad desde la cual irradiará su poder y su Luz, los cuales envolverán a todo el mundo.

La comitiva reanuda su marcha y Nerón desaparece de la vista de Pedro.

Detrás viene el carro de Popea, la emperatriz aborrecida por el pueblo.

Vestida como Nerón, con traje de color amatista; inmóvil, indiferente, pensativa; parece una hermosa y maligna divinidad.

Detrás de ella vienen los augustanos.

En primer lugar, Petronio con Aurora, Marco Aurelio y su séquito personal.

La muchedumbre lo recibe con aclamaciones y aplausos, pues es un personaje lleno de simpatía para el pueblo y éste lo ama.

Al parecer, Petronio es muy conocido y el pueblo lo ama por su munificencia.

Y su popularidad se ha extendido y ha aumentado, desde la vez que habló ante el César, para oponerse a la sentencia de muerte dictada contra la ‘familia’, (incluidos sirvientes, libertos y esclavos) del prefecto Albino Floro,  sin distinción de edad, ni de sexo.  Porque uno de ellos asesinó a ese monstruo de crueldad, cegado por la desesperación.

Petronio protestó por aquel bárbaro sacrificio, diciendo: ‘A tal señor, tal criado’.

Y el pueblo, que se había indignado ante aquella matanza, desde aquel día, amó más a Petronio.

Éste a su vez, no hace mucho caso de tales manifestaciones. Recuerda que el pueblo también había amado a Británico, envenenado por Nerón. Y piensa que la gente es hipócrita y voluble.

Y como el escéptico ‘Árbitro de la Elegancia’, es también supersticioso, considera el favor popular como el peor de los presagios.

Tigelino va en un carro tirado por yeguas adornadas con plumas blancas y rojas. A él y a Haloto, los recibieron con abucheos.

Entre otros, la multitud recibió a Vitelio con risas. A Trhaseas, con aplausos. Y a los demás, con indiferencia.

A Amino Rebio, con silbidos.

A Vespasiano y a sus hijos, con aplausos.

A Séneca, a Nerva, a Plinio, a Lucano y a Marcial, con admiración y aplausos…

A las mujeres célebres por su riqueza, su hermosura y sus vicios, con admiración.

Los ojos de la multitud pasan de los grandes personajes a los arneses; a las extrañas indumentarias de los sirvientes que vienen de todas las regiones del imperio.

En aquella procesión de orgullo, ostentación y grandeza; todo está hecho para deslumbrar, con el poder y la magnificencia, de la Roma Invencible, ante quién se inclina el mundo…

Y la comitiva prosigue su marcha, perdiéndose entre nubes de polvo.

Pedro reflexiona en la inmensidad y el poderío de aquella metrópoli, a la cual ha venido a anunciar el Evangelio.

Nunca había contemplado el portentoso dominio de Roma como ahora que los acaba de ver, personificados en Nerón, en sus legiones y en su imperio.

Concentrados en aquella ciudad enorme, depravada, depredadora, rapaz, desenfrenada e inabordable en su poder terrenal.

Y en aquel César desquiciado por su megalomanía. Convertido en parricida, matricida, fratricida, uxoricida.

Que arrastra tras de sí un séquito de sangrientos espectros, aún más grande que el número de los integrantes del séquito imperial.

Ese libertino. Ese bufón. Es a la vez el comandante de un poco más de treinta legiones y mediante ellas, Amo del Mundo.

Esos cortesanos cubiertos de oro y escarlata. Llenos de las incertidumbres del mañana, temblorosos por su propia integridad, pero más poderosos que reyes.

Al contemplar a Nerón y su séquito imperial; Pedro pensó que en realidad estaba viendo reunido en todo su esplendor, el Infernal Reino de Iniquidad de Satanás que ostenta el dominio de la tierra, que con mano de hierro tiene sometida a todas las naciones.

Y Roma, el corazón del imperio, debe ser conquistada para Cristo.

El Apóstol oró… y entregó a Dios aquella ciudad; aquel imperio y a todos sus habitantes.

Solo Dios sabe cómo algún día Roma será el Corazón de la Cristiandad…  

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

63.- ORGÍA DE CRUELDAD Y DE SANGRE


EL DÍA DE LA VICTORIA…

En el palacio de Tiberio hay una zona donde están los edificios destinados para las habitaciones de los huéspedes distinguidos: rehenes reales, invitados especiales o personajes importantes que participan en los banquetes imperiales. También están los lupanares de Tigelino y en el sótano de los edificios se hallan los calabozos que construyó Calígula, para desfogar su crueldad, lo que era su máxima diversión.

Los cristianos han sido conducidos a éste último lugar…

Y el César y sus invitados llegan detrás de ellos unos veinte minutos después.

Entonces Nerón ordena a Tigelino que se haga acompañar de Asinio Corvino y de Furio Escribonio, dos hombres abyectos y sanguinarios; para que conduzcan a las vírgenes cristianas a sus lupanares y sean violadas con especial barbarie, por los gladiadores.

Y sonriendo con maligna y anticipada satisfacción, dice a Corvino, pues conoce a fondo su índole criminal:

–                      Quiero que te encargues personalmente de Fátima. Haz que aprenda a temblar al escuchar mi nombre ¿Entiendes?…

El augustano sonríe con diabólica crueldad, al contestar:

–           Así lo haré, divinidad. Te aseguro que quedarás plenamente satisfecho…

Una decuria conduce a las vírgenes al lugar designado, seguidos por el inesperado séquito encabezado por Tigelino.

Nerón y sus acompañantes bajan a los sótanos, donde los esperan los cristianos y sus verdugos.

Los muros están hechos con sólidas piedras cuadradas, sobrepuestas.

La luz es tenue y triste, como si se filtrase por aspilleras y se mezclase con el resplandor incierto de algunas lámparas de aceite, que iluminan un poco aquel ambiente oscuro y siniestro. Es un amplio corredor espacioso que llega a una estancia muy grande y sigue como una especie de curva, como si formara una larga elipsis.

Y hay desparramadas gruesas piedras que sirven de asiento. Varios hombres gigantescos; barbados, semidesnudos y portando teas encendidas; se despliegan a lo largo del enorme recinto y lo iluminan totalmente.

En este lúgubre lugar, Calígula dio rienda suelta a sus sanguinarias y brutales inclinaciones, pues uno de sus placeres más gratificantes era presenciar torturas y el último suplicio de los condenados.

Este sitio ha sido diseñado y construido, precisamente para eso. A lo largo de toda la muralla en un lado, están una especie de bancos de piedra de granito adosados a la pared; para que se instalen los morbosos espectadores que quieran observar, el infernal espectáculo que proporcionarán las desventuradas víctimas de tan macabros instrumentos…

Y en la muralla de enfrente están todos los artefactos de tortura, que la ferocidad humana ha sido capaz de inventar: argollas en el piso, en el techo y en las paredes. También están una docena de potros y otra de parrillas. Y colgados: garfios, cadenas, flagelos, tenazas, ganchos, etc.

El lugar es húmedo y frío. Los espectadores se envuelven en sus lujosas togas, buscando un poco de alivio al estremecimiento que el aire helado les produce.

Nerón se arrebuja en su capa de visón que le diera Pitágoras, mientras le aconsejó que cuidara su garganta y hace una señal a Haloto. Éste inclina la cabeza y da una orden…

Entonces hacen su entrada los cristianos…

Cada uno de ellos lleva cuatro verdugos. Uno lo azota con varas y los otros dos lo empujan entre sí, como si fuera una pelota. El cuarto les avienta agua helada sobre el cuerpo desnudo. Otro más, los espera en cada instrumento de tortura…

A los que son colgados del potro, les ponen fuego bajo los pies y son desgarrados con garfios que dejan al descubierto los pulmones, mientras que son azotados con látigos múltiples, de nervios durísimos.

Los que son atados con grilletes a las parrillas, también son azotados y desgarrados con ganchos y los que son metidos en el cepo, reciben el mismo tratamiento.

Pero en aquel lugar espeluznante, no se oye ni una sola queja…

Al contrario. Los mártires son tomados en el espíritu y un cántico celestial, en una lengua incomprensible para ninguno de los presentes, se eleva suavemente al principio… Triunfal y resonante después…

El tiempo pasa… Los verdugos se relevan unos a otros, hasta que empiezan a fatigarse…

Nerón se levanta con el semblante desencajado por el asombro más absoluto.

Está totalmente perturbado y después de un largo momento exclama:

–           Pero ¡¿Quién es este Dios?!   

Iván le contesta tranquilamente desde el potro donde ha sido atado, mientras le estiran los miembros para dislocárselos:

–           Si fueres digno le conocerás…

Más cuando Nerón voltea a mirarlo… El joven sigue abstraído en una intensa oración.

El César y sus acompañantes están perplejos y estupefactos. Sin poder comprender, ni asimilar lo que está sucediendo…

Marco Aurelio está dichosísimo ante este inesperado despliegue de la Presencia de Dios…

Petronio, recuerda su salvación milagrosa con la muerte de Calígula, después de que pidiera a los hebreos que lo encomendaran en sus oraciones… Y su nombramiento como Procónsul de Bitinia por parte de Claudio…

Y por segunda vez en su vida lo sobrecoge un estremecimiento, ante un hecho totalmente sobrenatural e inexplicable…

Sin poder evitarlo, un pensamiento le sacude: ‘¿Acaso el Hijo es tan Poderoso como el Padre?’... De ser así…  ¡Este Dios es Increíble…! Y recordando la carta de Alexandra, que se ha grabado en su memoria palabra por palabra, concluye pensando:

–           ‘Por eso sus adeptos están dispuestos a dar su vida por Él y no le temen a nada…’

En eso llega un centurión pretoriano y le dice al César que Tigelino desea hablarle…

Nerón hace una señal a Carlos, el jefe de los verdugos y éstos hacen una pausa. Luego ordena que pasen Tigelino y sus acompañantes…

Pero éste entra solo acompañado por Xavier, el jefe de la guardia personal de Nerón y éste, sorprendido les pregunta:

–           ¿Qué pasó?…  ¿Dónde están Corvino y Escribonio?

El Prefecto le responde:

–           Nadie se pudo acercar a ellas… Tenemos veintitrés gladiadores muertos, porque les ordené que las tomaran o yo personalmente les aplicaría la pena de muerte, si no obedecían. Corvino y Escribonio, obedeciéndote a ti, se acercaron a Fátima y…

Tigelino titubeó antes de proseguir.

Y Nerón, muy impaciente y alterado, le preguntó:

–           ¿Y qué? ¡Por Zeus! ¡Acaba de una vez!…

–           El Ángel que cegó a Aminio Rebio los fulminó a todos… –concluye Tigelino con tono de disculpa y de derrota.

Por unos segundos, el César se queda paralizado… Trata de asimilar la noticia recibida…

Luego aspira profundamente y grita:

–           ¡Tráelas aquí!… –Ordena Nerón con los dientes apretados. Y furioso agrega- ¡Y atorméntenlas igual que a éstos!

Marco Aurelio está sorprendido y feliz… Y su esperanza se renueva…

Petronio sonríe de manera enigmática…

El canto se reanuda…

Todos los demás, están pasmados y en shock… ¡No pueden creer lo que están oyendo!…

Mientras tanto los verdugos se preparan a seguir el mismo procedimiento con las vírgenes que no pudieron ser profanadas.

Cuando éstas llegan, se unen al himno que resuena glorioso en aquel macabro lugar…

¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los Cielos

Alaben al Señor en las alturas

Alábenlo todos sus ángeles,

Alábenlo todos sus ejércitos.

Alábenlo el sol y la luna

Alábenlo estrellas luminosas

Alábenlo los más altos Cielos

Y las aguas que están

Por encima del firmamento.

Alaben el Santísimo Nombre de Jesús

A cuya orden fueron hechos

Él los estableció para siempre

Y les dio una Ley Eterna.

Los reyes de la Tierra y todas las naciones

Príncipes y gobernantes de la Tierra,

Jóvenes y doncellas.

Los ancianos junto con los niños.

Alaben todos el nombre de Jesús.

Sólo su Nombre es sublime.

Su majestad se eleva sobre la Tierra y el  Cielo

Y ha dado a su Pueblo gloria.

Canten al Señor un canto nuevo.

Alábenlo en la Asamblea de sus santos.

Alégrense cristianos en su Creador.

Que los hijos de Dios se alegren en su rey.

Alaben su Nombre entre danzas

Al son del arpa y el tambor

Porque dios ama a sus hijos

Y viste de gloria a los humildes.

  JESÚS VIVE, JESUS REINA, JESÚS VIENE…

¡Aleluya! ¡Aleluya!

Las vírgenes son lanzadas, suspendidas, estiradas, desgarradas, flageladas, azotadas y asadas…

Los verdugos están exhaustos…

Los cristianos siguen alabando al Altísimo.

Los espectadores están estupefactos y Nerón está furiosísimo.

Mientras los mártires cantan, sus heridas son milagrosamente sanadas y su rostro resplandece más y más, con una gloria sobrenatural…

Joshua desde la parrilla dice con gran tranquilidad, como si estuviera bronceándose en una playa:

–           Tu fuego y tu tortura, regeneran nuestras almas. Sufrir por Dios es nuestra gloria y morir por Cristo la deificación total. 

Margarita desde el potro, declara majestuosa:

–           Tú defiendes la causa de Satanás y por eso estás tan enojado… No podrás perjudicarnos con tus suplicios…  Tú en cambio, estás preparando tu alma para el Infierno, donde hay un fuego infinitamente más fuerte que éste. Un fuego que jamás se apaga…

Fátima, que ha sido colgada de una argolla del techo, amarrada de los pies y estirada con las argollas del suelo, para poder desgarrarla mejor con los garfios; mientras dos verdugos la flagelan; con su voz llena de dulzura, dice:

–           ¿De qué te ha servido cebar en nosotros tu crueldad y tu infamia?…  ¿Por qué no reconoces que Dios te ha vencido? ¿Por qué no reconoces que Él es el Rey de reyes y Señor de los señores? ¿Por qué no te inclinas ante su Señorío, su Majestad, su Grandeza y su Poder? ¡Eres un hombre necio!… 

Esto es más de lo que Nerón puede soportar…

Se voltea hacia Tigelino y le da varias instrucciones en voz baja. Éste asiente con la cabeza y va a hablar con Carlos, el jefe de los verdugos.

En el colmo para el emperador en esta increíble noche, Joshua vuelve a hablar:

–           Jesús Resucitó… Y venció a la Muerte. Él es el Señor, Dueño de la Vida y de la Muerte. Esto es lo que Dios nuestro Señor, ha querido demostrarte en este día.

Nerón lo mira feroz, pero no le contesta nada. Y espera…

Los verdugos retiran a todos los cristianos, menos a los tres que han hablado…

Los jóvenes no sólo no se ven atormentados, sino que su hermosura ha aumentado en forma tan impresionante… Porque es la belleza sobrenatural de los cuerpos glorificados la que palpita en ellos y deja pasmados y con la boca abierta a quienes los contemplan…

A Margarita  la bajan del potro y la hacen a un lado, separándola de los demás, que hacen una doble fila frente a los impactados espectadores y Xavier el capitán de los pretorianos se pone junto a ella, como escolta.

A Fátima que tiene su rostro radiante por el éxtasis en una visión celestial… No se da cuenta que le han soltado los pies de la argolla del suelo y la elevan más con la cadena, hasta la argolla del techo…. Luego le separan las piernas con los grilletes y las cadenas de los tobillos a dos argollas que la dejan casi totalmente abierta… Y le colocan debajo, sobre el piso, una gruesa cuña de hierro…

A una señal del César, sueltan la cadena del techo y Fátima se precipita de tal modo sobre la cuña… que le descuartiza las vísceras.

La virgen queda empalada, sin un quejido y sin perder la sonrisa…

Nerón quiso de esta brutal manera,  quitarle la virginidad tan tenazmente preservada… Pero nunca como en aquel baño de sangre, el lirio floreció más bello… Y de las vísceras descuartizadas se expandió para ser recogido, por el Ángel de Dios.

Margarita dijo:

–           Paz, para Fátima.

–           Paz. –repitieron todos los cristianos.

Joshua está de pie, junto a la parrilla de donde acaban de quitarlo. Su cuerpo glorioso ha sido completamente sanado y no tiene una señal del tormento recibido…

Nerón lo llama:

–           Ven aquí…

El joven avanza con paso firme y queda frente al emperador a un poco más de un metro de distancia. Lo mira tranquilamente y espera…

Nerón lo mira fijamente mientras le dice:

–           El señor de la vida y de la muerte soy yo…

Y de repente, el César levanta la espada que le había quitado a Xavier y que estaba oculta entre sus vestiduras…

De un solo tajo le corta la cabeza que cae, salpicando por segunda vez de sangre, la vestidura color amatista del emperador y rueda a sus pies. Y éste la mira con desprecio y le da un puntapié como si fuese un balón… Arrojándola hasta el otro extremo del enorme salón.

Un silencio sepulcral sigue a esta ejecución y el tiempo parece detenerse…  

Luego…

Ante el estupor general, el cuerpo decapitado de Joshua, no se derrumba y por el contrario;  avanza con pasos firmes hasta el lugar donde ha caído la cabeza… La toma con sus manos y la coloca a un costado de su cintura como si fuera un yelmo, rodeándola con su brazo y sosteniéndola con su mano izquierda…   Luego regresa con paso mesurado, hasta el mismo lugar en donde fuera decapitado…

Nerón está paralizado.

La cabeza en las manos del mártir, lo mira con autoridad y con voz majestuosa y muy pausada, le repite:

–           El Señor de la Vida y de la Muerte es el Dios Altísimo, nuestro Señor Jesucristo.  Y a ÉL debes rendirle Gloria y Alabanza.

Enseguida Joshua vuelve a colocar la cabeza en su cuello. Y la gira con fuerza como si la acomodase, mientras continúa como si nada extraordinario hubiese en aquel gesto:

–           El fuego purifica…  Si quieres matarme, sólo podrás hacerlo con el fuego.

Y sin que nadie se lo mande, se coloca en la fila junto a sus compañeros…

Se oye el golpe seco de un cuerpo que cae al suelo, pero nadie le hace caso…  Julia Mesalina se ha desmayado.

Petronio está literalmente, con la boca abierta por el asombro más absoluto…

Marco Aurelio no puede ocultar su júbilo y levanta las manos poniéndolas sobre su cabeza…  Orando y alabando en silencio.

Nerón reacciona furioso y ordena:

–           ¡Llévenselos a la cárcel! ¡Serán pasto de los leones!

Y devolviendo la espada a Xavier, le dice:

–           Sabes lo que tienes que hacer…

El oficial inclina la cabeza, hace el saludo militar al emperador  y regresa junto a Margarita.

Mientras tanto en el cuello de Joshua, hay una línea roja que se va borrando poco a poco…

Mientras la fila de prisioneros es conducida por sus aturdidos verdugos, de regreso hacia la cárcel Mamertina… Los cristianos reanudan su canto, con un Himno de Victoria absoluto…

Nerón y sus invitados salen al exterior para dirigirse al salón donde quedaron los restos de la fiesta suspendida…

Afuera reina la intensa oscuridad que precede al alba…

En el firmamento brillan las estrellas y una luna creciente ilumina la noche estrellada, justo antes de que el sol se asome. El emperador, una vez que ha llegado a su ‘Paraíso de deleites’, se despide de sus invitados así:

–           Amigos, estoy cansado y voy a retirarme. Los que quieran quedarse, Doríforo los atenderá. Nos veremos mañana en el Circo.

Y Nerón se retira con su séquito personal, mientras casi todos los invitados abandonan el Palacio y se dirigen a sus casas, comentando entre sí los extraordinarios sucesos de los que acaban de ser testigos…

Una aurora espectacular, tiñe de rojo el horizonte…

Cuando Nerón ha salido con su séquito y sus invitados, le siguen los mártires con sus verdugos que los regresarán al Tullianum…

Una vez que han quedado solos, Xavier se quita su clámide y la pone sobre los hombros de Margarita, para cubrirla en su desnudez. Luego le indica suavemente que lo acompañe… La hermosa virgen, después de haber soportado torturas espeluznantes y permanecer firme en su Fe, es conducida nuevamente hacia las galerías en donde están los gladiadores, donde la aguarda el nuevo suplicio ordenado por el emperador…

Una vez que llegan al amplio corredor que conduce al lugar designado…  Dónde ya la está esperando el verdugo… Una multitud de hombres al verla pasar, trata de molestarla, insultándola con frases obscenas y sarcasmos lascivos.

Xavier les advierte con voz imperiosa:

–           ¡Si no os calláis y la respetáis, yo mismo me encargaré personalmente de que compartáis su tormento!…

Un silencio temeroso sigue a la amenaza del tribuno…

Xavier pone su brazo izquierdo protector, sobre los hombros de la virgen y su mano derecha sobre la empuñadura de su espada. Y trata con mucha gentileza a la doncella cristiana…

Cuando llegan al sitio designado,  ella dice gentilmente:

–           Por favor, valiente soldado. Antes de entregarme en manos del verdugo, ¿Me permitirías estar un momento a solas, para hacer una oración a mi Señor Jesucristo?

El pretoriano le sonríe y contesta solícito:

–           ¡Claro que sí! Mientras me informaré de algunas cosas con mis legionarios…  – Y se acerca al verdugo, haciendo un comentario e iniciando una conversación trivial.

Margarita se aleja hacia un rincón y con la cara hacia el murallón, inclina la cabeza en una oración mental ardiente y fervorosa invocando al Dios que ama y está dispuesta a honrar y defender con la vida…

Después de unos diez minutos, el oficial voltea hacia la joven y ve que ya está lista, se acerca y mientras le retira la capa, le dice con suavidad:

–           Si de mí dependiera, no estarías aquí. –en su voz hay un tono que ofrece una disculpa implícita.

Margarita se conmueve por estas muestras de simpatía y sonriendo al joven tribuno, le dice con sencillez:

–           No te preocupes por mí. Mi Señor Jesús está conmigo. Alégrate y ten buen ánimo. Apenas yo salga de este mundo le rogaré a Dios por ti y alcanzaré la Gracia para ti. Y Él te pagará muy pronto lo que has hecho por mí.

Después de decir esto, con una dulzura y una gracia conmovedoras, se dirige desnuda, digna y majestuosa, hacia los dos hombres: el verdugo y su ayudante que la esperan junto  a una hornilla encendida, donde hay un cubo de metal que hierve…

La sujetan con cadenas y la dejan de pie, en el centro de aquella estancia. Luego le derraman pez derretida en todo el cuerpo, lentamente y en pequeñas dosis…

La doncella no exhala la más mínima queja. Ni siquiera un lamento…

Margarita sufre noblemente este nuevo tormento y sonríe dulcemente a Xavier, que se ha hecho a un lado y se queda de pie junto a la muralla.

El militar está muy pensativo…

Los gladiadores y los demás que los siguieron y que han visto todo, están con la boca abierta, totalmente pasmados…

El pretoriano no tanto; porque ¡Después de lo que ha presenciado aquella noche!… Corresponde a la sonrisa de la virgen cristiana y espera…

Las injurias se han convertido en asombro y admiración.

Y los verdugos están completamente desconcertados…

Es el segundo suplicio de esta noche en particular. El primer hombre que les llevaron, no les dejó completar el trabajo. Aulo Plaucio gritaba que era inocente y a medio suplicio, prácticamente murió de terror. Después de los pavorosos alaridos, se derrumbó sobre el piso y su corazón dejó de latir…

En un inusitado contraste, ahora el cuerpo de la doncella, no solo no está quemado, sino que se parece a los de los gladiadores cuando desfilan en el circo para el combate…

Es una escultura viviente de alabastro blanquísimo. Soberbio e imponente, en una belleza impresionante…  Y lustroso como si la hubieran ungido con aceite de oliva. Parece la estatua de una diosa, cuando los verdugos han terminado su trabajo…

Lo más impactante, es la luz que parece irradiar a través de todos los poros de su piel y su rostro perfecto que habrá enamorado a más de uno…

Xavier la espera con su capa desplegada entre sus manos. La mira sonriente y la llama por su nombre:

–           Margarita, por favor ven hacia mí… -Y volviendo su rostro hacia el jefe de los verdugos, le dice- Claudio, rinde tu informe al emperador y envíalo a mi cuartel. Trata de ser específico y ecuánime… Bueno… Lo más que puedas…

El militar le contesta aturdido y completamente pasmado:

–            Xavier… Creo que antes de hacerlo, necesitaré un buen vaso de vino… ¡Por Pólux!… Ni siquiera entiendo lo que sucede… ¡Y  es la primera vez en mi vida que siento no tener las palabras adecuadas…!

–           Inténtalo… De todas maneras, no es fácil explicar todas las cosas que han sucedido esta noche… El César te comprenderá perfectamente. No te preocupes… Te espero en la tarde, para que platiquemos…

Su interlocutor solo mueve la cabeza asintiendo…

Margarita avanza hacia él y el tribuno que la envuelve nuevamente con su clámide. Y sale con ella dejando a todos los demás estupefactos y sin poder comprender que es lo que ha pasado…

Y los dos se dirigen al Tullianum.

El sol alumbra en todo su esplendor. Al día siguiente serán los Ludus Matutinus…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

62.- LA ORGÍA INOLVIDABLE…


El emperador Tiberio, fue muy aficionado al dinero y difícilmente se le arrancaba. Con el tiempo, su avaricia le llevó a la rapiña y el lema que rigió su gobierno fue: ‘Que me odien con tal dé que me teman’.

Cuando comenzó su vida militar, antes de que fue César, sus compañeros le  conocieron por su afición al vino hasta tal grado, que los soldados le apodaron: ‘Biberius Caldus Mero’ (todas estas palabras aluden al vino de diversas maneras)

Su crueldad y su hipocresía eran tales, que cuando Augusto lo nombró su sucesor, las palabras que pronunció en su lecho de muerte, fueron: ‘Desgraciado pueblo romano que va a ser presa de tan lentas mandíbulas’

También era un hombre extremadamente lujurioso. En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos alrededor….

Y allí, un grupo elegido de jóvenes disolutos reunidos de todas partes y algunos que inventaron ‘monstruosos placeres’, a los que llamó ‘spintrias’(sus maestros de voluptuosidad) formaban entre sí una triple cadena y entrelazados de esta manera, se prostituían en su presencia para estimular sus lánguidos deseos; pues al final de su vida, solo era un anciano impotente.

Como gran adicto al sexo, en el palacio de Roma que se ha salvado del incendio, también tenía todo un sector destinado a lo mismo. Además de esa habitación especial, hay diferentes salones arreglados especialmente para estos placeres; adornados con cuadros y bajorrelieves lascivos y llenos de libros de Elephanditis (Pornografía gráfica), para tener en la acción modelos que imitar.

Sus jardines han sido diseñados como bosques y selvas consagrados a Venus Afrodita y están decorados con grutas excavadas en la roca y en las cuales hay hermosas y artísticas estatuas que parecen casi vivas. En las cuales se ven jóvenes de ambos sexos, mezclados en actitudes voluptuosas y posiciones obscenas y sugerentes, con trajes de ninfas y faunos.

Hay también un baño con una piscina especialmente diseñada, en la cual enseñó a niños de tierna edad a los que llamaba sus ‘pececillos’ a que jueguen entre sus piernas, excitándole con la lengua y con los dientes. Y a los más grandecitos que estaban en lactancia aún, les ofrecía los genitales para que le diesen el género de placer al que sus tendencias y su edad le inclinaban de una manera especial.

Recibió un legado de uno de sus amigos que le daba a elegir entre un cuadro de Parrasio en el que Atalante prostituye su boca a Meleagro o un millón de sestercios…  Tiberio prefirió el cuadro y lo colocó como un objeto sagrado en su alcoba…  Y este cuadro adorna ahora el salón principal de la casa de Tiberio en Roma, justo encima de donde se encuentra el triclinio imperial.

Aminio Rebio y Vitelio en su infancia, fueron ‘pececillos’ de Tiberio y desde su juventud, han sido marcados con el afrentoso nombre de ‘Spintria’. Y por su gran experiencia en estos oficios, Vitelio ahora es el intendente de placeres de Nerón…  

Aminio Rebio, Faonte el liberto del César y dos enviados de Tigelino; fueron a las cárceles para elegir doncellas y jóvenes cristianos… Para recreación del César y de sus invitados…

La fiesta en el palacio de Tiberio en el Esquilino, está en todo su apogeo…

Cientos de lámparas brillan sobre las mesas y penden de las murallas. Los acordes de la música, invaden el ambiente. El aroma de las flores y los perfumes de Arabia, son aspirados con deleite por los invitados lujosamente ataviados y que reclinados en sus triclinios, disfrutan de los deliciosos manjares y los exquisitos vinos que aumentan la euforia general. Y las rosas siguen cayendo…

Nerón está muy contento…

Y Popea regia y magnífica, luce su belleza con una sonrisa congelada que no llega a sus ojos, ni ilumina la expresión sombría que encubre su dolor, después del asesinato de su hijo Rufio Crispino.

Nerón ya cantó su Troyada y una atronadora tempestad de aplausos y aclamaciones le alimentan su insaciable vanidad de artista. Algunos que levantaron sus manos como enajenados por su prodigioso talento, le han dejado sumamente satisfecho.

De vez en cuando mira con una sonrisa de maligna crueldad a Marco Aurelio y a Petronio, a los que tiene como invitados de honor, muy cerca de él…

Petronio, ingenioso y elegante como siempre, hizo destellar su inteligencia y exquisita agudeza a lo largo del banquete, sacando a Marco Aurelio de varias sutilezas engañosas por parte de los demás augustanos y luchando él mismo en aquellas arenas movedizas que son las intrigas de la corte imperial; saliendo adelante con donaire y su gallardía habitual.

Marco Aurelio está tranquilo y se porta tan distinguido como su tío, con una innata elegancia y sobriedad en todos sus ademanes.

Popea mira disimuladamente a Marco Aurelio… Pues que lo único que la alienta en este banquete, es la alegría anticipada de su venganza sobre el tribuno. Se siente un poco mareada por el vino y el humo del incienso. Finge que disfruta de los espectáculos que han sido preparados para la fiesta…

Nuevamente se da lectura a versos y se escuchan diálogos en los cuales la extravagancia, ocupa el lugar del ingenio.

Después Paris el célebre mimo, hace una representación magistral en lo que parecen escenas llenas de encantamiento, pues con los movimientos de sus manos y del cuerpo, tiene una increíble habilidad para expresar cosas que parecen imposibles de hacer patentes en una danza… Sus manos parecen oscurecer el aire creando una nube animada, sugerente, voluptuosa, que circunda las formas de una doncella agitada por un inefable desmayo…

Es una verdadera pintura, no una danza…

Una pintura expresiva en la que se revelan los secretos del amor, embelesante a la par que impúdico. Y al finalizar da principio una danza báquica, llena de gritos desenfrenados y licenciosos desbordes acompañados del son de cítaras, tambores, laúdes y címbalos, en una música incitante a dar rienda suelta a la pasión.

Marco Aurelio mantiene en todo momento una actitud tranquila, digna y un tanto seria. Su carácter reservado y su calma intrigan a todos los augustanos, pero especialmente al César y a Popea…

Tanto Marco Aurelio como Petronio participan del banquete y beben vino, pero sin perder la sobriedad. Se mantienen sonrientes y ecuánimes.

Entrada la noche Faonte, el liberto del César se acercó y murmura unas palabras a su oído. El César hace un gesto de asentimiento…

Están en el salón que Nerón llama su ‘Paraíso de deleites’ y que forma parte del sector de la casa de Tiberio que fue construida para sus placeres.

Los esclavos siguen trayendo más viandas y licores que sirven en la espléndida vajilla ribeteada en oro y las ricas copas artísticamente diseñadas y decoradas con escenas voluptuosas y acordes a la ocasión. Los manjares y las bebidas han sido especialmente preparados con afrodisíacos.

Entonces Tigelino se acercó a Nerón y a Popea, diciéndoles algo en voz tan baja, que Petronio que está al lado del César, lo único que pudo captar fue la respuesta del emperador:

–           No importa. Aún nos queda el Circo. Entonces será un espectáculo digno de la multitud.

Lo que Tigelino les ha comunicado, es que por la enfermedad de Alexandra, no ha sido posible sacarla de la prisión y no participará de la fiesta de esa noche.

Popea no logró ocultar su desencanto y su frustración.

Después de un tiempo prudencial le solicitó a Nerón permiso para retirarse, pues se siente indispuesta. Y no pudo evitar mirar al tribuno con rencoroso desprecio y a Petronio con una ominosa mirada, que acompañó con su eterna y congelada sonrisa.

El César se levantó para escoltar a Popea que se despidió de los presentes y a los que Nerón les dice que regresará pronto. Y efectivamente, un poco más tarde volvió al salón, para disfrutar de la sorpresa preparada por Vitelio.

Entre los asistentes al banquete está el joven Aulo Plaucio, un hombre lleno de belleza y gallardía que es amante de Nerón y que tiene una gran voz de barítono. Nerón había dicho siempre y le ha hecho creer que lo ama y que lo nombrará su heredero al trono del imperio. En todos los banquetes, después que Popea se retira; él hace las delicias del emperador.

Entre los acordes de la música, el aroma del incienso y las bromas con que el César está demostrando su gran satisfacción en esta noche en particular, nadie se percata de la señal que Tigelino le hace a Nerón. Enseguida éste llamó a Faonte, a Doríforo y a Aulo Plaucio.

Cuando llegaron ante él, ordenó a los libertos que lo sujetaran y ante la sorpresa general; éstos lo tiraron sobre el lecho imperial y lo inmovilizaron; mientras el César, haciendo derroche de violencia, lo violó.

Después de esta infamia, Nerón se levantó como si nada hubiera sucedido y declaró:

–           Que mi madre bese ahora a mi sucesor.

A continuación,  lo acusó de conspiración y ordenó que lo torturaran, recomendando que los verdugos lo hieran de manera que se sienta morir y que su muerte sea lenta en el suplicio.

Y luego, envanecido por hacer todo siempre impunemente, se volvió hacia Petronio, lo miró y dijo con displicencia:

–           Ningún Príncipe ha sabido cuanto puede hacerse desde el poder. –Enseguida miró a Vitelio, agregando- Veamos querido amigo, lo que has preparado para nuestro deleite.

Después de que los libertos se llevaron a Aulo Plaucio, que se había desmayado de terror; Vitelio se levantó, hizo una reverencia a Nerón y se acercó a Aminio Rebio; que a su vez descorrió una cortina casi transparente que había en un extremo del salón.

Detrás de ella está un grupo de varones y doncellas que evidentemente han presenciado todo lo  sucedido. Y todo esto fue hecho a propósito, para quebrantarles el espíritu y mostrarles lo que les espera, al que tenga la osadía de no someterse…

Tigelino les da una orden y ellos avanzan formando una larga fila de un extremo a otro del enorme salón, para que el emperador y sus invitados, puedan verlos y examinarlos bien a todos.

Son veinticuatro mujeres y veintidós hombres, cuyas edades oscilan entre los quince y los veinticinco años. Todos están totalmente desnudos y llevan una corona de rosas en la cabeza. Han quedado de pie, frente al César y sus convidados.

Lo más sorprendente es que mantienen una dignidad majestuosa a pesar de la humillación que debe significarles el no llevar ninguna prenda de vestir, que los cubra…

Marco Aurelio reconoció a varios y sintió una gran opresión. Cuando vio a Margarita, la hermana de Alexandra, un profundo dolor se le clavó en el pecho… Inclinando la cabeza, cerró los ojos y oró…

Petronio permaneció imperturbable. Conoce a Nerón. Y con su elegancia característica, ni un solo músculo de su rostro, delató sus verdaderos pensamientos y sentimientos…

Séneca, movió la cabeza casi imperceptiblemente y la inclinó para esconder la expresión de su rostro…

Trhaseas frunció el entrecejo y una fugaz sombra de desaprobación nubló su semblante. Y se sumió en sus reflexiones…

Lucano pareció sorprenderse, pero asumió su actitud de siempre.

Plinio solo miró, pero no demostró nada.

Marcial levantó una ceja y no manifestó lo que pensaba. Mantuvo una actitud expectante…

Todos los demás miraron a los jóvenes con una mezcla de admiración, curiosidad morbosa, intensa avidez, lujuria y lascivia.

Nerón los observó atenta y detenidamente a cada uno de ellos y con una sonrisa, dirigió una mirada de aprobación a Vitelio, Tigelino y Aminio Rebio, que han esperado expectantes su dictamen.

Ellos los seleccionaron y están seguros de que ni siquiera el exigente y perfeccionista Petronio, podrá poner una sola objeción a aquel estupendo grupo de jóvenes que son una muestra excelente de juventud y belleza: cuerpos y rostros perfectos portes regios y de gran dignidad, sin llegar a la altivez.

Esta promete ser una gran orgía y una noche de placeres incomparables…

Vitelio le prometió que ha preparado con ellos una serie de fantasiosas representaciones en las cuales, él podrá elegir a los que más le agraden, para su placer personal.

Están por gustar de un deleite nuevo y bastante raro… Porque a pesar de su edad, todos son vírgenes…

Lo único que molestó a Nerón y mucho; fue que ninguno al mirarlos él a la cara, bajase la mirada, ni el rostro. No fueron retadores ni altivos, solo le miraron ellos a su vez con tranquilidad y sin hacer ninguna inclinación. Sin el menor rastro de temor o servilismo. Sin ninguna turbación o nerviosismo. ¡Y nadie le hizo una reverencia! Y esto último, lo consideró un gran insulto a su megalomanía.

Petronio también notó esto. Y conociendo al César, aumentó su admiración y su respeto por los cristianos. Y también su preocupación por lo que sucedería a continuación…

Nerón dio la espalda a sus prisioneros y por unos instantes permaneció así. Su rostro regordete toma una expresión concentrada y terrible… Mientras parece reflexionar, con su mano izquierda se toca su corona de laurel. Y tomando la orla de su manto cuajado de estrellas de oro y perlas, con un ademán regio lo levantó con su mano derecha y dándose vuelta, lo soltó hacia atrás.

Enseguida,  miró a los jóvenes cristianos. Caminó lentamente frente a ellos… Los fue recorriendo uno a uno con lentitud y una expresión maligna y cruel en sus ojos azules, que hizo estremecer a quienes lo conocen muy bien.

Luego dijo con voz muy pausada:

–           Estas hermosas cabezas, caerán en cuanto yo lo ordene.

Sorpresivamente, una voz muy serena y varonil, respondió:

–           El poder que Dios te ha concedido tiene un límite.

Nerón se volvió con rapidez, buscando entre los hombres al que habló y que al parecer no está enterado de que a nadie le está permitido hablar, a menos que el emperador lo haya interrogado primero.

–            ¿Quién dijo eso? –preguntó con voz contenida y terrible.

Da un paso al frente un joven que hubiera podido ser el modelo con el cual Miguel Ángel esculpió su ‘David’ y que con su armoniosa voz, confirmó:

–           Yo… -Y ante la mirada interrogante del César, agregó- Mi nombre es Oliver y soy cristiano. Cierto es que tienes poder sobre nosotros. Eres nuestro emperador y como a tal te respetamos. Pero no puedes ir más allá de lo que te ha sido concedido. A tu pesar, también tú obedeces los designios misteriosos del Dios Único y Verdadero.

Nerón amenazó con voz glacial:

–           Puedo hacer contigo lo que acabo de hacer con Aulo Plaucio.

Inesperadamente, una voz dulce entre las vírgenes, se elevó con impresionante firmeza:

–           No. Porque somos Templos vivos del Dios Único y Verdadero y no puedes profanarlos a tu placer.

Nerón se volteó rápidamente, para conocer a la que se ha atrevido a hablarle de ese modo. Y vio a la más jovencita entre las doncellas que están ahí.

–           ¿Quién eres tú? –preguntó con un tono vibrante de ira.

–           Fátima. Soy cristiana. Y te repito: Somos Templos Vivos del Espíritu Santo. Y estamos aquí, no para tu deleite; sino para dar testimonio del Dios Altísimo.

Nerón la fulmina con la mirada, antes de decir con voz escalofriante:

–           ¿Sabes que puedo enviarte para que te deshonren los gladiadores y se diviertan contigo hasta que se cansen?…

–           Puedes. Claro que puedes ¡Si Dios te lo permite!… -dijo otra voz dulce y femenina. Y sin que nadie se lo ordenase, da un paso al frente identificándose- Soy Margarita y soy cristiana… Y tú eres esclavo del amo al que perteneces: Satanás. Y es él a través de ti, el que verdaderamente nos quiere destruir. Tú solamente eres su miserable instrumento…

La joven virgen se yergue imponente y mira severamente a Nerón… Su actitud es tan digna que parece una Reyna más majestuosa que la misma Popea y tan solemne que parece una diosa, pues irradia la misma Presencia que un día dejara pasmado a Marco Aurelio, cuando Alexandra dijo que el herido permaneciera entre los cristianos…

Petronio la admira literalmente con la boca abierta…

Todos están paralizados por el asombro, pues nadie le ha censurado jamás nada al emperador y esta actitud es inaudita… Esta virgen bellísima parece una deidad airada y sus palabras manifiestan su severidad implacable…

Trhaseas se cubre la boca tratando de cubrir la exclamación que se le escapa admirado:

–           ¡Athena Parthenos!

Definitivamente las cosas para el César, no están resultando como las esperaba… Entonces dijo con tono lastimero:

–           ¿Qué clase de religión impera en vosotros que os hace hablar así? Soy tu emperador.

El tono grave de otra voz masculina, rasga el aire:

–           ¿Acaso ignoras que no hay religión si es violenta y oprime a los que no quieren?-da un paso al frente mientras agrega- Soy Sergio y soy cristiano.

Nerón exclama con desprecio:

–           ¡Cristiano! ¿Cómo se llama tu Dios?

–                      El Altísimo Señor del Universo: Yeové, el Padre Eterno. Jesucristo su Hijo y el Espíritu Santo.

–           ¿Son tres dioses? –pregunta Nerón perplejo.

–           No. –dijo otra voz masculina. Y el que habló dio un paso al frente mientras continua- Son Tres Personas Distintas y un solo Dios Verdadero. Todopoderoso. Creador, Dueño y Señor de todo el Universo. Los que le adoramos somos cristianos. Mi nombre es Joshua.

Nerón suelta una carcajada y se burla:

–                      ¡Todopoderoso! –Y con gran sarcasmo agrega- ¿No es acaso ese hebreo que fue crucificado con los malhechores en el principado de Tiberio y murió en la Palestina?

Una joven que todavía no cumple los 18 años, se adelanta y proclama:

–                      Sí. Murió en la Cruz para salvarnos. Su nombre es Jesús. Dios lo resucitó y Reina Glorioso desde el Cielo. Y gobierna todo el Universo y el mundo espiritual e invisible.-dice con voz  muy dulce, identificándose- Mi nombre es Jade y soy cristiana.

El César la mira fijamente por un momento demasiado largo…  Enseguida se dibuja en su rostro una sonrisa escalofriante y pregunta suavemente:

–           Si es como dices. ¿Por qué ha dejado que cayerais en mis manos? En este momento yo soy vuestro dios. Y os enseñaré a comportaros ante vuestro emperador. Yo voy a demostraros cuál es el verdadero poder. –Estas palabras las declara Nerón con el rostro oscurecido por una expresión despiadada e inhumana.

En el silencio que sigue, solo se oye el chisporroteo de las lámparas de aceite, porque hasta los músicos se han quedado paralizados; viendo el contraste total entre la cara de los aterrorizados comensales y el semblante tranquilo de todos los jóvenes.

Después de un momento se oye como una campana, otra voz resonante y firmemente armoniosa:

–           Mi nombre es Daniel y soy cristiano. Y te aclaro que no haremos lo que esperas de nosotros, según lo que estamos concluyendo.- Dice mientras recorre con una mirada significativa, las pinturas y las estatuas que adornan el salón- En este lugar al que nos has traído…

Nerón lo mira colérico…

Sin decir una sola palabra, va hacia su pretoriano más próximo y le saca la espada de su vaina. Con gesto feroz mira al que habló al último y camina hacia él, mientras sentencia airado e implacable:

–           ¡Doblegaré tu locura!

El joven lo mira impasible y declara:

–           Puedes aplicarme las torturas más crueles, pero no me perjudicarás. Tú en cambio, estás preparando tu alma, para tormentos eternos. Y los que me inflijas serán dulces, comparados con los que te esperan a ti. Y te los infligirá el que ahora te induce a atormentarnos.

Nerón se acerca furioso y lo atraviesa con la espada de tal forma… Que la punta de la misma sale por la espalda del infortunado, goteando sangre…

Cuando la saca con un movimiento violento; la espada ensangrentada salpica sus vestiduras de color amatista y antes de que pueda decir nada…

Y la voz del joven que está al lado del que ha sido herido, se oye con acento triunfal:

–           Yo soy Iván y también soy cristiano… Y debes saber que los que temen a Dios, no pueden ser perjudicados, ni doblegados por los tormentos. Los suplicios resultan ser sus ganancias para la Vida Eterna, porque todo lo sufren por Cristo.

Es el mayor de todos. Un  joven como de unos veinticinco años. De rubios cabellos oscuros y ensortijados. Y con unos bellos ojos verdes como el mar.

–           ¡¡¡Aaaahhh!!!

Esta exclamación de sorpresa y admiración, que brota de todas las gargantas, impide una respuesta al insolente.

Nerón voltea y se queda mudo y boquiabierto…

El joven que acaba de herir en forma tan atroz; en lugar de derrumbarse, se ha erguido aún más. Y su herida ha sanado instantáneamente de forma impresionante, ante los ojos de todos los asistentes a este drama tan singular…

El César está impactado, pero su ferocidad es más fuerte y su crueldad prevaleció. Dirige una mirada significativa hacia Aminio Rebio: hombre infame, afeminado y cruel.

Y éste se acerca al insolente, obedeciendo la orden silenciosa del emperador…

Con su mano derecha acaricia con lascivia, el cuerpo perfecto de Iván y éste le dice con tono tranquilo:

–           No lo hagas. ¡Detente o lo lamentarás!…El Ángel del Señor está conmigo y no te permitirá lo que pretendes…

Aminio Rebio no lo escucha y mucho menos le hace caso. Excitado por la lujuria ante la hermosura llena de gallardía de aquel cuerpo perfecto y musculoso, lo manosea con sumo deleite, lleno de lascivia…

Pero de repente se aparta como si hubiese sido herido por un rayo. Y grita con inmenso dolor:

–           ¡No veo! ¡No veo! El ángel me ha herido en los ojos y no puedo ver nada. ¡Piedad! ¡Piedad! –y se hace para atrás trastabillando, como hacen los ciegos cuando no tienen quién los guié.

Fátima grita con júbilo:

–           ¡Dios resguarda su santuario! Y ¡Ay de vosotros que pretendéis profanarlo!…

Todos los que antes los miraran con lujuria, han perdido la avidez y ven cómo se está arruinando su grandioso festín sexual…

Nerón está estupefacto y aterrado…

Pero arrebatado por la ira como si fuera una fiera herida, ordena a sus libertos que los cristianos sean conducidos a la tortura y que los verdugos desplieguen contra ellos toda su violencia…

Concluye diciendo:

–           Yo mismo supervisaré los tormentos. ¡Llévenselos! –Y volviéndose a los invitados del frustrado banquete, les dice- ¡Vamos! La fiesta apenas comienza…

Todos lo miran pasmados, entre admirados y aterrorizados…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

40.- EL PODER FRENTE AL PODER


Pedro sale de la Puerta del Cielo, acompañado de algunos obispos, sacerdotes y un pequeño grupo de personas. Van a Roma a visitar algunas comunidades cristianas. Al llegar a  la Vía Apia, se topó con la comitiva de Nerón que se dirige a Anzio. Tuvo que esperar a que el paso del cortejo despeje la vía que ha sido desbordada con  en un auténtico desfile. Para apreciarlo mejor se suben sobre unos enormes peñascos que están a la orilla del bosque, a la vera del camino.

Pasó un destacamento de caballería númida, perteneciente a la guardia pretoriana. Llevan uniformes amarillos, fajas rojas y enormes aretes, que dan reflejos dorados a sus caras negras. Las puntas de sus lanzas destellan al sol. Sigue otro destacamento de infantería, que se van colocando a lo largo del camino, para formar una valla que impide el acceso a la vía. Vienen enseguida, innumerables carros custodiados por pequeños destacamentos de infantería y caballería pretoriana.

En uno van los instrumentos musicales del césar y sus cortesanos. Arpas. Laúdes griegos, hebreos y egipcios. Liras, formingas, cítaras, flautas largas, címbalos y torcidos cuernos de búfalo. Al contemplar aquellos instrumentos que dan al sol sus reflejos dorados por el oro, plata, bronce y piedras preciosas que los adornan; parecería que Apolo y Baco, acaban de emprender la marcha en un viaje por el mundo.

Después de los instrumentos siguen los carros de los danzantes, los músicos, los acróbatas y los actores. Ambos sexos, forman grupos artísticos y llevan palmas en las manos. Siguen multitud de esclavos destinados no al servicio, sino a la ostentación. Y niños vestidos con trajes de cupidos, que también son un adorno para la comitiva imperial.

Enseguida, otra cohorte especial de pretorianos: La Falange de Alejandro Magno. Hombres de gigantesca estatura, de ojos azules, caras barbadas, cabellos muy rubios o rojos. Parecen verdaderas máquinas militares, con sus pesadas armas. Y la tierra se cimbra ante su potente y mesurado paso. Entre el ejército imperial, destacan las águilas romanas, que anuncian a la nación más poderosa del mundo…

A continuación  aparecen los conductores de los encadenados leones y tigres de Nerón, que a veces le gusta uncirlos a sus carros. Las cadenas están entrelazadas con guirnaldas y aun así parece que las fieras son llevadas entre flores. Son fieras domesticadas por hábiles domadores. Miran a la muchedumbre con ojos brillantes y somnolientos; por momentos alzan sus gigantescas cabezas y aspiran dilatando ruidosamente sus narices, con potentes resoplidos. Se relamen con sus ásperas lenguas los hocicos y bostezan abriendo sus poderosas fauces.

Otra cohorte de pretorianos, una multitud de esclavos y luego el César, cuya presencia fue recibida con aclamaciones. Viene sentado en un carro que tiran seis hermosos corceles blancos, con herraduras de doradas. El carro tiene la forma de una tienda abierta a los costados, para poder apreciar mejor la figura del emperador que va solo; acompañado por dos enanos arlequines. Viste una túnica blanca, bordada con hilos de plata y perlas. Una toga de color amatista, la cual da tintes azulados a su rostro de piel muy blanca. Sobre su cabeza luce una corona de laurel y su cuerpo obeso hace que su cara ancha, aumente el volumen de su papada y también hace que su boca parezca estar más cerca de su nariz. Trae protegido su corto y grueso cuello, con un pañuelo de seda que ajusta constantemente, con una mano blanca y gorda, cubierta de vello rojo. La expresión de su semblante tiene un aire de aburrimiento y contrariedad. En conjunto, su persona es a la vez terrible y vulgar. Mientras avanzan, vuelve a uno y a otro lado la cabeza, escuchando los gritos de la multitud que le aplaude.

–          ¡Salve, divino César! ¡Salve, conquistador! ¡Salve, incomparable! ¡Salve hijo de Apolo!

Estas aclamaciones le hacen sonreír. Pero hay otras que son francamente ofensivas:

¡Enobarbo, Enobarbo! ¡Matricida! ¡Orestes! ¡Alcmeon! ¿Dónde está Octavia? ¡Asesino! ¡Entrega la púrpura! ¿Dónde está tu barba llameante? ¿Temes acaso que se incendie Roma?

Y los que gritan así, no saben que en esa burla sangrienta, se encierra una tremenda profecía.

A Popea que viene inmediatamente detrás de él, le gritan:

–           ¡Flava coma! (Pelirrubia, epíteto aplicado a las prostitutas)

Al experto oído del César llegan estos insultos y levanta su cristal pulimentado para ver si con sus ojos miopes, alcanza a descubrir a sus autores… Mientras hace esto; su mirada se cruza con la de Pedro; han llegado al Arco de Augusto y la comitiva imperial se detiene un poco, antes de seguir avanzando. Y estos dos hombres se contemplan mutuamente…

Y a ninguno de los integrantes de aquel brillante séquito, ni de la inmensa multitud, se les ocurrió pensar que en aquel momento, se encuentran frente a frente, los dos poderes más grandes de la Tierra: Uno de ellos,  pronto se desvanecerá, como un sueño fatídico de horror y de sangre. El otro empezará la conquista y la posesión eterna, fundando su sede en  la ciudad desde la cual irradiará su poder y su Luz, los cuales envolverán a todo el mundo.

La comitiva reanuda su marcha y Nerón desaparece de la vista de Pedro.

Detrás viene el carro de Popea, la emperatriz aborrecida por el pueblo. Vestida como Nerón, con traje de color amatista; inmóvil, indiferente, pensativa; parece una hermosa y maligna divinidad.

Detrás de ella vienen los augustanos. En primer lugar, Petronio con Aurora, Marco Aurelio y su séquito personal. La muchedumbre lo recibe con aclamaciones y aplausos, pues es un personaje lleno de simpatía para el pueblo y éste lo ama. Al parecer, Petronio es muy conocido y el pueblo lo ama por su munificencia.

Y su popularidad se ha extendido y ha aumentado, desde la vez que habló ante el César, para oponerse a la sentencia de muerte dictada contra la ‘familia’, (incluidos sirvientes, libertos y esclavos) del prefecto Albino Floro,  sin distinción de edad, ni de sexo. Porque uno de ellos asesinó a ese monstruo de crueldad, cegado por la desesperación. Petronio protestó por aquel bárbaro sacrificio, diciendo: ‘A tal señor, tal criado’. Y el pueblo, que se había indignado ante aquella matanza, desde aquel día, amó más a Petronio.

Éste a su vez, no hace mucho caso de tales manifestaciones. Recuerda que el pueblo también había amado a Británico, envenenado por Nerón. Y piensa que la gente es hipócrita y voluble. Y como el escéptico ‘Árbitro de la Elegancia’, es también supersticioso, considera el favor popular como el peor de los presagios.

Tigelino va en un carro tirado por yeguas adornadas con plumas blancas y rojas. A él y a Haloto, los recibieron con abucheos. Entre otros, la multitud recibió a Vitelio con risas. A Trhaseas, con aplausos. Y a los demás, con indiferencia. A Amino Rebio, con silbidos. A Vespasiano y a sus hijos, con aplausos. A Séneca, a Nerva, a Plinio, a Lucano y a Marcial, con admiración y aplausos…

A las mujeres célebres por su riqueza, su hermosura y sus vicios, con admiración. Los ojos de la multitud pasan de los grandes personajes a los arneses; a las extrañas indumentarias de los sirvientes que vienen de todas las regiones del imperio.

En aquella procesión de orgullo, ostentación y grandeza; todo está hecho para deslumbrar, con el poder y la magnificencia, de la Roma Invencible, ante quién se inclina el mundo…

Y la comitiva prosigue su marcha, perdiéndose entre nubes de polvo.

Pedro reflexiona en la inmensidad y el poderío de aquella metrópoli, a la cual ha venido a anunciar el Evangelio. Nunca había contemplado el portentoso dominio de Roma como ahora que los acaba de ver, personificados en Nerón, en sus legiones y en su imperio. Concentrados en aquella ciudad enorme, depravada, depredadora, rapaz, desenfrenada e inabordable en su poder terrenal.

Y en aquel César desquiciado por su megalomanía. Convertido en parricida, matricida, fratricida, uxoricida. Que arrastra tras de sí un séquito de sangrientos espectros, aún más grande que el número de los integrantes del séquito imperial.

Ese libertino. Ese bufón. Es a la vez el comandante de un poco más de treinta legiones y mediante ellas, amo del mundo.

Esos cortesanos cubiertos de oro y escarlata. Llenos de las incertidumbres del mañana, temblorosos por su propia integridad, pero más poderosos que reyes.

Al contemplar a Nerón y su séquito imperial; Pedro pensó que en realidad estaba viendo reunido en todo su esplendor, el Infernal Reino de Iniquidad de Satanás que ostenta el dominio de la tierra, que con mano de hierro tiene sometida a todas las naciones. Y Roma, el corazón del imperio, debe ser conquistada para Cristo.

El Apóstol oró… y entregó a Dios aquella ciudad; aquel imperio y a todos sus habitantes. Solo Dios sabe cómo algún día Roma será el corazón de la cristiandad…  

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA