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109 LA DESPEDIDA


109 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Es una clara noche de luna.

Tan nítida, que el terreno aparece con todos sus detalles y los campos, con el trigo nacido pocos días antes,

parecen alfombras de felpa verdeplata vareteadas con las listas oscuras de los senderos.

Velándolas están los troncos de los árboles: del todo blancos por el lado de la Luna; del todo negros por el lado oeste.

Jesús va caminando seguro y solo.

Avanza muy deprisa por su camino…  

Hasta que se encuentra con un curso de agua que desciende gorgoteando hacia la llanura en dirección norte-este.

Remonta su curso hasta un lugar solitario al lado de una escarpadura cubierta de vegetación espesa.

Tuerce otra vez, trepando por un sendero y llega a un refugio natural de la ladera del collado.

Entra.

Se inclina hacia un cuerpo extendido en el suelo.

Un cuerpo que casi ni se vislumbra a la luz de la luna, que ilumina el sendero, pero no penetra en la cueva.

Lo llama:

–     Juan.

El hombre se despierta y se incorpora, todavía entre las nieblas del sueño.

Pronto se da cuenta de Quién es el que lo ha llamado…

Y se levanta bruscamente, para postrarse en tierra diciendo:

–      ¿Cómo es que viene a mí mi Señor?

–     Para alegrar tu corazón y el mío.

Anhelabas mi presencia, Juan; aquí estoy. Levántate.

Vamos a salir a la luz de la luna.

Sentémonos a conversar en esta peña que hay junto a la cueva.

Juan obedece, se levanta y sale.

Pero, una vez que Jesús se ha sentado…

él, con la piel de oveja que mal cubre su flaquísimo cuerpo, se pone de rodillas delante del Cristo,

echándo hacia atrás sus cabellos largos y desordenados que le pendían por delante de los ojos, para ver mejor al Hijo de Dios.

El contraste es fortísimo:

Jesús, de tez pálida, rubio, cabellos esponjosos y ordenados, corta barba en la parte baja del rostro.

El otro, todo él, una mata de pelos negrísimos, tras los cuales apenas si asoman dos ojos hundidos que parecen febriles,

por el fuerte brillo de su negro de azabache.

Jesús dice:

–     Vengo a decirte “gracias”.

Has cumplido y cumples, con la perfección de la Gracia que hay en ti, tu misión de Precursor mío.

Cuando llegue la hora, entrarás en el Cielo a mi lado, porque habrás merecido todo de Dios;

pero ya durante la espera tendrás la paz del Señor, amigo mío dilecto.

–    Muy pronto entraré en la paz.

Bendice, Maestro mío y Dios mío, a tu siervo; para fortalecerlo en la última prueba. Sé que está cercana.

Y que debo dar todavía un testimonio: el de la sangre.

Tú tampoco desconoces – menos todavía que yo – que mi hora está llegando.

Tu venida aquí ha sido deseo de la misericordiosa bondad de tu corazón de Dios, para fortalecer al último mártir de Israel y primero del nuevo tiempo.

Dime sólo una cosa: ¿Voy a tener que esperar mucho hasta que vengas?

–     No, Juan.

No mucho más de cuanto transcurrió desde tu nacimiento, hasta el mío.

–     ¡Bendito sea el Altísimo! Jesús…

¡Puedo llamarte así?

bautista

–     Puedes, por sangre y por santidad.

Este Nombre, pronunciado incluso por los pecadores, puede pronunciarlo el santo de Israel.

Para ellos significa salvación. Sea para ti dulzura. ¿Qué quieres de Jesús, tu Maestro y primo?

–     Voy a la muerte.

Me preocupo de mis discípulos como un padre lo hace con sus hijos. Mis discípulos…

Tú, que eres Maestro, sabes cuán vivo es nuestro amor por ellos.

El único pesar de mi muerte es el temor a que se descarríen, como ovejas sin pastor.

Recógelos Tú.

Te restituyo los tres tuyos, que en espera de Tí, han sido perfectos discípulos míos.

En ellos, sobre todo en Matías, habita realmente la Sabiduría.

Tengo otros discípulos que irán a Tí. Deja de todas formas que te confíe personalmente a estos tres; son los tres preferidos.

–    También Yo les profeso este amor.

Ve tranquilo, Juan. No perecerán ni éstos ni los otros verdaderos discípulos que tienes.

Recojo tu herencia. La velaré como el tesoro más apreciado, recibido del perfecto amigo mío y siervo del Señor.

Juan se postra y se inclina profundamente hasta tocar el suelo y cosa que parece imposible en un personaje tan austero,

solloza fuertemente, de alegría espiritual.

Jesús le pone una mano sobre la cabeza:

–     Tu llanto, que es alegría y humildad, encuentra su correspondencia en un lejano canto, al son del cual tu pequeño corazón saltó de júbilo.

Aquel canto y este llanto son el mismo himno de alabanza al Eterno, que “ha hecho grandes cosas; Él, que es poderoso en los espíritus humildes”.

Mi Madre también va a entonar de nuevo su canto, el mismo que en aquel momento cantó.

Pero después, Ella recibirá la mayor de las glorias, como tú tras tu martirio. Te traigo su saludo. Todos los saludos y todos los consuelos. Lo mereces.

Aquí, sólo es la mano del Hijo del Hombre lo que está sobre tu cabeza; pero del Cielo abierto desciende la Luz y el Amor para bendecirte, Juan.

–     No merezco tanto. Soy tu siervo.

–     Tú eres mi Juan.

Aquel día, en el Jordán, Yo era el Mesías que se estaba manifestando;

aquí, ahora, soy tu primo y tu Dios,  con el deseo de darte el viático de su amor de Dios y de pariente.

Levántate, Juan. Démonos el beso de despedida.

–     No merezco tanto…

Lo he deseado siempre, durante toda la vida; sin embargo, no oso cumplir este gesto contigo: Tú eres mi Dios.

–     Yo soy tu Jesús. Adiós.

Mi alma estará al lado de la tuya hasta la paz. Vive y muere en paz, por tus discípulos. Ahora sólo puedo darte esto.

En el Cielo te daré el céntuplo, porque has hallado toda gracia ante los ojos de Dios.

Lo ha puesto en pie y lo ha abrazado besándolo en las mejillas, recibiendo a su vez el beso de Juan, quien tras ello, vuelve a arrodillarse.

Jesús le impone las manos y ora con los ojos levantados al cielo. Parece como si lo estuviera consagrando.

Jesús se manifiesta imponente.

El silencio se prolonga así, durante un tiempo.

Luego Jesús se despide con su dulce saludo.

–     Mi paz esté siempre contigo. 

Y emprende el regreso, por el mismo camino que había recorrido antes.

182.- EL CADÁVER DEL TEMPLO


1admanases

Al día siguiente…

Las paredes blancas de las casas de Jericó y sus palmeras, se recortan contra un cielo intensamente azul. Junto a un bosquecillo de tamariscos, encuentran a un grupo de discípulos, capitaneados por Mannaém.

Lo saludan y le dicen que lo han estado esperando.

Mannaém promete a Jesús:

–                       He venido con éstos y no te dejaré, hasta que no te vea a salvo en casa de Lázaro.

Tadeo pregunta:

–                       ¿Por qué? ¿Hay algún peligro?

–                       Estáis en Judea… sabéis lo del decreto y que lo odian. Todo puede temerse. –Mannaém se vuelve a Jesús-  Traje conmigo a los más valientes, porque supuse que si no te habían aprehendido, pasarías por aquí. Muestro arrojo varonil unido a nuestro amor de discípulos. Hará que te respeten.

Jesús mira a aquel grupo de hombres vigorosos, en la flor de la edad y dispuestos a todo, por defenderlo. Y una sonrisa triste y llena de amor, se dibujó en sus labios.

Luego preguntó:

–                       Vámonos. ¿No hay nadie con las mujeres en casa de Nique?

Mannaém responde:

–                        Los pastores. Jonathás no está porque espera a Juana en el palacio de Jerusalén. Tus discípulos han aumentado muchísimo. Ayer había unos quinientos, esperándote en Jericó. Y los siervos se lo comunicaron a Herodes…

1herodes

Él no supo qué hacer, si temblar de miedo o tomar partido contra Ti. El recuerdo de Juan lo obsesiona y ya no se atreve a levantar la mano contra algún profeta…

Pedro se frota las manos con alegría mientras exclama:

–                       ¡Eso está bien! ¡Él no te hará nada!

Jesús replica:

–                       Pero es el que menos vale. Es un ídolo que cualquiera puede mover a su antojo y quién lo tiene en su mano, puede manejarlo.

Bartolomé pregunta:

–                       ¿Y quién lo tiene? ¿Acaso Pilatos?

Mannaém responde:

–                       Pilatos para hacer algo, no tiene necesidad de Herodes. Éste no es más que un siervo y los poderosos no piden ayuda a sus criados.

Bartolomé insiste:

–                       ¿Entonces quién?

De entre el grupo de Mannaém…

Juan el sacerdote responde con aplomo:

–                       El Templo.

–                       Pero a los ojos del Templo, Herodes es un anatema. Su pecado… -objeta Bartolomé.

Mannaém replica con desprecio:

–                       Eres un ingenuo pese a tu saber y a tus años. ¡Oh, Bartolomé! ¿No sabes que el Templo sabe pasar por alto muchas cosas, con tal de conseguir sus objetivos? Por eso no es digno de seguir existiendo.

1mannaem (3)

Bartolomé advierte severo:

–                       Tú eres israelita. No debes hablar así. El Templo es siempre nuestro Templo.

El escriba Yoel replica:

–                       No. El Templo es un Cadáver de lo que fue.

Mannaém confirma con franqueza:

–                       Y un cadáver se convierte en carroña insoportable, cuando hace días que murió. Por eso Dios ha mandado al Templo Vivo… Para que pudiéramos postrarnos ante el Señor, sin ser una pantomima inmunda.

Uno de los suyos, murmura a Mannaém:

–                       ¡Cállate!

–                       ¿Y por qué debo callarme si así habla mi corazón? ¿Crees que mis palabras pueden causar daño al Maestro? Si así fuere me callaría. No por otra razón. Aun cuando me condenaren, tendré valor para decir: “Esto es lo que pienso y no castiguéis a otros, sino a mí.”

Esteban exclama con ímpetu:

–                       Aunque Mannaém tiene razón. No hay que seguir callando por miedo. Es hora de  que cada uno tome su lugar en pro o en contra… Y que diga lo que tiene en su corazón. Yo pienso como tú, hermano en Jesús. Y si esto pudiere acarrearnos la muerte, moriremos juntos, confesando una vez más la verdad.

1coro levitas

Bartolomé exhorta:

–                       ¡Sed prudentes! ¡Sedlo! El Templo es siempre el Templo. Tendrá deficiencias pues no es perfecto, pero es… Después de Dios, no hay personas más dignas, ni fuerza mayor que la del Sumo Sacerdote y el Sanedrín… Representan a Dios. Debemos ver lo que representan, no lo que son. ¿Me equivoco, Maestro?

Jesús responde:

–                       No te equivocas. En cada institución hay que reconocer su origen. En este caso es el Eterno Padre quién ha establecido el Templo y las jerarquías. Los ritos y la autoridad de los hombres destinados a representarlo. Es necesario dejar que el Padre sentencie.

Él sabe cómo y cuándo intervenir; como proveer para que la corrupción que se va extendiendo, no corrompa a todos y hagan que duden de Él. Todo exceso es siempre dañino; tanto para el que lo realiza, como para el que tiene que soportarlo. Las denuncias no las harán los hijos de la Luz, porque es obra de las Tinieblas.

1sacerdote

El sacerdote Juan se arrodilla y toma la mano de Jesús diciendo:

–                       Eres bueno, Maestro. Demasiado tarde te he conocido, ¡Oh, Palabra de  Dios! Pero todavía hay tiempo para amarte como mereces; aunque no para servirte cómo habría deseado; como ahora quisiera hacerlo.

–                       Nunca es tarde para la Hora de Dios. Llega al momento justo y da tiempo para servir a la Verdad, cuanto la voluntad quiere.

Han llegado a Jericó. La gente se desborda gritando hosannas a Jesús. Y le dicen que Herodes ya escapó a Jerusalén.

Mannaém confirma:

–                       Es verdad. Se fue por la noche, a escondidas. Tiene miedo.

Jesús se detiene diciendo:

–                       ¡Paz, paz! Quién me quiera oír, que vaya a Jerusalén. Soy un peregrino como vosotros. Hablaré en la Casa del Padre.

Zaqueo y todos sus amigos, junto con los pastores, corren al encuentro de Jesús. Se postran y le abren, mientras pasa bendiciendo. Llegan a la casa de Nique.

Al día siguiente…

Jesús está sentado sobre un montón de heno, bajo el ardiente sol. Está solo y absorto en Sí Mismo. Un grupo de judíos que ha venido a buscarlo y lo espera bajo la sombra de unos árboles, conversa con los apóstoles.

1jmed

Un hombre dice con preocupación:

–                       ¡Le va a hacer daño seguir así! Y nosotros no podemos retrasarnos más…

Judas responde:

–                       Está bien. Iré a decir que os queréis ir.

–                       No. ¡No es así! Quisiéramos estar en Ensemes, antes del anochecer. Porque los montes de Adomín son muy inseguros…

Judas se va sonriendo con ironía. Con esa sonrisa extraña que se ha vuelto tan habitual en él, en los últimos meses y que es tan desagradable de soportar.

1judas-dem

Se inclina hacia el Maestro:

–                       Dicen que es porque te puede hacer mal el sol, pero la verdad es que a ellos les puede acarrear daño los ser vistos. Los judíos quieren despedirse de Ti.

Jesús se levanta.

–                       Voy. Pensaba… Tienen razón.

Judas rezonga:

–                       Todos, menos yo…

Jesús lo mira y no dice nada.

Va hacia donde lo esperan y dice a los judíos:

–                       Ya os había dicho que os podíais ir. No hablaré, sino en Jerusalén.

–                       Es verdad. Pero queremos hablarte en privado. ¿Es posible?…

Judas amonesta con una sonrisa viperina:

–            Dales gusto. Tienen miedo de nosotros. O de mí, para ser más exactos y francos.

El hombre responde con vehemencia:

–                       No tenemos miedo de nadie. Si lo hubiésemos tenido, hubiéramos buscado otros medios. No todos los que viven en Palestina, son unos cobardes. Somos descendientes de los héroes de David y si todavía no eres un esclavo o un vil, debes respetar de donde procedemos.

1josue

Venimos a honrar al Hijo de David y a darle un consejo. Porque Él es grande. Pero aún con su grandeza puede tener necesidad de un amigo, en las horas decisivas de su vida.

–                       Nosotros somos sus amigos. Los somos desde hace tres años, cuando nosotros…

El otro interrumpe a Judas:

–                       No lo conocíamos. Muchas veces hemos sido engañados con falsos Mesías, para dar crédito a cualquier cuento. Pero los últimos sucesos han sido luz para nosotros. Sus obras son de Dios y afirmamos que Él es el Hijo de Dios.

–                       ¿Y pensáis que tenga necesidad de vosotros?

–                       Como Hijo de Dios, no. Pero como Hombre, sí. Él ha venido para ser el Hombre. Y el hombre tiene necesidad de los hombres, sus hermanos. Por otra parte, ¿Por qué tienes miedo? ¿No quieres que nos hable? Te lo preguntamos.

–                       ¿Yoo? Hablad. Hablad. Él escucha con más gusto a los pecadores que a los justos.

1Jesus -Zaqueo

Jesús interviene:

–                       ¡Judas! ¡Creía que tales, palabras debían parecerte fuego en tus labios! ¿Cómo te atreves a juzgar cuando tu maestro no lo hace?  Está dicho: “Si vuestros pecados fueren rojos como la púrpura; quedarán blancos como la nieve…” 

–                       Pero Tú ignoras que entre éstos…

–                       ¡Cállate! Hablad vosotros…

–                       ¡Señor! lo sabemos. La acusación contra Ti está lanzada. Se te acusa de violar la Ley y el sábado. De amar más a los de Samaría que a nosotros. De defender a publicanos y a prostitutas. De recurrir a Belcebú y a otras fuerzas misteriosas, como la Magia Negra. De odiar al Templo y de querer su destrucción. De…

1jdem

Jesús exclama.

–                       ¡Basta! Cualquiera puede acusar, pero probar la acusación es difícil…

–                       Sin embargo ellos tienen quién las sostiene. ¿Crees que haya algunos rectos en el Templo?

–                       Os responderé con las palabras de Job. Que fue un símbolo del hombre que padece como Yo: “Lejos de mí que piense que todos sois rectos. Pero hasta el último momento sostendré que soy Inocente. No renunciaré a mi derecho de justificarme, porque mi corazón no me reprocha nada de lo que yo haya hecho.” Ved. Todo Israel puede testimoniar que Yo he enseñado siempre el respeto a la Ley. Aún más; he perfeccionado la obediencia a la Ley y los Sábados no han sido violados por Mí… ¿Qué quieres decir? ¡Habla! Has hecho un gesto y después te has retenido… ¡Habla!

1hebreo

Otro miembro del grupo dice:

–                       Señor. en la última reunión del Sanedrín, se leyó una acusación contra Ti. Llegó de Samaría, de Efraím donde estabas y decía que cada vez se comprobaba más, que violabas el sábado y…

–                       Una vez más te responde con Job: “¿Y qué esperanza tiene el hipócrita si roba por Avaricia y Dios no libra su alma?” Éste infeliz que finge externamente una cara y por debajo en su corazón lleva otra y quiere cometer el mayor robo aprovechándose de mis bienes; camina ya por el sendero del Infierno.

Y en vano esperará dinero y honras. En vano creerá subir donde Yo quise, para no traicionar el Decreto Santo. ¿Qué otra cosa haremos por él, sino rogar?

–                       Sin embargo el Sanedrín se burló de Ti diciendo: ‘¡Éste es el amor que le tienen los samaritanos! Lo acusan para congraciarse con nosotros.

–                       ¿Estáis seguro de que fue una mano samaritana, la que escribió esas palabras?

–                       No. Pero Samaría se portó dura contigo, hace poco…

1_-abraham-

–                       Porque los enviados del Sanedrín la soliviantaron y azuzaron con falsos consejos; suscitando esperanzas que tuve que tronchar. Por otra parte, se debe decir de Efraím; como de Judá y de cualquier otro lugar, lo que se dice del corazón del hombre; que olvida los beneficios y se doblega ante las amenazas: “Vuestra rectitud es como el rocío, que desaparece bajo los rayos solares.” Pero esto no prueba que los samaritanos sean los acusadores del Inocente. Un amor equivocado los hizo enfurecer contra Mí. Es amor de quién delira. ¿Qué otra cosa prueba la preferencia por los samaritanos?

–                       Se te acusa de que los amas tanto, que dices: “Escucha Israel…” en lugar de decir: “Escucha Judá…”   Y que no puedes reprender a Judá…

–                       ¿De veras? ¿La sabiduría de los rabinos es así de vana? ¿No soy acaso el Retoño de Justicia salido de David, por el que como dice Jeremías, Judá será salvado? El profeta prevé que Judá, sobre todo Judá; tendrá necesidad de salvación. ¿Acaso se equivocó el profeta? ¿Estaba ebrio?

1jeremias212

No de otra cosa más que de penitencia; porque para acusarme a Mí, alguien tendrá que sostener que Jeremías era un hombre dado a la bebida. Y sin embargo él dice que el Retoño de David salvará a Judá y se sentará sobre el torno de Israel. Y éste será un gran favor. Así pues, el que me ha enviado y que me ha dado las dos varas, despedazará ambas para que los crueles no alcancen gracia; para que el flagelo no venga del Cielo sino del mundo.

Y no hay flagelo más duro que hombres mismos. Así sucederá. ¡Oh, así! Yo seré golpeado y los dos tercios de ovejas serán dispersados. Solo un tercio… ¡Siempre solo un tercio! Se salvará y perseverará hasta el fin. Este tercio atravesará por el fuego, por el que Yo atravesé primero y se purificará…

1Andres

Y será probado como se acrisolan la plata y el oro. Y se le dirá: ‘Tú eres mi Pueblo y él me dirá Tú eres mi Señor.’

Y habrá quien ponga en la balanza treinta monedas, el precio vergonzoso de la víctima. Esas treinta monedas no podrán regresar de donde salieron, porque las mismas piedras gritarán aterrorizadas al verlas, empapadas de la Sangre del Inocente.

Del sudor que derramará el que se sentirá presa de una horrible desesperación. Mondas que servirán como está escrito, para comprar de los esclavos de Babilonia el Campo de los Extranjeros. ¡El Campo para los Extranjeros! ¿Sabéis quiénes son? ¡Los de Judea e Israel! Quienes pronto, en los siglos y siglos carecerán de Patria.

1gueto

Y ni siquiera el suelo que antes los cobijó, los acogerá.  Los vomitará aun cuando estén muertos, porque ellos rechazaron la Vida… ¡Horror Infinito!…

Jesús se calla como oprimido, con la cabeza inclinada. Después la levanta. Mira a su alrededor y suspira como si despertase de una pesadilla.

Pregunta:

–                       ¿Qué otra cosa decíais? ‘Que compadezco a publicanos y meretrices’ Es verdad. Son unos enfermos. Unos agonizantes. Yo la Vida me entrego a ellos como vida. Venid a quienes he liberado.  –Ordena a Zaqueo y a los suyos- Venid y escuchad lo que os voy a decir, lo que dije a los mejores: ‘No vayáis a Jerusalén.’ A vosotros os digo: Venid. Esto parecerá una injusticia…

1EXILIO

Iscariote lo interrumpe:

–                       Lo es.

Jesús continúa como si no lo hubiese oído y sigue hablando a Zaqueo y a sus compañeros.

–                       Os digo venid, porque sois los más necesitados de otra lluvia. Es verdad que el Templo Vivo puede ser destruido y que en tres días será reedificado y para siempre.

1desctruccion-del-templo

Pero el Templo muerto que tan solo se sacudirá  y que creerá ser vencedor, para siempre quedará derribado.

Destruction of Jerusalem by Ercole de' Roberti

¡Idos! ¡No tengáis miedo! Estad. en Jerusalén cuando llegue la aurora del día siguiente al sábado. Quiero que estén los resucitados al lado de los justos, porque en el Reino del Mesías hay infinitos lugares; cuantos hombres hay de buena voluntad.

Jesús hace un ademán de despedida.  Y se dirige a la casa de Nique a través del huerto.  Por la vereda se encuentra con una gallina, seguida por sus polluelos. Ve a los hombres y extiende sus alas en señal de protección, cacareando fuerte.

Los pollitos corren y se esconden bajo sus alas…

Jesús se detiene a mirarla… Y las lágrimas bañan sus mejillas.

Los apóstoles se preguntan asombrados:

–                       ¡Llora! ¿Por qué?

Pedro dice a Juan:

–                       Pregúntale porqué llora…

Juan se acerca a Jesús:

–                       ¿Por qué lloras, Señor mío? ¿Acaso por lo que te dijeron y dijiste?

Jesús mueve su cabeza negando y una sonrisa triste se dibuja en sus labios. Señala a la gallina que amorosamente continúa defendiendo a sus polluelos…

1gallina y pollitos

Y responde:

–                       Yo también, Uno con mi Padre vi a Jerusalén como dijo Ezequiel, desnuda y llena de vergüenza. La vi y pasé cerca de ella. Llegó el tiempo de mi amor; extendí mi Manto sobre ella y cubrí su desnudez. Quise que fuera reina después de haberle sido Padre y quise protegerla, como la gallina protege a sus polluelos…

Pero entre tanto que los pollitos reconocen las ansias de su madre y se refugian bajo sus alas; Jerusalén ha rechazado mi protección… Pero Yo mantendré mi diseño de amor… Yo… Mi Padre hará después según le plazca.

Jesús da un rodeo para no perturbar a la gallina. Y avanza hacia la casa. Las lágrimas le bañan su rostro afligido y pálido. Entra en la casa con sus discípulos y los demás continúan su camino.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

 

67.- LA PECADORA ARREPENTIDA


Al tercer día…

En una enorme sala riquísima, un candil con muchos quemadores arde en el centro. Las paredes están cubiertas con preciosos tapices. Los asientos tienen incrustaciones de marfil y adornos variados, con láminas muy hermosas. Los muebles son finos y muy bellos. En el centro hay un cuadrado de mármol que contrasta de color, en donde no hay nada.

El piso reluciente refleja el candelero de aceite. Alrededor hay triclinios, (lechos asientos) que ocupan los convidados. Todos son hombres. Muchos sirvientes van y vienen trayendo los manjares y los vinos; en una preciosa vajilla y en valiosas copas adornadas con oro, en las que sirven diligentemente.

En la parte más retirada de la puerta, está el dueño de la casa, con los invitados más importantes. Es un hombre de más de sesenta años y viste una lujosa túnica, con una faja recamada. En el cuello, en las mangas, en los bordes del vestido, hay galones bordados con hilos de oro.

En su rostro manifiesta orgulloso que está muy consciente de su poder y su mirada está llena de soberbia. La maldad, la crueldad y un frío menos precio, se reflejan en su duro semblante.

En el lado opuesto, frente a él; está Jesús. Recostado al igual que todos, sobre su codo izquierdo. Trae su acostumbrado vestido blanco. Cerca de Jesús está Juan, sentado en el piso, entre la mesa que está frente a ellos y su codo está a la altura de la ingle de Jesús, de modo que no le estorba para comer y le permite cuando quiere, apoyarse confiadamente sobre el pecho de su maestro.

No hay ninguna mujer. Todos hablan. Y de vez en cuando el dueño de la casa se dirige con exagerada condescendencia y una benignidad muy manifiesta, a Jesús.

Es evidente que quiere demostrar a todos los presentes, que ha hecho un gran honor al haberlo invitado a su rica casa; al pobre profeta de Israel a quien todos consideran un loco…

Jesús responde a todas las cortesías y elegantemente sonríe a quién le pregunta. Y con excelente amabilidad corresponde a todas las atenciones que le prodigan. Su sonrisa es luminosa, cuando Juan le habla y lo mira.

De repente se abre la pesada cortina y entra María Magdalena… Es una estampa magnífica de juventud esplendorosa.

Luce hermosísima, con un lujoso vestido escarlata que está sostenido con preciosos broches de esmeraldas y rubíes en la espalda. Joyas similares que sostienen los pliegues a la altura del pecho y lo realzan con cadenas de filigrana de oro.

Una faja recamada con oro y piedras preciosas, circundan su estrecha cintura y hacen resaltar su figura escultural y su impresionante hermosura. Está peinada con sumo esmero. Su cabello rubio es un adorno de mechones, artísticamente entrelazados y su abundante cabellera es tan resplandeciente, que parece como si trajera un yelmo de oro.

De la cabeza le cuelga un fino velo transparente, tan ligero que en realidad no cubre nada y la adorna resaltando aún más su belleza excepcional. Sus pies están calzados con sandalias de piel roja, adornadas con oro, perlas y amatistas en las correas y broches preciosos, entrelazados en los tobillos.

Todos voltean a verla, menos Jesús.

Juan la mira un instante y luego se vuelve hacia Jesús.

Todos los demás la miran con aparente y maligna complacencia.

Ella no los mira para nada. Los ignora como si no existiesen. Y no se preocupa del murmullo que se levantó cuando entró, ni del intercambio de guiños que se hacen todos; menos Jesús y el discípulo predilecto.

Jesús actúa como si no se diera cuenta de nada y continúa hablando con Simón el fariseo, totalmente concentrado en la conversación.

María se dirige a Jesús. Se arrodilla a sus pies. Deposita en el suelo una jarra muy barriguda, de alabastro blanco. Se levanta el velo y su belleza deslumbrante, se manifiesta en todo su esplendor.

Como si fuera un ritual, quita la diadema preciosa y se la quita junto con el velo. Siguen los anillos; los brazaletes, los broches de perlas y rubíes que sostienen el cabello y las joyas que adornan su vestidura. También sus sandalias…

Y  pone todo sobre el lecho asiento más próximo. A continuación, toma entre sus manos los pies de Jesús y le desata las sandalias. Primero el derecho, luego el izquierdo. Las pone en el suelo.

Enseguida besa con gran llanto los pies divinos y apoya su frente contra ellos. Los acaricia, mientras las lágrimas caen como una lluvia torrencial que brilla al esplendor de la lámpara; bañándolos completamente…

Jesús, lentamente vuelve la cabeza. Su mirada azul-zafiro se detiene por un instante en aquella cabeza inclinada. Una mirada que absuelve. Luego vuelve a mirar al centro…  Y la deja que se desahogue libremente…

Pero los fariseos se mofan de ella. Se miran mutuamente con muchos guiños y sobreentendidos. Se sonríen con sarcasmo.

Simón se endereza por un momento, para ver mejor. Y su mirada refleja un deseo; un tormento; una ironía. Un deseo por la mujer; esto se nota muy claro. Un tormento; porque entró sin permiso y eso significa que ella frecuenta su casa. Una ironía para Jesús…

Pero ella no se preocupa por nada.

Continúa llorando con todas sus fuerzas, sin  miedo alguno. Una cascada de lágrimas silenciosas, que se mezclan con profundos suspiros. Luego se despeina. Se quita las peinetas de oro que sostienen el complicado peinado y las pone junto a las otras joyas.

Las guedejas doradas caen sobre su espalda. Las toma con ambas manos y las pone sobre su pecho. Enseguida las pasa sobre los pies de Jesús, hasta que los ve secos…

La redimida enamorada, usa los medios humanos para demostrar su amor a Jesús: las lágrimas, los cabellos… No el agua, sino lágrimas. Gotas del corazón… Humor no contaminado con gérmenes impuros. Filtrado por el amor y el arrepentimiento. Rendido digno de Dios y juzgado precioso por Dios; porque es la señal de un espíritu que ha comprendido la Verdad.

No linos; sino los cabellos… seda viva de la cual la mujer hace una seducción y un culto y que la regenerada por la gracia humilla al hacerlos toalla de las plantas de su Salvador…

Entonces mete los dedos en la jarrita y saca una pomada ligeramente amarilla y olorosísima. Un aroma de lirios y tuberosas se extiende por toda la sala del banquete. Ella introduce los dedos una y otra vez, extendiendo el bálsamo; mientras besa y acaricia los pies divinos…

El perfume: uno de los instrumentos enseñados por Satanás a la mujer y que la mujer convertida a Dios, destruye para hacer bálsamo a su Señor. Pero nadie comprende esto…

Jesús ve y cuenta aquellas lágrimas que caen contritas. Aquellas caricias de mechones que no ponen en contacto la carne impura con la Inmaculada, sino que han puesto un velo entre la una y la otra. Y que por lo mismo; no puede ser desdeñado por Dios… Aquellas gotas de nardo, mucho menos perfumado, que el amor de quién las esparce…

Simón el fariseo está escandalizado porque ella lo toca… Pero ¿Puede escandalizarse uno que es escándalo?…  De su lóbrego corazón brota la impureza y mancha todo lo que ve con la malicia…

Cada lágrima y cada gota de nardo son una profesión de amor y una confesión de error…

Jesús, de vez en cuando la mira con amorosa piedad.

Juan, que ha volteado sorprendido al oír el llanto; ahora mira a Jesús… luego al grupo y enseguida a la mujer.

El fariseo anfitrión ha estado pensativo, diciéndose interiormente: ‘Si este hombre fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer, es la que lo toca: ¡Una pecadora!… –y su rostro se vuelve más y más ceñudo.

Y mientras la mirada desdeñosa de Simón el Fariseo, al cual hay mucho que reprocharle; mortifica a la arrepentida con las palabras de una escandalizada e hipócrita reflexión, sobre ésta voluntaria, valerosa, humilde profesión de fe; de arrepentimiento y de amor…

Jesús toma la palabra y dice:

–                     Simón, tengo algo que decirte.

–                     Dí, Maestro.

–                     Un prestamista tenía dos deudores. Uno le debía quinientas monedas y el otro, cincuenta. Cómo no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cual de los dos crees que lo querrá más?

–                     Pienso que aquel al que le perdonó más.

–                     Juzgaste bien.

Jesús mira a la Magdalena, es una mirada de completa absolución de todo el pasado. Ha sido lavado con su llanto. Sus tinieblas han sido vencidas con la luz del Amor. Y en su corazón que ha sido instrumento del Mal… En su mismo corazón ha encontrado el camino del Bien.

Y volviéndose a ella; sigue diciendo a Simón:

–                     ¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies; mientras que ella los mojó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste al llegar… Pero ella desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies con sus besos.

No me echaste aceite en la cabeza… Y ella en cambio derramó perfume en mis pies. Por eso te digo que todos sus pecados; sus numerosos pecados; le quedan perdonados por el mucho amor que demostró. Pero aquel a quién se le perdona poco, demuestra poco amor.

Jesús lo ha dicho con un tono y una mirada que traspasa a Simón el fariseo. Una mirada que es todo un discurso… Mental…

Y que llega también a todos los que se han escandalizado al oír las últimas palabras de Jesús, pues se preguntaron: ‘¿Quién es este hombre que ahora pretende perdonar los pecados?…

Jesús responde más de lo que se le ha preguntado…

Aquel al que nada se le oculta de los pensamientos humanos… El Espíritu de Jesús, a través de su mirada, ha dicho al Fariseo y a sus compañeros:

–                     No hagas insinuaciones perversas, para justificarte tú mismo ante tus ojos. Yo no tengo tu ansia sexual. Ésta no ha venido a Mí, porque el sexo la haya traído.No Soy como tú, ni como tus compañeros. Ha venido porque mis palabras la iluminaron en su alma; en la que la lujuria había creado tinieblas e incredulidad. Ha venido porque quiere vencer los sentidos.

Y comprende que siendo una pobre criatura, por sí sola no puede lograrlo. Ama en Mí al Espíritu de Dios, al cual ha reconocido… Después de tantos males que recibió de todos vosotros, que habéis disfrutado de su debilidad y que le habéis pagado con los azotes del desprecio.

Viene a Mí, porque siente haber encontrado al Bien; la alegría, la paz, que inútilmente buscó entre las pompas del Mundo.

Cúrate de esta lepra tuya que tienes en el alma, fariseo hipócrita. Aprende a juzgar rectamente las cosas. Despójate de la soberbia de la inteligencia y de la lujuria de la carne. Éstas son las lepras más hediondas de vuestras personas.

 Puedo curaros de la lepra del cuerpo, si me lo pedís. Pero de la lepra del espíritu no, porque no queréis curaros. Porque os gusta y amáis vuestros vicios.

Esta quiere curarse y mira como la limpio.Mira cómo le quito las cadenas de su esclavitud. La pecadora está muerta.Ha quedado ahí, en aquellos adornos que se avergüenza de ofrecer, para que Yo los santifique al usarlos en mis necesidades y las de mis discípulos. Y también en las de los pobres que socorro con lo superfluo de los demás; porque Yo, el Señor del Universo; no poseo nada, ahora que Soy el salvador del Hombre.

Ella está ahí, en ese perfume derramado a mis pies; que ha usado en la parte de mi cuerpo a la que no te dignaste dar un poco de agua fresca, a pesar de haber caminado tanto, para traerte a ti también, la Luz.

La pecadora está muerta. Ha renacido María. Es bella como una niña pudorosa. Se ha lavado con el llanto.

En verdad te digo, ¡Oh, Fariseo! Que entre aquella que me ama con su juventud pura y ésta que me ama con su sincera contrición, de un corazón que ha vuelto a nacer a la Gracia, no hago ninguna diferencia.

Y al que es puro y a la arrepentida, les doy el encargo de comprender mi Pensamiento, como no lo he hecho con nadie. Ella se honrará de dar el último tributo de honor a mi Cuerpo y recibirá el primer saludo, después de mi Madre, en mi Resurrección.

              Este mensaje mental penetró como una saeta ardiente en aquellas almas muertas y voraces. Ellos entendieron su mudo lenguaje, que contiene mayores reproches, que los que hubiese habido en sus Palabras. Y el viejo fariseo envidioso, baja la cabeza.

Luego Jesús dice a María con infinito Amor:

–                     Tus pecados te quedan perdonados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz.

Y Jesús, con un gesto benignísimo; le pone por un momento la mano, sobre la cabeza inclinada.

Ella abandona a sus pies las joyas. Se echa encima el velo, cubriendo su cabeza despeinada. Y con los pies descalzos, se retira sin dar la espalda; adorando al Señor, tal y como se hace en el Templo; ante el Santo de los santos.

Fue amada porque mucho amó. Y porque mucho amó; TODO se le perdonó.

Dios perdona todo a quién le ama con todo su ser.

María Magdalena; como los Tres Reyes magos que adoraron a la Divinidad Encarnada de Jesús; humilló tres dones a los pies divinos: el corazón a través del llanto. La carne a través de los cabellos; la mente a través del perfume. Así es el que ama con todo. Da sin retener NADA para sí; ni siquiera el soplo vital.  

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA