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UN PLAN DIVINO Y PERFECTO 2


Dice Jesús:

Dios Uno y Trino lo sabe todo. Para Él no existe nada que le sea desconocido. La razón por la que perpetuó la raza del linaje humano, aun cuando en la primera prueba se hizo digna de perecer; la razón del Perdón que habéis alcanzado; es porque Él quería tener el consuelo y la alegría de tener a María para que lo amase.

¡Oh! Poseerla a Ella. ¡Vale la pena que el hombre fuese creado, dejar que viviese y decretar su perdón; tan solo para tener a la Virgen Hermosa, a la Virgen santa, a la Virgen Inmaculada, a la Virgen siempre amorosa, a la Hija Amada, a la Madre Purísima, a la Esposa Amante!

Dios quiso poner en el Universo que había creado de la nada, un rey que por naturaleza de la materia, estuviese sobre todas las creaturas hechas como él.

Un rey que por naturaleza del espíritu, fuese poco menos que divino unido por la Gracia, como lo fue al principio de sus inocentes días.

Pero la Mente Suprema que conoce todos los sucesos, sabía que el heredero del Padre cometería contra sí mismo el delito de matarse para la Gracia y el latrocinio de privarse del Cielo.

Judas pregunta:

–      ¿Por qué entonces lo creó?

Jesús contesta:

–      ¿Habríais preferido no existir?

¿Acaso no vale la pena haber vivido aun en medio de esta pobre y desnuda vida que habéis hecho más dura con vuestra maldad, para conocer y admirar la infinita Belleza que la mano de Dios sembró en el Universo?

El cielo y los astros; la tierra  y todas las especies animales y vegetales, el mar y cuanto contiene es para vosotros. Dios los creó para que los gozáceis. Merece la pena vivir, para ver la magnífica obra de Dios y comprender su poder que os la da.

La eterna Bondad de Dios previó los medios para borrar la Culpa antes de crear al hombre. Y la Virgen fue creada en el pensamiento sublime de Dios.

Todas las cosas fueron creadas por Mí, Hijo Predilecto del Padre. Yo debía ser Hombre además de Dios. Hombre para salvar al hombre. Hombre para sublimarlo y llevarlo al Cielo, muchos siglos antes de la hora.

Porque el hombre en quién habita el espíritu, es la obra maestra de Dios y para ella fue hecho el Cielo.

Para ser Hombre tenía necesidad de una Madre. Para ser Dios, tengo necesidad de que el Padre sea Dios. Entonces Dios se creó la Esposa:  Estrella de Perfección.

Al hombre y a la mujer que Satanás corrompió, Dios quiso oponer un Hombre nacido de una Mujer a la que Dios Mismo había sublimado hasta el punto de que pudiese concebir sin conocer mortal alguno.

Flor que engendra una Flor sin necesidad de simiente, sino por el contacto de un solo beso del Sol en el cáliz inviolable del Lirio-María.

¡La Venganza de Dios!

Ruge Satanás mientras Ella nace. ¡Esta pequeñita te ha vencido!

Antes de que fueses el Rebelde, el Tortuoso, el Corruptor; eras ya el Vencido y Ella, tu Vencedora. Miles de ejércitos nada pueden contra tu poder y sin embargo estás vencido.

Su nombre, su mirada, su pureza; son fulgores y lanzas que te traspasan y te encierran en tu cueva del Infierno, ¡Oh, Maldito! Qué quitaste a Dios la alegría de ser padre de TODOS los hombres que creó…

Jesús continúa el relato de sus abuelos…

Joaquín y Anna, junto con Zacarías e Isabel se dirigen hacia el Templo para la ceremonia de la Purificación. Anna lleva en los brazos a la niña María, envuelta en una manta de lana ligera y suave.

Isabel dice:

–           Me recuerdas el día que te casaste. Era yo una jovencilla entonces y te veías muy bella y muy felíz.

Anna contesta:

–           Ahora lo soy más.  Me puse el mismo vestido para este acto. Siempre lo guardé para estos momentos… y ya había perdido las esperanzas de ponérmelo para venir aquí.

–           El Señor te ama mucho… –dice Isabel con un gran suspiro.

–           Por esto le entrego lo que más amo: esta florecita mía.

–           ¿Cómo vas a hacer para arrancártela del corazón, cuando llegue la hora?

–           Recordando que no la tenía y que Dios me la regaló. Seré entonces más feliz que ahora.Cuando esté en el Templo me diré a mí misma: ‘Ora cerca del Tabernáculo. Ora al Dios de Israel y pide también por su mamá.’ Y me sentiré tranquila.

Y todavía  tendré más gozo cuando diga: “Es toda suya. Cuando estos dos viejos felices que la consiguieron no vivan ya, el Eterno será para ella su Padre.” Créeme estoy convencida de que esta pequeñita no es nuestra.

No podía hacer otra cosa… Él me la puso en mi seno; regalo divino para enjugar mi llanto y consolar nuestras  esperanzas y plegarias.

Por esto es suya y nosotros sólo somos sus felices guardianes… ¡Y por esto sea bendito!

Cuando entran en el Templo, Zacarías se separa del grupo y se va a los recintos de los sacerdotes. Desaparece detrás de un arco que conduce a un enorme patio rodeado de pórticos muy bien labrados, de mármol, bronce y oro.

Los demás se van a través de diversas terrazas, hasta la Puerta de Nicanor. Cuando llegan, ya los están esperando Zacarías, una virgen del Templo y otro sacerdote.Entregan las ofrendas: tortas de harina, dos palomos en su jaula de mimbre y grandes monedas de plata.

Anna da a Isabel a la niña, mientras Joaquín entra llevando consigo a un hermoso cordero que bala mientras es entregado para que lo degüellen.

Anna es rociada con el agua lustral y luego es llamada para que se acerque a la ara del sacrificio.

Después del sacrificio, Anna está ya purificada.

Zacarías dice algo a su colega y éste sonriente, asiente con un gesto. Luego se acerca al grupo y se congratula con los padres por su alegría y por su fidelidad a las promesas.

Toma el segundo cordero, la harina y las tortas… Y llama a la mujer que los acompañó…

Luego se acerca al grupo y dice:

–    ¿Esta es la hija consagrada al Señor? La bendición de Él esté con Ella y con vosotros. Esta mujer es Anna de Fanuel, de la tribu de Aser, será una de sus maestras.

Y volviéndose a ella, agrega:

–      Se ofrece esta pequeñita al Templo, como hostia de alabanza. Tú serás su maestra y bajo tu cuidado santo crecerá.  Ana de Fanuel, acaricia a la bebita y Anna dice:

–     Quisiera presentar mi ofrenda e ir a donde ví la Luz el año pasado.

Van hasta el lugar donde oran las mujeres y que está más cercano al Santo de los santos.

Por la puerta abierta, miran al interior semioscuro, del que salen dulces cánticos y brillan lámparas que esparcen su luz sobre todos los lirios, flores y niñas.

María se ha quedado como extasiada y aunque es una bebé, mira y sonríe al oir el canto.

Anna la besa y dice:

–     Dentro de tres años, también estarás aquí Lirio mío.

Anna de Fanuel dice:

–     Parece como si comprendiese. ¡Es una niña muy hermosa! La amaré como si hubiese salido de mi vientre. Te lo prometo Anna. Todos los años que Dios me lo permita.

Zacarías dice:

–     Lo harás mujer. La recibirás entre las niñas consagradas. Yo también estaré aquí. Quiero estar ese día para decirle que ruegue por nosotros desde el primer momento…

Y mira a Isabel que comprende y suspira… Pues tienen el mismo problema de infertilidad.  Tres años después…

La niña María camina en medio de sus padres, que se esfuerzan en sonreir y ocultar sus lágrimas.

Caminan muy despacio, como si quisieran que el Templo estuviese mucho más lejos todavía.

Cuando se encuentran con Isabel y Zacarías…

El sacerdote saluda:

–     A los justos la paz del Señor.

Joaquín dice con voz temblorosa:

–     Sí. Obténnos paz, porque nuestras entrañas tiemblan al hacer la ofrenda; como las de nuestro padre Abraham mientras subía al monte con Isaac.–     Tened valor. Anna la profetisa cuidará de esta flor de David y Aarón. En estos días, es el único lirio que David tenga de su estirpe santa en el Templo y se le cuidará como perla de reyes.

Aun cuando el tiempo ya se acerca y las madres deberían consagrar a sus hijas, porque de una virgen de la estirpe nacerá el Mesías; por un debilitamiento de la fe hay muy pocas vírgenes y de la estirpe real, ninguna.

Es verdad que aun faltan seis lustros… Pero esperemos que María sea la primera de muchas de la estirpe de David, ante el Velo sagrado.

Luego Zacarías los conduce hasta la terraza grande, a los pies del ancho cubo de mármol, coronado con oro.

Cada cúpula, como una media naranja al revés, brilla con la luz del sol que ya está en su zenit. Un sonido de trompetas de plata anuncia al pomposo cortejo que con nubes de incienso, rodean la presencia del Sumo Sacerdote.

Las enormes puertas de bronce y oro se abren y un anciano de aspecto muy majestuoso, con sus riquísimas vestiduras que resplandecen el oro a la luz del sol y que lo hacen más imponente todavía, avanza  hasta el borde de la grandiosa escalinata.

El Sumo Sacerdote mira a la pequeña María y sonríe. Levanta los brazos en forma de plegaria y todos inclinan la cabeza.

Luego hace una señal, llamando a la niña…

María se separa de sus padres y empieza a subir lenta y majestuosamente. Parece como si fuera extasiada, pues lleva en su rostro una sonrisa luminosa…

Cuando llega hasta el Sumo Sacerdote, se arrodilla y éste le pone las manos sobre la cabeza.

La víctima es aceptada.

María se levanta y el Sacerdote le pone la mano derecha sobre su espalda, para conducirla a la puerta donde la esperan un grupo de niñas y sus maestras…

Antes de hacerla entrar le pregunta:

–           María de la estirpe de David, ¿Conoces tu promesa?

Una argentina voz infantil resuena firme:

–           Sí. Dirigir a Dios mi corazón desde el amanecer y estar atenta a lo que quiera el Señor. Orando continuamente ante el Altísimo.–           Entra, pues. Camina en mi presencia y sé perfecta.

Y María entra. La penumbra la absorbe en medio del grupo de las vírgenes, seguida por los levitas.

El Sumo Sacerdote vuelve a entrar seguido de todo su séquito sacerdotal y las puertas se cierran.

En medio de los sonoros ruidos de los goznes, se escucha el sollozo de dos ancianos en un solo grito:

–           ¡María! ¡Hija!

Luego, haciendo fuerza a su corazón desgarrado:

–           Demos gloria la Señor que la recibe en su casa y la conduce por su camino.

Nueve años después…

María está en su estancia, bordando una vestidura sacerdotal y orando…

Llega Anna de Fanuel:

–           María, ¿Nunca te cansas de orar?

–           La oración sería suficiente. Pero yo hablo con Dios. Lo siento dentro de mí. Dentro de la doble cortina está el Santo de los santos.  Y nadie fuera del Sumo Sacerdote, puede entrar al Propiciatorio, donde descansa la Gloria del Señor.

La ley secular de Israel exige de cada joven que sea una esposa y una madre. Pero yo he consagrado a Dios mi virginidad, porque quiero ser sólo para Él. Soy virgen y siempre lo seré…

–           No puedes actuar sobre la Ley.

–            Desde que mis padres murieron, lo único que tengo y que quiero, es a Dios.

Cuando pienso en ellos, pienso que también están esperando junto con los Patriarcas y trato de apresurar con mi sacrificio, la llegada del Mesías, para que les abra las Puertas del Cielo.

La maternidad es una fuerza muy poderosa en mi corazón. Pero por eso mismo la he entregado y deseo que mi amor, encuentre un eco en el Señor.

Cuando llegue la hora, diré a mi esposo mi secreto… Y él lo aceptará…–       Pero María, ¿Qué palabras le dirás para persuadirlo? En cambio del amor de un hombre, tendrás en contra la Ley y la vida.

–       Tendré conmigo a Dios… Dios iluminará el corazón de mi esposo… Al leer a Daniel, comprendí el sentido de las palabras arcanas.

Las setenta semanas serán acortadas por las oraciones de los justos… La hora que oirá llorar al nacido de una Virgen está muy cerca. Yo he pedido a Dios que me diga ¿Dónde está la mujer que dará a luz al Hijo de Dios y al Mesías de su pueblo?

Descalza caminaría por la tierra y nada me impediría llegar hasta Ella para decirle: ‘Tómame como tu esclava y permíteme vivir bajo tu techo. Cuidaré tus ganados; daré vueltas a la piedra de tu molino, ponme donde quieras, haré lo que quieras, pero acógeme.

Lavaré los pañales de tu Hijo y seré tu sierva y la de Él… Pero permíteme escuchar su Voz.  ¡Oh! La Voz del Mesías Niño y el eco de su risa…

–      ¡Vaya que estás enamorada del Mesías! Pero yo he venido a otra cosa… María, el Sumo Sacerdote te llama…

–      ¡Oh! Voy inmediatamente…

Atraviesan varios pórticos y patios y llegan hasta un suntuoso salón donde la esperan.

María hace una profunda inclinación en la entrada…

El sumo sacerdote le dice:

–       Adelante María. No tengas miedo.

María avanza lentamente y con una majestad innata.

El Pontífice la mira atentamente y dice a Zacarías:

–      ¡Cómo se reconoce en ella la estirpe de David!

Se vuelve hacia Ella y añade:

–      Hija, conozco tu carácter y tu bondad. Sé que la Voz de Dios murmura en tu corazón las más dulces palabras. Sé que eres la Flor del Templo de Dios y que un tercer querubín está ante el Tabernáculo, desde que estás aquí.

Quisiera que tu perfume continuase subiendo con el incienso de cada día; pero la Ley dice otra cosa.

Ya no eres una niña, te has convertido en una mujer. Y toda mujer israelita debe casarse, para poder presentar su hijo varón al Señor. Tendrás que seguir la prescripción de la Ley. No tengas miedo. No te sonrojes. No olvido tu realeza.

La Ley te protege, pues prescribe que el varón tome por esposa a una de su estirpe. Pero aunque no lo prescribiese, yo lo haría; para no corromper tu sangre real.

¿Conoces a alguien de tu estirpe María, que pueda ser tu esposo?

María levanta su rostro completamente ruborizado y dice:

–      A nadie.

Zacarías interviene:

–      No puede conocer a nadie, porque entró cuando era muy pequeña. Y la estirpe de David se encuentra muy mal y dispersa, para poder formar de nuevo la palma real.

–      Entonces que Dios escoja.

Las lágrimas que habían sido contenidas, brotan y bañan sus mejillas.   

María manda una mirada suplicante a su maestra.

Anna de Fanuel dice:

–     María se ha prometido al Señor, para gloria de Él y salvación de Israel. No era más que una niñita desde que ya había hecho esta promesa…

El Pontífice pregunta:

–      Y ¿Por esto lloras? O porque no quieres obedecer la Ley.

María contesta:

–     Por esto… no por otra cosa. Yo te obedezco sacerdote de Dios. Pero dime qué debo hacer. Ya no tengo padre, ni madre. Tú eres mi guía.

–     Dios te dará el esposo. Y será un santo porque pones tu confianza en Dios. A él le dirás la promesa que hiciste.

–    ¿Y la aceptará?

–     Así lo espero.  Ruega hija, para que él pueda comprender tu corazón. Vete ahora, qué Dios siempre te acompañe.

María se retira con Anna y Zacarías se queda con el Sumo Sacerdote.

Un mes después…

En un rico salón del Templo, están reunidos muchos hombres elegantemente engalanados, de diversas edades, apariencias y variadas clases sociales.En el ángulo más alejado, está José. Tiene treinta años, cabellos y barba castaños, muy bien arreglados y unos bellos ojos oscuros, amables y alegres como ahora, cuando sonríe al hombre que está junto a él, platicando animadamente.

Entra un grupo de jóvenes levitas y se coloca entre la puerta y una mesa larga que está junto a la pared.

La curiosidad aumenta, cuando una mano separa la cortina y entra un levita que trae en sus manos un manojo de ramas secas, en las que sobresale una que tiene una flor.

El levita las deposita con cuidado sobre la mesa.

Un murmullo recorre  la sala. Todos alargan sus cuellos y tratan de mirar.

José ni siquiera se mueve y cuando su interlocutor le dice algo, hace una señal; como si dijese: “No. Eso es imposible…”

Y luego se oye el sonido de las trompetas de plata.

Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice y todos se inclinan profundamente.

Se dirige hacia la mesa y luego dice:

–           Oídme vosotros de la estirpe de David. Os habéis reunido por orden mía. El Señor ha hablado, ¡Sea Bendito! Un rayo de su gloria ha descendido y como sol de primavera, ha dado vida a un ramo seco, que ha florecido milagrosamente, en el último día de las Encenias.

Mientras que todavía no se disuelve la nieve, Dios ha hablado, haciéndose tutor y padre de la virgen de David. Doncella santa, gloria del Templo y de su estirpe; dando a conocer el nombre del esposo que el Eterno quiere darle.

Este debe ser un hombre muy justo para que el Señor lo haya elegido para cuidar de su Virgen a quién Él ama tanto y esto hace que desaparezca toda preocupación sobre su destino.

Al que Dios señaló, confiamos completamente a la Virgen, sobre la que está la bendición de Dios y nuestra.

El nombre del esposo es José de Jacob betlemita; de la tribu de David; carpintero en Nazareth de Galilea.

José, ven acá. El Sumo sacerdote te lo ordena.

Hay un gran ruido, cabezas que se vuelven, caras llenas de desilusión o de alivio…

José se ha ruborizado y avanza todo turbado.Saluda reverente al Pontífice y éste dice:

–    Acercaos todos y ved el nombre escrito sobre la rama. Tome cada uno la suya, para que esté seguro de que no hay engaño.

Todos obedecen, miran la rama que sostiene el Sumo Sacerdote y cada quien toma la suya propia.

Todos miran a José y el hombre con el que estaba platicando, le dice:

–    Te lo dije José. ¡Quien menos se siente seguro, es quién vence la partida!

El Pontífice entrega a José su rama florecida y poniéndole la mano sobre la espalda le dice:

–     No es rica y lo sabes, la esposa que Dios te entrega.

Pero tiene toda clase de virtudes. Procura hacerte siempre más digno de Ella. No hay flor en Israel, más pura y bella que tu esposa.

Salid todos ahora. Quédate José.

Y tú Zacarías pariente de Ella, tráela.

Cuando se quedan a solas…El Sumo Sacerdote le dice:

–     María tiene que decirte su promesa. Ayuda a su timidez. Sé bueno con Ella que es tan buena.

José responde cortés:

–     Pondré lo que soy a su servicio y nada me pesará si se trata de Ella. Puedes estar seguro.

María entra con Zacarías y Anna de Fanuel.

El Pontífice la llama:

–     Ven María. Mira al esposo que Dios te destina. Es José de Nazareth. Volverás a tu ciudad. Ahora os dejo.

El Señor os guarde y os bendiga; os muestre su Rostro y tenga misericordia de vosotros siempre. Vuelva su Rostro a vosotros y os conceda la paz.

Zacarías sale con el Pontífice. Anna se congratula con José y también sale.

Los dos prometidos quedan uno frente al otro.

María está totalmente ruborizada y con la cabeza inclinada.

José igual; pero se sobrepone y finalmente encuentra las palabras.

Con una gran sonrisa le dice:

–    Te saludo María. Te conocí cuando eras una niña pequeñita… Fui amigo de tu padre y tengo un sobrino de mi hermano Alfeo a quién amaba tu madre… su pequeño amiguito que ahora tiene dieciocho años.

Tú no nos conoces porque te entregaron al Templo muy pequeña, pero en Nazareth todos te quieren mucho y recuerdan que tu nacimiento fue un milagro del Señor, que hizo florecer a una flor estéril…Yo recuerdo la tarde en que naciste, porque hubo un gran aguacero que salvó la campiña y un arcoíris tan bello y magnífico, como no ha vuelto a haber…

Alegraste a tu padre, porque eras la flor que había venido del Cielo y murió hablando de su María, tan hermosa, tan buena y tan llena de sabiduría… Porque desde muy pequeña estabas llena de gracia.

Tu madre, con sus canciones llenaba toda tu casa y parecía una alondra en primavera cuando te llevaba en su vientre y después cuando te arrullaba en sus brazos.

Yo tenía dieciocho años y te hice la cuna. Tenía rosas grabadas, porque tu madre así la quiso. Tal vez todavía esté en tu casa. Eran mis primeros trabajos…

¡Quién me hubiera dicho que ibas a ser mi esposa!.. Enterré a tu padre y le lloré con corazón sincero, porque fue un buen maestro en mi vida…

María ha ido levantando poco a poco el rostro y cobrando confianza al oír que José le habla de este modo.

Y cuando oye lo de la cuna, una leve sonrisa se dibuja en sus labios.

Y cuando José le dice lo de su padre, le extiende la mano y dice con gran timidez:

–     Gracias.

José toma entre sus fuertes manos de carpintero, la pequeña y delicada y la acaricia con afecto.

Al ver que María no dice nada más, él continúa:

–     En tu casa  falta la parte que fue derribada por orden consular, para hacer del sendero una vía por la que pasasen los carros de Roma.

Y el campo que te quedó, está un poco descuidado, porque hace tres años que ya no hay nadie que los cuide. Pero si tú me lo permites, yo me haré cargo de ellos….

–     Muchas gracias, José. Pero tú tienes tus trabajos…

–     Trabajaré en tu huerto en las primeras horas del día y para la primavera espero que todo esté en orden, para que estés contenta. Mira, -le entrega la rama florecida- Esta rama de almendro, es del árbol que está frente a tu casa.Jamás esperé ser yo el elegido, porque soy nazareo, (consagrado a Dios)  Y sólo vine por obedecer las órdenes del sacerdote… Yo no pensaba casarme.

Ahora te digo que ésta es una flor de tu jardín. Tenlo, María. Con él te entrego mi corazón, que cómo este almendro ahora ha florecido para el Señor y para ti, esposa mía.

María toma el ramo. Está conmovida. Mira a José con más seguridad y su mirada se volvió radiante cuando lo escuchó decir: ‘Soy nazareo’

Toma valor y dice:

–     También yo soy toda de Dios, José. No sé si el sumo Sacerdote te lo haya dicho…

–     Sólo me dijo que eres buena y pura. Y que tienes que decirme una promesa tuya y que fuese bueno contigo. Habla María. Tu José quiere hacerte feliz en todo lo que desees.

No te amo con la carne, te amo con mi espíritu, santa doncella que Dios me entrega. Ve en mí a un padre y aun hermano, además de esposo. Y como a padre confíate y como a hermano, tenme confianza. –     Desde mi niñez me consagré al Señor. Sé que esto no se hace en Israel; pero oía en mi corazón una voz que me pedía mi virginidad como sacrificio de amor, para que venga el Mesías. ¡Hace tanto tiempo que Israel lo espera!… ¡Y por esto no es mucho renunciar a la alegría de ser madre!

José la mira detenidamente, como si quisiera leer en su corazón…

Después le toma las dos manitas que sostienen la rama de almendro y dice:

–     Y yo uniré mi sacrificio al tuyo y amaremos mucho al Eterno con nuestra castidad, para que Él envíe lo más pronto posible a la tierra al Salvador y nos permita ver su Luz resplandecer en el mundo.

María, vamos a tu casa y juremos amarnos como los ángeles lo hacen entre sí. ¿Cuándo debo venir por ti?

–     Cuando quieras José.

–     Entonces vendré en cuanto termine de arreglar tu casa, para recibirte. Ven María. Vamos a decirle al Altísimo nuestra promesa y cómo lo Bendecimos.

María se deja conducir dócilmente y los dos van a orar.

Dos meses después, se celebra el contrato de las bodas y el Pontífice sella el compromiso.

Los nuevos comprometidos esposos salen del Templo y José lleva a María a su casa de Nazareth.  Sin levantar el sello de Dios; él, el casto; llevó su castidad hasta el heroísmo angélico, para custodiar el Arca Viva de Dios que ha recibido en tutela y que tendrá que devolver a Dios, pura como la recibió.

Cuando llegan a Nazareth…

Van en un carruaje, acompañados por toda la familia de José y el sacerdote Zacarías con su familia.

José señala con la fusta la casita que está en la falda de la colina y que tiene un extenso huerto y un pequeño olivar.

Y dice:

–      Allá está tu casa, María.

Y cuando llegan al dintel, el carruaje se detiene y toda la comitiva de la familia de José les dan la bienvenida.

Ya tienen todo preparado para finalizar las bodas.María se quita el velo y el manto y José le muestra los arreglos que hizo a la casa, el huerto y el jardín.

Y dice:

–     No hay manantial… Pero espero traer el agua para acá. Trabajaré en las tardes de verano, cuando venga a verte…

Alfeo pregunta muy extrañado:

–    Pero ¡Cómo hermano!…  ¿No vais a casaros ahora?

José responde:

–    No. María quiere hilar telas, lo único que falta a todo el ajuar. Yo la apoyo. Es todavía muy joven y no importa si esperamos uno o dos años; mientras tanto Ella se acostumbra al hogar…

–    ¡Claro! Siempre has sido un poco diferente a los demás y sigues siéndolo. Primero estabas decidido a no casarte y ahora…

No sé quién no tendría prisa por tener a una mujer en la flor de la primavera como lo está María y tú pones de por medio…

José sonríe y dice con elegancia:

–     Alegría largamente esperada; alegría mucho mejor gozada…

Su hermano se encoge de hombros y pregunta:

–    ¿Y entonces cuando pensáis celebrar las bodas?–    Cuando María tenga dieciséis años. Después de la Fiesta de los Tabernáculos. Las tardes de invierno serán agradabilísimas para los nuevos esposos…

Y nuevamente sonríe mirando a María. Es una sonrisa delicada y de inteligencia mutua.

Luego continúa:

–    En este cuarto grande que da al monte si te parece, aquí pondré mi taller cuando venga. Es junto a la casa, pero no dentro de ella.

Así no molestaré a nadie con mis ruidos. Pero María, si piensas de otro modo…

–    No José. Está muy bien así.

Vuelven a entrar en la casa y prenden  las lámparas.

José dice a todos sus parientes:

–    María está cansada. Vámonos todos y dejémosla descansar.

Todos se despiden y José al último, después de hablar con Zacarías.

Dice a María:

–    Tu primo te deja a Isabel por un tiempo. ¿Quieres? De mi parte sí. Para que te ayude a convertirte en una perfecta mujer de hogar.

Vendré por las tardes a acomodarte y a todo lo que tú necesites. Ella te podrá ayudar a comprar lana y todo lo que te haga falta. Yo pagaré todos los gastos. Acuérdate que prometiste recurrir a mí para cualquier cosa.

Adiós María. Duerme la primera noche en tu casa como dueña y señora. Y que el ángel del Señor te guarde. Que el Señor esté siempre contigo. Hasta pronto…

–     Hasta pronto José. Qué también tú estés bajo las alas del Ángel de Dios. En lo que pueda te pagaré tu amor con el mío.

Y José se despide de los primos y se va, conversando alegremente con los suyos…

 

30.- UN MILAGRO PARA FERNANDA


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Marco Aurelio se quedó sorprendido con el amor que se tienen y la gentileza con la que se tratan todos los miembros de esta casa, en la que lo incluyeron a él. El vino medicado para el dolor que le recetara Mauro, hizo su efecto y se quedó dormido.

Lo despertó un himno extraño que se escucha a través de la ventana y que fue creciendo en intensidad; pero que se oye muy hermoso, porque es un canto de alegría y de triunfo.

Marco Aurelio nunca había escuchado un canto parecido, tan solemne y a la vez tan conmovedor. Por unos minutos, se deleita con él y luego de un rato comprende que son alabanzas a su Dios, entonadas por una multitud.

Y alcanzó a distinguir expresiones como:

“Cristo Vive” “Cristo Reina” “Resucitó”  y “Él está aquí”

Esas voces parecen estarlo invocando.

Marco Aurelio ha visitado muchos templos de la más variada estructura. Cuando estuvo en Asia, en Egipto y en la misma Roma, ha visto muchos rituales. Pero esto es distinto a cualquier cosa que conociera antes.  Aquí hay y se siente algo que no puede explicarse…

Ignora lo que hay  tras la ventana. Tal vez sea un pórtico o un patio. Cuando se levante, lo averiguará. Por ahora solo escucha que a su Dios lo invocan¡Y lo llaman Padre!… ¡Y lo más extraordinario es que en sus súplicas hay confianza y la ternura de los hijos hacia su padre!

El patricio escuchó con más atención… ¡Lo más asombroso es que aquellas gentes no solo le rinden homenaje a Dios! ¡También lo aman con todo su ser!

Marco Aurelio está atónito y fascinado, pues jamás había visto nada semejante… ¡Un Dios al que no solo se le reverencia y se le respeta, sino que se le ama con una adoración absoluta! 

En los otros santuarios, la gente acude en demanda de ayuda o por miedo. Pero los dioses no son respetados y mucho menos amados. ¡Aquí lo aman y lo adoran! Esto es una experiencia tan única y tan especial. Se siente atraído…Siente su espíritu contagiado por… ¡No sabe por qué…!

¡Pero es una sensación nueva y extraña que a partir de este momento desea ardientemente poseer..! ¿Por qué será que hasta el aire se siente diferente?…

Enseguida oye que dicen:

¡Pedro! ¡Pedro!, con gran amor y reverencia.

Luego sigue un gran silencio. Y después escucha una voz clara y solemne, que se dirige a todos los ahí reunidos…

Mientras tanto…

En la Puerta del Cielo la Santa Misa ha comenzado. Eladio el obispo celebrante, se prepara a hacer su Homilía del Evangelio que ha leído el joven diácono Daniel, sobre la Parábola de las vírgenes necias y las prudentes.

Camina hacia el púlpito y todos los cristianos lo miran reverentes y expectantes…

doncellas sabias y necias

El obispo habla así:

“Precisamente de las vírgenes. Esta parábola se refiere a todas las almas. Porque los méritos de la Sangre del Salvador y la Gracia, revirginiza las almas y las hacen como niñas en espera del Esposo.

Sonrían viejos decrépitos. Alzad el rostro, patricios que hasta ayer estuvieron inmersos en el pantano del paganismo corrupto. Miren sin más pesar vuestro cándido mirar de niñas, madres y esposas. No sois en el alma diferentes de estos lirios, entre los cuales transita el Cordero y que ahora hacen una corona en su altar.

Vuestra alma tiene la belleza de la virgen a la que ningún beso ha desflorado, cuando reconocéis y permanecéis en Cristo, Señor Nuestro.

Su Presencia la hace más cándida que el alba sobre una montaña cubierta de nieve, al alma que estaba sucia y negra por los vicios más abyectos. El arrepentimiento la limpia. La voluntad la depura. Pero el Amor de nuestro Santo Salvador. Amor que viene de su Sangre que grita con Voz de Amor, le devuelve la virginidad perfecta.

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No es aquella que tuvieron en el alba de vuestra vida humana. Sino la que tenía el padre de todos: Adán. Aquella que tenía la madre de todos: Eva. Antes de que Satanás pasara pervirtiendo sobre su Inocencia angélica, el Don divino que los vestía de Gracia, a los ojos de Dios y del Universo.

¡OH, santa virginidad de la vida cristiana! Baño de sangre de un Dios que los hace nuevos y puros, como el Hombre y la Mujer recién salidos de las manos del Altísimo. Segundo nacimiento en vuestra vida, preludio de aquel tercer nacimiento que les dará el Cielo, cuando ustedes suban a la señal de Dios; cándidos por la Fe o púrpuras por el martirio. Bellos como ángeles y dignos de ver y de seguir a Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador Nuestro.

Pero hoy, más que a las almas revirginizadas por la Gracia, me dirijo a aquellas encerradas en un cuerpo virgen: a las vírgenes sabias que han comprendido la invitación de amor de Nuestro Señor y las palabras del Evangelio.

Y quieren seguir para siempre al Cordero, entre las escuadras de aquellos que no conocieron contaminación y que entonan eternamente en los Cielos, el cántico que ninguno puede decir, sino aquellos que son vírgenes por amor de Dios.

Y hablo a los fuertes en la Fe, en la Esperanza, en la Caridad, que se alimentan ahora de la Carne Inmaculada del Verbo y se fortifican con su Sangre como de Vino Celestial, para ser fuertes en su empresa.

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Una entre vosotros se levantará de este altar para caminar al encuentro de un destino cuyo nombre puede ser ‘muerte’. Y ella va confiada en Dios, NO en la fe común a todos los cristianos, sino en una FE todavía más perfecta que no se limita a creer por sí misma.

A creer en la Protección divina por sí misma, sino cree también por los demás. Y espera traer a este altar a aquel que mañana será a los ojos del mundo, su esposo. Pero a los ojos de Dios, el hermano suyo predilectísimo.

Doble virginidad del cuerpo y del alma. Perfecta virginidad que se siente segura de su fuerza, al punto de no temer violación. De no temer a la ira de un esposo desilusionado. De no temer a la debilidad de los sentidos. De no temer a las amenazas. De no temer desilusionarse en sus esperanzas. De no tener miedo a la casi certeza del Martirio.

Levántate y sonríe a tu verdadero Esposo, casta virgen de Cristo que vas al encuentro del hombre, mirando a Dios. Y que si vas, es para  llevar al hombre a Dios. Dios te mira y sonríe.

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Y te sonríe la Virgen que fue Madre. Y los ángeles te hacen una corona. Levántate y ven a refrescarte en la fuente Inmaculada, antes de ir a tu cruz, a tu gloria.

Ven esposa de Cristo. Repite a Él tu canto de amor, bajo estos rollos que te son más preciosos que la cuna de tu nacimiento al mundo y llévalo como un relicario hasta el momento en que el alma lo cantará en el Cielo.

Mientras el cuerpo descansará en el último sueño, entre los brazos de ésta que es tu verdadera Madre: la Iglesia Apostólica.”

Terminada la homilía del obispo, los cristianos susurran mirando a la escuadra de las vírgenes, más luego guardan silencio y la Misa prosigue.

Al terminar, los cristianos se reúnen alrededor del obispo, para ser bendecidos también particularmente y para despedirse de la virgen consagrada a la cual se ha referido.

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¡Fernanda! ¡Fernanda! De los cristianos, unos la saludan con sonrisas; otros, con lágrimas. Algunos le preguntan cómo es posible que se haya decidido por las nupcias terrenas.

Otros, que si no teme a la ira del patricio cuando la descubra cristiana. Una virgen le reclama que ella renuncie a la virginidad.

 Y Fernanda dice para responder a todos:

–         Te equivocas Ximena. Yo NO estoy renunciando a ninguna virginidad. A Dios le he consagrado tanto mi cuerpo como mi corazón. Y a Él permanezco fiel. Amo a Dios más que a los parientes; pero los amo al grado de no quererlos llevar a la muerte antes de que Dios los llame.

Amo a Jesús Esposo Eterno, más que a cualquier hombre. Pero amo a los hombres tanto, que recurro a este medio, para NO perder el alma de Nicolás. El me ama y yo castamente lo amo. Tanto, que quiero tenerlo conmigo en la Luz y en la Verdad. No le temo a su Ira. Sé que puede llegar a ser un campeón en nuestra Fe.

Espero en el Señor para vencer.Espero en Jesús, para cristianizar a mi esposo terreno. Pero si NO venciera en esto, EL MARTIRIO ME SERÁ DADO… Y tendré más pronto mi corona.

¡Pero No! –Y levantando su mirada hacia lo alto, exclama- ¡Yo veo tres coronas descender del Cielo!

Las dos iguales son todas rojas y de resplandecientes rubíes. La tercera tiene dos hileras de rubíes, alrededor de un gran cordón de perlas purísimas. Esas nos esperan. No teman por mí. El Poder del Señor me defenderá. En esta Iglesia nos encontraremos pronto unidos, para saludar al nuevo hermano. Adiós. En Dios…  

Todos se retiran hablando entre sí.

Al día siguiente Fernanda se prepara para las Bodas.

Se retira a su cubículum y junto con dos doncellas ora fervientemente…

Después la visten y la peinan exquisitamente. Es una novia bellísima.

Luego la llevan y se realizan los esponsales con el ritual romano. Enseguida sigue el banquete entre cantos y danzas.

Toda la casa está adornada con gran esplendor y derroche de lujos. Sirven exquisitas viandas y vinos en abundancia. La fiesta se prolonga hasta después del anochecer.

En el triclinium principal, Fernanda sonríe al esposo que le habla y la mira con amor. Luego  los dos se levantan para despedir a los invitados.

Fernanda se retira a sus nuevas habitaciones nupciales. Con sus doncellas cristianas, oran juntas por unos momentos y después la ayudan a cambiarse, para recibir al esposo que llegará en cualquier momento…

A una señal entra un cortejo de mujeres enviadas por Nicolás…

Y acompañan a Fernanda a la magnífica cámara nupcial, regiamente decorada. La ayudan a recostarse en un lecho, sostenido por un baldaquín púrpura y cubierto por telas preciosas. Luego la dejan sola.

En cuanto salen las doncellas, Fernanda se levanta y se para en el precioso piso de mármol de colores.

Entra Nicolás que la mira perdidamente enamorado y extiende las manos hacia Fernanda.

Ella corresponde a su sonrisa, pero NO avanza hacia él.

Se queda de pie en el centro de la estancia.

Nicolás se detiene desconcertado, cree que las doncellas no la han servido bien y se vuelve iracundo para llamarlas. Pero Fernanda lo aplaca diciendo que fue ella, la que quiso esperarlo de pie.

Nicolás dice intentando abrazarla:

–           Ven entonces Fernanda mía. Ven. Yo te amo tanto…

Fernanda levanta las manos para detenerlo:

–           Yo también, pero no me toques. No me ofendas con caricias humanas.

–           ¡Pero Fernanda!… ¡Tú eres mi esposa!

–           Soy de Dios, Nicolás. Soy cristiana. Te amo, pero con el alma del Cielo. Soy una Virgen consagrada. Tú no has desposado a una mujer, sino una hija de Dios al que los ángeles sirven. Y el ángel de Dios está conmigo para defenderme. No ofendas a la celeste criatura con actos de amor grosero. Te castigaría.

Nicolás está estupefacto…

Primero el asombro lo paraliza, pero después lo domina la Ira por sentirse burlado. Su gallarda figura parece hacerse más alta todavía. Su bello rostro varonil, enrojece por la cólera. Es un hombre violento. Desilusionado en lo más bello y legítimo.

Con su corazón herido, estremecido le grita:

–           ¡Tú me has traicionado! ¡Tú has jugado conmigo! No creo… No puedo… No quiero creer que tú seas cristiana. Eres demasiado buena, bella e inteligente para pertenecer a esa sucia banda. Pero NO…¡Es una broma! ¿Verdad? Tú quieres jugar como una niña. Está bien. Es tu fiesta. Pero la broma es demasiado atroz. ¡Basta! Ven a mí…

Fernanda contesta:

–           Soy cristiana. No bromeo. Me glorío de serlo. Porque serlo quiere decir ser grande en la tierra y en el más allá. Te amo, Nicolás. Te amo tanto, que he venido a ti para llevarte a Dios, para traerte conmigo en Dios.

–           ¡Maldita seas! ¡Loca y perjura! ¿Por qué me has traicionado? ¿No temes mi Venganza?…

–           NO. Porque sé que eres noble y bueno. Y me amas. NO. Porque sé que no te atreverás a condenar sin pruebas de culpa. Y yo no tengo culpa…enamorados5

–           Tú mientes hablando de los ángeles… ¿Cómo puedo creer esto? Necesito ver. Y si viese…si viese…Te respetaría como a lo más sagrado. Pero por ahora eres mi esposa. No veo nada. Te veo a ti. Y estás sola…

–           Nicolás. ¿Puedes creer que yo mienta? ¿Lo puedes creer precisamente tú que me conoces? Las mentiras son de los abyectos, Nicolás. Cree a cuanto te digo. Si tú quieres ver a mi ángel, cree en mí y lo verás. Cree a quien te ama. Mira, estoy sola contigo. Tú podrías matarme. Yo no tengo miedo, estoy en tus manos. Me podrías denunciar al Prefecto. No tengo miedo. El ángel me defiende de esos riesgos. ¡Oh, si tú lo vieses!

–           ¿Cómo podré verlo?

–           Creyendo en esto que yo creo. Mira, sobre mi corazón está un pequeño rollo. ¿Sabes qué cosa es? Es la Palabra de mi Dios. Dios no Miente y Dios ha dicho que NO tengamos miedo, nosotros que creemos en Él. Qué áspides y escorpiones serán sin veneno bajo nuestros pies…

Nicolás objeta:

–           Pero también se dice que vosotros cometéis crímenes infames y podréis ser condenados a morir…

Fernanda le contesta con dulzura:

–           Nicolás. Eso no es cierto. Y no morimos, no. Vivimos eternamente. El Olimpo no existe, el Paraíso, sí. En él no entran los mentirosos y los de las pasiones violentas y brutales. Sino solo los ángeles y los santos en la Luz y en las armonías celestes. ¡Yo lo siento! ¡Yo lo veo! ¡Oh, Luz! ¡Oh, Voz! ¡Oh, Paraíso! ¡Desciende!

¡Desciende y ven a dar esto a tu hijo, a este esposo mío! ¡Tú corona, antes a él, que a mí! A mí el dolor de estar sin su afecto, pero la alegría de verlo amado por Ti, en Ti, antes de venir a mí. ¡Oh, Glorioso Cielo! ¡Oh, Nupcias Eternas! Nicolás, estaremos unidos delante de Dios, esposos y vírgenes con un amor perfecto…

Fernanda está extasiada…

Nicolás la mira, admirado y conmovido:

–           ¿Cómo podré?… ¿Cómo puedo tener esto? Yo soy un patricio romano. Hasta ayer parrandeaba y fui cruel… ¿Cómo puedo ser como tú, ángel de mi vida?

Fernanda replica apasionadamente:

–           Mi Señor ha venido para dar vida a los muertos, a las almas muertas. Renace en Él y serás igual a mí. Leeremos juntos su Palabra y tu esposa será feliz de ser tu maestra. Después te conduciré con el Pontífice Santo. Él te dará la Luz completa y la Gracia. Como ciego al que se le abren las pupilas, tú verás. ¡Oh, ven Nicolás  y oye la Palabra Eterna que me canta en el corazón!

Y Fernanda toma de la mano a su esposo, ahora todo humilde y calmado como un niño. Y se sienta cerca de él sobre dos amplios divanes y comienza a instruir a Nicolás. Fernanda, llena del Espíritu Santo, repite las palabras del Evangelio de San Juan. Le narra el episodio de Nicodemo y el nacimiento en el espíritu…

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La voz de Fernanda es como la música de un arpa. Y Nicolás la escucha totalmente absorto. Seducido; con la cabeza apuntalada sobre las manos, posando los codos sobre las rodillas, todavía un poco sospechoso e incrédulo…

Después apoya la cabeza sobre el hombro de su esposa y con los ojos cerrados escucha atentamente la Magna Obra de la Redención.

Y cuando ella se interrumpe suplica:

–           Sigue…sigue…

Fernanda abre el rollo y lee fragmentos del Evangelio de San Mateo y de Lucas. Termina relatando los detalles de la Última Cena, el Lavatorio de pies, la Traición de Judas, los Procesos, la Crucifixión y la Muerte. Y luego… La Resurrección.

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Nicolás llora con un llanto silencioso y abundante que le baña las mejillas y resbala hasta la tela finísima de su túnica nupcial. Las lágrimas brotan de sus párpados cerrados.

Fernanda lo ve y sonríe… Pero no manifiesta que lo ha advertido. Cuando termina de leer el episodio de Tomás el Incrédulo, ella calla…

Y se quedan así un largo rato, abstraídos…la una en Dios y el otro, en sí mismo; hasta que Nicolás grita:

–           ¡Creo! ¡Creo, Fernanda! Solo un Dios Verdadero pudo haber dicho tales palabras y amado de aquel modo. Llévame con tu Pontífice, quiero amar esto que tú amas. Quiero esto que tú quieres. Quiero consagrarme a Él, igual que tú. No tengas miedo de mí, Fernanda. Seremos como eso que tú quieres: esposos en Dios y aquí hermanos. ¡Vamos! Yo también quiero ver lo que tú ves y oír lo que tú oyes: al ángel de tu candor.

Y Fernanda radiante se levanta, abre las ventanas, aparta las cortinas y ya está amaneciendo.

La luz de la aurora entra y al voltear hacia Nicolás, lo ve que él también está extasiado…

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Iba a arrodillarse y se quedó a la mitad, totalmente pasmado. Una luz blanca como de perlas fundidas en plata, ilumina toda la estancia. En medio de la luz se ve una figura etérea, con aspecto humano. Tiene cara, tiene cuerpo. Su rostro, cabellos y manos, son humanos, pero al mismo tiempo parecen hechos de pura luz…

La voz es una dulce armonía con arpegios celestiales que le dice:

–           No, Nicolás. Solo soy un mensajero de Dios. A Él y solo a Él, hay que dar el culto y la Gloria. Mi nombre es Azarías y soy tu ángel Guardián. Yo velaré para que tú pie no tropiece, hasta que vayas a la Presencia de Dios. Estoy aquí porque has respetado a su virgen-esposa y porque has creído. En el momento oportuno, Él Mismo te hablará, porque ha resucitado y es un Dios Vivo para los que viven. La paz sea con vosotros.

El ángel desaparece y Nicolás voltea a ver a Fernanda sin saber qué hacer, ni qué decir…

Ella lo toma de la mano y lo lleva hacia la ventana abierta, a través de la cual se ve el crepúsculo matutino en todo su esplendor. Abre sus brazos y levanta el rostro hacia el hermoso cielo en el que se ve brillar aún a Venus, el planeta que es una esplendorosa estrella de la mañana. Y que brilla junto a una luna que se diluye lentamente, entre los brillantes rayos de un sol.

Fernanda parece una cruz viviente y luego se persigna comenzando a orar el Padre Nuestro… Invitando a su esposo con la mirada para que lo repita con ella.

Ella ora despacio, muy despacio, para que Nicolás pueda seguirla. Y después al finalizar, le hace la señal de la cruz en la frente, sobre el corazón  y lo enseña a persignarse.

Y llevándolo siempre de la mano, lo conduce hacia la Luz…

Fernanda estuvo segura en la Fe. En las palabras de Jesús. Y dio un paso muy arriesgado a los ojos de los demás, pero no a los suyos. Sumergida en la Oración, con sus ojos puestos en Dios, vio la sonrisa divina y obtuvo el triple milagro:

Fue preservada de toda violencia.

Fue apóstol de su esposo pagano.

Y fue inmune por el momento a toda denuncia…

Fernanda obtuvo lo que esperaba y no solo consiguió la conversión de Nicolás, sino también la de su cuñado, sus sirvientes y toda su familia…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

N139 SACRIFICIO Y DONACION


padre y rey del UniversoHijitos Míos, debéis buscar la Caridad en vuestra vida, en vuestros actos, en vuestras palabras y en vuestros pensamientos.

Mis pequeños, Mi Hijo os enseñó cómo debe ser vuestra vida aquí en la Tierra. Vivir en Caridad, es vivir entendiendo al hermano, es vivir ayudándolo a crecer, es vivir Conmigo en él, verMe a Mí en cada uno de vuestros hermanos.

Mis pequeños, os he dicho que sois muy dados a la crítica, a señalar a vuestros hermanos cuando vosotros mismos no podéis lanzar la primera piedra. Es algo con lo que debéis luchar continuamente, Mis pequeños, la crítica destroza vuestro corazón y al de vuestros hermanos.

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No podéis ser dignos hijos Míos, si realmente estáis atacando a vuestros hermanos en peligro. Sí, ciertamente los estáis poniendo en peligro de rechazo de vuestros demás hermanos.

El hombre no tiende a edificar, sino a destrozar; estáis en el mundo y el Príncipe de éste mundo os lleva a eso. Desgraciadamente el hombre se deja llevar más por lo malo, hace más caso a lo malo y no busca tanto lo bueno, que es a donde Yo os quiero llevar.

Aún a pesar de que buscáis el bienestar de vuestro cuerpo, no buscáis el bienestar de vuestra alma.

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Debiera ser primero el buscar el bienestar de vuestra alma, porque de ahí se van a derivar todas vuestras acciones. Si vosotros actuáis en el bien, es porque tenéis el Bien en vuestro interior. Es así como vais percibiendo la vida interior que tienen vuestros hermanos, según su actuar.

Debéis dar buen ejemplo, debéis regresar bien por mal.

Sabéis y se os ha dicho, que si vais a seguir la Vida de Mi Hijo sobre la Tierra, seguramente tendréis ataques. Sí, siempre tendréis ataques del Enemigo, porque él no quiere que vosotros sembréis cosas buenas.

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Éste es su reino, él ha sembrado Maldad en la gran mayoría de los corazones. Vosotros tenéis que luchar contra ella, por eso vuestra obligación es primeramente limpiar vuestro interior, hacerlo crecer, purificarlo, edificarlo.

Alimentarlo correctamente, para que vaya adquiriendo una Fuerza Poderosa. Y esa fuerza poderosa, solamente os la puedo dar Yo, vuestro Dios.

Al momento que contáis con ésa Fuerza Poderosa, que es la Fuerza Divina, ya Satanás no podrá venceros. Los ataques seguirán, pero vosotros vais a poder vencerlo fácilmente, porque ya viviréis en Gracia.

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Buscaréis solamente el crecimiento espiritual, no os detendréis en la tentación.

Al principio cuando estáis creciendo, en la Tentación os detenéis y os recreáis… Y es ahí en donde os vais causando el mal interior. Pero cuando estáis ya en el camino de la Gracia, ciertamente tendréis los ataques satánicos, pero ya no harán mella en vuestro corazón.

 Porque ya estáis buscando algo más sublime. Ya no estaréis buscando los placeres de la carne, ya no estaréis buscando lo material que os ofrece Satanás, si os vais con él.

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Cuando aprendéis a buscar las riquezas sublimes del Cielo, ya no os detenéis. Sabéis que eso es secundario, sabéis que eso os va a detener el alcanzar los tesoros infinitos que Yo os regalo.

Aprended a tomarMe de la Mano, a crecer. Porque Yo os voy a llevar por esos caminos que aún no conocéis, caminos bellos y santos a donde tienen que ir todas las almas.

Pero que no todas se dejan tomar de la mano, ni se dejan guiar por estar tan entretenidos en las cosas del mundo. Debéis luchar fuertemente contra el Mundo y que seáis ejemplo ante vuestros hermanos de que sí se puede vencer al Mundo, porque estáis Conmigo, con vuestro Dios.

mundo

Enseñadles que aún a pesar de que en algún tiempo hayáis estado caídos u os hayáis entretenido con el Mundo, pudisteis darle la espalda y ahora escogisteis Mis Caminos. Sed ejemplo Mis pequeños, para que vosotros arrastréis almas hacia su salvación.

Porque Satanás es muy sutil para sus seducciones. Nunca os va a atacar de frente, asustándoos como muchos creéis. Él siempre tocará vuestras debilidades… Os conoce perfectamente. No conoce vuestro interior, pero sabe cómo reaccionáis…

 Y conoce vuestras debilidades: ya sean de carácter, de lujos, de amoríos, de tantas cosas en las que el hombre puede fallar. Todos aquellos defectos, que en lugar de luchar contra ellos, muchas veces los estáis avivando.

EGOISMO

Mis pequeños, luchar contra un defecto cuesta mucho y a veces duele mucho. Pero hacen tanto daño ésos defectos. Hacéis daño a vuestros padres, a vuestros hermanos, a vuestros hijos, a vuestros esposos, a los vecinos. Tantos y tantos de vuestros hermanos que pueden ser afectados por vuestros defectos…

 Y esto os lo digo también por aquellos que son guías de pueblos, directores de empresas, aquellos que tienen gente bajo ellos. Vuestros defectos personales, si no los sabéis dominar, pueden causar mucho daño.

Os he dicho que para todos aquellos que tengan algún mando, deben pedir la ayuda del Espíritu Santo, Él Vive en vuestro interior, Él os conoce y Él es el encargado de guiaros, de guiaros por caminos de Bien.

AMOR Y SERVIR

Si vosotros no lucháis contra vuestros defectos, causáis muchos problemas con aquella gente que se relaciona con vosotros. No lleváis la Paz que Yo he pedido que llevéis a vuestros hermanos.

No lleváis conocimiento santo, porque no estáis dando primeramente el ejemplo y no podéis enseñar una cosa si realmente no la estáis viviendo.

Cuando vosotros vivís en el error, eso es lo que estáis dando a vuestros hermanos. Y lo peor de todo, es que si enseñáis ése error y empiezan a practicarlo vuestros hermanos, ya sean empleados, hijos, parientes; si ellos por vuestros errores, después de haberlos tomado como propios los están secundando, vosotros mismos también seréis juzgados por ello.

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La maldad que ellos provoquen, en parte será la vuestra; porque no disteis virtud, no disteis ejemplo santo, destruisteis almas en vez de hacerlas crecer.

Esto ya os lo había dicho cuando hablaba de la educación, que es muy importante que vosotros eduquéis correctamente a los vuestros; pero siempre con el ejemplo, siempre con la virtud, siempre con el amor. Si os estáis apartando de ello, Mis pequeños, vais por caminos errados.

Os vuelvo a repetir, seréis juzgados por también del mal que vuestros hermanos provoquen si vosotros disteis ése mal ejemplo y ellos lo aprendieron de vosotros. Por eso es necesario que viváis muy pendientes y siempre guiados por la Luz del Espíritu Santo, por las cosas que digáis o del cómo obréis.

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 El ser ejemplo debe dejar cosas buenas a vuestros hermanos, nunca causar escándalo; nunca dejar una mala impresión, porque sois Mis hijos. Sois hijos de todo un Dios, sois hijos del Rey y vosotros tenéis un compromiso muy grande con ello.

 Si Yo os he dado ésa dignidad, respetadla, Mis pequeños. Respetad vuestra posición y dad un buen ejemplo a vuestros hermanos.

 Cuando se os ha pedido que seáis verdaderos hijos Míos, esto os provoca una lucha tremenda en vosotros mismos. Una lucha interior, porque entra la autodefensa y la duda… Principalmente porque al estar Conmigo, os deberéis negar a vosotros mismos… Y esto es negar todo aquello que os está separando de las Virtudes y de Mi Amor. 

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Ciertamente es una lucha interior, en la cual os estaréis preguntando que si realmente estaréis recibiendo un llamado Mío o son invenciones de vuestra menteTened en cuenta Mis pequeños antes que nada, que Yo Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios y vuestro Creador.

El padre y la madre en un hogar, siempre están velando por el bienestar de los hijos, los están llevando a lo mejor que ellos pueden dar. El sacrificio de los padres a veces llega a actos heroicos, en donde ellos mismos dejan alimentos, placeres, gustos; por darle a los hijos lo que ellos necesiten.

 O tan solo para producirles nada más un gusto, aun a pesar de que quizá la misma economía esté mal en el hogar.  Los padres, los buenos padres, van madurando a lo largo de la vida.

MATRIMONIO DE 3

Si en un principio el joven está buscando los bienes del mundo, placeres, riquezas, que se le alabe en el físico, que se le alabe en lo intelectual, cuando se va creciendo y sobre todo, cuando llegan a casarse, es cuando realmente empieza la vida de donación.

No quiero hablar tanto del sacrificio, pero cuando verdaderamente se ama al ser querido no se toma como sacrificio, es donación Mis pequeños, es amor.

 Amor puro, amor salido de lo profundo del corazón hacia el hijo, porque se le ama; porque se le quiere dar lo mejor, porque uno ya ha vivido, ha sufrido y le quiere ahorrar camino de sufrimiento al hijo… Y ahí es donde viene el sacrificio, pero dado por amor.

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Cuando llegáis a ésa madurez espiritual, es cuando realmente habéis crecido ya en la virtud y es cuando estáis preparándoos realmente para entrar al Reino de los Cielos. Vuestra vida es ese cambio…

El cambio que tenéis de la soberbia de la juventud, el sentiros autosuficientes que hasta llegáis a separaros de Mí, porque no creéis necesitar de Mí, según vosotros. Os sentís fuertes, os sentís que podéis lograr todo con vuestras capacidades y vuestras fuerzas.

La economía, cuando vais menguando de esa fuerza de esa soberbia que teníais, es cuando vais entrando en razón. Es cuando os vais acercando a Mí y es cuando vais viendo la Verdad de Mi Fuerza, Fuerza Poderosa, pero Fuerza de Amor, Mis pequeños.

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Mi Fuerza, no es de soberbia, no es para haceros a vosotros pequeños y Yo burlarMe de vosotros. En Mí todo es Amor, en Mí todo es ayuda para vuestro crecimiento espiritual, para que podáis tener vida. La Vida que Yo os entregué desde el Principio del Tiempo, pero que el Pecado Original afectó.

Vosotros habéis sido llamados para cosas grandes, porque cuando fuisteis creados en la presencia de vuestros Padres, Adán y Eva, os di inmensidad de regalos. A eso estáis llamados Mis pequeños, a ser consentidos por Mi Amor.

Así pues, cuando os pido que Me sigáis y cuando os pido que os venzáis a vosotros mismos, que os neguéis, es precisamente para que maduréis más rápido. Porque al madurar más rápido, empezaréis a gozar de Mis Bienes Celestiales, aún aquí desde la Tierra.

SAN MARTIN DE PORRES

Apurad vuestro paso. Dejad  todo aquello que detenga vuestro paso en el crecimiento de vuestro interior y dejadMe que Yo os guíe, que os proteja, que os levante, que os perfeccione; para que podáis gozar como verdaderos hijos Míos

Ciertamente seguiréis viviendo en el Mundo, pero le daréis su verdadero lugar a las cosas del mundo. Están ahí para vuestra ayuda, pero no deben de ser vuestra meta definitiva.

 Vuestra meta definitiva Soy Yo y Mi Reino. Y debéis dejar como consecuencia, todo aquello que os impida llegar hasta Mí. Debéis ser camino de salvación para muchos y os premiaré vuestro ejemplo y la vida que hayáis dejado también en vuestros hermanos.

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Os he pedido que aumentéis vuestro tiempo de oración, que mejoréis en vuestra vida de penitencia y ayuno. Os lo pido de corazón Mis pequeños; porque son tantas y tantas las almas alrededor del mundo que necesitan de salvación y no hay suficiente Oración ni donación por su salvación.

Ciertamente, el Sacrificio de Mi Hijo abarca a todas las generaciones y a todos los tiempos. Pero vosotros sois corredentores con Mi Hijo y ésta en una Gracia especial que os doy para que vosotros también podáis gozar fuertemente en el Reino de los Cielos por el bien que vosotros hacéis a vuestros hermanos.

Mis pequeños, si vosotros pudierais ver cuántas almas sufren por los ataques satánicos. Satanás ha desplegado sus alas, está yendo por todos lados del mundo destruyendo almas. Cada vez veis más su fuerza, su poderío, su grosería, su Maldad.

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Estáis viendo cómo va corrompiendo corazones desde la niñez, quitándole la inocencia a vuestros hijos, llevando a vuestros jóvenes todavía pequeños, a pecados graves. Causándoles daños irreparables, como desde tener hijos a temprana edad y que ellos a su vez, no les darán soporte espiritual…

 Porque estos mismos jóvenes pequeños, no tienen la madurez necesaria como para transmitir valores. Esto les creará un resentimiento muy fuerte, porque le echarán la culpa a ése bebé que llegó desde muy temprano a su vida..

Y ese resentimiento le causará también un daño al bebé… Y así es como va causando daños en cadena.

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Estáis viendo como Satanás está atacando a todos niveles de la vida del hombre y vosotros no estáis contrarrestando casi nada de todo el poder maligno que se ha desatado sobre la Tierra.

Esto ya estaba profetizado en las Escrituras, pero muchos de vosotros, una gran mayoría en el mundo, no le interesa saber ya más de Mí, vuestro Dios.

Hacen caso omiso de Mis Leyes y Decretos, hacen caso omiso de Mis Verdades y Mis Consejos. En las Sagradas Escrituras tenéis la Verdadera Vida, tenéis el camino correcto, tenéis los consejos para llegar a la santidad.

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 Tenéis todo Mis pequeños, para que se os llame verdaderos hijos de Dios. Pero el hombre prefiere darle vuelo a sus carnalidad, a su concupiscencia. 

Creen muchos de ellos, que tendrán después el tiempo suficiente para su conversión, el regreso a Mí. Pero ciertamente esas almas quedan llenas de resentimiento y de maldad por haberse ido por caminos de perdición.

Satanás en su astucia los va desviando de los caminos del Bien y al llenarlos de Mal, las mismas almas sienten que ya no tienen perdón… Y así va haciendo que se pierdan en esa desesperación, se dan por perdidas, porque sienten un peso muy grave de pecados que han cometido.

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 Creen ya no poder tener salvación, ni perdón Míos y no es así, Mis pequeños. Os he dicho que Satanás sí tiene más poder sobre vosotros, pero nunca tendrá el Poder que tengo Yo, porque él está muy por debajo de Mí.

Venid a Mí con confianza, Mis pequeños. Venid y buscad Mi Misericordia Infinita. Pero os debéis dar cuenta que vuestro cambio debe ser inminente y total. Si es posible, dejar todo ése camino de mal que habíais llevado a lo largo de vuestra vida y cambiarlo en virtud y en amor verdaderos.

Satanás os lleva a amoríos pecaminosos, que solamente os van a dejar cargas tremendas y a veces, aparentemente insalvables. ¿Por qué buscar el Mal, Mis pequeños, cuando podéis tener Mi Bien y vuestra vida podría ser más agradable y verdadera?

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Cuando vosotros transmitís el Bien, se os abren las puertas de todos lados. Solamente quedarán cerradas aquellas puertas en las cuales, Satanás está atrás de ellas.

Ésas almas, ya satanizadas por el pecado, no os abrirán sus puertas. Pero aparte de ésas, tendréis todas las puertas abiertas, porque estaréis llevando Mi Presencia ante vuestros hermanos…

 Y aquellas almas que os acepten, Me están aceptando a Mí y recibirán Mis Bendiciones, porque os aceptaron a vosotros. Lo que hagáis con vuestros hermanos, Me lo haréis a Mí, os ha dicho Mi Hijo y es Verdad, Mis pequeños.

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 LlevadMe a Mí y gozaréis Mi Amor también en aquellas almas que os están cuidando, abriéndoos sus puertas; pero sobre todo, abriendo su corazón a vuestras enseñanzas, vosotros recibiréis. Y al recibir, tendréis la obligación de dar también y así, se va dando ésa cadena de Amor…

 Lo que vosotros habéis hecho con vuestros hermanos, más tarde lo recibiréis también y hasta con creces. Y al final, la puerta final también se abrirá para vosotros: la Puerta del Reino de los Cielos, en donde con gusto os recibiré.

Recibiréis el Amor en pleno, porque buscasteis el Amor, disteis el Amor y tendréis en premio al Amor, que Soy Yo, vuestro Dios.

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Cuando estudiáis vuestros primeros años en la escuela, se hace un resumen muy breve de lo que pudiera ser la vida del hombre. Según ellos, según los científicos, es el nacer, crecer reproducirse y morir.

Ciertamente esto no cabe para vosotros, Mis pequeños hijos Míos, eso más bien es para el mundo animalVosotros, que tenéis un alma, vuestra responsabilidad es mayor. Tenéis otro tipo de vida que la animal, tenéis frutos diferentes que recibís y que dais.

 Nacéis, pero vuestro nacimiento va siempre cuidado por Mí, por vuestro Dios. Nacéis sí, a la vida del mundo. Pero con el Sacramento del Bautismo, vuestra alma nace también.

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Vais creciendo, pero vuestro crecimiento no es el que tienen los animales, que ellos se van guiando por instinto que Yo he impuesto en cada género de vida animal; ellos tienen que seguir ése patrón de vida, de acuerdo a su especie; vosotros no Mis pequeños.

Vais creciendo, vais recibiendo educación, pero no estáis obligados por un instinto, porque además tenéis el libre albedrío. Podéis tomar o podéis negar la educación que se os está dando. Vais creciendo y vais  también creciendo un vuestro interior, no solamente creceréis en cuerpo, sino debéis crecer en alma.

Vuestros mismos padres, deben seguir dándoos ese alimento de vida, porque ellos mismos deben ya de haber crecido y madurado en Mis Leyes de vida y en Mi Amor, deben ser maestros en Mis Enseñanzas, en las Enseñanzas que os dejó Mi Hijo.

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Vais creciendo, vais teniendo ataques de Satanás, pero sí tuvisteis un buen alimento, podéis ir venciendo éstos ataques, éstas tentaciones. Ciertamente caeréis, pero siempre vosotros teniendo en vuestro interior esa búsqueda, la de la perfección espiritual, que es la Mía.

Os levantaréis, vuestras caídas no durarán mucho tiempo ni afectarán tremendamente vuestra alma. Os levantaréis, porque estaréis constantemente viéndoMe a Mí, vuestro Dios.

Si llegáis al Sacramento del Matrimonio, entonces daréis fruto. Es fruto verdadero el que dais, porque así como un árbol frutal da éstas exquisiteces para vuestro paladar; en su interior en la semilla al ser sembrado, se producirá un árbol o un arbusto igual de aquél que tomasteis ese fruto.

sacramento del matrimonio

Vuestros hijos son el fruto, son Mi deleite. Porque esos pequeñitos a los cuales les estáis enseñando acerca de Mí y que están llenándose de Mi Amor y lo están dando; ése amor infantil, ése amor pequeñito, ese amor honesto, Me deleita Mis pequeños, como el fruto jugoso de ésos árboles o de ésos arbustos.

Ese pequeñito que también crecerá, estará guiado por vosotros y vosotros, siempre buscando también la perfección en ellos, a la vez darán fruto y así haréis una familia, que se irá llenando de Mí, de Mis Bienes y de Mi Amor.

Crecerán vuestros hijos, seguiréis creciendo vosotros. Os seguiré llenando de Mí, de Mi Amor, de Mis Virtudes, de Mis Enseñanzas. Si Me amáis realmente, gozaréis de todo aquello que es espiritual, que os da vida interior ya no solamente enseñaréis a los vuestros; sino ese Amor que os va llenando, lo transmitís a vuestros hermanos, porque esa es la Ley del Amor.

LA-FAMILIA-CRISTIANA

Os he dicho que el Amor es dinámico y la Ley del Amor es que llegue a todos vuestros hermanos, que rodee al mundo entero, que os perfeccione. Ciertamente también  tendréis un final, pero no será el final como el de los animales. Todavía vuestro final tiene poder de salvación, tiene poder de vida para otro…

 Aún vuestros últimos momentos de sufrimiento o si tenéis enfermedades largas, que son para ofrecimiento, para rectificación de vuestro camino o para ayuda espiritual de muchos, todavía tenéis un poder grande de salvación cuando os unís a los Méritos de Mi Hijo.

Y así podéis ver que la vida del hombre no es estéril, no es la vida de un animal que se ha dejado llevar por su instintoSi vosotros os dejáis llevar por Mi Voluntad, haréis una vida muy fructífera de gran salvación para las almas y también será un regalo tremendo para vuestra propia alma.

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 Y así entraréis al final de vuestros días sobre la Tierra a Mi Reino, que será una Vida Eterna, llena de Bendiciones. Y allí es donde Yo os consentiré grandemente por el poco tiempo que vosotros pasasteis sobre la Tierra,  tendréis una eternidad bellísima.

Vosotros os donasteis a Mí, cuando teníais el libre albedrío, Yo Me donaré a vosotros cuando estáis en vuestro Hogar de regreso, en el Reino de los Cielos.

Por eso os pido que pongáis todo vuestro empeño en buscar la santidad de vuestros actos y esto es principalmente, dando amor a los vuestros. Ésa es la principal finalidad de vuestra vida sobre la Tierra, enseñar a vuestros hijos, a vuestros hermanos, a todos aquellos que entren en contacto con vosotros a amarMe y al tenerMe a Mí, tendrán todo. 

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Confiad en Mí, hijitos Míos, Yo no Me separaré de vosotros en ningún momento. Os daré fuerza física y espiritual para vencer en ésta prueba. Prueba que os hará alcanzar vida de Amor en ésta Nueva Era de Mi Santo Espíritu por venir.

Confiad, que Yo estoy a vuestro lado, para guiaros y en vuestro corazón para amaros y daros fuerza, fuerza que ha de vencer a las fuerzas del Mal. Yo os Bendigo, Mis pequeños. Os llevo en Mi Corazón.

Amaos los unos a los otros, os lo pidió Mi Hijo. Bendecid estos momentos en vuestra vida y agradecedMelos… Son momentos de Gloria.

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Os amo, os amo, Mis pequeños. Y dejadMe ser vuestro Dios en vuestra vida, en total libertad. Os amo, Mis pequeños y os Bendigo en Mi Santísima Trinidad.

Yo os amo y os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo y en el del Amor de Mi Santo Espíritu por venir.

¡Llamadlo, hijitos Míos, llamadlo!

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R18.- RECOGIMIENTO,VERACIDAD Y CASTIDAD


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Pasos: 1. Santo Rosario, meditado y con las letanías. 2. Meditación del día y una virtud. 3. Coronilla de protección. 4. Letanías al Inmaculado Corazón. 5. Oración final. 6. Consagración

33 DIAS, SIN INTERRUPCION

EN GRACIA

EUCARISTIA DIARIA

ROSARIUM  Signum Crucis

Per signum Crucis de inimicis nostris libera nos, Deus noster. In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen

SANTO ROSARIO con las letanías. Gozosos: Los días Lunes y Sábados. Dolorosos: Los días Martes y Viernes. Luminosos: Los Jueves. Gloriosos: Los días Miércoles y Domingos

JACULATORIA DESPUES DE CADA MISTERIO:

Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores, por el Santo Padre y en reparación de las injurias hechas al Inmaculado Corazón de maría. Jesús, perdónanos nuestras culpas, presérvanos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a  las más necesitadas de tu misericordia. Dios mío yo creo,  adoro, espero y os amo y os pido perdón por los que  no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad: Padre,  Hijo y Espíritu  Santo, os adoro profundamente,  os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo presente en todos los Tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes, de los sacrilegios y de las indiferencias con los cuales es ofendido; por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús  y  del  Corazón  Inmaculado  de  María  os  pido  por  la  conversión  de  los  pobres pecadores.

Oh María Madre mía, sé nuestro amparo y protección en estos días de purificación.  Corazones de Jesús, María y José, dadnos la salvación y llevadnos a la gloria del Padre.  Amén.

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MEDITACIÓN DE LOS 33 DÍAS 

VIGÉSIMO DÍA

PREPARAOS PARA EL SEGUNDO PENTECOSTÉS

Hijos carísimos: el Segundo Pentecostés vendrá; porque algunas almas se han ofrecido como víctimas, como pequeños pararrayos del Gran Pararrayos que es Jesucristo, Víctima Divina.

El Segundo Pentecostés vendrá; porque mi Ejército Victorioso siempre se mantendrá en pie, el Adversario nunca podrá derribarlo.

El Segundo Pentecostés vendrá como susurros de brisa suave. Brisa que humedecerá la tierra árida. Brisa que transformará el desierto en un manantial de aguas abundantes. Brisa que hará florecer valles resecos y marchitos. Brisa que dará mayor verdor a los árboles.  Brisa que servirá como abono para que la cosecha dé frutos abundantes.

El Segundo Pentecostés vendrá, para purificar la Iglesia. Iglesia que se volverá diáfana, limpia. Iglesia que vivirá humilde y pobremente. Iglesia que imitará las virtudes de su Madre Virginal.

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El Segundo Pentecostés vendrá, para Jesús instaurar su Reino de amor entre vosotros. Reino que no es como los de la tierra. Su reino es un reino de paz y de justicia. Reino de misericordia y de bondad infinita.

El Segundo Pentecostés vendrá, para dar al mundo el orden para el cual fue creado. Mundo actual: apartado de las leyes de Dios, secularizado, encaminado a la consecución del placer y de los bienes materiales.

El Segundo Pentecostés vendrá y EL ESPÍRITU SANTO DESCENDERÁ CON ÍMPETU Y FUERZA; para que Jesús sea mayormente amado y conocido.

El segundo Pentecostés vendrá, porque habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Yo, como Madre de la Iglesia seguiré guiando la vida de mis hijos.

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El segundo Pentecostés vendrá; una vez la Iglesia haya sido purificada y renovada por grandes sufrimientos. Cuando aplaste con mi talón la cabeza de la serpiente, las puertas del infierno se cerrarán y el mundo nuevo vivirá como si no existiese el pecado.

El Segundo Pentecostés vendrá; para liberar al mundo del yugo del pecado y de Satanás. Liberación que se dará por medio de la Gran Purificación y del Castigo.

Purificación que dará fin a la humanidad pecadora. Purificación que abrirá las puertas de la Nueva Jerusalén. Purificación que volverá al orden primero de la creación; porque muy pronto veréis cielos nuevos y tierra nueva.

El Segundo Pentecostés vendrá, para dar muerte al dragón rojo y a la bestia negra, (el comunismo y la masonería)

3dragonrojo

Porque la Iglesia después de haber pasado por una horrorosa crisis, volverá a renacer; resplandecerá en su plenitud.

El segundo Pentecostés vendrá; porque una porción amada, el resto fiel; no se dejará tambalear por las fuertes tormentas, ni por los vientos impetuosos que soplen sobre ella.

YO LA ESCONDERÉ EN MI INMACULADO CORAZÓN, LA OCULTARÉ DEL ADVERSARIO, la conservaré intacta, pura.

El segundo Pentecostés vendrá; porque es necesaria la purificación para la Iglesia. Es urgente el Segundo Advenimiento de Jesús. Muchas almas se condenarán si el tiempo no es abreviado.

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El Segundo Pentecostés vendrá; porque son muchas las almas que no atienden al llamado de la conversión. Son muchas las almas que desprecian los Sacramentos.

Son muchas las almas que hieren el Sacratísimo Corazón de Jesús con su pecado, con su desobediencia a las leyes y mandatos Divinos.

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El Segundo Pentecostés vendrá, después que la Iglesia haya pasado por un Viernes Santo. Viernes Santo que la llevará a su máxima purificación. Viernes Santo que la sumirá en un profundo sufrimiento; para llevarla al nivel más alto de perfección.

Hijos amados: preparaos para el Segundo Pentecostés. Consagrándoos a mi Inmaculado Corazón, perteneciendo al Ejército Victorioso de los Corazones Triunfantes.

Preparaos para el Segundo Pentecostés, promoviendo el Apostolado de Reparación. Apostolado que unido a la consagración, antepondrá el Triunfo de mi Inmaculado Corazón.

Triunfo que se dará en el mismo instante del Segundo Regreso de Jesús.

Preparaos para el Segundo Pentecostés, adorando a Jesús Presente en la Sagrada Eucaristía.

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Eucaristía que os dará fuerza en este tiempo de Tribulación. La Eucaristía os dará coraje para enfrentar la Gran prueba.

Prueba que involucrará a la Humanidad entera. Prueba que precederá a la Nueva Jerusalén.

Preparaos para el Segundo Pentecostés, orando la corona del Santo Rosario. Corona que os revestirá de gracia para que no cedáis a la tentación y por ende al pecado. Corona que me impulsará a protegeros como una buena madre cuida de sus hijos.

Corona que unirá vuestro corazón a mi Inmaculado Corazón; para que así sintáis mi Presencia en los días aciagos que os esperan.

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Virtud del recogimiento

Regocijaos en el Señor y disfrutad de la dicha verdadera.

Regocijaos en el Señor y aspirad su fragante nardo.

Regocijaos en el Señor y vuestro espíritu volará al cielo.

Regocijaos en el Señor y vuestro corazón se inflamará de amor por su Presencia.

Hijitos míos evitad la distracción, el ruido; internaos en el espesor del Sagrado Corazón y descansad en Él. Escuchad sus latidos. Latidos que son como sinfonías celestiales que os arrullan. Latidos que son como cantos de Ángeles que son suave melodía.

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Latidos que son murmullos de Nuestro Señor para que lo améis, lo adoréis, lo alabéis y lo glorifiquéis.

Cuando estéis frente al Señor no pensad en nada. Silenciaos exterior e interiormente. Al principio os costará; pero iréis aprendiendo hasta que seáis alma contemplativa.

En el recogimiento, podréis hablarle a Jesús de corazón a corazón. Él os hablará muy en la profundidad de vuestro corazón.

En el recogimiento, os salís del ámbito terrenal para adentraros en una esfera celestial.

En el recogimiento, el Espíritu Santo os soplará más fuerte. Descenderá con ímpetu, os cubrirá con sus alas de color plata.

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En el recogimiento, os olvidáis del tiempo. El reloj cesa, deja de marcar la hora, cruzáis el umbral de la eternidad.

Sed pues, almas recogidas. Almas que pidan mi intercesión, para que el Señor os conceda esta virtud.

Cuando estéis orando, desconectaos con el mundo que la oración es un DIÁLOGO, un encuentro recíproco de amor.

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Sed galantes, reverentes. Abismaos en el Señor. Sentidle en vuestro corazón. Cubridle con vuestros besos. Estáis en Él y frente a Él. No os dejéis robar este bello momento.

Lo que hoy es, mañana puede ser una ilusión, un espejismo, una quimera.

El recogimiento es descanso, sosiego, éxtasis de amor.

VIGÉSIMO PRIMER DÍA

SOY REINA DE LA FAMILIA  

Hijos míos: dad beneplácito a mi Inmaculado Corazón, convirtiéndoos del todo al Señor. Dios es sumamente Compasivo y Misericordioso para con el pecador. Dios en el que podréis encontrar toda complacencia.

Dad beneplácito a mi Inmaculado Corazón y abridme las puertas de vuestro hogar, que soy Reina de las familias. Familias que deben transformarse en un segundo hogar de Nazaret, con un toquecito de mi amor maternal.

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Familias que deben permanecer unidas, ligadas dulcemente a nuestros Sacratísimos Corazones. Familias en las que debe primar el diálogo, la tolerancia y el respeto mutuo. Familias que deben ser escuela de valores; porque es aquí la iglesia doméstica, donde se construye, se edifica el proyecto de los hijos.

Yo soy Reina de la familia y os llamo a la fidelidad conyugal. No hagáis de vuestros lechos matrimoniales nidos de demonios.

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PORQUE EL ADULTERIO ES LA PUERTA ABIERTA QUE HA LLEVADO A MUCHÍSIMAS ALMAS A LA CONDENACIÓN ETERNA.

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Allí en el Infierno; este pecado es castigado con máxima crueldad.

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PORQUE EL MATRIMONIO ES UN SACRAMENTO, UNA FUENTE DE GRACIA PARA LA SANTIFICACIÓN Y LA SALVACIÓN.

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Yo soy Reina de la familia. Reina que os pide un puesto de importancia en vuestro hogar. Reina que debe ser homenajeada con su oración predilecta, el Santo Rosario. Rosario que rezado en familia, os une en un amor ágape.

 El Enemigo no podrá entrar al seno familiar, porque con el prodigio de esta oración, las puertas y ventanas son cerradas.

 Raudales de bendiciones os lloverán del Cielo como susurros de brisa suave; porque tendréis como intercesores: la corte celestial durante vuestras vidas y en la hora de la muerte.

Yo soy Reina de la familia. Reina que os concederá una gracia especial, si atendéis a mi llamado; porque Satanás ha entrado en vuestros hogares por medio de la televisión y de la Internet.

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Os está desuniendo, os está robando el tiempo para que no oréis. Os entretiene sutilmente para sustraeros de las cosas de Dios.

Yo soy Reina de la familia. Reina que quiere perfumar vuestra casa con su presencia. Reina que os quiere preservar del Adversario porque él pretende destruir y acabar con las familias.

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Familias que están perdiendo identidad. Familias en las que ha penetrado el espíritu de división. Familias en las que poco se cultivan los valores espirituales y religiosos.

Yo soy Reina de la familia. Familia que en este Final de los Tiempos, está siendo semidestruida por la influencia del modernismo.

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Está tiñéndose de oscuridad; porque muchos padres han perdido autoridad sobre sus hijos. Hijos que quieren gobernarse por sí solos. Hijos que carecen de la figura paterna o materna. Hijos que les ha tocado vivir un tiempo fuerte de confusión; porque estáis en la época en que a lo bueno se le llama malo y a lo malo, bueno.

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Yo soy Reina de la familia y os traigo un mensaje esperanzador: muy pronto mi Inmaculado Corazón triunfará. MUY PRONTO; muy pronto veréis cielos nuevos y tierra nueva. Muy pronto veréis a la mujer vestida de sol pisando con su talón la cabeza de la serpiente.

16Virgen de la Medalla Milagrosa

Por eso hijos míos: atended a mi llamado de CONVERSIÓN. Volved al seno de vuestro Padre. Él os espera para abrazaros como a hijos pródigos. Él os espera para quitar los ropajes de mendicidad que lleváis puestos y vestiros con trajes nuevos.

Él os espera para recibiros con una gran fiesta. Fiesta porque habéis vuelto a su regazo Paternal. Fiesta porque habéis respondido con prontitud mi solicitud. Fiesta porque al fin reaccionasteis, despertasteis de vuestro sueño, os propusisteis hacer de vuestra familia un encuentro recíproco de amor; tienda de encuentro porque allí habita Dios.

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Allí están los Santos Ángeles que le adoran. Allí está San José proveyéndoos del pan.

Allí estoy yo arropándoos bajo la orla de mi manto celestial y dándoos alimento sólido. Porque una vez iniciasteis el proceso de consagración a mi Inmaculado Corazón y os estáis haciendo más maduros en la fe.

 Estáis formando parte de mi Ejército Victorioso. Estáis recibiendo la armadura de Dios; para que batalléis como soldados rasos. Estáis recibiendo la marca de los elegidos de Dios.

Hijos carísimos: volved a Dios. No cambiéis las leyes de Dios.

Vivid de acuerdo a sus preceptos. LEGALIZAD LAS UNIONES IRREGULARES BAJO EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO. No pongáis en alto riesgo vuestra salvación.

CONCUBINATO

CONCUBINATO

No contristéis más el Sacratísimo Corazón de Jesús. Consolidad familias de acuerdo al Santo Querer del Señor.

El Adversario, Satanás; las quiere disolver. Influye en el corazón de los hombres para que se acepten y promuevan leyes permisivas.

 Leyes perniciosas que llevan a la degradación moral, al distanciamiento con Dios. Porque el Cielo, jamás aprobará leyes contrarias a las enseñanzas del Divino Maestro.

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Virtud de la veracidad (verdad)

Caminad por los senderos de mi Amor Santo. Senderos adornados de rosas de esplendidos colores. Senderos en los que se os exige renuncias, cambios notorios. Senderos angostos que os llevan al Cielo. Senderos por los que iréis subiendo cimas. Cimas a la santidad.

Si optáis en habitar en uno de los Aposentos de mi Amor Santo debéis sacar de vuestro corazón el feo vicio de la mentira. Vicio que os hace parecidos a Satanás; porque él es el padre de ella.

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Vicio que os traerá problemas. Vicio que os hará remedos del demonio. Vicio que es enfermedad mortal que os mata en vida. Vicio que se lleva la luz de vuestro corazón.

Corazón que pierde su hermosura, su lozanía. Corazón que pierde el aroma de Cristo; ya que la mentira produce olor nauseabundo, mortecino.

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Hijos míos, hablad siempre con la verdad. Por la Verdad, murió Cristo. Por la Verdad, muchos de los santos que hoy gozan de la visión beatífica de Dios en el Cielo, fueron mártires del gran amor del Amor Divino.

La verdad hace de vuestro corazón un manantial de aguas claras, límpidas. La verdad os da brillo, luz. Es como un lucero que os posee.

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La verdad es como la alborada de la mañana en que la oscuridad se diluye para dar paso a la claridad del día.

La verdad es como el sol radiante en vuestro corazón. Sol que os cubre con su resplandor, os cobija con sus rayos potentes.

¿Por qué mentir, hijos míos; si sois hijos de la verdad?

Llevadla colgada al cuello como si fuese un collar de perlas finas. Llevadla bien guardada en vuestro corazón como si fuese vuestro máximo tesoro. Llevadla en vuestros labios como si fuese dulce miel.

Llevadla en vuestros pensamientos como única razón para existir.

No os engañéis a vosotros mismos. Reconoced que las mentiras piadosas, NO EXISTEN.

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Actuad siempre como en la luz del pleno día.

La verdad es sabiduría, valentía.

VIGÉSIMO SEGUNDO DÍA

MIS LECCIONES, CÁTEDRA DE SABIDURÍA

Hijos carísimos, venid a mi escuela maternal. María, Maestra de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, os llama a todos vosotros. Porque os quiere formar con sus lecciones de amor. Lecciones que os harán más santos, más sólidos en la fe. Lecciones que os sacarán de vuestra ignorancia espiritual.

Lecciones que os mostrarán el camino hacia la verdad. Verdad porque es doctrina pura, sana. Verdad, porque en nada contradice al Magisterio de la Iglesia y las Sagradas Escrituras.

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Verdad porque son mis palabras. Palabras que debéis saborear como manjar exquisito. Palabras que son dulce miel para vuestro corazón. Corazón que habrá de estar abierto a las mociones del Espíritu Santo. Corazón que habrá de transformarse en un cofre de oro fino, que guarde piedras preciosas.

Tesoros de cuantiosa suma; ya que un alma sencilla y humilde, toma cada una de mis lecciones de amor; como la máxima riqueza que pueda poseer un hombre en la tierra.

Hijos míos: tomad esta preparación, la consagración a mi Inmaculado Corazón; como una gran cátedra de Sabiduría Divina.

 Sabiduría impartida por María, Maestra de los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Porque esta es mi misión: enseñaros el camino al Cielo. Profetizaros los acontecimientos que están por suceder. Porque todo lo que está escrito llegará a su culmen, a su final.

25Reina de los profetas

Además de ser una buena madre para con todos vosotros, soy Maestra de los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Maestra que ha sido designada por el Cielo para este tiempo decisivo en la historia de la Humanidad.

 Humanidad que tendrá que caminar en dirección opuesta al mundo. Humanidad que deberá regresar a Jesús; porque muy pronto será purificada, renovada.

Humanidad que está siendo avisada, PREPARADA. Porque relativamente os falta muy poco para que veáis al Señor, glorioso en su Trono. Relativamente os falta muy poco para que miréis cómo se abren las Puertas de la Nueva Jerusalén. Relativamente os falta muy poco para el Triunfo de mi Inmaculado Corazón.

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Hijitos amados: convertíos de corazón al Señor. Los hombres de estos tiempos son de duro corazón. Son escépticos a los grandes misterios del Cielo, porque la ciencia los ha vuelto empíricos, racionalistas y hasta fundamentalistas.

Volveos como niños y seguid mi voz. Caminad tras mi perfume. NO TEMÁIS; PORQUE NADA OS SUCEDERÁ,

Os abrigaré bajo los pliegues de mi sagrado manto, porque sé que padeceréis frío. Os ocultaré en uno de los aposentos de mi Virginal Corazón; porque sé que seréis perseguidos, calumniados, injuriados.

Consagraos a mi Inmaculado Corazón; porque las potestades del Infierno no prevalecerán, a pesar de la desobediencia de algunos hijos predilectos.

El Papa, primer representante de Cristo en la tierra, seguirá siendo la máxima autoridad para la Iglesia. Autoridad infalible. Autoridad que debe ser acatada por toda la jerarquía eclesial.

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Las potestades del Infierno no prevalecerán, así la apostasía halla difundido el error indiscriminadamente. Error que ha sembrado la duda e inquietud en el corazón de muchos de mis hijos.

LAS POTESTADES DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN, AUNQUE PAREZCA QUE EL MAL HA TRIUNFADO SOBRE EL BIEN.

Las fuerzas de Dios son potentes, indestructibles y eternas.

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Las potestades del Infierno no prevalecerán. San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial; se prepara para descender a la tierra al sonar las trompetas.

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Príncipe que con su espada defenderá la Iglesia, protegerá al resto fiel remanente.

Las potestades del Infierno no prevalecerán. Satanás y sus secuaces serán enviados a los Abismos más profundos del Averno.

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Las potestades del Infierno no prevalecerán. Mi Ejército Victorioso les vencerá, les combatirá con el arma poderosa del Santo Rosario. ARMA QUE LES DEBILITARÁ, LES MENGUARÁ FUERZAS.

29Los 15 Misterios del Santo Rosario

Las potestades del Infierno no prevalecerán. Aún en el momento en que la Iglesia pase por el Viernes Santo. Yo que soy su Madre, estaré presente para consolarla. Porque una vez haya pasado por los dolores del parto, llegará a su máximo esplendor.

Las potestades del Infierno no prevalecerán. Porque el dolor y los sufrimientos gestan un nuevo nacimiento, UNA NUEVA HUMANIDAD.

Las potestades del Infierno no prevalecerán. Porque la “mujer vestida de sol” ha empezado su Gran Batalla. Batalla que disipará las tinieblas; para que la luz de Cristo resplandezca por todas partes.

Batalla en la que la Iglesia caminará en la verdad, en la fidelidad y en la unidad. Batalla que llevo adelante por medio de vosotros, resto fiel.

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Virtud de la castidad

SOIS TEMPLOS VIVOS DE DIOS, sois morada del Espíritu Santo. Sois creados a imagen y semejanza de Dios. Sois hechura de sus venerables manos.

Así es pues hijos míos, que debéis hacer de vuestro cuerpo tabernáculo del Amor Divino. Copón de pureza. Porque nacisteis para el gozo espiritual, para el disfrute de la verdadera vida en Dios.

No mancilléis vuestro cuerpo. Los pecados de la carne ofenden gravemente a Dios. Los pecados de la carne os deforman, os vuelve monstruos.

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Los pecados de la carne os acarrean sufrimientos indecibles en la eternidad.

Los pecados de la carne borran el matiz de Dios, que un día recibisteis cuando fuisteis engendrados en el vientre de vuestras madres. Los pecados de la carne os van consumiendo lentamente hasta que quedéis forrados en el mero hueso.

Id y purificad vuestro corazón en los Ríos de la Gracia. Haced reparación, mortificación y penitencia por las veces que hicisteis de vuestro cuerpo motel de placer, engendro de Satanás.

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Id y purificad vuestro corazón en los Ríos de la Gracia, por las veces que hicisteis de vuestro cuerpo mercadería barata, recinto de prostitución.

La castidad hijos míos, es virtud que os ciñe corona de azucenas en vuestro corazón.

La castidad hijos míos, es virtud que os da candor, pureza.

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La castidad hijos míos, es virtud que os da olor de santidad, fragancia exquisita de cielo.

La castidad hijos míos, es virtud que cubre vuestro cuerpo de ropajes blancos.

La castidad hijos míos, es virtud que hace de vuestro corazón un lirio perfumado.

La castidad hijos míos, es virtud que os ciñe alas de Ángeles.

La castidad hijos míos, es virtud que os da fragancia exquisita; oloroso perfume que es prueba de que Dios habita en vuestro corazón. De que sois portadores de la Pureza Infinita. De que sois vasos cristalinos, espejos nítidos sin manchas.

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CORONILLA DE PROTECCIÓN Y LIBERACIÓN

PARA DEFENDERNOS Y HACERLA EN TODO MOMENTO

(De rodillas y con los brazos en cruz)

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Con un Rosario común de 50 cuentas)

EN LAS CUENTAS GRANDES:

Ave María Purísima sin pecado concebida, hija de San Joaquín y Santa Ana, María Santísima!

EN LAS CUENTAS PEQUEÑAS:

¿Quién como Dios? Nadie como Dios

EN EL GLORIA:

Huid poderes malignos, venció Cristo el Señor.

AL FINAL DE LAS CINCO DECENAS:

Corazones triunfantes de Jesús y María, reinad en mi vida y en mi corazón. (Se repite tres veces)

LETANÍAS AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Señor, ten piedad.   Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.  Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.  Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.  Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.  Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial. Ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo. Ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo.  Ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios. Ten misericordia de nosotros.

Santa María, Corazón Inmaculado de María. Ruega por nosotros.

Corazón de María, lleno de gracia. Ruega por nosotros.

Corazón de María, vaso del amor más puro. Ruega por nosotros.

Corazón de María, consagrado íntegro a Dios. Ruega por nosotros.

Corazón de María, preservado de todo pecado. Ruega por nosotros.

Corazón de María, morada de la Santísima Trinidad. Ruega por nosotros.

Corazón de María, delicia del Padre en la Creación. Ruega por nosotros.

Corazón de María, instrumento del Hijo en la Redención. Ruega por nosotros.

Corazón de María, la esposa del Espíritu Santo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, abismo y prodigio de humildad. Ruega por nosotros.

Corazón de María, medianero de todas las gracias. Ruega por nosotros.

Corazón de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús. Ruega por nosotros. Corazón de María, gozando siempre de la visión beatífica. Ruega por nosotros.

Corazón de María, holocausto del amor divino. Ruega por nosotros.

Corazón de María, abogado ante la justicia divina. Ruega por nosotros.

Corazón de María, traspasado de una espada. Ruega por nosotros.

Corazón de María, coronado de espinas por nuestros pecados. Ruega por nosotros.

Corazón de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, exultando en la resurrección de tu Hijo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, triunfando eternamente con Jesús. Ruega por nosotros.

Corazón de María, fortaleza de los cristianos. Ruega por nosotros.

Corazón de María, refugio de los perseguidos. Ruega por nosotros.

Corazón de María, esperanza de los pecadores. Ruega por nosotros.

Corazón de María, consuelo de los moribundos. Ruega por nosotros.

Corazón de María, alivio de los que sufren. Ruega por nosotros.

Corazón de María, lazo de unión con Cristo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, camino seguro al Cielo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, prenda de paz y santidad. Ruega por nosotros.

Corazón de María, vencedora de las herejías. Ruega por nosotros.

Corazón de María, de la Reina de Cielos y Tierra. Ruega por nosotros.

Corazón de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia. Ruega por nosotros.

Corazón de María, que por fin triunfarás. Ruega por nosotros.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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Oremos:

Tú que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos. Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor. Amén.

5. Oración final

Santísima  Virgen  María,  Maestra  de  los  apóstoles  de  los  últimos  tiempos, preparadme  con  vuestras  lecciones  de  amor  al  segundo  advenimiento  de vuestro  Hijo  Jesús.  Avivad  mis  sentidos  para  que  guarde  en  mi  corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo. Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad. Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte  con  beneplácito  el  sufrimiento  y  me  haga  heredero  de  uno  de  los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón. Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo. Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, cercenad mi corazón con vuestra  espada  de  doble  filo  y heridlo  de  amor, para que  vuestra  presencia siempre me acompañe hasta el día del retorno de Nuestro Señor Jesucristo. Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma. Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad. Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.

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6. CONSAGRACION A MARÍA INMACULADA (De S. Luis María Griñón de Montfort)  María Inmaculada, dulce Soberana mía, cuanto me alegro de ser tu esclavo de amor. Te  confío  y  consagro  mi  cuerpo  y  mi  alma,  con  todos  mis  bienes interiores  y  exteriores,  naturales  y  sobrenaturales,  pasados,  presentes  y futuros. Quiero también en este día ganar cuantas indulgencias pueda, y te las entrego. María,  Madre  mía,  renuncio  a  mi  propia  voluntad,  a  mis  pecados,  a  mis disposiciones e intenciones.  Quiero lo que tu quieras: me arrojo en tu Corazón abrazado  de  Amor  Divino,  divino  molde  en  que  debo  formarme;  en  él  me escondo y me pierdo para orar, obrar y sufrir, siempre por ti, contigo, en ti y para ti, a la mayor gloria del Sagrado Corazón de Jesús, tu Divino Hijo, Amén.

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10.- DESPEDIDA DE LA MADRE


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Las señales de la Pasión han desaparecido. María está en su habitación sentada y leyendo el Libro de Daniel en un rollo que estudia con mucha atención… Ya no se ve torturada. Su rostro ha adquirido una gravedad mas acentuada y sin ser aquel rostro trágico de la Pasión, se ve mucho más madura. Tiene un aspecto sereno y muy majestuoso.

En la tranquila habitación, por la ventana abierta entra un radiante sol matutino, que ilumina un jardín cercado por altas tapias, pero en el que todavía se ven brillar en las hojas, las gotas del rocío matinal.

Entra Jesús, todavía con su espléndida vestidura de la mañana de la Resurrección. Su Rostro emana fulgor. Sus heridas son pequeños soles.

María se arrodilla sonriendo. Luego se alza y lo besa en la Mano derecha.

Jesús la estrecha contra su Corazón y la besa en la frente, sonriendo, y le pide un beso.

Que María da, también en la Frente.

Jesús dice:

–                 Mamá. Mi tiempo de permanencia en la Tierra ha terminado. Subo al Padre. He venido para una especial despedida de ti y para mostrarme a ti una vez más, con el aspecto que tendré en el Cielo.

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No he podido mostrarme a los hombres con esta figura de esplendor: no habrían podido soportar la belleza de mi Cuerpo glorificado, una belleza que supera demasiado sus capacidades. Pero a ti, Mamá, sí. Y vengo a inundarte de alegría otra vez con ella.

Besa mis Heridas. Que Yo sienta en el Cielo el perfume de tus labios y que a ti te quede en los labios la dulzura de mi Sangre. Pero quédate segura Mamá, de que nunca te dejaré. Saldré de tu corazón durante esos pocos instantes requeridos por la consagración del Pan y del Vino; para volver luego, después de esa fatigosa separación de ti, con un ansia de amor pareja a la tuya, ¡Oh Cielo mío vivo cuyo Cielo soy Yo!

No habremos estado nunca tan unidos como de ahora en adelante. A1 principio, mi incapacidad embrionaria; luego mi infancia seguida por la lucha de la vida y del trabajo; la Misión, la Cruz y el Sepulcro: estas cosas me interponían distancia y obstáculo para decirte cuánto te amo.

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Pero ahora estaré en ti no ya como una criatura en formación; estaré a tu lado no ya en medio de los obstáculos del mundo que veda la fusión de dos que se aman: ahora estaré en ti como Dios. Y nada, nada; ni en la Tierra ni en el Cielo, podrá separarnos a mí de ti, ni a ti de mí, Madre Santa.

Te diré palabras de inefable amor, te haré caricias de indescriptible dulzura. Y tú me amarás por quien no me ama. ¡Oh, tú colmas la medida del amor, que el mundo no dará a Cristo, con tu amor perfecto, Mamá! Por eso más que un adiós, mi despedida es como la de uno que saliera un momento a este jardín florido a coger rosas y azucenas.

Pero Yo te traeré del Cielo otras rosas y otras azucenas más hermosas que éstas que aquí han florecido. Te llenaré de ellas el corazón Mamá, para hacerte olvidar el hedor de la Tierra que no quiere ser santa y anticiparte la brisa del bienaventurado Paraíso donde con tanto amor se te espera.

Y el Amor que no sabe esperar, vendrá a ti dentro de diez días. Adórnate con tu más hermosa alegría ¡Oh Madre Virgen, que tu Esposo viene! El invierno ha pasado… Las viñas florecidas emanan su perfume y Él canta: “¡Levántate, Oh llena de hermosura! ¡Ven  Esposa mía, que serás coronada!”. (Cantar de los cantares 2, 11-13)

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Con su Fuego te coronará, ¡Oh Santa! y te hará feliz con su Espíritu, que se infundirá en ti con todos sus esplendores, ¡Oh Reina de la Sabiduría!, Reina suya, que has sabido comprenderlo desde la aurora de tu vida y amarlo como ninguna criatura en el mundo jamás amó.

Madre, subo al Padre nuestro. A ti, Bendita, la bendición de tu Hijo.

María resplandece en su éxtasis, en esta habitación resplandeciente por la luz de Cristo.

Jesús dice:

–                    No hagáis, hombres, objeto de polémica el hecho de si era o no posible que Yo cambiara de figura. Ya no era el Hombre vinculado a las necesidades del hombre. Tenía al Universo como escabel de mis pies y todas las potencias como siervas obedientes. Y si, mientras era el Evangelizador, había podido transfigurarme en el Tabor ¿No iba a poder transfigurarme para mi Madre siendo ya el Cristo glorioso? O mejor: ¿no iba a poder cambiar de figura para los hombres y aparecerme a Ella como ya era: divino, glorioso, transfigurado en Aquel que en realidad era, en vez de con esa figura de Hombre con que me mostraba a todos? Ella, que además, me había visto ¡Pobre Mamá!, transfigurado por los padecimientos; era justo que me viera transfigurado por la Gloria

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No hagáis objeto de polémica el si Yo podía estar realmente en María. Si decís que Dios está en el Cielo y en la Tierra y en todas partes, ¿Por qué sois capaces de dudar el que Yo pudiera estar contemporáneamente en el Cielo y en el Corazón de María, que era un vivo Cielo? Si creéis que estoy en el Sacramento y cerrado dentro de vuestros ciborios, ¿Por qué podéis dudar que Yo estuviera en este purísimo y ardentísimo Ciborio que era el Corazón de mi Madre?

¿Qué es la Eucaristía? Es mi Cuerpo y mi Sangre unidos a mi Alma y a mi Divinidad. Pues bien, cuando Ella me concibió, ¿Acaso tenía algo distinto en su seno? ¿No tenía al Hijo de Dios, al Verbo del Padre con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad? Si vosotros me tenéis, ¿No es acaso, porque María me tuvo y me dio a vosotros, después de haberme llevado nueve meses?

Pues bien, de la misma manera que dejé el Cielo para morar en el seno de María, ahora que dejaba la Tierra, elegía el seno de María como Ciborio para mí. ¿Y qué ciborio, en qué catedral, es más hermoso y santo que éste?

CORAZN~1

La Comunión es un milagro de amor que hice por vosotros, hombres. Pero en la cima de mi pensamiento de amor resplandecía el pensamiento de infinito amor de poder vivir con mi Madre y hacer que viviera Ella conmigo hasta que nos reuniéramos en el Cielo.

El primer milagro lo hice para alegría de María, en Caná de Galilea. Los últimos milagros, para el consuelo de María, en Jerusalén: La Eucaristía y el velo de la Verónica.

El Velo de la Verónica, para poner una gota de miel en la amargura de la Desolada y la Eucaristía, para que no sintiera que Jesús ya no estuviera en la Tierra.

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¡TODO, TODO, TODO…  Comprendedlo de una vez por todas, ¡LO TENÉIS POR MARÍA! Deberíais amarla y bendecirla cada vez que respiráis. El velo de la Verónica es también un aguijón para vuestra alma escéptica.

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Comparad vosotros racionalistas, tibios, inseguros en la fe; vosotros que os conducís por secos exámenes, el Rostro del Sudario y el de la Sábana: uno es el Rostro de un vivo, el otro es el de un muerto; pero la altura, la anchura, los caracteres somáticos, la forma y las características son iguales.

Superponed las imágenes. Veréis que corresponden la una a la otra. Soy Yo. Yo que quise recordaros cómo era y en qué me convertí por amor a vosotros. Si no estuvierais definitivamente extraviados, si no fuerais ciegos; deberían bastar esos dos Rostros para llevaros al amor, al arrepentimiento, a Dios.

El Hijo de Dios os deja, bendiciéndoos con el Padre y con el Espíritu Santo.

SUDARIO DE TURIN

SUDARIO DE TURIN

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA

192.- SACRIFICIO DE AMOR


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Es un amanecer glorioso, en el que parece que toda la primavera cantara en los árboles, las flores, los pájaros y los olivos que cubren el monte por el que avanza el grupo apostólico para entrar a Jerusalén.

Llegan a una casa y Jesús entra bendiciendo a sus moradores que lo saludan con alegría. Hay ruido de cascabeles y panderetas.

Isaac entra y se postra ante su Señor y le dice que ya cumplió su encargo.

Jesús sale y señala al asno sobre el que nadie ha montado hasta ahora.

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Los peregrinos ricos extienden sobre el lomo del animal sus ricos mantos y uno dobla su rodilla, para que se apoye el Señor y monte.

Pedro camina del lado del Maestro e Isaac del otro lado, llevando las riendas del aún no domado animal, que sin embargo avanza calmadamente como si estuviera  acostumbrado. No patea, ni se espanta con las flores, ni con las ramas de olivo y las palmas que se agitan a su alrededor. Que se tiran al suelo como alfombra, ni con el alegre sonar de cascabeles y los gritos llenos de alegría…Que son cada vez más fuertes…

Gritos clamorosos de:

–                       ¡Hosanna al Hijo de David!

–                       ¡Bendito sea el que viene en el Nombre del Señor!

–                       ¡Hosanna en lo más alto de los Cielos!

–                       ¡Santo, Santo, Santo es el Señor!

–                       ¡Llenos están el Cielo y la Tierra de su Gloria!

–                       ¡Hosanna en el Cielo!

–                        ¡Bendito es el que viene en el Nombre del Señor!

–                       ¡Hosanna en el Cielo!

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Avanzar desde Betfagé, por entre calles estrechas y torcidas, no es fácil. Cuando salen del suburbio, el cortejo se ordena y no falta quién arroja su manto al suelo como si fuera una alfombra y muchos lo imitan. El centro de la calle se convierte una cinta multicolor; llena de ramas floridas de olivos, flores y hojas de palma. Resuenan los gritos en honor al Rey de Israel; del Hijo de David, de su Reino.

En la Puerta de las Ovejas los soldados de la guardia al escuchar el alboroto, salen a ver lo que pasa…

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No es ninguna sedición. Se apoyan en sus lanzas y se hacen a un lado entre admirados y burlones, ante el extraño cortejo de este Rey que viene montado sobre un asno. Un Rey hermoso como un Dios. Humilde como el más pobre de los hombres. Bueno y cariñoso… A quién rodean mujeres y niños…

Y hombres desarmados que gritan:

–                       ¡Paz! ¡Paz!

Antes de entrar en la ciudad, Jesús se detiene a la altura de los sepulcros de los leprosos de Inón y de Siloán. Se alza y levanta sus brazos gritando en dirección de aquellas pendientes rocosas, donde caras y cuerpos terroríficos, se asoman al oírlo.

Jesús grita:

–                       ¡Quién tenga Fe en Mí, pronuncie mi Nombre y alcance por medio de Él, la salud!

Bendice. Y continúa su camino…

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Luego dice a Judas de Keriot:

–                       Comprarás alimentos para los leprosos y con Simón, los traerás antes de que anochezca.

El cortejo entra en la ciudad, por la Puerta de Siloán y como un torrente se desparrama por sus calles. Pasa por el barrio de Ofel en el que cada terraza se ha convertido en una pequeña plaza llena de gente que grita hosannas y que arroja flores y perfumes hacia el Maestro.

El grito de la multitud parece aumentar y tomar fuerzas como si saliese de una bocina; porque los numerosos arcos de que está llena Jerusalén, la amplifican en un grito continuo…

Como el bramido del mar que va y viene, se rompe contra los arrecifes y las playas; para ser recogida por otra que lo multiplica…

–                       ¡Scialem, scialem melchitl! (Paz, paz oh Rey)

En un grito continuo, que se repite y sube y baja, como las olas. Es impresionante y aturde…

Un grupo de jóvenes trae copas de cobre con carbones encendidos e incienso de los que suben espirales de humo y ellos echan más incienso y resinas olorosas una y otra vez, mientras el grito continúa…

1incensario

¡Incienso, perfumes, gritos, palmas, flores, vestidos, colores, hosannas!… ¡Alabanzas y más alabanzas!… Es una euforia colectiva y adorante que aturde y pareciera dejar a uno atolondrado… Jesús avanza triunfante, rodeado por un pueblo que lo ama y lo aclama adorándolo como al Mesías: el Dios Encarnado y Rey del Universo…

1entr-triunfal

Por desgracia también están sus acérrimos enemigos y… ¡Esto es excedente para quién ya está demasiado celoso de Dios y de su Mesías!

Los fariseos gritan llenos de ira:

–                       ¡Haz que se callen esos locos!

–                       ¡Sólo a Dios se le lanzan hosannas!

–                       ¡Diles que se callen!

Jesús responde dulcemente:

–                       Aunque Yo se los mandase y me obedecieran, las piedras gritarían los prodigios del Verbo de Dios.

1Domingo de ramos

Se dirigen hacia la casa de Analía. La terraza está adornada con las hojas nuevas de la vid. Analía está en el centro de un grupo de jovencitas vestidas de blanco, coronadas de rosas blancas y ramos de convalarias…

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Que como novias enamoradas, lanzan las blancas flores al paso de Jesús.

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Por un momento Jesús detiene al asno, levanta su mano para bendecir a las primicias de ese grupo, que lo ama hasta el punto de renunciar a cualquier otro amor terreno.

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Analía arroja una corona y grita:

–                       ¡He contemplado tu triunfo, Señor Mío!

1corona

Toma mi vida para tu glorificación universal. ¡Jesús!…  –es un saludo lleno de amor.

Mary Magdalene leaving the house feasting 1857 by Dante Gabriel Rossetti 1828-1882

Su grito es apagado por el  por el clamor de la gente que no se detiene. Es un río de entusiasmo de un pueblo delirante.

El cortejo sigue en dirección al Templo.

Más adelante se oye el grito de un hombre que trata de abrirse paso:

–                       Dejadme pasar. Una jovencita ha muerto repentinamente. Su madre quiere ver al Maestro. ¡Dejadme pasar! ¡Él ya la había salvado!

1angel_muerte

La gente lo deja pasar y cuando llega hasta Jesús, le dice:

–                       Maestro. La hija de Elisa ha muerto. Te saludó con aquel grito y luego cayó hacia atrás, diciendo: ‘¡Soy feliz’!  Y expiró. Su corazón se rompió de gozo al verte triunfante. Su madre me pidió que te llamara.

Jesús responde:

–                       No ha muerto. Ha caído una flor… Y los ángeles de Dios la recogieron, para llevarla al Seno de Abraham. Pronto el lirio de la tierra se abrirá feliz en el Paraíso, olvidando para siempre el horror del mundo.

1-lirio-blanco

Oye; dí a Elisa que no llore por la suerte de su hija. Dile que es una gran gracia de Dios y que dentro de seis días lo comprenderá. Bienaventurada ella, limpia de cuerpo y de alma, porque pronto verá a Dios. Murió de amor. De éxtasis, de gozo infinito. ¡Dichosa muerte!

Muchos no se han dado cuenta de lo que sucede y el cortejo sigue adelante. Da vuelta  a la muralla y llega hasta el Templo.

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Jesús baja del asno y con su vestido de color púrpura, entra majestuoso. Voltea hacia un grupo de fariseos y de escribas que lo miran desde el portal en el primer patio, donde ruge el acostumbrado griterío de cambistas y de vendedores de palomos y de corderos.

Al ver a Jesús, todos los compradores corren a su encuentro y solo se quedan los mercaderes.

En su bellísimo Rostro aparece la Ira.

Va al centro del Patio y grita:

–                       ¡Largo de la Casa de mi Padre! Este lugar no es para la usura, ni para el mercado. Está escrito: “Mi Casa será llamada, Casa de Oración…” ¿Cuántas veces diré que este lugar no debe tratarse como un lugar de Inmundicia; sino de Oración?

Los vendedores y cambistas recuerdan lo sucedido la última vez… Y se apresuran a obedecerlo.

1j_exp_mercaderes

Jesús mira a los del Templo, que obedientes a las órdenes del Pontífice, no chistan…

Jesús va hacia los portales donde están reunidos todos los enfermos, que lo invocan a gritos.

Y les dice:

–                       ¿Qué queréis de Mí?

Se desborda un torrente de peticiones de salud y de bendición.

–                       ¡Creemos en Ti, Hijo de Dios!

Jesús responde:

–                       ¡Dios os escuche! Levantaos y dad gracias al Señor.

Jesús extiende sus manos y sana a todos los enfermos.

Se miran… y sanos, prorrumpen en gritos de júbilo que se mezclan con los gritos de los niños…

1curando en el templo

Es un coro glorioso:

–                       ¡Gloria!

–                       ¡Gloria al Hijo de David!

–                       ¡Hosanna a Jesús de Nazareth!

–                       ¡Rey de Reyes y Señor de señores!

Algunos Fariseos, con fingida deferencia, le gritan:

–                       Maestro.

–                       ¿Estás oyendo?…

–                       ¡Estos niños dicen lo que no debe decirse!

–                       ¡Repréndelos!

–                       ¡Diles que se callen!

Jesús contesta:

–                       ¿Y por qué? ¿Acaso el Rey profeta; el rey de mi estirpe no ha dicho: “De la boca de los niños y de los que están mamando; has hecho que brotase una alabanza completa; para llenar de confusión a tus enemigos”?

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Y se dirige al Atrio de los Israelitas, para orar…

Luego que termina sale y se dirige hacia el Monte de los Olivos.

Los apóstoles están muy contentos.

El triunfo les ha dado confianza y han olvidado el peligro…

El Cedrón arrastra sus aguas con un rumor cantarín, al que une el canto de los pájaros y el de un par de ruiseñores.

La brisa suave, mueve las hojas de los árboles y acaricia los rostros alegres. Están muy sordos al aviso divino. Los hosannas han borrado TODO lo que Jesús les ha dicho de su memoria…

Felipe pregunta:

–                       ¿A dónde vamos ahora?

Jesús responde:

–                       Al campamento de los galileos. Quiero saludarlos.

Tadeo sugiere:

–                       Podrías hacerlo mañana.

–                       Lo mejor es hacer pronto lo que se puede. Vamos a donde están los galileos.

Iscariote pregunta:

–                       ¿Y esta noche? ¿Dónde dormiremos? ¿En la ciudad? ¿En qué lugar? ¿Dónde está tu Madre? ¿O en la casa de Juana?

Jesús contesta incierto:

–                       No sé. Ciertamente no en la ciudad. Tal vez en una tienda galilea…

–                       ¿Por qué?

–                       Porque soy Galileo y amo a mi región. Vamos.

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Y suben hacia dónde están los galileos acampados sobre el Monte de los Olivos, en dirección a Bethania. Sus tiendas brillan bajo el tibio sol de Abril.

Más tarde, en el anochecer del Domingo de Ramos.  Jesús está con los suyos en la quietud el huerto de los olivos. No hace frío. Todos están sentados en el pasto y sobre unos peñascos.

Jesús dice:

–                       Después del triunfo de esta mañana vuestro corazón ha cambiado. ¿Qué puedo decir? A lo humano entrasteis a la ciudad llenos de miedo, por las palabras que os había dicho. Temíais que dentro de los muros pudiesen atacaros y haceros prisioneros.

¿Os he engañado alguna vez? Desde el principio os hablé de persecución y de muerte. Y cuando alguno de vosotros, por exceso de admiración quiso verme como un pobre rey humano, al punto corregí el error y les dije: Yo soy rey del espíritu. Ofrezco privaciones, sacrificios y dolores. No otra cosa. Acá en la tierra no poseo otra cosa. Pero después de mi muerte y de la vuestra, si permaneciereis en mi Fe, os daré un Reino Eterno: el de los Cielos.

¿Os dije acaso algo diferente? Os imaginabais que era fácil seguirme  y os negabais a creer que a quién obraba tan portentosos milagros, al Hijo de Dios, alguien pudiese tocarlo. Tan robusta era vuestra fe humana en mi poder, que llegasteis a no creer en mis palabras diciendo: ‘No puedo creer que sea aprisionado, apresado y matado. El hombre nunca podrá tocarlo. Quien obra milagros, puede hacer otro en su favor.’

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No uno, sino muchos haré todavía; entre los cuales hay dos que sobrepasan a toda imaginación humana. Sólo los que crean en el Señor podrán admitirlos. Los demás…

En los siglos venideros dirán: ¡Imposible! También después de la muerte, seré objeto de contradicción. 

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     En una dulce mañana de primavera, desde un monte anuncié las Bienaventuranzas y a éstas añado otra: “Bienaventurados los que creen sin ver” ¡Bienaventurados los que creerán sin haber visto con sus ojos corporales! Serán en tal forma santos, que estando aún en la tierra verán ya a Dios. Al Dios escondido en el Misterio del Amor.

Pero después de tres años que estáis conmigo, no habéis llegado todavía a esta Fe. Creéis sólo en lo que veis. Así esta mañana, os dijisteis: ‘Él sigue triunfando y nosotros con Él. Israel lo ama.’ Y como pajarillos a los que les volviesen a nacer las plumas que se les habían caído, habéis levantado el vuelo ebrios de alegría…  Confiados y sin esa preocupación que mis palabras os habían creado en el corazón.

Nos os engañéis por lo que ha pasado esta mañana. Yo soy el Condenado coronado de rosas.

1misterio_rosario

¡Las rosas!… ¿Cuánto duran? ¿Qué queda de ellas cuando se les han caído los pétalos perfumados? Espinas… Espinas.

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Isaías lo dijo, Yo seré santificación para vosotros y con vosotros para el mundo. Pero también seré piedra de escándalo, de tropiezo, de lazo y de ruina para Israel y para la tierra.

1cristo

Santificaré a los que tengan buena voluntad. Y haré caer y reduciré a pedazos a los que mala, la tuvieren.

Los ángeles dijeron: “Paz a los hombres de buena voluntad.” Apenas había nacido ¡Oh, tierra! Tu Salvador…  Ahora va a la muerte tu Redentor. Pero para tener paz esto es, santificación y gloria, hay que tener buena voluntad.  Inútil es mi nacimiento. Inútil mi muerte, para los que no tienen esta buena voluntad.

Muchísimos caerán contra Mí, que he sido puesto como columna se sostén y no como trampa. Caerán por estar ebrios de soberbia, de lujuria, de avaricia. Y serán atrapados en las redes de sus pecados y entregados a Satanás.

1Bestia

 Grabad estas palabras en vuestros corazones. Conservadlas cuidadosamente, para los futuros discípulos. Vamos. La Piedra se levanta. Otro paso hacia arriba, hacia adelante. Hacia el Monte… Debe brillar sobre la cima, porque es Sol, Luz. El Verdadero Templo debe ser contemplado por el mundo entero.

1templo-verdadero

Yo mismo lo edifico con la Piedra Viva de mi Carne Inmolada. Yo soy el cimiento y la cúspide…

Satanás… Judas, vámonos. Y acuérdate que no queda mucho tiempo. Y en la noche del Jueves debe ser entregado el Cordero… 

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

67.- LA PECADORA ARREPENTIDA


Al tercer día…

En una enorme sala riquísima, un candil con muchos quemadores arde en el centro. Las paredes están cubiertas con preciosos tapices. Los asientos tienen incrustaciones de marfil y adornos variados, con láminas muy hermosas. Los muebles son finos y muy bellos. En el centro hay un cuadrado de mármol que contrasta de color, en donde no hay nada.

El piso reluciente refleja el candelero de aceite. Alrededor hay triclinios, (lechos asientos) que ocupan los convidados. Todos son hombres. Muchos sirvientes van y vienen trayendo los manjares y los vinos; en una preciosa vajilla y en valiosas copas adornadas con oro, en las que sirven diligentemente.

En la parte más retirada de la puerta, está el dueño de la casa, con los invitados más importantes. Es un hombre de más de sesenta años y viste una lujosa túnica, con una faja recamada. En el cuello, en las mangas, en los bordes del vestido, hay galones bordados con hilos de oro.

En su rostro manifiesta orgulloso que está muy consciente de su poder y su mirada está llena de soberbia. La maldad, la crueldad y un frío menos precio, se reflejan en su duro semblante.

En el lado opuesto, frente a él; está Jesús. Recostado al igual que todos, sobre su codo izquierdo. Trae su acostumbrado vestido blanco. Cerca de Jesús está Juan, sentado en el piso, entre la mesa que está frente a ellos y su codo está a la altura de la ingle de Jesús, de modo que no le estorba para comer y le permite cuando quiere, apoyarse confiadamente sobre el pecho de su maestro.

No hay ninguna mujer. Todos hablan. Y de vez en cuando el dueño de la casa se dirige con exagerada condescendencia y una benignidad muy manifiesta, a Jesús.

Es evidente que quiere demostrar a todos los presentes, que ha hecho un gran honor al haberlo invitado a su rica casa; al pobre profeta de Israel a quien todos consideran un loco…

Jesús responde a todas las cortesías y elegantemente sonríe a quién le pregunta. Y con excelente amabilidad corresponde a todas las atenciones que le prodigan. Su sonrisa es luminosa, cuando Juan le habla y lo mira.

De repente se abre la pesada cortina y entra María Magdalena… Es una estampa magnífica de juventud esplendorosa.

Luce hermosísima, con un lujoso vestido escarlata que está sostenido con preciosos broches de esmeraldas y rubíes en la espalda. Joyas similares que sostienen los pliegues a la altura del pecho y lo realzan con cadenas de filigrana de oro.

Una faja recamada con oro y piedras preciosas, circundan su estrecha cintura y hacen resaltar su figura escultural y su impresionante hermosura. Está peinada con sumo esmero. Su cabello rubio es un adorno de mechones, artísticamente entrelazados y su abundante cabellera es tan resplandeciente, que parece como si trajera un yelmo de oro.

De la cabeza le cuelga un fino velo transparente, tan ligero que en realidad no cubre nada y la adorna resaltando aún más su belleza excepcional. Sus pies están calzados con sandalias de piel roja, adornadas con oro, perlas y amatistas en las correas y broches preciosos, entrelazados en los tobillos.

Todos voltean a verla, menos Jesús.

Juan la mira un instante y luego se vuelve hacia Jesús.

Todos los demás la miran con aparente y maligna complacencia.

Ella no los mira para nada. Los ignora como si no existiesen. Y no se preocupa del murmullo que se levantó cuando entró, ni del intercambio de guiños que se hacen todos; menos Jesús y el discípulo predilecto.

Jesús actúa como si no se diera cuenta de nada y continúa hablando con Simón el fariseo, totalmente concentrado en la conversación.

María se dirige a Jesús. Se arrodilla a sus pies. Deposita en el suelo una jarra muy barriguda, de alabastro blanco. Se levanta el velo y su belleza deslumbrante, se manifiesta en todo su esplendor.

Como si fuera un ritual, quita la diadema preciosa y se la quita junto con el velo. Siguen los anillos; los brazaletes, los broches de perlas y rubíes que sostienen el cabello y las joyas que adornan su vestidura. También sus sandalias…

Y  pone todo sobre el lecho asiento más próximo. A continuación, toma entre sus manos los pies de Jesús y le desata las sandalias. Primero el derecho, luego el izquierdo. Las pone en el suelo.

Enseguida besa con gran llanto los pies divinos y apoya su frente contra ellos. Los acaricia, mientras las lágrimas caen como una lluvia torrencial que brilla al esplendor de la lámpara; bañándolos completamente…

Jesús, lentamente vuelve la cabeza. Su mirada azul-zafiro se detiene por un instante en aquella cabeza inclinada. Una mirada que absuelve. Luego vuelve a mirar al centro…  Y la deja que se desahogue libremente…

Pero los fariseos se mofan de ella. Se miran mutuamente con muchos guiños y sobreentendidos. Se sonríen con sarcasmo.

Simón se endereza por un momento, para ver mejor. Y su mirada refleja un deseo; un tormento; una ironía. Un deseo por la mujer; esto se nota muy claro. Un tormento; porque entró sin permiso y eso significa que ella frecuenta su casa. Una ironía para Jesús…

Pero ella no se preocupa por nada.

Continúa llorando con todas sus fuerzas, sin  miedo alguno. Una cascada de lágrimas silenciosas, que se mezclan con profundos suspiros. Luego se despeina. Se quita las peinetas de oro que sostienen el complicado peinado y las pone junto a las otras joyas.

Las guedejas doradas caen sobre su espalda. Las toma con ambas manos y las pone sobre su pecho. Enseguida las pasa sobre los pies de Jesús, hasta que los ve secos…

La redimida enamorada, usa los medios humanos para demostrar su amor a Jesús: las lágrimas, los cabellos… No el agua, sino lágrimas. Gotas del corazón… Humor no contaminado con gérmenes impuros. Filtrado por el amor y el arrepentimiento. Rendido digno de Dios y juzgado precioso por Dios; porque es la señal de un espíritu que ha comprendido la Verdad.

No linos; sino los cabellos… seda viva de la cual la mujer hace una seducción y un culto y que la regenerada por la gracia humilla al hacerlos toalla de las plantas de su Salvador…

Entonces mete los dedos en la jarrita y saca una pomada ligeramente amarilla y olorosísima. Un aroma de lirios y tuberosas se extiende por toda la sala del banquete. Ella introduce los dedos una y otra vez, extendiendo el bálsamo; mientras besa y acaricia los pies divinos…

El perfume: uno de los instrumentos enseñados por Satanás a la mujer y que la mujer convertida a Dios, destruye para hacer bálsamo a su Señor. Pero nadie comprende esto…

Jesús ve y cuenta aquellas lágrimas que caen contritas. Aquellas caricias de mechones que no ponen en contacto la carne impura con la Inmaculada, sino que han puesto un velo entre la una y la otra. Y que por lo mismo; no puede ser desdeñado por Dios… Aquellas gotas de nardo, mucho menos perfumado, que el amor de quién las esparce…

Simón el fariseo está escandalizado porque ella lo toca… Pero ¿Puede escandalizarse uno que es escándalo?…  De su lóbrego corazón brota la impureza y mancha todo lo que ve con la malicia…

Cada lágrima y cada gota de nardo son una profesión de amor y una confesión de error…

Jesús, de vez en cuando la mira con amorosa piedad.

Juan, que ha volteado sorprendido al oír el llanto; ahora mira a Jesús… luego al grupo y enseguida a la mujer.

El fariseo anfitrión ha estado pensativo, diciéndose interiormente: ‘Si este hombre fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer, es la que lo toca: ¡Una pecadora!… –y su rostro se vuelve más y más ceñudo.

Y mientras la mirada desdeñosa de Simón el Fariseo, al cual hay mucho que reprocharle; mortifica a la arrepentida con las palabras de una escandalizada e hipócrita reflexión, sobre ésta voluntaria, valerosa, humilde profesión de fe; de arrepentimiento y de amor…

Jesús toma la palabra y dice:

–                     Simón, tengo algo que decirte.

–                     Dí, Maestro.

–                     Un prestamista tenía dos deudores. Uno le debía quinientas monedas y el otro, cincuenta. Cómo no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cual de los dos crees que lo querrá más?

–                     Pienso que aquel al que le perdonó más.

–                     Juzgaste bien.

Jesús mira a la Magdalena, es una mirada de completa absolución de todo el pasado. Ha sido lavado con su llanto. Sus tinieblas han sido vencidas con la luz del Amor. Y en su corazón que ha sido instrumento del Mal… En su mismo corazón ha encontrado el camino del Bien.

Y volviéndose a ella; sigue diciendo a Simón:

–                     ¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies; mientras que ella los mojó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste al llegar… Pero ella desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies con sus besos.

No me echaste aceite en la cabeza… Y ella en cambio derramó perfume en mis pies. Por eso te digo que todos sus pecados; sus numerosos pecados; le quedan perdonados por el mucho amor que demostró. Pero aquel a quién se le perdona poco, demuestra poco amor.

Jesús lo ha dicho con un tono y una mirada que traspasa a Simón el fariseo. Una mirada que es todo un discurso… Mental…

Y que llega también a todos los que se han escandalizado al oír las últimas palabras de Jesús, pues se preguntaron: ‘¿Quién es este hombre que ahora pretende perdonar los pecados?…

Jesús responde más de lo que se le ha preguntado…

Aquel al que nada se le oculta de los pensamientos humanos… El Espíritu de Jesús, a través de su mirada, ha dicho al Fariseo y a sus compañeros:

–                     No hagas insinuaciones perversas, para justificarte tú mismo ante tus ojos. Yo no tengo tu ansia sexual. Ésta no ha venido a Mí, porque el sexo la haya traído.No Soy como tú, ni como tus compañeros. Ha venido porque mis palabras la iluminaron en su alma; en la que la lujuria había creado tinieblas e incredulidad. Ha venido porque quiere vencer los sentidos.

Y comprende que siendo una pobre criatura, por sí sola no puede lograrlo. Ama en Mí al Espíritu de Dios, al cual ha reconocido… Después de tantos males que recibió de todos vosotros, que habéis disfrutado de su debilidad y que le habéis pagado con los azotes del desprecio.

Viene a Mí, porque siente haber encontrado al Bien; la alegría, la paz, que inútilmente buscó entre las pompas del Mundo.

Cúrate de esta lepra tuya que tienes en el alma, fariseo hipócrita. Aprende a juzgar rectamente las cosas. Despójate de la soberbia de la inteligencia y de la lujuria de la carne. Éstas son las lepras más hediondas de vuestras personas.

 Puedo curaros de la lepra del cuerpo, si me lo pedís. Pero de la lepra del espíritu no, porque no queréis curaros. Porque os gusta y amáis vuestros vicios.

Esta quiere curarse y mira como la limpio.Mira cómo le quito las cadenas de su esclavitud. La pecadora está muerta.Ha quedado ahí, en aquellos adornos que se avergüenza de ofrecer, para que Yo los santifique al usarlos en mis necesidades y las de mis discípulos. Y también en las de los pobres que socorro con lo superfluo de los demás; porque Yo, el Señor del Universo; no poseo nada, ahora que Soy el salvador del Hombre.

Ella está ahí, en ese perfume derramado a mis pies; que ha usado en la parte de mi cuerpo a la que no te dignaste dar un poco de agua fresca, a pesar de haber caminado tanto, para traerte a ti también, la Luz.

La pecadora está muerta. Ha renacido María. Es bella como una niña pudorosa. Se ha lavado con el llanto.

En verdad te digo, ¡Oh, Fariseo! Que entre aquella que me ama con su juventud pura y ésta que me ama con su sincera contrición, de un corazón que ha vuelto a nacer a la Gracia, no hago ninguna diferencia.

Y al que es puro y a la arrepentida, les doy el encargo de comprender mi Pensamiento, como no lo he hecho con nadie. Ella se honrará de dar el último tributo de honor a mi Cuerpo y recibirá el primer saludo, después de mi Madre, en mi Resurrección.

              Este mensaje mental penetró como una saeta ardiente en aquellas almas muertas y voraces. Ellos entendieron su mudo lenguaje, que contiene mayores reproches, que los que hubiese habido en sus Palabras. Y el viejo fariseo envidioso, baja la cabeza.

Luego Jesús dice a María con infinito Amor:

–                     Tus pecados te quedan perdonados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz.

Y Jesús, con un gesto benignísimo; le pone por un momento la mano, sobre la cabeza inclinada.

Ella abandona a sus pies las joyas. Se echa encima el velo, cubriendo su cabeza despeinada. Y con los pies descalzos, se retira sin dar la espalda; adorando al Señor, tal y como se hace en el Templo; ante el Santo de los santos.

Fue amada porque mucho amó. Y porque mucho amó; TODO se le perdonó.

Dios perdona todo a quién le ama con todo su ser.

María Magdalena; como los Tres Reyes magos que adoraron a la Divinidad Encarnada de Jesús; humilló tres dones a los pies divinos: el corazón a través del llanto. La carne a través de los cabellos; la mente a través del perfume. Así es el que ama con todo. Da sin retener NADA para sí; ni siquiera el soplo vital.  

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

50.- BODA SIN MATRIMONIO


Dice Jesús:

Dios Uno y Trino lo sabe todo. Para Él no existe nada que le sea desconocido. La razón por la que perpetuó la raza del linaje humano, aun cuando en la primera prueba se hizo digna de perecer; la razón del perdón que habéis alcanzado; es porque Él quería tener el consuelo y la alegría de tener a María para que lo amase.

¡Oh! Poseerla a Ella. ¡Vale la pena que el hombre fuese creado, dejar que viviese y decretar su perdón; tan solo para tener a la Virgen Hermosa, a la Virgen santa, a la Virgen Inmaculada, a la Virgen siempre amorosa, a la Hija Amada, a la Madre Purísima, a la Esposa Amante!

Dios quiso poner en el Universo que había creado de la nada, un rey que por naturaleza de la materia, estuviese sobre todas las creaturas hechas como él. Un rey que por naturaleza del espíritu, fuese poco menos que divino unido por la Gracia, como lo fue al principio de sus inocentes días.

Pero la Mente Suprema que conoce todos los sucesos, sabía que el heredero del Padre cometería contra sí mismo el delito de matarse para la Gracia y el latrocinio de privarse del Cielo.

Judas pregunta:

–                      ¿Por qué entonces lo creó?

Jesús contesta:

–                     ¿Habríais preferido no existir?

¿Acaso no vale la pena haber vivido aun en medio de esta pobre y desnuda vida que habéis hecho más dura con vuestra maldad, para conocer y admirar la infinita Belleza que la mano de Dios sembró en el Universo?

El cielo y los astros; la tierra  y todas las especies animales y vegetales, el mar y cuanto contiene es para vosotros. Dios los creó para que los gozáceis.  Merece la pena vivir, para ver la magnífica obra de Dios y comprender su poder que os la da.

La eterna Bondad de Dios previó los medios para borrar la Culpa antes de crear al hombre. Y la Virgen fue creada en el pensamiento sublime de Dios. Todas las cosas fueron creadas por Mí, Hijo Predilecto del Padre. Yo debía ser Hombre además de Dios. Hombre para salvar al hombre. Hombre para sublimarlo y llevarlo al Cielo muchos siglos antes de la hora. Porque el hombre en quién habita el espíritu, es la obra maestra de Dios y para ella fue hecho el Cielo.

Para ser hombre tenía necesidad de una Madre. Para ser Dios, tengo necesidad de que el Padre sea Dios. Entonces Dios se creó la Esposa;  Estrella de Perfección.

Al hombre y a la mujer que Satanás corrompió, Dios quiso oponer un Hombre nacido de una Mujer a la que Dios Mismo había sublimado hasta el punto de que pudiese concebir sin conocer mortal alguno. Flor que engendra una Flor sin necesidad de simiente, sino por el contacto de un solo beso del Sol en el cáliz inviolable del Lirio-María.

¡La Venganza de Dios!

Ruge Satanás mientras Ella nace. ¡Esta pequeñita te ha vencido! Antes de que fueses el Rebelde, el Tortuoso, el Corruptor; eras ya el Vencido y Ella, tu Vencedora. Miles de ejércitos nada pueden contra tu poder y sin embargo estás vencido.

Su nombre, su mirada, su pureza; son fulgores y lanzas que te traspasan y te encierran en tu cueva del Infierno, ¡Oh, Maldito! Qué quitaste a Dios la alegría de ser padre de TODOS los hombres que creó…

Joaquín y Anna, junto con Zacarías e Isabel se dirigen hacia el Templo para la ceremonia de la Purificación. Anna lleva en los brazos a la niña María, envuelta en una manta de lana ligera y suave.

Isabel dice:

–           Me recuerdas el día que te casaste. Era yo una jovencilla entonces y te veías muy bella y muy felíz.

Anna contesta:

–           Ahora lo soy más.  Me puse el mismo vestido para este acto. Siempre lo guardé para estos momentos… y ya había perdido las esperanzas de ponérmelo para venir aquí.

–           El Señor te ama mucho… –dice Isabel con un gran suspiro.

–           Por esto le entrego lo que más amo: esta florecita mía.

–           ¿Cómo vas a hacer para arrancártela del corazón, cuando llegue la hora?

–           Recordando que no la tenía y que Dios me la regaló. Seré entonces más feliz que ahora. Cuando esté en el Templo me diré a mí misma: ‘Ora cerca del Tabernáculo. Ora al Dios de Israel y pide también por su mamá.’ Y me sentiré tranquila.  Y todavía  tendré más gozo cuando diga: “Es toda suya. Cuando estos dos viejos felices que la consiguieron no vivan ya, el Eterno será para ella su Padre.” Créeme estoy convencida de que esta pequeñita no es nuestra. No podía hacer otra cosa… Él me la puso en mi seno; regalo divino para enjugar mi llanto y consolar nuestras  esperanzas y plegarias. Por esto es suya y nosotros sólo somos sus felices guardianes… ¡Y por esto sea bendito!

Cuando entran en el Templo, Zacarías se separa del grupo y se va a los recintos de los sacerdotes. Desaparece detrás de un arco que conduce a un enorme patio rodeado de pórticos muy bien labrados, de mármol, bronce y oro.

Los demás se van a través de diversas terrazas, hasta la Puerta de Nicanor. Cuando llegan, ya los están esperando Zacarías, una virgen del Templo y otro sacerdote.

Entregan las ofrendas: tortas de harina, dos palomos en su jaula de mimbre y grandes monedas de plata.

Anna da a Isabel a la niña, mientras Joaquín entra llevando consigo a un hermoso cordero que bala mientras es entregado para que lo degüellen.

Anna es rociada con el agua lustral y luego es llamada para que se acerque a la ara del sacrificio.

Después del sacrificio, Anna está ya purificada.

Zacarías dice algo a su colega y éste sonriente, asiente con un gesto. Luego se acerca al grupo y se congratula con los padres por su alegría y por su fidelidad a las promesas. Toma el segundo cordero, la harina y las tortas… Y llama a la mujer que los acompañó…

Luego se acerca al grupo y dice:

–           ¿Esta es la hija consagrada al Señor? La bendición de Él esté con Ella y con vosotros. Esta mujer es Anna de Fanuel, de la tribu de Aser, será una de sus maestras. –y volviéndose a ella, agrega- Se ofrece esta pequeñita al Templo, como hostia de alabanza. Tú serás su maestra y bajo tu cuidado santo crecerá.

Ana de Fanuel, acaricia a la bebita y Anna dice:

–           Quisiera presentar mi ofrenda e ir a donde ví la Luz el año pasado.

Van hasta el lugar donde oran las mujeres y que está más cercano al Santo de los santos. Por la puerta abierta, miran al interior semioscuro, del que salen dulces cánticos y brillan lámparas que esparcen su luz sobre todos los lirios, flores y niñas.

María se ha quedado como extasiada y aunque es una bebé, mira y sonríe al oir el canto.

Anna la besa y dice:

–           Dentro de tres años, también estarás aquí Lirio mío.

Anna de Fanuel dice:

–           Parece como si comprendiese. ¡Es una niña muy hermosa! La amaré como si hubiese salido de mi vientre. Te lo prometo Anna. Todos los años que Dios me lo permita.

Zacarías dice:

–           Lo harás mujer. La recibirás entre las niñas consagradas. Yo también estaré aquí. Quiero estar ese día para decirle que ruegue por nosotros desde el primer momento… –y mira a Isabel que comprende y suspira… Pues tienen el mismo problema de infertilidad.

Tres años después…

La niña María camina en medio de sus padres, que se esfuerzan en sonreir y ocultar sus lágrimas. Caminan muy despacio, como si quisieran que el Templo estuviese mucho más lejos todavía.

Cuando se encuentran con Isabel y Zacarías…

El sacerdote saluda:

–           A los justos la paz del Señor.

Joaquín dice con voz temblorosa:

–           Sí. Obténnos paz, porque nuestras entrañas tiemblan al hacer la ofrenda; como las de nuestro padre Abraham mientras subía al monte con Isaac.

–           Tened valor. Anna la profetisa cuidará de esta flor de David y Aarón. En estos días, es el único lirio que David tenga de su estirpe santa en el Templo y se le cuidará como perla de reyes. Aun cuando el tiempo ya se acerca y las madres deberían consagrar a sus hijas, porque de una virgen de la estirpe nacerá el Mesías; por un debilitamiento de la fe hay muy pocas vírgenes y de la estirpe real, ninguna. Es verdad que aun faltan seis lustros… Pero esperemos que María sea la primera de muchas de la estirpe de David ante el Velo sagrado.

Luego Zacarías los conduce hasta la terraza grande, a los pies del ancho cubo de mármol, coronado con oro. Cada cúpula, como una media naranja al revés, brilla con la luz del sol que ya está en su zenit. Un sonido de trompetas de plata anuncia al pomposo cortejo que con nubes de incienso, rodean la presencia del Sumo Sacerdote. Las enormes puertas de bronce y oro se abren y un anciano de aspecto muy majestuoso, con sus riquísimas vestiduras que resplandecen el oro a la luz del sol y que lo hacen más imponente todavía, avanza  hasta el borde de la grandiosa escalinata.

El Sumo Sacerdote mira a la pequeña María y sonríe. Levanta los brazos en forma de plegaria y todos inclinan la cabeza. Luego hace una señal, llamando a la niña…

María se separa de sus padres y empieza a subir lenta y majestuosamente. Parece como si fuera extasiada, pues lleva en su rostro una sonrisa luminosa… Cuando llega hasta el Sumo Sacerdote, se arrodilla y éste le pone las manos sobre la cabeza.

La víctima es aceptada.

María se levanta y el Sacerdote le pone la mano derecha sobre su espalda, para conducirla a la puerta donde la esperan un grupo de niñas y sus maestras…

Antes de hacerla entrar le pregunta:

–           María de la estirpe de David, ¿Conoces tu promesa?

Una argentina voz infantil resuena firme:

–           Sí. Dirigir a Dios mi corazón desde el amanecer y estar atenta a lo que quiera el Señor. Orando continuamente ante el Altísimo.

–           Entra, pues. Camina en mi presencia y sé perfecta.

Y María entra. La penumbra la absorbe en medio del grupo de las vírgenes, seguida por los levitas. El Sumo Sacerdote vuelve a entrar seguido de todo su séquito sacerdotal y las puertas se cierran.

En medio de los sonoros ruidos de los goznes, se escucha el sollozo de dos ancianos en un solo grito:

–           ¡María! ¡Hija!

Luego, haciendo fuerza a su corazón desgarrado:

–           Demos gloria la Señor que la recibe en su casa y la conduce por su camino.

Nueve años después…

María está en su estancia, bordando una vestidura sacerdotal y orando…

Llega Anna de Fanuel:

–           María, ¿Nunca te cansas de orar?

–           La oración sería suficiente. Pero yo hablo con Dios. Lo siento dentro de mí. Dentro de la doble cortina está el Santo de los santos.  Y nadie fuera del Sumo Sacerdote, puede entrar al Propiciatorio, donde descansa la Gloria del Señor. La ley secular de Israel exige de cada joven que sea una esposa y una madre. Pero yo he consagrado a Dios mi virginidad, porque quiero ser sólo para Él. Soy virgen y siempre lo seré…

–           No puedes actuar sobre la Ley.

Desde que mis padres murieron, lo único que tengo y que quiero, es a Dios. Cuando pienso en ellos, pienso que también están esperando junto con los Patriarcas y trato de apresurar con mi sacrificio, la llegada del Mesías, para que les abra las Puertas del Cielo. La maternidad es una fuerza muy poderosa en mi corazón. Pero por eso mismo la he entregado y deseo que mi amor, encuentre un eco en el Señor.  Cuando llegue la hora, diré a mi esposo mi secreto… Y él lo aceptará…

–           Pero María, ¿Qué palabras le dirás para persuadirlo? En cambio del amor de un hombre, tendrás en contra la Ley y la vida.

–            Tendré conmigo a Dios… Dios iluminará el corazón de mi esposo… Al leer a Daniel, comprendí el sentido de las palabras arcanas. Las setenta semanas serán acortadas por las oraciones de los justos… La hora que oirá llorar al nacido de una Virgen está muy cerca. Yo he pedido a Dios que me diga, ¿Dónde está la mujer que dará a luz al Hijo de Dios y al Mesías de su pueblo? Descalza caminaría por la tierra y nada me impediría llegar hasta Ella para decirle: ‘Tómame como tu esclava y permíteme vivir bajo tu techo. Cuidaré tus ganados; daré vueltas a la piedra de tu molino, ponme donde quieras, haré lo que quieras, pero acógeme. Lavaré los pañales de tu Hijo y seré tu sierva y la de Él… Pero permíteme escuchar su Voz.  ¡Oh! La Voz del Mesías Niño y el eco de su risa…

–           ¡Vaya que estás enamorada del Mesías! Pero yo he venido a otra cosa… María, el Sumo Sacerdote te llama…

–           ¡Oh! Voy inmediatamente…

Atraviesan varios pórticos y patios y llegan hasta un suntuoso salón donde la esperan.

María hace una profunda inclinación en la entrada…

El sumo sacerdote le dice:

–           Adelante María. No tengas miedo.

María avanza lentamente y con una majestad innata.

El Pontífice la mira atentamente y dice a Zacarías:

–           ¡Cómo se reconoce en ella la estirpe de David! –Se vuelve hacia Ella y añade- Hija, conozco tu carácter y tu bondad. Sé que la Voz de Dios murmura en tu corazón las más dulces palabras. Sé que eres la Flor del Templo de Dios y que un tercer querubín está ante el Tabernáculo, desde que estás aquí. Quisiera que tu perfume continuase subiendo con el incienso de cada día; pero la Ley dice otra cosa.

Ya no eres una niña, te has convertido en una mujer. Y toda mujer israelita debe casarse, para poder presentar su hijo varón al Señor. Tendrás que seguir la prescripción de la Ley. No tengas miedo. No te sonrojes. No olvido tu realeza.

La Ley te protege, pues prescribe que el varón tome por esposa a una de su estirpe. Pero aunque no lo prescribiese, yo lo haría; para no corromper tu sangre real. ¿Conoces a alguien de tu estirpe María, que pueda ser tu esposo?

María levanta su rostro completamente ruborizado y dice:

–           A nadie.

Zacarías dice:

–           No puede conocer a nadie, porque entró cuando era muy pequeña. Y la estirpe de David se encuentra muy mal y dispersa, para poder formar de nuevo la palma real.

–           Entonces que Dios escoja.

Las lágrimas que habían sido contenidas, brotan y bañan sus mejillas. María manda una mirada suplicante a su maestra.

Anna de Fanuel dice:

–           María se ha prometido al Señor, para gloria de Él y salvación de Israel. No era más que una niñita desde que ya había hecho esta promesa…

El Pontífice pregunta:

–           Y ¿Por esto lloras? O porque no quieres obedecer la Ley.

María contesta:

–           Por esto… no por otra cosa. Yo te obedezco sacerdote de Dios. Pero dime qué debo hacer. Ya no tengo padre, ni madre. Tú eres mi guía.

–           Dios te dará el esposo. Y será un santo porque pones tu confianza en Dios. A él le dirás la promesa que hiciste.

–           ¿Y la aceptará?

–           Así lo espero.  Ruega hija, para que él pueda comprender tu corazón. Vete ahora, qué Dios siempre te acompañe.

María se retira con Anna y Zacarías se queda con el Sumo Sacerdote.

Un mes después…

En un rico salón del Templo, están reunidos muchos hombres elegantemente engalanados, de diversas edades, apariencias y variadas clases sociales. En el ángulo más alejado, está José. Tiene treinta años, cabellos y barba castaños, muy bien arreglados y unos bellos ojos oscuros, amables y alegres como ahora cuando sonríe al hombre que está junto a él, platicando animadamente.

Entra un grupo de jóvenes levitas y se coloca entre la puerta y una mesa larga que está junto a la pared.

La curiosidad aumenta, cuando una mano separa la cortina y entra un levita que trae en sus manos un manojo de ramas secas, en las que sobresale una que tiene una flor. El levita las deposita con cuidado sobre la mesa.

Un murmullo recorre  la sala. Todos alargan sus cuellos y tratan de mirar.

José ni siquiera se mueve y cuando su interlocutor le dice algo, hace una señal; como si dijese: “No. Eso es imposible…”

Y luego se oye el sonido de las trompetas de plata.

Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice y todos se inclinan profundamente. Se dirige hacia la mesa y luego dice:

–           Oídme vosotros de la estirpe de David. Os habéis reunido por orden mía. El Señor ha hablado, ¡Sea Bendito! Un rayo de su gloria ha descendido, y como sol de primavera, ha dado vida a un ramo seco, que ha florecido milagrosamente, en el último día de las Encenias. Mientras que todavía no se disuelve la nieve, Dios ha hablado, haciéndose tutor y padre de la virgen de David. Doncella santa, gloria del Templo y de su estirpe; dando a conocer el nombre del esposo que el Eterno quiere darle.

Este debe ser un hombre muy justo para que el Señor lo haya elegido para cuidar de su Virgen a quién Él ama tanto y esto hace que desaparezca toda preocupación sobre su destino. Al que Dios señaló, confiamos completamente a la Virgen, sobre la que está la bendición de Dios y nuestra. El nombre del esposo es José de Jacob betlemita; de la tribu de David; carpintero en Nazareth de Galilea. José, ven acá. El Sumo sacerdote te lo ordena.

Hay un gran ruido, cabezas que se vuelven, caras llenas de desilusión o de alivio…

José se ha ruborizado y avanza todo turbado. Saluda reverente al Pontífice y éste dice:

–           Acercaos todos y ved el nombre escrito sobre la rama. Tome cada uno la suya, para que esté seguro de que no hay engaño.

Todos obedecen, miran la rama que sostiene el Sumo Sacerdote y cada quien toma la suya propia. Todos miran a José y el hombre con el que estaba platicando, le dice:

–           Te lo dije José. ¡Quien menos se siente seguro, es quién vence la partida!

El Pontífice entrega a José su rama florecida y poniéndole la mano sobre la espalda le dice:

–           No es rica y lo sabes, la esposa que Dios te entrega. Pero tiene toda clase de virtudes. Procura hacerte siempre más digno de Ella. No hay flor en Israel, más pura y bella que tu esposa. Salid todos ahora. Quédate José.  Y tú Zacarías pariente de Ella, tráela.

Cuando se quedan a solas…

El Sumo Sacerdote le dice:

–           María tiene que decirte su promesa. Ayuda a su timidez. Sé bueno con Ella que es tan buena.

José responde cortés:

–           Pondré lo que soy a su servicio y nada me pesará si se trata de Ella. Puedes estar seguro.

María entra con Zacarías y Anna de Fanuel.

El Pontífice la llama:

–           Ven María. Mira al esposo que Dios te destina. Es José de Nazareth. Volverás a tu ciudad. Ahora os dejo. El Señor os guarde y os bendiga; os muestre su Rostro y tenga misericordia de vosotros siempre. Vuelva su Rostro a vosotros y os conceda la paz.

Zacarías sale con el Pontífice. Anna se congratula con José y también sale.

Los dos prometidos quedan uno frente al otro. María está totalmente ruborizada y con la cabeza inclinada. José igual; pero se sobrepone y finalmente encuentra las palabras. Con una gran sonrisa le dice:

–           Te saludo María. Te conocí cuando eras una niña pequeñita… Fui amigo de tu padre y tengo un sobrino de mi hermano Alfeo a quién amaba tu madre… su pequeño amiguito que ahora tiene dieciocho años. Tú no nos conoces porque te entregaron al Templo muy pequeña, pero en Nazareth todos te quieren mucho y recuerdan que tu nacimiento fue un milagro del Señor, que hizo florecer a una flor estéril… Yo recuerdo la tarde en que naciste, porque hubo un gran aguacero que salvó la campiña y un arcoíris tan bello y magnífico, como no ha vuelto a haber…  Alegraste a tu padre, porque eras la flor que había venido del Cielo y murió hablando de su María, tan hermosa, tan buena y tan llena de sabiduría… Porque desde muy pequeña estabas llena de gracia.

Tu madre, con sus canciones llenaba toda tu casa y parecía una alondra en primavera cuando te llevaba en su vientre y después cuando te arrullaba en sus brazos. Yo tenía dieciocho años y te hice la cuna. Tenía rosas grabadas, porque tu madre así la quiso. Tal vez todavía esté en tu casa. Eran mis primeros trabajos… ¡Quién me hubiera dicho que ibas a ser mi esposa!..  Enterré a tu padre y le lloré con corazón sincero, porque fue un buen maestro en mi vida…

María ha ido levantando poco a poco el rostro y cobrando confianza al oír que José le habla de este modo. Y cuando oye lo de la cuna, una leve sonrisa se dibuja en sus labios. Y cuando José le dice lo de su padre, le extiende la mano y dice con gran timidez:

–           Gracias.

José toma entre sus fuertes manos de carpintero, la pequeña y delicada y la acaricia con afecto. Al ver que María no dice nada más, él continúa:

–           En tu casa  falta la parte que fue derribada por orden consular, para hacer del sendero una vía por la que pasasen los carros de Roma. Y el campo que te quedó, está un poco descuidado, porque hace tres años que ya no hay nadie que los cuide. Pero si tú me lo permites, yo me haré cargo de ellos….

–           Muchas gracias, José. Pero tú tienes tus trabajos…

–           Trabajaré en tu huerto en las primeras horas del día y para la primavera espero que todo esté en orden, para que estés contenta. Mira, -le entrega la rama florecida- Esta rama de almendro, es del árbol que está frente a tu casa.

Jamás esperé ser yo el elegido, porque soy nazareo (Núm.6) Y sólo vine por obedecer las órdenes del sacerdote… Yo no pensaba casarme. Ahora te digo que ésta es una flor de tu jardín. Tenlo, María. Con él te entrego mi corazón, que cómo este almendro ahora ha florecido para el Señor y para ti, esposa mía.

María toma el ramo. Está conmovida. Mira a José con más seguridad y su mirada se volvió radiante cuando lo escuchó decir: ‘Soy nazareo’ Toma valor y dice:

–           También yo soy toda de Dios, José. No sé si el sumo Sacerdote te lo haya dicho…

–           Sólo me dijo que eres buena y pura. Y que tienes que decirme una promesa tuya y que fuese bueno contigo. Habla María. Tu José quiere hacerte feliz en todo lo que desees. No te amo con la carne, te amo con mi espíritu, santa doncella que Dios me entrega. Ve en mí a un padre y aun hermano, además de esposo. Y como a padre confíate y como a hermano, tenme confianza.

–           Desde mi niñez me consagré al Señor. Sé que esto no se hace en Israel; pero oía en mi corazón una voz que me pedía mi virginidad como sacrificio de amor, para que venga el Mesías. ¡Hace tanto tiempo que Israel lo espera!… ¡Y por esto no es mucho renunciar a la alegría de ser madre!

José la mira detenidamente, como si quisiera leer en su corazón…

Después le toma las dos manitas que sostienen la rama de almendro y dice:

–           Y yo uniré mi sacrificio al tuyo y amaremos mucho al Eterno con nuestra castidad, para que Él envíe lo más pronto posible a la tierra al Salvador y nos permita ver su Luz resplandecer en el mundo. María, vamos a tu casa y juremos amarnos como los ángeles lo hacen entre sí. ¿Cuándo debo venir por ti?

–           Cuando quieras José.

–           Entonces vendré en cuanto termine de arreglar tu casa, para recibirte. Ven María. Vamos a decirle al Altísimo nuestra promesa y cómo lo Bendecimos.

María se deja conducir dócilmente y los dos van a orar.

Dos meses después, se celebra el contrato de las bodas y el Pontífice sella el compromiso. Los nuevos comprometidos esposos salen del Templo y José lleva a María a su casa de Nazareth. Sin levantar el sello de Dios; él, el casto; llevó su castidad hasta el heroísmo angélico, para custodiar el Arca Viva de Dios que ha recibido en tutela y que tendrá que devolver a Dios, pura como la recibió.

Cuando llegan a Nazareth…

Van en un carruaje, acompañados por toda la familia de José y el sacerdote Zacarías con su familia.

José señala con la fusta la casita que está en la falda de la colina y que tiene un extenso huerto y un pequeño olivar. Y dice:

–           Allá está tu casa, María.

Y cuando llegan al dintel, el carruaje se detiene y toda la comitiva de la familia de José les dan la bienvenida. Ya tienen todo preparado para finalizar las bodas.

María se quita el velo y el manto y José le muestra los arreglos que hizo a la casa, el huerto y el jardín.

Y dice:

–           No hay manantial… Pero espero traer el agua para acá. Trabajaré en las tardes de verano, cuando venga a verte…

Alfeo pregunta muy extrañado:

–           Pero ¡Cómo hermano!…  ¿No vais a casaros ahora?

José responde:

–           No. María quiere hilar telas, lo único que falta a todo el ajuar. Yo la apoyo. Es todavía muy joven y no importa si esperamos uno o dos años; mientras tanto Ella se acostumbra al hogar…

–           ¡Claro! Siempre has sido un poco diferente a los demás y sigues siéndolo. Primero estabas decidido a no casarte y ahora… No sé quién no tendría prisa por tener a una mujer en la flor de la primavera como lo está María y tú pones de por medio…

José sonríe y dice con elegancia:

–           Alegría largamente esperada; alegría mucho mejor gozada…

Su hermano se encoge de hombros y pregunta:

–           ¿Y entonces cuando pensáis celebrar las bodas?

–           Cuando María tenga dieciséis años. Después de la Fiesta de los Tabernáculos. Las tardes de inviernos serán agradabilísimas para los nuevos esposos…

Y nuevamente sonríe mirando a María. Es una sonrisa delicada y de inteligencia mutua.

Luego continúa:

–           En este cuarto grande que da al monte, si te parece aquí pondré mi taller cuando venga. Es junto a la casa, pero no dentro de ella. Así no molestaré a nadie con mis ruidos. Pero María, si piensas de otro modo…

–           No José. Está muy bien así.

Vuelven a entrar en la casa y prenden  las lámparas.

José dice a todos sus parientes:

–           María está cansada. Vámonos todos y dejémosla descansar.

Todos se despiden y José al último, después de hablar con Zacarías.

Dice a María:

–           Tu primo te deja a Isabel por un tiempo. ¿Quieres? De mi parte sí. Para que te ayude a convertirte en una perfecta mujer de hogar. Vendré por las tardes a acomodarte y a todo lo que tú necesites. Ella te podrá ayudar a comprar lana y todo lo que te haga falta. Yo pagaré todos los gastos. Acuérdate que prometiste recurrir a mí para cualquier cosa. Adiós María. Duerme la primera noche en tu casa como dueña y señora. Y que el ángel del Señor te guarde. Que el Señor esté siempre contigo. Hasta pronto…

–           Hasta pronto José. Qué también tú estés bajo las alas del Ángel de Dios. En lo que pueda te pagaré tu amor con el mío.

Y José se despide de los primos y se va, conversando alegremente con los suyos…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

 

32.- EL ALBA DEL MESÍAS


En el palacio de Betania, todo ha sido preparado para celebrar la Fiesta de las Encenias y hay luces por todos lados. Todo está iluminado de una manera muy especial y hasta en los senderos del jardín, se han encendido pequeñas lámparas de aceite. En la sala blanca, donde están todos reunidos; en el umbral de la puerta se recorta la majestuosa figura del Maestro de Nazaret.

Jesús saluda a todos:

–                     La paz sea con vosotros.

Lázaro contesta:

–                     Paz y bendición a Ti Maestro. –se besan- Me han dicho estos amigos nuestros que naciste, mientras Belén ardía por una Encenia tanto tiempo esperada. Todos estamos felices de que estés con nosotros en esta noche tan especial.

Jesús dice sonriente:

–                     Han venido…

Los cinco pastores se postran adorándolo con la misma veneración, que si lo estuvieran haciendo en el Lugar Santo, donde los sacerdotes adoran al Santo de los santos. Elías, Leví, José y Jonatás, continúan con el rostro en el piso de mármol, de la rica sala blanca en la casa de Lázaro.

Solamente Isacc se levanta sobre sus rodillas, con las manos cruzadas sobre el pecho y en el rostro, una expresión de absoluto éxtasis…

Isacc contesta por todos:

–                     A adorarte, Mesías nuestro. Lo supimos  por Jonatás y aquí estamos. Nuestras ovejas están en los corrales de Lázaro. Y nuestros corazones como siempre, a tus santos pies.

Jonathás viene vestido con el lujo de un mayordomo que es amado por su patrón. Isaac trae su vestido de peregrino. Leví, José y Elías; los que Lázaro les proporcionó.

Jesús dice emocionado:

–                     ¿Por eso me enviasteis al jardín? ¡Dios os bendiga a todos! Lo único que falta a mi felicidad es mi Madre, pero vuestra presencia me quita la tristeza, la nostalgia de su beso.

Todos pasan al comedor. Las mesas han sido dispuestas en forma de ‘U’. Martha vigila la disposición de los lugares y querría estar de pie.

Jesús le ordena:

–                     Hoy no eres la anfitriona. Eres la hermana y te sientas como si fueses mi hermana. Somos una familia. Que las reglas de etiqueta cedan su lugar al amor. Aquí a mi lado y cerca de Juan. Yo junto a Lázaro. Pero denme una lámpara. Entre Yo y Martha haya una luz. Una llama por los ausentes y por los presentes. Por las personas amadas y esperadas. Por los seres queridos lejanos…

Martha coloca la lámpara donde Jesús indicó, en donde estaba vacío… Y cómo Martha comprende, se inclina a besar la mano de Jesús.

Empieza la cena y conforme transcurre el tiempo, todos se van sintiendo más cómodos y los pastores empiezan a conversar de sus recuerdos…

Leví dice:

–                     Yo tenía tanto frío, que me refugié entre las ovejas y lloraba porque quería estar junto a mi mamá.

Elías agrega:

–           Yo al contrario. No podía apartar de mi pensamiento a la joven madre que había encontrado poco antes y me preguntaba… ¿Habrá encontrado lugar? ¡De haber sabido que estaba en un pesebre, la hubiera traído al redil!… Su recuerdo persistía en mi mente y sentía más frío al pensar en lo que Ella estaría sufriendo.

¿Recuerdas qué hermosa luz había aquella noche? ¿Y tu miedo?…

Jonathás contesta:

–                     Sí. Pero luego… el ángel… ¡Oh!…

Pedro interviene:

–                     Escuchad, amigos. Nosotros no sabemos sino poco y mal. Hemos oído hablar de ángeles, pesebres,  ganados, Belén… Y nosotros sabemos que Él es carpintero y galileo… ¡No es justo que no lo sepamos nosotros! Maestro, cuéntanos las cosas como son a tu Pedro, para contarlas a la gente. De otro modo ya te lo dije: ¿Qué puedo decir? Lo pasado, no lo sé. Las Profecías y el Libro, no los sé explicar. Lo futuro… ¡Ay, pobre de mí! Y entonces… ¿Qué nueva puedo anunciar?

Bartolomé apoya:

–                     Sí, Maestro. Nosotros también queremos saberlo.

Judas, tiene en su bello rostro la expresión juvenil que le da el estarse esforzando por ser un hombre bueno, que ama a su Mesías y dice:

–                     Sí Maestro. Necesitamos conocer la historia completa…

Jesús sonríe:

–                     Está bien. Hablaremos del pasado. Les diré hasta lo que los pastores no saben. Conoceréis el Alba del Mesías.

Oíd:

“Habiendo llegado el tiempo de la Gracia. Dios se preparó a su Virgen. Comprenderéis que Dios no podía asentar su Trono, donde Satanás había puesto su sello que no borra. Por eso la Potencia se preparó a su futuro Tabernáculo sin Mancha. Y dos justos en su vejez y contra las reglas comunes de la procreación, concibieron a la que no tiene mancha…

¿Quién colocó el alma en el embrión que haría florecer el viejo seno de Anna de Aarón, mi abuela? Leví, tú has visto al ángel que ha hecho los anuncios…

Puedes decir quién es él, porque la Fuerza de Dios, (Gabriel) fue siempre quién victoriosamente llevó el canto de la alegría a los santos y a los Profetas. Y sobre quién el Poder de Satanás se despedaza como una paja seca. Fue el inteligente Arcángel quién trastornó con su buena y clara mente, las insidias del otro ser inteligente, pero malvado. Y que con prontitud llevó a cabo las órdenes de Dios.

En un grito de júbilo, él; el Anunciador que ya conocía cómo se bajaba a la tierra, por haber bajado a hablar a los profetas. Recogió del Fuego Divino la chispa Inmaculada que era el alma de la Eterna Niña y custodiándola en su amor espiritual, la llevó a la tierra. Y desde aquel momento el mundo tuvo a la Adoradora.

Y Dios desde aquel instante pudo mirar un punto de la Tierra sin disgusto. Nació una criatura, la Amada de Dios y de los Ángeles. La Consagrada a Dios desde antes de su concepción. La que santamente amaron sus padres y al cumplir tres años, fue entregada al Templo como primicia. Y devolvieron a Dios, los bienes que Él les había dado.

Mi Madre, desde los tres hasta los quince años; fue la Niña del Templo y apresuró la Venida del Mesías, con la fuerza de su Amor. Virgen antes de su concepción. Virgen en la oscuridad del seno materno. Virgen en sus primeras lágrimas. Virgen en sus primeros pasos. Ella fue la Virgen de Dios, sólo de Dios.

Y proclamó su derecho superior al Decreto de la Ley de Israel, al obtener del esposo que Dios le había concedido, el de permanecer intacta después de las bodas.

José de Nazareth era un justo. Tan sólo a él le podía confiar el Lirio de Dios y solo él lo consiguió. Ángel en alma y carne; amó como aman los ángeles de Dios. Muy pocos sobre la tierra comprenderán el abismo de ese gran amor que tuvo todas las ternuras conyugales; sin traspasar la barrera del fuego celestial, más allá del cual estaba el Arca del Señor.  Muy pocos sobre la tierra lo comprenderán. Es el testimonio de lo que puede un justo con tal de que lo quiera; porque el alma aún herida con la mancha de Origen; tiene fuerzas poderosas para elevarse. Para regresar a su dignidad de hija de Dios y para obrar amando al Padre.

Todavía estaba María en casa, en espera de
unirse a su prometido, cuando Gabriel el Ángel de los Anuncios Divinos, regresó
a la Tierra y pidió a María que fuese Madre. Al sacerdote Zacarías le había prometido ya al Precursor y no fue creído.

Pero la Virgen creyó que esto podía suceder por voluntad de Dios. Y sublime en su ignorancia, sólo preguntó:

–           ¿Cómo puede suceder esto?

El ángel respondió:

–                     Tú eres la llena de Gracia, ¡Oh, María! No tengas miedo, pues has encontrado favor ante el Señor y también por tu virginidad. Concebirás y darás a luz a un hijo al que pondrás por nombre Jesús. Porque Él es el Salvador prometido a Jacob y a todos los Patriarcas y Profetas de Israel. Él será Grande e Hijo Verdadero del Altísimo, porque será concebido por obra del Espíritu Santo.

El Padre le dará a Él, el Trono de David, como está predicho y reinará en la casa de Jacob hasta el fín de los siglos. Pero su verdadero reino, no tendrá jamás fin.  Ahora el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo esperan tu obediencia, para cumplir su Promesa. El Precursor del Mesías, está ya en el seno de Isabel tu prima. Y si consientes, el Espíritu Santo descenderá sobre ti y será santo el que nacerá de ti y llevará su verdadero Nombre, que es Hijo de Dios.

Y María respondió:

–                     He aquí la esclava del Señor. Que se haga en mí, según tu Palabra.

Y el Espíritu de Dios, descendió sobre su Esposa. Y en el Primer Abrazo le impartió sus luces, que perfeccionaron en gran extremo su virtud de silencio. Su humildad, prudencia y caridad de que estaba llena. Se convirtió en una sola cosa con la Sabiduría y no pudo jamás separarse de la Caridad.

La Obediente y Casta se perdió en el Océano de la Obediencia, que soy Yo. Y conoció la alegría de ser Madre, sin conocer el ansia de perder su virginidad. Fue la nieve que se concentra en una flor y se ofrece de este modo a Dios…

No hay cosa que pueda equipararse, ni amor, ni grandeza, ni potencia a mi Concepción…

Pues aquí no se trata de formar una vida, sino de encerrar la Vida que da vida a todos. No se trata de ensancharme, sino de restringirme para poderme concebir…

Y no para recibir, sino para dar. Yo desde que fui concebido y desde los primeros días de Mi Nacimiento me ocupaba del Reino de Mi Divina Voluntad y de cómo ponerlo a salvo en medio de las criaturas.

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Queda el aire saturado con el impacto de la bellísima revelación. Luego de un minuto, Pedro pregunta aturdido:

–                 Pero, ¿Y el marido?…

–                 El sello de Dios, cerró los labios de María. José no se enteró del prodigio hasta que al regresar Ella de la casa de Zacarías su pariente, vio que estaba encinta.

–                 ¿Y qué hizo él?

–                 Sufrió… Y también sufrió María…

–                 Si hubiera sido yo…

–                 José era un santo, Simón de Jonás. Dios sabe en dónde poner sus dones… sufrió cruelmente y decidió abandonarla, cargando sobre sí la afrenta de injusto. Pero el ángel bajó a decirle: ‘no tengas miedo de tomar a María como esposa tuya. Lo que en Ella se ha formado es el Hijo de Dios. Y por obra de Dios, Ella es Madre. Y cuando haya nacido el Hijo le pondrás por Nombre Jesús; porque es Salvador.’

Bartolomé pregunta:

–                 ¿José era docto?

–                 Como un descendiente de David.

–                 Entonces habrá podido encontrar luz al recordar al Profeta: ‘He aquí que una virgen concebirá…’

–                 Sí. La tuvo. A la prueba, sucedió el gozo…

Pedro repite:

–                 Si yo hubiera sido… no hubiera sucedido… Porque ya antes hubiese… ¡Oh, Señor! ¡Qué bien estuvo que no hubiera sido yo! La habría destrozado como una paja, sin darle tiempo a hablar. Pero si no hubiese sido asesino, habría tenido mucho miedo de Ella… El miedo de todo Israel. El de los siglos, debido al Tabernáculo…

–                 También Moisés tuvo miedo de Dios. Y sin embargo se le ayudó y estuvo con Él en el monte. Así pues, José vivió en la casa santa de la esposa y proveyó a las necesidades de la Virgen y del que iba a nacer. Y cuando llegó para todos el tiempo del Edicto, fue con María a la tierra de sus padres. Belén lo rechazó porque el corazón de los hombres está cerrado a la caridad.  –Jesús invita a los pastores- Ahora hablad vosotros…

Elías contesta:

–                 Encontré al atardecer a una mujer muy joven. Sonreía sobre el asno en el que cabalgaba. Iba un hombre con Ella. Me pidió leche e informes. Le dije lo que sabía. Después vino la noche y una gran luz… Salimos y Leví vio a un ángel cerca del redil.

El ángel dijo: ‘¡Ha nacido el Salvador! Era a medianoche, el firmamento estaba lleno de estrellas. Pero su luz desaparecía ante la del ángel y los miles y miles de ángeles… (Elías llora al recordarlo) El Ángel nos dijo: ‘Id a adorarlo. Está en un establo; en un pesebre, entre dos animales. Encontraréis aun niño envuelto en pobres pañales…’ ¡Oh! ¡Cómo resplandecía  el Ángel al decir estas palabras! ¿Te acuerdas Leví como sus alas parecían despedir llamas? Cuando después de haberse inclinado al pronunciar el Nombre del salvador, dijo: ¡Qué es el Mesías del Señor!…

Leví confirma:

–                 ¡Si, recuerdo! ¡Y las voces de los miles de ángeles! ¡Oh!… Cantaban: ‘Gloria a Dios en los altos Cielos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad.’ Esa música está aquí y me lleva al Cielo cada vez que la oigo. – y Leví levanta su rostro extático en el que brilla el llanto…

Isaac agrega:

–                 Y fuimos. Cargados como animales. Alegres como si nos fuéramos a casar y luego… no supimos hacer otra cosa, cuando oímos tu vocecita y la de tu Madre. Y empujamos a Leví, que era el muchacho, para que mirase. Nos sentíamos como leprosos ante un gran candor.

Y Leví escuchaba y reía llorando. Repetía con unos balidos, como la oveja que llevaba Elías. José se acercó a la entrada y nos hizo pasar. ¡Oh! ¡Qué pequeñito y qué bonito eras! Un pedacito de carne sobre el tosco heno. Y llorabas.

Luego reíste al calor de la piel de oveja que te ofrecimos y por la leche que te llevamos. Fue tu primera comida. ¡Oh! Y luego… ¡Luego te besamos! Tenías sabor de almendras y jazmín. Y ya no pudimos dejarte…

Jesús dice:

–                 En realidad, nunca me habéis abandonado.

Jonathás confirma:

–                 Es verdad. Tu mirada se grabó en nosotros, así como tu voz y tu sonrisa. Crecías. Cada vez eras más hermoso. El mundo de los buenos venía a hacerse feliz contigo. Y el de los malvados no te veía. Anna… tus primeros pasos… los Tres Reyes Sabios… la Estrella…

¡Oh! ¡Aquella noche!… ¡Qué Luz!… Parecía como si el mundo ardiese con miles de luces. La tarde en que llegaste, la luz estaba fija y blanquecina… ahora era la danza de los astros. Entonces era  la adoración de ellos.

Desde la colina vimos pasar la caravana y fuimos detrás de ella, para ver en donde se detenía. Al día siguiente, toda belén vio la adoración de los sabios y luego… ¡Oh! ¡No decimos el horror!… no lo decimos… -Elías palidece al recordarlo.

Jesús ratifica:

–                               Sí. No lo digas. Silencio sobre el Odio…

Leví dice:

–                     Lo que más nos dolía, era no tenerte más a Ti y no saber nada de Ti. Ni siquiera Zacarías que era nuestra esperanza, tenía noticia alguna. Después, nada…

Felipe indaga:

–                     ¿Por qué señor, no consolaste a tus siervos?

–                     ¿Preguntas el porqué, Felipe? Porque era prudente hacerlo así. Mira que también Zacarías, cuya formación espiritual se completó a partir de aquella hora, no quiso levantar el velo. Zacarías…

Judas pregunta:

–                     Nos dijiste que él se preocupó por los pastores. ¿Entonces por qué no dijo él, primero a ellos y luego a Ti, que ciertos individuos andaban en tu busca?

Jesús responde:

–                     Zacarías era un justo, todo hombre. Se hizo menos hombre y más justo, durante los nueve meses de mutismo. Se perfeccionó en los meses que siguieron al nacimiento de Juan. Pero se hizo un espíritu justo cuando sobre su soberbia humana, cayó el mentís de Dios. Había dicho: ‘Yo, sacerdote de Dios digo que en Belén, debe vivir el Salvador’ y Dios le mostró como su juicio, aunque de sacerdote; si no es iluminado, es un pobre juicio. Bajo el horror del pensamiento: ‘Por mis palabras, podría yo hacer que maten a Jesús’ Entonces Zacarías se hizo el justo que ahora descansa en el Paraíso.

Y la justicia le enseñó prudencia y caridad. Caridad para con los pastores, prudencia con el mundo al cual debía manifestarse el Mesías. Cuando de regreso a la patria, nos dirigimos a Nazareth. Por la misma prudencia que ya guiaba a Zacarías, evitamos Hebrón y Belén. Y costeando el mar. Llegamos a Galilea. Ni siquiera el día que cumplí doce años, fue posible ver a Zacarías, porque un día antes había partido con su hijo para ir a la misma ceremonia.

Dios velaba, probaba, proveía, perfeccionaba. Tener a Dios es también recibir esfuerzos, no tan solo gozo. Y esfuerzos tuvieron mi padre que me amó y mi madre que me ha amado con toda su mente y corazón. Aún lo lícito fue prohibido, para que el Misterio envolviese en la sombra al Mesías Niño. Y esto es una explicación para muchos que no comprenden la doble razón de la angustia de cuando me perdí por tres días. Amor de Madre, amor de padre por el hijo perdido. Temor, porque custodios del Mesías como eran, podía ser descubierto antes de tiempo. Terror de haber custodiado mal la Salvación del Mundo y el mayor Don de Dios. Este es el motivo del insólito grito: ‘¡Hijo mío! ¿Por qué te has portado así?… ¡Tu padre y yo angustiados, te buscábamos!’ Tu padre… tu madre… el velo echado sobre el fulgor divino del Verbo Encarnado.

Y la respuesta que los tranquilizaba: ‘¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?’ La Llena de Gracia comprendió y recogió lo que dije. En otras palabras: ‘No tengáis miedo. Soy pequeño y soy Niño. Si crezco en cuerpo, estatura, sabiduría y en Gracia a los ojos de los hombres. Yo Soy Perfecto en cuanto a que Soy el Hijo del Padre y por eso puedo comportarme con perfección, sirviendo al Padre con hacer resplandecer la Luz, sirviendo a Dios con conservarles el Salvador.’ Y así lo hice hasta hace un año.

Ahora el tiempo ha llegado. Se levantan los velos. El hijo de José se muestra en su Naturaleza: Soy el Mesías de la Buena Nueva. El Salvador. El Redentor. El Rey del Siglo Venidero.

Juan pregunta:

–                     ¿Y no viste jamás a Juan?

–                     Sólo en el Jordán Juan mío. Cuando quise el Bautismo.

–                     ¿Así que no sabías que Juan había ayudado a éstos?

–                     Te dije: después del derramamiento de la sangre inocente. Los justos se hicieron santos. Sólo los demonios permanecieron como eran. Zacarías aprendió a santificarse con humildad, caridad, prudencia, silencio.

Pedro pregunta:

–                     Quiero tener siempre esto en mi memoria. ¿Lo conseguiré?

Mateo contesta:

–                     No te preocupes Simón. Mañana haré que me lo repitan los pastores con tranquilidad en el jardín, las veces que sean necesarias. Tengo buena memoria que ejercité en el banco y lo recordaré para todos. Cuando quieras te lo podré repetir. En Cafarnaúm no tenía notas y sin embargo…

–                     ¡Oh! ¡No te equivocabas ni siquiera con un didracma… Recuerdo bien. Te perdono lo pasado de corazón si te acuerdas de lo que se ha dicho… Y me lo recuerdas con frecuencia. Quiero que me entre en el corazón, como ha entrado en el de éstos. Como lo sabía Jonás. ¡Oh! ¡Morir pronunciando tu Nombre…

Pedro lanza un gran suspiro y Jesús lo mira y sonríe. Se levanta y lo besa en la entrecana cabeza.

–                 ¿Por qué, Maestro me has dado ese beso?

–                 Porque fuiste profeta. Morirás pronunciando mi Nombre. He besado al Espíritu que en ti hablaba.

A continuación, Jesús entona un Salmo y todos de pie le contestan, prosiguiendo con el Rito de la Fiesta de las Encenias.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

27.- CONTRA LA CORRIENTE


Al día siguiente, en el amanecer lleno de neblina por el frío invernal, Jesús pasea a lo largo del río. Se oye el trinar de los pájaros en busca de comida. A través del prado Juan llega hasta donde está su Maestro y le dice:

–                     ¿Te perturbo, Maestro?

Jesús contesta:

–                     No. ¿Qué quieres?

Juan anuncia muy contento:

–           Vine pronto a traerte una noticia que te puede dar consuelo. Y también quiero pedirte un consejo. Estaba barriendo los salones y vino Judas de Keriot y me dijo: ‘Te ayudo’. Quedé sorprendido, porque casi siempre hace de mala gana, estos quehaceres humildes. Y le dije: ‘¡Oh! ¡Gracias! Así terminaré más pronto y quedará mejor.’ Y él se puso a barrer y pronto terminamos.

Y luego me dijo: ‘Vayamos al bosque. Los viejos son siempre los que acarrean leña. No está bien. Vamos nosotros. Yo no sé cómo se hace. Pero si tú me enseñas…’

Y nos fuimos. Después, mientras estaba yo atando la leña, me dijo:

–           ‘Juan, te quiero decir una cosa…

–           Habla. –le dije pensando que sería una crítica.

Y fue al contrario. Me dijo:

–           Tú y yo, somos los más jóvenes. Sería conveniente que estuviésemos más unidos. Tú tienes casi miedo de mí y tienes razón; porque no soy bueno. Pero créeme… no lo hago a propósito. Hay veces que siento ganas de ser malo. Tal vez como yo era el único; no me educaron bien. Quiero hacerme bueno. Sé que los viejos no me miran con buenos ojos. Los primos de Jesús están sentidos porque… En realidad tienen razón. He faltado mucho contra ellos y contra su primo. Pero tú eres bueno y tienes paciencia. Quiéreme mucho. Haz de cuenta que soy hermano tuyo. Malo, sí. Pero a quién hay que amar, aunque sea así. El Maestro también dice que hay que obrar así.

Cuando veas que no obro bien, dímelo. Y por favor, ya no me dejes solo. Cuando voy al poblado, ven tú también conmigo. Me ayudarás a no hacer el mal. Ayer sufrí mucho… Jesús me habló y yo lo vi. Dentro de mi necio rencor, no me miraba ni a mí mismo, ni a los demás. Ayer lo comprobé. Tienen razón en decir que Jesús sufre… Y pienso sé que tengo algo de culpa en ello. Ya no quiero tenerla más. Ven conmigo… ¿Vendrás?… ¿Me ayudarás a ser menos malo?…

Así habló. Te confieso que el corazón me latía como le late a un pajarito, cuando se le coge. Me latía de gozo porque me gusta que sea bueno por Ti. Y me latía también con un poco de miedo… Porque no querría hacerme como Judas. Pero después me acordé de lo que dijiste cuando aceptaste a Judas y respondí:

–                     Si te ayudaré. Pero debo obedecer si tengo otras órdenes…

Pensaba: ‘Le diré al Maestro. Si Él quiere lo hago. Y si no quiere; haré que se me den órdenes de no alejarme de la casa.’

Jesús mira con infinito amor a su Predilecto y le dice:

–                     Oye, Juan. Puedes ir. Pero debes prometerme que si sientes que alguna cosa te turba, me lo dirás. Me has alegrado con esto. Mira, ahí viene Pedro con su pescado. Puedes irte, Juan.

El jovencito se va y Jesús se dirige a Pedro:

–                     ¿Buena pesca?

Pedro mueve la cabeza y responde:

–                     ¡Hummm! No muy buena… sólo son pescaditos. Pero todo sirve. Santiago está renegando porque algún animal rompió el lazo y se perdió una red. Le dije: ‘¿Él no debe comer? Ten compasión de un pobre animalito.’ Pero él no lo toma así… -Y Pedro suelta una carcajada.

Jesús dice muy serio:

–                     Es lo que Yo digo de uno que es hermano y eso no lo sabéis hacer.

–                     ¿Te refieres a Judas?

–                     Me refiero a él. Sufre. Tiene buenos deseos e inclinación perversa. Pero dime un poco tú; experto pescador. Cuando quisiese ir en barca por el Jordán, para llegar al lago de Nazareth; ¿Cómo debería hacer? ¿Lo lograría?…

–                     ¿Desde aquí?… ¡Eh! ¡Sería un trabajo enorme! Lo lograrías con lanchas planas. Cuesta trabajo, ¿Sabes? ¡Es lejos! Sería necesario medir siempre el fondo. Tener ojo en la ribera. En los remolinos, en los bosquecillos flotantes en la corriente. ¡Ufff! La vela en estos casos, estorba y no sirve. Pero, ¿Quieres regresar al lago siguiendo el río? Ten en cuenta que no le va a uno bien, ir contra la corriente. Es menester dividirse en muchas cosas, si no…

–                     Tú lo has dicho. Cuando alguien es vicioso, para ir al Bien; debe ir contra la corriente. Y no puede lograrlo por sí solo. Judas es uno de estos. Y vosotros no lo ayudáis. El pobre rema hacia arriba solo y se pega contra el fondo. Da contra remolinos; se mete en los bosquecillos flotantes y cae en una vorágine. Si quiere medir el fondo, no puede tener al mismo tiempo, el timón y el remo. ¿Por qué se le echa en cara si no avanza? Tenéis piedad de los extraños y de él; vuestro compañero, ¡¿No?!…

¡No es justo! ¿Ves ahí a Juan y a él, que van al poblado a traer pan y verduras? Él ha pedido que por favor no se le deje ir solo. Se lo pidió a Juan, porque no es tonto y sabe cómo pensáis los viejos de él.

–                     ¿Y Tú lo has mandado? ¿Y si Juan también se echa a perder?

Santiago ha llegado con la red que sacó de las varas y escuchó las últimas palabras. Pregunta:

–                     ¿Quién? ¿Mi hermano? ¿Por qué va a echarse a perder?

Jesús contesta:

–                     Porque Judas va con él.

–                     ¿Desde cuándo?

–                     Desde hoy. Yo le di permiso.

–                     Si Tú lo permites… Entonces…

–                     Aún más bien. Lo aconsejo a todos. Lo dejáis muy solo. No seáis sólo sus jueces. No es peor que otros. Está muy mal educado desde su infancia.

Santiago dice:

–                     Así será. Si hubiese tenido por padre y madre a Zebedeo y a Salomé, las cosas no serían así. Mis padres son buenos, pero estrictos. Se acuerdan que tienen un derecho y una obligación sobre sus hijos.

–                     Dijiste bien hoy hablaré exactamente sobre esto. Vámonos. Veo que empieza a parecer gente por los prados…

Pedro dice entre animado y fastidiado:

–                     No sé cómo vamos a hacer para vivir. Ya no hay tiempo para comer, orar, descansar… Y la gente aumenta siempre más.

Jesús responde:

–                     ¿Te desagrada? Es señal de que todavía hay quién busca a Dios.

–                     Sí, Maestro. Pero Tú sufres. Ayer te quedaste sin comer y esta noche sin más cobija que tu manto. ¡Si lo supiese tu Madre!

–                     ¡Bendeciría a Dios que me trae tantos fieles!

Llegan Felipe y Bartolomé diciendo:

–                     ¡Oh! ¡Maestro! ¿Qué hacemos?

–                     Es una verdadera peregrinación de enfermos, quejosos y pobres que vienen de lejos, sin medios.

Jesús contesta:

–                     Compraremos pan. Los ricos dan limosnas. Las emplearemos en ellos.

Felipe dice:

–                     Los días son breves. El cobertizo está lleno de gente que parece que va a pernoctar. Las noches son húmedas y frías.

–           Tienes razón, Felipe. Nos estrecharemos en un solo galerón. Podemos hacerlo y arreglaremos los otros, para quienes no puedan regresar a su casa en la misma tarde.

Pedro refunfuña:

–                     ¡Entendido! Dentro de poco tendremos que pedirles permiso a los huéspedes, para cambiarnos de ropa. Nos invadirán en tal forma, que nos arrojarán.

–                     Otras fugas verás, Pedro mío…  ¿Qué tiene esa mujer?

Han llegado a la era y Jesús la ve llorando.

Bartolomé contesta:

–                     Ayer también estuvo y también lloraba. Cuando hablabas con Mannaém intentó acercarse a Ti. Pero después se fue. Debe estar en el poblado, porque ha regresado y no parece enferma.

Al pasar junto a ella, Jesús le dice:

–                     La paz sea contigo, mujer.

Ella responde en voz baja:

–                     Y contigo.

Son por lo menos trescientas personas. Bajo el cobertizo hay ciegos, cojos, mudos. Uno que no hace más que temblar. Un jovencillo claramente hidrocéfalo, tomado de la mano por un hombre; no hace más que bufar, babear y sacudir su cabezota con expresión de estúpido.

Una mujer pregunta:

–                     ¿El Maestro, cura también los corazones?

Pedro la oye y dice a Jesús:

–                     Tal vez es una mujer traicionada.

Mientras Jesús va a donde están los enfermos, Bartolomé y Felipe van a bautizar a muchos peregrinos. La mujer llora en un rincón sin moverse.

Jesús no niega nadie el milagro.

Llega ante el jovencito y toma entre sus manos su cabezota y con su aliento le infunde la inteligencia. Todos se agolpan. También la mujer velada, que perdida entre la multitud; se atreve a acercarse más y se pone junto a la mujer que llora.

Jesús dice al tonto:

–                     Quiero en ti la luz de la inteligencia, para abrir paso a la Luz de Dios. Oye, di conmigo: Jesús. Dilo, lo quiero.

El tonto, que antes mugía como una bestia, masculla fatigosamente:

–                     ¡Jesiú!

–                     Otra vez. –dice Jesús, que continúa teniendo entre sus manos, la cabeza deforme y lo mira fijamente.

–                     ¡Jess-sús!

–                     ¡Otra vez!

–                     ¡Jesús! –dice finalmente.

En sus ojos ya hay una expresión y en su boca se dibuja una sonrisa diferente.

Jesús dice a su padre:

–                     Hombre, tuviste fe. Tu hijo está curado. Pregúntaselo. El Nombre de Jesús es milagro contra las enfermedades y las pasiones.

El hombre pregunta a su hijo:

–                     ¿Quién soy yo?

El muchacho contesta:

–                     Mi padre.

El hombre lo estrecha contra su pecho y dice:

–                     Así nació. Mi mujer murió en el parto. Y él tenía impedida la mente y el habla. Ahora ved. Tuve fe, sí. Vengo desde Joppe. ¿Qué debo hacer por Ti, Maestro?

–                     Ser bueno. También tu hijo. No más.

–                     ¡Y amarte! ¡Oh! ¡Vamos a decírselo a tu abuela! Fue ella la que me persuadió a venir. Que sea bendita.

Los dos se van felices. Del infortunio pasado no queda rastro. Sólo la cabeza grande del muchacho. La expresión del rostro y el habla son normales.

Varios quieren saber y preguntan a Jesús:

–                     ¿Se curó por voluntad tuya o por poder de tu Nombre?

–                     Por voluntad del Padre, siempre benigno con su Hijo. También mi Nombre es salvación. Vosotros sabéis que ‘Jesús’ quiere decir Salvador. La salvación es de las almas y de los cuerpos. Quién dice el Nombre de Jesús con verdadera devoción y fe; se levanta de las enfermedades y del Pecado. Porque en cada enfermedad espiritual y física; está la uña de Satanás; el cual produce las enfermedades físicas, para llevar a la rebelión y a la desesperación; al sentir los dolores de la carne. Y las morales y espirituales para conducir a la condenación eterna.

–                     Entonces según Tú, ¿En todas las cosas que afligen al hombre; no es un extraño Belcebú?

–                     No es un extraño. La enfermedad y la muerte entraron por él. E igualmente la corrupción y el delito. Cuando veáis algún atormentado por una desgracia; recordad que él también sufre por causa de Satanás. cuando veáis que alguien es causa de infortunio; pensad que es un instrumento de Satanás.

–                     Pero las enfermedades vienen de Dios.

–                     Las enfermedades son un desorden del Orden. Porque Dios creó al hombre sano y perfecto. El Desorden introducido por Satanás en el orden puesto por Dios; ha traído consigo la enfermedad en el cuerpo y las consecuencias de la misma. O sea; la muerte y también las herencias funestas. El hombre heredó de Adán y Eva, la mancha de Origen. Pero no solo esa. La Mancha se extiende cada vez más; comprendiendo las tres ramas del hombre: la carne siempre más viciosa y por lo tanto débil y enferma.

La parte moral, siempre más soberbia y por lo tanto, corrompida. El espíritu siempre más incrédulo; o sea, cada vez más idólatra. Por esto es necesario hacer como hice con el jovencito: enseñar el Nombre que ahuyenta a Satanás. grabarlo en la mente y en el corazón. Ponerlo sobre el ‘yo’, como un sello de propiedad.

–                     Pero, ¿Nos posees Tú? ¿Quién Eres que te crees tan gran cosa?

–                     ¡Si fuera así! Pero no lo es. Si os poseyese estaríais ya salvados. Sería mi derecho porque Soy el Salvador. Salvaré a los que tengan fe en Mí.

Uno de los curados que antes usaba muletas y ahora se mueve ágilmente, dice:

–                     Yo vengo de parte de Juan el Bautista. Me dijo: ‘Ve al que habla y bautiza cerca de Efraín y Jericó.  Él tiene el poder de atar y desatar. Mientras que yo solo puedo decirte que hagas penitencia para hacer tu alma ágil en conseguir la salvación.

Otro pregunta:

–                     ¿No siente el bautista que pierde gente?

Y el que acaba de hablar, responde:

–           ¿Sentirlo? A todos nos dice: ‘Id. Id. Yo soy el astro que se oculta. Él es el astro que sube y se queda fijo en su eterno resplandor. Para no permanecer en tinieblas, id a Él; la Luz Verdadera; antes de que se pague mi lamparilla.

–           ¡Los fariseos no dicen así! Están rabiosos porque atraes a las multitudes. ¿Lo sabías?

Jesús responde escueto:

–                     Lo sabía.

Se desata una disputa sobre la razón y modo de proceder de los fariseos.

Jesús la trunca con un:

–           ¡No critiquéis!  – que no admite réplica.

Bartolomé y Mateo regresan con los bautizados.

Jesús empieza a hablar…

Predica extensamente sobre el Cuarto Mandamiento. Cuando termina, quién debe partir se va pronto. Quién se queda, entra en el tercer galerón y come su pan o lo que los discípulos les ofrecen en el Nombre de Dios. Sobre rústicos trípodes se han puesto tablas y paja. Y allí podrán dormir los peregrinos.

La mujer velada se va de prisa. La otra que lloraba desde el principio y que ha seguido llorando, mientras Jesús hablaba. Incierta, da vueltas y luego se va…

Jesús entra en la cocina para tomar alimentos; pero apenas ha comenzado cuando se oye que llaman a la puerta. Se levanta Andrés, el más cercano a ella y sale al patio. Habla con ella…

Y Andrés regresa diciendo:

–                     Maestro, la mujer que lloraba te quiere ver. Dice que se va a ir; pero que debe hablarte.

Pedro grita:

–                     ¡Pero de este modo…! ¿Cómo y cuándo come el Maestro?

Felipe dice:

–                     Debías haberle dicho que viniese después.

Jesús ordena:

–                     ¡Silencio! Después comeré. Seguid vosotros.

Jesús sale para encontrase con ella, que le dice afligida:

–                     Maestro, una palabra… Tú dijiste… ¡Oh! ¡Ven detrás de la casa! Tengo pena en decirte mi dolor.

Jesús va con ella y le pregunta:

–                     ¿Qué quieres de Mí?…

–                     Maestro, te oí primero cuando hablabas entre nosotros… Y luego te oí cuando predicabas. Parece como si te hubieses dirigido a mí. Dijiste que en cada enfermedad física o moral, está Satanás… Tengo un hijo enfermo en el corazón. ¡Ojala te hubiese podido oír cuando hablabas de los padres!  Es mi tormento. Se ha desviado con malas amistades y es exactamente como Tú dices: … Ladrón… por ahora en la casa. Pero es difícil. Altanero; como es joven, se arruina con la lujuria y la embriaguez. Mi marido lo quiere expulsar. Yo… yo soy la madre y sufro lo increíble.

¿Ves cómo palpita mi pecho? Es el corazón que se me despedaza con tanto dolor. Desde ayer quería hablarte, porque espero en Ti, Dios mío. Pero no me atrevía a decir nada. Es muy doloroso para una madre decir: ‘¡Tengo un hijo que parece una fiera!’

La mujer llora y se inclina llena de dolor ante Jesús, que le dice:

–                     ¡No llores más! Curará de su mal.

–                     Si te pudiese oír. Pero no quiere. ¡Oh! ¡Nunca se curará!

–                     ¿Tienes fe por él? ¿Tienes voluntad por él?

–                     ¿Y me lo preguntas? ¡Vine de la Alta Perea para suplicarte por él!…

–                     Entonces vete. Cuando llegues a tu casa… tu hijo te saldrá al encuentro, arrepentido.

–                     ¿Cómo?

–                     ¿Cómo?  ¿Crees que Dios pueda hacer lo que Yo le pida? Tu hijo está allá. Yo estoy aquí… Pero Dios está donde quiera. Digo a Dios: ‘Padre, ten piedad de esta madre.’ Y Dios hará oír su fuerte llamado en el corazón de tu hijo. Vete mujer. Un día pasaré por tu pueblo y tú, orgullosa de tu hijo;  me saldrás al encuentro con él. Y cuando él de rodillas llorando te pida perdón y te cuente su misteriosa lucha de la que ha salido con un alma nueva y te pregunte cómo sucedió, dile: ‘Jesús ha sido la causa de que tú renacieses al Bien.’

Háblale de Mí. Haz que él sepa que debe pensar en Mí;  para que tenga consigo la fuerza que salva. Adiós. La paz sea con la madre que tuvo fe; con el hijo que retorna. Con el padre que está ya tranquilo. Con la familia que ha vuelto a unirse. ¡Vete!

La mujer se va en dirección al poblado y Jesús regresa a la cocina…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA