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53.- EN LA ESCUELA DEL SUFRIMIENTO II


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Pablo continúa la lección en la Escuela de Apolonio:

EL SUFRIMIENTO REDENTOR

Redimir quiere decir rescatar a las almas de la tiranía de Satanás.

Jesús vino para restablecer en la naturaleza humana, el orden tan terriblemente turbado por el Pecado Original.

Jesús unió la Naturaleza Divina a la Humana, para dar a la Divinidad la debida satisfacción y reparación por parte de la Humanidad.

Y para dar nuevamente a la Naturaleza humana y degradada por el Pecado, su primera dignidad.

Y esto ha exasperado terriblemente en Satanás la sed del Odio, de Envidia y de Celos hacia el hombre.

Por todo esto, no se puede justificar el mal que los hombres hacen, aún empujados por Satanás. Porque el hombre ya es libre y las Redención ha establecido el Orden y el equilibrio trastornados.

Exactamente por medio de la Redención, al hombre le son proporcionados los medios necesarios para enfrentarse y superar las tentaciones.

Si el hombre complaciente, da oídos a la voz del Mal, lo hace bajo su responsabilidad.

Porque voluntariamente rechaza los frutos de la Redención; camina sobre una pendiente peligrosa en la que fácilmente resbala, descendiendo de precipicio en precipicio, hasta el fondo del Abismo.

El sufrimiento es el alma del Amor.

Al presente me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.

Es ley natural que el sufrimiento de un órgano se refleje y repercuta en todos los demás órganos del cuerpo. Así también la Redención iniciada en la Encarnación y consumada en la Cruz, se completa en todos los miembros del Cuerpo Místico, con el sufrimiento, hasta el Fin de los Tiempos.

Nuestras acciones humanas nunca son solo personales. Sus consecuencias buenas o malas NO son solo personales, sino que repercuten positiva o negativamente en todo el Cuerpo Místico, del que cada uno somos miembros.

Por eso el cristiano, nunca es más cristiano que cuando sufre. Porque con su sufrimiento se une más a Cristo y completa el Misterio de la Redención y triunfa en el Dolor, en la Humillación y en la Persecución.

No se debe tener miedo de sufrir por amor a la Justicia y a la Verdad.

Por mí, no quiero sentirme orgulloso de nada, sino de la Cruz de Cristo Jesús nuestro Señor. Por Él, el Mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo, y llevo en mi cuerpo, las señales de Jesús.

María fue educada en el Templo. Era erudita en las Sagradas Escrituras y como Esposa del Espíritu Santo, poseía la Luz. Al aceptar la Maternidad Divina, sabía muy bien lo que iba a ser de Ella.

María fue la verdadera sacerdotisa del Calvario, porque en la cima, se ofreció a sí misma junto con el Cordero de Dios.

La víctima se destruye. La víctima se consume. Ella debió destruir su Corazón de Madre y sacrificó e inmoló cada uno de sus sentimientos, repitiendo su ‘FIAT’ y junto con Jesús: ‘No se haga mi voluntad, sino la tuya’ Solo un amor sobrenatural es capaz de tal prodigio.

María como SACERDOTISA  ha testimoniado a Dios y a los hombre la más grande prueba de su amor que consiste NO solo en sacrificar la propia vida, sino también la de AQUEL a quien más se ama.

Debéis grabar en vuestra mente y comprender en vuestro corazón, que el Misterio de la Cruz se renueva incesantemente, pues en el Santo Sacrificio de la Misa, junto con Jesús se renueva  la Pasión.

Y las almas-víctimas somos inmoladas en unión con Jesús y con María, ofreciéndonos al Eterno Padre.

Estamos presentes en el Ofrecimiento en unión con Cristo; disponiéndonos para aceptar, sufrir y ofrecer: dificultades, incomprensiones, insultos, ofensas y todo nuestro sufrimiento en general; tal y como Jesús lo ha hecho.

Y somos las lámparas vivientes delante de sus altares.

Hay que estar dispuestos a proseguir en el Camino de la Cruz, sin olvidarnos de que Él va adelante.

Él ya no puede sufrir físicamente. Pero moral y espiritualmente, Jesús tiene un sufrimiento infinito.

¿Quién puede comprender y narrar sus sufrimientos? Creerlo insensible ante la ceguera de muchos y a los Pecados contra Él, quiere decir NO conocerlo. Se redime con Él, en la medida en que se sufre. No se debe tener miedo. Hay que escuchar su Voz.

Hay que agradecerle el privilegio de haber sido escogidos para una misión grandiosa. Él permite la Persecución para habituarnos a NO buscar apoyo en creatura alguna, sino solamente en Él.

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Satanás hace de todo para desanimar, para cansar y abatir. ¡No hay que ceder! Su Rugido puede sobresaltar, pero si nosotros como almas-víctimas sabemos usar los medios que Jesús ha puesto a nuestra disposición, podemos convertir el rugido en un maullido lastimero.

Se sufre, sí. Pero el sufrimiento es levadura de perfección para el alma y de salvación para los demás.

Hay momentos en que es imposible explicar lo que se sufre. Se siente en el alma un completo desamparo, como si se estuviese muy lejos de Dios. El cuerpo se encuentra sin fuerzas y sin ánimo para nada.

Es como si estuviésemos atrapados entre las muelas de un molino. ¡Harina de hostias! ¡El Infierno nos odia y nos combate! Pero no hay nada que temer. Si Jesús está con nosotros ¡Quién contra nosotros!

Los sufrimientos físicos, morales y espirituales, son fermentados por el Espíritu Santo y trasmutados en Luz, amor y Gracias para muchas almas que sin coparticipación en la Pasión, estarían eternamente perdidas.

Los sufrimientos deben ser aceptados con humildad y abandono, para que Dios los transforme en Gracias para salvar a otras almas y fortalecer el Cuerpo Místico que es la Iglesia.

Ningún discípulo es más que su Maestro. Y si Jesús sufrió tanto para redimir a los hombres, el que sigue la estela del Maestro ¿Sufrirá menos?

Amar el sufrimiento nos permite llevar a cabo la Misión que Dios nos ha encomendado.

Recordad que la vida de la víctima no tiene satisfacciones humanas, sino sobrenaturales. Jesús Víctima Suprema no tuvo durante los treinta y tres años de vida terrenal, tantas injurias cuantas recibió, durante las pocas horas que van desde el Getsemani hasta el Gólgota en su Muerte.

Pero fueron precisamente aquellas horas, las que hicieron de Él, el Redentor. Por ahora, solo en Él debemos esperar consuelo. Finalizada la Prueba, tendremos la dicha de leer en el Libro de la Vida, los nombres de los salvados con nuestro sufrimiento. Y unidos a Jesús, estaremos en la Paz.

El no querer sufrir es falta de amor a Dios. Y acarrea un gravísimo daño a nuestro espíritu. Y corremos el peligro de matar nuestro espíritu, por un infame egoísmo espiritual, que es la trampa más solapada de Satanás para destruirnos.

Conviene pagar las deudas con Divina Justicia en el tiempo y no en la Eternidad.

Es mejor aprender a amar en la Tierra, con la ayuda del Espíritu Santo, que en el Purgatorio, donde la Ausencia de Dios, es el Supremo Tormento.

El que llega a amar a Dios con un amor total y absoluto, comparte con Jesús bebiendo de su cáliz, la gota o el sorbo de amargura que la Predilección de Dios tenga a bien concederles.

Es una señal de su amor privilegiado y la da a quién es generoso y sabe hacer renuncias y penitencias, para completar la Obra de la Redención.

Dios es Bueno. Él también sufre por tener que llevarnos por el Sendero del Sufrimiento, que Él caminó primero.

Sufrió al separarse de Sí Mismo y esforzándose por ser Hombre, con todas las miserias y angustias que el ser humano lleva consigo: nacer, tener frío, hambre, cansancio, padecer sarcasmos, calumnias, afrentas, odios, asechanzas, traiciones y morir derramando la Sangre con una muerte brutal, para darnos el Tesoro de la Salvación.

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Esto es lo que sufre Dios para salvarnos. El Padre celestial contempla consternado la manera tan infame con que el hombre desprecia la Salvación y pisotea la Sangre de su hijo.

Ningún hombre, por más difícil que sea su sendero que lleva al Cielo, caminará por una vereda tan amarga, fatigosa, llena de dolor, como la que va caminando el Hijo del Hombre, al venir del Cielo a la Tierra y de la Tierra al Sacrificio que abre las Puertas del Cielo.

Él busca corazones que le ayuden a soportar la amargura de la Pasión. Jesús sufrió el cansancio corporal de Evangelizar sin detenerse. El cansancio moral de buscar amor en los corazones, sin encontrarlo más que en muy pocos. Él NO es insensible al rencor y lo lastiman los que lo odian sin motivo, con las conjuras para matarlo y las traiciones de los que fingen ser sus amigos y son espías de los enemigos.

En el eterno Presente de Dios, los que se dicen cristianos pero NO le aman, toman los diferentes papeles de los integrantes del drama, que relata el Evangelio. Pues aún entre los que dicen amarlo hay nuevos Judas que lo venden por los denarios de los ídolos y del Racionalismo. Él fecundó con su Sangre las Tablas de la Ley.

El camino que nos traza lleva sus huellas ensangrentadas. Nuestras almas las hace puras y fuertes, al lavarlas con su Sangre. Él Mismo nos hace capaces de obedecer los Mandamientos que nos exige, para llegar a Él.

Si no olvidamos que en nuestro sufrimiento está Él y también su Sufrimiento que es Infinito, lograremos darle besos y sonrisas, junto con nuestras lágrimas, unidos a una voluntad heroica, de amarlo hasta el sacrificio y la muerte si fuera preciso.

La Pasión de Jesús es un mar dolorosísimo, en el que se lavan los pecados de todo el mundo. Y un mar de Odio satánico en el que se trata de sumergirlo a Él y a todos los que son amados por Él, para aniquilar todo su trabajo de Maestro.

El hombre que no está totalmente sumergido en el amor de Dios, por más fuerte que sea, termina por doblegarse ante el sufrimiento y pierde su combate con Satanás.

            COMO APRENDER A SUFRIR

En el Paraíso nos espera la felicidad total y absoluta. Y si los que están allá, pudieran formular un deseo, sería solo el de volver a la Tierra, para centuplicar en tiempo y en intensidad, los sufrimientos.

Las almas-víctimas en lo que les falta por vivir, deberán sufrir mucho, pero será un sufrimiento fecundo, de mucho bien y bastantes méritos.

Y no le agradecerán nunca a Dios lo suficiente, por el gran don que han recibido por su elección, porque a este don está ligada la salvación de muchas almas. ¡Qué felicidad por el puesto que les han asignado para el Plan Divino de la Salvación!

Por larga que sea la existencia y áspera la Prueba, siempre serán desmesuradamente inferiores en extensión y profundidad, respecto a la eternidad y la beatitud que nos esperan.

Por fuertes que sean las causas y los agentes que nos hacen sufrir hay que pensar que Dios nos ha dado agentes y causas de fuerza y de victoria, infinitamente más grandes que los que nos atacan y nos afligen: la Gracia, los Sacramentos, la Palabra Evangélica.

Breve. Siempre breve es la Prueba terrena, respecto a la Eternidad. Y relativos son el sufrimiento y la Cruz, respecto al gozo celestial e infinito, como todas las cosas que vienen de Dios, para aquellos que ya están en el conocimiento de Dios, como hijos suyos y herederos.

Igualmente, siempre serán relativas las humillaciones terrenas respecto de aquella gloria que se manifestará en los elegidos, cuando Dios se comunicará a ellos en una medida plena y perfecta en su grandeza, belleza, conocimiento, fuego de amor.

Su Luz y todos sus atributos y bienes que Él tiende a comunicar en forma relativa, proporcionada al viviente, conforme crece en la vida sobrenatural, vaciándose de sí mismo y de todas las cosas, para recibir a Dios, mientras todavía está sobre la Tierra.

El Reino de Dios es Eterno como su Rey. En la eternidad se conoce una sola palabra: Hoy.

También nosotros debemos conocer solo esta palabra, para medir el tiempo del Dolor: Hoy. ¿Por cuánto sufro? Por hoy. Al Presente. Para las criaturas espirituales, no hay otra cosa que aquello que es de Dios.

También en el Tiempo. Hay que prepararse desde aquí a calcular el tiempo, como lo poseeremos en el Paraíso: ‘Hoy…’

Pablo hace una pausa y Oliver se adelanta. Cómo es un hombre joven y alto, camina con seguridad y los cristianos ya lo conocen y reconocen en él, porque también es un gran profeta, el Instrumento que está siendo impulsado por el Espíritu Santo…

Pablo a su vez también vislumbra la Majestuosa e inconfundible Presencia que irradia el joven  y todos esperan anhelantes…

La expectación NO se ve defraudada. Los cristianos comprenden cuando Oliver eleva la voz y empieza a hablar:

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Hijitos Míos, cuánto agradezco éstos momentos que pasáis frente a Mi Presencia, ante la Sagrada Eucaristía, ante Mi Sagrada Presencia.

Cuánto gozo estos momentos en los cuales comparten conmigo sus gozos, sus sufrimientos, sus necesidades. Yo de antemano conozco vuestras necesidades y vuestros pensamientos, pero cuando os tomáis la molestia de venir ante Mí a compartirlos, NO puedo más que volar hacia vuestras almas y abrazarlas con un amor tan grande que no las dejo expresarse, sobre todo cuando es el arrepentimiento sincero el que os trajo ante Mí.

Vivo entusiasmado en pensar y esperar los momentos en los cuales os acercaréis a Mí y Yo os tomaré y os haré aliviar de vuestras peticiones. Cómo disfruto esos momentos íntimos del alma hijitos míos, pero son tan pocos los que se acercan y Me tienen esa confianza de Padre, de hermano, de amor.

De Mí sólo obtendrán Paz, Gozo y Alivio a vuestras necesidades. Por favor hijitos Míos, compártanme sus vidas, puesto que ellas también Me pertenecen..

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La gran mayoría de vosotros os imagináis que La Redención por todo Mi pueblo se realizó solamente en los últimos tres años de Mi Vida. O sea, en Mi Vida Pública, en Mi Vida de enseñanza. NO hijitos Míos, vuestra Redención se llevó a cabo desde Mi Concepción en el vientre de Mi Madre, la Santísima Virgen María. Desde ése preciso momento Mi Abandono a Mi Padre fue Total.

Yo tenía que crecer como vosotros, sufrir penas y privaciones como vosotros, rechazos y dolores como vosotros, muerte como vosotros. ¿De qué hubiera servido una redención como la esperaban los fariseos? Ellos esperaban a un juez poderoso, adulto, que llegara a exterminar al pueblo romano quienes los tenían sojuzgados.

De haber sido así, mi función hubiera sido sólo de libertador, usando sólo la fuerza humana y exterminando de la misma forma como todos los pueblos lo hacían y los actuales lo siguen haciendo. Hubiera pasado a la Historia como el Gran Libertador del pueblo judío, lo cuál sólo significaba fuerza, poder, inteligencia para la guerra.

¡El Mesías!, el Esperado, el Hijo de Dios, tenía que ser como Su Padre ¡Lleno de virtudes¡ lleno de Gracia, lleno de Amor, lleno de HUMILDAD.

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Acatando la voluntad de Mi Padre, Me humillé, Me hice como vosotros, como sois vosotros menos en el Pecado, para que fuera realmente un ejemplo a seguir. Ya que de una u otra forma, con Mi Ejemplo, vuestras vidas se ven asemejadas a la Mía de la otra forma NO. Como guerrero y libertador sólo sería ejemplo para unos cuantos, un muy limitado número de hombres, hombres de armas.

Yo crecí en perfecto abandono a Mi Padre, aceptando la “cárcel” de Mi Cuerpo, el cuál NO debía mostrar Mi verdadera Identidad como Dios. Solamente cuando “Me perdí” de la caravana en Mi Niñez y Me encontraron Mis padres enseñando a los sacerdotes en el Templo, fue la única vez que mostré Mi identidad como Dios, por Mi Sabiduría y por la respuesta que dí a Mis padres al decirles: ¿Por qué Me buscaban, acaso no saben que tengo que hacer las cosas de Mi Padre?

Palabras que NO comprendieron de inmediato pero que después entendieron muy bien. Después de esto se Me ordena una vida normal y oculta, con sus cruces de cada día, con las delicias de los Amores que Mi Padre Celestial Me daba todos los días, con la vida de Oración continua y profunda que llevaba con El, pidiéndole en todo momento por vuestra salvación y para todos vuestros hermanos de todos los tiempos.

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Yo veía a cada uno de vosotros reflejados en la gente de ése tiempo. No creáis que porque Mi Venida fue hace 2,000 años la condición humana ha cambiado, NO hijitos Míos. Las causas del Pecado son las mismas, lo refinado en el pecar ahora en vuestro Tiempo, es peor. El Demonio ha utilizado las mismas tretas y mentiras para hacer caer al género humano en el pecado, desde que se le quitó la Gracia que tenía, por su pecado y se volvió malo.

El ya no puede crear formas nuevas para hacer caer al género humano, porque por su Pecado ya quedó limitado para siempre, Les puede dar otra cara, otra presentación; pero la esencia del pecado es la misma, por eso Yo os levanto de vuestros pecados ya desde hace 2,000 años.

Mi Abandono al Padre fue siempre total y la única vez que Le dije algo diferente fue, cuando en Mi Pasión Dolorosa, en el Huerto de los Olivos, Le digo: “Si es posible aparte de Mi éste Cáliz, pero no se haga Mi Voluntad sino la Tuya”. Yo veía los atroces sufrimientos que iba a pasar en los tormentos recibidos por los verdugos. Verdugos que eran presa del mismo demonio y que se Vengaban de su Dios, haciéndolo sufrir como Hombre.

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Pero mi Dolor más grande era que Mi Redención que duró 33 años, no los 3 que siempre os imagináis, NO IBA A SERVIR PARA MUCHAS ALMAS. Mi Redención, para muchos de Mis hijos, iba a quedar totalmente fuera de los intereses de su vida. El haber venido a la Tierra para salvarlos o el NO haber venido, para ellos les iba a dar igual. ¡Cuánta ingratitud! Os creéis dioses, cuando apenas sois pequeñas creaturitas tratando de empezar a caminar, pobres hijitos Míos.

Treinta y tres años sufrí por vosotros y muchos de vosotros os quejáis de los dolores, ofensas, malos tratos, desprecios que se os dan en vuestras vidas, en vuestra misión que tenéis para salvar almas, por las que bajasteis a la Tierra. Actualmente vuestra Tierra es un desierto y campo de batalla en donde el Mal se va posesionando cada vez más de Mi Obra de Creación y de la vida de amor que Yo puse en cada uno de vosotros.

El malo os quiere destruir por que sois Míos, como Me quiso destruir a través de los verdugos que Me azotaron y Me rebajaron a piltrafa humana. Mi Fuerza reside en lo espiritual y la vuestra, también. Podrán destruir el cuerpo, pero NO el alma si realmente estáis Conmigo, como Yo lo estaba con Mi Padre.

De ésta forma vuestro “real cuerpo” que es el alma, resucitará gloriosa después de que hayáis aceptado y llevado a cabo con amor y abandono, vuestra Misión. La misión que a cada uno de vosotros se os designó para salvar una o millares de almas.

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No os deis por vencidos, hijitos Míos. El Mal se revuelca en Odio por destruir Mi Obra y NO PUEDE NADA contra aquellos, que permaneciendo en Mí y en Mi Madre, serán la Nueva Estirpe del Nuevo Pueblo de Dios en la Tierra. Acercaos a Mí en vuestras tribulaciones y en vuestras cruces y sabed que Yo ya antes sufrí por vosotros y conozco vuestro Dolor y vuestras debilidades y sólo Yo os puedo comprender perfectamente, porque os conozco desde antes de que nacierais.

Mi Vida de Amor y de abandono se va dando perfectamente en aquellas almas que se confían a Mí y que toman de Mí la Fuerza necesaria para seguir adelante. Aún cuando sintáis que vuestras fuerzas os abandonan y queráis apartar vuestra cruz de sufrimiento, recordad Mi subida al Monte Calvario, cuando Yo llevaba la Cruz a cuestas.

Mi debilidad era extrema, puesto que había perdido muchísima sangre por la Flagelación, estaba en ayunas y no Me habían dejado dormir en toda la noche los verdugos porque se la pasaron dañándoMe físicamente en forma brutal, de una u otra forma. La fiebre por la infección tan grande ocasionada por las heridas de la Flagelación, era muy alta y aún así tomé Mi Cruz. La abracé con cariño, ya que por ella, por Mi Muerte en ella, YO os iba a poder dar vida a todos vosotros.

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Con esto os quiero dar a entender, Mis hijitos que no reneguéis a la Cruz que cada uno de vosotros tenéis. Vuestro sufrimiento se acrecienta según vuestro grado de olvido a Mi Voluntad, a la Voluntad del Padre. O se disminuye cuando os abandonáis a Mi Voluntad y tomáis de Mí, Fuerza y Vida Divina para vencer vuestras flaquezas humanas.

No os agobiéis más, hijitos Míos, en vuestro abandono” en el aceptar Mi Voluntad y en el Interceder y ofrecer con amor verdadero, vuestros dolores y sufrimientos espirituales por aquellos que os causan un Mal. Encontraréis vuestra paz interior, porque entonces estaréis, verdaderamente actuando como Yo, vuestro Hermano Mayor que os dio la Luz, el Camino a seguir y la vida Eterna; gracias al aceptar con amor, el abandono a la Voluntad de Nuestro Padre Dios.

Venid todos a Mí, corderitos Míos, que Yo os preparo los pastos verdes y reconfortantes de Mi Reino de Paz, que recibiréis por haberos hecho uno Conmigo.

“Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad”. Esta frase, hijitos Míos, es la frase que sale del corazón de todos aquellos que ya Me encontraron.

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Esta frase es la frase de la reciprocidad en el Amor. Nadie que reciba y acepte Mi Amor se mantiene estático, porque el Amor es dinámico. Esta frase es la que realiza la separación o la unión conmigo, vuestro Dios. Aquél que NO se ha dejado llenar de Mí, NO PUEDE darse a su Dios ni a sus hermanos. Pero aquellos que se han olvidado de sí y Me dejan a Mi tomar el lugar privilegiado de sus vidas y en su corazón, ya han aprendido a ser verdaderos hijos Míos.

“Aquí estoy Señor, para hacer Tú voluntad”, ha sido la frase de los antiguos y modernos profetas y de todos aquéllos hermanos vuestros a los que la Iglesia ha nombrado santos por sus méritos ejemplares. Fue también la frase que separó al Antiguo, del Nuevo Testamento, cuando fue expresada por Mi Madre Santísima, que quien estando llena del Espíritu Santo, aceptó con docilidad Su Misión.

Al EncarnarMe en Ella, Yo mismo aceptaba Mi Misión, aunque Yo ya había aceptado la Voluntad de Mi Padre desde el momento en que se llevó a cabo el Pecado Original, donándoMe para la Salvación de todo el género humano.

 Esta frase marca la División entre la soberbia con la humildad. De la total Donación con el Egoísmo. Entre el ver la necesidad del hermano, con el verse a sí mismo.  Gracias a ésta frase se han dado los grandes cambios en vuestra historia, marcados por Mis pequeños quienes se han donado como Instrumentos de Mi Amor. Yo NO puedo actuar en un alma si antes NO ha aceptado el que Yo haga Mi Voluntad en ella.

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 Sólo las almas valientes, las almas que tienen sus ojos puestos en Mí, en Mis necesidades, que son las vuestras. Las almas que buscan su perfección en el Amor, las almas donadas hasta al martirio, las almas escogidas que han aceptado su misión perfectamente, son las que pueden decir sin titubear, ésta frase.

Son almas que se dan en totalidad, sin poner restricciones ni condiciones de alguna especie. Simplemente se dan completamente a su Dios, porque han sabido amar y confiar perfectamente en su Dios, sabiendo que a pesar de que en la donación puedan suceder cosas NO muy agradables a su comodidad humana, saben que su Dios estará en todo momento guiándolas y cuidándolas y también saben, que el premio prometido a ésas almas, será MUY grande en el Reino de los Cielos.

Cómo quisiera escuchar, NO de vuestros labios, sino de vuestro corazón, ésta frase de parte de todos vosotros. SI así sucediera, vuestro Mundo cambiaría radicalmente, sería un mundo como nunca lo habéis imaginado, un mundo en donde vuestro Padre Dios habitaría perfectamente y proveyéndoos de Sus regalos excepcionales os satisfarían.

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La muerte, el dolor, la corrupción, el Pecado y todas sus consecuencias desaparecerían, porque vuestro Dios NO puede habitar y reinar en donde el Mal habita. Por eso, al decir de corazón ésta frase, es vuestro Dios en Nuestra Santísima Trinidad, los que inmediatamente entramos a habitar ésa alma y así su Cielo comienza desde ésta vida.

No hay alma que se haya arrepentido de haberse donado con ésta frase tan hermosa: “Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad”, porque Yo vuestro Dios, también respondo a vuestra frase con Mi frase, “Si, gracias, hijito Mío y aquí estoy Yo, Tú Dios, para habitar en ti”. Desde ése momento el alma  recibe el Gran Tesoro que todas las almas anhelan desde que son creadas, el ser tomadas plenamente por su Dios. No hay nada más grande que un alma anhele, que el ser consumida por el Amor de su Creador.

Esto no lo entendéis ahora muy bien, porque tenéis un cuerpo, pero cuando vuestra alma se separe de él, lo entenderéis perfectamente, cosa que ya entendíais antes de bajar a servirMe. El deseo del alma en el Cielo, antes de que os encarnéis para tener una misión en la Tierra, es la de hacer Mi Voluntad. Pero es la carne, ya afectada por el Pecado Original, la que os hace cambiar de opinión por las múltiples tentaciones que el Maligno os pone.

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Por ello debéis luchar afanosamente para hacer y triunfar a vuestra alma sobre el cuerpo con sus pasiones desordenadas, para que logréis alcanzar nuevamente el grado de espiritualidad que teníais antes de bajar a la Tierra y podáis retomar la Donación que prometisteis a vuestro Dios, para hacer Su Voluntad. Por eso, el alma que ya puede decirle a su Padre “Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad”, es un alma que ya ha alcanzado nuevamente su vida espiritual, su vida primaria, su vida de Cielo, que ya luchó contra las Fuerzas del Mal y sus Tentaciones y Triunfó.

Esta frase, hijitos Míos, es la voz de triunfo que sale de los corazones que aprendieron a escoger la mejor parte, que aprendieron a seguir a su Dios y NO al Mundo; que aprendieron a base de caídas y que saben que el Único que puede devolverles su dignidad espiritual Soy Yo, vuestro Dios. Rogad, hijitos Míos por vuestro crecimiento y por vuestro triunfo personal, para que podáis alcanzar la Vida que os tengo prometida, tanto para vosotros como para vuestros hermanos. Para que tan pronto escuche de vuestro corazón el “Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad” Yo, inmediatamente vuele a hacer morada en vuestro corazón.

Que Mi Padre en Su Infinita Bondad, os Bendiga. Que Mi Santo Espíritu os Guíe por la senda del Abandono confiado y amoroso y Yo os Bendigo y os cubro con Mis Méritos para que alcancéis la plenitud y la perfección de vuestra Misión. Yo os Bendigo en Nombre de Mi Santísimo Padre, en Mi Santísimo Nombre y en el Santísimo Nombre de Mi Espíritu de amor.

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La experiencia sublime de ser tomado plenamente como un Istrumento para que Jesús manifestase su Presencia Santísima, llena de tal júbilo a Oliver, que lágrimas de agradecimiento y de éxtasis, corren por el rostro del joven cuando el Amoroso Dios de los cristianos ha derramado sus Bendiciones…

Pablo y todos los cristianos dan las gracias y el apóstol retoma el Tema sobre el que estaba hablando…

“Hermanos, todos los dichosos que ya hemos sido capaces de pronunciar esas benditas palabras: ‘Aquí estoy señor, para hacer Tu Voluntad…’ y hemos sentido la Grandiosa Majestad que la Presencia del Señor imprime en nuestra alma, cuando toma posesión de ella, al imprimirnos delicadamente Su Imagen y Semejanza que nos convierte en verdaderos hijos.

Y nos declaramos listos para proseguir con nuestra sagrada misión de ‘pequeños cristos y corredentores’, es cuando experimentamos la Transfiguración particular que nos identifica con Jesucristo, nuestro Dios Único y Trino…

Porque ES ÉL, el que nos convierte en apóstoles, profetas y mártires…

Yo por mi parte, estoy crucificado con Cristo y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que vivo en lo humano se hace vida mía por la Fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí. También nosotros los apóstoles pasamos hambre, sed, falta de ropa y malos tratos, mientras andamos de un lugar a otro.

Trabajamos con nuestras manos hasta cansarnos. La gente nos insulta y los bendecimos. Nos persigue y todo lo soportamos. Nos calumnian y entregamos palabras de consuelo.

Hemos llegado a ser como la basura del mundo, como el deshecho de todos hasta el momento. Nos preocupamos en toda circunstancia por no dar a otros ocasión de tropiezo, ni de criticar nuestra misión. Al contrario, en todo demostramos ser auténticos ministros de Dios.

Somos muy perseverantes. Soportamos persecuciones, necesidades, angustias, azotes, cárcel, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer. En nosotros pueden ver pureza de vida, conocimiento, paciencia, bondad, actuación del Espíritu Santo y Amor sincero.

En nosotros está la Verdad y la Fuerza de Dios. Luchamos con las armas de la Justicia, tanto para atacar como para defendernos. Unas veces nos honran y otras nos insultan.

Recibimos tantas críticas, como alabanzas. Pasamos por mentirosos aunque decimos la verdad.

Por desconocidos, aunque nos conocen. Nos dan por muertos y vivimos. Se suceden los castigos y todavía no hemos sido ajusticiados.

Nos creen afligidos y permanecemos alegres.

Tenemos apariencia de pobres y enriquecemos a muchos. Parece que no tenemos nada y todo lo poseemos.

¿No han aprendido nada en el estadio? Muchos corren, pero uno solo gana el premio. Corran pues de manera que lo consigan.

Como los atletas que se imponen un régimen muy estricto, solamente que ellos lo hacen por una corona de laureles perecederos, mientras que nosotros lo hacemos por una corona que no se marchita.

Y así como yo, sabiendo a donde voy, doy golpes pero no en el vacío. Castigo mi cuerpo y lo someto, no sea que después de predicar a los otros, venga yo a ser eliminado. Yo no quiero sentirme orgulloso de nada, sino de la Cruz de Cristo, nuestro Señor.

Alégrense en el Señor en todo Tiempo. Les repito: alégrense. Y den a todos muestras de un espíritu muy comprensivo. El Señor está cerca. No se inquieten por nada.

En cualquier circunstancia recurran a la Oración y a la súplica, junto a la acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la Paz de Dios que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Y estimen como la mayor felicidad el tener que soportar diversas pruebas.

Ya saben que al ser probados en nuestra Fe, aprendemos a ser constantes. Procuren pues que esa constancia perfecta se verifique con hechos, para que de ahí salgan perfectos e irreprochables, sin que les falte nada. Y demuestren su Fe con su manera de actuar.

Que la Paz del Señor, esté con todos vosotros…

Pablo ha terminado de hablar.

Marco Aurelio, que ha escuchado desde el principio y  Oliver, se acercan al grupo que rodea a los apóstoles.

Oliver se aproxima a Pedro y le dice en voz baja que lo busca el tribuno.

Entonces Pedro va al encuentro de Marco Aurelio.

Éste le relata todo lo sucedido en Anzio y su Bautismo recibido de manos del Obispo Leonardo. Sus peripecias en la búsqueda de Alexandra y el motivo por el que ha venido a buscarlo.

Finaliza diciendo:

–           Roma está ardiendo por mandato del César. Y solo Dios sabe que calamidades faltan, pues Nerón está loco. Y yo no puedo abandonarte aquí a una destrucción cierta. Por favor, ven con nosotros a Sicilia. –suplica Marco Aurelio arrodillándose ante el anciano Pontífice.

Pedro le responde:

–           Que te bendiga el Señor por tus deseos. Pero ¡No has oído decir que Cristo me repitió por tres veces: “Apacienta mis corderos” Si tú a quién nadie ha confiado la custodia de mi persona, me dices que no me abandonarás a una destrucción cierta, ¿Cómo puedes querer que yo abandone al Rebaño del Señor, en el Día del Desastre?

Toma a tu esposa y a los tuyos y vete a Sicilia. Tu camino apenas empieza. Y debes madurar para que des fruto. Te lo repito: No caerá uno solo de tus cabellos. Ten Fe. Parte con mi bendición y la Paz de Cristo, esté contigo y los tuyos.

Pedro los bendice y los despide.

Y prosigue en la reunión de los cristianos, donde comparte con los obispos, las últimas noticias recibidas y las decisiones pertinentes que deberán tomar…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

21.- LA MAGNA OBRA DE LA REDENCION I


jardin volksgarten-600x399Mientras tanto en la Puerta del Cielo…

Leonardo, Adrián, Diego y los demás catecúmenos; escuchan atentos a una bella matrona romana. Alta, de cabellos oscuros, aspecto distinguido, de mediana edad; muy parecida a Fabiola. Su nombre es Plautina.

Su voz resuena clara como una campana, al exponer la Tercera Lección de la Doctrina Cristiana:

LA MAGNA OBRA DE LA REDENCIÓN

“Satanás penetró en el Edén para robarle al hombre, todo lo que Dios le había dado. Y no solo lo despojó de su riquísima herencia, también le mató el espíritu. Y le dio mortales heridas al alma corrompiendo el intelecto, la voluntad, los sentimientos, los instintos, suscitando apetitos culpables, destruyendo la Inocencia y la Gracia, afligiendo al Creador.

El Pecado dejó al hombre obtuso en la inteligencia del discernir el Bien y el Mal y en la Integridad. Como un humo se le había ofuscado la Verdad conocida.

Decaído de hijo adoptivo de Dios al grado de animal razonable, el hombre sentía por instinto que ‘matar’ era malo. Que corromperse en libídines obscenas debía estar mal. Pero no sabía distinguir hasta qué punto era mal el matar y cual la lujuria más abyecta a Dios.

Entonces Dios, después de haber castigado con el Diluvio, dio las primeras normas para ser menos violentos. Llamó a Sí a Moisés y le dio el Decálogo que reúne la Piedad y el Castigo.

DIEZ MANDAMIENTOS

Piedad para los débiles y castigo para los burladores que cumplen el Mal con todo conocimiento de causa. El Decálogo con su parte positiva: ‘Harás’. Y negativa: ‘No harás’ crea el Pecado con todas sus consecuencias.

Porque se peca cuando se quiere transgredir y el hombre después de la Ley, ya no tiene más la excusa de decir: ‘No sabía que era pecado.’

El Decálogo es Piedad, Castigo y Prueba. Como prueba era el Árbol que estaba en medio del Edén. Sin prueba no se puede aquilatar la cordura del hombre. Pero sobre los Diez Mandamientos de la Ley Perfecta, está la Perfección de la Ley, con los Dos Mandamientos del amor, dados por el Verbo Docente. Triple Amor a Dios: Amor del corazón, del alma, de la mente.

Porque Adán pecó con el corazón, (concupiscencia de la carne); con el alma, (concupiscencia del espíritu) con la mente, (concupiscencia de la razón); saliéndose del orden por abusar de los dones recibidos y ofendiendo a Dios con los mismos dones que había recibido de Él, para que el hombre pudiera asemejársele y serle causa de gloria.

Con las cosas que pecaron, debió ser reparado el Pecado, cancelada la ofensa y restablecido el orden violado.

Y EL VERBO SE HIZO CARNE PARA HACER ESTO.

REINA DEL CIELO Y MADRE DE DIOS

Y para restituirnos la Gracia y la Verdad en medida plena, rebosante, inagotable.

Con cuanto pecó el primer hombre, el Hombre-Dios repara.

Y el Amor Encarnado y el Amor Virginal, los dos ofrecidos voluntariamente. Totalmente. Y consumados para que Dios fuese consolado y el hombre salvado.

La muerte de Abel hizo añicos el orgullo de Adán y las escorias expertas de Eva, en el más atroz alumbramiento a las tinieblas.

La muerte de Cristo hizo añicos el Pecado y mostró a la Humanidad el alumbramiento a la Gracia.

Por un solo hombre, el hombre conoció la muerte. Por el Hombre solo, el hombre conoce la Vida. Por Adán, la Humanidad ha heredado la Culpa y sus consecuencias. Por Jesús, Hijo de Dios y de María, la Humanidad hereda nuevamente la Gracia y sus consecuencias.

Todos eran pecadores al menos del pecado hereditario. Ser justos era una grave fatiga, porque la Gracia no estaba en los espíritus. El Templo era un nombre. Los ritos, una representación mímica. La invisible Presencia del Santo de los santos no era creída más que por los simples. Los pequeños entre el Pueblo que tenía el nombre de santo.

Todavía los sacerdotes y rabíes enseñaban que Dios estaba en el Templo: magnífico en su gloria, parlante a sus ministros.

Y es en esta hora que Jesús ha venido.

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El Advenimiento de la hora de la Misericordia.

Pero no era solamente Hora de la Misericordia. Era también de Justicia. Justicia para Israel que ya no merecía más, ser el Pueblo de Dios. Otro pueblo debía ser elegido en su lugar: El Pueblo Cristiano.

El fin del Templo había llegado. La Ley Nueva, perfección de la antigua, se imponía; predicada a los hombres directamente por Dios. La Caridad de Dios se mostró en toda su plenitud a los hombres.

Dios es Infinitamente Bueno, Amoroso, Sabio, Paciente. Por estas perfecciones, Él dispuso al Redentor antes de que fuese el Pecado. Él ha puesto al alcance de todos el Cielo.

Y el Cielo es una conquista larga, muy dura, cierta. Solo para aquellos que perseveran en la buena voluntad, hasta el término de la existencia. Dios tiene todo Poder. Y Dios ha tenido misericordia. Y su alegría es comunicarse a los espíritus que anhelan al Dios Desconocido. Que no rechazan al Dios Ignorado que desean conocer.

Él ha amado a sus criaturas hasta dejar el Cielo por ellas.

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REDIMIR = RESCATAR. Volver a comprar lo que antes se vendió o empeñó.

MESIAS   =  REDENTOR.

Si en una balanza se mete un peso desproporcionado al peso equilibrador, la balanza se inclina hacia un lado. Pero si se restablece el equilibrio, las dos partes de la balanza quedan alineadas.

Por el delito de uno, muchos perecieron. La balanza de Dios estaba solamente inclinada hacia la parte de la Justicia. Pero por el Sacrificio de Cristo, la Gracia y la Vida son dadas a todos los que creen en Jesús.

Y de esta manera el equilibrio no solo es restablecido, sino que dado el sacrificio del Hombre-Dios es de un valor infinito e infinitos los méritos del Cristo-Salvador. La balanza de Dios se inclina ahora hacia la Misericordia.

Y Misericordia y Perdón rebosan del plato colmado de la Sangre Divina, que fluye para la salud del mundo. Tanta fluye, cuanto más abundante es el Pecado. Para que la Gracia abundando venciese al Pecado. Y la Vida venza a la Muerte, muriendo para dar la Vida a los espíritus inmortales de los hombres. La Vida, o lo que es lo mismo: el Reino de Dios dentro de los hombres.

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

Pareciese que Jerusalén fuese la más adecuada para el nacimiento del Rey de los Judíos. Pero…

Jerusalén ya no era santa. Llevaba aquel nombre, pero la corrupción llenaba todos sus estratos, porque aunque Dios le había colmado de bienes, había rechazado el más necesario: “El bien de la posesión de Dios.”

Y el Don que hubiera hecho grande a Jerusalén, le fue quitado.

Ni el Nacimiento, ni la Muerte de Cristo tuvieron lugar dentro de sus muros; sino solo el delito de la Condena de Cristo. Contra la cual también las piedras se rebelaron: rompiéndose en su muerte y sacudiéndose obedientes al Querer de Dios y después, cuando Jerusalén fue arrasada…

Verdaderamente solo quién ama con todo su ser, puede conocer el inefable Misterio que es la Encarnación del Verbo…

Siendo María la más santa de las criaturas que había habido en la tierra, emanaba la santidad como un astro encendido del que se escapan etéreos rayos de sobrenatural potencia.

Y Sacerdotisa regia y purísima fue la virgen ardiente de la caridad más pura y fuerte que criatura nacida de hombre, nunca tendrá.

Ella aceptó el ofrecimiento. Y el “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí como su Palabra quiere…” fue  el ‘sea la Luz’ de la recreación del hombre, a hijo de Dios y heredero del Reino de los Cielos.

Dios se acercó a los hombres a través de Jesús. Y se hizo hombre para que el hombre pudiera conocerLo y contemplarLe sin temor.

CRISTO. Aquel que diviniza la materia, la glorifica y restituye a Adán a su dignidad original. Cristo reconstruye lo que estaba destruido. El cordero que revirginiza al hombre en la Inocencia y en la Gracia. Por su Caridad Humano-Divina, puede todo.

Pero Él, Perfección, no se ha limitado a enseñar que no hay amor más grande que el de aquel que muere por sus amigos. Él ha muerto. Éste es también el precepto implícito que con su ejemplo, Jesús ha dado.

DIOS QUERIA PERDONAR AL HOMBRE.

Porque lo amaba. Quería devolverle la Inmortalidad, la Posesión del Cielo.

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Y prometió en el momento de la sentencia del castigo: “Yo pondré enemistades entre tú y la Mujer. Y entre su raza y la descendencia suya, Ella quebrantará tu cabeza y andarás asechando su calcañal.”

María nació sin la mancha del Pecado Original y amó como criatura alguna, jamás amará. María no conoció el Pecado y por eso es la Vencedora de Satanás.

Cristo viene de la Hora Perfecta. Los siglos la trasmitieron con voz siempre más clara, con pormenores más precisos. La Voz Divina, promesa de un Mesías Redentor y de la Mujer sin concupiscencia, que castigará al Prevaricador, alumbrando al Vencedor del Pecado y de la Muerte.

María: Pacífico Puente, que reúne Cielo y Tierra. La Eva Santa y Verdadera Madre generadora de Vida,  de la Humanidad. La Amadísima que con su sola Presencia obtiene misericordia para los pecadores. Su amor perfecto. Su perfecta obediencia. Sacrificio de olor suave que aplaca la ira del Señor.

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Arcoíris de Paz. La Corredentora es el dulce astro que resplandece a la Presencia de Dios, para recordarles que Él ha prometido Misericordia a los hombres. Y ha dado a su Hijo para que los hombres tengan Perdón.

El arco iris después del Diluvio fue visto solo por los justos que permanecieron vivos sobre la tierra; pero María en un sobreabundar de misericordia, será vista por muchos que justos no son.

Y su voz, su perfume, sus prodigios, son para justos y pecadores. Y felices aquellos que entre éstos últimos; se conviertan a la justicia, a la fe en Cristo, el cual es salvación.

EL AMOR DE DIOS

El amor de un Padre que sacrifica a su Verdadero Único Hijo, para salvar la vida de sus hijos adoptivos. Y de este amor es del que ha amado Dios. Ha sacrificado a su Unigénito, para salvar a la Humanidad Culpable.

Y Jesús dejó la libertad y la pureza que son la atmósfera del Cielo, privándose de ellos y descendiendo a la cárcel humana; para ayudar al hombre al que ama. Los redimidos por Cristo conocen todo el amor de Dios.

Y Cristo es este amor infinito que Él Mismo ha revelado con su Persona, con su Palabra, con su Ejemplo y sus acciones. Jesús es Verbo y Carne. Con el Verbo instruye. Con la Carne, Redime.

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JESÚS ES EL MESIAS

Jesucristo tenía la voluntad libre. Como Dios Y como Hombre. Jesús no prevaricó. No abusó de ésta, su libre voluntad potente, para escapar de la Muerte en la Cruz. Si lo hubiera hecho, hubiera sido más Rebelde que Lucifer. Pero Cristo nunca fue rebelde.

Ninguna cosa, ni siquiera la natural repugnancia humana al suplicio, lo hizo tal. Porque sobre su Voluntad Libre, estaba y puso, la Voluntad del Padre. Y Él, el Perfectísimo Hijo Divino, de Naturaleza igual a la del Padre; no sacó ventaja.

Sino que con reverencial amor, siempre dijo al que lo había generado: Hágase tu Voluntad’ Y Bondadoso y Obediente, ofrece y rinde sus poderes, para ser arrastrado al Sacrificio. Su voluntad libre la usó para ser Perfecto como Hombre, así como era Perfecto como Dios. 

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Dios no puede pecar siendo la Perfección. Pero su Segunda Naturaleza como Hombre, estuvo sujeta a tentaciones. Y las tentaciones son los medios para pecar, si no son rechazadas. Y duras tentaciones fueron lanzadas contra el Hombre.

Todo el Odio contra Él. Todo el Rencor, el Miedo, la Envidia del Infierno y de los hombres, contra Él. Contra el Fuerte al que sentían Vencedor, aunque tuviera la mansedumbre de un cordero.

Pero Jesús no quiso pecar. Hay que dar el reconocimiento a su Fortaleza. No pecó porque no quiso pecar. Y también por su Perfección en la Justicia contra todas las insidias y los eventos, Él ha confirmado ser el hijo de Dios.

Y la Justicia consiste en practicar el amor con heroísmo de santidad. La santidad de Jesús lo ha convertido en el Santo de los santos, porque como Hombre fue el Héroe que quiso ser: ‘Amen como Yo los he amado’.

Obedecer es el precepto que nos convierte en Cristianos.

JESÚS ES EL REDENTOR  

El Hijo de del Hombre fue entregado en manos de los hombres, porque es el Hijo de Dios, pero también es el Redentor del Hombre. Y no hay Redención sin sufrimiento.

Él soportó el sufrimiento en la Carne y en la Sangre, para reparar los pecados de la carne y de la sangre. En lo Moral, para reparar los pecados de la Inteligencia y de las Pasiones. En lo espiritual, para reparar las culpas del corazón. Por todo esto, fue completa.

Y Jesús tomó sobre Sí, todas nuestras miserias y todos nuestros pecados. Los pasados, los presentes y los futuros…

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 Como si hubiese sido sumergido en un estercolero pútrido, quedó Jesús ante los Ojos del Padre y de Él se horrorizó el Altísimo; porque en ese momento al tomar sobre Sí todos los pecados del mundo acumulados en los siglos, se convirtió en el Pecado y en el Hombre Culpable.

Un diluvio de culpas sobre la Tierra, desde su principio hasta su fin. Un diluvio de maldiciones sobre el Culpable. Sobre la Hostia del Pecado.

Jesús sudó sangre por la agonía de ser el Maldito. Su corazón se trituró con el conocimiento de que en aquella Hora, no era el Verbo de Dios. Era solamente el Hombre. El Hombre Culpable.

Y todos los pecados los ha descontado sobre su Cuerpo Santísimo. Y para que el hombre volviera a revestirse en su alma, de la vestidura de bodas; Él se ha revestido de llagas, moretones, sangre, heridas que traspasaron su Cuerpo.

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La Ira de Dios se abatió sobre Él. La Ira por nuestros infinitos pecados, desde el primer pecado hasta el último que será cometido. Y la Justicia ha clavado toda culpa en su Cuerpo Inocente.

Como ciervo perseguido por una turba de arqueros, Él ha sido perseguido por las flechas de Dios, para que toda culpa fuese expiada con su Sangre.

Con las torturas de su cuerpo mortal, extrajo la Maldad de toda la estirpe humana y empapado con su Sangre, nos lavó las culpas de la carne. Por esto fue aprehendido en Jerusalén.

Entregado a los sacerdotes, escribas y fariseos, que lo llevaron a los gentiles para que lo escarnecieran. Después de haber sido abofeteado, insultado, herido, escupido y arrastrado por las calles de Jerusalén como un harapo inmundo.

Y los gentiles, después de haberlo flagelado y coronado de espinas, lo condenaron a morir en una cruz con una muerte infame, como un vulgar malhechor.

El pueblo que lo había honrado con los hosannas el Domingo de Ramos, pidió su muerte y en su lugar, pidió el indulto de un asesino.

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Y Dios lo permitió. Porque es el Cordero de Dios que expía por los pecados del mundo. Cargó sobre Sí con todas las culpas y con todos los dolores, para que el hombre fuese sanado. Más tarde llegó la Gloria, pero antes fue el Dolor. Más tarde llegó el derecho a juzgar, pero antes estuvo el deber de expiar.

En medio de un mar de Angustia, de un océano de Dolor; en el que su Madre y las almas-víctimas comparten, murió en un Patíbulo y tres días después por su Voluntad Divina, Resucitó.

Volvió a la Vida Eterna y Gloriosa como Hombre. Y volvió a la plenitud de ser Dios, con el Padre y el Espíritu Santo, después de haber padecido toda clase de afrentas y de ver su corazón atravesado por la Mentira y el Odio.

Entonces fue constituido Fundador del Nuevo Templo, en el que se encuentra la Fuente Santísima del Espíritu Septiforme. Pero antes Jesucristo fue la Víctima Inmolada que purificó la Casa de Dios.

La pareja Jesús-María es la destinada a anular todo lo que hicieron Adán-Eva y devolvieron al linaje humano al punto en que fue creado: reyes ricos en gracias y dones para una regeneración completa. Perfectos en Obediencia, en Amor y en Santidad.

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Por una infidelidad de la Mujer, el género humano conoció el Pecado, el Dolor y la Muerte. Por la fidelidad de la Madre Santísima, la Virgen Inmaculada, el género humano ha obtenido la regeneración a la Gracia. Y por Ella, el Perdón; la Alegría Pura y la Vida.

Esta Gracia si bien no anula todas las consecuencias del Pecado Original, y que son el Dolor, la Muerte y los estímulos restantes para dar pena, miedo y batalla. Ayuda fuertemente a soportar el dolor presente con la esperanza del Cielo.

Ayuda a afrontar el miedo de morir, con el conocimiento de la Misericordia Divina. Ayuda a rehacer y domar los estímulos, con las ayudas sobrenaturales por los méritos de Cristo y los Sacramentos instituidos por Él.

Adán quedó mutilado de la Gracia y de la Vida sobrenatural, de la Inocencia, Integridad, Inmunidad, Inmortalidad y Ciencia. Y como cabeza de toda la Familia Humana, ha trasmitido su penosa herencia a todos sus descendientes.

Pero la Humanidad ha sido más afortunada. Por medio de Jesús-Salvador-Redentor, ha obtenido la curación.

Más todavía, la ‘recreación’ en la Gracia: la vida del alma. Y por los sacramentos por Él instituidos, las virtudes que éstos infunden.

Los dones del Espíritu Santo han obtenido también los medios para crecer siempre más en perfección, hasta alcanzar el culmen con la ‘supercreación’ que es la santidad.

Pero ni siquiera el sacrificio del Hombre-Dios que ha restituido la capacidad de amar, conocer y servir a Dios en esta vida y poseerlo con júbilo en la otra. Ha cancelado las cicatrices de las grandes heridas que el hombre se infirió voluntariamente.

Y especialmente de la Triple Concupiscencia que está siempre pronta a rehacerse llaga, si el espíritu no vigila teniendo sujetas las malas pasiones.

El hombre regenerado hijo de Dios por medio de Jesús, conoce esto que Adán no conocía. Conoce a cual inmensidad llega el Amor del Padre, que da a su Unigénito para cancelar con su Sangre, el decreto de condena de la Humanidad decaída por su Progenitor.

Nada de cuanto hay en la Creación debe estar privado de incentivos o de consecuencias buenas.

El mundo odió a Jesús sin motivo alguno. Cuando pensó destruirlo, hizo que el hombre regresara a Dios. La aparente victoria de Satanás, fue su verdadera derrota.

EL PRIMOGÉNITO

Jesús es el ‘Primogénito entre los muertos’ siguiendo el orden divino y humano.

Primogénito siguiendo el orden humano, porque Hijo por parte de Madre de Adán, que nació como debieron nacer todos los hijos de los creados por Dios: con procreación privada de Lujuria y de Dolor.

Por eso se le llama Hijo del Hombre, pues Él fue por línea humana el Hijo Primogénito (vivo en la Gracia) de Adán.

Primogénito del Padre siguiendo el orden divino, porque es el Hijo del Padre Celestial. Generado por Él y NO CREADO por Él. Generar quiere decir producir una vida. Crear quiere decir formar. El artista puede crear una obra; pero solo un padre y una madre, pueden generar una vida.

Nada impedía al Verbo de Dios aparecer entre los hombres, materializando su espíritu como un hombre adulto y amaestrar en la perfección de la Ley, repitiendo un prodigio que ya había realizado antes. (Génesis 18, 1-3)

Pero para la Justicia era necesario un Sacrificio.

Y Él quiso volverse un pequeño germen que madura en un seno de mujer. Y después, un pequeñín que llora y se amamanta para vivir. Pasando por todas las etapas de la vida: niño, adolescente, joven, hombre, al igual que cualquier nacido de mujer.

Y en el nacer y en el morir, fue igual a todos los hombres. Él, Dios; no quiso ser diferente de nosotros, puesto que por amor quiso convertirse en Hombre.

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Las únicas diferencias estuvieron en su Perfección Humana y Espiritual, porque Él quiso conservarlas tales. Y en su Pasión que completó de manera tremenda: en el cuerpo, en la mente, en el corazón y en el espíritu, como ninguna criatura lo padeció.

Y Él para Sí lo quiso, aun siendo el Eterno Inocente, que ningún castigo merecía. Jesucristo amó tanto al hombre, hasta el extremo de odiarse a Sí Mismo y derramó toda su Sangre por nosotros.

Y para salvar al hombre, tomó un alma y descendió del Cielo, al seno de la Inmaculada.

El amor materno cuando es justo, es el amor más completo, más perfecto. El más alto de los amores de la Tierra. Para María no era solamente el amor de la madre que ama a la criatura que se forma en ella y que es el fruto del amor de dos criaturas.

María amaba a Dios en su Hijo, que había venido a Ella para hacerse Hombre en su carne. Miraba su vientre inviolado y veía que era la Custodia Viviente de Dios Vivo en Ella.

Sentía palpitar el otro corazón y sabía que era el Corazón de Dios, hecho Carne.

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El Corazón de Jesús fue formado por el Espíritu Santo, generador de la Humanidad Santísima del Verbo: Dios conteniéndose a Sí Mismo, en la Perfección de la Perfección de Jesucristo.

El Corazón de Jesucristo formado por los Fuegos de la Caridad y los Lirios de la Purísima, testimonio del sublime aniquilamiento del Verbo, para que se perfeccione a Sí Mismo como Hombre, en la Caridad. ¿Habrá un Trono, un Altar, un Templo, más sagrado y más suyo que éste? Definitivamente, NO.

Él vino para perfeccionar la Ley y volverla clara con sus enseñanzas y practicable con su ejemplo. Él vino y tanto ha amado el Bien y rechazado el Mal, que aceptó morir para que el Bien triunfase en el mundo y en los corazones.

Y el Mal fuese vencido por la Sangre Divina.

Y con su sacrificio y su Redención obtuvo que los santos que NO REHÚSAN SEGUIRLO por el Camino de la Cruz, compartan con Él, la Gloria de la Resurrección. El Apóstol Juan fue el primero en comprender lo que había en el Corazón de Jesús.

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Todos los santos son frutos de ese Corazón, del amor por ese Corazón. A los que no se separan de Él, Él los lleva al Cielo como una parte de Sí Mismo.

Jesús con su Muerte destruyó nuestra muerte y nuestras culpas las anuló con su Sangre. Él nos ha rescatado del Mal. Él lo ha dejado impotente para perjudicarnos en la vida futura, clavando nuestros males en la Cruz y filtrando nuestro espíritu a través de Él, para darnos la sanidad.

Y a cada alma en particular deificarla. Y al alcanzar la perfección, compartir con ella la gloria de la Resurrección. 

Y la dulce voz de Jesús nos dice:

“Venid, mis brazos están abiertos. Sobre la Cruz me dolía el tenerlos clavados solamente porque no podía estrecharlos en torno a vosotros y bendecirlos. Pero ahora soy libre de atraerlos a mi Corazón. Mi boca tiene besos de Perdón y mi corazón tiene tesoros de Amor.

Dejad las riquezas injustas y venid a Mí, Riqueza Verdadera. Dejad los goces indignos y venid a Mí, Gozo Verdadero. ¡Cómo os sentiréis alegres, de una espiritual felicidad, si confiáis en Mí! Yo soy el Dios de la Paz. De Mí brotan todas las gracias.

Todo dolor en Mí se calma. Todo peso se vuelve ligero. Todos vuestros actos cumplidos en mi Nombre, se revisten de mi Belleza. Yo puedo daros todo si venís a mi Corazón y no de manera humana, sino sobrehumana, eterna, inefablemente dulce. No les digo que no conoceréis el Dolor. Lo he conocido Yo que Soy Dios. Pero les digo su dolor se volverá suave si lo sufres sobre mi Corazón…

Venid, dejad aquello que muere. Aquello que hace daño. Aquello que quiere el Mal. Venid a Mí que os amo. A Mí que sé dar las cosas que no perjudican y no mueren. Ayudadme con vuestra voluntad. La quiero para actuar no porque Yo la necesite. Sino porque es necesaria para vosotros, para merecer el Reino.

Venid. Ayudadme a rechazar al Infierno en el Infierno y a abriros el Cielo.

Yo comencé a consumar mi Sacrificio para vencer a Satanás, al Mundo y a la Carne, a partir del primer acto de mi Voluntad contra las voces de la carne, del mundo y de su Rey Tenebroso.

Morí a Mí Mismo para haceros vivir con mi ejemplo y morí sobre la Cruz para daros la Vida. Destinado a ser vuestro Pontífice Misericordioso, debía por experiencia propia conocer a la perfección las luchas del hombre y permanecer fiel delante de Dios a fin de enseñaros a permanecer fieles.

Recordadlo: YO TE AMO TAL COMO ERES EN ESTE MOMENTO…”

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA  

162.- MILAGRO NEGADO


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la noche, Jesús se retira al Monte de los Olivos a orar. Se ve extenuado, como si un gran peso lo agobiara. La luz de la luna ilumina su hermoso rostro. Y se ven las lágrimas que corren por sus mejillas, sin que se oiga ni un sollozo…

Es la tercera vez que llora en este día.

La primera, ante la tumba de Lázaro al comprobar la ruina a la cual Satanás llevó al hombre al seducirlo al mal… Ruina cuya  condición humana es el dolor y la muerte. La muerte física. Emblema y símbolo vivo de la muerte espiritual que el pecado infiere en el alma, sumergiéndola en las tinieblas infernales… A ella, que estaba destinada a vivir como reina en el Reino de la Luz.

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La segunda… Ante la persuasión  de que ni siquiera este milagro tan portentoso,  puesto como corolario sublime de tres años de evangelización, convencería al mundo judío de la Verdad de  la que Jesús es portador… Es demasiada la Soberbia que impide reconocer y amar a Dios. En lugar de amarlo, prefieren odiarlo y…

¡Oh! El Dolor de estar próximo a morir por tan pocos…

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La tercera, ahora…

¿Por qué llora Jesús?

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Tiene ante sus ojos, la visión mental de su próxima muerte. Es el Hombre Dios. Y para ser Redentor, debe sentir el peso de la Expiación y por lo tanto, el horror de la muerte.

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¡Y de una muerte tan atroz!…

Él se siente vivir. Tiene treinta y tres años.  Está sano y sin embargo piensa…

“Pronto moriré. Pronto estaré en el sepulcro como Lázaro. Pronto la agonía más atroz será mi compañera. Debo morir. La Bondad de Dios libra al hombre del conocimiento del porvenir. Yo estoy viendo…

¡Oh!… ¡Madre! ¡Madre! ¡Madre mía!

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¡Eterna Dulzura Mía! ¡Oh, Madre, cómo quisiera tenerte junto a Mí!”

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Es un llamado que brota desde lo más profundo de su corazón.

Y continúa llorando con infinito dolor, por largo rato… Después deja de llorar, pero sigue oprimido por un sufrimiento muy  grande.

Luego se pone de pie y parece responder a Alguien:

–                       Soy Hombre, Padre. Soy el Hombre. La virtud de la amistad que he conservado se ve herida, traicionada. Se retuerce, se lamenta dolorosamente…

–                       … 

–                       Sé que debo sufrir todo. Como Dios lo sé. Como Dios lo quiero para bien del Mundo. También como Hombre lo sé, porque mi espíritu divino lo comunica a mi humanidad. También como hombre lo quiero para bien del Mundo. Pero ¡Qué dolor, Padre mío! Esta hora me es más dolorosa que la que tuve contigo y con mi espíritu en el desierto. Y la actual tentación de no amar. De no tolerar más a mi lado, al hombre sucio y falaz que se llama Judas…

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–                       … 

–                       Padre. Lo estoy sintiendo. Cada vez te muestras más severo con tu Hijo. Cuanto más me acerco al fin de mi expiación por el linaje humano; tanto más se aleja de Mí tu dulzura. Y aparece tu Rostro severo ante mi espíritu, que cada vez más busca un refugio en su profundidad. Allá, donde la humanidad que recibió tu castigo, gime desde hace miles de años. ¡Oh, Padre! ¡Mis fuerzas se encuentran cansadas por la falta de Amor!…

Tentacion-of-JesusYo sabía que en el desierto
Satanás, después de terminada la Tentación, se iría como lo hizo. Y que los
ángeles vendrían a consolar a tu Hijo por ser Hombre… Por ser objeto de las
tentaciones del Demonio. Pero ahora no cesará. Vendrá el Mundo con su Odio, con
sus burlas, con su incomprensión. Vendrá y será cada vez más tortuoso, más pérfido
y más sagaz en el traidor. El vendido a Satanás…

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¡¡¡Padre!!!…

Es un grito preñado de dolor, de miedo. Un grito que ruega, que implora…

–                      

–                       ¡Padre! Lo sé. Lo veo. Mientras sufro aquí y sufriré… Yo te ofrezco mis sufrimientos por su conversión. ¡Oh, Padre mío! Yo lo amo. Todavía lo amo…

Es un hombre. Es uno de aquellos por los cuales te dejé…  Por mi humillación, sálvalo… ¡Déjame que lo redima Señor Altísimo! Esta penitencia es más por él, que por los demás…

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¡Es demasiado doloroso el ver que se pierda uno de mis consagrados!.. ¡No puedo soportar saber que se va a condenar en el horroroso Abismo del Infierno!… ¡Oh, no!… ¡Eso no! ¡Padre mío, eso no!… Déjame salvarlo, por favor… ¡No!… ¡Oh, no! ¡No! ¡Satanás lo posee de manera absoluta!..

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¡Oh! Comprendo que es inútil lo que te pido. Sé todo lo que hay… Pero Padre, por un momento no veas en Mí a tu Verbo. Contempla solo mi humanidad de un hombre justo… Permite que por un instante pueda ser solo el hombre en tu Gracia. El hombre que no conoce el futuro. Que puede engañarse…

El hombre que ignorando el hecho que no puede esquivarse, puede orar con  esperanza absoluta, para obtener de Ti el milagro. ¡Un milagro! ¡Un milagro para Jesús de Nazareth!

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 ¡Para Jesús, el hijo de María de Nazareth, nuestra Eterna Amada! ¡Un milagro que borre lo escrito y lo anule! ¡La salvación de Judas!…

–          

Ha vivido a mi lado. Ha bebido mis palabras. Ha partido conmigo el pan. Se ha recostado sobre mi pecho… ¡Que no sea él mi traidor! No te pido que no sea Yo traicionado.

Esto tiene que ser así… Y lo será… Para que por medio de mi dolor de un traicionado, se cancelen todas las mentiras. Como por el de verme vendido, toda avaricia. Como por la angustia de que me blasfemen, sean reparadas todas las blasfemias. Y por el dolor de no haberme creído, se dé Fe a los que viven sin ella. Como por mis tormentos, sean lavadas todas las culpas del hombre…

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Puesto que debo morir a manos de los hombres, concédeme Padre que no sea él, a quién he llamado amigo y a quién he amado como a tal, que sea el Traidor.

–                      

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Padre! ¡Padre mío!… ¡Multiplica mis tormentos, pero dame el alma de Judas! Esta plegaria la pongo en el altar de mi Persona Víctima. ¡Padre acógela!…

–               

–                ¡Oh!…  ¡No!… ¡Oh!… ¡El Cielo está cerrado!… ¡Está mudo!… ¿Este es el horror que me acompañará hasta la muerte?

¡El Cielo no responde!… ¡El Cielo está cerrado!… ¿Será acaso éste, el silencio y la cárcel en que expirará mi último aliento?…

¡El Cielo sigue mudo! ¡Sigue cerrado!… ¿Será este mi supremo tormento?…

¡Padre! Hágase tu voluntad y no la mía… Pero por mis dolores…

Jesús poco a poco se ha ido arrodillando. Ahora llora con el rostro pegado al suelo y ruega mientras la luna ilumina su figura postrada…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

53.- EN LA ESCUELA DEL SUFRIMIENTO II


EL SUFRIMIENTO REDENTOR

            Redimir quiere decir rescatar a las almas de la tiranía de Satanás.

Jesús vino para restablecer en la naturaleza humana, el orden tan terriblemente turbado por el Pecado Original. Jesús unió la Naturaleza Divina a la Humana, para dar a la Divinidad la debida satisfacción y reparación por parte de la Humanidad. Y para dar nuevamente a la Naturaleza humana y degradada por el Pecado, su primera dignidad, y esto ha exasperado terriblemente en Satanás la sed del Odio, de envidia y de celos hacia el hombre.

Por todo esto, no se puede justificar el mal que los hombres hacen, aún empujados por Satanás. Porque el hombre ya es libre y las Redención ha establecido el Orden y el equilibrio trastornados. Exactamente por medio de la Redención, al hombre le son proporcionados los medios necesarios para enfrentarse y superar las tentaciones. Si el hombre complaciente, da oídos a la voz del Mal, lo hace bajo su responsabilidad, porque voluntariamente rechaza los frutos de la Redención; camina sobre una pendiente peligrosa en la que fácilmente resbala, descendiendo de precipicio en precipicio, hasta el fondo del Abismo.

El sufrimiento es el alma del Amor.

Al presente me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia. Es ley natural que el sufrimiento de un órgano se refleje y repercuta en todos los demás órganos del cuerpo. Así también la Redención iniciada en la Encarnación y consumada en la Cruz, se completa en todos los miembros del Cuerpo Místico, con el sufrimiento, hasta el Fin de los Tiempos.

Nuestras acciones humanas nunca son solo personales. Sus consecuencias buenas o malas, no son solo personales, sino que repercuten positiva o negativamente en todo el Cuerpo Místico, del que cada uno somos miembros. Por eso el cristiano, nunca es más cristiano que cuando sufre. Porque con su sufrimiento se une más a Cristo y completa el Misterio de la Redención y triunfa en el Dolor, en la Humillación y en la Persecución. No se debe tener miedo de sufrir por amor a la justicia y a la Verdad.

Por mí, no quiero sentirme orgulloso de nada, sino de la Cruz de Cristo Jesús nuestro Señor. Por Él, el Mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo, y llevo en mi cuerpo, las señales de Jesús.

María fue educada en el Templo. Era erudita en las Sagradas Escrituras y como Esposa del Espíritu Santo, poseía la Luz. Al aceptar la Maternidad Divina, sabía muy bien lo que iba a ser de Ella. María fue la verdadera sacerdotisa del Calvario, porque en la cima, se ofreció a sí misma junto con el Cordero de Dios. La víctima se destruye. La víctima se consume. Ella debió destruir su Corazón de Madre y sacrificó e inmoló cada uno de sus sentimientos, repitiendo su ‘FIAT’ y junto con Jesús: ‘No se haga mi voluntad, sino la tuya’ Solo un amor sobrenatural es capaz de tal prodigio. María como sacerdotisa ha testimoniado a Dios y a los hombre la más grande prueba de su amor que consiste no solo en sacrificar la propia vida, sino también la de aquel a quien más se ama.

Debéis grabar en vuestra mente y comprender en vuestro corazón, que el Misterio de la Cruz se renueva incesantemente, pues en el Santo Sacrificio de la Misa, junto con Jesús se renueva  la Pasión. Y las almas-víctimas somos inmoladas en unión con Jesús y con María, ofreciéndonos al Eterno Padre. Estamos presentes en el ofrecimiento en unión con Cristo; disponiéndonos para aceptar sufrir, ofrecer: dificultades, incomprensiones, insultos, ofensas y todo nuestro sufrimiento en general; tal y como Jesús lo ha hecho. Y somos las lámparas vivientes delante de sus altares.

Hay que estar dispuestos a proseguir en el Camino de la Cruz, sin olvidarnos de que Él va adelante. Él ya no puede sufrir físicamente. Pero moral y espiritualmente, Jesús tiene un sufrimiento infinito. ¿Quién puede comprender y narrar sus sufrimientos? Creerlo insensible ante la ceguera de muchos y a los pecados contra Él, quiere decir no conocerlo. Se redime con Él, en la medida en que se sufre. No se debe tener miedo. Hay que escuchar su Voz. Hay que agradecerle el privilegio de haber sido escogidos para una misión grandiosa. Él permite la persecución para habituarnos a no buscar apoyo en creatura alguna, sino solamente en Él.

Satanás hace de todo para desanimar, para cansar y abatir. 1No hay que ceder! Su rugido puede sobresaltar, pero si nosotros como almas-víctimas sabemos usar los medios que Jesús ha puesto a nuestra disposición, podemos convertir el rugido en un maullido lastimero.Se sufre, sí. Pero el sufrimiento es levadura de perfección para el alma y de salvación para los demás. Hay momentos en que es imposible explicar lo que se sufre. Se siente en el alma un completo desamparo, como si se estuviese muy lejos de Dios. El cuerpo se encuentra sin fuerzas y sin ánimo para nada. Es como si estuviésemos atrapados entre las muelas de un molino. ¡Harina de hostias! ¡El Infierno nos odia y nos combate! Pero no hay nada que temer. Si Jesús está con nosotros ¡Quién contra nosotros!

Los sufrimientos físicos, morales y espirituales, son fermentados por el Espíritu Santo y trasmutados en Luz, amor y Gracias para muchas almas que sin coparticipación en la Pasión, estarían eternamente perdidas. Los sufrimientos deben ser aceptados con humildad y abandono, para que Dios los transforme en Gracias para salvar a otras almas y fortalecer el Cuerpo Místico que es la Iglesia.

Ningún discípulo es más que su Maestro. Y si Jesús sufrió tanto para redimir a los hombres, el que sigue la estela del Maestro ¿Sufrirá menos? Amar el sufrimiento nos permite llevar a cabo la Misión que Dios nos ha encomendado.

Recordad que la vida de la víctima no tiene satisfacciones humanas, sino sobrenaturales. Jesús Víctima Suprema no tuvo durante los treinta y tres años de vida terrenal, tantas injurias cuantas recibió, durante las pocas horas que van desde el Getsemani hasta el Gólgota en su Muerte. Pero fueron precisamente aquellas horas, las que hicieron de Él, el Redentor. Por ahora, solo en Él debemos esperar consuelo. Finalizada la Prueba, tendremos la dicha de leer en el Libro de la Vida, los nombres de los salvados con nuestro sufrimiento. Y unidos a Jesús, estaremos en la Paz.

El no querer sufrir es falta de amor a Dios. Y acarrea un gravísimo daño a nuestro espíritu. Y corremos el peligro de matar nuestro espíritu, por un infame egoísmo espiritual, que es la trampa más solapada de Satanás para destruirnos.

Conviene pagar las deudas con Divina Justicia en el tiempo y no en la Eternidad. Es mejor aprender a amar en la Tierra, con la ayuda del Espíritu Santo, que en el Purgatorio, donde la ausencia de Dios, es el Supremo Tormento.  El que llega a amar a Dios con un amor total y absoluto, comparte con Jesús bebiendo de su cáliz, la gota o el sorbo de amargura que la Predilección de Dios tenga a bien concederles. Es una señal de su amor privilegiado y la da a quién es generoso y sabe hacer renuncias y penitencias, para completar la Obra de la Redención.

Dios es Bueno. Él también sufre por tener que llevarnos por el sendero del sufrimiento, que Él caminó primero.

Sufrió al separarse de Sí Mismo y esforzándose por ser Hombre, con todas las miserias y angustias que el ser humano lleva consigo: nacer, tener frío, hambre, cansancio, padecer sarcasmos, calumnias, afrentas, odios, asechanzas, traiciones y morir derramando la Sangre con una muerte brutal, para darnos el Tesoro de la Salvación. Esto es lo que sufre Dios para salvarnos. El Padre celestial contempla consternado la manera tan infame con que el hombre desprecia la Salvación y pisotea la Sangre de su hijo.

Ningún hombre, por más difícil que sea su sendero que lleva al Cielo, caminará por una vereda tan amarga, fatigosa, llena de dolor, como la que va caminando el Hijo del Hombre, al venir del Cielo a la Tierra, y de la tierra al Sacrificio que abre las Puertas del Cielo. Él busca corazones que le ayuden a soportar la amargura de la Pasión.

Jesús sufrió el cansancio corporal de Evangelizar sin detenerse. El cansancio moral de buscar amor en los corazones, sin encontrarlo más que en muy pocos. Él no es insensible al rencor y lo lastiman los que lo odian sin motivo, con las conjuras para matarlo y las traiciones de los que fingen ser sus amigos y son espías de los enemigos. En el eterno Presente de Dios, los que se dicen cristianos pero no le aman, toman los diferentes papeles de los integrantes del drama, que relata el Evangelio. Pues aún entre los que dicen amarlo hay nuevos Judas que lo venden por los denarios de los ídolos y del Racionalismo. Él fecundó con su Sangre las Tablas de la Ley.

El camino que nos traza lleva sus huellas ensangrentadas. Nuestras almas las hace puras y fuertes, al lavarlas con su Sangre. Él Mismo nos hace capaces de obedecer los Mandamientos que nos exige, para llegar a Él. Si no olvidamos que en nuestro sufrimiento está Él y también su Sufrimiento que es Infinito, lograremos darle besos y sonrisas, junto con nuestras lágrimas, unidos a una voluntad heroica, de amarlo hasta el sacrificio y la muerte si fuera preciso.

                       

La Pasión de Jesús es un mar dolorosísimo, en el que se lavan los pecados de todo el mundo. Y un mar de Odio satánico en el que se trata de sumergirlo a Él y a todos los que son amados por Él, para aniquilar todo su trabajo de Maestro. El hombre que no está totalmente sumergido en el amor de Dios, por más fuerte que sea, termina por doblegarse ante el sufrimiento y pierde su combate con Satanás.

            COMO APRENDER A SUFRIR.

En el Paraíso nos espera la felicidad total y absoluta. Y si los que están allá, pudieran formular un deseo, sería solo el de volver a la Tierra, para centuplicar en tiempo y en intensidad, los sufrimientos.

Las almas-víctimas en lo que les falta por vivir, deberán sufrir mucho, pero será un sufrimiento fecundo, de mucho bien y bastantes méritos. Y no le agradecerán nunca a Dios lo suficiente, por el gran don que han recibido por su elección, porque a este don está ligada la salvación de muchas almas. ¡Qué felicidad por el puesto que les han asignado para el Plan Divino de la Salvación!

Por larga que sea la existencia y áspera la Prueba, siempre serán desmesuradamente inferiores en extensión y profundidad, respecto a la eternidad y la beatitud que nos esperan. Por fuertes que sean las causas y los agentes que nos hacen sufrir hay que pensar que Dios nos ha dado agentes y causas de fuerza y de victoria, infinitamente más grandes que los que nos atacan y nos afligen: la Gracia, los Sacramentos, la Palabra Evangélica. Breve. Siempre breve es la Prueba terrena, respecto a la Eternidad. Y relativos son el sufrimiento y la Cruz, respecto al gozo celestial e infinito, como todas las cosas que vienen de Dios, para aquellos que ya están en el conocimiento de Dios, como hijos suyos y herederos.

Igualmente, siempre serán relativas las humillaciones terrenas respecto de aquella gloria que se manifestará en los elegidos, cuando Dios se comunicará a ellos en una medida plena y perfecta en su grandeza, belleza, conocimiento, fuego de amor, su Luz y todos sus atributos y bienes que Él tiende a comunicar en forma relativa, proporcionada al viviente, conforme crece en la vida sobrenatural, vaciándose de sí mismo y de todas las cosas, para recibir a Dios, mientras todavía está sobre la tierra.

El Reino de Dios es Eterno como su Rey. En la eternidad se conoce una sola palabra: Hoy.

También nosotros debemos conocer solo esta palabra, para medir el tiempo del Dolor: Hoy. ¿Por cuánto sufro? Por hoy. Al Presente. Para las criaturas espirituales, no hay otra cosa que aquello que es de Dios. También en el Tiempo. Hay que prepararse desde aquí a calcular el tiempo, como lo poseeremos en el Paraíso: Hoy.

Yo por mi parte, estoy crucificado con Cristo y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que vivo en lo humano se hace vida mía por la Fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí. También nosotros los apóstoles pasamos hambre, sed, falta de ropa y malos tratos, mientras andamos de un lugar a otro.

Trabajamos con nuestras manos hasta cansarnos. La gente nos insulta y los bendecimos. Nos persigue y todo lo soportamos. Nos calumnian y entregamos palabras de consuelo. Hemos llegado a ser como la basura del mundo, como el deshecho de todos hasta el momento. Nos preocupamos en toda circunstancia por no dar a otros ocasión de tropiezo, ni de criticar nuestra misión. Al contrario, en todo demostramos ser auténticos ministros de Dios.

Somos muy perseverantes. Soportamos persecuciones, necesidades, angustias, azotes, cárcel, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer. En nosotros pueden ver pureza de vida, conocimiento, paciencia, bondad, actuación del Espíritu Santo y Amor sincero. En nosotros está la Verdad y la Fuerza de Dios. Luchamos con las armas de la Justicia, tanto para atacar como para defendernos. Unas veces nos honran y otras nos insultan.

Recibimos tantas críticas, como alabanzas. Pasamos por mentirosos aunque decimos la verdad. Por desconocidos, aunque nos conocen. Nos dan por muertos y vivimos. Se suceden los castigos y todavía no hemos sido ajusticiados.

Nos creen afligidos y permanecemos alegres. Tenemos apariencia de pobres y enriquecemos a muchos. Parece que no tenemos nada y todo lo poseemos.

¿No han aprendido nada en el estadio? Muchos corren, pero uno solo gana el premio. Corran pues de manera que lo consigan. Como los atletas que se imponen un régimen muy estricto, solamente que ellos lo hacen por una corona de laureles perecederos, mientras que nosotros lo hacemos por una corona que no se marchita. Y así como yo, sabiendo a donde voy, doy golpes pero no en el vacío. Castigo mi cuerpo y lo someto, no sea que después de predicar a los otros, venga yo a ser eliminado. Yo no quiero sentirme orgulloso de nada, sino de la Cruz de Cristo, nuestro Señor.

Alégrense en el Señor en todo Tiempo. Les repito: alégrense. Y den a todos muestras de un espíritu muy comprensivo. El Señor está cerca. No se inquieten por nada. En cualquier circunstancia recurran a la Oración y a la súplica, junto a la acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la Paz de Dios que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Y estimen como la mayor felicidad el tener que soportar diversas pruebas. Ya saben que al ser probados en nuestra Fe, aprendemos a ser constantes. Procuren pues que esa constancia perfecta se verifique con hechos, para que de ahí salgan perfectos e irreprochables, sin que les falte nada. Y demuestren su Fe con su manera de actuar.

Que la Paz del Señor, esté con todos vosotros…

Pablo ha terminado de hablar.

Marco Aurelio, que ha escuchado desde el principio y  Oliver, se acercan al grupo que rodea a los apóstoles. Oliver se aproxima a Pedro y le dice en voz baja que lo busca el tribuno.

Entonces Pedro va al encuentro de Marco Aurelio. Éste le relata todo lo sucedido en Anzio y su Bautismo recibido de manos del Obispo Leonardo. Sus peripecias en la búsqueda de Alexandra y el motivo por el que ha venido a buscarlo.

Finaliza diciendo:

–           Roma está ardiendo por mandato del César. Y solo Dios sabe que calamidades faltan, pues Nerón está loco. Y yo no puedo abandonarte aquí a una destrucción cierta. Por favor, ven con nosotros a Sicilia. –suplica Marco Aurelio arrodillándose ante el anciano Pontífice.

Pedro le responde:

–           Que te bendiga el Señor por tus deseos. Pero ¡No has oído decir que Cristo me repitió por tres veces: “Apacienta mis corderos” Si tú a quién nadie ha confiado la custodia de mi persona, me dices que no me abandonarás a una destrucción cierta, ¿Cómo puedes querer que yo abandone al Rebaño del Señor, en el Día del Desastre? Toma a tu esposa y a los tuyos y vete a Sicilia. Tu camino apenas empieza. Y debes madurar para que des fruto. Te lo repito: No caerá uno solo de tus cabellos. Ten Fe. Parte con mi bendición y la Paz de Cristo, esté contigo y los tuyos.

Pedro los bendice y los despide. Y prosigue en la reunión de los cristianos, donde comparte con los obispos, las últimas noticias recibidas y las decisiones pertinentes que deberán tomar…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

21.- LA MAGNA OBRA DE LA REDENCION I


Mientras tanto en la Puerta del Cielo… Leonardo, Adrián, Diego y los demás catecúmenos; escuchan atentos a una bella matrona romana. Alta, de cabellos oscuros, aspecto distinguido, de mediana edad; muy parecida a Fabiola. Su nombre es Plautina.

Su voz resuena clara como una campana, al exponer la tercera lección de la Doctrina Cristiana:

LA MAGNA OBRA DE LA REDENCIÓN

“Satanás penetró en el Edén para robarle al hombre, todo lo que Dios le había dado. Y no solo lo despojó de su riquísima herencia, también le mató el espíritu. Y le dio mortales heridas al alma corrompiendo el intelecto, la voluntad, los sentimientos, los instintos, suscitando apetitos culpables, destruyendo la Inocencia y la Gracia, afligiendo al Creador.

El Pecado dejó al hombre obtuso en la inteligencia del discernir el Bien y el Mal y en la Integridad. Como un humo se le había ofuscado la Verdad conocida. Decaído de hijo adoptivo de Dios al grado de animal razonable, el hombre sentía por instinto que ‘matar’ era malo. Que corromperse en libídines obscenas debía estar mal. Pero no sabía distinguir hasta qué punto era mal el matar y cual la lujuria más abyecta a Dios.

Entonces Dios, después de haber castigado con el Diluvio, dio las primeras normas para ser menos violentos. Llamó a Sí a Moisés y le dio el Decálogo que reúne la Piedad y el Castigo. Piedad para los débiles y castigo para los burladores que cumplen el Mal con todo conocimiento de causa. El Decálogo con su parte positiva: ‘Harás’. Y negativa: ‘No harás’ crea el Pecado con todas sus consecuencias. Porque se peca cuando se quiere transgredir y el hombre después de la Ley, ya no tiene más la excusa de decir: ‘No sabía que era pecado.’

El Decálogo es Piedad, Castigo y Prueba. Como prueba era el Árbol que estaba en medio del Edén. Sin prueba no se puede aquilatar la cordura del hombre. Pero sobre los Diez Mandamientos de la Ley Perfecta, está la Perfección de la Ley, con los Dos Mandamientos del amor, dados por el Verbo Docente. Triple Amor a Dios: Amor del corazón, del alma, de la mente.

Porque Adán pecó con el corazón, (concupiscencia de la carne); con el alma, (concupiscencia del espíritu) con la mente, (concupiscencia de la razón); saliéndose del orden por abusar de los dones recibidos y ofendiendo a Dios con los mismos dones que había recibido de Él, para que el hombre pudiera asemejársele y serle causa de gloria.

Con las cosas que pecaron, debió ser reparado el Pecado, cancelada la ofensa y restablecido el orden violado.

Y EL VERBO SE HIZO CARNE PARA HACER ESTO.

Y para restituirnos la Gracia y la Verdad en medida plena, rebosante, inagotable.

Con cuanto pecó el primer hombre, el Hombre-Dios repara.

Y el Amor Encarnado y el Amor Virginal, los dos ofrecidos voluntariamente. Totalmente. Y consumados para que Dios fuese consolado y el hombre salvado.

La muerte de Abel hizo añicos el orgullo de Adán y las escorias expertas de Eva, en el más atroz alumbramiento a las tinieblas.

La muerte de Cristo hizo añicos el Pecado y mostró a la Humanidad el alumbramiento a la Gracia.

Por un solo hombre, el hombre conoció la muerte. Por el Hombre solo, el hombre conoce la Vida. Por Adán, la Humanidad ha heredado la Culpa y sus consecuencias. Por Jesús, Hijo de Dios y de María, la Humanidad hereda nuevamente la Gracia y sus consecuencias.

Todos eran pecadores al menos del pecado hereditario. Ser justos era una grave fatiga, porque la Gracia no estaba en los espíritus. El Templo era un nombre. Los ritos, una representación mímica. La invisible Presencia del Santo de los santos no era creída más que por los simples. Los pequeños entre el Pueblo que tenía el nombre de santo.

Todavía los sacerdotes y rabíes enseñaban que Dios estaba en el Templo: magnífico en su gloria, parlante a sus ministros.

Y es en esta hora que Jesús ha venido.

El Advenimiento de la hora de la Misericordia.

Pero no era solamente Hora de la Misericordia. Era también de Justicia. Justicia para Israel que ya no merecía más, ser el Pueblo de Dios. Otro pueblo debía ser elegido en su lugar: El Pueblo Cristiano.

El fin del Templo había llegado. La Ley Nueva, perfección de la antigua, se imponía; predicada a los hombres directamente por Dios. La Caridad de Dios se mostró en toda su plenitud a los hombres.

Dios es Infinitamente Bueno, Amoroso, Sabio, Paciente. Por estas perfecciones, Él dispuso al Redentor antes de que fuese el Pecado. Él ha puesto al alcance de todos el Cielo.

Y el Cielo es una conquista larga, muy dura, cierta. Solo para aquellos que perseveran en la buena voluntad, hasta el término de la existencia. Dios tiene todo Poder. Y Dios ha tenido misericordia. Y su alegría es comunicarse a los espíritus que anhelan al Dios Desconocido. Que no rechazan al Dios Ignorado que desean conocer.

Él ha amado a sus criaturas hasta dejar el Cielo por ellas.

REDIMIR = RESCATAR. Volver a comprar lo que antes se vendió o empeñó.

MESIAS   =  REDENTOR.

Si en una balanza se mete un peso desproporcionado al peso equilibrador, la balanza se inclina hacia un lado. Pero si se restablece el equilibrio, las dos partes de la balanza quedan alineadas.

Por el delito de uno, muchos perecieron. La balanza de Dios estaba solamente inclinada hacia la parte de la Justicia. Pero por el Sacrificio de Cristo, la Gracia y la Vida son dadas a todos los que creen en Jesús. Y de esta manera el equilibrio no solo es restablecido, sino que dado el sacrificio del Hombre-Dios es de un valor infinito e infinitos los méritos del Cristo-Salvador. La balanza de Dios se inclina ahora hacia la Misericordia.

Y Misericordia y Perdón rebosan del plato colmado de la Sangre Divina, que fluye para la salud del mundo. Tanta fluye, cuanto más abundante es el Pecado. Para que la Gracia abundando venciese al Pecado. Y la Vida venza a la Muerte, muriendo para dar la Vida a los espíritus inmortales de los hombres. La Vida, o lo que es lo mismo: el Reino de Dios dentro de los hombres.

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO.

Pareciese que Jerusalén fuese la más adecuada para el nacimiento del Rey de los Judíos. Pero…

Jerusalén ya no era santa. Llevaba aquel nombre, pero la corrupción llenaba todos sus estratos, porque aunque Dios le había colmado de bienes, había rechazado el más necesario: “El bien de la posesión de Dios.”

Y el Don que hubiera hecho grande a Jerusalén, le fue quitado.

Ni el Nacimiento, ni la Muerte de Cristo tuvieron lugar dentro de sus muros; sino solo el delito de la Condena de Cristo. Contra la cual también las piedras se rebelaron: rompiéndose en su muerte y sacudiéndose obedientes al Querer de Dios y después, cuando Jerusalén fue arrasada…

Verdaderamente solo quién ama con todo su ser, puede conocer el inefable Misterio que es la Encarnación del Verbo…

Siendo María la más santa de las criaturas que había habido en la tierra, emanaba la santidad como un astro encendido del que se escapan etéreos rayos de sobrenatural potencia. Y Sacerdotisa regia y purísima fue la virgen ardiente de la caridad más pura y fuerte que criatura nacida de hombre, nunca tendrá. Ella aceptó el ofrecimiento. Y el “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí como su Palabra quiere…” fue  el ‘sea la luz’ de la recreación del hombre, a hijo de Dios y heredero del Reino de los Cielos.

Dios se acercó a los hombres a través de Jesús. Y se hizo hombre para que el hombre pudiera conocerlo y contemplarle sin temor.

CRISTO. Aquel que diviniza la materia, la glorifica y restituye a Adán a su dignidad original. Cristo reconstruye lo que estaba destruido. El cordero que revirginiza al hombre en la Inocencia y en la Gracia. Por su Caridad Humano-Divina, puede todo. Pero Él, Perfección, no se ha limitado a enseñar que no hay amor más grande que el de aquel que muere por sus amigos. Él ha muerto. Éste es también el precepto implícito que con su ejemplo, Jesús ha dado.

DIOS QUERIA PERDONAR AL HOMBRE.

Porque lo amaba. Quería devolverle la Inmortalidad, la Posesión del Cielo. Y prometió en el momento de la sentencia del castigo: Yo pondré enemistades entre tú y la Mujer. Y entre su raza y la descendencia suya, Ella quebrantará tu cabeza y andarás asechando su calcañal.”

María nació sin la mancha del Pecado Original y amó como criatura alguna, jamás amará. María no conoció el Pecado y por eso es la Vencedora de Satanás.

Cristo viene de la Hora Perfecta. Los siglos la trasmitieron con voz siempre más clara, con pormenores más precisos. La Voz Divina, promesa de un Mesías Redentor y de la Mujer sin concupiscencia, que castigará al Prevaricador, alumbrando al Vencedor del Pecado y de la Muerte.

María: Pacífico Puente, que reúne Cielo y Tierra. La Eva Santa y Verdadera Madre generadora de Vida,  de la Humanidad. La Amadísima que con su sola presencia obtiene misericordia para los pecadores. Su amor perfecto. Su perfecta obediencia. Sacrificio de olor suave que aplaca la ira del Señor. Arcoíris de paz. La Corredentora es el dulce astro que resplandece a la Presencia de Dios, para recordarles que Él ha prometido Misericordia a los hombres. Y ha dado a su Hijo para que los hombres tengan Perdón.

El arco iris después del Diluvio fue visto solo por los justos que permanecieron vivos sobre la tierra; pero María en un sobreabundar de misericordia, será vista por muchos que justos no son. Y su voz, su perfume, sus prodigios, son para justos y pecadores. Y felices aquellos que entre éstos últimos; se conviertan a la justicia, a la fe en Cristo, el cual es salvación.

EL AMOR DE DIOS.

El amor de un Padre que sacrifica a su Verdadero Único Hijo, para salvar la vida de sus hijos adoptivos. Y de este amor es del que ha amado Dios. Ha sacrificado a su Unigénito, para salvar a la Humanidad Culpable.

Y Jesús dejó la libertad y la pureza que son la atmósfera del Cielo, privándose de ellos y descendiendo a la cárcel humana; para ayudar al hombre al que ama. Los redimidos por Cristo conocen todo el amor de Dios. Y Cristo es este amor infinito que Él Mismo ha revelado con su Persona, con su Palabra, con su Ejemplo y sus acciones. Jesús es Verbo y Carne. Con el Verbo instruye. Con la Carne, Redime.

JESÚS ES EL MESIAS.

Jesucristo tenía la voluntad libre. Como Dios Y como Hombre. Jesús no prevaricó. No abusó de ésta, su libre voluntad potente, para escapar de la Muerte en la Cruz. Si lo hubiera hecho, hubiera sido más Rebelde que Lucifer. Pero Cristo nunca fue rebelde. Ninguna cosa, ni siquiera la natural repugnancia humana al suplicio, lo hizo tal. Porque sobre su Voluntad Libre, estaba y puso, la Voluntad del Padre. Y Él, el Perfectísimo Hijo Divino, de naturaleza igual a la del Padre; no sacó ventaja; sino que con reverencial amor, siempre dijo al que lo había generado: ‘Hágase tu Voluntad’ Y bondadoso y obediente, ofrece y rinde sus poderes, para ser arrastrado al Sacrificio. Su voluntad libre la usó para ser Perfecto como Hombre, así como era Perfecto como Dios. 

Dios no puede pecar siendo la Perfección. Pero su segunda naturaleza como Hombre, estuvo sujeta a tentaciones. Y las tentaciones son los medios para pecar, si no son rechazadas. Y duras tentaciones fueron lanzadas contra el Hombre. Todo el Odio contra Él. Todo el rencor, el miedo, la envidia del Infierno y de los hombres, contra Él. Contra el Fuerte al que sentían Vencedor, aunque tuviera la mansedumbre de un cordero.

Pero Jesús no quiso pecar. Hay que dar el reconocimiento a su Fortaleza. No pecó porque no quiso pecar. Y también por su Perfección en la Justicia contra todas las insidias y los eventos, Él ha confirmado ser el hijo de Dios. Y la justicia consiste en practicar el amor con heroísmo de santidad. La santidad de Jesús lo ha convertido en el Santo de los santos, porque como Hombre fue el Héroe que quiso ser: ‘Amen como Yo los he amado’.

Obedecer es el precepto que nos convierte en cristianos.

JESÚS ES EL REDENTOR. 

El Hijo de del Hombre fue entregado en manos de los hombres, porque es el Hijo de Dios, pero también es el Redentor del Hombre. Y no hay Redención sin sufrimiento.

Él soportó el sufrimiento en la Carne y en la Sangre, para reparar los pecados de la carne y de la sangre. En lo moral, para reparar los pecados de la inteligencia y de las pasiones. En lo espiritual, para reparar las culpas del corazón. Por todo esto, fue completa. Y Jesús tomó sobre Sí, todas nuestras miserias y todos nuestros pecados. Los pasados, los presentes y los futuros…

 Como si hubiese sido sumergido en un estercolero pútrido, quedó Jesús ante los ojos del Padre y de Él se horrorizó el Altísimo; porque en ese momento al tomar sobre Sí todos los pecados del mundo acumulados en los siglos, se convirtió en el Pecado y en el Hombre Culpable. Un diluvio de culpas sobre la Tierra, desde su principio hasta su fin. Un diluvio de maldiciones sobre el Culpable. Sobre la Hostia del Pecado.

Jesús sudó sangre por la agonía de ser el Maldito. Su corazón se trituró con el conocimiento de que en aquella Hora, no era el Verbo de Dios. Era solamente el Hombre. El Hombre Culpable.

Y todos los pecados los ha descontado sobre su Cuerpo Santísimo. Y para que el hombre volviera a revestirse en su alma, de la vestidura de bodas; Él se ha revestido de llagas, moretones, sangre, heridas que traspasaron sus Cuerpo.

La Ira de Dios se abatió sobre Él. La Ira por nuestros infinitos pecados, desde el primer pecado hasta el último que será cometido. Y la Justicia ha clavado toda culpa en su Cuerpo Inocente. Como ciervo perseguido por una turba de arqueros, Él ha sido perseguido por las flechas de Dios, para que toda culpa fuese expiada con su Sangre.

Con las torturas de su cuerpo mortal, extrajo la maldad de toda la estirpe humana y empapado con su Sangre nos lavó las culpas de la carne. Por esto fue aprehendido en Jerusalén. Entregado a los sacerdotes, escribas y fariseos, que lo llevaron a los gentiles para que lo escarnecieran. Después de haber sido abofeteado, insultado, herido, escupido y arrastrado por las calles de Jerusalén como un harapo inmundo. Y los gentiles, después de haberlo flagelado y coronado de espinas; lo condenaron a morir en una cruz con una muerte infame, como un vulgar malhechor. El pueblo que lo había honrado con los hosannas el Domingo de Ramos, pidió su muerte y en su lugar, pidió el indulto de un asesino.

Y Dios lo permitió. Porque es el Cordero de Dios que expía por los pecados del mundo. Cargó sobre Sí con todas las culpas y con todos los dolores, para que el hombre fuese sanado. Más tarde llegó la Gloria, pero antes fue el Dolor. Más tarde llegó el derecho a juzgar, pero antes estuvo el deber de expiar. En medio de un mar de Angustia, de un océano de Dolor; en el que su Madre y las almas-víctimas comparten, murió en un Patíbulo y tres días después por su Voluntad Divina, Resucitó.

Volvió a la Vida Eterna y Gloriosa como Hombre. Y volvió a la plenitud de ser Dios, con el Padre y el Espíritu Santo, después de haber padecido toda clase de afrentas y de ver su corazón atravesado por la Mentira y el Odio. Entonces fue constituido Fundador del Nuevo Templo, en el que se encuentra la Fuente Santísima del Espíritu Septiforme. Pero antes Jesucristo fue la Víctima Inmolada que purificó la Casa de Dios.

La pareja Jesús-María es la destinada a anular todo lo que hicieron Adán-Eva y devolvieron al linaje humano al punto en que fue creado: reyes ricos en gracias y dones para una regeneración completa. Perfectos en Obediencia, en Amor y en Santidad.

Por una infidelidad de la Mujer, el género humano conoció el Pecado, el Dolor y la Muerte. Por la fidelidad de la Madre Santísima, la Virgen Inmaculada, el género humano ha obtenido la regeneración a la Gracia. Y por Ella, el Perdón; la Alegría Pura y la Vida.

Esta Gracia si bien no anula todas las consecuencias del Pecado Original, y que son el Dolor, la Muerte y los estímulos restantes para dar pena, miedo y batalla. Ayuda fuertemente a soportar el dolor presente con la esperanza del Cielo. Ayuda a afrontar el miedo de morir, con el conocimiento de la Misericordia Divina. Ayuda a rehacer y domar los estímulos, con las ayudas sobrenaturales por los méritos de Cristo y los Sacramentos instituidos por Él.

Adán quedó mutilado de la Gracia y de la Vida sobrenatural, de la Inocencia, Integridad, Inmunidad, Inmortalidad y Ciencia. Y como cabeza de toda la Familia Humana, ha trasmitido su penosa herencia a todos sus descendientes. Pero la Humanidad ha sido más afortunada. Por medio de Jesús-Salvador-Redentor, ha obtenido la curación. Más todavía, la ‘recreación’ en la Gracia: la vida del alma. Y por los sacramentos por Él instituidos, las virtudes que éstos infunden. Los dones del Espíritu Santo han obtenido también los medios para crecer siempre más en perfección, hasta alcanzar el culmen con la ‘supercreación’ que es la santidad.

Pero ni siquiera el sacrificio del Hombre-Dios que ha restituido la capacidad de amar, conocer y servir a Dios en esta vida y poseerlo con júbilo en la otra; ha cancelado las cicatrices de las grandes heridas que el hombre se infirió voluntariamente y especialmente de la Triple Concupiscencia que está siempre pronta a rehacerse llaga, si el espíritu no vigila teniendo sujetas las malas pasiones.

El hombre regenerado hijo de Dios por medio de Jesús, conoce esto que Adán no conocía. Conoce a cual inmensidad llega el Amor del Padre, que da a su Unigénito para cancelar con su Sangre, el decreto de condena de la Humanidad decaída por su Progenitor. Nada de cuanto hay en la Creación debe estar privado de incentivos o de consecuencias buenas. El mundo odió a Jesús sin motivo alguno. Cuando pensó destruirlo, hizo que el hombre regresara a Dios. La aparente victoria de Satanás, fue su verdadera derrota.

EL PRIMOGÉNITO.  

Jesús es el ‘Primogénito entre los muertos’ siguiendo el orden divino y humano.

Primogénito siguiendo el orden humano, porque Hijo por parte de Madre de Adán, que nació como debieron nacer todos los hijos de los creados por Dios: con procreación privada de Lujuria y de Dolor. Por eso se le llama Hijo del Hombre, pues Él fue por línea humana el Hijo Primogénito (vivo en la Gracia) de Adán.

Primogénito del Padre siguiendo el orden divino, porque es el Hijo del Padre Celestial. Generado por Él y no creado por Él. Generar quiere decir producir una vida. Crear quiere decir formar. El artista puede crear una obra; pero solo un padre y una madre, pueden generar una vida.

Nada impedía al Verbo de Dios aparecer entre los hombres, materializando su espíritu como un hombre adulto y amaestrar en la perfección de la Ley, repitiendo un prodigio que ya había realizado antes. Pero para la Justicia era necesario un Sacrificio. Y Él quiso volverse un pequeño germen que madura en un seno de mujer. Y después, un pequeñín que llora y se amamanta para vivir. Pasando por todas las etapas de la vida: niño, adolescente, joven, hombre, al igual que cualquier nacido de mujer. Y en el nacer y en el morir, fue igual a todos los hombres. Él, Dios; no quiso ser diferente de nosotros, puesto que por amor quiso convertirse en Hombre.

Las únicas diferencias estuvieron en su Perfección Humana y Espiritual, porque Él quiso conservarlas tales. Y en su Pasión que completó de manera tremenda: en el cuerpo, en la mente, en el corazón y en el espíritu, como ninguna criatura lo padeció. Y Él para Sí lo quiso, aun siendo el Eterno Inocente, que ningún castigo merecía. Jesucristo amó tanto al hombre, hasta el extremo de odiarse a Sí Mismo y derramó toda su Sangre por nosotros. Y para salvar al hombre, tomó un alma y descendió del Cielo, al seno de la Inmaculada.

El amor materno cuando es justo, es el amor más completo, más perfecto. El más alto de los amores de la Tierra. Para María no era solamente el amor de la madre que ama a la criatura que se forma en ella y que es el fruto del amor de dos criaturas. María amaba a Dios en su Hijo, que había venido a Ella para hacerse Hombre en su carne. Miraba su vientre inviolado y veía que era la custodia viviente de Dios Vivo en Ella. Sentía palpitar el otro corazón y sabía que era el Corazón de Dios, hecho Carne. El Corazón de Jesús fue formado por el Espíritu Santo, generador de la Humanidad Santísima del Verbo: Dios conteniéndose a Sí Mismo, en la Perfección de la Perfección de Jesucristo.

El Corazón de Jesucristo formado por los Fuegos de la Caridad y los Lirios de la Purísima, testimonio del sublime aniquilamiento del Verbo, para que se perfeccione a Sí Mismo como Hombre, en la Caridad. ¿Habrá un Trono, un Altar, un Templo, más sagrado y más suyo que éste? Definitivamente, NO.

Él vino para perfeccionar la Ley y volverla clara con sus enseñanzas y practicable con su ejemplo. Él vino y tanto ha amado el Bien y rechazado el Mal, que aceptó morir para que el Bien triunfase en el mundo y en los corazones y el Mal fuese vencido por la Sangre Divina. Y con su sacrificio y su Redención obtuvo que los santos que no rehúsan seguirlo por el Camino de la Cruz, compartan con Él, la Gloria de la Resurrección. El Apóstol Juan fue el primero en comprender lo que había en el corazón de Jesús. Todos los santos son frutos de ese Corazón, del amor por ese Corazón. A los que no se separan de Él, Él los lleva al Cielo como una parte de Sí Mismo.

Jesús con su Muerte destruyó nuestra muerte y nuestras culpas las anuló con su Sangre. Él nos ha rescatado del Mal. Él lo ha dejado impotente para perjudicarnos en la vida futura, clavando nuestros males en la Cruz y filtrando nuestro espíritu a través de Él, para darnos la sanidad. Y a cada alma en particular deificarla. Y al alcanzar la perfección, compartir con ella la gloria de la Resurrección. 

Y la dulce voz de Jesús nos dice:

“Venid, mis brazos están abiertos. Sobre la Cruz me dolía el tenerlos clavados solamente porque no podía estrecharlos en torno a vosotros y bendecirlos. Pero ahora soy libre de atraerlos a mi Corazón. Mi boca tiene besos de Perdón y mi corazón tiene tesoros de Amor. Dejad las riquezas injustas y venid a Mí, Riqueza Verdadera. Dejad los goces indignos y venid a Mí, Gozo Verdadero. ¡Cómo os sentiréis alegres, de una espiritual felicidad, si confiáis en Mí! Yo soy el Dios de la Paz. De Mí brotan todas las gracias. Todo dolor en Mí se calma. Todo peso se vuelve ligero. Todos vuestros actos cumplidos en mi Nombre, se revisten de mi Belleza. Yo puedo daros todo si venís a mi Corazón y no de manera humana, sino sobrehumana, eterna, inefablemente dulce. No les digo que no conoceréis el Dolor. Lo he conocido Yo que Soy Dios. Pero les digo su dolor se volverá suave si lo sufres sobre mi Corazón…

Venid, dejad aquello que muere. Aquello que hace daño. Aquello que quiere el Mal. Venid a Mí que os amo. A Mí que sé dar las cosas que no perjudican y no mueren. Ayudadme con vuestra voluntad. La quiero para actuar no porque Yo la necesite. Sino porque es necesaria para vosotros, para merecer el Reino. Venid. Ayudadme a rechazar al Infierno en el Infierno y a abriros el Cielo.

Yo comencé a consumar mi Sacrificio para vencer a Satanás, al Mundo y a la Carne, a partir del primer acto de mi Voluntad contra las voces de la carne, del mundo y de su Rey Tenebroso. Morí a Mí Mismo para haceros vivir con mi ejemplo y morí sobre la Cruz para daros la Vida. Destinado a ser vuestro Pontífice Misericordioso, debía por experiencia propia conocer a la perfección las luchas del hombre y permanecer fiel delante de Dios a fin de enseñaros a permanecer fieles. Recordadlo: YO TE AMO TAL COMO ERES EN ESTE MOMENTO…”

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA