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EL OCTAVO SACRAMENTO


En la casa de Nicolás, Fernanda está en el jardín posterior, rodeada por Emiliano su cuñado, otros familiares y su esposo, además de todos los sirvientes de la casa, que escuchan muy atentos a la joven domina, que explica con infinito amor, la lección de ese día…

EL OCTAVO SACRAMENTO ES:

EL DOLOR.

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado.

Los Cielos se estremecieron de admiración. Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios.

El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero no era contraria y mucho menos enemiga. Con un espíritu que no estaba prisionero en ella, porque era su rey…

Y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios. Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre.

Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre. La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio.

Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra. Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna.

Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas. Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador. Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas…

Para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria. ¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres.

No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

El Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre.

Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios. Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre.

Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras. Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana:

De la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo, ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre…

Para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones. Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas; para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal.

Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir.

Pero el Mundo NO sabe amar y NO sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto NO es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación.

¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo! Dios pliega siempre el Mal al Bien.El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta. Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas.

Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias…

Repara los pecados del mundo y es redención por los que NO son justos. Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es Cruz. Siempre.

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él. Las almas que huyen de la Cruz y del Dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la Paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios.

El Dolor aceptado sin rebelión es Expiación.

En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente.

La Justicia de Dios exige la Reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la Tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un Instante en la Eternidad…Que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el Dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también Alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes.

El Dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar. Porque el Amor y el Dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble.

Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el Dolor.

Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los Mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y NO soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida.

Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio. Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno.

Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

LOS TIBIOS.

Los cristianos que viven el evangelio de San Evangelista: un evangelio que NO EXISTE, pero que ellos han acomodado a su manera de vivir. Con la Palabra de Dios que les gusta, DESECHANDO lo que les disgusta….Porque se NIEGAN A OIR LO QUE NO LES CONVIENE.

Huyen del Dolor como de su peor enemigo.

Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos.

Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el Dolor con resignación amorosa.

Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso.

Y que si Él lo PERMITE, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario.

Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él; ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara.

Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para AMAR MÁS A DIOS Y ADORARLO SOBRE TODAS LAS COSAS, (Sobre todo los seres más amados, porque Satanás los usa para hacernos renegar de Dios, con el dolor de la TRAICIÓN más artera)Y aceptar el Dolor y el Sufrimiento, para amarLo  más a ÉL (a la Santísima Trinidad) y para saber sufrir.

Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la Ternura Divina.

Y comprenden la razón de su Sufrir.

Saben que Él las ama tanto, que les DA Y PERMITE dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Alabar enmedio de las lágrimas, produce los más grandiosos milagros y palpamos físicamente, el Infinito Amor del Señor…

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor.

El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores. Se abandona totalmente en Dios y ve en Él al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se Une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo. Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre, (o de una mujer)

Nunca el de Dios. Y en el momento de la Desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

NO más oscuridad de desolación humana. NO más afán de creyente que quiere y NO puede alcanzar la paz en el Dolor. Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último.

Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’. Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir: “Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que NO le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya.

Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor. Sabe que el mundo necesita Sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas.

Y así, uniendo su voluntad a la divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo, hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor.

Porque el Dolor es una gran Absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el Dolor. Y morir por Él, es pasar a la gloria. El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que NO es amado.

Convertirse al Amor es saber soportar el dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la Furia del Enemigo.

En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo.

Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella.

Esta Paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio. Y de lo que darán testimonio, los mártires.

¿Podemos salvar a los insalvables?… ¡Pregúntaselo al Espíritu Santo!…

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO

Y es todavía siempre por el Dolor, el Holocausto con el que el hombre salva.

Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos.

Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, NO solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’ para ser ungidos ‘víctimas’ y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima.

Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.  Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno.

Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad. Pero las victorias sobre el Mal, son la Corona de los elegidos.

Si la Maldad NO pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El Mal glorifica a los justos. La obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y NO nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar.

De nosotros depende convertirnos en Carga o Cireneos…

Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros.  

Y compartimos con Él, la Sublime Misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el Sacrificio… (de nuestra voluntad, a  SU VOLUNTAD)

Al beber del mismo cáliz que Jesús, que también en su Amargura es bello.  Porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor NO es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente.

Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios.

Un gran mérito nacido con el Pecado.

Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor.

A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia.

José Sanchez del Río, mártir de 14 años, durante la Guerra Cristera en méxico…(1926-1929) 

Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor.

Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el Dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios. Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar.

La historia de José Sanchez del Río…

NO debe preocupar el llanto. También Él lloró.

Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO, ES EL SECRETO QUE SALVA

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho. El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo.

Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu;

Se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece.

Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que Redime.

Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado.

El Amor es el holocausto por el sacrificio. Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor.

Dios NO condena las lágrimas, NI la repugnancia del hombre por el Sufrimiento y el Dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la Conversión y la Desesperación en su Misericordia. Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo; si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia.

Siempre hay dolores más fuertes que los propios.

(Cuando analizamos nuestra condición… Y vemos las circunstancias dolorosas de nuestra propia vida, comprobamos como Satanás nos ha pulverizado y casi nos ha destruído...

Y tenemos dos opciones: RENDIRNOS PARA QUE ACABE DE HACERLO… 

Entregándonos con el Espejismo de que SI NO guerreamos, desistirá de atacarnos y abandonará la idea de hacernos sufrir… -(la banderita blanca con él, es una pésima idea)

O hacer de nuestro Dolor un Arma Poderosísima que unida a los Dolores de nuestro Redentor, nos haga pasar de la Retaguardia al Frente...

Haciéndole pagar muy caro, por cada una de LAS LÁGRIMAS DIVINAS y de nuestras propias lágrimas, con la Oración de Intercesión…)

Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios; se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres.

Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo.

Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad.

Lloraron para Redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor.Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del Llanto una moneda para Rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide Sufrir, para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en Paz y Luz, para que puedan salvarse.

El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera.

Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás.

Vivir unidos a Dios, es Alegría también en el Dolor.

LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del Desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa.

Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’.

El Cordero de Expiación, cargó con los Pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos.

Aquel NO solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre.

Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.  Jesús vino a santificar el Dolor.

Sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el Suyo Infinito, dando así mérito al Dolor.

Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor…

NO menos consumante con su ardiente Dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús.

Y nadie como Él, conoció la Soledad, la Incomprensión, el Abandono. Desde los celestes a los humanos.

Nadie padeció los dolores que Él ha padecido.

Dolores de toda especie. Siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo. Nunca acusó al Padre.Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

Él sabía que el Mal, el Dolor, la Soledad, la Angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás.

Y NO podían dar más que Dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana.

Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios.

Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos.

Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado sobrenaturalmente; NO es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino.

LOS INVITADOS AL CALVARIO, TAMBIÉN ESTÁN INVITADOS A LA GLORIA CELESTIAL…

Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’….

Por Coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota…

A la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante.

Yugo que NO hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’…

Si NO a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu.

Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.El Dolor es Holocausto y Participación a la misma suerte de Jesús.

El Dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo.

Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el Sacrificio.

Jesús subió a la Cruz Orando y Sufriendo. La Conversión se obtiene con la Oración y el Dolor.

Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la Luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, GRAN agradecimiento.

La peor de las torturas morales son la Ingratitud y el Desamor. Es peor que la tortura física.

Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas, supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne…

Pero la Indiferencia, la Ingratitud y el Rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu.

En momentos así, NO se deben mirar a las criaturas sino a Dios. NO se debe pensar en la criatura que lastima, sino en Orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta.

No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo Iue debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo.

Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que NO agradecen o que traicionan. Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo…

Debemos Consolarlo con nuestro amor.

Fernanda calla y todos meditan en la enseñanza recibida.

Tan asombrosa y tan perfecta…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA 

64.- EL OCTAVO SACRAMENTO


domus petronia

En la casa de Nicolás, Fernanda está en el jardín posterior, rodeada por Emiliano su cuñado, otros familiares y su esposo, además de todos los sirvientes de la casa, que están recibiendo las enseñanzas de la joven domina.

Ella se ha encargado de darles la Evangelización, para transformarlos en los formidables Guerreros Celestiales que serán cuando estén dispuestos a morir por el Dios que los salvó primero a ellos y que les dará la Gracia y el Poder, una vez que se hayan donado y sean también corredentores.

Cuando reciban el gran honor y el privilegio santo de la invitación del Padre Celestial, para ser colaboradores en La Magna Obra de la Redención y que comienza, al pedir el Sacramento del Bautismo.

Por el momento sólo son catecúmenos ansiosos de Conocer y Amar cada vez más, a este Maravilloso Dios Crucificado que los ha inundado de plenitud y felicidad, conforme avanzan en el Conocimiento de su Poderosa Doctrina.

La lección de hoy también es importantísima.

Y por eso escuchan muy atentos a la joven domina:

EL OCTAVO SACRAMENTO ES: EL DOLOR

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

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LA PESADILLA Y EL INFIERNO QUE CAMBIARON ALEPO, SIRIA

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado.

Y los Cielos se estremecieron de admiración.

Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios.

El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero NO era contraria y mucho menos enemiga.

Con un espíritu que NO estaba prisionero en ella, porque era su rey y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios.

Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.

El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre.

Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre.

La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio.

Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra.

Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna.

Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas.

Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador.

Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas, para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria.

¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres.

No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

Y el Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre.

Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios.

Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre.

Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras.

Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana; de la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo…

ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre; para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones. Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.

El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas, para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal.

Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir. Pero el mundo NO sabe amar y NO sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto no es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación. ¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo!

Dios pliega siempre el Mal al Bien.

El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta.

Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas.

Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias; repara los pecados del mundo y es redención por los que no son justos.

Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es cruz. Siempre.

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él.

Las almas que huyen de la cruz y del dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la Paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios.

El Dolor aceptado sin rebelión es expiación. En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente.

La Justicia de Dios exige la reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

En su paso por la Tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir.

Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la Tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un instante en la Eternidad…

ALMAS PURGATORIO

Que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes. El Dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar.

Porque el amor y el dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble.

Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el dolor.

Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

pecado y tibieza

LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y no soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida.

Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio.

Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno.

Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

00BIBLIA-VIDA-TESTIMONIO-TIBIEZA

LOS TIBIOS.

papa tibieza1

Huyen del Dolor como de su peor enemigo.

Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos.

Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

tibieza Cristianos Zero

LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el dolor con resignación amorosa.

Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso.

Y que si Él lo permite, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario.

Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él.

Ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara.

Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para amarlo y para saber sufrir.

jim jesus pastor

Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la ternura divina.

Y comprenden la razón de su sufrir. Saben que Él las ama tanto, que les da dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor. El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores.

Se abandona totalmente en Dios y ve en Él, al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo.

Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre. Nunca el de Dios.

llorar idolor sufrimiento

Y en el momento de la desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

No más oscuridad de desolación humana. No más afán de creyente que quiere y no puede alcanzar la paz en el Dolor.

Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último.

Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’.

Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir:

“Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.

Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que no le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya.

Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor.

Sabe que el mundo necesita sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas.

Y así, uniendo su voluntad a la Divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo…

Hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor.

Porque el dolor es una gran absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el dolor.

Y morir por Él, es pasar a la gloria.

El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que NO es amado.

Convertirse al Amor es saber soportar el Dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la furia del Enemigo.

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Señor, te entrego todo lo que siento. TE AMO. Ayúdame con tu Fortaleza a pasar esta amarga Prueba… 

En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo.

Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella. Esta paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio.

Y de lo que darán testimonio, los mártires.

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO.

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Y es todavía siempre por el Dolor, el holocausto con el que el hombre salva.

Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos.

Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, NO solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’

Para ser ungidos ‘víctimas’ y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima.

Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.

Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno. Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

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El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad.

Pero las victorias sobre el Mal, son la corona de los elegidos.

Si la maldad no pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El Mal glorifica a los justos. La Obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y NO nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar.

Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros.

Y compartimos con Él, la sublime misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el sacrificio…

CALIZ1

Al beber del mismo cáliz que Jesús, que también en su amargura es bello; porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor no es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente.

Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios.

Un gran mérito nacido con el Pecado. Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor.

A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia.

Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.

Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor.

Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios.

Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar.

No debe preocupar el llanto. También Él lloró.

Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO ES EL SECRETO QUE SALVA.

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho.

El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo.

Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu; se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece. Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que redime.

Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado. El Amor es el holocausto por el sacrificio. Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor.

Dios no condena las lágrimas, ni la repugnancia del hombre por el sufrimiento y el dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la Conversión y la Desesperación en su Misericordia.

Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo, si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia.

Siempre hay dolores más fuertes que los propios. Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios, se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.

dolor sufrimiento

Señor, TE DOY GRACIAS POR ESTE SUFRIMIENTO que no comprendo y que te entrego por …¿¿¿???    SÓLO SÉ QUE TE AMO    Y TE BENDIGO POR ESTO… Lléname de tu Amor para seguir adelante… 

El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres.

Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo. Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad. Lloraron para redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor.

Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del llanto una moneda para rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide sufrir, para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en paz y luz, para que puedan salvarse.

El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera. Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás.

Vivir unidos a Dios, es alegría también en el Dolor.

LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa.

CADA DÍA NUESTRO DOLOR Y SUFRIMIENTO SON MAYORES Y MÁS AMARGOS

Cada día nuestro Dolor y Sufrimiento son mayores y más amargos… Convirtamos nuestras lágrimas en diamantes que adornen  LA CORONA DE VENCEDORES, Con la cual  ABBA nos recibirá en la Patria Celestial… 

Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’.

El Cordero de Expiación, cargó con los pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos. Aquel no solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre.

Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.

Jesús vino a santificar el dolor, sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el suyo infinito, dando así mérito al Dolor.

Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor, no menos consumante con su ardiente dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús.

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Y nadie como Él, conoció la soledad, la incomprensión, el abandono. Desde los celestes a los humanos.

Nadie padeció los dolores que Él ha padecido. Dolores de toda especie, siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo.

Nunca acusó al Padre. Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos, en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

marionetas

Él sabía que el mal, el dolor, la soledad, la angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás.

Y no podían dar más que dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana.

Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios. Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos.

Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado, sobrenaturalmente; no es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino.

Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’, por coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota, a la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante. Yugo que no hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’, si no a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu.

Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.

El Dolor es Holocausto y participación a la misma suerte de Jesús. El dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo. Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el sacrificio.

Jesús subió a la Cruz Orando y Sufriendo.

La conversión se obtiene con la Oración y el Dolor. Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, gran agradecimiento. La peor de las torturas morales son la ingratitud y el desamor. Es peor que la tortura física.

Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas. Supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne; pero la indiferencia, la ingratitud y el rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu.

dolor sufrimiento

SEÑOR, YO PERDONO A…. POR…. TE ENTREGO TODO, BENDÍCENOS. DALE LA LUZ Y TU GRACIA…. Y A MÍ….. TE AMO.

En momentos así, no se deben mirar a las criaturas sino a Dios.

No se debe pensar en la criatura que lastima, sino en orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta. No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo que debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el Egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo.

Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que no agradecen o que traicionan.

Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo…

Debemos consolarlo con nuestro amor.

Fernanda calla y todos meditan en la enseñanza recibida. Tan asombrosa y…

jesus llora por el mundo

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

F23 EL OCTAVO SACRAMENTO


CONVOCATORIA- PADRECELESTIAL

EL OCTAVO SACRAMENTO ES:

EL DOLOR.

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado. Y los Cielos se estremecieron de admiración. Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios.

bomba

El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero no era contraria y mucho menos enemiga. Con un espíritu que no estaba prisionero en ella, porque era su rey y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios. Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.

El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre. Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre. La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio. Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra. Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna. Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas. Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador. Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas, para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria.

¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres. No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

Y el Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre. Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios. Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre. Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras. Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana; de la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo, ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre; para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones.

Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.

El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas, para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal. Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir. Pero el mundo no sabe amar y no sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto no es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación. ¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo! Porque Dios pliega siempre el Mal al Bien.

El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta. Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas. Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias; repara los pecados del mundo y es redención por los que no son justos. Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es cruz. Siempre…

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él. Las almas que huyen de la cruz y del dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios. El Dolor aceptado sin rebelión es expiación.

En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente. La Justicia de Dios exige la reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

violencia

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un instante en la Eternidad; que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes. El dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar. Porque el amor y el dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble. Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el dolor. Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

orgullo gay

LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y no soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida.

Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio.

Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno. Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

LOS TIBIOS.

Huyen del Dolor como de su peor enemigo. Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos. Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el dolor con resignación amorosa. Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso. Y que si Él lo permite, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario. Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él; ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara. Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para amarlo y para saber sufrir.

Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la ternura divina.

Y comprenden la razón de su sufrir. Saben que Él las ama tanto, que les da dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor. El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores. Se abandona totalmente en Dios y ve en Él, al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo.

adulterio y traición

Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre. Nunca el de Dios.

Y en el momento de la desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

No más oscuridad de desolación humana. No más afán de creyente que quiere y no puede alcanzar la paz en el Dolor. Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último. Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’. Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir: “Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.

Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que no le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya. Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor.

Sabe que el mundo necesita sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas. Y así, uniendo su voluntad a la divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo, hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor.

Porque el dolor es una gran absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

martirio coptos

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el dolor. Y morir por Él, es pasar a la gloria. El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que no es amado.

Convertirse al amor es saber soportar el dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la furia del Enemigo. En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo.

Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella. Esta paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio. Y de lo que darán testimonio, los mártires.

joven cristiana martirizada en irak

JOVEN CRISTIANA MARTIRIZADA EN IRAK

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO. Y es todavía siempre por el Dolor, el holocausto con el que el hombre salva. Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos. Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, no solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’ para ser ungidos ‘víctimas’ 

Y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima. Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.

Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno. Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad. Pero las victorias sobre el Mal, son la corona de los elegidos. Si la maldad no pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El Mal glorifica a los justos. La obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y no nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar.

Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros. Y compartimos con Él, la sublime misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el sacrificio, al beber del mismo cáliz que Jesús; que también en su amargura es bello, porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

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LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor no es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente.

Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios. Un gran mérito nacido con el Pecado. Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor.

A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia. Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.

Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor. Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios. Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar. No debe preocupar el llanto. También Él lloró. Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO ES EL SECRETO QUE SALVA.

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho. El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo. Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu; se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece. Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que redime. Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado. El Amor es el holocausto por el sacrificio.

Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor. Dios no condena las lágrimas, ni la repugnancia del hombre por el sufrimiento y el dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la conversión y la desesperación en su Misericordia.

Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo, si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia. Siempre hay dolores más fuertes que los propios. Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios, se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.

TIFÓN ETAU EN JAPÓN

TIFÓN ETAU

El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres. Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo. Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad. Lloraron para redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor. Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del llanto una moneda para rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide sufrir para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en paz y luz, para que puedan salvarse. El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera.

Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás. Vivir unidos a Dios, es alegría también en el Dolor.

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LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa. Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’. El Cordero de Expiación, cargó con los pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos.

Aquel no solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre. Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.

Jesús vino a santificar el Dolor, sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el suyo infinito, dando así mérito al Dolor. Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor, no menos consumante con su ardiente dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús. Y nadie como Él, conoció la soledad, la incomprensión, el abandono. Desde los celestes a los humanos. Nadie padeció los dolores que Él ha padecido. Dolores de toda especie, siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo. Nunca acusó al Padre. Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos, en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

Él sabía que el mal, el dolor, la soledad, la angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás.

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Y no podían dar más que dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana.

Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios. Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos. Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado, sobrenaturalmente; no es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino. Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’, por coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota, a la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante. Yugo que no hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’, si no a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu. Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.

El Dolor es Holocausto y participación a la misma suerte de Jesús. El dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo. Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el sacrificio.

Jesús subió a la Cruz orando y sufriendo. La conversión se obtiene con la Oración y el Dolor. Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, GRAN agradecimiento HACIA DIOS.

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La peor de las torturas morales son la ingratitud y el desamor. Es peor que la tortura física. Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas, supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne; pero la indiferencia, la ingratitud y el rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu.

En momentos así, no se deben mirar a las criaturas sino a Dios. No se debe pensar en la criatura que lastima, sino en orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta. No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo que debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo. Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que no agradecen o que traicionan. Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo… Debemos CONSOLARLO con nuestro amor.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

9.- PASCUA SUPLEMENTARIA


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La orden de Jesús esta vez ha sido ejecutada al pie de la letra, de tal manera que Bethania rebosa de personas. Los prados, los senderos, los huertos y los olivares de Lázaro están llenos de discípulos.

Y no siendo éstos suficientes para contener a tanta gente que además no quieren dañar los bienes del amigo de Jesús, muchos se han diseminado por entre los olivares que conducen de Betania a Jerusalén por los caminos del Monte de los Olivos.

Los apóstoles entran en la casa de Simón o salen de ella, moviéndose entre las personas para mantenerlas en calma o responder a sus preguntas.

Los ayudan en esto Lázaro y Maximino. Tras las ventanas del piso de arriba de la casa de Simón se ven aparecer y desaparecer todas las caras de las discípulas: cabelleras grises u oscuras, entre las que resaltan las cabezas rubias de María de Lázaro y de Áurea. De vez en cuando, una se asoma a mirar y luego se retira. Están todas. Jóvenes y ancianas. Incluso las que nunca habían venido, como Sara de Afeq.

En la terraza juegan los niños que Sara recogió, los nietos de Ana de Merón, María y Matías, el niño Shalem, (el niño deforme que era nieto de Nahúm y que ahora vive feliz y sano) , el niño ciego de Sidón al que Jesús le regaló dos ojos idénticos a los suyos. Y otros más: una bandada de pajarillos felices, vigilados por Marziam y por otros discípulos jovencitos, como el pastorcito de Enón y Yaia de Pela.

En medio de un hermosísimo crepúsculo, el sol va desapareciendo.

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Pedro habla con Lázaro y sus compañeros apóstoles:

–           Yo digo que convendrá despedir a la gente. ¿Qué pensáis vosotros? Hoy tampoco va a venir. Y muchos de éstos tienen que celebrar esta noche 1a pequeña Pascua.

Lázaro contesta:

–           Sí. Conviene despedirlos. Quizás el Señor ha considerado conveniente no venir hoy. En Jerusalén se han reunido todos los del Templo. No sé cómo les ha llegado la voz de que Él venía y…

Tadeo dice con vehemencia:

–           ¡Bueno, y aun así… ¡¿Qué pueden hacerle ya?!

Lázaro explica:

–           Olvidas que ellos son ellos. Y con esto te he dicho todo. Aunque a Él no le puedan hacer nada malo, a estos que han venido a adorarlo sí que pueden hacerles mucho daño. Y el Señor no quiere perjudicar a sus fieles. Además, ¿Tú crees que ellos, cegados como están por su pecado… Y por la persistente idea de que el Señor no resucitó, porque no murió!

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¡Vosotros no sabéis qué espesura agreste de pensamientos, qué enredo, qué borrasca de suposiciones hay en ellos! Ellos se lo han procurado a sí mismos por no confesar la verdad… Verdaderamente se puede decir que los cómplices de ayer hoy están separados por la misma causa que antes los unía. Y a algunos ya les han seducido sus ideas. ¿No veis que algunos ya no están entre los discípulos?…

Bartolomé exclama:

–           ¡Déjalos que se marchen! Otros mejores han venido. Está claro que dentro del número de los que se han marchado, hay que buscar a los que han dicho al Sanedrín que el Señor estaría aquí el decimocuarto día del segundo mes. Y después de la delación no tienen el coraje de venir. ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Basta! ¡Basta ya de traidores!

Zelote contesta:

–           ¡Siempre los tendremos, amigo! ¡El hombre…! Demasiado fácilmente cede ante las impresiones y las presiones. Pero no debemos tener miedo. El Señor ha dicho que no debemos temer.

Pedro agrega:

–           Pues no tememos. Hace pocos días, todavía teníamos miedo. ¿Os acordáis? Yo por mi parte, cuando pensaba en el regreso aquí, sentía miedo. Ahora me parece que ya no tengo ese temor. Pero no me fío demasiado de mí. Y vosotros tampoco os fiéis demasiado de vuestro Cefas, porque ya una vez he demostrado que soy arcilla que se deshace, en vez de granito compacto. Bueno, pues vamos a despedir a éstos. Hazlo, Lázaro.

Lázaro pasa benévolamente un brazo por los hombros de Pedro y llevándolo hacia la escalera, subiendo hacia la terraza que circunda la casa de Simón…

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Lázaro dice:

–          No, Simón Pedro. Hazlo tú. Eres el jefe…

Cuando Pedro hace ademán de hablar, la gente que está cerca calla y los que están más lejos se acercan. Pedro espera a que la mayoría esté allí en torno.

Luego Pedro dice:

–          Hombres venidos de todos los lugares de Israel, escuchad. Os exhorto a que volváis a la ciudad. El sol ha empezado a descender. Marchaos, pues. Si Él viene, os lo comunicaremos cueste lo que cueste. Que Dios esté con vosotros.

Se retira. Entra en una habitación vasta y luminosa donde están congregadas en torno a la Virgen todas las discípulas más fieles, así como las otras mujeres que querían al Señor como Maestro, a pesar de no haberle seguido nunca en sus desplazamientos.

Pedro va a un rincón, a sentarse y mira a María, que le sonríe.

La gente, afuera, lentamente se separa en dos partes: la de los que se quedan y la de los que vuelven a la ciudad.

Voces de personas mayores que llaman a niños, vocecitas de niños que responden. Luego el murmullo desciende de tono.

Pedro dice:

–           Y ahora nos marchamos también nosotros…

Marziam objeta:

–           ¡Padre, pero el Señor dijo que estaría aquí!..

–           Ya lo sé. Pero, como ves, no ha venido. Y es el día prescrito…

Magdalena dice:

–           Sí. Y mi hermano ha preparado todo para vosotros. Y aquí llega Marcos de Jonás, que viene para guiaros y abriros el cancel. Pero también voy yo. Todos vamos. Lázaro ha preparado para todos.

–           ¿Y dónde va a ser la cena para tanta gente?

–           El mismo Getsemaní hará de Cenáculo. Dentro de la casa, la habitación para los que Jesús ha dicho. Afuera junto a la casa, las mesas de los otros: así lo ha querido.

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–           ¿Quién? ¿Lázaro?

–           El Señor.

–           ¿El Señor? ¿Pero cuándo ha venido?

Bartolomé dice:

–           Ha venido… ¿Qué más te da el día? Ha venido y ha hablado con Lázaro.

–           Yo creo que Él viene, es más: que ha venido, a visitar a cada uno de nosotros, aunque no todos lo digan, porque guardan esa alegría como su más preciada perla, que hasta temen mostrarla porque tienen miedo de que pierda su esplendor más hermoso. ¡Los secretos del Rey! – y mira al grupito de las discípulas vírgenes, que se ponen como la púrpura, como si en sus caras se reflejaran los rayos del sol poniente; pero lo que las enciende es una llama espiritual de intensa alegría.

María, la Virgen de las vírgenes, que viste túnica de blanco lino, una azucena vestida de candor, agacha la cabeza sonriendo sin hablar. ¿Cómo se parece en este momento a la Virgencita de la Anunciación!

VIRGEN Y MADRE

Mateo confiesa:

–          Está claro que solos no nos deja, aunque no aparezca visiblemente. Según mi opinión, es Él el que pone en mi pobre corazón y en mi mente aún más pobre, ciertos pensamientos…

Los otros no hablan… Se miran, mientras se ponen los mantos observándose recíprocamente.

Pero el cuidado mismo con que algunos se tapan lo más posible la cara para ocultar la onda de alegría espiritual que emerge al pensar en los divinos, secretos encuentros pone en claro que pertenecen al grupo de los más privilegiados.

Los demás dicen:

–          ¡Decidlo, ¡¿No?! ¡No es que estemos celosos! Ni queremos saber indiscretamente. ¡Pero sí será un consuelo para nosotros la esperanza de no estar para siempre privados de verlo! Recordad las palabras de Rafael a Tobías: “Bueno es mantener oculto el secreto del rey, pero también es honorífico revelar y publicar las obras de Dios”(Tobías 12, 7). ¡Tiene razón el ángel de Dios! Mantened el secreto de las palabras que Él os haya dicho, pero revelad su continuo amor a nosotros.

Santiago de Alfeo mira a María, como para recibir una luz y al ver la sonrisa de Ella que asiente…

Santiago de Alfeo dice:

–          Es verdad. He visto al Señor.

No dice más. Y es el único que lo dice. Los otros dos Juan y Pedro, no dicen nada.

Salen todos en grupos: delante, los once; luego, en torno a María, Lázaro con sus hermanas y las discípulas; luego los pastores y muchos de los setenta y dos discípulos.

Se encaminan hacia Jerusalén por el camino que lleva al Monte de los Olivos. Los niños que quedaban van y vienen, corriendo felices.

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Marcos muestra un caminito que sortea el Campo de los Galileos y las zonas más transitadas y que lleva directamente a la cerca nueva del Huerto de los Olivos. Abre. Los invita a pasar. Cierra.

Muchos discípulos se intercambian palabras en tono bajo y alguno de ellos va a preguntar algo a los apóstoles, especialmente a Juan.

Pero hacen gestos que significan que esperen, que no es el momento de hacer lo que piden y todos se tranquilizan.

¡Cuánta paz en este vasto olivar, al que los últimos rayos del sol besan en las altas copas! Un suave viento entre las frondas verde-plateadas  y un alegre cantar de pájarillos despidiéndose del día que muere.

Ahí está la pequeña casa del guardián. En la terraza que le sirve de techo, Lázaro ha mandado levantar un pabellón y una cobertura de toldos, de forma que aquélla se ha transformado en un ventilado cenáculo para los discípulos que un mes antes no habían podido celebrar la Pascua.

Abajo, dispuestas en la pequeña y bien limpia explanada, otras mesas. Dentro de la casa, en la habitación más grande, la mesa de las discípulas.

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Se llevan a las distintas mesas de los que no han celebrado la Pascua los corderos asados, las verduras, los ázimos y la salsa rojiza y se pone en las mesas el cáliz del rito.

Pero en la de las mujeres no está este cáliz, sino que hay tantas copas cuantas son las comensales. Se deduce que de esta parte de la ceremonia estaban eximidas las mujeres.

Y, en las mesas de los que han celebrado ya la Pascua en su debido momento, está el cordero, pero faltan los ázimos y las verduras con la salsa rojiza.

Lázaro y Maximino dirigen todo. Y Lázaro se inclina hacia Pedro para decirle algo, algo que le hace al apóstol menear bruscamente la cabeza negando con obstinación.

El apóstol que está a su lado…

Felipe confirma:

–          Pues… es función tuya.

Pero Pedro, señalando a Santiago de Alfeo, dice:

–          Éste debe hacerlo.

Mientras debaten esto, el Señor aparece donde empieza la explanada.

Y saluda:

–          Paz a vosotros.

JESUS RESUCITADO

Todos se ponen en pie. El ruido advierte a las discípulas de lo que está sucediendo. Están para salir, pero ya Jesús entra en la casa y las saluda a ellas también.

María dice:

–           « ¡Hijo mío!» y lo adora más profundamente que todos los demás.

Enseñando con ese gesto que por muy amigo que pueda ser Jesús, amigo y pariente hasta el punto de ser incluso hijo…

Él sigue siendo Dios y como a Dios se le ha de adorar.

Adorarlo siempre, con espíritu adorador, aunque su amor por nosotros sea tan pleno, que lo lleve a darse, como Hermano y Esposo nuestro, con toda familiaridad.

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Jesús saluda:

–          La paz a ti, Madre. Sentaos, comed. Yo subo arriba, donde Marziam espera su premio.

Sale otra vez, para subir por la pequeña escalera y…

Jesús llama con fuerte voz:

–          Simón Pedro y Santiago de Alfeo, venid.

Los dos nombrados suben detrás de Él.

Jesús se sienta ante la mesa del centro, donde está Marziam y dice a los dos apóstoles:

–           Haréis lo que os diga – Y a Matías, que está sentado en la presidencia de la mesa.-  Empieza el banquete pascual.

Jesús esta noche tiene a Marziam a su lado, en el lugar donde estaba Juan la otra vez.

Pedro y Santiago están detrás del Señor, esperando sus órdenes.

Y con el mismo ritual de la Cena pascual se desarrolla ésta: los himnos, las preguntas y el beber de los sucesivos cálices.

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Jesús  que ahora está ofreciendo los mejores trozos de su cordero a Marziam, que está tan dichoso, que parece extasiado.

Jesús, al principio, había hecho a Pedro una señal de que se inclinara para escucharlo y…

Pedro, después de escucharlo, ha dicho con fuerte voz:

–           En este momento el Señor, siendo Padre y Cabeza de su Familia, ofreció por todos nosotros el cáliz.

Ahora hace una nueva señal a Pedro, el cual de nuevo lo escucha y de nuevo se levanta para decir:

–           Y en este momento el Señor se ciñó para purificarnos y enseñarnos lo que habíamos de hacer nosotros mismos para celebrar dignamente el Sacrificio Eucarístico.

La cena continúa.

Y Pedro, tras una nueva señal, dice:

–           En este momento el Señor tomó el pan y el vino, lo ofreció y, orando, los bendijo y, hechas las partes nos las distribuyó a nosotros diciendo: “Esto es mi Cuerpo y ésta es mi Sangre del nuevo Testamento eterno, que por vosotros y por muchos será derramada para el perdón de los pecados”.

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Jesús se pone en pie. Está majestuosísimo.

Ordena a Pedro y a Santiago que tomen un pan y que lo partan en pequeños trozos y que llenen de vino una copa, la más grande que haya en las mesas.

Ellos obedecen y sostienen delante de Él el pan y el vino.

Jesús entonces extiende sobre el pan y el vino sus manos, orando sin gesto alguno aparte de la mirada arrobada…

Y dice:

–           Distribuid las partes del pan y pasad el cáliz fraterno. Todas las veces que así lo hagáis, lo haréis en memoria mía.

Los dos apóstoles obedecen, llenos de veneración…

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Jesús, mientras se verifica la distribución de las Especies, baja donde las mujeres. Y da la Comunión a su Madre con sus propias manos.

Luego vuelve a la terraza. Ya no se sienta. La cena toca a su fin.

Él dice:

–           ¿Todo está consumado?

Pedro contesta:

–           Todo está consumado, Señor.

–           Así hice Yo en la Cruz. Levantaos y oremos.

Extiende sus brazos como si estuviera en la cruz y entona la oración del Padrenuestro.

Jesus Resucitado

Todos lloran, con una emoción profunda.

–           Marchaos. Y que la Gracia del Señor esté en todos vosotros y su paz os acompañe – dice Jesús despidiéndolos.

Y desaparece en medio de un resplandor de luz, que supera con mucho al claror de la Luna llena, alta sobre el Huerto silente y de las lámparas que están sobre las mesas.

No se oye ni una voz. Lágrimas en los rostros, adoración en los corazones… Nada más…

La noche vela y conoce junto con los ángeles los latidos de estos benditos.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

 

64.- EL OCTAVO SACRAMENTO


En la casa de Nicolás, Fernanda está en el jardín posterior, rodeada por Emiliano su cuñado, otros familiares y su esposo, además de todos los sirvientes de la casa, que escuchan muy atentos a la joven domina:

EL OCTAVO SACRAMENTO ES: EL DOLOR.

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado. Y los Cielos se estremecieron de admiración. Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios. El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero no era contraria y mucho menos enemiga. Con un espíritu que no estaba prisionero en ella, porque era su rey y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios. Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.

El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre. Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre. La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio. Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra. Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna. Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas. Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador. Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas, para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria. ¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres. No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

Y el Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre. Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios. Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre. Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras. Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana; de la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo, ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre; para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones. Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.

El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas, para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal. Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir. Pero el mundo no sabe amar y no sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto no es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación. ¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo! Dios pliega siempre el Mal al Bien.

El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta. Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas. Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias; repara los pecados del mundo y es redención por los que no son justos. Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es cruz. Siempre.

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él. Las almas que huyen de la cruz y del dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios. El Dolor aceptado sin rebelión es expiación. En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente. La Justicia de Dios exige la reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un instante en la Eternidad; que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes. El dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar. Porque el amor y el dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble. Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el dolor. Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

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LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y no soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida. Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio. Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno. Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

LOS TIBIOS.

Huyen del Dolor como de su peor enemigo. Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos. Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el dolor con resignación amorosa. Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso. Y que si Él lo permite, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario. Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él; ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara. Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para amarlo y para saber sufrir.

Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la ternura divina. Y comprenden la razón de su sufrir. Saben que Él las ama tanto, que les da dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor. El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores. Se abandona totalmente en Dios y ve en Él, al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo. Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre. Nunca el de Dios. Y en el momento de la desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

No más oscuridad de desolación humana. No más afán de creyente que quiere y no puede alcanzar la paz en el Dolor. Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último. Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’. Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir: “Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.

Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que no le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya. Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor. Sabe que el mundo necesita sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas. Y así, uniendo su voluntad a la divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo, hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor. Porque el dolor es una gran absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el dolor. Y morir por Él, es pasar a la gloria. El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que no es amado. Convertirse al amor es saber soportar el dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la furia del Enemigo. En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo. Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella. Esta paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio. Y de lo que darán testimonio, los mártires.

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO. Y es todavía siempre por el Dolor, el holocausto con el que el hombre salva. Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos. Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, no solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’ para ser ungidos ‘víctimas’ y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima.

Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.

Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno. Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad. Pero las victorias sobre el Mal, son la corona de los elegidos. Si la maldad no pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El mal glorifica a los justos. La obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y no nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar. Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros. Y compartimos con Él, la sublime misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el sacrificio, al beber del mismo cáliz que Jesús, que también en su amargura es bello, porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor no es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente. Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios. Un gran mérito nacido con el Pecado. Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor. A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia. Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.

Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor. Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios. Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar. No debe preocupar el llanto. También Él lloró. Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO ES EL SECRETO QUE SALVA.

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho. El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo. Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu; se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece. Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que redime. Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado. El Amor es el holocausto por el sacrificio. Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor. Dios no condena las lágrimas, ni la repugnancia del hombre por el sufrimiento y el dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la conversión y la desesperación en su Misericordia.

Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo, si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia. Siempre hay dolores más fuertes que los propios. Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios, se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.

El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres. Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo. Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad. Lloraron para redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor. Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del llanto una moneda para rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide sufrir para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en paz y luz, para que puedan salvarse. El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera. Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás. Vivir unidos a Dios, es alegría también en el Dolor.

LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa. Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’. El Cordero de Expiación, cargó con los pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos. Aquel no solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre. Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.

Jesús vino a santificar el dolor, sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el suyo infinito, dando así mérito al Dolor. Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor, no menos consumante con su ardiente dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús. Y nadie como Él, conoció la soledad, la incomprensión, el abandono. Desde los celestes a los humanos. Nadie padeció los dolores que Él ha padecido. Dolores de toda especie, siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo. Nunca acusó al Padre. Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos, en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

Él sabía que el mal, el dolor, la soledad, la angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás. Y no podían dar más que dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana. Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios. Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos. Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado, sobrenaturalmente; no es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino. Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’, por coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota, a la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante. Yugo que no hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’, si no a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu. Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.

El Dolor es Holocausto y participación a la misma suerte de Jesús. El dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo. Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el sacrificio.

Jesús subió a la Cruz orando y sufriendo. La conversión se obtiene con la Oración y el Dolor. Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, gran agradecimiento. La peor de las torturas morales son la ingratitud y el desamor. Es peor que la tortura física. Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas. Supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne; pero la indiferencia, la ingratitud y el rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu. En momentos así, no se deben mirar a las criaturas sino a Dios. No se debe pensar en la criatura que lastima, sino en orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta. No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo que debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo. Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que no agradecen o que traicionan. Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo… Debemos consolarlo con nuestro amor.

Fernanda calla y todos meditan en la enseñanza recibida. Tan asombrosa y…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA