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48.- EL DETONANTE


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En la villa de Marco Aurelio en Anzio, el obispo Ethan  sigue con la instrucción, hablando de la Pobreza de Espíritu.

Después Acacio enseña la necesidad del Sacrificio, la Obediencia, la Penitencia y la Oración; más todas las cosas que son necesarias  para VIVIR MURIENDO.

Unos días después la doctrina finaliza cuando el obispo Leonardo habla de la Persecución y  dice:

–           Cuando deseen el Martirio para compartir la suerte de nuestro Redentor, entonces estarán listos para recibir el Bautismo.

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Marco Aurelio mira a Margarita, la hermana mayor de Alexandra…

Y recuerda lo que Ethan le dijo a Petronio sobre las mujeres paganas.

Al ver a esta hermosa virgen cristiana que también ha sido su maestra…

Piensa en Popea Sabina, que abandonó a dos maridos por Nerón, en la lasciva Camila y en Julia Mesalina…

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Y glorifica a Dios desde el fondo de su corazón, por esta Doctrina Santa de la cual brotan mujeres virtuosas como lirios primaverales…

Y bendice a Dios por haberle dado a Alexandra, junto con la maravillosa seguridad de que ella nunca lo engañará, ni lo traicionará.

Pasó el tiempo y llegó el día del Bautismo de Marco Aurelio.

Cuando estuvo sumergido en el agua…

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El Espíritu Santo le dijo:

“Pase lo que pase, ten Fe y Confianza. Comprobarás cuanto te amo…”

En la fiesta que siguió a este acontecimiento; Leonardo, todavía con sus vestiduras y su jerarquía de obispo, se acerca a Sofía y le dice:

–           La Cruz ha vencido Sofía. Tú has sido mi maestra y no mi esposa… Tú me has liberado del mal, para llevarme a la Vida. Cuando el espíritu tenebroso que adoraba me confesó su impotencia, lo comprendí, pues me dijo: Ella vence por la Cruz y mi poder es nulo frente a ella. Su Dios Crucificado es más poderoso que todo el Infierno junto.

Él me ha vencido muchas veces y siempre me vencerá. QUIEN CREE EN EL, ESTÁ A SALVO DE TODA INSIDIA. Solo quién en Él no cree y desprecia la Cruz, cae en nuestro poder y perece en nuestro Fuego.

Yo no quise ir a aquel fuego y quise conocer el Fuego del amor de Dios que te hace tan hermosa y tan pura. Tan poderosa y tan santa. Tú eres la madre del alma mía.

Y puesto que eres como mi madre, en esta hora te ruego: nutre mi debilidad con tu fuerza, virgen pura; para que juntos vayamos a Dios.

Sofía se arrodilla ante él y le dice:

–          Tú ahora eres mi Obispo, hermano mío. En el Nombre de Cristo nuestro Señor, absuélveme de todas mis culpas; para que más pura que los lirios, yo te preceda en la Gloria.

–           Yo te Bendigo. No te absuelvo, porque no hay pecado en ti. Y tú perdona a tu hermano por todas las insidias que te tendió. Ruega por mí. Por todos los errores que cometí, para que Dios me guíe. Ya lo sabes Nos espera el Martirio. 

Sofía sonríe y le dice dulcemente:

–           Con tu sangre y tu amor presente se lava todo rastro de errores pasados. Vayamos juntos a unir nuestro sacrificio al del Señor. Seremos hostias y estoy feliz de verte convertido en campeón. Tu palio, tu tonsura y nuestro amor por nuestro Dios, unirán nuestra sangre a la del Cordero, en el momento que Dios ha predeterminado.

Daremos el combate final y venceremos otra vez, porque la Cruz está grabada en nuestro corazón y nuestra alma está crucificada en la Voluntad de nuestro Señor. ¿Ya sabes Leonardo mío, cuando saldremos para Antioquia?

El obispo contesta:

–           Marco Aurelio ya está bautizado. Nuestro trabajo aquí, está terminado. Se quedarán Junías y Margarita, a seguir instruyendo a los que quieran. Los demás seguiremos nuestro camino. En Antioquia tenemos que prepararlos a todos.

Estoy muy contento. Te amo más que antes, virgen bella. Y refulges como una estrella en mi mente y en mi corazón, porque tú me has traído a la Luz.  Te llevo dentro de mí, pero ahora con el amor santo que nuestro Señor me ha dado para amarte… Joya preciosa mía.

Sofía inclina la cabeza ruborizada y feliz…

El sol corre hacia su ocaso, bañando de luz las olas del mar en Anzio…

En el palacio de Nerón, Petronio obtiene nuevos triunfos sobre los demás cortesanos que con él se disputan el favor del César.

La política es muy impredecible… La influencia de Tigelino ha decaído totalmente. Dentro de los palacios que en el mar azul reflejan sus fachadas, Nerón lleva una vida llena de fantasías helénicas.

Durante todo el día, el César y sus allegados declaman versos. Discurren acerca de su estructura y sus bellezas. Se recrean con sus giros elegantes.

Conversan sobre música. Y alaban el genio griego que ha venido a embellecer la vida.

Y por todo esto Petronio,  de un refinamiento incomparable, superior  al de todos los demás cortesanos; elocuente, sutil, lleno de ingenio y buen gusto; hace que el César prefiera siempre su compañía…

Nerón comparte sus opiniones, le pide consejo sobre la composición poética y le manifiesta una amistad y un favoritismo muy marcado.

Todo esto demuestra ante los demás cortesanos, que la influencia de Petronio ha alcanzado un triunfo supremo y que la amistad con el César, está más firme que nunca.

Y hasta los que antaño mostraron su antipatía al exquisito epicúreo, empiezan ahora a agruparse a su alrededor y a competir por su favor.

Más de uno se alegró sinceramente de la preponderancia de Petronio, que es un hombre justo en sus juicios y recibe con escéptica sonrisa las adulaciones de sus enemigos de la víspera.

Pero como no es vengativo y nunca ha empleado su poder en arruinar a los demás; pues aun cuando ha tenido la oportunidad de destruir al mismo Tigelino; solo se ha contentado con ridiculizarlo y hacer más patente su vulgaridad y su torpeza.

En Roma el Senado respira aliviado, pues ya hace tres meses que no se ha expedido ninguna sentencia de muerte.

Y todos prefieren a un Nerón que busque el refinamiento en la elegancia y cultura de Petronio, un César extremadamente sibarita; a un tirano embrutecido por la crueldad e influenciado por Tigelino.

Pues cuando se le presenta la ocasión de hacer a un lado a hombres a los que considera peligrosos por cualquier pretexto o simplemente porque le son antipáticos… Aprovecha la oportunidad para saquear propiedades, fallar juicios políticos, dar espectáculos sorprendentes por su pompa y mal gusto, que dan la ocasión de satisfacer los monstruosos caprichos del César.

Tigelino es un hábil maestro que está dispuesto a todo y es cuando se hace indispensable…

Entre él y Haloto realizan las más crueles canalladas de la brutalidad de Nerón.

El mismo Tigelino se siente desconcertado y empieza a vacilar de si ya debiera darse por vencido, pues el César ha repetido en varias ocasiones que en toda Roma y entre todos sus cortesanos, solo hay dos espíritus capaces de comprenderse, porque son verdaderamente helénicos: él y Petronio.

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La admirable habilidad del Árbitro se evidencia a cada paso y el César solo confía en él para sus juicios sobre su arte, que es lo único que le importa.

Y Petronio con su indiferencia habitual parece no dar importancia a su posición. Como de costumbre, se muestra indolente, escéptico y lleno de ingenio.

Con frecuencia produce en quienes le rodean, la impresión de ser un hombre que se burla de sí mismo, de ellos, del César y del mundo entero.

Hay momentos en que se atreve a criticar al mismo Nerón en su presencia, dejando a los demás pasmados; pensando que ha llegado demasiado lejos y está preparando su propia ruina.

Pero con su astucia insuperable, da un giro inesperado y magistral; transformando la crítica de tal forma, que redunda definitivamente en su provecho y se convierte en una alabanza. Por esto, Nerón lo estima cada día más.

En esos torneos de sutileza e ingenio, llena de admiración a los augustanos presentes y los deja convencidos de que no hay dificultad de la que él no sepa salir airoso y vencedor.

Una semana después de que Marco Aurelio regresara de Roma, el César leyó a su círculo de íntimos, algunos extractos de su canto al Incendio de Troya.

Terminada la lectura y los ruidosos transportes de admiración de los oyentes.

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Petronio, a quién el César interrogó con la mirada, respondió:

–           Malos versos. Buenos solos para el fuego.

Los presentes sintieron que el terror les paralizó el corazón.

Jamás en toda su vida, había escuchado Nerón de ningún hombre, una sentencia semejante.

Séneca está expectante y asombrado.

El rostro de Tigelino irradia felicidad…

Pero Marco Aurelio palideció… Pensando que su tío, a quién jamás lo había visto ebrio, se había embriagado esta vez por completo o ha perdido la razón.

Nerón sin embargo, preguntó con voz melosa; en la cual temblaba una inflexión de vanidad más o menos hondamente herida:

–           ¿Qué defectos les encuentras?

Petronio dijo firme:

–          No les creas. – encarándose con él y señalando a los presentes- Esos nada comprenden. Me preguntas que defectos hay en tus versos. Si deseas escuchar la verdad, voy a decírtela.

Tus versos serían dignos de Virgilio o de Ovidio. Del mismo Homero tal vez; más no dignos de ti. Pues tú eres más grande que ellos.

El incendio que describes no arde lo suficiente. Tu fuego no quema lo bastante.

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No escuches las lisonjas de Marcial. Si él hubiera escrito esos versos, yo le declararía un genio. Pero en tu caso es diferente. ¿Y sabes por qué?

Porque tú puedes hacer cosas mejores. De una persona tan privilegiada por los dioses como tú, es justo esperar más. Ya no seas perezoso…

Prefieres dormir después de la comida, en vez de trabajar. Tú eres capaz de producir una obra superior a cuantas haya conocido el Orbe entero hasta nuestros días. Y por esto te digo en tu presencia: ¡Escribe mejor!

Petronio dijo estas palabras con aire negligente y en el que a la vez se confunden la burla y el reproche…

Más por los ojos del césar pasó como una ligera niebla de alegría y satisfacción.

Luego dijo:

–           Los dioses me han dotado de un poco de talento, pero me han concedido también algo más valioso: un amigo leal y un crítico justiciero. Único hombre capaz de decirme la verdad en mi presencia. – y extendiendo la gorda mano cubierta de vello rojizo hasta un candelabro que estaba cerca,  intentó quemar el pergamino.

Pero Petronio se apoderó de él antes de que la llama lo tocase y dijo:

–           ¡No, no! Aun así como están, pertenecen a la humanidad. Déjamelos.

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Nerón contestó abrazándolo:

–          Permite entonces que te los mande en un cilindro. –Y agregó- Verdaderamente tienes razón. Mi incendio de Troya no arde bastante y mi fuego no quema lo suficiente. Les falta pasión. Pero ya estaba satisfecho con llegar a la altura de Homero. Siempre me he visto cohibido por una especie de timidez y una apreciación modesta de mis facultades.

Pero tú me has abierto los ojos. ¿Y sabes por qué es cierto lo que afirmas? Cuando un escultor talla la estatua de un dios, busca siempre un modelo. Y yo nunca lo tuve. Jamás he visto el incendio de un pueblo y es por eso que a mi descripción le falta veracidad. 

–           Por lo cual te digo que solo un gran artista, es capaz de comprender esto.

Nerón se quedó reflexionando y después de un rato dijo:

–           Contéstame una pregunta Petronio. ¿Sientes tú el incendio de Troya?

–          ¡Qué si lo siento! No, a fe mía. ¡Por Zeus! Y te diré por qué razón. Troya no hubiese sido destruida, si Prometeo no hubiese dado el fuego a los hombres y si los griegos no hubieran hecho la guerra a Príamo.

Y Esquilo no habría escrito su Prometeo, de no existir el fuego. Así como sin la Guerra de Troya, Homero no habría escrito la Ilíada. Creo pues preferible, la existencia de Prometeo y de la Ilíada a la conservación de una ciudad pequeña y despreciable, en la cual estaría hoy un magistrado que te estaría fastidiando con las quejas de su administración.

El César dijo:

–          Esto es lo que se llama hablar razonablemente. Por el arte y la poesía, no solo es lícito, sino es justo y necesario sacrificarlo todo. ¡Dichosos los Aqueos que suministraron a Homero, el tema substancial de la Ilíada! Y ¡Dichoso Príamo que pudo contemplar la destrucción de su pueblo natal! En cuanto a mí… jamás he visto una ciudad envuelta en llamas.

A estas palabras siguió un denso silencio…

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Después de unos minutos, se escuchó la voz insinuante de Tigelino:

–          Si ya te lo he dicho César: ordena y pondré fuego a Anzio. O bien… Si no quieres la destrucción de estos palacios y casas de campo, puedo ordenar que incendien los bosques de Ostia o edificar para ti en los montes Albanos, una ciudad de madera a la cual tú mismo pondrás fuego. ¿Esto es lo que deseas?

Nerón contestó desdeñoso:

–           ¿He de ponerme a contemplar el incendio de unas cuantas barracas de madera? Estás perdiendo el criterio y la iniciativa Tigelino. Y veo además que no atribuyes gran valor a mi talento, ni al mérito de mi incendio de Troya, si juzgas que cualquier sacrificio, está a mayor altura que él.

Esta respuesta dejó a Tigelino confundido…

Pero Nerón, como si deseara cambiar de tema, dijo después de unos momentos:

–           Está terminando el verano. ¡Qué malos olores ha de haber ahorita en Roma! Y sin embargo es necesario que volvamos allá, para asistir a las fiestas estivales.

Tigelino conoce demasiado bien a Nerón, para no comprender la sugerencia…

Después de un lapso apropiado, Tigelino replicó:

–           ¡Oh, César! Cuando se hayan retirado los augustanos, permite que hable contigo un momento a solas…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

37.- EL CAPRICHO DE POPEA SABINA


Los augustanos abandonan el Palatino.

Al caminar por la inmensa galería porticada, Petronio miró a Marco Aurelio y dijo:

–           Barba de Bronce renuncia a su viaje por el momento. Está irritado y aburrido. ¡Esta combinación es muy peligrosa! En la fiesta se entregará a un desenfreno absoluto, tratando de aliviar su frustración y su tedio. ¡Ojalá no tengamos sorpresas desagradables!

Marco Aurelio sonrió y contestó:

–           Afortunadamente yo tengo mejores cosas de qué ocuparme y a ti te dejo los cambios de humor del César.

Petronio se detiene y advierte:

–           Fuiste invitado y ni siquiera se te ocurra pensar que puedes evitar asistir.

El tribuno movió la cabeza y fastidiado replicó:

–           Lo que a mí me sorprende es que a ti no te haya dominado el aburrimiento de cuanto te rodea.

–           ¿Quién te ha dicho lo contrario? Desde hace mucho tiempo me domina. Pero yo no tengo tus años. Y tampoco tengo alternativa. Al emperador nadie le abandona sin consecuencias…

–           Lo sé. Y según parece, tampoco se pueden desairar sus invitaciones. Definitivamente no envidio tus privilegios.

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–           Además, amo los libros, la poesía y me encantan las obras de arte. Me agrada mi hogar y la belleza de las obras maestras con que lo he adornado. Tengo todo lo más exquisito y perfecto. Sé que no he de encontrar ya nada superior a lo que actualmente poseo. Y no tengo ganas de desprenderme de nada de esto por ahora.  

–           Perder el favor imperial es una gran desgracia. Y un lujo que al parecer,  nadie se puede permitir voluntariamente sin perder también la vida…

–           He disfrutado lo mejor y la vida me deleita, mientras pueda darme el placer que necesito y pueda conservarla… porque no se sabe… –finaliza dando un profundo suspiro.

Marco Aurelio está tan contrariado, que mejor se queda callado.

Petronio lo observa desconcertado, pero tampoco le dice nada.

Después de un largo silencio, Petronio agrega.

–           ¿Sabes cuál es la última noticia? Tigelino, para las fiestas ha preparado los lupanares con las mujeres más nobles de Roma. Habrá doncellas que hagan su presentación como ninfas.–            ¿Eso te parece apetecible? ¡Convertir a las jóvenes patricias en prostitutas! ¿Tan hastiados están que lo execrable ya no es vergonzoso?

Petronio mira sorprendido a su sobrino y finalmente explota:

–           ¡Éste es nuestro mundo neroniano en Roma! ¡Creo que has arruinado tu vida haciéndote cristiano! ¡Por Pólux que no te comprendo! Nuestras locuras tienen cierto juicio, pero tú… Desprecio a Enobarbo, porque es un bufón griego. ¡Si al menos fuese romano!  ¡Hufff!…

–           La barbarie es barbarie en cualquier lugar. Ya no hay valores, ni honor. No veo de qué te sorprendes. Y sobre este asunto podría enseñarte cosas grandiosas que he aprendido…

–           No empieces con tus cosas cristianas.  No quiero saber nada de eso…

–           Está bien. Tienes razón. Todavía no es el momento en que podrías comprenderlas… Tal vez algún día anheles también aprenderlas.

Petronio agrega sin hacerle caso:

–           No cabe duda de que vamos de mal en peor… Pero este es el mundo que me ha tocado vivir ¡Y hay que tomarlo como es! Prepárate para ir al Fiesta Flotante en la Piscina de Agripa. Y será mejor que nos dispongamos para disfrutarlo…

Al día siguiente…

El buen gusto y refinamiento de Petronio, le han ganado el título de ‘Arbiter Elegantiarum’. Y por esas mismas cualidades, su genial dirección es indispensable para el desarrollo del artista que palpita en el emperador.

Comparándolo con el Prefecto de los Pretorianos, Petronio lo supera infinitamente en cultura, intelecto, conocimiento del Arte, refinamiento y buen juicio. En la conversación, su ingenio conoce la mejor manera de entretener al César.

Y lo que hasta ahora ha sido el mejor talento de Petronio para ser el consejero favorito del emperador, como un arma de doble filo se está volviendo contra él…

Y él ni siquiera imagina porqué…

Tigelino posee bastante buen sentido, para conocer sus propias deficiencias. Y sabe que NO puede competir con Petronio, Plinio, Séneca, Trhaseas u otros de los augustanos que se distinguen por su elegancia y su alcurnia, sus talentos o su ciencia.

Y ha decidido eclipsarlos por medio de una flexibilidad inagotablemente previsora en sus servicios y sobre todo por una magnificencia, capaz de sorprender aún la exaltada imaginación de Nerón.

Porque  conoce bien a Nerón y sabe por dónde llegarle, ha cultivado secretamente las debilidades de su personalidad para prevenirle en contra de su peor enemigo. Esto ha logrado que la influencia de Tigelino aumente día con día.

Y no es porque Nerón le quiera más que a los demás; sino porque el Prefecto de los Pretorianos ha encontrado la manera de hacerse cada vez más indispensable para el emperador.

Arbiter Elegantiarum, esto mortifica la vanidad de Nerón ¿Cómo es posible que alguien lleve delante de él, semejante calificativo?

Y además, hay que agregar el  terrible complejo que siente entre su obesa y grotesca figura y la innegable belleza varonil de su asesor artístico. La indiscutible superioridad en todos los aspectos de la poderosa personalidad de Petronio, ahora constituye su desgracia…

Pues esto ha despertado la envidia de Nerón y siente agobio por cada uno de sus triunfos… En cambio con Tigelino, César se siente a sus anchas; pues comparte con él su misma crueldad, sus bajezas y su ruindad.

¿Quién prevalecerá? ¿El artista o el monstruo?… La guerra y la competencia están muy reñidas…

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En un suceso sin precedentes en la ciudad, los pretorianos han rodeado las arboledas que están alrededor de un lago mediano y es conocido como la gran piscina de Agripa; para que nadie se acerque a molestar al César y a sus huéspedes, que constituyen cuanto hay en Roma de notable por su riqueza, hermosura y talento.

Tigelino quiere compensar al César la contrariedad sufrida, al diferir su viaje a Acaya y al mismo tiempo mostrarle a todos que no tiene rival para alegrarle la vida al emperador.

Para este objeto mandó traer desde las más remotas regiones del imperio: fieras, pájaros exóticos, peces raros, plantas, flores, etc. Y todos los detalles más insólitos que puedan realzar el esplendor de la magnífica fiesta.

Los impuestos de provincias enteras se consumen en la realización de los más insensatos proyectos…

Más el poderoso favorito no siente la menor vacilación al efectuarlos, con tal de asombrar a Nerón y complacer hasta el más mínimo de sus caprichos.

Esto es lo que hace que su influencia aumente día con día y Nerón lo considere casi indispensable…

Y por eso ha dispuesto dar la fiesta en gigantescas balsas, construidas con vigas doradas, cuyos bordes fueron decorados con magníficas conchas marinas. Adornó las orillas  de la piscina con palmeras, lotos y rosales.

También instaló jardines flotantes y alrededor de la piscina a intervalos regulares, fuentes con aguas perfumadas, altares con estatuas de dioses y quemadores de incienso.

Hay muchas  jaulas de oro y plata, con aves exóticas y multicolores…

En el centro de la balsa principal; está el pabellón de una tienda teñido de púrpura fenicia, que es sostenido en columnas de plata.

Debajo, las mesas están preparadas para recibir a los invitados con cristalería de Alejandría y vajillas de inestimable valor; botín recogido de Grecia, Asia Menor e Italia.

La balsa está adornada con tantas plantas, que semeja una isla flotante.

Y hay amarrados con cuerdas de púrpura y oro; botes con forma de cisnes, delfines, aves y peces que son bogados por jóvenes de ambos sexos; cuyas caras y cuerpos están desnudos, adornados con joyas y han sido elegidos por su gran hermosura.

Cuando Nerón llegó a la balsa seguido por Popea y los augustanos, se sentaron en los triclinios.

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Entonces los remos hendieron el agua y se pusieron en movimiento junto con los botes; describiendo círculos alrededor de la piscina.

Le rodean las otras balsas de menor tamaño; en una de las cuales van los músicos tocando sus instrumentos, resonando cantos melodiosos que llenan el ambiente de alegría.

El César con Popea a un lado, está gratamente sorprendido.

Especialmente al ver surgir entre los botes, hermosos jóvenes de ambos sexos, ataviados como sirenas y  tritones, con mallas glaucas que simulan escamas.

Y ejecutan una hermosa danza acuática en honor de Poseidón. Verdaderamente emocionado, Nerón aplaudió y alabó al organizador de la fiesta.

Pero al mismo tiempo y por fuerza del hábito, dirigió la vista hacia Petronio, deseando conocer su opinión.

Y se mostró más entusiasmado aún, al ver que el ‘Árbitro’ sonreía complacido, mostrando su aprobación con un gran aplauso carente de envidia. Pues  realmente el espectáculo es magnífico.

La Fiesta Flotante agradó mucho al César, por su novedad. Se sirvieron tan exquisitos manjares y vinos de tantas clases, que el más exigente sibarita no habría podido objetar nada.

Luego las mujeres se sentaron en la mesa de los augustanos; entre los cuales Marco Aurelio sobresale por su gallardía y juventud.

Anteriormente tanto su cuerpo como su rostro, denotaban con demasiado relieve al soldado profesional. Pero ahora la enfermedad le ha adelgazado y se ve más alto y estilizado. Sus facciones se ven como cinceladas con una varonil hermosura perfecta.

Su piel morena clara y sus enormes ojos castaños, mantienen una expresión soñadora. Su porte es distinguido: a la vez flexible y soberbiamente magnífico. Parece un dios griego tan bizarro y apuesto como Petronio.

Éste había afirmado como hombre de experiencia, que las damas de la corte se rendirían a sus encantos. Y en efecto, todos le miran con admiración sin exceptuar a Popea, ni a Rubria; la virgen vestal a quién César ha llamado a la fiesta.

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Los vinos empezaron a llevar calor a los corazones y a los cuerpos. Y la enorme balsa prosiguió su evolución, circulando lentamente con su carga de invitados que gradualmente se van entregando a una alegre y estrepitosa embriaguez.

La fiesta no había llegado ni a la mitad de su curso, cuando Nerón se levantó y le ordenó a Marco Aurelio que le deje su lugar…

Quiere estar al lado de Rubria, a la que desea con violenta pasión y le empezó a hablar al oído.

Fue de este modo que Marco Aurelio quedó junto a Popea, quién extendió el brazo hacia el joven oficial y le pidió que le asegurara el brazalete que se le había desprendido y que nadie notó que ella misma lo había soltado.

Al hacerlo gentilmente Marco Aurelio, con su mano un tanto temblorosa, rozó la piel de seda de la emperatriz.

Popea le miró fingidamente pudorosa y con un destello de deseo…

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La fiesta prosiguió.

El sol comenzó a ocultarse.

La mayor parte de los invitados ya están ebrios.

La gran balsa hace círculos cada vez más amplios, hasta casi llegar a la orilla.

Con la penumbra del anochecer, se encendieron millares de lámparas y nuevos grupos de mujeres formados por todas las invitadas de la fiesta, que se han despojado de sus ricas vestiduras y han quedado desnudas…

Con voces y ademanes seductores llaman a los hombres para que se reúnan con ellas.

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Entonces la balsa se aproxima a la orilla.

Todos, incluido el César quién atrae consigo a Rubria riendo y haciendo pícaros comentarios, desaparecen entre la arboleda.

Se diseminaron entre el bosque y las grutas artificiales, además de los muchos lugares próximos a las fuentes y manantiales y que han sido especialmente dispuestos para este fin.

Y empezó la orgía…

La lujuria y la locura se apoderaron de todos.

No se puede distinguir nada en medio de la oscuridad.

Ni donde está el César, ni quién está con quién.

Los sátiros y los faunos dan caza a las ninfas y apagan las lámparas que les estorban.

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Solo la luz de la luna llena, es mudo testigo del rumor de risas, gritos, suspiros y coloquios íntimos; además de los gemidos de placer.

Marco Aurelio no está ebrio, como el día de la fiesta en el Palatino, cuando estaba con Alexandra…

Y sabe perfectamente lo que está pasando a su alrededor.

Y decidió irse, pensando que a estas alturas, a nadie le importará un invitado menos.

Por primera vez siente náuseas…

Y recordando a Alexandra, se dijo a sí mismo:

–           La amo y le juré fidelidad. Debo regresar a casa a preparar la boda, en lugar de permanecer en este bacanal.

Y dando media vuelta se precipitó a través del bosque.

Un grupo de doncellas ataviadas con sutiles velos y bellas flores, le interceptaron el paso y danzaron a su alrededor, incitándolo a correr tras ellas…

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Después de provocarlo, huyeron pudorosas y coquetas.

Pero él se quedó enclavado en aquel sitio pensando en su esposa.

Jamás la había visto más hermosa, más pura, ni más digna de adoración, que al ver aquel bosque convertido en un santuario de placer y a todas aquellas jovencitas lascivas y desnudas.

Y el amor y el anhelo por Alexandra, invadieron todo su ser con un poder avasallador.

Simultáneamente se sintió lleno de disgusto y de una repugnancia como nunca antes la experimentara.

Descubrió que le asfixiaba aquel ambiente de infamia y deseando respirar aire puro, se apresuró a huir de allí.

Más apenas había dado un paso, cuando notó que una figura velada, se alzaba delante de él.

Le puso las manos sobre los hombros y le dijo al oído:

–           ¡Te deseo! ¡Te amaré y te haré dichoso! ¡Ven! Nadie nos reconocerá. ¡Apresúrate!

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Un gemido de deleite, un suspiro entrecortado y un beso desquiciante acarició el lóbulo de su oreja.

Mientras Marco Aurelio sentía en su rostro como una oleada de fuego, su aliento perfumado…

Ella prosiguió anhelante:

–           ¡Eres bello como Apolo! Y tan delicioso, ¡Oh! Si tan solo…

La voz susurrante fue como si lo despertara de un sueño.

Entonces él tomando dominio de sí, preguntó:

–           ¿Quién eres?

Ella se reclinó seductora en su pecho y siguió insistiendo:

–          Qué importancia tiene eso…  ¡Pronto! ¡Ya no perdamos más el tiempo! ¡Esta noche es perfecta! ¡Y yo quiero poseerte! ¡Ven! ¡Amémonos!

Marco Aurelio insistió:

–           ¿Quién eres?

–           ¡Adivina!

Y al decir esto tomó entre sus delicadas manos el rostro del joven patricio y a través del finísimo velo, lo besó ardorosamente hasta que le faltó el aliento…

Luego se apartó provocativa, diciendo:

–           ¡Noche de amor! ¡Noche de locura!…

Aspirando el aire ansiosamente, agregó:

–      ¡Hoy estamos aquí y somos libres! ¡Hoy puedes tenerme! ¡Hoy soy tuya! ¡Y yo quiero que seas mío!

Marco Aurelio la empujó suavemente hacia atrás y dijo:

–           Lamento no poder complacerte. Estoy enamorado de una mujer incomparable. Le pertenezco y ahora voy hacia ella.

–           Quítame el velo. –dijo ella inclinando hacia él la cabeza.

Y en ese preciso momento se oyó un leve roce entre las hojas de mirto…

Y ella se separó rápidamente y desapareció como si fuese una visión.

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Pero a la distancia se oyó su risa extraña, estridente, ominosa…

Petronio llegó junto a Marco Aurelio. Lo tomó del brazo y empujándolo, lo instó:

–           He oído y he visto. Alejémonos rápido de aquí.

Así lo hicieron.

Cuando llegaron hasta los cisios, Petronio le dijo:

–           Yo te acompañaré.

Y subieron los dos al carruaje de Marco Aurelio.

Todo el camino, lo recorrieron en silencio. Hasta que se hallaron en el atrium de la casa del joven tribuno…

Petronio preguntó:

–           ¿Sabes quién era ella?

Marco Aurelio se sintió profundamente disgustado ante la idea de que Rubria fuese una vestal y tuviese ese comportamiento tan impúdico.

Y sin disimular su desprecio contestó:

–          ¿Rubria…?

–           No.

–           ¿Entonces quién?

Petronio bajó la voz y dijo:

–          El fuego de Vesta ha sido profanado porque Rubria estuvo con el César. Pero la que se acercó a ti…

Y aquí su voz bajó hasta hacerse casi imperceptible:

–          Fue la divina Augusta.

Siguió un silencio tan denso que casi se podía tocar…

Luego Petronio continuó:

–          César no pudo ocultar a Popea, su inclinación hacia Rubria y tal vez por eso, ella quiso tomar venganza. Pero llegué yo a estorbarlo.

Si tú la hubieras reconocido… al rehusar su solicitud, sería irremediable tu ruina.

Habrías arrastrado en ella a Alexandra y también me habrías comprometido a mí.

Marco Aurelio comprendió la magnitud de la revelación y casi se ahogó por el asombro…

El tiempo pareció detenerse…

Mil ideas cruzaron por su mente como relámpagos y se reflejaron en su gran perturbación…

Luego explotó:

–           ¡Estoy harto de Roma! ¡Del César, de sus fiestas, de Tigelino, de la Augusta y de todos vosotros!…

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 ¡Me estoy asfixiando! ¡Yo no puedo seguir viviendo así! ¡No puedo! ¡Oh Dios mío! ¡No lo soporto más! ¿Me entiendes?

Petronio lo mira desconcertado y exclama:

–           ¡Marco Aurelio! Estás perdiendo el sentido del juicio, la moderación. ¿Qué te pasa?

Marco Aurelio replicó colérico:

–          Lo único que quiero es a Alexandra. Vine a prepararlo todo para mi boda y no me interesa otro amor, ni deseo a ninguna otra mujer. No quiero vuestra vida y no me interesan sus fiestas.

No soporto sus obscenidades y sus crímenes. ¡Soy cristiano! ¿Lo oyes? ¡Soy cristiano! ¡Y no sabes cuánto me alegro de serlo!

Petronio lo mira asombrado.

Es evidente que entre él y Marco Aurelio ya no pueden entenderse y que sus almas se han separado por completo.

Hubo un tiempo en que Petronio ejercía una gran influencia en el joven militar. Había sido para él un modelo en todo y con frecuencia unas cuantas palabras irónicas suyas, bastaban para frenarlo o para inducirlo a una resolución cualquiera.

Pero ahora ya no queda nada de aquello…

Y tan trascendental es el cambio, que Petronio ni siquiera intentó poner en práctica sus antiguos métodos. Porque comprendió que su ironía y su ingenio, habrán de estrellarse contra el nuevo hombre en que se ha convertido el Marco Aurelio que está ante sus ojos y al que apenas si reconoce.

Después de reflexionar un momento, se encogió de hombros y se fue para su casa muy disgustado.

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El veterano escéptico al ver a Marco Aurelio entendió que es un hombre tan diferente, que ya ni siquiera comprende sus reacciones.

Y este conocimiento lo llenó de contrariedad y hasta de un poco de temor…

Éste último llegó a su colmo, al meditar en los acontecimientos de esa noche…

Y piensa:

–           Si de parte de Popea esto no fue sólo un fugaz devaneo, sino un deseo más duradero, van a suceder una de estas dos cosas: Marco Aurelio no se le resistirá y en este caso, le vendrá la ruina por algún ‘accidente’, lo que parece poco probable por su actual estado de ánimo. O se le resiste…

Y entonces sí será segura su ruina y acaso también la mía… Precisamente porque soy su pariente y porque la Augusta terminará envolviendo en su odio a la familia entera y pondrá del lado de Tigelino todo el peso de su influencia.

Moviendo la cabeza, por todas las conclusiones que como un mosaico que se estuviera formando, le muestran un panorama cada vez más sombrío… Petronio es un hombre valiente y no le teme a la muerte. Pero tampoco tiene el menor deseo de atraerla tan pronto.

La Augusta ignora si ha sido reconocida por Marco Aurelio. Si ella piensa que no ha sido descubierta, su vanidad no sufrirá gran cosa.

Pero esta situación es muy precaria, podría modificarse en el futuro y es urgente neutralizar este gran peligro.

La cuestión es: ¿Cómo va a lograrlo?…  

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

26.- CORREO EPISTOLAR


Tito Petronio     a     Marco Aurelio Petronio:

Salve.

Eladio es de mi absoluta confianza envíame con él tu respuesta a esta carta. Cuando me vine para Anzio te dejé sobre una buena pista y lleno de esperanza. Espero que ya hayas calmado tu pasión en brazos de Alexandra, ¡Mi carísimo Marco Aurelio! Que la rubia Afrodita te guíe y que tú seas el spintria (Tiberio llamaba así a los maestros en la lujuria) de esa alba Alexandra que escapa del amor.

Recuerda que el mármol aún el más precioso, no es nada por sí mismo y no adquiere valor hasta que la mano del escultor lo transforma en una obra maestra.

No basta amar. Es necesario saber amar y saber enseñar a amar. La plebe y los animales experimentan placer; pero el hombre verdadero se distingue por su aptitud para hacer de ese placer un arte lleno de nobleza apreciándolo como un don divino.

Y no solo experimentarlo, sino saber compartirlo. Así pues, sé tú el escultor de Alexandra y desea no solo su cuerpo, sino también su corazón. Y ámala.

Con frecuencia pienso en la vanidad,  la incertidumbre y el fastidio de nuestra vida. Y me pregunto si no has tomado tú la mejor parte y si la guerra y el amor no son las dos cosas por las cuales vale la pena haber nacido. En la guerra tú has sido afortunado y has sido un valiente guerrero. Y en el amor, conoces la dicha y la agonía…

Si sientes curiosidad por saber lo que ocurre en la corte de Nerón, te diré:

aún lloramos a la pequeña Claudia Augusta. Cantamos himnos de nuestra composición y nuestro dolor aún no se calma. Y podemos exhibirlo en todas las actitudes que enseña la escultura. Todos los augustanos están aquí, incluyendo las quinientas burras de cuya leche se sirve Popea para sus baños.

¡Ay Querido! Nos estamos modernizando tanto en el teatro, que ahora hacemos las cosas con el mayor realismo y Enobarbo se encarga de que las emociones sean siempre  más trepidantes en unos escenarios también cada vez más insólitos.

Nos hemos salido del anfiteatro e ignoro que siga la próxima vez. Pienso que nosotros moriremos como bufones o comediantes. Nerón representó una comedia de Afranio el dramaturgo titulada “El Incendio” y entregó a los actores al pillaje de una casa que se incendió a propósito.

A Barba de Bronce esto le produjo un placer enajenante y creció su inspiración y su deleite por la actuación. Esto se tradujo en generosos regalos para todos nosotros, en nombramientos  para muchos otros y en que al verlo tan feliz, por fin puedo estar un poco más tranquilo respecto a seguir manteniendo nuestras cabezas en su lugar. Porque otros no han sido tan afortunados:

Salvidieno Orfito, el pobre ni siquiera sospecha que su muerte haya sido decretada ¿Y sabes por qué? ¡Porque alquiló a unos diputados tres habitaciones de su casa cerca del Foro! A Casio Longino, por haber conservado entre sus antiguos retratos de familia, el de Cayo Casio, uno de los asesinos de César ¡Y está ciego! Pero eso no le importa a Nerón, cuando tiene sed de destruir…

¡Sólo por eso no hay salvación para ellos! ¡Pero éste es nuestro mundo!

Vamos a tener una lidia de gladiadores. El actor Dato representó a Edipo y le pedí que me contestara como judío que es, (su verdadero nombre es Nazario), si los cristianos y los judíos son una misma cosa.

Me contestó que los judíos tienen una religión eterna, pero que los cristianos forman una nueva secta que se ha formado recientemente en Judea. Que en tiempos de Tiberio los sacerdotes de Jerusalén, crucificaron a cierto Hombre cuyos prosélitos aumentan diariamente y a quién los cristianos adoran como Dios.

Parece que se niegan a reconocer a otros dioses y especialmente a los nuestros. No se me ocurre que daño les puede suceder si también los adoraran… en fin…

Tigelino me demuestra abiertamente su envidia y su odio… Y yo ni siquiera puedo considerarlo mi adversario. Solo me aventaja en dos cosas: tiene más apego que yo a la vida y al mismo tiempo es un canalla supremo. Y esto lo une más a Nerón.

Ellos acabarán por entenderse perfectamente, junto con Haloto que está lleno de violencia y es el hombre más cruel que el mundo haya conocido jamás. Este trío es el castigo de la humanidad. ¿Cuándo? No lo sé. En realidad poco importa la fecha, pero llegará.

 Mientras tanto yo me estoy divirtiendo como nunca. La vida sería muy aburrida si no fuera por nuestro Augusto Mono. Yo comparo la adquisición de sus favores a una carrera en el circo, con la cual la victoria solo halaga el amor propio.

En este aspecto a veces creo que me parezco un poco a Prócoro Quironio. Cuando éste ya no te sirva, mándamelo. Le he tomado gusto a su conversación cínica y sugestiva. Presenta mis saludos a tu divina cristiana… Y dime cómo te encuentras de salud. Háblame de tu amor. Dime cómo estás y cómo te sientes. Adiós.

Marco Aurelio estaba muy deprimido cuando recibió esta carta y la contestó inmediatamente.

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Marco Aurelio Petronio     a     Tito Petronio:

Salve.

No se ha sabido nada de Alexandra. Si no fuese por la esperanza de encontrarla pronto, no recibirías esta carta. Quise comprobar que Prócoro no me engañaba. Me envolví en un capote militar y lo seguí a él y a Dionisio, el esclavo que mandé con él.

Atestigüé la entrega y me regresé, porque sentí el impulso de ir hacia ellos y prometer recompensa a quién entregase a Alexandra. Pero tuve miedo de malograr el trabajo de Prócoro y contra mi voluntad mejor me retiré. Prócoro ha venido varias veces, pero dice que no ha podido encontrarla.

Los cristianos se aman y se ayudan tanto, que va a tardar un poco dar con su paradero. Pero es mejor ir con paso seguro para no cometer errores. En cuanto suceda algo interesante te lo comunicaré. Adiós.

Marco Aurelio, además de sentirse herido en su orgullo; no logra comprender la oposición y la resistencia de Alejandra. Su misma fuga es un enigma que le tortura el cerebro y no encuentra respuesta.

Sabe que Actea ha dicho la verdad y que ella no era indiferente a su amor. Es más, ella aseguró que lo amaba. Entonces ¿Por qué había huido?

Lo único que logra entender es que entre Alexandra y él hay un abismo que los separa y que tiene que ver, con el mundo romano que él conoce y el mundo cristiano en el que ella se desenvuelve.

Pensar en esto lo llena de desaliento y lo único que le queda es renunciar a ella. Y esta idea lo desquicia, porque contra sí mismo y con inmenso dolor, ve que ya no puede vivir sin ella. Y pensar que era correspondido y que ella podía colmar sus más fervientes anhelos, hace que se apodere de él una angustia cruel.

Y mientras su corazón desborda una inmensa ternura que lo envuelve como una poderosa ola y le hace exclamar en medio de las lágrimas:

–      ¿Dónde estás amada mía? ¿Por qué te fuiste y me abandonaste con tanta crueldad?…

Se siente verdaderamente enfermo y desgraciado. Anhela su amor tanto… Que hay instantes en que desearía matarla, para así acabar con su sufrimiento. Pero luego se dice a sí mismo, que si le dieran a elegir entre ser esclavo de Alexandra y no volver a verla jamás; preferiría ser su esclavo.

En estas alternativas de tortura, cavilación, incertidumbre y sufrimiento, está perdiendo la salud y su varonil hermosura…

Después de largas semanas de expectativa, un día llegó Prócoro y se presentó ante Marco Aurelio con el semblante muy contrariado.

El joven tribuno se puso pálido y saltando de su asiento, preguntó:

–           ¿Qué pasó? ¿No está Alexandra entre los cristianos?

El griego contestó:

–          Sí está, señor. Pero también está Mauro y yo no me puedo acercar a donde está ella.

–           ¿De qué estás hablando y quién es Mauro?

Prócoro no supo cómo contestar y Marco Aurelio perdió la paciencia. Enojado, repitió la pregunta.

El griego contestó levantando su mano:

–           Según parece señor, has olvidado al hombre con el que viajé a Roma. Y en cuya defensa perdí estos dedos, mutilación por la que no puedo escribir. Los ladrones que le arrebataron a su mujer y a su hijo, le hirieron con un puñal. Yo le dejé agonizante en una fonda y le había llorado por muerto. Más ¡Ay! Ahora estoy convencido de que está vivo y en Roma pertenece a la comunidad cristiana.

Marco Aurelio no entiende nada.

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Lo único que le queda claro es que Mauro es el obstáculo que lo separa de Alexandra. Y por lo mismo, controlando su ira dijo:

–           Si todo sucedió como dices, él debiera estar agradecido y ayudarte ahora.

Prócoro respondió:

–          ¡Ah, noble tribuno! Ni los dioses suelen ser agradecidos. Pero por desgracia es un viejo senil y está confundido, porque según supe por sus correligionarios, me acusa de ser cómplice de los ladrones. Y me considera el causante de sus infortunios. ¡Así me paga la pérdida de mis dedos!

–           ¡Bribón! Estoy seguro de que las cosas pasaron como Mauro las refiere.

–          Entonces sabes más que él mismo, señor. Porque él solo tiene sospechas. Lo cual no le impide vengarse de mí cruelmente. Y ya lo hubiera hecho si conociera mi nombre. En el lugar donde nos encontramos no se fijó en mí. Pero yo lo reconocí de inmediato. Y ahora debo tener más cuidado con lo que hago. Cuando pregunté por él a conocidos suyos, me declararon que era el hombre que había sido traicionado por su compañero de viaje y por eso me enteré de semejante historia.

El tribuno contestó fastidiado:

–           ¿Y qué me importa a mí todo eso? Dime que noticias me tienes.

Prócoro replicó:

–          Cierto es señor, que a ti no te importa, pero a mí me va en ello la vida. Y en el deseo de que mi sabiduría sobreviva, prefiero renunciar a la recompensa que me has ofrecido, antes que exponerme por el simple lucro.

Entonces Marco Aurelio se le acercó y con mal reprimida cólera, le dijo:

–         ¿Quién te ha dicho a ti que la muerte te va a llegar por medio de Mauro, antes que por mis  propias manos? ¿Qué sabes tú perro, si dispongo de tu vida y se me antoja enterrarte en mi propio jardín?

Y Prócoro que es un cobarde, miró a Marco Aurelio y comprendió al instante que no es una broma. Una sola imprudencia más y estará perdido…

Y entonces exclamó:

–           ¡La buscaré, señor y la encontraré! ¡Te lo prometo!

Hubo un largo silencio.

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Y cuando el griego comprendió que la cólera del patricio disminuía, dijo:

–           Un tiempo dudaste de la existencia de Félix y te convenciste de que te dije la verdad. Ahora tienes sospechas de que miento acerca de Mauro. ¡Ah! Si ésta fuese una mentira, yo podría mezclarme entre los cristianos sin peligro y si él me hubiese reconocido, no estaría yo hoy aquí. Y entonces ¿Quién te ayudaría a encontrar a la doncella?

            Marco Aurelio le ordenó que le dijera detalladamente todo lo que había hecho, en qué había empleado el tiempo y lo que había descubierto.

Pero Prócoro no tenía mucho que contar. Había montado vigilancia y no había rastros de Alexandra.

Y solamente agregó:

–           Hay un hombre. Un sacerdote al que ellos llaman Pontífice, que se llama Pedro y que fue discípulo directo de Cristo y ahora es su apóstol. Los cristianos le guardan una gran veneración. Van a tener una reunión muy importante y yo buscaré la forma de asistir y ver si puedo llevarte sin peligro. Es casi seguro que ella también asistirá y nosotros podremos verla.

Los cristianos son personas pacíficas y ordenadas. ¡Y me sorprendí mucho, porque todas las acusaciones que les hacen son calumnias! Ellos no hacen nada de lo que la gente cree. No son licenciosos y todos son muy virtuosos. Su religión no incita al crimen y por el contrario, manda perdonar y amar a los enemigos.

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Marco Aurelio recordó lo que Fabiola le había dicho en la casa de Actea.

Y por lo general, le complacieron bastante los informes de Prócoro. Aun cuando los sentimientos que Alexandra le inspira son bastante tormentosos, sintió alivio al oír que la religión que ella profesa no es criminal, ni repulsiva.

Pero al mismo tiempo intuyó que es precisamente el amor reverencial a este Cristo desconocido y misterioso, el que ha levantado una muralla entre él y Alexandra. Y empezó a tener prevenciones contra esa nueva religión.

Pero a Prócoro lo que le interesa es huir de Mauro. De lo que narró a Marco Aurelio la verdad es que fue él, el que traicionó a Mauro. Le robó todo. Lo vendió a unos traficantes y le privó de su familia, vendiéndolos como esclavos. Apuñaló a Mauro y le dejó medio muerto en el campo, creyendo que no sobreviviría al asalto.

Lo que nunca esperó fue que pudiera curarse de sus heridas y llegara hasta Roma. Ahora tiene miedo de encontrarlo de nuevo. Sin embargo más terror le infunde Marco Aurelio…  Y comprendió que la persecución y venganza de un poderoso patricio que tiene otro aliado más grande todavía: Petronio, no le deja ninguna alternativa.

Todas estas consideraciones le impulsan a jurar:

–           Por Zeus te prometo, ¡Oh, señor! Que iré a averiguar más lo más pronto posible.

Más tarde…

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Casi al mismo tiempo que el griego se fue, llegó un correo con una carta de Petronio y Marco Aurelio se metió en la biblioteca a leerla.

Después de romper el sello, extendió la  vitela:

Tito Petronio               a          Marco Aurelio Petronio:

Salve.

Tu caso es muy malo, ‘carísimo’. Con bastante claridad veo que Eros ha perturbado tu cerebro y no piensas en otra cosa, más que en el amor. Por tu contestación a mi carta veo que sigues obsesionado con Alexandra. ¡Por Zeus! Encuéntrala pronto o perderás la razón.

Y por favor ten presente esto: Bernabé, el esclavo de Alexandra es un hombre de una fuerza poco común y por lo mismo será mejor que te lleves a Atlante, cuando decidas rescatarla. No esperes que los cristianos te la entreguen fácilmente. Atlante será un auxiliar muy útil para enfrentarte con Bernabé, cuando trate de defenderla.

No te dejes saquear por Prócoro, pero tampoco economices tratándose de Atlante. De todos los consejos que mi cariño puede darte, éste es el mejor.

Aquí ya dejaron de decir que la Infanta pereció por causa de un maleficio. Desde que nos trasladamos a Nápoles, nos han atacado los remordimientos por los recuerdos de Agripina. Pero ¿Sabes hasta donde ha llegado Enobarbo? Pues a esto: Aún el asesinato de su madre se ha convertido tan solo en un tema para versos y un motivo para escenas trágico bufas.

Antes tenía verdaderos remordimientos y le temía como el cobarde que es. Pero ahora se siente intocable.

Y como ningún dios se prepara  a tomar venganza, finge remordimientos para hacer escenas de teatro y ver cómo reaccionan los demás. También representó personajes de tragedia y exigió que las máscaras de los dioses, los héroes y las heroínas, se parecieran a él y a Agripina.

 Luego cantó: Panacea en el Parto; Orestes asesino de su madre; Edipo Ciego y Hércules Furioso. Estas son las novedades de nuestro regio histrión.

A veces me parece que de verdad odia a Roma. Busca los aplausos, la admiración y la aprobación de los griegos. Y a cada momento dice:

–      ¡Mira lo que son los griegos!

Y su proverbio favorito que repite siempre es: ‘La música no es nada, si se la mantiene oculta.’

En su greco-manía, la plebe aullaba cada vez más y nuestro histrión estaba eufórico. Cierto es que los aullidos y los aplausos se traducen en distribuciones al pueblo de provisiones y regalos: pájaros exóticos por millares. Manjares, bonos pagaderos en trigo, trajes, oro, plata, piedras preciosas, perlas, cuadros, esclavos, fieras domesticadas, naves, islas, tierras, casa, banquetes, billetes de lotería y una nueva exhibición  del Bufón Imperial.

Y no deben extrañar los aplausos, pues semejante espectáculo no habrá sido visto nunca antes. Para Nerón lo más importante es su canto y la acogida que le hace el público como artista. Cree que su voz es un don de los dioses y no pierde oportunidad para mostrarla.

Sin  embargo tiene dudas de lo que dirá el pueblo romano a causa de su prolongada ausencia por la falta de los acostumbrados juegos y las distribuciones de cereales. Y aun así, vamos a Benevento a la chapucera exhibición que Haloto tiene preparada a nuestra llegada. Y de allí seguiremos hasta Grecia.

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Por lo que a mí respecta, pienso que cuando un hombre se halla entre locos, loco se vuelve él también y encuentra cierto encanto en las extravagancias de los insanos. Grecia y el viaje de mil buques, es una especie de entrada triunfal de Baco, entre ninfas y bacantes. ¿Y creerás que yo que tengo buen sentido, me he dejado arrastrar por sus fantasías? Y lo hago porque al menos son grandiosas y exentas de vulgaridad.

Pero Barba de Bronce no logrará sus planes, porque en su fabuloso reino poético de oriental poderío, no ha dejado sitio para la traición, la vileza y la muerte. Y porque entre sus actitudes de poeta, se advierte al detestable cómico, al torpe auriga y al frívolo tirano.

Entretanto estamos matando a todo aquel que en una forma u otra nos causa desagrado. El pobre Salvidieno Orfito ya es solo una sombra. Se abrió las venas hace unos días. El viejo Trhaseas está sentenciado, porque tiene la osadía de ser honrado y tener cara de pedagogo.

Tigelino todavía no alcanza la suficiente autoridad, para condenarme a mí. Me necesitan todavía para el éxito de la expedición a Acaya. Mientras llega para mí ese fatídico momento, he decidido que Nerón no tendrá mi vaso mirrino: ese que tú conoces y que tanto admiras. Si estás cerca de mí te lo daré, pero si estás lejos lo haré pedazos.

Cuídate y llévate a Atlante, de otra forma perderás otra vez a Alexandra. Cuando Prócoro Quironio ya no te sea útil, envíamelo. Cuando encuentres a tu amada, házmelo saber. Adiós.

Lo que Petronio no dijo a Marco Aurelio, fue que Eros también lo había herido profundamente y que al terminar de escribir la carta que el tribuno acaba de leer, compuso unos versos para Aurora en un poema que trató de ocultar, como lo haría un tímido adolescente.

Pero Aurora lo encontrará después, al limpiar la biblioteca y ordenar las cosas de la mesa del escritor, tareas que no permite que nadie más haga. Ella lo adora en silencio y admira su trabajo, atesorando todas y cada una de las palabras que él escribe.

Y cuando lea el pequeño pedazo de pergamino, su corazón estallará llenándola de una alegría tan inmensa  que la hará llorar de felicidad…

El orgulloso augustano se niega a reconocer su amor por una esclava y trata de luchar contra su corazón. Está empleando todos los medios para mantener la distancia entre los dos, pero es una batalla que ya tiene perdida, porque finalmente se ha rendido al avasallador  sentimiento que lo invade, pues escribió:

Ofrenda a Aurora

En mi mente deifico la figura

De tu porte radiante de belleza

Porque tienes del alba la pureza

Y de flor en capullo la frescura.

Nunca pudo jamás con su hermosura

Competir a tus dones la realeza

De la grácil Helena que grandeza

Y atractivos aunaba en su estructura.

Yo te ofrezco de mi alma la ternura

La ilusión de mi ser, si lo prefieres.

Puedo darte también si acaso quieres

De mi vida la negra desventura.

En mi mente ha quedado bien grabada

La silueta de tu alma y compendiada

De tu faz la exquisita lozanía

Y contento he mirado virgen bella

Que refulges lo mismo que una estrella

En el cielo sutil del alma mía.

El caudal de mi amor será muy tuyo

Incluyendo con él, mi grande orgullo

Que jamás he querido quebrantar

Y anhelante le ofrezco a tu belleza

Todo el ser que me dio naturaleza

Porque quiero saber lo que es amar.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

48.- EL DETONANTE


En la villa de Marco Aurelio en Anzio, el obispo Ethan  sigue con la instrucción, hablando de la Pobreza de Espíritu. Después Acacio enseña la necesidad del Sacrificio, la Obediencia, la Penitencia y la Oración; más todas las cosas que son necesarias  para VIVIR MURIENDO.

Unos días después la doctrina finaliza cuando el obispo Leonardo habla de la Persecución y  dice:

–           Cuando deseen el Martirio para compartir la suerte de nuestro Redentor, entonces estarán listos para recibir el Bautismo.

Marco Aurelio mira a Margarita, la hermana mayor de Alexandra…

Y recuerda lo que Ethan le dijo a Petronio sobre las mujeres paganas. Al ver a esta hermosa virgen cristiana que también ha sido su maestra… Piensa en Popea Sabina, que abandonó a dos maridos por Nerón. En la lasciva Leticia y en Julia Mesalina…

Y glorifica a Dios desde el fondo de su corazón, por esta Doctrina Santa de la cual brotan mujeres virtuosas como lirios primaverales… Y bendice a Dios por haberle dado a Alexandra, junto con la maravillosa seguridad de que ella nunca lo engañará, ni lo traicionará.

Pasó el tiempo y llegó el día del Bautismo de Marco Aurelio. Cuando estuvo sumergido en el agua…

El Espíritu Santo le dijo:

“Pase lo que pase, ten Fe y confianza. Comprobarás cuanto te amo.”

En la fiesta que siguió a este acontecimiento; Leonardo, todavía con sus vestiduras y su jerarquía de obispo, se acerca a Sofía y le dice:

–           La Cruz ha vencido Sofía. Tú has sido mi maestra y no mi esposa… Tú me has liberado del mal, para llevarme a la Vida. Cuando el espíritu tenebroso que adoraba me confesó su impotencia, lo comprendí, pues me dijo: Ella vence por la Cruz y mi poder es nulo frente a ella. Su Dios Crucificado es más poderoso que todo el Infierno junto. Él me ha vencido muchas veces y siempre me vencerá. QUIEN CREE EN EL, ESTÁ A SALVO DE TODA INSIDIA. Solo quién en Él no cree y desprecia la Cruz, cae en nuestro poder y perece en nuestro Fuego.

Yo no quise ir a aquel fuego y quise conocer el Fuego del amor de Dios que te hace tan hermosa y tan pura. Tan poderosa y tan santa. Tú eres la madre del alma mía. Y puesto que eres como mi madre, en esta hora te ruego: nutre mi debilidad con tu fuerza, virgen pura; para que juntos vayamos a Dios.

Sofía se arrodilla ante él y le dice:

–          Tú ahora eres mi obispo, hermano mío. En el Nombre de Cristo nuestro Señor, absuélveme de todas mis culpas; para que más pura que los lirios, yo te preceda en la Gloria.

–           Yo te bendigo. No te absuelvo, porque no hay pecado en ti. Y tú perdona a tu hermano por todas las insidias que te tendió. Ruega por mí. Por todos los errores que cometí, para que Dios me guíe. Ya lo sabesnos espera el Martirio. 

Sofía sonríe y le dice dulcemente:

–           Con tu sangre y tu amor presente se lava todo rastro de errores pasados. Vayamos juntos a unir nuestro sacrificio al del Señor. Seremos hostias y estoy feliz de verte convertido en campeón. Tu palio, tu tonsura y nuestro amor por nuestro Dios, unirán nuestra sangre a la del Cordero, en el momento que Dios ha predeterminado. Daremos el combate final y venceremos otra vez, porque la Cruz está grabada en nuestro corazón y nuestra alma está crucificada en la Voluntad de nuestro Señor. ¿Ya sabes Leonardo mío, cuando saldremos para Antioquia?

El obispo contesta:

–           Marco Aurelio ya está bautizado. Nuestro trabajo aquí, está terminado. Se quedarán Junías y Margarita, a seguir instruyendo a los que quieran. Los demás seguiremos nuestro camino. En Antioquia tenemos que prepararlos a todos. Estoy muy contento. Te amo más que antes, virgen bella. Y refulges como una estrella en mi mente y en mi corazón, porque tú me has traído a la Luz.  Te llevo dentro de mí, pero ahora con el amor santo que nuestro Señor me ha dado para amarte… preciosa mía.

Sofía inclina la cabeza ruborizada y feliz…

El sol corre hacia su ocaso, bañando de luz las olas del mar en Anzio…

En el palacio de Nerón, Petronio obtiene nuevos triunfos sobre los demás cortesanos que con él se disputan el favor del César. La política es muy impredecible… La influencia de Tigelino ha decaído totalmente. Dentro de los palacios que en el mar azul reflejan sus fachadas, Nerón lleva una vida llena de fantasías helénicas.

Durante todo el día, el César y sus allegados declaman versos. Discurren acerca de su estructura y sus bellezas. Se recrean con sus giros elegantes. Conversan sobre música. Y alaban el genio griego que ha venido a embellecer la vida.

Y por todo esto Petronio,  de un refinamiento incomparable, superior  al de todos los demás cortesanos; elocuente, sutil, lleno de ingenio y buen gusto; hace que el César prefiera siempre su compañía…

Nerón comparte sus opiniones, le pide consejo sobre la composición poética y le manifiesta una amistad y un favoritismo muy marcado. Todo esto demuestra ante los demás cortesanos, que la influencia de Petronio ha alcanzado un triunfo supremo y que la amistad con el César, está más firme que nunca. Y hasta los que antaño mostraron su antipatía al exquisito epicúreo, empiezan ahora a agruparse a su alrededor y a competir por su favor.

Más de uno se alegró sinceramente de la preponderancia de Petronio, que es un hombre justo en sus juicios y recibe con escéptica sonrisa las adulaciones de sus enemigos de la víspera. Pero como no es vengativo y nunca ha empleado su poder en arruinar a los demás; pues aun cuando ha tenido la oportunidad de destruir al mismo Tigelino; solo se ha contentado con ridiculizarlo y hacer más patente su vulgaridad y su torpeza.

En Roma el Senado respira aliviado, pues ya hace tres meses que no se ha expedido ninguna sentencia de muerte. Y todos prefieren a un Nerón que busque el refinamiento en la elegancia y cultura de Petronio, un César extremadamente sibarita; a un tirano embrutecido por la crueldad e influenciado por Tigelino. Pues cuando se le presenta la ocasión de hacer a un lado a hombres a los que considera peligrosos por cualquier pretexto o simplemente le son antipáticos… Aprovecha la oportunidad para saquear propiedades, fallar juicios políticos, dar espectáculos sorprendentes por su pompa y mal gusto, que dan la ocasión de satisfacer los monstruosos caprichos del César.

Tigelino es un hábil maestro que está dispuesto a todo y es cuando se hace indispensable… Entre él y Haloto realizan las más crueles canalladas de la brutalidad de Nerón.

El mismo Tigelino se siente desconcertado y empieza a vacilar de si ya debiera darse por vencido, pues el César ha repetido en varias ocasiones que en toda Roma y entre todos sus cortesanos, solo hay dos espíritus capaces de comprenderse, porque son verdaderamente helénicos: él y Petronio.

La admirable habilidad del Árbitro se evidencia a cada paso y el César solo confía en él para sus juicios sobre su arte, que es lo único que le importa.

Y Petronio con su indiferencia habitual parece no dar importancia a su posición. Como de costumbre, se muestra indolente, escéptico y lleno de ingenio. Con frecuencia produce en quienes le rodean, la impresión de ser un hombre que se burla de sí mismo, de ellos, del César y del mundo entero. Hay momentos en que se atreve a criticar al mismo Nerón en su presencia, dejando a los demás pasmados; pensando que ha llegado demasiado lejos y está preparando su propia ruina.

Pero con su astucia insuperable, da un giro inesperado y magistral; transformando la crítica de tal forma, que redunda definitivamente en su provecho y se convierte en una alabanza. Por esto, Nerón lo estima cada día más.

En esos torneos de sutileza e ingenio, llena de admiración a los augustanos presentes y los deja convencidos de que no hay dificultad de la que él no sepa salir airoso y vencedor.

Una semana después de que Marco Aurelio regresara de Roma, el César leyó a su círculo de íntimos, algunos extractos de su canto al Incendio de Troya. Terminada la lectura y los ruidosos transportes de admiración de los oyentes.

Petronio, a quién el César interrogó con la mirada, respondió:

–           Malos versos. Buenos solos para el fuego.

Los presentes sintieron que el terror les paralizó el corazón. Jamás en toda su vida, había escuchado Nerón de ningún hombre, una sentencia semejante.

Séneca está expectante y asombrado.

El rostro de Tigelino irradia felicidad…

Pero Marco Aurelio palideció… Pensando que su tío, a quién jamás lo había visto ebrio, se había embriagado esta vez por completo o ha perdido la razón.

Nerón sin embargo, preguntó con voz melosa; en la cual temblaba una inflexión de vanidad más o menos hondamente herida:

–           ¿Qué defectos les encuentras?

Petronio dijo firme:

–          No les creas. – encarándose con él y señalando a los presentes- Esos nada comprenden. Me preguntas que defectos hay en tus versos. Si deseas escuchar la verdad, voy a decírtela. Tus versos serían dignos de Virgilio o de Ovidio. Del mismo Homero tal vez; más no dignos de ti. Pues tú eres más grande que ellos. El incendio que describes no arde lo suficiente. Tu fuego no quema lo bastante.

No escuches las lisonjas de Marcial. Si él hubiera escrito esos versos, yo le declararía un genio. Pero en tu caso es diferente. ¿Y sabes por qué? Porque tú puedes hacer cosas mejores. De una persona tan privilegiada por los dioses como tú, es justo esperar más. Ya no seas perezoso… Prefieres dormir después de la comida, en vez de trabajar. Tú eres capaz de producir una obra superior a cuantas haya conocido el Orbe entero hasta nuestros días. Y por esto te digo en tu presencia: ¡Escribe mejor!

Petronio dijo estas palabras con aire negligente y en el que a la vez se confunden la burla y el reproche…

Más por los ojos del césar pasó como una ligera niebla de alegría y satisfacción. Luego dijo:

–           Los dioses me han dotado de un poco de talento, pero me han concedido también algo más valioso: un amigo leal y un crítico justiciero. Único hombre capaz de decirme la verdad en mi presencia. – y extendiendo la gorda mano cubierta de vello rojizo hasta un candelabro que estaba cerca,  intentó quemar el pergamino.

Pero Petronio se apoderó de él antes de que la llama lo tocase y dijo:

–           ¡No, no! Aun así como están, pertenecen a la humanidad. Déjamelos.

Nerón contestó abrazándolo:

–          Permite entonces que te los mande en un cilindro. –Y agregó- Verdaderamente tienes razón. Mi incendio de Troya no arde bastante y mi fuego no quema lo suficiente. Les falta pasión. Pero ya estaba satisfecho con llegar a la altura de Homero. Siempre me he visto cohibido por una especie de timidez y una apreciación modesta de mis facultades. Pero tú me has abierto los ojos. ¿Y sabes por qué es cierto lo que afirmas? Cuando un escultor talla la estatua de un dios, busca siempre un modelo. Y yo nunca lo tuve. Jamás he visto el incendio de un pueblo y es por eso que a mi descripción le falta veracidad. 

–           Por lo cual te digo que solo un gran artista, es capaz de comprender esto.

Nerón se quedó reflexionando y después de un rato dijo:

–           Contéstame una pregunta Petronio. ¿Sientes tú el incendio de Troya?

–          ¡Qué si lo siento! No, a fe mía. ¡Por Zeus! Y te diré por qué razón. Troya no hubiese sido destruida, si Prometeo no hubiese dado el fuego a los hombres y si los griegos no hubieran hecho la guerra a Príamo. Y Esquilo no habría escrito su Prometeo, de no existir el fuego. Así como sin la Guerra de Troya, Homero no habría escrito la Ilíada. Creo pues preferible, la existencia de Prometeo y de la Ilíada a la conservación de una ciudad pequeña y despreciable, en la cual estaría hoy un magistrado que te estaría fastidiando con las quejas de su administración.

El César dijo:

–          Esto es lo que se llama hablar razonablemente. Por el arte y la poesía, no solo es lícito, sino es justo y necesario sacrificarlo todo. ¡Dichosos los Aqueos que suministraron a Homero, el tema substancial de la Ilíada! Y ¡Dichoso Príamo que pudo contemplar la destrucción de su pueblo natal! En cuanto a mí… jamás he visto una ciudad envuelta en llamas.

A estas palabras siguió un denso silencio…

Después de unos minutos, se escuchó la voz insinuante de Tigelino:

–          Si ya te lo he dicho César: ordena y pondré fuego a Anzio. O bien… Si no quieres la destrucción de estos palacios y casas de campo, puedo ordenar que incendien los bosques de Ostia o edificar para ti en los montes Albanos, una ciudad de madera a la cual tú mismo pondrás fuego. ¿Esto es lo que deseas?

Nerón contestó desdeñoso:

–           ¿He de ponerme a contemplar el incendio de unas cuantas barracas de madera? Estás perdiendo el criterio y la iniciativa Tigelino. Y veo además que no atribuyes gran valor a mi talento, ni al mérito de mi incendio de Troya, si juzgas que cualquier sacrificio, está a mayor altura que él.

Esta respuesta dejó a Tigelino confundido…

Pero Nerón, como si deseara cambiar de tema, dijo después de unos momentos:

–           Está terminando el verano. ¡Qué malos olores ha de haber ahorita en Roma! Y sin embargo es necesario que volvamos allá, para asistir a las fiestas estivales.

Tigelino conoce demasiado bien a Nerón, para no comprender la sugerencia…

Después de un lapso apropiado, Tigelino replicó:

–           ¡Oh, César! Cuando se hayan retirado los augustanos, permite que hable contigo un momento a solas…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

37.- EL CAPRICHO DE POPEA SABINA


Los augustanos abandonan el Palatino. Al caminar por la inmensa galería porticada, Petronio miró a Marco Aurelio y dijo:

–           Barba de Bronce renuncia a su viaje por el momento. Está irritado y aburrido. ¡Esta combinación es muy peligrosa! En la fiesta se entregará a un desenfreno absoluto, tratando de aliviar su frustración y su tedio. ¡Ojalá no tengamos sorpresas desagradables!

Marco Aurelio sonrió y contestó:

–           Afortunadamente yo tengo mejores cosas de qué ocuparme y a ti te dejo los cambios de humor del César.

Petronio se detiene y advierte:

–           Fuiste invitado y ni siquiera se te ocurra pensar que puedes evitar asistir.

El tribuno movió la cabeza y fastidiado replicó:

–           Lo que a mí me sorprende es que a ti no te haya dominado el aburrimiento de cuanto te rodea.

–           ¿Quién te ha dicho lo contrario? Desde hace mucho tiempo me domina. Pero yo no tengo tus años. Y tampoco tengo alternativa. Al emperador nadie le abandona sin consecuencias…

–           Lo sé. Y según parece, tampoco se pueden desairar sus invitaciones. Definitivamente no envidio tus privilegios.

–           Además, amo los libros, la poesía y me encantan las obras de arte. Me agrada mi hogar y la belleza de las obras maestras con que lo he adornado. Tengo todo lo más exquisito y perfecto. Sé que no he de encontrar ya nada superior a lo que actualmente poseo. Y no tengo ganas de desprenderme de nada de esto por ahora.  

–           Perder el favor imperial es una gran desgracia. Y un lujo que al parecer,  nadie se puede permitir voluntariamente sin perder también la vida…

–           He disfrutado lo mejor y la vida me deleita, mientras pueda darme el placer que necesito y pueda conservarla… porque no se sabe… –finaliza dando un profundo suspiro.

Marco Aurelio está tan contrariado, que mejor se queda callado.

Petronio lo observa desconcertado, pero tampoco le dice nada.

Después de un largo silencio, Petronio agrega.

–           ¿Sabes cuál es la última noticia? Tigelino, para las fiestas, ha preparado los lupanares con las mujeres más nobles de Roma. Habrá doncellas que hagan su presentación como ninfas.

¿Eso te parece apetecible? ¡Convertir a las jóvenes patricias en prostitutas! ¿Tan hastiados están que lo execrable ya no es vergonzoso?

Petronio mira sorprendido a su sobrino y finalmente explota:

–           ¡Éste es nuestro mundo neroniano en Roma! ¡Creo que has arruinado tu vida haciéndote cristiano! ¡Por Pólux que no te comprendo! Nuestras locuras tienen cierto juicio, pero tú… Desprecio a Enobarbo, porque es un bufón griego. ¡Si al menos fuese romano!  ¡Hufff!…

–           La barbarie es barbarie en cualquier lugar. Ya no hay valores, ni honor. No veo de qué te sorprendes. Y sobre este asunto podría enseñarte cosas grandiosas que he aprendido…

–           No empieces con tus cosas cristianas.  No quiero saber nada de eso…

–           Está bien. Tienes razón. Todavía no es el momento en que podrías comprenderlas… Tal vez algún día anheles también aprenderlas.

Petronio agrega sin hacerle caso:

–           No cabe duda de que vamos de mal en peor… Pero este es el mundo que me ha tocado vivir ¡Y hay que tomarlo como es! Prepárate para ir al Fiesta Flotante en la Piscina de Agripa. Y será mejor que nos dispongamos para disfrutarlo…

Al día siguiente…

El buen gusto y refinamiento de Petronio, le han ganado el título de ‘Arbiter Elegantiarum’. Y por esas mismas cualidades, su genial dirección es indispensable para el desarrollo del artista que palpita en el emperador. Comparándolo con el Prefecto de los Pretorianos, Petronio lo supera infinitamente en cultura, intelecto, conocimiento del Arte, refinamiento y buen juicio. Y en la conversación, su ingenio conoce la mejor manera de entretener al César.

Y lo que hasta ahora ha sido el mejor talento de Petronio para ser el consejero favorito del emperador, como un arma de doble filo se está volviendo contra él…Y él ni siquiera imagina porqué…

Tigelino posee bastante buen sentido, para conocer sus propias deficiencias. Y sabe que no puede competir con Petronio, Plinio, Séneca, Trhaseas u otros de los augustanos que se distinguen por su elegancia y su alcurnia, sus talentos o su ciencia. Y ha decidido eclipsarlos por medio de una flexibilidad inagotablemente previsora en sus servicios y sobre todo por una magnificencia, capaz de sorprender aún la exaltada imaginación de Nerón.

Porque  conoce bien a Nerón y sabe por dónde llegarle, ha cultivado secretamente las debilidades de su personalidad para prevenirle en contra de su peor enemigo. Esto ha logrado que la influencia de Tigelino aumente día con día. Y no es porque Nerón le quiera más que a los demás; sino porque el Prefecto de los Pretorianos ha encontrado la manera de hacerse cada vez más indispensable para el emperador.

Arbiter Elegantiarum, esto mortifica la vanidad de Nerón ¿Cómo es posible que alguien lleve delante de él, semejante calificativo? Y además, hay que agregar el  terrible complejo que siente entre su obesa y grotesca figura y la innegable belleza varonil de su asesor artístico. La indiscutible superioridad en todos los aspectos de la poderosa personalidad de Petronio, ahora constituye su desgracia, pues esto ha despertado la envidia de Nerón y siente agobio por cada uno de sus triunfos… En cambio con Tigelino, César se siente a sus anchas; pues comparte con él su misma crueldad, sus bajezas y su ruindad.

¿Quién prevalecerá? ¿El artista o el monstruo?… La guerra y la competencia están muy reñidas…

En un suceso sin precedentes en la ciudad, los pretorianos han rodeado las arboledas que están alrededor de un lago mediano y es conocido como la gran piscina de Agripa; para que nadie se acerque a molestar al César y a sus huéspedes, que constituyen cuanto hay en Roma de notable por su riqueza, hermosura y talento.

Tigelino quiere compensar al César la contrariedad sufrida, al diferir su viaje a Acaya y al mismo tiempo mostrarle a todos que no tiene rival para alegrarle la vida al emperador. Para este objeto mandó traer desde las más remotas regiones del imperio: fieras, pájaros exóticos, peces raros, plantas, flores, etc. Y todos los detalles más insólitos que puedan realzar el esplendor de la magnífica fiesta.

Los impuestos de provincias enteras se consumen en la realización de los más insensatos proyectos…  Más el poderoso favorito no siente la menor vacilación al efectuarlos, con tal de asombrar a Nerón y complacer hasta el más mínimo de sus caprichos. Esto es lo que hace que su influencia aumente día con día y Nerón lo considere casi indispensable…

Y por eso ha dispuesto dar la fiesta en gigantescas balsas, construidas con vigas doradas, cuyos bordes fueron decorados con magníficas conchas marinas. Adornó las orillas  de la piscina con palmeras, lotos y rosales. También instaló jardines flotantes y alrededor de la piscina, a intervalos regulares, fuentes con aguas perfumadas, altares con estatuas de dioses y quemadores de incienso. Hay muchas  jaulas de oro y plata, con aves exóticas y multicolores…

En el centro de la balsa principal; está el pabellón de una tienda teñido de púrpura fenicia, que es sostenido en columnas de plata. Debajo, las mesas están preparadas para recibir a los invitados con cristalería de Alejandría y vajillas de inestimable valor; botín recogido de Grecia, Asia Menor e Italia. La balsa está adornada con tantas plantas, que semeja una isla flotante. Y hay amarrados con cuerdas de púrpura y oro; botes con forma de cisnes, delfines, aves y peces que son bogados por jóvenes de ambos sexos; cuyas caras y cuerpos están desnudos, adornados con joyas y han sido elegidos por su gran hermosura.

Cuando Nerón llegó a la balsa seguido por Popea y los augustanos, se sentaron en los triclinios. Entonces los remos hendieron el agua y se pusieron en movimiento junto con los botes; describiendo círculos alrededor de la piscina. Le rodean las otras balsas de menor tamaño; en una de las cuales van los músicos tocando sus instrumentos, resonando cantos melodiosos que llenan el ambiente de alegría.

El César con Popea a un lado, está gratamente sorprendido. Especialmente al ver surgir entre los botes, hermosos jóvenes de ambos sexos, ataviados como sirenas y  tritones, con mallas glaucas que simulan escamas. Y ejecutan una hermosa danza acuática en honor de Poseidón. Verdaderamente emocionado, Nerón aplaudió y alabó al organizador de la fiesta.

Pero al mismo tiempo y por fuerza del hábito, dirigió la vista hacia Petronio, deseando conocer su opinión. Y se mostró más entusiasmado aún, al ver que el ‘Árbitro’ sonreía complacido, mostrando su aprobación con un gran aplauso carente de envidia. Pues  realmente el espectáculo es magnífico.

La Fiesta Flotante agradó mucho al César, por su novedad. Se sirvieron tan exquisitos manjares y vinos de tantas clases, que el más exigente sibarita no habría podido objetar nada. Luego las mujeres se sentaron en la mesa de los augustanos; entre los cuales Marco Aurelio sobresale por su gallardía y juventud.

Anteriormente tanto su cuerpo como su rostro, denotaban con demasiado relieve al soldado profesional. Pero ahora la enfermedad le ha adelgazado y se ve más alto y estilizado. Sus facciones se ven como cinceladas con una varonil hermosura perfecta. Su piel morena clara y sus enormes ojos castaños, mantienen una expresión soñadora. Su porte es distinguido: a la vez flexible y soberbiamente magnífico. Parece un dios griego tan bizarro y apuesto como Petronio. Éste había afirmado como hombre de experiencia, que las damas de la corte se rendirían a sus encantos. Y en efecto, todos le miran con admiración sin exceptuar a Popea, ni a Rubria; la virgen vestal a quién César ha llamado a la fiesta.

Los vinos empezaron a llevar calor a los corazones y a los cuerpos. Y la enorme balsa prosiguió su evolución, circulando lentamente con su carga de invitados que gradualmente se van entregando a una alegre y estrepitosa embriaguez. La fiesta no había llegado ni a la mitad de su curso, cuando Nerón se levantó y le ordenó a Marco Aurelio que le deje su lugar… Quiere estar al lado de Rubria, a la que desea con violenta pasión y le empezó a hablar al oído.

Fue de este modo que Marco Aurelio quedó junto a Popea, quién extendió el brazo hacia el joven oficial y le pidió que le asegurara el brazalete que se le había desprendido y que nadie notó que ella misma lo había soltado. Al hacerlo gentilmente Marco Aurelio, con su mano un tanto temblorosa, rozó la piel de seda de la emperatriz.

Popea le miró fingidamente pudorosa y con un destello de deseo…

La fiesta prosiguió. El sol comenzó a ocultarse. La mayor parte de los invitados ya están ebrios. La gran balsa hace círculos cada vez más amplios, hasta casi llegar a la orilla. Con la penumbra del anochecer, se encendieron millares de lámparas y nuevos grupos de mujeres formados por todas las invitadas de la fiesta, que se han despojado de sus ricas vestiduras y han quedado desnudas; con voces y ademanes seductores llaman a los hombres para que se reúnan con ellas.

Entonces la balsa se aproxima a la orilla. Todos, incluido el César quién atrae consigo a Rubria riendo y haciendo pícaros comentarios, desaparecen entre la arboleda. Se diseminaron entre el bosque y las grutas artificiales, además de los muchos lugares próximos a las fuentes y manantiales y que han sido especialmente dispuestos para este fin.

Y empezó la orgía…

La lujuria y la locura se apoderaron de todos. No se puede distinguir nada en medio de la oscuridad. Ni donde está el César, ni quién está con quién. Los sátiros y los faunos dan caza a las ninfas y apagan las lámparas que les estorban. Solo la luz de la luna llena, es mudo testigo del rumor de risas, gritos, suspiros y coloquios íntimos; además de los gemidos de placer.

Marco Aurelio no está ebrio, como el día de la fiesta en el Palatino, cuando estaba con Alexandra… Y sabe perfectamente lo que está pasando a su alrededor. Y decidió irse, pensando que a estas alturas, a nadie le importará un invitado menos. Por primera vez siente náuseas…

Y recordando a Alexandra, se dijo a sí mismo:

–           La amo y le juré fidelidad. Debo regresar a casa a preparar la boda, en lugar de permanecer en este bacanal.

Y dando media vuelta se precipitó a través del bosque.

Un grupo de doncellas ataviadas con sutiles velos y bellas flores, le interceptaron el paso y danzaron a su alrededor, incitándolo a correr tras ellas…  Después de provocarlo, huyeron pudorosas y coquetas. Pero él se quedó enclavado en aquel sitio pensando en su esposa.

Jamás la había visto más hermosa, más pura, ni más digna de adoración, que al ver aquel bosque convertido en un santuario de placer y a todas aquellas jovencitas lascivas y desnudas. Y el amor y el anhelo por Alexandra, invadieron todo su ser con un poder avasallador. Simultáneamente se sintió lleno de disgusto y de una repugnancia como nunca antes la experimentara. Descubrió que le asfixiaba aquel ambiente de infamia y deseando respirar aire puro, se apresuró a huir de allí.

Más apenas había dado un paso, cuando notó que una figura velada, se alzaba delante de él. Le puso las manos sobre los hombros y le dijo al oído:

–           ¡Te deseo! ¡Te amaré y te haré dichoso! ¡Ven! Nadie nos reconocerá. ¡Apresúrate!

Un gemido de deleite, un suspiro entrecortado y un beso desquiciante acarició el lóbulo de su oreja; mientras Marco Aurelio sentía en su rostro como una oleada de fuego, su aliento perfumado.

Ella prosiguió anhelante:

–           ¡Eres bello como Apolo! Y tan delicioso, ¡Oh! Si tan solo…

La voz susurrante fue como si lo despertara de un sueño. Entonces tomando dominio de sí, preguntó:

–           ¿Quién eres?

Ella se reclinó seductora en su pecho y siguió insistiendo:

–          Qué importancia tiene eso…  ¡Pronto! ¡Ya no perdamos más el tiempo! ¡Esta noche es perfecta! ¡Y yo quiero poseerte! ¡Ven! ¡Amémonos!

Marco Aurelio insistió:

–           ¿Quién eres?

–           ¡Adivina!

Y al decir esto tomó entre sus delicadas manos el rostro del joven patricio y a través del finísimo velo, lo besó ardorosamente hasta que le faltó el aliento…

Luego se apartó provocativa, diciendo:

–           ¡Noche de amor! ¡Noche de locura! –Aspirando el aire ansiosamente, agregó- ¡Hoy estamos aquí y somos libres! ¡Hoy puedes tenerme! ¡Hoy soy tuya! ¡Y yo quiero que seas mío!

Marco Aurelio la empujó suavemente hacia atrás y dijo:

–           Lamento no poder complacerte. Estoy enamorado de una mujer incomparable. Le pertenezco y ahora voy hacia ella.

–           Quítame el velo. –dijo ella inclinando hacia él la cabeza.

Y en ese preciso momento se oyó un leve roce entre las hojas de mirto…

Y ella se separó rápidamente y desapareció como si fuese una visión. Pero a la distancia se oyó su risa extraña, estridente, ominosa…

Petronio llegó junto a Marco Aurelio. Lo tomó del brazo y empujándolo, lo instó:

–           He oído y he visto. Alejémonos rápido de aquí.

Así lo hicieron.

Cuando llegaron hasta los cisios, Petronio le dijo:

–           Yo te acompañaré.

Y subieron los dos al carruaje de Marco Aurelio. Todo el camino, lo recorrieron en silencio. Hasta que se hallaron en el atrium de la casa del joven tribuno…

Petronio preguntó:

–           ¿Sabes quién era ella?

Marco Aurelio se sintió profundamente disgustado ante la idea de que Rubria fuese una vestal y tuviese ese comportamiento tan impúdico. Y sin disimular su desprecio contestó:

–          ¿Rubria…?

–           No.

–           ¿Entonces quién?

Petronio bajó la voz y dijo:

–          El fuego de Vesta ha sido profanado porque Rubria estuvo con el César. Pero la que se acercó a ti… -y aquí su voz bajó hasta hacerse casi imperceptible- Fue la divina Augusta.

Siguió un silencio tan denso que casi se podía tocar…

Luego Petronio continuó:

–          César no pudo ocultar a Popea, su inclinación hacia Rubria y tal vez por eso, ella quiso tomar venganza. Pero llegué yo a estorbarlo. Si tú la hubieras reconocido… al rehusar su solicitud, sería irremediable tu ruina. Habrías arrastrado en ella a Alexandra y también me habrías comprometido a mí.

Marco Aurelio comprendió la magnitud de la revelación y casi se ahogó por el asombro… El tiempo pareció detenerse… Mil ideas cruzaron por su mente como relámpagos y se reflejaron en su gran perturbación…

Luego explotó:

–           ¡Estoy harto de Roma! ¡Del César, de sus fiestas, de Tigelino, de la Augusta y de todos vosotros!… ¡Me estoy asfixiando! ¡Yo no puedo seguir viviendo así! ¡No puedo! ¡Oh Dios mío! ¡No lo soporto más! ¿Me entiendes?

Petronio lo mira desconcertado y exclama:

–           ¡Marco Aurelio! Estás perdiendo el sentido del juicio, la moderación. ¿Qué te pasa?

Marco Aurelio replicó colérico:

–          Lo único que quiero es a Alexandra. Vine a prepararlo todo para mi boda y no me interesa otro amor, ni deseo a ninguna otra mujer. No quiero vuestra vida y no me interesan sus fiestas. No soporto sus obscenidades y sus crímenes. ¡Soy cristiano! ¿Lo oyes? ¡Soy cristiano! ¡Y no sabes cuánto me alegro de serlo!

Petronio lo mira asombrado. Es evidente que entre él y Marco Aurelio ya no pueden entenderse y que sus almas se han separado por completo. Hubo un tiempo en que Petronio ejercía una gran influencia en el joven militar. Había sido para él un modelo en todo y con frecuencia unas cuantas palabras irónicas suyas, bastaban para frenarlo o para inducirlo a una resolución cualquiera.

Pero ahora ya no queda nada de aquello. Y tan trascendental es el cambio, que Petronio ni siquiera intentó poner en práctica sus antiguos métodos. Porque comprendió que su ironía y su ingenio, habrán de estrellarse contra el nuevo hombre en que se ha convertido el Marco Aurelio que está ante sus ojos y al que apenas si reconoce. Después de reflexionar un momento, se encogió de hombros y se fue para su casa muy disgustado.

El veterano escéptico al ver a Marco Aurelio entendió que es un hombre tan diferente, que ya ni siquiera comprende sus reacciones. Y este conocimiento lo llenó de contrariedad y hasta de un poco de temor. Éste último llegó a su colmo, al meditar en los acontecimientos de esa noche…

Y piensa:

–           Si de parte de Popea esto no fue sólo un fugaz devaneo, sino un deseo más duradero, van a suceder una de estas dos cosas: Marco Aurelio no se le resistirá y en este caso, le vendrá la ruina por algún ‘accidente’, lo que parece poco probable por su actual estado de ánimo. O se le resiste. Y entonces sí será segura su ruina y acaso también la mía… Precisamente porque soy su pariente y porque la Augusta terminará envolviendo en su odio a la familia entera y pondrá del lado de Tigelino todo el peso de su influencia. –moviendo la cabeza, concluye-

Petronio es un hombre valiente y no le teme a la muerte. Pero tampoco tiene el menor deseo de atraerla tan pronto. La Augusta ignora si ha sido reconocida por Marco Aurelio. Si ella piensa que no ha sido descubierta, su vanidad no sufrirá gran cosa.

Pero esta situación es muy precaria, podría modificarse en el futuro y es urgente neutralizar este gran peligro.

La cuestión es: ¿Cómo va a lograrlo?…  

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

26.- EL ENCANTO DE LA POESIA


Tito Petronio     a     Marco Aurelio Petronio:

Salve.

Eladio es de mi absoluta confianza envíame con él tu respuesta a esta carta. Cuando me vine para Anzio te dejé sobre una buena pista y lleno de esperanza. Espero que ya hayas calmado tu pasión en brazos de Alexandra. ¡Mi carísimo Marco Aurelio! Que la rubia Afrodita te guíe y que tú seas el spintria (Tiberio llamaba así a los maestros en la lujuria) de esa alba Alexandra que escapa del amor.

Recuerda que el mármol aún el más precioso, no es nada por sí mismo y no adquiere valor hasta que la mano del escultor lo transforma en una obra maestra. No basta amar. Es necesario saber amar y saber enseñar a amar. La plebe y los animales experimentan placer; pero el hombre verdadero se distingue por su aptitud, para hacer de ese placer un arte lleno de nobleza apreciándolo como un don divino. Y no solo experimentarlo, sino saber compartirlo. Así pues, sé tú el escultor de Alexandra y desea no solo su cuerpo, sino también su corazón. Y ámala.

Con frecuencia pienso en la vanidad,  la incertidumbre y el fastidio de nuestra vida. Y me pregunto si no has tomado tú la mejor parte y si la guerra y el amor no son las dos cosas por las cuales vale la pena haber nacido. En la guerra tú has sido afortunado y has sido un valiente guerrero. Y en el amor, conoces la dicha y la agonía…

Si sientes curiosidad por saber lo que ocurre en la corte de Nerón, te diré: aún lloramos a la pequeña Claudia Augusta. Cantamos himnos de nuestra composición y nuestro dolor aún no se calma. Y podemos exhibirlo en todas las actitudes que enseña la escultura. Todos los augustanos están aquí, incluyendo las quinientas burras de cuya leche se sirve Popea para sus baños.

¡Ay Querido! Nos estamos modernizando tanto en el teatro que ahora hacemos las cosas con el mayor realismo y Enobarbo se encarga de que las emociones sean siempre  más trepidantes en unos escenarios también cada vez más insólitos. Nos hemos salido del anfiteatro e ignoro que siga la próxima vez. Pienso que nosotros moriremos como bufones o comediantes; Nerón representó una comedia de Afranio el dramaturgo titulada “El Incendio” y entregó a los actores al pillaje de una casa que se incendió a propósito.

A Barba de Bronce esto le produjo un placer enajenante y creció su inspiración y su deleite por la actuación. Esto se tradujo en generosos regalos para todos nosotros, en nombramientos  para muchos otros y en que al verlo tan feliz, por fin puedo estar un poco más tranquilo respecto a seguir manteniendo nuestras cabezas en su lugar. Porque otros no han sido tan afortunados:

Salvidieno Orfito, el pobre ni siquiera sospecha que su muerte haya sido decretada ¿Y sabes por qué? ¡Porque alquiló a unos diputados tres habitaciones de su casa cerca del Foro! A Casio Longino, por haber conservado entre sus antiguos retratos de familia, el de Cayo Casio, uno de los asesinos de César ¡Y está ciego! Pero eso no le importa a Nerón, cuando tiene sed de destruir… ¡Sólo por eso no hay salvación para ellos! ¡Pero éste es nuestro mundo!

Vamos a tener una lidia de gladiadores. El actor Dato representó a Edipo y le pedí que me contestara como judío que es (su verdadero nombre es Nazario), si los cristianos y los judíos son una misma cosa. Me contestó que los judíos tienen una religión eterna, pero que los cristianos forman una nueva secta que se ha formado recientemente en Judea. Que en tiempos de Tiberio los sacerdotes de Jerusalén, crucificaron a cierto Hombre cuyos prosélitos aumentan diariamente y a quién los cristianos adoran como Dios. Parece que se niegan a reconocer a otros dioses y especialmente a los nuestros. No se me ocurre que daño les puede suceder si también los adoraran… en fin…

Tigelino me demuestra abiertamente su envidia y su odio… Y yo ni siquiera puedo considerarlo mi adversario. Solo me aventaja en dos cosas: tiene más apego que yo a la vida y al mismo tiempo es un canalla supremo. Y esto lo une más a Nerón.

Ellos acabarán por entenderse perfectamente, junto con Haloto que está lleno de violencia y es el hombre más cruel que el mundo haya conocido jamás. Este trío es el castigo de la humanidad. ¿Cuándo? No lo sé. En realidad poco importa la fecha, pero llegará.

 Mientras tanto yo me estoy divirtiendo como nunca. La vida sería muy aburrida si no fuera por nuestro Augusto Mono. Yo comparo la adquisición de sus favores a una carrera en el circo, con la cual la victoria solo halaga el amor propio. En este aspecto a veces creo que me parezco un poco a Prócoro Quironio. Cuando éste ya no te sirva, mándamelo. Le he tomado gusto a su conversación cínica y sugestiva. Presenta mis saludos a tu divina cristiana… y dime cómo te encuentras de salud. Háblame de tu amor. Dime cómo estás y cómo te sientes. Adiós.

Marco Aurelio estaba muy deprimido cuando recibió esta carta y la contestó inmediatamente.

Marco Aurelio Petronio     a     Tito Petronio:

Salve.

No se ha sabido nada de Alexandra. Si no fuese por la esperanza de encontrarla pronto, no recibirías esta carta. Quise comprobar que Prócoro no me engañaba. Me envolví en un capote militar y lo seguí a él y a Dionisio, el esclavo que mandé con él. Atestigüé la entrega y me regresé, porque sentí el impulso de ir hacia ellos y prometer recompensa a quién entregase a Alexandra. Pero tuve miedo de malograr el trabajo de Prócoro y contra mi voluntad mejor me retiré. Prócoro ha venido varias veces, pero dice que no ha podido encontrarla. Los cristianos se aman y se ayudan tanto, que va a tardar un poco dar con su paradero. Pero es mejor ir con paso seguro para no cometer errores. En cuanto suceda algo interesante te lo comunicaré. Adiós.

Marco Aurelio, además de sentirse herido en su orgullo; no logra comprender la oposición y la resistencia de Alejandra. Su misma fuga es un enigma que le tortura el cerebro y no encuentra respuesta. Sabe que Actea ha dicho la verdad y que ella no era indiferente a su amor. Es más, ella aseguró que lo amaba. Entonces ¿Por qué había huido?

Lo único que logra entender es que entre Alexandra y él hay un abismo que los separa y que tiene que ver, con el mundo romano que él conoce y el mundo cristiano en el que ella se desenvuelve. Pensar en esto lo llena de desaliento y lo único que le queda es renunciar a ella. Y esta idea lo desquicia, porque contra sí mismo y con inmenso dolor, ve que ya no puede vivir sin ella. Y pensar que era correspondido y que ella podía colmar sus más fervientes anhelos, hace que se apodere de él una angustia cruel. Y mientras su corazón desborda una inmensa ternura que lo envuelve como una poderosa ola y le hace exclamar en medio de las lágrimas:

–      ¿Dónde estás amada mía? ¿Por qué te fuiste y me abandonaste con tanta crueldad?…

Se siente verdaderamente enfermo y desgraciado. Anhela su amor tanto… Que hay instantes en que desearía matarla, para así acabar con su sufrimiento. Pero luego se dice a sí mismo, que si le dieran a elegir entre ser esclavo de Alexandra y no volver a verla jamás; preferiría ser su esclavo.

En estas alternativas de tortura, cavilación, incertidumbre y sufrimiento, está perdiendo la salud y su varonil hermosura…

Después de largas semanas de expectativa, un día llegó Prócoro y se presentó ante Marco Aurelio con el semblante muy contrariado. El joven tribuno se puso pálido y saltando de su asiento, preguntó:

–           ¿Qué pasó? ¿No está Alexandra entre los cristianos?

El griego contestó:

–          Sí está, señor. Pero también está Mauro y yo no me puedo acercar a donde está ella.

–           ¿De qué estás hablando y quién es Mauro?

Prócoro no supo cómo contestar y Marco Aurelio perdió la paciencia. Enojado, repitió la pregunta.

El griego contestó levantando su mano:

–           Según parece señor, has olvidado al hombre con el que viajé a Roma. Y en cuya defensa perdí estos dedos, mutilación por la que no puedo escribir. Los ladrones que le arrebataron a su mujer y a su hijo, le hirieron con un puñal. Yo le dejé agonizante en una fonda y le había llorado por muerto. Más ¡Ay! Ahora estoy convencido de que está vivo y en Roma pertenece a la comunidad cristiana.

Marco Aurelio no entiende nada. Lo único que le queda claro es que Mauro es el obstáculo que lo separa de Alexandra. Y por lo mismo, controlando su ira dijo:

–           Si todo sucedió como dices, él debiera estar agradecido y ayudarte ahora.

Prócoro respondió:

–          ¡Ah, noble tribuno! Ni los dioses suelen ser agradecidos. Pero por desgracia es un viejo senil y está confundido, porque según supe por sus correligionarios, me acusa de ser cómplice de los ladrones. Y me considera el causante de sus infortunios. ¡Así me paga la pérdida de mis dedos!

–           ¡Bribón! Estoy seguro de que las cosas pasaron como Mauro las refiere.

–          Entonces sabes más que él mismo, señor. Porque él solo tiene sospechas. Lo cual no le impide vengarse de mí cruelmente. Y ya lo hubiera hecho si conociera mi nombre. En el lugar donde nos encontramos no se fijó en mí. Pero yo lo reconocí de inmediato. Y ahora debo tener más cuidado con lo que hago. Cuando pregunté por él a conocidos suyos, me declararon que era el hombre que había sido traicionado por su compañero de viaje y por eso me enteré de semejante historia.

El tribuno contestó fastidiado:

–           ¿Y qué me importa a mí todo eso? Dime que noticias me tienes.

Prócoro replicó:

–          Cierto es señor, que a ti no te importa, pero a mí me va en ello la vida. Y en el deseo de que mi sabiduría sobreviva, prefiero renunciar a la recompensa que me has ofrecido, antes que exponerme por el simple lucro.

Entonces Marco Aurelio se le acercó y con mal reprimida cólera, le dijo:

–         ¿Quién te ha dicho a ti que la muerte te va a llegar por medio de Mauro, antes que por mis  propias manos? ¿Qué sabes tú perro, si dispongo de tu vida y se me antoja enterrarte en mi propio jardín?

Y Prócoro que es un cobarde, miró a Marco Aurelio y comprendió al instante que no es una broma. Una sola imprudencia más y estará perdido…  Y entonces exclamó:

–           ¡La buscaré, señor y la encontraré! ¡Te lo prometo!

Hubo un largo silencio.

Y cuando el griego comprendió que la cólera del patricio disminuía, dijo:

–           Un tiempo dudaste de la existencia de Félix y te convenciste de que te dije la verdad. Ahora tienes sospechas de que miento acerca de Mauro. ¡Ah! Si ésta fuese una mentira, yo podría mezclarme entre los cristianos sin peligro y si él me hubiese reconocido, no estaría yo hoy aquí. Y entonces ¿Quién te ayudaría a encontrar a la doncella?

            Marco Aurelio le ordenó que le dijera detalladamente todo lo que había hecho, en qué había empleado el tiempo y lo que había descubierto.

Pero Prócoro no tenía mucho que contar. Había montado vigilancia y no había rastros de Alexandra.

–           Hay un hombre. Un sacerdote al que ellos llaman Pontífice, que se llama Pedro y que fue discípulo directo de Cristo y ahora es su apóstol. Los cristianos le guardan una gran veneración. Van a tener una reunión muy importante y yo buscaré la forma de asistir y ver si puedo llevarte sin peligro. Es casi seguro que ella también asistirá y nosotros podremos verla. Los cristianos son personas pacíficas y ordenadas. ¡Y me sorprendí mucho, porque todas las acusaciones que les hacen son calumnias! Ellos no hacen nada de lo que la gente cree. No son licenciosos y todos son muy virtuosos. Su religión no incita al crimen y por el contrario, manda perdonar y amar a los enemigos.

Marco Aurelio recordó lo que Fabiola le había dicho en la casa de Actea. Y por lo general, le complacieron bastante los informes de Prócoro. Aun cuando los sentimientos que Alexandra le inspira son bastante tormentosos, sintió alivio al oír que la religión que ella profesa no es criminal, ni repulsiva.  Pero al mismo tiempo intuyó que es precisamente el amor reverencial a este Cristo desconocido y misterioso, el que ha levantado una muralla entre él y Alexandra. Y empezó a tener prevenciones contra esa nueva religión.

Pero a Prócoro lo que le interesa es huir de Mauro. De lo que narró a Marco Aurelio la verdad es que fue él, el que traicionó a Mauro. Le robó todo. Lo vendió a unos traficantes y le privó de su familia, vendiéndolos como esclavos. Apuñaló a Mauro y le dejó medio muerto en el campo, creyendo que no sobreviviría al asalto. Lo que nunca esperó fue que pudiera curarse de sus heridas y llegara hasta Roma. Ahora tiene miedo de encontrarlo de nuevo. Sin embargo más terror le infunde Marco Aurelio…  Y comprendió que la persecución y venganza de un poderoso patricio que tiene otro aliado más grande todavía: Petronio, no le deja ninguna alternativa. Todas estas consideraciones le impulsan a jurar:

–           Por Zeus te prometo, ¡Oh, señor! Que iré a averiguar más lo más pronto posible.

Más tarde…

Después que el griego se fue; llegó un correo con una carta de Petronio y Marco Aurelio se metió en la biblioteca a leerla.

Después de romper el sello, extendió la  vitela:

Tito Petronio               a          Marco Aurelio Petronio:

Salve.

Tu caso es muy malo, ‘carísimo’. Con bastante claridad veo que Eros ha perturbado tu cerebro y no piensas en otra cosa, más que en el amor. Por tu contestación a mi carta veo que sigues obsesionado con Alexandra. ¡Por Zeus! Encuéntrala pronto o perderás la razón. Y por favor ten presente esto: Bernabé, el esclavo de Alexandra es un hombre de una fuerza poco común y por lo mismo será mejor que te lleves a Atlante, cuando decidas rescatarla.   No esperes que los cristianos te la entreguen fácilmente. Atlante será un auxiliar muy útil para enfrentarte con Bernabé, cuando trate de defenderla. No te dejes saquear por Prócoro, pero tampoco economices tratándose de Atlante. De todos los consejos que mi cariño puede darte, éste es el mejor.

Aquí ya dejaron de decir que la Infanta pereció por causa de un maleficio. Desde que nos trasladamos a Nápoles, nos han atacado los remordimientos por los recuerdos de Agripina. Pero ¿Sabes hasta donde ha llegado Enobarbo? Pues a esto: Aún el asesinato de su madre se ha convertido tan solo en un tema para versos y un motivo para escenas trágico bufas. Antes tenía verdaderos remordimientos y le temía como el cobarde que es. Pero ahora se siente intocable.

Y como ningún dios se prepara  a tomar venganza, finge remordimientos para hacer escenas de teatro y ver cómo reaccionan los demás. También representó personajes de tragedia y exigió que las máscaras de los dioses, los héroes y las heroínas, se parecieran a él y a Agripina. Luego cantó: Panacea en el Parto; Orestes asesino de su madre; Edipo Ciego y Hércules Furioso. Estas son las novedades de nuestro regio histrión.

A veces me parece que de verdad odia a Roma. Busca los aplausos, la admiración y la aprobación de los griegos. Y a cada momento dice:

–      ¡Mira lo que son los griegos!

Y su proverbio favorito que repite siempre es: ‘La música no es nada, si se la mantiene oculta.’

En su greco manía, la plebe aullaba cada vez más y nuestro histrión estaba eufórico. Cierto es que los aullidos y los aplausos se traducen en distribuciones al pueblo de provisiones y regalos: pájaros exóticos por millares. Manjares, bonos pagaderos en trigo, trajes, oro, plata, piedras preciosas, perlas, cuadros, esclavos, fieras domesticadas, naves, islas, tierras, casa, banquetes, billetes de lotería y una nueva exhibición  del Bufón Imperial.

Y no deben extrañar los aplausos, pues semejante espectáculo, no habrá sido visto nunca antes. Para Nerón lo más importante es su canto y la acogida que le hace el público como artista. Cree que su voz es un don de los dioses y no pierde oportunidad para mostrarla. Sin  embargo tiene dudas de lo que dirá el pueblo romano a causa de su prolongada ausencia por la falta de los acostumbrados juegos y las distribuciones de cereales. Y aun así, vamos a Benevento a la chapucera exhibición que Haloto tiene preparada a nuestra llegada. Y de allí seguiremos hasta Grecia.

Por lo que a mí respecta, pienso que cuando un hombre se halla entre locos; loco se vuelve él también y encuentra cierto encanto en las extravagancias de los insanos. Grecia y el viaje de mil buques, es una especie de entrada triunfal de Baco, entre ninfas y bacantes. ¿Y creerás que yo que tengo buen sentido, me he dejado arrastrar por sus fantasías? Y lo hago porque al menos son grandiosas y exentas de vulgaridad.

Pero Barba de Bronce no logrará sus planes, porque en su fabuloso reino poético de oriental poderío, no ha dejado sitio para la traición, la vileza y la muerte. Y porque entre sus actitudes de poeta; se advierte al detestable cómico, al torpe auriga y al frívolo tirano.

Entretanto estamos matando a todo aquel que en una forma u otra nos causa desagrado. El pobre Salvidieno Orfito ya es solo una sombra. Se abrió las venas hace unos días. El viejo Trhaseas está sentenciado, porque tiene la osadía de ser honrado y tener cara de pedagogo. Tigelino todavía no alcanza la suficiente autoridad, para condenarme a mí. Me necesitan todavía para el éxito de la expedición a Acaya. Mientras llega para mí ese fatídico momento, he decidido que Nerón no tendrá mi vaso mirrino: ese que tú conoces y que tanto admiras. Si estás cerca de mí te lo daré, pero si estás lejos lo haré pedazos.

Cuídate y llévate a Atlante; de otra forma perderás otra vez a Alexandra. Cuando Prócoro Quironio ya no te sea útil, envíamelo. Cuando encuentres a tu amada, házmelo saber. Adiós.

Lo que Petronio no dijo a Marco Aurelio, fue que Eros también lo había herido profundamente y que al terminar de escribir la carta que el tribuno acaba de leer, compuso unos versos para Aurora en un poema que trató de ocultar, como lo haría un tímido adolescente.

Pero Aurora lo encontrará después, al limpiar la biblioteca y ordenar las cosas de la mesa del escritor, tareas que no permite que nadie más haga. Ella lo adora en silencio y admira su trabajo, atesorando todas y cada una de las palabras que él escribe. Y cuando lea el pequeño pedazo de pergamino, su corazón estallará llenándola de una alegría tan inmensa  que la hará llorar de felicidad…

El orgulloso augustano se niega a reconocer su amor por una esclava y trata de luchar contra su corazón. Está empleando todos los medios para mantener la distancia entre los dos, pero es una batalla que ya tiene perdida, porque finalmente se ha rendido al avasallador  sentimiento que lo invade, pues escribió:

Ofrenda a Aurora

En mi mente deifico la figura

De tu porte radiante de belleza

Porque tienes del alba la pureza

Y de flor en capullo la frescura.

Nunca pudo jamás con su hermosura

Competir a tus dones la realeza

De la grácil Helena que grandeza

Y atractivos aunaba en su estructura.

Yo te ofrezco de mi alma la ternura

La ilusión de mi ser, si lo prefieres.

Puedo darte también si acaso quieres

De mi vida la negra desventura.

En mi mente ha quedado bien grabada

La silueta de tu alma y compendiada

De tu faz la exquisita lozanía

Y contento he mirado virgen bella

Que refulges lo mismo que una estrella

En el cielo sutil del alma mía.

El caudal de mi amor será muy tuyo

Incluyendo con él, mi grande orgullo

Que jamás he querido quebrantar

Y anhelante le ofrezco a tu belleza

Todo el ser que me dio naturaleza

Porque quiero saber lo que es amar.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA