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194 PARÁBOLA DEL DIENTE DE LEÓN


194 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Una llanura martilleada por el sol, que encandece los cereales maduros y extrae de ellos un olor que ya recuerda al pan.

Huele a sol, a ropa lavada, a mieses en sazón… a verano.

Cuando viajamos con nuestro cuerpo espiritual, sus sentidos son infinitamente más sensibles que las limitaciones de nuestro cuerpo físico…

Sí, cada estación, se podría decir incluso cada mes y cada hora del día, tiene su olor característico.

Como también lo tiene cada lugar, para una  persona de sentidos bien afinados y agudo espíritu de observación.

E1 olor de un día invernal con viento cortante es muy  distinto del olor suave de un día neblinoso de invierno, o del olor que la nieve esparce.

Qué distinto de éstos es el olor de la primavera que llega, que anuncia su presencia antes de llegar, como un perfume que no es perfume, muy distinto del olor del invierno.

Una buena mañana nos levantamos y… el aire tiene un olor distinto:

Es el primer suspiro de la primavera.

Y así se va adelante: olores de los huertos en flor, luego olores de los jardines, de las mieses;

hasta llegar a ese olor caliente de la vendimia. 

Pasando como un intermedio, por el olor de la tierra después de una tormenta…

¿Y las horas?

Sería necedad decir que el olor de la aurora es como el del mediodía.

Y éste como el de la tarde o el de la noche.

El primero, fresco y virginal.

El segundo, riente y lleno de vitalidad.

El otro, cansado y saturado de todo lo que exhaló durante el día: sus olores.

E1 último el nocturno es moderado; recogido como si la tierra fuera una enorme cuna abierta para recibir el sueño de sus pequeñuelos.

¿Y los lugares?

¡Oh, el olor del litoral, tan distinto desde el alba a la tarde, del mediodía a la noche;

de la tempestad a la calma, de las zonas de arrecife a las de playa baja!

¿Y el olor de las algas cuando quedan al aire después de las mareas?

¡Y parece como si el mar hubiera abierto sus entrañas para hacernos aspirar el olor acre de su fondo?:

¡Qué distinto del de las llanuras de tierra adentro!

Como éste lo es del de los lugares de colinas y éste último del olor de los altos montes.

Grande es la infinitud del Creador, que ha imprimido una señal de luz, color, perfume, sonido, forma o altura; 

en cada una de las infinitas cosas que ha creado.

¡Oh, belleza infinita del Universo!

¡Cuán grande eres, potente, inagotable, exenta de monotonía!

Así, siguiendo a Jesús, que va con sus apóstoles por esta llanura llena de mieses,

¡Qué delicioso es dejarse apresar por la alegría de hablar de Dios en sus espléndidas obras!

Pues también es amor porque el hombre alaba en las criaturas aquello que en ellas ama.

Lo mismo se da de la criatura al Creador: quien lo ama. 

¡Y así brota la alabanza!

El amor ardiente es incontenible en su gozo inefable…

¡Y nos inflama como un volcán! 

Señor, enciende mi corazón en el FUEGO de tu AMOR ARDIENTE y ayúdame a AMAR como Tú Quieres que lo haga…

Porque cuanto más se le ama más se lo alaba, por Él y por sus obras.

¡Oh, deseo de mirarte continuamente y de olvidar lo bajo de los hombres!

¡Y amarlos en su alma y por su alma, para llevarlos a Dios!…

¡Y esta es la energía que nos hace levantarnos de las caídas que nos proporciona Satanás;

cuando nos vapulea y nos derriba para impedir el cumplimiento de nuestra misión…! 

Y eso precisamente es lo que impulsa a Jesús,en esta travesía que ha emprendido con sus Doce apóstoles…

Es una llanura sobre la que el sol cae y caldea el trigo maduro.

Se aspira el olor de las mieses.

El olor del verano.  

Jesús avanza por los campos de cereales en sazón.

El día está caluroso; el paraje, desierto.

No se ve un solo hombre por los campos; sólo espigas maduras y árboles diseminados acá o allá.

Sol, mieses, pájaros, lagartijas, matas verdes y quietas en el aire tranquilo:

Esto es lo que hay en torno a Jesús, que va por un camino de primer orden…

Una cinta polvorienta y cegadora entre el cimbreo de las espigas;

a cuyos lados hay respectivamente, un pequeño pobñado y una hacienda; nada más.

Todos caminan en silencio, acalorados y sudorosos.

Se han despojado de sus mantos; pero sufren igualmente bajo sus vestidos, que son de lana ligera.   

Solamente Jesús con sus dos primos y Judas de Keriot, llevan ropajes de lino o de cáñamo.

Los de Jesús son de lino blanco.

Los de los hijos de Alfeo por su densidad, parecen demasiado pesados para ser lino, son de color marfil intenso, justo como el del cáñamo sin blanquear.

Los otros apóstoles llevan los atavíos habituales y van secándose el sudor con el lienzo que les sirve de velo.

Llegan a un grupo de árboles que hay en un cruce de caminos.

Bajo su saludable sombra se detienen y ávidamente, beben de sus botijas.   odres

Judas está sediento, acalorado, cansado y hambriento…

Pero esta vez no se ha quejado… 

Muy pensativo, bebe su agua tibia…

Pedro refunfuña:

–    Está caliente como si la hubiera quitado del fuego.

Bartolomé suspira:

–     Si hubiera por lo menos un arroyo.

¡Pero nada! ¡No hay nada!  

Dentro de poco me quedaré sin agua.

Santiago de Zebedeo, congestionado por el calor.

se queja:

–    Creo que sería mejor la montaña.

El corazón de Pedro se va a su lago y su barca…

Y suspira:

–    ¡Ah! Mejor es la barca.

Fresca, tranquila y limpia.

Jesús trata de darles ánimo,

y dice: 

–     Tenéis razón todos.

Pero los pecadores están tanto en la montaña como en la llanura.

Si no nos hubieran arrojado de Agua Especiosa y perseguido pisándonos los talones, habría venido aquí entre Tébet y Scebat. (invierno)

De todas formas, pronto estaremos en el litoral, donde la brisa del mar abierto refresca el aire.   

Pedro cuestiona: 

–     ¡Sí, claro!

¡Eh! Que si hace falta…

Aquí parecemos pescados agonizantes.

Pero… ¿Cómo logran estar tan hermosas las espigas de trigo, sin agua?

Jesús explica: 

–     Hay agua subterránea…

Que mantiene húmedo el terreno.

Con su humor impetuoso,

Pedro responde:

–     Mejor hubiera sido que estuviese en la superficie. 

¿De qué me sirve si está bajo tierra?

¡Yo no soy raíz! 

Todos sueltan la carcajada.

Y cuando cesan las risas…

Un momento después, Tadeo se pone serio,

y dice:

–     El suelo es egoísta.

Como los corazones y como ellos, es árido.

Si nos hubieran dejado estar en el pueblo anterior y pasar el sábado allí;

habríamos tenido sombra, agua, posibilidad de descanso.

Pero nos arrojaron…  

Tomás señala el pueblo a sus espaldas, en el oriente, 

y dice: 

– También habríamos tenido comida…

Pero ni siquiera eso. Yo tengo hambre.

¡Si tan sólo hubiese fruta!

Éstas, si las hay; porque los árboles frutales están cerca de las casas.

Judas replica: 

–     Y ¿Quién va?

¿Quién se atreve a acercarse?

Si todos tienen el humor de aquellos..  

Y éstos piensan igual que los de allá.

¿Cómo crees que nos recibirán?

Simón Zelote dice:

–    Toma mi comida.

Yo no tengo mucha hambre.

Jesús apoya:

–    Toma también la mía.

Y agrega: 

–    Quién sienta tener más hambre que coma…

Juntan las provisiones de Jesús, Zelote y Nathanael.

¡Son tan poquitas.…!

Lo dicen los ojos espantados de Tomás y de los jóvenes…

Pero se callan, mordisqueando las microscópicas partes.

El Zelote paciente, va hacia un punto en que una verde hilera sobre la tierra quemada, advierte la existencia de humedad.

Y efectivamente, encuentra un hilo de agua que en el fondo del arenal;

lo guía hasta un pequeño arroyuelo que discurre por el terreno guijarroso…

Simón da un grito a los compañeros, que han quedado ya lejos, para que vengan a gozar de este alivio.

Todos van corriendo, por la sombra discontinua de una hilera de árboles que sigue la ribera del arroyuelo semiseco.  

Llenan los odres que ya estaban vacíos y los apoyan en el agua, en donde se proyecta sombra;

para tenerlos más frescos.

Una vez allí, pueden refrescarse los pies polvorientos, lavarse la cara sudorosa.

Se sientan al pie de un árbol y con el cansancio que tienen, se quedan dormidos.

Jesús los mira con amor y compasión… 

Jesús los mira con amor y compasión.

Mueve la cabeza…

Zelote, que había ido a beber agua otra vez, lo descubre…

Y le pregunta:

–     ¿Qué te pasa, Maestro?

Jesús se levanta, le pone un brazo sobre la espalda y lo lleva a un árbol que está más lejos.

Le dice:

–    ¿Qué tengo?

Me aflijo por vuestro cansancio.

Si no supiese lo que estoy haciendo de vosotros…

No me permitiría jamás, causaros tantas molestias.

Simón objeta:

–     ¿Molestias?

No, Maestro. ¡Es nuestra alegría!

Todo desaparece al venir contigo.

Todos somos felices, créelo.

Ninguno se lamenta, ni…

–     Calla, Simón.

Lo humano da gritos, aún en los buenos…

Y humanamente hablando no os equivocáis al gritar.

Os he arrancado de vuestras casas, familias e intereses.

Y vinisteis pensando que significaría otra cosa el seguirMe.

De todas formas, un día este grito vuestro de ahora, este grito íntimo, se aplacará…  

Entonces comprenderéis la belleza de haber caminado entre neblinas, fango, barro, polvo, canículas… 

O con un calor asfixiante…

Perseguidos, sedientos, cansados, hambrientos.

Detras el Maestro perseguido, odiado, calumniado… y…

Y otras cosas.  

Todavía falta más… 

Y entonces entenderéis que fue una cosa hermosa, haber venido entre neblinas y fango; 

entre polvo y canículas;

perseguidos, sedientos, cansados, hambrientos;

detrás del Maestro perseguido, odiado, calumniado… y más.

Todavía falta más.

Entonces todo os parecerá hermoso, porque vuestro pensamiento será diferente.

Y todo lo veréis bajo otra luz.

Y me bendeciréis por haberos conducido por mis caminos tan difíciles…

–     Estás triste, Maestro.

El mundo justifica tu tristeza, pero no nosotros.

Todos estamos contentos…

–   ¿Todos?

¿Estás seguro?….

    ¿Piensas Tú de otra forma?

–    Sí, Simón.

De otra forma.

Tú estás siempre contento.

Tú has comprendido; muchos otros, no.

¿Ves a esos que están durmiendo?

¿Puedes imaginar, cuántos pensamientos envuelven aún el sueño?…

¿Y todos los que están entre los discípulos?

¿Crees que serán felices hasta que todo se cumpla?

Mira, juguemos a esto que ciertamente tú hiciste cuando eras pequeño..

Jesús toma un diente de león que se yergue entre las piedras…

Y que ha alcanzado ya la plena maduración.

Se lo lleva delicadamente a la altura de la boca, sopla y…

Se disgrega en muy pequeños vilanos que se esparcen por el aire, vagando con su borlita mantenida derecha por el minúsculo tallito.  

Jesús continúa: 

¿Ves? Mira…

¿Cuántos han caído en mis rodillas, cual si estuvieran enamorados de Mí?

Cuéntalos…

Son veintitrés.

Eran, por lo menos, el triple.

¿Y los otros?

Mira. Unos siguen vagando por el aire.

Otros como por demasiado peso, han caído ya al suelo.

Algunos orgullosos, suben vanagloriándose de su penacho de plata.

Otros caen en ese barrillo que hemos formado con nuestros odres.

Sólo… Mira, mira… incluso de los veintitrés que tenía en mis rodillas siete se han ido.

Ha sido suficiente el vuelo de ese abejorro para que se marcharan…

¿Temían algo?: quizás el aguijón.

¡Los ha seducido algo?:

Quizás los hermosos colores negros y amarillos.

O el aspecto gallardo… O las alas irisadas…

Se han ido… tras una belleza falaz…

Simón, así sucederá con mis discípulos…

Se disgregarán detrás de una vana hermosura mentirosa porque así serán…

Algunos por inquietud, otros por inconstancia, quién por torpeza, quién por orgullo…

Unos por nerviosismo, otros por inconstancia, por estar demasiado cargados;

Alguien por ligereza, por apetito de fango, uno más por miedo…

Otros por demasiada simplicidad, otros por pereza…

Por orgullo, por ligereza, por amor al fango, por miedo o ingenuidad…

Pero se irán.

¿Tú crees que a todos los que ahora me dicen: “Voy contigo” los veré a mi lado cuando llegue la hora decisiva de mi misión?

Los vilanos de ese diente de león que creó mi Padre eran más de setenta…

Ahora, en mis rodillas, hay sólo siete…

Pues otros se han ido también, por este movimiento del aire que ha hecho decir “sí” a los tallitos más ligeros.

Así sucederá.

Y pienso en las luchas que soatendréis por manteneros fieles a Mí…

Ven, Simón.

Vamos a ver aquellas libélulas, que hacen sus danzas sobre el agua.

A no ser que quieras descansar.

–   No, Maestro.

Tus palabras me han llenado de tristeza.

Espero que no te abandone el leproso curado, el perseguido al que Tú rehabilitaste; el hombre solitario a quien has dado compañía;

el nostálgico de afecto al que has abierto el Cielo para que encontrase amor y el mundo para que lo diera…

Maestro… ¿Qué piensas de Judas?

El año pasado lloraste conmigo por él.

Luego… no sé…

Maestro, deja esas dos libélulas, mírame a mí, escúchame.

Esto que te voy a decir no se lo diría a ningún otro, ni a los compañeros ni a ningún amigo;

pero a Tí sí:

No logro amar a Judas; lo confieso.

Es él quien rechaza mi deseo de amarlo.

No quiero decir que me trate con desprecio, no;

es más, hasta incluso se muestra muy cortés con el viejo Zelote, al que intuye más experto que los demás en el conocimiento de los hombres.

Es su modo de actuar.

¿Te parece sincero?

Dímelo.

Jesús guarda silencio durante unos momentos…

Pareciera estar como fascinado con dos libélulas,

que posadas sobre la superficie del agua del pequeño estanque,

Con sus élitros irisados dibujan un pequeño arco iris; 

un especioso arco iris que sirve para atraer a un mosquito curioso…

Que acaba devorado por uno de los voraces insectos.

El cual a su vez cae en vuelo, víctima de un sapo que estaba agazapado…

Y que se la come junto con el mosquito que había cazado.

Jesús se mueve, se pone de pie…

Pues casi se había echado para observar estos pequeños dramas de la naturaleza,…

Y dice:

–     Así es:

La libélula tiene fuertes mandíbulas para nutrirse de hierbas.

Y alas fuertes para derribar a los mosquitos.

La rana, garganta ancha para tragarse a las libélulas.

Cada uno tiene lo suyo y lo suyo usa.

Vamos Simón.

Los otros ya despertaron.

–    No me has respondido, Señor.

¿No quieres hacerlo?

Jesús exclama: 

–    ¡Te he dado la respuesta!

Viejo sapiente mío.

Medita y darás con ella.

Zelote suspira…

Y Jesús, remontando el lecho guijarroso, va donde los discípulos, que se están despertando y ya lo buscan.

Y los dos vuelven a subir por el arenal, a reunirse con los demás.

163 EL RICO EPULÓN


163 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

En un viñedo que señala los límites de las posesiones de Yocana y cerca de un  pozo que siempre tiene agua…

Jesús tiene todo preparado para esperar a los campesinos de Doras.  

Y rodeado de los campesinos de Yocana escucha a Isaías,

cuando dice:

–     ¿Ves? Yocana se peleó con Doras por esto.

Yocana decía: ‘Es culpa de tu padre si todo esto es una ruina.

Si no lo quería adorar, por lo menos debió haberlo temido… 

Y no debió provocarlo.’

Y Doras hijo aullaba de impotencia.

Parecía un demonio.

Y le contestó:

‘Tú has salvado tus tierras por este foso. Los animalejos no lo han pasado.’

Y Yocana le contestó:

‘Y entonces, ¿Porqué sobre ti tanta desolación, cuando antes tus campos eran los más bellos del Esdrelón? 

¡Es el castigo de Dios!

Créemelo. Habéis sobrepasado la medida.

¿Esta agua? Siempre ha estado y no es la que me ha salvado. 

La plaga no ha pasado los límites de mi propiedad.

Y Doras gritaba:

‘¡Esto prueba que Jesús es un demonio!’

Y Yocana le contestó contundente: 

¡No! ¡Es un justo!

Y así continuaron mientras tuvieron aliento.

Después Yocana, con grandes gastos, trajo el agua del río…  

Y mandó excavar un gran número de canales entre los límites, para regar.

Mandó hacer pozos más profundos y a nosotros nos dijo lo que te dijimos ayer…

En el fondo, él está feliz con lo que ha sucedido.

Tenía mucha envidia de Doras.

Ahora espera comprar todo; porque Doras acabará por venderlo en unos cuantos céntimos.

Jesús escucha todas estas confidencias. 

El sábado por la mañana…

El grupo apostólico llega hasta los límites de las dos propiedades.

Los siguen los campesinos de Yocana: mujeres, hombres y niños.

Los hombres llevan dos ánforas llenas de vino…

Luego llegan los campesinos de Doras y se postran ante Él.

Jesús les dice:

–    La paz sea con vosotros, amigos.

Venid. Hoy la sinagoga es aquí. Y Yo soy vuestro sinagogo.

Pero primero quiero ser vuestro Padre de familia. Sentaos alrededor para que os de algo de comer. Hoy tenéis al Esposo y celebremos las Nupcias.

Jesús quita la tapadera de un canasto y saca panes que da a los estupefactos campesinos de Doras.

Quesos, verduras cocidas y un cordero asado que reparte entre esos pobres.

Luego les da vino en una copa grande.  

Los pobres campesinos están sorprendidos:

–    Pero, ¿Por qué?

¿Y ellos?

Preguntan los de Doras, señalando a los de Yocana.

Jesús les contesta:

–    Ya tuvieron lo suyo.  

–    ¡Cuánto gasto!

¿Cómo lo has hecho?  

Jesús contesta sonriente:

–     En Israel todavía hay buenas personas.

–    Pero hoy es sábado…

–      Dad gracias a esta persona.

Jesús señala al hombre de Endor.

Y agrega:

–    Él fue quien dio el corderito.

Lo demás fue fácil obtenerlo.

Todos devoran la comida desconocida para ellos.

Hay entre ellos un viejo que tiene a su lado a un niño.

Come y llora.  

Jesús le pregunta:

–    ¿Por qué lloras, padre?…

–     Porque eres muy Bueno.

Juan de Endor, con su voz gutural,

añade:

–    Es verdad…

Y hace llorar. Pero su llanto no tiene amargura.

El anciano dice:

–     No la tiene.

Es verdad y quisiera pedirte una cosa…

Jesús pregunta:

–    ¿Qué deseas, padre?  

–    ¿Ves este niño?…

Es mi nieto. Me ha quedado él, después del desprendimiento de tierras que hubo este invierno.

Doras ni siquiera sabe que ha venido, porque lo tengo en el bosque viviendo como si fuera un animal salvaje y no lo veo sino los sábados.

Si lo descubre, lo arrojará o lo pone a trabajar…

Y entonces este tierno niño, sangre de mi sangre, estará en peores condiciones que un animal de tiro.

Para la Pascua pienso mandarlo a Jerusalén con Miqueas, pues le llega el momento de hacerse hijo de la Ley…

¡Es el hijo de mi hija!…

–     ¿Me lo confiarías a Mí?…

No llores. Tengo muchos amigos honrados, santos y sin hijos; lo educarán santamente en mi camino…

–     Señor, ¡Desde que he tenido noticia de Tí, lo he deseado!

Al santo Jonás le rogaba – a él, que sabe lo que significa ser de este amo…

Que salvase a mi nieto de una vida y una muerte así…

Jesús pregunta:

–      Muchacho, ¿Quieres venir conmigo?

–      Sí, Señor mío.

Y no te causaré molestias.

–    No se hable más. 

Pedro jala a Jesús de una manga:

–     Pero, ¿A quién se lo vas a dar?

¿También éste a Lázaro?…

–     No, Simón.

¡Hay tantos sin hijos!…

En la cara de Pedro se dibuja el anhelo…

–    También yo…

–    Simón, ya te lo dije…

Tú debes ser padre de todos los hijos que te daré en herencia.

Pero no debes estar encadenado a ningún hijo tuyo. No te entristezcas…

El pobre Pedro hace un esfuerzo muy notorio, por adherirse a la Voluntad de Jesús.

Y dice:

–      Está bien, Señor.

Que sea como Tú quieres.

Y es un héroe al aceptar la Voluntad de Jesús.

–      Será el hijo de mi naciente Iglesia.

¿Te parece bien? De todos y de nadie. 

Nos seguirá y andará con nosotros, cuando lo permitan las distancias.

¿Cómo te llamas muchacho? Ven aquí.

El niño responde con aplomo.

–    Yabé de Juan.

Y soy de Judá.

El anciano confirma:

–   Así es.

Nosotros somos judíos. Yo trabajaba en tierras de Doras en Judea. Y mi hija se casó con uno de éstas regiones.

Trabajaba en los bosques cercanos a Arimatea. Y en este invierno con la inundación, hubo un deslizamiento de tierra …

–     He visto la desgracia…

–     El muchacho se salvó porque esa noche estaba en la casa de un pariente lejano.

–     El niño invocará al Señor.

El Señor lo bendecirá y dilatará sus fronteras. La mano del Señor está sobre su mano, no pesará ya el mal sobre él.

El Señor se lo concederá para consuelo tuyo padre y de los espíritus de los muertos.

Y también  para fortalecimiento de este huérfano.

Y ahora que hemos satisfecho la necesidad del cuerpo y del alma, con un acto de amor por este niño.

Escuchad esta parábola.

Jesús abraza contra Sí al niño y empieza a hablar: 

Había un hombre muy rico.

Sus atavíos eran muy lujosos. Vestido de púrpura y de lino cendalí, se pavoneaba en las plazas y en su propia casa.

Era reverenciado como el más poderoso del lugar por los habitantes de la ciudad y por los amigos, que secundaban su soberbia para sacar provecho.

Las salas de su casa estaban todos los días abiertas para celebrar espléndidos banquetes, con una multitud de invitados – todos ricos y por tanto, no necesitados – que adulaban al rico Epulón.  

Sus banquetes eran célebres por la abundancia de manjares y de vinos selectos.

En la misma ciudad había un mendigo, un hombre llamado Lázaro.

Era un pobre mendigo, verdadero indigente; tan mísero era éste cuán rico era el otro.

Pero bajo la costra de la miseria humana del mendigo Lázaro, se ocultaba un tesoro aún mayor que su propia miseria y que la riqueza de Epulón.

Tal tesoro era la auténtica santidad de Lázaro: no había transgredido nunca la Ley, ni siquiera impulsado por la necesidad.

Pero sobre todo, había cumplido el Precepto del amor a Dios y al prójimo.

Como hacen siempre los pobres, se acercaba a las puertas de los ricos para pedir limosna y no morir de hambre.

Al declinar la tarde, todos los días iba a la puerta de Epulón, esperando recibir al menos las migajas de los pomposos banquetes que en esas riquísimas salas se celebraban.

Se sentaba en el suelo en la calle, junto a la puerta.

Y paciente, esperaba.

Pero si Epulón se daba cuenta de que estaba ahí, mandaba que lo arrojasen,

porque ese cuerpo cubierto de llagas, desnutrido, andrajoso, era un espectáculo demasiado triste para sus invitados.  

Eso decía Epulón.

En realidad era porque la vista de esa miseria y esa bondad, le significaba un continuo reproche.

Más compasivos que él eran sus perros – que estaban bien alimentados y lucían valiosos collares -,pues se acercaban al pobre Lázaro y le lamían las llagas.

Gimoteando de alegría por sus caricias y hasta incluso le llevaban las sobras de las ricas mesas.  

Así Lázaro superaba la desnutrición por mérito de los animales.

Porque si hubiera sido por Epulón habría muerto,

pues el hombre no le permitía siquiera entrar en las salas después del banquete para recoger las migajas que hubieran caído de las mesas.

Un día Lázaro murió.

Ninguno en esa tierra se dio cuenta, nadie lo lloró.

Es más, Epulón se puso muy contento porque a partir de ese día dejó de ver a esa miseria, que él llamaba “oprobio”, al lado de su puerta.

Pero en el Cielo sí lo advirtieron los ángeles y en sus últimos estertores, en su casucha fría y desposeída de todo…

Estaban presentes las cohortes celestes, las cuales rutilantes recogieron el alma de Lázaro y la llevaron entre cantos de aleluya al seno de Abraham.

Pasado un tiempo, murió Epulón. ¡Oh, qué funerales tan fastuosos!

Toda la gente de la ciudad, que había estado al corriente de su agonía y que ahora se apiñaba en la plaza donde estaba la casa,

para ser notados como amigos del grande, por curiosidad o por interés hacia los herederos, se unió al duelo.

El vocerío subió hasta el cielo y con el vocerío las falsas alabanzas al “grande”, al “benefactor”, al “justo” que había muerto.

¿Podrá acaso palabra humana alguna cambiar el juicio de Dios?

¿Podrá apología humana alguna borrar lo que está escrito en el libro de la Vida?

No, no puede. Lo juzgado juzgado está, lo escrito escrito está.

A pesar de los solemnes funerales, el espíritu de Epulón fue sepultado en el Infierno.

Entonces en esa horrenda cárcel, bebiendo y comiendo fuego y tinieblas,

hallando odio y torturas en todos los lugares y en todos los instantes de esa eternidad…

Elevó la mirada al Limbo de los justos, a ese Limbo que había visto en una exhalación, en un átomo de minuto.

Y cuya inefable belleza recordaba cual tormento, entre atroces tormentos.

Vio arriba a Abraham lejano, pero fúlgido, gozoso…

Y en su seno, también fúlgido y feliz a Lázaro, a ese pobre Lázaro en otro tiempo despreciado, repelente, mísero…

¿Y ahora?… ¡Ah!, ahora, hermoso con la luz de Dios y con su propia santidad.

Rico en amor de Dios, admirado, no ya por los hombres sino por los ángeles de Dios.

Epulón gritó llorando:

“¡Padre Abraham, ten piedad de mí! ¡Manda a Lázaro, puesto que no puedo esperar que vengas tú, manda a Lázaro

para que moje la punta de un dedo en el agua y la ponga en mi lengua, para refrescarla; porque sufro atrozmente por esta llama que me penetra continuamente y me quema!”.

Abraham respondió:

“Acuérdate hijo, de que tuviste en la tierra todos los bienes y Lázaro todos los males. 

 Y supo hacer del mal un bien,

Mientras que tú sólo supiste hacer el mal con tus bienes.

Por tanto, es justo que ahora él, aquí sea consolado y que tú sufras.

Pero es que además no es posible lo que pides.

Los santos están diseminados sobre la faz de la tierra para beneficio de los hombres… 

Pero cuando a pesar de la extrema cercanía de éstos, el hombre sigue siendo lo que es – en tu caso, un demonio – inútil es recurrir después a los santos.

Ahora estamos separados.

Las hierbas en el campo están mezcladas, más una vez cortadas, serán separadas las malas de las buenas.

Lo mismo sucede con vosotros y nosotros: estuvimos juntos en la tierra y contra el amor.

Nos arrojasteis de vuestra presencia, nos atormentasteis de todos los modos posibles, nos relegasteis al olvido.   

Pues bien, ahora estamos divididos y entre vosotros y nosotros se abre un abismo tal, que los que quisieran pasar de aquí a vosotros no podrían,

ni tampoco vosotros, que estáis allí, podéis salvar este abismo tremendo para venir a nosotros”.

Epulón, llorando con más fuerza, gritó: “¡Ál menos padre santo, manda – te lo ruego -, manda a Lázaro a casa de mi padre. Tengo cinco hermanos.

Nunca he comprendido el amor, ni siquiera entre familiares. Pero ahora…

Ahora comprendo lo terrible que es el no ser amados.

Y dado que aquí donde estoy vive el odio, ahora he comprendido – por ese átomo de tiempo en que mi alma vio a Dios – lo que es el Amor.

No quiero que mis hermanos sufran estas penas. Tengo verdadero terror por ellos, porque llevan la misma vida que yo llevaba.

¡Oh, manda a Lázaro, a decirles dónde estoy y por qué! ¡A decirles que el Infierno existe y que es atroz!

¡Y que quien no ama a Dios y al prójimo viene al Infierno! ¡Mándalo, para que actúen en consecuencia antes de que sea tarde!

¡Y así eviten el venir aquí, a este lugar de eterno tormento!

Pero Abraham respondió: “Tus hermanos tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen”

A lo que Epulón, con un gemido de alma torturada, replicó:

¡Oh, padre Abraham, les hará más impresión un muerto; escúchame; ten piedad!”.

Pero Abraham dijo: “Si no han escuchado a Moisés y a los Profetas, no creerán tampoco a uno que resucite por una hora de entre los muertos, para dirigirles palabras de Verdad.

Y, además, no es justo que un bienaventurado deje mi seno para ir a recibir ofensas de los hijos del Enemigo.

El tiempo de las injurias para él ya ha pasado; ahora está en la paz y en ella permanece por orden de Dios,

que ve la inutilidad de intentar la conversión de quienes no creen siquiera en la palabra de Dios y no la ponen en práctica”.

Ésta es la parábola.

Su significado es tan claro que ni siquiera requiere explicación.

Aquí ha vivido verdaderamente conquistando su santidad, el nuevo Lázaro:

Mi Jonás, cuya gloria ante Dios se manifiesta evidente en la protección que otorga a quien en Él espera.

Jonás sí puede venir a vosotros, como protector y amigo, porque es un santo.

Vendrá si sois siempre buenos.

Os digo a vosotros lo que le dije a él la pasada primavera: quisiera poderos ayudar a todos, incluso materialmente, pero no puedo.

Este es mi pesar.

Sólo puedo señalaros el Cielo; sólo puedo enseñaros la gran sabiduría de la resignación y prometeros el Reino futuro.  

No odiéis jamás por ningún motivo.

El odio es poderoso en el mundo, pero siempre tiene sus límites.

El amor no tiene límites. Ni en fuerza, ni en tiempo.

Por lo tanto, amad, para poseerlo como defensa y consuelo sobre la tierra y como premio en el Cielo.

Es mejor ser Lázaros que Epulones…  Creédmelo. Buscad la manera de creerlo y seréis felices.

No tengáis en los sufrimientos de estos campos, ni una palabra de odio… Aun cuando los hechos los justificaren.

No interpretéis mal el milagro…  Soy el Amor y no habría castigado…

 Pero al ver que el amor no podía doblegar al cruel Epulón; lo entregué a la Justicia.

Y ésta vengó al mártir Jonás y a sus hermanos.

Vosotros lo sabéis por el milagro; que la Justicia siempre vigila, aunque parezca ausente.

Y que Dios es el Dueño de todo lo creado.

Se puede servir para aplicarla; de los animales pequeños como las orugas y las hormigas; para morder el corazón del cruel y del ambicioso.

Y hacerlo morir con un desbordamiento de veneno que estrangule, en un absurdo ataque de soberbia y de ira…

Os bendigo. A cada aurora rogaré por vosotros.

Y tú padre; no te preocupes más por el corderito que me confías.

Te lo traeré de vez en cuando, para que puedas regocijarte de verlo crecer en sabiduría y bondad; en el camino de Dios.

Será tu cordero de esta pobre Pascua. 

El más agradable de los corderos que se presentarán ante el altar de Yeové.

Yabé, despídete de tu abuelo y luego ven a tu Salvador, a tu Buen Pastor.

¡La paz sea con vosotros!

Los campesinos protestan:

–   ¡Oh, Maestro!

¡Maestro Bueno! Dejarte…

–   Sí. Es doloroso.

Pero no sería bueno que el vigilante os encuentre.

Vine a propósito hasta aquí para evitaros castigos.

Obedeced por amor del Amor que os aconseja.

Los desventurados se levantan con lágrimas en los ojos y se van a su cruz…

Jesús nuevamente los bendice.

Y luego, con la mano del niño en la suya y con el hombre de Endor en el otro lado; regresa a la casa de Miqueas.

Se reúnen con Él Andrés y Juan, los cuales, terminado su turno de guardia, vuelven a donde sus hermanos.

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28 NACIMIENTO DE JESÚS


28 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Nacimiento de Jesús.

En el interior de este pobre refugio de piedra en que han encontrado amparo, unidos en la suerte a unos animales, María y José.

El fuego se adormila junto con su guardián.

María levanta lentamente la cabeza de su yacija y mira.

Ve que José tiene la cabeza reclinada sobre el pecho como si estuviera meditando…

Piensa, será que el cansancio ha sobrepujado su buena voluntad de permanecer despierto,

Y sonríe bondadosa; luego, con menos ruido del que puede hacer una mariposa posándose en una rosa, se sienta, para después arrodillarse.

Ora con una sonrisa beatífica en su rostro. Ora con los brazos extendidos casi en cruz, con las palmas hacia arriba y hacia adelante…

Y no parece cansarse de esa posición molesta.

Luego se postra con el rostro contra el heno, adentrándose aún más en su oración; y la oración es larga.

José sale bruscamente de su sueño; ve mortecino el fuego y casi oscuro el establo.

Echa un puñado de tamujo muy fino. La llama vuelve a chispear.  Y va añadiendo ramitas cada vez más gruesas.

En efecto, el frío debe ser punzante, el frío de esa noche invernal, serena, que penetra por todas las partes de esas ruinas.

El pobre José, estando como está cerca de la puerta — llamemos así a la abertura a la que hace de cortina su manto —, debe estar congelado.

Acerca las manos a la llama, se quita las sandalias, acerca también los pies; así se calienta.

Luego, cuando el fuego ha adquirido ya viveza y su luz es segura, se vuelve; no ve nada…

Ni siquiera la blancura del velo de María que antes dibujaba una línea clara sobre el heno oscuro.

Se pone en pie y se acerca despacio a la yacija.

Y pregunta:

–     ¿No duermes, María? 

Lo pregunta tres veces, hasta que Ella torna en sí y responde:

–     Estoy orando.

–     ¿No necesitas nada?

–     No, José.

–     Trata de dormir un poco, de descansar al menos.

–     Lo intentaré, pero la oración no me cansa.

–     Hasta luego, María.

–     Hasta luego, José.

María vuelve a su posición de antes.

José, para no ceder otra vez al sueño, se pone de rodillas junto al fuego, y ora.

Ora con las manos unidas en el rostro; de vez en cuando las separa para alimentar el fuego, y luego vuelve a su ferviente oración.

Menos el ruido del crepitar de la leña y el del asno, que de tanto en tanto pega con una pezuña en el suelo, no se oye nada.

Un inicio de luna se insinúa a través de una grieta de la techumbre. Parece un filo de incorpórea plata que buscase a María.

Se alarga a medida que la Luna va elevándose en el cielo y, por fin, la alcanza. Ya está sobre la cabeza de la orante, nimbándosela de candor.

María levanta la cabeza como por una llamada celeste y se yergue hasta quedar de nuevo de rodillas.

¡Oh, qué hermoso es este momento!

Ella levanta la cabeza, que parece resplandecer bajo la luz blanca de la Luna, y una sonrisa no humana la transfigura. ¿Qué ve? ¿Qué oye? ¿Qué siente?

Sólo Ella podría decir lo que vio, oyó y sintió en la hora fúlgida de su Maternidad.

Yo sólo veo que en torno a Ella la luz aumenta, aumenta, aumenta;

parece descender del Cielo, parece provenir de las pobres cosas que están a su alrededor, parece, sobre todo, que proviene de Ella.

Su vestido, azul oscuro, parece ahora de un delicado celeste de miosota; sus manos, su rostro, parecen volverse azulinas, como los de uno que estuviera puesto en el foco de un inmenso zafiro pálido.

Este color, que me recuerda, a pesar de ser más tenue, el que veo en las visiones del santo Paraíso, y también el que vi en la visión de la venida de los Magos,

se va extendiendo progresivamente sobre las cosas, y las viste, las purifica, las hace espléndidas.

El cuerpo de María despide cada vez más luz, absorbe la de la luna, parece como si Ella atrajera hacia sí la que le puede venir del Cielo.

Ahora ya es Ella la Depositaría de la Luz, la que debe dar esta Luz al mundo.

Y esta beatífica, incontenible, inmensurable, eterna, divina Luz que de un momento a otro va a ser dada, se anuncia con una alba, un lucero de la mañana, 

un coro de átomos de luz que aumenta, aumenta como una marea, sube, sube como incienso, baja como una riada, se extiende como un velo…

La techumbre, llena de grietas, de telas de araña, de cascotes que sobresalen y están en equilibrio por un milagro de estática,

esa techumbre negra, ahumada, repelente, parece la bóveda de una sala regia.

Los pedruscos son bloques de plata; las grietas, reflejos de ópalo; las telas de araña, preciosísimos baldaquinos engastados de plata y diamantes.

Un voluminoso lagarto, aletargado entre dos bloques de piedra, parece un collar de esmeraldas olvidado allí por una reina;

y un racimo de murciélagos en letargo, una lámpara de ónice de gran valor.

Ya no es hierba el heno que cuelga del pesebre más alto, es una multitud de hilos de plata pura que oscilan temblorosos en el aire con la gracia de una cabellera suelta.

La madera oscura del pesebre de abajo parece un bloque de plata bruñida.

Las paredes están recubiertas de un brocado en que el recamo perlino del relieve oculta el candor de la seda.

Y el suelo… ¿Qué es ahora el suelo? Es un cristal encendido por una luz blanca; los salientes parecen rosas de luz arrojadas al suelo como obsequio;

los hoyos, cálices valiosos de cuyo interior ascenderían aromas y perfumes.

La luz aumenta cada vez más. El ojo no la resiste.

En ella desaparece, como absorbida por una cortina de incandescencia, la Virgen…

y emerge la Madre.

Sí. Cuando mi vista de nuevo puede resistir la luz, veo a María con su Hijo recién nacido en los brazos.

Es un Niñito rosado y regordete, que gesticula, con unas manitas del tamaño de un capullo de rosa;

que menea sus piececitos, tan pequeños que cabrían en el corazón de una rosa;

que emite vagidos con su vocecita trémula, de corderito recién nacido, abriendo una boquita que parece una menudita fresa de bosque, 

y mostrando una lengüita temblorosa contra el rosado paladar;

que menea su cabecita, tan rubia que parece casi desprovista de cabellos, una cabecita redonda que su Mamá sostiene en la cavidad de una de sus manos,

mirando a su Niño, adorándolo, llorando y riendo al mismo tiempo…

Y se inclina para besarlo, no en la inocente cabeza, sino en el centro del pecho, sobre ese corazoncito que palpita, que palpita por nosotros… 

en donde un día se abrirá la Herida.

Su Mamá se la está curando anticipadamente, con su beso inmaculado.

El buey se ha despertado por el resplandor, se levanta haciendo mucho ruido con las pezuñas, y muge.

El asno vuelve la cabeza y rebuzna.

Es la luz la que los saca del sueño, pero me seduce la idea de pensar que hayan querido saludar a su Creador, por ellos mismos y por todos los animales.

Y José, que, casi en rapto, estaba orando tan intensamente que era ajeno a cuanto le rodeaba, también torna en sí…

Y por entre los dedos apretados contra el rostro ve filtrarse la extraña luz.

Se descubre el rostro, levanta la cabeza, se vuelve.

El buey, que está en pie, oculta a María,

pero Ella le llama:

–     «José, ven».

José acude. Cuando ve, se detiene, como fulminado de reverencia… 

Y está casi para caer de rodillas en ese mismo lugar;

pero María insiste:

–     Ven, José.

Y apoyando la mano izquierda en el heno y teniendo con la derecha estrechado contra su corazón al Infante, se levanta y se dirige hacia José,

quien, por su parte, se mueve azorado por el contraste entre su deseo de ir y el temor a ser irreverente.

Junto a la cama para el ganado los dos esposos se encuentran, y se miran llorando con beatitud.  

María dice:

–     Ven, que ofrecemos a Jesús al Padre.

José se pone de rodillas.

Ella, erguida, entre dos troncos sustentantes, alza a su Criatura en sus brazos,

y dice:

–     Heme aquí, por Él, ¡Oh Dios!, te digo esto, heme aquí para hacer tu voluntad.

Y con Él yo, María, y José, mi esposo. He aquí a tus siervos, Señor, para hacer siempre, en todo momento y en todo lo que suceda, tu voluntad, para gloria tuya y por amor a Ti.

Luego María se inclina hacia José y, ofreciéndole el Infante,

le dice:

–     Toma, José. 

José está aterrotizado:

–     ¿Yo? ¿A mí?

¡Oh, no! ¡No soy digno! 

José se siente profundamente turbado, anonadado ante la idea de deber tocar a Dios.

Pero María insiste sonriendo:

–     Bien digno eres de ello tú.

Y nadie lo es más que tú y por eso el Altísimo te ha elegido. Toma, José, tenlo mientras yo busco su ropita.

José, rojo como una púrpura, alarga los brazos y toma ese copito de carne que grita de frío;

una vez que lo tiene entre sus brazos, no persiste en la intención de mantenerlo separado de sí por respeto,

sino que lo estrecha contra su corazón rompiendo a llorar fuertemente:

–     ¡Oh! ¡Señor! ¡Dios mío!

 

Y se inclina para besar los piececitos.

Los siente fríos y entonces se sienta en el suelo y lo recoge en su regazo,

y con su vestidura marrón y con las manos trata de cubrirlo, calentarlo, defenderlo del cierzo de la noche.

Quisiera acercarse al fuego, pero allí se siente esa corriente de aire que entra por la puerta.

Mejor quedarse donde está, o, mejor todavía, entre los dos animales, que hacen de escudo al aire y dan calor.

Y se pone entre el buey y el asno dando la espalda a la puerta,

con su cuerpo hacia el Recién Nacido para hacer de su pecho una hornacina, cuyas paredes laterales son: una cabeza gris, con largas orejas;

un hocico grande, blanco, con unos ojos húmedos buenos  y un morro que exhala vapor.

María ha abierto el baulillo y ha sacado unos pañales y unas fajas, ha ido al fuego y las ha calentado.

Ahora se acerca a José y envuelve al Niño en esos paños calentitos, y con su velo le cubre la cabeza. 

Y pregunta:

–     ¿Dónde le ponemos ahora? 

José mira alrededor, piensa… 

Y dice:

–     Mira, corremos un poco más para acá a los dos animales y la paja,

y bajamos ese heno de allí arriba y lo ponemos a Él aquí dentro.

La madera del borde le resguardará del aire, el heno será su almohada, el buey con su aliento lo calentará un poquito.

Mejor el buey. Es más paciente y tranquilo.

Y se pone manos a la obra mientras María acuna a su Niño estrechándolo contra su corazón, con su mejilla sobre la cabecita para darle calor.

José reaviva el fuego, sin ahorrar leña, para hacer una buena hoguera, y se pone a calentar el heno, de forma que según lo va secando, para que no se enfríe, se lo va metiendo en el pecho;

luego, cuando ya tiene suficiente para un colchoncito para el Infante, va al pesebre y lo dispone como una cunita.

Y dice:

–     Ya está.

Ahora sería necesaria una manta, porque el heno pica y además para taparlo…  

María dice:

–     Coge mi manto.

–     Vas a tener frío.

–     ¡Oh, no tiene importancia!

La manta es demasiado áspera; el manto, sin embargo, es suave y caliente. Yo no tengo frío en absoluto.

¡Lo importante es que Él no sufra más!.

José coge el amplio manto de suave lana azul oscura y lo dispone doblado encima de la paja, y deja un borde colgando fuera del pesebre.

El primer lecho del Salvador está preparado.

Su Madre, con dulce paso ondeante, lo lleva al pesebre, en él lo coloca.

Y lo tapa con la parte del manto que había quedado fuera y con ella arropa también la cabecita desnuda, que se hunde en el heno, protegida apenas por el fino velo de María.

Queda sólo destapada la carita, del tamaño de un puño de hombre.

Y los dos, inclinados hacia el pesebre, lo miran con beatitud mientras duerme su primer sueño;

en efecto, el calorcito de los paños y de la paja le ha calmado el llanto y le ha hecho conciliar el sueño al dulce Jesús.

Dice María:

Te había prometido que Él vendría a traerte su paz.

¿Te acuerdas de la paz que tenías durante los días de Navidad, cuando me veías con mi Niño? Entonces era tu tiempo de paz, ahora es tu tiempo de sufrimiento.

Pero ya sabes que es en el sufrimiento donde se conquista la paz y toda gracia para nosotros y para el prójimo.

Jesús – Hombre tornó a ser Jesús – Dios después del tremendo sufrimiento de la Pasión. 

Tornó a ser Paz, Paz en el Cielo del que había venido y desde el cual, ahora derrama su paz sobre aquellos que en el mundo le aman.

Mas durante las horas de la Pasión, Él, Paz del mundo, fue privado de esta paz. No habría sufrido si la hubiera tenido, y debía sufrir, sufrir plenamente.

Yo, María, redimí a la mujer con mi Maternidad divina, mas se trataba sólo del comienzo de la redención de la mujer.

Negándome, con el voto de virginidad, al desposorio humano, había rechazado toda satisfacción concupiscente, mereciendo gracia de parte de Dios. 

Pero no bastaba, porque el pecado de Eva era árbol de cuatro ramas:

soberbia, avaricia, glotonería, lujuria. Y había que quebrar las cuatro antes de hacerlo estéril en sus raíces.

Vencí la soberbia humillándome hasta el fondo.

Me humillé delante de todos. No hablo ahora de mi humildad respecto a Dios; ésta deben tributársela al Altísimo todas las criaturas. 

La tuvo su Verbo. Yo, mujer, debía también tenerla.

¿Has reflexionado, más bien, alguna vez, en qué tipo de humillaciones tuve que sufrir de parte de los hombres y sin defenderme en manera alguna?

Incluso José, que era justo, me había acusado en su corazón. 

Los demás, que no eran justos, habían pecado de murmuración sobre mi estado…

Y el rumor de sus palabras había venido, como ola amarga, a estrellarse contra mi humanidad.

Y éstas fueron sólo las primeras de las infinitas humillaciones que mi vida de Madre de Jesús y del género humano me procuraron.

Humillaciones de pobreza; la humillación de quien debe abandonar su tierra; humillaciones a causa de las reprensiones de los familiares y de las amistades,

que, desconociendo la verdad, juzgaban débil mi forma de ser madre respecto a mi Jesús, cuando empezaba ya a ser un hombre; humillaciones durante los tres años de su ministerio;

crueles humillaciones en el momento del Calvario;

humillaciones hasta en el tener que reconocer que no tenía con qué comprar ni sitio ni perfumes para enterrar a mi Hijo.

Vencí la avaricia de los Progenitores renunciando con antelación a mi Hijo. Una madre no renuncia nunca a su hijo, si no se ve obligada a ello.

Ya sea la patria, o el amor de una esposa, o el mismo Dios quienes piden el hijo a su corazón, ella se resiste a la separación.

Es natural que sea así. El hijo crece dentro de nosotras,

y el vínculo de su persona con la nuestra jamás queda completamente roto.

A pesar de que el conducto del vital ombligo haya sido cortado, siempre permanece un nervio que nace en el corazón de la madre (un nervio espiritual, más vivo y sensible que un nervio físico)

y arraiga en el corazón del hijo, y que siente como si le estiraran hasta el límite de lo soportable, si el amor dé Dios o de una criatura, o las exigencias de la patria alejan al hijo de la madre; y que se rompe, lacerando el corazón si la muerte arranca un hijo a su madre.

Yo renuncié, desde el momento en que lo tuve, a mi Hijo. A Dios se lo di, a vosotros os lo di.

Me despojé del Fruto de mi vientre para dar reparación al hurto de Eva del fruto de Dios.

Vencí la glotonería, tanto de saber como de gozar, aceptando sorber únicamente lo que Dios quería que supiera, sin preguntarme a mí misma, sin preguntarle a Él, más de cuanto se me dijera.

Creí sin indagar.

Vencí la gula de gozar porque me negué todo deleite del sentido. Mi carne la puse bajo las plantas de mis pies.

Puse la carne, instrumento de Satanás, y con ella al mismo Satanás, bajo mi calcañar para hacerme así un escalón para acercarme al Cielo. 

¡El Cielo!… Mi meta. Donde estaba Dios. Mi única hambre.

Hambre que no es gula sino necesidad bendecida por Dios, por este Dios que quiere que sintamos apetito de Él.

Vencí la lujuria, que es la gula llevada a la exacerbación.

En efecto, todo vicio no refrenado conduce a un vicio mayor. Y la gula de Eva, ya de por sí digna de condena, la condujo a la lujuria;

efectivamente, no le bastó ya el satisfacerse sola sino que quiso portar su delito a una refinada intensidad; así conoció la lujuria y se hizo maestra de ella para su compañero.

Yo invertí los términos y, en vez de descender, siempre subí; en vez de hacer bajar, atraí siempre hacia arriba; y de mi compañero, que era un hombre honesto, hice un ángel.

Es ese momento en que poseía a Dios, y con El sus riquezas infinitas, me apresuré a despojarme de todo ello diciendo: “Que por Él se haga tu voluntad y que Él la haga”.

Casto es aquel que controla no sólo su carne, sino también los afectos y los pensamientos.

Yo tenía que ser la Casta para anular a la Impúdica de la carne, del corazón y de la mente. 

Me mantuve comedida sin decir ni siquiera de mi Hijo, que en la tierra era sólo mío, como en el Cielo era solamente de Dios: “Es mío y para mí lo quiero”.

Y a pesar de todo no era suficiente para que la mujer pudiera poseer la paz que Eva había perdido.

Esa paz os la procuré al pie de la Cruz, viendo morir a Aquel que tú has visto nacer.

Y, cuando me sentí arrancar las entrañas ante el grito de mi Hijo, quedé vacía de toda feminidad de connotación humana: ya no carne sino ángel.

María, la Virgen desposada con el Espíritu, murió en ese momento; quedó la Madre de la Gracia, la que os generó la Gracia desde su tormento y os la dio.

La hembra, a la que había vuelto a consagrar mujer la noche de Navidad, a los pies de la Cruz conquistó los medios para venir a ser criatura del Cielo.

Esto hice yo por vosotras, negándome toda satisfacción, incluso las satisfacciones santas.

De vosotras, reducidas por Eva a hembras no superiores a las compañeras de los animales, he hecho — basta con que lo queráis — las santas de Dios.

Por vosotras subí, y, como a José, os elevé.

La roca del Calvario es mi Monte de los Olivos. Ése fue mi impulso para llevar al Cielo, santificada de nuevo, el alma de la mujer,

junto con mi carne, glorificada por haber llevado al Verbo de Dios

y anulado en mí hasta el último vestigio de Eva, la última raíz de aquel árbol de las cuatro ramas venenosas, aquel árbol que tenía hincada su raíz en el sentido,

y que había arrastrado a la caída a la Humanidad.

Y que hasta el final de los siglos y hasta la última mujer os morderá las entrañas.

Desde allí, donde ahora resplandezco envuelta en el rayo del Amor, os llamo y os indico cuál es la Medicina para venceros a vosotras mismas:

La Gracia de mi Señor y la Sangre de mi Hijo. 

Y tú, voz mía, haz descansar a tu alma con la luz de esta alborada de Jesús para tener fuerza en las futuras crucifixiones que no te van a ser evitadas, porque te queremos aquí,

Y aquí se viene a través del dolor;

Porque te queremos aquí, y más alto se viene cuanto mayor ha sido la pena sobrellevada para obtener Gracia para el mundo.

Ve en paz. Yo estoy contigo . 

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

120 IGLESIA NACIENTE


120 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús sigue en su casa de Nazaret. Y  más exactamente en lo que fuera el taller de carpintería.

Con Él están los doce apóstoles y María, María madre de Santiago y Judas, Salomé, Susana y Marta.

Una Marta muy apenada, con claros signos de llanto bajo sus ojos, una Marta que se ve y se siente fuera de lugar en este ambiente, tímida y solitaria, ante la Madre del Señor.

María trata de armonizarla con las otras mujeres y de quitarle ese sentido de molestia que ve que padece; pero su ternura parece dilatar cada vez más el corazón de la pobre Marta.

Rubor y lágrimas se alternan bajo ese velo, muy caído, que quiere cubrir dolor y desazón.

Entran Juan con Santiago de Alfeo.  

Y Juan dice:

–      No estaba, Señor.

Ha ido con su marido a casa de una amiga que la ha invitado. Eso han referido los domésticos. 

Santiago de Alfeo concluye:

–     Lo sentirá mucho, sin duda; de todas formas, ya recibirá tus instrucciones y te verá. 

Jesús dice: 

–     Bien.

No es el grupo de discípulas exactamente como lo había pensado. De todas formas, ya veis que en vez de Juana está Marta, hija de Teófilo, hermana de Lázaro.

Los discípulos ya conocen a Marta. Mi Madre también.

Tú, María, y tú, Salomé, quizás también, ya sabéis por vuestros hijos quién es Marta, no tanto como mujer según los criterios de este mundo, cuanto como criatura ante los ojos de Dios.

Tú, Marta, por tu parte, ya conoces a estas mujeres, que te consideran hermana y te van a querer mucho.

Hermana e hija. Tú tienes mucha necesidad de esto, buena Marta, para sentir, ¿Por qué no? 

La consolación humana de nobles afectos que Dios no sólo no condena; sino que los ha puesto en el hombre como apoyo del trabajo que la vida supone.

Dios te ha traído justo en la hora por mí elegida para poner la base, diría el cañamazo en que vais a bordar vuestra perfección de discípulas.

Discípulo quiere decir aquel que sigue la disciplina del Maestro, de su doctrina. Por tanto, en sentido amplio serán llamados discípulos todos aquellos que ahora y en el transcurso de los siglos sigan mi doctrina.

Y para no dar muchos nombres diciendo “discípulos de Jesús según la enseñanza de Pedro o de Andrés, de Santiago o Juan, de Simón o Felipe, de Judas o de Bartolomé o de Tomás y Mateo”,

se utilizará un solo nombre, que los aglomerará bajo un único signo: “cristianos” 

Y mi Iglesia será llamada “católicaporque será Universal y abarcará a toda la Creación. Porque mis discípulos, se unirán a Mí y también seran corredentores…

Piedras vivas y valiosas en la Magna Obra de la Redención… Mis otros cristos” vivientes y vibrantes de vida y de amor…

Pero entre el gran número de quienes se sujeten a mi disciplina ya he elegido a los primeros y luego a los segundos. Y así se hará a lo largo de los siglos en memoria mía.

De la misma forma que en el Templo  y aún antes, desde Moisés, hubo un Pontífice, hubo sacerdotes, levitas y responsables de los distintos servicios, funciones o tareas, hubo cantores, etc.,

Así en mi Templo nuevo, que será tan grande y duradero como toda la Tierra, habrá mayores y menores, todos útiles, todos amados por Mí.

Y también mujeres, esa categoría nueva que Israel siempre ha despreciado confinándola, destinada sólo a los cantos virginales en el Templo o a la instrucción de las vírgenes en el Templo y nada más.

No argumentéis acerca de si ello era justo o no; en la religión cerrada de Israel y en el tiempo de ira, era justo.

Todo el deshonor recaía sobre la mujer, origen del pecado. En la religión universal de Cristo y en el tiempo del perdón todo esto cambia.

Toda la Gracia se ha reunido en una mujer y Ella la ha dado a luz al mundo para redención de éste.

La mujer, por tanto, ya no representa el desdén de Dios sino la ayuda de Dios. Por la Mujer, la amada del Señor, todas las mujeres pueden ser discípulas del Señor.

No sólo como la masa sino incluso como sacerdotisas menores, coadjutoras de los sacerdotes, a los cuales pueden servir de gran ayuda, respecto a ellos mismos y respecto a los fieles y no fieles,

respecto a aquellos que no serán conducidos a Dios tanto por el rugido de la palabra santa, cuanto por la sonrisa santa de una discípula mía.

Vosotras me habéis pedido seguirMe, como me siguen los hombres.

Ahora bien, sólo seguirme, escucharme o poner en práctica es demasiado poco, para lo que quiero de vosotras: os santificaríais, lo cual es grande, pero no me es suficiente.

Soy Hijo del Absoluto y de mis predilectos quiero lo absoluto. Quiero todo, porque he dado todo.

Además, no sólo existo Yo, también existe el mundo, esta cosa impresionante que es el mundo.

Debería ser impresionante en santidad: una santidad inmensa de la multitud de los hijos de Dios en número y en magnitud.

Sin embargo, lo impresionante del mundo es su iniquidad.

Su compleja iniquidad es verdaderamente inmensa, en el número de manifestaciones y en la magnitud del vicio.

Todos los pecados están asentados en el mundo, el cual, en vez de ser multitud de hijos de Dios, lo es de hijos de Satanás.

En el mundo está presente de forma especial el pecado de más claro signo de filiación satánica: el ODIO.  El mundo odia. Y quien odia ve – y quiere hacérselo ver a quien no lo ve – el mal incluso en lo más santo.

Si le preguntarais al mundo para qué he venido Yo, no os diría: “Para hacer el bien, para redimir”, sino que os diría: “Para corromper y usurpar”.

Y si le preguntarais qué piensa de vosotras, las que me seguís, no os diría: “Le seguís para santificaros, para confortar al Maestro, con santidad y pureza”,

sino que diría: “Le seguís porque estáis seducidas por ese hombre”.

Así es el mundo. Os hablo de estas cosas para que calculéis todo antes de manifestaros al mundo como discípulas elegidas, las primeras del linaje de las discípulas futuras, cooperadoras de los siervos del Señor.

Tomad el corazón en vuestras propias manos, ese corazón sensible de mujer, y decidle que vosotras, y él con vosotras, habréis de soportar burlas y calumnias.

Que os escupirán y pisotearán; que todo esto lo recibiréis del mundo, del desprecio, de la mentira, de la crueldad del mundo.

Preguntadle si será capaz de recibir todas estas heridas sin gritar de indignación maldiciendo a quienes lo hieren.

Preguntadle si se siente con fuerzas de afrontar el martirio moral de la calumnia sin llegar a odiar a los calumniadores y a la Causa por que será calumniado.

Y, puesto que deberá beber el odio del mundo, que lo circundará.

Preguntadle si va a saber emanar siempre amor; si, henchido de amargura de ajenjo, va a saber sacar dulzura; si, sufriendo todo tipo de tortura de incomprensión, escarnio, murmuración;

va a saber sonreír señalando con la mano al Cielo, su meta, a la que queréis conducir a los demás (conducirlos por esa caridad de mujer, que es materna incluso en tierna edad.

Que es materna incluso para con ancianos que podrían ser abuelos vuestros y que de hecho son niños espirituales, recién nacidos, incapaces de comprender y conducirse por el camino, por la vida y la verdad

y la sabiduría que he venido a dar con el ofrecimiento de mí mismo: Camino, Vida, Verdad, Sabiduría divina).

De todas formas, aunque me dijerais: “No me siento con fuerzas, Señor, para desafiar al mundo entero por ti”, os amaría igualmente.

Ayer una jovencita me ha pedido que la inmole antes de que se cumpla la hora de su matrimonio,

porque siente que me ama como se debe amar a Dios, o sea, con la totalidad de sí misma, hasta la perfección absoluta en la entrega.  

Y lo voy a hacer. Le he ocultado la hora para que el alma no tiemble a causa del miedo; o, más que el alma, la carne.

Su muerte será como la de una flor que un atardecer cierra su corola pensando abrirla al día siguiente, pero que no la vuelve a abrir porque el beso de la noche le ha aspirado la vida.

Además, lo haré, según su deseo, de forma que su sueño de muerte preceda en pocos días al mío; para no hacer esperar en el Limbo a esta primera virgen mía; para encontrarla enseguida en cuanto muera Yo.

¡No lloréis! Soy el Redentor… Fijaos cómo esta joven santa, que no se limitó al hosanna inmediatamente después del milagro, sino que, cumplido éste, como moneda que puede producir intereses,

ha sabido trabajarlo, pasando de la gratitud humana a la sobrenatural, del deseo terreno al ultraterreno, mostrando poseer una madurez de espíritu superior a la de casi todos.

Digo “casi”, pues entre vosotros que me estáis oyendo hay niveles de perfección iguales e incluso superiores -; fijaos, cómo no me ha pedido seguirme,

antes bien, ha manifestado su deseo de cumplir su evolución de niña a ángel, en el secreto de su casa.

Bueno pues, siento tanto amor por ella, que en las horas de amargura, causadas por lo que el mundo es, evocaré a esta dulce criatura y bendeciré al Padre, que me enjuga con estas flores de amor y pureza,

las lágrimas y sudores de Maestro de un mundo que no me recibe.

Bien, pues si tenéis el coraje de perseverar como discípulas escogidas, he aquí que os señalo la tarea que debéis cumplir para justificar vuestra elección y presencia conmigo y con los santos del Señor.

Mucho podéis hacer en ayuda de vuestros semejantes y de los ministros del Señor. Ya se lo dejé entrever a María de Alfeo hace muchos meses.

¡Cuánta necesidad de la mujer ante el altar de Cristo! 

Una mujer puede, mucho más y mejor que el  hombre, tratar las infinitas miserias del mundo, que luego pasarán al hombre para su completa curación.

Se os abrirán muchos corazones, especialmente femeninos, a vosotras, mujeres discípulas; los acogeréis como a amados hijos extraviados que vuelven a la casa paterna y que no tienen el coraje de ponerse ante su padre.

Infundiréis nueva fuerza al culpable, aplacaréis al que condena. Muchos se acercarán a vosotras buscando a Dios: los acogeréis como a fatigados peregrinos, diciendo: “Ésta es la casa del Señor, Él vendrá enseguida”.

Y entretanto, los circundaréis de vuestro amor: si no llego Yo, llegará un sacerdote mío.

La mujer sabe amar, está hecha para el amor. Envileció sí, el amor haciéndolo deseo del sentido, pero en el fondo de su carne, atrapado vive aún el verdadero amor, la gema de su alma:

el amor que no sabe del lodo acre del sentido, el amor hecho de alas y perfumes angélicos, de llama pura, de recuerdos de Dios y de su procedencia de Dios, de recuerdos de que es obra creada por Él.

La mujer es la obra maestra de la bondad junto a la obra maestra de la creación, que es el hombre: “Que tenga Adán ahora una compañera para que no se sienta solo”.

La mujer no debe abandonar a Adán. Aprovechad, pues, esta facultad de amar. Amad con ella al Cristo y, por El, al prójimo.

Sed plena caridad para con los culpables arrepentidos; decidles que no tengan miedo de Dios. ¿Cómo no habríais de saber hacerlo vosotras, que sois madres y hermanas?

¿Cuántas veces vuestros pequeñuelos, vuestros hermanitos, estuvieron enfermos y tuvieron necesidad del médico! Y tenían miedo.

Pero vosotras, con caricias y palabras de amor, les quitasteis el miedo.  

Y ellos, con su manita en la vuestra, recibieron vuestros cuidados, perdido ya el terror que tenían. Los culpables son vuestros hermanos e hijos enfermos que temen la mano del médico y su sentencia…

No, no ha de ser así; vosotras que sabéis lo bueno que es Dios decid que Dios es bueno y que no hay que tenerle miedo. A pesar de que, en tono firme y tajante, dirá:

“No volverás a hacer esto jamás”, no arrojará de su presencia a aquel que consumó el hecho y enfermó, sino que le asistirá para curarle.

Sed madres y hermanas con los santos, que también necesitan amor. Ellos se fatigarán, se consumirán en la evangelización. Los desbordará la cantidad de cosas que tendrán que hacer.

Ayudadlos vosotras con discreción y diligencia.

La mujer sabe trabajar, en la casa, sirviendo a las mesas, con las camas, en los telares y en todo aquello que es necesario para la vida cotidiana.

El futuro de la Iglesia será un continuo dirigirse de los peregrinos a los lugares de Dios;

vosotras sus pías hospederas, asumiéndoos los trabajos más humildes para dejar libres a los ministros de Dios para continuar la obra del Maestro.

Vendrán tiempos difíciles, sangrientos, crueles. Los cristianos – incluso los santos – vivirán horas de terror, de debilidad.

El hombre no es nunca muy fuerte en el sufrimiento; en cambio, la mujer posee respecto al hombre esta verdadera regalidad del saber sufrir.

Enseñad esta cualidad al hombre, sosteniéndole en estas horas de temor, de abatimiento, de lágrimas, de cansancio, de sangre.

En nuestra historia tenemos ejemplos de magníficas mujeres que supieron cumplir actos de audacia liberadora.

LIBRO DE JUDITH Y COMO LA ORACION Y EL AYUNO SALVARON A ISRAEL

Tenemos a Judit, a Yael. De todas formas – debéis creerlo – ninguna es mayor, por ahora,

que la madre ocho veces mártir (siete en sus hijos y una en sí misma) del tiempo de los Macabeos.

Pero ha de venir otra, a la que seguirán muchas mujeres heroínas del dolor y en el dolor, consuelo de mártires, mártires ellas mismas, ángeles de los perseguidos; mujeres que, cual mudas sacerdotisas,

predicarán a Dios con su modo de vivir y que, sin más consagración que la recibida del Dios-Amor, serán verdaderamente personas consagradas y dignas de serlo.

Éstos son, a grandes rasgos, vuestros principales deberes.

No voy a disponer de mucho tiempo para vosotras en particular; os formaréis oyéndome, profundizaréis en vuestra formación bajo la guía perfecta de mi Madre.

Ayer, esta mano materna, Jesús coge con su mano la mano de María

Mientras continúa:

–     Ha conducido a mí a la niña de que os he hablado, la cual me dijo que el solo hecho de escucharla y de estar unas pocas horas a su lado,

Le había servido para madurar el fruto de la gracia recibida, llevándolo a la perfección.

No es la primera vez que mi Madre trabaja para el Cristo, su Hijo.

Con tu Rosario Madrecita, convertido en la Red Divina de la salvación, te entrego con cada Ave María, LAS ALMAS DE…

Tú y tú, primos míos además de discípulos, sabéis lo que María significa para la formación de las almas en Dios.

Y se lo podréis decir a quienes – hombres o mujeres – sientan el temor de no haber sido preparados por mí para la misión, o de una insuficiente preparación, cuando Yo ya no esté con vosotros.

Mi Madre estará con vosotros ahora y cuando Yo no esté. Y después, una vez que me haya marchado definitivamente.

Ella os queda, y con Ella la Sabiduría en todas sus virtudes; seguid desde ahora todos sus consejos.

Ayer noche, ya solos, estando sentado al lado de mi Madre, como cuando era niño, con mi cabeza apoyada sobre ese hombro suyo tan dulce y fuerte, me dijo…

Habíamos estado hablando de la jovencita que se había puesto en camino en las primeras horas de la tarde llevándose en su corazón virginal un sol más radiante que el del firmamento:

Su secreto santo, me dijo: “¡Qué dulce es ser la Madre del Redentor!”.

Sí, qué dulce es cuando la criatura que al Redentor se acerca es ya una criatura de Dios, una criatura en que la única mancha es la de origen, la cual no puede ser lavada sino por Mí .

Y todas las otras manchas de imperfección humana han sido lavadas por el amor.

Sí, dulce Madre mía, purísima Guía de las almas hacia tu Hijo,

Estrella santa de orientación, Madre suave de los santos, compasiva Criadora de los más pequeños, saludable Cura de los enfermos.

Sí, pero no siempre vendrán a ti estas criaturas que no contrastan con la santidad:

Lepras y horrores y hedores y amasijo de serpientes en torno a cosas inmundas se arrastrarán hasta tus pies,

¡Oh Reina del género humano!, para gritarte:

“¡Piedad! ^Socórrenos! ¡Llévanos a tu Hijo!”.

Entonces habrás de poner esta cándida mano tuya sobre las llagas, inclinarte con tus ojos de paloma paradisíaca hacia las deformidades infernales, aspirar el hedor del pecado…

Y no huir, antes al contrario, acoger en tu corazón a estos mutilados a causa de Satanás. A estos abortos, a esta podredumbre humana.

Y lavarlos con el llanto y traerlos a Mí… Entonces dirás: “¡Qué difícil es ser la Madre del Redentor!”.

Pero tú lo harás, porque eres la Madre… Beso y bendigo estas manos tuyas que tantas criaturas traerán a Mí. Cada una será una gloria mía.

Aunque, antes que mías, Madre santa, tuyas serán estas glorias.

Vosotras, amadas discípulas, seguid el ejemplo de mi Maestra, y de Santiago y Judas, y de todos aquellos que quieran formarse en la gracia y en la sabiduría.

Seguid su palabra: es la mía, pero más dulce; nada que añadir a ella, porque es la palabra de la Madre de la Sabiduría.

Y vosotros, amigos míos, sabed tener de las mujeres la humildad y la constancia. Deponiendo la soberbia propia del varón, no despreciéis a las mujeres discípulas,

sino, más bien, templad vuestra fuerza, podría incluso añadir “vuestra dureza e intransigencia”, en contacto con la dulzura de las mujeres.

Pero, sobre todo, aprended de ellas a amar, creer y sufrir por el Señor, pues en verdad os digo que ellas, las débiles, serán las más fuertes en la fe, amor y audacia, en el sacrificio por su Maestro,

al que aman con total integridad de sí mismas, sin pedir ni pretender nada, satisfechas sólo de amar para darme conforte y alegría. 

Id ahora a vuestras casas o a las en que estáis alojados. Yo me quedo aquí con mi Madre. Dios sea con vosotros.

Se marchan todos excepto Marta.  

Jesús indica:

–     Quédate tú, Marta.

Ya he hablado con tu sirviente. Hoy no hospeda Betania, sino la pequeña casa de Jesús. Ven. Comerás con María y dormirás en el cuarto pequeño que está al lado del suyo.

El espíritu de José, conforte nuestro, te confortará mientras duermes, y mañana volverás a Betania más fuerte y más segura, a preparar también allí a mujeres discípulas, en espera de la otra, que tú y Yo amamos más.

No dudes, Marta. Nunca prometo en vano. Ahora bien, para transformar un desierto lleno de víboras en un huerto paradisíaco, se requiere tiempo…

El primer trabajo no se ve; parece como si nada hubiera cambiado…

Y sin embargo, la semilla está ya depositada; todas las semillas.

Luego vendrá la lluvia del llanto y las abrirá… Y los árboles buenos crecerán.

¡Ven! ¡No llores más!

116 SACRIFICIO CONYUGAL


116 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús camina con sus primos, hacia Caná, hasta llegar a la casa de Susana. 

Jesús está en esta casa descansando y comiendo, adoctrinando con sencillez a los parientes o amigos de Caná:  buenas personas que lo escuchan como siempre debería ser.

Jesús consuela además al marido de Susana, la cual parece estar enferma y él le habla de su dolor.

En esto, entra un hombre bien vestido y se postra a los pies de Jesús.

–     ¿Quién eres? ¿Qué quieres?

Mientras el hombre está todavía suspirando y llorando, el dueño de la casa le tira de un extremo de la túnica a Jesús y susurra:

–     Es un oficial del Tetrarca, no te fíes demasiado.

Jesús le pregunta al hombre postrado:

–     Habla. ¿Qué quieres de Mí?

–     Maestro, he sabido que habías vuelto.

Te esperaba como se espera a Dios. Ven en seguida a Cafarnaúm. Mi hijo varón yace enfermo; tanto, que sus horas están contadas.

He visto a tu discípulo Juan. Por él he sabido que estabas viniendo hacia aquí. Ven, ven enseguida, antes de que sea demasiado tarde.

–     ¿Cómo?

¿Tú, que eres siervo del perseguidor del santo de Israel, puedes creer en Mí?

¿Cómo podéis creer en el Mesías si no creéis en su Precursor?

–     Es verdad.

Vivimos en pecado de incredulidad y de crueldad. Pero, ¡Ten piedad de este padre! Conozco a Cusa.

He visto a Juana antes y después del milagro. He creído en Tí.

–     ¡Ya! Sois una generación tan incrédula y perversa que sin signos y prodigios no creéis.

Os falta la primera cualidad que se requiere para obtener milagros.

–     ¡Es verdad!

¡Todo eso es verdad! Pero ya ves que ahora creo en Tí y te ruego que vengas, que vengas enseguida a Cafarnaúm.

Tendrás preparada una barca en Tiberíades para que puedas ir más rápido. Ven antes de que mi niño muera.

Y el hombre llora desolado. 

Jesús declara:

–     Por ahora no iré a Cafarnaúm.

Vuelve tú. Tu hijo, desde este momento, está curado y vive.

El oficial del rey exclama:

–     ¡Que Dios te bendiga, mi Señor! Yo creo.

De todas formas, ven en otro momento a Cafarnaúm, a mi casa, que quiero que toda mi casa te festeje.

–    Iré. Adiós. La paz sea contigo.

El hombre sale rápido.

Inmediatamente después se oye el trote de un caballo.

El marido de Susana pregunta:

–     ¿Está curado de verdad ese muchacho? 

–     ¿Eres capaz de creer que Yo mienta?

–     No, Señor, pero Tú estás aquí y el muchacho allá.

–     Para mi espíritu no hay barreras ni distancias.

–     ¡Oh, mi Señor!.

Entonces, Tú que cambiaste el agua en vino en mi boda, transforma mi llanto en sonrisa: ¡Cúrame a Susana!

–    ¿Qué me das a cambio?

–     La suma que quieras.

–     No ensucio lo santo con la sangre del dios Riqueza.

Es a tu espíritu al que pregunto qué me dará.

–     Pues incluso a mí mismo si lo deseas.

–     ¿Y si te pidiera, sin palabras, un gran sacrificio?

–     Mi Señor, te estoy pidiendo la salud corporal de mi esposa y la santificación de todos nosotros.

Creo que nada puedo considerarlo excesivo si recibo esto.

–     Vivísimo es tu amor hacia tu mujer.

Si la devolviera a la vida, pero conquistándola Yo para siempre como discípula, ¿Qué dirías?

–     Que… que estás en tu derecho.

Y que… que imitaré a Abraham en la prontitud para el sacrificio.

–     Bien has dicho.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, se sufre el Calvario de Jesús CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Oíd esto todos:

La hora de mi Sacrificio se acerca; como agua corre veloz, sin detenerse, hacia la desembocadura.

Debo cumplir todo mi deber. La dureza humana me impide el acceso a mucho terreno de misión.

Mi Madre y María de Alfeo vendrán conmigo a otros lugares, a las gentes que aún no me aman o que no me amarán jamás.

Mi sabiduría sabe que las mujeres podrán ayudar al Maestro en este campo de misión impedido.

He venido a redimir también a la muje.

En el siglo futuro, en mi Hora, las mujeres símiles a sacerdotisas, servirán al Señor y a los siervos de Dios.

Yo he elegido a mis discípulos, pero para elegir a las mujeres, que no son libres, debo pedírselo a los padres y a los maridos. ¿Tú lo quieres?

–    Señor, amo a Susana.

Hasta ahora la he amado más como carne que como espíritu. Pero, influido por tu enseñanza, algo ha cambiado en mí;

ahora miro a mi mujer como alma además de como cuerpo. El alma es de Dios y Tú eres el Mesías Hijo de Dios.

No te puedo disputar tu derecho en lo que a Dios pertenece. Si Susana decide seguirte, no le opondré resistencia.

Me basta con que, te lo ruego, obres el milagro de sanarla a ella en su carne y a mí en mis apetitos…

–     Susana está curada.

Vendrá dentro de pocas horas a manifestarte su gozo. Deja que su alma siga su impulso, sin hablar de cuanto ahora he dicho.

Verás como su alma viene espontáneamente a Mí, como la llama tiende a subir hacia arriba. No por ello acabará su amor de esposa;  antes al contrario, subirá al grado más alto.

O sea, al de amar con la parte mejor: con el espíritu.

–     Susana te pertenece, Señor.

Debía morir y además lentamente, sufriendo fuertes espasmos. Una vez muerta, la habría perdido verdaderamente, aquí en la Tierra.

Siendo como Tú dices, la tendré todavía a mi lado para llevarme consigo por tus caminos.

Dios me la dio, Dios me la quita. ¡Bendito sea el Altísimo, en el dar y en el recibir!

Tiempo después, en Cafarnaúm…

Jesús está en la casa de Santiago y Juan con sus apóstoles, Pedro y Andrés, Simón Zelote, Judas y Mateo.

Santiago y Juan están felices: van y vienen, de su madre a Jesús y viceversa, como mariposas que no saben cuál flor elegir de dos igualmente apreciadas.

Y María Salomé, cada vez que van a ella, acaricia feliz, a estos hijos suyos, mientras Jesús sonríe contento.

Acaban de terminar la comida.

Santiago y Juan, a toda costa, quieren que Jesús coma unos racimos de uva blanca en conserva, preparada por su madre y que deben saber dulce como la miel.

¿Qué no le darían a Jesús?

Pero Salomé quiere ir más allá de las uvas y de las caricias, en dar y recibir.

Pasado un rato, en que ha estado pensativa mirando a Jesús y a Zebedeo, toma una decisión.

Se acerca al Maestro, que está sentado, aunque con los hombros apoyados contra la mesa. Y se arrodilla delante de Él.

Jesús pregunta:

–     ¿Qué quieres, mujer?

–     Maestro, has decidido que tu Madre y la de Santiago y Judas vayan contigo.

También va contigo Susana, y lo hará, sin duda, la gran Juana de Cusa.

Todas las mujeres que te veneran irán contigo, si una sola lo hace. Yo también quisiera contarme entre ellas.

Tómame contigo, Jesús; te serviré con amor.

–     Debes cuidar a Zebedeo. ¿Ya no lo quieres?

–     ¡Que si le quiero!…

Pero te quiero más a Tí. ¡Oh… No quiero decir que te quiera como hombre!

Tengo ya sesenta años, estoy casada desde hace casi cuarenta  y jamás he visto a hombre alguno aparte de mi marido. 

No voy a perder la cabeza ahora que soy una anciana.

No quiero decir tampoco que por ser vieja muera mi amor hacia mi Zebedeo. Pero Tú… Yo no sé hablar.

Soy una pobre mujer.

Hablo como sé. Quiero decir que a Zebedeo lo quiero con todo lo que yo era antes;

a Tí te quiero con todo lo que Tú me has sabido dar con tus palabras y las que me han referido Santiago y Juan.

Es algo completamente distinto, sin duda muy hermoso.

–     Nunca será tan hermoso como el amor de un excelente esposo.

« ¡Oh, no! ¡Mucho más!

No te lo tomes a mal, Zebedeo. Te sigo queriendo con toda mí misma. A Él, sin embargo, lo quiero con algo que aun siendo todavía María ya no es María, la pobre María, tu esposa, sino que es más…

¡Oh…, no sé decir!

Jesús sonríe a esta mujer que no quiere ofender a su marido, pero que al mismo tiempo no puede mantener escondido su grande, nuevo amor.

Zebedeo también sonríe, con gravedad. Y se acerca a su mujer,  la cual, todavía de rodillas, gira sobre sí misma alternativamente hacia su esposo y hacia Jesús. 

Jesús le dice:

–     ¿Te das cuenta, María, de que vas a tener que dejar tu casa?

¡Para ti es muy importante! Tus palomas… tus flores… y esta vid que da esa dulce uva de que tan orgullosa te sientes…

Y tus colmenas: las más renombradas del pueblo…

Y tendrás que dejar ese telar en que has tejido tanta tela, tanta lana para tus amados…

¿Y tus nietecitos, los hijos de tus hijas? ¿Qué vas a hacer sin ellos?

María Salomé, además de Juan y Santiago, tiene hijas… 

Y responde:

–     Pero, mi Señor,

¿Qué son las paredes de la casa, las palomas, las flores, la vid, las colmenas, el telar?… Son cosas buenas, se les tiene cariño, sí.

¡Pero… son tan pequeñas comparadas contigo, comparadas con el amor a Tí!… Los nietecitos… sí.

Sentiré no poderlos dormir en mi regazo ni oír su voz cuando me llaman. ¡Pero Tú eres mucho más; sí, sí, eres más que todo eso que me nombras!

Y aun en el caso de que por mi debilidad lo estimase tanto como servirte y seguirte.

O más, de todas formas prescindiría de ello, no sin llanto femenino, para seguirte con la sonrisa en el alma.

¡Acéptame, Maestro. Decídselo vosotros,

Juan, Santiago… y tú, esposo mío. ¡Sed buenos, ayudadme todos!

–     Bien, de acuerdo.

Vendrás también tú con las otras mujeres. He querido hacerte meditar bien sobre el pasado y el presente, sobre lo que dejas y lo que tomas.

Ven, Salomé; estás preparada ya para entrar en mi familia.

–     ¡Preparada! Pero si soy menos que un párvulo…

Tú me perdonarás los errores, me sujetarás de la mano. Tú… porque, siendo tosca como soy, voy a sentir vergüenza ante tu Madre y ante Juana.

Y ante todos, excepto ante Tí, porque Tú eres el Bueno y todo lo comprendes, de todo te compadeces, todo lo perdonas.

34 EL SACRIFICIO


Hago un llamado URGENTE a todo el mundo católico para que el próximo DOMINGO 9 de Agosto se lleve a cabo una jornada de ayuno y oración a nivel mundial con el rezo del rosario de mi Preciosísima Sangre y con el rezo del Exorcismo de San Miguel, de 12:00 am a 6:00 pm, pidiéndole al Padre Celestial por la protección de mis Templos, Santuarios y Lugares Santos, que están siendo destruidos y profanados por las fuerzas del Mal en este mundo.

34 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA
13. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Juan 16, 13

Habla Dios Espíritu Santo

La Tierra es un altar. Un enorme Altar. 

Fue creada para ser un Altar de Alabanza  Perpetua a su Creador.

Pero el hombre con su Pecado, la ha convertido en un Altar de Expiación.

La Tierra debe como todos los demás astros del Universo, cantar los Salmos a su Creador.

Todos los astros cantan con su voz de luz y movimiento, en los espacios infinitos del Firmamento, las Alabanzas a Dios.

También la Tierra canta el Salmo de las Esferas, como el Cielo con los vientos, con las aguas, con las voces de las plantas y de los animales.

Sobre el Templo de la Tierra solo falta el hombre, que tiene una misión que debiera ser algo más que un deber, una alegría: AMAR A DIOS.

Dar inteligente y voluntariamente, Culto de Amor a Dios, correspondiéndole por el Amor que Él ha dado al hombre, dándole la vida y dándole el Cielo, después de la Vida.

Y la Tierra está llena de Pecado y por eso debe ser Altar de Expiación Perpetua,

De Sacrificio Perpetuo, sobre el cual ardan las hostias que sufren: los inocentes y los santos.

Las almas víctimas que se unen a la Gran Víctima y se inmolan por todos.

Y de esta manera se convierte la injusticia en Redención.

El sudor y el trabajo fertilizan los campos.

El sacrificio de  las víctimas, fertiliza los corazones y los prepara para la salvación.

SER CRISTIANO  =    INMOLACIÓN.

Debemos vivir en el Amor y alcanzar en la Escuela del Sufrimiento, la cima del Sacrificio y la caridad: el Martirio.

Con el ‘callar, aceptar, sufrir y ofrecer’, se vence a Satanás.

Con esto se da muerte al ‘yo’, a la propia voluntad.

El ‘yo’ es orgullo y a Satanás no hay nada que lo irrite más, que un acto de humildad.

Y LA VERGÜENZA DE SER VENCIDO

POR UN HOMBRE INFERIOR A ÉL POR NATURALEZA;

LO EXASPERA Y LO HIERE

Vivir para los hombres o para Dios.

La diferencia la establece la medida del sacrificio de nuestro egoísmo.

La vida cristiana es un perpetuo heroísmo. Porque es una lucha contra el Mundo, el demonio y la Carne.

La libertad que Dios nos concede, no nos permite ser hipócritas:

o con Jesús o contra Él.

Tu corazón se volcará a lo que le dediques: tiempo, dinero. energía.

Si somos de Dios no podemos pactar alianzas con el Enemigo.

El que quiere servir a dos amos, con alguno queda mal.

Y al que se acerca a Satanás, éste lo arrebata sin contemplaciones.

Judas quiso adorar en dos altares y es muy conocido en donde terminó.

El sacrificio que Dios quiere, es el espíritu compungido, obediente, amoroso; porque puede también realizar un sacrificio de Alabanzas, de alegría, de amor y no solo de expiación.

CUANDO LE SACRIFICAMOS NUESTRA VOLUNTAD A SU VOLUNTAD,

HAY QUE INVOCAR LAS LÁGRIMAS DE MARÍA,

QUE NOS VIGORIZAN E INFUNDEN VALOR,

PARA UN MAYOR SACRIFICIO.

El Crecimiento en el Amor aumenta el hambre de sacrificio…

Y el sacrificio más tremendo, se vuelve soportable, cuando se sabe su utilidad.

Entonces sobre las lágrimas florece una sonrisa y sobre la angustia, una seguridad.

El hombre espiritual deja de ser esclavo de los sentidos y siempre tiene en los labios con amorosa resignación, estas palabras:

“No lo que yo quiero, Padre mío. Hágase tu Voluntad.”

¡Padre, SI QUIERES aparta de Mí éste Cáliz! Pero NO SE HAGA MI VOLUNTAD, sino la Tuya!

EL SACRIFICIO ES AMOR OFRENDADO AL AMOR.

La Perfección está compuesta del fruto de incontables sacrificios.

EL SACRIFICIO Y LA PENITENCIA, SON EL CAMINO DE LA SALVACIÓN.

Para ser verdadero cristiano se debe amar y reparar por los que han esterilizado el amor en su corazones.

La forma más elevada del amor es el sacrificio que imita al Amor Supremo: EL AMOR REDENTOR. 

Jesús como Rey del espíritu, solo ofreció privaciones, sacrificios y dolores,

que le serán cambiados en gloria al que persevere hasta el fín y no claudique del Camino del Calvario,

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y no la mía…´´

que está sembrado de Dolor y de lágrimas.

NO HAY RESURRECCIÓN SIN CRUCIFIXIÓN.

La victoria está en el sacrificio.

EL SACRIFICIO ES OFRENDA DE AMOR OFRECIDA AL PADRE.

Los dones vienen de Dios. El amor es mérito del hombre. El sacrificio es amor.

Es el que hace esplendoroso el altar del corazón.

El holocausto voluntario perfuma como el Incienso más agradable y es más precioso para Dios, que el perfume de todas las flores de la Tierra.

En el Purgatorio estamos SOLOS y se sufre LA SENTENCIA EN LA CRUZ DE NUESTROS PROPIOS PECADOS, que merecemos… PROPORCIONADA POR LA JUSTICIA DIVINA

Cada renuncia va envuelta con el oro de la Caridad que la ofrece a Dios en un culto verdadero, para que tome valor de Redención y así la Tierra se salvará con el sacrificio.

El Sacrificio es el que abre los oídos del espíritu y es la sangre que lava la lengua que habla de Dios.

Jesús es el Verbo del Padre y su Palabra es lo más sagrado, porque es la que da la Vida Eterna.

No puede ser Profeta de Jesús, el que no se crucifica totalmente con Él y convierte su vida en un sacrificio continuo.

Las almas víctimas están totalmente fusionadas con Dios e igual que Jesús está en el Padre y es uno con Él;

las almas que se inmolan ven realizarse el Misterio de que Dios las trabaje para que sean espejos purísimos en donde se reproduzca la imagen de Jesús Crucificado,

tal y como Él está en la Cruz: coronadas, azotadas, clavadas, desoladas, traspasadas y desamparadas.

En el INFIERNO, EL REINO DEL ODIO están peor, los demonios desquitan su ODIO Y SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

En cada uno de estos aspectos se convierten en un retrato viviente, para que el Padre se complazca en ellas y derrame gracias sobre los pecadores.

Como Iglesia, tenemos el deber sagrado de morir por Dios, abandonadas y crucificadas.

En el altar de la Tierra no fue consumada más que la Carne y la Sangre del Hombre-Dios.

En el altar del Cielo son ofrecidas las Hostias vivientes como oblación de suavísimo olor ardiente

sobre el altar del sacrificio de un corazón enamorado de Dios, constituyendo con esto: el Verdadero Culto a Dios.

LA PENITENCIA

Cuando Dios creó al hombre, se hizo un Templo perfecto para Sí Mismo y puso en él sólo una necesidad: la del Amor.

Amor de hijos hacia su Padre. Amor de súbditos para su Rey. Y amor de creaturas para su Creador.

Y si el ácido de la culpa no hubiese corroído las raíces del amor; éste habría crecido potente en nosotros como un gozo;

como una necesidad que produce alivio cuando se realiza, igual que lo es el respirar.

Y el amar se hubiera efectuado sin fatiga, porque el amor es la respiración y la sangre que hace vital al espíritu.

Peor que la ruina y la destrucción que hacen las bombas nucleares en el mundo material; más nefasta fue la Culpa.

Pues trastornó la Obra Maestra de la Creación y desbarató, en la raíz del hombre;

aquel conjunto perfecto de carne dócil al espíritu y aquel armónico contorno que pusiera Dios alrededor de su hijo; para que fuera un rey feliz.Desaparecido el amor del hombre para con Dios; desapareció el Amor de la Tierra para con el hombre.

Se desencadenó la ferocidad entre los seres inferiores; entre éstos y el hombre y…

¡El Horror de los horrores!.. Entre los mismos hombres.

La sangre hirvió a causa del Odio y se derramó contaminando el altar de la Tierra.

Y de la semilla de la Culpa nació una planta de amargo fruto y de punzantes ramas: el Dolor.

El Pecado evolucionó en perversión y ferocidad; haciendo que el Dolor se hiciera más vasto y complicado.

Jesús, el Dios-Hombre. Vino a santificar el Dolor, sufriéndolo por nosotros.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Y fundiendo el suyo que es Infinito, con el nuestro; para darle mérito.

Dos son las necesidades primordiales del hombre: el Amor y el Dolor.

El Amor que nos impide cometer el mal. Y el Dolor que lo repara.

Esta es la ciencia que se debe aprender: saber amar y saber sufrir.

El que aprende a dominar el arte de sufrir se convierte en penitente.

SOLO LA PENITENCIA Y EL AMOR PESAN A LOS OJOS DE DIOS;

 

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina… Y TENEMOS EL PALIATIVO DEL CIELO. EL SUFRIMIENTO SE TORNA GOZO

PARA DETENER LOS ACONTECIMIENTOS Y DESVIARLOS….

PENITENCIA

Su nombre causa horror, pero sus efectos dan frutos preciosos en el campo de las virtudes, porque surge de la humildad y es el fuego que conserva, desarrolla y fortalece las virtudes.

De ella nace el propio desprecio. Se desprende el ansia de padecer y se fortalece el hambre de crucifixión.

La Penitencia atrae a Dios y sirve para expiar y merecer, porque es el arrepentimiento activo.

La expiación por el dolor dado a Dios y un dolor reparador a través de un castigo infligido con objeto de desagraviarlo.

La Penitencia da luz y agilidad de espíritu, porque doma la carnalidad y es el arma más poderosa contra los vicios.

Porque ataca directamente todos los pecados capitales e impide que el alma se hunda en la molicie.

La Penitencia nos arranca del fango y nos dispara en el vuelo hacia el encuentro del Amor.

La Penitencia es un secreto entre el alma y Dios, consumado por amor a Él, a los hermanos y hacia nosotros mismos, para que el espíritu vuelva a ser rey.

Es la muralla que protege la castidad. Desarma la Justicia de Dios y la convierte en Gracias.

Purifica las almas; apaga el fuego del Purgatorio; eleva el alma de la Tierra

Y ES LA COOPERACIÓN A LA REDENCIÓN:

PORQUE LA PENITENCIA Y EL SACRIFICIO,ARRANCAN LAS ALMAS A SATANÁS.

La penitencia es la humillación que le infiltra el hombre a sus bajezas y miserias: trabajar para derribar el ‘yo’.

debe pedir a Dios, a través de una vida de Penitencia que nos lave de tanta humanidad y que nuestro corazón arda, por el celo de Dios y de las almas.

Y que nos convierta en carbones encendidos por la Caridad.

Y si no sabemos imponernos penitencias, hay que aceptar aquella de la vida que no es plena, diciendo: ‘Si esta pena viene de Dios, hágase señor tu Voluntad.’

Si viene de un pobre hermano cautivo: ‘Padre, yo te la ofrezco para que tú lo perdones y él se redima.’

Cuando se hace así, todo es puro y entonces se alcanza la pureza del Corazón que lo convierte en Trono de Dios.

Y aún el más perfecto de los penitentes, arrastra en su sacrificio escorias de imperfecciones humanas, de odios, de egoísmos…

Y Jesús enseñó que por más que ayunemos con la boca; si después no se ayuna con el corazón

dejando de perjudicar con las obras, con las palabras y hasta con el pensamiento, al prójimo; le resulta detestable nuestro ayuno, que da muerte a nuestra alma.

Porque las prácticas sin la caridad, sólo pavimentan el camino para el infierno…

La Penitencia que le agrada a Dios, sólo la conoce Dios.

Es mejor pasar por inmortificados a los ojos del mundo… y de esta manera la practicamos con la pureza de corazón necesaria.

“Bienaventurados los limpios de corazón…”

La Penitencia abre los ojos del espíritu. Los ojos del espíritu ‘ven’ las sublimes visiones y ellas anulan la sensibilidad corporal.

Es lo que nos ayudad a soportar los horrendos suplicios sonriendo.

El éxtasis anula la sensibilidad dolorífica.

Cuando alcanzamos la perfección en el amor, podemos ver con su perfección, la Perfección de Dios sin velos y con una verdadera anulación, lo material desaparece.

La alegría de la visión, suprime la miseria de la carne sensible al sufrimiento. Y empezamos a gozar del Paraíso.

La Penitencia no mata más que lo que va a morir.

No debe haber temor por el cuerpo al que se debe amar poquísimo:

sólo como se ama y se cuida un vestido, que tarde o temprano se vuelve inservible.

Los cilicios y las disciplinas no son las que matan. Los penitentes no mueren de esto.

Mueren por la Caridad que los consume y que arde en ellos como un horno. Porque la hoguera del amor consume más de lo que destruye la austeridad.

La Penitencia purifica el cuerpo y el alma.

El ayuno corporal, purifica los sentidos y es una reparación por los que aman la carne como la cosa más preciosa y solamente buscan la felicidad en los placeres sensuales y materiales.

El ayuno es una tremenda fuerza de oposición contra los males con los que Satanás inunda las almas; porque no solo de pan vive el hombre.

La Penitencia se ejerce con el control de las pasiones y la mortificación de los sentidos, controlando la lengua y guardando silencio exterior e interior.

Huyendo de la murmuración y el descontento; de los chismes y la fácil tentación del juicio y la condena.

La Penitencia es sufrimiento para el cuerpo y luz para el espíritu.

Fortifica la debilidad y alcanza las gracias de Dios.

Con la Penitencia se preparan los caminos y caen las cadenas de la esclavitud y el Pecado.

La Penitencia nos ayuda a vencer las tentaciones y a vencer a Satanás en los corazones que se desea redimir.

PORQUE CIERTOS DEMONIOS SE VENCEN

SÓLO CON LA ORACIÓN Y LA MORTIFICACIÓN

CON LA PENITENCIA SE ENCIENDE EL AMOR EN LOS CORAZONES APAGADOS

Los hombres no saben cuántas lágrimas; cuantos dolores; cuantas penitencias; cuantos sacrificios; son el precio de su existencia.

Creen tener la vida por la madre que los ha engendrado y por el padre que les ha dado el pan.  Esto es verdad, si se calcula con la medida de los brutos que así tienen la vida.

Pero la Verdadera Vida para darles tiempo para convertirse, es obra de las almas víctimas.

Muchos no mueren eternamente por estos héroes para ellos desconocidos, que metiéndose entre los hombres y Dios, con los brazos levantados trasfieren hacia sí mismos; como si fueran un pararrayos, los castigos divinos.

Y les trasfunden un poco de la sangre espiritual, que es sangre de Gracia, que circula en le Gran Cuerpo Místico, a los que están desvanecidos por las enfermedades morales.

Pero todo esto lo hacen a través del tamiz de su yo sacrificado y es como se filtra este bien a los malvados.

La Tierra tiene mucha necesidad de Penitencia, para que los débiles puedan tener fuerzas para resistir a Satanás.

Y aún el más perfecto de los penitentes, arrastra en su sacrificio escorias de imperfecciones humanas, de odios, de egoísmos…

la Penitencia; al tener subyugado al pólipo que lo humano lleva adherido en su fondo; confiere luz y agilidad al espíritu.

La penitencia nos arranca de la carnalidad y nos lanza como bólidos al encuentro del Amor.

La Penitencia debe siempre precederlo todo porque es la que amerita las alegrías.

Toda visión nace de una precedente penitencia y cada penitencia abre el camino para la más alta contemplación.

Sacrificio. Sacrificio. Sacrificio. Debe ser nuestra vida, nuestra fuerza, nuestra gloria.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Sólo cuando las almas se adormecen en Dios, es cuando dejan de ser hostias, para convertirse en dioses. Su vida es un total sacerdocio.

El Pensamiento del Crucificado, ¡Qué ligeras hace todas las penitencias del cuerpo y los dolores internos!

A Dios se le encuentra en la Cruz y la misión es ser un reflejo de Jesús Crucificado.

Las almas víctimas son los gigantes del Amor.

Expían por amor de los hermanos y esto es amor del prójimo llevado hasta el heroísmo.

Se ofrece al Dios Ofendido al que le brinda consuelo por la ofensa recibida y esto es Amor de Dios llevado hasta el heroísmo.

El Amor es el Sacrificador Eterno.

El que inmoló al Dios hecho Carne y…

32 LEVADURA DE CONVERSION


32 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Hago un llamado URGENTE a todo el mundo católico para que el próximo 9 de Agosto se lleve a cabo una jornada de ayuno y oración a nivel mundial con el rezo del rosario de mi Preciosísima Sangre y con el rezo del Exorcismo de San Miguel, de 12:00 am a 6:00 pm, pidiéndole al Padre Celestial por la protección de mis Templos, Santuarios y Lugares Santos, que están siendo destruidos y profanados por las fuerzas del Mal en este mundo.

A través del camino montañoso, Jesús va caminando con sus discípulos por una vereda serpenteante que corta la pendiente y sigue el curso del río.

Juan está rojo como la púrpura, cargado como un mozo de cuerda, con una saca grande bien llena.

Judas, por su parte, porta la de Jesús junto con la suya.

Simón lleva sólo la suya y los mantos.

Jesús viste de nuevo su túnica, la madre de Judas debe haber encargado que se la lavaran porque no tiene arrugas. Y calza sus sandalias. 

A pesar del calor y la fatiga, Juan no pierde su buen humor.

Y exclama:

–    ¡Cuánta fruta! ¡Qué hermosos viñedos hay en aquellas colinas! Maestro, ¿Este es el río en cuyas riberas nuestros padres cogieron los racimos milagrosos’

Jesús contesta:

–    No. Es el otro que está más hacia el sur. Pero toda la región es rica en sabrosas frutas.

Simón observa:

–    Ahora ya no es tan fértil aunque siga siendo bella.

Jesús aclara:

–    Muchas guerras han devastado la tierra. Aquí se formó Israel… pero para esto debió fecundarse con su sangre y la de los enemigos.

–   ¿En dónde encontraremos a los pastores?

–    A cinco kilómetros de Hebrón; en las riberas del río que me preguntaba Juan.

–   ¿Entonces es más allá de aquellas colinas?

–    Sí.

–    Hace mucho calor, Maestro. Después ¿A dónde iremos?

–    A un lugar mucho más caliente. Pero os ruego que vengáis.

Caminaremos de noche. Las estrellas son tan claras que no hay oscuridad. Os quiero mostrar un lugar…

Juan pregunta:

–   ¿Una ciudad?

–    No. Un lugar que os hará entender al Maestro; mejor tal vez que sus palabras.

Judas dice:

–    Perdimos varios días por ese incidente sin importancia. Destruyó todo…

Y mi madre que había preparado tantas cosas, ha quedado desilusionada. No sé por qué has querido retirarte hasta la purificación.

Jesús contesta:

–    Judas, ¿Por qué llamas sin importancia un suceso que fue una gracia para un verdadero fiel? ¿No querrías para ti una muerte semejante?

Había esperado toda su vida al Mesías. Cuando era anciano fue por caminos ásperos a adorarlo. Cuando le dijeron: ‘Está en…’ conservó en su corazón por treinta años, las palabras de mi Madre.

El amor y la fe lo revistieron con su fuego en la última hora que Dios le reservó. El corazón se le partió de alegría.

Se le incendió en el fuego de Dios como un holocausto agradable. ¡Qué mejor suerte que ésta!

¿Aguó la fiesta que habías preparado?… Ve en esto una respuesta de Dios.

Que no se mezcle lo que es del hombre con lo que es de Dios. Tu madre, me verá otra vez. todo Keriot puede venir al Mesías; el viejo ya no tenía fuerzas para hacerlo.

He sido feliz de haber estrechado con el corazón, al viejo padre que moría y de haber encontrado su espíritu. Y por lo demás…

¿Para qué dar escándalo con mostrar desprecio a la Ley? ¿Cómo puedo decir que sean fieles, si Yo no lo Soy?

Simón responde:

–     Creo que este es el error de nuestra decadencia. Los rabíes y los fariseos aplastan al pueblo con sus preceptos y después hacen como el que profanó la casa de Juan, que la convirtió en un burdel.

Judas aclara:

–     Es uno de Herodes.

–     Sí, Judas. Pero las mismas culpas cometen las castas que se llaman a sí mismas ‘santas’ ¿Tú qué opinas Maestro?

–     Afirmo que con tal de que haya un poco de verdadero fermento y de verdadero incienso en Israel, se hará el pan y se perfumará el altar.

–     ¿Qué quieres decir?

–     Quiero decir que si hay alguien que con recto corazón venga a la verdad. La Verdad se esparcirá como fermento en la masa de harina y como incienso en todo Israel.

–     ¿Qué fue lo que te dijo esa mujer?

Jesús no responde y se vuelve hacia Juan:

–      Pesa mucho y te cansas. Dámela.

El discípulo más joven contesta:

–     No, Jesús. Estoy acostumbrado a las cargas y luego… me lo aligera al pensar en la alegría que tendrá Isaac.

Al dar vuelta a la colina, a la sombra del bosque se encuentran con las ovejas de Elías, los pastores están bajo la sombra de un árbol, cuidándolas.

Ven a Jesús, se levantan de un salto y corren. Cuando están frente a Él,

Jesús les pregunta:

–     La paz sea con vosotros. ¿Qué hacíais?

Isaac contesta:

–     Estábamos preocupados por Ti. Por el retraso. No sabíamos si ir a tu encuentro u obedecer.

Decidimos venir hasta aquí para obedecerte y al mismo tiempo satisfacer a nuestro amor; pues debías de haber llegado aquí desde hace varios días.

–    Tuvimos que detenernos.

–   ¿Pasó alguna desgracia?

–    Ninguna, amigo. Un fiel murió en mi pecho. Sólo fue eso.

Judas interviene:

–   ¿Qué querías que sucediese pastor? Cuando las cosas están bien organizadas… 

Claro que es menester saber disponerlas y preparar los corazones para recibirlas. Mi ciudad tributó honores al Mesías. ¿Verdad, Maestro?

Jesús responde:

–   Es verdad, Isaac. Al regresar pasamos por la casa de Sara.

También la ciudad de Yuttá, sin ningún otro preparativo que el de su bondad sencilla y la verdad con la que me predicaste, logró entender la esencia de mi doctrina.

Aman con un amor práctico, desinteresado y santo. Isaac, te envían alimentos y vestidos. 

Todos contribuyeron a aumentar los óbolos de tu casa. Tómalos. No tengo dinero. Pero te traje esto que está purificado con la caridad.

–    No, Maestro. Déjalo contigo. Yo estoy acostumbrado a no tener nada.

–    Ahora tienes que ir a lugares a donde te enviaré y lo necesitarás. No es mucho pero sabrás emplearlo.

Ahora se dirige al discípulo más joven:

–     Juan, dale aquella alforja.

Y agrega mirando a Isaac: 

–     Es un regalo que está lleno de amor.

Isaac toma la alforja y va a vestirse detrás de un matorral; pues todavía está descalzo y viste su rara toga improvisada con su cobija.

Elías dice:

–     Maestro, tres días después de que te fuiste, estábamos apacentando los animales en Hebrón.

Y la mujer que estaba en la casa de Juan, nos mandó una criada con esta bolsa diciendo que quería hablar con nosotros.

La primera vez la devolví y le dije: ‘No tengo nada que escuchar’.

Luego la sirvienta regresó y dijo: ‘Ven, en el Nombre de Jesús’. Y fui… esperando que no estuviese su… el hombre que la tiene allí.

Quería saber muchas cosas, pero yo hablé con prudencia. Es una prostituta.

Tuve miedo de que fuese una trampa contra Ti. Me preguntó quién Eres; donde vives; qué es lo que haces; si eres un grande de Israel.

Le dije: ‘Es Jesús de Nazareth. Está por todas partes, porque es un maestro y va enseñando por la Palestina’

También dije que eras un hombre pobre y sencillo. Un obrero a quien ha hecho sabio la Sabiduría… no dije más.

Jesús contesta:

–     Hiciste bien.

Y simultáneamente Judas exclama:

–     ¡Has hecho mal! ¿Por qué no le dijiste que Él es el Mesías? ¡Qué es el Rey del Mundo!

¡Hay que aplastar la soberbia romana bajo el poder de Dios!

Elías explica:

–     No me hubiera entendido. Y luego… todo lo que es de Jesús, es santo

¿Cómo puedo saber lo que ella piensa? No quise poner en peligro a Jesús, hablando de más. Que el mal le venga de cualquier otro, pero no de mí.

Judas se vuelve hacia Juan:

–    Juan, vamos a decirle quién es el Maestro. A explicarle cuál es la Verdad santa.

Juan objeta:

–    Yo no. Iré solo que Jesús me lo ordene.

–   ¿Tienes miedo? ¿Qué puede hacerte? ¿Te causa asco?… El Maestro no le tuvo.

–    No es miedo ni asco. Tengo compasión de ella.

Pero pienso que si Jesús hubiera querido; se hubiera detenido a instruirla. No lo hizo. Entonces no es necesario que lo hagamos nosotros.

Elías muestra la bolsa diciendo:

–     Entonces no había señales de conversión. Pero ahora…

Judas la toma y se sienta sobre la hierba.

Closeup of gold jewelery with precious stones

Extiende su manto y abre la bolsa dejando que caiga sobre él, todo su contenido:

Es un montón de anillos, collares, gargantillas, brazaletes, aretes, pulseras, tiaras… adornadas con piedras preciosas.

Oro brillante que cae sobre el amarillo oro del vestido del apóstol.

Judas, exclama admirado:

–     Maestro, ¡Son puras joyas! ¿Qué hacemos con ellas?

Simón aconseja:

–     Se pueden vender.

Judas responde sin esconder su asombro:

–    Sería un desperdicio.

Elías explica:

–    Yo también le dije cuando las recibí: ‘Tu dueño te pegará’ y ella me respondió: ‘No son suyas. Son mías. Y puedo hacer con ellas lo que se me antoje.

Sé que es oro de pecado… Pero se hará bueno, si se emplea con quien es pobre y santo. Para que se acuerde de mí’…

Y se puso a llorar desconsoladamente.

Judas dice:

–    Ve, Maestro.

Jesús contesta rotundo:

–     No.

–    Manda a Simón.

–    No.

–    Entonces voy yo.

–    ¡No!

Los ‘no’ de Jesús, son cortantes e imperiosos.

Elías ve que Jesús está enojado y pregunta preocupado:

–     Maestro, ¿Hice mal en hablar con ella y en haber tomado el oro?

Jesús contesta:

–     No hiciste mal. Pero no hay nada que hacer.

Judas insiste:

–     Pero tal vez esa mujer quiera redimirse y tenga necesidad de ser instruida.

Jesús suspira y se arma de paciencia. Luego dice:

–    Existen en ella tantas chispas para provocar el incendio en que pueda quemarse su vicio y volver a ser un alma otra vez virgen, por el arrepentimiento.

Hace poco os hablé de la levadura que se esparce en la harina y la hace un pan santo. Oíd esta breve parábola:

Esa mujer es harina. Una harina en quién el Maligno ha mezclado sus polvos de infierno.

Mis palabras y Yo, somos la levadura.

Pero si hay mucho salvado en la harina; piedras, ceniza, arena; ¿Podrá hacerse el pan aunque la levadura sea buena?…

¡No se puede hacer!

Es necesario quitar con paciencia, ese tamo. Las cenizas, las piedritas y la arena.

La misericordia pasa y ofrece ese tamiz. El primero.

El que se compone de verdades breves; pero fundamentales, como son las necesarias para que entienda que está atrapada en la red de la ignorancia completa, del vicio y del gentilismo.

Si el alma lo acepta, empieza la primera purificación. 

La segunda viene con el tamiz del alma misma; que compara su ser con el del Ser que se le ha revelado… Y esto le da horror.

Y aquí empieza su obra.

Por medio de una operación más minuciosa, limpia lo que es harina; pero que aún tiene granitos pesados, para poder obtener un pan óptimo…

Cuando está lista; vuelve otra vez la Misericordia y se introduce en esa harina preparada.

Y también ésta es otra preparación, Judas.  Que la fermenta y la hace pan.

Pero ésta es una operación larga que necesita de la voluntad del alma.

Esa mujer tiene ya en sí, lo mínimo que era justo darle y que puede servirle para terminar su trabajo.

Dejemos que lo haga, si quiere hacerlo. Sin que nada la perturbe.

Cualquier cosa turba a un alma que se elabora: la curiosidad; celo imprudente; las intransigencias; así como las piedades excesivas.

–   ¿Entonces, no vamos?

–   No, Judas. Y para que ninguno tenga tentación, vámonos.

En el bosque aprovecharemos la sombra. Nos detendremos en las márgenes del Valle de Terebinto.

Allí nos separaremos.

Elías volverá a sus pastizales con Leví.

José vendrá conmigo hasta el paso de Jericó.

Después nos volveremos a reunir.

Tú, Isaac; continúa haciendo lo que hacías en Yutta, partiendo de aquí por Arimatea y Lidia, hasta llegar a Docco. Allí nos encontraremos.

Hay que preparar la Judea y tú ya sabes cómo hacerlo

Judas pregunta:

–   ¿Y nosotros?

Jesús contesta:

–    ¿Vosotros? Vendréis conmigo para ver mi preparación. También Yo me preparé para la misión.

–    ¿Fuiste con un rabí?

–    No.

–   ¿Con Juan?

–    De él, sólo recibí el bautismo.

–   ¿Entonces?…

–    Belén ha hablado con las piedras y los corazones.

También allá donde te llevaré Judas… un corazón, el mío. Y también las piedras, hablarán y te darán la respuesta.

Elías trae leche y pan y dice:

–   Tratamos de persuadir a los de Hebrón; pero no creen más que en Juan. Para ellos es su ‘santo’ y no quieren a nadie más.

Jesús dice:

–   Es un pecado común a muchos. Miran al obrero y no al Dueño que lo envió.

¡No importa! El Verbo sufre, pero no guarda rencor… ¡Vámonos!

F72 COMO NOSOTROS PERDONAMOS…


En el Libro Enfrentando a Nerón, tenemos la odisea de como un cónsul romano que NI idea tenía de lo que era el cristianismo, se convirtió en un formidable apóstol y dio testimonio de Jesucristo en el Coliseo, ante un enfurecido emperador Domiciano que también trató de exterminar a los cristianos en el primer siglo.

Entre las lecciones que recibió para instruirse en el cristianismo está la forma EN QUE APRENDIÓ A PERDONAR  y que estamos reproduciendo, para todos nuestros hermanitos actuales que estén interesados en hacerlo. Para esto transcribiremos los dos post que fueron escritos como enseñanza para los primeros cristianos…

Esperamos que los disfruten tanto, como sucedió con nosotros, cuando el Maestro nos los enseñó.

Así que DISFRÚTENLOS.

“Cuando Marco Aurelio termina de escribir, llegó Mauro a revisar a su paciente.

Y teniendo reunidos a todos los miembros de la casa, les anunció:

–           Bien Marco Aurelio, por disposición de Pedro, ya no seré solamente tu médico, sino también tu maestro. David, -dice dirigiéndose al joven- si hay cristianos catecúmenos que quieran escuchar la enseñanza, ve a llamarlos. Y mientras revisaré a mi querido hermanito. 

David respondió feliz:

–           Voy inmediatamente.

Mauro con gran delicadeza procedió a examinar a Marco Aurelio, que mira sonriente y extasiado a su esposa, que a su vez le sonríe con amor y dulzura.

Para sorpresa de Marco Aurelio, David regresa con una treintena de personas que se distribuyen en la habitación.

Y el tribuno escucha su primera lección particular, en la voz fuerte y sonora de Mauro:

“PERDONA NUESTRAS OFENSAS…”

Dios es Amor. Dios ama. Ama como padre a sus hijos. Como Jesús, Dios-Hombre a sus hermanos. Él siendo Amor, NO puede ser más que Justicia, porque solo quién no ama es injusto. Por lo tanto es siempre Justo, tanto en el castigar como en el premiar. Dios tuvo Misericordia y compasión desde antes de crear al Hombre, cuya Culpa futura NO era ignorada por su Creador.

Y esto, el haber creado al hombre para darle el Cielo y hacerse una Familia con la semejanza divina. Y haberlo creado conociendo su destino en el que por su propia voluntad sería un pecador, un rebelde, un prevaricador, un ladrón, homicida, violento, mentiroso, concupiscente, sacrílego, idólatra.

Y sobre todo, haberlo creado sabiéndolo capaz de matar a su Verbo. Que por el hombre tomaría un Cuerpo y por la Humanidad sería herido infinitas veces con sus pecados, desde su venida redentora hasta el Fin de los Siglos; da la medida exacta de la Infinita Misericordia y Compasión de Dios.

Él miraba en lo Eterno a su Verbo. Y su Pensamiento Eterno pensaba en todas las cosas que para el Verbo habría creado. Y contemplando en lo eterno la futura Creación, en la cual todo sería creado  ‘bueno´.. Vio a la Serpiente atacar, corromper, envenenar todas las cosas, llevándoles el Dolor.

Vio al hombre Decaído. Vio a Caín asesino de Abel; figura del otro Caín (Israel) que asesinaría al nuevo Abel: su Verbo.

Aún el más santo de los hombres, delante de un conocimiento similar; habría si NO odiado; sentir al menos surgir indiferencia por el Ingrato inútilmente beneficiado, Destructor de los bienes recibidos.

Dios, NO. Dios sabe todo. Pero su Misericordia y compasión NO murieron, NI languidecieron. Al contrario, oculto precisamente por este Conocimiento eterno; desde la Eternidad fue decretado que porque el Hombre y los hombres serían pecadores, homicidas de sí mismos en su parte eterna y de sus hermanos.

Para hacerlos de nuevo ‘vivos’, ‘hijos’, ‘coherederos’; ERA NECESARIO  sacrificar al Hijo.

Él sería el Hijo del Hombre. El Adán Fiel y Santísimo. El Abel y el Cordero Inmolado por los Caínes Deicidas.

Y de la Primera Culpa (aquella del Edén) y de la Segunda Culpa (la del Templo) vendrá la Redención. Y Dios será Compasivo y Misericordioso con todos aquellos que con su ‘buena voluntad’, querrán ser hijos de Dios, habiendo acogido con amor a Cristo.

Y seguido y practicado los Mandamientos y las enseñanzas de la Palabra Divina.

¡Y EL PERDON FUE PRIMERO QUE EL PECADO!

Dios quería perdonar al hombre y La Promesa de la Redención le fue dada al hombre en el Edén…

El Amor Perfecto e Infinito creó el medio para absolver al Culpable, antes de crearlo. ¡El Perdón es la Venganza de Dios!

¿CÓMO SE APRENDE A PERDONAR?

Para practicar esta enseñanza es necesario comprender, CÓMO FUNCIONA  el Perdón.

EL PERDÓN CONSTA DE SIETE PASOS DIVIDIDOS EN DOS PARTES.

La primera parte la da el Hombre, NO PUEDE puede darlos Dios.  Porque entra en juego algo de lo que Dios quiso que el hombre fuera el soberano absoluto: la voluntad.

La voluntad es el propio ‘yo’. Es un gran amigo. Un gran tentador. Un gran enemigo y un gran juez.

Es amigo fiel en el hombre bueno. Es amigo hipócrita en el que NO es bueno, porque después de servir de cómplice para las fechorías que incita, se convierte en juez inexorable y atormenta con reproches crueles. Es un gran enemigo en el hombre inclinado a la soberbia.

Pero la buena voluntad, el gran amigo que lleva al Heroísmo espiritual, es lo que se necesita para llevar a cabo los cuatro primeros pasos, en la Primera Parte del Proceso del Perdón.

Como el perdón depende en gran parte del libre albedrío concedido al hombre, por eso al hombre le toca realizar más de la mitad del ejercicio que debe hacerse al perdonar.

La palabra clave es: QUIERO.  

1°- QUERER  PERDONAR.

Independientemente de los sentimientos.

Aquí lo que importa es nuestra voluntad. No debemos mirar el agravio recibido, por grave que sea. Tampoco importa lo que sentimos. Eso es aparte.

Lo único que debemos tener en cuenta es el amor por nuestro Dios y el deseo de imitar a nuestro Salvador.

Debemos ‘forzar’ nuestro ‘yo indignado’ y como dueños de nuestra voluntad, uniéndola a la de Jesús que dijo: “Padre, hágase tu voluntad y no la mía…”, decir: ‘Quiero’.  “Quiero perdonar.”

2°- QUERER RECONOCER NUESTROS SENTIMIENTOS COMO PECADOS.

La Ira. La Furia. El Orgullo lastimado. La Soberbia herida. El deseo de Venganza. El Rencor. El Odio. ¿Qué son?…

PECADOS. CON LOS CUALES ESTAMOS OFENDIENDO A DIOS. NO importa lo que otro nos haya hecho. Importa lo que nosotros estamos haciendo.

Y esos sentimientos hieren al Amor y ofenden gravemente al Señor.

Cuando reconocemos esto, sabemos que es Satanás el que quiere derrotarnos con el Pecado, para apartarnos de Dios.

3°- QUERER ARREPENTIRSE…

Y pedir humildemente Perdón a Dios.

Al arrepentirnos por el dolor que hemos causado al Señor, le pedimos perdón.

Y cuando renunciamos a estos sentimientos-pecados, le entregamos nuestra alma herida y nuestro corazón desgarrado, para que Él los sane.

Y con la reconciliación con Dios, desaparecen las cadenas con las que Satanás nos había atrapado.

4°- QUERER ROMPER EL PAGARÉ DE NUESTRO DEUDOR.

Orando. PERDONANDO. Especificando la Ofensa recibida y el nombre del ofensor. Pidiendo las bendiciones de Dios, sobre nuestro enemigo.

Al declarar el perdón al ofensor por el agravio recibido, con esto cancelamos la deuda del culpable con nosotros.

Y oramos por él, para que la Gracia de Dios descienda sobre el que ha pecado contra nosotros.

Así devolvemos Bien por mal, al invocar las bendiciones de Dios sobre él.

Y aquí se acaba nuestra intervención

Para los pasos que da el hombre es necesaria la humildad. La fe. El Arrepentimiento…

Y MUCHO VALOR.

La entrega es necesaria, porque se requiere Poder, para vencer al Rencor.

Querer doblegar el amor propio herido, es un esfuerzo titánico y MUY doloroso.

Solo cuando lo intentamos por primera vez, lo podemos comprender. Es como dar un salto al vacío. Al llegar a este punto (cuarto paso), solemos quedarnos sin voz.

Y las palabras más angustiosas, son las que debemos obligarnos a pronunciar…

“Padre amado, YO PERDONO A…. Por haberme… Y te ruego que Tú también lo perdones y lo bendigas con la Luz de tu salvación…”

Cuando logramos vencer la parálisis momentánea y recuperamos la voz, nuestra alma desgarrada brota con cada sílaba.

Para esto es necesario un tremendo esfuerzo de voluntad.

Pero, ¡Vaya que vale la pena!

Para los pasos que da Dios, el hombre NO puede intervenir, porque está fuera de su capacidad.

Lo único necesario es la Fe.

¡Y el Gozo que se experimenta es tan maravilloso!

¡Cómo el bienestar que invade todo nuestro ser, al ver como Dios siempre cumple sus promesas! 

5°- DIOS ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN Y HACE LO QUE LE PEDIMOS.

Satanás YA NO puede acusar al culpable de habernos ofendido delante de Dios, porque nosotros ya le perdonamos. Y pierde su dominio sobre nosotros y sobre el instrumento que usó para dañarnos.

Tampoco puede acusarnos a nosotros, porque ya fuimos perdonados y NO tiene pecados con qué encadenarnos y torturarnos.

La Misericordia de Dios llega al ofensor para que se convierta y se salve. Y Dios recupera otra oveja perdida.

Y a nosotros, con esa misma misericordia nos llena de Gracia, con la cual regeneramos nuestra propia alma, para que alcance la perfección.

6°- DIOS TOMA NUESTRO CORAZÓN Y NUESTRA MENTE  Y SANA LOS RECUERDOS DOLOROSOS.

¡DEJAMOS DE SENTIRNOS OFENDIDOS!

LAS OFENSAS PIERDEN SU DIMENSION ¡Es como si le hubieran sucedido a otra persona ajena a nosotros y el corazón hubiera sido anestesiado! DEJAN DE DOLER.

El Amor de Dios es el bálsamo perfecto y santo. Nos fortalece y quita de las manos del ofensor, el arma con la que nos estaba destruyendo.

Al orar por nuestro ‘enemigo’ Dios NO puede resistir la Fuerza del Perdón, que es la Fuerza del Amor Perfecto.

Porque éste es amor operante que destruye el Odio y abre las fuentes de la Gracia, haciendo que cada día crezcamos en amor, santidad y perfección, hasta ser verdaderos hijos suyos.

7°- DIOS TOMA TODO NUESTRO SER Y LO LLENA DE AMOR.Jesús desde la cruz dijo: “Padre, perdónalos… porque no saben lo que hacen…” Y Él amó a sus asesinos mostrándonos con el ejemplo:

El Amor al Enemigo.

Es un Don que Dios nos da, después de que ya hicimos nuestra parte.

Él nos hace sentir el amor y la compasión por el alma que yace encadenada por Satanás. Que es el verdadero culpable de nuestro dolor, ya que el hombre pecador es su instrumento para destruirnos.

Con este amor sublime se rompe el círculo que Satanás ha tratado de crear por medio de la Venganza y el Rencor.

Dios ama a través de nosotros a esa alma desgraciada, que llena de odio nos aflige y trata de destruirnos.

Y a nosotros nos da la fortaleza necesaria para soportar las injurias y convertirlas en amor y en alegría, pues la dicha que se siente es incomparable.

Y para lograrlo, lo único que es necesario, ES LA DECISIÓN DE QUERER PERDONAR.

Sentir el Poder de Dios en el Perdón Total, es una de las experiencias más sublimes que el Espíritu Santo nos puede dar.

Alcanzar el amor a este grado de virtud, es lo que deifica al alma; porque se ha llegado a la Semejanza Perfecta con el Salvador.

Entonces es cuando somos y nos sentimos dioses.

Hijos verdaderos del Dios Único y Trino, el Altísimo Señor del Universo.

EL PERDON ES EL AMOR PERFECTO.

Jesús es el Hijo del Amor. Y como Hombre vino a instaurar el Amor en la Tierra. El amor es Paciencia y Perdón.

Jesús como Maestro enseñó:

“El holocausto perfecto es amar como a nosotros mismos a los que nos persiguen y nos guardan rencor. Quién haga esto poseerá la Paz.”

Está dicho: los mansos poseerán la Tierra y gozarán de abundancia y de paz.

En verdad os digo que el que sabe amar a sus enemigos, llega a la perfección y posee a Dios.

A vosotros os ordeno que améis, que perdonéis. Si en el mundo existe el Odio, en vosotros solo debe existir el Amor. Un amor para todos.

¡Cuántos traidores encontraréis en vuestro camino! Pero NO debéis odiarlos y devolverles mal por mal. De otra manera el Padre os odiará. Antes que vosotros Yo he sido objeto de Odio. Se me ha traicionado y sin embargo, siempre perdonado.

Es importante el dominio de sí mismos y tolerar las ofensas, que es la manifestación más sublime de la Caridad.

Esto solo lo pueden conseguir los que quieren que en su vida, NO haya otra ley que la Ley del Amor, que Yo proclamé y practiqué en toda su realidad.

NO podéis imaginar lo que significó para Mí, tener a la mesa al Traidor. Haberme dado a él en la Eucaristía. Humillarme ante él, al lavarle los pies. Tener que compartir con él, la Copa Ritual y poner mis labios en donde él había puesto los suyos.

Hay discusión sobre mi modo de haber muerto tan rápidamente. Es verdad que los golpes de la Flagelación enfermaron mi Corazón.

Pero también es verdad que estaba enfermo y despedazado por el esfuerzo de tener que soportar a mi lado al Traidor. Ya desde la Cena empecé a morir físicamente. Lo perdoné con mi silencio.  

Y lo amé al grado de que habría perdonado su Traición; si se hubiese arrepentido y venido a Mí, en lugar de suicidarse.

Porque un espíritu vale tanto, que es digno de que se superen cualquier repugnancia y resentimiento. El valor de un alma es tan grande, que aún a costa de morir por el esfuerzo, se debe perdonar para salvarla.

Y ese será siempre mi más grande dolor: NO HABER PODIDO SALVAR A JUDAS, PORQUE ÉL NO QUISO.

EL INFIERNO ESPERA A LOS QUE NO SABEN PERDONAR

¿Se os calumnia? Amad y perdonad.

¿Se os golpea? Amad y perdonad. Presentad la otra mejilla a quién os abofetea.

¿Se os roba? Perdonad y regalad lo robado. Dad sin juzgar al culpable. Dios os recompensará y el inicuo pagará su pecado.

Ama a quién te odia. Ruega por quién te persigue. Justifica a quién te calumnia. Bendice a quién te maldice. Haz el bien a quien te hace daño. Sé pacífico con el furioso. Condescendiente con el que te desagrada.

NO critiques. NO juzgues. Tratad de amar y de haceros amar. NO penséis en lo que pasó y rogad por los infelices que os han causado daño. PERDONADLOS.

Si perdonáis a los hombres en sus errores, también vuestro Padre de los Cielos os perdonará los pecados.

Pero si tenéis rencor y NO perdonáis, tampoco vuestro Padre os perdonará. Si tú perdonas, Dios perdona. Es menester limpiar el corazón para obtener gracias. Debemos augurar al prójimo aunque sea malo, un mayor bien.

SEÑOR TE ENTREGO TODO LO QUE SIENTO Y FORTALÉCEME PARA SEGUIR AMANDO

El Perdón es rocío en la sed ardiente del culpable. Es una humedad de lágrimas que es consuelo y lluvia de gracias celestiales; que trae consigo la limpieza y jugos vitales espirituales.

Dios perdona todo a quién lo ama con todo su ser. Y el Perdón de Jesús hace dignos de orar y de ser escuchados.

Perdonad al culpable, como Dios perdonó. Amadlo, porque con el dolor que os dio, os ha proporcionado un medio para merecer un premio mayor en el Cielo. Unid a lo que él os proporciona, el Perdón. Y vuestro premio será mucho mayor.

La mirada que se niega al pariente pobre o al amigo que ha caído en desgracia, es igual a un puñal que se ha clavado en medio del corazón. De igual modo la mirada de odio, la de desprecio, que se lanzan al enemigo o al mendigo.

Hay que perdonar y amar al enemigo, aunque la carne se rehúse a hacerlo. El perdón es amor del espíritu. NO vengarse, es manifestación y mérito del espíritu. Haced a los demás, lo que queráis que se os hiciese. Y NO hagáis a otros, lo que no queráis para vosotros. ¡Amad! ¡Amad! ¡Amad! 

Amad a amigos y a enemigos. Para que seáis semejantes a Mí. Amad por respeto a Mí, que Soy Creador de vuestros enemigos. Quiero que en vosotros exista la perfección del Amor.

Es inútil presentar ofrendas ante el altar, si ANTES no se han sacrificado en el interior del corazón, todos los rencores por amor a Dios y NO se ha llevado a cabo el rito santísimo de saber perdonar.

Antes de presentar la ofrenda, haced la inmolación del amor propio y reconcíliate con tu hermano. Después trae tu ofrenda. Y solo entonces será santo tu sacrificio.

Vestid a los desnudos del espíritu, perdonando a quién os ofende. La ofensa es anti Caridad. La anti Caridad, despoja a Dios. Por eso el que ofende se desnuda y solo el perdón del ofendido lo vuelve a vestir. Porque lo trae hacia Mí y Yo estoy dispuesto a perdonar a quien ha sido perdonado.

Nadie hay que no haya ofendido a Dios. Yo perdono al que perdona. Se os tratará como tratéis. Perdonad por tanto, si queréis ser perdonados. Y os alegraréis en el Cielo, por la caridad que hayáis tenido.

EL INFIERNO ESPERA A LOS QUE NO SABEN PERDONAR. Y pondré en las manos de quién fue generoso, una recompensa mucho mayor.

NO solo daré o que disteis, sino mucho más. Cuando vosotros decís: ‘Padre pequé. Perdóname.’ Vosotros sentís cuán dulce es el Perdón.

Así como lo es también para Mí, el perdonar. Pensad en vuestra propia condición. Pensad en que vuestra intransigencia NO se cambie en daño, al obligarMe a ser intransigente con vosotros. Sed misericordiosos para obtener Misericordia.

Nadie puede considerarse sin pecado para que pueda ser inexorable con el pecador. Es preciso compadecer y perdonar. Porque si la vida del hombre es frágil y mucho más frágil es su bienestar.

NO juzguéis el pecado de los culpables. Y NO os alegréis cuando lo estén expiando. PERDONAD pues, PARA QUE SE OS PERDONE.

Es menester perdonar como Dios perdona. Por más dolor que os produzca, PERDONAD. Perdonad siempre a quién os hace mal. Perdonad para ser perdonados; porque también habéis ofendido a Dios y a los hermanos.

El Perdón abre el Reino de los Cielos, tanto al perdonado como al que perdona. Como os comportéis, así seréis tratados.

PERDÓNANOS NUESTRAS OFENSAS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN… 

Hay deudas materiales, morales y espirituales. Es una deuda material el dinero o la cosa que se restituye, porque se la prestaron a uno. Es una deuda moral la honra ofendida y no reparada; Como el amor pedido y no recibido.

Es una deuda espiritual la obediencia a Dios, a quién pedir lo que se quiera siempre es poco. Es obediencia espiritual el amarlo.

El egoísta quiere tener pero NO dar. Este es el antípoda del Cielo. Tenemos deudas con todos. ¡Hay de quien NO perdona! NO será perdonado.

Dios no puede en Justicia, perdonar la deuda que tiene el hombre con Él, Ser Santísimo, si el hombre NO perdona a su semejante.

Yo Soy el Cristo Salvador. De Mí está dicho que Soy el que llevará la justicia entre las naciones. Es verdad. Porque si los ciudadanos de todos los países, hicieran lo que enseño; los odios, las guerras, los atropellos, tendrían fin.

EL INFIERNO ESPERA A LOS QUE NO SABEN PERDONAR. 

LA DOCTRINA DEL AMOR Y DEL PERDON. Compendia el Mandamiento de ser perfectos como el Padre Celestial es Perfecto. Amando a Dios y al prójimo. Y ser justos con el prójimo es todavía más difícil, que ser amantes de Dios.

Porque Dios es Bueno y es fácil amar a quién es bueno. Dios es Consuelo y es fácil amar a quién conforta y consuela. Dios es sostén y es fácil amar a quién sostiene. Dios es Perdón y es fácil amar a quién perdona. Dios es amor y es muy fácil amar a quién ama.

Pero el prójimo; frecuentemente es malvado, injusto, pronto a afligir y a aumentar nuestro dolor con sus incomprensiones, obstinaciones, escarnios y durezas. Fácil a abandonarnos si nos ve agobiados e infelices; cuando no se hace cómplice de quién nos oprime, para tiranizarnos y afligirnos todavía más.

Duro para perdonar cuando se cree injustamente ofendido o perjudicado por nosotros, aunque seamos inocentes. Es durísimo para perdonar, cuando ha sido probada la culpa. Y por todo eso, amarlo es muy difícil.

Pero está dicho: “Amad a aquellos que os odian y seréis hijos del Altísimo.” ¿Por qué? Porque este es el amor Perfecto. La más grande semejanza e imagen con Dios.Así como cada hijo asume la vida que el Padre le trasmite con los genes. Y son incancelables en la sangre o en el aspecto. En el carácter, más que en el apellido, la herencia física paterna en el ser. Así se asumen los principales atributos de Dios, aquellos que son su Esencia al asumir la vida misma de Dios. Viviendo por Él, en Él y para Él.

Y convirtiéndonos en verdaderos hijos; no por igualdad de naturaleza y sustancia. Sino por sobre naturalización de la criatura, que así se diviniza por su participación relativa a las acciones de Dios Uno y Trino. Y por semejanza, haciendo lo que Él hace siempre: AMANDO.

El perdón es dulce. Los que perdonan son la réplica más acabada de Dios, puesto que Él perdonó y sigue perdonando. Así es como el hombre se hace espiritual y debemos imitar a Jesús, porque una de las armas favoritas de Satanás es inocular el Odio y fermentar el rencor. Porque así la carne es terreno propicio para cultivar los vicios satánicos.

El Odio es el antagonista del Amor y en donde está el Odio, está Satanás. El Odio está siempre cubierto por la soberbia y muchas veces se disfraza con la más refinada hipocresía. Se anida en los corazones vengativos y el corazón que odia, NO puede amar a Dios.Y Dios NO puede estar en un corazón que odia.

Continuará…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

83.- LUNA DE MIEL PARA ¿TRES?…


PETRONIO jardin volksgarten-600x399En la villa de Petronio, al terminar la tercera semana de evangelización, el viernes por la tarde Diana anunció:

–           Queridos hermanos, los últimos temas en que aprendimos sobre el Juicio Divino es muy importante reflexionarlos durante el fin de semana.

El sábado lo dedicaremos a explicar el importantísimo ritual de la Santa Misa, el Sacrificio Perpetuo y cómo durante su celebración los Cielos se abren y Jesús desciende desde el Cielo durante la consagración, para convertir el pan y el vino, en su Persona Viva… Y de esta manera, se convierte en el Alimento para todos los cristianos.

Conocerán por primera vez como es el Sagrado Ritual  y aprenderán también cómo al participar activamente en la Misa, que es como recibimos todas las gracias y los dones que Dios reserva para sus hijos…  Paulina, Junías y yo,  estaremos disponibles para resolver todas sus dudas y contestar a todas sus preguntas.

Y la semana próxima, el domingo vendrá Pablo para celebrar la Primera Eucaristía para todos y dar la comunión a los cristianos bautizados…

Cuando se retiran los catecúmenos, Petronio y Aurora se van conversando a sus habitaciones comentando sobre las enseñanzas recibidas.

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Alexandra se va con Diana y unas doncellas a la habitación nupcial que todavía no ha compartido con su esposo, pero que en este día la acaban de consagrar y le pidieron al sacerdote Junías que la bendijera…

Marco Aurelio se postra a orar en su cubículum en el que se ha mantenido durante su vida de soltero y le dice a Jesús:

“Te doy gracias Señor por todas las bendiciones con que has llenado nuestras vidas. Antes de consumar la unión tan largamente anhelada, en este día Señor mío, quiero hacerte la…

CONSAGRACIÓN DEL HOGAR Y LA FAMILIA 

Padre eterno, quiero consagrarme en el Espíritu Santo y ofrecerme a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, para ser un hijo tuyo cada vez más entregado y fiel. Ayúdame a ser un buen esposo, guía y protector de mi familia que te consagro desde hoy.

Madre María, yo.., me entrego hoy a tu Inmaculado Corazón. Acógeme bajo tu protección maternal y condúceme a tu Hijo Jesús.

Señor Jesús, a través del Corazón Inmaculado de María me consagro y me entrego a tu Sacratísimo Corazón. Haz que mi corazón sea imagen de tu Corazón, para que tú vivas cada vez más en mí.

Sacratísimo Corazón de Jesús, Inmaculado Corazón de María; con esta consagración y entrega les correspondo al Amor que me han dado en toda vuestra vida terrenal, cuando decidieron ser redentores  especialmente en el Calvario y que me siguen demostrando aún hoy…

A la vez renuevo mi consagración bautismal al Dios Uno y Trino: renuncio al pecado, al Mal y a Satanás.

Santísima Trinidad, Dios mío. Yo creo, adoro, espero y te amo. Y te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Creo en todo lo que Dios nos ha revelado y tal como nos lo enseña tu santo apóstol Pedro…

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Mientras tanto, en la habitación nupcial que ha sido preparada con esmero y decorada exquisitamente, para celebrar este importantísimo acontecimiento;  Alexandra y Diana oran fervientemente postradas en el piso…

Alexandra dice:

“Oh Jesucristo, nuestro Señor y Salvador,
Tú nos has prometido habitar siempre con nosotros.
Tú has llamado a todos los cristianos
a acercarse y compartir Tu Cuerpo y Tu Sangre.

Nosotros nos hemos alimentado de Ti… Y estás dentro de nuestro corazón.

También nos has dicho que en un hogar, el Sagrario es la habitación sagrada donde los esposos se unen Contigo, para la bendita misión de procrear nuevos hijos santificados para el Reino.

Yo te consagro mi Señor Jesús la santidad de nuestra cámara nupcial y nuestro matrimonio, para que unidos contigo, sepamos educar a nuestros hijos y llevarlos por el camino de la santidad…

Madrecita, a tu Corazón Inmaculado consagro a mi esposo y la nueva familia que vamos a formar, llévanos de tu mano para que no perdamos el camino que nos lleva hasta Jesús…

Tú que eres la Madre de Cristo y nuestra madre, te pedimos nos formes y moldees, para que ambos seamos imágenes vivientes de Jesús en nuestra familia, en la Iglesia y en el mundo.

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Tú que eres Corredentora, enséñanos a ser fieles el uno al otro, en los momentos de sufrimiento y de cruz.

Que no busquemos cada uno nuestro propio bienestar, sino el bien del otro. Que nos mantengamos fieles al compromiso adquirido ante Dios y que los sacrificios y luchas sepamos vivirlos en unión a tu Hijo Crucificado.

En virtud de la unión del Inmaculado Corazón de María con el Sagrado Corazón de Jesús, Te pedimos que nuestro matrimonio sea fortalecido en la unidad, en el amor, en la responsabilidad a nuestros deberes, en la entrega generosa del uno al otro y a los hijos que el Señor nos envíe.

Que nuestro hogar sea un santuario doméstico donde oremos juntos y nos comuniquemos con alegría y entusiasmo. Que siempre nuestra relación sea ante todos, un signo visible del verdadero amor y la fidelidad.

Te pedimos, Oh Madre Santísima, que en virtud de esta consagración, nuestro matrimonio sea protegido de todo mal espiritual, físico o material.

Que tu Corazón Inmaculado reine en nuestro hogar para que así Jesucristo sea amado y obedecido en nuestra familia.

Qué sostenidos por Su amor y Su gracia nos dispongamos a construir, día a día, la civilización del amor: el Reinado de los Dos Corazones. Amén

Y Diana concluye:

Por favor Jesús benditísimo,
Inflama nuestros corazones
con el fuego del Espíritu Santo,
concédenos el Espíritu de Sabiduría y de Fe,
de audacia y de paciencia,
de humildad y de firmeza,
del amor y del arrepentimiento,
a través de las oraciones
de la Santísima Madre de Dios
y las de todos los santos.
Amén”

Cuando terminan de orar,  se levantan y enseguida las doncellas llevan a Alexandra al unctorium, la visten y la arreglan con esmero.


novia griega

Es una novia espléndida en su alba vestidura y está lista para recibir al esposo, que llegará en cualquier momento…

Luego todas se retiran y ella se queda sola en sus habitaciones nupciales…

Es una magnífica cámara regiamente decorada, que tiene un lecho enorme, con un dosel recamado en sus bordes, con exquisitas grecas…

En una mesa junto a la terraza, han puesto deliciosos manjares para los dos cónyuges, una jarra con vino y varias copas de cristal…

Y Alexandra está parada en el piso de mármol de colores.

Entra Marco Aurelio, que la mira perdidamente enamorado y extiende las manos hacia su esposa.

Ella corresponde a su sonrisa y avanza hacia él.

9 Única es mi paloma, mi perfecta. Ella, la única de su madre, la preferida de la
que la engendró… Las doncellas que la ven la felicitan, reinas y concubinas la elogian:

10.«¿Quién es ésta que surge cual la aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como batallones?»

11. Al nogueral había yo bajado para ver la floración del valle, a ver si la vid estaba en cierne y si florecían los granados. 12. ¡Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib!
Marco Aurelio la estrechó entre sus brazos y le rozó su frente con los labios.

A Alexandra se le llenaron los ojos de lágrimas…

–           Alexandra…  -murmuró él. Sus labios encontraron una lágrima en su mejilla y le pidió- Por favor, no llores.

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–           Es de felicidad. No me hagas caso -susurró ella. Y cerró los ojos.

Marco Aurelio murmuró contra su piel suave:

–           No puedo hacer eso. Yo te adoro con todo mi ser. –Sus largos dedos se curvaron sobre su nuca y la acarició suavemente.

Como si fuera inevitable, besó sus párpados húmedos y posó la boca suave y aterciopelada en la de ella; entreabriendo sus labios, con una seguridad y ternura electrizantes.

Un canto paradisíaco evocó en una embriagadora sinfonía, los deliciosos versos del Amor, en lejanas armonías…

7. ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias! 8. Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.

9. Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas.

10. ¡Tu paladar como vino generoso! El va derecho hacia mi amado, como fluye en los labios de los que dormitan. 11. Yo soy para mi amado, y hacia mí tiende su deseo.

Ella emitió un gemido de sorpresa y el dudó un segundo. Pero luego le rodeó la cintura con un brazo, mientras deslizaba la otra mano hacia su garganta y acarició la piel deliciosamente suave que fue exponiendo lentamente, mientras desprendió los preciosos broches que sujetaban la tela de seda…

Su mano se cerró como un copón, acunando un seno turgente y la acarició con turbadora delicadeza.

A Alexandra se le aceleró el corazón…

ENAMORADOS

El calor la abrazó. El deseo se encendió y la incitó a  dejarse llevar por el torbellino que la envolvió. Sentía los latidos del corazón de Marco Aurelio junto a su pecho y su respiración acelerada.

Inhalaba el aroma limpio y varonil de su piel y saboreaba su boca. Mientras el beso se hacía más profundo, más íntimo y excitante. No se dio cuenta cuando instintivamente rodeó  el fuerte cuello masculino con los brazos y se estremeció toda…

Marco Aurelio levantó la cabeza abruptamente.

Relajó el abrazo y puso unos centímetros de distancia entre ellos…

Alexandra escuchó su respiración entrecortada…

Y enseguida dijo:

–           No pretendía ser tan intenso…

–           Yo también me dejé llevar. –replicó ella sintiéndose desorientada.

Marco Aurelio recordó los consejos de Pedro y tomó su bolso…

Es un saco de fino brocado tejido y bordado en Persia…

Sacó una cruz  de madera, como de unos cincuenta centímetros y la colgó en la pared, encima del lecho…

Luego sacó el incienso y lo arrojó sobre el pebetero.

Enseguida tomó a Alexandra de la mano y le dijo:

–           Ven hermana mía en Cristo… Oremos los dos al Altísimo y pidamos a nuestro Padre Celestial, suplicándole su Gracia y su protección, durante toda nuestra vida terrenal y en especial sobre nuestro matrimonio y nuestros descendientes…

Los dos caminaron hasta la orilla del lecho y se arrodillaron ante la Cruz…

Marco Aurelio como si fuera un sacerdote, dijo solemne:

–           Bendito seas Señor Jesús y Bendito sea tu Nombre por los siglos de los siglos. Bendito y alabado seas por todas tus creaturas y por toda tu creación, Yeové Sebaot… Tú creaste a Adán y a Eva su mujer, para que fuera su compañera y su ayuda. Y de ambos nació toda la raza humana.

Te entregamos nuestros cuerpos, nuestras almas y nuestros espíritus. Te ofrecemos nuestro amor y nuestra sagrada alianza. Únenos en ti, porque los dos seremos una sola carne, según tu Santísima Voluntad. Bendícenos Padre Santísimo. Y con el poder de tu Espíritu Santo aumenta tu amor en nosotros y fortifícanos bendiciendo nuestra unión.

Con el paso de los años, aumenta y vigoriza  tu Amor en nosotros y dame a mí la facultad de comprender y hacer sentir siempre feliz y amada, al tesoro que me has entregado en el amor de mi esposa. Ten piedad de nosotros y llévanos por tu camino, hasta nuestra vejez.

Bendice a los hijos que nos vayas a dar y a toda nuestra descendencia, con las mismas bendiciones que hoy imploro de Ti en mi sagrada unión con esta esposa santa, que he recibido de tu infinita Misericordia por mí. Y desde este momento, los dos te entregamos a nuestra descendencia y te consagramos a nuestros hijos.

Te los entregamos a todos  y te los regresamos a Ti… Danos el amor que necesitamos para amarlos desde ahorita; amarnos los dos en Ti  y adorarte a Ti en nosotros…  

Alexandra se unió y alternadamente dijeron:

–           Santísimo Amor de Jesús, te consagramos nuestros corazones, nuestras vidas y nuestras familias. Ayúdanos a realizar el plan que has trazado para nuestras vidas…

–           Realiza en nuestro hogar el bello ejemplo de Tu hogar en Nazaret, que  fue un modelo para cada una de nuestras familias. Esperamos obtener con Tu ayuda, la unión y el amor fuerte y perdurable que había en él.

–           Que nuestro hogar se llene de gozo.

–           Que el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia y el respeto mutuo, estén siempre presentes.

–           Que nuestras oraciones incluyan las necesidades de los otros, no sólo las nuestras.

–           Que siempre estemos cerca de los Sacramentos.

–           Que tu paz esté siempre con nosotros y cuando vengan las dificultades danos consuelo y esperanza.

–           Bendice a todos los que aquí habitamos y también a los difuntos que ya han marchado hasta tu Presencia…

–           Mantén nuestras familias cerca de tu Amor y que Tu protección esté siempre sobre todos nosotros.

Marco Aurelio concluyó diciendo:

–           A vuestros corazones unidos nos consagramos y te entregamos también toda nuestra vida. Ayúdanos a santificarla Tú que eres Santo, Santo, Santo… Pater Noster…

Y la Oración Sublime se elevó, los dos la cantaron como un himno, acompañada de los ángeles custodios de ambos; que los secundaron en su petición y luego la llevaron hasta el Trono de Dios…

Luego los dos permanecieron abismados en meditación durante unos minutos…

A continuación se pusieron de pie y Marco Aurelio la llevó al diván que estaba junto a la puerta de la terraza. Y ella empezó a reír nerviosa, mientras se acomodaban entre los cojines de seda.

En el firmamento, el cielo estaba cuajado de estrellas y la luna llena iluminaba todo con un mágico esplendor.

Los dos contemplaron las maravillas con las que se adornaba la noche y un suspiro de admiración  escapó de sus pechos casi al mismo tiempo.

noche

Enseguida,  Marco Aurelio alargó su mano hacia la mesa donde había unos platones con diversos manjares, frutas y una jarra con vino.

Escanció el licor  en las copas y luego tomó de una fuente de cristal un fruto qué le ofreció a Alexandra,

mientras sonreía en una manera fascinante y como no lo había hecho nunca antes.

Era una fruta almibarada con forma como de ciruela, que acercó invitador hasta los rosados labios femeninos, sujetándolo entre el pulgar y el índice, mientras la miraba en una forma…

Ella se ruborizó intensamente y sintió que se ahogaba… Totalmente turbada,  alcanzó a murmurar:

–                     ¿Qué es?

Marco Aurelio respondió:

–                     No tengo ni idea, pero parece delicioso… es… ¿Un higo quizá?… – Y lo deslizó en su boca.

Era dulce y suculento.

Marco Aurelio contemplándola, le acarició el labio inferior con el pulgar, dejando un rastro de almíbar…

Instintivamente, Alexandra se pasó la lengua por los labios y lo miró perdidamente enamorada…

Sus miradas se cruzaron y ella sintió un escalofrío de excitación sexual que la dejó mareada y sin aliento.

¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos! ¿Por qué miráis a la Sulamita, como en una danza de dos coros? 2. ¡Qué lindos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como collares, obra de manos de artista.

3. Tu ombligo es un ánfora redonda, donde no falta el vino. Tu vientre, un montón de trigo, de lirios rodeado. 4. Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela…

5. Tu cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a la puerta de Bat Rabbim. Tu nariz, como la torre del Líbano, centinela que mira hacia Damasco.

6. Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como la púrpura; ¡un rey en esas trenzas está preso! 7. ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias! 8. Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.

9. Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas…

Los ojos de Marco Aurelio se oscurecieron y le tembló levemente la mandíbula. Sonrió…

Y sin apartar los ojos de ella, extendió el brazo por detrás del sofá y lo dejó allí. Acariciándole el hombro con los dedos…

–                     ¿Te gustó?…  ¿Está exquisito verdad?…  -Preguntó quedamente.

Y le rozó con los labios detrás la oreja, mientras su aliento perfumado le cortó a ella la respiración.

Alejandra incapaz de hablar, asintió con la cabeza y consiguió esbozar una sonrisa.

El contacto de sus dedos y el leve roce de sus labios la abrasaban…

No recordaba haber estado nunca tan consciente de otro ser humano, como ahora. Se mordió el labio y se sintió anonadada porque jamás había sentido el huracán de sensaciones que la arrebata en este momento…

Él se había dado la vuelta buscando otra delicia con qué tentarla…

Pero solo jugó un poco con la fruta y volviéndose de repente, tomándola desprevenida; la atrapó entre sus brazos…

Una oleada de deseo incontenible, la envolvió como un torbellino…

Y fue como las otras veces que su esposo la había besado… Pero también diferente.

Aunque sintió la misma oleada de deleite inesperada y abrumadora, la fuerza erótica de su boca incluía algo nuevo e inexplicable…

Mi amado es fúlgido y rubio, distinguido entre diez mil. 11. Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras como el cuervo.

12. Sus ojos como palomas junto a arroyos de agua, bañándose en leche, posadas junto a un estanque. 13. Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son lirios que destilan mirra fluida. 

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14. Sus manos, aros de oro, engastados de piedras de Tarsis. Su vientre, de pulido marfil, recubierto de zafiros.

15. Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro puro. Su porte es como el Líbano, esbelto cual los cedros.

16. Su paladar, dulcísimo y todo él, un encanto. Así es mi amado, así mi amigo, hijas de Jerusalén.

Si su ternura la derretía, su pasión era irresistible.

Y un deseo avasallador, como la lava de un volcán en erupción, la envolvió toda…

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Esta es una maravillosa revelación y un asalto a todos sus sentidos…

Por sus venas sintió que su sangre se convirtió en fuego líquido, que la envolvía completamente.

Y perdiendo la inhibición le devolvió el beso con hambre y deseo, saboreándolo intensamente.

Huerto eres cerrado, hermana mía, novia mía, huerto cerrado, fuente sellada. 13. Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos.14. Nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.

15. ¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen! 16. ¡Levántate, cierzo, ábrego, ven! ¡Soplad en mi huerto, que exhalen sus aromas! ¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!

Le rodeó el cuello con los brazos y él se quedó inmóvil por un momento, como si lo sorprendiera.

Luego enredó los dedos en su cabello y el beso se hizo más profundo. Sus cuerpos se entrelazaron…

Marco levantó la cabeza y le puso las manos en las caderas. Tenía los ojos oscuros y el rostro arrebolado.

Y le dijo con voz ronca:

–                     Respecto a la comida…

Los brazos de Alexandra seguían alrededor de su cuello y ella le lanzó una mirada provocativa,

mientras preguntó:

–                     ¿Cuál comida?

–                     La que pensaba que tomaríamos con el vino. –explicó él aturdido, señalando las copas sobre la mesa.  –Antes de…

–                     ¿Pretendes emborracharme?

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Marco Aurelio soltó una deliciosa carcajada, antes de decir con voz suave:

–                     Relajarte un poco, sí… –Sus labios se curvaron divertidos- Creí que tenías miedo.

Ella replicó estremeciéndose por los nervios:

–                     Tiene que haber una primera vez.

¡Mi amado metió la mano por la hendedura; y por él se estremecieron mis entrañas. 5. Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos destilaron mirra, mirra fluida en mis dedos, en el pestillo de la cerradura.

6. Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me salió a su huída. Le busqué y no le hallé, le llamé, y no me repondió…

Marco Aurelio repuso serio:

–                     No tiene que ser hoy… No si prefieres esperar…

Algo se derritió dentro de ella…

A pesar de todo por lo que habían pasado y del deseo que había crecido de manera tan avasalladora y que él no había logrado ocultar…

Seguía dispuesto a dejar que ella marcara el ritmo. Era un gesto de caballerosidad tan inesperado como conmovedor…

Alejandra sonrió y dijo:

–                     No quiero esperar. –Su mirada se volvió provocativa y preguntó- ¿Y tú?…

Marco Aurelio soltó la carcajada y exclamó:

–                     Entre todas las preguntas absurdas, mi adorada esposa… ésta se lleva la corona de laurel…

Volvió a besarla apagando sus risas con la boca…

2. Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡La voz de mi amado que llama!: «¡Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche.»

3.- «Me he quitado mi túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo? He lavado mis pies, ¿cómo volver a mancharlos?»

Y ella lo abrazó con fuerza, devolviéndole el beso sin inhibiciones. Provocándolo con la lengua y los dientes…

Él jadeó:

–           ¿Dónde aprendiste a besar así? –Y se echó hacia atrás mientras la miraba con ojos brillantes.

–           Tú me enseñaste… –Lo provocó ella- ¿Te quejas?

–           ¡Oh! Cielos. ¡No!…

Y sin previo aviso, la tomó en sus brazos y la llevó hasta el lecho.

La depositó sobre él y volvió a besarla con ternura, mientras la desvestía con suma delicadeza…

Ella quedó desnuda sobre la cama y Marco Aurelio quedó mudo de admiración ante su impactante hermosura…

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Después de unos segundos llenos de suspenso, él suplicó:

–           Déjame contemplarte. Todavía no puedo creer que seas mía…

Ella sintió que un rubor intenso la recorría desde la cabeza hasta los pies…

Y agarró un cojín de seda para ponérselo sobre el rostro. Se moría de vergüenza…

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Él  admiró su cuerpo escultural y perfecto y aquellos senos turgentes y bellísimos.

Sus piernas largas y muy bien torneadas. Su vientre tan puro y tan invitante.

Era como una rosa que en todo su esplendor y estaba allí…

Solamente para él. 

Por un largo momento quedó como deslumbrado…

Luego se levantó y con movimientos rápidos, se despojó de su ropa y fue por las copas de vino.

Mientras tanto Alejandra apartó la almohada de su rostro y lo vio cuando estaba de espaldas…

Se le cortó el aliento al descubrir su cuerpo vigoroso, atlético y perfecto…

Admiró su magnífica belleza y acarició con la mirada su elegante figura.

Es un hombre con un porte muy majestuoso…

16.- ¡Qué hermoso eres, amado mío, qué delicioso! Puro verdor es nuestro lecho.17.- Las vigas de nuestra casa son de cedro, nuestros artesonados, de ciprés…
3.- Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar.

Y recordó los versos del Cantar de los Cantares…

Pues su corazón palpita aceleradamente, al compás de un himno celestial, que en su memoria los repite con una cadencia maravillosa…

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Realmente el Rey Salomón describió el Amor con una poesía incomparable…

EL AMOR SE ALIMENTA DE ADMIRACIÓN.

Ella se considera una mujer muy afortunada, pues Marco Aurelio  es un hombre muy apuesto y muy hermoso también por dentro…  

¿Qué es eso que sube del desierto, cual columna de humo sahumado de mirra y de incienso, de todo polvo de aromas exóticos? 7. Ved la litera de Salomón. Sesenta valientes en torno a ella, la flor de los valientes de Israel:

8. todos diestros en la espada, veteranos en la guerra. Cada uno lleva su espada al cinto, por las alarmas de la noche.9. El rey Salomón se ha hecho un palanquín de madera del Líbano.

10. Ha hecho de plata sus columnas, de oro su respaldo, de púrpura su asiento; su interior, tapizado de amor por las hijas de Jerusalén. 11. Salid a contemplar, hijas de Sión, a Salomón el rey, con la diadema con que le coronó su madre el día de sus bodas, el día del gozo de su corazón.

La inocente esposa lo contempló con el corazón acelerado, sintiendo que un delicioso deseo invadía todo su cuerpo. Y la hizo estremecer de expectación…

Él regresó muy sonriente y depositó las copas con vino sobre la mesilla de noche. Luego colocó las almohadas para que ella se acomodara. Se tumbó a su lado,le ofreció una copa…

Y brindó:

–           Por nuestro amor, nuestro hogar y nuestros hijos…

Sin dejar de mirarla a los ojos, bebió la mitad de un trago.

Alexandra bebió solo un sorbo.

Marco se acercó y ella sintió su lengua en sus labios, saboreando el vino directamente de su boca. Sin poder contenerse dio un gritito de sorpresa y él se apartó…

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La miró interrogante:

–                     ¿No te gusta?

Alexandra está turbadísima por el asombro y logró balbucir:

–                     ¡No!… Quiero decir… ¡No es eso!…

–                     Entonces, ¿Si te gusta?

–                     Sí. –contestó ella bebiéndose de un golpe, un buen trago de vino.

Marco sonrió comprensivo y agregó mirandola provocativo:

–                     Bien. Avísame si hago algo que no te guste. –introdujo un dedo en la copa y luego lo puso en la base del cuello femenino, junto a su clavícula derecha.

Ella sintió la frescura del vino, antes de que él inclinara la cabeza y le lamiera despacio y suavemente el vino.   Alexandra entreabrió los labios y sintió que una llama la envolvía y le quemaba las mejillas.

Marco volvió a besarla, profunda y exigentemente.

Y la apretó contra las almohadas.

Ella derramó parte del vino de su copa… antes de lograr equilibrarla.

beso

Nuevamente los envolvió el deleite de sentir mutuamente, la ola del anhelo arrebatador, el deseo exigente de posesión y la fascinación del amor pleno…

¡Que me bese con los besos de su boca! Mejores son que el vino tus amores;3. Mejores al olfato tus perfumes; ungüento derramado es tu nombre, por eso te aman las doncellas…

Cuando terminó de besarla, los dos estaban aturdidos…

¡Vaya que El amor es más embriagador que el vino…!

Él tenía el hombro mojado de licor y unas gotas se deslizaron por su pecho…

Atrevida, ella se inclinó sobre él y las recogió con la punta de su lengua…

Marco Aurelio inhaló con fuerza… Acabó el resto de su copa de un trago y la dejó sobre la mesilla.

Ella estaba nerviosa y fascinada al mismo tiempo…

Me robaste el corazón, hermana mía, novia mía, me robaste el corazón con una mirada tuya, con una vuelta de tu collar. 10. ¡Qué hermosos tus amores, hermosa mía, novia mía! ¡Qué sabrosos tus amores! ¡Más que el vino!

¡Y la fragancia de tus perfumes, más que todos los bálsamos!11. Miel virgen destilan tus labios, novia mía. Hay miel y leche debajo de tu lengua y la fragancia de tus vestidos, es como la fragancia del Líbano.

beso

Él volvió a besarla y la acariciaba en tal forma, que la envolvió en una ola de placer, como jamás imaginó que pudiera existir. Se estremeció…

Y él le quitó la copa de vino y la puso sobre la mesilla.

Mientras la besaba en la frente,

le dijo con mucha ternura:

–                     No tienes por qué tener miedo.

Ella replicó:

–                     No es miedo, mi amor. Comparto el mismo anhelo que tú…

Marco Aurelio volvió a besarla y sus embriagadoras caricias fueron delineando cada centímetro de su piel, transmitiéndole su deseo y su adoración de una manera inequívoca.

Él la disfrutó con todo el amor y el deleite que ella le inspiraba.

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Y ella aprendió los secretos maravillosos que encierra, el amor compartido en un lecho matrimonial bendecido por Dios…

 12. Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada. 13. Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos:

14. nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.

Y la amorosísima respuesta femenina a cada una de sus caricias, los hizo elevarse en las cumbres del placer una y otra vez hasta que, él intentó penetrarla y la frágil barrera lo detuvo…

Su rostro se contrajo y se quedó quieto, esperándola y respirando lentamente. Luego…

Le dijo dulcemente en su oído:

–                     Lo siento cariño… Si quieres parar…

Por toda respuesta, Alexandra se arqueó contra él y el dolor la hizo gritar.

Enseguida la barrera desapareció y el dolor disminuyó.

Poco después, una inmensa ola de deleite los envolvió a los dos y un júbilo infinito los hizo abrazarse con fuerza…

Por un momento, fue como tocar el Cielo…

Es una vorágine de felicidad increíble…

La unión de las almas y de los espíritus, es más deliciosa todavía, que la de los cuerpos. Y el amor total solo lo disfruta, quién por la Gracia de Dios, lo experimenta…

No hay nada más paradisíaco, que la plenitud absoluta que da el sentirse por fin completos…

Y en los dos hubo una explosión de deleite, simplemente maravilloso.

Después de unos minutos increíbles…

Yo soy el narciso de Sarón, el lirio de los valles. 2.- Como el lirio entre los cardos, así mi amada entre las mozas. 3.- Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar.

4. Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor. 5. Confortadme con pasteles de pasas, con manzanas reanimadme, que enferma estoy de amor. 6. Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza. 

Marco Aurelio se quedó descansando, con la cabeza entre los senos turgentes, saciados y embriagadores, de Alexandra.

Los dos tienen los labios doloridos y destilando la miel del deseo largamente acariciado y sin poder creer lo que es al fin, la gracia de la posesión total…

Mientras el rey se halla en su diván, mi nardo exhala su fragancia.13. Bolsita de mirra es mi amado para mí, que reposa entre mis pechos.

Después de unos minutos maravillosos…

enamorados luna de miel

Temblorosos y jadeantes, recuperaron poco a poco la calma…

–                     ¿Estás bien?  -preguntó él, besándola.

Ella replicó:

–                     Perfectamente. ¿Y tú?

–                     ¿Necesitas preguntarlo?  -Volvió a besarla-  Esperaba que esto fuera perfecto. Pero jamás imaginé que sería tan fantástico… ¡Esto no lo había vivido jamás!

–                     Yo tampoco hubiera podido imaginarlo siquiera… Todo es… ¡Es tan increíble!… ¡Gracias, Marco Aurelio! Gracias esposo mío, por hacerme tan feliz…

6Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el seol la pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llama de Yahveh.

7. Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio.

Marco aurelio exclamó jubiloso:

–           ¡Gracias a Dios!. Cuando el amor se hace entre Tres… Y Es el Inventor del Matrimonio el que lo complementa… ¡El resultado es sensacional!.  ¡Oh vida mía! ¡Gracias por ser cómo eres y por haberme hecho conocerlo a Él!

Alexandra lloró de felicidad.

Y exclamó:

–     Es verdad. Solo Él pudo regalarnos una experiencia tan maravillosa…  

Los dos están emocionados y dichosos, saboreando todavía las mieles que da la plenitud del amor verdadero y correspondido…

Luego Marco Aurelio, siguiendo a un pensamiento interior,

la invita:

–        Ahora vamos a arrodillarnos para manifestárselo… Al Señor una Alabanza eterna por hacernos tan dichosísimos…  ¿Qué te parece?

–       Me parece muy bien…  -dijo ella mirándolo con adoración.

Marco Aurelio suspiró profundamente y exclamó:

–       ¡Cuando Petronio sepa de lo que se ha perdido!…

Ella le advirtió:

–        ¡No irás  a contarle, Marco!…

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–       ¿Por qué no? Una cosa es la lujuria satisfecha y otra muy diferente lo que acabamos de vivir tú y yo. ¡Para esto nos creó Yeové! ¡Esto es lo que el mundo tampoco conoce!… El Don más sagrado de Dios, con el deleite supremo DADO  por ÉL…

Otra cosa más que Satanás nos ha arrebatado y sin que nos demos cuenta. Es por eso que lo ensucia con tanta bajeza…

–       Definitivamente así es. Pero sería mejor esperar a que Petronio se bautice. Cuando conozca al Señor…

–       Tienes razón, mi vida.  Ahora no lo entendería… 

A Alexandra le agradó haberle gustado. Se siente como si flotara…

Y con una embriaguez tan deliciosa, como si se hubiese tomado toda la jarra de vino…

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Cuando él se retiró de ella, tuvo una sensación de vacío y pérdida…

Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia mía; he tomado mi mirra con mi bálsamo, he comido mi miel con mi panal, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!

Y los dos simultáneamente pensaron:

¡Así que esto es el verdadero amor!

¡De verdad que el sexo, solamente Dios pudo haberlo creado tan inefable y extraordinario!

¡Lo que acaban de vivir, realmente ha sido una experiencia sobrenatural! ¡Es una dicha tan indescriptible!

Es lo más parecido y solo inferior, al éxtasis que se vive con la Oración de Contemplación. 

Y desde lo más profundo de su alma, elevaron una plegaria de agradecimiento al Creador…

El Sacramento del Matrimonio cristiano incluye la Luna de miel entre Tres y es la única manera de saborear el don maravilloso por el cual Dios Creador, hizo al hombre y a la mujer tan únicos y tan distintos.

Para que al unirse en Dios, conozcan el Amor Total, se complementen y se amen, de una manera perfecta.

Y una vez más en aquella noche inolvidable, los dos se arrodillan a orar…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONÓCELA

45.- EL CONTENDIENTE…


catacumbasPrimer Encuentro de Petronio con los cristianos…

La primera parte de las Catacumbas ha sido concluida. Para consagrarlas, en la capilla principal, Pedro ha oficiado la Primera Misa con dos motivos: la sepultura de Celina que ha sido la primera en ser depositada en este sacro lugar y la consagración de un gran número de obispos y sacerdotes.

Después de la solemne ceremonia, todos se dirigen a la Puerta del Cielo, donde el médico y evangelista Lucano se encarga de las cartas con los nombramientos y el envío de los nuevos prelados, a todos los puntos del imperio.

Para preparar a los obispos a la inminente Persecución que nadie sabe cómo, ni cuándo empezará; pero para la que hay que estar listos, Pedro les dice:

“Mi Señor Jesucristo dijo: “Las Puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella.” Nosotros debemos ser prudentes y tomar todas las providencias necesarias para que la Iglesia sobreviva y que siempre estén listos los sucesores, conforme se vayan necesitando.

Siempre debe haber pastores que reúnan a las ovejas dispersas y heridas, por la furia huracanada de Satanás.

Pero Dios es fiel a sus promesas. Y aunque ríos de sangre corran, siempre habrá un alma consagrada que mantenga el altar de un corazón encendido, en el Verdadero Culto al Santísimo.

Porque el día que ya no pueda celebrarse el Sacrificio Perpetuo. ¡Ay del Mundo y de los hombres!

Recuerden todos que Dios NO nos abandonará, si nosotros no le abandonamos a ÉL. El secreto está en el Amor de Fusión y de Coparticipación.”

snpedroY Pedro los bendice antes de retirarse a sus habitaciones para orar.

Gruesas lágrimas corren por sus mejillas, cuando eleva sus brazos implorando la ayuda divina, para cargar el peso de la Cruz.

Los cabellos blancos caen sobre el rostro del Pontífice, cuando de rodillas y con el rostro inclinado, ora con fervor por horas y horas. Cuando finalmente se levanta, sus mejillas siguen húmedas por el llanto; pero hay en su rostro la mirada serena y llena de esperanza, que da el haber recibido respuesta a sus plegarias y la fortaleza necesaria para cumplirla Gran Misión que pesa sobre sus hombros.

Su cara irradia majestad y dulzura.

Y piensa:

‘Si Dios está con nosotros. ¿Quién contra nosotros?’

Y sonríe. Una resolución llena de valor y de Fe… Es la sonrisa del capitán que toma con firmeza el timón de un barco, en medio de la borrasca; pero que sabe perfectamente hacia donde debe dirigirse. Sin dudas, ni vacilaciones.

La luz de un faro se abre paso en medio de la Oscuridad. Él sabe dónde está el puerto y también cómo llegar a él.

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Pedro sale de su Oración revitalizado y con suave firmeza, sigue dirigiendo el destino de la Iglesia. Y girando las instrucciones necesarias de acuerdo a los sucesos, que se van presentando.

El Pastor debe trasmitir la confianza a las ovejas. Cristo, el Cordero y el Pastor, es el que está llevando a su Esposa Santa, hacia Él. Dios la va a recibir, revirginizada con el Martirio…

Jesús es el que dirige. La madre Santísima, la que protege.

El Adversario deberá volver a tragarse su derrota. Satanás será vencido, una vez más.

¿Cómo?

Los mártires se lo demostrarán…  

Lo importante es caminar con el corazón henchido de Fe y de Amor, confiados totalmente en Dios y abandonados en su Voluntad, y la victoria está asegurada. Por lo único que se debe implorar es por la perseverancia y Dios se encarga de lo demás…

Pedro lo sabe y en eso está su seguridad.

Siente un inmenso dolor por haber perdido a Celina, ‘su perla romana’.  Aunque tal vez esta primicia que ahora descansa en las Catacumbas, es el inicio de la masacre que sabe que viene del Palatino…

Pero Celina ya descansa en Dios. Jesús no permitió que su virgen fuese profanada.

Pedro sonríe en medio de su tristeza. Celina ya está en la Patria Celestial. Los que necesitan ayuda, son los peregrinos en esta Tierra… 

Mientras tanto, en Anzio…

Statue of Emperor Nero Anzio Roma Italy

Statue of Emperor Nero Anzio Roma Italy

Una mañana después de un banquete, Nerón decidió dar el día libre a sus augustanos, para llevarse a Popea a un paseo en barco.

Petronio prefirió ir a su villa e invitó a algunos de sus amigos y a todo el séquito que lo acompañaba.

Se sentaron en la terraza, desde donde se puede admirar el mar. Mientras se deleitan con un refrigerio, aspiran el aroma de la brisa marina y oyen el rumor de las olas que rompen en la playa.

Decidió que era el momento de probar quienes eran los cristianos y conocer de cerca su fraudulenta verdad, pues aun resiente mucho en su corazón el cambio que alejó de sí, tan completamente a Marco Aurelio; al grado de convertirlo en un desconocido.

También quiso burlarse un poco de su fanatismo y buscar de donde asirse, para recuperar al sobrino que quiere como a un hijo.

Todos los dioses que conoce tienen fallas y quiere ver cuál es el punto débil de este Dios Desconocido que ha enajenado a Marco Aurelio; para partir de allí y disputarle su preponderancia.

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Está plenamente convencido de que los fanatismos son nefastos y pueden arruinar la vida de cualquier hombre… Y por lo poco que ha averiguado, el cristianismo está lleno de superstición y eso le tiene muy preocupado…

Después de un buen rato de indagar con mucha astucia, haciendo preguntas a todos los invitados de Marco Aurelio y según las respuestas obtenidas, decidió debatir sus opiniones…

Petronio como siempre, hizo sus comentarios como en broma y en tono zumbón.

Y su conclusión fue:

–              Ningún Dios en su sano juicio se haría un hombre mortal.

Entonces el obispo Ethan, replicó:

–              ¿Cómo puedes negar tú sabio Petronio, que Cristo existió y se levantó de entre los muertos, si ni siquiera lo has comprobado? Nosotros somos testigos y predicamos a un Dios Vivo y Resucitado.

Pedro y Juan lo conocieron en vida. Pablo lo reconoció en el Camino a Damasco y Lucano el Médico, en Antioquia. Yo, cuando me convertí. Demuestra con tu sabiduría, que somos unos impostores y entonces podrás rechazar nuestro testimonio.

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Petronio contestó:

–              No tengo la menor intención de negar nada, porque sé que hay muchos casos incomprensibles, sostenidos y comprobados por gentes fidedignas. Pero una cosa es el descubrimiento de un nuevo Dios extranjero y otra muy diferente, la aceptación de su doctrina.

–              Primero hay que conocer antes de rechazar. Eso es lo más lógico, ¿No crees?

–              No tengo el menor deseo de adquirir ningún nuevo conocimiento que venga a trastornar la vida y a distorsionar su belleza. A mí no me importa si nuestros dioses existen o no. Son hermosos… Su imperio es amable y cómodo…  Y vivimos sin afanes, disfrutando de los deleites de la vida. Yo no quiero cambiar eso.

Ethan replicó:

–                              Tú rechazas una Religión de Amor, de Justicia, de Perdón; atento solo a los deleites de la existencia. Más piensa Petronio, ¿Se halla en realidad tu vida exenta de ansiedades? Mira… Ni tú ni nadie entre los más ricos y poderosos, sabe si al entregarse al sueño por la noche, a la mañana siguiente al despertar, no le aguarda una sentencia de muerte. Y dime entonces ¿Qué es la felicidad de un día? ¿Qué os espera después de la muerte?

–              Yo pienso que después de la tumba hay solo silencio. La vida es muy corta para desperdiciarla en filosofías improbables…

–              Lo que te estoy proponiendo NO es sólo una filosofia improbable… Mi Señor está Vivo y puedo comprobártelo ahorita mismo…

petronio

Petronio se alarmó y exclamó:

–           No me interesa conocer, ni comprobar nada… Estoy muy feliz como vivo y no voy a cambiar nada. Por más persuasivo que tú te comportes… Hay cosas que no acepto.

–              El Mensaje de Salvación no se impone. Dios que te amó tanto para crearte, no te obliga a aceptarlo. Desea tu amor, no tu sometimiento.

–              Qué bueno que lo comprendes. No me interesa conocer ninguna nueva religión… Yo solo admito lo que es tangible a mi experiencia. Y lo sobrenatural no es mi debilidad… Así que te agradeceré que no insistas…

–              Te sientes alarmado de que mi Religión te haga perder tus goces. Tú estás satisfecho de tu suerte, porque eres opulento, poderoso y vives en la molicie.

Petronio respondió sin disimular su molestia:

–              Veo que eres un hombre noble y de ilustre linaje. Y me sorprende que todo eso te haya dejado de importar…

petronio

–              Alguna vez fui y pensé como tú. Aunque yo no fui cercano al círculo del César, conozco la fuerza que da el tener inmensas riquezas y nacer en una familia nobilísima y poderosa. Pero también conozco el vacío y el hastío de los placeres amargos y efímeros.

Por primera vez en su vida, Petronio se ha quedado sin palabras…

Ethan continuó:

–              Tú también tienes un ilustre linaje. Y te sientes orgulloso de ser descendiente de nobles y antiguos quirites. De ser rico. De rodearte de cosas bellas y placenteras. Pero contéstame con la verdad: ¿Qué sientes al observar a tu alrededor, la atmósfera que te envuelve? ¡Cuánta abyección! ¡Cuánta infamia! ¡Qué indigno tráfico de dignidad y de fidelidad!…  Y… ¿En qué, de lo que te rodea puedes confiar en realidad?

Petronio no está dispuesto a abrir su corazón a un desconocido que está viendo en lo más íntimo de su ser como si hubiese penetrado en él y su silencio se hizo más hermético todavía…

¡Pero lo más extraordinario es que parece que su indiscutible ingenio se hubiese apagado y esta es una sensación nueva para él!… ¡Y muy desagradable, por cierto!…

Ethan prosiguió implacable:

–              Eres rico… ¿Y si mañana recibes la orden de renunciar a tus riquezas o te las confisca el capricho del emperador? Eres joven… Con la ruindad que conoces plenamente en los que te rodean, ¿Estás seguro que vivirás mañana?… Eres poderoso junto al César… ¿Estás seguro que su favor lo tendrás siempre? Amas… y la traición te asecha. Estás enamorado de tus mansiones y de tus posesiones; tus tesoros, tus estatuas y tus obras de arte… ¿Y qué harás si recibes una orden de destierro a la Isla Pandataria, como le sucedió a Octavia?

neron y octavia

Petronio tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no delatarse en el profundo asombro que le invadió al ver sus más íntimos temores reflejados en las palabras del Obispo cristiano…

¡Y sintió miedo!… ¿Cómo sabe éste hombre cosas que él ni siquiera a si mismo se ha atrevido a  reconocer en su interior?…

Ethan le mira de una forma… que le es imposible definir… Es como si NO FUERA UN HOMBRE IGUAL A ÉL, el que lo mirara… Irradia una extraña Presencia que ni siquiera es capaz de comprender y ya ni siquiera el deseo de desenmascararlo y burlarse un poco lo motiva…

Es una sensación pasmosa verse desnudado en su alma, sin poder replicar absolutamente nada…

El Obispo prosigue:

–              Todo el mundo tiembla delante de vosotros y simultáneamente tembláis entre ustedes; unos con otros, porque de nada estáis seguros. Dices que nuestra religión destruye la vida. Y es al contrario, la engrandece. Porque nuestra Fe y nuestra confianza no están puestas en lo efímero y pasajero; en el espejismo de esta vida material.

Nosotros vivimos lo espiritual y esperamos lo eterno: una vida verdadera, llena de gozo y de amor. Sin traiciones, ni mentiras. Estoy seguro de que si te tomaras la molestia de conocer nuestra Doctrina, serías mucho más dichoso y te deleitarías con la verdadera sabiduría. Pues una inteligencia como la tuya sabe que cuando se conoce lo excelente, es imposible conformarse con menos. ¿O no es así?

Petronio sintió una sacudida en su interior y una extraña alarma. Por primera vez en su vida, decidió huir…

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Y fingiendo que lo acomete un bostezo, dijo:

–              Esto no es para mí. Yo prefiero mil veces, la compañía de una mujer tan hermosa como mi Aurora. Tu Dios NO me interesa. -y con un súbito arranque de sinceridad, agregó- Es más… No quiero luchar contigo en ese palenque.

Ethan sonrió…

Y con modales tan elegantes y distinguidos como los de Petronio tomó su copa, dio un sorbo a su vino…

Y mirándolo fijamente, dijo:

–              Podemos invocarlo y Él vendrá. ¿Acaso tienes miedo de que yo te lo presente?  Sabes que tengo razón…

–              No soy un cobarde. Simplemente NO acepto lo que me dices…

–              Ahora… Pero tú momento llegará…

  Jamás en toda su vida, Petronio se había sentido tan vulnerable y tan angustiado…  

Y para su buena fortuna, su amigo el poeta lo salvó….

Porque entonces Lucano inquirió:

–              Puesto que ustedes viven bajo las leyes de Roma, deben amar a nuestro Príncipe.

El obispo Acacio, respondió:

–                 ¿Quién tiene más respeto y amor al emperador que los cristianos? Continuamente hacemos Oración por él. Para que alcance larga vida y gobierne con justo poder a los pueblos y goce de paz, durante su reinado.

También oramos por la salud de los soldados y por la conservación de todo el Orbe.

Petronio suspiró aliviado al ver que el debate cambió de protagonistas…

Plinio intervino:

–                   Te felicito. Pero para que el emperador conozca mejor tu homenaje, ofrécele un sacrificio en nuestra compañía.

Acacio respondió:

–              Yo ruego a mi Dios Verdadero y Grande por la salud del emperador. Pero en cuanto al sacrificio, ni él nos lo puede exigir, ni nosotros ofrecérselo. ¿Quién se atrevería a hacer un sacrificio a un hombre?

Entonces Trhaseas preguntó:

–              ¿A qué Dios le ofreces tu Oración, para que nosotros también le ofrezcamos sacrificios?

Acacio respondió mirándolo fijamente:

–              Anhelo que conozcas lo que es de provecho. Y sobre todo, conozcas al verdadero Dios.

–              Dime su Nombre.

–              Padre Celestial: Yeové. Jesús y el Espíritu Santo.

–              ¿Estos son nombres de dioses?

–             Es la Santísima Trinidad. Ese es el Dios Verdadero y a Quién debemos temer.

–             ¿Qué Dios es ese?

–              Yeové. Adonaí el Altísimo. El que se sienta entre los Querubines y los Serafines.

–              ¿Quiénes son esos?

–              Son Ministros del Dios Altísimo y le asisten en su excelso Trono.

Plinio interviene con fastidio:

–              Esta es una inútil disputa filosófica. Trhaseas no te dejes atrapar. Un Dios Invisible e intangible… ¡Bah! Más bien tú, -se dirige a Acacio- desdeña las cosas invisibles y reconoce a nuestros dioses que están delante de nuestros ojos. A ellos es a los que debes sacrificar.

Acacio replica:

–              ¿Cuáles son los dioses a los que tú querrías que sacrifique?

Plinio contesta:

–              A Apolo, nuestro salvador. Ahuyenta el hambre y la peste. El rige y conserva a todos.

–              Ese Apolo. ¿Es el mismo al que ustedes tienen como intérprete del futuro? ¡Buen adivino resultó!…  El infeliz corría loco de amor por Daphne, una muchachita, ignorando que iba a perder a su presa suspirada. Es evidente que no fue adivino, el que esto ignoraba. Ni dios, ya que se dejó burlar por una joven.

Y no fue ésta su única desgracia, ya que la suerte le deparó un golpe más cruel. Como estaba poseído por un torpe amor por los adolescentes, se prendó de la hermosura de Jacinto y se enamoró de él, como bien sabéis vosotros.

Pero ignorante del futuro, mató con un tiro de disco, a aquel a quién más deseaba que viviera. ¡Humm! Ese Apolo… ¿Es el mismo que fue jornalero de Neptuno y que guardó rebaños ajenos? ¿A ese quieres que yo sacrifique?

Ahora es Plinio el que tiene dificultades para contestar.

Y Acacio insiste:

–              ¿O prefieres que sacrifique a Esculapio, que fue muerto por un rayo? ¿O a la adúltera Venus? ¿O a los demás Monstruos? ¿Habría de adorar a los que me avergüenzo de imitar? ¿A los que desprecio, a los que condeno, a los que aborrezco?

Si alguien quisiera ahora imitar sus ejemplos, no escaparía al severo castigo de las leyes romanas. ¿Cómo puede ser que adoren en los dioses, lo que castigarían en los hombres?

Plinio replica muy enojado:

–              Al parecer, los cristianos vomitan mil injurias contra nuestros dioses.

Marcial interviene con tono conciliatorio:

–              Para demostrar tu buena voluntad al emperador, vamos al Templo de Júpiter y Juno. Y celebremos juntos un grato banquete. Rindamos a las divinidades el culto que se les debe.

Acacio responde:

–              ¿Cómo puedo sacrificar a alguien que como todos saben, está sepultado en Creta? ¿Acaso resucitó de entre los muertos?

–              ¿Y acaso tu Dios sí resucitó?

–              ¡Claro que sí! ¿Quieres conocerlo? ¡Te lo presento ahorita mismo!…

–              ¡No desvaríes! Estamos hablando seriamente…

–              No desvarío y estoy dispuesto a demostraros en este momento, el por qué mi Dios está Vivo!…

Plinio replica:

–            A tu Dios,  lo ejecutó Poncio Pilatos… ¡Estás diciendo disparates! Mejor respeta a los dioses y ofréceles una ofrenda de desagravio por todas las tonterías que estás afirmando.

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–              No son desvaríos. Es la Verdad y yo no ofrezco sacrificios a falsos ídolos.

Nadie responde y  Plinio pregunta con severidad:

–              Si hubiera una ley que te obligase a hacerlo y yo fuese el Procurador, ¿Qué harías?

–              No puedes obligarme.

–              Pero como Procurador tengo el Idus Gladius (Poder de vida y muerte) ¡O sacrificas o mueres!

–              Tu amenaza se parece a la que dirigen los bandoleros de Dalmacia, maestros en el arte de robar. Se apostan en los desfiladeros y lugares escondidos. Están al asecho de los viandantes. Y apenas aparece un pobre viajero, lo conminan con este dilema: ‘¡O la bolsa o la vida!

Allí no admiten razones. La única razón es la fuerza que intimida. Tu ultimátum es similar, ya que quieres que yo cumpla una acción injusta o me amenazas con la muerte.

Plinio se toma muy en serio su supuesto papel de Procurador y replica más enojado todavía:

–              Pero yo obedezco las leyes de Roma y hay un edicto que te obliga a obedecerme.

Acacio también contesta muy serio:

–              Las leyes castigan al libertino, al adúltero, al ladrón, al corruptor sexual, al malhechor y al homicida. Si yo fuera reo de estos crímenes yo mismo me condenaría, sin aguardar tu sentencia. En cambio, si fuera condenado al suplicio por adorar al Dios Verdadero, no sería condenado por la ley, sino por la arbitrariedad del juez.

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–              Yo no te estoy juzgando. Pero como Procurador; si quiero, puedo obligarte. Si desprecias mi intimidación, puedes estar seguro del castigo.

–              También a mí se me ha mandado no negar jamás a mi Dios. Si tú obedeces a un hombre frágil y de carne que muy pronto abandonará este mundo. Y como se sabe, será pasto de los gusanos. Con cuanta mayor razón yo debo obedecer a un Dios potentísimo, cuyo poder consolidó todo cuanto existe.

Él dijo: “Si alguno me niega delante de los hombres, Yo también lo negaré delante del Padre Celestial, cuando venga en mi Gloria y Poder, a juzgar a los vivos y a los muertos.”

Marcial interviene:

–              Justamente lo que tanto deseaba saber, lo acabas de confesar ahorita: el error capital de tus creencias y la Ley de ustedes. Según dices: ¿Tiene Dios un Hijo?

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Acacio contestó:

–               Lo tiene.

–              ¿Y quién es ese Hijo de Dios            ?

–              El Verbo de Gracia y de Verdad.

–              ¿Es ese su Nombre?

–              Su Nombre es Jesucristo.

–              ¿Qué diosa lo concibió?

–              Dios no engendró a su Hijo al modo humano, con una mujer. Sería absurdo que la Majestad Divina, pudiera tener contacto con una doncella. Dios formó a Adán con su mano derecha. Compuso con el barro los miembros de aquel primer hombre. Y después de haber completado toda la figura, le infundió el alma y el aliento de vida introduciéndole su Espíritu.

Pero el segundo Adán, el Hijo de Dios, el Verbo de la Verdad, procedió del Corazón de Dios. Por eso está escrito: ‘Mi Corazón produjo una Palabra Santa.’

–              Luego Dios tiene cuerpo.

–              ¡Claro que lo tiene! A nosotros nos creó a su Imagen y Semejanza. Nosotros veneramos su virtud y su Poder. Su Hijo tiene un Cuerpo Resucitado. Y con la sabiduría que es un don de Dios, aprendemos a conocerlo y a amarlo.

Plinio replica con desprecio:

–              Solo eres un mago y maestro de este artificioso embuste.

Acacio contestó:

–              Los cristianos, todo lo que tenemos lo recibimos de Dios y aborrecemos toda clase de arte mágica.

Plinio insistió:

–              Ustedes son magos, porque han introducido no sé qué nueva modalidad religiosa.

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–             Nosotros despreciamos a esos dioses que ustedes fabrican y luego veneran. Sin duda si al artista le faltara el mármol o si el mármol se quedara sin artista, ustedes se quedarían sin dioses. En cambio nosotros adoramos a Aquel que nos creó a nosotros. Él nos formó como Señor. Nos amó como Padre. Y como buen defensor, nos libró de la muerte eterna…

Plinio escuchó y se quedó colérico y callado…

Séneca tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no soltar una carcajada…

Plinio ya no supo que responder y se despidió alegando que tenía importantes negocios que atender.

Invitó a Petronio a acompañarlo y también invitó a Séneca…

Pero en aquel duelo verbal, Séneca se estuvo divirtiendo de lo lindo y no pudo disimular su absoluta satisfacción… Y rechazó cortésmente…

Trhaseas, Lucano y Marcial también prefirieron quedarse un poco más y finalmente,  solo se fueron los dos.

Plinio furioso y Petronio muy pensativo, caminaron presurosos hacia la salida…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA