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65 EL PRIMER APÓSTOL MÁRTIR


65 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Atraviesan el manzanar y los viñedos y siguen caminando hasta que se distingue la casa del fariseo.

Es una casa bien construida en medio de un huerto de árboles frutales, ya sin fruta.

Es una casa campirana rica y cómoda.

Pedro con Simón, van por delante para avisar.

aparece la casa del fariseo: ancha, baja, bien construida, entre árboles ya despojados de sus frutos. una casa de campo, pero rica y cómoda.

Pedro y Simón se adelantan para avisar.

Sale Doras.

Es un viejo con perfil duro y rapaz. Ojos irónicos y boca de sierpe que gesticula con una sonrisa falsa, entre la barba que es más blanca que negra.

Saluda familiarmente y con manifiesta condescendencia:

–    Salud Jesús.

Jesús responde sin darle la paz:

–   Tenla igualmente. 

–   Entra. La casa te acoge. Has sido puntual como un rey.

Jesús puntualiza:

–    Como hombre honrado.

Doras ríe con sorna.

Jesús se vuelve hacia sus discípulos que no han sido invitados:

–    Entrad. –y mirando al fariseo, agrega- Son mis amigos.

–    Que entren. Pero, ¿Aquel no es el alcabalero; el hijo de Alfeo?

Jesús, poniendo su mano sobre el hombro de Mateo, contesta con un tono glacial y majestuoso:

–    Este es Mateo; el discípulo del Mesías.

El fariseo entiende y ríe con más sorna que antes.

Doras querría aplastar al ‘pobre maestro galileo’ bajo la opulencia de su casa que por dentro es fastuosa. Grandiosa y fría.

Los siervos parecen esclavos, caminan inclinados, rápidos y temerosos siempre de ser castigados al menor pretexto.

La casa da la impresión de que en ella reina la crueldad y el odio. 

Doras dice con soberbia:

–    Mi suegro, Caifás; no creyó que vendrías.

Jesús no se deja aplastar con la ostentación de las riquezas, ni con recordarle la posición y el parentesco.

Y Doras que comprende la indiferencia del Maestro, lo lleva consigo por el jardín, en donde hay más árboles.

Le muestra plantas raras y le ofrece frutos de ellas, que los siervos han traído en palanganas y en copas de oro.

Jesús prueba y alaba la exquisitez de las frutas, algunas conservadas como en jalea y adornadas con duraznos bellísimos. Otras parecen peras de un tamaño raro.

Doras no pierde la oportunidad de manifestar:

–    Soy el único en Palestina que tengo estas frutas y creo que ni siquiera las hay en toda la península.

Las mandé traer de Persia y de lugares más lejanos todavía. La caravana me costó casi un talento. Pero ni siquiera los tetrarcas tienen estas frutas.

Probablemente ni el mismo César. Cuento las frutas y recojo todas las semillas. Las peras, sólo se comen en mi mesa, porque no quiero que se roben ni una semilla.

Le envío a Annás, pero tan solo cocidas, porque así ya son estériles.

Jesús dice:

–     Y sin embargo son plantas de Dios. Y los hombres, todos son iguales.

Doras se escandaliza:

–    ¿Iguales? ¡Nooooo! ¿Yo igual a… a tus galileos?

–     El alma viene de Dios y las crea iguales.

El ministro del Templo se esponja como un pavo real y parece erguirse lleno de soberbia cuando dice con manifiesta superioridad:

–           Pero yo soy Doras el fiel Fariseo…

Y continúa con una larga perorata de la supremacía de la clase sacerdotal del pueblo hebreo sobre todos los demás pobres humanos que habitan la tierra. 

Jesús lo atraviesa con sus ojos de zafiro que se encienden cada vez más; señal precursora en Él, de un acto de piedad o de rigor.

Jesús, de vestido purpúreo; es mucho más alto que Doras y domina imponente a este pequeño y encorvado fariseo, embutido en su vestido amplísimo y con una impresionante abundancia de franjas.

Doras, después de un tiempo de auto admiración de sí mismo, exclama:

–     Pero Jesús, ¿Por qué enviar a la casa de Doras el Fariseo puro; a Lázaro, hermano de una prostituta?

¿Lázaro es tu amigo? ¡No debe serlo! ¿No sabes que está en el Anatema, porque su hermana María es una prostituta también de los romanos?

–     El único Lázaro que conozco, es el de sus acciones honradas.

–    Pero el mundo recuerda el pecado de esa casa.

Y ve que su mancha se extiende también sobre los amigos. ¡No vayas! ¿Por qué no eres Fariseo? Si quieres… yo soy poderoso.

Puedo hacer que te acepten en el Sanedrín, no obstante que tú seas Galileo.

En el Sanedrín puedo todo. Annás está en mis manos, como este pedazo de paño en mi manto. Serás poderoso y temido.

–    Yo solo quiero ser amado.

–    Yo te amaré. Ve cuanto te amo, que te cedo atendiendo a tu deseo a Jonás.

–    Lo he pagado.

–    Es verdad. Y me sorprendió que pudieras disponer de tal cantidad.  

–    No fui Yo. Sino un amigo que lo hizo por Mí.

–    Bien, bien no indago. Digo: ve que te amo y quiero hacerte feliz.

Tendrás a Jonás, después de la comida. Sólo por Ti hago este sacrificio. – y su sonrisa destella con inaudita crueldad.

Jesús lo mira cada vez con mayor rigor. Con los brazos cruzados sobre el pecho.

Están todavía en el huerto del jardín, en espera de la comida.

Con ansiedad mal disimulada, Doras dice:

–    Me debes hacer un favor. Alegría por alegría. Te doy mi mejor siervo.

Me privo por tanto de una utilidad futura. Supe que viniste al principio del verano y tu bendición este año, me dio cosechas que hicieron célebres mis posesiones.

Bendice ahora mis ganados y mis campos.

Para el año próximo extrañaré a Jonás. Y mientras encuentro a otro igual a él; ven. Bendice. Dame la alegría de que se hable de mí por toda Palestina.

Y de tener rediles y graneros que revienten de abundancia. ¡Ven!     

Lo toma por el brazo y lo jala, tratando de llevarlo a la fuerza; empujado por la avaricia y la ambición de su desenfrenada sed por el oro.

Jesús se opone:

–    ¿Dónde está Jonás? –pregunta con energía.

Doras contesta evasivo:

–    En los arados. Ha querido seguir trabajando en agradecimiento a su buen patrón.

Pero vendrá antes de que termine la comida. Mientras tanto, ven a bendecir los ganados y los campos.  Los árboles frutales, las viñas y los olivares.

¡Todo! ¡Todo! ¡Oh! ¡Qué fértiles serán el año entrante! Ven, pues.

Jesús dice con un tono mucho más fuerte:

–    ¿Dónde está Jonás?

–    ¡Ya te lo dije! Al frente de los arados. Es el capataz y no trabaja: preside.

–    ¡Mentiroso!

–    ¿Yo? ¡Lo juro por Yeové!

–     ¡Perjuro!

–    ¿Yo? ¿Yo, perjuro? Yo soy el fiel más fiel. ¡Ten cuidado cómo me hablas!

–     ¡ASESINO!

Jesús ha ido levantando cada vez más fuerte la voz y la última palabra RETUMBA como si fuera un trueno.

Los discípulos se acercan a Él.

Los siervos se asoman por las puertas,  temerosos.

El Rostro de Jesús es formidable en su severidad. Parece como si sus ojos lancen rayos fosforescentes.

A Doras, por un momento lo sobrecoge el miedo.

Se hace más pequeñito, en su montón de tela finísima, junto a la majestuosa persona de Jesús; vestido con su túnica de lana pesada en un tono púrpura.

Más de pronto la soberbia se apodera de él otra vez y grita con voz chillona, como una zorra furiosa:

–  ¡En mi casa sólo yo doy órdenes! ¡Sal de aquí, vil galileo!

–  ¡Saldré después de haberte maldecido a ti, a tus campos, ganados y viñas; para este año y para los que vengan!

Doras chilla como fiera malherida:

–    ¡Nooo! ¡Esto no!

Sí, es verdad. Jonás está enfermo. Pero se ha curado. Se ha recuperado. ¡Retira tu maldición!

Jesús insiste:

–   ¿Dónde está Jonás? –y ordena implacable- ¡Que un siervo me conduzca a él, al punto! Yo lo pagué.

Y puesto que tú lo consideras como una mercancía. Como una máquina; como a tal lo tomo. Y como lo he comprado, lo quiero.

Doras saca un silbato de oro de entre su pecho y silba tres veces.

Acuden corriendo muchos siervos de la casa y del campo, ante su temido dueño.

Éste ordena:

–   ¡Llevad a éste a donde está Jonás y entregádselo! ¿A dónde vas?

Jesús ni siquiera responde.

Camina detrás de los siervos que se han precipitado más allá del jardín; hacia donde están las casuchas de los campesinos.

Entran en la paupérrima choza de Jonás.

Él, literalmente es un esqueleto semidesnudo que respira fatigosamente por la fiebre, sobre un lecho de cañas.

En el que sirve de colchón un vestido remendado. Y de cobija, un manto todavía más roto. Una joven lo cuida como puede.  

Jesús dice con infinita ternura:

–   ¡Jonás, amigo mío! ¡He venido a llevarte!

–   ¿Tú? ¡Señor, mío! ¡Me muero! ¡Pero soy muy feliz por tenerte aquí!

–    Fiel amigo, eres libre desde ahora. Y no morirás aquí. Te llevo a mi casa.

–    ¿Libre? ¿Por qué? ¿A tu casa? ¡Ah, sí! Habías prometido que vería a tu Madre.

Jesús es todo amor. Se inclina sobre el miserable lecho del infeliz pastor.

Y dice:

–     Pedro, tú eres fuerte. Levanta a Jonás.

Y vosotros, dadle el manto. Este lecho es demasiado duro para cualquiera en estas condiciones.

Los discípulos rápidamente se quitan los mantos.

Los doblan varias veces y le improvisan una camilla.

Pedro coloca su carga de huesos y Jesús lo cubre con su propio manto.

Cuando está listo Jesús pregunta:

–    Pedro, ¿Tienes dinero?

–   Sí, Maestro. Tengo cuarenta denarios.

–    Está bien. Vámonos.

Ánimo Jonás. Todavía un poco de molestia. Y después, habrá mucha paz en mi casa, cerca de María.

–     María. ¡Sí! ¡Oh! –en medio de su agotamiento, Jonás no hace más que llorar.

Jesús dice a la joven:

–     Adiós, mujer. El Señor te bendecirá por tu misericordia.

–    Adiós, Señor. Adiós Jonás. Ruega. Rogad, por mí. – y la joven llora.

Cuando están por salir, aparece Doras.

Jonás por un momento se llena de terror y se tapa la cara.

 Jesús le pone una mano sobre la cabeza y sale a su lado; más severo que un Juez.  

El miserable cortejo sale al patio y toma el camino del jardín.

Doras, en el colmo de la vileza, exclama:

–    ¡Este lecho es mío! ¡Te vendí el siervo, no el lecho!

Jesús le arroja a los pies la bolsa sin hablar.

Doras la toma. La vacía y cuenta…

–    Cuarenta denarios y cinco dracmas. ¡Es poco!

Jesús mira al avariento y repugnante hombre en tal forma, que es imposible describirla. No dice nada.

Doras insiste:

–   Dime al menos que retiras el anatema.

Jesús lo fulmina con una nueva mirada y una nueva frase:

–     Te pongo en manos del Dios del Sinaí.

Y pasa muy erguido al lado de la rústica camilla que llevan pedro y Andrés.

Doras, al ver que todo es inútil. Que su condena es segura,

Grita:

–    ¡Nos veremos, Jesús! ¡Oh! ¡Te atraparé! ¡Te haré guerra a muerte!

Llévate a esa piltrafa de hombre. Ya no me sirve. Me ahorraré el entierro. ¡Vete! ¡Vete! ¡Satanás maldito!

¡Pondré contra Tí a todo el Sanedrín! ¡Satanás! ¡Satanás!

Jesús aparenta no oír.

Los discípulos están consternados.

Jesús se preocupa sólo de Jonás. Busca los caminos más planos.

Pero desde el Esdrelón hasta Nazareth, el camino es largo y no se puede avanzar ligeros con la piadosa carga.

Continúan en silencio por el camino principal.

Jonás parece que duerme, pero no suelta la mano de Jesús.

Al atardecer son alcanzados por un carro militar romano.

Jesús levanta el brazo y dice:

–   En el Nombre de Dios, deteneos.

Los soldados se detienen. Del carro se asoma la cabeza de un tribuno militar.

Éste pregunta a Jesús:

–   ¿Qué quieres?

–   Tengo un amigo que se está muriendo. Os pido para él, un lugar en el carro.

–   No debería. Pero sube. Tampoco somos perros.

Suben la camilla.

El tribuno pregunta:

–     Tú amigo… ¿Quién eres?

–     Jesús de Nazareth. 

El oficial lo mira curioso y dice:

–     ¡Oh! ¿Tú? ¡Entonces sí eres tú!

Subid cuantos podáis. Basta con que no os asoméis. Así son las órdenes.

Pero sobre las órdenes está el ser humano. ¿O no? ¡Y Tú eres Bueno, lo sé! ¡Eh! Nosotros los soldados, todo lo sabemos. 7

¿Cómo lo sé? Hasta las piedras hablan en bien y en mal. Nosotros tenemos orejas para oír y servir al César.

Tú no eres un falso Mesías como los anteriores, sediciosos y rebeldes. Tú eres bueno. Roma lo sabe.

Observa mejor a Jonás y exclama:

–    Oye, pero… ¡Este hombre está muy enfermo!

Jesús responde:

–    Por eso lo llevo a casa de mi Madre.

–   ¡Ummm! ¡Poco tendrá que cuidarlo! Dale un poco de vino de esa cantimplora.

¡Áquila! –Llama al conductor y ordena-  Arrea los caballos.

–   ¡Quinto! Tú dame dos raciones de pan, de miel y mantequilla de las mías.

Y explica a Jesús:   

–    Es todo lo que tengo, pero le hará bien. Para la tos que trae, la miel le aliviará.

–    Eres bueno.

–    No. Soy menos malo que muchos. Estoy contento de tenerte conmigo.

Acuérdate de Publio Quintiliano de la Itálica. Estoy en Cesárea, pero ahora voy a Ptolemaida. Estoy en inspección de orden.

–    No me tratas como a enemigo.

–    ¿Yo? Soy enemigo de los malos. Jamás de los buenos. Yo también quisiera ser bueno. Dime, ¿Qué doctrina predicas, para nosotros los hombres de armas?

–   La doctrina es única para todos los hombres. Justicia, honradez, continencia, piedad. Ejercer el propio oficio sin abusos.

Aún en los duros momentos de la guerra, no olvidar al ser humano.

Buscar de conocer la Verdad; o sea, a Dios Uno y Eterno, sin cuyo conocimiento cualquier acción está privada de la Gracia y por lo tanto del premio eterno.

–   Y cuando esté muerto, ¿Qué me interesa el bien hecho?

–    Quién se acerca al Dios Verdadero, encuentra ese bien en la otra vida.

–   ¿Volveré a nacer? ¿Acaso seré emperador?

–    No. Te haces igual a Dios, al unirte con Él en la eterna beatitud del Cielo.

–    ¿Cómo? ¿Yo en el Olimpo? ¿Entre los dioses?

–    No existen los dioses. Existe el Dios Verdadero.

El que Yo predico. El que te oye y pone una señal en tu bondad y en tu deseo de conocer el bien.

–   ¡Esto me basta! No sabía que Dios se pudiese ocupar de un pobre soldado pagano.

–   Él te creó, Publio. Por eso te ama y quiere que estés con Él.

–   ¡Eh! ¿Por qué no? Pero nadie nos habla de Dios, jamás.

–   Vendré a Cesárea y me escucharás.

El romano extiende el brazo y afirma:

    ¡Oh, sí! ¡Iré a oírte! Allá está Nazareth. Quisiera llevarte hasta allá. Pero si me ven…  

–    Desciendo y te bendigo por tu buen corazón.

–    Salve, Maestro.

–    El Señor se os muestre. ¡Adiós, soldados!

Descienden y vuelven a caminar.

Jesús dice alentando al enfermo:

–    Jonás, en breve vas a descansar.

Jonás sonríe. Conforme la tarde avanza, está más seguro de estar más lejos de Doras. Y más tranquilo se muestra.

Juan con su hermano Santiago, corren adelante para avisar a María.

Y cuando el pequeño cortejo llega a Nazareth, que está casi desierto en la noche que cae; María está afuera, esperando a su Hijo.

Cuando se encuentran, Jesús dice:

–    Aquí está Jonás. Bajo tu dulzura comenzará a gustar de su paraíso. ¡Feliz Jonás!

–   ¡Feliz! ¡Feliz! –murmura el extenuado pastor, como en un éxtasis.

Entran en la casita y se le lleva a la habitación en donde murió José.

Jesús dice:

–    Estás en el lecho de mi padre. Aquí estamos mi Mamá y Yo, ¿Ves?

Nazareth se convierte en Belén y tú ahora eres el pequeño Jesús, entre dos que te aman.

Ellos son los que veneran en ti al siervo fiel. No ves los ángeles, pero revolotean a tu alrededor, con alas de luz y cantan las palabras del canto navideño.

Jesús derrama su dulzura sobre el pobre Jonás, que poco a poco va debilitándose.

Parece que hubiera aguantado tanto, solo para morir aquí. Pero es feliz.

Sonríe y trata de besar la mano de Jesús; la de María y decir… decir…

Pero la falta de aliento se lo impide.

María, cual madre lo conforta.

Jonás repite con un hilo de voz:

–   Sí. Sí. –con una sonrisa en su cara de esqueleto.

Los discípulos miran  conmovidos desde la puerta del huerto.

Jesús le dice:

–    Dios ha escuchado tu gran deseo.

La estrella de tu larga noche, se convierte ahora en la estrella de tu eterno amanecer. ¿Sabes su nombre?

El agonizante responde

–   Jesús. El tuyo, ¡Oh! ¡Jesús! Los ángeles…

¿Quién está cantándome el himno angelical. Mi alma lo oye. Pero también mis orejas lo quieren oír. ¿Quién lo canta para hacerme feliz?… tengo mucho sueño.

Estoy tan cansado. ¡Muchas lágrimas! Muchos insultos… ¡Doras!… yo lo perdono.

Pero no quiero oír su voz y la oigo. Es como la voz de Satanás que no quiere dejarme en paz.

¡Oh! ¿Quién me cubre esa voz, con palabras venidas del Paraíso?

Es María; que vuelve a cantar en voz baja y en el mismo tono, el cántico con el que arrullaba a Jesús Niño…

Y lo repite porque ve que Jonás se tranquiliza al oírla.  

Después de unos minutos, Jonás dice:

–           ¡Doras ya no habla más! Sólo los ángeles… era un Niño en un pesebre… entre un buey y un asno… Y era el Mesías… Y yo lo adoré… y con Él estaban José y María…  -la voz se apaga en un breve murmullo. Y sigue el silencio…

Jesús dice:

–           ¡Paz en el Cielo al hombre de buena voluntad! ¡Ha muerto! Lo pondremos en nuestro pobre sepulcro. Merece esperar la resurrección de los muertos, junto a  mi justo padre.  

60 DUELO EN LA FAMILIA


60 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La tarde agoniza en medio de un gran arrebol de ocaso que, como un fuego que se va apagando, se vuelve cada vez más oscuro hasta asumir casi un color violeta rubificado.

Una coloración espléndida, rara, que pincela difuminándose lentamente el occidente, hasta desaparecer en el cobalto oscuro del cielo.

La noche avanza cada vez más con sus estrellas y con su arco de luna creciente, ya camino de la segunda fase.

Los agricultores acuden raudos a sus casas, las bajas casitas de Nazaret, que muestran ya los fogones encendidos y se nota por los aros de humo que salen de ellas.

Jesús está para entrar en la ciudad y contrariamente a cuanto desearían los otros, no quiere que ninguno vaya a avisar a su Madre.

Trata de calmarlos:

–      No va a suceder nada. ¿Por qué intranquilizarla antes?

Cuando entran en el poblado de Nazareth y el grupo camina por las calles, entre las casas sucede algo muy curioso, porque pasa de todo:

Algún saludo, algún cuchicheo después que han pasado, algún volverse de espaldas maleducado…  O incluso ruidosos portazos cuando pasa el grupo apostólico.

La gesticulación de Pedro es un verdadero poema, pero también los demás empiezan a inquietarse sorprendidos. 

Los hijos de Alfeo parecen dos condenados: caminan con la cabeza baja a ambos lados de Jesús, observando todo.

Y de vez en cuando se miran asustados entre sí o manifiestan temor por Jesús, según lo que sucede en su caminata a través del poblado.

Él, como si no pasara nada, responde a los saludos con su habitual afabilidad y se inclina para acariciar a los niños.

Los cuales en su simplicidad, no toman partido como los adultos y son siempre amigos de su Jesús, que siempre se muestra tan afectuoso con ellos.

Uno, un tonelito muy regordete de unos tres años, separándose del vestido materno, acude corriendo a su encuentro y le tiende los bracitos diciendo:

–     ¡Súbeme!

Y dado que Jesús lo complace y lo sutoma entre sus brazos, éste lo besa con su boquita toda embadurnada del higo que está chupando.

Y luego lleva su amor hasta el punto de… ofrecerle a Jesús un trocito de higo, diciendo:

–      ¡Toma! ¡Está bueno!

Jesús acepta el ofrecimiento y ríe cuando ese hombrecito naciente le mete el trocito de higo en la boca.

Isaac, cargado de ánforas, viene de la fuente.

Ve a Jesús, deja la  vasijas en el suelo y corre a su encuentro,

gritando:

–     ¡Mi Señor! Tu Madre ha vuelto ahora a casa. Estaba donde su cuñada. Pero…  ¿Recibiste la carta?

Jesús responde:

–     Estoy aquí por este motivo. No digas nada a mi Madre, por ahora. Primero voy a casa de Alfeo.

Isaac, prudente, no dice más que:

–     Te obedeceré.

 Y tomando sus ánforas, va directamente a casa.

Jesús dice a los primos:

–     Pongámonos en camino. Vosotros amigos, nos esperaréis aquí. Estaré poco tiempo en casa de Alfeo.

Pedro protesta:

–     ¡Nooo!

Nosotros no entramos en la casa del luto. Estaremos fuera, eso sí. ¿Verdad?

Los demás apoyan:

–      Pedro tiene razón. Nos tendrás cerca, aunque estemos en la calle.

Jesús cede a la voluntad de todos, pero sonríe… al comprender sus temores.

Y dice:

–      No me harán nada. Creedlo.

No son malos. Sólo están humanamente exaltados. Vamos.

Jesús encabeza la comitiva, detrás avanzan Tadeo y Santiago.

Llegan a la calle donde está la casa y avanzan hasta la entrada del huerto. Después de cruzarlo, en la cocina están los hermanos de Tadeo y Santiago, junto con otros familiares.

Encuentran a Alfeo, cocinando y… llorando.

En un ángulo, Simón y José con otros hombres, sentados en grupo. Entre ellos está Alfeo de Sara.

Están allí, callados como estatuas. ¿Será ésta, costumbre en los funerales?

Jesús entra saludando:

–      Paz a esta casa y paz al espíritu que la ha dejado.

La viuda emite un grito y hace un movimiento instintivo de cerrarle el paso a Jesús, interponiéndose entre Él y los otros.

Simón y José se levantan, hoscos y confundidos; pero Jesús no muestra darse cuenta de su actitud hostil.

Va hacia los dos hombres. Por su aspecto, Simón tiene ya rebasó los cincuenta y cinco años.

Jesús abre los brazos en amorosa iniciativa y los dos hombres se turban aún más, pero no se atreven a comportarse groseros.

Alfeo de Sara tiembla angustiado, sufre visiblemente.

Los demás se muestran reservados, en espera de una indicación.

Jesús pregunta gentil:

–   Simón, tú, ya cabeza de la familia, ¿Por qué no me recibes afablemente?

Vengo a llorar contigo. ¡Cuánto habría deseado estar con vosotros en la hora del duelo! Pero me encontraba lejos, no por culpa mía.

Eres justo, Simón. Y lo debes reconocer.

El hombre sigue con actitud reservada.

Jesús se dirige al otro:

–     Y tú, José, que tienes un nombre muy estimado por mí, ¿Por qué no acoges mi beso? ¿No me permitís llorar con vosotros?

La muerte es lazo para los verdaderos afectos. Y nosotros nos quisimos. ¿Por qué ahora debe haber desunión?

José responde con dureza:

–      Por ti nuestro padre ha muerto resentido.

Y Simón reclama:

–     Debías haberte quedado. Sabías que estaba agonizando. ¿Por qué te marchaste? Te quería a su lado…  

Jesús replica con tristeza:

–     No habría podido hacer por él más de cuanto hice. Y vosotros lo sabéis…

Simón, más justo, dice:

–     Es verdad. Sé que viniste y que te echó. Pero era un enfermo, un hombre afligido.

Jesús responde sin esconder su aflicción:

–     Lo sé. De hecho dije a tu madre y a tus hermanos: “No le guardo rencor, porque comprendo su corazón”.

Pero por encima de todos está Dios. Y Dios quería este dolor para todos. Para mí que creedlo, he sufrido como si me hubieran arrancado carne viva.

Para vuestro padre, que en esta pena ha comprendido una gran verdad, la cual durante toda la vida le había permanecido oscura;

para vosotros, que con este dolor tenéis el modo de ofrecer un sacrificio más beneficioso que el becerro inmolado.

Y para Santiago y Judas, que ahora ya no están menos formados que tú mi Simón;

porque tanto dolor, para ellos es la mayor carga y los oprime como rueda de molino y los ha hecho adultos de perfecta edad, ante los ojos de Dios.

José rebate con mayor dureza:

–     ¿Qué verdad ha visto nuestro padre? Una sola: que su sangre en la última hora, le era enemiga.  

Jesús corrige con firmeza:

–     No. Que el espíritu es más que la sangre. Ha comprendido el dolor de Abraham y por eso Abraham le ha ayudado.

–     ¡Ojalá fuera verdad! Pero ¿Quién lo asegura?

–     Yo, Simón.

Y más que Yo, la muerte de tu padre. ¿No ha anhelado mi Presencia? Tú lo has dicho.

–     Lo he dicho. Es verdad.

Quería que viniera Jesús. Y decía: “¡Al menos que no muera el espíritu! Él puede hacerlo. Lo he rechazado y no volverá. ¡Oh, muerte sin Jesús, qué horror eres! ¿Por qué le obligué a irse?“.

Sí, esto decía, como también: “Él me preguntó muchas veces: ¿Debo marcharme?’ y yo lo eché. Ahora ya no vuelve“. Te anhelaba, te anhelaba.

Tu Madre te mandó recado, pero no te encontraron en Cafarnaúm y él lloró mucho. Y con sus últimas fuerzas tomó la mano de tu Madre y quiso tenerla cercana.

A duras penas podía hablar, pero decía: “La Madre es un poco el Hijo. Me agarro a su Madre para tener algo de Él, porque tengo miedo de la muerte”. ¡Pobre padre mío!

Se produce una escena oriental de gritos y actos de dolor, en la que todos toman parte; también Santiago y Judas, que se han atrevido a entrar.

Jesús, que solamente llora, es el más tranquilo.

Simón pregunta:

–     ¿Lloras? ¡Entonces lo querías?

Jesús, con sus mejillas bañadas por el llanto, responde:

–     ¡Simón! ¿Lo preguntas?

Si hubiera podido, ¿Crees que habría permitido este dolor suyo? Yo estoy con el Padre, pero no por encima del Padre.

José replica con mucha aspereza:

–     Curas a los moribundos y a él no lo curaste.

–     No creía en Mí.

Simón observa:

–     Esto es verdad, José.

Jesús baja los brazos con gesto de derrota:

–     No creía y tampoco deponía el rencor.

Yo no puedo hacer nada donde hay incredulidad y odio.

Por eso, os digo: no sigáis odiando a vuestros hermanos. Vedlos. Que su congoja no resulte gravada por vuestro rencor.

Vuestra madre está más acongojada por este odio vivo que por la muerte, que termina en sí misma.

Y en vuestro padre termina en la paz porque su deseo de Mí le significó perdón de Dios.

Ni hablo de Mí, ni abogo por Mí. Yo estoy en el mundo, pero no soy del mundo. Aquel que dentro de Mí vive, me compensa lo que el mundo me niega.

Sufro con mi Humanidad, pero elevo el espíritu por encima de la Tierra y siento júbilo por las cosas celestes.

¡Pero ellos!… No faltéis a la ley del amor y de la sangre. Amaos. En Santiago y Judas no existe ofensa a la sangre. Pero, aun en el caso de que existiera, perdonad.

Mirad con ojo justo las cosas y veréis que los más ofendidos han sido ellos. Incomprendidos en las necesidades del alma raptada por Dios. Y a pesar de todo no guardan rencor, sino que sólo desean el amor. ¿No es verdad, primos?

Judas y Santiago, a los cuales la madre tiene estrechamente abrazados, asienten entre lágrimas.

Jesús amonesta dulcemente:

–     Simón, eres el mayor, da ejemplo…

Simón balbucea:

–     Yo… por mí… Pero el mundo… pero Tú…

–     ¡Oh, el mundo! Olvida y cambia a cada amanecer… Y Yo…

Ven, dame tu beso fraterno. Yo te quiero. Esto lo sabes. Despójate de estas escamas que te hacen duro y no son tuyas; sino que te vienen de persona a ti ajena y menos justa que tú.

Tú juzga siempre con tu recto corazón.

Simón, todavía un poco reticente, abre los brazos.

Jesús lo besa y luego lo conduce adonde sus hermanos. Se besan entre llanto y lamentos.

Jesús se dirige al otro:

–     Ahora tú, José.

–     No. No insistas. Tengo presente el dolor de nuestro padre.

–     En verdad tú lo perpetúas con tu rencor.

–     No importa. Soy fiel.

Jesús no insiste.

Se vuelve hacia Simón:

–      La tarde está avanzada. Pero, si quisieras… Nuestro corazón arde por el deseo de venerar sus restos mortales. ¿Dónde está Alfeo? ¿Dónde le habéis puesto?

–      Detrás de la casa. Donde el olivar cesa contra el barranco. Un sepulcro digno.

–      Te lo ruego. Llévame.

Y dirigiéndose hacia María de Cleofás,  exhorta: 

 –    María, sé fuerte. El esposo exulta porque ve a sus hijos en tu seno.

Quedaos. Yo voy con Simón. ¡Estad en paz! ¡Estad en paz! José, te digo a ti cuanto dije a tu padre: “No hay rencor en mí. Te quiero. Cuando quieras que venga, llámame. Vendré a llorar contigo. Adiós“.

Y Jesús sale con Simón…

Los apóstoles miran de reojo con curiosidad, pero se sienten contentos al ver a Jesús y Simón en armonía.

Jesús los llama:

–      Venid también vosotros. Son mis discípulos, Simón. Ellos también desean honrar a tu padre. Vamos.

Se van por el olivar y todo termina.

Jesús dice:

Como ves, Simón – menos obstinado – se rindió, si no completamente sí al menos en parte, a la justicia, con santa prontitud.

Es cierto que no se hizo discípulo mío y menos aún apóstol enseguida,  sino hasta después de otro encuentro,  por la muerte de Alfeo. Pero sí fue al menos, espectador y no enemigo.

Incluso fue tutor de su madre y de la mía en momentos en que había necesidad de que un hombre las protegiera y defendiera de las sátiras de la gente.

No fue fuerte hasta el punto de imponerse contra quien me llamaba “LOCO”.

Todavía era “demasiado hombre”,  se avergonzaba un poco de Mí y se preocupaba por los peligros que podía correr toda la familia a causa de mi apostolado contrario a las sectas.

No obstante, ya estaba en el camino del Bien por el cual luego, después del Sacrificio, supo proseguir cada vez más firme, hasta confesarme con la sangre.

La Gracia obra en ocasiones fulminantemente, otras veces lentamente, mas siempre obra en donde existe la voluntad de ser justo. Ve en paz. Queda en paz en medio de tus dolores. Lleva por Mí la Cruz.

Te bendigo, discípulo@ de los Últimos Tiempos.

58 AUTÉNTICOS ADORADORES


58 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús camina al lado de Jonathán siguiendo un terraplén verde, boscoso y sombreado. Detrás van los apóstoles hablando entre sí.

Pedro separándose de ellos, se adelanta, y franco como siempre, pregunta a Jonathán:

–      ¿Pero no era más rápido el camino que va a Cesárea de Filipo?

Hemos venido por éste y… ¿Cuándo vamos a llegar? ¡Tú con la patrona has ido por aquél!

–      Con una enferma, me he atrevido a todo.

Date cuenta de que yo soy de un cortesano de Antipas y Filipo, después de aquel sucio incesto no ve muy bien a los cortesanos de Herodes…

Mira, no es por mí por quien temo. Lo que no quiero es crearos dificultades ni enemigos, y menos aún al Maestro.

La Tetrarquía de Filipo tiene necesidad de la Palabra, como la tiene la de Antipas; si os odian, ¿Cómo podéis…? Al regreso, si lo veis conveniente, vais por ese camino.

Jesús dice:

–     Alabo tu prudencia, Jonathán. Pero al regreso tengo intención de pasar hacia las tierras fenicias.

–     Están envueltas en las tinieblas del error.

–     Tocaré frontera, para recordarles que hay una Luz.  

Pedro pregunta:

–     ¿Crees que Filipo se desquitaría en un siervo del perjuicio que le ha causado su hermano?

18. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.» Marcos 6

–     Sí, Pedro. Son iguales.

Dominados por todos los más bajos instintos, no hacen distinción. Parecen animales y no hombres, créelo.

–     Y sin embargo, teniendo en cuenta que Juan, hablando en nombre de Dios, ha hablado también en su nombre y favor, debería estimarlo a Él, que es pariente de Juan.

–     No os preguntaría ni siquiera de donde venís, ni quiénes sois, viéndoos conmigo si me reconociera.

O si algún enemigo de la casa de Antipas me señalara como siervo de su Procurador, seríais encarcelados inmediatamente.

¡Si supierais cuánto fango hay tras las vestiduras de púrpura! Venganzas, atropellos, delaciones, lujurias y hurtos son la pasta de su alma. ¿Alma?… ¡bien!, llamémosla así.

Yo creo que ya no tienen alma. Vosotros mismos podéis verlo: para bien, pero… ¿Por qué ha recobrado Juan la libertad?

Por una venganza entre dos oficiales de la Corte.

Uno, para deshacerse de otro tan favorecido por Antipas, que tenía a Juan en custodia; por una suma abrió de noche el calabozo… Yo creo que atontó a su rival con un vino drogado.

Y a la mañana siguiente… el desdichado pagó con su cabeza la evasión del Bautista. Te digo que es un asco.

–     ¿Y tu patrón está de acuerdo? Me parece bueno.

–     Lo es. Pero no puede actuar de otro modo.

Su padre y el padre de su padre fueron de la Corte de Herodes el Grande. El hijo lo ha tenido que ser por fuerza.

No lo aprueba, pero no puede más que limitarse a mantener a su mujer lejos de esa corte de vicios.

–     ¿Y no podría decir “me das asco” y marcharse?

–     Podría, pero, a pesar de que sea muy bueno, todavía no es capaz de tanto.

Eso significaría casi ciertamente la muerte. Y ¿Quién quiere morir por honestidad de espíritu llevada a su punto más alto? Un santo como el Bautista. Pero nosotros… ¡Pobrecillos!

Jesús, que los ha dejado hablar entre sí, interviene:

–      Dentro de no mucho, en todo lugar de la tierra conocida, el número de los santos contentos de morir por esta honestidad hacia la Gracia y por amor a Dios, será denso como flores en un prado abrileño.

Pedro dice:

–     ¿Sí? Me gustaría saludar a estos santos y decirles: “¡Rogad por el pobre Simón de Jonás!”.

Jesús lo mira fijo y sonriente.

–     ¿Por qué me miras así?

–      Porque tú, prestándoles auxilio, los verás… y los verás cuando te lo presten a ti.

–     ¿En qué, Señor?

–      Para ser la Piedra consagrada por el Sacrificio, sobre la que se celebre y edifique mi Testimonio.

–      No te entiendo.

–      Entenderás.

Los otros discípulos, que se habían acercado y que han escuchado, cuchichean entre sí.

Jesús se vuelve:

–      En verdad os digo que todos seréis probados con uno u otro suplicio:

por ahora, el de la renuncia a las comodidades, a los afectos, a las cosas útiles; luego irá siendo una cosa cada vez más vasta, hasta llegar a aquella, excelsa, que os ciña con una diadema inmortal.

Sed fieles. Todos vosotros lo seréis. Y obtendréis esto.

–     ¿Nos matarán los judíos, el Sanedrín acaso, por nuestro amor a Tí?

–     Jerusalén lava los umbrales de su Templo con la sangre de sus Profetas y sus Santos.

Y también el mundo espera ser lavado… Abundan los templos de dioses horrendos.

En un futuro serán templos del Dios verdadero y la lepra del paganismo quedará purificada con el agua lustral de la sangre de los mártires. 

Se escuchan las exclamaciones de los discípulos:

–     ¡Oh!

–     ¡Dios Altísimo!

–     ¡Señor!

–     ¡Maestro! 

–     ¡Yo no soy digno de tanto!  

Pedro se arroja a los pies de Jesús diciendo:

–     ¡Soy débil! ¡Le temo al dolor! ¡Oh! ¡Señor!…

Despide a tu inútil siervo o dame fuerza. No querría menoscabar tu imagen Maestro, con mi ruindad. 

Es una genuina súplica, brotada del corazón lleno de integridad del apóstol pescador.

Jesús le dice:

–     Levántate, mi Pedro. No temas. Todavía mucho has de caminar…

Llegará la hora en que no quieras sino cumplir el último esfuerzo. Y entonces tendrás todo, del Cielo y de ti mismo. Yo te estaré mirando admirado.

–     Tú lo dices… y yo lo creo. ¡Pero soy una miseria de hombre!

Se ponen de nuevo a caminar y avanzan hasta dejar la llanura, para luego encumbrarse hasta la parte alta de un monte boscoso y progresivamente elevado. 

Y al alba del día siguiente, con una hermosa aurora naciente que enciende y destellan en todas las plantas bañadas de rocío, pequeños diamantes líquidos.

Bosques y más bosques de coníferas han quedado abajo, pero sigue habiendo bosques de cedros arriba e imperan dominadores desde lo alto.

Bosques que como verdes catedrales, acogen entre sus arboledas a los peregrinos incansables.

Los cedros de Líbano cubren una cadena montañosa, que se yergue en un nudo alto y enredado de crestas y barrancos, de valles y mesetas.

A lo largo de las cuales discurren, para luego precipitarse abajo en torrentes que parecen cintas de plata ligeramente verde-azul.

Aves de todo tipo llenan de cantos y vuelos los bosques de coníferas, que son como un oleaje perfumado de resinas en esta hora matutina.

Volviendo la mirada hacia abajo, se  contempla a lo lejos el mar grande, imponente y majestuoso con toda la costa que se extiende hacia el Norte y hacia el Sur,

con sus ciudades, sus puertos y los numerosos torrentes que descienden por las laderas, juntando sus cursos de rumorosas aguas, hasta sus desembocaduras en el océano; 

donde sus estuarios bosquejan el dibujo de una coma resplandeciente sobre la tierra árida, con sus aguas disminuídas por el ardiente sol del verano en el azul del mar.

Pedro observa:

–      Son hermosos estos lugares.

Simón dice:

–      Y no hace tampoco mucho calor.

Mateo añade:

–      Con estos árboles, el sol molesta poco…

Juan pregunta:

–      ¿Han tomado de aquí los cedros del Templo?

Jonathán contesta:

–       De aquí. Son éstos los bosques que dan las maderas más bellas.

El patrón de Daniel y Benjamín tiene muchísimos, además de tener ricos rebaños. Sierran los árboles en el propio lugar y luego los transportan hacia abajo por aquellas acanaladuras o a fuerza de brazos.

Trabajo difícil cuando los troncos deben ser usados enteros, como fue el caso del Templo. No obstante, paga bien y hay muchos a su servicio

Además es bastante bueno. No es como el feroz Doras. 

José exclama:

–     ¡Pobre Jonás!

Pedro agrega:

–     ¿Pero cómo es posible que los que están a su servicio sean casi esclavos?

Cuando le dije: “Déjale plantado y ven con nosotros, que Simón de Jonás podrá ofrecerte en el peor de los casos un pan”, me respondió: “No puedo si no pago mi rescate”. ¿Qué historia es ésta? 

Jonathán explica:

–      Doras y no sólo él en Israel, habitualmente hace esto:

cuando ve que uno que está a su servicio es bueno, lo conduce con aguda astucia a la esclavitud.

Le carga en cuenta falsas sumas que el pobre hombre no puede pagar; cuando la suma es suficiente, dice: “Tú eres esclavo mío por deudas”. 

Simón:

–     ¡Qué vergüenza!   

Bartolomé:

–     ¡Y además es fariseo!

Jonathán:

–     Sí. Jonás mientras tuvo ahorros pudo pagar… luego…

Un año el granizo, otro la sequía, el trigo y la uva dieron poco. Doras multiplica el daño por diez… y otra vez por diez. Posteriormente Jonás cayó enfermo debido al excesivo trabajo.

Doras le prestó la suma necesaria, pero quiso el doce por uno. Como Jonás no lo tenía, añadió esto al resto.

En pocas palabras: pasados unos años, se había acumulado una deuda que lo convirtió en esclavo y jamás lo dejará marcharse… Siempre encontrará otras disculpas y otras deudas. 

Jonathán calla con tristeza pensando en su amigo.  

Simón pregunta:

–     ¿Y tu patrón no podía…?

–     ¿Qué? ¿Hacer que lo trataran como a un ser humano?

¿Pero quién se enfrenta a los fariseos? Doras es uno de los más poderosos: creo que incluso es pariente del Sumo Sacerdote… Al menos eso se dice.

Una vez, cuando le dieron de palos a Jonás hasta desmayarlo y yo lo supe, lloré tanto, que Cusa me dijo: “Pago yo su rescate por hacerte feliz”.

Pero Doras se le rió delante de su cara y no aceptó nada. ¡Ése!… tiene los campos más ricos de Israel… pero, te lo juro, han sido abonados con la sangre y las lágrimas de sus siervos.

Jesús mira a Simón Zelote y éste mira a Jesús. Ambos están apenados.

–     ¿Y este de Daniel es bueno?

–     Al menos, humano. Quiere, pero no oprime.

Y dado que los pastores son honestos, los trata con amor; son los que mandan en los pastos. A mí me conoce y me respeta porque soy un doméstico de Cusa y… podría serle útil…

Pero, Señor, ¿Por qué el hombre es tan egoísta? 

Jesús responde:

–     Porque el amor fue estrangulado en el Paraíso Terrenal. Yo vengo, no obstante, a aflojar el lazo y a dar nueva vida al amor. 

Después de recorrer el último bosque, en una curva del camino,

Jonathán dice:

–     Hemos llegado a la propiedad de Eliseo. Los pastos están aún lejanos, pero a esta hora las ovejas casi siempre están en los apriscos, por el sol. Voy a ver si están.

Y Jonatán se marcha casi corriendo.

Vuelve después de un rato con dos pastores entrecanos y robustos, los cuales realmente se precipitan abajo por la pendiente, para ir a donde Jesús.

Y cuando llegan se postran adorándolo.

Jesús los saluda:

–     La paz a vosotros.

Y ellos responden:

–    ¡Oh! ¡Nuestro Niño de Belén!

–     Bendita seas, Paz de Dios, que has venido a nosotros. 

Los dos hombres están prosternados sobre la hierba. El saludo a un altar no es tan profundo como éste dedicado al Maestro.  

Jesús dice:

–     Levantaos. Os devuelvo la bendición.

Y me alegra hacerlo porque la bendición desciende con gozo sobre quien es digno de ella.

–     ¡Oh, dignos nosotros!…

–     Sí, vosotros, que habéis sido siempre fieles.

–     ¿Quién no lo habría sido? ¿Quién puede borrar aquella hora?

¿Quién puede decir: “No es verdad lo que vimos”? ¿Quién puede olvidar que Tú nos sonreíste durante meses, cuando volviendo entre las ovejas al atardecer, te llamábamos? ¿Y Tú, al son de nuestros flautines batías las manitas?…

¿Lo recuerdas, Daniel?

Daniel agrega:

–    Casi siempre vestido de blanco en los brazos de su Madre; te nos mostrabas entre rayos de sol en el prado de Ana.

O asomados a la ventana, parecías una flor depositada sobre la nieve del vestido materno. 

Jonathán añade:

–     Y aquella vez que viniste, dando los primeros pasos, a acariciar un corderito menos rizado que Tú…

¡Qué feliz se te veía! Y nosotros no sabíamos qué hacer de nuestras rudas personas.

Habríamos deseado ser ángeles para no parecerte tan burdos…  

Jesús dice emocionado:

–     ¡Amigos míos!, Yo veía vuestro corazón y eso veo también ahora.

Benjamín:

–     ¡Y nos sonríes como entonces!

Daniel:

–     ¡Y has venido hasta aquí, donde los pobres pastores!

–     Donde mis amigos. Ahora estoy contento.

Os he vuelto a encontrar a todos y ya no os perderé. ¿Podéis dar hospedaje al Hijo del hombre y a sus amigos?

–     ¡Señor! ¿Tú lo pides?

No nos falta ni pan ni leche, pero si tuviéramos sólo un bocado te lo daríamos con tal de tenerte con nosotros. ¿Verdad, Benjamín?

–     ¡Hasta el corazón te daríamos por alimento, nuestro anhelado Señor!

–     Vamos, entonces. Hablaremos de Dios…

–     Y de tus parientes, Señor.

¡José, tan bueno! ¡María…, oh, la Madre! Fijaos, mirad este narciso bañado de rocío, hermoso y puro con su corola como una estrella adiamantada.

Ella, sin embargo… ¡Oh, esto no está lleno de fealdad en comparación con la Madre! Una sonrisa suya era purificación.

Encontrarla, una fiesta; oírla, santificarse. ¿Te acuerdas de aquellas palabras también tú, Benjamín?

–     Sí. Te las puedo repetir, Señor.

Porque cuanto Ella nos dijo en los meses en que pudimos oírla está escrito aquí (y se señala el pecho). Es la página de nuestra sabiduría.

Nosotros podemos comprenderla porque es palabra de amor y el amor lo entienden todos. Ven, Señor, entra y bendice esta morada feliz.

Entran en una estancia cercana al vasto redil y todo termina.

P EXPLICACIÓN DIDÁCTICA


Nuestro Señor Jesucristo me ha solicitado la adjunción de algunos comentarios que Él desea que hagan más clara la enseñanza que quiere compartir la Santísima Trinidad, para conocimiento de sus Apóstoles de los Últimos Tiempos,

Y que “sus Cristos actuales” entiendan la URGENCIA que encierran sus imploraciones de auxilio en que saciemos su sed de almas y también actuemos por nuestra supervivencia personal, por la inminencia del Aviso.  

Y además comprendamos mejor CÓMO debemos actuar, porque ya entramos al punto álgido de la Guerra Cósmica que se está librando entre las Huestes Celestiales y las infernales de Satanás, comandadas por el Anticristo.

De esta manera el resaltado azul señala nuestra tarea que debemos aprender, sin caer en escrúpulos absurdos, NI PÁNICO.

Como niños obedientes, somos escolares dispuestos…

EL PADRE PIO Y EL PURGATORIO

Cómo el Padre Pío Socorría a las Almas del Purgatorio

El Padre Pio tenía un conocimiento exacto del estado de un alma después de la muerte, incluyendo la duración del dolor hasta que llegaba a la purificación total.

El Padre Pío inculcaba el amor por las almas del purgatorio. Las almas iban a San Giovanni Rotondo a pedirle primero. Y luego a agradecerle a cuando ingresaban al Cielo.

Tuvo muchas visiones de almas purgantes que Jesús liberaba por sus oraciones y sufrimientos.

Veamos algunas anécdotas impresionantes.

Una anécdota es la de Fray Daniele que tuvo una experiencia Cercana a la Muerte. Y regresa a la tierra mediante la Intercesión del Padre Pío, con el propósito de hacer su Purgatorio en la Tierra.

En una historia conmovedora y llena de devoción.

ALGUNAS ANÉCDOTAS DEL PADRE PÍO Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO

Todo el que se reunía con el Padre Pío parecía convencido de que tenía una conexión directa con el más allá. ‍Incluso le preguntaban acerca de un pariente o amigo muerto. 

Cuando sóis corredentores y os unís a Mí con el Amor de Fusión, (1) es cuando experimentáis el “Cielo en la Tierra” y al estar fundidos Conmigo, SOY YO EL QUE ACTÚO y contesto a vuestras inquietudes.

Era fascinante, siempre había una respuesta.

‍Gerardo De Caro tuvo largas conversaciones con el Padre Pío en 1943. En sus notas escritas testifica:

“El Padre Pio tenía un conocimiento exacto del estado de un alma después de la muerte, Incluyendo la duración del dolor hasta que llegaba a la purificación total”.

El padre Pío decía también: “Más almas de los muertos del purgatorio que de los vivos suben a esta montaña para asistir a mis misas y buscar mis oraciones”.

En 1922 el obispo Alberto Costa preguntó al Padre Pio si alguna vez había visto un alma en el Purgatorio y le contestó:

“He visto a tantas de ellas que no me asustan más”.

Un fraile testificó: 

Todos estábamos en el comedor cuando el Padre Pío llegó de repente y se dirigió a la puerta del convento. La abrió y comenzó a tener una conversación.

Los dos hermanos que fueron con él no vieron a nadie y empecé a pensar que algo podría estar mal con el Padre Pío. 

Cuando vuestra alma está viva y fusionada Conmigo, yo os abro el mundo espiritual y caminaís siguiendo mis Mociones, asi es como os convierto en “instrumentos” de nuestra Voluntad Sacratísima.

En el camino de regreso a la zona del comedor Padre Pío me explicó:

“No se preocupe. Yo estaba hablando con algunas almas en su camino desde el Purgatorio al Paraíso. Llegaron a agradecerme que los recordara hoy en la misa

El Padre Francesco Napolitano informó que en 1945, Fray Pedro entrando en su celda por la noche, vio a un joven fraile sentado en su escritorio, con la cabeza gacha como si estuviera meditando.

Le preguntó quién era, pero él desapareció.

Aterrorizado fue a ver al Padre Pío.

El Padre Pio le acompañó de regreso a su celda y dijo:

“Ese joven fraile es un pobre principiante que está cumpliendo su Purgatorio en esta celda. Pero no se preocupe que no le molestará otra vez, y nunca le verá de nuevo”.

Yo me llevé a mi sufriente hijo, por la plegaria silenciosa e intercesora de mi poderoso instrumento, que no me negaba NADA de cuanto le solicitaba.

La vida de la Tierra es sólo un instante en la Eternidad y a veces permito que algunas almas vengan a solicitaros ayuda, para que recordéis esta realidad. 

En este momento están abiertas las Puertas del Infierno y TODOS sus habitantes andan dispersos por el mundo ayudando a las Huestes Infernales en la perdición de mis hijos.

Esto es muy patente por la proliferación de las nefastas invocaciones satánicas de mis pobres hijos engañados por el Mal.

La Justicia de Dios ES TERRIBLE, pero no olvidemos que su Misericordia también ES INFINITA.

(1) https://cronicadeunatraicion.com/2020/05/29/el-amor-de-fusion-1/

https://cronicadeunatraicion.com/2020/05/29/el-amor-de-fusion-2/

UN HOMBRE QUE PIDE MISAS AL PADRE PÍO PARA SALIR DEL PURGATORIO

Mientras estaba en el convento en una tarde de invierno después de una fuerte nevada, él estaba sentado junto a la chimenea una noche en la habitación, absorto en la Oración.

Cuando un anciano, vestido con una capa antigua todavía usada por los campesinos del sur de Italia, se sentó junto a él.

Respecto a este hombre dice el padre Pío:

No me podía imaginar cómo podría haber entrado en el convento en ese momento de la noche, ya que todas las puertas están bloqueadas.

Le pregunté: ¿Quién eres? ¿Qué quieres?”

El anciano le dijo:

“Padre Pío, soy Pietro Di Mauro, hijo de Nicolás, apodado Precoco. Yo morí en este convento el 18 de septiembre de 1908, en la celda número 4, cuando todavía era un asilo de pobres.

Una noche, mientras estaba en la cama, me quedé dormido con un cigarro encendido, el cual incendió el colchón y he muerto, asfixiado y quemado.‍

Todavía estoy en el purgatorio.

Necesito una Santa Misa con el fin de ser liberado. Dios permitió que yo venga a pedirle su ayuda.

De acuerdo con el Padre Pío, después de escucharlo, respondió:

Tenga la seguridad de que mañana celebraré la Santa Misa por su liberación.

Me levanté y le acompañé hasta la puerta del convento, para que pudiera salir y me di cuenta en ese momento, que la puerta estaba cerrada con llave.

La abrí y me despedí de él.

La luna iluminaba la plaza, cubierta de nieve.

Cuando yo ya no lo vi delante de mí, fui tomado por un sentimiento de miedo y cerré la puerta, volví a entrar en la habitación de invitados y me sentía débil.

Cuando experimentáis por primera vez el mundo sobrenatural y cuando NO PROFANÁIS con vuestra imprudencia mis Misterios, es lógico vuestro sobresalto.

Porque Soy un Padre Amoroso, es que envío a mis ángeles para que os vayan preparando al momento cuando decidiMos nuestra intervención más directa y podáis soportar un poco más nuestra Presencia. 

Unos días más tarde, el Padre Pío también contó la historia al padre Paolino.

‍Y los dos decidieron ir a la ciudad, donde miraron las estadísticas vitales para el año 1908.

Y encontraron el 18 de septiembre de ese año, un Pietro Di Mauro había de hecho, muerto de quemaduras y asfixia en la habitación número 4 en el convento, entonces utilizado como un hogar para personas sin hogar.

UN FRAILE CONDENADO AL PURGATORIO

Por la misma época, el Padre Pío le dijo a Fray Alberto de otra aparición de un alma del Purgatorio, que también se produjo en la misma época.

Él dijo:

Una noche, cuando estaba absorto en la Oración en el coro de la pequeña iglesia fui sacudido y perturbado por el sonido de pasos, y velas y jarrones de flores que se movían en el altar mayor.

Pensé que alguien debía estar allí, y grité:

“¿Quién es?”

Nadie respondió.

Volviendo a la Oración, me molestaron de nuevo los mismos ruidos.

De hecho, esta vez tuve la impresión de que una de las velas, que estaba en frente de la estatua de Nuestra Señora de Gracia, había caído. Con ganas de ver lo que estaba sucediendo en el altar, me puse de pie, me acerqué a la reja.

Y vi, a la sombra de la luz de la lámpara del Tabernáculo, un hermano joven haciendo un poco de limpieza.

Yo pensé que él era el Padre Leone que estaba reestructurando el altar; y como ya era la hora de la cena, me acerqué a él y le dije:

“Padre Leone, vaya a cenar, no es tiempo para desempolvar y reparar el altar”.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Pero una voz que no era la voz del padre Leone me contestó:

“Yo no soy el Padre Leone”,

“¿Y quién es usted?”, le pregunté.

“Yo soy un hermano suyo que hice el noviciado aquí, mi misión era limpiar el altar durante el año del noviciado. Desgraciadamente en todo ese tiempo yo no reverencié a Jesús Sacramentado, Dios Todopoderoso, como debía haberlo hecho, mientras pasaba delante del altar.

Causando gran aflicción al Sacramento Santo por mí irreverencia. Puesto que El Señor se encontraba en el tabernáculo para ser honrado, alabado y adorado. Por este serio descuido, yo estoy todavía en el Purgatorio.

Ahora, Dios, por su misericordia infinita, me envió aquí para que usted decida el tiempo a partir del del que yo podré disfrutar del Paraíso.

Y para que Ud. cuide de mí.”

Yo creí haber sido generoso con esa alma en sufrimiento, por lo que exclamé:

“Usted estará mañana por la mañana en el Paraíso, cuando yo celebre la Santa Misa”.

Esa alma lloró: Cruel de mí, que malvado fui.

Entonces lloró y desapareció. 

Siempre poneos en los zapatos del que os esté solicitando algo, especialmente en el ámbito espiritual. Y AYUDADLES como os gustaría a vosotros ser ayudados, así no cometeréis pecados de omisión.

Esa queja me produjo una herida tan profunda en el corazón, la cual he sentido y sentiré durante toda mi vida. De hecho yo habría podido enviar esa alma inmediatamente al Cielo.

Pero yo lo condené a permanecer una noche más en las llamas del Purgatorio.

OTRAS ALMAS

La Señora Cleonice Morcaldi de San Giovanni Rotondo fue una hija espiritual del Padre Pío; a un mes de la muerte de su mamá, el Padre Pío le dijo:

“Esta mañana tu mamá ha volado al Paraíso, la he visto mientras estaba celebrando la Misa.”

Lo que quiere decir que tuvo la gentileza de ofrecer la misa por el descanso eterno de su alma.

SOLDADOS MUERTOS

En otras ocasiones, el Padre Pío recibió almas –incluyendo soldados muertos en la Segunda Guerra Mundial– quienes hacían cola para su intercesión.

Una vez, un monje que vivió con él visualizó soldados extraños cerca de la chimenea del padre.

‍Preguntándose cómo habían entrado, el Padre Pio le explicó, que no eran soldados, sino espíritus de fallecidos que se acercaban pidiendo ayuda en su camino a la otra vida.

LA GRACIA DE VIVIR EL PURGATORIO EN LA TIERRA:

El testimonio de un íntimo amigo del padre Pío.

Fray Daniele pensaba que después de morir pasaría un tiempo en el Purgatorio. Pero el Señor le llevó allí en vida para hacerle reflexionar, y luego su vida cambió en su regreso.

Esta es lo que ahora se llama una experiencia cercana a la muerte, donde la persona muere, es llevada al cielo, se le muestran los pecados y regresa a la vida profundamente cambiada.

Sólo que Fray Daniele regresa a la tierra con el propósito de hacer su Purgatorio en la Tierra.

La experiencia de Fray Daniele, compañero inseparable del P. Pío, nos hace saber que un momento en el Purgatorio es mucho tiempo.

Una hora en el Purgatorio parece una eternidad.

No parece, ES. Porque el Tiempo lo instituí para vosotros, después del Pecado Original.

El relato está tomado del libro “Omagio a Fray Daniele”.

Fray Daniele Natale

EL TUMOR Y LA INTERVENCIÓN DEL PADRE PÍO

Este es el relato de Fray Daniele:

Inmediatamente después de la guerra, me encontraba en San Giovanni Rotondo, mi pueblo nativo, en el mismo convento del P. Pío.

Un poco tiempo después comencé con algunos dolores en el aparato digestivo y me fui a una consulta médica. Y el médico me diagnosticó un mal incurable: un tumor.

Pensando ya en la muerte, fui a referírselo todo al Padre Pío, el que -después de haberme escuchado- bruscamente me dijo: “Opérate.”

Yo Fui el que decidi convertir este episodio en la vida de mi predilecto, EN UNA LECCIÓN SOBRENATURAL que os instruyera en las verdades con que vuestra INCREDULIDAD ha devastado sobre los LUGARES que componen una parte de mi Creación.

Permanecí confuso y reaccionando le dije:

Padre, no me vale la pena. El médico no me ha dado ninguna esperanza. Ahora sé que debo morir.”

“No importa lo que te ha dicho el médico: opérate, pero en Roma en tal clínica y con tal profesor.”

El Padre me dijo esto con tal fuerza y con tanta seguridad que le contesté:

“Si Padre, lo haré”.

Entonces él me miró con dulzura y conmovido, añadió:

“No temas, yo estaré siempre contigo”.

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina…

LA OPERACIÓN

A la mañana siguiente salí ya en viaje para Roma.

Y estando sentado en el tren advertí al lado mío una presencia misteriosa: era el Padre Pío que mantenía la promesa de estar conmigo.

La promesa la hiciMos los DOS. Recordad como en la fusion nos volveMos Uno cuando os donáis a nuestra Trinidad y cumplís con vuestro cumplimiento al Primer Mandamiento.

Cuando llegué a Roma supe que la clínica era “Regina Elena”, y que el profesor se llamaba Ricardo Moretti.

Hacia el atardecer ingresé en la clínica. Parecía que todos me esperaban, como si alguno hubiera anunciado mi llegada, y me acogieron inmediatamente.

A las 7 de la mañana estaba ya en la sala de operaciones.

Me prepararon la intervención.

A pesar de la anestesia, permanecí despierto y me encomendé al Señor con las mismas palabras que Él dirigía al Padre antes de morir: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Comenzaron los médicos la intervención y yo sentía todo lo que hacían y escuchaba todo lo que decían.

Yo permití todo esto, porque así mi hijo al experimentar la diferencia entre el dolor terrenal y físico, del DOLOR SOBRENATURAL QUE EXPERIMENTA EL ALMA EN EL PURGATORIO…

Sufría dolores atroces pero no me lamentaba, al contrario, estaba contento de soportar tanto dolor que ofrecía a Jesús, ya que aquellos todos sufrimientos purificaban mi alma de mis pecados.

Un rato después me adormecí.

JUICIO Y CONDENA AL PURGATORIO

Cuando recobré la conciencia me dijeron que había estado tres días en coma antes de morir. 

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

En ese período me presenté delante del Trono de Dios.

Veía a Dios pero no como juez severo, sino como Padre afectuoso y lleno de amor.

Entonces comprendí que el Señor había hecho todo por amor hacia mí desde el primero al último instante de mi vida, amándome como si fuera la única criatura existente sobre la tierra.

No obstante me di cuenta también de que no solamente no me había cambiado este inmenso amor divino, sino que lo había descuidado totalmente.

Fui condenado a dos / tres horas de Purgatorio.

¿Pero cómo? -me pregunté- ¿Solamente dos / tres horas?

Y después podré quedarme siempre próximo a Dios eterno amor?

Di un salto de alegría y me sentía como hijo predilecto.

La visión desapareció y me volví a encontrar en el Purgatorio.

Las dos / tres horas de Purgatorio fueron dadas sobre todo por haber faltado al voto de pobreza, es decir, por haber conservado para mí unas pocas liras. 

En el INFIERNO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Mi Justicia es Perfecta como Yo. SOY EL AMOR. El que cumple mis Mandamientos vive bajo mi Protección y mi Amor en el Reino del Amor.

El que me rechaza, por su soberbia y su rencorosa venganza, VIVE Y VIVIRÁ en el Reino del Odio bajo el Yugo Riguroso de mi Divina Justicia, por eso mi Adversario está utilizando todos sus recursos para destruiros.

Vuestra Alma es una partícula de Mí y vosotros contribuís a destruirla con vuestras acciones. Si lográis salvaros del Abismo, en el Purgatorio CONOCERÉIS Y VIVIRÉIS mi Santa Justicia. (Mateo 5, 26) 

Con frecuencia me iba con la mochila en la espalda a pedir limosnas de puerta en puerta.

Hacía la compra todos los días para el convento. ‍

Todos me conocían y me querían bien.

Siempre que compraba alguna cosa me hacían descuentos.

Y aquellas pocas liras que recogía, en vez de entregárselas al superior, las conservaba para la correspondencia, para mis pequeñas necesidades y también para ayudar a los militares que llamaban a la puerta del convento.

LAS TRES HORAS EN EL PURGATORIO

El cuerpo espiritual es igual que el físico, pero con SENSIBILIDAD Y POTENCIAS DIVINAS…

Eran unos dolores terribles que no sabía de dónde venían, pero se sentía intensamente en los sentidos con los cuales había ofendido más a Dios en este mundo:

los ojos, la lengua… experimentaba mayor dolor y era una cosa increíble.

Lo mismo sucede en el Infierno, pero aumentado con el TREMENDO SUFRIMIENTO del Rigor de Mi Justicia Ofendida…

Y con el AGRAVANTE de la PREMEDITACIÓN en los pecados de la lujuria desenfrenada… TODO EL PLACER CONVERTIDO EN DOLOR, en los sistemas reproductores de vuestro cuerpo, que yo concebí santo…

la perfección de la CREACIÓN HUMANA por las Manos Divinas

Lo más sagrado con que doté a mis hijos, cuyo deleite deseaba regalaros y por eso OS LO DÍ y que, NO HABÉIS EXPERIMENTADO TODAVÍA…

Porque también eso os ha quitado mi Adversario….

Y os estáis degradando sin haber experimentado el placer sagrado con el que yo estaba por mimaros.

El cuerpo espiritual es igual que el físico, pero con SENSIBILIDAD Y POTENCIAS DIVINAS…

Pero en su Reino de Odio, SÍ OS ATORMENTARÁ con todas las potencias con qué os he dotado. Sufriréis lo que NO disfrutásteis, por su astucia maldita.

Porque allí abajo en el Purgatorio, uno se siente como si tuviese cuerpo y conoce / reconoce a los demás como sucede en el mundo.

Mientras tanto, aunque no había pasado más que unos instantes con aquellas penas, me parecía ya que fuera una eternidad.

Lo que más hace sufrir en el Purgatorio no es tanto el fuego -también muy intenso- sino aquel sentirse lejos de Dios.

Y lo que más aflige es haber tenido todos los medios a disposición para la salvación y no haber sabido aprovecharse de ellos.

Fue entonces cuando pensé ir a un hermano de mi convento para pedirle que rezara por mí que estaba en el Purgatorio.

Aquel hermano quedó maravillado porque sentía mi voz pero no me veía y me preguntó: “¿Dónde estás, porque no te veo?”

Yo insistía y viendo que no tenía otro medio para llegar a él, porque mis brazos se cruzaban pero no llegaban.

Tanto en el Infierno, como en el Purgatorio SÓIS ALMAS, además de varones y hembras.

Y la Justicia Ofendida por los pecados de Aborto los sufriréis por igual, ambos sexos, en vuestros cuerpos espirituales; con el DOLOR y el traumatismo sufrido por mis inocentes asesinados por vuestra malicia y vuestra impureza.

El “NO MATARÁS” martilleará también en vuestras cabezas con dolor infinito.

Todo esto que os digo, lo viviréis durante Mi Aviso…

Por eso os repito que OS PREPARÉIS, porque muchos serán los que no resistirán, NO REGRESARÁN y se quedarán en el LUGAR que habéis escogido con vuestras acciones…

Sólo entonces me di cuenta que estaba sin cuerpo.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA y los tormentos proporcionados por Satanás, merecidos por nuestro pecados

Me contenté con insistirle para que rezase mucho por mí y me sacara del Purgatorio.

¿Pero cómo? -me decía a mí mismo- ¿No debería estar solo dos / tres horas en el Purgatorio?

Y han transcurrido ya trescientos años.

Por lo menos así me parecía.

De repente se me aparece la Bienaventurada Virgen María y le pedí insistentemente, le supliqué diciéndole:

“¡Oh Santísima Virgen María, Madre de Dios, consígueme del Señor la gracia de volver a la tierra para vivir y trabajar solamente por amor de Dios!”.

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

Acudí también ante el P. Pío e igualmente le supliqué:

“Por tus atroces dolores, por tus benditas llagas, padre Pío, ruega por mí a Dios para que me libere de estas llamas y me conceda continuar el Purgatorio en la tierra”.

Después no vi nada más, pero me di cuenta de que el Padre Pío hablaba a la Virgen.

Unos instantes después se me apareció nuevamente la Bienaventurada Virgen María: era Santa María de las Gracias, pero venía sin el Niño Jesús, inclinó la cabeza y me sonrió.

‍En aquel mismo momento volví a tomar posesión de mi cuerpo, abrí los ojos y extendí los brazos.

Después, con un movimiento brusco, me liberé de la sabana que me cubría.

‍Estaba contento, había recibido la gracia.

‍La Santísima Virgen me había escuchado.

SU VUELTA A LA VIDA EN LA TIERRA

Inmediatamente después los que me velaban y rezaban, asustadísimos, se precipitaron fuera de la sala a buscar enfermeros y doctores.

En pocos minutos la clínica estaba abarrotada de gente.

Todos creían que yo era un fantasma y decidieron cerrar bien las puertas y desaparecer, por cierto temor a los espíritus.

A la mañana siguiente me levanté muy pronto y me senté en una butaca.  

Los sufrimientos en el Purgatorio expían nuestros propios pecados, PERO YA NO TIENEN MÉRITOS DE CORREDENCIÓN, porque éstos se terminan con la muerte física…

A pesar de que la puerta estaba cuidadosamente vigilada, algunos lograron entrar y me pidieron les explicara lo que me había sucedido. 

Para tranquilizarles, les dije que estaba llegando el médico de guardia, al cual tenía que decir lo que me había pasado.

Corrientemente los médicos no llegaban antes de las diez, pero aquella mañana todavía no eran las siete y dije a los presentes:

“Mirad; el médico está llegando; ahora está aparcando el coche en tal puesto”.

Pero nadie me creía.

El Cuerpo Espiritual VIVIENTE, actúa con MIS Potencias.

Analizad TODO lo que os estoy instruyendo y entenderéis este suceso; porque es así como quiero trabajar en mis instrumentos que estáis leyendo esto…

Y yo continuaba diciéndole:

“Ahora está atravesando la carretera, lleva la chaqueta sobre el brazo y se pasa la mano por la cabeza como si estuviera preocupado, no sé que tendrá”…

Pero nadie daba crédito a mis palabras.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Entonces dije:

“Para que me creáis que no os miento, os confirmo que ahora el médico está subiendo en el ascensor y está para llamar a la puerta”.

Apenas había terminado de hablar, se abre la puerta y entró el médico quedando maravillados todos los presentes.

Con lágrimas en los ojos, el doctor dijo:

“Sí, ahora creo en Dios, creo en la Iglesia y creo en el Padre Pío…”.

Aquel médico que primero no creía o cuya fe era como agua de rosas, confesó que aquella noche no había logrado cerrar los ojos pensando en mi muerte, que él había comprobado, sin dar más explicaciones.

Dijo que a pesar del certificado de muerte que había escrito, había vuelto para cerciorarse qué era lo que había sucedido aquella noche que tantas pesadillas le había ocasionado.

Porque aquel muerto (que era yo) no era un muerto como los demás y efectivamente, no se había equivocado.

La experiencia vivida en el Purgatorio, le enseñó y lo impulsó fusionarse más y por eso…

DECIDIÓ VIVIR EL PURGATORIO EN LA TIERRA

Si unís vuestros sufrimientos a los Míos compartireMos nuestro Calvario y seréis acrisolados en la Tierra viviendo al mismo tiempo experiencias celestiales, que paliarán vuestros dolores y enjugarán vuestro llanto…

El sufrimiento es INEVITABLE, por eso lo mejor es santificarlo con la donacion voluntaria con la crucifixión de la voluntad.

Después de esta experiencia, Fray Daniele vivió verdaderamente el Purgatorio en esta tierra.

Purificándose a través de enfermedades, sufrimientos y dolores, conformándose siempre y en todo con la Voluntad de Dios.

Solamente recuerdo algunas intervenciones que sufrí: de próstata, coliscititis, aneurisma de la vena abdominal. Otra intervención después de un accidente callejero cerca de Bolonia. Prescindiendo ya de otros dolores no sólo físicos sino también morales.”

A la hermana Felicetta, que le preguntó cómo se sentía de salud, Fray Daniele le confió:

“Hermana mía, hace más de 40 años que no recuerdo que significa estar bien”.

Fray Daniele falleció el 6 de julio de 1994.

Mientras colocaban convenientemente sus restos mortales en la capilla de la Enfermería del Convento de los Hermanos Capuchinos, en San Giovanni Rotondo, se recitaba el Rosario en sufragio de su alma.

A algunos de los presentes les parecía que Fray Daniele moviera los labios, como para contestar al Ave María del Rosario”.

Después que el alma ya no estaba en el cuerpo de Fray Daniele, aun así, algunos de los presentes, veían como seguía orando al Señor.

“Y lo vieron más de uno.”

El cuerpo acostumbrado a tanta Oración, todavía permanecía como si estuviera bien vivo, aunque en ese mismo momento su alma ya gozaba de la presencia de Dios.

Se había convertido en instrumento de Oración, aun cuando su alma había quedado libre de aquel cuerpo bendecido por Dios.

La voz se difundió tan rápidamente, que el superior Padre Livio de Matteo para quedar tranquilo, quiso cerciorarse de que no se trataba de una muerte aparente.

Por este motivo hizo venir de la Casa Alivio del Sufrimiento próxima, al doctor Nicolás Silvestri, ayudante de Medicina Legal y al doctor José Pasanella, asistente también de medicina Legal.

Los cuales hicieron un electrocardiograma a Fray Daniele y le tomaron la temperatura, por lo cual confirmaron definitivamente su muerte.

Se cuenta también en la historia que ha habido personas que poco antes de morir, tuvieron deseos de pecar y acabaron en ruina perpetua.

Unos cuerpos se convierten en bendición y otros en maldición.

EL PADRE PIO Y EL PURGATORIO


Cómo el Padre Pío Socorría a las Almas del Purgatorio

El Padre Pio tenía un conocimiento exacto del estado de un alma después de la muerte, incluyendo la duración del dolor hasta que llegaba a la purificación total.

El Padre Pío inculcaba el amor por las almas del purgatorio. Las almas iban a San Giovanni Rotondo a pedirle primero. Y luego a agradecerle a cuando ingresaban al Cielo.

Tuvo muchas visiones de almas purgantes que Jesús liberaba por sus oraciones y sufrimientos.

Veamos algunas anécdotas impresionantes.

Una anécdota es la de Fray Daniele que tuvo una experiencia Cercana a la Muerte. Y regresa a la tierra mediante la Intercesión del Padre Pío, con el propósito de hacer su Purgatorio en la Tierra.

En una historia conmovedora y llena de devoción.

Los celos, la desesperación, el desconsuelo, el desaliento; son cosas ofrecidas por el enemigo y SI SON RECHAZADAS, no hay daño.

ALGUNAS ANÉCDOTAS DEL PADRE PÍO Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO

Todo el que se reunía con el Padre Pío parecía convencido de que tenía una conexión directa con el más allá. ‍Incluso le preguntaban acerca de un pariente o amigo muerto.

Era fascinante, siempre había una respuesta.

‍Gerardo De Caro tuvo largas conversaciones con el Padre Pío en 1943. En sus notas escritas testifica:

“El Padre Pio tenía un conocimiento exacto del estado de un alma después de la muerte, Incluyendo la duración del dolor hasta que llegaba a la purificación total”.

El padre Pío decía también: “Más almas de los muertos del purgatorio que de los vivos suben a esta montaña para asistir a mis misas y buscar mis oraciones”.

En 1922 el obispo Alberto Costa preguntó al Padre Pio si alguna vez había visto un alma en el Purgatorio y le contestó:

“He visto a tantas de ellas que no me asustan más”.

Un fraile testificó: 

Todos estábamos en el comedor cuando el Padre Pío llegó de repente y se dirigió a la puerta del convento. La abrió y comenzó a tener una conversación.

Los dos hermanos que fueron con él no vieron a nadie y empecé a pensar que algo podría estar mal con el Padre Pío.

En el camino de regreso a la zona del comedor Padre Pío me explicó:

“No se preocupe. Yo estaba hablando con algunas almas en su camino desde el Purgatorio al Paraíso. Llegaron a agradecerme que los recordara hoy en la misa

El Padre Francesco Napolitano informó que en 1945, Fray Pedro entrando en su celda por la noche, vio a un joven fraile sentado en su escritorio, con la cabeza gacha como si estuviera meditando.

Le preguntó quién era, pero él desapareció.

Aterrorizado fue a ver al Padre Pío.

El Padre Pio le acompañó de regreso a su celda y dijo:

“Ese joven fraile es un pobre principiante que está cumpliendo su Purgatorio en esta celda. Pero no se preocupe que no le molestará otra vez, y nunca le verá de nuevo”.

UN HOMBRE QUE PIDE MISAS AL PADRE PÍO PARA SALIR DEL PURGATORIO

Mientras estaba en el convento en una tarde de invierno después de una fuerte nevada, él estaba sentado junto a la chimenea una noche en la habitación, absorto en la oración.

Cuando un anciano, vestido con una capa antigua todavía usada por los campesinos del sur de Italia, se sentó junto a él.

Respecto a este hombre dice el padre Pío:

No me podía imaginar cómo podría haber entrado en el convento en ese momento de la noche, ya que todas las puertas están bloqueadas.

Le pregunté: ¿Quién eres? ¿Qué quieres?”

El anciano le dijo:

“Padre Pío, soy Pietro Di Mauro, hijo de Nicolás, apodado Precoco. Yo morí en este convento el 18 de septiembre de 1908, en la celda número 4, cuando todavía era un asilo de pobres.

Una noche, mientras estaba en la cama, me quedé dormido con un cigarro encendido, el cual incendió el colchón y he muerto, asfixiado y quemado.‍

Todavía estoy en el purgatorio.

Necesito una Santa Misa con el fin de ser liberado. Dios permitió que yo venga a pedirle su ayuda.

De acuerdo con el Padre Pío, después de escucharlo, respondió:

Tenga la seguridad de que mañana celebraré la Santa Misa por su liberación.

Me levanté y le acompañé hasta la puerta del convento, para que pudiera salir y me di cuenta en ese momento que la puerta estaba cerrada con llave.

La abrí y me despedí de él.

La luna iluminaba la plaza, cubierta de nieve.

Cuando yo ya no lo vi delante de mí, fui tomado por un sentimiento de miedo, y cerré la puerta, volví a entrar en la habitación de invitados, y me sentía débil.

Unos días más tarde, el Padre Pío también contó la historia al padre Paolino.

‍Y los dos decidieron ir a la ciudad, donde miraron las estadísticas vitales para el año 1908.

Y encontraron el 18 de septiembre de ese año, un Pietro Di Mauro había de hecho, muerto de quemaduras y asfixia en la habitación número 4 en el convento, entonces utilizado como un hogar para personas sin hogar.

UN FRAILE CONDENADO AL PURGATORIO

Por la misma época, el Padre Pío le dijo a Fray Alberto de otra aparición de un alma del purgatorio, que también se produjo en la misma época.

Él dijo:

Una noche, cuando estaba absorto en la oración en el coro de la pequeña iglesia fui sacudido y perturbado por el sonido de pasos, y velas y jarrones de flores que se movían en el altar mayor.

Pensé que alguien debía estar allí, y grité:

“¿Quién es?”

Nadie respondió.

Volviendo a la oración, me molestaron de nuevo los mismos ruidos.

De hecho, esta vez tuve la impresión de que una de las velas, que estaba en frente de la estatua de Nuestra Señora de Gracia, había caído.

Con ganas de ver lo que estaba sucediendo en el altar, me puse de pie, me acerqué a la reja.

Y vi, a la sombra de la luz de la lámpara del Tabernáculo, un hermano joven haciendo un poco de limpieza.

Yo pensé que él era el Padre Leone que estaba reestructurando el altar; y como ya era la hora de la cena, me acerqué a él y le dije:

“Padre Leone, vaya a cenar, no es tiempo para desempolvar y reparar el altar”.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Pero una voz que no era la voz del padre Leone me contestó:

“Yo no soy el Padre Leone”,

“¿Y quién es usted?”, le pregunté.

“Yo soy un hermano suyo que hice el noviciado aquí, mi misión era limpiar el altar durante el año del noviciado. Desgraciadamente en todo ese tiempo yo no reverencié a Jesús Sacramentado, Dios Todopoderoso, como debía haberlo hecho, mientras pasaba delante del altar.

Causando gran aflicción al Sacramento Santo por mí irreverencia. Puesto que El Señor se encontraba en el tabernáculo para ser honrado, alabado y adorado. Por este serio descuido, yo estoy todavía en el Purgatorio.

Ahora, Dios, por su misericordia infinita, me envió aquí para que usted decida el tiempo a partir del del que yo podré disfrutar del Paraíso.

Y para que Ud. cuide de mí.”

Yo creí haber sido generoso con esa alma en sufrimiento, por lo que exclamé:

“Usted estará mañana por la mañana en el Paraíso, cuando yo celebre la Santa Misa”.

Esa alma lloró: Cruel de mí, que malvado fui.

Entonces lloró y desapareció.

Esa queja me produjo una herida tan profunda en el corazón, la cual he sentido y sentiré durante toda mi vida. De hecho yo habría podido enviar esa alma inmediatamente al Cielo.

Pero yo lo condené a permanecer una noche más en las llamas del Purgatorio.

OTRAS ALMAS

La Señora Cleonice Morcaldi de San Giovanni Rotondo fue una hija espiritual del Padre Pío; a un mes de la muerte de su mamá, el Padre Pío le dijo:

“Esta mañana tu mamá ha volado al Paraíso, la he visto mientras estaba celebrando la Misa.”

Lo que quiere decir que tuvo la gentileza de ofrecer la misa por el descanso eterno de su alma.

SOLDADOS MUERTOS

En otras ocasiones, el Padre Pío recibió almas –incluyendo soldados muertos en la Segunda Guerra Mundial– quienes hacían cola para su intercesión.

Una vez, un monje que vivió con él visualizó soldados extraños cerca de la chimenea del padre.

‍Preguntándose cómo habían entrado, el Padre Pio le explicó, que no eran soldados, sino espíritus de fallecidos que se acercaban pidiendo ayuda en su camino a la otra vida.

LA GRACIA DE VIVIR EL PURGATORIO EN LA TIERRA:

El testimonio de un íntimo amigo del padre Pío.

Fray Daniele pensaba que después de morir pasaría un tiempo en el Purgatorio. Pero el Señor le llevó allí en vida para hacerle reflexionar, y luego su vida cambió en su regreso.

Esta es lo que ahora se llama una experiencia cercana a la muerte, donde la persona muere, es llevada al cielo, se le muestran los pecados y regresa a la vida profundamente cambiada.

Sólo que Fray Daniele regresa a la tierra con el propósito de hacer su Purgatorio en la Tierra.

La experiencia de Fray Daniele, compañero inseparable del P. Pío, nos hace saber que un momento en el Purgatorio es mucho tiempo.

Una hora en el Purgatorio parece una eternidad.

El relato está tomado del libro “Omagio a Fray Daniele”.

Fray Daniele Natale

EL TUMOR Y LA INTERVENCIÓN DEL PADRE PÍO

Este es el relato de Fray Daniele:

Inmediatamente después de la guerra, me encontraba en San Giovanni Rotondo, mi pueblo nativo, en el mismo convento del P. Pío.

Un poco tiempo después comencé con algunos dolores en el aparato digestivo y me fui a una consulta médica. Y el médico me diagnosticó un mal incurable: un tumor.

Pensando ya en la muerte, fui a referírselo todo al Padre Pío, el que -después de haberme escuchado- bruscamente me dijo: “Opérate.”

Permanecí confuso y reaccionando le dije:

Padre, no me vale la pena. El médico no me ha dado ninguna esperanza. Ahora sé que debo morir.”

“No importa lo que te ha dicho el médico: opérate, pero en Roma en tal clínica y con tal profesor.”

El Padre me dijo esto con tal fuerza y con tanta seguridad que le contesté:

“Si Padre, lo haré”.

Entonces él me miró con dulzura y conmovido, añadió:

“No temas, yo estaré siempre contigo”.

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina…

LA OPERACIÓN

A la mañana siguiente salí ya en viaje para Roma.

Y estando sentado en el tren advertí al lado mío una presencia misteriosa: era el Padre Pío que mantenía la promesa de estar conmigo.

Cuando llegué a Roma supe que la clínica era “Regina Elena”, y que el profesor se llamaba Ricardo Moretti.

Hacia el atardecer ingresé en la clínica. Parecía que todos me esperaban, como si alguno hubiera anunciado mi llegada, y me acogieron inmediatamente.

A las 7 de la mañana estaba ya en la sala de operaciones.

Me prepararon la intervención.

A pesar de la anestesia, permanecí despierto y me encomendé al Señor con las mismas palabras que Él dirigía al Padre antes de morir: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Comenzaron los médicos la intervención y yo sentía todo lo quehacían y escuchaba todo lo que decían.

Sufría dolores atroces pero no me lamentaba, al contrario, estaba contento de soportar tanto dolor que ofrecía a Jesús, ya que aquellos todos sufrimientos purificaban mi alma de mis pecados.

Un rato después me adormecí.

JUICIO Y CONDENA AL PURGATORIO

Cuando recobré la conciencia me dijeron que había estado tres días en coma antes de morir.

En ese período me presenté delante del Trono de Dios.

Veía a Dios pero no como juez severo, sino como Padre afectuoso y lleno de amor.

Entonces comprendí que el Señor había hecho todo por amor hacia mí desde el primero al último instante de mi vida, amándome como si fuera la única criatura existente sobre la tierra.

No obstante me di cuenta también de que no solamente no me había cambiado este inmenso amor divino, sino que lo había descuidado totalmente.

Fui condenado a dos / tres horas de Purgatorio.

¿Pero cómo? -me pregunté- ¿Solamente dos / tres horas?

Y después podré quedarme siempre próximo a Dios eterno amor?

Di un salto de alegría y me sentía como hijo predilecto.

La visión desapareció y me volví a encontrar en el Purgatorio.

Las dos / tres horas de Purgatorio fueron dadas sobre todo por haber faltado al voto de pobreza, es decir, por haber conservado para mí unas pocas liras.

Con frecuencia me iba con la mochila en la espalda a pedir limosnas de puerta en puerta.

Hacía la compra todos los días para el convento. ‍

Todos me conocían y me querían bien.

Siempre que compraba alguna cosa me hacían descuentos.

Y aquellas pocas liras que recogía, en vez de entregárselas al superior, las conservaba para la correspondencia, para mis pequeñas necesidades y también para ayudar a los militares que llamaban a la puerta del convento.

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y no la mía…´´

LAS TRES HORAS EN EL PURGATORIO

Eran unos dolores terribles que no sabía de dónde venían, pero se sentía intensamente en los sentidos con los cuales había ofendido más a Dios en este mundo: los ojos, la lengua… experimentaba mayor dolor y era una cosa increíble.

Porque allí abajo en el Purgatorio, uno se siente como si tuviese cuerpo y conoce / reconoce a los demás como sucede en el mundo.

Mientras tanto, aunque no había pasado más que unos instantes con aquellas penas, me parecía ya que fuera una eternidad.

Lo que más hace sufrir en el Purgatorio no es tanto el fuego -también muy intenso- sino aquel sentirse lejos de Dios. Y lo que más aflige es haber tenido todos los medios a disposición para la salvación y no haber sabido aprovecharse de ellos.

Fue entonces cuando pensé ir a un hermano de mi convento para pedirle que rezara por mí que estaba en el Purgatorio.

Aquel hermano quedó maravillado porque sentía mi voz pero no me veía y me preguntó: “¿Dónde estás, porque no te veo?”

Yo insistía y viendo que no tenía otro medio para llegar a él, porque mis brazos se cruzaban pero no llegaba.

Sólo entonces me di cuenta que estaba sin cuerpo.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Me contenté con insistirle para que rezase mucho por mí y me sacara del Purgatorio.

¿Pero cómo? -me decía a mí mismo- ¿No debería estar solo dos / tres horas en el Purgatorio? Y han transcurrido ya trescientos años.

Por lo menos así me parecía.

De repente se me aparece la Bienaventurada Virgen María y le pedí insistentemente, le supliqué diciéndole:

“¡Oh Santísima Virgen María, Madre de Dios, consígueme del Señor la gracia de volver a la tierra para vivir y trabajar solamente por amor de Dios!”.

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

Acudí también ante el P. Pío e igualmente le supliqué:

“Por tus atroces dolores, por tus benditas llagas, padre Pío, ruega por mí a Dios para que me libere de estas llamas y me conceda continuar el Purgatorio en la tierra”.

Después no vi nada más, pero me di cuenta de que el Padre Pío hablaba a la Virgen.

Unos instantes después se me apareció nuevamente la Bienaventurada Virgen María: era Santa María de las Gracias, pero venía sin el Niño Jesús, inclinó la cabeza y me sonrió.

‍En aquel mismo momento volví a tomar posesión de mi cuerpo, abrí los ojos y extendí los brazos.

Después, con un movimiento brusco, me liberó de la sabana que me cubría.

‍Estaba contento, había recibido la gracia.

‍La Santísima Virgen me había escuchado.

SU VUELTA A LA VIDA EN LA TIERRA

Inmediatamente después los que me velaban y rezaban, asustadísimos, se precipitaron fuera de la sala a buscar enfermeros y doctores.

En pocos minutos la clínica estaba abarrotada de gente.

Todos creían que yo era un fantasma y decidieron cerrar bien las puertas y desaparecer, por cierto temor a los espíritus.

A la mañana siguiente me levanté muy pronto y me senté en una butaca.  

Los sufrimientos en el Purgatorio expían nuestros propios pecados, PERO YA NO TIENEN MÉRITOS DE CORREDENCIÓN, porque éstos se terminan con la muerte…

A pesar de que la puerta estaba cuidadosamente vigilada, algunos lograron entrar y me pidieron les explicara lo que me había sucedido.

Para tranquilizarles, les dije que estaba llegando el médico de guardia, al cual tenía que decir lo que me había pasado.

Corrientemente los médicos no llegaban antes de las diez, pero aquella mañana todavía no eran las siete y dije a los presentes:

“Mirad; el médico está llegando; ahora está aparcando el coche en tal puesto”.

Pero nadie me creía.

Y yo continuaba diciéndole:

“Ahora está atravesando la carretera, lleva la chaqueta sobre el brazo y se pasa la mano por la cabeza como si estuviera preocupado, no sé que tendrá”…

Pero nadie daba crédito a mis palabras.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Entonces dije:

“Para que me creáis que no os miento, os confirmo que ahora el médico está subiendo en el ascensor y está para llamar a la puerta”.

Apenas había terminado de hablar, se abre la puerta y entró el médico quedando maravillados todos los presentes.

Con lágrimas en los ojos, el doctor dijo:

“Sí, ahora creo en Dios, creo en la Iglesia y creo en el Padre Pío…”.

Aquel médico que primero no creía o cuya fe era como agua de rosas, confesó que aquella noche no había logrado cerrar los ojos pensando en mi muerte, que él había comprobado, sin dar más explicaciones.

Dijo que a pesar del certificado de muerte que había escrito, había vuelto para cerciorarse qué era lo que había sucedido aquella noche que tantas pesadillas le había ocasionado.

Porque aquel muerto (que era yo) no era un muerto como los demás y, efectivamente, no se había equivocado.

DECIDIÓ VIVIR EL PURGATORIO EN LA TIERRA

El sufrimiento es INEVITABLE, por eso lo mejor es santificarlo con la donacion voluntaria con la crucifixión de la voluntad.

Después de esta experiencia, Fray Daniele vivió verdaderamente el Purgatorio en esta tierra.

Purificándose a través de enfermedades, sufrimientos y dolores, conformándose siempre y en todo con la voluntad de Dios.

Solamente recuerdo algunas intervenciones que sufrí: de próstata, coliscititis, aneurisma de la vena abdominal. Otra intervención después de un accidente callejero cerca de Bolonia.

Prescindiendo ya de otros dolores no sólo físicos, sino también morales.

A la hermana Felicetta, que le preguntó cómo se sentía de salud, Fray Daniele le confió:

“Hermana mía, hace más de 40 años que no recuerdo que significa estar bien”.

Fray Daniele falleció el 6 de julio de 1994.

Mientras colocaban convenientemente sus restos mortales en la capilla de la Enfermería del Convento de los Hermanos Capuchinos, en San Giovanni Rotondo, se recitaba el Rosario en sufragio de su alma.

A algunos de los presentes les parecía que Fray Daniele moviera los labios, como para contestar al Ave María del rosario”.

Después que el alma ya no estaba en el cuerpo de Fray Daniele, aun así, algunos de los presentes, veían como seguía orando al Señor.

“Y lo vieron más de uno.”

El cuerpo acostumbrado a tanta oración, todavía permanecía como si estuviera bien vivo, aunque en ese mismo momento su alma ya gozaba de la presencia de Dios.

Se había convertido en instrumento de oración, aun cuando su alma había quedado libre de aquel cuerpo bendecido por Dios.

La voz se difundió tan rápidamente, que el superior Padre Livio de Matteo para quedar tranquilo, quiso cerciorarse de que no se trataba de una muerte aparente.

Por este motivo hizo venir de la Casa Alivio del Sufrimiento próxima, al doctor Nicolás Silvestri, ayudante de Medicina Legal y al doctor José Pasanella, asistente también de medicina Legal.

Los cuales hicieron un electrocardiograma a Fray Daniele y le tomaron la temperatura, por lo cual confirmaron definitivamente su muerte.

Se cuenta también en la historia que ha habido personas que poco antes de morir, tuvieron deseos de pecar y acabaron en ruina perpetua.

Unos cuerpos se convierten en bendición y otros en maldición.

Fuente: Foros de la Virgen María

P APÓSTOLES Y SERVIDORES


Septiembre 02_ 2020  

Habla Dios Padre

Hoy hijitos Míos, os quiero hablar sobre lo que debiera ser  primordial en cada alma de Mis hijos: el Don del Servicio.

A cada uno de vosotros se os han dado dones, cualidades, bendiciones.

Cada uno de vosotros es un ser único, con características propias; nadie es igual a otro, en cada uno de vosotros he derramado Mi Santo Espíritu en forma diferente.

Sois similares en algunas cosas pero individuales en otras y de ahí que cada uno de vosotros forméis, junto con Mi Hijo Jesucristo, el Cuerpo Místico de Mi Iglesia, el Cuerpo Místico de Mi Gloria.

EL HECHO DE SER IRREMPLAZABLES OS HACE NECESARIOS, EN CIERTA FORMA,

PARA LLEVAR A CABO MI PLAN DE SALVACIÓN Y REDENCIÓN DEL GÉNERO HUMANO.

Todos los dones que habéis recibido son dones gratuitos y prestados para ser usados para servir a vuestro Dios y a vuestros hermanos.

Los dones para servicio a vuestro Dios son aquellos que he otorgado, primeramente a Mis sacerdotes, Mis consagrados.

En ellos he puesto dones de una finura muy especial, puesto que ellos son los encargados de llevarMe a la Tierra, para que en Mi Presencia real en la Sagrada Eucaristía, puedan tomarMe y vivirMe.

He puesto en ellos DONES ESPECIALES para que puedan conocer mejor a las almas y así, ya sea en la confesión, ya sea en el dar una guía o consejo, Mi Presencia Real se manifieste a través de ellos.

He puesto infinidad de bendiciones en Mis Ministros, para que pueda seguir viviendo Mi Iglesia, la Iglesia de Mi Hijo Jesucristo, a pesar de los ataques de nuestro Enemigo

Y A PESAR DE LOS DEFECTOS HUMANOS, DE TODOS CUÁLES,

AÚN MIS MISMOS CONSAGRADOS, NO ESTÁN EXENTOS DE ELLOS

Ellos así se vuelven vínculo de amor entre Yo, vuestro Dios y vosotros, Mis pequeños.

Ellos llevan una tarea de unión fraterna y de crecimiento, en las enseñanzas de Mi Espíritu.

LUEGO SIGUEN LOS DONES QUE LES HE OTORGADO A TODOS VOSOTROS, MIS HIJITOS

Y ÉSTOS VARÍAN DE ACUERDO AL PLAN QUE TENGO YO

PARA PROSEGUIR MI OBRA DE SALVACIÓN

Todos los dones que os he otorgado son para servir.

Vosotros, cada uno de vosotros, Me pedisteis bajar a la Tierra a servirMe y para ayudarMe en la salvación de todas las almas.

Os he otorgado Mis Dones para fortaleceros en la lucha por llevar Mi Amor entre las Tinieblas en las que vuestro Mundo se encuentra.

Yo he previsto TODO y conozco perfectamente las necesidades que se van presentando con el transcurso de los años y de las necesidades espirituales que se necesitan, para que no seáis absorbidos por las Tinieblas del Mal.

El Maligno conoce perfectamente que en cada uno de vosotros he puesto Mi Vida Espiritual, la cuál tiene que ser compartida para con vuestros hermanos y así salvarlos de sus Garras con las que os quiere ahogar y condenar.

El Maligno usará de todos sus artificios para haceros olvidar vuestra misión en la donación libre que debéis de tener, cada uno de vosotros, para la salvación de vuestros hermanos.

POR VUESTRO LIBRE ALBEDRÍO, VOSOTROS OS CONVERTÍS EN CORREDENTORES

O EN TRAIDORES A MI CAUSA DE SALVACIÓN

Sois libres de usar de todos los dones con los que Yo os he dotado.

Y de ésa Libertad y de la forma de usarlos se desprenderá la prontitud de Mi Llegada, de la Llegada de Mi Reino.

Romanos 12, 6-8 1 Corintios 12, 8-10 1 de Corintios 12, 28-30 Efesios 4, 11-12

Si vosotros pudiérais ver los regalos tan grandes que son los Dones y que he puesto en cada uno de vosotros, no dejaríais de darMe las gracias por ellos.

Son piedras preciosas que brillan intensamente ante Mis Ojos y ante os ojos de todas las almas purificadas que están Conmigo en el Cielo.

CADA DON QUE TENÉIS Y QUE UTILICÉIS PARA SERVIRME EN VUESTROS HERMANOS,

SERÁ VUESTRO DISTINTIVO POR TODA LA ETERNIDAD

Obviamente cada don debe ser utilizado con base en el amor.

Nunca un don que otorgo se ofrece a los demás forzando vuestra voluntad.

Por ejemplo, los que tenéis el don de curación, éste trabaja muchísimo mejor, cuando es el amor el que lo guía.

Se le atribuye el don de la bilocacion. Sin salir de Lima, fue visto en México, en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos, estando las puertas cerradas. En ocasiones salía del convento, a atender a un enfermo grave y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, siempre respondía: ‘yo tengo mis modos de entrar y salir.’

Cuando es el amor el que se interesa en la necesidad que tiene el alma que pide su curación y cuando en ambas partes existe la humildad en alto grado,

en uno, el enfermo, en confiar en que la curación que ¡se pide a un semejante, se va a lograr gracias a que Mi Voluntad se va a hacer patente con la ayuda de Mi hijo que paseé el Don,

quién con humildad e intercediendo por amor a su hermano, va a obtener la gracia que se Me pide, sabiendo que una petición hecha con amor sincero, Yo no la desoigo.

ESTO MISMO ES APLICABLE A TODOS LOS DEMÁS DONES,

SIEMPRE DEBERÉIS ACTUAR CON AMOR Y HUMILDAD.

Como véis, hijitos Míos, Yo os he dado todo lo que necesitáis en vuestra estadía temporal en la Tierra, tanto en lo material como en lo espiritual.

Lo que causa que no todos obtengan lo que necesitáis en lo espiritual y en lo material,

14. ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor.
15. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Santiago 5

Es por vuestra falta de Fé y de confianza en Mí, vuestro Padre.

Ya os he explicado que la Fé mueve montañas y las montañas no son otra cosa, que

LOS OBSTÁCULOS QUE VOSOTROS MISMOS OS PONÉIS

PARA NO DEJAR QUE MI VIDA FLUYA LIBREMENTE A TRAVÉS VUESTRO.

Imaginaos todos por un momento, si cada uno de vosotros Me permitiera hacer Mi Voluntad haciéndoos instrumentos fieles de Mi Amor, ¿Qué sucedería?

El Mal y todas sus causas terminarían inmediatamente, porque sería el Amor el que reinaría.

Todos los Dones de Mi Santo Espíritu se lograrían desarrollar a niveles inimaginables, produciendo en todos vosotros un crecimiento inmenso en Sus dones.

Obtendríais una Sabiduría como antes nadie la ha tenido anteriormente.

Entenderíais Mis Misterios y agradeceríais profundamente la forma en que os he consentido desde antes de que fuerais.

Entenderíais Mi Amor para con todos vosotros y vuestra felicidad sería inconmensurable.

Compartiríais vuestros Dones con total libertad y donación, sin esperar más recompensa que la de saberMe contento al veros por fin, viviendo como verdaderos hijos Míos.

TENDRÍAIS VUESTRO CIELO EN LA TIERRA

Vuestro paso de la Tierra al Cielo no sería en ninguna forma, de incertidumbre ni de temor, sino de una santa alegría al saber que cumplisteis perfectamente con vuestra misión.

Os falta Fé hijitos Míos, para que podáis lograr esto.

Estáis retrasando vuestra felicidad por no poner vuestros dones al servicio de los demás, en forma desinteresada y amorosa.

Estáis cegados con las cosas del mundo, cegados por sus Tinieblas, las cuáles cubren las bellezas y maravillas que existen en cada una de vuestras almas.

Estáis cegados a la Gracia de Mi Espíritu que habita en vosotros y que si aprendierais a interiorizaros, encontraríais la Luz de Amor que habita en vosotros.

Al tener ésa vida interior, encontraríais Mi Reino de Luz, de Vida y de Amor y si le permitierais salir, produciríais Luz Divina la cuál destruiría a las Tinieblas que os rodean.

Cada uno de vosotros debe interiorizarse, vivir en comunión con Mi Santo Espíritu, para que El os guíe y os enseñe a usar de Sus Dones,

Dones que ha otorgado a cada uno de vosotros en forma particular y al permitirLe que El trabaje a través vuestro, lograréis así el cambio que tanto necesita el Mundo.

Y no digo vuestro Mundo, ya que los que son realmente Mis Hijos, saben que NO PERTENECEN AL MUNDO, Me pertenecen, pertenecen al Reino de los Cielos.

JUNTOS, VOSOTROS CONMIGO, PODEMOS LOGRAR LA REDENCIÓN DEL MUNDO

Y ASÍ REPARAR JUNTOS,

POR EL PECADO COMETIDO POR VUESTROS PRIMEROS PADRES.

Yo no os puedo forzar a vivir bajo Mi Divina voluntad, os dí libertad, os dí el libre albedrío y éste es el que debe actuar para permitir que Mi Vida fluya libremente a través vuestro.

¡Cambiad hijitos Míos, cambiad!

DETENED EN VOSOTROS TODO AQUELLO QUE IMPIDE

QUE MIS DONES Y VIRTUDES FLUYAN

Romanos 12, 6-8 1 Corintios 12, 8-10 1 de Corintios 12, 28-30 Efesios 4, 11-12

PARA BIEN DE VUESTROS SEMEJANTES.

Volveos fieles instrumentos Míos y si acaso teméis a que os vaya a pedir cosas imposibles de realizar, os equivocáis,

ya que ¿Qué padre ó que madre de la Tierra obliga a sus hijos a hacer cosas en las que los pueda poner en peligro de accidente ó de muerte?

Yo Soy el más sensible y amoroso, Yo Soy El Amor En Pleno, de Mi sólo obtendréis amor infinito

y aún cuando os pidiera vuestra propia vida, vuestros dolores los tomaría Yo y así lo podéis corroborar con la vida de Mis Santos Mártires.

Podéis comprobar como aún en el suplicio o en los momentos en los cuáles deberían sufrir lo indecible, estaban felices, estaban gozosos y algunos hasta bromistas de lo que sus verdugos hacían en sus cuerpos.

Lo estaban, ya que Yo viviendo plenamente en ellos, tomaba sus dolores y les daba al mismo tiempo Mi Gozo infinito en gratitud a su libre donación.

NO TEMÁIS A LOS ACONTECIMIENTOS,

NO DEJÉIS QUE NADA NI NADIE OS QUITE EL GRAN REGALO DE MI PAZ.

No desconfiéis en lo absoluto de Mi Presencia Paternal que os cuidará en todo momento.

Si a ratos sentís abandono, es por vuestra falta de Fé.

Yo nunca abandono a Mis hijos y si acaso sentís el “abandono santo” es para acrisolaros en la Fé y haceros crecer en méritos para consentiros con más regalos cuando lleguéis al Reino de los Cielos.

Aún en el supuesto abandono, estad seguros que Yo os estoy mirando y que esto os baste para que confiéis en Mí. Nunca os dejaré caer, si os volcáis en Mi Divina Voluntad.

También os quiero hablar sobre el Celo por Mi Casa.

Mi Hijo Jesucristo durante Su Vida Pública, os dio muestra de lo que la Iglesia, Mi Templo, el lugar santo en donde Yo habito, junto con El en la Sagrada Eucaristía, debe ser.

Recordaréis cómo con celo santo, corrió a los vendedores del Templo diciéndoles: “Mi Casa es Casa de oración y vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones”.

TODOS LOS QUE OS CONSIDERÁIS MIS VERDADEROS HIJOS,

DEBERÉIS TENER ÉSE CELO POR MI CASA, POR MI TEMPLO,

TANTO COMO EDIFICIO MATERIAL,

ASÍ COMO MI TEMPLO EN VUESTRO SER, EN VUESTRO CORAZÓN.

Mi Casa como edificio material, alberga Mi Presencia viva en el Tabernáculo.

Todo el edificio, así, se vuelve santo, porque es Santísimo lo que está albergando.

Vuestra presencia dentro de Mi Templo debe ser de perfecto recato, de perfecta devoción, de perfecta Fé, de perfecto respeto en vuestro vestir y en vuestros modales.

¡Estáis ante la Presencia Santa y Divina de vuestro Dios!

No estáis entrando al mercado, no estáis entrando a un lugar público en el que podáis platicar de vuestros acontecimientos cotidianos o de vuestras experiencias sin valor espiritual con vuestros vecinos ahí reunidos,

ESTÁIS EN UN LUGAR SANTO, PRIVADO,

EN EL QUE ES VUESTRO DIOS, EL QUE OS ESCUCHA,

PORQUE ES MI CORAZÓN ABIERTO EL QUE OS ESTÁ ESPERANDO

PARA ESCUCHAR VUESTROS PENSAMIENTOS AMOROSOS,

VUESTROS DESEOS DE AGRADECIMIENTO, VUESTROS DESEOS DE REPARACIÓN,

VUESTRA COMPAÑÍA EN MI SAGRADA EUCARISTÍA, LA SANTA MISA.

Está Mi Presencia Viva para tener un coloquio secreto entre vuestro corazón y el Mío.

Es Mi divina Presencia entre vosotros, Mis pequeñitos, como en los tiempos antiguos cuando Mi Hijo os llevó Mi Vida y Mi Presencia a través de El Mismo.

Aquí, en Mi Templo, Me volvéis a tener real y verdaderamente entre vosotros.

Yo estoy realmente Presente en la Sagrada Eucaristía, os escucho, os consuelo, comparto con vosotros alegrías y tristezas.

Yo os espero con verdadera ansia y deseos grandes de que os acerquéis con confianza de niños, sin preguntaros nada, simplemente aceptando Mi Presencia ahí, delante de vosotros.

ES ÉSA CONFIANZA DE NIÑO LA QUE MÁS GRACIAS ARRANCA A MI CORAZÓN DESEOSO DE DAR.

Es ésa confianza sincera y llena de Fé la que produce los milagros, es ésa confianza amorosa la que más repara a Mi corazón adolorido por causa de tantos pecados y faltas de Fé que existen actualmente en el Mundo.

El santo celo lo deben de vivir y hacer vivir enseñándolo a sus pequeños y a sus semejantes, pero no sólo con palabras sino con vuestro ejemplo.

Mi Casa es casa de Oración, no de reunión social.

Vosotros, todos, venís a verMe a Mí, a vivir momentos divinos Conmigo, no debéis venir a Mi Casa a platicar con vuestro amigo o pariente, al que tenéis tiempo de no verle.

YO SOY EL PRIMERO Y EL ÚNICO DIOS VERDADERO

En el Sagrario te amo, en el Sagrario te espero, en el Sagrario te aguardo.

Y MI PRESENCIA ES SAGRADA

Me ofendéis cuando entráis a Mi Templo y os ponéis a platicar de vanalidades o a criticar la vestimenta de vuestros semejantes u os ponéis a reír de tonterías.

Si vosotros pudiérais ver cómo los ángeles del cielo suben y bajan continuamente a postrarse en adoración ante los Tabernáculos de la Tierra,

OS DARÍA VERGUENZA VER VUESTRA FRIALDAD Y VUESTRA TIBIEZA

al no saberos comportar dignamente ante Mi Presencia Divina en el Tabernáculo.

Mi Hijo os prometió quedarse con vosotros hasta el fin del Mundo y lo ha cumplido.

¿Por qué vosotros pagáis tan infamemente éste prodigio de Amor?

Cuántos quisieran tener lo que vosotros tenéis y NO lo tienen ni lo tuvieron.

Hijitos Míos, Me merezco todo el respeto posible de parte de Mis sacerdotes y de todos Mis fieles hijitos.

EL AMBIENTE QUE SE DEBE SENTIR DENTRO DE UNA IGLESIA, DENTRO DE UN TEMPLO,

DEBE SER SANTO, LLENO DE VIDA ESPIRITUAL,

LLENO DE RESPETO A VUESTRO DIOS Y A VUESTROS HERMANOS.

Se debe sentir Mi Presencia, al darse el respeto debido dentro del Templo. Mis Iglesias y Templos deben ser lugares santos en los que todos vosotros, Mis pequeños, entren a llenarse de Gracias y Bendiciones

QUE YO, VUESTRO DIOS, DERRAMARÉ SOBRE TODOS VOSOTROS

AL VENIR A MÍ Y QUE CON SINCERO DESEO Y FÉ ABSOLUTA.

ME PIDÁIS LO QUE NECESITÉIS

Yo Soy Fuente de Vida, Yo Soy Fuente, de Amor y a Mi se acercan todos los que Humildemente se reconocen pequeños y necesitados de su Dios.

Además de Mis Templos e Iglesias como construcciones materiales, existe Mi Templo Divino en vuestro ser.

YO realmente habito en vosotros y si en Mi Templo material os pido respeto, presencia y modales dignos para estar frente a vuestro Dios;

lo mismo en lo espiritual os pido, para Mi Templo en vuestro corazón.

MI Presencia Viva se debe transparentar a través de vuestros actos todos, el respeto hacia vuestros semejantes, la ayuda mutua, las conversaciones, vuestra intercesión ante Mí.

17. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.» MATEO 3

TODOS DEBERÉIS SER MI HIJO NUEVAMENTE,

QUE CAMINA EN PRESENCIA VUESTRA

Os deberéis preguntar ante cada acontecimiento que se os presente en vuestra vida:

¿Cómo actuaría Mi Jesús aquí, ante éste suceso? ¿Cómo respondería Mi Jesús ante ésta grosería o ante éste ataque de parte de un semejante?

¿Qué ayuda daría mi Jesús ante el necesitado que se me acerque? ¿Qué ejemplo daría Mi Jesús ante hijos, familiares y amigos?

La Vida de Mi Hijo que es la Mía, es la que debe de ahora en adelante, hacerse patente en vuestras vidas.

YA NO debe ser vuestro egoísmo, vuestra soberbia, vuestra vanagloria, vuestra decadencia por el pecado, lo que salga a relucir de un alma que fue creada por Mi en total santidad y amor.

YA ES EL TIEMPO EN QUE DEBERÉIS CRECER

Y DAROS CUENTA DE QUE VUESTRO DIOS

NECESITA DE UN CRECIMIENTO MAYOR EN SUS HIJOS,

DE UNA MADUREZ ESPIRITUAL MÁS ALTA,

PARA PODERLES DAR RESPONSABILIDADES MAYORES

El tiempo que viene es tiempo de vida en el amor hacia Mí y hacia vuestros hermanos.

Debéis prepararos para entrar en una época santa, en una Era del Amor Supremo de vuestro Dios, donde el respeto,

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y no la mía…´´

la donación total, libre y soberana de vuestra voluntad, se vuelque a la Voluntad Amorosa de vuestro Dios.

Es la humildad y vuestra sed por Mi Divinidad la que os deberá acercar a Mí.

El alma que se acepta pequeña y sedienta, vendrá a apagar su sed a Mi Fuente Divina, a Mi Corazón abierto de Amor por todos vosotros.

¡SÓIS MÍOS! OS AMO INFINITAMENTE

Y OS NECESITO VOLCADOS PLENAMENTE A MI VOLUNTAD

PARA ASÍ CONSENTIROS Y DAROS LOS REGALOS MÁS GRANDES

QUE AÚN VUESTRAS CAPACIDADES NO ALCANZAN A VISLUMBRAR

Os quiero consentir, hijitos Míos, llevadMe amorosamente en vuestro interior.

TenedMe respeto santo en vuestros pensamientos, platicadMe íntimamente y compartidMe todo lo vuestro.

Todo lo sé, todo lo escucho, pero no es lo mismo que Yo habite como ser solitario en vuestro corazón, al que Yo habite como vuestro amigo, como vuestro Padrecomo vuestra compañía perfecta.

ya que cuando así lo hacéis, Mi gozo se vuelve grandísimo y al compartidMe vuestra vida, YO OS COMPARTO LA MÍA y juntos hacemos un Cielo divino aquí en la Tierra.

Buscad ése celo santo en Mi Templo, en Mis sacerdotes, en vuestros semejantes y en vuestro interior.

Y así Yo Me podré manifestar perfecta y libremente en todos vosotros.

Y, así como Mi Presencia en el Tabernáculo santifica a todo el edificio, Mi Presencia en vosotros, cuando Me dejáis vivir plenamente., también os santifica.

SOR MARIA DE JESUS DE ÁGREDA, oraba y ayunaba. Y desde su celda le decía a Jesús: “Señor, ayer el jefe de los sioux nos torturó hasta matarnos; ¿Crees que ahora sí se den por vencidos y accedan a escucharnos? Hoy que regresemos dices que también estaremos con los cherokees y los cheyennes; entonces  también el Espíritu Santo tendrá que multiplicar los rosarios, porque ya aumentaron las mujeres que me están enseñando a bordar, mientras rezamos…”

GRANDES DONES OS HE OTORGADO A CADA UNO DE VOSOTROS

Y SI LO PUDIÉRAMOS HABLAR EN TÉRMINOS DEL MUNDO

OS DIRÍA QUE NI CON TODAS LAS RIQUEZAS QUE EXISTEN EN VUESTRO MUNDO,

PODRÍAIS PAGAR EL MÁS PEQUEÑO DE LOS DONES CON LOS QUE YO OS PUEDO DOTAR

Son regalos inmensos que Yo he derramado en cada uno de vosotros.

Ponedlos a crecer, viviéndolos en el servicio a vuestros hermanos.

No les saquéis provecho propio porque se os volverían jueces en lugar de bendiciones, al momento de vuestro juicio, al final de vuestra misión.

Sois poseedores de regalos inimaginables y si no los sabéis ver es por vuestra falta de vida interior.

APARTAOS DEL MUNDO Y DE SUS MENTIRAS

VIVID BAJO LA LUZ Y GUÍA DE MI SANTO ESPÍRITU Y LLEVAD EL CIELO, MI REINO,

QUE CADA UNO DE VOSOTROS PASEÉ EN VUESTRO INTERIOR,

A TODOS VUESTROS HERMANOS

Y ASÍ, JUNTO CONMIGO, LOGREMOS LA VIDA DE MI REINO DE AMOR EN LA TIERRA.

Yo os bendigo y pedídMe que os conceda el Don de poder hacer vida interior para que podáis abrir vuestro ser, vuestra voluntad a Mi Voluntad y así Me pueda hacer patente, a través vuestro, con todos vuestros hermanos.

Que Mi Paz y Mi Amor queden con todos vosotros.

Yo os amo y os bendigo en Mi Santo Nombre, en la Presencia Divina y Real de Mi Hijo en la Sagrada Eucaristía y en el Amor que todo perdona y que todo lo une” de Mi Santo Espíritu.

Dejaos guiar por Mi Hija, la Siempre Virgen María, quién aceptó siempre con celo bendito Mi Presencia en Su Vida.

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53 LUZ Y SAL DE LA TIERRA


53 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús y todos los suyos, ya son trece más Él, están siete en cada barca, en el lago de Galilea.

Jesús va en la barca de Pedro la primera, junto con Pedro, Andrés, Simón, José y los dos primos.

En la otra van los dos hijos de Zebedeo con Judas Iscariote, Felipe, Tomás, Natanael y Mateo.

Las barcas avanzan ligeras, con las velas desplegadas, impulsadas por un viento boreal que apenas encrespa el agua en pequeños pliegues, marcados por un hilo de espuma que dibuja un tul sobre el azul turquesa del hermoso lago sereno.

Avanzan, dejando detrás dos estelas que en la base confunden sus espumas, porque casi navegan emparejadas, con  la barca de Pedro apenas unos dos metros más adelante.

De barca a barca, a pocos metros la una de la otra, hay un intercambio de comentarios, noticias, en los cuales los galileos están ilustrando y explicando a los judíos los puntos del lago… 

Con todas sus carácterísticas particulares de los poblados que bordean las riberas; con su comercio, con las personalidades que allí residen, las distancias desde el lugar de partida y de llegada, entre Cafarnaúm y Tiberíades. 

Ahora las barcas no pescan, están sólo preparadas para el transporte de las personas, en un paseo donde los pescadores llevan la batuta del conocimiento marítimo y lo comparten alegremente con sus compañeros,

Jesús está sentado en la proa. Está disfrutando de la belleza que lo circunda, del silencio, del cielo despejado, del viento fresco que le acaricia el rostro, de las olas que con suave vaivén, mueven las barcas

y bañan las playas en las riberas verdes esparcidas entre los poblados, que lucen totalmente blancos y hermosos, enmarcados por las colinas en la lejanía. 

Porque son un verdadero deleite las bellezas que circundan en la Tierra Prometida, para el gozo de los que la contemplan…

Jesús está recargado sobre un montón de velas, con la cabeza inclinada sobre el espejo zafiro del hermoso lago reflejado en sus ojos y que se confunden en todo ese azul prístino de cielo y de mar.

Parece distraído a la conversación de los discípulos. 

Va totalmente absorto en sus pensamientos, muy hacia delante en la proa, como si lo único que le interesara es cuanto vive bajo la transparencia del agua. 

Pedro le pregunta dos veces que si el sol que ya está en su cenit, no le molesta. Luego le ofrece pan y queso.

Pero Jesús no quiere nada y Pedro lo deja en paz.

Un grupo de lujosas barcas de recreo, pequeñas y ligeras, adornadas con baldaquines de púrpura y mullidos cojines, se atraviesan en el camino que llevan las barcas de los pescadores.

Estrépito de música, risas y perfumes, pasan con ellas. Pues las hermosas mujeres, acompañadas con alegres romanos, palestinos, griegos y otras provincias del imperio, como lo indican sus lujosas vestiduras.

Son jóvenes, ricos y despreocupados, se deleitan con un derroche de alegría, entre un festin de viandas y licores.

Un joven griego delgado, espigado, moreno como una aceituna casi madura, lujosamente ataviado, con un vestido rojo corto, delimitado en la parte baja por una preciosa greca y sujeto a la cintura por un cinturón que es una obra maestra de orfebrería,  hablando en su idioma nativo…

Dice con gran homenaje:

–   ¿La Hélade es hermosa? Pero ni siquiera mi olímpica patria tiene este azul y estas flores.

En realidad no es extraño que las diosas la hayan abandonado para venir aquí. Arrojemos flores sobre las diosas, ¡Que ya no son griegas, sino judías!

Y esparce sobre las mujeres que van en su barca, pétalos de espléndidas rosas. Y avienta flores completas a la barca más cercana.

Un romano responde:

–    ¡Deshoja! ¡Arroja más, griego! Pues Venus está conmigo. Yo no desfloro. ¡Yo recojo las rosas de esta hermosa boca! ¡Es mucho más dulce!

Y se inclina a besar la boca entreabierta y sonriente de la bellísima rubia que tiene la cabeza entre sus piernas y va recostada entre cojines.

En este momento ya las barcas grandes tienen literalmente encima a las barcas pequeñas.

Y están a punto de chocar, tanto por la impericia de los bogadores, como por juego del viento.

Pedro grita muy enojado:

–     ¡Tened cuidado, si queréis seguir viviendo! – mientras vira, dando un golpe de pértiga para evitar la embestida.

Improperios de hombres y gritos espantados de las mujeres, se intercambian entre las barcas.

Los romanos insultan a los galileos:

–     ¡Alejaos, perros judíos!

Pedro, rojo como un gallo de pelea, de pie sobre el borde de la barca que se balancea; con las manos en la cintura, responde vivamente y no perdona a nadie. Ni a romanos, ni griegos, ni hebreos y hebreas.

Y especialmente a estas últimas les dedica un ramillete de floridos agravios que es mejor dejar en la pluma…

El altercado dura mientras la maraña de quillas y de remos, no se deshace.

Y cada quién se va por su camino.

Jesús no cambió de posición. Se quedó sentado y ausente. Sin mirar, ni decir nada. Ni a las barcas, ni a sus ocupantes.

Apoyado sobre el codo, sigue mirando la lejana ribera, como si no sucediese nada a su alrededor.  

Entonces a Él también le avientan una flor, que casi le pega en la cara y se oye una risa femenina.

Es la rubia del romano, que dice:

–   ¡También los dioses abandonaron el Olimpo! ¡Allí está Apolo, esperándome!…

Y suelta una cantarina carcajada, que resuena en un silencio  sepulcral…

TODOS han sido testigos del piropo y la insinuación…

Pero Él… Sin dirigirles siquiera una mirada… ¡NADA!

Jesús permanece impertérrito.  Apoyado sobre un codo, ha seguido mirando la ribera lejana como si nada sucediese.  

La rosa cae sobre las tablas y llega hasta los pies de Pedro que hierve como una caldera.

Cuando las barcas se alejan, la rubia se pone de pie y mira atentamente el sereno, inaccesible e indiferente rostro de Jesús; que parece tan lejano del mundo.

Y su carcajada cantarina, viaja por el aire como si tuviera amplificador.

El percance de tráfico marítimo se convierte en una anécdota más y…

Mientras los romanos comentan y las mujeres se regocijan con el incidente…

En las barcas hebreas,

Judas de Keriot pregunta:

–     Dime, Simón. Responde, tú que eres judío como yo. ¿Esa guapísima rubia que estaba en el regazo del romano, la que se ha puesto en pie hace poco, no es la hermana de Lázaro de Betania?

Simón Cananeo responde seco:

–     No sé nada. He vuelto al mundo de los vivos hace poco y esa mujer es joven.

Judas dice con ironía:

–     ¡Supongo que no irás a decirme que no conoces a Lázaro de Betania!

Sé perfectamente que eres amigo suyo y que has estado donde él con el Maestro.  

Simón responde cortante:

–    ¿Y si eso fuera así?

Judas permanece implacable:

–     Dado que es así, digo yo, tienes que conocer también a la pecadora que es hermana de Lázaro. ¡La conocen hasta las tumbas!

Hace diez años que da que hablar de sí. Apenas fue púber, comenzó a ser ligera de cascos. ¡Pero, desde hace más de cuatro años!… No es posible que ignores el escándalo, aunque estuvieras en el “valle de los muertos”.

Habló de ello toda Jerusalén.

Lázaro se encerró entonces en Betania. Bueno, hizo bien. Nadie habría vuelto a poner el pie en su espléndido palacio de Sión por el que ella iba y venía.

Quiero decir: ninguno que fuera santo. En los pueblos… ¡Ya se sabe!… Y además, ahora ella está por todas partes, menos en su casa… Ahora está de seguro, en Mágdala…

Tal vez encontró algún nuevo amor… ¿No respondes? ¿Puedes decirme que no es verdad?

–     No rebato. Callo.

–    ¿Entonces es ella? ¡Tú también la has reconocido!

Simón suspira, antes de responder:

–     La conocí cuando era niña y pura.

Ahora vuelvo a verla… No obstante, la reconozco. Impúdicamente reproduce la efigie de su madre, una santa.

–     Y entonces, ¿Por qué casi negabas que fuera la hermana de tu amigo?

–     Especialmente si somos honestos tratamos de mantener cubiertas nuestras llagas y las de aquellos que amamos.

Judas absorbe el inevitable golpe y se ríe forzadamente.

Pedro observa:

–     Así es, Simón. Y tú eres una persona honesta.

Judas insiste, dirigiéndose a Pedro:

–    ¿Y tú la reconociste? Seguro que vas a Mágdala a vender tus pescados. ¡¿Y quién sabe cuántas veces la habrás visto?! ¿Tú la habías reconocido?

Pedro contesta, con un dejo de fastidio:

–      Muchacho, debes saber que cuando uno tiene las espaldas cansadas por un trabajo honesto, las hembras no apetecen; se desea sólo el lecho honesto de nuestra esposa.  

Judas no se apacigua:

–     ¡Eh! ¡Pero lo bello a todos gusta! Al menos que no se vea otra cosa, se le mira.

–     ¿Para qué? ¿Para decir: ‘No es comida para tu mesa’?

De mi trabajo en el lago he aprendido varias cosas y una de ellas, es que peces de agua dulce y de fondo; no están hechos para agua salada ni vertiginosa.

–     ¿Qué quieres decir?

–      Quiero decir que cada uno debe estar en su lugar; para no morir de mala muerte.

–     ¿Te hacía morir la Magdalena?

–      No. Tengo el cuero duro. Pero ya que me lo dices. ¿Acaso tal vez, tú te sientes mal?

Incluso me habrías soportado a mí con tal de estar más cerca… Es tan cierto lo que digo, que me honras con tu palabra por gracia suya, después de tantos días de silencio. 

Judas exclama escandalizado:

–      ¿Yo? ¡Pero si ni siquiera me hubiera visto! Ella sólo miraba al Maestro!

–      ¡Ja!, ¡Ja!, ¡Ja! ¡Mentiroso! ¡Y dices que no estabas mirándola! ¿Cómo has podido ver a dónde miraba, sí no la estabas mirando?

Todos se ríen ante la fina observación irónica de Pedro; menos Judas, Jesús y el Zelote.

Jesús, que parecía que no oía; pone fin a la discusión preguntando a Pedro:

–     ¿Es aquello Tiberíades?

Pedro responde:

–      Sí, Maestro. Ahora llegamos.

Jesús señala una pequeña ensenada:

–      Espera. ¿Puedes meterte en aquel lugar tranquilo? Quiero hablaros solo a vosotros, antes de entrar en la ciudad.

Pedro contesta solícito:

–      Mido el fondo y te lo diré.

Pedro echa una pértiga larga y lentamente va hacia la playa.

Finalmente dice:

–    Se puede, Maestro. ¿Quieres que me acerque más?

Jesús responde:

–    Todo lo que puedas. Hay sombra y paz. Me gusta.

Pedro va hasta la ribera y como a unos quince metros,

Jesús le dice:

–     Detente.

Y a los de la otra barca:

–     Vosotros, acercaos lo más que podáis para oír.

Jesús deja su lugar y se sienta en el centro de la barca; de tal forma que todos le puedan oír:

–    ‘Escuchad:

Os parecerá que algunas veces no ponga atención a vuestras conversaciones y que por eso sea Yo, un Maestro descuidado, que no se preocupa de sus discípulos.

Tened en cuenta que mi alma no os abandona ni un instante.

¿Habéis visto a un médico cuando estudia a un enfermo de un mal que no conoce y que tiene síntomas raros?

No separa sus ojos de él. Después de haberlo visitado, lo vigila. Cuando duerme y cuando está despierto.

Por la mañana y por la tarde, cuando está callado y cuando habla; porque todo puede ser un medio y guía; para descifrar la enfermedad que oculta y curarla.

Os tengo unidos con hilos invisibles, pero sensibilísimos que están en Mí y me trasmiten aún las más leves vibraciones de vuestro ‘yo’.

Os dejo que penséis que sois libres, para que manifestéis cada vez más lo que sois. Cosa que sucede cuando un alumno o un maníaco, cree que el vigilante lo ha perdido de vista.

¿Qué sois? ¿Qué debéis ser? Sois la Sal de la Tierra. Y debéis ser la luz del mundo. Os escogí Yo…

Vosotros sois un grupo de personas, pero formáis un núcleo; o sea, una cosa sola.

Por tanto, sois un complejo que se forma como ente.

Y que debe ser estudiado en sus características singulares más o menos buenas, para formarlo; amalgamarlo, quitarle las aristas, enriquecer sus lados poliédricos y hacer de él una única cosa perfecta.

Por tanto, Yo os estudio; me sois objeto de estudio incluso cuando dormís.

La sal de la tierra
13. «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.

¿Qué sois vosotros? ¿Qué tenéis que llegar a ser? Vosotros sois la sal de la tierra; tales debéis llegar a ser: Sal de la Tierra.

Con la sal se preservan las carnes de la corrupción y no sólo la carne, sino muchos otros alimentos.  Pero, ¿Acaso podría la sal salar, si no fuera salada?

Yo quiero salar el mundo con vosotros, para sazonarlo de UN SABOR CELESTIAL. Pero, ¿Cómo podéis salar si me perdéis sabor?

¿Qué os hace perder sabor celeste? Lo que es humano.

El agua del mar, del verdadero mar, no es buena para beber por lo salada que es ¿No es verdad?

Y a pesar de todo, si uno coge una copa de agua de mar y la echa en una hidria de agua dulce puede beber, porque el agua de mar está tan diluida que ha perdido su acritud.

La Humanidad es como el agua dulce que se mezcla con vuestra salinidad celeste.

Aún más; suponiendo que se pudiera derivar un río del mar e introducirlo en el agua de este lago, ¿Acaso podrías volver a encontrar ese hilo de agua salada?

¡NO! Habría quedado perdido entre tanta agua dulce. Esto sucede con vosotros cuando sumergís vuestra misión, en mucha humanidad.

Sois hombres. Sí. Lo sé. Pero ¿Y Yo quién soy? Yo soy Aquel que tiene consigo toda la Fuerza.

Y ¿Qué hago Yo? Os comunico esta fuerza, puesto que os he llamado.

Pero ¿Para qué sirve que os la comunique si la desparramáis bajo avalanchas de carnalidad y de sentimientos humanos?

VOSOTROS SÓIS, DEBÉIS SER, LA LUZ DEL MUNDO. 

Os he elegido: Yo, Luz de Dios, entre los hombres; para continuar iluminando al Mundo una vez que YO haya vuelto al Padre.

Pero, ¿Podéis iluminar si no sois más que unos candiles apagados o humeantes? ¡NO!

Es más, con vuestro humo peor es el humo turbio, que la absoluta muerte de una mecha. Nublaís ese vestigio de luz que aún pueden tener los corazones.

¡OH, DESDICHADOS AQUELLOS QUE BUSCANDO A DIOS SE DIRIJAN A LOS APÓSTOLES

Y EN VEZ DE LUZ OBTENGAN HUMO!

SACARÁN DE ELLO ESCÁNDALO Y MUERTE.

AHORA BIEN, LOS APÓSTOLES INDIGNOS RECIBIRÁN MALDICIÓN Y CASTIGO

¡Habéis sido llamados para grandes cosas, pero al mismo tiempo tenéis un Grande, Tremendo Compromiso!

Acordaos de que aquel a quien más se le da más está obligado a dar.

Y a vosotros se os da el máximo, en instrucción y en don. Sois instruidos por mí, Verbo de Dios, y recibís de Dios el don de ser “los discípulos”, o sea, los continuadores del Hijo de Dios.

Quisiera que esta elección vuestra fuera siempre objeto de vuestra meditación, y que continuarais escrutándoos y sopesándoos…

Y si uno siente que es apto SÓLO PARA SER FIEL – no quiero siquiera decir: “si uno no se siente más que pecador e impenitente”.

Digo sólo: “si uno se siente apto para ser sólo un fiel” – pero no siente en sí nervio de apóstol, es mejor que se retire.

El mundo, para sus amantes, es muy vasto, bonito, suficiente, vario. Ofrece todas las flores y todos los frutos aptos para el vientre y para la sensualidad.

Yo no ofrezco más que una cosa: LA SANTIDAD. Ésta en la Tierra, es la cosa más angosta, pobre, abrupta, espinosa, perseguida que hay.

En el Cielo su angostura se vuelve inmensidad; su pobreza, riqueza; su espinosidad, alfombra florida; su escabrosidad, sendero liso y suave; SU PERSECUCIÓN, PAZ Y BEATITUD. 

Pero aquí, ser santo supone un esfuerzo heroico. Yo no os ofrezco más que esto.

¿Queréis permanecer conmigo? ¿No os sentís capaces de hacerlo? ¡Oh, no os miréis asombrados o apenados! Aún muchas veces me oiréis hacer esta pregunta.

Cuando la oigáis, pensad que mi Corazón al hacerla llora, porque se siente herido por vuestra sordera ante la vocación.

Examinaos, entonces…

Y luego juzgad con honestidad y sinceridad. Y DECIDID.  Decidid para no ser réprobos.

Decid: “Maestro, amigos, me doy cuenta de que no estoy hecho para este camino. Os doy un beso de despedida y os digo: rogad por mí”. Mejor es esto que traicionar. Mejor esto…

¿Qué decís? ¿A quién, traicionar? ¿A quién? A Mí.

A mi causa, a la causa de Dios, porque Yo soy uno con el Padre, y a vosotros. Sí. Os traicionaríais. Traicionaríais vuestra alma, dándosela a Satanás.

¿Queréis seguir siendo hebreos? Pues Yo no os fuerzo a cambiar. PERO NO TRAICIONÉIS. No traicionéis a vuestra alma, al Cristo y a Dios.

Os juro que ni Yo ni mis fieles os criticarán, como tampoco os señalarán con el dedo para desprecio de las turbas fieles.

Hace poco un hermano vuestro ha dicho una gran sabiduría: “Nuestras llagas y las de los que amamos uno trata de mantenerlas escondidas”.

Pues bien, quien se separase sería una llaga, una gangrena que nacida en nuestro organismo apostólico, se desprendería por necrosis completa; dejando un signo doloroso que con todo cuidado mantendríamos escondido.

No. No lloréis, vosotros los mejores, no lloréis. Yo no os guardo rencor, ni soy intransigente por veros tan lentos. Os acabo de tomar y no puedo pretender que seáis perfectos.

Pero es que ni siquiera lo pretenderé dentro de unos años, después de decir cien y doscientas veces inútilmente, las mismas cosas…

Es más, escuchad:

Pasados unos años seréis al menos algunos, menos ardorosos que ahora que sois neófitos.

La vida es así… la humanidad es así… Pierde el ímpetu después del arranque inicial. 

Jesús se levanta de repente y continúa:

PERO OS JURO QUE YO VENCERÉ.

Depurados por natural selección, fortificados por una mixtura sobrenatural vosotros, los mejores; seréis mis héroes, los héroes del Cristo, los héroes del Cielo.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

EL PODER DE LOS CÉSARES SERÁ POLVO RESPECTO A LA REALEZA DE VUESTRO SACERDOCIO.

Vosotros pobres pescadores de Galilea; vosotros ignotos judíos, vosotros, números entre la masa de los hombres presentes, seréis más conocidos, aclamados, venerados, que César,

 Y que todos los Césares que tuvo y que tendrá la Tierra.

Vosotros conocidos, vosotros benditos en un próximo futuro y en el más remoto de los siglos, hasta el Fin del Mundo.

Para este sublime destino os elijo a vosotros, que sois honestos en la voluntad. Y para que seáis capaces de él, os doy las líneas esenciales de vuestro carácter de apóstoles.

Estad siempre vigilantes y preparados.

Vuestros lomos estén ceñidos, siempre ceñidos, y vuestras lámparas encendidas, como es propio de quienes de un momento a otro tienen que partir o acudir al encuentro de uno que llega.

Y LA VERDAD ES QUE VOSOTROS SÓIS…

Seréis hasta que la muerte os detenga, los incansables peregrinos que van en busca de los errantes.

Y hasta que la muerte la apague, vuestra lámpara debe ser mantenida alta y encendida para indicar el camino a los extraviados que van hacia el Redil de Cristo.

Tenéis que ser fieles al Dueño que os ha colocado en cabeza para este servicio.

Será premiado aquel siervo al que el Dueño encuentre siempre vigilante y la muerte sorprenda en estado de gracia.

No podéis, no debéis decir: “Soy joven. Tengo tiempo de hacer esto o aquello y luego pensar en el Dueño, en la muerte, en mi alma”.

Mueren tanto los jóvenes como los viejos, los fuertes como los débiles.

Y viejos y jóvenes, fuertes y débiles, están igualmente sujetos al asalto de la Tentación.

Tened en cuenta que el alma puede morir antes que el cuerpo y podéis llevar en vuestro caminar sin saberlo, un alma putrefacta. ¡Es tan insensible el morir de un alma!

Como la muerte de una flor: sin un grito, sin una convulsión… Inclina sólo su llama como corola cansada y se apaga.

Después, mucho después alguna vez, inmediatamente después otras veces, el cuerpo advierte que lleva dentro un cadáver putrefacto y se vuelve loco de espanto.

Y SE MATA POR HUIR DE ESTE CONNUBIO…  

¡Oh, no huye! Cae exactamente con su alma agusanada sobre un bullir de sierpes en la Gehena.

No seáis deshonestos como intermediarios o leguleyos que se ponen de parte de dos clientes opuestos. No seáis falsos como los politicastros que llaman “amigo” a éste y a aquél, y luego son enemigos de ambos.

No penséis actuar de dos modos. De Dios nadie se burla. A Dios no se le engaña.

Comportaos con los hombres como os comportáis con Dios, porque una ofensa hecha a los hombres es como si hubiera sido hecha a Dios.

Desead ser vistos por Dios como deseáis ser vistos por los hombres. Sed humildes. No podéis acusar a vuestro Maestro de no serlo. Yo os doy el ejemplo. Haced como hago Yo.

Humildes, dulces, pacientes. El mundo se conquista con esto, no con violencia y fuerza.

Sed fuertes y violentos contra vuestros vicios, eso sí; arrancadlos de raíz, a costa incluso de dejaros desgarrados pedazos de corazón.

22. «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
23. pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! Mateo 6

Hace unos días os he dicho que vigiléis las miradas, mas no lo sabéis hacer. Os digo: sería mejor que os quedarais ciegos arrancándoos los ojos libertinos que acabar siendo lujuriosos.

Sed sinceros. Yo soy Verdad en las cosas excelsas y en las humanas. Deseo que también vosotros seáis auténticos.

¿Por qué andarse con engaños conmigo o con los hermanos o con el prójimo? ¿Por qué jugar con engaño?

¿Tan orgullosos como sois, y no tenéis el orgullo de decir: “Quiero que no me puedan considerar mentiroso”?

Y sed auténticos con Dios. ¿Creéis que lo engañáis con formas de oraciones largas y vistosas? ¡Pobres hijos! ¡Dios ve el corazón! Haced el bien castamente.

Me refiero también a la limosna. Un publicano ha sabido hacerlo antes de su conversión. ¿Y vosotros no vais a saberlo hacer?

Sí, te alabo, Mateo, por la casta ofrenda semanal de la que sólo Yo y el Padre sabíamos que era tuya.

Y te cito como ejemplo. Esto también es castidad, amigos.

No descubrir vuestra bondad, de la misma forma que no desvestiríais a una hija vuestra adolescente ante los ojos de una multitud.

Sed vírgenes al hacer el bien. El acto bueno es virgen cuando resulta exento de connubio con pensamiento de alabanza y de estima, o exento de soberbia.

Sed fieles esposos de vuestra vocación a Dios. No podéis servir a dos señores. El lecho nupcial no puede acoger a dos esposas contemporáneamente.

Dios y Satanás no pueden compartir vuestros amorosos abrazos.

El hombre no puede, como tampoco lo pueden ni Dios ni Satanás, compartir un triple abrazo en antítesis entre los tres que se lo dan.

Manteneos al margen de hambre de oro, como de hambre de carne; de hambre de carne, como de hambre de poder.

12. = ¡Feliz = el hombre = que soporta = la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman. 13. Ninguno, cuando sea probado, diga: «Es Dios quien me prueba»; porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie. 14. Sino que cada uno es probado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. 15. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte. Santiago 1

Satanás os ofrece esto. ¡Oh, sus falaces riquezas! Honores, éxito, poder, abundancias: mercados obscenos cuya moneda es vuestra alma.

Contentaos con lo poco. Dios os da lo necesario. Basta.

Esto os lo garantiza, de la misma forma que se lo garantiza al ave del cielo, y vosotros valéis mucho más que los pájaros.

Pero Dios quiere de vosotros confianza y sobriedad. Si tenéis confianza, no os defraudará: si tenéis sobriedad, su don diario os bastará.

No seáis paganos, siendo, de nombre, de Dios. Paganos son aquellos que, más que a Dios, aman el oro y el poder para aparecer como semidioses.

Sed santos y seréis semejantes a Dios eternamente. No seáis intransigentes. Todos sois pecadores; por tanto, quered ser con los demás como querríais que los demás fueran con vosotros: llenos de compasión y perdón.

No juzguéis. ¡Oh, no juzguéis! Ya veis – a pesar de que hace poco que estáis conmigo – cuántas veces, siendo inocente, he sido ilícitamente mal juzgado y acusado de pecados inexistentes.

El mal juicio es ofensa, y sólo los verdaderos santos no devuelven ofensa por ofensa.

Por tanto, absteneos de ofender para no ser ofendidos. Así no faltaréis ni a la caridad, ni a la santa, amable, suave humildad, la enemiga de Satanás junto con la castidad.

Perdonad, perdonad siempre. Decid: “Perdono, Padre, para que Tú perdones mis infinitos pecados”.

Haceos mejores cada hora que pase, con paciencia, con firmeza, con heroicidad. ¿Quién puede deciros que llegar a ser bueno no sea penoso?

La castidad no es una cuestión fácil. Vas contracorriente todos los días. Aristóteles decía: “No hay conquista más grande, que la conquista de uno mismo. Es una libertad, la libertad de hacer lo correcto. La castidad es un entrenamiento. Le estoy siendo fiel a mi esposa, antes de conocerla… Eduardo Verástegui

Es más, os digo: es el mayor entre los esfuerzos.

Pero el premio en el Cielo; por tanto, merece la pena consumirse en este esfuerzo.

Y amad. ¡Oh!, ¿Qué palabra debería decir para induciros al amor? No existe ninguna que sea adecuada para convertiros a él, ¡Oh, pobres hombres a los que Satanás azuza!

Entonces, he aquí que Yo digo: “Padre, acelera la hora del lavacro. Esta tierra está seca. Este rebaño tuyo está enfermo. Pero hay un rocío que puede aplacar la aridez y limpiar.

Abre, abre su fuente. Ábreme a Mí, ábreme. Padre, Yo ardo por hacer tu deseo, que es el mío y el del Amor Eterno. ¡Padre!, ¡Padre!, Padre! Dirige tu mirada sobre tu Cordero y sé Tú su Sacrificador”.

Jesús se manifiesta realmente inspirado.

Erguido en pie, con los -brazos extendidos en cruz, el rostro hacia el cielo, con el azul del lago detrás, con su vestido de lino, parece un arcángel orante.

48 DEJARLO TODO…


48 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús sale al huerto, que aparece todo lavado por el temporal de la tarde anterior y ve a su Madre inclinada hacia unas plantitas.

Va donde Ella y la saluda. ¡Qué dulce es su beso!

Jesús la ciñe los hombros con el brazo izquierdo, la acerca hacia sí y la besa en la frente, en el límite del pelo; luego se inclina para que su Madre lo bese en la mejilla.

Pero lo que completa la delicadeza es la mirada que acompaña al beso:

La de Jesús, toda amor, dentro de lo que tiene de majestuosa y protectora; la de María, toda veneración, aun siendo toda amor.

Cuando se besan así, parece como si el mayor fuera Jesús y Ella fuera la hija jovencita que, de su padre o de su hermano mucho mayor que ella, recibe el beso de la mañana.

Jesús pregunta:

–      ¿Han dañado tus flores el granizo de ayer por la tarde y el viento de la noche?

La voz un poco ronca de Pedro, responde antes que María:

–       No, Maestro. Lo único que ha sucedido es que han quedado muy desordenadas sus ramas.

Jesús levanta la cabeza y ve a Simón Pedro, que lleva sólo la túnica corta, trabajando en enderezar algunas ramas curvadas en lo alto de la higuera.

Jesús inquiere:

–      ¿Ya trabajando?

Pedro contesta:

–       Los pescadores dormimos como los peces:

A todas horas, en cualquier sitio, pero sólo el tiempo que nos dejan descansar y uno se acostumbra.

Esta mañana he oído chirriar la puerta, al alba, y me he dicho: “Simón, Ella ya está levantada. ¡Venga!, ¡Rápido! Ve a ayudarle con tus rudas manos”.

Pensaba que Ella había estado preocupada por sus flores durante esta noche llena de viento. Y no me he equivocado. ¡Conozco a las mujeres!…

Mi mujer también, cuando hay tormenta, da vueltas en la cama como un pez en la red y piensa en sus plantas… ¡Pobrecilla!

Alguna vez le digo: “Estoy seguro de que das menos vueltas cuando tu Simón está en el lago a merced de las olas como una pequeña ramita”. Pero soy injusto, porque es una buena esposa.

No se diría que su madre… Bien: cállate, Pedro, esto no viene a cuento.

No es correcto murmurar y dar a conocer imprudentemente lo que es bueno callar. ¿Ves, Maestro, cómo también en mi cabeza de asno ha entrado tu palabra?

Jesús responde riendo:

–       Tú te lo dices todo. A mí no me queda más que aprobar y admirar tu sabiduría de arboricultor.

María observa:

–       Ya ha atado todos los sarmientos que se habían soltado, ha apuntalado ese peral que está sobrecargado, y ha pasado esas cuerdas bajo aquel granado que ha crecido sólo por una parte.  

–       Sí, parece un viejo fariseo; sólo pende hacia donde le interesa. Yo lo he trabajado como si de una vela se tratara y le he dicho: “¿No sabes que lo justo está en el medio? Ven aquí, cabezón; si no, te rompes por exceso de peso”.

Ahora me he metido con esta higuera, aunque es por egoísmo. Pienso en el hambre de todos: ¡Higos frescos y pan caliente! ¡Ni siquiera Antipas tiene una comida tan buena!

Pero hay que ir con cuidado, porque la higuera tiene ramas tan tiernas como el corazón de una jovencita cuando dice su primera palabra de amor y yo peso, y los higos mejores están arriba.

Con estos primeros rayos de sol se han secado ya. Deben ser una delicia.

Y volviéndose hacia Juan, que va saliendo del taller de carpintería,

Pedro le dice:   

–      ¡Tú, muchacho! No estés sólo mirándome. ¡Despierta! Dame ese cesto.

Juan obedece y trepa a la gruesa higuera.

Cuando los dos pescadores bajan, ya han salido también del taller Simón Zelote, José y Judas Iscariote. 

María trae pan fresco, pequeños panes oscuros y redondeados.

Y Pedro, con su navaja los abre y sobre ellos abre los higos.

Ofrece primero a Jesús, luego a María y a los demás.

Comen con gusto en el huerto refrescado, transido de hermosura bajo el sol de una mañana serena; serena incluso por la reciente lluvia que ha limpiado la atmósfera.

Pedro dice:

–     Es viernes… Maestro, mañana es sábado…

Judas Iscariote observa:

–     No has descubierto nada nuevo.

–     No, pero el Maestro sabe lo que quiero decir…

Jesús contesta:

–     Lo sé. Esta tarde iremos al lago, donde has dejado la barca. Y navegaremos hacia Cafarnaúm. Mañana hablaré allí.

Pedro está muy felíz.

Entran en grupo Tomás, Andrés, Santiago, Felipe, Bartolomé y Judas Tadeo, que pasaron la noche en casa de Alfeo, el tío de Jesús.

Se saludan.

Jesús dice:

–     Quedémonos aquí juntos; así habrá un nuevo discípulo. Mamá, ven.

Se sientan… en una piedra, en una banqueta… haciendo un círculo en torno a Jesús, quien a su vez se ha sentado en el banco de piedra que está contra la casa.

Y tiene a su lado a su Madre y a los pies a Juan, que ha elegido sentarse en el suelo con tal de estar cerca.

Jesús habla, despacio y con majestuosidad, como siempre:

–     ¿A qué compararé la formación apostólica?

A la naturaleza que nos circunda. Podéis ver cómo la tierra en invierno parece muerta, pero dentro de ella actúan las semillas y las linfas se nutren de humores, depositándolos en las frondas subterráneas, así podría llamar a las raíces;

Para luego disponer de ellos en gran abundancia, para las frondas superiores, cuando haya llegado el tiempo de florecer.

Vosotros también sois comparables a esta tierra invernal, árida, desnuda, fea. Pero sobre vosotros ha pasado el Sembrador y ha echado una semilla.

Por vosotros ha pasado el Cultivador y ha cavado alrededor de vuestro tronco, plantado en la tierra dura, duro y áspero como ella, para que a las raíces les llegase el sustento de humores de las nubes y del aire.

Y así se fortaleciera el tronco con este alimento para futuro fruto.

Y vosotros habéis acogido la semilla y aceptado la remoción de la tierra, porque tenéis la buena voluntad de fructificar en el trabajo de Dios.

Compararé también la formación apostólica a la tormenta de ayer, que azotó y plegó, aparentemente con inútil violencia. Mirad, sin embargo, el bien que ha producido.

Hoy la atmósfera está más pura, nueva, sin polvo, sin ese calor sofocante; el sol es el mismo de ayer, pero sin ese ardor que asemejaba a fiebre: hoy llega hasta nosotros a través de estratos purificados y frescos.

Las hierbas, las plantas, se sienten aliviadas como los hombres, porque la limpieza, la serenidad, son cosas que alegran.

También las discordias sirven para llegar a un más exacto conocimiento y a una clarificación; si no, serían sólo maldad. Y ¿Qué son las discordias sino las tormentas provocadas por nubes de distinta especie?

Y estas nubes ¿No se acumulan poco a poco en los corazones con los malhumores inútiles, con los pequeños celos, con las oscuras soberbias?

Luego viene el viento de la Gracia y las une para que descarguen todos sus malos humores y vuelva el tiempo sereno.

También es semejante la formación apostólica al trabajo que Pedro estaba haciendo esta mañana para alegrar a mi Madre:

Es enderezar, atar, sostener o soltar, según las tendencias y las necesidades, para hacer de vosotros “hombres fuertes” al servicio de Dios.

Enderezar las ideas equivocadas, atar los arranques carnales, sostener las debilidades, cortar si es necesario las tendencias, desligar las esclavitudes y las timideces.

Vosotros tenéis que ser libres y fuertes, como águilas que, dejado el pico nativo, son sólo del vuelo cada vez más alto: el servicio a Dios es el vuelo, las afecciones son el pico.

Uno de vosotros hoy está triste porque su padre declina hacia la muerte y declina hacia ella con el corazón cerrado a la Verdad y al hijo suyo que la sigue; no sólo cerrado, sino hostil.

Aún no le ha dicho e1 injusto “vete” de que ayer hablaba, autoproclamándose por encima de Dios, pero su corazón cerrado y sus labios sellados no son todavía capaces de decir tampoco: “Sigue la voz que te llama”.

No pretenderían, ni el hijo ni quien os habla, oír decir de esos labios: “Ven y contigo venga el Maestro. Bendito sea Dios por haber elegido en mi casa un siervo suyo, creando así un parentesco más excelso que la sangre con el Verbo del Señor”.

Pero al menos Yo, por su bien, y su hijo por un motivo aún más complejo, querríamos oírle palabras no enemigas.

No llore este hijo. Sepa que en Mí no hay ni rencor ni desdén hacia su padre, sino sólo piedad.

He venido, y me he detenido un tiempo, aun conociendo la inutilidad de mi permanencia, para que un día este hijo no me dijera: “¿Por qué no viniste?“.

He venido para persuadirle de que todo es inútil cuando el corazón se encierra en el rencor.

He venido también para confortar a una buena mujer que sufre por esta división de la familia, como incisión de cuchillo que le separase haces de fibras.

Pero, tanto este hijo como esta buena mujer, persuádanse de que en Mí no responde el rencor al rencor. Yo respeto la honestidad del creyente anciano fiel, aunque tenga una fe desviada,  a lo que ha sido su religión hasta esta hora.

En Israel hay muchos así… Por eso os digo: me aceptarán más los paganos que los hijos de Abraham.

La humanidad ha corrompido la imagen del Salvador, rebajando su realeza sobrenatural al nivel de una pobre idea de soberanía humana.

Yo tengo que cortar la dura corteza del hebraísmo; penetrar, herir para llegar al fondo y llevar al alma misma de tal hebraísmo la fecundación de la nueva Ley.

Sí, verdaderamente Israel, crecido en torno al núcleo vital de la Ley del Sinaí, se ha hecho símil a un monstruoso fruto, de pulpa en estratos cada vez más fibrosos y duros,

externamente protegidos por una cáscara que no sólo es impenetrable, sino que además impide, tenacísima, la expulsión del germen.

El Eterno juzga que ha llegado el momento de que Yo cree la nueva planta de la Fe en el Dios Uno y Trino.

Yo, para permitir que la Voluntad de Dios se cumpla y que el hebraísmo pase a ser cristianismo, debo mellar, perforar, penetrar, abrir camino hasta el núcleo.

Y darle calor con mi amor, para que resurja y se agrande, germine, CREZCA, crezca, crezca y venga a ser la vigorosa planta del cristianismo, religión perfecta, eterna, divina.

En verdad os digo que el hebraísmo sólo será perforable en la proporción de uno a cien.

Por tanto, no reputo réprobo a este israelita que no me acepta y que no quisiera darme a su hijo.

Por eso le digo al hijo: No llores por la carne y la sangre que sufren sintiéndose rechazados por la carne y la sangre que las engendraron. Por eso digo:

No llores tampoco por el espíritu. Tu sufrimiento actúa, más que cualquier otra cosa, en favor del espíritu tuyo y del suyo, de este padre tuyo que ni comprende ni ve.

Y digo también: No te crees remordimientos por ser más de Dios que de tu padre.

Os digo a todos vosotros: Dios es más que el padre, que la madre, que los hermanos.

Yo he venido a unir la carne y la sangre según el espíritu y el Cielo, no según la tierra.

Por ello debo desunir las carnes y las sangres para tomar conmigo a los espíritus aptos para el Cielo ya desde esta tierra, para tomar a los siervos del Cielo.

Por ello he venido a llamar a los “fuertes”, a hacerlos aún más fuertes porque de “fuertes” está hecho mi ejército de mansos: mansos para con los hermanos, fuertes respecto al propio yo y el yo de la sangre familiar.

No llores, primo. Tu dolor, te lo aseguro, actúa ante Dios en favor de tu padre y de tus hermanos, más que cualquier palabra, no sólo tuya, sino incluso mía.

“El sacrificio más grato para el Señor, es el de la voluntad.”

No entra la palabra allí donde el prejuicio crea una barrera; créelo. Pero la Gracia entra y el sacrificio es imán de gracia.

En verdad os digo que cuando Yo llamo para ir a Dios, no hay obediencia más alta. Y es necesario cumplirla sin detenerse a calcular cuánto y cómo reaccionarán los demás ante vuestro ir hacia Dios.

Ni siquiera detenerse para enterrar al propio padre. Seréis premiados por este heroísmo y el premio será no sólo para vosotros, sino también para aquellos de quienes, con un grito del corazón, os separáis.

Y cuya palabra frecuentemente os hiere más de lo que hiere una bofetada, porque os acusa de ser hijos ingratos, y os maldice en su egoísmo, como rebeldes.

No. No rebeldes, santos.

Los primeros enemigos de los llamados son los familiares.

Pero, entre amor y amor, hay que saber distinguir y amar sobrenaturalmente; o sea, amar más al Dueño de lo sobrenatural que a los siervos de ese Dueño.

Amar a los parientes en Dios y no por el contrario, amarlos más que a Dios.

Jesús calla y se levanta, yendo donde su primo Judas Tadeo, el cual, con la cabeza baja, apenas logra contener el llanto.

Lo acaricia.

Y trata de consolarlo:

–      Judas… Yo he dejado a mi Madre para seguir mi misión.  

Que ello te disuelva toda duda sobre la honestidad de tu forma de actuar.

Si no hubiera sido un acto bueno, ¿Lo habría hecho Yo respecto a mi Madre, teniendo en cuenta, sobre todo, que no tiene a nadie aparte de mí?

Judas se pasa la mano de Jesús por el rostro y asiente con la cabeza, pero no puede decir nada más. 

Jesús agrega:

–      Vamos nosotros dos, solos, como cuando éramos niños y Alfeo pensaba que Yo era el más juicioso entre los muchachos de Nazaret.

Vamos a llevarle al anciano estos hermosos racimos de uva de oro. Que no crea que me olvido de él y que soy enemigo suyo.

También tu padre y Santiago se alegrarán. Le diré que mañana estaré en Cafarnaúm y que su hijo queda todo para él. Ya sabes, los viejos son como los niños:

Son celosos y sospechan siempre que se los olvida; hay que compadecerlos…

Jesús desaparece de la escena dejando en el huerto a los discípulos enmudecidos por la revelación de un dolor y de una incompatibilidad entre un padre y un hijo por causa de El.

María, suspirando apenada, vuelve de acompañar a Jesús hasta la puerta.

46 PARÁBOLA DEL HORMIGUERO.


46 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está con sus apóstoles: Pedro, Andrés, Juan, Santiago, Felipe, Tomás, Bartolomé, Judas Tadeo, Simón y Judas Iscariote.

Y también el pastor José, en un tupido olivar, que está junto a su casa en Nazareth.

Jesús dice:

–      Venid en torno a Mí.

Durante estos meses de presencia y de ausencia os he sopesado y estudiado. Os he conocido, y he conocido, con experiencia de hombre, el mundo.

Ahora he decidido enviaros al mundo. Pero primero debo instruiros, para haceros capaces de afrontar el mundo con la dulzura y la sagacidad, la calma y la constancia, con la conciencia y la ciencia de vuestra misión.

Usaré este tiempo de furor solar, que impide toda larga peregrinación por Palestina, para vuestra instrucción y formación como discípulos.

Como un músico, he percibido lo que en vosotros desafina y me dispongo a entonaros para la armonía celeste, que tenéis que transmitir al mundo en mi Nombre.

Retengo a este hijo (y señala a José), porque a él le delego el encargo de llevar a sus compañeros mis palabras, para que también allí se forme un núcleo eficaz, que me anuncie.

No un anuncio reducido al hecho de que Yo existo, sino con las características más esenciales de mi doctrina.

Como primera cosa os digo que es absolutamente necesario en vosotros amor y fusión.

¿Qué sois vosotros? Sois hombres de las más diversas clases sociales, de toda edad, y de los más distintos lugares.

He preferido tomar a los vírgenes en doctrinas y conocimientos, para poder penetrar en ellos más fácilmente con mi enseñanza.

Y también porque habiendo sido destinados para evangelizar, a personas que se encontrarán en una absoluta ignorancia del Dios verdadero;

quiero que, recordando la primitiva ignorancia, no sientan aversión hacia éstos y con piedad, los instruyan, recordando con cuánta piedad Yo los he instruido.

Percibo en vosotros una objeción: “Nosotros no somos paganos, aunque no tengamos cultura intelectual”. No, no lo sois;

pero vosotros  y sobre todo quienes entre vosotros representan a los doctos y los ricos, estáis dentro de una religión que, degenerada por demasiadas razones, de religión no tiene más que el nombre.

En verdad os digo que son muchos los que se glorían de ser hijos de la Ley, pero de ellos ocho partes de diez no son más que idólatras que han confundido,

entre nieblas de mil pequeñas religiones humanas, la verdadera, santa, eterna Ley del Dios de Abraham, Isaac, Jacob.

Por tanto, mirándoos unos a otros, tanto vosotros, pescadores humildes y sin cultura, como vosotros, mercaderes o hijos de mercaderes, oficiales o hijos de oficiales, ricos o hijos de ricos, decid:

“Somos todos iguales. Todos tenemos las mismas deficiencias y todos tenemos necesidad de la misma instrucción. Hermanos en los defectos personales o nacionales debemos desde ahora en adelante, ser hermanos en el conocimiento de la Verdad y en el esfuerzo de practicarla.”

Eso es, hermanos. Quiero que tales os llaméis y tales os veáis. Vosotros sois como una familia sola. ¿Cuándo prospera una familia? ¿Cuándo la admira el mundo? Cuando está unida y se manifiesta concorde.

Si un hijo se hace enemigo del otro, si un hermano perjudica al otro, ¿Puede realmente durar la prosperidad de esa familia? En vano el padre de familia se esfuerza en trabajar, en allanar dificultades, en imponerse al mundo.

Sus esfuerzos quedan sin resultado, porque los bienes se disgregan, las dificultades aumentan, el mundo se burla por este estado de lid perpetua que reduce corazón y patrimonio – que, unido, era potente contra el mundo –

a un pequeño montón de pequeños, puntillosos intereses contrarios de que se aprovechan los enemigos de la familia para acelerar cada vez más su ruina.

Nunca sea así entre vosotros. Estad unidos. Amaos. Amaos para ayudaros. Amaos para enseñar a amar.

Observad: incluso lo que nos circunda nos ilustra acerca de esta gran fuerza.

Jesús señala a un pequeño montículo que se eleva entre el pasto y un pequeño ejército de hormigas que trasladan un pequeño trozo de pan…

Mirad esta tribu de hormigas, que acude toda hacia un lugar. Sigámosla y descubriremos la razón de la utilidad de que acuda hacia un punto…

Mirad aquí: esta pequeña hermana suya ha descubierto, con sus órganos minúsculos y para nosotros invisibles, un gran tesoro bajo esta ancha hoja de achicoria silvestre.

Es un pedazo de miga de pan que quizás se le haya caído a un campesino que haya venido aquí para cuidar sus olivos; a algún viandante que se haya detenido en esta sombra consumiendo su comida,

o a un niño jubiloso sobre la hierba florecida. ¿Cómo hubiera podido por sí sola arrastrar hasta su casa este tesoro mil veces más voluminoso que ella? Ha llamado, pues, a una hermana y le ha dicho:

“Mira, corre, rápido a decirles a las hermanas que aquí hay alimento para toda la tribu y para muchos días; corre, antes de que descubra este tesoro un pájaro y llame a sus compañeros y se lo devoren“.

Y la hormiguita ha corrido, afanosa, por las rugosidades del terreno, subiendo, bajando, entre guijas y hierbezuelas, hasta el hormiguero.  

Y ha dicho: “Venid. Una de nosotras os llama; ha encontrado para todas, pero sola no puede traerlo aquí. Venid“.

Y todas, incluso las que, ya cansadas por tanto como han trabajado durante todo el día, estaban descansando en las galerías del hormiguero, han acudido;

incluso 11 estaban amontonando las provisiones en sus correspondientes celdas.

Una, diez, cien, mil… Mirad… Aferran con las pinzas, levantan haciendo de su cuerpo un carrito, arrastran hincando las patitas en el suelo.

Ésta se cae… la otra, allí, casi se lisia porque la punta del pan ha rebotado y la ha comprimido contra una piedra.

¿Y ésta tan pequeñita? (una jovencita de la tribu): se detiene derrengada… pero, toma aliento y continúa.

¡Qué unidas están! Mirad: ahora las hormigas tienen completamente abrazado el trozo de pan.

Y el pan avanza, avanza, lentamente, pero avanza. Sigámoslo…

Un poco más hermanitas, un poco más todavía y vuestra fatiga será premiada. Ya no pueden más, pero no ceden; descansan y luego continúan…Llegan al hormiguero. ¿Y ahora?

Ahora al trabajo, para dividir en pequeños trocitos la miga grande. ¡Mirad qué trabajo! Unas cortan, otras transportan…

Terminado. Ahora todo está a salvo…

Y dichosas, desaparecen dentro de esa grieta, galerías abajo.

Son hormigas, nada más que hormigas y sin embargo, son fuertes porque están unidas. Meditad en esto.

–     ¿Tenéis algo que preguntarme?

Judas dice:

–    Yo querría preguntarte si es que ya no volvemos a Judea.

–    ¿Quién lo ha dicho?

–    Tú, Maestro. ¡Has manifestado el deseo de preparar a José para que instruya a los demás en Judea! ¿Tanto te has ofendido como para no volver más allí?

Tomás curioso, pregunta:

–    ¿Qué te han hecho en Judea?

Y Pedro al mismo tiempo, dice vehemente:

–    ¿Entonces tenía yo razón cuando decía que habías vuelto en malas condiciones? ¿Qué te han hecho los “perfectos” en Israel?

–    Nada, amigos, nada que no vaya a encontrar aquí. Aunque diera la vuelta al mundo encontraría por todas partes amigos mezclados con enemigos. De todas formas, Judas, te había rogado que te mantuvieras en silencio…

–    Cierto, pero… No, no puedo quedarme callado cuando veo que prefieres Galilea a mi patria. Eres injusto; también allí has recibido honores…

–     ¡Judas! ¡Judas! ¡Oh, Judas! Eres injusto en este reproche.

Tú a ti mismo te acusas, dejándote llevar de la ira y de la envidia. Yo había logrado dar a conocer sólo el bien que he recibido en tu Judea. 

Sin mentir y con alegría, había logrado manifestar este bien para hacer que os amasen a los de Judea.

Con alegría. Porque para el Verbo de Dios no existe separación de regiones, no existen antagonismos, enemistades, diversidades. ¡Os amo a todos, oh hombres, a todos…!

¿Cómo puedes decir que prefiero Galilea cuando he querido llevar a cabo los primeros milagros y las primeras manifestaciones en el suelo sagrado del Templo y de la Ciudad Santa, estimada por todos los israelitas?

¿Cómo puedes decir que actúo con parcialidad, si de vosotros, discípulos, que sois once o diez, porque mi primo es familia, no amistad, cuatro son judíos?

Y, si añado a los pastores, que son todos judíos, puedes ver de cuántos de Judea soy amigo.

¿Cómo puedes decir que no os amo, si Yo, que conozco las cosas, he organizado el viaje de manera que pudiera dar mi Nombre a un pequeñuelo de Israel y recibir el espíritu de un justo de Israel?

¿Cómo puedes decir que no os amo a vosotros, judíos, si en la revelación de mi Nacimiento y de mi preparación a la misión he querido que hubiera dos judíos, contra uno sólo de Galilea?

Me tachas de injusto. Examínate, Judas, mira si el injusto no eres tú.

Jesús ha hablado con majestuosidad y dulzura.

Pero, aunque no hubiera dicho nada más, habrían bastado los tres modos como ha dicho «Judas» al principio de sus palabras, para dar una gran lección.

El primer «Judas» lo decía el Dios majestuoso que llama al respeto; el segundo, el Maestro que enseña con doctrina paterna; el tercero era el ruego del amigo dolido por el modo de actuar de su amigo.

Judas ha bajado la cabeza, humillado, todavía iracundo, afeado por este aflorar de bajos sentimientos.

Pedro no sabe quedarse callado.

–     Al menos pide perdón, muchacho.

¡Si hubiera sido yo en vez de Jesús, no hubieras salido del paso sólo con unas palabras! ¡No sólo injusto! ¡No tienes respeto, señorito! ¡Así os educan los del Templo? ¿O es que eres tú el ineducable? Porque si son ellos…

Jesús interviene:

–     Basta, Pedro. He dicho Yo todo lo que había que decir.

Esto también será motivo de instrucción mañana. Y ahora repito a todos lo que les había dicho a éstos en Judea: no digáis a mi Madre que su Hijo fue maltratado por los judíos.

Ya está toda compungida por haber intuido mi pena. Respetad a mi Madre. Vive en la sombra y silencio; es activa sólo en virtudes y oración por mí, por vosotros y por todos.

Dejad que las lúgubres luces del mundo y las ásperas luchas queden lejos de su refugio fajado de discreción y pureza. No metáis ni siquiera el eco del odio donde todo es amor. Respetadla.

Ella es más valiente que Judit; lo veréis. Pero no la obliguéis, antes de tiempo, a gustar la hez que supone los sentimientos de los miserables del mundo, de aquellos que no saben ni siquiera rudimentariamente qué es Dios y la Ley de Dios.

Esos de que os hablaba al principio: los idólatras que se creen sabios de Dios y que, por tanto, unen la idolatría a la soberbia. Vamos.

Y Jesús se dirige de nuevo hacia Nazaret.

P EL CAMPO DE BATALLA


7. Entonces se entabló una batalla en el cielo: = Miguel = y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, 8. pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. 9. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él. Apoc. 12

Agosto 13 2020

Habla Dios Padre

Hijos Míos, Mis pequeños, en vuestro paso por la Tierra debéis tener presente que vuestra misión es algo muy serio para el Cielo.

La Tierra es un campo de batalla. El Cielo es vuestro hogar en donde vivís, del cual vivís Conmigo y gozáis, aún antes de bajar a servirMe.

La Tierra, lugar de la Creación del hombre, sufrió una fuerte caída al cometerse el Pecado Original en ella.

Toda la Tierra, Mí Creación, las almas al encarnarse, TODO LO CREADO, sufrió por tal pecado.

La misión de las almas es la de ayudarMe a conseguir para la Tierra, para Mí Creación, para el hombre, su nivel de perfección en el cuál fue creado.

Para daros a conocer la forma “ideal” de hacerlo, os mandé a Mí Único Hijo, Jesucristo para que os enseñara el camino para lograrlo.

Os dio Mis Leyes y Preceptos de Amor. Os dio Mis Enseñanzas y os dejó su Vida en la Sagrada Eucaristía.

Estamos en Guerra Espiritual y el campo del Enemigo es nuestra mente

Este campo de batalla –Tierra- está ahora bajo el dominio del Príncipe del Mundo, quien os atacará continuamente para que dejéis Mí Amor y Mis Enseñanzas;

además de tratar de haceros caer en la perdición eterna, para que no podáis regresar a Mí Reino, vuestro Hogar.

Las almas sufren caídas, quebrantos, éxitos, durante el tiempo de vida que os concedo.

Cuando se os termina el tiempo de vida que os concedo para servirMe, os mando llamar a cuentas y, como administrador de Mis Bienes, os hago un recuento de vuestra vida.

Y así es cómo en vuestro juicio personal se os dará Vida Eterna con el nivel de gozo que lograsteis, según vuestros méritos.

O se os dará dolor eterno, si en lugar de trabajar para Mí, en la salvación de vuestros hermanos, en su crecimiento y apoyo espiritual en la lucha; os volvisteis instrumentos del Mal y le servisteis para matarlos espiritualmente.

El Purgatorio es el “hospital” de las almas heridas en misión.

Prácticamente ninguna alma llega sana y limpia a Mí Presencia; al final de su vida, todas han sufrido “heridas” y llegan con cicatrices de odios, envidias, rencores, mentiras, caídas mortales de pecados graves…

QUE AUNQUE YA HAN SIDO PERDONADOS SUS PECADOS,

TIENEN QUE PURGAR POR SU MAL PROCEDER.

EL PURGATORIO “SANARÁ” TODAS ESAS HERIDAS QUE EL DEMONIO OS CAUSÓ,

PORQUE VOSOTROS LO PERMITISTEIS EN ALGUNA ETAPA DE VUESTRA VIDA.

Las almas van al Purgatorio a cerrar heridas, a hacer desaparecer cicatrices profundas, a limpiar y restaurar vuestras vestiduras,

para poder entrar a vuestra Casa Eterna como dignos hijos de Rey, quien os recibirá con los brazos abiertos a invitaros al gozo eterno.

 En las Escrituras, se os habla de que no podéis entrar a la fiesta; o sea, al Reino de los Cielos, si no estáis bien arreglados, si vuestras ropas no están limpias y puras.

Y por eso, he Creado el Purgatorio, para que vosotros seáis purificados en él.

PERO TAMBIÉN AHÍ CONOCERÉIS TODO EL DAÑO QUE ME HICÍSTEIS

Y EL QUE LE HICÍSTEIS A VUESTROS HERMANOS

Ciertamente tendréis la oportunidad, en el tiempo que Yo decida, para purificaros y para que os ganéis la entrada al Reino de los Cielos.

La estancia, para algunos, será muy dolorosa; otros, vivirán en la esperanza, en la alegría de saber que en cualquier momento, estarán Conmigo para siempre.

Mis pequeños, poco os acordáis del sufrimiento de las ánimas del Purgatorio, poco hacéis para aliviar sus penas.

En el Purgatorio estamos SOLOS y se sufre LA SENTENCIA EN LA CRUZ DE NUESTROS PROPIOS PECADOS, que merecemos… PROPORCIONADA POR LA JUSTICIA DIVINA

Habréis escuchado una o varias veces, del sufrimiento que tienen las almas allí, en ése lugar de purificación.

Para que entendáis un poco esto, os quiero decir que así como vuestra alma, cuando está en vuestro cuerpo vivo, no puede gozar todo el gozo que Yo le puedo dar, porque vuestro cuerpo no soportaría tanto gozo.

De igual manera, vuestra alma no podría vivir el sufrimiento de purificación que se sufre en el Purgatorio estando en vuestro cuerpo, porque moriríais inmediatamente.

Os estoy hablando a nivel espiritual.

Cuando vuestra alma sale de vuestro cuerpo, vuestras potencias cambian, se engrandecen, se vuelven también infinitas;

porque si vosotros salisteis de Mí, si Yo os creé a Imagen y Semejanza Mía, también vuestra alma es infinita y vuestras potencias también.

POR ESO NO ENTENDÉIS PERFECTAMENTE,

SÍGUEME HASTA EL CALVARIO

CUANDO OS HABLO DE AMOR,

PORQUE ESTOY HABLANDO DE UN AMOR A NIVEL ESPIRITUAL,

CON POTENCIAS QUE VUESTRA MENTE HUMANA

Y VUESTRAS CAPACIDADES HUMANAS,

NO PUEDEN NI SENTIR NI IMAGINAR,

PORQUE VUESTRO CUERPO LIMITA LAS POTENCIAS DEL ALMA.

Cuando vuestra alma está libre ya de vuestro cuerpo y está en el Purgatorio,

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

las penas, la purificación que tendréis ahí, es a nivel alma, con vuestras potencias ya libres y el Dolor es inmenso.

Os digo esto para que entendáis la gravedad y el dolor tan grande que se vive en el Purgatorio; donde ciertamente, hay una esperanza de salir de ahí.

Y también ésa esperanza VA CRECIENDO y al llegar a ciertos niveles, va minimizando el dolor del padecimiento de purificación que tenéis.

De igual manera, quiero que entendáis el Dolor que se vive en el Infierno.

También es infinito, ya que vuestra alma es infinita y son dolores que vosotros no imagináis que puedan existir, porque vuestras capacidades se ven minimizadas por vuestro cuerpo.

Y de igual manera, cuando alma llega al Cielo, a vuestro Hogar, Mi Reino, también tendréis un gozo que, en éstos momentos no os podéis imaginar.

Vuestra alma, fuera de vuestro cuerpo, tiene Gozos y Dolores indecibles, inimaginables para vuestras pobres potencias humanas.

La Pena de Daño en el Purgatorio, es LA AUSENCIA DE DIOS, el sufrimiento que Jesús experimentó y lo hizo sudar sangre en Getsemaní…

Amad y haced todo lo posible por vuestros hermanos que sufren indeciblemente en el Purgatorio y uníos también, a las alegrías tremendas, inimaginables, que vuestros hermanos están gozando en el Reino de los Cielos.

Y pedidles a unos, ayuda para no seguir cayendo en faltas y que hagan que vuestra alma tenga que ser purificada más tiempo en el Purgatorio…

Y a vuestros hermanos en el Reino de los Cielos, pedidles que os ayuden a lograr llegar a donde Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, os espero, para que viváis eternamente conmigo.

Antes de continuar con el Mensaje, es muy importante haceros esta aclaración…

Cuando Adán pecó, le entregó su persona y su herencia al Maligno y desde entonces Satanás se apoderó de TODO.

Cuando Jesús nos rescató con la Redención, la salvación debemos hacerla efectiva  primero con nuestra conversión y segundo con nuestra adherencia a la Voluntad Divina.

De esta forma la salvación es un ASUNTO PERSONAL E INTRANSFERIBLE y una BATALLA COTIDIANA.

En el INFIERNO, EL REINO DEL ODIO están peor, los demonios desquitan su ODIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Y tampoco Satanás está dispuesto a reconocer su derrota, mientras pueda aumentar su Botín de almas.

El mundo entero yace en poder del Maligno y SATANÁS ES MUY LEGALISTA, nosotros con nuestros pecados le hemos entregado el control sin combate,

Y DIOS NO PUEDE INTERVENIR, si nosotros NO solicitamos la ayuda.

Bajo esta perspectiva lean el Mensaje y mediten la segunda parte del Ave María…

Y CADA UNA DE LAS PALABRAS contenidas en los Rosarios enseñados por el Cielo

Quiero que reflexionéis lo que significa vuestro paso por la Tierra…

Hijos Míos, Mis pequeños, imaginad que vais a una expedición en una selva que no conocéis; vais con varias personas, pero de repente os quedáis admirando algo que os llamó mucho la atención…

Y no os dais cuenta que esa expedición sigue caminando y os habéis apartado de ellos.

Tardáis un rato en daros cuenta que os habéis quedado apartados del grupo, escucháis los rugidos de las fieras a vuestro alrededor, empieza a caer el Sol y se empiezan a hacer tinieblas a vuestro alrededor. 

Los ojos del Señor están sobre los que hacen lo bueno; sus oídos están abiertos a sus gritos de auxilio… Salmo 34, 15-16

Empezáis a gritar desesperadamente para que os ayuden, para que vuelvan a vosotros.

Las fieras siguen rugiendo y estáis esperando que suceda algo feo en vosotros, tenéis un peligro inminente a vuestro alrededor…

Y SEGUÍS GRITANDO DESESPERADAMENTE POR AYUDA… 

Mis pequeños, ESTO ES LA INVOCACIÓN, esto es lo que se llama la invocación, que debéis tener continuamente hacia Mí, vuestro Dios.

Hace tiempo os explicaba cómo es vuestro alrededor espiritual, os dije que si os permitiera ver espiritualmente vuestro alrededor, a vuestra alma, cómo sois atacados continuamente por entidades satánicas, moriríais ipso facto. 

Es una realidad espiritual en la que vivís continuamente, estáis siendo atacados continuamente por esas entidades satánicas que quieren vuestra muerte, vuestra perdición eterna.

CUANDO YO OS HE DADO ESTA MISIÓN DE BAJAR A LA TIERRA A SERVIRME,

CONOZCO PERFECTAMENTE LA REALIDAD ESPIRITUAL A LA QUE VAIS A BAJAR,

CON LA QUE OS VAIS A CONFRONTAR

Y POR ESO OS PONGO VUESTROS ÁNGELES CUSTODIOS, ADEMÁS DE NUESTRA AYUDA,

Y A LO LARGO DE VUESTRA EXISTENCIA VAIS TENIENDO MÁS ATAQUES,

PORQUE OS ESTÁIS ACERCANDO AL FINAL DE VUESTRA EXISTENCIA

Y SATANÁS NO QUIERE, DE NINGUNA FORMA,

QUE VOSOTROS REGRESÉIS AL REINO DE LOS CIELOS.

Vosotros no podéis caminar solos en el mundo, necesitáis Nuestra protección,Necesitáis estar invocando continuamente el Santo Nombre de algún alma del Cielo, de algún ángel, de Mi misma ayuda como Dios, vuestro Padre. 

Al momento en que vosotros invocáis a alguien del Cielo, en ese momento se hace presente para vuestra ayuda, pero respetaMos vuestro libre albedrío; vuestra soberbia os aparta de esa ayuda cuando os creéis autosuficientes.

Ciertamente hay invocaciones buenas, santas, porque aquellos que están con Satanás también invocan su maldad para acrecentar el mal sobre alguien o sobre algunos.

O COMO EN ESTE MOMENTO SOBRE LA HUMANIDAD ENTERA,

CUANDO GRUPOS SATÁNICOS INVOCAN AL ENEMIGO

Y LE OFRECEN SANGRE, COMO LO HAN VENIDO HACIENDO

EN TODA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD.

Quiero que os deis cuenta perfectamente de esto, Mis pequeños, si los malos están invocando a vuestro Enemigo, a Satanás,

¡Vosotros os debéis también preocupar por cuidar vuestra alma y la de los vuestros!

La invocación debe ser continua y por eso, Mi Hija, la Siempre Virgen María, os ha dado el Santo Rosario;

cada Ave María es una invocación para vuestra ayuda y de esta forma, va perdiendo Satanás fuerza, porque le estáis pidiendo a Mi Hija continuamente por vuestra ayuda física y espiritual.

Veis cómo hermanos vuestros se quejan de tanto mal en su vida, en sus relaciones, sobre todo en el amor.

Satanás lucha por quitaros el amor, Mi Amor en vuestro corazón, y del amor que debéis dar a vuestros hermanos.

Estáis viviendo una realidad espiritual, una lucha tremenda de poderes satánicos contra vosotros,

Y TENÉIS MI DEFENSA CONTRA ELLOS,

PERO NO LA PEDÍS

Y OS VA DESTROZANDO POCO A POCO SATANÁS

POR CULPA VUESTRA, POR VUESTRA SOBERBIA,

Porque Me habéis hecho a un lado de vuestra existencia y no imploráis Mi ayuda.

No escucho de vosotros esos gritos angustiosos pidiendo Mi ayuda, ¡Ayuda desesperada! NO estáis invocando Mi Santo Nombre para protegeros de tanto mal.

TENÉIS QUE ESTAR MUY CONSCIENTES DE ESTO, MIS PEQUEÑOS,

Y ESTO SE HA IDO ACRECENTANDO

PORQUE SON MOMENTOS YA LOS ÚLTIMOS DE SATANÁS,

PORQUE SERÁ VENCIDO PRECISAMENTE

POR LA INVOCACIÓN QUE LE ESTÁIS HACIENDO A MI HIJA,

LA SIEMPRE VIRGEN MARÍA, A TRAVÉS DEL SANTO ROSARIO

Y POR ESO, ÉL AUMENTARÁ TODAVÍA MÁS

SU FUERZA DE ATAQUE CONTRA VOSOTROS.

Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio, contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute, in infernum detrude. Amen. San Miguel arcángel, defiéndenos en batalla, sé nuestro amparo contra las maldades y acechanzas del diablo, que Dios le reprenda, es nuestra humilde súplica; y tú, Príncipe de las huestes celestiales, por el poder de Dios, arroja al Infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos, que rondan por el mundo buscando la ruina de las almas. Amén.

Invocad más Su Santo Nombre, invocad la Ayuda Divina de Mi Santísima Trinidad, implorad la ayuda también de los Santos Ángeles que están prestos para la batalla.

Invocad la ayuda de todas las almas del Cielo, de las almas del Purgatorio, de la Oración de vuestros hermanos en la Tierra.

LA LUCHA ES MUY FUERTE,

CIERTAMENTE SATANÁS YA ESTÁ VENCIDO,

PERO TAMBIÉN VOSOTROS PODÉIS DISMINUIR SU ATAQUE

Y EL DOLOR QUE PUEDA CAUSAROS.

NO SOLAMENTE EL MUNDO,

SINO EL UNIVERSO ENTERO ESTÁ SUFRIENDO ESTOS DOLORES,

PORQUE CUANDO FUE APARTADO SATANÁS DEL CIELO, CAYÓ A LA TIERRA,

O SEA A TODOS LOS PLANETAS DEL UNIVERSO,

Y ÉSTOS ESTÁN SIENDO AFECTADOS TAMBIÉN POR SU MALDAD.

HABÉIS VENIDO A TRAER LUZ Y DESTRUIR LAS TINIEBLAS

QUE EXISTEN EN VUESTRO MUNDO Y EN EL UNIVERSO ENTERO.

 La luz se va a dar pronto, pero la lucha se va a intensificar.

No dejéis de implorar Mi Santo Nombre, quiero escuchar que pidáis ayuda, que vea que en vosotros hay humildad y necesidad Mía, de vuestro Dios, para ayudaros.

Y presto estaré para hacerlo.

AYUDAD A VUESTROS HERMANOS,

IMPLORAD POR SUS NECESIDADES ESPIRITUALES Y AUN TEMPORALES,

PERO OS REPITO, LA MALDAD DE SATANÁS SE VA A INCREMENTAR

Y NECESITÁIS ESTAR MUY PROTEGIDOS

CONTRA ESA MALDAD QUE SE VA A DESATAR

INVOCAD CONTINUAMENTE NUESTRA AYUDA,

INVOCADME, MIS PEQUEÑOS Y LA RECIBIRÉIS.

Hijitos Míos, cuando Mi Amor penetra fuertemente en un corazón, éste se vuelve fortísimo,

Satanás difícilmente podrá hacer caer a un corazón que ama, pero que ama profundamente.

LA FUERZA QUE OS DA EL AMOR ES INCREÍBLE, ES INMENSA,

PORQUE OS HE DICHO QUE EL AMOR ES LA FUERZA MÁS PODEROSA QUE EXISTE

EN EL UNIVERSO, EN TODO LO CREADO, VISIBLE E INVISIBLE,

Con el Santo Rosario Meditamos TODA LA VIDA de Jesús y el Amor del Padre, que lo envió para salvarnos…

PORQUE EN EL AMOR ESTOY YO PLENAMENTE PRESENTE.

Yo Soy el Amor y aquellos que han abierto su corazón a Mi plenitud, Satanás difícilmente los vencerá,

es como una coraza poderosísima que os protege contra toda la Maldad de Satanás.

Mis pequeños, se os dio el Don de la Vida para que vosotros, al vivir en este mundo temporal, pudierais traer el Amor, Mi Amor aquí a la Tierra, para transmitirlo a vuestros hermanos.

Os he dicho que estáis en un Campo de Batalla, y en un campo de batalla necesitáis una armadura,

Y EL AMOR ES ESA ARMADURA QUE OS PROTEGE

CONTRA TODA MALDAD DE SATANÁS.

El Santo Rosario es mi Honda para vencer…

El Amor os lleva también a una Humildad grande, profunda, y satanás no puede tampoco contra las almas humildes y sencillas donadas totalmente a Mi Voluntad, porque él es todo soberbia, él es todo Maldad. 

SOIS MIS CRISTOS EN ESTOS MOMENTOS DE LA HISTORIA

Y ESTÁIS TOMANDO ESTA TAREA, ESTA MISIÓN IMPORTANTÍSIMA

PARA SALVAR VUESTRO HOGAR TEMPORAL,

PERO AL DECIR “VUESTRO HOGAR TEMPORAL”,

LAS ALMAS QUE ESTÁN VIVIENDO TAMBIÉN ENTRE VOSOTROS,

PUEDEN QUEDAR AFECTADAS POR EL MAL

Cuando estamos crucificicados junto con Cristo, nuestra intercesión ES PODEROSÍSIMA Y DEVASTADORA CONTRA SATANÁS…

O PUEDEN SER ELEVADAS HACIA EL BIEN,

Y ESA ES LA TAREA QUE TENÉIS TODOS VOSOTROS.

Estáis viviendo en vuestro mundo, PERO UN MUNDO QUE FUE AFECTADO POR SATANÁS

QUE DE HECHO, AFECTÓ A TODA LA CREACIÓN,

O SEA, A TODOS LOS MUNDOS QUE EXISTEN.

Ciertamente, cuando vosotros llegáis a la Tierra, llegáis a un mundo adverso a la plenitud que traéis en vuestro corazón, que es Mi Amor.

Con esto os voy explicando la coraza tan fuerte y la protección tan grande que tienen todas las almas para pelear contra la fuerza también inmensa, de Satanás,

pero el hombre tiene el libre albedrío y en un Campo de Batalla así actúan los que pelean, o rechazan el Mal o acaban aliándose con el Mal.

Meditad esto, Mis pequeños, porque es una realidad, es una realidad que vivís todos los días, o estáis atacando a vuestro Enemigo continuamente.

U os estáis aliando con Satanás y de esta forma, destruyendo vuestra misión y la misión que yo os he encomendado para salvar a este mundo, a vuestro hogar temporal.

Estáis viendo la maldad a vuestro alrededor, cómo se va dando cada vez más fuerte y que de hecho, ya os había profetizado que para el Fin de los Tiempos las cloacas se abrirían

y conoceríais la maldad de Satanás, la degradación del hombre al haberse hecho amigo de Satanás.

¿Qué es lo que os ofrece Satanás? Os ofrece el mundo, su mundo, su maldad.

Os ofrece riquezas, riquezas materiales que tontamente os deslumbran y las aceptáis.

Riquezas del mundo, cuando todas las mayores riquezas están en el Reino de los Cielos.

Os ofrece fama, ¿Fama de qué?, de maldad, de impureza, de pecado.

Os he dicho que la Oración es poderosísima cuando os unís a la Comunión de los Santos, cuando vivís en estado de Gracia,

cuando estáis conMigo y cuando dejáis que Mi Amor en vuestro corazón haga su parte. 

Estáis en plena lucha, una lucha tremenda, pero si estáis conMigo ganaréis, venceréis a la Maldad de Satanás.

Haced cosas buenas, Mis pequeños, aunque sea una al día.

Todo lo que hagáis con amor irá destruyendo maldad, la maldad que hay a vuestro alrededor y que puede entrar a vuestro corazón y causaros un gran mal. 

” Se necesitan santos de jeans y zapatillas que se jueguen por su FE y lleven la Luz de Cristo A UNA SOCIEDAD SIN DIOS”

CUANDO OBRÁIS EN EL BIEN,

DIFÍCILMENTE DEJARÉIS QUE ALGO MALO ENTRE A VUESTRO CORAZÓN

Y DE ESTA FORMA, OS IRÉIS PERFECCIONANDO EN EL AMOR

HASTA LLEGAR A LO SUBLIME DEL AMOR, QUE ES LA SANTIDAD.

Sabéis que la Virtud se va logrando poco a poco, no llega de repente, poco a poco vais logrando virtud en vuestra vida.

Y la virtud os va a llevar a un grado máximo, que es la santidad a la que estáis llamados todos,

pero tenéis que empezar a poner todo vuestro empeño en que lo que hagáis, aunque sea pequeño, lo hagáis lo más perfectamente posible.

Comienza haciendo lo que es NECESARIO, después lo que es POSIBLE. y de repente ESTARÁS HACIENDO LO IMPOSIBLE

No os dejéis llevar hacia donde os lleva Satanás, hacia la impureza, hacia la injusticia, hacia la maldad, hacia el pecado en todas sus múltiples manifestaciones.

Sois Mis hijos y Mis hijos tienen que ser ejemplo Mío.

Yo Soy vuestro Dios, el Perfecto, el Santo, el Inmaculado y Mis hijos también deben ser así, por eso existe el Purgatorio.

Para que, después de vuestra misión en la Tierra, os acabéis de purificar, porque ningún alma entra al Reino de los Cielos si no está enteramente sana, limpia, pura, santa.

MIS PEQUEÑOS, ESTÁIS EN EL TIEMPO DE LA SEPARACIÓN DEL TRIGO Y LA CIZAÑA. 

SE HA VENIDO DANDO YA Y LO ESTÁIS VIENDO A VUESTRO ALREDEDOR:

LAS MUERTES AUMENTARÁN,

Esteaccidente‘ Satanás lo provocó y ABBA lo permitió, porque la furia demoníaca está desatada…

¿Y nuestra INTERCESIÓN a cuántos salvó? Recuerden que en la ETERNIDAD, todo es posible…

EL JUICIO SOBRE LOS HOMBRES HA CAÍDO YA SOBRE LA TIERRA,

ESTÁIS SINTIENDO YA UN TEMOR INTERNO QUE NO SABÉIS CÓMO EXPLICAR.

LA HUMANIDAD ENTERA ESTÁ SINTIENDO YA EL JUICIO SOBRE ELLA.

Ciertamente estáis ya sobre ese tiempo, el Tiempo en que se ha de separar el bien del mal, el bien será premiado, el mal será castigado.

Muchas oportunidades tuvisteis de escoger el camino correcto, pero no quisisteis tomarlo, y ahora tendréis que enfrentar vuestro juicio.

NO ESTÁIS EN EL JUICIO FINAL, estáis en el tiempo de la Purificación Universal, porque toda la Creación fue afectada por el Pecado Original de vuestros Primeros Padres. 

Ciertamente estáis viviendo tiempos apocalípticos, lo estáis sintiendo ya.

Los buenos, los que se mantendrán como trigo, están siendo marcados por Mis Ángeles y, ¿Qué es ese signo? ¿Qué es esa marca?

Es la marca de la Redención, es la marca de Mi Hijo, es el signo de la Salvación en la cual Él se dio por vosotros

Y LA HAN GANADO,

AQUELLOS QUE PREFIRIERON EL CAMINO ANGOSTO,

EL CAMINO PEDREGOSO, EL CAMINO DEL SUFRIMIENTO, EL CAMINO DE LA FE.

Muchos fueron llamados y pocos los escogidos.

Esos pocos escogidos son los que tomaron ese camino angosto, pedregoso, de sufrimiento, porque el Príncipe de este mundo los atacó en múltiples formas y no pudo destruir la Fe. 

Estas almas se han mantenido en Fe, en confianza plena en Mí, aceptando lo que Yo les enviaba, y todo esto aceptado con amor. 

Son almas que han vivido martirio cruento e incruento, son almas que han dejado estela entre los hombres, estela pequeña o estela grande, pero dejaron ejemplo patente entre los que les rodeaban. 

Son las almas que Me mantuvieron en vida entre los hombres, almas buenas, ciertamente con errores también por estar afectados por el Pecado Original, pero

ALMAS BUENAS QUE ACEPTABAN SUS ERRORES,

PEDÍAN PERDÓN Y REGRESABAN A MÍ,

PERO SIEMPRE BUSCÁNDOME EN TODO MOMENTO,

FUERA PARA OFRECERME LO BUENO QUE LOGRABAN

A Satanás: ‘Me hiciste caer; pero nomás espérate a que me levante… Y…”

O TAMBIÉN PARA PEDIR PERDÓN POR LOS ERRORES QUE COMETÍAN.

Las almas buenas que han sido tocadas por Mi mano amorosa y así han conseguido ese Sello que verán los Ángeles en el tiempo de la siega, serán tomadas para protegerlas.

Mientras tanto, las almas que no hayan sido marcadas, serán eliminadas, pero no todas caerán en el Abismo, algunas todavía tendrán esa oportunidad del Purgatorio para purificarse.

Me complazco en vosotras, almas buenas, almas que buscasteis el bien, almas que luchasteis contra las Fuerzas del Mal y vencisteis porque Yo estaba con vosotras.

Yo os asesoraba en el Bien, Yo os levantaba cuando caíais, Yo perdonaba vuestros pecados, os daba fuerzas para seguir adelante, os parecíais a Mí,

Y esto hizo que os ganarais esa marca indeleble que os está ganando el pasar a esas Nuevas Tierras que se os darán y que gozaréis inmensamente, Mis pequeños.

MI AMOR ES VUESTRO SIGNO

Y ES VUESTRO DESEO GRANDE EL SERVIRME.

SOIS ALMAS LLENAS DE AMOR,

AUNQUE LA TRIBULACIÓN OS HACE CAER, OS HACE SUFRIR,

OS MANTENÉIS SIEMPRE ENVUELTAS EN MI AMOR,

Y ESO ES LO QUE OS HA HECHO GRANDES A MIS OJOS:

ALMAS ACRISOLADAS EN EL AMOR.

Seguid adelante, Mis pequeños, falta poco ya para que podáis gozar vuestro regalo.

Y os pido sigáis orando por aquellas almas que todavía se pueden salvar.

Yo os Bendigo, Mis pequeños, os envío Mi Santo Espíritu, para que entendáis lo que os he dicho y para que tengáis la Fuerza de rechazar todo aquello que os manda Satanás y que, por vuestras propias fuerzas, no podéis rechazar.

Os amo, Mis pequeños, recibid Mis Bendiciones y transmitidlas a todos los vuestros, a todo el Mundo, al Universo entero.

ORAD, Orad, orad, daos por todos, como Mi Hijo se dio por todos vosotros.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Yo os bendigo ahora y por siempre, en Mí Santo Nombre, en el de Mí Hijo, 
Salvador vuestro y en el del Espíritu de Amor y Vivificador.

Mí Santa Hija, la Siempre Virgen Maria, os cuidará y os guiará para aplastar la cabeza de la serpiente del mal. Dejaos llevar por Sus Palabras de Amor y Salvación. Su ternura es excelsa.

Hijitos Míos, ¡Cuánto os amo!

Yo os amo y os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo y en del Amor de Mi Santo Espíritu.

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