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272 MI YUGO ES LIGERO


272 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En verdad os digo que grande es el número de los fariseos.

Que no faltan entre los que me circundan. 

Varios dicen al mismo tiempo:

–       ¡No, Maestro!

–       ¡No lo digas!…

–       Nosotros, porque te amamos, no nos gustan ciertas cosas…

–       ¡No, Maestro, no digas eso!

¡Si no queremos ciertas cosas es porque te amamos!.

Jesús prosigue:

–       Porque todavía no habéis entendido nada.

Os hablé de la Fe y de la Esperanza.

Y pensaba que no era necesario volver a hablaros de la Caridad.

Porque tanto fluye de Mí, que deberíais estar saturados.

Pero comprendo que la conocéis solo de nombre.

Sin conocer su naturaleza y forma, igual que conocéis la luna.

 ¿Os acordáis de cuando os dije que la esperanza es como el brazo transversal

del dulce yugo que sujeta la Fe y la caridad…?

¿Y que era patíbulo de la humanidad y trono de la salvación?

¿Sí?

Pero no comprendisteis el significado de mis palabras.

¿Por qué entonces, no me habéis pedido aclaración?

La Soberbia hace su voluntad. La Humildad hace la Voluntad de Dios. San Agustín

Bien, ahora os la doy.

Es yugo porque obliga al hombre a tener baja su necia soberbia,

bajo el peso de las verdades eternas.

Es patíbulo de esta soberbia.

El hombre que espera en Dios, su Señor,

se ve obligado a humillar su orgullo, que querría proclamarse “dios”.

Y a reconocer que él no es nada y Dios todo;

que él no puede nada y Dios todo; que él-hombre es polvo que pasa,

mientras que Dios es eternidad que eleva el polvo a un grado superior

y le da un premio de eternidad.

Nuestro verdadero bautismo lleno de gloria y júbilo celestial, es cuando somos capaces de decir: “Crucifícame Señor, porque te adoro sobre todas las cosas…”

El hombre se clava en su cruz santa para alcanzar la Vida.

Le clavan a la cruz las llamas de la Fe y la Caridad,

mas al Cielo le eleva la Esperanza, que entre ambas está.

Recordad esta lección:

si falta la caridad, le falta la luz al trono;

el cuerpo, desclavado de un lado, pende hacia el fango y deja de ver el Cielo;

anula así los efectos salvíficos de la Esperanza,.

Y acaba haciendo estéril incluso a la Fe,

porque si uno se separa de dos de las tres virtudes teologales,

languidece y cae en mortal hielo.

FE, ESPERANZA Y CARIDAD

No rechacéis a Dios, ni siquiera en las cosas más pequeñas;

negar ayuda al prójimo por pagano orgullo es rechazar a Dios.

Mi doctrina es un yugo que domina al linaje humano culpable.

Es un mazo que destroza la corteza dura, para libertar al espíritu.

Es un yugo y un mazo.

Pero quién la acepta,

no siente el cansancio que emana en las otras doctrinas humanas

y en todo lo humano.

El que se deja golpear por este mazo no siente el dolor de ser fracturado en su yo humano,

Sino que experimenta una sensación de libertad.

¿Por qué queréis libraros de ella,

para cambiarla por lo que es plomo y dolor?

Todos tenéis vuestros dolores y vuestras fatigas.

Todos los hombres tienen dolores y fatigas superiores quizás a sus fuerzas humanas.

Desde el niño como éste, que lleva sobre su espaldita un gran fardo que lo dobla

y que le quita la sonrisa infantil de sus labios y la despreocupación de su edad.

Hasta el viejo que se dobla ante la tumba,

con todos los desengaños, fatigas, fardos y heridas, de su larga vida.

Pero en mi Doctrina y en mi Fe, está el alivio de estos pesos agobiadores.

Por esto se le llama la Buena Nueva.

Y quién la acepta y la obedece, será bienaventurado desde la tierra,

porque tendrá a Dios como su ayuda.

Por qué queréis, ¡Oh, hombres!

Estar fatigados y tristes, cansados, hastiados, desesperados.

¿Cuándo podíais ser aliviados y confortados?

¿Por qué queréis, vosotros apóstoles míos, sentir el cansancio de la misión,

sus dificultades, dureza;

cuando si tenéis la confianza de un niño, podéis tener solo una pronta diligencia;

una luminosa facilidad para realizarla?

Y comprender y sentir que ella es dura solo para los impenitentes que no conocen a Dios.

Ahora estáis tristes.

Vuestra aflicción tuvo un principio muy lamentable

Estáis tristes ante mi humillación, como si fuese un crimen cometido contra Mí Mismo.

Ahora estáis tristes porque habéis entendido que me causasteis dolor

y porque todavía estáis muy lejos de la perfección.

Tened tan solo la humildad gozosa de aceptar la reprensión

y confesar que os equivocasteis,

prometiendo dentro de vuestro corazón, el desear la perfección por un fin sobrehumano.

Luego venid a Mí.

Yo os sostengo, comprendo y compadezco.

Venid a Mí, apóstoles míos.

Venid a Mí, todos los hombres que sufrís por los dolores materiales, morales y espirituales;

que Yo os confortaré.

Tomad sobre vosotros mi Yugo, no es un peso; es un sostén.

Abrazad mi Doctrina como si fuese una esposa amada.

Imitad a vuestro Maestro que hace lo que enseña.

Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón.

Encontraréis descanso para vuestras almas,

porque mansedumbre y humildad conceden reinar en la Tierra y en el Cielo.

Por eso se dice “La Buena Nueva”.

Quien la acepta y obedece, ya desde este mundo será bienaventurado,

porque Dios será su alivio.

Y porque las virtudes harán fácil y luminoso su camino,

asemejando a hermanas buenas que,

llevándolo de la mano, con las lámparas encendidas,

iluminarán su camino y su vida y le cantarán las eternas promesas de Dios,

hasta que, plegando en paz el cansado cuerpo hacia la tierra, se despierte en el Paraíso.

¿Por qué, hombres, pudiendo vivir consuelo y aliento,

queréis peso, desaliento, cansancio, desazón, desesperación?

Os lo dije ya: que los verdaderos triunfadores son los que conquistan el Amor.

Nunca os impondría algo que fuese superior a vuestras fuerzas,

porque os amo y os quiero conmigo en mi Reino.

Esforzaos por ser semejantes a Mí y como mi Doctrina enseña.

No tengáis miedo porque mi yugo es dulce y su peso es ligero…

Y la gloria de que gozaréis si me sois fieles, será infinitamente grande, ilimitada, eterna….

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266 JUAN BAUTISTA Y ELÍAS


266 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Durante las horas siguientes los discípulos del Bautista, conocen un poco más la Doctrina de Jesús.

Y luego sigue la preparación de la partida de los dos discípulos hacia Jericó.

Mannaém estaba incierto sobre si marchar con ellos, para regresar a Maqueronte o quedarse.

Al parecer se queda, pues su caballo no ha sido traído. 

Sólo los dos fuertes asnos enfrente de la abertura de la tapia del patio.

Los dos enviados de Juan, después de muchas reverencias al Maestro y a Mannaém,

suben a las monturas…

Y todavía se vuelven para mirar y saludar,

hasta que un recodo del camino los esconde a la vista.

Muchos de Cafarnaúm se han congregado para ver esta despedida,

porque la noticia de la venida de los discípulos de Juan

y la respuesta que Jesús les ha dado, se han propagado por el pueblo.

Y también por otros pueblos cercanos. 

Pues hay personas de Betsaida y Corozaín;

algunos ex discípulos del Bautista, que antes se han presentado a los enviados de Juan,

les han preguntado por él y le han mandado saludos a través de ellos.

Y ahora se quedan hablando en grupo con los de Cafarnaúm.

Jesús, con Mannaém a su lado, hace ademán de volver a la casa mientras habla.

Pero la gente se apiña alrededor de Él, curiosa de observar al hermano de Herodes

y su trato lleno de deferencia hacia Jesús;

deseosos también de hablar con el Maestro.

Está también Jairo, el arquisinagogo.

Por gracia de Dios, no hay fariseos.

Precisamente Jairo dice:

–      ¡Estará contento Juan!

No sólo le has enviado una respuesta exhaustiva, sino que,

invitándolos a quedarse, has podido adoctrinarlos y mostrarles un milagro.  

Un hombre agrega:

–       ¡Y no de poco relieve! 

Había traído expresamente a mi hija hoy para que la vieran.

Nunca se ha sentido tan bien como ahora.

Y para ella es un motivo de alegría el venir a estar con el Maestro.

¿Habéis oído su respuesta, no?

“No recuerdo lo que es la muerte.

Recuerdo, eso sí, que un ángel me llamó

y me llevó a través de una luz que aumentaba cada vez más…

Y al final de esa luz estaba Jesús.

Como lo vi entonces, con mi espíritu volviendo a mí, no lo veo ni siquiera ahora;

vosotros y yo ahora, vemos al Hombre,

pero mi espíritu vio a ese Dios que está dentro del Hombre”.

¡Qué buena se ha hecho desde entonces!

Era ya buena, pero ahora es un verdadero ángel.

¡Ah, que digan lo que quieran todos!

¡Para mí el único santo que hay eres Tú!

Uno de Betsaida añade:

–      De todas formas, también Juan es santo. 

Y se desatan los comentarios:  

–      Sí, pero es demasiado severo.

–      No lo es más con los demás que consigo mismo.

–      Pero no hace milagros.

–      Y se dice que ayuna porque es como un mago.

–      Pues de todas formas es santo.

La disputa de la gente se hace mayor.

Jesús levanta la mano y la extiende con el gesto habitual que hace,

cuando pide silencio y atención porque quiere hablar;

enseguida se hace el silencio.

Jesús dice:

–      Juan es santo y grande.

No miréis su manera de actuar ni la ausencia de milagros.

En verdad os digo que es grande en el Reino de los Cielos.

Allí se manifestará con toda su grandeza.

Muchos se quejan porque era y es severo, hasta el punto de parecer rudo.

En verdad os digo que ha hecho un trabajo de gigante para preparar los caminos del Señor.

Quien trabaja de ese modo no tiene tiempo que perder en blanduras.

¿No decía, cuando estaba en el Jordán,

las palabras de Isaías que lo profetizan a él y profetizan al Mesías:

“Todo valle será colmado, todo monte será rebajado,

los caminos tortuosos serán enderezados y las breñas allanadas”

y ello para preparar los caminos al Señor y Rey?

¡Verdaderamente ha hecho él más que todo Israel, para prepararme el camino!

Quien debe rebajar montes, colmar valles, enderezar caminos

o transformar cuestas penosas en subidas suaves, tiene que trabajar rudamente.

En efecto, era el Precursor y sólo le anticipaba a Mí una breve serie de lunas;

todo debía estar ultimado antes de que el Sol se alzara en el día de la Redención.

El tiempo ha llegado, el Sol sube para resplandecer sobre Sión.

Y desde Sión, extender su luz al mundo entero.

Juan ha preparado el camino, como debía.

¿Qué habéis ido a ver al desierto?

¿Una caña agitada por el viento en distintas direcciones?

¿Qué es lo que habéis ido a ver?

¿A un hombre refinadamente vestido?

¡No!…

Esas personas viven en las casas de los reyes; ataviados con delicadas vestiduras,

agasajados por mil siervos y cortesanos.

Cortesanos que lo son de un pobre hombre como ellos.

Aquí tenemos un ejemplo.

Preguntadle, a ver si no experimenta desazón por la vida de la Corte

y admiración por el risco solitario y escabroso, en vano embestido por el rayo y el pedrisco,

en vano circundado por los necios vientos que quieren arrancarlo

y él se mantiene no obstante firme, elevándose entero hacia el cielo,

con su punta tan enhiesta -puntiaguda cual llama que asciende-,

que predica la alegría de lo alto.

Éste es Juan.

Así lo ve Manahén, porque ha comprendido la verdad de la vida y la muerte

Y ve la grandeza donde está, aunque esté oculta bajo apariencias agrestes.

Y vosotros,

¿Qué habéis visto en Juan cuando habéis ido a verlo?

¿Un profeta?,

¿Un santo?

Os digo que es más que un profeta; es más que muchos santos,

más que los santos porque es aquel de quien está escrito:

“Mando ante vosotros a mi ángel para preparar tu camino delante de Ti”.

Ángel. Pensad.

Sabéis que los ángeles son espíritus puros creados por Dios según su semejanza espiritual,

colocados como nexo entre el hombre:

perfección de lo creado visible y material.

Y Dios:

Perfección del Cielo y de la Tierra, Creador del reino espiritual y del reino animal.

Aún en el hombre más santo subsisten la carne y la sangre,

que abren un abismo entre él y Dios:

Abismo que se ahonda profundamente con el pecado,

que hace pesado incluso lo espiritual del hombre.

Así pues, Dios crea a los ángeles, criaturas que tocan el vértice de la escala creadora,

de la misma forma que los minerales señalan su base: los minerales,

polvo que compone la tierra, las materias inorgánicas en general.

Espejos tersos del Pensamiento de Dios;

voluntariosas llamas que obran por amor, resueltos para comprender,

diligentes para obrar, de voluntad libre como la nuestra;

aunque enteramente santa, ajena a rebeliones y a estímulos de pecado.

Esto son los ángeles adoradores de Dios,

mensajeros suyos ante los hombres,

protectores nuestros;

ellos nos dan la Luz de que están investidos y el Fuego que adorando, recogen.

La palabra profética llama “ángel” a Juan.

Pues bien, Yo os digo:

“Entre los nacidos de mujer no ha habido nunca uno mayor que Juan Bautista”.

No obstante, el menor del Reino de los Cielos será mayor que él hombre.

Porque quien es del Reino de los Cielos es hijo de Dios y no hijo de mujer.

Tended, pues, todos, a ser ciudadanos del Reino.  

Se dirige señalándolos y cuestiona:

–       ¿Qué os estáis preguntando entre vosotros dos?

Los hombres responden:

–       Decíamos:

“¿Juan estará en el Reino?”

y “¿Cómo estará en el Reino?”

–       En su espíritu está ya en el Reino.

Cuando muera, estará en el Reino como uno de los soles

más resplandecientes de la eterna Jerusalén.

Es así por la Gracia sin resquebrajaduras que hay en él y por su propia voluntad.

En efecto, ha sido y es, violento también consigo mismo, con fin santo.

A partir de Juan el Bautista, el Reino de los Cielos es de los que saben

conquistárselo con la fuerza opuesta al Mal.

Y son los violentos los que lo conquistan.

Sí, ahora ya se sabe lo que hay que hacer y todo ha sido dado

para llevar a cabo esta conquista.

El tiempo en que hablaban sólo la Ley y los Profetas ha pasado.

Los Profetas han hablado hasta Juan.

Ahora habla la Palabra de Dios.

Y no esconde ni una iota de cuanto ha de saberse para esta conquista.

Si creéis en Mí, debéis ver en Juan a ese Elías que debe venir.

Quien tenga oídos para oír que oiga.

¿Con quién compararé a esta generación?

Es semejante a la que describen esos muchachos que,

sentados en la plaza gritan a sus compañeros:

“Hemos tocado y no habéis bailado;

hemos entonado lamentos y no habéis llorado”.

En efecto, ha venido Juan, que no come ni bebe, y esta generación dice:

“Puede hacerlo porque tiene al demonio, que le ayuda”;

ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen:

“Ahí tenemos a un comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores”.

¡Así la Sabiduría ha sido acreditada por sus hijos!

“En verdad os digo que sólo los niños saben reconocer la verdad,

porque en ellos no hay malicia.

El arquisinagogo dice:

–       Bien has dicho, Maestro.

 Por eso mi hija, que no conoce aún la malicia,

te ve como nosotros no alcanzamos a verte.

Pero esta ciudad y las otras cercanas rebosan de tu poder, sabiduría y bondad.

Y debo confesarlo, no te responden sino con maldad.

No se convierten.

El bien que de Ti reciben se transforma en odio contra Ti.  

Uno de Betsaida exclama:

–       ¿Qué estás diciendo, Jairo?

¡Nos estás calumniando!

Si estamos aquí es por fidelidad al Cristo.  

–       Sí. Nosotros.

¿Pero cuántos somos

Menos de cien en tres ciudades que deberían estar a los pies de Jesús.

De los que faltan -me refiero a los hombres- la mitad son enemigos;

la cuarta parte, indiferentes;

la otra cuarta parte…

Quiero pensar que no puede venir.

¿No es esto ya pecado ante los ojos de Dios?

¿No será castigada toda esta aversión y obcecación en el mal?

Habla, Maestro,

Tú que no ignoras.

Tú que si guardas silencio es por tu bondad, no porque no sepas.

Eres longánimo, y confunden tu longanimidad con ignorancia y debilidad.

Habla, pues;

que tu palabra remueva al menos a los indiferentes,

ya que los malos no se convierten, sino que se hacen cada vez peores.

Kesús toma la palabra:

–       Sí.

Es culpa y será castigada.

Porque no se debe despreciar nunca el don de Dios, ni usarlo para hacer el mal.

¡Ay de ti, Corazaín! ¡Ay de ti, Betsaida!

¡Que hacéis mal uso de los dones de Dios!

Si en Tiro y Sidón se hubieran cumplido los milagros que se han producido entre vosotros,

ya haría mucho tiempo que, vestidos de cilicio y espolvoreados de ceniza,

habrían hecho penitencia y habrían venido a Mí.

Por esto os digo que Tiro y Sidón serán tratadas,

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

con mayor clemencia que vosotras en el día del Juicio.

¿Y tú, Cafarnaúm, crees que por haberme dado alojamiento serás elevada hasta el Cielo?

Hasta el Infierno bajarás

Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que Yo te he dado,

estaría todavía floreciente, porque habría creído en Mí y se habría convertido.

Por tanto, Sodoma, en el último Juicio,

será tratada con mayor clemencia que tú, que has conocido al Mesías

y has oído su palabra y no te has convertido,

porque Sodoma no conoció al Salvador y su Palabra,

por lo cual su culpa es menor.

No obstante, como Dios es justo,

los de Cafarnaúm, Betsaida y Corazaín que han creído

y se santifican prestando obediencia a mi palabra,

serán tratados con mucha misericordia;

no es justo, en efecto

que los justos se vean implicados en el descalabro de los pecadores.

Respecto a tu hija Jairo, a la tuya Simón, a tu hijo Zacarías y a tus nietos, Benjamín,

os digo que no conociendo malicia, ven ya a Dios.

Ya veis que su fe es pura y activa, unida a sabiduría celestial

y también a deseos de caridad como no tienen los adultos.

Y Jesús, levantando los ojos al cielo que ya se va oscureciendo con la noche,

exclama:

–      Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, porque has escondido

estas cosas a los sabios y a los doctos y se las has revelado a los pequeños.

Así, Padre, porque así te plugo.

Todo me ha sido confiado por mi Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo

y aquellos a los que el Hijo quiera revelárselo.

Y Yo se lo he revelado a los pequeños, a los humildes, a los puros,

porque Dios se comunica con ellos.

Y la verdad desciende como semilla a las tierras libres.

Y sobre la verdad hace llover el Padre sus luces para que eche raíces y dé un árbol.

Es más, verdaderamente el Padre prepara a estos espíritus de los pequeños de

edad o de corazón, para que conozcan la Verdad y Yo exulte por su Fe…

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259 LA MUJER EN LA IGLESIA


259 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Mirando a Judas de Keriot,

la Virgen dice:

–       Hablaré con Jesús.

Si Él acepta, vendrás a mi casa.

No me preocupo del juicio del mundo.

No lesiona mi alma.

Sólo me puede causar horror ser culpable yo ante Dios.

La calumnia me deja indiferente.

De todas formas, no me calumniarán;

porque Nazaret sabe que su hija no es escándalo de su ciudad.

Además… ¡Que pase lo que pase!…

Lo que me preocupa es que te salves en tu espíritu.

Voy donde Jesús.

Queda en paz.

Se emboza en su velo, blanco como el vestido.

Y empieza a caminar ligera, por el sendero que conduce a una loma cubierta de olivos.

Busca a su Jesús.

Y lo encuentra absorto en profunda meditación.

Lo llama:

–       Hijo, soy yo…

Escucha.

Jesús sonríe feliz:

–       ¡Oh, Mamá!

¿Vienes a orar conmigo?

¡Qué alegría, qué consuelo me das!

–       ¿Qué, Hijo mío?

¿Sientes tu espíritu cansado?

¿Estás triste?

¡Díselo a tu Madre!

–      Sí, cansado, tú lo has dicho.

Y afligido.

No tanto por el cansancio y las miserias que veo en los corazones,

cuanto porque veo que mis amigos no cambian.

Pero no quiero ser injusto con ellos.

Uno sólo me produce cansancio:

Judas de Simón…

–       Hijo, vengo a hablarte de él…

–      ¿Ha hecho algo malo?

¿Te ha adolorado?

–       No.

Pero me ha causado la pena que me causaría el ver a una persona muy corrompida…

¡Pobre hijo! ¡Qué enfermo está en su espíritu!

–       ¿Sientes compasión de él?

¿Ya no te da miedo? Antes sí…

–       Hijo mío, mi compasión supera a mi miedo.

Quisiera ayudaros a Ti y a él a salvar su espíritu.

Tú lo puedes todo, no tienes necesidad de mí;

pero dices que todos deben cooperar con el Cristo en la redención…

¡Y este hijo está tan necesitado de redención!…

–       ¿Qué más debo hacer de lo que ya hago por él?

–       Tú no puedes hacer más.

Pero podrías dejarme intentarlo a mí.

Me ha rogado que le permita estar en nuestra casa;

porque le parece que así podrá liberarse de su monstruo…

Jesús nueve la cabeza negando…

¿Meneas la cabeza?

¿No quieres?

Bien, se lo diré…

–       No, Mamá.

No es que no quiera.

Meneo la cabeza porque sé que es inútil.

Judas es como uno que se está ahogando y que, a pesar de ver que se está ahogando;

rechaza por orgullo la soga que le echan para sacarlo a la orilla.

No tiene la voluntad de venir a la orilla.

De vez en cuando, sintiendo el terror de ahogarse, busca y pide ayuda, se agarra a la soga…

Pero luego por el orgullo, suelta la ayuda, la rechaza, quiere salir él solo..

Y se hace cada vez más pesado a causa del agua fangosa que traga.

Pero, para que no se diga que he dejado una posibilidad sin intentar, hágase esto también.

Pobre Mamá mía…

Sí, pobre Mamá, que te sometes por amor a un alma;

al sufrimiento de tener a tu lado a una persona…

Que te da miedo.

–       No, Jesús, no digas eso.

Soy una pobre mujer, porque todavía estoy sujeta a antipatías.

Regáñame.

Lo merezco.

No debería sentir repulsión por ninguna persona, por tu amor.

Pero ésa es mi pobreza, sólo ésa.

¡Ah, si pudiera devolverte a Judas espiritualmente curado!

Darte un alma es darte un tesoro.

y quien da un tesoro no es pobre. ¡Hijo!…

¡Voy y le digo a Judas que das tu consentimiento!

Dijiste: “Día llegará en que dirás: “¡Qué difícil es ser la Madre del Redentor!”.

Ya lo he dicho una vez… por Áglae…

Pero, ¿Qué es una vez!

¡La Humanidad son muchos!…

Y Tú eres Redentor de todos.

¡Hijo!… ¡Hijo!…

De la misma forma que te llevé a la pequeñuela en mis brazos, para que la bendijeras,

deja que te traiga en mis brazos a Judas, para que lo bendigas…

–       Mamá…

Mamá… Judas no te merece.

–       Jesús mío,

cuando no te decidías a entregar a Margziam a Pedro, te dije que sería un bien para él.

No puedes decir que Pedro no se haya renovado desde ese momento…

Déjame ocuparme de Judas.

–      De acuerdo.

Hágase como deseas.

¡Bendita seas, por tu intención amorosa por Mí,

y por Judas!

Ahora vamos a orar juntos, Mamá.

¡Es tan dulce orar contigo!…

Y los dos oran juntos.

Horas más tarde…

Acaba de empezar el alba cuando salen de la casa en que se habían hospedado.

Juan de Endor y Hermasteo se despiden de Jesús nada más llegar al camino.

María por su parte, con las mujeres, prosigue junto con su Hijo

por un camino que se abre paso entre los olivares de las colinas.

Van hablando también de los hechos de ese día.

Pedro dice:

–      ¡Qué loco ese Felipe!

¡A punto de repudiar a su mujer y a su hija, si no te hubieras metido a hacerlo razonar!

Tomás agrega.

–       Esperemos que le dure el arrepentimiento de ahora.

Y que no le dé enseguida de nuevo la locura de la aversión hacia las mujeres.

En el fondo, si el mundo va adelante, es por las mujeres.

Y muchos se echan a reír por la ocurrencia.

Bartolomé responde:

–       Cierto.

Es verdad.

Pero su condición impura es mayor que la nuestra y…

Tomás argumenta:

–      ¡Vamos hombre!

¡Si nos referimos a impureza!…

Nosotros tampoco somos ángeles.

Lo que quisiera saber es si después de la Redención, seguirá siendo así para la mujer.

Nos enseñan a honrar a nuestra madre,

a tener el máximo respeto para con nuestras hermanas

las hijas, las tías, las nueras, las cuñadas…

Y luego…

¡Anatemas a diestra y siniestra!

En el Templo no; estar con ellas muchas veces, no…

¿Qué pecó Eva?

De acuerdo.

También pecó Adán.

Dios dio a Eva su castigo y bastante severo.

¿No es suficiente?

Bartolomé:

–       Pero Tomás,

Si hasta Moisés la considera impura.

–       Moisés, que si no hubiera sido por las mujeres se hubiera ahogado…

Mira, escúchame un momento por favor, Bartolomé

Te recuerdo, a pesar de no ser docto como tú sino sólo un orfebre;

que Moisés cita las impurezas físicas de la mujer para que la respetemos;

no para condenarla.

La discusión se incrementa.

Jesús, que va adelante precisamente con las mujeres, con Juan y Judas, se detiene.

Se vuelve e interviene:

–       Dios tenía ante sí un pueblo moral y espiritualmente deforme;

contaminado por sus contactos con idólatras.

Quería convertirlo en un pueblo fuerte en lo físico y espiritual.

Dio como preceptos las normas saludables para la fortaleza física

y para la honestidad de costumbres.

No podía hacer otra cosa para frenar la concupiscencia del varón

para que los pecados por que fue sumergida la tierra

y fueron quemadas Sodoma y Gomorra no se repitieran.

En el futuro, la mujer redimida no vivirá esta opresión que vive ahora.

Seguirán existiendo las prohibiciones dictadas por la prudencia física;

pero los obstáculos que encuentra para acercarse al Señor quedarán eliminados.

Yo ya los elimino, para preparar a las primeras sacerdotisas del tiempo futuro.

Felipe está atónito y pregunta:

–       ¿Pero habrá mujeres sacerdotes!?

–       No me entendáis mal.

No serán sacerdotisas como los hombres.

No consagrarán, no administrarán los dones de Dios:

los Sacramentos que por ahora no podéis conocer

pero sí pertenecerán lo mismo a la clase sacerdotal,

cooperando con los sacerdotes de muchas maneras para el bien de las almas.

Bartolomé pregunta, incrédulo

–       ¿Van a predicar?

–       Como ya predica mi Madre.

Mateo inquiere:

–       ¿Van a hacer peregrinajes apostólicos?

–       Sí.

Y llevarán la Fe muy lejos.

Tengo que decirlo:

Lo harán con más heroísmo que los hombres.

Judas, riendo con cierta sorna,

dice:

–       ¿Van a hacer milagros?

–      Alguna hará también milagros.

SOR MARIA DE JESUS DE ÁGREDA, oraba y ayunaba. Y desde su celda EN ESPAÑA le decía a Jesús: “Señor, ayer el jefe de los sioux nos torturó hasta matarnos; ¿Crees que ahora sí se den por vencidos y accedan a escucharnos? Hoy que regresemos dices que también estaremos con los cherokees y los cheyennes; entonces  también el Espíritu Santo tendrá que multiplicar los rosarios, porque ya aumentaron las mujeres que me están enseñando a bordar, mientras rezamos…”

De todas formas, no os baséis en los milagros como si fuera lo esencial.

Las mujeres santas harán también muchos milagros de conversiones, con la Oración.

Nathanael:

–       ¡Mmm…!

Las mujeres rezar hasta el punto de hacer milagros!

–      No seas cerrado, como un escriba, Bartolomé.

¿Qué concepto tienes de la Oración?

–      Dirigirse a Dios con las fórmulas que sabemos.

–      Es eso y más.

La Oración es la conversación del corazón con Dios.

Y debería ser el estado habitual del hombre

La mujer, por su vida más retirada que la nuestra

y porque tiene una facultad afectiva más fuerte que la nuestra,

tiene más predisposición que nosotros para esta conversación con Dios.

En ella encuentra consuelo de sus dolores, alivio de sus fatigas,

que no son sólo las de la casa y las de engendrar,

sino también el soportarnos a nosotros los hombres;

encuentra aquello que enjuga sus lágrimas y devuelve la sonrisa a su corazón.

Porque la mujer sabe hablar con Dios.

Y sabrá hacerlo todavía mejor en el futuro.

Los hombres serán los gigantes de la doctrina;

las mujeres serán siempre las que con su Oración sostengan a los gigantes y al mundo.

Porque, efectivamente,

por sus oraciones se evitarán muchas desventuras

y muchos castigos quedarán suspendidos.

Así pues, harán milagros, por lo general invisibles, conocidos sólo por Dios,

pero no por ello irreales.

Tadeo dice:

–       También Tú hoy has hecho un milagro invisible, pero real.

¿No es verdad, Maestro?

–       Sí, hermano.

Felipe observa:

–      Mejor hubiera sido hacerlo visible.

–      ¿Querías que transformara a la pequeña en un niño?

El milagro en realidad es una alteración del destino de las cosas,

por tanto es un benéfico desorden,

que Dios concede para complacer la oración del hombre

y mostrarle así que lo ama

O para persuadir de que Él es el que ES.

Pero, dado que Dios es orden, no viola de forma exagerada el orden.

La niña ha nacido mujer y mujer seguirá siendo.

La Virgen. suspira:

–       ¡Me sentía muy apenada esta mañana!

Susana pregunta:

–      ¿Por qué?

La niña despreciada no era tuya.

Y añade:

–      Yo, cuando veo alguna desgracia en un niño, digo:

“¡Menos mal que no tengo niños!”

–      No digas eso, Susana

Eso no es caridad.

También yo podría decirlo, porque mi única Maternidad ha trascendido las leyes naturales.

Pero no lo digo, porque siempre pienso:

“Si Dios no hubiera querido que fuera virgen,

quizás esa semilla habría caído en mí y sería la madre de ese infeliz”

Y así tengo compasión de todos…

Porque digo: “Podría haber sido hijo mío”,

Y como madre, querría que todos fueran buenos, que estuvieran sanos, que fueran amados

y merecedores de amor, porque eso es lo que desean las madres para sus hijos

Responde dulcemente María.

Y Jesús la mira con unos ojos tan radiantes, que parece vestirla de luz.

Judas dice en voz baja:

–       Por eso tienes compasión de mí…

–      De todos.

Aunque se tratara del asesino de mi Hijo,

porque pienso que sería el más necesitado de perdón…

Y de amor.

Porque, sin duda, todos lo odiarían.

Pedro dice:

–       Mujer,

tendrías que empeñarte mucho en defenderlo, para darle tiempo de convertirse…

Yo sería el primero en quitarlo de en medio…

Jesús concluye:

–       Hemos llegado al lugar de la despedida.

Madre, Dios sea contigo.

Y contigo, María.

También contigo, Judas.

Se besan.

Jesús añade:

–      Recuerda que te he concedido una cosa muy grande, Judas.

Haz que sea un bien para ti y no un mal.

Adiós.

Y Jesús con los once restantes y Susana, se van ligeros hacia oriente.

Mientras María, la cuñada de María y el Iscariote siguen recto.

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Las monjas que intercedieron para salvar al Papa…

255 PEDRO EVANGELISTA


255 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Un poco cohibidos al principio, los campesinos paulatinamente se sienten a sus anchas.

Y sobre un gran pan que les sirve de plato, les sirven las porciones de cordero.

Ellos comen gustosos y tranquilos en medio de su sencillez;

calmando toda el hambre que acumularon, mientras cuentan los últimos sucesos.

El fuego ilumina esta reunión.

Terminan de comer y de los dos corderos, solo quedan los huesos descarnados.

Y un fuerte olor a grasa que sigue quemándose sobre la leña, que poco a poco se va apagando.

Y en su lugar, entran los rayos luminosos de la luna.

Es entonces que también vienen y se unen a los otros, los campesinos de Yocaná.

Es la hora de hablar.

Judas con posesión diabólica perfecta, por su soberbia hipócrita y su superioridad llena de egoísmo…

Los ojos azules de Jesús buscan a Judas de Keriot… 

Que recargado en un árbol; se hace el desentendido, ante el mudo llamado del Maestro.

Entonces Jesús lo llama con voz fuerte:

–       ¡Judas!».

Como alumno remolón, Judas se levanta y se acerca.

Jesús dice: 

–       No te apartes.

Te ruego que evangelices por Mí.

Estoy muy cansado.

¡Si no hubiera llegado esta tarde, por supuesto que tendríais que haber hablado vosotros!

–      Maestro…

no sé qué decir…

Al menos, hazme preguntas.

–      No te las tengo que hacer Yo.

Y volviéndose hacia el grupo,

pregunta a los campesinos.

–      Vosotros: ¿Qué deseáis oír?,

¿Qué deseáis que se os explique?

Los hombres se miran unos a otros… dudan…

Por fin un campesino pregunta: 

Hemos conocido el Poder y la Bondad del Señor, pero sabemos poco de su Doctrina.

Ahora que estamos con Yocana, tal vez podamos aprender algo más.

Tenemos muchísimos deseos de conocer cuáles son las cosas indispensables,

que deben hacerse para obtener el Reino que promete el Mesías.

¿Podremos obtenerlo con la nada que podemos hacer?

Judas responde:

–       La verdad es que estáis en condiciones muy penosas.

Todo, en vosotros y a vuestro alrededor, conjura para alejaros del Reino.

La falta de libertad para venir adonde el Maestro cuando quisierais;

La condición de siervos de un patrón que si no es una hiena como Doras; 

pero que por lo que se ve, es un perro guardián que a sus siervos tiene prisioneros.

Los sufrimientos y el estado de degradación en que os encontráis… 

todo esto, son circunstancias desfavorables para que elijáis el Reino.

En vosotros no pueden existir más que odio, resentimientos,

críticas o venganzas contra quienes os tratan tan cruelmente.

La cosa mínima y necesaria es amar a Dios y al prójimo.

Sin esto no hay salvación.

Deberéis vigilar para contener vuestro corazón dentro de una sumisión pasiva

a la Voluntad de Dios, que se manifiesta en vuestro destino;

y, aguantando pacientemente al amo, sin permitir a vuestro pensamiento siquiera la libertad

de un juicio, que está claro que no podría ser benévolo respecto al amo,

ni de gratitud por vuestra… por vuestro…

porque veo en vosotros buena voluntad unida a mansedumbre de ánimo,

lo que se manifiesta en vuestra suerte.

Y soportando pacientemente al patrón; sin permitir siquiera a vuestro pensamiento

la libertad de un juicio que no pueda ser benévolo para con él,

ni de agradecimiento para con vuestro… para con vuestra…

En una palabra: no debéis reflexionar en vuestro estado,

para que no tengáis rebeliones en vuestro corazón.

Rebeliones que matarían el Amor.

Quien no tiene amor, no tiene salvación, porque no obedece al primer precepto.

Yo estoy seguro de que os podréis salvar,

porque veo en vosotros la buena voluntad, junto con una mansedumbre de corazón;

lo cual es un buen augurio para que mantengáis lejos de vosotros el Odio… 

Y el espíritu de venganza.

Por lo demás, la Misericordia de Dios es tan grande,

que os perdonará todo lo que ahora falta a vuestra perfección.

Judas ha terminado.

Sigue un silencio profundo.

Jesús tiene la cabeza muy inclinada y no se puede ver la expresión de su rostro.

Pero las de los demás son claras y elocuentes.

Para nada dichosas. 

Las caras de los campesinos reflejan mucho más su estado de envilecimiento…

Y  expresan más abatimiento que al principio. 

Las de los apóstoles y las de las mujeres, una sorpresa aterrada

Y un estupor que casi es miedo.

El anciano responde humildemente: 

–       Trataremos de no dejar que surja en nosotros ningún pensamiento,

que no sea de paciencia y perdón.

Otro de los campesinos suspira:

–      La verdad es que será difícil llegar a la perfección del amor;

para nosotros… 

¡Que ya es mucho si no hemos acabado siendo asesinos de nuestros verdugos!

El corazón sufre, sufre, sufre…

Y aunque no odie, encuentra mucha dificultad en amar,

como esos niños macilentos que tienen dificultad en crecer…

Pedro dice para consolarlos: 

–       No, no, hombre.

Yo, por el contrario, creo que precisamente por haber sufrido tanto,

sin haceros unos asesinos o personas vengativas;

vuestro corazón es más fuerte que el nuestro en el amor.

Amáis sin percibirlo siquiera. 

Y aquí se da cuenta de que ha hablado…

Y se interrumpe para decir:

–       ¡Oh! ¡Maestro!…

Pero… me has dicho que debía hablar…

Que encontrase el tema incluso en el cordero que iba a asar.

He estado mirando, para buscar palabras buenas que decir a estos hermanos nuestros,

para su caso particular.

Pero, la verdad es que -sin duda alguna, porque soy un necio- no he encontrado nada apropiado.

Y sin saber cómo, me he visto muy lejos, en pensamientos que no sé si llamar extravagantes –

en ese caso serían míos o santos.

Entonces provendrían del Cielo.

Yo los manifiesto, tal y como me han venido…

Tú, Maestro, me los explicarás o me reprenderás por ellos,

Y todos vosotros sabréis ser comprensivos.

Así pues, estaba mirando lo primero:

la llama y me ha venido este pensamiento:

“¿De qué está hecha la llama?

Viene de la leña.

Pero la leña por sí sola no arde;

es más, si no está bien seca, no arde de ninguna manera,

porque el agua la carga e impide que la yesca la encienda.

La leña, cuando está muerta, acaba incluso pudriéndose;

desmenuzándose, por la carcoma; pero, por sí sola, no se enciende.

Ahora bien, si una persona la prepara adecuadamente y le acerca la yesca y el eslabón.

Y hace saltar la chispa.

Y favorece que la chispa prenda soplando en las ramas delgadas, para aumentar la llamita inicial. 

Porque se empieza siempre por las cosas más menudas,

entonces la llama brota, prende fuerte, se hace útil, arremete contra todo,

hasta los troncos más gruesos”.

Y me decía a mí mismo:

“Nosotros somos la leña.

Por nosotros mismos no nos encendemos.

Pero, eso sí, es necesario en nosotros el cuidado de no estar demasiado cargados,

de la pesada agua de la carne y la sangre,

para permitir que la yesca se encienda con su chispa.

Y debemos desear arder; porque, si nos quedamos inertes.

Podemos ser destruidos por la intemperie y la carcoma;

es decir, por la humanidad y el demonio.

Sin embargo, si nos abandonamos al fuego del amor,

éste empezará a quemar las ramitas más finas y las destruirá.

Las ramitas, para mí, eran las imperfecciones;

luego aumentará y arremeterá contra la leña más gorda,

o sea, las pasiones más fuertes.

Nosotros, que somos leña, cosa material, dura, opaca, incluso fea;

vendremos a ser esa cosa hermosa, incorpórea, ágil, espléndida, que es la llama.

Todo esto por habernos prestado al amor, que es el eslabón y la yesca,

que de nuestro mísero ser de hombres pecadores, hacen ángeles del tiempo futuro,

ciudadanos del Reino de los Cielos”.

Éste ha sido un pensamiento.

Jesús ha levantado un poco la cabeza y está escuchando con los ojos cerrados…

Y un asomo de sonrisa en sus labios.

Los demás miran a Pedro, todavía con estupor, pero el miedo ha desaparecido..  

Y la admiración ilumina las miradas…

Él sigue hablando tranquilo:

–      Mirando a los animales que se estaban asando,

me ha venido otro pensamiento.

No digáis que soy pueril en mis pensamientos.

El Maestro me había dicho que los buscara en lo que veía…

He obedecido.

Bien, pues estaba mirando a los corderos, y decía:

“Son dos seres inocentes y mansos.

Nuestra Escritura está llena de dulces alusiones al cordero;

tanto para recordar al Mesías prometido y Salvador…

Ya desde la alusión a Él en el cordero mosaico,

como para decir que Dios tendrá compasión de nosotros.

Lo dicen los profetas.

Viene a congregar a sus ovejas, a socorrer a las heridas,

a cargar sobre Sí a las que tienen algún miembro fracturado.

¡Cuánta bondad!” decía.

“¿Cómo tener miedo de un Dios que promete

tener tanta compasión con nosotros, miserables?

Pero” decía también

“tenemos que ser mansos, al menos mansos, dado que no somos inocentes; mansos.

Y estar deseosos de que el amor nos consuma.

Porque, hasta el más bonito y puro de los corderitos, una vez matado,

¿En qué acaba, si el fuego no lo asa?

Pues en carroña podrida.

Mientras que, si lo envuelve el fuego, viene a ser alimento sano y bendito”.

Y concluía:

“En definitiva, todo el bien lo hace el amor,

que nos aligera de los lastres de nuestra humanidad,;

nos hace resplandecientes y útiles;

nos hace buenos ante los hermanos y gratos a Dios;

sublima nuestras buenas cualidades,

hasta un nivel que recibe su nombre de virtudes sobrenaturales.

Y quien es virtuoso es santo, quien es santo posee el Cielo.

Por tanto, lo que nos abre los caminos de la perfección,

no es la ciencia ni el miedo, sino el amor;

el cual, mucho más que el temor al castigo, nos mantiene alejados del mal,

por el deseo de no entristecer al Señor.

Nos hace sentir compasión de nuestros hermanos y amarlos, porque vienen de Dios.

Por tanto, el amor es la salvación y santificación del hombre”.

En estas cosas pensaba mientras miraba a mi asado,

obedeciendo a mi Jesús.

Perdonad si son sólo éstas, pero a mí me han hecho bien;

os las entrego con la esperanza de que también a vosotros os hagan bien.

Todos miran a Pedro admirados, por el apóstol humilde y obediente. 

Solamente Judas, se ha volteado ligeramente y mira hacia lo alto de la montaña…

Sin que él mismo sepa porqué,

siente su corazón lleno de ira.

Y una mirada de odio satánico enciende sus ojos.

Es como una sombra fugaz que descompone la belleza de su rostro,

llenándolo de una maldad, que lo vuelve demoníaco.

Pero es solo por unos momentos.Cuando vuelve su cara hacia el grupo, todo esto ha desaparecido.

Y solo queda su sonrisa llena de soberbia y la autocomplacencia de sentirse superior.

Cuando Pedro termina, los campesinos están consolados y contentos.

Y dicen que así será muy fácil seguir la Doctrina del Amor.

Judas está amoscado.

Los demás están sorprendidos y miran a Pedro con un nuevo respeto.

Jesús abre los ojos.

Ahora están radiantes.

Alarga un brazo y pone la mano en el hombro de Pedro:

Y le dice: 

–      Verdaderamente has encontrado las palabras que debías. La obediencia y el amor han hecho que las encontraras;

la humildad y el deseo de consolar a tus hermanos harán de ellas,

estrellas en su cielo oscuro.

¡Dios te bendiga, Simón de Jonás!  

Pedro responde

–      ¡Que Dios te bendiga a Ti, Maestro mío!

¿No vas a hablar?

–      Mañana los campesinos entrarán en su nueva condición de dependencia.

Bendeciré su entrada con mi Palabra.

Podéis marcharos en paz.

Que Dios esté con vosotros.

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202 EL SECRETO DE JUAN


202 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Pasada Yabnia, las colinas, en dirección oeste-este respecto a la estrella polar, aumentan de altura;.

Más lejos se ven montañas que se yerguen cada vez más altas, más altas en la lejanía.   

Bajo la última claridad de la tarde, se dibujan los yugos verdes y violetas de las montañas de Judea.

El día ha declinado rápidamente, como sucede en los lugares meridionales.

De la orgía de rojo del ocaso, en menos de una hora se ha pasado al primer titilar de estrellas.

Parece imposible que la lumbrarada solar se haya apagado tan rápidamente.

Anulando el color sangre del cielo con una veladura, cada vez más densa, de amatista sanguíneo.

Y luego un malva que va palideciendo y haciéndose cada vez más transparente…

Para dejar entrever un cielo irreal no azul, sino verde pálido que poco después se ensombrece.

Para adquirir un color glauco como de avena nueva, preludio del añil que reinará en la noche. 

Recamándose de diamantes, como un manto regio.

Y las primeras estrellas sonríen ya por el oriente, junto a un cuarto de luna creciente.

La tierra exulta cada vez más, con hilaridad verdaderamente paradisíaca, bajo la luz de los astros y en el silencio de los hombres.

Ahora cantan las cosas que no pecan::

Los ruiseñores; las aguas con su arpegio; el follaje con su frufrú; los grillos lisonjeros.  

Los sapos, que hacen acompañamiento de oboe cantando al rocío.

Quizás cantan también arriba las estrellas (ellas están más cerca de los ángeles que nosotros)…

El calor ardiente se va desvaneciendo en el aire de la noche húmeda de rocío

¡Qué grato a la hierba, al hombre, a los animales!

Juan ha ido a buscar a los  apóstoles a Yabnia y vuelve con ellos…

Jesús los ha estado esperando al pie de una colina.  

Judas de Keriot le entrega unas bolsas con monedas y Jesús le da instrucciones sobre cómo repartirlas.

Detrás de Él está Juan, que tiene el macho cabrío y que guarda silencio,

entre Simón Zelote y Bartolomé,..

Que hablan de Yabnia, donde han demostrado su coraje Andrés y Felipe. 

Más atrás todavía, en grupo les siguen todos los demás.

Es un grupo vocinglero, que está haciendo un resumen de las aventuras corridas en tierras filisteas.

Y que muestra claramente su alegría por el ya próximo regreso a Judea para Pentecostés.

Felipe, muy cansado ya de la rápida marcha sobre arenas abrasadoras…    

Pregunta

–    Pero, ¿Vamos a ir inmediatamente?  

Eso ha dicho el Maestro.

Santiago de Alfeo responde: 

–    Ya lo has oído.   

Santiago de Zebedeo agrega: 

–    Mi hermano lo sabe, sin duda.

Pero parece como ido. Lo que han hecho durante estos cinco días es un misterio.

Pedro dice

–     Sí.

No aguanto más la curiosidad…

Al menos como premio por la… purga que hemos pasado en Yabnia.

Cinco días en que uno tenía que estar atento a cada una de las palabras que pronunciaba.

A cada mirada y a cada paso que daba, para no verse metido en un apuro.

Mateo está contento, 

y dice:  

–     Pero nos ha salido bien.

Ya empezamos a saber.

Felipe comenta: 

–     La verdad…

Yo me he echado a temblar dos o tres veces.

¡Ese bendito muchacho de Judas de Simón!…

¿Pero es que no va a aprender nunca a moderar sus maneras?

Andrés trata de justificarlo: 

–    Cuando sea viejo.

De todas formas, pensemos que lo hace con buen fin.

Ya oíste; el mismo Maestro lo ha dicho.

Lo hace por celo… 

Pedro exclama: 

–     ¡Venga hombre!

El Maestro ha dicho eso porque es la Bondad y la Prudencia, pero no creo que lo apruebe.

Tadeo objeta:   

–     Él no miente. 

–     No, mentir no.

Pero sabe dar a sus respuestas toda la prudencia que nosotros no sabemos dar.

Y dice la verdad sin hacer sangrar el corazón de ninguno.

Sin despertar resentimientos, sin dar pie a censuras.

¡Claro! ¡El es Él! – suspira Pedro.

Sigue una tregua de silencio mientras van caminando bajo la claridad cada vez más nítida de la luna.

Luego Pedro mia a Santiago de Zebedeo,

y le dice:

–     Mira a ver, llama a Juan.

No sé por qué no quiere estar con nosotros».

Tomás responde: 

–    Yo te lo puedo decir.

Porque sabe que si está con nosotros lo vamos a ahogar con nuestro deseo de saber.

Felipe confirma: 

–    ¡Claro!

Por eso va con los dos más prudentes y sabios.

Pedro insiste: 

–     Bueno, de todas maneras.

¡Anda, Santiago, inténtalo!» 

Entonces Santiago condescendiente, llama a Juan, tres veces.

Pero éste no oye o hace como que no oye.

El que se vuelve es Bartolomé.

Y Santiago le dice:

–     Di a mi hermano que venga.       

Y luego dice a Pedro:

–     «De todas formas no creo que averigüemos nada».

Juan, obediente, va donde ellos inmediatamente.

Y pregunta:

–     ¿Qué queréis?

Su hermano contesta: 

–     Saber si de aquí se va directamente a Judea.

–     Eso es lo que ha dicho el Maestro.

No quería casi retroceder desde Ecrón.

Quería mandarme a mí por vosotros, pero al final ha preferido venir hasta las últimas pendientes… 

Total, también por aquí se va a Judea.

–    ¿Hacia Modín?

–    Hacia Modín.

Tomás objeta: 

–    Es camino de malhechores…

Ya que esperan a las caravanas para asaltarlas; es inseguro.

–    Pero… ¡Yendo con Él!…

¡Nada se le resiste!…».

Juan levanta hacia el cielo un rostro extasiado quién sabe en qué recuerdos y sonríe.

Todos los presentes lo observan…

Y Pedro dice:

–    Juan, …

¿Tienes esa expresión porque estás leyendo una historia feliz en el cielo estrellado?

–     ¿Yo? No…

–     ¡Venga, hombre!

Hasta las piedras ven que estás lejos del mundo. Dinos lo que te ha sucedido en Ecrón.

–     Nada, Simón, nada.

Te lo aseguro.

Si hubiera sucedido algo penoso, no estaría contento.

–     No penoso, todo lo contrario…

¡Venga! ¡Habla!

–     ¡Pero si no tengo nada que contar que no haya dicho ya Él!

Han sido buenos.

´Propios de personas asombradas por los milagros.

Eso es todo.

Es exactamente como ha dicho Él. 

Pedro mueve la cabeza,

y dice: 

–     No…

No, no sabes mentir.

Eres limpio como agua de manantial.

No. Cambias de color.

Te conozco desde que eras niño. Jamás podrás mentir…

Por incapacidad de tu corazón, de tu pensamiento, de tu lengua…

Y hasta de tu piel, que cambia de color.

Por eso te quiero tanto y te he querido siempre mucho.

¡Venga, hombre, ven aquí, con tu viejo Simón de Jonás, con tu amigo!

¿Te acuerdas de cuando eras niño? Yo era ya un hombre.

¿Te acuerdas con qué mimo te trataba?

Querías oírme contar historias y querías barcas de corcho, “que no naufragaban nunca” – decías.

Y que te servían para ir lejos…

Como ahora, que te vas lejos y dejas en la orilla al pobre Simón.

Y tu barca no naufragará jamás.

Se aleja colmada de flores, como las que echabas a navegar de niño en Betsaida.

Para que el río las llevara al lago y se marcharan lejos.

¿Te acuerdas?

Juan, yo te quiero.

Todos te queremos.

Eres nuestra vela, nuestra barca que no naufraga; navegamos siguiendo tu estela.

¿Por qué no nos hablas del prodigio de Ecrón?

Pedro mientras hablaba tenía ceñida con un brazo la cintura de Juan;

el cual trata de eludir la pregunta,

diciendo:

–    Y tú, que eres la cabeza…

¿Por qué no hablas a las muchedumbres con esta intensidad persuasiva que usas conmigo?

Ellas necesitan que se las convenza, no yo.

–    Porque contigo me siento a mis anchas.

Yo te quiero a ti, a las muchedumbres no las conozco – dice Pedro como justificación.

–    Y no las amas.

Ése es tu error. Ámalas aunque no las conozcas.

Dite a ti mismo: “Son de nuestro Padre”.

Verás como te parecerá conocerlas y las amarás.

Ve en cada uno de los que componen esas muchedumbres a otro Juan…

–    ¡Parece fácil!

Como si tú niño eterno, pudieras ser intercambiado con las áspides o los puercoespines.

–     ¡Yo soy como todos!

Santiago de Zebedeo.

le contesta: 

–    No, hermano, no eres como todos.

Nosotros, excepto quizás Bartolomé, Andrés y el Zelote..

Habríamos dicho ya hasta a la hierba lo que nos hubiera sucedido que nos hiciera dichosos.

Tú sin embargo, guardas silencio.

Pero a mí, que soy tu hermano mayor, debes decírmelo.

Soy para ti como un padre.   

–     El Padre es Dios, el Hermano es Jesús, la Madre es María…

Santiago se inquieta y levanta la voz: 

–    ¿De forma que la sangre para ti ya no cuenta nada?

–     No te alteres.

Yo bendigo la sangre y el seno que me formaron: padre y madre.

Y te bendigo a ti, hermano de mi misma sangre.

Pero, a los primeros porque me han engendrado y sustentado para darme la posibilidad de seguir al Maestro, y a ti porque lo sigues.

A nuestra madre, desde que es discípula, la amo de dos formas: como hijo, con la carne y la sangre.

Y como condiscípulo suyo, con el espíritu.

¡Qué alegría estar unidos en el amor a Él!…

Jesús, al oír la voz nerviosa de Santiago, ha volteado a mirarlos. 

Y las últimas palabras lo iluminan acerca de la cuestión. 

Y dice. 

–    Dejad tranquilo a Juan.

Es inútil que lo atormentéis, tiene muchos puntos en común con mi Madre, no hablará.

Todos suplican; 

–     Pues entonces dilo Tú, Maestro.

–    Bien.

Mirad, he llevado conmigo a Juan porque era el más adecuado para lo que quería hacer.

A mí me ha servido de ayuda y él se ha perfeccionado.

Eso es.

Pedro, Santiago el hermano de Juan, Tomás y Judas Iscariote se miran.

Y desilusionados, tuercen un poco la boca.

Judas no se limita a quedar desilusionado,

y dice:

—     ¿Por qué perfeccionarlo a él si ya es el mejor?

Jesús le responde:

–    Tú dijiste:

“Cada uno tiene su modo, y lo usa”.

Yo tengo el mío. Juan el suyo, muy parecido al mío.

El mío no puede perfeccionarse, el suyo sí

Y esto es lo que quiero, porque es justo que sea así.

Así que por este motivo lo he tomado conmigo.

Necesitaba a uno que tuviera ese modo y ese corazón suyos.

Por tanto, ni malos humores ni curiosidad.

Vamos a Modín.

La noche está serena, fresca y luminosa.

Caminaremos mientras haya luna, luego dormiremos hasta el alba.

Llevaré a los dos Judas a venerar las tumbas de los Macabeos, cuyo nombre glorioso llevan.

Judas se alegra mucho y dice: 

–    ¿Solos contigo?

–    No.

Con todos

Pero la visita a la tumba de los Macabeos es para vosotros, para que los sepáis imitar sobrenaturalmente…

con luchas y victorias en un campo enteramente espiritual.

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MISIONERA INTERCONTINENTAL


La Impresionante Monja que Evangelizó a los Indios Bilocándose

La historia de la «Dama de azul» o «monja azul» es el misterio más grande de los últimos siglos. 

Una religiosa española del siglo XVI, que nunca puso un pie físicamente fuera de las paredes del convento de las Pobres Clarisas de Agreda, en la provincia de Soria.

Y sin embargo hay enorme cantidad de testimonios de su evangelización a los indígenas en Arizona, Nuevo México y Texas, de 1620 a 1631. 

Estatua de sor Maria de Agreda como se le aparecía a los indios

Instruyó a varias tribus indias en la fe católica y les dijo cómo encontrar la Misión Franciscana para pedir a los sacerdotes que fueran a bautizar a su gente. 

Su nombre era Sor María de Jesús de Agreda.

LA AUTENTICIDAD DE SUS VISITAS

La autenticidad del milagro de sus más de 500 visitas -bilocadas – al sur de Estados Unidos, fue cuidadosamente examinado y documentado por las autoridades de la Iglesia del momento, que no quisieron creer al principio.

También fue examinada cuidadosamente dos veces por la Inquisición en los años 1635 y 1650.

La comprobación de que las visitas estaban sucediendo estalló cuando los indios Jumanos – del territorio de Nuevo México – informaron en 1630, que una dama de azul los visitaba y les enseñaba la fe católica.

La iglesia de la Misión Isleta Pueblo de San Antonio en Nuevo México

Los indios viajaron a la misión de los franciscanos en la misión de Isleta, para decir que una mujer vestida de azul les había enviado a pedir el Bautismo.

Ante esto, fueron enviados frailes misioneros en una misión exploratoria al campo Jumano (aproximadamente 450 kilómetros al este de Santa Fe)

Y encontraron que los Jumanos y otras tribus circundantes ya conocían los rudimentos de la Fe. 

Todos reportaron el mismo fenómeno de una dama de azul que los visitaba.

A Fray Alonso de Benevides, Inquisidor y Superior de la Colonia de Nuevo México, se le encargó la misión de una investigación a fondo.

Hizo un informe detallado y lo entregó al Rey de España y al Superior español franciscano.

Cuando fue a entregar el informe en España, visitó a la Madre María de Agreda en su convento, quien le confirmó las bilocaciones.

En 1689, 24 años después de la muerte de María de Jesús, el explorador español Alonso de León realizó su cuarta expedición al territorio de Texas.

En su carta al virrey, escribió que algunos de los indios Tejas que conoció;

ya estaban parcialmente instruidos en la fe católica, debido a las visitas de la dama azul a sus antepasados. 

“Realizan muchos ritos cristianos.

Y el jefe indio pidió a los misioneros que les instruyeran, diciendo que hace muchos años una mujer fue para instruirlos, pero que no había estado allí por mucho tiempo”.

Los líderes de la expedición distribuyeron ropa a los indios. 

Y su jefe pidió un pedazo de paño azul para una mortaja para enterrar a su madre cuando muriera.

Fray Massanet escribe:

«Le dije que otro paño sería mejor.

Y él dijo que no quería ningún otro color que el azul. 

Pregunté entonces qué misterio tenía el color azul.

Y el jefe dijo que les gustaba mucho el azul, sobre todo para ropa de enterramiento;

porque en tiempos pasados ??una mujer muy hermosa los visitó allí.

La que descendía de las alturas, estaba vestida de azul y deseaban ser como ella”

Una quinta expedición en 1699 a los indios de Arizona, fue el escrita en un libro por el capitán Mateo Mange,

sobre su viaje con los sacerdotes jesuitas Eusebio Francisco Kino y Adamo Gil.

Cuando hablaban con indios muy viejos, estos les dijeron que podían recordar que cuando eran niños,

una hermosa mujer blanca, vestida de blanco, marrón y azul, con un paño que cubría su cabeza, había llegado a su tierra. 

Comencemos por saber quién era esta mujer. 

HISTORIA DE LA VIDA DE SOR MARÍA DE JESÚS DE AGREDA

Nació el 2 de abril de 1602 en la ciudad de Agreda, de la provincia de Soria en el norte de España

Hija de Francisco Coronel y Catalina de Arana, una familia de noble linaje, pero no muy ricos.

La pareja piadosa tuvo 11 hijos, pero sólo cuatro vivieron hasta la edad adulta: Francisco, José, María y Jerónima.

Los hijos – y también sus padres – terminarían siendo todos religiosos, miembros de la comunidad de San Francisco de Asís.

Su padre descendía de un converso judío que había servido como principal recaudador de impuestos de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel.

Desde el principio, Sor María la cuarta hija de Francisco y Catalina, parecía predestinada al misticismo.

Cuando tenía dos años, sospechaban que podría estar dotada de un extraño regalo;

porque tenía una capacidad rara de razonar, con una increíble sabiduría. 

Cuando llegó a los cuatro, pensaron que debía estar escuchando voces de Dios porque hablaba y jugaba con compañeros invisibles…

Cuando tenía seis años comenzaron a pensar en su hija María como «diferente».

Pero rechazaron aceptar las explicaciones de María, porque no podían oír las voces ni ver a sus interlocutores invisibles; 

así que la disciplinaron duramente.

Porque además rechazaba la noble vida de la familia.

Sin embargo a los ocho años, María anunció a sus padres que había prometido permanecer casta y que deseaba ser religiosa. 

Cuatro años después, finalmente obtuvo la aprobación de sus padres. 

Iba a entrar en el convento de Santa Ana de las Hermanas de Teresa, en la cercana ciudad de Tarazona.

Pero en el ínterin, su madre tuvo una visión.

Oyó una voz misteriosa que le ordena a ella y a su familia, que convirtieran su castillo en un convento para las Clarisas de la Orden Franciscana.

Que donaran sus posesiones a los pobres y abandonaran su noble vida familiar por la Iglesia.

Ella, María y su otra hija debían entrar en un convento. 

Y su marido debía entrar en un monasterio, como sus dos hijos ya lo habían hecho. 

Creyendo que el mandamiento venía directamente de Dios, la familia Coronel obedeció.

Fue así que María entraría en el nuevo Convento Franciscano de la Inmaculada Concepción en Ágreda.

Varios años más tarde, los Coronel completaron la conversión de su castillo en un convento, cedieron sus posesiones a los pobres y su padre se refugió en la orden de San Francisco.

Monjas de la comunidad de Agreda

A los 17 años María Coronel se vistió con el sencillo hábito azul y gris, de monja franciscana.

Y se convirtió en la Hermana María de Jesús de Agreda.

Un hecho importante sucedió el año 1620, cuando Sor María Jesús de 18 años, se arrodilló para rezar en la capilla. 

Mientras cantaba su rostro palideció, empezó a balancearse y se hundió en la inconsciencia.

Un mendigo, aparentemente observándola subrepticiamente, afirmó que una brillante luz azul la envolvió y que su cuerpo se levantó y flotó a varios pies del suelo. 

Sor María había experimentado su primer trance.

Cuando la hermana María se elevó a alturas extremas de piedad y misticismo, obtuvo el desprecio y la burla de su abadesa y de las otras monjas. 

Su salud comenzó a deteriorarse por la persecución de sus compañeras en el convento.

En su mente comenzó a ver espectros de imágenes fantasmagóricas de animales salvajes.

Y se retiró para orar en privado, tratando de purgar sus demonios. En algún momento durante este período, ella comenzó a preocuparse profundamente por los pueblos nativos de la Nueva España…

Por su ignorancia de Dios, de la Iglesia y la pérdida eterna de sus almas.

La Superiora convocó al Provincial de Burgos, Fray Anthorn de Villacre, para realizar un examen eclesiástico.

Él interrogó a la hermana María y concluyó al final de la entrevista, que la hermana María no era ni tonta ni loca;

sino que había alcanzado un verdadero estado trascendente de espiritualidad.

Todas en el convento cambiaron su actitud hacia ella, al punto que fue elevada a la posición de abadesa en 1627, a la edad de 25 años;

lo que requirió una dispensa especial,

por el Papa Urbano VIII debido a su juventud.

El Rey Felipe IV tuvo frecuente correspondencia con María de Agreda, la que duró más de 20 años hasta su muerte el 29 de marzo de 1665.

Las más de 600 cartas que sobreviven, revelan la gran confianza que el Monarca español colocó en la abadesa enclaustrada.

También escribió cartas a los Papas, Reyes, generales de órdenes religiosas, obispos, nobles y toda clase de personas en la Iglesia y la sociedad.

Rey Felipe y Sor Maria de Agreda

EL DESCUBRIMIENTO DE LAS BILOCACIONES POR BOCA DE LOS INDIOS

En 1598 los frailes franciscanos que acompañaban a los exploradores y colonos españoles, comenzaron a establecer una cadena de misiones;

para trabajar con los indios Pueblo y otras tribus, en la inestable Colonia de Nuevo México.

En 1623, Fray Alonso de Benavides llegó de México a la Misión de Santa Fe como el primer Superior de las Misiones Franciscanas de Nuevo México y el primer Comisario de la Inquisición para la Colonia.

El Arzobispo ordenó al P. Benavides hacer una investigación cuidadosa, sobre lo que decían los indios de una mujer vestida de azul que los visitaba y los instruía en la fe.

El arzobispo pidió que él investigara si las tribus Tejas, Chillescas, Jumanos y Caburcos,

ya tenían “algún conocimiento de la Fe y de qué manera y con qué medios Nuestro Señor se había manifestado.” 

En el verano de 1629, una delegación de 50 Jumanos llegó a Isleta, una misión de indios Pueblo cerca de Albuquerque hoy día,

pidiendo a los sacerdotes que fueran a bautizar a su pueblo. 

Los Jumanos eran una tribu todavía sin catequizar, que cazaban en una amplia área en las llanuras al este de Nuevo México.

Los Jumanos y Caburcos ya tenían algún conocimiento de la Fe… ¿Cómo era posible?

El P. Juan de Salas, superior de Isleta, un misionero muy respetado,

manifestó que cada año los indios le hablaban de una mujer vestida de azul que los había enviado.

Pero la historia fue descartada como imposible.

Viajar de Isleta a las llanuras orientales era una caminata larga y peligrosa:

Más de 450 kilómetros a través de las tierras hostiles de los Apache.

En ese momento, los misioneros carecían de los sacerdotes y de los soldados necesarios para hacer el viaje

y establecer un nuevo puesto de avanzada, por lo que la misión a los Jumanos se retrasó. 

Fray Benavides, que había recibido instrucciones específicas, estaba muy interesado en saber más.

Decidió ir con el Padre De Salas a Isleta para interrogar a los indios sobre cómo habían llegado a tener conocimiento de la Fe.

Convento Concepcionista de Agreda

En su Memorial entregado al Papa Urbano VIII, informó los resultados de su investigación:

«Llamamos a los Jumanos y les pedimos su razón para venir todos los años a pedir el bautismo con tanta insistencia. 

Al ver un retrato de la Madre Luisa del monasterio, dijeron:

‘Una mujer vestida de un modo parecido a ella viene a nosotros siempre predicando, pero su rostro no es viejo como este, sino joven y hermoso’. 

Preguntados por qué no se lo habían dicho esto antes, ellos respondieron:

‘Porque usted no preguntó y pensamos que ella estaba aquí también.’” 

Al final los frailes fueron a visitar a los Jumanos.

Y cuando se acercaron al campamento de la tribu, vieron con asombro una procesión de hombres, mujeres y niños que venían a su encuentro.

A su cabeza llevaban dos cruces adornadas con guirnaldas de flores. 

Y con mucho respeto los indios besaron los crucifijos que llevaban los franciscanos alrededor del cuello.

Los franciscanos supieron por los indios, que la misma monja les había enseñado cómo debían salir en procesión para recibirlos.

Y ella les había ayudado a decorar las cruces, según escribió el P. Benavides en su Memorial.

Muchos de los indios inmediatamente comenzaron a clamar para ser bautizados.

Antes de que se fueran, el P. Juan de Salas les dijo, que hasta que llegaran los nuevos misioneros,

«Debían acudir todos los días a orar ante una Cruz que habían montado en un pedestal».

Pero el Jefe los de Jumanos rogó a los sacerdotes que curaran a los enfermos…

«porque vosotros sois sacerdotes de Dios y podéis hacer mucho con esa santa cruz».

Así los enfermos, que eran unos 200, fueron reunidos.

Los sacerdotes hicieron el Signo de la Cruz sobre ellos, leyeron el Evangelio según San Lucas e invocaron a Nuestra Señora y a San Francisco.

Y Dios hizo un milagro.

Todos los enfermos sanaron. 

FRAY BENAVIDES VA A VISITAR A MARIA DE AGREDA

Cuando Fray Benavides fue a entregar el informe en España, también fue a visitar a Sor María de Jesús en su convento de Ágreda.

Éste preguntó al pasar:

«¿Alguien aquí sabe algo acerca de una hermana que está en Nueva España enseñando el cristianismo a los indios?

Y la Hermana María, dijo:

“Sí, soy yo”.

Pero, Madre Superiora -objetaron-, nunca has estado fuera de Castilla, ni has estado fuera de los muros de tu convento desde que tomaste tus votos. 

No en cuerpo -dijo-, pero sí en espíritu”. 

Benavides le preguntó dónde aprendió a hablar todas las lenguas indias. 

“No lo hice”, dijo. «Simplemente les hablé y Dios nos ha hecho entendernos unos a otros». 

Así la Hermana María le dio descripciones detalladas de la ropa y las costumbres de las tribus que ella enseñó.

Lo que ella, como monja enclaustrada, no podría haber sabido.

Ella le dio nombres de tribus y de individuos específicos, en las tribus que él encontró que eran exactos.

María de Agreda dijo además que desde que era niña, había sido inspirada a orar por los indios de la Nueva España.

Nuestro Señor comenzó a mostrarle claramente en visiones a aquellas provincias que Él deseaba convertir. 

En una de estas visiones, Nuestro Señor señaló a los indios de Nuevo México.

LOS RAPTOS Y BILOCACIONES

Casi diariamente mientras oraba, Sor María de Jesús se elevaba en espíritu hacia el reino, en éxtasis.

Sus viajes místicos la llevaron a la Presencia del mismo Dios.

Y Dios le ordenó llevar su mensaje a los pueblos originarios de la Nueva España.

Veía hombres y mujeres de piel de bronce, en el vasto desierto del suroeste de los Estados Unidos.

Que usaban huesos y dientes de los animales, para fabricar armas.

«Sus comidas eran primitivas y para alumbrarse utilizaban antorchas de madera».

María de Jesús realizó más de 500 visitas espirituales a los indios, dos o tres veces al día. 

Ella les instruyó en los fundamentos de la Fe, curaba a los enfermos y ganaba conversos.

Les instó a contactar a frailes franciscanos en las misiones de los pueblos del Río Grande y a solicitar la construcción de nuevas misiones para otras tribus.

En su informe Dijo el padre Benavides

«María de Jesús tiene un hermoso rostro muy blanco, aunque rosado, con grandes ojos negros.

Su hábito es el mismo que nuestro hábito.

Está hecho de un grueso saco gris que se lleva junto a la piel, sin ninguna otra túnica, falda o enaguas.

Sobre este hábito gris viene el de saco blanco grueso, con un escapulario del mismo material.

Y la cuerda de nuestro padre, San Francisco.

Su manto es un pesado saco azul y el velo negro.

Sobre el escapulario hay un rosario.

Las monjas del convento no usan sandalias ni ningún otro calzado excepto unas tablas atadas a sus pies o unas sandalias de cáñamo”

María no siempre fue bien recibida en sus excursiones. 

Varias veces, sufrió tortura y fue dejada por muerta por los indios, provocados a la violencia por los chamanes (los brujos indios).

Pero para el asombro de los indios, ella volvía…

Y esta y otras maravillas ayudaron a persuadirlos que estaba predicando la verdad.

¿Cómo ocurrieron estos misteriosos transportes a América? 

Cuando a la Madre María de Jesús se le preguntó si se había ido físicamente o en espíritu, dijo que no lo sabía.

Lo que sabía era que veía esas tierras y tribus diferentes.

Sentía el cambio en el clima y la temperatura.

Experimentó dolor cuando los indios se volvieron contra ella y la persiguieron.

En una ocasión ella distribuyó rosarios entre los indios. 

Y de hecho, tenía varios rosarios con ella en su celda; pero más tarde saliendo de su estado místico, ya no los encontró.

Estaba segura de que su trabajo en Nuevo México entre los indios no era una ilusión.

En su humildad, afirmó repetidamente que estaba inclinada a creer que un Ángel pasaba con su fisonomía parecida a la de ella, para catequizar a los indios.

Esta no fue la opinión de los Prelados que la examinaban.

Estaban convencidos de que ella era transportada corporalmente, por lo que claramente se manifestaban los testigos.

Satisfecho con la espiritualidad de la abadesa, el P. Benevides confirmó la opinión de su confesor;

afirmando que creía que la llevaban corporalmente a Nuevo México y Texas, donde catequizó a los indios. 

Ella además, describió otros reinos de indios que aún no habían sido descubiertos

Cuerpo incorrupto de María de Jesús de Agreda

DESPUES DE SU MUERTE

Fallece a los 63 años de edad, el 24 de mayo de 1665.

Ocho años después de su muerte, María de Jesús de Agreda fue declarada Venerable por el Papa Clemente X, por su práctica de virtudes heroicas.

Sin embargo pronto aparecieron obstáculos a su beatificación en forma de objeciones a la doctrina marial en la Ciudad Mística de Dios, publicada cinco años después de su muerte y recibida con gran entusiasmo en España.

El Santo Oficio censuró el libro y lo incluyó en el Índice de Libros Prohibidos.

Sin embargo, por orden de Inocencio XI, el decreto de condena fue retirado tres meses más tarde, después de que se demostró que una mala traducción francesa era la base de la censura.

Pero el incidente tuvo una influencia negativa en su causa de beatificación.

Además del fuerte énfasis para definir a Nuestra Señora como Corredentora y Co-mediadora escrito en su libro La Ciudad de Dios,

lo que está en desacuerdo con las doctrinas ecuménicas del Concilio Vaticano II.

Hoy, más de tres siglos después de su muerte, el cuerpo de Sor María de Jesús se encuentra en una pequeña cripta en su convento de Agreda. 

En 1909 su ataúd fue abierto por primera vez después de su muerte en 1665.

Su cuerpo fue encontrado incorrupto.

En 1989, se realizó otra cuidadosa investigación científica de su cuerpo.

El médico español Andreas Medina informó que:

«Lo que me sorprendió sobre este caso es que cuando comparamos el estado del cuerpo, como se describió en el informe médico de 1909,

con cómo apareció en 1989, nos dimos cuenta de que no se había deteriorado en absoluto en los últimos ochenta años«.

Fuente: Foros de la Virgen María

UN LIBRO FASCINANTE


Padre Pío contra Satanás’:

Una lectura apasionante, sobre el combate que libró el santo de Pietrelcina contra el demonio

Por INFOVATICANA | 26 diciembre, 2018

A lo largo de su vida, el Padre Pío libró una batalla continua y durísima contra Satanás, que se sirvió de todo instrumento,

ordinario y extraordinario, para atacar a quien evidentemente consideraba un combatiente temible.

En las páginas de su libro Padre Pío contra Satanásel periodista Marco Tosatti reconstruye esta batalla a

través de relatos, biografías, testimonios y la inédita Positio, el monumental dossier de documentos que sirvió de base para la canonización.

También a través de las cartas que el Padre Pío envió a sus superiores y directores espirituales, que le mandaron escribir con detalle lo que le sucedía.

Durante su estancia en Venafro, el monje santo escribió:  

“Estas tentaciones son realmente terribles, porque el demonio ataca completamente el espíritu de los que se elevan en el amor de Dios

y lo agita de un modo tan violento que, si no se recibe una ayuda especial del Señor, se podría sucumbir.

Sobre todo cuando el demonio, para conseguir más fácilmente la victoria, se muestra bajo la forma de una mujer malvada, desnuda…

Y empuja con violencia al alma para hacerla sucumbir y caer en la tentación.

Al principio se me apareció bajo la forma de un gato negro y feo.

La segunda vez bajo la forma de unas jovencitas desnudas que bailaban lascivamente.

La tercera vez, sin aparecerse, me escupían en la cara.

La cuarta vez, sin aparecerse, me atormentaban con ruidos ensordecedores (…)”

El historiador Fernando Paz recomienda este libro que recoge el relato del combate que mantuvo el Padre Pío a lo largo de su vida, desde muy temprana edad.

Una lectura verdaderamente apasionante y también reconfortante, como fue la misma vida del Padre Pío.

El demonio existe y su papel activo no pertenece al pasado ni puede ser recluido en los espacios de la fantasía popular. 

El diablo en efecto, continúa  induciendo hoy día al hombre  justo, al pecado.

Por tal razón la actitud del discípulo de Cristo frente a Satanás tiene que ser de vigilancia y de lucha.

Y no de indiferencia.

La mentalidad de nuestro tiempo desaforadamente, ha relegado la figura del diablo a la mitología y en el folclore.

El Baudelaire afirmó justamente, que la obra maestra de Satanás en la era moderna, es de hacernos creer que no existe.

Por consiguiente no es fácil imaginar que el Diablo haya dado prueba de su existencia, aún cuando ha sido obligado a afrontar al Padre Pío en “ásperos combates”.

Tales batallas, tal como es reconocido en la correspondencia epistolar del venerable fraile, en sus directorios espirituales, fueron reales combates, siendo   la última con sangre.

Uno de los primeros contactos que el Padre Pío ha tenido con el Príncipe del Mal, remonta al año de 1906 cuando Padre Pío vivió en el convento de Sant  ‘Elia a Pianisi.

Una noche de verano no logró dormirse por el bochorno sofocante.

De la habitación vecina le llegó el ruido de los pasos de un hombre.

“El Pobre fraile Anastasio no puede dormir como yo” pensó el Padre Pío.

“Quiero llamarlo, al menos para hablar un poco”.

Fuè a la ventana y llamó el compañero, pero la voz  se le quedó en  la garganta:

Al observar que sobre el alféizar de la ventana vecina se asomó un monstruoso perro.

Así el mismo Padre Pío contó:

“Por la puerta con terror; vi entrar un gran perro, de cuya boca salió mucho humo.

Caí sobre la cama y oí que dijo: “es él, es él”

Mientras estuve en aquella posición, vi aquel animal que saltó sobre el alféizar de la ventana.

El rezo del Santo Rosario es azote para los demonios, que huyen en desbandada, cuando es rezado con FE, pues tiembla el Infierno y no resisten el arma poderosísima que es el Santo Rosario ORADO con fe y amor…

Y luego de esto se lanzó sobre el techo del frente y  desapareció…

Las tentaciones de Satanás que quisieron hacer caer al padre Pío, se manifestaron de modos diversos.

El Padre Agostino nos confirmó que Satanás apareció bajo las formas más variadas:

“bajo forma de jovencitas desnudas que bailaron; en forma de crucifijo;

bajo forma de un joven amigo de los frailes;

bajo forma del Padre Espiritual o del Padre Provincial;

de aquel del Papa Pío X y del Ángel de la guarda;

de San Francesco;

de Maria Santísima,

pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales.

A veces no hubo ninguna aparición pero el pobre Padre fue golpeado hasta salirle sangre,

atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc.  

Él logró librarse de estas agresiones invocando el nombre de Jesús,

Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron cuando el  Padre Pío liberó a los poseídos.

Más de una vez – el Padre Tarcisio contó de Cervinara – antes de  salir del cuerpo de un poseído, el Malvado ha gritado:

“Padre Pío nos das más molestias tú que San Michele”.

Y también: “Padre Pío, no nos arranques las almas y “no  te molestaremos”

Pero veamos cómo el mismo Padre Pío describe en las cartas mandadas a sus directorios espirituales, los asaltos de Satanás.

Carta al padre Agostino, del 18 de enero de 1912:

“… Barba Azul no  quiere ser derrotado.

Él ha venido a mí asumiendo casi todas las formas.

Desde hace varios días, me viene a visitar, junto con otros de sus espíritus infernales armados de bastones y piedras.

Lo peor es que ellos, vienen con sus semblantes.

Tal vez cuántas veces, me ha sacado de la cama y me ha arrastrado por la habitación.

¡Pero paciencia!

Jesús, la Mamá, el angelito, San José  y el padre San Francisco siempre están conmigo.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta a Agostino del 5 de noviembre de 1912: 

Estimado Padre”, ésta también es su segunda carta a través de la concesión de Dios.

Y ha seguido el mismo destino de  la   anterior.

Yo estoy seguro de que el Padre Evangelista ya le ha informado sobre la nueva guerra que los apóstatas impuros están haciendo en mí.

Padre mío, ellos no pueden ganar y hacer a su voluntad por mi constancia. 

Yo le informo sobre sus trampas, ya que sé  a lo que les gustaría inducirme, privándome de sus sugerencias. 

 Yo encuentro en sus cartas mi único  consuelo; pero para glorificar  a Dios y para su confusión yo los llevaré.

Yo no puedo explicarle, a usted cómo ellos están pegándome.

A veces yo pienso que me voy a morir.

El sábado  yo pensé que ellos realmente quisieron matarme, yo no hallaba a qué santo  pedirle  ayuda.  

Yo me dirigí a mi ángel de la guarda, suplicándole ayuda, quien me hizo esperar largo tiempo.

Y finalmente, él voló  alrededor de mí y con su voz angélica  cantó los himnos de alabanza a Dios.

Entonces una de esas escenas usuales pasó.

Yo le reñí severamente, porque él me había hecho esperar tanto por su ayuda, a pesar de que lo había llamado urgentemente..

Y por  castigo, yo no quise mirarlo a la cara, yo quería que él recibiera más que un castigo de mí, yo quise huirle…

Pero él pobre me localizó llorando, él me tomó hasta que yo lo mirara, yo lo miré fijamente en la cara y vì que él lo sentía.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Agostino  del 18 de noviembre de 1912…..

“El enemigo no quiere dejarme solo, me pega continuamente.

Él intenta envenenar mi vida con sus trampas infernales.

Él se molesta  mucho porque yo le cuento estas cosas.

Él me hace pensar en no decirle, los hechos que pasan con él.

Él me dice que lo narre a las visitas buenas que yo recibo; de hecho él dice que le gustan sólo estas historias. 

 El pastor ha estado informado de la batalla que yo tengo con estos demonios y con  referencia a sus cartas;

él  me sugirió que yo vaya a su oficina a abrir las cartas.

Pero en cuanto yo abrí la carta, junto con el pastor, encontramos que la carta estaba sucia de tinta.

¿Era la venganza del  diablo? Yo no puedo creer, que usted me ha enviado la carta sucia;

porque usted sabe que yo no puedo ver bien.

Al principio nosotros no pudimos leer la carta, pero después de poner el Crucifijo en la carta;

nosotros tuvimos éxito leyéndola, aun cuando nosotros no  éramos capaces de leer en letras pequeñas… “

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Agostino del 13 de febrero,  de 1913,

“Ahora, que veintidós días han pasado, desde que Jesús permitió a los diablos para descargar su enojo sobre mí.

Mi Padre, en mi cuerpo todo se machuca de las palizas que yo he recibido en el presente por nuestros enemigos.

En varias oportunidades, ellos me han quitado incluso mi camisa  y  me han golpeado de  una manera brutal”…

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Benedetto de fecha  18 de marzo de 1913

“Estos diablos no dejan de pegarme, mientras  que también me tumban de la cama.

¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme!

Pero ahora ellos no me asustan ya. Jesús me ama.

Él me levanta a menudo y me pone en la cama”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación,  con el Padre Pío; hasta le dice que él era un penitente.

Éste es el testimonio del Padre Pío:

“Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba.

Él era alto, guapo, me vistió con algo de refinamiento y era amable y cortés.

Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales.

 ¡Todos los pecados eran molestos! 

Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo…

Yo respondí. Yo le citaba la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, las morales de los Santos;

pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras, justificando con habilidad extrema y cortesía, todo  tipo de pecado.

Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacer normal, natural y humanamente comprensible, todas sus acciones pecadoras.  

Y esto no solamente para los pecados que eran repugnante contra Dios, Nuestra Señora y los Santos;

él fuè  Rotundo sobre la argumentación;

pero que pecados  morales tan sucios y ásperos.

Las respuestas que él me dio con la delgadez experimentada y malicia me sorprendieron.

Yo me pregunté: ¿Quién es él? ¿De qué mundo viene él?

Y yo intenté mirarlo bien, leer algo en su cara.

Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto  que merecían.

Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él.

Con autoridad divina yo le dije: diga…….”Viva Jesús por siempre” “Viva María eternamente”

En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos…

Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba  un hedor insoportable”

Don Pierino es sacerdote y uno de los hijos espirituales del padre Pío que estaban al mismo tiempo presentes.

Fr. Pierino cuenta la historia:

“Un día, el Padre Pío estaba en el confesionario, detrás de las cortinas.

Las cortinas del confesionario no estaban cerradas totalmente y yo tuve la oportunidad de mirar al Padre Pío.

Los hombres, mientras miraban los registros se apartaron, todos en una sola fila.

Del lugar dónde yo estaba yo leía el Breviario, intentando siempre mirar al Padre.

Por la puerta de la iglesia pequeña, entró un hombre.

Él era guapo, con los ojos pequeños y negros, pelo canoso, con una chaqueta oscura y los pantalones  bien arreglados.

Yo no quise distraerme y seguí recitando el breviario; pero una voz interior me dijo: “¡Detente y mira!”.

Yo miraba al  Padre Pío. 

 Ese hombre,  simplemente se detuvo delante del confesionario, después de que el penitente anterior se marchó.

Él desapareció rápidamente entre las cortinas, mientras estaba de pie,  delante del Padre Pío. 

 Entonces yo no vi más al hombre cabello oscuro.

Algunos minutos después, el hombre se hundió en el suelo con sus piernas ensanchadas.

En la silla en el confesionario, de pronto ya no vì al Padre Pío y en su lugar vì a Jesús;

pero Jesús  era rubio, joven y guapo y  miró fijamente  al hombre, quien tuvo por tumba al suelo.

Entonces de nuevo logré ver al Padre Pío que surgió  otra vez.

Él volvió para tomar su asiento  en su  mismo lugar y su apariencia emergió de la de  de Jesús.

Ahora podía ver claramente al Padre Pío.  

Yo oí su voz inmediatamente: “¡Dense prisa!”

¡Nadie notó este acontecimiento!

Todos continuamos de nuevo en lo que estábamos”

180 PARÁBOLA DEL BANQUETE


180 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Y en efecto incansable – mientras el sol y el recuerdo del arrebol de la tarde desaparecen y se levanta el primer canto de grillos inseguro y solitario –

Jesús va adentrándose en un prado segado recientemente, en que la languideciente hierba crea una alfombra de penetrante y suave fragancia.

Le siguen los apóstoles, las Marías, Marta y Lázaro con los de su casa – entre los sirvientes veo a 1os dos que en el Monte de las Bienaventuranzas hallaron consuelo para sus días: el anciano y la mujer -,

Isaac con los discípulos, y… yo diría que toda Betania.

Jesús se detiene para bendecir al patriarca; éste le besa la mano llorando y acariciando al niño, que va al lado de Jesús;

al niño le dice:

–     ¡Dichoso tú, que lo puedes seguir siempre!

¡Escúchame, hijo: sé bueno; gran ventura la tuya, gran ventura; sobre tu cabeza pende una corona!… ¡Dichoso tú!

Una vez que han terminado todos de colocarse,

Jesús empieza e hablar.

–     Ahora que se han marchado estos pobres amigos necesitados con mucho consuelo en la esperanza,

o mejor, en la certeza, de que basta conocer poco para ser admitidos en el Reino de Dios,

en la certeza de que basta un mínimo de verdad sobre cuyo fundamento trabaje la buena voluntad,

me dirijo a vosotros, mucho menos infelices que ellos, porque os encontráis en condiciones materiales mucho mejores y, además, recibís más ayuda del Verbo

mi amor va a ellos sólo con el pensamiento; aquí, a vosotros, mi amor os llega también con mi palabra.

Por tanto, tanto en la tierra como en el Cielo, recibiréis un trato más riguroso, pues a quien más se le dio más se le ha de pedir.

Mínimo es el bien de que estos pobres amigos que están regresando a su galera pueden disponer;

por el contrario, su dolor es máximo ¿Qué se les puede dar sino promesas de bien?

Cualquier carga sería superflua, pues os digo en verdad que de por sí su vida es penitencia y santidad y nada más se les debe imponer.

En verdad os digo también que, como verdaderas vírgenes sensatas, ellos no dejarán que sus lámparas se apaguen antes de la hora de su llamada.

No, no la dejarán apagarse; esta luz es todo el bien que poseen y no pueden dejar que se apague.

En verdad os digo que, como Yo estoy en el Padre, así los pobres están en Dios.

Por esto, Yo, Verbo del Padre, he querido nacer y permanecer pobre.

Los ricos poseen muchas cosas; los pobres, sólo a Dios.

Los ricos tienen amigos, los pobres están solos.

Los ricos tienen muchas consolaciones, los pobres no.

Los ricos se divierten, los pobres sólo trabajan.

Todo es fácil para los ricos, por su dinero.

Los pobres tienen, además, la cruz del temor a las enfermedades y a las carestías, pues significarían para ellos hambre y muerte.

Mas los pobres poseen a Dios.

Dios, amigo suyo, Consolador suyo;

É1 los distrae de su penoso presente con esperanzas celestiales;

a El se le puede decir (y ellos saben decirlo, lo dicen precisamente por ser pobres y humildes y estar solos):

“Padre, socórrenos con tu misericordia”

Esto lo estoy diciendo aquí, en esta tierra, que es de Lázaro, amigo mío y de Dios a pesar de que sea muy rico.

Puede parecer extraño.

Lázaro es la excepción de los ricos.

Lázaro ha alcanzado esa virtud, dificilísima de encontrar en la tierra y aún más difícil de practicarse por enseñanza ajena,

que es la virtud de la libertad respecto a las riquezas.

Lázaro es un hombre justo,

No se ofende, no se puede ofender porque sabe que es el rico-pobre, por lo cual mi crítica celada no le toca.

Lázaro es justo y reconoce que en el mundo de los grandes sucede como Yo digo.

Por lo cual afirmo:

en verdad, en verdad os digo que es mucho más fácil que esté en Dios un pobre que un rico,

y os digo que en el Cielo del Padre mío y vuestro, muchos asientos serán ocupados por aquellos que en la tierra sufrieron,

cual polvo que se pisa, el desprecio, por ser los más pequeños.

Los pobres guardan en su corazón las perlas de las palabras de Dios; son su único tesoro.

Quien no tiene más que un bien lo custodia

el que tiene muchos se aburre, se distrae, es soberbio y sensual.

Así, este último no admira con ojos humildes y enamorados el tesoro ofrecido por Dios;

lo confunde con otros tesoros – las riquezas de la tierra -, valiosos sólo en apariencia, y piensa:

“¡Si escucho a éste, que es semejante a mí en cuanto a la carne, será por condescendencia!”.

Y hace insensible, con los sabores fuertes de la sensualidad, su capacidad de distinguir el sabor de lo sobrenatural:

sabores fuertes… cargados de especias para confundir su hedor y su sabor a cosa podrida…

Escuchad, y entenderéis mejor cómo los cuidados de este mundo, las riquezas, la crápula, impiden entrar en el Reino de los Cielos.

Un rey celebraba las nupcias de su hijo. ¡Imaginaos qué fiesta habría en palacio!

Era su único hijo, que, llegado a la plena edad, se casaba con su amada. El padre y rey quiso que todo fuera alegría en torno a la de su amado hijo, que por fin se casaba con su elegida.

lo preparó con tiempo, cuidando de todos los detalles, para que resultase espléndido y digno de las bodas del hijo del rey.

Envió a los siervos, también con suficiente tiempo, para decir a los amigos, a los aliados y a los grandes del reino,

que habían sido fijadas las nupcias para esa fecha, por la tarde,

y que estaban invitados; que vinieran para dar un digno marco a la figura del hijo del rey.

Pero… ni amigos, ni aliados, ni grandes del reino aceptaron la invitación.

Entonces el rey, dudando de que los primeros siervos hubieran referido las cosas correctamente, envió a otros siervos,

para que insistieran con estas palabras:

“¡Os rogamos que vengáis! Todo está preparado. La sala está aparejada, hemos traído de los más distintos lugares vinos preciados,

en las cocinas están amontonados bueyes y animales cebados en espera de ser guisados,

las esclavas ya están amasando la harina para hacer dulces, o machacando en los morteros las almendras para hacer

finísimas gollerías enriquecidas con los más exóticos aromas.

Las mejores bailarinas y los mejores músicos han sido ya contratados para la fiesta.

Venid, pues, para no hacer vano tanto aparato”.

Pero los amigos, los aliados y los grandes del reino o rechazaron la invitación, o dijeron: “Tenemos otros quehaceres”,

o fingieron aceptar la invitación pero luego fueron a sus cosas (quién al campo, quién a sus ocupaciones, quién a cosas menos nobles).

–     Porque el siervo del rey insistía:

“No le niegues al rey esto, pues te podría causar algún mal” –

Incluso hubo quien, molesto por tanta insistencia, mató al siervo para hacerlo callar.

Los siervos volvieron y refirieron al rey todo.

El rey se encendió de cólera y mandó a su ejército para castigar a los asesinos de sus siervos y a los que habían despreciado su invitación;

se reservó premiar a los que habían prometido que irían.

Pero llegada la tarde de la fiesta, a la hora establecida, no vino ninguno.

E1 rey, indignado, llamó a los siervos y dijo:

“No ha de suceder que mi hijo no tenga a nadie que le celebre en esta tarde de sus nupcias.

El banquete está preparado.

Los invitados no son dignos de él.

A pesar de todo, el banquete nupcial de mi hijo ha de celebrarse.

Id pues, a las plazas y a los caminos, colocaos en los cruces, parad a los que pasan,

congregad a los que veáisociosos; traedlos aquí; que la sala se llene de gente festiva”.

Y fueron los siervos, y recorrieron los caminos, se diseminaron por las plazas, por los cruces,

y reunieron a todos los que encontraron:

buenos o malos, ricos o pobres, y los condujeron a la morada real (previamente les habían procurado los medios

Los guiaron hasta la sala, y la sala se llenó, como el rey quería, de gente festiva.

Mas he aquí que, habiendo entrado el rey en la sala, para ver si ya podía empezar la fiesta,

vio a uno que, a pesar de las facilidades que le dieron los siervos de ir bien presentado, no llevaba vestido de bodas.

Le preguntó: “¿Cómo es que has entrado aquí sin el vestido de bodas?”.

Este no supo qué responder, porque, en efecto, no tenía nada que lo pudiera disculpar.

Entonces el rey llamó a los siervos y les dijo:

“Tomad a éste, atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera de mi casa, a las tinieblas y al lodo helador:

ahí llorará y le rechinarán los dientes, como ha merecido por su ingratitud y por la ofensa que me ha infligido, 

más que a mí a mi hijo, al entrar con vestido pobre y sucio en la sala del banquete,

donde no debe entrar nada que no sea digno de la sala y de mi hijo”.

Como podéis ver, los cuidados de este mundo, la avaricia, la sensualidad, la crueldad,

provocan la ira del rey y hacen que jamás estos hijos de las preocupaciones vuelvan a entrar en la casa del Rey.

Podéis también ver cómo entre los llamados, por amor al hijo, hay quien recibe castigo.

¡Cuántos, hoy día, en esta tierra a la que Dios ha enviado a su Verbo! Dios verdaderamente ha invitado, a través de sus siervos.

Y los seguirá invitando, cada vez más impelentemente a medida que se va acercando la hora de mi Desposorio -, a amigos, a aliados, a los grandes de su pueblo.

Mas no responderán a la invitación, porque son falsos aliados, falsos amigos, grandes sólo de nombre pues son mezquinos.”  

Jesús va elevando cada vez más la voz.

A la luz del fuego que ha sido encendido entre Él y los que le escuchan,

para iluminar esta noche en que todavía falta la Luna, que está en fase menguante –

Sus ojos lanzan destellos de luz como si fueran dos zafiros relucientes.

Sí, son mezquinos.

Ya se ve por qué no comprenden el deber y el honor que supone la adhesión a la invitación del Rey.

Soberbia, dureza, lujuria crean un baluarte en torno a su corazón. Siendo malos, me odian a mí, a mí, y por eso no quieren venir a mis bodas.

No quieren venir. Prefieren unirse a la sucia política, al dinero (más sucio todavía), a la sensualidad (sucísima).

Prefieren el cálculo astuto, la conjura, la ratera conjura, la celada, el delito.

Yo condeno todo esto en nombre de Dios. Se odia por tanto la voz que habla y la misma fiesta, objeto de la invitación.

En este pueblo han de ser identificados los que matan a los siervos de Dios (los profetas, siervos hasta este momento; mis

discípulos, siervos de hoy en adelante), aquí están; y también los que, pretendiendo burlarse de Dios, dicen: “Sí. Iremos”,

pensando para sus adentros: “^Ni soñarlo!”.

Todo esto es una realidad en Israel.

Y el Rey del Cielo, para que su Hijo goce de un digno aderezo de bodas, dispondrá que vayan a los cruces de camino

para congregar a todos aquellos que no son amigos o grandes o aliados sino simplemente pueblo que pasa.

La convocatoria ha comenzado ya, de mi propia mano, de mi mano de Hijo y siervo de Dios.

Indiscriminadamente vendrán…

De hecho ya han venido.

Yo los ayudo a asearse y engalanarse para la fiesta de bodas.

¡Ah, pero habrá, para desgracia propia, quien se aproveche indignamente de esta magnificencia de Dios,

que le ofrece perfumes y vestiduras regias para que pueda aparecer como en realidad no es, o sea, rico y noble.

Y se aproveche para seducir, para obtener una ganancia…!

¡Oh, individuo de alma torva, atrapado por el repugnante pulpo de todos los vicios…!

Éste sustraerá perfumes y vestidos para obtener una ilícita ganancia, para usarlos no en las bodas del Hijo sino en sus bodas con Satanás.

Sí, esto sucederá.

En efecto, muchos son los llamados, mas pocos los que por saber perseverar en la llamada, alcanzan la elección. 

Pero también sucederá que estas hienas, que prefieren la carroña al alimento fresco, serán arrojados como castigo, fuera de la sala del Banquete,

A las tinieblas y al fango de un lodazal eterno en que Satanás emite su horrible risa estridente por cada triunfo sobre un alma.

Y en que resuena eterno, el llanto desesperado de los mentecatos que siguieron al Delito en vez de seguir a la Bondad que los había llamado.  

Alzaos. Vamos a descansar.

Os bendigo a todos, habitantes de Betania.

Os bendigo y os doy mi paz.

Te bendigo a ti especialmente Lázaro, amigo mío.

Y a ti Marta. Bendigo a mis discípulos, a los primeros y a los nuevos.

Yo los envío por el mundo, a invitar para las bodas del Rey.

Arrodillaos, que voy a bendeciros a todos.

Pedro, di 1a Oración que os he enseñado, dila aquí, a mi lado.

En pie, porque así debe decirla quien ha sido destinado por Dios para ello.

Toda la asamblea se arrodilla sobre la hierba.

En pie sólo están Jesús, con su vestidura de lino, alto, bellísimo…

Y Pedro, vestido de marrón oscuro encendido de emoción, casi tembloroso…

Recitando la Oración con esa voz suya un poco ronca, lentamente por miedo a equivocarse:

«Padre nuestro…»

Cuando la sublime oración termina…

Margziam arrodillado justo delante de María, que le mantiene unidas sus manitas, mira con una sonrisa de ángel a Jesús,

y dice bajo:

–     ¡Mira Madre, qué hermoso es tu Hijo!

Y también mi padre, ¡Qué gallardo’ Parece estar en el Cielo…  

Piensa un ´pcco y agrega:

–     ¿Estará aquí mi madre viendo?

María susurra:

–     Sí, tesoro, está aquí…

Está aprendiendo la Oración…

Y María le da un beso.

–      ¿Y yo?

¿La voy a aprender?

–     Ella te la susurrará en el alma mientras duermes,.

Y yo te la repetiré de día. 

El niño echa hacia atrás su cabecita morena y la apoya en el pecho de María,…

Y se queda así mientras Jesús lleva a cabo la siempre solemne bendición mosaica.

Acabado el gesto, todos se ponen en pie y se marcha cada uno a su casa.

Sólo Lázaro sigue todavía a Jesús.

Luego entra con Él en la casa de Simón, para estar un rato más en su compañía.

179 LAS DIEZ VÍRGENES


179 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está hablando a una mediana muchedumbre que se ha reunido en el huerto de la casa grande de Lázaro en Bethania.

Todos los habitantes de la casa de Lázaro, los campesinos de Yocana, los del grupo de Isacc el pastor y muchos otros discípulos.

También los que habitan la casa de Simón Zelote, incluidos los apóstoles, las Marías y Martha…

Todas las mujeres y muchos lugareños de la región, sumados a los siervos y los campesinos, rodean al Maestro, escuchando muy atentos lo que les está hablando…

Margziam está sentado justo frente a Jesús y no se pierde ni una palabra…

Al parecer el discurso ha debido empezar poco antes, porque sigue llegando gente…

Dice Jesús:

-…Por este temor que tan vivo siento en muchos, es por lo que hoy quiero proponeros una dulce parábola.

Dulce para los hombres de buena voluntad, amarga para los otros.

De de todas formas, estos últimos disponen del modo de abolir esa amargura:

transformarse en hombres de buena voluntad. pues, si así lo hacen, cesará el reproche que la parábola suscita en la conciencia.

El Reino de los Cielos es la casa del desposorio que Dios celebra con las almas: el momento de entrada en aquél se identifica con el día de la boda.

Pues bien, escuchad.

Entre nosotros es costumbre que las doncellas sigan en cortejo al novio cuando va a la casa nupcial, para conducirlo entre luces y cantos, adonde vivirá con su dulce novia.

El cortejo entonces, deja la casa de la novia.

Ésta, velada llena de emoción, se dirige acompañada del novio, como verdadera reina a su lugar: 

a una casa que no es suya, pero que lo será desde el momento en que se haga una sola carne con su esposo.

El cortejo, en su mayoría compuesto por amigas de la novia, corre a recibir a esta pareja feliz, para rodearlos de una aureola de luces.

Pues bien, en un pueblo se celebró una boda.

Mientras los novios, con los parientes y amigos, lo festejaban en casa de la novia, diez vírgenes se dirigieron al lugar establecido:

El vestíbulo de la casa del novio, para estar preparadas a salir al encuentro de éste cuando llegase a sus oídos el lejano toque de címbalos,

anunciador de que los novios ya habrían dejado la casa de la novia para ir hacia la del novio.

Pero… el banquete se prolongaba en la casa de la ceremonia nupcial…

Y llegó la noche.

Como sabéis, las vírgenes mantienen continuamente encendidas las lámparas para no perder tiempo en el momento señalado.

Ahora bien, de estas diez vírgenes, todas con sus lámparas bien encendidas y resplandecientes, había cinco sensatas y cinco necias.

Las sensatas, llenas de prudencia, se habían proveído de pequeños recipientes llenos de aceite,

para poder alimentar las lámparas por si la espera se hubiera alargado más de lo previsible. 

Las necias se habían limitado a llenar bien las lamparitas.

Y pasaron las horas…

La espera estuvo animada de alegres conversaciones, agudezas, relatos;

pero llegó un momento en que ya no supieron más cosas que decir ni que hacer.

Aburridas o simplemente cansadas, las diez jóvenes se sentaron más cómodamente, con sus lámparas encendidas, muy cerca de ellas,.

Y poco a poco se fueron quedando dormidas.

A media noche se oyó un grito: “¡Está llegando el novio, salid a su encuentro!”.

Ante esto, las diez jóvenes se pusieron en pie, cogieron sus velos y las guirnaldas,

se arreglaron y sin pérdida de tiempo, fueron por las lámparas a la repisa en que las habían dejado:

Cinco de ellas ya languidecían: la mecha, sin aceite que la alimentase, consumida toda, despedía relumbros cada vez más débiles y humo. 

Y amenazaba con apagarse al mínimo movimiento del aire.

Las otras cinco lámparas,por el contrario, alimentadas por las vírgenes prudentes antes de entregarse al sueño, mantenían vivas sus llamas…

Y más se avivaron aún porque añadieron aceite nuevo al vasito de la lámpara.

Entonces las vírgenes necias suplicaron:

“¡Dadnos un poco de vuestro aceite, porque si no, las lámparas se nos van a  apagar con solo moverlas; las vuestras lucen ya bien!…”

. Mas las prudentes respondieron:

`Afuera sopla el viento de la noche, desciende denso rocío; nunca es suficiente el aceite para alimentar una llama fuerte, capaz de resistir el viento y el relente.

Si os damos una parte, también vacilará nuestra luz.

¡Sería muy triste un cortejo de vírgenes sin el titileo de las lamparillas!

Id corriendo a donde el proveedor más cercano; suplicadle, llamad a su puerta, haced que se levante de la cama para daros aceite”.

Y corriendo y tropezando, angustiadas siguieron el consejo de sus compañeras;

ajando los velos, manchándose los vestidos, perdiendo las guirnaldas.

He aquí que, mientras éstas iban a comprar el aceite, apareció en el fondo del camino la figura del novio, que venía con la novia.

Entonces las cinco vírgenes que tenían las lámparas encendidas, corrieron a su encuentro;

circundados por ellas, los novios entraron en la casa para la conclusión de la ceremonia

El acompañamiento de la novia por parte de las vírgenes hasta el aposento nupcial.

Entraron los novios en la casa y la puerta fue cerrada:

Quien estaba fuera, afuera se quedó.

Esto les pasó a las cinco vírgenes necias, las cuales regresaron con el aceite

pero se encontraron con la puerta cerrada: fue inútil que golpearan hasta herirse las manos y gimiendo:

“¡Señor, señor, ábrenos! Somos del cortejo de la boda; somos las vírgenes propiciatorias, elegidas para dar honor y buena fortuna a tu tálamo”.

El novio, desde la parte alta de la casa, dejando un momento solos a los invitados más íntimos, de los que se estaba despidiendo  mientras la novia entraba en la cámara nupcial, dijo:

“En verdad os digo que no os conozco. No sé quiénes sois. No he visto vuestros rostros jubilosos alrededor de mi amada. Sois usurpadoras. Quedaos pues, fuera de la casa de la boda”.

Y las cinco necias se marcharon llorando por los caminos oscuros, con sus lámparas que ya no le hacían falta, con sus vestiduras  ajadas, los velos rasgados, las guirnaldas deshechas, o incluso sin guirnaldas…

Escuchad ahora el significado contenido en la parábola.

A1 principio os he dicho que el Reino de los Cielos es la casa del desposorio que Dios celebra con las almas.

Todos los fieles están llamados al desposorio celeste, porque Dios ama a todos sus hijos:

Para unos antes, para otros después, se presenta el momento del desposorio;

Y el hecho de haber llegado a él es gran ventura

Escuchad lo que os digo ahora. No ignoráis que las jóvenes consideran un honor y una suerte el ser llamadas para formar el cortejo de la novia.

Apliquemos a nuestro caso concreto los personajes; veréis como entenderéis mejor.

El Esposo es Dios; la esposa el alma de un justo a la que, habiendo cumplido el período de su noviazgo en la casa del Padre.

Es decir, velando por la doctrina de Dios, obedeciéndola y viviendo según la justicia, acompañan a la casa del Novio para celebrar el matrimonio.

Las vírgenes del cortejo son las almas de los fieles, que siguiendo el ejemplo de la novia…

Haber sido elegida por su Prometido por sus virtudes…  

Es signo de que era un ejemplo vivo de santidad y tratan de alcanzar este mismo honor santificándose.

Su vestido es blanco, está limpio, lozano; blancos son sus velos; están coronadas de flores.

Llevan lámparas encendidas en sus manos. Las lámparas están muy limpias;

su mecha, embebida del más puro aceite, para que no despida mal olor.

Su vestido es blanco:

La justicia, cuando se practica firmemente, da vestido blanco que – pronto – un día se hará blanquísimo…

Sin el más lejano recuerdo de mancha alguna, de una blancura supranatural, angélica.

Su vestido está limpio: 

Es necesario tener con la humildad, siempre limpio el vestido.

Es muy fácil empañar la pureza del corazón.

Quien no tiene corazón limpio no puede ver a Dios.

La humildad es como agua que lava.

Quien es humilde, su ojo no está empañado por el humo del orgullo  y se da cuenta enseguida de que ha manchado su vestido…

Y corre hacia su Señor diciendo:

“He privado de pureza a mi corazón. Lloro para purificarme. A tus pies lloro.

¡Sol mío, da blancura con tu benigno perdón, con tu amor paterno, a este vestido mío!”.

Un vestido lozano.

¡Ah, la lozanía del corazón!:

Los niños la tienen por don de Dios;.

Los justos, por don de Dios y por su propia voluntad.

Los santos, por don de Dios y por la voluntad llevada al heroísmo…

¿Y los pecadores, que tienen el alma lacerada, quemada, envenenada, sucia?,

¿No podrán volver a tener jamás un vestido lozano?

No, no, sí que pueden.

Ya desde el momento en que se miran con repulsa, empiezan a tener esta lozanía. 

La aumentan cuando deciden cambiar de vida

La perfeccionan cuando con la penitencia, se lavan, se desintoxican, se medican, reconstituyen su pobre alma.

Con la ayuda de Dios – que no niega su santo auxilio a quien se lo pide – con su propia superheroica voluntad…

Su trabajo es doble, triple, o séxtuplo, pues en ellos no se trata de tutelar lo que tienen,

Sino de reconstruir lo que ellos mismos han echado por tierra…

Y con penitencia incansable, implacable, respecto a ese ‘yo’ que fue pecador, los pecadores restituyen la lozanía infantil a su alma,

Preciosa ahora por su experiencia, que los hace maestros de otros que son como eran ellos, es decir, pecadores.

Velos blancos.

¡Es la humildad! Tengo dicho: “Cuando oréis o hagáis penitencia, que el mundo no se percate de ello”.

En los libros sapienciales está escrito: “No se debe revelar el secreto del Rey”.

La humildad es ese velo cándido y protector que recubre el bien que hacemos y el bien que Dios nos concede.

No se gloríe – necia gloria humana – el corazón por el amor de privilegio concedido por Dios:

Inmediatamente le sería arrebatado el don;

Cante más bien, internamente a su Dios:

“Mi alma te ensalza, Señor… porque has vuelto tu mirada a la pequeñez de tu sierva”».

Jesús interrumpe brevemente su discurso y fija su mirada en su Madre, que muy ruborizada bajo su velo, se inclina mucho…

Como si quisiera ordenar los cabellos del niño, que está sentado a sus pies.

En realidad lo que quiere es ocultar la emoción que siente a causa de su recuerdo..

Coronada de flores.

El alma debe trenzarse diariamente su propia guirnalda de actos virtuosos, porque en presencia del Altísimo no debe haber nada ajado, ni se puede tener aspecto desaliñado.

Diariamente, he dicho.

El alma, efectivamente, no sabe cuándo Dios-Esposo puede aparecer para decir: “Ven”.

Así que no puede uno cansarse jamás de renovar la corona. No tengáis miedo.

Las flores marchitan pero las de las coronas de virtudes no marchitan.

El ángel de Dios que todo hombre tiene a su lado, recoge a diario estas guirnaldas y las lleva al Cielo:

Allí harán de trono al nuevo bienaventurado cuando como esposa en la casa nupcial, entre.

Tienen las lámparas encendidas.

Para honrar a su Esposo y como luz para el camino. ¡Qué fúlgida es la Fe, qué dulce amiga!

Su llama es radiante como una estrella, risueña por la seguridad que le da su certidumbre; hace luminoso incluso al instrumento que la sujeta.

La carne del hombre alimentado de Fe, incluso la carne parece ya en este mundo, hacerse más luminosa y espiritual, . 

inmune a una depauperación precoz; porque quien cree se apoya en las palabras y 1os mandamientos de Dios que es su fin,. 

Para alcanzarlo se mantiene lejos de todo tipo de corrupción y no sufre turbaciones, miedos, remordimientos;

ni se ve obligado a recordar sus mentiras o a esconder sus malas acciones.

Y se conserva en la lozanía y juventud de la hermosa incorrupción del santo.

Su carne, su sangre, su mente, su corazón están limpios de toda lujuria, para contener así el aceite de la fe, para lucir sin producir humo.

La voluntad constante nutrirá siempre esta luz.

La vida de cada día, con sus desilusiones, constataciones, contactos, tentaciones, roces, tiende a reducir la Fe…

¡Esto no debe suceder! Id cada día a la fuente del óleo suave, sapiencial, de Dios.

Mas la lámpara escasamente alimentada puede apagarse con el más ligero viento o por el relente denso de la noche.

La Noche…

La Hora de las Tinieblas, del pecado, de la tentación, les llega a todos:

Es la noche, para el alma.

Pero, si ésta está henchida de Fe la llama no podrá ser apagada por el viento del mundo o por la calina de las sensualidades.

En fin, vigilancia, vigilancia, vigilancia.

Aquel que imprudente, se confía diciendo: “Dios llegará antes de que me quede sin luz”. 

O quien se induce a sí mismo a dormir antes que a velar…

¡Además duerme sin aquello que necesitaría para estar listo inmediatamente a la primera llamada!

O aquel que espera al último momento para procurarse el aceite de la Fe o la mecha fuerte de la buena voluntad…

Incurren en el peligro de quedarse fuera cuando llegue el Esposo.

Velad por tanto con prudencia, constancia, pureza, confianza;

para estar siempre preparados cuando llame Dios, porque en realidad no sabéis cuándo vendrá Él.

Queridos discípulos míos, no quiero induciros a temblar ante Dios; antes bien, quiero promover en vosotros la Fe en su bondad.

Tanto los que os quedáis como los que os marcháis, pensad que si hacéis lo que hicieron las vírgenes sensatas, seréi llamados no solamente a formar el cortejo del Esposo,

sino que – como en el caso de la joven Ester, que fue nombrada reina en sustitución de Vastí – seréis escogidos y elegidos como esposas,

pues el Esposo “habrá encontrado en vosotros toda gracia y la mayor complacencia”.

A los que os marcháis os bendigo; llevad en vosotros estas palabras mías, transmitídselas a vuestros compañeros.

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

Jesús se acerca a los campesinos para reiterarles su saludo.

Juan de Endor le susurra:

–     Maestro, ya está aquí Judas…

–     No importa.

Acompáñalos al carro y haz lo que te he indicado.

La asamblea se disuelve lentamente.

Jesús despide y bendice una vez más a los campesinos y regresa hacia la casa…

Muchos hablan con Lázaro…

El cual ha visto al Maestro que se encamina hacia donde él está,

y le dice:

–     Maestro, los corazones de Betania quieren oír todavía tu palabra;

háblanos antes de marcharte.  

Jesús responde: 

–     Declina el día, pero el ambiente está tranquilo y sereno…

Si queréis reuniros en los prados recientemente segados, os hablaré antes de marcharme de esta ciudad amiga.

O si no, mañana al alba.

Sí, ha llegado la hora de despedirnos. 

Todos exclaman:

–    ¡Oh, Ya!

–     ¡Luego!

–    ¡Esta noche! 

–     Como queráis.

Ahora retiraos.

A la mitad de la primera vigilia os hablaré…

177 PARÁBOLA DE LOS TEMPLOS


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La fe y el alma, explicadas a los paganos con la parábola de los templos

En la paz del sábado, Jesús está descansando junto a un campo de lino todo florecido, propiedad de Lázaro.

Parece que estuviera sumergido en el alto lino. Sentado en un caballón, se absorbe en sus pensamientos.

Con Él no hay sino alguna silenciosa mariposa o alguna rumorosa lagartija, que lo mira con sus ojitos de azabache, levantando su cabecita triangular de garganta clara y palpitante.

Nada más.

En la tarde caliente, calla hasta el más mínimo soplo de viento por entre los altos tallos.

De lejos en el jardín de Lázaro, llega la canción de una mujer y con ella los alegres gritos de Margziam, que está jugando con alguien.

Casi no hay viento  y se escuchan una, dos, tres voces gritando…

llamándolo:

–     ¡Maestro! 

 –    ¡Jesús!

Jesús sale bruscamente de su ensimismamiento, se sacude y se levanta.

Aunque el lino está ya crecido y es muy alto. 

Jesús es más alto y parte de su figura emerge, en el mar verde y azul del lino.

 Simón Zelote grita:  

–    ¡Ahí está, Juan! 

Y Juan, a su vez:

–     ¡Madre, el Maestro está aquí, en el lino!

Mientras Jesús se acerca al sendero que conduce a la casa, llega María.  

Jesús pregunta: 

–     ¿Qué quieres, Mamá?

María responde: 

–     Hijo mío, han llegado unos gentiles, con algunas mujeres.

Dicen que han sabido por Juana que estabas aquí… Y que durante todos estos días te han esperado junto a la Torre Antonia…

–     ¡Ah, ya sé!

Muy bien. Voy al momento. ¿En dónde están?

–   En el jardín de la casa de Lázaro.

A él lo quieren los romanos. Les dijo que entrasen con sus carros, para no escandalizar a nadie.

–     Está bien, Madre.

Son soldados y damas romanas, lo sé.

–   ¿Y para qué te quieren?

–     Lo que muchos en Israel no quieren: Luz.

–     ¿Cómo creen en ti?

¿Qué te creen: Dios, quizás?

–     A su manera, sí.

Para ellos  más que para nosotros, es fácil aceptar la idea de la encarnación de un dios en carne mortal.

–     Entonces ya creen en tu fe…

–     Todavía no, Mamá.

Primero debo demoler la suya. Por el momento soy para ellos un hombre sabio, un filósofo, como ellos dicen.

De todas formas, tanto ese deseo de conocer doctrinas filosóficas,

como su tendencia a creer posible la encarnación de un dios, me ayudan mucho a conducirlos a la verdadera Fe.

Créeme que son más simples en su modo de pensar que muchos de Israel.

–     Pero, ¿Serán sinceros?

Se dice que Juan el Bautista…

–     No.

Si de ellos hubiera dependido. Juan estaría libre y seguro.

Dejan tranquilos a todos, con tal de que no sean rebeldes.

Es más, te diré que con ellos el hecho de ser profeta, usan la palabra “filósofo”

porque la altura propia de la sabiduría sobrenatural, es igualmente filosofía para ellos.

Es una garantía de que te respetarán. No estés preocupada, Mamá, que el mal no me vendrá por esa vía…

–     Pero los fariseos..

Si llegan a saberlo, ¿Que dirán de Lázaro?

Tú… eres Tú y debes manifestar la Palabra al mundo.

¡Pero Lázaro… ya de por sí lo ofenden mucho…!

–     Pero es intocable.

Saben que Roma lo protege.

–     Te dejo, Hijo mío.

Aquí está Maximino que te llevará adonde los gentiles.

Y María que había caminado al lado de Jesús durante todo este tiempo,

ahora se retira ligera. y se encamina hacia la casa de Simón Zelote.

Jesús por su parte, entra por una puertecita de hierro abierta en el muro que rodea el jardín,

en una parte alejada, en que ya no es jardín sino un enorme huerto,

cerca del lugar que en un futuro no muy lejano, será enterrado Lázaro.

Ahora está allí Lázaro sólo y nadie más. 

Y dice: 

–     Maestro, he tomado la iniciativa de acogerlos en mi casa…

–     Has hecho bien.

¿Dónde están?

–     Allá, a la sombra de aquellos bojes y laureles.

Como puedes observar, están a no menos de quinientos pasos de la casa.

–     Bien, bien, bueno…

¡La Luz descienda sobre todos vosotros!

El tribuno Publio Quintilisno está vestido de paisano, 

y saluda:

–     ¡Salve, Maestro! 

Las damas se ponen en pie para saludar a Jesús (son Plautina. Valeria y Lidia. Y otra, anciana.

Están todas vestidas con mucha sencillez y nada de sus acostumbrados lujos. 

Plautina dice: 

–     Hemos venido porque queríamos oírte hablar.  

Publio agrega:

–    No has venido nunca.

Estaba de guardia cuando llegaste, pero no te he visto nunca.  

Jesús inquiere:  

–     Yo tampoco he visto nunca en la Puerta de los Peces a un soldado amigo mío.

Se llama Alejandro…

–     ¿Alejandro?

No sé exactamente si es él, pero sé que hace un tiempo tuvimos que quitar, para calmar a los judíos, a un soldado acusado de… haber hablado de Tí

Ahora está en Antioquía.

Quizás vuelva. ¡Caray, qué molestos son esos… los que quieren mandar incluso ahora, que están sometidos!

Y no hay más remedio que moverse con maña para no provocar cosas graves…

Nos hacen la vida difícil, créelo…

Sin embargo, Tú eres bueno y sabio. ¿Nos hablas?

Quizás pronto tenga que irme de Palestina, quisiera llevarme conmigo algo tuyo que recordar.  

Jesús, sonriendo dice: 

–     Os hablaré, sí.

No decepciono nunca a nadie. ¿Qué es lo que queréis saber?

Y Publio Quintiliano asiste a su primera lección que lo convertirá en el cristiano…

Que formará una familia cristiana y que dará testimonio con su sangre; ante la ferocidad de Nerón…

El tribuno imperial mira a las damas con ademán interrogativo…  

Valeria dice: 

–     Lo que Tú quieras, Maestro.

Plautina se pone de nuevo en pie y dice:

–     He pensado mucho…

Debería conocer muchas cosas… todo, para poder juzgar.

No obstante, si se puede preguntar, yo querría saber cómo se construye una fe, la tuya por ejemplo.

Y sobre un terreno que dices que está privado de verdadera fe.

Dices que nuestras creencias son vanas. Si es así nos quedamos vacíos. ¿Cómo se puede… tener?

–     Tomaré como ejemplo una cosa que vosotros tenéis: los templos.

Vuestros edificios sagrados, verdaderamente bonitos, cuya única imperfección es el hecho de estar dedicados a la Nada

y os pueden enseñar cómo se puede alcanzar una fe y dónde colocarla.

Observad: ¿Dónde los construís?, ¿Qué lugar se prefiere para construirlos?, ¿Cómo los construís?

El lugar, generalmente, es espacioso, abierto, elevado; para este fin incluso se derriba lo que estorba o aprisiona.

Y si no es un lugar elevado, se construye sobre un estereóbato más elevado del común de tres gradas,

que se usa para los templos que ya de por sí se alzan en un elevación natural.

Están rodeados de muros sagrados, por lo general, y formados por columnatas y pórticos.

Dentro están los árboles consagrados a los dioses, hay fuentes y altares, estatuas y estelas.

Generalmente les precede el propileo, pasado el cual se yergue el altar en que se elevan las preces al numen;

frente a éste, está el lugar del sacrificio, porque el sacrificio precede a la oración.

Muchas veces, especialmente en los templos más grandiosos,

el peristilo los rodea con una guirnalda de preciosos mármoles.

En su interior está el vestíbulo anterior, externo o interno respecto al peristilo, la celda del numen, el vestíbulo posterior…

Mármoles, estatuas, frontones, acroteras, tímpanos, perfectamente acicalados, de gran valor, perfectamente decorados,

hacen del templo un edificio nobilísimo para todos, incluso para el ojo más inculto. ¿No es así?

Plautina confirma con tono de alabanza: 

–     Así es, Maestro.

Los has visto y estudiado muy bien.

Quintiliano exclama: 

–     ¡Pero si nos consta que no ha salido nunca de Palestina!

–     Nunca he salido para ir a Roma o a Atenas.

Pero no ignoro la arquitectura de Grecia ni la de Roma. En el genio del hombre que decoró el Partenón Yo estaba presente…

Porque Yo estoy dondequiera que haya vida y manifestación de vida.

Dondequiera que un sabio piense, un escultor esculpa, un poeta componga,

una madre cante curvada hacia una cuna, un hombre trabaje los surcos, un médico luche contra las enfermedades…

Un ser vivo respire, un animal viva, un árbol vegete, allí estoy Yo, junto a Aquel de quien procedo.

En el estruendo del terremoto o el fragor de los rayos, en la luz de las estrellas o en el curso de las mareas, en el vuelo del águila y en el zumbido del mosquito,

Yo estoy presente con el Creador altísimo.

Quintiliano pregunta:

–     ¿Entonces… Tú… Tú sabes todo?

¿Conoces tanto el pensamiento como las obras humanas?

–     Yo sé.

Los romanos se miran estupefactos.

Se produce un largo silencio.

Luego, tímidamente,

Valeria solicita:

–     Expón tu pensamiento Maestro, para que sepamos qué debemos hacer.

–     Sí.

La Fe se construye como se construyen esos templos de que os sentís tan orgullosos: 

Se hace espacio al templo, se libera la zona de alrededor, se eleva el templo.  

Plautina pregunta: 

–     Pero, ¿Y el templo para colocar la fe, esta deidad verdadera, dónde está?

–     Plautina, la Fe no es deidad; es una virtud.

En la Fe verdadera no hay deidades; sólo hay un único y verdadero Dios.

–     ¿Entonces… Él está allá arriba, solo, en su Olimpo?

¿Y qué hace si está solo?

–     Se basta a Sí Mismo, aunque se ocupa de todas las cosas de la Creación.

He dicho que hasta en el zumbido del mosquito Dios está presente. No se aburre, no lo pongas en duda.

No es un pobre hombre, dueño de un inmenso imperio en que se siente odiado y vive temblando.

Él es el Amor y vive amando. Su Vida es Amor continuo. Se basta a Sí Mismo porque es infinito y potentísimo; es la Perfección.

Y tantas son las cosas creadas, las cuales viven porque Él continuamente lo quiere, que no tiene tiempo de aburrirse.

El aburrimiento es fruto del ocio y del vicio.

En el Cielo del verdadero Dios, no hay ocio ni vicio.

Pronto tendrá, además de los ángeles que ahora le sirven, un pueblo de justos que en Él exultarán.

Y este pueblo irá creciendo cada vez más por los que en el futuro creerán en el verdadero Dios.  

Lidia pregunta: 

–     ¿Los ángeles son los genios? 

–     No.

Son seres espirituales, como lo es Dios, que los ha creado.

–     ¿Y los genios qué son entonces?

–     Como vosotros los imagináis son una falsedad.

Como los imagináis vosotros no existen.

Lo que sucede es que, por esa instintiva necesidad del hombre de buscar la verdad,

también vosotros habéis sentido que el hombre no es sólo carne y que una realidad inmortal está unida a su cuerpo perecedero.

El hombre busca la verdad aguijoneado por el alma, que vive y está presente también en los paganos,

aunque atribulada porque en ellos su deseo está ahogado,

porque se siente hambrienta en su nostalgia del Dios verdadero, que sólo ella recuerda,

en ese cuerpo en que vive, gobernado por una mente pagana.

Y también las ciudades y las naciones posean una realidad inmortal.

Por eso creéis, sentís la necesidad de creer, en los “genios”;

y os dais el genio individual, el de la familia, el de la ciudad, el de las naciones.

Así, tenéis el “genio de Roma”, el “genio del emperador”… y los adoráis como divinidades menores.

Entrad en la verdadera Fe: conoceréis a vuestro ángel, seréis amigos de él y lo veneraréis,

aunque sin adorarlo, porque sólo a Dios se le adora.

Publio Quintiliano pregunta: 

–     Has dicho:

“Aguijón del alma, viva y presente también en los paganos, atribulada en ellos porque su deseo está frustrado”.

Pero, ¿De quién procede el alma?

–  De Dios.

Él es el Creador.

–     ¿Pero no nacemos de mujer, por unión con el hombre?

Nuestros dioses también han sido engendrados de la misma manera.

–     Vuestros dioses no son reales:

Son los fantasmas de vuestro pensamiento, que tiene necesidad de creer.

En efecto, esta necesidad es más imperiosa que la de respirar.

Aun quien dice que no cree, CREE, en algo cree; el simple hecho de decir “no creo en Dios” presupone otra fe,

puede ser fe en sí mismo, en su propia, soberbia mente.

Creer, se cree siempre.

Es como el pensamiento.

Si decís “no quiero pensar” o “no creo en Dios”, con el simple hecho de decir estas dos frases,

manifestáis vuestro pensamiento de no querer pensar, o de no querer creer en Aquel que sabéis que existe.

Y acerca del hombre, para ser exactos en la expresión del concepto, debéis decir:

“El hombre es engendrado, como todos los animales, por unión de macho y hembra, de varón y mujer.

Pero el alma o sea, lo que diferencia al animal-hombre del animal-bruto, viene de Dios,

que la crea cada vez que un hombre es concebido en un seno.

Y la inserta en esa carne que si no, sería solamente animal”.

Quintiliano observa con tono irónico; 

–     ¿Y nosotros, que somos paganos, la tenemos? Según lo que dicen tus connacionales no lo parece…

En el momento de la unión del óvulo con el espermatozoide, el Alma y el Espíritu Santo, forman una fusion completa… Y comienza el MILAGRO de la Vida…

–     Todo nacido de mujer la tiene. 

Plautina pregunta: 

–     Pero Tú dices que el pecado la mata.

¿Cómo es que entonces en nosotros, pecadores, está viva?

–     Vosotros no pecáis en la fe, pues creéis que estáis en la Verdad.

Cuando conozcáis la Verdad, si persistís en el error, cometeréis pecado.

De la misma forma, muchas cosas que para los israelitas son pecado, para vosotros no lo son,

porque ninguna ley divina os lo prohíbe.

Existe pecado cuando uno, a sabiendas, se rebela contra el mandato de Dios y dice:

“Sé que lo que hago está mal, pero lo quiero hacer de todas formas”.

Dios es justo. No puede castigar a quien hace el mal creyendo que está haciendo el bien.

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

Castiga a quien habiendo tenido cómo conocer el Bien y el Mal, elige este último y en él persiste.

–     ¿Entonces el alma está en nosotros, viva y presente?

–     Sí.

–     ¿Atribulada?

¿Pero estás seguro de que se acuerda de Dios? No nos acordamos del seno que nos crió, no podríamos describirlo internamente.

El alma, si no he entendido mal, es engendrada espiritualmente por Dios.

¿Podrá acordarse de esto último, si el cuerpo no recuerda su larga permanencia en el seno materno?

–     El alma no es animal, Plautina; el embrión, sí.

El alma es, a semejanza de Dios, eterna y espiritual;

eterna desde el momento en que es creada; sin embargo, Dios es el perfectísimo Eterno y por tanto, no tiene principio en el tiempo, como tampoco tendrá fin.

El alma, lúcida, inteligente, espiritual, obra de Dios, recuerda

Y SUFRE, sufre porque desea a Dios, al verdadero Dios de que procede…

Y tiene hambre de Dios: por eso aguijonea al cuerpo, torpe en lo que se refiere a tratar de acercarse a Dios.

–     Entonces, ¿Tenemos un alma exactamente igual que la de los israelitas que llamáis “justos”?.

–     No, Plautina.

Cambia según a lo que te refieras.

Si te refieres al origen y naturaleza, es exactamente igual que la de nuestros santos.

Si te refieres a la formación, entonces te digo que es distinta.

Si te refieres a la perfección que alcanza antes de la muerte, entonces la diversidad puede ser absoluta.

No obstante, esto no sucede sólo con vosotros, paganos: un hijo de este pueblo puede también ser absolutamente distinto de un santo en la vida futura.

El alma sufre tres fases:

La primera es de creación; la segunda, de nueva creación; la tercera, de perfección.

La primera es común a todos los hombres.

La segunda es propia de los justos que con su voluntad llevan a su alma hacia un renacimiento más lleno, uniendo sus buenas acciones a la bondad de la obra de Dios 

edifican, por tanto, un alma que ya es espiritualmente más perfecta que la primera: son así, eslabón entre la primera y la tercera.

Ésta, la tercera, es propia de los beatos o santos si lo preferís,

los cuales han superado en miles de grados a su alma inicial, adecuada sólo al hombre.

Y han hecho de ella una cosa que puede descansar en Dios.

–     ¿Y cuál es el modo de dar espacio, libertad y elevación al alma

–     Derribando las cosas inútiles que tenéis en vuestro yo:  liberándolo de todas las ideas erradas;.

Construyendo, con los fragmentos resultantes de la demolición, la elevación para el templo soberano.

Se ha de conducir al alma cada vez más arriba subiendo los tres peldaños.

¡Oh, a vosotros, romanos, os gustan los símbolos! Ved los tres peldaños a la luz del símbolo. Os pueden decir sus nombres:

Penitencia, Paciencia, Constancia.

O: Humildad, Pureza, Justicia.

O: Sabiduría, Generosidad, Misericordia.

Virtudes teologales : FE; ESPERANZA y CARIDAD

O en fin, el trinomio espléndido: Fe, Esperanza, Caridad.

Fijaos qué simbolizan los muros que, ornamentados y al mismo tiempo resistentes, rodean el área del templo.

Es necesario saber circundar al alma, reina del cuerpo, templo del Espíritu eterno, con una barrera que la defienda, sin quitarle la luz.

Y no agobiarla con la visión de cosas inmundas.

Sea muralla segura y cincelada con el deseo del amor para, quitando las esquirlas de lo que es inferior, la carne y la sangre,

formar lo superior, el espíritu.

Cincelar con la voluntad: eliminar aristas, desportilladuras, manchas, vetas de debilidad, del mármol de nuestro yo,  para que sea perfecto en torno al alma.

A1 mismo tiempo, hacer de la muralla que habrá de proteger al templo, misericordioso refugio para los desdichados que no conocen lo que es Caridad.

¿Y los pórticos?: la expansión del amor, la piedad, el deseo de que otros vayan a Dios; son semejantes a amorosos brazos que se extienden para amparar la cuna de un huérfano.

En el interior del recinto están, como ofrenda al Creador, los más bellos y olorosos árboles.

Sembrad en el terreno que antes estaba desnudo.

Cultivad luego estos árboles, que son las virtudes de todo tipo, segundo círculo protector, vivo y florido, en torno al sagrario.

Y entre los árboles, entre las virtudes, las fuentes que son también amor, purificación, antes de acercarse al propileo,

junto al cual, antes de subir al altar, se debe cumplir el sacrificio de la carnalidad, vaciarse de toda lujuria.

Luego, continuar más adentro, hasta el altar, para depositar la ofrenda…

Y seguir, atravesando el vestíbulo, hasta la celda de Dios. ¿Qué será esta morada?:

Copiosidad de riquezas espirituales, porque nunca es demasiado como marco para Dios.

¿Habéis comprendido esto? Me habéis pedido que os explique cómo se construye la Fe.

Os he dicho: “Según el método con que se elevan los templos”.

Como podéis observar, es así. ¿Alguna otra cosa más?

–     No, Maestro.

Creo que Flavia ha escrito lo que has dicho

Claudia lo quiere saber. ¿Has escrito?

Mientras pasa las tablas enceradas, la mujer dice: 

–     Fielmente. 

Plautina dice:

–     Las tendremos para poderlo leer otras veces.

–     Es cera.

Se borra. Escribidlo en vuestros corazones y no se borrará.

–     Maestro, están ocupados por una serie de templos inútiles, contra los cuales, sí lanzamos tu Palabra para demolerlos..

Plautina lanza un ptofundo suspiro,

y agrega:

–     Pero es un trabajo largo…

Acuérdate de nosotros en tu Cielo…

–     Marchaos con la seguridad de que lo haré.

La historia del Tribuno Imperial Publio Quintilianos está relatada en el libro Enfrentando a Nerón

Os dejo. Sabed que vuestra visita me ha sido grata. Adiós,

Publio Quintiliano. Acuérdate de Jesús de Nazaret.

Las damas se despiden y son las primeras en marcharse;

luego pensativo, se marcha Quintiliano.

Jesús los mira mientras se van en compañía de Maximino, que los acompaña hasta sus carros.  

Y sonrie con un amor infinito…

Pues está lanzando su mirada a través del tiempo y …

Lázaro pregunta: 

–    ¿Por qué sonríes, Maestro? 

–    Estoy viendo a los futuros vencedores de mi Iglesia Niña…

¡Me siento muy feliz!

Y vuelve a abstraerse en algo que lo hace mover la cabeza…

Lázaro vuelve a preguntar:

–    ¿Qué piensas, Maestro? 

–     Que hay muchos infelices en el mundo.

Lázaro ve alejarse a los romanos y piensa en las palabras de Jesús…

Luego dice:

–     Y yo soy uno de ellos.

–     ¿Por qué, amigo mío?

–     Porque todos vienen a Tí, pero María no.

Será que su miseria es mayor, ¿No?

Jesús lo mira y sonríe.

–     ¡Sonríes otra vez!

¿No te duele que María sea inconvertible y que yo sufra!

Marta no ha dejado de llorar desde la tarde del lunes. ¿Quién era aquella mujer?

¿Sabes que durante todo el día tuvimos la esperanza de que fuera ella?

–     Sonrío porque eres un niño impaciente…

Y porque pienso que malgastáis energías y lágrimas; si hubiera sido ella, habría ido inmediatamente a decíroslo

–     ¿Entonces?…

No era ella!».

–     ¡Lázaro! 

–    Tienes razón.

¡Paciencia!, ¡Más paciencia!… Mira, Maestro, las joyas que me diste para venderlas: aquí está el dinero que me han dado por ellas, para los pobres.

Eran muy bonitas. de mujer–     ¡Eran de “esa” mujer.

–     Lo había imaginado.

¡Ah, si hubieran sido de María…! ¡Pero ella… pero ella!… ¡Mi Señor, pierdo la esperanza!…

Jesús lo abraza y guarda silencio durante unos momentos.

Luego dice:

–     Te ruego que no hables a nadie de esas joyas.

Esa mujer debe desaparecer de admiraciones y apetitos, como una nube trasportada por el viento sin que quede rastro de ella en el cielo.

–     Puedes estar tranquilo, Maestro…

A cambio tráeme a María, a nuestra pobre María…

–     La paz descienda sobre ti, Lázaro.

Haré lo que he prometido.