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99.- OCASO DE UNA DINASTÍA


roma-imperialDespués de regresar de la Casa de las Gallinas, cayó un rayo en el Palacio de los Césares y cayeron al mismo tiempo las cabezas de todas sus estatuas.

A la de Augusto se le cayó el cetro de las manos.

Babilo y sus astrólogos le pronosticaron a Nerón que lo depondrían.

Y él les contestó:

–           El arte nos hará vivir.

El mundo, después de haber soportado por catorce años a este singular gobernante, por fin se hizo justicia. Dando la señal de sublevación en la Galia, donde mandaba como propretor Julio Vindex.

Fue en Nápoles, en el aniversario de la muerte de Agripina, cuando le avisaron de la rebelión de las Galias.

Y Nerón recibió la noticia con tanta indiferencia, que muchos sospecharon que se alegraba de tener la oportunidad para despojar por derecho de guerra, a las provincias más ricas del imperio.

En el acto se marchó al gimnasio y contempló las luchas de los atletas, mostrando gran interés en sus ejercicios.

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Durante la cena le trajeron cartas más inquietantes y fue cuando prorrumpió en imprecaciones y amenazas contra los sublevados.

Durante ocho días no contestó ninguna carta, no dio orden alguna, tampoco instrucción alguna de ningún tipo. No hizo comentarios sobre aquel acontecimiento y se mantuvo en silencio sobre este asunto.

Trató por todos los medios y en todas las circunstancias de mantener su ritmo de vida habitual, conduciéndose como si no pasara nada extraordinario.

Pero el tiempo y el destino siguieron su implacable marcha.

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Conforme pasaban los meses, las noticias eran cada vez más inquetantes. 

Turbado finalmente por las injuriosas proclamas de Vindex, escribió al senado para exhortarles a vengar al emperador y a la república.

Y se excusó con una enfermedad de la garganta para no acudir personalmente.

Pero lo que más le ofendió de aquellas proclamas, fue que lo calificaran de pésimo cantante y que en lugar de Nerón, lo llamaran Enobarbo.

En su concepto, lo más falso era la censura que ignoraba un arte que había cultivado con tanto afán y buen éxito.

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Y les preguntaba a todos:

–           ¿Habéis conocido un artista más grande que yo?

Mientras tanto, se sucedían las noticias alarmantes y sin poder ocultar su temor, regresó a Roma.

Pero cuando supo que Galba y España se habían sublevado, perdió completamente el coraje y dejándose caer, permaneció largo tiempo callado y sin reaccionar; casi como si estuviera muerto.

Luego se levantó, rasgó sus ropas, se golpeó la cabeza.

Y exclamó:

–           Todo ha concluido para mí.

Sus nodrizas le acompañaban.

Y Eglogea queriendo consolarle, le nombró a otros príncipes a los cuales les habían ocurrido desgracias similares.

Y Nerón contestó:

–           Pero las mías son inauditas y sin comparación, pues pierdo el imperio antes que perder la vida.

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Y continuó con su vida acostumbrada, llena de diversión  en las carreras en el circo…   

Espectáculos variados,  lujos y molicie.

Dio banquetes espléndidos y compuso contra los jefes de la sublevación versos satíricos, que empezó a cantar gesticulando y procuró divulgar en público.

Se hizo llevar secretamente al teatro y mandó decir a un actor que tenía una gran voz y era un gran artista: Que era una gran fortuna para él, que el emperador tuviera otras ocupaciones’.

Concibió muchos proyectos atroces y acordes con su carácter, pero los abandonó ante imposibilidad de ejecutarlos.

Saliendo de un convite, apoyado en los hombros de sus amigos,

Dijo:

–           Iré a las Galias y me presentaré sin armas ante las legiones rebeldes. Me limitaré a llorar ante ellos y un inmediato arrepentimiento me atraerá a los sediciosos.

Y a la mañana siguiente, en medio de la alegría general, entonaré un canto de victoria que ahora mismo voy a componer.

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Y su primer cuidado al preparar esta expedición, fue elegir carros para el transporte de sus instrumentos musicales y hacer cortar el cabello como si fueran varones, a todas sus concubinas a las que se propuso llevar vestidas como amazonas.

Entonces llegó la noticia de que los demás ejércitos también se habían sublevado…

Se llenó de cólera y furioso rompió la carta que le habían llevado durante la comida.

Derribó la mesa y estrelló contra el suelo dos vasos que tenía en gran estima y que llamaba ‘homéricos’, porque estaban esculpidos en ellos escenas tomadas de los poemas de Homero.

Enseguida hizo que Locusta le diera un letal veneno y lo guardó en un cofrecito de oro. Y se fue a los jardines de Servilio…

Allí, mientras sus libertos más fieles se iban a Ostia a preparar naves; quiso comprometer a los tribunos y centuriones del Pretorio a que lo acompañaran en su fuga.

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Pero no sabiendo que Tigelino ya lo había traicionado, unos se excusaron y otros se negaron abiertamente diciéndole:

–           ¿Tanta desgracia es morir?

Más tarde, después que la conjura fue consumada.  Se encontró entre sus papeles un discurso, donde planeaba presentarse públicamente en la tribuna de las arengas con traje de luto y pedir con el acento más lastimero posible, que le perdonasen el pasado.

O al menos, si los corazones permanecían insensibles; que le concediesen la Prefectura de Egipto. ¡Aún mantenía la esperanza de consolidar su absoluto poder!

El único motivo que le impidió pronunciarlo, fue el miedo de que lo despedazaran antes de llegar al Forum. Y dejó para el día siguiente, el tomar una decisión.

Pero se despertó a la medianoche y se dio cuenta de que lo habían abandonado todos sus guardias.

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Saltó del lecho y mandó mensajeros a las casas de todos sus amigos. Al no recibir contestación, fue con poco séquito a pedir refugio a los que consideraba más fieles entre ellos

Pero todas las puertas permanecieron cerradas y nadie le contestó.

Entonces regresó a su palacio y vio que también  los centinelas habían huido, llevándose hasta las ropas de su lecho y la caja de oro en la que había guardado el veneno. 

Luego pidió que lo llevaran con los gladiadores para recibir la muerte, pero no encontró a nadie que quisiera matarlo.

Y exclamó:

–           ¡¿Acaso no tengo amigos, ni enemigos?!

Luego quiso hallar un refugio para meditar…

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Y su liberto Faonte le ofreció su casa de campo, situada entre la Vía Salaria y la Nomentana, a seis kilómetros de Roma.

Desesperado, vestido con la túnica y con los pies descalzos, tal como se encontraba; montó a caballo.

Iba envuelto en un manto viejo y descolorido. Llevaba la cabeza cubierta y un pañuelo en el rostro, acompañado de cuatro personas, entre ellos Esporo.

De pronto, sintió temblar la tierra y  vio brillar un relámpago que lo estremeció de terror.

Al pasar cerca del campamento de los pretorianos, oyó los gritos de los soldados que le dirigían imprecaciones y hacían votos por Galba.

Al ver al pequeño grupo,

Un viajero dijo:

–           Esos persiguen a Nerón.

Y otro preguntó:

–           ¿Qué hay de nuevo en Roma en cuanto a Nerón?

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El olor de un cadáver abandonado en el camino, hizo retroceder a su caballo y se le cayó el pañuelo que le ocultaba el rostro, un veterano pretoriano lo reconoció y lo saludó por su nombre. 

Entonces emprendieron el galope hasta llegar a un cruce de caminos y siguieron por una vereda.

Luego dejaron los caballos y penetrando entre abrojos y espinos por un sendero cubierto de zarzas; en el que no podían avanzar más que tendiendo ropas bajo sus pies, llegaron trabajosamente hasta las tapias de la casa de campo.

Allí le aconsejó Faonte que entrase temporalmente en una cantera de la que había sacado arena… 

Pero Nerón estaba aterrorizado…

Balbuceando exclamó:

–           No quiero que me entierren vivo. –refutó.

Y se detuvo para esperar a que le abrieran la entrada secreta de la casa.

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Como tenía sed, cogió en la mano agua de una charca y dijo antes de beberla:

–           He aquí los refrescos de Nerón. – Y se puso a arrancar las zarzas que se habían atorado en su manto.

Después de esto se arrastró sobre las manos, por un agujero abierto debajo de la tapia hasta la habitación más próxima, en la que se acostó sobre un jergón cubierto con una vieja manta.

Atormentándolo de vez en cuando el hambre y la sed, rechazó el pan que era de buena calidad; pues Faonte es un hombre muy rico e influyente. Y bebió gran cantidad de agua templada.

En el Senado ya se conocía su huída y deliberaban la forma de castigarle cuando le atrapasen; pues están seguros de que es demasiado cobarde para darse muerte por sí mismo.

Mientras tanto en la villa de Faonte, Nerón está muy abatido, lleno de impotencia y de contrariedad…

Por largas horas se mantuvo abstraído, tratando de evitar una respuesta a las demandas de sus amigos y de una manera inexplicable para él, le llegó una avalancha de recuerdos en los que hacía demasiado tiempo no reflexionaba…

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Se miró a sí mismo cuando muy jovencito adoraba a su madre y  después, cuando fue coronado emperador…

Cuando se enamoró perdidamente de Popea Sabina y por la cual mató a su esposa Octavia y a su madre Agripina.

A continuación el Incendio de Roma y todos los intentos por aplacar a la plebe; después del escándalo suscitado por la acusación de Prócoro Quironio…

Seguidamente fue la pelea con Popea y cuando la asesinó  con un fuerte puntapié;  junto con su heredero estando muy ebrio, después de las carreras…

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Todos los que le acompañan están aterrorizados, pues comprenden que ya no hay salida…

 Epafrodito volvió a suplicarle, insistiendo en  que el tiempo se está acabando y el Senado ya debe haber tomado una fatal resolución contra él.

Todos sus compañeros lo instan, a que se sustraiga cuanto antes a los ultrajes que le amenazan.

Nerón los miró angustiado y movió la cabeza negando. Pero luego se rindió y mandó que abrieran una fosa delante de él, a la medida de su cuerpo.

Pidió que le encontraran unos pedazos de mármol y que trajesen agua y leña, para tributar los últimos honores a su cadáver.

Por primera vez en toda su vida, lo que está viviendo no es una escenificación proyectada de antemano.

Su sufrimiento es auténtico. Y se siente verdaderamente desconsolado al contemplar su total abandono y su absoluto desamparo.

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Llorando con cada orden que da,

repite sin cesar:

–           ¡Qué gran artista va a perecer conmigo!

Durante estos preparativos llegó un correo a entregarle una carta a Faonte.

Nerón se la arrancó de las manos y leyó que el Senado le ha declarado Enemigo de la Patria.

Y le está buscando para castigarle, según las leyes de los antepasados.

Horrorizado preguntó:

–           ¿En qué consiste este suplicio?

Epafrodito le contestó:

–           En desnudar al criminal. Sujetarle el cuello con una horqueta y azotarlo con varas hasta la muerte.

Aterrorizado,  se cubrió la boca con las manos para ahogar un grito.

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Luego tomó los puñales que había llevado consigo, probó la punta…

Y volvió a envainarlos diciendo:

–           Aún no ha llegado la hora fatal.

Exhortaba a Esporo a lamentarse y a llorar.

Y luego dijo:

–           Mátese uno de vosotros para que me dé valor para morir.

Pero los presentes le miraron estupefactos y abatidos, sin contestar una sola  palabra.

Luego se reprochó a sí mismo su cobardía, diciéndose en voz alta:

–           Arrastro una vida vergonzosa y miserable.

Y añadió en griego:

–       Esto no es propio de Nerón… En momentos así, es necesaria la sangre fría.

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¡Vamos! (Y citando su nombre completo)

NERO·CLAVDIVS·CÆSAR· AVGVSTVS·GERMANICVS  

 ¡Ya!…¡Despierta!

Entonces oyó que se acercaban los jinetes que traían orden de capturarlo vivo y recitó temblando este verso en griego:

–           Oigo el paso animoso de veloces corceles.

Y enseguida se clavó el puñal en la garganta, ayudado por su secretario, Epafrodito.

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Todavía respiraba cuando entró el centurión que quiso vendarle la herida, fingiendo que venía a socorrerle.

Nerón dijo:

–           ¡Es demasiado tarde! ¡Cuánta fidelidad!

Al pronunciar estas palabras expiró con los ojos abiertos.

Dejando espantados y llenos de horror a quienes lo miraban.

Esporo, sollozando  y muy afligido le cerró los ojos.

Y dijo a los demás:

–           Quieran los dioses respetar su último deseo.

Había recomendado mucho a sus compañeros de fuga, que no abandonasen su cabeza a nadie y que le quemasen entero, de la manera que fuese.

Esta autorización la concedió Icelo el liberto de Galba, que acababa de salir del encierro donde lo arrojaron al comenzar la insurrección.

Los funerales de Nerón costaron doscientos mil sestercios. Y emplearon en ellos, tapices blancos bordados de oro.

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Sus nodrizas Eglogea y Alexandria, junto con Actea; depositaron sus restos en la tumba de los Domicios, que está en el Campo de Marte.

Y así pasó Nerón como un tornado, como un huracán, como un incendio.

Como pasa la guerra y pasa la muerte.

Sin embargo, a pesar del Edicto para el exterminio total de los cristianos.

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La Basílica de San Pedro gobierna espiritualmente hasta hoy desde las cumbres del Vaticano,  a la ciudad de Roma y al Mundo.

Cerca de la antigua Puerta Capena, en la Ciudad Eterna; existe actualmente una pequeña capilla que lleva esta inscripción algo borrada por el tiempo: ¿Quo Vadis Domine?

Para los primeros cristianos Nerón fue el Primer Anticristo.

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El Segundo sería Dioclesiano.

¿Cuál ES el Tercero?…

Nerón murió a los treinta años y medio de edad.

En el mismo día que en otro tiempo, él personalmente hiciera perecer a Octavia.

Con él se extinguió la familia de los Césares…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

48.- EL DETONANTE


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En la villa de Marco Aurelio en Anzio, el obispo Ethan  sigue con la instrucción, hablando de la Pobreza de Espíritu.

Después Acacio enseña la necesidad del Sacrificio, la Obediencia, la Penitencia y la Oración; más todas las cosas que son necesarias  para VIVIR MURIENDO.

Unos días después la doctrina finaliza cuando el obispo Leonardo habla de la Persecución y  dice:

–           Cuando deseen el Martirio para compartir la suerte de nuestro Redentor, entonces estarán listos para recibir el Bautismo.

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Marco Aurelio mira a Margarita, la hermana mayor de Alexandra…

Y recuerda lo que Ethan le dijo a Petronio sobre las mujeres paganas.

Al ver a esta hermosa virgen cristiana que también ha sido su maestra…

Piensa en Popea Sabina, que abandonó a dos maridos por Nerón, en la lasciva Camila y en Julia Mesalina…

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Y glorifica a Dios desde el fondo de su corazón, por esta Doctrina Santa de la cual brotan mujeres virtuosas como lirios primaverales…

Y bendice a Dios por haberle dado a Alexandra, junto con la maravillosa seguridad de que ella nunca lo engañará, ni lo traicionará.

Pasó el tiempo y llegó el día del Bautismo de Marco Aurelio.

Cuando estuvo sumergido en el agua…

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El Espíritu Santo le dijo:

“Pase lo que pase, ten Fe y Confianza. Comprobarás cuanto te amo…”

En la fiesta que siguió a este acontecimiento; Leonardo, todavía con sus vestiduras y su jerarquía de obispo, se acerca a Sofía y le dice:

–           La Cruz ha vencido Sofía. Tú has sido mi maestra y no mi esposa… Tú me has liberado del mal, para llevarme a la Vida. Cuando el espíritu tenebroso que adoraba me confesó su impotencia, lo comprendí, pues me dijo: Ella vence por la Cruz y mi poder es nulo frente a ella. Su Dios Crucificado es más poderoso que todo el Infierno junto.

Él me ha vencido muchas veces y siempre me vencerá. QUIEN CREE EN EL, ESTÁ A SALVO DE TODA INSIDIA. Solo quién en Él no cree y desprecia la Cruz, cae en nuestro poder y perece en nuestro Fuego.

Yo no quise ir a aquel fuego y quise conocer el Fuego del amor de Dios que te hace tan hermosa y tan pura. Tan poderosa y tan santa. Tú eres la madre del alma mía.

Y puesto que eres como mi madre, en esta hora te ruego: nutre mi debilidad con tu fuerza, virgen pura; para que juntos vayamos a Dios.

Sofía se arrodilla ante él y le dice:

–          Tú ahora eres mi Obispo, hermano mío. En el Nombre de Cristo nuestro Señor, absuélveme de todas mis culpas; para que más pura que los lirios, yo te preceda en la Gloria.

–           Yo te Bendigo. No te absuelvo, porque no hay pecado en ti. Y tú perdona a tu hermano por todas las insidias que te tendió. Ruega por mí. Por todos los errores que cometí, para que Dios me guíe. Ya lo sabes Nos espera el Martirio. 

Sofía sonríe y le dice dulcemente:

–           Con tu sangre y tu amor presente se lava todo rastro de errores pasados. Vayamos juntos a unir nuestro sacrificio al del Señor. Seremos hostias y estoy feliz de verte convertido en campeón. Tu palio, tu tonsura y nuestro amor por nuestro Dios, unirán nuestra sangre a la del Cordero, en el momento que Dios ha predeterminado.

Daremos el combate final y venceremos otra vez, porque la Cruz está grabada en nuestro corazón y nuestra alma está crucificada en la Voluntad de nuestro Señor. ¿Ya sabes Leonardo mío, cuando saldremos para Antioquia?

El obispo contesta:

–           Marco Aurelio ya está bautizado. Nuestro trabajo aquí, está terminado. Se quedarán Junías y Margarita, a seguir instruyendo a los que quieran. Los demás seguiremos nuestro camino. En Antioquia tenemos que prepararlos a todos.

Estoy muy contento. Te amo más que antes, virgen bella. Y refulges como una estrella en mi mente y en mi corazón, porque tú me has traído a la Luz.  Te llevo dentro de mí, pero ahora con el amor santo que nuestro Señor me ha dado para amarte… Joya preciosa mía.

Sofía inclina la cabeza ruborizada y feliz…

El sol corre hacia su ocaso, bañando de luz las olas del mar en Anzio…

En el palacio de Nerón, Petronio obtiene nuevos triunfos sobre los demás cortesanos que con él se disputan el favor del César.

La política es muy impredecible… La influencia de Tigelino ha decaído totalmente. Dentro de los palacios que en el mar azul reflejan sus fachadas, Nerón lleva una vida llena de fantasías helénicas.

Durante todo el día, el César y sus allegados declaman versos. Discurren acerca de su estructura y sus bellezas. Se recrean con sus giros elegantes.

Conversan sobre música. Y alaban el genio griego que ha venido a embellecer la vida.

Y por todo esto Petronio,  de un refinamiento incomparable, superior  al de todos los demás cortesanos; elocuente, sutil, lleno de ingenio y buen gusto; hace que el César prefiera siempre su compañía…

Nerón comparte sus opiniones, le pide consejo sobre la composición poética y le manifiesta una amistad y un favoritismo muy marcado.

Todo esto demuestra ante los demás cortesanos, que la influencia de Petronio ha alcanzado un triunfo supremo y que la amistad con el César, está más firme que nunca.

Y hasta los que antaño mostraron su antipatía al exquisito epicúreo, empiezan ahora a agruparse a su alrededor y a competir por su favor.

Más de uno se alegró sinceramente de la preponderancia de Petronio, que es un hombre justo en sus juicios y recibe con escéptica sonrisa las adulaciones de sus enemigos de la víspera.

Pero como no es vengativo y nunca ha empleado su poder en arruinar a los demás; pues aun cuando ha tenido la oportunidad de destruir al mismo Tigelino; solo se ha contentado con ridiculizarlo y hacer más patente su vulgaridad y su torpeza.

En Roma el Senado respira aliviado, pues ya hace tres meses que no se ha expedido ninguna sentencia de muerte.

Y todos prefieren a un Nerón que busque el refinamiento en la elegancia y cultura de Petronio, un César extremadamente sibarita; a un tirano embrutecido por la crueldad e influenciado por Tigelino.

Pues cuando se le presenta la ocasión de hacer a un lado a hombres a los que considera peligrosos por cualquier pretexto o simplemente porque le son antipáticos… Aprovecha la oportunidad para saquear propiedades, fallar juicios políticos, dar espectáculos sorprendentes por su pompa y mal gusto, que dan la ocasión de satisfacer los monstruosos caprichos del César.

Tigelino es un hábil maestro que está dispuesto a todo y es cuando se hace indispensable…

Entre él y Haloto realizan las más crueles canalladas de la brutalidad de Nerón.

El mismo Tigelino se siente desconcertado y empieza a vacilar de si ya debiera darse por vencido, pues el César ha repetido en varias ocasiones que en toda Roma y entre todos sus cortesanos, solo hay dos espíritus capaces de comprenderse, porque son verdaderamente helénicos: él y Petronio.

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La admirable habilidad del Árbitro se evidencia a cada paso y el César solo confía en él para sus juicios sobre su arte, que es lo único que le importa.

Y Petronio con su indiferencia habitual parece no dar importancia a su posición. Como de costumbre, se muestra indolente, escéptico y lleno de ingenio.

Con frecuencia produce en quienes le rodean, la impresión de ser un hombre que se burla de sí mismo, de ellos, del César y del mundo entero.

Hay momentos en que se atreve a criticar al mismo Nerón en su presencia, dejando a los demás pasmados; pensando que ha llegado demasiado lejos y está preparando su propia ruina.

Pero con su astucia insuperable, da un giro inesperado y magistral; transformando la crítica de tal forma, que redunda definitivamente en su provecho y se convierte en una alabanza. Por esto, Nerón lo estima cada día más.

En esos torneos de sutileza e ingenio, llena de admiración a los augustanos presentes y los deja convencidos de que no hay dificultad de la que él no sepa salir airoso y vencedor.

Una semana después de que Marco Aurelio regresara de Roma, el César leyó a su círculo de íntimos, algunos extractos de su canto al Incendio de Troya.

Terminada la lectura y los ruidosos transportes de admiración de los oyentes.

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Petronio, a quién el César interrogó con la mirada, respondió:

–           Malos versos. Buenos solos para el fuego.

Los presentes sintieron que el terror les paralizó el corazón.

Jamás en toda su vida, había escuchado Nerón de ningún hombre, una sentencia semejante.

Séneca está expectante y asombrado.

El rostro de Tigelino irradia felicidad…

Pero Marco Aurelio palideció… Pensando que su tío, a quién jamás lo había visto ebrio, se había embriagado esta vez por completo o ha perdido la razón.

Nerón sin embargo, preguntó con voz melosa; en la cual temblaba una inflexión de vanidad más o menos hondamente herida:

–           ¿Qué defectos les encuentras?

Petronio dijo firme:

–          No les creas. – encarándose con él y señalando a los presentes- Esos nada comprenden. Me preguntas que defectos hay en tus versos. Si deseas escuchar la verdad, voy a decírtela.

Tus versos serían dignos de Virgilio o de Ovidio. Del mismo Homero tal vez; más no dignos de ti. Pues tú eres más grande que ellos.

El incendio que describes no arde lo suficiente. Tu fuego no quema lo bastante.

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No escuches las lisonjas de Marcial. Si él hubiera escrito esos versos, yo le declararía un genio. Pero en tu caso es diferente. ¿Y sabes por qué?

Porque tú puedes hacer cosas mejores. De una persona tan privilegiada por los dioses como tú, es justo esperar más. Ya no seas perezoso…

Prefieres dormir después de la comida, en vez de trabajar. Tú eres capaz de producir una obra superior a cuantas haya conocido el Orbe entero hasta nuestros días. Y por esto te digo en tu presencia: ¡Escribe mejor!

Petronio dijo estas palabras con aire negligente y en el que a la vez se confunden la burla y el reproche…

Más por los ojos del césar pasó como una ligera niebla de alegría y satisfacción.

Luego dijo:

–           Los dioses me han dotado de un poco de talento, pero me han concedido también algo más valioso: un amigo leal y un crítico justiciero. Único hombre capaz de decirme la verdad en mi presencia. – y extendiendo la gorda mano cubierta de vello rojizo hasta un candelabro que estaba cerca,  intentó quemar el pergamino.

Pero Petronio se apoderó de él antes de que la llama lo tocase y dijo:

–           ¡No, no! Aun así como están, pertenecen a la humanidad. Déjamelos.

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Nerón contestó abrazándolo:

–          Permite entonces que te los mande en un cilindro. –Y agregó- Verdaderamente tienes razón. Mi incendio de Troya no arde bastante y mi fuego no quema lo suficiente. Les falta pasión. Pero ya estaba satisfecho con llegar a la altura de Homero. Siempre me he visto cohibido por una especie de timidez y una apreciación modesta de mis facultades.

Pero tú me has abierto los ojos. ¿Y sabes por qué es cierto lo que afirmas? Cuando un escultor talla la estatua de un dios, busca siempre un modelo. Y yo nunca lo tuve. Jamás he visto el incendio de un pueblo y es por eso que a mi descripción le falta veracidad. 

–           Por lo cual te digo que solo un gran artista, es capaz de comprender esto.

Nerón se quedó reflexionando y después de un rato dijo:

–           Contéstame una pregunta Petronio. ¿Sientes tú el incendio de Troya?

–          ¡Qué si lo siento! No, a fe mía. ¡Por Zeus! Y te diré por qué razón. Troya no hubiese sido destruida, si Prometeo no hubiese dado el fuego a los hombres y si los griegos no hubieran hecho la guerra a Príamo.

Y Esquilo no habría escrito su Prometeo, de no existir el fuego. Así como sin la Guerra de Troya, Homero no habría escrito la Ilíada. Creo pues preferible, la existencia de Prometeo y de la Ilíada a la conservación de una ciudad pequeña y despreciable, en la cual estaría hoy un magistrado que te estaría fastidiando con las quejas de su administración.

El César dijo:

–          Esto es lo que se llama hablar razonablemente. Por el arte y la poesía, no solo es lícito, sino es justo y necesario sacrificarlo todo. ¡Dichosos los Aqueos que suministraron a Homero, el tema substancial de la Ilíada! Y ¡Dichoso Príamo que pudo contemplar la destrucción de su pueblo natal! En cuanto a mí… jamás he visto una ciudad envuelta en llamas.

A estas palabras siguió un denso silencio…

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Después de unos minutos, se escuchó la voz insinuante de Tigelino:

–          Si ya te lo he dicho César: ordena y pondré fuego a Anzio. O bien… Si no quieres la destrucción de estos palacios y casas de campo, puedo ordenar que incendien los bosques de Ostia o edificar para ti en los montes Albanos, una ciudad de madera a la cual tú mismo pondrás fuego. ¿Esto es lo que deseas?

Nerón contestó desdeñoso:

–           ¿He de ponerme a contemplar el incendio de unas cuantas barracas de madera? Estás perdiendo el criterio y la iniciativa Tigelino. Y veo además que no atribuyes gran valor a mi talento, ni al mérito de mi incendio de Troya, si juzgas que cualquier sacrificio, está a mayor altura que él.

Esta respuesta dejó a Tigelino confundido…

Pero Nerón, como si deseara cambiar de tema, dijo después de unos momentos:

–           Está terminando el verano. ¡Qué malos olores ha de haber ahorita en Roma! Y sin embargo es necesario que volvamos allá, para asistir a las fiestas estivales.

Tigelino conoce demasiado bien a Nerón, para no comprender la sugerencia…

Después de un lapso apropiado, Tigelino replicó:

–           ¡Oh, César! Cuando se hayan retirado los augustanos, permite que hable contigo un momento a solas…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

35.- UN SUEÑO PARA REALIZAR


00000roma-imperialLa carta de Marco Aurelio no tuvo contestación. El mismo día que Petronio la leyó, el César ordenó el regreso a Roma.

Helio, el liberto del emperador, anunció al Senado el regreso de Nerón. Pero habiéndose embarcado con su corte en Miceno, efectuó su viaje lentamente, haciendo escala en las ciudades costeras, con el fin de descansar o de exhibirse en los teatros.

Permaneció alrededor de un mes en Minturno. Y hasta pensó en volver a Nápoles y esperar allí la primavera, porque en esa ciudad es más temprana y cálida.

Durante todo este tiempo, Marco Aurelio y Alexandra fueron madurando su amor en una entrega y de conocimiento mutuo.

Mientras él, al mismo tiempo que sana de sus heridas: su alma renacida ha ido descubriendo los misterios y maravillas, de la poderosa Doctrina Cristiana.

Sin que él mismo se percate, a la par que está conociendo a Jesucristo, ha empezado a amarlo y está poniendo en orden sus afectos.

Se ha dado cuenta de que por el hecho de amar a Dios sobre todas las cosas, eso no disminuye su amor por Alexandra.

Al contrario, conforme el verdadero Amor está penetrando en su corazón y transformando su alma; ama a Alexandra todavía más de lo que ya la amaba, pues ya empieza a amar con el Amor Perfecto.

Ni él mismo está consciente de la transformación que va madurando en su espíritu. Ve el mundo a través de los ojos de Dios.

Y ve la Creación con la curiosidad y el asombro de los niños que empiezan a despertar a la vida.

Y también su vida ha cambiado por completo.

Se ha dado cuenta de que ahora anhela las visitas de Pedro, aún más de lo que un día anhelara a Alexandra.

Ansía escuchar de sus labios todos los relatos que a lo largo de tres años, el discípulo de Jesús vivió junto al Maestro: sus enseñanzas, sus ejemplos o parábolas, como las llama él.

Y ¡Los portentosos milagros de Jesús!…

Como vio al Hombre-Dios dominar los elementos, transfigurarse, resucitar muertos, la pesca milagrosa, etc.

Todo esto hace que el alma del joven patricio se estremezca de emoción y de alegría.

Conocer y amar a Dios, es la experiencia más inefable y maravillosa.

Marco Aurelio bebe estos relatos, junto con las lecciones de Mauro y de Diana, que vienen tres veces por semana a su lecho de enfermo y esto ha hecho que estos días queden grabados en su memoria para siempre.

En su última visita, Mauro le dijo que ya casi está listo para empezar a moverse.

Ya han transcurrido ocho semanas y si al levantarse hoy, el brazo y el costado no le duelen, es porque también las costillas han sanado y en dos semanas más, estará listo para desentablillar.

En el fondo de su alma, Marco Aurelio desea que el tiempo se detenga. Se ha dado cuenta que ha aprendido a amar tanto a aquellas personas, como si fueran su propia familia.

Alexandra está tan feliz y agradecida con Dios, por el milagro realizado en aquella alma tan amada, de cuya transformación ha sido testigo día tras día…

De aquel patricio violento que entró a raptarla de aquel hogar, ya no queda nada.

Ve la devoción con que la sigue con la mirada a dondequiera que ella va. Sus besos son tan dulces y llenos de ternura, que aunque son muy apasionados, también son muy diferentes de los que le diera en el banquete del Palatino.

Su sabor es más delicioso aún… Y embriagador como el más exquisito de los licores.

El deseo se ha encendido más, pero con un fuego distinto que no queda solo en la piel.

Cada día están más enamorados y su amor los llena de dicha con la promesa de un gozo más pleno, cuando su unión sea completa…

Marco Aurelio está sorprendido. Adora a su esposa; la respeta y la desea cada día más.  Pero es todo tan extraordinario…

La felicidad y el deleite que saborea ahora, no tiene la más mínima comparación con lo que experimentara antes, con ninguna de las mujeres que antaño conociera.

El placer que Alexandra le da, aún sin haberla hecho suya todavía… Saberse amado por ella y amarla con la fuerza que él mismo no sabía que tuviera; lo hacen sentirse el hombre más dichoso del mundo.

La ama con un amor más poderoso, ardiente y profundo desde el día que se casaron…

Lo que no sabe es que este amor es el que el Espíritu Santo depositara en los corazones de los dos, con el Sacramento del Matrimonio…

Su corazón está lleno de júbilo y siente deseos de gritarlo. Porque es precisamente Aquel Dios Desconocido que un día le pusiera tan celoso de Él, el que se la ha entregado.

Y es el que le está dando la capacidad de amar, como jamás pensó que pudiera llegar a amarse. Alexandra es como es, por su amor a Cristo, que ahora ya no es el Dios Desconocido. Al contrario, entre más lo está conociendo, ha comenzado a adorarlo con todo su ser.

Ahora es cuando comprende por qué es el Dios del Amor…

Y se siente tan feliz, que desea compartir esa dicha con todos los seres que conoce. Solo Cristo puede transformar al mundo.

Y amó más a Alexandra, porque por causa de ella, Cristo ha transformado su vida de una manera radical. Está aprendiendo a creer, a amar, a perdonar, a orar…

Cuando Alexandra le enseñó el ‘Pater Noster’ y meditó cada una de sus palabras, esa Oración Santa y sublime que Jesús enseñó, es un himno que su corazón canta con una alegría profunda y brota en palabras que salen de sus labios, estremeciendo su alma de júbilo y agradecimiento.

Todo el culto que rodea a esta Doctrina es un maravilloso descubrimiento…

SAGRAD~1 (2)

Cuando llegó Mauro, con su ayuda se levantó del lecho, le llevó con suavidad poco a poco hasta el jardín y le preguntó:

–           ¿Ya no te duele?

Marco Aurelio le contestó:

–           Un poco… no sé… me siento muy raro. Pero creo que estoy bien.

Mauro declaró:

–          Perfecto. Entonces… -llamó a Alexandra y agregó- Te entrego en manos de tu esposa.

Marco Aurelio se apoyó en ella que lo mira llena de amor y alegría.

–          Ya puedes moverte del lecho y dar pequeños paseos. ¡Pero no te extralimites! ¡Eh! –añadió Mauro sonriendo- Todavía no te declaro sanado.

–           ¿Cuándo va a venir Pedro?

–          Posiblemente hoy o mañana. Isabel está preparando los pescados que trajo David. Bernabé está haciendo un guiso con verduras. Voy a ver en que los ayudo…

Y dejándolos solos se retiró al interior de la casa.

Alexandra llevó a Marco Aurelio hasta la banca que está  junto al muro.

–           Carísima. Sol de mi vida. Quisiera que esta dicha no terminase nunca. –dice él envolviéndola en una mirada llena de amor, de adoración y de ternura.

Ella le correspondió y le contestó enamorada:

–           No terminará, amor mío. Porque nuestro amor continuará más allá de la muerte, cuando estemos juntos en el Cielo, por toda la eternidad…

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–          ¿Sabes? Un día pensé un poco fastidiado… Casi al principio de todo esto: ‘Solo piensan y hablan de Jesús’. Porque NO los comprendía… Y ahora soy yo el que espero con ansia las visitas de Pedro. ¿De qué nos hablará ahora?

Alexandra sonríe y le dice con dulzura:

–          No lo sé. Lo sabremos cuando llegue. ¡Me siento tan feliz de que compartas conmigo este mismo anhelo!…  Tendremos muchas cosas que contar a nuestros hijos. ¿No crees?

–           ¡Nuestros hijos!…-exclama él y suspira- Quiero que el primero sea una niña tan hermosa como tú. ¡Ansío tenerla en mis brazos! ¡El fruto de nuestro amor!

Marco Aurelio está extasiado ante una imagen futura…

Y los dos conversan sobre el hogar y la familia que apenas empieza a formarse y que los llena de una ilusión sublime…

Mauro los mira desde la puerta y dice a Bernabé:

–           Quien viera ahora al orgulloso augustano que casi destrozas hermano.

Bernabé contesta casi compungido:

–          Del mal, Dios hace nacer el bien. Míralo ahora… Cuando veo como ama a mi señora, me siento dispuesto a servirlo también a él.

Felizmente Pedro llega en ese momento. La comida está casi lista. Y cuando todos están reunidos, oran y comparten los alimentos.

Dos semanas después…

Marco Aurelio pasea con Alexandra por el pequeño jardín. Le confiesa:

–         Intenté en vano olvidarte, porque mi amor creció y se adueñó de todo mí ser, desde el día en que te vi en la casa de Publio. Mientras las parcas devanaban el hilo de la existencia, el amor y la nostalgia estuvieron devanando el mío. Mis acciones fueron malas, pero estuvieron impulsadas por el amor.

Pues me enamoré de ti de una manera fulminante y me di cuenta de que eras muy diferente a todas las mujeres de Roma. Solo te pareces en lo virtuosa a Fabiola, pero ahora ya sé por qué.

Porque es la Presencia de Dios la que irradia esa maravillosa belleza interna que con el tiempo crece más y más y que en nuestro hogar será como un sagrado lumen…

Marco Aurelio se calló. Y la contempló como si en ella estuviera compendiada, toda la felicidad de su vida entera. Luego le preguntó cuáles eran sus impresiones respecto a él.

Alejandra se ruborizó y luego le miró a los ojos:

–          Te amé desde el día que nos encontramos por primera vez en la casa de Publio. Si tú me hubieras devuelto a ellos desde el Palatino. Yo les hubiera confesado mi amor y hubiera tratado de apaciguar la cólera que hacia ti debieran sentir.

Marco Aurelio dice:

–           Te juro, que ni siquiera había pasado por mi mente la idea de sacarte de la casa de los Quintiliano. Algún día te contará Petronio, como yo le confesé cuanto te amaba y que deseaba casarme contigo.

Pero él ridiculizó mi propósito e insinuó al César la idea de pedirte como rehén que le pertenecía y de darte a mí.

¡Cuántas veces en medio de mi dolor, he maldecido el momento en que le hice caso! Más acaso el destino así lo dispuso. Pues de otra forma yo no habría conocido a los cristianos, ni llegado a comprenderte, preciosa mía…

Alexandra replicó:

–           Créeme amor mío, Cristo ha sido Quién con sus altos designios te atrajo a Sí. El Padre Celestial te llamó… En nuestra vida nada sucede, que sea fortuito y sin un propósito específico…

Marco Aurelio levantó la cara sorprendido:

–         ¡Cierto! Todo pareció combinarse de manera admirable, para que al buscarte, encontrase primero a los cristianos y luego a ti.

–          Sí… -contestó ella suspirando feliz.

ENAMORADOS

Están delante de la glorieta cubierta de una espesa capa de hiedra y cerca del sitio donde Bernabé había matado a Atlante y donde después se enfrentó a Marco Aurelio.

Éste dijo reflexivo:

–           Aquí habría perecido yo, si tú no hubieras intervenido.

–           Ya no hables más de eso. Y tampoco se lo recuerdes a Bernabé.

–          ¿Podría acaso haber tomado venganza en él, porque te defendió? Al contrario. Si él fuera esclavo le habría concedido la manumisión.

–           Si él fuera esclavo, Publio lo hubiera liberado hace mucho tiempo.

–          ¿Recuerdas que quise llevarte de nuevo a tu casa y tuviste miedo que llegara a saberlo César y tomara por ello venganza en Publio y en Fabiola? Pues bien; ahora podrás verlos cuando te plazca.

–           ¿Por qué dices eso Marco Aurelio?

–          Creo que ya no habrá para ti peligro alguno en verlos, porque cuando el César me pregunte qué hice del rehén que él me diera, le contestaré: ‘Me he unido a ella en matrimonio y ahora visita la casa de Publio con mi consentimiento.’

Te prometo que me ganaré de nuevo el favor de Publio y de Fabiola. ¡Oh, carísima! Sí, Alexandra mía. Te juro que jamás mujer alguna recibirá en el hogar de su esposo, homenajes comparables a los que yo te he de tributar.

Y siguieron paseando. Gozándose en la presencia el uno en el otro. Conversando sobre las ilusiones que albergan los dos, sobre el hogar que será el santuario donde ofrendarán sus vidas y su futuro al Dios que les da tantas bendiciones…

Finalmente se detuvieron bajo el ciprés que está a un lado de la casa y donde principia el huerto.

Alexandra se apoyó en el pecho masculino y él la abrazó tiernamente con su brazo libre.

Y le dijo con amorosa súplica:

–           Di a Bernabé que vaya a la casa de los Quintiliano a traer tu mobiliario y tus juguetes de niña.

Ella contestó ruborizada:

–           La costumbre ordena otra cosa.

–           Lo sé. De ordinario la prónuba (matrona romana que iniciaba a la novia en sus deberes de esposa) conduce esos objetos detrás de la novia. Pero tú querrás hacer esto por mí. Yo los llevaré a nuestra casa de campo en Anzio y serán otros tantos recuerdos que me hablen de ti.

Sabes que se fueron de viaje y todavía falta mucho tiempo para que la familia regrese. –y tomándole la mano como un niño cuando solicita algo con insistencia- Concédeme esto diva. Concédemelo, Carísima.

–           Pero Fabiola hará como ella quiera. ¿Estás de acuerdo?

Se miraron a los ojos con una gran sonrisa y con el corazón acelerado. Se dieron un tierno y apasionado beso, enamorados totalmente el uno del otro.

Embargados por una dicha que no puede ser más plena, pues su más hermoso sueño se está convirtiendo en realidad.

En ese momento la alta figura de Mauro, se recortó en el umbral del patio.

Ha venido a desentablillar y a dar de alta al enfermo.

Los tres entraron a la casa y los vendajes fueron retirados.

Mauro con cuidado valoró a su paciente y satisfecho, comprobó cómo las fracturas han soldado, al igual que las costillas y ya no hay dolor.

Y dijo:

–           Bien hermano. Ya estás listo para regresar a tu vida normal. Solo te pido que esta semana ejercites el brazo con cuidado, antes de hacer esfuerzos de ninguna índole.

Marco Aurelio sonrió agradecido y contesta:

–           Gracias, hermano. ¿Va a venir Pedro?

Mientras guarda sus ungüentos, Mauro responde:

–           Sí. Un poco más tarde. Estaba en una misa de ordenación. Creo que hoy tendremos cien nuevos presbíteros. Dijo que al terminar vendría. Es temprano todavía. Después del mediodía estará aquí. En lo que llega, seguiremos con tu instrucción y les daré el tema de este día.

David se va a llamar a los catecúmenos que están siendo instruidos junto con Marco Aurelio.

Y mientras llegan, éste pregunta a Alexandra:

–           ¿Cómo fue que Publio se convirtió en cristiano?

Alexandra lo mira radiante y contesta:

–           Fue en Jerusalén. Él era un tribuno muy joven y estaba de guardia en el Templo de Jerusalén, en la Puerta de los Peces junto con dos soldados. Uno se llamaba Alejandro. Y ese día Jesús…

Y la voz de Alexandra es musical, mientras relata el primer encuentro de Publio Quintiliano con el Nazareno…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

48.- EL DETONANTE


En la villa de Marco Aurelio en Anzio, el obispo Ethan  sigue con la instrucción, hablando de la Pobreza de Espíritu. Después Acacio enseña la necesidad del Sacrificio, la Obediencia, la Penitencia y la Oración; más todas las cosas que son necesarias  para VIVIR MURIENDO.

Unos días después la doctrina finaliza cuando el obispo Leonardo habla de la Persecución y  dice:

–           Cuando deseen el Martirio para compartir la suerte de nuestro Redentor, entonces estarán listos para recibir el Bautismo.

Marco Aurelio mira a Margarita, la hermana mayor de Alexandra…

Y recuerda lo que Ethan le dijo a Petronio sobre las mujeres paganas. Al ver a esta hermosa virgen cristiana que también ha sido su maestra… Piensa en Popea Sabina, que abandonó a dos maridos por Nerón. En la lasciva Leticia y en Julia Mesalina…

Y glorifica a Dios desde el fondo de su corazón, por esta Doctrina Santa de la cual brotan mujeres virtuosas como lirios primaverales… Y bendice a Dios por haberle dado a Alexandra, junto con la maravillosa seguridad de que ella nunca lo engañará, ni lo traicionará.

Pasó el tiempo y llegó el día del Bautismo de Marco Aurelio. Cuando estuvo sumergido en el agua…

El Espíritu Santo le dijo:

“Pase lo que pase, ten Fe y confianza. Comprobarás cuanto te amo.”

En la fiesta que siguió a este acontecimiento; Leonardo, todavía con sus vestiduras y su jerarquía de obispo, se acerca a Sofía y le dice:

–           La Cruz ha vencido Sofía. Tú has sido mi maestra y no mi esposa… Tú me has liberado del mal, para llevarme a la Vida. Cuando el espíritu tenebroso que adoraba me confesó su impotencia, lo comprendí, pues me dijo: Ella vence por la Cruz y mi poder es nulo frente a ella. Su Dios Crucificado es más poderoso que todo el Infierno junto. Él me ha vencido muchas veces y siempre me vencerá. QUIEN CREE EN EL, ESTÁ A SALVO DE TODA INSIDIA. Solo quién en Él no cree y desprecia la Cruz, cae en nuestro poder y perece en nuestro Fuego.

Yo no quise ir a aquel fuego y quise conocer el Fuego del amor de Dios que te hace tan hermosa y tan pura. Tan poderosa y tan santa. Tú eres la madre del alma mía. Y puesto que eres como mi madre, en esta hora te ruego: nutre mi debilidad con tu fuerza, virgen pura; para que juntos vayamos a Dios.

Sofía se arrodilla ante él y le dice:

–          Tú ahora eres mi obispo, hermano mío. En el Nombre de Cristo nuestro Señor, absuélveme de todas mis culpas; para que más pura que los lirios, yo te preceda en la Gloria.

–           Yo te bendigo. No te absuelvo, porque no hay pecado en ti. Y tú perdona a tu hermano por todas las insidias que te tendió. Ruega por mí. Por todos los errores que cometí, para que Dios me guíe. Ya lo sabesnos espera el Martirio. 

Sofía sonríe y le dice dulcemente:

–           Con tu sangre y tu amor presente se lava todo rastro de errores pasados. Vayamos juntos a unir nuestro sacrificio al del Señor. Seremos hostias y estoy feliz de verte convertido en campeón. Tu palio, tu tonsura y nuestro amor por nuestro Dios, unirán nuestra sangre a la del Cordero, en el momento que Dios ha predeterminado. Daremos el combate final y venceremos otra vez, porque la Cruz está grabada en nuestro corazón y nuestra alma está crucificada en la Voluntad de nuestro Señor. ¿Ya sabes Leonardo mío, cuando saldremos para Antioquia?

El obispo contesta:

–           Marco Aurelio ya está bautizado. Nuestro trabajo aquí, está terminado. Se quedarán Junías y Margarita, a seguir instruyendo a los que quieran. Los demás seguiremos nuestro camino. En Antioquia tenemos que prepararlos a todos. Estoy muy contento. Te amo más que antes, virgen bella. Y refulges como una estrella en mi mente y en mi corazón, porque tú me has traído a la Luz.  Te llevo dentro de mí, pero ahora con el amor santo que nuestro Señor me ha dado para amarte… preciosa mía.

Sofía inclina la cabeza ruborizada y feliz…

El sol corre hacia su ocaso, bañando de luz las olas del mar en Anzio…

En el palacio de Nerón, Petronio obtiene nuevos triunfos sobre los demás cortesanos que con él se disputan el favor del César. La política es muy impredecible… La influencia de Tigelino ha decaído totalmente. Dentro de los palacios que en el mar azul reflejan sus fachadas, Nerón lleva una vida llena de fantasías helénicas.

Durante todo el día, el César y sus allegados declaman versos. Discurren acerca de su estructura y sus bellezas. Se recrean con sus giros elegantes. Conversan sobre música. Y alaban el genio griego que ha venido a embellecer la vida.

Y por todo esto Petronio,  de un refinamiento incomparable, superior  al de todos los demás cortesanos; elocuente, sutil, lleno de ingenio y buen gusto; hace que el César prefiera siempre su compañía…

Nerón comparte sus opiniones, le pide consejo sobre la composición poética y le manifiesta una amistad y un favoritismo muy marcado. Todo esto demuestra ante los demás cortesanos, que la influencia de Petronio ha alcanzado un triunfo supremo y que la amistad con el César, está más firme que nunca. Y hasta los que antaño mostraron su antipatía al exquisito epicúreo, empiezan ahora a agruparse a su alrededor y a competir por su favor.

Más de uno se alegró sinceramente de la preponderancia de Petronio, que es un hombre justo en sus juicios y recibe con escéptica sonrisa las adulaciones de sus enemigos de la víspera. Pero como no es vengativo y nunca ha empleado su poder en arruinar a los demás; pues aun cuando ha tenido la oportunidad de destruir al mismo Tigelino; solo se ha contentado con ridiculizarlo y hacer más patente su vulgaridad y su torpeza.

En Roma el Senado respira aliviado, pues ya hace tres meses que no se ha expedido ninguna sentencia de muerte. Y todos prefieren a un Nerón que busque el refinamiento en la elegancia y cultura de Petronio, un César extremadamente sibarita; a un tirano embrutecido por la crueldad e influenciado por Tigelino. Pues cuando se le presenta la ocasión de hacer a un lado a hombres a los que considera peligrosos por cualquier pretexto o simplemente le son antipáticos… Aprovecha la oportunidad para saquear propiedades, fallar juicios políticos, dar espectáculos sorprendentes por su pompa y mal gusto, que dan la ocasión de satisfacer los monstruosos caprichos del César.

Tigelino es un hábil maestro que está dispuesto a todo y es cuando se hace indispensable… Entre él y Haloto realizan las más crueles canalladas de la brutalidad de Nerón.

El mismo Tigelino se siente desconcertado y empieza a vacilar de si ya debiera darse por vencido, pues el César ha repetido en varias ocasiones que en toda Roma y entre todos sus cortesanos, solo hay dos espíritus capaces de comprenderse, porque son verdaderamente helénicos: él y Petronio.

La admirable habilidad del Árbitro se evidencia a cada paso y el César solo confía en él para sus juicios sobre su arte, que es lo único que le importa.

Y Petronio con su indiferencia habitual parece no dar importancia a su posición. Como de costumbre, se muestra indolente, escéptico y lleno de ingenio. Con frecuencia produce en quienes le rodean, la impresión de ser un hombre que se burla de sí mismo, de ellos, del César y del mundo entero. Hay momentos en que se atreve a criticar al mismo Nerón en su presencia, dejando a los demás pasmados; pensando que ha llegado demasiado lejos y está preparando su propia ruina.

Pero con su astucia insuperable, da un giro inesperado y magistral; transformando la crítica de tal forma, que redunda definitivamente en su provecho y se convierte en una alabanza. Por esto, Nerón lo estima cada día más.

En esos torneos de sutileza e ingenio, llena de admiración a los augustanos presentes y los deja convencidos de que no hay dificultad de la que él no sepa salir airoso y vencedor.

Una semana después de que Marco Aurelio regresara de Roma, el César leyó a su círculo de íntimos, algunos extractos de su canto al Incendio de Troya. Terminada la lectura y los ruidosos transportes de admiración de los oyentes.

Petronio, a quién el César interrogó con la mirada, respondió:

–           Malos versos. Buenos solos para el fuego.

Los presentes sintieron que el terror les paralizó el corazón. Jamás en toda su vida, había escuchado Nerón de ningún hombre, una sentencia semejante.

Séneca está expectante y asombrado.

El rostro de Tigelino irradia felicidad…

Pero Marco Aurelio palideció… Pensando que su tío, a quién jamás lo había visto ebrio, se había embriagado esta vez por completo o ha perdido la razón.

Nerón sin embargo, preguntó con voz melosa; en la cual temblaba una inflexión de vanidad más o menos hondamente herida:

–           ¿Qué defectos les encuentras?

Petronio dijo firme:

–          No les creas. – encarándose con él y señalando a los presentes- Esos nada comprenden. Me preguntas que defectos hay en tus versos. Si deseas escuchar la verdad, voy a decírtela. Tus versos serían dignos de Virgilio o de Ovidio. Del mismo Homero tal vez; más no dignos de ti. Pues tú eres más grande que ellos. El incendio que describes no arde lo suficiente. Tu fuego no quema lo bastante.

No escuches las lisonjas de Marcial. Si él hubiera escrito esos versos, yo le declararía un genio. Pero en tu caso es diferente. ¿Y sabes por qué? Porque tú puedes hacer cosas mejores. De una persona tan privilegiada por los dioses como tú, es justo esperar más. Ya no seas perezoso… Prefieres dormir después de la comida, en vez de trabajar. Tú eres capaz de producir una obra superior a cuantas haya conocido el Orbe entero hasta nuestros días. Y por esto te digo en tu presencia: ¡Escribe mejor!

Petronio dijo estas palabras con aire negligente y en el que a la vez se confunden la burla y el reproche…

Más por los ojos del césar pasó como una ligera niebla de alegría y satisfacción. Luego dijo:

–           Los dioses me han dotado de un poco de talento, pero me han concedido también algo más valioso: un amigo leal y un crítico justiciero. Único hombre capaz de decirme la verdad en mi presencia. – y extendiendo la gorda mano cubierta de vello rojizo hasta un candelabro que estaba cerca,  intentó quemar el pergamino.

Pero Petronio se apoderó de él antes de que la llama lo tocase y dijo:

–           ¡No, no! Aun así como están, pertenecen a la humanidad. Déjamelos.

Nerón contestó abrazándolo:

–          Permite entonces que te los mande en un cilindro. –Y agregó- Verdaderamente tienes razón. Mi incendio de Troya no arde bastante y mi fuego no quema lo suficiente. Les falta pasión. Pero ya estaba satisfecho con llegar a la altura de Homero. Siempre me he visto cohibido por una especie de timidez y una apreciación modesta de mis facultades. Pero tú me has abierto los ojos. ¿Y sabes por qué es cierto lo que afirmas? Cuando un escultor talla la estatua de un dios, busca siempre un modelo. Y yo nunca lo tuve. Jamás he visto el incendio de un pueblo y es por eso que a mi descripción le falta veracidad. 

–           Por lo cual te digo que solo un gran artista, es capaz de comprender esto.

Nerón se quedó reflexionando y después de un rato dijo:

–           Contéstame una pregunta Petronio. ¿Sientes tú el incendio de Troya?

–          ¡Qué si lo siento! No, a fe mía. ¡Por Zeus! Y te diré por qué razón. Troya no hubiese sido destruida, si Prometeo no hubiese dado el fuego a los hombres y si los griegos no hubieran hecho la guerra a Príamo. Y Esquilo no habría escrito su Prometeo, de no existir el fuego. Así como sin la Guerra de Troya, Homero no habría escrito la Ilíada. Creo pues preferible, la existencia de Prometeo y de la Ilíada a la conservación de una ciudad pequeña y despreciable, en la cual estaría hoy un magistrado que te estaría fastidiando con las quejas de su administración.

El César dijo:

–          Esto es lo que se llama hablar razonablemente. Por el arte y la poesía, no solo es lícito, sino es justo y necesario sacrificarlo todo. ¡Dichosos los Aqueos que suministraron a Homero, el tema substancial de la Ilíada! Y ¡Dichoso Príamo que pudo contemplar la destrucción de su pueblo natal! En cuanto a mí… jamás he visto una ciudad envuelta en llamas.

A estas palabras siguió un denso silencio…

Después de unos minutos, se escuchó la voz insinuante de Tigelino:

–          Si ya te lo he dicho César: ordena y pondré fuego a Anzio. O bien… Si no quieres la destrucción de estos palacios y casas de campo, puedo ordenar que incendien los bosques de Ostia o edificar para ti en los montes Albanos, una ciudad de madera a la cual tú mismo pondrás fuego. ¿Esto es lo que deseas?

Nerón contestó desdeñoso:

–           ¿He de ponerme a contemplar el incendio de unas cuantas barracas de madera? Estás perdiendo el criterio y la iniciativa Tigelino. Y veo además que no atribuyes gran valor a mi talento, ni al mérito de mi incendio de Troya, si juzgas que cualquier sacrificio, está a mayor altura que él.

Esta respuesta dejó a Tigelino confundido…

Pero Nerón, como si deseara cambiar de tema, dijo después de unos momentos:

–           Está terminando el verano. ¡Qué malos olores ha de haber ahorita en Roma! Y sin embargo es necesario que volvamos allá, para asistir a las fiestas estivales.

Tigelino conoce demasiado bien a Nerón, para no comprender la sugerencia…

Después de un lapso apropiado, Tigelino replicó:

–           ¡Oh, César! Cuando se hayan retirado los augustanos, permite que hable contigo un momento a solas…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

35.- UN SUEÑO PARA REALIZAR


La carta de Marco Aurelio no tuvo contestación. El mismo día que Petronio la leyó, el César ordenó el regreso a Roma.

Helio, el liberto del emperador, anunció al Senado el regreso de Nerón. Pero habiéndose embarcado con su corte en Miceno, efectuó su viaje lentamente, haciendo escala en las ciudades costeras, con el fin de descansar o de exhibirse en los teatros. Permaneció alrededor de un mes en Minturno. Y hasta pensó en volver a Nápoles y esperar allí la primavera, porque en esa ciudad es más temprana y cálida.

Durante todo este tiempo, Marco Aurelio y Alexandra fueron madurando su amor en una entrega y de conocimiento mutuo. Mientras él, al mismo tiempo que sana de sus heridas: su alma renacida ha ido descubriendo los misterios y maravillas, de la poderosa Doctrina Cristiana. Sin que él mismo se percate, a la par que está conociendo a Jesucristo, ha empezado a amarlo y está poniendo en orden sus afectos. Se ha dado cuenta de que por el hecho de amar a Dios sobre todas las cosas, eso no disminuye su amor por Alexandra. Al contrario, conforme el verdadero Amor está penetrando en su corazón y transformando su alma; ama a Alexandra todavía más de lo que ya la amaba, pues ya empieza a amar con el Amor Perfecto.

Ni él mismo está consciente de la transformación que va madurando en su espíritu. Ve el mundo a través de los ojos de Dios. Y ve la Creación con la curiosidad y el asombro de los niños que empiezan a despertar a la vida.

Y también su vida ha cambiado por completo. Se ha dado cuenta de que ahora anhela las visitas de Pedro, aún más de lo que un día anhelara a Alexandra. Ansía escuchar de sus labios todos los relatos que a lo largo de tres años, el discípulo de Jesús vivió junto al Maestro: sus enseñanzas, sus ejemplos o parábolas, como las llama él.

Y ¡Los portentosos milagros de Jesús!… Como vio al Hombre-Dios dominar los elementos, transfigurarse, resucitar muertos, la pesca milagrosa, etc. Todo esto hace que el alma del joven patricio se estremezca de emoción y de alegría. Conocer y amar a Dios, es la experiencia más inefable y maravillosa.

Marco Aurelio bebe estos relatos, junto con las lecciones de Mauro y de Diana, que vienen tres veces por semana a su lecho de enfermo y esto ha hecho que estos días queden grabados en su memoria para siempre.

En su última visita, Mauro le dijo que ya casi está listo para empezar a moverse. Ya han transcurrido ocho semanas y si al levantarse hoy, el brazo y el costado no le duelen, es porque también las costillas han sanado y en dos semanas más, estará listo para desentablillar. En el fondo de su alma, Marco Aurelio desea que el tiempo se detenga. Se ha dado cuenta que ha aprendido a amar tanto a aquellas personas, como si fueran su propia familia.

Alexandra está tan feliz y agradecida con Dios, por el milagro realizado en aquella alma tan amada, de cuya transformación ha sido testigo día tras día… De aquel patricio violento que entró a raptarla de aquel hogar, ya no queda nada.

Ve la devoción con que la sigue con la mirada a dondequiera que ella va. Sus besos son tan dulces y llenos de ternura, que aunque son muy apasionados, también son muy diferentes de los que le diera en el banquete del Palatino. Su sabor es más delicioso aún… Y embriagador como el más exquisito de los licores.

El deseo se ha encendido más, pero con un fuego distinto que no queda solo en la piel. Cada día están más enamorados y su amor los llena de dicha con la promesa de un gozo más pleno, cuando su unión sea completa…

Marco Aurelio está sorprendido. Adora a su esposa; la respeta y la desea cada día más.  Pero es todo tan extraordinario… La felicidad y el deleite que saborea ahora, no tiene la más mínima comparación con lo que experimentara antes, con ninguna de las mujeres que antaño conociera. El placer que Alexandra le da, aún sin haberla hecho suya todavía… Saberse amado por ella y amarla con la fuerza que él mismo no sabía que tuviera; lo hacen sentirse el hombre más dichoso del mundo.

Su corazón está lleno de júbilo y siente deseos de gritarlo. Porque es precisamente Aquel Dios Desconocido que un día le pusiera tan celoso de Él, el que se la ha entregado. Y es el que le está dando la capacidad de amar, como jamás pensó que pudiera llegar a amarse. Alexandra es como es, por su amor a Cristo, que ahora ya no es el Dios Desconocido. Al contrario, entre más lo está conociendo, ha comenzado a adorarlo con todo su ser.

Ahora es cuando comprende por qué es el Dios del Amor…

Y se siente tan feliz, que desea compartir esa dicha con todos los seres que conoce. Solo Cristo puede transformar al mundo. Y amó más a Alexandra, porque por causa de ella, Cristo ha transformado su vida de una manera radical. Está aprendiendo a creer, a amar, a perdonar, a orar…

Cuando Alexandra le enseñó el ‘Pater Noster’ y meditó cada una de sus palabras, esa Oración Santa y sublime que Jesús enseñó, es un himno que su corazón canta con una alegría profunda y brota en palabras que salen de sus labios, estremeciendo su alma de júbilo y agradecimiento.

Todo el culto que rodea a esta Doctrina es un maravilloso descubrimiento…

Cuando llegó Mauro, con su ayuda se levantó del lecho, le llevó con suavidad poco a poco hasta el jardín y le preguntó:

–           ¿Ya no te duele?

Marco Aurelio le contestó:

–           Un poco… no sé… me siento muy raro. Pero creo que estoy bien.

Mauro declaró:

–          Perfecto. Entonces… -llamó a Alexandra y agregó- Te entrego en manos de tu esposa.

Marco Aurelio se apoyó en ella que lo mira llena de amor y alegría.

–          Ya puedes moverte del lecho y dar pequeños paseos. ¡Pero no te extralimites! ¡Eh! –añadió Mauro sonriendo- Todavía no te declaro sanado.

–           ¿Cuándo va a venir Pedro?

–          Posiblemente hoy o mañana. Isabel está preparando los pescados que trajo David. Bernabé está haciendo un guiso con verduras. Voy a ver en que los ayudo…

Y dejándolos solos se retiró al interior de la casa.

Alexandra llevó a Marco Aurelio hasta la banca que está  junto al muro.

–           Carísima. Sol de mi vida. Quisiera que esta dicha no terminase nunca. –dice él envolviéndola en una mirada llena de amor, de adoración y de ternura.

Ella le correspondió y le contestó enamorada:

–           No terminará, amor mío. Porque nuestro amor continuará más allá de la muerte, cuando estemos juntos en el Cielo, por toda la eternidad…

–          ¿Sabes? Un día pensé un poco fastidiado… Casi al principio de todo esto: ‘Solo piensan y hablan de Jesús’. Porque no los comprendía… Y ahora soy yo el que espero con ansia las visitas de Pedro. ¿De qué nos hablará ahora?

Alexandra sonríe y le dice con dulzura:

–          No lo sé. Lo sabremos cuando llegue. ¡Me siento tan feliz de que compartas conmigo este mismo anhelo!…  Tendremos muchas cosas que contar a nuestros hijos. ¿No crees?

–           ¡Nuestros hijos!…-exclama él y suspira- Quiero que el primero sea una niña tan hermosa como tú. ¡Ansío tenerla en mis brazos! ¡El fruto de nuestro amor!

Marco Aurelio está extasiado ante una imagen futura…

Y los dos conversan sobre el hogar y la familia que apenas empieza a formarse y que los llena de una ilusión sublime…

Mauro los mira desde la puerta y dice a Bernabé:

–           Quien viera ahora al orgulloso augustano que casi destrozas hermano.

Bernabé contesta casi compungido:

–          Del mal, Dios hace nacer el bien. Míralo ahora… Cuando veo como ama a mi señora, me siento dispuesto a servirlo también a él.

Felizmente Pedro llega en ese momento. La comida está casi lista. Y cuando todos están reunidos, oran y comparten los alimentos.

Dos semanas después…

Marco Aurelio pasea con Alexandra por el pequeño jardín. Le confiesa:

–         Intenté en vano olvidarte, porque mi amor creció y se adueñó de todo mí ser, desde el día en que te vi en la casa de Publio. Mientras las parcas devanaban el hilo de la existencia, el amor y la nostalgia estuvieron devanando el mío. Mis acciones fueron malas, pero estuvieron impulsadas por el amor. Pues me enamoré de ti de una manera fulminante y me di cuenta de que eras muy diferente a todas las mujeres de Roma. Solo te pareces en lo virtuosa a Fabiola, pero ahora ya sé por qué. Porque es la Presencia de Dios la que irradia esa maravillosa belleza interna que con el tiempo crece más y más y que en nuestro hogar será como un sagrado lumen…

Marco Aurelio se calló. Y la contempló como si en ella estuviera compendiada, toda la felicidad de su vida entera. Luego le preguntó cuáles eran sus impresiones respecto a él.

Alejandra se ruborizó y luego le miró a los ojos:

–          Te amé desde el día que nos encontramos por primera vez en la casa de Publio. Si tú me hubieras devuelto a ellos desde el Palatino. Yo les hubiera confesado mi amor y hubiera tratado de apaciguar la cólera que hacia ti debieran sentir.

Marco Aurelio dice:

–           Te juro, que ni siquiera había pasado por mi mente la idea de sacarte de la casa de los Quintiliano. Algún día te contará Petronio, como yo le confesé cuanto te amaba y que deseaba casarme contigo. Pero él ridiculizó mi propósito e insinuó al César la idea de pedirte como rehén que le pertenecía y de darte a mí. ¡Cuántas veces en medio de mi dolor, he maldecido el momento en que le hice caso! Más acaso el destino así lo dispuso. Pues de otra forma yo no habría conocido a los cristianos, ni llegado a comprenderte, preciosa mía…

Alexandra replicó:

–           Créeme amor mío, Cristo ha sido Quién con sus altos designios te atrajo a Sí. El Padre Celestial te llamó…

Marco Aurelio levantó la cara sorprendido:

–         ¡Cierto! Todo pareció combinarse de manera admirable, para que al buscarte, encontrase primero a los cristianos y luego a ti.

–          Sí… -contestó ella suspirando feliz.

Están delante de la glorieta cubierta de una espesa capa de hiedra y cerca del sitio donde Bernabé había matado a Atlante y donde después se enfrentó a Marco Aurelio. Éste dijo reflexivo:

–           Aquí habría perecido yo, si tú no hubieras intervenido.

–           Ya no hables más de eso. Y tampoco se lo recuerdes a Bernabé.

–          ¿Podría acaso haber tomado venganza en él, porque te defendió? Al contrario. Si él fuera esclavo le habría concedido la manumisión.

–           Si él fuera esclavo, Publio lo hubiera liberado hace mucho tiempo.

–          ¿Recuerdas que quise llevarte de nuevo a tu casa y tuviste miedo que llegara a saberlo César y tomara por ello venganza en Publio y en Fabiola? Pues bien; ahora podrás verlos cuando te plazca.

–           ¿Por qué dices eso Marco Aurelio?

–          Creo que ya no habrá para ti peligro alguno en verlos, porque cuando el César me pregunte qué hice del rehén que él me diera, le contestaré: ‘Me he unido a ella en matrimonio y ahora visita la casa de Publio con mi consentimiento.’ Te prometo que me ganaré de nuevo el favor de Publio y de Fabiola. ¡Oh, carísima! Sí, Alexandra mía. Te juro que jamás mujer alguna recibirá en el hogar de su esposo, homenajes comparables a los que yo te he de tributar.

Y siguieron paseando. Gozándose en la presencia el uno en el otro. Finalmente se detuvieron bajo el ciprés que está a un lado de la casa y donde principia el huerto.

Alexandra se apoyó en el pecho masculino y él la abrazó tiernamente con su brazo libre. Y le dijo con amorosa súplica:

–           Di a Bernabé que vaya a la casa de los Quintiliano a traer tu mobiliario y tus juguetes de niña.

Ella contestó ruborizada:

–           La costumbre ordena otra cosa.

–           Lo sé. De ordinario la prónuba (matrona romana que iniciaba a la novia en sus deberes de esposa) conduce esos objetos detrás de la novia. Pero tú querrás hacer esto por mí. Yo los llevaré a nuestra casa de campo en Anzio y serán otros tantos recuerdos que me hablen de ti. Sabes que se fueron de viaje y todavía falta mucho tiempo para que la familia regrese. –y tomándole la mano como un niño cuando solicita algo con insistencia- Concédeme esto diva. Concédemelo, Carísima.

–           Pero Fabiola hará como ella quiera. ¿Estás de acuerdo?

Se miraron a los ojos con una gran sonrisa y con el corazón acelerado. Se dieron un tierno y apasionado beso, enamorados totalmente el uno del otro. Embargados por una dicha que no puede ser más plena, pues su más hermoso sueño se está convirtiendo en realidad.

En ese momento la alta figura de Mauro, se recortó en el umbral del patio. Ha venido a desentablillar y a dar de alta al enfermo. Los tres entraron a la casa y los vendajes fueron retirados. Mauro con cuidado valoró a su paciente y satisfecho, comprobó cómo las fracturas han soldado, al igual que las costillas y ya no hay dolor.

Y dijo:

–           Bien hermano. Ya estás listo para regresar a tu vida normal. Solo te pido que esta semana ejercites el brazo con cuidado, antes de hacer esfuerzos de ninguna índole.

Marco Aurelio sonrió agradecido y contesta:

–           Gracias, hermano. ¿Va a venir Pedro?

Mientras guarda sus ungüentos, Mauro responde:

–           Sí. Un poco más tarde. Estaba en una misa de ordenación. Creo que hoy tendremos cien nuevos presbíteros. Dijo que al terminar vendría. Es temprano todavía. Después del mediodía estará aquí. En lo que llega, seguiremos con tu instrucción y les daré el tema de este día.

David se va a llamar a los catecúmenos que están siendo instruidos junto con Marco Aurelio. Y mientras llegan, éste pregunta a Alexandra:

–           ¿Cómo fue que Publio se convirtió en cristiano?

Alexandra lo mira radiante y contesta:

–           Fue en Jerusalén. Él era un tribuno muy joven y estaba en la Puerta de los Peces junto con dos soldados. Uno se llamaba Alejandro. Y ese día Jesús…

Y la voz de Alexandra es musical, mientras relata el primer encuentro de Publio Quintiliano con el Nazareno…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA