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10.- UNA ORDEN IMPERIAL


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Y en efecto, Petronio cumplió su promesa. Al día siguiente se fue al Palatino y tuvo con Nerón una entrevista privada. Y al tercer día se apareció en la casa de Publio, un centurión al frente de una decuria de pretorianos.

En este tiempo de incertidumbre y de terror, los enviados de este género son por lo general, mensajeros de muerte. Cuando el centurión llegó a la casa de Publio Quintiliano y el vigilante del atrium anunció que había soldados allí, el espanto invadió toda la casa. La familia rodeó a su jefe, pues todos creyeron que venían por él.

 Después de unos momentos de pánico, Publio restableció la calma. Acallando el rumor que se había levantado por todas partes, dijo:

–           Déjame marchar Fabiola. Si mi fin ha llegado tendremos tiempo para despedirnos.-   Y la apartó suavemente a un lado.

Fabiola contestó:

–                     Permita Dios, ¡Oh, Publio amado! Que sean uno mismo, tu destino y el mío.

Y empezó a orar con la vehemencia que solo puede infundir el temor que se siente por la suerte del ser más querido.

Publio pasó enseguida al atrium donde lo esperaba el centurión.

Éste era el viejo Máximo, su antiguo y subordinado compañero de armas en Jerusalén.

–           Salve general. –Dijo con respeto, al entregarle la tablilla con el sello imperial- Soy portador de una orden y de un saludo del César.

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Publio replicó:

–           Presenta mi agradecimiento al César por su saludo. Y en cuanto a la orden, estoy listo para cumplirla. Sé bienvenido Máximo y dime cuál es esa orden de la que eres portador.

–           Publio Quintiliano, el César sabe que en tu casa vive la familia de Vardanes I, rey de Partia. La cual fue entregada como prenda de que las fronteras del imperio, jamás serían violadas por los partos. El divino Nerón te está agradecido, ¡Oh, general! Por la hospitalidad que les has dado estos años; pero hay un rehén que el César desea tomar bajo su custodia y la del senado. Y te ordena que me entregues dicha doncella en sus manos.

Publio es un soldado bastante disciplinado y demasiado veterano para permitirse manifestar ningún sentimiento, ni expresar palabras vanas o quejas, ante una orden tan perentoria. No obstante, una ligera arruga de súbita cólera y de dolor se dibujó en su frente y Máximo se dio cuenta. Pero a la vista de la orden está indefenso.

Permaneció por unos segundos mirando fijamente la tablilla de Nerón y murmurando como para sí mismo, dijo:

–           Conque la hija menor, ¿Heee? –Y agregó con voz firme- Aguarda aquí. En breve te será entregado el rehén.

Después de decir esto se dirigió al otro extremo de la casa y llegó con Fabiola que estaba llena de zozobra y de temor.                       

Carraspeó un poco y aclarándose la voz declaró:

–           La muerte a nadie amenaza. Tampoco el destierro a tierras lejanas. No obstante el mensajero del César, es un heraldo de infortunio. Se trata de Alexandra.

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Un coro de voces repitió asombrado

–           ¡¡De Alexandra!!

Publio ordenó a la aya:

–           Llámala, Marcela. Y dile que venga inmediatamente.

Fabiola exclamó atónita:

–           Pero ¿Alexandra?

–           Precisamente de ella. –contestó muy serio Publio.

Y volviéndose a la doncella que acaba de llegar, agregó:

–           Alexandra, has sido criada en esta casa como hija nuestra. Y como a tal, te amamos tanto Fabiola como yo. Pero la verdad es que eres un rehén entregado a Roma por tu pueblo y tu custodia corresponde al César. Así pues como propiedad de él, es el mismo César quién te arranca de nuestra casa y debemos obedecerlo. Tus hermanos permanecerán aquí, mientras no sea otra la voluntad del emperador.

El general dijo estas palabras con acento tranquilo, pero con una insólita y extraña inflexión en su voz.

Alexandra lo escuchó petrificada. Como si no comprendiera de lo que se trata.

Fabiola palideció intensamente. Y otro murmullo recorrió nuevamente la casa.

Publio confirmó:

–           La voluntad del César debe ser cumplida.

Fabiola protestó:

–           ¡Oh, no! -Y abrazando a Alexandra, como si quisiera protegerla- ¡Preferible para ella sería la muerte!

Alexandra gritó:

–           ¡Oh no! ¡Madre! ¡Madre!- Y buscó  refugio en Fabiola, estremecida por los sollozos.

De nuevo se dibujaron la ira y el dolor en el semblante de Publio.

Y dijo con impotencia:

–           Hoy mismo veré al César y le imploraré que modifique su mandato. Ignoro sí mi súplica será escuchada. Mientras tanto, adiós Alexandra y debes saber que Fabiola y yo bendecimos el día en que llegaste a ocupar un lugar a nuestro lado, en esta casa.

Y  al decir esto puso una mano en la cabeza de la joven e hizo un gran esfuerzo para conservar su calma habitual.

Pero cuando Alexandra lo miró con sus ojos llenos de lágrimas, tomando su mano la llevó a sus labios para besarla y se quebró la voz del anciano…

Con ternura paternal en una voz llena de dulzura, agregó:

–          ¡Adiós, alegría nuestra! Eres la luz de nuestros ojos. –Y abrazándola, lloró con ella.

Con inmenso dolor, pero con voz serena, Fabiola dijo:

–           La hora ha llegado. La casa del César es un antro de infamia, depravación y crimen. Pero nadie tenemos derecho de levantar la mano sobre nadie; ni siquiera sobre nosotros mismos, disponiendo de nuestra vida. No debemos cometer ninguna tontería.

Alexandra llorando, contestó:

–           Me aflijo por ti, madre. Por mi padre y mis hermanos. Pero sé bien que la resistencia es inútil y que solo conduciría a la destrucción de todos nosotros. ¡Dios cuidará de nosotros! ¡Te amo!

Fabiola replicó afligida:

–           Mientras arreglan tus cosas, vamos a que te despidas de todos. -Y la conduce suavemente a hacer lo que ha dicho.

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Entonces un hombre muy alto y robusto llamado Bernabé, que había servido en otro tiempo a la reina y madre de Alexandra, se postró a los pies de Fabiola y dijo:

–           ¡Oh, domina! Permíteme que siga a mi ama, la sirva y vele por ella en la casa del César.

Fabiola lo miró con cariño y dijo:

–           Bernabé, tú no eres siervo nuestro, sino de Alexandra. Pero si no te permiten cruzar los umbrales del Palatino ¿Cómo podrás velar por ella?

Bernabé suplicó:

–           No lo sé domina. Pero necesito ir con ella.

Entonces Margarita, la hermana mayor de Alejandra, intervino:

–           Yo también iré con ella.

La angustia palpita en la voz temblorosa de Fabiola al contestar:

–           ¡Dios mío! ¿Acaso también deberé agonizar por ti? Eres una virgen consagrada y tu belleza puede ser tu perdición. ¿No acabas de oír lo que he dicho sobre la Domus Transitoria? ¿Qué puedes hacer tú para proteger a Alexandra de los motivos que han impulsado a esta orden imperial?

Hija mía, sólo eres una doncella tres años más grande que tu hermana… Por favor…  – un sollozo le impide continuar.

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Margarita replicó serenamente:

–           Lo sé. Pero yo no he sido solicitada y confío ciegamente en que Jesús me defenderá de todo peligro. Yo también pienso que el poder del que se siente el amo del mundo, está sujeto a la Voluntad Divina de nuestro Señor. Además, iré como dama de compañía y creo que eso no me lo pueden impedir.

Fabiola admitió:

–           Es verdad. ¡Sí! La Ley que nos gobierna es otra más grandiosa. Por ahora hay que ofrecer todo a Dios. Hay que esperar y confiar en Él, creyendo que existe un poder superior al de Nerón y una misericordia más grande que su cólera.

Publio intervino:

–           Si han enviado por Alexandra como un rehén reclamado por César, están obligados a aceptar su séquito y el centurión no puede negarse a recibirlos.

Fabiola aceptó:

–           Está bien.  -Y volviéndose hacia la otra joven doncella, agregó- Margarita, prepara tus cosas. Marcela irá con ustedes. – y da las órdenes pertinentes, para que la aya las acompañe.

El general está consternado y preguntó:

–           ¿Qué otra cosa podemos hacer además de orar?

–           Mientras ellas se despiden yo le escribiré a Actea y ella sabrá qué hacer.

–           Es una idea excelente. Yo también veré las opciones que nos quedan.

Y Fabiola enseguida escribió una carta a Actea, colocando a Alexandra bajo su custodia.

La liberta de Nerón es la única persona confiable en aquel palacio…

Cuando  llegó el momento de partir, los pretorianos los condujeron al Palatino.

Mientras tanto, el viejo general dio orden de que le preparen su cisio y dijo a su esposa:

–           Escúchame Fabiola. Iré a ver al César aun cuando sé que mi visita será inútil. Y aunque la palabra de Séneca ya nada significa para Nerón, iré a ver a Séneca. Ahora los que tienen más influencia son Petronio, Tigelino, Haloto y Vitelio. En cuanto al César, ni siquiera creo que le importe Alexandra. Creo que ‘alguien’ ha intervenido para que esto sucediera. Y creo que es fácil adivinar quién es.

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Fabiola preguntó asombrada:

–           ¿Petronio?…

Publio contestó con voz contenida:

–           ¿Quién más? Él fue. ¿Ves las consecuencias que trae el admitir que gente sin conciencia, ni honor, traspasen el umbral de nuestro hogar? ¡Maldito el día en que Marco Aurelio estuvo en esta casa! Ha sido él quien trajo a Petronio. ¡Pobre Alexandra! ¡Estos hombres no buscan en ella un rehén, sino una concubina!

La voz del general está llena de ira impotente y de dolor, por la pérdida de su hija adoptiva. Con sus puños apretados exclama:

–           ¿Por qué Dios permite que triunfe ese monstruo malvado y protervo llamado Nerón?

Fabiola contestó suavemente:

–           Publio… Nerón es apenas un puñado de fango, ante la infinita majestad de Dios.

Pero Publio se siente muy humillado. Pesa sobre él, el poder de una mano que desprecia profundamente. Y  su impotencia aumenta porque ante esto, él no puede hacer absolutamente nada. Cierra los ojos. Aspira profundo y ora en silencio.

Cuando logra dominar la cólera que lo invade dice:

–           Creo que Petronio no nos la ha arrebatado para llevársela al César, pues estoy seguro que él no querría provocar la ira de Popea. La ha tomado para sí o para Marco Aurelio. Y eso, hoy mismo lo voy a averiguar.

Y dando un beso a Fabiola, salió y se dirigió al Palatino.

No se equivocó al pensar que no sería admitido a la presencia del emperador. Le dijeron que el César estaba ocupado en cantar con Terpnum, su director musical y un virtuoso del laúd. Que no recibe más que a las personas que él mismo ha citado. En otras palabras: que en lo sucesivo ni siquiera debe intentar que el César le de audiencia.

Publio no está dispuesto a rendirse tan fácilmente. Y dio orden al auriga de que lo lleve a la casa de Séneca.

Séneca lo recibió con afecto y al enterarse del motivo de su visita, le dijo:Neron y Seneca

–           A menudo es mejor olvidarse de un insulto, que vengarlo. Ella es sólo un rehén y sabes que es propiedad del emperador. El mejor servicio que puedo ofrecerte Publio, es no dejar que Nerón descubra que mi corazón te compadece. No se te ocurra buscar ayuda con Tigelino, Haloto o Vitelio.  Aunque odian a Petronio y están más que dispuestos a aniquilarlo, pues buscan por todos los medios minar su influencia con Nerón; lo más seguro es que van a ir a contárselo al César. Y cuando él sepa cuánto te importa esa joven, la retendrá con más obstinación.

Publio le preguntó con angustia:

–           ¿Entonces qué hago? ¿Cómo impido que se cometa esta infamia?

Séneca no pudo contener una respuesta llena de ironía:

–           ¿Sabes cuál ha sido tu error? Publio, has permanecido mudo años enteros. Y César no quiere a los que callan. ¿Cómo te has atrevido a no entusiasmarte con su talento, su virtuosismo, su   declamación, su canto, sus versos y su modo de guiar las cuadrigas? Además…  ¡Tampoco lo has glorificado por la muerte de Claudio, de Británico, de Octavia y de Agripina!

–           ¡No entiendo cómo lo soportas! Ese hombre es un monstruo de perversión…

Por unos instantes, el tiempo pareció detenerse. Luego, el filósofo agarró un vaso, lo llenó con agua del implovium… después de refrescar sus labios, mirándolo fijamente a los ojos,  añadió:

–           ¿Ves? Estoy convencido de que esta agua no está envenenada y la bebo con toda confianza. El vino es menos seguro. Si tienes sed, puedes beber de esta agua.  Los acueductos la traen aquí desde la montaña y para envenenarla es preciso envenenar todas las fuentes de Roma.

–           Por lo que veo, ya te has resignado a tu suerte.

–           El primer arte que se aprende en el ejercicio del poder, es la capacidad para soportar el odio; porque incierto es el lugar en donde nos espera la muerte y por eso hay que estar preparados y esperarla en todo lugar.

–           Con un desquiciado gobernándonos, ¿Quién puede estar seguro de nada? ¿Por qué permaneces junto a él?

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–           Nerón tiene un corazón agradecido.-ríe con sarcasmo y agrega – Te quiere porque has servido gloriosamente al imperio. A mí me quiere porque fui el maestro de su juventud… Y el amor de Nerón es lo más peligroso de este mundo. Agripina lo sabe mejor que nadie.

–           ¿Cómo puedes vivir así?

–           Vencer sin peligro es ganar sin gloria. Los que jugamos en esta arena no podemos salirnos voluntariamente.

–           Bueno, fue tonto de mi parte preguntarte esto, cuando los militares y los cristianos es para lo primero que nos preparamos. ¿No es verdad? Tú eres un hombre muy sabio y un  experto en política. Yo soy como Vespasiano y no sirvo para la diplomacia.

–           En esta vida he recibido demasiado y ya es hora de retribuir. Yo no le tengo miedo a morir, me he preparado para todo… Lo único que me preocupa, es irme sin haber alcanzado el objetivo principal por el que Dios me tiene todavía aquí. Tú y yo sabemos muy bien cómo se deben administrar nuestros dones.

–           Nerón no vacila para obtener lo que quiere, ni los medios usados para lograrlo. Eres uno de los hombres más ricos del imperio. Me sorprende que su codicia no te haya destruido todavía.

–           Aun así, lo que Nerón no sabe es que he repartido en secreto todas mis riquezas y en su momento esta será una buena broma que no se esperan mis enemigos. ¿Sabías que se las ofrecí para que me dejara retirarme  y las rechazó haciéndome profundas muestras de afecto? ¡Tú sabes lo que en realidad eso significa!… Pero cuando decidan mi muerte, ya no encontrarán nada. Yo estoy como Petronio…

Publio interrumpe estas amargas reflexiones:

–           Precisamente noble  Anneus, el autor de este traslado es Petronio. Dime qué debo hacer. ¿No puedes ayudarme?

SENECA (2)

Séneca lo miró con afecto y respondió:

–           Petronio y yo jugamos en campos opuestos. Yo no conozco nada que puedas usar en contra suya. Y él no cede ante nada. Acaso con toda su depravación es el más digno de todos esos bribones que forman la camarilla de íntimos de Nerón. Pero intentar demostrar que lo que hizo es una mala acción, es perder el tiempo. Creo que lo único que te resta es orar…  Cuando yo lo vea le diré: “Lo que hiciste es propio de delincuentes”. Si eso no logra avergonzarlo, ninguna otra cosa tendrá mayor poder. Espero que te sirva de algo.

Publio lo miró derrotado y una luz de esperanza brilló como una chispa en lo más profundo de sus ojos:

–           Gracias también por eso. –Y se despidió de Séneca.

Enseguida ordenó que le condujeran a la casa de Marco Aurelio.

Lo encontró haciendo ejercicios de equitación.

Publio se estremeció de ira al verlo tan feliz y tranquilo, después de la vileza con que había perpetrado el ataque contra Alexandra.

Y al verlo bajar del caballo y dirigirse despreocupadamente hacia él; esa ira estalló en un amargo torrente de reproches y de injurias.

Marco Aurelio se paralizó por el asombro,  al saber que Alexandra había sido sacada de la casa de Publio y se puso tan pálido y descompuesto, que el general ya no pudo acusarlo de haber participado en la intriga para apoderarse de ella.

La frente del joven tribuno se cubrió de sudor y su rostro se sonrojó violentamente. Pareció como si su semblante tuviera una oleada de fuego. Sus ojos empezaron a despedir chispas y lanzó bruscas interrogantes incoherentes. Sus manos temblaron. Los celos y la cólera lo sacudían como una furiosa tempestad.

En el huracán de sus sentimientos, le pareció que Alexandra una vez traspasados los dinteles de la Domus Transitoria, se hallaba completamente pérdida para él. Y lágrimas de rabia y de angustia descendieron  por sus mejillas, sin poderlas contener.

Cuando Publio mencionó el nombre de Petronio, cruzó como un rayo por la mente de Marco Aurelio, la sospecha de que Petronio se había burlado de él y que intentaba guardarla para sí, porque estaba convencido de que ver a Alexandra y desearla, eran una misma cosa. La impetuosidad de su carácter lo arrastraba como a un potro indómito y estaba perdiendo el control.

marcoCon voz muy alterada le dijo:

–           General. Vuelve a tu casa y espérame. Debes saber que aun cuando Petronio fuera mi padre, en él habría de vengar el agravio hecho a Alexandra. Quédate tranquilo. Ella no será ni de Petronio, ni del César.

Enseguida se dirigió al lararium y  con los puños cerrados, exclamó:

–         ¡Por mis antepasados te juro que primero la mataría y me mato yo mismo que permitirlo!

Fue entonces cuando Publio se dio cuenta cuán enamorado estaba Marco Aurelio de Alexandra y no dudó un segundo de que haría lo que decía.

Y Publio admitió:

–           Ya veo que tú no tuviste que ver nada en esta vileza. Yo también preferiría verla muerta que convertida en juguete de los caprichos del César.

–              Voy a averiguar qué sucedió. Vuelve a tu casa y espérame.  Yo solucionaré esto.

–           Estaré aguardando tu informe.

Cuando el general se marchaba, le repitió de nuevo que lo esperase.

Y Publio regresó a su casa un poco más tranquilo.

Pensó ahora que si Petronio había inducido al César a que reclamara a Alexandra para darla a Marco Aurelio, éste la devolverá a su hogar.

Así pues, tranquilizó a Fabiola y la hizo participar de sus esperanzas. Y ambos se dispusieron a esperar las noticias de Marco Aurelio.

Muy avanzada la tarde, llegó un mensajero con una carta escrita en un pergamino.

El general la recibió con manos temblorosas y la leyó con precipitación…

Inmediatamente se oscureció su semblante y extendiéndola a su esposa la invitó a que la leyera.

Fabiola la recibió y leyó:

Marco Aurelio Petronio      a       Publio Quintiliano:

Salve.

Lo ocurrido ha sido por la voluntad del César. Ante lo cual inclinad vuestras cabezas, tal como Petronio y yo inclinamos las nuestras.

Adiós.

Después de esto, se hizo un dolorosísimo silencio…

carta pergamino

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

6.- ARBITER ELEGANTIARUM


En una villa ancestral  que en su mayor parte está orientada hacia el sur. Hay un pabellón apartado que está rodeado por un patio al que dan sombra muchas palmeras; varios robles, sauces llorones, cedros, fresnos  y cuatro plátanos. En el centro, una fuente derrama su agua en una pila de mármol y salpica suavemente los plátanos que la rodean y las plantas que éstos cobijan. En este pabellón está ubicado un dormitorio que no permite entrar la luz del día, ni escuchar el ruido. A un lado está el triclinium (comedor)

Existe también una habitación sombreada por el verdor del plátano más cercano, decorada con  una espléndida pintura que representa a unos pájaros posados sobre las ramas de unos árboles. Aquí se encuentra una pequeña fuente con una pila rodeada por unos surtidores que emiten un susurro muy agradable.

Es el refugio de un escritor. Y sobre la mesa de trabajo se puede ver un fragmento de su última obra literaria, en la que está desarrollando su talento. Al acercarse se puede leer: “La Cena de Trimalción…”  El autor trabaja en ella por las mañanas, cuando se lo permiten las fiestas de Nerón…

Ahora, después del banquete de la víspera que se prolongó más de lo acostumbrado; Tito Petronio se levantó tarde sintiéndose sumamente  fastidiado…

En  su travesía por los baños recuperó su ingenio y complacido, se sintió rejuvenecer. Rebosante de vida, de energía y de fuerza; cuando estaba sumergido en el agua tibia, le avisaron que su sobrino Marco Aurelio acaba de llegar a visitarlo.

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Petronio ordena que lo conduzcan al jardín adyacente para conversar plácidamente y sale del agua poniéndose una bata de lino suave.

Marco Aurelio es hijo su hermano Publio, el mayor y más querido. Y ha estado sirviendo bajo las órdenes de Corbulón en la guerra contra los partos. Es su sobrino predilecto. Un hombre íntegro; que ha heredado de su tío el gusto por el placer, el arte, la belleza y la estética; cualidades que Petronio valora sobre todo lo demás. No por nada le han apodado el “Árbitro de la Elegancia.”

Toma una manzana del platón que está en la mesa más cercana y está a punto de morderla, cuando entró un joven con pasos largos y flexibles exclamando:

–                 ¡Salve Petronio! Que te sean propicios todos los dioses.

Petronio sonríe y contesta:

–          ¡Salve Marco Aurelio! Te doy la bienvenida a Roma. Espero que disfrutes de un  merecido descanso después de las fatigas de la guerra. ¿Qué noticias traes de Armenia?

Mientras el joven se sienta en una banca a su lado, exclama con cierto fastidio:

–           De no ser por Corbulón, esta guerra sería un desastre.

–           ¡Es un verdadero Marte! ¿Sabes que Nerón le teme?

Marco Aurelio lo mira sorprendido y pregunta:

–           ¿Por qué?

–           Porque si quisiera, podría encabezar una revuelta.

–           Corbulón no es ambicioso hasta ese grado.

Petronio sentencia:

–          Si quitáramos la ambición y la vanidad ¿Dónde quedarían los héroes y los patriotas?

–           Lo conozco bien y sé que no debéis temer nada de él. Hablas como Séneca.

–          Se puede apreciar el carácter de un hombre en la forma como recibe la alabanza. Y tienes razón. Séneca es un maestro al que hay muchas cosas que aprenderle. Es uno de los pocos hombres que respeto y admiro.

Petronio cerró los ojos y Marco Aurelio se fijó en el semblante un tanto demacrado de su tío y cambiando el tema, le preguntó por su salud.

El augustano hizo un mohín, antes de replicar:

–           ¿Salud? No lo sé. Mi salud no está como yo quisiera. Trato de ser fuerte y aparento estar perfectamente. Pero empiezo a sentir un cierto cansancio que… Considerando las circunstancias, creo que estoy bien. ¿Y tú cómo estás?

–           Las flechas de los partos respetaron mi cuerpo, pero… un dardo de amor acaba de  herirme y ha acabado con mi tranquilidad. Estoy aquí para pedirte un consejo.

Petronio lo miró sorprendido y dijo:

–         Te puedes casar o quedarte soltero. Pero te aseguro que te arrepentirás de las dos cosas.- luego lo invitó – Vamos a sumergirnos en el agua tibia y me sigues platicando. ¿Qué te parece?

Marco Aurelio aceptó encantado:

–           Vamos.

Los dos regresan al frigidarium.  Marco Aurelio se desnuda y Petronio contempla el cuerpo vigoroso de su sobrino. Le recuerda las estatuas de Hércules que adornan el camino al Palatino. Es un atleta pleno de vigor juvenil. Y en el armonioso rostro que completa la apolínea belleza masculina, hay un gesto de sufrimiento reprimido. El joven se lanza al agua, salpicando el mosaico que representa a Perseo liberando a Andrómeda.

Petronio admira todo esto con los ojos regocijados del artista embelesado con la auténtica belleza…

Y después de lanzarse al agua, dice:

–          En la actualidad hay demasiados poetas. Es una manía de los tiempos que vivimos. El césar escribe versos y por eso todos lo imitan. Lo único que no está permitido es escribir mejores versos que él… Hace poco hubo un certamen y Nerón leyó una poesía dedicada a las transformaciones de Niobe. Los aplausos de la multitud cubrieron la voz de Nerón; pero en aquellas muestras de forzado entusiasmo faltaba el acento de la espontaneidad que nace del corazón.

Luego Lucano declamó otra, celebrando el descenso a los infiernos de Orfeo. Cuando se presentó, el respeto y el temor contenían a los oyentes… Más por uno de esos triunfos del arte que parecen milagrosos, el poeta logró suspender los ánimos; los arrebató y consiguió que se olvidaran de sí y del emperador. Y le decretaron unánimes el laurel de la gloria y el codiciado premio. ¿Te imaginas lo que sucedió después?…

Imposible que Nerón consintiese un genio superior a su inspiración. Se salió despechado del certamen y prohibió a Lucano que volviese a leer en público sus versos. Por eso yo escribo en prosa.

–          ¿Para ti no ambicionas la gloria?

–           A nadie ha hecho rico el cultivo del ingenio.

–           ¿Qué estás escribiendo ahora?

–          Una novela de costumbres: las correrías de Encolpio y sus amigos Ascilto y Gitón.  Ya casi la termino. Estoy en el convite ridículo de un nuevo rico. Lo he titulado “La Cena de Trimalción”

–           ¿El libro?

–          No. El capítulo. El libro es una sorpresa. Espera un poco… – se queda pensativo un momento. Y luego añade- Enobarbo ama el canto. En particular el suyo propio. Dime ¿Tú no haces versos?

Marco Aurelio lo mira sorprendido… y luego responde firme:

–           No. Jamás he compuesto ni un hexámetro.

–           ¿Y no tocas el laúd, ni cantas? – insiste Petronio.

–           No. Me gusta oír a los que sí saben hacerlo.

–           ¿Sabes conducir una cuadriga?

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–           Lo intenté una vez en Antioquia, pero fui un fracaso.

–          Entonces ya no debo preocuparme por ti. Y ¿A qué partido perteneces en el hipódromo?

–           A los azules; porque los únicos que me entusiasman son Porfirio y Scorpius.

–          Ahora sí ya estoy del todo tranquilo. Porque en la actualidad hacer cualquiera de estas cosas es muy peligroso. Tú eres un joven apuesto y tu único peligro es que Popea llegue a fijarse en ti. Pero no…  Esa mujer tiene demasiada experiencia y le interesan otras cosas. ¿Sabes que ese estúpido de Otón, su ex marido? ¿Todavía la ama con locura? Vaga por la España, borracho y descuidado en su persona.

–           Comprendo perfectamente su situación.- suspiró Marco Aurelio.

Petronio  movió la cabeza. Y siguieron conversando…

Cuando más tarde salieron del Thepidarium, dos bellas esclavas africanas, con sus perfectos cuerpos como si fueran de ébano, los esperan para ungirlos con sus esencias de Arabia…

Al terminar, otras dos doncellas griegas que parecen deidades, los vistieron.

Con movimientos expertos adaptaron los pliegues de sus togas. Marco Aurelio las contempló con admiración y exclamó:

–           ¡Por Júpiter! ¡Qué selecciones haces!

Petronio sentenció:

–           La belleza y la rareza fija el precio de las cosas. Prefiero la calidad óptima. Toda mi “familia” (Un amo con sus parientes  y sus esclavos) en Roma, ha sido seleccionada con el mismo criterio.

–           Cuerpos y caras más perfectos no posee ni siquiera el mismo Barba de Bronce.- alaba Marco Aurelio mientras aspira los aromas con deleite.

–           Tú eres mi pariente.- aceptó Petronio con cariño. Y agregó- Y yo no soy tan intolerante como Publio Quintiliano.

Marco Aurelio al escuchar este nombre se queda paralizado. Olvidó a las doncellas y preguntó:

–           ¿Por qué has recordado a Publio Quintiliano? ¿Sabías que al venir para acá una serpiente asustó a mi caballo y me derribó?  Pasé varios días en su villa fuera de la ciudad. Un esclavo suyo, el médico frigio Alejandro, me atendió. Precisamente de esto era de lo que quería hablarte.

–           ¿Por qué? ¿Acaso te has enamorado de Fabiola? En ese caso te compadezco. Ella es muy hermosa pero ya no es joven. ¡Y es virtuosa! Imposible imaginar peor combinación. ¡Brrr!.- Y Petronio hace un cómico gesto de horror.

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–           ¡De Fabiola, no! ¡Caramba!

–           ¿Entonces de quién?

–          Yo mismo no lo sé. Una vez al rayar el alba la vi bañándose en el estanque del jardín, con los primeros rayos del sol que parecían traspasar su cuerpo bellísimo. Te juro que es más hermosa que Venus Afrodita. Por un momento creí que iba a desvanecerse con la luz del amanecer… Y desde ese momento me enamoré de ella con locura.

–           Si era tan transparente, ¿No sería acaso un fantasma?

–          No me embromes Petronio. Te estoy abriendo mi corazón. Después volví a verla dos veces más. Y desde entonces ya no sé lo que es tranquilidad. Ya no me interesa nada de lo que Roma pueda ofrecerme. Ya no existen para mí otras mujeres… Ni vino, fiestas o diversiones. Me siento enfermo. Traté de indagar de mil maneras sutiles y creo que se llama Alexandra. No estoy muy seguro… Pero solo la quiero a ella.

No se aparta de mi mente un solo instante. Te lo digo con sinceridad Petronio, siento por ella un anhelo tan vehemente, que he perdido el apetito. En el día me atormenta la nostalgia y por las noches no puedo dormir. Y cuando consigo hacerlo, solo sueño con ella. Y así transcurre mi vida, con este torturante deseo…

Petronio lo mira con conmiseración… Y luego dice con determinación:

–           Si es una esclava, ¡Cómprala!

Marco Aurelio replica con desaliento:

–           No es una esclava.

–           ¿Es acaso alguna liberta perteneciente a la casa de Quintiliano?

–           No habiendo sido jamás esclava, tampoco puede ser liberta.

–           ¿Quién es entonces?

–          ¡No lo sé!… No pude averiguar mucho. Por favor escúchame. Es la hija de un rey, creo. –Y añade desesperado-  O algo por el estilo…

Petronio lo mira interrogante. Y cuestiona lentamente:

–           Estás despertando mi curiosidad, Marco Aurelio.

Su sobrino lo mira con impotencia y explica:

–          Hace tiempo el rey de Armenia invadió a los partos, mató a su rey y tomó como rehenes a su familia, a algunos principales de su nuevo territorio y los entregó a Roma. El gobernador no sabía qué hacer y el César los recibió junto con el botín de guerra que enviaron como regalo. Luego los entregó a Publio Quintiliano, ya que no pueden considerarse como cautivos y se desconoce el motivo que lo impulsó a entregarlos a él. Pero el tribuno los recibió muy bien. Y en esa casa en la que todos son  virtuosos, la doncella es igual a Fabiola.

–           ¿Y cómo estás tan enterado de todo esto?

–           Publio Quintiliano me lo refirió. Esto pasó hace quince años. Y también te digo que a mi regreso de Asia, pasé por  el templo de Delfos a fin de consultar a la sibila. Y Apolo se me apareció…  y me anunció que a influjos del amor, se operaría un cambio trascendental en mi existencia…

Apolo_

 

–          ¿Y qué quieres hacer?

–          Quiero que Alexandra sea mía. Deseo sentirla entre mis brazos y estrecharla contra mi corazón. Deseo tenerla en mi casa hasta que mi cabeza sea tan blanca, como las nieves de la montaña. Deseo aspirar su aliento puro y extasiarme mirando sus ojos bellísimos. Si fuera una esclava, pagaría por ella lo que fuera. Pero ¡Ay de mí! No lo es…

–           No es una esclava pero pertenece a la familia de Quintiliano. ¿Por qué no le pides que te la ceda?

–           ¡Cómo si no los conocieras!…Tú sabes que Publio es muy diferente a las demás personas y en ese matrimonio, ambos la tratan como si fuera su verdadera hija.

Petronio se queda reflexivo, se toca la frente y luego dice con impotencia:

–           No sé qué decirte, Marco Aurelio mío. Conozco a Publio Quintiliano, quién aun cuando censura mi sistema de vida; en cierto modo me estima y me respeta más, pues sabe que no soy como la canalla de los íntimos de Enobarbo; exceptuando dos o tres como Séneca y Trhaseas… –levanta las manos con desconcierto y agrega- Si crees que algo puedo hacer acerca de este asunto, estoy a tus órdenes.

–           Creo que sí puedes…  Tienes influencia sobre Publio y además tu ingenio te ofrece inagotables recursos. ¡Si quisieras hacerte cargo de la situación y hablar con él!

–           Tienes una idea exagerada de mi ingenio y de mis recursos. Pero si no deseas más que eso, hablaré con Publio lo más pronto posible. Yo te avisaré…

–           Te estaré esperando.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

3.- EL PRESAGIO MAS FUNESTO


El escándalo rodeó su vida desde que nació. Durante mucho tiempo se rumoró que en realidad, Nerón era fruto del incesto de Lépida con Calígula. Pero el tronco de su origen y de su nombre fue Lucio Domicio. Nueve meses después de la muerte de Tiberio, Nerón nació en Anzio. Domicio su padre era un hombre muy cruel y sin escrúpulos. Y se consideró como un presagio la respuesta que dio a las felicitaciones de sus amigos: “De Agripina y de mí, solo puede nacer algo abominable para el mundo”

Julia Agripina, su esposa; también fue hija de Germánico y hermana de Calígula. Y consultó a unos astrólogos caldeos, preguntándoles si algún día su hijo sería Príncipe. La respuesta fue que Nerón se sentaría sobre el trono imperial, pero mataría a su madre. Ella sentenció sin vacilar: “Occidat, dum imperet” (Que me mate, con tal de que reine)

Semejante réplica la retrataba muy bien. Era una mujer tan hermosa como ambiciosa. A los doce años se casó con Domicio y después de enviudar le robó el marido a su cuñada Domicia y se casó con él, pues Crispo Pasieno era uno de los hombres más acaudalados y poderosos de Roma. Cuando así le convino, lo envenenó.

De esta forma se convirtió en viuda por segunda vez y su siguiente maniobra fue seducir a Claudio.

 Nerón tenía tres años, cuando perdió a su padre y él quedó bajo la tutela de su madre. En el testamento, fue nombrado heredero de un tercio de los bienes; pero Calígula su coheredero, se apoderó de todo y desterró a su madre. Entonces él quedó prácticamente reducido a la indigencia. Estuvo bajo la custodia su tía Lépida, que lo educó dándole por maestros a un bailarín y un barbero. Creció siendo un niño mimado, caprichoso, iracundo y muy infeliz. 

Así vivió hasta una tarde que sería crucial, para el cumplimiento de su destino.

En Baias, hay una finca palaciega junto al mar. Se llama ‘La Casa de las Gallinas’ y en la entrada se detiene una lujosa carreta escoltada por la guardia pretoriana. Desciende una imponente mujer, que tiene alrededor de 24 años. Es una joven de piel muy blanca y cabellos rubios, que es recibida con muestras de cariño, por otra patricia ligeramente mayor y muy parecida a ella.

mesalina

 –          ¡Julia Agripina! ¡Hermana, has regresado! ¡Qué alegría volver a verte!

 –          También es un placer para mí, Lépida. Sólo pasé para llevarme a Tiberio Nerón a Roma. Necesito tenerlo junto a mí. Voy a prepararlo para que asuma la grandeza que el destino le reserva.

Lépida exclamó asombrada:

–           ¡Oh!

Y antes de que pudiese añadir algo, un niño como de siete años que estaba junto a ella, corrió hacia el interior de la casa mientras gritaba: 

–           Yo lo llamaré, tía Lépida.

Agripina preguntó dudosa:

–           ¿Este niño es…?

Lépida confirmó:

–           Sí. Británico, el hijo de Claudio y  Mesalina. 

–           Mmm……- asintió Agripina con una enigmática sonrisa.

A un lado de las caballerizas están los corrales de las aves. Media docena de niños cuyas edades oscilan entre diez y trece años; más un adulto de un poco más de veinticinco años, están entretenidos practicando el bestialismo. Todos están ocupados con las gallinas, excepto el adulto, que dirige su atención  a un caballo bajo el cual se ha acomodado y es evidente que ha sido entrenado para obtener la misma perversa gratificación.

–           ¡Ahhhhhh! – un gemido de placer incontenible, escapa de la garganta del único niño con cabellos rojizos y  que enseguida exclama señalando la estatua de Leda con el cisne, que adorna la entrada para aquella área de la finca- Leda sabía lo que hacía. ¡Es deliciosa esta esponjosa suavidad! Lo único superior a esto, eres tú Helio. 

Esto lo ha dicho mirando al liberto que está a un lado y que es solo un par de años mayor que él.

Luego, volviéndose hacia el hombre corpulento que copula con un caballo, le grita:

–           ¡¿No lo crees así, Vitelio?! 

Éste responde sin abrir los ojos, pues está deleitándose al máximo:

–           Yo pienso que tu tío Calígula sabía apreciar lo mejor y por ello nombró cónsul al caballo Incitatus, dándole todo lo que le dio.

La réplica es interrumpida por unos gritos:

–           ¡Enobarbo! ¡Enobarbo! Tu mamá está en el atrium y dice que ha venido por ti.

El niño pelirrojo mira con odio al niño jadeante por la carrera; pero aprieta los labios y se contiene. Disimulando su ira, se inclina, toma la túnica pretexta y se la pone rápido. “¡Enobarbo!”…  ¡Cuánto odia ese apodo! Nunca le perdonará  a Británico, el haberlo llamado así. Si fuera otro, ya le hubiera hecho pagar por ello.

Pero tragándose la humillación, sonríe y dice:

–           Vamos. Tengo mucho tiempo sin verla.

Y los dos corren hacia la casa.

Luego que estuvieron solos en la carreta, Agripina dijo a su hijo:

–           He recuperado toda nuestra fortuna. Pronto seré emperatriz y haré que Claudio te adopte. Será el primer paso para convertirte en el Amo del Mundo.-Esbozó una sonrisa inescrutable y añadió- Uno a uno, todos los obstáculos serán eliminados. Pero primero te convertiré en un hombre…

Nerón miró con sobresalto a aquella hermosa mujer que tenía unos ojos azules idénticos a los de él. Pero ella supo calmar todos sus temores. El la miraba fascinado mientras ella, con una poderosa seducción, hábilmente esquivó todos sus impedimentos e hizo desaparecer los restos de la infancia. Lo convenció totalmente cuando lo abrazó y comenzó a besarlo, primero con ternura y luego con una pasión avasalladora.

Las expertas caricias de Agripina destruyeron toda objeción y supieron envolverlo en una ola de deleite como jamás imaginó que pudiera ser posible.

Nerón se sentía tan bien y estuvo tan encantado después de la arrobadora experiencia; que el amor que sentía por su madre se transformó en una adoración absoluta. Y a pesar de su corta edad, el hijo se convirtió en amante… 

neron-nino

Tenía once años cuando lo adoptó Claudio y le dio por maestro a Lucius Anneus Séneca, que ya era senador. Y éste soñó al día siguiente, que tenía a Calígula por discípulo. Nerón muy pronto le haría ver que había sido un sueño profético, al dar muestras precoces de su verdadero carácter.

Séneca adquirió sobre Nerón cierta ascendencia moral, comparable a la de Sócrates sobre Alcibíades. El filósofo unía su vigor intelectual a un sólido sentido práctico y no era un soñador. Así fue como se convirtió en político y por suerte para el pueblo romano fue el verdadero dueño de Roma, aunque por desgracia por muy poco tiempo.

La noche del trece de Octubre del año 54 d. C. Claudio murió asesinado… Y a los dieciséis años, Nerón fue coronado emperador.  Al principio se condujo con muestras de dulzura y clemencia. Idealista como todos los jóvenes, esperaba hacer de Roma una segunda Atenas e iniciar a los romanos en la estética. Su mayor sueño era ser un gran poeta, pero su flaca voz no le ayudaba y sus esfuerzos poéticos fueron bastante lastimosos.

Lo que más celebraba y admiraba en su tío Calígula, era que había disipado en poco tiempo, los inmensos tesoros que reunió Tiberio. Por eso no ponía coto a sus gastos y dádivas. Nunca se puso un traje dos veces. Jugaba a los dados a cuatrocientos mil sestercios el punto y sus caballos llevaban herraduras de plata.

 Su libertinaje, su avaricia, su lujuria y su crueldad se manifestaron al principio por grados y de manera clandestina. En un tiempo se dijo que eran errores de juventud; pero luego se comprobó que eran vicios del carácter y no de la edad. Pronto dejó de tomarse el trabajo de disimular y se volvió abiertamente descarado.  Prolongaba sus comidas desde el mediodía hasta la medianoche y siempre que paseaba en litera con su madre, satisfacía su pasión incestuosa; como lo demostraban las manchas de su ropa.

Los enemigos de Agripina; temerosos de que esta mujer tan imperiosa y violenta, tomase sobre él un absoluto dominio por aquel género de favor, trabajaron para disuadirle de ello.

agripina

Después de una serie de intrigas y de luchas palaciegas, Nerón finalmente accedió y recibió entre sus concubinas a una cortesana que físicamente se parecía mucho a Agripina…

Con esta jugada, buscaron contentarle en su incestuosa obsesión. Y finalmente lograron su objetivo: Nerón se aficionó a su nuevo ‘juguete’.

 Pero su madre vio cómo se le escapaban las riendas del poder y se llenó de amargura. No se resignó a que otros gozaran de lo que sentía que le pertenecía solo a ella y se consagró a la intriga y al asesinato.

Con el transcurso del tiempo, Nerón se fue apartando más y más de Séneca, rechazando su influencia, para ejercer su libre y “divina” voluntad. En un matrimonio de conveniencia e influenciado por Agripina, se casó con la noble Claudia Octavia, hija de Claudio y hermana de Británico. Pero Nerón, en cuanto se apoderó de su enorme fortuna; rechazó a la esposa diciendo: “Que debían bastarle los ornamentos matrimoniales”.

Fue entonces cuando se enamoró de su liberta Actea y estuvo a punto de casarse con ella. Mientras tanto, varias veces trató de estrangular a Octavia y la repudió como estéril. Pero Nerón era muy sensible a todo lo que estuviera relacionado con su popularidad y como el pueblo censuró este divorcio y lanzó denuestos contra el emperador, éste la desterró.

Enseguida se enamoró perdidamente de una de las mujeres más conocidas y disolutas de Roma: Popea Sabina. Ésta era tan hermosa como pérfida y dirigió su estrategia contra Octavia. Su objetivo era matarla para casarse con el emperador.

 Julia Agripina se opuso con energía a este segundo matrimonio, pues había medido precisamente a su rival y adivinó la influencia nefasta que ejercería, el día que la astuta Popea fuese emperatriz. Hizo todo lo que pudo para contrarrestarla y por un tiempo casi lo logró. Pero en este duelo de voluntades, su batalla estaba perdida.

Nerón conocía perfectamente a su madre y sabía de lo que era capaz, pues había sido su cómplice en el asesinato de Claudio. Y tan poco lo disimulaba, que solía repetir un proverbio griego que celebra como manjar divino las setas: el vegetal con el que envenenaron a Claudio.

 Nerón ya estaba muy celoso y lleno de envidia hacia Británico porque era más apuesto y tenía una voz privilegiada; cuando Agripina trató de aterrorizarlo, recordándole que Británico era el hijo legítimo de Claudio y el verdadero heredero al trono imperial.

El resultado de este chantaje fue el crimen; porque su odio llegó a tal extremo, que decidió eliminarlo.

 Una  célebre hechicera llamada Locusta le preparó “el veneno más rápido y activo que fuera posible”. Éste estaba tan concentrado, que cuando invitó a Británico a la mesa imperial, el joven cayó en cuanto lo probó.

Nerón dijo que era un ataque de epilepsia y continuó comiendo como si nada. Después de que Británico expiró, el emperador declaró que había muerto por causas naturales.

Luego se divorció de su esposa. Y once días después de repudiarla, se casó con Popea Sabina a la que amó mucho. Ésta recibió como regalo de bodas, la cabeza sangrante de Claudia Octavia, a la que Nerón mandó decapitar acusándola falsamente de adulterio.

esposa romana

La inocente esposa fue sacrificada a los vicios de su marido, después de haber visto como mataron a su madre, a su padre y a su hermano.

Enseguida, Popea conspiró contra su suegra hasta que logró que el amor  de Nerón se convirtiera en odio y el emperador determinara deshacerse de su madre. A partir de aquel momento, no hubo vejación que no le hiciese sufrir por medio de sus agentes. Le quitó todos los honores y el poder. La desterró de su presencia y de su palacio.

Pero se asustó tanto por sus amenazas y su violencia; que fue entonces cuando decidió matarla.

Tres veces ensayó el veneno y vio que se había provisto con antídotos. Entonces planeó esconder en su cámara y encima de su lecho, maderos que el resorte de una máquina debía hacer caer sobre ella cuando estuviese dormida, aplastándola. Pero una indiscreción de sus cómplices abortó el proyecto.

Después de pensarlo cuidadosamente, fingió reconciliarse con ella por medio de una tiernísima carta, donde la invitó a venir a Baias, para celebrar con él las Fiestas de Minerva. Cuidó de prolongar el banquete para que los capitanes de las naves tuviesen tiempo de romper la galera en que ella llegara, fingiendo un accidente fortuito. Parecía que nunca se habían entendido tan bien madre e hijo.

Y cuando ella quiso retirarse le ofreció en vez de su nave averiada; la que había construido para su pérdida. La acompañó alegremente. Le besó los pechos al separarse y veló una parte de la noche esperando el resultado de esta maquinación.

La nave estaba maravillosamente adornada y se deslizaba con suavidad por el lago iluminado por la luna llena, cuando se oyeron gritos: ¡El navío se llenaba de agua y estaban hundiéndose! Pero Agripina que era una experta nadadora, llegó hasta la playa.

Cuando el César se enteró de lo ocurrido ya no supo qué hacer.

Pronto llegó el liberto de su madre, diciéndole regocijado que Agripina estaba a salvo. Nerón arrojó un puñal a su lado sin que él lo advirtiese y mandó que lo encadenaran, acusándolo de ser un asesino enviado por aquélla. Enseguida mandó matar a su madre y después dijo que se había suicidado al verse descubierta. Luego acudió a ver el cadáver y lo tocó por todas partes. Alabó algunas formas y criticó otras. Y sintiendo sed durante el examen, hizo que le llevaran de beber.

Y desde aquel momento ya no gozó de un instante de paz.

 Trató de salvar las apariencias ante el senado y la opinión pública, haciendo creer que había una conspiración en su contra. Pero no pudo liberarse de su conciencia y el suplicio que lo atormentaba, no terminó jamás.

 A partir de entonces, todo lo que emprendió Nerón llevaba el sello de  lo febril. Sus placeres y sus vicios se volvieron desenfrenados.

Lo que es sorprendente y notable, es que Nerón nada soportó con tanta paciencia, como las injurias y las sátiras. Y con nadie fue tan tolerante y mostró menos rigor, que contra aquellos que por medio de versos le dirigían sus ataques. Contra él se publicaron muchos epigramas en griego y en latín, como el siguiente:

Sobrepasando los delitos de Alcmeon y Orestes;Nerón al parricidio le añadió el incesto.Como Eneas hizo desaparecer en otro tiempo a su padre,Nerón su descendiente, acaba de matar a su madre.” 

            No solo no buscó a los autores, sino que se opuso a que se les castigase con severidad a los que fueren denunciados. En lo profundo de sí, su sentimiento de culpa era tan grande; que no se sentía injuriado y tuvo miedo de atraerse mayores ultrajes si se mostraba ofendido. 

            En el año 62 d. C. se rompieron los últimos diques que contenían a la bestia feroz oculta en él. Ofreció a Burro, Prefecto del  Pretorio un remedio para la garganta y le mandó un veneno. Entonces nombró en su lugar a Sofonio Tigelino, educado en la mayor corrupción moral. Un verdadero canalla que con palabras de Tácito “Asentaba su poder en el crimen y era capaz de las peores villanías, si ello le reportaba ventajas.”

La música era una de las artes que le habían instruido en la infancia y en cuanto fue emperador hizo venir al palacio a Terpnum, el mejor citarista de la época y lo nombró su director musical, no cesando de repetir a sus cortesanos este proverbio griego “La música no es nada si se le mantiene oculta.”  Tanto le apasionaron los aplausos que le tributaron en cadencia en Alejandría, que formó su propio grupo de aplaudidores entrenados para que lo apoyasen siempre que cantara.

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El gran sueño del emperador es ser el mejor artista y una gran estrella del espectáculo. Está dispuesto a usar todos los recursos posibles para realizarlo. ¿Qué  obstáculo puede impedírselo, si él es el Amo del Mundo?

Ahora Nerón ha ido a Baias a comprobar personalmente un extraordinario acontecimiento que podría considerarse como un presagio funesto y es demasiado evidente como para pasarlo por alto. El supersticioso emperador está muy preocupado…

Poco después de su matrimonio con Augusto, el primero de la dinastía de los Claudios; la emperatriz Livia fue a ver su casa en Baias, cuando un águila volando por encima de ella, dejó caer sobre sus rodillas una gallina blanca de la que acababa de apoderarse y que todavía conservaba en el pico una rama de laurel. Ella tuvo el capricho de criar al ave y plantar la rama. La gallina dio tantos pollos que aquella casa fue llamada desde entonces: “La Casa de las Gallinas”. Y la planta se desarrolló tan bien, que en lo sucesivo tomaron de ella los césares, los laureles para sus triunfos. Además fue para ellos una tradición, plantar otros en el mismo lugar, después de haber triunfado. Se observó después que poco antes de la muerte de cada emperador, el arbusto que él había plantado se marchitaba.

El día anterior llegó de Baias la noticia de que el arbusto que plantara Nerón, se había secado hasta la raíz y estaban muriendo todas las gallinas.

Nerón está aterrorizado ¿Qué presagia el futuro? Él apenas tiene treinta años de edad…

 

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA