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204 APÓSTOL DEL AMOR


204 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La comitiva apostólica sufre un cambio en su séquito.

Ya no viene más el macho cabrío.

Y en su lugar vienen trotando una oveja y dos corderillos.

La oveja está gorda; las ubres llenas y los corderitos alegres.

Un minúsculo rebaño que, por su aspecto menos mágico que la negrísima cabra, da más alegría a todos.

Jesús dice:

–    Os había dicho que quería la cabrita para Margziam.

Para que fuese un pequeño pastor feliz..

En vez de la cabrita, dado que no queréis saber nada de cabras, han venido ovejas.

Y además blancas, exactamente como Pedro las soñaba.

Pero en lugar de ella; porque a vosotros no os gustaba, tenemos ovejas blancas…

¡Eh! Tal cual la soñaba Pedro…

Pedro confirma:

–    Tienes razón.

Me parecía que el macho cabrío nos arrastraba en pos de Belcebú.

Judas dice irritado:

–    Y de hecho…

Desde que estuvo con nosotros, nos pasaron cosas muy desagradables.

Era el sortilegio que nos perseguía.

Juan contesta calmadamente:

–    Entonces era un buen sortilegio. ¿No?

Nada malo nos sucedió.

Todos desaprueban, como recriminándolo por su ceguera:

–     ¿Pero no has visto cómo se han burlado de nosotros en Modín?

–     ¿Te parece nada la caída de mi hermano?…

–     Pues se podía haber hecho daño de verdad…

–     Y si se hubiera roto las piernas o la columna… 

–    ¿Cómo nos las hubiéramos arreglado para transportarlo?;

–    ¿Te ha parecido bonito el entreacto de ayer?

Juan dice: 

–    He visto todo.

Todo lo he considerado. Y he bendecido al Señor porque no nos ha sucedido nada malo.

El mal ha venido hacia nosotros, pero luego se ha alejado, como siempre.

El encuentro con el mal ha servido para dejar la simiente del bien, tanto en Modín como con los viñadores; 

que vinieron inmediatamente con la certeza de encontrar una persona al menos herida; 

arrepentidos por haberse comportado sin caridad, hasta el punto de que quisieron reparar el mal de alguna forma.

Y también con los ladrones de ayer noche, que no han hecho ningún mal.

Además, hemos ganado – bueno, Pedro nos ha conseguido

las ovejas a cambio del macho cabrío y como regalo por haber salido ilesos.

Por si fuera poco, ahora tenemos mucho dinero para los pobres:

Las bolsas que nos han dado los mercaderes y las ofrendas de las mujeres.

Además todos – y es lo que más valor tiene – han recibido la palabra de Jesús.

Zelote ratifica:

–   Juan tiene razón.

Tadeo agrega:

–    Parece que todo lo que hubiese sido malo se convirtió en un bien.

Voltea hacia Jesús,

y agrega:

–    Hermano, dime la verdad.

¿Tú sabías lo que nos iba a suceder?

«Da la impresión de que todo suceda por una clara cognición de las cosas venideras.

¡Mira que encontrarnos precisamente allí, con retraso por causa de mi caída,

junto a aquellas mujeres enjoyadas!

¡Con esos pastores de gordos rebaños, con esos mercaderes repletos de dinero!…

Todos ellos magníficas presas para los ladrones.

Hermano, dime la verdad, ¿Sabías que iba a suceder lo que ha sucedido? 

Jesús contesta:

–     Muchas veces os he dicho que leo en los corazones.

Y que cuando el Padre no dispone de otro modo; no ignoro lo que debe suceder.

Judas de Keriot le pregunta:

–    Entonces, ¿Por qué a veces cometes errores, como los de ir al encuentro de fariseos que son hostiles o de ciudadanos que no nos quieren?

Jesús lo mira fijamente, por unos segundos…

Y luego responde con calma:

–     No son errores.

Es algo inherente a mi misión.

Los enfermos tienen necesidad del Médico y los ignorantes del Maestro.

Algunas veces, unos y otros rechazan al Médico y al Maestro

Pero éstos, si son buenos médicos y buenos maestros,

siguen yendo a quienes los rechazan, porque es su deber…

Vosotros querríais que donde me presente se desvanezca toda resistencia.

Lo podría hacer. Pero no hago violencia a nadie.

Persuado.

La coacción se usa tan solo en casos muy excepcionales.

Y sólo cuando el espíritu iluminado por Dios; 

comprende que tal gesto puede servir para persuadir de que Dios existe y es el más fuerte.

O también en casos de salvación múltiple.

Pedro pregunta:

–   ¿Cómo ayer noche?

Judas de Keriot dice con significativo desprecio:

–     Los ladrones de anoche tuvieron miedo al vernos bien despiertos para recibirlos. 

Tomás objeta: 

–    No.

Las palabras los persuadieron.  

Felipe comenta: 

–    ¡Sí! ¡Estás listo!

¡Como si fueran tiernas almas que se dejan persuadir por dos palabras, aunque sean de Jesús!

¡Bien presente tengo aquella vez que nos asaltaron a toda mi familia, a mí…

y a muchos de Betsaida en el desfiladero de Adomín! 

Santiago de Zebedeo, pregunta:

–    Maestro, dime la verdad.

Desde ayer te lo quería preguntar.

¿Fueron en verdad tus palabras o tu voluntad, lo que hizo que no sucediera nada?

Jesús sonríe y calla.

Mateo responde:

–    Yo creo que fue su voluntad…

La que venció la dureza de esos corazones, para paralizarlos y así poder hablarles y salvarlos.

Andrés dice:

–    Yo también soy de esa opinión.

Por eso se quedó allí solo, mirando al bosque.

Los tenía subyugados con su mirada, con su confianza en ellos, sereno e inerme.

¡No tenía ni siquiera una estaca!… 

Pedro dice: 

–    Bien, de acuerdo. 

 Pero todas estas cosas es lo que decimos nosotros, son ideas nuestras.

Yo lo quiero saber del Maestro. 

Entonces se enciende un vivo debate, que Jesús permite; 

entre Bartolomé quien piensa que, habiendo declarado Jesús que no fuerza a nadie;

no habrá aplicado la violencia tampoco con estos ladrones,.

Y por otra parte Judas apoyado moderadamente por Tomás,

que dice que no puede creer que la mirada de un hombre tenga tanto poder.

Todos se muestran tenaces en su propia tesis, de forma que se elevan “síes” y “noes” discrepantes, violentos.

Juan, como Jesús, guarda silencio, sonríe con la cabeza inclinada (lo hace para disimular su sonrisa).

Pedro vuelve al asalto, porque ninguna de las razones de los compañeros lo convence.

Piensa que la mirada de Jesús es distinta que la de los otros hombres;

pero quiere saber si es por ser Jesús, el Mesías, o por ser Dios.

Iscariote apoyado ligeramente por Tomás,

dice:

–    No puedo creer que la mirada de un hombre tenga tanta fuerza.  

Mateo replica:

–  Esto y algo más.

Yo me convertí al contacto, primero de su mirada que de sus palabras.

Pedro dice:

–     ¡Está bien!

Pero esto lo decimos nosotros.

Son ideas nuestras.

Quiero saberlo del Maestro.

La mirada de Jesús es diferente a la de cualquier hombre.

Y pregunta: 

¿Es porque eres el Mesías?

O ¿Por qué eres siempre Dios? 

Jesús toma la palabra:

–    En verdad os digo que no solo Yo;

Sino cualquiera que esté unido íntimamente a Dios con una santidad, una pureza, una fe sin tacha;

podrá hacer esto y mucho más.

La mirada de un niño, si su espíritu está unido a Dios;

puede hacer que se desplomen los templos sin necesidad de imprimir ninguna sacudida como lo hizo Sansón;

puede ordenar la mansedumbre a las fieras y a los hombres-fiera;

rechazar la muerte, domeñar las enfermedades del espíritu.

De la misma forma, la palabra de un alma víctima corredentora,

fundida con el Señor e instrumento del Señor;

puede curar enfermedades, quitar el veneno a las serpientes, obrar cualquier milagro.

Porque Dios obra en él.Lo mismo que los hombres fieras, rechazar la muerte, derrotar las enfermedades del espíritu.

Pedro exclama:

–     ¡Ah! ¡He entendido!

Mira fijamente a Juan y luego concluye su razonamiento que tenía fermentando en su interior,

Agregando:

–     ¡Cierto!

Maestro, Tú lo has podido porque Eres Dios y porque Eres Hombre unido con Dios. 

Y lo mismo sucede con quién llega a estar fusionado por el amor con Dios.

¡He entendido perfectamente

Jesús lo mira y pregunta:

–    Pero, ¿No te preguntas acerca de la clave de esta unión y el secreto de este poder?

No todos lo alcanzan, incluso en el caso de hombres dotados de iguales capacidades.

–    ¡Exacto!

¿Dónde está la clave de esta fuerza para unirse a Dios y someter las cosas?

¿Es una oración, o quizás palabras secretas…?

Jesús responde: 

–    Hace poco Judas culpaba a la cabra de todos los momentos desagradables que han ocurrido.

Las bestias no traen ningún sortilegio consigo.

Arrojad de vosotros esas supersticiones que huelen a idolatría y que pueden acarrear males.

Los brujos obran prodigios porque al ser posesos de Satanás,

es el Arcángel caído que sigue siendo poderoso, el que obra los sortilegios.

Y así como no existen fórmulas para hacer brujerías,

así tampoco existen para hacer milagros. 

Tan solo existe el Amor.

Si Dios está en vosotros y lo poseéis de un modo pleno, por medio de un amor perfecto;.

El ojo se convierte en fuego o en un arma que desarma.

Y la palabra se hace poderosa. 

Como he dicho ayer por la noche, el Amor calma a los violentos y sacia a los codiciosos.

El Amor es Dios.

Con Dios en vosotros, plenamente poseída por el mérito de un amor perfecto;

vuestra mirada se transforma en fuego que quema todo ídolo y echa por tierra sus imágenes.

Y la palabra se transforma en potencia.

Y os digo, la mirada es entonces, arma que  desarma.

Dios, el Amor, es irresistible.

Sólo el demonio le resiste, porque es el Odio perfecto.

Y con él, los que son hijos suyos.

Los otros, los débiles, los que están subyugados por una pasión,

pero que no se han vendido voluntariamente al demonio, no lo resisten.

Sea cual sea su religión,o su abstención completa de fe.

Sea cual sea su bajeza espiritual, reciben el impacto del Amor, que es el gran Vencedor.

Trata de llegar a esto pronto… 

Y harás lo que hacen los hijos y portadores de Dios.

Pedro no quita los ojos de Juan.

También las inteligencias de Simón Zelote, los hijos de Alfeo, Santiago y Andrés,

se han despertado e indagan.

Santiago de Zebedeo dice: 

–    Pero entonces, Señor… 

 ¿Qué es lo que le ha acontecido a mi hermano?

Hablas de él.

¿Es él el muchacho que hace milagros?

Es eso?,

¿Es así? ¿Qué ha hecho?

–    Ha pasado una página del libro de la Vida, ha leído y ha conocido nuevos misterios.

Nada más.

Os ha precedido porque no se detiene a considerar cada uno de los obstáculos…

A sopesar cada dificultad, a calcular si compensa o no…

Ya no ve este mundo, ve la Luz y a ella va, sin momentos de pausa.

Dejadlo, dejadlo tranquilo.

Hay almas que arden más que otras.

No se debe poner dificultad a este fuego suyo que alegra y consume.

Hay que dejarlas arder, lo cual es al mismo tiempo sumo gozo y sumo esfuerzo.

Dios les concede momentos de noche;

porque sabe que el ardor mata a estas almas-flor,  si están expuestas a un sol continuo.

Dios concede silencio y místico rocío a estas almas-flor, como a las flores del campo.

Dejad descansar al atleta del amor cuando Dios lo deja descansar.

Imitad a los preparadores de los gimnastas…

que conceden a éstos el debido descanso…

Cuando lleguéis vosotros adonde él ha llegado…

Y más lejos, pues tanto vosotros como él llegaréis a más todavía…

Comprenderéis la necesidad de respeto, de silencio…

De penumbra que experimentan esas almas de las que el Amor se ha apropiado…

“¿Y ahora qué quieres que HAGAMOS Abba?

Y a las que ha hecho instrumento suyo.

Y no penséis:

“Llegado ese momento querré darlo a conocer.

Juan se comporta como un necio, porque el alma del prójimo, como la de los niños,

desea la seducción de lo maravilloso”.

No.

Cuando lleguéis a ese estado, sentiréis el mismo deseo de silencio y penumbra que ahora siente Juan.

Cuando yo no esté ya con vosotros, acordaos de que,

teniendo que juzgar sobre una conversión o sobre una santidad exuberante

debéis tomar siempre como medida la humildad.

Si en alguien perdura el orgullo, no os hagáis ilusiones de que se haya convertido.

Y si en alguien; aun cuando sea tenido por ‘santo’, reina la soberbia;

estad seguros de que santo no es.

Podrá como charlatán e hipócrita, hacerse el santo y simular prodigios.  

Pero no es santo:

La apariencia es hipocresía; los prodigios, satanismo.

¿Habéis entendido?

-Sí, Maestro….

Todos, muy pensativos, guardan silencio.

Pero, aunque las bocas estén cerradas,

los pensamientos se adivinan con claridad a través de sus miradas y expresiones.

Los envuelve, como un éter tembloroso que emanase de ellos, un gran deseo de saber.

Simón Zelote se esfuerza en distraer a sus compañeros, para tener tiempo de aconsejarlos aparte; 

para insistir en que sepan callar.

Al parecer Simón Zelote tiene encargado este ministerio en el grupo apostólico;

es el moderador, el conciliador, el consejero de sus compañeros; 

además de ser un apóstol que comprende muy bien al Maestro.

En este momento está diciendo:

–    Estamos ya en las tierras de Juana.

Aquel pueblo que se ve en aquella cuna es Béter

Aquel palacio que está en aquella cima es su castillo natal.

¿No percibís este perfume del aire?

Son los rosales, que empiezan a perfumar bajo el sol de la mañana;

por la tarde es una exuberancia de aromas.

Pero ahora, con el frescor de la mañana es precioso verlos, aljofarados todavía de rocío;

como millones de diamantes desparramados sobre millones de corolas que florecen.

Cuando declina el sol recogen todas las flores que están completamente abiertas.

Venid. Os quiero mostrar desde una loma la vista de los rosales,

que desde la cima rebosan como en cascada…

Y van descendiendo por los rellanos de la otra ladera.

Una cascada de flores, que luego vuelve a subir como una ola, por las otras dos colinas.

Es un anfiteatro, un lago de flores.

¡Espléndido

El camino es más empinado, pero merece la pena ir, porque desde aquel borde se domina todo ese paraíso.

Llegaremos pronto también al castillo.

Juana vive allí libre, con sus campesinos, que es la única vigilancia de tanta copiosidad.

Pero quieren tanto a su ama, que hace de estos valles un edén de belleza y paz…

que son más eficientes que toda la guardia de Herodes.

Mira Maestro; mirad, amigos…

Y con el gesto indica un semicírculo de colinas invadido de rosales.

La mirada, en cualquier parte en que se deposite ve,

bajo altísimos árboles que tienen la función de proteger del viento, de los rayos de sol demasiado intensos…

Y de las granizadas, un sinfín de rosales.

El sol traspasa y el aire circula bajo este leve techo, que hace de velo pero no ahoga.

Y que los jardineros mantienen en las debidas condiciones:

debajo viven, felices, los más bellos rosales del mundo.

millares y millares de rosales de toda especie:

enanos, bajos, altos, altísimos; formando un matorral, como cojines recamados de flores al pie de los árboles. 

O esparcidos por los prados de verdísima hierba, formando setos a lo largo de los senderos…

y de los leves cursos de agua.

O en círculo alrededor de los estanques de riego que están  diseminados,

por este parque que comprende también colinas.

Enroscados en los troncos de los árboles y tendiendo de uno a otro…

sus cabelleras florecidas, para formar festones y guirnaldas.

Es una cosa realmente de sueño.

Todos los tamaños, las tonalidades, están representados.

Y se entremezclan colocando los colores marmóreos de las rosas de té,

al lado del sangriento ardor de otras corolas.

Y reinando soberanas por número, las verdaderas rosas del color de mejilla infantil

que va atenuándose hacia los bordes, hasta una tonalidad blanquecina rosácea

Todos quedan impresionados por tanta belleza. 

Felipe pregunta:

–     ¿Para que quiere todo esto? 

Tomás responde: 

–    Lo goza.  

Simón explica: 

–    No.

También saca esencias, con lo cual da trabajo a cientos de jardineros y de trabajadores de las prensas,

para extraer esencias.

Los romanos las solicitan con avidez.

Jonathán me lo decía mientras me mostraba las cuentas de la última recolección.

Pedro mira y dice:

–    Pero…

Ahí está María de Alfeo con el niño.

Nos han visto. Están llamando a las otras…

Así es.

Juana y las dos Marías, precedidas de Margziam, que baja corriendo,

con los brazos ya preparados para el abrazo…

Vienen deprisa, hacia Jesús y Pedro.

Se postran ante Jesús.

Jesus with his arms open and posing outdoors

Que las saluda sonriente,

y preguntando:

–    Paz a todas vosotras.

¿Dónde está mi Madre?

Juana responde: 

–    Entre los rosales, Maestro.

Está con Elisa, ¡Que está bien curada y puede afrontar el mundo y seguirte!

¡Gracias por haberte servido de mí para esto!

–    Gracias a ti, Juana.

¿Ves como era provechoso venir a Judea?

Y mirando al niño le entrega, 

diciendo: 

–    Margziam, estos regalos son para ti:

Este bonito muñeco y estas lindas ovejitas.

¿Te gustan?

El niño, de la alegría, se ha quedado sin respiración.

Se echa hacia Jesús, que se había agachado para darle el muñeco y se había quedado mirando su rostro.

Y se abraza a su cuello y lo besa con toda la vehemencia de que es capaz.

–    Así te harás manso como las ovejas. 

Y luego serás un buen pastor para los que crean en Jesús.

¿Verdad?

Margziam dice “sí, sí, sí” con la respiración entrecortada…

Y los ojos brillantes de alegría

–    Ahora ve donde Pedro.

Yo voy con mi Madre.

Veo allí una parte de su velo moviéndose a lo largo de un seto de rosas.

Y corre al encuentro de María. 

Y la recibe abrazándola contra su corazón a la altura de la curva del sendero.

Después del primer beso…

María, todavía jadeante,

explica:

–    Detrás viene Elisa…

He corrido para besarte…porque, Hijo mío, no besarte no podía…

Y besarte ante ella, no quería…

Está muy cambiada…

Pero el corazón sigue doliendo ante una alegría ajena, que a ella le ha sido negada para siempre.

Ahí viene

Elisa recorre veloz los últimos metros y se arrodilla para besar la túnica de Jesús.

Ya no es la mujer de trágica imagen de Betsur.

Ahora es una anciana austera, marcada por el dolor;

solemne por la huella que la pena ha dejado en su rostro y su mirada.

Elisa lo saluda: 

–    ¡Bendito seas, Maestro mío!   

¡Ahora y siempre, por haberme procurado de nuevo lo que había perdido!

Jesús responde: 

–    Paz cada vez mayor a ti, Elisa.

Me alegro de verte aquí.

Levántate

–    Yo también me alegro.

Tengo muchas cosas que decirte y que preguntarte, Señor.

–    Tendremos todo el tiempo que queramos…

Dado que pienso permanecer aquí unos días.

Ven, que quiero que conozcas a los condiscípulos.

–    ¡Oh!…,

¿Entonces has entendido ya lo que quería decirte?

¿Que quiero renacer a vida nueva: la tuya.

Tener de nuevo una familia: la tuya.

Unos hijos: los tuyos.

Como dijiste en mi casa, en Betsur, hablando de Noemí.

Yo soy una nueva Noemí gracias a ti, Señor mío.

¡Bendito seas por ello!

Ya no vivo afligida, ni soy infecunda.

Seré todavía madre.

Y si María lo permite, incluso un poco madre tuya; además de madre de los hijos de tu doctrina.

–    Sí, lo serás.

María no se sentirá celosa y Yo te querré de forma que no te arrepentirás de tu decisión.

Vamos ahora a ver a los que quieren decirte que te quieren como hermanos.

Y Jesús la toma de la mano y la lleva con su nueva familia.  

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El viaje en espera de Pentecostés ha terminado.

184 ODIO Y PERDÓN


184 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús dice a los Doce: 

–     Es casi seguro que los encontraremos, si durante un trecho volvemos al camino de Hebrón.

Por favor, id de dos en dos a buscarlos, por las veredas de las montañas.

De aquí a las piscinas de Salomón y de allí a Betsur.

Nosotros os seguiremos. Ésta es su zona de pastos. 

Los apóstoles se apresuran a ir cada uno con el compañero preferido;

sólo la pareja casi inseparable de Juan y Andrés no se une, porque los dos van a Judas Iscariote,

y le dicen:

–     Voy contigo.  

Judas dice: 

–     Sí, ven, Andrés.

Es mejor así, Juan.

Tú y yo seríamos dos que ya conocemos a los pastores; es mejor que vayas con algún otro.

Pedro confirma: 

–     Entonces conmigo el muchacho.

Dejando a Santiago de Zebedeo, que sin protestar, va con Tomás.Mientras Simón Zelote va con Judas Tadeo, Santiago de Alfeo con Mateo.

Y los dos inseparables Felipe y Bartolomé por su cuenta.

El niño se queda con Jesús y las dos Marías.

El camino es fresco y bonito, entre montes llenos de verdor por las distintas parcelas, pobladas de bosque o destinadas a prados. 

Se ven pasar rebaños que van bajo la luz dorada de la aurora hacia los pastos.

A cada sonido de esquila Jesús guarda silencio y mira, luego pregunta a los pastores si Elías, el pastor betlemita, está por esos lugares.

A Elías se le conoce ya como “el betlemita” aunque otros pastores lo sean también.

Hacen detenerse al rebaño, dejan de tocar sus toscas flautas y responden…

Ninguno lo sabe.

Casi todos jóvenes tienen estas flautas primordiales de cañas, cosa que hace extasiarse a Margziam, hasta que un pastor anciano y bueno le da el de su nieto,

diciendo:

–     Él se hará otra flauta. 

Y Margziam se va contento con su instrumento en bandolera, a pesar de que todavía no lo sepa usar.  

María exclama: 

–     ¡Me agradaría mucho encontrarlos! 

Jesús dice. 

–     Los encontraremos.

Seguro. Durante esta estación van siempre en dirección a Hebrón.

El niño se interesa por estos pastores que vieron al niño Jesús y hace mil preguntas a María, la cual, con bondad y paciencia, le explica todo.

Después de escuchar la narración de las desventuras de los pástores que adoraron a Jesús en el pesebre de la gruta de Belén, el niño no comprende , 

y pregunta: 

–     Pero, ¿Por qué los castigaron?

¡No habían hecho sino el bien!  

María responde: 

–     Porque muchas veces el hombre comete errores y acusa al inocente de un mal que en realidad ha hecho otro.

Pero, por haber sido buenos y haber sabido perdonar, Jesús los quiere mucho.

Hay que saber perdonar siempre.

–     Pero, ¿Y todos esos niños asesinados?

¿Cómo han logrado perdonar a Herodes?

–    Son pequeñuelos mártires, Margziam.

Y los mártires son santos. 

 Y no sólo perdonan a su verdugo sino que lo aman porque les abre la puerta del Cielo.

–     Pero, ¿Están en el Cielo?

–     No, todavía no.

Están en el Limbo para alegría de los patriarcas y los justos.

–     ¿Por qué?

–     Porque, cuando han llegado, con su alma roja de sangre, han dicho:

“Somos los heraldos del Cristo Salvador. Alegraos vosotros que esperáis, porque ya está en la tierra”.

Y todos los aman por haberles llevado esta buena nueva.

–     Me ha dicho mi padre que la buena nueva es también la Palabra de Jesús.

Entonces, cuando mi padre vaya al Limbo después de haberla transmitido en la tierra.

Y cuando vaya yo también, ¿Nos amarán como a ellos?

–     Pequeñuelo, tú no irás al Limbo.

–     ¿Por qué?

–     Porque para entonces Jesús ya habrá vuelto al Cielo y lo habrá abierto.

Así que todos los buenos, cuando mueran, irán inmediatamente al Cielo.

–     Yo seré bueno.

Lo prometo. ¿Y Simón de Jonás? ¡También él, eh! Que no quiero ser huérfano por segunda vez.

–    Estáte seguro de que también él irá al Cielo.

De todas formas, en el Cielo no hay huérfanos. Allí tenemos a Dios y Dios es todo.

Aquí tampoco somos huérfanos, porque el Padre está siempre con nosotros.

–     Pero Jesús, en esa bonita oración que tú durante el día y mi madre durante la noche me habéis enseñado, dice:

“Padre nuestro que estás en los Cielos”. Nosotros no estamos en el Cielo todavía.

¿Cómo podemos estar con Él?

–     Porque Dios está en todas partes, hijo mío.

Dios vela por el niño que nace y por el anciano que muere.

Sobre cualquier niño que esté naciendo en este momento.

En el lugar más remoto de la tierra están la mirada y el amor de Dios.

Y estarán hasta su muerte.

–     ¿Aun en el caso de que sean malos, como Doras?

–     Sí.

–     ¿Pero puede Dios que es bueno, amar a Doras, que es muy malo y hace llorar a mi anciano padre?

–     Lo mira con dolor e indignación.

Pero, si se arrepintiera, le diría lo mismo que el padre de la parábola al hijo arrepentido.

‘Deberías rezar para que se arrepintiera y…

Margziam exclama indignado: 

–     ¡No, Madre!

¡Voy a rezar para que se muera! 

La furia el niño.

A pesar de que esta reacción sea poco… angélica, su ímpetu es tal y tan sincero, que los presentes no pueden hacer menos que echarse a reír.

María, recobrando su dulce seriedad de maestra,

dice:

–     No, precioso; no debes hacer eso con un pecador.

Si lo hicieras, Dios no te escucharía y te miraría a ti también con severidad.

Incluso al perverso debemos desearle el mayor bien.

La vida es un bien porque da al hombre la oportunidad de adquirir méritos ante los ojos de Dios.

–     Pero el malo lo que gana son pecados.

–     Se reza para que se vuelva bueno.

El niño medita un poco…

Pero no se le ve muy dispuesto a digerir esta lección sublime,

y concluye:

–     Doras no se volverá bueno aunque yo rece.

Es demasiado malo. No se volvería bueno ni aunque conmigo rezasen todos los niños mártires de Belén.

Pero, ¿Sabes que… sabes que… un día pegó con una barra de hierro a mi anciano padre, porque lo encontró sentado durante el tiempo de trabajo?

No podía ponerse en pie porque se sentía mal.

Y él… le pegó y lo dejó como muerto. Y luego le dio una patada en la cara…

Yo lo estaba viendo, porque estaba escondido detrás de un seto…

Me había acercado porque hacía dos días que ninguno me llevaba pan y tenía hambre…

Tuve que alejarme para que no me oyeran, porque lloraba al ver a mi padre con la barba manchada de sangre, tendido en el suelo, como muerto…

Me alejé llorando; mendigué un pan…

Pero ese pan lo conservo todavía aquí…  (se toca con el puño cerrado el pecho)

Y sabe a sangre y a lágrimas de mi padre y mías.

Y de todos los que padecen tortura y no pueden amar a sus verdugos.

Yo quisiera apalear a Doras para que sintiera lo que son los palos.

Y quisiera dejarlo sin pan para que supiera lo que es el hambre.

Y hacerle trabajar al sol metido en el barro, bajo la amenaza del capatáz sin comer;

para que supiera lo que está dando él a los pobres…

No puedo amarlo, porque…

Porque me está matando a mi anciano padre.

Y porque… yo, si no os hubiera encontrado a vosotros ¿De quién hubiera sido después?

El niño, presa de una convulsión de dolor, grita y llora temblando.

Todo alterado dando golpes al aire, pues no puede dárselos al verdugo, con sus pequeños puños.

Las mujeres están perplejas y conmovidas.

Y tratan de calmarlo; pero el niño está verdaderamente envuelto en una crisis de dolor y no oye.

Grita:

–     ¡No puedo, no puedo quererlo ni perdonarlo!

¡Lo odio, lo odio por todos, lo odio, lo odio!..

Da pena y miedo.

Es la reacción de un niño que ha sufrido demasiado.

Y Jesús lo dice:

–     El mayor delito de Doras es éste, inducir a un inocente a odiar…

Y toma en brazos al niño,

y le habla:

–     Escúchame, Margziam.

¿Quieres reunirte un día con mamá y papá, con tus hermanitos y con el anciano padre?

–     ¡Síii!…

–    Pues entonces no debes odiar a nadie.

En el Cielo no entra quien odia.

¿No puedes orar, por ahora, por Doras?

Bueno pues no ores, pero no odies.

¿Sabes lo que tienes que hacer?

No debes nunca volver hacia atrás a pensar en el pasado…

–     Pero el sufrimiento de mi padre no es el pasado…

–     Eso es verdad.

Pero, mira, Margziam, ora sólo así: “Padre nuestro que estás en los Cielos, en tus manos encomiendo el deseo de mi corazón…”.

Verás cómo el Padre te escucha en el mejor de los modos. ¿Qué conseguirías matando a Doras?

Perderías el amor de Dios, el Cielo, la unión con tu padre y tu madre. Y no librarías de los sufrimientos al anciano que amas.

Eres demasiado pequeño para poderlo hacer. Pero Dios sí puede hacerlo. Díselo a Él.

Dile: “¡Sabes cuánto quiero a mi anciano padre y a todos los que son infelices!

Tú lo puedes todo, lo dejo en tus manos”.

¿No quieres predicar la Buena Nueva, que habla de amor y perdón?

¿Cómo vas a decirle a uno: “No odies. Perdona”, si tú no sabes amar y perdonar?

Déjalo, déjalo en manos de Dios y verás lo bien que Él dispone todo. ¿Lo vas a hacer así?

–     Sí, porque te quiero.

Jesús besa al niño y lo baja al suelo.

Así se concluye este episodio y también el camino.

Resplandecen las tres embalses excavados en la roca del monte, obra verdaderamente grandiosa:

Resplandece su superficie cristalina y la cola de agua que del primer estanque baja al segundo más grande…

Y de éste al tercero, que es realmente un pequeño lago que dirige a través de diversos conductos, hacia ciudades lejanas, el agua.

Por la humedad del suelo en esta zona, todo el monte desde el manantial hasta los estanques y de éstos a la explanada, es de una bellísima fertilidad:

Muchas flores, en combinación más rica que las silvestres ríen, por las pendientes verdes, junto a hierbas perfumadas y singulares.

En efecto, da la impresión de que estas flores fueran de jardín y que hubieran sido sembradas por el hombre, como también las hierbas olorosas.

Y  difunden por el aire, con el sol que las calienta, su perfume:

canela, alcanfor, clavel, espliego y otros aromas penetrantes, fragantes, fuertes, delicados…

En una fusión maravillosa de los mejores olores de la tierra, cual “sinfonía de perfumes”.

Es la gran composición poética de hierbas y flores, con sus colores y fragancias.

Todos los apóstoles están sentados a la sombra de un árbol cargado de grandes flores blancas;

Son sus enormes campanillas colgantes de esmalte blanco, que ondean ante el mínimo soplo de viento;

cada vaivén esparce por el aire una ola de fragancia deliciosa…

Jesús los llama y ellos acuden.  

Pedro explica: 

–      Hemos encontrado…

al poco rato de separarnos, a José, que estaba regresando de un mercado. Esta tarde estarán todos en Betsur.

Nos hemos reunido llamándonos a voces y luego hemos estado aquí, al fresco.

Tomás dice: 

–     ¡Qué bonito lugar!

¡Parece un jardín! No había acuerdo entre nosotros respecto a si era o no, natural;

unos se obstinaban en una cosa y otros en la otra. 

Judas, inflamado de orgullosa satisfacción,

dice:: 

–     La tierra de Judea tiene estas maravillas.

 Inevitablemente es llevado por todas las cosas, incluso por las flores y las hierbas, a la soberbia.  

Santiago de Zebedeo, rebate: 

–     Sí, pero…

Yo creo que si por ejemplo, el jardín de Juana en Tiberíades, quedase abandonado y pasase al estado natural,

Galilea tendría también la maravilla de espléndidas rosas entre ruinas»

Jesús dice: 

–     Y no estás en error.

Esta zona estaban los jardines de Salomón, célebres en el mundo de entonces como sus palacios.

Quizás soñó aquí el Cantar de los Cantares y aplicó a la Ciudad santa todas las bellezas que por voluntad suya habían crecido aquí.  

Tadeo exclama: 

–     ¡Entonces tenía razón yo!

Santiago de Alfeo confirma: 

–     Sí, tenías razón.

Fíjate Maestro, Tadeo citaba el Eclesiastés y unía la idea de los jardines con la de los depósitos.

Y terminaba diciendo:

“Pero se dio cuenta de que todo es vanidad y de que nada dura bajo el sol, excepto la Palabra de mi Jesús” 

Jesús dice: 

–     Gracias.

Demos también las gracias a Salomón, sean o no suyas las flores originarias;

sí lo son sin duda, los estanques que proveen de agua a las plantas y a los hombres.

Bendito sea por este motivo.

Vamos allá, a aquel rosal grande y descuidado que ha entretejido una galería florida de árbol a árbol.

Allí nos detendremos.

Estamos casi a mitad de camino…. 

Así lo hacen y reanudan el camino hacia la hora nona, cuando ya las sombras de cada árbol de esta zona, toda ella muy bien cultivada, se alargan.

Da la impresión de estar en un inmenso jardín botánico, porque todas las especies de árboles, maderables, frutales y ornamentales, están en él representadas.

Abundan los labriegos, pero no se interesan por esta comitiva, que por otra parte, no es la única;

otros grupos de hebreos recorren el trayecto de retorno de las fiestas pascuales.

El camino quebrado entre los montes, es a pesar de ello bastante bueno y las vistas continuamente variadas, le quitan monotonía.

Regatos y torrentes dibujan comas de plata líquida y escriben palabras, para después cantarlas con sus mil meandros intercalados, que se expanden entre los árboles del bosque…

O desaparecen en el interior de cavernas para después volver a la luz más bellos:

parece como si jugaran con los árboles y las piedras, como niños traviesos.

También Margziam ahora, completamente tranquilizado juega.

Y trata de tocar su flauta para imitar a los pajarillos.

Pero la verdad es que no emite canto de pájaros;

sino lamentos muy desentonados y al parecer los más difíciles de la comitiva…

Bartolomé por su edad y Judas de Keriot por muchos motivos, no los reciben con ningún agrado.

Pero no dicen nada claramente y el niño sigue chiflando y saltando de un lado para otro.

Sólo en dos ocasiones se interrumpe para señalar hacia un pueblito anidado en medio del bosque,

y dice:

–     ¿Es el mío?

Y se pone palidísimo.

Pero Simón, que va muy cerca de él,

responde:

–     El tuyo está muy lejos de aquí.

Ven, ven; vamos a ver si cogemos esa bonita flor y se la llevamos a María.

Y así lo distrae.   

Mientras avanzan hacia su destino: Betsur 

182 EL ÉXTASIS MATERNO


182 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA  

Dejada Betania con la primera sonrisa de la aurora, Jesús se dirige a Belén.

A su lado van su Madre, María de Alfeo y María Salomé.

Le siguen los apóstoles.

El niño por el contrario, le precede y encuentra motivo de contento en todo lo que ve:

Las mariposas que se están despertando, los pajaritos que cantan o picotean en el sendero, las flores que resplandecen por los diamantes del rocío…

El hecho de que aparezca un rebaño en que se oye el balido de muchos corderitos.

Una vez atravesado el torrente que está al sur de Betania y que es todo espuma risueña entre los cantos, la comitiva se dirige hacia Belén.

Pasando entre dos  series de colinas enteramente verdes de olivos y viñedos con algunos pequeños campos dorados de grano aviado ya a la siega. 

El valle es fresco y el camino bastante cómodo

Simón de Jonás se adelanta y alcanza al grupo de Jesús.

Pregunta:

–      ¿Por aquí se va a Belén?

Juan dice que la otra vez habéis ido por otro camino.  

Jesús responde: 

–     Es verdad. 

Pero porque veníamos de Jerusalén.

Por aquí es más corto.

Cuando lleguemos al sepulcro de Raquel, que quieren verlo las mujeres, nos separaremos como hace tiempo habéis decidido.

Mi Madre quiere ir a Betsur.

Allí nos reuniremos de nuevo.  

Pedro dice:

–     Sí, lo dijimos…

¡Pero, sería tan hermoso que estuviéramos todos presentes!…

Especialmente la Madre… 

Que a fin de cuentas, es la Reina de Belén y de la Gruta.

Y conoce todo a la perfección.

Si lo contara Ella, creo que sería distinto.

Jesús mira a Simón, que insinúa dulcemente su deseo…

Y sonríe.

Margziam pregunta: 

–     ¿Qué gruta, padre? 

Pedro responde: 

–     La gruta donde nació Jesús.  

Margziam exclama:

–    ¡Ah, muy bien!

¡Voy yo también!…  

María de Alfeo y Salomé se unen: 

–     ¡Sería precioso! 

–     ¡Realmente precioso!… 

María Mamá, comenta: 

–    Significaría volver al pasado.

A cuando el mundo te ignoraba…

Te ignoraba sí, pero todavía no te odiaba.

Significaría encontrar de nuevo el amor de las personas sencillas, que supieron sólo creer y amar, con humildad y fe…

Significaría depositar en el pesebre, este peso de amargura que oprime mi corazón, desde que sé lo mucho que te odian…

Debe haber quedado todavía en el pesebre la dulzura de tu mirada, de tu respirar, de tu titubeante sonrisa… 

Y ello me acariciaría el corazón. 

¡Este corazón mío tan lleno de amargura!…

María habla despacio, entre anhelante y afligida.  

Jesús concede:  

–     Pues entonces vamos a ir, Mamá.

Condúcenos tú al lugar.

Hoy eres tú la Maestra y Yo el Niño que ha de aprender.

–    ¡No, Hijo!

Tú eres siempre el Maestro…

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180 PARÁBOLA DEL BANQUETE


180 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Y en efecto incansable – mientras el sol y el recuerdo del arrebol de la tarde desaparecen y se levanta el primer canto de grillos inseguro y solitario –

Jesús va adentrándose en un prado segado recientemente, en que la languideciente hierba crea una alfombra de penetrante y suave fragancia.

Le siguen los apóstoles, las Marías, Marta y Lázaro con los de su casa – entre los sirvientes veo a 1os dos que en el Monte de las Bienaventuranzas hallaron consuelo para sus días: el anciano y la mujer -,

Isaac con los discípulos, y… yo diría que toda Betania.

Jesús se detiene para bendecir al patriarca; éste le besa la mano llorando y acariciando al niño, que va al lado de Jesús;

al niño le dice:

–     ¡Dichoso tú, que lo puedes seguir siempre!

¡Escúchame, hijo: sé bueno; gran ventura la tuya, gran ventura; sobre tu cabeza pende una corona!… ¡Dichoso tú!

Una vez que han terminado todos de colocarse,

Jesús empieza e hablar.

–     Ahora que se han marchado estos pobres amigos necesitados con mucho consuelo en la esperanza,

o mejor, en la certeza, de que basta conocer poco para ser admitidos en el Reino de Dios,

en la certeza de que basta un mínimo de verdad sobre cuyo fundamento trabaje la buena voluntad,

me dirijo a vosotros, mucho menos infelices que ellos, porque os encontráis en condiciones materiales mucho mejores y, además, recibís más ayuda del Verbo

mi amor va a ellos sólo con el pensamiento; aquí, a vosotros, mi amor os llega también con mi palabra.

Por tanto, tanto en la tierra como en el Cielo, recibiréis un trato más riguroso, pues a quien más se le dio más se le ha de pedir.

Mínimo es el bien de que estos pobres amigos que están regresando a su galera pueden disponer;

por el contrario, su dolor es máximo ¿Qué se les puede dar sino promesas de bien?

Cualquier carga sería superflua, pues os digo en verdad que de por sí su vida es penitencia y santidad y nada más se les debe imponer.

En verdad os digo también que, como verdaderas vírgenes sensatas, ellos no dejarán que sus lámparas se apaguen antes de la hora de su llamada.

No, no la dejarán apagarse; esta luz es todo el bien que poseen y no pueden dejar que se apague.

En verdad os digo que, como Yo estoy en el Padre, así los pobres están en Dios.

Por esto, Yo, Verbo del Padre, he querido nacer y permanecer pobre.

Los ricos poseen muchas cosas; los pobres, sólo a Dios.

Los ricos tienen amigos, los pobres están solos.

Los ricos tienen muchas consolaciones, los pobres no.

Los ricos se divierten, los pobres sólo trabajan.

Todo es fácil para los ricos, por su dinero.

Los pobres tienen, además, la cruz del temor a las enfermedades y a las carestías, pues significarían para ellos hambre y muerte.

Mas los pobres poseen a Dios.

Dios, amigo suyo, Consolador suyo;

É1 los distrae de su penoso presente con esperanzas celestiales;

a El se le puede decir (y ellos saben decirlo, lo dicen precisamente por ser pobres y humildes y estar solos):

“Padre, socórrenos con tu misericordia”

Esto lo estoy diciendo aquí, en esta tierra, que es de Lázaro, amigo mío y de Dios a pesar de que sea muy rico.

Puede parecer extraño.

Lázaro es la excepción de los ricos.

Lázaro ha alcanzado esa virtud, dificilísima de encontrar en la tierra y aún más difícil de practicarse por enseñanza ajena,

que es la virtud de la libertad respecto a las riquezas.

Lázaro es un hombre justo,

No se ofende, no se puede ofender porque sabe que es el rico-pobre, por lo cual mi crítica celada no le toca.

Lázaro es justo y reconoce que en el mundo de los grandes sucede como Yo digo.

Por lo cual afirmo:

en verdad, en verdad os digo que es mucho más fácil que esté en Dios un pobre que un rico,

y os digo que en el Cielo del Padre mío y vuestro, muchos asientos serán ocupados por aquellos que en la tierra sufrieron,

cual polvo que se pisa, el desprecio, por ser los más pequeños.

Los pobres guardan en su corazón las perlas de las palabras de Dios; son su único tesoro.

Quien no tiene más que un bien lo custodia

el que tiene muchos se aburre, se distrae, es soberbio y sensual.

Así, este último no admira con ojos humildes y enamorados el tesoro ofrecido por Dios;

lo confunde con otros tesoros – las riquezas de la tierra -, valiosos sólo en apariencia, y piensa:

“¡Si escucho a éste, que es semejante a mí en cuanto a la carne, será por condescendencia!”.

Y hace insensible, con los sabores fuertes de la sensualidad, su capacidad de distinguir el sabor de lo sobrenatural:

sabores fuertes… cargados de especias para confundir su hedor y su sabor a cosa podrida…

Escuchad, y entenderéis mejor cómo los cuidados de este mundo, las riquezas, la crápula, impiden entrar en el Reino de los Cielos.

Un rey celebraba las nupcias de su hijo. ¡Imaginaos qué fiesta habría en palacio!

Era su único hijo, que, llegado a la plena edad, se casaba con su amada. El padre y rey quiso que todo fuera alegría en torno a la de su amado hijo, que por fin se casaba con su elegida.

lo preparó con tiempo, cuidando de todos los detalles, para que resultase espléndido y digno de las bodas del hijo del rey.

Envió a los siervos, también con suficiente tiempo, para decir a los amigos, a los aliados y a los grandes del reino,

que habían sido fijadas las nupcias para esa fecha, por la tarde,

y que estaban invitados; que vinieran para dar un digno marco a la figura del hijo del rey.

Pero… ni amigos, ni aliados, ni grandes del reino aceptaron la invitación.

Entonces el rey, dudando de que los primeros siervos hubieran referido las cosas correctamente, envió a otros siervos,

para que insistieran con estas palabras:

“¡Os rogamos que vengáis! Todo está preparado. La sala está aparejada, hemos traído de los más distintos lugares vinos preciados,

en las cocinas están amontonados bueyes y animales cebados en espera de ser guisados,

las esclavas ya están amasando la harina para hacer dulces, o machacando en los morteros las almendras para hacer

finísimas gollerías enriquecidas con los más exóticos aromas.

Las mejores bailarinas y los mejores músicos han sido ya contratados para la fiesta.

Venid, pues, para no hacer vano tanto aparato”.

Pero los amigos, los aliados y los grandes del reino o rechazaron la invitación, o dijeron: “Tenemos otros quehaceres”,

o fingieron aceptar la invitación pero luego fueron a sus cosas (quién al campo, quién a sus ocupaciones, quién a cosas menos nobles).

–     Porque el siervo del rey insistía:

“No le niegues al rey esto, pues te podría causar algún mal” –

Incluso hubo quien, molesto por tanta insistencia, mató al siervo para hacerlo callar.

Los siervos volvieron y refirieron al rey todo.

El rey se encendió de cólera y mandó a su ejército para castigar a los asesinos de sus siervos y a los que habían despreciado su invitación;

se reservó premiar a los que habían prometido que irían.

Pero llegada la tarde de la fiesta, a la hora establecida, no vino ninguno.

E1 rey, indignado, llamó a los siervos y dijo:

“No ha de suceder que mi hijo no tenga a nadie que le celebre en esta tarde de sus nupcias.

El banquete está preparado.

Los invitados no son dignos de él.

A pesar de todo, el banquete nupcial de mi hijo ha de celebrarse.

Id pues, a las plazas y a los caminos, colocaos en los cruces, parad a los que pasan,

congregad a los que veáisociosos; traedlos aquí; que la sala se llene de gente festiva”.

Y fueron los siervos, y recorrieron los caminos, se diseminaron por las plazas, por los cruces,

y reunieron a todos los que encontraron:

buenos o malos, ricos o pobres, y los condujeron a la morada real (previamente les habían procurado los medios

Los guiaron hasta la sala, y la sala se llenó, como el rey quería, de gente festiva.

Mas he aquí que, habiendo entrado el rey en la sala, para ver si ya podía empezar la fiesta,

vio a uno que, a pesar de las facilidades que le dieron los siervos de ir bien presentado, no llevaba vestido de bodas.

Le preguntó: “¿Cómo es que has entrado aquí sin el vestido de bodas?”.

Este no supo qué responder, porque, en efecto, no tenía nada que lo pudiera disculpar.

Entonces el rey llamó a los siervos y les dijo:

“Tomad a éste, atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera de mi casa, a las tinieblas y al lodo helador:

ahí llorará y le rechinarán los dientes, como ha merecido por su ingratitud y por la ofensa que me ha infligido, 

más que a mí a mi hijo, al entrar con vestido pobre y sucio en la sala del banquete,

donde no debe entrar nada que no sea digno de la sala y de mi hijo”.

Como podéis ver, los cuidados de este mundo, la avaricia, la sensualidad, la crueldad,

provocan la ira del rey y hacen que jamás estos hijos de las preocupaciones vuelvan a entrar en la casa del Rey.

Podéis también ver cómo entre los llamados, por amor al hijo, hay quien recibe castigo.

¡Cuántos, hoy día, en esta tierra a la que Dios ha enviado a su Verbo! Dios verdaderamente ha invitado, a través de sus siervos.

Y los seguirá invitando, cada vez más impelentemente a medida que se va acercando la hora de mi Desposorio -, a amigos, a aliados, a los grandes de su pueblo.

Mas no responderán a la invitación, porque son falsos aliados, falsos amigos, grandes sólo de nombre pues son mezquinos.”  

Jesús va elevando cada vez más la voz.

A la luz del fuego que ha sido encendido entre Él y los que le escuchan,

para iluminar esta noche en que todavía falta la Luna, que está en fase menguante –

Sus ojos lanzan destellos de luz como si fueran dos zafiros relucientes.

Sí, son mezquinos.

Ya se ve por qué no comprenden el deber y el honor que supone la adhesión a la invitación del Rey.

Soberbia, dureza, lujuria crean un baluarte en torno a su corazón. Siendo malos, me odian a mí, a mí, y por eso no quieren venir a mis bodas.

No quieren venir. Prefieren unirse a la sucia política, al dinero (más sucio todavía), a la sensualidad (sucísima).

Prefieren el cálculo astuto, la conjura, la ratera conjura, la celada, el delito.

Yo condeno todo esto en nombre de Dios. Se odia por tanto la voz que habla y la misma fiesta, objeto de la invitación.

En este pueblo han de ser identificados los que matan a los siervos de Dios (los profetas, siervos hasta este momento; mis

discípulos, siervos de hoy en adelante), aquí están; y también los que, pretendiendo burlarse de Dios, dicen: “Sí. Iremos”,

pensando para sus adentros: “^Ni soñarlo!”.

Todo esto es una realidad en Israel.

Y el Rey del Cielo, para que su Hijo goce de un digno aderezo de bodas, dispondrá que vayan a los cruces de camino

para congregar a todos aquellos que no son amigos o grandes o aliados sino simplemente pueblo que pasa.

La convocatoria ha comenzado ya, de mi propia mano, de mi mano de Hijo y siervo de Dios.

Indiscriminadamente vendrán…

De hecho ya han venido.

Yo los ayudo a asearse y engalanarse para la fiesta de bodas.

¡Ah, pero habrá, para desgracia propia, quien se aproveche indignamente de esta magnificencia de Dios,

que le ofrece perfumes y vestiduras regias para que pueda aparecer como en realidad no es, o sea, rico y noble.

Y se aproveche para seducir, para obtener una ganancia…!

¡Oh, individuo de alma torva, atrapado por el repugnante pulpo de todos los vicios…!

Éste sustraerá perfumes y vestidos para obtener una ilícita ganancia, para usarlos no en las bodas del Hijo sino en sus bodas con Satanás.

Sí, esto sucederá.

En efecto, muchos son los llamados, mas pocos los que por saber perseverar en la llamada, alcanzan la elección. 

Pero también sucederá que estas hienas, que prefieren la carroña al alimento fresco, serán arrojados como castigo, fuera de la sala del Banquete,

A las tinieblas y al fango de un lodazal eterno en que Satanás emite su horrible risa estridente por cada triunfo sobre un alma.

Y en que resuena eterno, el llanto desesperado de los mentecatos que siguieron al Delito en vez de seguir a la Bondad que los había llamado.  

Alzaos. Vamos a descansar.

Os bendigo a todos, habitantes de Betania.

Os bendigo y os doy mi paz.

Te bendigo a ti especialmente Lázaro, amigo mío.

Y a ti Marta. Bendigo a mis discípulos, a los primeros y a los nuevos.

Yo los envío por el mundo, a invitar para las bodas del Rey.

Arrodillaos, que voy a bendeciros a todos.

Pedro, di 1a Oración que os he enseñado, dila aquí, a mi lado.

En pie, porque así debe decirla quien ha sido destinado por Dios para ello.

Toda la asamblea se arrodilla sobre la hierba.

En pie sólo están Jesús, con su vestidura de lino, alto, bellísimo…

Y Pedro, vestido de marrón oscuro encendido de emoción, casi tembloroso…

Recitando la Oración con esa voz suya un poco ronca, lentamente por miedo a equivocarse:

«Padre nuestro…»

Cuando la sublime oración termina…

Margziam arrodillado justo delante de María, que le mantiene unidas sus manitas, mira con una sonrisa de ángel a Jesús,

y dice bajo:

–     ¡Mira Madre, qué hermoso es tu Hijo!

Y también mi padre, ¡Qué gallardo’ Parece estar en el Cielo…  

Piensa un ´pcco y agrega:

–     ¿Estará aquí mi madre viendo?

María susurra:

–     Sí, tesoro, está aquí…

Está aprendiendo la Oración…

Y María le da un beso.

–      ¿Y yo?

¿La voy a aprender?

–     Ella te la susurrará en el alma mientras duermes,.

Y yo te la repetiré de día. 

El niño echa hacia atrás su cabecita morena y la apoya en el pecho de María,…

Y se queda así mientras Jesús lleva a cabo la siempre solemne bendición mosaica.

Acabado el gesto, todos se ponen en pie y se marcha cada uno a su casa.

Sólo Lázaro sigue todavía a Jesús.

Luego entra con Él en la casa de Simón, para estar un rato más en su compañía.

178 EL HIJO PRÓDIGO


178 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Lázaro ve alejarse a los romanos y piensa en las palabras de Jesús…

Ha entregado la gran y gruesa bolsa, con monedas de oro y plata a Jesús y se retira.

Al día siguiente, es una mañana esplendorosa en Bethania y los pájaros llenan el aire con sus trinos, alegrando toda la campiña.

Jesús se asoma a la entrada de la puerta del patio y dice:

–  Juan de Endor ven aquí conmigo.

Debo hablarte.

El hombre deja al niño, a quién le estaba enseñando algo y acude pronto.

–     ¿Qué se te ofrece, Maestro?

–     Ven conmigo arriba.

A la terraza.

Suben y se sientan en donde no da el sol, porque hace mucho calor.

Jesús pasea su mirada sobre los campos cultivados en los que el trigo, día con día, se convierte en espigas doradas

y los árboles se hinchan con sus frutos.

Luego dice:

–    Escúchame Juan.

Creo que hoy viene Isaac y me traerá a los campesinos de Yocana antes de que regresen a sus campos.

He dicho a Lázaro que preste a Isaac un carro, para que puedan acelerar su regreso sin miedo a llegar con un retardo,  

lo que podría ocasionarles un castigo.

Ahora bien, de ti quiero otra cosa.

Tengo aquí una cantidad de dinero que me dio una persona para  los pobres del Señor.

Generalmente el encargado de guardar las monedas y de distribuir los óbolos es uno de los apóstoles: Judas de Keriot,

aunque alguna vez son los otros.

Judas no está aquí.

Por lo que se refiere a los otros apóstoles, no quiero que sepan lo que tengo intención de hacer.

Tampoco Judas debería saberlo esta vez.

Lo harás tú, en mi Nombre…

–     ¿Yo, Señor?..

¿Yo? ¡No soy digno de ello!…

–     Debes irte acostumbrando a trabajar en mi Nombre.

¿No has venido para esto?

–     Sí, pero pensaba que en lo que tenía que trabajar, era en reconstruir mi pobre alma.

–    Pues Yo te procuro el medio para hacerlo.

¿En qué has pecado? Contra la misericordia y el amor.

¿Con odio demoliste tu alma?…

Pues con amor y misericordia la reconstruirás. Te doy el material necesario.

Te voy a destinar de forma especial a las obras de misericordia y amor.

Tienes capacidad para el cuidado y la palabra, así que estás en condiciones de cuidar desdichas físicas y morales, tienes capacidad para hacerlo.

Empezarás con esta obra. Ten la bolsa.

Se la darás a Miqueas y a sus amigos.

Divídelo en partes iguales, siguiendo estas instrucciones:

Divide el total en diez partes; da cuatro a Miqueas, una para él, una para Saulo, una para Joel y una para Isaías.

Las otras seis partes, se las das a Miqueas para el anciano padre de Yabés y sus compañeros.

Así recibirán al menos un consuelo.

–     De acuerdo, pero ¿Qué razón les doy?

–     Dirás: “Esto es para que os acordéis de orar, por un alma que se está redimiendo”.

–     ¡A lo mejor piensan que soy yo!

No sería justo!»

–     ¿Por qué?

¿No quieres redimirte?

–     Lo que no sería justo es que creyeran que yo soy el donador.

–     No te preocupes.

Haz como te digo.

–     Obedezco…

Concédeme, al menos, aportar algo también yo. Total…

Ahora ya no tengo ninguna necesidad. Ya no compro más libros,  ya no tengo pollos que alimentar.  

Juan saxa de una bolsa que lleva en la cintura, muchas monedas y las añade a las monedas de Jesús.

agregando: 

–     A mí con muy poco me basta, así que… nada.

Ten, Maestro. Me quedo sólo con una mínima cantidad, para el gasto de las sandalias…

–     Que Dios te bendiga por tu misericordia…

Juan,  dentro de poco nos tendremos que despedir, porque tienes que ir con Isaac.

–     Lo lamento, Señor.

De todas formas obedezco.

–     Yo también siento separarme de ti.

Tengo mucha necesidad de discípulos itinerantes. Ya no doy abasto. Dentro de poco enviaré a los apóstoles, luego a los discípulos.

Tú lo harás muy bien. Te reservaré para misiones especiales.

Entretanto, te formarás con Isaac: es muy bueno.

el Espíritu de Dios lo ha instruido profundamente durante su larga enfermedad; es un hombre que ha perdonado todo siempre…

Por lo demás, dejarnos no significa no volvernos a ver. Nos encontraremos frecuentemente.

Y siempre que nos encontremos hablaré para ti; acuérdate de esto..

Juan se repliega sobre sí mismo, esconde su cara entre las manos y, rompiendo bruscamente a llorar,

dice quejumbroso:

–     ¡Oh! entonces dime ya ahora algo que me persuada de que estoy perdonado…

de que puedo servir a Dios… Si supieras cómo veo mi alma, ahora que se ha desvanecido el humo del odio… y cómo…

Y cómo pienso en Dios…

–     Lo sé.

No llores. Permanece en la humildad, pero sin descorazonarte. Si hay desaliento, hay todavía soberbia.

Ten sólo humildad, solamente humildad. ¡Venga, ánimo, no llores!…

Juan de Endor se va calmando poco a poco…

Cuando lo ve ya calmado,

Jesús dice:

–     Ven, vamos a la sombra de aquel grupo de manzanos.

Reunamos a los compañeros y a las mujeres. Voy a hablarles a todos.

A ti en particular te voy a decir cómo te ama Dios.

Bajan hacia el lugar indicado y a medida que se van acercando, los demás se van reuniendo en torno a ellos.

Llegan. Se sientan en círculo a la sombra de los manzanos.

Lázaro, que estaba hablando con Simón Zelote, también se une al grupo.

Son en total veinte personas.

Jesús dice: 

–     Escuchad.

Se trata de una hermosa parábola que os guiará con su luz en muchos casos.

Un hombre tenía dos hijos.

El mayor era serio, trabajador, inclinado al afecto, obediente y también no tenía carácter para ser un líder.

porque era un poco tardo y se dejaba guiar para no tener que esforzarse en decidir por sí..

El segundo era más inteligente que el mayor;  pero  también era rebelde, distraído, amante del lujo y el placer, gastador y ocioso.

La inteligencia es un gran don de Dios, pero debe ser usado con sabiduría;

si no, es como ciertas medicinas que, si se usan mal, en vez de curar matan.

Su padre – estaba en su derecho y cumplía su deber – le instaba para que viviera con más sensatez.

Mas no obtenía ningún resultado, aparte del de recibir contestaciones y de que el hijo se solidificara más en sus torcidas ideas.

Finalmente un día, tras una discusión más acalorada que las precedentes, el hijo menor dijo:

“Dame la parte de los bienes que me corresponde; así ya no tendré que oír ni tus reprensiones ni las quejas de mi hermano. A cada uno lo suyo y se acabó”.

“Piensa – respondió el padre – que dentro de poco te quedarás sin nada. ¿Qué harás entonces?

Ten en cuenta que no me voy a comportar con injusticia para favorecerte y que no voy a tomar ni un céntimo de la parte de tu hermano para dártelo a ti”.

–     No te pediré nada, puedes estar seguro; dame mi parte.

El padre encargó la valoración de las tierras y de los objetos preciosos

Y viendo que dinero y joyas sumaban lo que las tierras, dio al mayor los campos y las viñas, hatos de ganado y olivos.

Y al menor el dinero y las joyas.

El más joven lo vendió inmediatamente, transformando así todo en dinero.

Hecho esto, pasados pocos días, se marchó a un país lejano.

Allí vivió como un gran señor, despilfarrando todo lo que tenía en todo tipo de juergas, haciéndose pasar por el hijo de un rey; 

pues se avergonzaba de decir: “soy un aldeano”), con lo cual renegaba de su padre.

Festines, amigos y amigas, vestidos, vino, juego… vida disoluta..

Pronto vio mermar sus fondos y aproximársele la pobreza;

además, para agravar la pobreza, se abatió sobre la región una gran carestía, con lo cual se agotaron los pocos fondos que le quedaban.

Habría podido volver con su padre, pero como era soberbio, no quiso.

Se dirigió entonces a un hombre rico de la región, que había sido amigo suyo en los buenos tiempos, y le suplicó:

La razon por la que muchos no conocen la voluntad de Dios, es porque sólo quieren hacer la suya…

`Acuérdate de cuando gozaste de mi riqueza, acógeme como siervo tuyo”.

¡Daos cuenta de lo necio que es el hombre!:

Prefiere someterse al látigo de un patrón antes que decir a un padre: “¡Perdón, reconozco mi error!”

Aquel joven había aprendido muchas cosas inútiles con su despierta inteligencia, pero no había querido aprender lo que dice el Libro del Eclesiástico:

“^Qué infame es el que abandona a su padre! 

¡Cuánto maldice Dios a quien angustia el corazón de su madre!”.

Era inteligente, pero no sabio.

Aquel hombre a quien se había dirigido, como paga de lo mucho que había recibido del joven necio, lo puso a cuidar los cerdos.

Estaban en una región pagana y había muchos cerdos.

Le encargó de llevar las piaras a sus pastos.

El joven, todo sucio, andrajoso, maloliente, hambriento – la comida escaseaba para todos los siervos y especialmente para los ínfimos…

(él, porquerizo extranjero, escarnecido estaba entre los ínfimos) –

Veía que los cerdos se saciaban de bellotas y suspiraba: “¡Si al menos pudiera llenar mi estómago de estos frutos!!

¡Pero son demasiado amargos! Ni siquiera el hambre me los hace apetecer!”.

Y lloraba al pensar en los ricos festines de sátrapa, que poco tiempo antes celebraba entre risas, canciones, bailes…

Y también en la honrada y bien provista mesa de su casa, ahora lejana…

Y en cómo su padre dividía para todos imparcialmente, reservándose para sí, siempre la parte menor,

contento de ver en sus hijos un sano apetito…

Y pensaba también en la parte que aquel hombrr justo reservaba para los siervos.

Y suspiraba:

“Los peones que trabajan para mi padre, incluso los ínfimos, tienen pan en abundancia..,

Y yo aquí me estoy muriendo de hambre…”.  

Siguió un largo y trabajoso proceso de reflexión, un largo combate para estrangular a la soberbia…

Por fin llegó el día en que, renacido en humildad y sabiduría, se paró y dijo: “¡Iré donde mi padre!

Es una necedad este orgullo que me tiene apresado. ¿Orgullo por qué?

¿Por qué ha de seguir sufriendo mi cuerpo, y más aún mi corazón, pudiendo obtener perdón y consuelo?

Iré donde mi padre. Ya está decidido.

¿Que qué le voy a decir?

¡Pues lo que me ha nacido aquí dentro, en esta abyección, entre esta inmundicia, por las dentelladas del hambre!

Le diré: “Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo;

trátame pues, como al último de tus peones… pero déjame estar bajo tu techo. Que yo te vea pasar…”

No podré decirle: “…porque te quiero”. No lo creería. Se lo dirá mi vida. Él lo comprenderá.

Y antes de morir me volverá a bendecir…

¡Sí, lo espero, porque mi padre me quiere!”.

Habiendo decidido esto, cuando regresó al atardecer al pueblo, se despidió del patrón y se puso en camino hacia su casa, mendigando…

Ya ve los campos paternos, ya la casa… y a su padre, dirigiendo el trabajo de los hombres…

¡Oh, está más viejo y más delgado por el dolor, pero sigue emanando bondad!…

¡Ah, el transgresor, al ver el deterioro que había causado, se detuvo atemorizado!

Pero el padre, volviendo la cabeza, lo vio…

¡Ah, fue corriendo a su encuentro, pues todavía estaba lejos; cuandose acercó a él, le echó los brazos al cuello, lo besó!

El padre fue el único que lo reconoció, que vio en ese mendigo abatido, a su hijo.

Y fue el único que tuvo hacia él un movimiento de amor.

El hijo, abarcado por esos brazos, con la cabeza apoyada en el hombro paterno, susurró sollozando:

“Padre, deja que me postre a tus pies”.

“¡No, hijo mío, a mis pies no.

Reclina tu cabeza en este pecho mío que tanto ha sufrido por tu ausencia y necesita revivir sintiendo tu calor!”.

El hijo, llorando más fuerte, dijo:

“¡Padre mío, he pecado contra el Cielo y contra ti, ya no soy digno de que me llames hijo;

permíteme vivir con tus siervos, bajo tu techo; que pueda verte y comer tu pan.

Que pueda servirte y aspirar tu respiro:

con cada uno de los bocados de tu pan, con cada movimiento de tu respiración,

mi corazón, harto corrompido ahora, se reformará y yo me haré honesto…!”

Pero el padre, sin dejar de abrazarlo, lo condujo a donde estaban los siervos, que se habían arremolinado a distancia a observar lo que sucedía,

y les dijo:

“Rápido, traed el vestido mejor, palanganas con agua perfumada; lavadlo, perfumadlo, vestidlo, ponedle calzado nuevo y un anillo en el dedo.

Luego, tomad un ternero cebado, matadlo y preparad un banquete.

Porque este hijo mío había muerto y ahora ha resucitado, lo había perdido y ha sido hallado.

Quiero que encuentre de nuevo su sencillo amor de cuando era niño; mi amor y la fiesta de la casa por su regreso se lo deben dar.

Debe comprender que sigue siendo para mí, el amado hijo último en nacer,

como era en su ya lejana infancia, cuando caminaba a mi lado alegrándome con su sonrisa y con sus balbuceos”.

Y así lo hicieron los siervos.

El hijo mayor estaba en el campo. No supo nada de lo sucedido hasta su regreso.

A1 anochecer, de vuelta al hogar, vio

que la casa estaba radiante de luces…

Y oyó que de ella provenían música y rumor de danzas.

Llamó a uno de la servidumbre, que corría atareado, y le dijo: “¿Qué sucede?”.

El siervo respondió: “^Ha vuelto tu hermano”.

Tu padre ha mandado matar el ternero cebado porque ha recuperad a su hijo sano, curado de su grave mal.

Y ha ordenado celebrar un banquete.

Sólo faltas tú para que empiece la fiesta”.

Mas el hijo primogénito montó en cólera, porque le parecía una injusticia el que se hiciera tanta fiesta por el menor, 

el cual, además de ser el menor, había sido malo.

Y no quiso entrar; no sólo eso, sino que quería alejarse de la casa.

Advirtieron al padre de lo que estaba sucediendo.

Se apresuró a salir, siguió al hijo y le dio alcance.  Trató de convencerlo y le rogó que no amargase su gozo.

Pero el primogénito respondió a su padre “¿Cómo quieres que no me altere?

Estás actuando injustamente con tu primogénito, lo estás despreciando.

Desde que he podido empezar a trabajar, hace ya muchos años, te he servido.

No he transgredido nunca ninguna disposición tuya, no he contrariado tan siquiera un deseo tuyo;

he estado siempre a tu lado y te he amado por dos, para que sanara la llaga que te había producido mi hermano…

Y no me has dado ni siquiera un cabritillo para que lo disfrutara con mis amigos.

21. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Sin embargo, a este que te ha ofendido, que te ha abandonado, que ha sido haragán y gastador.

Y que vuelve ahora traído por el hambre, ~ haces los honores y matas para él el mejor ternero.

¿Vale la pen, entonces, ser trabajador y abstenerse de los vicios? ¡No has actuado correctamente conmigo!”.

Entonces dijo el padre, estrechándolo contra su pecho:

“¡Oh, hijo mío, ¿Cómo puedes creer que no te quiero, por el hecho de que no haya extendido sobre tus obras un velo de fiesta?

Tus obras son de por sí santas. Por tus obras te alaba el mundo.

Sin embargo, este hermano tuyo necesita que su imagen, ante el mundo y ante sí mismo, sea restaurada.

¿Acaso crees que no te quiero por el hecho de que no te recompense visiblemente?

Durante todo el día, en cada movimiento de mi respiración, en cada pensamiento, te tengo presente en mi corazón. 

A cada instante que pasa yo te bendigo.

Tienes el premio continuo de estar siempre conmigo. Todo lo mío es tuyo…

Era justo hacer un banquete, celebrar una fiesta, por este hermano tuyo que había muerto y ha resucitado para el Bien.

Que se había extraviado y ha sido restituido a nuestro amor”.

Y el primogénito cedió.

Lo mismo amigos míos, sucede en la Casa del Padre.

Todo aquel que se vea como el hijo menor de la parábola, piense igualmente que si le imita en su retorno al Padre,

el Padre le dirá: “No te arrojes a mis pies.

Reclina tu cabeza sobre este corazón mío que ha sufrido por tu ausencia y que ahora goza con tu regreso”.

El que esté en la condición del hijo primogénito, sin culpa ante el Padre, que no se muestre celoso de la alegría paterna;

antes bien, se una a ella amando a su hermano redimido.

He dicho.

Quédate aquí, Juan de Endor; tú también, Lázaro.

Los demás que vayan a aparejar las mesas.

Dentro de poco vamos también nosotros.

Todos se retiran.

Una vez que se han quedado solos Jesús, Lázaro y Juan,

Jesús les dice:

–    Así sucederá con la querida alma que esperas, Lázaro.

Así sucede con tu alma, Juan

La bondad de Dios rebasa todo límite…

Los apóstoles, la Madre de Jesús y las otras mujeres se dirigen hacia la casa,

precedidos todos por Margziam, que va saltando presuroso hacia adelante.

175 DIAGNÓSTICO ESPIRITUAL


175 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La ciudad está semidesierta en esta noche serena y clara por la luna llena que resplandece en toda su plenitud.

La Pascua ha sido celebrada y consumida en una de las casas de Lázaro.

En la puerta exterior Jesús, con esa señorial cortesía muy suya, se ha despedido de Juan de Endor, dejándolo como custodio de las mujeres y dándole las gracias por esto mismo.

Le dió un beso a Margziam, que también acudió a la puerta.

Y se encamina con los suyos en el barrio de Bezetha, siguen a lo largo de la muralla y dejan atrás la casa de José de Arimatea.

Avanzan ligeros hacia fuera por la Puerta de Herodes.

Tadeo pregunta:

–     ¿A dónde vamos, Señor?

Jesús responde:

–     Venid conmigo.

Os llevo a coronar la Pascua con una perla anhelada y singular.

Por este motivo he querido estar sólo con vosotros, ¡Mis apóstoles!

Gracias amigos, por el gran amor que me tenéis; si pudierais ver cómo me consuela, os asombraríais.

Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros.

Convenceos de que por Mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar…

Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por Mí.

Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros.

Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en Mí, en todo.

Ya están en el ángulo nordeste de la muralla; vuelven la esquina y van siguiendo la base del monte Moria…

Hasta llegar a un punto en que por un puentecito, pueden cruzar el Cedrón.

Santiago de Alfeo pregunta:

–    ¿Vamos a Getsemaní?

–    Más arriba.

A la cima del monte de los Olivos.

Juan exclama:

–    ¡Oh! ¡Será algo bello!

Pedro susurra:

–    También le habría gustado al niño.

Jesús dice:

–     ¡Tendrá oportunidad de verlo otras muchas veces!

Estaba cansado y además es un niño.

Quiero ofreceros una cosa grande, porque ya es justo que la tengáis.

Suben entre los olivos, dejando Getsemaní a su derecha.

Suben más arriba por el monte, hasta alcanzar la cima, donde los olivos se balancean crugiendo…

Avanzan por entre le olivar, hasta que Jesús se frena y dice:

–     Detengámonos aquí…

Todos se acomodan a su alrrededor, sentándose para escucharlo…

Jesús dice:

“Queridos, muy queridos discípulos míos, continuadores míos en el futuro, acercaos a Mí.

Hace poco tiempo, me habéis dicho:

“Enséñanos a orar como lo haces Tú; enséñanos, como Juan enseñó a los suyos.

Y siempre os respondí:

‘Os enseñaré cuando vea en vosotros un mínimo de preparación suficiente, para que la plegaria no se convierta en una fórmula vacía de palabras humanas.

Sino que sea una verdadera conversación con el Padre.

Ha llegado el tiempo. Hemos obedecido el Precepto Pascual, como verdaderos israelitas y el precepto divino de la caridad; para con Dios y para con el prójimo.

Uno de vosotros ha sufrido mucho en estos días, debido a una acción que no merecía.

Y ha sufrido por el esfuerzo que se ha hecho a sí mismo, para controlar la ira que esa acción había provocado.

Sí, Simón de Jonás, ven aquí.

Ni una palpitación de tu corazón honrado, me ha pasado desapercibida.

Y no ha habido sufrimiento que no haya compartido contigo.

Yo… y tus compañeros.

Pedro dice:

–    Pero Tú Señor, has sido ofendido más que yo.

Y esto era para mí una pena mayor… Que Judas haya desdeñado acompañarme en la fiesta, me molestó mucho como hombre.

Pero al ver que Tú estabas adolorido y ofendido, me molestó de otro modo. Y sufrí el doble…

Yo no quiero gloriarme, ni hacerme el héroe, usando tus palabras. Pero debo decir que he sufrido con mi alma…

Y esto causa mayor dolor.

–    No es soberbia, Simón.

Has sufrido espiritualmente, porque Simón de Jonás, pescador de Galilea; se está convirtiendo en Pedro de Jesús;

Maestro del espíritu; por lo cual también sus discípulos se hacen activos y sabios en el espíritu. Porque has avanzado en la vida del espíritu.

Y porque vosotros también habéis avanzado, quiero enseñaros esta noche la Oración.

¡Cuánto habéis cambiado desde aquel día en que nos detuvimos en un lugar desierto por algunos días!

Bartolomé pregunta un poco incrédulo:

–   ¿Todos, Señor?

–   Comprendo lo que quieres decir.

Yo os hablo a vosotros los once, que estáis aquí, no a otros.

Andrés dice con mucha tristeza:

–   Pero, ¿Qué le pasa a Judas de Simón, Maestro?

Ya no lo comprendemos. Parecía muy cambiado y ahora… desde que dejamos el lago…

Pedro interviene:

–    Cállate hermano.

La llave del misterio la tengo.

Se ha colgado un pedacito de zebú.

Fue a buscarlo a la caverna de Endor, para sorprender a los demás.

Lo tomó del nicho donde estaba el búho.

¡Y se lo tiene merecido!

El Maestro se lo dijo aquel día…

En Gamala, los diablos entraron en los cerdos.

En Endor, los que salieron del desgraciado Juan, entraron en él. Se entiende que…

Se entiende… ¡Déjame decirlo, Maestro!

Lo tengo aquí, en la punta de la lengua y si no lo digo, me muero…

Jesús le pide:

–   Simón. Sé bueno.

–   Sí, Maestro.

Y te aseguro que no le haré ningún desprecio.

La posesión espiritual perfecta se agrava tremendamente por la Lujuria y la maldad de Asmodeo…

Pero digo y pienso que siendo Judas tan vicioso… Y tan mujeriego…

Todo el Templo lo conoce, lo sabe y Todos lo sabemos.

Y está sin protección porque quiere. Se entiende que también los demonios, gustosos cambian de casa.

Es un semejante al cerdo…

Pedro calla.

El  silencio se extiende un largo momento.

Y agrega con un suspiro:

–    Bueno, lo he dicho.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–   ¿Entonces tú piensas que por eso es así?

–   ¿Y qué otra cosa quieres que sea?

No hay ninguna otra razón para que se haya vuelto tan intratable.

Está peor que en Agua Especiosa.

Allí se podía pensar que el humor y la estación  lo pusiesen nervioso.

Pero ahora…

Jesús agrega con calma:

–    Hay otra razón, Simón…

–    Dila, Maestro.

Estoy contento de desengañarme del compañero.

–   Judas está celoso.

Está inquieto por celos.

–   ¿Celoso de quién?

No tiene mujer. Y aunque la tuviese, creo que ninguno de nosotros sería capaz de ofender a un condiscípulo…

–    Está celoso de Mí.

Piensa… Judas ha cambiado desde Endor y luego…  Empeoró en Esdrelón.

Esto es; desde que vio que me ocupaba de Juan y de Marziam.

Pero ahora que Juan nos dejará y que se irá con Isaac, verás que volverá a ser alegre y bueno.

–   Está bien.

Pero no querrás decirme que no es presa de un diablillo…

Y sobre todo; no querrás que diga que se ha compuesto en estos meses en que se ha portado peor.

El año pasado yo también era celoso… ¿No recuerdas que no quería que hubiese nadie más que nosotros seis?

Ahora deja que invoque a Dios como testigo de mi pensamiento. Ahora digo que soy feliz; entre más aumentan los discípulos a tu alrededor.

¡Oh! ¡Cómo quisiera traerte a todos los hombres!

Pero, ¿Por qué he cambiado? Porque me he dejado cambiar por Ti. Él…  él no ha cambiado. Al contrario…

Convéncete, Maestro. Un diablillo se ha apoderado de él…

–    No lo digas, ni lo pienses.

Ruega para que se cure. Los celos son una enfermedad emocional…

Que destrozan el alma.

–    De la que se puede curar si uno quiere.

¡Ah! Lo soportaré por causa tuya… Pero, ¡Qué fatiga!…

Judas Tadeo, dice:

–    Me parece que ya recibió su castigo…

Al no estar con nosotros en esta noche; en que aprenderemos algo tan importante.

Jesús dice:

–     Ha llegado el momento.

Vosotros poseéis cuanto es suficiente para conocer las palabras dignas que se digan a Dios y os las quiero enseñar esta noche en medio de la paz y el amor que existe entre nosotros.

En la paz y el amor de Dios y con Dios…

Escuchad: cuando oréis, decid así:

“Padre Nuestro…”

164 EL ANHELO IMPOSIBLE


164 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Santiago de Alfeo pregunta: 

–     ¿Señor, aquella cima es el Carmelo? 

Jesús responde:

–     Sí, hermano.

Aquélla es la cadena montañosa del Carmelo. La cúspide más alta le da el nombre.

–     Debe ser bonito también desde allí el mundo.

¿Has estado alguna vez?

–     Una vez,

Yo solo al principio de mi predicación. Al pie de ese monte curé a mi primer leproso. Pero iremos de nuevo juntos, para recordar a Elías…

–     Gracias, Jesús.

Me has comprendido, como siempre.

–     Y como siempre, te perfecciono, Santiago.

–     ¿Por qué?

–     El porqué está escrito en el Cielo.

–     ¿No me lo dices, hermano?

¿Tú que lees lo que está escrito en el Cielo?

Jesús y Santiago van caminando el uno al lado del otro.

Sólo el pequeño Yabé, que va también ahora de la mano de Jesús, puede oír la conversación confidencial de los dos primos, que se sonríen mirándose a los ojos.

Jesús, pasando un brazo por encima de los hombros de Santiago para acercárselo aún más,

pregunta:

–     ¿Realmente quieres saberlo?

Pues bien, te lo voy a decir en forma de adivinanza; cuando encuentres la clave serás sabio.

Escucha:

“Habiéndose reunido los falsos profetas en el monte Carmelo, se acercó Elías y dijo al pueblo:

“¿Hasta cuándo seguiréis cojeando de dos partes? Si el Señor es Dios, seguidlo; si Baal, seguid a éste”.

El pueblo no respondió.

Entonces Elías siguió diciendo al pueblo:

“De los profetas del Señor he quedado yo sólo” y la única fuerza de este hombre solo era el grito :

“Escúchame, Señor, escúchame, para que este pueblo reconozca que eres el Señor Dios y que has convertido de nuevo sus corazones”.

Entonces el fuego del Señor cayó y devoró el holocausto”.

Hermano, adivina.

Santiago inclina la cabeza y se pone a pensar.

Jesús lo mira sonriendo.

Caminan unos metros así,

luego Santiago dice:

–     ¿Tiene que ver con Elías o con mi futuro?

–     Con tu futuro, naturalmente…

Santiago se queda de nuevo pensativo.

Y susurra:

–     ¿Seré destinado a invitar a Israel a que siga con autenticidad un camino?

¿Seré llamado a quedarme solo en Israel? Si la respuesta es afirmativa, quieres decir que los otros serán perseguidos y que los dispersarán.

Y que… que… elevaré mi oración a Tí por la conversión de este pueblo…

Como sacerdote… como… víctima…

Si es así, ¡Oh! inflámame ya desde este momento, Jesús!…

–     Lo estás ya.

Mas ha de raptarte el Fuego, como a Elías; por este motivo subiremos al Carmelo tú y Yo solos…

Y hablaremos.

–     ¿Cuándo?

¿Después de la Pascua?

–     Después de una Pascua, sí.

Entonces te diré muchas cosas…

Un arroyo que fluye hacia el mar, colmado su caudal por las lluvias primaverales y la disolución de las nieves, se interpone en su camino.

Acude Pedro y dice:

–     El puente está más arriba.

Por donde pasa el camino que va de Tolemaida a Engannim.

Jesús, dócilmente vuelve sobre sus pasos.

Cruza el arroyo por un sólido puente de piedra.

Enseguida vuelven a verse montañas y colinas pequeñas.

Felipe pregunta: 

–     ¿Llegaremos a Engannim antes de que anochezca? 

–     Ciertamente.

Pero… ahora tenemos con nosotros a un niño. 

Y Jesús pregunta amoroso: 

–    ¿Estás cansado Yabé?

Sé sincero como un ángel. 

El niño contesta:  

–     Un poco, Señor.

De todas formas, me esforzaré en seguir caminando.  

El hombre de Endor, con su voz gutural,

dice:

–     Este niño está débil.

Pedro exclama: 

–     ¡Mira tú éste!…

¡Con la vida que lleva desde hace algunos meses!… ¡Ven para que te tome en brazos!

–     ¡Oh, no, señor!

No, que te cansas. Todavía puedo andar yo.

–     ¡Ven, ven, que no pesas!

Pareces un pajarillo desnutrido.  

Pedro lo levanta en vilo, lo sienta montado sobre sus anchos y fuertes hombros.

Y lo sujeta por las piernitas flacas que le cuelgan a los lados..

Caminan ligeros porque el sol ya es fuerte y los invita estimulándolos a llegar a las boscosas colinas.

Se detienen en un pueblo llamado Megguidó, para comer y descansar junto a una fuente muy fresca.  

Rumorosa por la mucha agua que de ella brota y que cae en una pila de piedra oscura.

Ninguno del pueblo se interesa por los peregrinos anónimos, entre los muchos que van a pie, en burros o mulas hacia Jerusalén para la Pascua.

Se respira ya aire de fiesta.

Muchos niños, pensando jubilosos en la ceremonia de su mayoría de edad, van con los viajeros.  

Yabé está con Pedro, que lo tiene conquistado con bagatelas y golosinas.  

Dos muchachitos de holgada y evidente riqueza, que se han acercado a jugar junto al manantial, cerca de donde están Yabé y Pedro,

le preguntan al niño:

–  ¿Tú también vas para ser hijo de la Ley?

Yabé responde casi escondiéndose detrás de Pedro:

–   Sí.

–   ¿Este es tu padre?

¿Eres pobre, verdad?

–   Sí. Soy pobre.

Los muchachos que parecen ser hijos de fariseos, lo escudriñan irónicos y curiosos.

Le dicen:

–   Se ve.

Y de hecho, sus vestidos son miserables harapos y demasiado cortos.

Sus pequeños pies calzan unas sandalias muy feas, sostenidas con burdas correas, que son una tortura para sus pies.

Y los muchachitos, llevados por un egoísmo cruel propio de muchos niños que no son buenos,

dicen:

–   ¡Oh!

¡Entonces no vas a tener vestido nuevo para tu fiesta

¡Nosotros, mira…! ¿Verdad Joaquín?

Mi vestido es rojo y también el manto. El de él es azul. Y tendremos sandalias con hilos de plata.

Y un cinturón bordado con oro y un talet sostenido con una lámina de oro y…  

Pedro que ha terminado de llenar las cantimploras,

les grita: 

–  Y un corazón de piedra, ¡Digo yo!

¡Sois malos, muchachos! La ceremonia y los vestidos valen un comino, si el corazón no es bueno. Prefiero a mi niño.

¡Largaos orgullosos y presumidos!

¡Idos con los ricos y tened respeto a quién es pobre y honesto!

Ven Yabé. El agua es buena para los pies cansados. Ven para que te los lave.

Después caminarás mejor. Te llevaré en brazos hasta Enganím. Buscaré uno para que te haga sandalias nuevas.

Y Pedro lava y seca los pequeños pies lastimados, que desde hace tanto tiempo no han sido acariciados.  

Yabé va a cumplir doce años, pero parece un niño escuálido de nueve.

El niño mira a Pedro, titubea, luego se inclina sobre el hombre que le está acomodando las sandalias, lo rodea con sus bracitos flacos,

y le dice:

–  ¡Qué bueno eres!

Y lo besa en los cabellos alborotados.

Pedro se conmueve…

Se sienta en la tierra mojada y le pide:

–   Ahora dime: ‘padre’…

El cuadro es enternecedor.

Jesús se acerca junto con los demás.

Los dos niños, que se habían quedado por curiosidad,

dicen:

–   Luego, ¿No es tu padre?

Yabé responde con firmeza:

–   Para mí es padre y madre.

–   Sí querido.

Dijiste bien: padre y madre.

Y a vosotros señoritos; os aseguro que no irá mal vestido a la ceremonia. Irá como un rey.

Los dos rapazuelos se sorprenden y se van corriendo.

Jesús pregunta con una gran sonrisa:

–    ¿Qué haces Simón, sentado en el suelo mojado?

–           ¿Mojado?

¡Oh, sí! No me había dado cuenta. ¡Ah, Maestro! Debes dejar que me encargue de este pequeño. Luego lo entregaré.

Hasta que no sea un verdadero israelita es mío.

–  ¡Pero claro que sí!

Tú serás su tutor, como un viejo padre. ¿Está bien? Vámonos. Para llegar al atardecer y para no hacer correr mucho al niño…

–  Yo lo cargo.

Pesa más mi red. No puede caminar con estas suelas rotas. Ven, Yabé.

Y Pedro, cargándose encima a su ‘hijito’, continúa feliz su camino, cada vez más sombreado bajo las  arboledas de frutas varias, en un ascender suave de colinas…

Desde las cuales la vista se dilata hacia la fecunda llanura de Esdrelón.

Engannim es una linda ciudad, no grande, bien abastecida de agua de las colinas a través de un acueducto elevado.

Jesús y los suyos están ya en las cercanías de la ciudad.

Entonces perciben el rumor de una patrulla militar que está acercándose.

Se hacen a un lado, arrimándose al borde del camino y los cascos de los caballos resuenan contra el pavimento,

Publio Quintiliano es el comandante, baja del caballo y deteniéndolo pór la brida, se acerca a Jesús con una sonrisa franca. 

Y lo saluda: 

–           ¡Salve, Maestro!

Milagro de verte por aquí. 

Sus soldados aflojan el paso y lo esperan.

Jesús contesta:

–   Voy a Jerusalén para la Pascua.

–   Yo también.

Durante las fiestas se refuerzan las guardias, pero también viene Poncio Pilatos a ellas y está Claudia.

Somos su estafeta. Nosotros patrullamos los caminos para protegerla a ella. ¡Son caminos tan inseguros!… Las águilas espantan a los chacales.

Dice el tribuno muy sonriente y mira a Jesús.

Después en voz baja agrega:

–     Este año tenemos doble guardia para proteger las espaldas del desvergonzado de Antipas.

Hay mucho descontento porque arrestó al Profeta. Descontento en Israel y como consecuencia, entre nosotros.

Pero… hemos pensado en dar una cadenciosa melodía de flautas al Sumo Sacerdote y a sus compinches.

Y en voz más baja aún, añade:

–     Tú estás seguro. Los de uñas largas no las sacarán. ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! Nos tienen miedo.

Basta con aclarar la voz; para que crean que es un rugido.

¿Hablarás en Jerusalén? Ven cerca del Pretorio. Claudia habla de Ti, diciendo que eres un gran filósofo. Eso es bueno para Ti, porque…

el verdadero Procónsul es Claudia; es nieta de Augusto.

Quintiliano mira a su alrededor y ve a Pedro cargado, rojo y sudado.  

Y pregunta: 

–     ¿Y ese niño?

–     Un huérfano que he tomado conmigo.

–     ¡Pero… ese hombre tuyo se está esforzando demasiado!

Niño, ¿Tienes miedo a ir unos metros a caballo? Te pongo aquí, bajo mi clámide; iré suave.

Cuando lleguemos a las puertas, te dejo que sigas con este hombre.

El niño no ofrece resistencia y es dulce como un cordero.

Publio lo levanta en vilo y lo sienta consigo en su montura.

A1 dar la orden de ir despacio a los soldados, ve también al hombre de Endor.

Lo mira fijamente y dice:

–     ¿Tú también por aquí?

–     Sí.

Ya no vendo huevos a los romanos, pero los pollos están todavía allí. Ahora estoy con el Maestro…

–     ¡Bien para ti!

Así te sentirás más confortado. ¡Adiós!

¡Salve, Maestro, te espero en aquel pequeño grupo de árboles.

Y espolea a su cabalgadura.   

Los apóstoles preguntan a Juan de Endor: 

–     ¿Os conocéis?

–     Sí, como proveedor de pollos.

Antes no me conocía. Una vez fui llamado a la comandancia a Naím, para fijar los precios, y estaba él.

Desde entonces, cuando iba a Cesárea a comprar libros o algún utensilio siempre me saludaba. 

 Me llama Cíclope o Diógenes. No es malo. A pesar de mi odio por los romanos, no me mostré nunca agresivo con él porque me podía ser útil. 

Pedro dice: 

–    ¿Has oído, Maestro?

¿Ves?, han surtido buen efecto mis palabras al centurión de Cafarnaúm.

Ahora estoy más tranquilo.

Y llegan a la arboleda a cuya sombra se ha detenido la patrulla. 

El tribuno dice: 

 –      Bien. Aquí está el niño.

¿Algunas órdenes, Maestro?

–      No, Publio.

Dios te muestre su rostro.

–    Salve.  –Y se sube al caballo.

Lo espolea y los suyos le siguen.

Se oyen los cascos de los caballos y se ven brillar las corazas.   

Entran a la ciudad y Pedro lleva al niño a comprarle sus sandalias.

Zelote dice:

–   Este hombre se muere por tener un hijo.

Tiene razón.

Jesús contesta:

–   Os daré millares.

Ahora vamos a buscar refugio para seguir mañana al amanecer.

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99 EXPULSADO DE TIERRA SANTA


99 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús atraviesa junto a sus apóstoles los campos llanos de Agua Especiosa.

El día está lluvioso, el lugar desierto.

Debe ser aproximadamente mediodía, porque el simulacro de sol que de vez en cuando sale de detrás del telón gris de las nubes, cae perpendicularmente.

Jesús está hablando con Judas y lo manda al poblado,  para hacer las compras más urgentes.

Cuando se queda solo se le acerca Andrés, que tímido como siempre, dice en tono bajo:

–     ¿Puedo decirte una cosa, Maestro?

Jesús responde:

–     Sí. Ven adelante conmigo.

Y alarga el paso seguido por el apóstol, adelantándose unos metros respecto a los demás.

–     La mujer ya no está, Maestro – dice Andrés apenado.

Y explica:

–     Le han pegado y ha huido, iba herida y sangrando.

El encargado la ha visto. Me he adelantado, diciendo que iba a ver si nos habían tendido alguna insidia, pero la verdad es que quería ir a verla enseguida.

¡Tenía una gran esperanza de conducirla a la Luz! ¡He orado mucho estos días por ello!… Ahora ha huido. Se perderá. Si supiera dónde está, iría…

Esto no se lo diría a los otros, pero a Tí sí te lo digo porque me comprendes. Tú sabes que esta búsqueda no está dictada por el sentido, sino que se justifica sólo por el deseo

¡Tan grande que se hace tormento!  de poner a salvo a una hermana mía…

–     Lo sé, Andrés.

Y te digo: Aun habiendo sucedido las cosas así, tu deseo se cumplirá.

Nunca se pierde la oración realizada en ese sentido. Dios la usa. Ella se salvará.

–     Si eres Tú quien lo dice… ¡Mi dolor se mitiga!

–     ¿No quisieras saber qué es de ella?

¿No te importa ni siquiera el no ser tú el que la conduzca a Mí? ¿No preguntas cómo lo hará? 

Jesús sonríe dulcemente, con todo un brillar de luz en sus pupilas azules inclinadas hacia el apóstol, que va caminando a su lado.

Es una de esas sonrisas y de esas miradas que constituyen uno de los secretos de Jesús para conquistar los corazones.

Andrés, con sus dulces ojos castaños, lo mira…

Y dice:

–      Me basta con saber que viene a Tí.

Luego, yo u otro, ¿Qué importancia tiene? ¿Cómo lo hará? Esto Tú ya lo sabes, no es necesario que yo lo sepa.

Tú lo has asegurado, ya tengo todo. Y me siento feliz.

Jesús le pasa el brazo por los hombros de su tímido apóstol y lo estrecha contra Sí, con un abrazo afectuoso, que hace entrar en éxtasis al buen Andrés.

Y teniéndolo así, habla:

–      Éste es el don del verdadero apóstol.

Mira amigo mío, tu vida y la de los apóstoles futuros será siempre así. En alguna ocasión seréis conscientes de ser los “salvadores”,

Pero la mayoría de las veces salvaréis sin ser conscientes de haber salvado a las personas que más querríais salvar.

Sólo en el Cielo veréis que os salen al encuentro o que suben al Reino eterno, vuestros salvados.

Y por cada uno de los salvados aumentará vuestro júbilo de bienaventurados.

En alguna ocasión lo sabréis ya desde la Tierra. Son los contentos que os doy para infundiros un vigor aún mayor para nuevas conquistas.

Pero, ¡Dichoso aquel sacerdote que no tenga necesidad de estos incentivos para cumplir su propio deber!

¡Dichoso aquel que no se abate por no ver triunfos y dice: “Ya no hago nada más, puesto que no encuentro una satisfacción”

Pastoreando al rebaño de Nicaragua, enmedio de la Persecución…

La satisfacción apostólica, en cuanto único incentivo para el trabajo, muestra una no formación apostólica, rebaja el apostolado, que es una cosa espiritual, al nivel de un común trabajo humano.

Jamás debe uno caer en la idolatría del ministerio.

No sois vosotros los que tienen que ser adorados, sino el Señor Dios vuestro.

A Él sólo la gloria de los salvados.

A vosotros os corresponde la obra de salvación, dejando para el tiempo del Cielo la gloria de haber sido “salvadores”.

Pero me decías que el capataz la había visto. Cuéntame.

–      Tres días después de habernos marchado, vinieron unos fariseos a buscarte.

Naturalmente, no nos encontraron.

Recorrieron el pueblo y las casas de los campos como si estuvieran vivamente interesados en Tí; pero ninguno lo creyó.

Se albergaron en la posada, obligando con soberbia a desalojarla a todos los huéspedes, porque decían que no querían contactos con extranjeros desconocidos, que podían incluso profanarlos.  

Y todos los días iban a la casa. Pasados algunos días encontraron a esa pobrecilla, que iba siempre allí porque quizás esperaba encontrarte y conseguir su paz.

La hicieron huir, siguiéndola hasta su refugio en el establo del encargado.

No la agredieron inmediatamente, dado que el encargado y sus hijos habían salido armados de garrotes.

Pero luego por la tarde, cuando ella salió de nuevo, volvieron. Y venían con otros.

Y cuando la mujer fue a la fuente empezaron a apedrearla, llamándola “meretriz” y señalándola para que sufriera el vituperio de las gentes del pueblo.

Y dado que ella se echó a correr queriendo huir, la alcanzaron, le pegaron, le arrancaron el velo y el manto para que todos la vieran.

Y siguieron pegándole, tratando de imponerse con su autoridad al arquisinagogo, para que la maldijera y fuera así lapidada.

Y para que te maldijera a Tí, que la habías traído al pueblo.

Pero él no quiso hacerlo y ahora está esperando el anatema del Sanedrín.

El encargado la arrancó de las manos de esos canallas y la socorrió.

Pero por la noche, ella se marchó dejando un brazalete con una palabra escrita sobre una tira de pergamino. Había escrito: “Gracias. Ruega por mí”.

El encargado dice que es joven y que es bellísima, aunque esté muy pálida y muy delgada.

La ha buscado por los campos, porque estaba malherida, pero no la ha encontrado.

Y no se explica cómo haya podido alejarse mucho. Quizás haya muerto así, en algún lugar… Y no se haya salvado…

–     No.

–     ¿No?

¿No ha muerto, o no se ha perdido?

–     La voluntad de redención es ya absolución.

Aunque hubiera muerto estaría perdonada, porque ha buscado la Verdad, poniendo bajo sus propios pies el Error.

Pero no ha muerto. Está subiendo las primeras pendientes del monte de la redención. Yo la veo…

Encorvada bajo el peso de su llanto de arrepentimiento.

Ahora bien, el llanto la fortalece cada vez más, mientras que, por el contrario, el peso va decreciendo. Yo la veo.

Va hacia el sol. Una vez que haya subido toda la pendiente, se encontrará en la gloria del Sol-Dios.

Está subiendo… ayúdala orando.

–     ¡Oh…, mi Señor!

Andrés se siente casi aterrorizado por el hecho de poder ayudar a un alma en su santificación.

Jesús sonríe con mayor dulzura aún.

Y dice: 

–      Habrá que abrir los brazos y el corazón al arquisinagogo, que sufre la persecución.

E ir a bendecir a ese buen encargado. Vamos donde los compañeros, a decírselo a ellos.

Pero, mientras recorren en sentido inverso el camino andado para unirse a los otros diez.

Los cuales, habiendo comprendido que Andrés estaba en coloquio secreto con el Maestro, se habían detenido aparte. 

Entonces llega corriendo Judas.

Viene muy rápido, con su manto ondeando a sus espaldas, haciendo además un verdadero carrusel de gestos con los brazos,

de modo que parece una mariposa gigantesca en veloz vuelo por el prado.

Pedro pregunta:

–      Pero ¿Qué le pasa? ¿Se ha vuelto loco?

Sin dar tiempo a que nadie le responda, Judas ya cerca, con el aliento entrecortado.

Y dice a gritos:

–      ¡Detente, Maestro!

Escúchame antes de ir a la casa… Están al acecho. ¡Qué ruines!… –

Sigue corriendo… ya ha llegado.

Finalmente explica:

–     ¡Maestro, ya no se puede ir allí!

Los fariseos están en el pueblo y todos los días van a la casa. Te esperan con malas intenciones.

Despiden a quienes vienen buscándote. Los aterrorizan con horribles anatemas.

Habrá que resignarse. Aquí te perseguirían y tu obra quedaría anulada…

Uno de ellos me ha visto y me ha agredido. Un feo viejo narigudo que me conoce, porque es uno de los escribas del Templo.

¡También hay escribas!, Me ha agredido, apresándome con sus garras e insultándome con su voz de halcón.

Mientras no pasaba de insultarme a mí y de arañarme. ¡Mira! dice, mostrando una muñeca y una mejilla  decoradas con claras marcas de uñas.

–    Lo he dejado, que lo hiciera sin defenderme.

Pero cuando te ha profanado con su baba, lo he agarrado por el cuello…

Jesús grita:

–     ¡Judas! 

–     No, Maestro.

No lo he ahogado. Solamente le he impedido que blasfemara contra Tí.

Luego lo he dejado marcharse. Ahora está allí medio muerto de miedo por el peligro que ha corrido…

Pero nosotros nos vamos, te lo ruego. ¡Total, ya nadie podría venir a Tí!…

Los apóstoles intervienen:

–     ¡Maestro!

–     ¡Es horrible!

–     ¡Judas tiene razón!

–     ¡Están al acecho como hienas!

–     ¡Fuego del cielo que caíste sobre Sodoma! ¿Por qué no vuelves?

–     Sí señor, ¡Así se hace, muchacho!

¡Lástima que no haya estado también yo; te habría ayudado!

Judas confirma:

–     ¡Oh…. Pedro!

Si hubieras estado tú, ese halconzuelo hubiera perdido para siempre las plumas y la voz.

–     ¡Hombre!

Lo que no entiendo es cómo has podido quedarte a mitad.

–     ¡Bah!…

Una luz repentina en la mente, el pensamiento venido vete a saber de qué cavidad del corazón: “El Maestro condena la violencia” Y me detuve.

Lo cual me ha supuesto un choque interior más profundo aún que el que recibí al pegarme con la pared contra la que me había tirado el escriba cuando me agredió.

Me quedé con los nervios deshechos… Hasta el punto de que después no hubiera tenido ya fuerza para ensañarme con él.

¡Qué esfuerzo supone vencerse!…

–     ¡Sí señor, Judas, magnífico!

¿Verdad, Maestro? ¿Qué piensas de esto?

Pedro está tan contento de lo que ha hecho Judas, que no ve cómo Jesús ha pasado de tener el luminoso rostro de antes,

a mostrar una cara severa que le oscurece la mirada y le comprime la boca, pareciendo ésta hacerse más delgada.

La abre para decir:

–      Yo digo que estoy más disgustado por vuestro modo de pensar que por la conducta de los judíos.

Ellos son unos desdichados que están en las tinieblas.

Vosotros, teniendo la Luz, sois duros, vengativos, murmuradores, violentos. Sóis de los que aprueban como ellos, un acto brutal.

Os digo que me estáis dando la prueba de que seguís siendo los que erais cuando me visteis por primera vez y esto me duele.

Respecto a los fariseos, sabed que Jesucristo no huye. Vosotros retiraos. Yo los afrontaré. No soy un mezquino.

Una vez que haya hablado con ellos sin haber podido persuadirlos, me retiraré.

No debe decirse que Yo no haya tratado por todos los medios de atraerlos hacia Mí.

Ellos también son hijos de Abraham. Yo cumplo con mi deber enteramente.

Es preciso que la causa de su condena sea únicamente su mala voluntad y no una falta de dedicación mía hacia ellos.

Y Jesús camina hacia la casa, que muestra su bajo tejado tras una fila de árboles deshojados.

Los apóstoles lo siguen cabizcaídos, hablando bajo entre sí.

Ya están en la casa.

Tomás vuelve a hacerse cargo de su oficio…

Entran en silencio en la cocina y se ponen manos a la obra con el hogar de la chimenea.

Jesús se sume en su pensamiento.

Van a empezar a comer, cuando un grupo de personas se presenta en la puerta.

Judas dice muy bajito:

–      Ahí están.

Jesús se levanta inmediatamente y va hacia ellos.

Su aspecto impone tanto que, por un instante, el grupito se arredra; pero el saludo de Jesús les permite volver a sentirse seguros:

–      La paz sea con vosotros. ¿Qué queréis?

Entonces estos hombres viles creen que pueden atreverse a todo.

Y arrogantemente, con tono impositivo, dicen:

–      En nombre de la Ley santa, te ordenamos dejar este lugar.

A Tí, perturbador de las conciencias, violador de la Ley, corruptor de las tranquilas ciudades de Judá.

¿No temes el castigo del Cielo, Tú, burdo imitador del Justo que bautiza en el Jordán,? ¿Tú, que proteges a las meretrices?

¡Fuera de la tierra santa de Judá! Que tu hálito, desde aquí, no traspase el recinto de la Ciudad sagrada.

Jesús responde con calma:

–     Yo no hago nada malo.

Enseño como rabí, curo como taumaturgo, arrojo los demonios como exorcista.

Estas categorías,  queridas por Dios, existen también en Judá.

Y Dios exige respeto y veneración hacia ellas por parte vuestra.

No pido veneración.

Pido sólo que se me deje hacer el bien a aquellos que padecen alguna enfermedad en la carne, en la mente o en el espíritu.

¿Por qué me lo prohibís?

–     Eres un poseso. Vete.

–     El insulto no es una respuesta.

Os he preguntado por qué me lo prohibís, mientras que a los otros se lo permitís.

–     Porque eres un poseso y arrojas demonios y haces milagros con la ayuda de los demonios.

–     ¿Y vuestros exorcistas, entonces? ¿Con la ayuda de quién lo hacen?

–     Con su vida santa. Tú eres un pecador.

Para aumentar tu potencia te sirves de las pecadoras, porque en este contubernio se aumenta la posesión de la fuerza demoníaca.

Nuestra santidad ha purificado la zona de esa mujer, cómplice tuya.

Pero no permitimos que sigas aquí como reclamo de otras mujeres.

Pedro inquiere:

–     Pero ¿Es vuestra casa ésta?

Que ha venido junto al Maestro con aspecto poco halagador.

–      No es nuestra casa.

Pero todo Judá y todo Israel están en las manos santas de los puros de Israel.

Judas se ha acercado a la puerta:

–     ¡0 sea, vosotros!…- y concluye con una risotada burlona.

Luego pregunta:

–      ¿Y el otro amigo vuestro dónde está?

¿Temblando todavía? ¡Desvergonzados, marchaos de aquí! Y enseguida, si no os haré arrepentiros de…

Jesús ordena:

–      Silencio, Judas.

Y tú, Pedro, vuelve a tu puesto.

¡Oíd vosotros, fariseos y escribas, por vuestro bien, por piedad hacia vuestra alma, os ruego que no combatáis contra el Verbo de Dios.

Venid a Mí. Yo no os odio. Comprendo vuestra mentalidad y deseo ser indulgente con ella.

Pero quiero conduciros a una mentalidad nueva, santa, capaz de santificaros y de daros el Cielo.

Pero ¿Es que acaso creéis que he venido para ir contra vosotros? ¡Oh no!

Yo he venido para salvaros, para esto he venido. Os tomo en mi corazón. Os pido amor y entendimiento.

Precisamente por el hecho de que sois los que más sabéis en Israel, debéis comprender la verdad más que los demás. Sed alma, no cuerpo.

¿Queréis que os lo suplique de rodillas?

Lo que está en juego, vuestra alma tiene tal valor, que Yo me metería bajo las plantas de vuestros pies, para conquistarla para el Cielo,

con la seguridad de que el Padre no consideraría errónea esta humillación mía. ¡Hablad! ¡Estoy esperando una palabra!

–      Maldición, decimos.

Jesús concluye:

–      Bien. Dicho queda.

Podéis marcharos. Yo también me iré de aquí.

Y Jesús, volviéndose, regresa al sitio de antes. Inclina la cabeza sobre la mesa y llora.

Bartolomé cierra la puerta para que ninguno de estos hombres crueles que lo han insultado…

Y que se marchan profiriendo amenazas y blasfemias contra el Cristo, vea este llanto.

Un largo silencio.

Luego Santiago de Alfeo acaricia la cabeza de su Jesús.

Y dice:

–       No llores.

Nosotros te queremos, incluso por ellos.

Jesús levanta el rostro y dice:

–      No lloro por Mí.

Lloro por ellos, porque sordos como son a toda llamada, procuran su propia muerte».

Santiago de Zebedeo pregunta:

–     ¿Qué vamos a hacer ahora, Señor? 

–     Iremos a Galilea.

Mañana por la mañana saldremos.

–     ¿No hoy, Señor?

–     No.

Tengo que saludar a las personas buenas de este lugar. Vosotros vendréis conmigo.

MI PROJIMO 1


Después de mi conversión, mi alma estaba sedienta de Dios y lo buscaba en donde quiera que mi corazón lo presentía.

Cuando recién comenzaba a trabajar en el Ministerio de Sanación y Liberación, una vez Jesús me dijo:

“Pronto aprenderás que Conmigo, LAS BATALLAS SE GANAN. PERDIENDO…

Cuando estuve viviendo una temporada, en la casa solariega que tenía una de mis hermanas en una ranchería cercana al aeropuerto de Guadalajara en México, Jesús estuvo muy activo…

Con el grupo de Oración de la Renovación Carismática y la dirección del sacerdote del pueblo, el Señor realizó su ministerio, tal como lo hacia cuando caminaba por los senderos del antiguo Israel.

Y llegó un momento en que vinieron muchas personas buscando alivio y sanación a múltiples dolencias.

Fue allí que se perfeccionó  nuestro conocimiento sobre la influencia que nuestros pecados le proporcionan a Satanás. 

Las cadenas para esclavizarnos, someternos y destruirnos, de diferentes maneras.

En las evangelizaciones, Jesús medicaba las almas y las instruía.

Luego mandábamos a los conversos a que se reconciliaran con los Sacramentos y así aumentaba el Rebaño que el Sr. Cura pastoreaba en la parroquia.

Y nosotros siempre aprendíamos algo nuevo.

Las Oraciones de Liberación, las realizábamos siguiendo las instrucciones que nos daba Jesús, con los diferentes Carismas en acción,

que el Espíritu Santo nos proporcionaba al grupo Juvenil de Oración y que constaba de alrededor de 3 adultos y siete jóvenes.

Jesús dirigía a través mío, lo que había qué hacer contando con la asistencia y la ayuda del Cielo entero.

PORQUE CADA EXORCISMO ERA UNA GUERRA

Satanás utilizaba todas las estratagemas para NO soltar a sus presas,  pero el Espíritu Santo nos ayudaba  a bloquear sus argucias y siempre lo vencíamos.

Una de sus tretas favoritas era fingir que ya se habían ido y se escondían. Pero con los Carismas podíamos verlos y además conocíamos sus nombres.

Al nombrarlos adquiríamos un poder especial sobre ellos y les dábamos órdenes específicas, que NO podían ignorar.

Una cosa que me costaba mucho trabajo entender, era porqué cada vez aumentaba la dificultad para vencerlo y nuestros combates eran cada vez más arduos y difíciles.

En los últimos enfrentamientos, NO vacilaba en recurrir a la agresión física, tratando de amedrentarnos.

NO nos obedecía y hacía que las liberaciones fuesen largas y sumamente laboriosas.

Yo me había acostumbrado a que Dios debía ser Obedecido de inmediato  y a que nuestros oponentes NO debían costarnos tanto trabajo…  

Pero las últimas experiencias parecían contradecir todo esto…

Yo acababa de sanar de una tremenda quemadura  y ya estaba otra vez teniendo un combate feroz, donde mi Oponente parecía haberse fortalecido hasta un grado inimaginable.

Un día estábamos orando por un hombre que pesaba más de 200 kg. Él estaba recostado en la cama, mientras los demás orábamos por él.

Los Demonios nos ofrecían una resistencia brutal y hacían gala de su rebeldía profiriendo blasfemias atroces.

Por más que los amenazaba, ellos se burlaban y mostraban su soberanía sobre aquella alma, encarándose directamente con Dios y retándolo con bestial crueldad,

enumerando los diversos pecados que les permitían poseerlo.

Se burlaban de Dios diciéndole los diversos motivos por los él se negaba a amarlo y obedecer sus Mandamientos… 

Y a continuación describían sus pecados y el motivo por el que tenían la razón para atormentarlo…

Al mismo tiempo que le recriminaban a Dios, el que Él no tuviera una sola razón para intervenir e impedirles lo que ellos habían determinado hacerle, al sujeto de su posesión.

Esto para mí fue demasiado… Y con impotencia creciente, pensaba en la forma de callarlos.

Lo único que había en la habitación además del Crucifijo, era un cuadro de la Virgen de Guadalupe donde se miraban las rosas cayendo de la tilma de Juan Diego.De forma impulsiva les grité:

 –   ¡¡¡Ya basta!!!

Cómo NO quieren callarse, en este momento les pongo en la boca una rosa del Tepeyac y convierto sus blasfemias en Bendiciones. 

En el Nombre de Jesús lo digo + y en el Nombre de Jesús lo hago+ Amén

Después de esto hubo un silencio total y seguimos con la Liberación.

Pero Satanás NO había terminado.

Aun no comprendo cómo pasó.

Pero de repente uno de los jóvenes que estaban orando, estaba debajo de la cama y empezó a ser aplastado por el enorme peso de nuestro rehén, que intentábamos liberar.

Le pedí ayuda a Mamá María y a nuestros ángeles de la guarda y de pronto…

Con una sola mano, porque con la otra sosteníamos los rosarios, el Agua Bendita y yo además la Biblia… 

Levantamos la cama y alguien lo arrastró, sacándolo de la mortal trampa.

Entonces Satanás atrapó a otro de los jóvenes que orábamos… 

31. «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;
32. pero yo he rogado por ti, para que tu Fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.» Lucas 22

Y sacándolo a la terraza de la recámara que estaba en el primer piso, literalmente lo mandó volando a través del huerto hasta el abrevadero de los caballos.

La mitad del grupo salió corriendo hasta la piscina, donde los caballerangos ejercitaban a los corceles y que era donde Lucifer intentaba ahogarlo.

Yo también salí corriendo…

Y en el salón de juegos, que estaba donde empezaba la escalinata para  bajar a la sala principal, me topé con mi sobrinita de cinco años que estaba desternillándose de risa.

Ante mi mirada interrogante, me dijo:

–       ¡Ay tía! ¡Esto es más divertido que las caricaturas en la televisión!

¡Todos los diablos no pueden hablar y se ven muy simpáticos con una enorme rosa en la boca!…

Por un segundo me paralicé por la sorpresa…

Pero recordé la emergencia…

Y continué mi carrera hasta las caballerizas, donde Satanás continuaba en sus intentos por ahogar a Octavio.

Cuando llegué a la piscina, me eché un clavado, levanté la cabeza de Octavio fuera del agua.

Y  abrazándolo, le grité muy enojada a Lucifer:

–        ¡ALTO! ¿Quién te crees que eres para atacarnos así?

Lárgate de aquí. Te aseguro que esta vez vas a lamentar el combatir con nosotros…

¡Porque todavía NO me conoces y Me conocerás!… 

¡Constatarás que de princesa, sólo tengo los genes! Porque te juro que te voy a hacer llorar…

Sacamos a nuestro valiente hermanito del agua…

Y en el pasto que rodeaba la piscina…

Oré por Octavio mientras lo reanimaba…

Y Jesús lo volvió a la consciencia totalmente intacto.

Empapados pero felices, regresamos a continuar la Liberación.

Aunque sentía de forma maravillosa, la Portentosa Presencia de mi Señor Único y Trino, mi resolución no cambió un ápice y al contrario…

Cuando entramos nuevamente a la casa, YO NO estaba dispuesta a soportarles más majaderías…

Y me sentía tan furiosa, que decidí mandar por la borda, todos los buenos modales con que Jesús nos dirigía…

Mala decisión, porque no le pedí permiso... ¡Y SIMPLEMENTE LO HICE!

Entonces surgió la charra que siempre ha habitado en mí. Y aquí emergió uno de mis mayores defectos:

Cuando estoy enojada, NO reflexiono, ACTÚO.

Este altanero Arcángel le faltaba al respeto a Dios, Blasfemaba lo que quería y escarnecía con enorme crueldad al Señor.  

¡Esto me dolía tanto…!

Era UN VALENTÓN COBARDE, al que nadie le había puesto un alto y por eso su Soberbia estaba tan inflada.

Mi sobrinita sin querer, me había dado un dato crucial:

Todo lo que yo decía, se hacía¨ Entonces si mi palabra era tan importante

Estuve deliberando en la forma de doblegar tan grande soberbia… 

Pensé en los miedos que tenían supremacía en la sociedad a la que había pertenecido desde que nací…

Y que sometían la mayoría de sus comportamientos sociales…

Lo más importante eran las apariencias y el PRESTIGIO ante los demás.

Por eso prevalecían los modales elegantes y todo mundo quería pertenecer a una élite en ascenso…

–     ¡Vaya, vaya…! (una idea PERVERSA empezó a germinar en mi cabeza)

Por eso en las visiones que teníamos sobre el Infierno, Satanás siempre andaba elegantísimo y desplegando prepotencia y poder. 

Entonces me fijé en un calendario que estaba junto al cuarto de lavado y tenía una bella imagen del Carnaval.

En un par de días  empezaría la Cuaresma…

Lucifer está tan pagado de Sí mismo, que TODO lo que se relaciona con él, debe ser impresionante…

Recordé sus desafíos, sus burlas, sus despliegues de poder y sus manifestaciones llenas de deslumbrante magnificencia…

Y también CÓMO SE SIENTE INTOCABLE COMO UN  DIOS. 

Estaba tan enojada con él, que decidí que era el momento de darle una Lección…

Y que NO la olvidara jamás…

CONCLUÍ…

Bueno, veamos que hace, al proporcionarle una sopa de su mismo chocolate…

Y actué con la misma resolución que lo hacía, cuando de sacudirme un poco el extremo rigor de mi madre se trataba:

En casos de necesidad, es mejor pedir perdón que pedir permiso…” Y esto era una emergencia.

Y cómo los jugadores en la mesa de pókar cuando apuestan todo…

Ya me la estaba jugando por Jesús en el hombre por el que orábamos…

Habíamos recibido varios ataques que hubieran podido tener un desenlace fatal al menos con tres de los integrantes del equipo de Liberación.

Sólo me faltaba una cosa…

Uno de los miedos más grandes que los exorcistas tienen, es que los espíritus del poseso puedan penetrar en ellos…

Y así convertirse en una víctima más, torturada en venganza, por la Maldad de Satanás.

Pero ese Miedo ES precisamente la TRAMPA Y EL PELIGRO. 

Cuando tienes a Dios de tu lado, NO HAY  porqué tener miedo.

Y cuando confías en Él, ES CUANDO VES LOS MAYORES MILAGROS…

Yo le había entregado mi vida entera a Jesús y después de 15 años de choques frontales con el Enemigo en los que más o menos había aprendido a conocerlo,

Una idea se había metido en mi mente y estaba cristalizándose más fuerte, durante los últimos combates.

¿La Muerte? ¿Qué es la muerte para el que espera en Dios?

Sólo es el tránsito para el encuentro definitivo con el Amado.

Y decidí jugarme el todo, por el TODO.

“YO SOY HIJA DEL LEÓN DE LA TRIBU DE JUDÁ, Y ESTOY TOMANDO POSESIÓN DE MI HEREDAD…

Si moría, moriría sirviendo al Dios que adoro sobre todas las cosas. Viéndolo de esta manera, tenía boleto express para reunirme con ÉL…

Todos estos pensamientos, fueron veloces mientras retornaba con nuestro ‘pacientito’… 

Y mi corazón galopó de alegría…

Cuando íbamos a entrar a la habitación nuevamente, me detuve por un momento, evalué la situación…

Y resolví acabar de una vez por todas con aquella batalla.

Llevábamos muchas horas luchando, había atentado contra nuestras vidas dos veces.

Satanás seguía sintiéndose Intocable y yo YA NO estaba dispuesta a prolongar aquello.

Así que agarré a toro por los cuernos  

Y APOSTÉ MI TODO… 

DECIDÍ SER LA GUERRERA SUICIDA DEL EJÉRCITO DE JESÚS…  

Yo le gané a Satanás este privilegio…

Gracias Padre por cada marca y cada cicatríz que llevo en mi cuerpo y en mi alma, garantizando que la Lucha no ha sido fácil, pero Tú haz sido mi Fortaleza…

Ya NO iba a dar órdenes y esperar a que fuesen obedecidas…

Cuando entramos en la habitación donde yacía el que estaba siendo liberado, me dirigí directamente hacia él…

Y poniendo mis manos sobre su cabeza DECLARÉ: 

–     “Amadísimo Padre Celestial, Tú que Eres Infinitamente Bueno, Infinitamente Poderoso, Infinitamente Misericordioso, escucha la Oración que te presento a través del Inmaculado Corazón de María Santísima y por la Sangre Preciosísima de Jesús.

Te entrego mi cuerpo, mi alma, mi vida y mi espíritu, por mi hermanito, (dije el nombre de nuestro enfermito)

Por favor PÁSAME A MÍ, TODO LO QUE HAY EN ÉL…

Y dale a él todo lo que me has dado a mí:

Tu Perdón, tu salvación, tu sanación, tu Paz, tu Amor. Y todas las Gracias que tu Espíritu Santo decida.

Soy Tuya mi Señor y deseo serlo siempre por toda la Eternidad.

Te consagro a… al Corazón Inmaculado de María santísima, para que sea una ovejita del Rebaño de Jesús. Amén

Y los diablos que acaban de entrar en mí, no saldrán hasta que yo lo ordene

y deberán hacer junto conmigo TODO lo que yo haga.

Me arrodillé ante la Virgen y recé el Angelus. 

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía, caer en la tentación…

También la honré con “Bendita sea tu Pureza…”

Cuando terminé, besé los piés de la Guadalupana y les dije a mis nuevos huéspedes:

–         ¡BIENVENIDOS!

¡ALABAREMOS AL DIOS ALTÍSIMO!

¡Y LO HARÁN CADA VEZ QUE YO LO HAGA!

¡ Y CON LA ALABANZA CON QUE YO LO HAGA!

Así que si quieren librarse de esto, NO tienen otra alternativa que correr a postrarse a los Pies de Cristo Rey y hacer lo que Él les mande.  

Por lo pronto, vamos a cantar…

Salve Reina de los Cielos y Señora de los ángeles, Salve Raíz, Salve Puerta, que dió paso a nuestra Luz. Alégrate Virgen Gloriosa, entre todas la más bella…

Y el Salve Regina sonaba triunfal en todas las gargantas, incluída la del hombre que había sido sanado y liberado…

Verificamos que la Liberación había sido completa y que nuestro rehén estaba totalmente intacto…

Y pudimos proclamar la victoria total en el Nombre de Jesucristo.

Todos nos consagramos nuevamente a los Sagrados Corazones y…

Después de esto le dije a Lucifer:

  –        Lo siento amigo, acabas de perder.

Mi tiempo es demasiado valioso, para desperdiciarlo con tus argucias.

Ya NO quiero escuchar tus soberbios desplantes. Y conmigo NO funcionan tus trucos.

Este rehén YA NO ES tuyo.

Por si no te diste cuenta, pasé sus espíritus inmundos y tus compinches a mi interior, tanto si estaban dispuestos a hacerlo, como si no.

Yo NO dejo alternativas. Acabo de liberarlo de sus pecados y de las cadenas con que lo controlabas.

¡ESTÁ LIBRE!

Creo que te metiste con el alma equivocada, porque todavía tengo una gran sorpresa para ti y para TODO tu séquito infernal:

–         Esto es una guerra, NO un juego.

Y porque parece que ustedes olvidan con

Quién

se enfrentan, es necesario darles un pequeño recordatorio. 

Por esto, en el Nombre de Jesús yo los visto a todos ustedes, con los mismos ropajes que ataviarán los participantes en el Carnaval de Río de Janeiro. 

Los que han promovido el descaro y la indecencia en la mujer, vestirán los más diminutos biquinis y NO me importa si son masculinos.

Los que alardean de su elegancia varonil, llevarán los trajes carnavalescos de la Marcha del Orgullo Gay… 

Y al que se atreva a protestar, LE GARANTIZO MÁS CREATIVIDAD con su atuendo personal. 

Y esto se aplica a todas las Jerarquías.

¿¿¿Entendieron???…

O ¿Se los explico con manzanas, palitos y bolitas?

¡Y NO se los podrán quitar, HASTA QUE YO LO DECIDA! Amén 

Ahora sí. ya tienen mi permiso para irse,

Y  más les vale que lo hagan rápido, porque me tienen bastante fastidiada.

Y están en peligro de que decida agregarles otro pequeño inconveniente para ustedes…

Había sido una jornada de más de doce horas, plagada de fenómenos extraordinarios y que me dejaron a mí, totalmente exhausta.

Y todavía faltaban las Consecuencias de mi impulsivo arrebato…

Cuando terminamos, el grupo se disolvió…

Y yo me dormí como un bebé, después de haber sido bañado…

Mi parábola de los talentos

Fresas con Crema

D LA CULTURA DE LA MUERTE 1


CUMPLIMIENTO

La mayoría de los ancianos no está en condiciones de dar su consentimiento voluntario para la eutanasia

La eutanasia está ganando terreno en el mundo.

Y la pendiente resbaladiza está llevando a muchos a pedir la libertad de morir cuando lo deseen, apelando a su autonomía en las decisiones, en situaciones intolerables, para obtener una muerte digna según ellos.

Pero  éste es un argumento más efectista que real.

Porque muchos ancianos no están en condiciones de dar su consentimiento libre y soberanamente para morir; porque su debilidad social, psicológica, física, económica, etc. los hace fácilmente manipulables.

Para poder hablar de EUTANASIA, lo primero que hay que hacer es definir el término.

Eutanasia procede del griego eu (bien, bueno) y thanatos (muerte), que se puede entender como agonía serena o muerte dulce.

En sentido más técnico sería “muerte sin sufrimiento ocasionada a quien padece una enfermedad incurable o dolorosa”.

‍Las razones para permitir o no la eutanasia se están discutiendo en todo occidente en este momento, en un intento de abrir una puerta para el SUICIDIO…

ARGUMENTOS A FAVOR DE LA EUTANASIA

Los siguientes argumentos a favor de la Eutanasia son los que se manejan más vulgarmente:

  • Tengo un derecho a disponer de mi propia vida y puedo reivindicar la autonomía como parte integral de la dignidad humana y expresión de ésta.
  • Una vida que en determinadas condiciones es indigna, la imagen que proyecto ante los seres cercanos, puede ser considerada como humillante e indigna.
  • ¿Por qué aceptar una forma de existencia en circunstancias limitadísimas, sacrificando, en cierta forma, a parientes y amigos?
  • Así como se tiene un derecho a vivir con dignidad, ¿Por qué no tener un derecho a morir dignamente?
  • No debe intentarse prolongar la vida cuando ésta no se pueda vivir, haciendo del paciente no un ser humano, sino un caso clínico interesante (como ocurre en los hospitales universitarios actualmente)
  • Podría institucionalizarse unos derechos no sólo del paciente terminal, sino de la familia en sí.
  • ¿Es justo morir de un modo tan doloroso?

EL CONSENTIMIENTO INFORMADO

Un argumento predilecto de los propulsores de la eutanasia es que hay que dejar a las personas que libre y soberanamente puedan decidir si seguir con sus vidas o terminarlas, ante situaciones de mucho dolor y sufrimiento.

‍El respeto por la autonomía fue el tema de una fuerte defensa para su legalización en Australia, en la Revista de Derecho y Medicina por Margaret Otlowski y Lorana Bartels en 2010. Llegaron a la conclusión de que

en una sociedad secular con una población que envejece la legalización es inevitable.

Admitiendo que se adjudica algún derecho o permiso especial a la persona para terminar con su vida, esta posición parte de la base de considerar la autonomía de la persona para tomar decisiones siempre como total.

O sea que la enfermedad, la vejez o las condiciones psicosociales de la persona no le afectan de un modo tal, que desaparecidas esas circunstancias, el individuo tomaría la misma decisión de quitarse la vida.  

ES FALAZ EL CONSENTIMIENTO VOLUNTARIO

Jeremy Prichard, un criminólogo de la Universidad de Tasmania ha dado una enérgica respuesta sobre el consentimiento voluntario.

Duda de que muchas personas en la comunidad sean capaces de dar su consentimiento total y voluntario para acabar con sus vidas.

El autor sostiene que la creciente prevalencia de maltrato a personas mayores sugiere que las personas de edad pueden ser fácilmente manipuladas:

“Estos procedimientos pueden ser seguros para personas conectadas socialmente, económicamente independientes, con una gran autonomía y auto-eficacia”,

Pero “las circunstancias pueden ser completamente diferentes para

Pacientes aislados con baja auto-eficacia, que representan una carga no deseada a sus cuidadores.

Y donde algunos de los cuales se beneficie económicamente de la muerte del paciente (aunque sólo sea en una reducción de la presión financiera)“.

LA PRESIÓN SUTIL

A veces la petición de eutanasia puede ser verdadera, pero ha sido motivada por una presión sutil.

‍Los cuidadores pueden fácilmente convencer a un paciente que la muerte es la mejor opción para todos.

El Dr. Prichard cita algunas anécdotas preocupantes de la investigación en el cuidado de ancianos en Tasmania.

En uno, una mujer describe cómo ella es tratada por su marido:

“Tengo apoplejía desde hace unos años, soy absolutamente incapaz de hacer algo por mí misma…

Mi marido se molesta porque tengo que ir al baño todo el tiempo y que me tiene que ayudar. …

A su manera egoísta, él se preocupa por mí también, pero es muy desagradable.

Es un verdadero viejo gruñón desagradable, que no le gusta a nadie a su alrededor…

Habla todo el tiempo que estará muy bien cuando se muera y yo digo ‘bien ¿Qué debo hacer?’ Él dice: ‘Sólo espero por mi tiempo date prisa’.

Esa es mi vida…  No puedo conseguir a nadie para cuidar de mí después.”

Muy poca investigación se ha realizado sobre las presiones que podrían ser ejercidas en las personas mayores y discapacitadas.

“La investigación sobre los riesgos de la eutanasia voluntaria o suicidio asistido por un médico está en su infancia”

EL TELEFONO CELULAR DE DIOS ES LA ORACION Y LAS VISITAS AL SANTÍSIMO SACRAMENTO, EL ABRAZO QUE ÉL ESTÁ ESPERANDO

Qué es la Miéricordia y la Compasión para el Catolicismo

Según Wikipedia, la misericordia es la disposición a compadecerse de las miserias ajenas.

Y la compasión es la percepción y comprensión del sufrimiento del otro, y el deseo de aliviar tal sufrimiento.

En definitiva ambos términos apuntan a lo mismo: la empatía y el tratar de hacer algo.

Los cristianos prefieren hablar de misericordia porque es una cualidad de Dios.

Sin embargo hay diferencias de fondo. El mundo secular no entiende lo que significa misericordia y la compasión para el catolicismo.

Equipara la misericordia con un sentimiento, un sentimentalismo.

Tolstoi dibujó una imagen clara de sentimentalismo, al referirse a las damas rusas de moda, las que se conmueven hasta las lágrimas por una obra de teatro…

Pero que permanecen ajenas a sus propios cocheros sentados afuera esperando por ellas en un frío de congelación.

El sentimentalismo comienza y termina con la emoción.‍

‍Santo Tomás de Aquino comenta que la Misericordia

“No destruye la justicia, sino que es un cierto tipo de cumplimiento de la justicia. La misericordia sin justicia es la madre de la disolución.

Mientras que la justicia sin misericordia es crueldad.”

La palabra latina para Misericordia está compuesta por miserum (dolor) y cordial (en referencia al corazón).

‍Piensa en las diversas cosas en que le piden que la Iglesia abra su Misericordia, para los que viven y SUFREN en el divorcio y segundas nupcias, la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, etc.

¿Ha habido arrepentimiento de parte de quienes piden la Misericordia?

La generosidad puede ser dirigida a un hombre feliz y trasciende las exigencias de la justicia.

La Misericordia se dirige a alguien que está sufriendo.

‍Si no somos misericordiosos con los demás, negamos nuestra propia falibilidad y en consecuencia, nuestra propia necesidad de Misericordia.

El sentimentalismo desea que las cosas pudieran ser mejor, pero sin tomar las medidas necesarias para que sean mejores.

Siendo un camino necesario, también hay que coincidir que se trata de un campo minado.

Porque la compasión evangélica fácilmente se puede corromper y pasar a transformarse en una aplicación de la compasión para apoyar los valores mundanos.

Por ejemplo ¿Es compasión cristiana permitir el aborto, para que las madres en crisis no sufran?

O ¿Es compasivo apoyar la EUTANASIA cuando una persona está sufriendo y quiere finalizar con su vida?

‍O quizás que haya perdido el valor de la compasión.

‍En el primer caso, el abismo está construido de la incomprensión del mundo sobre la compasión que tiene o debía tener la Iglesia para los demás.

La imagen que tiene el mundo exterior, y a lo que apuntan los enemigos y los medios de comunicación, es a concentrar las críticas en la falta de compasión de la Iglesia.

‍La Iglesia no se preocupa por las mujeres con embarazos en crisis y por lo tanto no aprueba el aborto o la anticoncepción.

Y tampoco se preocupa por quienes están con problemas graves de salud y la vida les causa gran sufrimiento, y por lo tanto no acepta la eutanasia.

Y todo esto porque no es “compasiva” dicen los enemigos, y con ellos convencen a quienes no tienen una posición formada.

‍La Iglesia no se preocupa de los divorciados y vueltos a casar, porque no admite que tomen la eucaristía en las misas, por lo tanto no es “compasiva”,

a los ojos de los contrarios y los desinformados que no pueden entender los temas internos doctrinales.

De acuerdo a lo anterior, para que la nueva evangelización tenga éxito hay que mellar y destruir esa creencia de la gente del exterior de que a la Iglesia le falta compasión.

Como por ejemplo respecto a evitar el sufrimiento de las madres que quieren abortar, de los que quieren acabar con sus vidas mediante la eutanasia,

de los homosexuales activos que tienen dificultades para integrarse a las parroquias, de los divorciados vueltos a casar porque no pueden comulgar, etc.

esta discusión la vimos en el Sínodo de la Familia respecto a los divorciados vueltos a casar y los homosexuales.

Hay una frontera en que pasamos a trabajar para ser compasivo con los valores del mundo y no con los verdaderamente evangélicos.

Y eso se muestra claramente en la diferencia de posiciones entre los Cardenales Kasper el Burke.

Mientras el Cardenal Kasper sostiene que darle la comunión a los divorciados vueltos a casar es un acto de compasión,

con aquellos que quieren volver plenamente a la Iglesia, el cardenal Burke piensa que es como darle azúcar a un diabético, lo mataría.

El tema es más profundo que la comunión a los divorciados o la aceptación del matrimonio homosexual.

Refiere a la línea demarcatoria entre lo que es la compasión para el mundo y lo que es la compasión evangélica.

EL CASO DE ALGUNOS CLÉRIGOS CRISTIANOS DEL REINO UNIDO

Hace unos meses una alianza de clérigos escribió al Daily Telegraph en apoyo de la legislación del suicidio asistido en Gran Bretaña.‍

La carta de figuras religiosas en favor del suicidio asistido – entre ellos el ex arzobispo de Canterbury, Lord Carey – presenta un argumento teológico curioso.

“No hay nada sagrado en el sufrimiento, nada sagrado sobre la agonía, y los individuos no deben estar obligados a soportarlo”, dicen los firmantes.

Quienes añaden que ayudar a las personas con enfermedades terminales a suicidarse debe ser visto simplemente como lo que les permite la gracia de devolver su vida a Dios.

La primera curiosidad es la percepción que expresan que las entidades religiosas en el Reino Unido se oponen abrumadoramente al suicidio asistido porque creen que Dios quiere que la gente sufra.

¿Quién dice esto?

Los católicos y anglicanos han señalado constantemente la necesidad de más camas de cuidados paliativos y de hospicios, precisamente con el fin de no sólo aliviar el dolor físico, sino que también proporcionan cuidado amorosoy apoyo a los que están en su último viaje.

De hecho los obispos han manifestado siempre que un apoyo al suicidio asistido disolvería rápidamente cualquier apoyo a esta idea.

‍Con la introducción de la noción de que una vida que incluya el dolor y el sufrimiento es menos digna de ser vivida, y de ser protegida.

‍La segunda curiosidad es el intento de crear una justificación teológica para el suicidio asistido en desafío de las enseñanzas largamente asentadas en la tradición cristiana (así como otras religiones).

Como los obispos católicos de Inglaterra y Gales, han declarado:

La falta de salud o el hecho de la discapacidad nunca son razones válidas para la exclusión o, y lo que es peor, para la eliminación de las personas.

La privación grave experimentada por la edad no es el debilitamiento del cuerpo físico o la discapacidad que puede resultar de esto, sino más bien, es el abandono, la exclusión y privación de amor”.

Lord Carey y quienes lo apoyan están ofreciendo una hoja de parra teológica para el argumento habitual en favor del suicidio asistido, que se basa en una ética de la autonomía

-Que a los individuos se les debería permitir decidir sobre tales asuntos personales por sí mismos, y controlar el momento de su muerte.

-Que estas decisiones deben ser respetadas por la ley.

-Y (lo que no se dice con frecuencia directamente) que a los médicos se les debe permitir operar esto.

Esta posición de Lord Carey era en apoyo a la propuesta que permitiría a la gente, que cree que tiene no más de seis meses de vida y que tienen una “intención establecida”

Para poner fin a su vida, darle una dosis letal de drogas con la autorización de dos médicos.

Ellos creen que en este punto de vista, el Estado no debe desempeñar ningún papel coercitivo  de las decisiones personales.

‍No es el sufrimiento en sí mismo que lleva a la gente a buscar el suicidio asistido, sino el horror de la impotencia.

‍Un suicidio asistido es la respuesta enojada de los que no pueden hacer frente a no tener el control.

El puñado de obispos anglicanos y rabinos liberales detrás de la carta al Telegraph trata de justificar esto teológicamente, pero falla miserablemente diciendo:

Valoramos la vida como un don precioso de Dios, pero también defendemos el derecho de las personas que se acercan a sus últimos meses, a que con la gracia devuelvan ese regalo,

si sienten que la calidad de su vida está a punto de deteriorarse más allá del punto en el cual quieren continuar”.

¿Devolver su vida a Dios?

Nada podría estar más lejos de la mente de los hombres de negocios de clase media y profesores que hacen su camino a Dignitas (clínica de suicidios de Suiza).

Jeffrey Spector, quien recientemente organizó su suicidio allí, rodeado de publicidad, desafió a su familia, al insistir en la decisión porque

“Sentí que la enfermedad había cruzado la línea roja y yo estaba cada vez peor…. En lugar de ir más tarde estoy saltando sobre la pistola”.

Dijo su familia más tarde, que “No quería vivir una vida en la que estuviera paralizado y dependiente de su familia para cuidar de él”

Ni Spector ni ninguno de los demás fanáticos del control que piden el suicidio asistido nunca hacen ninguna mención de Dios y mucho menos de “devolver” la vida a cualquiera.

El devolverla y entregarla es lo que hacemos cuando renunciamos al control, aceptamos nuestra impotencia y (si creemos en Dios) confiamos en Dios para que nos lleve de la mano.

Lo que los defensores del suicidio asistido hacen, es lo contrario.

Tratan de evitar la “entrega” a cualquiera y TAMPOCO A DIOS, lo que ellos organizaron para su propias existencia.

En la extraña nueva dispensación teológica de Lord Carey, podrían en el futuro ser enviados vicarios a acompañar a los inspectores a Suiza, para susurrar dulcemente en sus oídos…

Que están “con gracia volviendo a Dios”, mientras beben el elixir fatal.

‍La ley siempre ha compartido la suposición cristiana de que la vida es un Don de Dios, no es algo de lo que estamos en control.

Una vez que – con la ayuda del Estado y de la profesión médica, declaramos que la vida carece de valor y puede ser terminada.

Recorremos la carretera que conduce en una sola dirección: a los campos de exterminio y los gulags.

Ayudar a un suicidio es una corrupción de la compasión y una perversión de la misericordia.

Un Estado que lo avala renuncia a la obligación de la ley para defender el valor sagrado de la vida.

Un clérigo cristiano que lo avala renuncia al corazón mismo del Evangelio.

La frontera entre la compasión evangélica y su corrupción, parece clara a la mayoría de los católicos en el día de hoy sobre el tema de la eutanasia.

Sin embargo se ha desdibujado en otros tema, como por ejemplo el ABORTO.

Y hace poco se discutió en el Sínodo de la Familia respecto a la comunión a los divorciados y la celebración del estilo de vida homosexual.

Eutanasia fuera de control en Bélgica.

Un profesor universitario belga se encontró con que su madre, que tenía una enfermedad mental, recibió eutanasia de un médico porque así lo pidió, sin que nadie se contactara con él.

Esto dispara una serie de preguntas, como hasta donde un enfermo mental y SOLO, puede decidir una cosa así y como se puede sacrificar a una persona sin que familiares y amigos cercanos sean informados previamente.

Hay fuertes denuncias de que la eutanasia en Bélgica no está siendo controlada y es una simple forma de promoción de la muerte.

A este caso que relatamos se le suma el de mellizos de 45 años que fueron sacrificados hace poco porque no soportaban la idea de llegar a quedarse ciegos.

Y se comprueba en la vecina Holanda que una vez que se abre el grifo de la eutanasia, ésta se sale de control, ver aquí.

Desde el año 2002 se aprobó una ley en Bélgica que permitió a la gente ser sacrificada cuando sufrían dolor intratable e insoportable.

Hoy en día la EUTANASIA, más a menudo se concede a las personas que sufren de enfermedades mentales como la depresión, la esquizofrenia, anorexia crónica nerviosa y trastorno de desorden de la personalidad, etc

TRATANDO DE ENTENDER

Desde entonces, mi vida ha cambiado considerablemente.

Hasta ahora, todavía estoy tratando de entender cómo es posible que la EUTANASIA se realice en personas físicamente sanas, sin siquiera ponerse en contacto con sus hijos.

El portavoz del hospital de la universidad me dijo que todo sucedió de acuerdo a la “libre elección” de mi madre.

Después de la muerte de mi madre, he hablado con el doctor que le dio la inyección y me dijo que estaba “absolutamente seguro” de que mi madre no quería vivir más.

La muerte de mi madre ha provocado un montón de preguntas: ¿Cómo es posible que las personas puedan ser sacrificadas en Bélgica sin que familiares cercanos o amigos sean contactados?

¿Por qué mi país da a los médicos el poder exclusivo de decidir sobre la vida y la muerte? ¿Cómo podemos juzgar lo que es el “sufrimiento insoportable”?

¿Cuáles son los criterios para decidir qué es “sufrimiento insoportable“?

¿Podemos confiar en el juicio de un enfermo mental?Después de todo, ¿Puede una persona mentalmente enferma hacer una “elección libre?

¿Por qué los médicos no tratan de arreglar una reunión entre nuestra madre y sus hijos?

¿Cómo puede un médico estar “absolutamente seguro” de que su paciente no quiere seguir viviendo?

¿Por qué no podemos soportar ver a las personas que sufren?

MATARIFES RADICALES

Algunos médicos de la Universidad Vrije de Bruselas creen que la EUTANASIA debe ser ofrecida a cualquier persona que desee poner fin a su vida a causa de un sufrimiento insoportable y sin sentido.

Todas las objeciones y las restricciones de la comunidad se consideran inmorales e injustificables.

Estos médicos están hoy en día incluso discutiendo la EUTANASIA para las personas que sufren de autismo y los jóvenes con tendencias suicidas.

Lo que me asusta es que estos médicos también parecen estar controlando los medios de Bélgica. ¿Es esta la sociedad que queremos?

¿Vamos a controlar los suicidios en el futuro cercano, sacando a la gente de su miseria antes de que puedan hacerlo por sí mismos – en lugar de invertir en la salud mental y cuidados paliativos?

Creo que la apelación a la “libre elección” se está convirtiendo en un dogma de conveniencia.

Estamos cambiando rápidamente hacia una sociedad de la soledad absoluta en la que no queremos cuidar más el uno del otro.

Y cuando sufrimos, pedimos a nuestros médicos para que nos maten, rompiendo las leyes fundamentales biológicas y humanas.

Comienzan a desaparecer las limitaciones a la EUTANASIA.

La pendiente resbaladiza de la EUTANASIA no es algo que los contrarios sospechan que existe por detrás, sino que es una realidad ya promocionada.

Mientras en algunos países donde no existe permiso legal para la eutanasia sus promotores la promueven como un método para los que tienen dolores físicos irresistibles…

En los países en que existe la ley, se pasó a ampliarla a aquellos que tenían algún problema psiquiátrico y ahora proponen que cualquiera que esté cansado de vivir pueda pedirla.

Esto supone ni más ni menos que cualquiera que diga estoy cansado de vivir tenga acceso legal a ella, sin considerar que este juicio pueda ser pasajero…

O fruto de las condiciones sociales en las que vive en ese momento, que quizás con un leve cambio pueda modificar su visión del significado de la vida.

Algunos académicos argumentan la eutanasia para los ‘cansados de la vida’.

Artículos recientes en la revista Journal of Medical Ethics impulsan una reforma de la ley para ser coherentes su razonamiento ético.

Los autores – incluyendo a los bioéticos Julian Savulescu y Jukka Varelius – sugieren que la eutanasia se justifica en última instancia por el sufrimiento existencial – una desesperación en la vida – y no por el tipo de enfermedad física.

Como el sufrimiento existencial puede venir en muchas formas, ya sea una enfermedad “diagnosticable” o por una desesperación no médica, se les debe permitir a los que aunque no están enfermos, han perdido la esperanza y no tienen posibilidad de recuperar el sentido de sus vidas.

Varelius, que no va tan lejos como Savulescu llamando a una nueva legislación, identifica el sufrimiento existencial como el factor clave en las solicitudes de eutanasia.

Considera el ejemplo de una angustiada víctima de un accidente de coche:

“Tenemos que preguntarnos si el sufrimiento de este paciente en particular es lo suficientemente grave como para que su vida no valga la pena vivir y si hay esperanza significativa que después de todo, podría recuperarse para vivir por lo menos una vida tolerable.

Abordar estas preguntas implica considerar las cuestiones existenciales relacionadas con el valor de la clase de vida que este paciente puede vivir y la cuestión de qué grado de esperanza debe ser considerado lo suficientemente importante“.

Varelius sugiere que las cuestiones de la pena, el significado y valor de la vida son consideraciones clave al momento de decidir si se concede la eutanasia.

Propone que la presencia de una enfermedad médica no puede ser tan importante como la consideración que alguna vez pensamos que era.

En su comentario en un artículo reciente de BioEdge sobre la eutanasia en las cárceles, Philip Nitschke utiliza un concepto similar al argumentar a favor del derecho a morir de los presos:

“Si aceptamos el sufrimiento existencial como un criterio válido, tratando de distinguir que el “sufrimiento insoportable” de la enfermedad,

y el “sufrimiento insoportable” de la prisión no tienen sentido. Es algo que las leyes ingeniosas y compasivas de Bélgica reconocen”

Fuente: Foros de la Virgen María